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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la - Nueva-España (2 de 3) - -Author: Bernal Díaz del Castillo - -Release Date: March 28, 2021 [eBook #64946] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/American Libraries.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS -DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre - =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las - variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de los - nombres propios y de los términos indígenas. - - * En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853 - por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de - Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero - cuyos errores tipográficos son menores. - - * No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha - distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué», - distinción no siempre presente en el original impreso. - - * Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y seguido - —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y aparte, - con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del original. - - * También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una - raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA - POR - BERNAL DIAZ DEL CASTILLO. - - - - - VERDADERA HISTORIA - DE LOS SUCESOS - DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA, - - POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO, - UNO DE SUS CONQUISTADORES. - - - TOMO II. - - - MADRID.—1863. - Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12. - - - - -CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA - -POR - -BERNAL DIAZ DEL CASTILLO. - - - - -CAPÍTULO CXII. - -CÓMO CORTÉS, DESPUES DE BIEN INFORMADO DE QUIÉN ERA CAPITAN Y QUIÉN Y -CUÁNTOS VENIAN EN LA ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS DE GUERRA QUE TRAIA, Y -DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS QUE Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ -AL CAPITAN É Á OTROS SUS AMIGOS, ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE DUERO, -SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y TAMBIEN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA -ORO Y ROPA AL NARVAEZ, Y LAS PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DECIR EL NARVAEZ -AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO VENIA EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LÚCAS -VAZQUEZ DE AILLON, OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE SANTO DOMINGO, É LA -INSTRUCCION QUE TRAIAN. - - -Como Cortés en todo tenia cuidado y advertencia, y cosa ninguna se le -pasaba que no procuraba poner remedio, y como muchas veces he dicho -ántes de ahora, tenia tan acertados y buenos capitanes y soldados, -que, demás de ser muy esforzados, dábamos buenos consejos, acordóse -por todos que se escribiese en posta con indios que llevasen las -cartas al Narvaez ántes que llegase el clérigo Guevara, con muchas -caricias y ofrecimientos que todos á una le hiciésemos, y que hariamos -todo lo que su merced mandase; y que le pediamos por merced que no -alborotase la tierra, ni los indios viesen entre nosotros disensiones; -y esto deste ofrecimiento fué por causa que, como éramos los de Cortés -pocos soldados en comparacion de los que el Narvaez traia, porque nos -tuviese buena voluntad y para ver lo que sucedia; y nos ofrecimos por -sus servidores, y tambien debajo destas buenas palabras no dejamos de -buscar amigos entre los capitanes de Narvaez: porque el padre Guevara y -el escribano Vergara dijeron á Cortés que Narvaez no venia bienquisto -con sus capitanes, y que les enviase algunos tejuelos y cadenas de -oro, porque dádivas quebrantan peñas: y Cortés les escribió que habia -holgado en gran manera él y todos nosotros sus compañeros con su -llegada á aquel puerto; y pues son amigos de tiempos pasados, que le -pide por merced que no dé causa á que el Montezuma, que está preso, se -suelte y la ciudad se levante, porque será para perderse él y su gente, -y todos nosotros las vidas, por los grandes poderes que tiene: y esto, -que lo dice porque el Montezuma está muy alterado y toda la ciudad -revuelta con las palabras que de allá le ha enviado á decir; é que cree -y tiene por cierto que de un tan esforzado y sábio varon, como él -es no habian de salir de su boca cosas de tal arte dichas, ni en tal -tiempo, sino que el Cervantes el chocarrero y los soldados que llevó -consigo, como eran ruines lo dirian. - -Y demás de otras palabras que en la carta iban, se le ofreció con su -persona y hacienda, y que en todo haria lo que mandase. - -Y tambien escribió Cortés al secretario Andrés de Duero y al oidor -Lúcas Vazquez de Aillon, y con las cartas envió ciertas joyas de oro -para sus amigos; y despues que hubo enviado esta carta secretamente, -mandó dar al oidor cadenas y tejuelos y rogó al padre de la Merced que -luego tras la carta fuese al real de Narvaez; y le dió otras cadenas -de oro y tejuelos, y joyas muy estimadas que diese allá á sus amigos, -y así como llegó la primera carta que dicho habemos que escribió -Cortés con los indios ántes que llegase el padre Guevara, que fué el -que Narvaez nos envió, andábala mostrando el Narvaez á sus capitanes, -haciendo burla della y aun de nosotros; y un capitan de los que traia -el Narvaez, que venia por veedor, que se decia Salvatierra, dicen que -hacia bramuras desque la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, que -para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él -estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á -vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la -una dellas; y decia otras liviandades. - -Por manera que no quiso responder á la carta ni nos tenia en una -castañeta. - -Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su Real, -y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran servidor -del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas ciudades -que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que le será -servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por paz y sin -ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire el señor -Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la gente que -trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias; pues hay -tierras hartas donde se pueden albergar. - -É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con el -padre Guevara y con el Amaya, que no los queria despues más ver ni -escuchar; y desque los del real de Narvaez los vieron ir tan ricos -al padre Guevara y al escribano Vergara é á los demás, y les decian -secretamente á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é de todos -nosotros, é que habian visto tanta multitud de oro que en el real -andaba en el juego de los naipes, muchos de los de Narvaez deseaban -estar ya en nuestro real; y en este instante llegó nuestro padre de -la Merced, como dicho tengo, al real de Narvaez con los tejuelos que -Cortés les dió y con cartas secretas, y fué á besar las manos al -Narvaez, é á decille cómo Cortés hará todo lo que le mandare, é que -tenga paz y amor; é como el Narvaez era cabezudo y venia muy pujante, -no lo quiso oir; ántes dijo delante del mismo padre que Cortés y todos -nosotros éramos unos traidores; é porque el fraile respondió que ántes -éramos muy leales servidores del Rey, le trató mal de palabra; y muy -secretamente repartió el fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien -Cortés le mandó y convocaba y atraia á sí los más principales del real -de Narvaez. - -Y dejallo hé aquí, y diré lo que al oidor Lúcas Velazquez de Aillon y -al Narvaez les aconteció, y lo que sobre ello pasó. - - - - -CAPÍTULO CXIII. - -CÓMO HUBIERON PALABRAS EL CAPITAN PÁNFILO DE NARVAEZ Y EL OIDOR LÚCAS -VAZQUEZ DE AILLON, Y EL NARVAEZ LE MANDÓ PRENDER Y LE ENVIÓ EN UN NAVÍO -PRESO Á CUBA Ó Á CASTILLA, Y LO QUE SOBRE ELLO AVINO. - - -Parece ser que, como el oidor Lúcas Vazquez de Aillon venia á favorecer -las cosas de Cortés y de todos nosotros, porque así se lo habia mandado -la real audiencia de Santo Domingo y los frailes jerónimos que estaban -por gobernadores, como sabian los muchos y buenos y leales servicios -que haciamos á Dios primeramente y á nuestro Rey y señor, y del gran -presente que enviamos á Castilla con nuestros procuradores; é demás -de lo que la audiencia Real le mandó, como el oidor vió las cartas de -Cortés, y con ellas tejuelos de oro, si de ántes decia que aquella -armada que enviaba era injusta, y contra toda justicia que contra -tan buenos servidores del Rey como éramos era mal hecho venir, de -allí adelante lo decia muy clara y abiertamente; y decia tanto bien -de Cortés y de todos los que con él estábamos, que ya en el real de -Narvaez no se hablaba de otra cosa. - -Y demás desto, como veian y conocian en el Narvaez ser la pura miseria, -y el oro y ropa que el Montezuma les enviaba todo se lo guardaba, y no -daba cosa dello á ningun capitan ni soldado, ántes decia, con voz, que -hablaba muy entonado, medio de bóveda, á su mayordomo: - -—«Mirad que no falte ninguna manta, porque todas están puestas por -memoria.» - -É como aquello conocian dél, é oian lo que dicho tengo del Cortés y -los que con él estábamos, de muy francos, todo su real estaba medio -alborotado, y tuvo pensamiento el Narvaez que el oidor entendia en -ello, é poner zizaña. - -Y demás desto, cuando Montezuma les enviaba bastimento, que repartia -el despensero ó mayordomo de Narvaez, no tenia cuenta con el oidor ni -con sus criados, como era razon, y sobre ello hubo ciertas cosquillas -y ruido en el real; y tambien porque el consejo que daban al Narvaez -el Salvatierra, que dicho tengo que venia por veedor, y Juan Bono, -vizcaino, y un Gamarra, y sobre todo, los grandes favores que tenia de -Castilla de D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, tuvo tan -gran atrevimiento el Narvaez, que prendió al oidor del Rey, á él y á -su escribano y ciertos criados, y lo hizo embarcar en un navío, y los -envió presos á Castilla ó á la isla de Cuba. - -Y aun sobre todo esto, porque un hidalgo que se decia Fulano de Oblanco -y era letrado, decia al Narvaez que Cortés era muy servidor del Rey, y -todos nosotros los que estábamos en su compañía éramos dignos de muchas -mercedes, y que parecia mal llamarnos traidores, y que era mucho más -mal prender á un oidor de su majestad; y por esto que le dijo, le mandó -echar preso; y como el Gonzalo de Oblanco era muy noble, de enojo murió -dentro de cuatro dias. - -Tambien mandó echar presos á otros dos soldados de los que traia en su -navío, que sabia que hablaban bien de Cortés, entre ellos fué un Sancho -de Barahona, vecino que fué de Guatimala. - -Tornemos á decir del oidor que llevaban preso á Castilla, que con -palabras buenas é con temores que puso al capitan del navío y al -maestre y al piloto que le llevaban á cargo, les dijo que, llegados -á Castilla, que en lugar de paga de lo que hacen, su majestad les -mandaria ahorcar; y como aquellas palabras oyeron, le dijeron que -les pagase su trabajo y le llevarian á Santo Domingo; y así, mudaron -la derrota que Narvaez les habia mandado que fuesen; y llegado á la -isla de Santo Domingo y desembarcado, como la audiencia Real que allí -residia y los frailes jerónimos que estaban por gobernadores oyeron al -licenciado Lúcas Vazquez, y vieron tan grande desacato é atrevimiento, -sintiéronlo mucho, y con tanto enojo, que luego lo escribieron á -Castilla al Real Consejo de su majestad; y como el Obispo de Búrgos era -presidente y lo mandaba todo, y su majestad no habia venido de Flandes, -no hubo lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en nuestro favor; -ántes el don Juan Rodriguez de Fonseca diz que se holgó mucho, creyendo -que el Narvaez nos habia ya prendido y desbaratado; y cuando su -majestad estaba en Flandes, y oyeron á nuestros procuradores, y lo que -el Diego Velazquez y el Narvaez habian hecho en enviar la armada sin su -Real licencia, y haber prendido á su oidor, les hizo harto daño en los -pleitos y demandas que despues le pusieron á Cortés y á todos nosotros, -como adelante diré, por más que decian que tenian licencia del Obispo -de Búrgos, que era presidente, para hacer el armada que contra nosotros -enviaron. - -Pues como ciertos soldados, parientes y amigos del oidor Lúcas Vazquez, -vieron que el Narvaez le habia preso, temieron no les acaeciese lo que -hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque ya les traia sobre los -ojos y estaba mal con ellos, acordaron de se ir desde los arenales -huyendo á la villa donde estaba el capitan Sandoval con los dolientes; -y cuando llegaron á le besar las manos, el Sandoval les hizo mucha -honra, y supo dellos todo lo aquí por mí dicho, y cómo queria enviar el -Narvaez á aquella villa soldados á prenderle. - -Y lo que más pasó diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXIV. - -CÓMO NARVAEZ CON TODO SU EJÉRCITO SE VINO Á UN PUEBLO QUE SE DICE -CEMPOAL, É LO QUE EN EL CONCIERTO SE HIZO, É LO QUE NOSOTROS HICIMOS -ESTANDO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS DE IR SOBRE NARVAEZ. - - -Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la audiencia Real de Santo -Domingo, luego se vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra á -asentar su real en un pueblo que se dice Cempoal, que en aquella sazon -era muy poblado; é la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al cacique -gordo (que así le llamábamos) todas las mantas é ropa labrada é joyas -de oro, é tambien le tomó las indias que nos habian dado los caciques -de aquel pueblo, que se las dejamos en casa de sus padres é hermanos, -porque eran hijas de señores, é para ir á la guerra muy delicadas. - -Y el cacique gordo dijo muchas veces al Narvaez que no le tomase cosa -ninguna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como mantas é -indias, porque estaria muy enojado, y le vernia á matar de Méjico, así -al Narvaez como al mismo cacique porque se las dejaba tomar. - -É más, se le quejó el mismo cacique de los robos que le hacian sus -soldados en aquel pueblo, é le dijo que cuando estaba allí Malinche, -que así llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les tomaban cosa -ninguna, é que era muy bueno él é sus soldados los teules, porque -teules nos llamaban; é como aquellas palabras le oia el Narvaez, hacia -burla dél, é un Salvatierra que venia por veedor, otras veces por mí -nombrado, que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo á Narvaez é -otros capitanes sus amigos: - -—«¿No habeis visto qué miedo que tienen todos estos caciques desta -nonada de Cortesillo?» - -Tengan atencion los curiosos letores cuán bueno fuera no decir mal de -lo bueno; porque juro amen que cuando dimos sobre el Narvaez, uno de -los más cobardes é para ménos fué el Salvatierra, como adelante diré; é -no porque no tenia buen cuerpo é membrudo, mas era mal engalibado, mas -no de lengua, y decian que era natural de tierra de Búrgos. - -Dejemos de hablar del Salvatierra, é diré cómo el Narvaez envió á -requerir á nuestro capitan é á todos nosotros con unas provisiones que -decian que eran traslados de los originales que traia para ser capitan -por el Diego Velazquez; las cuales enviaba para que nos las notificase -escribano, que se decia Alonso de Mata, el cual despues, el tiempo -andando, fué vecino de la Puebla, que era ballestero; é enviaba con el -Mata á otras tres personas de calidad. - -É dejallo he aquí, así al Narvaez como á su escribano, é volveré á -Cortés, que como cada dia tenia cartas é avisos, así de los del real -de Narvaez como del capitan Gonzalo de Sandoval, que quedaba en la -Villa-Rica, é le hizo saber que tenia consigo cinco soldados, personas -muy principales é amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que es -el que envió preso Narvaez á Castilla ó á la isla de Cuba; é la causa -que daban por que se vinieron del real de Narvaez fué, que pues el -Narvaez no tuvo respeto á un oidor del Rey, que ménos se lo ternia á -ellos, que eran sus deudos; de los cuales soldados supo el Sandoval muy -por entero todo lo que pasaba en el real de Narvaez é la voluntad que -tenia, porque decia que muy de hecho habia de venir en nuestra busca á -Méjico para nos prender. - -Pasemos adelante, y diré que Cortés tomó luego consejo con nuestros -capitanes é todos nosotros los que sabia que le habiamos de ser muy -servidores, é solia llamar á consejo para en casos de calidad, como -estos; é por todos fué acordado que brevemente, sin más aguardar cartas -ni otras razones, fuésemos sobre el Narvaez, é que Pedro de Albarado -quedase en Méjico en guarda del Montezuma con todos los soldados que -no tuviesen buena disposicion para ir á aquella jornada; é tambien para -que quedasen allí las personas sospechosas que sentiamos que serian -amigos del Diego Velazquez é de Narvaez; é en aquella sazon, é ántes -que el Narvaez viniese, habia enviado Cortés á Tlascala por mucho maíz, -porque habia mala sementera en tierra de Méjico por falta de aguas; -porque teniamos muchos naborías é amigos del mismo Tlascala, habíamoslo -menester para ellos; é trujeron el maíz que he dicho, é muchas gallinas -é otros bastimentos, los cuales enviamos al Pedro de Albarado, é aún -le hicimos unas defensas á manera de mamparos é fortaleza con arte -ó falconete, é cuatro tiros gruesos é toda la pólvora que teniamos, -é diez ballesteros é catorce escopeteros é siete caballos, puesto -que sabiamos que los caballos no se podrian aprovechar dellos en el -patio donde estaban los aposentos; é quedaron por todos los soldados -contados, de á caballo, y escopeteros é ballesteros, ochenta y tres. - -Y como el gran Montezuma vió é entendió que queriamos ir sobre el -Narvaez, é como Cortés le iba á ver cada dia é á tenelle palacio, jamás -quiso decir ni dar á entender cómo el Montezuma ayudaba al Narvaez é le -enviaba oro é mantas é bastimentos. - -Y de una plática en otra, le preguntó el Montezuma á Cortés que dónde -queria ir, é para qué habia hecho ahora de nuevo aquellos pertrechos é -fortaleza, é que cómo andábamos todos alborotados; é lo que Cortés le -respondió é en qué se resumió la plática diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXV. - -CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTÉS QUE CÓMO QUERIA IR SOBRE EL -NARVAEZ, SIENDO LOS QUE TRAIA DOBLADOS MÁS QUE NOSOTROS, Y QUE LE -PESARIA MUCHO SI NOS VINIESE ALGUN MAL. - - -Como estaba platicando Cortés con el gran Montezuma, como lo tenian de -costumbre, dijo el Montezuma á Cortés: - -—«Señor Malinche, á todos vuestros capitanes é compañeros os veo andar -desasosegados, é tambien he visto que no me visitais sino de cuando en -cuando; é Orteguilla el paje me dice que quereis ir de guerra sobre -esos vuestros hermanos que vienen en los navíos, é que quereis dejar -aquí en mi guarda al Tonatio; hacedme merced que me lo declareis, para -que si yo en algo os pudiere servir é ayudar, lo haré de muy buena -voluntad. É tambien, señor Malinche, no querria que os viniese algun -desman, porque vos teneis muy pocos teules, y esos que vienen son -cinco veces más; é ellos dicen que son cristianos como vosotros é -vasallos de ese vuestro Emperador, é tienen imágenes y ponen cruz, é -les dicen Misa, é dicen é publican que sois gentes que venistes huyendo -de Castilla de vuestro rey y señor, é que os vienen á prender ó á -matar; en verdad que yo no os entiendo. Por tanto, mirad primero lo que -haceis.» - -Y Cortés le respondió con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo de -Aguilar, con un semblante muy alegre, que si no le ha venido á dar -relacion dello, es como le quiere mucho y por no le dar pesar con -nuestra partida, é que por esta causa lo ha dejado, porque así tiene -por cierto que el Montezuma le tiene voluntad. - -É que cuanto á lo que dice, que todos somos vasallos de nuestro gran -Emperador, que es verdad, é de ser cristianos como nosotros, que sí -son; é á lo que dicen que venimos huyendo de nuestro Rey y señor, que -no es así, sino que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle todo -lo que en su Real nombre le ha dicho é platicado, é á lo que dice que -trae muchos soldados é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, é que -nosotros somos pocos, é que nos vienen á matar é prender, Nuestro Señor -Jesucristo, en quien creemos é adoramos, é Nuestra Señora Santa María, -su bendita Madre, nos dará fuerzas, y más que no á ellos, pues que son -malos é vienen de aquella manera. - -É que como nuestro Emperador tiene muchos reinos é señoríos, hay en -ellos mucha diversidad de gentes, unas muy esforzadas é otras mucho -más, é que nosotros somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla -la Vieja, é nos nombran por sobrenombre castellanos; é que el capitan -que está ahora en Cempoal y la gente que trae que es de otra provincia -que llaman Vizcaya, é que tienen la habla muy revesada, como á manera -de decir como los otomís tierra de Méjico; é que él verá cuál se los -traeriamos presos; é que no tuviese pesar por nuestra ida, que presto -volveriamos con vitoria. - -É lo que ahora le pide por merced, que mire que queda con él su hermano -Tonatio, que así llamaban á Pedro de Albarado, con ochenta soldados; -que despues que salgamos de aquella ciudad no haya algun alboroto, ni -consienta á sus capitanes é papas hagan cosas que sean mal hechas, -porque despues que volvamos, si Dios quisiere, no tengan que pagar con -las vidas los malos revolvedores; é que todo lo que hubiere menester de -bastimentos, que se los diesen; é allí le abrazó Cortés dos veces al -Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; é doña Marina, como era -muy avisada, se lo decia de arte que ponia tristeza con nuestra partida. - -Allí le ofreció que haria todo lo que Cortés le encargaba, y aun -prometió que enviaria en nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra, é -Cortés le dió gracias por ello, porque bien entendió que no los habia -de enviar; é le dijo que no habia menester su ayuda, sino era la de -Dios nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la de sus compañeros -que con él íbamos; é tambien le encargó que mirase que la imágen de -nuestra Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy enramado, é -limpia la iglesia, é quemasen candelas de cera, que tuviesen siempre -encendidas de noche y de dia, é que no consintiesen á los papas que -hiciesen otra cosa; porque en aquesto conoceria muy mejor su buena -voluntad é amistad verdadera. - -É despues de tornados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que le -perdonase, que no podia estar más en plática con él, por entender en -la partida; é luego habló á Pedro de Albarado é á todos los soldados -que con él quedaban, é les encargó que guardasen al Montezuma con -mucho cuidado no se soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; y -prometióles que, mediante Dios, que á todos les habia de hacer ricos; -é allí quedó con ellos el Clérigo Juan Diaz, que no fué con nosotros, -é otros soldados sospechosos, que aquí no declaro por sus nombres; -é allí nos abrazamos los unos á los otros, é sin llevar indias ni -servicio, sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas por la ciudad -de Cholula, y en el camino envió Cortés á Tlascala á rogar á nuestros -amigos Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más caciques, que nos -enviasen de presto cuatro mil hombres de guerra; y enviaron á decir que -si fueran para pelear con indios como ellos, que sí hicieran, é aun -muchos más de los que les demandaban, é que para contra teules como -nosotros, é contra bombardas é caballos, que les perdonen, que no los -quieren dar; é proveyeron de veinte cargas de gallinas; é luego Cortés -escribió en posta á Sandoval que se juntase con todos sus soldados muy -prestamente con nosotros, que íbamos á unos pueblos obra de doce leguas -de Cempoal, que se dicen Tampaniquita é Mitalaguita, que ahora son de -la encomienda de Pedro Moreno Medrano, que vive en la Puebla; é que -mirase muy bien el Sandoval que Narvaez no le prendiese, ni hubiese á -las manos á él ni á ninguno de sus soldados. - -Pues yendo que íbamos de la manera que he dicho, con mucho concierto -para pelear si topásemos gente de guerra de Narvaez ó al mismo Narvaez, -y nuestros corredores del campo descubriendo, é siempre una jornada -adelante dos de nuestros soldados grandes peones, personas de mucha -confianza, y estos no iban por camino derecho, sino por partes que no -podian ir á caballo, para saber é inquirir de indios de la gente de -Narvaez. - -Pues yendo nuestros corredores del campo descubriendo, vieron venir -á un Alonso de Mata, el que decian que era escribano, que venia á -notificar los papeles ó traslados de las provisiones, segun dije atrás -en el capítulo que dello habla, é á los cuatro españoles que con -él venian por testigos, y luego vinieron los dos nuestros soldados -de á caballo á dar mandado, y los otros dos corredores del campo -se estuvieron en palabras con el Alonso de Mata é con los cuatro -testigos; y en este instante nos dimos priesa en andar y alargamos el -paso, y cuando llegaron cerca de nosotros hicieron gran reverencia á -Cortés y á todos nosotros, y Cortés se apeó del caballo y supo á lo que -venian. - -Y como el Alonso de Mata queria notificar los despachos que traia, -Cortés le dijo que si era escribano del Rey, y dijo que sí; y mandóle -que luego exhibiese el título, é que si le traia, que leyese los -recados, é que haria lo que viese que era servicio de Dios é de su -Majestad; y si no le traia, que no leyese aquellos papeles; é que -tambien habia de ver los originales de su Majestad. - -Por manera que el Mata, medio cortado é medroso, porque no era -escribano de su Majestad, y los que con él venian no sabian qué le -decir; y Cortés les mandó dar de comer, y porque comiesen reparamos -allí; y les dijo Cortés que íbamos á unos pueblos cerca del real del -señor Narvaez, que se decian Tampanequita, y que allí podia enviar á -notificar lo que su capitan mandase; y tenia Cortés tanto sufrimiento, -que nunca dijo palabra mala del Narvaez, é apartadamente habló con -ellos y les untó las manos con tejuelos de oro, y luego se volvieron -á su Narvaez diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y como -muchos de nuestros soldados por gentileza en aquel instante llevábamos -en las armas joyas de oro, y otros cadenas y collares al cuello, y -aquellos que venian á notificar los papeles les vieron, dicen en -Cempoal maravillarse de nosotros; y muchos habia en el real de Narvaez, -personas principales, que querian venir á tratar paces con Cortés y su -capitan Narvaez, como á todos nos veian ir ricos. - -Por manera que llegamos á Panguaniquita, é otro dia llegó el capitan -Sandoval con los soldados que tenia, que serian hasta sesenta; porque -los demás viejos y dolientes los dejó en unos pueblos de indios -nuestros amigos, que se decian Papalote, para que allí les diesen de -comer; y tambien vinieron con él los cinco soldados parientes y amigos -del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se habian venido huyendo -del real de Narvaez, y venian á besar las manos á Cortés; á los cuales -con mucha alegría recibió muy bien; y allí estuvo contando el Sandoval -á Cortés de lo que les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con el -Vergara y con los demás, y cómo los mandó llevar presos á Méjico, segun -y de la manera que dicho tengo en el capítulo pasado. - -Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como indios, -puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real de -Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino -propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender, -que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los -arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron -al rancho del bravo Salvatierra, é que les dió por las ciruelas un -sartalejo de cuentas amarillas. - -É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó -que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un -riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é -cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando -volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como -indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian -ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al -Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra: - -—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor de -Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos; -pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que -tengan mucho oro!» - -Y decian por ahí otras palabras. - -Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que estaban -hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde tenia el -caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le enfrenan y -ensillan, y cabalgan en él. - -Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe el -riachuelo, y tambien se lo trujeron. - -Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que los -dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; porque por -donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, porque era -tierra muy fragosa y de grandes sierras, y que vino por allí por no -topar con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo -de Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo: - -—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.» - -Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló á los -dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su caballo -ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los del -mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego conoció -que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los caballos; -y desde allí adelante se velaban. - -Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros capitanes -y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos en el -real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el -Narvaez diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXVI. - -CÓMO ACORDÓ CORTÉS CON TODOS NUESTROS CAPITANES Y SOLDADOS QUE -TORNÁSEMOS Á ENVIAR AL REAL DE NARVAEZ AL FRAILE DE LA MERCED, QUE -ERA MUY SAGAZ Y DE BUENOS MEDIOS, Y QUE SE HICIESE MUY SERVIDOR DEL -NARVAEZ, É QUE SE MOSTRASE FAVORABLE Á SU PARTE MAS QUE NO Á LA DE -CORTÉS, É QUE SECRETAMENTE CONVOCASE AL ARTILLERO QUE SE DECIA RODRIGO -MARTIN É Á OTRO ARTILLERO QUE SE DECIA USAGRE, É QUE HABLASE CON ANDRÉS -DE DUERO PARA QUE VINIESE Á VERSE CON CORTÉS; É QUE OTRA CARTA QUE -ESCRIBIÉSEMOS AL NARVAEZ QUE MIRASE QUE SE LA DIESE EN SUS MANOS, É LO -QUE EN TAL CASO CONVENIA, É QUE TUVIESE MUCHA ADVERTENCIA, Y PARA ESTO -LLEVÓ MUCHA CANTIDAD DE TEJUELOS É CADENAS DE ORO PARA REPARTIR. - - -Pues como ya estábamos en el pueblo todos juntos, acordamos que con -el padre de la Merced se escribiese otra carta al Narvaez, que decian -en ella así, ó otras palabras formales como estas que diré, despues -de puesto su acato con gran cortesía: que nos habiamos holgado de -su venida, é creiamos que con su generosa persona hariamos gran -servicio á Dios Nuestro Señor y á su majestad, é que no nos ha querido -responder cosa ninguna, ántes nos llama de traidores, siendo muy leales -servidores del Rey; é ha revuelto toda la tierra con las palabras -que envió á decir á Montezuma; é que le envió Cortés á pedir por -merced que escogiese la provincia en cualquiera parte que él quisiese -quedar con la gente que tiene, ó fuese adelante, é que nosotros -iriamos á otras tierras é hariamos lo que á buenos servidores de su -majestad somos obligados. - -É que le hemos pedido por merced que si trae provisiones de su majestad -que envie los originales para ver y entender si vienen con la Real -firma y ver lo que en ellas se contiene, para que luego que lo veamos, -los pechos por tierra para obedecerla; é que no ha querido hacer lo -uno ni lo otro, sino tratarnos mal de palabra y revolver la tierra; -que le pedimos y requerimos de parte de Dios y del Rey nuestro señor -que dentro en tres dias envie á notificar los despachos que trae con -escribano de su majestad, é que cumpliremos como mandado del Rey -nuestro señor todo lo que en las reales provisiones mandare; que para -aquel efeto nos hemos venido á aquel pueblo de Panguenezquita, por -estar más cerca de su Real; é que si no trae las provisiones y se -quisiere volver á Cuba, que se vuelva y no alborote más la tierra, con -protestacion que si otra cosa hace, que iremos contra él á le prender -y enviallo preso á nuestro Rey y señor, pues sin su Real licencia -nos viene á dar guerra é desasosegar todas las ciudades; é que todos -los males é muertes y fuegos y menoscabos que sobre esto acaecieren, -que sea á su cargo, y no al nuestro; y esto se escribe ahora por -carta misiva, porque no osa ningun escribano de su majestad írselo á -notificar, por temor no le acaezca tan gran desacato como el que se -tuvo con un oidor de su majestad, y que ¿dónde se vió tal atrevimiento -de le enviar preso? - -Y que allende de lo que dicho tiene, por lo que es obligado á la honra -y justicia de nuestro Rey, que le conviene castigar aquel gran desacato -y delito, como capitan general y justicia mayor que es de aquesta -Nueva-España, le cita y emplaza para ello, y se lo demandará usando de -justicia, pues es crímen _læsæ majestatis_ lo que ha tentado, é que -hace á Dios testigo de lo que ahora dice; y tambien le enviamos á decir -que luego volviese al cacique gordo las mantas y ropa y joyas de oro -que le habian tomado por fuerza, y ansimismo las hijas de señores que -nos habian dado sus padres, y mandase á sus soldados que no robasen á -los indios de aquel pueblo ni de otros. - -Y despues de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de nuestros -capitanes y algunos soldados, iba allí mi firma; y entónces se fué -con el mismo Padre fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia -Bartolomé de Usagre, porque era hermano del artillero Usagre, que tenia -cargo del artillería de Narvaez; y llegados nuestro religioso y el -Usagre á Cempoal, adonde estaba el Narvaez, diré lo que dice que pasó. - - - - -CAPÍTULO CXVII. - -CÓMO EL PADRE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, DE LA ÓRDEN DE NUESTRA SEÑORA -DE LA MERCED, FUÉ Á CEMPOAL, ADONDE ESTABA EL NARVAEZ É TODOS SUS -CAPITANES, Y LO QUE PASÓ CON ELLOS, Y LES DIÓ LA CARTA. - - -Como el Padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, llegó -al real de Narvaez, sin más gastar yo palabras en tornallo á recitar, -hizo lo que Cortés le mandó, que fué convocar á ciertos caballeros de -los de Narvaez y al artillero Rodrigo Mino, que así se llamaba, é al -Usagre, que tenia tambien cargo de los tiros; y para mejor le atraer, -fué un su hermano del Usagre con tejuelos de oro, que dió de secreto -al hermano; y asimismo el padre fray Bartolomé de Olmedo repartió todo -el oro que Cortés le mandó, y habló al Andrés de Duero que luego se -viniese á nuestro real con Cortés; y demás desto, ya el fraile habia -ido á ver y hablar al Narvaez y hacérsele muy gran servidor; y andando -en estos pasos, tuvieron gran sospecha de lo en que andaba nuestro -fraile, é aconsejaban al Narvaez que luego le prendiese, é así lo -querian hacer. - -Y como lo supo Andrés de Duero, que era secretario del Diego Velazquez, -y era de Tudela de Duero, y se tenian por deudos, el Narvaez y él, -porque el Narvaez tambien era de tierra de Valladolid ó del mismo -Valladolid, y en toda la armada era muy estimado é preeminente, el -Andrés de Duero fué al Narvaez y le dijo que le habian dicho que queria -prender al padre fray Bartolomé de Olmedo, mensajero y embajador de -Cortés; que mirase que ya que hubiese sospecha que el fraile hablaba -algunas cosas en favor de Cortés, que no es bien prendelle, pues que -claramente se ha visto cuánta honra é dádivas da Cortés á todos los -suyos del Narvaez que hallaban; é que fray Bartolomé de Olmedo ha -hablado con él despues que allí ha venido, é lo que siente dél es que -desea que él y otros caballeros del real de Cortés le vengan á recibir, -é que todos fuesen amigos; y que mire cuánto bien dice Cortés á los -mensajeros que envia; que no le sale por la boca á él ni á cuantos -están con él, sino el señor capitan Narvaez, é que seria poquedad -prender á un religioso; que otro hombre que vino con él, que es -hermano de Usagre el artillero, que le viene á ver; que convide á fray -Bartolomé de Olmedo á comer, y le saque del pecho la voluntad que todos -los de Cortés tienen. - -Y con aquellas palabras, y otras sabrosas que le dijo, amansó al -Narvaez. Y luego desque esto pasó, se despidió Andrés de Duero del -Narvaez, y secretamente habló al Padre lo que habia pasado; y luego -el Narvaez envió á llamar á fray Bartolomé de Olmedo, y como vino, -le hizo mucho acato, y medio riendo (que era el Fraile muy cuerdo y -sagaz) le suplicó que se apartase en secreto, y el Narvaez se fué con -él paseando á un patio, y el Fraile le dijo: - -—«Bien entendido tengo que vuestra merced me queria mandar prender; -pues hágole saber, Señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su -real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes -de los de Cortés le querrian ya ver en las manos de vuestra merced; -y ansí, creo que vendremos todos; y para más le atraer á que se -desconcierte, le han hecho escribir una carta de desvaríos, firmada -de los soldados, que me dieron que diese á vuestra merced, que no la -he querido mostrar hasta agora, que vine á pláticas, que en un rio la -quise echar por las necedades que en ella trae; y esto hacen todos sus -capitanes y soldados de Cortés por verlo ya desconcertar.» - -Y el Narvaez dijo que se la diese, y el Padre fray Bartolomé de -Olmedo le dijo que la dejó en su posada é que iria por ella; é ansí, -se despidió para ir por la carta; y entre tanto vino al aposento de -Narvaez el bravoso Salvatierra; y de presto el Padre fray Bartolomé de -Olmedo llamó á Duero que fuese luego en casa del Narvaez para ver dalle -la carta, que bien sabia ya el Duero della, y aun otros capitanes de -Narvaez que se habian mostrado por Cortés; porque el fraile consigo la -traia, sino porque tuviesen juntos muchos de los de aquel Real y le -oyesen. - -É luego como vino el Padre fray Bartolomé de Olmedo con la carta, se la -dió al mismo Narvaez, y dijo: - -—«No se maraville vuestra merced con ella, que ya Cortés andaba -desvariando; y sé cierto que si vuestra merced le habla con amor, que -luego se le dará él y todos los que consigo trae.» - -Dejémonos de razones de fray Bartolomé, que las tenia muy buenas, y -digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y capitanes que leyese -la carta, y cuando la oyeron, dice que hacian bramuras el Narvaez y -el Salvatierra, y los demás se reian, como haciendo burla della; y -entónces dijo el Andrés de Duero: - -—«Ahora yo no sé cómo sea esto; yo no lo entiendo; porque este -religioso me ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra merced, -y ¡escribir ahora estos desvaríos!» - -Y luego de buena tinta tambien le ayudó á la plática al Duero un -Agustin Bermudez, que era capitan é alguacil mayor del real de Narvaez, -é dijo: - -—«Ciertamente, tambien he sabido del Padre Fray Bartolomé de Olmedo -muy en secreto que como enviase buenos terceros, que el mismo Cortés -vernia á verse con vuestra merced para que se diese con sus soldados; y -será bien que envie á su Real, pues no está muy léjos, al señor veedor -Salvatierra é al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos.» - -Y esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatierra. Y respondió el -Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iria á ver un traidor; y -el padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo: - -—«Señor veedor, bueno es tener templanza, pues está cierto que le -ternéis preso ántes de muchos dias.» - -Pues concertada la partida del Andrés de Duero, parece ser muy en -secreto trató el Narvaez con el mismo Duero y con tres capitanes que -tuviesen modo con el Cortés como se viesen en unas estancias é casas de -indios que estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, é que allí -se darian conciertos donde habiamos de ir con Cortés á poblar y partir -términos, y en las vistas le prenderia; y para ello tenia ya hablado -el Narvaez á veinte soldados de sus amigos; lo cual luego supo fray -Bartolomé del Narvaez é del Andrés de Duero, y avisaron á Cortés de -todo. - -Dejemos al fraile en el real de Narvaez, que ya se habia hecho muy -amigo y pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Olmedo y el -Salvatierra de Búrgos, y comia con él cada dia. - -É digamos de Andrés de Duero, que quedaba apercibiéndose para ir á -nuestro real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, nuestro soldado, -porque el Narvaez no alcanzase á saber dél lo que pasaba; y diré lo que -en nuestro real hicimos. - - - - -CAPÍTULO CXVIII. - -CÓMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOLDADOS QUE ÉRAMOS, Y CÓMO -TRAJERON DUCIENTAS Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS, CON UNOS HIERROS DE -COBRE CADA UNA, QUE CORTÉS HABIA MANDADO HACER EN UNOS PUEBLOS QUE SE -DICEN LOS CHICHINATECAS, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO HABIAMOS DE JUGAR DELLAS -PARA DERROCAR LA GENTE DE Á CABALLO QUE TENIA NARVAEZ, Y OTRAS COSAS -QUE EN EL REAL PASARON. - - -Volvamos á decir algo atrás de lo dicho, y lo que más pasó. - -Así como Cortés tuvo noticia del armada que traia Narvaez, luego -despachó un soldado que habia estado en Italia, bien diestro de todas -armas, y más de jugar una pica, y le envió á una provincia que se -dice los chichinatecas, junto adonde estaban nuestros soldados los -que fueron á buscar minas; porque aquellos de aquella provincia eran -muy enemigos de los mejicanos é pocos dias habia que tomaron nuestra -amistad, é usaban por armas muy grandes lanzas, mayores que las -nuestras de Castilla, con dos brazas de pedernal é navajas; y envióles -á rogar que luego le trajesen á do quiera que estuviesen trecientas -dellas, é que les quitasen las navajas, é que pues tenian mucho cobre, -que les hiciesen á cada una dos hierros, y llevó el soldado la manera -cómo habian de ser los hierros; y como llegó, de presto buscaron -las lanzas é hicieron los hierros; porque en toda la provincia á -aquella sazon habia cuatro ó cinco pueblos, sin muchas estancias, -y las recogieron, é hicieron los hierros muy más perfectamente que -se los enviamos á mandar; y tambien mandó á nuestro soldado, que se -decia Tovilla, que les demandase dos mil hombres de guerra, é que -para el dia de Pascua del Espíritu Santo viniese con ellos al pueblo -de Panguenequita, que ansí se decia, ó que preguntase en qué parte -estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen lanzas; por manera -que el soldado se los demandó, é los caciques dijeron que ellos -venian con la gente de guerra; y el soldado se vino luego con obra de -ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con los demás indios de -guerra quedó para venir con ellos otro soldado de los nuestros, que se -decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la estancia y minas que -descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí se concertó que habia -de venir de la manera que está dicho á nuestro real; porque seria de -andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo otro. - -Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy -extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é -nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los -de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria -de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos -ducientos y seis, contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con -cinco de á caballo y dos artilleros y pocos ballesteros y ménos -escopeteros; y á lo que tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las -picas, y fueron muy buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar -más en el alarde y lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió -Narvaez á nuestro real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos -indios naborías de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero, -segun despues alcanzamos á saber. - - - - -CAPÍTULO CXIX. - -CÓMO VINO ANDRÉS DE DUERO Á NUESTRO REAL Y EL SOLDADO USAGRE Y DOS -INDIOS DE CUBA, NABORÍAS DEL DUERO, Y QUIÉN ERA EL DUERO Y Á LO QUE -VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE CONCERTÓ. - - -Y es desta manera, que tengo de volver muy atrás á recitar lo pasado. - -Ya he dicho en los capítulos más adelante destos que cuando estábamos -en Santiago de Cuba, que se concertó Cortés con Andrés de Duero y con -un contador del Rey, que se decia Amador de Lares, que eran grandes -amigos del Diego Velazquez, y el Duero era su secretario, que tratase -con el Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés capitan general para -venir en aquella armada, y que partiria con ellos todo el oro y plata y -joyas que le cupiese de su parte de Cortés; y como el Andrés de Duero -vió en aquel instante á Cortés, su compañero, tan rico y poderoso, y -so color que venia á poner paces y á favorecer á Narvaez, y en lo que -entendió era á demandar la parte de la compañía, porque ya el otro -su compañero Amador de Lares era fallecido; y como Cortés era sagaz -y manso, no solamente le prometió de dalle gran tesoro, sino que -tambien le daria mando en toda la armada, ni más ni ménos que su propia -persona, y que, despues de conquistada la Nueva-España, le daria otros -tantos pueblos como á él, con tal que tuviese concierto con Agustin -Bermudez, que era alguacil mayor del real de Narvaez, y con otros -caballeros que aquí no nombro, que estaban convocados para que en todo -caso fuesen en desviar al Narvaez para que no saliese con la vida é -con honra y le desbaratase; y como á Narvaez tuviese muerto ó preso, y -deshecha su armada, que ellos quedarian por señores y partirian el oro -y pueblos de la Nueva-España; y para más le atraer y convocar á lo que -dicho tengo, le cargó de oro sus dos indios de Cuba; y segun pareció, -el Duero se lo prometió, y aun ya se lo habia prometido el Agustin -Bermudez por firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un -clérigo que se decia Juan de Leon, y al clérigo Guevara, que fué el -que primero envió Narvaez, y otros sus amigos, muchos tejuelos y joyas -de oro, y les escribió lo que le pareció que le convenia, para que en -todo le ayudasen; y estuvo el Andrés de Duero en nuestro real el dia -que llegó hasta otro dia despues de comer, que era dia de pascua de -Espíritu Santo, y comió con Cortés y estuvo hablando con él en secreto -buen rato; y cuando hubieron comido se despidió el Duero de todos -nosotros, así capitanes como soldados, y luego fué á caballo otra vez -adonde Cortés estaba, y dijo: - -—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.» - -Y respondióle: - -—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen -concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así -juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré -allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra -merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.» - -Y el Duero se rió, y dijo: - -—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra merced.» - -Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que Cortés -y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad para -pasarnos con el mismo Narvaez. - -Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó llamar -á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona -de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del -gobernador de Cuba Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido, -tambien le tenia Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas -y ofrecimientos que le daria mando en la Nueva-España y le haria su -igual; porque el Juan Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y -verdadero amigo, como adelante verán. - -Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo: - -—«¿Qué manda vuestra merced?» - -Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la -boca, le dijo medio riendo: - -—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo Andrés -de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si vuestra -merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque creen -que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que por mi -vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua rucia, y -que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada cadena de -oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á quien yo le -dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al hombro, y -otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas, y allá verá -qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego irán allá el -Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como mayordomo que -era del Diego Velazquez.» - -Y el Juan Velazquez respondió que él haria lo que su merced mandaba, -mas que su oro ni cadenas que no las llevaria consigo, salvo lo que -le diese para dar á quien mandase; porque donde su persona estuviere, -es para le siempre servir, más que cuanto oro ni piedras de diamantes -puede haber. - -—«Ansí lo tengo yo creido, dijo Cortés, y con esta confianza, señor, le -envio; mas si no lleva todo su oro y joyas, como le mando, no quiero -que vaya allá.» - -Y el Juan Velazquez respondió: - -—«Hágase lo que vuestra merced mandare.» - -Y no quiso llevar las joyas, y Cortés allí le habló secretamente, y -luego se partió, y llevó en su compañía á un mozo de espuelas de Cortés -para que le sirviese, que se decia Juan del Rio. - -Y dejemos desta partida de Juan Velazquez, que dijeron que lo envió -Cortés por descuidar á Narvaez, y volvamos á decir lo que en nuestro -real pasó: que dende á dos horas que se partió el Juan Velazquez, -mandó Cortés tocar el atambor á Canillas, que ansí se llamaba nuestro -atambor, y á Benito de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tamborino, -y mandó á Gonzalo de Sandoval, que era capitan y alguacil mayor, que -llamase á todos los soldados, y comenzásemos á marchar luego á paso -largo camino de Cempoal; é yendo por nuestro camino se mataron dos -puercos de la tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y dijimos -muchos soldados que era señal de vitoria; y dormimos en un repecho -cerca de un riachuelo, y sendas piedras por almohadas, como lo teniamos -por costumbre, y nuestros corredores del campo adelante, y espías y -rondas; y cuando amaneció, caminamos por nuestro camino derecho, y -fuimos á hora de medio dia á un rio, adonde está ahora poblada la villa -rica de la Veracruz, donde desembarcan las barcas con mercaderías que -vienen de Castilla; porque en aquel tiempo estaban pobladas junto al -rio unas casas de indios y arboledas; y como en aquella tierra hace -grandísimo sol, reposamos allí, como dicho tengo, porque traiamos -nuestras armas y picas. - -Y dejemos ahora de más caminar, y digamos lo que al Juan Velazquez de -Leon le avino con Narvaez y con un su capitan que tambien se decia -Diego Velazquez, sobrino del Velazquez, gobernador de Cuba. - - - - -CAPÍTULO CXX. - -CÓMO LLEGÓ JUAN VELAZQUEZ DE LEON Y EL MOZO DE ESPUELAS QUE SE DECIA -JUAN DEL RIO AL REAL DE NARVAEZ, Y LO QUE EN ÉL PASÓ. - - -Ya he dicho cómo envió Cortés al Juan Velazquez de Leon y al mozo de -espuelas para que le acompañase á Cempoal, y á ver lo que Narvaez -queria, que tanto deseo tenia de tenello en su compañía; por manera que -ansí como partieron de nuestro real se dió tanta prisa en el camino, y -fué amanecer á Cempoal, y se fué á apear el Juan Velazquez en casa del -cacique gordo, porque el Juan del Rio no tenia caballo, y desde allí se -van á pié á la posada de Narvaez. - -Pues como los indios de Cempoal le conocieron, holgaron de le ver y -hablar, y decian á voces á unos soldados de Narvaez que allí posaban en -casa del cacique gordo, que aquel era Juan Velazquez de Leon, capitan -de Malinche; y ansí como lo oyeron los soldados, fueron corriendo á -demandar albricias á Narvaez cómo habia venido Juan Velazquez de Leon, -y ántes que el Juan Velazquez llegase á la posada del Narvaez, que -ya le iba á le hablar, como de repente supo el Narvaez su venida, le -salió á recebir á la calle, acompañado de ciertos soldados, donde se -encontraron el Juan Velazquez y el Narvaez, y se hicieron muy grandes -acatos, y el Narvaez abrazó al Juan Velazquez, y le mandó sentar en -una silla, que luego trajeron sillas cerca de sí, y le dijo que por -qué no se fué á apear á su posada; y mandó á sus criados que le fuesen -luego por el caballo y fardaje, si le llevaba, porque en su casa y -caballeriza y posada estaria; y Juan Velazquez dijo que luego se queria -volver, que no venia sino á besalle las manos, y á todos los caballeros -de su real, y para ver si podia dar concierto que su merced y Cortés -tuviesen paz y amistad. - -Entónces dicen que el Narvaez apartó al Juan Velazquez, y le comenzó -á decir airado cómo que tales palabras le habia de decir de tener -amistad ni paz con un traidor que se alzó á su primo Diego Velazquez -con la armada. - -Y el Juan Velazquez respondió que Cortés no era traidor, sino buen -servidor de su majestad, y que ocurrir á nuestro Rey y señor, como -envió é ocurrió, no se le ha de atribuir á traicion, y que le suplica -que delante dél no se diga tal palabra. - -Y entónces el Narvaez le comenzó á hacer grandes prometimientos que -se quedase con él, y que concierte con los de Cortés que se le dén y -vengan luego á se meter en su obediencia, prometiéndole con juramento -que seria en todo su real el más preeminente capitan, y en el mando -segunda persona; y el Juan Velazquez respondió que mayor traicion haria -él en dejar al capitan que tiene jurado en la guerra y desamparallo, -conociendo que todo lo que ha hecho en la Nueva-España es en servicio -de Dios nuestro Señor y de su majestad; que no dejará de acudir á -Cortés, como acudia nuestro Rey y señor, y que le suplica que no hable -más en ello. - -En aquella sazon habian venido á ver á Juan Velazquez todos los más -principales capitanes del real de Narvaez, y le abrazaban con gran -cortesía, porque el Juan Velazquez era muy de palacio y de buen cuerpo, -membrudo, y de buena presencia y rostro y la barba muy bien puesta, -y llevaba una cadena muy grande de oro echada al hombro, que le daba -vueltas debajo el brazo, y parecíale muy bien, como bravoso y buen -capitan. - -Dejemos deste buen parecer de Juan Velazquez y cómo le estaban mirando -todos los capitanes de Narvaez, y aun nuestro Padre fray Bartolomé -de Olmedo tambien le vino á ver y en secreto hablar, y ansimismo el -Andrés de Duero y el alguacil mayor Bermudez, y parece ser que en aquel -instante ciertos capitanes de Narvaez, que se decian Gamarra y un Juan -Yuste, y un Juan Bono de Quejo, vizcaino, y Salvatierra el bravoso, -aconsejaron al Narvaez que luego prendiese al Juan Velazquez, porque -les pareció que hablaba muy sueltamente en favor de Cortés; é ya que -habia mandado el Narvaez secretamente á sus capitanes y alguaciles que -le echasen preso, súpolo Agustin Bermudez y el Andrés de Duero, y el -Padre fray Bartolomé de Olmedo y un Clérigo que se decia Juan de Leon, -y otras personas que se habian dado por amigos de Cortés, y dicen al -Narvaez que se maravillan de su merced querer mandar prender al Juan -Velazquez de Leon, que ¿qué puede hacer Cortés contra él, aunque tenga -en su compañía otros cien Juan Velazquez? Y que mire la honra y acatos -que hace Cortés á todos los que de su real han ido, que les sale á -recebir y á todos les da oro y joyas, y vienen cargados como abejas á -las colmenas, y de otras cosas de mantas y mosqueadores, y que á Andrés -de Duero y al Clérigo Guevara, y á Amaya y á Vergara el escribano, y á -Alonso de Mata y otros que han ido á su real, bien los pudiera prender -y no lo hizo; ántes, como dicho tienen, les hace mucha honra, y que -será mejor que le torne á hablar al Juan Velazquez con mucha cortesía, -y le convide á comer para otro dia; por manera que al Narvaez le -pareció bien el consejo, y luego le tornó á hablar con palabras muy -amorosas para que fuese tercero en que Cortés se le diese con todos -nosotros, y le convidó para otro dia á comer; y el Juan Velazquez -respondió que él haria lo que pudiese en aquel caso; mas que tenia á -Cortés por muy porfiado y cabezudo en aquel negocio, y que seria mejor -que partiesen las provincias, y que escogiese la tierra que más su -merced quisiese; y esto decia el Juan Velazquez por le amansar; y entre -aquellas pláticas llegóse al oido de Narvaez el padre fray Bartolomé de -Olmedo, y le dijo, como su privado y consejero que ya le habia hecho: - -—«Mande vuestra merced hacer alarde de toda su artillería y caballos y -escopeteros y ballesteros y soldados, para que lo vea el Juan Velazquez -de Leon y el mozo de espuelas Juan del Rio, para que Cortés tema -vuestro poder é gente, y se venga á vuestra merced aunque le pese.» - -Y esto lo dijo fray Bartolomé de Olmedo como por via de su muy gran -servidor y amigo, y por hacelle que trabajasen todos los de á caballo y -soldados en su real. - -Por manera que por dicho de nuestro fraile hizo hacer alarde delante -el Juan Velazquez de Leon y el Juan del Rio, estando presente nuestro -religioso; y cuando fué acabado de hacer dijo el Juan Velazquez al -Narvaez: - -—«Gran pujanza trae vuestra merced; Dios se lo acreciente.» - -Entónces dijo el Narvaez: - -—«Ahí verá vuestra merced que si quisiera haber ido contra Cortés le -hubiera traido preso, y á cuantos estais con él.» - -Entónces respondió el Juan Velazquez y dijo: - -—«Téngale vuestra merced por tal, y á los soldados que con él estamos, -que sabremos muy bien defender nuestras personas.» - -Y ansí cesaron las pláticas; y otro dia llevóle convidado á comer al -Juan Velazquez, como dicho tengo, y comia con el Narvaez un sobrino -del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, que tambien era su capitan; y -estando comiendo, tratóse plática de cómo Cortés no se daba al Narvaez, -y de la carta y requirimientos que le enviamos, y de unas palabras en -otras, desmandóse el sobrino de Diego Velazquez, que tambien se decia -Diego Velazquez como el tio, y dijo que Cortés y todos los que con él -estábamos éramos traidores, pues no se venian á someter al Narvaez; y -el Juan Velazquez cuando lo oyó se levantó en pié de la silla en que -estaba, y con mucho acato dijo: - -—«Señor capitan Narvaez, ya he suplicado á vuestra merced que no se -consienta que se digan palabras tales como estas que dicen de Cortés -ni de ninguno de los que con él estamos, porque verdaderamente son mal -dichas, decir mal de nosotros, que tan lealmente hemos servido á su -majestad.» - -Y el Diego Velazquez respondió que eran bien dichas, y pues volvia por -un traidor, que traidor debia de ser y otro tal como él, y que no era -de los Velazquez buenos; y el Juan Velazquez, echando mano á su espada, -dijo que mentia; que era mejor caballero que no él, y de los buenos -Velazquez, mejores que no él ni su tio, y que se lo haria conocer si -el señor capitan Narvaez les daba licencia; y como habia allí muchos -capitanes, ansí de los de Narvaez y algunos de los de Cortés, se -metieron en medio, que de hecho le iba á dar el Juan Velazquez una -estocada; y aconsejaron al Narvaez que luego le mandase salir de su -real, ansí á él como al padre fray Bartolomé de Olmedo é á Juan del -Rio; porque á lo que sentian, no hacian provecho ninguno, y luego sin -más dilacion les mandaron que se fuesen; y ellos, que no veian la hora -de verse en nuestro real, lo pusieron por obra. - -É dicen que el Juan Velazquez yendo á caballo en su buena yegua y su -cota puesta, que siempre andaba con ella y con su capacete y gran -cadena de oro, se fué á despedir del Narvaez, y estaba allí con el -Narvaez, el mancebo Diego Velazquez, el de la brega, y dijo al Narvaez: - -—«¿Qué manda vuestra merced para nuestro Real?» - -Y respondió el Narvaez, muy enojado, que se fuese, é que valiera más -que no hubiera venido; y dijo el mancebo Diego Velazquez palabras de -amenaza é injuriosas á Juan Velazquez y le respondió á ellas el Juan -Velazquez de Leon que es grande su atrevimiento, y digno de castigo por -aquellas palabras que le dijo; y echándose mano á la barba, le dijo: - -—«Para estas, que yo vea ántes de muchos dias si vuestro esfuerzo es -tanto como vuestro hablar.» - -Y como venian con el Juan Velazquez seis ó siete de los del real de -Narvaez, que ya estaban convocados por Cortés, que le iban á despedir, -dicen que trabaron dél como enojados, y le dijeron: - -—«Váyase ya y no cure de más hablar.» - -Y así se despidieron, y á buen andar de sus caballos se van para -nuestro real, porque luego le avisaron á Juan Velazquez que el Narvaez -los queria prender y apercebia muchos de á caballo que fuesen tras -ellos; é viniendo su camino, nos encontraron al rio que dicho tengo, -que está ahora cabe la Veracruz; y estando que estábamos en el rio por -mí ya nombrado, teniendo la siesta, porque en aquella tierra hace mucho -calor y muy recia; porque, como caminábamos con todas nuestras armas á -cuestas y cada uno con una pica, estábamos cansados; y en este instante -vino uno de nuestros corredores del campo á dar mandado á Cortés que -vian venir buen rato de allí dos ó tres personas de á caballo, y luego -presumimos que serian nuestros embajadores Juan Velazquez de Leon -y fray Bartolomé de Olmedo y Juan del Rio; y como llegaron adonde -estábamos, ¡qué regocijos y alegrías tuvimos todos! Y Cortés, ¡cuántas -caricias y buenos comedimientos hizo al Juan Velazquez y á fray -Bartolomé de Olmedo! Y tenia razon, porque le fueron muy servidores; -y allí contó el Juan Velazquez paso por paso todo lo atrás por mí -dicho que les acaeció con Narvaez, y cómo envió secretamente á dar las -cadenas y tejuelos de oro á las personas que Cortés mandó. - -Pues oir de nuestro fraile, como era muy regocijado, sabíalo muy bien -representar, cómo se hizo muy servidor del Narvaez, y que por hacer -burla dél le aconsejó que hiciese el alarde y sacase su artillería, y -con qué astucia y mañas le dió la carta; pues cuando contaba lo que le -acaeció con el Salvatierra y se le hizo muy pariente, siendo el fraile -de Olmedo y el Salvatierra adelante de Búrgos, y de los fieros que le -decia el Salvatierra que habia de hacer y acontecer en prendiendo á -Cortés y á todos nosotros, y aun se le quejó de los soldados que le -hurtaron su caballo y el de otro capitan; y todos nosotros nos holgamos -de lo oir, como si fuéramos á bodas y regocijo, y sabiamos que otro dia -habiamos de estar en batalla; y que habiamos de vencer ó morir en ella, -siendo como hermanos, ducientos y sesenta y seis soldados, y los de -Narvaez cinco veces más que nosotros. - -Volvamos á nuestra relacion, y es que luego caminamos todos para -Cempoal, y fuimos á dormir á un riachuelo, adonde está ahora una -estancia de vacas. - -Y dejallo he aquí, y diré lo que se hizo en el real de Narvaez despues -que vinieron el Juan Velazquez y el fraile y Juan del Rio, y luego -volveré á contar lo que hicimos en nuestro real, porque en un instante -acontecen dos ó tres cosas, y por fuerza he de dejar las unas por -contar lo que más viene á propósito desta relacion. - - - - -CAPÍTULO CXXI. - -DE LO QUE SE HIZO EN EL REAL DE NARVAEZ DESPUES QUE DE ALLÍ SALIERON -NUESTROS EMBAJADORES. - - -Pareció ser que como se vinieron el Juan Velazquez y el fraile é Juan -del Rio, dijeron al Narvaez sus capitanes que en su real sentian que -Cortés habia enviado muchas joyas de oro, y que tenia de su parte -amigos en el mismo real, y que seria bien estar muy apercebido y avisar -á todos sus soldados que estuviesen con sus armas y caballos prestos; y -demás desto, el cacique gordo, otras veces por mí nombrado, temia mucho -á Cortés, porque habia consentido que Narvaez tomase las mantas y oro -é indias que le tomó; y siempre espiaba sobre nosotros en qué parte -dormiamos, por qué camino veniamos, porque así se lo habia mandado por -fuerza el Narvaez; y como supo que ya llegábamos cerca de Cempoal, le -dijo al Narvaez el cacique gordo: - -—«¿Qué haceis, que estais muy descuidado? ¿Pensais que Malinche y los -teules que trae consigo que son así como vosotros? Pues yo os digo que -cuando no os catáredes será aquí y os matará.» - -Y aunque hacian burla de aquellas palabras que el cacique gordo les -dijo, no dejaron de se apercebir, y la primer cosa que hicieron fué -pregonar guerra contra nosotros á fuego y sangre y á toda ropa franca; -lo cual supimos de un soldado que llamaban el Galleguillo, que se -vino huyendo aquella noche del real de Narvaez, ó le envió el Andrés -de Duero, y dió aviso á Cortés de lo del pregon y de otras cosas que -convino saber. - -Volvamos á Narvaez, que luego mandó sacar toda su artillería y los de -á caballo, escopeteros y ballesteros y soldados á un campo, obra de un -cuarto de legua de Cempoal, para allí nos aguardar y no dejar ninguno -de nosotros que no fuese muerto ó preso; y como llovió mucho aquel dia, -estaban ya los de Narvaez hartos de estar aguardándonos al agua; y -como no estaban acostumbrados á aguas ni trabajos, y no nos tenian en -nada sus capitanes, le aconsejaron que se volviesen á los aposentos, y -que era afrenta estar allí, como estaban, aguardando á dos ó tres, y -es que decian que éramos, y que asestase su artillería delante de sus -aposentos, que era diez y ocho tiros gruesos, y que estuviesen toda -la noche cuarenta de á caballo esperando en el camino por do habiamos -de venir á Cempoal, y que tuviese al paso del rio, que era por donde -habiamos de pasar, sus espías, que fuesen buenos hombres de á caballo y -peones ligeros para dar mandado, y que en los patios de los aposentos -de Narvaez anduviesen toda la noche veinte de á caballo; y este -concierto que le dieron fué por hacelle volver á los aposentos; y más -le decian sus capitanes: - -—«Pues ¡cómo, Señor! ¿Por tal tiene á Cortés, que se ha de atrever con -unos gatos que tiene á venir á este real, por el dicho deste indio -gordo? No lo crea vuestra merced, sino que echa aquellas algaradas y -muestras de venir porque vuestra merced venga á buen concierto con él.» - -Por manera que así como dicho tengo se volvió Narvaez á su real, y -despues de vuelto, públicamente prometió que quien matase á Cortés ó -á Gonzalo de Sandoval que le daria dos mil pesos; y luego puso espías -al rio á un Gonzalo Carrasco, que vive ahora en la Puebla, y al otro -que se decia Fulano Hurtado; el nombre y apellido y señal secreta que -dió cuando batallasen contra nosotros en su real habia de ser Santa -María, Santa María; y demás deste concierto que tenian hecho, mandó -Narvaez que en su aposento durmiesen muchos soldados, así escopeteros -como ballesteros, y otros con partesanas, y otros tantos mandó que -estuviesen en el aposento del veedor Salvatierra, y Gamarra, y del Juan -Bono. - -Ya he dicho el concierto que tenia Narvaez en su real, y volveré á -decir la órden que se dió en el nuestro. - - - - -CAPÍTULO CXXII. - -DEL CONCIERTO Y ÓRDEN QUE SE DIÓ EN NUESTRO REAL PARA IR CONTRA -NARVAEZ, Y EL RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO, Y LO QUE RESPONDIMOS. - - -Llegados que fuimos al riachuelo que ya he dicho, que estará obra de -una legua de Cempoal, y habia allí unos buenos prados, despues de -haber enviado nuestros corredores del campo, personas de confianza, -nuestro capitan Cortés á caballo nos envió á llamar, así á capitanes -como á todos los soldados, y de que nos vió juntos dijo que nos pedia -por merced que callásemos; y luego comenzó un parlamento por tan lindo -estilo y plática, tan bien dichas cierto otras palabras más sabrosas y -llenas de ofertas, que yo aquí no sabré escribir; en que nos trajo á la -memoria desde que salimos de la isla de Cuba, con todo lo acaecido por -nosotros hasta aquella sazon, y nos dijo: - -—«Bien saben vuestras mercedes que Diego Velazquez, gobernador de -Cuba, me eligió por capitan general, no porque entre vuestras mercedes -no habia muchos caballeros que eran merecedores dello; y saben que -creisteis que veniamos á poblar, y así se publicaba y pregonó; y segun -han visto, enviaba á rescatar; y saben lo que pasamos sobre que me -queria volver á la isla de Cuba á dar cuenta á Diego Velazquez del -cargo que me dió, conforme á su instruccion; pues vuestras mercedes -me mandastes y requeristes que poblásemos esta tierra en nombre de su -majestad, como, gracias á nuestro Señor, la tenemos poblada, y fué cosa -cuerda; y demás desto, me hicistes vuestro capitan general y justicia -mayor della, hasta que su majestad otra cosa sea servido mandar. - -»Como ya he dicho, entre algunos de vuestras mercedes hubo algunas -pláticas de tornar á Cuba, que no lo quiero más declarar, pues á manera -de decir, ayer pasó, y fué muy santa y buena nuestra quedada, y hemos -hecho á Dios y á su majestad gran servicio, que esto claro está; ya -saben lo que prometimos en nuestras cartas á su majestad, despues de -le haber dado cuenta y relacion de todos nuestros hechos, que punto no -quedó, é que aquesta tierra es de la manera que hemos visto y conocido -della, que es cuatro veces mayor que Castilla, y de grandes pueblos -y muy rica de oro y minas, y tiene cerca otras provincias; y cómo -enviamos á suplicar á su majestad que no la diese en gobernacion ni de -otra cualquiera manera á persona ninguna; y porque creiamos y teniamos -por cierto que el Obispo de Búrgos don Juan Rodriguez de Fonseca, que -era en aquella sazon presidente de Indias y tenia mucho mando, que -la demandaria á su majestad para el Diego Velazquez ó algun pariente -ó amigo del Obispo, porque esta tierra es tal y tan buena para dar -á un Infante ó gran señor, que teniamos determinado de no dalle á -persona ninguna hasta que su majestad oyese á nuestros procuradores, y -nosotros viésemos su Real firma, é vista, que con lo que fuere servido -mandar los pechos por tierra; y con las cartas ya sabian que enviamos -y servimos á su majestad con todo el oro y plata, joyas é todo cuanto -teniamos habido.» - -Y más dijo: - -—«Bien se les acordará, señores, cuántas veces hemos llegado á punto -de muerte en las guerras y batallas que hemos habido. Pues no hay que -traellas á la memoria, que acostumbrados estamos de trabajos y aguas y -vientos y algunas veces hambres, y siempre traer las armas á cuestas y -dormir por los suelos, así nevando como lloviendo, que si miramos en -ello, los cueros tenemos ya curtidos de los trabajos. - -»No quiero decir de más de cincuenta de nuestros compañeros que nos -han muerto en las guerras, ni de todos vuestras mercedes como estais -entrapajados y mancos de heridas que aun están por sanar; pues que les -queria traer á la memoria los trabajos que trajimos por la mar y las -batallas de Tabasco, y los que se hallaron en lo de Almería y lo de -Cingapacinga, y cuántas veces por las sierras y caminos nos procuraban -quitar las vidas. - -»Pues en las batallas de Tlascala en qué punto nos pusieron y cuáles -nos traian; pues la de Cholula ya tenian puestas las ollas para comer -nuestros cuerpos; pues á la subida de los puertos no se les habia -olvidado los poderes que tenia Montezuma para no dejar ninguno de -nosotros, y bien vieron los caminos todos llenos de pinos y árboles -cortados; pues los peligros de la entrada y estada en la gran ciudad -de Méjico, cuántas veces teniamos la muerte al ojo, ¿quién los podrá -ponderar? Pues vean los que han venido de vuestras mercedes dos veces -primero que no yo, la una con Francisco Hernandez de Córdoba y la otra -con Juan de Grijalva, los trabajos, hambres y sedes, heridas y muertes -de muchos soldados que en descubrir aquestas tierras pasastes, y todo -lo que en aquellos dos viajes habeis gastado de vuestras haciendas.» - -Y dijo que no queria contar otras muchas cosas que tenia por decir por -menudo, y no habria tiempo para acaballo de platicar, porque era tarde -y venia la noche; y más dijo: - -—«Digamos ahora, señores: Pánfilo de Narvaez viene contra nosotros con -mucha rabia y deseo de nos haber á las manos, y no habian desembarcado, -y nos llamaban de traidores y malos; y envió á decir al gran Montezuma, -no palabras de sábio capitan, sino de alborotador; y demás desto, tuvo -atrevimiento de prender á un oidor de su majestad, que por sólo este -delito es digno de ser castigado. Ya habrán oido cómo han pregonado en -su real guerra contra nosotros á ropa franca, como si fuéramos moros.» - -Y luego, despues de haber dicho esto Cortés, comenzó á sublimar -nuestras personas y esfuerzos en las guerras y batallas pasadas, y -que entónces peleábamos por salvar nuestras vidas, y que ahora hemos -de pelear con todo vigor por vida y honra, pues nos vienen á prender -y echar de nuestras casas y robar nuestras haciendas; y demás desto, -que no sabemos si trae provisiones de nuestro Rey y señor, salvo -favores del Obispo de Búrgos, nuestro contrario; y si por ventura -caemos debajo de sus manos de Narvaez (lo cual Dios no permita), -todos nuestros servicios, que hemos hecho á Dios primeramente y á su -majestad, tornarán en deservicios, y harán procesos contra nosotros, y -dirán que hemos muerto y robado y destruido la tierra, donde ellos son -los robadores y alborotadores y deservidores de nuestro Rey y señor; -dirán que le han servido, y pues vemos por los ojos todo lo que he -dicho, y como buenos caballeros somos obligados á volver por la honra -de su majestad y por las nuestras, y por nuestras casas y haciendas; -y con esta intencion salí de Méjico, teniendo confianza en Dios y -de nosotros; que todo lo ponia en las manos de Dios primeramente, y -despues en las nuestras; que veamos lo que nos parece.» - -Entónces respondimos, y tambien juntamente con nosotros Juan Velazquez -de Leon y Francisco de Lugo y otros capitanes, que tuviese por cierto -que, mediante Dios, habiamos de vencer ó morir sobre ello, y que mirase -no le convenciesen con partidos, porque si alguna cosa hacia fea, le -dariamos de estocadas. - -Entónces, como vió nuestras voluntades, se holgó mucho, y dijo que con -aquella confianza venia; y allí hizo muchas ofertas y prometimientos -que seriamos todos muy ricos y valerosos. - -Hecho esto, tornó á decir que nos pedia por merced que callásemos, y -que en las guerras y batallas es menester más prudencia y saber para -bien vencer los contrarios, que no demasiada osadía; y que porque tenia -conocido de nuestros grandes esfuerzos que por ganar honra cada uno -de nosotros se queria adelantar de los primeros á encontrar con los -enemigos, que fuésemos puestos en ordenanza y capitanías; y para que la -primera cosa que hiciésemos fuese tomalles el artillería, que eran diez -y ocho tiros que tenian asestados delante de sus aposentos de Narvaez, -mandó que fuese por capitan suyo de Cortés uno que se decia Pizarro, -que ya he dicho otras veces que en aquella sazon no habia fama de Perú -ni Pizarros, que no era descubierto; y era el Pizarro suelto mancebo, -y le señaló sesenta soldados mancebos, y entre ellos me nombraron á -mí; y mandó que, despues de tomada el artillería, acudiésemos todos á -los aposentos de Narvaez, que estaba en un muy alto cu; y para prender -á Narvaez señaló por capitan á Gonzalo de Sandoval con otros sesenta -compañeros; y como era alguacil mayor, le dió un mandamiento que decia -así: - - «Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor desta Nueva-España por su - majestad, yo os mando que prendais el cuerpo de Pánfilo de - Narvaez, é si se os defendiere, matadle, que así conviene al - servicio de Dios y de su majestad, y le prendió á un oidor. Dado - en este real.» y la firma, Hernando Cortés, y refrendado de su - secretario Pedro Hernandez. - -Y despues de dado el mandamiento, prometió que al primer soldado que -le echase la mano le daria tres mil pesos, y al segundo dos mil, y al -tercero mil; y dijo que aquello que prometia que era para guantes, que -bien viamos la riqueza que habia entre nuestras manos; y luego nombró á -Juan Velazquez de Leon para que prendiese á Diego Velazquez, con quien -habia tenido la brega, y le dió otros sesenta soldados. - -Narvaez estaba en su fortaleza é altos cues, y el mismo Cortés por -sobresaliente con otros veinte soldados para acudir adonde más -necesidad hubiese, y donde él tenia el pensamiento de asistir era para -prender á Narvaez y á Salvatierra; pues ya dadas las copias á los -capitanes, como dicho tengo, dijo: - -—«Bien sé que los de Narvaez son por cuatro veces más que nosotros; -mas ellos no son acostumbrados á las armas, y como están la mayor -parte dellos mal con su capitan, y muchos dolientes, les tomaremos -de sobresalto; tengo pensamiento que Dios nos dará vitoria, que no -porfiarán mucho en su defensa, porque más bienes les haremos nosotros -que no su Narvaez; así, señores, pues nuestra vida y honra está, -despues de Dios, en vuestros esfuerzos é vigorosos brazos, no tengo -más que os pedir por merced ni traer á la memoria sino que en esto está -el toque de nuestras honras y famas para siempre jamás; y más vale -morir por buenos que vivir afrentados.» - -Y porque en aquella sazon llovia y era tarde no dijo más. - -Una cosa he pensado despues acá, que jamás nos dijo tengo tal concierto -en el real hecho, ni Fulano ni Zutano es en nuestro favor, ni cosa -ninguna destas, sino que peleásemos como varones; y esto de no decirnos -que tenia amigos en el real de Narvaez fué de muy cuerdo capitan, -que por aquel efeto no dejásemos de batallar como esforzados, y no -tuviésemos esperanza en ellos, sino, despues de Dios, en nuestros -grandes ánimos. - -Dejemos desto, y digamos cómo cada uno de los capitanes por mí -nombrados estaban con los soldados señalados, poniéndose esfuerzo unos -á otros. - -Pues mi capitan Pizarro, con quien habiamos de tomar la artillería, que -era la cosa de más peligro, y habiamos de ser los primeros que habiamos -de romper hasta los tiros, tambien decia con mucho esfuerzo cómo -habiamos de entrar y calar nuestras picas hasta tener la artillería en -nuestro poder, y cuando se la hubiésemos tomado, que con ella misma -mandó á nuestros artilleros, que se decian Mesa y el siciliano Aruega, -que con las pelotas que estuviesen por descargar se diese guerra á los -del aposento de Salvatierra. - -Tambien quiero decir la gran necesidad que teniamos de armas, que por -un peto ó capacete ó casco ó babera de hierro diéramos aquella noche -cuanto nos pidieran por ello y todo cuanto habiamos ganado; y luego -secretamente nos nombraron el apellido que habiamos de tener estando -batallando, que era Espíritu Santo, Espíritu Santo; que esto se suele -hacer secreto en las guerras porque se conozcan y apelliden por el -nombre, que no lo sepan unos contrarios de otros; y los de Narvaez -tenian su apellido y voz Santa María, Santa María. - -Ya hecho todo esto, como yo era gran amigo y servidor del capitan -Sandoval, me dijo aquella noche que me pedia por merced que cuando -hubiésemos tomado el artillería, si quedaba con la vida, siempre me -hablase con él y le siguiese; é yo le prometí, é así lo hice, como -adelante verán. - -Digamos ahora en qué se entendió un rato de la noche, sino en aderezar -y pensar en lo que teniamos por delante, pues para cenar no teniamos -cosa ninguna; y luego fueron nuestros corredores del campo, y se puso -espías y velas á mí y á otros dos soldados, y no tardó mucho, cuando -viene un corredor del campo á me preguntar que si he sentido algo, é yo -dije que no; y luego vino un cuadrillero, y dijo que el Galleguillo que -habia venido del real de Narvaez no parecia, y que era espía echada del -Narvaez; é que mandaba Cortés que luego marchásemos camino de Cempoal, -é oimos tocar nuestro pífaro y atambor, y los capitanes apercibiendo -sus soldados, y comenzamos á marchar; y al Galleguillo hallaron -debajo de unas mantas durmiendo; que, como llovió y el pobre no era -acostumbrado á estar al agua ni frios, metióse allí á dormir. - -Pues yendo nuestro paso tendido, sin tocar pífaro ni atambor, que -luego mandó Cortés que no tocasen, y nuestros corredores del campo -descubriendo la tierra, llegamos al rio, donde estaban las espías de -Narvaez, que ya he dicho que se decian Gonzalo Carrasco é Hurtado, y -estaban descuidados, que tuvimos tiempo de prender al Carrasco, y el -otro fué dando voces al real de Narvaez y diciendo: - -—«Al arma, al arma, que viene Cortés.» - -Acuérdome que cuando pasábamos aquel rio, como llovia, venia un poco -hondo, y las piedras resbalaban algo, y como llevábamos á cuestas las -picas y armas, nos hacia mucho estorbo; y tambien me acuerdo cuando se -prendió á Carrasco decia á Cortés á grandes voces: - -—«Mira, señor Cortés, no vayas allá; que juro á tal que está Narvaez -esperándoos en el campo con todo su ejército.» - -Y Cortés le dió en guarda á su secretario Pedro Hernandez; y como vimos -que el Hurtado fué á dar mandado, no nos detuvimos cosa, sino que el -Hurtado iba dando voces y mandando dar al arma, y el Narvaez llamando -sus capitanes, y nosotros calando nuestras picas y cerrando con su -artillería, todo fué uno, que no tuvieron tiempo sus artilleros de -poner fuego sino á cuatro tiros, y las pelotas algunas dellas pasaron -por alto, é una dellas mató á tres de nuestros compañeros. - -Pues en este instante llegaron todos nuestros capitanes, tocando al -arma nuestro pífaro y atambor; y como habia muchos de los de Narvaez á -caballo, detuviéronse un poco con ellos, porque luego derrocaron seis ó -siete dellos. - -Pues nosotros los que tomamos el artillería no osábamos desampararla, -porque el Narvaez desde su aposento nos tiraba saetas y escopetas; y en -aquel instante llegó el capitan Sandoval y sube de presto las gradas -arriba, y por mucha resistencia que le ponia el Narvaez y le tiraban -saetas y escopetas y con partesanas y lanzas, todavía las subió él y -sus soldados; y luego como vimos los soldados que ganamos el artillería -que no habia quien nos la defendiese, se la dimos á nuestros artilleros -por mí nombrados, y fuimos muchos de nosotros y el capitan Pizarro á -ayudar al Sandoval, que les hacian los de Narvaez venir seis ó siete -gradas abajo retrayéndose, y con nuestra llegada tornó á las subir, y -estuvimos buen rato peleando con nuestras picas, que eran grandes; y -cuando no me cato oimos voces del Narvaez, que decia: - -—«Santa María, váleme; que muerto me han y quebrado un ojo;» - -Y cuando aquello oimos, luego dimos voces: - -—«Vitoria, vitoria por los del nombre del Espíritu Santo; que muerto es -Narvaez.» - -Y con todo esto no les pudimos entrar en el cu donde estaban hasta -que un Martin Lopez, el de los bergantines, como era alto de cuerpo, -puso fuego á las pajas del alto cu, y vinieron todos los de Narvaez -rodando las gradas abajo; entónces prendimos á Narvaez, y el primero -que le echó mano fué un Pero Sanchez Farfan, é yo se lo dí al Sandoval -y á otros capitanes del mismo Narvaez que con él estaban todavía dando -voces y apellidando: - -—«Viva el Rey, viva el Rey, y en su Real nombre Cortés; vitoria, -vitoria; que muerto es Narvaez.» - -Dejemos este combate, é vamos á Cortés y á los demás capitanes que -todavía estaban batallando cada uno con los capitanes del Narvaez -que aún no se habian dado, porque estaban en muy altos cues, y con -los tiros que les tiraban nuestros artilleros y con nuestras voces, -é muerte del Narvaez, como Cortés era muy avisado, mandó de presto -pregonar que todos los de Narvaez se vengan luego á someter debajo de -la bandera de su majestad, y de Cortés en su Real nombre, so pena de -muerte; y aun con todo esto no se daban los de Diego Velazquez el mozo -ni los de Salvatierra, porque estaban en muy altos cues y no les podian -entrar; hasta que Gonzalo de Sandoval fué con la mitad de nosotros los -que con él entramos, y se prendieron así al Salvatierra como los que -con él estaban, y al Diego Velazquez el mozo; y luego Sandoval vino -con todos nosotros los que fuimos en prender al Narvaez á ponelle más -en cobro, puesto que le habiamos echado dos pares de grillos, y cuando -Cortés y el Juan Velazquez y el Ordás tuvieron presos á Salvatierra y -al Diego Velazquez el mozo y á Gamarra y á Juan Yuste y á Juan Bono, -vizcaino, y á otras personas principales, vino Cortés desconocido, -acompañado de nuestros capitanes, adonde teniamos á Narvaez, y con el -calor que hacia grande, y como estaba cargado con las armas é andaba -de una parte á otra apellidando á nuestros soldados y haciendo dar -pregones, venia muy sudando y cansado, y tal, que no le alcanzaba un -huelgo á otro, é dijo á Sandoval dos veces, que no lo acertaba á decir -del trabajo que traia, é dijo: - -—«¿Qué es de Narvaez? ¿Qué es de Narvaez?» - -É dijo Sandoval: - -—«Aquí está, aquí está, é á muy buen recaudo.» - -Y tornó Cortés á decir muy sin huelgo: - -—«Mirá, hijo Sandoval, que no os quiteis dél vos y vuestros compañeros, -no se os suelte miéntras yo voy á entender en otras cosas; é mirad -estos capitanes que con él teneis presos que en todo haya recaudo.» - -Y luego se fué, y mandó dar otros pregones que, so pena de muerte, que -todos los de Narvaez luego en aquel punto se vengan á someter debajo -de la bandera de su majestad, y en su Real nombre de Hernando Cortés, -su capitan general y justicia mayor, é que ninguno trajese ningunas -armas, sino que todos las diesen y entregasen á nuestros alguaciles; y -todo esto era de noche, que no amanecia, y aun llovia de rato en rato, -y entónces salia la luna, que cuando allí llegamos hacia muy escuro y -llovia, y tambien la escuridad ayudó; que, como hacia tan escuro, habia -muchos cucuyos (así los llaman en Cuba), que relumbraban de noche, é -los de Narvaez creyeron que eran mechas de las escopetas. - -Dejemos esto, y pasemos adelante: que, como el Narvaez estaba muy -mal herido y quebrado el ojo, demandó licencia á Sandoval para que -un cirujano que traia en su armada, que se decia maestre Juan, le -curase el ojo á él y otros capitanes que estaban heridos, y se la -dió, y estándole curando llegó allí cerca Cortés disimulando, que no -lo conociesen, á le ver curar; dijéronle al Narvaez que estaba allí -Cortés, y como se lo dijeron, dijo el Narvaez: - -—«Señor capitan Cortés, tené en mucho esta vitoria que de mí habeis -habido y en tener presa mi persona.» - -Y Cortés le respondió que daba muchas gracias á Dios, que se la dió, y -por los esforzados caballeros y compañeros que tenia, que fueron parte -para ello. É que una de las menores cosas que en la Nueva-España ha -hecho es prendelle y desbaratalle; y que si le ha parecido bien tener -atrevimiento de prender á un oidor de su majestad. - -Y cuando hubo dicho esto se fué de allí, que no le habló más, y mandó -á Sandoval que le pusiese buenas guardas, y que él no se quitase dél -con personas de recaudo; ya le teniamos echado dos pares de grillos -y le llevábamos á un aposento, y puestos soldados que le habiamos de -guardar, y á mí me señaló Sandoval por uno dellos, y secretamente me -mandó que no dejase hablar con él á ninguno de los de Narvaez hasta que -amaneciese, que Cortés le pusiese más en cobro. - -Dejemos desto, y digamos cómo Narvaez habia enviado cuarenta de á -caballo para que nos estuviesen aguardando en el paso del rio cuando -viniésemos á su real, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, -y supimos que andaban todavía en el campo; tuvimos temor no nos -viniesen á acometer para nos quitar sus capitanes é al mismo Narvaez -que teniamos presos, y estábamos muy apercebidos; y acordó Cortés de -les enviar á pedir por merced que se viniesen al real, con grandes -ofrecimientos que á todos prometió; y para los traer envió á Cristóbal -de Olí, que era nuestro maestre de campo, é á Diego de Ordás, y fueron -en unos caballos que tomaron de los de Narvaez, que de todos los -nuestros no trajimos ningunos, que atados quedaron en un montecillo -junto á Cempoal; que no trajimos sino picas, espadas y rodelas y -puñales; y fueron al campo con un soldado de los de Narvaez, que les -mostró el rastro por donde habian ido, y se toparon con ellos; y en -fin, tantas palabras de ofertas y ofrecimientos les dijeron por parte -de Cortés, y ántes que llegasen á nuestro real ya era de dia claro; y -sin decir cosa ninguna Cortés ni ninguno de nosotros á los atabaleros -que el Narvaez traia, comenzaron á tocar los atabales y á tañer sus -pífaros y tambores, y decian: - -—«Viva, viva la gala de los romanos, que siendo tan pocos han vencido á -Narvaez y á sus soldados.» - -É un negro que se decia Guidela, que fué muy gracioso truhan, que -traia el Narvaez, daba voces que decia: - -—«Mirad que los romanos no han hecho tal hazaña.» - -Y por más que les deciamos que callasen y no tañesen sus atabales, no -querian, hasta que Cortés mandó que prendiesen al atabalero, que era -medio loco, que se decia Tapia; y en este instante vino Cristóbal de -Olí y Diego de Ordás, y trajeron á los de á caballo que dicho tengo, y -entre ellos venia Andrés de Duero y Agustin Bermudez y muchos amigos de -nuestro capitan; y así como venian, iban á besar las manos á Cortés, -que estaba sentado en una silla de caderas, con una ropa larga de color -como naranjada, con sus armas debajo, acompañado de nosotros. - -Pues ver la gracia con que les hablaba y abrazaba, y las palabras de -tantos cumplimientos que les decia, era cosa de ver qué alegre estaba; -y tenia mucha razon de verse en aquel punto tan señor y pujante; y así -como le besaban la mano se fueron cada uno á su posada. - -Digamos ahora de los muertos y heridos que hubo aquella noche. - -Murió el alférez de Narvaez, que se decia Fulano de Fuentes, que era un -hidalgo de Sevilla; murió otro capitan de Narvaez que se decia Rojas, -natural de Castilla la Vieja; murieron otros dos de Narvaez; murió -uno de los tres soldados que se le habian pasado, que habian sido de -los nuestros, que llamábamos Alonso García el Carretero, y heridos de -los de Narvaez hubo muchos; y tambien murieron de los nuestros otros -cuatro, y hubo más heridos, y el cacique gordo tambien salió herido; -porque, como supo que veniamos cerca de Cempoal, se acogió al aposento -de Narvaez, y allí le hirieron, y luego Cortés le mandó curar muy bien -y le puso en su casa, y que no se le hiciese enojo. - -Pues Cervantes el loco y Escalonilla, que son los que se pasaron al -Narvaez que habian sido de los nuestros, tampoco libraron bien, que -Escalona salió bien herido, y el Cervantes bien apaleado, é ya he dicho -que murió el Carretero. - -Vamos á los del aposento de Salvatierra, el muy fiero, que dijeron sus -soldados que en toda su vida vieron hombre para ménos ni tan cortado de -muerte cuando nos oyó tocar al arma y cuando deciamos: - -—«Vitoria, vitoria; que muerto es Narvaez.» - -Dicen que luego dijo que estaba muy malo del estómago, é que no fué -para cosa ninguna. Esto lo he dicho por sus fieros y bravear; y de los -de su compañía tambien hubo heridos. - -Digamos del aposento del Diego Velazquez y otros capitanes que estaban -con él, que tambien hubo heridos, y nuestro capitan Juan Velazquez -de Leon prendió al Diego Velazquez, aquel con quien tuvo las bregas -estando comiendo con el Narvaez, y le llevó á su aposento y le mandó -curar y hacer mucha honra. - -Pues ya he dado cuenta de todo lo acaecido en nuestra batalla, digamos -agora lo que más se hizo. - - - - -CAPÍTULO CXXIII. - -CÓMO DESPUES DE DESBARATADO NARVAEZ SEGUN Y DE LA MANERA QUE HE DICHO, -VINIERON LOS INDIOS DE CHINANTA QUE CORTÉS HABIA ENVIADO Á LLAMAR, Y DE -OTRAS COSAS QUE PASARON. - - -Ya he dicho en el capítulo que dello habla, que Cortés envió á decir -á los pueblos de Chinanta, donde trajeron las lanzas é picas, que -viniesen dos mil indios dellos con sus lanzas, que son mucho más largas -que no las nuestras, para nos ayudar, é vinieron aquel mismo dia y algo -tarde, despues de preso Narvaez, y venian por capitanes los caciques de -los mismos pueblos é uno de nuestros soldados, que se decia Barrientos, -que habia quedado en Chinanta para aquel efecto: y entraron en Cempoal -con muy gran ordenanza, de dos en dos; y como traian las lanzas muy -grandes y de buen cuerpo, y tienen en ellas una braza de cuchilla -de pedernales, que cortan tanto como navajas, segun ya otra vez he -dicho, y traia cada indio una rodela como pavesina, y con sus banderas -tendidas, y con muchos plumajes y atambores y trompetillas, y entre -cada lancero é lancero un flechero, y dando gritos y silbos decian: - -—«Viva el Rey, viva el Rey, y Hernando Cortés en su real nombre.» - -Y entraron bravosos, que era cosa de notar, y serian mil y quinientos, -que parecian, de la manera y concierto que venian, que eran tres mil; -y cuando los de Narvaez los vieron se admiraron, é dicen que dijeron -unos á otros que si aquella gente les tomara en medio ó entraran -con nosotros, qué tal que les pararan; y Cortés habló á los indios -capitanes muy amorosamente, agradeciéndole su venida, y les dió cuentas -de Castilla, y les mandó que luego se volviesen á sus pueblos, y que -por el camino no hiciesen daño á otros pueblos, y tornó á enviar con -ellos al mismo Barrientos. - -Y quedarse ha aquí, y diré lo que más Cortés hizo. - - - - -CAPÍTULO CXXIV. - -CÓMO CORTÉS ENVIÓ AL PUERTO AL CAPITAN FRANCISCO DE LUGO, Y EN SU -COMPAÑÍA DOS SOLDADOS QUE HABIAN SIDO MAESTRES DE HACER NAVÍOS, PARA -QUE LUEGO TRAJESE ALLÍ Á CEMPOAL TODOS LOS MAESTRES Y PILOTOS DE LOS -NAVÍOS Y FLOTA DE NARVAEZ, Y QUE LES SACASEN LAS VELAS Y TIMONES É -AGUJAS, PORQUE NO FUESEN Á DAR MANDADO Á LA ISLA DE CUBA Á DIEGO -VELAZQUEZ DE LO ACAECIDO, Y CÓMO PUSO ALMIRANTE DE LA MAR. - - -Pues acabado de desbaratar al Pánfilo de Narvaez, é presos él y sus -capitanes, é á todos los demás tomado sus armas, mandó Cortés al -capitan Francisco de Lugo que fuese al puerto donde estaba la flota de -Narvaez, que eran diez y ocho navíos, y mandase venir allí á Cempoal -á todos los pilotos y maestres de los navíos, y que les sacasen velas -y timones é agujas, porque no fuesen á dar mandado á Cuba á Diego -Velazquez; é que si no le quisiesen obedecer, que les echase presos; y -llevó consigo el Francisco de Lugo dos de nuestros soldados, que habian -sido hombres de la mar, para que le ayudasen; y tambien mandó Cortés -que luego le enviasen á un Sancho de Barahona, que le tenia preso el -Narvaez con otros soldados. Este Barahona fué vecino de Guatimala, -hombre rico; y acuérdome que cuando llegó ante Cortés, que venia muy -doliente y flaco, y le mandó hacer honra. - -Volvamos á los maestres y pilotos, que luego vinieron á besar las manos -al capitan Cortés, á los cuales tomó juramento que no saldrian de su -mandado, é que le obedecerian en todo lo que les mandase; y luego les -puso por almirante y capitan de la mar á un Pedro Caballero, que habia -sido maestre de un navío de los de Narvaez; persona de quien Cortés se -fió mucho, al cual dicen que le dió primero buenos tejuelos de oro; -y á este mandó que no dejase ir de aquel puerto ningun navío á parte -ninguna, y mandó á todos los maestres y pilotos y marineros que todos -le obedeciesen, y que si de Cuba enviase Diego Velazquez más navíos -(porque tuvo aviso Cortés que estaban dos navíos para venir), que -tuviese modo que á los capitanes que en él viniesen les echase presos, -y les sacase el timon é velas y agujas, hasta que otra cosa en ello -Cortés mandase. Lo cual así lo hizo Pedro Caballero, como adelante diré. - -Y dejemos ya los navíos y el puerto seguro y digamos lo que se concertó -en nuestro real é los de Narvaez, y es que luego se dió órden que -fuesen á conquistar y poblar á Juan Velazquez de Leon á lo de Pánuco, y -para ello Cortés le señaló ciento y veinte soldados, los ciento habian -de ser de los de Narvaez, y los veinte de los nuestros entremetidos, -porque tenian más experiencia en la guerra: y tambien habia de llevar -dos navíos para que desde el rio de Pánuco fuesen á descubrir la costa -adelante; y tambien á Diego de Ordás dió otra capitanía de otros ciento -y veinte soldados para ir á poblar á lo de Guacacualco, y los ciento -habian de ser de los de Narvaez y los veinte de los nuestros, segun y -de la manera que á Juan Velazquez de Leon; y habia de llevar otros dos -navíos para desde el rio de Guacacualco enviar á la isla de Jamáica -por ganados de yeguas y becerros, puercos y ovejas, y gallinas de -Castilla y cabras, para multiplicar la tierra, porque la provincia de -Guacacualco era buena para ello. - -Pues para ir aquellos capitanes con sus soldados y llevar todas sus -armas, Cortés se las mandó dar y soltar todos los prisioneros capitanes -de Narvaez, y el Salvatierra, que decia que estaba malo del estómago. - -Pues para dalles todas las armas, algunos de nuestros soldados les -teniamos ya tomado caballos y espadas y otras cosas, y mandó Cortés -que luego se las volviésemos, y sobre no dárselas hubo ciertas -pláticas enojosas, y fueron, que dijimos los soldados que las teniamos -muy claramente, que no se las queriamos dar, pues que en el real de -Narvaez pregonaron guerra contra nosotros á ropa franca, y con aquella -intencion venian á nos prender y tomar lo que teniamos, é que siendo -nosotros tan grandes servidores de su majestad, nos llamaban traidores, -é que no se las queriamos dar; y Cortés todavía porfiaba á que se las -diésemos, é como era capitan general, húbose de hacer lo que mandó, que -yo les dí un caballo que tenia ya escondido, ensillado y enfrenado, y -dos espadas y tres puñales y una adarga, y otros muchos de nuestros -soldados dieron tambien otros caballos y armas; y como Alonso de Ávila -era capitan y persona que osaba decir á Cortés cosas que convenian, é -juntamente con él el Padre fray Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte -á Cortés, y le dijeron que parecia que queria remedar á Alejandro -Macedonio, que despues que con sus soldados habia hecho alguna gran -hazaña, que más procuraba de honrar y hacer mercedes á los que vencia -que no á sus capitanes y soldados, que eran los que lo vencian; y esto, -que lo decian porque lo han visto en aquellos dias que allí estábamos -despues de preso Narvaez, que todas las joyas de oro que le presentaban -los indios de aquellas comarcas y bastimentos daba á los capitanes de -Narvaez, é como si no nos conociera, ansí nos obligaba; y que no era -bien hecho, sino muy grande ingratitud, habiéndole puesto en el estado -en que estaba. - -Á esto respondió Cortés que todo cuanto tenia, ansí persona como -bienes, era para nosotros, é que al presente no podia más sino con -dádivas y palabras y ofrecimientos honrar á los de Narvaez; porque, -como son muchos, y nosotros pocos, no se levantasen contra él y contra -nosotros, y le matasen. - -Á esto respondió el Alonso de Ávila, y le dijo ciertas palabras algo -soberbias, de tal manera, que Cortés le dijo que quien no le quisiese -seguir, que las mujeres han parido y paren en Castilla soldados; y el -Alonso de Ávila dijo con palabras muy soberbias y sin acato que así -era verdad, que soldados y capitanes é gobernadores, é que aquello -mereciamos que dijese. - -Y como en aquella sazon estaba la cosa de arte que Cortés no podia -hacer otra cosa sino callar, y con dádivas y ofertas le atrajo á sí; -y como conoció dél ser muy atrevido, y tuvo siempre Cortés temor que -por ventura un dia ó otro no hiciese alguna cosa en su daño, disimuló; -y dende allí adelante siempre le enviaba á negocios de importancia, -como fué á la isla de Santo Domingo, y despues á España cuando enviamos -la recámara y tesoro del gran Montezuma, que robó Juan Florin, gran -corsario frances; lo cual diré en su tiempo y lugar. - -Y volvamos ahora al Narvaez y á un negro que traia lleno de viruelas, -que harto negro fué en la Nueva-España, que fué causa que se pegase é -hinchase toda la tierra dellas, de lo cual hubo gran mortandad; que, -segun decian los indios, jamás tal enfermedad tuvieron, y como no la -conocian, lavábanse muchas veces, y á esta causa se murieron gran -cantidad dellos. - -Por manera que negra la ventura de Narvaez, y más prieta la muerte de -tanta gente sin ser cristianos. - -Dejemos ahora todo esto, y digamos cómo los vecinos de la Villa-Rica, -que habian quedado poblados, que no fueron á Méjico, demandaron á -Cortés las partes del oro que les cabia, y dijeron á Cortés que, puesto -que allí les mandó quedar en aquel puerto y villa, que tambien servian -allí á Dios y al Rey como los que fuimos á Méjico, pues entendian en -guardar la tierra y hacer la fortaleza, y algunos dellos se hallaron -en lo de Almería, que aun no tenian sanas las heridas, y que todos los -más se hallaron en la prision de Narvaez, y que les diesen sus partes; -y viendo Cortés que era muy justo lo que decian, dijo que fuesen dos -hombres principales vecinos de aquella villa con poder de todos, y que -lo tenia apartado, y que se lo darian; y paréceme que les dijo que en -Tlascala estaba guardado, que esto no me acuerdo bien; é así, luego -despacharon de aquella villa dos vecinos por el oro y sus partes, y el -principal se decia Juan de Alcántara el viejo. - -Y dejemos de platicar en ello, y despues diremos lo que sucedió al -Alcántara y al otro; y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de presto -su rueda, que á grandes bonanzas y placeres siguen las tristezas; y -es que en este instante vienen nuevas que Méjico estaba alzado, y -que Pedro de Albarado está cercado en su fortaleza y aposento, y que -le ponian fuego por todas partes en la misma fortaleza, y que le han -muerto siete soldados, y que estaban otros muchos heridos; y enviaba á -demandar socorros con mucha instancia y priesa; y esta nueva trujeron -dos tlascaltecas sin carta ninguna, y luego vino una carta con otros -tlascaltecas que envió el Pedro de Albarado, en que decia lo mismo. - -Y cuando aquella tan mala nueva oimos, sabe Dios cuánto nos pesó, y á -grandes jornadas comenzamos á caminar para Méjico, y quedó preso en -la Villa-Rica el Narvaez y el Salvatierra, y por teniente y capitan -paréceme que quedó Rodrigo Rangel, que tuviese cargo de guardar al -Narvaez y de recoger muchos de los de Narvaez que estaban enfermos. - -Y tambien en este instante, ya que queriamos partir, vinieron cuatro -grandes principales que envió el gran Montezuma ante Cortés á quejarse -del Pedro de Albarado, y lo que dijeron llorando con muchas lágrimas de -sus ojos fué, que Pedro de Albarado salió de su aposento con todos los -soldados que le dejó Cortés, y sin causa ninguna dió en sus principales -y caciques, que estaban bailando y haciendo fiesta á sus ídolos -Huichilóbos y Tezcatepuca, con licencia que para ello les dió el Pedro -de Albarado, é que mató é irió muchos dellos, y que por se defender le -mataron seis de sus soldados. - -Por manera que daban muchas quejas del Pedro de Albarado; y Cortés les -respondió á los mensajeros algo desabrido, é que él iria á Méjico y -pornia remedio en todo; y así, fueron con aquella respuesta á su gran -Montezuma, y dicen la sintió por muy mala y hubo enojo della. - -Y asimismo luego despachó Cortés cartas para Pedro de Albarado, en -que le envió á decir que mirase que el Montezuma no se soltase, é que -íbamos á grandes jornadas; y le hizo saber de la vitoria que habiamos -habido contra Narvaez; lo cual ya sabia el gran Montezuma. - -Y dejallo hé aquí, y diré lo que más adelante pasó. - - - - -CAPÍTULO CXXV. - -CÓMO FUIMOS GRANDES JORNADAS, ASÍ CORTÉS CON TODOS SUS CAPITANES COMO -TODOS LOS DE NARVAEZ, EXCEPTO PÁNFILO DE NARVAEZ, Y SALVATIERRA, QUE -QUEDABAN PRESOS. - - -Como llegó la nueva referida cómo Pedro de Albarado estaba cercado y -Méjico rebelado, cesaron las capitanías que habian de ir á poblar -á Pánuco y á Guacacualco, que habian dado á Juan Velazquez de Leon -y á Diego de Ordás, que no fué enemigo dellos, que todos fuesen con -nosotros; y Cortés habló á los de Narvaez, que sintió que no irian -con nosotros de buena voluntad á hacer aquel socorro, y les rogó que -dejasen atrás enemistades pasadas por lo de Narvaez, ofreciéndoles -de hacerlos ricos y dalles cargos; y pues venian á buscar la vida, y -estaban en tierra donde podrian hacer servicio á Dios y á su majestad, -y enriquecer, que ahora les venia lance; y tantas palabras les dijo, -que todos á una se le ofrecieron que irian con nosotros; y si supieran -las fuerzas de Méjico, cierto está que no fuera ninguno. - -Y luego caminamos á muy grandes jornadas hasta llegar á Tlascala, donde -supimos que hasta que Montezuma y sus capitanes habian sabido cómo -habiamos desbaratado á Narvaez, no dejaron de darle guerra á Pedro -de Albarado, y le habian ya muerto siete soldados y le quemaron los -aposentos; y cuando supieron nuestra vitoria cesaron de dalle guerra; -mas dijeron que estaban muy fatigados por falta de agua y bastimento, -lo cual nunca se lo habia mandado dar Montezuma; y esta nueva trujeron -indios de Tlascala en aquella misma hora que hubimos llegado. - -Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y halló -sobre mil y trecientos soldados, así de los nuestros como de los de -Narvaez, y sobre noventa y seis caballos y ochenta ballesteros y otros -tantos escopeteros; con los cuales le pareció á Cortés que llevaba -gente para poder entrar muy á su salvo en Méjico; y demás desto, en -Tlascala nos dieron los caciques dos mil hombres, indios de guerra; y -luego fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, que es una gran ciudad, -y no se nos hizo honra ninguna en ella ni pareció ningun señor, sino -todo muy remontado y de mal arte; y llegamos á Méjico dia de señor San -Juan de Junio de 1520 años, y no parecian por las calles caciques, ni -capitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas despobladas. - -Y como llegamos á los aposentos que soliamos posar, el gran Montezuma -salió al patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el bien venido, y -de la vitoria con Narvaez; y Cortés, como venia vitorioso, no le quiso -oir, y el Montezuma se entró en su aposento muy triste y pensativo. - -Pues ya aposentados cada uno de nosotros donde soliamos estar ántes -que saliésemos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los de Narvaez en -otros aposentos, é ya habiamos visto é hablado con el Pedro de Albarado -y los soldados que con él quedaron, y ellos nos daban cuenta de las -guerras que los mejicanos les daban y trabajo en que les tenian puesto, -y nosotros les dábamos relacion de la vitoria contra Narvaez. - -Y dejaré esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fué la causa de -se levantar Méjico, porque bien entendido teniamos que á Montezuma le -pesó dello, que si le pluguiera ó fuera por su consejo, dijeron muchos -soldados de los que se quedaron con Pedro de Albarado en aquellos -trances, que si Montezuma fuera en ello, que á todos les mataran, y -que el Montezuma los aplacaba que cesasen la guerra; y lo que contaba -el Pedro de Albarado á Cortés, sobre el caso era, que por libertar los -mejicanos al Montezuma, é porque su Huichilóbos se lo mandó porque -pusimos en su casa la imágen de Nuestra Señora la Vírgen Santa María y -la Cruz. - -Y más dijo, que habian llegado muchos indios á quitar la santa imágen -del altar donde la pusimos, y que no pudieron quitalla, y que los -indios lo tuvieron á gran milagro, y que se lo dijeron al Montezuma, -é que les mandó que la dejasen en el mismo lugar y altar, y que no -curasen de hacer otra cosa; y así, la dejaron. - -Y más dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el Narvaez les habia -enviado á decir al Montezuma, que le venia á soltar de las prisiones y -á prendernos, y no salió verdad; y como Cortés habia dicho al Montezuma -que en teniendo navíos nos habiamos de ir á embarcar y salir de toda -la tierra, é que no nos íbamos, é que todo eran palabras, é que ahora -habian visto venir muchos más teules, ántes que todos los de Narvaez -y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, que seria bien matar -al Pedro de Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y -despues no quedar á vida ninguno de los nuestros é de los de Narvaez, -cuanto más que tuvieron por cierto que nos venciera el Narvaez. - -Estas pláticas y descargo dió el Pedro de Albarado á Cortés, y le -tornó á decir Cortés que á qué causa les fué á dar guerra estando -bailando y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que hacian á -sus Huichilóbos y á Tezcatepuca; y el Pedro de Albarado dijo que luego -le habian de venir á dar guerra, segun el concierto tenian entre ellos -hecho, y todo lo demás que lo supo de un papa y de dos principales y de -otros mejicanos; y Cortés le dijo: - -—«Pues hanme dicho que os demandaron licencia para hacer el areito y -bailes.» - -É dijo que así era verdad, é que fué por tomalles descuidados; é que -porque temiesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto se adelantó -á dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, muy enojado, que -era muy mal hecho, y grande desatino y poca verdad; é que pluguiera á -Dios que el Montezuma se hubiera soltado, é que tal cosa no la oyera á -sus ídolos; y así le dejó, que no le habló más en ello. - -Tambien dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando andaba con ellos en -aquella guerra, que mandó poner á un tiro que estaba cebado fuego, con -una pelota y muchos perdigones, é que como venian muchos escuadrones de -indios á le quemar los aposentos, que salió á pelear con ellos, é que -mandó poner fuego al tiro, é que no salió, y que hizo una arremetida -contra los escuadrones que le daban guerra, y cargaban muchos indios -sobre él, é que venia retrayéndose á la fuerza y aposento, é que -entónces sin poner fuego al tiro salió la pelota y los perdigones y -mató muchos indios; y que si aquello no acaeciera, que los enemigos los -mataran á todos, como en aquella vez le llevaron dos de sus soldados -vivos. - -Otra cosa dijo el Pedro de Albarado, y esta sola cosa la dijeron otros -soldados, que las demás pláticas sólo el Pedro de Albarado lo contaba; -y es, que no tenia agua para beber, y cavaron en el patio, é hicieron -un pozo y sacaron agua dulce, siendo todo salado tambien. - -Todo fué muchos bienes que nuestro Señor Dios nos hacia. - -É á esto del agua digo yo que en Méjico estaba una fuente que muchas -veces y todas las más manaba agua algo dulce; que lo demás que dicen -algunas personas, que el Pedro de Albarado, por codicia de haber mucho -oro y joyas de gran valor con que bailaban los indios, les fué á dar -guerra, yo no lo creo ni nunca tal oí, ni es de creer que tal hiciese, -puesto que lo dice el Obispo fray Bartolomé de las Casas aquello y -otras cosas que nunca pasaron; sino que verdaderamente dió en ellos por -metelles temor, é que con aquellos males que les hizo tuviesen harto -que curar y llorar en ellos, porque no le viniesen á dar guerra; y como -dicen que quien acomete vence, y fué muy peor, segun pareció. - -Y tambien supimos de mucha verdad que tal guerra nunca el Montezuma -mandó dar, é que cuando combatian al Pedro de Albarado, que el -Montezuma les mandaba á los suyos que no lo hiciesen, y que le -respondian que ya no era cosa de sufrir tenelle preso, y estando -bailando irles á matar, como fueron; y que le habian de sacar de allí y -matar á todos los teules que le defendian. - -Estas cosas y otras sé decir que lo oí á personas de fe y que se -hallaron con el Pedro de Albarado cuando aquello pasó. - -Y dejallo hé aquí, y diré la gran guerra que luego nos dieron, y es -desta manera. - - - - -CAPÍTULO CXXVI. - -CÓMO NOS DIERON GUERRA EN MÉJICO, Y LOS COMBATES QUE NOS DABAN, Y OTRAS -COSAS QUE PASAMOS. - - -Como Cortés vió que en Tezcuco no nos habian hecho ningun recibimiento, -ni aun dado de comer, sino mal y por mal cabo, y que no hallamos -principales con quien hablar, y lo vió todo rematado y de mal arte, -y venido á Méjico lo mismo; y vió que no hacian tianguez, sino todo -levantado, é oyó al Pedro de Albarado de la manera y desconcierto -con que les fué á dar guerra; y parece ser habia dicho Cortés en el -camino á los capitanes, alabándose de sí mismo, el gran acato y mando -que tenia, é que por los pueblos é caminos le saldrian á recibir -y hacer fiestas, y que en Méjico mandaba tan absolutamente, así al -gran Montezuma como á todos sus capitanes, é que le darian presentes -de oro como solian; y viendo que todo estaba muy al contrario de -sus pensamientos, que aun de comer no nos daban, estaba muy airado -y soberbio con la mucha gente de españoles que traia, y muy triste -y mohino; y en este instante envió el gran Montezuma dos de sus -principales á rogar á nuestro Cortés que le fuese á ver, que le queria -hablar, y la respuesta que le dió fué: - -—«Vaya para perro, que aun tianguez no quiere hacer ni de comer nos -manda dar.» - -Y entónces, como aquello le oyeron á Cortés nuestros capitanes, que fué -Juan Velazquez de Leon y Cristóbal de Olí y Alonso de Ávila y Francisco -de Lugo, dijeron: - -—«Señor, temple su ira, y mire cuánto bien y honra nos ha hecho este -Rey destas tierras, que es tan bueno, que si por él no fuese ya -fuéramos muertos y nos habrian comido, é mire que hasta las hijas le -han dado.» - -Y como esto oyó Cortés, se indignó más de las palabras que le dijeron, -como parecian de reprension, é dijo: - -—«¿Qué cumplimiento tengo yo de tener con un perro que se hacia con -Narvaez secretamente, é ahora veis que aun de comer no nos da?» - -Y dijeron nuestros capitanes: - -—«Esto nos parece que debe hacer, y es buen consejo.» - -Y como Cortés tenia allí en Méjico tantos españoles, así de los -nuestros como de los de Narvaez, no se le daba nada por cosa ninguna, -é hablaba tan airado y descomedido. - -Por manera que tornó hablar á los principales que dijesen á su señor -Montezuma que luego mandase hacer tianguez y mercados; si no, que hará -é que acontecerá; y los principales bien entendieron las palabras -injuriosas que Cortés dijo de su señor, y aun tambien la reprension -que nuestros capitanes dieron á Cortés sobre ello; porque bien los -conocian, que habian sido los que solian tener en guarda á su señor, -y sabian que eran grandes servidores de su Montezuma; y segun y de la -manera que lo entendieron, se lo dijeron al Montezuma, y de enojo, ó -porque ya estaba concertado que nos diesen guerra, no tardó un cuarto -de hora que vino un soldado á gran priesa muy mal herido, que venia de -un pueblo que está junto á Méjico, que se dice Tacuba, y traia unas -indias que eran de Cortés, é la una hija del Montezuma, que parece ser -las dejó á guardar allí al señor de Tacuba, que eran sus parientes del -mismo señor, cuando fuimos á lo de Narvaez. - -Y dijo aquel soldado que estaba toda la ciudad y camino por donde venia -lleno de gente de guerra con todo género de armas, y que le quitaron -las indias que traia y le dieron dos heridas, é que si no se les -soltara, que le tenian ya asido para le meter en una canoa y llevalle á -sacrificar, y habian deshecho una puente. - -Y desque aquello oyó Cortés y algunos de nosotros, ciertamente nos -pesó mucho; porque bien entendido teniamos los que soliamos batallar -con indios, la mucha multitud que de ellos se suelen juntar, que por -bien que peleásemos, y aunque más soldados trujésemos ahora, que -habiamos de pasar gran riesgo de nuestras vidas, y hambres y trabajos, -especialmente estando en tan fuerte ciudad. - -Pasemos adelante, y digamos que luego mandó á un capitan que se decia -Diego de Ordás, que fuese con cuatrocientos soldados, y entre ellos, -los más ballesteros y escopeteros y algunos de á caballo, é que mirase -qué era aquello que decia el soldado que habia venido herido y trajo -las nuevas; é que si viese que sin guerra y ruido se pudiese apaciguar, -lo pacificase; y como fué el Diego de Ordás de la manera que le fué -mandado, con sus cuatrocientos soldados, aún no hubo bien llegado á -media calle por donde iba, cuando le salen tantos escuadrones mejicanos -de guerra y otros muchos que estaban en las azuteas, y les dieron -tan grandes combates, que le mataron á las primeras arremetidas ocho -soldados, y á todos los más hirieron, y al mismo Diego de Ordás le -dieron tres heridas. - -Por manera que no pudo pasar un paso adelante, sino volverse poco á -poco al aposento; y al retraer le mataron otro buen soldado, que se -decia Lezcano, que con un montante habia hecho cosas de muy esforzado -varon; y en aquel instante si muchos escuadrones salieron al Diego de -Ordás, muchos más vinieron á nuestros aposentos, y tiran tanta vara -y piedra con hondas y flechas, que nos hirieron de aquella vez sobre -cuarenta y seis de los nuestros, y doce murieron de las heridas. - -Y estaban tanto sobre nosotros, que el Diego de Ordás, que se venia -retrayendo, no podia llegar á los aposentos por la mucha guerra que les -daban, unos por detrás y otros por delante y otros desde las azuteas. - -Pues quizá aprovechaban mucho nuestros tiros y escopetas, ni ballestas -ni lanzas, ni estocadas que les dábamos, ni nuestro buen pelear; que, -aunque les matábamos y heriamos muchos dellos, por las puntas de las -picas y lanzas se nos metian; con todo esto, cerraban sus escuadrones y -no perdian punto de su buen pelear, ni les podiamos apartar de nosotros. - -Y en fin, con los tiros y escopetas y ballestas, y el mal que les -haciamos de estocadas, tuvo lugar el Ordás de entrar en el aposento; -que hasta entónces, aunque queria, no podia pasar; y con sus soldados -bien heridos y veinte y tres ménos, y todavía no cesaban muchos -escuadrones de nos dar guerra y decirnos que éramos como mujeres, y nos -llamaban de bellacos y otros vituperios. - -Y aun no ha sido nada todo el daño que nos han hecho hasta ahora, á lo -que despues hicieron. - -Y es, que tuvieron tanto atrevimiento, que, unos dándonos guerra por -una parte y otros por otra, entraron á ponernos fuego en nuestros -aposentos, que no nos podiamos valer con el humo y fuego, hasta que se -puso remedio en derrocar sobre él mucha tierra y atajar otras salas -por donde venia el fuego, que verdaderamente allí dentro creyeron de -nos quemar vivos; y duraron estos combates todo el dia y aun la noche, -y aun de noche estaban sobre nosotros tantos escuadrones, y tiraban -varas y piedras y flechas á bulto y piedra perdida, que entónces -estaban todos aquellos patios y suelos hechos parvas dellos. - -Pues nosotros aquella noche en curar heridos, y en poner remedio en los -portillos que habian hecho y en apercibirnos para otro dia, en esto se -pasó. - -Pues desque amaneció, acordó nuestro capitan que con todos los nuestros -y los de Narvaez saliésemos á pelear con ellos, y que llevásemos tiros, -y escopetas y ballestas, y procurásemos de los vencer, á lo ménos que -sintiesen más nuestras fuerzas y esfuerzo mejor que el dia pasado. - -Y digo que si nosotros teniamos hecho aquel concierto, que los -mejicanos tenian concertado lo mismo, y peleábamos muy bien; mas ellos -estaban tan fuertes y tenian tantos escuadrones, que se mudaban de -rato en rato, que aunque estuvieren allí diez mil Hétores troyanos y -otros tantos Roldanes, no les pudieran entrar; porque sabello ahora -yo aquí decir cómo pasó, y vimos este teson en el pelear, digo que -no lo sé escribir; porque ni aprovechaban tiros, ni escopetas, ni -ballestas, ni apechugar con ellos, ni matalles treinta ni cuarenta de -cada vez que arremetiamos; que tan enteros y con más vigor peleaban -que al principio; y si algunas veces les íbamos ganando alguna poca de -tierra ó parte de calle, y hacian que se retraian, era para que les -siguiésemos, por apartarnos de nuestra fuerza y aposento, para dar más -á su salvo en nosotros, creyendo que no volveriamos con las vidas á los -aposentos; porque al retraernos hacian mucho mal. - -Pues para pasar á quemalles las casas, ya he dicho en el capítulo que -dello habla, que de casa á casa tenian una puente de madera levadiza, -alzábanla, y no podiamos pasar sino por agua muy honda. - -Pues desde las azuteas, los cantos, y piedras, y varas no lo podiamos -sufrir. - -Por manera que nos maltrataban y herian muchos de los nuestros, é -no sé yo para qué lo escribo así tan tibiamente; porque unos tres ó -cuatro soldados que se habian hallado en Italia, que allí estaban con -nosotros, juraron muchas veces á Dios que guerras tan bravosas jamás -habian visto en algunas que se habian hallado entre cristianos, y -contra la artillería del Rey de Francia ni del Gran Turco, ni gente -como aquellos indios con tanto ánimo cerrar los escuadrones vieron; -y porque decian otras muchas cosas y causas que daban á ello, como -adelante verán. - -Y quedarse ha aquí, y diré cómo con harto trabajo nos retrujimos á -nuestros aposentos, y todavía muchos escuadrones de guerreros sobre -nosotros con grandes gritos é silbos, y trompetillas y atambores, -llamándonos de bellacos y para poco, que no sabiamos atendelles todo -el dia en batalla, sino volvernos retrayendo. - -Aquel dia mataron diez ó doce soldados, y todos volvimos bien heridos; -y lo que pasó de la noche fué en concertar para que de ahí á dos dias -saliésemos todos los soldados cuantos sanos habia en todo el real, y -con cuatro ingenios á manera de torres, que se hicieron de madera bien -recios, en que pudiesen ir debajo de cualquiera dellos veinte y cinco -hombres; y llevaban sus ventanillas en ellos para ir los tiros, y -tambien iban escopeteros y ballesteros, y junto con ellos habiamos de -ir otros soldados escopeteros, y ballesteros, y los tiros, y todos los -demás de á caballo hacer algunas arremetidas. - -Y hecho este concierto, como estuvimos aquel dia que entendiamos en la -obra y fortalecer muchos portillos que nos tenian hechos, no salimos -á pelear aquel dia; no sé cómo lo diga, los grandes escuadrones de -guerreros que nos vinieron á los aposentos á dar guerra, no solamente -por diez ó doce partes, sino por más de veinte; porque en todo -estábamos repartidos, y otros en muchas partes; y entre tanto que los -adobábamos y fortaleciamos, como dicho tengo, otros muchos escuadrones -procuraron entrarnos los aposentos á escala vista, que por tiros ni -ballestas ni escopetas, ni por muchas arremetidas y estocadas les -podian retraer. - -Pues lo que decian, que en aquel dia no habia de quedar ninguno de -nosotros, y que habian de sacrificar á sus dioses nuestros corazones -y sangre, y con las piernas y brazos, que bien tendrian para hacer -hartazgas y fiestas; y que los cuerpos echarian á los tigres y leones y -víboras y culebras que tienen encerrados, que se harten dellos; é que -á aquel efecto há dos dias que mandaron que no les diesen de comer; -y que el oro que teniamos, que habriamos mal gozo dél y de todas las -mantas; y á los de Tlascala que con nosotros estaban les decian que les -meterian en jaulas á engordar, y que poco á poco harian sus sacrificios -con sus cuerpos. - -Y muy afectuosamente decian que les diésemos su gran señor Montezuma, -y decian otras cosas; y de noche asimismo siempre silbos y voces, y -rociadas de vara y piedra y flecha; y cuando amaneció, despues de nos -encomendar á Dios, salimos de nuestros aposentos con nuestras torres, -que me parece á mí que en otras partes donde me he hallado en guerras -en cosas que han sido menester, las llaman buros y mantas; y con los -tiros y escopetas y ballestas delante, y los de á caballo haciendo -algunas arremetidas; é como he dicho, aunque les matábamos muchos -dellos, no aprovechaba cosa para les hacer volver las espaldas, sino -que si siempre muy bravamente habian peleado los doce dias pasados, -muy más fuertes con mayores fuerzas y escuadrones estaban este dia; y -todavía determinamos que, aunque á todos costase la vida, de ir con -nuestras torres é ingenios hasta el gran cu del Huichilóbos. - -No digo por extenso los grandes combates que en una casa fuerte nos -dieron, ni diré cómo á los caballos los herian ni nos aprovechábamos -dellos; porque, aunque arremetian á los escuadrones para rompellos, -tirábanles tanta flecha y vara y piedra, que no se podian valer, por -bien armados que estaban; y si los iban alcanzando, luego se dejaban -caer los mejicanos á su salvo en las acequias y laguna, donde tenian -hechos otros reparos para los de á caballo; y estaban otros muchos -indios con lanzas muy largas para acabar de matarlos; así que no -aprovechaba cosa ninguna dellos. - -Pues apartarnos á quemar ni á deshacer ninguna casa, era por demás; -porque, como he dicho, están todas en el agua, y de casa á casa una -puente levadiza; pasalla á nado era cosa muy peligrosa, porque desde -las azuteas tiraban tanta piedra y cantos, que era cosa perdida -ponernos en ello. - -Y demás desto, en algunas casas que les poniamos fuego tardaba una casa -á se quemar todo un dia entero, y no se podia pegar fuego de una casa -á otra, lo uno por estar apartadas la una de otra, el agua en medio, y -lo otro por ser de azuteas; así que eran por demás nuestros trabajos en -aventurar nuestras personas en aquello. - -Por manera que fuimos al gran cu de sus ídolos, y luego de repente -suben en él más de cuatro mil mejicanos, sin otras capitanías que -en ellos estaban, con grandes lanzas y piedra y vara, y se ponen en -defensa, y nos resistieron la subida un buen rato, que no bastaban las -torres ni los tiros ni ballestas ni escopetas, ni los de á caballo; -porque, aunque querian arremeter los caballos, habia unas losas muy -grandes, empedrado todo el patio, que se iban á los caballos los piés y -manos; y eran tan lisas, que caian; é como desde las gradas del alto cu -nos defendian el paso, é á un lado é otro teniamos tantos contrarios, -aunque nuestros tiros llevaban diez ó quince dellos, é á estocadas y -arremetidas matábamos otros muchos, cargaba tanta gente, que no les -podiamos subir al alto cu, y con gran concierto tornamos á porfiar sin -llevar las torres, porque ya estaban desbaratadas, y les subimos arriba. - -Aquí se mostró Cortés muy varon, como siempre lo fué. - -¡Oh qué pelear y fuerte batalla que aquí tuvimos! Era cosa de notar -vernos á todos corriendo sangre y llenos de heridas, é más de cuarenta -soldados muertos. - -É quiso nuestro Señor que llegamos adonde soliamos tener la imágen de -Nuestra Señora, y no la hallamos; que pareció, segun supimos, que el -gran Montezuma tenia ó devocion en ella ó miedo, y la mandó guardar; -y pusimos fuego á sus ídolos, y se quemó un pedazo de la sala con los -ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca. - -Entónces nos ayudaron muy bien los tlascaltecas. - -Pues ya hecho esto, estando que estábamos unos peleando y otros -poniendo el fuego, como dicho tengo, ver los papas que estaban en este -gran cu y sobre tres ó cuatro mil indios, todos principales, y que -nos bajábamos, cuál nos hacian venir rodando seis gradas y aun diez -abajo, y hay tanto que decir de otros escuadrones que estaban en los -petriles y concavidades del gran cu, tirándonos tantas varas y flechas, -que así á unos escuadrones como á los otros no podiamos hacer cara -ni sustentarnos; acordamos, con mucho trabajo y riesgo de nuestras -personas, de nos volver á nuestros aposentos, los castillos deshechos -y todos heridos, y muertos cuarenta y seis, y los indios siempre -apretándonos, y otros escuadrones por las espaldas, que quien nos vió, -aunque aquí más claro lo diga, yo no lo sé significar; pues aun no digo -lo que hicieron los escuadrones mejicanos, que estaban dando guerra en -los aposentos en tanto que andábamos fuera, y la gran porfía y teson -que ponian de les entrar á quemallos. - -En esta batalla prendimos dos papas principales, que Cortés nos mandó -que los llevasen á buen recaudo. - -Muchas veces he visto pintada entre los mejicanos y tlascaltecas esta -batalla y subida que hicimos en este gran cu; y tiénenlo por cosa muy -heróica, que aunque nos pintan á todos nosotros muy heridos corriendo -sangre, y muchos muertos en retratos que tienen dello hechos, en mucho -lo tienen esto de poner fuego al cu y estar tanto guerrero guardándolo -en los petriles y concavidades, y otros muchos indios abajo en el suelo -y patios llenos, y en los lados otros muchos, y deshechas nuestras -torres, cómo fué posible subille. - -Dejemos de hablar dello, y digamos cómo con gran trabajo tornamos á -los aposentos; y si mucha gente nos fueron siguiendo y dando guerra, -otros muchos estaban en los aposentos, que ya les tenian derrocadas -unas paredes para entralles; y con nuestra llegada cesaron, mas no de -manera que en todo lo que quedó del dia dejaban de tirar vara y piedra -y flecha, y en la noche grita y piedra y vara. - -Dejemos de su gran teson y porfía que siempre á la continua tenian de -estar sobre nosotros, como he dicho; é digamos que aquella noche se nos -fué en curar heridos y enterrar los muertos, y en aderezar para salir -otro dia á pelear, y en poner fuerzas y mamparos á las paredes que -habian derrocado é á otros portillos que habian hecho, y tomar consejo -cómo y de qué manera podriamos pelear sin que recibiésemos tantos daños -ni muertos; y en todo lo que platicamos no hallábamos remedio ninguno. - -Pues tambien quiero decir las maldiciones que los de Narvaez echaban á -Cortés, y las palabras que decian, que renegaban dél y de la tierra, y -aun de Diego Velazquez, que acá les envió; que bien pacíficos estaban -en sus casas en la isla de Cuba; y estaban embelesados y sin sentido. - -Volvamos á nuestra plática, que fué acordado de demandalles paces para -salir de Méjico; y desque amaneció y vienen muchos más escuadrones de -guerreros, y muy de hecho nos cercan por todas partes los aposentos; -y si mucha piedra y flecha tiraban de ántes, mucho más espesas y con -mayores alaridos y silbos vinieron este dia; y otros escuadrones por -otras partes procuraban de nos entrar, que no aprovechaban tiros ni -escopetas, aunque les hacian harto mal. - -Y viendo todo esto, acordó Cortés que el gran Montezuma les hablase -desde una azutea, y les dijesen que cesasen las guerras y que nos -queriamos ir de su ciudad; y cuando al gran Montezuma se lo fueron á -decir de parte de Cortés, dicen que dijo con gran dolor: - -—«¿Qué quiere de mí ya Malinche? Que yo no deseo vivir ni oille, pues -en tal estado por su causa mi ventura me ha traido.» - -Y no quiso venir; y aun dicen que dijo que ya no le querian ver ni oir -á él ni á sus falsas palabras ni promesas y mentiras; y fué el padre de -la Merced y Cristóbal de Olí, y le hablaron con mucho acato y palabras -muy amorosas. - -Y díjoles el Montezuma: - -—«Yo tengo creido que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la -guerra, porque ya tienen alzado otro señor, y han propuesto de no os -dejar salir de aquí con la vida; y así creo que todos vosotros habeis -de morir en esta ciudad.» - -Y volvamos á decir de los grandes combates que nos daban, que Montezuma -se puso á un petril de una azutea con muchos de nuestros soldados que -le guardaban, y les comenzó á hablar á los suyos con palabras muy -amorosas, que dejasen la guerra, que nos iriamos de Méjico; y muchos -principales mejicanos y capitanes bien le conocieron, y luego mandaron -que callasen sus gentes y no tirasen varas ni piedras ni flechas, y -cuatro dellos se allegaron en parte que Montezuma les podia hablar, y -ellos á él, y llorando le dijeron: - -—«¡Oh señor, é nuestro gran señor, y cómo nos pesa de todo vuestro mal -y daño, y de vuestros hijos y parientes! Hacemos os saber que ya hemos -levantado á un vuestro primo por señor.» - -Y allí le nombró cómo se llamaba, que se decia Coadlauaca, señor de -Iztapalapa, que no fué Guatemuz, el cual desde á dos meses fué señor. - -Y más dijeron, que la guerra que la habian de acabar, y que tenian -prometido á sus ídolos de no lo dejar hasta que todos nosotros -muriésemos; y que rogaban cada dia á su Huichilóbos y á Tezcatepuca -que le guardase libre y sano de nuestro poder, é como saliese como -deseaban, que no lo dejarian de tener muy mejor que de ántes por señor, -y que les perdonase. - -Y no hubieron bien acabado el razonamiento, cuando en aquella sazon -tiran tanta piedra y vara, que los nuestros le arrodelaban; y como -vieron que entre tanto que hablaba con ellos no daban guerra, se -descuidaron un momento del rodelar, y le dieron tres pedradas é un -flechazo, una en la cabeza y otra en un brazo y otra en una pierna; y -puesto que le rogaban que se curase y comiese, y le decian sobre ello -buenas palabras, no quiso; ántes cuando no nos catamos, vinieron á -decir que era muerto, y Cortés lloró por él, y todos nuestros capitanes -y soldados: é hombres hubo entre nosotros, de los que le conociamos y -tratábamos, que tan llorado fué como si fuera nuestro padre; y no nos -hemos de maravillar dello viendo que tan bueno era; y decian que habia -diez y siete años que reinaba, y que fué el mejor Rey que en Méjico -habia habido, y que por su persona habia vencido tres desafios que tuvo -sobre las tierras que sojuzgó. - - - - -CAPÍTULO CXXVII. - -DESQUE FUÉ MUERTO EL GRAN MONTEZUMA, ACORDÓ CORTÉS DE HACELLO SABER Á -SUS CAPITANES Y PRINCIPALES QUE NOS DAN GUERRA, Y LO QUE MÁS SOBRE ELLO -PASÓ. - - -Pues como vimos á Montezuma que se habia muerto, ya he dicho la -tristeza que todos nosotros hubimos por ello, y aun al fraile de -la Merced, que siempre estaba con él, y no le pudo atraer á que se -volviese cristiano; y el fraile le dijo que creyese que de aquellas -heridas moriria, á que él respondia que él debia de mandar que le -pusiesen alguna cosa. - -En fin de más razones, mandó Cortés á un papa é á un principal de los -que estaban presos, que soltamos que fuesen á decir al cacique que -alzaron por señor, que se decia Coadlauaca, y á sus capitanes, cómo -el gran Montezuma era muerto, y que ellos lo vieron morir, y de la -manera que murió, y heridas que le dieron los suyos, y dijesen cómo -á todos nos pesaba dello, y que lo enterrasen como gran Rey que era, -y que alzasen á su primo del Montezuma que con nosotros estaba, por -Rey, pues le pertenecia de heredar, ó á otros sus hijos; é que al que -habian alzado por señor que no le venia por derecho, é que tratasen -paces para salirnos de Méjico; que si no lo hacian ahora que era -muerto Montezuma, á quien teniamos respeto, y que por su causa no les -destruiamos su ciudad, que saldriamos á dalles guerra y á quemalles -todas las casas, y les hariamos mucho mal; y porque lo viesen cómo era -muerto el Montezuma, mandó á seis mejicanos muy principales y los más -papas que teniamos presos que lo sacasen á cuestas y lo entregasen á -los capitanes mejicanos, y les dijesen lo que Montezuma mandó al tiempo -que se queria morir, que aquellos que llevaron á cuestas se hallaron -presentes á su muerte: y dijeron al Coadlauaca toda la verdad, cómo -ellos propios le mataron de tres pedradas y un flechazo; y cuando así -le vieron muerto, vimos que hicieron muy gran llanto, que bien oimos -las gritas y aullidos que por él daban; y aun con todo esto no cesó la -gran batería que siempre nos daban, que era sobre nosotros de vara y -piedra y flecha, y luego la comenzaron muy mayor, y con gran braveza -nos decian: - -—«Ahora pagareis muy de verdad la muerte de nuestro Rey y el deshonor -de nuestros ídolos; y las paces que nos enviais á pedir, salid acá, y -concertaremos cómo y de qué manera han de ser.» - -Y decian tantas palabras sobre ello, y de otras cosas que ya no se -me acuerda, y las dejaré aquí de decir, y que ya tenian elegido buen -Rey, y que no era de corazon tan flaco, que le podais engañar con -palabras falsas, como fué al buen Montezuma; y del enterramiento, -que no tuviesen cuidado, sino de nuestras vidas, que en dos dias no -quedarian ningunos de nosotros, para que tales cosas enviemos á decir; -y con estas pláticas muy grandes gritas y silbos, y rociadas de piedra, -vara y flecha, y otros muchos escuadrones todavía procurando de poner -fuego á muchas partes de nuestros aposentos; y como aquello vió Cortés -y todos nosotros, acordamos que para otro dia saliésemos del real, y -diésemos guerra por otra parte, adonde habia muchas casas en tierra -firme, y que hiciésemos todo el mal que pudiésemos, y fuésemos hácia -la calzada, y que todos los de á caballo rompiesen con los escuadrones -y los alanceasen ó echasen en la laguna, y aunque les matasen los -caballos; y esto se ordenó para ver si por ventura con el daño y muerte -que les hiciésemos cesaria la guerra y se trataria alguna manera de -paz para salir libres sin más muertes y daños. - -Y puesto que otro dia lo hicimos todos muy varonilmente, y matamos -muchos contrarios y se quemaron obra de veinte casas, y fuimos hasta -cerca de tierra firme, todo fué nonada para el gran daño y muertes de -más de veinte soldados, y heridas que nos dieron; y no pudimos ganalles -ninguna puente, porque todas estaban medio quebradas, y cargaron muchos -mejicanos sobre nosotros, y tenian puestas albarradas y mamparos en -parte adonde conocian que podian alcanzar los caballos. - -Por manera que, si muchos trabajos teniamos hasta allí, muchos mayores -tuvimos adelante. - -Y dejallo hé aquí, y volvamos á decir cómo acordamos de salir de Méjico. - -En esta entrada y salida que hicimos con los de á caballo, que era -un juéves, acuérdome que iba allí Sandoval y Lares el buen jinete, -y Gonzalo Dominguez, Juan Velazquez de Leon y Francisco de Morla, y -otros buenos hombres de á caballo de los nuestros y de los de Narvaez; -asimismo iban otros buenos jinetes; mas estaban espantados y temerosos -los de Narvaez, como no se habian hallado en guerras de indios, como -nosotros los de Cortés. - - - - -CAPÍTULO CXXVIII. - -CÓMO ACORDAMOS DE NOS IR HUYENDO DE MÉJICO, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Como vimos que cada dia iban menguando nuestras fuerzas, y las de los -mejicanos crecian, y veiamos muchos de los nuestros muertos, y todos -los más heridos, é que aunque peleábamos muy como varones, no los -podiamos hacer retirar ni que se apartasen los muchos escuadrones que -de dia y de noche nos daban guerra, y la pólvora apocada, y la comida y -agua por el consiguiente, y el gran Montezuma muerto, las paces que les -enviamos á demandar no las quisieron aceptar; en fin, veiamos nuestras -muertes á los ojos, y las puentes que estaban alzadas; y fué acordado -por Cortés y por todos nuestros capitanes y soldados que de noche nos -fuésemos, cuando viésemos que los escuadrones guerreros estuviesen -más descuidados; y para más les descuidar, aquella tarde les enviamos -á decir con un papa de los que estaban presos, que era muy principal -entre ellos, y con otros prisioneros, que nos dejen ir en paz de ahí á -ocho dias, y que les dariamos todo el oro; y esto por descuidarlos y -salirnos aquella noche. - -Y demás desto, estaba con nosotros un soldado que se decia Botello, al -parecer muy hombre de bien y latino, y habia estado en Roma, y decian -que era nigromántico, otros decian que tenia familiar, algunos le -llamaban astrólogo; y este Botello habia dicho cuatro dias habia que -hallaba por sus suertes y astrologías que si aquella noche que venia no -saliamos de Méjico, y si más aguardábamos, que ningun soldado podria -salir con la vida; y aun habia dicho otras veces que Cortés habia de -tener muchos trabajos y habia de ser desposeido de su ser y honra, y -que despues habia de volver á ser gran señor y de mucha renta; y decia -otras muchas cosas deste arte. - -Dejemos al Botello, que despues tornaré hablar en él, y diré cómo se -dió luego órden que se hiciese de maderos y ballestas muy recias una -puente que llevásemos para poner en las puentes que tenian quebradas; -y para ponella y llevalla, y guardar el paso hasta que pasase todo -el fardaje y los de á caballo y todo nuestro ejército, señalaron y -mandaron á cuatrocientos indios tlascaltecas y ciento y cincuenta -soldados; y para llevar el artillería señalaron ducientos y cincuenta -indios tlascaltecas y cincuenta soldados; y para que fuesen en la -delantera peleando señalaron á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de -Acebedo el pulido, y á Francisco de Lugo y á Diego de Ordás é Andrés de -Tapia; y todos estos capitanes, y otros ocho ó nueve de los de Narvaez, -que aquí no nombro, y con ellos, para que les ayudasen, cien soldados -mancebos sueltos; y para que fuesen entre medias del fardaje y naborías -y prisioneros, y acudiesen á la parte que más conviniese de pelear, -señalaron al mismo Cortés y á Alonso de Ávila, y á Cristóbal de Olí y á -Bernardino Vazquez de Tapia, y á otros capitanes de los nuestros, que -no me acuerdo ya sus nombres, con otros cincuenta soldados; y para la -retaguardia señalaron á Juan Velazquez de Leon y á Pedro de Albarado, -con otros muchos de á caballo y más de cien soldados, y todos los más -de los de Narvaez; y para que llevasen á cargo los prisioneros y á -doña Marina y á doña Luisa señalaron trecientos tlascaltecas y treinta -soldados. - -Pues hecho este concierto, ya era noche, y para sacar el oro y llevallo -y repartillo, mandó Cortés á su camarero, que se decia Cristóbal de -Guzman, y á otros sus criados, que todo el oro y plata y joyas lo -sacasen de su aposento á la sala con muchos indios de Tlascala, y -mandó á los oficiales del Rey, que era en aquel tiempo Alonso de Ávila -y Gonzalo Mejía, que pusiesen en cobro todo el oro de su majestad, -y para que lo llevasen les dió siete caballos heridos y cojos y una -yegua, y muchos indios tlascaltecas, que, segun dijeron, fueron más de -ochenta, y cargaron dello lo que más pudieron llevar, que estaba hecho -todo lo más dello en barras muy anchas y grandes, como dicho tengo en -el capítulo que dello habla, y quedaba mucho más oro en la sala hecho -montones. - -Entónces Cortés llamó su secretario, que se decia Pedro Hernandez, y á -otros escribanos del Rey, y dijo: - -—«Dadme por testimonio que no puedo más hacer sobre guardar este oro. -Aquí tenemos en esta casa y sala sobre setecientos mil pesos por todo, -y veis que no lo podemos pasar ni poner cobro más de lo puesto; los -soldados que quisieren sacar dello, desde aquí se lo doy, como se ha de -quedar aquí perdido entre estos perros.» - -Y desque aquello oyeron, muchos soldados de los de Narvaez y aun -algunos de los nuestros cargaron dello. - -Yo digo que nunca tuve codicia del oro, sino procurar salvar la vida: -porque la teniamos en gran peligro; mas no dejé de apañar de una -petaquilla, que allí estaba, cuatro chalchihuies, que son piedras muy -preciadas entre los indios, que presto me eché entre los pechos entre -las armas; y aun entónces Cortés mandó tomar la petaquilla con los -chalchihuies que quedaban, para que la guardase su mayordomo; y aun los -cuatro chalchihuies que yo tomé, si no me los hubiera echado entre los -pechos, me los demandara Cortés; los cuales me fueron muy buenos para -curar mis heridas y comer del valor dellos. - -Volvamos á nuestro cuento; que desque supimos el concierto que Cortés -habia hecho de la manera que habiamos de salir y llevar la madera para -las puentes, y como hacia algo escuro, que habia neblina é lloviznaba, -y era ántes de media noche, comenzaron á traer la madera é puente, -y ponella en el lugar que habia de estar, y á caminar el fardaje y -artillería y muchos de á caballo, y los indios tlascaltecas con el oro; -y despues que se puso en la puente, y pasaron todos así como venian, -y pasó Sandoval é muchos de á caballo, tambien pasó Cortés con sus -compañeros de á caballo tras de los primeros, y otros muchos soldados. - -Y estando en esto, suenan los cornetas y gritas y silbos de los -mejicanos, y decian en su lengua: - -—«Taltelulco, Taltelulco, salí presto con vuestras canoas, que se van -los teules; atajadlos en las puentes.» - -Y cuando no me cato, vimos tantos escuadrones de guerreros sobre -nosotros, y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podiamos -valer, y muchos de nuestros soldados ya habian pasado. - -Y estando desta manera, carga tanta multitud de mejicanos á quitar la -puente y á herir y matar á los nuestros, que no se daban á manos unos -á otros; y como la desdicha es mala, y en tales tiempos ocurre un mal -sobre otro, como llovia, resbalaron dos caballos y se espantaron, y -caen en la laguna, y la puente caida y quitada; carga tanto guerrero -mejicano para acaballa de quitar, que por bien que peleábamos, y -matábamos muchos dellos, no se pudo más aprovechar della. - -Por manera que aquel paso y abertura de agua presto se hinchó de -caballos muertos y de los caballeros cuyos eran, que no podian nadar, y -mataban muchos dellos y de los indios tlascaltecas é indias naborías, y -fardaje y petacas y artillería; y de los muchos que se ahogaban, ellos -y los caballos, y de otros muchos soldados que allí en el agua mataban -y metian en las canoas, que era muy gran lástima de lo ver y oir, pues -la grita y lloros y lástimas que decian demandando socorro: «Ayudadme, -que me ahogo;» otros, «Socorredme, que me matan;» otros demandando -ayuda á Nuestra Señora Santa María y á señor Santiago; otros demandaban -ayuda para subir á la puente, y estos eran ya que escapaban nadando, -y asidos á muertos y á petacas para subir arriba, á donde estaba la -puente; y algunos que habian subido, y pensaban que estaban libres de -aquel peligro, habia en las calzadas grandes escuadrones guerreros que -los apañaban é amorrinaban con unas macanas, y otros que les flechaban -y alanceaban. - -Pues quizá habia algun concierto en la salida, como lo habiamos -concertado, maldito aquel; porque Cortés y los capitanes y soldados -que pasaron primero á caballo, por salvar sus vidas y llegar á tierra -firme, aguijaron por las puentes y calzadas adelante, y no aguardaron -unos á otros; y no lo erraron, porque los de á caballo no podian pelear -en las calzadas; porque yendo por la calzada, ya que arremetian á los -escuadrones mejicanos, echábanseles al agua, y de la una parte la -laguna y de la otra azuteas, y por tierra les tiraban tanta flecha y -vara y piedra, y con lanzas muy largas que habian hecho de las espadas -que nos tomaron, como partesanas, mataban los caballos con ellas; y si -arremetia alguno de á caballo y mataba algun indio, luego le mataban el -caballo; y así, no se atrevian á correr por la calzada. - -Pues vista cosa es que no podian pelear en el agua y puestos; sin -escopetas ni ballestas y de noche, ¿qué podiamos hacer sino lo que -haciamos? Que era que arremetiésemos treinta y cuarenta soldados que -nos juntábamos, y dar algunas cuchilladas á los que nos venian á echar -mano, y andar y pasar adelante, hasta salir de las calzadas; porque si -aguardáramos los unos á los otros, no saliéramos ninguno con la vida, -y si fuera de dia, peor fuera; y aun los que escapamos fué que nuestro -Señor Dios fué servido darnos esfuerzo para ello; y para quien no lo -vió aquella noche la multitud de guerreros que sobre nosotros estaban, -y las canoas que de los nuestros arrebataban y llevaban á sacrificar, -era cosa de espanto. - -Pues yendo que íbamos cincuenta soldados de los de Cortés y algunos -de Narvaez por nuestra calzada adelante, de cuando en cuando salian -escuadrones mejicanos á nos echar manos. - -Acuérdome que nos decian: - -—«¡Oh, oh, oh luilones!» que quiere decir: «Oh putos, ¿aun aquí quedais -vivos, que no os han muerto los tiacanes?» - -Y como les acudimos con cuchilladas y estocadas, pasamos adelante; é -yendo por la calzada cerca de tierra firme, cabe el pueblo de Tacuba, -donde ya habian llegado Gonzalo de Sandoval y Cristóbal de Olí y -Francisco de Salcedo, el pulido, y Gonzalo Dominguez, y Lares, y otros -muchos de á caballo, y soldados de los que pasaron adelante ántes que -desamparasen la puente, segun y de la manera que dicho tengo; é ya que -llegábamos cerca oiamos voces que daba Cristóbal de Olí y Gonzalo de -Sandoval y Francisco de Morla, y decian á Cortés, que iba adelante de -todos: - -—«Aguardad, señor capitan; que dicen estos soldados que vamos huyendo, -y los dejamos morir en las puentes y calzadas á todos los que quedan -atrás; tornémoslos á amparar y recoger; porque vienen algunos soldados -muy heridos y dicen que los demás quedan todos muertos, y no salen ni -vienen ningunos.» - -Y la respuesta que dió Cortés, que los que habiamos salido de las -calzadas era milagro; que si á las puentes volviesen, pocos escaparian -con las vidas, ellos y los caballos: y todavía volvió el mismo Cortés y -Cristóbal de Olí, y Alonso de Ávila y Gonzalo de Sandoval, y Francisco -de Morla y Gonzalo Dominguez, con otros seis ó siete de á caballo, y -algunos soldados que no estaban heridos; mas no fuera mucho trecho, -porque luego encontraron con Pedro de Albarado bien herido, con una -lanza en la mano, á pié, que la yegua alazana ya se la habian muerto, -y traia consigo siete soldados, los tres de los nuestros y los cuatro -de Narvaez, tambien muy heridos, y ocho tlascaltecas, todos corriendo -sangre de muchas heridas; entre tanto volvió Cortés por la calzada con -los capitanes y soldados que dicho tengo, reparamos en los patios -junto á Tacuba, y ya habian venido de Méjico, como está cerca, dando -voces, y á dar mandado á Tacuba y á Escapuzalco y á Teneyuca para que -nos saliesen al encuentro. - -Por manera que nos comenzaron á tirar vara y piedra y flecha, y con -sus lanzas grandes, engastonadas en ellas de nuestras espadas que nos -tomaron en este desbarate; y haciamos algunas arremetidas, en que nos -defendiamos dellos y les ofendiamos. - -Volvamos á Pedro de Albarado, que, como Cortés y los demás capitanes y -soldados le encontraron de aquella manera que he dicho, y como supieron -que no venian más soldados, se les saltaron las lágrimas de los ojos; -porque el Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon, con otros más -de á caballo y más de cien soldados, habian quedado en la retaguarda; -y preguntando Cortés por los demás, dijo que todos quedaban muertos, -y con ellos el capitan Juan Velazquez de Leon y todos los más de á -caballo que traia, así de los nuestros como de los de Narvaez, y más de -ciento y cincuenta soldados que traia; y dijo el Pedro que despues que -les mataron los caballos y la yegua, que se juntaron para se amparar -obra de ochenta soldados, y que sobre los muertos y petacas y caballos -que se ahogaron, pasaron la primera puente; en esto no se me acuerda -bien si dijo que pasó sobre los muertos, y entónces no miramos lo que -sobre ello dijo á Cortés, sino que allí en aquella puente le mataron -á Juan Velazquez y más de ducientos compañeros que traia, que no les -pudieron valer. - -Y asimismo á esta otra puente, que les hizo Dios mucha merced en -escapar con las vidas; y decia que todas las puentes y calzadas estaban -llenas de guerreros. - -Dejemos esto, y diré que en la triste puente que dicen ahora que fué el -salto del Albarado, yo digo que en aquel tiempo ningun soldado se paró -á vello, si saltaba poco ó mucho, que harto teniamos en mirar y salvar -nuestras vidas, porque eran muchos los mejicanos que contra nosotros -habia; porque en aquella coyuntura no lo podiamos ver ni tener sentido -en salto, si saltaba ó pasaba poco ó mucho; y así seria cuando el Pedro -de Albarado llegó á la puente, como él dijo á Cortés, que habia pasado -asido á petacas y caballos y cuerpos muertos, porque ya que quisiera -saltar y sustentarse en la lanza en el agua, era muy honda, y no -pudiera allegar al suelo con ella para poderse sustentar sobre ella; y -demás desto, la abertura muy ancha y alta, que no la podria saltar por -muy más suelto que era. - -Tambien digo que no la podia saltar ni sobre la lanza ni de otra -manera; porque despues desde cerca de un año que volvimos á poner cerco -á Méjico y la ganamos, me hallé muchas veces en aquella puente peleando -con escuadrones mejicanos, y tenian allí hechos reamparos y albarradas, -que se llama ahora la puente del salto de Albarado; y platicábamos -muchos soldados sobre ello, y no hallábamos razon ni soltura de un -hombre que tal saltase. - -Dejemos este salto, y digamos que, como vieron nuestros capitanes que -no acudian más soldados, y el Pedro de Albarado dijo que todo quedaba -lleno de guerreros, y que ya que algunos quedasen rezagados, que en los -puentes los matarian, volvamos á decir desto del salto de Albarado: -digo que para qué porfian algunas personas que no lo saben ni lo -vieron, que fué cierto que la saltó el Pedro de Albarado la noche que -salimos huyendo, aquella puente y abertura del agua; otra vez digo que -no la pudo saltar en ninguna manera; y para que claro se vea, hoy dia -está la puente; y la manera del altor del agua que solia venir y que -tan alta estaba la puente, y el agua muy honda, que no podia llegar al -suelo con la lanza. - -Y porque los lectores sepan que en Méjico hubo un soldado que se decia -Fulano de Ocampo, que fué de los que vinieron con Garay, hombre muy -plático, y se preciaba de hacer libelos infamatorios y otras cosas á -manera de masepasquines; y puso en ciertos libelos á muchos de nuestros -capitanes cosas feas que no son de decir no siendo verdad; y entre -ellos, demás de otras cosas que dijo de Pedro de Albarado, que habia -dejado morir á su compañero Juan Velazquez de Leon con más de ducientos -soldados y los de á caballo que les dejamos en la retaguarda, y se -escapó él, y por escaparse dió aquel gran salto, como suele decir el -refran: «Saltó, y escapó la vida.» - -Volvamos á nuestra materia: é porque los que estábamos ya en salvo en -lo de Tacuba no nos acabásemos del todo de perder, é porque habian -venido muchos mejicanos y los de Tacuba y Escapuzalco y Teneyuca y de -otros pueblos comarcanos sobre nosotros, que todos enviaron mensajeros -desde Méjico para que nos saliesen al encuentro en las puentes y -calzadas, y desde los maizales nos hacian mucho daño, y mataron tres -soldados que ya estaban heridos, acordamos lo más presto que pudiésemos -salir de aquel pueblo y sus maizales, y con seis ó siete tlascaltecas -que sabian ó atinaban el camino de Tlascala, sin ir por camino derecho -nos guiaban con mucho concierto hasta que saliésemos á unas caserías -que en un cerro estaban, y allí junto á un cu é adoratorio y como -fortaleza, adonde reparamos; que quiero tornar á decir que, seguidos -que íbamos de los mejicanos, y de las flechas y varas y piedras con sus -hondas nos tiraban; y cómo nos cercaban, dando siempre en nosotros, -es cosa de espantar; y como lo he dicho muchas veces, estoy harto de -decirlo, los lectores no lo tengan por cosa de prolijidad, por causa -que cada vez ó cada rato que nos apretaban y herian y daban recia -guerra, por fuerza tengo de tornar á decir de los escuadrones que nos -seguian, y mataban muchos de nosotros. - -Dejémoslo ya de traer tanto á la memoria, y digamos cómo nos -defendiamos en aquel cu y fortaleza, nos albergamos, y se curaron los -heridos, y con muchas lumbres que hicimos. - -Pues de comer no lo habia, y en aquel cu y adoratorio, despues de -ganada la gran ciudad de Méjico, hicimos una iglesia, que se dice -Nuestra Señora de los Remedios, muy devota, é van ahora allí en romería -y á tener novenas muchos vecinos y señoras de Méjico. - -Dejemos esto, y volvamos á decir qué lástima era de ver curar y -apretar con algunos paños de mantas nuestras heridas; y como se habian -resfriado y estaban hinchadas, dolian. - -Pues más de llorar fué los caballos y esforzados soldados que faltaban; -¿qué es de Juan Velazquez de Leon, Francisco de Salcedo y Francisco -de Morla, y un Lares el buen jinete, y otros muchos de los nuestros -de Cortés? ¿Para qué cuento yo estos pocos? Porque para escribir los -nombres de los muchos que de los nuestros faltaron, es no acabar tan -presto. - -Pues de los de Narvaez, todos los más en las puentes quedaron cargados -de oro. - -Digamos ahora, ¿qué es de muchos tlascaltecas que iban cargados de -barras de oro, y otros que nos ayudaban? Pues al astrólogo Botello no -le aprovechó su astrología, que tambien allí murió. - -Volvamos á decir cómo quedaron muertos, así los hijos de Montezuma como -los prisioneros que traiamos, y el Cacamatzin y otros reyezuelos. - -Dejemos ya de contar tantos trabajos, y digamos cómo estábamos pensando -en lo que por delante teniamos, y era que todos estábamos heridos, y no -escaparon sino veinte y tres caballos. - -Pues los tiros y artillería y pólvora no sacamos ninguna; las -ballestas fueron pocas, y esas se remediaron luego, é hicimos saetas. - -Pues lo peor de todo era que no sabiamos la voluntad que habiamos de -hallar en nuestros amigos los de Tlascala. - -Y demás desto, aquella noche, siempre cercados de mejicanos, y grita -y vara y flecha, con hondas sobre nosotros, acordamos de nos salir -de allí á media noche, y con los tlascaltecas, nuestros guias, por -delante con muy gran concierto; llevábamos los muy heridos en el camino -en medio, y los cojos con bordones, y algunos que no podian andar y -estaban muy malos á ancas de caballos de los que iban cojos, que no -eran para batallar, y los de á caballo sanos delante, y á un lado y -á otro repartidos; y por este arte todos nosotros los que más sanos -estábamos haciendo rostro y cara á los mejicanos, y los tlascaltecas -que estaban heridos iban dentro en el cuerpo de nuestro escuadron, y -los demás que estaban sanos hacian cara juntamente con nosotros; porque -los mejicanos nos iban siempre picando con grandes voces y gritos y -silbos, diciendo: - -—«Allá ireis donde no quede ninguno de vosotros á vida.» - -Y no entendiamos á qué fin lo decian, segun adelante verán. - -Olvidado me he de escribir el contento que recebimos de ver viva -á nuestra doña Marina y á doña Luisa, hija de Xicotenga, que las -escaparon en las puentes unos tlascaltecas hermanos de la doña Luisa, -que salieron de los primeros, y quedaron muertas todas las más -naborías que nos habian dado en Tlascala y en Méjico: allí quedaron en -las puentes con los demás. - -Y volvamos á decir cómo llegamos aquel dia á un pueblo grande que -se dice Gualquitan, el cual pueblo fué de Alonso de Ávila; y aunque -nos daban grita y voces y tiraban piedra y vara y flecha, todo lo -soportábamos. - -Y desde allí fuimos por unas caserías y pueblezuelos, y siempre los -mejicanos siguiéndonos, y como se juntaban muchos, procuraban de nos -matar, y nos comenzaban á cercar, y tiraban tanta piedra con hondas, -y vara y flecha, que mataron á dos de nuestros soldados en un paso -malo, que iban mancos, y tambien un caballo, é hirieron á muchos de los -nuestros; y tambien nosotros á estocadas les matamos algunos dellos, y -los de á caballo á lanzadas les mataban, aunque pocos; y así, dormimos -en aquellas casas, y allí comimos el caballo que mataron. - -Y otro dia muy de mañana comenzamos á caminar con el concierto que de -ántes, y aun mejor, y siempre la mitad de los de á caballo adelante; y -poco más de una legua, en un llano, ya que creimos ir en salvo, vuelven -tres de los nuestros de á caballo, y dicen que están los campos llenos -de guerreros mejicanos aguardándonos; y cuando lo oimos, bien que -tuvimos temor, é grande, mas no para desmayar del todo, ni dejar de -encontrarnos con ellos y pelear hasta morir; y allí reparamos un poco, -y se dió órden cómo habian de entrar y salir los de á caballo á media -rienda, y que no se parasen á lancear, sino las lanzas por los rostros -hasta romper sus escuadrones, y que todos los soldados, las estocadas -que diésemos, que les pasásemos las entrañas, y que todos hiciésemos de -manera que vengásemos muy bien nuestras muertes y heridas, por manera -que si Dios fuese servido, que escapásemos con las vidas; y despues de -nos encomendar á Dios y á Santa María muy de corazon, é invocando el -nombre del señor Santiago, desque vimos que nos comenzaban á cercar, -de cinco en cinco de á caballo rompieron por ellos, y todos nosotros -juntamente. - -¡Oh qué cosa de ver era esta tan temerosa y rompida batalla, cómo -andábamos en pié con pié, y con qué furia los perros peleaban, y qué -herir y matar hacian en nosotros con sus lanzas y macanas y espadas de -dos manos! Y los de á caballo, como era el campo llano, cómo alanceaban -á su placer, entrando y saliendo á media rienda; y aunque estaban -heridos ellos y sus caballos, no dejaban de batallar muy como varones -esforzados. - -Pues todos nosotros los que teniamos caballos, parece ser que á todos -se nos ponia esfuerzo doblado, que aunque estábamos heridos, y de -refresco teniamos más heridas, no curábamos de los apretar, por no nos -parar á ello, que no habia lugar, sino con grandes ánimos apechugábamos -á les dar de estocadas. - -Pues quiero decir cómo Cortés y Cristóbal de Olí, y Pedro de Albarado, -que tomó otro caballo de los de Narvaez, porque su yegua se la habian -muerto, como dicho tengo, y Gonzalo de Sandoval, cuales andaban de una -parte á otra rompiendo escuadrones, aunque bien heridos; y las palabras -que Cortés decia á los que andábamos envueltos con ellos, que la -estocada y cuchillada que diésemos fuese en señores señalados; porque -todos traian grandes penachos con oro y ricas armas y divisas. - -Pues oir cómo nos esforzaba el valiente y animoso Sandoval, y decia: - -—«Ea, señores, que hoy es el dia que hemos de vencer; tened esperanza -en Dios que saldremos de aquí vivos; para algun buen fin nos guarda -Dios.» - -Y tornaré á decir los muchos de nuestros soldados que nos mataban y -herian. - -Y dejemos esto, y volvamos á Cortés y Cristóbal de Olí y Sandoval, -y Pedro de Albarado y Gonzalo Dominguez, y otros muchos que aquí no -nombro; y todos los soldados poniamos grande ánimo para pelear, y -esto, Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora la Vírgen Santa María -nos lo ponia, y señor Santiago que ciertamente nos ayudaba; y así lo -certificó un capitan de Guatemuz, de los que se hallaron en la batalla; -y quiso Dios que allegó Cortés con los capitanes por mí nombrados en -parte donde andaba el capitan general de los mejicanos con su bandera -tendida, con ricas armas de oro y grandes penachos de argentería, -y como lo vió Cortés al que llevaba la bandera, con otros muchos -mejicanos, que todos traian grandes penachos de oro, dijo á Pedro de -Albarado y á Gonzalo de Sandoval y á Cristóbal de Olí y á los demás -capitanes: - -—«Ea, señores, rompamos con ellos.» - -Y encomendándose á Dios, arremetió Cortés y Cristóbal de Olí, y -Sandoval y Alonso de Ávila y otros caballeros, y Cortés dió un -encuentro con el caballo al capitan mejicano, que le hizo abatir -su bandera, y los demás nuestros capitanes acabaron de romper el -escuadron, que eran muchos indios; y quien siguió al capitan que traia -la bandera, que aún no habia caido del encuentro que Cortés le dió, fué -un Juan de Salamanca, natural de Ontiveros, con una buena yegua overa, -que le acabó de matar y le quitó el rico penacho que traia, y se le dió -á Cortés, diciendo que, pues él le encontró primero y le hizo abatir la -bandera y hizo perder el brio, le daba el plumaje; mas dende á ciertos -años su majestad se le dió por armas al Salamanca, y así las tienen en -sus reposteros sus descendientes. - -Volvamos á nuestra batalla, que Nuestro Señor Dios fué servido que, -muerto aquel capitan que traia la bandera mejicana y otros muchos que -allí murieron, aflojó su batallar de arte, que se iban retrayendo, y -todos los de á caballo siguiéndoles y alcanzándoles. - -Pues á nosotros no nos dolian las heridas ni teniamos hambre ni sed, -sino que parecia que no habiamos habido ni pasado ningun mal trabajo. - -Seguimos la vitoria matando é hiriendo. - -Pues nuestros amigos los de Tlascala estaban hechos unos leones, y con -sus espadas y montantes y otras armas que allí apañaron, hacíanlo muy -bien y esforzadamente. - -Ya vueltos los de á caballo de seguir la victoria, todos dimos muchas -gracias á Dios, que escapamos de tan gran multitud de gente; porque no -se habia visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que se haya -dado, tan gran número de guerreros juntos; porque allí estaba la flor -de Méjico y de Tezcuco y Salcocan, ya con pensamiento que de aquella -vez no quedara roso ni velloso de nosotros. - -Pues qué armas tan ricas que traian, con tanto oro y penachos y -divisas, y todos los más capitanes y personas principales, y allí junto -donde fué esta reñida y nombrada y temerosa batalla para en estas -partes (así se puede decir, pues Dios nos escapó con las vidas), habia -cerca un pueblo que se dice Obtumba; la cual batalla tienen muy bien -pintada, y en retratos entallada los mejicanos y tlascaltecas, entre -otras muchas batallas que con los mejicanos hubimos hasta que ganamos á -Méjico. - -Y tengan atencion los curiosos lectores que esto leyeren, que quiero -traer aquí á la memoria que cuando entramos al socorro de Pedro de -Albarado en Méjico fuimos por todos sobre más de mil y trecientos -soldados, con los de á caballo, que fueron noventa y siete, y ochenta -ballesteros y otros tantos escopeteros, y más de dos mil tlascaltecas, -y metimos mucha artillería; y fué nuestra entrada en Méjico dia del -señor San Juan de Junio de 1520 años, y fué nuestra salida huyendo á -10 del mes de Julio del año siguiente, y fué esta nombrada batalla de -Obtumba á 14 del mes de Julio. - -Digamos ahora, ya que escapamos de todos los trances por mí atrás -dichos, quiero dar otra cuenta qué tantos mataron, así en Méjico, -en puentes y calzadas, como en todos los reencuentros, y en esta de -Obtumba, y los que mataron por los caminos. - -Digo que en obra de cinco dias fueron muertos y sacrificados sobre -ochocientos y setenta soldados, con setenta y dos que mataron en un -pueblo que se dice Tustepeque, y á cinco mujeres de Castilla; y estos -que mataron en Tustepeque eran de los de Narvaez, y mataron sobre mil y -ducientos tlascaltecas. - -Tambien quiero decir cómo en aquella sazon mataron á un Juan de -Alcántara el viejo, con otros tres vecinos de la Villa-Rica, que venian -por las partes del oro que les cabia; de lo cual tengo hecha relacion -en el capítulo que dello trata. - -Por manera que tambien perdieron las vidas y aun el oro, y si miramos -en ello, todos comunmente hubimos mal gozo de las partes del oro que -nos dieron; y si de los de Narvaez murieron muchos más que los de -Cortés en las puentes, fué por salir cargados de oro, que con el peso -dello no podian salir ni nadar. - -Dejemos de hablar en esta materia, y digamos cómo íbamos muy alegres -y comiendo unas calabazas que llaman ayotes, y comiendo y caminando -hácia Tlascala; que por salir de aquellas poblaciones, por temor no -se tornasen á juntar escuadrones mejicanos, que aun todavía nos daban -grita en partes que no podiamos ser señores dellos, y nos tiraban mucha -piedra con hondas, y vara y flecha, hasta que fuimos á otras caserías -y pueblo chico; porque estaba todo poblado de mejicanos, y allí estaba -un buen cu y casa fuerte, donde reparamos aquella noche y nos curamos -nuestras heridas, y estuvimos con más reposo; y aunque siempre teniamos -escuadrones de mejicanos que nos seguian, mas ya no se osaban llegar; y -aquellos que venian era como quien decia: «Allá ireis fuera de nuestra -tierra.» - -Y desde aquella poblacion y casa donde dormimos se parecian las -sierrezuelas que están cabe Tlascala, y como las vimos, nos alegramos -como si fueran nuestras casas. Pues quizá sabiamos cierto que nos -habian de ser leales ó qué voluntad ternian, ó qué habia acontecido á -los que estaban poblados en la Villa-Rica, si eran muertos ó vivos. - -Y Cortés nos dijo que, pues éramos pocos, que no quedamos sino -cuatrocientos y cuarenta, con veinte caballos y doce ballesteros y -siete escopeteros, y no teniamos pólvora, y todos heridos y cojos -y mancos, que mirásemos muy bien cómo nuestro Señor Jesucristo fué -servido escaparnos con las vidas; por lo cual siempre le hemos de dar -muchas gracias y loores, y que volvimos otra vez á disminuirnos en el -número y copia de los soldados que con él pasamos desde Cuba, y que -primero entramos en Méjico cuatrocientos y cincuenta soldados; y que -nos rogaba que en Tlascala no les hiciésemos enojo, ni se les tomase -ninguna cosa; y esto dió á entender á los de Narvaez, porque no estaban -acostumbrados á ser sujetos á capitanes en las guerras, como nosotros; -y más dijo, que tenia esperanza en Dios que los hallariamos buenos y -leales; é que si otra cosa fuese, lo que Dios no permita, que nos han -de tornar á andar los puños con corazones fuertes y brazos vigorosos, y -que para eso fuésemos muy apercebidos, y nuestros corredores del campo -adelante. - -Llegamos á una fuente que estaba en una ladera, y allí estaban unas -como cercas y reamparos de tiempos viejos, y dijeron nuestros amigos -los tlascaltecas que allí partian términos entre los mejicanos y ellos; -y de buen reposo nos paramos á lavar, y á comer de la miseria que -habiamos habido, y luego comenzamos á marchar, y fuimos á un pueblo de -los tlascaltecas, que se dice Gualiopar, donde nos recibieron y nos -daban de comer; mas no tanto, que si no se lo pagábamos con algunas -piecezuelas de oro y chalchihuies que llevábamos algunos de nosotros, -no nos lo daban de balde; y allí estuvimos un dia reposando, curando -nuestras heridas, y ansimismo curamos los caballos. - -Pues cuando lo supieron en la cabecera de Tlascala, luego vino -Masse-Escaci y principales, y todos los más sus vecinos, y Xicotenga -el viejo, y Chichimeclatecle y los de Guaxocingo; y como llegaron -á aquel pueblo donde estábamos, fueron á abrazar á Cortés y á todos -nuestros capitanes y soldados; y llorando algunos dellos, especial el -Masse-Escaci y Xicotenga, y Chichimeclatecle y Tecapenaca, dijeron á -Cortés: - -—«¡Oh Malinche, Malinche, y cómo nos pesa de vuestro mal y de todos -vuestros hermanos, y de los muchos de los nuestros que con vosotros -han muerto! Ya os lo habiamos dicho muchas veces, que no os fiásedes -de gente mejicana, porque de un dia á otro os habian de dar guerra; no -me quisistes creer: ya es hecho, al presente no se puede hacer más de -curaros y daros de comer; en vuestras casas estais, descansad, é iremos -luego á nuestro pueblo y os aposentaremos; y no pienses, Malinche, -que habeis hecho poco en escapar con las vidas de aquella tan fuerte -ciudad y sus puentes; é yo digo que si de ántes os teniamos por muy -esforzados, ahora os tenemos en mucho más. - -»Bien sé que lloran muchas mujeres é indios destos nuestros pueblos las -muertes de sus hijos y maridos y hermanos y parientes; no te congojes -por ello, y mucho debes á tus dioses, que te han aportado aquí, y -salido de entre tanta multitud de guerreros que os aguardaban en lo de -Obtumba, que cuatro dias habia que lo supe que os esperaban para os -matar. Yo queria ir en vuestra busca con treinta mil guerreros de los -nuestros, y no pude salir, á causa que no estábamos juntos y los andaba -juntando.» - -Cortés y todos nuestros capitanes y soldados los abrazamos, y les -dijimos que se lo teniamos en merced, y Cortés les dió á todos los -principales joyas de oro y piedras que todavía se escaparon, cada cual -soldado lo que pudo; y asimesmo dimos algunos de nosotros á nuestros -conocidos de lo que teniamos. - -Pues qué fiesta y alegría mostraron con doña Luisa y con doña Marina -cuando las vieron en salvamento, y qué llorar, y qué tristeza tenian -por los demás indios que no venian, que se quedaron muertos, en -especial el Masse-Escaci por su hija doña Elvira, y lloraba la muerte -de Juan Velazquez de Leon, á quien la dió; y desta manera fuimos á la -cabeza de Tlascala con todos los caciques, y á Cortés aposentaron en -las casas de Masse-Escaci, y Xicotenga dió sus aposentos á Pedro de -Albarado, y allí nos curamos y tornamos á convalecer, y aun se murieron -cuatro soldados de las heridas, y á otros soldados no se les habian -sanado. - -Y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó. - - - - -CAPÍTULO CXXIX. - -CÓMO FUIMOS Á LA CABECERA Y MAYOR PUEBLO DE TLASCALA, Y LO QUE ALLÍ -PASAMOS. - - -Pues como habia un dia que estábamos en el pueblezuelo de Gualiopar, -y los caciques de Tlascala por mí nombrados nos hicieron aquellos -ofrecimientos, que son dignos de no olvidar y de ser gratificados, -y hechos en tal tiempo y coyuntura; despues que fuimos á la cabeza y -pueblo mayor de Tlascala, nos aposentaron, como dicho tengo, parece -ser que Cortés preguntó por el oro que habian traido allí, que eran -cuarenta mil pesos; el cual oro fueron las partes de los vecinos que -quedaban en la Villa-Rica; y dijo Masse-Escaci y Xicotenga el viejo -y un soldado de los nuestros, que se habia allí quedado doliente, -que no se halló en lo de Méjico cuando nos desbarataron, que habian -venido de la Villa-Rica un Juan de Alcántara y otros dos vecinos, é -que lo llevaron todo porque traian cartas de Cortés para que se lo -diesen; la cual carta mostró el soldado, que habia dejado en poder del -Masse-Escaci cuando le dieron el oro; y preguntando cómo y cuándo y -en qué tiempo lo llevó, y sabido que fué, por la cuenta de los dias, -cuando nos daban guerra los mejicanos, luego entendimos cómo en el -camino habian muerto y tornado el oro, y Cortés hizo sentimiento por -ello. - -Y tambien estábamos con pena por no saber de los de la Villa-Rica, -no hubiesen corrido algun desman; y luego por la posta escribió con -tres tlascaltecas, en que les hizo saber los grandes peligros que en -Méjico nos habiamos visto, y cómo y de qué manera escapamos con las -vidas, y no se les dió relacion de cuántos faltaban de los nuestros; y -que mirasen que siempre estuviesen muy alerta y se velasen; y que si -hubiese algunos soldados sanos se los enviasen, y que guardasen muy -bien al Narvaez y al Salvatierra; y si hubiese pólvora ó ballestas, -porque queria tornar á correr los rededores de Méjico; y tambien -escribió al capitan que quedó por guarda y capitan de la mar, que se -decia Caballero, y que mirase no fuese ningun navío á Cuba ni Narvaez -se soltase; y que si viese que dos navíos de los de Narvaez, que -quedaban en el puerto, no estaban para navegar, que diese con ellos al -través, y le enviase los marineros con todas las armas que tuviesen. - -Y por la posta fueron y volvieron los mensajeros, y trajeron cartas que -no habian tenido guerras; que un Juan de Alcántara y los dos vecinos -que enviaron por el oro, que les deben de haber muerto en el camino; y -que bien supieron la guerra que en Méjico nos dieron, porque el cacique -gordo de Cempoal se lo habia dicho; y ansimismo escribió el almirante -de la mar, que se decia Pedro Caballero, y dijeron que harian lo que -Cortés les mandaba, é enviaria los soldados, é que el un navío estaba -bueno, y que al otro daria al través y enviaria la gente, é que habia -pocos marineros, porque habian adolescido y se habian muerto, y que -agora escribian las respuestas de las cartas; y luego vinieron con el -socorro que enviaban de la Villa-Rica, que fueron cuatro hombres con -tres de la mar, que todos fueron siete; y venia por capitan dellos un -soldado que se decia Lencero, cuya fué la venta que agora dicen de -Lencero. - -Y cuando llegaron á Tlascala, como venian dolientes y flacos, muchas -veces por nuestro pasatiempo y burlar dellos deciamos: - -—«El socorro del Lencero; que venian siete soldados, y los cinco llenos -de bubas y los dos hinchados, con grandes barrigas.» - -Dejemos burlas, y digamos lo que allí en Tlascala nos aconteció con -Xicotenga el mozo, y de su mala voluntad, el cual habia sido capitan de -toda Tlascala cuando nos dieron las guerras por mí otras veces dichas -en el capítulo que dello habla. - -Y es el caso que, como se supo en aquella su ciudad que salimos huyendo -de Méjico y que nos habian muerto mucha copia de soldados, ansí de los -nuestros como de los indios tlascaltecas que habian ido de Tlascala en -nuestra compañía, y que veniamos á nos socorrer é amparar en aquella -provincia, el Xicotenga el mozo andaba convocando á todos sus parientes -y amigos, y á otros que sentia que eran de su parcialidad, y les decia -que en una noche, ó de dia, cuando más aparejado tiempo viesen, que nos -matasen, y que haria amistades con el señor de Méjico, que en aquella -sazon habian alzado por Rey á uno que se decia Coadlauaca, y que demás -desto, que en las mantas y ropa que habiamos dejado en Tlascala á -guardar y el oro que agora sacábamos de Méjico tendrian qué robar, y -quedarian todos ricos con ello. - -Lo cual alcanzó á saber el viejo Xicotenga, su padre, y se lo riñó, y -le dijo que no le pasase tal por el pensamiento, que era mal hecho; -y que si lo alcanzase á saber Masse-Escaci y Chichimeclatecle, que -por ventura le matarian, y al que en tal concierto fuese; y por más -que el padre se lo riñó, no curaba de lo que le decia, y todavía -entendia en su mal propósito; y vino á oidos de Chichimeclatecle, que -era su enemigo mortal del mozo Xicotenga, y lo dijo á Masse-Escaci, y -acordaron entrar en acuerdo y como cabildo, y sobre ello llamaron al -Xicotenga el viejo y los caciques de Guaxocingo, y mandaron traer preso -ante sí á Xicotenga el mozo. - -Y Masse-Escaci propuso un razonamiento delante de todos, y dijo que si -se les acordaba ó habian ido á decir de más de cien años hasta entónces -que en toda Tlascala habian estado tan prósperos y ricos como despues -que los teules vinieron á sus tierras, ni en todas sus provincias -habian sido en tanto tenidos, y que tenian mucha ropa de algodon y -oro, y comian sal, la que hasta allí no solian comer; y por do quiera -que iban de sus tlascaltecas con los teules les hacian honra por su -respeto, puesto que ahora les habian muerto en Méjico muchos dellos; -y que tengan en la memoria lo que sus antepasados les habian dicho -muchos años atrás, que de adonde sale el sol habian de venir hombres -que les habian de señorear; é que ¿á qué causa agora andaba Xicotenga -en aquellas traiciones y maldades, concertando de nos dar guerra y -matarnos? Que era mal hecho, é que no podia dar ninguna disculpa -de sus bellaquerías y maldades, que siempre tenia encerradas en su -pecho; y agora que los veia venir de aquella manera desbaratados, que -nos habia de ayudar para en estando sanos volver sobre los pueblos de -Méjico, sus enemigos, queria hacer aquella traicion. - -Y á estas palabras que el Masse-Escaci y su padre Xicotenga el -ciego lo dijeron, el Xicotenga el mozo respondió que era muy bien -acordado lo que decia por tener paces con mejicanos, y dijo otras -cosas que no pudieron sufrir; y luego se levantó el Masse-Escaci y el -Chichimeclatecle y el viejo de su padre, ciego como estaba, y tomaron -al Xicotenga el mozo por los cabezones y de las mantas, y se las -rompieron, y á empujones y con palabras injuriosas que le dijeron, le -echaron de las gradas abajo donde estaba, y las mantas todas rompidas; -y aun si por el padre no fuera, le querian matar, y á los demás que -habian sido en su consejo echaron presos; y como estábamos allí -retraidos, y no era tiempo de le castigar, no osó Cortés hablar más en -ello. - -He traido esto aquí á la memoria para que vean de cuánta lealtad y -buenos fueron los de Tlascala, y cuánto les debemos, y aun al buen -viejo Xicotenga, que á su hijo dicen que le habia mandado matar luego -que supo sus tramas y traicion. - -Dejemos esto, y digamos cómo habia veinte y dos dias que estábamos en -aquel pueblo curándonos nuestras heridas y convaleciendo, y acordó -Cortés que fuésemos á la provincia de Tepeaca, que estaba cerca, -porque allí habian muerto muchos de nuestros soldados y de los de -Narvaez, que se venian á Méjico, y en otros pueblos que están junto -de Tepeaca, que se dice Cachula; y como Cortés lo dijo á nuestros -capitanes, y apercibian á los soldados de Narvaez para ir á la guerra, -y como no eran tan acostumbrados á guerras y habian escapado de la -rota de Méjico y puentes de lo de Obtumba, y no vian la hora de se -volver á la isla de Cuba á sus indios é minas de oro, renegaban de -Cortés y de sus conquistas, especial el Andrés de Duero, compañero de -nuestro Cortés; porque ya lo habrán entendido los curiosos lectores -en dos veces que lo he declarado en los capítulos pasados, cómo y de -qué manera fué la compañía; maldecian el oro que le habia dado á él y -á los demás capitanes, que todo se habia perdido en las puentes, como -habian visto las grandes guerras que nos daban, y con haber escapado -con las vidas estaban muy contentos; y acordaron de decir á Cortés -que no querian ir á Tepeaca ni á guerra ninguna, sino que se querian -volver á sus casas; que bastaba lo que habian perdido en haber venido -de Cuba; y Cortés les habló muy mansa y amorosamente, creyendo de -los atraer para que fuesen con nosotros á lo de Tepeaca; y por más -pláticas y reprensiones que les dió, no querian; y como vieron los -de Narvaez que con Cortés no aprovechaban sus palabras, le hicieron -requerimientos en forma delante de un escribano del Rey para que -luego se fuese á la Villa-Rica, poniéndole por delante que no teniamos -caballos ni escopetas ni ballestas ni pólvora, ni hilo para hacer -cuerdas, ni almacen; que estábamos heridos, y que no habian quedado por -todos nuestros soldados y los de Narvaez sino cuatrocientos y cuarenta -soldados; que los mejicanos nos tomarian todos los puertos y sierras -y pasos, é que los navíos, si más aguardaban, se comerian de broma; y -dijeron en el requerimiento otras muchas cosas. - -Y cuando se le hubieron dado y leido el requerimiento á Cortés, si -muchas palabras decian en él, muy muchas más contrariedades respondió; -y demás desto, todos los más de nosotros de los que habiamos pasado con -Cortés le dijimos que mirase que no diese licencia á ninguno de los de -Narvaez ni á otras personas para volver á Cuba, sino que procurásemos -todos de servir á Dios é al Rey; é que esto era lo bueno, y no volverse -á Cuba. - -Cuando Cortés hubo respondido al requerimiento, como vieron las -personas que le estaban requiriendo que muchos de nosotros ayudábamos -el intento de Cortés y que les estorbábamos sus grandes importunaciones -que sobre ello le hablaban y requerian, con no más de que deciamos -que no es servicio de Dios ni de su majestad que dejen desamparado -su capitan en las guerras; en fin de muchas razones que pasaron, -obedecieron para ir con nosotros á las entradas que se ofreciesen; -mas fué que les prometió Cortés que en habiendo coyuntura los dejaria -volver á su isla de Cuba; y no por aquesto dejaron de murmurar dél y -de su conquista, que tan caro les habia costado en dejar sus casas y -reposo y haberse venido á meter adonde no estaban seguros de las vidas; -y más decian, que si en otra guerra entrásemos con el poder de Méjico, -que no se podria excusar tarde ó temprano de tenella, que creian é -tenian por cierto que no nos podriamos sustentar contra ellos en las -batallas, segun habian visto lo de Méjico y puentes, y en la nombrada -de Obtumba; y más decian, que nuestro Cortés por mandar y siempre ser -señor, y nosotros los que con él pasábamos no tener que perder sino -nuestras personas, asistiamos con él; y decian otros muchos desatinos, -y todo se les disimulaba por el tiempo en que lo decian; mas no -tardaron muchos meses que no les dió licencia para que se volviesen á -sus casas; lo cual diré en su tiempo y sazon. - -Y dejémoslo de repetir, y digamos de lo que dice el coronista Gómora, -que yo estoy muy harto de declarar sus borrones, que dice que le -informaron; las cuales informaciones no son así como él lo escribe; y -por no me detener en todos los capítulos á tornallos á recitar y traer -á la memoria cómo y de qué manera pasó, lo he dejado de escribir; y -ahora pareciéndome que en esto de este requerimiento que escribe que -hicieron á Cortés no dice quién fueron los que lo hicieron, si eran de -los nuestros ó de los de Narvaez, y en esto que escribe es por sublimar -á Cortés y abatir á nosotros los que con él pasamos; y sepan que hemos -tenido por cierto los conquistadores verdaderos que esto vemos escrito, -que le debieron de granjear al Gómora con dádivas porque lo escribiese -desta manera, porque en todas las batallas y reencuentros éramos los -que sosteniamos á Cortés, y ahora nos aniquila en lo que dice este -coronista que le requeriamos. - -Tambien dice que decia Cortés en las respuestas del mismo requerimiento -que para animarnos y esforzarnos que enviará á llamar á Juan Velazquez -de Leon y al Diego de Ordás, que el uno dellos dijo estaba poblando en -lo de Pánuco con trecientos soldados, y el otro en lo de Guacacualco -con otros soldados, y no es ansí; porque luego que fuimos sobre Méjico -al socorro de Pedro de Albarado, cesaron los conciertos que estaban -hechos, que Juan Velazquez de Leon habia de ir á lo de Pánuco y el -Diego de Ordás á lo de Guacacualco, segun más largamente lo tengo -escrito en el capítulo pasado que sobre ello tengo hecha relacion; -porque estos dos capitanes fueron á Méjico con nosotros al socorro de -Pedro de Albarado, y en aquella derrota el Juan Velazquez de Leon quedó -muerto en las puentes, y el Diego de Ordás salió muy mal herido de -tres heridas que le dieron en Méjico, segun ya lo tengo escrito cómo y -cuándo y de qué arte pasó. - -Por manera que el coronista Gómora, si como tiene buena retórica en lo -que escribe, acertara á decir lo que pasó, muy bien fuera. - -Tambien he estado mirando cuando dice en lo de la batalla de Obtumba, -que dice que si no fuera por la persona de Cortés que todos fuéramos -vencidos, y que él solo fué el que la venció en el dar, como dió el -encuentro al que traia el estandarte y seña de Méjico. - -Ya he dicho, y lo torno agora á decir, que á Cortés toda la honra se -le debe, como bueno y esforzado capitan; mas sobre todo hemos de dar -gracias á Dios, que él fué servido poner su divina misericordia, con -que siempre nos ayudaba y sustentaba; y Cortés en tener tan esforzados -y valerosos capitanes y valientes soldados como tenia; é despues de -Dios, con nosotros le dábamos esfuerzo y rompiamos los escuadrones y -le sustentábamos, para que con nuestra ayuda y de nuestros capitanes -guerreasen de la manera que guerreamos, como en los capítulos pasados -sobre ello dicho tengo; porque siempre andaban juntos con Cortés todos -los capitanes por mí nombrados, y aun agora los torno á nombrar, que -fueron Pedro de Albarado, Cristóbal de Olí, Gonzalo de Sandoval, -Francisco de Morla, Luis Marin, Francisco de Lugo y Gonzalo Dominguez, -y otros muy buenos y valientes soldados que no alcanzábamos caballos; -porque en aquel tiempo diez y seis caballos y yeguas fueron los que -pasaron desde la isla de Cuba con Cortés, y no los habia, aunque nos -costaran á mil pesos. - -Y como el Gómora dice en su Historia que sólo la persona de Cortés -fué el que venció lo de Obtumba, ¿por qué no declaró los heróicos -hechos que estos nuestros capitanes y valerosos soldados hicimos en -esta batalla? Ansí que, por estas causas tenemos por cierto que por -ensalzar á Cortés sólo lo dijo, porque de nosotros no hace mencion; si -no, pregúnteselo á aquel muy esforzado soldado que se decia Cristóbal -de Olea, cuántas veces se halló en ayudar á salvar la vida á Cortés, -hasta que en las puentes cuando volvimos sobre Méjico perdió la vida él -y otros muchos soldados por le salvar. Olvidádoseme habia de otra vez -que le salvó en lo de Suchimileco, que quedó mal herido el Olea; é para -que bien se entienda esto que digo, uno fué Cristóbal de Olea y otro -Cristóbal de Olí. - -Tambien lo que dice el coronista en lo del encuentro con el caballo que -dió al capitan mejicano y le hizo abatir la bandera, ansí es verdad: -más ya he dicho otra vez que un Juan de Salamanca, natural de la -villa de Ontiveros, que despues de ganado Méjico fué alcalde mayor de -Guacacualco, es el que le dió una lanzada y le mató, y le quitó el rico -penacho que llevaba, y se le dió el Salamanca á Cortés; y su majestad, -el tiempo andando, lo dió por armas al Salamanca; y esto he traido aquí -á la memoria, no por dejar de ensalzar y tenelle en mucha estima á -nuestro capitan Cortés, y débesele todo honor y prez é honra de todas -las batallas é vencimientos hasta que ganamos esta Nueva-España, como -se suele dar en Castilla á los muy nombrados capitanes, y como los -romanos daban triunfos á Pompeyo y Julio César y á los Cipiones; más -digno de loores es nuestro Cortés que no los romanos. - -Tambien dice el mismo Gómora que Cortés mandó matar secretamente á -Xicotenga el mozo en Tlascala por las traiciones que andaba concertando -para nos matar, como ántes he dicho. - -No pasa ansí como dice; que donde le mandó ahorcar fué en un pueblo -junto á Tezcuco, como adelante diré sobre qué fué; y tambien dice -este coronista que iban tantos millares de indios con nosotros á las -entradas, que no tiene cuenta ni razon en tantos como pone; y tambien -dice de las ciudades y pueblos y poblaciones que eran tantos millares -de casas, no siendo la quinta parte; que si se suma todo lo que pone -en su historia, son más millones de hombres que en toda Castilla están -poblados, y eso se le da poner mil que ochenta mil, y en esto se jacta, -creyendo que va muy apacible su Historia á los oyentes no diciendo -lo que pasó: miren los curiosos lectores cuánto va de su Historia á -esta mi relacion, en decir letra por letra lo acaecido, y no miren la -retórica ni ornato; que ya cosa vista es que es más apacible que no -esta tan grosera mia; más suple la verdad la falta de plática y corta -retórica. - -Dejemos ya de contar ni de traer á la memoria los borrones declarados, -y cómo yo soy más obligado á decir la verdad de todo lo que pasa que -no á lisonjas; y demás del daño que hizo con no ser bien informado, -ha dado ocasion que el doctor Illescas y Pablo Jobio se sigan por sus -palabras. - -Volvamos á nuestra historia, y digamos cómo acordamos ir sobre Tepeaca; -y lo que pasó en la entrada diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXXX. - -CÓMO FUIMOS Á LA PROVINCIA DE TEPEACA, Y LO QUE EN ELLA HICIMOS; Y -OTRAS COSAS QUE PASARON. - - -Como Cortés habia pedido á los caciques de Tlascala, ya otras veces por -mí nombrados, cinco mil hombres de guerra para ir á correr y castigar -los pueblos adonde habian muerto españoles, que era á Tepeaca y Cachula -y Tecamachalco, que estaria de Tlascala seis ó siete leguas, de muy -entera voluntad tenian aparejados hasta cuatro mil indios; porque, si -mucha voluntad teniamos nosotros de ir á aquellos pueblos, mucha más -gana tenian el Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, porque les habian -venido á robar unas estancias y tenian voluntad de enviar gente de -guerra sobre ellos, y la causa fué esta: porque, como los mejicanos -nos echaron de Méjico, segun y de la manera que dicho tengo en los -capítulos pasados que sobre ello hablan, y supieron que en Tlascala -nos habiamos recogido, y tuvieron por cierto que en estando sanos que -habiamos de venir con el poder de Tlascala á cortalles las tierras -de los pueblos que más cercanos confinan con Tlascala; á este efeto -enviaron á todas las provincias adonde sentian que habiamos de ir, -muchos escuadrones mejicanos de guerreros que estuviesen en guarda y -guarniciones, y en Tepeaca estaba la mayor guarnicion dellos. - -Lo cual supo el Masse-Escaci y el Xicotenga, y aun se temian dellos. - -Pues ya que todos estábamos á punto, comenzamos á caminar, y en aquella -jornada no llevamos artillería ni escopetas, porque todo quedó en las -puentes; é ya que algunas escopetas escaparon, no teniamos pólvora; y -fuimos con diez y siete de á caballo y seis ballestas y cuatrocientos -y veinte soldados, los más de espada y rodela, y con obra de cuatro -mil amigos de Tlascala y el bastimento para un dia; porque las tierras -adonde íbamos era muy poblado y bien abastecido de maíz y gallinas -y perrillos de la tierra; y como lo teniamos de costumbre, nuestros -corredores del campo adelante; y con muy buen concierto fuimos á dormir -obra de tres leguas de Tepeaca. - -É ya tenian alzado todo el fardaje de las estancias y poblacion -por donde pasamos, porque muy bien tuvieron noticia cómo íbamos á -su pueblo; é porque ninguna cosa hiciésemos sino por buena órden y -justificadamente, Cortés les envió á decir con seis indios de su -pueblo de Tepeaca, que habiamos tomado en aquella estancia, que para -aquel efeto los prendimos, é con cuatro de sus mujeres, cómo íbamos -á su pueblo á saber é inquirir quién y cuántos se hallaron en la -muerte de más de diez y ocho españoles que mataron sin causa ninguna, -viniendo camino para Méjico; y tambien veniamos á saber á qué causa -tenian agora nuevamente muchos escuadrones mejicanos, que con ellos -habian ido á robar y saltear unas estancias de Tlascala, nuestros -amigos; que les ruega que luego vengan de paz adonde estábamos para -ser nuestros amigos, y que despidan de su pueblo á los mejicanos; si -no, que iremos contra ellos como rebeldes y matadores y salteadores de -caminos, y les castigaria á fuego y sangre y los daria por esclavos; -y como fueron aquellos seis indios y cuatro mujeres del mismo pueblo, -si muy fieras palabras les enviaron á decir, mucho más bravosa nos -dieron la respuesta con los mismos seis indios y dos mejicanos que -venian con ellos; porque muy bien conocido tenian de nosotros que á -ningunos mensajeros que nos enviaban haciamos ninguna demasía, sino -ántes dalles algunas cuentas para atraellos; y con estos que nos -enviaron los de Tepeaca, fueron las palabras bravosas dichas por los -capitanes mejicanos, como estaban vitoriosos de lo de las puentes de -Méjico; y Cortés les mandó dar á cada mensajero una manta, y con ellos -les tornó á requerir que viniesen á le ver y hablar y que no hubiesen -miedo; é que pues ya los españoles que habian muerto no los podian dar -vivos, que vengan ellos de paz y se les perdonará todos los muertos -que mataron; sobre ello se les escribió una carta, y aunque sabiamos -que no la habian de entender, sino como vian papel de Castilla tenian -por muy cierto que era cosa de mandamiento; y rogó á los dos mejicanos -que venian con los de Tepeaca como mensajeros, que volviesen á traer -la respuesta, y volvieron; y lo que dijeron era, que no pasásemos -adelante y que no volviésemos por donde veniamos, sino que otro dia -pensaban tener buenas hartazgas con nuestros cuerpos, mayores que las -de Méjico y sus puentes y la de Obtumba; y como aquello vió Cortés -comunicólo con todos nuestros capitanes y soldados, y fué acordado que -se hiciese un auto por ante escribano que diese fe de todo lo pasado, y -que se diesen por esclavos á todos los aliados de Méjico que hubiesen -muerto españoles, porque habiendo dado la obediencia á su Majestad, -se levantaron, y mataron sobre ochocientos y sesenta de los nuestros -y sesenta caballos, y á los demás pueblos por salteadores de caminos -y matadores de hombres; é hecho este auto, envióseles á hacer saber, -amonestándolos y requiriendo con la paz; y ellos tornaron á decir que -si luego no nos volviamos, que saldrian á nos matar; y se apercibieron -para ello, y nosotros lo mismo. - -Otro dia tuvimos en un llano una buena batalla con los mejicanos y -tepeaquenos; y como el campo era labranzas de maíz é maqueyales, puesto -que peleaban valerosamente los mejicanos, presto fueron desbaratados -por los de á caballo, y los que no los teniamos no estábamos de -espacio; pues ver á nuestros amigos de Tlascala tan animosos como -peleaban con ellos y les siguieron el alcance; allí hubo muertes de los -mejicanos y de Tepeaca muchos, y de nuestros amigos los de Tlascala -tres, y hirieron dos caballos, el uno se murió, y tambien hirieron doce -de nuestros soldados, mas no de suerte que peligró ninguno. - -Pues seguida la vitoria, allegáronse muchas indias y muchachos que se -tomaron por los campos y casas; que hombres no curábamos dellos, que -los tlascaltecas los llevaban por esclavos. - -Pues como los de Tepeaca vieron que con el bravear que hacian los -mejicanos que tenian en su pueblo y guarnicion eran desbaratados, y -ellos juntamente con ellos, acordaron que sin decilles cosa ninguna -viniesen adonde estábamos; y los recibimos de paz y dieron la -obediencia á su majestad, y echaron los mejicanos de sus casas, y nos -fuimos nosotros al pueblo de Tepeaca, adonde se fundó una villa que se -nombró la villa de Segura de la Frontera, porque estaba en el camino -de la Villa-Rica, en una buena comarca de buenos pueblos sujetos á -Méjico, y habia mucho maíz, y guardaban la raya nuestros amigos los -de Tlascala; y allí se nombraron alcaldes y regidores, y se dió órden -en cómo se corriese los rededores sujetos á Méjico, en especial los -pueblos adonde habian muerto españoles; y allí hicieron hacer el hierro -con que se habian de herrar los que se tomaban por esclavos, que era -una G, que quiere decir guerra. - -Y desde la villa de Segura de la Frontera corrimos todos los rededores, -que fué Cachula y Tecamechalco y el pueblo de las Guayaguas, y otros -pueblos que no se me acuerda el nombre; y en lo de Cachula fué adonde -habian muerto en los aposentos quince españoles; y en este de Cachula -hubimos muchos esclavos, de manera que en obra de cuarenta dias tuvimos -aquellos pueblos pacíficos y castigados. - -Ya en aquella sazon habian alzado en Méjico otro señor por Rey, -porque el señor que nos echó de Méjico era fallecido de viruelas, y -aquel señor que hicieron Rey era un sobrino ó pariente muy cercano -del gran Montezuma, que se decia Guatemuz, mancebo de hasta veinte y -cinco años, bien gentil hombre para ser indio, y muy esforzado; y se -hizo temer de tal manera, que todos los suyos temblaban dél; y estaba -casado con una hija de Montezuma, bien hermosa mujer para ser india; -y como este Guatemuz, señor de Méjico, supo cómo habiamos desbaratado -los escuadrones mejicanos que estaban en Tepeaca, y que habian dado -la obediencia á su Majestad el Emperador Cárlos V, y nos servian y -daban de comer, y estábamos allí poblados; y temió que les correriamos -lo de Guaxaca y otras provincias, y que á todos les atraeriamos á -nuestra amistad, envió á sus mensajeros por todos los pueblos para que -estuviesen muy alerta con todas sus armas, y á los caciques les daba -joyas de oro, y á otros perdonaba los tributos; y sobre todo, mandaba -ir muy grandes capitanes y guarniciones de gente de guerra para que -mirasen no les entrásemos en sus tierras; y les enviaba á decir que -peleasen muy reciamente con nosotros, no les acaeciese como en lo de -Tepeaca, á donde estaba nuestra villa doce leguas. - -Para que bien se entiendan los nombres destos pueblos, un nombre es -Cachula, otro nombre es Guacachula. - -Y dejaré de contar lo que en Guacachula se hizo, hasta su tiempo y -lugar; y diré cómo en aquel tiempo é instante vinieron de la Villa-Rica -mensajeros cómo habia venido un navío de Cuba, y ciertos soldados en -él. - - - - -CAPÍTULO CXXXI. - -CÓMO VINO UN NAVÍO DE CUBA QUE ENVIABA DIEGO VELAZQUEZ, É VENIA EN ÉL -POR CAPITAN PEDRO BARBA, Y LA MANERA QUE EL ALMIRANTE QUE DEJÓ NUESTRO -CORTÉS POR GUARDA DE LA MAR TENIA PARA LOS PRENDER, Y ES DESTA MANERA. - - -Pues como andábamos en aquella provincia de Tepeaca castigando á los -que fueron en la muerte de nuestros compañeros, que fueron diez y ocho -los que mataron en aquellos pueblos, y atrayéndolos de paz, y todos -daban la obediencia á su majestad; vinieron cartas de la Villa-Rica -cómo habia venido un navío al puerto, y vino en él por capitan un -hidalgo que se decia Pedro Barba, que era muy amigo de Cortés; y este -Pedro Barba habia estado por teniente del Diego Velazquez en la Habana, -y traia trece soldados y un caballo y una yegua, porque el navío que -traia era muy chico; y traia cartas para Pánfilo de Narvaez, el capitan -que Diego Velazquez habia enviado contra nosotros, creyendo que estaba -por él la Nueva-España, en que le enviaba á decir el Diego Velazquez -que si acaso no habia muerto á Cortés, que luego se le enviase preso á -Cuba, para envialle á Castilla, que ansí lo mandaba don Juan Rodriguez -de Fonseca, Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, presidente de -Indias, que luego fuese preso con otros de nuestros capitanes; porque -el Diego Velazquez tenia por cierto que éramos desbaratados, ó á lo -ménos que Narvaez señoreaba la Nueva-España. - -Pues como el Pedro Barba llegó al puerto con su navío y echó anclas, -luego le fué á visitar y dar el bien venido el almirante de la mar que -puso Cortés, el cual se decia Pedro Caballero ó Juan Caballero, otras -veces por mí nombrado, con un batel bien esquifado de marineros y -armas encubiertas, y fué al navío de Pedro Barba; y despues de hablar -palabras de buen comedimiento, qué tal viene vuestra merced, y quitar -las gorras y abrazarse unos á otros, como se suele hacer, preguntó el -Pedro Caballero por el señor Diego Velazquez, gobernador de Cuba, qué -tal queda, y responde el Pedro Barba que bueno; y el Pedro Barba y los -demás que consigo traian preguntan por el señor Pánfilo de Narvaez, -y cómo le va con Cortés; y responden que muy bien, é que Cortés anda -huyendo y alzado con veinte de sus compañeros, é que Narvaez está -muy próspero é rico, y que la tierra es muy buena; y de plática en -plática le dicen al Pedro Barba que allí junto estaba un pueblo, que -desembarque é que se vayan á dormir y estar en él, que les traerán -comida y lo que hubieren menester, que para sólo aquello estaba -señalado aquel pueblo, y tantas palabras les dicen, que en el batel y -en otros que luego allí venian de los otros navíos que estaban surtos -les sacaron en tierra, y cuando los vieron fuera del navío, y tenian -copia de marineros junto con el almirante Pedro Caballero, dijeron al -Pedro Barba: - -—«Sed preso por el señor capitan Cortés, mi señor.» - -Y ansí los prendieron, y quedaban espantados, y luego les sacaban del -navío las velas y timon y agujas, y los enviaban adonde estábamos con -Cortés en Tepeaca; por los cuales habiamos gran placer, con el socorro -que venia en el mejor tiempo que podia ser; porque en aquellas entradas -que he dicho que haciamos, no eran tan en salvo, que muchos de nuestros -soldados no quedábamos heridos, y otros adolescian del trabajo; porque, -de sangre y polvo que estaba cuajado en las entrañas, no echábamos -otra cosa del cuerpo y por la boca, como traiamos siempre las armas á -cuestas y no parar noches ni dias; por manera que ya se habian muerto -cinco de nuestros soldados de dolor de costado en obra de quince dias. - -Tambien quiero decir que con este Pedro Barba vino un Francisco Lopez, -vecino y regidor que fué de Guatimala, y Cortés hacia mucha honra al -Pedro Barba, y le hizo capitan de ballesteros, y dió nuevas que estaba -otro navío chico en Cuba, que le queria enviar el Diego Velazquez con -cazabi y bastimentos; el cual vino dende á ocho dias, y venia en él por -capitan un hidalgo natural de Medina del Campo, que se decia Rodrigo -Morejon de Lobera, y traia consigo ocho soldados y seis ballestas -y mucho hilo para cuerdas, é una yegua; ni más ni ménos que habian -prendido al Pedro Barba, ansí hicieron á este Rodrigo de Morejon, y -luego fueron á Segura de la Frontera, y con todos ellos nos alegramos, -y Cortés les hacia mucha honra y les daba cargos; y gracias á Dios, ya -nos íbamos fortaleciendo con soldados y ballestas y dos ó tres caballos -más. - -Y dejallo he aquí, y volveré á decir lo que en Guacachula hacian los -ejércitos mejicanos que estaban en frontera, y cómo los caciques de -aquel pueblo vinieron secretamente á demandar favor á Cortés para -echallos de allí. - - - - -CAPÍTULO CXXXII. - -CÓMO LOS DE GUACACHULA VINIERON Á DEMANDAR FAVOR Á CORTÉS SOBRE QUE LOS -EJÉRCITOS MEJICANOS LOS TRATABAN MAL Y LOS ROBABAN, Y LO QUE SOBRE ELLO -SE HIZO. - - -Ya he dicho que Guatemuz, señor que nuevamente era alzado por Rey de -Méjico, enviaba grandes guarniciones á sus fronteras; especial envió -una muy poderosa y de mucha copia de guerreros á Guacachula, y otra á -Ozucar, que estaba dos ó tres leguas de Guacachula; porque bien temió -que por allí le habiamos de correr las tierras y pueblos sujetos á -Méjico; y parece ser que, como envió tanta multitud de guerreros y -como tenian nuevo señor, hacian muchos robos y fuerzas á los naturales -de aquellos pueblos adonde estaban aposentados, y tantas, que no les -podian sufrir los de aquella provincia, porque decian que les robaban -las mantas y maíz y gallinas y joyas de oro, y sobre todo, las hijas y -mujeres si eran hermosas, y que las forzaban delante de sus maridos y -padres y parientes. - -Como oyeron decir que los del pueblo de Cholula estaban todos muy de -paz y sosegados despues que los mejicanos no estaban en él, y agora -ansimesmo en lo de Tepeaca y Tecamachalco y Cochula, á esta causa -vinieron cuatro principales muy secretamente de aquel pueblo, por mí -otras veces nombrado, y dicen á Cortés que envie teules y caballos á -quitar aquellos robos y agravios que les hacian los mejicanos, é que -todos los de aquel pueblo y otros comarcanos nos ayudarian para que -matásemos á los escuadrones mejicanos; y de que Cortés lo oyó, luego -propuso que fuese por capitan Cristóbal de Olí con todos los más de á -caballo y ballesteros y con gran copia de tlascaltecas; porque con la -ganancia que los de Tlascala habian llevado de Tepeaca, habian venido -á nuestro real é villa muchos más tlascaltecas; y nombró Cortés para -ir con el Cristóbal de Olí á ciertos capitanes de los que habian venido -con Narvaez; por manera que llevaba en su compañía sobre trecientos -soldados y todos los mejores caballos que teniamos. - -É yendo que iba con todos sus compañeros camino de aquella provincia, -pareció ser que en el camino dijeron ciertos indios á los de Narvaez -cómo estaban todos los campos y casas llenas de gente de guerra de -mejicanos, mucho más que los de Obtumba, y que estaba allí con ellos el -Guatemuz, señor de Méjico; y tantas cosas dicen que les dijeron, que -atemorizaron á los de Narvaez; y como no tenian buena voluntad de ir á -entradas ni ver guerras, sino volverse á su isla de Cuba, y como habian -escapado de la de Méjico y calzadas y puentes y la de Obtumba, no se -querian ver en otra como lo pasado; y sobre ello dijeron los de Narvaez -tantas cosas al Cristóbal de Olí, que no pasase adelante, sino que se -volviese, y que mirase no fuese peor esta guerra que las pasadas, donde -perdiesen las vidas; y tantos inconvenientes le dijeron, y dábanle á -entender que si el Cristóbal de Olí queria ir, que fuese en buen hora, -que muchos dellos no querian pasar adelante; de modo que, por muy -esforzado que era el capitan que llevaban, aunque les decia que no era -cosa volver, sino ir adelante, que buenos caballos llevaban y mucha -gente, y que si volviesen un paso atrás que los indios los ternian -en poco, é que en tierra llana era, y que no queria volver, sino ir -adelante; y para ello, de nuestros soldados de Cortés le ayudaban á -decir que no se volviese, y que en otras entradas y guerras peligrosas -se habian visto, é que, gracias á Dios, habian tenido vitoria, no -aprovechó cosa ninguna con cuanto les decian; sino por via de ruegos -le trastornaron su seso, que volviesen y que desde Cholula escribiesen -á Cortés sobre el caso; y así se volvió; y de que Cortés lo supo, se -enojó, y envió á Cristóbal de Olí otros dos ballesteros, y le escribió -que se maravillaba de su buen esfuerzo y valentía, que por palabras -de ninguno dejase de ir á una cosa señalada como aquella; y de que el -Cristóbal de Olí vió la carta, hacia bramuras de enojo, y dijo á los -que tal le aconsejaron que por su causa habia caido en falta. - -Y luego, sin más determinacion, les mandó fuesen con él, é que el que -no quisiese ir, que se volviese al real por cobarde, que Cortés le -castigaria en llegando; y como iba hecho un bravo leon de enojo con -su gente camino de Guacachula, ántes que llegasen como una legua, le -salieron á decir los caciques de aquel pueblo de la manera y arte que -estaban los de Culúa, y cómo habia de dar en ellos, y de qué manera -habia de ser ayudado; y como lo hubieron entendido, apercebió los de á -caballo y ballesteros y soldados, y segun y de la manera que tenian en -el concierto da en los de Culúa. - -Y puesto que pelearon muy bien por un buen rato, y le hirieron -ciertos soldados y mataron dos caballos y hirieron otros ocho en -unas fuerzas y albarradas que estaban en aquel pueblo, en obra de una -hora estaban ya puestos en huida todos los mejicanos; y dicen que -nuestros tlascaltecas que lo hicieron muy varonilmente, que mataban y -prendian muchos dellos, y como les ayudaban todos los de aquel pueblo -y provincia, hicieron muy grande estrago en los mejicanos, que presto -procuraron retraerse é hacerse fuertes en otro gran pueblo que se dice -Ozucar, donde estaban otras muy grandes guarniciones de mejicanos, y -estaban en gran fortaleza, y quebraron una puente porque no pudiesen -pasar caballos ni el Cristóbal de Olí; porque, como he dicho, andaba -enojado, hecho un tigre, y no tardó mucho en aquel pueblo; que luego -se fué á Ozucar con todos los que le pudieron seguir, y con los amigos -de Guacachula pasó el rio y dió en los escuadrones mejicanos, que de -presto los venció, y allí le mataron dos caballos, y á él le dieron dos -heridas, y la una en el muslo, y el caballo muy bien herido, y estuvo -en Ozucar dos dias; y como todos los mejicanos fueron desbaratados, -luego vinieron los caciques y señores de aquel pueblo y de otros -comarcanos á demandar paz, y se dieron por vasallos de nuestro Rey -y señor; y como todo fué pacífico, se fué con todos sus soldados á -nuestra villa de la Frontera. - -Y porque yo no fuí en esta entrada, digo en esta relacion que dicen que -pasó lo que he dicho; y nuestro Cortés le salió á recebir, y todos -nosotros, y hubimos mucho placer, y reíamos de cómo le habian convocado -á que se volviese, y el Cristóbal de Olí tambien reia, y decia que -mucho más cuidado tenian algunos de sus minas y de Cuba que no de las -armas, y que juraba á Dios que no le acaeciese llevar consigo, si á -otra entrada fuese, sino de los pobres soldados de los de Cortés, y no -de los ricos que venian de Narvaez, que querian mandar más que no él. - -Dejemos de platicar más desto, y digamos cómo el coronista Gómora dice -en su historia que por no entender bien el Cristóbal de Olí á los -naguatatos é intérpretes se volvia del camino de Guacachula, creyendo -que era trato doble contra nosotros; y no fué ansí como dice, sino que -los más principales capitanes de los del Narvaez, como les decian otros -indios que estaban grandes escuadrones de mejicanos juntos y más que en -lo de Méjico y Obtumba, y que con ellos estaba el señor de Méjico, que -se decia Guatemuz, que entónces le habian alzado por Rey, como habian -escapado tan mal parados de lo de Méjico, tuvieron grande temor de -entrar en aquellas batallas, y por esta causa convocaron al Cristóbal -de Olí que se volviese, y aunque todavía porfiaba de ir adelante, esta -es la verdad. - -Y tambien dice que fué el mismo Cortés á aquella guerra cuando el -Cristóbal de Olí se volvia; no fué ansí, que el mismo Cristóbal de Olí, -maestre de campo, es el que fué, como dicho tengo. - -Tambien dice dos veces que los que informaron á los de Narvaez cómo -estaban los muchos millares de indios juntos, que fueron los de -Guaxocingo, cuando pasaban por aquel pueblo. - -Tambien digo que se engañó, porque claro está que para ir desde Tepeaca -á Cachula no habian de volver atrás por Guaxocingo, que era ir como si -estuviésemos agora en Medina del Campo, y para ir á Salamanca tomar el -camino por Valladolid; no es más lo uno en comparacion de lo otro. - -Y dejemos ya esta materia, y digamos lo que más en aquel instante -aconteció, é fué que vino un navío al puerto del peñol del Nombre-Feo, -que se decia el Tal de Bernal, junto á la Villa-Rica, que venia de lo -de Pánuco, que era de los que enviaba Garay, y venia en él por capitan -uno que se decia Camargo, y lo que pasó adelante diré. - - - - -CAPÍTULO CXXXIII. - -CÓMO APORTÓ AL PEÑOL Y PUERTO QUE ESTÁ JUNTO Á LA VILLA-RICA UN NAVÍO -DE LOS DE FRANCISCO GARAY, QUE HABIA ENVIADO Á POBLAR EL RIO DE PÁNUCO, -Y LO QUE SOBRE ELLO MÁS PASÓ. - - -Estando que estábamos en Segura de la Frontera, de la manera que en mi -relacion habrán oido, vinieron cartas á Cortés cómo habia aportado un -navío de los que el Francisco de Garay habia enviado á poblar á Pánuco, -é que venia por capitan uno que se decia Fulano Camargo, y traia -sobre sesenta soldados, y todos dolientes y muy amarillos é hinchadas -las barrigas, y que habian dicho que otro capitan que el Garay habia -enviado á poblar á Pánuco, que se decia Fulano Álvarez Pinedo, que los -indios del Pánuco lo habian muerto, y á todos los soldados y caballos -que habia enviado á aquella provincia, y que los navíos se los habian -quemado; y que este Camargo, viendo el mal suceso, se embarcó con los -soldados que dicho tengo, y se vino á socorrer á aquel puerto, porque -bien tenia noticia que estábamos poblados allí, y á causa que por -sustentar las guerras con los indios no tenian qué comer, y venian muy -flacos y amarillos é hinchados; y más dijeron, que el capitan Camargo -habia sido fraile dominico, é que habia hecho profesion; los cuales -soldados, con su capitan, se fueron luego su poco á poco á la villa de -la Frontera, porque no podian andar á pié de flacos; y cuando Cortés -los vió tan hinchados y amarillos, que no eran para pelear, harto -teniamos que curar en ellos; al Camargo hizo mucha honra, y á todos -los soldados, y tengo que el Camargo murió luego, que no me acuerdo -bien qué se hizo, y tambien se murieron muchos soldados; y entónces -por burlar les llamamos y pusimos por nombre los panzaverdetes, porque -traian las colores de muertos y las barrigas muy hinchadas. - -Y por no me detener en contar cada cosa en qué tiempo y lugar -acontecian, pues eran todos los navíos que en aquel tiempo venian á la -Villa-Rica del Garay, y puesto que se vinieron los unos de los otros -un mes delanteros, hagamos cuenta que todos aportaron á aquel puerto, -agora sea un mes ántes los unos que los otros; y esto digo porque -vino luego un Miguel Diaz de Auz, aragones, por capitan de Francisco -de Garay, el cual le enviaba para socorro al capitan Fulano Álvarez -Pinedo, que creia que estaba en Pánuco; y como llegó al puerto del -Pánuco, y no halló ni pelo de la armada de Garay, luego entendió por lo -que vido que le habian muerto; porque al Miguel Diaz le dieron guerra, -luego que llegó con un navío, los indios de aquella provincia, y por -aquel efeto vino á aquel nuestro puerto y desembarcó sus soldados, que -eran más de cincuenta, y más siete caballos, y se fué luego para donde -estábamos con Cortés; y este fué el mejor socorro y al mejor tiempo que -le habiamos menester. - -Y para que bien sepan quién fué este Miguel Diaz de Auz, digo yo -que sirvió muy bien á su majestad en todo lo que se ofreció en las -guerras y conquistas de la Nueva-España, y este fué el que trajo -pleito, despues de ganada la Nueva-España, con un cuñado de Cortés, -que se decia Andrés de Barrios, natural de Sevilla, que llamábamos el -danzador, sobre el pleito de la mitad de Mestitan, que se sentenció -despues con que le dén la parte de lo que rentare el pueblo, más de dos -mil y quinientos pesos de su parte, con tal que no entre en el pueblo -por dos años, porque en lo que le acusaban era que habia muerto ciertos -indios en aquel pueblo y en otros que habian tenido. - -Dejemos de hablar desto, y digamos que desde á pocos dias que Miguel -Diaz de Auz habia venido á aquel puerto de la manera que dicho tengo, -aportó luego otro navío que enviaba el mismo Garay en ayuda y socorro -de su armada, creyendo que todos estaban buenos y sanos en el rio de -Pánuco, y venia en él por capitan un viejo que se decia Ramirez, é ya -era hombre anciano, y á esta causa le llamamos Ramirez el viejo, porque -habia en nuestro real dos Ramirez, y traia sobre cuarenta soldados y -diez caballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y el Francisco de -Garay no hacia sino echar unos navíos tras de otros al perdido y todo -era favorecer y enviar socorro á Cortés, tan buena fortuna le ocurria, -y á nosotros era de gran ayuda; y todos estos de Garay que dicho tengo -fueron á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los soldados que traia -Miguel Diaz de Auz venian muy recios y gordos, les pusimos por nombre -los de los lomos recios; y los que traia el viejo Ramirez traian unas -armas de algodon de tanto gordor, que no las pasara ninguna flecha, y -pesaban mucho, y pusímosles por nombre los de las albardillas; y cuando -fueron los capitanes que dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha -honra. - -Dejemos de contar de los socorros que teniamos de Garay, que fueron -buenos, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á una entrada -á unos pueblos que se dicen Xalacingo y Cacatami. - - - - -CAPÍTULO CXXXIV. - -CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á GONZALO DE SANDOVAL Á PACIFICAR LOS PUEBLOS DE -XALACINGO Y CACATAMI, Y LLEVÓ DUCIENTOS SOLDADOS Y VEINTE DE Á CABALLO -Y DOCE BALLESTEROS, Y PARA QUE SUPIESE QUÉ ESPAÑOLES MATARON EN ELLOS, -Y QUE MIRASE QUÉ ARMAS LES HABIAN TOMADO Y QUÉ TIERRA ERA, Y LES -DEMANDASE EL ORO QUE ROBARON, Y DE LO QUE MÁS EN ELLO PASÓ. - - -Como ya Cortés tenia copia de soldados y caballos y ballestas, é se -iba fortaleciendo con los dos navichuelos que envió Diego Velazquez, -y envió en ellos por capitanes á Pedro Barba y Rodrigo de Morejon -de Lobera, y trajeron en ellos sobre veinte y cinco soldados, y dos -caballos y una yegua, y luego vinieron los tres navíos de los de Garay, -que fué el primero capitan que vino, Camargo, y el segundo Miguel Diaz -de Auz, y el postrero Ramirez el viejo, y traian entre todos estos -capitanes que he nombrado sobre ciento y veinte soldados y diez y siete -caballos é yeguas, é las yeguas eran de juego y de carrera. - -Y Cortés tuvo noticia de que en unos pueblos que se dicen Cacatami y -Xalacingo, é en otros sus comarcanos, habian muerto muchos soldados de -los de Narvaez que venian camino de Méjico, é ansimesmo que en aquellos -pueblos habian muerto y robado el oro á un Juan de Alcántara é á otros -dos vecinos de la Villa-Rica, que era lo que les habia cabido de las -partes á todos los vecinos que quedaban en la misma villa, segun más -largo lo he escrito en el capítulo que dello se trata; y envió Cortés -para hacer aquella entrada por capitan á Gonzalo de Sandoval, que era -alguacil mayor, y muy esforzado y de buenos consejos, y llevó consigo -ducientos soldados, todos los más de los nuestros de Cortés, y veinte -de á caballo é doce ballesteros y buena copia de tlascaltecas; y ántes -que llegase á aquellos pueblos supo que estaban todos puestos en armas, -y juntamente tenian consigo guarniciones de mejicanos, é que se habian -muy bien fortalecido con albarradas y pertrechos, porque bien habian -entendido que por las muertes de los españoles que habian muerto, -que luego habiamos de ser contra ellos para los castigar, como á los -de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco; y Sandoval ordenó muy bien sus -escuadrones y ballesteros, y mandó á los de á caballo cómo y de qué -manera habian de ir y romper; y primero que entrasen en su tierra les -envió mensajeros á decilles que viniesen de paz y que diesen el oro -y armas que habian robado, é que la muerte de los españoles se les -perdonaria. - -Y á esto de les enviar mensajeros á decilles que viniesen de paz fueron -tres ó cuatro veces, y la respuesta que les enviaban era, que allá -iban; que como habian muerto é comido los teules que les demandaban, -que ansí harian al capitan y á todos los que llevaba; por manera que -no aprovechaban mensajes; y otra vez les tornó á enviar á decir que él -les haria esclavos por traidores y salteadores de caminos, y que se -aparejasen á defender; y fué Sandoval con sus compañeros y les entró -por dos partes; que puesto que peleaban muy bien todos los mejicanos -y los naturales de aquellos pueblos, sin más referir lo que allí en -aquellas batallas pasó, los desbarató, y fueron huyendo todos los -mejicanos y caciques de aquellos pueblos, y siguió el alcance y se -prendieron muchas gentes menudas; que de los indios no se curaban, por -no tener qué guardar; y hallaron en unos cues de aquel pueblo muchos -vestidos, y armas, y frenos de caballos y dos sillas, y otras muchas -cosas de la jineta, que habian presentado á sus indios; y acordó -Sandoval de estar allí tres dias, y vinieron los caciques de aquellos -pueblos á pedir perdon y á dar la obediencia á su majestad Cesárea; y -Sandoval les dijo que diesen el oro que habian robado á los españoles -que mataron é que luego les perdonaria; y respondieron que el oro, que -los mejicanos lo hubieron y que lo enviaron al señor de Méjico que -entónces habian alzado por Rey, y que no tenian ninguno; por manera, -que les mandó que en cuanto el perdon, que fuesen adonde estaba el -Malinche, é que él les hablaria é perdonaria; y ansí, se volvió con una -buena presa de mujeres y muchachos, que echaron el hierro por esclavos. - -Y Cortés se holgó mucho cuando le vió venir bueno y sano, puesto que -traia cosa de ocho soldados mal heridos y tres caballos ménos, y aun -el Sandoval traia un flechazo; é yo no fuí en esta entrada, que estaba -muy malo de calenturas y echaba sangre por la boca; é gracias á Dios, -estuve bueno porque me sangraron muchas veces. - -É como Gonzalo de Sandoval habia dicho á los caciques de Xalacingo é -Cacatami que viniesen á Cortés á demandar paces, no solamente vinieron -aquellos pueblos solos, sino tambien otros muchos de la comarca, y -todos dieron la obediencia á su majestad, y traian de comer á aquella -villa adonde estábamos. - -É fué aquella entrada que hizo de mucho provecho, y se pacificó toda -la tierra; y dende en adelante tenia Cortés tanta fama en todos los -pueblos de la Nueva-España, lo uno de muy justificado y lo otro de muy -esforzado, que á todos ponia temor, y muy mayor á Guatemuz, el señor -y rey nuevamente alzado en Méjico; y tanta era la autoridad, ser y -mando que habia cobrado nuestro Cortés, que venian ante él pleitos -de indios de léjas tierras, en especial sobre cosas de cacicazgos y -señoríos; que, como en aquel tiempo anduvo la viruela tan comun en la -Nueva-España, fallecian muchos caciques, y sobre á quién le pertenecia -el cacicazgo y ser señor y partir tierras ó vasallos ó bienes venian á -nuestro Cortés, como á señor absoluto de toda la tierra, para que por -su mano é autoridad alzase por señor á quien le pertenecia. - -Y en aquel tiempo vinieron del pueblo de Ozucar y Guacachula, otras -veces ya por mí nombrado; porque en Ozucar estaba casada una parienta -muy cercana de Montezuma con el señor de aquel pueblo, y tenian un -hijo que decian era sobrino del Montezuma, é segun parece, heredaba el -señorío, é otros decian que le pertenecia á otro señor, y sobre ello -tuvieron muy grandes diferencias, y vinieron á Cortés, y mandó que le -heredase el pariente de Montezuma, y luego cumplieron su mandato; é -ansí vinieron de otros muchos pueblos de á la redonda sobre pleitos, y -á cada uno mandaba dar sus tierras y vasallos, segun sentia por derecho -que les pertenecia. - -Y en aquella sazon tambien tuvo noticia Cortés que en un pueblo que -estaba de allí seis leguas, que se decia Cocotlan, y le pusimos por -nombre Castilblanco (como ya otras veces he dicho, dando la causa por -qué se le puso este nombre), habian muerto nueve españoles, envió al -mismo Gonzalo de Sandoval para que los castigase y los trajese de paz, -y fué allá con treinta de á caballo y cien soldados, y ocho ballesteros -y cinco escopeteros, y muchos tlascaltecas, que siempre se mostraron -muy aficionados y eran buenos guerreros. - -Y despues de hechos sus requerimientos y protestaciones, que vieron -y les enviaron á decir otras muchas cosas de cumplimientos con cinco -indios principales de Tepeaca, y si no venian que les daria guerra y -haria esclavos. - -Y pareció ser estaban en aquel pueblo otros escuadrones de mejicanos en -su guarda y amparo, y respondieron que señor tenian, que era Guatemuz; -que no habian menester ni venir ni ir á llamado de otro señor; que -si allá fuesen, que en el camino les hallarian, que no se les habian -ahora fallecido las fuerzas ménos que las tenian en Méjico y puentes y -calzadas, é que ya sabian á qué tanto llegaban nuestras valentías. - -Y cuando aquello oyó Sandoval, puesta muy en órden su gente cómo habia -de pelear, y los de á caballo y escopeteros y ballesteros, mandó á los -tlascaltecas que no se metiesen en los enemigos al principio, porque -no estorbasen á los caballos y porque no corriesen peligro, ó hiriesen -algunos dellos con las ballestas y escopetas ó los atropellasen con los -caballos, hasta haber rompido los escuadrones, y cuando los hubiesen -desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y siguiesen el alcance; y -luego comenzó á caminar hácia el pueblo, y salen al camino y encuentro -dos escuadrones de guerreros junto á unas fuerzas y barrancas, y allí -estuvieron fuertes un rato, y con las ballestas y escopetas les hacian -mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lugar de pasar aquella fuerza -é albarradas con los caballos; y aunque le hirieron nueve caballos, y -uno murió, y tambien le hirieron cuatro soldados, como se vió fuera -de mal paso é tuvo lugar por donde corriesen los caballos, y aunque -no era buena tierra ni llano, que habia muchas piedras, da tras -los escuadrones, rompiendo por ellos, que los llevó hasta el mismo -pueblo, adonde estaba un gran patio, y allí tenian otra fuerza y unos -cues, adonde se tornaron á hacer fuertes; y puesto que peleaban muy -bravosamente, todavía los venció, y mató hasta siete indios, porque -estaban en malos pasos; y los tlascaltecas no habian menester mandalles -que siguiesen el alcance, que con la ganancia, como eran guerreros, -ellos tenian el cargo, especialmente como sus tierras no estaban léjos -de aquel pueblo; allí se hubieron muchas mujeres y gente menuda, y -estuvo allí el Gonzalo de Sandoval dos dias, y envió á llamar los -caciques de aquel pueblo con unos principales de Tepeaca que iban -en su compañía, y vinieron, y demandaron perdon de la muerte de los -españoles, y Sandoval les dijo que si daban las ropas y hacienda que -robaron de los que mataron, que se les perdonaria, y respondieron -que todo lo habian quemado y que no tenian ninguna cosa, y que los -que mataron, que los más dellos habian ya comido, y que cinco teules -enviaron vivos á Guatemuz, su señor, y que ya habian pagado la pena con -los que agora les habian muerto en el campo y en el pueblo; que les -perdonase, é que llevarian muy bien de comer y bastecerian la villa -donde estaba Malinche. - -Y como el Gonzalo de Sandoval vió que no se podia hacer más, les -perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en lo que les mandasen; y -con este recaudo se fué á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de -todos los del real. - -Donde dejaré de hablar más en ello, y digamos cómo se herraron todos -los esclavos que se habian habido en aquellos pueblos y provincia, y lo -que sobre ello se hizo. - - - - -CAPÍTULO CXXXV. - -CÓMO SE RECOGIERON TODAS LAS MUJERES Y ESCLAVOS DE TODO NUESTRO REAL -QUE HABIAMOS HABIDO EN AQUELLO DE TEPEACA Y CACHULA, TECAMECHALCO Y EN -CASTILBLANCO Y EN SUS TIERRAS, PARA QUE SE HERRASEN CON EL HIERRO EN -NOMBRE DE SU MAJESTAD, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ. - - -Como Gonzalo de Sandoval hubo llegado á la villa de Segura de la -Frontera, de hacer aquellas entradas que ya he dicho, y en aquella -provincia todos los teniamos ya pacíficos, y no teniamos por entónces -donde ir á entrar, porque todos los pueblos de los rededores habian -dado la obediencia á su Majestad, acordó Cortés, con los oficiales -del Rey, que se herrasen las piezas y esclavos que se habian habido, -para sacar su quinto, despues que se hubiese primero sacado el de su -majestad, y para ello mandó dar pregones en el real é villa que todos -los soldados llevásemos á una casa que estaba señalada para aquel -efeto á herrar todas las piezas que tuviesen recogidas, y dieron de -plazo aquel dia que se pregonó y otro; y todos ocurrimos con todas las -indias, muchachas y muchachos que habiamos habido; que de hombres de -edad no nos curábamos dellos, que eran malos de guardar, y no habiamos -menester su servicio, teniendo á nuestros amigos los tlascaltecas. - -Pues ya juntas todas las piezas, y hecho el hierro, que era una G -como esta, que queria decir guerra, cuando no nos catamos, apartan el -real quinto, y luego sacan otro quinto para Cortés; y demás desto, -la noche ántes, cuando metimos las piezas, como he dicho en aquella -casa, habian ya escondido y tomado las mejores indias, que no pareció -allí ninguna buena, y al tiempo del repartir dábannos las viejas y -ruines; y sobre esto hubo muy grandes murmuraciones contra Cortés y -de los que mandaban hurtar y esconder las buenas indias; y de tal -manera se lo dijeron al mismo Cortés soldados de los de Narvaez, que -juraban á Dios que no habian visto tal, haber dos Reyes en la tierra -de nuestro Rey y señor y sacar dos quintos; y uno de los soldados que -se lo dijeron fué un Juan Bono de Quejo; y más dijo, que no estarian -en tal tierra, y que lo harian saber en Castilla á su majestad y á los -de su Real Consejo de Indias; y tambien dijo á Cortés otro soldado muy -claramente que no bastó repartir el oro que se habia habido en Méjico -de la manera que lo repartió, y que cuando estaba repartiendo las -partes decia que eran trecientos mil pesos los que se habian llegado, -y que cuando salimos huyendo de Méjico mandó tomar por testimonio que -quedaban más de setecientos mil, y que agora el pobre soldado que -habia echado los bofes y estaba lleno de heridas por haber una buena -india, y les habian dado enaguas y camisas, habian tomado y escondido -las tales indias, y que cuando dieron el pregon para que se llevasen -á herrar, que creyeron que á cada soldado volverian sus piezas y que -apreciarian qué tantos pesos valian, y que como las apreciasen pagasen -el quinto á su majestad, y que no habria más quinto para Cortés; y -decian otras murmuraciones peores que estas; y como Cortés aquello vió, -con palabras algo blandas dijo que juraba en su conciencia (que aquesto -tenia costumbre de jurar) que de allí adelante no seria ni se haria de -aquella manera, sino que buenas ó malas indias, sacallas al almoneda, -y la buena que se venderia por tal, y la que no lo fuese por ménos -precio, y de aquella manera no ternian que reñir con él. - -Y puesto que allí en Tepeaca no se hicieron más esclavos, mas despues -en lo de Tezcuco casi que fué desta manera, como adelante diré. - -Y dejaré de hablar en esta materia, y digamos otra cosa casi peor que -esto de los esclavos, y es que ya he dicho en el capítulo que dello -habla, cuando la triste noche que salimos de Méjico huyendo, cómo -quedaban en la sala donde posaba Cortés muchas barras de oro perdido, -que no lo podian sacar, más de lo que cargaron en la yegua y caballos -y muchos tlascaltecas, y lo que hurtaron los amigos y otros soldados -que cargaron dello; y como lo demás se quedaba perdido en poder de los -mejicanos, Cortés dijo delante de un escribano del Rey que cualquiera -que quisiese sacar oro de lo que allí quedaba, que se lo llevase mucho -en buena hora por suyo, como se habia de perder; y muchos soldados de -los de Narvaez cargaron dello, y asimismo algunos de los nuestros, y -por sacallo perdieron muchos dellos las vidas, y los que escaparon con -la presa que traian, habian estado en gran riesgo de morir y salieron -llenos de heridas. - -Y como en nuestro real y villa de Segura de la Frontera, que así se -llamaba, alcanzó Cortés á saber que habia muchas barras de oro, y que -andaban en el juego, y como dice el refran que el oro y amores son -malos de encubrir, mandó dar un pregon, so graves penas, que traigan á -manifestar el oro que sacaron, y que les dará la tercia parte dello, y -si no lo traen, que se lo tomará todo; y muchos soldados de los que lo -tenian no lo quisieron dar, y alguno se lo tomó Cortés como prestado, -y más por fuerza que por grado; y como todos los más capitanes tenian -oro, y aun los oficiales del Rey muy mejor, que hicieron sacos dello, -se calló lo del pregon, que no se habló en ello; mas pareció muy mal -esto que mandó Cortés. - -Dejémoslo ya de más declarar, y digamos cómo todos los demás capitanes -y personas principales de los que pasaron con Narvaez demandaron -licencia á Cortés para se volver á Cuba, y Cortés se la dió, y lo que -más acaeció. - - - - -CAPÍTULO CXXXVI. - -CÓMO DEMANDARON LICENCIA Á CORTÉS LOS CAPITANES Y PERSONAS MÁS -PRINCIPALES DE LOS QUE NARVAEZ HABIA TRAIDO EN SU COMPAÑÍA PARA SE -VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y CORTÉS SE LA DIÓ Y SE FUERON. - -Y DE CÓMO DESPACHÓ CORTÉS EMBAJADORES PARA CASTILLA Y PARA SANTO -DOMINGO Y JAMÁICA, Y LO QUE SOBRE CADA COSA ACAECIÓ. - - -Como vieron los capitanes de Narvaez que ya teniamos socorros, así -de los que vinieron de Cuba como los de Jamáica que habia enviado -Francisco de Garay para su armada, segun lo tengo declarado en el -capítulo que dello habla, y vieron que los pueblos de la provincia de -Tepeaca estaban pacíficos, despues de muchas palabras que á Cortés -dijeron, con grandes ofertas y ruegos le suplicaron que les diese -licencia para se volver á la isla de Cuba, pues se lo habia prometido, -y luego Cortés se la dió, y les prometió que si volvia á ganar la -Nueva-España y ciudad de Méjico, que al Andrés de Duero, su compañero, -que le daria mucho más oro que le habia de ántes dado; y así hizo -otras ofertas á los demás capitanes, en especial á Agustin Bermudez, -y les mandó dar matalotaje que en aquella sazon habia, que era maíz -y perrillos salados y algunas gallinas, y un navío de los mejores, y -escribió Cortés á su mujer Catalina Juarez la Marcaida y á Juan Nuñez, -su cuñado, que en aquella sazon vivia en la isla de Cuba, y les envió -ciertas barras y joyas de oro, y les hizo saber todas las desgracias y -trabajos que nos habian acaecido, y cómo nos echaron de Méjico. - -Dejemos esto, y digamos las personas que pidieron la licencia para -se volver á Cuba, que todavía iban ricos, y fueron Andrés de Duero -y Agustin Bermudez, y Juan Bono de Quejo y Bernardino de Quesada, y -Francisco Velazquez el corcovado, pariente del Diego Velazquez el -gobernador de Cuba, y Gonzalo Carrasco el que vive en la Puebla, que -despues se volvió á esta Nueva-España, y un Melchor de Velasco, que -fué vecino de Guatimala, y un Jimenez que vive en Guajaca, que fué por -sus hijos, y el comendador Leon de Cervantes, que fué por sus hijas, -que despues de ganado Méjico las casó muy honradamente, y se fué uno -que se decia Maldonado, natural de Medellin, que estaba doliente; no -digo Maldonado el que fué marido de doña María del Rincon, ni por -Maldonado el ancho, ni otro Maldonado que se decia Álvaro Maldonado -el fiero, que fué casado con una señora que se decia María Arias; y -tambien se fué un Vargas, vecino de la Trinidad, que le llamaban en -Cuba Vargas el galan: no digo el Vargas que fué suegro de Cristóbal -Lobo, vecino que fué de Guatimala; y se fué un soldado de los de -Cortés, que se decia Cárdenas, piloto; aquel Cárdenas fué el que dijo -á un su compañero que ¿cómo podiamos reposar los soldados teniendo dos -Reyes en esta Nueva-España? Este fué á quien Cortés dió trecientos -pesos para que se fuese con su mujer é hijos. - -Y por excusar prolijidad de ponellos todos por memoria, se fueron -otros muchos que no me acuerdo bien sus nombres; y cuando Cortés les -dió la licencia, dijimos que para qué se la daba, pues que éramos -pocos los que quedábamos; y respondió que por excusar escándalos é -importunaciones, y que ya veiamos que para la guerra algunos de los -que se volvian á Cuba no lo eran, y que valía más estar solos que mal -acompañados; y para los despachar del puerto envió Cortés á Pedro de -Albarado; y en habiéndolos embarcado, le mandó que se volviese luego á -la villa. - -Y digamos ahora que tambien envió á Castilla á Diego de Ordás y á -Alonso de Mendoza, natural de Medellin y de Cáceres, con ciertos -recaudos de Cortés, que yo no sé otros que llevase nuestros, ni nos dió -parte de cosa de los negocios que enviaba á tratar con su majestad, -ni lo que pasó en Castilla yo no lo alcancé á saber, salvo que á -boca llena decia el Obispo de Búrgos delante del Diego de Ordás que -así Cortés como todos los soldados que pasamos con él éramos malos -y traidores, puesto que el Ordás sé cierto respondia muy bien por -todos nosotros; y entónces le dieron al Ordás una encomienda de señor -Santiago, y por armas el volcan que está entre Guaxocingo y cerca de -Cholula; y lo que negoció adelante lo diré, segun lo supimos por carta. - -Dejemos esto aparte, y diré cómo Cortés envió á Alonso de Ávila, que -era capitan y contador desta Nueva-España, y juntamente con él envió -otro hidalgo que se decia Francisco Álvarez Chico, que era hombre -que entendia de negocios; y mandó que fuesen con otro navío para la -isla de Santo Domingo, á hacer relacion de todo lo acaecido á la Real -audiencia que en ella residia; y á los frailes jerónimos que estaban -por gobernadores de todas las islas, que tuviesen por bueno lo que -habiamos hecho en las conquistas y el desbarate de Narvaez, y cómo -habia hecho esclavos en los pueblos que habian muerto españoles y se -habian quitado de la obediencia que habian dado á nuestro Rey y señor, -y que así se entendia hacer en todos los más pueblos que fueron de la -liga y nombre de mejicanos; y que suplicaba que hiciese relacion dello -en Castilla á nuestro gran Emperador, y tuviesen en la memoria los -grandes servicios que siempre le haciamos, y que por su intercesion y -de la Real audiencia fuésemos favorecidos con justicia contra la mala -voluntad y obras que contra nosotros trataba el Obispo de Búrgos y -Arzobispo de Rosano; y tambien envió otro navío á la isla de Jamáica -por caballos é yeguas, y el capitan que con él fué se decia Fulano de -Solís, que despues de ganado Méjico le llamamos Solís de la huerta, -yerno de uno que se decia el bachiller Ortega. - -Bien sé que dirán algunos curiosos letores que sin dineros cómo enviaba -al Diego de Ordás á negocios á Castilla, pues está claro que para -Castilla y para otras partes son menester dineros; y que asimismo -envió á Alonso de Ávila y á Francisco Álvarez Chico á Santo Domingo á -negocios, y á la isla de Jamáica por caballos é yeguas. - -Á esto digo que, como al salir de Méjico salimos huyendo la noche por -mí muchas veces referida, que, como quedaban en la sala muchas barras -de oro perdido en un monton, que todos los más soldados apañaban dello; -en especial los de á caballo, y los de Narvaez mucho mejor, y los -oficiales de su majestad que lo tenian en poder y cargo llevaron los -fardos hechos. - -Y demás de esto, cuando se cargaron de oro más de ochenta indios -tlascaltecas por mandado de Cortés, y fueron los primeros que salieron -en las puentes, vista cosa era que salvarian muchas cargas dello, que -no se perderia todo en la calzada; y como nosotros los pobres soldados -que no teniamos mando, sino ser mandados, en aquella sazon procurábamos -de salvar nuestras vidas, y despues de curar nuestras heridas, á -esta causa no mirábamos en el oro, si salieron muchas cargas dello -en las puentes ó no, ni se nos daba por mucho por ello; y Cortés con -algunos de nuestros capitanes lo procuraron de haber de algunos de los -tlascaltecas que lo sacaron, y tuvimos sospecha que los cuarenta mil -pesos de las partes de los de la Villa-Rica, que tambien lo hubo y echó -fama que lo habian robado, y con ello envió á Castilla á los negocios -de su persona y á comprar caballos, y á la isla de Santo Domingo á la -audiencia Real; porque en aquel tiempo todos se callaban con las barras -de oro que tenian, aunque más pregones habian dado. - -Dejemos esto, y digamos como ya estaban de paz todos los pueblos -comarcanos de Tepeaca, acordó Cortés que quedase en la villa de -Segura de la Frontera por capitan un Francisco de Orozco con obra de -veinte soldados que estaban heridos y dolientes; y con todos los más -de nuestro ejército fuimos á Tlascala, y se dió órden que se cortase -madera para hacer trece bergantines para ir otra vez sobre Méjico; -porque hallábamos por muy cierto que para la laguna sin bergantines no -la podiamos señorear ni podiamos dar guerra, ni entrar otra vez por -las calzadas en aquella gran ciudad sino con gran riesgo de nuestras -vidas; y el que fué maestro de cortar la madera y dar el galibo y -cuenta y razon cómo habian de ser veleros y ligeros para aquel efeto, -y los hizo, fué un Martin Lopez, que ciertamente, demás de ser un buen -soldado, en todas las guerras sirvió muy bien á su majestad. - -En esto de los bergantines trabajó en ellos como fuerte varon, y me -parece que si por dicha no viniera en nuestra compañía de los primeros, -como vino, que hasta enviar por otro maestro á Castilla se pasara mucho -tiempo, ó no viniera ninguno. - -Volveré á nuestra materia, é digamos ahora que cuando llegamos á -Tlascala ya era fallecido de viruelas nuestro gran amigo y muy leal -vasallo de su majestad Masse-Escaci, de la cual muerte nos pesó á -todos; y Cortés lo sintió tanto, como él decia, como si fuera su -padre, y se puso luto de mantas negras, y asimismo muchos de nuestros -capitanes y soldados; y á sus hijos y parientes del Masse-Escaci Cortés -y todos nosotros les haciamos mucha honra; y porque en Tlascala habia -diferencias sobre el mando y cacicazgo, señaló y mandó que lo fuese -un su hijo legítimo del Masse-Escaci, porque así se lo habia mandado -su padre ántes que muriese; y aun dijo á sus hijos y parientes que -mirasen que no saliesen del mandado de Malinche y de sus hermanos, -porque ciertamente éramos los que habiamos de señorear esas tierras, y -les dió otros muchos buenos consejos. - -Dejemos ya de contar del Masse-Escaci, pues ya es muerto, y digamos de -Xicotenga el viejo y de Chichimecatecle y de todos los demás caciques -de Tlascala, que se ofrecieron de servir á Cortés, así en cortar la -madera para los bergantines como para todo lo demás que les quisiesen -mandar en la guerra contra mejicanos, é Cortés los abrazó con mucho -amor y les dió gracias por ello, especialmente á Xicotenga el viejo y á -Chichimecatecle: y luego procuró que se volviese cristiano, y el buen -viejo de Xicotenga de buena voluntad dijo que lo queria ser, y con la -mayor fiesta que en aquella sazon se pudo hacer, en Tlascala le bautizó -el padre de la Merced, y le puso nombre don Lorenzo de Vargas. - -Volvamos á decir de nuestros bergantines, que el Martin Lopez se dió -tanta priesa en cortar la madera, con la gran ayuda de los indios que -le ayudaban, que en pocos dias la tenia ya cortada toda, y señalada -su cuenta en cada madero para qué parte y lugar habia de ser, segun -tienen sus señales los oficiales, maestros y carpinteros de ribera; y -tambien le ayudaba otro buen soldado que se decia Andrés Nuñez, é un -viejo carpintero que estaba cojo de una herida, que se decia Ramirez -el viejo; y luego despachó el Cortés á la Villa-Rica por mucho hierro -y clavazon de los navíos que dimos al través, y por áncoras y velas é -jarcias y cables y estopa, y por todo aparejo de hacer navíos, y mandó -venir todos los herreros que habia, y á un Hernando de Aguilar, que era -medio herrero, que ayudaba á machacar; y porque en aquel tiempo habia -en nuestro real tres hombres que se decian Aguilar, llamamos á este -Hernando de Aguilar Maja-hierro; y envió por capitan á la Villa-Rica, -por los aparejos que he dicho, para mandallo traer, á un Santa Cruz, -burgalés, regidor que despues fué de Méjico, persona muy buen soldado y -diligente; y hasta las calderas para hacer brea, y todo cuanto de ántes -habian sacado de los navíos, trujo con más de mil indios, que todos los -pueblos de aquellas provincias, enemigos de mejicanos, luego se los -daban para traer las cargas. - -Pues como no teniamos pez para brear, ni aun los indios lo sabian -hacer, mandó Cortés á cuatro hombres de la mar, que sabian de aquel -oficio, que en unos pinares cerca de Guaxocingo, que los hay buenos, -fuesen á hacer la pez. - -Pasemos adelante, puesto que no va muy á propósito de la materia en que -estaba hablando, que me han preguntado ciertos caballeros curiosos, -que conocian muy bien á Alonso de Ávila, que cómo, siendo capitan y -muy esforzado, y era contador de la Nueva-España, y siendo belicoso y -de su inclinacion más para guerra que no ir á solicitar negocios con -los frailes jerónimos que estaban por gobernadores de todas las islas, -¿por qué causa le envió Cortés, teniendo otros hombres que estaban -más acostumbrados á negocios, como era un Alonso de Grado ó un Juan -de Cáceres el rico, y otros que me nombraron? Á esto digo que Cortés -le envió al Alonso de Ávila porque sintió dél ser muy varon, y porque -osaria responder por nosotros conforme á justicia; y tambien le envió -por causa que, como el Alonso de Ávila habia tenido diferencias con -otros capitanes, y tenia gran atrevimiento de decir á Cortés cualquiera -cosa que veia que convenia decille, y por escusar ruidos y por dar la -capitanía que tenia á Andrés de Tapia, y la contaduría á Alonso de -Grado, como luego se la dió, por estas razones le envió. - -Volvamos á nuestra relacion: pues viendo Cortés que ya era cortada la -madera para los bergantines, y se habian ido á Cuba las personas por mí -nombradas, que eran los de Narvaez, que los teniamos por sobre huesos, -especialmente poniendo temores que siempre nos ponian, que no seriamos -bastantes para resistir el gran poder de mejicanos, cuando oian que -deciamos que habiamos de ir á poner cerco sobre Méjico; y libres -de aquellos temores, acordó Cortés que fuésemos con todos nuestros -soldados á Tezcuco, é sobre ello hubo grandes y muchos acuerdos; porque -unos soldados decian que era mejor sitio y acequias y zanjas para hacer -los bergantines, en Ayocingo, junto á Chalco, que no en la zanja -y estero de Tezcuco; y otros porfiaban que mejor seria en Tezcuco, -por estar en parte y sitio y cerca de muchos pueblos; y que teniendo -aquella ciudad por nosotros, desde allí hariamos entradas en las -tierras comarcanas de Méjico; y puestos en aquella ciudad, tomariamos -el mejor parecer como sucediesen las cosas. - -Pues ya que estaba acordado lo por mí dicho, viene nueva y cartas, que -trujeron tres soldados, de cómo habia venido á la Villa-Rica un navío -de Castilla y de las islas de Canaria, de buen porte, cargado de muchas -ballestas y tres caballos, é muchas mercaderías, escopetas, pólvora é -hilo de ballestas, y otras armas; y venia por señor de la mercadería -y navío un Juan de Búrgos, y por maestre un Francisco Medel, y venian -trece soldados; y con aquella nueva nos alegramos en gran manera, y si -de ántes que supiésemos del navío nos dábamos priesa en la partida para -Tezcuco, mucho más nos dimos entónces, porque luego le envió Cortés á -comprar todas las armas y pólvora y todo lo más que traia, y aun el -mismo Juan de Búrgos y el Medel y todos los pasajeros que traia se -vinieron luego para donde estábamos; con los cuales recibimos contento, -viendo tan buen socorro y en tal tiempo. - -Acuérdome que entónces vino un Juan del Espinar, vecino que fué de -Guatimala, persona que fué muy rico; y tambien vino un Sagredo, tio de -una mujer que se decia la Sagreda, que estaba en Cuba, naturales de la -villa de Medellin; tambien vino un vizcaino que se decia Monjaraz, tio -que decia ser de Andrés de Monjaraz y Gregorio de Monjaraz, soldados -que estaban con nosotros, y padre de una mujer que despues vino á -Méjico, que se decia la Monjaraza, muy hermosa mujer. - -He traido aquí esto á la memoria por lo que adelante diré, y es que -jamás fué el Monjaraz á guerra ninguna ni entrada con nosotros, porque -andaba doliente en aquel tiempo; é ya que estaba muy bueno y sano -é presumia de muy valiente soldado, cuando teniamos puesto cerco á -Méjico dijo el Monjaraz que queria ir á ver cómo batallábamos con -los mejicanos; porque no tenia á los mejicanos ni á otros indios por -valientes; y fué, y se subió en un alto cu, como torrecilla, y nunca -supimos, cómo ni de qué manera le mataron indios en aquel mismo dia, -y muchas personas dijeron, que le habian conocido en la isla de Santo -Domingo, que fué permision divina que muriese aquella muerte, porque -habia muerto á su mujer, muy honrada y buena y hermosa, sin culpa -ninguna, y que buscó testigos falsos que juraron que le hacia maleficio. - -Quiero dejar ya de contar cosas pasadas, y digamos cómo fuimos á la -ciudad de Tezcuco, y lo que más pasó. - - - - -CAPÍTULO CXXXVII. - -CÓMO CAMINAMOS CON TODO NUESTRO EJÉRCITO CAMINO DE LA CIUDAD DE -TEZCUCO, Y LO QUE EN EL CAMINO NOS AVINO, Y OTRAS COSAS QUE PASARON. - - -Como Cortés vió tan buena prevencion, así de escopetas y pólvora y -ballestas y caballos, y conoció de todos nosotros, así capitanes como -soldados, el gran deseo que teniamos de estar ya sobre la gran ciudad -de Méjico, acordó de hablar á los caciques de Tlascala para que le -diesen diez mil indios de guerra que fuesen con nosotros aquella -jornada hasta Tezcuco, que es una de las mayores ciudades que hay en -toda la Nueva-España, despues de Méjico; y como se lo demandó y les -hizo un buen parlamento sobre ello, luego Xicotenga el viejo, que en -aquella sazon se habia vuelto cristiano y se llamó don Lorenzo de -Vargas, como dicho tengo, dijo que le placia de buena voluntad, no -solamente diez mil hombres, sino muchos más si los querian llevar, y -que iria por capitan dellos otro cacique muy esforzado é nuestro gran -amigo que se decia Chichimeclatecle, y Cortés le dió las gracias por -ello; y despues de hecho nuestro alarde, que ya no me acuerdo bien qué -tanta copia éramos, así de soldados como de los demás, un dia despues -de la Pascua de Navidad del año de 1520 años comenzamos á caminar -con mucho concierto, como lo teniamos de costumbre. - -Fuimos á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, y los del mismo pueblo -nos dieron lo que habiamos menester de allí adelante; era tierra de -mejicanos, é íbamos más recatados, nuestra artillería puesta en mucho -concierto, y ballesteros y escopeteros, y siempre cuatro corredores -del campo á caballo, y otros cuatro soldados de espada y rodela muy -sueltos, juntamente con los de á caballo para ver los pasos si estaban -para pasar caballos, porque en el camino tuvimos aviso que estaba -embarazado de aquel dia un mal paso, y la sierra con árboles cortados, -porque bien tuvieron noticia en Méjico y en Tezcuco cómo caminábamos -hácia su ciudad, y aquel dia no hallamos estorbo ninguno, y fuimos -á dormir al pié de la sierra, que serian tres leguas, y aquella -noche tuvimos buen frio, y con nuestras rondas y espías y velas y -corredores del campo la pasamos; y cuando amaneció comenzamos á subir -un puertezuelo y unos malos pasos como barrancas, y estaba cortada la -sierra, por donde no podiamos pasar, y puesta mucha madera y pinos en -el camino; y como llevábamos tantos amigos tlascaltecas, de presto -se desembarazó, y con mucho concierto caminamos con una capitanía -de escopetas y ballestas delante, y con nuestros amigos cortando y -apartando árboles para poder pasar los caballos, hasta que subimos la -sierra, y aun bajamos un poco abajo adonde se descubria la laguna de -Méjico y sus grandes ciudades pobladas en el agua; y cuando la vimos -dimos muchas gracias á Dios, que nos la tornó á dejar ver. - -Entónces nos acordamos de nuestro desbarate pasado, de cuando nos -echaron de Méjico, y prometimos, si Dios fuese servido de darnos mejor -suceso en esta guerra, de ser otros hombres en el trato y modo de -cercarla; y luego bajamos la sierra, donde vimos grandes ahumadas que -hacian, así los de Tezcuco como los de los pueblos sujetos; é andando -más adelante, topamos con un buen escuadron de gente, guerreros de -Méjico y de Tezcuco, que nos aguardaban á un mal paso, que era un -arcabuezo donde estaba una puente como quebrada, de madera, algo honda, -y corria un buen golpe de agua; mas luego desbaratamos los escuadrones -y pasamos muy á nuestro salvo. - -Pues oir la grita que nos daban desde las estancias y barrancas, no -hacian otra cosa, y era en parte que no podian correr caballos, y -nuestros amigos los tlascaltecas les apañaban gallinas, y lo que podian -roballes no les dejaban, puesto que Cortés les mandaban que si no -diesen guerra, que no se la diesen; y los tlascaltecas decian que si -estuvieran de buenos corazones y de paz, que no salieran al camino á -darnos guerra, como estaban al paso de las barrancas y puente para no -nos dejar pasar. - -Volvamos á nuestra materia, y digamos cómo fuimos á dormir á un pueblo -sujeto de Tezcuco, y estaba despoblado, y puestas nuestras velas y -rondas y escuchas y corredores del campo, y estuvimos aquella noche -con cuidado no diesen en nosotros muchos escuadrones de mejicanos -guerreros que estaban aguardándonos en unos malos pasos; de lo cual -tuvimos aviso porque se prendieron cinco mejicanos en la puente primera -que dicho tengo, y aquellos dijeron lo que pasaba de los escuadrones, -y segun despues supimos, no se atrevieron á darnos guerra ni á más -aguardar; porque, segun pareció, entre los mejicanos y los de Tezcuco -tuvieron diferencias y bandos; y tambien, como aun no estaban muy -sanos de las viruelas, que fué dolencia que en toda la tierra dió y -cundió, y como habian sabido cómo en lo de Guacachula é Ozucar, y en -Tepeaca y Xalacingo y Castiblanco todas las guarniciones mejicanas -habiamos desbaratado, y asimismo corria fama, y así lo creian, que -iban con nosotros en nuestra compañía todo el poder de Tlascala y -Guaxocingo, acordaron de no nos aguardar; y todo esto Nuestro Señor -Jesucristo lo encaminaba. - -Y desque amaneció, puestos todos nosotros en gran concierto, así -artillería como escopetas y ballestas, y los corredores del campo -adelante descubriendo tierra, comenzamos á caminar hácia Tezcuco, que -seria de allí de donde dormimos obra de dos leguas; é aun no habiamos -andado media legua cuando vimos volver nuestros corredores del campo -muy alegres y dijeron á Cortés que venian hasta diez indios, y que -traian unas señas y veletas de oro, y que no traian armas ningunas, y -que en todas las caserías y estancias por donde pasaban no les daban -grita ni voces como habian dado el dia ántes; ántes, al parecer, todo -estaba de paz; y Cortés y todos nuestros capitanes y soldados nos -alegramos, y luego mandó Cortés reparar, hasta que llegaron siete -indios principales, naturales de Tezcuco, y traian una bandera de oro -en una lanza larga, y ántes que llegasen abajaron su bandera y se -humillaron, que es señal de paz; y cuando llegaron ante Cortés, estando -doña Marina é Jerónimo de Aguilar, nuestras lenguas, delante, dijeron: - -—«Malinche, Cocoivacin, nuestro señor y señor de Tezcuco, te envia á -rogar que le quieras recebir á tu amistad, y te está esperando de paz -en su ciudad de Tezcuco, y en señal dello recibe esta bandera de oro; -y que te pide por merced que mandes á todos los tlascaltecas é á tus -hermanos que no les hagan mal en su tierra, y que te vayas á aposentar -en su ciudad, y él te dará lo que hubieres menester.» - -Y más dijeron, que los escuadrones que allí estaban en las barrancas y -pasos malos, que no eran de Tezcuco, sino mejicanos, que los enviaba -Guatemuz. - -Y cuando Cortés oyó aquellas paces holgó mucho dellas, y asimismo todos -nosotros, é abrazó á los mensajeros, en especial á tres dellos, que -eran parientes del buen Montezuma, y los conociamos todos los más -soldados, que habian sido sus capitanes, y considerada la embajada, -luego mandó Cortés llamar los capitanes tlascaltecas, y les mandó muy -afectuosamente que no hiciesen mal ninguno ni los tomasen cosa ninguna -en toda la tierra, porque estaban de paz; y así lo hacian como se lo -mandó; mas comida no se les defendia si era solamente maíz é frísoles, -y aun gallinas y perrillos, que habia muchos en todas las casas, llenas -dello. - -Y entónces Cortés tomó consejo con nuestros capitanes, y á todos les -pareció que aquel pedir de paz y de aquella manera que eran fingido; -porque si fueran verdaderas no vinieran tan arrebatadamente, y aun -trujeran bastimento; y con todo esto, recebió Cortés la bandera, que -valía hasta ochenta pesos, y dió muchas gracias á los mensajeros, y -les dijo que no tenian por costumbre de hacer mal ni daño á ningunos -vasallos de su majestad; ántes les favorecia y miraba por ellos, y -que si guardaban las paces que decian, que les favoreceria contra -los mejicanos, y que ya habia mandado á los tlascaltecas que no -hiciesen daño en su tierra, como habian visto, y que así lo cumplirian -adelante, y que bien sabia que en aquella ciudad mataron sobre cuarenta -españoles nuestros hermanos cuando salimos de Méjico, y sobre ducientos -tlascaltecas, y que robaron muchas cargas de oro y otros despojos -que dellos hubieron; que ruega á su señor Cocoivacin é á todos los -más caciques y capitanes de Tezcuco que le dén el oro y ropa, y que -la muerte de los españoles, que pues ya no tenia remedio, que no les -pediria. - -Y respondieron aquellos mensajeros que ellos lo dirian á su señor así -como se lo mandaba; mas que el que los mandó matar fué el que en aquel -tiempo alzaron en Méjico por señor despues de muerto Montezuma, que se -decia Coadlauaca, é hubo todo el despojo, y le llevaron á Méjico todos -los más teules, y que luego los sacrificaron á su Huichilóbos; y como -Cortés vió aquella respuesta, por no los resabiar ni atemorizar, no les -replicó en ello sino que fuesen con Dios, y quedó uno dellos en nuestra -compañía, y luego nos fuimos á unos arrabales de Tezcuco, que se decian -Guautinchan ó Huachutan, que ya se me olvidó el nombre, y allí nos -dieron bien de comer y todo lo que hubimos menester, y aun derribamos -unos ídolos que estaban en unos aposentos donde posábamos. - -Y otro dia de mañana fuimos á la ciudad de Tezcuco, y en todas las -calles ni casas no veiamos mujeres ni muchachos ni niños, sino todos -los indios como asombrados y como gente que estaba de guerra; y -fuímonos á aposentar á unos aposentos y salas grandes, y luego mandó -Cortés llamar á nuestros capitanes y todos los más soldados, y nos -dijo que no saliésemos de unos patios grandes que allí habia, y que -estuviésemos muy apercebidos, porque no le parecia que estaba aquella -ciudad pacífica, hasta ver cómo y de qué manera estaba, y mandó al -Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí é á otros soldados, y á mí con -ellos, que subiésemos al gran cu, que era bien alto, y llevásemos hasta -veinte escopeteros para nuestra guarda, y que mirásemos desde el alto -cu la laguna y la ciudad, porque bien se parecia toda; y vimos que -todos los moradores de aquellas poblaciones se iban con sus haciendas -y hatos é hijos y mujeres, unos á los montes y otros á las carrizales -que hay en la laguna, que toda iba cuajada de canoas, dellas grandes y -otras chicas; y como Cortés lo supo, quiso prender al señor de Tezcuco -que envió la bandera de oro, y cuando le fueron á llamar ciertos papas -que envió Cortés por mensajeros, ya estaba puesto en cobro, que él fué -el primero que se fué huyendo á Méjico, y fueron con él otros muchos -principales. - -Y así se pasó aquella noche, que tuvimos grande recaudo de velas y -rondas y espías, y otro dia muy de mañana mandó llamar Cortés á todos -los más principales indios que habia en Tezcuco; porque, como es gran -ciudad, habia otros muchos señores, partes contrarias del cacique que -se fué huyendo, con quien tenian debates y diferencias sobre el mando -y reino de aquella ciudad; y venidos ante Cortés, informado dellos -cómo y de qué manera y desde qué tiempo acá señoreaba el Cocoivacin, -dijeron que por codicia de reinar habia muerto malamente á su hermano -mayor, que se decia Cuxcuxca, con favor que para ello le dió el señor -de Méjico, que ya he dicho que se decia Coadlauaca, el cual fué el que -nos dió la guerra cuando salimos huyendo despues de muerto Montezuma; -é que allí habia otros señores á quien venia el reino de Tezcuco más -justamente que no al que lo tenia, que era un mancebo que luego en -aquella sazon se volvió cristiano con mucha solenidad, y le bautizó -el fraile de la Merced, y se llamó don Hernando Cortés, porque fué su -padrino nuestro capitan. - -É aqueste mancebo dijeron que era hijo legítimo del señor y Rey de -Tezcuco, que se decia su padre Nezabal Pintzintli; y luego sin más -dilaciones, con grandes fiestas y regocijos de todo Tezcuco, le alzaron -por Rey y señor natural, con todas las ceremonias que á los tales Reyes -solian hacer, é con mucha paz y en amor de todos sus vasallos y otros -pueblos comarcanos, é mandaba muy absolutamente y era obedecido; y -para mejor le industriar en las cosas de nuestra santa fe y ponelle en -toda policía, y para que deprendiese nuestra lengua, mandó Cortés que -tuviese por ayos á Antonio de Villareal, marido que fué de una señora -hermosa que se dijo Isabel de Ojeda; é á un bachiller que se decia -Escobar puso por capitan de Tezcuco, para que viese y defendiese que -no contratase con el don Fernando ningun mejicano; y á un buen soldado -que se decia Pedro Sanchez Farfan, marido que fué de la buena y honrada -mujer María de Estrada. - -Dejemos de contar su gran servicio de aqueste cacique, y digamos cuán -amado y obedecido fué de los suyos, y digamos cómo Cortés le demandó -que diese mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más -las acequias y zanjas por donde habiamos de sacar los bergantines á la -laguna de que estuviesen acabados y puestos á punto para ir á la vela, -y se le dió á entender al mismo don Hernando y á otros sus principales -á qué fin y efeto se habian de hacer, y cómo y de qué manera habiamos -de poner cerco á Méjico, y para todo ello se ofreció con todo su poder -y vasallos, que no solamente aquello que le mandaba, sino que enviaria -mensajeros á otros pueblos comarcanos para que se diesen por vasallos -de su Majestad y tomasen nuestra amistad y voz contra Méjico. - -Y todo esto concertado, despues de nos haber aposentado muy bien, y -cada capitanía por sí, y señalados los puestos y lugares donde habiamos -de acudir si hubiese rebato de mejicanos, porque estábamos á guarda -la raya de su laguna, porque de cuando en cuando enviaba Guatemuz -grandes piraguas y canoas con muchos guerreros, y venian á ver si nos -tomaban descuidados; y en aquella sazon vinieron de paz ciertos pueblos -sujetos á Tezcuco, á demandar perdon y paz si en algo habian errado -en las guerras pasadas, y habian sido en la muerte de los españoles, -los cuales se decian Guatinchan; y Cortés les habló á todos muy -amorosamente y les perdonó. - -Quiero decir que no habia dia ninguno que dejasen de andar en la obra y -zanja y acequia de siete á ocho mil indios, y la abrian y ensanchaban -muy bien, que podian nadar por ella navíos de gran porte. - -Y en aquella sazon, como teniamos en nuestra compañía sobre siete mil -tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar honra y de guerrear contra -mejicanos, acordó Cortés, pues que tan fieles compañeros teniamos, que -fuésemos á entrar y dar una vista á un pueblo que se dice Iztapalapa, -el cual pueblo fué por donde habiamos pasado cuando la primera vez -venimos para Méjico, y el señor dél fué el que alzaron por Rey en -Méjico despues de la muerte del gran Montezuma, que ya he dicho otras -veces que se decia Coadlauaca; y de aqueste pueblo, segun supimos, -recebiamos mucho daño, porque eran muy contrarios contra Chalco y -Talmalanco y Mecameca y Chimaloacan, que querian venir á tener nuestra -amistad, y ellos lo estorbaban; y como habia ya doce dias que estábamos -en Tezcuco sin hacer cosa que de contar sea, fuimos á aquella entrada -de Iztapalapa. - - - - -CAPÍTULO CXXXVIII. - -CÓMO FUIMOS Á IZTAPALAPA CON CORTÉS, Y LLEVÓ EN SU COMPAÑÍA Á CRISTÓBAL -DE OLÍ Y Á PEDRO DE ALBARADO, Y QUEDÓ GONZALO DE SANDOVAL POR GUARDA DE -TEZCUCO, Y LO QUE NOS ACAECIÓ EN LA TOMA DE AQUEL PUEBLO. - - -Pues como habia doce dias que estábamos en Tezcuco, y teniamos los -tlascaltecas, por mí ya otra vez nombrados, que estaban con nosotros, y -porque tuviesen qué comer, porque para tantos como eran no se lo podian -dar abastadamente los de Tezcuco, y porque no recibiesen pesadumbre -dello; y tambien porque estaban deseosos de guerrear con mejicanos, y -se vengar por los muchos tlascaltecas que en las derrotas pasadas les -habian muerto y sacrificado, acordó Cortés que él por capitan general, -y con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y con trece de á caballo, y -veinte ballesteros, y seis escopeteros, y ducientos y veinte soldados, -y con nuestros amigos de Tlascala y con otros veinte principales de -Tezcuco que nos dió don Hernando, cacique mayor de Tezcuco, y estos -sabiamos que eran sus primos y parientes del mismo cacique y enemigos -de Guatemuz, que ya le habian alzado por Rey en Méjico; fuésemos -camino de Iztapalapa, que estará de Tezcuco obra de cuatro leguas. - -Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello trata, que estaban más -de la mitad de las casas edificadas en el agua y la mitad en tierra -firme; é yendo nuestro camino con mucho concierto, como lo teniamos de -costumbre, como los mejicanos siempre tenian velas, y guarniciones, y -guerreros contra nosotros, que sabian que íbamos á dar guerra á algunos -de sus pueblos para luego les socorrer, así lo hicieron saber á los -de Iztapalapa para que se apercibiesen, y les enviaron sobre ocho mil -mejicanos de socorro. - -Por manera que en tierra firme aguardaron como buenos guerreros, así -los mejicanos que fueron en su ayuda como los pueblos de Iztapalapa, -y pelearon un buen rato muy valerosamente con nosotros; mas los de á -caballo rompieron por ellos, y con las ballestas y escopetas y todos -nuestros amigos los tlascaltecas, que se metian en ellos como perros -rabiosos, de presto dejaron el campo y se metieron en su pueblo; y esto -fué sobre cosa pensada y con un ardid que entre ellos tenian acordado, -que fuera harto dañoso para nosotros si de presto no saliéramos de -aquel pueblo; y fué desta manera, que hicieron que huyeron, y se -metieron en canoas en el agua y en las casas que estaban en el agua, -y dellos en unos carrizales, y como ya era noche escura, nos dejan -aposentar en tierra firme sin hacer ruido ni muestra de guerra; y con -el despojo que habiamos habido é la vitoria estábamos contentos; y -estando de aquella manera, puesto que teniamos velas, espías y rondas, -y aun corredores del campo en tierra firme, cuando no nos catamos vino -tanta agua por todo el pueblo, que si los principales que llevábamos -de Tezcuco no dieran voces y nos avisaran que saliésemos presto de -las casas, todos quedáramos ahogados; porque soltaron dos acequias de -agua y abrieron una calzada, con que de presto se hinchó todo de agua, -y los tlascaltecas nuestros amigos, como no son acostumbrados á rios -caudalosos ni sabian nadar, quedaron muertos dos dellos; y nosotros, -con gran riesgo de nuestras personas, todos bien mojados, y la pólvora -perdida, salimos sin hato; y como estábamos de aquella manera y con -mucho frio, y aun sin cenar, pasamos mala noche; y lo peor de todo era -la burla y grita que nos daban los de Iztapalapa y los mejicanos desde -sus casas y canoas. - -Pues otra cosa peor nos avino, que como en Méjico sabian el concierto -que tenian hecho de nos anegar con haber rompido la calzada y acequias, -estaban esperando en tierra y en la laguna muchos batallones de -guerreros, y cuando amaneció nos dan tanta guerra, que harto teniamos -que nos sustentar contra ellos, no nos desbaratasen, é mataron dos -soldados y un caballo, é hirieron otros muchos, así de nuestros -soldados como tlascaltecas, y poco á poco aflojaron en la guerra, y nos -volvimos á Tezcuco, medio afrentados de la burla y ardid de echarnos -el agua, y tambien como no ganamos mucha reputacion en la batalla -postrera que nos dieron, porque no habia pólvora; mas todavía quedaron -temerosos, y tuvieron bien en que entender en enterrar ó quemar muertos -y curar heridos y en reparar sus casas. - -Donde lo dejaré, y diré cómo vinieron de paz á Tezcuco otros pueblos, y -lo que más se hizo. - - - - -CAPÍTULO CXXXIX. - -CÓMO VINIERON TRES PUEBLOS COMARCANOS Á TEZCUCO Á DEMANDAR PACES Y -PERDON DE LAS GUERRAS PASADAS Y MUERTES DE ESPAÑOLES, Y LOS DESCARGOS -QUE DABAN SOBRE ELLO, Y CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á CHALCO Y -TAMALANCO EN SU SOCORRO CONTRA MEJICANOS Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Habiendo dos dias que estábamos en Tezcuco de vuelta de la entrada de -Iztapalapa, vinieron á Cortés tres pueblos de paz á demandar perdon -de las guerras pasadas y de muertes de españoles que mataron, y los -descargos que daban era que el señor de Méjico que alzaron despues de -la muerte del gran Montezuma, el cual se decia Coadlauaca, que por -su mandado salieron á dar guerra con los demás sus vasallos; y que -si algunos teules mataron y prendieron y robaron, que el mismo señor -les mandó que así lo hiciesen; y los teules, que se los llevaron á -Méjico para sacrificar, tambien le llevaron el oro y caballos y ropa; -y que ahora, que piden perdon por ello, y que por esta causa que no -tienen culpa ninguna por ser mandados y apremiados por fuerza para que -lo hiciesen; y los pueblos que digo que en aquella sazon vinieron se -decian Tepetezcuco y Obtumba: el nombre del otro pueblo no me acuerdo; -mas sé decir que en este de Obtumba fué la nombrada batalla que nos -dieron cuando salimos huyendo de Méjico, adonde estuvieron juntos los -mayores escuadrones de guerreros que ha habido en toda la Nueva-España -contra nosotros, adonde creyeron que no escapáramos con las vidas, -segun más largo lo tengo escrito en los capítulos pasados que dello -hablan; y como aquellos pueblos se hallaban culpados y habian visto -que habiamos ido á lo de Iztapalapa, y no les fué muy bien con nuestra -ida, y aunque nos quisieron anegar con el agua y esperaron dos batallas -campales con muchos escuadrones mejicanos; en fin, por no se hallar en -otras como las pasadas, vinieron á demandar paces ántes que fuésemos á -sus pueblos á castigarlos; y Cortés viendo que no estaba en tiempo de -hacer otra cosa, les perdonó, puesto que les dió grandes reprensiones -sobre ello, y se obligaron con palabras de muchos ofrecimientos de -siempre ser contra mejicanos y de ser vasallos de su majestad y de nos -servir; y así lo hicieron. - -Dejemos de hablar destos pueblos, y digamos cómo vinieron luego en -aquella sazon á demandar paces y nuestra amistad los de un pueblo -que está en la laguna, que se dice Mezquique, que por otra parte le -llamábamos Venenzuela; y estos, segun pareció, jamás estuvieron bien -con mejicanos, y los querian mal de corazon; y Cortés y todos nosotros -tuvimos en mucho la venida deste pueblo, por estar dentro en la laguna, -por tenellos por amigos, y con ellos creiamos que habian de convocar á -sus comarcanos que tambien estaban poblados en la laguna, y Cortés se -lo agradeció mucho, y con ofrecimientos y palabras blandas los despidió. - -Pues estando que estábamos desta manera, vinieron á decir á Cortés -cómo venian grandes escuadrones de mejicanos sobre los cuatro pueblos -que primero habian venido á nuestra amistad, que se decian Gautinchan -y Huaxutlan; de los otros dos pueblos no se me acuerda el nombre; y -dijeron á Cortés que no osarian esperar en sus casas, é que se querian -ir á los montes, ó venirse á Tezcuco, adonde estábamos; y tantas cosas -le dijeron á Cortés para que les fuese á socorrer, que luego apercebió -veinte de á caballo y ducientos soldados y trece ballesteros y diez -escopeteros, y llevó en su compañía á Pedro de Albarado y á Cristóbal -de Olí, que era maese de campo, y fuimos á los pueblos que vinieron á -Cortés á dar tantas quejas como dicho tengo, que estarian de Tezcuco -obra de dos leguas; y segun pareció, era verdad que los mejicanos los -enviaban á amenazar que les habian de destruir y dalles guerra porque -habian tomado nuestra amistad; mas sobre lo que más los amenazaban -y tenian contiendas, era por unas grandes labores de tierras de -maizales que estaban ya para coger, cerca de la laguna, donde los de -Tezcuco y aquellos pueblos bastecian nuestro real; y los mejicanos por -tomalles el maíz, porque decian que era suyo, y aquella vega de los -maizales tenian por costumbre aquellos cuatro pueblos de los sembrar -y beneficiar para los papas de los ídolos mejicanos; y sobre esto -destos maizales se habian muerto los unos á los otros muchos indios; -y como aquello entendió Cortés, despues de les decir que no hubiesen -miedo y que se estuviesen en sus casas, les mandó que cuando hubiesen -de ir á coger el maíz, así para su mantenimiento como para abastecer -nuestro real, que enviaria para ello un capitan con muchos de á caballo -y soldados para en guarda de los que fuesen á traer el maíz; y con -aquello que Cortés les dijo quedaron muy contentos, y nos volvimos á -Tezcuco. - -Y dende en adelante, cuando habia necesidad en nuestro real de maíz, -apercebiamos á los tamemes de todos aquellos pueblos, é con nuestros -amigos los de Tlascala y con diez de á caballo y cien soldados, con -algunos ballesteros y escopeteros, íbamos por el maíz; y esto digo -porque yo fuí dos veces por ello, y la una tuvimos una buena escaramuza -con grandes escuadrones de mejicanos que habian venido en más de mil -canoas aguardándonos en los maizales, y como llevábamos amigos, puesto -que los mejicanos pelearon muy como varones, los hicimos embarcar en -sus canoas, y allí mataron uno de nuestros soldados é hirieron doce; y -asimismo hirieron muchos tlascaltecas, y ellos no se fueron alabando, -que allí quedaron tendidos quince ó veinte, y otros cinco que llevamos -presos. - -Dejemos de hablar desto, y digamos cómo otro dia tuvimos nueva como -querian venir de paz los de Chalco y Talmalanco y sus sujetos, y por -causa de las guarniciones mejicanas que estaban en sus pueblos, no les -daban lugar á ello, y les hacian mucho daño en su tierra, y les tomaban -las mujeres, y más si eran hermosas, y delante de sus padres ó madres -ó maridos tenian acceso con ellas; y asimismo, como estaba en Tlascala -cortada la madera y puesta á punto para hacer los bergantines, y se -pasaba el tiempo sin la traer á Tezcuco, sentiamos mucha pena dello -todos los más soldados; y demás desto, vienen del pueblo de Venenzuela, -que se decia Mezquique, y de otros pueblos nuestros amigos á decir á -Cortés que los mejicanos les daban guerra porque han tomado nuestra -amistad; y tambien nuestros amigos los tlascaltecas, como tenian ya -junta cierta ropilla y sal, y otras cosas de despojos é oro, y querian -algunos dellos volverse á su tierra, no osaban, por no tener camino -seguro. - -Pues viendo Cortés que para socorrer á unos pueblos de los que le -demandaban socorro, é ir á ayudar á los de Chalco para que viniesen á -nuestra amistad, no podia dar recaudo á unos ni á otros, porque allí -en Tezcuco habia menester estar siempre la barba sobre el hombro y -muy alerta, lo que acordó fué, que todo se dejase atrás, y la primera -cosa que se hiciese fuese ir á Chalco y Talmalanco, y para ello envió -á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de Lugo, con quince de á caballo y -ducientos soldados, y con escopeteros y ballesteros y nuestros amigos -los de Tlascala, é que procurase de romper y deshacer en todas maneras -á las guarniciones mejicanas, y que se fuesen de Chalco y Talmalanco, -porque estuviese el camino de Tlascala muy desembarazado y pudiesen -ir y venir á la Villa-Rica sin tener contradiccion de los guerreros -mejicanos. - -Y luego como esto fué concertado, muy secretamente con indios de -Tezcuco se lo hizo saber á los de Chalco para que estuviesen muy -apercebidos, para dar de dia y de noche en las guarniciones de -mejicanos; y los de Chalco, que no esperaban otra cosa, se apercibieron -muy bien; y como el Gonzalo de Sandoval iba con su ejército, parecióle -que era bien dejar en la retaguarda cinco de á caballo y otros tantos -ballesteros, con todos los más tlascaltecas que iban cargados de los -despojos que habian habido; y como los mejicanos siempre tenian -puestas velas y espías, y sabian cómo los nuestros iban camino de -Chalco, tenian aparejados nuevamente, sin los que estaban en Chalco en -guarnicion, muchos escuadrones de guerreros que dieron en la rezaga, -donde iban los tlascaltecas con su hato, y los trataron mal, que no los -pudieron resistir los cinco de á caballos y ballesteros, porque los dos -ballesteros quedaron muertos y los demás heridos. - -De manera que, aunque el Gonzalo de Sandoval muy presto volvió sobre -ellos y los desbarató, y mató siete mejicanos, como estaba la laguna -cerca, se le acogieron á las canoas en que habian venido, porque todas -aquellas tierras están muy pobladas de los sujetos de Méjico; y cuando -los hubo puesto en huida, é vió que los cinco de á caballo que habia -dejado con los ballesteros y escopeteros en la retaguardia, eran dos -de los ballesteros muertos, y estaban los demás heridos, ellos y sus -caballos; y aun con haber visto todo esto, no dejó de decilles á los -demás que dejó en su defensa que habian sido para poco en no haber -podido resistir á los enemigos y defender sus personas y de nuestros -amigos, y estaba muy enojado dellos, porque eran de los nuevamente -venidos de Castilla, y les dijo que bien le parecia que no sabian qué -cosa era guerra; y luego puso en salvo todos los indios de Tlascala -con su ropa, y tambien despachó unas cartas que envió Cortés á la -Villa-Rica, en que en ellas envió á decir al capitan que en ella -quedó todo lo acaecido acerca de nuestras conquistas y el pensamiento -que tenia de poner cerco á Méjico, y que siempre estuviesen con mucho -cuidado velándose; y que si habia algunos soldados que estuviesen en -disposicion para tomar armas, que se los enviase á Tlascala, y que de -allí no pasasen hasta estar los caminos más seguros, porque corrian -riesgo. - -Y despachados los mensajeros, y los tlascaltecas puestos en su tierra, -volvió Sandoval para Chalco, que era muy cerca de allí, y con gran -concierto sus corredores del campo adelante; porque bien entendió que -en todos aquellos pueblos y caserías por donde iba, que habia de tener -rebato de mejicanos; é yendo por su camino, cerca de Chalco vió venir -muchos escuadrones mejicanos contra él, y en un campo llano, puesto que -habia grandes labranzas de maizales y magueis, que es de donde sacan el -vino que ellos beben, le dieron una buena refriega de vara y flecha, y -piedras con hondas, y con lanzas largas para matar á los caballos. - -De manera que Sandoval cuando vido tanto guerrero contra sí, esforzando -á los suyos, rompió por ellos dos veces, y con las escopetas y -ballestas y con pocos amigos que le habian quedado los desbarató; y -puesto que le hirieron cinco soldados y seis caballos y muchos amigos, -mas tal priesa les dió, y con tanta furia, que le pagaron muy bien el -mal que primero le habian hecho; y como lo supieron los de Chalco, -que estaban cerca, le salieron á recebir al Sandoval al camino, y le -hicieron mucha honra y fiesta; y en aquella derrota se prendieron ocho -mejicanos, y los tres personas muy principales. - -Pues hecho esto, otro dia dijo el Sandoval que se queria volver á -Tezcuco, y los de Chalco le dijeron que querian ir con él para ver y -hablar á Malinche, y llevar consigo dos hijos del señor de aquella -provincia, que habia pocos dias que era fallecido de viruelas, y que -ántes que muriese, que habia encomendado á todos sus principales y -viejos que llevasen sus hijos para verse con el capitan, y que por su -mano fuesen señores de Chalco; y que todos procurasen de ser sujetos al -gran Rey de los teules, porque ciertamente sus antepasados les habian -dicho que habian de señorear aquellas tierras hombres que vernian con -barbas de hácia donde sale el sol, y que por las cosas que han visto -éramos nosotros; y luego se fué el Sandoval con todo su ejército -á Tezcuco, y llevó en su compañía los hijos del señor y los demás -principales y los ocho prisioneros mejicanos, y cuando Cortés supo su -venida se alegró en gran manera; y despues de haber dado cuenta el -Sandoval de su viaje y cómo venian aquellos señores de Chalco, se fué á -su aposento; y los caciques se fueron luego ante Cortés, y despues de -le haber hecho grande acato, le dijeron la voluntad que traian de ser -vasallos de su majestad y segun y de la manera que el padre de aquellos -dos mancebos se lo habia mandado, y para que por su mano les hiciese -señores; y cuando hubieron dicho su razonamiento, le presentaron en -joyas ricas obra de ducientos pesos de oro. - -Y como el capitan Cortés lo hubo muy bien entendido por nuestras -lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, les mostró mucho amor y les -abrazó, y dió por su mano el señorio de Chalco al hermano mayor, con -más de la mitad de los pueblos sus sujetos; y todo lo de Talmalanco y -Chimaloacan dió al hermano menor, con Ayocingo y otros pueblos sujetos. - -Y despues de haber pasado otras muchas razones de Cortés á los -principales viejos y con los caciques nuevamente elegidos, le dijeron -que se querian volver á su tierra, y que en todo servirian á su -majestad, y á nosotros en su Real nombre, contra mejicanos, é que -con aquella voluntad habian estado siempre, é que por causa de las -guarniciones mejicanas que habian estado en su provincia no han venido -ántes de ahora á dar la obediencia; y tambien dieron nuevas á Cortés -que dos españoles que habia enviado á aquella provincia por maíz ántes -que nos echasen de Méjico, que porque los culchúas no los matasen, que -los pusieron en salvo una noche en Guaxocingo nuestros amigos, y que -allí salvaron las vidas, lo cual ya lo sabiamos dias habia, porque -el uno dellos era el que se fué á Tlascala, y Cortés se lo agradeció -mucho, é les rogó que esperasen allí dos dias, porque habia de enviar -un capitan por la madera y tablazon á Tlascala, y los llevaria en -su compañía y les pornia en su tierra, porque los mejicanos no les -saliesen al camino; y ellos fueron muy contentos y se lo agradecieron -mucho. - -Y dejemos de hablar en esto, y diré cómo Cortés acordó de enviar á -Méjico aquellos ocho prisioneros que prendió Sandoval en aquella -derrota de Chalco, á decir al señor que entónces habian alzado por Rey, -que se decia Guatemuz, que deseaba mucho que no fuesen causa de su -perdicion ni de aquella tan gran ciudad, y que viniesen de paz, y que -les perdonaria la muerte y daños que en ella nos hicieron, y que no se -les demandaria cosa ninguna; y que las guerras, que á los principios -son buenas de comenzar, y que al cabo se destruirian; y que bien -sabiamos de las albarradas é pertrechos, almacenes de varas, y flecha, -y lanzas, y macanas é piedras rollizas, y todos los géneros de guerra -que á la continua están haciendo y aparejando, que para qué es gastar -el tiempo en balde en hacello, y que para qué quiere que mueran todos -los suyos y la ciudad se destruya; y que mire el gran poder de nuestro -Señor Dios, que es en el que creemos y adoramos, que él siempre nos -ayuda; é que tambien mire que todos los pueblos sus comarcanos tenemos -de nuestro bando, pues los tlascaltecas no desean sino la misma guerra -por vengarse de las traiciones y muertes de sus naturales que les han -hecho, y que dejen las armas y vengan de paz, y les prometió de hacer -siempre mucha honra. - -Y les dijo doña Marina é Aguilar otras muchas buenas razones y consejos -sobre el caso; y fueron ante el Guatemuz aquellos ocho indios nuestros -mensajeros; mas no quiso hacer cuenta dellos el Guatemuz ni enviar -respuesta ninguna, sino hacer albarradas y pertrechos, y enviar por -todas sus provincias á mandar que si algunos de nosotros tomasen -desmandados que se los trujesen á Méjico para sacrificar, y que cuando -los enviasen á llamar, que luego viniesen con sus armas; y les envió á -quitar y perdonar muchos tributos, y aun á prometer grandes promesas. - -Dejemos de hablar en los aderezos de guerra que en Méjico se hacian, -y digamos cómo volvieron otra vez muchos indios de los pueblos de -Guatinchan ó Guaxutlan descalabrados de los mejicanos porque habian -tomado nuestra amistad y por la contienda de los maizales que solian -sembrar para los papas mejicanos en el tiempo que les servian, como -otras veces he dicho en el capítulo que dello habla; y como estaban -cerca de la laguna de Méjico, cada semana les venian á dar guerra, y -aun llevaron ciertos indios presos á Méjico; y como aquello vió Cortés, -acordó de ir otra vez por su persona y con cien soldados y veinte de -á caballo y doce escopeteros y ballesteros; y tuvo buenas espías para -cuando sintiesen venir los escuadrones mejicanos, que se lo viniesen á -decir; y como estaba de Tezcuco aún no dos leguas, un miércoles por la -mañana amaneció adonde estaban los escuadrones mejicanos, y pelearon -ellos de manera que presto los rompió, y se metieron en la laguna en -sus canoas, y allí se mataron cuatro mejicanos y se prendieron otros -tres, y se volvió Cortés con su gente á Tezcuco; y dende en adelante no -vinieron más los culchúas sobre aquellos pueblos. - -Y dejemos esto, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á -Tlascala por la madera y tablazon de los bergantines, y lo que más en -el camino hizo. - - - - -CAPÍTULO CXL. - -CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á TLASCALA POR LA MADERA DE LOS -BERGANTINES, Y LO QUE MÁS EN EL CAMINO HIZO EN UN PUEBLO QUE LE PUSIMOS -POR NOMBRE EL PUEBLO-MORISCO. - - -Como siempre estábamos con grande deseo de tener ya los bergantines -acabados y vernos ya en el cerco de Méjico, y no pender ningun tiempo -en balde, mandó nuestro capitan Cortés que luego fuese Gonzalo de -Sandoval por la madera, y que llevase consigo ducientos soldados y -veinte escopeteros y ballesteros y quince de á caballo, y buena copia -de tlascaltecas y veinte principales de Tezcuco, y llevase en su -compañía á los mancebos de Chalco y á los viejos, y los pusiesen en -salvo en sus pueblos; é ántes que partiesen hizo amistades entre los -tlascaltecas y los de Chalco; porque, como los de Chalco solian ser del -bando y confederados de los mejicanos, y cuando iban á la guerra los -mejicanos sobre Tlascala llevaban en su compañía á los de la provincia -de Chalco para que les ayudasen, por estar en aquella comarca, desde -entónces se tenian mala voluntad y se trataban como enemigos; mas como -he dicho, Cortés los hizo amigos allí en Tezcuco, de manera que siempre -entre ellos hubo gran amistad, y se favorecieron de allí adelante los -unos de los otros. - -Y tambien mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que cuando tuviesen -puestos en su tierra los de Chalco, que fuesen á un pueblo que allí -cerca estaba en el camino, que en nuestra lengua le pusimos por nombre -el Pueblo-Morisco, que era sujeto á Tezcuco; porque en aquel pueblo -habian muerto cuarenta y tantos soldados de los de Narvaez y aun de -los nuestros y muchos tlascaltecas, y robado tres cargas de oro cuando -nos echaron de Méjico; y los soldados que mataron eran que venian de -la Veracruz á Méjico cuando íbamos en el socorro de Pedro de Albarado; -y Cortés le encargó al Sandoval que no dejase aquel pueblo sin buen -castigo, puesto que más merecian los de Tezcuco, porque ellos fueron -los agresores y capitanes de aquel daño, como en aquel tiempo eran muy -hermanos en armas con la gran ciudad de Méjico, y porque en aquella -sazon no se podia hacer otra cosa, se dejó de castigar en Tezcuco. - -Y volvamos á nuestra plática, y es que Gonzalo de Sandoval hizo lo -que el capitan le mandó, así en ir á la provincia de Chalco, que poco -se rodeaba, y dejar allí á los dos mancebos señores della, y fué al -Pueblo-Morisco, y ántes que llegasen los nuestros ya sabian por sus -espías cómo iban sobre ellos, y desamparan el pueblo y se van huyendo -á los montes, y el Sandoval los siguió, y mató tres ó cuatro porque -hubo mancilla dellos; mas hubiéronse mujeres y mozas, é prendió cuatro -principales, y el Sandoval los halagó á los cuatro que prendió, y les -dijo que cómo habian muerto tantos españoles. - -Y dijeron que los de Tezcuco y de Méjico los mataron en una celada -que les pusieron en una cuesta por donde no podian pasar sino uno á -uno, porque era muy angosto el camino; y que allí cargaron sobre ellos -gran copia de mejicanos y de Tezcuco, y que entónces los prendieron -y mataron, y que los de Tezcuco los llevaron á su ciudad, y los -repartieron con los mejicanos; y esto que les fué mandado, y que no -pudieron hacer otra cosa; y que aquello que hicieron, que fué en -venganza del señor de Tezcuco, que se decia Cacamatzin, que Cortés tuvo -preso y se habia muerto en las puentes. - -Hallóse allí en aquel pueblo mucha sangre de los españoles que -mataron, por las paredes, que habian rociado con ella á sus ídolos; -y tambien se halló dos caras que habian desollado, y adobado los -cueros como pellejos de guantes, y las tenian con sus barbas puestas -y ofrecidas en unos de sus altares; y asimismo se halló cuatro cueros -de caballos curtidos, muy bien aderezados, que tenian sus pelos y con -sus herraduras, colgados y ofrecidos á sus ídolos en el su cu mayor; y -halláronse muchos vestidos de los españoles que habian muerto, colgados -y ofrecidos á los mismos ídolos; y tambien se halló en un mármol de una -casa, adonde los tuvieron presos, escrito con carbones: «Aquí estuvo -preso el sin ventura de Juan Yuste, con otros muchos que traia en mi -compañía.» - -Este Juan Yuste era un hidalgo de los de á caballo que allí mataron, y -de las personas de calidad que Narvaez habia traido; de todo lo cual el -Sandoval y todos sus soldados hubieron mancilla y les pesó; mas ¿qué -remedio habia ya que hacer sino usar de piedad con los de aquel pueblo, -pues se fueron huyendo y no aguardaron, y llevaron sus mujeres é hijos, -y algunas mujeres que se prendian lloraban por sus maridos y padres? -Y viendo esto el Sandoval, á cuatro principales que prendió y á todas -las mujeres las soltó, y envió á llamar á los del pueblo, los cuales -vinieron y le demandaron perdon, y dieron la obediencia á su majestad -y prometieron de ser siempre contra mejicanos y servirnos muy bien; y -preguntados por el oro que robaron á los tlascaltecas cuando por allí -pasaron, dijeron que otros habian tomado las cargas dello, y que los -mejicanos y los señores de Tezcuco se lo llevaron, porque dijeron que -aquel oro habia sido de Montezuma, y que lo habia tomado de sus templos -y se lo dió á Malinche, que lo tenia preso. - -Dejemos de hablar desto, y digamos cómo fué Sandoval camino de -Tlascala, y junto á la cabecera del pueblo mayor, donde residian los -caciques, topó con toda la madera y tablazon de los bergantines, que -la traian á cuestas sobre ocho mil indios, y venian otros tantos á -la retaguarda dellos con sus armas y penachos, y otros dos mil para -remudar las cargas que traian el bastimento; y venian por capitanes de -todos los tlascaltecas Chichimecatecle, que ya he dicho otras veces en -los capítulos pasados que dello hablan, que era indio muy principal -y esforzado; y tambien venian otros dos principales, que se decian -Teulepile y Teutical, y otros caciques y principales, y á todos los -traia á cargo Martin Lopez, que era el maestro que cortó la madera y -dió la cuenta para las tablazones, y venian otros españoles que no me -acuerdo sus nombres; y cuando Sandoval los vió venir de aquella manera -hubo mucho placer por ver que le habian quitado aquel cuidado, porque -creyó que estuviera en Tlascala algunos dias detenido, esperando á -salir con toda la madera y tablazon; y así como venian, con el mismo -concierto fueron dos dias caminando, hasta que entraron en tierra de -mejicanos, y les daban gritos desde las estancias y barrancas, y en -partes que no les podian hacer mal ninguno los nuestros con caballos ni -escopetas. - -Entónces dijo el Martin Lopez, que lo traia todo á cargo, que seria -bien que fuesen con otro recaudo que hasta entónces venian, porque los -tlascaltecas le habian dicho que temian aquellos caminos no saliesen -de repente los grandes poderes de Méjico y les desbaratasen, como -iban cargados y embarazados con la madera y bastimentos; y luego -mandó Sandoval repartir los de á caballo y ballesteros y escopeteros, -que fuesen unos en la delantera y los demás en los lados; y mandó á -Chichimecatecle, que iba por capitan delante de todos los tlascaltecas, -que se quedase detrás para ir en la retaguarda juntamente con el -Gonzalo de Sandoval; de lo cual se afrentó aquel cacique, creyendo que -no le tenian por esforzado; y tantas cosas le dijeron sobre aquel caso, -que lo hubo por bueno viendo que el Sandoval quedaba juntamente con él, -y le dieron á entender que siempre los mejicanos daban en el fardaje, -que quedaba atrás; y como lo hubo bien entendido, abrazó al Sandoval y -dijo que le hacian honra en aquello. - -Dejemos de hablar en esto, y digamos que en otros dos dias de camino -llegaron á Tezcuco, y ántes que entrasen en aquella ciudad se pusieron -muy buenas mantas y penachos, y con atambores y cornetas, puestos en -ordenanza, caminaron, y no quebraron el hilo en más de medio dia que -iban entrando y dando voces y silbos y diciendo: - -—«Viva, viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, y -Tlascala, Tlascala.» - -Y llegaron á Tezcuco y Cortés y ciertos capitanes les salieron á -recebir, con grandes ofrecimientos que Cortés hizo á Chichimecatecle y -á todos los capitanes que traia; é las piezas de maderos y tablazones -y todo lo demás perteneciente á los bergantines se puso cerca de las -zanjas y esteros donde se habian de labrar; y desde allí adelante tanta -priesa se daban en hacer trece bergantines el Martin Lopez, que fué -el maestro de los hacer, con otros españoles que le ayudaban, que se -decian Andrés Nuñez y un viejo que se decia Ramirez, que estaba cojo de -una herida, y un Diego Hernandez, aserrador, y ciertos carpinteros, y -dos herreros con sus fraguas, y un Hernando de Aguilar, que les ayudaba -á machacar; todos se dieron gran priesa hasta que los bergantines -estuvieron armados y no faltó sino calafeteallos y ponellos los -mástiles y jarcias y velas. - -Pues ya hecho esto, quiero decir el gran recaudo que teniamos en -nuestro real de espías y escuchas y guarda para los bergantines, porque -estaban junto á la laguna, y los mejicanos procuraron tres veces de -les poner fuego, y aun prendimos quince indios de los que lo venian á -poner, de quien se supo muy largamente todo lo que en Méjico hacian y -concertaba Guatemuz; y era, que por via ninguna habian de hacer paces, -sino morir todos peleando ó quitarnos á todos las vidas. - -Quiero tornar á decir los llamamientos y mensajeros en todos los -pueblos sujetos á Méjico, y cómo les perdonaba el tributo y el -trabajar, que de dia y de noche trabajaban de hacer casas y ahondar -los pasos de las puentes y hacer albarradas muy fuertes, y poner á -punto sus varas y tiraderas, y hacer unas lanzas muy largas para matar -los caballos, engastadas en ellas de las espadas que nos tomaron la -noche del desbarate, y poner á punto sus hondas con piedras rollizas, -y espadas de á dos manos, y otras mayores que espadas, como macanas, y -todo género de guerra. - -Dejemos esta materia, y volvamos á decir de nuestra zanja y acequia, -por donde habian de salir los bergantines á la gran laguna, que estaba -ya muy ancha y honda, que podian nadar por ella navíos de razonable -porte; porque, como otras veces he dicho, siempre andaban en la obra -ocho mil indios trabajadores. - -Dejemos esto, y digamos cómo nuestro Cortés fué á una entrada de -Saltocan. - - - - -CAPÍTULO CXLI. - -CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA AL PUEBLO DE SALTOCAN, -QUE ESTÁ DE LA CIUDAD DE MÉJICO OBRA DE SEIS LEGUAS, PUESTO Y POBLADO -EN LA LAGUNA, Y DENDE ALLÍ Á OTROS PUEBLOS, Y LO QUE EN EL CAMINO PASÓ -DIRÉ ADELANTE. - - -Cómo habian venido allí á Tezcuco sobre quince mil tlascaltecas con la -madera de los bergantines, y habia cinco dias que estaban en aquella -ciudad sin hacer cosa que de contar sea, y no tenian mantenimientos, -ántes les faltaban; y como el capitan de los tlascaltecas era muy -esforzado y orgulloso, que ya he dicho otras veces que se decia -Chichimecatecle, dijo á Cortés que queria ir á hacer algun servicio á -nuestro gran Emperador y batallar contra mejicanos, ansí por mostrar -sus fuerzas y buena voluntad para con nosotros, como para vengarse de -las muertes y robos que habian hecho á sus hermanos y vasallos, ansí en -Méjico como en sus tierras; y que le pedia por merced que ordenase y -mandase á qué parte podrian ir que fuesen nuestros enemigos. - -Y Cortés les dijo que les tenia en mucho su buen deseo, y que otro -dia queria ir á un pueblo que se dice Saltocan, que está de aquella -ciudad cinco leguas, mas que están fundadas las casas en el agua de la -laguna, é que habia entrada para él por tierra; el cual pueblo habia -enviado á llamar de paz dias habia tres veces, y no quiso venir, y -que les tornó á enviar mensajeros nuevamente con los de Tepetezcuco y -de Obtumba, que eran sus vecinos, y que en lugar de venir de paz, no -quisieron, ántes trataron mal á los mensajeros y descalabraron dello, -y la respuesta que dieron fué, que si allá íbamos, que no tenian ménos -fuerza y fortaleza; que fuesen cuando quisiesen, que en el campo les -hallariamos; é que habian tenido aquella respuesta de sus ídolos que -allí nos matarian, y que les aconsejaron los ídolos que esta respuesta -diesen. - -Y á esta causa Cortés se apercebió para ir él en persona á aquella -entrada, y mandó á ducientos y cincuenta soldados que fuesen en su -compañía, y treinta de á caballo, y llevó consigo á Pedro de Albarado -y á Cristóbal de Olí y muchos ballesteros y escopeteros, y á todos -los tlascaltecas, y una capitanía de hombres de guerra de Tezcuco, y -los más dellos principales; y dejó en guarda de Tezcuco, á Gonzalo de -Sandoval, para que mirase mucho por los bergantines y real, no diesen -una noche en él; porque ya he dicho que siempre habiamos de estar la -barba sobre el hombro, lo uno por estar tan á la raya de Méjico, y -lo otro por estar en tan gran ciudad como era Tezcuco, y todos los -vecinos de aquella ciudad eran parientes y amigos de mejicanos; y mandó -al Sandoval y á Martin Lopez, maestro de hacer los bergantines, que -dentro de quince dias los tuviesen muy á punto para echar al agua y -navegar en ellos, y se partió de Tezcuco para hacer aquella entrada. - -Despues de haber oido Misa salió con su ejército, é yendo su camino, -no muy léjos de Saltocan encontró con unos grandes escuadrones de -mejicanos, que le estaban aguardando en parte que creyeron aprovecharse -de nuestros españoles y matar los caballos; mas Cortés marchó con los -de á caballo, y él juntamente con ellos; y despues de haber disparado -las escopetas y ballestas, rompieron por ellos y mataron algunos de los -mejicanos, porque luego se acogieron á los montes y á partes que los de -á caballo no los pudieron seguir; mas nuestros amigos los tlascaltecas -prendieron y mataron obra de treinta. - -Y aquella noche fué Cortés á dormir á unas caserías, y estuvo muy sobre -aviso con sus corredores de campo y velas y rondas y espías, porque -estaba entre grandes poblaciones; y supo que Guatemuz, señor de Méjico, -habia enviado muchos escuadrones de gente de guerra á Saltocan para -les ayudar, los cuales fueron en canoas por unos hondos esteros; y -otro dia de mañana junto al pueblo comenzaron los mejicanos y los de -Saltocan á pelear con los nuestros, y tirábanles mucha vara y flecha, y -piedra con hondas desde las acequias donde estaban, é hirieron á diez -de nuestros soldados y muchos de los amigos tlascaltecas, y ningun mal -les podian hacer los de á caballo, porque no podian correr ni pasar los -esteros, que estaban todos llenos de agua, y el camino y calzada que -solian tener, por donde entraban por tierra en el pueblo, de pocos dias -le habian deshecho y le abrieron á mano, y la ahondaron de manera que -estaba hecho acequia y lleno de agua, y por esta causa los nuestros no -podian en ninguna manera entralles en el pueblo ni hacer daño ninguno; -y puesto que los escopeteros y ballesteros tiraban á los que andaban en -canoas, traíanlas tan bien armadas de talabardones de madera, é demás -de los talabardones, guardábanse bien. - -Y nuestros soldados, viendo que no aprovechaba cosa ninguna y no -podian atinar el camino y calzada que de ántes tenian en el pueblo, -porque todo lo hallaban lleno de agua, renegaban del pueblo y aun de -la venida sin provecho, y aun medio corridos de cómo los mejicanos y -los del pueblo les daban grande grita y les llamaban de mujeres, é que -Malinche era otra mujer, y que no era esforzado sino para engañarlos -con palabras y mentiras; y en este instante dos indios de los que allí -venian con los nuestros, que eran de Tepetezcuco, que estaban muy mal -con los de Saltocan, dijeron á un nuestro soldado, que habia tres dias -que vinieron, cómo abrian la calzada y la lavaron y la hicieron zanja, -y echaron de otra acequia el agua por ella, y que no muy léjos adelante -está por abrir é iba camino al pueblo. - -Y cuando nuestros soldados lo hubieron entendido, y por donde los -indios les señalaron, se ponen en gran concierto los ballesteros y -escopeteros, unos armando y otros soltando, y esto poco á poco, y no -todos á la par, y el agua á vuelapié, y á otras partes á más de la -cinta, pasan todos nuestros soldados, y muchos amigos siguiéndolos, y -Cortés con los de á caballo aguardándolos en tierra firme, haciéndoles -espaldas, porque temió no viniesen otra vez los escuadrones de Méjico y -diesen en la rezaga; y cuando pasaban las acequias los nuestros, como -dicho tengo, los contrarios daban en ellos como á terrero, y hirieron -muchos; mas, como iban deseosos de llegar á la calzada que estaba por -abrir, todavía pasan adelante, hasta que dieron en ella por tierra sin -agua, y vanse al pueblo. - -Y en fin de más razones, tal mano les dieron, que les mataron muchos -mejicanos, y lo pagaron muy bien, é la burla que dellos hacian; donde -hubieron mucha ropa de algodon y oro y otros despojos; y como estaban -poblados en la laguna, de presto se meten los mejicanos y los naturales -del pueblo en sus canoas con todo el hato que pudieron llevar, y se -van á Méjico; y los nuestros, de que los vieron despoblados, quemaron -algunas casas, y no osaron dormir en él por estar en el agua, y se -vinieron donde estaba el capitan Cortés aguardándolos; y allí en aquel -pueblo se hubieron muy buenas indias, y los tlascaltecas salieron ricos -con mantas, sal y oro y otros despojos, y luego se fueron á dormir á -unas caserías que serian una legua de Saltocan, y allí se curaron, y un -soldado murió dende á pocos dias de un flechazo que le dieron por la -garganta; y luego se pusieron velas y corredores del campo, y hubo buen -recaudo, porque todas aquellas tierras estaban muy pobladas de culchúas. - -Y otro dia fueron camino de un gran pueblo que se dice Coluatilan, -é yendo por el camino, los de aquellas poblaciones y otros muchos -mejicanos que con ellos se juntaban, les daban muy grande grita y -voces, diciéndoles vituperios, y era en parte que no podian correr -los caballos ni se les podia hacer ningun daño, porque estaban entre -acequias; y desta manera llegaron á aquella poblacion, y estaba -despoblado de aquel mismo dia y alzado el hato, y en aquella noche -durmieron allí con grandes velas y rondas; y otro dia fueron camino de -un gran pueblo que se dice Tenayuca, y este pueblo soliamos llamar la -primera vez que entramos en Méjico el pueblo de las Sierpes, porque en -el adoratorio mayor que tenian hallamos dos grandes bultos de sierpes -de malas figuras, que eran sus ídolos en quien adoraban. - -Dejemos esto, y digamos del camino, y es que este pueblo hallaron -despoblado como el pasado, que todos los indios naturales dellos se -habian juntado en otro pueblo que estaba más adelante; y desde allí fué -á otro pueblo que se dice Escapuzalco, que seria del uno al otro una -legua, y asimismo estaba despoblado. - -Este Escapuzalco era donde labraban el oro é plata al gran Montezuma, -y soliamos llamar el pueblo de los Plateros; y desde aquel pueblo fué -á otro, que ya he dicho que se dice Tacuba, que es obra de media legua -el uno del otro. En este pueblo fué donde reparamos la triste noche -cuando salimos de Méjico desbaratados, y en él nos mataron ciertos -soldados, segun dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla. - -Y tornemos á nuestra plática: que ántes que nuestro ejército llegase -al pueblo, estaban en campo aguardando á Cortés muchos escuadrones de -todos aquellos pueblos por donde habia pasado, y los de Tacuba y de -mejicanos, porque Méjico está muy cerca dél, y todos juntos comenzaron -á dar en los nuestros, de manera que tuvo harto nuestro capitan de -romper en ellos con los de á caballo; y andaban tan juntos los unos -con los otros, que nuestros soldados á buenas cuchilladas los hicieron -retraer; y como era noche, durmieron en el pueblo con buenas velas -y escuchas, y otro dia de mañana, si muchos mejicanos habian estado -juntos, muchos más se juntaron aquel dia, y con gran concierto venian á -darnos guerra, de tal manera que herian algunos soldados; mas todavía -los nuestros los hicieron retraer en sus casas y fortaleza, de manera -que tuvieron tiempo de les entrar en Tacuba y quemalles muchas casas -y metelles á sacomano. - -Y como aquello supieron en Méjico, ordenaron de salir muchos más -escuadrones de su ciudad á pelear con Cortés, y concertaron que cuando -peleasen con él, que hiciesen que volvian huyendo hácia Méjico, y que -poco á poco metiesen á nuestro ejército en su calzada, y que cuando los -tuviesen dentro, haciendo como que se retraian de miedo; é ansí como -lo concertaron lo hicieron, y Cortés, creyendo que llevaba vitoria, -los mandó seguir hasta una puente; y cuando los mejicanos sintieron -que tenian ya metido á Cortés en el garlito pasada la puente, vuelve -sobre él tanta multitud de indios, que unos por tierra, otros con -canoas y otros en las azuteas, le dan tal mano, que le ponen en tan -gran aprieto, que estuvo la cosa de arte, que creyó ser perdido é -desbaratado; porque á una puente donde habia llegado cargaron tan de -golpe sobre él, que ni poco ni mucho se podia valer; é un alférez que -llevaba una bandera, por sostener el gran ímpetu de los contrarios le -hirieron muy malamente y cayó con su bandera desde la puente abajo en -el agua, y estuvo en ventura de no se ahogar, y aun le tenian ya asido -los mejicanos para le meter en unas canoas, y él fué tan esforzado, que -se escapó con su bandera; y en aquella refriega mataron cinco soldados, -é hirieron muchos de los nuestros. - -Y Cortés, viendo el gran atrevimiento y mala consideracion que habia -hecho en haber entrado en la calzada de la manera que he dicho, y -sintió cómo los mejicanos le habian cebado, luego mandó que todos -se retrajesen; y con el mejor concierto que pudo, y no vueltas las -espaldas, sino los rostros á los contrarios, pié contra pié, como quien -hace represas, y los ballesteros y escopeteros unos armando y otros -tirando, y los de á caballo haciendo algunas arremetidas, mas eran muy -pocas, porque luego les herian los caballos; y desta manera se escapó -Cortés aquella vez del poder de Méjico, y cuando se vió en tierra firme -dió muchas gracias á Dios. - -Allí en aquella calzada y puente fué donde un Pedro de Ircio, muchas -veces por mí nombrado, dijo al alférez que cayó con la bandera en la -laguna, que se decia Juan Volante, por le afrentar (que no estaba bien -con él por amores de una mujer) ciertas palabras pesadas, y no tuvo -razon de decir aquellas palabras porque el alférez era un hidalgo y -hombre muy esforzado, y como tal se mostró aquella vez y otras muchas; -y al Pedro de Ircio no le fué muy bien de su mala voluntad que tenia -contra Juan Volante, el tiempo andando. - -Dejemos á Pedro de Ircio, y digamos que en cinco dias que allí en lo -de Tacuba estuvo Cortés tuvo batalla y reencuentros con los mejicanos -y sus aliados; y desde allí dió la vuelta para Tezcuco, y por el -camino que habia venido se volvió, y le daban grita los mejicanos, -creyendo que volvia huyendo, y aun sospecharon lo cierto, que con gran -temor volvió; y les esperaban en partes que querian ganar honra con -él y matalle los caballos, y le echaban celadas; y como aquello vió, -les echó una en que les mató é hirió muchos de los contrarios, é á -Cortés entónces le mataron dos caballos é un soldado, y con esto no le -siguieron más, é á buenas jornadas llegó á un pueblo sujeto á Tezcuco, -que se dice Aculman, que estará de Tezcuco dos leguas y media. - -Y como lo supimos cómo habia allí llegado, salimos con Gonzalo de -Sandoval á le ver y recebir, acompañados de muchos caballos y soldados -y de los caciques de Tezcuco, especial de D. Hernando, principal de -aquella ciudad; y en las vistas nos alegramos mucho, porque habia más -de quince dias que no habiamos sabido de Cortés ni de cosa que le -hubiese acaecido; y despues de le haber dado el bien venido y haberle -hablado algunas cosas que convenian sobre lo militar, nos volvimos -á Tezcuco aquella tarde, porque no osábamos dejar el real sin buen -recado; y nuestro Cortés se quedó en aquel pueblo hasta otro dia, que -llegó á Tezcuco; y los tlascaltecas, como ya estaban ricos y venian -cargados de despojos, demandaron licencia para irse á su tierra, y -Cortés se la dió; y fueron por parte que los mejicanos no tuvieron -espías sobre ellos, y salvaron sus haciendas. - -Y á cabo de cuatro dias que nuestro capitan reposaba y estaba dando -priesa en hacer los bergantines, vinieron unos pueblos de la costa -del Norte á demandar paces y darse por vasallos de su majestad, los -cuales pueblos se llaman Tucapan y Mascalcingo é Naultran, y otros -pueblezuelos de aquellas comarcas, y trajeron un presente de oro y -ropa de algodon; y cuando llegaron delante de Cortés, con gran acato, -despues de haber dado su presente, dijeron que le pedian por merced -que les admitiese á su amistad, y que querian ser vasallos del Rey de -Castilla, y dijeron que cuando los mejicanos mataron sus teules en -lo de Almería, y era capitan dellos Quete Alpopoca, que ya habiamos -quemado por justicia, que todos aquellos pueblos que allí venian fueron -en ayudar á los teules; y despues que Cortés les hubo oido, puesto que -entendia que habian sido con los mejicanos en la muerte de Juan de -Escalante y los seis soldados que le mataron en lo de Almería, segun -he dicho en el capítulo que dello habla, les mostró mucha voluntad y -recibió el presente, y por vasallos del Emperador nuestro señor, y -no les demandó cuenta sobre lo acaecido ni se lo trajo á la memoria, -porque no estaba en tiempo de hacer otra cosa; y con buenas palabras y -ofrecimientos los despachó. - -Y en este instante vinieron á Cortés otros pueblos de los que se -habian dado por nuestros amigos á demandar favor contra mejicanos, y -decian que les fuésemos á ayudar, porque venian contra ellos grandes -escuadrones, y les habian entrado en su tierra y llevado presos muchos -de sus indios, y á otros habian descalabrado. - -Y tambien en aquella sazon vinieron los de Chalco y Talmanalco, y -dijeron que si luego no les socorrian que serian perdidos, porque -estaban sobre ellos muchas guarniciones de sus enemigos; y tantas -lástimas decian, que traian en un paño de manta de nequen pintado al -natural los escuadrones que sobre ellos venian, que Cortés no sabia qué -se decir ni qué respondelles, ni dar remedio á los unos ni á los otros; -porque habia visto que estábamos muchos de nuestros soldados heridos -y dolientes, y se habian muerto ocho de dolor de costado y de echar -sangre cuajada, revuelta con lodo, por la boca y narices; y era del -quebrantamiento de las armas que siempre traiamos á cuestas, é de que á -la continua íbamos á las entradas, y de polvo que en ellas tragábamos; -y demás desto, viendo que se habian muerto tres ó cuatro soldados de -heridas, que nunca parábamos de ir á entrar, unos venidos y otros -vueltos. - -La respuesta que les dió á los primeros pueblos fué que les halagó y -dijo que iria presto á les ayudar, y que entre tanto que iba, que se -ayudasen de otros pueblos sus vecinos, y que esperasen en campo á los -mejicanos, y que todos juntos les diesen guerra, é que si los mejicanos -viesen que les mostraban cara y ponian fuerzas contra ellos, que -temerian, é que ya no tenian tantos poderes los mejicanos para les dar -guerra como solian, porque tenian muchos contrarios; y tantas palabras -les dijo con nuestras lenguas, é les esforzó, que reposaron algo sus -corazones, y no tanto, que luego demandaron cartas para dos pueblos -sus comarcanos, nuestros amigos, para que les fuesen á ayudar. - -Las cartas en aquel tiempo no las entendian; más bien sabian que entre -nosotros se tenia por cosa cierta que cuando se enviaban eran como -mandamientos ó señales que les mandaban algunas cosas de calidad; é -con ellas se fueron muy contentos, y las mostraron á sus amigos y los -llamaron; y como nuestro Cortés se lo mandó, aguardaron en el campo á -los mejicanos y tuvieron con ellos una batalla, y con ayuda de nuestros -amigos sus vecinos, á quien dieron la carta, no les fué mal en la pelea. - -Volvamos á los de Chalco: que viendo nuestro Cortés que era cosa muy -importante para nosotros que aquella provincia estuviese desembarazada -de gentes de Culchúa, porque, como he dicho otra vez, por allí habian -de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á Tlascala, y habiamos -de mantener nuestro real, porque es tierra de mucho maíz, luego mandó á -Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, que se aparejase para otro -dia de mañana ir á Chalco, y le mandó dar veinte á caballo y ducientos -soldados, y doce ballesteros y diez escopeteros, y los tlascaltecas que -habia en nuestro real, que eran muy pocos, porque, como dicho habemos -en este capítulo, todos los más se habian ido á su tierra cargados de -despojos, y tambien llevó una capitanía de los de Tezcuco, y en su -compañía al capitan Luis Marin, que era su muy íntimo amigo; y quedamos -en guarda de aquella ciudad y bergantines Cortés é Pedro de Albarado y -Cristóbal de Olí con los demás soldados. - -Y ántes que Gonzalo de Sandoval vaya para Chalco, como está acordado, -quiero aquí decir cómo, estando escribiendo en esta relacion todo lo -acaecido á Cortés, de Saltocan, acaso estaban presentes dos hidalgos -muy curiosos que habian leido la Historia de Gómora, y me dijeron que -tres cosas se me olvidaban de escribir, que tenia escrito el coronista -Gómora de la misma entrada que hizo Cortés; y la una era que dió -Cortés vista á Méjico con trece bergantines, y peleó muy bien con -el gran poder de Guatemuz, con sus grandes canoas y piraguas en la -laguna; la otra era que cuando Cortés entró en la Calzada de Méjico -que tuvo pláticas con los señores caciques mejicanos, y les dijo que -les quitaria el bastimento y se moririan de hambre; y la otra fué que -Cortés no quiso decir á los de Tezcuco que habia de ir á Saltocan, -porque no le diesen aviso. - -Yo respondí á los mismos hidalgos que me lo dijeron, que en aquella -sazon los bergantines no estaban acabados de hacer, é que ¿cómo podia -llevar por tierra bergantines ni por la laguna los caballos ni tanta -gente? Que es cosa de reir ver lo que escribe; y que cuando entró en la -calzada de Tacuba, como dicho habemos, que harto tuvo Cortés en escapar -él y su ejército, que estuvo medio desbaratado; y en aquella sazon no -habiamos puesto cerco á Méjico, para vedalles los mantenimientos, ni -tenian hambre, y eran señores de todos sus vasallos; y lo que pasó -muchos dias adelante, cuando los teniamos en grande aprieto, pone -ahora el Gómora; y en lo que dice que se apartó Cortés por otro camino -para ir á Saltocan, no lo supiesen los de Tezcuco, digo que por fuerza -fueron por sus pueblos y tierras de Tezcuco, porque por allí era el -camino, y no otro; y en lo que escribe va muy errado, y á lo que yo he -sentido, no tiene él la culpa, sino el que le informó, que por sublimar -á quien á él se le antojó, ensalzó sus cosas, y porque no se declarasen -nuestros heróicos hechos le daban aquellas relaciones; y esta es la -verdadera; y como lo hubieron bien entendido los mismos que me lo -dijeron, y vieron claro lo que les dije ser ansí, se convencieron. - -Y dejemos esta plática, y tornemos al capitan Gonzalo de Sandoval, que -partió de Tezcuco despues de haber oido Misa, y fué á amanecer cerca de -Chalco; y lo que pasó diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXLII. - -CÓMO EL CAPITAN GONZALO DE SANDOVAL FUÉ Á CHALCO É Á TALMANALCO CON -TODO SU EJÉRCITO; Y LO QUE EN AQUELLA JORNADA PASÓ DIRÉ ADELANTE. - - -Ya he dicho en el capítulo pasado cómo los pueblos de Chalco y -Talmanalco vinieron á decir á Cortés que les enviase socorro, porque -estaban grandes guarniciones juntas para les venir á dar guerra; -é tantas lástimas le dijeron, que mandó á Gonzalo de Sandoval que -fuese allá con ducientos soldados y veinte de á caballo, é diez ó -doce ballesteros y otros tantos escopeteros, y nuestros amigos los de -Tlascala y otra capitanía de los de Tezcuco, y llevó al capitan Luis -Marin por compañero, porque era su muy grande amigo; y despues de -haber oido Misa en 12 dias del mes de Marzo de 1521 años, fué á dormir -á unas estancias del mismo Chalco, y otro dia llegó por la mañana á -Talmanalco, y los caciques y capitanes le hicieron buen recebimiento y -le dieron de comer, y le dijeron que luego fuese hácia un gran pueblo -que se dice Guaztepeque, porque hallaria juntos todos los poderes de -Méjico en el mismo Guaztepeque ó en el camino ántes de llegar á él, é -que todos los de aquella provincia de Chalco irian con él; y al Gonzalo -de Sandoval parecióle que seria muy bien ir muy á punto; y puesto -en concierto, fué á dormir á otro pueblo sujeto del mismo Chalco, -Chimalacan, porque los espías que los de Chalco tenian puestas sobre -los culchúas vinieron á avisar cómo estaban en el campo no muy léjos -de allí la gente de guerra sus enemigos, é que habia algunas quebradas -é arcabuezos, adonde esperaban. - -Y como el Sandoval era muy avisado y de buen consejo, puso los -escopeteros y ballesteros por delante, y los de á caballo mandó que de -tres en tres se hermanasen, y cuando hubiesen gastado los ballesteros y -escopeteros algunos tiros, que todos juntos los de á caballo rompiesen -por ellos á media rienda y las lanzas terciadas, y que no curasen -alancear, sino por los rostros, hasta ponerlos en huida, y que no se -deshermanasen; y mandó á los soldados de á pié que siempre estuviesen -hechos un cuerpo, y no se metiesen entre los contrarios hasta que se -lo mandase; porque, como le decian que eran muchos los enemigos (y -ansí fué verdad), y estaban entre aquellos malos pasos, y no sabian si -tenian hoyos hechos ó algunas albarradas, queria tener sus soldados -enteros, no le viniese algun desman; é yendo por su camino, vió venir -por tres partes repartidos los escuadrones de mejicanos dando gritos -y tañendo trompetillas y atabales, con todo género de armas, segun lo -suelen traer, y se vinieron como leones bravos á encontrar con los -nuestros; y cuando el Sandoval los vió tan denodados, no guardó á -la órden que habia dado, y dijo á los de á caballo que ántes que se -juntasen con los nuestros que luego rompiesen, y el Sandoval delante -animando á los suyos dijo: - -—«Santiago, y á ellos.» - -Y de aquel tropel fueron algunos de los escuadrones mejicanos medio -desbaratados, mas no del todo, que se juntaron todos é hicieron -rostro, porque se ayudaban con los malos pasos é quebradas, porque -los de á caballo, por ser los pasos muy agros, no podian correr, -y se estuvieron sin ir tras ellos; á esta causa les tornó á mandar -Sandoval á todos los soldados que con buen concierto les entrasen, los -ballesteros y escopeteros delante, y los rodeleros que les fuesen á -los lados, y cuando viesen que les iban hiriendo y haciendo mala obra, -y oyesen un tiro desta otra parte de la barranca, que seria señal que -todos los de á caballo á una arremetiesen á les echar de aquel sitio, -creyendo que les meterian en tierra llana que habia allí cerca; y -apercebió á los amigos que ellos ansimismo acudiesen con los españoles, -y ansí se hizo como lo mandó; y en aquel tropel recibieron los nuestros -muchas heridas, porque eran muchos los contrarios que sobre ellos -cargaron; y en fin de más pláticas, les hicieron ir retrayendo, mas -fué hácia otros malos pasos; y Sandoval con los de á caballo los fué -siguiendo, y no alcanzó sino tres ó cuatro; y uno de los nuestros de á -caballo que iba en el alcance, que se decia Gonzalo Dominguez, como era -mal camino, rodó el caballo y tomóle debajo, y dende á pocos dias murió -de aquella mala caida. - -He traido esto aquí á la memoria deste soldado, porque este Gonzalo -Dominguez era uno de los mejores jinetes y esforzado que Cortés habia -traido en nuestra compañía; y teníamosle en tanto en las guerras, por -su esfuerzo, como al Cristóbal de Olí y á Gonzalo de Sandoval; por la -cual muerte hubo mucho sentimiento entre todos nosotros. - -Volvamos á Sandoval y á todo su ejército, que los fué siguiendo hasta -cerca del pueblo que se dice Guaztepeque, y ántes de llegar á él le -salen al encuentro sobre quince mil mejicanos, y le comenzaban á cercar -y le hirieron muchos soldados y cinco caballos; mas como la tierra -era en parte llana, con el gran concierto que llevaba rompe los dos -escuadrones con los de á caballo, y los demás escuadrones vuelven las -espaldas hácia el pueblo para tornar á aguardar á unos mamparos que -tenian hechos; mas nuestros soldados y los amigos les siguieron de -manera, que no tuvieron tiempo de aguardar, y los de á caballo siempre -fueron en el alcance por otras partes, hasta que se encerraron en el -mismo pueblo en partes que no se pudieron haber; y creyendo que no -volverian más á pelear aquel dia, mandó Sandoval reposar su gente, y -se curaron los heridos y comenzaron á comer, que se habia habido mucho -despojo; y estando comiendo vinieron dos de á caballo y otros dos -soldados que habia puesto ántes que comenzase á comer, los unos para -corredores del campo y los otros por espías, y vinieron diciendo: - -—«Al arma, al arma; que vienen muchos escuadrones de mejicanos.» - -Y como siempre estaban acostumbrados á tener las armas muy á punto, -de presto cabalgan y salen á una gran plaza, y en aquel instante -vinieron los contrarios, y allí hubo otra buena batalla; y despues -que estuvieron buen rato haciendo cara en unos mamparos, desde allí -hirieron algunos de los nuestros, y tal priesa les dió el Gonzalo -de Sandoval con los de á caballo, y con las escopetas y ballestas y -cuchilladas los soldados, que les hicieron huir del pueblo por otras -barrancas, y por aquel dia no volvieron más; y cuando el capitan -Sandoval se vió libre desta refriega dió muchas gracias á Dios, y se -fué á reposar y dormir á una huerta que habia en aquel pueblo, la más -hermosa y de mayores edificios y cosa mucho de mirar que se habia -visto en la Nueva-España; y tenia tantas cosas, que era muy admirable, -y ciertamente era huerta para un gran Príncipe, y aun no se acabó de -andar por entónces toda, porque tenia más de un cuarto de legua de -largo. - -Y dejemos de hablar de la huerta, y digamos que yo no vine en esta -entrada, ni en este tiempo que digo anduve esta huerta, sino desde obra -de veinte dias que vine con Cortés cuando rodeamos los grandes pueblos -de la laguna, como adelante diré; y la causa porque no vine en aquella -sazon es porque estaba muy mal herido de un bote de lanza que me dieron -en la garganta junto al gaznate, que estuve della á peligro de muerte, -de que agora tengo una señal, y diéronmela en lo de Iztapalapa, cuando -nos apretaron tanto. - -Y como yo no fuí en esta entrada, por eso digo en esta mi relacion: -«Fueron y esto hicieron y tal les acaeció;» y no digo: «Hicimos ni hice -ni vine ni en ello me hallé;» mas todo lo que escribo acerca dello pasó -al pié de la letra; porque luego se sabe en el real de la manera que -en las entradas acaece; y ansí, no se puede quitar ni alargar más de lo -que pasó. - -Y dejaré de hablar de esto, y volveré al capitán Gonzalo de Sandoval, -que otro dia de mañana, viendo que no habia más bullicio de guerreros -mejicanos, envió á llamar á los caciques de aquel pueblo con cinco -indios naturales de los que habian prendido en las batallas pasadas, y -los dos dellos eran principales, y les envió á decir que no hubiesen -miedo y que vengan de paz, y que lo pasado se lo perdona, y les dijo -otras buenas razones, y los mensajeros que fueron á tratar las paces, -mas no osaron venir los caciques por miedo de los mejicanos. - -Y en aquel mismo dia tambien envió á decir á otro gran pueblo que -estaba de Guaztepeque obra de dos leguas, que se dice Acapistla, que -mirasen que son buenas las paces, que no querian guerra, y que miren -y tengan en la memoria en qué han parado los escuadrones de culchúas -que estaban en aquel pueblo de Guaztepeque, sino que todos han sido -desbaratados; que vengan de paz, y que los mejicanos que tienen en -guarnicion que les echen fuera de su tierra, y que si no lo hacen, que -irá allá de guerra y los castigará; y la respuesta fué que vayan cuando -quisieren, que bien piensan tener con sus cuerpos y carnes buenas -hartazgas, y sus ídolos sacrificios. - -Y como aquella respuesta le dieron, y los caciques de Chalco que con -Sandoval estaban, que sabian que en aquel pueblo de Acapistla estaban -muchos más mejicanos en guarnicion para les ir á Chalco á dar guerra -cuando viesen vuelto al Sandoval, á esta causa le rogaron que fuese -allá y los echase de allí; y el Sandoval estaba para no ir, lo uno -porque estaba herido y tenia muchos soldados y caballos heridos, -y lo otro, como habia tenido tres batallas, no se quisiera meter -por entónces en hacer más de lo que Cortés le mandaba; y tambien -algunos caballeros de los que llevaba en su compañía, que eran de -los de Narvaez, le dijeron que se volviese á Tezcuco y que no fuese -á Acapistla, porque estaba en gran fortaleza, no le acaeciese algun -desman; y el capitan Luis Marin le aconsejó que no dejase de ir á -aquella fuerza y hacer lo que pudiese; porque los caciques de Chalco -decian que si desde allí se volvian sin deshacer el poder que estaba -junto en aquella fortaleza, que ansí como vean ó sepan que Sandoval -vuelve á Tezcuco, que luego son sus enemigos en Chalco. - -Y como era el camino de un pueblo á otro obra de dos leguas, acordó de -ir, y apercibió sus soldados y fué allá; y luego como llegó á vista -del pueblo, ántes de llegar á él le salen muchos guerreros, y le -comenzaron á tirar vara y flecha y piedra con hondas, y fué tanta como -granizo, que le hirieron tres caballos y muchos soldados, sin podelles -hacer cosa ni daño ninguno; y hecho esto, luego se suben entre sus -riscos y fortalezas, y desde allí les daban voces y gritas y tañian -sus caracoles y atabales; y como el Sandoval ansí vió la cosa, acordó -de mandar á algunos de á caballo que se apeasen, y á los demás de á -caballo que se estuviesen en el campo en lo llano á punto, mirando no -viniesen algunos socorros mejicanos á los de Acapistla entre tanto que -combatian aquel pueblo; y como vió que los caciques de Chalco y sus -capitanes y muchos de sus indios de guerra que allí estaban remolinando -y no osaban pelear con los contrarios, adrede para proballos y ver lo -que decian, les dijo Sandoval: - -—«¿Qué haceis ahí? ¿Por qué no les comenzais á combatir? Y entrá en ese -pueblo y fortaleza; que aquí estamos, que os defenderemos.» - -Y ellos respondieron que no se atrevian, porque era gran fortaleza, -y que por esta causa venia el Sandoval y sus hermanos los teules con -ellos, y con su mamparo y esfuerzo venian los de Chalco á les echar de -allí. - -Por manera que se apercibe el Sandoval de arte que él y todos sus -soldados y escopeteros y ballesteros, les comenzaron de entrar y -subir; y puesto que recibieron en aquella subida muchas heridas, y al -mismo capitan le descalabraron otra vez y le hirieron muchos de los -amigos, todavía les entró en el pueblo, donde se les hizo mucho daño; y -todos los que más daño les hicieron fueron los indios de Chalco y los -demás amigos tlascaltecas, porque nuestros soldados, si no fué hasta -rompellos y ponellos en huida, no curaron de dar cuchilladas á ningun -indio, porque les parecia crueldad; y en lo que más se empleaban era -en buscar una buena india ó hacer algun despojo; y lo que comunmente -hacian era reñir á los amigos porque eran tan crueles y por quitalles -algunos indios ó indias porque no los matasen. - -Dejemos de hablar desto, y digamos que aquellos guerreros mejicanos -que allí estaban, por se defender se vinieron por unos riscos abajo -cerca del pueblo, y como habia muchos dellos heridos de los que se -venian á esconder en aquella quebrada y arroyo, y se desangraban, venia -el agua algo turbia de sangre, y no duró aquella turbieza un Ave-María. - -É aquí dice el coronista Gómora en su historia que por venir el rio -tinto en sangre los nuestros pasaron sed por causa de la sangre. - -Á esto digo que habia fuentes de agua clara abajo en el mismo pueblo, -que no tenian necesidad de otra agua. - -Volvamos á decir que luego que aquello fué hecho se volvió el Sandoval -con todo su ejército á Tezcuco, y con buen despojo, en especial con muy -buenas piezas de indias. - -Digamos ahora cómo el señor de Méjico, que se decia Guatemuz, lo supo, -y el desbarate de sus ejércitos, dicen que mostró mucho sentimiento -dello, y más de que los de Chalco tenian tanto atrevimiento, siendo sus -súbditos y vasallos, de osar tomar armas tres veces contra ellos; y -estando tan enojado, acordó que entre tanto que el Sandoval se volvia -al real de Tezcuco, de enviar grandes poderes de guerreros, que de -presto juntó en la ciudad de Méjico con otros que estaban junto á la -laguna, y en más de dos mil canoas grandes, con todo género de armas, -salen sobre veinte mil mejicanos, y vienen de repente en la tierra de -Chalco por hacelles todo el mal que pudiesen; y fué de tal arte y tan -presto, que aun no hubo bien llegado el Sandoval á Tezcuco ni hablado á -Cortés, cuando estaban otra vez mensajeros de Chalco en canoas por la -laguna demandando favor á Cortés, porque le dijeron que habian venido -sobre dos mil canoas, y en ellas veinte mil mejicanos, y que fuesen -presto á los socorrer. - -Y cuando Cortés lo oyó, y Sandoval, que entónces en aquel instante -llegaba á hablalle y á dalle cuenta de lo que habia hecho en la entrada -donde venia, el Cortés no le quiso escuchar á Sandoval, de enojo, -creyendo que por su culpa ó descuido recebian mala obra nuestros amigos -los de Chalco; y luego sin más dilacion ni le oir le mandó volver y que -dejase allí en el real todos los heridos que traia, y con los sanos -luego fué muy en posta; y destas palabras que Cortés le dijo recebió -mucha pena el Sandoval, y porque no le quiso escuchar, y luego partió -para Chalco. - -Y como llegó con todo su ejército bien cansado de las armas y largo -camino, pareció ser que los de Chalco, luego como lo supieron por sus -espías que los mejicanos venian tan de repente sobre ellos, y cómo -habia tenido Guatemuz aquella cosa concertada que diesen sobre ellos, -como dicho tengo, sin más aguardar socorro de nosotros, enviaron á -llamar á los de la provincia de Guaxocingo é Tlascala, que estaban -cerca, los cuales vinieron aquella noche mesma, muy aparejados con sus -armas, y se juntaron con los de Chalco, que serian por todos más de -veinte mil dellos, é ya les habian perdido el temor á los mejicanos, -y gentilmente los aguardaron en el campo y pelearon como muy varones, -puesto que los mejicanos mataron y prendieron hasta quince capitanes -y hombres principales, y de otra gente de guerra de no tanta cuenta -se prendieron otros muchos; y túvose esta batalla entre los mejicanos -por grande deshonra suya, viendo que los de Chalco los vencieron, y en -mucho más que si los desbaratáramos nosotros. - -Y como llegó Sandoval á Chalco y vió que no tenia qué hacer ni de qué -se temer, que ya no volverian otra vez los mejicanos sobre Chalco, da -vuelta á Tezcuco y llevó los presos mejicanos, con lo cual se holgó -mucho Cortés; y Sandoval mostró grande enojo de nuestro capitan por lo -pasado, y no le fué á ver ni hablar, puesto que Cortés le envió á decir -que lo habia entendido de otra manera, y que creyó que por descuido -del Sandoval no se habia remediado, pues que iba con mucha gente de á -caballo y soldados, y sin haber desbaratado los mejicanos se volvia. - -Dejemos de hablar desta materia, porque luego tornaron á ser amigos -Cortés y el Sandoval, y no sabia Cortés placer que hacer al Sandoval -por tenelle contento, que no le hacia. - -Dejallo he aquí, y diré cómo acordamos de herrar todas las piezas, -esclavas y esclavos que se habian habido, que fueron muchas, y de cómo -vino en aquel instante un navío de Castilla, y lo que más pasó. - - - - -CAPÍTULO CXLIII. - -CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS EN TEZCUCO, Y CÓMO VINO NUEVA QUE HABIA -VENIDO AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN NAVÍO, Y LOS PASAJEROS QUE EN ÉL -VINIERON; Y OTRAS COSAS QUE PASARON DIRÉ ADELANTE. - - -Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con gran presa de esclavos, y -otros muchos que se habian habido en las entradas pasadas, fué acordado -que luego se herrasen; y de que se hubo pregonado que se llevasen á -herrar á una casa señalada, todos los más soldados llevamos las piezas -que habiamos habido, para echar el hierro de su majestad, que era una -G, que quiere decir guerra, segun y de la manera que lo teniamos de -ántes concertado con Cortés, segun he dicho en el capítulo que dello -habla, creyendo que se nos habia de volver despues de pagado el real -quinto, que las apreciasen cuánto podia valer cada pieza; y no fué -ansí, porque si en lo de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra -vez dicho tengo, muy peor se hizo en esto de Tezcuco, que despues que -sacaban el real quinto, era otro quinto para Cortés y otras partes -para los capitanes; y en la noche ántes cuando las tenian juntas nos -desaparecieron las mejores indias. - -Pues como Cortés nos habia dicho y prometido que las buenas piezas -se habian de vender en el almoneda por lo que valiesen, y las que no -fuesen tales por ménos precio, tampoco hubo buen concierto en ello, -porque los oficiales del Rey que tenian cargo dellas hacian lo que -querian; por manera que si mal se hizo una vez, esta vez peor; y desde -allí adelante muchos soldados que tomábamos algunas buenas indias, -porque no nos las tomasen, como las pasadas, las escondiamos y no las -llevábamos á herrar, y deciamos que se habian huido; y si era privado -de Cortés, secretamente la llevaban de noche á herrar y las apreciaban -en lo que valian y les echaban el hierro y pagaban el quinto; y otras -muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deciamos que eran naborías -que habian venido de paz de los pueblos comarcanos y de Tlascala. - -Tambien quiero decir que como ya habia dos ó tres meses pasados que -algunas de las esclavas que estaban en nuestra compañía y en todo el -real conocian á los soldados cuál era bueno é cuál malo, y trataba bien -á las indias naborías que tenia ó cuál las trataba mal, y tenian fama -de caballeros, y de otra manera cuando las vendian en el almoneda, y -si las sacaban algunos soldados que las tales indias ó indios no les -contentaban ó las habian tratado mal, de presto se les desaparecian que -no las vian más, y preguntar por ellas era por demás; y en fin, todo se -quedaba por deuda en los libros del Rey, ansí en lo de las almonedas y -los quintos; y al dar las partes del oro se consumió, que ningunos ó -muy pocos soldados llevaron partes, porque ya lo debian, y aun muchos -más pesos de oro que despues cobraron los oficiales del Rey. - -Dejemos esto, y digamos cómo en aquella sazon vino un navío de -Castilla, en el cual vino por tesorero de su majestad un Julian de -Alderete, vecino de Tordesillas, y vino un Orduña el viejo, vecino -que fué de la Puebla, que despues de ganado Méjico trajo cuatro ó -cinco hijas, que casó muy honradamente; era natural de Tordesillas; y -vino un fraile de San Francisco que se decia fray Pedro Melgarejo de -Urrea, natural de Sevilla, que trajo unas bulas de señor San Pedro, y -con ellas nos componian si algo éramos en cargo en las guerras en que -andábamos; por manera que en pocos meses el fraile fué rico y compuesto -á Castilla; trajo entónces por comisario y quien tenia cargo de las -bulas á Jerónimo Lopez, que despues fué secretario en Méjico; vinieron -un Antonio Carvajal, que ahora vive en Méjico, ya muy viejo, capitan -que fué de un bergantin; y vino Jerónimo Ruiz de la Mota, yerno que -fué, despues de ganado Méjico, del Orduña, que ansimismo fué capitan -de un bergantin, natural de Búrgos; y vino un Briones, natural de -Salamanca; á este Briones ahorcaron en esta provincia de Guatimala por -amotinador de ejércitos, desde á cuatro años que se vino huyendo de lo -de Honduras; y vinieron otros muchos que ya no me acuerdo, y tambien -vino un Alonso Diaz de la Reguera, vecino que fué de Guatimala, que -ahora vive en Valladolid; y trajeron en este navío muchas armas y -pólvora, y en fin como navío que venia de Castilla, é vino cargado de -muchas cosas, y con él nos alegramos, y de las nuevas que de Castilla -trajeron no me acuerdo bien; más paréceme que dijeron que el Obispo -de Búrgos ya no tenia mano en el Gobierno, que no estaba su majestad -bien con él desque alcanzó á saber de nuestros muy buenos é notables -servicios, y como el Obispo escribia á Flandes al contrario de lo -que pasaba y en favor de Diego Velazquez, y halló muy claramente su -majestad ser verdad todo lo que nuestros procuradores de nuestra parte -le fueron á informar, y á esta causa no le oia cosa que dijese. - -Dejemos esto, y volvamos á decir que como Cortés vió los bergantines -que estaban acabados de hacer, y la gran voluntad que todos los -soldados teniamos de estar ya puestos en el cerco de Méjico, y en -aquella sazon volvieron los de Chalco á decir que los mejicanos venian -sobre ellos, y que les enviasen socorro; y Cortés les envió á decir -que él queria ir en persona á sus pueblos y tierras, y no se volver -hasta que á todos los contrarios echase de aquellas comarcas; y mandó -apercebir trecientos soldados y treinta de á caballo, y todos los más -escopeteros y ballesteros que habia, y gente de Tezcuco; y fué en su -compañía Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, y -ansimismo fué el tesorero Julian de Alderete, y el fraile fray Pedro -Melgarejo, que ya en aquella sazon habia llegado á nuestro real; é yo -fuí entónces con el mismo Cortés, porque me mandó que fuese con él; y -lo que pasamos en aquella entrada diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXLIV. - -CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA Y SE RODEÓ LA LAGUNA, Y -TODAS LAS CIUDADES Y GRANDES PUEBLOS QUE ALREDEDOR HALLAMOS, Y LO QUE -MÁS NOS PASÓ EN AQUELLA ENTRADA. - - -Como Cortés habia dicho á los de Chalco que les habia de ir á socorrer -porque los mejicanos no viniesen y les diesen guerra, porque harto -teniamos cada semana de ir y venir á les favorecer, mandó apercebir -todos los soldados y ejército, que fueron trecientos soldados y -treinta de á caballo, y veinte ballesteros y quince escopeteros, y el -tesorero Julian de Alderete y Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y -Cristóbal de Olí, y fué tambien el fraile fray Pedro Melgarejo, y á mí -me mandó que fuese con él, y muchos tlascaltecas y amigos de Tezcuco; y -dejó en guarda de Tezcuco y bergantines á Gonzalo de Sandoval con buena -copia de soldados y de á caballo. - -Y una mañana, despues de haber oido Misa, que fué viérnes 5 dias del -mes de Abril de 1521 años, fuimos á dormir á Talmanalco, y allí nos -recibieron muy bien; y el otro dia fuimos á Chalco, que estaba muy -cerca el uno del otro: allí mandó Cortés llamar á todos los caciques -de aquella provincia, y se les hizo un parlamento con nuestras lenguas -doña Marina é Jerónimo de Aguilar, en que se les dió á entender cómo -agora al presente íbamos á ver si podria traer de paz á algunos de -los pueblos que estaban más cerca de la laguna, y tambien para ver -la tierra y sitio para poner cerco á la gran ciudad de Méjico, y que -por la laguna habian de echar los bergantines, que eran trece, y que -les rogaba á todos que para otro dia estuviesen aparejadas todas sus -gentes de guerra para ir con nosotros; y cuando lo hubieron entendido, -todos á una de muy buena voluntad dijeron que sí lo harian; y otro -dia fuimos á dormir á otro pueblo que estaba sujeto al mismo Chalco, -que se dice Chimaluacan, y allí vinieron más de veinte mil amigos, -ansí de Chalco y de Tezcuco y Guaxocingo, y los tlascaltecas y otros -pueblos; y vinieron tantos, que en todas las entradas que yo habia ido, -despues que en la Nueva-España entré, nunca vi tanta gente de guerra de -nuestros amigos como ahora fueron en nuestra compañía. - -Ya he dicho otra vez que iba tanta multitud dellos á causa de los -despojos que habian de haber, y lo más cierto, por hartarse de carne -humana si hubiese batallas, porque bien sabian que las habia de haber; -y son, á manera de decir como cuando en Italia salia un ejército de una -á otra parte, y les seguian cuervos y milanos y otras aves de rapiña, -que se mantenian de los cuerpos muertos que quedaban en el campo cuando -se daba alguna muy sangrienta batalla; ansí he juzgado que nos seguian -tantos millares de indios. - -Dejemos esta plática, y volvamos á nuestra relacion: que en aquella -sazon se tuvo nueva que estaban en un llano cerca de allí aguardando -muchos escuadrones y capitanías de mejicanos é sus aliados, todos los -de aquellas comarcas, para pelear con nosotros; y Cortés nos apercibió -que fuésemos muy alerta y saliésemos de aquel pueblo donde dormimos, -que se dice Chimaluacan, despues de haber oido Misa, que fué bien de -mañana; y con mucho concierto fuimos caminando entre unos peñascos -y por medio de dos sierrezuelas, que en ellas habia fortalezas y -mamparos, donde habia muchos indios é indias recogidos é hechos -fuertes; y dende su fortaleza nos daban gritos é voces y alaridos, y -nosotros no curamos de pelear con ellos, sino callar y caminar y pasar -adelante hasta un pueblo grande que estaba despoblado, que se dice -Yautepeque, y tambien pasamos de largo; y llegamos á un llano donde -habia unas fuentes de muy poca agua, é á una parte estaba un gran peñol -con una fuerza muy mala de ganar, segun luego pareció por la obra; y -como llegamos en el paraje del peñol, porque vimos que estaba lleno de -guerreros, y de lo alto dél nos daban gritos y tiraban piedras é varas -y flechas, y hirieron tres soldados de los nuestros, entónces mandó -Cortés que reparásemos allí, é dijo: - -—«Parece que todos estos mejicanos se ponen en fortalezas y hacen burla -de nosotros de que no les acometemos.» - -Y esto dijo por los que dejábamos atrás en las sierrezuelas; y luego -mandó á unos de á caballo y á ciertos ballesteros que diesen una -vuelta á una parte del peñol, y que mirasen si habia otra subida más -conveniente de buena entrada para les poder combatir; y fueron, y -dijeron que lo mejor de todo era donde estábamos, porque en todo lo -demás no habia subida ninguna, que era toda peña tajada, y luego Cortés -mandó que les fuésemos entrando y subiendo. - -El alférez Cristóbal del Corral delante, y otras banderas, y todos -nosotros siguiéndolas, y Cortés con los de á caballo aguardando en -lo llano por guarda de otros escuadrones de mejicanos, no viniesen -á dar en nuestro fardaje ó en nosotros entre tanto que combatiamos -aquella fuerza; y como comenzamos á subir por el peñol arriba, echan -los indios guerreros que en él estaban tantas piedras muy grandes y -peñascos, que fué cosa espantosa, como se venian despeñando y saltando, -cómo no nos mataron á todos; y fué cosa inconsiderada y no de cuerdo -capitan mandarnos subir; y luego á mis piés murió un soldado que se -decia Fulano Martinez, valenciano, que habia sido maestresala de un -señor de salva en Castilla, y este llevaba una celada, y no dijo ni -habló palabra; y todavía subiamos, y como venian las galgas rodando -y despeñándose y dando saltos (que ansí llamábamos á las grandes -piedras que venian despeñadas), luego mataron á otros dos soldados, -que se decian Gaspar Sanchez, sobrino del tesorero de Cuba, y á un -Fulano Bravo; y todavía subiamos, y luego mataron á otro soldado muy -esforzado que se decia Alonso Rodriguez, y á otros dos descalabrados, -y en las piernas golpes todos los más de nosotros, y todavía porfiar -é ir adelante; é yo, como en aquel tiempo era suelto, no dejaba de -seguir al alférez Corral; é íbamos debajo de unas como socarreñas é -concavidades que se hacian en el peñol de trecho á trecho, á ventura de -si me encontraban algunos peñascos entre tanto que subia de socarreña -á socarreña, que fué muy gran ventura; estaba el alférez Cristóbal del -Corral mamparándose detrás de unos árboles gruesos que tenian muchas -espinas, que nacen en aquellas concavidades, y estaba descalabrado y el -rostro todo lleno de sangre é la bandera rota, y me dijo: - -—«Oh señor Bernal Diaz del Castillo, que no es cosa el pasar más -adelante, y mirá no os cojan algunas lanchas ó galgas; estése al reparo -de esa concavidad;» porque ya no nos podiamos tener aun con las manos, -cuanto más podelles subir. - -En este tiempo vi que de la misma manera que Corral é yo habiamos -subido de socarreña en socarreña venia Pedro Barba, que era capitan de -ballesteros, con otros dos soldados; é yo le dije desde arriba: - -—«Oh señor capitan, no suba más adelante, que no se podrá tener con -piés y manos, no vuelva rodando.» - -Y cuando se lo dije, me respondió como muy esforzado, ó por dar aquella -respuesta como gran señor, dijo que eso habia de decir, sino ir -adelante; é yo recibí de aquella palabra remordimiento de mi persona, y -le respondí: - -—«Pues veamos cómo sube donde yo estoy.» - -Y todavía pasé bien arriba; y en aquel instante vienen tantas piedras -muy grandes que echaron de lo alto, que tenian represadas para aquel -efeto, que hirieron á Pedro Barba y le mataron un soldado, y no pasaron -más un paso de allí donde estaban; y entónces el alférez Corral dió -voces para que dijesen á Cortés de mano en mano que no se podia subir -más arriba, é que el retraer tambien era muy peligroso; y como Cortés -lo entendió, porque allá bajo donde estaba en tierra llana le habian -muerto tres soldados y herido siete del gran ímpetu de las galgas que -iban despeñándose, y aun tuvo por cierto Cortés que todos los más de -los que habiamos subido arriba estábamos muertos ó bien heridos, porque -donde él estaba no podia ver las vueltas que daba aquel peñol; y luego -por señas y por voces y por unas escopetas que soltaron, tuvimos arriba -nuestras señas que nos mandaban retraer; y con buen concierto, de -socarreña en socarreña bajamos abajo todos descalabrados y corriendo -sangre, y las banderas rotas y ocho muertos, y desque Cortés ansí nos -vió, dió muchas gracias á Dios; y luego le dijeron lo que habiamos -pasado yo y Pedro Barba, porque se lo dijo el mismo Pedro Barba y -el alférez Corral estando platicando de la gran fuerza, é que fué -maravilla cómo no nos llevaron las galgas de vuelo, segun eran muchas; -y aun lo supieron luego en todo el real. - -Dejemos todo esto, y digamos cómo estaban muchas capitanías de -mejicanos aguardando en partes que no les podiamos ver ni saber dellos, -y estaban esperando para socorrer y ayudar á los del peñol; y bien -entendieron lo que fué, que no podriamos subilles en la fuerza, y que -entre tanto que estábamos peleando tenian concertado que los del peñol -por una parte y ellos por la otra darian en nosotros; y como lo tenian -acordado, ansí vinieron á les ayudar á los del peñol; y cuando Cortés -lo supo que venian mandó luego á los de á caballo y á todos nosotros -que fuésemos á encontrar con ellos, y ansí se hizo; y aquella tierra -era llana, y á partes habia unas como vegas que estaban entre otros -serrejones; y seguimos á los contrarios hasta que llegamos á otro muy -fuerte peñol, y en el alcance se mataron muy pocos indios, porque se -acogian en partes que no se podian haber. - -Pues vueltos á la fuerza que probábamos á subir, é viendo que allí no -habia agua ni la habiamos bebido en todo el dia, ni aun los caballos, -porque las fuentes que dicho tengo que allí estaban no la tenian, sino -lodo; que, como teniamos tantos enemigos, estaban sobre ellas y no las -dejaban manar, y á esta causa mudamos nuestro real y fuimos por una -vega abajo cerca de otro peñol, que seria del uno al otro obra de legua -y media poco más ó ménos, creyendo que hallariamos agua, y no la habia -sino muy poca; y cerca de aquel peñol habia unos árboles de morales de -la tierra, y allí nos paramos, y estaban obra de doce ó trece casas al -pié de la sierra y fuerza; y ansí que nosotros llegamos nos comenzaron -á dar grita y tirar galgas y varas y flechas desde lo alto; y estaba en -esta fuerza mucha más gente que en el primero peñol, y aun era muy más -fuerte, segun despues vimos; y nuestros escopeteros y ballesteros les -tiraban, mas estaban tan altos y tenian tantos mamparos, que no se les -podia hacer mal ninguno; pues entralles ó subilles no habia remedio, y -aunque probamos dos veces, que por las casas que allí estaban habia -unos pasos, hasta dos vueltas podiamos ir, mas desde allí adelante ya -he dicho peor que el primero; de manera que ansí en esta fuerza como -en la primera no ganamos ninguna reputacion, ántes los mejicanos y -sus confederados tenian vitoria; é aquella noche dormimos en aquellos -morales bien muertos de sed, y se acordó para otro dia que desde otro -peñol que estaba cerca dél fuesen todos los ballesteros y escopeteros, -y que subiesen en él, que habia subida, aunque no buena; porque desde -aquel alcanzarian las ballestas y escopetas al otro peñol fuerte y -podíanle combatir. - -Y mandó Cortés á Francisco Verdugo y al tesorero Julian de Alderete que -se aperciban de buenos ballesteros, y á Pedro Barba, que era capitan, -que fuesen por caudillos, y que todos los más soldados hiciésemos -acometimiento que por los pasos y subidas de las casas que dicho tengo -que les queriamos subir, y ansí los comenzamos á entrar; mas echaban -tanta piedra grande y menuda, que hirieron á muchos soldados; y demás -desto, no les subiamos de hecho, porque era por demás, que aun tenernos -con las manos y piés no podiamos; y entre tanto que nosotros estábamos -de aquella manera, los ballesteros y escopeteros desde el peñol que -he dicho les alcanzaban con las ballestas y escopetas, y aunque no -muy bien, mataban algunos y herian otros; de manera que estuvimos -dándoles combates obra de media hora; y quiso Nuestro Señor Dios -que acordaron de se dar de paz, y fué por causa que no tenian agua -ninguna, que estaba mucha gente arriba en el peñol, en un llano que se -hacia arriba, é habíase acogido á él de todas aquellas comarcas ansí -hombres como mujeres y niños é gente menuda; y para que entendiésemos -abajo que querian paces, desde el peñol las mujeres meneaban unas -mantas hácia abajo, y con las palmas daban unas con otras, señalando -que nos harian pan y tortillas, y los guerreros no nos tiraban vara -ni piedra ni flecha; y cuando Cortés lo entendió, mandó que no se les -hiciese mal ninguno, y por señas se les dió á entender que bajasen -cinco principales á entender en las paces; los cuales bajaron, y con -grande acato dijeron á Cortés que les perdonase, que por favorecerse y -defenderse se habian subido en aquellas fuerzas; y Cortés les dijo con -nuestras lenguas doña Marina y Aguilar, algo enojado, que eran dignos -de muerte por haber empezado la guerra; mas que pues han venido, que -vayan luego al otro peñol é llamen los caciques é hombres principales -que en él están, é traigan los muertos, é que lo pasado se les -perdonará; y que vengan de paz, si no, que habiamos de ir sobre ellos y -ponelles cerco hasta que se mueran de sed; porque bien sabiamos que no -tenian agua, porque en toda aquella tierra no la hay sino muy poca; y -luego fueron á llamarlos ansí como se lo mandó. - -Dejemos de hablar en ello hasta que vuelvan con la respuesta; y -digamos cómo estando platicando Cortés con el Fraile Melgarejo y el -tesorero Alderete sobre las guerras pasadas que habiamos habido ántes -que viniesen á la Nueva-España, y en la del peñol, y el gran poder -de los mejicanos, y las grandes ciudades que habian visto despues -que vinieron de Castilla; y decian que si al Emperador nuestro señor -le informara de la verdad el Obispo de Búrgos, como le escribia al -contrario, que nos enviaria á hacer grandes mercedes; que no se -acuerdan que otros mayores servicios haya recebido ningun Rey en el -mundo que el que nosotros le habiamos hecho en ganar tantas ciudades, -sin ser sabidor su majestad de cosa ninguna. - -Dejemos otras muchas pláticas que pasaron, y digamos cómo mandó nuestro -capitan Cortés al alférez Corral y á otros dos capitanes, que fueron -Juan Jaramillo y á Pedro de Ircio, y á mí, que me hallé allí con ellos, -que subiésemos al peñol y viésemos la fortaleza qué tal era, é que si -estaban muchos indios heridos ó muertos de saetas y escopetas, é qué -gente estaba recogida; é cuando esto nos mandó dijo: - -—«Mirá, señores, que no les tomeis ni un grano de maíz;» y segun yo -entendí, quisiera que nos aprovecháramos. - -Y subidos al peñol por unos malos pasos, digo que era más fuerte que -el primero, porque era peña tajada; é ya que estábamos arriba, para -entrar en la fuerza era como quien entra por una abertura no más ancha -que dos bocas de filo ó de horno; é ya puestos en lo más alto é llano, -estaban grandes anchuras de prados, y todo lleno de gente, ansí de -guerra como de muchas mujeres é niños, é hallamos hasta veinte muertos -y muchos heridos, y no tenian gota de agua que beber, y tenian todo -su hato y su hacienda hechos fardajes, y otros muchos lios de mantas, -que eran del tributo que daban á Guatemuz; é como yo ansí vi tantas -cargas de ropa y supe que eran del tributo, comencé á cargar cuatro -tlascaltecas mis maniobras que llevé conmigo, y tambien eché á cuestas -de otros cuatro indios de los que la guardaban otros cuatro fardos, y á -cada uno eché una carga; é como Pedro de Ircio lo vió, dijo que no lo -llevase, é yo porfiaba que sí; y como era capitan, hízose lo que mandó, -porque me amenazó que se lo diria á Cortés; y me dijo el Pedro de Ircio -que bien habia visto que dijo Cortés que no les tomásemos un grano de -maíz, é yo dije que ansí era verdad, que por esa palabra misma queria -llevar de aquella ropa; por manera que no me dejó llevar cosa ninguna; -y bajamos á dar cuenta á Cortés de lo que habiamos visto é á lo que nos -envió; y dijo el Pedro de Ircio á Cortés, por me revolver con él, lo -pasado, pensando que le contentaba mucho; despues de le dar cuenta de -lo que habia, dijo: - -—«No se les tomó cosa ninguna; que ya habia cargado Bernal Diaz del -Castillo de ropa á ocho indios, é si no se lo estorbara yo, ya los -traia cargados.» - -Entónces dijo Cortés medio enojado: - -—«Pues ¿por qué no lo trajo? Y tambien os habíades de quedar allá vos -con la ropa é indios con los de arriba.» - -É dijo: - -—«Mirá cómo no entendieron que los envié porque se aprovechasen, y á -Bernal Diaz, que me entendió, quitaron el despojo que traia destos -perros, que se quedarán riendo con los que nos han muerto y herido.» - -É cuando aquello oyó el Pedro de Ircio dijo que queria tornar á subir -á la fuerza; y entónces le dijo que ya no habia coyuntura para ello, y -que no fuese allá de ninguna manera. - -Dejemos esta plática, y digamos cómo vinieron los del otro peñol, y -en fin de muchas razones que pasaron sobre que les perdonasen, todos -dieron la obediencia á su majestad; y como no habia agua en aquel -paraje, nos fuimos luego camino de un pueblo ya nombrado en el capítulo -pasado, que se dice Guaztepeque, adonde estaba la huerta que he dicho -que es la mejor que habia visto en toda mi vida, y ansí lo torno á -decir; que Cortés y el tesorero Alderete desque entónces la vieron y -pasearon algo della, se admiraron y dijeron que mejor cosa de huerta no -habian visto en Castilla. - -Y digamos cómo en aquella noche nos aposentamos todos en ella; y los -caciques de aquel pueblo vinieron de paz á hablar y servir á Cortés, -porque Gonzalo de Sandoval los habia recebido ya de paz cuando entró -en aquel pueblo, segun más largamente he escrito en el capítulo -pasado que dello habla; y aquella noche reposamos allí, y á otro dia -muy de mañana nos partimos para Cornabaca y hallamos unos escuadrones -de guerreros mejicanos que de aquel pueblo habian salido, y los de -á caballo les siguieron más de legua y media hasta encerrarlos en -otro gran pueblo que se dice Tepuztlan; y estaban tan descuidados los -moradores dél, que dimos en ellos ántes que sus espías que tenian sobre -nosotros llegasen. - -Aquí se hubieron muy buenas indias é despojos, y no aguardaron -ningunos mejicanos ni los naturales en el pueblo; y nuestro Cortés -envió á llamar á los caciques por tres ó cuatro veces que viniesen -todos de paz, y que si no venian, que les quemaria el pueblo y los -iriamos á buscar; y la respuesta fué que no querian venir; é porque -otros pueblos tuviesen temor dello, mandó poner fuego á la mitad de -las casas que allí cerca estaban, y en aquel instante vinieron los -caciques del pueblo por donde aquel dia pasamos, que ya he dicho que -se dice Yautepeque, y dieron la obediencia á su Majestad; y otro dia -fuimos camino de otro mejor y mayor pueblo, que se dice Coadalbaca, y -comunmente corrompimos ahora aquel vocablo y le llamamos Cuernabaca, -y habia dentro en él mucha gente de guerra, ansí de mejicanos como -de los naturales, y estaba muy fuerte por unas cavas y riachuelo que -están en las barrancas por donde corre el agua, muy hondas, de más de -ocho estados abajo, puesto que no llevaban mucha agua, y es fortaleza -para ellos; y tambien no habia entrada para caballos sino por unas dos -puentes, y teníanlas quebradas; y desta manera estaban tan fuertes, que -no los podiamos llegar, puesto que nos llegábamos á pelear con ellos -desta parte de sus cavas y riachuelo en medio, y ellos nos tiraban -mucha vara y flecha é piedras con hondas; y estando desta manera, -avisaron á Cortés que más adelante, obra de media legua, habia entrada -para los caballos, y luego fué allá con los de á caballo, y todos -nosotros estábamos buscando paso, y vimos que desde unos árboles que -estaban junto con la cava se podia pasar á la otra parte de aquella -honda cava, y puesto que cayeron tres soldados desde los árboles -abajo en el agua, y aun el uno se quebró la pierna, todavía pasamos, -aunque con harto peligro; porque de mí digo que verdaderamente cuando -pasaba que lo vi muy peligroso é malo de pasar, y se me desvanecia la -cabeza, y todavía pasé yo y otros veinte ó treinta soldados y muchos -tlascaltecas, y comenzamos á dar por las espaldas de los mejicanos, -que estaban tirando vara y flecha á los nuestros; y cuando lo vieron, -que lo tenian por cosa imposible, creyeron que éramos muchos más; y en -este instante allegaron Cristóbal de Olí é Pedro de Albarado y Andrés -de Tapia, con otros de á caballo, que habian pasado con mucho riesgo de -sus personas por una puente quebrada, y damos en los contrarios; por -manera que volvieron las espaldas y se fueron huyendo á los montes y á -otras partes de aquella honda cava, donde no se pudieron haber; é dende -á poco rato tambien llegó Cortés con todos los demás de á caballo. - -En este pueblo se hubo gran despojo, ansí de mantas muy grandes como de -buenas indias, é allí mandó Cortés que estuviésemos aquel dia, y en una -huerta del señor de aquel pueblo nos aposentamos todos, y era muy buena. - -Que quiera decir el gran recaudo de velas y escuchas y corredores del -campo que do quiera que estábamos ó por los caminos llevábamos, es -prolijidad recitallo tantas veces: y por esta causa pasaré adelante, -y diré que vinieron nuestros corredores del campo á decir á Cortés -que venian hasta veinte indios, y á lo que parecia en sus meneos y -semblantes eran caciques y hombres principales que le traian mensajes -ó á demandar paces, y eran los caciques de aquel pueblo; y cuando -llegaron adonde Cortés estaba le hicieron mucho acato y le presentaron -ciertas joyas de oro, y le dijeron que les perdonase porque no salieron -de paz, que el señor de Méjico les enviaba á mandar que, pues estaban -en fortaleza, que desde allí nos diesen guerra, y les envió un buen -escuadron de mejicanos para que les ayudasen; é que á lo que ahora han -visto, que no habrá cosa, por fuerte que sea, que no la combatamos y -señoreemos, y que le piden por merced que los reciba de paz; y Cortés -les mostró buena cara y dijo que somos vasallos de un gran señor, -que es el Emperador D. Cárlos, que á los que le quisieren servir que -á todos hace mercedes, y que á ellos en su Real nombre los recibe de -paz; y allí dieron la obediencia á su majestad; y acuérdome que dijeron -aquellos caciques que en pago de no haber venido de paz hasta entónces -permitieron nuestros dioses á los suyos que les hiciese castigo en sus -personas y haciendas. - -Donde los dejaré agora; y digamos cómo otro dia de mañana caminamos -para otra gran poblacion que se dice Suchimileco; y lo que pasamos en -el camino y en la ciudad y reencuentros de guerra que nos dieron diré -adelante, hasta que volvimos á Tezcuco, y lo que más pasamos. - - - - -CAPÍTULO CXLV. - -DE LA GRAN SED QUE HUBO EN ESTE CAMINO, Y DEL PELIGRO EN QUE NOS VIMOS -EN SUCHIMILECO CON MUCHAS BATALLAS Y REENCUENTROS QUE CON LOS MEJICANOS -Y CON LOS NATURALES DE AQUELLA CIUDAD TUVIMOS, Y DE OTROS MUCHOS -REENCUENTROS DE GUERRAS QUE HASTA VOLVER Á TEZCUCO PASAMOS. - - -Pues como caminamos para Suchimileco, que es una gran ciudad, y en -toda la más della están fundadas las casas en el agua, de agua dulce, -y estará de Méjico obra de dos leguas y media; pues yendo por nuestro -camino con gran concierto y ordenanza, como lo teniamos de costumbre, -fuimos por unos pinares, y no habia agua en todo el camino; y como -íbamos con nuestras armas á cuestas y era ya tarde y hacia gran sol, -aquejábanos mucho la sed, y no sabiamos si habia agua adelante, y -habiamos andado ciertas leguas, ni tampoco teniamos certinidad qué -tanto estaba de allí un pozo que nos decian que habia en el camino; -y como Cortés así vido todo nuestro ejército cansado, y los amigos -tlascaltecas se desmayaron y se murió uno de sed, y un soldado de los -nuestros que era viejo y estaba doliente, me parece que tambien se -murió de sed, acordó Cortés de parar á la sombra de unos pinares, y -mandó á seis de á caballo que fuesen adelante, camino de Suchimileco, -é que viesen qué tanto de allí habia poblacion ó estancias, ó el pozo -que tuvimos noticia que estaba cerca, para ir á dormir á él; y cuando -fueron los de á caballo, que era Cristóbal de Olí y un Valdenebro y -Pedro Gonzalez de Trujillo, y otros muy esforzados varones, acordé yo -de me apartar en parte que no me viese Cortés ni los de á caballo, -y llevé tres naborías mios tlascaltecas, bien esforzados é sueltos -indios, y fuí tras ellos hasta que me vieron ir, y me aguardaron -para me hacer volver, no hubiese algun rebato de guerreros mejicanos -donde no me pudiese valer, é yo todavía porfiaba á ir con ellos; y -el Cristóbal de Olí, como era yo su amigo, me dijo que fuese y que -aparejase los puños á pelear con los indios y los piés á ponerme en -salvo, y era tanta la sed que tenia, que aventuraba mi vida por me -hartar de agua. - -Y pasando obra de media legua adelante, habia muchas estancias y -caserías de los de Suchimileco en unas laderas de unas sierrezuelas; -entónces los de á caballo que he dicho se apartaron para buscar agua -en las casas, y la hallaron y se hartaron de ella, y uno de mis -tlascaltecas me sacó de una casa un gran cántaro de agua, que así los -hay grandes cántaros en aquella tierra, de que me harté yo y ellos; y -entónces acordé desde allí de me volver donde estaba Cortés reposando, -porque los moradores de aquellas estancias ya comenzaban á se -apellidar y nos daban grita, y truje el cántaro lleno de agua con los -tlascaltecas, y hallé á Cortés que ya comenzaba á caminar con todo su -ejército; y como le dije que habia agua en unas estancias muy cerca de -allí y que habia bebido y que traia agua en el cántaro, la cual traian -los tlascaltecas muy escondida porque no me la tomasen, porque á la -sed no hay ley; de la cual bebió Cortés y otros caballeros, y se holgó -mucho, y todos se alegraron y se dieron priesa á caminar, y llegamos -á las estancias ántes de se poner el sol, y por las casas hallaron -agua, aunque no mucha, y con la sed que traian algunos soldados, comian -unos como cardos, y á algunos se les dañaron las bocas y lenguas; y -en este instante vinieron los de á caballo é dijeron que el pozo que -estaba léjos, y que ya estaba toda la tierra apellidando guerra, é -que era bien dormir allí; y luego pusieron velas y espías y corredores -del campo, é yo fuí uno de los que pusieran por velas, y paréceme -que llovió aquella noche un poco ó que hizo mucho viento; y otro dia -muy de mañana comenzamos á caminar; é á obra de las ocho llegamos á -Suchimileco. - -Saber yo ahora decir la multitud de guerreros que nos estaban -esperando, unos por tierra é otros en un paso de una puente que tenian -quebrada, é los muchos mamparos y albarradas que tenian hecho en -ellas, é las lanzas que traian hechas como al modo de las espadas que -hubieron cuando la gran matanza que hicieron de los nuestros en lo -de las puentes de Méjico, y otros muchos indios capitanes que todos -traian espadas de las nuestras muy relucientes; pues flecheros y varas -de á dos gajos, y piedra con hondas, y espadas de á dos manos como -montantes, hechas de á dos manos de navajas. - -Digo que estaba toda la tierra firme llena dellos, y al pasar de -aquella puente estuvieron peleando con nosotros cerca de media hora, -que no les podiamos entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas ni -grandes arremetidas que haciamos, y lo peor de todo era que ya venian -otros escuadrones dellos, por las espaldas dándonos guerra; y cuando -aquello vimos, rompimos por el agua y puente medio nadando, y otros á -vuelapié, y allí hubo algunos de nuestros soldados que bebieron tanta -agua por fuera, que se les hincharon las barrigas dello. - -Y volvamos á nuestra batalla: que al pasar de la puente hirieron á -muchos de los nuestros é mataron dos soldados, y luego les llevamos á -buenas cuchilladas por unas calles donde habia tierra firme adelante, -y los de á caballo, juntamente con Cortés, salen por otras partes á -tierra firme, á donde toparon sobre más de diez mil indios, todos -mejicanos, que venian de refresco para ayudar á los de aquel pueblo; -y peleaban de tal manera con los nuestros, que les aguardaban con las -lanzas á los de á caballo, é hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que -se halló en aquella gran presa, y el caballo en que iba, que era muy -bueno, castaño escuro, que le llamaban el Romo, ú de muy gordo ú de -cansado, como estaba holgado, desmayó el caballo, y los contrarios -mejicanos, como eran muchos, echaron mano á Cortés y le derribaron del -caballo; otros dijeron que por fuerza le derrocaron; ahora sea por lo -uno ó por lo otro, en aquel instante llegaron muchos más guerreros -mejicanos para si pudieran apañarle vivo á Cortés; y como aquello -vieron unos tlascaltecas y un soldado muy esforzado, que se decia -Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina -del Campo, de presto llegaron, y á buenas cuchilladas y estocadas -hicieron lugar, y tornó Cortés á cabalgar, aunque bien herido en la -cabeza, y quedó el Olea muy malamente herido de tres cuchilladas; y en -aquel tiempo acudimos allí todos los más soldados que más cerca dél -nos hallamos; porque en aquella sazon, como en aquella ciudad habia -en cada calle muchos escuadrones de guerreros y por fuerza habiamos de -seguir las banderas, no podiamos estar todos juntos, sino pelear unos á -unas partes y otros á otras, como nos fué mandado por Cortés; mas bien -entendimos que donde andaba Cortés y los de á caballo que habia mucho -que hacer, por las muchas gritas y voces y alaridos que oiamos. - -Y en fin de más razones, puesto que habia á donde andábamos muchos -guerreros, fuimos con gran riesgo de nuestras personas á donde estaba -Cortés, que ya se le habian juntado hasta quince de á caballo y estaban -peleando con los enemigos junto á unas acequias, á donde se mamparaban -y estaban albarradas; y como llegamos, les pusimos en huida, aunque -no del todo volvian las espaldas; y porque el soldado Olea que acudió -á nuestro Cortés estaba muy mal herido de tres cuchilladas y se -desangraba, y las calles de aquella ciudad estaban llenas de guerreros, -dijimos á Cortés que se volviese á unos mamparos y se curase el -Cortés y el Olea; y así volvimos, y no muy sin sobra de vara y piedra -y flecha, que nos tiraban de muchas partes donde tenian mamparos y -albarradas, creyendo los mejicanos, que volviamos retrayéndonos, é nos -seguian con gran furia; y en este instante viene Pedro de Albarado é -Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí y todos los más de á caballo que -fueron con ellos á otras partes, el Olí corriendo sangre de la cara y -el Pedro de Albarado herido, y el caballo y todos los demás cada cual -con su herida, y dijeron que habian peleado con tanto mejicano en el -campo, que no se podian valer; y porque cuando pasamos la puente que -dicho tengo, parece ser Cortés los repartió que la mitad de á caballo -fuesen por una parte y la otra mitad por otra; y así, fueron siguiendo -tras unos escuadrones, y la otra mitad tras los otros. - -Pues ya que estábamos curando los heridos con quemalles con aceite é -apretalles con mantas, suenan tantas voces y trompetillas é caracoles -por unas calles en tierra firme, y por ellas vienen tantos mejicanos á -un patio donde estábamos curando los heridos, é tírannos tanta vara y -piedra, que hirieron de repente á muchos soldados; mas no les fué muy -bien de aquella cabalgada, que presto arremetimos con ellos, y buenas -cuchilladas y estocadas quedaron hartos dellos tendidos. - -Pues los de á caballo no tardaron en salilles al encuentro, que mataron -muchos, puesto que entónces hirieron dos caballos é mataron un soldado; -de aquella vez los echamos de aquel sitio é patio; y cuando Cortés vió -que no habia más contrarios, nos fuimos á reposar á otro grande patio, -adonde estaban los grandes adoratorios de aquella ciudad, y á muchos de -nuestros soldados subieron en el cu más alto, adonde tenian sus ídolos, -y desde allí vieron la gran ciudad de Méjico y toda la laguna, porque -bien se señoreaba todo; y vieron venir sobre dos mil canoas que venian -de Méjico llenas de guerreros, y venian derechos adonde estábamos; -porque, segun otro dia supimos, el señor de Méjico, que se decia -Guatemuz, les enviaba para que aquella noche ó dia diesen en nosotros; -y juntamente envió por tierra sobre otros diez mil guerreros para que, -unos por una parte y otros por otra, tuviesen manera que no saliésemos -de aquella ciudad con las vidas ninguno de nosotros. - -Tambien habia apercebido otros diez mil hombres para les enviar de -refresco cuando estuviesen dándonos guerra, y esto se supo otro dia -de cinco capitanes mejicanos que en las batallas prendimos; y mejor -lo ordenó nuestro Señor Jesucristo; porque así como vino aquella gran -flota de canoas, luego se entendió que venian contra nosotros, y -acordóse que hubiese muy buena vela en todo nuestro real, repartido -á los puertos y acequias por donde habian de venir á desembarcar, y -los de á caballo muy á punto toda la noche, ensillados y enfrenados, -aguardando en la calzada y tierra firme, y todos los capitanes, y -Cortés con ellos, haciendo vela y ronda toda la noche, é á mí é á -otros diez soldados nos pusieron por velas sobre unas paredes de cal -y canto, y tuvimos muchas piedras é ballestas y escopetas y lanzas -grandes adonde estábamos, para que si por allí, en unas acequias que -era desembarcadero, llegasen canoas, que los resistiésemos é hiciésemos -volver, é á otros soldados pusieron en guarda en otras acequias. - -Pues estando velando yo y mis compañeros, sentimos el rumor de muchas -canoas que venian á remo callado á desembarcar á aquel puesto donde -estábamos, y á buenas pedradas y con las lanzas les resistimos, que no -osaron desembarcar, y á uno de nuestros compañeros enviamos que fuese á -dar aviso á Cortés; y estando en esto, volvieron otra vez otras muchas -canoas cargadas de guerreros, y nos comenzaron á tirar mucha vara y -piedra y flecha, y los tornamos á resistir, y entónces descalabraron -á dos de nuestros soldados; y como era de noche muy escuro, se fueron -á ajuntar las canoas con sus capitanes de la flota de canoas, y todas -juntas fueron á desembarcar á otro puertezuelo ó acequias hondas; y -como no son acostumbrados á pelear de noche, se juntaron todos con los -escuadrones que Guatemuz enviaba por tierra, que eran ya dellos más de -quince mil indios. - -Tambien quiero decir, y esto no por me jactanciar, que como nuestro -compañero fué á dar aviso á Cortés cómo habian llegado allí en el -puerto donde velábamos muchas canoas de guerreros, segun dicho tengo, -luego vino á hablar con nosotros el mismo Cortés, acompañado de diez -de á caballo, y cuando llegó cerca sin nos hablar, dimos voces yo y un -Gonzalo Sanchez, que era del Algarbe portugués, y dijimos: - -—«¿Quién viene ahí? ¿No podeis hablar?» - -Y le tiramos tres ó cuatro pedradas: y como me conoció Cortés en la voz -á mí y á mi compañero, dijo Cortés al tesorero Julian de Alderete y á -fray Pedro Melgarejo y al maestre de campo, que era Cristóbal de Olí, -que le acompañaban á rondar: - -—«No es menester poner aquí más recaudo, que dos hombres están aquí -puestos entre los que velan, que son de los que pasaron conmigo de los -primeros, que bien podemos fiar dellos esta vela, y aunque sea otra -cosa de mayor afrenta.» - -Y desque nos hablaron, dijo Cortés que mirásemos el peligro en que -estábamos; se fueron á requerir á otros puestos, y cuando no me cato, -sin más nos hablar, oimos cómo traian á un soldado azotando por la -vela, y era de los de Narvaez. - -Pues otra cosa quiero traer á la memoria, y es, que ya nuestros -escopeteros no tenian pólvora ni los ballesteros saetas; que el dia -ántes se dieron tal priesa, que lo habian gastado; y aquella misma -noche mandó Cortés á todos los ballesteros que alistasen todas las -saetas que tuviesen y las emplumasen y pusiesen sus casquillos, porque -siempre traiamos en las entradas muchas cargas de almacen de saetas, y -sobre cinco cargas de casquillos hechos de cobre, y todo aparejo para -donde quiera que llegásemos tener saetas; y toda la noche estuvieron -emplumando y poniendo casquillos todos los ballesteros, y Pedro Barba, -que era su capitan, no se quitaba de encima de la obra, y Cortés, que -de cuando en cuando acudia. - -Dejemos esto, y digamos ya que fué de dia claro cual nos vinieron á -cercar todos los escuadrones mejicanos en el patio donde estábamos: -y como nunca nos cogian descuidados, los de á caballo por una parte, -como era tierra firme, y nosotros por otra, y nuestros amigos los -tlascaltecas, que nos ayudaban, rompimos por ellos y se mataron y -hirieron tres de sus capitanes, sin otros muchos que luego otro dia se -murieron; y nuestros amigos hicieron buena presa, y se prendieron cinco -principales, de los cuales supimos los escuadrones que Guatemuz habia -enviado; y en aquella batalla quedaron muchos de nuestros soldados -heridos, é uno murió luego. - -Pues no se acabó en esta refriega; que yendo los de á caballo siguiendo -el alcance, se encuentran con los diez mil guerreros que el Guatemuz -enviaba en ayuda é socorro de refresco de los que de ántes habia -enviado, y los capitanes mejicanos que con ellos venian traian espadas -de las nuestras, haciendo muchas muestras con ellas de esforzados, -y decian que con nuestras armas nos habian de matar; y cuando los -nuestros de á caballo se hallaron cerca dellos, como eran pocos, y -eran muchos escuadrones, temieron; é á esta causa se pusieron en parte -para no se encontrar luego con ellos hasta que Cortés y todos nosotros -fuésemos en su ayuda; é como lo supimos, en aquel instante cabalgan -todos los de á caballo que quedaban en el real, aunque estaban heridos -ellos y sus caballos, y salimos todos los soldados y ballesteros, y -con nuestros amigos los tlascaltecas, y arremetimos de manera, que -rompimos y tuvimos lugar de nos juntar con ellos pié con pié, y á -buenas estocadas y cuchilladas se fueron con la mala ventura, y nos -dejaron de aquella vez el campo. - -Dejemos esto, y tornaremos á decir que allí se prendieron otros -principales, y se supo dellos que tenia Guatemuz ordenado de enviar -otra gran flota de canoas y muchos más guerreros por tierra; y dijo -á sus guerreros que cuando estuviésemos cansados, y heridos muchos y -muertos de los reencuentros pasados, que estariamos descuidados con -pensar que no enviaria más escuadrones contra nosotros, é que con los -muchos que entónces enviaria nos podria desbaratar; y como aquello se -supo, si muy apercebidos estábamos de ántes, mucho más lo estuvimos -entónces, y fué acordado que para otro dia saliésemos de aquella ciudad -y no aguardásemos más batallas; y aquel dia se nos fué en curar heridos -y en adobar armas y hacer saetas; y estando de aquella manera, pareció -ser que, como en aquella ciudad eran ricos y tenian unas casas muy -grandes llenas de mantas, y ropa, y camisas de mujeres de algodon, y -habia en ella oro y otras muchas cosas y plumajes, alcanzáronlo á saber -los tlascaltecas y ciertos soldados en qué parte ó paraje estaban las -casas, y se las fueron á mostrar unos prisioneros de Suchimileco, y -estaban en la laguna dulce y podian pasar á ellas por una calzada, -puesto que habia dos ó tres puentes chicas en la calzada, que pasaban -á ellas de unas acequias hondas á otras; y como nuestros soldados -fueron á las casas y las hallaron llenas de ropa, y no habia guarda, -cárganse ellos y muchos tlascaltecas de ropa y otras cosas de oro, y -se vienen con ello al real; y como lo vieron otros soldados, van á las -mismas casas, y estando dentro sacando ropa de unas cajas muy grandes -de madera, vino en aquel instante una gran flota de canoas de guerreros -de Méjico y dan sobre ellos é hirieron muchos soldados, y apañan á -cuatro soldados vivos é los llevaron á Méjico, é los demás se escaparon -de buena; y llamábanse los que llevaron Juan de Lara, y el otro Alonso -Hernandez, y de los demás no me acuerdo sus nombres, mas sé que eran de -la capitanía de Andrés de Monjaraz. - -Pues como le llevaron á Guatemuz estos cuatro soldados, alcanzó á saber -cómo éramos muy pocos los que veniamos con Cortés y que muchos estaban -heridos, y tanto como quiso saber de nuestro viaje, tanto supo; y como -fué bien informado, manda cortar piés y brazos á los tristes nuestros -compañeros, y los envia por muchos pueblos nuestros amigos de los que -nos habian venido de paz, y les envia á decir que ántes que volvamos -á Tezcuco piensa no quedará ninguno de nosotros á vida; y con los -corazones y sangre hizo sacrificio á sus ídolos. - -Dejemos esto, y digamos cómo luego tornó á enviar muchas flotas de -canoas llenas de guerreros, y otras capitanías por tierra, y les mandó -que procurasen que no saliésemos de Suchimileco con las vidas. - -Y porque ya estoy harto de escribir de los muchos reencuentros y -batallas que en estos cuatro dias tuvimos con mejicanos, é no puedo -dejar otra vez de hablar en ellas, digo que cuando amaneció vinieron -desta vez tantos culchúas mejicanos por los esteros, y otros por las -calzadas y tierra firme, que tuvimos harto que romper en ellos; y luego -nos salimos de aquella ciudad á una gran plaza que estaba algo apartada -del pueblo, donde solian hacer sus mercados; y allí, puestos con todo -nuestro fardaje para caminar, Cortés comenzó á hacer un parlamento -acerca del peligro en que estábamos, porque sabiamos cierto que en los -caminos é pasos malos nos estaban aguardando todo el poder de Méjico y -otros muchos guerreros puestos en esteros y acequias; é nos dijo que -seria bien, é así nos lo mandaba de hecho, que fuésemos desembarazados -y dejásemos el fardaje é hato, porque no nos estorbase para el tiempo -de pelear. - -Y cuando aquello le oimos, todos á una le respondimos que, mediante -Dios, que hombres éramos para defender nuestra hacienda y personas é la -suya, y que seria gran poquedad si tal hiciésemos; y desque vió nuestra -voluntad y respuesta, dijo que á la mano de Dios lo encomendaba; y -luego se puso en concierto cómo habiamos de ir, el fardaje y los -heridos en medio, y los de á caballo repartidos, la mitad dellos -delante y la otra mitad en la retaguarda, y los ballesteros tambien con -todos nuestros amigos, é allí poniamos más recaudo, porque siempre -los mejicanos tenian por costumbre que daban en el fardaje; de los -escopeteros no nos aprovechábamos, porque no tenian pólvora ninguna; y -desta manera comenzamos á caminar. - -Y cuando los escuadrones mejicanos que habia enviado Guatemuz aquel -dia vieron que nos íbamos retrayendo de Suchimileco, creyeron que de -miedo no los osábamos esperar, como ello fué verdad, y salen de repente -tantos dellos y se vienen derechos á nosotros, é hirieron dos soldados, -é dos murieron de ahí á ocho dias, é quisieron romper y desbaratar por -el fardaje; mas, como íbamos con el concierto que he dicho, no tuvieron -lugar, y en todo el camino hasta que llegamos á un gran pueblo que -se dice Cuyoacoan, que está obra de dos leguas de Suchimileco, nunca -nos faltaron rebatos de guerreros que nos salian en partes que no nos -podiamos aprovechar dellos, y ellos sí de nosotros, de mucha vara y -piedra y flecha; y como tenian cerca los esteros y zanjas, poníanse en -salvo. - -Pues llegados á Cuyoacoan á obra de las diez del dia, hallámosla -despoblada. - -Quiero ahora decir que están muchas ciudades las unas de las otras -cerca, de la gran ciudad de Méjico obra de dos leguas, porque -Suchimileco y Cuyoacoan y Chohuilobusco é Iztapalapa y Coadlauaca y -Mezquique, y otros tres ó cuatro pueblos que están poblados los más -dellos en el agua, que están á legua y media ó á dos leguas las unas -de las otras, y de todas ellas se habian juntado allí en Suchimileco -muchos indios guerreros contra nosotros. - -Pues volvamos á decir que como llegamos á aquel gran pueblo ya estaba -despoblado, y está en tierra llana, acordamos de reposar aquel dia -que llegamos é otro, porque se curasen los heridos y hacer saetas, -porque bien entendido teniamos que habiamos de haber más batallas ántes -de volver á nuestro real, que era Tezcuco; é otro dia muy de mañana -comenzamos á caminar, con el mismo concierto que soliamos llevar, -camino de Tacuba, que está de donde salimos obra de dos leguas, y en el -camino salieron en tres partes muchos escuadrones de guerreros, y todas -tres les resistimos, y los de á caballo los seguian por tierra llana -hasta que se acogian á los esteros é acequias; é yendo por nuestro -camino de la manera que he dicho, apartóse Cortés con diez de á caballo -á echar una celada á los mejicanos que salian de aquellos esteros y -salian á dar guerra á los nuestros, y llevó consigo cuatro mozos de -espuelas, y los mejicanos hacian que iban huyendo, y Cortés con los de -á caballo y sus criados siguiéndoles; y cuando miró por sí, estaba una -gran capitanía de contrarios puestos en celada, y dan en Cortés y los -de á caballo, que les hirieron los caballos, y si no dieran vuelta de -presto, allí quedaran muertos ó presos. - -Por manera que apañaron los mejicanos dos de los soldados mozos de -espuelas de Cortés, de los cuatro que llevaba, y vivos los llevaron á -Guatemuz, é los sacrificaron. - -Dejemos de hablar deste desman por causa de Cortés, y digamos cómo -habiamos ya llegado á Tacuba con nuestras banderas tendidas, con -todo nuestro ejército y fardaje, y todos los más de á caballo habian -llegado, y tambien Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y Cortés no -venia con los diez de á caballo que llevó en su compañía. - -Tuvimos mala sospecha no les hubiese acaecido algun desman, y luego -fuimos con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí é Andrés de Tapia en -su busca, con otros de á caballo, hácia los esteros donde le vimos -apartar, y en aquel instante vinieron los otros dos mozos de espuelas -que habian ido con Cortés, que se escaparon, é se decia el uno Monroy -y el otro Tomás de Rijoles, y dijeron que ellos por ser ligeros -escaparon, é que Cortés y los demás se vienen poco á poco porque traen -los caballos heridos; y estando en esto viene Cortés, con el cual nos -alegramos, puesto que él venia muy triste y como lloroso; llamábanse -los mozos de espuelas que llevaron á Méjico á sacrificar, el uno -Francisco Martin Vendobal, y este nombre de Vendobal se le puso por ser -algo loco, y el otro se decia Pedro Gallego. - -Pues como allí llegó Cortés á Tacuba, llovia mucho, y reparamos cerca -de dos horas en unos grandes patios; y Cortés con otros capitanes y el -tesorero Alderete, que venia ya malo, y el fraile Melgarejo y otros -muchos soldados, subimos en el gran cu de aquel pueblo, que desde él -se señoreaba muy bien la ciudad de Méjico, que está muy cerca, y toda -la laguna y las más ciudades que están en el agua pobladas; y cuando el -fraile y el tesorero Alderete vieron tantas ciudades y tan grandes, y -todas asentadas en el agua, estaban admirados. - -Pues cuando vieron la gran ciudad de Méjico, y la laguna y tanta -multitud de canoas, que unas iban cargadas con bastimentos y otras -iban á pescar y otras baldías, mucho más se espantaron, porque no las -habian visto hasta en aquella sazon; y dijeron que nuestra venida en -esta Nueva-España que no eran cosas de hombres humanos, sino que la -gran misericordia de Dios era quien nos sostenia; é que otras veces han -dicho que no se acuerdan haber leido en ninguna escritura que hayan -hecho ningunos vasallos tan grandes servicios á su Rey como son los -nuestros, é que ahora lo dicen muy mejor, y que dello harian relacion á -su majestad. - -Dejemos de otras muchas pláticas que allí pasaron, y cómo consolaba el -Fraile á Cortés por la pérdida de sus mozos de espuelas, que estaba -muy triste por ellos; y digamos cómo Cortés y todos nosotros estábamos -mirando desde Tacuba el gran cu del ídolo Huichilóbos y el Tatelulco y -los aposentos donde soliamos estar, y mirábamos toda la ciudad, y las -puentes y calzada por donde salimos huyendo; y en este instante suspiró -Cortés con una muy gran tristeza, muy mayor que la que de ántes traia, -por los hombres que le mataron ántes que en el alto cu subiese; y desde -entónces dijeron un cantar ó romance: - - En Tacuba está Cortés - Con su escuadron esforzado, - Triste estaba y muy penoso, - Triste y con gran cuidado, - La una mano en la mejilla, - Y la otra en el costado, etc. - -Acuérdome que entónces le dijo un soldado que se decia el bachiller -Alonso Perez, que despues de ganada la Nueva-España fué fiscal é vecino -en Méjico: - -—«Señor capitan, no esté vuestra merced tan triste; que en las guerras -estas cosas suelen acaecer, y no se dirá por vuestra merced: - - Mira Nero, de Tarpeya, - Á Roma cómo se ardia.» - -Y Cortés le dijo que ya veia cuántas veces habia enviado á Méjico á -rogalles con la paz, y que la tristeza no la tenia por sola una cosa, -sino en pensar en los grandes trabajos en que nos habiamos de ver hasta -tornar á señorear, y que con la ayuda de Dios presto lo porniamos por -la obra. - -Dejemos estas pláticas y romances, pues no estábamos en tiempo dellos, -y digamos cómo se tomó parecer entre nuestros capitanes y soldados -si dariamos una vista á la calzada, pues estaba tan cerca de Tacuba, -donde estábamos; y como no habia pólvora ni muchas saetas, y todos los -más soldados de nuestro ejército heridos, acordándosenos que otra vez, -poco más habia de un mes, que Cortés les probó á entrar en la calzada -con muchos soldados que llevaba, y estuvo en gran peligro; porque -temió ser desbaratado, como dicho tengo en el capítulo pasado que -dello habla; y fué acordado que luego nos fuésemos nuestro camino, por -temor no tuviésemos en ese dia ó en la noche alguna refriega con los -mejicanos; porque Tacuba está muy cerca de la gran ciudad de Méjico, y -con la llevada que entónces llevaron vivos de los soldados no enviase -Guatemuz sus grandes poderes contra nosotros; y comenzamos á caminar, -y pasamos por Escapuzalco y hallámosle despoblado, y luego fuimos á -Tenayuca, que era gran pueblo, que le soliamos llamar el pueblo de las -Sierpes. - -Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello habla, que tenian tres -sierpes en el oratorio mayor en que adoraban, y las tenian por sus -ídolos, y tambien estaban despoblados; y desde allí fuimos á Guatitlan, -y en todo este dia no dejó de llover muy grandes aguaceros, y como -íbamos con nuestras armas á cuestas, que jamás las quitábamos de dia ni -de noche, y con la mucha agua y del peso dellas íbamos quebrantados, -y llegamos ya que anochecia á aquel gran pueblo, y tambien estaba -despoblado, y en toda la noche no dejó de llover, y habia grandes -lodos, y los naturales dél y otros escuadrones mejicanos nos daban -tanta grita de noche desde unas acequias y partes que no les podiamos -hacer mal; y como hacia muy escuro y llovia, no se podian poner velas -ni rondas, y no hubo concierto ninguno ni acertábamos con los puestos; -y esto digo porque á mí me pusieron para velar la prima, y jamás acudió -á mi puesto ni cuadrillero ni rondas, y así se hizo en todo el real. - -Dejemos deste descuido, y tornemos á decir que otro dia fuimos camino -de otra gran poblacion, que no me acuerdo el nombre, y habia grandes -lodos en él, y hallámosla despoblada; y otro dia pasamos por otros -pueblos y tambien estaban despoblados; y otro dia llegamos á un pueblo -que se dice Aculman, sujeto de Tezcuco; y como supieron en Tezcuco cómo -íbamos, salieron á recebir á Cortés, é vinieron muchos españoles que -habian venido entónces de Castilla. - -Y tambien vino á recebirnos el capitan Gonzalo de Sandoval con muchos -soldados, y juntamente el señor de Tezcuco, que ya he dicho que se -decia don Fernando; y se hizo á Cortés buen recebimiento, así de los -nuestros como de los recien venidos de Castilla, y muchos más de los -naturales de los pueblos comarcanos; pues trujeron de comer, y luego -esa noche se volvió á Sandoval á Tezcuco con todos sus soldados á poner -en cobro su real. - -Y otro dia por la mañana fué Cortés con todos nosotros camino de -Tezcuco; y como íbamos cansados y heridos, y dejábamos muertos nuestros -soldados y compañeros, y sacrificados en poder de los mejicanos, -en lugar de descansar y curar nuestras heridas, tenian ordenada una -conjuracion ciertas personas de calidad, de la parcialidad de Narvaez, -de matar á Cortés y á Gonzalo de Sandoval é á Pedro de Alvarado é -Andrés de Tapia. - -Y lo que más pasó diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CXLVI. - -CÓMO DESQUE LLEGAMOS CON CORTÉS Á TEZCUCO CON TODO NUESTRO EJÉRCITO -Y SOLDADOS, DE LA ENTRADA DE RODEAR LOS PUEBLOS DE LA LAGUNA, TENIAN -CONCERTADO ENTRE CIERTAS PERSONAS DE LOS QUE HABIAN PASADO CON NARVAEZ, -DE MATAR Á CORTÉS Y Á TODOS LOS QUE FUÉSEMOS EN SU DEFENSA; Y QUIEN -FUÉ PRIMERO AUTOR DE AQUELLA CHIRINOLA FUÉ UNO QUE HABIA SIDO GRAN -AMIGO DE DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA; AL CUAL SOLDADO CORTÉS -LE MANDÓ AHORCAR POR SENTENCIA; Y CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS Y SE -APERCIBIÓ TODO EL REAL Y LOS PUEBLOS NUESTROS AMIGOS, Y SE HIZO ALARDE -Y ORDENANZAS, Y OTRAS COSAS QUE MÁS PASARON. - - -Ya he dicho, como veniamos tan destrozados y heridos de la entrada por -mí nombrada, pareció ser que un gran amigo del gobernador de Cuba, que -se decia Antonio de Villafaña, natural de Zamora ú de Toro, se concertó -con otros soldados de los de Narvaez, los cuales no nombro sus nombres -por su honor, que así como viniese Cortés de aquella entrada, que le -matasen, y habia de ser desta manera: que, como en aquella sazon habia -venido un navío de Castilla, que cuando Cortés estuviese sentado á la -mesa comiendo con sus capitanes é soldados, que entre aquellas personas -que tenian hecho el concierto, que trujesen una carta muy cerrada -y sellada, como que venia de Castilla, y que dijesen que era de su -padre Martin Cortés, y que cuando la estuviese leyendo le diesen de -puñaladas, y así al Cortés como á todos los capitanes y soldados que -cerca de Cortés nos hallásemos en su defensa. - -Pues ya hecho y consultado todo lo por mí dicho, los que lo tenian -concertado, quiso nuestro Señor que dieron parte del negocio á dos -personas principales, que aquí tampoco quiero nombrar, que habian ido -en la entrada con nosotros, y aun á uno dellos en el concierto que -tenian le habian nombrado por uno de los capitanes generales despues -que hubiesen muerto á Cortés; y asimismo á otros soldados de los de -Narvaez hacian alguacil mayor é alférez, y alcaldes y regidores, -y contador y tesorero y veedor, y otras cosas deste arte, y aun -repartido entre ellos nuestros bienes y caballos; y este concierto -estuvo encubierto dos dias despues que llegamos á Tezcuco; y nuestro -Señor Dios fué servido que tal cosa no pasase, porque era perderse la -Nueva-España y todos nosotros muriéramos, porque luego se levantaran -bandos y chirinolas. - -Pareció ser que un soldado lo descubrió á Cortés, que luego pusiese -remedio en ello ántes que más fuego sobre aquel caso se encendiese; -porque le certificó aquel buen soldado que eran muchas personas de -calidad en ello; y como Cortés lo supo, despues de hacer grandes -ofrecimientos y dádivas que le dió á quien se lo descubrió, muy presto -secretamente lo hace saber á todos nuestros capitanes, que fueron Pedro -de Albarado é Francisco de Lugo, y á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de -Sandoval, é Andrés de Tapia é á mí y á dos alcaldes ordinarios que eran -de aquel año, que se decian Luis Marin y Pedro de Ircio, y á todos -nosotros los que éramos de la parte de Cortés; y así como lo supimos, -nos apercebimos, y sin más tardar fuimos con Cortés á la posada de -Antonio de Villafaña, y estaban con él muchos de los que eran en la -conjuracion, y de presto le echamos mano al Villafaña con cuatro -alguaciles que Cortés llevaba, y los capitanes y soldados que con el -Villafaña estaban comenzaron á huir, y Cortés les mandó detener y -prender algunos dellos. - -Y cuando tuvimos preso al Villafaña, Cortés le sacó del seno el -memorial que tenia con las firmas de los que fueron en el concierto -que dicho tengo; y como lo hubo leido vió que eran muchas personas en -ello de calidad, é por no infamarlos, echó fama que comió el memorial -el Villafaña, y que no le habia visto ni leido, é luego hizo proceso -contra él; y tomada la confesion, dijo la verdad, é con muchos -testigos que habia de fe y de creer, que tomaron sobre el caso, por -sentencia que dieron los alcaldes ordinarios, juntamente con Cortés y -el maestre de campo Cristóbal de Olí, y despues que se confesó con el -padre Juan Diaz, le ahorcaron de una ventana del aposento donde posaba -el Villafaña; y no quiso Cortés que otro ninguno fuese infamado en -aquel mal caso, puesto que en aquella sazon echaron presos á muchos -por tener temores y hacer señal que queria hacer justicia de otros; y -como el tiempo no daba lugar á ello, se disimuló; y luego acordó Cortés -de tener guarda para su persona, y fué su capitan un hidalgo que se -decia Antonio de Quiñones, natural de Zamora, con doce soldados, buenos -hombres y esforzados, y le velaban de dia y de noche, y á nosotros de -los que sentia que éramos de su banda, nos rogaba que mirásemos por su -persona. - -Y desde allí adelante, aunque mostraba gran voluntad á las personas que -eran en la conjuracion, siempre se recelaba dellos. - -Dejemos esta materia, y digamos cómo luego se mandó pregonar que -todos los indios é indias que habiamos habido en aquellas entradas -los llevasen á herrar dentro de dos dias á una casa que estaba -señalada para ello; y por no gastar más palabras en esta relacion -sobre la manera que se vendia en la almoneda, más de las que otras -veces tengo dichas en las dos veces que se herraron, si mal lo habian -hecho de ántes, muy peor se hizo esta vez, que, despues de sacado el -real quinto, sacaba Cortés el suyo, y otras treinta socaliñas para -capitanes; y si eran hermosas y buenas indias las que metiamos á -herrar, las hurtaban de noche del monton que no parecian hasta de ahí -á buenos dias; y por esta causa se dejaban de herrar muchas piezas que -despues teniamos por naborías. - -Dejemos de hablar en esto, y digamos lo que despues en nuestro real se -ordenó. - - - - -CAPÍTULO CXLVII. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ Á TODOS LOS PUEBLOS NUESTROS AMIGOS QUE ESTABAN -CERCANOS DE TEZCUCO, QUE HICIESEN ALMACEN DE SAETAS É CASQUILLOS DE -COBRE, Y LO QUE EN NUESTRO REAL MÁS PASÓ. - - -Como se hubo hecho justicia del Antonio de Villafaña, y estaban ya -pacíficos los que eran juntamente con él conjurados de matar á Cortés y -á Pedro de Albarado y al Sandoval y á los que fuésemos en su defensa, -segun más largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado, é viendo -Cortés que ya los bergantines estaban hechos, y puestas sus jarcias -y velas y remos muy buenos, y más remos de los que habian menester -para cada bergantin, y la zanja de agua por donde habian de salir á la -laguna muy ancha é hondable, envió á decir á todas los pueblos nuestros -amigos que estaban cerca de Tezcuco, que en cada pueblo hiciesen ocho -mil casquillos de cobre, que fuesen segun otros que les llevaron por -muestra, que eran de Castilla; y asimismo les mandó que en cada pueblo -labrasen y desbastasen otras ocho mil saetas de una madera muy buena, -que tambien les llevaron muestra, y les dió de plazo ocho dias para que -trujesen las saetas y casquillos á nuestro real; lo cual trujeron para -el tiempo que se les mandó, que fueron más de cincuenta mil casquillos -y otras tantas mil saetas, y los casquillos fueron mejores que los de -Castilla. - -Y luego mandó Cortés á Pedro Barba, que en aquella sazon era capitan -de ballesteros, que los repartiese, así saetas como casquillos, entre -todos los ballesteros, é que les mandase que siempre desbastasen -el almacen, y las emplumasen con engrudo, que pega mejor que lo de -Castilla, que se hace de unas como raices que se dice cactle; y -asimismo mandó al Pedro Barba que cada ballestero tuviese dos cuerdas -bien pulidas y aderezadas para sus ballestas, y otras tantas nueces, -para que si se quebrase alguna cuerda ó faltase la nuez, que luego se -pusiese otra, é que siempre tirasen á terreno y viesen á qué pasos -allegaba la fuga de sus ballestas, y para ello se les dió mucho hilo de -Valencia para las cuerdas; porque en el navío que he dicho que vino -pocos dias habia de Castilla, que era de Juan de Búrgos, trujo mucho -hilo y gran cantidad de pólvora y ballestas y otras muchas armas, y -herraje y escopetas. - -Y tambien mandó Cortés á los de á caballo que tuviesen sus caballos -herrados y las lanzas puestas á punto, é que cada dia cabalgasen y -corriesen y les mostrasen muy bien á revolver y escaramuzar; y hecho -esto, envió mensajeros y cartas á nuestro amigo Xicotenga el viejo, -que, como ya he dicho otras veces, era vuelto cristiano y se llamaba -don Lorenzo de Vargas, y á su hijo Xicotenga el mozo, y á sus hermanos -y al Chichimecatecle, haciéndoles saber que en pasando el dia de Corpus -Christi habiamos de partir de aquella ciudad para ir sobre Méjico á -ponelle cerco, y que le enviase veinte mil guerreros de los suyos -de Tlascala y los de Guaxocingo y Cholula, pues todos eran amigos y -hermanos en armas; é ya lo sabian los tlascaltecas de sus mismos indios -el plazo y concierto, como siempre iban de nuestro real cargados de -despojos de las entradas que haciamos. - -Tambien apercibió á los de Chalco y Talmanalco y sus sujetos que -se apercibiesen para cuando los enviásemos á llamar; y se les hizo -saber cómo era para poner cerco á Méjico, y en qué tiempo habiamos de -ir; y tambien se les dijo á don Hernando, señor de Tezcuco, y á sus -principales y á todos sus sujetos, y á todos los más pueblos nuestros -amigos; y todos á una respondieron que lo harian muy cumplidamente -lo que Cortés les enviaba á mandar, é que vernian, y los de Tlascala -vinieron pasada la Pascua del Espíritu Santo. - -Hecho esto, se acordó de hacer alarde un dia de Pascua, lo cual diré -adelante el concierto que se dió. - - - - -CAPÍTULO CXLVIII. - -CÓMO SE HIZO ALARDE EN LA CIUDAD DE TEZCUCO EN LOS PATIOS MAYORES -DE AQUELLA CIUDAD, Y LOS DE Á CABALLO, BALLESTEROS Y ESCOPETEROS Y -SOLDADOS QUE SE HALLARON, Y LAS ORDENANZAS QUE SE PREGONARON, Y OTRAS -COSAS QUE SE HICIERON. - - -Despues que se dió la órden, así como ántes he dicho, y se enviaron -mensajeros y cartas á nuestros amigos los de Tlascala y á los de -Chalco, y se dió aviso á los demás pueblos, acordó Cortés con nuestros -capitanes y soldados que para el segundo dia del Espíritu Santo, -que fué el año de 1521 años, se hiciese alarde; el cual alarde se -hizo en los patios mayores de Tezcuco, y halláronse ochenta y cuatro -de á caballo y seiscientos y cincuenta soldados de espada y de -rodela, é muchos de lanzas, é ciento y noventa y cuatro ballesteros -y escopeteros; y destos se sacaron para los trece bergantines los -que ahora diré: para cada bergantin doce ballesteros y escopeteros, -estos no habian de remar; y demás desto, tambien se sacaron otros doce -remeros para cada bergantin, á seis por banda, que son los doce que he -dicho. Y demás desto, un capitan por cada bergantin. - -Por manera que sale á cada bergantin á veinte y cinco soldados con -el capitan, é trece bergantines que eran, á veinte y cinco soldados, -son ducientos y ochenta y ocho, y con los artilleros que les dieron, -demás de los veinte y cinco soldados, fueron en todos los bergantines -trecientos soldados por la cuenta que he dicho; y tambien les repartió -los tiros de fustera é halconetes que teniamos y la pólvora que -les parecia que habian menester; y esto hecho, mandó pregonar las -ordenanzas que todos habiamos de guardar. - -Lo primero, que ninguna persona fuese osada de blasfemar de Nuestro -Señor Jesucristo ni de Nuestra Señora su bendita Madre, ni de los -Santos Apóstoles ni otros Santos, so graves penas. - -Lo segundo, que ningun soldado tratase mal á nuestros amigos, pues iban -para nos ayudar, ni les tomasen cosa ninguna, aunque fuesen de las -cosas que ellos habian adquirido en la guerra, ni plata ni chalchihuies. - -Lo tercero, que ningun soldado fuese osado de salir ni de dia ni de -noche de nuestro real para ir á ningun pueblo de nuestros amigos ni á -otra parte á traer de comer ni á otra cualquier cosa, so graves penas. - -Lo cuarto, que todos los soldados llevasen muy buenas armas y bien -colchadas, y gorjal y papahigos y antiparas y rodelas; que, como -sabiamos, que era tanta la multitud de vara y piedra y flecha y lanza, -para todo era menester llevar las armas que decia el pregon. - -Lo quinto, que ninguna persona jugase caballo ni armas, por via -ninguna, con gran pena que se les puso. - -Lo sexto y último, que ningun soldado ni hombre de á caballo ni -ballestero ni escopetero duerma sin estar con todas sus armas vestidas -y con alpargates calzados, excepto si no fuese con gran necesidad de -heridas ó estar doliente, porque estuviésemos muy bien aparejados para -cualquier tiempo que los mejicanos viniesen á nos dar guerra. - -Y demás desto, se pregonaron las leyes que se mandan guardar en lo -militar, que es al que se duerme en la vela ó se va del puesto que le -ponen, pena de muerte; y se pregonó que ningun soldado vaya de un real -á otro sin licencia de su capitan, so pena de muerte. - -Más se pregonó, que el soldado que dejare su capitan en la guerra ó -batalla é se huya, pena de muerte. - -Esto pregonado, diré en lo que más se entendió. - - - - -CAPÍTULO CXLIX. - -CÓMO CORTÉS BUSCÓ Á LOS MARINEROS QUE ERAN MENESTER PARA REMAR EN LOS -BERGANTINES, Y SE LES SEÑALÓ CAPITANES QUE HABIAN DE IR EN ELLOS, Y DE -OTRAS COSAS QUE SE HICIERON. - - -Despues de hecho el alarde ya otras veces dicho, como vió Cortés que -para remar los bergantines no hallaban tantos hombres del mar que -supiesen remar, puesto que bien se conocian los que habiamos traido -en nuestros navíos que dimos al través con ellos cuando venimos con -Cortés, é asimismo se conocian los marineros de los navíos de Narvaez -y de los de Jamáica, y todos estaban puestos por memoria y los habian -apercebido porque habian de remar, y aun con todos ellos no habia -recaudo para todos trece bergantines, y muchos dellos rehusaban y aun -decian que no habian de remar; y Cortés hizo pesquisa para saber los -que eran marineros y habian visto que iban á pescar, ó si eran de Pálos -ó Moguer ú de Triana ú del Puerto ú de otro cualquier puerto ó parte -donde hay marineros, les mandaba, so graves penas, que entrasen en los -bergantines, y aunque más hidalgos dijesen que eran, les hizo ir á -remar; y desta manera juntó ciento y cincuenta hombres para remar, y -ellos fueron los mejor librados que nosotros los que estábamos en las -calzadas batallando, y quedaron ricos de despojos, como adelante diré. - -Y desque Cortés les hubo mandado que anduviesen en los bergantines, y -les repartió los ballesteros y escopeteros y pólvora y tiros é saetas -y todo lo demás que era menester, y les mandó poner en cada bergantin -las banderas Reales y otras banderas del nombre que se decia ser el -bergantin, y otras cosas que convenian, nombró por capitanes para cada -uno dellos á los que ahora aquí diré: á Garci-Holguin, Pedro Barba, -Juan de Limpias, Carvajal el sordo, Juan Jaramillo, Jerónimo Ruiz de la -Mota, Carvajal, su compañero, que ahora es muy viejo y vive en la calle -de San Francisco; é á un Portillo, que entónces vino de Castilla, buen -soldado, que tenia una mujer hermosa; é á un Zamora, que fué maestre de -navíos, que vivia ahora en Guaxaca; é á un Colmenero, que era marinero, -buen soldado; é á un Lerma é á Ginés Norte é á Briones, natural de -Salamanca; el otro capitan no me acuerdo su nombre, é á Miguel Diaz -de Auz; é cuando los hubo nombrado, mandó á todos los ballesteros y -escopeteros é á los demás soldados que habian de remar, que obedeciesen -á los capitanes que les ponia y no saliesen de su mandado, so graves -penas; y les dió las instrucciones que cada capitan habia de hacer y en -qué puesto habian de ir de las calzadas é con qué capitanes de los de -tierra. - -Acabado de poner en concierto todo lo que he dicho, viniéronle á -decir á Cortés que venian los capitanes de Tlascala con gran copia de -guerreros, y venian en ellos por capitan general Xicotenga el mozo, el -que fué capitan cuando las guerras de Tlascala, y este fué el que nos -trataba la traicion en Tlascala cuando salimos huyendo de Méjico, segun -otras muchas veces lo he referido; é que traia en su compañía otros dos -hermanos, hijos del buen viejo don Lorenzo de Vargas, é que traia gran -copia de tlascaltecas y de Guaxocingo, y otro capitan de cholultecas; y -aunque eran pocos, porque, á lo que siempre vi, despues que en Cholula -se les hizo el castigo ya otra vez por mí dicho en el capítulo que -dello habla, despues acá jamás fueron con los mejicanos ni aun con -nosotros, sino que se estaban á la mira, que aun cuando nos echaron de -Méjico no se hallaron ser nuestros contrarios. - -Dejemos esto, y volvamos á nuestra relacion: que como Cortés supo que -venia Xicotenga y sus hermanos y otros capitanes, é vinieron un dia -primero del plazo que les enviaron á decir que viniesen, salió á les -recebir Cortés un cuarto de legua de Tezcuco, con Pedro de Albarado y -otros nuestros capitanes; y como encontraron con el Xicotenga y sus -hermanos, les hizo Cortés mucho acato y les abrazó, y á todos los más -capitanes, y venian en gran ordenanza y todos muy lucidos, con grandes -divisas cada capitanía por sí, y sus banderas tendidas, y el ave -blanca que tienen por armas, que parece águila con sus alas tendidas; -traian sus alféreces revolando sus banderas y estandartes, y todos con -sus arcos y flechas y espadas de á dos manos y varas con tiraderas, é -otros macanas y lanzas grandes é otras chicas é sus penachos, y puestos -en concierto y dando voces y gritos é silbos, diciendo: - -—«¡Viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, Tlascala, -Tlascala!» - -Y tardaron en entrar en Tezcuco más de tres horas, y Cortés los -mandó aposentar en unos buenos aposentos, y los mandó dar de comer -de todo lo que en nuestro real habia; é despues de muchos abrazos y -ofrecimientos que los haria ricos, se despidió dellos y les dijo que -otro dia les diria lo que habian de hacer, é que ahora venian cansados, -que reposasen; y en aquel instante que llegaron aquellos caciques de -Tlascala que dicho tengo, entraron en nuestro real cartas que enviaba -un soldado que se decia Hernando de Barrientos, desde un pueblo que se -dice Chinanta, que estará de Méjico obra de noventa leguas; y lo que -en ella se contenia era que habian muerto los mejicanos en el tiempo -que nos echaron de Méjico á tres compañeros suyos cuando estaban en -las estancias y minas donde los dejó el capitan Pizarro, que así se -llamaba, para que buscasen y descubriesen todas aquellas comarcas si -habia minas ricas de oro, segun dicho tengo en el capítulo que dello -habla; y que el Barrientos que se acogió á aquel pueblo de Chinanta, -adonde estaba, y que son enemigos de mejicanos. - -Este pueblo fué donde trujeron las picas cuando fuimos sobre Narvaez. - -Y porque no hacen al caso á nuestra relacion otras particularidades que -decia en la carta, se dejará de decir: y Cortés sobre ella le escribió -en respuesta dándole relacion de la manera que íbamos de camino para -poner cerco á Méjico, y que á todos los caciques de aquellas provincias -les diese sus encomiendas, y que mirase que no se viniese de aquella -tierra hasta tener carta suya, porque en el camino no le matasen los -mejicanos. - -Dejemos esto, y digamos cómo Cortés ordenó de la manera que habiamos de -ir á poner cerco á Méjico, y quién fueron los capitanes, y lo que más -en el cerco sucedió. - - - - -CAPÍTULO CL. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE FUESEN TRES GUARNICIONES DE SOLDADOS Y DE Á -CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS POR TIERRA Á PONER CERCO Á LA GRAN -CIUDAD DE MÉJICO, Y LOS CAPITANES QUE NOMBRÓ PARA CADA GUARNICION, -Y LOS SOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS QUE LES -REPARTIÓ, Y LOS SITIOS Y CIUDADES DONDE HABIAMOS DE ASENTAR NUESTROS -REALES. - - -Mandó que Pedro de Albarado fuese por capitan de ciento y cincuenta -soldados de espada y rodela, y muchos llevaban lanzas, y les dió -treinta de á caballo y diez y ocho escopeteros y ballesteros, y nombró -que fuesen juntamente con él á Jorge de Albarado, su hermano, y á -Gutierre de Badajoz y á Andrés de Monjaraz, y estos mandó que fuesen -capitanes de cada cincuenta soldados, y que repartiesen entre todos -tres los escopeteros y ballesteros, tanto á una capitanía como á otra; -y que el Pedro de Albarado fuese capitan de los á caballo y general de -las tres capitanías, y le dió ocho mil tlascaltecas con sus capitanes, -y á mí me señaló y mandó que fuese con el Pedro de Albarado, y que -fuésemos á poner sitio en la ciudad de Tacuba; y mandó que las armas -que llevásemos fuesen muy buenas, y papahigos y gorjales y antiparas, -porque era mucha la vara y piedra como granizo, y flechas y lanzas y -macanas y otras armas de espadas de á dos manos con que los mejicanos -peleaban con nosotros, y para tener defensa con ir bien armados; y aun -con todo esto, cada dia que batallamos habia muertos y heridos, segun -adelante diré. - -Pasemos á otra capitanía. Dió á Cristóbal de Olí, que era maestre de -campo, otros treinta de á caballo y ciento y setenta y cinco soldados -y veinte escopeteros y ballesteros, y todos con sus armas, segun y -de la manera que los dió á Pedro de Albarado; y le nombró otros tres -capitanes, que fué Andrés de Tapia y Francisco Verdugo y Francisco -de Lugo, y entre todos tres capitanes repartiesen los soldados y -escopeteros y ballesteros; y que el Cristóbal de Olí fuese capitan -general de las tres capitanías y de los de á caballo, y le dió otros -ocho mil tlascaltecas, y le mandó que fuese á asentar su real en la -ciudad de Cuyoacoan, que estará de Tacuba dos leguas. - -De otra guarnicion de soldados hizo capitan á Gonzalo de Sandoval, -que era alguacil mayor, le dió veinte y cuatro de á caballo y catorce -escopeteros y ballesteros y ciento y cincuenta soldados de espada y -rodela y lanza, y más de ocho mil indios de guerra de los de Chalco y -Guaxocingo y de otros pueblos por donde el Sandoval habia de ir, que -eran nuestros amigos, y le dió por compañeros y capitanes á Luis Marin -y á Pedro de Ircio, que eran amigos del Sandoval; y les mandó que entre -los dos capitanes repartiesen los soldados y ballesteros, y que el -Sandoval tuviese á su cargo los de á caballo y que fuese general de -todos, y que sentase su real junto á Iztapalapa, é que le diese guerra -y le hiciese todo el mal que pudiese hasta que otra cosa le fuese -mandado; y no partió Sandoval de Tezcuco hasta que Cortés, que era -capitan de los bergantines, estaba muy á punto para salir con los trece -bergantines por la laguna; en los cuales llevaba trecientos soldados, -con ballesteros y escopeteros, porque así estaba ordenado. - -Por manera que Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, habiamos de ir por -una parte y Sandoval por otra. - -Digamos ahora que los unos á mano derecha y los otros desviados por -otro camino: y esto es así, porque los que no saben aquellas ciudades y -la laguna lo entiendan; porque se tornaban casi que á juntar. - -Dejemos de hablar más en ello, y digamos que á cada capitan se le -dió las instrucciones de lo que les era mandado; y como nos habiamos -de partir para otro dia por la mañana, y porque no tuviésemos tantos -embarazos en el camino, enviamos adelante todas las capitanías de -Tlascala hasta llegar á tierra de mejicanos. - -É yendo que iban los tlascaltecas descuidados con su capitan -Chichimecatecle, é otros capitanes con sus gentes, no vieron que iba -Xicotenga el mozo, que era el capitan general dellos; y preguntando -y pesquisando el Chichimecatecle qué se habia hecho ó adónde se -habia quedado, alcanzaron á saber que se habia vuelto aquella noche -encubiertamente para Tlascala, y que iba á tomar por fuerza el -cacicazgo é vasallos y tierra del mismo Chichimecatecle; y las causas -que para ello decian los tlascaltecas eran, que como el Xicotenga -el mozo vió ir los capitanes de Tlascala á la guerra, especialmente -á Chichimeclatecle, que no tendria contraditores, porque no tenia -temor de su padre Xicotenga el ciego, que como padre le ayudaria, y -nuestro amigo Masse-Escaci, que ya era muerto; é á quien temia era al -Chichimecatecle. - -Y tambien dijeron que siempre conocieron del Xicotenga no tener -voluntad de ir á la guerra de Méjico, porque le oian decir muchas -veces que todos nosotros y ellos habian de morir en ella. - -Pues desque aquello vió y entendió el Chichimeclatecle, cuyas eran las -tierras y vasallos que iba á tomar, vuelve del camino más que de paso, -é viene á Tezcuco á hacérselo saber á Cortés; é como Cortés lo supo, -mandó que con brevedad fuesen cinco principales de Tezcuco y otros dos -de Tlascala, amigos de Xicotenga, á hacelle volver del camino, y le -dijesen que Cortés le rogaba que luego se volviese para ir contra sus -enemigos los mejicanos, y que mire que su padre D. Lorenzo de Vargas, -si no fuera viejo y ciego, como estaba, viniera sobre Méjico; y que -pues toda Tlascala fueron y son muy leales servidores de su majestad, -que no quiera él infamarlos con lo que ahora hace, y le envió á hacer -muchos prometimientos y promesas, y que le daria oro y mantas porque -volviese; y la respuesta que le envió á decir fué, que si el viejo -de su padre y Masse-Escaci le hubieran creido, que no se hubieran -señoreado tanto dellos, que les hace hacer todo lo que quiere; y por no -gastar más palabras, dijo que no queria venir. - -Y como Cortés supo aquella respuesta, de presto dió un mandamiento á -un alguacil, y con cuatro de á caballo y cinco indios principales de -Tezcuco que fuesen muy en posta, y donde quiera que lo alcanzasen que -lo ahorcasen; é dijo: - -—«Ya en este cacique no hay enmienda, sino que siempre nos ha de ser -traidor y malo y de malos consejos;» y que no era tiempo para más le -sufrir, que bastaba lo pasado y presente. - -Y como Pedro de Albarado lo supo, rogó mucho por él, y Cortés ó le dió -buena respuesta ó secretamente mandó al alguacil é á los de á caballo -que no le dejasen con la vida; y así se hizo, que en un pueblo sujeto á -Tezcuco le ahorcaron, y en esto hubieron de parar sus traiciones. - -Algunos tlascaltecas hubo que dijeron que su padre D. Lorenzo de Vargas -envió á decir á Cortés que aquel su hijo era malo y que no se confiase -dél, y que procurase de le matar. - -Dejemos esta plática así, y diré que por esta causa nos detuvimos aquel -dia sin salir de Tezcuco; y otro dia, que fueron 13 de Mayo de 1521 -años, salimos entrambas capitanías juntas; porque así Cristóbal de Olí -como Pedro de Albarado habiamos de llevar un camino, y fuimos á dormir -á un pueblo sujeto de Tezcuco, que se dice Aculma; y pareció ser que -Cristóbal de Olí envió adelante á aquel pueblo á tomar posada, y tenia -puesto en cada casa por señal ramos verdes encima de las azuteas; y -cuando llegamos con Pedro de Albarado no hallamos donde posar, y sobre -ello ya habiamos echado mano á las armas de los de nuestra capitanía -contra los de Cristóbal de Olí, y aun los capitanes desafiados, y no -faltó caballeros de entrambas partes que se metieron entre nosotros, -y se pacificó algo el ruido, y no tanto, que todavía estábamos todos -resabidos: y desde allí lo hicieron saber á Cortés, y luego envió en -posta á fray Pedro Melgarejo y al capitan Luis Marin, y escribió á -los capitanes y á todos nosotros, reprendiéndonos por la cuestion y -persuadiéndonos la paz; y como llegaron nos hicieron amigos; mas desde -allí adelante no se llevaron bien los capitanes, que fué Pedro de -Albarado y Cristóbal de Olí. - -Y otro dia fuimos caminando entrambas las capitanías juntas, y fuímonos -á dormir á un gran pueblo que estaba despoblado, porque ya era tierra -de mejicanos; y otro dia fuimos nuestro camino tambien á dormir á otro -gran pueblo que se decia Guatitlan, que otras veces he nombrado, y -tambien estaba sin gente; é otro dia pasamos por otros dos pueblos, -que se decian Tenayuca y Escapuzalco, y tambien estaban despoblados; -y asimismo se aposentaron todos nuestros amigos los tlascaltecas, y -aun aquella tarde fueron por las estancias de aquellas poblaciones -y trujeron de comer, y con buenas velas y escuchas y corredores del -campo, como siempre teniamos para que no nos cogiesen desapercebidos, -dormimos aquella noche, porque ya he dicho otras veces que la ciudad -de Méjico está junto á Tacuba; é ya que anochecia oimos grandes gritas -que nos daban desde la laguna, diciéndonos muchos vituperios y que no -éramos hombres para salir á pelear con ellos; y tenian tantas de las -canoas llenas de guerreros, y aquellas palabras que nos decian eran -con pensamiento de nos indignar para que saliésemos aquella noche á -guerrear, y herirnos más á su salvo; y como estábamos escarmentados de -lo de las calzadas y puentes muchas veces por mí nombradas, no quisimos -salir hasta otro dia, que fué domingo, despues de haber oido Misa, que -nos la dijo el Padre Juan Diaz; y despues de nos encomendar á Dios, -acordamos que entrambas capitanías juntas fuésemos á quebrar el agua de -Chalputepeque, de que se proveia la ciudad, que estaba desde allí de -Tacuba aun en media legua. - -É yendo á les quebrar los caños, topamos muchos guerreros, que nos -esperaban en el camino; porque bien entendido tenian que aquello -habia de ser lo primero en que los podriamos dañar; y así como nos -encontraron cerca de unos pasos malos comenzaron á nos flechar y tirar -vara y piedra con hondas, é nos hirieron á tres soldados; más de presto -les hicimos volver las espaldas, y nuestros amigos los de Tlascala -los siguieron de manera, que mataron veinte y prendieron siete ú ocho -dellos; y como aquellos grandes escuadrones estuvieron puestos en -huida, les quebramos los caños por donde iba el agua á su ciudad, y -desde entónces nunca fué á Méjico entre tanto que duró la guerra. - -Y como aquello hubimos hecho, acordaron nuestros capitanes que luego -fuésemos á dar una vista y entrar por la calzada de Tacuba y hacer -lo que pudiésemos para les ganar una puente; y llegados que fuimos á -la calzada, eran tantas las canoas que en la laguna estaban llenas -de guerreros y en las mismas canoas é calzadas, que nos admirábamos -dello; y tiraron tanta de vara y flecha y piedra con hondas, que en -la primera refriega hirieron treinta de nuestros soldados é murieron -tres; y aunque nos hacian tanto daño, todavía les fuimos entrando por -la calzada adelante hasta una puente, y á lo que yo entendí, ellos -nos daban lugar á ello, por meternos de la parte de la puente; y como -allí nos tuvieron, digo que cargaron tanta multitud de guerreros sobre -nosotros, que no nos podiamos valer; porque por la calzada dicha, que -son ocho pasos de ancho, ¿qué podiamos hacer á tan gran poderio que -estaban de la una parte y de la otra de la calzada y daban en nosotros -como á terrero? Porque ya que nuestros escopeteros y ballesteros no -hacian sino armar y tirar á las canoas, no les haciamos daño, sino muy -poco, porque las traian muy bien armadas de talabardones de madera. - -Pues cuando arremetiamos á los escuadrones que peleaban en la misma -calzada luego se echaban al agua, y habia tantos dellos, que no nos -podiamos valer. - -Pues los de á caballo no aprovechaban cosa ninguna, porque les herian -los caballos de la una parte y de la otra desde el agua; y ya que -arremetian tras los escuadrones, echábanse al agua, y tenian hechos -unos mamparos, donde estaban otros guerreros aguardando con unas -lanzas largas que habian hecho con las armas que nos tomaron cuando -nos echaron de Méjico é salimos huyendo; y desta manera estuvimos -peleando con ellos obra de un hora, y tanta priesa nos daban, que no -nos podiamos sustentar contra ellos; y aun vimos que venia por otras -partes una gran flota de canoas á atajarnos los pasos para tomarnos -las espaldas, y conociendo esto nuestros capitanes y todos nuestros -soldados, apercebimos que los amigos tlascaltecas que llevábamos nos -embarazaban mucho la calzada, que se saliesen fuera, porque en el agua -vista cosa es que no pueden pelear; y acordamos de con buen concierto -retraernos y no pasar más adelante. - -Pues cuando los mejicanos nos vieron retraer y echar fuera los -tlascaltecas, ¡qué grita y alaridos nos daban! Y como se venian á -juntar con nosotros pié con pié, digo que yo no lo sé escribir, porque -toda la calzada hincheron de vara y flecha é piedra de las que nos -tiraban, pues las que caian en el agua muchas más serian, y como nos -vimos en tierra firme, dimos gracias á Dios por nos haber librado de -aquella batalla, y ocho de nuestros soldados quedaron aquella vez -muertos y más de cincuenta heridos; y aun con todo esto nos daban -grita y decian vituperios desde las canoas, y nuestros amigos los -tlascaltecas les decian que saliesen á tierra y que fuesen doblados los -contrarios, y pelearian con ellos. - -Esta fué la primera cosa que hicimos, quitalles el agua y darle vista -á la laguna, aunque no ganamos honra con ellos; y aquella noche nos -estuvimos en nuestro real y se curaron los heridos, y aun se murió un -caballo, y pusimos buen cobro de velas y escuchas; y otro dia de mañana -dijo el capitan Cristóbal de Olí que se queria ir á su puesto, que -era á Cuyoacoan, que estaba de allí legua y media; é por más que le -rogó Pedro de Albarado y otros caballeros que no se apartasen aquellas -dos capitanías, sino que se estuviesen juntas, jamás quiso; porque, -como era el Cristóbal muy esforzado, y en la vista que el dia ántes -dimos á la laguna no nos sucedió bien, decia el Cristóbal de Olí que -por culpa de Pedro de Albarado habiamos entrado inconsideradamente; -por manera que jamás quiso quedar, y se fué adonde Cortés le mandó, -que es Cuyoacoan, y nosotros nos quedamos en nuestro real; y no fué -bien apartarse una capitanía de otra en aquella sazon, porque si los -mejicanos tuvieran aviso que éramos pocos soldados, en cuatro ó cinco -dias que allí estuvimos apartados ántes que los bergantines viniesen, y -dieran sobre nosotros y en los de Cristóbal de Olí, corriéramos harto -trabajo ó hiciera gran daño. - -Y de aquesta manera estuvimos en Tacuba, y el Cristóbal de Olí en su -real, sin osar dar más vista ni entrar por las calzadas, y cada dia -teniamos en tierra rebatos de muchos mejicanos que salian á tierra -firme á pelear con nosotros, y aun nos desafiaban para meternos en -parte donde fuesen señores de nosotros y no les pudiésemos hacer ningun -daño. - -Y dejallo he aquí, y diré cómo Gonzalo de Sandoval salió de Tezcuco -cuatro dias despues de la fiesta de Corpus Christi, y se vino á -Iztapalapa, que casi todo el camino era de amigos y sujetos de Tezcuco; -y como llegó á la poblacion de Iztapalapa, luego les comenzó á dar -guerra y á quemar muchas casas de las que estaban en tierra firme, -porque las demás casas todas estaban en la laguna; mas no tardó -muchas horas, que luego vinieron en socorro de aquella ciudad grandes -escuadrones de mejicanos, y tuvo Sandoval con ellos una buena batalla y -grandes reencuentros cuando peleaban en tierra; y despues de acogidos á -las canoas, les tiraban mucha vara y flecha y piedra, y herian algunos -soldados. - -Y estando desta manera peleando, vieron que en una sierrezuela que está -allí junto á Iztapalapa en tierra firme hacian grandes ahumadas, y que -les respondian con otras ahumadas de otros pueblos que están poblados -en la laguna, y era señal que se apellidaban todas las canoas de Méjico -y de todos los pueblos de alrededor de la laguna, porque vieron á -Cortés que ya habia salido de Tezcuco con los trece bergantines, porque -luego que se vino el Sandoval de Tezcuco no aguardó allí más Cortés; -y la primera cosa que hizo en entrando en la laguna fué combatir á un -peñol que estaba en una isleta junto á Méjico, donde estaban recogidos -muchos mejicanos, ansí de los naturales de aquella ciudad como de los -forasteros que se habian ido á hacer fuertes; y salió á la laguna -contra Cortés todo el número de canoas que habia en todo Méjico y en -todos los pueblos que están poblados en el agua ó cerca della, que son -Suchimileco, Cuyoacoan, Iztapalapa é Huichilobusco y Mexicalcingo, -é otros pueblos que por no me detener no nombro, y todos juntamente -fueron contra Cortés, y á esta causa aflojaron algo los que daban -guerra en Iztapalapa á Sandoval; y como todos los más de aquella ciudad -en aquel tiempo estaban poblados en el agua, no les podia hacer mal -ninguno, puesto que á los principios mató muchos de los contrarios; -y como llevaba muy gran copia de amigos, con ellos cautivó y prendió -mucha gente de aquellas poblaciones. - -Dejemos al Sandoval, que quedó aislado en Iztapalapa, que no podia -venir con su gente á Cuyoacoan si no era por una calzada que atravesaba -por mitad de la laguna, y si por ella viniera, no hubiera bien entrado -cuando le desbarataran los contrarios, por causa que por entrambas á -dos partes del agua le habian de guerrear, y él no habia de ser señor -de poderse defender, y á esta causa se estuvo quedo. - -Dejemos al Sandoval, y digamos que como Cortés vió que se juntaban -tantas flotas de canoas contra sus trece bergantines, las temió en -gran manera, y eran de temer, porque eran más de cuatro mil canoas; y -dejó el combate del peñol y se puso en parte de la laguna, para si se -viese en aprieto poder salir con sus bergantines á lo largo y correr -á la parte que quisiese, y mandó á sus capitanes que en ellos venian -que no curasen de embestir ni apretar contra canoas ningunas hasta que -refrescase más el viento de tierra, porque en aquel instante comenzaba -á ventear; y como las canoas vieron que los bergantines reparaban, -creian que de temor dellos lo hacian, y era verdad como lo pensaron, y -entónces les daban mucha priesa los capitanes mejicanos, y mandaban á -todas sus gentes que luego fuesen á embestir con nuestros bergantines; -y en aquel instante vino un viento muy recio y muy bueno, y con buena -priesa que se dieron nuestros remeros y el tiempo aparejado, mandó -Cortés embestir con la flota de canoas, y trastornaron muchas dellas -y prendieron y mataron muchos indios, y las demás canoas se fueron á -recoger entre las casas que están en la laguna, en parte que no podian -llegar á ellas nuestros bergantines; por manera que este fué el primer -combate que se hubo por la laguna, é Cortés tuvo vitoria, gracias á -Dios por todo, amen. - -Y como aquello fué hecho, se fué con los bergantines hácia Cuyoacoan, -adonde estaba asentado el Real de Cristóbal de Olí, y peleó con muchos -escuadrones mejicanos que le esperaban en partes peligrosas, creyendo -de tomarle los bergantines; y como le daban mucha guerra desde las -canoas que estaban en la laguna y desde unas torres de ídolos, mandó -sacar de los bergantines cuatro tiros, y con ellos daba guerra, y -mataba y heria muchos indios; y tanta priesa tenian los artilleros, -que por descuido se les quemó la pólvora, y aun se chamuscaron algunos -dellos las caras y manos; y luego despachó Cortés un bergantin muy -ligero á Iztapalapa al real de Sandoval para que trajesen toda la -pólvora que tenia, y le escribió que de allí donde estaba no se mudase. - -Dejemos á Cortés, que siempre tenia rebatos de mejicanos, hasta que se -juntó en el real de Cristóbal de Olí, y en dos dias que allí estuvo -siempre le combatian muchos contrarios; y porque yo en aquella sazon -estaba en lo de Tacuba con Pedro de Albarado, diré lo que hicimos en -nuestro real; y es que, como sentimos que Cortés andaba por la laguna, -entramos por nuestra calzada adelante y con gran concierto, y no -como la primera vez, y les llegamos á la puente, y los ballesteros y -escopeteros con mucho concierto, tirando unos y armando otros, y á los -de á caballo les mandó Pedro de Albarado que no entrasen con nosotros -entre las calzadas; y desta manera estuvimos, unas veces peleando y -otras poniendo resistencia no entrasen por tierra, porque cada dia -teniamos refriegas, y en ellas nos mataron tres soldados; y tambien -entendiamos en adobar los malos pasos. - -Dejemos esto, y digamos cómo Gonzalo de Sandoval, que estaba en -Iztapalapa, viendo que no les podia hacer mal á los de Iztapalapa, -porque estaban en el agua, y ellos á él le herian sus soldados, acordó -de se venir á unas casas é poblacion que estaban en el agua, que -podian entrar en ellas, y les comenzó á combatir; y estándoles dando -guerra, envió Guatemuz, gran señor de Méjico, á muchos guerreros á -los ayudar y deshacer y abrir la calzada por donde habia entrado el -Sandoval, para tomalles dentro y que no tuviesen por donde salir; y -envió por otra parte mucha más gente de guerra; y como Cortés estaba -con Cristóbal de Olí, é vieron salir gran copia de canoas hácia -Iztapalapa, acordó de ir con los bergantines y con toda la capitanía -de Cristóbal de Olí hácia Iztapalapa en busca de Sandoval; é yendo por -la laguna con los bergantines y el Cristóbal de Olí por la calzada, -vieron que estaban abriendo la calzada muchos mejicanos, y tuvieran por -cierto que estaba allí en aquellas casas el Sandoval, y fueron con los -bergantines é le hallaron peleando con el escuadron de guerreros que -envió el Guatemuz, y cesó algo la pelea; y luego mandó Cortés á Gonzalo -de Sandoval que dejase aquello de Iztapalapa é fuese por tierra á -poner cerco á otra calzada que va desde Méjico á un pueblo que se dice -Tepeaquilla, adonde ahora llaman Nuestra Señora de Guadalupe, donde -hace y ha hecho muchos y admirables milagros. - -É digamos cómo Cortés repartió los bergantines, y lo que más se hizo. - - - - -CAPÍTULO CLI. - -CÓMO CORTÉS MANDÓ REPARTIR LOS DOCE BERGANTINES, Y MANDÓ QUE SE SACASE -LA GENTE DEL MÁS PEQUEÑO BERGANTIN, QUE SE DECIA BUSCA-RUIDO, Y DE LO -DEMÁS QUE PASÓ. - - -Como Cortés y todos nuestros capitanes y soldados entendimos que sin -los bergantines no podriamos entrar por las calzadas para combatir á -Méjico, envió cuatro dellos á Pedro de Albarado, y en su real, que era -el de Cristóbal de Olí, dejó seis bergantines, y á Gonzalo de Sandoval, -en la calzada de Tepeaquilla, envió dos; y mandó que el bergantin más -pequeño que no anduviese más en el agua, porque no le trastornasen -las canoas, que no era de sustento, y la gente y marineros que en él -andaban mandó repartir en esotros doce, porque ya estaban muy mal -heridos veinte hombres de los que en ellos andaban. - -Pues desque nos vimos en nuestro real de Tacuba con aquella ayuda de -los bergantines, mandó Pedro de Albarado que los dos dellos anduviesen -por la una parte de la calzada y los otros dos de la otra parte, é -comenzamos á pelear muy de hecho, porque las canoas que nos solian -dar guerra desde el agua, los bergantines las desbarataban; y ansí, -teniamos lugar de les ganar algunas puentes y albarradas; y cuando -con ellos estábamos peleando, era tanta la piedra con hondas y vara y -flecha que nos tiraban, que por bien que íbamos armados, todos los más -soldados nos descalabraban, y quedábamos heridos, y hasta que la noche -nos despartia no dejábamos la pelea y combate. - -Pues quiero decir el mudarse de escuadrones con sus divisas é insignias -de las armas que de los mejicanos se remudaban de rato en rato, pues á -los bergantines cuál los paraban de las azuteas, que los cargaban de -vara y flecha y piedra, porque era más que granizo, y no lo sé aquí -decir ni habrá quien lo pueda comprender, sino los que en ello nos -hallamos, que venia tanta multitud dellas como granizo, é de presto -cubrian la calzada, pues ya que con tantos trabajos les ganábamos -alguna puente ó albarrada y la dejábamos sin guarda, aquella misma -noche la habian de tornar á ahondar, y ponian muy mejores defensas, -y aun hacian hoyos encubiertos en el agua, para que otro dia cuando -peleásemos, al tiempo de retraer, nos embarazásemos y cayésemos en -los hoyos, y pudiesen en sus canoas desbaratarnos; porque ansimismo -tenian aparejadas muchas canoas para ello, puestas en partes que no las -viesen nuestros bergantines, para cuando nos tuviesen en aprieto en los -hoyos, los unos por tierra y los otros por el agua dar en nosotros; y -para que nuestros bergantines no nos pudiesen venir á ayudar tenian -hechas muchas estacadas en el agua, encubiertas en partes que en ellas -zabordasen, y desta manera peleábamos cada dia. - -Ya he dicho otras veces que los caballos muy poco aprovechaban en -las calzadas, porque si arremetian ó daban alcance á los escuadrones -que con nosotros peleaban, luego se les arrojaban en el agua, y á -unos mamparos que tenian hechos en las calzadas, donde estaban otros -escuadrones de guerreros aguardando con lanzas largas de las nuestras, -ó dalles que habian hecho muy más largas que son las nuestras, de las -armas que tomaron cuando el gran desbarate que nos dieron en Méjico; y -con aquellas lanzas y grandes rociadas de flecha y vara é piedra que -tiraban de la laguna, herian y mataban los caballos ántes que se les -hiciese á los contrarios daño; y demás desto, los caballeros cuyos eran -no los querian aventurar, porque costaba en aquella sazon un caballo -ochocientos pesos, y aun algunos costaban á más de mil, y no los habia, -especialmente no pudiendo alancear por las calzadas sino muy pocos -contrarios. - -Dejemos esto, y digamos que cuando la noche nos despartia curábamos -nuestros heridos con aceite, é un soldado que se decia Juan Catalan, -que nos las santiguaba y ensalmaba, y verdaderamente digo que -hallábamos que Nuestro Señor Jesucristo era servido de darnos esfuerzo, -demás de las muchas mercedes que cada dia nos hacia, y de presto -sanaban; y ansí heridos y entrapajados habiamos de pelear desde la -mañana hasta la noche, que si los heridos se quedaran en el real sin -salir á los combates, no hubiera de cada capitanía veinte hombres sanos -para salir. - -Pues nuestros amigos los de Tlascala, como veian que aquel hombre que -dicho tengo nos santiguaba, todos los heridos y descalabrados venian á -él, y eran tantos, que en todo el dia harto tenia que curar. - -Pues quiero decir de nuestros capitanes y alféreces y compañeros de -bandera, que saliamos llenos de heridas y las banderas rotas, y digo -que cada dia habiamos menester un alférez, porque saliamos tales, que -no podian tornar á entrar á pelear y llevar las banderas; pues con todo -esto, por ventura teniamos que comer, no digo de falta de tortillas -de maíz, que hartas teniamos, sino algun refrigerio para los heridos -maldito aquel. - -Lo que nos daba la vida era unos quilites, que son unas yerbas que -comen los indios, y cerezas de la tierra miéntras las habia, y despues -tunas, que en aquella sazon vino el tiempo dellas; y otro tanto como -haciamos en nuestro real, hacian en el real donde estaba Cortés y en -el de Sandoval, que jamás dia alguno faltaban capitanías de mejicanos, -que siempre les iban á dar guerra, ya he dicho otras veces que desde -que amanecia hasta la noche; porque para ello tenia Guatemuz señalados -los capitanes y escuadrones que á cada calzada habian de acudir, y el -Taltelulco é los pueblos de la laguna, ya otra vez por mí nombrados, -tenian señaladas, para que en viendo una señal en el cu mayor de -Taltelulco, acudiesen unos en canoas y otros por tierra, y para ello -tenian los capitanes mejicanos señalados y con gran concierto cómo y -cuándo y á qué partes habian de acudir. - -Dejemos esto, y digamos cómo nosotros mudamos otra órden y manera de -pelear, y es esta que diré: que como viamos que cuantas obras de agua -ganábamos de dia, y sobre lo ganar mataban de nuestros soldados, y -todos los más estábamos heridos, lo tornaban á cegar los mejicanos, -acordamos que todos nos fuésemos á meter en la calzada, en una placeta -donde estaban unas torres de ídolos que las habiamos ya ganado, y -habia espacio para hacer nuestros ranchos, aunque eran muy malos, que -en lloviendo todos nos mojábamos, é no eran para más de cubrirnos -del sereno é del sol; y dejamos en Tacuba las indias que nos hacian -pan, y quedaron en su guarda todos los de á caballo y nuestros amigos -los de Tlascala, para que mirasen y guardasen los pasos, no viniesen -de los pueblos comarcanos á darnos en la rezaga en las calzadas -miéntras que estábamos peleando; y desque hubimos asentado nuestros -ranchos adonde dicho tengo, desde allí adelante procuramos que luego -las casas ó barrios ó aberturas de agua que les ganásemos, que luego -lo cegásemos, y que las casas diésemos con ellas en tierra y las -deshiciésemos, porque ponellas fuego, tardaban mucho en se quemar, y -desde unas casas á otras no se podian encender, porque, como ya otras -veces he dicho, cada casa estaba en el agua, y sin pasar en puentes -ó en canoas no pueden ir de una parte á otra; porque si queriamos ir -por el agua nadando, desde las azuteas que tenian nos hacian mucho -mal, y derrocándose las casas estábamos muy más seguros, y cuando les -ganábamos alguna albarrada ó puente ó paso malo donde ponian mucha -resistencia, procurábamos de la guardar de dia y de noche, y es desta -manera que todas nuestras capitanías velábamos las noches juntas. - -Y el concierto que para ello se dió fué, que tomaba la vela desde que -anochecia hasta media noche la primera capitanía, y eran sobre cuarenta -soldados, y dende media noche hasta dos horas ántes que amaneciese -tomaba la vela otra capitanía de otros cuarenta hombres, y no se iban -del puesto los primeros, que allí en el suelo dormiamos, y este cuarto -es el de la modorra; y luego venian otros cuarenta y tantos soldados, -y velaban el alba, que eran aquellas dos horas que habia hasta el -dia, y tampoco se habian de ir los que velaban la modorra, que allí -habian de estar; por manera que cuando amanecia nos hallábamos velando -sobre ciento y veinte soldados todos juntos, y aun algunas noches, -cuando sentiamos mucho peligro, desde que anochecia hasta que amanecia -todos los del real estábamos juntos aguardando el gran ímpetu de los -mejicanos, por temor no nos rompiesen, porque teniamos aviso de unos -capitanes mejicanos que en las batallas prendimos, que el Guatemuz -tenia pensamientos y puesto en plática con sus capitanes que procurasen -en una noche ó de dia romper por nosotros en nuestra calzada, é que -venciéndonos por aquella nuestra parte, que luego eran vencidas y -desbaratadas las dos calzadas, donde estaba Cortés, y en la donde -estaba Gonzalo de Sandoval; y tambien tenia concertado que los nueve -pueblos de la laguna, y el mismo Tacuba y Capuzalco y Tenayuca, que se -juntasen, que para el dia que ellos quisiesen romper y dar en nosotros, -que se diese en las espaldas en la calzada, é que las indias que nos -hacian pan, que teniamos en Tacuba, y fardaje, que las llevasen de -vuelo una noche. - -Y como esto alcanzamos á saber, apercebimos á los de á caballo, que -estaban en Tacuba, que toda la noche velasen y estuviesen alerta, y -tambien á nuestros amigos los tlascaltecas; y ansí como el Guatemuz -lo tenia concertado lo puso por obra, que vinieron muy grandes -escuadrones, y unas noches nos venian á romper y dar guerra á media -noche, y otras á la modorra, y otras al cuarto del alba, é venian -algunas veces sin hacer rumor, y otras con grandes alaridos, de -suerte que no nos daban un punto de quietud; y cuando llegaban adonde -estábamos velando, la vara, piedra y flecha que tiraban, é otros -muchos con lanzas, era cosa de ver; y puesto que herian algunos de -nosotros, como los resistiamos, volvian muchos heridos, é otros muchos -guerreros vinieron á dar en nuestro fardaje, é los de á caballo é -tlascaltecas los desbarataron diferentes veces; porque, como era de -noche, no aguardaban mucho; y desta manera que he dicho velábamos, que -ni porque lloviese, ni vientos ni frios, y aunque estábamos metidos -en medio de grandes lodos y heridos, allí habiamos de estar; y aun -esta miseria de tortillas é yerbas que habiamos de comer, ó tunas, -sobre la obra del batallar, como dicen los oficiales, habia de ser; -pues con todos estos recaudos que poniamos con tanto trabajo, heridas -y muertes de los nuestros, nos tornaban abrir la puente ó calzada que -les habiamos ganado, que no se les podia defender de noche que no lo -hiciesen, é otro dia se la tornábamos á ganar y á cegar, y ellos á la -tornar á abrir é hacer más fuerte con mamparos, hasta que los mejicanos -mudaron otra manera de pelear, la cual diré en su coyuntura. - -Y dejemos de hablar de tantas batallas como cada dia teniamos, y -otro tanto en el real de Cortés y en el de Sandoval, y digamos que -qué aprovechaba, haberles quitado el agua de Chalputepeque, ni ménos -aprovechaba haberles vedado que por las tres calzadas no les entrase -bastimento ni agua. - -Ni tampoco aprovechaban nuestros bergantines estándose en nuestros -reales, no sirviendo de más de cuando peleábamos poder hacernos -espaldas de los guerreros de las canoas y de los que peleaban de las -azuteas; porque los mejicanos metian mucha agua y bastimentos de los -nueve pueblos que estaban poblados en el agua; porque en canoas les -proveian de noche, é de otros pueblos sus amigos, de maíz é gallinas y -todo lo que querian; é para otro dia evitar que no les entrase aquesto, -fué acordado por todos los tres reales que dos bergantines anduviesen -de noche por la laguna á dar caza á las canoas que venian cargadas con -bastimentos é agua, é todas las canoas que se les pudiesen quebrar ó -traer á nuestros reales, que se las tomasen; y hecho este concierto, -fué bueno, puesto que para pelear y guardarnos hacian falta de noche -los dos bergantines, mas hicieron mucho provecho en quitar que no les -entrasen bastimentos é agua; y aun con todo esto no dejaban de ir -muchas canoas cargadas dello; y como los mejicanos andaban descuidados -en sus canoas metiendo bastimentos, no habia dia que no traian los -bergantines que andaban en su busca presa de canoas y muchos indios -colgados de las entenas. - -Dejemos esto, y digamos el ardid que los mejicanos tuvieron para tomar -nuestros bergantines y matar los que en ellos andaban, y es desta -manera: que, como he dicho, cada noche y en las mañanas iban á buscar -por las lagunas sus canoas y las trastornaban con los bergantines, -y prendian muchas dellas, acordaron de armar treinta piraguas, que -son canoas muy grandes, con muy buenos remeros y guerreros, y de -noche se metieron todas treinta entre unos carrizales en parte que -los bergantines no las pudieran ver, y cubiertas de ramas echaban de -antenoche dos ó tres canoas, como que llevaban bastimentos ó metian -agua, y con buenos remeros, y en parte que les parecia á los mejicanos -que los bergantines habian de correr cuando con ellos peleasen, habian -hincado muchos maderos gruesos, hechos estacadas, para que en ellos -zabordasen; pues como iban las canoas por la laguna mostrando señal -de temerosas, arrimadas algo á los carrizales, salen dos de nuestros -bergantines tras ellas, y las dos canoas hacen que se van retrayendo -á tierra á la parte que estaban las treinta piraguas en celada, y los -bergantines siguiéndolas, é ya que llegaban á la celada salen todas las -piraguas juntas y dan tras nuestros bergantines, é de presto hirieron -á todos los soldados é remeros y capitanes, y no podian ir á una parte -ni á otra, por las estacadas que les tenian puestas; por manera que -mataron al un capitan, que se decia Fulano de Portillo, gentil soldado -que habia sido en Italia, é hirieron á Pedro Barba, que fué otro muy -buen capitan, y desde á tres dias murió de las heridas; y tomaron el -bergantin. - -Estos dos bergantines eran del real de Cortés, de lo cual recibió muy -gran pesar; más dende á pocos dias se lo pagaron muy bien con otras -celadas que echaron; lo cual diré á su tiempo. - -Y dejemos agora de hablar dellos, y digamos cómo en el real de Cortés y -en el de Gonzalo de Sandoval siempre tenian muy grandes combates, y muy -mayores en el de Cortés, porque mandaba quemar y derrocar casas y cegar -puentes, y todo lo que ganaba cada dia lo cegaba, y enviaba á mandar á -Pedro de Albarado que mirase que no pasásemos puente ni abertura de la -calzada sin que primero la tuviésemos ciega, é que no quedase casa que -no se derrocase y se pusiese fuego; y con los adobes y madera de las -casas que derrocábamos, cegábamos los pasos y aberturas de las puentes; -y nuestros amigos los de Tlascala nos ayudaban en toda la guerra muy -como varones. - -Dejemos desto, y digamos, como los mejicanos vieron que todas las -casas las allanábamos por el suelo, é que las puentes y aberturas las -cegábamos, acordaron de pelear de otra manera, y fué, que abrieron -una puente y zanja muy ancha y honda, que cuando la pasábamos en -partes no hallábamos pié, é tenian en ella hechos muchos hoyos, que -no los podiamos ver dentro en el agua, é unos mamparos é albarradas, -ansí de la una parte como de la otra de aquella abertura, é tenian -hechas muchas estacadas con maderos gruesos en partes que nuestros -bergantines zabordasen si nos viniesen á socorrer cuando estuviésemos -peleando sobre tomalles aquella fuerza; porque bien entendian que -la primera cosa que habiamos de hacer era deshacerles el albarrada y -pasar aquella abertura de agua para entralles en la ciudad; y ansimismo -tenian aparejadas en partes escondidas muchas canoas bien armadas de -guerreros, y buenos guerreros; y un domingo de mañana comenzaron á -venir por tres partes grandes escuadrones de guerreros, y nos acometen -de tal manera, que tuvimos bien que hacer en sustentarnos, no nos -desbaratasen; é ya en aquella sazon habia mandado Pedro de Albarado que -la mitad de los de á caballo, que solian estar en Tacuba, durmiesen en -la calzada, porque no tenian tanto riesgo como al principio, porque ya -no habia azuteas, y todas las demás casas estaban derrocadas, y podian -correr por algunas partes de las calzadas sin que de las canoas ni -azuteas les pudiesen herir los caballos. - -Y volvamos á nuestro propósito, y es, que de aquellos tres escuadrones -que vinieron muy bravosos, los unos por una parte donde estaba la -gran abertura en el agua, y los otros por unas casas de las que les -habiamos derrocado, y el otro escuadron nos habia tomado las espaldas -de la parte de Tacuba, y estábamos como cercados; los de á caballo, -con nuestros amigos los de Tlascala, rompieron por los escuadrones que -nos habian tomado las espaldas, y todos nosotros estuvimos peleando -muy valerosamente con los otros dos escuadrones hasta les hacer -retraer; mas era fingida aquella muestra que hacian que huian, y les -ganamos la primera albarrada, y la otra albarrada donde se hicieron -fuertes tambien la desampararon; y nosotros, creyendo que llevábamos -vitoria, pasamos aquella agua á vuelapié, y por donde la pasamos no -habia ningunos hoyos, é vamos siguiendo el alcance entre unas grandes -casas y torres de adoratorios, y los contrarios hacian que todavía -huian é se retraian, é no dejaban de tirar vara y piedra con hondas, -y mucha flecha; y cuando no nos catamos, tenian encubiertos en partes -que no los podiamos ver tanta multitud de guerreros que nos salen al -encuentro, y otros muchos dende las azuteas é donde las casas; y los -que primero hacian que se iban retrayendo, vuelven sobre nosotros todos -á una, y nos dan tal mano, que no les podiamos sustentar; y acordamos -de nos volver retrayendo con gran concierto; y tenian aparejadas en -el agua y abertura que les teniamos ganado, tanta flota de canoas en -la parte por donde primero habiamos pasado, donde no habia hoyos, -porque no pudiésemos pasar por aquel paso, que nos hicieron ir á -pasar por otra parte adonde he dicho que estaba muy más honda el agua -y tenian hechos muchos hoyos; y como venian contra nosotros tanta -multitud de guerreros y nos veniamos retrayendo, pasábamos el agua -á nado é á vuelapié, é caiamos todos los más soldados en los hoyos, -entónces acudieron todas las canoas sobre nosotros, y allí apañaron -los mejicanos cinco de nuestros soldados y los llevaron á Guatemuz, é -hirieron á todos los más, pues los bergantines que aguardábamos para -nuestra ayuda no podian venir, porque todos estaban zabordados en las -estacadas que les tenian puestas, y con las canoas y azuteas les dieron -buena mano de vara y flecha, y mataron dos soldados remeros é hirieron -á muchos de los nuestros. - -É volvamos á los hoyos é aberturas: digo que fué maravilla cómo no -nos mataron á todos en ellos; de mí digo que ya me habian echado mano -muchos indios, y tuve manera para desembarazar el brazo, y Nuestro -Señor Jesucristo me dió esfuerzo para que á buenas estocadas que -les dí, me salvase, y bien herido en un brazo; y como me vi fuera -de aquella agua en parte segura, me quedé sin sentido, sin me poder -sostener en mis piés é sin huelgo ninguno; y esto causó la gran fuerza -que puse para me descabullir de aquella gentecilla, é de la mucha -sangre que me salió: é digo que cuando me tenian engarrafado, que en el -pensamiento yo me encomendaba á nuestro Señor Dios é á nuestra Señora -su bendita Madre, y ponia la fuerza que he dicho, por donde me salvé; -gracias á Dios por las mercedes que me hace. - -Otra cosa quiero decir, que Pedro de Albarado y los de á caballo, -como tuvieron harto en romper los escuadrones que nos venian por las -espaldas de la parte de Tacuba, no pasó ninguno dellos aquella agua -ni albarradas, sino fué uno solo de á caballo que habia venido poco -habia de Castilla, y allí le mataron á él y al caballo; y como vió el -Pedro de Albarado que nos veniamos retrayendo, nos iba ya á socorrer -con otros de á caballo, y si allá pasara, por fuerza habiamos de volver -sobre los indios; y si volviera, no quedara ninguno dellos ni de los -caballos ni de nosotros á vida, porque la cosa estaba de arte que -cayeran en los hoyos, y habia tantos guerreros, que les mataran los -caballos con lanzas que para ello tenian largas, y dende las muchas -azuteas que habia, porque esto que pasó era en el cuerpo de la ciudad; -y con aquella vitoria que tenian los mejicanos, todo aquel dia, que era -domingo, como dicho tengo, tornaron á venir á nuestro real otra tanta -multitud de guerreros; que no nos dejaban ni nos podiamos valer, que -ciertamente creyeron de nos desbaratar; y nosotros con unos tiros de -bronce y buen pelear nos sostuvimos contra ellos, y con velar todas las -capitanías juntas cada noche. - -Dejemos desto, y digamos, cómo Cortés lo supo, del gran enojo que -tenia, escribió luego en un bergantin á Pedro de Albarado que mirase -que en bueno ni en malo dejase un paso por cegar, y que todos los de -á caballo durmiesen en las calzadas, y en toda la noche estuviesen -ensillados y enfrenados, y que no curásemos de pasar más adelante hasta -haber cegado con adobes y madera aquella gran abertura, y que tuviesen -buen recaudo en el real. - -Pues como vimos que por nosotros habia acaecido aquel desman, desde -allí adelante procurábamos de tapar y cegar aquella abertura; y -aunque fué con harto trabajo y heridas que sobre ella nos daban los -contrarios, é muerte de seis soldados, en cuatro dias la tuvimos -cegada, y en las noches sobre ella misma velábamos todas las tres -capitanías, segun la órden que dicho tengo y quiero decir que entónces, -como los mejicanos estaban junto á nosotros cuando velábamos, que -tambien ellos tenian sus velas, y por cuartos se mudaban, y era desta -manera: que hacian grande lumbre, que ardia toda la noche, y los que -velaban estaban apartados de la lumbre, y desde léjos no les podiamos -ver, porque con la claridad de la leña, que siempre ardia, no podiamos -ver los indios que velaban; más bien sentiamos cuando se remudaban -y cuando venian á atizar su leña; y muchas noches habia que, como -llovia en aquella sazon mucho, les apagaba la lumbre, y la tornaban á -encender, y sin hacer rumor ni hablar entre ellos palabra, se entendian -con unos silbos que daban. - -Tambien quiero decir que nuestros escopeteros y ballesteros, muchas -veces cuando sentiamos que se venian á trocar las velas, les tiraban -á bulto, é piedras y saetas perdidas, y no les haciamos mal, porque -estaban en parte que, aunque de noche quisiéramos ir á ellos, no -podiamos, con otra gran abertura de zanja bien honda que habian abierto -á mano, é albarradas y mamparos que tenian; é tambien ellos nos -tiraban á bulto mucha piedra é vara y flecha. - -Dejemos de hablar destas velas, é digamos cómo cada dia íbamos por -nuestra calzada adelante, peleando con muy buen concierto, y les -ganaron la abertura que he dicho donde velaban; y era tanta la multitud -de los contrarios que contra nosotros cada dia venian, y la vara, -flecha y piedra que tiraban, que nos herian á todos, aunque íbamos con -gran concierto y bien armados. - -Pues ya que se habia pasado todo el dia batallando, y se venia la -tarde, y no era coyuntura para pasar más adelante, sino volvernos -retrayendo, en aquel tiempo tenian ellos muchos escuadrones aparejados, -creyendo que con la gran priesa que nos diesen al tiempo del retraer -nos desbaratarian, porque venian tan bravosos como tigres, y pié con -pié se juntaron con nosotros; y como aquello conociamos dellos, la -manera que teniamos para retraer era esta: que la primera cosa que -haciamos era echar de la calzada á nuestros amigos los tlascaltecas; -porque, como eran muchos, con nuestro favor querian llegar á pelear -con los mejicanos, y como eran mañosos, que no deseaban otra cosa -sino vernos embarazados con los amigos, y con grandes arremetidas que -hacian por todas tres partes para nos poder tomar en medio ó atajar -algunos de nosotros; y con los muchos tlascaltecas que embarazaban, -no podiamos pelear á todas partes, é por esta causa los echábamos fuera -de la calzada, en parte que los poniamos en salvo; y cuando nos viamos -que no teniamos embarazo dellos, nos retraiamos al real, no vueltas -las espaldas, sino haciéndoles rostro, unos ballesteros y escopeteros -soltando y otros armando; y nuestros cuatro bergantines cada dos de -los lados de las calzadas por la laguna, defendiéndonos por las flotas -de las canoas, y de las muchas piedras de las azuteas y casas que -estaban por derrocar; y aun con todo este concierto teniamos harto -riesgo de nuestras personas hasta volvernos á los ranchos, y luego nos -quemábamos con aceite nuestras heridas y apretallas con mantas de la -tierra, y cenar de las tortillas que nos traian de Tacuba, é yerbas y -tunas quien lo tenia; y luego íbamos á velar á la abertura del agua, -como dicho tengo, y luego á otro dia por la mañana, sus, á pelear; -porque no podiamos hacer otra cosa, porque por muy de mañana que fuese, -ya estaban sobre nosotros los batallones contrarios, y aun llegaban á -nuestro real y nos decian vituperios; y desta manera pasábamos nuestros -trabajos. - -Dejemos por agora de contar de nuestro real, que es el de Pedro de -Albarado, y volvamos al de Cortés, que siempre de noche y de dia le -daban combates, y le mataban y herian muchos soldados, y era de la -manera que á nosotros los del real de Tacuba; y siempre traia dos -bergantines á dar caza de noche á las canoas que entraban en Méjico -con bastimentos é agua; é parece ser que el un bergantin prendió á -dos principales que venian en una de las muchas canoas que venian -con bastimento, y dellos supo Cortés que tenian en celada entre unos -matorrales cuarenta piraguas y otras tantas canoas para tomar á alguno -de nuestros bergantines, como hicieron la otra vez; y aquellos dos -principales que se prendieron, Cortés les halagó y dió mantas, y con -muchos prometimientos que en ganando á Méjico les daria tierras, y con -nuestras lenguas doña Marina y Aguilar les preguntó que á qué parte -estaban las piraguas, porque no se pusieron donde la otra vez; y ellos -señalaron en el puesto y paraje que estaban, y aun avisaron que habian -hincado muchas estacas de maderos gruesos en partes, para que si los -bergantines fuesen huyendo de sus piraguas, zabordasen, y allí los -apañasen y matasen á los que iban en ellos. - -Y como Cortés tuvo aquel aviso, apercibió seis bergantines que aquella -noche se fuesen á meter á unos carrizales apartados obra de un cuarto -de legua, donde estaban las piraguas, y que se cubriesen con mucha -rama; y fueron á remo callado, y estuvieron toda la noche aguardando, -y otro dia de mañana mandó Cortés que fuese un bergantin como que -iba á dar caza á las canoas que entraban con bastimentos, y mandó -que fuesen los dos indios principales que se prendieron dentro del -bergantin, porque mostrasen en qué parte estaban las piraguas, porque -el bergantin fuese hácia allá; y ansimismo los mejicanos nuestros -contrarios concertaron de echar dos canoas echadizas, como la otra -vez, adonde estaba su celada, como que traian bastimento, para que -se cebase el bergantin en ir tras ellas; por manera que ellos tenian -un pensamiento y nosotros otro como el suyo de la misma manera; y -como el bergantin que echó Cortés vió á las canoas que echaron los -indios para cebarle, iba tras ellas, y las dos canoas hacian que se -iban huyendo á tierra donde estaba su celada de sus piraguas, y luego -nuestro bergantin hizo semblante que no osaba llegar á tierra, y que -se volvia retrayendo; y cuando las piraguas y otras muchas canoas le -vieron que se volvia, salen tras él con gran furia y remar todo lo que -podian, y le iban siguiendo; y el bergantin se iba como huyendo donde -estaban los otros seis bergantines en celada, y todavía las piraguas -siguiéndole; y en aquel instante soltaron unas escopetas, que era la -señal de cuando habian de salir nuestros bergantines; y cuando oyeron -la señal, salen con grande ímpetu y dieron sobre las piraguas y canoas, -que trastornaron, y mataron y prendieron muchos guerreros, y tambien -el bergantin que echaron para en celada, que iba ya á lo largo, vuelve -á ayudar á sus compañeros; por manera que se llevó buena presa de -prisioneros y canoas; y dende allí adelante no osaban los mejicanos -echar más celadas, ni se atrevian á meter bastimentos ni agua tan -á ojos vistas como solian; y desta manera pasaba la guerra de los -bergantines en la laguna y nuestras batallas en las calzadas. - -Y digamos ahora, como vieron los pueblos que estaban en la laguna -poblados, que ya los he nombrado otras veces, que cada dia teniamos -vitoria, ansí por el agua como por tierra, y vieron venir á nuestra -amistad muchos amigos, así los de Chalco como los de Tezcuco é Tlascala -é otras poblaciones, y con todos les hacian mucho mal y daño en sus -pueblos, y les cautivaban muchos indios é indias; parece ser se -juntaron todos, é acordaron de venir de paz ante Cortés, y con mucha -humildad le demandaron perdon si en algo nos habian enojado, y dijeron -que eran mandados, que no podian hacer otra cosa; y Cortés holgó mucho -de los ver venir de paz de aquella manera, y aun cuando lo supimos en -nuestro real de Pedro de Albarado y en el de Gonzalo de Sandoval, nos -alegramos todos los soldados. - -Y volviendo á nuestra plática: Cortés con buen semblante y con muchos -halagos les perdonó, y les dijo que eran dignos de gran castigo por -haber ayudado á los mejicanos; y los pueblos que vinieron fueron -Iztapalapa, Huichilobusco é Cuyoacan é Mezquique, y todos los de la -laguna y agua dulce; y les dijo Cortés que no habiamos de alzar real -hasta que los mejicanos viniesen de paz, ó por guerra los acabase; y -les mandó que en todo nos ayudasen con todas las canoas que tuviesen -para combatir á Méjico, é que viniesen á hacer sus ranchos é trajesen -comida, lo cual dijeron que ansí lo harian; é hicieron los ranchos de -Cortés, y no traian comida, sino muy poca y de mala gana. - -Nuestros ranchos, donde estaba Pedro de Albarado nunca se hicieron, que -ansí nos estábamos al agua, porque ya saben los que en esta tierra han -estado que por Junio, Julio y Agosto son en estas partes cotidianamente -las aguas. - -Dejemos esto, y volvamos á nuestra calzada y á los combates que cada -dia dábamos á los mejicanos, y cómo les íbamos ganando muchas torres -de ídolos y casas y otras aberturas de zanjas y puentes que de casa -en casa tenian hechas, y todo lo cegábamos con adobes y la madera de -las casas que deshaciamos y derrocábamos, y aun sobre ellas velábamos; -y aun con toda esta diligencia que poniamos, lo tornaban á hondar y -ensanchar, y ponian más albarradas, y porque entre todas tres nuestras -capitanías teniamos por deshonra que unos batallásemos é hiciésemos -rostro á los escuadrones mejicanos, y otros estuviesen cegando los -pasos y aberturas y puentes; y por excusar diferencias sobre los que -habiamos de batallar ó cegar aberturas, mandó Pedro de Albarado que una -capitanía tuviese cargo de cegar y entender en la obra un dia, y las -dos capitanías batallasen é hiciesen rostro contra los enemigos, y esto -habia de ser por rueda, un dia una y luego otro dia otra capitanía, -hasta que por todas tres volviese la andanada y rueda; y con esta -órden no quedaba cosa que les ganábamos que no dábamos con ella en el -suelo, y nuestros amigos los tlascaltecas, que nos ayudaban; y ansí -les íbamos entrando en su ciudad; mas al tiempo del retraer todas -tres capitanías habiamos de pelear juntos, porque entónces era donde -corriamos mucho peligro; y como otra vez he dicho, primero haciamos -salir de las calzadas todos los tlascaltecas, porque cierto era -demasiado embarazo para cuando peleábamos. - -Dejemos de hablar de nuestro real, y volvamos al de Cortés y al de -Gonzalo de Sandoval, que á la continua, ansí de dia como de noche, -tenian sobre sí muchos contrarios por tierra y flotas de canoas por la -laguna, y siempre les daban guerra, y no les podian apartar de sí. - -Pues en lo de Cortés, por les ganar una puente y obra muy honda, que -era mala de ganar, en ella tenian los mejicanos muchos mamparos y -albarradas, que no se podian pasar sino á nado, é ya que se pusiesen á -pasalla, estábanles aguardando muchos guerreros con flechas y piedras -con honda, y vara y macanas y espadas de á dos manos, y lanzas como -dalles, y engastadas las espadas que nos tomaron, acudiendo siempre -gran multitud de guerreros, y la laguna llena de canoas de guerra; -y habia junto á las albarradas muchas azuteas, y dellas les tiraban -muchas piedras, de que con gran dificultad se podian defender; y los -herian muchos, y algunos mataban, y los bergantines no les podian -ayudar, por las estacadas que tenian puestas, en que se embarazaban -los bergantines; y sobre ganalles esta fuerza y puente y abertura -pasaron los de Cortés mucho trabajo, y estuvieron muchas veces á punto -de perderse, é le mataron cuatro soldados en el combate y le hirieron -sobre treinta; y como era ya tarde cuando la acabaron de ganar, no -tuvieron tiempo de la cegar, y se volvieron retrayendo con muy grande -trabajo y peligro, y con más de treinta soldados heridos y muchos -tlascaltecas descalabrados, aunque peleaban bravosamente. - -Dejemos esto, y digamos otra manera con que Guatemuz mandó pelear -á sus capitanes, haciendo apercebir todos sus poderes para que nos -diesen guerra continuamente; y es que, como para otro dia era fiesta de -señor San Juan de Junio, que entónces se cumplia un año puntualmente -que habiamos entrado en Méjico, cuando el socorro del capitan Pedro -de Albarado, y nos desbarataron, segun dicho tengo en el capítulo que -dello habla, parece ser tenia cuenta en ello el Guatemuz, y mandó que -en todos tres reales nos diesen toda la guerra y con la mayor fuerza -que pudiesen con todos sus poderes, ansí por tierra como con las canoas -por el agua, para acabarnos de una vez, como decian se lo tenia mandado -su Huichilóbos, y mandó que fuese de noche al cuarto de la modorra; y -porque los bergantines no nos pudiesen ayudar, en todas más partes de -la laguna tenian hechas unas estacadas para que en ellas zabordasen; -y vinieron con esta furia y ímpetu, que si no fuera por los que -velábamos juntos, que éramos sobre ciento y veinte soldados, y todos -muy acostumbrados á pelear, nos entraran en el real y corriamos harto -peligro, y con muy grande concierto les resistimos, y allí hirieron -á quince de los nuestros, y dos murieron de ahí á ocho dias de las -heridas. - -Pues en el real de Cortés tambien les pusieron en grande aprieto é -trabajo, é hubo muchos muertos y heridos, y en lo de Sandoval por el -consiguiente, y desta manera vinieron dos noches arreo; y tambien -en aquellos rencuentros quedaron muchos mejicanos muertos y muchos -heridos; y como Guatemuz y sus capitanes y papas vieron que no -aprovechaba nada la guerra que dieron aquellas noches, acordaron que -con todos sus poderes juntos viniesen al cuarto del alba y diesen en -nuestro real, que se dice el de Tacuba; y vinieron tan bravosos, que -nos cercaron por todas partes, y aun nos tenian medio desbaratados y -atajados; y quiso Dios darnos esfuerzo, que nos tornamos á hacer un -cuerpo y nos mamparamos algo con los bergantines, y á buenas estocadas -y cuchilladas, que andábamos pié con pié, los apartamos algo de -nosotros, y los de á caballo no estaban holgando; pues los ballesteros -y escopeteros hacian lo que podian, que harto tuvieron que romper en -otros escuadrones que ya nos tenian tomadas las espaldas; y en aquella -batalla mataron á ocho de nuestros soldados, y aun á Pedro de Albarado -le descalabraron, y si nuestros amigos los tlascaltecas durmieran -aquella noche en la calzada, corriamos gran riesgo con el embarazo que -ellos nos pusieran, como eran muchos; más la experiencia de lo pasado -nos hacia que luego los echásemos fuera de la calzada y se fuesen á -Tacuba, y quedábamos sin cuidado. - -Tornemos á nuestra batalla, que matamos muchos mejicanos, y se -prendieron cuatro personas principales. - -Bien tengo entendido que los curiosos letores se hartarán ya de ver -cada dia combates, y no se puede hacer ménos, porque noventa y tres -dias estuvimos sobre esta tan fuerte ciudad, cada dia é de noche -teniamos guerras y combates, y por esta causa los hemos de decir muchas -veces, de cómo é cuándo é de qué manera é arte pasaba; é no lo pongo -aquí por capítulos lo que cada dia haciamos, porque me parece que -seria gran prolijidad é seria cosa para nunca acabar, y pareceria á -los libros de Amadís é de otros corros de caballeros; é porque de aquí -adelante no me quiero detener en contar tantas batallas é rencuentros -que cada dia é de noche teniamos, si posible fuere, lo diré lo más -breve que pueda, hasta el dia de señor San Hipólito, que, gracias -á nuestro Señor Jesucristo, nos apoderamos desta tan gran ciudad y -prendimos al Rey della, que se decia Guatemuz, é á sus capitanes; -puesto que ántes que le prendiésemos tuvimos muy grandes desmanes, -é casi que estuvimos en gran ventura de nos perder en todos nuestros -reales, especialmente en el real de Cortés por descuido de sus -capitanes, como adelante verán. - - - - -CAPÍTULO CLII. - -CÓMO DESBARATARON LOS INDIOS MEJICANOS Á CORTÉS, É LE LLEVARON VIVOS -PARA SACRIFICAR SESENTA Y DOS SOLDADOS, É LE HIRIERON EN UNA PIERNA, Y -EL GRAN PELIGRO EN QUE NOS VIMOS POR SU CAUSA. - - -Como Cortés vió que no se podian cegar todas las aberturas y puentes é -zanjas de agua que ganábamos cada dia, porque de noche las tornaban á -abrir los mejicanos y hacian más fuertes albarradas que de ántes tenian -hechas, é que era gran trabajo pelear y cegar puentes y velar todos -juntos, en demás como estábamos heridos, acordó de poner en pláticas -con los capitanes y soldados que tenia en su real, que se decian -Cristóbal de Olí y Francisco Verdugo y Andrés de Tapia, y el alférez -Corral y Francisco de Lugo, y tambien nos escribió al real de Pedro de -Albarado y al de Gonzalo de Sandoval, para tomar parecer de todos los -capitanes y soldados; y el caso que propuso fué, que si nos parecia -que fuésemos entrando de golpe en la ciudad hasta entrar, y llegar al -Taltelulco, que es la plaza mayor de Méjico, que es muy más ancha y -grande que no la de Salamanca; é que llegados que llegásemos, que seria -bien asentar en él todos tres reales, que dende allí podiamos batallar -por las calles de Méjico, y sin tener tantos trabajos é riesgo al -retraer, ni tener tanto que cegar ni velar las puentes. - -Y como en tales pláticas y consejos suele acaecer, hubo en ellas -muchos pareceres, porque los unos decian que no era buen consejo ni -acuerdo meternos tan de hecho en el cuerpo de la ciudad, sino que -nos estuviésemos como estábamos batallando y derrocando y abrasando -casas; y las causas más evidentes que dimos los que éramos en este -parecer fué, que si nos metiamos en el Taltelulco y dejábamos todas -las calzadas y puentes sin guarda y desmamparadas, que como los -mejicanos son muchos y guerreros, y con las muchas canoas que tienen -nos tornarian á abrir las puertas y calzadas, y no seriamos señores -dellas, é que con sus grandes poderes nos darian guerra de noche y -de dia; é que, como siempre tienen hechas muchas estacadas, nuestros -bergantines no nos podrian ayudar, y de aquella manera que Cortés -decia, seriamos nosotros los cercados, y ellos ternian por sí la -tierra, campo y laguna; y le escribimos sobre el caso, para que no -nos aconteciese como la pasada cuando salimos huyendo de Méjico; y -cuando Cortés hubo visto el parecer de todos, y vió las buenas razones -que sobre ello le dábamos, en lo que se resumió en todo lo platicado -fué, que para que otro dia saliésemos de todos tres reales con toda la -mayor pujanza, ansí los de á caballo como los ballesteros, escopeteros -y soldados, é que los fuésemos ganando hasta la plaza mayor, que es el -Taltelulco, apercebidos los tres reales y los tlascaltecas y de Tezcuco -y los pueblos de la laguna que nuevamente habian dado la obediencia á -su majestad, para que con todas sus canoas se viniesen á ayudar á todos -nuestros bergantines. - -Una mañana, despues de haber oido Misa y nos encomendar á Dios, salimos -de nuestro real con el capitan Pedro de Albarado, y tambien salió -Cortés del suyo, y Gonzalo de Sandoval con todos sus capitanes, y con -grande pujanza iba ganando puentes y albarradas, y los contrarios -peleaban como fuertes guerreros, y Cortés por su parte llevaba vitoria, -y asimismo Gonzalo de Sandoval por la suya, pues por nuestro real -ya les habiamos ganado otra albarrada y una puente, y esto fué con -mucho trabajo, porque habia muy grandísimos poderes del Guatemuz, y -la estaban guardando, y salimos della muchos de nuestros soldados muy -mal heridos, é uno murió luego de las heridas, y nuestros amigos los -tlascaltecas salieron más de mil dellos maltratados y descalabrados, y -todavía íbamos siguiendo la vitoria muy ufanos. - -Volvamos á decir de Cortés y de todo su ejército, que ganaron una -abertura de agua muy honda, y estaba en ella una calzadilla muy -angosta, que los mejicanos con maña y ardid la habian hecho de aquella -manera, porque tenian pensado entre sí lo que ahora á nuestro general -Cortés le aconteció; y es que, como llevaba vitoria de él y todos sus -capitanes y soldados, y la calzada llena de nuestros amigos, é iban -siguiendo á los contrarios, y puesto que hacian que huian, no dejaban -de tirarnos piedra, vara y flecha, y hacian algunas paradillas como -que resistian á Cortés, hasta que le fueron cebando para que fuese -tras ellos, y desque vieron que de hecho iba tras ellos siguiendo la -vitoria, hacian que iban huyendo dél. - -Por manera que la adversa fortuna vuelve su rueda, y á las mayores -prosperidades acuden muchas tristezas. - -Y como nuestro Cortés iba vitorioso y en el alcance de los contrarios, -por su descuido é porque nuestro Señor Jesucristo lo permitió, él y sus -capitanes y soldados dejaron de cegar el abertura de agua que habian -ganado; y como la calzada por donde iban con maña la habian hecho -angosta, y aun entraba en ella agua por algunas partes, y habia mucho -lodo y cieno, como los mejicanos le vieron pasar aquel paso sin cegar, -que no deseaban otra cosa, y aun para aquel efeto tenian apercebidos -muchos escuadrones de guerreros mejicanos con esforzados capitanes, y -muchas canoas en la laguna, en parte que nuestros bergantines no les -podian hacer daño ninguno con las grandes estacadas que les tenian -puestas en que zabordasen, vuelven sobre nuestro Cortés y contra todos -sus soldados con grande furia de escuadrones y con tales alaridos y -gritos, que los nuestros no les pudieron defender su gran ímpetu y -fortaleza con que vinieron á pelear, y acordaron todos los soldados con -sus capitanes y banderas de se volver retrayendo con gran concierto; -mas, como venian contra ellos tan rabiosos contrarios, hasta que les -metieron en aquel mal paso se desconcertaron de suerte, que vuelven -huyendo sin hacer resistencia; y nuestro Cortés, desde que así los vió -venir desbaratados, los esforzaba y decia: - -—«Tened, tened, señores, tened recio, ¿qué es esto, que ansí habeis de -volver las espaldas?» - -Y no les pudo detener ni resistir; y en aquel paso que dejaron de -cegar, y en la calzadilla, que era angosta y mala, y con las canoas -le desbarataron é hirieron en una pierna y le llevaron vivos sobre -sesenta y tantos soldados, y le mataron seis caballos é yeguas, y á -Cortés ya le tenian muy engarrafado seis ó siete capitanes mejicanos, -é quiso Dios nuestro Señor ponelle esfuerzo para que se defendiese -y se librase dellos, puesto que estaba herido en una pierna; porque -en aquel instante luego llegó allí un muy esforzado soldado, que se -decia Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja; no lo digo -por Cristóbal de Olí; y desque allí le vió asido de tantos indios, -peleó luego tan bravosamente, que mató á estocadas cuatro de aquellos -capitanes que tenian engarrafado á Cortés, y tambien le ayudó otro -muy valiente soldado que se decia Lerma, y les hicieron que dejasen -á Cortés, y por le defender allí perdió la vida el Olea, y el Lerma -estuvo á punto de muerte, y luego acudieron allí muchos soldados, -aunque bien heridos, y echan mano á Cortés y le ayudan á salir de -aquel peligro; y entónces tambien vino con mucha presteza su capitan -de la guarda, que se decia Antonio de Quiñones, natural de Zamora, y -le tomaron por los brazos y le ayudaron á salir del agua, y luego le -trajeron un caballo, en que se escapó de la muerte; y en aquel instante -tambien venia un su camarero ó mayordomo que se decia Cristóbal de -Guzman, y le traia otro caballo; y dende las azuteas los guerreros -mejicanos, que andaban muy bravos y vitoriosos, prendieron al Cristóbal -de Guzman, é vivo le llevaron á Guatemuz; y todavía los mejicanos iban -siguiendo á Cortés y á todos sus soldados hasta que llegaron á su real. - -Pues ya aquel desastre acaecido, le hallaron en salvo los españoles, -los escuadrones mejicanos no dejaban de seguilles, dándoles caza y -grita y diciéndoles vituperios y llamándoles cobardes. - -Dejemos de hablar de Cortés y de su desbarate, y volvamos á nuestro -ejército, que es el de Pedro de Albarado: como íbamos muy vitoriosos, -y cuando no nos catamos vimos venir contra nosotros tantos escuadrones -de mejicanos, y con grandes gritas y hermosas divisas y penachos, y nos -echaron delante de nosotros cinco cabezas que entónces habian cortado -de los que habian tomado á Cortés, y venian corriendo sangre, y decian: - -—«Ansí os mataremos, como hemos muerto á Malinche y á Sandoval y á los -que consigo traian, y esas son sus cabezas; por eso conocedlas bien.» - -Y diciéndonos estas palabras se venian á cerrar con nosotros hasta -nos echar mano; que no aprovechaban cuchilladas ni estocadas, ni -ballesteros ni escopeteros, y no hacian sino dar en nosotros como á -terrero; y con todo eso, no perdiamos punto en nuestra ordenanza al -retraer, porque luego mandamos á nuestros amigos los tlascaltecas que -prestamente nos desembarazasen las calzadas y pasos malos; y en este -tiempo ellos se lo tuvieron bien en cargo, que como vieron las cinco -cabezas corriendo sangre, y decian que habian muerto á Malinche y á -Sandoval y á todos los teules que consigo traian, é que ansí habian de -hacer á nosotros, ya los tlascaltecas temieron en gran manera, porque -creyeron que era verdad; y por esto digo que desembarazaron la calzada -muy de veras. - -Volvamos á decir, como nos íbamos retrayendo oimos tañer del cu mayor, -donde estaban sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, que señorea el -altor dél á toda la gran ciudad, tañian un atambor de muy triste -sonido, en fin como instrumento de demonios, y retumbaba tanto, que se -oia dos ó tres leguas, y juntamente con él muchos atabalejos; entónces, -segun despues supimos, estaban ofreciendo diez corazones y mucha sangre -á los ídolos que dicho tengo, de nuestros compañeros. - -Dejemos el sacrificio, y volvamos al retraer que nos retraiamos, y á -la gran guerra que nos daban, ansí de la calzada como de las azuteas -y lagunas con las canoas; y en aquel instante vienen más escuadrones -á nosotros, que de nuevo enviaba Guatemuz, y manda tocar su corneta, -que era una señal que cuando aquella se tocase era que habian de -pelear sus capitanes de manera que hiciesen presa ó morir sobre ello, -y retumbaba el sonido que se metia en los oidos; y de que lo oyeron -aquellos sus escuadrones y capitanes, saber yo aquí decir ahora con qué -rabia y esfuerzo se metian entre nosotros á nos echar mano, es cosa de -espanto, porque yo no lo sé aquí escribir; que ahora que me pongo á -pensar en ello, es como si visiblemente lo viese; mas vuelvo á decir, -y ansí es verdad, que si Dios no nos diera esfuerzo, segun estábamos -todos heridos, él nos salvó, que de otra manera no nos podiamos llegar -á nuestros ranchos; y le doy muchas gracias y loores por ello, que me -escapó aquella vez y otras muchas de poder de los mejicanos. - -Y volviendo á nuestra plática: allí los de á caballo hacian -arremetidas; y con dos tiros gruesos que pusimos junto á nuestros -ranchos, unos tirando y otros cebando, nos sosteniamos, porque la -calzada estaba llena de bote en bote de contrarios y nos venian hasta -las casas, como cosa vencida, á echarnos vara y piedra; y como he -dicho, con aquellos tiros matábamos muchos dellos; y quien bien ayudó -aquel dia fué un hidalgo que se dice Pedro Moreno de Medrano, que vive -agora en la Puebla, porque él fué el artillero, que los artilleros que -soliamos tener se habian muerto, y dellos estaban muy malamente heridos. - -Volvamos al Pedro Moreno de Medrano, que, demás de siempre haber -sido un muy esforzado soldado, aquel dia fué de muy grandísima ayuda -para nosotros; y estando que estábamos de aquella manera, bien -angustiados y heridos, y no sabiamos de Cortés, ni de Sandoval, ni de -sus ejércitos, si les habian muerto ó desbaratado, como los mejicanos -nos decian cuando nos arrojaron las cinco cabezas que tenian asidas -por los cabellos y de las barbas, y decian que ya habian muerto á -Malinche y tambien á Sandoval é á todos los teules, que ansí nos habian -de matar á nosotros aquel mesmo dia; y no podiamos saber dellos, -porque batallábamos los unos de los otros cerca de media legua, y á -donde desbarataron á Cortés era más léjos; y á esta causa estábamos -muy penosos, así heridos como sanos, y hechos un cuerpo estuvimos -sosteniendo el gran ímpetu de los mejicanos que sobre nosotros estaban, -creyendo que en aquel dia no quedara persona viva de nosotros, segun -la guerra que nos daban. - -Pues de nuestros bergantines ya habian tomado uno é muerto tres -soldados y herido el capitan y todos los más soldados que en ellos -venian, y fué socorrido de otro bergantin, donde andaba por capitan -Juan Jaramillo, y tambien tenian zalabordado en otra parte otro que -no podia salir, de que era capitan Juan de Limpias Caravajal, que en -aquella sazon ensordeció de coraje, que ahora vive en la Puebla; y -peleó por su persona tan valerosamente, y esforzó á todos los soldados -que en el bergantin remaban, que rompieron las estacadas, y salieron -todos muy mal heridos, y salvó su bergantin: aqueste fué el primero que -rompió estacadas. - -Volvamos á Cortés, que, como estaba él y toda su gente los más muertos, -se iban todos los escuadrones mejicanos hasta su real á darle guerra, y -aun le echaron delante de sus soldados, que resistian á los mejicanos -cuando peleaban, otras cuatro cabezas corriendo sangre de aquellos -soldados que habian llevado vivos á Cortés, y les decian que eran del -Tonatio, que es Pedro de Albarado, y de Gonzalo de Sandoval y de otros -teules, é que ya nos habian muerto á todos. - -Entónces dicen que desmayó Cortés mucho más de lo que ántes estaba él -y los que consigo traia, mas no de manera que sintiesen en él mucha -flaqueza; y luego mandó al maestre de campo Cristóbal de Olí y á sus -capitanes que mirasen no les rompiesen los muchos mejicanos que -estaban sobre ellos, é que todos juntos hiciesen cuerpo, ansí heridos -como sanos; y mandó á Andrés de Tapia que con tres de á caballo viniese -á Tacuba por tierra, que es nuestro real, que mirase qué habia sido -de nosotros, y que si no éramos desbaratados, que nos contase lo por -él pasado, y que nos dijese que tuviésemos muy buen recaudo en el -real, que todos juntos hiciésemos cuerpo, ansí de dia como de noche, -en la vela; y esto que nos enviaba á mandar, ya lo teniamos todos por -costumbre. - -Y el capitan Andrés de Tapia y los tres de á caballo que con él venian -se dieron muy buena priesa, y aunque tuvieron en el camino una refriega -de vara y flecha que les dieron en un paso los mejicanos; que ya habia -puesto Guatemuz en los caminos muchos indios guerreros porque no -supiésemos los unos de los otros los desmanes, y aun venia herido el -Andrés de Tapia, y traia en su compañía á Guillen de la Loa, y el otro -se decia Valde-Nebro, y á un Juan de Cuellar, hombres muy esforzados; -y de que llegaron á nuestro real y nos hallaron batallando con el -poder de Méjico, que todo estaba junto contra nosotros, se holgaron -en el alma, y nos contaron lo acaecido del desbarate de Cortés, y lo -que nos enviaba á decir, y no nos quisieron declarar qué tantos eran -los muertos, y decian que hasta veinte y cinco, y que todos los demás -estaban buenos. - -Dejemos de hablar ahora en esto, y volvamos al Gonzalo de Sandoval, y -á sus capitanes y soldados, que andaban vitoriosos en la parte y calles -de su conquista; y cuando los mejicanos hubieron desbaratado á Cortés, -cargaron sobre el Gonzalo de Sandoval y su ejército y capitanes, de -arte que no se pudo valer, y le mataron dos soldados y le hirieron á -todos los que traia, y á él le dieron tres heridas, la una en el muslo -y la otra en la cabeza y la otra en un brazo; y estando batallando con -los contrarios, le ponen delante seis cabezas de los de Cortés, y le -dicen que aquellas cabezas eran de Malinche y del Tonatio y de otros -capitanes, y que ansí habian de hacer al Gonzalo de Sandoval y á los -que con él estaban, y le dieron muy fuertes combates; y de que aquello -vió el buen capitan Sandoval, mandó á sus capitanes y soldados que -todos tuviesen mucho ánimo, más que de ántes, é que no desmayasen, é -que mirasen al retraer no hubiese algun desman ó desconcierto en la -calzada, porque es angosta; y lo primero que hizo fué mandar salir de -la calzada á los amigos tlascaltecas, que tenia muchos, y porque no -les estorbasen al retraer; y con sus dos bergantines y sus ballesteros -y escopeteros con mucho trabajo se retrajo á su estancia, y con toda -su gente bien herida y aun desmayada, y dos soldados ménos; y como se -vió fuera de la calzada, puesto que estaban cercados de mejicanos, -esforzó su gente y capitanes, y les encomendó mucho que todos juntos -hiciesen cuerpo, ansí de dia como de noche, é que guardasen el real -no le desbaratasen; y como conocia del capitan Luis Marin que lo hacia -bien, ansí herido y entrapajado como estaba el Sandoval, tomó consigo -otros de á caballo, y por tierra fué muy por la posta al real de -Cortés, y aun en el camino tuvo su salmorejo de piedra y vara y flecha; -porque, como ya otra vez he dicho, en todos los caminos tenia Guatemuz -indios mejicanos guerreros para no dejar pasar de un real á otro con -nuevas ningunas, para que así nos vencieran más fácilmente; y cuando el -Sandoval vido á Cortés, le dijo: - -—«Oh señor capitan, y ¿qué es esto? ¿Aquestos son los grandes consejos -y ardides de guerra que siempre nos daba? ¿Cómo ha sido este desman?» - -Y Cortés le respondió, saltándosele las lágrimas de los ojos: - -—«Oh hijo Sandoval, que mis pecados lo han permitido, que no soy tan -culpante en el negocio como me hacen, sino es el tesorero Julian de -Alderete, á quien le encargué que cegase aquel mal paso donde nos -desbarataron, y no lo hizo, como no es acostumbrado á guerras ni á ser -mandado de capitanes.» - -Y entónces respondió el mismo tesorero, que se halló junto á Cortés, -que vino á ver y hablar al Sandoval y á saber de su ejército si eran -muertos ó desbaratados, é dijo que el mismo Cortés tenia la culpa, y -no él; y la causa que dió fué que, como Cortés iba con vitoria, por -seguilla muy mejor decia: «Adelante, caballeros;» é que no les mandó -cegar puentes ni pasos malos, é que si se lo mandara, que su capitanía -y con sus amigos lo hiciera; y tambien culpaban mucho á Cortés en no -haber mandado con tiempo salir de las calzadas á los muchos amigos que -llevaba; é porque hubo otras muchas pláticas y respuestas al tesorero, -que iban muchas con enojo, se dejarán de decir; é diré cómo en aquel -instante llegaron dos bergantines de los que ántes tenia Cortés en su -compañía y calzada, que no sabian dellos despues del desbarate, y segun -pareció, habian estado detenidos, porque estuvieron zabordados en unas -estacadas, y segun dijeron los capitanes, habian estado cercados de -unas canoas que les daban guerra, y venian todos heridos, y dijeron que -Dios primeramente les ayudó, y con su viento y con grandes fuerzas que -pusieron al remar rompieron las estacadas y se salvaron, de lo cual -hubo mucho placer Cortés, porque hasta entónces, aunque no lo publicaba -por no desmayar á los soldados, como no sabian dellos, les tenian por -perdidos. - -Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que luego encomendó á Sandoval mucho -que fuese en posta á nuestro real, que se dice Tacuba, y mirase si -éramos desbaratados ó de qué manera estábamos, é que si éramos vivos, -que nos ayudase á poner resistencia en el real, no nos rompiesen; y -dijo á Francisco de Lugo que fuese en compañía de Sandoval, porque -bien entendido tenia que habia escuadrones de guerreros mejicanos en -el camino, y le dijo que ya habia enviado á saber de nosotros á Andrés -de Tapia con tres de á caballo, y temia no le hubiesen muerto en el -camino; cuando se lo dijo y se despidió fué á abrazar á Gonzalo de -Sandoval, y le dijo: - -—«Mirá, pues veis que yo no puedo ir á todas partes, á vos os -encomiendo estos trabajos, pues veis que estoy herido y cojo; ruégoos -pongais cobro en estos tres reales: bien sé que Pedro de Albarado y sus -capitanes y soldados habrán batallado y hecho como caballeros, mas temo -el gran poder destos perros, no les hayan desbaratado; pues de mí y de -mi ejército ya veis de la manera que estoy.» - -Y en posta vino el Sandoval y el Francisco de Lugo donde estábamos, y -cuando llegó seria hora de vísperas, y porque, segun pareció é supimos, -el desbarate de Cortés fué ántes de Misa mayor; y cuando llegó Sandoval -nos halló batallando con los mejicanos, que nos querian entrar en el -real por unas casas que habiamos derrocado, y otros por la calzada, -y otros en canoas por la laguna, y tenian ya un bergantin zabordado -en unas estacadas, y de los soldados que en ellos iban, habian muerto -los dos, y los demás heridos; y como Sandoval nos vió á mí y á otros -soldados en el agua metidos á más de la cinta, ayudando al bergantin á -echalle en lo hondo, y estaban sobre nosotros muchos indios con espadas -de las nuestras que habian tomado en el desbarate de Cortés, y otros -con montantes de navajas dándonos cuchilladas, y á mí me dieron un -flechazo, y querian llegar con gran fuerza sus canoas, segun la fuerza -que ponian, y le tenian atadas muchas sogas para llevársele y metelle -dentro de la ciudad; y como el Sandoval nos vió de aquella manera, dijo: - -—«Oh hermanos, poned fuerza en que no lleven el bergantin.» - -Y tomamos tanto esfuerzo, que luego le sacamos en salvo, puesto que, -como he dicho, todos los marineros salieron heridos y dos soldados -muertos. - -En aquella sazon vinieron á la calzada muchas capitanías de mejicanos, -y nos herian ansí á los de á caballo y á todos nosotros, y aun al -Sandoval le dieron una buena pedrada en la cara; y entónces Pedro de -Albarado le socorrió con otros de á caballo, y como venian tantos -escuadrones, é yo y otros soldados les haciamos cara, Sandoval nos -mandó que poco á poco nos retrajésemos porque no les matasen los -caballos; é porque no nos retraiamos de presto como quisiera, dijo: - -—«¿Quereis que por amor de vosotros me maten á mí y á todos aquestos -caballeros? Por amor de Dios, hermanos, que os retrayais.» - -Y entónces le tornaron á herir á él y á su caballo; y en aquella sazon -echamos á los amigos fuera de la calzada, y poco á poco, haciendo -cara, y no vueltas las espaldas, como quien va haciendo represas, unos -ballesteros y escopeteros tirando y otros armando y otros cebando sus -escopetas, y no soltaban todos á la par; y los de á caballo que hacian -algunas arremetidas, y el Pedro Moreno Medrano con sus tiros en armar -y tirar; y por más mejicanos que llevaban las pelotas, no les podian -apartar, sino que todavía nos iban siguiendo, con pensamiento que -aquella noche nos habian de llevar á sacrificar. - -Pues ya que estábamos en salvo cerca de nuestros aposentos, pasada ya -una grande obra donde habia mucha agua é muy honda, y no nos podian -alcanzar las piedras ni varas ni flecha, y estando el Sandoval y el -Francisco de Lugo y Andrés de Tapia con Pedro de Albarado, contando -cada uno lo que le habia acaecido y lo que Cortés mandaba, tornó á -sonar el atambor de Huichilóbos y otros muchos atabalejos, y caracoles -y cornetas y otras como trompas, y todo el sonido dellas espantable -y triste; y miramos arriba al alto cu, donde los tañian, y vimos -que llevaban por fuerza á rempujones y bofetadas y palos á nuestros -compañeros que habian tomado en la derrota que dieron á Cortés, que -los llevaron por fuerza á sacrificar; y de que ya los tenian arriba en -una placeta que se hacia en el adoratorio, donde estaban sus malditos -ídolos, vimos que á muchos dellos les ponian plumajes en las cabezas, -y con unos como aventadores les hacian bailar delante de Huichilóbos, -y cuando habian bailado, luego les ponian de espaldas encima de unas -piedras que tenian hechas para sacrificar, y con unos navajones de -pedreñal les aserraban por los pechos y les sacaban los corazones -bullendo, y se los ofrecian á sus ídolos que allí presentes tenian, -y á los cuerpos dábanles con los piés por las gradas abajo; y estaban -aguardando otros indios carniceros, que les cortaban brazos y piernas, -y las caras desollaban y las adobaban como cueros de guantes, y con -sus barbas las guardaban para hacer fiestas con ellas cuando hacian -borracheras, y se comian las carnes con chilmole; y desta manera -sacrificaron á todos los demás, y les comieron piernas y brazos, y -los corazones y sangre ofrecian á sus ídolos, como dicho tengo, y los -cuerpos, que eran las barrigas, echaban á los tigres y leones y sierpes -y culebras que tenian en la casa de las alimañas, como dicho tengo en -el capítulo que dello habla, que atrás dello he platicado. - -Pues de aquellas crueldades vimos todos los de nuestro real y Pedro de -Albarado y Gonzalo de Sandoval y todos los demás capitanes. - -Miren los curiosos lectores que esto leyeren, qué lástima terniamos -dellos; y deciamos entre nosotros: «¡Oh gracias á Dios, que no me -llevaron á mí hoy á sacrificar!» Y tambien tengan atencion que no -estábamos léjos dellos y no les podiamos remediar, y ántes rogábamos á -Dios que fuese servido de nos guardar de tan cruelísima muerte. - -Pues en aquel instante que hacian aquel sacrificio, vinieron sobre -nosotros grandes escuadrones de guerreros, y nos daban por todas partes -bien que hacer, que ni nos podiamos valer de una manera ni de otra -contra ellos, y nos decian: - -—«Mirad que desta manera habeis de morir todos, que nuestros dioses -nos lo han prometido muchas veces.» - -Pues las palabras de amenazas que decian á nuestros amigos los -tlascaltecas eran tan lastimosas y malas, que los hacian desmayar, y -les echaban piernas de indios asadas y brazos de nuestros soldados y -les decian: - -—«Comé de las carnes de estos teules y de vuestros hermanos, que ya -bien hartos estamos dellos, y deso que nos sobra bien os podeis hartar; -y mirad que las casas que habeis derrocado, que os hemos de traer para -que las torneis á hacer muy mejores, y con piedras y lanzas y cal y -canto, y pintadas; y por eso ayudad muy bien á estos teules, que á -todos los vereis sacrificados.» - -Pues otra cosa mandó hacer Guatemuz, que, como hubo aquella vitoria de -Cortés, envió á todos los pueblos nuestros confederados y amigos, y á -sus parientes, piés y manos de nuestros soldados, y caras de soldados -con sus barbas, y las cabezas de los caballos que mataron; y les envió -á decir que éramos muertos más de la mitad de nosotros é que presto -nos acabarian, é que dejasen nuestra amistad y se viniesen á Méjico, -y que si luego no lo dejaban, que les enviaria á destruir; y les -envió á decir otras muchas cosas para que se fuesen de nuestro real y -nos dejasen, pues habiamos de ser presto muertos de su mano; y á la -continua dándonos guerra, así de dia como de noche; y como velábamos -todos los del real juntos, y Gonzalo de Sandoval y Pedro de Albarado y -los demás capitanes haciéndonos compañía en la vela, aunque venian de -noche grandes capitanías de guerreros, les resistiamos. - -Pues los de á caballo todo el dia y la noche estaba la mitad dellos en -lo de Tacuba y la otra mitad en las calzadas. - -Pues otro mayor mal nos hicieron, que cuanto habiamos cegado desde que -en la calzada entramos, todo lo tornaron á abrir, y hicieron albarradas -muy más fuertes que de ántes. - -Pues los amigos de las ciudades de la laguna que nuevamente habian -tomado nuestra amistad y nos vinieron á ayudar con las canoas, creyeron -llevar lana y volvieron trasquilados, porque perdieron muchos las vidas -y más de la mitad de las canoas que traian, y otros muchos volvieron -heridos; y aun con todo esto, desde allí adelante no ayudaron á los -mejicanos, porque estaban mal con ellos, salvo estarse á la mira. - -Dejemos de hablar más en contar lástimas, y volvamos á decir el recaudo -y manera que teniamos, y cómo Sandoval y Francisco de Lugo, y Andrés -de Tapia y los demás caballeros que habian venido á nuestro real, les -pareció que era bien volverse á sus puestos y dar relacion á Cortés -cómo y de qué manera estábamos; y se fueron en posta, y dijeron á -Cortés cómo Pedro de Albarado y todos sus soldados teniamos muy buen -recaudo, así en el batallar como en el velar; y aun el Sandoval, como -me tenia por amigo, dijo á Cortés cómo me halló á mí y á otros soldados -batallando en el agua á más de la cinta defendiendo un bergantin que -estaba zabordado en unas estacadas, é que si por nuestras personas -no fuera, que mataran á todos los soldados y al capitan que dentro -venia; é porque dijo de mi persona otras loas que yo aquí no tengo de -decir, porque otras personas lo dijeron y se supo en todo el real, no -quiero aquí recitallo; y cuando Cortés lo hubo bien entendido del buen -recaudo que teniamos en nuestro real, con ello descansó su corazon, -y desde allí adelante mandó á todos tres reales que no batallásemos -poco ni mucho con los mejicanos; entiéndese que no curásemos de tomar -ningun puente ni albarrada, salvo defender nuestros reales no nos los -rompiesen; porque de batallar con ellos, no habia bien esclarecido el -dia ántes, cuando estaban sobre nuestro real tirando muchas piedras -con hondas, y varas y flecha, y diciéndonos muchos vituperios feos; y -como teniamos junto á nuestro real una obra de agua, muy ancha y honda, -estuvimos cuatro dias arreo que no la pasamos, y otro tanto se estuvo -Cortés en el suyo, y Sandoval en el suyo; y esto de no salir á batallar -y procurar de ganar las albarradas que habian tornado á abrir y hacer -fuertes, era por causa que todos estábamos muy heridos y trabajados, -así de velas como de las armas, y sin comer cosa de sustancia; y como -faltaban del dia ántes sobre sesenta y tantos soldados de todos tres -reales, y siete caballos, porque recibiéramos algun alivio y para tomar -maduro consejo de lo que habiamos de hacer de allí adelante, mandó -Cortés que estuviésemos quedos, como dicho tengo. - -Y dejallo hé aquí, y diré cómo y de qué manera peleábamos, y todo lo -que en nuestro real pasó. - - - - -CAPÍTULO CLIII. - -DE LA MANERA QUE PELEÁBAMOS É SE NOS FUERON TODOS LOS AMIGOS Á SUS -PUEBLOS. - - -La manera que teniamos en todos tres reales de pelear, es esta: que -velábamos de noche todos los soldados juntos en las calzadas, y -nuestros bergantines á nuestros lados, tambien en las calzadas, y -los de á caballo rondando la mitad dellos en lo de Tacuba, adonde -nos hacian pan y teniamos nuestro fardaje, y la otra mitad en las -puentes y calzada, y muy de mañana aparejábamos los puños para pelear -y batallar con los contrarios, que nos venian á entrar en nuestro -real y procuraban de nos desbaratar; y otro tanto hacian en el real -de Cortés y en el de Sandoval, y esto no fué sino cinco dias, porque -luego tomamos otra órden, lo cual diré adelante; y digamos cómo los -mejicanos hacian cada dia grandes sacrificios y fiestas en el cu mayor -de Tatelulco, y tañian su maldito atambor y otras trompas y atabales -y caracoles, y daban muchos gritos y alaridos, y tenian cada noche -grandes luminarias de mucha leña encendida, y entónces sacrificaban de -nuestros compañeros á sus malditos ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, y -hablaban con ellos; y segun ellos decian, que en la mañana ó en aquella -misma noche nos habian de matar. - -Parece ser que, como sus ídolos son perversos y malos, por engañarlos -para que no viniesen de paz, les hacian en creyente que á todos -nosotros nos habian de matar, y á los tlascaltecas y á todos los demás -que fuesen en nuestra ayuda; y como nuestros amigos lo oian, teníanlo -por muy cierto, porque nos vian desbaratados. - -Dejemos destas pláticas, que eran de sus malos ídolos, y digamos cómo -en la mañana venian muchas capitanías juntas á nos cercar y dar guerra, -y se remudaban de rato en rato, unos de unas divisas y señales, y -venian otros de otras libreas; y entónces cuando estábamos peleando -con ellos nos decian muchas palabras, diciéndonos de apocados y que no -éramos buenos para cosa ninguna, ni para hacer casas ni maizales, y que -no éramos sino para venilles á robar su ciudad, como gente mala que -habiamos venido huyendo de nuestra tierra y de nuestro Rey y señor; y -esto decian por lo que Narvaez les habia enviado á decir, que veniamos -sin licencia de nuestro Rey, como dicho tengo; y nos decian que de allí -á ocho dias no habia de quedar ninguno de nosotros á vida porque así -se lo habian prometido la noche ántes sus dioses; y desta manera nos -decian otras cosas malas, y á la postre decian: - -—«Mirá cuán malos y bellacos sois, que aun vuestras carnes son malas -para comer, que amargan como las hieles, que no las podemos tragar de -amargor.» - -Y parece ser, como aquellos dias se habian hartado de nuestros soldados -y compañeros, quiso Nuestro Señor que les amargasen las carnes. - -Pues á nuestros amigos los tlascaltecas, si muchos vituperios nos -decian á nosotros, más les decian á ellos, é que les ternian por -esclavos para sacrificar y hacer sus sementeras, y tornar á edificar -las casas que les habiamos derrocado, é que las habian de hacer de cal -y canto labradas, que su Huichilóbos se lo habia prometido; y diciendo -esto, luego el bravoso pelear, y se venian por unas casas derrocadas, -y con las muchas canoas que tenian nos tomaban las espaldas, y aun -nos tenian algunas veces atajados en las calzadas; y nuestro Señor -Jesucristo nos sustentaba cada dia, que nuestras fuerzas no bastaban; -mas todavía les haciamos volver muchos dellos heridos, y muchos -quedaban muertos. - -Dejemos de hablar de los grandes combates que nos daban, y digamos -cómo nuestros amigos los de Tlascala y de Cholula y Guaxocingo, y -aun los de Tezcuco, acordaron de se ir á sus tierras, y sin lo saber -Cortés ni Pedro de Albarado ni Sandoval, se fueron todos los más; -que no quedó en la real de Cortés sino este Suchel, que despues que -se bautizó se llamó don Cárlos, y era hermano de don Fernando, señor -de Tezcuco, y era muy esforzado hombre; y quedaron con él otros sus -parientes y amigos, que serian hasta cuarenta; y en el real de Sandoval -quedó otro cacique de Guaxocingo con obra de cincuenta hombres; y en -nuestro real quedaron dos hijos de nuestro amigo D. Lorenzo de Vargas, -y el esforzado de Chichimecatecle con obra de ochenta tlascaltecas, -parientes y vasallos. - -Y como nos hallamos solos y con tan pocos amigos, recebimos pena; y -Cortés y Sandoval y cada uno en su real preguntaban á los amigos que -les quedaban que por qué se habian ido de aquella manera los demás -sus hermanos, y decian que, como vian que los mejicanos hablaban de -noche con sus ídolos é prometian que nos habian de matar á nosotros y -á ellos, que creian que debia de ser verdad, y del miedo se iban; y -que lo que le daba más crédito á ello era vernos á todos heridos y nos -habian muerto á muchos de nosotros, é que dellos mismos faltaban más de -mil y ducientos, y que temieron no matasen á todos; y tambien porque -Xicotenga el mozo, que mandó ahorcar Cortés en Tezcuco, siempre les -decia que sabia por sus adivinanzas que á todos nos habian de matar, é -que no habia de quedar ninguno de nosotros á vista, y por esta causa se -fueron. - -É puesto que Cortés en lo secreto sintió pesar dello, mas con rostro -alegre les dijo que no tuviesen miedo, é que lo que aquellos mejicanos -les decian que era mentira y por desmayarlos; y tantas palabras de -prometimientos les dijo, y con palabras amorosas los esforzó á estar -con él, y otro tanto dijimos al Chichimecatecle y á los dos Xicotengas. - -Y en aquellas pláticas que en aquella sazon decia Cortés á este Suchel, -que ya he dicho que se dijo D. Cárlos, como era de suyo señor y -esforzado, dijo á Cortés: - -—«Sr. Malinche, no recibas pena por no batallar cada dia en tu real -algunas veces, y otro tanto manda al Tonatio, que era Pedro de -Albarado, que así lo llamaban, que se esté en el suyo, y Sandoval en -Tepeaquilla, y con los bergantines anden cada dia á quitar y defender -que no les entren bastimentos ni agua, porque están aquí dentro en -esta gran ciudad tantos mil xiquipiles de guerreros, que por fuerza, -siendo tantos, se les ha de acabar el bastimento que tienen, y el agua -que ahora beben es medio salobre, que toman de unos hoyos que tienen -hechos, y como llueve de dia y de noche, recogen el agua para beber y -dello se sustentan: mas ¿qué pueden hacer si les quitas la comida y el -agua, si no es más que guerra la que ternán con la hambre y sed?» - -Como Cortés aquello entendió, le echó los brazos encima y le dió -gracias por ello, con prometimientos que le daria pueblos; y aqueste -consejo lo habiamos puesto en plática muchos soldados á Cortés; mas -somos de tal calidad, que no quisiéramos aguardar tanto tiempo, sino -entralles luego la ciudad. - -Y cuando Cortés hubo bien considerado lo que nosotros tambien le -habiamos dicho, y sus capitanes y soldados se lo decian, mandó á dos -bergantines que fuesen á nuestro real y al de Sandoval á nos decir que -estuviésemos otros tres dias sin les ir entrando en la ciudad; y como -en aquella sazon los mejicanos estaban vitoriosos, no osábamos enviar -un bergantin solo, y por esta causa envió dos; y una cosa nos ayudó -mucho, y es que ya osaban nuestros bergantines romper las estacadas -que los mejicanos les habian hecho en la laguna para que zabordasen; -y es desta manera: que remaban con gran fuerza, y para que más furia -trujesen tomaban de algo atrás, y si hacia algun viento, á todas velas, -y con los remos muy mejor; y así, eran señores de la laguna y aun de -muchas partes de las casas que estaban apartadas de la ciudad; y los -mejicanos, como aquello vieron, se les quebró algo su braveza. - -Dejemos esto, y volvamos á nuestras batallas; y es que, aunque no -teniamos amigos, comenzamos á cegar y á tapar la gran abertura que -he dicho otras veces que estaba junto á nuestro real; con la primera -capitanía que venia la rueda de acarrear adobes y madera y cegar lo -poniamos muy por la obra y con grandes trabajos, y las otras dos -capitanías batallábamos. - -Ya he dicho otras veces que así lo teniamos concertado, y habia de -andar por rueda; y en cuatro dias que todos trabajamos en ella la -teniamos cegada y allanada; y otro tanto hacia Cortés en su real con -el mismo concierto, y aun él en persona llevaba adobes y madera hasta -que quedaban seguras las puentes y calzadas y aberturas, por tenello -seguro á retraer; y Sandoval ni más ni ménos en el suyo, y en nuestros -bergantines junto á nosotros, sin temer estacadas; y desta manera les -fuimos entrando poco á poco. - -Volvamos á los grandes escuadrones que á la continua nos daban guerra, -que muy bravosos y vitoriosos se venian á juntar pié con pié con -nosotros, y de cuando en cuando, como se mudaban unos escuadrones, -venian otros. - -Pues digamos el ruido y alarido que traian, y en aquel instante el -resonido de la corneta de Guatemuz, y entónces apechugaban de tal arte -con nosotros, que no nos aprovechaban cuchilladas ni estocadas que les -dábamos, y nos venian á echar mano; y como, despues de Dios, nuestro -buen pelear nos habia de valer, teniamos muy reciamente contra ellos, -hasta que con las escopetas y ballestas y arremetidas de los de á -caballo, que estaban á la continua con nosotros la mitad de ellos, y -con nuestros bergantines, que no temian ya las estacadas, les haciamos -estar á raya, y poco á poco les fuimos entrando; y desta manera -batallábamos hasta cerca de la noche, que era hora de retraer. - -Pues ya que nos retraiamos, ya he dicho otras veces que habia de ser -con gran concierto, porque entónces procuraban de nos atajar en la -calzada y pasos malos; y si de ántes lo procuraban, en estos dias, con -la vitoria que habian alcanzado, lo ponian muy por la obra; y digo que -por tres partes nos tenian tomados en medio en este dia; mas quiso -Nuestro Señor Dios que, puesto que hirieron muchos de nosotros, nos -tornamos á juntar, y matamos y prendimos muchos contrarios; y como no -teniamos amigos que echar fuera de las calzadas, y los de á caballo nos -ayudaban valientemente, puesto que en aquella refriega y combate les -hirieron dos caballos, y volvimos á nuestro real bien heridos, donde -nos curamos con aceite y apretar nuestras heridas con mantas, y comer -nuestras tortillas con ají y yerbas y tunas, y luego puestos todos en -la vela. - -Digamos ahora lo que los mejicanos hacian de noche en sus grandes y -altos cues, y es que tañian su maldito atambor, que dije otra vez que -era el de más maldito sonido y más triste que se podia inventar, y -sonaba muy léjos, y tañian otros peores instrumentos. - -En fin, cosas diabólicas, y tenian grandes lumbres y daban grandísimos -gritos y silbos, y en aquel instante estaban sacrificando de nuestros -compañeros de los que tomaron á Cortés, que supimos que sacrificaron -diez dias arreo hasta que los acabaron, y el postrero dejaron á -Cristóbal de Guzman, que vivo le tuvieron diez y ocho dias, segun -dijeron tres capitanes mejicanos que prendimos; y cuando les -sacrificaban, entónces hablaba su Huichilóbos con ellos y les prometia -vitoria é que habiamos de ser muertos á sus manos ántes de ocho dias, é -que nos diesen buenas guerras aunque en ellas muriesen muchos; y desta -manera les traian engañados. - -Dejemos ahora de sus sacrificios, y volvamos á decir que cuando otro -dia amanecia ya estaban sobre nosotros todos los mayores poderes que -Guatemuz podia juntar, y como teniamos cegada la abertura y calzada -y puentes, ni sé ellos cómo la ponian en seco, tenian atrevimiento á -venir hasta nuestros ranchos y tirar vara y piedra y flecha, si no -fuera por los tiros con que siempre les haciamos apartar, porque Pedro -Moreno Medrano, que tenia cargo dellos, les hacian mucho daño; y quiero -decir que nos tiraban saetas de las nuestras con ballestas, cuando -tenian vivos á cinco ballesteros, y al Cristóbal de Guzman con ellos, y -les hacian que les armasen las ballestas y les mostrasen cómo habian de -tirar, y ellos y los mejicanos tiraban aquellos tiros y no nos hacian -mal; y tambien batallaba reciamente Cortés y Sandoval, y les tiraban -saetas con ballestas; y esto sabíamoslo por Sandoval y los bergantines -que iban de nuestro real al de Cortés y del de Cortés al nuestro y -al de Sandoval, y siempre nos escribia de la manera que habiamos de -batallar y todo lo que habiamos de hacer, y encomendándonos la vela, -y que siempre estuviesen la mitad de los de á caballo en Tacuba -guardando el fardaje y las indias que nos hacian pan, y que parásemos -mientes no rompiesen por nosotros una noche, porque unos prisioneros -que en el real de Cortés se prendieron le dijeron que Guatemuz decia -muchas veces que diesen en nuestro real de noche, pues no habia -tlascaltecas que nos ayudasen; porque bien sabian que se nos habian ido -ya todos los amigos. - -Ya he dicho otra vez que poniamos gran diligencia en velar. - -Dejemos esto, y digamos que cada dia teniamos muy recios rebatos, y no -dejábamos de les ir ganando albarradas y puentes y aberturas de agua; -y como nuestros bergantines osaban ir por do quiera de la laguna y no -temian á las estacadas, ayudábannos muy bien. - -Y digamos cómo siempre andaban dos bergantines de los que tenia Cortés -en su real á dar caza á las canoas que metian agua y bastimentos, y -cogian en la laguna uno como medio lama, que despues de seco tenia un -sabor como de queso, y traia en los bergantines muchos indios presos. - -Tornemos al real de Cortés y de Gonzalo de Sandoval, que cada dia iban -conquistando y ganando albarradas y puentes; y en aquestos trances -y batallas se habian pasado, cuando en el desbarate de Cortés, doce -ó trece dias; y como este Suchel, hermano de don Hernando, señor de -Tezcuco, vió que volviamos muy de hecho en nosotros, y no era verdad -lo que los mejicanos decian, que dentro de diez dias nos habian de -matar, porque así se lo habia prometido su Huichilóbos, envió á decir -á su hermano don Hernando que luego enviase á Cortés todo el poder de -guerreros que pudiese sacar de Tezcuco, y vinieron dentro en dos dias -que él se lo envió á decir más de dos mil hombres. - -Acuérdome que vinieron con ellos Pedro Sanchez Farfan y Antonio de -Villarroel, marido que fué de la Ojeda, porque aquestos dos soldados -habia dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro Sanchez Farfan era -capitan y el Antonio Villarroel era ayo de don Fernando; y cuando -Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y les dijo palabras -halagüeñas, y asimismo en aquella sazon volvieron muchos tlascaltecas -con sus capitanes, y venia por capitan dellos un cacique de Topeyanco -que se decia Tecapanaca, y tambien vinieron otros muchos indios de -Guaxocingo y pocos de Cholula; y como Cortés supo que habian vuelto, -mandó que todos fuesen á su real para les hablar, y primero que -viniesen les mandó poner guardas en el camino para defendellos, por si -saliesen mejicanos; y cuando parecieron delante, Cortés les hizo un -parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y les dijo que bien -habian creido y tenido por cierto la buena voluntad que siempre les ha -tenido y tiene, así por haber servido á su majestad como por las buenas -obras que dellos hemos recebido, y que si les mandó desde que venimos á -aquella ciudad venir con nosotros á destruir á los mejicanos, que su -intento fué porque se aprovechasen y volviesen ricos á sus tierras y se -vengasen de sus enemigos; que no para que por su sola mano hubiésemos -de ganar aquella gran ciudad; y puesto que siempre les ha hallado -buenos y en todo nos han ayudado, que bien habrán visto que cada dia -les mandábamos salir de las calzadas, porque nosotros estuviésemos -más desembarazados sin ellos para pelear, é que ya les habian dicho y -amonestado otras veces que el que nos da vitoria y en todo nos ayuda -es nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos; y porque se -fueron al mejor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, por dejar -sus capitanes peleando y desamparallos, é que porque ellos no saben -nuestras leyes y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque mejor lo -entiendan, que mirasen que estando sin ellos íbamos derrocando casas y -ganando albarradas; é que desde allí adelante les mandaba que no maten -á ningunos mejicanos, porque les quiere tomar de paz. - -Y despues que les hubo dicho este razonamiento, abrazó á -Chichimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y á este Suchel hermano -de D. Hernando, y les prometió que les daria tierras y vasallos más -de los que tenian, teniéndoles en mucho á los que quedaron en nuestro -real; y asimismo habló muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco, y -á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que estaban en el real de -Sandoval. - -Y como les hubo platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á su -real. - -Dejemos desto, y volvamos á nuestras grandes guerras y combates que -siempre teniamos y nos daban, y porque siempre de dia y de noche no -haciamos sino batallar, y á las tardes al retraer siempre herian á -muchos de nuestros soldados, dejaré de contar muy por extenso lo que -pasaba; y quiero decir, como en aquellos dias llovia en las tardes, -que nos holgábamos que viniese el aguacero temprano, porque, como se -mojaban los contrarios, no peleaban tan bravosamente y nos dejaban -retraer en salvo, y desta manera teniamos descanso. - -Y porque ya estoy harto de escribir batallas, y más cansado y herido -estaba de me hallar en ellas, y á los letores les parecerá prolijidad -recitallas tantas veces, ya he dicho que no puede ser ménos, porque en -noventa y tres dias siempre batallábamos á la continua; mas desde aquí -adelante, si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la memoria en -esta relacion. - -Volvamos á nuestro cuento: y como en todos tres reales les íbamos -entrando en su ciudad, Cortés por la suya, y Sandoval tambien por su -parte, y Pedro de Albarado por la nuestra, llegamos adonde tenian la -fuente, que ya he dicho otra vez que bebian agua salobre; la cual -quebramos y deshicimos porque no se aprovechasen della, y estaban -guardándola algunos mejicanos, y tuvimos buena refriega de vara y -piedra y flecha, y muchas lanzas largas con que aguardaban á los de á -caballo, porque por todas partes de las calles que les habiamos ganado -andaban ya, porque ya estaba llano y sin agua y podian correr muy -gentilmente. - -Dejemos de hablar desto, y digamos cómo Cortés envió á Guatemuz -mensajeros rogándole con la paz, y fué de la manera que diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CLIV. - -CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á GUATEMUZ Á ROGALLE QUE TENGAMOS PAZ. - - -Despues que Cortés vió que íbamos en la ciudad ganando muchas puentes -y calzadas y albarradas y derrocando casas, como teniamos presos tres -principales personas que eran capitanes de Méjico, les mandó que -fuesen á hablar á Guatemuz para que tuviesen paces con nosotros; y los -principales dijeron que no osaban ir con tal mensaje, porque su señor -Guatemuz les mandaria matar. - -En fin de pláticas, tanto se lo rogó Cortés y con promesas que les hizo -y mantas que les dió, que fueron, y lo que les mandó que dijesen al -Guatemuz es, que porque lo quiere bien, por ser deudo tan cercano del -gran Montezuma, su amigo, y casado con su hija, y porque ha mancilla -que aquella gran ciudad no se acabe de destruir, y por excusar la gran -matanza que cada dia haciamos en sus vecinos y forasteros, que le ruega -que venga de paz, y en nombre de su majestad les perdonará todas las -muertes y daños que nos han hecho, y les hará muchas mercedes; é que -tenga consideracion que se lo ha enviado á decir tres ó cuatro veces, -é que él por ser mancebo ó por sus consejeros, y la principal causa -por sus malditos ídolos ó papas, que le aconsejan mal, no ha querido -venir, sino darnos guerra; é pues que ya ha visto tantas muertes -como en las batallas que nos dan les han sucedido, y que tenemos de -nuestra parte todas las ciudades y pueblos de toda aquella comarca, y -cada dia nuevamente vienen más contra ellos, que se compadezca de tal -perdimiento de sus vasallos y ciudad. - -Tambien les envió á decir que se les habian acabado los mantenimientos, -é que ya Cortés lo sabia, é que tambien agua no la tenian; y les envió -á decir otras palabras bien dichas, que los tres principales las -entendieron muy bien por nuestras lenguas, y demandaron á Cortés una -carta, y esta no porque la entendian, sino porque sabian claramente que -cuando enviábamos alguna mensajería ó cosas que les mandábamos, era un -papel de aquellos que llaman amales, señal como mandamiento. - -Y cuando los tres mensajeros parecieron ante su señor Guatemuz, con -grandes lágrimas y sollozando le dijeron lo que Cortés les mandó; -y el Guatemuz desque lo oyó, y sus capitanes que juntamente con él -estaban, pareció ser que al principio recibió pasion de que fuesen -atrevidos aquellos capitanes de illes con tales embajadas; mas, como -el Guatemuz era mancebo y muy gentil hombre, y de buena disposicion y -rostro alegre, y aun la color tenia algo más que tiraba á blanco que á -matiz de indios, que era de obra de veinte y tres años y era casado con -una muy hermosa mujer, hija del gran Montezuma, su tio; y segun despues -alcanzamos á saber, tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo -mandó juntar todos sus capitanes y principales y papas de los ídolos, -y les dijo que tenia voluntad de no tener guerra con Malinche ni todos -nosotros; y la plática que sobre ello les puso fué, que ya habian -probado todo lo que se puede hacer sobre la guerra y mudado muchas -maneras de pelear, y que somos de tal manera, que cuando pensaban que -nos tenian vencidos, que entónces volviamos muy más reciamente sobre -ellos; y que al presente sabia los grandes poderes de amigos que -nuevamente nos habian venido, y que todas las ciudades eran contra -ellos, y que ya los bergantines les habian rompido sus estacadas, y -que los caballos corrian á rienda suelta por las calles de su ciudad; -y les puso por delante otras muchas desventuras que tenian sobre los -mantenimientos y agua; que les rogaba y mandaba que cada uno dellos -diese sobre ello su parecer, y los papas tambien dijesen el suyo y lo -que á sus dioses Huichilóbos y Tezcatepuca les han oido hablar, y que -ninguno tuviese temor de hablar y decir la verdad de lo que sentia. - -Y segun pareció, le dijeron: - -—«Señor y nuestro gran señor, ya tenemos á tí por nuestro rey y señor, -y es muy bien empleado en tí el reinado, pues en todas tus cosas te has -mostrado varon y te viene de derecho el reino. Las paces que dices, -buenas son; mas mira y piensa en ello, que cuando estos teules entraron -en estas tierras y en esta ciudad, cuál nos ha ido de mal en peor; -mirad los servicios y dádivas que les hizo y dió nuestro señor, vuestro -tio, el gran Montezuma, en qué paró. - -»Pues vuestro primo Cacamatzin, rey de Tezcuco, por el consiguiente. -Pues vuestros parientes los señores de Iztapalapa é Cuyoacoan y Tacuba -y de Talatcingo, ¿qué se hicieron? Pues los hijos de nuestro gran señor -Montezuma todos murieron. Pues oro y riquezas desta ciudad, todo se ha -consumido. Pues ya ves que á todos tus súbditos y vasallos de Tepeaca -y Chalco, y aun de Tezcuco, y aun de todas estas vuestras ciudades y -pueblos, les ha hecho esclavos y señalando las caras. - -»Mira primero lo que nuestros dioses te han prometido: toma buen -consejo sobre ello, y no te fies de Malinche ni de sus palabras; que -más vale que todos muramos en esta ciudad peleando, que no vernos en -poder de quien nos harian esclavos y nos atormentarán.» - -Y los papas en aquel tiempo le dijeron que sus dioses les habian -prometido vitoria tres noches arreo cuando les sacrificaban; y entónces -el Guatemuz, medio enojado, les dijo: - -—«Pues así quereis que sea, guardad mucho el maíz y bastimentos que -tenemos, y muramos todos peleando; y desde aquí adelante ninguno sea -osado á me demandar paces, si no, yo le mataré.» - -Y allí todos prometieron de pelear noches y dias y morir en la defensa -de su ciudad. - -Pues ya esto acabado, tuvieron trato con los de Suchimileco y otros -pueblos que les metiesen agua en canoas de noche, y abrieron otras -fuentes en partes que tenian agua, aunque salobre. - -Dejemos ya de hablar en este su concierto, y digamos de Cortés y de -todos nosotros, que estuvimos dos dias sin entralles en su ciudad -esperando la respuesta, y cuando no nos catamos, vienen tantos -escuadrones de guerreros mejicanos en todos tres reales y nos dan tan -recia guerra, que como leones muy bravosos venian á encontrar con -nosotros, que en todo su seso creyeron de llevarnos de vencida. - -Esto que digo fué por nuestra parte del real de Pedro de Albarado, que -en lo de Cortés y Sandoval tambien dijeron que les habian llegado á sus -reales, que no les podian defender, aunque más les mataban y herian; -y cuando peleaban tocaban la corneta de Guatemuz, y entónces habiamos -de tener órden que no nos desbaratasen, porque ya he dicho otras veces -que entónces se metian por las espadas y lanzas para nos echar mano; é -como ya estábamos acostumbrados á los rencuentros, puesto que cada dia -herian y mataban de nosotros, teniamos con ellos pié con pié, y desta -manera pelearon seis ó siete dias arreo, y nosotros les matábamos y -heriamos muchos dellos, y con todo esto no se les daba nada por morir. - -Acuérdome que decian: - -—«¿En qué se anda Malinche con nosotros, cada dia demandándonos paces? -Que nuestros ídolos nos han prometido vitoria, y tenemos hartos -bastimentos y agua, y á ninguno de vosotros hemos de dejar á vida; por -eso no tornen á hablar sobre las paces, pues las palabras son para las -mujeres y las armas para los hombres.» - -Y diciendo esto, se vienen á nosotros como perros dañados, y hablando -y peleando todo era uno, y hasta que la noche nos despartia estábamos -peleando, y luego, como dicho tengo, al retraer con gran concierto, -porque nos venian siguiendo con grandes capitanías y escuadrones -dellos, y estábamos á los amigos fuera de la calzada, porque ya habian -venido muchos más que de ántes, y nos volviamos á nuestras chozas, y -luego ir y velar todos juntos, y en la vela cenábamos nuestra mala -ventura, como dicho tengo otras veces, y bien de madrugada alto á -pelear, porque no nos daban más espacio; y desta manera estuvimos -muchos dias; y estando desta manera tuvimos otro combate, y es que se -juntaban de tres provincias, que se dicen Matalacingo y Malinalco, -y otros pueblos que no se me acuerda de sus nombres, que estaban -obra de ocho leguas de Méjico, para venir sobre nosotros, y miéntras -estuviésemos batallando con los mejicanos darnos en las espaldas y en -nuestros reales, y que entónces saldrian los poderes mejicanos, y los -unos por una parte y los otros por otra, tenian pensamientos de nos -desbaratar; y porque hubo otras pláticas, lo que sobre ello se hizo, -diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CLV. - -CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL CONTRA LAS PROVINCIAS QUE VENIAN Á AYUDAR -Á GUATEMUZ. - - -Y para que esto se entienda bien, es menester volver algo atrás á decir -desde que á Cortés desbarataron y se llevaron á sacrificar sesenta y -tantos soldados, y aun bien puedo decir sesenta y dos, porque tantos -fueron despues, que bien se contaron. - -Y tambien he dicho que Guatemuz envió las cabezas de los caballos y -caras que habian desollado, y piés y manos de nuestros soldados que -habian sacrificado, á muchos pueblos y á Matalacingo y Malinalco, y les -envió á hacer saber que ya habia muerto la mitad de nuestras gentes, -y que les rogaba que para que nos acabasen de matar, que le viniesen á -ayudar, é que darian guerra en nuestros reales de dia y de noche, y que -por fuerza habiamos de pelear con ellos por defenderse; é que cuando -estuviésemos peleando, saldrian ellos de Méjico y nos darian guerra por -otra parte, de manera que nos vencerian, y tenian que sacrificar muchos -de nosotros á sus ídolos, y harian hartazga con nuestros cuerpos. - -De tal manera se lo envió á decir, que lo creyeron y tuvieron por -cierto; y demás desto, en Matalacingo tenia el Guatemuz muchos -parientes por parte de la madre, y como vieron las caras y cabezas que -dicho tengo, y lo que les envió á decir, luego pusieron por la obra -de se juntar con todos sus poderes que tenian, y de venir en socorro -de Méjico y de su pariente Guatemuz, y venian ya de hecho contra -nosotros, y por el camino por donde pasaron estaban tres pueblos, y les -comenzaron á dar guerra y robaron las estancias, y robaron niños para -sacrificar; los cuales pueblos enviaron á se lo hacer saber á Cortés -para que les enviase ayuda y socorro; y como lo supo, de presto mandó -á Andrés de Tapia, y con veinte de á caballo y cien soldados y muchos -amigos les socorrió muy bien y les hizo retraer á sus pueblos, con -mucho daño que les hizo, y se volvió al real; de que Cortés hubo mucho -placer y contentamiento; y despues desto, en aquel instante vinieron -mensajeros de los pueblos de Cuernabaca á demandar socorro, que los -mismos de Matalacingo, de Malinalco y otras provincias venian sobre -ellos, é que enviase socorro; y para ello envió á Gonzalo de Sandoval -con veinte de á caballo y ochenta soldados, los más sanos que habia -en todos tres reales, y muchos amigos; y sabe Dios cuáles quedábamos -con gran riesgo de nuestras personas, porque todos los más estábamos -heridos muy malamente y no teniamos refrigerio ninguno. - -Y porque hay mucho que decir en lo que Sandoval hizo en el desbarate de -los contrarios, se dejará de decir, más de que se vino muy de presto -por socorrer á su real, y trajo dos principales de Matalacingo consigo, -y les dejó más de paz que de guerra; y fué muy provechosa aquella -entrada que hizo, lo uno por evitar que á muchos amigos no se les -hiciese ni recibiesen más daño, y lo otro porque no viniesen á nuestros -reales, como venian de hecho, y porque viese Guatemuz y sus capitanes -que no tenian ya ayuda ni favor de aquellas provincias; y tambien -cuando con ellos estábamos peleando nos decian que nos habian de matar -con ayuda de Matalacingo y de otras provincias, é que sus dioses se lo -habian prometido así. - -Dejemos ya de decir de la ida y socorro que hizo Sandoval, y volvamos -á decir de cómo Cortés envió á rogar á Guatemuz que viniese de paz é -que le perdonaria todo lo pasado; y le envió á decir que el Rey nuestro -señor le envió á decir ahora nuevamente que no le destruyese más -aquella ciudad y tierras, y que por esta causa los cinco dias pasados -no le habia dado guerra ni entrado batallando; y que mire que ya no -tienen bastimentos ni agua, y más de las dos partes de su ciudad por -el suelo, é que de los socorros que esperaba de Matalacingo, que se -informe de aquellos dos principales que entónces les envió é digan -cómo les ha ido en su venida; y le envió á decir otras cosas de muchos -ofrecimientos, que fueron con estos mensajeros los dos indios de -Matalacingo, y le dijeron lo que habia pasado; y no les quiso responder -cosa ninguna, sino solamente les mandó que se volviesen á sus pueblos, -y luego les mandó salir de Méjico. - -Dejemos á los mensajeros, que luego salieron, y los mejicanos por tres -partes con la mayor furia que hasta allí habiamos visto, y se vienen á -nosotros, y en todos tres reales nos dieron muy recia guerra; y puesto -que les heriamos y matábamos muchos dellos, paréceme que deseaban morir -peleando, y entónces cuando más recios andaban con nosotros pié con pié -peleando, nos decian: - -—«Tenitoz Rey Castilla, Tenitoz Ajaca;» que quiere decir en su lengua: -«¿Qué dirá el Rey de Castilla? ¿Qué dirá ahora?» - -Y con estas palabras tirar vara y piedra y flecha, que cubrian el suelo -y calzada. - -Dejemos esto, que ya les íbamos ganando gran parte de la ciudad, y -en ellos sentiamos que, puesto que peleaban muy como varones, no se -remudaban ya tantos escuadrones como solian, ni abrian zanjas ni -calzadas; mas otra cosa tenian muy cierta, que al tiempo que nos -retraiamos nos venian siguiendo hasta nos echar mano; y tambien se nos -habia acabado ya la pólvora en todos tres reales, y en aquel instante -habia venido á la Villa-Rica un navío que era de una armada de un -licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se perdió y desbarató en las -islas de la Florida, y el navío aportó á aquel puerto, como dicho -tengo, y venian en él ciertos soldados y pólvora y ballestas y otras -cosas; y el teniente que estaba en la Villa-Rica, que se decia Rodrigo -Rangel, que tenia en guarda á Narvaez, envió luego á Cortés pólvora y -ballestas y soldados. - -Y volvamos á nuestra conquista, por abreviar: que mandó y acordó Cortés -con todos los demás capitanes y soldados que les entrásemos todo cuanto -pudiésemos hasta llegalles al Tatelulco, que es la plaza mayor, adonde -estaban sus altos cues y adoratorios; y Cortés por su parte y Sandoval -por la suya, y nosotros por la nuestra, les íbamos ganando puentes y -albarradas, y Cortés les entró hasta una plazuela donde tenian otros -adoratorios. - -En aquellos cues estaban unas vigas, y en ellas muchas cabezas de -nuestros soldados que habian muerto y desbaratado en las batallas -pasadas, y tenian los cabellos y barbas muy crecidas, más que cuando -eran vivos, y no lo habia yo creido si no lo viera desde tres dias, que -como fuimos ganando por nuestra parte dos aberturas y puentes, tuvimos -lugar de las ver, é yo conocia tres soldados mis compañeros; y cuando -las vimos de aquella manera se nos saltaron las lágrimas de los ojos; -y en aquella sazon se quedaron allí donde estaban, más desde á doce -dias se quitaron, y las pusimos aquellas y otras cabezas que tenian -ofrecidas á otros ídolos, y las enterramos en una iglesia que se dice -ahora los Mártires, que nosotros hicimos. - -Dejemos desto y digamos cómo fuimos batallando por la parte de Pedro de -Albarado y llegamos al Tatelulco, y habia tantos mejicanos en guarda -de sus ídolos y altos cues, y tenian tantas albarradas, que estuvimos -bien dos horas que no se lo pudimos tomar; y cómo podian ya correr -caballos, puesto que les hirieron á los más; mas nos ayudaron muy bien -y alancearon muchos mejicanos; y como habia tantos contrarios en tres -partes, fuimos las tres capitanías á batallar con ellos; y á la una -capitanía, que era de un Gutierre de Badajoz, mandó Pedro de Albarado -que subiese en el alto cu de Huichilóbos, y peleó muy bien con los -contrarios y muchos papas que en las casas de los adoratorios estaban, -y de tal manera le daban guerra los contrarios, que le hacian venir las -gradas abajo; y luego Pedro de Albarado nos mandó que le fuésemos á -socorrer y dejásemos el combate en que estábamos; é yendo que íbamos, -nos siguieron los escuadrones con quien peleábamos, y todavía les -subiamos sus gradas arriba. - -Aquí habia bien que decir en qué trabajo nos vimos los unos y los -otros en ganalles aquellas fortalezas, que ya he dicho otras veces que -eran muy altas; y en aquellas batallas nos tornaron á herir á todos -muy malamente, y todavía les pusimos fuego á los ídolos, y levantamos -nuestras banderas, y estuvimos batallando en lo llano, despues de le -haber puesto fuego, hasta la noche, que no nos podiamos valer de tanto -guerrero. - -Dejemos de hablar en ello, y digamos que como Cortés y sus capitanes -vieron en aquella sazon desde sus barrios y calles en sus partes léjos -del alto cu, y las llamaradas en que el cu mayor ardia, y nuestras -banderas encima, se holgó mucho, y se quisieran hallar en él; mas no -podian, porque habian un cuarto de legua de la una parte á la otra, -y tenian muchas puentes y aberturas de agua por ganar, y por donde -andaba le daban recia guerra, y no podian entrar tan presto como -quisieran en el cuerpo de la ciudad; mas dende á cuatro dias se juntó -con nosotros, así Cortés como Sandoval, é podiamos ir desde un real á -otro por las calles y casas derrocadas y puentes y albarradas deshechas -y aberturas de agua todo ciego; y en este instante se iban retrayendo -Guatemuz con todos sus guerreros en una parte de la ciudad dentro de -la laguna, porque las casas y palacios en que vivia ya estaban por el -suelo; y con todo esto, no dejaban cada dia de salir á nos dar guerra, -y al tiempo de retraer nos iban siguiendo muy mejor que de ántes; é -viendo esto Cortés, que se pasaban muchos dias, y no venian de paz ni -tal pensamiento tenian, acordó con todos nuestros capitanes que les -echásemos celadas. - -Y fué desta manera: que de todos tres reales se juntaron hasta treinta -de á caballo y cien soldados los más sueltos y guerreros que conocia -Cortés, y envió á llamar de todos tres reales mil tlascaltecas, y nos -metimos en unas casas grandes que habian sido de un señor de Méjico, -y esto fué muy de mañana, y Cortés iba entrando con los demás de á -caballo que le quedaban, y sus soldados y ballesteros y escopeteros por -las calles y calzadas como solia; y ya llegaba Cortés á una abertura -y puente de agua, y entónces estaban peleando con los escuadrones de -mejicanos que para ello estaban aparejados, y muchos más que Guatemuz -enviaba para guardar la puente; y como Cortés vió que habia gran número -de contrarios, hizo que se retraia y mandaba echar los amigos fuera de -la calzada, porque creyesen que de hecho se iban retrayendo; y le iban -siguiendo al principio poco á poco, y cuando vieron que de hecho hacia -que iba huyendo, van tras él todos los poderes que en aquella calzada -le daban guerra; y como Cortés vió que habia pasado algo adelante de -las casas á donde estaba la celada, tiraron dos tiros juntos, que -era señal de cuándo habiamos de salir de la celada, y salen los de -á caballo primero, y salimos todos los soldados y dimos en ellos á -placer; pues luego volvió Cortés con los suyos y nuestros amigos los -tlascaltecas, é hicieron gran matanza. - -Por manera que se hirieron y mataron muchos, y desde allí adelante no -nos seguian al tiempo del retraer; y tambien en el real de Pedro de -Albarado les echó una celada, mas no tan buena como esta; y en aquel -dia no me hallé yo en nuestro real con Pedro de Albarado por causa que -Cortés me mandó que para la celada quedase con él. - -Dejemos desto, y digamos cómo estábamos ya en el Tatelulco, y Cortés -nos mandó que pasásemos todas las capitanías á estar con él, é que allí -velásemos, por causa que veniamos más de media legua desde el real -á batallar con los mejicanos; y estuvimos allí tres dias sin hacer -cosa que de contar sea, porque nos mandó que no les entrásemos más en -la ciudad ni les derrocásemos más casas, porque les queria tornar á -requerir con las paces; y en aquellos dias que allí estuvimos en el -Tatelulco envió Cortés á Guatemuz rogándole que se diese y no hubiese -miedo, y con grandes ofrecimientos que le prometia que su persona -seria muy acatada y honrada dél, y que mandaria á Méjico y á todas sus -tierras y ciudades como solia; y les envió bastimentos y regalos, que -eran tortillas y gallinas y cerezas y tunas y caza, é que no tenian -otra cosa; y el Guatemuz entró en consejo con sus capitanes, y lo que -le aconsejaron fué, que dijese que queria paz, é que aguardarian tres -dias, é que al cabo de los tres dias se verian el Guatemuz y Cortés, -y se darian los conciertos de las paces; y en aquellos tres dias -tenian tiempo de aderezar puentes y abrir calzadas y adobar piedra y -vara y flecha y hacer albarradas; y envió Guatemuz cuatro mejicanos -principales con aquella respuesta; é creiamos que eran verdaderas las -paces, y Cortés les mandó dar muy bien de comer y beber, y les tornó á -enviar á Guatemuz, y con ellos les envió más refresco como de ántes; -y el Guatemuz tornó á enviar á Cortés otros mensajeros, y con ellos -dos mantas ricas, y dijeron que Guatemuz vernia para cuando estaba -acordado; y por no gastar más razones sobre el caso, él nunca quiso -venir, porque le aconsejaron que no creyese á Cortés, y poniéndole -por delante el fin de su tio el gran Montezuma y sus parientes y la -destruccion de todo el linaje noble de los mejicanos, é que dijese -que estaba malo, é que saliesen todos de guerra, é que placeria á sus -dioses, que les darian vitoria contra nosotros, pues tantas veces se la -habia prometido. - -Pues como estábamos aguardando al Guatemuz y no venia, vimos luego -la burla que de nosotros hacia; y en aquel instante salian tantos -batallones de mejicanos con sus divisas, y dan á Cortés tanta guerra, -que no se podia valer; y otro tanto fué por nuestra parte de nuestro -real; pues en el de Sandoval lo mismo; y era de tal manera, que -parecia que entónces comenzaban de nuevo á batallar; y como estábamos -algo descuidados, creyendo que estaban ya de paz, hirieron á muchos -de nuestros soldados, y tres fueron heridos muy malamente, y el uno -dellos murió, y mataron dos caballos y hirieron otros más; é ellos no -se fueron mucho alabando, que muy bien lo pagaron; y como esto vido -Cortés, mandó que luego les tornásemos á dar guerra y les entrásemos -en su ciudad á la parte donde se habian recogido; y cómo vieron que -les íbamos ganando toda la ciudad, envió Guatemuz á decir á Cortés que -queria hablar con él desde una gran abertura de agua, y habia de ser -Cortés de la una parte y el Guatemuz de la otra, y señalaron el tiempo -para otro dia de mañana; y fué Cortés para hablar con él, y no quiso -Guatemuz venir al puesto, sino envió á muchos principales, los cuales -dijeron que su señor Guatemuz no osaba venir por temor que cuando -estuviese hablando le tirarian escopetas y ballestas y le matarian; y -entónces Cortés les prometió con juramento que no les enojaria en cosa -ninguna, y no aprovechó, que no le creyeron. - -En aquella sazon dos principales de los que hablaban con Cortés -sacaron de un fardalejo que traian tortillas é una pierna de gallina y -cerezas, y sentáronse muy de espacio á comer, porque Cortés los viese -y entendiese que no tenian hambre; y desde allí le envió á decir á -Guatemuz, que pues no queria venir, que no le daba nada y que presto -les entraria en todas sus casas, y veria si tenia maíz, cuanto más -gallinas; y desta manera se estuvieron otros cuatro ó cinco dias que -no les dábamos guerra; y en este instante se salian de noche muchos -pobres indios que no tenian qué comer, y se venian al real de Cortés -y al nuestro, como aburridos de hambre; y cuando aquello vió Cortés, -mandó que en bueno ni en malo no les diésemos guerra, é que quizá se -les mudaria la voluntad para venir de paz, y no venian; y en el real -de Cortés estaba un soldado que decia el mismo que él habia estado en -Italia en compañía del Gran Capitan, y se halló en la chirinola de -Garayana y en otras grandes batallas, y decia muchas cosas de ingenios -de la guerra, é que haria un trabuco en el Tatelulco, con que en dos -dias que con él tirase á la parte y casas de la ciudad adonde el -Guatemuz se habia retraido, que las haria que luego se diesen de paz; -y tantas cosas dijo á Cortés sobre ello, que luego puso en obra hacer -el trabuco, y trajeron piedra, cal y madera de la manera que él la -demandó, y carpinteros y clavazon, y todo lo perteneciente para hacer -el trabuco, é hicieron dos hondas de recias sogas, y trujeron grandes -piedras, y mayores que botijas de arroba; é ya que estaba armado el -trabuco segun y de la manera que el soldado dió la órden, y dijo que -estaba bueno para tirar, y pusieron en la honda una piedra hechiza, lo -que con ella se hizo es, que no pasó adelante del trabuco, porque fué -por alto y luego cayó allí donde estaba armado; y desque aquello vió -Cortés hubo mucho enojo del soldado que le dió la órden para que lo -hiciese, y tenia pesar en sí mismo, porque él creido tenia que no era -para en la guerra ni para en cosa de afrenta, y no era más de hablar, -que se habia hallado de la manera que he dicho; y segun el mismo -soldado decia, que se decia Fulano de Sotelo, natural de Sevilla, y -luego Cortés mandó deshacer el trabuco. - -Dejemos desto, y digamos que como vió que el trabuco era cosa de -burla, acordó que con todos doce bergantines fuese en ellos Gonzalo de -Sandoval por capitan general y entrase en el rincon de la ciudad adonde -se habia retraido Guatemuz, el cual estaba en parte que no podian -entrar en sus palacios y casas sino por el agua, y luego Sandoval -apercibió á todos los capitanes de los bergantines; y lo que hizo diré -adelante cómo y de qué manera pasó. - - - - -CAPÍTULO CLVI. - -CÓMO SE PRENDIÓ GUATEMUZ. - - -Pues como Cortés vido que el trabuco no aprovechó cosa ninguna, ántes -hubo enojo con el soldado que le aconsejó que lo hiciese, y viendo que -no queria paces ningunas Guatemuz y sus capitanes, mandó á Gonzalo de -Sandoval que entrase con los bergantines en el sitio y rincon de la -ciudad adonde estaban retraidos el Guatemuz con toda la flor de sus -capitanes y personas más nobles que en Méjico habia, y le mandó que -no matase ni hiriese á ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, -é que aunque se la diesen, que solamente se defendiese, y no les -hiciesen otro mal, y que les derrocase las casas y muchas barbacanas -que habian hecho en la laguna; y Cortés se subió luego en el cu mayor -del Tatelulco para ver cómo entraba Sandoval con los bergantines, y les -fueron acompañando Pedro de Albarado y Luis Marin, y Francisco de Lugo -y otros soldados. - -Y como el Sandoval entró con los bergantines en aquel paraje donde -estaban las casas de Guatemuz, cuando se vió cercado el Guatemuz, tuvo -temor no le prendiesen ó le matasen, y tenia aparejadas cincuenta -grandes piraguas para si se viese en aprieto salvarse en ellas y -meterse en unos carrizales, é ir desde allí á tierra, y esconderse en -unos pueblos de sus amigos; y asimismo tenia mandado á los principales -y gente de más cuenta que allí en aquel rincon tenia, y á sus -capitanes, que hiciesen lo mismo; y como vieron que les entraban en -las casas, se embarcan en las canoas, é ya tenian metida su hacienda -de oro y joyas y toda su familia, y se mete en ellas, y tira la laguna -adelante, acompañado de muchos capitanes y principales; y como en -aquel instante iba la laguna llena de canoas, y Sandoval luego tuvo -noticia que Guatemuz con toda la gente principal se iba huyendo, mandó -á los bergantines que dejasen de derrocar casas y siguiesen el alcance -de las canoas, é que mirasen que tuviesen tino é ojo á qué parte iba el -Guatemuz, y que no le ofendiesen ni le hiciesen enojo ninguno, sino que -buenamente procurasen de le prender. - -Y como un Garci-Holguin, que era capitan de un bergantin, amigo -de Sandoval, y era muy gran velero su bergantin, y llevaba buenos -remeros, le mandó que siguiese hácia la parte que le habian dicho que -iba el Guatemuz y sus principales y las grandes piraguas, y le mandó -que si le alcanzase, que no le hiciese mal ninguno más de prendelle, -y el Sandoval siguió por otra parte con otros bergantines que le -acompañaban; é quiso Dios Nuestro Señor que el Garci-Holguin alcanzó á -las canoas é grandes piraguas en que iba el Guatemuz, y en el arte dél -y de los toldos é piragua, y aderezo dél y de la canoa, le conoció el -Holguin y supo que era el grande señor de Méjico, y dijo por señas que -aguardasen, y no querian, y él hizo como que les queria tirar con las -escopetas y ballestas, y hubo el Guatemuz miedo de ver aquello, y dijo: - -—«No me tiren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tierra, y lo que te -ruego es, que no me llegues á mi mujer ni á mis hijos, ni á ninguna -mujer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo, sino que me tomes á mí -y me lleves á Malinche.» - -Y como el Holguin le oyó, se gozó en gran manera y le abrazó, y le -metió en el bergantin con mucho acato, á él, á su mujer y á veinte -principales que con él iban, y les hizo asentar en la popa en unos -petates y mantas, y les dió de lo que traia para comer; y á las -canoas en que iba su hacienda no les tocó en cosa ninguna, sino que -juntamente las llevó con su bergantin; y en aquella sazon el Gonzalo -de Sandoval se puso á una parte para ver los bergantines, y mandó -que todos se recogiesen á él, y luego supo que Garci-Holguin habia -prendido al Guatemuz, y que le llevaba á Cortés; y como el Sandoval lo -supo, mandó á los remeros que llevaba en su bergantin que remasen á -la mayor priesa que pudiesen, y cuando alcanzó á Holguin le dijo que -le diese el prisionero, y el Holguin no se lo quiso dar, porque dijo -que él lo habia prendido, y no el Sandoval; y el Sandoval dijo que así -era verdad, y que él era general de los bergantines, y que el Holguin -venia debajo de su dominio é mando, y que por ser su amigo se lo habia -mandado, y tambien porque era su bergantin muy ligero, más que los -otros; é mandó que le siguiesen y le prendiesen, y que al Sandoval, -como á su general, le habia de dar el prisionero; y el Holguin todavía -porfiaba que no queria; y en aquel instante fué otro bergantin á gran -priesa á Cortés á demandalle albricias, que, como dicho tengo, estaba -muy cerca, en el Tatelulco, mirando desde el cu mayor cómo entraba el -Sandoval; y entónces le contaron la diferencia que traia Sandoval con -el Holguin sobre tomalle el prisionero; y cuando Cortés lo supo, luego -despachó al capitan Luis Marin y á Francisco de Lugo para que luego -hiciesen venir al Gonzalo de Sandoval y al Holguin, sin más debatir, é -que trajese al Guatemuz, y á la mujer y familia con mucho acato, porque -él determinaria cúyo era el prisionero y á quien se habia de dar la -honra dello; y entre tanto que le fueron á llamar, hizo aderezar Cortés -un estrado lo mejor que pudo con petates y mantas y otros asientos, y -mucha comida de lo que Cortés tenia para sí, y luego vino el Sandoval -y Holguin con el Guatemuz, y le llevaron ante Cortés; y cuando se vió -delante dél le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó, y le -mostró mucho amor á él y á sus capitanes; y entónces el Guatemuz dijo á -Cortés: - -—«Señor Malinche, ya yo he hecho lo que estaba obligado en defensa de -mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y preso -ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que traes en la cinta y -mátame luego con él.» - -Y esto cuando se lo decia lloraba muchas lágrimas con sollozos, y -tambien lloraban otros grandes señores que consigo traia; y Cortés -le respondió con doña Marina y Aguilar, nuestras lenguas, y dijo muy -amorosamente que por haber sido tan valiente y haber vuelto y defendido -su ciudad se le tenia en mucho y tenia en más á su persona, y que no -es digno de culpa ninguna, é que ántes se lo ha de tener á bien que á -mal; é que lo que Cortés quisiera, fué que, cuando iban de vencida, -que porque no hubiera más destruicion ni muerte en sus mejicanos, que -vinieran de paz y de su voluntad; é que pues ya es pasado lo uno y lo -otro, y no hay remedio ni enmienda en ello, que descanse su corazon y -de sus capitanes; é que mandará á Méjico y á sus provincias como de -ántes lo solian hacer; y Guatemuz y sus capitanes dijeron que se lo -tenian en merced; y Cortés preguntó por la mujer y por otras grandes -señoras mujeres de otros capitanes, que le habian dicho que venian -con Guatemuz; y el mismo Guatemuz respondió y dijo que habia rogado -á Gonzalo de Sandoval y á Garci-Holguin que les dejase estar en las -canoas en que estaban, hasta ver lo que el Malinche ordenaba; y luego -Cortés envió por ellas, y les mandó dar de comer de lo que habia lo -mejor que pudo en aquella sazon; y luego, porque era tarde y queria -llover, mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que se fuese á Cuyoacoan, y -llevase consigo á Guatemuz y á su mujer y familia y á los principales -que con él estaban; y luego mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de -Olí que cada uno se fuese á sus estancias y reales, y luego nosotros -nos fuimos á Tacuba, y Sandoval dejó á Guatemuz en poder de Cortés en -Cuyoacoan, y se volvió á Tepeaquilla, que era su puesto y real. - -Prendióse Guatemuz y sus capitanes en 13 de Agosto, á hora de vísperas, -dia de señor San Hipólito, año de 1521, gracias á nuestro Señor -Jesucristo y á nuestra Señora la Vírgen Santa María, su bendita Madre, -amen. - -Llovió, y tronó y relampagueó aquella noche, y hasta media noche mucho -más que otras veces. - -Y como se hubo preso Guatemuz, quedamos tan sordos todos los soldados, -como si de ántes estuviera uno puesto encima de un campanario y tañesen -muchas campanas, y en aquel instante que las tañian cesasen de las -tañer; y esto digo al propósito, porque todos los noventa y tres -dias que sobre esta ciudad estuvimos, de noche y de dia daban tantos -gritos y voces é silbos, unos escuadrones mejicanos apercibiendo los -escuadrones y guerreros que habian de batallar en la calzada, é otros -llamando las canoas que habian de guerrear con los bergantines y con -nosotros en los puentes, y otros apercibiendo á los que habian de -hincar palizadas y abrir y ahondar las calzadas y aberturas y puentes, -y en hacer albarradas, y otros en aderezar piedra y vara y flecha, y -las mujeres en hacer piedra rolliza para tirar con las hondas; pues -desde los adoratorios y casas malditas de aquellos malditos ídolos, los -atambores y cornetas, y el atambor grande y otras bocinas dolorosas, -que de continuo no dejaban de se tocar, y desta manera, de noche y de -dia no dejábamos de tener gran ruido, y tal, que no nos oiamos los -unos á los otros: y despues de preso el Guatemuz cesaron las voces y -el ruido, y por esta causa he dicho como si de ántes estuviéramos en -campanario. - -Dejemos desto, y digamos cómo Guatemuz era de muy gentil disposicion, -así de cuerpo como de faiciones, y la cara algo larga y alegre, y los -ojos más parecian que cuando miraba que eran con gravedad y halagüeños, -y no habia falta en ellos, y era de edad de veinte y tres ó veinte y -cuatro años, y el color tiraba más á blanco que al color y matiz de -esotros indios morenos, y decian que su mujer era sobrina de Montezuma, -su tio, muy hermosa mujer y moza. - -Y ántes que más pasemos adelante, digamos en qué paró el pleito del -Sandoval y del Garci-Holguin sobre la prision de Guatemuz; y es que, -Cortés le dijo que los romanos tuvieron otra contienda de la misma -manera que esta, entre Mario y Lucio Cornelio Sila, y esto fué cuando -Sila trajo preso á Yugurta, que estaba con su suegro el Rey Ibócos; y -cuando entraba en Roma triunfando de los hechos y hazañas heróicos, -pareció ser que Sila metió en su triunfo á Yugurta con una cadena -de hierro al pescuezo, y Mario dijo que no le habia de meter Sila, -sino él; é ya que le metia, que habia de declarar que el Mario le dió -aquella facultad y le envió por él para que en su nombre le llevase -preso, y se le dió el Rey Ibócos; pues que el Mario era capitan general -y debajo de su mano y bandera militaban, y el Sila, como era de los -patricios de Roma, tenia mucho favor; y como Mario era de una villa -cerca de Roma, que se decia Arpino, y advenedizo, puesto que habia sido -siete veces cónsul, no tuvo el favor que el Sila, y sobre ello hubo las -guerras civiles entre Mario y el Sila, y nunca se determinó á quién se -habia de dar la honra de la prision de Yugurta. - -Volvamos á nuestro propósito, y es, que Cortés dijo que haria relacion -dello á su majestad, y á quien fuese servido de hacer merced se le -daria por armas, que de Castilla traerian sobre ello la determinacion; -y desde á dos años vino mandado por su majestad que Cortés tuviese por -armas en sus reposteros ciertos Reyes, que fueron Montezuma, gran señor -de Méjico; Cacamatzin, señor de Tezcuco, y los señores de Iztapalapa -y de Cuyoacoan y Tacuba, y otro gran señor que decian que era pariente -muy cercano del gran Montezuma, á quien decian que de derecho le venia -el reino y señorio de Méjico, que era señor de Matalacingo y de otras -provincias; y á este Guatemuz, sobre que fué este pleito. - -Dejemos desto, y digamos de los cuerpos muertos y cabezas que estaban -en aquellas casas adonde se habia retraido Guatemuz; y es verdad, y -juro amen, que toda la laguna y casas y barbacoas estaban llenas de -cuerpos y cabezas de hombres muertos, que yo no sé de qué manera lo -escribia. - -Pues en las calles y en los mismos patios de Tatelulco no habia otras -cosas, y no podiamos andar sino entre cuerpos y cabezas de indios -muertos. - -Yo he leido la destruicion de Jerusalen; mas si en ella hubo tanta -mortandad como esta yo no lo sé; porque faltaron en esta ciudad gran -multitud de indios guerreros, y de todas las provincias y pueblos -sujetos á Méjico que allí se habian acogido, todos los más murieron; -que, como he dicho, así el suelo y la laguna y barbacoas, todo estaba -lleno de cuerpos muertos, y hedia tanto, que no habia hombre que -sufrirlo pudiese; y á esta causa, así como se prendió Guatemuz, cada -uno de los capitanes se fueron á sus reales, como dicho tengo, y -aun Cortés estuvo malo del hedor que se le entró por las narices en -aquellos dias que estuvo allí en el Tatelulco. - -Dejemos desto, y pasemos adelante, y digamos cómo los soldados que -andaban en los bergantines fueron los mejor librados é hubieron -buen despojo, á causa que podian ir á ciertas casas que estaban en -los barrios de la laguna, que sentian que habria oro, ropa y otras -riquezas, y tambien lo iban á buscar á los carrizales, donde lo iban á -esconder los indios mejicanos cuando les ganábamos algun barrio y casa; -y tambien porque, so color que iban á dar caza á las canoas que metian -bastimentos y agua, si topaban algunas en que iban algunos principales -huyendo á tierra firme para se ir entre ellos, otomites, que estaban -comarcanos, les despojaban de lo que llevaban. - -Quiero decir que nosotros los soldados que militábamos en las calzadas -y por tierra firme no podiamos haber provecho ninguno, sino muchos -flechazos y lanzadas y heridas de vara y piedra, á causa que cuando -íbamos ganando alguna casa ó casas, ya los moradores dellas habian -salido y sacado toda la hacienda que tenian, y no podiamos ir por agua -sin que primero cegásemos las aberturas y puentes; y á esta causa he -dicho en el capítulo que dello habla, que cuando Cortés buscaba los -marineros que habian de andar en los bergantines, que fueron mejor -librados que no los que batallábamos por tierra; y así pareció claro, -porque los capitanes mejicanos, y aun el Guatemuz, dijeron á Cortés, -cuando les demanda el tesoro del gran Montezuma, que los que andaban en -los bergantines habian robado mucha parte dello. - -Dejemos de hablar más en esto hasta más adelante, y digamos que, como -habia tanta hedentina en aquella ciudad, que Guatemuz le rogó á Cortés -que diese licencia para que se saliese todo el poder de Méjico á -aquellos pueblos comarcanos, y luego les mandó que así lo hiciesen. - -Digo que en tres dias con sus noches iban todas tres calzadas llenas -de indios é indias y muchachos, llenos de bote en bote, que nunca -dejaban de salir, y tan flacos y sucios é amarillos é hediondos, que -era lástima de los ver; y despues que la hubieron desembarazado, envió -Cortés á ver la ciudad, y estaban, como dicho tengo, todas las casas -llenas de indios muertos, y aun algunos pobres mejicanos entre ellos, -que no podian salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad -como echan los puercos muy flacos que no comen sino yerba; y hallóse -toda la ciudad arada, y sacadas las raices de las yerbas que habian -comido cocidas: hasta las cortezas de los árboles tambien las habian -comido. - -De manera que agua dulce no les hallamos ninguna, sino salada. - -Tambien quiero decir que no comian las carnes de sus mejicanos, sino -eran de los enemigos tlascaltecas y las nuestras que apañaban; y no se -ha hallado generacion en el mundo que tanto sufriese la hambre y sed y -contínuas guerras como esta. - -Dejemos de hablar en esto, y pasemos adelante: que mandó Cortés que -todos los bergantines se juntasen en unas atarazanas que despues se -hicieron. - -Volvamos á nuestras pláticas: que despues que se ganó esta grande y -populosa ciudad, y tan nombrada en el universo, despues de haber dado -muchas gracias á Nuestro Señor y á su bendita Madre, ofreciendo ciertas -promesas á Dios Nuestro Señor, Cortés mandó hacer un banquete en -Cuyoacan, en señal de alegrías de la haber ganado, y para ello tenian -ya mucho vino de un navío que habia venido al puerto de la Villa-Rica, -y tenia puercos que le trujeron de Cuba; y para hacer la fiesta mandó -convidar á todos los capitanes y soldados que le pareció que era -bien tener cuenta con ellos en todos tres reales; y cuando fuimos al -banquete no habia mesas puestas, ni aun asientos para la tercia parte -de los capitanes y soldados que fuimos, y hubo mucho desconcierto, -y valiera más que no se hiciera, por muchas cosas no muy buenas que -en él acaecieron, y tambien porque esta planta de Noé hizo á algunos -hacer desatinos, y hombres hubo en él que, despues de haber comido, -anduvieron sobre las mesas, que no acertaban á salir al patio; otros -decian que habian de comprar caballos con sillas de oro, y ballesteros -hubo que decian que todas las saetas que tuviesen en su aljaba que -habian de ser de oro, de las partes que les habian de dar, y otros iban -por las gradas rodando abajo. - -Pues ya que habian alzado las mesas, salieron á danzar las damas que -habia, con los galanes cargados con sus armas, que era para reir, y -fueron las damas pocas, que no habia otras en todos los reales ni en -la Nueva-España; é dejo de nombrarlas por sus nombres é de referir -cómo otro dia hubo sátira; porque quiero decir que, como hubo cosas -tan malas en el convite y en los bailes, el buen fraile fray Bartolomé -de Olmedo lo murmuraba, é le dijo á Sandoval lo mal que le parecia, é -que bien dábamos gracias á Dios para que nos ayudase adelante; é el -Sandoval tan presto le dijo á Cortés lo que fray Bartolomé murmuraba é -gruñia, y el Cortés, que era discreto, le mandó llamar é le dijo: - -—«Padre, no excusaba solazar y alegrar los soldados con lo que vuestra -reverencia ha visto é yo he hecho de mala gana; ahora resta que vuestra -reverencia ordene una procesion, y que diga Misa é nos predique, y -diga á los soldados que no roben las hijas de los indios, y que no -hurten ni riñan pendencias é que hagan como católicos cristianos, para -que Dios nos haga bien.» - -É fray Bartolomé se lo agradeció á Cortés; que no sabia lo que habia -dicho Albarado, y pensaba que salia del buen Cortés, su amigo; y -el fraile hizo una procesion, en que íbamos con nuestras banderas -levantadas y algunas cruces á trechos, y cantando las letanías, y á la -postre una imágen de nuestra Señora; y otro dia predicó fray Bartolomé, -é comulgaron muchos en la Misa despues de Cortés y Albarado, é dimos -gracias á Dios por la vitoria. - -Y dejemos de más hablar en esto, y quiero decir otras cosas que -pasaron que se me olvidaba, y aunque no vengan ahora dichas sino algo -atrás, sin propósito; y es, que nuestros amigos Chichimecatecle y los -dos mancebos Xicotengas, hijos de D. Lorenzo de Vargas, que se solia -llamar Xicotenga el viejo y ciego, guerrearon muy valientemente contra -el poder de Méjico, y nos ayudaron muy esforzada y extremadamente de -bien; y asimismo un hermano del señor de Tezcuco D. Hernando, que se -decia Suchel, que despues se llamó don Cárlos; este hizo cosas de -muy esforzado y valiente varon; y otro capitan natural de una ciudad -de la laguna, que no se me acuerda su propio nombre, tambien hacia -maravillas, y otros muchos capitanes de pueblos que nos ayudaban, -todos guerreaban muy poderosamente; y Cortés les habló y les dió muchas -gracias y loores porque nos habian ayudado, con muchas buenas palabras -y promesas de que el tiempo andando les daria tierras y vasallos y -les haria grandes señores, y les despidió; y como estaban ricos de -ropa de algodon y oro, y otras muchas cosas ricas de despojos, se -fueron alegres á sus tierras, y aun llevaron hartas cargas de tasajos -cecinados de indios mejicanos, que repartieron entre sus parientes y -amigos, y como cosas de sus enemigos, la comieron por fiestas. - -Agora, que estoy fuera de los recios combates y batallas de los -mejicanos, que con nosotros, y nosotros con ellos teniamos de noche -y de dia, por que doy muchas gracias á Dios, que dellas me libró, -quiero contar una cosa muy temeraria que me acaeció, y es, que despues -que vide abrir por los pechos y sacar los corazones y sacrificar á -aquellos sesenta y dos soldados que dicho tengo que llevaron vivos -de los de Cortés, ofrecelles los corazones á los ídolos, y esto que -agora diré, les parece á algunas personas que es por falta de no tener -muy grande ánimo; y si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo -con que en aquellos dias habia de poner mi persona en lo más recio -de las batallas, porque en aquella sazon presumia de buen soldado y -era tenido en esta reputacion, y habia de hacer lo que más osados y -atrevidos soldados suelen hacer, y en aquella sazon yo hacia delante -de mis capitanes; y como de cada dia via llevar á nuestros compañeros -á sacrificar, y habia visto, como dicho tengo, que les aserraban por -los pechos y sacalles los corazones bullendo, y cortalles piés y -brazos, y se los comieron á los sesenta y dos que dicho tengo, temia -yo que un dia que otro habian de hacer de mí lo mismo, porque ya me -habian asido dos veces, y quiso Dios que me escapé; y acordóseme de -aquellas muertes, y por esta causa desde entónces temí desta cruel -muerte; y esto he dicho porque ántes de entrar en las batallas se me -ponia por delante una como grima y tristeza grandísima en el corazon; -y encomendándome á Dios y á su bendita Madre nuestra Señora, y entrar -en las batallas, todo era uno, y luego se me quitaba aquel temor, -y tambien quiero decir qué cosa tan nueva era agora tener yo aquel -temor no acostumbrado, habiéndome hallado en muchos rencuentros muy -peligrosos, ya habia de estar curtido el corazon y esfuerzo y ánimo -en mi persona agora á la postre más arraigado que nunca; porque, si -bien lo sé contar y traer á la memoria, desde que vine á descubrir con -Francisco Fernandez de Córdoba y con Grijalva, y volví con Cortés, y -me hallé en lo de la Punta de Cotoche y en lo de Lázaro, que por otro -nombre se dice Campeche, y en Potonchan y en la Florida, segun que -más largamente lo tengo escrito cuando vine á descubrir con Francisco -Fernandez de Córdoba. - -Dejemos desto, y volvamos á hablar en lo de Grijalva y en la misma -de Potonchan, y con Cortés en lo de Tabasco y la de Cingapacinga, y -en todas las guerras y rencuentros de Tlascala y en lo de Cholula, y -cuando desbaratamos á Narvaez me señalaron para que les fuésemos á -tomar la artillería, que eran diez y ocho tiros que tenian cebados -y cargados con sus pelotas de piedra, los cuales les tomamos, y -este trance fué de mucho peligro; y me hallé en el primer desbarate -cuando los mejicanos nos echaron de Méjico, ó por mejor decir, -salimos huyendo cuando nos mataron en obra de ocho dias ochocientos y -cincuenta soldados; y me hallé en las entradas de Tepeaca y Cachula y -sus rededores, y en otros rencuentros que tuvimos con los mejicanos -cuando estábamos en Tezcuco sobre coger las mielpas de maíz, y en lo -de Iztapalapa cuando nos quisieron anegar, y me hallé cuando subimos -en los peñoles, y ahora los llaman las fuerzas ó fortaleza que ganó -Cortés, y en lo de Suchimileco, é otros muchos rencuentros; y entré -con Pedro de Albarado con los primeros á poner cerco á Méjico, y -les quebramos el agua de Chalputepeque, y en la primera entrada que -entramos en la calzada con el mismo Pedro de Albarado; y despues desto, -cuando desbarataron por la misma nuestra parte y llevaron seis soldados -vivos, y á mí me llevaban, é ya se hacia cuenta que eran siete conmigo, -segun me llevaban engarrafado á sacrificar; y me hallé en todas las -demás batallas ya por mí memoradas, que cada dia y de noche teniamos, -hasta que vi, como dicho tengo, las crueles muertes que dieron delante -de mis ojos á aquellos sesenta y dos soldados nuestros compañeros; ya -he dicho que agora que por mí habian pasado todas estas batallas y -peligros de muerte, que no lo habia de temer como lo temia agora á la -postre. - -Digan agora todos aquellos caballeros que desto del militar entienden, -y se han hallado en trances peligrosos de muerte, á qué fin echarán -mi temor, si es á mucha flaqueza de ánimo ó á mucho esfuerzo; porque, -como he dicho, sentia yo en mi pensamiento que habia de poner por -mi persona, batallando en parte que por fuerza habia de temer la -muerte más que otras veces, y por esto me temblaba el corazon y temia -la muerte; y todas aquestas batallas que aquí he dicho donde me he -hallado, verán en mi relacion en qué tiempo y cómo y cuándo y dónde -y de qué manera otras muchas entradas y rencuentros tuvo Cortés y -muchos de nuestros capitanes, sin estos que aquí tengo dichos que no -me hallé yo en ellos, porque eran de cada dia tantos, que aunque fuera -de hierro mi cuerpo, no lo pudiera sufrir, en especial que siempre -andaba herido y pocas veces estaba sano, y á esta causa no podia ir á -todas las entradas; pues aun no han sido nada los trabajos y peligros y -rencuentros de muerte que de mi persona he recontado, que despues que -ganamos esta fuerte y gran ciudad pasé otros muchos, como adelante -verán cuando venga á coyuntura. - -Y dejemos ya, y diré y declararé por qué he dicho en todas estas -guerras mejicanas cuando nos mataron nuestros compañeros, digo -lleváronlos, y no digo matáronlos, y la causa es esta: porque los -guerreros que con nosotros peleaban, aunque pudieran matar luego á -los que llevaban vivos de nuestros soldados, no los mataban luego, -sino dábanles heridas peligrosas porque no se defendiesen, y vivos los -llevaban á sacrificar á sus ídolos, y aun primero les hacian bailar -delante de Huichilóbos, que era su ídolo de la guerra; y esta es la -causa porque he dicho los llevaron. - -Y dejemos esta materia, y digamos lo que Cortés hizo despues de ganado -Méjico. - - - - -CAPÍTULO CLVII. - -CÓMO MANDÓ CORTÉS ADOBAR LOS CAÑOS DE CHALPUTEPEQUE, É OTRAS MUCHAS -COSAS. - - -La primera cosa que mandó Cortés á Guatemuz fué que adobasen los caños -del agua de Chalputepeque, segun y de la manera que solian estar ántes -de la guerra, é que luego fuese el agua por sus caños á entrar en -aquella ciudad de Méjico; é que luego con mucha diligencia limpiasen -todas las calles de Méjico de todas aquellas cabezas y cuerpos de -muertos, que todas las enterrasen, para que quedasen limpias y sin -que hubiese hedor ninguno en toda aquella ciudad; y que todas las -calzadas y puentes que las tuviesen tan bien aderezadas como de ántes -estaban, y que los palacios y casas que las hiciesen nuevamente, y que -dentro de dos meses se volviesen á vivir en ellas; y luego les señaló -Cortés en qué parte habian de poblar, y la parte que habian de dejar -desembarazada para en que poblásemos nosotros. - -Dejémonos agora destos mandados y de otros que ya no me acuerdo, y -digamos cómo el Guatemuz y todos sus capitanes dijeron á nuestro -capitan Cortés que muchos capitanes y soldados que andaban en los -bergantines, y de los que andábamos en las calzadas batallando, les -habiamos tomado muchas hijas y mujeres de algunos principales; que le -pedian por merced que se las hiciese volver; y Cortés les respondió -que serian muy malas de las haber de poder de los compañeros que las -tenian, y puso alguna dificultad en ello; pero que las buscasen y -trajesen ante él, é que veria si eran cristianas ó si querian volver -á casa de sus padres y de sus maridos, y que luego se las mandaria -dar; y dióles licencia para que las buscasen en todos tres reales, -é un mandamiento para que el soldado que las tuviese luego se las -diese si las indias se querian volver de buena voluntad con ellos; y -andaban muchos principales en busca dellas de casa en casa, y eran tan -solícitos, que las hallaron, y las más dellas no quisieron ir con sus -padres ni madres ni maridos, sino estarse con los soldados con quien -estaban, y otras se escondian, y otras decian que no querian volver á -idolatrar, y aun algunas dellas estaban ya preñadas; y desta manera, no -llevaron sino tres, que Cortés mandó expresamente que las diesen. - -Dejemos desto, y digamos que luego mandó hacer unas atarazanas y -fortaleza en que estuviesen los bergantines, y nombró alcaide que -estuviese en ellas, y paréceme que fué á Pedro de Albarado, hasta que -vino de Castilla un Salazar que se decia de la Pedrada. - -Digamos de otra materia: cómo se recogió todo el oro y plata y joyas -que se hubieron en Méjico, é fué muy poco, segun pareció, porque todo -lo demás hubo fama que lo mandó echar Guatemuz en la laguna cuatro -dias ántes que se prendiese; é que demás desto, que lo habian robado -los tlascaltecas y los de Tezcuco y Guaxocingo y Cholula, y todos los -demás de nuestros amigos que estaban en la guerra; y demás desto, que -los que andaban en los bergantines robaron su parte; por manera que los -oficiales del Rey decian y publicaban que Guatemuz lo tenia escondido, -y Cortés holgaba dello de que no lo diese, por habello él todo para sí; -é por estas causas acordaron de dar tormento á Guatemuz y al señor de -Tacuba, que era su primo y gran privado; y ciertamente le pesó mucho á -Cortés, porque á un señor como Guatemuz, Rey de tal tierra, que es tres -veces más que Castilla, le atormentasen por codicia del oro, que ya -habian hecho pesquisas sobre ello, y todos los mayordomos de Guatemuz -decian que no habia más de lo que los oficiales del Rey tenian en su -poder, y eran hasta trecientos y ochenta mil pesos de oro, porque ya -lo habian fundido y hecho barras; y de allí se sacó el real quinto, é -otro quinto para Cortés; y como los conquistadores que no estaban bien -con Cortés vieron tan poco oro, y al tesorero Julian de Alderete le -decian algunos dellos que tenian sospecha que por quedarse Cortés con -el oro no querian que prendiesen al Guatemuz ni le diesen tormento; y -porque no le achacasen algo á Cortés, y no lo podia excusar, consintió -que le diesen tormento á Guatemuz, como al señor de Tacuba; y lo que -confesaron fué, que cuatro dias ántes que le prendiesen lo echaron -en la laguna, ansí el oro como los tiros y escopetas y ballestas, y -otras muchas cosas de guerra que de nosotros tenian de cuando nos -echaron de Méjico y cuando desbarataron agora á la postre á Cortés; y -fueron adonde Guatemuz habia señalado, y entraron buenos nadadores y -no hallaron cosa ninguna; y lo que yo vi, que fuimos con el Guatemuz á -las casas donde solia vivir, y estaba una como alberca grande de agua -honda, y de aquella alberca sacamos un sol de oro como el que nos -hubo dado el gran Montezuma, y muchas joyas y piezas de poco valor, -que eran del mismo Guatemuz; y el señor de Tacuba dijo que él tenia en -unas casas suyas grandes, que estaban de Tacuba obra de cuatro leguas, -ciertas cosas de oro, é que le llevasen allá é que diria dónde estaba -soterrado y lo daria; y fué Pedro de Albarado y seis soldados con él, -é yo fuí en su compañía; y cuando llegamos dijo que por morirse en el -camino habia dicho aquello, é que lo matasen, que no tenia oro ni joyas -ningunas; y ansí nos volvimos sin ello, y ansí se quedó, que no hubimos -más oro que fundir; verdad es que la recámara del Montezuma, que -despues poseyó el Guatemuz, no se habia llegado á muchas joyas y piezas -de oro, que todo ello tomó para que con ello sirviésemos á su majestad; -y porque habia muchas joyas de diversas hechuras y primas labores, y -si me parase á escribir cada cosa y hechura dello por sí, seria y es -gran prolijidad, lo dejaré de decir en esta relacion; mas dijeron allí -muchas personas, é yo digo de verdad, que valía dos veces más que la -que habia sacado para repartir el real quinto de su majestad; todo -lo cual enviamos al Emperador nuestro señor con Alonso de Ávila, que -en aquel tiempo vino de la isla de Santo Domingo, y con Antonio de -Quiñones; lo cual diré adelante cómo y dónde, en qué manera y cuándo -fueron. - -Y dejemos de hablar dello y volvamos á decir que en la laguna, donde -decia Guatemuz que habia echado el oro, entré yo y otros soldados á -zabullidas, y siempre sacábamos pecezuelos de poco precio, lo cual -luego nos lo demandó Cortés y el tesorero Julian de Alderete; y ellos -mismos fueron con nosotros adonde lo habiamos sacado, y llevaron -consigo buenos nadadores, y sacaron obra de noventa ó cien pesos de -sartalejos de cuentas y ánades y perrillos y pinjantes y collarejos y -otras cosas de nonada, que ansí se puede decir, segun habia la fama en -la laguna del oro que de ántes habia echado. - -Dejemos de hablar desto, y digamos cómo todos los capitanes y soldados -estábamos algo pensativos de ver el poco oro que parecia y las -partecillas que dello nos daban; y el padre fray Bartolomé de Olmedo, -de la órden de la Merced, y Alonso de Ávila, que entónces habia vuelto -de la isla de Santo Domingo de cuando le enviaron por procurador, y -Pedro de Albarado y otros caballeros y capitanes, dijeron á Cortés que, -pues que habia poco oro, que las partes que habian de caber á todos que -las diesen y repartiesen á los que quedaron mancos y cojos y ciegos -y tuertos y sordos, y á otros que se habian quemado con la pólvora, -y á otros que estaban dolientes de dolor de costado, que á aquellos -les diese todo el oro, y que para aquellos seria bien dárselo, é que -todos los demás que estábamos sanos lo habriamos por bien; y si esto -le dijeron á Cortés, fué sobre cosa pensada, creyendo que nos daria -más que las partes que nos venian, porque habia mucha sospecha que lo -tenian escondido todo; y lo que respondió fué, que veria las partes -que cabian, é que visto, en todo pondria remedio; y como todos los -capitanes y soldados queriamos ver lo que nos cabia de parte, dábamos -priesa para que se echase la cuenta y se declarase á qué tantos pesos -saliamos; y despues que lo hubieran tanteado, dijeron que cabian los de -á caballo á cien pesos, y á los ballesteros y escopeteros y rodeleros -que no se me acuerda bien; y de que aquellas partes nos señalaron, -ningun soldado lo quiso tomar; y entónces murmuramos de Cortés y del -tesorero Alderete, y el tesorero por descargarse decia que no podia -haber más, porque Cortés sacaba otro quinto del monton, como el de -su majestad, para él, y se pagaba de muchas costas de los caballos -que se habian muerto, y tambien dejaban de meter en el monton otras -muchas piezas que habiamos de enviar á su majestad; y que riñésemos -con Cortés, y no con él: y como en todos tres reales habia soldados -que habian sido amigos y paniaguados del Diego Velazquez, gobernador -de Cuba, de los que habian pasado con Narvaez, que no estaban bien -con Cortés, como vieron que no les daban las partes del oro que ellos -quisieran, no lo quisieron recibir lo que les daban; y como Cortés -estaba en Cuyoacan y posaba en unos grandes palacios que estaban -blanqueados y encaladas las paredes, donde buenamente se podia -escribir con carbon y con otras tintas, amanecian cada mañana escritos -motes, unos en prosa y otros en versos, algo maliciosos, á manera como -masepasquines é libelos; y unos decian que el sol y la luna y el cielo -y estrellas y la mar y la tierra tienen sus cursos, é que si algunas -veces salen más de la inclinacion para que fueron criados más de sus -medidas, que vuelven á su ser, y que ansí habia de ser la ambicion de -Cortés en el mandar; y otros decian que más conquistados nos traian -que la misma conquista que dimos á Méjico, y que no nos nombrásemos -conquistadores de Nueva-España, sino conquistados de Hernando Cortés; -y otros decian que no bastaba tomar buena parte del oro como general, -sino tomar parte de quinto como Rey, sin otros aprovechamientos que -tenia; y otros decian: - -—«¡Oh, qué triste está el alma mia hasta que la parte vea!» - -Otros decian que Diego Velazquez gastó su hacienda é descubrió toda la -costa hasta Pánuco, y la vino Cortés á gozar; y decian otras cosas como -estas y aun decian palabras que no son para decir en esta relacion. - -Y como Cortés salia cada mañana y lo leia, y como estaban unas -chanzonetas en prosa y otras en metro, y por muy gentil estilo y -consonancia cada mote y copla á lo que iba inclinada y á la fin que -tiraba su dicho, y no como yo aquí lo digo; y como Cortés era algo -poeta, y se preciaba de dar respuestas inclinadas á loas de sus -heróicos hechos, y deshaciendo los del Diego Velazquez y Grijalva y -Narvaez, respondia tambien por buenos consonantes y muy á propósito en -todo lo que escribia; y de cada dia iban más desvergonzados los metros, -hasta que Cortés escribió: - -—«Pared blanca, papel de nécios.» - -Y amanecia más adelante: - -—«Y aun de sábios y verdades.» - -Y aun bien supo Cortés quién lo escribia, y fué un Fulano Tirado, amigo -de Diego Velazquez, yerno que fué de Ramirez el viejo, que vivia en -la Puebla, y un Villalóbos, que fué á Castilla, y otro que se decia -Mansilla, y otros que ayudaban de buena para Cortés á los puntos que le -tiraban; y de tal manera andaba la cosa, que fray Bartolomé de Olmedo -le dijo á Cortés que no permitiese que aquello pasase adelante, sino -que con cordura vedase que no escribiesen en la pared. - -Fué buen consejo, y mandó Cortés que no se atreviese ninguno á poner -letreros ni perques de malicias; que castigaria á los desvergonzados -que escribiesen con graves penas, y á fe que aprovechó. - -Dejemos desto, y digamos que, como habia muchas deudas entre nosotros, -que debiamos de ballestas á cuarenta y á cincuenta pesos, y de una -escopeta ciento, y de un caballo ochocientos, y mil, y á veces más, -y una espada cincuenta, y desta manera eran tan caras las cosas que -habiamos comprado; pues un cirujano que se llamaba maestre Juan, que -curaba algunas malas heridas y se igualaba por la cura á excesivos -precios, y tambien un médico que se decia Murcia, que era boticario -y barbero, tambien curaba; y otras treinta trampas y zarrabusterías -que debiamos, demandaban que les pagásemos de las partes que nos -daban; y el remedio que Cortés dió fué, que puso dos personas de buena -conciencia, que sabian de mercaderías, que apreciasen qué podian valer -las mercaderías y cosas de las que habiamos tomado fiado, y que lo -apreciasen; llamábanse los apreciadores el uno Santa Clara, persona -muy honrada, y el otro se decia fulano de Llerena; y se mandó que todo -aquello que aquellos apreciadores dijesen que valía cada cosa de las -que nos habian vendido, y las curas que nos habian hecho los cirujanos, -que pasasen por ello; é que si no teniamos dineros, que aguardasen por -ello tiempo de dos años. - -Otra cosa tambien se hizo: que todo el oro que se fundió echaron tres -quilates más de lo que tenia de ley, porque ayudasen á las pagas, y -tambien porque en aquel tiempo habian venido mercaderes y navíos á -la Villa-Rica, y creyendo que en echarle los tres quilates más, que -ayudasen á la tierra y á los conquistadores; y no nos ayudó en cosa -ninguna, ántes fué en nuestro perjuicio; porque los mercaderes, porque -aquellos tres quilates saliesen á la cabal de sus ganancias, cargaban -en las mercaderías y cosas que vendian cinco quilates, y ansí anduvo el -oro de tres quilates tepuzque, que quiere decir en la lengua de indios -cobre; y ansí agora tenemos aquel modo de hablar, que nombramos á -algunas personas que son preeminentes y de merecimiento el señor don -fulano de tal nombre, Juan ó Martin ó Alonso, y otras personas que -no son de tanta calidad les decimos no más de su nombre, y por haber -diferencia de los unos á los otros, decimos á fulano de tal nombre -tepuzque. - -Volvamos á nuestra plática: que viendo que no era justo que el oro -anduviese de aquella manera, se envió á hacer saber á su majestad para -que se quitase y no anduviese en la Nueva-España; y su majestad fué -servido de mandar que no anduviese más, é que todo lo que se le hubiese -de pagar en almojarifazgo y penas de cámara que se le pagase de aquel -oro malo hasta que se acabase y no hubiese memoria dello, y desta -manera se llevó todo á Castilla. - -Y quiero decir que en aquella sazon que esto pasó ahorcaron dos -plateros que falseaban las marcas y las echaban cobre puro. - -Mucho me he detenido en contar cosas viejas y salir fuera de mi -relacion. - -Volvamos á ella, y diré que, como Cortés vió que muchos soldados se le -desvergonzaban y le pedian más partes, y le decian que se lo tomaba -todo para sí, y le pedian prestados dineros, acordó de quitar de sobre -sí aquel dominio y de enviar á poblar á todas las provincias que le -pareció que convenia que se poblasen. - -Á Gonzalo de Sandoval mandó que fuese á poblar á Tutepeque, é que -castigase unas guarniciones mejicanas que mataron cuando salimos de -Méjico sesenta personas, y entre ellas seis mujeres de Castilla que -allí habian quedado de los de Narvaez; é que poblase á Medellin, é -que pasase á Guacacualco é que poblase aquel puerto, y tambien mandó -que fuese á conquistar la provincia de Pánuco; y á Rodrigo Rangel que -se estuviese en la Villa-Rica, y en su compañía Pedro de Ircio; y á -Juan Velazquez Chico mandó que fuese á Colima, y á un Villa-Fuerte á -Zacatula, y Cristóbal de Olí que fuese á Mechoacan; ya en este tiempo -se habia casado Cristóbal de Olí con una señora portuguesa, que se -decia doña Filipa de Araujo; y envió á Francisco de Orozco á poblar á -Guaxaca, porque en aquellos dias que habiamos ganado á Méjico, como lo -supieron en todas estas provincias que he nombrado que Méjico estaba -destruida, no lo podian creer los caciques y señores dellas, como -estaban léjos, y enviaban principales á dar á Cortés el parabien de las -vitorias, y á darse y ofrecerse por vasallos de su majestad, y á ver -cosa tan temida como dellos fué Méjico si era verdad que estaba por el -suelo; y todos traian grandes presentes de oro, que daban á Cortés, y -aun traian consigo á sus hijos pequeños, y les mostraban á Méjico, y -como solemos decir: - -—«Aquí fué Troya;» y se lo declaraban. - -Dejemos desto, y digamos una plática que es bien que se declare; -porque me dicen muchos curiosos letores que ¿qué es la causa que los -verdaderos conquistadores que ganamos la Nueva-España y la grande y -fuerte ciudad de Méjico, por qué no nos quedamos en ella á poblar y -nos veniamos á otras provincias? Tienen razon de lo preguntar; quiero -decir la causa por qué, y es esto que diré. - -En los libros de la renta de Montezuma mirábamos de qué partes le -traian el oro, y dónde habia minas y cacao y ropa de mantas; y de -aquellas partes que veiamos en los libros que traian los tributos del -oro para el gran Montezuma, queriamos ir allá, en especial viendo -que salia de Méjico un capitan principal y amigo de Cortés, como era -Sandoval; y tambien como viamos que en todos los pueblos de la redonda -de Méjico no tenian minas de oro ni algodon ni cacao, sino mucho maíz -y maqueyales, de donde sacaban el vino, y á esta causa la teniamos por -tierra pobre, y nos fuimos á otras provincias á poblar, y en todas -fuimos muy engañados. - -Acuérdome que fuí á hablar á Cortés que me diese licencia para que -fuese con Sandoval, y me dijo: - -—«En mi conciencia, hermano Bernal Diaz del Castillo, que vivís -engañado; que yo quisiera que quedárades aquí conmigo; mas si es -vuestra voluntad ir con vuestro amigo Gonzalo de Sandoval, id en buena -hora, é yo tendré siempre cuidado de lo que se os ofreciere, más bien -sé que os arrepentireis por me dejar.» - -Volvamos á decir de las partes del oro, que todo se quedó en poder de -los oficiales del Rey, por las esclavas que habiamos sacado en las -almonedas. - -No quiero poner aquí por memoria qué tantos de á caballo ni -ballesteros ni escopeteros ni soldados, ni en cuantos dias de tal mes -despachó Cortés á los capitanes para que fuesen á poblar las provincias -por mí arriba dichas, porque seria larga relacion; basta que digo pocos -dias despues de ganado Méjico é preso Guatemuz, é de ahí á otros dos -meses envió otro capitan á otras provincias. - -Dejemos ahora de hablar de Cortés, y diré que en aquel instante vino al -puerto de la Villa-Rica, con dos navíos, un Cristóbal de Tapia, veedor -de las fundaciones que se hacian en Santo Domingo, y otros decian -que era alcaide de aquella fortaleza que está en la isla de Santo -Domingo, y traia provisiones y cartas misivas de don Juan Rodriguez de -Fonseca, Obispo de Búrgos é se nombraba arzobispo de Rosano, para que -le diésemos la gobernacion de la Nueva-España al Tapia; é lo que sobre -ello pasó diré adelante. - - - - -CAPÍTULO CLVIII. - -CÓMO LLEGÓ AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN CRISTÓBAL DE TAPIA QUE VENIA -PARA SER GOBERNADOR. - - -Pues como Cortés hubo despachado los capitanes y soldados por mí ya -dichos á pacificar y poblar provincias, en aquella sazon vino un -Cristóbal de Tapia, veedor de la isla de Santo Domingo, con provisiones -de su majestad, guiadas y encaminadas por D. Juan Rodriguez de Fonseca, -Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, porque ansí se llamaba, para -que le admitiesen á la gobernacion de la Nueva-España; y demás de las -provisiones, traia muchas cartas misivas del mismo Obispo para Cortés y -para otros muchos conquistadores y capitanes de los que habian venido -con Narvaez, para que favoreciesen al Cristóbal de Tapia; y demás -de las cartas que traia cerradas y selladas del Obispo, traia otras -en blanco para que el Tapia en la Nueva-España pusiese todo lo que -quisiese y le pareciese, y en todas ellas traia grandes prometimientos -que nos haria muchas mercedes si dábamos la gobernacion al Tapia, y -por otra parte muchas amenazas, y decia que su majestad nos enviaria á -castigar. - -Dejemos desto, que Tapia presentó sus provisiones en la Villa-Rica -de la Veracruz delante de Gonzalo de Albarado, hermano de Pedro de -Albarado, que estaba en aquella sazon por teniente de Cortés, porque -un Rodrigo Rangel, que solia estar allí por alcalde mayor, no sé qué -desatinos habia hecho cuando allí estaba, y le quitó Cortés el cargo; -y presentadas las provisiones, el Gonzalo de Albarado las obedeció y -puso sobre su cabeza como provisiones y mando de su rey y señor; é que -en cuanto al cumplimiento, que se juntarian los alcaldes y regidores -de aquella villa é que platicarian y verian cómo y de qué manera -eran ganadas y habidas aquellas provisiones, é que todos juntos las -obedecian, porque él solo era una persona, y tambien porque querian -ver si su majestad era sabidor que tales provisiones enviasen; y -esta respuesta no le cuadró bien al Tapia, y aconsejáronle que se -fuese luego á Méjico, adonde estaban Cortés con todos los capitanes -y soldados, y que allá las obedecerian; y demás de presentar las -provisiones, como dicho tengo, escribió á Cortés de la manera que venia -por gobernador; y como Cortés era muy avisado, si muy buenas cartas -le escribió el Tapia, y vió las ofertas y ofrecimientos del Obispo -de Búrgos, y por otra parte las amenazas; si muy buenas palabras y -muy llenas de cumplimientos él le escribió, otras muy mejores y más -halagüeñas y blandosamente y amorosas y llenas de cumplimientos le -escribió Cortés en respuesta; y luego Cortés rogó y mandó á ciertos de -nuestros capitanes que se fuesen á ver con el Tapia, los cuales fueron -Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval y Diego de Soto el de Toro y un -Valdenebro y el capitan Andrés de Tapia, á los cuales envió á llamar -por la posta que dejasen de poblar por entónces las provincias en que -estaban, é que fuesen á la Villa-Rica, donde estaba el Cristóbal de -Tapia, y con ellos mandó que fuese un fraile que se decia fray Pedro -Melgarejo de Urraca. - -Ya que el Tapia iba camino de Méjico á se ver con Cortés, encontró con -nuestros capitanes y con el fraile por mí nombrados, y con palabras -y ofrecimientos que le hicieron, volvió del camino para un pueblo -que se decia Cempoal, y allí le demandaron que mostrase otra vez las -provisiones, y que verian cómo y de qué manera lo mandaba su majestad, -y si venia en ellas su real firma ó era sabidor dello, é que los pechos -por tierra las obedecerian en nombre de Hernando Cortés y de toda la -Nueva-España, porque traian poder para ello; y el Tapia les tornó á -notificar y mostrar las provisiones; y todos aquellos capitanes á -una las obedecieron y pusieron sobre sus cabezas como provisiones de -nuestro rey y señor, é que en cuanto al cumplimiento, que suplicaban -dellas para ante el Emperador nuestro señor; y dijeron que no era -sabidor dellas ni de cosa ninguna, é que el Cristóbal de Tapia no -era suficiente para ser gobernador, é que el Obispo de Búrgos era -contra todos los conquistadores que serviamos á su majestad, y andaba -ordenando aquellas cosas sin dar verdadera relacion á su majestad, y -por favorecer al Diego Velazquez, y al Tapia por casar con uno dellos -á una doña Fulana de Fonseca, sobrina del mismo Obispo; y luego que -el Tapia vió que no aprovechaban palabras ni provisiones ni cartas de -ofertas ni otros cumplimientos, adoleció de enojo; y aquellos nuestros -capitanes le escribian á Cortés todo lo que pasaba, y le avisaron -que enviase tejuelos de oro y barras, é que con ellos amansaria la -furia de Tapia; lo cual el oro vino por la posta, y le compraron unos -negros y tres caballos y el un navío, y se volvió á embarcar en el otro -navío y se fué á la isla de Santo Domingo, de donde habia salido; é -cuando allá llegó, la audiencia real que en ella residia y los frailes -jerónimos que estaban por gobernadores notaron muy bien su vuelta de -aquella manera, y se enojaron con él porque ántes que saliese de la -isla para ir á la Nueva-España le habian mandado expresamente que en -aquella sazon no curase de venir, porque seria causa de quebrar el -hilo y conquistas de Méjico, y no les quiso obedecer; ántes, con favor -del Obispo de Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, se resolvió; que -no osaban hacer otra cosa los oidores sino lo que el Obispo de Búrgos -mandaba, porque era presidente de Indias, porque su majestad estaba en -aquella sazon en Flandes, que no habia venido á Castilla. - -Dejemos esto del Tapia, y digamos cómo luego envió Cortés á Pedro de -Albarado á poblar á Tustepeque, que era tierra rica de oro. - -Y para que bien lo entiendan los que no saben los nombres destos -pueblos, uno es Tutepeque, adonde fué Gonzalo de Sandoval, y otro -es Tustepeque, adonde en esta sazon va Pedro de Albarado; y esto -declaro porque no me culpen que digo que dos capitanes fueron á poblar -una provincia de un nombre, y son dos provincias; y tambien habia -enviado á poblar el rio de Pánuco, porque Cortés tuvo noticia que un -Francisco de Garay hacia grande armada para venirla á poblar; porque, -segun pareció, se lo habia dado su majestad al Garay por gobernacion -y conquista, segun más largamente lo he dicho y declarado en los -capítulos pasados cuando hablaba de todos los navíos que envió adelante -Garay, que desbarataron los indios de la misma provincia de Pánuco, é -hízolo Cortés porque si viniese el Garay la hallase por Cortés poblada. - -Dejemos desto, y digamos cómo Cortés envió otra vez á Rodrigo Rangel -por teniente de Villa-Rica, y quitó al Gonzalo de Albarado, y le mandó -que luego le enviase á Pánfilo de Narvaez donde estaba poblando Cortés -en Cuyoacan, que aún no habia entrado á poblar á Méjico hasta que se -edificasen todas las casas y palacio adonde habia de vivir; y envió por -el Pánfilo de Narvaez porque, segun le dijeron, que cuando el Cristóbal -de Tapia llegó á la Villa-Rica con las provisiones que dicho tengo, el -Narvaez habló con él y en pocas palabras le dijo: - -—«Señor Tapia, paréceme que tan buen recaudo traeis y tal le llevaréis -como yo; mirad en lo que yo he parado trayendo tan buena armada, y -mirad por vuestra persona, no os maten, y no os cureis de perder -tiempo; que la ventura de Cortés é sus soldados no es acabada; entended -en que os dén algun oro por esas cosas que traeis, é idos á Castilla -ante su majestad, que allá no faltará quien os ayude, y diréis lo que -pasa, en especial teniendo, como teneis, al señor Obispo de Búrgos; y -esto es mejor consejo.» - -Dejémonos desta plática y diré cómo Narvaez fué su camino á Méjico, y -vió aquellas grandes ciudades y poblaciones; y cuando llegó á Tezcuco -se admiró, y cuando vió á Cuyoacan, mucho más, y desque vió la gran -laguna y ciudades que en ella están pobladas, y despues la gran ciudad -de Méjico, y como Cortés supo que venia, le mandó hacer mucha honra; -y llegado ante él, se hincó de rodillas y le fué á besar las manos, -y Cortés no lo consintió y le hizo levantar, y le abrazó y le mostró -mucho amor, y le hizo asentar cabe sí, y entónces el Narvaez le habló y -le dijo: - -—«Señor capitan, agora digo de verdad que la menor cosa que hizo -vuestra merced y sus valerosos soldados en esta Nueva-España fué -desbaratarme á mí y prenderme, y aunque trajera mayor poder del que -traje, pues he visto tantas ciudades y tierras que ha domado y sujetado -al servicio de Dios nuestro Señor y del Emperador Cárlos V; y puédese -vuestra merced alabar y tener en tanta estima, que yo ansí lo digo, y -dirán todos los capitanes muy nombrados que el dia de hoy son vivos, -que en el universo se puede anteponer á los muy afamados é ilustres -varones que ha habido; y otra tan fuerte ciudad como Méjico no la -hay; y vuestra merced y sus muy esforzados soldados son dignos que su -majestad les haga muy crecidas mercedes.» - -Y le dijo otras muchas alabanzas; y Cortés le respondió que nosotros -no éramos bastantes para hacer lo que estaba hecho, sino la gran -misericordia de Dios nuestro Señor, que siempre nos ayudaba, y la buena -ventura de nuestro gran César. - -Dejémonos desta plática y de las ofertas que hizo Narvaez á Cortés -que le seria servidor, y diré cómo en aquella sazon se pasó Cortés á -poblar la insigne y gran ciudad de Méjico, y repartió solares para las -iglesias y monasterios y casas reales y plazas, y á todos los vecinos -les dió solares; y por no gastar más tiempo en escribir segun y de la -manera que agora está poblada, que, segun dicen muchas personas que se -han hallado en muchas partes de la cristiandad, otra más populosa y -mayor ciudad y de mejores casas y muy bien pobladas no se ha visto. - -Pues estando dando la órden que dicho tengo, al mejor tiempo que -estaba Cortés algo descansando, le vinieron cartas del Pánuco que toda -la provincia estaba levantada é puesta en armas, y que era gente muy -belicosa y de muchos guerreros, porque habian muerto muchos soldados -que habia enviado Cortés á poblar, y que con brevedad enviase el mayor -socorro que pudiese; y luego acordó Cortés de ir él mismo en persona, -porque todos los capitanes habian ido á sus conquistas; y llevó todos -los más soldados que pudo y hombres de á caballo y ballesteros y -escopeteros, porque ya habian llegado á Méjico muchas personas de las -que el veedor Tapia traia consigo, y otros que allí estaban de los de -Lúcas Vazquez de Aillon, que habian ido con él á la Florida, y otros -que habian venido de las islas en aquel tiempo; y dejando en Méjico -buen recaudo, y por capitan dél á Diego de Soto, natural de Toro, -salió Cortés de Méjico; y en aquella sazon no habia herraje, sino muy -poco, para los muchos caballos que llevaba, porque pasaban de ciento y -treinta de á caballo y ducientos y cincuenta soldados, y contados entre -los ballesteros y escopeteros y de á caballo, y tambien llevó diez mil -mejicanos; y en aquella sazon ya habia vuelto de Mechoacan Cristóbal -de Olí, porque dejó aquella provincia de paz y trajo consigo muchos -caciques y al hijo del cacique Conci, que ansí se llamaba, y era el -mayor señor de todas aquellas provincias, y trajo mucho oro bajo, que -lo tenian revuelto con plata y cobre; y gastó Cortés en aquella ida -que fué á Pánuco mucha cantidad de pesos de oro, que despues demandaba -á su majestad que le pagase aquella costa, y los oficiales de la real -hacienda no se los quisieron recebir en cuenta ni le quisieron pagar -cosa dello, porque respondieron que si habia hecho aquel gasto en la -conquista de aquella provincia, que lo hizo por se apoderar della, -porque Francisco de Garay, que venia por gobernador, no la hubiese, -porque ya tenia noticia que venia de la isla de Jamáica con gran -pujanza y armada. - -Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo Cortés llegó con todo -su ejército á la provincia de Pánuco y los halló de guerra, y los -envió á llamar de paz muchas veces, mas no quisieron venir; é tuvo -con ellos en algunos dias muchos rencuentros de guerra y en dos -batallas que le aguardaron le mataron tres soldados y le hirieron -más de treinta, y mataron cuatro caballos y hubo muchos heridos, y -murieron de los mejicanos sobre ciento, sin otros más de ducientos -que quedaron heridos; porque fueron los guastecas, que ansí se llaman -en aquellas provincias, sobre más de sesenta mil hombres guerreros -cuando aguardaron á nuestro capitan Cortés; mas quiso nuestro Señor que -fueron desbaratados, y todo el campo adonde fueron estas batallas quedó -lleno de muertos y heridos de los naguatecas naturales de aquellas -provincias; por manera que no se tornaron más á juntar por entónces -para dar guerra; y Cortés estuvo ocho dias en un pueblo que estaba -allí cerca, donde habian sido aquellas reñidas batallas, por causa -de que se curasen los heridos y se enterrasen los muertos, y habia -muchos bastimentos; y para tornarle á llamar de paz envió al Padre fray -Bartolomé de Olmedo, y diez caciques, personas principales, de los -que se habian prendido en aquellas batallas, y doña Marina y Jerónimo -de Aguilar, que siempre Cortés los llevaba consigo; y el Padre fray -Bartolomé de Olmedo les hizo un parlamento muy discreto, y les dijo -que «¿cómo se podian defender todos los de aquellas provincias de no -se dar por vasallos de su majestad, pues han visto y tenido nueva que -con el poder de Méjico, siendo tan fuertes guerreros, estaba asolada -la ciudad y puesta por el suelo? É que vengan luego de paz y no hayan -miedo, é que lo pasado de las muertes, que Cortés, en nombre de su -majestad, se lo perdonaria.» - -Y tales palabras les dijo el buen fray Bartolomé de Olmedo con amor, y -otras llenas de amenazas, que, como estaban hostigados y habian visto -muertos muchos de los suyos, y abrasados y asolados todos sus pueblos, -vinieron de paz, y todos trajeron joyas de oro, aunque no de mucho -precio, que presentaron á Cortés, y él con halagos y mucho amor les -recibió de paz; y dende allí se fué Cortés con la mitad de sus soldados -á un rio que se dice Chile, que está de la mar obra de cinco leguas, -y volvió á enviar mensajeros á todos los pueblos de la otra parte del -rio á llamalles de paz, y no quisieron venir; porque, como estaban -encarnizados de los muchos soldados que habian muerto en obra de dos -años que habian pasado de los capitanes que Garay envió á poblar aquel -rio, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, ansí creyeron -que harian á nuestro Cortés; y como estaban entre grandes lagunas y -rios y ciénagas, que es muy grande fortaleza para ellos; y la respuesta -que dieron fué matar á los mensajeros que Cortés les habia enviado á -hablar sobre las paces, y á estos de agora tuvieron presos ciertos -dias, y estuvo Cortés aguardando para ver si podria acabar con ellos -que mudasen su mal propósito; y como no vinieron, mandó buscar todas -las canoas que en el rio pudo haber, y con ellas y unas barcas que -se hicieron de madera de navíos viejos de los de Garay, y pasaron de -noche de la otra parte del rio ciento y cincuenta soldados, y los más -dellos ballesteros y escopeteros, y cincuenta de á caballo; y como los -principales de aquellas provincias velaban sus pasos y rios, como los -vieron, dejáronlos pasar, y estaban aguardando de la otra parte; y si -muchos guastecas se habian juntado en las primeras batallas que dieron -á Cortés, muchos más estaban juntos esta vez, y vienen como leones -rabiosos á se encontrar con los nuestros; y á los primeros encuentros -mataron dos soldados é hirieron sobre treinta, y tambien mataron tres -caballos é hirieron otros quince, y muchos mejicanos; más tal prisa -les dieron los nuestros, que no pararon en el campo, é luego se fueron -huyendo, y quedaron dellos muertos y heridos gran cantidad; y despues -que pasó aquella batalla, los nuestros se fueron á dormir á un pueblo -que estaba despoblado, que se habian huido los moradores dél, y con -buenas velas, y escuchas, y rondas y corredores del campo estuvieron, -y de cenar no les faltó; y cuando amaneció, andando por el pueblo, -vieron estar en un cu é adoratorio de ídolos, colgados muchos vestidos -y caras de soldados, adobadas como cueros de guantes, y con sus barbas -y cabellos, que eran de los soldados que habian muerto á los capitanes -que habia enviado Garay á poblar el rio de Pánuco, y muchas dellas -fueron conocidas de otros soldados, que decian que eran sus amigos, y -á todos se les quebró los corazones de lástima de las ver de aquella -manera, y luego las quitaron de donde estaban y las llevaron para -enterrar; y desde aquel pueblo se pasaron á otro lugar, y como conocian -que toda la gente de aquella provincia era muy belicosa, siempre -iban muy recatados y puestos en ordenanza para pelear, no les tomase -descuidados y desapercibidos; y los descubridores de todo aquel campo -dieron con unos grandes escuadrones de indios que estaban en celadas, -para que cuando estuviesen los nuestros en las casas apeados dar en los -caballos y en ellos; y como fueron sentidos, no tuvieron lugar de hacer -todo lo que querian; más todavía salieron muy denodadamente y pelearon -con los nuestros como valientes guerreros, y estuvieron más de media -hora que los de á caballo y los escopeteros no les podian hacer retraer -ni apartar de sí, y mataron dos caballos y hirieron otros siete, y -tambien hirieron quince soldados y murieron tres de las heridas. - -Una cosa tenian estos indios: que ya que los llevaban de vencida, -se tornaban á rehacer, y aguardaron tres veces en la pelea, lo cual -pocas veces se ha visto acaecer entre estas gentes; y viendo que los -nuestros les herian y mataban, se acogieron á un rio caudaloso é -corriente, y los de á caballo y peones sueltos fueron en pos dellos -é hirieron muchos; é otro dia acordaron de correrles el campo é ir -á otros pueblos que estaban despoblados, y en ellos hallaron muchas -tinajas de vino de la tierra puestas en unos soterraños á manera de -bodegas; y estuvieron en estas poblaciones cinco dias corriéndoles las -tierras, y como todo estaba sin gentes y despoblados, se volvieron al -rio de Chile; y Cortés tornó luego á enviar á llamar de paz á todos los -mismos pueblos que estaban de guerra en aquella parte del rio, y como -les habian muerto mucha gente, temieron que volverian otra vez sobre -ellos, y á esta causa enviaron á decir que vendrian de ahí á cuatro -dias, que buscaban joyas de oro para le presentar; y Cortés aguardó -todos los cuatro dias que habian dicho que vendrian, y no vinieron -por entónces; y luego mandó á un pueblo muy grande que estaba cabe -una laguna, que era muy fuerte por sus ciénagas y rio, que de noche -obscuro y medio lloviznando, que en muchas canoas que luego mandó -buscar, atadas de dos en dos, y otras sueltas, y en barcas bien hechas, -pasasen aquella laguna á una parte del pueblo en parte y paraje que no -fuesen vistos ni sentidos de los de aquella poblacion, y pasaron muchos -amigos mejicanos, y sin ser vistos, dan en el pueblo, el cual pueblo -destruyeron, y hubo muy gran despojo y estrago en él; allí cargaron -los amigos de todas las haciendas de los naturales que dél tenian; y -desque aquello vieron, todos los más pueblos comarcanos dende á cinco -dias acordaron de venir de paz, excepto otras poblaciones que estaban -muy á trasmano, que los nuestros no pudieron ir á ellos en aquella -sazon; y por no me detener en gastar más palabras en esta relacion de -muchas cosas que pasaron, las dejaré de decir, sino que entónces pobló -Cortés una villa con ciento y treinta vecinos, y entre ellos dejó -veinte y siete de á caballo y treinta y seis escopeteros y ballesteros, -por manera que todos fueron los ciento y treinta; llamábase esta villa -Sant-Estéban del Puerto, y está obra de una legua de Chile; y en los -vecinos que en aquella villa poblaron repartió y dió por encomienda -todos los pueblos que habian venido de paz, y dejó por capitan dellos -y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando en aquella villa de -partida para Méjico, supo por cosa muy cierta que tres pueblos que -fueron cabeceras para la rebelion de aquella provincia, y fueron en -la muerte de muchos españoles, andaban de nuevo, despues de haber ya -dado la obediencia á su majestad y haber venido de paz, convocando y -atrayendo á los demás pueblos sus comarcanos, y decian que despues que -Cortés se fuese á Méjico con los de á caballo y soldados, que á los que -quedaban poblados que diesen un dia ó noche en ellos y que tendrian -buenas hartazgas con ellos; y sabida por Cortés la verdad muy de raíz, -les mandó quemar las casas; mas luego se tornaron á poblar. - -Digamos que Cortés habia mandado ántes que partiese de Méjico para ir -á aquella entrada, que dende la Veracruz le enviasen un barco cargado -de vino y vituallas y conservas y bizcocho y herraje, porque en aquella -sazon no habia trigo en Méjico para hacer pan; é yendo que iba el barco -su viaje á la derrota de Pánuco, cargado de lo que fué mandado, parece -ser que hubo muy recios Nortes y dió con él en parte que se perdió, -que no se salvaron sino tres personas, que aportaron en unas tablas á -una isleta donde habia unos muy grandes arenales, seria tres ó cuatro -leguas de tierra, donde habia muchos lobos marinos, que salian de -noche á dormir á los arenales, y mataron de los lobos, y con lumbre -que sacaron con unos palillos como la sacan en todas las Indias las -personas que saben cómo se ha de sacar, tuvieron lugar de asar la carne -de los lobos, y cavaron en mitad de la isla é hicieron unos como pozos -y sacaron agua algo salobre, y tambien habia una fruta que parecian -higos, y con la carne de los lobos marinos y la fruta y agua salobre -se mantuvieron más de dos meses; y como aguardaban en la villa de -Sant-Estéban el refresco y bastimento y herraje, escribió Cortés á sus -mayordomos á Méjico que cómo no enviaban el refresco; y cuando vieron -la carta de Cortés, tuvieron por muy cierto que se habia perdido el -barco, y enviaron luego los mayordomos de Cortés un navío chico de poco -porte en busca del barco que se perdió, y quiso Dios que se toparon en -la isleta donde estaban los tres españoles de los que se perdieron, con -ahumadas que hacian de noche é de dia, é desque vieron el barco, se -alegraron, y embarcados, vinieron á la villa, y llamábase el uno dellos -Fulano Celiano, vecino que fué de Méjico. - -Dejémonos desto, y digamos, como en aquella sazon nuestro capitan -Cortés se venia ya para Méjico, tuvo noticia que en unos pueblos -que estaban en unas sierras que eran muy agras se habian rebelado y -hacian grande guerra á otros pueblos que estaban de paz, y acordó de -ir allá ántes que entrase en Méjico; é yendo por su camino, los de -aquella provincia lo supieron é aguardaron en un paso malo, y dieron -en la rezaga del fardaje y le mataron ciertos tamemes y robaron lo que -llevaban; y como era el camino malo, por defender el fardaje los de á -caballos que los iban á socorrer reventaron dos caballos; y llegados -á las poblaciones, muy bien se lo pagaron; que, como iban muchos -mejicanos nuestros amigos, por se vengar de lo que les robaron en el -puerto y camino malo, como dicho tengo, mataron y cautivaron muchos -indios, y aun el cacique y su capitan murieron ahorcados despues que -hubieron vuelto lo que habian robado; y esto hecho, Cortés mandó á los -mejicanos que no hiciesen más daño, y luego envió á llamar de paz á -todos los principales y papas de aquella poblacion, los cuales vinieron -y dieron la obediencia á su majestad; y el cacicazgo mandó que lo -tuviese un hermano del cacique que habian ahorcado, y los dejó en sus -casas pacíficos y muy bien castigados, y entónces se volvió á Méjico. - -Y ántes que pase adelante, quiero decir que en todas las provincias -de la Nueva-España otra gente más sucia y mala y de peores costumbres -no la hubo como esta de la provincia de Pánuco, y sacrificadores y -crueles en demasía, y borrachos y sucios y malos, y tenian otras -treinta torpezas; y si miramos en ello, fueron castigados á fuego y á -sangre dos ó tres veces, y otros mayores males les vino en tener por -gobernador á Nuño de Guzman, que desque le dieron la gobernacion, los -hizo casi á todos esclavos y los envió á vender á las islas, segun más -largamente lo diré en su tiempo y lugar. - -Volvamos á nuestra relacion, y diré, despues que Cortés volvió á -Méjico, en lo que entendió é hizo. - - - - -CAPÍTULO CLIX. - -CÓMO CORTÉS Y TODOS LOS OFICIALES DEL REY ACORDARON DE ENVIAR Á SU -MAJESTAD TODO EL ORO QUE LE HABIA CABIDO DE SU REAL QUINTO DE TODOS LOS -DESPOJOS DE MÉJICO, Y CÓMO SE ENVIÓ DE POR SÍ LA RECÁMARA DEL ORO Y -TODAS LAS JOYAS QUE FUERON DE MONTEZUMA Y DE GUATEMUZ, Y LO QUE SOBRE -ELLO ACAECIÓ. - - -Como Cortés volvió á Méjico de la entrada de Pánuco, anduvo entendiendo -en la poblacion y edificacion de aquella ciudad; y viendo que Alonso -de Ávila, ya otra vez por mí nombrado en los capítulos pasados, habia -vuelto en aquella sazon de la isla de Santo Domingo, y trajo recaudo -de lo que le habian enviado á negociar con la audiencia Real é Frailes -Jerónimos que estaban por gobernadores de todas las islas, é los -recaudos que entónces trajo fué, que nos daban licencia para poder -conquistar toda la Nueva-España y herrar los esclavos, segun y de la -manera que llevaron en una relacion, y repartir y encomendar los indios -como en las islas Española é Cuba é Jamáica se tenia por costumbre; -y esta licencia que dieron fué hasta en tanto que su majestad fuese -sabidor dello, ó fuese servido mandar otra cosa; de lo cual luego le -hicieron relacion los mismos Frailes Jerónimos, y enviaron un navío -por la posta á Castilla, y entónces su majestad estaba en Flandes, que -era mancebo, y allá supo los recaudos que los Frailes Jerónimos le -enviaban; porque al Obispo de Búrgos, puesto que estaba por presidente -de Indias, como conocian dél que nos era muy contrario, no le daban -cuenta dello ni trataban con él otras muchas cosas de importancia, -porque estaban muy mal con sus cosas. - -Dejemos esto del Obispo, y volvamos á decir que, como Cortés tenia -á Alonso de Ávila por hombre atrevido y no estaba muy bien con él, -siempre le queria tener muy léjos de sí, porque verdaderamente si -cuando vino el Cristóbal de Tapia con las provisiones el Alonso de -Ávila se hallara en Méjico, porque entónces estaba en la isla de -Santo Domingo, y como el Alonso de Ávila era servidor del Obispo de -Búrgos é habia sido su criado, y le traian cartas para él, fuera gran -contraditor de Cortés y de sus cosas, y á esta causa siempre procuraba -Cortés de tenello apartado de su persona; y cuando vino deste viaje que -dicho tengo, por consejo de fray Bartolomé de Olmedo, por le contentar -y agradar, le encomendó en aquella sazon el pueblo de Guatitlan, y -le dió ciertos pesos de oro, y con palabras y ofrecimientos y con el -depósito del pueblo por mí nombrado, que es muy bueno y de mucha renta, -le hizo tan su amigo y servidor, que le envió despues á Castilla, y -juntamente con él á su capitan de la guarda, que se decia Antonio de -Quiñones, los cuales fueron por procuradores de la Nueva-España y de -Cortés. - -Y llevaron dos navíos, y en ellos ochenta y ocho mil castellanos en -barras de oro; y llevaron la recámara que llamamos del gran Montezuma, -que tenia en su poder Guatemuz, y fué un gran presente, en fin para -nuestro gran César, porque fueron muchas joyas muy ricas y perlas -tamañas algunas dellas como avellanas, y muchos chalchihuies, que -son piedras finas como esmeraldas, y por ser tantas y no me detener -en escribirlas, lo dejaré de decir y traer á la memoria; y tambien -enviamos unos pedazos de huesos de gigantes que se hallaron en el cu é -adoratorio en Cuyoacan, que era segun y de la manera de otros grandes -zancarrones que nos dieron en Tlascala, los cuales habiamos enviado -la primera vez, y eran muy grandes en demasía; y le llevaron tres -tigres y otras cosas que ya no me acuerdo. - -Y por estos procuradores escribió el cabildo de Méjico á su majestad, -y ansimismo todos los más conquistadores escribimos con el cabildo -juntamente, é fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, -y el tesorero Julian de Alderete; y todos á una deciamos de los -muchos y buenos é leales servicios que Cortés y todos nosotros los -conquistadores le habiamos hecho y á la contina haciamos, y todo lo -por nosotros sucedido desde que entramos á ganar la ciudad de Méjico, -y cómo estaba descubierta la mar del Sur y se tenia por cierto que -era cosa muy rica; y suplicamos á su majestad que nos enviase Obispos -y religiosos de todas órdenes, que fuesen de buena vida y doctrina, -para que nos ayudasen á plantar más por entero en estas partes nuestra -santa fe católica, y le suplicamos todos á una que la gobernacion desta -Nueva-España que le hiciese merced della á Cortés, pues tan bueno y -leal servidor le era, y á todos nosotros los conquistadores nos hiciese -merced para nosotros y para nuestros hijos que todos los oficios -reales, en fin de tesorero, contador y fator, y escribanías públicas -é fieles ejecutores y alcaidías de fortalezas, que no hiciese merced -dellas á otras personas, sino que entre nosotros se nos quedase; y le -suplicamos que no enviase letrados, porque en entrando en la tierra la -pondrian revuelta con sus libros, é habria pleitos y disensiones. - -Y se le hizo saber lo de Cristóbal de Tapia, cómo venia guiado por don -Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, y que no era suficiente -para gobernar, y que se perdiera esta Nueva-España si él quedara por -gobernador; y que tuviese por bien de saber claramente qué se habian -hecho las cartas y relaciones que le habiamos escrito dando cuenta de -todo lo que habia acaecido en esta Nueva-España, porque teniamos por -muy cierto que el mismo Obispo no se les enviaba, y ántes le escribia -al contrario de lo que pasaba, en favor de Diego Velazquez, su amigo, -y de Cristóbal de Tapia, por casalle con una parienta suya que se decia -doña Petronila de Fonseca; y cómo presentó ciertas provisiones que -venian firmadas é guiadas por el dicho Obispo de Búrgos, y que todos -estábamos los pechos por tierra para las obedecer, como se obedecieron; -mas viendo que el Tapia no era hombre para guerra, ni tenia aquel ser -ni cordura para ser gobernador, que suplicaron de todas las provisiones -hasta informar á su Real persona de todo lo acaecido, como agora le -informamos, y le haciamos sabidor como sus leales vasallos, é somos -obligados á nuestro Rey y señor; y que agora, que de lo que más fuere -servido mandar, que aquí estamos los pechos por tierra para cumplir -su Real mando; y tambien le suplicamos que fuese servido de enviar á -mandar al Obispo de Búrgos que no se entremetiese en cosas ningunas -de Cortés ni de todos nosotros, porque seria quebrar el hilo á muchas -cosas de conquistas que en esta Nueva-España nosotros entendiamos, y en -pacificar provincias, porque habia mandado el mismo Obispo de Búrgos -á los oficiales que estaban en la casa de la contratacion de Sevilla, -que se decian Pedro de Ilasaga y Juan Lopez de Recalte, que no dejasen -pasar ningun recaudo de armas ni soldados ni favor para Cortés ni para -los soldados que con él estaban. - -Y tambien se le hizo relacion cómo Cortés habia ido á pacificar la -provincia de Pánuco y la dejó de paz, y las muy recias y fuertes -batallas que con los naturales della tuvo, y cómo era gente muy -belicosa y guerrera, y cómo habian muerto los de aquella provincia -á los capitanes que habia enviado Francisco de Garay, y á todos sus -soldados, por no se saber dar maña en las guerras; y que habia gastado -Cortés en la entrada sobre sesenta mil pesos, y que los demandaba á los -oficiales de su Real hacienda y no se los quisieron pagar. - -Tambien se le hizo sabidor cómo agora hacia el Garay una armada en la -isla de Jamáica, y que venian á poblar el rio de Pánuco; y porque no le -acaeciese como á sus capitanes, que se los mataron, que suplicábamos á -su majestad que le enviase á mandar que no salga de la isla hasta que -esté muy de paz aquella provincia, porque nosotros se la conquistaremos -y se la entregaremos; porque si en aquella sazon viniese, viendo -los naturales de aquestas tierras dos capitanes que manden, tendrán -divisiones y levantamientos, especial los mejicanos; y escribiósele -otras muchas cosas. - -Pues Cortés por su parte no se le quedó nada en el tintero, y aun de -manera hizo relacion en su carta de todo lo acaecido, que fueron veinte -y una plana; é porque yo las leí todas, é lo entendí muy bien, lo -declaro aquí como dicho tengo. - -Y demás de esto, enviaba Cortés á suplicar á su majestad que le diese -licencia para ir á la isla de Cuba á prender al gobernador della, -que se decia Diego Velazquez, para enviársele á Castilla, para que -allá su majestad le mandase castigar; porque no le desbaratase más ni -revolviese la Nueva-España, porque enviaba desde la isla de Cuba á -mandar que matasen á Cortés. - -Dejémonos de las cartas, y digamos de su buen viaje que llevaron -nuestros procuradores despues que partieron del puerto de la Veracruz, -que fué en veinte dias del mes de Diciembre de 1522 años, y con -buen viaje desembarcaron por la canal de Bahama, y en el camino se -les soltaron dos tigres de los tres que llevaban, é hirieron á unos -marineros; y acordaron de matar al que quedaba, porque era muy bravo y -no se podian valer con él; y fueron su viaje hasta la isla que llaman -de la Tercera; y como el Antonio de Quiñones era capitan y se preciaba -de muy valiente y enamorado, parece ser que se revolvió en aquella -isla con una mujer é hubo sobre ella cierta quistion, y diéronle una -cuchillada en la cabeza, de que al cabo de algunos dias murió, y quedó -solo Alonso de Ávila por capitan. - -É ya que iba el Alonso de Ávila con los dos navíos camino de España, no -muy léjos de aquella isla topa con ellos Juan Florin, frances corsario, -y toma todo el oro y navíos, y prende al Alonso de Ávila y llévanle -preso á Francia. - -Y tambien en aquella sazon robó el Juan Florin otro navío que venia -de la isla de Santo Domingo, y le tomó sobre veinte mil pesos de oro -y muy gran cantidad de perlas y azúcar y cueros de vacas, y con todo -esto se volvió á Francia muy rico, é hizo grandes presentes á su Rey -é al almirante de Francia de las cosas é piezas de oro que llevaba de -la Nueva-España, que toda Francia estaba maravillada de las riquezas -que enviábamos á nuestro gran Emperador, y aun el mesmo Rey de Francia -le tomaba codicia de tener parte en las islas de la Nueva-España; y -entónces es cuando dijo que solamente con el oro que le iba á nuestro -César destas tierras le podia dar guerra á su Francia; y aun en aquella -sazon no era ganado ni habia nueva del Perú, sino, como dicho tengo, -lo de la Nueva-España y las islas de Santo Domingo y San Juan y Cuba -y Jamáica. - -Y entónces dice que dijo el Rey de Francia, ó se lo envió á decir á -nuestro gran Emperador, que, ¿cómo habian partido entre él y el Rey de -Portugal el mundo, sin darle parte á él? Que mostrasen el testamento -de nuestro padre Adan, si les dejó á ellos solamente por herederos y -señores de aquellas tierras que habian tomado entre ellos dos, sin -dalle á él ninguna dellas, é que por esta causa era lícito robar y -tomar todo lo que pudiese por la mar; y luego tornó á mandar á Juan -Florin que volviese con otra armada á buscar la vida por la mar; y de -aquel viaje que volvió, ya que llevaba otra gran presa de todas ropas -entre Castilla y las islas de Canaria, dió con tres ó cuatro navíos -recios y de armada, vizcainos, y los unos por una parte y los otros -por otra embisten con el Juan Florin, y le rompen y desbaratan, y -préndenle á él y á otros muchos franceses, y les tomaron sus navíos y -ropa, y á Juan Florin y á otros capitanes llevaron presos á Sevilla -á la casa de la contratacion, y los enviaron presos á su majestad; y -despues que lo supo, mandó que en el camino hiciesen justicia dellos, -y en el puerto del Pico los ahorcaron; y en esto paró nuestro oro y -capitanes que lo llevaban, y el Juan Florin que lo robó. - -Pues volvamos á nuestra relacion, y es, que llevaron á Francia preso -á Alonso de Ávila, y le metieron en una fortaleza, creyendo haber dél -gran rescate, porque, como llevaba tanto oro á su cargo, guardábanle -bien; y el Alonso de Ávila tuvo tales maneras y concierto con el -caballero frances que lo tenia á cargo ó le tenia por prisionero, -que para que en Castilla supiesen de la manera que estaba preso y le -viniesen á rescatar, dijo que fuesen por la posta todas las cartas y -poderes que llevaba de la Nueva-España, y que todas se diesen en la -córte de su majestad al licenciado Nuñez, primo de Cortés, que era -relator del Real Consejo, ó á Martin Cortés, padre del mismo Cortés, -que vivia en Medellin, ó á Diego de Ordás, que estaba en la córte; y -fueron á todo buen recaudo, que las hubieron á su poder, y luego las -despacharon para Flandes á su majestad, porque al Obispo de Búrgos no -le dieron cuenta ni relacion dello, y todavía lo alcanzó á saber el -Obispo de Búrgos, y dijo que se holgaba que se hubiese perdido y robado -todo el oro. - -Dejemos al Obispo, y vamos á su majestad, que, como luego lo supo, -dijeron, quien lo vió y entendió, que hubo algun sentimiento de la -pérdida del oro, y de otra parte se alegró viendo que tanta riqueza le -enviaban, é que sintiese el Rey de Francia que con aquellos presentes -que le enviábamos que le podria dar guerra; y luego envió á mandar al -Obispo de Búrgos que en lo que tocaba á Cortés é á la Nueva-España, -que en todo le diese favor y ayuda, y que presto vendria á Castilla -y entenderia en ver la justicia de los pleitos y contiendas de Diego -Velazquez y Cortés. - -Y dejemos esto y digamos luego cómo supimos en la Nueva-España la -pérdida del oro y riquezas de la recámara y prision de Alonso de Ávila, -y todo lo demás aquí por mí memorado, y tuvimos dello gran sentimiento, -y luego Cortés con brevedad procuró de haber é llegar todo el más oro -que pudo recoger, y de hacer un tiro de oro bajo y de plata de lo que -habian traido de Mechoacan, para enviar á su majestad, y llamóse el -tiro Fénix. - -Y tambien quiero decir que siempre estuvo el pueblo de Guatitlan, que -dió Cortés á Alonso de Ávila, por el mismo Alonso de Ávila, porque en -aquella sazon no le tuvo su hermano Gil Gonzalez de Benavides, hasta -más de tres años adelante, que el Gil Gonzalez vino de la isla de Cuba, -é ya el Alonso de Ávila estaba suelto de la prision de Francia y habia -venido á Yucatan por contador; y entónces dió poder al hermano para que -se sirviese dél, porque jamás se le quiso traspasar. - -Dejémonos de cuentos viejos, que no hacen á nuestra relacion, y digamos -todo lo que acaeció á Gonzalo de Sandoval y á los demás capitanes que -Cortés habia enviado á poblar las provincias por mí ya nombradas, y -entre tanto acabó Cortés de mandar forjar el tiro é allegar el oro para -enviar á su majestad. - -Bien sé que dirán algunos curiosos letores que por qué, cuando envió -Cortés á Pedro de Albarado y á Gonzalo de Sandoval y los demás -capitanes á las conquistas y pacificaciones ya por mí nombradas, no -concluí con ellos en esta mi relacion lo que habian hecho en ellas, y -en lo que en las jornadas á cada uno ha acaecido, y lo vuelvo ahora -á recitar, que es volver muy atrás de nuestra relacion; y las causas -que agora doy á ello es que, como iban camino de sus provincias á las -conquistas, y en aquel instante llegó al puerto de la Villa-Rica el -Cristóbal de Tapia, otras muchas veces por mí nombrado, que venia para -ser gobernador de la Nueva-España; y para consultar Cortés lo que sobre -el caso se podria hacer, é tener ayuda y favor dellos, como Pedro de -Albarado é Gonzalo de Sandoval eran tan experimentados capitanes y -de buenos consejos, envió por la posta á los llamar, y dejaron sus -conquistas é pacificaciones suspensas, é como he dicho, vinieron al -negocio de Cristóbal de Tapia, que era más importante para el servicio -de su majestad, porque se tuvo por cierto que si el Tapia se quedara -para gobernar, que la Nueva-España y Méjico se levantaran otra vez; y -en aquel instante tambien vino Cristóbal de Olí de Mechoacan, como era -cerca de Méjico, y la halló de paz, y le dieron mucho oro y plata; y -como era recien casado, y la mujer moza y hermosa, apresuró su venida. - -Y luego, tras esto de Tapia, aconteció el levantamiento de Pánuco, y -fué Cortés á lo pacificar, como dicho tengo en el capítulo que dello -habla, y tambien para escribir á su majestad, como escribimos, y enviar -el oro y dar poder á nuestros capitanes y procuradores por mí ya -nombrados; y por estos estorbos, que fueron los unos tras los otros, lo -torno aquí á traer á la memoria, y es desta manera que diré. - - - - -CAPÍTULO CLX. - -CÓMO GONZALO DE SANDOVAL LLEGÓ CON SU EJÉRCITO Á UN PUEBLO QUE SE DICE -TUSTEPEQUE, Y LO QUE ALLÍ HIZO, Y DESPUES PASÓ Á GUACACUALCO, Y TODO LO -MÁS QUE LE AVINO. - - -Llegado Gonzalo de Sandoval á un pueblo que se dice Tustepeque, toda -la provincia le vino de paz, excepto unos capitanes mejicanos que -fueron en la muerte de sesenta españoles y mujeres de Castilla que -se habian quedado malos en aquel pueblo cuando vino Narvaez, y era -en el tiempo que en Méjico nos desbarataron; entónces los mataron en -el mismo pueblo; é dende obra de dos meses que hubieron muerto los -por mí dichos, porque entónces fuí con Sandoval, yo posé en una como -torrecilla, que era adoratorio de ídolos, á donde se habian hecho -fuertes cuando les daban guerra, y allí los cercaron, y de hambre y de -sed y de heridas les acabaron las vidas; y digo que posé en aquella -torrecilla á causa que habia en aquel pueblo de Tustepeque muchos -mosquitos de dia, é como está muy alto é con el aire no habia tantos -mosquitos como abajo, y tambien por estar cerca del aposento donde -posaba el Sandoval. - -Y volviendo á nuestra plática, procuró el Sandoval de prender á los -capitanes mejicanos que les dieron la guerra y les mataron los sesenta -soldados que dicho tengo, y prendió el más principal dellos y hizo -justicia, y por justicia lo mandó quemar; otros muchos habia juntamente -con él que merecian pena de muerte, y disimuló con ellos, y aquel -pagó por todos; y cuando fué hecho envió á llamar de paz unos pueblos -zapotecas, que es otra provincia que estará obra de diez leguas de -aquel pueblo de Tustepeque, y no quisieron venir, y envió á ellos para -los traer de paz á un capitan que se decia Briones (otras muchas veces -ya lo he nombrado), que fué capitan de bergantines y habia sido buen -soldado en Italia, segun él decia, y le dió sobre cien soldados, y -entre ellos treinta ballesteros y escopeteros y más de cien amigos de -los pueblos que habian venido de paz; é yendo que iba el Briones con -sus soldados y con buen concierto, pareció ser los zapotecas supieron -que iba á sus pueblos, y échanle una celada en el camino, que le -hicieron volver más que de paso rodando unas cuestas y laderas abajo, -y le hirieron más de la tercia parte de los soldados que llevaba, é -murió uno de las heridas, porque aquellas sierras donde están poblados -aquellos zapotecas son tan agras y malas, que no pueden ir por ellas -caballos, y los soldados habian de ir á pié por unas sendas muy -angostas, por contadero, uno á uno siempre; hay neblinas y rocios y -resbalaban en los caminos; y tienen por armas unas lanzas muy largas, -mayores que las nuestras, con una braza de cuchilla de navajas de -pedernal, que cortan más que nuestras espadas, é unas pavesinas, que se -cubren con ellas todo el cuerpo, y mucha flecha y vara y piedra, y los -naturales muy sueltos y cenceños á maravilla, y con un silbo ó voz que -dan entre aquellas sierras resuena y retumba la voz por un buen rato, -digamos ahora como ecos. - -Por manera que se volvió el capitan Briones con su gente herida, y aun -él tambien trujo un flechazo; llámase aquel pueblo que le desbarató -Tiltepeque; y despues que vino de paz el mismo pueblo, se dió en -encomienda á un soldado que se dice Ojeda el tuerto, que ahora vive en -la villa de San Ildefonso. - -Pues cuando el Briones volvió á dar cuenta al Sandoval de lo que le -habia acaecido, y se lo contaba cómo eran grandes guerreros, y el -Sandoval era de buena condicion, y el Briones se tenia por muy como -valiente, y solia decir que en Italia habia muerto y herido y hendido -cabezas y cuerpos de hombres, le decia el Sandoval: - -—«¿Parécele, señor capitan, que son estas tierras otras que las donde -anduvo militando?» - -Y el Briones respondió medio enojado, y dijo que juraba á tal que más -quisiera batallar contra tiros y grandes ejércitos de contrarios, así -de turcos como de moros, que no con aquellos zapotecas, y daba razones -para ello que parecia que cuadraban; y todavía el Sandoval le dijo que -no quisiera haberle enviado, pues así fué desbaratado, que creyó que -pusiera otras fuerzas como él se alababa que habia hecho en Italia, -porque este Briones habia poco tiempo que vino de Castilla; y le dijo -el Sandoval: - -—«¿Qué dirán ahora los zapotecas, que no somos tan varones como creian -que éramos?» - -Dejemos de esta entrada, pues no aprovechó, ántes dañó, y digamos cómo -el mismo Gonzalo de Sandoval envió á llamar de paz á otra provincia -que se dice Xaltepeque, que tambien eran zapotecas, que confinan con -otra provincia y pueblos, que se decian los minxes, gentes muy sueltas -y guerreros, que tenian diferencias con los de Xaltepeque, que ahora, -como digo, son los que enviaba á llamar, y vinieron de paz obra de -veinte caciques y principales, y trajeron un presente de oro en grano, -que entónces habian sacado de las minas en diez cañutillos y joyas de -muchas hechuras, y traian vestidas aquellos principales unas ropas de -algodon muy largas que les daban hasta los piés, con muchas labores -en ellas labradas, y eran digamos ahora á la manera de albornoces -moriscos; y como vinieron delante el Sandoval, con mucho acato se lo -presentaron, y lo recibió con alegría, y les mandó dar cuentas de -Castilla, y les hizo honra y halagos, y le mandaron al Sandoval que -les diese algunos teules, que en su lengua así nos llamaban á los -españoles, para ir juntamente con ellos contra los pueblos de los -minxes, sus contrarios, que les daban guerra; y el Sandoval, como no -tenia soldados en aquella sazon para les dar ayuda, como la demandaban, -porque los que llevó el Briones estaban todos heridos, y otros habian -adolecido, é cuatro muertos, por ser la tierra muy calurosa é doliente, -con buenas palabras les dijo que él enviaria á Méjico á decir á -Malinche, que así decian á Cortés, que les enviase muchos teules, é -que se reportasen hasta que viniesen, y que entre tanto, que irian con -ellos diez de sus compañeros para ver los pasos y tierra, para ir á -dar guerra á sus contrarios los minxes; y esto no lo decia el Sandoval -sino para que viésemos los pueblos y minas donde sacaban el oro que -trajeron; y desta manera los despidió, excepto á tres dellos, que -mandó que quedasen para ir con nosotros; y luego despachó para ir á ver -los pueblos y minas, como he dicho, á un soldado que se decia Alonso -del Castillo el de lo pensado; y me mandó el Sandoval que yo fuese con -él, y otros seis soldados, y que mirásemos muy bien las minas y la -manera de los pueblos. - -Quiero decir por qué se llamaba aquel capitan que iba con nosotros por -caudillo Castillo el de lo pensado, y es por esta causa que diré. - -En la capitanía del Sandoval habia tres soldados que tenian por -renombre Castillos: el uno dellos era muy galan, y preciábase dello -en aquella sazon, que era yo, y á esta su causa me llamaban Castillo -el Galan; los otros dos Castillos, el uno dellos era de tal calidad, -que siempre estaba pensativo, y cuando hablaban con él se paraba mucho -más á pensar lo que habia de decir, y cuando respondia ó hablaba era -un descuido ó cosas que teniamos que reir, y por esto le llamábamos -Castillo de los pensamientos; y el otro era Alonso del Castillo, -que ahora iba con nosotros, que de repente decia cualquiera cosa, y -respondia muy á propósito de lo que preguntaban, y se decia Castillo el -de lo pensado. - -Dejemos de contar donaires, y volvamos á decir cómo fuimos á aquella -provincia á ver las minas, y llevamos muchos indios de los de aquellos -pueblos, y con unas como hechuras de bateas lavaron en tres rios -delante de nosotros, y en todos tres sacaron oro, é hincheron cuatro -cañutillos dello, que era cada uno del tamaño de un dedo de la mano, el -de en medio, y eran poco ménos que cañones de patos de Castilla, y con -aquella muestra de oro volvimos donde estaba el Gonzalo de Sandoval, y -se holgó, creyendo que la tierra era rica; y luego entendió en hacer -los repartimientos de aquellos pueblos y provincia á los vecinos que -habian de quedar allí poblados; y tomó para sí unos pueblos que se -dicen Guazpaltepeque, que en aquel tiempo era la mejor cosa que habia -en aquella provincia muy cerca de las minas, y aun le dieron luego -sobre quince mil pesos de oro, creyendo que tomaba una muy buena cosa; -y la provincia de Xaltepeque, donde trajimos el oro, depositó en el -capitan Luis Marin, que le daba un condado, y todos salieron muy -malos repartimientos, así lo que tomó el Sandoval como lo que dió á -Luis Marin, y aun á mí me mandaba quedar en aquella provincia, y me -daba muy buenos indios y de mucha renta, que pluguiera á Dios que los -tomara, que se dice Meldatan y Orizaba, donde está ahora el ingenio -del Virey, y otro pueblo que se dice Ozotequipa, y no los quise, por -parecerme que si no iba en compañía del Sandoval, teniéndole por amigo, -que no hacia lo que convenia á la calidad de mi persona; y el Sandoval -verdaderamente conoció mi voluntad, y por hallarme con él en las -guerras, si las hubiese adelante, lo hice. - -Dejemos desto, y digamos que nombró á la villa que pobló Medellin, -porque así le fué mandado por Cortés, porque el Cortés nació en -Medellin de Extremadura; y era en aquella sazon el puerto un rio que -se dice Chalchocueca, que es el que hubimos puesto por nombre rio de -Banderas, donde se rescataron los diez y seis mil pesos; y por aquel -rio venian las barcas con la mercadería que venia de Castilla hasta que -se mudó á la Veracruz. - -Dejemos desto, é vamos camino de Guacacualco, que será de la villa de -la Veracruz, que dejamos poblada, obra de sesenta leguas, y entramos en -una provincia que se dice Citla, la más fresca y llena de bastimentos -y bien poblada que habiamos visto, y luego vino de paz; y es aquella -provincia que he dicho de doce leguas de largo y otras tantas de ancho, -muy poblado todo. - -Y llegamos al gran rio de Guacacualco, y enviamos á llamar los caciques -de aquellos pueblos, que era cabecera de aquellas provincias, y -estuvieron tres dias que no vinieron ni enviaban respuesta; por lo -cual creimos que estaban de guerra, y aun así lo tenian consultado, -que no nos dejasen pasar el rio; y despues tomaron acuerdo de venir de -ahí á cinco dias, y trajeron de comer y unas joyas de oro muy fino, y -dijeron que cuando quisiésemos pasar, que ellos traerian muchas canoas -grandes; y Sandoval se lo agradeció mucho, y tomó consejo con algunos -de nosotros si nos atreveriamos á pasar todos juntos de una vez en -todas las canoas; y lo que nos pareció y aconsejamos, que primero -pasasen cuatro soldados y viesen la manera que habia en un pueblezuelo -que estaba junto al rio, y que mirasen y procurasen de inquirir y saber -si estaban de guerra, y ántes que pasásemos tuviésemos con nosotros el -cacique mayor, que se dice Tochel; y así, fueron los cuatro soldados -y vieron todo á lo que les enviábamos, y se volvieron con relacion á -Sandoval como todo estaba de paz, y aun vino con ellos el hijo del -mismo cacique Tochel, que así se decia, y trujo otro presente de oro, -aunque no de mucha valía. - -Entónces le halagó el Sandoval, y le mandó que trujesen cien canoas -atadas de dos en dos, y pasamos los caballos un dia despues de pascua -de Espíritu Santo; y por acortar de palabras, volvamos en el pueblo -que estaba junto al rio abajo, y pusímosle por nombre la villa del -Espíritu Santo, é pusimos aquel sublimado nombre, lo uno, que en pascua -de Espíritu Santo desbaratamos á Narvaez, y lo otro, porque aquel santo -nombre fué nuestro apellido cuando le prendimos y desbaratamos, lo otro -por pasar aquel rio aquel mismo dia, y porque todas aquellas tierras -vinieron de paz sin dar guerra, y allí poblamos toda la flor de los -caballeros y soldados que habiamos salido de Méjico á poblar con el -Sandoval, y el mismo Sandoval, y Luis Marin, y un Diego de Godoy, y -el capitan Francisco de Medin, y Francisco Marmolejo, y Francisco de -Lugo, y Juan Lopez de Aguirre, y Hernando de Montes de Oca, y Juan -de Salamanca, y Diego de Azamar, y un Mantilla, y otro soldado que se -decia Mejía Rapapelo, y Alonso de Grado, y el licenciado Ledesma, y -Luis de Bustamante, y Pedro Castellar, y el capitan Briones, é yo y -otros muchos caballeros é personas de calidad, que si los hubiese aquí -de nombrar á todos, es no acabar tan presto; mas tengan por cierto que -soliamos salir á la plaza á un regocijo é alarde sobre ochenta de á -caballo, que eran más entónces aquellos ochenta que ahora quinientos; y -la causa es esta, que no habia caballos en la Nueva-España, sino pocos -y caros, y no los alcanzaban á comprar sino cual ó cual. - -Dejemos desto, y diré cómo repartió Sandoval aquellas provincias y -pueblos en nosotros, despues de las haber enviado á visitar é hacer la -division de la tierra y ver las calidades de todas las poblaciones; y -fueron las provincias que repartió lo que ahora diré. - -Primeramente á Guacacualco, Guazpaltepeque é Tepeca é Crinanta é los -zapotecas; é de la otra parte del rio la provincia de Copilco é Cimatan -y Tabasco y las sierras de Cachula, todos los zoqueschas, Tacheapa é -Cinacantan é todos los quilenes, y Papanachasta; y estos pueblos que -he dicho teniamos todos los vecinos que en aquella villa quedamos -poblados en repartimiento, que valiera más que allí yo no me quedara, -segun despues sucedió, la tierra pobre y muchos pleitos que trujimos -con tres villas que despues se poblaron: la una fué la villa rica de -la Veracruz, sobre Guazpaltepeque y Chinanta y Tepeca; la otra con -la villa de Tabasco, sobre Cimatan y Copilco; la otra con Chiapa, -sobre los quilenes y zoques; la otra con Santo Ildefonso, sobre los -zapotecas; porque todas estas villas se poblaron despues que nosotros -poblamos á Guacacualco, y á nos dejar todos los términos que teniamos, -fuéramos ricos; y la causa porque se poblaron estas villas que he dicho -fué, que envió á mandar su majestad que todos los pueblos de indios más -cercanos y en comarca de cada villa le señaló términos; por manera que -de todas partes nos cortaron las faldas, y nos quedamos en blanco, y -á esta causa el tiempo andando, se fué despoblando Guacacualco; y con -haber sido la mejor poblacion y de generosos conquistadores que hubo en -la Nueva-España, es ahora una villa de pocos vecinos. - -Volvamos á nuestra relacion; y es, que estando Sandoval entendiendo en -la poblacion de aquella villa y llamando otras provincias de paz, le -vinieron cartas cómo habia entrado un navío en el rio de Aguayalco, que -es puerto, aunque no bueno, que estaba de allí quince leguas, y en él -venia de la isla de Cuba la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda, -que así tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, y la traia un su -hermano Juan Xuarez, el vecino que fué, el tiempo andando, de Méjico, -y la Zambrana y sus hijos de Villegas, de Méjico, y sus hijas, y aun -la abuela y otras muchas señoras casadas; y aun me parece que entónces -vino Elvira Lopez la Larga, mujer que entónces era de Juan de Palma; -el cual Palma vino con nosotros, que murió ahorcado, que despues esta -Elvira fué mujer de un Arguera; y tambien vino Antonio Dios Dado, el -vecino que fué de Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no se me -acuerdan sus nombres. - -Y como el Gonzalo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, con -todos los más capitanes y soldados, fuimos por aquellas señoras y por -todas las más que traia en su compañía. - -É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir por -los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos, que -salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal tiempo, -por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto de -Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su -compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas -señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber -el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego -camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y -Francisco de Lugo y otros caballeros. - -Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su -venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y en -todos los pueblos les hacian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, -y en aquella ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de -tres meses que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de -asma. - -Y digamos de lo que le acaeció á Villafuerte, el que fué á poblar á -Zacatula, y á un Juan Álvarez Chico, que tambien fué á Colima; y al -Villafuerte le dieron mucha guerra y le mataron ciertos soldados, -y estaba la tierra levantada, que no les querian obedecer ni dar -tributos, y al Juan Álvarez Chico ni más ni ménos; y como lo supo -Cortés, le pesó dello: y como Cristóbal de Olí habia venido de lo -de Mechoacan, y venia rico y la habia dejado en paz, y le pareció á -Cortés que tenia buena mano para ir á asegurar y pacificar aquellas -dos provincias de Zacatula y Colima, acordó de le enviar por capitan, -y le dió quince de á caballo y treinta escopeteros y ballesteros; é -yendo por su camino, ya que llegaba cabe Zacatula, le aguardaron los -naturales de aquella provincia muy gentilmente á un mal paso, y le -mataron dos soldados y le hirieron quince, é todavía les venció, y fué -á la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos que en ella estaban -poblados, que no osaban ir á los pueblos que tenian en encomienda, -porque no los acapillasen; y le habian muerto cuatro vecinos en sus -mismos pueblos, porque comunmente en todas las provincias y villas que -se pueblan, á las principales les dan encomenderos, y cuando les piden -tributos se alzan y matan los españoles que pueden; pues cuando el -Cristóbal de Olí vió que ya tenia apaciguada aquella provincia y le -habian venido de paz, fué desde Zacatula á Colima, y hallóla de guerra, -y tuvo con los naturales della ciertos reencuentros y le hirieron -muchos soldados, y al fin los desbarató y quedaron de paz. - -El Juan Álvarez Chico, que habia ido por capitan no sé qué se hizo dél; -paréceme que murió en aquella guerra. - -Pues como el Cristóbal de Olí hubo pacificado á Colima y le pareció -que estaba de paz, como era casado con una portuguesa hermosa, que -ya he dicho que se decia doña Felipa de Araujo, dió la vuelta para -Méjico, y no se hubo bien vuelto, cuando se tornó á levantar lo de -Colima y Zacatula; y en aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo -de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarez Marcayda y con el Juan -Xuarez y todas sus compañías, como ya otra vez dicho tengo en el -capítulo que dello habla; acordó Cortés de enviarle por capitan para -apaciguar aquellas provincias y con muy pocos de á caballo que entónces -le dió y obra de quince ballesteros y escopeteros, conquistadores -viejos, fué á Colima y castigó á dos caciques, y tal maña se dió, que -toda la tierra dejó muy de paz y nunca más se levantó, y se volvió por -Zacatula é hizo lo mismo, y de presto se volvió á Méjico. - -Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo luego que se partió Gonzalo -de Sandoval para Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se nos -rebelaron todas las más provincias de las que estaban encomendadas á -los vecinos, é tuvimos muy gran trabajo en las tornar á pacificar; -y la primera que se levantó fué Xaltepeque, zapotecas, que estaban -poblados en altas y malas sierras, y tras esto se levantó lo de Cimatan -y Copilco, que estaban entre grandes rios y ciénagas, y se levantaron -otras provincias, y aun hasta doce leguas de la villa hubo pueblos que -mataron á su encomendero, y lo andábamos pacificando con muy grandes -trabajos. - -Y estando que estábamos en una entrada con el capitan Luis Marin é un -alcalde ordinario y todos los regidores de nuestra villa, viniéronnos -cartas que habia venido al puerto un navío, y que en él venia Juan -Bono de Quexo, vizcaino, é que habia subido el rio arriba con el -navío, que era pequeño, hasta la villa, é que decia que traia cartas -é provisiones de su majestad para nos notificar que luego fuésemos á -la villa é dejásemos la pacificacion de la provincia; y como aquella -nueva supimos, y estábamos con el teniente Luis Marin, así alcaldes y -regidores fuimos á ver qué queria. - -Y despues de nos abrazar y dar el parabien-venidos los unos y los -otros, porque el Juan Bono era muy conocido de cuando vino con Narvaez, -dijo que nos pedia por merced que nos juntásemos en cabildo que nos -queria notificar ciertas provisiones de su majestad y de D. Juan -Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos; que traia muchas cartas para -todos. - -Y segun pareció, traia el Juan Bono cartas en blanco con la firma del -Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar en la pacificacion donde -estábamos, se informó el Juan Bono quién éramos los regidores, y las -cartas que traia en blanco escribió en ellas palabras de ofrecimientos -que el Obispo nos enviaba si dábamos la tierra á Cristóbal de Tapia, -que el Juan Bono no creyó que era vuelto para la isla de Santo Domingo; -y el Obispo tenia por cierto que no le recebiriamos, é á aquel efeto -envió á Juan Bono con aquellos recaudos; é traia para mí, como regidor, -una carta del mismo Obispo, que escribió el Juan Bono. - -Pues ya que habiamos entrado en cabildo y vimos sus despachos y -provisiones, que nunca nos habia querido decir lo que era hasta -entónces, de presto le despachamos con decir que ya el Tapia era vuelto -á Castilla, é que fuese á Méjico, adonde estaba Cortés, é allá le diria -lo que le conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, que el Tapia -no estaba en la tierra, se puso muy triste, y otro dia se embarcó, é -fué á la Villa-Rica, é desde allí á Méjico, y lo que allá pasó yo no lo -sé; salvo que oí decir que Cortés le ayudó para la costa y se volvió á -Castilla. - -Y dejemos de contar más cosas, que habia bien que decir cómo siempre -que en aquella villa estuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquistas -de las provincias que se habian levantado; y volvamos á decir de Pedro -de Albarado cómo le fué en lo de Tutepeque y en su poblacion. - - - - -CAPÍTULO CLXI. - -CÓMO PEDRO DE ALBARADO FUÉ Á TUTEPEQUE Á POBLAR UNA VILLA, Y LO QUE EN -LA PACIFICACION DE AQUELLA PROVINCIA Y POBLAR LA VILLA LE ACAECIÓ. - - -Es menester que volvamos algo atrás para dar relacion de esta ida que -fué Pedro de Albarado á poblar á Tutepeque; y es así, que como se ganó -la ciudad de Méjico, y se supo en todas las comarcas y provincias que -una ciudad tan fuerte estaba por el suelo, enviaban á dar el parabien -de la vitoria á Cortés, y á ofrecerse por vasallos de su majestad; y -entre muchos grandes pueblos que en aquel tiempo vinieron, fué uno que -se dice Tutepeque, zapotecas, y trajeron un presente de oro á Cortés, -y dijéronle que estaban otros pueblos algo apartados que se decian -Tutepeque, muy enemigos suyos, é que les venian á dar guerra porque -habian enviado los de Guantepeque á dar la obediencia á su majestad, -y que estaban en la costa del sur, y que era gente muy rica, así de -oro que tenian en joyas, como de minas; y le demandaron á Cortés con -mucha importunacion les diesen hombres de á caballo y escopeteros -y ballesteros para ir contra sus enemigos; é Cortés les habló muy -amorosamente, y les dijo que queria enviar con ellos al Tonatio, que -así le llamaban al Pedro de Albarado; y dijo á fray Bartolomé que fuese -con Albarado, y luego le dió sobre ciento y ochenta soldados, y entre -ellos treinta y cinco de á caballo, y le mandó que en la provincia de -Guaxaca, donde estaba un Francisco de Orozco por capitan, pues estaba -de paz aquella provincia, que le demandase otros veinte soldados, y los -más dellos ballesteros. - -Y así como le fué mandado, ordenó su partida, y salió de Méjico el año -de 22; é mandóle Cortés que luego fuese é viese ciertos peñoles que -decian que estaban alzados, y entónces todo lo halló de paz y de buena -voluntad, y tardó más de cuarenta dias en llegar á Tutepeque; y el -señor dél y todos los principales, desque supieron que estaban ya cerca -de su pueblo, le salieron á recebir de paz, y les llevaron á aposentar -en lo más poblado del pueblo, adonde el cacique tenia sus adoratorios -y sus grandes aposentos, y estaban las casas muy juntas unas de otras -y son de paja; porque en aquella provincia no tenian azuteas, porque -es tierra muy caliente; y dijo fray Bartolomé á Albarado, con sus -capitanes y soldados, que no era bien aposentarse en aquellas casas tan -juntas unas de otras, porque si ponian fuego no se podrian valer; y -parecióle bien el consejo á Albarado, y fué acordado que se fuesen en -cabo del pueblo; y como fué aposentado, el cacique le llevó muy grandes -presentes de oro y bien de comer, y cada dia que allí estuvieron le -llevó presentes muy ricos de oro; y como el Albarado vido que tanto -oro tenian, le mandó hacer unas estriberas de oro fino, de la manera -de otras que le dió para que por ellas las hiciese, y se las trajeron -hechas; y dende á pocos dias echó preso al cacique porque le dijeron -los de Teguantepeque al Pedro de Albarado que le queria dar guerra toda -aquella provincia, é que cuando le aposentaron entre aquellas casas -donde estaban los ídolos y aposentos, que era por les quemar é que allí -muriesen todos; y á esta causa le echó preso. - -Otros españoles de fe y de creer dijeron que por sacalle mucho oro, é -sin justicia murió en las prisiones; ahora sea lo uno ó lo otro, aquel -cacique dió á Pedro de Albarado más de treinta mil pesos, y murió de -enojo y de la prision; y aunque fray Bartolomé de Olmedo le animaba y -consolaba, no bastó para que no se muriese encorajado y de pesar; é -quedó á un su hijo el cacicazgo, y le sacó Albarado mucho más oro que -al padre; y luego envió á visitar los pueblos de la comarca, y los -repartió entre los vecinos, y pobló una villa que se puso por nombre -Segura, porque los más vecinos que allí poblaron habian sido de ántes -vecinos de Segura de la Frontera, que era Tepeaca. - -Y como esto tuvo hecho, y tenia ya llegado buena suma de pesos de oro, -y se lo llevaba á Méjico para dar á Cortés; y tambien le dijeron que -Cortés le escribió que todo el oro que pudiese haber, que lo trajese -consigo para enviar á su majestad, por causa que habian robado los -franceses lo que habian enviado con Alonso de Ávila é Quiñones, é que -no diese parte ninguna dello á ningun soldado de los que tenia en -su compañía; é ya que el Albarado queria partir para Méjico, tenian -hecha ciertos soldados una conjuracion, y los más dellos ballesteros -y escopeteros, de matar otro dia á Pedro de Albarado y á sus hermanos -porque les llevaban el oro sin dar partes, y aunque se las pedian -muchas veces, no se lo quiso dar, y porque no les daba buenos -repartimientos de indios; y esta conjuracion, si no se lo descubriera á -fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia Trebejo, que era en la -misma trama, aquella noche que venia habian de dar en ellos; y como el -Albarado lo supo del fraile, que se lo dijo á hora de vísperas, yendo á -caballo á caza por unas cabañas, é iban en su compañía á caballo de los -que entraban en la conjuracion, para disimular con ellos dijo: - -—«Señores, á mí me ha dado dolor de costado; volvamos á los aposentos, -y llámenme un barbero que me haga sangre.» - -Y como volvió, envió á llamar á sus hermanos Jorge y Gonzalo Gomez, -todos Albarados, é á los alcaldes y alguaciles, y prenden los que -eran en la conjuracion, y por justicia ahorcaron á dos dellos, que se -decia el uno Fulano de Salamanca, natural del Condado, que habia sido -piloto, é á otro que se decia Bernardo Levantisco, y murieron como -buenos cristianos, que el fray Bartolomé trabajó mucho con ellos; y -con estos dos apaciguó los demás, y luego se fué para Méjico con todo -el oro, y dejó poblada la villa; y cuando los vecinos que en ella -quedaron vieron que los repartimientos que les daban no eran buenos, y -la tierra doliente y muy calurosa, é habian adolecido muchos dellos, é -las naborías é esclavos que llevaban se les habian muerto, y aun muchos -murciélagos y mosquitos y aun chinches, y sobre todo, que el oro no lo -repartió el Albarado entre ellos y se lo llevó, acordaron de quitarse -de mal ruido y despoblar la villa, y muchos dellos se vinieron á Méjico -y otros á Guaxaca é á Guatimala, y se derramaron por otras partes; y -cuando Cortés lo supo, envió á hacer pesquisa sobre ello, y hallóse -que por los alcaldes y regidores en el cabildo se concertó que se -despoblasen, y sentenciaron á los que fueron en ello á pena de muerte; -mas el fray Bartolomé pidió á Cortés que no los ahorcase, y eso con -mucho ahinco; y así, fué despues la pena un destierro; y desta manera -sucedió en lo de Tutepeque, que jamás nunca se pobló, y aunque era -tierra rica, por ser doliente; y como los naturales de aquella tierra -vieron esto, que se habia despoblado, é la crueldad que Pedro de -Albarado habia hecho sin causa ni justicia ninguna, se tornó á rebelar, -y volvió á ellos el Pedro de Albarado y los llamó de paz, y sin dalle -guerra volvieron á estar de paz. - -Dejemos esto, é digamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre -ochenta mil pesos de oro para enviar á su majestad, y el tiro Fénix -forjado, vino en aquella sazon nueva cómo habia venido á Pánuco -Francisco de Garay con grande armada; y lo que sobre ello se hizo diré -adelante. - - - - -CAPÍTULO CLXII. - -CÓMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMÁICA CON GRANDE ARMADA PARA PÁNUCO, -Y LO QUE LE ACONTECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUE PASARON. - - -Como he dicho en otro capítulo que habla de Francisco de Garay, como -era gobernador en la isla de Jamáica é rico, y tuvo nueva que habiamos -descubierto muy ricas tierras cuando lo de Francisco Hernandez de -Córdoba é Juan de Grijalva, y habiamos llevado á la isla de Cuba veinte -mil pesos de oro, y los hubo Diego Velazquez, gobernador que era de -aquella isla, y que venia en aquel instante Hernando Cortés á la -Nueva-España con otra armada, tomóle gran codicia á Garay de venir á -conquistar algunas tierras, pues tenia mejor caudal que otros ningunos; -y tuvo nueva plática de un Anton de Alaminos, que fué el piloto mayor -que habiamos traido cuando lo descubrimos, cómo estaban muy ricas -tierras y muy pobladas desde el rio de Pánuco adelante, é que aquello -podia enviar á suplicar á su majestad que le hiciese merced. - -Y despues de bien informado el mismo Garay del piloto Alaminos y de -otros pilotos que se habian hallado juntamente con el Alaminos en el -descubrimiento, acordó enviar á su mayordomo, que se decia Juan de -Torralba, á la córte con cartas y dineros, á suplicar á los caballeros -que en aquella sazon estaban por presidente é oidores de su majestad -que le hiciesen merced de la gobernacion del rio de Pánuco, con todo -lo demás que descubriese é estuviese por poblar; y como su majestad -en aquella sazon estaba en Flandes, y estaba por presidente de Indias -don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, -que lo mandaba todo, y el licenciado Zapata y el licenciado Vargas y -el secretario Lope de Conchillos, le trajeron provisiones que fuese -adelantado y gobernador del rio de San Pedro y San Pablo, con todo lo -que descubriese; y con aquellas provisiones envió luego tres navíos con -hasta ducientos y cuarenta soldados, con muchos caballos y escopeteros -y ballesteros y bastimentos, y por capitan dellos á un Alonso Álvarez -Pineda ó Pinedo, otras veces por mí ya nombrado. - -Pues como hubo enviado aquella armada, ya he dicho otras veces que -los indios de Pánuco se la desbarataron, y mataron al capitan Pineda -y á todos los soldados y caballos que tenia, excepto obra de sesenta -soldados que vinieron al puerto de la Villa-Rica con un navío, y por -capitan dellos un Camargo, que se acogieron á nosotros; y tras aquellos -tres navíos, viendo el Garay que no tenia nuevas dellos, envió otros -dos navíos con muchos soldados y caballos y bastimentos, y por capitan -dellos á Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramirez, los cuales se vinieron -tambien á nuestro puerto; y como vieron que no hallaron en el rio de -Pánuco pelo ni hueso de los soldados que habia enviado Garay, salvo los -navíos quebrados, todo lo cual tengo ya dicho otra vez en mi relacion; -mas es necesario que se torne á decir desde el principio para que bien -se entienda. - -Pues volviendo á nuestro propósito y relacion, viendo el Francisco de -Garay que ya habia gastado muchos pesos de oro, é oyó decir de la buena -ventura de Cortés y de las grandes ciudades que habia descubierto, y -del mucho oro y joyas que habia en la tierra, tuvo envidia y codicia, y -le vino más la voluntad de venir él en persona y traer la mayor armada -que pudiese; buscó once navíos y dos bergantines, que fueron trece -velas, y allegó ciento treinta y seis de á caballo y ochocientos y -cuarenta soldados, los más ballesteros y escopeteros, y bastecióles muy -bien de todo lo que hubieron menester, que era pan cazabe é tocinos -é tasajos de vacas, que ya habia ganado vacuno; que, como era rico y -lo tenia todo de su cosecha, no le dolia el gasto; y para ser hecha -aquella armada en la isla de Jamáica, fué demasiada la gente y caballos -que allegó. - -Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por San -Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice -Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia -de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más -de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su -majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con -la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y -sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y -sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez, -habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á -caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros, -temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay -en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla -de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas -principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo, que -habia venido á aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por -mandado de la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay -con el licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de -tener diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que -se fuese con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y -Cortés; y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces -sin dar residencia, mas que presto seria allá en Pánuco. - -Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en -el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más -arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor -Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados -que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí, -sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que -Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella -nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus -soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian -como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo -perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa -Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los -navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan -que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra costa -á costa cerca de la mar, y anduvo dos dias por malos despoblados, que -eran ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde -el camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel -gran rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas. - -Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é -hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy -buenas. - -Allí en este pueblo el Garay prendió unos indios que entendian la -lengua mejicana, y halagóles y dióles camisas, envióles por mensajeros -á otros pueblos que le decian que estaban cerca, porque recibiesen de -paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pueblos, recibiéronle de -paz, diéronle muy bien de comer y muchas gallinas de la tierra é otras -aves, como á manera de ansarones, que tomaban en las lagunas; é como -muchos de los soldados que llevaba Garay iban cansados, y parece ser no -les daban de lo que los indios traian de comer, se amotinaron algunos -é se fueron á robar á los indios de aquellos pueblos por donde venian, -é estuvieron en este pueblo tres dias; otro dia fueron su camino con -guias, llegaron á un gran rio, no le podian pasar sino con canoas que -les dieron los de los pueblos de paz donde habian estado; procuraron -de pasar cada caballo á nado, y remando con cada canoa un caballo que -le llevasen del cabestro, y como eran muchos caballos y no se daban -maña, se les ahogaron cinco caballos; salen de aquel rio, dan en unas -malas ciénagas, y con mucho trabajo llegaron á tierra de Pánuco; é ya -que en ella se hallaron, creyeron tener de comer, y estaban todos los -pueblos sin maíz ni bastimentos y muy alterados, y esto fué á causa -de las guerras que Cortés con ellos habia tenido poco tiempo habia; y -tambien si alguna comida tenian, habíanlo alzado y puesto en cobro; -porque, como vieron tantos españoles y caballos, tuvieron miedo dellos -y despoblaron los pueblos, é adonde pensaba Garay reposar, tenia más -trabajo; y demás desto, como estaban despobladas las casas donde -posaba, habia en ellas muchos murciélagos é chinches é mosquitos, é -todo les daba guerra; é luego sucedió otra mala ventura, que los navíos -que venian costa á costa no habian llegado al puerto ni sabian dellos, -porque en ellos traian mucho bastimento; lo cual supieron de un español -que los vino á ver ó hallaron en un pueblo, que era de los vecinos que -estaban poblados en la villa de Santi-Estéban del Puerto, que estaba -huido por temor de la justicia por cierto delito que habia hecho; el -cual les dijo cómo estaban poblados en una villa muy cerca de allí y -cómo Méjico era muy buena tierra, é que estaban los vecinos que en ella -vivian ricos; é como oyeron los soldados que traia Garay al español, -que con él hablaron muchos, que la tierra de Méjico era buena é la de -Pánuco no era tan buena, se desmandaron y se fueron por la tierra á -robar, é íbanse á Méjico; y en aquella sazon, viendo el Garay que se -le amotinaban sus soldados y no los podia haber, envió á su capitan -que se decia Diego de Ocampo á la villa de Santi-Estéban á saber qué -voluntad tenia el teniente que estaba por Cortés que se decia Pedro -de Vallejo, y aun le escribió haciéndole saber cómo traia provisiones -y recaudos de su majestad para gobernar y ser adelantado de aquellas -provincias, é cómo habia aportado con sus navíos al rio de Palmas, é -del camino é trabajos que habia pasado; y el Vallejo hizo mucha honra -al Diego de Ocampo y á los que con él iban, y le dió buena respuesta, -y les dijo que Cortés holgara de tener tan buen vecino por gobernador, -mas que le habia costado muy caro la conquista de aquella tierra, y -que su majestad le habia hecho merced de la gobernacion, y que venga -cuando quisiere con sus ejércitos é que se le hará todo servicio, é que -le pide por merced que mande á sus soldados que no hagan sinjusticias -ni robos á los indios, porque se le han venido á quejar dos pueblos; y -tras esto, muy en posta escribió el Vallejo á Cortés, y aun le envió la -carta del Garay, é hizo que escribiese otra al mismo Diego de Ocampo, -y le envió á decir que qué mandaba que se hiciese é que de presto -enviasen muchos soldados, ó viniese Cortés en persona. - -Y desque Cortés vió la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é á Pedro -de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval é á un Gonzalo de Ocampo, hermano -del otro Diego de Ocampo que venia con Garay, y envió con ellos los -recaudos que tenia, cómo su majestad le habia mandado que todo lo que -conquistase tuviese en sí hasta que se averiguase la justicia entre él -y Diego Velazquez, ó se lo notificasen al Garay. - -Dejemos de hablar desto, y digamos que luego como Gonzalo de Ocampo -volvió con la respuesta del Vallejo al Garay, y le pareció buena -respuesta, se vino con todo su ejército á se juntar más cerca de la -villa de Santi-Estéban del Puerto, é ya el Pedro de Vallejo tenia -concertado con los vecinos de la villa, é con aviso que tuvo de cinco -soldados que se habian ido de la villa, que eran del mismo Garay, de -los amotinados; y como estaban muy descuidados é no se velaban, é como -quedaban en un pueblo bueno é grande que se dice Nachaplan, y los del -Vallejo sabian bien la tierra, dan en la gente de Garay, y le prenden -sobre cuarenta soldados, y se los llevaron á su villa de Santi-Estéban -del Puerto, y ellos tuvieron por nueva su prision; y la causa que -dijo el Vallejo por que los prendió, era porque, sin presentar las -provisiones y recaudos que traian, andaban robando la tierra; y viendo -esto Garay, hubo gran pesar, y tornó á enviar á decir al Vallejo que -le diese sus soldados, amenazándole con la justicia de nuestro Rey y -señor; y el Vallejo respondió que cuando vea las Reales provisiones, -que las obedecerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera mejor que -cuando vino Ocampo las trajera y presentara para las cumplir, é que -le pide por merced que mande á sus soldados que no roben ni saqueen -los pueblos de su majestad; y en este instante llegaron fray Bartolomé -é Albarado, los capitanes que Cortés enviaba con los recaudos; y como -el Diego de Ocampo era en aquella sazon alcalde mayor por Cortés en -Méjico, comenzó de hacer requirimientos al Garay que no entrase en la -tierra, porque su majestad mandó que la tuviese Cortés, y en demandas y -respuestas, en que andaba el fray Bartolomé, se pasaron ciertos dias, -y entre tanto se le iban al Garay muchos soldados, que anochecian y no -amanecian en el real; y vió Garay que los capitanes de Cortés traian -mucha gente de á caballo y escopeteros, de cada dia le venian más, y -supo que de sus navíos que habia mandado venir costa á costa, se le -habian perdido dos dellos con tormenta de nortes, que es travesía, y -los demás navíos que estaban en la boca del puerto, y que el teniente -Vallejo les envió á requerir que luego se entrasen dentro en el rio, -no les viniese algun desman y tormenta como la pasada; si no, que los -ternia por corsarios que andaban á robar; y los capitanes de los navíos -respondieron que no tuviese Vallejo que entender ni mandar en ello, -que ellos estarian donde quisiesen; y en este instante el Francisco de -Garay temió la buena fortuna de Cortés; y como andaban en estos trances -el alcalde mayor Diego de Ocampo, y Pedro de Albarado y Gonzalo -de Sandoval, tuvieron pláticas secretas con los de Garay y con los -capitanes que estaban en los navíos en el puerto, y se concertaron con -ellos que se entrasen en el puerto y se diesen á Cortés; y luego un -Martin de San Juan Lepuzcuano y un Castro Mocho, maestres de navíos, -se entregaron é dieron con sus naos al teniente Vallejo por Cortés; é -como los tuvo, fué en ellos el mismo Vallejo á requerir al capitan Juan -de Grijalva, que estaba en la boca del puerto, que se entrase dentro á -surgir, ó se fuese por la mar donde quisiese; y respondióle con tirarle -muchos tiros; y luego enviaron en una barca un escribano del Rey, que -se decia Vicente Lopez, á le requerir que se entrase en el puerto, y -aun llevó cartas para el Grijalva, del Pedro de Albarado y de fray -Bartolomé, con ofertas y prometimientos que Cortés le haria mercedes; y -como vió las cartas y que todas las naos habian entrado en el rio, así -hizo el Juan de Grijalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo le -dijo que fuese preso en nombre del capitan Hernando Cortés; mas luego -le soltó á él y á cuantos estaban detenidos, á causa que le decia fray -Bartolomé: - -—«Hagamos nuestra cosa sin sangre, pues podemos, y serán Dios y el -César más agradados.» - -Y desque el Garay vió el mal recaudo que tenia, y sus soldados huidos y -amotinados, y los navíos todos al través, y los demás estaban tomados -por Cortés, si muy triste estuvo ántes que se los tomasen, más lo -estuvo despues que se vido desbaratado; y luego demandó con grandes -protestaciones que hizo á los capitanes de Cortés que le diesen sus -naos y todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y -presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por -no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y -aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora, -y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella -provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan -y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese -menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que -escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que -hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba -contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los -pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los -traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde, -que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos -decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran -obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado, -y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para -saber mandar, ni hombre de guerra. - -Como vió el Garay que no aprovechaban pregones ni la buena diligencia -que le parecia que ponian los capitanes de Cortés en traer sus -soldados, estaba desesperado; pues viéndose desmamparado de todos, -aconsejáronle los que venian por parte de Cortés que le escribiese -luego al mismo Cortés, é que ellos serian intercesores con él para -que volviese al rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena -condicion, que le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de -Albarado y el Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió -á Cortés, dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced -mandaba, que le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio -de Dios y de su majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo -ordenase de manera que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió -fray Bartolomé y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de -Sandoval, suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay, -para que en todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian -sido grandes amigos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima -del Garay, y le respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de -todos sus trabajos, y que se venga á Méjico, que le promete que en todo -lo que pudiere ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra -se remite; y mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra -y le diesen todo lo que hubiese menester, y aun le envió al camino -refresco; y cuando llegó á Tezcuco le tenian hecho un banquete; y -llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos caballeros les salieron -á recebir, y el Garay iba espantado de ver tantas ciudades, y más -cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego Cortés lo llevó á sus -palacios, que entónces nuevamente los hacia; y despues que se hubieron -comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus desdichas y trabajos, -encomendándole que por su mano fuese remediado; y el mismo Cortés se le -ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y Pedro de Albarado y Gonzalo -de Sandoval le fueron buenos medianeros; y de ahí á tres ó cuatro dias -que hubo llegado, porque la amistad suya fuese más duradera y segura, -trató fray Bartolomé que se casase una hija de Cortés, que se decia -doña Catalina Cortés é Pizarro, que era niña, con un hijo de Garay, el -mayorazgo, que traia consigo en la armada é le dejó por capitan de su -armada; y Cortés vino en ello, y le mandó en dote con doña Catalina -gran cantidad de pesos de oro, y que Garay fuese á poblar el rio de -Palmas, é que Cortés le diese lo que hubiese menester para la poblacion -y pacificacion de aquella provincia, y aun le prometió capitanes y -soldados de los suyos, para que con ellos descuidase en las guerras que -hubiese; y con estos prometimientos, y con la buena voluntad que Garay -halló en Cortés, estaba muy alegre: yo tengo por cierto que así como lo -habia capitulado y ordenado Cortés, lo cumpliria. - -Dejemos esto del casamiento y de las promesas, y diré cómo en aquella -sazon fué á posar el Garay en casa de un Alonso de Villanueva, porque -Cortés hacia sus casas y palacio muy grandes, y de tantos patios, que -era admiracion; y Alonso de Villanueva, segun pareció, habia estado -en Jamáica cuando Cortés lo envió á comprar caballos, que esto no lo -afirmo si era entónces ó despues; era muy grande amigo de Garay, y por -el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cortés para pasarse á las -casas del Villanueva, y se le hacia toda la honra que podia, y todos -los vecinos de Méjico le acompañaban. - -Quiero decir cómo en aquella sazon estaba en Méjico Pánfilo de Narvaez, -que es el que hubimos desbaratado, como dicho tengo otras veces, y fué -á ver y hablar al Garay; abrazáronse el uno al otro, y se pusieron á -platicar cada uno de sus trabajos y desdichas; y como el Narvaez era -hombre que hablaba muy entonado, de plática en plática, medio riendo, -le dijo el Narvaez: - -—«Señor adelantado D. Francisco de Garay, hanme dicho ciertos soldados -de los que le han venido huyendo y amotinados que solia decir -vuesamerced á los caballeros que traia en su armada: «Mirad que hagamos -como varones, y peleemos muy bien con estos soldados de Cortés, no nos -tomen descuidados como tomaron á Narvaez;» pues, señor D. Francisco de -Garay, á mí peleando me quebraron este ojo, y me robaron y me quemaron -cuanto tenia, y hasta que me mataron el alférez y muchos soldados y -prendieron mis capitanes, nunca me habian vencido tan descuidado como á -vuesamerced le han dicho: hágole saber que otros más venturosos en el -mundo no ha habido que Cortés; y tiene tales capitanes y soldados, que -se podian nombrar tan en ventura cada uno en lo que tuvo entre manos -como Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en el trabajar y ser -en las batallas más que Aníbal.» - -Y el Garay respondia que no habia necesidad que se lo dijesen; que -por las obras se veia lo que decia, y que ¿qué hombre hubo en el -mundo que con tan pocos soldados se atreviese á dar con los navíos al -través, y meterse en tan recios pueblos y grandes ciudades á les dar -guerra? Y respondia Narvaez recitando otros grandes hechos de Cortés; -y estuvieron el uno y el otro platicando en las conquistas desta -Nueva-España como á manera de coloquio. - -Y dejemos estas alabanzas que entre ellos se tuvo, y diré cómo Garay -suplicó á Cortés por el Narvaez para que le diese licencia para volver -á la isla de Cuba con su mujer, que se decia María de Valenzuela, que -estaba rica de las minas y de los buenos indios que tenia el Narvaez; y -demás de se lo suplicar el Garay á Cortés con muchos ruegos, la misma -mujer de Narvaez se lo habia enviado á suplicar á Cortés por cartas, le -dejase ir á su marido; porque, segun parece, se conocian cuando Cortés -estaba en Cuba, y eran compadres; y Cortés le dió licencia y le ayudó -con dos mil pesos de oro; y cuando el Narvaez tuvo licencia se humilló -mucho á Cortés, con prometimientos que primero le hizo que en todo le -seria servidor, y luego se fué á Cuba. - -Dejemos de más platicar desto, y digamos en qué paró Garay y su armada; -y es, que yendo una Noche de Navidad del año de 1523, juntamente -con Cortés, á maitines, que los cantaron muy bien, y fray Bartolomé -dijo lindamente la Misa del Gallo, despues de vueltos de la iglesia, -almorzaron con mucho regocijo, y desde allí á una hora, con el aire -que le dió al Garay, que estaba de ántes mal dispuesto, le dió dolor -de costado con grandes calenturas; mandáronle los médicos sangrar y -purgáronle, y desque vieron que arreciaba el mal, le dijeron á fray -Bartolomé que le dijese á Garay que moria, que se confesase y que -hiciese testamento; lo cual luego lo hizo fray Bartolomé, y le dijo -como llegaba su acabamiento, que se dispusiese como buen cristiano y -honrado caballero, é que no perdiese su ánima; ya que habia perdido la -hacienda. - -El Garay le respondió: - -—«Teneis razon, Padre; yo quiero que me confeseis esta noche, y recibir -el santo cuerpo de Jesucristo é hacer mi testamento.» - -É cumpliólo muy honradamente; y desque hubo comulgado, hizo su -testamento, y dejó por albaceas á Cortés y á fray Bartolomé de -Olmedo; y luego, dende á cuatro dias que le dió el mal, dió el alma -á Nuestro Señor Jesucristo, que la crió; y esto tiene la calidad de -la tierra de Méjico, que en tres ó cuatro dias mueren de aquel mal de -dolor de costado, que esto ya lo he dicho otra vez, y lo tenemos bien -experimentado de cuando estábamos en Tezcuco y en Cuyoacan, que se -murieron muchos de nuestros soldados. - -Pues ya muerto Garay, perdónele Dios, amen, le hicieron muchas honras -al enterramiento, y Cortés y otros caballeros se pusieron luto; y murió -el Garay fuera de su tierra, en casa ajena y léjos de su mujer é hijos. - -Dejemos de contar desto y volvamos á decir de la provincia del Pánuco, -que, como el Garay se vino á Méjico, y sus capitanes y soldados, como -no tenian cabeza ni quien les mandase, cada uno de los soldados que -aquí nombraré, que el Garay traia en su compañía, se querian hacer -capitanes; los cuales se decian, Juan de Grijalva, Gonzalo de Figueroa, -Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de Medina el tuerto, Juan -de Villa, Antonio de la Cerda y un Tobarda; este Tobarda fué el más -bullicioso de todos los del real de Garay; y sobre todos ellos quedó -por capitan un hijo de Garay, que queria casar Cortés con su hija, -y no le acataban ni hacian cuenta dél todos los que he nombrado ni -ninguno de los de su capitanía; ántes se juntaban de quince en quince -y de veinte en veinte, y se andaban robando los pueblos y tomando las -mujeres por fuerza, y mantas y gallinas, como si estuvieran en tierra -de moros, robando lo que se hallaban. - -Y como aquello vieron los indios de aquella provincia, se concertaron -todos á una de los matar, y en pocos dias sacrificaron y comieron más -de quinientos españoles, y todos eran de los de Garay, y en pueblos -hubo que sacrificaron más de cien españoles juntos; y por todos los -demás pueblos no hacian sino, á los que andaban desmandados, matallos -y comer y sacrificar; y como no habia resistencia, ni obedecian á -los vecinos de la villa de Santi-Estéban, que dejó Cortés poblada, é -ya que salian á les dar guerra, era tanta la multitud que salia de -guerreros, que no se podian valer con ellos; y á tanto vino la cosa y -atrevimiento que tuvieron, que fueron muchos indios sobre la villa, y -la combatieron de noche y de dia de arte, que estuvo en gran riesgo -de se perder; y si no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de -los de Cortés, y por el capitan Vallejo, que ponian velas y andaban -rondando y esforzando á los demás, ciertamente les entraran en su -villa; y aquellos conquistadores dijeron á los demás soldados de Garay -que siempre procurasen de estar juntamente con ellos, y que allí en el -campo estaban muy mejor, y que allí los hallasen sus contrarios, y que -no se volviesen á la villa; y así se hizo, y pelearon con ellos tres -veces, y puesto que mataron al capitan Vallejo é hirieron otros muchos, -todavía los desbarataron y mataron muchos indios dellos; y estaban tan -furiosos todos los indios naturales de aquella provincia, que quemaron -y abrasaron una noche cuarenta españoles, y mataron quince caballos, y -muchos de los que mataron eran de los de Cortés, en un pueblo, y todos -los demás fueron de los de Garay; y como Cortés alcanzó á saber estos -destrozos que hicieron en esta provincia, tomó tanto enojo, que quiso -volver en persona contra ellos, y como estaba muy malo de un brazo -que se le habia quebrado, no pudo venir; y de presto mandó á Gonzalo -de Sandoval que viniese con cien soldados y cincuenta de á caballo -y dos tiros y quince arcabuceros y ballesteros, y le dió ocho mil -tlascaltecas y mejicanos, y le mandó que no viniese sin que les dejase -muy bien castigados, de manera que no se tornasen á alzar. - -Pues como el Sandoval era muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa de -importancia no dormia de noche, no se tardó mucho en el camino, que -con gran concierto da órden cómo habian de entrar y salir los de á -caballo en los contrarios, porque tuvo aviso que le estaban esperando -en dos malos pasos todas las capitanías de los guerreros de aquellas -provincias; y acordó enviar la mitad de todo su ejército al un mal -paso, y él se estuvo con la otra mitad de su compañía á la otra parte; -y mandó á los escopeteros y ballesteros no hiciesen sino armar unos -y soltar otros, y dar en ellos y hasta ver si los podria hacer poner -en huida; y los contrarios tiraban mucha vara y flecha y piedra, é -hirieron á muchos soldados y de nuestros amigos. - -Viendo Sandoval que no les podia entrar, estuvieron en aquel mal -paso hasta la noche, y envió á mandar á los demás que estaban en -aquel otro mal paso que hiciesen lo mismo, y los contrarios nunca -desmampararon sus puestos, é otro dia por la mañana, viendo Sandoval -que no aprovechaba cosa estarse allí como habia dicho, mandó enviar -á llamar á las demás capitanías que habia enviado al otro mal paso, -é hizo que levantaba su real, y que se volvia camino de Méjico como -amedrentado; y como los naturales de aquellas provincias que estaban -juntos les pareció que de miedo se iban retrayendo, salen al camino, -é iban siguiéndole dándole grita y diciéndole vituperios; y todavía -el Sandoval, aunque más indios salian tras él, no volvia sobre ellos, -y esto fué por descuidalles, para, como habian ya estado aguardando -tres dias, volver aquella noche y pasar de presto con todo su ejército -los malos pasos; é así lo hizo, que á media noche volvió y tomóles -algo descuidados, y pasó con los de á caballo; y no fué tan sin grande -peligro, que le mataron tres caballos é hirieron muchos soldados; y -cuando se vió en buena tierra y fuera del mal paso con sus ejércitos, -él por una parte y los demás de su capitanía por otra, dan en grandes -escuadrones que aquella misma noche se habian juntado, desque supieron -que volvió; y eran tantos, que el Sandoval tuvo recelo no le rompiesen -y desbaratasen, y mandó á sus soldados que se tornasen á juntar con él -para que peleasen juntos, porque vió y entendió de aquellos contrarios -que como tigres rabiosos se venian á meter por las puntas de las -espadas, y habian tomado seis lanzas á los de á caballo, como no eran -hombres acostumbrados á la guerra; de lo cual Sandoval estaba tan -enojado, que decia que valiera más que trajera pocos soldados de los -que él conocia, y no los que trujo; y allí les mandó á los de á caballo -de la manera que habian de pelear, que eran nuevamente venidos; y es, -que las lanzas algo terciadas, y no se parasen á dar lanzadas, sino por -los rostros y pasar adelante hasta que les hayan puesto en huida; y les -dijo que vista cosa es que si se parasen á alancear, que la primera -cosa que el indio hace desque está herido es echar mano de la lanza, y -como les vean volver las espaldas, que entónces á media rienda les ha -de seguir, y las lanzas todavía terciadas, y si les echaren mano de las -lanzas, porque aun con todo esto no dejan de asir dellas, que para se -las sacar de presto de sus manos, poner piernas al caballo, y la lanza -bien apretada con la mano asida y debajo del brazo para mejor se ayudar -y sacarla del poder del contrario, y si no la quisiere soltar, traerle -arrastrando con la fuerza del caballo. - -Pues ya que les estuvo dando órden cómo habian de batallar, y vió á -todos sus soldados y de á caballo juntos, se fué á dormir aquella -noche á orilla de un rio, y allí puso buenas velas y escuchas -y corredores del campo; y mandó que toda la noche tuviesen los -caballos ensillados, y asimismo ballesteros y escopeteros y soldados -muy apercebidos; mandó á los amigos tlascaltecas y mejicanos que -estuviesen sus capitanías algo apartadas de los nuestros, porque ya -tenia experiencia de lo de Méjico; porque si de noche viniesen los -contrarios á dar en los reales, que no hubiese estorbo ninguno en -los amigos; y esto fué porque el Sandoval temió que vendrian, porque -vió muchas capitanías de contrarios que se juntaban muy cerca de sus -reales, y tuvo por cierto que aquella noche les habian de venir á -combatir, é oia muchos gritos y cornetas é tambores muy cerca de allí; -é segun entendian, habíanle dicho muchos amigos á Sandoval que decian -los contrarios que para aquel dia cuando amaneciese habian de matar á -Sandoval y á toda su compañía; y los corredores del campo vinieron dos -veces á dar aviso que sentian que se apellidaban de muchas partes y -se juntaban; y cuando fué dia claro Sandoval mandó salir á todas sus -compañías con gran ordenanza, á los de á caballo les tornó á traer -á la memoria como otras veces les habia dicho: íbanse por el camino -adelante por unas caserías, adonde oian los atambores y cornetas; y no -hubo bien andado medio cuarto de legua, cuando le salen al encuentro -tres escuadrones de guerreros y le comenzaron á cercar; y como aquello -vió, manda arremeter la mitad de los de á caballo por una parte y la -otra mitad por la otra, y puesto que le mataron dos soldados de los -nuevamente venidos de Castilla, y tres caballos, todavía les rompió de -tal manera, que fué desde allí adelante matando é hiriendo en ellos, -que no se juntasen como de ántes. - -Pues nuestros amigos los mejicanos y tlascaltecas hacian mucho daño -en todos aquellos pueblos, y prendieron mucha gente y abrasaron todos -los pueblos que por delante hallaban, hasta que el Sandoval tuvo lugar -de llegar á la villa de Sant-Estéban del Puerto, y halló los vecinos -tales y tan debilitados, unos muy heridos y otros muy dolientes, y lo -peor, que no tenian maíz que comer ellos y veinte y ocho caballos; y -esto á causa que de noche y de dia les daban guerra, y no tenian lugar -de traer maíz ni otra cosa ninguna, é hasta aquel mismo dia que llegó -Sandoval no habian dejado de los combatir, porque entónces se apartaron -del combate, y despues de haber ido todos los vecinos de aquella villa -á ver y hablar al capitan Sandoval, y dalle gracias y loores por los -haber venido en tal tiempo á socorrer, le contaron los de Garay que si -no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de los de Cortés, que -les ayudaron mucho, que corrian mucho riesgo sus vidas, porque aquellos -ocho salian cada dia al campo y hacian salir los demás soldados, é -resistian que los contrarios no los entrasen en la villa; y tambien -porque, como lo capitaneaban é por su acuerdo se hacia todo, é habian -mandado que los dolientes y heridos se estuviesen dentro en la villa, -y que todos los demás aguardasen en el campo, y que de aquella manera -se sostenian con los contrarios; y Sandoval les abrazó á todos, y mandó -á los conquistadores, que bien los conocia, y aun eran sus amigos, en -especial Fulano Navarrete y Carrascosa, y un Fulano de Alamilla y otros -cinco, que todos eran de los de Cortés, que repartiesen entre ellos de -los de á caballo y ballesteros y escopeteros que el Sandoval traia, -é que por dos partes fuesen ó enviasen maíz é bastimento, é hiciesen -guerra é prendiesen todas las más gentes que pudiesen, en especial -caciques; y esto mandó el Sandoval porque él no podia ir, que estaba -mal herido en un muslo, y en la cara tenia una pedrada, y asimismo -entre los de su compañía traia otros muchos soldados heridos, y porque -se curasen estuvo en la villa tres dias que no salió á dar guerra; -porque, como habia enviado los capitanes ya nombrados, y conoció dellos -que lo harian bien, y vió que de presto enviaron maíz y bastimento, -con esto estuvo los tres dias; y tambien le enviaron muchas indias y -gente menuda que habian preso, y cinco principales de los que habian -sido capitanes en las guerras; y Sandoval les mandó soltar á todas las -gentes menudas, excepto á los principales, y les envió á decir que -desde allí adelante que no prendiesen si no fuesen á los que fueron en -la muerte de los españoles, y no mujeres ni muchachos, y que buenamente -les enviasen á llamar, é así lo hicieron; y ciertos soldados de los -que habian venido con Garay, que eran personas principales, que el -Sandoval halló en aquella villa, los cuales eran por quien se habia -revuelto aquella provincia, que ya los he nombrado á todos los más -dellos en el capítulo pasado, vieron que Sandoval no les encomendaba -cosa ninguna para ir por capitanes con soldados, como mandó á los siete -conquistadores viejos de los de Cortés, comenzaron á murmurar dél entre -ellos, y aun convocaban á otros soldados á decir mal del Sandoval y de -sus cosas, y aun ponian en pláticas de se levantar con la tierra, so -color de que estaba allí con ellos el hijo de Francisco de Garay como -adelantado della; y como lo alcanzó á saber el Sandoval, les habló muy -bien y les dijo: - -—«Señores, en lugar de lo tener á bien, como, gracias á Dios, os hemos -venido á socorrer, me han dicho que decis cosas que para caballeros -como sois no son de decir: yo no os quito vuestro ser y honra en enviar -los que aquí hallé por caudillos y capitanes; y si hallara á vuesas -mercedes que érades caudillos, harto fuera yo de ruin si les quitara el -cargo. - -»Queria saber una cosa: por qué no lo fuistes cuando estábades -cercados. Lo que me dijistes todos á una es, que si no fuera por -aquellos siete soldados viejos, que tuviérades más trabajo; y como -sabian la tierra mejor que vuesas mercedes, por esta causa los envié: -así que, señores, en todas nuestras conquistas de Méjico no mirábamos -en estas cosas é puntos, sino en servir lealmente á su majestad; así, -os pido por merced que desde aquí adelante lo hagais, é yo no estaré -en esta provincia muchos dias, si no me matan en ella, que me iré á -Méjico. El que quedare por teniente de Cortés os dará muchos cargos, é -á mí me perdonad.» - -Y con esto concluyó con ellos, y todavía no dejaron de tenelle mala -voluntad; y esto pasado, luego otro dia sale Sandoval con los que trujo -en su compañía de Méjico y con los siete que habia enviado, y tiene -tales modos, que prendió hasta veinte caciques, que todos habian sido -en la muerte de más de seiscientos españoles que mataron de los de -Garay y de los que quedaron poblados en la villa de los de Cortés, y á -todos los más pueblos envió á llamar de paz, y muchos dellos vinieron, -y con otros disimulaba aunque no venian; y esto hecho, escribió muy en -posta á Cortés dándole cuenta de todo lo acaecido, é qué mandaba que -hiciese de los presos; porque Pedro de Vallejo, que dejó á Cortés por -su teniente, era muerto de un flechazo, á quién mandaba que quedase en -su lugar; y tambien le escribió que lo habian hecho muy como varones -los soldados ya por mí nombrados; y como el Cortés vió la carta, se -holgó mucho en que aquella provincia estuviese ya de paz; y en la -sazon que le dieron la carta á Cortés estábanle acompañando muchos -caballeros conquistadores é otros que habian venido de Castilla; é dijo -Cortés delante dellos: - -—«¡Oh Gonzalo de Sandoval! ¡en cuán gran cargo os soy, y cómo me -quitais de muchos trabajos!» - -Y allí todos le alabaron mucho, diciendo que era un muy extremado -capitan, y que se podia nombrar entre los muy afamados. - -Dejemos destas loas; y luego Cortés le escribió que, para que más -justificadamente castigase por justicia á los que fueron en la muerte -de tanto español y robos de hacienda y muertes de caballos, que enviaba -al alcalde mayor Diego de Ocampo para que se hiciese informacion contra -ellos, é lo que se sentenciase por justicia que lo ejecutase; y le -mandó que en todo lo que pudiese les aplaciese á todos los naturales -de aquella provincia, é que no consintiese que los de Garay ni otras -personas ningunas los robasen ni les hiciesen malos tratamientos; y -como el Sandoval vió la carta, y que venia el Diego de Ocampo, se holgó -dello, y desde á dos dias que llegó el alcalde mayor Ocampo hicieron -proceso contra los capitanes y caciques que fueron en la muerte -de los españoles, y por sus confesiones, por sentencia que contra -ellos pronunciaron, quemaron y ahorcaron ciertos dellos, é á otros -perdonaron; y los cacicazgos dieron á sus hijos y hermanos, á quien de -derecho les convenia. - -Y esto hecho, el Diego de Ocampo parece ser traia instrucciones -é mandamientos de Cortés para que inquiriese quién fueron los que -entraban á robar la tierra é andaban en bandos y rencillas, y -convocando á otros soldados que se alzasen, y mandó que les hiciese -embarcar en un navío y los enviase á la isla de Cuba, y aun envió -dos mil pesos para Juan de Grijalva si se queria volver á Cuba; é si -quisiese quedar, que le ayudase y diese todo recaudo para venir á -Méjico; é en fin de más razones, todos de buena voluntad se quisieron -volver á la isla de Cuba, donde tenian indios, y les mandó dar mucho -bastimento de maíz é gallinas é de todas las cosas que habia en la -tierra, y se volvieron á sus casas é isla de Cuba; y esto hecho, -nombraron por capitan á un Fulano de Vallecillo, é dieron la vuelta el -Sandoval y el Diego de Ocampo para Méjico, y fueron bien recebidos de -Cortés y de toda la ciudad, que temian todos algun mal desbaratamiento -de los nuestros, y se alegraron y solazaron mucho cuando vieron venir á -Sandoval con vitoria. - -Y fray Bartolomé de Olmedo dijo á Cortés que se diesen loores á Dios; -y ansí, se hizo una fiesta á nuestra Señora, y predicó muy santamente -fray Bartolomé de Olmedo, y como buen letrado, que lo era el fraile; y -dende en adelante no se tornó más á levantar aquella provincia. - -Y dejemos de hablar más en ello, é digamos lo que le aconteció al -licenciado Zuazo en el viaje que venia de Cuba á la Nueva España. - - - - -CAPÍTULO CLXIII. - -CÓMO EL LICENCIADO ALONSO DE ZUAZO VENIA EN UNA CARABELA Á LA -NUEVA-ESPAÑA, CON DOS FRAILES DE LA MERCED, AMIGOS DE FRAY BARTOLOMÉ DE -OLMEDO, Y DIÓ EN UNAS ISLETAS QUE LLAMAN LAS VÍBORAS, É DE LA MUERTE DE -UNO DE LOS FRAILES, Y LO QUE MÁS LE ACONTECIÓ. - - -Como ya he dicho en el capítulo pasado que hablé de cuando el -licenciado Zuazo fué á ver á Francisco de Garay al pueblo Xagua, que es -la isla de Cuba, cabe la villa de la Trinidad; y el Garay le importunó -que fuese con él en su armada para ser medianero entre él y Cortés, -porque bien entendido tenia que habia de tener diferencias sobre la -gobernacion de Pánuco; y el Alonso de Zuazo le prometió que ansí lo -haria en dando cuenta de la residencia del cargo que tuvo de justicia -en aquella isla de Cuba, donde al presente vivia; y en hallándose -desembarazado, luego procuró de dar residencia y hacerse á la vela -é ir á la Nueva-España, adonde habia prometido, é llevó consigo dos -frailes de la Merced, que se decia el uno fray Gonzalo de Pontevedra y -el otro fray Juan Varillas, natural de Salamanca, é este era muy amigo -del Padre fray Bartolomé de Olmedo, é habia pedido licencia á sus -Prelados para ir en busca suya é le ayudar, é estaba con fray Gonzalo -en Cuba á la ventura de si habia ocasion de ir con el fray Bartolomé; -y el Zuazo que se decia pariente del fray Juan, le pidió se fuese con -él, y se embarcaron en un navío chico, é yendo por su viaje, é salimos -de la punta que llaman de Sant-Anton, y tambien se dice por otro nombre -la tierra de los Gamatabeis, que son unos salvajes que no sirven á -españoles; y navegando en su navío, que era de poco porte, ó porque -el piloto erró la derrota, ó descayó con las corrientes, fué á dar en -unas isletas que son entre unos bajos que llaman las Víboras, y no muy -léjos destos bajos están otros que llaman los Alacranes, y entre estas -isletas se suelen perder navíos grandes; y lo que le dió la vida á -Zuazo fué ser su navío de poco porte. - -Pues volviendo á nuestra relacion: porque pudiesen llegar con el navío -á una isleta que vieron que estaba cerca, que no bañaba la mar, echaron -muchos tocinos al agua, y otras cosas que traian para matalotaje, para -aliviar el navío, para poder ir sin tocar en tierra hasta la isleta, y -cargaron tantos tiburones á los tocinos, que á unos marineros que se -echaron al agua á más de la cinta, los tiburones, encarnizados en los -tocinos apañaron á un marinero dellos y le despedazaron y tragaron, y -si de presto no se volvieran los demás marineros á la carabela, todos -perecieran, segun andaban los tiburones, encarnizados en la sangre -del marinero que mataron; pues lo mejor que pudieron allegaron con -su carabela á la isleta, y como habian echado á la mar el bastimento -y cazabe, y no tenian qué comer, y tampoco tenian agua que beber ni -lumbre, ni otra cosa con que pudiesen sustentarse, salvo unos tasajos -de vaca que dejaron de arrojar á la mar, fué ventura que traian en la -carabela dos indios de Cuba, que sabian sacar lumbre con unos palicos -secos que hallaron en la isleta adonde aportaron, é dellos sacaron -lumbre, y cavaron en un arenal y sacaron agua salobre, y como la isleta -era chica y de arenales, venian á ella á desovar muchas tortugas, -é ansí como salian las trastornaban los indios de Cuba las conchas -arriba; é suele poner cada una dellas sobre cien huevos tamaños como de -patos; é con aquellas tortugas é muchos huevos tuvieron bien con que -se sustentar trece personas que escaparon en aquella isleta; y tambien -mataron los marineros que salian de noche al arenal los lobos marinos -de la isleta, que fueron harto buenos para comer. - -Pues estando desta manera, como en la carabela acertaron á venir dos -carpinteros de ribera, y tenian sus herramientas, que no se les habian -perdido, acordaron de hacer una barca para ir con ella á la vela, é -con la tablazon é clavos, estopas é jarcias y velas que sacaron del -navío que se perdió, hacen una buena barca como batel, en que fueron -tres marineros é un indio de Cuba á la Nueva-España, y para matalotaje -llevaron de las tortugas y los lobos marinos asados, y con agua -salobre, y con la carta é aguja de marear, despues de se encomendar á -Dios, fueron su viaje, é unas veces con buen tiempo é otras veces con -contrario, llegaron al puerto de Calchocuca, que es el rio de Banderas, -adonde en aquella sazon se descargaban las mercaderías que venian de -Castilla, y dende allí fueron á Medellin, adonde estaba por teniente de -Cortés un Simon de Cuenca; y como los marineros que venian en la barca -le dijeron al teniente el gran peligro en que estaba el licenciado -Alonso Zuazo, luego sin más dilacion el Simon de Cuenca buscó marineros -é un navío de poco porte, y con mucho refresco, lo despachó á la isleta -adonde estaba el Zuazo; y el Simon de Cuenca le escribió al mismo -licenciado cómo Cortés se holgaria mucho con su venida, é ansimismo -le hizo saber á Cortés todo lo acaecido, y cómo le envió el navío -bastecido; de lo cual se holgó Cortés del buen aviamiento que el -teniente hizo, y mandó que en aportando allí al puerto, que le diesen -todo lo que hubiese menester, y vestidos y cabalgaduras, é que le -enviasen á Méjico; y partió el navío, é fué con buen viaje á la isleta, -con el cual se holgó el Zuazo y su gente. - -Volvamos á decir cómo cuando llegó el navío se habia muerto en pocos -dias, de no poder comer bocado de las viandas, el Fraile fray Gonzalo, -de que habian habido gran pesar fray Juan é Zuazo; é habiéndole -encomendado á Dios su alma, se embarcaron en él, y de presto con buen -tiempo llegaron á Medellin, é se les hizo mucha honra, y fueron á -Méjico, y Cortés les mandó salir á recebir, y les llevó á sus palacios -y se regocijó con ellos, y le hizo su alcalde mayor al licenciado -Alonso de Zuazo, y en esto paró su viaje. - -Dejemos de hablar dello, y digo que esta relacion que doy, es por una -carta que nos escribió á la villa de Guacalco Cortés al cabildo della, -adonde declaraba lo por mí aquí dicho, é porque dentro en dos meses -vino al puerto de aquella villa el mismo barco en que vinieron los -marineros á dar aviso del Zuazo, é allí hicieron un barco del descargo -de la misma barca, y los marineros nos lo contaban segun de la manera -que aquí lo escribo. - -Dejemos esto, y diré cómo Cortés envió á Pedro de Albarado á pacificar -la provincia de Guatimala. - - - - -CAPÍTULO CLXIV. - -CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á PEDRO DE ALBARADO Á LA PROVINCIA DE GUATIMALA PARA -QUE POBLASE UNA VILLA Y LOS TRAJESE DE PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO. - - -Pues como Cortés siempre tuvo los pensamientos muy altos y de señorear, -quiso en todo remedar á Alejandro Macedonio y con los muy buenos -capitanes y extremados soldados que siempre tuvo, despues que se hubo -poblado la gran ciudad de Méjico é Guaxaca é Zacatula é Colima é la -Veracruz é Pánuco é Guacacualco, y tuvo noticia que en la provincia -de Guatimala habia recios pueblos de mucha gente é que habia minas, -acordó de enviar á la conquistar y poblar á Pedro de Albarado, é aun -el mismo Cortés habia enviado á rogar á aquella provincia que viniesen -de paz, é no quisieron venir; é dióle al Albarado para aquel viaje -sobre trecientos soldados, y entre ellos ciento y veinte escopeteros -y ballesteros, y más, le dió ciento y treinta y cinco de á caballo, -cuatro tiros y mucha pólvora, y un artillero que se decia Fulano de -Usagre, y sobre ducientos tlascaltecas y cholultecas, y cien mejicanos, -que iban sobresalientes. - -Fray Bartolomé de Olmedo, que era amigo grande de Albarado, le demandó -licencia á Cortés para irse con él é predicar la fe de Jesucristo á -los de Guatimala; mas Cortés, que tenia con el fraile siempre harta -comunicacion, decia que no, y que iria con Albarado un buen clérigo -que habia venido de España con Garay, é que tuviese voluntad de -quedarse para predicar la pascua del Nacimiento de Jesucristo; mas el -fraile tanto le cansó, que se hubo de ir con Albarado, aunque con poca -voluntad de Cortés, que siempre con él hablaba de todos los negocios. - -Y despues de dadas las instrucciones en que le mandaba á Albarado que -con toda diligencia procurase de los atraer de paz sin darles guerra, -é que con ciertas lenguas que llevaba les predicase fray Bartolomé de -Olmedo las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que no les consintiese -sacrificios ni sodomías ni robarse unos á otros, é que las cárceles é -redes que hallase hechas, adonde suelen tener presos indios á engordar -para comer, que las quebrase y que los saquen de las prisiones, y que -con amor y buena voluntad los atraya á que dén la obediencia á su -Majestad, y en todo se les hiciese buenos tratamientos, entónces fray -Bartolomé de Olmedo pidió que se fuese con ellos el clérigo ya por mí -arriba memorado, que vino con Garay para que le ayudase, y el clérigo -era bueno, y Cortés se le dió y dijo que fuese en buen hora. - -Pues ya despedido el Pedro de Albarado de Cortés y de todos los -caballeros amigos suyos que en Méjico habia, y se despidieron los unos -de los otros, partió de aquella ciudad en 13 dias del mes de Diciembre -de 1523 años, y mandóle Cortés que fuese por unos peñoles que cerca -del camino estaban alzados en la provincia de Guantepeque, los cuales -peñoles trajo de paz; llámanse el peñol de Güelamo, que era entónces -de la encomienda de un soldado que se dice Güelamo; y dende allí fué -á Tecuantepeque, pueblo grande, y son zapotecas, y le recibieron muy -bien, porque estaban de paz, é ya se habian ido de aquel pueblo, como -dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla, á Méjico, y dado -la obediencia á su Majestad é á ver á Cortés, y aun le llevaron un -presente de oro; y dende Tecuantepeque fué á la provincia de Soconusco, -que era en aquel tiempo muy poblada de más de quince mil vecinos, y -tambien le recibieron de paz y le dieron un presente de oro y se dieron -por vasallos de su Majestad. - -Y dende Soconusco llegó cerca de otras poblaciones que se dicen -Zapotitlan, y en el camino, en una puente de un rio que hay allí un mal -paso, halló muchos escuadrones de guerreros que le estaban aguardando -para no dejalle pasar, y tuvo una batalla con ellos, en que le mataron -un caballo é hirieron muchos soldados, y uno murió de las heridas; -y eran tantos los indios que se habian juntado contra Albarado, no -solamente los de Zapotitlan, sino de otros pueblos comarcanos, que -por muchos dellos que herian, no los podian apartar, y por tres veces -tuvieron rencuentros, y quiso nuestro Señor Dios que los venció y le -vinieron de paz; y dende Zapotitlan iba camino de un recio pueblo que -se dice Quetzaltenango, y ántes de llegar á él tuvo otros rencuentros -con los naturales de aquel pueblo y con otros sus vecinos, que se dice -Utatlan, que era cabecera de ciertos pueblos que están en su contorno á -la redonda del Quetzaltenango, y en ellos le hirieron ciertos soldados, -puesto que el Pedro de Albarado y su gente mataron é hirieron muchos -indios. - -Y luego estaba una mala subida de un puerto que dura legua y media, -y con ballesteros y escopeteros y todos sus soldados puestos en gran -concierto, lo comenzó á subir, y en la cumbre del puerto hallaron una -india gorda que era hechicera, y un perro de los que ellos crian, -que son buenos para comer, que no saben ladrar, sacrificados, que es -señal de guerra; y más adelante halló tanta multitud de guerreros -que le estaban esperando, y le comenzaron á cercar; y como eran los -pasos malos y en sierra muy agra, los de á caballo no podian correr -ni revolver ni aprovecharse dellos; mas los ballesteros y escopeteros -y soldados de espada y rodela tuvieron reciamente con ellos pié con -pié, y fueron peleando las cuestas y puerto abajo, hasta llegar á unas -barrancas, donde tuvo otra muy reñida escaramuza con otros muchos -escuadrones de guerreros que allí en aquellas barrancas esperaban, y -era con un ardid que entre ellos tenian acordado, y fué desta manera: -que, como fuese el Pedro de Albarado peleando, hacian que te iban -retrayendo, y como les fuese siguiendo hasta donde le estaban esperando -sobre seis mil indios guerreros, y estos eran de los de Utatlan y de -otros pueblos sus sujetos, que allí los pensaban matar; y Pedro de -Albarado y todos sus soldados pelearon con ellos con grande ánimo, y -los indios le hirieron tres soldados y dos caballos, mas todavía les -venció y puso en huida; y no fueron muy léjos, que luego se tornaron -á juntar y rehacer con otros escuadrones, y tornaron á pelear como -valientes guerreros, creyendo desbaratar al Pedro de Albarado y á su -gente; é fué cabe una fuente, adonde le aguardaron de arte, que se -venian ya pié con pié con los de Pedro de Albarado, y muchos indios -hubo dellos que aguardaron dos ó tres juntos á un caballo, y se ponian -á fuerzas para derrotalle, é otros los tomaban de las colas; y aquí se -vió el Pedro de Albarado en gran aprieto, porque como eran muchos los -contrarios, no podian sustentar á tantas partes de los escuadrones que -les daban guerra á él y todos los suyos; y como hubieron gran coraje -con el ánimo que les daba fray Bartolomé de Olmedo, diciéndoles que -peleasen con intencion de servir á Dios y extender su santa fe, que él -les ayudaria, y que habian de vencer ó morir sobre ello; é con todo, -temian no los desbaratasen, porque se vieron en gran aprieto; y danles -una mano con las escopetas y ballestas, y á buenas cuchilladas les -hicieron que se apartasen algo. - -Pues los de á caballo no estaban de espacio, sino alancear y atropellar -y pasar adelante, hasta que los hubieron desbaratado, que no se -juntaron en aquellos tres dias; é como vió que ya no tenia contrarios -con quien pelear, se estuvo en el campo sin ir á poblado, rancheando -y buscando de comer; y luego se fué con todo su ejército al pueblo -de Quetzaltenango, y allí supo que en las batallas pasadas les -habia muerto dos capitanes señores de Utatlan: y estando reposando -y curando los heridos, tuvo aviso que venia otra vez contra él todo -el poder de aquellos pueblos comarcanos, y se habian juntado más de -dos xiquipiles, que son diez y seis mil indios; que cada xiquipil -son ocho mil guerreros, é que venian con determinacion de morir -todos ó vencer; y como el Pedro de Albarado lo supo, se salió con su -ejército en un llano, y como venian tan determinados los contrarios, -comenzaron á cercar el ejército de Pedro de Albarado y tirar vara, -flecha y piedra y con lanzas, y como era muy llano y podian muy bien -correr á todas partes los caballos, dan en los escuadrones contrarios -de tal manera, que de presto les hizo volver las espaldas; aquí le -hirieron muchos soldados é un caballo, y segun pareció, murieron -ciertos indios principales, ansí de aquel pueblo como de toda aquella -tierra; por manera que dende aquella vitoria ya temian aquellos pueblos -mucho á Albarado, y concertaron toda aquella comarca de le enviar -á demandar paces, é le trajeron un presente de oro de poca valía -porque acetase las paces, é fué con acuerdo de todos los caciques de -aquella provincia, porque otra vez se tornaron á juntar muchos más -guerreros que de ántes; y les mandaron á sus guerreros que secretamente -estuviesen entre las barrancas de aquel pueblo de Utatlan, y que si -enviaban á demandar paces, era que, como el Pedro de Albarado y su -ejército estaba en Quetzaltenango haciendo entradas y corredurias, é -siempre traian presa de indios é indias, y por llevalle á otro pueblo -muy fuerte y cercado de barrancas, que se dice Utatlan, para que cuando -le tuviesen dentro y en parte que ellos creian aprovecharse dél y de -sus soldados, dar en ellos con los guerreros que ya estaban aparejados -y escondidos para ello. - -Volvamos á decir cómo fueron con el presente delante de Pedro de -Albarado muchos principales; y despues de hecha su cortesía á su -usanza, le demandaron perdon por las guerras pasadas, ofreciéndose por -vasallos de su Majestad, y le ruegan que porque su pueblo es grande, -está en parte más apacible donde le puedan servir, é junto á otras -poblaciones, que se vaya con ellos á él. - -Y el Pedro de Albarado los recibió con mucho amor, y no entendió -las cautelas que traian; y despues de les haber respondido el mal -que habian hecho en salir de guerra, aceptó sus paces, é otro dia -por la mañana fué con su ejército con ellos á Utatlan, que ansí se -dice el pueblo, é desque hubo entrado dentro é vieron una casa tan -fuerte, porque tenia dos puertas, y la una dellas tenia veinte y cinco -escalones ántes de entrar en el pueblo, y la otra puerta con una -calzada que era muy mala y deshecha por todas partes, y las casas muy -juntas y las calles muy angostas, y en todo el pueblo no habia mujeres -ni gente menuda, cercado de barrancas, é de comer no les proveian sino -mal y tarde, y los caciques muy demudados en los parlamentos, avisaron -al Pedro de Albarado unos indios de Quetzaltenango que aquella noche -los querian matar á todos en aquellos pueblos si allí se quedaban, é -que tenian puestos entre las barrancas muchos escuadrones de guerreros -para en viendo arder las casas juntarse con los de Utatlan, dar en -nosotros los unos por una parte é los otros por otra, é con el fuego -é humo no se podrian valer, é que entónces los quemarian vivos; y -como el Pedro de Albarado entendió el gran peligro en que estaban, de -presto mandó á sus capitanes é á todo su ejército que sin más tardar -se saliesen al campo, y les dijo el peligro que tenian; y como lo -entendieron, no tardaron de se ir á lo llano cerca de unas barrancas, -porque en aquel tiempo no tuvieron más lugar de salir á tierra llana -de en medio de tan recios pasos; é á todo esto el Pedro de Albarado -mostraba buena voluntad á los caciques y principales de aquel pueblo -y de otros comarcanos, y les dijo que porque los caballos eran -acostumbrados de andar paciendo en el campo un rato del dia, que por -esta causa se salió del pueblo, porque estaban muy juntas las casas -y calles; y los caciques estaban muy tristes porque ansí los vieron -salir; é ya el Pedro de Albarado no pudo más disimular la traicion que -tenian urdida, y sobre ello y sobre los escuadrones que tenia juntos en -las barrancas mandó prender al cacique de aquel pueblo y por justicia -le mandó quemar. - -Fray Bartolomé de Olmedo pidió á Albarado que queria ver si podria -enseñarle y predicarle la fe de Cristo para le bautizar; y el Fraile -pidió un dia de término, y no lo hizo en dos; pero al fin quiso -Jesucristo que el cacique se hizo cristiano, y le bautizó el Fraile, -y pidió á Albarado que no le quemasen, sino que le ahorcasen, y el -Albarado se lo concedió, y dió el señorío á su hijo, y luego se -salió á tierra llana fuera de las barrancas, y tuvo guerra con los -escuadrones que tenian aparejados para el efeto que he dicho; y despues -que hubieron probado sus fuerzas y la mala voluntad con los nuestros, -fueron desbaratados. - -Y dejemos de hablar de aquesto, y digamos cómo en aquella sazon en un -gran pueblo que se dice Guatimala se supo las batallas que Pedro de -Albarado habia habido despues que entró en la provincia, y en todas -habia sido vencedor, y que al presente estaba en tierra de Utatlan, -y que dende allí hacia entradas y daba guerras á muchos pueblos; y -segun pareció, los de Utatlan y sus sujetos eran enemigos de los de -Guatimala, é acordaron los de Guatimala de enviar mensajeros con -presentes de oro á Pedro de Albarado, y darse por vasallos de su -majestad; y enviaron á decir que si habian menester algun servicio de -sus personas para aquellas guerras, que ellos vendrian; y el Pedro -de Albarado los recibió de buena voluntad, y les envió á dar muchas -gracias por ello; y para ver si era como se lo decian, y como no -sabia la tierra, para que le encaminasen les envió á demandar dos mil -guerreros, y esto por causa de muchas barrancas y pasos malos que -estaban cortados porque no pudiesen pasar los nuestros, para que si -fuesen menester los adobasen, y llevar el fardaje; y los de Guatimala -se los enviaron luego con sus capitanes; y Pedro de Albarado estuvo en -la provincia de Utatlan siete ú ocho dias haciendo entradas, y eran -de los pueblos rebelados que habian dado la obediencia á su majestad, -y despues de dada se tornaban á alzar, y herraron muchos esclavos é -indias, y pagaron el real quinto, y los demás repartieron entre los -soldados; y luego se fué á la ciudad de Guatimala, y fué bien recibido -y hospedado; y desque fueron allí llegados, le contaba Albarado á fray -Bartolomé de Olmedo y á los capitanes suyos que nunca tan apretado se -habia visto como en batallar con los de Utatlan, é que eran corajudos -é buenos guerreros, y que se habian hecho buena hacienda, mas fray -Bartolomé de Olmedo le replicó que Dios le habia hecho, é que para que -tuviese por bien é pluguiese de les ayudar en adelante, que no seria -malo darle gracias y hacer fiesta á Dios y á su Madre, é que la gente -oyese Misa y que él predicase á los indios; dijo Albarado y todos los -capitanes: - -—«Esa es la verdad, Padre; hágase una fiesta á la Vírgen.» - -É se aparejó un altar, é confesaron en dia y medio todos, é los -comulgó fray Bartolomé de Olmedo, é despues de la Misa predicó, é habia -allí muchos indios, é les declaró muchas cosas de nuestra santa fe, -porque dijo muy buenas teologías, que el Fraile dicen que la sabia; y -le plugo á Dios que más de treinta indios quisiesen ser bautizados, -é los bautizó de allí á dos dias el Fraile, é estaban otros deseando -bautizarse, por ver como hablaban é comunicaban más los nuestros con -los bautizados é no con ellos, é todos generalmente estaban con alegría -con Albarado; y los caciques de aquella ciudad le dijeron que muy cerca -de allí habia unos pueblos junto á una laguna, é que tenian un peñol -muy fuerte; é que eran sus enemigos é que les daban guerra, y que bien -sabian los de aquel pueblo que no estaban léjos é cómo estaba allí el -Pedro de Albarado, y que no venian á dar la obediencia como los demás -pueblos, y que eran muy malos y de malas condiciones; el cual pueblo -se dice Atitlan; y el Pedro de Albarado les envió á rogar que viniesen -de paz y que serian dél muy bien tratados, y otras blandas palabras; -y la respuesta que enviaron fué, que maltrataron los mensajeros, y -viendo que no aprovechaban, tornó á enviar otros embajadores para les -traer de paz, porque tres veces les envió á traer de paz, y todas -tres les maltrataron de palabra; y fué Pedro de Albarado en persona á -ellos, y llevó sobre ciento y cuarenta soldados, y entre ellos veinte -ballesteros y escopeteros y cuarenta de á caballo, y con dos mil -guatimaltecas; é cuando llegó junto al pueblo les tornó á requerir con -la paz, y no le respondieron sino con arcos y flechas, que comenzaron -á flechar; y cuando aquello vió, que no llegó muy léjos de allí y -estaba dentro del agua, sálenle al encuentro dos buenos escuadrones -de indios guerreros con grandes lanzas y buenos arcos y flechas, y -con otras muchas armas y coseletes, y tañendo sus atabales, y con sus -penachos y divisas, y peleó con ellos buen rato, é hubo muchos heridos -de los soldados; mas no tardaron mucho en el campo los contrarios, que -luego fueron huyendo á acogerse al peñol, y el Pedro de Albarado con -sus soldados tras ellos, y de presto les ganó el peñol, y hubo muchos -muertos y heridos, é más hubiera si no se echaran todos al agua; y -se pasaron á una isleta, y entónces saquearon las casas que estaban -pobladas junto á la laguna; y se salieron á un llano adonde habia -muchos maizales, y durmió allí aquella noche. - -Otro dia de mañana fueron al pueblo de Atitlan, que ya he dicho que -ansí se dice, y estaba despoblado; y entónces mandó que corriesen la -tierra é las güertas de cacaguatales, que tenian muchas, é trajeron -presos dos principales de aquel pueblo, y el Pedro de Albarado les -envió luego aquellos principales, con los que estaban presos del dia -ántes, á rogar á los demás caciques vengan de paz, y que les dará -todos los prisioneros, y que serán dél muy bien mirados y honrados, y -que si no vienen, que les dará guerra como á los de Quetzaltenango é -Utatlan, é les cortará sus árboles de cacaguatales y hará todo el daño -que pudiere; en fin de más razones, con estas palabras y amenazas luego -vinieron de paz y trajeron un presente de oro, y se dieron por vasallos -de su majestad, y luego el Pedro de Albarado y su ejército se volvió -á Guatimala; é se ocupaba el fray Bartolomé de Olmedo en predicarles -la santa fe á los indios, decia Misa en un altar que hicieron, en que -pusieron una cruz, que la adoraban ya los indios, como miraban que -nosotros la adorábamos; é tambien puso el Fraile una imágen de la -Vírgen que habia traido Garay é se la dió cuando muriera; era pequeña, -mas muy hermosa, é los indios se enamoraban della, y el Fraile les -decia quién era, y ellos la adoraban; é estando algunos dias sin hacer -cosa más de lo por mí memorado, vinieron de paz todos los pueblos de -la comarca, y otros de la costa del Sur, que se llaman los pipiles; y -muchos de aquellos pueblos que vinieron de paz se quejaron que en el -camino por donde venian estaba una poblacion que se dice Izcuintepeque, -y que eran malos, y que no les dejaban pasar por su tierra y les iban -á saquear sus pueblos, y dieron otras muchas quejas dellos; y el Pedro -de Albarado los envió á llamar de paz, y no quisieron venir, ántes -enviaron á decir muy soberbias palabras; é acordó de ir á ellos con -todos los más soldados que tenia, y de á caballo y escopeteros y -ballesteros, y muchos amigos de Guatimala, y sin ser sentidos, da una -mañana sobre ellos, en que se hizo mucho daño y presa, que valiera más -que nunca se hiciera, sino conforme á justicia; que fué mal hecho y no -conforme á lo que su majestad mandó. - -É ya que hemos hecho relacion de la conquista y pacificacion de -Guatimala y sus provincias, y muy cumplidamente lo dice en una memoria -que dello tiene hecha un vecino de Guatimala, deudo de los Albarados, -que se dice Gonzalo de Albarado, lo cual verán más por extenso, si -yo en algo aquí faltare, y esto digo porque no me hallé en estas -conquistas hasta que pasamos por aquestas provincias, estando todo de -guerra, en el año de 1524 años, é fué cuando veniamos de las Higueras -é Honduras con el capitan Luis Marin, que nos volvimos para Méjico; y -más digo, que tuvimos en aquella sazon con los de Guatimala algunos -rencuentros de guerra, y tenian hechos muchos hoyos y cortados en -pasos malos pedazos de sierras para que no pudiésemos pasar con las -grandes barrancas; y aun entre un pueblo que se dice Iuanazagapa y -Petapa, en unas quebradas hondas estuvimos allí detenidos guerreando -con los naturales de aquella tierra dos dias, que no podiamos pasar un -mal paso; y entónces me hirieron de un flechazo, mas fué poca cosa, y -pasamos con harto trabajo, porque estaban en el paso muchos guerreros -guatimaltecas y de otros pueblos; y porque hay mucho que decir, y por -fuerza tengo de traer á la memoria algunas cosas en su tiempo y lugar, -y esto fué en el tiempo que hubo fama que Cortés era muerto y todos los -que con él fuimos á las Higueras, lo dejaré por agora, y digamos de la -armada que Cortés envió á las Higueras y Honduras. - -Tambien digo que esta provincia de Guatimala no eran guerreros los -indios, porque no esperaban sino en barrancas, y con sus flechas no -hacian nada, y no aguardaban á que los rompieran en campo llano. - - - - -CAPÍTULO CLXV. - -CÓMO CORTÉS ENVIÓ UNA ARMADA PARA QUE PACIFICASE Y CONQUISTASE AQUELLAS -PROVINCIAS DE HIGUERAS Y HONDURAS, ENVIÓ POR CAPITAN DELLA Á CRISTÓBAL -DE OLÍ, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADELANTE. - - -Como Cortés tuvo nueva que habia ricas tierras y buenas minas en lo de -Higueras é Honduras, é aun le hicieron creer unos pilotos que habian -estado en aquel paraje ó bien cerca dél, que habian hallado unos indios -pescando en la mar y que les tomaron las redes, é que las plomadas que -en ellas traian para pescar que eran de oro revuelto con cobre; y le -dijeron que creyeron que habia por aquel paraje estrecho, y que pasaban -por él de la banda del Norte á la del Sur; y tambien, segun entendimos, -su majestad le encargó y mandó á Cortés por cartas, que en todo lo -que descubriese mirase é inquiriese con grande diligencia y solicitud -de buscar el estrecho ó puerto ó paraje para la especería, agora sea -por lo del oro ó por buscar el estrecho; Cortés acordó de enviar por -capitan de aquella jornada á un Cristóbal de Olí, que fué maestre de -campo en lo de Méjico, lo uno porque le via hecho de su mano, y era -casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de Araujo (ya le he -nombrado otras veces), y tenia el Cristóbal de Olí buenos indios de -repartimiento cerca de Méjico, creyendo que le seria fiel y haria lo -que le encomendase, y porque para ir por tierra tan largo viaje era -grande inconveniente y trabajo y gasto, acordó que fuese por la mar, -porque no era tan grande estorbo é costa, y dióle cinco navíos y un -bergantin muy bien artillados, y con mucha pólvora y bien bastecidos, -y dióle trecientos y setenta soldados, y en ellos cien ballesteros y -escopeteros y veinte y dos caballos, y entre estos soldados fueron -cinco conquistadores de los nuestros, que pasaron con el mismo Cortés -la primera vez, habiendo servido á su majestad muy bien en todas las -conquistas, y tenian ya sus casas y reposo; y esto digo ansí, porque -no aprovechaba cosa decir á Cortés: - -—«Señor, déjame descansar, que harto estoy de servir;» que les hacia ir -adonde mandaba por fuerza. - -É llevó consigo á un Briones, natural de Salamanca, é habia sido -capitan de bergantines y soldado en Italia, y este Briones era muy -bullicioso y enemigo de Cortés; y llevó otros muchos soldados que -no estaban bien con Cortés porque no les dió buenos repartimientos -de indios ni las partes del oro, y le querian muy mal; y en las -instrucciones que Cortés le dió fué, que dende el puerto de la -Villa-Rica fuese su derrota á la Habana, y que allí en la Habana -hallaria á un Alonso de Contreras, soldado viejo de Cortés, natural -de Orgaz, que llevó seis mil pesos de oro para que comprase caballos -y cazabe é puercos y tocinos, y otras cosas pertenecientes para el -armada; el cual soldado envió Cortés adelante de Cristóbal de Olí por -causa de que si verian ir el armada los vecinos de la Habana encarecian -los caballos y todos los demás bastimentos; y mandó al Cristóbal de -Olí que en llegando á la Habana tomase los caballos que estuviesen -comprados, y de allí fuese su derrota para Higueras, que era buena -navegacion y muy cerca, y le mandó que buenamente, sin haber muertes de -indios, cuando hubiese desembarcado procurase poblar una villa en algun -buen puerto, é que á los naturales de aquellas provincias los trajese -de paz, y buscase oro y plata, y que procurase de saber é inquirir -si habia estrecho, ó qué puertos habia por la banda del Sur, si allá -pasase; y le dió dos clérigos, que el uno dellos sabia la lengua -mejicana, y le encargó que con diligencia les predicasen las cosas de -nuestra santa fe, y que no consintiesen sodomías ni sacrificios, sino -que buena y mansamente se los desabrigasen; y le mandó que todas las -casas de madera adonde tenian indios é indias á engordar, encarcelados, -para comer, que se las quebrasen, y soltasen los tristes encarcelados; -y le mandó que en todas partes pusiesen cruces, y le dió muchas -imágenes de Nuestra Señora para que pusiese en los pueblos, y le dijo -estas palabras: - -—«Mira, hijo Cristóbal de Olí, desa manera lo procurad hacer.» - -Y despues de abrazados y despedidos con mucho amor y paz, se despidió -el Cristóbal de Olí de Cortés y de toda su casa, y fué á la Villa-Rica, -donde estaba toda su armada muy á punto, y en ciertos dias del mes é -año que no me acuerdo, se embarcó con todos sus soldados, y con buen -tiempo llegó á la Habana, y halló los caballos comprados y todo lo -demás de bastimentos, y cinco soldados, que eran personas de calidad, -de los que habia echado de Pánuco Diego de Ocampo, porque era muy -bandolero y bullicioso; y á estos soldados ya los he nombrado algunos -dellos cómo se llamaban, en el capítulo pasado cuando la pacificacion -de Pánuco, y por esta causa los dejaré ahora de nombrar; y estos -soldados aconsejaron al Cristóbal de Olí, pues que habia fama de -tierra rica donde iba, y llevaba buena armada, bien bastecida, y muchos -caballos y soldados, que se alzase desde luego á Cortés, y que no le -conociese dende allí por superior ni le acudiese con cosa ninguna. - -El Briones, otra vez por mí nombrado, se lo habia dicho muchas veces -secretamente al Cristóbal de Olí sobre el caso, é al gobernador de -aquella isla, que ya he dicho otras muchas veces que se decia Diego -Velazquez, enemigo mortal de Cortés; y el Diego Velazquez vino donde -estaba la armada, y lo que se concertaron fué, que entre él y Cristóbal -de Olí tuviesen aquella tierra de Higueras y Honduras por su majestad, -y en su real nombre Cristóbal de Olí, y que el Diego Velazquez le -proveeria de lo que hubiese menester, é haria sabidor dello en Castilla -á su majestad para que le trujesen la gobernacion; y desta manera -se concertó la compañía del armada; y quiero decir la condicion y -presencia de Cristóbal de Olí: era valiente por su persona, así á pié -como á caballo; era extremado varon, mas no era para mandar, sino para -ser mandado, y era de edad de treinta y seis años, natural de cerca de -Baeza ó Linares, y su presencia y altor era de buen cuerpo y membrudo -y de grande espalda, bien entallado é algo rubio, y tenia muy buena -presencia en el rostro, y traia el bezo de bajo siempre como hendido á -manera de grieta; en la plática hablaba algo gordo y espantoso, y era -de buena conversacion, y tenia otras buenas condiciones de ser franco, -y era al principio cuando estaba en Méjico gran servidor de Cortés, -sino que esta ambicion de mandar y no ser mandado le cegó, y con los -malos consejeros, y tambien como fué criado en casa de Diego Velazquez -cuando mozo, y fué lengua de la isla de Cuba, reconoció el pan que en -su casa habia comido, aunque más obligado era á Cortés que no á Diego -Velazquez. - -Pues ya hecho este concierto con Diego Velazquez, vinieron en -compañía con el Cristóbal de Olí muchos vecinos de la isla de Cuba, -especialmente los que he dicho que fueron en aconsejarle que se alzase. - -Y de que no tenia más en qué entender en aquella isla, en los navíos -metido todo su matalotaje, mandó alzar velas á toda su armada, fué á -desembarcar con buen tiempo obra de quince leguas adelante, á puerto de -Caballos, en una comba, y allegó á 3 de Mayo: á esta causa nombró á una -villa Triunfo de la Cruz; é hizo nombramiento de alcaldes y regidores -á los soldados que Cortés le habia mandado cuando estaba en Méjico que -honrase y diese cargos, y tomó la posesion de aquellas tierras por su -majestad, y de Hernando Cortés en su Real nombre, é hizo otros votos -que convenian; y todo esto que hacia era porque los amigos de Cortés -no entendiesen que iba alzado, para ver si pudiese hacer dellos buenos -amigos de que alcanzasen á saber las cosas, y tambien que no sabia si -acudiria la tierra tan rica y de buenas minas como decian; y tiró á -dos hitos, como dicho tengo: el uno, que si habia buenas minas y la -tierra muy poblada, alzarse con ella; y el otro, que si no acudiese tan -buena, volver á Méjico á su mujer y repartimientos, y desculparse con -Cortés con decille que la compañía que hizo con Diego Velazquez fué -porque le diese bastimentos y soldados, y no acudirle en cosa ninguna; -é que bien lo podia ver, pues tomó la posesion por Cortés, y esto tenia -en el pensamiento, segun muchos de sus amigos dijeron, con quien él -habia comunicado. - -Dejémosle ya poblado el Triunfo de la Cruz, que Cortés nunca supo cosa -ninguna hasta más de ocho meses. - -Y porque por fuerza tengo volver otra vez á hablar en él, lo dejaré -ahora, y diré lo que nos acaeció en Guacacualco, y cómo Cortés me envió -con el capitan Luis Marin á pacificar la provincia de Chiapa. - - - - -CAPÍTULO CLXVI. - -CÓMO LOS QUE QUEDAMOS POBLADOS EN GUACACUALCO SIEMPRE ANDÁBAMOS -PACIFICANDO LAS PROVINCIAS QUE SE NOS ALZABAN, Y CÓMO CORTÉS MANDÓ AL -CAPITAN LUIS MARIN QUE FUESE Á CONQUISTAR É Á PACIFICAR LA PROVINCIA DE -CHIAPA, Y ME MANDÓ QUE FUESE CON ÉL, Y Á FRAY JUAN DE LAS VARILLAS, El -PARIENTE DE ZUAZO, FRAILE MERCENARIO, Y LO QUE EN LA PACIFICACION PASÓ. - - -Pues como estábamos poblados en aquella villa de Guacacualco muchos -conquistadores viejos y personas de calidad, y teniamos grandes -términos repartidos entre nosotros, que era la misma provincia de -Guacacualco é Citla, é lo de Tabasco é Cimatan é Chotalpa, y en las -sierras arriba lo de Cachula é Zoque é Quilenes, hasta Cinacatan, é -Chamula, é la ciudad de Chiapa de los indios, y Papanaustla é Pinula, -y hácia la banda de Méjico la provincia de Xaltepeque y Guazpaltepeque -é Chinanta é Tepeca, y otros pueblos, y como al principio todas las -provincias que habia en la Nueva-España las más dellas se alzaban -cuando les pedian tributo, y aun mataban á sus encomenderos, y á -los españoles que podian tomar á su salvo los acapillaban, así nos -aconteció en aquella villa, que casi no quedó provincia que todos no se -nos rebelaron; y á esta causa siempre andamos de pueblo en pueblo con -una capitanía, atrayéndolos de paz; y como los de Cimatan no querian -venir de paz á la villa ni obedecer su mandamiento, acordó el capitan -Luis Marin que por no enviar capitanía de muchos soldados contra ellos, -que fuésemos cuatro vecinos á los traer de paz; yo fuí el uno dellos, y -los demás se llamaban Rodrigo de Enao, natural de Ávila, y un Francisco -Martin, medio vizcaino, y el otro se decia Francisco Jimenez, natural -de Inguijuela de Extremadura; y lo que nos mandó el capitan fué, que -buenamente y con amor los llamásemos de paz, y que no les dijésemos -palabras de que se enojasen. - -É yendo que íbamos á su provincia, que son las poblaciones entre -grandes ciénagas y caudalosos rios, é ya que llegábamos á dos leguas de -su pueblo, les enviamos mensajeros á decir cómo íbamos, y la respuesta -que dieron fué, que salen á nosotros tres escuadrones de flecheros y -lanceros, que á la primera refriega mataron dos de nuestros compañeros, -é á mí me dieron la primera herida de un flechazo en la garganta, -que con la sangre que me salia, é en aquel tiempo no podia apretallo -ni tomar la sangre, estuvo mi vida en harto peligro; pues el otro mi -compañero que estaba por herir, que era el Francisco Martin, puesto que -yo y él siempre haciamos cara é heriamos algunos contrarios, acordó de -tomar las de Villadiego y acogerse á unas canoas que estaban cabe un -rio que se decia Macapa; y como yo quedaba solo y mal herido, porque no -me acabasen de matar, é sin sentido é poco acuerdo, me metí entre unos -matorrales, y volviendo en mí, con fuerte corazon dije: - -—«¡Oh, válgame nuestra Señora! ¿Si es verdad que tengo que morir hoy en -poder destos perros?» - -Y tomé tal esfuerzo, que salgo de las matas y rompo por los indios, -que á buenas cuchilladas y estocadas me dieron lugar que saliese de -entre ellos; y aunque me tornaron á herir, fuí á las canoas, donde -estaba ya mi compañero Francisco Martin con cuatro indios amigos que -eran los que habiamos traido con nosotros, que nos llevaban el hato; -que estos indios, cuando estábamos peleando con los cimatecas, dejando -las cargas, se acogen al rio en las canoas; y lo que nos dió la vida á -mí y Francisco Martin fué, que los contrarios se embarazaron en robar -nuestra ropa y petacas. - -Dejemos de hablar en esto, y digamos que Dios fué servido escaparnos -de no morir allí, y en las canoas pasamos aquel rio, que es muy grande -é hondo, é hay en él muchos lagartos; y porque no nos siguiesen los -cimatecas, que así se llaman, estuvimos ocho dias por los montes, y -dende pocos dias se supo en Guacacualco esta nueva, y dijeron los -indios que habiamos traido, que llevaron la misma nueva, que todos -los cuatro indios que quedaron en las canoas, como dicho tengo, que -éramos muertos; y estos, de que nos vieron heridos é los dos muertos, -se fueron huyendo y nos dejaron en la pelea, y en pocos dias llegaron á -Guacacualco; y como no pareciamos ni habia nueva de nosotros, creyeron -que éramos muertos, como los indios dijeron; y como era costumbre de -Indias y en aquella sazon se usaba, ya habia repartido el capitan Luis -Marin en otros conquistadores nuestros pueblos, hecho mensajeros á -Cortés para enviar las cédulas de encomienda, y aun vendido nuestras -haciendas, y al cabo de veinte y tres dias aportamos á la villa; de lo -cual se holgaron nuestros amigos, mas á quien les habia dado nuestros -indios les pesó; y viendo el capitan Luis Marin que no podiamos -apaciguar aquellas provincias, y mataban muchos de nuestros soldados, -acordó de ir á Méjico á demandar á Cortés más soldados y socorro y -pertrechos de guerra, y mandó que entre tanto que iba no saliésemos de -la villa ningunos vecinos á los pueblos léjos, si no fuese á los que -estaban cuatro ó cinco leguas de allí, para traer comida. - -Pues llegado á Méjico, dió cuenta á Cortés de todo lo acaecido, y -entónces le mandó que volviese á Guacacualco, y envió con él treinta -soldados, y entre ellos á un Alonso de Grado, por mí muchas veces -nombrado; á fray Juan de las Varillas, que habia venido con Zuazo, que -era gran estudiante, que solia decir habia estudiado en su colegio -de la Veracruz de Salamanca, de donde era, y decian que de muy noble -linaje; y le mandó que con todos los vecinos que estábamos en la villa -y los soldados que traia consigo fuésemos á la provincia de Chiapa, -que estaba de guerra, que la pacificásemos y poblásemos una villa; y -como el capitan Luis Marin vino con estos despachos, nos apercebimos -todos, así los que estábamos allí poblados como los que traian de -nuevo, y comenzamos á abrir caminos, porque eran montes y ciénagas -muy malas, y echábamos en ellas maderos y ramos para poder pasar -los caballos, y con gran trabajo fuimos á salir á un pueblo que se -dice Tezpuntlan, que hasta entónces por el rio arriba soliamos ir en -canoas, que no habia otro camino abierto; y dende aquel pueblo fuimos -á otro pueblo la sierra arriba, que se dice Cachula; y para que bien -se entienda, este Cachula es en la provincia de Chiapa; y esto digo -porque está otro pueblo del mismo nombre junto á la Puebla de los -Ángeles. - -Y dende Cachula fuimos á otros pueblezuelos sujetos al mismo Cachula, -y fuimos abriendo camino nuevo el rio arriba, que venian de la -poblacion de Chiapa, porque no habia camino ninguno, y todos los -rededores que estaban poblados habian grande miedo á los chiapanecas, -porque ciertamente eran en aquel tiempo los mayores guerreros que yo -habia visto en toda la Nueva-España, aunque entren entre ellos los -tlascaltecas ni mejicanos ni zapotecas ni mingues; y esto digo porque -jamás Méjico los pudo señorear, porque en aquella sazon era aquella -provincia muy poblada, y los naturales della eran en gran manera -belicosos y daban guerra á sus comarcanos, que eran los de Cinacatan -y á todos los pueblos de la laguna quilenayas, asimismo á los pueblos -que se dicen los zoques, y robaban y cautivaban á la contina á otros -pueblezuelos donde podian hacer presa, y con los que dellos mataban -hacian sacrificios y hartazgas; y demás desto, en los caminos de -Teguantepeque tenian en pasos malos puestos guerreros para saltear á -los indios mercaderes que trataban de una provincia á otra; y á esta -causa dejaban algunas veces de tratar las unas provincias con las -otras, y aun habian traido por fuerza á otros pueblos y hécholes poblar -y estar junto á Chiapa, y los tenian por esclavos y con ellos hacian -sus sementeras. - -Volvamos á nuestro camino, que fuimos el rio arriba hácia su ciudad, y -era por Cuaresma año de 1524, y esto de los años no me acuerdo bien; -y ántes de llegar á Chiapa se hizo alarde de todos los de á caballo, -escopeteros y ballesteros que íbamos en aquella entrada; y no se pudo -hacer hasta entónces, por causa que algunos de nuestra villa y otros -forasteros aun no se habian recogido, que andaban en los pueblos de la -sierra de Chalupa demandando el tributo que les eran obligados á dar; -y con el favor de venir capitan con la gente de guerra, como veniamos, -se atrevian á ir á ellos, que de ántes ni daban tributo ni se les daba -nada de nosotros. - -Volvamos á nuestro alarde, que se hallaron veinte y siete de á caballo -que podian pelear, y otros cinco que no eran para ello, y quince -ballesteros y ocho escopeteros, y un tiro y pólvora, y un soldado por -artillero, que decia el mismo soldado que habia estado en Italia; -esto digo aquí porque no era para cosa ninguna, que era muy cobarde; -y llevábamos sesenta soldados de espada y rodela y obra de ochenta -mejicanos, y el cacique de Cachula con otros principales suyos; y estos -indios de Cachula que he dicho, iban temblando de miedo, y por halagos -los llevamos que nos ayudasen á abrir camino y llevar el fardaje. - -Pues yendo nuestro camino en concierto, ya que llegamos cerca de sus -poblaciones, siempre íbamos adelante por espías y descubridores del -campo cuatro soldados muy sueltos, é yo era uno dellos, é dejaba mi -caballo, que no era tierra por donde podian correr, é íbamos siempre -media legua adelante de nuestro ejército; y como los chiapanecas son -grandes cazadores, andaban entónces á caza de venados, y desque nos -sintieron, apellídanse todos con grandes ahumadas, y como llegamos á -sus poblaciones, tenian muy anchos caminos y grande sementera de maíz -é otras legumbres, y el primer pueblo que topamos se dice Estapa, que -está de la cabecera obra de cuatro leguas, y en aquel instante le -habian despoblado, y tenian mucho maíz é gallinas y otros bastimentos, -que tuvimos bien que comer y cenar; y estando reposando en el pueblo, -puesto que teniamos puestas nuestras velas y escuchas y corredores del -campo, vienen dos de á caballo que estaban por corredores á dar mandado -y diciendo: - -—«¡Alarma, que vienen muchos guerreros chiapanecas!» - -Y nosotros, que siempre estábamos muy apercebidos, les salimos al -encuentro ántes que llegasen al pueblo, y tuvimos una gran batalla con -ellos, porque traian muchas varas tostadas, con sus tiraderas y arcos y -flechas, y lanzas mayores que las nuestras, con buenas armas de algodon -y penachos, y otros traian unas porras como macanas; y allí donde -hubimos esta batalla habia mucha piedra, y con hondas nos hacian mucho -daño, y nos comenzaron á cercar de arte, que de la primera rociada -mataron dos de nuestros soldados y cuatro caballos, y le hirieron á -fray Juan y trece soldados y á muchos de nuestros amigos, y al capitan -Luis Marin le dieron dos heridas, y estuvimos en aquella batalla toda -la tarde hasta que anocheció; y como hacia escuro, y habian sentido el -cortar de nuestras espadas y escopetas y ballestas, y las lanzadas, se -retiraron, de lo cual nos holgamos, y hallamos quince dellos muertos y -otros muchos heridos, que no se pudieron ir, y de dos dellos que nos -parecian principales se tomó aviso, y dijeron que estaba toda la tierra -apercebida para dar en nosotros otro dia; y aquella noche enterramos -los muertos y curamos los heridos y al capitan, que estaba malo de -las heridas, porque se habia desangrado mucho, que por causa de no se -apartar de la batalla para se las curar ó apretar, se le habia metido -frio en ellas. - -Pues ya hecho esto, pusimos buenas velas y escuchas y corredores -del campo, y teniamos los caballos ensillados y enfrenados, y todos -nuestros soldados á punto, porque tuvimos por cierto que vernian de -noche sobre nosotros, é como habiamos visto el teson que tuvieron en -la batalla pasada, que ni por ballestas ni lanzas ni escopetas ni aun -estocadas no les podiamos retraer ni apartar un paso atrás, tuvímoslos -por buenos guerreros y osados en el pelear; y esa noche se dió órden -cómo para otro dia los de á caballo habiamos de arremeter de cinco en -cinco hermanados, y las lanzas terciadas, y no pararnos á dar lanzadas -hasta ponellos de huida, sino las lanzas altas y por las caras, y -atropellar y pasar adelante; y este concierto ya otras veces lo habia -dicho el Luis Marin, y aun algunos de nosotros de los conquistadores -viejos se lo habiamos dado por aviso á los nuevamente venidos de -Castilla, y algunos dellos no curaron de guardar la órden, sino que -pensaban que en dar una lanzada á los contrarios que hacian algo: y -salióles á cuatro dellos al revés, porque les tomaron las lanzas y les -hirieron á ellos los caballos con ellas. - -Quiero decir que se juntaban seis ó siete de los contrarios y se -abrazaban con los caballos, creyendo de los tomar á manos, y aun -derrocaron á un soldado del caballo, y si no le socorriéramos, ya le -llevaban á sacrificar, y desde ahí á dos dias se murió. - -Volvamos á nuestro relacion, y es, que otro dia de mañana acordamos -de ir por nuestro camino para su ciudad de Chiapa, y verdaderamente -se podia decir ciudad, y bien poblada, y las casas y calles muy en -concierto, y de más de cuatro mil vecinos, sin otros muchos pueblos -sujetos á ella, que estaban poblados á su alrededor; é yendo que íbamos -con mucho concierto, y el tiro puesto en órden, y el artillero bien -apercibido de lo que habia de hacer, y no habiamos caminado cuarto de -legua, cuando nos encontramos con todo el poder de Chiapa, que campos -y cuestas venian llenos dellos, con grandes penachos y buenas armas -é grandes lanzas, flecha y vara con tiraderas, piedra y hondas, con -grandes voces é grita y silbos. - -Era cosa de espantar cómo se juntaron con nosotros pié con pié y -comenzaron á pelear como rabiosos leones; y nuestro negro artillero -que llevábamos (que bien negro se podia llamar), cortado de miedo y -temblando, ni supo tirar ni poner fuego al tiro; é ya que á poder de -voces que le dábamos pegó fuego, hirió á tres de nuestros soldados, -que no aprovechó cosa ninguna; y como el capitan vió de la manera que -andábamos, rompimos todos los de á caballo puestos en cuadrillas, segun -lo habiamos concertado, y los escopeteros y ballesteros y de espada y -rodela hechos un cuerpo, porque no les desbaratasen, nos ayudaron muy -bien; más eran tantos los contrarios que sobre nosotros vinieron, que -si no fuéramos de los que en aquellas batallas nos hallamos cursados -á otras afrentas, pusiera á otros gran temor, y aun nosotros nos -admiramos de ver cuán fuertes estaban; y fray Juan nos daba ánimo, y -decia que Dios nos habia de pagar nuestro trabajo, y el César. - -El capitan Luis Marin nos dijo: - -—«Ea, señores, Santiago y á ellos, y tornémosles otra vez á romper con -ánimo.» - -Esforzados, dímosles tal mano, que á poco rato iban vueltas las -espaldas; y como habia allí donde fué esta batalla muy malos pedregales -para poder correr caballos, no les podiamos seguir; é yendo en el -alcance, y no muy léjos de donde comenzamos aquella batalla, ya que -íbamos algo descuidados, creyendo que por aquel dia no se tornarian á -juntar, é dábamos gracias á Dios del buen suceso, aquí estaban tras -unos cerros otros mayores escuadrones de guerreros que los pasados, con -todas sus armas, y muchos dellos traian sogas para echar lazos á los -caballos y asir de las sogas para los derrocar, y tenian tendidas en -otras muchas partes muchas redes con que suelen tomar venados, para los -caballos, y para atar á nosotros muchas sogas; y todos los escuadrones -que he dicho se vienen á encontrar con nosotros, é como muy fuertes -y recios guerreros, nos dan tal mano de flecha, vara y piedra, que -tornaron á herir casi que todos los nuestros, y tomaron cuatro lanzas á -los de á caballo, y mataron dos soldados y cinco caballos: y entónces -traian en medio de sus escuadrones una india algo vieja, muy gorda, y -segun decian, aquella india la tenian por su diosa y adivinaba, y les -habia dicho que así como ella llegase adonde estábamos peleando, que -luego habiamos de ser vencidos; y traian en un brasero sahumerio, y -unos ídolos de piedra, y venia pintada todo el cuerpo, y pegado algodon -á las pinturas, y sin miedo ninguno se metió en los indios nuestros -amigos, que venian hechos un cuerpo con sus capitanías, y luego fué -despedazada la maldita diosa. - -Volvamos á nuestra batalla: que desque el capitan Luis Marin y todos -nosotros vimos tanta multitud de guerreros contrarios, y que tan -osadamente peleaban, nos admiramos y dijimos al fraile que nos -encomendase á Dios, y arremetiendo á ellos con el concierto pasado, -fuimos rompiendo poco á poco y los hicimos huir, y se escondian entre -unos pedregales, y otros se echaron al rio, que estaba cerca é hondo, -y se fueron nadando, que son en gran manera buenos nadadores; y desque -hubimos desbaratado, descansamos un rato, y el Fraile cantó una Salve, -y algunos soldados de buenas voces le ayudaban, é no sonaba mal, y -todos dimos muchas gracias á Dios; y hallamos muertos donde tuvimos -esta batalla muchos dellos, y otros heridos, y acordamos de irnos á -un pueblo que estaba junto al rio, cerca de la ciudad, donde habia -buenas ciruelas; porque como era Cuaresma, y en este tiempo las hay -maduras, y en aquella poblacion son buenas; y allí nos estuvimos todo -lo más del dia enterrando los muertos en partes donde no los pudiesen -ver ni hallar los naturales de aquel pueblo, y curamos los heridos y -diez caballos, y acordamos de dormir allí con gran recado de velas y -escuchas. - -Á poco más de media noche se pasaron á nuestro real diez indios -principales de dos pueblezuelos que estaban poblados junto á la -cabecera é ciudad de Chiapa, en cinco canoas del mismo rio, que es muy -grande y hondo, y venian los indios con las canoas á remo callado, y -los que lo remaban eran diez indios, personas principales, naturales de -los pueblezuelos que estaban junto al rio; y como desembarcaron hácia -la parte de nuestro real, en saltando en tierra, luego fueron presos -por nuestras velas, y ellos lo tuvieron por bien que les prendiesen; y -llevados ante el capitan, dijeron: - -—«Señor, nosotros no somos chiapanecas, sino de otra provincia que se -dice Xaltepeque, y estos malos chiapanecas con gran guerra que nos -dieron nos mataron mucha gente, y á todos los más de nuestros pueblos -nos trajeron aquí por fuerza cautivos á poblar con nuestras mujeres é -hijos, é nos han tomado cuanta hacienda teniamos, y há doce años que -nos tienen por esclavos, y les labramos su sementera y maizales, y nos -hacen ir á pescar y hacer otros oficios, y nos toman nuestras hijas y -mujeres. - -»Venimos á daros aviso, porque nosotros os traeremos esta noche muchas -canoas en que paseis este rio, que sin ellas no podeis pasar sino -con gran trabajo, y tambien os mostraremos un vado, aunque no va muy -bajo; y lo que señor capitan, os pedimos de mercedes, que pues os -hacemos esta buena obra, que cuando hayais vencido y desbaratado estos -chiapanecas, que nos deis licencia para que salgamos de su poder é -irnos á nuestras tierras; y para que mejor creais lo que os decimos que -es verdad, en las canoas que ahora pasamos dejamos escondidas en el -rio, con otros nuestros compañeros y hermanos, y os traemos presentadas -tres joyas de oro, que eran unas como diademas; y tambien traemos -gallinas y ciruelas.» - -Y demandaron licencia para ir por ello, y dijeron que habia de ser -muy callando, no los sintiesen los chiapanecas, que están velando -y guardando los pasos del rio; y cuando el capitan entendió lo que -los indios le dijeron, y la gran ayuda que era pasar aquel recio -y corriente rio, dió gracias á Dios y mostró buena voluntad á los -mensajeros, y prometió de hacerlo como le pedian, y aun dalles ropa y -despojos de lo que hubiésemos de aquella ciudad; y se informó dellos -cómo en las dos batallas pasadas les habiamos muerto y herido más -de ciento veinte chiapanecas, y que tenian aparejados para otro dia -otros muchos guerreros, y que á los de los pueblezuelos donde eran -estos mensajeros les hacian salir á pelear contra nosotros; y que no -temiésemos dellos, que ántes nos ayudarian, y que al pasar del rio -nos habian de aguardar, porque tenian por imposible que terniamos -atrevimiento de pasalle; y que cuando lo estuviésemos pasando, que -allí nos desbaratarian, y dado este aviso, se quedaron dos de aquellos -indios con nosotros, y los demás fueron á sus pueblos á dar órden -para que muy de mañana trujesen veinte canoas, en lo cual cumplieron -muy bien su palabra; y despues que se fueron reposamos algo de lo -que quedó de la noche, y no sin mucho recado de velas y escuchas y -rondas, porque oimos el gran rumor de los guerreros que se juntaban -en la ribera del rio, y el tañer de las trompetillas y atambores y -cornetas. - -Y como amaneció, vimos las canoas, que ya descubiertamente las traian, -á pesar de los de Chiapa; porque, segun pareció, ya habian sentido los -de Chiapa cómo los naturales de aquellos pueblezuelos se les habian -levantado y hecho fuertes y eran de nuestra parte, y habian prendido -algunos dellos, y los demás se habian hecho fuertes en su gran cu, -y á esta causa habia revueltas y guerra entre los chiapanecas y los -pueblezuelos que dicho tengo; y luego nos fueron á mostrar el vado, y -entónces nos daban mucha priesa aquellos amigos que pasásemos presto -el rio, con temor no sacrificasen á sus compañeros que habian prendido -aquella noche; pues de que llegamos al vado que nos mostraron, iba -muy hondo; y puestos todos en gran concierto, así los ballesteros -como escopeteros y los de á caballo, y los indios de los pueblezuelos -nuestros amigos con sus canoas, y aunque nos daba el agua cerca de los -pechos, todos hechos un tropel, para soportar el ímpetu y fuerza del -agua, quiso Dios que pasamos cerca de la otra parte de tierra; y ántes -de acabar de pasar, vienen contra nosotros muchos guerreros y nos dan -una buena rociada de vara con tiraderas, y flechas y piedra y otras -grandes lanzas, que nos hirieron casi que á todos los más, y á algunos -á dos y á tres heridas, y mataron dos caballos; y un soldado de á -caballo, que se decia Fulano Guerrero ó Guerra, se ahogó al pasar del -rio, que se metió con el caballo en un recio raudal, y era natural de -Toledo, y el caballo salió á tierra sin el amo. - -Volvamos á nuestra pelea, que nos detuvieron un buen rato al pasar del -rio, que no les podiamos hacer retraer ni nosotros podiamos llegar -á tierra, y en aquel instante los de los pueblezuelos que se habian -hecho fuertes contra los chiapanecas, nos vinieron á ayudar en las -espaldas, é á los que estaban al rio batallando con nosotros hirieron -y mataron muchos dellos, porque les tenian grande enemistad, como los -habian tenido presos muchos años; y como aquello vimos, salimos á -tierra los de á caballo, y luego ballesteros, escopeteros y de espada -y rodela, y los amigos mejicanos, y dámosles una tan buena mano, que -se van huyendo, que no paró indio con indio; y luego sin más tardar, -puestos en buen concierto, con nuestras banderas tendidas, y muchos -indios de los dos pueblezuelos con nosotros, entramos en su ciudad; -y como llegamos á lo más poblado, donde estaban sus grandes cues y -adoratorios, tenian las casas tan juntas, que no osamos asentar real, -sino en el campo, y en parte que aunque pusiesen fuego no nos pudiesen -hacer daño; y nuestro capitan envió á llamar de paz á los caciques y -capitanes de aquel pueblo, y fueron los mensajeros tres indios de los -pueblezuelos nuestros amigos, que el uno dellos se decia Xaltepeque, -y asimismo envió con ellos seis capitanes chiapanecas que habiamos -preso en las batallas pasadas, y les envió á decir que vengan luego de -paz, y se les perdonará lo pasado, y que si no vienen, que los iremos -á buscar y les daremos mayor guerra que la pasada y les quemaremos su -ciudad; y con aquellas bravosas palabras luego á la hora vinieron, y -aun trajeron un presente de oro, y se disculparon por haber salido de -guerra, y dieron la obediencia á su majestad, y rogaron á Luis Marin -que no consintiese á nuestros amigos que quemasen ninguna casa, porque -ya habian quemado ántes de entrar en Chiapa, en un pueblezuelo que -estaba poblado ántes de llegar al rio, muchas casas; y Luis Marin les -prometió que así lo haria, y mandó á los mejicanos que traiamos y á los -de Cachula que no hiciesen mal ni daño. - -Quiero tornar á decir que este Cachula que aquí nombro no es la que -está cerca de Méjico, sino un pueblo que se dice como él, que está en -las sierras camino de Chiapa, por donde pasamos. - -Dejemos esto, y dígoos cómo en aquella ciudad hallamos tres cárceles -de redes de madera llenas de prisioneros atados con collares á los -pescuezos, y estos eran de los que prendian por los caminos, é algunos -dellos eran de Guantepeque, y otros zapotecas é otros quilenes, otros -de Soconusco; los cuales prisioneros sacamos de las cárceles é se fué -cada uno á su tierra. - -Tambien hallamos en los cues muy malas figuras de ídolos que adoraban, -é todos los quebró fray Juan, é muchos indios é muchachos sacrificados, -y hallamos muchas cosas malas de sodomías que usaban; y mandóles el -capitan que luego fuesen á llamar todos los pueblos comarcanos que -vengan de paz á dar la obediencia á su majestad. - -Los primeros que vinieron fueron los de Cinacatan y Gopanaustlan, -é Pinola é Guequiztlan é Chamula, é otros pueblos que ya no se me -acuerda los nombres dellos, quiniles, y otros pueblos que eran de -la lengua zoque, y todos dieron la obediencia á su majestad, y aun -estaban espantados cómo, tan pocos como éramos, podiamos vencer á -los chiapanecas; y ciertamente mostraron todos gran contento, porque -estaban mal con ellos. - -Estuvimos en aquella ciudad cinco dias, é dijo fray Juan Misa é -confesaron algunos soldados, é predicó á los indios en su lengua, que -la sabia bien, y los indios holgaron de oirle y adoraron la santa cruz, -é decian que se habian de bautizar, y que pareciamos muy buena gente, y -tomaron amor al fraile fray Juan. - -Y en aquel instante un soldado de aquellos que traiamos en nuestro -ejército desmandóse del real, y vase sin licencia del capitan á un -pueblo que habia venido de paz, que ya he dicho que se dice Chamula, y -llevó consigo ocho indios mejicanos de los nuestros, y demandó á los -de Chamula que le diesen oro, y decia que lo mandaba el capitan, é los -de aquel pueblo le dieron unas joyas de oro, y porque no le daban más, -echó preso al cacique; y cuando vieron los del pueblo hacer aquella -demasía, quisieron matar al atrevido y desconsiderado soldado, y luego -se alzaron, y no solamente ellos, pero tambien hicieron alzar á los de -otro pueblo que se decia Gueyhuiztlan, sus vecinos; y de que aquello -alcanzó á saber el capitan Luis Marin, prende al soldado, y luego manda -que por la posta le llevasen á Méjico para que Cortés le castigase; y -esto hizo el Luis Marin porque era un hombre el soldado que se tenia -por principal, que por su honor no nombro su nombre, hasta que venga -en coyuntura en parte que hizo otra cosa que aun es muy peor, como era -malo y cruel con los indios, como adelante diré. - -Y despues desto hecho, el capitan Luis Marin envió á llamar al pueblo -de Chamula que venga de paz, é les envió á decir que ya habia castigado -y enviado á Méjico al español que les iba á demandar oro y les hacia -aquellas demasías. - -La respuesta que dieron fué mala, y la tuvimos por muy peor por causa -de que los pueblos comarcanos no se alzasen; y fué acordado que luego -fuésemos sobre ellos, y hasta traelles de paz no les dejar; y despues -de como les habló muy blandamente á los caciques chiapanecas, y fray -Juan les dijo con buenas lenguas, que las sabia, las cosas tocantes á -nuestra santa fe, y que dejasen los ídolos y sacrificios y sodomías y -robos, y les puso cruces é una imágen de Nuestra Señora en un altar -que les mandamos hacer, y el capitan Luis Marin les dió á entender -cómo éramos vasallos de su majestad cesárea, é otras muchas cosas que -convenian, y aun les dejamos poblada más de la mitad de su ciudad; y -los dos pueblos nuestros amigos que nos trajeron las canoas para pasar -el rio y nos ayudaron en la guerra salieron de poder de los chiapanecas -con todas sus haciendas é mujeres é hijos, y se fueron á poblar al rio -abajo, obra de diez leguas de Chiapa, donde ahora esta poblado lo de -Xaltepeque, y el otro pueblo que se dice Istatlan se fué á su tierra, -que era de Guantepeque. - -Volvamos á nuestra partida para Chamula, y es que luego enviamos á -llamar á los de Cinacatan, que eran gente de razon, y muchos dellos -mercaderes, y se les dijo que nos trajesen ducientos indios para llevar -el fardaje, é que íbamos á su pueblo porque por allí era el camino de -Chamula; y demandó á los de Chiapa otros ducientos indios guerreros -con armas para ir en nuestra compañía, y luego los dieron; y salimos -de Chiapa una mañana, y fuimos á dormir á unas salinas, donde nos -tenian hechos los de Cinacatan buenos ranchos; y otro dia á medio dia -llegamos á Cinacatan, y allí tuvimos la santa Pascua de Resurreccion; -y tornamos á llamar de paz á los de Chamula, é no quisieron venir, é -hubimos de ir á ellos, que seria entónces donde estaban poblados de -Cinacatan obra de tres leguas, y tenian entónces las casas y pueblos -de Chamula en una fortaleza muy mala de ganar, y muy honda cava por -la parte que les habiamos de combatir, y por otras partes muy peor -é más fuerte; é ansí como llegamos con nuestro ejército, nos tiran -tanta piedra de lo alto é vara y flecha, que cubria el suelo; pues las -lanzas muy largas con más de dos varas de cuchilla de pedernales, que -ya he dicho otras veces que cortaban más que espadas, y unas rodelas -hechas á manera de pavesinas, con que se cubren todo el cuerpo cuando -pelean, y cuando no las han menester, las arrollan y doblan de manera -que no les hacen estorbo ninguno, é con hondas mucha piedra, y tal -priesa se daban á tirar flecha y piedra, que hirieron cinco de nuestros -soldados é dos caballos, é con muchas voces é gran grita é silbos é -alaridos, y atambores y caracoles, que era cosa de poner espanto á -quien no los conociera; y como aquello vió Luis Marin, entendió que -de los caballos no se podian aprovechar, que era sierra, mandó que se -tornasen á bajar á lo llano, porque donde estábamos era gran cuesta -y fortaleza, y aquello que les mandó fué porque temiamos que venian -allí á dar en nosotros los guerreros de otros pueblos que se dicen -Quiahuitlan, que estaba alzado, y porque hubiese resistencia en los de -á caballo; y luego comenzamos de tirar en los de la fortaleza muchas -saetas y escopetas, y no les podiamos hacer daño ninguno, con los -grandes mamparos que tenian, y ellos á nosotros sí, que siempre herian -muchos de los nuestros; y estuvimos aquel dia desta manera peleando, -y no se les daba cosa ninguna por nosotros, y si les procurábamos de -entrar donde tenian hechos unos mamparos y almenas, estaban sobre dos -mil lanceros en los puestos para la defensa de los que les probamos -á entrar; y ya que quisiéramos entrar é aventurar las personas en -arrojarnos dentro de su fortaleza, habiamos de caer de tan alto, que -nos habiamos de hacer pedazos, y no era cosa para ponernos en aquella -ventura; y despues de bien acordado cómo y de qué manera habiamos de -pelear, se concertó que trajésemos madera y tablas de un pueblezuelo -que allí junto estaba despoblado, é hiciésemos burros ó mantas, que así -se llaman, y en cada uno dellos cabian veinte personas, y con azadones -y picos de hierro que traiamos, é con otros azadones de la tierra, -de palo, que allí habia, les cavábamos y deshaciamos su fortaleza, y -deshicimos un portillo para podelles entrar, porque de otra manera era -excusado; porque por otras dos partes, que todo lo miramos más de una -legua de allí al rededor, estaba otra muy mala entrada y peor de ganar -que adonde estábamos, por causa que era una bajada tan agra, que á -manera de decir, era entrar en los abismos. - -Volvamos á nuestros mamparos y mantas, que con ellas les estábamos -deshaciendo sus fortalezas, y nos echaban de arriba mucha pez y -resina ardiendo, y agua y sangre toda revuelta y muy caliente, y -otras veces lumbre y rescoldo, y nos hacian mala obra; y luego tras -esto mucha multitud de piedras y muy grandes que nos desbarataron -nuestros ingenios, que nos hubimos de retirar y tornallos á adobar; y -luego volvimos sobre ellos, y cuando vieron que les haciamos mayores -portillos, se ponen cuatro papas y otras personas principales sobre -una de sus almenas, y vienen cubiertos con sus pavesinas é otros -talabardones de maderas, é dicen: - -—«Pues que deseais é quereis oro, entrad dentro, que aquí tenemos -mucho.» - -Y nos echaron desde las almenas siete diademas de oro fino, y muchas -cuentas vaciadizas é otras joyas, como caracoles y ánades, todo de oro, -y tras ello mucha flecha y vara y piedra, é ya les teniamos hechas dos -grandes entradas; y como era ya de noche y en aquel instante comenzó á -llover dejamos el combate para otro dia, y allí dormimos aquella noche -con buen recaudo; y mandó el capitan á ciertos de á caballo que estaban -en tierra llana, que no se quitasen de sus puestos y tuviesen los -caballos ensillados y enfrenados. - -Volvamos á los chamultecas, que toda la noche estuvieron tañendo -atabales y trompetillas y dando voces y gritos, y decian que otro dia -nos habian de matar que así se lo habia prometido su ídolo; y cuando -amaneció volvimos con nuestros ingenios y mantas á hacer mayores -entradas, y los contrarios con grande ánimo defendiendo su fortaleza, -y aun hirieron este dia á cinco de los nuestros, y á mí me dieron un -buen bote de lanza, que me pasaron las armas, y si no fuera por el -mucho algodon y bien colchadas que eran, me mataran, porque con ser -buenas las pasaron y echaron buen pelote de algodon fuera, me dieron -una chica herida; y en aquella sazon era más de medio dia, y vino muy -grande agua y luego una muy oscura neblina; porque, como eran sierras -altas, siempre hay neblinas y aguaceros; y nuestro capitan, como llovia -mucho, se apartó del combate, y como ya era acostumbrado á las guerras -pasadas de Méjico, bien entendí que en aquella sazon que vino la -neblina no daban los contrarios tantas voces ni gritos como de ántes; -y veia que estaban arrimadas á los aduares y fortalezas y barbacanas -muchas lanzas, y que no las veia menear, sino hasta ducientas dellas, -sospeché lo que fué, que se querian ir ó se iban entónces, y de presto -les entramos por un portillo yo y otro mi compañero, y estaban obra -de ducientos guerreros, los cuales arremetieron á nosotros y nos dan -muchos botes de lanza; y si de presto no fuéramos socorridos de unos -indios de Cinacatan, que dieron voces á nuestros soldados, que entraron -luego con nosotros en su fortaleza, allí perdiéramos las vidas; y como -estaban aquellos chamultecas con sus lanzas haciendo cara y vieron el -socorro, se van huyendo, porque los demás guerreros ya se habian huido -con la neblina; y nuestro capitan con todos los soldados y amigos -entraron dentro, y estaba ya alzado todo el hato, y la gente menuda y -mujeres ya se habian ido por el paso muy malo, que he dicho que era -muy hondo y de mala subida y peor bajada; y fuimos en el alcance, -y se prendieron muchas mujeres, muchachos y niños y sobre treinta -hombres, y no se halló despojo en el pueblo, salvo bastimento; y esto -hecho, nos volvimos con la presa camino de Cinacatan, y fué acordado -que asentásemos nuestro real junto á un rio adonde está ahora poblada -la Ciudad-Real, que por otro nombre llaman Chiapa de los Españoles; y -desde allí soltó el capitan Luis Marin seis indios con sus mujeres, de -los presos de Chamula, para que fuesen á llamar los de Chamula, y se -les dijo que no hubiesen miedo, y se les darian todos los prisioneros; -y fueron los mensajeros, y otro dia vinieron de paz y llevaron toda -su gente, que no quedó ninguna; y despues de haber dado la obediencia -á su majestad, me depositó aquel pueblo el capitan Luis Marin, porque -desde Méjico se lo habia escrito Cortés, que me diese una buena cosa de -lo que se conquistase, y tambien porque era yo mucho su amigo del Luis -Marin, y porque fuí el primer soldado que les entró dentro; y Cortés me -envió cédula de encomienda guardada, y me tributaron más de ocho años. - -En aquella sazon no estaba poblada la Ciudad-Real, que despues se -pobló, é se dió mi pueblo para la poblacion. - -Dejemos esto, y digamos cómo yo pedí á fray Juan que les predicase, y -él lo hizo de voluntad, y les puso altar y una cruz y una imágen de la -Vírgen, y se bautizaron luego quince; é decia el fraile que esperaba en -Dios habian de ser aquellos buenos católicos, é yo me alegraba, porque -los queria bien, como á cosa mia. - -Pero volvamos á nuestra relacion: que, como ya Chamula estaba de paz, -é Gueguistitlan, que estaba alzado, no quisieron venir de paz aunque -les enviamos á llamar, acordó nuestro capitan que fuésemos á los -buscar á sus pueblos; y digo aquí pueblos, porque entónces eran tres -pueblezuelos, y todos puestos en fortaleza; y dejamos allí adonde -estaban nuestros ranchos los heridos y fardaje, y fuimos con el capitan -los más sueltos y sanos soldados, y los de Cinacatan nos dieron sobre -trecientos indios de guerra, que fueron con nosotros, y seria de allí -á los pueblos de Gueguistitlan obra de cuatro leguas; y como íbamos á -sus pueblos, hallamos todos los caminos cerrados, llenos de maderos é -árboles cortados y muy embarazados, que no podian pasar caballos: y con -los amigos que llevábamos los desembarazamos é quitaron los maderos; y -fuimos á un pueblo de los tres, que ya he dicho que era fortaleza, y -hallámosle lleno de guerreros, y comenzaron á nos dar grita y voces y -á tirar vara y flecha, y tenian granzas y pavesinas y espadas de á dos -manos de pedernal, que cortan como navajas, segun y de la manera de los -de Chamula; y nuestro capitan con todos nosotros les íbamos subiendo -la fortaleza, que era muy más mala y recia de tomar que no la de -Chamula; acordaron de se ir huyendo y dejar el pueblo despoblado y sin -cosa ninguna de bastimentos; y los canacantecas prendieron dos indios -dellos, que luego trajeron al capitan, los cuales mandó soltar, para -que llamasen de paz á todos los más sus vecinos, y aguardamos allí un -dia que volviesen con la respuesta, y todos vinieron de paz, y trajeron -un presente de oro de poca valía y plumajes de quetzales, que son unas -plumas que se tienen entre ellos en mucho, y nos volvimos á nuestros -ranchos; y porque pasaron otras cosas que no hacen á nuestra relacion, -se dejarán de decir, y diremos cómo cuando hubimos vuelto á los ranchos -pusimos en plática que seria bien poblar allí adonde estábamos una -villa, segun que Cortés nos mandó que poblásemos, y muchos soldados de -los que allí estábamos deciamos que era bien, y otros que tenian buenos -indios en lo de Guacacualco eran contrarios, y pusieron por achaque -que no teniamos herraje para los caballos, y que éramos pocos, y todos -los más heridos, y la tierra muy poblada, y los más pueblos estaban -en fortalezas y en grandes sierras, y que no nos podriamos valer ni -aprovechar de los caballos, y decian por ahí otras cosas; y lo peor de -todo, que el capitan Luis Marin é un Diego de Godoy, que era escribano -del Rey, persona muy entremetida, no tenian voluntad de poblar, sino -volver á nuestros ranchos y villa; é un Alonso de Grado, que ya le he -nombrado otras veces en el capítulo pasado, el cual era más bullicioso -que hombre de guerra, parece ser traia secretamente una cédula de -encomienda firmada de Cortés, en que le daba la mitad del pueblo de -Chiapa cuando estuviese pacificado, y por virtud de aquella cédula -demandó al capitan Luis Marin que le diese el oro que hubo en Chiapa -que dieron los indios, é otro que se tomó en los templos de los ídolos -del mismo Chiapa, que serian mil é quinientos pesos, y Luis Marin decia -que aquello era para ayudar á pagar los caballos que habian muerto en -la guerra en aquella jornada; y sobre ello y sobre otras diferencias -estaban muy mal el uno con el otro, y tuvieron tantas palabras, que el -Alonso de Grado, como era mal condicionado, se desconcertó en hablar; -y quien se metia en medio y lo revolvia todo era el escribano Diego de -Godoy. - -Por manera que Luis Marin los echó presos al uno y al otro, y con -grillos y cadenas los tuvo seis ó siete dias presos, y acordó de -enviar á Alonso de Grado á Méjico preso, y al Godoy con ofertas y -prometimientos y buenos intercesores le soltó; y fué peor, que se -concertaron luego el Grado y el Godoy de escribir desde allí á Cortés -muy en posta, diciendo muchos males de Luis Marin, y aun Alonso de -Grado me rogó á mí que de mi parte escribiese á Cortés, y en la carta -le disculpase al Grado, porque le decia el Godoy al Grado que Cortés -en viendo mi carta le daria crédito, y no dijese bien del Marin; é yo -escribí lo que me pareció que era verdad, y no culpando al capitan -Marin; y luego envió preso á Méjico al Alonso de Grado, con juramento -que le tomó que se presentaria ante Cortés dentro de ochenta dias, -porque desde Cinacatan habia por la via y camino que venimos sobre -ciento y noventa leguas hasta Méjico. - -Dejemos de hablar de todas estas revueltas y embarazos; é ya partido -el Alonso de Grado, acordamos de ir á castigar á los de Cimatan, que -fueron en matar los dos soldados cuando me escapé yo y Francisco -Martin, vizcaino, de sus manos; é yendo que íbamos caminando para unos -pueblos que se dicen Tapelola, é ántes de llegar á ellos habia unas -sierras y pasos tan malos, así de subir como de bajar, que tuvimos por -cosa dificultosa el poder pasar por aquel puerto; y Luis Marin envió á -rogar á los caciques de aquellos pueblos que los adobasen de manera que -pudiésemos pasar é ir por ellos, é así lo hicieron, y con mucho trabajo -pasaron los caballos, y luego fuimos por otros pueblos que se dicen -Silo, Suchiapa é Coyumelapa, y desde allí fuimos á este Panguaxaya; -y llegados que fuimos á otros pueblos que se dicen Tecomayacatal é -Ateapan, que en aquella sazon todo era un pueblo y estaban juntas casas -con casas, y era una poblacion de las grandes que habia en aquella -provincia, y estaba en mí encomendada por Cortés; y como entónces -era mucha poblacion, y con otros pueblos que con ellos se juntaron, -salieron de guerra al pasar de un rio muy hondo que pasa por el pueblo, -é hirieron seis soldados y mataron tres caballos, y estuvimos buen -rato peleando con ellos; y al fin pasamos el rio é se huyeron, y ellos -mismos pusieron fuego á las casas y se fueron al monte; estuvimos -cinco dias curando los heridos y haciendo entradas, donde se tomaron -muy buenas indias, y se les envió á llamar de paz, y que se les daria -la gente que habiamos preso y que se les perdonaria lo de la guerra -pasada; y vinieron todos los más indios y poblaron su pueblo, y -demandaban sus mujeres é hijos, como lo habian prometido. - -El escribano Diego de Godoy aconsejaba al capitan Luis Marin que no -las diese, sino que se echase el hierro del Rey, y que se echaba -á los que una vez habian dado la obediencia á su majestad y se -tornaban á levantar sin causa ninguna; y porque aquellos pueblos -salieron de guerra y nos flecharon y nos mataron los tres caballos, -decia el Godoy que se pagasen los tres caballos con aquellas piezas -de indios que estaban presos; é yo repliqué que no se herrasen, y -que no era justo, pues vinieron de paz; y sobre ello yo y el Godoy -tuvimos grandes debates y palabras y aun cuchilladas, que entrambos -salimos heridos, hasta que nos despartieron y nos hicieron amigos; y -el capitan Luis Marin era muy bueno y no era malicioso, é vió que no -era justo hacer más de lo que le pedí por merced, y mandó que diesen -todas las mujeres y toda la más gente que estaba presa á los caciques -de aquellos pueblos, y los dejamos en sus casas muy de paz; y desde -allí atravesamos al pueblo de Cimatlan y otros pueblos que se dicen -Talatupan, y ántes de entrar en el pueblo tenian hechas unas saeteras -y andamios junto á un monte, y luego estaban unas ciénagas, é así como -llegamos nos dan de repente una tan buena rociada de flecha con muy -buen concierto y ánimo, y hirieron sobre veinte soldados y mataron -dos caballos, y si de presto no les desbaratáramos y deshiciéramos -sus cercados y saeteras, mataran é hirieran muchos más, y luego se -acogieron á las ciénagas; y estos indios destas provincias son grandes -flecheros, que pasan con sus flechas y arcos dos dobleces de armas de -algodon bien colchadas, que es mucha cosa; y estuvimos en un pueblo -dos dias, y los enviamos á llamar de paz y no quisieron venir; y como -estábamos cansados, y habia allí muchas ciénagas que tiemblan, que no -pueden entrar en ellas los caballos ni aun ninguna persona sin que se -atolle en ellas, y han de salir arrastrando y á gatas, y aun si salen -es maravilla, tanto son de malas. - -É por no ser yo más largo sobre este caso, por todos nosotros fué -acordado que volviésemos á nuestra villa de Guacacualco, y volvimos por -unos pueblos de la Chontalpa, que se dicen Guimango é Nacaxu, y Xuica -é Teotitan Copileo, é pasamos otros pueblos, y á Ulapa, y el rio de -Ayagualco é al de Tonala, y luego á la villa de Guacacualco; y del oro -que se hubo en Chiapa y en Chamula, sueldo por libra se pagaron los -caballos que mataron en las guerras. - -Dejemos esto, y digamos que como el Alonso de Grado llegó á Méjico -delante de Cortés, y cuando supo de la manera que iba, le dijo muy -enojado: - -—«¿Cómo, señor Alonso de Grado, que no podeis caber ni en una parte ni -en otra? Lo que os ruego es que mudeis esa mala condicion; si no, en -verdad que os enviaré á la isla de Cuba, aunque sepa daros tres mil -pesos con que allá vivais, porque yo no os puedo sufrir.» - -Y al Alonso de Grado se le humilló de manera, que tornó á estar bien -con el Cortés, y el Luis Marin y fray Juan escribieron á Cortés todo lo -acaecido. - -Y dejallo hé aquí y diré lo que pasó en la córte sobre el Obispo de -Búrgos é Arzobispo de Rosano. - - - - -CAPÍTULO CLXVII. - -CÓMO ESTANDO EN CASTILLA NUESTROS PROCURADORES RECUSARON AL OBISPO DE -BÚRGOS, Y LO QUE MÁS PASÓ. - - -Ya he dicho en los capítulos pasados que don Juan Rodriguez de Fonseca, -Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, que así se nombraba, hacia -mucho por las cosas de Diego Velazquez, y era contrario de las de -Cortés y á todas las nuestras; y quiso nuestro Señor Jesucristo que en -el año de 1521 fué elegido en Roma por Sumo Pontífice nuestro muy Santo -Padre el Papa Adriano de Lobayna, y en aquella sazon estaba en Castilla -por gobernador della y residia en la ciudad de Vitoria, y nuestros -procuradores fueron á besar sus santos piés y un gran señor aleman, -que era de la cámara de su majestad, que se decia mosiur de Lasoa, -le vino á dar el parabien del Pontificado por parte del Emperador -nuestro señor á Su Santidad, y el mosiur de Lasoa tenia noticia de -los heróicos hechos y grandes hazañas que Cortés y todos nosotros -habiamos hecho en la conquista desta Nueva-España, y los grandes, -muchos, buenos y notables servicios que siempre haciamos á su majestad, -y de la conversion de tantos millares de indios que se convertian á -nuestra santa fe; y parece ser aquel caballero aleman suplicó al santo -Padre Adriano que fuese servido entender muy de hecho en las cosas -entre Cortés y el Obispo de Búrgos, y Su Santidad lo tomó tambien muy -á pechos; porque, allende de las quejas que nuestros procuradores -propusieron ante nuestro Santo Padre, le habian ido otras muchas -personas de calidad á se quejar del mismo Obispo de muchos agravios -é sinjusticias que decian que hacia; porque, como su majestad estaba -en Flandes, y el Obispo era presidente de Indias, todo se lo mandaba, -y era malquisto; y segun entendimos, nuestros procuradores hallaron -calor para le osar recusar. - -Por manera que se juntaron en la córte Francisco de Montejo y Diego -de Ordás y el licenciado Francisco Nuñez, primo de Cortés, y Martin -Cortés, padre del mismo Cortés, y con favor de otros caballeros y -grandes señores que les favorecieron, y uno dellos, y el que más metió -la mano, fué el duque de Béjar; y con estos favores le recusaron con -gran osadía y atrevimiento al Obispo ya por mí dicho, y las causas que -dieron muy bien probadas. - -Lo primero fué que el Diego Velazquez dió al Obispo un muy buen pueblo -en la isla de Cuba, y que con los indios del pueblo le sacaban oro de -las minas y se lo enviaba á Castilla; y que á su majestad no le dió -ningun pueblo, siendo más obligado á ello que al Obispo. - -Y lo otro, que en el año de 1517 años, que nos juntamos ciento y diez -soldados con un capitan que se decia Francisco Hernandez de Córdoba, -é que á nuestra costa compramos navíos y matalotaje y todo lo demás, -y salimos á descubrir la Nueva-España; y que el Obispo de Búrgos hizo -relacion á su majestad que Diego Velazquez la descubrió, y no fué así. - -Y lo otro, que envió el mismo Diego Velazquez á lo que habiamos -descubierto á un sobrino suyo que se decia Juan de Grijalva, é que -descubrió más adelante, é que hubo en aquella jornada sobre veinte mil -pesos de oro de rescate, y que todo lo más envió el Diego Velazquez al -mismo Obispo, é que no dió parte dello á su majestad; é que cuando -vino Cortés á conquistar la Nueva-España, que envió un presente á -su majestad, que fué la luna de oro y el sol de plata é mucho oro -en grano sacado de las minas, é gran cantidad de joyas y tejuelos -de oro de diversas maneras, y escribimos á su majestad el Cortés y -todos nosotros sus soldados dándole cuenta y razon de lo que pasaba, -y envió con ello á Francisco de Montejo é á otro caballero que se -decia Alonso Hernandez Puertocarrero, primo del conde de Medellin, que -no los quiso oir, y les tomó todo el presente de oro que iba para su -majestad, y les trató mal de palabra, llamándolos de traidores, é que -venian á procurar por otro traidor; y que las cartas que venian para -su majestad las encubrió, y escribió otras muy al contrario dellas, -diciendo que su amigo Diego Velazquez envia aquel presente; y que no le -envió todo lo que traian, que el Obispo se quedó con la mitad y mayor -parte dello. - -Y porque el Alonso Hernandez Puertocarrero, que era uno de los dos -procuradores que enviaba Cortés, le suplicó al Obispo que le diese -licencia para ir á Flandes, adonde estaba su majestad, le mandó echar -preso, y que murió en las cárceles; y que envió á mandar en la casa de -la contratacion de Sevilla al contador Pedro de Isasala y Juan Lopez -de Recalde, que estaban en ella por oficiales de su majestad, que no -diesen ayuda ninguna para Cortés, así de soldados como de armas ni -otra cosa, y que proveia los oficiales y cargos, sin consultallo con -su majestad, á hombres que no lo merecian ni tenian habilidad ni saber -para mandar, como fué al Cristóbal de Tapia, y que por casar á su -sobrina doña Petronila de Fonseca con Tapia ó con el Diego Velazquez -le prometió la gobernacion de Nueva-España; é que aprobaba por buenas -las falsas relaciones é procesos que hacian los procuradores de Diego -Velazquez, los cuales eran Andrés de Duero y Manuel de Rojas y el -Padre Benito Martin, y aquellas enviaba á su majestad por buenas, y -las de Cortés y de todos los que estábamos sirviendo á su majestad, -siendo muy verdaderas, encubria y torcia y las condenaba por malas; -y le pusieron otros muchos cargos, y todo muy bien probado, que no -se pudo encubrir cosa ninguna, por más que alegaban por su parte. - -Y luego que esto fué hecho y sacado en limpio, fué llevado á Zaragoza, -adonde Su Santidad estaba en aquella sazon que le recusó, y como vió -los despachos y causas que se dieron en la recusacion, y que las partes -del Diego Velazquez, por más que alegaban que habia gastado en navíos -y costas, fueron rechazados sus dichos; que, pues no acudió á nuestro -Rey y señor, sino solamente al Obispo de Búrgos, su amigo, y Cortés -hizo lo que era obligado, como leal servidor, mandó Su Santidad, como -gobernador que era de Castilla, demás de ser Papa, al Obispo de Búrgos -que luego dejase el cargo de entender en las cosas y pleitos de -Cortés, y que no entendiese en cosa ninguna de las Indias, y declaró -por gobernador desta Nueva-España á Hernando Cortés, y que si algo -habia gastado Diego Velazquez, que se lo pagásemos; y aun envió á -la Nueva-España bulas con muchas indulgencias para los hospitales é -iglesias, y escribió una carta encomendando á Cortés y á todos nosotros -los conquistadores que estábamos en su compañía que siempre tuviésemos -mucha diligencia en la santa conversion de los naturales, é fuese de -manera que no hubiese muertes ni robos, sino con paz y cuanto mejor -se pudiese hacer, é que les vedásemos y quitásemos sacrificios y -sodomías y otras torpedades; y decia en la carta que, demás del gran -servicio que haciamos á Dios nuestro Señor y á su majestad, que Su -Santidad, como nuestro padre y pastor, tenia cargo de rogar á Dios -por nuestras ánimas, pues tanto bien por nuestra mano ha venido á -toda la cristiandad; y aun nos envió otras santas bulas para nuestras -absoluciones. - -É viendo nuestros procuradores lo que mandaba el Santo Padre, así -como Pontífice y gobernador de Castilla, enviaron luego correos muy -en posta adonde su majestad estaba, que ya habia venido de Flandes y -estaba en Castilla, y aun llevaron cartas de Su Santidad para nuestro -Monarca; y despues de muy bien informado de lo de atrás por mí dicho, -confirmó lo que el Sumo Pontífice mandó, y declaró por gobernador -de la Nueva-España á Cortés, y á lo que el Diego Velazquez gastó de -su hacienda en la armada, que se le pagase, y aun le mandó quitar la -gobernacion de la isla de Cuba, por cuanto habia enviado el armada -con Pánfilo de Narvaez sin licencia de su majestad, no embargante que -la Real audiencia y los Frailes Jerónimos que residian en la isla de -Santo Domingo por gobernadores, se lo habian defendido, y aun sobre se -lo quitar enviaron á un oidor de la misma Real audiencia, que se decia -Lúcas Vazquez de Ayllon, para que no consintiese ir la tal armada, y en -lugar de le obedecer, le echaron preso y le enviaron con prisiones en -un navío. - -Dejemos de hablar desto, y digamos que, como el Obispo de Búrgos supo -lo por mí atrás dicho, y lo que Su Santidad y su majestad mandaban, -é se lo fueron á notificar, fué muy grande el enojo que tomó, de que -cayó muy malo, é se salió de la córte y se fué á Toro, donde tenia su -asiento y casas; y por mucho que metió la mano su hermano don Antonio -de Fonseca, señor de Coca é Alaéjos, en le favorecer, no lo pudo volver -en el mando que de ántes tenia. - -Y dejemos de hablar desto, y digamos que á gran bonanza que en favor -de Cortés hubo, se siguió contrariedad; que le vinieron otros grandes -contrastes de acusaciones que le ponian por Pánfilo de Narvaez y -Cristóbal de Tapia y por el piloto Cárdenas, que he dicho en el -capítulo que sobre ello habla que cayó malo de pensamiento cómo no -le dieron la parte del oro de lo primero que se envió á Castilla; y -tambien le acusó un Gonzalo de Umbría, piloto, á quien Cortés mandó -cortar los piés porque se alzaba con un navío con Cermeño y Pedro -Escudero, que mandó ahorcar Cortés. - - -FIN DEL TOMO SEGUNDO. - - - - -ÍNDICE. - - - _Páginas._ - - Capítulo CXII. 5 - - — CXIII. 9 - - — CXIV. 13 - - — CXV. 17 - - — CXVI. 26 - - — CXVII. 29 - - — CXVIII. 34 - - — CXIX. 36 - - — CXX. 41 - - — CXXI. 50 - - — CXXII. 53 - - — CXXIII. 70 - - — CXXIV. 71 - - — CXXV. 78 - - — CXXVI. 84 - - — CXXVII. 99 - - — CXXVIII. 103 - - — CXXIX. 126 - - — CXXX. 139 - - — CXXXI. 146 - - — CXXXII. 149 - - — CXXXIII. 155 - - — CXXXIV. 159 - - — CXXXV. 166 - - — CXXXVI. 170 - - — CXXXVII. 182 - - — CXXXVIII. 193 - - — CXXXIX. 196 - - — CXL. 208 - - — CXLI. 216 - - — CXLII. 230 - - — CXLIII. 242 - - — CXLIV. 246 - - — CXLV. 262 - - — CXLVI. 283 - - — CXLVII. 287 - - — CXLVIII. 290 - - — CXLIX. 293 - - — CL. 297 - - — CLI. 313 - - — CLII. 339 - - — CLIII. 360 - - — CLIV. 373 - - — CLV. 379 - - — CLVI. 391 - - — CLVII. 409 - - — CLVIII. 422 - - — CLIX. 440 - - — CLX. 451 - - — CLXI. 467 - - — CLXII. 472 - - — CLXIII. 501 - - — CLXIV. 505 - - — CLXV. 520 - - — CLXVI. 526 - - — CLXVII. 558 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE -LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. 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margin:1em 0'> -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and -most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)</div> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Bernal Díaz del Castillo</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: March 28, 2021 [eBook #64946]</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> - -<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.)</div> - -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) ***</div> - -<div class="front"> - <hr class="full" /> - <p><a href="#ToC">Índice</a></p> - <h1 class="faux">Verdadera historia de los sucesos de la conquista de - la Nueva-España (2 de 3)</h1> -</div> - -<div class="transnote" id="tnote"> - <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p> - <ul> - <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li> - - <li>La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las - variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de - los nombres propios y de los términos indígenas.</li> - - <li>En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853 - por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de - Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero - cuyos errores tipográficos son menores.</li> - - <li>No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha - distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué», - distinción no siempre presente en el original impreso.</li> - - <li>Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y - seguido —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y - aparte, con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del - original.</li> - - <li>También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una - raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 28em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - - -<div class="chapter pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p> - <p class="centra ws1 fs150">CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA</p> - <p class="centra fs75 mt1">POR</p> - <p class="centra ws1 fs130 mt05">BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.</p> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="tit"> - <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p> - <p class="fs130 ws1">VERDADERA HISTORIA</p> - <p class="fs90 ws1 mt15">DE LOS SUCESOS</p> - <p class="fs140 ws1 mt1">DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA,</p> - <p class="fs120 ws1 mt2">POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO,</p> - <p class="fs90 ws1 mt1">UNO DE SUS CONQUISTADORES.</p> - - <div class="cajatit"> - <p><b>TOMO II.</b></p> - </div> - - <p class="mt2">MADRID.—1863.</p> - <p class="ws1">Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12.</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_112"> - <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p> - <p class="centra fs120 ws1">CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA</p> - <p class="centra fs75 mt1">POR</p> - <p class="centra ws1 g1 mt05">BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.</p> - <hr class="tir" /> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS, DESPUES DE BIEN INFORMADO DE QUIÉN ERA - CAPITAN Y QUIÉN Y CUÁNTOS VENIAN EN LA ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS - DE GUERRA QUE TRAIA, Y DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS QUE - Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ AL CAPITAN É Á OTROS SUS AMIGOS, - ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE DUERO, SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y - TAMBIEN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA ORO Y ROPA AL NARVAEZ, Y LAS - PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DECIR EL NARVAEZ AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO - VENIA EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LÚCAS VAZQUEZ DE AILLON, - OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE SANTO DOMINGO, É LA INSTRUCCION QUE - TRAIAN.</p> -</div> - -<p>Como Cortés en todo tenia cuidado y advertencia, y cosa ninguna -se le pasaba que no procuraba poner remedio, y como muchas veces -he dicho ántes de ahora, tenia tan acertados y buenos capitanes y -soldados, que, demás de ser muy esforzados, dábamos buenos consejos, -acor<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span>dóse por todos -que se escribiese en posta con indios que llevasen las cartas al -Narvaez ántes que llegase el clérigo Guevara, con muchas caricias y -ofrecimientos que todos á una le hiciésemos, y que hariamos todo lo -que su merced mandase; y que le pediamos por merced que no alborotase -la tierra, ni los indios viesen entre nosotros disensiones; y esto -deste ofrecimiento fué por causa que, como éramos los de Cortés pocos -soldados en comparacion de los que el Narvaez traia, porque nos tuviese -buena voluntad y para ver lo que sucedia; y nos ofrecimos por sus -servidores, y tambien debajo destas buenas palabras no dejamos de -buscar amigos entre los capitanes de Narvaez: porque el padre Guevara y -el escribano Vergara dijeron á Cortés que Narvaez no venia bienquisto -con sus capitanes, y que les enviase algunos tejuelos y cadenas de -oro, porque dádivas quebrantan peñas: y Cortés les escribió que habia -holgado en gran manera él y todos nosotros sus compañeros con su -llegada á aquel puerto; y pues son amigos de tiempos pasados, que le -pide por merced que no dé causa á que el Montezuma, que está preso, se -suelte y la ciudad se levante, porque será para perderse él y su gente, -y todos nosotros las vidas, por los grandes poderes que tiene: y esto, -que lo dice porque el Montezuma está muy alterado y toda la ciudad -revuelta con las palabras que de allá le ha enviado á decir; é que cree -y tiene por cierto que de un tan<span class="pagenum" id="Page_7">p. -7</span> esforzado y sábio varon, como él es no habian de salir de su -boca cosas de tal arte dichas, ni en tal tiempo, sino que el Cervantes -el chocarrero y los soldados que llevó consigo, como eran ruines lo -dirian.</p> - -<p>Y demás de otras palabras que en la carta iban, se le ofreció con su -persona y hacienda, y que en todo haria lo que mandase.</p> - -<p>Y tambien escribió Cortés al secretario Andrés de Duero y al oidor -Lúcas Vazquez de Aillon, y con las cartas envió ciertas joyas de oro -para sus amigos; y despues que hubo enviado esta carta secretamente, -mandó dar al oidor cadenas y tejuelos y rogó al padre de la Merced que -luego tras la carta fuese al real de Narvaez; y le dió otras cadenas -de oro y tejuelos, y joyas muy estimadas que diese allá á sus amigos, -y así como llegó la primera carta que dicho habemos que escribió -Cortés con los indios ántes que llegase el padre Guevara, que fué el -que Narvaez nos envió, andábala mostrando el Narvaez á sus capitanes, -haciendo burla della y aun de nosotros; y un capitan de los que traia -el Narvaez, que venia por veedor, que se decia Salvatierra, dicen que -hacia bramuras desque la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, que -para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él -estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á -vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la -una dellas; y decia otras liviandades.</p> - -<p>Por manera que no quiso res<span class="pagenum" id="Page_8">p. -8</span>ponder á la carta ni nos tenia en una castañeta.</p> - -<p>Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su -Real, y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran -servidor del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas -ciudades que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que -le será servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por -paz y sin ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire -el señor Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la -gente que trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias; -pues hay tierras hartas donde se pueden albergar.</p> - -<p>É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con -el padre Guevara y con el Amaya, que no los queria despues más ver -ni escuchar; y desque los del real de Narvaez los vieron ir tan -ricos al padre Guevara y al escribano Vergara é á los demás, y les -decian secretamente á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é -de todos nosotros, é que habian visto tanta multitud de oro que en -el real andaba en el juego de los naipes, muchos de los de Narvaez -deseaban estar ya en nuestro real; y en este instante llegó nuestro -padre de la Merced, como dicho tengo, al real de Narvaez con los -tejuelos que Cortés les dió y con cartas secretas, y fué á besar -las manos al Narvaez, é á decille cómo Cortés hará todo lo que le -mandare, é que tenga paz y amor; é como el Narvaez era cabezudo y -ve<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span>nia muy pujante, no -lo quiso oir; ántes dijo delante del mismo padre que Cortés y todos -nosotros éramos unos traidores; é porque el fraile respondió que ántes -éramos muy leales servidores del Rey, le trató mal de palabra; y muy -secretamente repartió el fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien -Cortés le mandó y convocaba y atraia á sí los más principales del real -de Narvaez.</p> - -<p>Y dejallo hé aquí, y diré lo que al oidor Lúcas Velazquez de Aillon -y al Narvaez les aconteció, y lo que sobre ello pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_113"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO HUBIERON PALABRAS EL CAPITAN PÁNFILO DE - NARVAEZ Y EL OIDOR LÚCAS VAZQUEZ DE AILLON, Y EL NARVAEZ LE MANDÓ - PRENDER Y LE ENVIÓ EN UN NAVÍO PRESO Á CUBA Ó Á CASTILLA, Y LO QUE - SOBRE ELLO AVINO.</p> -</div> - -<p>Parece ser que, como el oidor Lúcas Vazquez de Aillon venia á -favorecer las cosas de Cortés y de todos nosotros, porque así se -lo habia mandado la real audiencia de Santo Domingo y los frailes -jerónimos que estaban por gobernadores, como sabian los muchos y -buenos y leales servicios que haciamos á Dios primeramente y á<span -class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> nuestro Rey y señor, y del -gran presente que enviamos á Castilla con nuestros procuradores; é -demás de lo que la audiencia Real le mandó, como el oidor vió las -cartas de Cortés, y con ellas tejuelos de oro, si de ántes decia que -aquella armada que enviaba era injusta, y contra toda justicia que -contra tan buenos servidores del Rey como éramos era mal hecho venir, -de allí adelante lo decia muy clara y abiertamente; y decia tanto bien -de Cortés y de todos los que con él estábamos, que ya en el real de -Narvaez no se hablaba de otra cosa.</p> - -<p>Y demás desto, como veian y conocian en el Narvaez ser la pura -miseria, y el oro y ropa que el Montezuma les enviaba todo se lo -guardaba, y no daba cosa dello á ningun capitan ni soldado, ántes -decia, con voz, que hablaba muy entonado, medio de bóveda, á su -mayordomo:</p> - -<p>—«Mirad que no falte ninguna manta, porque todas están puestas por -memoria.»</p> - -<p>É como aquello conocian dél, é oian lo que dicho tengo del Cortés -y los que con él estábamos, de muy francos, todo su real estaba medio -alborotado, y tuvo pensamiento el Narvaez que el oidor entendia en -ello, é poner zizaña.</p> - -<p>Y demás desto, cuando Montezuma les enviaba bastimento, que repartia -el despensero ó mayordomo de Narvaez, no tenia cuenta con el oidor ni -con sus criados, como era razon, y sobre ello hubo ciertas cosquillas y -ruido en el real; y tambien porque el consejo que daban al Narvaez el -Salvatierra, que dicho tengo que<span class="pagenum" id="Page_11">p. -11</span> venia por veedor, y Juan Bono, vizcaino, y un Gamarra, y -sobre todo, los grandes favores que tenia de Castilla de D. Juan -Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, tuvo tan gran atrevimiento el -Narvaez, que prendió al oidor del Rey, á él y á su escribano y ciertos -criados, y lo hizo embarcar en un navío, y los envió presos á Castilla -ó á la isla de Cuba.</p> - -<p>Y aun sobre todo esto, porque un hidalgo que se decia Fulano de -Oblanco y era letrado, decia al Narvaez que Cortés era muy servidor del -Rey, y todos nosotros los que estábamos en su compañía éramos dignos de -muchas mercedes, y que parecia mal llamarnos traidores, y que era mucho -más mal prender á un oidor de su majestad; y por esto que le dijo, le -mandó echar preso; y como el Gonzalo de Oblanco era muy noble, de enojo -murió dentro de cuatro dias.</p> - -<p>Tambien mandó echar presos á otros dos soldados de los que traia en -su navío, que sabia que hablaban bien de Cortés, entre ellos fué un -Sancho de Barahona, vecino que fué de Guatimala.</p> - -<p>Tornemos á decir del oidor que llevaban preso á Castilla, que con -palabras buenas é con temores que puso al capitan del navío y al -maestre y al piloto que le llevaban á cargo, les dijo que, llegados -á Castilla, que en lugar de paga de lo que hacen, su majestad les -mandaria ahorcar; y como aquellas palabras oyeron, le dijeron que les -pagase su trabajo y le llevarian á Santo Domingo; y así, mudaron la -derrota que Narvaez les habia man<span class="pagenum" id="Page_12">p. -12</span>dado que fuesen; y llegado á la isla de Santo Domingo y -desembarcado, como la audiencia Real que allí residia y los frailes -jerónimos que estaban por gobernadores oyeron al licenciado Lúcas -Vazquez, y vieron tan grande desacato é atrevimiento, sintiéronlo -mucho, y con tanto enojo, que luego lo escribieron á Castilla al Real -Consejo de su majestad; y como el Obispo de Búrgos era presidente y -lo mandaba todo, y su majestad no habia venido de Flandes, no hubo -lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en nuestro favor; ántes el -don Juan Rodriguez de Fonseca diz que se holgó mucho, creyendo que -el Narvaez nos habia ya prendido y desbaratado; y cuando su majestad -estaba en Flandes, y oyeron á nuestros procuradores, y lo que el Diego -Velazquez y el Narvaez habian hecho en enviar la armada sin su Real -licencia, y haber prendido á su oidor, les hizo harto daño en los -pleitos y demandas que despues le pusieron á Cortés y á todos nosotros, -como adelante diré, por más que decian que tenian licencia del Obispo -de Búrgos, que era presidente, para hacer el armada que contra nosotros -enviaron.</p> - -<p>Pues como ciertos soldados, parientes y amigos del oidor Lúcas -Vazquez, vieron que el Narvaez le habia preso, temieron no les -acaeciese lo que hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque ya -les traia sobre los ojos y estaba mal con ellos, acordaron de se ir -desde los arenales huyendo á la villa donde estaba el capitan Sandoval -con<span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span> los dolientes; -y cuando llegaron á le besar las manos, el Sandoval les hizo mucha -honra, y supo dellos todo lo aquí por mí dicho, y cómo queria enviar el -Narvaez á aquella villa soldados á prenderle.</p> - -<p>Y lo que más pasó diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_114"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXIV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO NARVAEZ CON TODO SU EJÉRCITO SE VINO Á UN - PUEBLO QUE SE DICE CEMPOAL, É LO QUE EN EL CONCIERTO SE HIZO, É LO - QUE NOSOTROS HICIMOS ESTANDO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS - DE IR SOBRE NARVAEZ.</p> -</div> - -<p>Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la audiencia Real de Santo -Domingo, luego se vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra á -asentar su real en un pueblo que se dice Cempoal, que en aquella sazon -era muy poblado; é la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al cacique -gordo (que así le llamábamos) todas las mantas é ropa labrada é joyas -de oro, é tambien le tomó las indias que nos habian dado los caciques -de aquel pueblo, que se las dejamos en casa de sus padres é hermanos, -porque eran hijas de señores, é para ir á la guerra muy deli<span -class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>cadas.</p> - -<p>Y el cacique gordo dijo muchas veces al Narvaez que no le tomase -cosa ninguna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como mantas -é indias, porque estaria muy enojado, y le vernia á matar de Méjico, -así al Narvaez como al mismo cacique porque se las dejaba tomar.</p> - -<p>É más, se le quejó el mismo cacique de los robos que le hacian sus -soldados en aquel pueblo, é le dijo que cuando estaba allí Malinche, -que así llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les tomaban cosa -ninguna, é que era muy bueno él é sus soldados los teules, porque -teules nos llamaban; é como aquellas palabras le oia el Narvaez, hacia -burla dél, é un Salvatierra que venia por veedor, otras veces por mí -nombrado, que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo á Narvaez é -otros capitanes sus amigos:</p> - -<p>—«¿No habeis visto qué miedo que tienen todos estos caciques desta -nonada de Cortesillo?»</p> - -<p>Tengan atencion los curiosos letores cuán bueno fuera no decir mal -de lo bueno; porque juro amen que cuando dimos sobre el Narvaez, uno de -los más cobardes é para ménos fué el Salvatierra, como adelante diré; é -no porque no tenia buen cuerpo é membrudo, mas era mal engalibado, mas -no de lengua, y decian que era natural de tierra de Búrgos.</p> - -<p>Dejemos de hablar del Salvatierra, é diré cómo el Narvaez envió á -requerir á nuestro capitan é á todos nosotros con unas provisiones que -decian que eran traslados de los originales que traia para ser capitan -por el Diego<span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span> Velazquez; -las cuales enviaba para que nos las notificase escribano, que se decia -Alonso de Mata, el cual despues, el tiempo andando, fué vecino de la -Puebla, que era ballestero; é enviaba con el Mata á otras tres personas -de calidad.</p> - -<p>É dejallo he aquí, así al Narvaez como á su escribano, é volveré á -Cortés, que como cada dia tenia cartas é avisos, así de los del real -de Narvaez como del capitan Gonzalo de Sandoval, que quedaba en la -Villa-Rica, é le hizo saber que tenia consigo cinco soldados, personas -muy principales é amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que es -el que envió preso Narvaez á Castilla ó á la isla de Cuba; é la causa -que daban por que se vinieron del real de Narvaez fué, que pues el -Narvaez no tuvo respeto á un oidor del Rey, que ménos se lo ternia á -ellos, que eran sus deudos; de los cuales soldados supo el Sandoval muy -por entero todo lo que pasaba en el real de Narvaez é la voluntad que -tenia, porque decia que muy de hecho habia de venir en nuestra busca á -Méjico para nos prender.</p> - -<p>Pasemos adelante, y diré que Cortés tomó luego consejo con nuestros -capitanes é todos nosotros los que sabia que le habiamos de ser muy -servidores, é solia llamar á consejo para en casos de calidad, como -estos; é por todos fué acordado que brevemente, sin más aguardar cartas -ni otras razones, fuésemos sobre el Narvaez, é que Pedro de Albarado -quedase en Mé<span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span>jico en -guarda del Montezuma con todos los soldados que no tuviesen buena -disposicion para ir á aquella jornada; é tambien para que quedasen allí -las personas sospechosas que sentiamos que serian amigos del Diego -Velazquez é de Narvaez; é en aquella sazon, é ántes que el Narvaez -viniese, habia enviado Cortés á Tlascala por mucho maíz, porque habia -mala sementera en tierra de Méjico por falta de aguas; porque teniamos -muchos naborías é amigos del mismo Tlascala, habíamoslo menester para -ellos; é trujeron el maíz que he dicho, é muchas gallinas é otros -bastimentos, los cuales enviamos al Pedro de Albarado, é aún le hicimos -unas defensas á manera de mamparos é fortaleza con arte ó falconete, é -cuatro tiros gruesos é toda la pólvora que teniamos, é diez ballesteros -é catorce escopeteros é siete caballos, puesto que sabiamos que los -caballos no se podrian aprovechar dellos en el patio donde estaban los -aposentos; é quedaron por todos los soldados contados, de á caballo, y -escopeteros é ballesteros, ochenta y tres.</p> - -<p>Y como el gran Montezuma vió é entendió que queriamos ir sobre el -Narvaez, é como Cortés le iba á ver cada dia é á tenelle palacio, jamás -quiso decir ni dar á entender cómo el Montezuma ayudaba al Narvaez é le -enviaba oro é mantas é bastimentos.</p> - -<p>Y de una plática en otra, le preguntó el Montezuma á Cortés que -dónde queria ir, é para qué habia hecho ahora de nuevo aque<span -class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>llos pertrechos é fortaleza, é -que cómo andábamos todos alborotados; é lo que Cortés le respondió é en -qué se resumió la plática diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_115"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTÉS QUE CÓMO - QUERIA IR SOBRE EL NARVAEZ, SIENDO LOS QUE TRAIA DOBLADOS MÁS QUE - NOSOTROS, Y QUE LE PESARIA MUCHO SI NOS VINIESE ALGUN MAL.</p> -</div> - -<p>Como estaba platicando Cortés con el gran Montezuma, como lo tenian -de costumbre, dijo el Montezuma á Cortés:</p> - -<p>—«Señor Malinche, á todos vuestros capitanes é compañeros os veo -andar desasosegados, é tambien he visto que no me visitais sino de -cuando en cuando; é Orteguilla el paje me dice que quereis ir de guerra -sobre esos vuestros hermanos que vienen en los navíos, é que quereis -dejar aquí en mi guarda al Tonatio; hacedme merced que me lo declareis, -para que si yo en algo os pudiere servir é ayudar, lo haré de muy -buena voluntad. É tambien, señor Malinche, no querria que os viniese -algun desman, porque vos teneis muy pocos teules, y esos que vienen -son cinco veces más;<span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span> é -ellos dicen que son cristianos como vosotros é vasallos de ese vuestro -Emperador, é tienen imágenes y ponen cruz, é les dicen Misa, é dicen é -publican que sois gentes que venistes huyendo de Castilla de vuestro -rey y señor, é que os vienen á prender ó á matar; en verdad que yo no -os entiendo. Por tanto, mirad primero lo que haceis.»</p> - -<p>Y Cortés le respondió con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo -de Aguilar, con un semblante muy alegre, que si no le ha venido á dar -relacion dello, es como le quiere mucho y por no le dar pesar con -nuestra partida, é que por esta causa lo ha dejado, porque así tiene -por cierto que el Montezuma le tiene voluntad.</p> - -<p>É que cuanto á lo que dice, que todos somos vasallos de nuestro gran -Emperador, que es verdad, é de ser cristianos como nosotros, que sí -son; é á lo que dicen que venimos huyendo de nuestro Rey y señor, que -no es así, sino que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle todo -lo que en su Real nombre le ha dicho é platicado, é á lo que dice que -trae muchos soldados é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, é que -nosotros somos pocos, é que nos vienen á matar é prender, Nuestro Señor -Jesucristo, en quien creemos é adoramos, é Nuestra Señora Santa María, -su bendita Madre, nos dará fuerzas, y más que no á ellos, pues que son -malos é vienen de aquella manera.</p> - -<p>É que como nuestro Emperador tiene muchos reinos é señoríos, hay -en ellos mucha diversidad de gentes, unas muy<span class="pagenum" -id="Page_19">p. 19</span> esforzadas é otras mucho más, é que nosotros -somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla la Vieja, é nos -nombran por sobrenombre castellanos; é que el capitan que está ahora -en Cempoal y la gente que trae que es de otra provincia que llaman -Vizcaya, é que tienen la habla muy revesada, como á manera de decir -como los otomís tierra de Méjico; é que él verá cuál se los traeriamos -presos; é que no tuviese pesar por nuestra ida, que presto volveriamos -con vitoria.</p> - -<p>É lo que ahora le pide por merced, que mire que queda con él su -hermano Tonatio, que así llamaban á Pedro de Albarado, con ochenta -soldados; que despues que salgamos de aquella ciudad no haya algun -alboroto, ni consienta á sus capitanes é papas hagan cosas que sean mal -hechas, porque despues que volvamos, si Dios quisiere, no tengan que -pagar con las vidas los malos revolvedores; é que todo lo que hubiere -menester de bastimentos, que se los diesen; é allí le abrazó Cortés dos -veces al Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; é doña Marina, -como era muy avisada, se lo decia de arte que ponia tristeza con -nuestra partida.</p> - -<p>Allí le ofreció que haria todo lo que Cortés le encargaba, y aun -prometió que enviaria en nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra, -é Cortés le dió gracias por ello, porque bien entendió que no los -habia de enviar; é le dijo que no habia menester su ayuda, sino era -la de Dios nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la<span -class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> de sus compañeros que con -él íbamos; é tambien le encargó que mirase que la imágen de nuestra -Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy enramado, é limpia la -iglesia, é quemasen candelas de cera, que tuviesen siempre encendidas -de noche y de dia, é que no consintiesen á los papas que hiciesen otra -cosa; porque en aquesto conoceria muy mejor su buena voluntad é amistad -verdadera.</p> - -<p>É despues de tornados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que le -perdonase, que no podia estar más en plática con él, por entender en -la partida; é luego habló á Pedro de Albarado é á todos los soldados -que con él quedaban, é les encargó que guardasen al Montezuma con -mucho cuidado no se soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; y -prometióles que, mediante Dios, que á todos les habia de hacer ricos; -é allí quedó con ellos el Clérigo Juan Diaz, que no fué con nosotros, -é otros soldados sospechosos, que aquí no declaro por sus nombres; -é allí nos abrazamos los unos á los otros, é sin llevar indias ni -servicio, sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas por la ciudad -de Cholula, y en el camino envió Cortés á Tlascala á rogar á nuestros -amigos Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más caciques, que nos -enviasen de presto cuatro mil hombres de guerra; y enviaron á decir que -si fueran para pelear con indios como ellos, que sí hicieran, é aun -muchos más de los que les demandaban, é que para contra teules como -nosotros,<span class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span> é contra -bombardas é caballos, que les perdonen, que no los quieren dar; é -proveyeron de veinte cargas de gallinas; é luego Cortés escribió en -posta á Sandoval que se juntase con todos sus soldados muy prestamente -con nosotros, que íbamos á unos pueblos obra de doce leguas de Cempoal, -que se dicen Tampaniquita é Mitalaguita, que ahora son de la encomienda -de Pedro Moreno Medrano, que vive en la Puebla; é que mirase muy bien -el Sandoval que Narvaez no le prendiese, ni hubiese á las manos á él ni -á ninguno de sus soldados.</p> - -<p>Pues yendo que íbamos de la manera que he dicho, con mucho concierto -para pelear si topásemos gente de guerra de Narvaez ó al mismo Narvaez, -y nuestros corredores del campo descubriendo, é siempre una jornada -adelante dos de nuestros soldados grandes peones, personas de mucha -confianza, y estos no iban por camino derecho, sino por partes que no -podian ir á caballo, para saber é inquirir de indios de la gente de -Narvaez.</p> - -<p>Pues yendo nuestros corredores del campo descubriendo, vieron -venir á un Alonso de Mata, el que decian que era escribano, que venia -á notificar los papeles ó traslados de las provisiones, segun dije -atrás en el capítulo que dello habla, é á los cuatro españoles que con -él venian por testigos, y luego vinieron los dos nuestros soldados -de á caballo á dar mandado, y los otros dos corredores del campo se -estuvieron en palabras con el Alonso de Mata<span class="pagenum" -id="Page_22">p. 22</span> é con los cuatro testigos; y en este instante -nos dimos priesa en andar y alargamos el paso, y cuando llegaron cerca -de nosotros hicieron gran reverencia á Cortés y á todos nosotros, y -Cortés se apeó del caballo y supo á lo que venian.</p> - -<p>Y como el Alonso de Mata queria notificar los despachos que traia, -Cortés le dijo que si era escribano del Rey, y dijo que sí; y mandóle -que luego exhibiese el título, é que si le traia, que leyese los -recados, é que haria lo que viese que era servicio de Dios é de su -Majestad; y si no le traia, que no leyese aquellos papeles; é que -tambien habia de ver los originales de su Majestad.</p> - -<p>Por manera que el Mata, medio cortado é medroso, porque no era -escribano de su Majestad, y los que con él venian no sabian qué le -decir; y Cortés les mandó dar de comer, y porque comiesen reparamos -allí; y les dijo Cortés que íbamos á unos pueblos cerca del real del -señor Narvaez, que se decian Tampanequita, y que allí podia enviar á -notificar lo que su capitan mandase; y tenia Cortés tanto sufrimiento, -que nunca dijo palabra mala del Narvaez, é apartadamente habló con -ellos y les untó las manos con tejuelos de oro, y luego se volvieron á -su Narvaez diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y como muchos -de nuestros soldados por gentileza en aquel instante llevábamos en las -armas joyas de oro, y otros cadenas y collares al cuello, y aquellos -que venian á notificar los pape<span class="pagenum" id="Page_23">p. -23</span>les les vieron, dicen en Cempoal maravillarse de nosotros; y -muchos habia en el real de Narvaez, personas principales, que querian -venir á tratar paces con Cortés y su capitan Narvaez, como á todos nos -veian ir ricos.</p> - -<p>Por manera que llegamos á Panguaniquita, é otro dia llegó el -capitan Sandoval con los soldados que tenia, que serian hasta sesenta; -porque los demás viejos y dolientes los dejó en unos pueblos de indios -nuestros amigos, que se decian Papalote, para que allí les diesen de -comer; y tambien vinieron con él los cinco soldados parientes y amigos -del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se habian venido huyendo -del real de Narvaez, y venian á besar las manos á Cortés; á los cuales -con mucha alegría recibió muy bien; y allí estuvo contando el Sandoval -á Cortés de lo que les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con el -Vergara y con los demás, y cómo los mandó llevar presos á Méjico, segun -y de la manera que dicho tengo en el capítulo pasado.</p> - -<p>Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como -indios, puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real -de Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino -propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender, -que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los -arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron al -rancho del bravo Salvatierra, é que les dió<span class="pagenum" -id="Page_24">p. 24</span> por las ciruelas un sartalejo de cuentas -amarillas.</p> - -<p>É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó -que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un -riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é -cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando -volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como -indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian -ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al -Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra:</p> - -<p>—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor -de Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos; -pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que -tengan mucho oro!»</p> - -<p>Y decian por ahí otras palabras.</p> - -<p>Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que -estaban hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde -tenia el caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le -enfrenan y ensillan, y cabalgan en él.</p> - -<p>Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe -el riachuelo, y tambien se lo trujeron.</p> - -<p>Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que -los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; -porque por donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, -porque era tierra muy fragosa y de grandes<span class="pagenum" -id="Page_25">p. 25</span> sierras, y que vino por allí por no topar -con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo de -Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:</p> - -<p>—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»</p> - -<p>Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló -á los dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su -caballo ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los -del mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego -conoció que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los -caballos; y desde allí adelante se velaban.</p> - -<p>Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros -capitanes y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos -en el real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el -Narvaez diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_116"> - <p><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXVI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO ACORDÓ CORTÉS CON TODOS NUESTROS CAPITANES Y - SOLDADOS QUE TORNÁSEMOS Á ENVIAR AL REAL DE NARVAEZ AL FRAILE DE LA - MERCED, QUE ERA MUY SAGAZ Y DE BUENOS MEDIOS, Y QUE SE HICIESE MUY - SERVIDOR DEL NARVAEZ, É QUE SE MOSTRASE FAVORABLE Á SU PARTE MAS QUE - NO Á LA DE CORTÉS, É QUE SECRETAMENTE CONVOCASE AL ARTILLERO QUE SE - DECIA RODRIGO MARTIN É Á OTRO ARTILLERO QUE SE DECIA USAGRE, É QUE - HABLASE CON ANDRÉS DE DUERO PARA QUE VINIESE Á VERSE CON CORTÉS; É - QUE OTRA CARTA QUE ESCRIBIÉSEMOS AL NARVAEZ QUE MIRASE QUE SE LA - DIESE EN SUS MANOS, É LO QUE EN TAL CASO CONVENIA, É QUE TUVIESE - MUCHA ADVERTENCIA, Y PARA ESTO LLEVÓ MUCHA CANTIDAD DE TEJUELOS É - CADENAS DE ORO PARA REPARTIR.</p> -</div> - -<p>Pues como ya estábamos en el pueblo todos juntos, acordamos que -con el padre de la Merced se escribiese otra carta al Narvaez, que -decian en ella así, ó otras palabras formales como estas que diré, -despues de puesto su acato con gran cortesía: que nos habiamos -holgado de su venida, é creiamos que con su generosa persona hariamos -gran servicio á Dios Nuestro Señor y á su majestad, é que no nos ha -querido responder cosa ninguna, ántes nos llama de traidores, siendo -muy leales servidores del Rey; é ha revuelto toda la tierra con las -palabras que envió á decir á Montezuma; é que le envió Cortés á<span -class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span> pedir por merced que -escogiese la provincia en cualquiera parte que él quisiese quedar con -la gente que tiene, ó fuese adelante, é que nosotros iriamos á otras -tierras é hariamos lo que á buenos servidores de su majestad somos -obligados.</p> - -<p>É que le hemos pedido por merced que si trae provisiones de su -majestad que envie los originales para ver y entender si vienen con -la Real firma y ver lo que en ellas se contiene, para que luego que -lo veamos, los pechos por tierra para obedecerla; é que no ha querido -hacer lo uno ni lo otro, sino tratarnos mal de palabra y revolver la -tierra; que le pedimos y requerimos de parte de Dios y del Rey nuestro -señor que dentro en tres dias envie á notificar los despachos que -trae con escribano de su majestad, é que cumpliremos como mandado del -Rey nuestro señor todo lo que en las reales provisiones mandare; que -para aquel efeto nos hemos venido á aquel pueblo de Panguenezquita, -por estar más cerca de su Real; é que si no trae las provisiones y se -quisiere volver á Cuba, que se vuelva y no alborote más la tierra, con -protestacion que si otra cosa hace, que iremos contra él á le prender -y enviallo preso á nuestro Rey y señor, pues sin su Real licencia nos -viene á dar guerra é desasosegar todas las ciudades; é que todos los -males é muertes y fuegos y menoscabos que sobre esto acaecieren, que -sea á su cargo, y no al nuestro; y esto se escribe ahora por carta -misiva, porque no osa<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span> -ningun escribano de su majestad írselo á notificar, por temor no le -acaezca tan gran desacato como el que se tuvo con un oidor de su -majestad, y que ¿dónde se vió tal atrevimiento de le enviar preso?</p> - -<p>Y que allende de lo que dicho tiene, por lo que es obligado á la -honra y justicia de nuestro Rey, que le conviene castigar aquel gran -desacato y delito, como capitan general y justicia mayor que es de -aquesta Nueva-España, le cita y emplaza para ello, y se lo demandará -usando de justicia, pues es crímen <i>læsæ majestatis</i> lo que ha -tentado, é que hace á Dios testigo de lo que ahora dice; y tambien le -enviamos á decir que luego volviese al cacique gordo las mantas y ropa -y joyas de oro que le habian tomado por fuerza, y ansimismo las hijas -de señores que nos habian dado sus padres, y mandase á sus soldados que -no robasen á los indios de aquel pueblo ni de otros.</p> - -<p>Y despues de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de nuestros -capitanes y algunos soldados, iba allí mi firma; y entónces se fué -con el mismo Padre fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia -Bartolomé de Usagre, porque era hermano del artillero Usagre, que -tenia cargo del artillería de Narvaez; y llegados nuestro religioso y -el Usagre á Cempoal, adonde estaba el Narvaez, diré lo que dice que -pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_117"> - <p><span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXVII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO EL PADRE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, DE LA ÓRDEN - DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, FUÉ Á CEMPOAL, ADONDE ESTABA EL - NARVAEZ É TODOS SUS CAPITANES, Y LO QUE PASÓ CON ELLOS, Y LES DIÓ LA - CARTA.</p> -</div> - -<p>Como el Padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, -llegó al real de Narvaez, sin más gastar yo palabras en tornallo á -recitar, hizo lo que Cortés le mandó, que fué convocar á ciertos -caballeros de los de Narvaez y al artillero Rodrigo Mino, que así se -llamaba, é al Usagre, que tenia tambien cargo de los tiros; y para -mejor le atraer, fué un su hermano del Usagre con tejuelos de oro, -que dió de secreto al hermano; y asimismo el padre fray Bartolomé de -Olmedo repartió todo el oro que Cortés le mandó, y habló al Andrés de -Duero que luego se viniese á nuestro real con Cortés; y demás desto, -ya el fraile habia ido á ver y hablar al Narvaez y hacérsele muy gran -servidor; y andando en estos pasos, tuvieron gran sospecha de lo en -que andaba nuestro fraile, é aconsejaban al Narvaez que luego le -prendiese, é así lo querian hacer.</p> - -<p>Y como lo supo Andrés de Duero, que era secretario del Diego -Velazquez, y era de<span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span> -Tudela de Duero, y se tenian por deudos, el Narvaez y él, porque el -Narvaez tambien era de tierra de Valladolid ó del mismo Valladolid, y -en toda la armada era muy estimado é preeminente, el Andrés de Duero -fué al Narvaez y le dijo que le habian dicho que queria prender al -padre fray Bartolomé de Olmedo, mensajero y embajador de Cortés; que -mirase que ya que hubiese sospecha que el fraile hablaba algunas cosas -en favor de Cortés, que no es bien prendelle, pues que claramente se ha -visto cuánta honra é dádivas da Cortés á todos los suyos del Narvaez -que hallaban; é que fray Bartolomé de Olmedo ha hablado con él despues -que allí ha venido, é lo que siente dél es que desea que él y otros -caballeros del real de Cortés le vengan á recibir, é que todos fuesen -amigos; y que mire cuánto bien dice Cortés á los mensajeros que envia; -que no le sale por la boca á él ni á cuantos están con él, sino el -señor capitan Narvaez, é que seria poquedad prender á un religioso; que -otro hombre que vino con él, que es hermano de Usagre el artillero, que -le viene á ver; que convide á fray Bartolomé de Olmedo á comer, y le -saque del pecho la voluntad que todos los de Cortés tienen.</p> - -<p>Y con aquellas palabras, y otras sabrosas que le dijo, amansó al -Narvaez. Y luego desque esto pasó, se despidió Andrés de Duero del -Narvaez, y secretamente habló al Padre lo que habia pasado; y luego -el Narvaez envió á llamar á<span class="pagenum" id="Page_31">p. -31</span> fray Bartolomé de Olmedo, y como vino, le hizo mucho acato, y -medio riendo (que era el Fraile muy cuerdo y sagaz) le suplicó que se -apartase en secreto, y el Narvaez se fué con él paseando á un patio, y -el Fraile le dijo:</p> - -<p>—«Bien entendido tengo que vuestra merced me queria mandar prender; -pues hágole saber, Señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su -real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes -de los de Cortés le querrian ya ver en las manos de vuestra merced; -y ansí, creo que vendremos todos; y para más le atraer á que se -desconcierte, le han hecho escribir una carta de desvaríos, firmada -de los soldados, que me dieron que diese á vuestra merced, que no la -he querido mostrar hasta agora, que vine á pláticas, que en un rio la -quise echar por las necedades que en ella trae; y esto hacen todos sus -capitanes y soldados de Cortés por verlo ya desconcertar.»</p> - -<p>Y el Narvaez dijo que se la diese, y el Padre fray Bartolomé de -Olmedo le dijo que la dejó en su posada é que iria por ella; é ansí, -se despidió para ir por la carta; y entre tanto vino al aposento de -Narvaez el bravoso Salvatierra; y de presto el Padre fray Bartolomé -de Olmedo llamó á Duero que fuese luego en casa del Narvaez para ver -dalle la carta, que bien sabia ya el Duero della, y aun otros capitanes -de Narvaez que se habian mostrado por Cortés; porque el fraile -consigo la traia, sino porque tuviesen juntos muchos de los de<span -class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span> aquel Real y le oyesen.</p> - -<p>É luego como vino el Padre fray Bartolomé de Olmedo con la carta, se -la dió al mismo Narvaez, y dijo:</p> - -<p>—«No se maraville vuestra merced con ella, que ya Cortés andaba -desvariando; y sé cierto que si vuestra merced le habla con amor, que -luego se le dará él y todos los que consigo trae.»</p> - -<p>Dejémonos de razones de fray Bartolomé, que las tenia muy buenas, y -digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y capitanes que leyese -la carta, y cuando la oyeron, dice que hacian bramuras el Narvaez y -el Salvatierra, y los demás se reian, como haciendo burla della; y -entónces dijo el Andrés de Duero:</p> - -<p>—«Ahora yo no sé cómo sea esto; yo no lo entiendo; porque este -religioso me ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra merced, -y ¡escribir ahora estos desvaríos!»</p> - -<p>Y luego de buena tinta tambien le ayudó á la plática al Duero un -Agustin Bermudez, que era capitan é alguacil mayor del real de Narvaez, -é dijo:</p> - -<p>—«Ciertamente, tambien he sabido del Padre Fray Bartolomé de Olmedo -muy en secreto que como enviase buenos terceros, que el mismo Cortés -vernia á verse con vuestra merced para que se diese con sus soldados; y -será bien que envie á su Real, pues no está muy léjos, al señor veedor -Salvatierra é al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos.»</p> - -<p>Y esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatierra. Y respondió el -Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iria á ver un traidor; y -el<span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> padre fray Bartolomé -de Olmedo le dijo:</p> - -<p>—«Señor veedor, bueno es tener templanza, pues está cierto que le -ternéis preso ántes de muchos dias.»</p> - -<p>Pues concertada la partida del Andrés de Duero, parece ser muy en -secreto trató el Narvaez con el mismo Duero y con tres capitanes que -tuviesen modo con el Cortés como se viesen en unas estancias é casas de -indios que estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, é que allí -se darian conciertos donde habiamos de ir con Cortés á poblar y partir -términos, y en las vistas le prenderia; y para ello tenia ya hablado -el Narvaez á veinte soldados de sus amigos; lo cual luego supo fray -Bartolomé del Narvaez é del Andrés de Duero, y avisaron á Cortés de -todo.</p> - -<p>Dejemos al fraile en el real de Narvaez, que ya se habia hecho muy -amigo y pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Olmedo y el -Salvatierra de Búrgos, y comia con él cada dia.</p> - -<p>É digamos de Andrés de Duero, que quedaba apercibiéndose para ir á -nuestro real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, nuestro soldado, -porque el Narvaez no alcanzase á saber dél lo que pasaba; y diré lo que -en nuestro real hicimos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_118"> - <p><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXVIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOLDADOS - QUE ÉRAMOS, Y CÓMO TRAJERON DUCIENTAS Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS, - CON UNOS HIERROS DE COBRE CADA UNA, QUE CORTÉS HABIA MANDADO HACER EN - UNOS PUEBLOS QUE SE DICEN LOS CHICHINATECAS, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO - HABIAMOS DE JUGAR DELLAS PARA DERROCAR LA GENTE DE Á CABALLO QUE - TENIA NARVAEZ, Y OTRAS COSAS QUE EN EL REAL PASARON.</p> -</div> - -<p>Volvamos á decir algo atrás de lo dicho, y lo que más pasó.</p> - -<p>Así como Cortés tuvo noticia del armada que traia Narvaez, luego -despachó un soldado que habia estado en Italia, bien diestro de todas -armas, y más de jugar una pica, y le envió á una provincia que se -dice los chichinatecas, junto adonde estaban nuestros soldados los -que fueron á buscar minas; porque aquellos de aquella provincia eran -muy enemigos de los mejicanos é pocos dias habia que tomaron nuestra -amistad, é usaban por armas muy grandes lanzas, mayores que las -nuestras de Castilla, con dos brazas de pedernal é navajas; y envióles -á rogar que luego le trajesen á do quiera que estuviesen trecientas -dellas, é que les quitasen las navajas, é que pues tenian mucho cobre, -que les hiciesen á cada una dos hierros, y llevó el soldado la manera -cómo habian de ser<span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span> los -hierros; y como llegó, de presto buscaron las lanzas é hicieron los -hierros; porque en toda la provincia á aquella sazon habia cuatro ó -cinco pueblos, sin muchas estancias, y las recogieron, é hicieron los -hierros muy más perfectamente que se los enviamos á mandar; y tambien -mandó á nuestro soldado, que se decia Tovilla, que les demandase dos -mil hombres de guerra, é que para el dia de Pascua del Espíritu Santo -viniese con ellos al pueblo de Panguenequita, que ansí se decia, ó que -preguntase en qué parte estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen -lanzas; por manera que el soldado se los demandó, é los caciques -dijeron que ellos venian con la gente de guerra; y el soldado se vino -luego con obra de ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con -los demás indios de guerra quedó para venir con ellos otro soldado de -los nuestros, que se decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la -estancia y minas que descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí -se concertó que habia de venir de la manera que está dicho á nuestro -real; porque seria de andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo -otro.</p> - -<p>Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy -extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é -nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los -de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria -de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos -ducientos y<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> seis, -contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con cinco de á caballo y -dos artilleros y pocos ballesteros y ménos escopeteros; y á lo que -tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las picas, y fueron muy -buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar más en el alarde y -lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió Narvaez á nuestro -real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos indios naborías -de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero, segun despues -alcanzamos á saber.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_119"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXIX.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO VINO ANDRÉS DE DUERO Á NUESTRO REAL Y EL - SOLDADO USAGRE Y DOS INDIOS DE CUBA, NABORÍAS DEL DUERO, Y QUIÉN ERA - EL DUERO Y Á LO QUE VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE - CONCERTÓ.</p> -</div> - -<p>Y es desta manera, que tengo de volver muy atrás á recitar lo -pasado.</p> - -<p>Ya he dicho en los capítulos más adelante destos que cuando -estábamos en Santiago de Cuba, que se concertó Cortés con Andrés de -Duero y con un contador del Rey, que se decia Amador de Lares, que -eran grandes amigos del Diego Velazquez, y el Duero era su secretario, -que tratase con el<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span> -Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés capitan general para venir en -aquella armada, y que partiria con ellos todo el oro y plata y joyas -que le cupiese de su parte de Cortés; y como el Andrés de Duero vió en -aquel instante á Cortés, su compañero, tan rico y poderoso, y so color -que venia á poner paces y á favorecer á Narvaez, y en lo que entendió -era á demandar la parte de la compañía, porque ya el otro su compañero -Amador de Lares era fallecido; y como Cortés era sagaz y manso, no -solamente le prometió de dalle gran tesoro, sino que tambien le daria -mando en toda la armada, ni más ni ménos que su propia persona, y que, -despues de conquistada la Nueva-España, le daria otros tantos pueblos -como á él, con tal que tuviese concierto con Agustin Bermudez, que -era alguacil mayor del real de Narvaez, y con otros caballeros que -aquí no nombro, que estaban convocados para que en todo caso fuesen en -desviar al Narvaez para que no saliese con la vida é con honra y le -desbaratase; y como á Narvaez tuviese muerto ó preso, y deshecha su -armada, que ellos quedarian por señores y partirian el oro y pueblos de -la Nueva-España; y para más le atraer y convocar á lo que dicho tengo, -le cargó de oro sus dos indios de Cuba; y segun pareció, el Duero se -lo prometió, y aun ya se lo habia prometido el Agustin Bermudez por -firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un clérigo que -se decia<span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span> Juan de Leon, -y al clérigo Guevara, que fué el que primero envió Narvaez, y otros -sus amigos, muchos tejuelos y joyas de oro, y les escribió lo que le -pareció que le convenia, para que en todo le ayudasen; y estuvo el -Andrés de Duero en nuestro real el dia que llegó hasta otro dia despues -de comer, que era dia de pascua de Espíritu Santo, y comió con Cortés y -estuvo hablando con él en secreto buen rato; y cuando hubieron comido -se despidió el Duero de todos nosotros, así capitanes como soldados, y -luego fué á caballo otra vez adonde Cortés estaba, y dijo:</p> - -<p>—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.»</p> - -<p>Y respondióle:</p> - -<p>—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen -concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así -juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré -allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra -merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.»</p> - -<p>Y el Duero se rió, y dijo:</p> - -<p>—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra -merced.»</p> - -<p>Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que -Cortés y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad -para pasarnos con el mismo Narvaez.</p> - -<p>Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó -llamar á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona -de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del -goberna<span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>dor de Cuba -Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido, tambien le tenia -Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas y ofrecimientos que -le daria mando en la Nueva-España y le haria su igual; porque el Juan -Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y verdadero amigo, como -adelante verán.</p> - -<p>Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo:</p> - -<p>—«¿Qué manda vuestra merced?»</p> - -<p>Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la -boca, le dijo medio riendo:</p> - -<p>—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo -Andrés de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si -vuestra merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque -creen que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que -por mi vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua -rucia, y que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada -cadena de oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á -quien yo le dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al -hombro, y otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas, -y allá verá qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego -irán allá el Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como -mayordomo que era del Diego Velazquez.»</p> - -<p>Y el Juan Velazquez respondió que él haria lo que su merced mandaba, -mas que su oro ni cadenas que no las llevaria con<span class="pagenum" -id="Page_40">p. 40</span>sigo, salvo lo que le diese para dar á quien -mandase; porque donde su persona estuviere, es para le siempre servir, -más que cuanto oro ni piedras de diamantes puede haber.</p> - -<p>—«Ansí lo tengo yo creido, dijo Cortés, y con esta confianza, señor, -le envio; mas si no lleva todo su oro y joyas, como le mando, no quiero -que vaya allá.»</p> - -<p>Y el Juan Velazquez respondió:</p> - -<p>—«Hágase lo que vuestra merced mandare.»</p> - -<p>Y no quiso llevar las joyas, y Cortés allí le habló secretamente, y -luego se partió, y llevó en su compañía á un mozo de espuelas de Cortés -para que le sirviese, que se decia Juan del Rio.</p> - -<p>Y dejemos desta partida de Juan Velazquez, que dijeron que lo envió -Cortés por descuidar á Narvaez, y volvamos á decir lo que en nuestro -real pasó: que dende á dos horas que se partió el Juan Velazquez, -mandó Cortés tocar el atambor á Canillas, que ansí se llamaba nuestro -atambor, y á Benito de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tamborino, -y mandó á Gonzalo de Sandoval, que era capitan y alguacil mayor, que -llamase á todos los soldados, y comenzásemos á marchar luego á paso -largo camino de Cempoal; é yendo por nuestro camino se mataron dos -puercos de la tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y dijimos -muchos soldados que era señal de vitoria; y dormimos en un repecho -cerca de un riachuelo, y sendas piedras por almohadas, como lo teniamos -por costumbre, y nuestros corredores del campo adelante, y espías -y rondas; y cuando<span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span> -amaneció, caminamos por nuestro camino derecho, y fuimos á hora de -medio dia á un rio, adonde está ahora poblada la villa rica de la -Veracruz, donde desembarcan las barcas con mercaderías que vienen de -Castilla; porque en aquel tiempo estaban pobladas junto al rio unas -casas de indios y arboledas; y como en aquella tierra hace grandísimo -sol, reposamos allí, como dicho tengo, porque traiamos nuestras armas y -picas.</p> - -<p>Y dejemos ahora de más caminar, y digamos lo que al Juan Velazquez -de Leon le avino con Narvaez y con un su capitan que tambien se decia -Diego Velazquez, sobrino del Velazquez, gobernador de Cuba.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_120"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXX.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO LLEGÓ JUAN VELAZQUEZ DE LEON Y EL MOZO DE - ESPUELAS QUE SE DECIA JUAN DEL RIO AL REAL DE NARVAEZ, Y LO QUE EN ÉL - PASÓ.</p> -</div> - -<p>Ya he dicho cómo envió Cortés al Juan Velazquez de Leon y al mozo -de espuelas para que le acompañase á Cempoal, y á ver lo que Narvaez -queria, que tanto deseo tenia de tenello en su compañía; por manera -que ansí como partieron de nuestro real se dió tanta prisa en el<span -class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> camino, y fué amanecer á -Cempoal, y se fué á apear el Juan Velazquez en casa del cacique gordo, -porque el Juan del Rio no tenia caballo, y desde allí se van á pié á la -posada de Narvaez.</p> - -<p>Pues como los indios de Cempoal le conocieron, holgaron de le ver y -hablar, y decian á voces á unos soldados de Narvaez que allí posaban en -casa del cacique gordo, que aquel era Juan Velazquez de Leon, capitan -de Malinche; y ansí como lo oyeron los soldados, fueron corriendo á -demandar albricias á Narvaez cómo habia venido Juan Velazquez de Leon, -y ántes que el Juan Velazquez llegase á la posada del Narvaez, que -ya le iba á le hablar, como de repente supo el Narvaez su venida, le -salió á recebir á la calle, acompañado de ciertos soldados, donde se -encontraron el Juan Velazquez y el Narvaez, y se hicieron muy grandes -acatos, y el Narvaez abrazó al Juan Velazquez, y le mandó sentar en -una silla, que luego trajeron sillas cerca de sí, y le dijo que por -qué no se fué á apear á su posada; y mandó á sus criados que le fuesen -luego por el caballo y fardaje, si le llevaba, porque en su casa y -caballeriza y posada estaria; y Juan Velazquez dijo que luego se queria -volver, que no venia sino á besalle las manos, y á todos los caballeros -de su real, y para ver si podia dar concierto que su merced y Cortés -tuviesen paz y amistad.</p> - -<p>Entónces dicen que el Narvaez apartó al Juan Velazquez, y le -comenzó á decir airado cómo que tales palabras<span class="pagenum" -id="Page_43">p. 43</span> le habia de decir de tener amistad ni paz con -un traidor que se alzó á su primo Diego Velazquez con la armada.</p> - -<p>Y el Juan Velazquez respondió que Cortés no era traidor, sino buen -servidor de su majestad, y que ocurrir á nuestro Rey y señor, como -envió é ocurrió, no se le ha de atribuir á traicion, y que le suplica -que delante dél no se diga tal palabra.</p> - -<p>Y entónces el Narvaez le comenzó á hacer grandes prometimientos que -se quedase con él, y que concierte con los de Cortés que se le dén y -vengan luego á se meter en su obediencia, prometiéndole con juramento -que seria en todo su real el más preeminente capitan, y en el mando -segunda persona; y el Juan Velazquez respondió que mayor traicion haria -él en dejar al capitan que tiene jurado en la guerra y desamparallo, -conociendo que todo lo que ha hecho en la Nueva-España es en servicio -de Dios nuestro Señor y de su majestad; que no dejará de acudir á -Cortés, como acudia nuestro Rey y señor, y que le suplica que no hable -más en ello.</p> - -<p>En aquella sazon habian venido á ver á Juan Velazquez todos los más -principales capitanes del real de Narvaez, y le abrazaban con gran -cortesía, porque el Juan Velazquez era muy de palacio y de buen cuerpo, -membrudo, y de buena presencia y rostro y la barba muy bien puesta, -y llevaba una cadena muy grande de oro echada al hombro, que le daba -vueltas debajo el brazo, y parecíale muy bien, como bravoso y buen -capitan.</p> - -<p>Dejemos deste buen parecer de<span class="pagenum" id="Page_44">p. -44</span> Juan Velazquez y cómo le estaban mirando todos los capitanes -de Narvaez, y aun nuestro Padre fray Bartolomé de Olmedo tambien le -vino á ver y en secreto hablar, y ansimismo el Andrés de Duero y el -alguacil mayor Bermudez, y parece ser que en aquel instante ciertos -capitanes de Narvaez, que se decian Gamarra y un Juan Yuste, y un -Juan Bono de Quejo, vizcaino, y Salvatierra el bravoso, aconsejaron -al Narvaez que luego prendiese al Juan Velazquez, porque les pareció -que hablaba muy sueltamente en favor de Cortés; é ya que habia mandado -el Narvaez secretamente á sus capitanes y alguaciles que le echasen -preso, súpolo Agustin Bermudez y el Andrés de Duero, y el Padre fray -Bartolomé de Olmedo y un Clérigo que se decia Juan de Leon, y otras -personas que se habian dado por amigos de Cortés, y dicen al Narvaez -que se maravillan de su merced querer mandar prender al Juan Velazquez -de Leon, que ¿qué puede hacer Cortés contra él, aunque tenga en su -compañía otros cien Juan Velazquez? Y que mire la honra y acatos que -hace Cortés á todos los que de su real han ido, que les sale á recebir -y á todos les da oro y joyas, y vienen cargados como abejas á las -colmenas, y de otras cosas de mantas y mosqueadores, y que á Andrés -de Duero y al Clérigo Guevara, y á Amaya y á Vergara el escribano, -y á Alonso de Mata y otros que han ido á su real, bien los pudiera -prender y no lo hizo; ántes, como dicho tienen, les hace mu<span -class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>cha honra, y que será mejor -que le torne á hablar al Juan Velazquez con mucha cortesía, y le -convide á comer para otro dia; por manera que al Narvaez le pareció -bien el consejo, y luego le tornó á hablar con palabras muy amorosas -para que fuese tercero en que Cortés se le diese con todos nosotros, -y le convidó para otro dia á comer; y el Juan Velazquez respondió que -él haria lo que pudiese en aquel caso; mas que tenia á Cortés por muy -porfiado y cabezudo en aquel negocio, y que seria mejor que partiesen -las provincias, y que escogiese la tierra que más su merced quisiese; y -esto decia el Juan Velazquez por le amansar; y entre aquellas pláticas -llegóse al oido de Narvaez el padre fray Bartolomé de Olmedo, y le -dijo, como su privado y consejero que ya le habia hecho:</p> - -<p>—«Mande vuestra merced hacer alarde de toda su artillería y caballos -y escopeteros y ballesteros y soldados, para que lo vea el Juan -Velazquez de Leon y el mozo de espuelas Juan del Rio, para que Cortés -tema vuestro poder é gente, y se venga á vuestra merced aunque le -pese.»</p> - -<p>Y esto lo dijo fray Bartolomé de Olmedo como por via de su muy gran -servidor y amigo, y por hacelle que trabajasen todos los de á caballo y -soldados en su real.</p> - -<p>Por manera que por dicho de nuestro fraile hizo hacer alarde delante -el Juan Velazquez de Leon y el Juan del Rio, estando presente nuestro -religioso; y cuando fué acabado de hacer dijo el Juan Velazquez al -Narvaez:</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>—«Gran pujanza trae -vuestra merced; Dios se lo acreciente.»</p> - -<p>Entónces dijo el Narvaez:</p> - -<p>—«Ahí verá vuestra merced que si quisiera haber ido contra Cortés le -hubiera traido preso, y á cuantos estais con él.»</p> - -<p>Entónces respondió el Juan Velazquez y dijo:</p> - -<p>—«Téngale vuestra merced por tal, y á los soldados que con él -estamos, que sabremos muy bien defender nuestras personas.»</p> - -<p>Y ansí cesaron las pláticas; y otro dia llevóle convidado á comer -al Juan Velazquez, como dicho tengo, y comia con el Narvaez un sobrino -del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, que tambien era su capitan; y -estando comiendo, tratóse plática de cómo Cortés no se daba al Narvaez, -y de la carta y requirimientos que le enviamos, y de unas palabras en -otras, desmandóse el sobrino de Diego Velazquez, que tambien se decia -Diego Velazquez como el tio, y dijo que Cortés y todos los que con él -estábamos éramos traidores, pues no se venian á someter al Narvaez; y -el Juan Velazquez cuando lo oyó se levantó en pié de la silla en que -estaba, y con mucho acato dijo:</p> - -<p>—«Señor capitan Narvaez, ya he suplicado á vuestra merced que no se -consienta que se digan palabras tales como estas que dicen de Cortés -ni de ninguno de los que con él estamos, porque verdaderamente son mal -dichas, decir mal de nosotros, que tan lealmente hemos servido á su -majestad.»</p> - -<p>Y el Diego Velazquez respondió que eran bien dichas, y pues volvia -por un traidor, que<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span> -traidor debia de ser y otro tal como él, y que no era de los Velazquez -buenos; y el Juan Velazquez, echando mano á su espada, dijo que mentia; -que era mejor caballero que no él, y de los buenos Velazquez, mejores -que no él ni su tio, y que se lo haria conocer si el señor capitan -Narvaez les daba licencia; y como habia allí muchos capitanes, ansí de -los de Narvaez y algunos de los de Cortés, se metieron en medio, que -de hecho le iba á dar el Juan Velazquez una estocada; y aconsejaron al -Narvaez que luego le mandase salir de su real, ansí á él como al padre -fray Bartolomé de Olmedo é á Juan del Rio; porque á lo que sentian, -no hacian provecho ninguno, y luego sin más dilacion les mandaron que -se fuesen; y ellos, que no veian la hora de verse en nuestro real, lo -pusieron por obra.</p> - -<p>É dicen que el Juan Velazquez yendo á caballo en su buena yegua -y su cota puesta, que siempre andaba con ella y con su capacete y -gran cadena de oro, se fué á despedir del Narvaez, y estaba allí con -el Narvaez, el mancebo Diego Velazquez, el de la brega, y dijo al -Narvaez:</p> - -<p>—«¿Qué manda vuestra merced para nuestro Real?»</p> - -<p>Y respondió el Narvaez, muy enojado, que se fuese, é que valiera más -que no hubiera venido; y dijo el mancebo Diego Velazquez palabras de -amenaza é injuriosas á Juan Velazquez y le respondió á ellas el Juan -Velazquez de Leon que es grande su atrevimiento, y digno de castigo por -aquellas pala<span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>bras que -le dijo; y echándose mano á la barba, le dijo:</p> - -<p>—«Para estas, que yo vea ántes de muchos dias si vuestro esfuerzo es -tanto como vuestro hablar.»</p> - -<p>Y como venian con el Juan Velazquez seis ó siete de los del real de -Narvaez, que ya estaban convocados por Cortés, que le iban á despedir, -dicen que trabaron dél como enojados, y le dijeron:</p> - -<p>—«Váyase ya y no cure de más hablar.»</p> - -<p>Y así se despidieron, y á buen andar de sus caballos se van para -nuestro real, porque luego le avisaron á Juan Velazquez que el Narvaez -los queria prender y apercebia muchos de á caballo que fuesen tras -ellos; é viniendo su camino, nos encontraron al rio que dicho tengo, -que está ahora cabe la Veracruz; y estando que estábamos en el rio por -mí ya nombrado, teniendo la siesta, porque en aquella tierra hace mucho -calor y muy recia; porque, como caminábamos con todas nuestras armas á -cuestas y cada uno con una pica, estábamos cansados; y en este instante -vino uno de nuestros corredores del campo á dar mandado á Cortés que -vian venir buen rato de allí dos ó tres personas de á caballo, y luego -presumimos que serian nuestros embajadores Juan Velazquez de Leon -y fray Bartolomé de Olmedo y Juan del Rio; y como llegaron adonde -estábamos, ¡qué regocijos y alegrías tuvimos todos! Y Cortés, ¡cuántas -caricias y buenos comedimientos hizo al Juan Velazquez y á fray -Bartolomé de Olmedo! Y tenia razon, porque le fue<span class="pagenum" -id="Page_49">p. 49</span>ron muy servidores; y allí contó el Juan -Velazquez paso por paso todo lo atrás por mí dicho que les acaeció con -Narvaez, y cómo envió secretamente á dar las cadenas y tejuelos de oro -á las personas que Cortés mandó.</p> - -<p>Pues oir de nuestro fraile, como era muy regocijado, sabíalo -muy bien representar, cómo se hizo muy servidor del Narvaez, y que -por hacer burla dél le aconsejó que hiciese el alarde y sacase su -artillería, y con qué astucia y mañas le dió la carta; pues cuando -contaba lo que le acaeció con el Salvatierra y se le hizo muy pariente, -siendo el fraile de Olmedo y el Salvatierra adelante de Búrgos, y de -los fieros que le decia el Salvatierra que habia de hacer y acontecer -en prendiendo á Cortés y á todos nosotros, y aun se le quejó de los -soldados que le hurtaron su caballo y el de otro capitan; y todos -nosotros nos holgamos de lo oir, como si fuéramos á bodas y regocijo, -y sabiamos que otro dia habiamos de estar en batalla; y que habiamos -de vencer ó morir en ella, siendo como hermanos, ducientos y sesenta y -seis soldados, y los de Narvaez cinco veces más que nosotros.</p> - -<p>Volvamos á nuestra relacion, y es que luego caminamos todos para -Cempoal, y fuimos á dormir á un riachuelo, adonde está ahora una -estancia de vacas.</p> - -<p>Y dejallo he aquí, y diré lo que se hizo en el real de Narvaez -despues que vinieron el Juan Velazquez y el fraile y Juan del Rio, -y luego volveré á contar lo que hicimos en nuestro real, porque en -un<span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> instante acontecen -dos ó tres cosas, y por fuerza he de dejar las unas por contar lo que -más viene á propósito desta relacion.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_121"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXI.</h2> - <p class="subh2c">DE LO QUE SE HIZO EN EL REAL DE NARVAEZ DESPUES QUE - DE ALLÍ SALIERON NUESTROS EMBAJADORES.</p> -</div> - -<p>Pareció ser que como se vinieron el Juan Velazquez y el fraile é -Juan del Rio, dijeron al Narvaez sus capitanes que en su real sentian -que Cortés habia enviado muchas joyas de oro, y que tenia de su parte -amigos en el mismo real, y que seria bien estar muy apercebido y avisar -á todos sus soldados que estuviesen con sus armas y caballos prestos; y -demás desto, el cacique gordo, otras veces por mí nombrado, temia mucho -á Cortés, porque habia consentido que Narvaez tomase las mantas y oro -é indias que le tomó; y siempre espiaba sobre nosotros en qué parte -dormiamos, por qué camino veniamos, porque así se lo habia mandado por -fuerza el Narvaez; y como supo que ya llegábamos cerca de Cempoal, le -dijo al Narvaez el cacique gordo:</p> - -<p>—«¿Qué haceis, que estais muy descuidado? ¿Pensais que Malinche -y los teules que trae consigo<span class="pagenum" id="Page_51">p. -51</span> que son así como vosotros? Pues yo os digo que cuando no os -catáredes será aquí y os matará.»</p> - -<p>Y aunque hacian burla de aquellas palabras que el cacique gordo les -dijo, no dejaron de se apercebir, y la primer cosa que hicieron fué -pregonar guerra contra nosotros á fuego y sangre y á toda ropa franca; -lo cual supimos de un soldado que llamaban el Galleguillo, que se -vino huyendo aquella noche del real de Narvaez, ó le envió el Andrés -de Duero, y dió aviso á Cortés de lo del pregon y de otras cosas que -convino saber.</p> - -<p>Volvamos á Narvaez, que luego mandó sacar toda su artillería y los -de á caballo, escopeteros y ballesteros y soldados á un campo, obra -de un cuarto de legua de Cempoal, para allí nos aguardar y no dejar -ninguno de nosotros que no fuese muerto ó preso; y como llovió mucho -aquel dia, estaban ya los de Narvaez hartos de estar aguardándonos al -agua; y como no estaban acostumbrados á aguas ni trabajos, y no nos -tenian en nada sus capitanes, le aconsejaron que se volviesen á los -aposentos, y que era afrenta estar allí, como estaban, aguardando á -dos ó tres, y es que decian que éramos, y que asestase su artillería -delante de sus aposentos, que era diez y ocho tiros gruesos, y que -estuviesen toda la noche cuarenta de á caballo esperando en el camino -por do habiamos de venir á Cempoal, y que tuviese al paso del rio, que -era por donde habiamos de pasar, sus espías, que fuesen buenos hombres -de á caballo y peones lige<span class="pagenum" id="Page_52">p. -52</span>ros para dar mandado, y que en los patios de los aposentos de -Narvaez anduviesen toda la noche veinte de á caballo; y este concierto -que le dieron fué por hacelle volver á los aposentos; y más le decian -sus capitanes:</p> - -<p>—«Pues ¡cómo, Señor! ¿Por tal tiene á Cortés, que se ha de atrever -con unos gatos que tiene á venir á este real, por el dicho deste indio -gordo? No lo crea vuestra merced, sino que echa aquellas algaradas y -muestras de venir porque vuestra merced venga á buen concierto con -él.»</p> - -<p>Por manera que así como dicho tengo se volvió Narvaez á su real, y -despues de vuelto, públicamente prometió que quien matase á Cortés ó -á Gonzalo de Sandoval que le daria dos mil pesos; y luego puso espías -al rio á un Gonzalo Carrasco, que vive ahora en la Puebla, y al otro -que se decia Fulano Hurtado; el nombre y apellido y señal secreta que -dió cuando batallasen contra nosotros en su real habia de ser Santa -María, Santa María; y demás deste concierto que tenian hecho, mandó -Narvaez que en su aposento durmiesen muchos soldados, así escopeteros -como ballesteros, y otros con partesanas, y otros tantos mandó que -estuviesen en el aposento del veedor Salvatierra, y Gamarra, y del Juan -Bono.</p> - -<p>Ya he dicho el concierto que tenia Narvaez en su real, y volveré á -decir la órden que se dió en el nuestro.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_122"> - <p><span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXII.</h2> - <p class="subh2h">DEL CONCIERTO Y ÓRDEN QUE SE DIÓ EN NUESTRO REAL - PARA IR CONTRA NARVAEZ, Y EL RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO, Y LO - QUE RESPONDIMOS.</p> -</div> - -<p>Llegados que fuimos al riachuelo que ya he dicho, que estará obra -de una legua de Cempoal, y habia allí unos buenos prados, despues de -haber enviado nuestros corredores del campo, personas de confianza, -nuestro capitan Cortés á caballo nos envió á llamar, así á capitanes -como á todos los soldados, y de que nos vió juntos dijo que nos pedia -por merced que callásemos; y luego comenzó un parlamento por tan lindo -estilo y plática, tan bien dichas cierto otras palabras más sabrosas y -llenas de ofertas, que yo aquí no sabré escribir; en que nos trajo á la -memoria desde que salimos de la isla de Cuba, con todo lo acaecido por -nosotros hasta aquella sazon, y nos dijo:</p> - -<p>—«Bien saben vuestras mercedes que Diego Velazquez, gobernador de -Cuba, me eligió por capitan general, no porque entre vuestras mercedes -no habia muchos caballeros que eran merecedores dello; y saben que -creisteis que veniamos á poblar, y así se publicaba y pregonó; y segun -han visto, enviaba á rescatar; y saben lo que pasamos sobre que me -queria<span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> volver á la isla -de Cuba á dar cuenta á Diego Velazquez del cargo que me dió, conforme -á su instruccion; pues vuestras mercedes me mandastes y requeristes -que poblásemos esta tierra en nombre de su majestad, como, gracias á -nuestro Señor, la tenemos poblada, y fué cosa cuerda; y demás desto, me -hicistes vuestro capitan general y justicia mayor della, hasta que su -majestad otra cosa sea servido mandar.</p> - -<p>»Como ya he dicho, entre algunos de vuestras mercedes hubo algunas -pláticas de tornar á Cuba, que no lo quiero más declarar, pues á manera -de decir, ayer pasó, y fué muy santa y buena nuestra quedada, y hemos -hecho á Dios y á su majestad gran servicio, que esto claro está; ya -saben lo que prometimos en nuestras cartas á su majestad, despues de -le haber dado cuenta y relacion de todos nuestros hechos, que punto no -quedó, é que aquesta tierra es de la manera que hemos visto y conocido -della, que es cuatro veces mayor que Castilla, y de grandes pueblos -y muy rica de oro y minas, y tiene cerca otras provincias; y cómo -enviamos á suplicar á su majestad que no la diese en gobernacion ni de -otra cualquiera manera á persona ninguna; y porque creiamos y teniamos -por cierto que el Obispo de Búrgos don Juan Rodriguez de Fonseca, que -era en aquella sazon presidente de Indias y tenia mucho mando, que -la demandaria á su majestad para el Diego Velazquez ó algun pariente -ó ami<span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>go del Obispo, -porque esta tierra es tal y tan buena para dar á un Infante ó gran -señor, que teniamos determinado de no dalle á persona ninguna hasta -que su majestad oyese á nuestros procuradores, y nosotros viésemos su -Real firma, é vista, que con lo que fuere servido mandar los pechos -por tierra; y con las cartas ya sabian que enviamos y servimos á -su majestad con todo el oro y plata, joyas é todo cuanto teniamos -habido.»</p> - -<p>Y más dijo:</p> - -<p>—«Bien se les acordará, señores, cuántas veces hemos llegado á punto -de muerte en las guerras y batallas que hemos habido. Pues no hay que -traellas á la memoria, que acostumbrados estamos de trabajos y aguas y -vientos y algunas veces hambres, y siempre traer las armas á cuestas y -dormir por los suelos, así nevando como lloviendo, que si miramos en -ello, los cueros tenemos ya curtidos de los trabajos.</p> - -<p>»No quiero decir de más de cincuenta de nuestros compañeros que nos -han muerto en las guerras, ni de todos vuestras mercedes como estais -entrapajados y mancos de heridas que aun están por sanar; pues que les -queria traer á la memoria los trabajos que trajimos por la mar y las -batallas de Tabasco, y los que se hallaron en lo de Almería y lo de -Cingapacinga, y cuántas veces por las sierras y caminos nos procuraban -quitar las vidas.</p> - -<p>»Pues en las batallas de Tlascala en qué punto nos pusieron y cuáles -nos traian; pues la de Cholula ya tenian puestas las ollas para comer -nuestros<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> cuerpos; pues -á la subida de los puertos no se les habia olvidado los poderes que -tenia Montezuma para no dejar ninguno de nosotros, y bien vieron los -caminos todos llenos de pinos y árboles cortados; pues los peligros de -la entrada y estada en la gran ciudad de Méjico, cuántas veces teniamos -la muerte al ojo, ¿quién los podrá ponderar? Pues vean los que han -venido de vuestras mercedes dos veces primero que no yo, la una con -Francisco Hernandez de Córdoba y la otra con Juan de Grijalva, los -trabajos, hambres y sedes, heridas y muertes de muchos soldados que -en descubrir aquestas tierras pasastes, y todo lo que en aquellos dos -viajes habeis gastado de vuestras haciendas.»</p> - -<p>Y dijo que no queria contar otras muchas cosas que tenia por decir -por menudo, y no habria tiempo para acaballo de platicar, porque era -tarde y venia la noche; y más dijo:</p> - -<p>—«Digamos ahora, señores: Pánfilo de Narvaez viene contra nosotros -con mucha rabia y deseo de nos haber á las manos, y no habian -desembarcado, y nos llamaban de traidores y malos; y envió á decir al -gran Montezuma, no palabras de sábio capitan, sino de alborotador; y -demás desto, tuvo atrevimiento de prender á un oidor de su majestad, -que por sólo este delito es digno de ser castigado. Ya habrán oido cómo -han pregonado en su real guerra contra nosotros á ropa franca, como si -fuéramos moros.»</p> - -<p>Y luego, despues de haber dicho esto Cortés, comenzó á sublimar -nuestras per<span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>sonas y -esfuerzos en las guerras y batallas pasadas, y que entónces peleábamos -por salvar nuestras vidas, y que ahora hemos de pelear con todo vigor -por vida y honra, pues nos vienen á prender y echar de nuestras casas -y robar nuestras haciendas; y demás desto, que no sabemos si trae -provisiones de nuestro Rey y señor, salvo favores del Obispo de Búrgos, -nuestro contrario; y si por ventura caemos debajo de sus manos de -Narvaez (lo cual Dios no permita), todos nuestros servicios, que hemos -hecho á Dios primeramente y á su majestad, tornarán en deservicios, y -harán procesos contra nosotros, y dirán que hemos muerto y robado y -destruido la tierra, donde ellos son los robadores y alborotadores y -deservidores de nuestro Rey y señor; dirán que le han servido, y pues -vemos por los ojos todo lo que he dicho, y como buenos caballeros somos -obligados á volver por la honra de su majestad y por las nuestras, y -por nuestras casas y haciendas; y con esta intencion salí de Méjico, -teniendo confianza en Dios y de nosotros; que todo lo ponia en las -manos de Dios primeramente, y despues en las nuestras; que veamos lo -que nos parece.»</p> - -<p>Entónces respondimos, y tambien juntamente con nosotros Juan -Velazquez de Leon y Francisco de Lugo y otros capitanes, que tuviese -por cierto que, mediante Dios, habiamos de vencer ó morir sobre ello, y -que mirase no le convenciesen con partidos, porque si alguna cosa hacia -fea, le da<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>riamos de -estocadas.</p> - -<p>Entónces, como vió nuestras voluntades, se holgó mucho, y dijo -que con aquella confianza venia; y allí hizo muchas ofertas y -prometimientos que seriamos todos muy ricos y valerosos.</p> - -<p>Hecho esto, tornó á decir que nos pedia por merced que callásemos, -y que en las guerras y batallas es menester más prudencia y saber para -bien vencer los contrarios, que no demasiada osadía; y que porque tenia -conocido de nuestros grandes esfuerzos que por ganar honra cada uno -de nosotros se queria adelantar de los primeros á encontrar con los -enemigos, que fuésemos puestos en ordenanza y capitanías; y para que la -primera cosa que hiciésemos fuese tomalles el artillería, que eran diez -y ocho tiros que tenian asestados delante de sus aposentos de Narvaez, -mandó que fuese por capitan suyo de Cortés uno que se decia Pizarro, -que ya he dicho otras veces que en aquella sazon no habia fama de Perú -ni Pizarros, que no era descubierto; y era el Pizarro suelto mancebo, -y le señaló sesenta soldados mancebos, y entre ellos me nombraron á -mí; y mandó que, despues de tomada el artillería, acudiésemos todos á -los aposentos de Narvaez, que estaba en un muy alto cu; y para prender -á Narvaez señaló por capitan á Gonzalo de Sandoval con otros sesenta -compañeros; y como era alguacil mayor, le dió un mandamiento que decia -así:</p> - -<blockquote> - - <p>«Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor desta Nueva-España por - su ma<span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>jestad, yo - os mando que prendais el cuerpo de Pánfilo de Narvaez, é si se - os defendiere, matadle, que así conviene al servicio de Dios y - de su majestad, y le prendió á un oidor. Dado en este real.» y - la firma, Hernando Cortés, y refrendado de su secretario Pedro - Hernandez.</p> - -</blockquote> - -<p>Y despues de dado el mandamiento, prometió que al primer soldado que -le echase la mano le daria tres mil pesos, y al segundo dos mil, y al -tercero mil; y dijo que aquello que prometia que era para guantes, que -bien viamos la riqueza que habia entre nuestras manos; y luego nombró á -Juan Velazquez de Leon para que prendiese á Diego Velazquez, con quien -habia tenido la brega, y le dió otros sesenta soldados.</p> - -<p>Narvaez estaba en su fortaleza é altos cues, y el mismo Cortés -por sobresaliente con otros veinte soldados para acudir adonde más -necesidad hubiese, y donde él tenia el pensamiento de asistir era para -prender á Narvaez y á Salvatierra; pues ya dadas las copias á los -capitanes, como dicho tengo, dijo:</p> - -<p>—«Bien sé que los de Narvaez son por cuatro veces más que nosotros; -mas ellos no son acostumbrados á las armas, y como están la mayor -parte dellos mal con su capitan, y muchos dolientes, les tomaremos -de sobresalto; tengo pensamiento que Dios nos dará vitoria, que no -porfiarán mucho en su defensa, porque más bienes les haremos nosotros -que no su Narvaez; así, señores, pues nuestra vida y honra está, -despues de Dios, en vuestros esfuerzos é vigo<span class="pagenum" -id="Page_60">p. 60</span>rosos brazos, no tengo más que os pedir por -merced ni traer á la memoria sino que en esto está el toque de nuestras -honras y famas para siempre jamás; y más vale morir por buenos que -vivir afrentados.»</p> - -<p>Y porque en aquella sazon llovia y era tarde no dijo más.</p> - -<p>Una cosa he pensado despues acá, que jamás nos dijo tengo tal -concierto en el real hecho, ni Fulano ni Zutano es en nuestro favor, -ni cosa ninguna destas, sino que peleásemos como varones; y esto de -no decirnos que tenia amigos en el real de Narvaez fué de muy cuerdo -capitan, que por aquel efeto no dejásemos de batallar como esforzados, -y no tuviésemos esperanza en ellos, sino, despues de Dios, en nuestros -grandes ánimos.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos cómo cada uno de los capitanes por mí -nombrados estaban con los soldados señalados, poniéndose esfuerzo unos -á otros.</p> - -<p>Pues mi capitan Pizarro, con quien habiamos de tomar la artillería, -que era la cosa de más peligro, y habiamos de ser los primeros que -habiamos de romper hasta los tiros, tambien decia con mucho esfuerzo -cómo habiamos de entrar y calar nuestras picas hasta tener la -artillería en nuestro poder, y cuando se la hubiésemos tomado, que -con ella misma mandó á nuestros artilleros, que se decian Mesa y el -siciliano Aruega, que con las pelotas que estuviesen por descargar se -diese guerra á los del aposento de Salvatierra.</p> - -<p>Tambien quiero decir la gran necesidad que teniamos de armas, que -por un peto<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> ó capacete -ó casco ó babera de hierro diéramos aquella noche cuanto nos pidieran -por ello y todo cuanto habiamos ganado; y luego secretamente nos -nombraron el apellido que habiamos de tener estando batallando, que era -Espíritu Santo, Espíritu Santo; que esto se suele hacer secreto en las -guerras porque se conozcan y apelliden por el nombre, que no lo sepan -unos contrarios de otros; y los de Narvaez tenian su apellido y voz -Santa María, Santa María.</p> - -<p>Ya hecho todo esto, como yo era gran amigo y servidor del capitan -Sandoval, me dijo aquella noche que me pedia por merced que cuando -hubiésemos tomado el artillería, si quedaba con la vida, siempre me -hablase con él y le siguiese; é yo le prometí, é así lo hice, como -adelante verán.</p> - -<p>Digamos ahora en qué se entendió un rato de la noche, sino en -aderezar y pensar en lo que teniamos por delante, pues para cenar no -teniamos cosa ninguna; y luego fueron nuestros corredores del campo, y -se puso espías y velas á mí y á otros dos soldados, y no tardó mucho, -cuando viene un corredor del campo á me preguntar que si he sentido -algo, é yo dije que no; y luego vino un cuadrillero, y dijo que el -Galleguillo que habia venido del real de Narvaez no parecia, y que era -espía echada del Narvaez; é que mandaba Cortés que luego marchásemos -camino de Cempoal, é oimos tocar nuestro pífaro y atambor, y los -capitanes apercibiendo sus soldados, y comenzamos á marchar; y al -Galleguillo hallaron debajo de<span class="pagenum" id="Page_62">p. -62</span> unas mantas durmiendo; que, como llovió y el pobre no era -acostumbrado á estar al agua ni frios, metióse allí á dormir.</p> - -<p>Pues yendo nuestro paso tendido, sin tocar pífaro ni atambor, que -luego mandó Cortés que no tocasen, y nuestros corredores del campo -descubriendo la tierra, llegamos al rio, donde estaban las espías de -Narvaez, que ya he dicho que se decian Gonzalo Carrasco é Hurtado, y -estaban descuidados, que tuvimos tiempo de prender al Carrasco, y el -otro fué dando voces al real de Narvaez y diciendo:</p> - -<p>—«Al arma, al arma, que viene Cortés.»</p> - -<p>Acuérdome que cuando pasábamos aquel rio, como llovia, venia un poco -hondo, y las piedras resbalaban algo, y como llevábamos á cuestas las -picas y armas, nos hacia mucho estorbo; y tambien me acuerdo cuando se -prendió á Carrasco decia á Cortés á grandes voces:</p> - -<p>—«Mira, señor Cortés, no vayas allá; que juro á tal que está Narvaez -esperándoos en el campo con todo su ejército.»</p> - -<p>Y Cortés le dió en guarda á su secretario Pedro Hernandez; y como -vimos que el Hurtado fué á dar mandado, no nos detuvimos cosa, sino -que el Hurtado iba dando voces y mandando dar al arma, y el Narvaez -llamando sus capitanes, y nosotros calando nuestras picas y cerrando -con su artillería, todo fué uno, que no tuvieron tiempo sus artilleros -de poner fuego sino á cuatro tiros, y las pelotas algunas dellas -pasaron por alto, é una dellas mató á tres de nuestros compañeros.</p> - -<p>Pues en<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> este -instante llegaron todos nuestros capitanes, tocando al arma nuestro -pífaro y atambor; y como habia muchos de los de Narvaez á caballo, -detuviéronse un poco con ellos, porque luego derrocaron seis ó siete -dellos.</p> - -<p>Pues nosotros los que tomamos el artillería no osábamos -desampararla, porque el Narvaez desde su aposento nos tiraba saetas -y escopetas; y en aquel instante llegó el capitan Sandoval y sube de -presto las gradas arriba, y por mucha resistencia que le ponia el -Narvaez y le tiraban saetas y escopetas y con partesanas y lanzas, -todavía las subió él y sus soldados; y luego como vimos los soldados -que ganamos el artillería que no habia quien nos la defendiese, se -la dimos á nuestros artilleros por mí nombrados, y fuimos muchos de -nosotros y el capitan Pizarro á ayudar al Sandoval, que les hacian los -de Narvaez venir seis ó siete gradas abajo retrayéndose, y con nuestra -llegada tornó á las subir, y estuvimos buen rato peleando con nuestras -picas, que eran grandes; y cuando no me cato oimos voces del Narvaez, -que decia:</p> - -<p>—«Santa María, váleme; que muerto me han y quebrado un ojo;»</p> - -<p>Y cuando aquello oimos, luego dimos voces:</p> - -<p>—«Vitoria, vitoria por los del nombre del Espíritu Santo; que muerto -es Narvaez.»</p> - -<p>Y con todo esto no les pudimos entrar en el cu donde estaban -hasta que un Martin Lopez, el de los bergantines, como era alto de -cuerpo, puso fuego á las pajas del alto cu, y vinieron todos los<span -class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span> de Narvaez rodando las -gradas abajo; entónces prendimos á Narvaez, y el primero que le echó -mano fué un Pero Sanchez Farfan, é yo se lo dí al Sandoval y á otros -capitanes del mismo Narvaez que con él estaban todavía dando voces y -apellidando:</p> - -<p>—«Viva el Rey, viva el Rey, y en su Real nombre Cortés; vitoria, -vitoria; que muerto es Narvaez.»</p> - -<p>Dejemos este combate, é vamos á Cortés y á los demás capitanes que -todavía estaban batallando cada uno con los capitanes del Narvaez -que aún no se habian dado, porque estaban en muy altos cues, y con -los tiros que les tiraban nuestros artilleros y con nuestras voces, -é muerte del Narvaez, como Cortés era muy avisado, mandó de presto -pregonar que todos los de Narvaez se vengan luego á someter debajo de -la bandera de su majestad, y de Cortés en su Real nombre, so pena de -muerte; y aun con todo esto no se daban los de Diego Velazquez el mozo -ni los de Salvatierra, porque estaban en muy altos cues y no les podian -entrar; hasta que Gonzalo de Sandoval fué con la mitad de nosotros los -que con él entramos, y se prendieron así al Salvatierra como los que -con él estaban, y al Diego Velazquez el mozo; y luego Sandoval vino -con todos nosotros los que fuimos en prender al Narvaez á ponelle más -en cobro, puesto que le habiamos echado dos pares de grillos, y cuando -Cortés y el Juan Velazquez y el Ordás tuvieron presos á Salvatierra -y al Diego Velazquez el mozo y á Gamar<span class="pagenum" -id="Page_65">p. 65</span>ra y á Juan Yuste y á Juan Bono, vizcaino, y -á otras personas principales, vino Cortés desconocido, acompañado de -nuestros capitanes, adonde teniamos á Narvaez, y con el calor que hacia -grande, y como estaba cargado con las armas é andaba de una parte á -otra apellidando á nuestros soldados y haciendo dar pregones, venia muy -sudando y cansado, y tal, que no le alcanzaba un huelgo á otro, é dijo -á Sandoval dos veces, que no lo acertaba á decir del trabajo que traia, -é dijo:</p> - -<p>—«¿Qué es de Narvaez? ¿Qué es de Narvaez?»</p> - -<p>É dijo Sandoval:</p> - -<p>—«Aquí está, aquí está, é á muy buen recaudo.»</p> - -<p>Y tornó Cortés á decir muy sin huelgo:</p> - -<p>—«Mirá, hijo Sandoval, que no os quiteis dél vos y vuestros -compañeros, no se os suelte miéntras yo voy á entender en otras cosas; -é mirad estos capitanes que con él teneis presos que en todo haya -recaudo.»</p> - -<p>Y luego se fué, y mandó dar otros pregones que, so pena de muerte, -que todos los de Narvaez luego en aquel punto se vengan á someter -debajo de la bandera de su majestad, y en su Real nombre de Hernando -Cortés, su capitan general y justicia mayor, é que ninguno trajese -ningunas armas, sino que todos las diesen y entregasen á nuestros -alguaciles; y todo esto era de noche, que no amanecia, y aun llovia -de rato en rato, y entónces salia la luna, que cuando allí llegamos -hacia muy escuro y llovia, y tambien la escuridad ayudó; que, como -hacia tan escuro, habia muchos cucuyos (así los llaman en Cuba),<span -class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> que relumbraban de noche, é -los de Narvaez creyeron que eran mechas de las escopetas.</p> - -<p>Dejemos esto, y pasemos adelante: que, como el Narvaez estaba muy -mal herido y quebrado el ojo, demandó licencia á Sandoval para que -un cirujano que traia en su armada, que se decia maestre Juan, le -curase el ojo á él y otros capitanes que estaban heridos, y se la -dió, y estándole curando llegó allí cerca Cortés disimulando, que no -lo conociesen, á le ver curar; dijéronle al Narvaez que estaba allí -Cortés, y como se lo dijeron, dijo el Narvaez:</p> - -<p>—«Señor capitan Cortés, tené en mucho esta vitoria que de mí habeis -habido y en tener presa mi persona.»</p> - -<p>Y Cortés le respondió que daba muchas gracias á Dios, que se la dió, -y por los esforzados caballeros y compañeros que tenia, que fueron -parte para ello. É que una de las menores cosas que en la Nueva-España -ha hecho es prendelle y desbaratalle; y que si le ha parecido bien -tener atrevimiento de prender á un oidor de su majestad.</p> - -<p>Y cuando hubo dicho esto se fué de allí, que no le habló más, y -mandó á Sandoval que le pusiese buenas guardas, y que él no se quitase -dél con personas de recaudo; ya le teniamos echado dos pares de grillos -y le llevábamos á un aposento, y puestos soldados que le habiamos de -guardar, y á mí me señaló Sandoval por uno dellos, y secretamente me -mandó que no dejase hablar con él á ninguno de los de Narvaez hasta que -amaneciese, que Cortés le pusiese<span class="pagenum" id="Page_67">p. -67</span> más en cobro.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos cómo Narvaez habia enviado cuarenta de á -caballo para que nos estuviesen aguardando en el paso del rio cuando -viniésemos á su real, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, -y supimos que andaban todavía en el campo; tuvimos temor no nos -viniesen á acometer para nos quitar sus capitanes é al mismo Narvaez -que teniamos presos, y estábamos muy apercebidos; y acordó Cortés de -les enviar á pedir por merced que se viniesen al real, con grandes -ofrecimientos que á todos prometió; y para los traer envió á Cristóbal -de Olí, que era nuestro maestre de campo, é á Diego de Ordás, y fueron -en unos caballos que tomaron de los de Narvaez, que de todos los -nuestros no trajimos ningunos, que atados quedaron en un montecillo -junto á Cempoal; que no trajimos sino picas, espadas y rodelas y -puñales; y fueron al campo con un soldado de los de Narvaez, que les -mostró el rastro por donde habian ido, y se toparon con ellos; y en -fin, tantas palabras de ofertas y ofrecimientos les dijeron por parte -de Cortés, y ántes que llegasen á nuestro real ya era de dia claro; y -sin decir cosa ninguna Cortés ni ninguno de nosotros á los atabaleros -que el Narvaez traia, comenzaron á tocar los atabales y á tañer sus -pífaros y tambores, y decian:</p> - -<p>—«Viva, viva la gala de los romanos, que siendo tan pocos han -vencido á Narvaez y á sus soldados.»</p> - -<p>É un negro que se decia Gui<span class="pagenum" id="Page_68">p. -68</span>dela, que fué muy gracioso truhan, que traia el Narvaez, daba -voces que decia:</p> - -<p>—«Mirad que los romanos no han hecho tal hazaña.»</p> - -<p>Y por más que les deciamos que callasen y no tañesen sus atabales, -no querian, hasta que Cortés mandó que prendiesen al atabalero, que era -medio loco, que se decia Tapia; y en este instante vino Cristóbal de -Olí y Diego de Ordás, y trajeron á los de á caballo que dicho tengo, y -entre ellos venia Andrés de Duero y Agustin Bermudez y muchos amigos de -nuestro capitan; y así como venian, iban á besar las manos á Cortés, -que estaba sentado en una silla de caderas, con una ropa larga de color -como naranjada, con sus armas debajo, acompañado de nosotros.</p> - -<p>Pues ver la gracia con que les hablaba y abrazaba, y las palabras de -tantos cumplimientos que les decia, era cosa de ver qué alegre estaba; -y tenia mucha razon de verse en aquel punto tan señor y pujante; y así -como le besaban la mano se fueron cada uno á su posada.</p> - -<p>Digamos ahora de los muertos y heridos que hubo aquella noche.</p> - -<p>Murió el alférez de Narvaez, que se decia Fulano de Fuentes, que -era un hidalgo de Sevilla; murió otro capitan de Narvaez que se decia -Rojas, natural de Castilla la Vieja; murieron otros dos de Narvaez; -murió uno de los tres soldados que se le habian pasado, que habian sido -de los nuestros, que llamábamos Alonso García el Carretero, y heridos -de los de Narvaez hubo muchos; y<span class="pagenum" id="Page_69">p. -69</span> tambien murieron de los nuestros otros cuatro, y hubo más -heridos, y el cacique gordo tambien salió herido; porque, como supo que -veniamos cerca de Cempoal, se acogió al aposento de Narvaez, y allí le -hirieron, y luego Cortés le mandó curar muy bien y le puso en su casa, -y que no se le hiciese enojo.</p> - -<p>Pues Cervantes el loco y Escalonilla, que son los que se pasaron al -Narvaez que habian sido de los nuestros, tampoco libraron bien, que -Escalona salió bien herido, y el Cervantes bien apaleado, é ya he dicho -que murió el Carretero.</p> - -<p>Vamos á los del aposento de Salvatierra, el muy fiero, que dijeron -sus soldados que en toda su vida vieron hombre para ménos ni tan -cortado de muerte cuando nos oyó tocar al arma y cuando deciamos:</p> - -<p>—«Vitoria, vitoria; que muerto es Narvaez.»</p> - -<p>Dicen que luego dijo que estaba muy malo del estómago, é que no fué -para cosa ninguna. Esto lo he dicho por sus fieros y bravear; y de los -de su compañía tambien hubo heridos.</p> - -<p>Digamos del aposento del Diego Velazquez y otros capitanes que -estaban con él, que tambien hubo heridos, y nuestro capitan Juan -Velazquez de Leon prendió al Diego Velazquez, aquel con quien tuvo las -bregas estando comiendo con el Narvaez, y le llevó á su aposento y le -mandó curar y hacer mucha honra.</p> - -<p>Pues ya he dado cuenta de todo lo acaecido en nuestra batalla, -digamos agora lo que más se hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_123"> - <p><span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO DESPUES DE DESBARATADO NARVAEZ SEGUN Y DE LA - MANERA QUE HE DICHO, VINIERON LOS INDIOS DE CHINANTA QUE CORTÉS HABIA - ENVIADO Á LLAMAR, Y DE OTRAS COSAS QUE PASARON.</p> -</div> - -<p>Ya he dicho en el capítulo que dello habla, que Cortés envió á decir -á los pueblos de Chinanta, donde trajeron las lanzas é picas, que -viniesen dos mil indios dellos con sus lanzas, que son mucho más largas -que no las nuestras, para nos ayudar, é vinieron aquel mismo dia y algo -tarde, despues de preso Narvaez, y venian por capitanes los caciques de -los mismos pueblos é uno de nuestros soldados, que se decia Barrientos, -que habia quedado en Chinanta para aquel efecto: y entraron en Cempoal -con muy gran ordenanza, de dos en dos; y como traian las lanzas muy -grandes y de buen cuerpo, y tienen en ellas una braza de cuchilla -de pedernales, que cortan tanto como navajas, segun ya otra vez he -dicho, y traia cada indio una rodela como pavesina, y con sus banderas -tendidas, y con muchos plumajes y atambores y trompetillas, y entre -cada lancero é lancero un flechero, y dando gritos y silbos decian:</p> - -<p>—«Viva el Rey, viva el Rey, y Hernando Cortés en su real<span -class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> nombre.»</p> - -<p>Y entraron bravosos, que era cosa de notar, y serian mil y -quinientos, que parecian, de la manera y concierto que venian, que eran -tres mil; y cuando los de Narvaez los vieron se admiraron, é dicen -que dijeron unos á otros que si aquella gente les tomara en medio ó -entraran con nosotros, qué tal que les pararan; y Cortés habló á los -indios capitanes muy amorosamente, agradeciéndole su venida, y les dió -cuentas de Castilla, y les mandó que luego se volviesen á sus pueblos, -y que por el camino no hiciesen daño á otros pueblos, y tornó á enviar -con ellos al mismo Barrientos.</p> - -<p>Y quedarse ha aquí, y diré lo que más Cortés hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_124"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXIV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS ENVIÓ AL PUERTO AL CAPITAN FRANCISCO DE - LUGO, Y EN SU COMPAÑÍA DOS SOLDADOS QUE HABIAN SIDO MAESTRES DE HACER - NAVÍOS, PARA QUE LUEGO TRAJESE ALLÍ Á CEMPOAL TODOS LOS MAESTRES Y - PILOTOS DE LOS NAVÍOS Y FLOTA DE NARVAEZ, Y QUE LES SACASEN LAS VELAS - Y TIMONES É AGUJAS, PORQUE NO FUESEN Á DAR MANDADO Á LA ISLA DE CUBA - Á DIEGO VELAZQUEZ DE LO ACAECIDO, Y CÓMO PUSO ALMIRANTE DE LA MAR.</p> -</div> - -<p>Pues acabado de desbaratar al Pánfilo de Narvaez, é presos él y sus -capitanes, é á todos los demás tomado sus armas, mandó Cortés al<span -class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> capitan Francisco de Lugo que -fuese al puerto donde estaba la flota de Narvaez, que eran diez y ocho -navíos, y mandase venir allí á Cempoal á todos los pilotos y maestres -de los navíos, y que les sacasen velas y timones é agujas, porque no -fuesen á dar mandado á Cuba á Diego Velazquez; é que si no le quisiesen -obedecer, que les echase presos; y llevó consigo el Francisco de Lugo -dos de nuestros soldados, que habian sido hombres de la mar, para que -le ayudasen; y tambien mandó Cortés que luego le enviasen á un Sancho -de Barahona, que le tenia preso el Narvaez con otros soldados. Este -Barahona fué vecino de Guatimala, hombre rico; y acuérdome que cuando -llegó ante Cortés, que venia muy doliente y flaco, y le mandó hacer -honra.</p> - -<p>Volvamos á los maestres y pilotos, que luego vinieron á besar las -manos al capitan Cortés, á los cuales tomó juramento que no saldrian de -su mandado, é que le obedecerian en todo lo que les mandase; y luego -les puso por almirante y capitan de la mar á un Pedro Caballero, que -habia sido maestre de un navío de los de Narvaez; persona de quien -Cortés se fió mucho, al cual dicen que le dió primero buenos tejuelos -de oro; y á este mandó que no dejase ir de aquel puerto ningun navío -á parte ninguna, y mandó á todos los maestres y pilotos y marineros -que todos le obedeciesen, y que si de Cuba enviase Diego Velazquez más -navíos (porque tuvo aviso Cortés que estaban dos navíos para venir), -que tuviese<span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> modo que -á los capitanes que en él viniesen les echase presos, y les sacase el -timon é velas y agujas, hasta que otra cosa en ello Cortés mandase. Lo -cual así lo hizo Pedro Caballero, como adelante diré.</p> - -<p>Y dejemos ya los navíos y el puerto seguro y digamos lo que se -concertó en nuestro real é los de Narvaez, y es que luego se dió órden -que fuesen á conquistar y poblar á Juan Velazquez de Leon á lo de -Pánuco, y para ello Cortés le señaló ciento y veinte soldados, los -ciento habian de ser de los de Narvaez, y los veinte de los nuestros -entremetidos, porque tenian más experiencia en la guerra: y tambien -habia de llevar dos navíos para que desde el rio de Pánuco fuesen -á descubrir la costa adelante; y tambien á Diego de Ordás dió otra -capitanía de otros ciento y veinte soldados para ir á poblar á lo de -Guacacualco, y los ciento habian de ser de los de Narvaez y los veinte -de los nuestros, segun y de la manera que á Juan Velazquez de Leon; -y habia de llevar otros dos navíos para desde el rio de Guacacualco -enviar á la isla de Jamáica por ganados de yeguas y becerros, puercos -y ovejas, y gallinas de Castilla y cabras, para multiplicar la tierra, -porque la provincia de Guacacualco era buena para ello.</p> - -<p>Pues para ir aquellos capitanes con sus soldados y llevar todas -sus armas, Cortés se las mandó dar y soltar todos los prisioneros -capitanes de Narvaez, y el Salvatierra, que decia que estaba malo del -estómago.</p> - -<p>Pues para dalles todas las ar<span class="pagenum" id="Page_74">p. -74</span>mas, algunos de nuestros soldados les teniamos ya tomado -caballos y espadas y otras cosas, y mandó Cortés que luego se las -volviésemos, y sobre no dárselas hubo ciertas pláticas enojosas, y -fueron, que dijimos los soldados que las teniamos muy claramente, que -no se las queriamos dar, pues que en el real de Narvaez pregonaron -guerra contra nosotros á ropa franca, y con aquella intencion venian á -nos prender y tomar lo que teniamos, é que siendo nosotros tan grandes -servidores de su majestad, nos llamaban traidores, é que no se las -queriamos dar; y Cortés todavía porfiaba á que se las diésemos, é como -era capitan general, húbose de hacer lo que mandó, que yo les dí un -caballo que tenia ya escondido, ensillado y enfrenado, y dos espadas y -tres puñales y una adarga, y otros muchos de nuestros soldados dieron -tambien otros caballos y armas; y como Alonso de Ávila era capitan y -persona que osaba decir á Cortés cosas que convenian, é juntamente -con él el Padre fray Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte á Cortés, -y le dijeron que parecia que queria remedar á Alejandro Macedonio, -que despues que con sus soldados habia hecho alguna gran hazaña, que -más procuraba de honrar y hacer mercedes á los que vencia que no á -sus capitanes y soldados, que eran los que lo vencian; y esto, que -lo decian porque lo han visto en aquellos dias que allí estábamos -despues de preso Narvaez, que todas las joyas de oro que le presentaban -los<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> indios de aquellas -comarcas y bastimentos daba á los capitanes de Narvaez, é como si no -nos conociera, ansí nos obligaba; y que no era bien hecho, sino muy -grande ingratitud, habiéndole puesto en el estado en que estaba.</p> - -<p>Á esto respondió Cortés que todo cuanto tenia, ansí persona como -bienes, era para nosotros, é que al presente no podia más sino con -dádivas y palabras y ofrecimientos honrar á los de Narvaez; porque, -como son muchos, y nosotros pocos, no se levantasen contra él y contra -nosotros, y le matasen.</p> - -<p>Á esto respondió el Alonso de Ávila, y le dijo ciertas palabras algo -soberbias, de tal manera, que Cortés le dijo que quien no le quisiese -seguir, que las mujeres han parido y paren en Castilla soldados; y el -Alonso de Ávila dijo con palabras muy soberbias y sin acato que así -era verdad, que soldados y capitanes é gobernadores, é que aquello -mereciamos que dijese.</p> - -<p>Y como en aquella sazon estaba la cosa de arte que Cortés no podia -hacer otra cosa sino callar, y con dádivas y ofertas le atrajo á sí; -y como conoció dél ser muy atrevido, y tuvo siempre Cortés temor que -por ventura un dia ó otro no hiciese alguna cosa en su daño, disimuló; -y dende allí adelante siempre le enviaba á negocios de importancia, -como fué á la isla de Santo Domingo, y despues á España cuando enviamos -la recámara y tesoro del gran Montezuma, que robó Juan Florin, gran -corsario frances; lo cual diré en su tiempo y lugar.</p> - -<p>Y volva<span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span>mos ahora -al Narvaez y á un negro que traia lleno de viruelas, que harto negro -fué en la Nueva-España, que fué causa que se pegase é hinchase toda la -tierra dellas, de lo cual hubo gran mortandad; que, segun decian los -indios, jamás tal enfermedad tuvieron, y como no la conocian, lavábanse -muchas veces, y á esta causa se murieron gran cantidad dellos.</p> - -<p>Por manera que negra la ventura de Narvaez, y más prieta la muerte -de tanta gente sin ser cristianos.</p> - -<p>Dejemos ahora todo esto, y digamos cómo los vecinos de la -Villa-Rica, que habian quedado poblados, que no fueron á Méjico, -demandaron á Cortés las partes del oro que les cabia, y dijeron á -Cortés que, puesto que allí les mandó quedar en aquel puerto y villa, -que tambien servian allí á Dios y al Rey como los que fuimos á Méjico, -pues entendian en guardar la tierra y hacer la fortaleza, y algunos -dellos se hallaron en lo de Almería, que aun no tenian sanas las -heridas, y que todos los más se hallaron en la prision de Narvaez, y -que les diesen sus partes; y viendo Cortés que era muy justo lo que -decian, dijo que fuesen dos hombres principales vecinos de aquella -villa con poder de todos, y que lo tenia apartado, y que se lo darian; -y paréceme que les dijo que en Tlascala estaba guardado, que esto no me -acuerdo bien; é así, luego despacharon de aquella villa dos vecinos por -el oro y sus partes, y el principal se decia Juan de Alcántara el<span -class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> viejo.</p> - -<p>Y dejemos de platicar en ello, y despues diremos lo que sucedió al -Alcántara y al otro; y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de presto -su rueda, que á grandes bonanzas y placeres siguen las tristezas; y -es que en este instante vienen nuevas que Méjico estaba alzado, y -que Pedro de Albarado está cercado en su fortaleza y aposento, y que -le ponian fuego por todas partes en la misma fortaleza, y que le han -muerto siete soldados, y que estaban otros muchos heridos; y enviaba á -demandar socorros con mucha instancia y priesa; y esta nueva trujeron -dos tlascaltecas sin carta ninguna, y luego vino una carta con otros -tlascaltecas que envió el Pedro de Albarado, en que decia lo mismo.</p> - -<p>Y cuando aquella tan mala nueva oimos, sabe Dios cuánto nos pesó, -y á grandes jornadas comenzamos á caminar para Méjico, y quedó preso -en la Villa-Rica el Narvaez y el Salvatierra, y por teniente y capitan -paréceme que quedó Rodrigo Rangel, que tuviese cargo de guardar al -Narvaez y de recoger muchos de los de Narvaez que estaban enfermos.</p> - -<p>Y tambien en este instante, ya que queriamos partir, vinieron cuatro -grandes principales que envió el gran Montezuma ante Cortés á quejarse -del Pedro de Albarado, y lo que dijeron llorando con muchas lágrimas de -sus ojos fué, que Pedro de Albarado salió de su aposento con todos los -soldados que le dejó Cortés, y sin causa ninguna dió en sus principales -y caciques, que esta<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>ban -bailando y haciendo fiesta á sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, -con licencia que para ello les dió el Pedro de Albarado, é que mató -é irió muchos dellos, y que por se defender le mataron seis de sus -soldados.</p> - -<p>Por manera que daban muchas quejas del Pedro de Albarado; y Cortés -les respondió á los mensajeros algo desabrido, é que él iria á Méjico y -pornia remedio en todo; y así, fueron con aquella respuesta á su gran -Montezuma, y dicen la sintió por muy mala y hubo enojo della.</p> - -<p>Y asimismo luego despachó Cortés cartas para Pedro de Albarado, en -que le envió á decir que mirase que el Montezuma no se soltase, é que -íbamos á grandes jornadas; y le hizo saber de la vitoria que habiamos -habido contra Narvaez; lo cual ya sabia el gran Montezuma.</p> - -<p>Y dejallo hé aquí, y diré lo que más adelante pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_125"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO FUIMOS GRANDES JORNADAS, ASÍ CORTÉS CON TODOS - SUS CAPITANES COMO TODOS LOS DE NARVAEZ, EXCEPTO PÁNFILO DE NARVAEZ, - Y SALVATIERRA, QUE QUEDABAN PRESOS.</p> -</div> - -<p>Como llegó la nueva referida cómo Pedro de Albarado estaba cercado -y Méjico rebelado, cesaron las capitanías que habian de ir á po<span -class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>blar á Pánuco y á Guacacualco, -que habian dado á Juan Velazquez de Leon y á Diego de Ordás, que no fué -enemigo dellos, que todos fuesen con nosotros; y Cortés habló á los -de Narvaez, que sintió que no irian con nosotros de buena voluntad á -hacer aquel socorro, y les rogó que dejasen atrás enemistades pasadas -por lo de Narvaez, ofreciéndoles de hacerlos ricos y dalles cargos; y -pues venian á buscar la vida, y estaban en tierra donde podrian hacer -servicio á Dios y á su majestad, y enriquecer, que ahora les venia -lance; y tantas palabras les dijo, que todos á una se le ofrecieron que -irian con nosotros; y si supieran las fuerzas de Méjico, cierto está -que no fuera ninguno.</p> - -<p>Y luego caminamos á muy grandes jornadas hasta llegar á Tlascala, -donde supimos que hasta que Montezuma y sus capitanes habian sabido -cómo habiamos desbaratado á Narvaez, no dejaron de darle guerra á Pedro -de Albarado, y le habian ya muerto siete soldados y le quemaron los -aposentos; y cuando supieron nuestra vitoria cesaron de dalle guerra; -mas dijeron que estaban muy fatigados por falta de agua y bastimento, -lo cual nunca se lo habia mandado dar Montezuma; y esta nueva trujeron -indios de Tlascala en aquella misma hora que hubimos llegado.</p> - -<p>Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y -halló sobre mil y trecientos soldados, así de los nuestros como de -los de Narvaez, y sobre noventa y seis caballos y ochenta<span -class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span> ballesteros y otros tantos -escopeteros; con los cuales le pareció á Cortés que llevaba gente para -poder entrar muy á su salvo en Méjico; y demás desto, en Tlascala -nos dieron los caciques dos mil hombres, indios de guerra; y luego -fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, que es una gran ciudad, y no -se nos hizo honra ninguna en ella ni pareció ningun señor, sino todo -muy remontado y de mal arte; y llegamos á Méjico dia de señor San -Juan de Junio de 1520 años, y no parecian por las calles caciques, ni -capitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas despobladas.</p> - -<p>Y como llegamos á los aposentos que soliamos posar, el gran -Montezuma salió al patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el bien -venido, y de la vitoria con Narvaez; y Cortés, como venia vitorioso, -no le quiso oir, y el Montezuma se entró en su aposento muy triste y -pensativo.</p> - -<p>Pues ya aposentados cada uno de nosotros donde soliamos estar ántes -que saliésemos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los de Narvaez en -otros aposentos, é ya habiamos visto é hablado con el Pedro de Albarado -y los soldados que con él quedaron, y ellos nos daban cuenta de las -guerras que los mejicanos les daban y trabajo en que les tenian puesto, -y nosotros les dábamos relacion de la vitoria contra Narvaez.</p> - -<p>Y dejaré esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fué la causa -de se levantar Méjico, porque bien entendido teniamos que á Montezuma -le pesó dello, que si le pluguiera ó fue<span class="pagenum" -id="Page_81">p. 81</span>ra por su consejo, dijeron muchos soldados de -los que se quedaron con Pedro de Albarado en aquellos trances, que si -Montezuma fuera en ello, que á todos les mataran, y que el Montezuma -los aplacaba que cesasen la guerra; y lo que contaba el Pedro de -Albarado á Cortés, sobre el caso era, que por libertar los mejicanos -al Montezuma, é porque su Huichilóbos se lo mandó porque pusimos en su -casa la imágen de Nuestra Señora la Vírgen Santa María y la Cruz.</p> - -<p>Y más dijo, que habian llegado muchos indios á quitar la santa -imágen del altar donde la pusimos, y que no pudieron quitalla, y -que los indios lo tuvieron á gran milagro, y que se lo dijeron al -Montezuma, é que les mandó que la dejasen en el mismo lugar y altar, y -que no curasen de hacer otra cosa; y así, la dejaron.</p> - -<p>Y más dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el Narvaez les habia -enviado á decir al Montezuma, que le venia á soltar de las prisiones y -á prendernos, y no salió verdad; y como Cortés habia dicho al Montezuma -que en teniendo navíos nos habiamos de ir á embarcar y salir de toda -la tierra, é que no nos íbamos, é que todo eran palabras, é que ahora -habian visto venir muchos más teules, ántes que todos los de Narvaez -y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, que seria bien matar -al Pedro de Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y -despues no quedar á vida ninguno de los nuestros é de los de Narvaez, -cuanto más que tuvieron<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span> -por cierto que nos venciera el Narvaez.</p> - -<p>Estas pláticas y descargo dió el Pedro de Albarado á Cortés, y le -tornó á decir Cortés que á qué causa les fué á dar guerra estando -bailando y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que hacian á -sus Huichilóbos y á Tezcatepuca; y el Pedro de Albarado dijo que luego -le habian de venir á dar guerra, segun el concierto tenian entre ellos -hecho, y todo lo demás que lo supo de un papa y de dos principales y de -otros mejicanos; y Cortés le dijo:</p> - -<p>—«Pues hanme dicho que os demandaron licencia para hacer el areito y -bailes.»</p> - -<p>É dijo que así era verdad, é que fué por tomalles descuidados; é que -porque temiesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto se adelantó -á dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, muy enojado, que -era muy mal hecho, y grande desatino y poca verdad; é que pluguiera á -Dios que el Montezuma se hubiera soltado, é que tal cosa no la oyera á -sus ídolos; y así le dejó, que no le habló más en ello.</p> - -<p>Tambien dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando andaba con -ellos en aquella guerra, que mandó poner á un tiro que estaba cebado -fuego, con una pelota y muchos perdigones, é que como venian muchos -escuadrones de indios á le quemar los aposentos, que salió á pelear -con ellos, é que mandó poner fuego al tiro, é que no salió, y que hizo -una arremetida contra los escuadrones que le daban guerra, y cargaban -muchos indios sobre él, é que venia retra<span class="pagenum" -id="Page_83">p. 83</span>yéndose á la fuerza y aposento, é que entónces -sin poner fuego al tiro salió la pelota y los perdigones y mató muchos -indios; y que si aquello no acaeciera, que los enemigos los mataran á -todos, como en aquella vez le llevaron dos de sus soldados vivos.</p> - -<p>Otra cosa dijo el Pedro de Albarado, y esta sola cosa la dijeron -otros soldados, que las demás pláticas sólo el Pedro de Albarado lo -contaba; y es, que no tenia agua para beber, y cavaron en el patio, é -hicieron un pozo y sacaron agua dulce, siendo todo salado tambien.</p> - -<p>Todo fué muchos bienes que nuestro Señor Dios nos hacia.</p> - -<p>É á esto del agua digo yo que en Méjico estaba una fuente que muchas -veces y todas las más manaba agua algo dulce; que lo demás que dicen -algunas personas, que el Pedro de Albarado, por codicia de haber mucho -oro y joyas de gran valor con que bailaban los indios, les fué á dar -guerra, yo no lo creo ni nunca tal oí, ni es de creer que tal hiciese, -puesto que lo dice el Obispo fray Bartolomé de las Casas aquello y -otras cosas que nunca pasaron; sino que verdaderamente dió en ellos por -metelles temor, é que con aquellos males que les hizo tuviesen harto -que curar y llorar en ellos, porque no le viniesen á dar guerra; y como -dicen que quien acomete vence, y fué muy peor, segun pareció.</p> - -<p>Y tambien supimos de mucha verdad que tal guerra nunca el Montezuma -mandó dar, é que cuando combatian al Pedro de Albarado, que el -Montezuma les mandaba á<span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span> -los suyos que no lo hiciesen, y que le respondian que ya no era cosa de -sufrir tenelle preso, y estando bailando irles á matar, como fueron; -y que le habian de sacar de allí y matar á todos los teules que le -defendian.</p> - -<p>Estas cosas y otras sé decir que lo oí á personas de fe y que se -hallaron con el Pedro de Albarado cuando aquello pasó.</p> - -<p>Y dejallo hé aquí, y diré la gran guerra que luego nos dieron, y es -desta manera.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_126"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXVI.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO NOS DIERON GUERRA EN MÉJICO, Y LOS COMBATES - QUE NOS DABAN, Y OTRAS COSAS QUE PASAMOS.</p> -</div> - -<p>Como Cortés vió que en Tezcuco no nos habian hecho ningun -recibimiento, ni aun dado de comer, sino mal y por mal cabo, y que no -hallamos principales con quien hablar, y lo vió todo rematado y de mal -arte, y venido á Méjico lo mismo; y vió que no hacian tianguez, sino -todo levantado, é oyó al Pedro de Albarado de la manera y desconcierto -con que les fué á dar guerra; y parece ser habia dicho Cortés en el -camino á los capitanes, alabándose de sí mismo, el gran acato y mando -que tenia, é que por los pueblos é caminos le sal<span class="pagenum" -id="Page_85">p. 85</span>drian á recibir y hacer fiestas, y que en -Méjico mandaba tan absolutamente, así al gran Montezuma como á todos -sus capitanes, é que le darian presentes de oro como solian; y viendo -que todo estaba muy al contrario de sus pensamientos, que aun de comer -no nos daban, estaba muy airado y soberbio con la mucha gente de -españoles que traia, y muy triste y mohino; y en este instante envió el -gran Montezuma dos de sus principales á rogar á nuestro Cortés que le -fuese á ver, que le queria hablar, y la respuesta que le dió fué:</p> - -<p>—«Vaya para perro, que aun tianguez no quiere hacer ni de comer nos -manda dar.»</p> - -<p>Y entónces, como aquello le oyeron á Cortés nuestros capitanes, -que fué Juan Velazquez de Leon y Cristóbal de Olí y Alonso de Ávila y -Francisco de Lugo, dijeron:</p> - -<p>—«Señor, temple su ira, y mire cuánto bien y honra nos ha hecho -este Rey destas tierras, que es tan bueno, que si por él no fuese ya -fuéramos muertos y nos habrian comido, é mire que hasta las hijas le -han dado.»</p> - -<p>Y como esto oyó Cortés, se indignó más de las palabras que le -dijeron, como parecian de reprension, é dijo:</p> - -<p>—«¿Qué cumplimiento tengo yo de tener con un perro que se hacia con -Narvaez secretamente, é ahora veis que aun de comer no nos da?»</p> - -<p>Y dijeron nuestros capitanes:</p> - -<p>—«Esto nos parece que debe hacer, y es buen consejo.»</p> - -<p>Y como Cortés tenia allí en Méjico tantos españoles, así de los -nuestros como de los de Narvaez, no se le daba nada por cosa<span -class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> ninguna, é hablaba tan airado -y descomedido.</p> - -<p>Por manera que tornó hablar á los principales que dijesen á su señor -Montezuma que luego mandase hacer tianguez y mercados; si no, que hará -é que acontecerá; y los principales bien entendieron las palabras -injuriosas que Cortés dijo de su señor, y aun tambien la reprension -que nuestros capitanes dieron á Cortés sobre ello; porque bien los -conocian, que habian sido los que solian tener en guarda á su señor, -y sabian que eran grandes servidores de su Montezuma; y segun y de la -manera que lo entendieron, se lo dijeron al Montezuma, y de enojo, ó -porque ya estaba concertado que nos diesen guerra, no tardó un cuarto -de hora que vino un soldado á gran priesa muy mal herido, que venia de -un pueblo que está junto á Méjico, que se dice Tacuba, y traia unas -indias que eran de Cortés, é la una hija del Montezuma, que parece ser -las dejó á guardar allí al señor de Tacuba, que eran sus parientes del -mismo señor, cuando fuimos á lo de Narvaez.</p> - -<p>Y dijo aquel soldado que estaba toda la ciudad y camino por donde -venia lleno de gente de guerra con todo género de armas, y que le -quitaron las indias que traia y le dieron dos heridas, é que si no -se les soltara, que le tenian ya asido para le meter en una canoa y -llevalle á sacrificar, y habian deshecho una puente.</p> - -<p>Y desque aquello oyó Cortés y algunos de nosotros, ciertamente -nos pesó mucho; porque bien entendido tenia<span class="pagenum" -id="Page_87">p. 87</span>mos los que soliamos batallar con indios, -la mucha multitud que de ellos se suelen juntar, que por bien que -peleásemos, y aunque más soldados trujésemos ahora, que habiamos -de pasar gran riesgo de nuestras vidas, y hambres y trabajos, -especialmente estando en tan fuerte ciudad.</p> - -<p>Pasemos adelante, y digamos que luego mandó á un capitan que se -decia Diego de Ordás, que fuese con cuatrocientos soldados, y entre -ellos, los más ballesteros y escopeteros y algunos de á caballo, é que -mirase qué era aquello que decia el soldado que habia venido herido -y trajo las nuevas; é que si viese que sin guerra y ruido se pudiese -apaciguar, lo pacificase; y como fué el Diego de Ordás de la manera -que le fué mandado, con sus cuatrocientos soldados, aún no hubo bien -llegado á media calle por donde iba, cuando le salen tantos escuadrones -mejicanos de guerra y otros muchos que estaban en las azuteas, y les -dieron tan grandes combates, que le mataron á las primeras arremetidas -ocho soldados, y á todos los más hirieron, y al mismo Diego de Ordás le -dieron tres heridas.</p> - -<p>Por manera que no pudo pasar un paso adelante, sino volverse poco -á poco al aposento; y al retraer le mataron otro buen soldado, que se -decia Lezcano, que con un montante habia hecho cosas de muy esforzado -varon; y en aquel instante si muchos escuadrones salieron al Diego -de Ordás, muchos más vinieron á nuestros aposentos, y tiran<span -class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> tanta vara y piedra con -hondas y flechas, que nos hirieron de aquella vez sobre cuarenta y seis -de los nuestros, y doce murieron de las heridas.</p> - -<p>Y estaban tanto sobre nosotros, que el Diego de Ordás, que se -venia retrayendo, no podia llegar á los aposentos por la mucha guerra -que les daban, unos por detrás y otros por delante y otros desde las -azuteas.</p> - -<p>Pues quizá aprovechaban mucho nuestros tiros y escopetas, ni -ballestas ni lanzas, ni estocadas que les dábamos, ni nuestro buen -pelear; que, aunque les matábamos y heriamos muchos dellos, por las -puntas de las picas y lanzas se nos metian; con todo esto, cerraban -sus escuadrones y no perdian punto de su buen pelear, ni les podiamos -apartar de nosotros.</p> - -<p>Y en fin, con los tiros y escopetas y ballestas, y el mal que les -haciamos de estocadas, tuvo lugar el Ordás de entrar en el aposento; -que hasta entónces, aunque queria, no podia pasar; y con sus soldados -bien heridos y veinte y tres ménos, y todavía no cesaban muchos -escuadrones de nos dar guerra y decirnos que éramos como mujeres, y nos -llamaban de bellacos y otros vituperios.</p> - -<p>Y aun no ha sido nada todo el daño que nos han hecho hasta ahora, á -lo que despues hicieron.</p> - -<p>Y es, que tuvieron tanto atrevimiento, que, unos dándonos guerra -por una parte y otros por otra, entraron á ponernos fuego en nuestros -aposentos, que no nos podiamos valer con el humo y fuego, hasta que -se puso<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> remedio en -derrocar sobre él mucha tierra y atajar otras salas por donde venia el -fuego, que verdaderamente allí dentro creyeron de nos quemar vivos; -y duraron estos combates todo el dia y aun la noche, y aun de noche -estaban sobre nosotros tantos escuadrones, y tiraban varas y piedras y -flechas á bulto y piedra perdida, que entónces estaban todos aquellos -patios y suelos hechos parvas dellos.</p> - -<p>Pues nosotros aquella noche en curar heridos, y en poner remedio en -los portillos que habian hecho y en apercibirnos para otro dia, en esto -se pasó.</p> - -<p>Pues desque amaneció, acordó nuestro capitan que con todos los -nuestros y los de Narvaez saliésemos á pelear con ellos, y que -llevásemos tiros, y escopetas y ballestas, y procurásemos de los -vencer, á lo ménos que sintiesen más nuestras fuerzas y esfuerzo mejor -que el dia pasado.</p> - -<p>Y digo que si nosotros teniamos hecho aquel concierto, que los -mejicanos tenian concertado lo mismo, y peleábamos muy bien; mas ellos -estaban tan fuertes y tenian tantos escuadrones, que se mudaban de -rato en rato, que aunque estuvieren allí diez mil Hétores troyanos y -otros tantos Roldanes, no les pudieran entrar; porque sabello ahora -yo aquí decir cómo pasó, y vimos este teson en el pelear, digo que -no lo sé escribir; porque ni aprovechaban tiros, ni escopetas, ni -ballestas, ni apechugar con ellos, ni matalles treinta ni cuarenta de -cada vez que arremetiamos; que tan enteros y con<span class="pagenum" -id="Page_90">p. 90</span> más vigor peleaban que al principio; y si -algunas veces les íbamos ganando alguna poca de tierra ó parte de -calle, y hacian que se retraian, era para que les siguiésemos, por -apartarnos de nuestra fuerza y aposento, para dar más á su salvo en -nosotros, creyendo que no volveriamos con las vidas á los aposentos; -porque al retraernos hacian mucho mal.</p> - -<p>Pues para pasar á quemalles las casas, ya he dicho en el capítulo -que dello habla, que de casa á casa tenian una puente de madera -levadiza, alzábanla, y no podiamos pasar sino por agua muy honda.</p> - -<p>Pues desde las azuteas, los cantos, y piedras, y varas no lo -podiamos sufrir.</p> - -<p>Por manera que nos maltrataban y herian muchos de los nuestros, é -no sé yo para qué lo escribo así tan tibiamente; porque unos tres ó -cuatro soldados que se habian hallado en Italia, que allí estaban con -nosotros, juraron muchas veces á Dios que guerras tan bravosas jamás -habian visto en algunas que se habian hallado entre cristianos, y -contra la artillería del Rey de Francia ni del Gran Turco, ni gente -como aquellos indios con tanto ánimo cerrar los escuadrones vieron; -y porque decian otras muchas cosas y causas que daban á ello, como -adelante verán.</p> - -<p>Y quedarse ha aquí, y diré cómo con harto trabajo nos retrujimos á -nuestros aposentos, y todavía muchos escuadrones de guerreros sobre -nosotros con grandes gritos é silbos, y trompetillas y atambores, -llamándonos de bellacos y para poco, que no sa<span class="pagenum" -id="Page_91">p. 91</span>biamos atendelles todo el dia en batalla, sino -volvernos retrayendo.</p> - -<p>Aquel dia mataron diez ó doce soldados, y todos volvimos bien -heridos; y lo que pasó de la noche fué en concertar para que de ahí -á dos dias saliésemos todos los soldados cuantos sanos habia en todo -el real, y con cuatro ingenios á manera de torres, que se hicieron de -madera bien recios, en que pudiesen ir debajo de cualquiera dellos -veinte y cinco hombres; y llevaban sus ventanillas en ellos para ir -los tiros, y tambien iban escopeteros y ballesteros, y junto con ellos -habiamos de ir otros soldados escopeteros, y ballesteros, y los tiros, -y todos los demás de á caballo hacer algunas arremetidas.</p> - -<p>Y hecho este concierto, como estuvimos aquel dia que entendiamos en -la obra y fortalecer muchos portillos que nos tenian hechos, no salimos -á pelear aquel dia; no sé cómo lo diga, los grandes escuadrones de -guerreros que nos vinieron á los aposentos á dar guerra, no solamente -por diez ó doce partes, sino por más de veinte; porque en todo -estábamos repartidos, y otros en muchas partes; y entre tanto que los -adobábamos y fortaleciamos, como dicho tengo, otros muchos escuadrones -procuraron entrarnos los aposentos á escala vista, que por tiros ni -ballestas ni escopetas, ni por muchas arremetidas y estocadas les -podian retraer.</p> - -<p>Pues lo que decian, que en aquel dia no habia de quedar ninguno de -nosotros, y que habian de sacrificar á sus dioses nuestros corazo<span -class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>nes y sangre, y con las -piernas y brazos, que bien tendrian para hacer hartazgas y fiestas; y -que los cuerpos echarian á los tigres y leones y víboras y culebras -que tienen encerrados, que se harten dellos; é que á aquel efecto há -dos dias que mandaron que no les diesen de comer; y que el oro que -teniamos, que habriamos mal gozo dél y de todas las mantas; y á los -de Tlascala que con nosotros estaban les decian que les meterian en -jaulas á engordar, y que poco á poco harian sus sacrificios con sus -cuerpos.</p> - -<p>Y muy afectuosamente decian que les diésemos su gran señor -Montezuma, y decian otras cosas; y de noche asimismo siempre silbos y -voces, y rociadas de vara y piedra y flecha; y cuando amaneció, despues -de nos encomendar á Dios, salimos de nuestros aposentos con nuestras -torres, que me parece á mí que en otras partes donde me he hallado en -guerras en cosas que han sido menester, las llaman buros y mantas; -y con los tiros y escopetas y ballestas delante, y los de á caballo -haciendo algunas arremetidas; é como he dicho, aunque les matábamos -muchos dellos, no aprovechaba cosa para les hacer volver las espaldas, -sino que si siempre muy bravamente habian peleado los doce dias -pasados, muy más fuertes con mayores fuerzas y escuadrones estaban este -dia; y todavía determinamos que, aunque á todos costase la vida, de ir -con nuestras torres é ingenios hasta el gran cu del Huichilóbos.</p> - -<p>No digo por ex<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>tenso -los grandes combates que en una casa fuerte nos dieron, ni diré cómo á -los caballos los herian ni nos aprovechábamos dellos; porque, aunque -arremetian á los escuadrones para rompellos, tirábanles tanta flecha y -vara y piedra, que no se podian valer, por bien armados que estaban; y -si los iban alcanzando, luego se dejaban caer los mejicanos á su salvo -en las acequias y laguna, donde tenian hechos otros reparos para los -de á caballo; y estaban otros muchos indios con lanzas muy largas para -acabar de matarlos; así que no aprovechaba cosa ninguna dellos.</p> - -<p>Pues apartarnos á quemar ni á deshacer ninguna casa, era por demás; -porque, como he dicho, están todas en el agua, y de casa á casa una -puente levadiza; pasalla á nado era cosa muy peligrosa, porque desde -las azuteas tiraban tanta piedra y cantos, que era cosa perdida -ponernos en ello.</p> - -<p>Y demás desto, en algunas casas que les poniamos fuego tardaba una -casa á se quemar todo un dia entero, y no se podia pegar fuego de una -casa á otra, lo uno por estar apartadas la una de otra, el agua en -medio, y lo otro por ser de azuteas; así que eran por demás nuestros -trabajos en aventurar nuestras personas en aquello.</p> - -<p>Por manera que fuimos al gran cu de sus ídolos, y luego de repente -suben en él más de cuatro mil mejicanos, sin otras capitanías que -en ellos estaban, con grandes lanzas y piedra y vara, y se ponen en -defensa, y nos resistieron<span class="pagenum" id="Page_94">p. -94</span> la subida un buen rato, que no bastaban las torres ni los -tiros ni ballestas ni escopetas, ni los de á caballo; porque, aunque -querian arremeter los caballos, habia unas losas muy grandes, empedrado -todo el patio, que se iban á los caballos los piés y manos; y eran tan -lisas, que caian; é como desde las gradas del alto cu nos defendian el -paso, é á un lado é otro teniamos tantos contrarios, aunque nuestros -tiros llevaban diez ó quince dellos, é á estocadas y arremetidas -matábamos otros muchos, cargaba tanta gente, que no les podiamos subir -al alto cu, y con gran concierto tornamos á porfiar sin llevar las -torres, porque ya estaban desbaratadas, y les subimos arriba.</p> - -<p>Aquí se mostró Cortés muy varon, como siempre lo fué.</p> - -<p>¡Oh qué pelear y fuerte batalla que aquí tuvimos! Era cosa de notar -vernos á todos corriendo sangre y llenos de heridas, é más de cuarenta -soldados muertos.</p> - -<p>É quiso nuestro Señor que llegamos adonde soliamos tener la imágen -de Nuestra Señora, y no la hallamos; que pareció, segun supimos, que el -gran Montezuma tenia ó devocion en ella ó miedo, y la mandó guardar; -y pusimos fuego á sus ídolos, y se quemó un pedazo de la sala con los -ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca.</p> - -<p>Entónces nos ayudaron muy bien los tlascaltecas.</p> - -<p>Pues ya hecho esto, estando que estábamos unos peleando y otros -poniendo el fuego, como dicho tengo, ver los papas que estaban en -este gran cu y sobre tres ó cuatro mil indios, todos princi<span -class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>pales, y que nos bajábamos, -cuál nos hacian venir rodando seis gradas y aun diez abajo, y hay -tanto que decir de otros escuadrones que estaban en los petriles y -concavidades del gran cu, tirándonos tantas varas y flechas, que -así á unos escuadrones como á los otros no podiamos hacer cara ni -sustentarnos; acordamos, con mucho trabajo y riesgo de nuestras -personas, de nos volver á nuestros aposentos, los castillos deshechos -y todos heridos, y muertos cuarenta y seis, y los indios siempre -apretándonos, y otros escuadrones por las espaldas, que quien nos vió, -aunque aquí más claro lo diga, yo no lo sé significar; pues aun no digo -lo que hicieron los escuadrones mejicanos, que estaban dando guerra en -los aposentos en tanto que andábamos fuera, y la gran porfía y teson -que ponian de les entrar á quemallos.</p> - -<p>En esta batalla prendimos dos papas principales, que Cortés nos -mandó que los llevasen á buen recaudo.</p> - -<p>Muchas veces he visto pintada entre los mejicanos y tlascaltecas -esta batalla y subida que hicimos en este gran cu; y tiénenlo por -cosa muy heróica, que aunque nos pintan á todos nosotros muy heridos -corriendo sangre, y muchos muertos en retratos que tienen dello hechos, -en mucho lo tienen esto de poner fuego al cu y estar tanto guerrero -guardándolo en los petriles y concavidades, y otros muchos indios abajo -en el suelo y patios llenos, y en los lados otros muchos, y deshechas -nuestras torres, cómo fué po<span class="pagenum" id="Page_96">p. -96</span>sible subille.</p> - -<p>Dejemos de hablar dello, y digamos cómo con gran trabajo tornamos á -los aposentos; y si mucha gente nos fueron siguiendo y dando guerra, -otros muchos estaban en los aposentos, que ya les tenian derrocadas -unas paredes para entralles; y con nuestra llegada cesaron, mas no de -manera que en todo lo que quedó del dia dejaban de tirar vara y piedra -y flecha, y en la noche grita y piedra y vara.</p> - -<p>Dejemos de su gran teson y porfía que siempre á la continua tenian -de estar sobre nosotros, como he dicho; é digamos que aquella noche se -nos fué en curar heridos y enterrar los muertos, y en aderezar para -salir otro dia á pelear, y en poner fuerzas y mamparos á las paredes -que habian derrocado é á otros portillos que habian hecho, y tomar -consejo cómo y de qué manera podriamos pelear sin que recibiésemos -tantos daños ni muertos; y en todo lo que platicamos no hallábamos -remedio ninguno.</p> - -<p>Pues tambien quiero decir las maldiciones que los de Narvaez echaban -á Cortés, y las palabras que decian, que renegaban dél y de la tierra, -y aun de Diego Velazquez, que acá les envió; que bien pacíficos -estaban en sus casas en la isla de Cuba; y estaban embelesados y sin -sentido.</p> - -<p>Volvamos á nuestra plática, que fué acordado de demandalles paces -para salir de Méjico; y desque amaneció y vienen muchos más escuadrones -de guerreros, y muy de hecho nos cercan por todas partes los aposentos; -y si mucha piedra y<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span> -flecha tiraban de ántes, mucho más espesas y con mayores alaridos -y silbos vinieron este dia; y otros escuadrones por otras partes -procuraban de nos entrar, que no aprovechaban tiros ni escopetas, -aunque les hacian harto mal.</p> - -<p>Y viendo todo esto, acordó Cortés que el gran Montezuma les hablase -desde una azutea, y les dijesen que cesasen las guerras y que nos -queriamos ir de su ciudad; y cuando al gran Montezuma se lo fueron á -decir de parte de Cortés, dicen que dijo con gran dolor:</p> - -<p>—«¿Qué quiere de mí ya Malinche? Que yo no deseo vivir ni oille, -pues en tal estado por su causa mi ventura me ha traido.»</p> - -<p>Y no quiso venir; y aun dicen que dijo que ya no le querian ver ni -oir á él ni á sus falsas palabras ni promesas y mentiras; y fué el -padre de la Merced y Cristóbal de Olí, y le hablaron con mucho acato y -palabras muy amorosas.</p> - -<p>Y díjoles el Montezuma:</p> - -<p>—«Yo tengo creido que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la -guerra, porque ya tienen alzado otro señor, y han propuesto de no os -dejar salir de aquí con la vida; y así creo que todos vosotros habeis -de morir en esta ciudad.»</p> - -<p>Y volvamos á decir de los grandes combates que nos daban, que -Montezuma se puso á un petril de una azutea con muchos de nuestros -soldados que le guardaban, y les comenzó á hablar á los suyos con -palabras muy amorosas, que dejasen la guerra, que nos iriamos de -Méjico; y muchos principales mejicanos y capitanes bien le conocieron, -y luego man<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span>daron que -callasen sus gentes y no tirasen varas ni piedras ni flechas, y cuatro -dellos se allegaron en parte que Montezuma les podia hablar, y ellos á -él, y llorando le dijeron:</p> - -<p>—«¡Oh señor, é nuestro gran señor, y cómo nos pesa de todo vuestro -mal y daño, y de vuestros hijos y parientes! Hacemos os saber que ya -hemos levantado á un vuestro primo por señor.»</p> - -<p>Y allí le nombró cómo se llamaba, que se decia Coadlauaca, señor -de Iztapalapa, que no fué Guatemuz, el cual desde á dos meses fué -señor.</p> - -<p>Y más dijeron, que la guerra que la habian de acabar, y que tenian -prometido á sus ídolos de no lo dejar hasta que todos nosotros -muriésemos; y que rogaban cada dia á su Huichilóbos y á Tezcatepuca -que le guardase libre y sano de nuestro poder, é como saliese como -deseaban, que no lo dejarian de tener muy mejor que de ántes por señor, -y que les perdonase.</p> - -<p>Y no hubieron bien acabado el razonamiento, cuando en aquella -sazon tiran tanta piedra y vara, que los nuestros le arrodelaban; y -como vieron que entre tanto que hablaba con ellos no daban guerra, se -descuidaron un momento del rodelar, y le dieron tres pedradas é un -flechazo, una en la cabeza y otra en un brazo y otra en una pierna; y -puesto que le rogaban que se curase y comiese, y le decian sobre ello -buenas palabras, no quiso; ántes cuando no nos catamos, vinieron á -decir que era muerto, y Cortés lloró por él, y todos nuestros capitanes -y<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> soldados: é hombres -hubo entre nosotros, de los que le conociamos y tratábamos, que tan -llorado fué como si fuera nuestro padre; y no nos hemos de maravillar -dello viendo que tan bueno era; y decian que habia diez y siete años -que reinaba, y que fué el mejor Rey que en Méjico habia habido, y que -por su persona habia vencido tres desafios que tuvo sobre las tierras -que sojuzgó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_127"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXVII.</h2> - <p class="subh2h">DESQUE FUÉ MUERTO EL GRAN MONTEZUMA, ACORDÓ CORTÉS - DE HACELLO SABER Á SUS CAPITANES Y PRINCIPALES QUE NOS DAN GUERRA, Y - LO QUE MÁS SOBRE ELLO PASÓ.</p> -</div> - -<p>Pues como vimos á Montezuma que se habia muerto, ya he dicho la -tristeza que todos nosotros hubimos por ello, y aun al fraile de -la Merced, que siempre estaba con él, y no le pudo atraer á que se -volviese cristiano; y el fraile le dijo que creyese que de aquellas -heridas moriria, á que él respondia que él debia de mandar que le -pusiesen alguna cosa.</p> - -<p>En fin de más razones, mandó Cortés á un papa é á un principal -de los que estaban presos, que solta<span class="pagenum" -id="Page_100">p. 100</span>mos que fuesen á decir al cacique que -alzaron por señor, que se decia Coadlauaca, y á sus capitanes, cómo -el gran Montezuma era muerto, y que ellos lo vieron morir, y de la -manera que murió, y heridas que le dieron los suyos, y dijesen cómo -á todos nos pesaba dello, y que lo enterrasen como gran Rey que era, -y que alzasen á su primo del Montezuma que con nosotros estaba, por -Rey, pues le pertenecia de heredar, ó á otros sus hijos; é que al que -habian alzado por señor que no le venia por derecho, é que tratasen -paces para salirnos de Méjico; que si no lo hacian ahora que era -muerto Montezuma, á quien teniamos respeto, y que por su causa no les -destruiamos su ciudad, que saldriamos á dalles guerra y á quemalles -todas las casas, y les hariamos mucho mal; y porque lo viesen cómo era -muerto el Montezuma, mandó á seis mejicanos muy principales y los más -papas que teniamos presos que lo sacasen á cuestas y lo entregasen á -los capitanes mejicanos, y les dijesen lo que Montezuma mandó al tiempo -que se queria morir, que aquellos que llevaron á cuestas se hallaron -presentes á su muerte: y dijeron al Coadlauaca toda la verdad, cómo -ellos propios le mataron de tres pedradas y un flechazo; y cuando así -le vieron muerto, vimos que hicieron muy gran llanto, que bien oimos -las gritas y aullidos que por él daban; y aun con todo esto no cesó la -gran batería que siempre nos<span class="pagenum" id="Page_101">p. -101</span> daban, que era sobre nosotros de vara y piedra y flecha, y -luego la comenzaron muy mayor, y con gran braveza nos decian:</p> - -<p>—«Ahora pagareis muy de verdad la muerte de nuestro Rey y el -deshonor de nuestros ídolos; y las paces que nos enviais á pedir, salid -acá, y concertaremos cómo y de qué manera han de ser.»</p> - -<p>Y decian tantas palabras sobre ello, y de otras cosas que ya no -se me acuerda, y las dejaré aquí de decir, y que ya tenian elegido -buen Rey, y que no era de corazon tan flaco, que le podais engañar -con palabras falsas, como fué al buen Montezuma; y del enterramiento, -que no tuviesen cuidado, sino de nuestras vidas, que en dos dias no -quedarian ningunos de nosotros, para que tales cosas enviemos á decir; -y con estas pláticas muy grandes gritas y silbos, y rociadas de piedra, -vara y flecha, y otros muchos escuadrones todavía procurando de poner -fuego á muchas partes de nuestros aposentos; y como aquello vió Cortés -y todos nosotros, acordamos que para otro dia saliésemos del real, y -diésemos guerra por otra parte, adonde habia muchas casas en tierra -firme, y que hiciésemos todo el mal que pudiésemos, y fuésemos hácia -la calzada, y que todos los de á caballo rompiesen con los escuadrones -y los alanceasen ó echasen en la laguna, y aunque les matasen los -caballos; y esto se ordenó para ver si por ventura con el daño y muerte -que les hiciésemos cesaria la guerra y se trataria alguna manera<span -class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span> de paz para salir libres -sin más muertes y daños.</p> - -<p>Y puesto que otro dia lo hicimos todos muy varonilmente, y matamos -muchos contrarios y se quemaron obra de veinte casas, y fuimos hasta -cerca de tierra firme, todo fué nonada para el gran daño y muertes de -más de veinte soldados, y heridas que nos dieron; y no pudimos ganalles -ninguna puente, porque todas estaban medio quebradas, y cargaron muchos -mejicanos sobre nosotros, y tenian puestas albarradas y mamparos en -parte adonde conocian que podian alcanzar los caballos.</p> - -<p>Por manera que, si muchos trabajos teniamos hasta allí, muchos -mayores tuvimos adelante.</p> - -<p>Y dejallo hé aquí, y volvamos á decir cómo acordamos de salir de -Méjico.</p> - -<p>En esta entrada y salida que hicimos con los de á caballo, que era -un juéves, acuérdome que iba allí Sandoval y Lares el buen jinete, -y Gonzalo Dominguez, Juan Velazquez de Leon y Francisco de Morla, y -otros buenos hombres de á caballo de los nuestros y de los de Narvaez; -asimismo iban otros buenos jinetes; mas estaban espantados y temerosos -los de Narvaez, como no se habian hallado en guerras de indios, como -nosotros los de Cortés.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_128"> - <p><span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXVIII.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO ACORDAMOS DE NOS IR HUYENDO DE MÉJICO, Y LO - QUE SOBRE ELLO SE HIZO.</p> -</div> - -<p>Como vimos que cada dia iban menguando nuestras fuerzas, y las de -los mejicanos crecian, y veiamos muchos de los nuestros muertos, y -todos los más heridos, é que aunque peleábamos muy como varones, no los -podiamos hacer retirar ni que se apartasen los muchos escuadrones que -de dia y de noche nos daban guerra, y la pólvora apocada, y la comida y -agua por el consiguiente, y el gran Montezuma muerto, las paces que les -enviamos á demandar no las quisieron aceptar; en fin, veiamos nuestras -muertes á los ojos, y las puentes que estaban alzadas; y fué acordado -por Cortés y por todos nuestros capitanes y soldados que de noche nos -fuésemos, cuando viésemos que los escuadrones guerreros estuviesen -más descuidados; y para más les descuidar, aquella tarde les enviamos -á decir con un papa de los que estaban presos, que era muy principal -entre ellos, y con otros prisioneros, que nos dejen ir en paz de ahí á -ocho dias, y que les dariamos todo el oro; y esto por descuidarlos y -salirnos aquella noche.</p> - -<p>Y demás desto, estaba con nos<span class="pagenum" id="Page_104">p. -104</span>otros un soldado que se decia Botello, al parecer muy -hombre de bien y latino, y habia estado en Roma, y decian que era -nigromántico, otros decian que tenia familiar, algunos le llamaban -astrólogo; y este Botello habia dicho cuatro dias habia que hallaba por -sus suertes y astrologías que si aquella noche que venia no saliamos de -Méjico, y si más aguardábamos, que ningun soldado podria salir con la -vida; y aun habia dicho otras veces que Cortés habia de tener muchos -trabajos y habia de ser desposeido de su ser y honra, y que despues -habia de volver á ser gran señor y de mucha renta; y decia otras muchas -cosas deste arte.</p> - -<p>Dejemos al Botello, que despues tornaré hablar en él, y diré cómo se -dió luego órden que se hiciese de maderos y ballestas muy recias una -puente que llevásemos para poner en las puentes que tenian quebradas; -y para ponella y llevalla, y guardar el paso hasta que pasase todo -el fardaje y los de á caballo y todo nuestro ejército, señalaron y -mandaron á cuatrocientos indios tlascaltecas y ciento y cincuenta -soldados; y para llevar el artillería señalaron ducientos y cincuenta -indios tlascaltecas y cincuenta soldados; y para que fuesen en la -delantera peleando señalaron á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de -Acebedo el pulido, y á Francisco de Lugo y á Diego de Ordás é Andrés -de Tapia; y todos estos capitanes, y otros ocho ó nueve de los de -Narvaez, que aquí no nombro, y con ellos, para<span class="pagenum" -id="Page_105">p. 105</span> que les ayudasen, cien soldados mancebos -sueltos; y para que fuesen entre medias del fardaje y naborías y -prisioneros, y acudiesen á la parte que más conviniese de pelear, -señalaron al mismo Cortés y á Alonso de Ávila, y á Cristóbal de Olí y á -Bernardino Vazquez de Tapia, y á otros capitanes de los nuestros, que -no me acuerdo ya sus nombres, con otros cincuenta soldados; y para la -retaguardia señalaron á Juan Velazquez de Leon y á Pedro de Albarado, -con otros muchos de á caballo y más de cien soldados, y todos los más -de los de Narvaez; y para que llevasen á cargo los prisioneros y á -doña Marina y á doña Luisa señalaron trecientos tlascaltecas y treinta -soldados.</p> - -<p>Pues hecho este concierto, ya era noche, y para sacar el oro y -llevallo y repartillo, mandó Cortés á su camarero, que se decia -Cristóbal de Guzman, y á otros sus criados, que todo el oro y plata -y joyas lo sacasen de su aposento á la sala con muchos indios de -Tlascala, y mandó á los oficiales del Rey, que era en aquel tiempo -Alonso de Ávila y Gonzalo Mejía, que pusiesen en cobro todo el oro de -su majestad, y para que lo llevasen les dió siete caballos heridos y -cojos y una yegua, y muchos indios tlascaltecas, que, segun dijeron, -fueron más de ochenta, y cargaron dello lo que más pudieron llevar, -que estaba hecho todo lo más dello en barras muy anchas y grandes, -como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y quedaba mucho más -oro en la<span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span> sala hecho -montones.</p> - -<p>Entónces Cortés llamó su secretario, que se decia Pedro Hernandez, y -á otros escribanos del Rey, y dijo:</p> - -<p>—«Dadme por testimonio que no puedo más hacer sobre guardar este -oro. Aquí tenemos en esta casa y sala sobre setecientos mil pesos por -todo, y veis que no lo podemos pasar ni poner cobro más de lo puesto; -los soldados que quisieren sacar dello, desde aquí se lo doy, como se -ha de quedar aquí perdido entre estos perros.»</p> - -<p>Y desque aquello oyeron, muchos soldados de los de Narvaez y aun -algunos de los nuestros cargaron dello.</p> - -<p>Yo digo que nunca tuve codicia del oro, sino procurar salvar la -vida: porque la teniamos en gran peligro; mas no dejé de apañar de una -petaquilla, que allí estaba, cuatro chalchihuies, que son piedras muy -preciadas entre los indios, que presto me eché entre los pechos entre -las armas; y aun entónces Cortés mandó tomar la petaquilla con los -chalchihuies que quedaban, para que la guardase su mayordomo; y aun los -cuatro chalchihuies que yo tomé, si no me los hubiera echado entre los -pechos, me los demandara Cortés; los cuales me fueron muy buenos para -curar mis heridas y comer del valor dellos.</p> - -<p>Volvamos á nuestro cuento; que desque supimos el concierto que -Cortés habia hecho de la manera que habiamos de salir y llevar la -madera para las puentes, y como hacia algo escuro, que habia neblina é -lloviznaba, y era ántes de media noche, comenzaron á traer la madera -é<span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span> puente, y ponella -en el lugar que habia de estar, y á caminar el fardaje y artillería y -muchos de á caballo, y los indios tlascaltecas con el oro; y despues -que se puso en la puente, y pasaron todos así como venian, y pasó -Sandoval é muchos de á caballo, tambien pasó Cortés con sus compañeros -de á caballo tras de los primeros, y otros muchos soldados.</p> - -<p>Y estando en esto, suenan los cornetas y gritas y silbos de los -mejicanos, y decian en su lengua:</p> - -<p>—«Taltelulco, Taltelulco, salí presto con vuestras canoas, que se -van los teules; atajadlos en las puentes.»</p> - -<p>Y cuando no me cato, vimos tantos escuadrones de guerreros sobre -nosotros, y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podiamos -valer, y muchos de nuestros soldados ya habian pasado.</p> - -<p>Y estando desta manera, carga tanta multitud de mejicanos á quitar -la puente y á herir y matar á los nuestros, que no se daban á manos -unos á otros; y como la desdicha es mala, y en tales tiempos ocurre un -mal sobre otro, como llovia, resbalaron dos caballos y se espantaron, -y caen en la laguna, y la puente caida y quitada; carga tanto guerrero -mejicano para acaballa de quitar, que por bien que peleábamos, y -matábamos muchos dellos, no se pudo más aprovechar della.</p> - -<p>Por manera que aquel paso y abertura de agua presto se hinchó de -caballos muertos y de los caballeros cuyos eran, que no podian nadar, y -mataban muchos dellos y de los indios tlascaltecas é indias naborías, -y fardaje y<span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span> petacas -y artillería; y de los muchos que se ahogaban, ellos y los caballos, -y de otros muchos soldados que allí en el agua mataban y metian en -las canoas, que era muy gran lástima de lo ver y oir, pues la grita -y lloros y lástimas que decian demandando socorro: «Ayudadme, que me -ahogo;» otros, «Socorredme, que me matan;» otros demandando ayuda á -Nuestra Señora Santa María y á señor Santiago; otros demandaban ayuda -para subir á la puente, y estos eran ya que escapaban nadando, y asidos -á muertos y á petacas para subir arriba, á donde estaba la puente; -y algunos que habian subido, y pensaban que estaban libres de aquel -peligro, habia en las calzadas grandes escuadrones guerreros que los -apañaban é amorrinaban con unas macanas, y otros que les flechaban y -alanceaban.</p> - -<p>Pues quizá habia algun concierto en la salida, como lo habiamos -concertado, maldito aquel; porque Cortés y los capitanes y soldados -que pasaron primero á caballo, por salvar sus vidas y llegar á tierra -firme, aguijaron por las puentes y calzadas adelante, y no aguardaron -unos á otros; y no lo erraron, porque los de á caballo no podian -pelear en las calzadas; porque yendo por la calzada, ya que arremetian -á los escuadrones mejicanos, echábanseles al agua, y de la una parte -la laguna y de la otra azuteas, y por tierra les tiraban tanta -flecha y vara y piedra, y con lanzas muy largas que habian hecho de -las espadas que nos tomaron, como partesanas,<span class="pagenum" -id="Page_109">p. 109</span> mataban los caballos con ellas; y si -arremetia alguno de á caballo y mataba algun indio, luego le mataban el -caballo; y así, no se atrevian á correr por la calzada.</p> - -<p>Pues vista cosa es que no podian pelear en el agua y puestos; sin -escopetas ni ballestas y de noche, ¿qué podiamos hacer sino lo que -haciamos? Que era que arremetiésemos treinta y cuarenta soldados que -nos juntábamos, y dar algunas cuchilladas á los que nos venian á echar -mano, y andar y pasar adelante, hasta salir de las calzadas; porque si -aguardáramos los unos á los otros, no saliéramos ninguno con la vida, -y si fuera de dia, peor fuera; y aun los que escapamos fué que nuestro -Señor Dios fué servido darnos esfuerzo para ello; y para quien no lo -vió aquella noche la multitud de guerreros que sobre nosotros estaban, -y las canoas que de los nuestros arrebataban y llevaban á sacrificar, -era cosa de espanto.</p> - -<p>Pues yendo que íbamos cincuenta soldados de los de Cortés y algunos -de Narvaez por nuestra calzada adelante, de cuando en cuando salian -escuadrones mejicanos á nos echar manos.</p> - -<p>Acuérdome que nos decian:</p> - -<p>—«¡Oh, oh, oh luilones!» que quiere decir: «Oh putos, ¿aun aquí -quedais vivos, que no os han muerto los tiacanes?»</p> - -<p>Y como les acudimos con cuchilladas y estocadas, pasamos adelante; é -yendo por la calzada cerca de tierra firme, cabe el pueblo de Tacuba, -donde ya habian llegado Gonzalo de Sandoval y Cristóbal de Olí y -Francisco de Sal<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>cedo, -el pulido, y Gonzalo Dominguez, y Lares, y otros muchos de á caballo, y -soldados de los que pasaron adelante ántes que desamparasen la puente, -segun y de la manera que dicho tengo; é ya que llegábamos cerca oiamos -voces que daba Cristóbal de Olí y Gonzalo de Sandoval y Francisco de -Morla, y decian á Cortés, que iba adelante de todos:</p> - -<p>—«Aguardad, señor capitan; que dicen estos soldados que vamos -huyendo, y los dejamos morir en las puentes y calzadas á todos los que -quedan atrás; tornémoslos á amparar y recoger; porque vienen algunos -soldados muy heridos y dicen que los demás quedan todos muertos, y no -salen ni vienen ningunos.»</p> - -<p>Y la respuesta que dió Cortés, que los que habiamos salido de las -calzadas era milagro; que si á las puentes volviesen, pocos escaparian -con las vidas, ellos y los caballos: y todavía volvió el mismo Cortés y -Cristóbal de Olí, y Alonso de Ávila y Gonzalo de Sandoval, y Francisco -de Morla y Gonzalo Dominguez, con otros seis ó siete de á caballo, y -algunos soldados que no estaban heridos; mas no fuera mucho trecho, -porque luego encontraron con Pedro de Albarado bien herido, con una -lanza en la mano, á pié, que la yegua alazana ya se la habian muerto, -y traia consigo siete soldados, los tres de los nuestros y los cuatro -de Narvaez, tambien muy heridos, y ocho tlascaltecas, todos corriendo -sangre de muchas heridas; entre tanto volvió Cortés por la calzada con -los capitanes y soldados que<span class="pagenum" id="Page_111">p. -111</span> dicho tengo, reparamos en los patios junto á Tacuba, y -ya habian venido de Méjico, como está cerca, dando voces, y á dar -mandado á Tacuba y á Escapuzalco y á Teneyuca para que nos saliesen al -encuentro.</p> - -<p>Por manera que nos comenzaron á tirar vara y piedra y flecha, y con -sus lanzas grandes, engastonadas en ellas de nuestras espadas que nos -tomaron en este desbarate; y haciamos algunas arremetidas, en que nos -defendiamos dellos y les ofendiamos.</p> - -<p>Volvamos á Pedro de Albarado, que, como Cortés y los demás capitanes -y soldados le encontraron de aquella manera que he dicho, y como -supieron que no venian más soldados, se les saltaron las lágrimas de -los ojos; porque el Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon, con -otros más de á caballo y más de cien soldados, habian quedado en la -retaguarda; y preguntando Cortés por los demás, dijo que todos quedaban -muertos, y con ellos el capitan Juan Velazquez de Leon y todos los más -de á caballo que traia, así de los nuestros como de los de Narvaez, -y más de ciento y cincuenta soldados que traia; y dijo el Pedro que -despues que les mataron los caballos y la yegua, que se juntaron para -se amparar obra de ochenta soldados, y que sobre los muertos y petacas -y caballos que se ahogaron, pasaron la primera puente; en esto no se me -acuerda bien si dijo que pasó sobre los muertos, y entónces no miramos -lo que sobre ello dijo á Cortés, sino que allí en<span class="pagenum" -id="Page_112">p. 112</span> aquella puente le mataron á Juan Velazquez -y más de ducientos compañeros que traia, que no les pudieron valer.</p> - -<p>Y asimismo á esta otra puente, que les hizo Dios mucha merced en -escapar con las vidas; y decia que todas las puentes y calzadas estaban -llenas de guerreros.</p> - -<p>Dejemos esto, y diré que en la triste puente que dicen ahora que -fué el salto del Albarado, yo digo que en aquel tiempo ningun soldado -se paró á vello, si saltaba poco ó mucho, que harto teniamos en mirar -y salvar nuestras vidas, porque eran muchos los mejicanos que contra -nosotros habia; porque en aquella coyuntura no lo podiamos ver ni -tener sentido en salto, si saltaba ó pasaba poco ó mucho; y así seria -cuando el Pedro de Albarado llegó á la puente, como él dijo á Cortés, -que habia pasado asido á petacas y caballos y cuerpos muertos, porque -ya que quisiera saltar y sustentarse en la lanza en el agua, era muy -honda, y no pudiera allegar al suelo con ella para poderse sustentar -sobre ella; y demás desto, la abertura muy ancha y alta, que no la -podria saltar por muy más suelto que era.</p> - -<p>Tambien digo que no la podia saltar ni sobre la lanza ni de otra -manera; porque despues desde cerca de un año que volvimos á poner -cerco á Méjico y la ganamos, me hallé muchas veces en aquella puente -peleando con escuadrones mejicanos, y tenian allí hechos reamparos -y albarradas, que se llama ahora la puente del salto de Albarado; y -platicábamos<span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span> muchos -soldados sobre ello, y no hallábamos razon ni soltura de un hombre que -tal saltase.</p> - -<p>Dejemos este salto, y digamos que, como vieron nuestros capitanes -que no acudian más soldados, y el Pedro de Albarado dijo que todo -quedaba lleno de guerreros, y que ya que algunos quedasen rezagados, -que en los puentes los matarian, volvamos á decir desto del salto de -Albarado: digo que para qué porfian algunas personas que no lo saben ni -lo vieron, que fué cierto que la saltó el Pedro de Albarado la noche -que salimos huyendo, aquella puente y abertura del agua; otra vez digo -que no la pudo saltar en ninguna manera; y para que claro se vea, hoy -dia está la puente; y la manera del altor del agua que solia venir y -que tan alta estaba la puente, y el agua muy honda, que no podia llegar -al suelo con la lanza.</p> - -<p>Y porque los lectores sepan que en Méjico hubo un soldado que se -decia Fulano de Ocampo, que fué de los que vinieron con Garay, hombre -muy plático, y se preciaba de hacer libelos infamatorios y otras cosas -á manera de masepasquines; y puso en ciertos libelos á muchos de -nuestros capitanes cosas feas que no son de decir no siendo verdad; y -entre ellos, demás de otras cosas que dijo de Pedro de Albarado, que -habia dejado morir á su compañero Juan Velazquez de Leon con más de -ducientos soldados y los de á caballo que les dejamos en la retaguarda, -y se escapó él, y por escaparse dió aquel gran salto, como suele -decir<span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> el refran: -«Saltó, y escapó la vida.»</p> - -<p>Volvamos á nuestra materia: é porque los que estábamos ya en salvo -en lo de Tacuba no nos acabásemos del todo de perder, é porque habian -venido muchos mejicanos y los de Tacuba y Escapuzalco y Teneyuca y de -otros pueblos comarcanos sobre nosotros, que todos enviaron mensajeros -desde Méjico para que nos saliesen al encuentro en las puentes y -calzadas, y desde los maizales nos hacian mucho daño, y mataron tres -soldados que ya estaban heridos, acordamos lo más presto que pudiésemos -salir de aquel pueblo y sus maizales, y con seis ó siete tlascaltecas -que sabian ó atinaban el camino de Tlascala, sin ir por camino derecho -nos guiaban con mucho concierto hasta que saliésemos á unas caserías -que en un cerro estaban, y allí junto á un cu é adoratorio y como -fortaleza, adonde reparamos; que quiero tornar á decir que, seguidos -que íbamos de los mejicanos, y de las flechas y varas y piedras con sus -hondas nos tiraban; y cómo nos cercaban, dando siempre en nosotros, -es cosa de espantar; y como lo he dicho muchas veces, estoy harto de -decirlo, los lectores no lo tengan por cosa de prolijidad, por causa -que cada vez ó cada rato que nos apretaban y herian y daban recia -guerra, por fuerza tengo de tornar á decir de los escuadrones que nos -seguian, y mataban muchos de nosotros.</p> - -<p>Dejémoslo ya de traer tanto á la memoria, y digamos cómo nos -defendiamos en aquel cu y fortaleza, nos albergamos, y se<span -class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span> curaron los heridos, y con -muchas lumbres que hicimos.</p> - -<p>Pues de comer no lo habia, y en aquel cu y adoratorio, despues de -ganada la gran ciudad de Méjico, hicimos una iglesia, que se dice -Nuestra Señora de los Remedios, muy devota, é van ahora allí en romería -y á tener novenas muchos vecinos y señoras de Méjico.</p> - -<p>Dejemos esto, y volvamos á decir qué lástima era de ver curar y -apretar con algunos paños de mantas nuestras heridas; y como se habian -resfriado y estaban hinchadas, dolian.</p> - -<p>Pues más de llorar fué los caballos y esforzados soldados que -faltaban; ¿qué es de Juan Velazquez de Leon, Francisco de Salcedo -y Francisco de Morla, y un Lares el buen jinete, y otros muchos de -los nuestros de Cortés? ¿Para qué cuento yo estos pocos? Porque para -escribir los nombres de los muchos que de los nuestros faltaron, es no -acabar tan presto.</p> - -<p>Pues de los de Narvaez, todos los más en las puentes quedaron -cargados de oro.</p> - -<p>Digamos ahora, ¿qué es de muchos tlascaltecas que iban cargados de -barras de oro, y otros que nos ayudaban? Pues al astrólogo Botello no -le aprovechó su astrología, que tambien allí murió.</p> - -<p>Volvamos á decir cómo quedaron muertos, así los hijos de -Montezuma como los prisioneros que traiamos, y el Cacamatzin y otros -reyezuelos.</p> - -<p>Dejemos ya de contar tantos trabajos, y digamos cómo estábamos -pensando en lo que por delante teniamos, y era que todos estábamos -heridos, y no escaparon sino veinte y tres caballos.</p> - -<p>Pues<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> los tiros y -artillería y pólvora no sacamos ninguna; las ballestas fueron pocas, y -esas se remediaron luego, é hicimos saetas.</p> - -<p>Pues lo peor de todo era que no sabiamos la voluntad que habiamos de -hallar en nuestros amigos los de Tlascala.</p> - -<p>Y demás desto, aquella noche, siempre cercados de mejicanos, y grita -y vara y flecha, con hondas sobre nosotros, acordamos de nos salir -de allí á media noche, y con los tlascaltecas, nuestros guias, por -delante con muy gran concierto; llevábamos los muy heridos en el camino -en medio, y los cojos con bordones, y algunos que no podian andar y -estaban muy malos á ancas de caballos de los que iban cojos, que no -eran para batallar, y los de á caballo sanos delante, y á un lado y -á otro repartidos; y por este arte todos nosotros los que más sanos -estábamos haciendo rostro y cara á los mejicanos, y los tlascaltecas -que estaban heridos iban dentro en el cuerpo de nuestro escuadron, y -los demás que estaban sanos hacian cara juntamente con nosotros; porque -los mejicanos nos iban siempre picando con grandes voces y gritos y -silbos, diciendo:</p> - -<p>—«Allá ireis donde no quede ninguno de vosotros á vida.»</p> - -<p>Y no entendiamos á qué fin lo decian, segun adelante verán.</p> - -<p>Olvidado me he de escribir el contento que recebimos de ver viva -á nuestra doña Marina y á doña Luisa, hija de Xicotenga, que las -escaparon en las puentes unos tlascaltecas hermanos de la doña Luisa, -que salieron de los primeros,<span class="pagenum" id="Page_117">p. -117</span> y quedaron muertas todas las más naborías que nos habian -dado en Tlascala y en Méjico: allí quedaron en las puentes con los -demás.</p> - -<p>Y volvamos á decir cómo llegamos aquel dia á un pueblo grande que -se dice Gualquitan, el cual pueblo fué de Alonso de Ávila; y aunque -nos daban grita y voces y tiraban piedra y vara y flecha, todo lo -soportábamos.</p> - -<p>Y desde allí fuimos por unas caserías y pueblezuelos, y siempre los -mejicanos siguiéndonos, y como se juntaban muchos, procuraban de nos -matar, y nos comenzaban á cercar, y tiraban tanta piedra con hondas, -y vara y flecha, que mataron á dos de nuestros soldados en un paso -malo, que iban mancos, y tambien un caballo, é hirieron á muchos de los -nuestros; y tambien nosotros á estocadas les matamos algunos dellos, y -los de á caballo á lanzadas les mataban, aunque pocos; y así, dormimos -en aquellas casas, y allí comimos el caballo que mataron.</p> - -<p>Y otro dia muy de mañana comenzamos á caminar con el concierto -que de ántes, y aun mejor, y siempre la mitad de los de á caballo -adelante; y poco más de una legua, en un llano, ya que creimos ir en -salvo, vuelven tres de los nuestros de á caballo, y dicen que están -los campos llenos de guerreros mejicanos aguardándonos; y cuando lo -oimos, bien que tuvimos temor, é grande, mas no para desmayar del -todo, ni dejar de encontrarnos con ellos y pelear hasta morir; y allí -reparamos un poco, y se dió órden cómo habian<span class="pagenum" -id="Page_118">p. 118</span> de entrar y salir los de á caballo á media -rienda, y que no se parasen á lancear, sino las lanzas por los rostros -hasta romper sus escuadrones, y que todos los soldados, las estocadas -que diésemos, que les pasásemos las entrañas, y que todos hiciésemos de -manera que vengásemos muy bien nuestras muertes y heridas, por manera -que si Dios fuese servido, que escapásemos con las vidas; y despues de -nos encomendar á Dios y á Santa María muy de corazon, é invocando el -nombre del señor Santiago, desque vimos que nos comenzaban á cercar, -de cinco en cinco de á caballo rompieron por ellos, y todos nosotros -juntamente.</p> - -<p>¡Oh qué cosa de ver era esta tan temerosa y rompida batalla, cómo -andábamos en pié con pié, y con qué furia los perros peleaban, y qué -herir y matar hacian en nosotros con sus lanzas y macanas y espadas de -dos manos! Y los de á caballo, como era el campo llano, cómo alanceaban -á su placer, entrando y saliendo á media rienda; y aunque estaban -heridos ellos y sus caballos, no dejaban de batallar muy como varones -esforzados.</p> - -<p>Pues todos nosotros los que teniamos caballos, parece ser que á -todos se nos ponia esfuerzo doblado, que aunque estábamos heridos, y de -refresco teniamos más heridas, no curábamos de los apretar, por no nos -parar á ello, que no habia lugar, sino con grandes ánimos apechugábamos -á les dar de estocadas.</p> - -<p>Pues quiero decir cómo Cortés y Cristóbal de Olí, y Pedro<span -class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> de Albarado, que tomó -otro caballo de los de Narvaez, porque su yegua se la habian muerto, -como dicho tengo, y Gonzalo de Sandoval, cuales andaban de una parte -á otra rompiendo escuadrones, aunque bien heridos; y las palabras que -Cortés decia á los que andábamos envueltos con ellos, que la estocada y -cuchillada que diésemos fuese en señores señalados; porque todos traian -grandes penachos con oro y ricas armas y divisas.</p> - -<p>Pues oir cómo nos esforzaba el valiente y animoso Sandoval, y -decia:</p> - -<p>—«Ea, señores, que hoy es el dia que hemos de vencer; tened -esperanza en Dios que saldremos de aquí vivos; para algun buen fin nos -guarda Dios.»</p> - -<p>Y tornaré á decir los muchos de nuestros soldados que nos mataban y -herian.</p> - -<p>Y dejemos esto, y volvamos á Cortés y Cristóbal de Olí y Sandoval, -y Pedro de Albarado y Gonzalo Dominguez, y otros muchos que aquí no -nombro; y todos los soldados poniamos grande ánimo para pelear, y -esto, Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora la Vírgen Santa María -nos lo ponia, y señor Santiago que ciertamente nos ayudaba; y así lo -certificó un capitan de Guatemuz, de los que se hallaron en la batalla; -y quiso Dios que allegó Cortés con los capitanes por mí nombrados en -parte donde andaba el capitan general de los mejicanos con su bandera -tendida, con ricas armas de oro y grandes penachos de argentería, -y como lo vió Cortés al que llevaba la bandera, con otros<span -class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> muchos mejicanos, que todos -traian grandes penachos de oro, dijo á Pedro de Albarado y á Gonzalo de -Sandoval y á Cristóbal de Olí y á los demás capitanes:</p> - -<p>—«Ea, señores, rompamos con ellos.»</p> - -<p>Y encomendándose á Dios, arremetió Cortés y Cristóbal de Olí, -y Sandoval y Alonso de Ávila y otros caballeros, y Cortés dió un -encuentro con el caballo al capitan mejicano, que le hizo abatir -su bandera, y los demás nuestros capitanes acabaron de romper el -escuadron, que eran muchos indios; y quien siguió al capitan que traia -la bandera, que aún no habia caido del encuentro que Cortés le dió, fué -un Juan de Salamanca, natural de Ontiveros, con una buena yegua overa, -que le acabó de matar y le quitó el rico penacho que traia, y se le dió -á Cortés, diciendo que, pues él le encontró primero y le hizo abatir la -bandera y hizo perder el brio, le daba el plumaje; mas dende á ciertos -años su majestad se le dió por armas al Salamanca, y así las tienen en -sus reposteros sus descendientes.</p> - -<p>Volvamos á nuestra batalla, que Nuestro Señor Dios fué servido que, -muerto aquel capitan que traia la bandera mejicana y otros muchos que -allí murieron, aflojó su batallar de arte, que se iban retrayendo, y -todos los de á caballo siguiéndoles y alcanzándoles.</p> - -<p>Pues á nosotros no nos dolian las heridas ni teniamos hambre ni -sed, sino que parecia que no habiamos habido ni pasado ningun mal -trabajo.</p> - -<p>Seguimos la vitoria matando é hiriendo.</p> - -<p>Pues<span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> nuestros -amigos los de Tlascala estaban hechos unos leones, y con sus espadas -y montantes y otras armas que allí apañaron, hacíanlo muy bien y -esforzadamente.</p> - -<p>Ya vueltos los de á caballo de seguir la victoria, todos dimos -muchas gracias á Dios, que escapamos de tan gran multitud de gente; -porque no se habia visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que -se haya dado, tan gran número de guerreros juntos; porque allí estaba -la flor de Méjico y de Tezcuco y Salcocan, ya con pensamiento que de -aquella vez no quedara roso ni velloso de nosotros.</p> - -<p>Pues qué armas tan ricas que traian, con tanto oro y penachos y -divisas, y todos los más capitanes y personas principales, y allí junto -donde fué esta reñida y nombrada y temerosa batalla para en estas -partes (así se puede decir, pues Dios nos escapó con las vidas), habia -cerca un pueblo que se dice Obtumba; la cual batalla tienen muy bien -pintada, y en retratos entallada los mejicanos y tlascaltecas, entre -otras muchas batallas que con los mejicanos hubimos hasta que ganamos á -Méjico.</p> - -<p>Y tengan atencion los curiosos lectores que esto leyeren, que -quiero traer aquí á la memoria que cuando entramos al socorro de Pedro -de Albarado en Méjico fuimos por todos sobre más de mil y trecientos -soldados, con los de á caballo, que fueron noventa y siete, y ochenta -ballesteros y otros tantos escopeteros, y más de dos mil tlascaltecas, -y metimos mucha artillería; y fué nuestra entrada en<span -class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> Méjico dia del señor San -Juan de Junio de 1520 años, y fué nuestra salida huyendo á 10 del mes -de Julio del año siguiente, y fué esta nombrada batalla de Obtumba á 14 -del mes de Julio.</p> - -<p>Digamos ahora, ya que escapamos de todos los trances por mí atrás -dichos, quiero dar otra cuenta qué tantos mataron, así en Méjico, -en puentes y calzadas, como en todos los reencuentros, y en esta de -Obtumba, y los que mataron por los caminos.</p> - -<p>Digo que en obra de cinco dias fueron muertos y sacrificados sobre -ochocientos y setenta soldados, con setenta y dos que mataron en un -pueblo que se dice Tustepeque, y á cinco mujeres de Castilla; y estos -que mataron en Tustepeque eran de los de Narvaez, y mataron sobre mil y -ducientos tlascaltecas.</p> - -<p>Tambien quiero decir cómo en aquella sazon mataron á un Juan de -Alcántara el viejo, con otros tres vecinos de la Villa-Rica, que venian -por las partes del oro que les cabia; de lo cual tengo hecha relacion -en el capítulo que dello trata.</p> - -<p>Por manera que tambien perdieron las vidas y aun el oro, y si -miramos en ello, todos comunmente hubimos mal gozo de las partes del -oro que nos dieron; y si de los de Narvaez murieron muchos más que los -de Cortés en las puentes, fué por salir cargados de oro, que con el -peso dello no podian salir ni nadar.</p> - -<p>Dejemos de hablar en esta materia, y digamos cómo íbamos muy alegres -y comiendo unas calabazas que llaman ayotes, y comiendo y caminando -hácia<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> Tlascala; que -por salir de aquellas poblaciones, por temor no se tornasen á juntar -escuadrones mejicanos, que aun todavía nos daban grita en partes que no -podiamos ser señores dellos, y nos tiraban mucha piedra con hondas, y -vara y flecha, hasta que fuimos á otras caserías y pueblo chico; porque -estaba todo poblado de mejicanos, y allí estaba un buen cu y casa -fuerte, donde reparamos aquella noche y nos curamos nuestras heridas, -y estuvimos con más reposo; y aunque siempre teniamos escuadrones de -mejicanos que nos seguian, mas ya no se osaban llegar; y aquellos que -venian era como quien decia: «Allá ireis fuera de nuestra tierra.»</p> - -<p>Y desde aquella poblacion y casa donde dormimos se parecian las -sierrezuelas que están cabe Tlascala, y como las vimos, nos alegramos -como si fueran nuestras casas. Pues quizá sabiamos cierto que nos -habian de ser leales ó qué voluntad ternian, ó qué habia acontecido á -los que estaban poblados en la Villa-Rica, si eran muertos ó vivos.</p> - -<p>Y Cortés nos dijo que, pues éramos pocos, que no quedamos sino -cuatrocientos y cuarenta, con veinte caballos y doce ballesteros y -siete escopeteros, y no teniamos pólvora, y todos heridos y cojos -y mancos, que mirásemos muy bien cómo nuestro Señor Jesucristo fué -servido escaparnos con las vidas; por lo cual siempre le hemos de dar -muchas gracias y loores, y que volvimos otra vez á disminuirnos en -el número y copia de los soldados que con él pasamos desde Cuba, y -que<span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span> primero entramos -en Méjico cuatrocientos y cincuenta soldados; y que nos rogaba que en -Tlascala no les hiciésemos enojo, ni se les tomase ninguna cosa; y esto -dió á entender á los de Narvaez, porque no estaban acostumbrados á ser -sujetos á capitanes en las guerras, como nosotros; y más dijo, que -tenia esperanza en Dios que los hallariamos buenos y leales; é que si -otra cosa fuese, lo que Dios no permita, que nos han de tornar á andar -los puños con corazones fuertes y brazos vigorosos, y que para eso -fuésemos muy apercebidos, y nuestros corredores del campo adelante.</p> - -<p>Llegamos á una fuente que estaba en una ladera, y allí estaban unas -como cercas y reamparos de tiempos viejos, y dijeron nuestros amigos -los tlascaltecas que allí partian términos entre los mejicanos y ellos; -y de buen reposo nos paramos á lavar, y á comer de la miseria que -habiamos habido, y luego comenzamos á marchar, y fuimos á un pueblo de -los tlascaltecas, que se dice Gualiopar, donde nos recibieron y nos -daban de comer; mas no tanto, que si no se lo pagábamos con algunas -piecezuelas de oro y chalchihuies que llevábamos algunos de nosotros, -no nos lo daban de balde; y allí estuvimos un dia reposando, curando -nuestras heridas, y ansimismo curamos los caballos.</p> - -<p>Pues cuando lo supieron en la cabecera de Tlascala, luego vino -Masse-Escaci y principales, y todos los más sus vecinos, y Xicotenga el -viejo, y Chichimeclatecle y los de Guaxocingo; y<span class="pagenum" -id="Page_125">p. 125</span> como llegaron á aquel pueblo donde -estábamos, fueron á abrazar á Cortés y á todos nuestros capitanes -y soldados; y llorando algunos dellos, especial el Masse-Escaci y -Xicotenga, y Chichimeclatecle y Tecapenaca, dijeron á Cortés:</p> - -<p>—«¡Oh Malinche, Malinche, y cómo nos pesa de vuestro mal y de todos -vuestros hermanos, y de los muchos de los nuestros que con vosotros -han muerto! Ya os lo habiamos dicho muchas veces, que no os fiásedes -de gente mejicana, porque de un dia á otro os habian de dar guerra; no -me quisistes creer: ya es hecho, al presente no se puede hacer más de -curaros y daros de comer; en vuestras casas estais, descansad, é iremos -luego á nuestro pueblo y os aposentaremos; y no pienses, Malinche, -que habeis hecho poco en escapar con las vidas de aquella tan fuerte -ciudad y sus puentes; é yo digo que si de ántes os teniamos por muy -esforzados, ahora os tenemos en mucho más.</p> - -<p>»Bien sé que lloran muchas mujeres é indios destos nuestros pueblos -las muertes de sus hijos y maridos y hermanos y parientes; no te -congojes por ello, y mucho debes á tus dioses, que te han aportado -aquí, y salido de entre tanta multitud de guerreros que os aguardaban -en lo de Obtumba, que cuatro dias habia que lo supe que os esperaban -para os matar. Yo queria ir en vuestra busca con treinta mil guerreros -de los nuestros, y no pude salir, á causa que no estábamos juntos y los -andaba juntando.»</p> - -<p>Cortés y todos nuestros capitanes y<span class="pagenum" -id="Page_126">p. 126</span> soldados los abrazamos, y les dijimos que -se lo teniamos en merced, y Cortés les dió á todos los principales -joyas de oro y piedras que todavía se escaparon, cada cual soldado lo -que pudo; y asimesmo dimos algunos de nosotros á nuestros conocidos de -lo que teniamos.</p> - -<p>Pues qué fiesta y alegría mostraron con doña Luisa y con doña -Marina cuando las vieron en salvamento, y qué llorar, y qué tristeza -tenian por los demás indios que no venian, que se quedaron muertos, en -especial el Masse-Escaci por su hija doña Elvira, y lloraba la muerte -de Juan Velazquez de Leon, á quien la dió; y desta manera fuimos á la -cabeza de Tlascala con todos los caciques, y á Cortés aposentaron en -las casas de Masse-Escaci, y Xicotenga dió sus aposentos á Pedro de -Albarado, y allí nos curamos y tornamos á convalecer, y aun se murieron -cuatro soldados de las heridas, y á otros soldados no se les habian -sanado.</p> - -<p>Y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_129"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXIX.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO FUIMOS Á LA CABECERA Y MAYOR PUEBLO DE - TLASCALA, Y LO QUE ALLÍ PASAMOS.</p> -</div> - -<p>Pues como habia un dia que estábamos en el pueblezuelo de Gualiopar, -y los caciques de Tlascala por mí nombrados nos hicieron aquellos -ofrecimientos, que son dignos de no olvidar<span class="pagenum" -id="Page_127">p. 127</span> y de ser gratificados, y hechos en tal -tiempo y coyuntura; despues que fuimos á la cabeza y pueblo mayor de -Tlascala, nos aposentaron, como dicho tengo, parece ser que Cortés -preguntó por el oro que habian traido allí, que eran cuarenta mil -pesos; el cual oro fueron las partes de los vecinos que quedaban en la -Villa-Rica; y dijo Masse-Escaci y Xicotenga el viejo y un soldado de -los nuestros, que se habia allí quedado doliente, que no se halló en lo -de Méjico cuando nos desbarataron, que habian venido de la Villa-Rica -un Juan de Alcántara y otros dos vecinos, é que lo llevaron todo porque -traian cartas de Cortés para que se lo diesen; la cual carta mostró el -soldado, que habia dejado en poder del Masse-Escaci cuando le dieron el -oro; y preguntando cómo y cuándo y en qué tiempo lo llevó, y sabido que -fué, por la cuenta de los dias, cuando nos daban guerra los mejicanos, -luego entendimos cómo en el camino habian muerto y tornado el oro, y -Cortés hizo sentimiento por ello.</p> - -<p>Y tambien estábamos con pena por no saber de los de la Villa-Rica, -no hubiesen corrido algun desman; y luego por la posta escribió con -tres tlascaltecas, en que les hizo saber los grandes peligros que en -Méjico nos habiamos visto, y cómo y de qué manera escapamos con las -vidas, y no se les dió relacion de cuántos faltaban de los nuestros; y -que mirasen que siempre estuviesen muy alerta y se velasen; y que si -hubiese algunos soldados sanos<span class="pagenum" id="Page_128">p. -128</span> se los enviasen, y que guardasen muy bien al Narvaez y al -Salvatierra; y si hubiese pólvora ó ballestas, porque queria tornar á -correr los rededores de Méjico; y tambien escribió al capitan que quedó -por guarda y capitan de la mar, que se decia Caballero, y que mirase no -fuese ningun navío á Cuba ni Narvaez se soltase; y que si viese que dos -navíos de los de Narvaez, que quedaban en el puerto, no estaban para -navegar, que diese con ellos al través, y le enviase los marineros con -todas las armas que tuviesen.</p> - -<p>Y por la posta fueron y volvieron los mensajeros, y trajeron cartas -que no habian tenido guerras; que un Juan de Alcántara y los dos -vecinos que enviaron por el oro, que les deben de haber muerto en el -camino; y que bien supieron la guerra que en Méjico nos dieron, porque -el cacique gordo de Cempoal se lo habia dicho; y ansimismo escribió el -almirante de la mar, que se decia Pedro Caballero, y dijeron que harian -lo que Cortés les mandaba, é enviaria los soldados, é que el un navío -estaba bueno, y que al otro daria al través y enviaria la gente, é que -habia pocos marineros, porque habian adolescido y se habian muerto, y -que agora escribian las respuestas de las cartas; y luego vinieron con -el socorro que enviaban de la Villa-Rica, que fueron cuatro hombres -con tres de la mar, que todos fueron siete; y venia por capitan dellos -un soldado que se decia Lencero, cuya fué la venta que agora dicen de -Lencero.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span>Y cuando llegaron -á Tlascala, como venian dolientes y flacos, muchas veces por nuestro -pasatiempo y burlar dellos deciamos:</p> - -<p>—«El socorro del Lencero; que venian siete soldados, y los cinco -llenos de bubas y los dos hinchados, con grandes barrigas.»</p> - -<p>Dejemos burlas, y digamos lo que allí en Tlascala nos aconteció con -Xicotenga el mozo, y de su mala voluntad, el cual habia sido capitan de -toda Tlascala cuando nos dieron las guerras por mí otras veces dichas -en el capítulo que dello habla.</p> - -<p>Y es el caso que, como se supo en aquella su ciudad que salimos -huyendo de Méjico y que nos habian muerto mucha copia de soldados, -ansí de los nuestros como de los indios tlascaltecas que habian ido -de Tlascala en nuestra compañía, y que veniamos á nos socorrer é -amparar en aquella provincia, el Xicotenga el mozo andaba convocando -á todos sus parientes y amigos, y á otros que sentia que eran de -su parcialidad, y les decia que en una noche, ó de dia, cuando más -aparejado tiempo viesen, que nos matasen, y que haria amistades con el -señor de Méjico, que en aquella sazon habian alzado por Rey á uno que -se decia Coadlauaca, y que demás desto, que en las mantas y ropa que -habiamos dejado en Tlascala á guardar y el oro que agora sacábamos de -Méjico tendrian qué robar, y quedarian todos ricos con ello.</p> - -<p>Lo cual alcanzó á saber el viejo Xicotenga, su padre, y se lo -riñó, y le dijo que no le pasase tal por el pensamiento, que<span -class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> era mal hecho; y que si -lo alcanzase á saber Masse-Escaci y Chichimeclatecle, que por ventura -le matarian, y al que en tal concierto fuese; y por más que el padre -se lo riñó, no curaba de lo que le decia, y todavía entendia en su -mal propósito; y vino á oidos de Chichimeclatecle, que era su enemigo -mortal del mozo Xicotenga, y lo dijo á Masse-Escaci, y acordaron -entrar en acuerdo y como cabildo, y sobre ello llamaron al Xicotenga -el viejo y los caciques de Guaxocingo, y mandaron traer preso ante sí -á Xicotenga el mozo.</p> - -<p>Y Masse-Escaci propuso un razonamiento delante de todos, y dijo -que si se les acordaba ó habian ido á decir de más de cien años hasta -entónces que en toda Tlascala habian estado tan prósperos y ricos -como despues que los teules vinieron á sus tierras, ni en todas sus -provincias habian sido en tanto tenidos, y que tenian mucha ropa de -algodon y oro, y comian sal, la que hasta allí no solian comer; y -por do quiera que iban de sus tlascaltecas con los teules les hacian -honra por su respeto, puesto que ahora les habian muerto en Méjico -muchos dellos; y que tengan en la memoria lo que sus antepasados les -habian dicho muchos años atrás, que de adonde sale el sol habian de -venir hombres que les habian de señorear; é que ¿á qué causa agora -andaba Xicotenga en aquellas traiciones y maldades, concertando de nos -dar guerra y matarnos? Que era mal hecho, é que no podia dar ninguna -discul<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span>pa de sus -bellaquerías y maldades, que siempre tenia encerradas en su pecho; y -agora que los veia venir de aquella manera desbaratados, que nos habia -de ayudar para en estando sanos volver sobre los pueblos de Méjico, sus -enemigos, queria hacer aquella traicion.</p> - -<p>Y á estas palabras que el Masse-Escaci y su padre Xicotenga el -ciego lo dijeron, el Xicotenga el mozo respondió que era muy bien -acordado lo que decia por tener paces con mejicanos, y dijo otras -cosas que no pudieron sufrir; y luego se levantó el Masse-Escaci y el -Chichimeclatecle y el viejo de su padre, ciego como estaba, y tomaron -al Xicotenga el mozo por los cabezones y de las mantas, y se las -rompieron, y á empujones y con palabras injuriosas que le dijeron, le -echaron de las gradas abajo donde estaba, y las mantas todas rompidas; -y aun si por el padre no fuera, le querian matar, y á los demás que -habian sido en su consejo echaron presos; y como estábamos allí -retraidos, y no era tiempo de le castigar, no osó Cortés hablar más en -ello.</p> - -<p>He traido esto aquí á la memoria para que vean de cuánta lealtad -y buenos fueron los de Tlascala, y cuánto les debemos, y aun al buen -viejo Xicotenga, que á su hijo dicen que le habia mandado matar luego -que supo sus tramas y traicion.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo habia veinte y dos dias que estábamos -en aquel pueblo curándonos nuestras heridas y convaleciendo, y -acordó Cortés que fuésemos á la provincia de<span class="pagenum" -id="Page_132">p. 132</span> Tepeaca, que estaba cerca, porque allí -habian muerto muchos de nuestros soldados y de los de Narvaez, que -se venian á Méjico, y en otros pueblos que están junto de Tepeaca, -que se dice Cachula; y como Cortés lo dijo á nuestros capitanes, y -apercibian á los soldados de Narvaez para ir á la guerra, y como no -eran tan acostumbrados á guerras y habian escapado de la rota de Méjico -y puentes de lo de Obtumba, y no vian la hora de se volver á la isla -de Cuba á sus indios é minas de oro, renegaban de Cortés y de sus -conquistas, especial el Andrés de Duero, compañero de nuestro Cortés; -porque ya lo habrán entendido los curiosos lectores en dos veces que -lo he declarado en los capítulos pasados, cómo y de qué manera fué -la compañía; maldecian el oro que le habia dado á él y á los demás -capitanes, que todo se habia perdido en las puentes, como habian visto -las grandes guerras que nos daban, y con haber escapado con las vidas -estaban muy contentos; y acordaron de decir á Cortés que no querian ir -á Tepeaca ni á guerra ninguna, sino que se querian volver á sus casas; -que bastaba lo que habian perdido en haber venido de Cuba; y Cortés les -habló muy mansa y amorosamente, creyendo de los atraer para que fuesen -con nosotros á lo de Tepeaca; y por más pláticas y reprensiones que -les dió, no querian; y como vieron los de Narvaez que con Cortés no -aprovechaban sus palabras, le hicieron requerimientos en forma<span -class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> delante de un escribano del -Rey para que luego se fuese á la Villa-Rica, poniéndole por delante -que no teniamos caballos ni escopetas ni ballestas ni pólvora, ni hilo -para hacer cuerdas, ni almacen; que estábamos heridos, y que no habian -quedado por todos nuestros soldados y los de Narvaez sino cuatrocientos -y cuarenta soldados; que los mejicanos nos tomarian todos los puertos -y sierras y pasos, é que los navíos, si más aguardaban, se comerian de -broma; y dijeron en el requerimiento otras muchas cosas.</p> - -<p>Y cuando se le hubieron dado y leido el requerimiento á Cortés, si -muchas palabras decian en él, muy muchas más contrariedades respondió; -y demás desto, todos los más de nosotros de los que habiamos pasado con -Cortés le dijimos que mirase que no diese licencia á ninguno de los de -Narvaez ni á otras personas para volver á Cuba, sino que procurásemos -todos de servir á Dios é al Rey; é que esto era lo bueno, y no volverse -á Cuba.</p> - -<p>Cuando Cortés hubo respondido al requerimiento, como vieron -las personas que le estaban requiriendo que muchos de nosotros -ayudábamos el intento de Cortés y que les estorbábamos sus grandes -importunaciones que sobre ello le hablaban y requerian, con no más -de que deciamos que no es servicio de Dios ni de su majestad que -dejen desamparado su capitan en las guerras; en fin de muchas razones -que pasaron, obedecieron para ir con nosotros á las entradas que se -ofreciesen;<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> mas fué -que les prometió Cortés que en habiendo coyuntura los dejaria volver -á su isla de Cuba; y no por aquesto dejaron de murmurar dél y de su -conquista, que tan caro les habia costado en dejar sus casas y reposo -y haberse venido á meter adonde no estaban seguros de las vidas; y más -decian, que si en otra guerra entrásemos con el poder de Méjico, que -no se podria excusar tarde ó temprano de tenella, que creian é tenian -por cierto que no nos podriamos sustentar contra ellos en las batallas, -segun habian visto lo de Méjico y puentes, y en la nombrada de Obtumba; -y más decian, que nuestro Cortés por mandar y siempre ser señor, y -nosotros los que con él pasábamos no tener que perder sino nuestras -personas, asistiamos con él; y decian otros muchos desatinos, y todo se -les disimulaba por el tiempo en que lo decian; mas no tardaron muchos -meses que no les dió licencia para que se volviesen á sus casas; lo -cual diré en su tiempo y sazon.</p> - -<p>Y dejémoslo de repetir, y digamos de lo que dice el coronista -Gómora, que yo estoy muy harto de declarar sus borrones, que dice que -le informaron; las cuales informaciones no son así como él lo escribe; -y por no me detener en todos los capítulos á tornallos á recitar y -traer á la memoria cómo y de qué manera pasó, lo he dejado de escribir; -y ahora pareciéndome que en esto de este requerimiento que escribe que -hicieron á Cortés no dice quién fueron los que lo hicieron, si eran -de<span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span> los nuestros ó de -los de Narvaez, y en esto que escribe es por sublimar á Cortés y abatir -á nosotros los que con él pasamos; y sepan que hemos tenido por cierto -los conquistadores verdaderos que esto vemos escrito, que le debieron -de granjear al Gómora con dádivas porque lo escribiese desta manera, -porque en todas las batallas y reencuentros éramos los que sosteniamos -á Cortés, y ahora nos aniquila en lo que dice este coronista que le -requeriamos.</p> - -<p>Tambien dice que decia Cortés en las respuestas del mismo -requerimiento que para animarnos y esforzarnos que enviará á llamar -á Juan Velazquez de Leon y al Diego de Ordás, que el uno dellos dijo -estaba poblando en lo de Pánuco con trecientos soldados, y el otro -en lo de Guacacualco con otros soldados, y no es ansí; porque luego -que fuimos sobre Méjico al socorro de Pedro de Albarado, cesaron los -conciertos que estaban hechos, que Juan Velazquez de Leon habia de -ir á lo de Pánuco y el Diego de Ordás á lo de Guacacualco, segun más -largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado que sobre ello tengo -hecha relacion; porque estos dos capitanes fueron á Méjico con nosotros -al socorro de Pedro de Albarado, y en aquella derrota el Juan Velazquez -de Leon quedó muerto en las puentes, y el Diego de Ordás salió muy -mal herido de tres heridas que le dieron en Méjico, segun ya lo tengo -escrito cómo y cuándo y de qué arte pasó.</p> - -<p>Por manera<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> que -el coronista Gómora, si como tiene buena retórica en lo que escribe, -acertara á decir lo que pasó, muy bien fuera.</p> - -<p>Tambien he estado mirando cuando dice en lo de la batalla de -Obtumba, que dice que si no fuera por la persona de Cortés que todos -fuéramos vencidos, y que él solo fué el que la venció en el dar, como -dió el encuentro al que traia el estandarte y seña de Méjico.</p> - -<p>Ya he dicho, y lo torno agora á decir, que á Cortés toda la honra se -le debe, como bueno y esforzado capitan; mas sobre todo hemos de dar -gracias á Dios, que él fué servido poner su divina misericordia, con -que siempre nos ayudaba y sustentaba; y Cortés en tener tan esforzados -y valerosos capitanes y valientes soldados como tenia; é despues de -Dios, con nosotros le dábamos esfuerzo y rompiamos los escuadrones y -le sustentábamos, para que con nuestra ayuda y de nuestros capitanes -guerreasen de la manera que guerreamos, como en los capítulos pasados -sobre ello dicho tengo; porque siempre andaban juntos con Cortés todos -los capitanes por mí nombrados, y aun agora los torno á nombrar, que -fueron Pedro de Albarado, Cristóbal de Olí, Gonzalo de Sandoval, -Francisco de Morla, Luis Marin, Francisco de Lugo y Gonzalo Dominguez, -y otros muy buenos y valientes soldados que no alcanzábamos caballos; -porque en aquel tiempo diez y seis caballos y yeguas fueron los que -pasaron desde la isla de Cuba con Cortés, y no los habia, aun<span -class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span>que nos costaran á mil -pesos.</p> - -<p>Y como el Gómora dice en su Historia que sólo la persona de Cortés -fué el que venció lo de Obtumba, ¿por qué no declaró los heróicos -hechos que estos nuestros capitanes y valerosos soldados hicimos en -esta batalla? Ansí que, por estas causas tenemos por cierto que por -ensalzar á Cortés sólo lo dijo, porque de nosotros no hace mencion; si -no, pregúnteselo á aquel muy esforzado soldado que se decia Cristóbal -de Olea, cuántas veces se halló en ayudar á salvar la vida á Cortés, -hasta que en las puentes cuando volvimos sobre Méjico perdió la vida él -y otros muchos soldados por le salvar. Olvidádoseme habia de otra vez -que le salvó en lo de Suchimileco, que quedó mal herido el Olea; é para -que bien se entienda esto que digo, uno fué Cristóbal de Olea y otro -Cristóbal de Olí.</p> - -<p>Tambien lo que dice el coronista en lo del encuentro con el caballo -que dió al capitan mejicano y le hizo abatir la bandera, ansí es -verdad: más ya he dicho otra vez que un Juan de Salamanca, natural de -la villa de Ontiveros, que despues de ganado Méjico fué alcalde mayor -de Guacacualco, es el que le dió una lanzada y le mató, y le quitó -el rico penacho que llevaba, y se le dió el Salamanca á Cortés; y su -majestad, el tiempo andando, lo dió por armas al Salamanca; y esto he -traido aquí á la memoria, no por dejar de ensalzar y tenelle en mucha -estima á nuestro capitan Cortés, y débesele todo honor y prez é honra -de todas las<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> batallas -é vencimientos hasta que ganamos esta Nueva-España, como se suele dar -en Castilla á los muy nombrados capitanes, y como los romanos daban -triunfos á Pompeyo y Julio César y á los Cipiones; más digno de loores -es nuestro Cortés que no los romanos.</p> - -<p>Tambien dice el mismo Gómora que Cortés mandó matar secretamente á -Xicotenga el mozo en Tlascala por las traiciones que andaba concertando -para nos matar, como ántes he dicho.</p> - -<p>No pasa ansí como dice; que donde le mandó ahorcar fué en un pueblo -junto á Tezcuco, como adelante diré sobre qué fué; y tambien dice -este coronista que iban tantos millares de indios con nosotros á las -entradas, que no tiene cuenta ni razon en tantos como pone; y tambien -dice de las ciudades y pueblos y poblaciones que eran tantos millares -de casas, no siendo la quinta parte; que si se suma todo lo que pone -en su historia, son más millones de hombres que en toda Castilla están -poblados, y eso se le da poner mil que ochenta mil, y en esto se jacta, -creyendo que va muy apacible su Historia á los oyentes no diciendo -lo que pasó: miren los curiosos lectores cuánto va de su Historia á -esta mi relacion, en decir letra por letra lo acaecido, y no miren la -retórica ni ornato; que ya cosa vista es que es más apacible que no -esta tan grosera mia; más suple la verdad la falta de plática y corta -retórica.</p> - -<p>Dejemos ya de contar ni de traer á la memoria los borrones<span -class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> declarados, y cómo yo soy -más obligado á decir la verdad de todo lo que pasa que no á lisonjas; y -demás del daño que hizo con no ser bien informado, ha dado ocasion que -el doctor Illescas y Pablo Jobio se sigan por sus palabras.</p> - -<p>Volvamos á nuestra historia, y digamos cómo acordamos ir sobre -Tepeaca; y lo que pasó en la entrada diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_130"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXX.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO FUIMOS Á LA PROVINCIA DE TEPEACA, Y LO QUE EN - ELLA HICIMOS; Y OTRAS COSAS QUE PASARON.</p> -</div> - -<p>Como Cortés habia pedido á los caciques de Tlascala, ya otras veces -por mí nombrados, cinco mil hombres de guerra para ir á correr y -castigar los pueblos adonde habian muerto españoles, que era á Tepeaca -y Cachula y Tecamachalco, que estaria de Tlascala seis ó siete leguas, -de muy entera voluntad tenian aparejados hasta cuatro mil indios; -porque, si mucha voluntad teniamos nosotros de ir á aquellos pueblos, -mucha más gana tenian el Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, porque les -habian venido á robar unas estancias y tenian voluntad de enviar gente -de guerra sobre ellos, y la<span class="pagenum" id="Page_140">p. -140</span> causa fué esta: porque, como los mejicanos nos echaron -de Méjico, segun y de la manera que dicho tengo en los capítulos -pasados que sobre ello hablan, y supieron que en Tlascala nos habiamos -recogido, y tuvieron por cierto que en estando sanos que habiamos de -venir con el poder de Tlascala á cortalles las tierras de los pueblos -que más cercanos confinan con Tlascala; á este efeto enviaron á todas -las provincias adonde sentian que habiamos de ir, muchos escuadrones -mejicanos de guerreros que estuviesen en guarda y guarniciones, y en -Tepeaca estaba la mayor guarnicion dellos.</p> - -<p>Lo cual supo el Masse-Escaci y el Xicotenga, y aun se temian -dellos.</p> - -<p>Pues ya que todos estábamos á punto, comenzamos á caminar, y en -aquella jornada no llevamos artillería ni escopetas, porque todo quedó -en las puentes; é ya que algunas escopetas escaparon, no teniamos -pólvora; y fuimos con diez y siete de á caballo y seis ballestas y -cuatrocientos y veinte soldados, los más de espada y rodela, y con obra -de cuatro mil amigos de Tlascala y el bastimento para un dia; porque -las tierras adonde íbamos era muy poblado y bien abastecido de maíz y -gallinas y perrillos de la tierra; y como lo teniamos de costumbre, -nuestros corredores del campo adelante; y con muy buen concierto fuimos -á dormir obra de tres leguas de Tepeaca.</p> - -<p>É ya tenian alzado todo el fardaje de las estancias y poblacion por -donde pasamos,<span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> porque -muy bien tuvieron noticia cómo íbamos á su pueblo; é porque ninguna -cosa hiciésemos sino por buena órden y justificadamente, Cortés les -envió á decir con seis indios de su pueblo de Tepeaca, que habiamos -tomado en aquella estancia, que para aquel efeto los prendimos, é con -cuatro de sus mujeres, cómo íbamos á su pueblo á saber é inquirir quién -y cuántos se hallaron en la muerte de más de diez y ocho españoles -que mataron sin causa ninguna, viniendo camino para Méjico; y tambien -veniamos á saber á qué causa tenian agora nuevamente muchos escuadrones -mejicanos, que con ellos habian ido á robar y saltear unas estancias de -Tlascala, nuestros amigos; que les ruega que luego vengan de paz adonde -estábamos para ser nuestros amigos, y que despidan de su pueblo á los -mejicanos; si no, que iremos contra ellos como rebeldes y matadores y -salteadores de caminos, y les castigaria á fuego y sangre y los daria -por esclavos; y como fueron aquellos seis indios y cuatro mujeres -del mismo pueblo, si muy fieras palabras les enviaron á decir, mucho -más bravosa nos dieron la respuesta con los mismos seis indios y dos -mejicanos que venian con ellos; porque muy bien conocido tenian de -nosotros que á ningunos mensajeros que nos enviaban haciamos ninguna -demasía, sino ántes dalles algunas cuentas para atraellos; y con estos -que nos enviaron los de Tepeaca, fueron las palabras bravosas di<span -class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>chas por los capitanes -mejicanos, como estaban vitoriosos de lo de las puentes de Méjico; y -Cortés les mandó dar á cada mensajero una manta, y con ellos les tornó -á requerir que viniesen á le ver y hablar y que no hubiesen miedo; é -que pues ya los españoles que habian muerto no los podian dar vivos, -que vengan ellos de paz y se les perdonará todos los muertos que -mataron; sobre ello se les escribió una carta, y aunque sabiamos que -no la habian de entender, sino como vian papel de Castilla tenian por -muy cierto que era cosa de mandamiento; y rogó á los dos mejicanos -que venian con los de Tepeaca como mensajeros, que volviesen á traer -la respuesta, y volvieron; y lo que dijeron era, que no pasásemos -adelante y que no volviésemos por donde veniamos, sino que otro dia -pensaban tener buenas hartazgas con nuestros cuerpos, mayores que las -de Méjico y sus puentes y la de Obtumba; y como aquello vió Cortés -comunicólo con todos nuestros capitanes y soldados, y fué acordado -que se hiciese un auto por ante escribano que diese fe de todo lo -pasado, y que se diesen por esclavos á todos los aliados de Méjico -que hubiesen muerto españoles, porque habiendo dado la obediencia á -su Majestad, se levantaron, y mataron sobre ochocientos y sesenta de -los nuestros y sesenta caballos, y á los demás pueblos por salteadores -de caminos y matadores de hombres; é hecho este auto, envióseles á -hacer saber, amonestándolos y requiriendo con la<span class="pagenum" -id="Page_143">p. 143</span> paz; y ellos tornaron á decir que si luego -no nos volviamos, que saldrian á nos matar; y se apercibieron para -ello, y nosotros lo mismo.</p> - -<p>Otro dia tuvimos en un llano una buena batalla con los mejicanos y -tepeaquenos; y como el campo era labranzas de maíz é maqueyales, puesto -que peleaban valerosamente los mejicanos, presto fueron desbaratados -por los de á caballo, y los que no los teniamos no estábamos de -espacio; pues ver á nuestros amigos de Tlascala tan animosos como -peleaban con ellos y les siguieron el alcance; allí hubo muertes de los -mejicanos y de Tepeaca muchos, y de nuestros amigos los de Tlascala -tres, y hirieron dos caballos, el uno se murió, y tambien hirieron doce -de nuestros soldados, mas no de suerte que peligró ninguno.</p> - -<p>Pues seguida la vitoria, allegáronse muchas indias y muchachos que -se tomaron por los campos y casas; que hombres no curábamos dellos, que -los tlascaltecas los llevaban por esclavos.</p> - -<p>Pues como los de Tepeaca vieron que con el bravear que hacian los -mejicanos que tenian en su pueblo y guarnicion eran desbaratados, y -ellos juntamente con ellos, acordaron que sin decilles cosa ninguna -viniesen adonde estábamos; y los recibimos de paz y dieron la -obediencia á su majestad, y echaron los mejicanos de sus casas, y nos -fuimos nosotros al pueblo de Tepeaca, adonde se fundó una villa que se -nombró la villa de Segura de la Frontera, porque estaba en el camino -de la<span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> Villa-Rica, en -una buena comarca de buenos pueblos sujetos á Méjico, y habia mucho -maíz, y guardaban la raya nuestros amigos los de Tlascala; y allí se -nombraron alcaldes y regidores, y se dió órden en cómo se corriese -los rededores sujetos á Méjico, en especial los pueblos adonde habian -muerto españoles; y allí hicieron hacer el hierro con que se habian de -herrar los que se tomaban por esclavos, que era una G, que quiere decir -guerra.</p> - -<p>Y desde la villa de Segura de la Frontera corrimos todos los -rededores, que fué Cachula y Tecamechalco y el pueblo de las Guayaguas, -y otros pueblos que no se me acuerda el nombre; y en lo de Cachula fué -adonde habian muerto en los aposentos quince españoles; y en este de -Cachula hubimos muchos esclavos, de manera que en obra de cuarenta dias -tuvimos aquellos pueblos pacíficos y castigados.</p> - -<p>Ya en aquella sazon habian alzado en Méjico otro señor por Rey, -porque el señor que nos echó de Méjico era fallecido de viruelas, y -aquel señor que hicieron Rey era un sobrino ó pariente muy cercano -del gran Montezuma, que se decia Guatemuz, mancebo de hasta veinte y -cinco años, bien gentil hombre para ser indio, y muy esforzado; y se -hizo temer de tal manera, que todos los suyos temblaban dél; y estaba -casado con una hija de Montezuma, bien hermosa mujer para ser india; -y como este Guatemuz, señor de Méjico, supo cómo habiamos desbaratado -los escuadrones mejicanos que es<span class="pagenum" id="Page_145">p. -145</span>taban en Tepeaca, y que habian dado la obediencia á su -Majestad el Emperador Cárlos V, y nos servian y daban de comer, y -estábamos allí poblados; y temió que les correriamos lo de Guaxaca y -otras provincias, y que á todos les atraeriamos á nuestra amistad, -envió á sus mensajeros por todos los pueblos para que estuviesen muy -alerta con todas sus armas, y á los caciques les daba joyas de oro, y -á otros perdonaba los tributos; y sobre todo, mandaba ir muy grandes -capitanes y guarniciones de gente de guerra para que mirasen no les -entrásemos en sus tierras; y les enviaba á decir que peleasen muy -reciamente con nosotros, no les acaeciese como en lo de Tepeaca, á -donde estaba nuestra villa doce leguas.</p> - -<p>Para que bien se entiendan los nombres destos pueblos, un nombre es -Cachula, otro nombre es Guacachula.</p> - -<p>Y dejaré de contar lo que en Guacachula se hizo, hasta su tiempo y -lugar; y diré cómo en aquel tiempo é instante vinieron de la Villa-Rica -mensajeros cómo habia venido un navío de Cuba, y ciertos soldados en -él.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_131"> - <p><span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO VINO UN NAVÍO DE CUBA QUE ENVIABA DIEGO - VELAZQUEZ, É VENIA EN ÉL POR CAPITAN PEDRO BARBA, Y LA MANERA QUE EL - ALMIRANTE QUE DEJÓ NUESTRO CORTÉS POR GUARDA DE LA MAR TENIA PARA LOS - PRENDER, Y ES DESTA MANERA.</p> -</div> - -<p>Pues como andábamos en aquella provincia de Tepeaca castigando á los -que fueron en la muerte de nuestros compañeros, que fueron diez y ocho -los que mataron en aquellos pueblos, y atrayéndolos de paz, y todos -daban la obediencia á su majestad; vinieron cartas de la Villa-Rica -cómo habia venido un navío al puerto, y vino en él por capitan un -hidalgo que se decia Pedro Barba, que era muy amigo de Cortés; y este -Pedro Barba habia estado por teniente del Diego Velazquez en la Habana, -y traia trece soldados y un caballo y una yegua, porque el navío que -traia era muy chico; y traia cartas para Pánfilo de Narvaez, el capitan -que Diego Velazquez habia enviado contra nosotros, creyendo que estaba -por él la Nueva-España, en que le enviaba á decir el Diego Velazquez -que si acaso no habia muerto á Cortés, que luego se le enviase preso á -Cuba, para envialle á Castilla, que ansí lo mandaba don Juan Rodriguez -de<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> Fonseca, Obispo -de Búrgos y Arzobispo de Rosano, presidente de Indias, que luego fuese -preso con otros de nuestros capitanes; porque el Diego Velazquez tenia -por cierto que éramos desbaratados, ó á lo ménos que Narvaez señoreaba -la Nueva-España.</p> - -<p>Pues como el Pedro Barba llegó al puerto con su navío y echó anclas, -luego le fué á visitar y dar el bien venido el almirante de la mar que -puso Cortés, el cual se decia Pedro Caballero ó Juan Caballero, otras -veces por mí nombrado, con un batel bien esquifado de marineros y -armas encubiertas, y fué al navío de Pedro Barba; y despues de hablar -palabras de buen comedimiento, qué tal viene vuestra merced, y quitar -las gorras y abrazarse unos á otros, como se suele hacer, preguntó el -Pedro Caballero por el señor Diego Velazquez, gobernador de Cuba, qué -tal queda, y responde el Pedro Barba que bueno; y el Pedro Barba y los -demás que consigo traian preguntan por el señor Pánfilo de Narvaez, -y cómo le va con Cortés; y responden que muy bien, é que Cortés anda -huyendo y alzado con veinte de sus compañeros, é que Narvaez está -muy próspero é rico, y que la tierra es muy buena; y de plática en -plática le dicen al Pedro Barba que allí junto estaba un pueblo, que -desembarque é que se vayan á dormir y estar en él, que les traerán -comida y lo que hubieren menester, que para sólo aquello estaba -señalado aquel pueblo, y tantas palabras les<span class="pagenum" -id="Page_148">p. 148</span> dicen, que en el batel y en otros que -luego allí venian de los otros navíos que estaban surtos les sacaron -en tierra, y cuando los vieron fuera del navío, y tenian copia de -marineros junto con el almirante Pedro Caballero, dijeron al Pedro -Barba:</p> - -<p>—«Sed preso por el señor capitan Cortés, mi señor.»</p> - -<p>Y ansí los prendieron, y quedaban espantados, y luego les sacaban -del navío las velas y timon y agujas, y los enviaban adonde estábamos -con Cortés en Tepeaca; por los cuales habiamos gran placer, con el -socorro que venia en el mejor tiempo que podia ser; porque en aquellas -entradas que he dicho que haciamos, no eran tan en salvo, que muchos -de nuestros soldados no quedábamos heridos, y otros adolescian del -trabajo; porque, de sangre y polvo que estaba cuajado en las entrañas, -no echábamos otra cosa del cuerpo y por la boca, como traiamos siempre -las armas á cuestas y no parar noches ni dias; por manera que ya se -habian muerto cinco de nuestros soldados de dolor de costado en obra de -quince dias.</p> - -<p>Tambien quiero decir que con este Pedro Barba vino un Francisco -Lopez, vecino y regidor que fué de Guatimala, y Cortés hacia mucha -honra al Pedro Barba, y le hizo capitan de ballesteros, y dió nuevas -que estaba otro navío chico en Cuba, que le queria enviar el Diego -Velazquez con cazabi y bastimentos; el cual vino dende á ocho dias, y -venia en él por capitan un hidalgo natural de Medina del Campo, que se -decia Ro<span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>drigo Morejon -de Lobera, y traia consigo ocho soldados y seis ballestas y mucho hilo -para cuerdas, é una yegua; ni más ni ménos que habian prendido al -Pedro Barba, ansí hicieron á este Rodrigo de Morejon, y luego fueron á -Segura de la Frontera, y con todos ellos nos alegramos, y Cortés les -hacia mucha honra y les daba cargos; y gracias á Dios, ya nos íbamos -fortaleciendo con soldados y ballestas y dos ó tres caballos más.</p> - -<p>Y dejallo he aquí, y volveré á decir lo que en Guacachula hacian -los ejércitos mejicanos que estaban en frontera, y cómo los caciques -de aquel pueblo vinieron secretamente á demandar favor á Cortés para -echallos de allí.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_132"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO LOS DE GUACACHULA VINIERON Á DEMANDAR FAVOR - Á CORTÉS SOBRE QUE LOS EJÉRCITOS MEJICANOS LOS TRATABAN MAL Y LOS - ROBABAN, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.</p> -</div> - -<p>Ya he dicho que Guatemuz, señor que nuevamente era alzado por Rey -de Méjico, enviaba grandes guarniciones á sus fronteras; especial -envió una muy poderosa y de mucha copia<span class="pagenum" -id="Page_150">p. 150</span> de guerreros á Guacachula, y otra á Ozucar, -que estaba dos ó tres leguas de Guacachula; porque bien temió que por -allí le habiamos de correr las tierras y pueblos sujetos á Méjico; y -parece ser que, como envió tanta multitud de guerreros y como tenian -nuevo señor, hacian muchos robos y fuerzas á los naturales de aquellos -pueblos adonde estaban aposentados, y tantas, que no les podian sufrir -los de aquella provincia, porque decian que les robaban las mantas y -maíz y gallinas y joyas de oro, y sobre todo, las hijas y mujeres si -eran hermosas, y que las forzaban delante de sus maridos y padres y -parientes.</p> - -<p>Como oyeron decir que los del pueblo de Cholula estaban todos muy -de paz y sosegados despues que los mejicanos no estaban en él, y agora -ansimesmo en lo de Tepeaca y Tecamachalco y Cochula, á esta causa -vinieron cuatro principales muy secretamente de aquel pueblo, por mí -otras veces nombrado, y dicen á Cortés que envie teules y caballos á -quitar aquellos robos y agravios que les hacian los mejicanos, é que -todos los de aquel pueblo y otros comarcanos nos ayudarian para que -matásemos á los escuadrones mejicanos; y de que Cortés lo oyó, luego -propuso que fuese por capitan Cristóbal de Olí con todos los más de -á caballo y ballesteros y con gran copia de tlascaltecas; porque con -la ganancia que los de Tlascala habian llevado de Tepeaca, habian -venido á nuestro real é villa muchos más tlascal<span class="pagenum" -id="Page_151">p. 151</span>tecas; y nombró Cortés para ir con el -Cristóbal de Olí á ciertos capitanes de los que habian venido con -Narvaez; por manera que llevaba en su compañía sobre trecientos -soldados y todos los mejores caballos que teniamos.</p> - -<p>É yendo que iba con todos sus compañeros camino de aquella -provincia, pareció ser que en el camino dijeron ciertos indios á los de -Narvaez cómo estaban todos los campos y casas llenas de gente de guerra -de mejicanos, mucho más que los de Obtumba, y que estaba allí con ellos -el Guatemuz, señor de Méjico; y tantas cosas dicen que les dijeron, que -atemorizaron á los de Narvaez; y como no tenian buena voluntad de ir á -entradas ni ver guerras, sino volverse á su isla de Cuba, y como habian -escapado de la de Méjico y calzadas y puentes y la de Obtumba, no se -querian ver en otra como lo pasado; y sobre ello dijeron los de Narvaez -tantas cosas al Cristóbal de Olí, que no pasase adelante, sino que se -volviese, y que mirase no fuese peor esta guerra que las pasadas, donde -perdiesen las vidas; y tantos inconvenientes le dijeron, y dábanle á -entender que si el Cristóbal de Olí queria ir, que fuese en buen hora, -que muchos dellos no querian pasar adelante; de modo que, por muy -esforzado que era el capitan que llevaban, aunque les decia que no era -cosa volver, sino ir adelante, que buenos caballos llevaban y mucha -gente, y que si volviesen un paso atrás que los indios los ternian -en poco, é que en tierra llana era, y que no<span class="pagenum" -id="Page_152">p. 152</span> queria volver, sino ir adelante; y para -ello, de nuestros soldados de Cortés le ayudaban á decir que no se -volviese, y que en otras entradas y guerras peligrosas se habian visto, -é que, gracias á Dios, habian tenido vitoria, no aprovechó cosa ninguna -con cuanto les decian; sino por via de ruegos le trastornaron su seso, -que volviesen y que desde Cholula escribiesen á Cortés sobre el caso; y -así se volvió; y de que Cortés lo supo, se enojó, y envió á Cristóbal -de Olí otros dos ballesteros, y le escribió que se maravillaba de su -buen esfuerzo y valentía, que por palabras de ninguno dejase de ir á -una cosa señalada como aquella; y de que el Cristóbal de Olí vió la -carta, hacia bramuras de enojo, y dijo á los que tal le aconsejaron que -por su causa habia caido en falta.</p> - -<p>Y luego, sin más determinacion, les mandó fuesen con él, é que el -que no quisiese ir, que se volviese al real por cobarde, que Cortés le -castigaria en llegando; y como iba hecho un bravo leon de enojo con -su gente camino de Guacachula, ántes que llegasen como una legua, le -salieron á decir los caciques de aquel pueblo de la manera y arte que -estaban los de Culúa, y cómo habia de dar en ellos, y de qué manera -habia de ser ayudado; y como lo hubieron entendido, apercebió los de á -caballo y ballesteros y soldados, y segun y de la manera que tenian en -el concierto da en los de Culúa.</p> - -<p>Y puesto que pelearon muy bien por un buen rato, y le hirieron -ciertos soldados y<span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span> -mataron dos caballos y hirieron otros ocho en unas fuerzas y albarradas -que estaban en aquel pueblo, en obra de una hora estaban ya puestos en -huida todos los mejicanos; y dicen que nuestros tlascaltecas que lo -hicieron muy varonilmente, que mataban y prendian muchos dellos, y como -les ayudaban todos los de aquel pueblo y provincia, hicieron muy grande -estrago en los mejicanos, que presto procuraron retraerse é hacerse -fuertes en otro gran pueblo que se dice Ozucar, donde estaban otras -muy grandes guarniciones de mejicanos, y estaban en gran fortaleza, y -quebraron una puente porque no pudiesen pasar caballos ni el Cristóbal -de Olí; porque, como he dicho, andaba enojado, hecho un tigre, y no -tardó mucho en aquel pueblo; que luego se fué á Ozucar con todos los -que le pudieron seguir, y con los amigos de Guacachula pasó el rio y -dió en los escuadrones mejicanos, que de presto los venció, y allí -le mataron dos caballos, y á él le dieron dos heridas, y la una en -el muslo, y el caballo muy bien herido, y estuvo en Ozucar dos dias; -y como todos los mejicanos fueron desbaratados, luego vinieron los -caciques y señores de aquel pueblo y de otros comarcanos á demandar -paz, y se dieron por vasallos de nuestro Rey y señor; y como todo -fué pacífico, se fué con todos sus soldados á nuestra villa de la -Frontera.</p> - -<p>Y porque yo no fuí en esta entrada, digo en esta relacion que -dicen que pasó lo que he di<span class="pagenum" id="Page_154">p. -154</span>cho; y nuestro Cortés le salió á recebir, y todos nosotros, -y hubimos mucho placer, y reíamos de cómo le habian convocado á que se -volviese, y el Cristóbal de Olí tambien reia, y decia que mucho más -cuidado tenian algunos de sus minas y de Cuba que no de las armas, y -que juraba á Dios que no le acaeciese llevar consigo, si á otra entrada -fuese, sino de los pobres soldados de los de Cortés, y no de los ricos -que venian de Narvaez, que querian mandar más que no él.</p> - -<p>Dejemos de platicar más desto, y digamos cómo el coronista Gómora -dice en su historia que por no entender bien el Cristóbal de Olí á los -naguatatos é intérpretes se volvia del camino de Guacachula, creyendo -que era trato doble contra nosotros; y no fué ansí como dice, sino que -los más principales capitanes de los del Narvaez, como les decian otros -indios que estaban grandes escuadrones de mejicanos juntos y más que en -lo de Méjico y Obtumba, y que con ellos estaba el señor de Méjico, que -se decia Guatemuz, que entónces le habian alzado por Rey, como habian -escapado tan mal parados de lo de Méjico, tuvieron grande temor de -entrar en aquellas batallas, y por esta causa convocaron al Cristóbal -de Olí que se volviese, y aunque todavía porfiaba de ir adelante, esta -es la verdad.</p> - -<p>Y tambien dice que fué el mismo Cortés á aquella guerra cuando el -Cristóbal de Olí se volvia; no fué ansí, que el mismo Cristóbal de -Olí, maestre de campo, es el que fué, como di<span class="pagenum" -id="Page_155">p. 155</span>cho tengo.</p> - -<p>Tambien dice dos veces que los que informaron á los de Narvaez -cómo estaban los muchos millares de indios juntos, que fueron los de -Guaxocingo, cuando pasaban por aquel pueblo.</p> - -<p>Tambien digo que se engañó, porque claro está que para ir desde -Tepeaca á Cachula no habian de volver atrás por Guaxocingo, que era ir -como si estuviésemos agora en Medina del Campo, y para ir á Salamanca -tomar el camino por Valladolid; no es más lo uno en comparacion de lo -otro.</p> - -<p>Y dejemos ya esta materia, y digamos lo que más en aquel instante -aconteció, é fué que vino un navío al puerto del peñol del Nombre-Feo, -que se decia el Tal de Bernal, junto á la Villa-Rica, que venia de lo -de Pánuco, que era de los que enviaba Garay, y venia en él por capitan -uno que se decia Camargo, y lo que pasó adelante diré.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_133"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO APORTÓ AL PEÑOL Y PUERTO QUE ESTÁ JUNTO Á LA - VILLA-RICA UN NAVÍO DE LOS DE FRANCISCO GARAY, QUE HABIA ENVIADO Á - POBLAR EL RIO DE PÁNUCO, Y LO QUE SOBRE ELLO MÁS PASÓ.</p> -</div> - -<p>Estando que estábamos en Segura de la Frontera, de la manera que en -mi relacion habrán oido, vinieron cartas á Cortés cómo habia apor<span -class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>tado un navío de los que -el Francisco de Garay habia enviado á poblar á Pánuco, é que venia -por capitan uno que se decia Fulano Camargo, y traia sobre sesenta -soldados, y todos dolientes y muy amarillos é hinchadas las barrigas, y -que habian dicho que otro capitan que el Garay habia enviado á poblar á -Pánuco, que se decia Fulano Álvarez Pinedo, que los indios del Pánuco -lo habian muerto, y á todos los soldados y caballos que habia enviado á -aquella provincia, y que los navíos se los habian quemado; y que este -Camargo, viendo el mal suceso, se embarcó con los soldados que dicho -tengo, y se vino á socorrer á aquel puerto, porque bien tenia noticia -que estábamos poblados allí, y á causa que por sustentar las guerras -con los indios no tenian qué comer, y venian muy flacos y amarillos -é hinchados; y más dijeron, que el capitan Camargo habia sido fraile -dominico, é que habia hecho profesion; los cuales soldados, con su -capitan, se fueron luego su poco á poco á la villa de la Frontera, -porque no podian andar á pié de flacos; y cuando Cortés los vió tan -hinchados y amarillos, que no eran para pelear, harto teniamos que -curar en ellos; al Camargo hizo mucha honra, y á todos los soldados, y -tengo que el Camargo murió luego, que no me acuerdo bien qué se hizo, y -tambien se murieron muchos soldados; y entónces por burlar les llamamos -y pusimos por nombre los panzaverdetes, porque traian las colores -de muertos y las<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span> -barrigas muy hinchadas.</p> - -<p>Y por no me detener en contar cada cosa en qué tiempo y lugar -acontecian, pues eran todos los navíos que en aquel tiempo venian á la -Villa-Rica del Garay, y puesto que se vinieron los unos de los otros -un mes delanteros, hagamos cuenta que todos aportaron á aquel puerto, -agora sea un mes ántes los unos que los otros; y esto digo porque -vino luego un Miguel Diaz de Auz, aragones, por capitan de Francisco -de Garay, el cual le enviaba para socorro al capitan Fulano Álvarez -Pinedo, que creia que estaba en Pánuco; y como llegó al puerto del -Pánuco, y no halló ni pelo de la armada de Garay, luego entendió por lo -que vido que le habian muerto; porque al Miguel Diaz le dieron guerra, -luego que llegó con un navío, los indios de aquella provincia, y por -aquel efeto vino á aquel nuestro puerto y desembarcó sus soldados, que -eran más de cincuenta, y más siete caballos, y se fué luego para donde -estábamos con Cortés; y este fué el mejor socorro y al mejor tiempo que -le habiamos menester.</p> - -<p>Y para que bien sepan quién fué este Miguel Diaz de Auz, digo yo -que sirvió muy bien á su majestad en todo lo que se ofreció en las -guerras y conquistas de la Nueva-España, y este fué el que trajo -pleito, despues de ganada la Nueva-España, con un cuñado de Cortés, -que se decia Andrés de Barrios, natural de Sevilla, que llamábamos -el danzador, sobre el pleito de la mitad de Mestitan, que se<span -class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span> sentenció despues con -que le dén la parte de lo que rentare el pueblo, más de dos mil y -quinientos pesos de su parte, con tal que no entre en el pueblo por dos -años, porque en lo que le acusaban era que habia muerto ciertos indios -en aquel pueblo y en otros que habian tenido.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que desde á pocos dias que Miguel -Diaz de Auz habia venido á aquel puerto de la manera que dicho tengo, -aportó luego otro navío que enviaba el mismo Garay en ayuda y socorro -de su armada, creyendo que todos estaban buenos y sanos en el rio de -Pánuco, y venia en él por capitan un viejo que se decia Ramirez, é ya -era hombre anciano, y á esta causa le llamamos Ramirez el viejo, porque -habia en nuestro real dos Ramirez, y traia sobre cuarenta soldados y -diez caballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y el Francisco de -Garay no hacia sino echar unos navíos tras de otros al perdido y todo -era favorecer y enviar socorro á Cortés, tan buena fortuna le ocurria, -y á nosotros era de gran ayuda; y todos estos de Garay que dicho tengo -fueron á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los soldados que traia -Miguel Diaz de Auz venian muy recios y gordos, les pusimos por nombre -los de los lomos recios; y los que traia el viejo Ramirez traian unas -armas de algodon de tanto gordor, que no las pasara ninguna flecha, -y pesaban mucho, y pusímosles por nombre los de las albardillas; y -cuando fueron los capitanes que<span class="pagenum" id="Page_159">p. -159</span> dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha honra.</p> - -<p>Dejemos de contar de los socorros que teniamos de Garay, que fueron -buenos, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á una entrada -á unos pueblos que se dicen Xalacingo y Cacatami.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_134"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXIV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á GONZALO DE SANDOVAL Á PACIFICAR - LOS PUEBLOS DE XALACINGO Y CACATAMI, Y LLEVÓ DUCIENTOS SOLDADOS - Y VEINTE DE Á CABALLO Y DOCE BALLESTEROS, Y PARA QUE SUPIESE QUÉ - ESPAÑOLES MATARON EN ELLOS, Y QUE MIRASE QUÉ ARMAS LES HABIAN TOMADO - Y QUÉ TIERRA ERA, Y LES DEMANDASE EL ORO QUE ROBARON, Y DE LO QUE MÁS - EN ELLO PASÓ.</p> -</div> - -<p>Como ya Cortés tenia copia de soldados y caballos y ballestas, é se -iba fortaleciendo con los dos navichuelos que envió Diego Velazquez, -y envió en ellos por capitanes á Pedro Barba y Rodrigo de Morejon -de Lobera, y trajeron en ellos sobre veinte y cinco soldados, y dos -caballos y una yegua, y luego vinieron los tres navíos de los de Garay, -que fué el primero capitan que vino, Camargo, y el segundo Miguel<span -class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span> Diaz de Auz, y el postrero -Ramirez el viejo, y traian entre todos estos capitanes que he nombrado -sobre ciento y veinte soldados y diez y siete caballos é yeguas, é las -yeguas eran de juego y de carrera.</p> - -<p>Y Cortés tuvo noticia de que en unos pueblos que se dicen Cacatami -y Xalacingo, é en otros sus comarcanos, habian muerto muchos soldados -de los de Narvaez que venian camino de Méjico, é ansimesmo que en -aquellos pueblos habian muerto y robado el oro á un Juan de Alcántara é -á otros dos vecinos de la Villa-Rica, que era lo que les habia cabido -de las partes á todos los vecinos que quedaban en la misma villa, -segun más largo lo he escrito en el capítulo que dello se trata; y -envió Cortés para hacer aquella entrada por capitan á Gonzalo de -Sandoval, que era alguacil mayor, y muy esforzado y de buenos consejos, -y llevó consigo ducientos soldados, todos los más de los nuestros de -Cortés, y veinte de á caballo é doce ballesteros y buena copia de -tlascaltecas; y ántes que llegase á aquellos pueblos supo que estaban -todos puestos en armas, y juntamente tenian consigo guarniciones de -mejicanos, é que se habian muy bien fortalecido con albarradas y -pertrechos, porque bien habian entendido que por las muertes de los -españoles que habian muerto, que luego habiamos de ser contra ellos -para los castigar, como á los de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco; y -Sandoval ordenó muy bien sus escuadrones y ballesteros, y mandó á<span -class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span> los de á caballo cómo y de -qué manera habian de ir y romper; y primero que entrasen en su tierra -les envió mensajeros á decilles que viniesen de paz y que diesen el -oro y armas que habian robado, é que la muerte de los españoles se les -perdonaria.</p> - -<p>Y á esto de les enviar mensajeros á decilles que viniesen de paz -fueron tres ó cuatro veces, y la respuesta que les enviaban era, -que allá iban; que como habian muerto é comido los teules que les -demandaban, que ansí harian al capitan y á todos los que llevaba; por -manera que no aprovechaban mensajes; y otra vez les tornó á enviar á -decir que él les haria esclavos por traidores y salteadores de caminos, -y que se aparejasen á defender; y fué Sandoval con sus compañeros y -les entró por dos partes; que puesto que peleaban muy bien todos los -mejicanos y los naturales de aquellos pueblos, sin más referir lo que -allí en aquellas batallas pasó, los desbarató, y fueron huyendo todos -los mejicanos y caciques de aquellos pueblos, y siguió el alcance y -se prendieron muchas gentes menudas; que de los indios no se curaban, -por no tener qué guardar; y hallaron en unos cues de aquel pueblo -muchos vestidos, y armas, y frenos de caballos y dos sillas, y otras -muchas cosas de la jineta, que habian presentado á sus indios; y acordó -Sandoval de estar allí tres dias, y vinieron los caciques de aquellos -pueblos á pedir perdon y á dar la obediencia á su majestad Cesárea; y -Sandoval les dijo<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span> -que diesen el oro que habian robado á los españoles que mataron é que -luego les perdonaria; y respondieron que el oro, que los mejicanos -lo hubieron y que lo enviaron al señor de Méjico que entónces habian -alzado por Rey, y que no tenian ninguno; por manera, que les mandó que -en cuanto el perdon, que fuesen adonde estaba el Malinche, é que él les -hablaria é perdonaria; y ansí, se volvió con una buena presa de mujeres -y muchachos, que echaron el hierro por esclavos.</p> - -<p>Y Cortés se holgó mucho cuando le vió venir bueno y sano, puesto que -traia cosa de ocho soldados mal heridos y tres caballos ménos, y aun -el Sandoval traia un flechazo; é yo no fuí en esta entrada, que estaba -muy malo de calenturas y echaba sangre por la boca; é gracias á Dios, -estuve bueno porque me sangraron muchas veces.</p> - -<p>É como Gonzalo de Sandoval habia dicho á los caciques de Xalacingo é -Cacatami que viniesen á Cortés á demandar paces, no solamente vinieron -aquellos pueblos solos, sino tambien otros muchos de la comarca, y -todos dieron la obediencia á su majestad, y traian de comer á aquella -villa adonde estábamos.</p> - -<p>É fué aquella entrada que hizo de mucho provecho, y se pacificó toda -la tierra; y dende en adelante tenia Cortés tanta fama en todos los -pueblos de la Nueva-España, lo uno de muy justificado y lo otro de muy -esforzado, que á todos ponia temor, y muy mayor á Guatemuz, el señor -y rey nuevamente alzado en Méjico; y tanta era<span class="pagenum" -id="Page_163">p. 163</span> la autoridad, ser y mando que habia cobrado -nuestro Cortés, que venian ante él pleitos de indios de léjas tierras, -en especial sobre cosas de cacicazgos y señoríos; que, como en aquel -tiempo anduvo la viruela tan comun en la Nueva-España, fallecian muchos -caciques, y sobre á quién le pertenecia el cacicazgo y ser señor y -partir tierras ó vasallos ó bienes venian á nuestro Cortés, como á -señor absoluto de toda la tierra, para que por su mano é autoridad -alzase por señor á quien le pertenecia.</p> - -<p>Y en aquel tiempo vinieron del pueblo de Ozucar y Guacachula, otras -veces ya por mí nombrado; porque en Ozucar estaba casada una parienta -muy cercana de Montezuma con el señor de aquel pueblo, y tenian un -hijo que decian era sobrino del Montezuma, é segun parece, heredaba el -señorío, é otros decian que le pertenecia á otro señor, y sobre ello -tuvieron muy grandes diferencias, y vinieron á Cortés, y mandó que le -heredase el pariente de Montezuma, y luego cumplieron su mandato; é -ansí vinieron de otros muchos pueblos de á la redonda sobre pleitos, y -á cada uno mandaba dar sus tierras y vasallos, segun sentia por derecho -que les pertenecia.</p> - -<p>Y en aquella sazon tambien tuvo noticia Cortés que en un pueblo -que estaba de allí seis leguas, que se decia Cocotlan, y le pusimos -por nombre Castilblanco (como ya otras veces he dicho, dando la causa -por qué se le puso este nombre), habian muerto nueve españoles, envió -al mismo<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> Gonzalo -de Sandoval para que los castigase y los trajese de paz, y fué allá -con treinta de á caballo y cien soldados, y ocho ballesteros y cinco -escopeteros, y muchos tlascaltecas, que siempre se mostraron muy -aficionados y eran buenos guerreros.</p> - -<p>Y despues de hechos sus requerimientos y protestaciones, que vieron -y les enviaron á decir otras muchas cosas de cumplimientos con cinco -indios principales de Tepeaca, y si no venian que les daria guerra y -haria esclavos.</p> - -<p>Y pareció ser estaban en aquel pueblo otros escuadrones de mejicanos -en su guarda y amparo, y respondieron que señor tenian, que era -Guatemuz; que no habian menester ni venir ni ir á llamado de otro -señor; que si allá fuesen, que en el camino les hallarian, que no se -les habian ahora fallecido las fuerzas ménos que las tenian en Méjico -y puentes y calzadas, é que ya sabian á qué tanto llegaban nuestras -valentías.</p> - -<p>Y cuando aquello oyó Sandoval, puesta muy en órden su gente cómo -habia de pelear, y los de á caballo y escopeteros y ballesteros, -mandó á los tlascaltecas que no se metiesen en los enemigos al -principio, porque no estorbasen á los caballos y porque no corriesen -peligro, ó hiriesen algunos dellos con las ballestas y escopetas ó los -atropellasen con los caballos, hasta haber rompido los escuadrones, -y cuando los hubiesen desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y -siguiesen el alcance; y luego comenzó á caminar hácia el pueblo, y -salen al camino y encuentro<span class="pagenum" id="Page_165">p. -165</span> dos escuadrones de guerreros junto á unas fuerzas y -barrancas, y allí estuvieron fuertes un rato, y con las ballestas y -escopetas les hacian mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lugar -de pasar aquella fuerza é albarradas con los caballos; y aunque le -hirieron nueve caballos, y uno murió, y tambien le hirieron cuatro -soldados, como se vió fuera de mal paso é tuvo lugar por donde -corriesen los caballos, y aunque no era buena tierra ni llano, que -habia muchas piedras, da tras los escuadrones, rompiendo por ellos, -que los llevó hasta el mismo pueblo, adonde estaba un gran patio, -y allí tenian otra fuerza y unos cues, adonde se tornaron á hacer -fuertes; y puesto que peleaban muy bravosamente, todavía los venció, -y mató hasta siete indios, porque estaban en malos pasos; y los -tlascaltecas no habian menester mandalles que siguiesen el alcance, -que con la ganancia, como eran guerreros, ellos tenian el cargo, -especialmente como sus tierras no estaban léjos de aquel pueblo; allí -se hubieron muchas mujeres y gente menuda, y estuvo allí el Gonzalo -de Sandoval dos dias, y envió á llamar los caciques de aquel pueblo -con unos principales de Tepeaca que iban en su compañía, y vinieron, y -demandaron perdon de la muerte de los españoles, y Sandoval les dijo -que si daban las ropas y hacienda que robaron de los que mataron, -que se les perdonaria, y respondieron que todo lo habian quemado y -que no tenian ninguna cosa, y<span class="pagenum" id="Page_166">p. -166</span> que los que mataron, que los más dellos habian ya comido, y -que cinco teules enviaron vivos á Guatemuz, su señor, y que ya habian -pagado la pena con los que agora les habian muerto en el campo y en -el pueblo; que les perdonase, é que llevarian muy bien de comer y -bastecerian la villa donde estaba Malinche.</p> - -<p>Y como el Gonzalo de Sandoval vió que no se podia hacer más, les -perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en lo que les mandasen; y -con este recaudo se fué á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de -todos los del real.</p> - -<p>Donde dejaré de hablar más en ello, y digamos cómo se herraron todos -los esclavos que se habian habido en aquellos pueblos y provincia, y lo -que sobre ello se hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_135"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO SE RECOGIERON TODAS LAS MUJERES Y ESCLAVOS - DE TODO NUESTRO REAL QUE HABIAMOS HABIDO EN AQUELLO DE TEPEACA Y - CACHULA, TECAMECHALCO Y EN CASTILBLANCO Y EN SUS TIERRAS, PARA QUE SE - HERRASEN CON EL HIERRO EN NOMBRE DE SU MAJESTAD, Y LO QUE SOBRE ELLO - PASÓ.</p> -</div> - -<p>Como Gonzalo de Sandoval hubo llegado á la villa de Segura de -la Frontera, de hacer aque<span class="pagenum" id="Page_167">p. -167</span>llas entradas que ya he dicho, y en aquella provincia -todos los teniamos ya pacíficos, y no teniamos por entónces donde ir -á entrar, porque todos los pueblos de los rededores habian dado la -obediencia á su Majestad, acordó Cortés, con los oficiales del Rey, -que se herrasen las piezas y esclavos que se habian habido, para sacar -su quinto, despues que se hubiese primero sacado el de su majestad, y -para ello mandó dar pregones en el real é villa que todos los soldados -llevásemos á una casa que estaba señalada para aquel efeto á herrar -todas las piezas que tuviesen recogidas, y dieron de plazo aquel -dia que se pregonó y otro; y todos ocurrimos con todas las indias, -muchachas y muchachos que habiamos habido; que de hombres de edad no -nos curábamos dellos, que eran malos de guardar, y no habiamos menester -su servicio, teniendo á nuestros amigos los tlascaltecas.</p> - -<p>Pues ya juntas todas las piezas, y hecho el hierro, que era una G -como esta, que queria decir guerra, cuando no nos catamos, apartan el -real quinto, y luego sacan otro quinto para Cortés; y demás desto, la -noche ántes, cuando metimos las piezas, como he dicho en aquella casa, -habian ya escondido y tomado las mejores indias, que no pareció allí -ninguna buena, y al tiempo del repartir dábannos las viejas y ruines; -y sobre esto hubo muy grandes murmuraciones contra Cortés y de los -que mandaban hurtar y esconder las buenas indias; y de tal manera se -lo dijeron<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> al mismo -Cortés soldados de los de Narvaez, que juraban á Dios que no habian -visto tal, haber dos Reyes en la tierra de nuestro Rey y señor y sacar -dos quintos; y uno de los soldados que se lo dijeron fué un Juan Bono -de Quejo; y más dijo, que no estarian en tal tierra, y que lo harian -saber en Castilla á su majestad y á los de su Real Consejo de Indias; y -tambien dijo á Cortés otro soldado muy claramente que no bastó repartir -el oro que se habia habido en Méjico de la manera que lo repartió, y -que cuando estaba repartiendo las partes decia que eran trecientos -mil pesos los que se habian llegado, y que cuando salimos huyendo de -Méjico mandó tomar por testimonio que quedaban más de setecientos -mil, y que agora el pobre soldado que habia echado los bofes y estaba -lleno de heridas por haber una buena india, y les habian dado enaguas -y camisas, habian tomado y escondido las tales indias, y que cuando -dieron el pregon para que se llevasen á herrar, que creyeron que á -cada soldado volverian sus piezas y que apreciarian qué tantos pesos -valian, y que como las apreciasen pagasen el quinto á su majestad, y -que no habria más quinto para Cortés; y decian otras murmuraciones -peores que estas; y como Cortés aquello vió, con palabras algo blandas -dijo que juraba en su conciencia (que aquesto tenia costumbre de jurar) -que de allí adelante no seria ni se haria de aquella manera, sino que -buenas ó malas indias, sacallas al almoneda, y<span class="pagenum" -id="Page_169">p. 169</span> la buena que se venderia por tal, y la que -no lo fuese por ménos precio, y de aquella manera no ternian que reñir -con él.</p> - -<p>Y puesto que allí en Tepeaca no se hicieron más esclavos, mas -despues en lo de Tezcuco casi que fué desta manera, como adelante -diré.</p> - -<p>Y dejaré de hablar en esta materia, y digamos otra cosa casi peor -que esto de los esclavos, y es que ya he dicho en el capítulo que dello -habla, cuando la triste noche que salimos de Méjico huyendo, cómo -quedaban en la sala donde posaba Cortés muchas barras de oro perdido, -que no lo podian sacar, más de lo que cargaron en la yegua y caballos -y muchos tlascaltecas, y lo que hurtaron los amigos y otros soldados -que cargaron dello; y como lo demás se quedaba perdido en poder de los -mejicanos, Cortés dijo delante de un escribano del Rey que cualquiera -que quisiese sacar oro de lo que allí quedaba, que se lo llevase mucho -en buena hora por suyo, como se habia de perder; y muchos soldados de -los de Narvaez cargaron dello, y asimismo algunos de los nuestros, y -por sacallo perdieron muchos dellos las vidas, y los que escaparon con -la presa que traian, habian estado en gran riesgo de morir y salieron -llenos de heridas.</p> - -<p>Y como en nuestro real y villa de Segura de la Frontera, que así -se llamaba, alcanzó Cortés á saber que habia muchas barras de oro, y -que andaban en el juego, y como dice el refran que el oro y amores -son malos de encubrir, mandó dar un pregon, so<span class="pagenum" -id="Page_170">p. 170</span> graves penas, que traigan á manifestar -el oro que sacaron, y que les dará la tercia parte dello, y si no lo -traen, que se lo tomará todo; y muchos soldados de los que lo tenian no -lo quisieron dar, y alguno se lo tomó Cortés como prestado, y más por -fuerza que por grado; y como todos los más capitanes tenian oro, y aun -los oficiales del Rey muy mejor, que hicieron sacos dello, se calló lo -del pregon, que no se habló en ello; mas pareció muy mal esto que mandó -Cortés.</p> - -<p>Dejémoslo ya de más declarar, y digamos cómo todos los demás -capitanes y personas principales de los que pasaron con Narvaez -demandaron licencia á Cortés para se volver á Cuba, y Cortés se la dió, -y lo que más acaeció.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_136"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXVI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO DEMANDARON LICENCIA Á CORTÉS LOS CAPITANES - Y PERSONAS MÁS PRINCIPALES DE LOS QUE NARVAEZ HABIA TRAIDO EN SU - COMPAÑÍA PARA SE VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y CORTÉS SE LA DIÓ Y SE - FUERON. Y DE CÓMO DESPACHÓ CORTÉS EMBAJADORES PARA CASTILLA Y PARA - SANTO DOMINGO Y JAMÁICA, Y LO QUE SOBRE CADA COSA ACAECIÓ.</p> -</div> - -<p>Como vieron los capitanes de Narvaez que ya teniamos socorros, así -de los que vinieron de Cuba como los de Jamáica que habia enviado<span -class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> Francisco de Garay para -su armada, segun lo tengo declarado en el capítulo que dello habla, y -vieron que los pueblos de la provincia de Tepeaca estaban pacíficos, -despues de muchas palabras que á Cortés dijeron, con grandes ofertas y -ruegos le suplicaron que les diese licencia para se volver á la isla -de Cuba, pues se lo habia prometido, y luego Cortés se la dió, y les -prometió que si volvia á ganar la Nueva-España y ciudad de Méjico, que -al Andrés de Duero, su compañero, que le daria mucho más oro que le -habia de ántes dado; y así hizo otras ofertas á los demás capitanes, en -especial á Agustin Bermudez, y les mandó dar matalotaje que en aquella -sazon habia, que era maíz y perrillos salados y algunas gallinas, y un -navío de los mejores, y escribió Cortés á su mujer Catalina Juarez la -Marcaida y á Juan Nuñez, su cuñado, que en aquella sazon vivia en la -isla de Cuba, y les envió ciertas barras y joyas de oro, y les hizo -saber todas las desgracias y trabajos que nos habian acaecido, y cómo -nos echaron de Méjico.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos las personas que pidieron la licencia para -se volver á Cuba, que todavía iban ricos, y fueron Andrés de Duero -y Agustin Bermudez, y Juan Bono de Quejo y Bernardino de Quesada, y -Francisco Velazquez el corcovado, pariente del Diego Velazquez el -gobernador de Cuba, y Gonzalo Carrasco el que vive en la Puebla, -que despues se volvió á esta Nueva-España, y un Melchor de<span -class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> Velasco, que fué vecino de -Guatimala, y un Jimenez que vive en Guajaca, que fué por sus hijos, y -el comendador Leon de Cervantes, que fué por sus hijas, que despues -de ganado Méjico las casó muy honradamente, y se fué uno que se decia -Maldonado, natural de Medellin, que estaba doliente; no digo Maldonado -el que fué marido de doña María del Rincon, ni por Maldonado el ancho, -ni otro Maldonado que se decia Álvaro Maldonado el fiero, que fué -casado con una señora que se decia María Arias; y tambien se fué un -Vargas, vecino de la Trinidad, que le llamaban en Cuba Vargas el galan: -no digo el Vargas que fué suegro de Cristóbal Lobo, vecino que fué de -Guatimala; y se fué un soldado de los de Cortés, que se decia Cárdenas, -piloto; aquel Cárdenas fué el que dijo á un su compañero que ¿cómo -podiamos reposar los soldados teniendo dos Reyes en esta Nueva-España? -Este fué á quien Cortés dió trecientos pesos para que se fuese con su -mujer é hijos.</p> - -<p>Y por excusar prolijidad de ponellos todos por memoria, se fueron -otros muchos que no me acuerdo bien sus nombres; y cuando Cortés les -dió la licencia, dijimos que para qué se la daba, pues que éramos -pocos los que quedábamos; y respondió que por excusar escándalos é -importunaciones, y que ya veiamos que para la guerra algunos de los -que se volvian á Cuba no lo eran, y que valía más estar solos que mal -acompañados; y para los despachar del puerto envió Cortés á Pedro -de<span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span> Albarado; y en -habiéndolos embarcado, le mandó que se volviese luego á la villa.</p> - -<p>Y digamos ahora que tambien envió á Castilla á Diego de Ordás y -á Alonso de Mendoza, natural de Medellin y de Cáceres, con ciertos -recaudos de Cortés, que yo no sé otros que llevase nuestros, ni nos dió -parte de cosa de los negocios que enviaba á tratar con su majestad, -ni lo que pasó en Castilla yo no lo alcancé á saber, salvo que á -boca llena decia el Obispo de Búrgos delante del Diego de Ordás que -así Cortés como todos los soldados que pasamos con él éramos malos -y traidores, puesto que el Ordás sé cierto respondia muy bien por -todos nosotros; y entónces le dieron al Ordás una encomienda de señor -Santiago, y por armas el volcan que está entre Guaxocingo y cerca -de Cholula; y lo que negoció adelante lo diré, segun lo supimos por -carta.</p> - -<p>Dejemos esto aparte, y diré cómo Cortés envió á Alonso de Ávila, -que era capitan y contador desta Nueva-España, y juntamente con él -envió otro hidalgo que se decia Francisco Álvarez Chico, que era hombre -que entendia de negocios; y mandó que fuesen con otro navío para la -isla de Santo Domingo, á hacer relacion de todo lo acaecido á la Real -audiencia que en ella residia; y á los frailes jerónimos que estaban -por gobernadores de todas las islas, que tuviesen por bueno lo que -habiamos hecho en las conquistas y el desbarate de Narvaez, y cómo -habia hecho esclavos en los pueblos que habian<span class="pagenum" -id="Page_174">p. 174</span> muerto españoles y se habian quitado de -la obediencia que habian dado á nuestro Rey y señor, y que así se -entendia hacer en todos los más pueblos que fueron de la liga y nombre -de mejicanos; y que suplicaba que hiciese relacion dello en Castilla á -nuestro gran Emperador, y tuviesen en la memoria los grandes servicios -que siempre le haciamos, y que por su intercesion y de la Real -audiencia fuésemos favorecidos con justicia contra la mala voluntad y -obras que contra nosotros trataba el Obispo de Búrgos y Arzobispo de -Rosano; y tambien envió otro navío á la isla de Jamáica por caballos -é yeguas, y el capitan que con él fué se decia Fulano de Solís, que -despues de ganado Méjico le llamamos Solís de la huerta, yerno de uno -que se decia el bachiller Ortega.</p> - -<p>Bien sé que dirán algunos curiosos letores que sin dineros cómo -enviaba al Diego de Ordás á negocios á Castilla, pues está claro que -para Castilla y para otras partes son menester dineros; y que asimismo -envió á Alonso de Ávila y á Francisco Álvarez Chico á Santo Domingo á -negocios, y á la isla de Jamáica por caballos é yeguas.</p> - -<p>Á esto digo que, como al salir de Méjico salimos huyendo la noche -por mí muchas veces referida, que, como quedaban en la sala muchas -barras de oro perdido en un monton, que todos los más soldados -apañaban dello; en especial los de á caballo, y los de Narvaez mucho -mejor, y los oficiales de su majestad que lo tenian en poder<span -class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> y cargo llevaron los fardos -hechos.</p> - -<p>Y demás de esto, cuando se cargaron de oro más de ochenta indios -tlascaltecas por mandado de Cortés, y fueron los primeros que salieron -en las puentes, vista cosa era que salvarian muchas cargas dello, que -no se perderia todo en la calzada; y como nosotros los pobres soldados -que no teniamos mando, sino ser mandados, en aquella sazon procurábamos -de salvar nuestras vidas, y despues de curar nuestras heridas, á -esta causa no mirábamos en el oro, si salieron muchas cargas dello -en las puentes ó no, ni se nos daba por mucho por ello; y Cortés con -algunos de nuestros capitanes lo procuraron de haber de algunos de los -tlascaltecas que lo sacaron, y tuvimos sospecha que los cuarenta mil -pesos de las partes de los de la Villa-Rica, que tambien lo hubo y echó -fama que lo habian robado, y con ello envió á Castilla á los negocios -de su persona y á comprar caballos, y á la isla de Santo Domingo á la -audiencia Real; porque en aquel tiempo todos se callaban con las barras -de oro que tenian, aunque más pregones habian dado.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos como ya estaban de paz todos los pueblos -comarcanos de Tepeaca, acordó Cortés que quedase en la villa de -Segura de la Frontera por capitan un Francisco de Orozco con obra -de veinte soldados que estaban heridos y dolientes; y con todos los -más de nuestro ejército fuimos á Tlascala, y se dió órden que se -cortase madera para hacer trece bergantines<span class="pagenum" -id="Page_176">p. 176</span> para ir otra vez sobre Méjico; porque -hallábamos por muy cierto que para la laguna sin bergantines no la -podiamos señorear ni podiamos dar guerra, ni entrar otra vez por las -calzadas en aquella gran ciudad sino con gran riesgo de nuestras vidas; -y el que fué maestro de cortar la madera y dar el galibo y cuenta y -razon cómo habian de ser veleros y ligeros para aquel efeto, y los -hizo, fué un Martin Lopez, que ciertamente, demás de ser un buen -soldado, en todas las guerras sirvió muy bien á su majestad.</p> - -<p>En esto de los bergantines trabajó en ellos como fuerte varon, y me -parece que si por dicha no viniera en nuestra compañía de los primeros, -como vino, que hasta enviar por otro maestro á Castilla se pasara mucho -tiempo, ó no viniera ninguno.</p> - -<p>Volveré á nuestra materia, é digamos ahora que cuando llegamos á -Tlascala ya era fallecido de viruelas nuestro gran amigo y muy leal -vasallo de su majestad Masse-Escaci, de la cual muerte nos pesó á -todos; y Cortés lo sintió tanto, como él decia, como si fuera su -padre, y se puso luto de mantas negras, y asimismo muchos de nuestros -capitanes y soldados; y á sus hijos y parientes del Masse-Escaci Cortés -y todos nosotros les haciamos mucha honra; y porque en Tlascala habia -diferencias sobre el mando y cacicazgo, señaló y mandó que lo fuese -un su hijo legítimo del Masse-Escaci, porque así se lo habia mandado -su padre ántes que muriese;<span class="pagenum" id="Page_177">p. -177</span> y aun dijo á sus hijos y parientes que mirasen que no -saliesen del mandado de Malinche y de sus hermanos, porque ciertamente -éramos los que habiamos de señorear esas tierras, y les dió otros -muchos buenos consejos.</p> - -<p>Dejemos ya de contar del Masse-Escaci, pues ya es muerto, y digamos -de Xicotenga el viejo y de Chichimecatecle y de todos los demás -caciques de Tlascala, que se ofrecieron de servir á Cortés, así en -cortar la madera para los bergantines como para todo lo demás que les -quisiesen mandar en la guerra contra mejicanos, é Cortés los abrazó con -mucho amor y les dió gracias por ello, especialmente á Xicotenga el -viejo y á Chichimecatecle: y luego procuró que se volviese cristiano, -y el buen viejo de Xicotenga de buena voluntad dijo que lo queria ser, -y con la mayor fiesta que en aquella sazon se pudo hacer, en Tlascala -le bautizó el padre de la Merced, y le puso nombre don Lorenzo de -Vargas.</p> - -<p>Volvamos á decir de nuestros bergantines, que el Martin Lopez se dió -tanta priesa en cortar la madera, con la gran ayuda de los indios que -le ayudaban, que en pocos dias la tenia ya cortada toda, y señalada -su cuenta en cada madero para qué parte y lugar habia de ser, segun -tienen sus señales los oficiales, maestros y carpinteros de ribera; y -tambien le ayudaba otro buen soldado que se decia Andrés Nuñez, é un -viejo carpintero que estaba cojo de una herida, que se decia Ramirez -el viejo; y luego despachó el Cortés á la Villa<span class="pagenum" -id="Page_178">p. 178</span>-Rica por mucho hierro y clavazon de los -navíos que dimos al través, y por áncoras y velas é jarcias y cables -y estopa, y por todo aparejo de hacer navíos, y mandó venir todos los -herreros que habia, y á un Hernando de Aguilar, que era medio herrero, -que ayudaba á machacar; y porque en aquel tiempo habia en nuestro real -tres hombres que se decian Aguilar, llamamos á este Hernando de Aguilar -Maja-hierro; y envió por capitan á la Villa-Rica, por los aparejos que -he dicho, para mandallo traer, á un Santa Cruz, burgalés, regidor que -despues fué de Méjico, persona muy buen soldado y diligente; y hasta -las calderas para hacer brea, y todo cuanto de ántes habian sacado -de los navíos, trujo con más de mil indios, que todos los pueblos de -aquellas provincias, enemigos de mejicanos, luego se los daban para -traer las cargas.</p> - -<p>Pues como no teniamos pez para brear, ni aun los indios lo sabian -hacer, mandó Cortés á cuatro hombres de la mar, que sabian de aquel -oficio, que en unos pinares cerca de Guaxocingo, que los hay buenos, -fuesen á hacer la pez.</p> - -<p>Pasemos adelante, puesto que no va muy á propósito de la materia en -que estaba hablando, que me han preguntado ciertos caballeros curiosos, -que conocian muy bien á Alonso de Ávila, que cómo, siendo capitan y muy -esforzado, y era contador de la Nueva-España, y siendo belicoso y de su -inclinacion más para guerra que no ir á solicitar negocios con<span -class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> los frailes jerónimos -que estaban por gobernadores de todas las islas, ¿por qué causa le -envió Cortés, teniendo otros hombres que estaban más acostumbrados á -negocios, como era un Alonso de Grado ó un Juan de Cáceres el rico, y -otros que me nombraron? Á esto digo que Cortés le envió al Alonso de -Ávila porque sintió dél ser muy varon, y porque osaria responder por -nosotros conforme á justicia; y tambien le envió por causa que, como -el Alonso de Ávila habia tenido diferencias con otros capitanes, y -tenia gran atrevimiento de decir á Cortés cualquiera cosa que veia que -convenia decille, y por escusar ruidos y por dar la capitanía que tenia -á Andrés de Tapia, y la contaduría á Alonso de Grado, como luego se la -dió, por estas razones le envió.</p> - -<p>Volvamos á nuestra relacion: pues viendo Cortés que ya era cortada -la madera para los bergantines, y se habian ido á Cuba las personas -por mí nombradas, que eran los de Narvaez, que los teniamos por sobre -huesos, especialmente poniendo temores que siempre nos ponian, que no -seriamos bastantes para resistir el gran poder de mejicanos, cuando -oian que deciamos que habiamos de ir á poner cerco sobre Méjico; y -libres de aquellos temores, acordó Cortés que fuésemos con todos -nuestros soldados á Tezcuco, é sobre ello hubo grandes y muchos -acuerdos; porque unos soldados decian que era mejor sitio y acequias -y zanjas para hacer los bergantines, en Ayocingo, junto á Chalco, -que<span class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span> no en la zanja -y estero de Tezcuco; y otros porfiaban que mejor seria en Tezcuco, -por estar en parte y sitio y cerca de muchos pueblos; y que teniendo -aquella ciudad por nosotros, desde allí hariamos entradas en las -tierras comarcanas de Méjico; y puestos en aquella ciudad, tomariamos -el mejor parecer como sucediesen las cosas.</p> - -<p>Pues ya que estaba acordado lo por mí dicho, viene nueva y cartas, -que trujeron tres soldados, de cómo habia venido á la Villa-Rica un -navío de Castilla y de las islas de Canaria, de buen porte, cargado -de muchas ballestas y tres caballos, é muchas mercaderías, escopetas, -pólvora é hilo de ballestas, y otras armas; y venia por señor de la -mercadería y navío un Juan de Búrgos, y por maestre un Francisco Medel, -y venian trece soldados; y con aquella nueva nos alegramos en gran -manera, y si de ántes que supiésemos del navío nos dábamos priesa en -la partida para Tezcuco, mucho más nos dimos entónces, porque luego -le envió Cortés á comprar todas las armas y pólvora y todo lo más que -traia, y aun el mismo Juan de Búrgos y el Medel y todos los pasajeros -que traia se vinieron luego para donde estábamos; con los cuales -recibimos contento, viendo tan buen socorro y en tal tiempo.</p> - -<p>Acuérdome que entónces vino un Juan del Espinar, vecino que fué de -Guatimala, persona que fué muy rico; y tambien vino un Sagredo, tio de -una mujer que se decia la Sagreda, que estaba en Cuba, naturales de -la<span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span> villa de Medellin; -tambien vino un vizcaino que se decia Monjaraz, tio que decia ser de -Andrés de Monjaraz y Gregorio de Monjaraz, soldados que estaban con -nosotros, y padre de una mujer que despues vino á Méjico, que se decia -la Monjaraza, muy hermosa mujer.</p> - -<p>He traido aquí esto á la memoria por lo que adelante diré, y es -que jamás fué el Monjaraz á guerra ninguna ni entrada con nosotros, -porque andaba doliente en aquel tiempo; é ya que estaba muy bueno y -sano é presumia de muy valiente soldado, cuando teniamos puesto cerco -á Méjico dijo el Monjaraz que queria ir á ver cómo batallábamos con -los mejicanos; porque no tenia á los mejicanos ni á otros indios -por valientes; y fué, y se subió en un alto cu, como torrecilla, y -nunca supimos, cómo ni de qué manera le mataron indios en aquel mismo -dia, y muchas personas dijeron, que le habian conocido en la isla de -Santo Domingo, que fué permision divina que muriese aquella muerte, -porque habia muerto á su mujer, muy honrada y buena y hermosa, sin -culpa ninguna, y que buscó testigos falsos que juraron que le hacia -maleficio.</p> - -<p>Quiero dejar ya de contar cosas pasadas, y digamos cómo fuimos á la -ciudad de Tezcuco, y lo que más pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_137"> - <p><span class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXVII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CAMINAMOS CON TODO NUESTRO EJÉRCITO CAMINO DE - LA CIUDAD DE TEZCUCO, Y LO QUE EN EL CAMINO NOS AVINO, Y OTRAS COSAS - QUE PASARON.</p> -</div> - -<p>Como Cortés vió tan buena prevencion, así de escopetas y pólvora -y ballestas y caballos, y conoció de todos nosotros, así capitanes -como soldados, el gran deseo que teniamos de estar ya sobre la gran -ciudad de Méjico, acordó de hablar á los caciques de Tlascala para que -le diesen diez mil indios de guerra que fuesen con nosotros aquella -jornada hasta Tezcuco, que es una de las mayores ciudades que hay en -toda la Nueva-España, despues de Méjico; y como se lo demandó y les -hizo un buen parlamento sobre ello, luego Xicotenga el viejo, que en -aquella sazon se habia vuelto cristiano y se llamó don Lorenzo de -Vargas, como dicho tengo, dijo que le placia de buena voluntad, no -solamente diez mil hombres, sino muchos más si los querian llevar, -y que iria por capitan dellos otro cacique muy esforzado é nuestro -gran amigo que se decia Chichimeclatecle, y Cortés le dió las gracias -por ello; y despues de hecho nuestro alarde, que ya no me acuerdo -bien qué tanta copia éramos, así de soldados como de los de<span -class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span>más, un dia despues de la -Pascua de Navidad del año de 1520 años comenzamos á caminar con mucho -concierto, como lo teniamos de costumbre.</p> - -<p>Fuimos á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, y los del mismo -pueblo nos dieron lo que habiamos menester de allí adelante; era -tierra de mejicanos, é íbamos más recatados, nuestra artillería puesta -en mucho concierto, y ballesteros y escopeteros, y siempre cuatro -corredores del campo á caballo, y otros cuatro soldados de espada y -rodela muy sueltos, juntamente con los de á caballo para ver los pasos -si estaban para pasar caballos, porque en el camino tuvimos aviso que -estaba embarazado de aquel dia un mal paso, y la sierra con árboles -cortados, porque bien tuvieron noticia en Méjico y en Tezcuco cómo -caminábamos hácia su ciudad, y aquel dia no hallamos estorbo ninguno, y -fuimos á dormir al pié de la sierra, que serian tres leguas, y aquella -noche tuvimos buen frio, y con nuestras rondas y espías y velas y -corredores del campo la pasamos; y cuando amaneció comenzamos á subir -un puertezuelo y unos malos pasos como barrancas, y estaba cortada la -sierra, por donde no podiamos pasar, y puesta mucha madera y pinos en -el camino; y como llevábamos tantos amigos tlascaltecas, de presto -se desembarazó, y con mucho concierto caminamos con una capitanía -de escopetas y ballestas delante, y con nuestros amigos cortando y -apartando árboles para poder pasar los caba<span class="pagenum" -id="Page_184">p. 184</span>llos, hasta que subimos la sierra, y aun -bajamos un poco abajo adonde se descubria la laguna de Méjico y sus -grandes ciudades pobladas en el agua; y cuando la vimos dimos muchas -gracias á Dios, que nos la tornó á dejar ver.</p> - -<p>Entónces nos acordamos de nuestro desbarate pasado, de cuando nos -echaron de Méjico, y prometimos, si Dios fuese servido de darnos mejor -suceso en esta guerra, de ser otros hombres en el trato y modo de -cercarla; y luego bajamos la sierra, donde vimos grandes ahumadas que -hacian, así los de Tezcuco como los de los pueblos sujetos; é andando -más adelante, topamos con un buen escuadron de gente, guerreros de -Méjico y de Tezcuco, que nos aguardaban á un mal paso, que era un -arcabuezo donde estaba una puente como quebrada, de madera, algo honda, -y corria un buen golpe de agua; mas luego desbaratamos los escuadrones -y pasamos muy á nuestro salvo.</p> - -<p>Pues oir la grita que nos daban desde las estancias y barrancas, -no hacian otra cosa, y era en parte que no podian correr caballos, y -nuestros amigos los tlascaltecas les apañaban gallinas, y lo que podian -roballes no les dejaban, puesto que Cortés les mandaban que si no -diesen guerra, que no se la diesen; y los tlascaltecas decian que si -estuvieran de buenos corazones y de paz, que no salieran al camino á -darnos guerra, como estaban al paso de las barrancas y puente para no -nos dejar pasar.</p> - -<p>Volvamos á nuestra materia, y digamos cómo fuimos á dor<span -class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>mir á un pueblo sujeto de -Tezcuco, y estaba despoblado, y puestas nuestras velas y rondas y -escuchas y corredores del campo, y estuvimos aquella noche con cuidado -no diesen en nosotros muchos escuadrones de mejicanos guerreros que -estaban aguardándonos en unos malos pasos; de lo cual tuvimos aviso -porque se prendieron cinco mejicanos en la puente primera que dicho -tengo, y aquellos dijeron lo que pasaba de los escuadrones, y segun -despues supimos, no se atrevieron á darnos guerra ni á más aguardar; -porque, segun pareció, entre los mejicanos y los de Tezcuco tuvieron -diferencias y bandos; y tambien, como aun no estaban muy sanos de -las viruelas, que fué dolencia que en toda la tierra dió y cundió, y -como habian sabido cómo en lo de Guacachula é Ozucar, y en Tepeaca -y Xalacingo y Castiblanco todas las guarniciones mejicanas habiamos -desbaratado, y asimismo corria fama, y así lo creian, que iban con -nosotros en nuestra compañía todo el poder de Tlascala y Guaxocingo, -acordaron de no nos aguardar; y todo esto Nuestro Señor Jesucristo -lo encaminaba.</p> - -<p>Y desque amaneció, puestos todos nosotros en gran concierto, así -artillería como escopetas y ballestas, y los corredores del campo -adelante descubriendo tierra, comenzamos á caminar hácia Tezcuco, que -seria de allí de donde dormimos obra de dos leguas; é aun no habiamos -andado media legua cuando vimos volver nuestros corredores del campo -muy alegres y dijeron<span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> -á Cortés que venian hasta diez indios, y que traian unas señas y -veletas de oro, y que no traian armas ningunas, y que en todas las -caserías y estancias por donde pasaban no les daban grita ni voces -como habian dado el dia ántes; ántes, al parecer, todo estaba de paz; -y Cortés y todos nuestros capitanes y soldados nos alegramos, y luego -mandó Cortés reparar, hasta que llegaron siete indios principales, -naturales de Tezcuco, y traian una bandera de oro en una lanza larga, y -ántes que llegasen abajaron su bandera y se humillaron, que es señal de -paz; y cuando llegaron ante Cortés, estando doña Marina é Jerónimo de -Aguilar, nuestras lenguas, delante, dijeron:</p> - -<p>—«Malinche, Cocoivacin, nuestro señor y señor de Tezcuco, te envia á -rogar que le quieras recebir á tu amistad, y te está esperando de paz -en su ciudad de Tezcuco, y en señal dello recibe esta bandera de oro; -y que te pide por merced que mandes á todos los tlascaltecas é á tus -hermanos que no les hagan mal en su tierra, y que te vayas á aposentar -en su ciudad, y él te dará lo que hubieres menester.»</p> - -<p>Y más dijeron, que los escuadrones que allí estaban en las barrancas -y pasos malos, que no eran de Tezcuco, sino mejicanos, que los enviaba -Guatemuz.</p> - -<p>Y cuando Cortés oyó aquellas paces holgó mucho dellas, y asimismo -todos nosotros, é abrazó á los mensajeros, en especial á tres dellos, -que eran parientes del buen Montezuma, y los conociamos todos los<span -class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> más soldados, que habian -sido sus capitanes, y considerada la embajada, luego mandó Cortés -llamar los capitanes tlascaltecas, y les mandó muy afectuosamente que -no hiciesen mal ninguno ni los tomasen cosa ninguna en toda la tierra, -porque estaban de paz; y así lo hacian como se lo mandó; mas comida -no se les defendia si era solamente maíz é frísoles, y aun gallinas y -perrillos, que habia muchos en todas las casas, llenas dello.</p> - -<p>Y entónces Cortés tomó consejo con nuestros capitanes, y á todos les -pareció que aquel pedir de paz y de aquella manera que eran fingido; -porque si fueran verdaderas no vinieran tan arrebatadamente, y aun -trujeran bastimento; y con todo esto, recebió Cortés la bandera, que -valía hasta ochenta pesos, y dió muchas gracias á los mensajeros, y -les dijo que no tenian por costumbre de hacer mal ni daño á ningunos -vasallos de su majestad; ántes les favorecia y miraba por ellos, y -que si guardaban las paces que decian, que les favoreceria contra -los mejicanos, y que ya habia mandado á los tlascaltecas que no -hiciesen daño en su tierra, como habian visto, y que así lo cumplirian -adelante, y que bien sabia que en aquella ciudad mataron sobre cuarenta -españoles nuestros hermanos cuando salimos de Méjico, y sobre ducientos -tlascaltecas, y que robaron muchas cargas de oro y otros despojos -que dellos hubieron; que ruega á su señor Cocoivacin é á todos los -más caciques y capitanes de<span class="pagenum" id="Page_188">p. -188</span> Tezcuco que le dén el oro y ropa, y que la muerte de los -españoles, que pues ya no tenia remedio, que no les pediria.</p> - -<p>Y respondieron aquellos mensajeros que ellos lo dirian á su señor -así como se lo mandaba; mas que el que los mandó matar fué el que en -aquel tiempo alzaron en Méjico por señor despues de muerto Montezuma, -que se decia Coadlauaca, é hubo todo el despojo, y le llevaron á Méjico -todos los más teules, y que luego los sacrificaron á su Huichilóbos; y -como Cortés vió aquella respuesta, por no los resabiar ni atemorizar, -no les replicó en ello sino que fuesen con Dios, y quedó uno dellos -en nuestra compañía, y luego nos fuimos á unos arrabales de Tezcuco, -que se decian Guautinchan ó Huachutan, que ya se me olvidó el nombre, -y allí nos dieron bien de comer y todo lo que hubimos menester, -y aun derribamos unos ídolos que estaban en unos aposentos donde -posábamos.</p> - -<p>Y otro dia de mañana fuimos á la ciudad de Tezcuco, y en todas -las calles ni casas no veiamos mujeres ni muchachos ni niños, sino -todos los indios como asombrados y como gente que estaba de guerra; -y fuímonos á aposentar á unos aposentos y salas grandes, y luego -mandó Cortés llamar á nuestros capitanes y todos los más soldados, -y nos dijo que no saliésemos de unos patios grandes que allí habia, -y que estuviésemos muy apercebidos, porque no le parecia que estaba -aquella ciudad pacífica, hasta ver cómo y de qué manera estaba, y -mandó al Pedro<span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span> de -Albarado y á Cristóbal de Olí é á otros soldados, y á mí con ellos, que -subiésemos al gran cu, que era bien alto, y llevásemos hasta veinte -escopeteros para nuestra guarda, y que mirásemos desde el alto cu la -laguna y la ciudad, porque bien se parecia toda; y vimos que todos los -moradores de aquellas poblaciones se iban con sus haciendas y hatos é -hijos y mujeres, unos á los montes y otros á las carrizales que hay -en la laguna, que toda iba cuajada de canoas, dellas grandes y otras -chicas; y como Cortés lo supo, quiso prender al señor de Tezcuco que -envió la bandera de oro, y cuando le fueron á llamar ciertos papas que -envió Cortés por mensajeros, ya estaba puesto en cobro, que él fué -el primero que se fué huyendo á Méjico, y fueron con él otros muchos -principales.</p> - -<p>Y así se pasó aquella noche, que tuvimos grande recaudo de velas y -rondas y espías, y otro dia muy de mañana mandó llamar Cortés á todos -los más principales indios que habia en Tezcuco; porque, como es gran -ciudad, habia otros muchos señores, partes contrarias del cacique que -se fué huyendo, con quien tenian debates y diferencias sobre el mando -y reino de aquella ciudad; y venidos ante Cortés, informado dellos -cómo y de qué manera y desde qué tiempo acá señoreaba el Cocoivacin, -dijeron que por codicia de reinar habia muerto malamente á su hermano -mayor, que se decia Cuxcuxca, con favor que para ello le dió el señor -de Méjico, que ya he dicho que se decia Coad<span class="pagenum" -id="Page_190">p. 190</span>lauaca, el cual fué el que nos dió la guerra -cuando salimos huyendo despues de muerto Montezuma; é que allí habia -otros señores á quien venia el reino de Tezcuco más justamente que -no al que lo tenia, que era un mancebo que luego en aquella sazon se -volvió cristiano con mucha solenidad, y le bautizó el fraile de la -Merced, y se llamó don Hernando Cortés, porque fué su padrino nuestro -capitan.</p> - -<p>É aqueste mancebo dijeron que era hijo legítimo del señor y Rey de -Tezcuco, que se decia su padre Nezabal Pintzintli; y luego sin más -dilaciones, con grandes fiestas y regocijos de todo Tezcuco, le alzaron -por Rey y señor natural, con todas las ceremonias que á los tales Reyes -solian hacer, é con mucha paz y en amor de todos sus vasallos y otros -pueblos comarcanos, é mandaba muy absolutamente y era obedecido; y -para mejor le industriar en las cosas de nuestra santa fe y ponelle en -toda policía, y para que deprendiese nuestra lengua, mandó Cortés que -tuviese por ayos á Antonio de Villareal, marido que fué de una señora -hermosa que se dijo Isabel de Ojeda; é á un bachiller que se decia -Escobar puso por capitan de Tezcuco, para que viese y defendiese que -no contratase con el don Fernando ningun mejicano; y á un buen soldado -que se decia Pedro Sanchez Farfan, marido que fué de la buena y honrada -mujer María de Estrada.</p> - -<p>Dejemos de contar su gran servicio de aqueste cacique, y digamos -cuán<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> amado y -obedecido fué de los suyos, y digamos cómo Cortés le demandó que diese -mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más las -acequias y zanjas por donde habiamos de sacar los bergantines á la -laguna de que estuviesen acabados y puestos á punto para ir á la vela, -y se le dió á entender al mismo don Hernando y á otros sus principales -á qué fin y efeto se habian de hacer, y cómo y de qué manera habiamos -de poner cerco á Méjico, y para todo ello se ofreció con todo su poder -y vasallos, que no solamente aquello que le mandaba, sino que enviaria -mensajeros á otros pueblos comarcanos para que se diesen por vasallos -de su Majestad y tomasen nuestra amistad y voz contra Méjico.</p> - -<p>Y todo esto concertado, despues de nos haber aposentado muy bien, y -cada capitanía por sí, y señalados los puestos y lugares donde habiamos -de acudir si hubiese rebato de mejicanos, porque estábamos á guarda -la raya de su laguna, porque de cuando en cuando enviaba Guatemuz -grandes piraguas y canoas con muchos guerreros, y venian á ver si nos -tomaban descuidados; y en aquella sazon vinieron de paz ciertos pueblos -sujetos á Tezcuco, á demandar perdon y paz si en algo habian errado -en las guerras pasadas, y habian sido en la muerte de los españoles, -los cuales se decian Guatinchan; y Cortés les habló á todos muy -amorosamente y les perdonó.</p> - -<p>Quiero decir que no habia dia ninguno que dejasen de andar en la -obra y zanja y<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span> -acequia de siete á ocho mil indios, y la abrian y ensanchaban muy bien, -que podian nadar por ella navíos de gran porte.</p> - -<p>Y en aquella sazon, como teniamos en nuestra compañía sobre siete -mil tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar honra y de guerrear -contra mejicanos, acordó Cortés, pues que tan fieles compañeros -teniamos, que fuésemos á entrar y dar una vista á un pueblo que se -dice Iztapalapa, el cual pueblo fué por donde habiamos pasado cuando -la primera vez venimos para Méjico, y el señor dél fué el que alzaron -por Rey en Méjico despues de la muerte del gran Montezuma, que ya he -dicho otras veces que se decia Coadlauaca; y de aqueste pueblo, segun -supimos, recebiamos mucho daño, porque eran muy contrarios contra -Chalco y Talmalanco y Mecameca y Chimaloacan, que querian venir á tener -nuestra amistad, y ellos lo estorbaban; y como habia ya doce dias que -estábamos en Tezcuco sin hacer cosa que de contar sea, fuimos á aquella -entrada de Iztapalapa.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_138"> - <p><span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXVIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO FUIMOS Á IZTAPALAPA CON CORTÉS, Y LLEVÓ EN SU - COMPAÑÍA Á CRISTÓBAL DE OLÍ Y Á PEDRO DE ALBARADO, Y QUEDÓ GONZALO DE - SANDOVAL POR GUARDA DE TEZCUCO, Y LO QUE NOS ACAECIÓ EN LA TOMA DE - AQUEL PUEBLO.</p> -</div> - -<p>Pues como habia doce dias que estábamos en Tezcuco, y teniamos los -tlascaltecas, por mí ya otra vez nombrados, que estaban con nosotros, y -porque tuviesen qué comer, porque para tantos como eran no se lo podian -dar abastadamente los de Tezcuco, y porque no recibiesen pesadumbre -dello; y tambien porque estaban deseosos de guerrear con mejicanos, y -se vengar por los muchos tlascaltecas que en las derrotas pasadas les -habian muerto y sacrificado, acordó Cortés que él por capitan general, -y con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y con trece de á caballo, y -veinte ballesteros, y seis escopeteros, y ducientos y veinte soldados, -y con nuestros amigos de Tlascala y con otros veinte principales de -Tezcuco que nos dió don Hernando, cacique mayor de Tezcuco, y estos -sabiamos que eran sus primos y parientes del mismo cacique y enemigos -de Guatemuz, que ya le habian alzado por Rey en Méjico; fuésemos<span -class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> camino de Iztapalapa, que -estará de Tezcuco obra de cuatro leguas.</p> - -<p>Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello trata, que estaban -más de la mitad de las casas edificadas en el agua y la mitad en tierra -firme; é yendo nuestro camino con mucho concierto, como lo teniamos de -costumbre, como los mejicanos siempre tenian velas, y guarniciones, y -guerreros contra nosotros, que sabian que íbamos á dar guerra á algunos -de sus pueblos para luego les socorrer, así lo hicieron saber á los -de Iztapalapa para que se apercibiesen, y les enviaron sobre ocho mil -mejicanos de socorro.</p> - -<p>Por manera que en tierra firme aguardaron como buenos guerreros, así -los mejicanos que fueron en su ayuda como los pueblos de Iztapalapa, -y pelearon un buen rato muy valerosamente con nosotros; mas los de á -caballo rompieron por ellos, y con las ballestas y escopetas y todos -nuestros amigos los tlascaltecas, que se metian en ellos como perros -rabiosos, de presto dejaron el campo y se metieron en su pueblo; y esto -fué sobre cosa pensada y con un ardid que entre ellos tenian acordado, -que fuera harto dañoso para nosotros si de presto no saliéramos de -aquel pueblo; y fué desta manera, que hicieron que huyeron, y se -metieron en canoas en el agua y en las casas que estaban en el agua, -y dellos en unos carrizales, y como ya era noche escura, nos dejan -aposentar en tierra firme sin hacer ruido ni muestra de guerra; y -con el despojo que habia<span class="pagenum" id="Page_195">p. -195</span>mos habido é la vitoria estábamos contentos; y estando de -aquella manera, puesto que teniamos velas, espías y rondas, y aun -corredores del campo en tierra firme, cuando no nos catamos vino tanta -agua por todo el pueblo, que si los principales que llevábamos de -Tezcuco no dieran voces y nos avisaran que saliésemos presto de las -casas, todos quedáramos ahogados; porque soltaron dos acequias de agua -y abrieron una calzada, con que de presto se hinchó todo de agua, y -los tlascaltecas nuestros amigos, como no son acostumbrados á rios -caudalosos ni sabian nadar, quedaron muertos dos dellos; y nosotros, -con gran riesgo de nuestras personas, todos bien mojados, y la pólvora -perdida, salimos sin hato; y como estábamos de aquella manera y con -mucho frio, y aun sin cenar, pasamos mala noche; y lo peor de todo era -la burla y grita que nos daban los de Iztapalapa y los mejicanos desde -sus casas y canoas.</p> - -<p>Pues otra cosa peor nos avino, que como en Méjico sabian el -concierto que tenian hecho de nos anegar con haber rompido la calzada y -acequias, estaban esperando en tierra y en la laguna muchos batallones -de guerreros, y cuando amaneció nos dan tanta guerra, que harto -teniamos que nos sustentar contra ellos, no nos desbaratasen, é mataron -dos soldados y un caballo, é hirieron otros muchos, así de nuestros -soldados como tlascaltecas, y poco á poco aflojaron en la guerra, -y nos volvimos á Tezcuco, medio afrentados<span class="pagenum" -id="Page_196">p. 196</span> de la burla y ardid de echarnos el agua, -y tambien como no ganamos mucha reputacion en la batalla postrera que -nos dieron, porque no habia pólvora; mas todavía quedaron temerosos, -y tuvieron bien en que entender en enterrar ó quemar muertos y curar -heridos y en reparar sus casas.</p> - -<p>Donde lo dejaré, y diré cómo vinieron de paz á Tezcuco otros -pueblos, y lo que más se hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_139"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXIX.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO VINIERON TRES PUEBLOS COMARCANOS Á TEZCUCO - Á DEMANDAR PACES Y PERDON DE LAS GUERRAS PASADAS Y MUERTES DE - ESPAÑOLES, Y LOS DESCARGOS QUE DABAN SOBRE ELLO, Y CÓMO FUÉ GONZALO - DE SANDOVAL Á CHALCO Y TAMALANCO EN SU SOCORRO CONTRA MEJICANOS Y LO - QUE MÁS PASÓ.</p> -</div> - -<p>Habiendo dos dias que estábamos en Tezcuco de vuelta de la entrada -de Iztapalapa, vinieron á Cortés tres pueblos de paz á demandar perdon -de las guerras pasadas y de muertes de españoles que mataron, y los -descargos que daban era que el señor de Méjico que alzaron despues -de la muerte del gran Montezuma, el cual se decia Coadlauaca, que -por su mandado salieron á dar<span class="pagenum" id="Page_197">p. -197</span> guerra con los demás sus vasallos; y que si algunos teules -mataron y prendieron y robaron, que el mismo señor les mandó que así lo -hiciesen; y los teules, que se los llevaron á Méjico para sacrificar, -tambien le llevaron el oro y caballos y ropa; y que ahora, que piden -perdon por ello, y que por esta causa que no tienen culpa ninguna -por ser mandados y apremiados por fuerza para que lo hiciesen; y los -pueblos que digo que en aquella sazon vinieron se decian Tepetezcuco y -Obtumba: el nombre del otro pueblo no me acuerdo; mas sé decir que en -este de Obtumba fué la nombrada batalla que nos dieron cuando salimos -huyendo de Méjico, adonde estuvieron juntos los mayores escuadrones -de guerreros que ha habido en toda la Nueva-España contra nosotros, -adonde creyeron que no escapáramos con las vidas, segun más largo -lo tengo escrito en los capítulos pasados que dello hablan; y como -aquellos pueblos se hallaban culpados y habian visto que habiamos ido -á lo de Iztapalapa, y no les fué muy bien con nuestra ida, y aunque -nos quisieron anegar con el agua y esperaron dos batallas campales -con muchos escuadrones mejicanos; en fin, por no se hallar en otras -como las pasadas, vinieron á demandar paces ántes que fuésemos á sus -pueblos á castigarlos; y Cortés viendo que no estaba en tiempo de hacer -otra cosa, les perdonó, puesto que les dió grandes reprensiones sobre -ello, y se obligaron con pa<span class="pagenum" id="Page_198">p. -198</span>labras de muchos ofrecimientos de siempre ser contra -mejicanos y de ser vasallos de su majestad y de nos servir; y así lo -hicieron.</p> - -<p>Dejemos de hablar destos pueblos, y digamos cómo vinieron luego -en aquella sazon á demandar paces y nuestra amistad los de un pueblo -que está en la laguna, que se dice Mezquique, que por otra parte le -llamábamos Venenzuela; y estos, segun pareció, jamás estuvieron bien -con mejicanos, y los querian mal de corazon; y Cortés y todos nosotros -tuvimos en mucho la venida deste pueblo, por estar dentro en la laguna, -por tenellos por amigos, y con ellos creiamos que habian de convocar -á sus comarcanos que tambien estaban poblados en la laguna, y Cortés -se lo agradeció mucho, y con ofrecimientos y palabras blandas los -despidió.</p> - -<p>Pues estando que estábamos desta manera, vinieron á decir á Cortés -cómo venian grandes escuadrones de mejicanos sobre los cuatro pueblos -que primero habian venido á nuestra amistad, que se decian Gautinchan -y Huaxutlan; de los otros dos pueblos no se me acuerda el nombre; y -dijeron á Cortés que no osarian esperar en sus casas, é que se querian -ir á los montes, ó venirse á Tezcuco, adonde estábamos; y tantas cosas -le dijeron á Cortés para que les fuese á socorrer, que luego apercebió -veinte de á caballo y ducientos soldados y trece ballesteros y diez -escopeteros, y llevó en su compañía á Pedro de Albarado y á Cristóbal -de Olí, que era maese de campo, y fuimos á los<span class="pagenum" -id="Page_199">p. 199</span> pueblos que vinieron á Cortés á dar tantas -quejas como dicho tengo, que estarian de Tezcuco obra de dos leguas; -y segun pareció, era verdad que los mejicanos los enviaban á amenazar -que les habian de destruir y dalles guerra porque habian tomado nuestra -amistad; mas sobre lo que más los amenazaban y tenian contiendas, -era por unas grandes labores de tierras de maizales que estaban ya -para coger, cerca de la laguna, donde los de Tezcuco y aquellos -pueblos bastecian nuestro real; y los mejicanos por tomalles el maíz, -porque decian que era suyo, y aquella vega de los maizales tenian por -costumbre aquellos cuatro pueblos de los sembrar y beneficiar para los -papas de los ídolos mejicanos; y sobre esto destos maizales se habian -muerto los unos á los otros muchos indios; y como aquello entendió -Cortés, despues de les decir que no hubiesen miedo y que se estuviesen -en sus casas, les mandó que cuando hubiesen de ir á coger el maíz, así -para su mantenimiento como para abastecer nuestro real, que enviaria -para ello un capitan con muchos de á caballo y soldados para en guarda -de los que fuesen á traer el maíz; y con aquello que Cortés les dijo -quedaron muy contentos, y nos volvimos á Tezcuco.</p> - -<p>Y dende en adelante, cuando habia necesidad en nuestro real de -maíz, apercebiamos á los tamemes de todos aquellos pueblos, é con -nuestros amigos los de Tlascala y con diez de á caballo y cien -soldados, con algunos ballesteros y escopeteros,<span class="pagenum" -id="Page_200">p. 200</span> íbamos por el maíz; y esto digo porque -yo fuí dos veces por ello, y la una tuvimos una buena escaramuza con -grandes escuadrones de mejicanos que habian venido en más de mil canoas -aguardándonos en los maizales, y como llevábamos amigos, puesto que -los mejicanos pelearon muy como varones, los hicimos embarcar en sus -canoas, y allí mataron uno de nuestros soldados é hirieron doce; y -asimismo hirieron muchos tlascaltecas, y ellos no se fueron alabando, -que allí quedaron tendidos quince ó veinte, y otros cinco que llevamos -presos.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo otro dia tuvimos nueva como -querian venir de paz los de Chalco y Talmalanco y sus sujetos, y por -causa de las guarniciones mejicanas que estaban en sus pueblos, no -les daban lugar á ello, y les hacian mucho daño en su tierra, y les -tomaban las mujeres, y más si eran hermosas, y delante de sus padres ó -madres ó maridos tenian acceso con ellas; y asimismo, como estaba en -Tlascala cortada la madera y puesta á punto para hacer los bergantines, -y se pasaba el tiempo sin la traer á Tezcuco, sentiamos mucha pena -dello todos los más soldados; y demás desto, vienen del pueblo de -Venenzuela, que se decia Mezquique, y de otros pueblos nuestros amigos -á decir á Cortés que los mejicanos les daban guerra porque han tomado -nuestra amistad; y tambien nuestros amigos los tlascaltecas, como -tenian ya junta cierta ropilla y sal, y otras cosas de despojos é<span -class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span> oro, y querian algunos -dellos volverse á su tierra, no osaban, por no tener camino seguro.</p> - -<p>Pues viendo Cortés que para socorrer á unos pueblos de los que le -demandaban socorro, é ir á ayudar á los de Chalco para que viniesen á -nuestra amistad, no podia dar recaudo á unos ni á otros, porque allí -en Tezcuco habia menester estar siempre la barba sobre el hombro y -muy alerta, lo que acordó fué, que todo se dejase atrás, y la primera -cosa que se hiciese fuese ir á Chalco y Talmalanco, y para ello envió -á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de Lugo, con quince de á caballo y -ducientos soldados, y con escopeteros y ballesteros y nuestros amigos -los de Tlascala, é que procurase de romper y deshacer en todas maneras -á las guarniciones mejicanas, y que se fuesen de Chalco y Talmalanco, -porque estuviese el camino de Tlascala muy desembarazado y pudiesen -ir y venir á la Villa-Rica sin tener contradiccion de los guerreros -mejicanos.</p> - -<p>Y luego como esto fué concertado, muy secretamente con indios -de Tezcuco se lo hizo saber á los de Chalco para que estuviesen -muy apercebidos, para dar de dia y de noche en las guarniciones de -mejicanos; y los de Chalco, que no esperaban otra cosa, se apercibieron -muy bien; y como el Gonzalo de Sandoval iba con su ejército, parecióle -que era bien dejar en la retaguarda cinco de á caballo y otros tantos -ballesteros, con todos los más tlascaltecas que iban cargados de -los despojos que habian habi<span class="pagenum" id="Page_202">p. -202</span>do; y como los mejicanos siempre tenian puestas velas y -espías, y sabian cómo los nuestros iban camino de Chalco, tenian -aparejados nuevamente, sin los que estaban en Chalco en guarnicion, -muchos escuadrones de guerreros que dieron en la rezaga, donde iban -los tlascaltecas con su hato, y los trataron mal, que no los pudieron -resistir los cinco de á caballos y ballesteros, porque los dos -ballesteros quedaron muertos y los demás heridos.</p> - -<p>De manera que, aunque el Gonzalo de Sandoval muy presto volvió sobre -ellos y los desbarató, y mató siete mejicanos, como estaba la laguna -cerca, se le acogieron á las canoas en que habian venido, porque todas -aquellas tierras están muy pobladas de los sujetos de Méjico; y cuando -los hubo puesto en huida, é vió que los cinco de á caballo que habia -dejado con los ballesteros y escopeteros en la retaguardia, eran dos -de los ballesteros muertos, y estaban los demás heridos, ellos y sus -caballos; y aun con haber visto todo esto, no dejó de decilles á los -demás que dejó en su defensa que habian sido para poco en no haber -podido resistir á los enemigos y defender sus personas y de nuestros -amigos, y estaba muy enojado dellos, porque eran de los nuevamente -venidos de Castilla, y les dijo que bien le parecia que no sabian qué -cosa era guerra; y luego puso en salvo todos los indios de Tlascala -con su ropa, y tambien despachó unas cartas que envió Cortés á la -Villa-Rica, en que en ellas en<span class="pagenum" id="Page_203">p. -203</span>vió á decir al capitan que en ella quedó todo lo acaecido -acerca de nuestras conquistas y el pensamiento que tenia de poner cerco -á Méjico, y que siempre estuviesen con mucho cuidado velándose; y que -si habia algunos soldados que estuviesen en disposicion para tomar -armas, que se los enviase á Tlascala, y que de allí no pasasen hasta -estar los caminos más seguros, porque corrian riesgo.</p> - -<p>Y despachados los mensajeros, y los tlascaltecas puestos en su -tierra, volvió Sandoval para Chalco, que era muy cerca de allí, y con -gran concierto sus corredores del campo adelante; porque bien entendió -que en todos aquellos pueblos y caserías por donde iba, que habia de -tener rebato de mejicanos; é yendo por su camino, cerca de Chalco vió -venir muchos escuadrones mejicanos contra él, y en un campo llano, -puesto que habia grandes labranzas de maizales y magueis, que es de -donde sacan el vino que ellos beben, le dieron una buena refriega de -vara y flecha, y piedras con hondas, y con lanzas largas para matar á -los caballos.</p> - -<p>De manera que Sandoval cuando vido tanto guerrero contra sí, -esforzando á los suyos, rompió por ellos dos veces, y con las escopetas -y ballestas y con pocos amigos que le habian quedado los desbarató; y -puesto que le hirieron cinco soldados y seis caballos y muchos amigos, -mas tal priesa les dió, y con tanta furia, que le pagaron muy bien el -mal que primero le habian hecho; y como lo supieron los de Chalco, -que<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span> estaban cerca, le -salieron á recebir al Sandoval al camino, y le hicieron mucha honra y -fiesta; y en aquella derrota se prendieron ocho mejicanos, y los tres -personas muy principales.</p> - -<p>Pues hecho esto, otro dia dijo el Sandoval que se queria volver á -Tezcuco, y los de Chalco le dijeron que querian ir con él para ver y -hablar á Malinche, y llevar consigo dos hijos del señor de aquella -provincia, que habia pocos dias que era fallecido de viruelas, y que -ántes que muriese, que habia encomendado á todos sus principales y -viejos que llevasen sus hijos para verse con el capitan, y que por su -mano fuesen señores de Chalco; y que todos procurasen de ser sujetos al -gran Rey de los teules, porque ciertamente sus antepasados les habian -dicho que habian de señorear aquellas tierras hombres que vernian con -barbas de hácia donde sale el sol, y que por las cosas que han visto -éramos nosotros; y luego se fué el Sandoval con todo su ejército -á Tezcuco, y llevó en su compañía los hijos del señor y los demás -principales y los ocho prisioneros mejicanos, y cuando Cortés supo su -venida se alegró en gran manera; y despues de haber dado cuenta el -Sandoval de su viaje y cómo venian aquellos señores de Chalco, se fué -á su aposento; y los caciques se fueron luego ante Cortés, y despues -de le haber hecho grande acato, le dijeron la voluntad que traian de -ser vasallos de su majestad y segun y de la manera que el padre de -aquellos dos mancebos se lo ha<span class="pagenum" id="Page_205">p. -205</span>bia mandado, y para que por su mano les hiciese señores; y -cuando hubieron dicho su razonamiento, le presentaron en joyas ricas -obra de ducientos pesos de oro.</p> - -<p>Y como el capitan Cortés lo hubo muy bien entendido por nuestras -lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, les mostró mucho amor y les -abrazó, y dió por su mano el señorio de Chalco al hermano mayor, con -más de la mitad de los pueblos sus sujetos; y todo lo de Talmalanco -y Chimaloacan dió al hermano menor, con Ayocingo y otros pueblos -sujetos.</p> - -<p>Y despues de haber pasado otras muchas razones de Cortés á los -principales viejos y con los caciques nuevamente elegidos, le dijeron -que se querian volver á su tierra, y que en todo servirian á su -majestad, y á nosotros en su Real nombre, contra mejicanos, é que -con aquella voluntad habian estado siempre, é que por causa de las -guarniciones mejicanas que habian estado en su provincia no han venido -ántes de ahora á dar la obediencia; y tambien dieron nuevas á Cortés -que dos españoles que habia enviado á aquella provincia por maíz ántes -que nos echasen de Méjico, que porque los culchúas no los matasen, que -los pusieron en salvo una noche en Guaxocingo nuestros amigos, y que -allí salvaron las vidas, lo cual ya lo sabiamos dias habia, porque -el uno dellos era el que se fué á Tlascala, y Cortés se lo agradeció -mucho, é les rogó que esperasen allí dos dias, porque habia de enviar -un capitan por<span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span> la -madera y tablazon á Tlascala, y los llevaria en su compañía y les -pornia en su tierra, porque los mejicanos no les saliesen al camino; y -ellos fueron muy contentos y se lo agradecieron mucho.</p> - -<p>Y dejemos de hablar en esto, y diré cómo Cortés acordó de enviar -á Méjico aquellos ocho prisioneros que prendió Sandoval en aquella -derrota de Chalco, á decir al señor que entónces habian alzado por -Rey, que se decia Guatemuz, que deseaba mucho que no fuesen causa de -su perdicion ni de aquella tan gran ciudad, y que viniesen de paz, -y que les perdonaria la muerte y daños que en ella nos hicieron, y -que no se les demandaria cosa ninguna; y que las guerras, que á los -principios son buenas de comenzar, y que al cabo se destruirian; y que -bien sabiamos de las albarradas é pertrechos, almacenes de varas, y -flecha, y lanzas, y macanas é piedras rollizas, y todos los géneros de -guerra que á la continua están haciendo y aparejando, que para qué es -gastar el tiempo en balde en hacello, y que para qué quiere que mueran -todos los suyos y la ciudad se destruya; y que mire el gran poder de -nuestro Señor Dios, que es en el que creemos y adoramos, que él siempre -nos ayuda; é que tambien mire que todos los pueblos sus comarcanos -tenemos de nuestro bando, pues los tlascaltecas no desean sino la misma -guerra por vengarse de las traiciones y muertes de sus naturales que -les han hecho, y<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span> que -dejen las armas y vengan de paz, y les prometió de hacer siempre mucha -honra.</p> - -<p>Y les dijo doña Marina é Aguilar otras muchas buenas razones y -consejos sobre el caso; y fueron ante el Guatemuz aquellos ocho indios -nuestros mensajeros; mas no quiso hacer cuenta dellos el Guatemuz -ni enviar respuesta ninguna, sino hacer albarradas y pertrechos, y -enviar por todas sus provincias á mandar que si algunos de nosotros -tomasen desmandados que se los trujesen á Méjico para sacrificar, y que -cuando los enviasen á llamar, que luego viniesen con sus armas; y les -envió á quitar y perdonar muchos tributos, y aun á prometer grandes -promesas.</p> - -<p>Dejemos de hablar en los aderezos de guerra que en Méjico se hacian, -y digamos cómo volvieron otra vez muchos indios de los pueblos de -Guatinchan ó Guaxutlan descalabrados de los mejicanos porque habian -tomado nuestra amistad y por la contienda de los maizales que solian -sembrar para los papas mejicanos en el tiempo que les servian, como -otras veces he dicho en el capítulo que dello habla; y como estaban -cerca de la laguna de Méjico, cada semana les venian á dar guerra, y -aun llevaron ciertos indios presos á Méjico; y como aquello vió Cortés, -acordó de ir otra vez por su persona y con cien soldados y veinte de -á caballo y doce escopeteros y ballesteros; y tuvo buenas espías para -cuando sintiesen venir los escuadrones mejicanos, que se lo viniesen á -de<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>cir; y como estaba -de Tezcuco aún no dos leguas, un miércoles por la mañana amaneció -adonde estaban los escuadrones mejicanos, y pelearon ellos de manera -que presto los rompió, y se metieron en la laguna en sus canoas, y allí -se mataron cuatro mejicanos y se prendieron otros tres, y se volvió -Cortés con su gente á Tezcuco; y dende en adelante no vinieron más los -culchúas sobre aquellos pueblos.</p> - -<p>Y dejemos esto, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á -Tlascala por la madera y tablazon de los bergantines, y lo que más en -el camino hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_140"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXL.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á TLASCALA POR LA - MADERA DE LOS BERGANTINES, Y LO QUE MÁS EN EL CAMINO HIZO EN UN - PUEBLO QUE LE PUSIMOS POR NOMBRE EL PUEBLO-MORISCO.</p> -</div> - -<p>Como siempre estábamos con grande deseo de tener ya los bergantines -acabados y vernos ya en el cerco de Méjico, y no pender ningun tiempo -en balde, mandó nuestro capitan Cortés que luego fuese Gonzalo de -Sandoval por la madera, y que llevase consigo ducientos soldados -y<span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> veinte escopeteros -y ballesteros y quince de á caballo, y buena copia de tlascaltecas y -veinte principales de Tezcuco, y llevase en su compañía á los mancebos -de Chalco y á los viejos, y los pusiesen en salvo en sus pueblos; é -ántes que partiesen hizo amistades entre los tlascaltecas y los de -Chalco; porque, como los de Chalco solian ser del bando y confederados -de los mejicanos, y cuando iban á la guerra los mejicanos sobre -Tlascala llevaban en su compañía á los de la provincia de Chalco para -que les ayudasen, por estar en aquella comarca, desde entónces se -tenian mala voluntad y se trataban como enemigos; mas como he dicho, -Cortés los hizo amigos allí en Tezcuco, de manera que siempre entre -ellos hubo gran amistad, y se favorecieron de allí adelante los unos de -los otros.</p> - -<p>Y tambien mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que cuando tuviesen -puestos en su tierra los de Chalco, que fuesen á un pueblo que allí -cerca estaba en el camino, que en nuestra lengua le pusimos por nombre -el Pueblo-Morisco, que era sujeto á Tezcuco; porque en aquel pueblo -habian muerto cuarenta y tantos soldados de los de Narvaez y aun de -los nuestros y muchos tlascaltecas, y robado tres cargas de oro cuando -nos echaron de Méjico; y los soldados que mataron eran que venian de -la Veracruz á Méjico cuando íbamos en el socorro de Pedro de Albarado; -y Cortés le encargó al Sandoval que no dejase aquel pueblo sin buen -castigo, puesto<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span> -que más merecian los de Tezcuco, porque ellos fueron los agresores y -capitanes de aquel daño, como en aquel tiempo eran muy hermanos en -armas con la gran ciudad de Méjico, y porque en aquella sazon no se -podia hacer otra cosa, se dejó de castigar en Tezcuco.</p> - -<p>Y volvamos á nuestra plática, y es que Gonzalo de Sandoval hizo lo -que el capitan le mandó, así en ir á la provincia de Chalco, que poco -se rodeaba, y dejar allí á los dos mancebos señores della, y fué al -Pueblo-Morisco, y ántes que llegasen los nuestros ya sabian por sus -espías cómo iban sobre ellos, y desamparan el pueblo y se van huyendo -á los montes, y el Sandoval los siguió, y mató tres ó cuatro porque -hubo mancilla dellos; mas hubiéronse mujeres y mozas, é prendió cuatro -principales, y el Sandoval los halagó á los cuatro que prendió, y les -dijo que cómo habian muerto tantos españoles.</p> - -<p>Y dijeron que los de Tezcuco y de Méjico los mataron en una celada -que les pusieron en una cuesta por donde no podian pasar sino uno á -uno, porque era muy angosto el camino; y que allí cargaron sobre ellos -gran copia de mejicanos y de Tezcuco, y que entónces los prendieron -y mataron, y que los de Tezcuco los llevaron á su ciudad, y los -repartieron con los mejicanos; y esto que les fué mandado, y que no -pudieron hacer otra cosa; y que aquello que hicieron, que fué en -venganza del señor de Tezcuco, que se decia Cacamatzin, que Cortés tuvo -preso y se habia muerto en las<span class="pagenum" id="Page_211">p. -211</span> puentes.</p> - -<p>Hallóse allí en aquel pueblo mucha sangre de los españoles que -mataron, por las paredes, que habian rociado con ella á sus ídolos; -y tambien se halló dos caras que habian desollado, y adobado los -cueros como pellejos de guantes, y las tenian con sus barbas puestas -y ofrecidas en unos de sus altares; y asimismo se halló cuatro cueros -de caballos curtidos, muy bien aderezados, que tenian sus pelos y con -sus herraduras, colgados y ofrecidos á sus ídolos en el su cu mayor; y -halláronse muchos vestidos de los españoles que habian muerto, colgados -y ofrecidos á los mismos ídolos; y tambien se halló en un mármol de una -casa, adonde los tuvieron presos, escrito con carbones: «Aquí estuvo -preso el sin ventura de Juan Yuste, con otros muchos que traia en mi -compañía.»</p> - -<p>Este Juan Yuste era un hidalgo de los de á caballo que allí mataron, -y de las personas de calidad que Narvaez habia traido; de todo lo cual -el Sandoval y todos sus soldados hubieron mancilla y les pesó; mas ¿qué -remedio habia ya que hacer sino usar de piedad con los de aquel pueblo, -pues se fueron huyendo y no aguardaron, y llevaron sus mujeres é hijos, -y algunas mujeres que se prendian lloraban por sus maridos y padres? -Y viendo esto el Sandoval, á cuatro principales que prendió y á todas -las mujeres las soltó, y envió á llamar á los del pueblo, los cuales -vinieron y le demandaron perdon, y dieron la obediencia á su ma<span -class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span>jestad y prometieron de ser -siempre contra mejicanos y servirnos muy bien; y preguntados por el oro -que robaron á los tlascaltecas cuando por allí pasaron, dijeron que -otros habian tomado las cargas dello, y que los mejicanos y los señores -de Tezcuco se lo llevaron, porque dijeron que aquel oro habia sido de -Montezuma, y que lo habia tomado de sus templos y se lo dió á Malinche, -que lo tenia preso.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo fué Sandoval camino de -Tlascala, y junto á la cabecera del pueblo mayor, donde residian los -caciques, topó con toda la madera y tablazon de los bergantines, que -la traian á cuestas sobre ocho mil indios, y venian otros tantos á -la retaguarda dellos con sus armas y penachos, y otros dos mil para -remudar las cargas que traian el bastimento; y venian por capitanes de -todos los tlascaltecas Chichimecatecle, que ya he dicho otras veces en -los capítulos pasados que dello hablan, que era indio muy principal -y esforzado; y tambien venian otros dos principales, que se decian -Teulepile y Teutical, y otros caciques y principales, y á todos los -traia á cargo Martin Lopez, que era el maestro que cortó la madera y -dió la cuenta para las tablazones, y venian otros españoles que no -me acuerdo sus nombres; y cuando Sandoval los vió venir de aquella -manera hubo mucho placer por ver que le habian quitado aquel cuidado, -porque creyó que estuviera en Tlascala algunos dias detenido, esperando -á<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> salir con toda la -madera y tablazon; y así como venian, con el mismo concierto fueron dos -dias caminando, hasta que entraron en tierra de mejicanos, y les daban -gritos desde las estancias y barrancas, y en partes que no les podian -hacer mal ninguno los nuestros con caballos ni escopetas.</p> - -<p>Entónces dijo el Martin Lopez, que lo traia todo á cargo, que -seria bien que fuesen con otro recaudo que hasta entónces venian, -porque los tlascaltecas le habian dicho que temian aquellos caminos no -saliesen de repente los grandes poderes de Méjico y les desbaratasen, -como iban cargados y embarazados con la madera y bastimentos; y luego -mandó Sandoval repartir los de á caballo y ballesteros y escopeteros, -que fuesen unos en la delantera y los demás en los lados; y mandó á -Chichimecatecle, que iba por capitan delante de todos los tlascaltecas, -que se quedase detrás para ir en la retaguarda juntamente con el -Gonzalo de Sandoval; de lo cual se afrentó aquel cacique, creyendo que -no le tenian por esforzado; y tantas cosas le dijeron sobre aquel caso, -que lo hubo por bueno viendo que el Sandoval quedaba juntamente con él, -y le dieron á entender que siempre los mejicanos daban en el fardaje, -que quedaba atrás; y como lo hubo bien entendido, abrazó al Sandoval y -dijo que le hacian honra en aquello.</p> - -<p>Dejemos de hablar en esto, y digamos que en otros dos dias de camino -llegaron á Tez<span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>cuco, -y ántes que entrasen en aquella ciudad se pusieron muy buenas mantas y -penachos, y con atambores y cornetas, puestos en ordenanza, caminaron, -y no quebraron el hilo en más de medio dia que iban entrando y dando -voces y silbos y diciendo:</p> - -<p>—«Viva, viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, y -Tlascala, Tlascala.»</p> - -<p>Y llegaron á Tezcuco y Cortés y ciertos capitanes les salieron á -recebir, con grandes ofrecimientos que Cortés hizo á Chichimecatecle y -á todos los capitanes que traia; é las piezas de maderos y tablazones -y todo lo demás perteneciente á los bergantines se puso cerca de las -zanjas y esteros donde se habian de labrar; y desde allí adelante tanta -priesa se daban en hacer trece bergantines el Martin Lopez, que fué -el maestro de los hacer, con otros españoles que le ayudaban, que se -decian Andrés Nuñez y un viejo que se decia Ramirez, que estaba cojo de -una herida, y un Diego Hernandez, aserrador, y ciertos carpinteros, y -dos herreros con sus fraguas, y un Hernando de Aguilar, que les ayudaba -á machacar; todos se dieron gran priesa hasta que los bergantines -estuvieron armados y no faltó sino calafeteallos y ponellos los -mástiles y jarcias y velas.</p> - -<p>Pues ya hecho esto, quiero decir el gran recaudo que teniamos en -nuestro real de espías y escuchas y guarda para los bergantines, porque -estaban junto á la laguna, y los mejicanos procuraron tres veces de les -poner fuego, y aun prendimos<span class="pagenum" id="Page_215">p. -215</span> quince indios de los que lo venian á poner, de quien se supo -muy largamente todo lo que en Méjico hacian y concertaba Guatemuz; -y era, que por via ninguna habian de hacer paces, sino morir todos -peleando ó quitarnos á todos las vidas.</p> - -<p>Quiero tornar á decir los llamamientos y mensajeros en todos -los pueblos sujetos á Méjico, y cómo les perdonaba el tributo y el -trabajar, que de dia y de noche trabajaban de hacer casas y ahondar -los pasos de las puentes y hacer albarradas muy fuertes, y poner á -punto sus varas y tiraderas, y hacer unas lanzas muy largas para matar -los caballos, engastadas en ellas de las espadas que nos tomaron la -noche del desbarate, y poner á punto sus hondas con piedras rollizas, -y espadas de á dos manos, y otras mayores que espadas, como macanas, y -todo género de guerra.</p> - -<p>Dejemos esta materia, y volvamos á decir de nuestra zanja y acequia, -por donde habian de salir los bergantines á la gran laguna, que estaba -ya muy ancha y honda, que podian nadar por ella navíos de razonable -porte; porque, como otras veces he dicho, siempre andaban en la obra -ocho mil indios trabajadores.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo nuestro Cortés fué á una entrada de -Saltocan.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_141"> - <p><span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA AL - PUEBLO DE SALTOCAN, QUE ESTÁ DE LA CIUDAD DE MÉJICO OBRA DE SEIS - LEGUAS, PUESTO Y POBLADO EN LA LAGUNA, Y DENDE ALLÍ Á OTROS PUEBLOS, - Y LO QUE EN EL CAMINO PASÓ DIRÉ ADELANTE.</p> -</div> - -<p>Cómo habian venido allí á Tezcuco sobre quince mil tlascaltecas con -la madera de los bergantines, y habia cinco dias que estaban en aquella -ciudad sin hacer cosa que de contar sea, y no tenian mantenimientos, -ántes les faltaban; y como el capitan de los tlascaltecas era muy -esforzado y orgulloso, que ya he dicho otras veces que se decia -Chichimecatecle, dijo á Cortés que queria ir á hacer algun servicio á -nuestro gran Emperador y batallar contra mejicanos, ansí por mostrar -sus fuerzas y buena voluntad para con nosotros, como para vengarse de -las muertes y robos que habian hecho á sus hermanos y vasallos, ansí en -Méjico como en sus tierras; y que le pedia por merced que ordenase y -mandase á qué parte podrian ir que fuesen nuestros enemigos.</p> - -<p>Y Cortés les dijo que les tenia en mucho su buen deseo, y que otro -dia queria ir á un pueblo que se dice Saltocan, que está de aquella -ciudad cinco leguas, mas que<span class="pagenum" id="Page_217">p. -217</span> están fundadas las casas en el agua de la laguna, é que -habia entrada para él por tierra; el cual pueblo habia enviado á llamar -de paz dias habia tres veces, y no quiso venir, y que les tornó á -enviar mensajeros nuevamente con los de Tepetezcuco y de Obtumba, que -eran sus vecinos, y que en lugar de venir de paz, no quisieron, ántes -trataron mal á los mensajeros y descalabraron dello, y la respuesta que -dieron fué, que si allá íbamos, que no tenian ménos fuerza y fortaleza; -que fuesen cuando quisiesen, que en el campo les hallariamos; é que -habian tenido aquella respuesta de sus ídolos que allí nos matarian, y -que les aconsejaron los ídolos que esta respuesta diesen.</p> - -<p>Y á esta causa Cortés se apercebió para ir él en persona á aquella -entrada, y mandó á ducientos y cincuenta soldados que fuesen en su -compañía, y treinta de á caballo, y llevó consigo á Pedro de Albarado -y á Cristóbal de Olí y muchos ballesteros y escopeteros, y á todos -los tlascaltecas, y una capitanía de hombres de guerra de Tezcuco, y -los más dellos principales; y dejó en guarda de Tezcuco, á Gonzalo de -Sandoval, para que mirase mucho por los bergantines y real, no diesen -una noche en él; porque ya he dicho que siempre habiamos de estar la -barba sobre el hombro, lo uno por estar tan á la raya de Méjico, y lo -otro por estar en tan gran ciudad como era Tezcuco, y todos los vecinos -de aquella ciudad eran parientes y amigos de mejicanos; y mandó al -San<span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span>doval y á Martin -Lopez, maestro de hacer los bergantines, que dentro de quince dias los -tuviesen muy á punto para echar al agua y navegar en ellos, y se partió -de Tezcuco para hacer aquella entrada.</p> - -<p>Despues de haber oido Misa salió con su ejército, é yendo su camino, -no muy léjos de Saltocan encontró con unos grandes escuadrones de -mejicanos, que le estaban aguardando en parte que creyeron aprovecharse -de nuestros españoles y matar los caballos; mas Cortés marchó con los -de á caballo, y él juntamente con ellos; y despues de haber disparado -las escopetas y ballestas, rompieron por ellos y mataron algunos de los -mejicanos, porque luego se acogieron á los montes y á partes que los de -á caballo no los pudieron seguir; mas nuestros amigos los tlascaltecas -prendieron y mataron obra de treinta.</p> - -<p>Y aquella noche fué Cortés á dormir á unas caserías, y estuvo muy -sobre aviso con sus corredores de campo y velas y rondas y espías, -porque estaba entre grandes poblaciones; y supo que Guatemuz, señor de -Méjico, habia enviado muchos escuadrones de gente de guerra á Saltocan -para les ayudar, los cuales fueron en canoas por unos hondos esteros; -y otro dia de mañana junto al pueblo comenzaron los mejicanos y los de -Saltocan á pelear con los nuestros, y tirábanles mucha vara y flecha, y -piedra con hondas desde las acequias donde estaban, é hirieron á diez -de nuestros soldados y muchos de los amigos tlas<span class="pagenum" -id="Page_219">p. 219</span>caltecas, y ningun mal les podian hacer los -de á caballo, porque no podian correr ni pasar los esteros, que estaban -todos llenos de agua, y el camino y calzada que solian tener, por donde -entraban por tierra en el pueblo, de pocos dias le habian deshecho y -le abrieron á mano, y la ahondaron de manera que estaba hecho acequia -y lleno de agua, y por esta causa los nuestros no podian en ninguna -manera entralles en el pueblo ni hacer daño ninguno; y puesto que -los escopeteros y ballesteros tiraban á los que andaban en canoas, -traíanlas tan bien armadas de talabardones de madera, é demás de los -talabardones, guardábanse bien.</p> - -<p>Y nuestros soldados, viendo que no aprovechaba cosa ninguna y no -podian atinar el camino y calzada que de ántes tenian en el pueblo, -porque todo lo hallaban lleno de agua, renegaban del pueblo y aun de -la venida sin provecho, y aun medio corridos de cómo los mejicanos y -los del pueblo les daban grande grita y les llamaban de mujeres, é que -Malinche era otra mujer, y que no era esforzado sino para engañarlos -con palabras y mentiras; y en este instante dos indios de los que allí -venian con los nuestros, que eran de Tepetezcuco, que estaban muy mal -con los de Saltocan, dijeron á un nuestro soldado, que habia tres dias -que vinieron, cómo abrian la calzada y la lavaron y la hicieron zanja, -y echaron de otra acequia el agua por ella, y que no muy léjos adelante -está por abrir é iba camino al pueblo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>Y cuando nuestros -soldados lo hubieron entendido, y por donde los indios les señalaron, -se ponen en gran concierto los ballesteros y escopeteros, unos armando -y otros soltando, y esto poco á poco, y no todos á la par, y el agua -á vuelapié, y á otras partes á más de la cinta, pasan todos nuestros -soldados, y muchos amigos siguiéndolos, y Cortés con los de á caballo -aguardándolos en tierra firme, haciéndoles espaldas, porque temió no -viniesen otra vez los escuadrones de Méjico y diesen en la rezaga; -y cuando pasaban las acequias los nuestros, como dicho tengo, los -contrarios daban en ellos como á terrero, y hirieron muchos; mas, -como iban deseosos de llegar á la calzada que estaba por abrir, -todavía pasan adelante, hasta que dieron en ella por tierra sin agua, -y vanse al pueblo.</p> - -<p>Y en fin de más razones, tal mano les dieron, que les mataron muchos -mejicanos, y lo pagaron muy bien, é la burla que dellos hacian; donde -hubieron mucha ropa de algodon y oro y otros despojos; y como estaban -poblados en la laguna, de presto se meten los mejicanos y los naturales -del pueblo en sus canoas con todo el hato que pudieron llevar, y se -van á Méjico; y los nuestros, de que los vieron despoblados, quemaron -algunas casas, y no osaron dormir en él por estar en el agua, y se -vinieron donde estaba el capitan Cortés aguardándolos; y allí en aquel -pueblo se hubieron muy buenas indias, y los tlascaltecas salieron ricos -con mantas, sal y oro<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span> -y otros despojos, y luego se fueron á dormir á unas caserías que serian -una legua de Saltocan, y allí se curaron, y un soldado murió dende á -pocos dias de un flechazo que le dieron por la garganta; y luego se -pusieron velas y corredores del campo, y hubo buen recaudo, porque -todas aquellas tierras estaban muy pobladas de culchúas.</p> - -<p>Y otro dia fueron camino de un gran pueblo que se dice Coluatilan, -é yendo por el camino, los de aquellas poblaciones y otros muchos -mejicanos que con ellos se juntaban, les daban muy grande grita y -voces, diciéndoles vituperios, y era en parte que no podian correr -los caballos ni se les podia hacer ningun daño, porque estaban entre -acequias; y desta manera llegaron á aquella poblacion, y estaba -despoblado de aquel mismo dia y alzado el hato, y en aquella noche -durmieron allí con grandes velas y rondas; y otro dia fueron camino de -un gran pueblo que se dice Tenayuca, y este pueblo soliamos llamar la -primera vez que entramos en Méjico el pueblo de las Sierpes, porque en -el adoratorio mayor que tenian hallamos dos grandes bultos de sierpes -de malas figuras, que eran sus ídolos en quien adoraban.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos del camino, y es que este pueblo hallaron -despoblado como el pasado, que todos los indios naturales dellos se -habian juntado en otro pueblo que estaba más adelante; y desde allí fué -á otro pueblo que se dice Escapuzalco, que seria del uno al otro una -legua, y<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> asimismo -estaba despoblado.</p> - -<p>Este Escapuzalco era donde labraban el oro é plata al gran -Montezuma, y soliamos llamar el pueblo de los Plateros; y desde aquel -pueblo fué á otro, que ya he dicho que se dice Tacuba, que es obra -de media legua el uno del otro. En este pueblo fué donde reparamos -la triste noche cuando salimos de Méjico desbaratados, y en él nos -mataron ciertos soldados, segun dicho tengo en el capítulo pasado -que dello habla.</p> - -<p>Y tornemos á nuestra plática: que ántes que nuestro ejército llegase -al pueblo, estaban en campo aguardando á Cortés muchos escuadrones de -todos aquellos pueblos por donde habia pasado, y los de Tacuba y de -mejicanos, porque Méjico está muy cerca dél, y todos juntos comenzaron -á dar en los nuestros, de manera que tuvo harto nuestro capitan de -romper en ellos con los de á caballo; y andaban tan juntos los unos -con los otros, que nuestros soldados á buenas cuchilladas los hicieron -retraer; y como era noche, durmieron en el pueblo con buenas velas -y escuchas, y otro dia de mañana, si muchos mejicanos habian estado -juntos, muchos más se juntaron aquel dia, y con gran concierto venian á -darnos guerra, de tal manera que herian algunos soldados; mas todavía -los nuestros los hicieron retraer en sus casas y fortaleza, de manera -que tuvieron tiempo de les entrar en Tacuba y quemalles muchas casas -y metelles á sacomano.</p> - -<p>Y como aquello supieron en Méjico, ordenaron de salir muchos<span -class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span> más escuadrones de su -ciudad á pelear con Cortés, y concertaron que cuando peleasen con -él, que hiciesen que volvian huyendo hácia Méjico, y que poco á -poco metiesen á nuestro ejército en su calzada, y que cuando los -tuviesen dentro, haciendo como que se retraian de miedo; é ansí como -lo concertaron lo hicieron, y Cortés, creyendo que llevaba vitoria, -los mandó seguir hasta una puente; y cuando los mejicanos sintieron -que tenian ya metido á Cortés en el garlito pasada la puente, vuelve -sobre él tanta multitud de indios, que unos por tierra, otros con -canoas y otros en las azuteas, le dan tal mano, que le ponen en tan -gran aprieto, que estuvo la cosa de arte, que creyó ser perdido é -desbaratado; porque á una puente donde habia llegado cargaron tan de -golpe sobre él, que ni poco ni mucho se podia valer; é un alférez que -llevaba una bandera, por sostener el gran ímpetu de los contrarios le -hirieron muy malamente y cayó con su bandera desde la puente abajo en -el agua, y estuvo en ventura de no se ahogar, y aun le tenian ya asido -los mejicanos para le meter en unas canoas, y él fué tan esforzado, que -se escapó con su bandera; y en aquella refriega mataron cinco soldados, -é hirieron muchos de los nuestros.</p> - -<p>Y Cortés, viendo el gran atrevimiento y mala consideracion que -habia hecho en haber entrado en la calzada de la manera que he dicho, -y sintió cómo los mejicanos le habian cebado,<span class="pagenum" -id="Page_224">p. 224</span> luego mandó que todos se retrajesen; y -con el mejor concierto que pudo, y no vueltas las espaldas, sino los -rostros á los contrarios, pié contra pié, como quien hace represas, y -los ballesteros y escopeteros unos armando y otros tirando, y los de á -caballo haciendo algunas arremetidas, mas eran muy pocas, porque luego -les herian los caballos; y desta manera se escapó Cortés aquella vez -del poder de Méjico, y cuando se vió en tierra firme dió muchas gracias -á Dios.</p> - -<p>Allí en aquella calzada y puente fué donde un Pedro de Ircio, muchas -veces por mí nombrado, dijo al alférez que cayó con la bandera en la -laguna, que se decia Juan Volante, por le afrentar (que no estaba bien -con él por amores de una mujer) ciertas palabras pesadas, y no tuvo -razon de decir aquellas palabras porque el alférez era un hidalgo y -hombre muy esforzado, y como tal se mostró aquella vez y otras muchas; -y al Pedro de Ircio no le fué muy bien de su mala voluntad que tenia -contra Juan Volante, el tiempo andando.</p> - -<p>Dejemos á Pedro de Ircio, y digamos que en cinco dias que allí en lo -de Tacuba estuvo Cortés tuvo batalla y reencuentros con los mejicanos y -sus aliados; y desde allí dió la vuelta para Tezcuco, y por el camino -que habia venido se volvió, y le daban grita los mejicanos, creyendo -que volvia huyendo, y aun sospecharon lo cierto, que con gran temor -volvió; y les esperaban en partes que querian ganar honra con él y -matalle los<span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span> caballos, -y le echaban celadas; y como aquello vió, les echó una en que les -mató é hirió muchos de los contrarios, é á Cortés entónces le mataron -dos caballos é un soldado, y con esto no le siguieron más, é á buenas -jornadas llegó á un pueblo sujeto á Tezcuco, que se dice Aculman, que -estará de Tezcuco dos leguas y media.</p> - -<p>Y como lo supimos cómo habia allí llegado, salimos con Gonzalo de -Sandoval á le ver y recebir, acompañados de muchos caballos y soldados -y de los caciques de Tezcuco, especial de D. Hernando, principal de -aquella ciudad; y en las vistas nos alegramos mucho, porque habia más -de quince dias que no habiamos sabido de Cortés ni de cosa que le -hubiese acaecido; y despues de le haber dado el bien venido y haberle -hablado algunas cosas que convenian sobre lo militar, nos volvimos -á Tezcuco aquella tarde, porque no osábamos dejar el real sin buen -recado; y nuestro Cortés se quedó en aquel pueblo hasta otro dia, que -llegó á Tezcuco; y los tlascaltecas, como ya estaban ricos y venian -cargados de despojos, demandaron licencia para irse á su tierra, y -Cortés se la dió; y fueron por parte que los mejicanos no tuvieron -espías sobre ellos, y salvaron sus haciendas.</p> - -<p>Y á cabo de cuatro dias que nuestro capitan reposaba y estaba dando -priesa en hacer los bergantines, vinieron unos pueblos de la costa del -Norte á demandar paces y darse por vasallos de su majestad, los cuales -pueblos se llaman Tucapan y<span class="pagenum" id="Page_226">p. -226</span> Mascalcingo é Naultran, y otros pueblezuelos de aquellas -comarcas, y trajeron un presente de oro y ropa de algodon; y cuando -llegaron delante de Cortés, con gran acato, despues de haber dado su -presente, dijeron que le pedian por merced que les admitiese á su -amistad, y que querian ser vasallos del Rey de Castilla, y dijeron que -cuando los mejicanos mataron sus teules en lo de Almería, y era capitan -dellos Quete Alpopoca, que ya habiamos quemado por justicia, que todos -aquellos pueblos que allí venian fueron en ayudar á los teules; y -despues que Cortés les hubo oido, puesto que entendia que habian sido -con los mejicanos en la muerte de Juan de Escalante y los seis soldados -que le mataron en lo de Almería, segun he dicho en el capítulo que -dello habla, les mostró mucha voluntad y recibió el presente, y por -vasallos del Emperador nuestro señor, y no les demandó cuenta sobre lo -acaecido ni se lo trajo á la memoria, porque no estaba en tiempo de -hacer otra cosa; y con buenas palabras y ofrecimientos los despachó.</p> - -<p>Y en este instante vinieron á Cortés otros pueblos de los que se -habian dado por nuestros amigos á demandar favor contra mejicanos, y -decian que les fuésemos á ayudar, porque venian contra ellos grandes -escuadrones, y les habian entrado en su tierra y llevado presos muchos -de sus indios, y á otros habian descalabrado.</p> - -<p>Y tambien en aquella sazon vinieron los de Chalco y Talmanalco, y -dijeron que<span class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span> si luego -no les socorrian que serian perdidos, porque estaban sobre ellos muchas -guarniciones de sus enemigos; y tantas lástimas decian, que traian en -un paño de manta de nequen pintado al natural los escuadrones que sobre -ellos venian, que Cortés no sabia qué se decir ni qué respondelles, ni -dar remedio á los unos ni á los otros; porque habia visto que estábamos -muchos de nuestros soldados heridos y dolientes, y se habian muerto -ocho de dolor de costado y de echar sangre cuajada, revuelta con -lodo, por la boca y narices; y era del quebrantamiento de las armas -que siempre traiamos á cuestas, é de que á la continua íbamos á las -entradas, y de polvo que en ellas tragábamos; y demás desto, viendo que -se habian muerto tres ó cuatro soldados de heridas, que nunca parábamos -de ir á entrar, unos venidos y otros vueltos.</p> - -<p>La respuesta que les dió á los primeros pueblos fué que les halagó -y dijo que iria presto á les ayudar, y que entre tanto que iba, que se -ayudasen de otros pueblos sus vecinos, y que esperasen en campo á los -mejicanos, y que todos juntos les diesen guerra, é que si los mejicanos -viesen que les mostraban cara y ponian fuerzas contra ellos, que -temerian, é que ya no tenian tantos poderes los mejicanos para les dar -guerra como solian, porque tenian muchos contrarios; y tantas palabras -les dijo con nuestras lenguas, é les esforzó, que reposaron algo sus -corazones, y no tanto, que luego demandaron cartas para dos pue<span -class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span>blos sus comarcanos, -nuestros amigos, para que les fuesen á ayudar.</p> - -<p>Las cartas en aquel tiempo no las entendian; más bien sabian que -entre nosotros se tenia por cosa cierta que cuando se enviaban eran -como mandamientos ó señales que les mandaban algunas cosas de calidad; -é con ellas se fueron muy contentos, y las mostraron á sus amigos y los -llamaron; y como nuestro Cortés se lo mandó, aguardaron en el campo á -los mejicanos y tuvieron con ellos una batalla, y con ayuda de nuestros -amigos sus vecinos, á quien dieron la carta, no les fué mal en la -pelea.</p> - -<p>Volvamos á los de Chalco: que viendo nuestro Cortés que era cosa muy -importante para nosotros que aquella provincia estuviese desembarazada -de gentes de Culchúa, porque, como he dicho otra vez, por allí habian -de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á Tlascala, y habiamos -de mantener nuestro real, porque es tierra de mucho maíz, luego mandó á -Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, que se aparejase para otro -dia de mañana ir á Chalco, y le mandó dar veinte á caballo y ducientos -soldados, y doce ballesteros y diez escopeteros, y los tlascaltecas que -habia en nuestro real, que eran muy pocos, porque, como dicho habemos -en este capítulo, todos los más se habian ido á su tierra cargados de -despojos, y tambien llevó una capitanía de los de Tezcuco, y en su -compañía al capitan Luis Marin, que era su muy íntimo amigo; y quedamos -en guarda<span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span> de aquella -ciudad y bergantines Cortés é Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí con -los demás soldados.</p> - -<p>Y ántes que Gonzalo de Sandoval vaya para Chalco, como está -acordado, quiero aquí decir cómo, estando escribiendo en esta relacion -todo lo acaecido á Cortés, de Saltocan, acaso estaban presentes dos -hidalgos muy curiosos que habian leido la Historia de Gómora, y me -dijeron que tres cosas se me olvidaban de escribir, que tenia escrito -el coronista Gómora de la misma entrada que hizo Cortés; y la una era -que dió Cortés vista á Méjico con trece bergantines, y peleó muy bien -con el gran poder de Guatemuz, con sus grandes canoas y piraguas en la -laguna; la otra era que cuando Cortés entró en la Calzada de Méjico -que tuvo pláticas con los señores caciques mejicanos, y les dijo que -les quitaria el bastimento y se moririan de hambre; y la otra fué que -Cortés no quiso decir á los de Tezcuco que habia de ir á Saltocan, -porque no le diesen aviso.</p> - -<p>Yo respondí á los mismos hidalgos que me lo dijeron, que en aquella -sazon los bergantines no estaban acabados de hacer, é que ¿cómo podia -llevar por tierra bergantines ni por la laguna los caballos ni tanta -gente? Que es cosa de reir ver lo que escribe; y que cuando entró en la -calzada de Tacuba, como dicho habemos, que harto tuvo Cortés en escapar -él y su ejército, que estuvo medio desbaratado; y en aquella sazon no -habiamos puesto cerco á Méjico, para vedalles los mantenimien<span -class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span>tos, ni tenian hambre, y -eran señores de todos sus vasallos; y lo que pasó muchos dias adelante, -cuando los teniamos en grande aprieto, pone ahora el Gómora; y en lo -que dice que se apartó Cortés por otro camino para ir á Saltocan, no -lo supiesen los de Tezcuco, digo que por fuerza fueron por sus pueblos -y tierras de Tezcuco, porque por allí era el camino, y no otro; y en -lo que escribe va muy errado, y á lo que yo he sentido, no tiene él -la culpa, sino el que le informó, que por sublimar á quien á él se le -antojó, ensalzó sus cosas, y porque no se declarasen nuestros heróicos -hechos le daban aquellas relaciones; y esta es la verdadera; y como lo -hubieron bien entendido los mismos que me lo dijeron, y vieron claro lo -que les dije ser ansí, se convencieron.</p> - -<p>Y dejemos esta plática, y tornemos al capitan Gonzalo de Sandoval, -que partió de Tezcuco despues de haber oido Misa, y fué á amanecer -cerca de Chalco; y lo que pasó diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_142"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO EL CAPITAN GONZALO DE SANDOVAL FUÉ Á CHALCO É - Á TALMANALCO CON TODO SU EJÉRCITO; Y LO QUE EN AQUELLA JORNADA PASÓ - DIRÉ ADELANTE.</p> -</div> - -<p>Ya he dicho en el capítulo pasado cómo los pueblos de Chalco y -Talmanalco vinieron á decir<span class="pagenum" id="Page_231">p. -231</span> á Cortés que les enviase socorro, porque estaban grandes -guarniciones juntas para les venir á dar guerra; é tantas lástimas le -dijeron, que mandó á Gonzalo de Sandoval que fuese allá con ducientos -soldados y veinte de á caballo, é diez ó doce ballesteros y otros -tantos escopeteros, y nuestros amigos los de Tlascala y otra capitanía -de los de Tezcuco, y llevó al capitan Luis Marin por compañero, porque -era su muy grande amigo; y despues de haber oido Misa en 12 dias del -mes de Marzo de 1521 años, fué á dormir á unas estancias del mismo -Chalco, y otro dia llegó por la mañana á Talmanalco, y los caciques -y capitanes le hicieron buen recebimiento y le dieron de comer, y le -dijeron que luego fuese hácia un gran pueblo que se dice Guaztepeque, -porque hallaria juntos todos los poderes de Méjico en el mismo -Guaztepeque ó en el camino ántes de llegar á él, é que todos los de -aquella provincia de Chalco irian con él; y al Gonzalo de Sandoval -parecióle que seria muy bien ir muy á punto; y puesto en concierto, fué -á dormir á otro pueblo sujeto del mismo Chalco, Chimalacan, porque los -espías que los de Chalco tenian puestas sobre los culchúas vinieron -á avisar cómo estaban en el campo no muy léjos de allí la gente de -guerra sus enemigos, é que habia algunas quebradas é arcabuezos, adonde -esperaban.</p> - -<p>Y como el Sandoval era muy avisado y de buen consejo, puso -los escopeteros y ballesteros por delante, y los de á ca<span -class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span>ballo mandó que de tres -en tres se hermanasen, y cuando hubiesen gastado los ballesteros y -escopeteros algunos tiros, que todos juntos los de á caballo rompiesen -por ellos á media rienda y las lanzas terciadas, y que no curasen -alancear, sino por los rostros, hasta ponerlos en huida, y que no se -deshermanasen; y mandó á los soldados de á pié que siempre estuviesen -hechos un cuerpo, y no se metiesen entre los contrarios hasta que se -lo mandase; porque, como le decian que eran muchos los enemigos (y -ansí fué verdad), y estaban entre aquellos malos pasos, y no sabian si -tenian hoyos hechos ó algunas albarradas, queria tener sus soldados -enteros, no le viniese algun desman; é yendo por su camino, vió venir -por tres partes repartidos los escuadrones de mejicanos dando gritos -y tañendo trompetillas y atabales, con todo género de armas, segun lo -suelen traer, y se vinieron como leones bravos á encontrar con los -nuestros; y cuando el Sandoval los vió tan denodados, no guardó á -la órden que habia dado, y dijo á los de á caballo que ántes que se -juntasen con los nuestros que luego rompiesen, y el Sandoval delante -animando á los suyos dijo:</p> - -<p>—«Santiago, y á ellos.»</p> - -<p>Y de aquel tropel fueron algunos de los escuadrones mejicanos -medio desbaratados, mas no del todo, que se juntaron todos é hicieron -rostro, porque se ayudaban con los malos pasos é quebradas, porque -los de á caballo, por ser los pasos muy agros,<span class="pagenum" -id="Page_233">p. 233</span> no podian correr, y se estuvieron sin -ir tras ellos; á esta causa les tornó á mandar Sandoval á todos los -soldados que con buen concierto les entrasen, los ballesteros y -escopeteros delante, y los rodeleros que les fuesen á los lados, y -cuando viesen que les iban hiriendo y haciendo mala obra, y oyesen un -tiro desta otra parte de la barranca, que seria señal que todos los -de á caballo á una arremetiesen á les echar de aquel sitio, creyendo -que les meterian en tierra llana que habia allí cerca; y apercebió á -los amigos que ellos ansimismo acudiesen con los españoles, y ansí se -hizo como lo mandó; y en aquel tropel recibieron los nuestros muchas -heridas, porque eran muchos los contrarios que sobre ellos cargaron; y -en fin de más pláticas, les hicieron ir retrayendo, mas fué hácia otros -malos pasos; y Sandoval con los de á caballo los fué siguiendo, y no -alcanzó sino tres ó cuatro; y uno de los nuestros de á caballo que iba -en el alcance, que se decia Gonzalo Dominguez, como era mal camino, -rodó el caballo y tomóle debajo, y dende á pocos dias murió de aquella -mala caida.</p> - -<p>He traido esto aquí á la memoria deste soldado, porque este Gonzalo -Dominguez era uno de los mejores jinetes y esforzado que Cortés habia -traido en nuestra compañía; y teníamosle en tanto en las guerras, por -su esfuerzo, como al Cristóbal de Olí y á Gonzalo de Sandoval; por la -cual muerte hubo mucho sentimiento entre todos nosotros.</p> - -<p>Volvamos á Sandoval y á<span class="pagenum" id="Page_234">p. -234</span> todo su ejército, que los fué siguiendo hasta cerca del -pueblo que se dice Guaztepeque, y ántes de llegar á él le salen al -encuentro sobre quince mil mejicanos, y le comenzaban á cercar y -le hirieron muchos soldados y cinco caballos; mas como la tierra -era en parte llana, con el gran concierto que llevaba rompe los dos -escuadrones con los de á caballo, y los demás escuadrones vuelven las -espaldas hácia el pueblo para tornar á aguardar á unos mamparos que -tenian hechos; mas nuestros soldados y los amigos les siguieron de -manera, que no tuvieron tiempo de aguardar, y los de á caballo siempre -fueron en el alcance por otras partes, hasta que se encerraron en el -mismo pueblo en partes que no se pudieron haber; y creyendo que no -volverian más á pelear aquel dia, mandó Sandoval reposar su gente, y -se curaron los heridos y comenzaron á comer, que se habia habido mucho -despojo; y estando comiendo vinieron dos de á caballo y otros dos -soldados que habia puesto ántes que comenzase á comer, los unos para -corredores del campo y los otros por espías, y vinieron diciendo:</p> - -<p>—«Al arma, al arma; que vienen muchos escuadrones de mejicanos.»</p> - -<p>Y como siempre estaban acostumbrados á tener las armas muy á punto, -de presto cabalgan y salen á una gran plaza, y en aquel instante -vinieron los contrarios, y allí hubo otra buena batalla; y despues -que estuvieron buen rato haciendo cara en unos mamparos, desde allí -hirieron algunos<span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span> de -los nuestros, y tal priesa les dió el Gonzalo de Sandoval con los de á -caballo, y con las escopetas y ballestas y cuchilladas los soldados, -que les hicieron huir del pueblo por otras barrancas, y por aquel dia -no volvieron más; y cuando el capitan Sandoval se vió libre desta -refriega dió muchas gracias á Dios, y se fué á reposar y dormir á una -huerta que habia en aquel pueblo, la más hermosa y de mayores edificios -y cosa mucho de mirar que se habia visto en la Nueva-España; y tenia -tantas cosas, que era muy admirable, y ciertamente era huerta para un -gran Príncipe, y aun no se acabó de andar por entónces toda, porque -tenia más de un cuarto de legua de largo.</p> - -<p>Y dejemos de hablar de la huerta, y digamos que yo no vine en esta -entrada, ni en este tiempo que digo anduve esta huerta, sino desde obra -de veinte dias que vine con Cortés cuando rodeamos los grandes pueblos -de la laguna, como adelante diré; y la causa porque no vine en aquella -sazon es porque estaba muy mal herido de un bote de lanza que me dieron -en la garganta junto al gaznate, que estuve della á peligro de muerte, -de que agora tengo una señal, y diéronmela en lo de Iztapalapa, cuando -nos apretaron tanto.</p> - -<p>Y como yo no fuí en esta entrada, por eso digo en esta mi relacion: -«Fueron y esto hicieron y tal les acaeció;» y no digo: «Hicimos ni -hice ni vine ni en ello me hallé;» mas todo lo que escribo acerca -dello pasó al pié de la letra; porque luego se<span class="pagenum" -id="Page_236">p. 236</span> sabe en el real de la manera que en las -entradas acaece; y ansí, no se puede quitar ni alargar más de lo que -pasó.</p> - -<p>Y dejaré de hablar de esto, y volveré al capitán Gonzalo de -Sandoval, que otro dia de mañana, viendo que no habia más bullicio de -guerreros mejicanos, envió á llamar á los caciques de aquel pueblo -con cinco indios naturales de los que habian prendido en las batallas -pasadas, y los dos dellos eran principales, y les envió á decir que no -hubiesen miedo y que vengan de paz, y que lo pasado se lo perdona, y -les dijo otras buenas razones, y los mensajeros que fueron á tratar las -paces, mas no osaron venir los caciques por miedo de los mejicanos.</p> - -<p>Y en aquel mismo dia tambien envió á decir á otro gran pueblo que -estaba de Guaztepeque obra de dos leguas, que se dice Acapistla, que -mirasen que son buenas las paces, que no querian guerra, y que miren -y tengan en la memoria en qué han parado los escuadrones de culchúas -que estaban en aquel pueblo de Guaztepeque, sino que todos han sido -desbaratados; que vengan de paz, y que los mejicanos que tienen en -guarnicion que les echen fuera de su tierra, y que si no lo hacen, que -irá allá de guerra y los castigará; y la respuesta fué que vayan cuando -quisieren, que bien piensan tener con sus cuerpos y carnes buenas -hartazgas, y sus ídolos sacrificios.</p> - -<p>Y como aquella respuesta le dieron, y los caciques de Chalco que -con Sandoval estaban, que sabian que en aquel pueblo de Acapistla -estaban muchos más mejicanos en guarnicion para les ir á Chalco á dar -guerra cuando viesen vuelto al Sandoval, á esta causa le rogaron que -fuese allá y los echase de allí; y el Sandoval estaba para no ir, lo -uno porque estaba herido y tenia muchos soldados y caballos heridos, y -lo<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> otro, como habia -tenido tres batallas, no se quisiera meter por entónces en hacer más -de lo que Cortés le mandaba; y tambien algunos caballeros de los que -llevaba en su compañía, que eran de los de Narvaez, le dijeron que se -volviese á Tezcuco y que no fuese á Acapistla, porque estaba en gran -fortaleza, no le acaeciese algun desman; y el capitan Luis Marin le -aconsejó que no dejase de ir á aquella fuerza y hacer lo que pudiese; -porque los caciques de Chalco decian que si desde allí se volvian sin -deshacer el poder que estaba junto en aquella fortaleza, que ansí como -vean ó sepan que Sandoval vuelve á Tezcuco, que luego son sus enemigos -en Chalco.</p> - -<p>Y como era el camino de un pueblo á otro obra de dos leguas, acordó -de ir, y apercibió sus soldados y fué allá; y luego como llegó á vista -del pueblo, ántes de llegar á él le salen muchos guerreros, y le -comenzaron á tirar vara y flecha y piedra con hondas, y fué tanta como -granizo, que le hirieron tres caballos y muchos soldados, sin podelles -hacer cosa ni daño ninguno; y hecho esto, luego se suben entre sus -riscos y fortalezas, y desde allí les daban voces y gritas y tañian -sus caracoles y atabales; y como el Sandoval ansí vió la cosa, acordó -de mandar á algunos de á caballo que se apeasen, y á los demás de á -caballo que se estuviesen en el campo en lo llano á punto, mirando no -viniesen algunos socorros mejicanos á los de Acapistla entre tanto -que combatian aquel pueblo; y<span class="pagenum" id="Page_238">p. -238</span> como vió que los caciques de Chalco y sus capitanes y muchos -de sus indios de guerra que allí estaban remolinando y no osaban pelear -con los contrarios, adrede para proballos y ver lo que decian, les dijo -Sandoval:</p> - -<p>—«¿Qué haceis ahí? ¿Por qué no les comenzais á combatir? Y entrá en -ese pueblo y fortaleza; que aquí estamos, que os defenderemos.»</p> - -<p>Y ellos respondieron que no se atrevian, porque era gran fortaleza, -y que por esta causa venia el Sandoval y sus hermanos los teules con -ellos, y con su mamparo y esfuerzo venian los de Chalco á les echar de -allí.</p> - -<p>Por manera que se apercibe el Sandoval de arte que él y todos sus -soldados y escopeteros y ballesteros, les comenzaron de entrar y -subir; y puesto que recibieron en aquella subida muchas heridas, y al -mismo capitan le descalabraron otra vez y le hirieron muchos de los -amigos, todavía les entró en el pueblo, donde se les hizo mucho daño; y -todos los que más daño les hicieron fueron los indios de Chalco y los -demás amigos tlascaltecas, porque nuestros soldados, si no fué hasta -rompellos y ponellos en huida, no curaron de dar cuchilladas á ningun -indio, porque les parecia crueldad; y en lo que más se empleaban era -en buscar una buena india ó hacer algun despojo; y lo que comunmente -hacian era reñir á los amigos porque eran tan crueles y por quitalles -algunos indios ó indias porque no los matasen.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que aquellos guerreros mejicanos -que<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span> allí estaban, -por se defender se vinieron por unos riscos abajo cerca del pueblo, y -como habia muchos dellos heridos de los que se venian á esconder en -aquella quebrada y arroyo, y se desangraban, venia el agua algo turbia -de sangre, y no duró aquella turbieza un Ave-María.</p> - -<p>É aquí dice el coronista Gómora en su historia que por venir el rio -tinto en sangre los nuestros pasaron sed por causa de la sangre.</p> - -<p>Á esto digo que habia fuentes de agua clara abajo en el mismo -pueblo, que no tenian necesidad de otra agua.</p> - -<p>Volvamos á decir que luego que aquello fué hecho se volvió el -Sandoval con todo su ejército á Tezcuco, y con buen despojo, en -especial con muy buenas piezas de indias.</p> - -<p>Digamos ahora cómo el señor de Méjico, que se decia Guatemuz, -lo supo, y el desbarate de sus ejércitos, dicen que mostró mucho -sentimiento dello, y más de que los de Chalco tenian tanto -atrevimiento, siendo sus súbditos y vasallos, de osar tomar armas tres -veces contra ellos; y estando tan enojado, acordó que entre tanto que -el Sandoval se volvia al real de Tezcuco, de enviar grandes poderes de -guerreros, que de presto juntó en la ciudad de Méjico con otros que -estaban junto á la<span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span> -laguna, y en más de dos mil canoas grandes, con todo género de armas, -salen sobre veinte mil mejicanos, y vienen de repente en la tierra de -Chalco por hacelles todo el mal que pudiesen; y fué de tal arte y tan -presto, que aun no hubo bien llegado el Sandoval á Tezcuco ni hablado á -Cortés, cuando estaban otra vez mensajeros de Chalco en canoas por la -laguna demandando favor á Cortés, porque le dijeron que habian venido -sobre dos mil canoas, y en ellas veinte mil mejicanos, y que fuesen -presto á los socorrer.</p> - -<p>Y cuando Cortés lo oyó, y Sandoval, que entónces en aquel instante -llegaba á hablalle y á dalle cuenta de lo que habia hecho en la entrada -donde venia, el Cortés no le quiso escuchar á Sandoval, de enojo, -creyendo que por su culpa ó descuido recebian mala obra nuestros amigos -los de Chalco; y luego sin más dilacion ni le oir le mandó volver y que -dejase allí en el real todos los heridos que traia, y con los sanos -luego fué muy en posta; y destas palabras que Cortés le dijo recebió -mucha pena el Sandoval, y porque no le quiso escuchar, y luego partió -para Chalco.</p> - -<p>Y como llegó con todo su ejército bien cansado de las armas y largo -camino, pareció ser que los de Chalco, luego como lo supieron por sus -espías que los mejicanos venian tan de repente sobre ellos, y cómo -habia tenido Guatemuz aquella cosa concertada que diesen sobre ellos, -como dicho tengo, sin más aguardar socorro de nosotros, enviaron á -llamar á los de<span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span> la -provincia de Guaxocingo é Tlascala, que estaban cerca, los cuales -vinieron aquella noche mesma, muy aparejados con sus armas, y se -juntaron con los de Chalco, que serian por todos más de veinte mil -dellos, é ya les habian perdido el temor á los mejicanos, y gentilmente -los aguardaron en el campo y pelearon como muy varones, puesto que -los mejicanos mataron y prendieron hasta quince capitanes y hombres -principales, y de otra gente de guerra de no tanta cuenta se prendieron -otros muchos; y túvose esta batalla entre los mejicanos por grande -deshonra suya, viendo que los de Chalco los vencieron, y en mucho más -que si los desbaratáramos nosotros.</p> - -<p>Y como llegó Sandoval á Chalco y vió que no tenia qué hacer ni de -qué se temer, que ya no volverian otra vez los mejicanos sobre Chalco, -da vuelta á Tezcuco y llevó los presos mejicanos, con lo cual se holgó -mucho Cortés; y Sandoval mostró grande enojo de nuestro capitan por lo -pasado, y no le fué á ver ni hablar, puesto que Cortés le envió á decir -que lo habia entendido de otra manera, y que creyó que por descuido -del Sandoval no se habia remediado, pues que iba con mucha gente de á -caballo y soldados, y sin haber desbaratado los mejicanos se volvia.</p> - -<p>Dejemos de hablar desta materia, porque luego tornaron á ser amigos -Cortés y el Sandoval, y no sabia Cortés placer que hacer al Sandoval -por tenelle contento, que no le hacia.</p> - -<p>Dejallo he aquí, y diré<span class="pagenum" id="Page_242">p. -242</span> cómo acordamos de herrar todas las piezas, esclavas y -esclavos que se habian habido, que fueron muchas, y de cómo vino en -aquel instante un navío de Castilla, y lo que más pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_143"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS EN TEZCUCO, Y CÓMO - VINO NUEVA QUE HABIA VENIDO AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN NAVÍO, Y - LOS PASAJEROS QUE EN ÉL VINIERON; Y OTRAS COSAS QUE PASARON DIRÉ - ADELANTE.</p> -</div> - -<p>Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con gran presa de esclavos, y -otros muchos que se habian habido en las entradas pasadas, fué acordado -que luego se herrasen; y de que se hubo pregonado que se llevasen á -herrar á una casa señalada, todos los más soldados llevamos las piezas -que habiamos habido, para echar el hierro de su majestad, que era una -G, que quiere decir guerra, segun y de la manera que lo teniamos de -ántes concertado con Cortés, segun he dicho en el capítulo que dello -habla, creyendo que se nos habia de volver despues de pagado el real -quinto, que las apreciasen cuánto podia valer cada pieza; y no fué -ansí,<span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span> porque si en lo -de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra vez dicho tengo, muy peor -se hizo en esto de Tezcuco, que despues que sacaban el real quinto, -era otro quinto para Cortés y otras partes para los capitanes; y en la -noche ántes cuando las tenian juntas nos desaparecieron las mejores -indias.</p> - -<p>Pues como Cortés nos habia dicho y prometido que las buenas piezas -se habian de vender en el almoneda por lo que valiesen, y las que no -fuesen tales por ménos precio, tampoco hubo buen concierto en ello, -porque los oficiales del Rey que tenian cargo dellas hacian lo que -querian; por manera que si mal se hizo una vez, esta vez peor; y desde -allí adelante muchos soldados que tomábamos algunas buenas indias, -porque no nos las tomasen, como las pasadas, las escondiamos y no las -llevábamos á herrar, y deciamos que se habian huido; y si era privado -de Cortés, secretamente la llevaban de noche á herrar y las apreciaban -en lo que valian y les echaban el hierro y pagaban el quinto; y otras -muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deciamos que eran naborías -que habian venido de paz de los pueblos comarcanos y de Tlascala.</p> - -<p>Tambien quiero decir que como ya habia dos ó tres meses pasados -que algunas de las esclavas que estaban en nuestra compañía y en todo -el real conocian á los soldados cuál era bueno é cuál malo, y trataba -bien á las indias naborías que tenia ó cuál las trataba mal, y tenian -fama<span class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> de caballeros, -y de otra manera cuando las vendian en el almoneda, y si las sacaban -algunos soldados que las tales indias ó indios no les contentaban ó -las habian tratado mal, de presto se les desaparecian que no las vian -más, y preguntar por ellas era por demás; y en fin, todo se quedaba por -deuda en los libros del Rey, ansí en lo de las almonedas y los quintos; -y al dar las partes del oro se consumió, que ningunos ó muy pocos -soldados llevaron partes, porque ya lo debian, y aun muchos más pesos -de oro que despues cobraron los oficiales del Rey.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo en aquella sazon vino un navío de -Castilla, en el cual vino por tesorero de su majestad un Julian de -Alderete, vecino de Tordesillas, y vino un Orduña el viejo, vecino -que fué de la Puebla, que despues de ganado Méjico trajo cuatro ó -cinco hijas, que casó muy honradamente; era natural de Tordesillas; y -vino un fraile de San Francisco que se decia fray Pedro Melgarejo de -Urrea, natural de Sevilla, que trajo unas bulas de señor San Pedro, y -con ellas nos componian si algo éramos en cargo en las guerras en que -andábamos; por manera que en pocos meses el fraile fué rico y compuesto -á Castilla; trajo entónces por comisario y quien tenia cargo de las -bulas á Jerónimo Lopez, que despues fué secretario en Méjico; vinieron -un Antonio Carvajal, que ahora vive en Méjico, ya muy viejo, capitan -que fué de un bergantin; y vino<span class="pagenum" id="Page_245">p. -245</span> Jerónimo Ruiz de la Mota, yerno que fué, despues de ganado -Méjico, del Orduña, que ansimismo fué capitan de un bergantin, natural -de Búrgos; y vino un Briones, natural de Salamanca; á este Briones -ahorcaron en esta provincia de Guatimala por amotinador de ejércitos, -desde á cuatro años que se vino huyendo de lo de Honduras; y vinieron -otros muchos que ya no me acuerdo, y tambien vino un Alonso Diaz de la -Reguera, vecino que fué de Guatimala, que ahora vive en Valladolid; -y trajeron en este navío muchas armas y pólvora, y en fin como navío -que venia de Castilla, é vino cargado de muchas cosas, y con él nos -alegramos, y de las nuevas que de Castilla trajeron no me acuerdo bien; -más paréceme que dijeron que el Obispo de Búrgos ya no tenia mano en el -Gobierno, que no estaba su majestad bien con él desque alcanzó á saber -de nuestros muy buenos é notables servicios, y como el Obispo escribia -á Flandes al contrario de lo que pasaba y en favor de Diego Velazquez, -y halló muy claramente su majestad ser verdad todo lo que nuestros -procuradores de nuestra parte le fueron á informar, y á esta causa no -le oia cosa que dijese.</p> - -<p>Dejemos esto, y volvamos á decir que como Cortés vió los bergantines -que estaban acabados de hacer, y la gran voluntad que todos los -soldados teniamos de estar ya puestos en el cerco de Méjico, y en -aquella sazon volvieron los de<span class="pagenum" id="Page_246">p. -246</span> Chalco á decir que los mejicanos venian sobre ellos, y que -les enviasen socorro; y Cortés les envió á decir que él queria ir en -persona á sus pueblos y tierras, y no se volver hasta que á todos los -contrarios echase de aquellas comarcas; y mandó apercebir trecientos -soldados y treinta de á caballo, y todos los más escopeteros y -ballesteros que habia, y gente de Tezcuco; y fué en su compañía Pedro -de Albarado y Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, y ansimismo fué el -tesorero Julian de Alderete, y el fraile fray Pedro Melgarejo, que ya -en aquella sazon habia llegado á nuestro real; é yo fuí entónces con -el mismo Cortés, porque me mandó que fuese con él; y lo que pasamos en -aquella entrada diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_144"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLIV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA Y SE - RODEÓ LA LAGUNA, Y TODAS LAS CIUDADES Y GRANDES PUEBLOS QUE ALREDEDOR - HALLAMOS, Y LO QUE MÁS NOS PASÓ EN AQUELLA ENTRADA.</p> -</div> - -<p>Como Cortés habia dicho á los de Chalco que les habia de ir á -socorrer porque los mejicanos no viniesen y les diesen guerra, -porque harto teniamos cada semana de ir y venir á les favorecer, -mandó apercebir todos los soldados y ejér<span class="pagenum" -id="Page_247">p. 247</span>cito, que fueron trecientos soldados y -treinta de á caballo, y veinte ballesteros y quince escopeteros, y el -tesorero Julian de Alderete y Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y -Cristóbal de Olí, y fué tambien el fraile fray Pedro Melgarejo, y á mí -me mandó que fuese con él, y muchos tlascaltecas y amigos de Tezcuco; y -dejó en guarda de Tezcuco y bergantines á Gonzalo de Sandoval con buena -copia de soldados y de á caballo.</p> - -<p>Y una mañana, despues de haber oido Misa, que fué viérnes 5 dias -del mes de Abril de 1521 años, fuimos á dormir á Talmanalco, y allí -nos recibieron muy bien; y el otro dia fuimos á Chalco, que estaba muy -cerca el uno del otro: allí mandó Cortés llamar á todos los caciques -de aquella provincia, y se les hizo un parlamento con nuestras lenguas -doña Marina é Jerónimo de Aguilar, en que se les dió á entender cómo -agora al presente íbamos á ver si podria traer de paz á algunos de -los pueblos que estaban más cerca de la laguna, y tambien para ver -la tierra y sitio para poner cerco á la gran ciudad de Méjico, y que -por la laguna habian de echar los bergantines, que eran trece, y que -les rogaba á todos que para otro dia estuviesen aparejadas todas sus -gentes de guerra para ir con nosotros; y cuando lo hubieron entendido, -todos á una de muy buena voluntad dijeron que sí lo harian; y otro -dia fuimos á dormir á otro pueblo que estaba sujeto al mismo Chalco, -que se dice Chimaluacan, y allí vinieron más de<span class="pagenum" -id="Page_248">p. 248</span> veinte mil amigos, ansí de Chalco y de -Tezcuco y Guaxocingo, y los tlascaltecas y otros pueblos; y vinieron -tantos, que en todas las entradas que yo habia ido, despues que en la -Nueva-España entré, nunca vi tanta gente de guerra de nuestros amigos -como ahora fueron en nuestra compañía.</p> - -<p>Ya he dicho otra vez que iba tanta multitud dellos á causa de los -despojos que habian de haber, y lo más cierto, por hartarse de carne -humana si hubiese batallas, porque bien sabian que las habia de haber; -y son, á manera de decir como cuando en Italia salia un ejército de una -á otra parte, y les seguian cuervos y milanos y otras aves de rapiña, -que se mantenian de los cuerpos muertos que quedaban en el campo cuando -se daba alguna muy sangrienta batalla; ansí he juzgado que nos seguian -tantos millares de indios.</p> - -<p>Dejemos esta plática, y volvamos á nuestra relacion: que en aquella -sazon se tuvo nueva que estaban en un llano cerca de allí aguardando -muchos escuadrones y capitanías de mejicanos é sus aliados, todos los -de aquellas comarcas, para pelear con nosotros; y Cortés nos apercibió -que fuésemos muy alerta y saliésemos de aquel pueblo donde dormimos, -que se dice Chimaluacan, despues de haber oido Misa, que fué bien de -mañana; y con mucho concierto fuimos caminando entre unos peñascos -y por medio de dos sierrezuelas, que en ellas habia fortalezas y -mamparos, donde habia muchos indios é indias recogidos é hechos<span -class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span> fuertes; y dende su -fortaleza nos daban gritos é voces y alaridos, y nosotros no curamos -de pelear con ellos, sino callar y caminar y pasar adelante hasta un -pueblo grande que estaba despoblado, que se dice Yautepeque, y tambien -pasamos de largo; y llegamos á un llano donde habia unas fuentes de muy -poca agua, é á una parte estaba un gran peñol con una fuerza muy mala -de ganar, segun luego pareció por la obra; y como llegamos en el paraje -del peñol, porque vimos que estaba lleno de guerreros, y de lo alto dél -nos daban gritos y tiraban piedras é varas y flechas, y hirieron tres -soldados de los nuestros, entónces mandó Cortés que reparásemos allí, é -dijo:</p> - -<p>—«Parece que todos estos mejicanos se ponen en fortalezas y hacen -burla de nosotros de que no les acometemos.»</p> - -<p>Y esto dijo por los que dejábamos atrás en las sierrezuelas; y -luego mandó á unos de á caballo y á ciertos ballesteros que diesen -una vuelta á una parte del peñol, y que mirasen si habia otra subida -más conveniente de buena entrada para les poder combatir; y fueron, y -dijeron que lo mejor de todo era donde estábamos, porque en todo lo -demás no habia subida ninguna, que era toda peña tajada, y luego Cortés -mandó que les fuésemos entrando y subiendo.</p> - -<p>El alférez Cristóbal del Corral delante, y otras banderas, y todos -nosotros siguiéndolas, y Cortés con los de á caballo aguardando en lo -llano por guarda de otros escuadrones de mejicanos, no viniesen á dar -en<span class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span> nuestro fardaje -ó en nosotros entre tanto que combatiamos aquella fuerza; y como -comenzamos á subir por el peñol arriba, echan los indios guerreros -que en él estaban tantas piedras muy grandes y peñascos, que fué cosa -espantosa, como se venian despeñando y saltando, cómo no nos mataron -á todos; y fué cosa inconsiderada y no de cuerdo capitan mandarnos -subir; y luego á mis piés murió un soldado que se decia Fulano -Martinez, valenciano, que habia sido maestresala de un señor de salva -en Castilla, y este llevaba una celada, y no dijo ni habló palabra; -y todavía subiamos, y como venian las galgas rodando y despeñándose -y dando saltos (que ansí llamábamos á las grandes piedras que venian -despeñadas), luego mataron á otros dos soldados, que se decian Gaspar -Sanchez, sobrino del tesorero de Cuba, y á un Fulano Bravo; y todavía -subiamos, y luego mataron á otro soldado muy esforzado que se decia -Alonso Rodriguez, y á otros dos descalabrados, y en las piernas golpes -todos los más de nosotros, y todavía porfiar é ir adelante; é yo, como -en aquel tiempo era suelto, no dejaba de seguir al alférez Corral; é -íbamos debajo de unas como socarreñas é concavidades que se hacian en -el peñol de trecho á trecho, á ventura de si me encontraban algunos -peñascos entre tanto que subia de socarreña á socarreña, que fué muy -gran ventura; estaba el alférez Cristóbal del Corral mamparándose -detrás de<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span> unos -árboles gruesos que tenian muchas espinas, que nacen en aquellas -concavidades, y estaba descalabrado y el rostro todo lleno de sangre é -la bandera rota, y me dijo:</p> - -<p>—«Oh señor Bernal Diaz del Castillo, que no es cosa el pasar más -adelante, y mirá no os cojan algunas lanchas ó galgas; estése al reparo -de esa concavidad;» porque ya no nos podiamos tener aun con las manos, -cuanto más podelles subir.</p> - -<p>En este tiempo vi que de la misma manera que Corral é yo habiamos -subido de socarreña en socarreña venia Pedro Barba, que era capitan de -ballesteros, con otros dos soldados; é yo le dije desde arriba:</p> - -<p>—«Oh señor capitan, no suba más adelante, que no se podrá tener con -piés y manos, no vuelva rodando.»</p> - -<p>Y cuando se lo dije, me respondió como muy esforzado, ó por dar -aquella respuesta como gran señor, dijo que eso habia de decir, sino ir -adelante; é yo recibí de aquella palabra remordimiento de mi persona, y -le respondí:</p> - -<p>—«Pues veamos cómo sube donde yo estoy.»</p> - -<p>Y todavía pasé bien arriba; y en aquel instante vienen tantas -piedras muy grandes que echaron de lo alto, que tenian represadas para -aquel efeto, que hirieron á Pedro Barba y le mataron un soldado, y -no pasaron más un paso de allí donde estaban; y entónces el alférez -Corral dió voces para que dijesen á Cortés de mano en mano que no se -podia subir más arriba, é que el retraer tambien era muy peligroso; y -como Cortés lo entendió, porque<span class="pagenum" id="Page_252">p. -252</span> allá bajo donde estaba en tierra llana le habian muerto -tres soldados y herido siete del gran ímpetu de las galgas que iban -despeñándose, y aun tuvo por cierto Cortés que todos los más de los que -habiamos subido arriba estábamos muertos ó bien heridos, porque donde -él estaba no podia ver las vueltas que daba aquel peñol; y luego por -señas y por voces y por unas escopetas que soltaron, tuvimos arriba -nuestras señas que nos mandaban retraer; y con buen concierto, de -socarreña en socarreña bajamos abajo todos descalabrados y corriendo -sangre, y las banderas rotas y ocho muertos, y desque Cortés ansí nos -vió, dió muchas gracias á Dios; y luego le dijeron lo que habiamos -pasado yo y Pedro Barba, porque se lo dijo el mismo Pedro Barba y -el alférez Corral estando platicando de la gran fuerza, é que fué -maravilla cómo no nos llevaron las galgas de vuelo, segun eran muchas; -y aun lo supieron luego en todo el real.</p> - -<p>Dejemos todo esto, y digamos cómo estaban muchas capitanías de -mejicanos aguardando en partes que no les podiamos ver ni saber dellos, -y estaban esperando para socorrer y ayudar á los del peñol; y bien -entendieron lo que fué, que no podriamos subilles en la fuerza, y -que entre tanto que estábamos peleando tenian concertado que los del -peñol por una parte y ellos por la otra darian en nosotros; y como lo -tenian acordado, ansí vinieron á les ayudar á los del peñol; y cuando -Cortés lo supo que venian man<span class="pagenum" id="Page_253">p. -253</span>dó luego á los de á caballo y á todos nosotros que fuésemos -á encontrar con ellos, y ansí se hizo; y aquella tierra era llana, y -á partes habia unas como vegas que estaban entre otros serrejones; y -seguimos á los contrarios hasta que llegamos á otro muy fuerte peñol, y -en el alcance se mataron muy pocos indios, porque se acogian en partes -que no se podian haber.</p> - -<p>Pues vueltos á la fuerza que probábamos á subir, é viendo que -allí no habia agua ni la habiamos bebido en todo el dia, ni aun los -caballos, porque las fuentes que dicho tengo que allí estaban no la -tenian, sino lodo; que, como teniamos tantos enemigos, estaban sobre -ellas y no las dejaban manar, y á esta causa mudamos nuestro real y -fuimos por una vega abajo cerca de otro peñol, que seria del uno al -otro obra de legua y media poco más ó ménos, creyendo que hallariamos -agua, y no la habia sino muy poca; y cerca de aquel peñol habia -unos árboles de morales de la tierra, y allí nos paramos, y estaban -obra de doce ó trece casas al pié de la sierra y fuerza; y ansí que -nosotros llegamos nos comenzaron á dar grita y tirar galgas y varas -y flechas desde lo alto; y estaba en esta fuerza mucha más gente que -en el primero peñol, y aun era muy más fuerte, segun despues vimos; -y nuestros escopeteros y ballesteros les tiraban, mas estaban tan -altos y tenian tantos mamparos, que no se les podia hacer mal ninguno; -pues entralles ó subilles no habia remedio, y aunque probamos<span -class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span> dos veces, que por las -casas que allí estaban habia unos pasos, hasta dos vueltas podiamos -ir, mas desde allí adelante ya he dicho peor que el primero; de -manera que ansí en esta fuerza como en la primera no ganamos ninguna -reputacion, ántes los mejicanos y sus confederados tenian vitoria; é -aquella noche dormimos en aquellos morales bien muertos de sed, y se -acordó para otro dia que desde otro peñol que estaba cerca dél fuesen -todos los ballesteros y escopeteros, y que subiesen en él, que habia -subida, aunque no buena; porque desde aquel alcanzarian las ballestas -y escopetas al otro peñol fuerte y podíanle combatir.</p> - -<p>Y mandó Cortés á Francisco Verdugo y al tesorero Julian de Alderete -que se aperciban de buenos ballesteros, y á Pedro Barba, que era -capitan, que fuesen por caudillos, y que todos los más soldados -hiciésemos acometimiento que por los pasos y subidas de las casas -que dicho tengo que les queriamos subir, y ansí los comenzamos á -entrar; mas echaban tanta piedra grande y menuda, que hirieron á -muchos soldados; y demás desto, no les subiamos de hecho, porque -era por demás, que aun tenernos con las manos y piés no podiamos; y -entre tanto que nosotros estábamos de aquella manera, los ballesteros -y escopeteros desde el peñol que he dicho les alcanzaban con las -ballestas y escopetas, y aunque no muy bien, mataban algunos y herian -otros; de manera que estuvimos dándoles com<span class="pagenum" -id="Page_255">p. 255</span>bates obra de media hora; y quiso Nuestro -Señor Dios que acordaron de se dar de paz, y fué por causa que no -tenian agua ninguna, que estaba mucha gente arriba en el peñol, en un -llano que se hacia arriba, é habíase acogido á él de todas aquellas -comarcas ansí hombres como mujeres y niños é gente menuda; y para que -entendiésemos abajo que querian paces, desde el peñol las mujeres -meneaban unas mantas hácia abajo, y con las palmas daban unas con -otras, señalando que nos harian pan y tortillas, y los guerreros no nos -tiraban vara ni piedra ni flecha; y cuando Cortés lo entendió, mandó -que no se les hiciese mal ninguno, y por señas se les dió á entender -que bajasen cinco principales á entender en las paces; los cuales -bajaron, y con grande acato dijeron á Cortés que les perdonase, que por -favorecerse y defenderse se habian subido en aquellas fuerzas; y Cortés -les dijo con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar, algo enojado, que -eran dignos de muerte por haber empezado la guerra; mas que pues han -venido, que vayan luego al otro peñol é llamen los caciques é hombres -principales que en él están, é traigan los muertos, é que lo pasado se -les perdonará; y que vengan de paz, si no, que habiamos de ir sobre -ellos y ponelles cerco hasta que se mueran de sed; porque bien sabiamos -que no tenian agua, porque en toda aquella tierra no la hay sino muy -poca; y luego fueron á llamarlos ansí como se lo mandó.</p> - -<p>De<span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span>jemos de hablar -en ello hasta que vuelvan con la respuesta; y digamos cómo estando -platicando Cortés con el Fraile Melgarejo y el tesorero Alderete -sobre las guerras pasadas que habiamos habido ántes que viniesen á la -Nueva-España, y en la del peñol, y el gran poder de los mejicanos, y -las grandes ciudades que habian visto despues que vinieron de Castilla; -y decian que si al Emperador nuestro señor le informara de la verdad -el Obispo de Búrgos, como le escribia al contrario, que nos enviaria á -hacer grandes mercedes; que no se acuerdan que otros mayores servicios -haya recebido ningun Rey en el mundo que el que nosotros le habiamos -hecho en ganar tantas ciudades, sin ser sabidor su majestad de cosa -ninguna.</p> - -<p>Dejemos otras muchas pláticas que pasaron, y digamos cómo mandó -nuestro capitan Cortés al alférez Corral y á otros dos capitanes, que -fueron Juan Jaramillo y á Pedro de Ircio, y á mí, que me hallé allí con -ellos, que subiésemos al peñol y viésemos la fortaleza qué tal era, é -que si estaban muchos indios heridos ó muertos de saetas y escopetas, é -qué gente estaba recogida; é cuando esto nos mandó dijo:</p> - -<p>—«Mirá, señores, que no les tomeis ni un grano de maíz;» y segun yo -entendí, quisiera que nos aprovecháramos.</p> - -<p>Y subidos al peñol por unos malos pasos, digo que era más fuerte -que el primero, porque era peña tajada; é ya que estábamos arriba, -para entrar en la fuerza era como quien<span class="pagenum" -id="Page_257">p. 257</span> entra por una abertura no más ancha que dos -bocas de filo ó de horno; é ya puestos en lo más alto é llano, estaban -grandes anchuras de prados, y todo lleno de gente, ansí de guerra como -de muchas mujeres é niños, é hallamos hasta veinte muertos y muchos -heridos, y no tenian gota de agua que beber, y tenian todo su hato y su -hacienda hechos fardajes, y otros muchos lios de mantas, que eran del -tributo que daban á Guatemuz; é como yo ansí vi tantas cargas de ropa -y supe que eran del tributo, comencé á cargar cuatro tlascaltecas mis -maniobras que llevé conmigo, y tambien eché á cuestas de otros cuatro -indios de los que la guardaban otros cuatro fardos, y á cada uno eché -una carga; é como Pedro de Ircio lo vió, dijo que no lo llevase, é yo -porfiaba que sí; y como era capitan, hízose lo que mandó, porque me -amenazó que se lo diria á Cortés; y me dijo el Pedro de Ircio que bien -habia visto que dijo Cortés que no les tomásemos un grano de maíz, é yo -dije que ansí era verdad, que por esa palabra misma queria llevar de -aquella ropa; por manera que no me dejó llevar cosa ninguna; y bajamos -á dar cuenta á Cortés de lo que habiamos visto é á lo que nos envió; -y dijo el Pedro de Ircio á Cortés, por me revolver con él, lo pasado, -pensando que le contentaba mucho; despues de le dar cuenta de lo que -habia, dijo:</p> - -<p>—«No se les tomó cosa ninguna; que ya habia cargado Bernal Diaz -del Castillo de ropa á ocho indios, é si no<span class="pagenum" -id="Page_258">p. 258</span> se lo estorbara yo, ya los traia -cargados.»</p> - -<p>Entónces dijo Cortés medio enojado:</p> - -<p>—«Pues ¿por qué no lo trajo? Y tambien os habíades de quedar allá -vos con la ropa é indios con los de arriba.»</p> - -<p>É dijo:</p> - -<p>—«Mirá cómo no entendieron que los envié porque se aprovechasen, y -á Bernal Diaz, que me entendió, quitaron el despojo que traia destos -perros, que se quedarán riendo con los que nos han muerto y herido.»</p> - -<p>É cuando aquello oyó el Pedro de Ircio dijo que queria tornar á -subir á la fuerza; y entónces le dijo que ya no habia coyuntura para -ello, y que no fuese allá de ninguna manera.</p> - -<p>Dejemos esta plática, y digamos cómo vinieron los del otro peñol, y -en fin de muchas razones que pasaron sobre que les perdonasen, todos -dieron la obediencia á su majestad; y como no habia agua en aquel -paraje, nos fuimos luego camino de un pueblo ya nombrado en el capítulo -pasado, que se dice Guaztepeque, adonde estaba la huerta que he dicho -que es la mejor que habia visto en toda mi vida, y ansí lo torno á -decir; que Cortés y el tesorero Alderete desque entónces la vieron y -pasearon algo della, se admiraron y dijeron que mejor cosa de huerta no -habian visto en Castilla.</p> - -<p>Y digamos cómo en aquella noche nos aposentamos todos en ella; y los -caciques de aquel pueblo vinieron de paz á hablar y servir á Cortés, -porque Gonzalo de Sandoval los habia recebido ya de paz cuando entró -en aquel pueblo, segun más largamente he escrito<span class="pagenum" -id="Page_259">p. 259</span> en el capítulo pasado que dello habla; y -aquella noche reposamos allí, y á otro dia muy de mañana nos partimos -para Cornabaca y hallamos unos escuadrones de guerreros mejicanos que -de aquel pueblo habian salido, y los de á caballo les siguieron más -de legua y media hasta encerrarlos en otro gran pueblo que se dice -Tepuztlan; y estaban tan descuidados los moradores dél, que dimos en -ellos ántes que sus espías que tenian sobre nosotros llegasen.</p> - -<p>Aquí se hubieron muy buenas indias é despojos, y no aguardaron -ningunos mejicanos ni los naturales en el pueblo; y nuestro Cortés -envió á llamar á los caciques por tres ó cuatro veces que viniesen -todos de paz, y que si no venian, que les quemaria el pueblo y los -iriamos á buscar; y la respuesta fué que no querian venir; é porque -otros pueblos tuviesen temor dello, mandó poner fuego á la mitad de -las casas que allí cerca estaban, y en aquel instante vinieron los -caciques del pueblo por donde aquel dia pasamos, que ya he dicho que -se dice Yautepeque, y dieron la obediencia á su Majestad; y otro dia -fuimos camino de otro mejor y mayor pueblo, que se dice Coadalbaca, y -comunmente corrompimos ahora aquel vocablo y le llamamos Cuernabaca, -y habia dentro en él mucha gente de guerra, ansí de mejicanos como de -los naturales, y estaba muy fuerte por unas cavas y riachuelo que están -en las barrancas por donde corre el agua, muy hondas, de más de ocho -estados abajo, puesto que no<span class="pagenum" id="Page_260">p. -260</span> llevaban mucha agua, y es fortaleza para ellos; y tambien -no habia entrada para caballos sino por unas dos puentes, y teníanlas -quebradas; y desta manera estaban tan fuertes, que no los podiamos -llegar, puesto que nos llegábamos á pelear con ellos desta parte de sus -cavas y riachuelo en medio, y ellos nos tiraban mucha vara y flecha é -piedras con hondas; y estando desta manera, avisaron á Cortés que más -adelante, obra de media legua, habia entrada para los caballos, y luego -fué allá con los de á caballo, y todos nosotros estábamos buscando -paso, y vimos que desde unos árboles que estaban junto con la cava -se podia pasar á la otra parte de aquella honda cava, y puesto que -cayeron tres soldados desde los árboles abajo en el agua, y aun el uno -se quebró la pierna, todavía pasamos, aunque con harto peligro; porque -de mí digo que verdaderamente cuando pasaba que lo vi muy peligroso -é malo de pasar, y se me desvanecia la cabeza, y todavía pasé yo y -otros veinte ó treinta soldados y muchos tlascaltecas, y comenzamos -á dar por las espaldas de los mejicanos, que estaban tirando vara y -flecha á los nuestros; y cuando lo vieron, que lo tenian por cosa -imposible, creyeron que éramos muchos más; y en este instante allegaron -Cristóbal de Olí é Pedro de Albarado y Andrés de Tapia, con otros de -á caballo, que habian pasado con mucho riesgo de sus personas por una -puente quebrada, y damos en los contrarios;<span class="pagenum" -id="Page_261">p. 261</span> por manera que volvieron las espaldas y se -fueron huyendo á los montes y á otras partes de aquella honda cava, -donde no se pudieron haber; é dende á poco rato tambien llegó Cortés -con todos los demás de á caballo.</p> - -<p>En este pueblo se hubo gran despojo, ansí de mantas muy grandes como -de buenas indias, é allí mandó Cortés que estuviésemos aquel dia, y en -una huerta del señor de aquel pueblo nos aposentamos todos, y era muy -buena.</p> - -<p>Que quiera decir el gran recaudo de velas y escuchas y corredores -del campo que do quiera que estábamos ó por los caminos llevábamos, es -prolijidad recitallo tantas veces: y por esta causa pasaré adelante, -y diré que vinieron nuestros corredores del campo á decir á Cortés -que venian hasta veinte indios, y á lo que parecia en sus meneos y -semblantes eran caciques y hombres principales que le traian mensajes -ó á demandar paces, y eran los caciques de aquel pueblo; y cuando -llegaron adonde Cortés estaba le hicieron mucho acato y le presentaron -ciertas joyas de oro, y le dijeron que les perdonase porque no salieron -de paz, que el señor de Méjico les enviaba á mandar que, pues estaban -en fortaleza, que desde allí nos diesen guerra, y les envió un buen -escuadron de mejicanos para que les ayudasen; é que á lo que ahora han -visto, que no habrá cosa, por fuerte que sea, que no la combatamos y -señoreemos, y que le piden por merced que los reciba de paz; y Cortés -les mostró buena cara<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span> -y dijo que somos vasallos de un gran señor, que es el Emperador D. -Cárlos, que á los que le quisieren servir que á todos hace mercedes, -y que á ellos en su Real nombre los recibe de paz; y allí dieron la -obediencia á su majestad; y acuérdome que dijeron aquellos caciques -que en pago de no haber venido de paz hasta entónces permitieron -nuestros dioses á los suyos que les hiciese castigo en sus personas y -haciendas.</p> - -<p>Donde los dejaré agora; y digamos cómo otro dia de mañana caminamos -para otra gran poblacion que se dice Suchimileco; y lo que pasamos en -el camino y en la ciudad y reencuentros de guerra que nos dieron diré -adelante, hasta que volvimos á Tezcuco, y lo que más pasamos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_145"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLV.</h2> - <p class="subh2h">DE LA GRAN SED QUE HUBO EN ESTE CAMINO, Y DEL - PELIGRO EN QUE NOS VIMOS EN SUCHIMILECO CON MUCHAS BATALLAS Y - REENCUENTROS QUE CON LOS MEJICANOS Y CON LOS NATURALES DE AQUELLA - CIUDAD TUVIMOS, Y DE OTROS MUCHOS REENCUENTROS DE GUERRAS QUE HASTA - VOLVER Á TEZCUCO PASAMOS.</p> -</div> - -<p>Pues como caminamos para Suchimileco, que es una gran ciudad, y en -toda la más della están fundadas las casas en el agua, de agua dulce, -y estará de Méjico obra de dos leguas y media; pues yendo por nuestro -camino con gran concierto y ordenanza, como lo teniamos de cos<span -class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span>tumbre, fuimos por unos -pinares, y no habia agua en todo el camino; y como íbamos con nuestras -armas á cuestas y era ya tarde y hacia gran sol, aquejábanos mucho la -sed, y no sabiamos si habia agua adelante, y habiamos andado ciertas -leguas, ni tampoco teniamos certinidad qué tanto estaba de allí un -pozo que nos decian que habia en el camino; y como Cortés así vido -todo nuestro ejército cansado, y los amigos tlascaltecas se desmayaron -y se murió uno de sed, y un soldado de los nuestros que era viejo y -estaba doliente, me parece que tambien se murió de sed, acordó Cortés -de parar á la sombra de unos pinares, y mandó á seis de á caballo que -fuesen adelante, camino de Suchimileco, é que viesen qué tanto de allí -habia poblacion ó estancias, ó el pozo que tuvimos noticia que estaba -cerca, para ir á dormir á él; y cuando fueron los de á caballo, que -era Cristóbal de Olí y un Valdenebro y Pedro Gonzalez de Trujillo, y -otros muy esforzados varones, acordé yo de me apartar en parte que -no me viese Cortés ni los de á caballo, y llevé tres naborías mios -tlascaltecas, bien esforzados é sueltos indios, y fuí tras ellos hasta -que me vieron ir, y me aguardaron para me hacer volver, no hubiese -algun rebato de guerreros mejicanos donde no me pudiese valer, é yo -todavía porfiaba á ir con ellos; y el Cristóbal de Olí, como era yo su -amigo, me dijo que fuese y que aparejase los puños á pelear con los -indios y los<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> piés á -ponerme en salvo, y era tanta la sed que tenia, que aventuraba mi vida -por me hartar de agua.</p> - -<p>Y pasando obra de media legua adelante, habia muchas estancias y -caserías de los de Suchimileco en unas laderas de unas sierrezuelas; -entónces los de á caballo que he dicho se apartaron para buscar agua -en las casas, y la hallaron y se hartaron de ella, y uno de mis -tlascaltecas me sacó de una casa un gran cántaro de agua, que así los -hay grandes cántaros en aquella tierra, de que me harté yo y ellos; y -entónces acordé desde allí de me volver donde estaba Cortés reposando, -porque los moradores de aquellas estancias ya comenzaban á se -apellidar y nos daban grita, y truje el cántaro lleno de agua con los -tlascaltecas, y hallé á Cortés que ya comenzaba á caminar con todo su -ejército; y como le dije que habia agua en unas estancias muy cerca de -allí y que habia bebido y que traia agua en el cántaro, la cual traian -los tlascaltecas muy escondida porque no me la tomasen, porque á la -sed no hay ley; de la cual bebió Cortés y otros caballeros, y se holgó -mucho, y todos se alegraron y se dieron priesa á caminar, y llegamos -á las estancias ántes de se poner el sol, y por las casas hallaron -agua, aunque no mucha, y con la sed que traian algunos soldados, comian -unos como cardos, y á algunos se les dañaron las bocas y lenguas; y -en este instante vinieron los de á caballo é dijeron que el pozo que -estaba léjos, y que ya estaba toda la tierra<span class="pagenum" -id="Page_265">p. 265</span> apellidando guerra, é que era bien dormir -allí; y luego pusieron velas y espías y corredores del campo, é yo fuí -uno de los que pusieran por velas, y paréceme que llovió aquella noche -un poco ó que hizo mucho viento; y otro dia muy de mañana comenzamos á -caminar; é á obra de las ocho llegamos á Suchimileco.</p> - -<p>Saber yo ahora decir la multitud de guerreros que nos estaban -esperando, unos por tierra é otros en un paso de una puente que tenian -quebrada, é los muchos mamparos y albarradas que tenian hecho en -ellas, é las lanzas que traian hechas como al modo de las espadas que -hubieron cuando la gran matanza que hicieron de los nuestros en lo -de las puentes de Méjico, y otros muchos indios capitanes que todos -traian espadas de las nuestras muy relucientes; pues flecheros y varas -de á dos gajos, y piedra con hondas, y espadas de á dos manos como -montantes, hechas de á dos manos de navajas.</p> - -<p>Digo que estaba toda la tierra firme llena dellos, y al pasar de -aquella puente estuvieron peleando con nosotros cerca de media hora, -que no les podiamos entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas ni -grandes arremetidas que haciamos, y lo peor de todo era que ya venian -otros escuadrones dellos, por las espaldas dándonos guerra; y cuando -aquello vimos, rompimos por el agua y puente medio nadando, y otros á -vuelapié, y allí hubo algunos de nuestros soldados que bebieron tanta -agua por fuera, que se les hincharon las barrigas<span class="pagenum" -id="Page_266">p. 266</span> dello.</p> - -<p>Y volvamos á nuestra batalla: que al pasar de la puente hirieron á -muchos de los nuestros é mataron dos soldados, y luego les llevamos á -buenas cuchilladas por unas calles donde habia tierra firme adelante, -y los de á caballo, juntamente con Cortés, salen por otras partes á -tierra firme, á donde toparon sobre más de diez mil indios, todos -mejicanos, que venian de refresco para ayudar á los de aquel pueblo; -y peleaban de tal manera con los nuestros, que les aguardaban con las -lanzas á los de á caballo, é hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que -se halló en aquella gran presa, y el caballo en que iba, que era muy -bueno, castaño escuro, que le llamaban el Romo, ú de muy gordo ú de -cansado, como estaba holgado, desmayó el caballo, y los contrarios -mejicanos, como eran muchos, echaron mano á Cortés y le derribaron del -caballo; otros dijeron que por fuerza le derrocaron; ahora sea por lo -uno ó por lo otro, en aquel instante llegaron muchos más guerreros -mejicanos para si pudieran apañarle vivo á Cortés; y como aquello -vieron unos tlascaltecas y un soldado muy esforzado, que se decia -Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina -del Campo, de presto llegaron, y á buenas cuchilladas y estocadas -hicieron lugar, y tornó Cortés á cabalgar, aunque bien herido en la -cabeza, y quedó el Olea muy malamente herido de tres cuchilladas; y en -aquel tiempo acudimos allí todos los más soldados que más cerca dél -nos<span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span> hallamos; porque -en aquella sazon, como en aquella ciudad habia en cada calle muchos -escuadrones de guerreros y por fuerza habiamos de seguir las banderas, -no podiamos estar todos juntos, sino pelear unos á unas partes y otros -á otras, como nos fué mandado por Cortés; mas bien entendimos que donde -andaba Cortés y los de á caballo que habia mucho que hacer, por las -muchas gritas y voces y alaridos que oiamos.</p> - -<p>Y en fin de más razones, puesto que habia á donde andábamos muchos -guerreros, fuimos con gran riesgo de nuestras personas á donde estaba -Cortés, que ya se le habian juntado hasta quince de á caballo y estaban -peleando con los enemigos junto á unas acequias, á donde se mamparaban -y estaban albarradas; y como llegamos, les pusimos en huida, aunque -no del todo volvian las espaldas; y porque el soldado Olea que acudió -á nuestro Cortés estaba muy mal herido de tres cuchilladas y se -desangraba, y las calles de aquella ciudad estaban llenas de guerreros, -dijimos á Cortés que se volviese á unos mamparos y se curase el -Cortés y el Olea; y así volvimos, y no muy sin sobra de vara y piedra -y flecha, que nos tiraban de muchas partes donde tenian mamparos y -albarradas, creyendo los mejicanos, que volviamos retrayéndonos, é nos -seguian con gran furia; y en este instante viene Pedro de Albarado é -Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí y todos los más de á caballo que -fueron con ellos á otras partes, el Olí corriendo<span class="pagenum" -id="Page_268">p. 268</span> sangre de la cara y el Pedro de Albarado -herido, y el caballo y todos los demás cada cual con su herida, y -dijeron que habian peleado con tanto mejicano en el campo, que no -se podian valer; y porque cuando pasamos la puente que dicho tengo, -parece ser Cortés los repartió que la mitad de á caballo fuesen por -una parte y la otra mitad por otra; y así, fueron siguiendo tras unos -escuadrones, y la otra mitad tras los otros.</p> - -<p>Pues ya que estábamos curando los heridos con quemalles con aceite é -apretalles con mantas, suenan tantas voces y trompetillas é caracoles -por unas calles en tierra firme, y por ellas vienen tantos mejicanos á -un patio donde estábamos curando los heridos, é tírannos tanta vara y -piedra, que hirieron de repente á muchos soldados; mas no les fué muy -bien de aquella cabalgada, que presto arremetimos con ellos, y buenas -cuchilladas y estocadas quedaron hartos dellos tendidos.</p> - -<p>Pues los de á caballo no tardaron en salilles al encuentro, que -mataron muchos, puesto que entónces hirieron dos caballos é mataron -un soldado; de aquella vez los echamos de aquel sitio é patio; y -cuando Cortés vió que no habia más contrarios, nos fuimos á reposar á -otro grande patio, adonde estaban los grandes adoratorios de aquella -ciudad, y á muchos de nuestros soldados subieron en el cu más alto, -adonde tenian sus ídolos, y desde allí vieron la gran ciudad de Méjico -y toda la laguna, porque bien se señoreaba todo; y vieron venir sobre -dos <span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span>mil canoas -que venian de Méjico llenas de guerreros, y venian derechos adonde -estábamos; porque, segun otro dia supimos, el señor de Méjico, que se -decia Guatemuz, les enviaba para que aquella noche ó dia diesen en -nosotros; y juntamente envió por tierra sobre otros diez mil guerreros -para que, unos por una parte y otros por otra, tuviesen manera que no -saliésemos de aquella ciudad con las vidas ninguno de nosotros.</p> - -<p>Tambien habia apercebido otros diez mil hombres para les enviar de -refresco cuando estuviesen dándonos guerra, y esto se supo otro dia -de cinco capitanes mejicanos que en las batallas prendimos; y mejor -lo ordenó nuestro Señor Jesucristo; porque así como vino aquella gran -flota de canoas, luego se entendió que venian contra nosotros, y -acordóse que hubiese muy buena vela en todo nuestro real, repartido -á los puertos y acequias por donde habian de venir á desembarcar, y -los de á caballo muy á punto toda la noche, ensillados y enfrenados, -aguardando en la calzada y tierra firme, y todos los capitanes, y -Cortés con ellos, haciendo vela y ronda toda la noche, é á mí é á -otros diez soldados nos pusieron por velas sobre unas paredes de cal -y canto, y tuvimos muchas piedras é ballestas y escopetas y lanzas -grandes adonde estábamos, para que si por allí, en unas acequias que -era desembarcadero, llegasen canoas, que los resistiésemos é hiciésemos -volver, é á otros soldados pusieron en guarda en<span class="pagenum" -id="Page_270">p. 270</span> otras acequias.</p> - -<p>Pues estando velando yo y mis compañeros, sentimos el rumor de -muchas canoas que venian á remo callado á desembarcar á aquel puesto -donde estábamos, y á buenas pedradas y con las lanzas les resistimos, -que no osaron desembarcar, y á uno de nuestros compañeros enviamos -que fuese á dar aviso á Cortés; y estando en esto, volvieron otra vez -otras muchas canoas cargadas de guerreros, y nos comenzaron á tirar -mucha vara y piedra y flecha, y los tornamos á resistir, y entónces -descalabraron á dos de nuestros soldados; y como era de noche muy -escuro, se fueron á ajuntar las canoas con sus capitanes de la flota -de canoas, y todas juntas fueron á desembarcar á otro puertezuelo ó -acequias hondas; y como no son acostumbrados á pelear de noche, se -juntaron todos con los escuadrones que Guatemuz enviaba por tierra, que -eran ya dellos más de quince mil indios.</p> - -<p>Tambien quiero decir, y esto no por me jactanciar, que como nuestro -compañero fué á dar aviso á Cortés cómo habian llegado allí en el -puerto donde velábamos muchas canoas de guerreros, segun dicho tengo, -luego vino á hablar con nosotros el mismo Cortés, acompañado de diez -de á caballo, y cuando llegó cerca sin nos hablar, dimos voces yo y un -Gonzalo Sanchez, que era del Algarbe portugués, y dijimos:</p> - -<p>—«¿Quién viene ahí? ¿No podeis hablar?»</p> - -<p>Y le tiramos tres ó cuatro pedradas: y como me conoció Cortés en -la voz á mí y á mi compañe<span class="pagenum" id="Page_271">p. -271</span>ro, dijo Cortés al tesorero Julian de Alderete y á fray Pedro -Melgarejo y al maestre de campo, que era Cristóbal de Olí, que le -acompañaban á rondar:</p> - -<p>—«No es menester poner aquí más recaudo, que dos hombres están aquí -puestos entre los que velan, que son de los que pasaron conmigo de los -primeros, que bien podemos fiar dellos esta vela, y aunque sea otra -cosa de mayor afrenta.»</p> - -<p>Y desque nos hablaron, dijo Cortés que mirásemos el peligro en que -estábamos; se fueron á requerir á otros puestos, y cuando no me cato, -sin más nos hablar, oimos cómo traian á un soldado azotando por la -vela, y era de los de Narvaez.</p> - -<p>Pues otra cosa quiero traer á la memoria, y es, que ya nuestros -escopeteros no tenian pólvora ni los ballesteros saetas; que el dia -ántes se dieron tal priesa, que lo habian gastado; y aquella misma -noche mandó Cortés á todos los ballesteros que alistasen todas las -saetas que tuviesen y las emplumasen y pusiesen sus casquillos, porque -siempre traiamos en las entradas muchas cargas de almacen de saetas, y -sobre cinco cargas de casquillos hechos de cobre, y todo aparejo para -donde quiera que llegásemos tener saetas; y toda la noche estuvieron -emplumando y poniendo casquillos todos los ballesteros, y Pedro Barba, -que era su capitan, no se quitaba de encima de la obra, y Cortés, que -de cuando en cuando acudia.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos ya que fué de dia claro cual nos vinieron -á cercar todos los escuadrones<span class="pagenum" id="Page_272">p. -272</span> mejicanos en el patio donde estábamos: y como nunca nos -cogian descuidados, los de á caballo por una parte, como era tierra -firme, y nosotros por otra, y nuestros amigos los tlascaltecas, que -nos ayudaban, rompimos por ellos y se mataron y hirieron tres de sus -capitanes, sin otros muchos que luego otro dia se murieron; y nuestros -amigos hicieron buena presa, y se prendieron cinco principales, de los -cuales supimos los escuadrones que Guatemuz habia enviado; y en aquella -batalla quedaron muchos de nuestros soldados heridos, é uno murió -luego.</p> - -<p>Pues no se acabó en esta refriega; que yendo los de á caballo -siguiendo el alcance, se encuentran con los diez mil guerreros que -el Guatemuz enviaba en ayuda é socorro de refresco de los que de -ántes habia enviado, y los capitanes mejicanos que con ellos venian -traian espadas de las nuestras, haciendo muchas muestras con ellas de -esforzados, y decian que con nuestras armas nos habian de matar; y -cuando los nuestros de á caballo se hallaron cerca dellos, como eran -pocos, y eran muchos escuadrones, temieron; é á esta causa se pusieron -en parte para no se encontrar luego con ellos hasta que Cortés y todos -nosotros fuésemos en su ayuda; é como lo supimos, en aquel instante -cabalgan todos los de á caballo que quedaban en el real, aunque -estaban heridos ellos y sus caballos, y salimos todos los soldados y -ballesteros, y con nuestros amigos los tlascaltecas, y arremetimos de -ma<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>nera, que rompimos -y tuvimos lugar de nos juntar con ellos pié con pié, y á buenas -estocadas y cuchilladas se fueron con la mala ventura, y nos dejaron de -aquella vez el campo.</p> - -<p>Dejemos esto, y tornaremos á decir que allí se prendieron otros -principales, y se supo dellos que tenia Guatemuz ordenado de enviar -otra gran flota de canoas y muchos más guerreros por tierra; y dijo -á sus guerreros que cuando estuviésemos cansados, y heridos muchos y -muertos de los reencuentros pasados, que estariamos descuidados con -pensar que no enviaria más escuadrones contra nosotros, é que con los -muchos que entónces enviaria nos podria desbaratar; y como aquello se -supo, si muy apercebidos estábamos de ántes, mucho más lo estuvimos -entónces, y fué acordado que para otro dia saliésemos de aquella ciudad -y no aguardásemos más batallas; y aquel dia se nos fué en curar heridos -y en adobar armas y hacer saetas; y estando de aquella manera, pareció -ser que, como en aquella ciudad eran ricos y tenian unas casas muy -grandes llenas de mantas, y ropa, y camisas de mujeres de algodon, y -habia en ella oro y otras muchas cosas y plumajes, alcanzáronlo á saber -los tlascaltecas y ciertos soldados en qué parte ó paraje estaban las -casas, y se las fueron á mostrar unos prisioneros de Suchimileco, y -estaban en la laguna dulce y podian pasar á ellas por una calzada, -puesto que habia dos ó tres puentes chicas en la calzada, que pasaban -á<span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span> ellas de unas -acequias hondas á otras; y como nuestros soldados fueron á las casas -y las hallaron llenas de ropa, y no habia guarda, cárganse ellos y -muchos tlascaltecas de ropa y otras cosas de oro, y se vienen con ello -al real; y como lo vieron otros soldados, van á las mismas casas, y -estando dentro sacando ropa de unas cajas muy grandes de madera, vino -en aquel instante una gran flota de canoas de guerreros de Méjico y -dan sobre ellos é hirieron muchos soldados, y apañan á cuatro soldados -vivos é los llevaron á Méjico, é los demás se escaparon de buena; y -llamábanse los que llevaron Juan de Lara, y el otro Alonso Hernandez, y -de los demás no me acuerdo sus nombres, mas sé que eran de la capitanía -de Andrés de Monjaraz.</p> - -<p>Pues como le llevaron á Guatemuz estos cuatro soldados, alcanzó á -saber cómo éramos muy pocos los que veniamos con Cortés y que muchos -estaban heridos, y tanto como quiso saber de nuestro viaje, tanto supo; -y como fué bien informado, manda cortar piés y brazos á los tristes -nuestros compañeros, y los envia por muchos pueblos nuestros amigos de -los que nos habian venido de paz, y les envia á decir que ántes que -volvamos á Tezcuco piensa no quedará ninguno de nosotros á vida; y con -los corazones y sangre hizo sacrificio á sus ídolos.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo luego tornó á enviar muchas flotas -de canoas llenas de guerreros, y otras capitanías por tierra, y les -mandó que procurasen que no sa<span class="pagenum" id="Page_275">p. -275</span>liésemos de Suchimileco con las vidas.</p> - -<p>Y porque ya estoy harto de escribir de los muchos reencuentros y -batallas que en estos cuatro dias tuvimos con mejicanos, é no puedo -dejar otra vez de hablar en ellas, digo que cuando amaneció vinieron -desta vez tantos culchúas mejicanos por los esteros, y otros por las -calzadas y tierra firme, que tuvimos harto que romper en ellos; y luego -nos salimos de aquella ciudad á una gran plaza que estaba algo apartada -del pueblo, donde solian hacer sus mercados; y allí, puestos con todo -nuestro fardaje para caminar, Cortés comenzó á hacer un parlamento -acerca del peligro en que estábamos, porque sabiamos cierto que en los -caminos é pasos malos nos estaban aguardando todo el poder de Méjico y -otros muchos guerreros puestos en esteros y acequias; é nos dijo que -seria bien, é así nos lo mandaba de hecho, que fuésemos desembarazados -y dejásemos el fardaje é hato, porque no nos estorbase para el tiempo -de pelear.</p> - -<p>Y cuando aquello le oimos, todos á una le respondimos que, mediante -Dios, que hombres éramos para defender nuestra hacienda y personas é la -suya, y que seria gran poquedad si tal hiciésemos; y desque vió nuestra -voluntad y respuesta, dijo que á la mano de Dios lo encomendaba; y -luego se puso en concierto cómo habiamos de ir, el fardaje y los -heridos en medio, y los de á caballo repartidos, la mitad dellos -delante y la otra mitad en la retaguarda, y los ballesteros tambien -con todos<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> nuestros -amigos, é allí poniamos más recaudo, porque siempre los mejicanos -tenian por costumbre que daban en el fardaje; de los escopeteros no -nos aprovechábamos, porque no tenian pólvora ninguna; y desta manera -comenzamos á caminar.</p> - -<p>Y cuando los escuadrones mejicanos que habia enviado Guatemuz aquel -dia vieron que nos íbamos retrayendo de Suchimileco, creyeron que de -miedo no los osábamos esperar, como ello fué verdad, y salen de repente -tantos dellos y se vienen derechos á nosotros, é hirieron dos soldados, -é dos murieron de ahí á ocho dias, é quisieron romper y desbaratar por -el fardaje; mas, como íbamos con el concierto que he dicho, no tuvieron -lugar, y en todo el camino hasta que llegamos á un gran pueblo que -se dice Cuyoacoan, que está obra de dos leguas de Suchimileco, nunca -nos faltaron rebatos de guerreros que nos salian en partes que no nos -podiamos aprovechar dellos, y ellos sí de nosotros, de mucha vara y -piedra y flecha; y como tenian cerca los esteros y zanjas, poníanse en -salvo.</p> - -<p>Pues llegados á Cuyoacoan á obra de las diez del dia, hallámosla -despoblada.</p> - -<p>Quiero ahora decir que están muchas ciudades las unas de las -otras cerca, de la gran ciudad de Méjico obra de dos leguas, porque -Suchimileco y Cuyoacoan y Chohuilobusco é Iztapalapa y Coadlauaca y -Mezquique, y otros tres ó cuatro pueblos que están poblados los más -dellos en el agua, que están á legua y media ó á dos leguas<span -class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span> las unas de las otras, y -de todas ellas se habian juntado allí en Suchimileco muchos indios -guerreros contra nosotros.</p> - -<p>Pues volvamos á decir que como llegamos á aquel gran pueblo ya -estaba despoblado, y está en tierra llana, acordamos de reposar aquel -dia que llegamos é otro, porque se curasen los heridos y hacer saetas, -porque bien entendido teniamos que habiamos de haber más batallas ántes -de volver á nuestro real, que era Tezcuco; é otro dia muy de mañana -comenzamos á caminar, con el mismo concierto que soliamos llevar, -camino de Tacuba, que está de donde salimos obra de dos leguas, y en el -camino salieron en tres partes muchos escuadrones de guerreros, y todas -tres les resistimos, y los de á caballo los seguian por tierra llana -hasta que se acogian á los esteros é acequias; é yendo por nuestro -camino de la manera que he dicho, apartóse Cortés con diez de á caballo -á echar una celada á los mejicanos que salian de aquellos esteros y -salian á dar guerra á los nuestros, y llevó consigo cuatro mozos de -espuelas, y los mejicanos hacian que iban huyendo, y Cortés con los de -á caballo y sus criados siguiéndoles; y cuando miró por sí, estaba una -gran capitanía de contrarios puestos en celada, y dan en Cortés y los -de á caballo, que les hirieron los caballos, y si no dieran vuelta de -presto, allí quedaran muertos ó presos.</p> - -<p>Por manera que apañaron los mejicanos dos de los soldados mozos -de espuelas de Cortés, de los<span class="pagenum" id="Page_278">p. -278</span> cuatro que llevaba, y vivos los llevaron á Guatemuz, é los -sacrificaron.</p> - -<p>Dejemos de hablar deste desman por causa de Cortés, y digamos cómo -habiamos ya llegado á Tacuba con nuestras banderas tendidas, con -todo nuestro ejército y fardaje, y todos los más de á caballo habian -llegado, y tambien Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y Cortés no -venia con los diez de á caballo que llevó en su compañía.</p> - -<p>Tuvimos mala sospecha no les hubiese acaecido algun desman, y luego -fuimos con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí é Andrés de Tapia en -su busca, con otros de á caballo, hácia los esteros donde le vimos -apartar, y en aquel instante vinieron los otros dos mozos de espuelas -que habian ido con Cortés, que se escaparon, é se decia el uno Monroy -y el otro Tomás de Rijoles, y dijeron que ellos por ser ligeros -escaparon, é que Cortés y los demás se vienen poco á poco porque traen -los caballos heridos; y estando en esto viene Cortés, con el cual nos -alegramos, puesto que él venia muy triste y como lloroso; llamábanse -los mozos de espuelas que llevaron á Méjico á sacrificar, el uno -Francisco Martin Vendobal, y este nombre de Vendobal se le puso por ser -algo loco, y el otro se decia Pedro Gallego.</p> - -<p>Pues como allí llegó Cortés á Tacuba, llovia mucho, y reparamos -cerca de dos horas en unos grandes patios; y Cortés con otros capitanes -y el tesorero Alderete, que venia ya malo, y el fraile Melgarejo -y otros muchos soldados,<span class="pagenum" id="Page_279">p. -279</span> subimos en el gran cu de aquel pueblo, que desde él se -señoreaba muy bien la ciudad de Méjico, que está muy cerca, y toda la -laguna y las más ciudades que están en el agua pobladas; y cuando el -fraile y el tesorero Alderete vieron tantas ciudades y tan grandes, y -todas asentadas en el agua, estaban admirados.</p> - -<p>Pues cuando vieron la gran ciudad de Méjico, y la laguna y tanta -multitud de canoas, que unas iban cargadas con bastimentos y otras -iban á pescar y otras baldías, mucho más se espantaron, porque no las -habian visto hasta en aquella sazon; y dijeron que nuestra venida en -esta Nueva-España que no eran cosas de hombres humanos, sino que la -gran misericordia de Dios era quien nos sostenia; é que otras veces han -dicho que no se acuerdan haber leido en ninguna escritura que hayan -hecho ningunos vasallos tan grandes servicios á su Rey como son los -nuestros, é que ahora lo dicen muy mejor, y que dello harian relacion á -su majestad.</p> - -<p>Dejemos de otras muchas pláticas que allí pasaron, y cómo consolaba -el Fraile á Cortés por la pérdida de sus mozos de espuelas, que estaba -muy triste por ellos; y digamos cómo Cortés y todos nosotros estábamos -mirando desde Tacuba el gran cu del ídolo Huichilóbos y el Tatelulco y -los aposentos donde soliamos estar, y mirábamos toda la ciudad, y las -puentes y calzada por donde salimos huyendo; y en este instante suspiró -Cortés con una muy gran tris<span class="pagenum" id="Page_280">p. -280</span>teza, muy mayor que la que de ántes traia, por los hombres -que le mataron ántes que en el alto cu subiese; y desde entónces -dijeron un cantar ó romance:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse i2">En Tacuba está Cortés</div> - <div class="verse i0">Con su escuadron esforzado,</div> - <div class="verse i0">Triste estaba y muy penoso,</div> - <div class="verse i0">Triste y con gran cuidado,</div> - <div class="verse i0">La una mano en la mejilla,</div> - <div class="verse i0">Y la otra en el costado, etc.</div> - </div> -</div> -</div> - -<p>Acuérdome que entónces le dijo un soldado que se decia el bachiller -Alonso Perez, que despues de ganada la Nueva-España fué fiscal é vecino -en Méjico:</p> - -<p>—«Señor capitan, no esté vuestra merced tan triste; que en las -guerras estas cosas suelen acaecer, y no se dirá por vuestra merced:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse i2">Mira Nero, de Tarpeya,</div> - <div class="verse i0">Á Roma cómo se ardia.»</div> - </div> -</div> -</div> - -<p>Y Cortés le dijo que ya veia cuántas veces habia enviado á Méjico á -rogalles con la paz, y que la tristeza no la tenia por sola una cosa, -sino en pensar en los grandes trabajos en que nos habiamos de ver hasta -tornar á señorear, y que con la ayuda de Dios presto lo porniamos por -la obra.</p> - -<p>Dejemos estas pláticas y romances, pues no estábamos en tiempo -dellos, y digamos cómo se tomó parecer entre nuestros capitanes y -soldados si dariamos una vista á la calzada, pues estaba tan cerca -de Tacuba, don<span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>de -estábamos; y como no habia pólvora ni muchas saetas, y todos los más -soldados de nuestro ejército heridos, acordándosenos que otra vez, poco -más habia de un mes, que Cortés les probó á entrar en la calzada con -muchos soldados que llevaba, y estuvo en gran peligro; porque temió ser -desbaratado, como dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla; -y fué acordado que luego nos fuésemos nuestro camino, por temor no -tuviésemos en ese dia ó en la noche alguna refriega con los mejicanos; -porque Tacuba está muy cerca de la gran ciudad de Méjico, y con la -llevada que entónces llevaron vivos de los soldados no enviase Guatemuz -sus grandes poderes contra nosotros; y comenzamos á caminar, y pasamos -por Escapuzalco y hallámosle despoblado, y luego fuimos á Tenayuca, que -era gran pueblo, que le soliamos llamar el pueblo de las Sierpes.</p> - -<p>Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello habla, que tenian -tres sierpes en el oratorio mayor en que adoraban, y las tenian por sus -ídolos, y tambien estaban despoblados; y desde allí fuimos á Guatitlan, -y en todo este dia no dejó de llover muy grandes aguaceros, y como -íbamos con nuestras armas á cuestas, que jamás las quitábamos de dia ni -de noche, y con la mucha agua y del peso dellas íbamos quebrantados, -y llegamos ya que anochecia á aquel gran pueblo, y tambien estaba -despoblado, y en toda la noche no dejó de llover, y habia grandes -lodos, y<span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span> los -naturales dél y otros escuadrones mejicanos nos daban tanta grita de -noche desde unas acequias y partes que no les podiamos hacer mal; y -como hacia muy escuro y llovia, no se podian poner velas ni rondas, y -no hubo concierto ninguno ni acertábamos con los puestos; y esto digo -porque á mí me pusieron para velar la prima, y jamás acudió á mi puesto -ni cuadrillero ni rondas, y así se hizo en todo el real.</p> - -<p>Dejemos deste descuido, y tornemos á decir que otro dia fuimos -camino de otra gran poblacion, que no me acuerdo el nombre, y habia -grandes lodos en él, y hallámosla despoblada; y otro dia pasamos por -otros pueblos y tambien estaban despoblados; y otro dia llegamos á -un pueblo que se dice Aculman, sujeto de Tezcuco; y como supieron en -Tezcuco cómo íbamos, salieron á recebir á Cortés, é vinieron muchos -españoles que habian venido entónces de Castilla.</p> - -<p>Y tambien vino á recebirnos el capitan Gonzalo de Sandoval con -muchos soldados, y juntamente el señor de Tezcuco, que ya he dicho que -se decia don Fernando; y se hizo á Cortés buen recebimiento, así de los -nuestros como de los recien venidos de Castilla, y muchos más de los -naturales de los pueblos comarcanos; pues trujeron de comer, y luego -esa noche se volvió á Sandoval á Tezcuco con todos sus soldados á poner -en cobro su real.</p> - -<p>Y otro dia por la mañana fué Cortés con todos nosotros camino -de Tezcuco; y como íbamos cansados y heridos, y dejábamos muertos -nuestros solda<span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span>dos -y compañeros, y sacrificados en poder de los mejicanos, en lugar de -descansar y curar nuestras heridas, tenian ordenada una conjuracion -ciertas personas de calidad, de la parcialidad de Narvaez, de matar -á Cortés y á Gonzalo de Sandoval é á Pedro de Alvarado é Andrés de -Tapia.</p> - -<p>Y lo que más pasó diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_146"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLVI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO DESQUE LLEGAMOS CON CORTÉS Á TEZCUCO CON TODO - NUESTRO EJÉRCITO Y SOLDADOS, DE LA ENTRADA DE RODEAR LOS PUEBLOS DE - LA LAGUNA, TENIAN CONCERTADO ENTRE CIERTAS PERSONAS DE LOS QUE HABIAN - PASADO CON NARVAEZ, DE MATAR Á CORTÉS Y Á TODOS LOS QUE FUÉSEMOS EN - SU DEFENSA; Y QUIEN FUÉ PRIMERO AUTOR DE AQUELLA CHIRINOLA FUÉ UNO - QUE HABIA SIDO GRAN AMIGO DE DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA; - AL CUAL SOLDADO CORTÉS LE MANDÓ AHORCAR POR SENTENCIA; Y CÓMO SE - HERRARON LOS ESCLAVOS Y SE APERCIBIÓ TODO EL REAL Y LOS PUEBLOS - NUESTROS AMIGOS, Y SE HIZO ALARDE Y ORDENANZAS, Y OTRAS COSAS QUE MÁS - PASARON.</p> -</div> - -<p>Ya he dicho, como veniamos tan destrozados y heridos de la entrada -por mí nombrada, pareció ser que un gran amigo del gobernador de -Cuba, que se decia Antonio de Villafaña, natural de Zamora ú de Toro, -se concertó con otros soldados de los de Narvaez, los cuales<span -class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span> no nombro sus nombres -por su honor, que así como viniese Cortés de aquella entrada, que le -matasen, y habia de ser desta manera: que, como en aquella sazon habia -venido un navío de Castilla, que cuando Cortés estuviese sentado á la -mesa comiendo con sus capitanes é soldados, que entre aquellas personas -que tenian hecho el concierto, que trujesen una carta muy cerrada -y sellada, como que venia de Castilla, y que dijesen que era de su -padre Martin Cortés, y que cuando la estuviese leyendo le diesen de -puñaladas, y así al Cortés como á todos los capitanes y soldados que -cerca de Cortés nos hallásemos en su defensa.</p> - -<p>Pues ya hecho y consultado todo lo por mí dicho, los que lo tenian -concertado, quiso nuestro Señor que dieron parte del negocio á dos -personas principales, que aquí tampoco quiero nombrar, que habian -ido en la entrada con nosotros, y aun á uno dellos en el concierto -que tenian le habian nombrado por uno de los capitanes generales -despues que hubiesen muerto á Cortés; y asimismo á otros soldados -de los de Narvaez hacian alguacil mayor é alférez, y alcaldes y -regidores, y contador y tesorero y veedor, y otras cosas deste arte, -y aun repartido entre ellos nuestros bienes y caballos; y este -concierto estuvo encubierto dos dias despues que llegamos á Tezcuco; -y nuestro Señor Dios fué servido que tal cosa no pasase, porque era -perderse la Nueva-España y todos nosotros muriéramos, porque luego se -levantaran<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> bandos y -chirinolas.</p> - -<p>Pareció ser que un soldado lo descubrió á Cortés, que luego pusiese -remedio en ello ántes que más fuego sobre aquel caso se encendiese; -porque le certificó aquel buen soldado que eran muchas personas de -calidad en ello; y como Cortés lo supo, despues de hacer grandes -ofrecimientos y dádivas que le dió á quien se lo descubrió, muy presto -secretamente lo hace saber á todos nuestros capitanes, que fueron Pedro -de Albarado é Francisco de Lugo, y á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de -Sandoval, é Andrés de Tapia é á mí y á dos alcaldes ordinarios que eran -de aquel año, que se decian Luis Marin y Pedro de Ircio, y á todos -nosotros los que éramos de la parte de Cortés; y así como lo supimos, -nos apercebimos, y sin más tardar fuimos con Cortés á la posada de -Antonio de Villafaña, y estaban con él muchos de los que eran en la -conjuracion, y de presto le echamos mano al Villafaña con cuatro -alguaciles que Cortés llevaba, y los capitanes y soldados que con el -Villafaña estaban comenzaron á huir, y Cortés les mandó detener y -prender algunos dellos.</p> - -<p>Y cuando tuvimos preso al Villafaña, Cortés le sacó del seno el -memorial que tenia con las firmas de los que fueron en el concierto -que dicho tengo; y como lo hubo leido vió que eran muchas personas en -ello de calidad, é por no infamarlos, echó fama que comió el memorial -el Villafaña, y que no le habia visto ni leido, é luego hizo proceso -contra él; y to<span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>mada -la confesion, dijo la verdad, é con muchos testigos que habia de fe -y de creer, que tomaron sobre el caso, por sentencia que dieron los -alcaldes ordinarios, juntamente con Cortés y el maestre de campo -Cristóbal de Olí, y despues que se confesó con el padre Juan Diaz, -le ahorcaron de una ventana del aposento donde posaba el Villafaña; -y no quiso Cortés que otro ninguno fuese infamado en aquel mal caso, -puesto que en aquella sazon echaron presos á muchos por tener temores -y hacer señal que queria hacer justicia de otros; y como el tiempo no -daba lugar á ello, se disimuló; y luego acordó Cortés de tener guarda -para su persona, y fué su capitan un hidalgo que se decia Antonio -de Quiñones, natural de Zamora, con doce soldados, buenos hombres -y esforzados, y le velaban de dia y de noche, y á nosotros de los -que sentia que éramos de su banda, nos rogaba que mirásemos por su -persona.</p> - -<p>Y desde allí adelante, aunque mostraba gran voluntad á las personas -que eran en la conjuracion, siempre se recelaba dellos.</p> - -<p>Dejemos esta materia, y digamos cómo luego se mandó pregonar que -todos los indios é indias que habiamos habido en aquellas entradas los -llevasen á herrar dentro de dos dias á una casa que estaba señalada -para ello; y por no gastar más palabras en esta relacion sobre la -manera que se vendia en la almoneda, más de las que otras veces tengo -dichas en las dos veces que se herraron, si mal lo habian hecho -de<span class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span> ántes, muy peor -se hizo esta vez, que, despues de sacado el real quinto, sacaba Cortés -el suyo, y otras treinta socaliñas para capitanes; y si eran hermosas -y buenas indias las que metiamos á herrar, las hurtaban de noche del -monton que no parecian hasta de ahí á buenos dias; y por esta causa se -dejaban de herrar muchas piezas que despues teniamos por naborías.</p> - -<p>Dejemos de hablar en esto, y digamos lo que despues en nuestro real -se ordenó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_147"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLVII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS MANDÓ Á TODOS LOS PUEBLOS NUESTROS - AMIGOS QUE ESTABAN CERCANOS DE TEZCUCO, QUE HICIESEN ALMACEN DE - SAETAS É CASQUILLOS DE COBRE, Y LO QUE EN NUESTRO REAL MÁS PASÓ.</p> -</div> - -<p>Como se hubo hecho justicia del Antonio de Villafaña, y estaban -ya pacíficos los que eran juntamente con él conjurados de matar á -Cortés y á Pedro de Albarado y al Sandoval y á los que fuésemos en su -defensa, segun más largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado, -é viendo Cortés que ya los bergantines estaban hechos, y puestas sus -jarcias y velas y remos muy buenos, y más remos de los que habian -menester<span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span> para cada -bergantin, y la zanja de agua por donde habian de salir á la laguna -muy ancha é hondable, envió á decir á todas los pueblos nuestros -amigos que estaban cerca de Tezcuco, que en cada pueblo hiciesen ocho -mil casquillos de cobre, que fuesen segun otros que les llevaron por -muestra, que eran de Castilla; y asimismo les mandó que en cada pueblo -labrasen y desbastasen otras ocho mil saetas de una madera muy buena, -que tambien les llevaron muestra, y les dió de plazo ocho dias para que -trujesen las saetas y casquillos á nuestro real; lo cual trujeron para -el tiempo que se les mandó, que fueron más de cincuenta mil casquillos -y otras tantas mil saetas, y los casquillos fueron mejores que los de -Castilla.</p> - -<p>Y luego mandó Cortés á Pedro Barba, que en aquella sazon era capitan -de ballesteros, que los repartiese, así saetas como casquillos, entre -todos los ballesteros, é que les mandase que siempre desbastasen -el almacen, y las emplumasen con engrudo, que pega mejor que lo de -Castilla, que se hace de unas como raices que se dice cactle; y -asimismo mandó al Pedro Barba que cada ballestero tuviese dos cuerdas -bien pulidas y aderezadas para sus ballestas, y otras tantas nueces, -para que si se quebrase alguna cuerda ó faltase la nuez, que luego se -pusiese otra, é que siempre tirasen á terreno y viesen á qué pasos -allegaba la fuga de sus ballestas, y para ello se les dió mucho hilo -de Valencia para<span class="pagenum" id="Page_289">p. 289</span> las -cuerdas; porque en el navío que he dicho que vino pocos dias habia de -Castilla, que era de Juan de Búrgos, trujo mucho hilo y gran cantidad -de pólvora y ballestas y otras muchas armas, y herraje y escopetas.</p> - -<p>Y tambien mandó Cortés á los de á caballo que tuviesen sus caballos -herrados y las lanzas puestas á punto, é que cada dia cabalgasen y -corriesen y les mostrasen muy bien á revolver y escaramuzar; y hecho -esto, envió mensajeros y cartas á nuestro amigo Xicotenga el viejo, -que, como ya he dicho otras veces, era vuelto cristiano y se llamaba -don Lorenzo de Vargas, y á su hijo Xicotenga el mozo, y á sus hermanos -y al Chichimecatecle, haciéndoles saber que en pasando el dia de Corpus -Christi habiamos de partir de aquella ciudad para ir sobre Méjico á -ponelle cerco, y que le enviase veinte mil guerreros de los suyos -de Tlascala y los de Guaxocingo y Cholula, pues todos eran amigos y -hermanos en armas; é ya lo sabian los tlascaltecas de sus mismos indios -el plazo y concierto, como siempre iban de nuestro real cargados de -despojos de las entradas que haciamos.</p> - -<p>Tambien apercibió á los de Chalco y Talmanalco y sus sujetos que -se apercibiesen para cuando los enviásemos á llamar; y se les hizo -saber cómo era para poner cerco á Méjico, y en qué tiempo habiamos de -ir; y tambien se les dijo á don Hernando, señor de Tezcuco, y á sus -principales y á todos sus sujetos, y á todos los más pueblos nuestros -amigos; y<span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> todos á una -respondieron que lo harian muy cumplidamente lo que Cortés les enviaba -á mandar, é que vernian, y los de Tlascala vinieron pasada la Pascua -del Espíritu Santo.</p> - -<p>Hecho esto, se acordó de hacer alarde un dia de Pascua, lo cual diré -adelante el concierto que se dió.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_148"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLVIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO SE HIZO ALARDE EN LA CIUDAD DE TEZCUCO EN LOS - PATIOS MAYORES DE AQUELLA CIUDAD, Y LOS DE Á CABALLO, BALLESTEROS - Y ESCOPETEROS Y SOLDADOS QUE SE HALLARON, Y LAS ORDENANZAS QUE SE - PREGONARON, Y OTRAS COSAS QUE SE HICIERON.</p> -</div> - -<p>Despues que se dió la órden, así como ántes he dicho, y se -enviaron mensajeros y cartas á nuestros amigos los de Tlascala y á -los de Chalco, y se dió aviso á los demás pueblos, acordó Cortés con -nuestros capitanes y soldados que para el segundo dia del Espíritu -Santo, que fué el año de 1521 años, se hiciese alarde; el cual alarde -se hizo en los patios mayores de Tezcuco, y halláronse ochenta y -cuatro de á caballo y seiscientos y cincuenta soldados de espada y de -rodela, é muchos de lanzas, é ciento y noventa y cuatro ballesteros -y escopeteros; y destos se<span class="pagenum" id="Page_291">p. -291</span> sacaron para los trece bergantines los que ahora diré: para -cada bergantin doce ballesteros y escopeteros, estos no habian de -remar; y demás desto, tambien se sacaron otros doce remeros para cada -bergantin, á seis por banda, que son los doce que he dicho. Y demás -desto, un capitan por cada bergantin.</p> - -<p>Por manera que sale á cada bergantin á veinte y cinco soldados con -el capitan, é trece bergantines que eran, á veinte y cinco soldados, -son ducientos y ochenta y ocho, y con los artilleros que les dieron, -demás de los veinte y cinco soldados, fueron en todos los bergantines -trecientos soldados por la cuenta que he dicho; y tambien les repartió -los tiros de fustera é halconetes que teniamos y la pólvora que -les parecia que habian menester; y esto hecho, mandó pregonar las -ordenanzas que todos habiamos de guardar.</p> - -<p>Lo primero, que ninguna persona fuese osada de blasfemar de Nuestro -Señor Jesucristo ni de Nuestra Señora su bendita Madre, ni de los -Santos Apóstoles ni otros Santos, so graves penas.</p> - -<p>Lo segundo, que ningun soldado tratase mal á nuestros amigos, pues -iban para nos ayudar, ni les tomasen cosa ninguna, aunque fuesen -de las cosas que ellos habian adquirido en la guerra, ni plata ni -chalchihuies.</p> - -<p>Lo tercero, que ningun soldado fuese osado de salir ni de dia ni -de noche de nuestro real para ir á ningun pueblo de nuestros amigos -ni<span class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span> á otra parte á -traer de comer ni á otra cualquier cosa, so graves penas.</p> - -<p>Lo cuarto, que todos los soldados llevasen muy buenas armas y bien -colchadas, y gorjal y papahigos y antiparas y rodelas; que, como -sabiamos, que era tanta la multitud de vara y piedra y flecha y lanza, -para todo era menester llevar las armas que decia el pregon.</p> - -<p>Lo quinto, que ninguna persona jugase caballo ni armas, por via -ninguna, con gran pena que se les puso.</p> - -<p>Lo sexto y último, que ningun soldado ni hombre de á caballo ni -ballestero ni escopetero duerma sin estar con todas sus armas vestidas -y con alpargates calzados, excepto si no fuese con gran necesidad de -heridas ó estar doliente, porque estuviésemos muy bien aparejados para -cualquier tiempo que los mejicanos viniesen á nos dar guerra.</p> - -<p>Y demás desto, se pregonaron las leyes que se mandan guardar en lo -militar, que es al que se duerme en la vela ó se va del puesto que le -ponen, pena de muerte; y se pregonó que ningun soldado vaya de un real -á otro sin licencia de su capitan, so pena de muerte.</p> - -<p>Más se pregonó, que el soldado que dejare su capitan en la guerra ó -batalla é se huya, pena de muerte.</p> - -<p>Esto pregonado, diré en lo que más se entendió.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_149"> - <p><span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLIX.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS BUSCÓ Á LOS MARINEROS QUE ERAN MENESTER - PARA REMAR EN LOS BERGANTINES, Y SE LES SEÑALÓ CAPITANES QUE HABIAN - DE IR EN ELLOS, Y DE OTRAS COSAS QUE SE HICIERON.</p> -</div> - -<p>Despues de hecho el alarde ya otras veces dicho, como vió Cortés -que para remar los bergantines no hallaban tantos hombres del mar que -supiesen remar, puesto que bien se conocian los que habiamos traido -en nuestros navíos que dimos al través con ellos cuando venimos con -Cortés, é asimismo se conocian los marineros de los navíos de Narvaez -y de los de Jamáica, y todos estaban puestos por memoria y los habian -apercebido porque habian de remar, y aun con todos ellos no habia -recaudo para todos trece bergantines, y muchos dellos rehusaban y aun -decian que no habian de remar; y Cortés hizo pesquisa para saber los -que eran marineros y habian visto que iban á pescar, ó si eran de Pálos -ó Moguer ú de Triana ú del Puerto ú de otro cualquier puerto ó parte -donde hay marineros, les mandaba, so graves penas, que entrasen en -los bergantines, y aunque más hidalgos dijesen que eran, les hizo ir -á remar; y desta manera juntó ciento y cincuenta hombres para<span -class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> remar, y ellos fueron -los mejor librados que nosotros los que estábamos en las calzadas -batallando, y quedaron ricos de despojos, como adelante diré.</p> - -<p>Y desque Cortés les hubo mandado que anduviesen en los bergantines, -y les repartió los ballesteros y escopeteros y pólvora y tiros é saetas -y todo lo demás que era menester, y les mandó poner en cada bergantin -las banderas Reales y otras banderas del nombre que se decia ser el -bergantin, y otras cosas que convenian, nombró por capitanes para cada -uno dellos á los que ahora aquí diré: á Garci-Holguin, Pedro Barba, -Juan de Limpias, Carvajal el sordo, Juan Jaramillo, Jerónimo Ruiz de la -Mota, Carvajal, su compañero, que ahora es muy viejo y vive en la calle -de San Francisco; é á un Portillo, que entónces vino de Castilla, buen -soldado, que tenia una mujer hermosa; é á un Zamora, que fué maestre de -navíos, que vivia ahora en Guaxaca; é á un Colmenero, que era marinero, -buen soldado; é á un Lerma é á Ginés Norte é á Briones, natural de -Salamanca; el otro capitan no me acuerdo su nombre, é á Miguel Diaz -de Auz; é cuando los hubo nombrado, mandó á todos los ballesteros y -escopeteros é á los demás soldados que habian de remar, que obedeciesen -á los capitanes que les ponia y no saliesen de su mandado, so graves -penas; y les dió las instrucciones que cada capitan habia de hacer y -en qué puesto habian de ir de las calzadas é con qué capitanes de los -de<span class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span> tierra.</p> - -<p>Acabado de poner en concierto todo lo que he dicho, viniéronle á -decir á Cortés que venian los capitanes de Tlascala con gran copia de -guerreros, y venian en ellos por capitan general Xicotenga el mozo, el -que fué capitan cuando las guerras de Tlascala, y este fué el que nos -trataba la traicion en Tlascala cuando salimos huyendo de Méjico, segun -otras muchas veces lo he referido; é que traia en su compañía otros dos -hermanos, hijos del buen viejo don Lorenzo de Vargas, é que traia gran -copia de tlascaltecas y de Guaxocingo, y otro capitan de cholultecas; y -aunque eran pocos, porque, á lo que siempre vi, despues que en Cholula -se les hizo el castigo ya otra vez por mí dicho en el capítulo que -dello habla, despues acá jamás fueron con los mejicanos ni aun con -nosotros, sino que se estaban á la mira, que aun cuando nos echaron de -Méjico no se hallaron ser nuestros contrarios.</p> - -<p>Dejemos esto, y volvamos á nuestra relacion: que como Cortés supo -que venia Xicotenga y sus hermanos y otros capitanes, é vinieron un dia -primero del plazo que les enviaron á decir que viniesen, salió á les -recebir Cortés un cuarto de legua de Tezcuco, con Pedro de Albarado y -otros nuestros capitanes; y como encontraron con el Xicotenga y sus -hermanos, les hizo Cortés mucho acato y les abrazó, y á todos los más -capitanes, y venian en gran ordenanza y todos muy lucidos, con grandes -divisas cada capitanía por sí, y sus banderas tendidas, y el<span -class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span> ave blanca que tienen por -armas, que parece águila con sus alas tendidas; traian sus alféreces -revolando sus banderas y estandartes, y todos con sus arcos y flechas y -espadas de á dos manos y varas con tiraderas, é otros macanas y lanzas -grandes é otras chicas é sus penachos, y puestos en concierto y dando -voces y gritos é silbos, diciendo:</p> - -<p>—«¡Viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, Tlascala, -Tlascala!»</p> - -<p>Y tardaron en entrar en Tezcuco más de tres horas, y Cortés los -mandó aposentar en unos buenos aposentos, y los mandó dar de comer -de todo lo que en nuestro real habia; é despues de muchos abrazos y -ofrecimientos que los haria ricos, se despidió dellos y les dijo que -otro dia les diria lo que habian de hacer, é que ahora venian cansados, -que reposasen; y en aquel instante que llegaron aquellos caciques de -Tlascala que dicho tengo, entraron en nuestro real cartas que enviaba -un soldado que se decia Hernando de Barrientos, desde un pueblo que se -dice Chinanta, que estará de Méjico obra de noventa leguas; y lo que -en ella se contenia era que habian muerto los mejicanos en el tiempo -que nos echaron de Méjico á tres compañeros suyos cuando estaban en -las estancias y minas donde los dejó el capitan Pizarro, que así se -llamaba, para que buscasen y descubriesen todas aquellas comarcas si -habia minas ricas de oro, segun dicho tengo en el capítulo que dello -habla; y que el Barrientos que se acogió á aquel pueblo de Chinanta, -adonde esta<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span>ba, y que -son enemigos de mejicanos.</p> - -<p>Este pueblo fué donde trujeron las picas cuando fuimos sobre -Narvaez.</p> - -<p>Y porque no hacen al caso á nuestra relacion otras particularidades -que decia en la carta, se dejará de decir: y Cortés sobre ella le -escribió en respuesta dándole relacion de la manera que íbamos de -camino para poner cerco á Méjico, y que á todos los caciques de -aquellas provincias les diese sus encomiendas, y que mirase que no se -viniese de aquella tierra hasta tener carta suya, porque en el camino -no le matasen los mejicanos.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo Cortés ordenó de la manera que habiamos -de ir á poner cerco á Méjico, y quién fueron los capitanes, y lo que -más en el cerco sucedió.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_150"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CL.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE FUESEN TRES GUARNICIONES DE - SOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS POR TIERRA Á - PONER CERCO Á LA GRAN CIUDAD DE MÉJICO, Y LOS CAPITANES QUE NOMBRÓ - PARA CADA GUARNICION, Y LOS SOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y - ESCOPETEROS QUE LES REPARTIÓ, Y LOS SITIOS Y CIUDADES DONDE HABIAMOS - DE ASENTAR NUESTROS REALES.</p> -</div> - -<p>Mandó que Pedro de Albarado fuese por capitan de ciento y cincuenta -soldados de espada y rodela, y muchos llevaban lanzas, y les -dió<span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span> treinta de á -caballo y diez y ocho escopeteros y ballesteros, y nombró que fuesen -juntamente con él á Jorge de Albarado, su hermano, y á Gutierre de -Badajoz y á Andrés de Monjaraz, y estos mandó que fuesen capitanes -de cada cincuenta soldados, y que repartiesen entre todos tres los -escopeteros y ballesteros, tanto á una capitanía como á otra; y que -el Pedro de Albarado fuese capitan de los á caballo y general de las -tres capitanías, y le dió ocho mil tlascaltecas con sus capitanes, -y á mí me señaló y mandó que fuese con el Pedro de Albarado, y que -fuésemos á poner sitio en la ciudad de Tacuba; y mandó que las armas -que llevásemos fuesen muy buenas, y papahigos y gorjales y antiparas, -porque era mucha la vara y piedra como granizo, y flechas y lanzas y -macanas y otras armas de espadas de á dos manos con que los mejicanos -peleaban con nosotros, y para tener defensa con ir bien armados; y aun -con todo esto, cada dia que batallamos habia muertos y heridos, segun -adelante diré.</p> - -<p>Pasemos á otra capitanía. Dió á Cristóbal de Olí, que era maestre -de campo, otros treinta de á caballo y ciento y setenta y cinco -soldados y veinte escopeteros y ballesteros, y todos con sus armas, -segun y de la manera que los dió á Pedro de Albarado; y le nombró -otros tres capitanes, que fué Andrés de Tapia y Francisco Verdugo y -Francisco de Lugo, y entre todos tres capitanes repartiesen los<span -class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span> soldados y escopeteros -y ballesteros; y que el Cristóbal de Olí fuese capitan general de -las tres capitanías y de los de á caballo, y le dió otros ocho mil -tlascaltecas, y le mandó que fuese á asentar su real en la ciudad de -Cuyoacoan, que estará de Tacuba dos leguas.</p> - -<p>De otra guarnicion de soldados hizo capitan á Gonzalo de Sandoval, -que era alguacil mayor, le dió veinte y cuatro de á caballo y catorce -escopeteros y ballesteros y ciento y cincuenta soldados de espada y -rodela y lanza, y más de ocho mil indios de guerra de los de Chalco y -Guaxocingo y de otros pueblos por donde el Sandoval habia de ir, que -eran nuestros amigos, y le dió por compañeros y capitanes á Luis Marin -y á Pedro de Ircio, que eran amigos del Sandoval; y les mandó que entre -los dos capitanes repartiesen los soldados y ballesteros, y que el -Sandoval tuviese á su cargo los de á caballo y que fuese general de -todos, y que sentase su real junto á Iztapalapa, é que le diese guerra -y le hiciese todo el mal que pudiese hasta que otra cosa le fuese -mandado; y no partió Sandoval de Tezcuco hasta que Cortés, que era -capitan de los bergantines, estaba muy á punto para salir con los trece -bergantines por la laguna; en los cuales llevaba trecientos soldados, -con ballesteros y escopeteros, porque así estaba ordenado.</p> - -<p>Por manera que Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, habiamos de ir -por una parte y Sandoval por otra.</p> - -<p>Digamos ahora que los unos á mano<span class="pagenum" -id="Page_300">p. 300</span> derecha y los otros desviados por otro -camino: y esto es así, porque los que no saben aquellas ciudades y la -laguna lo entiendan; porque se tornaban casi que á juntar.</p> - -<p>Dejemos de hablar más en ello, y digamos que á cada capitan se le -dió las instrucciones de lo que les era mandado; y como nos habiamos -de partir para otro dia por la mañana, y porque no tuviésemos tantos -embarazos en el camino, enviamos adelante todas las capitanías de -Tlascala hasta llegar á tierra de mejicanos.</p> - -<p>É yendo que iban los tlascaltecas descuidados con su capitan -Chichimecatecle, é otros capitanes con sus gentes, no vieron que iba -Xicotenga el mozo, que era el capitan general dellos; y preguntando -y pesquisando el Chichimecatecle qué se habia hecho ó adónde se -habia quedado, alcanzaron á saber que se habia vuelto aquella noche -encubiertamente para Tlascala, y que iba á tomar por fuerza el -cacicazgo é vasallos y tierra del mismo Chichimecatecle; y las causas -que para ello decian los tlascaltecas eran, que como el Xicotenga -el mozo vió ir los capitanes de Tlascala á la guerra, especialmente -á Chichimeclatecle, que no tendria contraditores, porque no tenia -temor de su padre Xicotenga el ciego, que como padre le ayudaria, y -nuestro amigo Masse-Escaci, que ya era muerto; é á quien temia era al -Chichimecatecle.</p> - -<p>Y tambien dijeron que siempre conocieron del Xicotenga no tener -voluntad de ir á la guerra de Méjico, porque le oian decir<span -class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> muchas veces que todos -nosotros y ellos habian de morir en ella.</p> - -<p>Pues desque aquello vió y entendió el Chichimeclatecle, cuyas eran -las tierras y vasallos que iba á tomar, vuelve del camino más que de -paso, é viene á Tezcuco á hacérselo saber á Cortés; é como Cortés -lo supo, mandó que con brevedad fuesen cinco principales de Tezcuco -y otros dos de Tlascala, amigos de Xicotenga, á hacelle volver del -camino, y le dijesen que Cortés le rogaba que luego se volviese para ir -contra sus enemigos los mejicanos, y que mire que su padre D. Lorenzo -de Vargas, si no fuera viejo y ciego, como estaba, viniera sobre -Méjico; y que pues toda Tlascala fueron y son muy leales servidores de -su majestad, que no quiera él infamarlos con lo que ahora hace, y le -envió á hacer muchos prometimientos y promesas, y que le daria oro y -mantas porque volviese; y la respuesta que le envió á decir fué, que -si el viejo de su padre y Masse-Escaci le hubieran creido, que no se -hubieran señoreado tanto dellos, que les hace hacer todo lo que quiere; -y por no gastar más palabras, dijo que no queria venir.</p> - -<p>Y como Cortés supo aquella respuesta, de presto dió un mandamiento -á un alguacil, y con cuatro de á caballo y cinco indios principales de -Tezcuco que fuesen muy en posta, y donde quiera que lo alcanzasen que -lo ahorcasen; é dijo:</p> - -<p>—«Ya en este cacique no hay enmienda, sino que siempre nos ha de ser -traidor y malo y de malos consejos;» y que no<span class="pagenum" -id="Page_302">p. 302</span> era tiempo para más le sufrir, que bastaba -lo pasado y presente.</p> - -<p>Y como Pedro de Albarado lo supo, rogó mucho por él, y Cortés ó -le dió buena respuesta ó secretamente mandó al alguacil é á los de -á caballo que no le dejasen con la vida; y así se hizo, que en un -pueblo sujeto á Tezcuco le ahorcaron, y en esto hubieron de parar sus -traiciones.</p> - -<p>Algunos tlascaltecas hubo que dijeron que su padre D. Lorenzo de -Vargas envió á decir á Cortés que aquel su hijo era malo y que no se -confiase dél, y que procurase de le matar.</p> - -<p>Dejemos esta plática así, y diré que por esta causa nos detuvimos -aquel dia sin salir de Tezcuco; y otro dia, que fueron 13 de Mayo de -1521 años, salimos entrambas capitanías juntas; porque así Cristóbal -de Olí como Pedro de Albarado habiamos de llevar un camino, y fuimos -á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, que se dice Aculma; y pareció -ser que Cristóbal de Olí envió adelante á aquel pueblo á tomar posada, -y tenia puesto en cada casa por señal ramos verdes encima de las -azuteas; y cuando llegamos con Pedro de Albarado no hallamos donde -posar, y sobre ello ya habiamos echado mano á las armas de los de -nuestra capitanía contra los de Cristóbal de Olí, y aun los capitanes -desafiados, y no faltó caballeros de entrambas partes que se metieron -entre nosotros, y se pacificó algo el ruido, y no tanto, que todavía -estábamos todos resabidos: y desde allí lo hicieron saber á Cortés, -y luego<span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span> envió en -posta á fray Pedro Melgarejo y al capitan Luis Marin, y escribió á -los capitanes y á todos nosotros, reprendiéndonos por la cuestion y -persuadiéndonos la paz; y como llegaron nos hicieron amigos; mas desde -allí adelante no se llevaron bien los capitanes, que fué Pedro de -Albarado y Cristóbal de Olí.</p> - -<p>Y otro dia fuimos caminando entrambas las capitanías juntas, y -fuímonos á dormir á un gran pueblo que estaba despoblado, porque ya era -tierra de mejicanos; y otro dia fuimos nuestro camino tambien á dormir -á otro gran pueblo que se decia Guatitlan, que otras veces he nombrado, -y tambien estaba sin gente; é otro dia pasamos por otros dos pueblos, -que se decian Tenayuca y Escapuzalco, y tambien estaban despoblados; -y asimismo se aposentaron todos nuestros amigos los tlascaltecas, y -aun aquella tarde fueron por las estancias de aquellas poblaciones -y trujeron de comer, y con buenas velas y escuchas y corredores del -campo, como siempre teniamos para que no nos cogiesen desapercebidos, -dormimos aquella noche, porque ya he dicho otras veces que la ciudad -de Méjico está junto á Tacuba; é ya que anochecia oimos grandes -gritas que nos daban desde la laguna, diciéndonos muchos vituperios -y que no éramos hombres para salir á pelear con ellos; y tenian -tantas de las canoas llenas de guerreros, y aquellas palabras que nos -decian eran con pensamiento de nos indignar pa<span class="pagenum" -id="Page_304">p. 304</span>ra que saliésemos aquella noche á guerrear, -y herirnos más á su salvo; y como estábamos escarmentados de lo de -las calzadas y puentes muchas veces por mí nombradas, no quisimos -salir hasta otro dia, que fué domingo, despues de haber oido Misa, que -nos la dijo el Padre Juan Diaz; y despues de nos encomendar á Dios, -acordamos que entrambas capitanías juntas fuésemos á quebrar el agua de -Chalputepeque, de que se proveia la ciudad, que estaba desde allí de -Tacuba aun en media legua.</p> - -<p>É yendo á les quebrar los caños, topamos muchos guerreros, que -nos esperaban en el camino; porque bien entendido tenian que aquello -habia de ser lo primero en que los podriamos dañar; y así como nos -encontraron cerca de unos pasos malos comenzaron á nos flechar y tirar -vara y piedra con hondas, é nos hirieron á tres soldados; más de presto -les hicimos volver las espaldas, y nuestros amigos los de Tlascala -los siguieron de manera, que mataron veinte y prendieron siete ú ocho -dellos; y como aquellos grandes escuadrones estuvieron puestos en -huida, les quebramos los caños por donde iba el agua á su ciudad, y -desde entónces nunca fué á Méjico entre tanto que duró la guerra.</p> - -<p>Y como aquello hubimos hecho, acordaron nuestros capitanes que luego -fuésemos á dar una vista y entrar por la calzada de Tacuba y hacer lo -que pudiésemos para les ganar una puente; y llegados que fuimos á la -calzada,<span class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span> eran tantas -las canoas que en la laguna estaban llenas de guerreros y en las mismas -canoas é calzadas, que nos admirábamos dello; y tiraron tanta de vara y -flecha y piedra con hondas, que en la primera refriega hirieron treinta -de nuestros soldados é murieron tres; y aunque nos hacian tanto daño, -todavía les fuimos entrando por la calzada adelante hasta una puente, -y á lo que yo entendí, ellos nos daban lugar á ello, por meternos de -la parte de la puente; y como allí nos tuvieron, digo que cargaron -tanta multitud de guerreros sobre nosotros, que no nos podiamos valer; -porque por la calzada dicha, que son ocho pasos de ancho, ¿qué podiamos -hacer á tan gran poderio que estaban de la una parte y de la otra de -la calzada y daban en nosotros como á terrero? Porque ya que nuestros -escopeteros y ballesteros no hacian sino armar y tirar á las canoas, no -les haciamos daño, sino muy poco, porque las traian muy bien armadas de -talabardones de madera.</p> - -<p>Pues cuando arremetiamos á los escuadrones que peleaban en la misma -calzada luego se echaban al agua, y habia tantos dellos, que no nos -podiamos valer.</p> - -<p>Pues los de á caballo no aprovechaban cosa ninguna, porque les -herian los caballos de la una parte y de la otra desde el agua; y ya -que arremetian tras los escuadrones, echábanse al agua, y tenian hechos -unos mamparos, donde estaban otros guerreros aguardando con unas lanzas -largas que habian hecho con las armas que nos<span class="pagenum" -id="Page_306">p. 306</span> tomaron cuando nos echaron de Méjico é -salimos huyendo; y desta manera estuvimos peleando con ellos obra -de un hora, y tanta priesa nos daban, que no nos podiamos sustentar -contra ellos; y aun vimos que venia por otras partes una gran flota de -canoas á atajarnos los pasos para tomarnos las espaldas, y conociendo -esto nuestros capitanes y todos nuestros soldados, apercebimos que los -amigos tlascaltecas que llevábamos nos embarazaban mucho la calzada, -que se saliesen fuera, porque en el agua vista cosa es que no pueden -pelear; y acordamos de con buen concierto retraernos y no pasar más -adelante.</p> - -<p>Pues cuando los mejicanos nos vieron retraer y echar fuera los -tlascaltecas, ¡qué grita y alaridos nos daban! Y como se venian á -juntar con nosotros pié con pié, digo que yo no lo sé escribir, porque -toda la calzada hincheron de vara y flecha é piedra de las que nos -tiraban, pues las que caian en el agua muchas más serian, y como nos -vimos en tierra firme, dimos gracias á Dios por nos haber librado de -aquella batalla, y ocho de nuestros soldados quedaron aquella vez -muertos y más de cincuenta heridos; y aun con todo esto nos daban -grita y decian vituperios desde las canoas, y nuestros amigos los -tlascaltecas les decian que saliesen á tierra y que fuesen doblados los -contrarios, y pelearian con ellos.</p> - -<p>Esta fué la primera cosa que hicimos, quitalles el agua y darle -vista á la laguna, aunque no ganamos honra con ellos; y<span -class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span> aquella noche nos estuvimos -en nuestro real y se curaron los heridos, y aun se murió un caballo, -y pusimos buen cobro de velas y escuchas; y otro dia de mañana dijo -el capitan Cristóbal de Olí que se queria ir á su puesto, que era á -Cuyoacoan, que estaba de allí legua y media; é por más que le rogó -Pedro de Albarado y otros caballeros que no se apartasen aquellas -dos capitanías, sino que se estuviesen juntas, jamás quiso; porque, -como era el Cristóbal muy esforzado, y en la vista que el dia ántes -dimos á la laguna no nos sucedió bien, decia el Cristóbal de Olí que -por culpa de Pedro de Albarado habiamos entrado inconsideradamente; -por manera que jamás quiso quedar, y se fué adonde Cortés le mandó, -que es Cuyoacoan, y nosotros nos quedamos en nuestro real; y no fué -bien apartarse una capitanía de otra en aquella sazon, porque si los -mejicanos tuvieran aviso que éramos pocos soldados, en cuatro ó cinco -dias que allí estuvimos apartados ántes que los bergantines viniesen, y -dieran sobre nosotros y en los de Cristóbal de Olí, corriéramos harto -trabajo ó hiciera gran daño.</p> - -<p>Y de aquesta manera estuvimos en Tacuba, y el Cristóbal de Olí en -su real, sin osar dar más vista ni entrar por las calzadas, y cada dia -teniamos en tierra rebatos de muchos mejicanos que salian á tierra -firme á pelear con nosotros, y aun nos desafiaban para meternos en -parte donde fuesen señores de nosotros y no les pudiésemos hacer ningun -daño.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span>Y dejallo he aquí, -y diré cómo Gonzalo de Sandoval salió de Tezcuco cuatro dias despues de -la fiesta de Corpus Christi, y se vino á Iztapalapa, que casi todo el -camino era de amigos y sujetos de Tezcuco; y como llegó á la poblacion -de Iztapalapa, luego les comenzó á dar guerra y á quemar muchas casas -de las que estaban en tierra firme, porque las demás casas todas -estaban en la laguna; mas no tardó muchas horas, que luego vinieron -en socorro de aquella ciudad grandes escuadrones de mejicanos, y tuvo -Sandoval con ellos una buena batalla y grandes reencuentros cuando -peleaban en tierra; y despues de acogidos á las canoas, les tiraban -mucha vara y flecha y piedra, y herian algunos soldados.</p> - -<p>Y estando desta manera peleando, vieron que en una sierrezuela que -está allí junto á Iztapalapa en tierra firme hacian grandes ahumadas, -y que les respondian con otras ahumadas de otros pueblos que están -poblados en la laguna, y era señal que se apellidaban todas las -canoas de Méjico y de todos los pueblos de alrededor de la laguna, -porque vieron á Cortés que ya habia salido de Tezcuco con los trece -bergantines, porque luego que se vino el Sandoval de Tezcuco no aguardó -allí más Cortés; y la primera cosa que hizo en entrando en la laguna -fué combatir á un peñol que estaba en una isleta junto á Méjico, donde -estaban recogidos muchos mejicanos, ansí de los naturales de aquella -ciudad como de los forasteros que se habian ido á hacer fuertes; -y<span class="pagenum" id="Page_309">p. 309</span> salió á la laguna -contra Cortés todo el número de canoas que habia en todo Méjico y en -todos los pueblos que están poblados en el agua ó cerca della, que son -Suchimileco, Cuyoacoan, Iztapalapa é Huichilobusco y Mexicalcingo, -é otros pueblos que por no me detener no nombro, y todos juntamente -fueron contra Cortés, y á esta causa aflojaron algo los que daban -guerra en Iztapalapa á Sandoval; y como todos los más de aquella ciudad -en aquel tiempo estaban poblados en el agua, no les podia hacer mal -ninguno, puesto que á los principios mató muchos de los contrarios; -y como llevaba muy gran copia de amigos, con ellos cautivó y prendió -mucha gente de aquellas poblaciones.</p> - -<p>Dejemos al Sandoval, que quedó aislado en Iztapalapa, que no podia -venir con su gente á Cuyoacoan si no era por una calzada que atravesaba -por mitad de la laguna, y si por ella viniera, no hubiera bien entrado -cuando le desbarataran los contrarios, por causa que por entrambas á -dos partes del agua le habian de guerrear, y él no habia de ser señor -de poderse defender, y á esta causa se estuvo quedo.</p> - -<p>Dejemos al Sandoval, y digamos que como Cortés vió que se juntaban -tantas flotas de canoas contra sus trece bergantines, las temió en gran -manera, y eran de temer, porque eran más de cuatro mil canoas; y dejó -el combate del peñol y se puso en parte de la laguna, para si se viese -en aprieto poder salir con sus bergantines á lo largo y correr á la -parte que quisiese, y mandó á<span class="pagenum" id="Page_310">p. -310</span> sus capitanes que en ellos venian que no curasen de embestir -ni apretar contra canoas ningunas hasta que refrescase más el viento -de tierra, porque en aquel instante comenzaba á ventear; y como las -canoas vieron que los bergantines reparaban, creian que de temor dellos -lo hacian, y era verdad como lo pensaron, y entónces les daban mucha -priesa los capitanes mejicanos, y mandaban á todas sus gentes que -luego fuesen á embestir con nuestros bergantines; y en aquel instante -vino un viento muy recio y muy bueno, y con buena priesa que se dieron -nuestros remeros y el tiempo aparejado, mandó Cortés embestir con la -flota de canoas, y trastornaron muchas dellas y prendieron y mataron -muchos indios, y las demás canoas se fueron á recoger entre las casas -que están en la laguna, en parte que no podian llegar á ellas nuestros -bergantines; por manera que este fué el primer combate que se hubo por -la laguna, é Cortés tuvo vitoria, gracias á Dios por todo, amen.</p> - -<p>Y como aquello fué hecho, se fué con los bergantines hácia -Cuyoacoan, adonde estaba asentado el Real de Cristóbal de Olí, y peleó -con muchos escuadrones mejicanos que le esperaban en partes peligrosas, -creyendo de tomarle los bergantines; y como le daban mucha guerra -desde las canoas que estaban en la laguna y desde unas torres de -ídolos, mandó sacar de los bergantines cuatro tiros, y con ellos daba -guerra, y mataba y heria muchos indios; y tanta<span class="pagenum" -id="Page_311">p. 311</span> priesa tenian los artilleros, que por -descuido se les quemó la pólvora, y aun se chamuscaron algunos dellos -las caras y manos; y luego despachó Cortés un bergantin muy ligero á -Iztapalapa al real de Sandoval para que trajesen toda la pólvora que -tenia, y le escribió que de allí donde estaba no se mudase.</p> - -<p>Dejemos á Cortés, que siempre tenia rebatos de mejicanos, hasta que -se juntó en el real de Cristóbal de Olí, y en dos dias que allí estuvo -siempre le combatian muchos contrarios; y porque yo en aquella sazon -estaba en lo de Tacuba con Pedro de Albarado, diré lo que hicimos en -nuestro real; y es que, como sentimos que Cortés andaba por la laguna, -entramos por nuestra calzada adelante y con gran concierto, y no -como la primera vez, y les llegamos á la puente, y los ballesteros y -escopeteros con mucho concierto, tirando unos y armando otros, y á los -de á caballo les mandó Pedro de Albarado que no entrasen con nosotros -entre las calzadas; y desta manera estuvimos, unas veces peleando y -otras poniendo resistencia no entrasen por tierra, porque cada dia -teniamos refriegas, y en ellas nos mataron tres soldados; y tambien -entendiamos en adobar los malos pasos.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo Gonzalo de Sandoval, que estaba en -Iztapalapa, viendo que no les podia hacer mal á los de Iztapalapa, -porque estaban en el agua, y ellos á él le herian sus soldados, acordó -de se venir á unas casas é poblacion que estaban en el agua,<span -class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span> que podian entrar en -ellas, y les comenzó á combatir; y estándoles dando guerra, envió -Guatemuz, gran señor de Méjico, á muchos guerreros á los ayudar y -deshacer y abrir la calzada por donde habia entrado el Sandoval, para -tomalles dentro y que no tuviesen por donde salir; y envió por otra -parte mucha más gente de guerra; y como Cortés estaba con Cristóbal -de Olí, é vieron salir gran copia de canoas hácia Iztapalapa, acordó -de ir con los bergantines y con toda la capitanía de Cristóbal de Olí -hácia Iztapalapa en busca de Sandoval; é yendo por la laguna con los -bergantines y el Cristóbal de Olí por la calzada, vieron que estaban -abriendo la calzada muchos mejicanos, y tuvieran por cierto que estaba -allí en aquellas casas el Sandoval, y fueron con los bergantines é le -hallaron peleando con el escuadron de guerreros que envió el Guatemuz, -y cesó algo la pelea; y luego mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que -dejase aquello de Iztapalapa é fuese por tierra á poner cerco á otra -calzada que va desde Méjico á un pueblo que se dice Tepeaquilla, -adonde ahora llaman Nuestra Señora de Guadalupe, donde hace y ha hecho -muchos y admirables milagros.</p> - -<p>É digamos cómo Cortés repartió los bergantines, y lo que más se -hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_151"> - <p><span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS MANDÓ REPARTIR LOS DOCE BERGANTINES, Y - MANDÓ QUE SE SACASE LA GENTE DEL MÁS PEQUEÑO BERGANTIN, QUE SE DECIA - BUSCA-RUIDO, Y DE LO DEMÁS QUE PASÓ.</p> -</div> - -<p>Como Cortés y todos nuestros capitanes y soldados entendimos que sin -los bergantines no podriamos entrar por las calzadas para combatir á -Méjico, envió cuatro dellos á Pedro de Albarado, y en su real, que era -el de Cristóbal de Olí, dejó seis bergantines, y á Gonzalo de Sandoval, -en la calzada de Tepeaquilla, envió dos; y mandó que el bergantin más -pequeño que no anduviese más en el agua, porque no le trastornasen -las canoas, que no era de sustento, y la gente y marineros que en él -andaban mandó repartir en esotros doce, porque ya estaban muy mal -heridos veinte hombres de los que en ellos andaban.</p> - -<p>Pues desque nos vimos en nuestro real de Tacuba con aquella ayuda de -los bergantines, mandó Pedro de Albarado que los dos dellos anduviesen -por la una parte de la calzada y los otros dos de la otra parte, é -comenzamos á pelear muy de hecho, porque las canoas que nos solian -dar guerra desde el agua, los bergantines las desbarataban; y ansí, -tenia<span class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span>mos lugar de -les ganar algunas puentes y albarradas; y cuando con ellos estábamos -peleando, era tanta la piedra con hondas y vara y flecha que nos -tiraban, que por bien que íbamos armados, todos los más soldados nos -descalabraban, y quedábamos heridos, y hasta que la noche nos despartia -no dejábamos la pelea y combate.</p> - -<p>Pues quiero decir el mudarse de escuadrones con sus divisas é -insignias de las armas que de los mejicanos se remudaban de rato en -rato, pues á los bergantines cuál los paraban de las azuteas, que los -cargaban de vara y flecha y piedra, porque era más que granizo, y no lo -sé aquí decir ni habrá quien lo pueda comprender, sino los que en ello -nos hallamos, que venia tanta multitud dellas como granizo, é de presto -cubrian la calzada, pues ya que con tantos trabajos les ganábamos -alguna puente ó albarrada y la dejábamos sin guarda, aquella misma -noche la habian de tornar á ahondar, y ponian muy mejores defensas, -y aun hacian hoyos encubiertos en el agua, para que otro dia cuando -peleásemos, al tiempo de retraer, nos embarazásemos y cayésemos en los -hoyos, y pudiesen en sus canoas desbaratarnos; porque ansimismo tenian -aparejadas muchas canoas para ello, puestas en partes que no las viesen -nuestros bergantines, para cuando nos tuviesen en aprieto en los hoyos, -los unos por tierra y los otros por el agua dar en nosotros; y para -que nuestros bergantines no nos pudiesen venir á<span class="pagenum" -id="Page_315">p. 315</span> ayudar tenian hechas muchas estacadas en -el agua, encubiertas en partes que en ellas zabordasen, y desta manera -peleábamos cada dia.</p> - -<p>Ya he dicho otras veces que los caballos muy poco aprovechaban en -las calzadas, porque si arremetian ó daban alcance á los escuadrones -que con nosotros peleaban, luego se les arrojaban en el agua, y á -unos mamparos que tenian hechos en las calzadas, donde estaban otros -escuadrones de guerreros aguardando con lanzas largas de las nuestras, -ó dalles que habian hecho muy más largas que son las nuestras, de las -armas que tomaron cuando el gran desbarate que nos dieron en Méjico; y -con aquellas lanzas y grandes rociadas de flecha y vara é piedra que -tiraban de la laguna, herian y mataban los caballos ántes que se les -hiciese á los contrarios daño; y demás desto, los caballeros cuyos eran -no los querian aventurar, porque costaba en aquella sazon un caballo -ochocientos pesos, y aun algunos costaban á más de mil, y no los habia, -especialmente no pudiendo alancear por las calzadas sino muy pocos -contrarios.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos que cuando la noche nos despartia curábamos -nuestros heridos con aceite, é un soldado que se decia Juan Catalan, -que nos las santiguaba y ensalmaba, y verdaderamente digo que -hallábamos que Nuestro Señor Jesucristo era servido de darnos esfuerzo, -demás de las muchas mercedes que cada dia nos hacia, y de presto -sanaban; y ansí heridos y en<span class="pagenum" id="Page_316">p. -316</span>trapajados habiamos de pelear desde la mañana hasta la noche, -que si los heridos se quedaran en el real sin salir á los combates, no -hubiera de cada capitanía veinte hombres sanos para salir.</p> - -<p>Pues nuestros amigos los de Tlascala, como veian que aquel hombre -que dicho tengo nos santiguaba, todos los heridos y descalabrados -venian á él, y eran tantos, que en todo el dia harto tenia que -curar.</p> - -<p>Pues quiero decir de nuestros capitanes y alféreces y compañeros de -bandera, que saliamos llenos de heridas y las banderas rotas, y digo -que cada dia habiamos menester un alférez, porque saliamos tales, que -no podian tornar á entrar á pelear y llevar las banderas; pues con todo -esto, por ventura teniamos que comer, no digo de falta de tortillas -de maíz, que hartas teniamos, sino algun refrigerio para los heridos -maldito aquel.</p> - -<p>Lo que nos daba la vida era unos quilites, que son unas yerbas que -comen los indios, y cerezas de la tierra miéntras las habia, y despues -tunas, que en aquella sazon vino el tiempo dellas; y otro tanto como -haciamos en nuestro real, hacian en el real donde estaba Cortés y en -el de Sandoval, que jamás dia alguno faltaban capitanías de mejicanos, -que siempre les iban á dar guerra, ya he dicho otras veces que desde -que amanecia hasta la noche; porque para ello tenia Guatemuz señalados -los capitanes y escuadrones que á cada calzada habian de acudir, y -el Taltelulco é los pueblos<span class="pagenum" id="Page_317">p. -317</span> de la laguna, ya otra vez por mí nombrados, tenian -señaladas, para que en viendo una señal en el cu mayor de Taltelulco, -acudiesen unos en canoas y otros por tierra, y para ello tenian los -capitanes mejicanos señalados y con gran concierto cómo y cuándo y á -qué partes habian de acudir.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo nosotros mudamos otra órden y manera -de pelear, y es esta que diré: que como viamos que cuantas obras de -agua ganábamos de dia, y sobre lo ganar mataban de nuestros soldados, -y todos los más estábamos heridos, lo tornaban á cegar los mejicanos, -acordamos que todos nos fuésemos á meter en la calzada, en una placeta -donde estaban unas torres de ídolos que las habiamos ya ganado, y -habia espacio para hacer nuestros ranchos, aunque eran muy malos, que -en lloviendo todos nos mojábamos, é no eran para más de cubrirnos del -sereno é del sol; y dejamos en Tacuba las indias que nos hacian pan, -y quedaron en su guarda todos los de á caballo y nuestros amigos los -de Tlascala, para que mirasen y guardasen los pasos, no viniesen de -los pueblos comarcanos á darnos en la rezaga en las calzadas miéntras -que estábamos peleando; y desque hubimos asentado nuestros ranchos -adonde dicho tengo, desde allí adelante procuramos que luego las -casas ó barrios ó aberturas de agua que les ganásemos, que luego lo -cegásemos, y que las casas diésemos con ellas en tierra y las<span -class="pagenum" id="Page_318">p. 318</span> deshiciésemos, porque -ponellas fuego, tardaban mucho en se quemar, y desde unas casas á otras -no se podian encender, porque, como ya otras veces he dicho, cada casa -estaba en el agua, y sin pasar en puentes ó en canoas no pueden ir de -una parte á otra; porque si queriamos ir por el agua nadando, desde -las azuteas que tenian nos hacian mucho mal, y derrocándose las casas -estábamos muy más seguros, y cuando les ganábamos alguna albarrada ó -puente ó paso malo donde ponian mucha resistencia, procurábamos de -la guardar de dia y de noche, y es desta manera que todas nuestras -capitanías velábamos las noches juntas.</p> - -<p>Y el concierto que para ello se dió fué, que tomaba la vela desde -que anochecia hasta media noche la primera capitanía, y eran sobre -cuarenta soldados, y dende media noche hasta dos horas ántes que -amaneciese tomaba la vela otra capitanía de otros cuarenta hombres, y -no se iban del puesto los primeros, que allí en el suelo dormiamos, -y este cuarto es el de la modorra; y luego venian otros cuarenta y -tantos soldados, y velaban el alba, que eran aquellas dos horas que -habia hasta el dia, y tampoco se habian de ir los que velaban la -modorra, que allí habian de estar; por manera que cuando amanecia nos -hallábamos velando sobre ciento y veinte soldados todos juntos, y aun -algunas noches, cuando sentiamos mucho peligro, desde que anochecia -hasta que amanecia todos los del real estábamos<span class="pagenum" -id="Page_319">p. 319</span> juntos aguardando el gran ímpetu de los -mejicanos, por temor no nos rompiesen, porque teniamos aviso de unos -capitanes mejicanos que en las batallas prendimos, que el Guatemuz -tenia pensamientos y puesto en plática con sus capitanes que procurasen -en una noche ó de dia romper por nosotros en nuestra calzada, é que -venciéndonos por aquella nuestra parte, que luego eran vencidas y -desbaratadas las dos calzadas, donde estaba Cortés, y en la donde -estaba Gonzalo de Sandoval; y tambien tenia concertado que los nueve -pueblos de la laguna, y el mismo Tacuba y Capuzalco y Tenayuca, que se -juntasen, que para el dia que ellos quisiesen romper y dar en nosotros, -que se diese en las espaldas en la calzada, é que las indias que nos -hacian pan, que teniamos en Tacuba, y fardaje, que las llevasen de -vuelo una noche.</p> - -<p>Y como esto alcanzamos á saber, apercebimos á los de á caballo, -que estaban en Tacuba, que toda la noche velasen y estuviesen -alerta, y tambien á nuestros amigos los tlascaltecas; y ansí como -el Guatemuz lo tenia concertado lo puso por obra, que vinieron muy -grandes escuadrones, y unas noches nos venian á romper y dar guerra -á media noche, y otras á la modorra, y otras al cuarto del alba, é -venian algunas veces sin hacer rumor, y otras con grandes alaridos, de -suerte que no nos daban un punto de quietud; y cuando llegaban adonde -estábamos velando, la<span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span> -vara, piedra y flecha que tiraban, é otros muchos con lanzas, era cosa -de ver; y puesto que herian algunos de nosotros, como los resistiamos, -volvian muchos heridos, é otros muchos guerreros vinieron á dar en -nuestro fardaje, é los de á caballo é tlascaltecas los desbarataron -diferentes veces; porque, como era de noche, no aguardaban mucho; -y desta manera que he dicho velábamos, que ni porque lloviese, ni -vientos ni frios, y aunque estábamos metidos en medio de grandes lodos -y heridos, allí habiamos de estar; y aun esta miseria de tortillas é -yerbas que habiamos de comer, ó tunas, sobre la obra del batallar, -como dicen los oficiales, habia de ser; pues con todos estos recaudos -que poniamos con tanto trabajo, heridas y muertes de los nuestros, nos -tornaban abrir la puente ó calzada que les habiamos ganado, que no -se les podia defender de noche que no lo hiciesen, é otro dia se la -tornábamos á ganar y á cegar, y ellos á la tornar á abrir é hacer más -fuerte con mamparos, hasta que los mejicanos mudaron otra manera de -pelear, la cual diré en su coyuntura.</p> - -<p>Y dejemos de hablar de tantas batallas como cada dia teniamos, y -otro tanto en el real de Cortés y en el de Sandoval, y digamos que -qué aprovechaba, haberles quitado el agua de Chalputepeque, ni ménos -aprovechaba haberles vedado que por las tres calzadas no les entrase -bastimento ni agua.</p> - -<p>Ni tampoco aprovechaban nuestros bergantines estándose en nuestros -rea<span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>les, no sirviendo -de más de cuando peleábamos poder hacernos espaldas de los guerreros de -las canoas y de los que peleaban de las azuteas; porque los mejicanos -metian mucha agua y bastimentos de los nueve pueblos que estaban -poblados en el agua; porque en canoas les proveian de noche, é de -otros pueblos sus amigos, de maíz é gallinas y todo lo que querian; -é para otro dia evitar que no les entrase aquesto, fué acordado por -todos los tres reales que dos bergantines anduviesen de noche por la -laguna á dar caza á las canoas que venian cargadas con bastimentos é -agua, é todas las canoas que se les pudiesen quebrar ó traer á nuestros -reales, que se las tomasen; y hecho este concierto, fué bueno, puesto -que para pelear y guardarnos hacian falta de noche los dos bergantines, -mas hicieron mucho provecho en quitar que no les entrasen bastimentos -é agua; y aun con todo esto no dejaban de ir muchas canoas cargadas -dello; y como los mejicanos andaban descuidados en sus canoas metiendo -bastimentos, no habia dia que no traian los bergantines que andaban en -su busca presa de canoas y muchos indios colgados de las entenas.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos el ardid que los mejicanos tuvieron para -tomar nuestros bergantines y matar los que en ellos andaban, y es desta -manera: que, como he dicho, cada noche y en las mañanas iban á buscar -por las lagunas sus canoas y las trastornaban con los bergantines, -y prendian<span class="pagenum" id="Page_322">p. 322</span> muchas -dellas, acordaron de armar treinta piraguas, que son canoas muy -grandes, con muy buenos remeros y guerreros, y de noche se metieron -todas treinta entre unos carrizales en parte que los bergantines -no las pudieran ver, y cubiertas de ramas echaban de antenoche dos -ó tres canoas, como que llevaban bastimentos ó metian agua, y con -buenos remeros, y en parte que les parecia á los mejicanos que los -bergantines habian de correr cuando con ellos peleasen, habian hincado -muchos maderos gruesos, hechos estacadas, para que en ellos zabordasen; -pues como iban las canoas por la laguna mostrando señal de temerosas, -arrimadas algo á los carrizales, salen dos de nuestros bergantines -tras ellas, y las dos canoas hacen que se van retrayendo á tierra á la -parte que estaban las treinta piraguas en celada, y los bergantines -siguiéndolas, é ya que llegaban á la celada salen todas las piraguas -juntas y dan tras nuestros bergantines, é de presto hirieron á todos -los soldados é remeros y capitanes, y no podian ir á una parte ni á -otra, por las estacadas que les tenian puestas; por manera que mataron -al un capitan, que se decia Fulano de Portillo, gentil soldado que -habia sido en Italia, é hirieron á Pedro Barba, que fué otro muy -buen capitan, y desde á tres dias murió de las heridas; y tomaron el -bergantin.</p> - -<p>Estos dos bergantines eran del real de Cortés, de lo cual -recibió muy gran pesar; más dende á pocos dias se lo pagaron<span -class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span> muy bien con otras celadas -que echaron; lo cual diré á su tiempo.</p> - -<p>Y dejemos agora de hablar dellos, y digamos cómo en el real de -Cortés y en el de Gonzalo de Sandoval siempre tenian muy grandes -combates, y muy mayores en el de Cortés, porque mandaba quemar -y derrocar casas y cegar puentes, y todo lo que ganaba cada dia -lo cegaba, y enviaba á mandar á Pedro de Albarado que mirase que -no pasásemos puente ni abertura de la calzada sin que primero la -tuviésemos ciega, é que no quedase casa que no se derrocase y se -pusiese fuego; y con los adobes y madera de las casas que derrocábamos, -cegábamos los pasos y aberturas de las puentes; y nuestros amigos los -de Tlascala nos ayudaban en toda la guerra muy como varones.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos, como los mejicanos vieron que todas las -casas las allanábamos por el suelo, é que las puentes y aberturas las -cegábamos, acordaron de pelear de otra manera, y fué, que abrieron una -puente y zanja muy ancha y honda, que cuando la pasábamos en partes -no hallábamos pié, é tenian en ella hechos muchos hoyos, que no los -podiamos ver dentro en el agua, é unos mamparos é albarradas, ansí -de la una parte como de la otra de aquella abertura, é tenian hechas -muchas estacadas con maderos gruesos en partes que nuestros bergantines -zabordasen si nos viniesen á socorrer cuando estuviésemos peleando -sobre tomalles aquella fuerza;<span class="pagenum" id="Page_324">p. -324</span> porque bien entendian que la primera cosa que habiamos de -hacer era deshacerles el albarrada y pasar aquella abertura de agua -para entralles en la ciudad; y ansimismo tenian aparejadas en partes -escondidas muchas canoas bien armadas de guerreros, y buenos guerreros; -y un domingo de mañana comenzaron á venir por tres partes grandes -escuadrones de guerreros, y nos acometen de tal manera, que tuvimos -bien que hacer en sustentarnos, no nos desbaratasen; é ya en aquella -sazon habia mandado Pedro de Albarado que la mitad de los de á caballo, -que solian estar en Tacuba, durmiesen en la calzada, porque no tenian -tanto riesgo como al principio, porque ya no habia azuteas, y todas las -demás casas estaban derrocadas, y podian correr por algunas partes de -las calzadas sin que de las canoas ni azuteas les pudiesen herir los -caballos.</p> - -<p>Y volvamos á nuestro propósito, y es, que de aquellos tres -escuadrones que vinieron muy bravosos, los unos por una parte donde -estaba la gran abertura en el agua, y los otros por unas casas de -las que les habiamos derrocado, y el otro escuadron nos habia tomado -las espaldas de la parte de Tacuba, y estábamos como cercados; los -de á caballo, con nuestros amigos los de Tlascala, rompieron por los -escuadrones que nos habian tomado las espaldas, y todos nosotros -estuvimos peleando muy valerosamente con los otros dos escuadrones -hasta les hacer retraer; mas era<span class="pagenum" id="Page_325">p. -325</span> fingida aquella muestra que hacian que huian, y les ganamos -la primera albarrada, y la otra albarrada donde se hicieron fuertes -tambien la desampararon; y nosotros, creyendo que llevábamos vitoria, -pasamos aquella agua á vuelapié, y por donde la pasamos no habia -ningunos hoyos, é vamos siguiendo el alcance entre unas grandes casas -y torres de adoratorios, y los contrarios hacian que todavía huian -é se retraian, é no dejaban de tirar vara y piedra con hondas, y -mucha flecha; y cuando no nos catamos, tenian encubiertos en partes -que no los podiamos ver tanta multitud de guerreros que nos salen al -encuentro, y otros muchos dende las azuteas é donde las casas; y los -que primero hacian que se iban retrayendo, vuelven sobre nosotros todos -á una, y nos dan tal mano, que no les podiamos sustentar; y acordamos -de nos volver retrayendo con gran concierto; y tenian aparejadas en el -agua y abertura que les teniamos ganado, tanta flota de canoas en la -parte por donde primero habiamos pasado, donde no habia hoyos, porque -no pudiésemos pasar por aquel paso, que nos hicieron ir á pasar por -otra parte adonde he dicho que estaba muy más honda el agua y tenian -hechos muchos hoyos; y como venian contra nosotros tanta multitud -de guerreros y nos veniamos retrayendo, pasábamos el agua á nado é -á vuelapié, é caiamos todos los más soldados en los hoyos, entónces -acudieron todas las canoas sobre nosotros, y allí<span class="pagenum" -id="Page_326">p. 326</span> apañaron los mejicanos cinco de nuestros -soldados y los llevaron á Guatemuz, é hirieron á todos los más, pues -los bergantines que aguardábamos para nuestra ayuda no podian venir, -porque todos estaban zabordados en las estacadas que les tenian -puestas, y con las canoas y azuteas les dieron buena mano de vara y -flecha, y mataron dos soldados remeros é hirieron á muchos de los -nuestros.</p> - -<p>É volvamos á los hoyos é aberturas: digo que fué maravilla cómo no -nos mataron á todos en ellos; de mí digo que ya me habian echado mano -muchos indios, y tuve manera para desembarazar el brazo, y Nuestro -Señor Jesucristo me dió esfuerzo para que á buenas estocadas que -les dí, me salvase, y bien herido en un brazo; y como me vi fuera -de aquella agua en parte segura, me quedé sin sentido, sin me poder -sostener en mis piés é sin huelgo ninguno; y esto causó la gran fuerza -que puse para me descabullir de aquella gentecilla, é de la mucha -sangre que me salió: é digo que cuando me tenian engarrafado, que en el -pensamiento yo me encomendaba á nuestro Señor Dios é á nuestra Señora -su bendita Madre, y ponia la fuerza que he dicho, por donde me salvé; -gracias á Dios por las mercedes que me hace.</p> - -<p>Otra cosa quiero decir, que Pedro de Albarado y los de á caballo, -como tuvieron harto en romper los escuadrones que nos venian por las -espaldas de la parte de Tacuba, no pasó ninguno dellos aquella<span -class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span> agua ni albarradas, sino -fué uno solo de á caballo que habia venido poco habia de Castilla, y -allí le mataron á él y al caballo; y como vió el Pedro de Albarado que -nos veniamos retrayendo, nos iba ya á socorrer con otros de á caballo, -y si allá pasara, por fuerza habiamos de volver sobre los indios; y si -volviera, no quedara ninguno dellos ni de los caballos ni de nosotros á -vida, porque la cosa estaba de arte que cayeran en los hoyos, y habia -tantos guerreros, que les mataran los caballos con lanzas que para ello -tenian largas, y dende las muchas azuteas que habia, porque esto que -pasó era en el cuerpo de la ciudad; y con aquella vitoria que tenian -los mejicanos, todo aquel dia, que era domingo, como dicho tengo, -tornaron á venir á nuestro real otra tanta multitud de guerreros; que -no nos dejaban ni nos podiamos valer, que ciertamente creyeron de nos -desbaratar; y nosotros con unos tiros de bronce y buen pelear nos -sostuvimos contra ellos, y con velar todas las capitanías juntas cada -noche.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos, cómo Cortés lo supo, del gran enojo que -tenia, escribió luego en un bergantin á Pedro de Albarado que mirase -que en bueno ni en malo dejase un paso por cegar, y que todos los de -á caballo durmiesen en las calzadas, y en toda la noche estuviesen -ensillados y enfrenados, y que no curásemos de pasar más adelante hasta -haber cegado con adobes y madera aquella gran abertura, y que tuviesen -buen recaudo en el real.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_328">p. 328</span>Pues como vimos -que por nosotros habia acaecido aquel desman, desde allí adelante -procurábamos de tapar y cegar aquella abertura; y aunque fué con harto -trabajo y heridas que sobre ella nos daban los contrarios, é muerte -de seis soldados, en cuatro dias la tuvimos cegada, y en las noches -sobre ella misma velábamos todas las tres capitanías, segun la órden -que dicho tengo y quiero decir que entónces, como los mejicanos estaban -junto á nosotros cuando velábamos, que tambien ellos tenian sus velas, -y por cuartos se mudaban, y era desta manera: que hacian grande lumbre, -que ardia toda la noche, y los que velaban estaban apartados de la -lumbre, y desde léjos no les podiamos ver, porque con la claridad de -la leña, que siempre ardia, no podiamos ver los indios que velaban; -más bien sentiamos cuando se remudaban y cuando venian á atizar su -leña; y muchas noches habia que, como llovia en aquella sazon mucho, -les apagaba la lumbre, y la tornaban á encender, y sin hacer rumor ni -hablar entre ellos palabra, se entendian con unos silbos que daban.</p> - -<p>Tambien quiero decir que nuestros escopeteros y ballesteros, -muchas veces cuando sentiamos que se venian á trocar las velas, les -tiraban á bulto, é piedras y saetas perdidas, y no les haciamos mal, -porque estaban en parte que, aunque de noche quisiéramos ir á ellos, -no podiamos, con otra gran abertura de zanja bien honda que habian -abierto á mano, é albarradas y mamparos que tenian; é tambien<span -class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span> ellos nos tiraban á bulto -mucha piedra é vara y flecha.</p> - -<p>Dejemos de hablar destas velas, é digamos cómo cada dia íbamos -por nuestra calzada adelante, peleando con muy buen concierto, y les -ganaron la abertura que he dicho donde velaban; y era tanta la multitud -de los contrarios que contra nosotros cada dia venian, y la vara, -flecha y piedra que tiraban, que nos herian á todos, aunque íbamos con -gran concierto y bien armados.</p> - -<p>Pues ya que se habia pasado todo el dia batallando, y se venia la -tarde, y no era coyuntura para pasar más adelante, sino volvernos -retrayendo, en aquel tiempo tenian ellos muchos escuadrones aparejados, -creyendo que con la gran priesa que nos diesen al tiempo del retraer -nos desbaratarian, porque venian tan bravosos como tigres, y pié con -pié se juntaron con nosotros; y como aquello conociamos dellos, la -manera que teniamos para retraer era esta: que la primera cosa que -haciamos era echar de la calzada á nuestros amigos los tlascaltecas; -porque, como eran muchos, con nuestro favor querian llegar á pelear -con los mejicanos, y como eran mañosos, que no deseaban otra cosa sino -vernos embarazados con los amigos, y con grandes arremetidas que hacian -por todas tres partes para nos poder tomar en medio ó atajar algunos de -nosotros; y con los muchos tlascaltecas que embarazaban, no podiamos -pelear á todas partes, é por esta causa los echábamos fuera de la -calzada, en parte que los po<span class="pagenum" id="Page_330">p. -330</span>niamos en salvo; y cuando nos viamos que no teniamos -embarazo dellos, nos retraiamos al real, no vueltas las espaldas, sino -haciéndoles rostro, unos ballesteros y escopeteros soltando y otros -armando; y nuestros cuatro bergantines cada dos de los lados de las -calzadas por la laguna, defendiéndonos por las flotas de las canoas, y -de las muchas piedras de las azuteas y casas que estaban por derrocar; -y aun con todo este concierto teniamos harto riesgo de nuestras -personas hasta volvernos á los ranchos, y luego nos quemábamos con -aceite nuestras heridas y apretallas con mantas de la tierra, y cenar -de las tortillas que nos traian de Tacuba, é yerbas y tunas quien lo -tenia; y luego íbamos á velar á la abertura del agua, como dicho tengo, -y luego á otro dia por la mañana, sus, á pelear; porque no podiamos -hacer otra cosa, porque por muy de mañana que fuese, ya estaban sobre -nosotros los batallones contrarios, y aun llegaban á nuestro real y nos -decian vituperios; y desta manera pasábamos nuestros trabajos.</p> - -<p>Dejemos por agora de contar de nuestro real, que es el de Pedro -de Albarado, y volvamos al de Cortés, que siempre de noche y de dia -le daban combates, y le mataban y herian muchos soldados, y era de -la manera que á nosotros los del real de Tacuba; y siempre traia dos -bergantines á dar caza de noche á las canoas que entraban en Méjico -con bastimentos é agua; é parece ser que el un bergantin prendió á -dos<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> principales -que venian en una de las muchas canoas que venian con bastimento, y -dellos supo Cortés que tenian en celada entre unos matorrales cuarenta -piraguas y otras tantas canoas para tomar á alguno de nuestros -bergantines, como hicieron la otra vez; y aquellos dos principales -que se prendieron, Cortés les halagó y dió mantas, y con muchos -prometimientos que en ganando á Méjico les daria tierras, y con -nuestras lenguas doña Marina y Aguilar les preguntó que á qué parte -estaban las piraguas, porque no se pusieron donde la otra vez; y ellos -señalaron en el puesto y paraje que estaban, y aun avisaron que habian -hincado muchas estacas de maderos gruesos en partes, para que si los -bergantines fuesen huyendo de sus piraguas, zabordasen, y allí los -apañasen y matasen á los que iban en ellos.</p> - -<p>Y como Cortés tuvo aquel aviso, apercibió seis bergantines que -aquella noche se fuesen á meter á unos carrizales apartados obra de -un cuarto de legua, donde estaban las piraguas, y que se cubriesen -con mucha rama; y fueron á remo callado, y estuvieron toda la noche -aguardando, y otro dia de mañana mandó Cortés que fuese un bergantin -como que iba á dar caza á las canoas que entraban con bastimentos, y -mandó que fuesen los dos indios principales que se prendieron dentro -del bergantin, porque mostrasen en qué parte estaban las piraguas, -porque el bergantin fuese hácia allá; y ansimismo los mejicanos -nuestros<span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> contrarios -concertaron de echar dos canoas echadizas, como la otra vez, adonde -estaba su celada, como que traian bastimento, para que se cebase el -bergantin en ir tras ellas; por manera que ellos tenian un pensamiento -y nosotros otro como el suyo de la misma manera; y como el bergantin -que echó Cortés vió á las canoas que echaron los indios para cebarle, -iba tras ellas, y las dos canoas hacian que se iban huyendo á tierra -donde estaba su celada de sus piraguas, y luego nuestro bergantin hizo -semblante que no osaba llegar á tierra, y que se volvia retrayendo; -y cuando las piraguas y otras muchas canoas le vieron que se volvia, -salen tras él con gran furia y remar todo lo que podian, y le iban -siguiendo; y el bergantin se iba como huyendo donde estaban los otros -seis bergantines en celada, y todavía las piraguas siguiéndole; y en -aquel instante soltaron unas escopetas, que era la señal de cuando -habian de salir nuestros bergantines; y cuando oyeron la señal, -salen con grande ímpetu y dieron sobre las piraguas y canoas, que -trastornaron, y mataron y prendieron muchos guerreros, y tambien el -bergantin que echaron para en celada, que iba ya á lo largo, vuelve -á ayudar á sus compañeros; por manera que se llevó buena presa de -prisioneros y canoas; y dende allí adelante no osaban los mejicanos -echar más celadas, ni se atrevian á meter bastimentos ni agua tan á -ojos vistas como solian; y<span class="pagenum" id="Page_333">p. -333</span> desta manera pasaba la guerra de los bergantines en la -laguna y nuestras batallas en las calzadas.</p> - -<p>Y digamos ahora, como vieron los pueblos que estaban en la laguna -poblados, que ya los he nombrado otras veces, que cada dia teniamos -vitoria, ansí por el agua como por tierra, y vieron venir á nuestra -amistad muchos amigos, así los de Chalco como los de Tezcuco é Tlascala -é otras poblaciones, y con todos les hacian mucho mal y daño en sus -pueblos, y les cautivaban muchos indios é indias; parece ser se -juntaron todos, é acordaron de venir de paz ante Cortés, y con mucha -humildad le demandaron perdon si en algo nos habian enojado, y dijeron -que eran mandados, que no podian hacer otra cosa; y Cortés holgó mucho -de los ver venir de paz de aquella manera, y aun cuando lo supimos en -nuestro real de Pedro de Albarado y en el de Gonzalo de Sandoval, nos -alegramos todos los soldados.</p> - -<p>Y volviendo á nuestra plática: Cortés con buen semblante y con -muchos halagos les perdonó, y les dijo que eran dignos de gran castigo -por haber ayudado á los mejicanos; y los pueblos que vinieron fueron -Iztapalapa, Huichilobusco é Cuyoacan é Mezquique, y todos los de la -laguna y agua dulce; y les dijo Cortés que no habiamos de alzar real -hasta que los mejicanos viniesen de paz, ó por guerra los acabase; -y les mandó que en todo nos ayudasen con todas las canoas que -tuviesen para combatir á Méjico, é que viniesen<span class="pagenum" -id="Page_334">p. 334</span> á hacer sus ranchos é trajesen comida, lo -cual dijeron que ansí lo harian; é hicieron los ranchos de Cortés, y no -traian comida, sino muy poca y de mala gana.</p> - -<p>Nuestros ranchos, donde estaba Pedro de Albarado nunca se hicieron, -que ansí nos estábamos al agua, porque ya saben los que en esta -tierra han estado que por Junio, Julio y Agosto son en estas partes -cotidianamente las aguas.</p> - -<p>Dejemos esto, y volvamos á nuestra calzada y á los combates que cada -dia dábamos á los mejicanos, y cómo les íbamos ganando muchas torres -de ídolos y casas y otras aberturas de zanjas y puentes que de casa -en casa tenian hechas, y todo lo cegábamos con adobes y la madera de -las casas que deshaciamos y derrocábamos, y aun sobre ellas velábamos; -y aun con toda esta diligencia que poniamos, lo tornaban á hondar y -ensanchar, y ponian más albarradas, y porque entre todas tres nuestras -capitanías teniamos por deshonra que unos batallásemos é hiciésemos -rostro á los escuadrones mejicanos, y otros estuviesen cegando los -pasos y aberturas y puentes; y por excusar diferencias sobre los que -habiamos de batallar ó cegar aberturas, mandó Pedro de Albarado que una -capitanía tuviese cargo de cegar y entender en la obra un dia, y las -dos capitanías batallasen é hiciesen rostro contra los enemigos, y esto -habia de ser por rueda, un dia una y luego otro dia otra capitanía, -hasta que por todas tres volviese la andanada y rueda; y con<span -class="pagenum" id="Page_335">p. 335</span> esta órden no quedaba cosa -que les ganábamos que no dábamos con ella en el suelo, y nuestros -amigos los tlascaltecas, que nos ayudaban; y ansí les íbamos entrando -en su ciudad; mas al tiempo del retraer todas tres capitanías habiamos -de pelear juntos, porque entónces era donde corriamos mucho peligro; y -como otra vez he dicho, primero haciamos salir de las calzadas todos -los tlascaltecas, porque cierto era demasiado embarazo para cuando -peleábamos.</p> - -<p>Dejemos de hablar de nuestro real, y volvamos al de Cortés y al de -Gonzalo de Sandoval, que á la continua, ansí de dia como de noche, -tenian sobre sí muchos contrarios por tierra y flotas de canoas por la -laguna, y siempre les daban guerra, y no les podian apartar de sí.</p> - -<p>Pues en lo de Cortés, por les ganar una puente y obra muy honda, -que era mala de ganar, en ella tenian los mejicanos muchos mamparos y -albarradas, que no se podian pasar sino á nado, é ya que se pusiesen á -pasalla, estábanles aguardando muchos guerreros con flechas y piedras -con honda, y vara y macanas y espadas de á dos manos, y lanzas como -dalles, y engastadas las espadas que nos tomaron, acudiendo siempre -gran multitud de guerreros, y la laguna llena de canoas de guerra; -y habia junto á las albarradas muchas azuteas, y dellas les tiraban -muchas piedras, de que con gran dificultad se podian defender; y los -herian muchos, y algunos mataban, y los bergantines no les podian<span -class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span> ayudar, por las estacadas -que tenian puestas, en que se embarazaban los bergantines; y sobre -ganalles esta fuerza y puente y abertura pasaron los de Cortés mucho -trabajo, y estuvieron muchas veces á punto de perderse, é le mataron -cuatro soldados en el combate y le hirieron sobre treinta; y como era -ya tarde cuando la acabaron de ganar, no tuvieron tiempo de la cegar, -y se volvieron retrayendo con muy grande trabajo y peligro, y con más -de treinta soldados heridos y muchos tlascaltecas descalabrados, aunque -peleaban bravosamente.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos otra manera con que Guatemuz mandó pelear -á sus capitanes, haciendo apercebir todos sus poderes para que nos -diesen guerra continuamente; y es que, como para otro dia era fiesta de -señor San Juan de Junio, que entónces se cumplia un año puntualmente -que habiamos entrado en Méjico, cuando el socorro del capitan Pedro -de Albarado, y nos desbarataron, segun dicho tengo en el capítulo que -dello habla, parece ser tenia cuenta en ello el Guatemuz, y mandó que -en todos tres reales nos diesen toda la guerra y con la mayor fuerza -que pudiesen con todos sus poderes, ansí por tierra como con las -canoas por el agua, para acabarnos de una vez, como decian se lo tenia -mandado su Huichilóbos, y mandó que fuese de noche al cuarto de la -modorra; y porque los bergantines no nos pudiesen ayudar, en todas más -partes de la laguna tenian hechas unas estacadas<span class="pagenum" -id="Page_337">p. 337</span> para que en ellas zabordasen; y vinieron -con esta furia y ímpetu, que si no fuera por los que velábamos juntos, -que éramos sobre ciento y veinte soldados, y todos muy acostumbrados -á pelear, nos entraran en el real y corriamos harto peligro, y con -muy grande concierto les resistimos, y allí hirieron á quince de los -nuestros, y dos murieron de ahí á ocho dias de las heridas.</p> - -<p>Pues en el real de Cortés tambien les pusieron en grande aprieto -é trabajo, é hubo muchos muertos y heridos, y en lo de Sandoval por -el consiguiente, y desta manera vinieron dos noches arreo; y tambien -en aquellos rencuentros quedaron muchos mejicanos muertos y muchos -heridos; y como Guatemuz y sus capitanes y papas vieron que no -aprovechaba nada la guerra que dieron aquellas noches, acordaron que -con todos sus poderes juntos viniesen al cuarto del alba y diesen en -nuestro real, que se dice el de Tacuba; y vinieron tan bravosos, que -nos cercaron por todas partes, y aun nos tenian medio desbaratados y -atajados; y quiso Dios darnos esfuerzo, que nos tornamos á hacer un -cuerpo y nos mamparamos algo con los bergantines, y á buenas estocadas -y cuchilladas, que andábamos pié con pié, los apartamos algo de -nosotros, y los de á caballo no estaban holgando; pues los ballesteros -y escopeteros hacian lo que podian, que harto tuvieron que romper en -otros escuadrones que ya nos tenian tomadas las espaldas; y en aquella -batalla ma<span class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span>taron á -ocho de nuestros soldados, y aun á Pedro de Albarado le descalabraron, -y si nuestros amigos los tlascaltecas durmieran aquella noche en la -calzada, corriamos gran riesgo con el embarazo que ellos nos pusieran, -como eran muchos; más la experiencia de lo pasado nos hacia que luego -los echásemos fuera de la calzada y se fuesen á Tacuba, y quedábamos -sin cuidado.</p> - -<p>Tornemos á nuestra batalla, que matamos muchos mejicanos, y se -prendieron cuatro personas principales.</p> - -<p>Bien tengo entendido que los curiosos letores se hartarán ya de -ver cada dia combates, y no se puede hacer ménos, porque noventa y -tres dias estuvimos sobre esta tan fuerte ciudad, cada dia é de noche -teniamos guerras y combates, y por esta causa los hemos de decir muchas -veces, de cómo é cuándo é de qué manera é arte pasaba; é no lo pongo -aquí por capítulos lo que cada dia haciamos, porque me parece que -seria gran prolijidad é seria cosa para nunca acabar, y pareceria á -los libros de Amadís é de otros corros de caballeros; é porque de aquí -adelante no me quiero detener en contar tantas batallas é rencuentros -que cada dia é de noche teniamos, si posible fuere, lo diré lo más -breve que pueda, hasta el dia de señor San Hipólito, que, gracias -á nuestro Señor Jesucristo, nos apoderamos desta tan gran ciudad y -prendimos al Rey della, que se decia Guatemuz, é á sus capitanes; -puesto que ántes que le prendiésemos tuvimos muy grandes des<span -class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span>manes, é casi que estuvimos -en gran ventura de nos perder en todos nuestros reales, especialmente -en el real de Cortés por descuido de sus capitanes, como adelante -verán.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_152"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO DESBARATARON LOS INDIOS MEJICANOS Á CORTÉS, - É LE LLEVARON VIVOS PARA SACRIFICAR SESENTA Y DOS SOLDADOS, É LE - HIRIERON EN UNA PIERNA, Y EL GRAN PELIGRO EN QUE NOS VIMOS POR SU - CAUSA.</p> -</div> - -<p>Como Cortés vió que no se podian cegar todas las aberturas y puentes -é zanjas de agua que ganábamos cada dia, porque de noche las tornaban á -abrir los mejicanos y hacian más fuertes albarradas que de ántes tenian -hechas, é que era gran trabajo pelear y cegar puentes y velar todos -juntos, en demás como estábamos heridos, acordó de poner en pláticas -con los capitanes y soldados que tenia en su real, que se decian -Cristóbal de Olí y Francisco Verdugo y Andrés de Tapia, y el alférez -Corral y Francisco de Lugo, y tambien nos escribió al real de Pedro de -Albarado y al de Gonzalo de Sandoval, para tomar parecer de todos los -ca<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span>pitanes y soldados; -y el caso que propuso fué, que si nos parecia que fuésemos entrando -de golpe en la ciudad hasta entrar, y llegar al Taltelulco, que es -la plaza mayor de Méjico, que es muy más ancha y grande que no la de -Salamanca; é que llegados que llegásemos, que seria bien asentar en él -todos tres reales, que dende allí podiamos batallar por las calles de -Méjico, y sin tener tantos trabajos é riesgo al retraer, ni tener tanto -que cegar ni velar las puentes.</p> - -<p>Y como en tales pláticas y consejos suele acaecer, hubo en ellas -muchos pareceres, porque los unos decian que no era buen consejo ni -acuerdo meternos tan de hecho en el cuerpo de la ciudad, sino que -nos estuviésemos como estábamos batallando y derrocando y abrasando -casas; y las causas más evidentes que dimos los que éramos en este -parecer fué, que si nos metiamos en el Taltelulco y dejábamos todas las -calzadas y puentes sin guarda y desmamparadas, que como los mejicanos -son muchos y guerreros, y con las muchas canoas que tienen nos -tornarian á abrir las puertas y calzadas, y no seriamos señores dellas, -é que con sus grandes poderes nos darian guerra de noche y de dia; é -que, como siempre tienen hechas muchas estacadas, nuestros bergantines -no nos podrian ayudar, y de aquella manera que Cortés decia, seriamos -nosotros los cercados, y ellos ternian por sí la tierra, campo y -laguna; y le escribimos sobre el caso, para que no nos aconteciese -como<span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span> la pasada cuando -salimos huyendo de Méjico; y cuando Cortés hubo visto el parecer de -todos, y vió las buenas razones que sobre ello le dábamos, en lo que se -resumió en todo lo platicado fué, que para que otro dia saliésemos de -todos tres reales con toda la mayor pujanza, ansí los de á caballo como -los ballesteros, escopeteros y soldados, é que los fuésemos ganando -hasta la plaza mayor, que es el Taltelulco, apercebidos los tres -reales y los tlascaltecas y de Tezcuco y los pueblos de la laguna que -nuevamente habian dado la obediencia á su majestad, para que con todas -sus canoas se viniesen á ayudar á todos nuestros bergantines.</p> - -<p>Una mañana, despues de haber oido Misa y nos encomendar á Dios, -salimos de nuestro real con el capitan Pedro de Albarado, y tambien -salió Cortés del suyo, y Gonzalo de Sandoval con todos sus capitanes, y -con grande pujanza iba ganando puentes y albarradas, y los contrarios -peleaban como fuertes guerreros, y Cortés por su parte llevaba vitoria, -y asimismo Gonzalo de Sandoval por la suya, pues por nuestro real -ya les habiamos ganado otra albarrada y una puente, y esto fué con -mucho trabajo, porque habia muy grandísimos poderes del Guatemuz, y -la estaban guardando, y salimos della muchos de nuestros soldados muy -mal heridos, é uno murió luego de las heridas, y nuestros amigos los -tlascaltecas salieron más de mil dellos maltratados y descalabrados, -y todavía íbamos siguiendo la vitoria muy<span class="pagenum" -id="Page_342">p. 342</span> ufanos.</p> - -<p>Volvamos á decir de Cortés y de todo su ejército, que ganaron -una abertura de agua muy honda, y estaba en ella una calzadilla muy -angosta, que los mejicanos con maña y ardid la habian hecho de aquella -manera, porque tenian pensado entre sí lo que ahora á nuestro general -Cortés le aconteció; y es que, como llevaba vitoria de él y todos sus -capitanes y soldados, y la calzada llena de nuestros amigos, é iban -siguiendo á los contrarios, y puesto que hacian que huian, no dejaban -de tirarnos piedra, vara y flecha, y hacian algunas paradillas como -que resistian á Cortés, hasta que le fueron cebando para que fuese -tras ellos, y desque vieron que de hecho iba tras ellos siguiendo la -vitoria, hacian que iban huyendo dél.</p> - -<p>Por manera que la adversa fortuna vuelve su rueda, y á las mayores -prosperidades acuden muchas tristezas.</p> - -<p>Y como nuestro Cortés iba vitorioso y en el alcance de los -contrarios, por su descuido é porque nuestro Señor Jesucristo lo -permitió, él y sus capitanes y soldados dejaron de cegar el abertura de -agua que habian ganado; y como la calzada por donde iban con maña la -habian hecho angosta, y aun entraba en ella agua por algunas partes, y -habia mucho lodo y cieno, como los mejicanos le vieron pasar aquel paso -sin cegar, que no deseaban otra cosa, y aun para aquel efeto tenian -apercebidos muchos escuadrones de guerreros mejicanos con esforzados -capitanes, y muchas canoas en la laguna,<span class="pagenum" -id="Page_343">p. 343</span> en parte que nuestros bergantines no les -podian hacer daño ninguno con las grandes estacadas que les tenian -puestas en que zabordasen, vuelven sobre nuestro Cortés y contra todos -sus soldados con grande furia de escuadrones y con tales alaridos y -gritos, que los nuestros no les pudieron defender su gran ímpetu y -fortaleza con que vinieron á pelear, y acordaron todos los soldados con -sus capitanes y banderas de se volver retrayendo con gran concierto; -mas, como venian contra ellos tan rabiosos contrarios, hasta que les -metieron en aquel mal paso se desconcertaron de suerte, que vuelven -huyendo sin hacer resistencia; y nuestro Cortés, desde que así los vió -venir desbaratados, los esforzaba y decia:</p> - -<p>—«Tened, tened, señores, tened recio, ¿qué es esto, que ansí habeis -de volver las espaldas?»</p> - -<p>Y no les pudo detener ni resistir; y en aquel paso que dejaron de -cegar, y en la calzadilla, que era angosta y mala, y con las canoas -le desbarataron é hirieron en una pierna y le llevaron vivos sobre -sesenta y tantos soldados, y le mataron seis caballos é yeguas, y á -Cortés ya le tenian muy engarrafado seis ó siete capitanes mejicanos, -é quiso Dios nuestro Señor ponelle esfuerzo para que se defendiese -y se librase dellos, puesto que estaba herido en una pierna; porque -en aquel instante luego llegó allí un muy esforzado soldado, que se -decia Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja; no lo digo por -Cristóbal de Olí; y desque<span class="pagenum" id="Page_344">p. -344</span> allí le vió asido de tantos indios, peleó luego tan -bravosamente, que mató á estocadas cuatro de aquellos capitanes que -tenian engarrafado á Cortés, y tambien le ayudó otro muy valiente -soldado que se decia Lerma, y les hicieron que dejasen á Cortés, y por -le defender allí perdió la vida el Olea, y el Lerma estuvo á punto de -muerte, y luego acudieron allí muchos soldados, aunque bien heridos, y -echan mano á Cortés y le ayudan á salir de aquel peligro; y entónces -tambien vino con mucha presteza su capitan de la guarda, que se decia -Antonio de Quiñones, natural de Zamora, y le tomaron por los brazos y -le ayudaron á salir del agua, y luego le trajeron un caballo, en que se -escapó de la muerte; y en aquel instante tambien venia un su camarero -ó mayordomo que se decia Cristóbal de Guzman, y le traia otro caballo; -y dende las azuteas los guerreros mejicanos, que andaban muy bravos y -vitoriosos, prendieron al Cristóbal de Guzman, é vivo le llevaron á -Guatemuz; y todavía los mejicanos iban siguiendo á Cortés y á todos sus -soldados hasta que llegaron á su real.</p> - -<p>Pues ya aquel desastre acaecido, le hallaron en salvo los españoles, -los escuadrones mejicanos no dejaban de seguilles, dándoles caza y -grita y diciéndoles vituperios y llamándoles cobardes.</p> - -<p>Dejemos de hablar de Cortés y de su desbarate, y volvamos á nuestro -ejército, que es el de Pedro de Albarado: como íbamos muy vito<span -class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span>riosos, y cuando no nos -catamos vimos venir contra nosotros tantos escuadrones de mejicanos, y -con grandes gritas y hermosas divisas y penachos, y nos echaron delante -de nosotros cinco cabezas que entónces habian cortado de los que habian -tomado á Cortés, y venian corriendo sangre, y decian:</p> - -<p>—«Ansí os mataremos, como hemos muerto á Malinche y á Sandoval y -á los que consigo traian, y esas son sus cabezas; por eso conocedlas -bien.»</p> - -<p>Y diciéndonos estas palabras se venian á cerrar con nosotros hasta -nos echar mano; que no aprovechaban cuchilladas ni estocadas, ni -ballesteros ni escopeteros, y no hacian sino dar en nosotros como á -terrero; y con todo eso, no perdiamos punto en nuestra ordenanza al -retraer, porque luego mandamos á nuestros amigos los tlascaltecas que -prestamente nos desembarazasen las calzadas y pasos malos; y en este -tiempo ellos se lo tuvieron bien en cargo, que como vieron las cinco -cabezas corriendo sangre, y decian que habian muerto á Malinche y á -Sandoval y á todos los teules que consigo traian, é que ansí habian de -hacer á nosotros, ya los tlascaltecas temieron en gran manera, porque -creyeron que era verdad; y por esto digo que desembarazaron la calzada -muy de veras.</p> - -<p>Volvamos á decir, como nos íbamos retrayendo oimos tañer del cu -mayor, donde estaban sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, que señorea -el altor dél á toda la gran ciudad, tañian<span class="pagenum" -id="Page_346">p. 346</span> un atambor de muy triste sonido, en fin -como instrumento de demonios, y retumbaba tanto, que se oia dos ó tres -leguas, y juntamente con él muchos atabalejos; entónces, segun despues -supimos, estaban ofreciendo diez corazones y mucha sangre á los ídolos -que dicho tengo, de nuestros compañeros.</p> - -<p>Dejemos el sacrificio, y volvamos al retraer que nos retraiamos, y -á la gran guerra que nos daban, ansí de la calzada como de las azuteas -y lagunas con las canoas; y en aquel instante vienen más escuadrones -á nosotros, que de nuevo enviaba Guatemuz, y manda tocar su corneta, -que era una señal que cuando aquella se tocase era que habian de -pelear sus capitanes de manera que hiciesen presa ó morir sobre ello, -y retumbaba el sonido que se metia en los oidos; y de que lo oyeron -aquellos sus escuadrones y capitanes, saber yo aquí decir ahora con qué -rabia y esfuerzo se metian entre nosotros á nos echar mano, es cosa de -espanto, porque yo no lo sé aquí escribir; que ahora que me pongo á -pensar en ello, es como si visiblemente lo viese; mas vuelvo á decir, -y ansí es verdad, que si Dios no nos diera esfuerzo, segun estábamos -todos heridos, él nos salvó, que de otra manera no nos podiamos llegar -á nuestros ranchos; y le doy muchas gracias y loores por ello, que me -escapó aquella vez y otras muchas de poder de los mejicanos.</p> - -<p>Y volviendo á nuestra plática: allí los de á caballo hacian -arremetidas; y con dos tiros gruesos que pusimos<span class="pagenum" -id="Page_347">p. 347</span> junto á nuestros ranchos, unos tirando y -otros cebando, nos sosteniamos, porque la calzada estaba llena de bote -en bote de contrarios y nos venian hasta las casas, como cosa vencida, -á echarnos vara y piedra; y como he dicho, con aquellos tiros matábamos -muchos dellos; y quien bien ayudó aquel dia fué un hidalgo que se dice -Pedro Moreno de Medrano, que vive agora en la Puebla, porque él fué el -artillero, que los artilleros que soliamos tener se habian muerto, y -dellos estaban muy malamente heridos.</p> - -<p>Volvamos al Pedro Moreno de Medrano, que, demás de siempre haber -sido un muy esforzado soldado, aquel dia fué de muy grandísima ayuda -para nosotros; y estando que estábamos de aquella manera, bien -angustiados y heridos, y no sabiamos de Cortés, ni de Sandoval, ni de -sus ejércitos, si les habian muerto ó desbaratado, como los mejicanos -nos decian cuando nos arrojaron las cinco cabezas que tenian asidas -por los cabellos y de las barbas, y decian que ya habian muerto á -Malinche y tambien á Sandoval é á todos los teules, que ansí nos habian -de matar á nosotros aquel mesmo dia; y no podiamos saber dellos, -porque batallábamos los unos de los otros cerca de media legua, y á -donde desbarataron á Cortés era más léjos; y á esta causa estábamos -muy penosos, así heridos como sanos, y hechos un cuerpo estuvimos -sosteniendo el gran ímpetu de los mejicanos que sobre nosotros estaban, -creyendo<span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span> que en -aquel dia no quedara persona viva de nosotros, segun la guerra que nos -daban.</p> - -<p>Pues de nuestros bergantines ya habian tomado uno é muerto tres -soldados y herido el capitan y todos los más soldados que en ellos -venian, y fué socorrido de otro bergantin, donde andaba por capitan -Juan Jaramillo, y tambien tenian zalabordado en otra parte otro que -no podia salir, de que era capitan Juan de Limpias Caravajal, que en -aquella sazon ensordeció de coraje, que ahora vive en la Puebla; y -peleó por su persona tan valerosamente, y esforzó á todos los soldados -que en el bergantin remaban, que rompieron las estacadas, y salieron -todos muy mal heridos, y salvó su bergantin: aqueste fué el primero que -rompió estacadas.</p> - -<p>Volvamos á Cortés, que, como estaba él y toda su gente los más -muertos, se iban todos los escuadrones mejicanos hasta su real á darle -guerra, y aun le echaron delante de sus soldados, que resistian á los -mejicanos cuando peleaban, otras cuatro cabezas corriendo sangre de -aquellos soldados que habian llevado vivos á Cortés, y les decian que -eran del Tonatio, que es Pedro de Albarado, y de Gonzalo de Sandoval y -de otros teules, é que ya nos habian muerto á todos.</p> - -<p>Entónces dicen que desmayó Cortés mucho más de lo que ántes estaba -él y los que consigo traia, mas no de manera que sintiesen en él -mucha flaqueza; y luego mandó al maestre de campo Cristóbal de Olí y -á sus capitanes que mirasen no les rompiesen<span class="pagenum" -id="Page_349">p. 349</span> los muchos mejicanos que estaban sobre -ellos, é que todos juntos hiciesen cuerpo, ansí heridos como sanos; y -mandó á Andrés de Tapia que con tres de á caballo viniese á Tacuba por -tierra, que es nuestro real, que mirase qué habia sido de nosotros, y -que si no éramos desbaratados, que nos contase lo por él pasado, y que -nos dijese que tuviésemos muy buen recaudo en el real, que todos juntos -hiciésemos cuerpo, ansí de dia como de noche, en la vela; y esto que -nos enviaba á mandar, ya lo teniamos todos por costumbre.</p> - -<p>Y el capitan Andrés de Tapia y los tres de á caballo que con él -venian se dieron muy buena priesa, y aunque tuvieron en el camino una -refriega de vara y flecha que les dieron en un paso los mejicanos; que -ya habia puesto Guatemuz en los caminos muchos indios guerreros porque -no supiésemos los unos de los otros los desmanes, y aun venia herido el -Andrés de Tapia, y traia en su compañía á Guillen de la Loa, y el otro -se decia Valde-Nebro, y á un Juan de Cuellar, hombres muy esforzados; -y de que llegaron á nuestro real y nos hallaron batallando con el -poder de Méjico, que todo estaba junto contra nosotros, se holgaron -en el alma, y nos contaron lo acaecido del desbarate de Cortés, y lo -que nos enviaba á decir, y no nos quisieron declarar qué tantos eran -los muertos, y decian que hasta veinte y cinco, y que todos los demás -estaban buenos.</p> - -<p>Dejemos de hablar ahora en esto, y<span class="pagenum" -id="Page_350">p. 350</span> volvamos al Gonzalo de Sandoval, y á sus -capitanes y soldados, que andaban vitoriosos en la parte y calles de -su conquista; y cuando los mejicanos hubieron desbaratado á Cortés, -cargaron sobre el Gonzalo de Sandoval y su ejército y capitanes, de -arte que no se pudo valer, y le mataron dos soldados y le hirieron á -todos los que traia, y á él le dieron tres heridas, la una en el muslo -y la otra en la cabeza y la otra en un brazo; y estando batallando con -los contrarios, le ponen delante seis cabezas de los de Cortés, y le -dicen que aquellas cabezas eran de Malinche y del Tonatio y de otros -capitanes, y que ansí habian de hacer al Gonzalo de Sandoval y á los -que con él estaban, y le dieron muy fuertes combates; y de que aquello -vió el buen capitan Sandoval, mandó á sus capitanes y soldados que -todos tuviesen mucho ánimo, más que de ántes, é que no desmayasen, é -que mirasen al retraer no hubiese algun desman ó desconcierto en la -calzada, porque es angosta; y lo primero que hizo fué mandar salir de -la calzada á los amigos tlascaltecas, que tenia muchos, y porque no -les estorbasen al retraer; y con sus dos bergantines y sus ballesteros -y escopeteros con mucho trabajo se retrajo á su estancia, y con toda -su gente bien herida y aun desmayada, y dos soldados ménos; y como se -vió fuera de la calzada, puesto que estaban cercados de mejicanos, -esforzó su gente y capitanes, y les encomendó mucho que todos juntos -hiciesen<span class="pagenum" id="Page_351">p. 351</span> cuerpo, ansí -de dia como de noche, é que guardasen el real no le desbaratasen; y -como conocia del capitan Luis Marin que lo hacia bien, ansí herido y -entrapajado como estaba el Sandoval, tomó consigo otros de á caballo, y -por tierra fué muy por la posta al real de Cortés, y aun en el camino -tuvo su salmorejo de piedra y vara y flecha; porque, como ya otra -vez he dicho, en todos los caminos tenia Guatemuz indios mejicanos -guerreros para no dejar pasar de un real á otro con nuevas ningunas, -para que así nos vencieran más fácilmente; y cuando el Sandoval vido á -Cortés, le dijo:</p> - -<p>—«Oh señor capitan, y ¿qué es esto? ¿Aquestos son los grandes -consejos y ardides de guerra que siempre nos daba? ¿Cómo ha sido este -desman?»</p> - -<p>Y Cortés le respondió, saltándosele las lágrimas de los ojos:</p> - -<p>—«Oh hijo Sandoval, que mis pecados lo han permitido, que no soy -tan culpante en el negocio como me hacen, sino es el tesorero Julian -de Alderete, á quien le encargué que cegase aquel mal paso donde nos -desbarataron, y no lo hizo, como no es acostumbrado á guerras ni á ser -mandado de capitanes.»</p> - -<p>Y entónces respondió el mismo tesorero, que se halló junto á Cortés, -que vino á ver y hablar al Sandoval y á saber de su ejército si eran -muertos ó desbaratados, é dijo que el mismo Cortés tenia la culpa, y -no él; y la causa que dió fué que, como Cortés iba con vitoria, por -seguilla muy mejor decia: «Adelante, caballeros;» é que no les<span -class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span> mandó cegar puentes ni -pasos malos, é que si se lo mandara, que su capitanía y con sus amigos -lo hiciera; y tambien culpaban mucho á Cortés en no haber mandado con -tiempo salir de las calzadas á los muchos amigos que llevaba; é porque -hubo otras muchas pláticas y respuestas al tesorero, que iban muchas -con enojo, se dejarán de decir; é diré cómo en aquel instante llegaron -dos bergantines de los que ántes tenia Cortés en su compañía y calzada, -que no sabian dellos despues del desbarate, y segun pareció, habian -estado detenidos, porque estuvieron zabordados en unas estacadas, y -segun dijeron los capitanes, habian estado cercados de unas canoas -que les daban guerra, y venian todos heridos, y dijeron que Dios -primeramente les ayudó, y con su viento y con grandes fuerzas que -pusieron al remar rompieron las estacadas y se salvaron, de lo cual -hubo mucho placer Cortés, porque hasta entónces, aunque no lo publicaba -por no desmayar á los soldados, como no sabian dellos, les tenian por -perdidos.</p> - -<p>Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que luego encomendó á Sandoval -mucho que fuese en posta á nuestro real, que se dice Tacuba, y -mirase si éramos desbaratados ó de qué manera estábamos, é que si -éramos vivos, que nos ayudase á poner resistencia en el real, no -nos rompiesen; y dijo á Francisco de Lugo que fuese en compañía -de Sandoval, porque bien entendido tenia que habia escuadrones -de guerreros mejicanos en<span class="pagenum" id="Page_353">p. -353</span> el camino, y le dijo que ya habia enviado á saber de -nosotros á Andrés de Tapia con tres de á caballo, y temia no le -hubiesen muerto en el camino; cuando se lo dijo y se despidió fué á -abrazar á Gonzalo de Sandoval, y le dijo:</p> - -<p>—«Mirá, pues veis que yo no puedo ir á todas partes, á vos os -encomiendo estos trabajos, pues veis que estoy herido y cojo; ruégoos -pongais cobro en estos tres reales: bien sé que Pedro de Albarado y sus -capitanes y soldados habrán batallado y hecho como caballeros, mas temo -el gran poder destos perros, no les hayan desbaratado; pues de mí y de -mi ejército ya veis de la manera que estoy.»</p> - -<p>Y en posta vino el Sandoval y el Francisco de Lugo donde estábamos, -y cuando llegó seria hora de vísperas, y porque, segun pareció é -supimos, el desbarate de Cortés fué ántes de Misa mayor; y cuando -llegó Sandoval nos halló batallando con los mejicanos, que nos querian -entrar en el real por unas casas que habiamos derrocado, y otros por -la calzada, y otros en canoas por la laguna, y tenian ya un bergantin -zabordado en unas estacadas, y de los soldados que en ellos iban, -habian muerto los dos, y los demás heridos; y como Sandoval nos vió á -mí y á otros soldados en el agua metidos á más de la cinta, ayudando -al bergantin á echalle en lo hondo, y estaban sobre nosotros muchos -indios con espadas de las nuestras que habian tomado en el desbarate -de Cortés, y otros con montantes de navajas dán<span class="pagenum" -id="Page_354">p. 354</span>donos cuchilladas, y á mí me dieron un -flechazo, y querian llegar con gran fuerza sus canoas, segun la fuerza -que ponian, y le tenian atadas muchas sogas para llevársele y metelle -dentro de la ciudad; y como el Sandoval nos vió de aquella manera, -dijo:</p> - -<p>—«Oh hermanos, poned fuerza en que no lleven el bergantin.»</p> - -<p>Y tomamos tanto esfuerzo, que luego le sacamos en salvo, puesto que, -como he dicho, todos los marineros salieron heridos y dos soldados -muertos.</p> - -<p>En aquella sazon vinieron á la calzada muchas capitanías de -mejicanos, y nos herian ansí á los de á caballo y á todos nosotros, -y aun al Sandoval le dieron una buena pedrada en la cara; y entónces -Pedro de Albarado le socorrió con otros de á caballo, y como venian -tantos escuadrones, é yo y otros soldados les haciamos cara, Sandoval -nos mandó que poco á poco nos retrajésemos porque no les matasen los -caballos; é porque no nos retraiamos de presto como quisiera, dijo:</p> - -<p>—«¿Quereis que por amor de vosotros me maten á mí y á todos aquestos -caballeros? Por amor de Dios, hermanos, que os retrayais.»</p> - -<p>Y entónces le tornaron á herir á él y á su caballo; y en aquella -sazon echamos á los amigos fuera de la calzada, y poco á poco, haciendo -cara, y no vueltas las espaldas, como quien va haciendo represas, unos -ballesteros y escopeteros tirando y otros armando y otros cebando sus -escopetas, y no soltaban todos á la par; y los de á caballo que hacian -algunas arremetidas, y el Pedro<span class="pagenum" id="Page_355">p. -355</span> Moreno Medrano con sus tiros en armar y tirar; y por más -mejicanos que llevaban las pelotas, no les podian apartar, sino que -todavía nos iban siguiendo, con pensamiento que aquella noche nos -habian de llevar á sacrificar.</p> - -<p>Pues ya que estábamos en salvo cerca de nuestros aposentos, pasada -ya una grande obra donde habia mucha agua é muy honda, y no nos podian -alcanzar las piedras ni varas ni flecha, y estando el Sandoval y el -Francisco de Lugo y Andrés de Tapia con Pedro de Albarado, contando -cada uno lo que le habia acaecido y lo que Cortés mandaba, tornó á -sonar el atambor de Huichilóbos y otros muchos atabalejos, y caracoles -y cornetas y otras como trompas, y todo el sonido dellas espantable -y triste; y miramos arriba al alto cu, donde los tañian, y vimos -que llevaban por fuerza á rempujones y bofetadas y palos á nuestros -compañeros que habian tomado en la derrota que dieron á Cortés, que -los llevaron por fuerza á sacrificar; y de que ya los tenian arriba -en una placeta que se hacia en el adoratorio, donde estaban sus -malditos ídolos, vimos que á muchos dellos les ponian plumajes en las -cabezas, y con unos como aventadores les hacian bailar delante de -Huichilóbos, y cuando habian bailado, luego les ponian de espaldas -encima de unas piedras que tenian hechas para sacrificar, y con unos -navajones de pedreñal les aserraban por los pechos y les sacaban -los corazones bullendo, y se los ofrecian á sus ídolos que allí -pre<span class="pagenum" id="Page_356">p. 356</span>sentes tenian, y -á los cuerpos dábanles con los piés por las gradas abajo; y estaban -aguardando otros indios carniceros, que les cortaban brazos y piernas, -y las caras desollaban y las adobaban como cueros de guantes, y con -sus barbas las guardaban para hacer fiestas con ellas cuando hacian -borracheras, y se comian las carnes con chilmole; y desta manera -sacrificaron á todos los demás, y les comieron piernas y brazos, y -los corazones y sangre ofrecian á sus ídolos, como dicho tengo, y los -cuerpos, que eran las barrigas, echaban á los tigres y leones y sierpes -y culebras que tenian en la casa de las alimañas, como dicho tengo en -el capítulo que dello habla, que atrás dello he platicado.</p> - -<p>Pues de aquellas crueldades vimos todos los de nuestro real y Pedro -de Albarado y Gonzalo de Sandoval y todos los demás capitanes.</p> - -<p>Miren los curiosos lectores que esto leyeren, qué lástima terniamos -dellos; y deciamos entre nosotros: «¡Oh gracias á Dios, que no me -llevaron á mí hoy á sacrificar!» Y tambien tengan atencion que no -estábamos léjos dellos y no les podiamos remediar, y ántes rogábamos á -Dios que fuese servido de nos guardar de tan cruelísima muerte.</p> - -<p>Pues en aquel instante que hacian aquel sacrificio, vinieron sobre -nosotros grandes escuadrones de guerreros, y nos daban por todas partes -bien que hacer, que ni nos podiamos valer de una manera ni de otra -contra ellos, y nos decian:</p> - -<p>—«Mirad que desta manera habeis de morir todos, que<span -class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span> nuestros dioses nos lo han -prometido muchas veces.»</p> - -<p>Pues las palabras de amenazas que decian á nuestros amigos los -tlascaltecas eran tan lastimosas y malas, que los hacian desmayar, y -les echaban piernas de indios asadas y brazos de nuestros soldados y -les decian:</p> - -<p>—«Comé de las carnes de estos teules y de vuestros hermanos, que ya -bien hartos estamos dellos, y deso que nos sobra bien os podeis hartar; -y mirad que las casas que habeis derrocado, que os hemos de traer para -que las torneis á hacer muy mejores, y con piedras y lanzas y cal y -canto, y pintadas; y por eso ayudad muy bien á estos teules, que á -todos los vereis sacrificados.»</p> - -<p>Pues otra cosa mandó hacer Guatemuz, que, como hubo aquella vitoria -de Cortés, envió á todos los pueblos nuestros confederados y amigos, -y á sus parientes, piés y manos de nuestros soldados, y caras de -soldados con sus barbas, y las cabezas de los caballos que mataron; -y les envió á decir que éramos muertos más de la mitad de nosotros é -que presto nos acabarian, é que dejasen nuestra amistad y se viniesen -á Méjico, y que si luego no lo dejaban, que les enviaria á destruir; -y les envió á decir otras muchas cosas para que se fuesen de nuestro -real y nos dejasen, pues habiamos de ser presto muertos de su mano; -y á la continua dándonos guerra, así de dia como de noche; y como -velábamos todos los del real juntos, y Gonzalo de Sandoval y Pedro de -Albarado y los demás capitanes haciéndonos com<span class="pagenum" -id="Page_358">p. 358</span>pañía en la vela, aunque venian de noche -grandes capitanías de guerreros, les resistiamos.</p> - -<p>Pues los de á caballo todo el dia y la noche estaba la mitad dellos -en lo de Tacuba y la otra mitad en las calzadas.</p> - -<p>Pues otro mayor mal nos hicieron, que cuanto habiamos cegado desde -que en la calzada entramos, todo lo tornaron á abrir, y hicieron -albarradas muy más fuertes que de ántes.</p> - -<p>Pues los amigos de las ciudades de la laguna que nuevamente habian -tomado nuestra amistad y nos vinieron á ayudar con las canoas, creyeron -llevar lana y volvieron trasquilados, porque perdieron muchos las vidas -y más de la mitad de las canoas que traian, y otros muchos volvieron -heridos; y aun con todo esto, desde allí adelante no ayudaron á los -mejicanos, porque estaban mal con ellos, salvo estarse á la mira.</p> - -<p>Dejemos de hablar más en contar lástimas, y volvamos á decir el -recaudo y manera que teniamos, y cómo Sandoval y Francisco de Lugo, -y Andrés de Tapia y los demás caballeros que habian venido á nuestro -real, les pareció que era bien volverse á sus puestos y dar relacion á -Cortés cómo y de qué manera estábamos; y se fueron en posta, y dijeron -á Cortés cómo Pedro de Albarado y todos sus soldados teniamos muy buen -recaudo, así en el batallar como en el velar; y aun el Sandoval, como -me tenia por amigo, dijo á Cortés cómo me halló á mí y á otros soldados -batallando en el agua á más de la cinta defendiendo un bergan<span -class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span>tin que estaba zabordado en -unas estacadas, é que si por nuestras personas no fuera, que mataran á -todos los soldados y al capitan que dentro venia; é porque dijo de mi -persona otras loas que yo aquí no tengo de decir, porque otras personas -lo dijeron y se supo en todo el real, no quiero aquí recitallo; y -cuando Cortés lo hubo bien entendido del buen recaudo que teniamos -en nuestro real, con ello descansó su corazon, y desde allí adelante -mandó á todos tres reales que no batallásemos poco ni mucho con los -mejicanos; entiéndese que no curásemos de tomar ningun puente ni -albarrada, salvo defender nuestros reales no nos los rompiesen; porque -de batallar con ellos, no habia bien esclarecido el dia ántes, cuando -estaban sobre nuestro real tirando muchas piedras con hondas, y varas y -flecha, y diciéndonos muchos vituperios feos; y como teniamos junto á -nuestro real una obra de agua, muy ancha y honda, estuvimos cuatro dias -arreo que no la pasamos, y otro tanto se estuvo Cortés en el suyo, y -Sandoval en el suyo; y esto de no salir á batallar y procurar de ganar -las albarradas que habian tornado á abrir y hacer fuertes, era por causa -que todos estábamos muy heridos y trabajados, así de velas como de las -armas, y sin comer cosa de sustancia; y como faltaban del dia ántes -sobre sesenta y tantos soldados de todos tres reales, y siete caballos, -porque recibiéramos algun alivio y para tomar maduro consejo de lo que -habiamos<span class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span> de hacer -de allí adelante, mandó Cortés que estuviésemos quedos, como dicho -tengo.</p> - -<p>Y dejallo hé aquí, y diré cómo y de qué manera peleábamos, y todo lo -que en nuestro real pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_153"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLIII.</h2> - <p class="subh2c">DE LA MANERA QUE PELEÁBAMOS É SE NOS FUERON TODOS - LOS AMIGOS Á SUS PUEBLOS.</p> -</div> - -<p>La manera que teniamos en todos tres reales de pelear, es esta: -que velábamos de noche todos los soldados juntos en las calzadas, y -nuestros bergantines á nuestros lados, tambien en las calzadas, y -los de á caballo rondando la mitad dellos en lo de Tacuba, adonde -nos hacian pan y teniamos nuestro fardaje, y la otra mitad en las -puentes y calzada, y muy de mañana aparejábamos los puños para pelear -y batallar con los contrarios, que nos venian á entrar en nuestro -real y procuraban de nos desbaratar; y otro tanto hacian en el real -de Cortés y en el de Sandoval, y esto no fué sino cinco dias, porque -luego tomamos otra órden, lo cual diré adelante; y digamos cómo los -mejicanos hacian cada dia grandes sacrificios y fiestas en el cu -mayor de Tatelulco, y tañian<span class="pagenum" id="Page_361">p. -361</span> su maldito atambor y otras trompas y atabales y caracoles, y -daban muchos gritos y alaridos, y tenian cada noche grandes luminarias -de mucha leña encendida, y entónces sacrificaban de nuestros compañeros -á sus malditos ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, y hablaban con ellos; -y segun ellos decian, que en la mañana ó en aquella misma noche nos -habian de matar.</p> - -<p>Parece ser que, como sus ídolos son perversos y malos, por -engañarlos para que no viniesen de paz, les hacian en creyente que á -todos nosotros nos habian de matar, y á los tlascaltecas y á todos los -demás que fuesen en nuestra ayuda; y como nuestros amigos lo oian, -teníanlo por muy cierto, porque nos vian desbaratados.</p> - -<p>Dejemos destas pláticas, que eran de sus malos ídolos, y digamos -cómo en la mañana venian muchas capitanías juntas á nos cercar y dar -guerra, y se remudaban de rato en rato, unos de unas divisas y señales, -y venian otros de otras libreas; y entónces cuando estábamos peleando -con ellos nos decian muchas palabras, diciéndonos de apocados y que no -éramos buenos para cosa ninguna, ni para hacer casas ni maizales, y que -no éramos sino para venilles á robar su ciudad, como gente mala que -habiamos venido huyendo de nuestra tierra y de nuestro Rey y señor; y -esto decian por lo que Narvaez les habia enviado á decir, que veniamos -sin licencia de nuestro Rey, como dicho tengo; y nos decian que de allí -á ocho dias no<span class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span> habia -de quedar ninguno de nosotros á vida porque así se lo habian prometido -la noche ántes sus dioses; y desta manera nos decian otras cosas malas, -y á la postre decian:</p> - -<p>—«Mirá cuán malos y bellacos sois, que aun vuestras carnes son malas -para comer, que amargan como las hieles, que no las podemos tragar de -amargor.»</p> - -<p>Y parece ser, como aquellos dias se habian hartado de nuestros -soldados y compañeros, quiso Nuestro Señor que les amargasen las -carnes.</p> - -<p>Pues á nuestros amigos los tlascaltecas, si muchos vituperios nos -decian á nosotros, más les decian á ellos, é que les ternian por -esclavos para sacrificar y hacer sus sementeras, y tornar á edificar -las casas que les habiamos derrocado, é que las habian de hacer de cal -y canto labradas, que su Huichilóbos se lo habia prometido; y diciendo -esto, luego el bravoso pelear, y se venian por unas casas derrocadas, -y con las muchas canoas que tenian nos tomaban las espaldas, y aun -nos tenian algunas veces atajados en las calzadas; y nuestro Señor -Jesucristo nos sustentaba cada dia, que nuestras fuerzas no bastaban; -mas todavía les haciamos volver muchos dellos heridos, y muchos -quedaban muertos.</p> - -<p>Dejemos de hablar de los grandes combates que nos daban, y digamos -cómo nuestros amigos los de Tlascala y de Cholula y Guaxocingo, y -aun los de Tezcuco, acordaron de se ir á sus tierras, y sin lo saber -Cortés ni Pedro de Albarado ni Sandoval, se fueron todos los<span -class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span> más; que no quedó en la -real de Cortés sino este Suchel, que despues que se bautizó se llamó -don Cárlos, y era hermano de don Fernando, señor de Tezcuco, y era muy -esforzado hombre; y quedaron con él otros sus parientes y amigos, que -serian hasta cuarenta; y en el real de Sandoval quedó otro cacique de -Guaxocingo con obra de cincuenta hombres; y en nuestro real quedaron -dos hijos de nuestro amigo D. Lorenzo de Vargas, y el esforzado -de Chichimecatecle con obra de ochenta tlascaltecas, parientes y -vasallos.</p> - -<p>Y como nos hallamos solos y con tan pocos amigos, recebimos pena; y -Cortés y Sandoval y cada uno en su real preguntaban á los amigos que -les quedaban que por qué se habian ido de aquella manera los demás -sus hermanos, y decian que, como vian que los mejicanos hablaban de -noche con sus ídolos é prometian que nos habian de matar á nosotros y -á ellos, que creian que debia de ser verdad, y del miedo se iban; y -que lo que le daba más crédito á ello era vernos á todos heridos y nos -habian muerto á muchos de nosotros, é que dellos mismos faltaban más de -mil y ducientos, y que temieron no matasen á todos; y tambien porque -Xicotenga el mozo, que mandó ahorcar Cortés en Tezcuco, siempre les -decia que sabia por sus adivinanzas que á todos nos habian de matar, é -que no habia de quedar ninguno de nosotros á vista, y por esta causa se -fueron.</p> - -<p>É puesto que Cortés en lo secreto sintió pesar dello, mas con<span -class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span> rostro alegre les dijo que -no tuviesen miedo, é que lo que aquellos mejicanos les decian que era -mentira y por desmayarlos; y tantas palabras de prometimientos les -dijo, y con palabras amorosas los esforzó á estar con él, y otro tanto -dijimos al Chichimecatecle y á los dos Xicotengas.</p> - -<p>Y en aquellas pláticas que en aquella sazon decia Cortés á este -Suchel, que ya he dicho que se dijo D. Cárlos, como era de suyo señor y -esforzado, dijo á Cortés:</p> - -<p>—«Sr. Malinche, no recibas pena por no batallar cada dia en tu -real algunas veces, y otro tanto manda al Tonatio, que era Pedro de -Albarado, que así lo llamaban, que se esté en el suyo, y Sandoval en -Tepeaquilla, y con los bergantines anden cada dia á quitar y defender -que no les entren bastimentos ni agua, porque están aquí dentro en -esta gran ciudad tantos mil xiquipiles de guerreros, que por fuerza, -siendo tantos, se les ha de acabar el bastimento que tienen, y el agua -que ahora beben es medio salobre, que toman de unos hoyos que tienen -hechos, y como llueve de dia y de noche, recogen el agua para beber y -dello se sustentan: mas ¿qué pueden hacer si les quitas la comida y el -agua, si no es más que guerra la que ternán con la hambre y sed?»</p> - -<p>Como Cortés aquello entendió, le echó los brazos encima y le dió -gracias por ello, con prometimientos que le daria pueblos; y aqueste -consejo lo habiamos puesto en plática muchos soldados á Cortés; mas -somos de tal calidad, que<span class="pagenum" id="Page_365">p. -365</span> no quisiéramos aguardar tanto tiempo, sino entralles luego -la ciudad.</p> - -<p>Y cuando Cortés hubo bien considerado lo que nosotros tambien le -habiamos dicho, y sus capitanes y soldados se lo decian, mandó á dos -bergantines que fuesen á nuestro real y al de Sandoval á nos decir que -estuviésemos otros tres dias sin les ir entrando en la ciudad; y como -en aquella sazon los mejicanos estaban vitoriosos, no osábamos enviar -un bergantin solo, y por esta causa envió dos; y una cosa nos ayudó -mucho, y es que ya osaban nuestros bergantines romper las estacadas -que los mejicanos les habian hecho en la laguna para que zabordasen; -y es desta manera: que remaban con gran fuerza, y para que más furia -trujesen tomaban de algo atrás, y si hacia algun viento, á todas velas, -y con los remos muy mejor; y así, eran señores de la laguna y aun de -muchas partes de las casas que estaban apartadas de la ciudad; y los -mejicanos, como aquello vieron, se les quebró algo su braveza.</p> - -<p>Dejemos esto, y volvamos á nuestras batallas; y es que, aunque no -teniamos amigos, comenzamos á cegar y á tapar la gran abertura que -he dicho otras veces que estaba junto á nuestro real; con la primera -capitanía que venia la rueda de acarrear adobes y madera y cegar lo -poniamos muy por la obra y con grandes trabajos, y las otras dos -capitanías batallábamos.</p> - -<p>Ya he dicho otras veces que así lo teniamos concertado, y habia de -andar por rue<span class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span>da; -y en cuatro dias que todos trabajamos en ella la teniamos cegada y -allanada; y otro tanto hacia Cortés en su real con el mismo concierto, -y aun él en persona llevaba adobes y madera hasta que quedaban seguras -las puentes y calzadas y aberturas, por tenello seguro á retraer; y -Sandoval ni más ni ménos en el suyo, y en nuestros bergantines junto á -nosotros, sin temer estacadas; y desta manera les fuimos entrando poco -á poco.</p> - -<p>Volvamos á los grandes escuadrones que á la continua nos daban -guerra, que muy bravosos y vitoriosos se venian á juntar pié con pié -con nosotros, y de cuando en cuando, como se mudaban unos escuadrones, -venian otros.</p> - -<p>Pues digamos el ruido y alarido que traian, y en aquel instante -el resonido de la corneta de Guatemuz, y entónces apechugaban de tal -arte con nosotros, que no nos aprovechaban cuchilladas ni estocadas -que les dábamos, y nos venian á echar mano; y como, despues de Dios, -nuestro buen pelear nos habia de valer, teniamos muy reciamente contra -ellos, hasta que con las escopetas y ballestas y arremetidas de los de -á caballo, que estaban á la continua con nosotros la mitad de ellos, y -con nuestros bergantines, que no temian ya las estacadas, les haciamos -estar á raya, y poco á poco les fuimos entrando; y desta manera -batallábamos hasta cerca de la noche, que era hora de retraer.</p> - -<p>Pues ya que nos retraiamos, ya he dicho otras veces que habia -de ser con gran<span class="pagenum" id="Page_367">p. 367</span> -concierto, porque entónces procuraban de nos atajar en la calzada -y pasos malos; y si de ántes lo procuraban, en estos dias, con la -vitoria que habian alcanzado, lo ponian muy por la obra; y digo que -por tres partes nos tenian tomados en medio en este dia; mas quiso -Nuestro Señor Dios que, puesto que hirieron muchos de nosotros, nos -tornamos á juntar, y matamos y prendimos muchos contrarios; y como no -teniamos amigos que echar fuera de las calzadas, y los de á caballo nos -ayudaban valientemente, puesto que en aquella refriega y combate les -hirieron dos caballos, y volvimos á nuestro real bien heridos, donde -nos curamos con aceite y apretar nuestras heridas con mantas, y comer -nuestras tortillas con ají y yerbas y tunas, y luego puestos todos en -la vela.</p> - -<p>Digamos ahora lo que los mejicanos hacian de noche en sus grandes -y altos cues, y es que tañian su maldito atambor, que dije otra vez -que era el de más maldito sonido y más triste que se podia inventar, y -sonaba muy léjos, y tañian otros peores instrumentos.</p> - -<p>En fin, cosas diabólicas, y tenian grandes lumbres y daban -grandísimos gritos y silbos, y en aquel instante estaban sacrificando -de nuestros compañeros de los que tomaron á Cortés, que supimos que -sacrificaron diez dias arreo hasta que los acabaron, y el postrero -dejaron á Cristóbal de Guzman, que vivo le tuvieron diez y ocho -dias, segun dijeron tres capitanes mejicanos<span class="pagenum" -id="Page_368">p. 368</span> que prendimos; y cuando les sacrificaban, -entónces hablaba su Huichilóbos con ellos y les prometia vitoria é -que habiamos de ser muertos á sus manos ántes de ocho dias, é que nos -diesen buenas guerras aunque en ellas muriesen muchos; y desta manera -les traian engañados.</p> - -<p>Dejemos ahora de sus sacrificios, y volvamos á decir que cuando otro -dia amanecia ya estaban sobre nosotros todos los mayores poderes que -Guatemuz podia juntar, y como teniamos cegada la abertura y calzada -y puentes, ni sé ellos cómo la ponian en seco, tenian atrevimiento -á venir hasta nuestros ranchos y tirar vara y piedra y flecha, si -no fuera por los tiros con que siempre les haciamos apartar, porque -Pedro Moreno Medrano, que tenia cargo dellos, les hacian mucho daño; -y quiero decir que nos tiraban saetas de las nuestras con ballestas, -cuando tenian vivos á cinco ballesteros, y al Cristóbal de Guzman con -ellos, y les hacian que les armasen las ballestas y les mostrasen cómo -habian de tirar, y ellos y los mejicanos tiraban aquellos tiros y no -nos hacian mal; y tambien batallaba reciamente Cortés y Sandoval, y -les tiraban saetas con ballestas; y esto sabíamoslo por Sandoval y -los bergantines que iban de nuestro real al de Cortés y del de Cortés -al nuestro y al de Sandoval, y siempre nos escribia de la manera que -habiamos de batallar y todo lo que habiamos de hacer, y encomendándonos -la vela, y que siempre estuviesen la mitad de los<span class="pagenum" -id="Page_369">p. 369</span> de á caballo en Tacuba guardando el -fardaje y las indias que nos hacian pan, y que parásemos mientes no -rompiesen por nosotros una noche, porque unos prisioneros que en el -real de Cortés se prendieron le dijeron que Guatemuz decia muchas veces -que diesen en nuestro real de noche, pues no habia tlascaltecas que -nos ayudasen; porque bien sabian que se nos habian ido ya todos los -amigos.</p> - -<p>Ya he dicho otra vez que poniamos gran diligencia en velar.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos que cada dia teniamos muy recios rebatos, -y no dejábamos de les ir ganando albarradas y puentes y aberturas de -agua; y como nuestros bergantines osaban ir por do quiera de la laguna -y no temian á las estacadas, ayudábannos muy bien.</p> - -<p>Y digamos cómo siempre andaban dos bergantines de los que -tenia Cortés en su real á dar caza á las canoas que metian agua y -bastimentos, y cogian en la laguna uno como medio lama, que despues de -seco tenia un sabor como de queso, y traia en los bergantines muchos -indios presos.</p> - -<p>Tornemos al real de Cortés y de Gonzalo de Sandoval, que cada dia -iban conquistando y ganando albarradas y puentes; y en aquestos trances -y batallas se habian pasado, cuando en el desbarate de Cortés, doce -ó trece dias; y como este Suchel, hermano de don Hernando, señor de -Tezcuco, vió que volviamos muy de hecho en nosotros, y no era verdad lo -que los mejicanos decian, que dentro de diez dias nos habian de matar, -por<span class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span>que así se lo -habia prometido su Huichilóbos, envió á decir á su hermano don Hernando -que luego enviase á Cortés todo el poder de guerreros que pudiese sacar -de Tezcuco, y vinieron dentro en dos dias que él se lo envió á decir -más de dos mil hombres.</p> - -<p>Acuérdome que vinieron con ellos Pedro Sanchez Farfan y Antonio de -Villarroel, marido que fué de la Ojeda, porque aquestos dos soldados -habia dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro Sanchez Farfan era -capitan y el Antonio Villarroel era ayo de don Fernando; y cuando -Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y les dijo palabras -halagüeñas, y asimismo en aquella sazon volvieron muchos tlascaltecas -con sus capitanes, y venia por capitan dellos un cacique de Topeyanco -que se decia Tecapanaca, y tambien vinieron otros muchos indios de -Guaxocingo y pocos de Cholula; y como Cortés supo que habian vuelto, -mandó que todos fuesen á su real para les hablar, y primero que -viniesen les mandó poner guardas en el camino para defendellos, por si -saliesen mejicanos; y cuando parecieron delante, Cortés les hizo un -parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y les dijo que bien -habian creido y tenido por cierto la buena voluntad que siempre les -ha tenido y tiene, así por haber servido á su majestad como por las -buenas obras que dellos hemos recebido, y que si les mandó desde que -venimos á aquella ciudad venir con nosotros á<span class="pagenum" -id="Page_371">p. 371</span> destruir á los mejicanos, que su intento -fué porque se aprovechasen y volviesen ricos á sus tierras y se -vengasen de sus enemigos; que no para que por su sola mano hubiésemos -de ganar aquella gran ciudad; y puesto que siempre les ha hallado -buenos y en todo nos han ayudado, que bien habrán visto que cada dia -les mandábamos salir de las calzadas, porque nosotros estuviésemos -más desembarazados sin ellos para pelear, é que ya les habian dicho y -amonestado otras veces que el que nos da vitoria y en todo nos ayuda -es nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos; y porque se -fueron al mejor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, por dejar -sus capitanes peleando y desamparallos, é que porque ellos no saben -nuestras leyes y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque mejor lo -entiendan, que mirasen que estando sin ellos íbamos derrocando casas y -ganando albarradas; é que desde allí adelante les mandaba que no maten -á ningunos mejicanos, porque les quiere tomar de paz.</p> - -<p>Y despues que les hubo dicho este razonamiento, abrazó á -Chichimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y á este Suchel hermano -de D. Hernando, y les prometió que les daria tierras y vasallos más -de los que tenian, teniéndoles en mucho á los que quedaron en nuestro -real; y asimismo habló muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco, y -á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que estaban en el real de -Sandoval.</p> - -<p>Y como les hubo<span class="pagenum" id="Page_372">p. 372</span> -platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á su real.</p> - -<p>Dejemos desto, y volvamos á nuestras grandes guerras y combates -que siempre teniamos y nos daban, y porque siempre de dia y de noche -no haciamos sino batallar, y á las tardes al retraer siempre herian á -muchos de nuestros soldados, dejaré de contar muy por extenso lo que -pasaba; y quiero decir, como en aquellos dias llovia en las tardes, -que nos holgábamos que viniese el aguacero temprano, porque, como se -mojaban los contrarios, no peleaban tan bravosamente y nos dejaban -retraer en salvo, y desta manera teniamos descanso.</p> - -<p>Y porque ya estoy harto de escribir batallas, y más cansado y herido -estaba de me hallar en ellas, y á los letores les parecerá prolijidad -recitallas tantas veces, ya he dicho que no puede ser ménos, porque en -noventa y tres dias siempre batallábamos á la continua; mas desde aquí -adelante, si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la memoria en -esta relacion.</p> - -<p>Volvamos á nuestro cuento: y como en todos tres reales les íbamos -entrando en su ciudad, Cortés por la suya, y Sandoval tambien por su -parte, y Pedro de Albarado por la nuestra, llegamos adonde tenian la -fuente, que ya he dicho otra vez que bebian agua salobre; la cual -quebramos y deshicimos porque no se aprovechasen della, y estaban -guardándola algunos mejicanos, y tuvimos buena refriega de vara y -piedra y flecha, y muchas lanzas largas con que aguardaban á<span -class="pagenum" id="Page_373">p. 373</span> los de á caballo, porque -por todas partes de las calles que les habiamos ganado andaban ya, -porque ya estaba llano y sin agua y podian correr muy gentilmente.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo Cortés envió á Guatemuz -mensajeros rogándole con la paz, y fué de la manera que diré -adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_154"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLIV.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á GUATEMUZ Á ROGALLE QUE TENGAMOS - PAZ.</p> -</div> - -<p>Despues que Cortés vió que íbamos en la ciudad ganando muchas -puentes y calzadas y albarradas y derrocando casas, como teniamos -presos tres principales personas que eran capitanes de Méjico, les -mandó que fuesen á hablar á Guatemuz para que tuviesen paces con -nosotros; y los principales dijeron que no osaban ir con tal mensaje, -porque su señor Guatemuz les mandaria matar.</p> - -<p>En fin de pláticas, tanto se lo rogó Cortés y con promesas que les -hizo y mantas que les dió, que fueron, y lo que les mandó que dijesen -al Guatemuz es, que porque lo quiere bien, por ser deudo tan cercano -del gran Montezuma, su amigo, y casado con su hi<span class="pagenum" -id="Page_374">p. 374</span>ja, y porque ha mancilla que aquella gran -ciudad no se acabe de destruir, y por excusar la gran matanza que -cada dia haciamos en sus vecinos y forasteros, que le ruega que venga -de paz, y en nombre de su majestad les perdonará todas las muertes -y daños que nos han hecho, y les hará muchas mercedes; é que tenga -consideracion que se lo ha enviado á decir tres ó cuatro veces, é que -él por ser mancebo ó por sus consejeros, y la principal causa por sus -malditos ídolos ó papas, que le aconsejan mal, no ha querido venir, -sino darnos guerra; é pues que ya ha visto tantas muertes como en -las batallas que nos dan les han sucedido, y que tenemos de nuestra -parte todas las ciudades y pueblos de toda aquella comarca, y cada -dia nuevamente vienen más contra ellos, que se compadezca de tal -perdimiento de sus vasallos y ciudad.</p> - -<p>Tambien les envió á decir que se les habian acabado los -mantenimientos, é que ya Cortés lo sabia, é que tambien agua no la -tenian; y les envió á decir otras palabras bien dichas, que los tres -principales las entendieron muy bien por nuestras lenguas, y demandaron -á Cortés una carta, y esta no porque la entendian, sino porque sabian -claramente que cuando enviábamos alguna mensajería ó cosas que les -mandábamos, era un papel de aquellos que llaman amales, señal como -mandamiento.</p> - -<p>Y cuando los tres mensajeros parecieron ante su señor Guatemuz, con -grandes lágrimas y sollozando le<span class="pagenum" id="Page_375">p. -375</span> dijeron lo que Cortés les mandó; y el Guatemuz desque lo -oyó, y sus capitanes que juntamente con él estaban, pareció ser que al -principio recibió pasion de que fuesen atrevidos aquellos capitanes -de illes con tales embajadas; mas, como el Guatemuz era mancebo y muy -gentil hombre, y de buena disposicion y rostro alegre, y aun la color -tenia algo más que tiraba á blanco que á matiz de indios, que era de -obra de veinte y tres años y era casado con una muy hermosa mujer, -hija del gran Montezuma, su tio; y segun despues alcanzamos á saber, -tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo mandó juntar todos -sus capitanes y principales y papas de los ídolos, y les dijo que -tenia voluntad de no tener guerra con Malinche ni todos nosotros; y la -plática que sobre ello les puso fué, que ya habian probado todo lo que -se puede hacer sobre la guerra y mudado muchas maneras de pelear, y que -somos de tal manera, que cuando pensaban que nos tenian vencidos, que -entónces volviamos muy más reciamente sobre ellos; y que al presente -sabia los grandes poderes de amigos que nuevamente nos habian venido, -y que todas las ciudades eran contra ellos, y que ya los bergantines -les habian rompido sus estacadas, y que los caballos corrian á rienda -suelta por las calles de su ciudad; y les puso por delante otras -muchas desventuras que tenian sobre los mantenimientos y agua; que -les rogaba y mandaba que cada uno dellos diese<span class="pagenum" -id="Page_376">p. 376</span> sobre ello su parecer, y los papas tambien -dijesen el suyo y lo que á sus dioses Huichilóbos y Tezcatepuca les han -oido hablar, y que ninguno tuviese temor de hablar y decir la verdad de -lo que sentia.</p> - -<p>Y segun pareció, le dijeron:</p> - -<p>—«Señor y nuestro gran señor, ya tenemos á tí por nuestro rey y -señor, y es muy bien empleado en tí el reinado, pues en todas tus cosas -te has mostrado varon y te viene de derecho el reino. Las paces que -dices, buenas son; mas mira y piensa en ello, que cuando estos teules -entraron en estas tierras y en esta ciudad, cuál nos ha ido de mal en -peor; mirad los servicios y dádivas que les hizo y dió nuestro señor, -vuestro tio, el gran Montezuma, en qué paró.</p> - -<p>»Pues vuestro primo Cacamatzin, rey de Tezcuco, por el consiguiente. -Pues vuestros parientes los señores de Iztapalapa é Cuyoacoan y Tacuba -y de Talatcingo, ¿qué se hicieron? Pues los hijos de nuestro gran señor -Montezuma todos murieron. Pues oro y riquezas desta ciudad, todo se ha -consumido. Pues ya ves que á todos tus súbditos y vasallos de Tepeaca -y Chalco, y aun de Tezcuco, y aun de todas estas vuestras ciudades y -pueblos, les ha hecho esclavos y señalando las caras.</p> - -<p>»Mira primero lo que nuestros dioses te han prometido: toma buen -consejo sobre ello, y no te fies de Malinche ni de sus palabras; que -más vale que todos muramos en esta ciudad peleando, que no vernos en -poder de quien nos harian esclavos y nos atormentarán.»</p> - -<p>Y los pa<span class="pagenum" id="Page_377">p. 377</span>pas en -aquel tiempo le dijeron que sus dioses les habian prometido vitoria -tres noches arreo cuando les sacrificaban; y entónces el Guatemuz, -medio enojado, les dijo:</p> - -<p>—«Pues así quereis que sea, guardad mucho el maíz y bastimentos que -tenemos, y muramos todos peleando; y desde aquí adelante ninguno sea -osado á me demandar paces, si no, yo le mataré.»</p> - -<p>Y allí todos prometieron de pelear noches y dias y morir en la -defensa de su ciudad.</p> - -<p>Pues ya esto acabado, tuvieron trato con los de Suchimileco y otros -pueblos que les metiesen agua en canoas de noche, y abrieron otras -fuentes en partes que tenian agua, aunque salobre.</p> - -<p>Dejemos ya de hablar en este su concierto, y digamos de Cortés -y de todos nosotros, que estuvimos dos dias sin entralles en su -ciudad esperando la respuesta, y cuando no nos catamos, vienen tantos -escuadrones de guerreros mejicanos en todos tres reales y nos dan tan -recia guerra, que como leones muy bravosos venian á encontrar con -nosotros, que en todo su seso creyeron de llevarnos de vencida.</p> - -<p>Esto que digo fué por nuestra parte del real de Pedro de Albarado, -que en lo de Cortés y Sandoval tambien dijeron que les habian llegado -á sus reales, que no les podian defender, aunque más les mataban y -herian; y cuando peleaban tocaban la corneta de Guatemuz, y entónces -habiamos de tener órden que no nos desbaratasen, porque ya he dicho -otras veces que entónces se metian por las es<span class="pagenum" -id="Page_378">p. 378</span>padas y lanzas para nos echar mano; é como -ya estábamos acostumbrados á los rencuentros, puesto que cada dia -herian y mataban de nosotros, teniamos con ellos pié con pié, y desta -manera pelearon seis ó siete dias arreo, y nosotros les matábamos -y heriamos muchos dellos, y con todo esto no se les daba nada por -morir.</p> - -<p>Acuérdome que decian:</p> - -<p>—«¿En qué se anda Malinche con nosotros, cada dia demandándonos -paces? Que nuestros ídolos nos han prometido vitoria, y tenemos hartos -bastimentos y agua, y á ninguno de vosotros hemos de dejar á vida; por -eso no tornen á hablar sobre las paces, pues las palabras son para las -mujeres y las armas para los hombres.»</p> - -<p>Y diciendo esto, se vienen á nosotros como perros dañados, y -hablando y peleando todo era uno, y hasta que la noche nos despartia -estábamos peleando, y luego, como dicho tengo, al retraer con gran -concierto, porque nos venian siguiendo con grandes capitanías y -escuadrones dellos, y estábamos á los amigos fuera de la calzada, -porque ya habian venido muchos más que de ántes, y nos volviamos -á nuestras chozas, y luego ir y velar todos juntos, y en la vela -cenábamos nuestra mala ventura, como dicho tengo otras veces, y -bien de madrugada alto á pelear, porque no nos daban más espacio; y -desta manera estuvimos muchos dias; y estando desta manera tuvimos -otro combate, y es que se juntaban de tres provincias, que se dicen -Matala<span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span>cingo y -Malinalco, y otros pueblos que no se me acuerda de sus nombres, que -estaban obra de ocho leguas de Méjico, para venir sobre nosotros, -y miéntras estuviésemos batallando con los mejicanos darnos en las -espaldas y en nuestros reales, y que entónces saldrian los poderes -mejicanos, y los unos por una parte y los otros por otra, tenian -pensamientos de nos desbaratar; y porque hubo otras pláticas, lo que -sobre ello se hizo, diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_155"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLV.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL CONTRA LAS PROVINCIAS - QUE VENIAN Á AYUDAR Á GUATEMUZ.</p> -</div> - -<p>Y para que esto se entienda bien, es menester volver algo atrás -á decir desde que á Cortés desbarataron y se llevaron á sacrificar -sesenta y tantos soldados, y aun bien puedo decir sesenta y dos, porque -tantos fueron despues, que bien se contaron.</p> - -<p>Y tambien he dicho que Guatemuz envió las cabezas de los caballos -y caras que habian desollado, y piés y manos de nuestros soldados que -habian sacrificado, á muchos pueblos y á Matalacingo y Malinalco, y -les envió á hacer saber que ya habia muerto la mitad de nuestras<span -class="pagenum" id="Page_380">p. 380</span> gentes, y que les rogaba -que para que nos acabasen de matar, que le viniesen á ayudar, é que -darian guerra en nuestros reales de dia y de noche, y que por fuerza -habiamos de pelear con ellos por defenderse; é que cuando estuviésemos -peleando, saldrian ellos de Méjico y nos darian guerra por otra parte, -de manera que nos vencerian, y tenian que sacrificar muchos de nosotros -á sus ídolos, y harian hartazga con nuestros cuerpos.</p> - -<p>De tal manera se lo envió á decir, que lo creyeron y tuvieron -por cierto; y demás desto, en Matalacingo tenia el Guatemuz muchos -parientes por parte de la madre, y como vieron las caras y cabezas que -dicho tengo, y lo que les envió á decir, luego pusieron por la obra -de se juntar con todos sus poderes que tenian, y de venir en socorro -de Méjico y de su pariente Guatemuz, y venian ya de hecho contra -nosotros, y por el camino por donde pasaron estaban tres pueblos, y les -comenzaron á dar guerra y robaron las estancias, y robaron niños para -sacrificar; los cuales pueblos enviaron á se lo hacer saber á Cortés -para que les enviase ayuda y socorro; y como lo supo, de presto mandó -á Andrés de Tapia, y con veinte de á caballo y cien soldados y muchos -amigos les socorrió muy bien y les hizo retraer á sus pueblos, con -mucho daño que les hizo, y se volvió al real; de que Cortés hubo mucho -placer y contentamiento; y despues desto, en aquel instante vinieron -mensajeros de los pueblos de Cuernabaca á deman<span class="pagenum" -id="Page_381">p. 381</span>dar socorro, que los mismos de Matalacingo, -de Malinalco y otras provincias venian sobre ellos, é que enviase -socorro; y para ello envió á Gonzalo de Sandoval con veinte de á -caballo y ochenta soldados, los más sanos que habia en todos tres -reales, y muchos amigos; y sabe Dios cuáles quedábamos con gran riesgo -de nuestras personas, porque todos los más estábamos heridos muy -malamente y no teniamos refrigerio ninguno.</p> - -<p>Y porque hay mucho que decir en lo que Sandoval hizo en el desbarate -de los contrarios, se dejará de decir, más de que se vino muy de presto -por socorrer á su real, y trajo dos principales de Matalacingo consigo, -y les dejó más de paz que de guerra; y fué muy provechosa aquella -entrada que hizo, lo uno por evitar que á muchos amigos no se les -hiciese ni recibiesen más daño, y lo otro porque no viniesen á nuestros -reales, como venian de hecho, y porque viese Guatemuz y sus capitanes -que no tenian ya ayuda ni favor de aquellas provincias; y tambien -cuando con ellos estábamos peleando nos decian que nos habian de matar -con ayuda de Matalacingo y de otras provincias, é que sus dioses se lo -habian prometido así.</p> - -<p>Dejemos ya de decir de la ida y socorro que hizo Sandoval, y -volvamos á decir de cómo Cortés envió á rogar á Guatemuz que viniese -de paz é que le perdonaria todo lo pasado; y le envió á decir que el -Rey nuestro señor le envió á decir ahora nuevamen<span class="pagenum" -id="Page_382">p. 382</span>te que no le destruyese más aquella ciudad y -tierras, y que por esta causa los cinco dias pasados no le habia dado -guerra ni entrado batallando; y que mire que ya no tienen bastimentos -ni agua, y más de las dos partes de su ciudad por el suelo, é que de -los socorros que esperaba de Matalacingo, que se informe de aquellos -dos principales que entónces les envió é digan cómo les ha ido en su -venida; y le envió á decir otras cosas de muchos ofrecimientos, que -fueron con estos mensajeros los dos indios de Matalacingo, y le dijeron -lo que habia pasado; y no les quiso responder cosa ninguna, sino -solamente les mandó que se volviesen á sus pueblos, y luego les mandó -salir de Méjico.</p> - -<p>Dejemos á los mensajeros, que luego salieron, y los mejicanos por -tres partes con la mayor furia que hasta allí habiamos visto, y se -vienen á nosotros, y en todos tres reales nos dieron muy recia guerra; -y puesto que les heriamos y matábamos muchos dellos, paréceme que -deseaban morir peleando, y entónces cuando más recios andaban con -nosotros pié con pié peleando, nos decian:</p> - -<p>—«Tenitoz Rey Castilla, Tenitoz Ajaca;» que quiere decir en su -lengua: «¿Qué dirá el Rey de Castilla? ¿Qué dirá ahora?»</p> - -<p>Y con estas palabras tirar vara y piedra y flecha, que cubrian el -suelo y calzada.</p> - -<p>Dejemos esto, que ya les íbamos ganando gran parte de la ciudad, -y en ellos sentiamos que, puesto que peleaban muy como varones, no -se remudaban<span class="pagenum" id="Page_383">p. 383</span> ya -tantos escuadrones como solian, ni abrian zanjas ni calzadas; mas otra -cosa tenian muy cierta, que al tiempo que nos retraiamos nos venian -siguiendo hasta nos echar mano; y tambien se nos habia acabado ya -la pólvora en todos tres reales, y en aquel instante habia venido á -la Villa-Rica un navío que era de una armada de un licenciado Lúcas -Vazquez de Aillon, que se perdió y desbarató en las islas de la -Florida, y el navío aportó á aquel puerto, como dicho tengo, y venian -en él ciertos soldados y pólvora y ballestas y otras cosas; y el -teniente que estaba en la Villa-Rica, que se decia Rodrigo Rangel, que -tenia en guarda á Narvaez, envió luego á Cortés pólvora y ballestas y -soldados.</p> - -<p>Y volvamos á nuestra conquista, por abreviar: que mandó y acordó -Cortés con todos los demás capitanes y soldados que les entrásemos todo -cuanto pudiésemos hasta llegalles al Tatelulco, que es la plaza mayor, -adonde estaban sus altos cues y adoratorios; y Cortés por su parte y -Sandoval por la suya, y nosotros por la nuestra, les íbamos ganando -puentes y albarradas, y Cortés les entró hasta una plazuela donde -tenian otros adoratorios.</p> - -<p>En aquellos cues estaban unas vigas, y en ellas muchas cabezas de -nuestros soldados que habian muerto y desbaratado en las batallas -pasadas, y tenian los cabellos y barbas muy crecidas, más que cuando -eran vivos, y no lo habia yo creido si no lo viera desde tres dias, que -como fuimos ganando por nuestra<span class="pagenum" id="Page_384">p. -384</span> parte dos aberturas y puentes, tuvimos lugar de las ver, é -yo conocia tres soldados mis compañeros; y cuando las vimos de aquella -manera se nos saltaron las lágrimas de los ojos; y en aquella sazon se -quedaron allí donde estaban, más desde á doce dias se quitaron, y las -pusimos aquellas y otras cabezas que tenian ofrecidas á otros ídolos, -y las enterramos en una iglesia que se dice ahora los Mártires, que -nosotros hicimos.</p> - -<p>Dejemos desto y digamos cómo fuimos batallando por la parte de Pedro -de Albarado y llegamos al Tatelulco, y habia tantos mejicanos en guarda -de sus ídolos y altos cues, y tenian tantas albarradas, que estuvimos -bien dos horas que no se lo pudimos tomar; y cómo podian ya correr -caballos, puesto que les hirieron á los más; mas nos ayudaron muy bien -y alancearon muchos mejicanos; y como habia tantos contrarios en tres -partes, fuimos las tres capitanías á batallar con ellos; y á la una -capitanía, que era de un Gutierre de Badajoz, mandó Pedro de Albarado -que subiese en el alto cu de Huichilóbos, y peleó muy bien con los -contrarios y muchos papas que en las casas de los adoratorios estaban, -y de tal manera le daban guerra los contrarios, que le hacian venir las -gradas abajo; y luego Pedro de Albarado nos mandó que le fuésemos á -socorrer y dejásemos el combate en que estábamos; é yendo que íbamos, -nos siguieron los escuadrones con quien peleábamos, y todavía les -subiamos sus gradas arriba.</p> - -<p>Aquí habia bien<span class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span> -que decir en qué trabajo nos vimos los unos y los otros en ganalles -aquellas fortalezas, que ya he dicho otras veces que eran muy altas; -y en aquellas batallas nos tornaron á herir á todos muy malamente, y -todavía les pusimos fuego á los ídolos, y levantamos nuestras banderas, -y estuvimos batallando en lo llano, despues de le haber puesto fuego, -hasta la noche, que no nos podiamos valer de tanto guerrero.</p> - -<p>Dejemos de hablar en ello, y digamos que como Cortés y sus capitanes -vieron en aquella sazon desde sus barrios y calles en sus partes léjos -del alto cu, y las llamaradas en que el cu mayor ardia, y nuestras -banderas encima, se holgó mucho, y se quisieran hallar en él; mas no -podian, porque habian un cuarto de legua de la una parte á la otra, y -tenian muchas puentes y aberturas de agua por ganar, y por donde andaba -le daban recia guerra, y no podian entrar tan presto como quisieran en -el cuerpo de la ciudad; mas dende á cuatro dias se juntó con nosotros, -así Cortés como Sandoval, é podiamos ir desde un real á otro por las -calles y casas derrocadas y puentes y albarradas deshechas y aberturas -de agua todo ciego; y en este instante se iban retrayendo Guatemuz con -todos sus guerreros en una parte de la ciudad dentro de la laguna, -porque las casas y palacios en que vivia ya estaban por el suelo; y con -todo esto, no dejaban cada dia de salir á nos dar guerra, y al tiempo -de retraer nos iban siguien<span class="pagenum" id="Page_386">p. -386</span>do muy mejor que de ántes; é viendo esto Cortés, que se -pasaban muchos dias, y no venian de paz ni tal pensamiento tenian, -acordó con todos nuestros capitanes que les echásemos celadas.</p> - -<p>Y fué desta manera: que de todos tres reales se juntaron hasta -treinta de á caballo y cien soldados los más sueltos y guerreros que -conocia Cortés, y envió á llamar de todos tres reales mil tlascaltecas, -y nos metimos en unas casas grandes que habian sido de un señor de -Méjico, y esto fué muy de mañana, y Cortés iba entrando con los -demás de á caballo que le quedaban, y sus soldados y ballesteros y -escopeteros por las calles y calzadas como solia; y ya llegaba Cortés -á una abertura y puente de agua, y entónces estaban peleando con los -escuadrones de mejicanos que para ello estaban aparejados, y muchos -más que Guatemuz enviaba para guardar la puente; y como Cortés vió -que habia gran número de contrarios, hizo que se retraia y mandaba -echar los amigos fuera de la calzada, porque creyesen que de hecho -se iban retrayendo; y le iban siguiendo al principio poco á poco, y -cuando vieron que de hecho hacia que iba huyendo, van tras él todos -los poderes que en aquella calzada le daban guerra; y como Cortés vió -que habia pasado algo adelante de las casas á donde estaba la celada, -tiraron dos tiros juntos, que era señal de cuándo habiamos de salir -de la celada, y salen los de á caballo primero, y salimos todos los -soldados y dimos en ellos<span class="pagenum" id="Page_387">p. -387</span> á placer; pues luego volvió Cortés con los suyos y nuestros -amigos los tlascaltecas, é hicieron gran matanza.</p> - -<p>Por manera que se hirieron y mataron muchos, y desde allí adelante -no nos seguian al tiempo del retraer; y tambien en el real de Pedro de -Albarado les echó una celada, mas no tan buena como esta; y en aquel -dia no me hallé yo en nuestro real con Pedro de Albarado por causa que -Cortés me mandó que para la celada quedase con él.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos cómo estábamos ya en el Tatelulco, y Cortés -nos mandó que pasásemos todas las capitanías á estar con él, é que allí -velásemos, por causa que veniamos más de media legua desde el real -á batallar con los mejicanos; y estuvimos allí tres dias sin hacer -cosa que de contar sea, porque nos mandó que no les entrásemos más en -la ciudad ni les derrocásemos más casas, porque les queria tornar á -requerir con las paces; y en aquellos dias que allí estuvimos en el -Tatelulco envió Cortés á Guatemuz rogándole que se diese y no hubiese -miedo, y con grandes ofrecimientos que le prometia que su persona -seria muy acatada y honrada dél, y que mandaria á Méjico y á todas sus -tierras y ciudades como solia; y les envió bastimentos y regalos, que -eran tortillas y gallinas y cerezas y tunas y caza, é que no tenian -otra cosa; y el Guatemuz entró en consejo con sus capitanes, y lo que -le aconsejaron fué, que dijese que queria paz, é que aguardarian tres -dias, é que al cabo de los tres<span class="pagenum" id="Page_388">p. -388</span> dias se verian el Guatemuz y Cortés, y se darian los -conciertos de las paces; y en aquellos tres dias tenian tiempo de -aderezar puentes y abrir calzadas y adobar piedra y vara y flecha -y hacer albarradas; y envió Guatemuz cuatro mejicanos principales -con aquella respuesta; é creiamos que eran verdaderas las paces, y -Cortés les mandó dar muy bien de comer y beber, y les tornó á enviar -á Guatemuz, y con ellos les envió más refresco como de ántes; y -el Guatemuz tornó á enviar á Cortés otros mensajeros, y con ellos -dos mantas ricas, y dijeron que Guatemuz vernia para cuando estaba -acordado; y por no gastar más razones sobre el caso, él nunca quiso -venir, porque le aconsejaron que no creyese á Cortés, y poniéndole -por delante el fin de su tio el gran Montezuma y sus parientes y la -destruccion de todo el linaje noble de los mejicanos, é que dijese -que estaba malo, é que saliesen todos de guerra, é que placeria á sus -dioses, que les darian vitoria contra nosotros, pues tantas veces se la -habia prometido.</p> - -<p>Pues como estábamos aguardando al Guatemuz y no venia, vimos luego -la burla que de nosotros hacia; y en aquel instante salian tantos -batallones de mejicanos con sus divisas, y dan á Cortés tanta guerra, -que no se podia valer; y otro tanto fué por nuestra parte de nuestro -real; pues en el de Sandoval lo mismo; y era de tal manera, que parecia -que entónces comenzaban de nuevo á batallar; y como estábamos algo -descuidados,<span class="pagenum" id="Page_389">p. 389</span> creyendo -que estaban ya de paz, hirieron á muchos de nuestros soldados, y tres -fueron heridos muy malamente, y el uno dellos murió, y mataron dos -caballos y hirieron otros más; é ellos no se fueron mucho alabando, -que muy bien lo pagaron; y como esto vido Cortés, mandó que luego -les tornásemos á dar guerra y les entrásemos en su ciudad á la parte -donde se habian recogido; y cómo vieron que les íbamos ganando toda -la ciudad, envió Guatemuz á decir á Cortés que queria hablar con él -desde una gran abertura de agua, y habia de ser Cortés de la una -parte y el Guatemuz de la otra, y señalaron el tiempo para otro dia -de mañana; y fué Cortés para hablar con él, y no quiso Guatemuz venir -al puesto, sino envió á muchos principales, los cuales dijeron que su -señor Guatemuz no osaba venir por temor que cuando estuviese hablando -le tirarian escopetas y ballestas y le matarian; y entónces Cortés -les prometió con juramento que no les enojaria en cosa ninguna, y no -aprovechó, que no le creyeron.</p> - -<p>En aquella sazon dos principales de los que hablaban con Cortés -sacaron de un fardalejo que traian tortillas é una pierna de gallina y -cerezas, y sentáronse muy de espacio á comer, porque Cortés los viese -y entendiese que no tenian hambre; y desde allí le envió á decir á -Guatemuz, que pues no queria venir, que no le daba nada y que presto -les entraria en todas sus casas, y veria si tenia<span class="pagenum" -id="Page_390">p. 390</span> maíz, cuanto más gallinas; y desta manera -se estuvieron otros cuatro ó cinco dias que no les dábamos guerra; y en -este instante se salian de noche muchos pobres indios que no tenian qué -comer, y se venian al real de Cortés y al nuestro, como aburridos de -hambre; y cuando aquello vió Cortés, mandó que en bueno ni en malo no -les diésemos guerra, é que quizá se les mudaria la voluntad para venir -de paz, y no venian; y en el real de Cortés estaba un soldado que decia -el mismo que él habia estado en Italia en compañía del Gran Capitan, -y se halló en la chirinola de Garayana y en otras grandes batallas, y -decia muchas cosas de ingenios de la guerra, é que haria un trabuco en -el Tatelulco, con que en dos dias que con él tirase á la parte y casas -de la ciudad adonde el Guatemuz se habia retraido, que las haria que -luego se diesen de paz; y tantas cosas dijo á Cortés sobre ello, que -luego puso en obra hacer el trabuco, y trajeron piedra, cal y madera -de la manera que él la demandó, y carpinteros y clavazon, y todo lo -perteneciente para hacer el trabuco, é hicieron dos hondas de recias -sogas, y trujeron grandes piedras, y mayores que botijas de arroba; é -ya que estaba armado el trabuco segun y de la manera que el soldado dió -la órden, y dijo que estaba bueno para tirar, y pusieron en la honda -una piedra hechiza, lo que con ella se hizo es, que no pasó adelante -del trabuco, porque fué por alto y luego cayó allí donde estaba armado; -y<span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span> desque aquello vió -Cortés hubo mucho enojo del soldado que le dió la órden para que lo -hiciese, y tenia pesar en sí mismo, porque él creido tenia que no era -para en la guerra ni para en cosa de afrenta, y no era más de hablar, -que se habia hallado de la manera que he dicho; y segun el mismo -soldado decia, que se decia Fulano de Sotelo, natural de Sevilla, y -luego Cortés mandó deshacer el trabuco.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos que como vió que el trabuco era cosa de -burla, acordó que con todos doce bergantines fuese en ellos Gonzalo de -Sandoval por capitan general y entrase en el rincon de la ciudad adonde -se habia retraido Guatemuz, el cual estaba en parte que no podian -entrar en sus palacios y casas sino por el agua, y luego Sandoval -apercibió á todos los capitanes de los bergantines; y lo que hizo diré -adelante cómo y de qué manera pasó.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_156"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLVI.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO SE PRENDIÓ GUATEMUZ.</p> -</div> - -<p>Pues como Cortés vido que el trabuco no aprovechó cosa ninguna, -ántes hubo enojo con el soldado que le aconsejó que lo hiciese, y -viendo que no queria paces ningunas Guatemuz<span class="pagenum" -id="Page_392">p. 392</span> y sus capitanes, mandó á Gonzalo de -Sandoval que entrase con los bergantines en el sitio y rincon de la -ciudad adonde estaban retraidos el Guatemuz con toda la flor de sus -capitanes y personas más nobles que en Méjico habia, y le mandó que -no matase ni hiriese á ningunos indios, salvo si no le diesen guerra, -é que aunque se la diesen, que solamente se defendiese, y no les -hiciesen otro mal, y que les derrocase las casas y muchas barbacanas -que habian hecho en la laguna; y Cortés se subió luego en el cu mayor -del Tatelulco para ver cómo entraba Sandoval con los bergantines, y les -fueron acompañando Pedro de Albarado y Luis Marin, y Francisco de Lugo -y otros soldados.</p> - -<p>Y como el Sandoval entró con los bergantines en aquel paraje donde -estaban las casas de Guatemuz, cuando se vió cercado el Guatemuz, tuvo -temor no le prendiesen ó le matasen, y tenia aparejadas cincuenta -grandes piraguas para si se viese en aprieto salvarse en ellas y -meterse en unos carrizales, é ir desde allí á tierra, y esconderse en -unos pueblos de sus amigos; y asimismo tenia mandado á los principales -y gente de más cuenta que allí en aquel rincon tenia, y á sus -capitanes, que hiciesen lo mismo; y como vieron que les entraban en -las casas, se embarcan en las canoas, é ya tenian metida su hacienda -de oro y joyas y toda su familia, y se mete en ellas, y tira la laguna -adelante, acompañado de muchos capitanes y principales; y como en<span -class="pagenum" id="Page_393">p. 393</span> aquel instante iba la -laguna llena de canoas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatemuz -con toda la gente principal se iba huyendo, mandó á los bergantines -que dejasen de derrocar casas y siguiesen el alcance de las canoas, -é que mirasen que tuviesen tino é ojo á qué parte iba el Guatemuz, y -que no le ofendiesen ni le hiciesen enojo ninguno, sino que buenamente -procurasen de le prender.</p> - -<p>Y como un Garci-Holguin, que era capitan de un bergantin, amigo -de Sandoval, y era muy gran velero su bergantin, y llevaba buenos -remeros, le mandó que siguiese hácia la parte que le habian dicho que -iba el Guatemuz y sus principales y las grandes piraguas, y le mandó -que si le alcanzase, que no le hiciese mal ninguno más de prendelle, -y el Sandoval siguió por otra parte con otros bergantines que le -acompañaban; é quiso Dios Nuestro Señor que el Garci-Holguin alcanzó -á las canoas é grandes piraguas en que iba el Guatemuz, y en el arte -dél y de los toldos é piragua, y aderezo dél y de la canoa, le conoció -el Holguin y supo que era el grande señor de Méjico, y dijo por señas -que aguardasen, y no querian, y él hizo como que les queria tirar con -las escopetas y ballestas, y hubo el Guatemuz miedo de ver aquello, y -dijo:</p> - -<p>—«No me tiren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tierra, y lo que -te ruego es, que no me llegues á mi mujer ni á mis hijos, ni á ninguna -mujer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo,<span class="pagenum" -id="Page_394">p. 394</span> sino que me tomes á mí y me lleves á -Malinche.»</p> - -<p>Y como el Holguin le oyó, se gozó en gran manera y le abrazó, -y le metió en el bergantin con mucho acato, á él, á su mujer y á -veinte principales que con él iban, y les hizo asentar en la popa en -unos petates y mantas, y les dió de lo que traia para comer; y á las -canoas en que iba su hacienda no les tocó en cosa ninguna, sino que -juntamente las llevó con su bergantin; y en aquella sazon el Gonzalo -de Sandoval se puso á una parte para ver los bergantines, y mandó -que todos se recogiesen á él, y luego supo que Garci-Holguin habia -prendido al Guatemuz, y que le llevaba á Cortés; y como el Sandoval -lo supo, mandó á los remeros que llevaba en su bergantin que remasen -á la mayor priesa que pudiesen, y cuando alcanzó á Holguin le dijo -que le diese el prisionero, y el Holguin no se lo quiso dar, porque -dijo que él lo habia prendido, y no el Sandoval; y el Sandoval dijo -que así era verdad, y que él era general de los bergantines, y que el -Holguin venia debajo de su dominio é mando, y que por ser su amigo -se lo habia mandado, y tambien porque era su bergantin muy ligero, -más que los otros; é mandó que le siguiesen y le prendiesen, y que -al Sandoval, como á su general, le habia de dar el prisionero; y el -Holguin todavía porfiaba que no queria; y en aquel instante fué otro -bergantin á gran priesa á Cortés á demandalle albricias, que, como -dicho tengo, estaba<span class="pagenum" id="Page_395">p. 395</span> -muy cerca, en el Tatelulco, mirando desde el cu mayor cómo entraba el -Sandoval; y entónces le contaron la diferencia que traia Sandoval con -el Holguin sobre tomalle el prisionero; y cuando Cortés lo supo, luego -despachó al capitan Luis Marin y á Francisco de Lugo para que luego -hiciesen venir al Gonzalo de Sandoval y al Holguin, sin más debatir, é -que trajese al Guatemuz, y á la mujer y familia con mucho acato, porque -él determinaria cúyo era el prisionero y á quien se habia de dar la -honra dello; y entre tanto que le fueron á llamar, hizo aderezar Cortés -un estrado lo mejor que pudo con petates y mantas y otros asientos, y -mucha comida de lo que Cortés tenia para sí, y luego vino el Sandoval -y Holguin con el Guatemuz, y le llevaron ante Cortés; y cuando se vió -delante dél le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó, y le -mostró mucho amor á él y á sus capitanes; y entónces el Guatemuz dijo á -Cortés:</p> - -<p>—«Señor Malinche, ya yo he hecho lo que estaba obligado en defensa -de mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y -preso ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que traes en la -cinta y mátame luego con él.»</p> - -<p>Y esto cuando se lo decia lloraba muchas lágrimas con sollozos, y -tambien lloraban otros grandes señores que consigo traia; y Cortés -le respondió con doña Marina y Aguilar, nuestras lenguas, y dijo muy -amorosamente que por haber sido tan valiente y haber vuelto y defendido -su ciu<span class="pagenum" id="Page_396">p. 396</span>dad se le -tenia en mucho y tenia en más á su persona, y que no es digno de culpa -ninguna, é que ántes se lo ha de tener á bien que á mal; é que lo que -Cortés quisiera, fué que, cuando iban de vencida, que porque no hubiera -más destruicion ni muerte en sus mejicanos, que vinieran de paz y de su -voluntad; é que pues ya es pasado lo uno y lo otro, y no hay remedio -ni enmienda en ello, que descanse su corazon y de sus capitanes; é que -mandará á Méjico y á sus provincias como de ántes lo solian hacer; y -Guatemuz y sus capitanes dijeron que se lo tenian en merced; y Cortés -preguntó por la mujer y por otras grandes señoras mujeres de otros -capitanes, que le habian dicho que venian con Guatemuz; y el mismo -Guatemuz respondió y dijo que habia rogado á Gonzalo de Sandoval y á -Garci-Holguin que les dejase estar en las canoas en que estaban, hasta -ver lo que el Malinche ordenaba; y luego Cortés envió por ellas, y les -mandó dar de comer de lo que habia lo mejor que pudo en aquella sazon; -y luego, porque era tarde y queria llover, mandó Cortés á Gonzalo de -Sandoval que se fuese á Cuyoacoan, y llevase consigo á Guatemuz y á -su mujer y familia y á los principales que con él estaban; y luego -mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí que cada uno se fuese -á sus estancias y reales, y luego nosotros nos fuimos á Tacuba, y -Sandoval dejó á Guatemuz en poder de Cortés en Cuyoacoan, y se volvió á -Tepeaquilla, que<span class="pagenum" id="Page_397">p. 397</span> era -su puesto y real.</p> - -<p>Prendióse Guatemuz y sus capitanes en 13 de Agosto, á hora de -vísperas, dia de señor San Hipólito, año de 1521, gracias á nuestro -Señor Jesucristo y á nuestra Señora la Vírgen Santa María, su bendita -Madre, amen.</p> - -<p>Llovió, y tronó y relampagueó aquella noche, y hasta media noche -mucho más que otras veces.</p> - -<p>Y como se hubo preso Guatemuz, quedamos tan sordos todos los -soldados, como si de ántes estuviera uno puesto encima de un campanario -y tañesen muchas campanas, y en aquel instante que las tañian cesasen -de las tañer; y esto digo al propósito, porque todos los noventa y tres -dias que sobre esta ciudad estuvimos, de noche y de dia daban tantos -gritos y voces é silbos, unos escuadrones mejicanos apercibiendo los -escuadrones y guerreros que habian de batallar en la calzada, é otros -llamando las canoas que habian de guerrear con los bergantines y con -nosotros en los puentes, y otros apercibiendo á los que habian de -hincar palizadas y abrir y ahondar las calzadas y aberturas y puentes, -y en hacer albarradas, y otros en aderezar piedra y vara y flecha, y -las mujeres en hacer piedra rolliza para tirar con las hondas; pues -desde los adoratorios y casas malditas de aquellos malditos ídolos, los -atambores y cornetas, y el atambor grande y otras bocinas dolorosas, -que de continuo no dejaban de se tocar, y desta manera, de noche y -de dia no dejábamos de tener gran ruido, y tal, que no nos oiamos -los unos á los otros: y des<span class="pagenum" id="Page_398">p. -398</span>pues de preso el Guatemuz cesaron las voces y el ruido, y por -esta causa he dicho como si de ántes estuviéramos en campanario.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos cómo Guatemuz era de muy gentil -disposicion, así de cuerpo como de faiciones, y la cara algo larga y -alegre, y los ojos más parecian que cuando miraba que eran con gravedad -y halagüeños, y no habia falta en ellos, y era de edad de veinte y tres -ó veinte y cuatro años, y el color tiraba más á blanco que al color y -matiz de esotros indios morenos, y decian que su mujer era sobrina de -Montezuma, su tio, muy hermosa mujer y moza.</p> - -<p>Y ántes que más pasemos adelante, digamos en qué paró el pleito -del Sandoval y del Garci-Holguin sobre la prision de Guatemuz; y es -que, Cortés le dijo que los romanos tuvieron otra contienda de la -misma manera que esta, entre Mario y Lucio Cornelio Sila, y esto fué -cuando Sila trajo preso á Yugurta, que estaba con su suegro el Rey -Ibócos; y cuando entraba en Roma triunfando de los hechos y hazañas -heróicos, pareció ser que Sila metió en su triunfo á Yugurta con una -cadena de hierro al pescuezo, y Mario dijo que no le habia de meter -Sila, sino él; é ya que le metia, que habia de declarar que el Mario -le dió aquella facultad y le envió por él para que en su nombre le -llevase preso, y se le dió el Rey Ibócos; pues que el Mario era capitan -general y debajo de su mano y bandera militaban, y el Sila, como era -de los<span class="pagenum" id="Page_399">p. 399</span> patricios de -Roma, tenia mucho favor; y como Mario era de una villa cerca de Roma, -que se decia Arpino, y advenedizo, puesto que habia sido siete veces -cónsul, no tuvo el favor que el Sila, y sobre ello hubo las guerras -civiles entre Mario y el Sila, y nunca se determinó á quién se habia de -dar la honra de la prision de Yugurta.</p> - -<p>Volvamos á nuestro propósito, y es, que Cortés dijo que haria -relacion dello á su majestad, y á quien fuese servido de hacer -merced se le daria por armas, que de Castilla traerian sobre ello la -determinacion; y desde á dos años vino mandado por su majestad que -Cortés tuviese por armas en sus reposteros ciertos Reyes, que fueron -Montezuma, gran señor de Méjico; Cacamatzin, señor de Tezcuco, y los -señores de Iztapalapa y de Cuyoacoan y Tacuba, y otro gran señor que -decian que era pariente muy cercano del gran Montezuma, á quien decian -que de derecho le venia el reino y señorio de Méjico, que era señor de -Matalacingo y de otras provincias; y á este Guatemuz, sobre que fué -este pleito.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos de los cuerpos muertos y cabezas que -estaban en aquellas casas adonde se habia retraido Guatemuz; y es -verdad, y juro amen, que toda la laguna y casas y barbacoas estaban -llenas de cuerpos y cabezas de hombres muertos, que yo no sé de qué -manera lo escribia.</p> - -<p>Pues en las calles y en los mismos patios de Tatelulco no habia -otras cosas, y no podiamos andar sino entre<span class="pagenum" -id="Page_400">p. 400</span> cuerpos y cabezas de indios muertos.</p> - -<p>Yo he leido la destruicion de Jerusalen; mas si en ella hubo tanta -mortandad como esta yo no lo sé; porque faltaron en esta ciudad gran -multitud de indios guerreros, y de todas las provincias y pueblos -sujetos á Méjico que allí se habian acogido, todos los más murieron; -que, como he dicho, así el suelo y la laguna y barbacoas, todo estaba -lleno de cuerpos muertos, y hedia tanto, que no habia hombre que -sufrirlo pudiese; y á esta causa, así como se prendió Guatemuz, cada -uno de los capitanes se fueron á sus reales, como dicho tengo, y -aun Cortés estuvo malo del hedor que se le entró por las narices en -aquellos dias que estuvo allí en el Tatelulco.</p> - -<p>Dejemos desto, y pasemos adelante, y digamos cómo los soldados -que andaban en los bergantines fueron los mejor librados é hubieron -buen despojo, á causa que podian ir á ciertas casas que estaban en -los barrios de la laguna, que sentian que habria oro, ropa y otras -riquezas, y tambien lo iban á buscar á los carrizales, donde lo iban á -esconder los indios mejicanos cuando les ganábamos algun barrio y casa; -y tambien porque, so color que iban á dar caza á las canoas que metian -bastimentos y agua, si topaban algunas en que iban algunos principales -huyendo á tierra firme para se ir entre ellos, otomites, que estaban -comarcanos, les despojaban de lo que llevaban.</p> - -<p>Quiero decir que nosotros los soldados que militábamos en<span -class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span> las calzadas y por tierra -firme no podiamos haber provecho ninguno, sino muchos flechazos y -lanzadas y heridas de vara y piedra, á causa que cuando íbamos ganando -alguna casa ó casas, ya los moradores dellas habian salido y sacado -toda la hacienda que tenian, y no podiamos ir por agua sin que primero -cegásemos las aberturas y puentes; y á esta causa he dicho en el -capítulo que dello habla, que cuando Cortés buscaba los marineros -que habian de andar en los bergantines, que fueron mejor librados -que no los que batallábamos por tierra; y así pareció claro, porque -los capitanes mejicanos, y aun el Guatemuz, dijeron á Cortés, cuando -les demanda el tesoro del gran Montezuma, que los que andaban en los -bergantines habian robado mucha parte dello.</p> - -<p>Dejemos de hablar más en esto hasta más adelante, y digamos que, -como habia tanta hedentina en aquella ciudad, que Guatemuz le rogó á -Cortés que diese licencia para que se saliese todo el poder de Méjico á -aquellos pueblos comarcanos, y luego les mandó que así lo hiciesen.</p> - -<p>Digo que en tres dias con sus noches iban todas tres calzadas -llenas de indios é indias y muchachos, llenos de bote en bote, que -nunca dejaban de salir, y tan flacos y sucios é amarillos é hediondos, -que era lástima de los ver; y despues que la hubieron desembarazado, -envió Cortés á ver la ciudad, y estaban, como dicho tengo, todas las -casas llenas de indios muertos, y aun algunos pobres mejicanos<span -class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span> entre ellos, que no podian -salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad como echan los -puercos muy flacos que no comen sino yerba; y hallóse toda la ciudad -arada, y sacadas las raices de las yerbas que habian comido cocidas: -hasta las cortezas de los árboles tambien las habian comido.</p> - -<p>De manera que agua dulce no les hallamos ninguna, sino salada.</p> - -<p>Tambien quiero decir que no comian las carnes de sus mejicanos, sino -eran de los enemigos tlascaltecas y las nuestras que apañaban; y no se -ha hallado generacion en el mundo que tanto sufriese la hambre y sed y -contínuas guerras como esta.</p> - -<p>Dejemos de hablar en esto, y pasemos adelante: que mandó Cortés que -todos los bergantines se juntasen en unas atarazanas que despues se -hicieron.</p> - -<p>Volvamos á nuestras pláticas: que despues que se ganó esta grande -y populosa ciudad, y tan nombrada en el universo, despues de haber -dado muchas gracias á Nuestro Señor y á su bendita Madre, ofreciendo -ciertas promesas á Dios Nuestro Señor, Cortés mandó hacer un banquete -en Cuyoacan, en señal de alegrías de la haber ganado, y para ello -tenian ya mucho vino de un navío que habia venido al puerto de la -Villa-Rica, y tenia puercos que le trujeron de Cuba; y para hacer la -fiesta mandó convidar á todos los capitanes y soldados que le pareció -que era bien tener cuenta con ellos en todos tres reales; y cuando -fuimos al banquete no habia mesas puestas, ni aun asientos para -la<span class="pagenum" id="Page_403">p. 403</span> tercia parte -de los capitanes y soldados que fuimos, y hubo mucho desconcierto, -y valiera más que no se hiciera, por muchas cosas no muy buenas que -en él acaecieron, y tambien porque esta planta de Noé hizo á algunos -hacer desatinos, y hombres hubo en él que, despues de haber comido, -anduvieron sobre las mesas, que no acertaban á salir al patio; otros -decian que habian de comprar caballos con sillas de oro, y ballesteros -hubo que decian que todas las saetas que tuviesen en su aljaba que -habian de ser de oro, de las partes que les habian de dar, y otros iban -por las gradas rodando abajo.</p> - -<p>Pues ya que habian alzado las mesas, salieron á danzar las damas -que habia, con los galanes cargados con sus armas, que era para reir, -y fueron las damas pocas, que no habia otras en todos los reales ni -en la Nueva-España; é dejo de nombrarlas por sus nombres é de referir -cómo otro dia hubo sátira; porque quiero decir que, como hubo cosas -tan malas en el convite y en los bailes, el buen fraile fray Bartolomé -de Olmedo lo murmuraba, é le dijo á Sandoval lo mal que le parecia, é -que bien dábamos gracias á Dios para que nos ayudase adelante; é el -Sandoval tan presto le dijo á Cortés lo que fray Bartolomé murmuraba é -gruñia, y el Cortés, que era discreto, le mandó llamar é le dijo:</p> - -<p>—«Padre, no excusaba solazar y alegrar los soldados con lo que -vuestra reverencia ha visto é yo he hecho de mala gana; ahora resta que -vuestra reveren<span class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span>cia -ordene una procesion, y que diga Misa é nos predique, y diga á los -soldados que no roben las hijas de los indios, y que no hurten ni riñan -pendencias é que hagan como católicos cristianos, para que Dios nos -haga bien.»</p> - -<p>É fray Bartolomé se lo agradeció á Cortés; que no sabia lo que -habia dicho Albarado, y pensaba que salia del buen Cortés, su amigo; -y el fraile hizo una procesion, en que íbamos con nuestras banderas -levantadas y algunas cruces á trechos, y cantando las letanías, y á la -postre una imágen de nuestra Señora; y otro dia predicó fray Bartolomé, -é comulgaron muchos en la Misa despues de Cortés y Albarado, é dimos -gracias á Dios por la vitoria.</p> - -<p>Y dejemos de más hablar en esto, y quiero decir otras cosas que -pasaron que se me olvidaba, y aunque no vengan ahora dichas sino algo -atrás, sin propósito; y es, que nuestros amigos Chichimecatecle y los -dos mancebos Xicotengas, hijos de D. Lorenzo de Vargas, que se solia -llamar Xicotenga el viejo y ciego, guerrearon muy valientemente contra -el poder de Méjico, y nos ayudaron muy esforzada y extremadamente de -bien; y asimismo un hermano del señor de Tezcuco D. Hernando, que se -decia Suchel, que despues se llamó don Cárlos; este hizo cosas de -muy esforzado y valiente varon; y otro capitan natural de una ciudad -de la laguna, que no se me acuerda su propio nombre, tambien hacia -maravillas, y otros muchos capitanes de pueblos que nos ayuda<span -class="pagenum" id="Page_405">p. 405</span>ban, todos guerreaban muy -poderosamente; y Cortés les habló y les dió muchas gracias y loores -porque nos habian ayudado, con muchas buenas palabras y promesas de -que el tiempo andando les daria tierras y vasallos y les haria grandes -señores, y les despidió; y como estaban ricos de ropa de algodon y -oro, y otras muchas cosas ricas de despojos, se fueron alegres á sus -tierras, y aun llevaron hartas cargas de tasajos cecinados de indios -mejicanos, que repartieron entre sus parientes y amigos, y como cosas -de sus enemigos, la comieron por fiestas.</p> - -<p>Agora, que estoy fuera de los recios combates y batallas de los -mejicanos, que con nosotros, y nosotros con ellos teniamos de noche -y de dia, por que doy muchas gracias á Dios, que dellas me libró, -quiero contar una cosa muy temeraria que me acaeció, y es, que despues -que vide abrir por los pechos y sacar los corazones y sacrificar á -aquellos sesenta y dos soldados que dicho tengo que llevaron vivos -de los de Cortés, ofrecelles los corazones á los ídolos, y esto que -agora diré, les parece á algunas personas que es por falta de no tener -muy grande ánimo; y si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo -con que en aquellos dias habia de poner mi persona en lo más recio -de las batallas, porque en aquella sazon presumia de buen soldado y -era tenido en esta reputacion, y habia de hacer lo que más osados y -atrevidos soldados suelen hacer, y en aquella sazon yo hacia delante -de<span class="pagenum" id="Page_406">p. 406</span> mis capitanes; y -como de cada dia via llevar á nuestros compañeros á sacrificar, y habia -visto, como dicho tengo, que les aserraban por los pechos y sacalles -los corazones bullendo, y cortalles piés y brazos, y se los comieron -á los sesenta y dos que dicho tengo, temia yo que un dia que otro -habian de hacer de mí lo mismo, porque ya me habian asido dos veces, y -quiso Dios que me escapé; y acordóseme de aquellas muertes, y por esta -causa desde entónces temí desta cruel muerte; y esto he dicho porque -ántes de entrar en las batallas se me ponia por delante una como grima -y tristeza grandísima en el corazon; y encomendándome á Dios y á su -bendita Madre nuestra Señora, y entrar en las batallas, todo era uno, -y luego se me quitaba aquel temor, y tambien quiero decir qué cosa -tan nueva era agora tener yo aquel temor no acostumbrado, habiéndome -hallado en muchos rencuentros muy peligrosos, ya habia de estar curtido -el corazon y esfuerzo y ánimo en mi persona agora á la postre más -arraigado que nunca; porque, si bien lo sé contar y traer á la memoria, -desde que vine á descubrir con Francisco Fernandez de Córdoba y con -Grijalva, y volví con Cortés, y me hallé en lo de la Punta de Cotoche y -en lo de Lázaro, que por otro nombre se dice Campeche, y en Potonchan y -en la Florida, segun que más largamente lo tengo escrito cuando vine á -descubrir con Francisco Fernandez de Córdoba.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_407">p. 407</span> Dejemos desto, y -volvamos á hablar en lo de Grijalva y en la misma de Potonchan, y con -Cortés en lo de Tabasco y la de Cingapacinga, y en todas las guerras -y rencuentros de Tlascala y en lo de Cholula, y cuando desbaratamos á -Narvaez me señalaron para que les fuésemos á tomar la artillería, que -eran diez y ocho tiros que tenian cebados y cargados con sus pelotas -de piedra, los cuales les tomamos, y este trance fué de mucho peligro; -y me hallé en el primer desbarate cuando los mejicanos nos echaron -de Méjico, ó por mejor decir, salimos huyendo cuando nos mataron en -obra de ocho dias ochocientos y cincuenta soldados; y me hallé en las -entradas de Tepeaca y Cachula y sus rededores, y en otros rencuentros -que tuvimos con los mejicanos cuando estábamos en Tezcuco sobre coger -las mielpas de maíz, y en lo de Iztapalapa cuando nos quisieron anegar, -y me hallé cuando subimos en los peñoles, y ahora los llaman las -fuerzas ó fortaleza que ganó Cortés, y en lo de Suchimileco, é otros -muchos rencuentros; y entré con Pedro de Albarado con los primeros á -poner cerco á Méjico, y les quebramos el agua de Chalputepeque, y en -la primera entrada que entramos en la calzada con el mismo Pedro de -Albarado; y despues desto, cuando desbarataron por la misma nuestra -parte y llevaron seis soldados vivos, y á mí me llevaban, é ya se hacia -cuenta que eran siete conmigo, segun me llevaban engarrafado á sa<span -class="pagenum" id="Page_408">p. 408</span>crificar; y me hallé en -todas las demás batallas ya por mí memoradas, que cada dia y de noche -teniamos, hasta que vi, como dicho tengo, las crueles muertes que -dieron delante de mis ojos á aquellos sesenta y dos soldados nuestros -compañeros; ya he dicho que agora que por mí habian pasado todas estas -batallas y peligros de muerte, que no lo habia de temer como lo temia -agora á la postre.</p> - -<p>Digan agora todos aquellos caballeros que desto del militar -entienden, y se han hallado en trances peligrosos de muerte, á qué fin -echarán mi temor, si es á mucha flaqueza de ánimo ó á mucho esfuerzo; -porque, como he dicho, sentia yo en mi pensamiento que habia de poner -por mi persona, batallando en parte que por fuerza habia de temer la -muerte más que otras veces, y por esto me temblaba el corazon y temia -la muerte; y todas aquestas batallas que aquí he dicho donde me he -hallado, verán en mi relacion en qué tiempo y cómo y cuándo y dónde -y de qué manera otras muchas entradas y rencuentros tuvo Cortés y -muchos de nuestros capitanes, sin estos que aquí tengo dichos que no -me hallé yo en ellos, porque eran de cada dia tantos, que aunque fuera -de hierro mi cuerpo, no lo pudiera sufrir, en especial que siempre -andaba herido y pocas veces estaba sano, y á esta causa no podia ir á -todas las entradas; pues aun no han sido nada los trabajos y peligros y -rencuentros de muerte que de mi persona he recontado, que despues que -ganamos<span class="pagenum" id="Page_409">p. 409</span> esta fuerte -y gran ciudad pasé otros muchos, como adelante verán cuando venga á -coyuntura.</p> - -<p>Y dejemos ya, y diré y declararé por qué he dicho en todas estas -guerras mejicanas cuando nos mataron nuestros compañeros, digo -lleváronlos, y no digo matáronlos, y la causa es esta: porque los -guerreros que con nosotros peleaban, aunque pudieran matar luego á -los que llevaban vivos de nuestros soldados, no los mataban luego, -sino dábanles heridas peligrosas porque no se defendiesen, y vivos los -llevaban á sacrificar á sus ídolos, y aun primero les hacian bailar -delante de Huichilóbos, que era su ídolo de la guerra; y esta es la -causa porque he dicho los llevaron.</p> - -<p>Y dejemos esta materia, y digamos lo que Cortés hizo despues de -ganado Méjico.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_157"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLVII.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO MANDÓ CORTÉS ADOBAR LOS CAÑOS DE - CHALPUTEPEQUE, É OTRAS MUCHAS COSAS.</p> -</div> - -<p>La primera cosa que mandó Cortés á Guatemuz fué que adobasen los -caños del agua de Chalputepeque, segun y de la manera que solian -estar ántes de la guerra, é que luego fuese<span class="pagenum" -id="Page_410">p. 410</span> el agua por sus caños á entrar en aquella -ciudad de Méjico; é que luego con mucha diligencia limpiasen todas las -calles de Méjico de todas aquellas cabezas y cuerpos de muertos, que -todas las enterrasen, para que quedasen limpias y sin que hubiese hedor -ninguno en toda aquella ciudad; y que todas las calzadas y puentes -que las tuviesen tan bien aderezadas como de ántes estaban, y que los -palacios y casas que las hiciesen nuevamente, y que dentro de dos meses -se volviesen á vivir en ellas; y luego les señaló Cortés en qué parte -habian de poblar, y la parte que habian de dejar desembarazada para en -que poblásemos nosotros.</p> - -<p>Dejémonos agora destos mandados y de otros que ya no me acuerdo, -y digamos cómo el Guatemuz y todos sus capitanes dijeron á nuestro -capitan Cortés que muchos capitanes y soldados que andaban en los -bergantines, y de los que andábamos en las calzadas batallando, les -habiamos tomado muchas hijas y mujeres de algunos principales; que le -pedian por merced que se las hiciese volver; y Cortés les respondió -que serian muy malas de las haber de poder de los compañeros que las -tenian, y puso alguna dificultad en ello; pero que las buscasen y -trajesen ante él, é que veria si eran cristianas ó si querian volver á -casa de sus padres y de sus maridos, y que luego se las mandaria dar; -y dióles licencia para que las buscasen en todos tres reales, é un -mandamiento para que el soldado que las tuviese luego se las diese si -las<span class="pagenum" id="Page_411">p. 411</span> indias se querian -volver de buena voluntad con ellos; y andaban muchos principales en -busca dellas de casa en casa, y eran tan solícitos, que las hallaron, -y las más dellas no quisieron ir con sus padres ni madres ni maridos, -sino estarse con los soldados con quien estaban, y otras se escondian, -y otras decian que no querian volver á idolatrar, y aun algunas dellas -estaban ya preñadas; y desta manera, no llevaron sino tres, que Cortés -mandó expresamente que las diesen.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos que luego mandó hacer unas atarazanas y -fortaleza en que estuviesen los bergantines, y nombró alcaide que -estuviese en ellas, y paréceme que fué á Pedro de Albarado, hasta que -vino de Castilla un Salazar que se decia de la Pedrada.</p> - -<p>Digamos de otra materia: cómo se recogió todo el oro y plata y joyas -que se hubieron en Méjico, é fué muy poco, segun pareció, porque todo -lo demás hubo fama que lo mandó echar Guatemuz en la laguna cuatro -dias ántes que se prendiese; é que demás desto, que lo habian robado -los tlascaltecas y los de Tezcuco y Guaxocingo y Cholula, y todos los -demás de nuestros amigos que estaban en la guerra; y demás desto, -que los que andaban en los bergantines robaron su parte; por manera -que los oficiales del Rey decian y publicaban que Guatemuz lo tenia -escondido, y Cortés holgaba dello de que no lo diese, por habello él -todo para sí; é por estas causas acordaron de dar tormento á Guatemuz y -al señor<span class="pagenum" id="Page_412">p. 412</span> de Tacuba, -que era su primo y gran privado; y ciertamente le pesó mucho á Cortés, -porque á un señor como Guatemuz, Rey de tal tierra, que es tres veces -más que Castilla, le atormentasen por codicia del oro, que ya habian -hecho pesquisas sobre ello, y todos los mayordomos de Guatemuz decian -que no habia más de lo que los oficiales del Rey tenian en su poder, -y eran hasta trecientos y ochenta mil pesos de oro, porque ya lo -habian fundido y hecho barras; y de allí se sacó el real quinto, é -otro quinto para Cortés; y como los conquistadores que no estaban bien -con Cortés vieron tan poco oro, y al tesorero Julian de Alderete le -decian algunos dellos que tenian sospecha que por quedarse Cortés con -el oro no querian que prendiesen al Guatemuz ni le diesen tormento; y -porque no le achacasen algo á Cortés, y no lo podia excusar, consintió -que le diesen tormento á Guatemuz, como al señor de Tacuba; y lo que -confesaron fué, que cuatro dias ántes que le prendiesen lo echaron -en la laguna, ansí el oro como los tiros y escopetas y ballestas, y -otras muchas cosas de guerra que de nosotros tenian de cuando nos -echaron de Méjico y cuando desbarataron agora á la postre á Cortés; y -fueron adonde Guatemuz habia señalado, y entraron buenos nadadores y -no hallaron cosa ninguna; y lo que yo vi, que fuimos con el Guatemuz -á las casas donde solia vivir, y estaba una como alberca grande de -agua hon<span class="pagenum" id="Page_413">p. 413</span>da, y de -aquella alberca sacamos un sol de oro como el que nos hubo dado el gran -Montezuma, y muchas joyas y piezas de poco valor, que eran del mismo -Guatemuz; y el señor de Tacuba dijo que él tenia en unas casas suyas -grandes, que estaban de Tacuba obra de cuatro leguas, ciertas cosas de -oro, é que le llevasen allá é que diria dónde estaba soterrado y lo -daria; y fué Pedro de Albarado y seis soldados con él, é yo fuí en su -compañía; y cuando llegamos dijo que por morirse en el camino habia -dicho aquello, é que lo matasen, que no tenia oro ni joyas ningunas; y -ansí nos volvimos sin ello, y ansí se quedó, que no hubimos más oro que -fundir; verdad es que la recámara del Montezuma, que despues poseyó el -Guatemuz, no se habia llegado á muchas joyas y piezas de oro, que todo -ello tomó para que con ello sirviésemos á su majestad; y porque habia -muchas joyas de diversas hechuras y primas labores, y si me parase á -escribir cada cosa y hechura dello por sí, seria y es gran prolijidad, -lo dejaré de decir en esta relacion; mas dijeron allí muchas personas, -é yo digo de verdad, que valía dos veces más que la que habia sacado -para repartir el real quinto de su majestad; todo lo cual enviamos al -Emperador nuestro señor con Alonso de Ávila, que en aquel tiempo vino -de la isla de Santo Domingo, y con Antonio de Quiñones; lo cual diré -adelante cómo y dónde, en qué manera y cuándo fueron.</p> - -<p>Y dejemos de hablar dello y volvamos á<span class="pagenum" -id="Page_414">p. 414</span> decir que en la laguna, donde decia -Guatemuz que habia echado el oro, entré yo y otros soldados á -zabullidas, y siempre sacábamos pecezuelos de poco precio, lo cual -luego nos lo demandó Cortés y el tesorero Julian de Alderete; y ellos -mismos fueron con nosotros adonde lo habiamos sacado, y llevaron -consigo buenos nadadores, y sacaron obra de noventa ó cien pesos de -sartalejos de cuentas y ánades y perrillos y pinjantes y collarejos y -otras cosas de nonada, que ansí se puede decir, segun habia la fama en -la laguna del oro que de ántes habia echado.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo todos los capitanes y -soldados estábamos algo pensativos de ver el poco oro que parecia y las -partecillas que dello nos daban; y el padre fray Bartolomé de Olmedo, -de la órden de la Merced, y Alonso de Ávila, que entónces habia vuelto -de la isla de Santo Domingo de cuando le enviaron por procurador, y -Pedro de Albarado y otros caballeros y capitanes, dijeron á Cortés que, -pues que habia poco oro, que las partes que habian de caber á todos que -las diesen y repartiesen á los que quedaron mancos y cojos y ciegos -y tuertos y sordos, y á otros que se habian quemado con la pólvora, -y á otros que estaban dolientes de dolor de costado, que á aquellos -les diese todo el oro, y que para aquellos seria bien dárselo, é que -todos los demás que estábamos sanos lo habriamos por bien; y si esto -le dijeron á Cortés, fué sobre cosa pensada,<span class="pagenum" -id="Page_415">p. 415</span> creyendo que nos daria más que las partes -que nos venian, porque habia mucha sospecha que lo tenian escondido -todo; y lo que respondió fué, que veria las partes que cabian, é que -visto, en todo pondria remedio; y como todos los capitanes y soldados -queriamos ver lo que nos cabia de parte, dábamos priesa para que -se echase la cuenta y se declarase á qué tantos pesos saliamos; y -despues que lo hubieran tanteado, dijeron que cabian los de á caballo -á cien pesos, y á los ballesteros y escopeteros y rodeleros que no -se me acuerda bien; y de que aquellas partes nos señalaron, ningun -soldado lo quiso tomar; y entónces murmuramos de Cortés y del tesorero -Alderete, y el tesorero por descargarse decia que no podia haber más, -porque Cortés sacaba otro quinto del monton, como el de su majestad, -para él, y se pagaba de muchas costas de los caballos que se habian -muerto, y tambien dejaban de meter en el monton otras muchas piezas -que habiamos de enviar á su majestad; y que riñésemos con Cortés, y -no con él: y como en todos tres reales habia soldados que habian sido -amigos y paniaguados del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, de los -que habian pasado con Narvaez, que no estaban bien con Cortés, como -vieron que no les daban las partes del oro que ellos quisieran, no lo -quisieron recibir lo que les daban; y como Cortés estaba en Cuyoacan -y posaba en unos grandes palacios que estaban blanqueados y encaladas -las paredes,<span class="pagenum" id="Page_416">p. 416</span> donde -buenamente se podia escribir con carbon y con otras tintas, amanecian -cada mañana escritos motes, unos en prosa y otros en versos, algo -maliciosos, á manera como masepasquines é libelos; y unos decian que -el sol y la luna y el cielo y estrellas y la mar y la tierra tienen -sus cursos, é que si algunas veces salen más de la inclinacion para -que fueron criados más de sus medidas, que vuelven á su ser, y que -ansí habia de ser la ambicion de Cortés en el mandar; y otros decian -que más conquistados nos traian que la misma conquista que dimos á -Méjico, y que no nos nombrásemos conquistadores de Nueva-España, sino -conquistados de Hernando Cortés; y otros decian que no bastaba tomar -buena parte del oro como general, sino tomar parte de quinto como Rey, -sin otros aprovechamientos que tenia; y otros decian:</p> - -<p>—«¡Oh, qué triste está el alma mia hasta que la parte vea!»</p> - -<p>Otros decian que Diego Velazquez gastó su hacienda é descubrió -toda la costa hasta Pánuco, y la vino Cortés á gozar; y decian otras -cosas como estas y aun decian palabras que no son para decir en esta -relacion.</p> - -<p>Y como Cortés salia cada mañana y lo leia, y como estaban unas -chanzonetas en prosa y otras en metro, y por muy gentil estilo y -consonancia cada mote y copla á lo que iba inclinada y á la fin que -tiraba su dicho, y no como yo aquí lo digo; y como Cortés era algo -poeta, y se preciaba de dar respuestas inclinadas<span class="pagenum" -id="Page_417">p. 417</span> á loas de sus heróicos hechos, y -deshaciendo los del Diego Velazquez y Grijalva y Narvaez, respondia -tambien por buenos consonantes y muy á propósito en todo lo que -escribia; y de cada dia iban más desvergonzados los metros, hasta que -Cortés escribió:</p> - -<p>—«Pared blanca, papel de nécios.»</p> - -<p>Y amanecia más adelante:</p> - -<p>—«Y aun de sábios y verdades.»</p> - -<p>Y aun bien supo Cortés quién lo escribia, y fué un Fulano Tirado, -amigo de Diego Velazquez, yerno que fué de Ramirez el viejo, que vivia -en la Puebla, y un Villalóbos, que fué á Castilla, y otro que se decia -Mansilla, y otros que ayudaban de buena para Cortés á los puntos que le -tiraban; y de tal manera andaba la cosa, que fray Bartolomé de Olmedo -le dijo á Cortés que no permitiese que aquello pasase adelante, sino -que con cordura vedase que no escribiesen en la pared.</p> - -<p>Fué buen consejo, y mandó Cortés que no se atreviese ninguno á poner -letreros ni perques de malicias; que castigaria á los desvergonzados -que escribiesen con graves penas, y á fe que aprovechó.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos que, como habia muchas deudas entre -nosotros, que debiamos de ballestas á cuarenta y á cincuenta pesos, -y de una escopeta ciento, y de un caballo ochocientos, y mil, y á -veces más, y una espada cincuenta, y desta manera eran tan caras las -cosas que habiamos comprado; pues un cirujano que se llamaba maestre -Juan, que curaba algunas malas heridas y se igualaba por la cura á -excesivos pre<span class="pagenum" id="Page_418">p. 418</span>cios, -y tambien un médico que se decia Murcia, que era boticario y barbero, -tambien curaba; y otras treinta trampas y zarrabusterías que debiamos, -demandaban que les pagásemos de las partes que nos daban; y el remedio -que Cortés dió fué, que puso dos personas de buena conciencia, que -sabian de mercaderías, que apreciasen qué podian valer las mercaderías -y cosas de las que habiamos tomado fiado, y que lo apreciasen; -llamábanse los apreciadores el uno Santa Clara, persona muy honrada, -y el otro se decia fulano de Llerena; y se mandó que todo aquello que -aquellos apreciadores dijesen que valía cada cosa de las que nos habian -vendido, y las curas que nos habian hecho los cirujanos, que pasasen -por ello; é que si no teniamos dineros, que aguardasen por ello tiempo -de dos años.</p> - -<p>Otra cosa tambien se hizo: que todo el oro que se fundió echaron -tres quilates más de lo que tenia de ley, porque ayudasen á las pagas, -y tambien porque en aquel tiempo habian venido mercaderes y navíos á -la Villa-Rica, y creyendo que en echarle los tres quilates más, que -ayudasen á la tierra y á los conquistadores; y no nos ayudó en cosa -ninguna, ántes fué en nuestro perjuicio; porque los mercaderes, porque -aquellos tres quilates saliesen á la cabal de sus ganancias, cargaban -en las mercaderías y cosas que vendian cinco quilates, y ansí anduvo el -oro de tres quilates tepuzque, que quiere decir en la lengua de indios -cobre; y an<span class="pagenum" id="Page_419">p. 419</span>sí agora -tenemos aquel modo de hablar, que nombramos á algunas personas que son -preeminentes y de merecimiento el señor don fulano de tal nombre, Juan -ó Martin ó Alonso, y otras personas que no son de tanta calidad les -decimos no más de su nombre, y por haber diferencia de los unos á los -otros, decimos á fulano de tal nombre tepuzque.</p> - -<p>Volvamos á nuestra plática: que viendo que no era justo que el oro -anduviese de aquella manera, se envió á hacer saber á su majestad para -que se quitase y no anduviese en la Nueva-España; y su majestad fué -servido de mandar que no anduviese más, é que todo lo que se le hubiese -de pagar en almojarifazgo y penas de cámara que se le pagase de aquel -oro malo hasta que se acabase y no hubiese memoria dello, y desta -manera se llevó todo á Castilla.</p> - -<p>Y quiero decir que en aquella sazon que esto pasó ahorcaron dos -plateros que falseaban las marcas y las echaban cobre puro.</p> - -<p>Mucho me he detenido en contar cosas viejas y salir fuera de mi -relacion.</p> - -<p>Volvamos á ella, y diré que, como Cortés vió que muchos soldados se -le desvergonzaban y le pedian más partes, y le decian que se lo tomaba -todo para sí, y le pedian prestados dineros, acordó de quitar de sobre -sí aquel dominio y de enviar á poblar á todas las provincias que le -pareció que convenia que se poblasen.</p> - -<p>Á Gonzalo de Sandoval mandó que fuese á poblar á Tutepeque, é -que castigase unas guarniciones mejicanas que mataron cuan<span -class="pagenum" id="Page_420">p. 420</span>do salimos de Méjico sesenta -personas, y entre ellas seis mujeres de Castilla que allí habian -quedado de los de Narvaez; é que poblase á Medellin, é que pasase á -Guacacualco é que poblase aquel puerto, y tambien mandó que fuese á -conquistar la provincia de Pánuco; y á Rodrigo Rangel que se estuviese -en la Villa-Rica, y en su compañía Pedro de Ircio; y á Juan Velazquez -Chico mandó que fuese á Colima, y á un Villa-Fuerte á Zacatula, y -Cristóbal de Olí que fuese á Mechoacan; ya en este tiempo se habia -casado Cristóbal de Olí con una señora portuguesa, que se decia doña -Filipa de Araujo; y envió á Francisco de Orozco á poblar á Guaxaca, -porque en aquellos dias que habiamos ganado á Méjico, como lo supieron -en todas estas provincias que he nombrado que Méjico estaba destruida, -no lo podian creer los caciques y señores dellas, como estaban léjos, -y enviaban principales á dar á Cortés el parabien de las vitorias, y á -darse y ofrecerse por vasallos de su majestad, y á ver cosa tan temida -como dellos fué Méjico si era verdad que estaba por el suelo; y todos -traian grandes presentes de oro, que daban á Cortés, y aun traian -consigo á sus hijos pequeños, y les mostraban á Méjico, y como solemos -decir:</p> - -<p>—«Aquí fué Troya;» y se lo declaraban.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos una plática que es bien que se declare; -porque me dicen muchos curiosos letores que ¿qué es la causa que los -verdaderos conquistadores que ganamos la Nueva<span class="pagenum" -id="Page_421">p. 421</span>-España y la grande y fuerte ciudad de -Méjico, por qué no nos quedamos en ella á poblar y nos veniamos á -otras provincias? Tienen razon de lo preguntar; quiero decir la causa -por qué, y es esto que diré.</p> - -<p>En los libros de la renta de Montezuma mirábamos de qué partes le -traian el oro, y dónde habia minas y cacao y ropa de mantas; y de -aquellas partes que veiamos en los libros que traian los tributos del -oro para el gran Montezuma, queriamos ir allá, en especial viendo -que salia de Méjico un capitan principal y amigo de Cortés, como era -Sandoval; y tambien como viamos que en todos los pueblos de la redonda -de Méjico no tenian minas de oro ni algodon ni cacao, sino mucho maíz -y maqueyales, de donde sacaban el vino, y á esta causa la teniamos por -tierra pobre, y nos fuimos á otras provincias á poblar, y en todas -fuimos muy engañados.</p> - -<p>Acuérdome que fuí á hablar á Cortés que me diese licencia para que -fuese con Sandoval, y me dijo:</p> - -<p>—«En mi conciencia, hermano Bernal Diaz del Castillo, que vivís -engañado; que yo quisiera que quedárades aquí conmigo; mas si es -vuestra voluntad ir con vuestro amigo Gonzalo de Sandoval, id en buena -hora, é yo tendré siempre cuidado de lo que se os ofreciere, más bien -sé que os arrepentireis por me dejar.»</p> - -<p>Volvamos á decir de las partes del oro, que todo se quedó en poder -de los oficiales del Rey, por las esclavas que habiamos sacado en las -almonedas.</p> - -<p>No quiero poner aquí por<span class="pagenum" id="Page_422">p. -422</span> memoria qué tantos de á caballo ni ballesteros ni -escopeteros ni soldados, ni en cuantos dias de tal mes despachó Cortés -á los capitanes para que fuesen á poblar las provincias por mí arriba -dichas, porque seria larga relacion; basta que digo pocos dias despues -de ganado Méjico é preso Guatemuz, é de ahí á otros dos meses envió -otro capitan á otras provincias.</p> - -<p>Dejemos ahora de hablar de Cortés, y diré que en aquel instante -vino al puerto de la Villa-Rica, con dos navíos, un Cristóbal de -Tapia, veedor de las fundaciones que se hacian en Santo Domingo, y -otros decian que era alcaide de aquella fortaleza que está en la -isla de Santo Domingo, y traia provisiones y cartas misivas de don -Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é se nombraba arzobispo -de Rosano, para que le diésemos la gobernacion de la Nueva-España al -Tapia; é lo que sobre ello pasó diré adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_158"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLVIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO LLEGÓ AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN CRISTÓBAL - DE TAPIA QUE VENIA PARA SER GOBERNADOR.</p> -</div> - -<p>Pues como Cortés hubo despachado los capitanes y soldados por mí ya -dichos á pacificar y poblar provincias, en aquella sazon vino un<span -class="pagenum" id="Page_423">p. 423</span> Cristóbal de Tapia, veedor -de la isla de Santo Domingo, con provisiones de su majestad, guiadas -y encaminadas por D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos y -Arzobispo de Rosano, porque ansí se llamaba, para que le admitiesen á -la gobernacion de la Nueva-España; y demás de las provisiones, traia -muchas cartas misivas del mismo Obispo para Cortés y para otros muchos -conquistadores y capitanes de los que habian venido con Narvaez, para -que favoreciesen al Cristóbal de Tapia; y demás de las cartas que traia -cerradas y selladas del Obispo, traia otras en blanco para que el Tapia -en la Nueva-España pusiese todo lo que quisiese y le pareciese, y en -todas ellas traia grandes prometimientos que nos haria muchas mercedes -si dábamos la gobernacion al Tapia, y por otra parte muchas amenazas, y -decia que su majestad nos enviaria á castigar.</p> - -<p>Dejemos desto, que Tapia presentó sus provisiones en la Villa-Rica -de la Veracruz delante de Gonzalo de Albarado, hermano de Pedro de -Albarado, que estaba en aquella sazon por teniente de Cortés, porque -un Rodrigo Rangel, que solia estar allí por alcalde mayor, no sé qué -desatinos habia hecho cuando allí estaba, y le quitó Cortés el cargo; -y presentadas las provisiones, el Gonzalo de Albarado las obedeció y -puso sobre su cabeza como provisiones y mando de su rey y señor; é que -en cuanto al cumplimiento, que se juntarian los alcaldes y regidores -de aquella villa é<span class="pagenum" id="Page_424">p. 424</span> -que platicarian y verian cómo y de qué manera eran ganadas y habidas -aquellas provisiones, é que todos juntos las obedecian, porque él -solo era una persona, y tambien porque querian ver si su majestad era -sabidor que tales provisiones enviasen; y esta respuesta no le cuadró -bien al Tapia, y aconsejáronle que se fuese luego á Méjico, adonde -estaban Cortés con todos los capitanes y soldados, y que allá las -obedecerian; y demás de presentar las provisiones, como dicho tengo, -escribió á Cortés de la manera que venia por gobernador; y como Cortés -era muy avisado, si muy buenas cartas le escribió el Tapia, y vió las -ofertas y ofrecimientos del Obispo de Búrgos, y por otra parte las -amenazas; si muy buenas palabras y muy llenas de cumplimientos él le -escribió, otras muy mejores y más halagüeñas y blandosamente y amorosas -y llenas de cumplimientos le escribió Cortés en respuesta; y luego -Cortés rogó y mandó á ciertos de nuestros capitanes que se fuesen á -ver con el Tapia, los cuales fueron Pedro de Albarado y Gonzalo de -Sandoval y Diego de Soto el de Toro y un Valdenebro y el capitan Andrés -de Tapia, á los cuales envió á llamar por la posta que dejasen de -poblar por entónces las provincias en que estaban, é que fuesen á la -Villa-Rica, donde estaba el Cristóbal de Tapia, y con ellos mandó que -fuese un fraile que se decia fray Pedro Melgarejo de Urraca.</p> - -<p>Ya que el Tapia iba camino de Méjico á<span class="pagenum" -id="Page_425">p. 425</span> se ver con Cortés, encontró con nuestros -capitanes y con el fraile por mí nombrados, y con palabras y -ofrecimientos que le hicieron, volvió del camino para un pueblo que -se decia Cempoal, y allí le demandaron que mostrase otra vez las -provisiones, y que verian cómo y de qué manera lo mandaba su majestad, -y si venia en ellas su real firma ó era sabidor dello, é que los pechos -por tierra las obedecerian en nombre de Hernando Cortés y de toda la -Nueva-España, porque traian poder para ello; y el Tapia les tornó á -notificar y mostrar las provisiones; y todos aquellos capitanes á -una las obedecieron y pusieron sobre sus cabezas como provisiones de -nuestro rey y señor, é que en cuanto al cumplimiento, que suplicaban -dellas para ante el Emperador nuestro señor; y dijeron que no era -sabidor dellas ni de cosa ninguna, é que el Cristóbal de Tapia no -era suficiente para ser gobernador, é que el Obispo de Búrgos era -contra todos los conquistadores que serviamos á su majestad, y andaba -ordenando aquellas cosas sin dar verdadera relacion á su majestad, y -por favorecer al Diego Velazquez, y al Tapia por casar con uno dellos -á una doña Fulana de Fonseca, sobrina del mismo Obispo; y luego que -el Tapia vió que no aprovechaban palabras ni provisiones ni cartas de -ofertas ni otros cumplimientos, adoleció de enojo; y aquellos nuestros -capitanes le escribian á Cortés todo lo que pasaba, y le avisaron -que<span class="pagenum" id="Page_426">p. 426</span> enviase tejuelos -de oro y barras, é que con ellos amansaria la furia de Tapia; lo cual -el oro vino por la posta, y le compraron unos negros y tres caballos -y el un navío, y se volvió á embarcar en el otro navío y se fué á la -isla de Santo Domingo, de donde habia salido; é cuando allá llegó, -la audiencia real que en ella residia y los frailes jerónimos que -estaban por gobernadores notaron muy bien su vuelta de aquella manera, -y se enojaron con él porque ántes que saliese de la isla para ir á la -Nueva-España le habian mandado expresamente que en aquella sazon no -curase de venir, porque seria causa de quebrar el hilo y conquistas de -Méjico, y no les quiso obedecer; ántes, con favor del Obispo de Búrgos, -D. Juan Rodriguez de Fonseca, se resolvió; que no osaban hacer otra -cosa los oidores sino lo que el Obispo de Búrgos mandaba, porque era -presidente de Indias, porque su majestad estaba en aquella sazon en -Flandes, que no habia venido á Castilla.</p> - -<p>Dejemos esto del Tapia, y digamos cómo luego envió Cortés á Pedro de -Albarado á poblar á Tustepeque, que era tierra rica de oro.</p> - -<p>Y para que bien lo entiendan los que no saben los nombres destos -pueblos, uno es Tutepeque, adonde fué Gonzalo de Sandoval, y otro es -Tustepeque, adonde en esta sazon va Pedro de Albarado; y esto declaro -porque no me culpen que digo que dos capitanes fueron á poblar una -provincia de un nombre, y son dos provincias; y tambien habia<span -class="pagenum" id="Page_427">p. 427</span> enviado á poblar el rio -de Pánuco, porque Cortés tuvo noticia que un Francisco de Garay hacia -grande armada para venirla á poblar; porque, segun pareció, se lo -habia dado su majestad al Garay por gobernacion y conquista, segun más -largamente lo he dicho y declarado en los capítulos pasados cuando -hablaba de todos los navíos que envió adelante Garay, que desbarataron -los indios de la misma provincia de Pánuco, é hízolo Cortés porque si -viniese el Garay la hallase por Cortés poblada.</p> - -<p>Dejemos desto, y digamos cómo Cortés envió otra vez á Rodrigo Rangel -por teniente de Villa-Rica, y quitó al Gonzalo de Albarado, y le mandó -que luego le enviase á Pánfilo de Narvaez donde estaba poblando Cortés -en Cuyoacan, que aún no habia entrado á poblar á Méjico hasta que se -edificasen todas las casas y palacio adonde habia de vivir; y envió por -el Pánfilo de Narvaez porque, segun le dijeron, que cuando el Cristóbal -de Tapia llegó á la Villa-Rica con las provisiones que dicho tengo, el -Narvaez habló con él y en pocas palabras le dijo:</p> - -<p>—«Señor Tapia, paréceme que tan buen recaudo traeis y tal le -llevaréis como yo; mirad en lo que yo he parado trayendo tan buena -armada, y mirad por vuestra persona, no os maten, y no os cureis de -perder tiempo; que la ventura de Cortés é sus soldados no es acabada; -entended en que os dén algun oro por esas cosas que traeis, é idos -á Castilla ante su majestad, que allá no faltará quien os<span -class="pagenum" id="Page_428">p. 428</span> ayude, y diréis lo que -pasa, en especial teniendo, como teneis, al señor Obispo de Búrgos; y -esto es mejor consejo.»</p> - -<p>Dejémonos desta plática y diré cómo Narvaez fué su camino á Méjico, -y vió aquellas grandes ciudades y poblaciones; y cuando llegó á Tezcuco -se admiró, y cuando vió á Cuyoacan, mucho más, y desque vió la gran -laguna y ciudades que en ella están pobladas, y despues la gran ciudad -de Méjico, y como Cortés supo que venia, le mandó hacer mucha honra; -y llegado ante él, se hincó de rodillas y le fué á besar las manos, -y Cortés no lo consintió y le hizo levantar, y le abrazó y le mostró -mucho amor, y le hizo asentar cabe sí, y entónces el Narvaez le habló y -le dijo:</p> - -<p>—«Señor capitan, agora digo de verdad que la menor cosa que hizo -vuestra merced y sus valerosos soldados en esta Nueva-España fué -desbaratarme á mí y prenderme, y aunque trajera mayor poder del que -traje, pues he visto tantas ciudades y tierras que ha domado y sujetado -al servicio de Dios nuestro Señor y del Emperador Cárlos V; y puédese -vuestra merced alabar y tener en tanta estima, que yo ansí lo digo, y -dirán todos los capitanes muy nombrados que el dia de hoy son vivos, -que en el universo se puede anteponer á los muy afamados é ilustres -varones que ha habido; y otra tan fuerte ciudad como Méjico no la -hay; y vuestra merced y sus muy esforzados soldados son dignos que su -majestad les haga muy crecidas mercedes.»</p> - -<p>Y le dijo otras<span class="pagenum" id="Page_429">p. 429</span> -muchas alabanzas; y Cortés le respondió que nosotros no éramos -bastantes para hacer lo que estaba hecho, sino la gran misericordia -de Dios nuestro Señor, que siempre nos ayudaba, y la buena ventura de -nuestro gran César.</p> - -<p>Dejémonos desta plática y de las ofertas que hizo Narvaez á Cortés -que le seria servidor, y diré cómo en aquella sazon se pasó Cortés á -poblar la insigne y gran ciudad de Méjico, y repartió solares para las -iglesias y monasterios y casas reales y plazas, y á todos los vecinos -les dió solares; y por no gastar más tiempo en escribir segun y de la -manera que agora está poblada, que, segun dicen muchas personas que se -han hallado en muchas partes de la cristiandad, otra más populosa y -mayor ciudad y de mejores casas y muy bien pobladas no se ha visto.</p> - -<p>Pues estando dando la órden que dicho tengo, al mejor tiempo que -estaba Cortés algo descansando, le vinieron cartas del Pánuco que toda -la provincia estaba levantada é puesta en armas, y que era gente muy -belicosa y de muchos guerreros, porque habian muerto muchos soldados -que habia enviado Cortés á poblar, y que con brevedad enviase el mayor -socorro que pudiese; y luego acordó Cortés de ir él mismo en persona, -porque todos los capitanes habian ido á sus conquistas; y llevó todos -los más soldados que pudo y hombres de á caballo y ballesteros y -escopeteros, porque ya habian llegado á Méjico muchas personas de las -que el veedor Tapia<span class="pagenum" id="Page_430">p. 430</span> -traia consigo, y otros que allí estaban de los de Lúcas Vazquez de -Aillon, que habian ido con él á la Florida, y otros que habian venido -de las islas en aquel tiempo; y dejando en Méjico buen recaudo, y por -capitan dél á Diego de Soto, natural de Toro, salió Cortés de Méjico; -y en aquella sazon no habia herraje, sino muy poco, para los muchos -caballos que llevaba, porque pasaban de ciento y treinta de á caballo -y ducientos y cincuenta soldados, y contados entre los ballesteros y -escopeteros y de á caballo, y tambien llevó diez mil mejicanos; y en -aquella sazon ya habia vuelto de Mechoacan Cristóbal de Olí, porque -dejó aquella provincia de paz y trajo consigo muchos caciques y al hijo -del cacique Conci, que ansí se llamaba, y era el mayor señor de todas -aquellas provincias, y trajo mucho oro bajo, que lo tenian revuelto con -plata y cobre; y gastó Cortés en aquella ida que fué á Pánuco mucha -cantidad de pesos de oro, que despues demandaba á su majestad que le -pagase aquella costa, y los oficiales de la real hacienda no se los -quisieron recebir en cuenta ni le quisieron pagar cosa dello, porque -respondieron que si habia hecho aquel gasto en la conquista de aquella -provincia, que lo hizo por se apoderar della, porque Francisco de -Garay, que venia por gobernador, no la hubiese, porque ya tenia noticia -que venia de la isla de Jamáica con gran pujanza y armada.</p> - -<p>Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo Cortés llegó con todo<span -class="pagenum" id="Page_431">p. 431</span> su ejército á la provincia -de Pánuco y los halló de guerra, y los envió á llamar de paz muchas -veces, mas no quisieron venir; é tuvo con ellos en algunos dias muchos -rencuentros de guerra y en dos batallas que le aguardaron le mataron -tres soldados y le hirieron más de treinta, y mataron cuatro caballos -y hubo muchos heridos, y murieron de los mejicanos sobre ciento, -sin otros más de ducientos que quedaron heridos; porque fueron los -guastecas, que ansí se llaman en aquellas provincias, sobre más de -sesenta mil hombres guerreros cuando aguardaron á nuestro capitan -Cortés; mas quiso nuestro Señor que fueron desbaratados, y todo el -campo adonde fueron estas batallas quedó lleno de muertos y heridos -de los naguatecas naturales de aquellas provincias; por manera que -no se tornaron más á juntar por entónces para dar guerra; y Cortés -estuvo ocho dias en un pueblo que estaba allí cerca, donde habian sido -aquellas reñidas batallas, por causa de que se curasen los heridos y se -enterrasen los muertos, y habia muchos bastimentos; y para tornarle á -llamar de paz envió al Padre fray Bartolomé de Olmedo, y diez caciques, -personas principales, de los que se habian prendido en aquellas -batallas, y doña Marina y Jerónimo de Aguilar, que siempre Cortés -los llevaba consigo; y el Padre fray Bartolomé de Olmedo les hizo un -parlamento muy discreto, y les dijo que «¿cómo se podian defender todos -los de aquellas provincias<span class="pagenum" id="Page_432">p. -432</span> de no se dar por vasallos de su majestad, pues han visto y -tenido nueva que con el poder de Méjico, siendo tan fuertes guerreros, -estaba asolada la ciudad y puesta por el suelo? É que vengan luego de -paz y no hayan miedo, é que lo pasado de las muertes, que Cortés, en -nombre de su majestad, se lo perdonaria.»</p> - -<p>Y tales palabras les dijo el buen fray Bartolomé de Olmedo con amor, -y otras llenas de amenazas, que, como estaban hostigados y habian -visto muertos muchos de los suyos, y abrasados y asolados todos sus -pueblos, vinieron de paz, y todos trajeron joyas de oro, aunque no -de mucho precio, que presentaron á Cortés, y él con halagos y mucho -amor les recibió de paz; y dende allí se fué Cortés con la mitad de -sus soldados á un rio que se dice Chile, que está de la mar obra de -cinco leguas, y volvió á enviar mensajeros á todos los pueblos de la -otra parte del rio á llamalles de paz, y no quisieron venir; porque, -como estaban encarnizados de los muchos soldados que habian muerto -en obra de dos años que habian pasado de los capitanes que Garay -envió á poblar aquel rio, como dicho tengo en el capítulo que dello -habla, ansí creyeron que harian á nuestro Cortés; y como estaban -entre grandes lagunas y rios y ciénagas, que es muy grande fortaleza -para ellos; y la respuesta que dieron fué matar á los mensajeros que -Cortés les habia enviado á hablar sobre las paces, y á estos de agora -tuvieron presos ciertos dias, y<span class="pagenum" id="Page_433">p. -433</span> estuvo Cortés aguardando para ver si podria acabar con ellos -que mudasen su mal propósito; y como no vinieron, mandó buscar todas -las canoas que en el rio pudo haber, y con ellas y unas barcas que -se hicieron de madera de navíos viejos de los de Garay, y pasaron de -noche de la otra parte del rio ciento y cincuenta soldados, y los más -dellos ballesteros y escopeteros, y cincuenta de á caballo; y como los -principales de aquellas provincias velaban sus pasos y rios, como los -vieron, dejáronlos pasar, y estaban aguardando de la otra parte; y si -muchos guastecas se habian juntado en las primeras batallas que dieron -á Cortés, muchos más estaban juntos esta vez, y vienen como leones -rabiosos á se encontrar con los nuestros; y á los primeros encuentros -mataron dos soldados é hirieron sobre treinta, y tambien mataron tres -caballos é hirieron otros quince, y muchos mejicanos; más tal prisa -les dieron los nuestros, que no pararon en el campo, é luego se fueron -huyendo, y quedaron dellos muertos y heridos gran cantidad; y despues -que pasó aquella batalla, los nuestros se fueron á dormir á un pueblo -que estaba despoblado, que se habian huido los moradores dél, y con -buenas velas, y escuchas, y rondas y corredores del campo estuvieron, -y de cenar no les faltó; y cuando amaneció, andando por el pueblo, -vieron estar en un cu é adoratorio de ídolos, colgados muchos vestidos -y caras de soldados, adobadas como cueros de guantes, y con<span -class="pagenum" id="Page_434">p. 434</span> sus barbas y cabellos, -que eran de los soldados que habian muerto á los capitanes que habia -enviado Garay á poblar el rio de Pánuco, y muchas dellas fueron -conocidas de otros soldados, que decian que eran sus amigos, y á todos -se les quebró los corazones de lástima de las ver de aquella manera, -y luego las quitaron de donde estaban y las llevaron para enterrar; -y desde aquel pueblo se pasaron á otro lugar, y como conocian que -toda la gente de aquella provincia era muy belicosa, siempre iban muy -recatados y puestos en ordenanza para pelear, no les tomase descuidados -y desapercibidos; y los descubridores de todo aquel campo dieron con -unos grandes escuadrones de indios que estaban en celadas, para que -cuando estuviesen los nuestros en las casas apeados dar en los caballos -y en ellos; y como fueron sentidos, no tuvieron lugar de hacer todo -lo que querian; más todavía salieron muy denodadamente y pelearon con -los nuestros como valientes guerreros, y estuvieron más de media hora -que los de á caballo y los escopeteros no les podian hacer retraer ni -apartar de sí, y mataron dos caballos y hirieron otros siete, y tambien -hirieron quince soldados y murieron tres de las heridas.</p> - -<p>Una cosa tenian estos indios: que ya que los llevaban de vencida, se -tornaban á rehacer, y aguardaron tres veces en la pelea, lo cual pocas -veces se ha visto acaecer entre estas gentes; y viendo que los nuestros -les herian y mataban, se aco<span class="pagenum" id="Page_435">p. -435</span>gieron á un rio caudaloso é corriente, y los de á caballo -y peones sueltos fueron en pos dellos é hirieron muchos; é otro dia -acordaron de correrles el campo é ir á otros pueblos que estaban -despoblados, y en ellos hallaron muchas tinajas de vino de la tierra -puestas en unos soterraños á manera de bodegas; y estuvieron en estas -poblaciones cinco dias corriéndoles las tierras, y como todo estaba -sin gentes y despoblados, se volvieron al rio de Chile; y Cortés tornó -luego á enviar á llamar de paz á todos los mismos pueblos que estaban -de guerra en aquella parte del rio, y como les habian muerto mucha -gente, temieron que volverian otra vez sobre ellos, y á esta causa -enviaron á decir que vendrian de ahí á cuatro dias, que buscaban joyas -de oro para le presentar; y Cortés aguardó todos los cuatro dias que -habian dicho que vendrian, y no vinieron por entónces; y luego mandó -á un pueblo muy grande que estaba cabe una laguna, que era muy fuerte -por sus ciénagas y rio, que de noche obscuro y medio lloviznando, que -en muchas canoas que luego mandó buscar, atadas de dos en dos, y otras -sueltas, y en barcas bien hechas, pasasen aquella laguna á una parte -del pueblo en parte y paraje que no fuesen vistos ni sentidos de los de -aquella poblacion, y pasaron muchos amigos mejicanos, y sin ser vistos, -dan en el pueblo, el cual pueblo destruyeron, y hubo muy gran despojo y -estrago en él; allí<span class="pagenum" id="Page_436">p. 436</span> -cargaron los amigos de todas las haciendas de los naturales que dél -tenian; y desque aquello vieron, todos los más pueblos comarcanos dende -á cinco dias acordaron de venir de paz, excepto otras poblaciones -que estaban muy á trasmano, que los nuestros no pudieron ir á ellos -en aquella sazon; y por no me detener en gastar más palabras en esta -relacion de muchas cosas que pasaron, las dejaré de decir, sino que -entónces pobló Cortés una villa con ciento y treinta vecinos, y entre -ellos dejó veinte y siete de á caballo y treinta y seis escopeteros -y ballesteros, por manera que todos fueron los ciento y treinta; -llamábase esta villa Sant-Estéban del Puerto, y está obra de una legua -de Chile; y en los vecinos que en aquella villa poblaron repartió y -dió por encomienda todos los pueblos que habian venido de paz, y dejó -por capitan dellos y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando -en aquella villa de partida para Méjico, supo por cosa muy cierta -que tres pueblos que fueron cabeceras para la rebelion de aquella -provincia, y fueron en la muerte de muchos españoles, andaban de nuevo, -despues de haber ya dado la obediencia á su majestad y haber venido -de paz, convocando y atrayendo á los demás pueblos sus comarcanos, y -decian que despues que Cortés se fuese á Méjico con los de á caballo -y soldados, que á los que quedaban poblados que diesen un dia ó noche -en ellos y que tendrian buenas hartazgas con ellos; y sabida por<span -class="pagenum" id="Page_437">p. 437</span> Cortés la verdad muy de -raíz, les mandó quemar las casas; mas luego se tornaron á poblar.</p> - -<p>Digamos que Cortés habia mandado ántes que partiese de Méjico para -ir á aquella entrada, que dende la Veracruz le enviasen un barco -cargado de vino y vituallas y conservas y bizcocho y herraje, porque -en aquella sazon no habia trigo en Méjico para hacer pan; é yendo que -iba el barco su viaje á la derrota de Pánuco, cargado de lo que fué -mandado, parece ser que hubo muy recios Nortes y dió con él en parte -que se perdió, que no se salvaron sino tres personas, que aportaron en -unas tablas á una isleta donde habia unos muy grandes arenales, seria -tres ó cuatro leguas de tierra, donde habia muchos lobos marinos, que -salian de noche á dormir á los arenales, y mataron de los lobos, y con -lumbre que sacaron con unos palillos como la sacan en todas las Indias -las personas que saben cómo se ha de sacar, tuvieron lugar de asar -la carne de los lobos, y cavaron en mitad de la isla é hicieron unos -como pozos y sacaron agua algo salobre, y tambien habia una fruta que -parecian higos, y con la carne de los lobos marinos y la fruta y agua -salobre se mantuvieron más de dos meses; y como aguardaban en la villa -de Sant-Estéban el refresco y bastimento y herraje, escribió Cortés -á sus mayordomos á Méjico que cómo no enviaban el refresco; y cuando -vieron la carta de Cortés, tuvieron por muy cierto que se habia<span -class="pagenum" id="Page_438">p. 438</span> perdido el barco, y -enviaron luego los mayordomos de Cortés un navío chico de poco porte en -busca del barco que se perdió, y quiso Dios que se toparon en la isleta -donde estaban los tres españoles de los que se perdieron, con ahumadas -que hacian de noche é de dia, é desque vieron el barco, se alegraron, -y embarcados, vinieron á la villa, y llamábase el uno dellos Fulano -Celiano, vecino que fué de Méjico.</p> - -<p>Dejémonos desto, y digamos, como en aquella sazon nuestro capitan -Cortés se venia ya para Méjico, tuvo noticia que en unos pueblos -que estaban en unas sierras que eran muy agras se habian rebelado y -hacian grande guerra á otros pueblos que estaban de paz, y acordó de -ir allá ántes que entrase en Méjico; é yendo por su camino, los de -aquella provincia lo supieron é aguardaron en un paso malo, y dieron -en la rezaga del fardaje y le mataron ciertos tamemes y robaron lo que -llevaban; y como era el camino malo, por defender el fardaje los de á -caballos que los iban á socorrer reventaron dos caballos; y llegados -á las poblaciones, muy bien se lo pagaron; que, como iban muchos -mejicanos nuestros amigos, por se vengar de lo que les robaron en el -puerto y camino malo, como dicho tengo, mataron y cautivaron muchos -indios, y aun el cacique y su capitan murieron ahorcados despues que -hubieron vuelto lo que habian robado; y esto hecho, Cortés mandó á -los mejicanos que no hiciesen más daño, y lue<span class="pagenum" -id="Page_439">p. 439</span>go envió á llamar de paz á todos los -principales y papas de aquella poblacion, los cuales vinieron y dieron -la obediencia á su majestad; y el cacicazgo mandó que lo tuviese un -hermano del cacique que habian ahorcado, y los dejó en sus casas -pacíficos y muy bien castigados, y entónces se volvió á Méjico.</p> - -<p>Y ántes que pase adelante, quiero decir que en todas las provincias -de la Nueva-España otra gente más sucia y mala y de peores costumbres -no la hubo como esta de la provincia de Pánuco, y sacrificadores y -crueles en demasía, y borrachos y sucios y malos, y tenian otras -treinta torpezas; y si miramos en ello, fueron castigados á fuego y á -sangre dos ó tres veces, y otros mayores males les vino en tener por -gobernador á Nuño de Guzman, que desque le dieron la gobernacion, los -hizo casi á todos esclavos y los envió á vender á las islas, segun más -largamente lo diré en su tiempo y lugar.</p> - -<p>Volvamos á nuestra relacion, y diré, despues que Cortés volvió á -Méjico, en lo que entendió é hizo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_159"> - <p><span class="pagenum" id="Page_440">p. 440</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLIX.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS Y TODOS LOS OFICIALES DEL REY ACORDARON - DE ENVIAR Á SU MAJESTAD TODO EL ORO QUE LE HABIA CABIDO DE SU REAL - QUINTO DE TODOS LOS DESPOJOS DE MÉJICO, Y CÓMO SE ENVIÓ DE POR SÍ - LA RECÁMARA DEL ORO Y TODAS LAS JOYAS QUE FUERON DE MONTEZUMA Y DE - GUATEMUZ, Y LO QUE SOBRE ELLO ACAECIÓ.</p> -</div> - -<p>Como Cortés volvió á Méjico de la entrada de Pánuco, anduvo -entendiendo en la poblacion y edificacion de aquella ciudad; y viendo -que Alonso de Ávila, ya otra vez por mí nombrado en los capítulos -pasados, habia vuelto en aquella sazon de la isla de Santo Domingo, y -trajo recaudo de lo que le habian enviado á negociar con la audiencia -Real é Frailes Jerónimos que estaban por gobernadores de todas las -islas, é los recaudos que entónces trajo fué, que nos daban licencia -para poder conquistar toda la Nueva-España y herrar los esclavos, -segun y de la manera que llevaron en una relacion, y repartir y -encomendar los indios como en las islas Española é Cuba é Jamáica se -tenia por costumbre; y esta licencia que dieron fué hasta en tanto que -su majestad fuese sabidor dello, ó fuese servido mandar otra cosa; -de lo cual luego le hicieron<span class="pagenum" id="Page_441">p. -441</span> relacion los mismos Frailes Jerónimos, y enviaron un navío -por la posta á Castilla, y entónces su majestad estaba en Flandes, que -era mancebo, y allá supo los recaudos que los Frailes Jerónimos le -enviaban; porque al Obispo de Búrgos, puesto que estaba por presidente -de Indias, como conocian dél que nos era muy contrario, no le daban -cuenta dello ni trataban con él otras muchas cosas de importancia, -porque estaban muy mal con sus cosas.</p> - -<p>Dejemos esto del Obispo, y volvamos á decir que, como Cortés tenia -á Alonso de Ávila por hombre atrevido y no estaba muy bien con él, -siempre le queria tener muy léjos de sí, porque verdaderamente si -cuando vino el Cristóbal de Tapia con las provisiones el Alonso de -Ávila se hallara en Méjico, porque entónces estaba en la isla de -Santo Domingo, y como el Alonso de Ávila era servidor del Obispo de -Búrgos é habia sido su criado, y le traian cartas para él, fuera gran -contraditor de Cortés y de sus cosas, y á esta causa siempre procuraba -Cortés de tenello apartado de su persona; y cuando vino deste viaje que -dicho tengo, por consejo de fray Bartolomé de Olmedo, por le contentar -y agradar, le encomendó en aquella sazon el pueblo de Guatitlan, y -le dió ciertos pesos de oro, y con palabras y ofrecimientos y con el -depósito del pueblo por mí nombrado, que es muy bueno y de mucha renta, -le hizo tan su amigo y servidor, que le envió despues á Castilla, -y juntamente con él á su ca<span class="pagenum" id="Page_442">p. -442</span>pitan de la guarda, que se decia Antonio de Quiñones, los -cuales fueron por procuradores de la Nueva-España y de Cortés.</p> - -<p>Y llevaron dos navíos, y en ellos ochenta y ocho mil castellanos en -barras de oro; y llevaron la recámara que llamamos del gran Montezuma, -que tenia en su poder Guatemuz, y fué un gran presente, en fin para -nuestro gran César, porque fueron muchas joyas muy ricas y perlas -tamañas algunas dellas como avellanas, y muchos chalchihuies, que -son piedras finas como esmeraldas, y por ser tantas y no me detener -en escribirlas, lo dejaré de decir y traer á la memoria; y tambien -enviamos unos pedazos de huesos de gigantes que se hallaron en el cu é -adoratorio en Cuyoacan, que era segun y de la manera de otros grandes -zancarrones que nos dieron en Tlascala, los cuales habiamos enviado -la primera vez, y eran muy grandes en demasía; y le llevaron tres -tigres y otras cosas que ya no me acuerdo.</p> - -<p>Y por estos procuradores escribió el cabildo de Méjico á su -majestad, y ansimismo todos los más conquistadores escribimos con el -cabildo juntamente, é fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la -Merced, y el tesorero Julian de Alderete; y todos á una deciamos de -los muchos y buenos é leales servicios que Cortés y todos nosotros -los conquistadores le habiamos hecho y á la contina haciamos, y todo -lo por nosotros sucedido desde que entramos á ganar la ciudad de -Méji<span class="pagenum" id="Page_443">p. 443</span>co, y cómo estaba -descubierta la mar del Sur y se tenia por cierto que era cosa muy -rica; y suplicamos á su majestad que nos enviase Obispos y religiosos -de todas órdenes, que fuesen de buena vida y doctrina, para que nos -ayudasen á plantar más por entero en estas partes nuestra santa -fe católica, y le suplicamos todos á una que la gobernacion desta -Nueva-España que le hiciese merced della á Cortés, pues tan bueno y -leal servidor le era, y á todos nosotros los conquistadores nos hiciese -merced para nosotros y para nuestros hijos que todos los oficios -reales, en fin de tesorero, contador y fator, y escribanías públicas -é fieles ejecutores y alcaidías de fortalezas, que no hiciese merced -dellas á otras personas, sino que entre nosotros se nos quedase; y le -suplicamos que no enviase letrados, porque en entrando en la tierra la -pondrian revuelta con sus libros, é habria pleitos y disensiones.</p> - -<p>Y se le hizo saber lo de Cristóbal de Tapia, cómo venia guiado -por don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, y que no era -suficiente para gobernar, y que se perdiera esta Nueva-España si él -quedara por gobernador; y que tuviese por bien de saber claramente -qué se habian hecho las cartas y relaciones que le habiamos escrito -dando cuenta de todo lo que habia acaecido en esta Nueva-España, -porque teniamos por muy cierto que el mismo Obispo no se les enviaba, -y ántes le escribia al contra<span class="pagenum" id="Page_444">p. -444</span>rio de lo que pasaba, en favor de Diego Velazquez, su amigo, -y de Cristóbal de Tapia, por casalle con una parienta suya que se decia -doña Petronila de Fonseca; y cómo presentó ciertas provisiones que -venian firmadas é guiadas por el dicho Obispo de Búrgos, y que todos -estábamos los pechos por tierra para las obedecer, como se obedecieron; -mas viendo que el Tapia no era hombre para guerra, ni tenia aquel ser -ni cordura para ser gobernador, que suplicaron de todas las provisiones -hasta informar á su Real persona de todo lo acaecido, como agora le -informamos, y le haciamos sabidor como sus leales vasallos, é somos -obligados á nuestro Rey y señor; y que agora, que de lo que más fuere -servido mandar, que aquí estamos los pechos por tierra para cumplir -su Real mando; y tambien le suplicamos que fuese servido de enviar á -mandar al Obispo de Búrgos que no se entremetiese en cosas ningunas -de Cortés ni de todos nosotros, porque seria quebrar el hilo á muchas -cosas de conquistas que en esta Nueva-España nosotros entendiamos, y en -pacificar provincias, porque habia mandado el mismo Obispo de Búrgos -á los oficiales que estaban en la casa de la contratacion de Sevilla, -que se decian Pedro de Ilasaga y Juan Lopez de Recalte, que no dejasen -pasar ningun recaudo de armas ni soldados ni favor para Cortés ni para -los soldados que con él estaban.</p> - -<p>Y tambien se le hizo relacion cómo Cortés<span class="pagenum" -id="Page_445">p. 445</span> habia ido á pacificar la provincia de -Pánuco y la dejó de paz, y las muy recias y fuertes batallas que con -los naturales della tuvo, y cómo era gente muy belicosa y guerrera, y -cómo habian muerto los de aquella provincia á los capitanes que habia -enviado Francisco de Garay, y á todos sus soldados, por no se saber dar -maña en las guerras; y que habia gastado Cortés en la entrada sobre -sesenta mil pesos, y que los demandaba á los oficiales de su Real -hacienda y no se los quisieron pagar.</p> - -<p>Tambien se le hizo sabidor cómo agora hacia el Garay una armada en -la isla de Jamáica, y que venian á poblar el rio de Pánuco; y porque no -le acaeciese como á sus capitanes, que se los mataron, que suplicábamos -á su majestad que le enviase á mandar que no salga de la isla hasta que -esté muy de paz aquella provincia, porque nosotros se la conquistaremos -y se la entregaremos; porque si en aquella sazon viniese, viendo -los naturales de aquestas tierras dos capitanes que manden, tendrán -divisiones y levantamientos, especial los mejicanos; y escribiósele -otras muchas cosas.</p> - -<p>Pues Cortés por su parte no se le quedó nada en el tintero, y aun -de manera hizo relacion en su carta de todo lo acaecido, que fueron -veinte y una plana; é porque yo las leí todas, é lo entendí muy bien, -lo declaro aquí como dicho tengo.</p> - -<p>Y demás de esto, enviaba Cortés á suplicar á su majestad que le -diese licencia para ir á la isla de Cuba á prender al goberna<span -class="pagenum" id="Page_446">p. 446</span>dor della, que se decia -Diego Velazquez, para enviársele á Castilla, para que allá su majestad -le mandase castigar; porque no le desbaratase más ni revolviese la -Nueva-España, porque enviaba desde la isla de Cuba á mandar que matasen -á Cortés.</p> - -<p>Dejémonos de las cartas, y digamos de su buen viaje que llevaron -nuestros procuradores despues que partieron del puerto de la Veracruz, -que fué en veinte dias del mes de Diciembre de 1522 años, y con -buen viaje desembarcaron por la canal de Bahama, y en el camino se -les soltaron dos tigres de los tres que llevaban, é hirieron á unos -marineros; y acordaron de matar al que quedaba, porque era muy bravo y -no se podian valer con él; y fueron su viaje hasta la isla que llaman -de la Tercera; y como el Antonio de Quiñones era capitan y se preciaba -de muy valiente y enamorado, parece ser que se revolvió en aquella -isla con una mujer é hubo sobre ella cierta quistion, y diéronle una -cuchillada en la cabeza, de que al cabo de algunos dias murió, y quedó -solo Alonso de Ávila por capitan.</p> - -<p>É ya que iba el Alonso de Ávila con los dos navíos camino de España, -no muy léjos de aquella isla topa con ellos Juan Florin, frances -corsario, y toma todo el oro y navíos, y prende al Alonso de Ávila y -llévanle preso á Francia.</p> - -<p>Y tambien en aquella sazon robó el Juan Florin otro navío que venia -de la isla de Santo Domingo, y le tomó sobre veinte mil pesos de oro y -muy gran<span class="pagenum" id="Page_447">p. 447</span> cantidad de -perlas y azúcar y cueros de vacas, y con todo esto se volvió á Francia -muy rico, é hizo grandes presentes á su Rey é al almirante de Francia -de las cosas é piezas de oro que llevaba de la Nueva-España, que toda -Francia estaba maravillada de las riquezas que enviábamos á nuestro -gran Emperador, y aun el mesmo Rey de Francia le tomaba codicia de -tener parte en las islas de la Nueva-España; y entónces es cuando dijo -que solamente con el oro que le iba á nuestro César destas tierras le -podia dar guerra á su Francia; y aun en aquella sazon no era ganado ni -habia nueva del Perú, sino, como dicho tengo, lo de la Nueva-España -y las islas de Santo Domingo y San Juan y Cuba y Jamáica.</p> - -<p>Y entónces dice que dijo el Rey de Francia, ó se lo envió á decir á -nuestro gran Emperador, que, ¿cómo habian partido entre él y el Rey de -Portugal el mundo, sin darle parte á él? Que mostrasen el testamento -de nuestro padre Adan, si les dejó á ellos solamente por herederos y -señores de aquellas tierras que habian tomado entre ellos dos, sin -dalle á él ninguna dellas, é que por esta causa era lícito robar y -tomar todo lo que pudiese por la mar; y luego tornó á mandar á Juan -Florin que volviese con otra armada á buscar la vida por la mar; y de -aquel viaje que volvió, ya que llevaba otra gran presa de todas ropas -entre Castilla y las islas de Canaria, dió con tres ó cuatro navíos -recios y de<span class="pagenum" id="Page_448">p. 448</span> armada, -vizcainos, y los unos por una parte y los otros por otra embisten con -el Juan Florin, y le rompen y desbaratan, y préndenle á él y á otros -muchos franceses, y les tomaron sus navíos y ropa, y á Juan Florin y á -otros capitanes llevaron presos á Sevilla á la casa de la contratacion, -y los enviaron presos á su majestad; y despues que lo supo, mandó que -en el camino hiciesen justicia dellos, y en el puerto del Pico los -ahorcaron; y en esto paró nuestro oro y capitanes que lo llevaban, y el -Juan Florin que lo robó.</p> - -<p>Pues volvamos á nuestra relacion, y es, que llevaron á Francia preso -á Alonso de Ávila, y le metieron en una fortaleza, creyendo haber dél -gran rescate, porque, como llevaba tanto oro á su cargo, guardábanle -bien; y el Alonso de Ávila tuvo tales maneras y concierto con el -caballero frances que lo tenia á cargo ó le tenia por prisionero, -que para que en Castilla supiesen de la manera que estaba preso y le -viniesen á rescatar, dijo que fuesen por la posta todas las cartas -y poderes que llevaba de la Nueva-España, y que todas se diesen en -la córte de su majestad al licenciado Nuñez, primo de Cortés, que -era relator del Real Consejo, ó á Martin Cortés, padre del mismo -Cortés, que vivia en Medellin, ó á Diego de Ordás, que estaba en la -córte; y fueron á todo buen recaudo, que las hubieron á su poder, y -luego las despacharon para Flandes á su majestad, porque al Obispo de -Búrgos no le dieron cuenta ni relacion dello, y<span class="pagenum" -id="Page_449">p. 449</span> todavía lo alcanzó á saber el Obispo de -Búrgos, y dijo que se holgaba que se hubiese perdido y robado todo el -oro.</p> - -<p>Dejemos al Obispo, y vamos á su majestad, que, como luego lo supo, -dijeron, quien lo vió y entendió, que hubo algun sentimiento de la -pérdida del oro, y de otra parte se alegró viendo que tanta riqueza le -enviaban, é que sintiese el Rey de Francia que con aquellos presentes -que le enviábamos que le podria dar guerra; y luego envió á mandar al -Obispo de Búrgos que en lo que tocaba á Cortés é á la Nueva-España, -que en todo le diese favor y ayuda, y que presto vendria á Castilla -y entenderia en ver la justicia de los pleitos y contiendas de Diego -Velazquez y Cortés.</p> - -<p>Y dejemos esto y digamos luego cómo supimos en la Nueva-España la -pérdida del oro y riquezas de la recámara y prision de Alonso de Ávila, -y todo lo demás aquí por mí memorado, y tuvimos dello gran sentimiento, -y luego Cortés con brevedad procuró de haber é llegar todo el más oro -que pudo recoger, y de hacer un tiro de oro bajo y de plata de lo que -habian traido de Mechoacan, para enviar á su majestad, y llamóse el -tiro Fénix.</p> - -<p>Y tambien quiero decir que siempre estuvo el pueblo de Guatitlan, -que dió Cortés á Alonso de Ávila, por el mismo Alonso de Ávila, porque -en aquella sazon no le tuvo su hermano Gil Gonzalez de Benavides, hasta -más de tres años adelante, que el Gil Gonzalez vino de la isla de Cuba, -é ya el Alon<span class="pagenum" id="Page_450">p. 450</span>so de -Ávila estaba suelto de la prision de Francia y habia venido á Yucatan -por contador; y entónces dió poder al hermano para que se sirviese dél, -porque jamás se le quiso traspasar.</p> - -<p>Dejémonos de cuentos viejos, que no hacen á nuestra relacion, -y digamos todo lo que acaeció á Gonzalo de Sandoval y á los demás -capitanes que Cortés habia enviado á poblar las provincias por mí -ya nombradas, y entre tanto acabó Cortés de mandar forjar el tiro é -allegar el oro para enviar á su majestad.</p> - -<p>Bien sé que dirán algunos curiosos letores que por qué, cuando -envió Cortés á Pedro de Albarado y á Gonzalo de Sandoval y los demás -capitanes á las conquistas y pacificaciones ya por mí nombradas, no -concluí con ellos en esta mi relacion lo que habian hecho en ellas, y -en lo que en las jornadas á cada uno ha acaecido, y lo vuelvo ahora -á recitar, que es volver muy atrás de nuestra relacion; y las causas -que agora doy á ello es que, como iban camino de sus provincias á -las conquistas, y en aquel instante llegó al puerto de la Villa-Rica -el Cristóbal de Tapia, otras muchas veces por mí nombrado, que venia -para ser gobernador de la Nueva-España; y para consultar Cortés lo que -sobre el caso se podria hacer, é tener ayuda y favor dellos, como Pedro -de Albarado é Gonzalo de Sandoval eran tan experimentados capitanes -y de buenos consejos, envió por la posta á los llamar, y dejaron -sus conquistas é pacificaciones suspensas,<span class="pagenum" -id="Page_451">p. 451</span> é como he dicho, vinieron al negocio de -Cristóbal de Tapia, que era más importante para el servicio de su -majestad, porque se tuvo por cierto que si el Tapia se quedara para -gobernar, que la Nueva-España y Méjico se levantaran otra vez; y en -aquel instante tambien vino Cristóbal de Olí de Mechoacan, como era -cerca de Méjico, y la halló de paz, y le dieron mucho oro y plata; -y como era recien casado, y la mujer moza y hermosa, apresuró su -venida.</p> - -<p>Y luego, tras esto de Tapia, aconteció el levantamiento de Pánuco, -y fué Cortés á lo pacificar, como dicho tengo en el capítulo que dello -habla, y tambien para escribir á su majestad, como escribimos, y enviar -el oro y dar poder á nuestros capitanes y procuradores por mí ya -nombrados; y por estos estorbos, que fueron los unos tras los otros, lo -torno aquí á traer á la memoria, y es desta manera que diré.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_160"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLX.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO GONZALO DE SANDOVAL LLEGÓ CON SU EJÉRCITO Á UN - PUEBLO QUE SE DICE TUSTEPEQUE, Y LO QUE ALLÍ HIZO, Y DESPUES PASÓ Á - GUACACUALCO, Y TODO LO MÁS QUE LE AVINO.</p> -</div> - -<p>Llegado Gonzalo de Sandoval á un pueblo que se dice Tustepeque, toda -la provincia le vino de paz, excepto unos capitanes mejicanos que<span -class="pagenum" id="Page_452">p. 452</span> fueron en la muerte de -sesenta españoles y mujeres de Castilla que se habian quedado malos en -aquel pueblo cuando vino Narvaez, y era en el tiempo que en Méjico nos -desbarataron; entónces los mataron en el mismo pueblo; é dende obra de -dos meses que hubieron muerto los por mí dichos, porque entónces fuí -con Sandoval, yo posé en una como torrecilla, que era adoratorio de -ídolos, á donde se habian hecho fuertes cuando les daban guerra, y allí -los cercaron, y de hambre y de sed y de heridas les acabaron las vidas; -y digo que posé en aquella torrecilla á causa que habia en aquel pueblo -de Tustepeque muchos mosquitos de dia, é como está muy alto é con el -aire no habia tantos mosquitos como abajo, y tambien por estar cerca -del aposento donde posaba el Sandoval.</p> - -<p>Y volviendo á nuestra plática, procuró el Sandoval de prender á -los capitanes mejicanos que les dieron la guerra y les mataron los -sesenta soldados que dicho tengo, y prendió el más principal dellos -y hizo justicia, y por justicia lo mandó quemar; otros muchos habia -juntamente con él que merecian pena de muerte, y disimuló con ellos, -y aquel pagó por todos; y cuando fué hecho envió á llamar de paz unos -pueblos zapotecas, que es otra provincia que estará obra de diez leguas -de aquel pueblo de Tustepeque, y no quisieron venir, y envió á ellos -para los traer de paz á un capitan que se decia Briones (otras muchas -veces ya lo he nombrado), que fué capitan de bergantines y<span -class="pagenum" id="Page_453">p. 453</span> habia sido buen soldado en -Italia, segun él decia, y le dió sobre cien soldados, y entre ellos -treinta ballesteros y escopeteros y más de cien amigos de los pueblos -que habian venido de paz; é yendo que iba el Briones con sus soldados -y con buen concierto, pareció ser los zapotecas supieron que iba á sus -pueblos, y échanle una celada en el camino, que le hicieron volver -más que de paso rodando unas cuestas y laderas abajo, y le hirieron -más de la tercia parte de los soldados que llevaba, é murió uno de -las heridas, porque aquellas sierras donde están poblados aquellos -zapotecas son tan agras y malas, que no pueden ir por ellas caballos, -y los soldados habian de ir á pié por unas sendas muy angostas, por -contadero, uno á uno siempre; hay neblinas y rocios y resbalaban en -los caminos; y tienen por armas unas lanzas muy largas, mayores que -las nuestras, con una braza de cuchilla de navajas de pedernal, que -cortan más que nuestras espadas, é unas pavesinas, que se cubren con -ellas todo el cuerpo, y mucha flecha y vara y piedra, y los naturales -muy sueltos y cenceños á maravilla, y con un silbo ó voz que dan entre -aquellas sierras resuena y retumba la voz por un buen rato, digamos -ahora como ecos.</p> - -<p>Por manera que se volvió el capitan Briones con su gente herida, -y aun él tambien trujo un flechazo; llámase aquel pueblo que le -desbarató Tiltepeque; y despues que vino de paz el mismo pueblo, se -dió en encomienda á un soldado<span class="pagenum" id="Page_454">p. -454</span> que se dice Ojeda el tuerto, que ahora vive en la villa de -San Ildefonso.</p> - -<p>Pues cuando el Briones volvió á dar cuenta al Sandoval de lo que -le habia acaecido, y se lo contaba cómo eran grandes guerreros, y el -Sandoval era de buena condicion, y el Briones se tenia por muy como -valiente, y solia decir que en Italia habia muerto y herido y hendido -cabezas y cuerpos de hombres, le decia el Sandoval:</p> - -<p>—«¿Parécele, señor capitan, que son estas tierras otras que las -donde anduvo militando?»</p> - -<p>Y el Briones respondió medio enojado, y dijo que juraba á tal que -más quisiera batallar contra tiros y grandes ejércitos de contrarios, -así de turcos como de moros, que no con aquellos zapotecas, y daba -razones para ello que parecia que cuadraban; y todavía el Sandoval le -dijo que no quisiera haberle enviado, pues así fué desbaratado, que -creyó que pusiera otras fuerzas como él se alababa que habia hecho en -Italia, porque este Briones habia poco tiempo que vino de Castilla; y -le dijo el Sandoval:</p> - -<p>—«¿Qué dirán ahora los zapotecas, que no somos tan varones como -creian que éramos?»</p> - -<p>Dejemos de esta entrada, pues no aprovechó, ántes dañó, y digamos -cómo el mismo Gonzalo de Sandoval envió á llamar de paz á otra -provincia que se dice Xaltepeque, que tambien eran zapotecas, que -confinan con otra provincia y pueblos, que se decian los minxes, -gentes muy sueltas y guerreros, que tenian diferencias con los de -Xaltepeque, que ahora, como digo, son los que en<span class="pagenum" -id="Page_455">p. 455</span>viaba á llamar, y vinieron de paz obra de -veinte caciques y principales, y trajeron un presente de oro en grano, -que entónces habian sacado de las minas en diez cañutillos y joyas de -muchas hechuras, y traian vestidas aquellos principales unas ropas de -algodon muy largas que les daban hasta los piés, con muchas labores -en ellas labradas, y eran digamos ahora á la manera de albornoces -moriscos; y como vinieron delante el Sandoval, con mucho acato se lo -presentaron, y lo recibió con alegría, y les mandó dar cuentas de -Castilla, y les hizo honra y halagos, y le mandaron al Sandoval que -les diese algunos teules, que en su lengua así nos llamaban á los -españoles, para ir juntamente con ellos contra los pueblos de los -minxes, sus contrarios, que les daban guerra; y el Sandoval, como no -tenia soldados en aquella sazon para les dar ayuda, como la demandaban, -porque los que llevó el Briones estaban todos heridos, y otros habian -adolecido, é cuatro muertos, por ser la tierra muy calurosa é doliente, -con buenas palabras les dijo que él enviaria á Méjico á decir á -Malinche, que así decian á Cortés, que les enviase muchos teules, é -que se reportasen hasta que viniesen, y que entre tanto, que irian -con ellos diez de sus compañeros para ver los pasos y tierra, para -ir á dar guerra á sus contrarios los minxes; y esto no lo decia el -Sandoval sino para que viésemos los pueblos y minas donde sacaban el -oro que trajeron; y desta ma<span class="pagenum" id="Page_456">p. -456</span>nera los despidió, excepto á tres dellos, que mandó que -quedasen para ir con nosotros; y luego despachó para ir á ver los -pueblos y minas, como he dicho, á un soldado que se decia Alonso del -Castillo el de lo pensado; y me mandó el Sandoval que yo fuese con él, -y otros seis soldados, y que mirásemos muy bien las minas y la manera -de los pueblos.</p> - -<p>Quiero decir por qué se llamaba aquel capitan que iba con nosotros -por caudillo Castillo el de lo pensado, y es por esta causa que -diré.</p> - -<p>En la capitanía del Sandoval habia tres soldados que tenian por -renombre Castillos: el uno dellos era muy galan, y preciábase dello -en aquella sazon, que era yo, y á esta su causa me llamaban Castillo -el Galan; los otros dos Castillos, el uno dellos era de tal calidad, -que siempre estaba pensativo, y cuando hablaban con él se paraba mucho -más á pensar lo que habia de decir, y cuando respondia ó hablaba era -un descuido ó cosas que teniamos que reir, y por esto le llamábamos -Castillo de los pensamientos; y el otro era Alonso del Castillo, -que ahora iba con nosotros, que de repente decia cualquiera cosa, y -respondia muy á propósito de lo que preguntaban, y se decia Castillo el -de lo pensado.</p> - -<p>Dejemos de contar donaires, y volvamos á decir cómo fuimos á -aquella provincia á ver las minas, y llevamos muchos indios de los de -aquellos pueblos, y con unas como hechuras de bateas lavaron en tres -rios delante de nosotros, y en todos tres saca<span class="pagenum" -id="Page_457">p. 457</span>ron oro, é hincheron cuatro cañutillos -dello, que era cada uno del tamaño de un dedo de la mano, el de en -medio, y eran poco ménos que cañones de patos de Castilla, y con -aquella muestra de oro volvimos donde estaba el Gonzalo de Sandoval, y -se holgó, creyendo que la tierra era rica; y luego entendió en hacer -los repartimientos de aquellos pueblos y provincia á los vecinos que -habian de quedar allí poblados; y tomó para sí unos pueblos que se -dicen Guazpaltepeque, que en aquel tiempo era la mejor cosa que habia -en aquella provincia muy cerca de las minas, y aun le dieron luego -sobre quince mil pesos de oro, creyendo que tomaba una muy buena cosa; -y la provincia de Xaltepeque, donde trajimos el oro, depositó en el -capitan Luis Marin, que le daba un condado, y todos salieron muy -malos repartimientos, así lo que tomó el Sandoval como lo que dió á -Luis Marin, y aun á mí me mandaba quedar en aquella provincia, y me -daba muy buenos indios y de mucha renta, que pluguiera á Dios que los -tomara, que se dice Meldatan y Orizaba, donde está ahora el ingenio -del Virey, y otro pueblo que se dice Ozotequipa, y no los quise, por -parecerme que si no iba en compañía del Sandoval, teniéndole por amigo, -que no hacia lo que convenia á la calidad de mi persona; y el Sandoval -verdaderamente conoció mi voluntad, y por hallarme con él en las -guerras, si las hubiese adelante, lo hice.</p> - -<p>Dejemos desto, y diga<span class="pagenum" id="Page_458">p. -458</span>mos que nombró á la villa que pobló Medellin, porque así -le fué mandado por Cortés, porque el Cortés nació en Medellin de -Extremadura; y era en aquella sazon el puerto un rio que se dice -Chalchocueca, que es el que hubimos puesto por nombre rio de Banderas, -donde se rescataron los diez y seis mil pesos; y por aquel rio venian -las barcas con la mercadería que venia de Castilla hasta que se mudó á -la Veracruz.</p> - -<p>Dejemos desto, é vamos camino de Guacacualco, que será de la -villa de la Veracruz, que dejamos poblada, obra de sesenta leguas, y -entramos en una provincia que se dice Citla, la más fresca y llena de -bastimentos y bien poblada que habiamos visto, y luego vino de paz; -y es aquella provincia que he dicho de doce leguas de largo y otras -tantas de ancho, muy poblado todo.</p> - -<p>Y llegamos al gran rio de Guacacualco, y enviamos á llamar los -caciques de aquellos pueblos, que era cabecera de aquellas provincias, -y estuvieron tres dias que no vinieron ni enviaban respuesta; por lo -cual creimos que estaban de guerra, y aun así lo tenian consultado, -que no nos dejasen pasar el rio; y despues tomaron acuerdo de venir de -ahí á cinco dias, y trajeron de comer y unas joyas de oro muy fino, -y dijeron que cuando quisiésemos pasar, que ellos traerian muchas -canoas grandes; y Sandoval se lo agradeció mucho, y tomó consejo con -algunos de nosotros si nos atreveriamos á pasar todos juntos de una -vez en todas las canoas; y lo<span class="pagenum" id="Page_459">p. -459</span> que nos pareció y aconsejamos, que primero pasasen cuatro -soldados y viesen la manera que habia en un pueblezuelo que estaba -junto al rio, y que mirasen y procurasen de inquirir y saber si estaban -de guerra, y ántes que pasásemos tuviésemos con nosotros el cacique -mayor, que se dice Tochel; y así, fueron los cuatro soldados y vieron -todo á lo que les enviábamos, y se volvieron con relacion á Sandoval -como todo estaba de paz, y aun vino con ellos el hijo del mismo cacique -Tochel, que así se decia, y trujo otro presente de oro, aunque no de -mucha valía.</p> - -<p>Entónces le halagó el Sandoval, y le mandó que trujesen cien canoas -atadas de dos en dos, y pasamos los caballos un dia despues de pascua -de Espíritu Santo; y por acortar de palabras, volvamos en el pueblo -que estaba junto al rio abajo, y pusímosle por nombre la villa del -Espíritu Santo, é pusimos aquel sublimado nombre, lo uno, que en pascua -de Espíritu Santo desbaratamos á Narvaez, y lo otro, porque aquel santo -nombre fué nuestro apellido cuando le prendimos y desbaratamos, lo otro -por pasar aquel rio aquel mismo dia, y porque todas aquellas tierras -vinieron de paz sin dar guerra, y allí poblamos toda la flor de los -caballeros y soldados que habiamos salido de Méjico á poblar con el -Sandoval, y el mismo Sandoval, y Luis Marin, y un Diego de Godoy, y -el capitan Francisco de Medin, y Francisco Marmolejo, y Francisco de -Lugo, y Juan Lopez de Aguirre,<span class="pagenum" id="Page_460">p. -460</span> y Hernando de Montes de Oca, y Juan de Salamanca, y Diego -de Azamar, y un Mantilla, y otro soldado que se decia Mejía Rapapelo, -y Alonso de Grado, y el licenciado Ledesma, y Luis de Bustamante, y -Pedro Castellar, y el capitan Briones, é yo y otros muchos caballeros -é personas de calidad, que si los hubiese aquí de nombrar á todos, es -no acabar tan presto; mas tengan por cierto que soliamos salir á la -plaza á un regocijo é alarde sobre ochenta de á caballo, que eran más -entónces aquellos ochenta que ahora quinientos; y la causa es esta, -que no habia caballos en la Nueva-España, sino pocos y caros, y no los -alcanzaban á comprar sino cual ó cual.</p> - -<p>Dejemos desto, y diré cómo repartió Sandoval aquellas provincias y -pueblos en nosotros, despues de las haber enviado á visitar é hacer la -division de la tierra y ver las calidades de todas las poblaciones; y -fueron las provincias que repartió lo que ahora diré.</p> - -<p>Primeramente á Guacacualco, Guazpaltepeque é Tepeca é Crinanta é los -zapotecas; é de la otra parte del rio la provincia de Copilco é Cimatan -y Tabasco y las sierras de Cachula, todos los zoqueschas, Tacheapa é -Cinacantan é todos los quilenes, y Papanachasta; y estos pueblos que -he dicho teniamos todos los vecinos que en aquella villa quedamos -poblados en repartimiento, que valiera más que allí yo no me quedara, -segun despues sucedió, la tierra pobre y muchos pleitos que<span -class="pagenum" id="Page_461">p. 461</span> trujimos con tres villas -que despues se poblaron: la una fué la villa rica de la Veracruz, sobre -Guazpaltepeque y Chinanta y Tepeca; la otra con la villa de Tabasco, -sobre Cimatan y Copilco; la otra con Chiapa, sobre los quilenes y -zoques; la otra con Santo Ildefonso, sobre los zapotecas; porque todas -estas villas se poblaron despues que nosotros poblamos á Guacacualco, y -á nos dejar todos los términos que teniamos, fuéramos ricos; y la causa -porque se poblaron estas villas que he dicho fué, que envió á mandar -su majestad que todos los pueblos de indios más cercanos y en comarca -de cada villa le señaló términos; por manera que de todas partes nos -cortaron las faldas, y nos quedamos en blanco, y á esta causa el tiempo -andando, se fué despoblando Guacacualco; y con haber sido la mejor -poblacion y de generosos conquistadores que hubo en la Nueva-España, es -ahora una villa de pocos vecinos.</p> - -<p>Volvamos á nuestra relacion; y es, que estando Sandoval entendiendo -en la poblacion de aquella villa y llamando otras provincias de paz, -le vinieron cartas cómo habia entrado un navío en el rio de Aguayalco, -que es puerto, aunque no bueno, que estaba de allí quince leguas, y en -él venia de la isla de Cuba la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda, -que así tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, y la traia un su -hermano Juan Xuarez, el vecino que fué, el tiempo andando, de Méjico, -y la<span class="pagenum" id="Page_462">p. 462</span> Zambrana y sus -hijos de Villegas, de Méjico, y sus hijas, y aun la abuela y otras -muchas señoras casadas; y aun me parece que entónces vino Elvira Lopez -la Larga, mujer que entónces era de Juan de Palma; el cual Palma vino -con nosotros, que murió ahorcado, que despues esta Elvira fué mujer -de un Arguera; y tambien vino Antonio Dios Dado, el vecino que fué -de Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no se me acuerdan sus -nombres.</p> - -<p>Y como el Gonzalo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, con -todos los más capitanes y soldados, fuimos por aquellas señoras y por -todas las más que traia en su compañía.</p> - -<p>É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir -por los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos, -que salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal -tiempo, por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto -de Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su -compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas -señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber -el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego -camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y -Francisco de Lugo y otros caballeros.</p> - -<p>Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su -venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y -en todos los pueblos les ha<span class="pagenum" id="Page_463">p. -463</span>cian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, y en aquella -ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de tres meses -que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de asma.</p> - -<p>Y digamos de lo que le acaeció á Villafuerte, el que fué á poblar -á Zacatula, y á un Juan Álvarez Chico, que tambien fué á Colima; y -al Villafuerte le dieron mucha guerra y le mataron ciertos soldados, -y estaba la tierra levantada, que no les querian obedecer ni dar -tributos, y al Juan Álvarez Chico ni más ni ménos; y como lo supo -Cortés, le pesó dello: y como Cristóbal de Olí habia venido de lo -de Mechoacan, y venia rico y la habia dejado en paz, y le pareció á -Cortés que tenia buena mano para ir á asegurar y pacificar aquellas -dos provincias de Zacatula y Colima, acordó de le enviar por capitan, -y le dió quince de á caballo y treinta escopeteros y ballesteros; é -yendo por su camino, ya que llegaba cabe Zacatula, le aguardaron los -naturales de aquella provincia muy gentilmente á un mal paso, y le -mataron dos soldados y le hirieron quince, é todavía les venció, y fué -á la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos que en ella estaban -poblados, que no osaban ir á los pueblos que tenian en encomienda, -porque no los acapillasen; y le habian muerto cuatro vecinos en sus -mismos pueblos, porque comunmente en todas las provincias y villas que -se pueblan, á las principales les dan encomenderos, y cuando les piden -tributos se alzan y matan los<span class="pagenum" id="Page_464">p. -464</span> españoles que pueden; pues cuando el Cristóbal de Olí vió -que ya tenia apaciguada aquella provincia y le habian venido de paz, -fué desde Zacatula á Colima, y hallóla de guerra, y tuvo con los -naturales della ciertos reencuentros y le hirieron muchos soldados, y -al fin los desbarató y quedaron de paz.</p> - -<p>El Juan Álvarez Chico, que habia ido por capitan no sé qué se hizo -dél; paréceme que murió en aquella guerra.</p> - -<p>Pues como el Cristóbal de Olí hubo pacificado á Colima y le pareció -que estaba de paz, como era casado con una portuguesa hermosa, que -ya he dicho que se decia doña Felipa de Araujo, dió la vuelta para -Méjico, y no se hubo bien vuelto, cuando se tornó á levantar lo de -Colima y Zacatula; y en aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo -de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarez Marcayda y con el Juan -Xuarez y todas sus compañías, como ya otra vez dicho tengo en el -capítulo que dello habla; acordó Cortés de enviarle por capitan para -apaciguar aquellas provincias y con muy pocos de á caballo que entónces -le dió y obra de quince ballesteros y escopeteros, conquistadores -viejos, fué á Colima y castigó á dos caciques, y tal maña se dió, que -toda la tierra dejó muy de paz y nunca más se levantó, y se volvió por -Zacatula é hizo lo mismo, y de presto se volvió á Méjico.</p> - -<p>Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo luego que se partió Gonzalo -de Sandoval para Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se<span -class="pagenum" id="Page_465">p. 465</span> nos rebelaron todas las más -provincias de las que estaban encomendadas á los vecinos, é tuvimos muy -gran trabajo en las tornar á pacificar; y la primera que se levantó fué -Xaltepeque, zapotecas, que estaban poblados en altas y malas sierras, y -tras esto se levantó lo de Cimatan y Copilco, que estaban entre grandes -rios y ciénagas, y se levantaron otras provincias, y aun hasta doce -leguas de la villa hubo pueblos que mataron á su encomendero, y lo -andábamos pacificando con muy grandes trabajos.</p> - -<p>Y estando que estábamos en una entrada con el capitan Luis Marin -é un alcalde ordinario y todos los regidores de nuestra villa, -viniéronnos cartas que habia venido al puerto un navío, y que en él -venia Juan Bono de Quexo, vizcaino, é que habia subido el rio arriba -con el navío, que era pequeño, hasta la villa, é que decia que traia -cartas é provisiones de su majestad para nos notificar que luego -fuésemos á la villa é dejásemos la pacificacion de la provincia; y como -aquella nueva supimos, y estábamos con el teniente Luis Marin, así -alcaldes y regidores fuimos á ver qué queria.</p> - -<p>Y despues de nos abrazar y dar el parabien-venidos los unos y los -otros, porque el Juan Bono era muy conocido de cuando vino con Narvaez, -dijo que nos pedia por merced que nos juntásemos en cabildo que nos -queria notificar ciertas provisiones de su majestad y de D. Juan -Rodriguez de<span class="pagenum" id="Page_466">p. 466</span> Fonseca, -Obispo de Búrgos; que traia muchas cartas para todos.</p> - -<p>Y segun pareció, traia el Juan Bono cartas en blanco con la firma -del Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar en la pacificacion -donde estábamos, se informó el Juan Bono quién éramos los regidores, -y las cartas que traia en blanco escribió en ellas palabras de -ofrecimientos que el Obispo nos enviaba si dábamos la tierra á -Cristóbal de Tapia, que el Juan Bono no creyó que era vuelto para -la isla de Santo Domingo; y el Obispo tenia por cierto que no le -recebiriamos, é á aquel efeto envió á Juan Bono con aquellos recaudos; -é traia para mí, como regidor, una carta del mismo Obispo, que escribió -el Juan Bono.</p> - -<p>Pues ya que habiamos entrado en cabildo y vimos sus despachos -y provisiones, que nunca nos habia querido decir lo que era hasta -entónces, de presto le despachamos con decir que ya el Tapia era vuelto -á Castilla, é que fuese á Méjico, adonde estaba Cortés, é allá le diria -lo que le conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, que el Tapia -no estaba en la tierra, se puso muy triste, y otro dia se embarcó, é -fué á la Villa-Rica, é desde allí á Méjico, y lo que allá pasó yo no lo -sé; salvo que oí decir que Cortés le ayudó para la costa y se volvió á -Castilla.</p> - -<p>Y dejemos de contar más cosas, que habia bien que decir cómo siempre -que en aquella villa estuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquistas -de las provincias que se habian levantado;<span class="pagenum" -id="Page_467">p. 467</span> y volvamos á decir de Pedro de Albarado -cómo le fué en lo de Tutepeque y en su poblacion.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_161"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO PEDRO DE ALBARADO FUÉ Á TUTEPEQUE Á POBLAR UNA - VILLA, Y LO QUE EN LA PACIFICACION DE AQUELLA PROVINCIA Y POBLAR LA - VILLA LE ACAECIÓ.</p> -</div> - -<p>Es menester que volvamos algo atrás para dar relacion de esta ida -que fué Pedro de Albarado á poblar á Tutepeque; y es así, que como se -ganó la ciudad de Méjico, y se supo en todas las comarcas y provincias -que una ciudad tan fuerte estaba por el suelo, enviaban á dar el -parabien de la vitoria á Cortés, y á ofrecerse por vasallos de su -majestad; y entre muchos grandes pueblos que en aquel tiempo vinieron, -fué uno que se dice Tutepeque, zapotecas, y trajeron un presente de -oro á Cortés, y dijéronle que estaban otros pueblos algo apartados -que se decian Tutepeque, muy enemigos suyos, é que les venian á dar -guerra porque habian enviado los de Guantepeque á dar la obediencia -á su majestad, y que estaban en la costa del sur, y que era gente -muy rica, así de oro que te<span class="pagenum" id="Page_468">p. -468</span>nian en joyas, como de minas; y le demandaron á Cortés con -mucha importunacion les diesen hombres de á caballo y escopeteros -y ballesteros para ir contra sus enemigos; é Cortés les habló muy -amorosamente, y les dijo que queria enviar con ellos al Tonatio, que -así le llamaban al Pedro de Albarado; y dijo á fray Bartolomé que fuese -con Albarado, y luego le dió sobre ciento y ochenta soldados, y entre -ellos treinta y cinco de á caballo, y le mandó que en la provincia de -Guaxaca, donde estaba un Francisco de Orozco por capitan, pues estaba -de paz aquella provincia, que le demandase otros veinte soldados, y los -más dellos ballesteros.</p> - -<p>Y así como le fué mandado, ordenó su partida, y salió de Méjico el -año de 22; é mandóle Cortés que luego fuese é viese ciertos peñoles que -decian que estaban alzados, y entónces todo lo halló de paz y de buena -voluntad, y tardó más de cuarenta dias en llegar á Tutepeque; y el -señor dél y todos los principales, desque supieron que estaban ya cerca -de su pueblo, le salieron á recebir de paz, y les llevaron á aposentar -en lo más poblado del pueblo, adonde el cacique tenia sus adoratorios -y sus grandes aposentos, y estaban las casas muy juntas unas de otras -y son de paja; porque en aquella provincia no tenian azuteas, porque -es tierra muy caliente; y dijo fray Bartolomé á Albarado, con sus -capitanes y soldados, que no era bien aposentarse en aquellas casas tan -juntas unas de otras,<span class="pagenum" id="Page_469">p. 469</span> -porque si ponian fuego no se podrian valer; y parecióle bien el consejo -á Albarado, y fué acordado que se fuesen en cabo del pueblo; y como fué -aposentado, el cacique le llevó muy grandes presentes de oro y bien -de comer, y cada dia que allí estuvieron le llevó presentes muy ricos -de oro; y como el Albarado vido que tanto oro tenian, le mandó hacer -unas estriberas de oro fino, de la manera de otras que le dió para que -por ellas las hiciese, y se las trajeron hechas; y dende á pocos dias -echó preso al cacique porque le dijeron los de Teguantepeque al Pedro -de Albarado que le queria dar guerra toda aquella provincia, é que -cuando le aposentaron entre aquellas casas donde estaban los ídolos y -aposentos, que era por les quemar é que allí muriesen todos; y á esta -causa le echó preso.</p> - -<p>Otros españoles de fe y de creer dijeron que por sacalle mucho oro, -é sin justicia murió en las prisiones; ahora sea lo uno ó lo otro, -aquel cacique dió á Pedro de Albarado más de treinta mil pesos, y -murió de enojo y de la prision; y aunque fray Bartolomé de Olmedo le -animaba y consolaba, no bastó para que no se muriese encorajado y de -pesar; é quedó á un su hijo el cacicazgo, y le sacó Albarado mucho más -oro que al padre; y luego envió á visitar los pueblos de la comarca, -y los repartió entre los vecinos, y pobló una villa que se puso por -nombre Segura, porque los más vecinos que allí poblaron habian sido de -ántes vecinos de Segura de la<span class="pagenum" id="Page_470">p. -470</span> Frontera, que era Tepeaca.</p> - -<p>Y como esto tuvo hecho, y tenia ya llegado buena suma de pesos -de oro, y se lo llevaba á Méjico para dar á Cortés; y tambien le -dijeron que Cortés le escribió que todo el oro que pudiese haber, que -lo trajese consigo para enviar á su majestad, por causa que habian -robado los franceses lo que habian enviado con Alonso de Ávila é -Quiñones, é que no diese parte ninguna dello á ningun soldado de los -que tenia en su compañía; é ya que el Albarado queria partir para -Méjico, tenian hecha ciertos soldados una conjuracion, y los más dellos -ballesteros y escopeteros, de matar otro dia á Pedro de Albarado y á -sus hermanos porque les llevaban el oro sin dar partes, y aunque se las -pedian muchas veces, no se lo quiso dar, y porque no les daba buenos -repartimientos de indios; y esta conjuracion, si no se lo descubriera á -fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia Trebejo, que era en la -misma trama, aquella noche que venia habian de dar en ellos; y como el -Albarado lo supo del fraile, que se lo dijo á hora de vísperas, yendo á -caballo á caza por unas cabañas, é iban en su compañía á caballo de los -que entraban en la conjuracion, para disimular con ellos dijo:</p> - -<p>—«Señores, á mí me ha dado dolor de costado; volvamos á los -aposentos, y llámenme un barbero que me haga sangre.»</p> - -<p>Y como volvió, envió á llamar á sus hermanos Jorge y Gonzalo Gomez, -todos Albarados, é á los alcaldes y algua<span class="pagenum" -id="Page_471">p. 471</span>ciles, y prenden los que eran en la -conjuracion, y por justicia ahorcaron á dos dellos, que se decia el -uno Fulano de Salamanca, natural del Condado, que habia sido piloto, -é á otro que se decia Bernardo Levantisco, y murieron como buenos -cristianos, que el fray Bartolomé trabajó mucho con ellos; y con estos -dos apaciguó los demás, y luego se fué para Méjico con todo el oro, -y dejó poblada la villa; y cuando los vecinos que en ella quedaron -vieron que los repartimientos que les daban no eran buenos, y la -tierra doliente y muy calurosa, é habian adolecido muchos dellos, -é las naborías é esclavos que llevaban se les habian muerto, y aun -muchos murciélagos y mosquitos y aun chinches, y sobre todo, que el -oro no lo repartió el Albarado entre ellos y se lo llevó, acordaron de -quitarse de mal ruido y despoblar la villa, y muchos dellos se vinieron -á Méjico y otros á Guaxaca é á Guatimala, y se derramaron por otras -partes; y cuando Cortés lo supo, envió á hacer pesquisa sobre ello, -y hallóse que por los alcaldes y regidores en el cabildo se concertó -que se despoblasen, y sentenciaron á los que fueron en ello á pena de -muerte; mas el fray Bartolomé pidió á Cortés que no los ahorcase, y -eso con mucho ahinco; y así, fué despues la pena un destierro; y desta -manera sucedió en lo de Tutepeque, que jamás nunca se pobló, y aunque -era tierra rica, por ser doliente; y como los naturales de aquella -tierra vieron esto, que se ha<span class="pagenum" id="Page_472">p. -472</span>bia despoblado, é la crueldad que Pedro de Albarado habia -hecho sin causa ni justicia ninguna, se tornó á rebelar, y volvió á -ellos el Pedro de Albarado y los llamó de paz, y sin dalle guerra -volvieron á estar de paz.</p> - -<p>Dejemos esto, é digamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre -ochenta mil pesos de oro para enviar á su majestad, y el tiro Fénix -forjado, vino en aquella sazon nueva cómo habia venido á Pánuco -Francisco de Garay con grande armada; y lo que sobre ello se hizo diré -adelante.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_162"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXII.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMÁICA CON GRANDE - ARMADA PARA PÁNUCO, Y LO QUE LE ACONTECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUE - PASARON.</p> -</div> - -<p>Como he dicho en otro capítulo que habla de Francisco de Garay, -como era gobernador en la isla de Jamáica é rico, y tuvo nueva que -habiamos descubierto muy ricas tierras cuando lo de Francisco Hernandez -de Córdoba é Juan de Grijalva, y habiamos llevado á la isla de Cuba -veinte mil pesos de oro, y los hubo Diego Velazquez, gobernador que -era de aquella isla, y que venia en aquel instante Hernando Cortés -á<span class="pagenum" id="Page_473">p. 473</span> la Nueva-España con -otra armada, tomóle gran codicia á Garay de venir á conquistar algunas -tierras, pues tenia mejor caudal que otros ningunos; y tuvo nueva -plática de un Anton de Alaminos, que fué el piloto mayor que habiamos -traido cuando lo descubrimos, cómo estaban muy ricas tierras y muy -pobladas desde el rio de Pánuco adelante, é que aquello podia enviar á -suplicar á su majestad que le hiciese merced.</p> - -<p>Y despues de bien informado el mismo Garay del piloto Alaminos y -de otros pilotos que se habian hallado juntamente con el Alaminos en -el descubrimiento, acordó enviar á su mayordomo, que se decia Juan de -Torralba, á la córte con cartas y dineros, á suplicar á los caballeros -que en aquella sazon estaban por presidente é oidores de su majestad -que le hiciesen merced de la gobernacion del rio de Pánuco, con todo -lo demás que descubriese é estuviese por poblar; y como su majestad -en aquella sazon estaba en Flandes, y estaba por presidente de Indias -don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, -que lo mandaba todo, y el licenciado Zapata y el licenciado Vargas y -el secretario Lope de Conchillos, le trajeron provisiones que fuese -adelantado y gobernador del rio de San Pedro y San Pablo, con todo lo -que descubriese; y con aquellas provisiones envió luego tres navíos con -hasta ducientos y cuarenta soldados, con muchos caballos y escopeteros -y balleste<span class="pagenum" id="Page_474">p. 474</span>ros y -bastimentos, y por capitan dellos á un Alonso Álvarez Pineda ó Pinedo, -otras veces por mí ya nombrado.</p> - -<p>Pues como hubo enviado aquella armada, ya he dicho otras veces que -los indios de Pánuco se la desbarataron, y mataron al capitan Pineda -y á todos los soldados y caballos que tenia, excepto obra de sesenta -soldados que vinieron al puerto de la Villa-Rica con un navío, y por -capitan dellos un Camargo, que se acogieron á nosotros; y tras aquellos -tres navíos, viendo el Garay que no tenia nuevas dellos, envió otros -dos navíos con muchos soldados y caballos y bastimentos, y por capitan -dellos á Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramirez, los cuales se vinieron -tambien á nuestro puerto; y como vieron que no hallaron en el rio de -Pánuco pelo ni hueso de los soldados que habia enviado Garay, salvo los -navíos quebrados, todo lo cual tengo ya dicho otra vez en mi relacion; -mas es necesario que se torne á decir desde el principio para que bien -se entienda.</p> - -<p>Pues volviendo á nuestro propósito y relacion, viendo el Francisco -de Garay que ya habia gastado muchos pesos de oro, é oyó decir de -la buena ventura de Cortés y de las grandes ciudades que habia -descubierto, y del mucho oro y joyas que habia en la tierra, tuvo -envidia y codicia, y le vino más la voluntad de venir él en persona y -traer la mayor armada que pudiese; buscó once navíos y dos bergantines, -que fueron trece velas, y allegó ciento treinta y seis de á caballo -y<span class="pagenum" id="Page_475">p. 475</span> ochocientos y -cuarenta soldados, los más ballesteros y escopeteros, y bastecióles muy -bien de todo lo que hubieron menester, que era pan cazabe é tocinos -é tasajos de vacas, que ya habia ganado vacuno; que, como era rico y -lo tenia todo de su cosecha, no le dolia el gasto; y para ser hecha -aquella armada en la isla de Jamáica, fué demasiada la gente y caballos -que allegó.</p> - -<p>Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por -San Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice -Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia -de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más -de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su -majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con -la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y -sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y -sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez, -habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á -caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros, -temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay -en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla -de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas -principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo, -que habia venido á<span class="pagenum" id="Page_476">p. 476</span> -aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por mandado de -la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay con el -licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de tener -diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que se fuese -con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y Cortés; -y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces sin dar -residencia, mas que presto seria allá en Pánuco.</p> - -<p>Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en -el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más -arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor -Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados -que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí, -sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que -Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella -nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus -soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian -como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo -perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa -Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los -navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan -que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra -costa á costa cerca de la mar, y anduvo dos<span class="pagenum" -id="Page_477">p. 477</span> dias por malos despoblados, que eran -ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde el -camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel gran -rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas.</p> - -<p>Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é -hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy -buenas.</p> - -<p>Allí en este pueblo el Garay prendió unos indios que entendian la -lengua mejicana, y halagóles y dióles camisas, envióles por mensajeros -á otros pueblos que le decian que estaban cerca, porque recibiesen de -paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pueblos, recibiéronle de -paz, diéronle muy bien de comer y muchas gallinas de la tierra é otras -aves, como á manera de ansarones, que tomaban en las lagunas; é como -muchos de los soldados que llevaba Garay iban cansados, y parece ser no -les daban de lo que los indios traian de comer, se amotinaron algunos -é se fueron á robar á los indios de aquellos pueblos por donde venian, -é estuvieron en este pueblo tres dias; otro dia fueron su camino con -guias, llegaron á un gran rio, no le podian pasar sino con canoas que -les dieron los de los pueblos de paz donde habian estado; procuraron -de pasar cada caballo á nado, y remando con cada canoa un caballo que -le llevasen del cabestro, y como eran muchos caballos y no se daban -maña, se les ahogaron cinco caballos; salen de aquel rio, dan<span -class="pagenum" id="Page_478">p. 478</span> en unas malas ciénagas, -y con mucho trabajo llegaron á tierra de Pánuco; é ya que en ella se -hallaron, creyeron tener de comer, y estaban todos los pueblos sin maíz -ni bastimentos y muy alterados, y esto fué á causa de las guerras que -Cortés con ellos habia tenido poco tiempo habia; y tambien si alguna -comida tenian, habíanlo alzado y puesto en cobro; porque, como vieron -tantos españoles y caballos, tuvieron miedo dellos y despoblaron los -pueblos, é adonde pensaba Garay reposar, tenia más trabajo; y demás -desto, como estaban despobladas las casas donde posaba, habia en ellas -muchos murciélagos é chinches é mosquitos, é todo les daba guerra; é -luego sucedió otra mala ventura, que los navíos que venian costa á -costa no habian llegado al puerto ni sabian dellos, porque en ellos -traian mucho bastimento; lo cual supieron de un español que los vino -á ver ó hallaron en un pueblo, que era de los vecinos que estaban -poblados en la villa de Santi-Estéban del Puerto, que estaba huido por -temor de la justicia por cierto delito que habia hecho; el cual les -dijo cómo estaban poblados en una villa muy cerca de allí y cómo Méjico -era muy buena tierra, é que estaban los vecinos que en ella vivian -ricos; é como oyeron los soldados que traia Garay al español, que con -él hablaron muchos, que la tierra de Méjico era buena é la de Pánuco -no era tan buena, se desmandaron y se fueron por la tierra á robar, é -íbanse á Méjico; y en<span class="pagenum" id="Page_479">p. 479</span> -aquella sazon, viendo el Garay que se le amotinaban sus soldados y no -los podia haber, envió á su capitan que se decia Diego de Ocampo á -la villa de Santi-Estéban á saber qué voluntad tenia el teniente que -estaba por Cortés que se decia Pedro de Vallejo, y aun le escribió -haciéndole saber cómo traia provisiones y recaudos de su majestad para -gobernar y ser adelantado de aquellas provincias, é cómo habia aportado -con sus navíos al rio de Palmas, é del camino é trabajos que habia -pasado; y el Vallejo hizo mucha honra al Diego de Ocampo y á los que -con él iban, y le dió buena respuesta, y les dijo que Cortés holgara -de tener tan buen vecino por gobernador, mas que le habia costado muy -caro la conquista de aquella tierra, y que su majestad le habia hecho -merced de la gobernacion, y que venga cuando quisiere con sus ejércitos -é que se le hará todo servicio, é que le pide por merced que mande á -sus soldados que no hagan sinjusticias ni robos á los indios, porque se -le han venido á quejar dos pueblos; y tras esto, muy en posta escribió -el Vallejo á Cortés, y aun le envió la carta del Garay, é hizo que -escribiese otra al mismo Diego de Ocampo, y le envió á decir que qué -mandaba que se hiciese é que de presto enviasen muchos soldados, ó -viniese Cortés en persona.</p> - -<p>Y desque Cortés vió la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é á -Pedro de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval é á un Gonzalo de Ocampo, -hermano del otro<span class="pagenum" id="Page_480">p. 480</span> -Diego de Ocampo que venia con Garay, y envió con ellos los recaudos que -tenia, cómo su majestad le habia mandado que todo lo que conquistase -tuviese en sí hasta que se averiguase la justicia entre él y Diego -Velazquez, ó se lo notificasen al Garay.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que luego como Gonzalo de Ocampo -volvió con la respuesta del Vallejo al Garay, y le pareció buena -respuesta, se vino con todo su ejército á se juntar más cerca de la -villa de Santi-Estéban del Puerto, é ya el Pedro de Vallejo tenia -concertado con los vecinos de la villa, é con aviso que tuvo de cinco -soldados que se habian ido de la villa, que eran del mismo Garay, -de los amotinados; y como estaban muy descuidados é no se velaban, -é como quedaban en un pueblo bueno é grande que se dice Nachaplan, -y los del Vallejo sabian bien la tierra, dan en la gente de Garay, -y le prenden sobre cuarenta soldados, y se los llevaron á su villa -de Santi-Estéban del Puerto, y ellos tuvieron por nueva su prision; -y la causa que dijo el Vallejo por que los prendió, era porque, sin -presentar las provisiones y recaudos que traian, andaban robando la -tierra; y viendo esto Garay, hubo gran pesar, y tornó á enviar á decir -al Vallejo que le diese sus soldados, amenazándole con la justicia de -nuestro Rey y señor; y el Vallejo respondió que cuando vea las Reales -provisiones, que las obedecerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera -mejor que cuando vino Ocampo las trajera y<span class="pagenum" -id="Page_481">p. 481</span> presentara para las cumplir, é que le -pide por merced que mande á sus soldados que no roben ni saqueen los -pueblos de su majestad; y en este instante llegaron fray Bartolomé é -Albarado, los capitanes que Cortés enviaba con los recaudos; y como -el Diego de Ocampo era en aquella sazon alcalde mayor por Cortés en -Méjico, comenzó de hacer requirimientos al Garay que no entrase en la -tierra, porque su majestad mandó que la tuviese Cortés, y en demandas y -respuestas, en que andaba el fray Bartolomé, se pasaron ciertos dias, -y entre tanto se le iban al Garay muchos soldados, que anochecian y no -amanecian en el real; y vió Garay que los capitanes de Cortés traian -mucha gente de á caballo y escopeteros, de cada dia le venian más, y -supo que de sus navíos que habia mandado venir costa á costa, se le -habian perdido dos dellos con tormenta de nortes, que es travesía, y -los demás navíos que estaban en la boca del puerto, y que el teniente -Vallejo les envió á requerir que luego se entrasen dentro en el rio, -no les viniese algun desman y tormenta como la pasada; si no, que los -ternia por corsarios que andaban á robar; y los capitanes de los navíos -respondieron que no tuviese Vallejo que entender ni mandar en ello, -que ellos estarian donde quisiesen; y en este instante el Francisco de -Garay temió la buena fortuna de Cortés; y como andaban en estos trances -el alcalde mayor Diego de Ocam<span class="pagenum" id="Page_482">p. -482</span>po, y Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval, tuvieron -pláticas secretas con los de Garay y con los capitanes que estaban en -los navíos en el puerto, y se concertaron con ellos que se entrasen -en el puerto y se diesen á Cortés; y luego un Martin de San Juan -Lepuzcuano y un Castro Mocho, maestres de navíos, se entregaron é -dieron con sus naos al teniente Vallejo por Cortés; é como los tuvo, -fué en ellos el mismo Vallejo á requerir al capitan Juan de Grijalva, -que estaba en la boca del puerto, que se entrase dentro á surgir, ó -se fuese por la mar donde quisiese; y respondióle con tirarle muchos -tiros; y luego enviaron en una barca un escribano del Rey, que se decia -Vicente Lopez, á le requerir que se entrase en el puerto, y aun llevó -cartas para el Grijalva, del Pedro de Albarado y de fray Bartolomé, -con ofertas y prometimientos que Cortés le haria mercedes; y como vió -las cartas y que todas las naos habian entrado en el rio, así hizo el -Juan de Grijalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo le dijo -que fuese preso en nombre del capitan Hernando Cortés; mas luego le -soltó á él y á cuantos estaban detenidos, á causa que le decia fray -Bartolomé:</p> - -<p>—«Hagamos nuestra cosa sin sangre, pues podemos, y serán Dios y el -César más agradados.»</p> - -<p>Y desque el Garay vió el mal recaudo que tenia, y sus soldados -huidos y amotinados, y los navíos todos al través, y los demás -estaban tomados por Cortés, si muy triste<span class="pagenum" -id="Page_483">p. 483</span> estuvo ántes que se los tomasen, más lo -estuvo despues que se vido desbaratado; y luego demandó con grandes -protestaciones que hizo á los capitanes de Cortés que le diesen sus -naos y todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y -presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por -no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y -aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora, -y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella -provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan -y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese -menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que -escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que -hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba -contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los -pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los -traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde, -que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos -decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran -obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado, -y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para -saber mandar, ni hombre de guerra.</p> - -<p>Como vió el Garay que no apro<span class="pagenum" id="Page_484">p. -484</span>vechaban pregones ni la buena diligencia que le parecia -que ponian los capitanes de Cortés en traer sus soldados, estaba -desesperado; pues viéndose desmamparado de todos, aconsejáronle los -que venian por parte de Cortés que le escribiese luego al mismo -Cortés, é que ellos serian intercesores con él para que volviese al -rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena condicion, que -le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de Albarado y el -Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió á Cortés, -dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced mandaba, que -le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio de Dios y de su -majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo ordenase de manera -que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió fray Bartolomé -y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de Sandoval, -suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay, para que en -todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian sido grandes -amigos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima del Garay, y le -respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de todos sus trabajos, -y que se venga á Méjico, que le promete que en todo lo que pudiere -ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra se remite; y -mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra y le diesen todo -lo que hubiese menester, y aun le envió al ca<span class="pagenum" -id="Page_485">p. 485</span>mino refresco; y cuando llegó á Tezcuco le -tenian hecho un banquete; y llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos -caballeros les salieron á recebir, y el Garay iba espantado de ver -tantas ciudades, y más cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego -Cortés lo llevó á sus palacios, que entónces nuevamente los hacia; y -despues que se hubieron comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus -desdichas y trabajos, encomendándole que por su mano fuese remediado; -y el mismo Cortés se le ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y -Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval le fueron buenos medianeros; -y de ahí á tres ó cuatro dias que hubo llegado, porque la amistad -suya fuese más duradera y segura, trató fray Bartolomé que se casase -una hija de Cortés, que se decia doña Catalina Cortés é Pizarro, que -era niña, con un hijo de Garay, el mayorazgo, que traia consigo en la -armada é le dejó por capitan de su armada; y Cortés vino en ello, y le -mandó en dote con doña Catalina gran cantidad de pesos de oro, y que -Garay fuese á poblar el rio de Palmas, é que Cortés le diese lo que -hubiese menester para la poblacion y pacificacion de aquella provincia, -y aun le prometió capitanes y soldados de los suyos, para que con ellos -descuidase en las guerras que hubiese; y con estos prometimientos, y -con la buena voluntad que Garay halló en Cortés, estaba muy alegre: yo -tengo por cierto que así como lo habia capitula<span class="pagenum" -id="Page_486">p. 486</span>do y ordenado Cortés, lo cumpliria.</p> - -<p>Dejemos esto del casamiento y de las promesas, y diré cómo en -aquella sazon fué á posar el Garay en casa de un Alonso de Villanueva, -porque Cortés hacia sus casas y palacio muy grandes, y de tantos -patios, que era admiracion; y Alonso de Villanueva, segun pareció, -habia estado en Jamáica cuando Cortés lo envió á comprar caballos, -que esto no lo afirmo si era entónces ó despues; era muy grande amigo -de Garay, y por el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cortés para -pasarse á las casas del Villanueva, y se le hacia toda la honra que -podia, y todos los vecinos de Méjico le acompañaban.</p> - -<p>Quiero decir cómo en aquella sazon estaba en Méjico Pánfilo de -Narvaez, que es el que hubimos desbaratado, como dicho tengo otras -veces, y fué á ver y hablar al Garay; abrazáronse el uno al otro, y se -pusieron á platicar cada uno de sus trabajos y desdichas; y como el -Narvaez era hombre que hablaba muy entonado, de plática en plática, -medio riendo, le dijo el Narvaez:</p> - -<p>—«Señor adelantado D. Francisco de Garay, hanme dicho ciertos -soldados de los que le han venido huyendo y amotinados que solia decir -vuesamerced á los caballeros que traia en su armada: «Mirad que hagamos -como varones, y peleemos muy bien con estos soldados de Cortés, no nos -tomen descuidados como tomaron á Narvaez;» pues, señor D. Francisco de -Garay, á mí peleando me quebraron este ojo, y<span class="pagenum" -id="Page_487">p. 487</span> me robaron y me quemaron cuanto tenia, y -hasta que me mataron el alférez y muchos soldados y prendieron mis -capitanes, nunca me habian vencido tan descuidado como á vuesamerced -le han dicho: hágole saber que otros más venturosos en el mundo no -ha habido que Cortés; y tiene tales capitanes y soldados, que se -podian nombrar tan en ventura cada uno en lo que tuvo entre manos como -Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en el trabajar y ser en -las batallas más que Aníbal.»</p> - -<p>Y el Garay respondia que no habia necesidad que se lo dijesen; -que por las obras se veia lo que decia, y que ¿qué hombre hubo en el -mundo que con tan pocos soldados se atreviese á dar con los navíos al -través, y meterse en tan recios pueblos y grandes ciudades á les dar -guerra? Y respondia Narvaez recitando otros grandes hechos de Cortés; -y estuvieron el uno y el otro platicando en las conquistas desta -Nueva-España como á manera de coloquio.</p> - -<p>Y dejemos estas alabanzas que entre ellos se tuvo, y diré cómo Garay -suplicó á Cortés por el Narvaez para que le diese licencia para volver -á la isla de Cuba con su mujer, que se decia María de Valenzuela, que -estaba rica de las minas y de los buenos indios que tenia el Narvaez; y -demás de se lo suplicar el Garay á Cortés con muchos ruegos, la misma -mujer de Narvaez se lo habia enviado á suplicar á Cortés por cartas, -le dejase ir á su marido; porque, segun parece, se conocian<span -class="pagenum" id="Page_488">p. 488</span> cuando Cortés estaba en -Cuba, y eran compadres; y Cortés le dió licencia y le ayudó con dos -mil pesos de oro; y cuando el Narvaez tuvo licencia se humilló mucho -á Cortés, con prometimientos que primero le hizo que en todo le seria -servidor, y luego se fué á Cuba.</p> - -<p>Dejemos de más platicar desto, y digamos en qué paró Garay y -su armada; y es, que yendo una Noche de Navidad del año de 1523, -juntamente con Cortés, á maitines, que los cantaron muy bien, y fray -Bartolomé dijo lindamente la Misa del Gallo, despues de vueltos de la -iglesia, almorzaron con mucho regocijo, y desde allí á una hora, con -el aire que le dió al Garay, que estaba de ántes mal dispuesto, le -dió dolor de costado con grandes calenturas; mandáronle los médicos -sangrar y purgáronle, y desque vieron que arreciaba el mal, le dijeron -á fray Bartolomé que le dijese á Garay que moria, que se confesase y -que hiciese testamento; lo cual luego lo hizo fray Bartolomé, y le dijo -como llegaba su acabamiento, que se dispusiese como buen cristiano y -honrado caballero, é que no perdiese su ánima; ya que habia perdido la -hacienda.</p> - -<p>El Garay le respondió:</p> - -<p>—«Teneis razon, Padre; yo quiero que me confeseis esta noche, y -recibir el santo cuerpo de Jesucristo é hacer mi testamento.»</p> - -<p>É cumpliólo muy honradamente; y desque hubo comulgado, hizo su -testamento, y dejó por albaceas á Cortés y á fray Bartolomé de Olmedo; -y luego, dende á cuatro<span class="pagenum" id="Page_489">p. -489</span> dias que le dió el mal, dió el alma á Nuestro Señor -Jesucristo, que la crió; y esto tiene la calidad de la tierra de -Méjico, que en tres ó cuatro dias mueren de aquel mal de dolor -de costado, que esto ya lo he dicho otra vez, y lo tenemos bien -experimentado de cuando estábamos en Tezcuco y en Cuyoacan, que se -murieron muchos de nuestros soldados.</p> - -<p>Pues ya muerto Garay, perdónele Dios, amen, le hicieron muchas -honras al enterramiento, y Cortés y otros caballeros se pusieron luto; -y murió el Garay fuera de su tierra, en casa ajena y léjos de su mujer -é hijos.</p> - -<p>Dejemos de contar desto y volvamos á decir de la provincia del -Pánuco, que, como el Garay se vino á Méjico, y sus capitanes y -soldados, como no tenian cabeza ni quien les mandase, cada uno de -los soldados que aquí nombraré, que el Garay traia en su compañía, -se querian hacer capitanes; los cuales se decian, Juan de Grijalva, -Gonzalo de Figueroa, Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de -Medina el tuerto, Juan de Villa, Antonio de la Cerda y un Tobarda; este -Tobarda fué el más bullicioso de todos los del real de Garay; y sobre -todos ellos quedó por capitan un hijo de Garay, que queria casar Cortés -con su hija, y no le acataban ni hacian cuenta dél todos los que he -nombrado ni ninguno de los de su capitanía; ántes se juntaban de quince -en quince y de veinte en veinte, y se andaban robando los pueblos y -tomando las mujeres por fuerza, y mantas y ga<span class="pagenum" -id="Page_490">p. 490</span>llinas, como si estuvieran en tierra de -moros, robando lo que se hallaban.</p> - -<p>Y como aquello vieron los indios de aquella provincia, se -concertaron todos á una de los matar, y en pocos dias sacrificaron y -comieron más de quinientos españoles, y todos eran de los de Garay, y -en pueblos hubo que sacrificaron más de cien españoles juntos; y por -todos los demás pueblos no hacian sino, á los que andaban desmandados, -matallos y comer y sacrificar; y como no habia resistencia, ni -obedecian á los vecinos de la villa de Santi-Estéban, que dejó Cortés -poblada, é ya que salian á les dar guerra, era tanta la multitud que -salia de guerreros, que no se podian valer con ellos; y á tanto vino -la cosa y atrevimiento que tuvieron, que fueron muchos indios sobre la -villa, y la combatieron de noche y de dia de arte, que estuvo en gran -riesgo de se perder; y si no fuera por siete ó ocho conquistadores -viejos de los de Cortés, y por el capitan Vallejo, que ponian velas y -andaban rondando y esforzando á los demás, ciertamente les entraran en -su villa; y aquellos conquistadores dijeron á los demás soldados de -Garay que siempre procurasen de estar juntamente con ellos, y que allí -en el campo estaban muy mejor, y que allí los hallasen sus contrarios, -y que no se volviesen á la villa; y así se hizo, y pelearon con ellos -tres veces, y puesto que mataron al capitan Vallejo é hirieron otros -muchos, todavía los desbarataron y mataron muchos indios dellos;<span -class="pagenum" id="Page_491">p. 491</span> y estaban tan furiosos -todos los indios naturales de aquella provincia, que quemaron y -abrasaron una noche cuarenta españoles, y mataron quince caballos, y -muchos de los que mataron eran de los de Cortés, en un pueblo, y todos -los demás fueron de los de Garay; y como Cortés alcanzó á saber estos -destrozos que hicieron en esta provincia, tomó tanto enojo, que quiso -volver en persona contra ellos, y como estaba muy malo de un brazo -que se le habia quebrado, no pudo venir; y de presto mandó á Gonzalo -de Sandoval que viniese con cien soldados y cincuenta de á caballo -y dos tiros y quince arcabuceros y ballesteros, y le dió ocho mil -tlascaltecas y mejicanos, y le mandó que no viniese sin que les dejase -muy bien castigados, de manera que no se tornasen á alzar.</p> - -<p>Pues como el Sandoval era muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa -de importancia no dormia de noche, no se tardó mucho en el camino, -que con gran concierto da órden cómo habian de entrar y salir los -de á caballo en los contrarios, porque tuvo aviso que le estaban -esperando en dos malos pasos todas las capitanías de los guerreros de -aquellas provincias; y acordó enviar la mitad de todo su ejército al -un mal paso, y él se estuvo con la otra mitad de su compañía á la otra -parte; y mandó á los escopeteros y ballesteros no hiciesen sino armar -unos y soltar otros, y dar en ellos y hasta ver si los podria hacer -poner en huida; y los contrarios tiraban mucha<span class="pagenum" -id="Page_492">p. 492</span> vara y flecha y piedra, é hirieron á muchos -soldados y de nuestros amigos.</p> - -<p>Viendo Sandoval que no les podia entrar, estuvieron en aquel mal -paso hasta la noche, y envió á mandar á los demás que estaban en -aquel otro mal paso que hiciesen lo mismo, y los contrarios nunca -desmampararon sus puestos, é otro dia por la mañana, viendo Sandoval -que no aprovechaba cosa estarse allí como habia dicho, mandó enviar -á llamar á las demás capitanías que habia enviado al otro mal paso, -é hizo que levantaba su real, y que se volvia camino de Méjico como -amedrentado; y como los naturales de aquellas provincias que estaban -juntos les pareció que de miedo se iban retrayendo, salen al camino, -é iban siguiéndole dándole grita y diciéndole vituperios; y todavía -el Sandoval, aunque más indios salian tras él, no volvia sobre ellos, -y esto fué por descuidalles, para, como habian ya estado aguardando -tres dias, volver aquella noche y pasar de presto con todo su ejército -los malos pasos; é así lo hizo, que á media noche volvió y tomóles -algo descuidados, y pasó con los de á caballo; y no fué tan sin grande -peligro, que le mataron tres caballos é hirieron muchos soldados; y -cuando se vió en buena tierra y fuera del mal paso con sus ejércitos, -él por una parte y los demás de su capitanía por otra, dan en grandes -escuadrones que aquella misma noche se habian juntado, desque supieron -que volvió; y eran tantos, que el Sandoval<span class="pagenum" -id="Page_493">p. 493</span> tuvo recelo no le rompiesen y desbaratasen, -y mandó á sus soldados que se tornasen á juntar con él para que -peleasen juntos, porque vió y entendió de aquellos contrarios que -como tigres rabiosos se venian á meter por las puntas de las espadas, -y habian tomado seis lanzas á los de á caballo, como no eran hombres -acostumbrados á la guerra; de lo cual Sandoval estaba tan enojado, que -decia que valiera más que trajera pocos soldados de los que él conocia, -y no los que trujo; y allí les mandó á los de á caballo de la manera -que habian de pelear, que eran nuevamente venidos; y es, que las lanzas -algo terciadas, y no se parasen á dar lanzadas, sino por los rostros -y pasar adelante hasta que les hayan puesto en huida; y les dijo que -vista cosa es que si se parasen á alancear, que la primera cosa que -el indio hace desque está herido es echar mano de la lanza, y como -les vean volver las espaldas, que entónces á media rienda les ha de -seguir, y las lanzas todavía terciadas, y si les echaren mano de las -lanzas, porque aun con todo esto no dejan de asir dellas, que para se -las sacar de presto de sus manos, poner piernas al caballo, y la lanza -bien apretada con la mano asida y debajo del brazo para mejor se ayudar -y sacarla del poder del contrario, y si no la quisiere soltar, traerle -arrastrando con la fuerza del caballo.</p> - -<p>Pues ya que les estuvo dando órden cómo habian de batallar, -y vió á todos sus soldados y de á caballo<span class="pagenum" -id="Page_494">p. 494</span> juntos, se fué á dormir aquella noche á -orilla de un rio, y allí puso buenas velas y escuchas y corredores del -campo; y mandó que toda la noche tuviesen los caballos ensillados, y -asimismo ballesteros y escopeteros y soldados muy apercebidos; mandó -á los amigos tlascaltecas y mejicanos que estuviesen sus capitanías -algo apartadas de los nuestros, porque ya tenia experiencia de lo -de Méjico; porque si de noche viniesen los contrarios á dar en los -reales, que no hubiese estorbo ninguno en los amigos; y esto fué -porque el Sandoval temió que vendrian, porque vió muchas capitanías de -contrarios que se juntaban muy cerca de sus reales, y tuvo por cierto -que aquella noche les habian de venir á combatir, é oia muchos gritos -y cornetas é tambores muy cerca de allí; é segun entendian, habíanle -dicho muchos amigos á Sandoval que decian los contrarios que para aquel -dia cuando amaneciese habian de matar á Sandoval y á toda su compañía; -y los corredores del campo vinieron dos veces á dar aviso que sentian -que se apellidaban de muchas partes y se juntaban; y cuando fué dia -claro Sandoval mandó salir á todas sus compañías con gran ordenanza, á -los de á caballo les tornó á traer á la memoria como otras veces les -habia dicho: íbanse por el camino adelante por unas caserías, adonde -oian los atambores y cornetas; y no hubo bien andado medio cuarto de -legua, cuando le salen al encuentro tres escuadrones de guerreros y le -co<span class="pagenum" id="Page_495">p. 495</span>menzaron á cercar; -y como aquello vió, manda arremeter la mitad de los de á caballo por -una parte y la otra mitad por la otra, y puesto que le mataron dos -soldados de los nuevamente venidos de Castilla, y tres caballos, -todavía les rompió de tal manera, que fué desde allí adelante matando é -hiriendo en ellos, que no se juntasen como de ántes.</p> - -<p>Pues nuestros amigos los mejicanos y tlascaltecas hacian mucho daño -en todos aquellos pueblos, y prendieron mucha gente y abrasaron todos -los pueblos que por delante hallaban, hasta que el Sandoval tuvo lugar -de llegar á la villa de Sant-Estéban del Puerto, y halló los vecinos -tales y tan debilitados, unos muy heridos y otros muy dolientes, y lo -peor, que no tenian maíz que comer ellos y veinte y ocho caballos; -y esto á causa que de noche y de dia les daban guerra, y no tenian -lugar de traer maíz ni otra cosa ninguna, é hasta aquel mismo dia que -llegó Sandoval no habian dejado de los combatir, porque entónces se -apartaron del combate, y despues de haber ido todos los vecinos de -aquella villa á ver y hablar al capitan Sandoval, y dalle gracias y -loores por los haber venido en tal tiempo á socorrer, le contaron los -de Garay que si no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de los -de Cortés, que les ayudaron mucho, que corrian mucho riesgo sus vidas, -porque aquellos ocho salian cada dia al campo y hacian salir los demás -soldados, é resistian que los contrarios no<span class="pagenum" -id="Page_496">p. 496</span> los entrasen en la villa; y tambien porque, -como lo capitaneaban é por su acuerdo se hacia todo, é habian mandado -que los dolientes y heridos se estuviesen dentro en la villa, y que -todos los demás aguardasen en el campo, y que de aquella manera se -sostenian con los contrarios; y Sandoval les abrazó á todos, y mandó -á los conquistadores, que bien los conocia, y aun eran sus amigos, en -especial Fulano Navarrete y Carrascosa, y un Fulano de Alamilla y otros -cinco, que todos eran de los de Cortés, que repartiesen entre ellos de -los de á caballo y ballesteros y escopeteros que el Sandoval traia, -é que por dos partes fuesen ó enviasen maíz é bastimento, é hiciesen -guerra é prendiesen todas las más gentes que pudiesen, en especial -caciques; y esto mandó el Sandoval porque él no podia ir, que estaba -mal herido en un muslo, y en la cara tenia una pedrada, y asimismo -entre los de su compañía traia otros muchos soldados heridos, y porque -se curasen estuvo en la villa tres dias que no salió á dar guerra; -porque, como habia enviado los capitanes ya nombrados, y conoció dellos -que lo harian bien, y vió que de presto enviaron maíz y bastimento, -con esto estuvo los tres dias; y tambien le enviaron muchas indias y -gente menuda que habian preso, y cinco principales de los que habian -sido capitanes en las guerras; y Sandoval les mandó soltar á todas las -gentes menudas, excepto á los principales, y les envió á decir que -desde allí<span class="pagenum" id="Page_497">p. 497</span> adelante -que no prendiesen si no fuesen á los que fueron en la muerte de los -españoles, y no mujeres ni muchachos, y que buenamente les enviasen á -llamar, é así lo hicieron; y ciertos soldados de los que habian venido -con Garay, que eran personas principales, que el Sandoval halló en -aquella villa, los cuales eran por quien se habia revuelto aquella -provincia, que ya los he nombrado á todos los más dellos en el capítulo -pasado, vieron que Sandoval no les encomendaba cosa ninguna para ir por -capitanes con soldados, como mandó á los siete conquistadores viejos de -los de Cortés, comenzaron á murmurar dél entre ellos, y aun convocaban -á otros soldados á decir mal del Sandoval y de sus cosas, y aun ponian -en pláticas de se levantar con la tierra, so color de que estaba allí -con ellos el hijo de Francisco de Garay como adelantado della; y como -lo alcanzó á saber el Sandoval, les habló muy bien y les dijo:</p> - -<p>—«Señores, en lugar de lo tener á bien, como, gracias á Dios, -os hemos venido á socorrer, me han dicho que decis cosas que para -caballeros como sois no son de decir: yo no os quito vuestro ser y -honra en enviar los que aquí hallé por caudillos y capitanes; y si -hallara á vuesas mercedes que érades caudillos, harto fuera yo de ruin -si les quitara el cargo.</p> - -<p>»Queria saber una cosa: por qué no lo fuistes cuando estábades -cercados. Lo que me dijistes todos á una es, que si no fuera -por aquellos siete soldados viejos, que tuviérades más<span -class="pagenum" id="Page_498">p. 498</span> trabajo; y como sabian la -tierra mejor que vuesas mercedes, por esta causa los envié: así que, -señores, en todas nuestras conquistas de Méjico no mirábamos en estas -cosas é puntos, sino en servir lealmente á su majestad; así, os pido -por merced que desde aquí adelante lo hagais, é yo no estaré en esta -provincia muchos dias, si no me matan en ella, que me iré á Méjico. El -que quedare por teniente de Cortés os dará muchos cargos, é á mí me -perdonad.»</p> - -<p>Y con esto concluyó con ellos, y todavía no dejaron de tenelle mala -voluntad; y esto pasado, luego otro dia sale Sandoval con los que trujo -en su compañía de Méjico y con los siete que habia enviado, y tiene -tales modos, que prendió hasta veinte caciques, que todos habian sido -en la muerte de más de seiscientos españoles que mataron de los de -Garay y de los que quedaron poblados en la villa de los de Cortés, y á -todos los más pueblos envió á llamar de paz, y muchos dellos vinieron, -y con otros disimulaba aunque no venian; y esto hecho, escribió muy en -posta á Cortés dándole cuenta de todo lo acaecido, é qué mandaba que -hiciese de los presos; porque Pedro de Vallejo, que dejó á Cortés por -su teniente, era muerto de un flechazo, á quién mandaba que quedase en -su lugar; y tambien le escribió que lo habian hecho muy como varones -los soldados ya por mí nombrados; y como el Cortés vió la carta, se -holgó mucho en que aquella provincia estuviese ya de paz; y en la<span -class="pagenum" id="Page_499">p. 499</span> sazon que le dieron la -carta á Cortés estábanle acompañando muchos caballeros conquistadores é -otros que habian venido de Castilla; é dijo Cortés delante dellos:</p> - -<p>—«¡Oh Gonzalo de Sandoval! ¡en cuán gran cargo os soy, y cómo me -quitais de muchos trabajos!»</p> - -<p>Y allí todos le alabaron mucho, diciendo que era un muy extremado -capitan, y que se podia nombrar entre los muy afamados.</p> - -<p>Dejemos destas loas; y luego Cortés le escribió que, para que más -justificadamente castigase por justicia á los que fueron en la muerte -de tanto español y robos de hacienda y muertes de caballos, que enviaba -al alcalde mayor Diego de Ocampo para que se hiciese informacion contra -ellos, é lo que se sentenciase por justicia que lo ejecutase; y le -mandó que en todo lo que pudiese les aplaciese á todos los naturales -de aquella provincia, é que no consintiese que los de Garay ni otras -personas ningunas los robasen ni les hiciesen malos tratamientos; y -como el Sandoval vió la carta, y que venia el Diego de Ocampo, se holgó -dello, y desde á dos dias que llegó el alcalde mayor Ocampo hicieron -proceso contra los capitanes y caciques que fueron en la muerte -de los españoles, y por sus confesiones, por sentencia que contra -ellos pronunciaron, quemaron y ahorcaron ciertos dellos, é á otros -perdonaron; y los cacicazgos dieron á sus hijos y hermanos, á quien de -derecho les convenia.</p> - -<p>Y esto hecho, el Diego de Ocampo parece ser traia -instrucciones<span class="pagenum" id="Page_500">p. 500</span> é -mandamientos de Cortés para que inquiriese quién fueron los que -entraban á robar la tierra é andaban en bandos y rencillas, y -convocando á otros soldados que se alzasen, y mandó que les hiciese -embarcar en un navío y los enviase á la isla de Cuba, y aun envió -dos mil pesos para Juan de Grijalva si se queria volver á Cuba; é si -quisiese quedar, que le ayudase y diese todo recaudo para venir á -Méjico; é en fin de más razones, todos de buena voluntad se quisieron -volver á la isla de Cuba, donde tenian indios, y les mandó dar mucho -bastimento de maíz é gallinas é de todas las cosas que habia en la -tierra, y se volvieron á sus casas é isla de Cuba; y esto hecho, -nombraron por capitan á un Fulano de Vallecillo, é dieron la vuelta el -Sandoval y el Diego de Ocampo para Méjico, y fueron bien recebidos de -Cortés y de toda la ciudad, que temian todos algun mal desbaratamiento -de los nuestros, y se alegraron y solazaron mucho cuando vieron venir á -Sandoval con vitoria.</p> - -<p>Y fray Bartolomé de Olmedo dijo á Cortés que se diesen loores á -Dios; y ansí, se hizo una fiesta á nuestra Señora, y predicó muy -santamente fray Bartolomé de Olmedo, y como buen letrado, que lo era -el fraile; y dende en adelante no se tornó más á levantar aquella -provincia.</p> - -<p>Y dejemos de hablar más en ello, é digamos lo que le aconteció al -licenciado Zuazo en el viaje que venia de Cuba á la Nueva España.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_163"> - <p><span class="pagenum" id="Page_501">p. 501</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXIII.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO EL LICENCIADO ALONSO DE ZUAZO VENIA EN UNA - CARABELA Á LA NUEVA-ESPAÑA, CON DOS FRAILES DE LA MERCED, AMIGOS - DE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, Y DIÓ EN UNAS ISLETAS QUE LLAMAN LAS - VÍBORAS, É DE LA MUERTE DE UNO DE LOS FRAILES, Y LO QUE MÁS LE - ACONTECIÓ.</p> -</div> - -<p>Como ya he dicho en el capítulo pasado que hablé de cuando el -licenciado Zuazo fué á ver á Francisco de Garay al pueblo Xagua, que es -la isla de Cuba, cabe la villa de la Trinidad; y el Garay le importunó -que fuese con él en su armada para ser medianero entre él y Cortés, -porque bien entendido tenia que habia de tener diferencias sobre la -gobernacion de Pánuco; y el Alonso de Zuazo le prometió que ansí lo -haria en dando cuenta de la residencia del cargo que tuvo de justicia -en aquella isla de Cuba, donde al presente vivia; y en hallándose -desembarazado, luego procuró de dar residencia y hacerse á la vela -é ir á la Nueva-España, adonde habia prometido, é llevó consigo dos -frailes de la Merced, que se decia el uno fray Gonzalo de Pontevedra y -el otro fray Juan Varillas, natural de Salamanca, é este era muy amigo -del Padre fray Bartolomé de Olmedo, é habia pedi<span class="pagenum" -id="Page_502">p. 502</span>do licencia á sus Prelados para ir en busca -suya é le ayudar, é estaba con fray Gonzalo en Cuba á la ventura de -si habia ocasion de ir con el fray Bartolomé; y el Zuazo que se decia -pariente del fray Juan, le pidió se fuese con él, y se embarcaron -en un navío chico, é yendo por su viaje, é salimos de la punta que -llaman de Sant-Anton, y tambien se dice por otro nombre la tierra de -los Gamatabeis, que son unos salvajes que no sirven á españoles; y -navegando en su navío, que era de poco porte, ó porque el piloto erró -la derrota, ó descayó con las corrientes, fué á dar en unas isletas -que son entre unos bajos que llaman las Víboras, y no muy léjos destos -bajos están otros que llaman los Alacranes, y entre estas isletas se -suelen perder navíos grandes; y lo que le dió la vida á Zuazo fué ser -su navío de poco porte.</p> - -<p>Pues volviendo á nuestra relacion: porque pudiesen llegar con el -navío á una isleta que vieron que estaba cerca, que no bañaba la -mar, echaron muchos tocinos al agua, y otras cosas que traian para -matalotaje, para aliviar el navío, para poder ir sin tocar en tierra -hasta la isleta, y cargaron tantos tiburones á los tocinos, que á unos -marineros que se echaron al agua á más de la cinta, los tiburones, -encarnizados en los tocinos apañaron á un marinero dellos y le -despedazaron y tragaron, y si de presto no se volvieran los demás -marineros á la carabela, todos perecieran, segun andaban los tiburones, -encarni<span class="pagenum" id="Page_503">p. 503</span>zados en -la sangre del marinero que mataron; pues lo mejor que pudieron -allegaron con su carabela á la isleta, y como habian echado á la mar -el bastimento y cazabe, y no tenian qué comer, y tampoco tenian agua -que beber ni lumbre, ni otra cosa con que pudiesen sustentarse, salvo -unos tasajos de vaca que dejaron de arrojar á la mar, fué ventura que -traian en la carabela dos indios de Cuba, que sabian sacar lumbre con -unos palicos secos que hallaron en la isleta adonde aportaron, é dellos -sacaron lumbre, y cavaron en un arenal y sacaron agua salobre, y como -la isleta era chica y de arenales, venian á ella á desovar muchas -tortugas, é ansí como salian las trastornaban los indios de Cuba las -conchas arriba; é suele poner cada una dellas sobre cien huevos tamaños -como de patos; é con aquellas tortugas é muchos huevos tuvieron bien -con que se sustentar trece personas que escaparon en aquella isleta; y -tambien mataron los marineros que salian de noche al arenal los lobos -marinos de la isleta, que fueron harto buenos para comer.</p> - -<p>Pues estando desta manera, como en la carabela acertaron á venir dos -carpinteros de ribera, y tenian sus herramientas, que no se les habian -perdido, acordaron de hacer una barca para ir con ella á la vela, é con -la tablazon é clavos, estopas é jarcias y velas que sacaron del navío -que se perdió, hacen una buena barca como batel, en que fueron tres -marineros é un indio<span class="pagenum" id="Page_504">p. 504</span> -de Cuba á la Nueva-España, y para matalotaje llevaron de las tortugas -y los lobos marinos asados, y con agua salobre, y con la carta é aguja -de marear, despues de se encomendar á Dios, fueron su viaje, é unas -veces con buen tiempo é otras veces con contrario, llegaron al puerto -de Calchocuca, que es el rio de Banderas, adonde en aquella sazon se -descargaban las mercaderías que venian de Castilla, y dende allí fueron -á Medellin, adonde estaba por teniente de Cortés un Simon de Cuenca; -y como los marineros que venian en la barca le dijeron al teniente el -gran peligro en que estaba el licenciado Alonso Zuazo, luego sin más -dilacion el Simon de Cuenca buscó marineros é un navío de poco porte, -y con mucho refresco, lo despachó á la isleta adonde estaba el Zuazo; -y el Simon de Cuenca le escribió al mismo licenciado cómo Cortés se -holgaria mucho con su venida, é ansimismo le hizo saber á Cortés -todo lo acaecido, y cómo le envió el navío bastecido; de lo cual se -holgó Cortés del buen aviamiento que el teniente hizo, y mandó que en -aportando allí al puerto, que le diesen todo lo que hubiese menester, y -vestidos y cabalgaduras, é que le enviasen á Méjico; y partió el navío, -é fué con buen viaje á la isleta, con el cual se holgó el Zuazo y su -gente.</p> - -<p>Volvamos á decir cómo cuando llegó el navío se habia muerto en pocos -dias, de no poder comer bocado de las viandas, el Fraile fray Gonzalo, -de que habian habido<span class="pagenum" id="Page_505">p. 505</span> -gran pesar fray Juan é Zuazo; é habiéndole encomendado á Dios su alma, -se embarcaron en él, y de presto con buen tiempo llegaron á Medellin, -é se les hizo mucha honra, y fueron á Méjico, y Cortés les mandó salir -á recebir, y les llevó á sus palacios y se regocijó con ellos, y le -hizo su alcalde mayor al licenciado Alonso de Zuazo, y en esto paró su -viaje.</p> - -<p>Dejemos de hablar dello, y digo que esta relacion que doy, es por -una carta que nos escribió á la villa de Guacalco Cortés al cabildo -della, adonde declaraba lo por mí aquí dicho, é porque dentro en dos -meses vino al puerto de aquella villa el mismo barco en que vinieron -los marineros á dar aviso del Zuazo, é allí hicieron un barco del -descargo de la misma barca, y los marineros nos lo contaban segun de la -manera que aquí lo escribo.</p> - -<p>Dejemos esto, y diré cómo Cortés envió á Pedro de Albarado á -pacificar la provincia de Guatimala.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_164"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXIV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á PEDRO DE ALBARADO Á LA - PROVINCIA DE GUATIMALA PARA QUE POBLASE UNA VILLA Y LOS TRAJESE DE - PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.</p> -</div> - -<p>Pues como Cortés siempre tuvo los pensamientos muy altos y de -señorear, quiso en todo re<span class="pagenum" id="Page_506">p. -506</span>medar á Alejandro Macedonio y con los muy buenos capitanes y -extremados soldados que siempre tuvo, despues que se hubo poblado la -gran ciudad de Méjico é Guaxaca é Zacatula é Colima é la Veracruz é -Pánuco é Guacacualco, y tuvo noticia que en la provincia de Guatimala -habia recios pueblos de mucha gente é que habia minas, acordó de enviar -á la conquistar y poblar á Pedro de Albarado, é aun el mismo Cortés -habia enviado á rogar á aquella provincia que viniesen de paz, é no -quisieron venir; é dióle al Albarado para aquel viaje sobre trecientos -soldados, y entre ellos ciento y veinte escopeteros y ballesteros, -y más, le dió ciento y treinta y cinco de á caballo, cuatro tiros y -mucha pólvora, y un artillero que se decia Fulano de Usagre, y sobre -ducientos tlascaltecas y cholultecas, y cien mejicanos, que iban -sobresalientes.</p> - -<p>Fray Bartolomé de Olmedo, que era amigo grande de Albarado, le -demandó licencia á Cortés para irse con él é predicar la fe de -Jesucristo á los de Guatimala; mas Cortés, que tenia con el fraile -siempre harta comunicacion, decia que no, y que iria con Albarado -un buen clérigo que habia venido de España con Garay, é que tuviese -voluntad de quedarse para predicar la pascua del Nacimiento de -Jesucristo; mas el fraile tanto le cansó, que se hubo de ir con -Albarado, aunque con poca voluntad de Cortés, que siempre con él -hablaba de todos los negocios.</p> - -<p>Y despues de dadas las instrucciones en<span class="pagenum" -id="Page_507">p. 507</span> que le mandaba á Albarado que con toda -diligencia procurase de los atraer de paz sin darles guerra, é que con -ciertas lenguas que llevaba les predicase fray Bartolomé de Olmedo las -cosas tocantes á nuestra santa fe, é que no les consintiese sacrificios -ni sodomías ni robarse unos á otros, é que las cárceles é redes que -hallase hechas, adonde suelen tener presos indios á engordar para -comer, que las quebrase y que los saquen de las prisiones, y que con -amor y buena voluntad los atraya á que dén la obediencia á su Majestad, -y en todo se les hiciese buenos tratamientos, entónces fray Bartolomé -de Olmedo pidió que se fuese con ellos el clérigo ya por mí arriba -memorado, que vino con Garay para que le ayudase, y el clérigo era -bueno, y Cortés se le dió y dijo que fuese en buen hora.</p> - -<p>Pues ya despedido el Pedro de Albarado de Cortés y de todos los -caballeros amigos suyos que en Méjico habia, y se despidieron los unos -de los otros, partió de aquella ciudad en 13 dias del mes de Diciembre -de 1523 años, y mandóle Cortés que fuese por unos peñoles que cerca -del camino estaban alzados en la provincia de Guantepeque, los cuales -peñoles trajo de paz; llámanse el peñol de Güelamo, que era entónces -de la encomienda de un soldado que se dice Güelamo; y dende allí fué -á Tecuantepeque, pueblo grande, y son zapotecas, y le recibieron muy -bien, porque estaban de paz, é ya se habian ido de aquel pueblo, como -dicho ten<span class="pagenum" id="Page_508">p. 508</span>go en el -capítulo pasado que dello habla, á Méjico, y dado la obediencia á -su Majestad é á ver á Cortés, y aun le llevaron un presente de oro; -y dende Tecuantepeque fué á la provincia de Soconusco, que era en -aquel tiempo muy poblada de más de quince mil vecinos, y tambien le -recibieron de paz y le dieron un presente de oro y se dieron por -vasallos de su Majestad.</p> - -<p>Y dende Soconusco llegó cerca de otras poblaciones que se dicen -Zapotitlan, y en el camino, en una puente de un rio que hay allí un mal -paso, halló muchos escuadrones de guerreros que le estaban aguardando -para no dejalle pasar, y tuvo una batalla con ellos, en que le mataron -un caballo é hirieron muchos soldados, y uno murió de las heridas; -y eran tantos los indios que se habian juntado contra Albarado, no -solamente los de Zapotitlan, sino de otros pueblos comarcanos, que -por muchos dellos que herian, no los podian apartar, y por tres veces -tuvieron rencuentros, y quiso nuestro Señor Dios que los venció y le -vinieron de paz; y dende Zapotitlan iba camino de un recio pueblo que -se dice Quetzaltenango, y ántes de llegar á él tuvo otros rencuentros -con los naturales de aquel pueblo y con otros sus vecinos, que se dice -Utatlan, que era cabecera de ciertos pueblos que están en su contorno á -la redonda del Quetzaltenango, y en ellos le hirieron ciertos soldados, -puesto que el Pedro de Albarado y su gente mataron é hirieron muchos -indios.</p> - -<p>Y<span class="pagenum" id="Page_509">p. 509</span> luego estaba -una mala subida de un puerto que dura legua y media, y con ballesteros -y escopeteros y todos sus soldados puestos en gran concierto, lo -comenzó á subir, y en la cumbre del puerto hallaron una india gorda -que era hechicera, y un perro de los que ellos crian, que son buenos -para comer, que no saben ladrar, sacrificados, que es señal de guerra; -y más adelante halló tanta multitud de guerreros que le estaban -esperando, y le comenzaron á cercar; y como eran los pasos malos y -en sierra muy agra, los de á caballo no podian correr ni revolver ni -aprovecharse dellos; mas los ballesteros y escopeteros y soldados de -espada y rodela tuvieron reciamente con ellos pié con pié, y fueron -peleando las cuestas y puerto abajo, hasta llegar á unas barrancas, -donde tuvo otra muy reñida escaramuza con otros muchos escuadrones de -guerreros que allí en aquellas barrancas esperaban, y era con un ardid -que entre ellos tenian acordado, y fué desta manera: que, como fuese -el Pedro de Albarado peleando, hacian que te iban retrayendo, y como -les fuese siguiendo hasta donde le estaban esperando sobre seis mil -indios guerreros, y estos eran de los de Utatlan y de otros pueblos sus -sujetos, que allí los pensaban matar; y Pedro de Albarado y todos sus -soldados pelearon con ellos con grande ánimo, y los indios le hirieron -tres soldados y dos caballos, mas todavía les venció y puso en huida; y -no fueron muy léjos,<span class="pagenum" id="Page_510">p. 510</span> -que luego se tornaron á juntar y rehacer con otros escuadrones, y -tornaron á pelear como valientes guerreros, creyendo desbaratar al -Pedro de Albarado y á su gente; é fué cabe una fuente, adonde le -aguardaron de arte, que se venian ya pié con pié con los de Pedro -de Albarado, y muchos indios hubo dellos que aguardaron dos ó tres -juntos á un caballo, y se ponian á fuerzas para derrotalle, é otros -los tomaban de las colas; y aquí se vió el Pedro de Albarado en gran -aprieto, porque como eran muchos los contrarios, no podian sustentar -á tantas partes de los escuadrones que les daban guerra á él y todos -los suyos; y como hubieron gran coraje con el ánimo que les daba fray -Bartolomé de Olmedo, diciéndoles que peleasen con intencion de servir -á Dios y extender su santa fe, que él les ayudaria, y que habian de -vencer ó morir sobre ello; é con todo, temian no los desbaratasen, -porque se vieron en gran aprieto; y danles una mano con las escopetas -y ballestas, y á buenas cuchilladas les hicieron que se apartasen -algo.</p> - -<p>Pues los de á caballo no estaban de espacio, sino alancear y -atropellar y pasar adelante, hasta que los hubieron desbaratado, que -no se juntaron en aquellos tres dias; é como vió que ya no tenia -contrarios con quien pelear, se estuvo en el campo sin ir á poblado, -rancheando y buscando de comer; y luego se fué con todo su ejército -al pueblo de Quetzaltenango, y allí supo que en las batallas pasadas -les<span class="pagenum" id="Page_511">p. 511</span> habia muerto -dos capitanes señores de Utatlan: y estando reposando y curando los -heridos, tuvo aviso que venia otra vez contra él todo el poder de -aquellos pueblos comarcanos, y se habian juntado más de dos xiquipiles, -que son diez y seis mil indios; que cada xiquipil son ocho mil -guerreros, é que venian con determinacion de morir todos ó vencer; -y como el Pedro de Albarado lo supo, se salió con su ejército en un -llano, y como venian tan determinados los contrarios, comenzaron -á cercar el ejército de Pedro de Albarado y tirar vara, flecha y -piedra y con lanzas, y como era muy llano y podian muy bien correr á -todas partes los caballos, dan en los escuadrones contrarios de tal -manera, que de presto les hizo volver las espaldas; aquí le hirieron -muchos soldados é un caballo, y segun pareció, murieron ciertos -indios principales, ansí de aquel pueblo como de toda aquella tierra; -por manera que dende aquella vitoria ya temian aquellos pueblos -mucho á Albarado, y concertaron toda aquella comarca de le enviar -á demandar paces, é le trajeron un presente de oro de poca valía -porque acetase las paces, é fué con acuerdo de todos los caciques de -aquella provincia, porque otra vez se tornaron á juntar muchos más -guerreros que de ántes; y les mandaron á sus guerreros que secretamente -estuviesen entre las barrancas de aquel pueblo de Utatlan, y que -si enviaban á demandar paces, era que, como el Pedro de Al<span -class="pagenum" id="Page_512">p. 512</span>barado y su ejército estaba -en Quetzaltenango haciendo entradas y corredurias, é siempre traian -presa de indios é indias, y por llevalle á otro pueblo muy fuerte y -cercado de barrancas, que se dice Utatlan, para que cuando le tuviesen -dentro y en parte que ellos creian aprovecharse dél y de sus soldados, -dar en ellos con los guerreros que ya estaban aparejados y escondidos -para ello.</p> - -<p>Volvamos á decir cómo fueron con el presente delante de Pedro de -Albarado muchos principales; y despues de hecha su cortesía á su -usanza, le demandaron perdon por las guerras pasadas, ofreciéndose por -vasallos de su Majestad, y le ruegan que porque su pueblo es grande, -está en parte más apacible donde le puedan servir, é junto á otras -poblaciones, que se vaya con ellos á él.</p> - -<p>Y el Pedro de Albarado los recibió con mucho amor, y no entendió -las cautelas que traian; y despues de les haber respondido el mal -que habian hecho en salir de guerra, aceptó sus paces, é otro dia -por la mañana fué con su ejército con ellos á Utatlan, que ansí se -dice el pueblo, é desque hubo entrado dentro é vieron una casa tan -fuerte, porque tenia dos puertas, y la una dellas tenia veinte y cinco -escalones ántes de entrar en el pueblo, y la otra puerta con una -calzada que era muy mala y deshecha por todas partes, y las casas muy -juntas y las calles muy angostas, y en todo el pueblo no habia mujeres -ni gente menuda, cercado de barrancas, é de co<span class="pagenum" -id="Page_513">p. 513</span>mer no les proveian sino mal y tarde, y -los caciques muy demudados en los parlamentos, avisaron al Pedro de -Albarado unos indios de Quetzaltenango que aquella noche los querian -matar á todos en aquellos pueblos si allí se quedaban, é que tenian -puestos entre las barrancas muchos escuadrones de guerreros para en -viendo arder las casas juntarse con los de Utatlan, dar en nosotros los -unos por una parte é los otros por otra, é con el fuego é humo no se -podrian valer, é que entónces los quemarian vivos; y como el Pedro de -Albarado entendió el gran peligro en que estaban, de presto mandó á sus -capitanes é á todo su ejército que sin más tardar se saliesen al campo, -y les dijo el peligro que tenian; y como lo entendieron, no tardaron -de se ir á lo llano cerca de unas barrancas, porque en aquel tiempo no -tuvieron más lugar de salir á tierra llana de en medio de tan recios -pasos; é á todo esto el Pedro de Albarado mostraba buena voluntad á -los caciques y principales de aquel pueblo y de otros comarcanos, y -les dijo que porque los caballos eran acostumbrados de andar paciendo -en el campo un rato del dia, que por esta causa se salió del pueblo, -porque estaban muy juntas las casas y calles; y los caciques estaban -muy tristes porque ansí los vieron salir; é ya el Pedro de Albarado -no pudo más disimular la traicion que tenian urdida, y sobre ello y -sobre los escuadrones que tenia juntos en las barrancas mandó prender -al cacique<span class="pagenum" id="Page_514">p. 514</span> de aquel -pueblo y por justicia le mandó quemar.</p> - -<p>Fray Bartolomé de Olmedo pidió á Albarado que queria ver si -podria enseñarle y predicarle la fe de Cristo para le bautizar; y -el Fraile pidió un dia de término, y no lo hizo en dos; pero al fin -quiso Jesucristo que el cacique se hizo cristiano, y le bautizó el -Fraile, y pidió á Albarado que no le quemasen, sino que le ahorcasen, -y el Albarado se lo concedió, y dió el señorío á su hijo, y luego se -salió á tierra llana fuera de las barrancas, y tuvo guerra con los -escuadrones que tenian aparejados para el efeto que he dicho; y despues -que hubieron probado sus fuerzas y la mala voluntad con los nuestros, -fueron desbaratados.</p> - -<p>Y dejemos de hablar de aquesto, y digamos cómo en aquella sazon -en un gran pueblo que se dice Guatimala se supo las batallas que -Pedro de Albarado habia habido despues que entró en la provincia, -y en todas habia sido vencedor, y que al presente estaba en tierra -de Utatlan, y que dende allí hacia entradas y daba guerras á muchos -pueblos; y segun pareció, los de Utatlan y sus sujetos eran enemigos -de los de Guatimala, é acordaron los de Guatimala de enviar mensajeros -con presentes de oro á Pedro de Albarado, y darse por vasallos de su -majestad; y enviaron á decir que si habian menester algun servicio de -sus personas para aquellas guerras, que ellos vendrian; y el Pedro -de Albarado los recibió de buena voluntad, y les envió á dar<span -class="pagenum" id="Page_515">p. 515</span> muchas gracias por ello; -y para ver si era como se lo decian, y como no sabia la tierra, para -que le encaminasen les envió á demandar dos mil guerreros, y esto por -causa de muchas barrancas y pasos malos que estaban cortados porque no -pudiesen pasar los nuestros, para que si fuesen menester los adobasen, -y llevar el fardaje; y los de Guatimala se los enviaron luego con sus -capitanes; y Pedro de Albarado estuvo en la provincia de Utatlan siete -ú ocho dias haciendo entradas, y eran de los pueblos rebelados que -habian dado la obediencia á su majestad, y despues de dada se tornaban -á alzar, y herraron muchos esclavos é indias, y pagaron el real quinto, -y los demás repartieron entre los soldados; y luego se fué á la ciudad -de Guatimala, y fué bien recibido y hospedado; y desque fueron allí -llegados, le contaba Albarado á fray Bartolomé de Olmedo y á los -capitanes suyos que nunca tan apretado se habia visto como en batallar -con los de Utatlan, é que eran corajudos é buenos guerreros, y que se -habian hecho buena hacienda, mas fray Bartolomé de Olmedo le replicó -que Dios le habia hecho, é que para que tuviese por bien é pluguiese de -les ayudar en adelante, que no seria malo darle gracias y hacer fiesta -á Dios y á su Madre, é que la gente oyese Misa y que él predicase á los -indios; dijo Albarado y todos los capitanes:</p> - -<p>—«Esa es la verdad, Padre; hágase una fiesta á la Vírgen.»</p> - -<p>É se aparejó un altar, é confesaron en dia y medio<span -class="pagenum" id="Page_516">p. 516</span> todos, é los comulgó -fray Bartolomé de Olmedo, é despues de la Misa predicó, é habia allí -muchos indios, é les declaró muchas cosas de nuestra santa fe, porque -dijo muy buenas teologías, que el Fraile dicen que la sabia; y le -plugo á Dios que más de treinta indios quisiesen ser bautizados, é -los bautizó de allí á dos dias el Fraile, é estaban otros deseando -bautizarse, por ver como hablaban é comunicaban más los nuestros -con los bautizados é no con ellos, é todos generalmente estaban con -alegría con Albarado; y los caciques de aquella ciudad le dijeron -que muy cerca de allí habia unos pueblos junto á una laguna, é que -tenian un peñol muy fuerte; é que eran sus enemigos é que les daban -guerra, y que bien sabian los de aquel pueblo que no estaban léjos -é cómo estaba allí el Pedro de Albarado, y que no venian á dar la -obediencia como los demás pueblos, y que eran muy malos y de malas -condiciones; el cual pueblo se dice Atitlan; y el Pedro de Albarado -les envió á rogar que viniesen de paz y que serian dél muy bien -tratados, y otras blandas palabras; y la respuesta que enviaron fué, -que maltrataron los mensajeros, y viendo que no aprovechaban, tornó á -enviar otros embajadores para les traer de paz, porque tres veces les -envió á traer de paz, y todas tres les maltrataron de palabra; y fué -Pedro de Albarado en persona á ellos, y llevó sobre ciento y cuarenta -soldados, y entre ellos veinte ballesteros y escopeteros y cuaren<span -class="pagenum" id="Page_517">p. 517</span>ta de á caballo, y con -dos mil guatimaltecas; é cuando llegó junto al pueblo les tornó á -requerir con la paz, y no le respondieron sino con arcos y flechas, -que comenzaron á flechar; y cuando aquello vió, que no llegó muy léjos -de allí y estaba dentro del agua, sálenle al encuentro dos buenos -escuadrones de indios guerreros con grandes lanzas y buenos arcos y -flechas, y con otras muchas armas y coseletes, y tañendo sus atabales, -y con sus penachos y divisas, y peleó con ellos buen rato, é hubo -muchos heridos de los soldados; mas no tardaron mucho en el campo los -contrarios, que luego fueron huyendo á acogerse al peñol, y el Pedro de -Albarado con sus soldados tras ellos, y de presto les ganó el peñol, -y hubo muchos muertos y heridos, é más hubiera si no se echaran todos -al agua; y se pasaron á una isleta, y entónces saquearon las casas que -estaban pobladas junto á la laguna; y se salieron á un llano adonde -habia muchos maizales, y durmió allí aquella noche.</p> - -<p>Otro dia de mañana fueron al pueblo de Atitlan, que ya he dicho que -ansí se dice, y estaba despoblado; y entónces mandó que corriesen la -tierra é las güertas de cacaguatales, que tenian muchas, é trajeron -presos dos principales de aquel pueblo, y el Pedro de Albarado les -envió luego aquellos principales, con los que estaban presos del dia -ántes, á rogar á los demás caciques vengan de paz, y que les dará -todos los prisioneros, y que serán dél muy bien<span class="pagenum" -id="Page_518">p. 518</span> mirados y honrados, y que si no vienen, que -les dará guerra como á los de Quetzaltenango é Utatlan, é les cortará -sus árboles de cacaguatales y hará todo el daño que pudiere; en fin -de más razones, con estas palabras y amenazas luego vinieron de paz y -trajeron un presente de oro, y se dieron por vasallos de su majestad, -y luego el Pedro de Albarado y su ejército se volvió á Guatimala; é -se ocupaba el fray Bartolomé de Olmedo en predicarles la santa fe -á los indios, decia Misa en un altar que hicieron, en que pusieron -una cruz, que la adoraban ya los indios, como miraban que nosotros -la adorábamos; é tambien puso el Fraile una imágen de la Vírgen que -habia traido Garay é se la dió cuando muriera; era pequeña, mas muy -hermosa, é los indios se enamoraban della, y el Fraile les decia quién -era, y ellos la adoraban; é estando algunos dias sin hacer cosa más de -lo por mí memorado, vinieron de paz todos los pueblos de la comarca, -y otros de la costa del Sur, que se llaman los pipiles; y muchos de -aquellos pueblos que vinieron de paz se quejaron que en el camino -por donde venian estaba una poblacion que se dice Izcuintepeque, y -que eran malos, y que no les dejaban pasar por su tierra y les iban -á saquear sus pueblos, y dieron otras muchas quejas dellos; y el -Pedro de Albarado los envió á llamar de paz, y no quisieron venir, -ántes enviaron á decir muy soberbias palabras; é acordó de ir á ellos -con todos los más soldados<span class="pagenum" id="Page_519">p. -519</span> que tenia, y de á caballo y escopeteros y ballesteros, y -muchos amigos de Guatimala, y sin ser sentidos, da una mañana sobre -ellos, en que se hizo mucho daño y presa, que valiera más que nunca se -hiciera, sino conforme á justicia; que fué mal hecho y no conforme á lo -que su majestad mandó.</p> - -<p>É ya que hemos hecho relacion de la conquista y pacificacion de -Guatimala y sus provincias, y muy cumplidamente lo dice en una memoria -que dello tiene hecha un vecino de Guatimala, deudo de los Albarados, -que se dice Gonzalo de Albarado, lo cual verán más por extenso, si -yo en algo aquí faltare, y esto digo porque no me hallé en estas -conquistas hasta que pasamos por aquestas provincias, estando todo de -guerra, en el año de 1524 años, é fué cuando veniamos de las Higueras -é Honduras con el capitan Luis Marin, que nos volvimos para Méjico; y -más digo, que tuvimos en aquella sazon con los de Guatimala algunos -rencuentros de guerra, y tenian hechos muchos hoyos y cortados en -pasos malos pedazos de sierras para que no pudiésemos pasar con las -grandes barrancas; y aun entre un pueblo que se dice Iuanazagapa y -Petapa, en unas quebradas hondas estuvimos allí detenidos guerreando -con los naturales de aquella tierra dos dias, que no podiamos pasar un -mal paso; y entónces me hirieron de un flechazo, mas fué poca cosa, y -pasamos con harto trabajo, porque estaban en el paso muchos guerreros -guatimaltecas y<span class="pagenum" id="Page_520">p. 520</span> de -otros pueblos; y porque hay mucho que decir, y por fuerza tengo de -traer á la memoria algunas cosas en su tiempo y lugar, y esto fué en -el tiempo que hubo fama que Cortés era muerto y todos los que con él -fuimos á las Higueras, lo dejaré por agora, y digamos de la armada que -Cortés envió á las Higueras y Honduras.</p> - -<p>Tambien digo que esta provincia de Guatimala no eran guerreros los -indios, porque no esperaban sino en barrancas, y con sus flechas no -hacian nada, y no aguardaban á que los rompieran en campo llano.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_165"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXV.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS ENVIÓ UNA ARMADA PARA QUE PACIFICASE - Y CONQUISTASE AQUELLAS PROVINCIAS DE HIGUERAS Y HONDURAS, ENVIÓ POR - CAPITAN DELLA Á CRISTÓBAL DE OLÍ, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADELANTE.</p> -</div> - -<p>Como Cortés tuvo nueva que habia ricas tierras y buenas minas en -lo de Higueras é Honduras, é aun le hicieron creer unos pilotos que -habian estado en aquel paraje ó bien cerca dél, que habian hallado -unos indios pescando en la mar y que les tomaron las redes, é que -las plo<span class="pagenum" id="Page_521">p. 521</span>madas que -en ellas traian para pescar que eran de oro revuelto con cobre; y -le dijeron que creyeron que habia por aquel paraje estrecho, y que -pasaban por él de la banda del Norte á la del Sur; y tambien, segun -entendimos, su majestad le encargó y mandó á Cortés por cartas, que en -todo lo que descubriese mirase é inquiriese con grande diligencia y -solicitud de buscar el estrecho ó puerto ó paraje para la especería, -agora sea por lo del oro ó por buscar el estrecho; Cortés acordó de -enviar por capitan de aquella jornada á un Cristóbal de Olí, que fué -maestre de campo en lo de Méjico, lo uno porque le via hecho de su -mano, y era casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de -Araujo (ya le he nombrado otras veces), y tenia el Cristóbal de Olí -buenos indios de repartimiento cerca de Méjico, creyendo que le seria -fiel y haria lo que le encomendase, y porque para ir por tierra tan -largo viaje era grande inconveniente y trabajo y gasto, acordó que -fuese por la mar, porque no era tan grande estorbo é costa, y dióle -cinco navíos y un bergantin muy bien artillados, y con mucha pólvora -y bien bastecidos, y dióle trecientos y setenta soldados, y en ellos -cien ballesteros y escopeteros y veinte y dos caballos, y entre estos -soldados fueron cinco conquistadores de los nuestros, que pasaron con -el mismo Cortés la primera vez, habiendo servido á su majestad muy bien -en todas las conquistas, y tenian ya sus casas y reposo; y esto<span -class="pagenum" id="Page_522">p. 522</span> digo ansí, porque no -aprovechaba cosa decir á Cortés:</p> - -<p>—«Señor, déjame descansar, que harto estoy de servir;» que les hacia -ir adonde mandaba por fuerza.</p> - -<p>É llevó consigo á un Briones, natural de Salamanca, é habia sido -capitan de bergantines y soldado en Italia, y este Briones era muy -bullicioso y enemigo de Cortés; y llevó otros muchos soldados que -no estaban bien con Cortés porque no les dió buenos repartimientos -de indios ni las partes del oro, y le querian muy mal; y en las -instrucciones que Cortés le dió fué, que dende el puerto de la -Villa-Rica fuese su derrota á la Habana, y que allí en la Habana -hallaria á un Alonso de Contreras, soldado viejo de Cortés, natural -de Orgaz, que llevó seis mil pesos de oro para que comprase caballos -y cazabe é puercos y tocinos, y otras cosas pertenecientes para el -armada; el cual soldado envió Cortés adelante de Cristóbal de Olí por -causa de que si verian ir el armada los vecinos de la Habana encarecian -los caballos y todos los demás bastimentos; y mandó al Cristóbal de -Olí que en llegando á la Habana tomase los caballos que estuviesen -comprados, y de allí fuese su derrota para Higueras, que era buena -navegacion y muy cerca, y le mandó que buenamente, sin haber muertes de -indios, cuando hubiese desembarcado procurase poblar una villa en algun -buen puerto, é que á los naturales de aquellas provincias los trajese -de paz, y buscase oro y plata, y que procurase de saber é inquirir -si<span class="pagenum" id="Page_523">p. 523</span> habia estrecho, ó -qué puertos habia por la banda del Sur, si allá pasase; y le dió dos -clérigos, que el uno dellos sabia la lengua mejicana, y le encargó que -con diligencia les predicasen las cosas de nuestra santa fe, y que -no consintiesen sodomías ni sacrificios, sino que buena y mansamente -se los desabrigasen; y le mandó que todas las casas de madera adonde -tenian indios é indias á engordar, encarcelados, para comer, que se las -quebrasen, y soltasen los tristes encarcelados; y le mandó que en todas -partes pusiesen cruces, y le dió muchas imágenes de Nuestra Señora para -que pusiese en los pueblos, y le dijo estas palabras:</p> - -<p>—«Mira, hijo Cristóbal de Olí, desa manera lo procurad hacer.»</p> - -<p>Y despues de abrazados y despedidos con mucho amor y paz, se -despidió el Cristóbal de Olí de Cortés y de toda su casa, y fué á la -Villa-Rica, donde estaba toda su armada muy á punto, y en ciertos dias -del mes é año que no me acuerdo, se embarcó con todos sus soldados, -y con buen tiempo llegó á la Habana, y halló los caballos comprados -y todo lo demás de bastimentos, y cinco soldados, que eran personas -de calidad, de los que habia echado de Pánuco Diego de Ocampo, -porque era muy bandolero y bullicioso; y á estos soldados ya los -he nombrado algunos dellos cómo se llamaban, en el capítulo pasado -cuando la pacificacion de Pánuco, y por esta causa los dejaré ahora de -nombrar; y estos soldados aconsejaron al Cristóbal de Olí, pues<span -class="pagenum" id="Page_524">p. 524</span> que habia fama de tierra -rica donde iba, y llevaba buena armada, bien bastecida, y muchos -caballos y soldados, que se alzase desde luego á Cortés, y que no le -conociese dende allí por superior ni le acudiese con cosa ninguna.</p> - -<p>El Briones, otra vez por mí nombrado, se lo habia dicho muchas veces -secretamente al Cristóbal de Olí sobre el caso, é al gobernador de -aquella isla, que ya he dicho otras muchas veces que se decia Diego -Velazquez, enemigo mortal de Cortés; y el Diego Velazquez vino donde -estaba la armada, y lo que se concertaron fué, que entre él y Cristóbal -de Olí tuviesen aquella tierra de Higueras y Honduras por su majestad, -y en su real nombre Cristóbal de Olí, y que el Diego Velazquez le -proveeria de lo que hubiese menester, é haria sabidor dello en Castilla -á su majestad para que le trujesen la gobernacion; y desta manera -se concertó la compañía del armada; y quiero decir la condicion y -presencia de Cristóbal de Olí: era valiente por su persona, así á pié -como á caballo; era extremado varon, mas no era para mandar, sino para -ser mandado, y era de edad de treinta y seis años, natural de cerca de -Baeza ó Linares, y su presencia y altor era de buen cuerpo y membrudo -y de grande espalda, bien entallado é algo rubio, y tenia muy buena -presencia en el rostro, y traia el bezo de bajo siempre como hendido -á manera de grieta; en la plática hablaba algo gordo y espantoso, -y era de buena<span class="pagenum" id="Page_525">p. 525</span> -conversacion, y tenia otras buenas condiciones de ser franco, y era -al principio cuando estaba en Méjico gran servidor de Cortés, sino -que esta ambicion de mandar y no ser mandado le cegó, y con los malos -consejeros, y tambien como fué criado en casa de Diego Velazquez -cuando mozo, y fué lengua de la isla de Cuba, reconoció el pan que en -su casa habia comido, aunque más obligado era á Cortés que no á Diego -Velazquez.</p> - -<p>Pues ya hecho este concierto con Diego Velazquez, vinieron en -compañía con el Cristóbal de Olí muchos vecinos de la isla de Cuba, -especialmente los que he dicho que fueron en aconsejarle que se -alzase.</p> - -<p>Y de que no tenia más en qué entender en aquella isla, en los navíos -metido todo su matalotaje, mandó alzar velas á toda su armada, fué á -desembarcar con buen tiempo obra de quince leguas adelante, á puerto de -Caballos, en una comba, y allegó á 3 de Mayo: á esta causa nombró á una -villa Triunfo de la Cruz; é hizo nombramiento de alcaldes y regidores -á los soldados que Cortés le habia mandado cuando estaba en Méjico -que honrase y diese cargos, y tomó la posesion de aquellas tierras -por su majestad, y de Hernando Cortés en su Real nombre, é hizo otros -votos que convenian; y todo esto que hacia era porque los amigos de -Cortés no entendiesen que iba alzado, para ver si pudiese hacer dellos -buenos amigos de que alcanzasen á saber las cosas, y tambien que no -sabia si acudiria la<span class="pagenum" id="Page_526">p. 526</span> -tierra tan rica y de buenas minas como decian; y tiró á dos hitos, -como dicho tengo: el uno, que si habia buenas minas y la tierra muy -poblada, alzarse con ella; y el otro, que si no acudiese tan buena, -volver á Méjico á su mujer y repartimientos, y desculparse con Cortés -con decille que la compañía que hizo con Diego Velazquez fué porque -le diese bastimentos y soldados, y no acudirle en cosa ninguna; é que -bien lo podia ver, pues tomó la posesion por Cortés, y esto tenia en -el pensamiento, segun muchos de sus amigos dijeron, con quien él habia -comunicado.</p> - -<p>Dejémosle ya poblado el Triunfo de la Cruz, que Cortés nunca supo -cosa ninguna hasta más de ocho meses.</p> - -<p>Y porque por fuerza tengo volver otra vez á hablar en él, lo dejaré -ahora, y diré lo que nos acaeció en Guacacualco, y cómo Cortés me envió -con el capitan Luis Marin á pacificar la provincia de Chiapa.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_166"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXVI.</h2> - <p class="subh2h">CÓMO LOS QUE QUEDAMOS POBLADOS EN GUACACUALCO - SIEMPRE ANDÁBAMOS PACIFICANDO LAS PROVINCIAS QUE SE NOS ALZABAN, Y - CÓMO CORTÉS MANDÓ AL CAPITAN LUIS MARIN QUE FUESE Á CONQUISTAR É Á - PACIFICAR LA PROVINCIA DE CHIAPA, Y ME MANDÓ QUE FUESE CON ÉL, Y Á - FRAY JUAN DE LAS VARILLAS, El PARIENTE DE ZUAZO, FRAILE MERCENARIO, Y - LO QUE EN LA PACIFICACION PASÓ.</p> -</div> - -<p>Pues como estábamos poblados en aquella villa de Guacacualco muchos -conquistadores vie<span class="pagenum" id="Page_527">p. 527</span>jos -y personas de calidad, y teniamos grandes términos repartidos entre -nosotros, que era la misma provincia de Guacacualco é Citla, é lo de -Tabasco é Cimatan é Chotalpa, y en las sierras arriba lo de Cachula é -Zoque é Quilenes, hasta Cinacatan, é Chamula, é la ciudad de Chiapa -de los indios, y Papanaustla é Pinula, y hácia la banda de Méjico -la provincia de Xaltepeque y Guazpaltepeque é Chinanta é Tepeca, y -otros pueblos, y como al principio todas las provincias que habia en -la Nueva-España las más dellas se alzaban cuando les pedian tributo, -y aun mataban á sus encomenderos, y á los españoles que podian tomar -á su salvo los acapillaban, así nos aconteció en aquella villa, que -casi no quedó provincia que todos no se nos rebelaron; y á esta causa -siempre andamos de pueblo en pueblo con una capitanía, atrayéndolos -de paz; y como los de Cimatan no querian venir de paz á la villa ni -obedecer su mandamiento, acordó el capitan Luis Marin que por no enviar -capitanía de muchos soldados contra ellos, que fuésemos cuatro vecinos -á los traer de paz; yo fuí el uno dellos, y los demás se llamaban -Rodrigo de Enao, natural de Ávila, y un Francisco Martin, medio -vizcaino, y el otro se decia Francisco Jimenez, natural de Inguijuela -de Extremadura; y lo que nos mandó el capitan fué, que buenamente y con -amor los llamásemos de paz, y que no les dijésemos palabras de que se -enojasen.</p> - -<p>É yendo que íbamos á su provincia, que son las<span class="pagenum" -id="Page_528">p. 528</span> poblaciones entre grandes ciénagas y -caudalosos rios, é ya que llegábamos á dos leguas de su pueblo, les -enviamos mensajeros á decir cómo íbamos, y la respuesta que dieron -fué, que salen á nosotros tres escuadrones de flecheros y lanceros, -que á la primera refriega mataron dos de nuestros compañeros, é á mí -me dieron la primera herida de un flechazo en la garganta, que con la -sangre que me salia, é en aquel tiempo no podia apretallo ni tomar la -sangre, estuvo mi vida en harto peligro; pues el otro mi compañero -que estaba por herir, que era el Francisco Martin, puesto que yo y él -siempre haciamos cara é heriamos algunos contrarios, acordó de tomar -las de Villadiego y acogerse á unas canoas que estaban cabe un rio que -se decia Macapa; y como yo quedaba solo y mal herido, porque no me -acabasen de matar, é sin sentido é poco acuerdo, me metí entre unos -matorrales, y volviendo en mí, con fuerte corazon dije:</p> - -<p>—«¡Oh, válgame nuestra Señora! ¿Si es verdad que tengo que morir hoy -en poder destos perros?»</p> - -<p>Y tomé tal esfuerzo, que salgo de las matas y rompo por los indios, -que á buenas cuchilladas y estocadas me dieron lugar que saliese de -entre ellos; y aunque me tornaron á herir, fuí á las canoas, donde -estaba ya mi compañero Francisco Martin con cuatro indios amigos que -eran los que habiamos traido con nosotros, que nos llevaban el hato; -que estos indios, cuando estábamos peleando con los cimatecas, dejando -las cargas, se aco<span class="pagenum" id="Page_529">p. 529</span>gen -al rio en las canoas; y lo que nos dió la vida á mí y Francisco -Martin fué, que los contrarios se embarazaron en robar nuestra ropa y -petacas.</p> - -<p>Dejemos de hablar en esto, y digamos que Dios fué servido escaparnos -de no morir allí, y en las canoas pasamos aquel rio, que es muy grande -é hondo, é hay en él muchos lagartos; y porque no nos siguiesen los -cimatecas, que así se llaman, estuvimos ocho dias por los montes, y -dende pocos dias se supo en Guacacualco esta nueva, y dijeron los -indios que habiamos traido, que llevaron la misma nueva, que todos -los cuatro indios que quedaron en las canoas, como dicho tengo, que -éramos muertos; y estos, de que nos vieron heridos é los dos muertos, -se fueron huyendo y nos dejaron en la pelea, y en pocos dias llegaron á -Guacacualco; y como no pareciamos ni habia nueva de nosotros, creyeron -que éramos muertos, como los indios dijeron; y como era costumbre de -Indias y en aquella sazon se usaba, ya habia repartido el capitan Luis -Marin en otros conquistadores nuestros pueblos, hecho mensajeros á -Cortés para enviar las cédulas de encomienda, y aun vendido nuestras -haciendas, y al cabo de veinte y tres dias aportamos á la villa; -de lo cual se holgaron nuestros amigos, mas á quien les habia dado -nuestros indios les pesó; y viendo el capitan Luis Marin que no -podiamos apaciguar aquellas provincias, y mataban muchos de nuestros -soldados, acordó de ir á Méjico á demandar á<span class="pagenum" -id="Page_530">p. 530</span> Cortés más soldados y socorro y pertrechos -de guerra, y mandó que entre tanto que iba no saliésemos de la villa -ningunos vecinos á los pueblos léjos, si no fuese á los que estaban -cuatro ó cinco leguas de allí, para traer comida.</p> - -<p>Pues llegado á Méjico, dió cuenta á Cortés de todo lo acaecido, y -entónces le mandó que volviese á Guacacualco, y envió con él treinta -soldados, y entre ellos á un Alonso de Grado, por mí muchas veces -nombrado; á fray Juan de las Varillas, que habia venido con Zuazo, que -era gran estudiante, que solia decir habia estudiado en su colegio -de la Veracruz de Salamanca, de donde era, y decian que de muy noble -linaje; y le mandó que con todos los vecinos que estábamos en la villa -y los soldados que traia consigo fuésemos á la provincia de Chiapa, que -estaba de guerra, que la pacificásemos y poblásemos una villa; y como -el capitan Luis Marin vino con estos despachos, nos apercebimos todos, -así los que estábamos allí poblados como los que traian de nuevo, y -comenzamos á abrir caminos, porque eran montes y ciénagas muy malas, -y echábamos en ellas maderos y ramos para poder pasar los caballos, y -con gran trabajo fuimos á salir á un pueblo que se dice Tezpuntlan, -que hasta entónces por el rio arriba soliamos ir en canoas, que no -habia otro camino abierto; y dende aquel pueblo fuimos á otro pueblo -la sierra arriba, que se dice Cachula; y para que bien se entienda, -este Cachula es en la provin<span class="pagenum" id="Page_531">p. -531</span>cia de Chiapa; y esto digo porque está otro pueblo del mismo -nombre junto á la Puebla de los Ángeles.</p> - -<p>Y dende Cachula fuimos á otros pueblezuelos sujetos al mismo -Cachula, y fuimos abriendo camino nuevo el rio arriba, que venian de -la poblacion de Chiapa, porque no habia camino ninguno, y todos los -rededores que estaban poblados habian grande miedo á los chiapanecas, -porque ciertamente eran en aquel tiempo los mayores guerreros que yo -habia visto en toda la Nueva-España, aunque entren entre ellos los -tlascaltecas ni mejicanos ni zapotecas ni mingues; y esto digo porque -jamás Méjico los pudo señorear, porque en aquella sazon era aquella -provincia muy poblada, y los naturales della eran en gran manera -belicosos y daban guerra á sus comarcanos, que eran los de Cinacatan -y á todos los pueblos de la laguna quilenayas, asimismo á los pueblos -que se dicen los zoques, y robaban y cautivaban á la contina á otros -pueblezuelos donde podian hacer presa, y con los que dellos mataban -hacian sacrificios y hartazgas; y demás desto, en los caminos de -Teguantepeque tenian en pasos malos puestos guerreros para saltear á -los indios mercaderes que trataban de una provincia á otra; y á esta -causa dejaban algunas veces de tratar las unas provincias con las -otras, y aun habian traido por fuerza á otros pueblos y hécholes poblar -y estar junto á Chiapa, y los tenian por esclavos y con ellos<span -class="pagenum" id="Page_532">p. 532</span> hacian sus sementeras.</p> - -<p>Volvamos á nuestro camino, que fuimos el rio arriba hácia su ciudad, -y era por Cuaresma año de 1524, y esto de los años no me acuerdo bien; -y ántes de llegar á Chiapa se hizo alarde de todos los de á caballo, -escopeteros y ballesteros que íbamos en aquella entrada; y no se pudo -hacer hasta entónces, por causa que algunos de nuestra villa y otros -forasteros aun no se habian recogido, que andaban en los pueblos de la -sierra de Chalupa demandando el tributo que les eran obligados á dar; -y con el favor de venir capitan con la gente de guerra, como veniamos, -se atrevian á ir á ellos, que de ántes ni daban tributo ni se les daba -nada de nosotros.</p> - -<p>Volvamos á nuestro alarde, que se hallaron veinte y siete de á -caballo que podian pelear, y otros cinco que no eran para ello, y -quince ballesteros y ocho escopeteros, y un tiro y pólvora, y un -soldado por artillero, que decia el mismo soldado que habia estado en -Italia; esto digo aquí porque no era para cosa ninguna, que era muy -cobarde; y llevábamos sesenta soldados de espada y rodela y obra de -ochenta mejicanos, y el cacique de Cachula con otros principales suyos; -y estos indios de Cachula que he dicho, iban temblando de miedo, y -por halagos los llevamos que nos ayudasen á abrir camino y llevar el -fardaje.</p> - -<p>Pues yendo nuestro camino en concierto, ya que llegamos cerca de sus -poblaciones, siempre íbamos adelante por espías y<span class="pagenum" -id="Page_533">p. 533</span> descubridores del campo cuatro soldados -muy sueltos, é yo era uno dellos, é dejaba mi caballo, que no era -tierra por donde podian correr, é íbamos siempre media legua adelante -de nuestro ejército; y como los chiapanecas son grandes cazadores, -andaban entónces á caza de venados, y desque nos sintieron, apellídanse -todos con grandes ahumadas, y como llegamos á sus poblaciones, tenian -muy anchos caminos y grande sementera de maíz é otras legumbres, y el -primer pueblo que topamos se dice Estapa, que está de la cabecera obra -de cuatro leguas, y en aquel instante le habian despoblado, y tenian -mucho maíz é gallinas y otros bastimentos, que tuvimos bien que comer -y cenar; y estando reposando en el pueblo, puesto que teniamos puestas -nuestras velas y escuchas y corredores del campo, vienen dos de á -caballo que estaban por corredores á dar mandado y diciendo:</p> - -<p>—«¡Alarma, que vienen muchos guerreros chiapanecas!»</p> - -<p>Y nosotros, que siempre estábamos muy apercebidos, les salimos al -encuentro ántes que llegasen al pueblo, y tuvimos una gran batalla -con ellos, porque traian muchas varas tostadas, con sus tiraderas y -arcos y flechas, y lanzas mayores que las nuestras, con buenas armas -de algodon y penachos, y otros traian unas porras como macanas; y -allí donde hubimos esta batalla habia mucha piedra, y con hondas nos -hacian mucho daño, y nos comenzaron á cercar de arte, que de la primera -rociada mataron dos de nues<span class="pagenum" id="Page_534">p. -534</span>tros soldados y cuatro caballos, y le hirieron á fray Juan -y trece soldados y á muchos de nuestros amigos, y al capitan Luis -Marin le dieron dos heridas, y estuvimos en aquella batalla toda la -tarde hasta que anocheció; y como hacia escuro, y habian sentido el -cortar de nuestras espadas y escopetas y ballestas, y las lanzadas, se -retiraron, de lo cual nos holgamos, y hallamos quince dellos muertos y -otros muchos heridos, que no se pudieron ir, y de dos dellos que nos -parecian principales se tomó aviso, y dijeron que estaba toda la tierra -apercebida para dar en nosotros otro dia; y aquella noche enterramos -los muertos y curamos los heridos y al capitan, que estaba malo de -las heridas, porque se habia desangrado mucho, que por causa de no se -apartar de la batalla para se las curar ó apretar, se le habia metido -frio en ellas.</p> - -<p>Pues ya hecho esto, pusimos buenas velas y escuchas y corredores -del campo, y teniamos los caballos ensillados y enfrenados, y todos -nuestros soldados á punto, porque tuvimos por cierto que vernian de -noche sobre nosotros, é como habiamos visto el teson que tuvieron -en la batalla pasada, que ni por ballestas ni lanzas ni escopetas -ni aun estocadas no les podiamos retraer ni apartar un paso atrás, -tuvímoslos por buenos guerreros y osados en el pelear; y esa noche se -dió órden cómo para otro dia los de á caballo habiamos de arremeter de -cinco en cinco hermanados, y las lanzas tercia<span class="pagenum" -id="Page_535">p. 535</span>das, y no pararnos á dar lanzadas hasta -ponellos de huida, sino las lanzas altas y por las caras, y atropellar -y pasar adelante; y este concierto ya otras veces lo habia dicho el -Luis Marin, y aun algunos de nosotros de los conquistadores viejos se -lo habiamos dado por aviso á los nuevamente venidos de Castilla, y -algunos dellos no curaron de guardar la órden, sino que pensaban que en -dar una lanzada á los contrarios que hacian algo: y salióles á cuatro -dellos al revés, porque les tomaron las lanzas y les hirieron á ellos -los caballos con ellas.</p> - -<p>Quiero decir que se juntaban seis ó siete de los contrarios y se -abrazaban con los caballos, creyendo de los tomar á manos, y aun -derrocaron á un soldado del caballo, y si no le socorriéramos, ya le -llevaban á sacrificar, y desde ahí á dos dias se murió.</p> - -<p>Volvamos á nuestro relacion, y es, que otro dia de mañana acordamos -de ir por nuestro camino para su ciudad de Chiapa, y verdaderamente -se podia decir ciudad, y bien poblada, y las casas y calles muy en -concierto, y de más de cuatro mil vecinos, sin otros muchos pueblos -sujetos á ella, que estaban poblados á su alrededor; é yendo que íbamos -con mucho concierto, y el tiro puesto en órden, y el artillero bien -apercibido de lo que habia de hacer, y no habiamos caminado cuarto de -legua, cuando nos encontramos con todo el poder de Chiapa, que campos -y cuestas venian llenos dellos, con grandes penachos y buenas armas -é grandes<span class="pagenum" id="Page_536">p. 536</span> lanzas, -flecha y vara con tiraderas, piedra y hondas, con grandes voces é grita -y silbos.</p> - -<p>Era cosa de espantar cómo se juntaron con nosotros pié con pié y -comenzaron á pelear como rabiosos leones; y nuestro negro artillero -que llevábamos (que bien negro se podia llamar), cortado de miedo y -temblando, ni supo tirar ni poner fuego al tiro; é ya que á poder de -voces que le dábamos pegó fuego, hirió á tres de nuestros soldados, -que no aprovechó cosa ninguna; y como el capitan vió de la manera que -andábamos, rompimos todos los de á caballo puestos en cuadrillas, segun -lo habiamos concertado, y los escopeteros y ballesteros y de espada y -rodela hechos un cuerpo, porque no les desbaratasen, nos ayudaron muy -bien; más eran tantos los contrarios que sobre nosotros vinieron, que -si no fuéramos de los que en aquellas batallas nos hallamos cursados -á otras afrentas, pusiera á otros gran temor, y aun nosotros nos -admiramos de ver cuán fuertes estaban; y fray Juan nos daba ánimo, y -decia que Dios nos habia de pagar nuestro trabajo, y el César.</p> - -<p>El capitan Luis Marin nos dijo:</p> - -<p>—«Ea, señores, Santiago y á ellos, y tornémosles otra vez á romper -con ánimo.»</p> - -<p>Esforzados, dímosles tal mano, que á poco rato iban vueltas -las espaldas; y como habia allí donde fué esta batalla muy malos -pedregales para poder correr caballos, no les podiamos seguir; é yendo -en el alcance, y no muy léjos de donde comenzamos aquella batalla, -ya<span class="pagenum" id="Page_537">p. 537</span> que íbamos algo -descuidados, creyendo que por aquel dia no se tornarian á juntar, é -dábamos gracias á Dios del buen suceso, aquí estaban tras unos cerros -otros mayores escuadrones de guerreros que los pasados, con todas sus -armas, y muchos dellos traian sogas para echar lazos á los caballos y -asir de las sogas para los derrocar, y tenian tendidas en otras muchas -partes muchas redes con que suelen tomar venados, para los caballos, -y para atar á nosotros muchas sogas; y todos los escuadrones que he -dicho se vienen á encontrar con nosotros, é como muy fuertes y recios -guerreros, nos dan tal mano de flecha, vara y piedra, que tornaron á -herir casi que todos los nuestros, y tomaron cuatro lanzas á los de á -caballo, y mataron dos soldados y cinco caballos: y entónces traian -en medio de sus escuadrones una india algo vieja, muy gorda, y segun -decian, aquella india la tenian por su diosa y adivinaba, y les habia -dicho que así como ella llegase adonde estábamos peleando, que luego -habiamos de ser vencidos; y traian en un brasero sahumerio, y unos -ídolos de piedra, y venia pintada todo el cuerpo, y pegado algodon -á las pinturas, y sin miedo ninguno se metió en los indios nuestros -amigos, que venian hechos un cuerpo con sus capitanías, y luego fué -despedazada la maldita diosa.</p> - -<p>Volvamos á nuestra batalla: que desque el capitan Luis Marin y -todos nosotros vimos tanta multitud de guerreros contrarios, y que tan -osada<span class="pagenum" id="Page_538">p. 538</span>mente peleaban, -nos admiramos y dijimos al fraile que nos encomendase á Dios, y -arremetiendo á ellos con el concierto pasado, fuimos rompiendo poco á -poco y los hicimos huir, y se escondian entre unos pedregales, y otros -se echaron al rio, que estaba cerca é hondo, y se fueron nadando, que -son en gran manera buenos nadadores; y desque hubimos desbaratado, -descansamos un rato, y el Fraile cantó una Salve, y algunos soldados de -buenas voces le ayudaban, é no sonaba mal, y todos dimos muchas gracias -á Dios; y hallamos muertos donde tuvimos esta batalla muchos dellos, -y otros heridos, y acordamos de irnos á un pueblo que estaba junto al -rio, cerca de la ciudad, donde habia buenas ciruelas; porque como era -Cuaresma, y en este tiempo las hay maduras, y en aquella poblacion son -buenas; y allí nos estuvimos todo lo más del dia enterrando los muertos -en partes donde no los pudiesen ver ni hallar los naturales de aquel -pueblo, y curamos los heridos y diez caballos, y acordamos de dormir -allí con gran recado de velas y escuchas.</p> - -<p>Á poco más de media noche se pasaron á nuestro real diez indios -principales de dos pueblezuelos que estaban poblados junto á la -cabecera é ciudad de Chiapa, en cinco canoas del mismo rio, que -es muy grande y hondo, y venian los indios con las canoas á remo -callado, y los que lo remaban eran diez indios, personas principales, -naturales de los pueblezuelos que estaban junto<span class="pagenum" -id="Page_539">p. 539</span> al rio; y como desembarcaron hácia la -parte de nuestro real, en saltando en tierra, luego fueron presos por -nuestras velas, y ellos lo tuvieron por bien que les prendiesen; y -llevados ante el capitan, dijeron:</p> - -<p>—«Señor, nosotros no somos chiapanecas, sino de otra provincia que -se dice Xaltepeque, y estos malos chiapanecas con gran guerra que nos -dieron nos mataron mucha gente, y á todos los más de nuestros pueblos -nos trajeron aquí por fuerza cautivos á poblar con nuestras mujeres é -hijos, é nos han tomado cuanta hacienda teniamos, y há doce años que -nos tienen por esclavos, y les labramos su sementera y maizales, y nos -hacen ir á pescar y hacer otros oficios, y nos toman nuestras hijas y -mujeres.</p> - -<p>»Venimos á daros aviso, porque nosotros os traeremos esta noche -muchas canoas en que paseis este rio, que sin ellas no podeis pasar -sino con gran trabajo, y tambien os mostraremos un vado, aunque no va -muy bajo; y lo que señor capitan, os pedimos de mercedes, que pues os -hacemos esta buena obra, que cuando hayais vencido y desbaratado estos -chiapanecas, que nos deis licencia para que salgamos de su poder é -irnos á nuestras tierras; y para que mejor creais lo que os decimos que -es verdad, en las canoas que ahora pasamos dejamos escondidas en el -rio, con otros nuestros compañeros y hermanos, y os traemos presentadas -tres joyas de oro, que eran unas como diademas; y tambien traemos -gallinas y ciruelas.»</p> - -<p>Y demandaron li<span class="pagenum" id="Page_540">p. -540</span>cencia para ir por ello, y dijeron que habia de ser muy -callando, no los sintiesen los chiapanecas, que están velando y -guardando los pasos del rio; y cuando el capitan entendió lo que -los indios le dijeron, y la gran ayuda que era pasar aquel recio -y corriente rio, dió gracias á Dios y mostró buena voluntad á los -mensajeros, y prometió de hacerlo como le pedian, y aun dalles ropa y -despojos de lo que hubiésemos de aquella ciudad; y se informó dellos -cómo en las dos batallas pasadas les habiamos muerto y herido más -de ciento veinte chiapanecas, y que tenian aparejados para otro dia -otros muchos guerreros, y que á los de los pueblezuelos donde eran -estos mensajeros les hacian salir á pelear contra nosotros; y que no -temiésemos dellos, que ántes nos ayudarian, y que al pasar del rio -nos habian de aguardar, porque tenian por imposible que terniamos -atrevimiento de pasalle; y que cuando lo estuviésemos pasando, que -allí nos desbaratarian, y dado este aviso, se quedaron dos de aquellos -indios con nosotros, y los demás fueron á sus pueblos á dar órden para -que muy de mañana trujesen veinte canoas, en lo cual cumplieron muy -bien su palabra; y despues que se fueron reposamos algo de lo que quedó -de la noche, y no sin mucho recado de velas y escuchas y rondas, porque -oimos el gran rumor de los guerreros que se juntaban en la ribera del -rio, y el tañer de las trompetillas y atambores y cornetas.</p> - -<p>Y como<span class="pagenum" id="Page_541">p. 541</span> amaneció, -vimos las canoas, que ya descubiertamente las traian, á pesar de los -de Chiapa; porque, segun pareció, ya habian sentido los de Chiapa cómo -los naturales de aquellos pueblezuelos se les habian levantado y hecho -fuertes y eran de nuestra parte, y habian prendido algunos dellos, y -los demás se habian hecho fuertes en su gran cu, y á esta causa habia -revueltas y guerra entre los chiapanecas y los pueblezuelos que dicho -tengo; y luego nos fueron á mostrar el vado, y entónces nos daban -mucha priesa aquellos amigos que pasásemos presto el rio, con temor no -sacrificasen á sus compañeros que habian prendido aquella noche; pues -de que llegamos al vado que nos mostraron, iba muy hondo; y puestos -todos en gran concierto, así los ballesteros como escopeteros y los de -á caballo, y los indios de los pueblezuelos nuestros amigos con sus -canoas, y aunque nos daba el agua cerca de los pechos, todos hechos -un tropel, para soportar el ímpetu y fuerza del agua, quiso Dios que -pasamos cerca de la otra parte de tierra; y ántes de acabar de pasar, -vienen contra nosotros muchos guerreros y nos dan una buena rociada de -vara con tiraderas, y flechas y piedra y otras grandes lanzas, que nos -hirieron casi que á todos los más, y á algunos á dos y á tres heridas, -y mataron dos caballos; y un soldado de á caballo, que se decia Fulano -Guerrero ó Guerra, se ahogó al pasar del rio, que se metió con el -caballo en un<span class="pagenum" id="Page_542">p. 542</span> recio -raudal, y era natural de Toledo, y el caballo salió á tierra sin el -amo.</p> - -<p>Volvamos á nuestra pelea, que nos detuvieron un buen rato al pasar -del rio, que no les podiamos hacer retraer ni nosotros podiamos llegar -á tierra, y en aquel instante los de los pueblezuelos que se habian -hecho fuertes contra los chiapanecas, nos vinieron á ayudar en las -espaldas, é á los que estaban al rio batallando con nosotros hirieron -y mataron muchos dellos, porque les tenian grande enemistad, como los -habian tenido presos muchos años; y como aquello vimos, salimos á -tierra los de á caballo, y luego ballesteros, escopeteros y de espada -y rodela, y los amigos mejicanos, y dámosles una tan buena mano, que -se van huyendo, que no paró indio con indio; y luego sin más tardar, -puestos en buen concierto, con nuestras banderas tendidas, y muchos -indios de los dos pueblezuelos con nosotros, entramos en su ciudad; -y como llegamos á lo más poblado, donde estaban sus grandes cues y -adoratorios, tenian las casas tan juntas, que no osamos asentar real, -sino en el campo, y en parte que aunque pusiesen fuego no nos pudiesen -hacer daño; y nuestro capitan envió á llamar de paz á los caciques y -capitanes de aquel pueblo, y fueron los mensajeros tres indios de los -pueblezuelos nuestros amigos, que el uno dellos se decia Xaltepeque, y -asimismo envió con ellos seis capitanes chiapanecas que habiamos preso -en las batallas pasadas, y les envió á decir que<span class="pagenum" -id="Page_543">p. 543</span> vengan luego de paz, y se les perdonará -lo pasado, y que si no vienen, que los iremos á buscar y les daremos -mayor guerra que la pasada y les quemaremos su ciudad; y con aquellas -bravosas palabras luego á la hora vinieron, y aun trajeron un presente -de oro, y se disculparon por haber salido de guerra, y dieron la -obediencia á su majestad, y rogaron á Luis Marin que no consintiese á -nuestros amigos que quemasen ninguna casa, porque ya habian quemado -ántes de entrar en Chiapa, en un pueblezuelo que estaba poblado ántes -de llegar al rio, muchas casas; y Luis Marin les prometió que así lo -haria, y mandó á los mejicanos que traiamos y á los de Cachula que no -hiciesen mal ni daño.</p> - -<p>Quiero tornar á decir que este Cachula que aquí nombro no es la que -está cerca de Méjico, sino un pueblo que se dice como él, que está en -las sierras camino de Chiapa, por donde pasamos.</p> - -<p>Dejemos esto, y dígoos cómo en aquella ciudad hallamos tres cárceles -de redes de madera llenas de prisioneros atados con collares á los -pescuezos, y estos eran de los que prendian por los caminos, é algunos -dellos eran de Guantepeque, y otros zapotecas é otros quilenes, otros -de Soconusco; los cuales prisioneros sacamos de las cárceles é se fué -cada uno á su tierra.</p> - -<p>Tambien hallamos en los cues muy malas figuras de ídolos que -adoraban, é todos los quebró fray Juan, é muchos indios é muchachos -sacrificados, y hallamos muchas cosas malas de<span class="pagenum" -id="Page_544">p. 544</span> sodomías que usaban; y mandóles el capitan -que luego fuesen á llamar todos los pueblos comarcanos que vengan de -paz á dar la obediencia á su majestad.</p> - -<p>Los primeros que vinieron fueron los de Cinacatan y Gopanaustlan, -é Pinola é Guequiztlan é Chamula, é otros pueblos que ya no se me -acuerda los nombres dellos, quiniles, y otros pueblos que eran de -la lengua zoque, y todos dieron la obediencia á su majestad, y aun -estaban espantados cómo, tan pocos como éramos, podiamos vencer á -los chiapanecas; y ciertamente mostraron todos gran contento, porque -estaban mal con ellos.</p> - -<p>Estuvimos en aquella ciudad cinco dias, é dijo fray Juan Misa é -confesaron algunos soldados, é predicó á los indios en su lengua, que -la sabia bien, y los indios holgaron de oirle y adoraron la santa cruz, -é decian que se habian de bautizar, y que pareciamos muy buena gente, y -tomaron amor al fraile fray Juan.</p> - -<p>Y en aquel instante un soldado de aquellos que traiamos en nuestro -ejército desmandóse del real, y vase sin licencia del capitan á un -pueblo que habia venido de paz, que ya he dicho que se dice Chamula, y -llevó consigo ocho indios mejicanos de los nuestros, y demandó á los -de Chamula que le diesen oro, y decia que lo mandaba el capitan, é los -de aquel pueblo le dieron unas joyas de oro, y porque no le daban más, -echó preso al cacique; y cuando vieron los del pueblo hacer aquella -demasía, quisieron matar al atrevido y desconsi<span class="pagenum" -id="Page_545">p. 545</span>derado soldado, y luego se alzaron, y no -solamente ellos, pero tambien hicieron alzar á los de otro pueblo que -se decia Gueyhuiztlan, sus vecinos; y de que aquello alcanzó á saber el -capitan Luis Marin, prende al soldado, y luego manda que por la posta -le llevasen á Méjico para que Cortés le castigase; y esto hizo el Luis -Marin porque era un hombre el soldado que se tenia por principal, que -por su honor no nombro su nombre, hasta que venga en coyuntura en parte -que hizo otra cosa que aun es muy peor, como era malo y cruel con los -indios, como adelante diré.</p> - -<p>Y despues desto hecho, el capitan Luis Marin envió á llamar al -pueblo de Chamula que venga de paz, é les envió á decir que ya habia -castigado y enviado á Méjico al español que les iba á demandar oro y -les hacia aquellas demasías.</p> - -<p>La respuesta que dieron fué mala, y la tuvimos por muy peor por -causa de que los pueblos comarcanos no se alzasen; y fué acordado que -luego fuésemos sobre ellos, y hasta traelles de paz no les dejar; y -despues de como les habló muy blandamente á los caciques chiapanecas, -y fray Juan les dijo con buenas lenguas, que las sabia, las cosas -tocantes á nuestra santa fe, y que dejasen los ídolos y sacrificios -y sodomías y robos, y les puso cruces é una imágen de Nuestra Señora -en un altar que les mandamos hacer, y el capitan Luis Marin les dió á -entender cómo éramos vasallos de su majestad cesárea, é otras muchas -cosas que<span class="pagenum" id="Page_546">p. 546</span> convenian, -y aun les dejamos poblada más de la mitad de su ciudad; y los dos -pueblos nuestros amigos que nos trajeron las canoas para pasar el rio -y nos ayudaron en la guerra salieron de poder de los chiapanecas con -todas sus haciendas é mujeres é hijos, y se fueron á poblar al rio -abajo, obra de diez leguas de Chiapa, donde ahora esta poblado lo de -Xaltepeque, y el otro pueblo que se dice Istatlan se fué á su tierra, -que era de Guantepeque.</p> - -<p>Volvamos á nuestra partida para Chamula, y es que luego enviamos á -llamar á los de Cinacatan, que eran gente de razon, y muchos dellos -mercaderes, y se les dijo que nos trajesen ducientos indios para llevar -el fardaje, é que íbamos á su pueblo porque por allí era el camino de -Chamula; y demandó á los de Chiapa otros ducientos indios guerreros -con armas para ir en nuestra compañía, y luego los dieron; y salimos -de Chiapa una mañana, y fuimos á dormir á unas salinas, donde nos -tenian hechos los de Cinacatan buenos ranchos; y otro dia á medio dia -llegamos á Cinacatan, y allí tuvimos la santa Pascua de Resurreccion; -y tornamos á llamar de paz á los de Chamula, é no quisieron venir, é -hubimos de ir á ellos, que seria entónces donde estaban poblados de -Cinacatan obra de tres leguas, y tenian entónces las casas y pueblos -de Chamula en una fortaleza muy mala de ganar, y muy honda cava por -la parte que les habiamos de combatir, y por otras partes muy peor é -más fuerte; é ansí<span class="pagenum" id="Page_547">p. 547</span> -como llegamos con nuestro ejército, nos tiran tanta piedra de lo alto -é vara y flecha, que cubria el suelo; pues las lanzas muy largas con -más de dos varas de cuchilla de pedernales, que ya he dicho otras -veces que cortaban más que espadas, y unas rodelas hechas á manera -de pavesinas, con que se cubren todo el cuerpo cuando pelean, y -cuando no las han menester, las arrollan y doblan de manera que no -les hacen estorbo ninguno, é con hondas mucha piedra, y tal priesa -se daban á tirar flecha y piedra, que hirieron cinco de nuestros -soldados é dos caballos, é con muchas voces é gran grita é silbos é -alaridos, y atambores y caracoles, que era cosa de poner espanto á -quien no los conociera; y como aquello vió Luis Marin, entendió que -de los caballos no se podian aprovechar, que era sierra, mandó que se -tornasen á bajar á lo llano, porque donde estábamos era gran cuesta -y fortaleza, y aquello que les mandó fué porque temiamos que venian -allí á dar en nosotros los guerreros de otros pueblos que se dicen -Quiahuitlan, que estaba alzado, y porque hubiese resistencia en los de -á caballo; y luego comenzamos de tirar en los de la fortaleza muchas -saetas y escopetas, y no les podiamos hacer daño ninguno, con los -grandes mamparos que tenian, y ellos á nosotros sí, que siempre herian -muchos de los nuestros; y estuvimos aquel dia desta manera peleando, -y no se les daba cosa ninguna por nosotros, y si les procurába<span -class="pagenum" id="Page_548">p. 548</span>mos de entrar donde tenian -hechos unos mamparos y almenas, estaban sobre dos mil lanceros en los -puestos para la defensa de los que les probamos á entrar; y ya que -quisiéramos entrar é aventurar las personas en arrojarnos dentro de -su fortaleza, habiamos de caer de tan alto, que nos habiamos de hacer -pedazos, y no era cosa para ponernos en aquella ventura; y despues de -bien acordado cómo y de qué manera habiamos de pelear, se concertó que -trajésemos madera y tablas de un pueblezuelo que allí junto estaba -despoblado, é hiciésemos burros ó mantas, que así se llaman, y en cada -uno dellos cabian veinte personas, y con azadones y picos de hierro que -traiamos, é con otros azadones de la tierra, de palo, que allí habia, -les cavábamos y deshaciamos su fortaleza, y deshicimos un portillo para -podelles entrar, porque de otra manera era excusado; porque por otras -dos partes, que todo lo miramos más de una legua de allí al rededor, -estaba otra muy mala entrada y peor de ganar que adonde estábamos, por -causa que era una bajada tan agra, que á manera de decir, era entrar en -los abismos.</p> - -<p>Volvamos á nuestros mamparos y mantas, que con ellas les estábamos -deshaciendo sus fortalezas, y nos echaban de arriba mucha pez y resina -ardiendo, y agua y sangre toda revuelta y muy caliente, y otras -veces lumbre y rescoldo, y nos hacian mala obra; y luego tras esto -mucha multitud de piedras y muy grandes que nos desbarataron<span -class="pagenum" id="Page_549">p. 549</span> nuestros ingenios, que -nos hubimos de retirar y tornallos á adobar; y luego volvimos sobre -ellos, y cuando vieron que les haciamos mayores portillos, se ponen -cuatro papas y otras personas principales sobre una de sus almenas, y -vienen cubiertos con sus pavesinas é otros talabardones de maderas, é -dicen:</p> - -<p>—«Pues que deseais é quereis oro, entrad dentro, que aquí tenemos -mucho.»</p> - -<p>Y nos echaron desde las almenas siete diademas de oro fino, y muchas -cuentas vaciadizas é otras joyas, como caracoles y ánades, todo de oro, -y tras ello mucha flecha y vara y piedra, é ya les teniamos hechas dos -grandes entradas; y como era ya de noche y en aquel instante comenzó á -llover dejamos el combate para otro dia, y allí dormimos aquella noche -con buen recaudo; y mandó el capitan á ciertos de á caballo que estaban -en tierra llana, que no se quitasen de sus puestos y tuviesen los -caballos ensillados y enfrenados.</p> - -<p>Volvamos á los chamultecas, que toda la noche estuvieron tañendo -atabales y trompetillas y dando voces y gritos, y decian que otro dia -nos habian de matar que así se lo habia prometido su ídolo; y cuando -amaneció volvimos con nuestros ingenios y mantas á hacer mayores -entradas, y los contrarios con grande ánimo defendiendo su fortaleza, y -aun hirieron este dia á cinco de los nuestros, y á mí me dieron un buen -bote de lanza, que me pasaron las armas, y si no fuera por el mucho -algodon y bien colchadas que eran, me mataran,<span class="pagenum" -id="Page_550">p. 550</span> porque con ser buenas las pasaron y echaron -buen pelote de algodon fuera, me dieron una chica herida; y en aquella -sazon era más de medio dia, y vino muy grande agua y luego una muy -oscura neblina; porque, como eran sierras altas, siempre hay neblinas -y aguaceros; y nuestro capitan, como llovia mucho, se apartó del -combate, y como ya era acostumbrado á las guerras pasadas de Méjico, -bien entendí que en aquella sazon que vino la neblina no daban los -contrarios tantas voces ni gritos como de ántes; y veia que estaban -arrimadas á los aduares y fortalezas y barbacanas muchas lanzas, y -que no las veia menear, sino hasta ducientas dellas, sospeché lo que -fué, que se querian ir ó se iban entónces, y de presto les entramos -por un portillo yo y otro mi compañero, y estaban obra de ducientos -guerreros, los cuales arremetieron á nosotros y nos dan muchos botes -de lanza; y si de presto no fuéramos socorridos de unos indios de -Cinacatan, que dieron voces á nuestros soldados, que entraron luego con -nosotros en su fortaleza, allí perdiéramos las vidas; y como estaban -aquellos chamultecas con sus lanzas haciendo cara y vieron el socorro, -se van huyendo, porque los demás guerreros ya se habian huido con la -neblina; y nuestro capitan con todos los soldados y amigos entraron -dentro, y estaba ya alzado todo el hato, y la gente menuda y mujeres -ya se habian ido por el paso muy malo, que he dicho que era muy hondo -y de mala su<span class="pagenum" id="Page_551">p. 551</span>bida y -peor bajada; y fuimos en el alcance, y se prendieron muchas mujeres, -muchachos y niños y sobre treinta hombres, y no se halló despojo en -el pueblo, salvo bastimento; y esto hecho, nos volvimos con la presa -camino de Cinacatan, y fué acordado que asentásemos nuestro real junto -á un rio adonde está ahora poblada la Ciudad-Real, que por otro nombre -llaman Chiapa de los Españoles; y desde allí soltó el capitan Luis -Marin seis indios con sus mujeres, de los presos de Chamula, para que -fuesen á llamar los de Chamula, y se les dijo que no hubiesen miedo, y -se les darian todos los prisioneros; y fueron los mensajeros, y otro -dia vinieron de paz y llevaron toda su gente, que no quedó ninguna; y -despues de haber dado la obediencia á su majestad, me depositó aquel -pueblo el capitan Luis Marin, porque desde Méjico se lo habia escrito -Cortés, que me diese una buena cosa de lo que se conquistase, y tambien -porque era yo mucho su amigo del Luis Marin, y porque fuí el primer -soldado que les entró dentro; y Cortés me envió cédula de encomienda -guardada, y me tributaron más de ocho años.</p> - -<p>En aquella sazon no estaba poblada la Ciudad-Real, que despues se -pobló, é se dió mi pueblo para la poblacion.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos cómo yo pedí á fray Juan que les predicase, -y él lo hizo de voluntad, y les puso altar y una cruz y una imágen de -la Vírgen, y se bautizaron luego quince; é decia el fraile que esperaba -en Dios habian de ser<span class="pagenum" id="Page_552">p. 552</span> -aquellos buenos católicos, é yo me alegraba, porque los queria bien, -como á cosa mia.</p> - -<p>Pero volvamos á nuestra relacion: que, como ya Chamula estaba de -paz, é Gueguistitlan, que estaba alzado, no quisieron venir de paz -aunque les enviamos á llamar, acordó nuestro capitan que fuésemos á -los buscar á sus pueblos; y digo aquí pueblos, porque entónces eran -tres pueblezuelos, y todos puestos en fortaleza; y dejamos allí adonde -estaban nuestros ranchos los heridos y fardaje, y fuimos con el capitan -los más sueltos y sanos soldados, y los de Cinacatan nos dieron sobre -trecientos indios de guerra, que fueron con nosotros, y seria de allí -á los pueblos de Gueguistitlan obra de cuatro leguas; y como íbamos á -sus pueblos, hallamos todos los caminos cerrados, llenos de maderos é -árboles cortados y muy embarazados, que no podian pasar caballos: y con -los amigos que llevábamos los desembarazamos é quitaron los maderos; -y fuimos á un pueblo de los tres, que ya he dicho que era fortaleza, -y hallámosle lleno de guerreros, y comenzaron á nos dar grita y voces -y á tirar vara y flecha, y tenian granzas y pavesinas y espadas de á -dos manos de pedernal, que cortan como navajas, segun y de la manera -de los de Chamula; y nuestro capitan con todos nosotros les íbamos -subiendo la fortaleza, que era muy más mala y recia de tomar que no la -de Chamula; acordaron de se ir huyendo y dejar el pueblo despoblado -y sin cosa ninguna<span class="pagenum" id="Page_553">p. 553</span> -de bastimentos; y los canacantecas prendieron dos indios dellos, que -luego trajeron al capitan, los cuales mandó soltar, para que llamasen -de paz á todos los más sus vecinos, y aguardamos allí un dia que -volviesen con la respuesta, y todos vinieron de paz, y trajeron un -presente de oro de poca valía y plumajes de quetzales, que son unas -plumas que se tienen entre ellos en mucho, y nos volvimos á nuestros -ranchos; y porque pasaron otras cosas que no hacen á nuestra relacion, -se dejarán de decir, y diremos cómo cuando hubimos vuelto á los ranchos -pusimos en plática que seria bien poblar allí adonde estábamos una -villa, segun que Cortés nos mandó que poblásemos, y muchos soldados -de los que allí estábamos deciamos que era bien, y otros que tenian -buenos indios en lo de Guacacualco eran contrarios, y pusieron por -achaque que no teniamos herraje para los caballos, y que éramos pocos, -y todos los más heridos, y la tierra muy poblada, y los más pueblos -estaban en fortalezas y en grandes sierras, y que no nos podriamos -valer ni aprovechar de los caballos, y decian por ahí otras cosas; y -lo peor de todo, que el capitan Luis Marin é un Diego de Godoy, que -era escribano del Rey, persona muy entremetida, no tenian voluntad de -poblar, sino volver á nuestros ranchos y villa; é un Alonso de Grado, -que ya le he nombrado otras veces en el capítulo pasado, el cual era -más bullicioso que hombre de guerra, parece ser traia secretamente -una cé<span class="pagenum" id="Page_554">p. 554</span>dula de -encomienda firmada de Cortés, en que le daba la mitad del pueblo de -Chiapa cuando estuviese pacificado, y por virtud de aquella cédula -demandó al capitan Luis Marin que le diese el oro que hubo en Chiapa -que dieron los indios, é otro que se tomó en los templos de los ídolos -del mismo Chiapa, que serian mil é quinientos pesos, y Luis Marin decia -que aquello era para ayudar á pagar los caballos que habian muerto en -la guerra en aquella jornada; y sobre ello y sobre otras diferencias -estaban muy mal el uno con el otro, y tuvieron tantas palabras, que el -Alonso de Grado, como era mal condicionado, se desconcertó en hablar; -y quien se metia en medio y lo revolvia todo era el escribano Diego de -Godoy.</p> - -<p>Por manera que Luis Marin los echó presos al uno y al otro, y -con grillos y cadenas los tuvo seis ó siete dias presos, y acordó -de enviar á Alonso de Grado á Méjico preso, y al Godoy con ofertas -y prometimientos y buenos intercesores le soltó; y fué peor, que se -concertaron luego el Grado y el Godoy de escribir desde allí á Cortés -muy en posta, diciendo muchos males de Luis Marin, y aun Alonso de -Grado me rogó á mí que de mi parte escribiese á Cortés, y en la carta -le disculpase al Grado, porque le decia el Godoy al Grado que Cortés -en viendo mi carta le daria crédito, y no dijese bien del Marin; é yo -escribí lo que me pareció que era verdad, y no culpando al capitan -Marin; y luego envió preso á Méjico al Alonso de<span class="pagenum" -id="Page_555">p. 555</span> Grado, con juramento que le tomó que se -presentaria ante Cortés dentro de ochenta dias, porque desde Cinacatan -habia por la via y camino que venimos sobre ciento y noventa leguas -hasta Méjico.</p> - -<p>Dejemos de hablar de todas estas revueltas y embarazos; é ya partido -el Alonso de Grado, acordamos de ir á castigar á los de Cimatan, que -fueron en matar los dos soldados cuando me escapé yo y Francisco -Martin, vizcaino, de sus manos; é yendo que íbamos caminando para unos -pueblos que se dicen Tapelola, é ántes de llegar á ellos habia unas -sierras y pasos tan malos, así de subir como de bajar, que tuvimos -por cosa dificultosa el poder pasar por aquel puerto; y Luis Marin -envió á rogar á los caciques de aquellos pueblos que los adobasen -de manera que pudiésemos pasar é ir por ellos, é así lo hicieron, -y con mucho trabajo pasaron los caballos, y luego fuimos por otros -pueblos que se dicen Silo, Suchiapa é Coyumelapa, y desde allí fuimos -á este Panguaxaya; y llegados que fuimos á otros pueblos que se dicen -Tecomayacatal é Ateapan, que en aquella sazon todo era un pueblo y -estaban juntas casas con casas, y era una poblacion de las grandes que -habia en aquella provincia, y estaba en mí encomendada por Cortés; y -como entónces era mucha poblacion, y con otros pueblos que con ellos se -juntaron, salieron de guerra al pasar de un rio muy hondo que pasa por -el pueblo, é hirieron seis soldados y mataron tres caballos, y es<span -class="pagenum" id="Page_556">p. 556</span>tuvimos buen rato peleando -con ellos; y al fin pasamos el rio é se huyeron, y ellos mismos -pusieron fuego á las casas y se fueron al monte; estuvimos cinco dias -curando los heridos y haciendo entradas, donde se tomaron muy buenas -indias, y se les envió á llamar de paz, y que se les daria la gente -que habiamos preso y que se les perdonaria lo de la guerra pasada; y -vinieron todos los más indios y poblaron su pueblo, y demandaban sus -mujeres é hijos, como lo habian prometido.</p> - -<p>El escribano Diego de Godoy aconsejaba al capitan Luis Marin -que no las diese, sino que se echase el hierro del Rey, y que se -echaba á los que una vez habian dado la obediencia á su majestad y -se tornaban á levantar sin causa ninguna; y porque aquellos pueblos -salieron de guerra y nos flecharon y nos mataron los tres caballos, -decia el Godoy que se pagasen los tres caballos con aquellas piezas -de indios que estaban presos; é yo repliqué que no se herrasen, y -que no era justo, pues vinieron de paz; y sobre ello yo y el Godoy -tuvimos grandes debates y palabras y aun cuchilladas, que entrambos -salimos heridos, hasta que nos despartieron y nos hicieron amigos; y -el capitan Luis Marin era muy bueno y no era malicioso, é vió que no -era justo hacer más de lo que le pedí por merced, y mandó que diesen -todas las mujeres y toda la más gente que estaba presa á los caciques -de aquellos pueblos, y los dejamos en sus casas muy de paz; y desde -allí<span class="pagenum" id="Page_557">p. 557</span> atravesamos al -pueblo de Cimatlan y otros pueblos que se dicen Talatupan, y ántes de -entrar en el pueblo tenian hechas unas saeteras y andamios junto á -un monte, y luego estaban unas ciénagas, é así como llegamos nos dan -de repente una tan buena rociada de flecha con muy buen concierto y -ánimo, y hirieron sobre veinte soldados y mataron dos caballos, y si de -presto no les desbaratáramos y deshiciéramos sus cercados y saeteras, -mataran é hirieran muchos más, y luego se acogieron á las ciénagas; y -estos indios destas provincias son grandes flecheros, que pasan con -sus flechas y arcos dos dobleces de armas de algodon bien colchadas, -que es mucha cosa; y estuvimos en un pueblo dos dias, y los enviamos á -llamar de paz y no quisieron venir; y como estábamos cansados, y habia -allí muchas ciénagas que tiemblan, que no pueden entrar en ellas los -caballos ni aun ninguna persona sin que se atolle en ellas, y han de -salir arrastrando y á gatas, y aun si salen es maravilla, tanto son de -malas.</p> - -<p>É por no ser yo más largo sobre este caso, por todos nosotros fué -acordado que volviésemos á nuestra villa de Guacacualco, y volvimos por -unos pueblos de la Chontalpa, que se dicen Guimango é Nacaxu, y Xuica -é Teotitan Copileo, é pasamos otros pueblos, y á Ulapa, y el rio de -Ayagualco é al de Tonala, y luego á la villa de Guacacualco; y del oro -que se hubo en Chiapa y en Chamula, sueldo por libra se pagaron los -caballos que<span class="pagenum" id="Page_558">p. 558</span> mataron -en las guerras.</p> - -<p>Dejemos esto, y digamos que como el Alonso de Grado llegó á Méjico -delante de Cortés, y cuando supo de la manera que iba, le dijo muy -enojado:</p> - -<p>—«¿Cómo, señor Alonso de Grado, que no podeis caber ni en una parte -ni en otra? Lo que os ruego es que mudeis esa mala condicion; si no, -en verdad que os enviaré á la isla de Cuba, aunque sepa daros tres mil -pesos con que allá vivais, porque yo no os puedo sufrir.»</p> - -<p>Y al Alonso de Grado se le humilló de manera, que tornó á estar bien -con el Cortés, y el Luis Marin y fray Juan escribieron á Cortés todo lo -acaecido.</p> - -<p>Y dejallo hé aquí y diré lo que pasó en la córte sobre el Obispo de -Búrgos é Arzobispo de Rosano.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_167"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXVII.</h2> - <p class="subh2c">CÓMO ESTANDO EN CASTILLA NUESTROS PROCURADORES - RECUSARON AL OBISPO DE BÚRGOS, Y LO QUE MÁS PASÓ.</p> -</div> - -<p>Ya he dicho en los capítulos pasados que don Juan Rodriguez de -Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, que así se nombraba, -hacia mucho por las cosas de Diego Velazquez, y era contrario de las -de Cortés y á todas<span class="pagenum" id="Page_559">p. 559</span> -las nuestras; y quiso nuestro Señor Jesucristo que en el año de -1521 fué elegido en Roma por Sumo Pontífice nuestro muy Santo Padre -el Papa Adriano de Lobayna, y en aquella sazon estaba en Castilla -por gobernador della y residia en la ciudad de Vitoria, y nuestros -procuradores fueron á besar sus santos piés y un gran señor aleman, -que era de la cámara de su majestad, que se decia mosiur de Lasoa, -le vino á dar el parabien del Pontificado por parte del Emperador -nuestro señor á Su Santidad, y el mosiur de Lasoa tenia noticia de -los heróicos hechos y grandes hazañas que Cortés y todos nosotros -habiamos hecho en la conquista desta Nueva-España, y los grandes, -muchos, buenos y notables servicios que siempre haciamos á su majestad, -y de la conversion de tantos millares de indios que se convertian -á nuestra santa fe; y parece ser aquel caballero aleman suplicó al -santo Padre Adriano que fuese servido entender muy de hecho en las -cosas entre Cortés y el Obispo de Búrgos, y Su Santidad lo tomó -tambien muy á pechos; porque, allende de las quejas que nuestros -procuradores propusieron ante nuestro Santo Padre, le habian ido otras -muchas personas de calidad á se quejar del mismo Obispo de muchos -agravios é sinjusticias que decian que hacia; porque, como su majestad -estaba en Flandes, y el Obispo era presidente de Indias, todo se lo -mandaba, y era malquisto; y segun entendimos, nuestros procura<span -class="pagenum" id="Page_560">p. 560</span>dores hallaron calor para le -osar recusar.</p> - -<p>Por manera que se juntaron en la córte Francisco de Montejo y Diego -de Ordás y el licenciado Francisco Nuñez, primo de Cortés, y Martin -Cortés, padre del mismo Cortés, y con favor de otros caballeros y -grandes señores que les favorecieron, y uno dellos, y el que más metió -la mano, fué el duque de Béjar; y con estos favores le recusaron con -gran osadía y atrevimiento al Obispo ya por mí dicho, y las causas que -dieron muy bien probadas.</p> - -<p>Lo primero fué que el Diego Velazquez dió al Obispo un muy buen -pueblo en la isla de Cuba, y que con los indios del pueblo le sacaban -oro de las minas y se lo enviaba á Castilla; y que á su majestad no le -dió ningun pueblo, siendo más obligado á ello que al Obispo.</p> - -<p>Y lo otro, que en el año de 1517 años, que nos juntamos ciento -y diez soldados con un capitan que se decia Francisco Hernandez de -Córdoba, é que á nuestra costa compramos navíos y matalotaje y todo lo -demás, y salimos á descubrir la Nueva-España; y que el Obispo de Búrgos -hizo relacion á su majestad que Diego Velazquez la descubrió, y no fué -así.</p> - -<p>Y lo otro, que envió el mismo Diego Velazquez á lo que habiamos -descubierto á un sobrino suyo que se decia Juan de Grijalva, é que -descubrió más adelante, é que hubo en aquella jornada sobre veinte mil -pesos de oro de rescate, y que todo lo más envió el Diego Velazquez al -mismo Obispo, é que no dió parte<span class="pagenum" id="Page_561">p. -561</span> dello á su majestad; é que cuando vino Cortés á conquistar -la Nueva-España, que envió un presente á su majestad, que fué la -luna de oro y el sol de plata é mucho oro en grano sacado de las -minas, é gran cantidad de joyas y tejuelos de oro de diversas -maneras, y escribimos á su majestad el Cortés y todos nosotros sus -soldados dándole cuenta y razon de lo que pasaba, y envió con ello á -Francisco de Montejo é á otro caballero que se decia Alonso Hernandez -Puertocarrero, primo del conde de Medellin, que no los quiso oir, y les -tomó todo el presente de oro que iba para su majestad, y les trató mal -de palabra, llamándolos de traidores, é que venian á procurar por otro -traidor; y que las cartas que venian para su majestad las encubrió, y -escribió otras muy al contrario dellas, diciendo que su amigo Diego -Velazquez envia aquel presente; y que no le envió todo lo que traian, -que el Obispo se quedó con la mitad y mayor parte dello.</p> - -<p>Y porque el Alonso Hernandez Puertocarrero, que era uno de los dos -procuradores que enviaba Cortés, le suplicó al Obispo que le diese -licencia para ir á Flandes, adonde estaba su majestad, le mandó echar -preso, y que murió en las cárceles; y que envió á mandar en la casa de -la contratacion de Sevilla al contador Pedro de Isasala y Juan Lopez -de Recalde, que estaban en ella por oficiales de su majestad, que no -diesen ayuda ninguna para Cortés, así de soldados como de armas ni otra -cosa, y que pro<span class="pagenum" id="Page_562">p. 562</span>veia -los oficiales y cargos, sin consultallo con su majestad, á hombres -que no lo merecian ni tenian habilidad ni saber para mandar, como fué -al Cristóbal de Tapia, y que por casar á su sobrina doña Petronila de -Fonseca con Tapia ó con el Diego Velazquez le prometió la gobernacion -de Nueva-España; é que aprobaba por buenas las falsas relaciones é -procesos que hacian los procuradores de Diego Velazquez, los cuales -eran Andrés de Duero y Manuel de Rojas y el Padre Benito Martin, y -aquellas enviaba á su majestad por buenas, y las de Cortés y de todos -los que estábamos sirviendo á su majestad, siendo muy verdaderas, -encubria y torcia y las condenaba por malas; y le pusieron otros muchos -cargos, y todo muy bien probado, que no se pudo encubrir cosa ninguna, -por más que alegaban por su parte.</p> - -<p>Y luego que esto fué hecho y sacado en limpio, fué llevado á -Zaragoza, adonde Su Santidad estaba en aquella sazon que le recusó, y -como vió los despachos y causas que se dieron en la recusacion, y que -las partes del Diego Velazquez, por más que alegaban que habia gastado -en navíos y costas, fueron rechazados sus dichos; que, pues no acudió -á nuestro Rey y señor, sino solamente al Obispo de Búrgos, su amigo, y -Cortés hizo lo que era obligado, como leal servidor, mandó Su Santidad, -como gobernador que era de Castilla, demás de ser Papa, al Obispo -de Búrgos que luego dejase<span class="pagenum" id="Page_563">p. -563</span> el cargo de entender en las cosas y pleitos de Cortés, y que -no entendiese en cosa ninguna de las Indias, y declaró por gobernador -desta Nueva-España á Hernando Cortés, y que si algo habia gastado Diego -Velazquez, que se lo pagásemos; y aun envió á la Nueva-España bulas -con muchas indulgencias para los hospitales é iglesias, y escribió una -carta encomendando á Cortés y á todos nosotros los conquistadores que -estábamos en su compañía que siempre tuviésemos mucha diligencia en la -santa conversion de los naturales, é fuese de manera que no hubiese -muertes ni robos, sino con paz y cuanto mejor se pudiese hacer, é que -les vedásemos y quitásemos sacrificios y sodomías y otras torpedades; -y decia en la carta que, demás del gran servicio que haciamos á Dios -nuestro Señor y á su majestad, que Su Santidad, como nuestro padre y -pastor, tenia cargo de rogar á Dios por nuestras ánimas, pues tanto -bien por nuestra mano ha venido á toda la cristiandad; y aun nos envió -otras santas bulas para nuestras absoluciones.</p> - -<p>É viendo nuestros procuradores lo que mandaba el Santo Padre, así -como Pontífice y gobernador de Castilla, enviaron luego correos muy -en posta adonde su majestad estaba, que ya habia venido de Flandes y -estaba en Castilla, y aun llevaron cartas de Su Santidad para nuestro -Monarca; y despues de muy bien informado de lo de atrás por mí dicho, -confirmó lo que el Sumo Pontífice mandó, y declaró por go<span -class="pagenum" id="Page_564">p. 564</span>bernador de la Nueva-España -á Cortés, y á lo que el Diego Velazquez gastó de su hacienda en la -armada, que se le pagase, y aun le mandó quitar la gobernacion de la -isla de Cuba, por cuanto habia enviado el armada con Pánfilo de Narvaez -sin licencia de su majestad, no embargante que la Real audiencia y -los Frailes Jerónimos que residian en la isla de Santo Domingo por -gobernadores, se lo habian defendido, y aun sobre se lo quitar enviaron -á un oidor de la misma Real audiencia, que se decia Lúcas Vazquez de -Ayllon, para que no consintiese ir la tal armada, y en lugar de le -obedecer, le echaron preso y le enviaron con prisiones en un navío.</p> - -<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que, como el Obispo de Búrgos -supo lo por mí atrás dicho, y lo que Su Santidad y su majestad -mandaban, é se lo fueron á notificar, fué muy grande el enojo que tomó, -de que cayó muy malo, é se salió de la córte y se fué á Toro, donde -tenia su asiento y casas; y por mucho que metió la mano su hermano don -Antonio de Fonseca, señor de Coca é Alaéjos, en le favorecer, no lo -pudo volver en el mando que de ántes tenia.</p> - -<p>Y dejemos de hablar desto, y digamos que á gran bonanza que en -favor de Cortés hubo, se siguió contrariedad; que le vinieron otros -grandes contrastes de acusaciones que le ponian por Pánfilo de Narvaez -y Cristóbal de Tapia y por el piloto Cárdenas, que he dicho en el -capítulo que sobre ello habla que cayó malo de<span class="pagenum" -id="Page_565">p. 565</span> pensamiento cómo no le dieron la parte -del oro de lo primero que se envió á Castilla; y tambien le acusó un -Gonzalo de Umbría, piloto, á quien Cortés mandó cortar los piés porque -se alzaba con un navío con Cermeño y Pedro Escudero, que mandó ahorcar -Cortés.</p> - - -<p class="centra fs90 mt3">FIN DEL TOMO SEGUNDO.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <p><span class="pagenum" id="Page_567">p. 567</span></p> - <h2 class="nobreak"><big>ÍNDICE.</big></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<table summary="Índice de contenidos"> - <tr> - <td> </td> - <td> </td> - <td class="tdr bb"><i>Páginas.</i></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdl">Capítulo</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_112">CXII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_112">5</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_113">CXIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_113">9</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_114">CXIV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_114">13</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_115">CXV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_115">17</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_116">CXVI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_116">26</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_117">CXVII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_117">29</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_118">CXVIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_118">34</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_119">CXIX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_119">36</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_120">CXX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_120">41</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_121">CXXI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_121">50</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_122">CXXII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_122">53</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_123">CXXIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_123">70</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_124">CXXIV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_124">71</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_125">CXXV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_125">78</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_126">CXXVI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_126">84</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_127">CXXVII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_127">99</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_128">CXXVIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_128">103</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_129">CXXIX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_129">126</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_130">CXXX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_130">139</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_131">CXXXI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_131">146</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_132">CXXXII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_132">149</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_133">CXXXIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_133">155</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_134">CXXXIV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_134">159</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_135">CXXXV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_135">166</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_136">CXXXVI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_136">170</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_137">CXXXVII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_137">182</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_138">CXXXVIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_138">193</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_139">CXXXIX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_139">196</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc"><span class="pagenum" id="Page_568">p. 568</span>—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_140">CXL</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_140">208</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_141">CXLI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_141">216</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_142">CXLII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_142">230</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_143">CXLIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_143">242</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_144">CXLIV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_144">246</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_145">CXLV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_145">262</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_146">CXLVI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_146">283</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_147">CXLVII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_147">287</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_148">CXLVIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_148">290</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_149">CXLIX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_149">293</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_150">CL</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_150">297</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_151">CLI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_151">313</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_152">CLII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_152">339</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_153">CLIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_153">360</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_154">CLIV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_154">373</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_155">CLV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_155">379</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_156">CLVI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_156">391</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_157">CLVII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_157">409</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_158">CLVIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_158">422</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_159">CLIX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_159">440</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_160">CLX</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_160">451</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_161">CLXI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_161">467</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_162">CLXII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_162">472</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_163">CLXIII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_163">501</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_164">CLXIV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_164">505</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_165">CLXV</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_165">520</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_166">CLXVI</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_166">526</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdc">—</td> - <td class="tdl"><a href="#Ch_167">CLXVII</a>.</td> - <td class="tdr"><a href="#Ch_167">558</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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If any disclaimer or limitation set forth in this agreement -violates the law of the state applicable to this agreement, the -agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or -limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or -unenforceability of any provision of this agreement shall not void the -remaining provisions. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.F.6. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state -visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Please check the Project Gutenberg web pages for current donation -methods and addresses. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/64946-h/images/cover.jpg b/old/64946-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index b27e277..0000000 --- a/old/64946-h/images/cover.jpg +++ /dev/null |
