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-The Project Gutenberg eBook of Verdadera historia de los sucesos de la
-conquista de la Nueva-España (2 de 3), by Bernal Díaz del Castillo
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la
- Nueva-España (2 de 3)
-
-Author: Bernal Díaz del Castillo
-
-Release Date: March 28, 2021 [eBook #64946]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/American Libraries.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS
-DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, las negritas entre
- =iguales= y las versalitas se han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las
- variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de los
- nombres propios y de los términos indígenas.
-
- * En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853
- por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de
- Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero
- cuyos errores tipográficos son menores.
-
- * No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha
- distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué»,
- distinción no siempre presente en el original impreso.
-
- * Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y seguido
- —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y aparte,
- con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del original.
-
- * También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una
- raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA
- POR
- BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.
-
-
-
-
- VERDADERA HISTORIA
- DE LOS SUCESOS
- DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA,
-
- POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO,
- UNO DE SUS CONQUISTADORES.
-
-
- TOMO II.
-
-
- MADRID.—1863.
- Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12.
-
-
-
-
-CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA
-
-POR
-
-BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXII.
-
-CÓMO CORTÉS, DESPUES DE BIEN INFORMADO DE QUIÉN ERA CAPITAN Y QUIÉN Y
-CUÁNTOS VENIAN EN LA ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS DE GUERRA QUE TRAIA, Y
-DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS QUE Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ
-AL CAPITAN É Á OTROS SUS AMIGOS, ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE DUERO,
-SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y TAMBIEN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA
-ORO Y ROPA AL NARVAEZ, Y LAS PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DECIR EL NARVAEZ
-AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO VENIA EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LÚCAS
-VAZQUEZ DE AILLON, OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE SANTO DOMINGO, É LA
-INSTRUCCION QUE TRAIAN.
-
-
-Como Cortés en todo tenia cuidado y advertencia, y cosa ninguna se le
-pasaba que no procuraba poner remedio, y como muchas veces he dicho
-ántes de ahora, tenia tan acertados y buenos capitanes y soldados,
-que, demás de ser muy esforzados, dábamos buenos consejos, acordóse
-por todos que se escribiese en posta con indios que llevasen las
-cartas al Narvaez ántes que llegase el clérigo Guevara, con muchas
-caricias y ofrecimientos que todos á una le hiciésemos, y que hariamos
-todo lo que su merced mandase; y que le pediamos por merced que no
-alborotase la tierra, ni los indios viesen entre nosotros disensiones;
-y esto deste ofrecimiento fué por causa que, como éramos los de Cortés
-pocos soldados en comparacion de los que el Narvaez traia, porque nos
-tuviese buena voluntad y para ver lo que sucedia; y nos ofrecimos por
-sus servidores, y tambien debajo destas buenas palabras no dejamos de
-buscar amigos entre los capitanes de Narvaez: porque el padre Guevara y
-el escribano Vergara dijeron á Cortés que Narvaez no venia bienquisto
-con sus capitanes, y que les enviase algunos tejuelos y cadenas de
-oro, porque dádivas quebrantan peñas: y Cortés les escribió que habia
-holgado en gran manera él y todos nosotros sus compañeros con su
-llegada á aquel puerto; y pues son amigos de tiempos pasados, que le
-pide por merced que no dé causa á que el Montezuma, que está preso, se
-suelte y la ciudad se levante, porque será para perderse él y su gente,
-y todos nosotros las vidas, por los grandes poderes que tiene: y esto,
-que lo dice porque el Montezuma está muy alterado y toda la ciudad
-revuelta con las palabras que de allá le ha enviado á decir; é que cree
-y tiene por cierto que de un tan esforzado y sábio varon, como él
-es no habian de salir de su boca cosas de tal arte dichas, ni en tal
-tiempo, sino que el Cervantes el chocarrero y los soldados que llevó
-consigo, como eran ruines lo dirian.
-
-Y demás de otras palabras que en la carta iban, se le ofreció con su
-persona y hacienda, y que en todo haria lo que mandase.
-
-Y tambien escribió Cortés al secretario Andrés de Duero y al oidor
-Lúcas Vazquez de Aillon, y con las cartas envió ciertas joyas de oro
-para sus amigos; y despues que hubo enviado esta carta secretamente,
-mandó dar al oidor cadenas y tejuelos y rogó al padre de la Merced que
-luego tras la carta fuese al real de Narvaez; y le dió otras cadenas
-de oro y tejuelos, y joyas muy estimadas que diese allá á sus amigos,
-y así como llegó la primera carta que dicho habemos que escribió
-Cortés con los indios ántes que llegase el padre Guevara, que fué el
-que Narvaez nos envió, andábala mostrando el Narvaez á sus capitanes,
-haciendo burla della y aun de nosotros; y un capitan de los que traia
-el Narvaez, que venia por veedor, que se decia Salvatierra, dicen que
-hacia bramuras desque la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, que
-para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él
-estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á
-vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la
-una dellas; y decia otras liviandades.
-
-Por manera que no quiso responder á la carta ni nos tenia en una
-castañeta.
-
-Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su Real,
-y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran servidor
-del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas ciudades
-que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que le será
-servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por paz y sin
-ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire el señor
-Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la gente que
-trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias; pues hay
-tierras hartas donde se pueden albergar.
-
-É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con el
-padre Guevara y con el Amaya, que no los queria despues más ver ni
-escuchar; y desque los del real de Narvaez los vieron ir tan ricos
-al padre Guevara y al escribano Vergara é á los demás, y les decian
-secretamente á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é de todos
-nosotros, é que habian visto tanta multitud de oro que en el real
-andaba en el juego de los naipes, muchos de los de Narvaez deseaban
-estar ya en nuestro real; y en este instante llegó nuestro padre de
-la Merced, como dicho tengo, al real de Narvaez con los tejuelos que
-Cortés les dió y con cartas secretas, y fué á besar las manos al
-Narvaez, é á decille cómo Cortés hará todo lo que le mandare, é que
-tenga paz y amor; é como el Narvaez era cabezudo y venia muy pujante,
-no lo quiso oir; ántes dijo delante del mismo padre que Cortés y todos
-nosotros éramos unos traidores; é porque el fraile respondió que ántes
-éramos muy leales servidores del Rey, le trató mal de palabra; y muy
-secretamente repartió el fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien
-Cortés le mandó y convocaba y atraia á sí los más principales del real
-de Narvaez.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré lo que al oidor Lúcas Velazquez de Aillon y
-al Narvaez les aconteció, y lo que sobre ello pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXIII.
-
-CÓMO HUBIERON PALABRAS EL CAPITAN PÁNFILO DE NARVAEZ Y EL OIDOR LÚCAS
-VAZQUEZ DE AILLON, Y EL NARVAEZ LE MANDÓ PRENDER Y LE ENVIÓ EN UN NAVÍO
-PRESO Á CUBA Ó Á CASTILLA, Y LO QUE SOBRE ELLO AVINO.
-
-
-Parece ser que, como el oidor Lúcas Vazquez de Aillon venia á favorecer
-las cosas de Cortés y de todos nosotros, porque así se lo habia mandado
-la real audiencia de Santo Domingo y los frailes jerónimos que estaban
-por gobernadores, como sabian los muchos y buenos y leales servicios
-que haciamos á Dios primeramente y á nuestro Rey y señor, y del gran
-presente que enviamos á Castilla con nuestros procuradores; é demás
-de lo que la audiencia Real le mandó, como el oidor vió las cartas de
-Cortés, y con ellas tejuelos de oro, si de ántes decia que aquella
-armada que enviaba era injusta, y contra toda justicia que contra
-tan buenos servidores del Rey como éramos era mal hecho venir, de
-allí adelante lo decia muy clara y abiertamente; y decia tanto bien
-de Cortés y de todos los que con él estábamos, que ya en el real de
-Narvaez no se hablaba de otra cosa.
-
-Y demás desto, como veian y conocian en el Narvaez ser la pura miseria,
-y el oro y ropa que el Montezuma les enviaba todo se lo guardaba, y no
-daba cosa dello á ningun capitan ni soldado, ántes decia, con voz, que
-hablaba muy entonado, medio de bóveda, á su mayordomo:
-
-—«Mirad que no falte ninguna manta, porque todas están puestas por
-memoria.»
-
-É como aquello conocian dél, é oian lo que dicho tengo del Cortés y
-los que con él estábamos, de muy francos, todo su real estaba medio
-alborotado, y tuvo pensamiento el Narvaez que el oidor entendia en
-ello, é poner zizaña.
-
-Y demás desto, cuando Montezuma les enviaba bastimento, que repartia
-el despensero ó mayordomo de Narvaez, no tenia cuenta con el oidor ni
-con sus criados, como era razon, y sobre ello hubo ciertas cosquillas
-y ruido en el real; y tambien porque el consejo que daban al Narvaez
-el Salvatierra, que dicho tengo que venia por veedor, y Juan Bono,
-vizcaino, y un Gamarra, y sobre todo, los grandes favores que tenia de
-Castilla de D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, tuvo tan
-gran atrevimiento el Narvaez, que prendió al oidor del Rey, á él y á
-su escribano y ciertos criados, y lo hizo embarcar en un navío, y los
-envió presos á Castilla ó á la isla de Cuba.
-
-Y aun sobre todo esto, porque un hidalgo que se decia Fulano de Oblanco
-y era letrado, decia al Narvaez que Cortés era muy servidor del Rey, y
-todos nosotros los que estábamos en su compañía éramos dignos de muchas
-mercedes, y que parecia mal llamarnos traidores, y que era mucho más
-mal prender á un oidor de su majestad; y por esto que le dijo, le mandó
-echar preso; y como el Gonzalo de Oblanco era muy noble, de enojo murió
-dentro de cuatro dias.
-
-Tambien mandó echar presos á otros dos soldados de los que traia en su
-navío, que sabia que hablaban bien de Cortés, entre ellos fué un Sancho
-de Barahona, vecino que fué de Guatimala.
-
-Tornemos á decir del oidor que llevaban preso á Castilla, que con
-palabras buenas é con temores que puso al capitan del navío y al
-maestre y al piloto que le llevaban á cargo, les dijo que, llegados
-á Castilla, que en lugar de paga de lo que hacen, su majestad les
-mandaria ahorcar; y como aquellas palabras oyeron, le dijeron que
-les pagase su trabajo y le llevarian á Santo Domingo; y así, mudaron
-la derrota que Narvaez les habia mandado que fuesen; y llegado á la
-isla de Santo Domingo y desembarcado, como la audiencia Real que allí
-residia y los frailes jerónimos que estaban por gobernadores oyeron al
-licenciado Lúcas Vazquez, y vieron tan grande desacato é atrevimiento,
-sintiéronlo mucho, y con tanto enojo, que luego lo escribieron á
-Castilla al Real Consejo de su majestad; y como el Obispo de Búrgos era
-presidente y lo mandaba todo, y su majestad no habia venido de Flandes,
-no hubo lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en nuestro favor;
-ántes el don Juan Rodriguez de Fonseca diz que se holgó mucho, creyendo
-que el Narvaez nos habia ya prendido y desbaratado; y cuando su
-majestad estaba en Flandes, y oyeron á nuestros procuradores, y lo que
-el Diego Velazquez y el Narvaez habian hecho en enviar la armada sin su
-Real licencia, y haber prendido á su oidor, les hizo harto daño en los
-pleitos y demandas que despues le pusieron á Cortés y á todos nosotros,
-como adelante diré, por más que decian que tenian licencia del Obispo
-de Búrgos, que era presidente, para hacer el armada que contra nosotros
-enviaron.
-
-Pues como ciertos soldados, parientes y amigos del oidor Lúcas Vazquez,
-vieron que el Narvaez le habia preso, temieron no les acaeciese lo que
-hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque ya les traia sobre los
-ojos y estaba mal con ellos, acordaron de se ir desde los arenales
-huyendo á la villa donde estaba el capitan Sandoval con los dolientes;
-y cuando llegaron á le besar las manos, el Sandoval les hizo mucha
-honra, y supo dellos todo lo aquí por mí dicho, y cómo queria enviar el
-Narvaez á aquella villa soldados á prenderle.
-
-Y lo que más pasó diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXIV.
-
-CÓMO NARVAEZ CON TODO SU EJÉRCITO SE VINO Á UN PUEBLO QUE SE DICE
-CEMPOAL, É LO QUE EN EL CONCIERTO SE HIZO, É LO QUE NOSOTROS HICIMOS
-ESTANDO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS DE IR SOBRE NARVAEZ.
-
-
-Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la audiencia Real de Santo
-Domingo, luego se vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra á
-asentar su real en un pueblo que se dice Cempoal, que en aquella sazon
-era muy poblado; é la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al cacique
-gordo (que así le llamábamos) todas las mantas é ropa labrada é joyas
-de oro, é tambien le tomó las indias que nos habian dado los caciques
-de aquel pueblo, que se las dejamos en casa de sus padres é hermanos,
-porque eran hijas de señores, é para ir á la guerra muy delicadas.
-
-Y el cacique gordo dijo muchas veces al Narvaez que no le tomase cosa
-ninguna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como mantas é
-indias, porque estaria muy enojado, y le vernia á matar de Méjico, así
-al Narvaez como al mismo cacique porque se las dejaba tomar.
-
-É más, se le quejó el mismo cacique de los robos que le hacian sus
-soldados en aquel pueblo, é le dijo que cuando estaba allí Malinche,
-que así llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les tomaban cosa
-ninguna, é que era muy bueno él é sus soldados los teules, porque
-teules nos llamaban; é como aquellas palabras le oia el Narvaez, hacia
-burla dél, é un Salvatierra que venia por veedor, otras veces por mí
-nombrado, que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo á Narvaez é
-otros capitanes sus amigos:
-
-—«¿No habeis visto qué miedo que tienen todos estos caciques desta
-nonada de Cortesillo?»
-
-Tengan atencion los curiosos letores cuán bueno fuera no decir mal de
-lo bueno; porque juro amen que cuando dimos sobre el Narvaez, uno de
-los más cobardes é para ménos fué el Salvatierra, como adelante diré; é
-no porque no tenia buen cuerpo é membrudo, mas era mal engalibado, mas
-no de lengua, y decian que era natural de tierra de Búrgos.
-
-Dejemos de hablar del Salvatierra, é diré cómo el Narvaez envió á
-requerir á nuestro capitan é á todos nosotros con unas provisiones que
-decian que eran traslados de los originales que traia para ser capitan
-por el Diego Velazquez; las cuales enviaba para que nos las notificase
-escribano, que se decia Alonso de Mata, el cual despues, el tiempo
-andando, fué vecino de la Puebla, que era ballestero; é enviaba con el
-Mata á otras tres personas de calidad.
-
-É dejallo he aquí, así al Narvaez como á su escribano, é volveré á
-Cortés, que como cada dia tenia cartas é avisos, así de los del real
-de Narvaez como del capitan Gonzalo de Sandoval, que quedaba en la
-Villa-Rica, é le hizo saber que tenia consigo cinco soldados, personas
-muy principales é amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que es
-el que envió preso Narvaez á Castilla ó á la isla de Cuba; é la causa
-que daban por que se vinieron del real de Narvaez fué, que pues el
-Narvaez no tuvo respeto á un oidor del Rey, que ménos se lo ternia á
-ellos, que eran sus deudos; de los cuales soldados supo el Sandoval muy
-por entero todo lo que pasaba en el real de Narvaez é la voluntad que
-tenia, porque decia que muy de hecho habia de venir en nuestra busca á
-Méjico para nos prender.
-
-Pasemos adelante, y diré que Cortés tomó luego consejo con nuestros
-capitanes é todos nosotros los que sabia que le habiamos de ser muy
-servidores, é solia llamar á consejo para en casos de calidad, como
-estos; é por todos fué acordado que brevemente, sin más aguardar cartas
-ni otras razones, fuésemos sobre el Narvaez, é que Pedro de Albarado
-quedase en Méjico en guarda del Montezuma con todos los soldados que
-no tuviesen buena disposicion para ir á aquella jornada; é tambien para
-que quedasen allí las personas sospechosas que sentiamos que serian
-amigos del Diego Velazquez é de Narvaez; é en aquella sazon, é ántes
-que el Narvaez viniese, habia enviado Cortés á Tlascala por mucho maíz,
-porque habia mala sementera en tierra de Méjico por falta de aguas;
-porque teniamos muchos naborías é amigos del mismo Tlascala, habíamoslo
-menester para ellos; é trujeron el maíz que he dicho, é muchas gallinas
-é otros bastimentos, los cuales enviamos al Pedro de Albarado, é aún
-le hicimos unas defensas á manera de mamparos é fortaleza con arte
-ó falconete, é cuatro tiros gruesos é toda la pólvora que teniamos,
-é diez ballesteros é catorce escopeteros é siete caballos, puesto
-que sabiamos que los caballos no se podrian aprovechar dellos en el
-patio donde estaban los aposentos; é quedaron por todos los soldados
-contados, de á caballo, y escopeteros é ballesteros, ochenta y tres.
-
-Y como el gran Montezuma vió é entendió que queriamos ir sobre el
-Narvaez, é como Cortés le iba á ver cada dia é á tenelle palacio, jamás
-quiso decir ni dar á entender cómo el Montezuma ayudaba al Narvaez é le
-enviaba oro é mantas é bastimentos.
-
-Y de una plática en otra, le preguntó el Montezuma á Cortés que dónde
-queria ir, é para qué habia hecho ahora de nuevo aquellos pertrechos é
-fortaleza, é que cómo andábamos todos alborotados; é lo que Cortés le
-respondió é en qué se resumió la plática diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXV.
-
-CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTÉS QUE CÓMO QUERIA IR SOBRE EL
-NARVAEZ, SIENDO LOS QUE TRAIA DOBLADOS MÁS QUE NOSOTROS, Y QUE LE
-PESARIA MUCHO SI NOS VINIESE ALGUN MAL.
-
-
-Como estaba platicando Cortés con el gran Montezuma, como lo tenian de
-costumbre, dijo el Montezuma á Cortés:
-
-—«Señor Malinche, á todos vuestros capitanes é compañeros os veo andar
-desasosegados, é tambien he visto que no me visitais sino de cuando en
-cuando; é Orteguilla el paje me dice que quereis ir de guerra sobre
-esos vuestros hermanos que vienen en los navíos, é que quereis dejar
-aquí en mi guarda al Tonatio; hacedme merced que me lo declareis, para
-que si yo en algo os pudiere servir é ayudar, lo haré de muy buena
-voluntad. É tambien, señor Malinche, no querria que os viniese algun
-desman, porque vos teneis muy pocos teules, y esos que vienen son
-cinco veces más; é ellos dicen que son cristianos como vosotros é
-vasallos de ese vuestro Emperador, é tienen imágenes y ponen cruz, é
-les dicen Misa, é dicen é publican que sois gentes que venistes huyendo
-de Castilla de vuestro rey y señor, é que os vienen á prender ó á
-matar; en verdad que yo no os entiendo. Por tanto, mirad primero lo que
-haceis.»
-
-Y Cortés le respondió con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo de
-Aguilar, con un semblante muy alegre, que si no le ha venido á dar
-relacion dello, es como le quiere mucho y por no le dar pesar con
-nuestra partida, é que por esta causa lo ha dejado, porque así tiene
-por cierto que el Montezuma le tiene voluntad.
-
-É que cuanto á lo que dice, que todos somos vasallos de nuestro gran
-Emperador, que es verdad, é de ser cristianos como nosotros, que sí
-son; é á lo que dicen que venimos huyendo de nuestro Rey y señor, que
-no es así, sino que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle todo
-lo que en su Real nombre le ha dicho é platicado, é á lo que dice que
-trae muchos soldados é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, é que
-nosotros somos pocos, é que nos vienen á matar é prender, Nuestro Señor
-Jesucristo, en quien creemos é adoramos, é Nuestra Señora Santa María,
-su bendita Madre, nos dará fuerzas, y más que no á ellos, pues que son
-malos é vienen de aquella manera.
-
-É que como nuestro Emperador tiene muchos reinos é señoríos, hay en
-ellos mucha diversidad de gentes, unas muy esforzadas é otras mucho
-más, é que nosotros somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla
-la Vieja, é nos nombran por sobrenombre castellanos; é que el capitan
-que está ahora en Cempoal y la gente que trae que es de otra provincia
-que llaman Vizcaya, é que tienen la habla muy revesada, como á manera
-de decir como los otomís tierra de Méjico; é que él verá cuál se los
-traeriamos presos; é que no tuviese pesar por nuestra ida, que presto
-volveriamos con vitoria.
-
-É lo que ahora le pide por merced, que mire que queda con él su hermano
-Tonatio, que así llamaban á Pedro de Albarado, con ochenta soldados;
-que despues que salgamos de aquella ciudad no haya algun alboroto, ni
-consienta á sus capitanes é papas hagan cosas que sean mal hechas,
-porque despues que volvamos, si Dios quisiere, no tengan que pagar con
-las vidas los malos revolvedores; é que todo lo que hubiere menester de
-bastimentos, que se los diesen; é allí le abrazó Cortés dos veces al
-Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; é doña Marina, como era
-muy avisada, se lo decia de arte que ponia tristeza con nuestra partida.
-
-Allí le ofreció que haria todo lo que Cortés le encargaba, y aun
-prometió que enviaria en nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra, é
-Cortés le dió gracias por ello, porque bien entendió que no los habia
-de enviar; é le dijo que no habia menester su ayuda, sino era la de
-Dios nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la de sus compañeros
-que con él íbamos; é tambien le encargó que mirase que la imágen de
-nuestra Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy enramado, é
-limpia la iglesia, é quemasen candelas de cera, que tuviesen siempre
-encendidas de noche y de dia, é que no consintiesen á los papas que
-hiciesen otra cosa; porque en aquesto conoceria muy mejor su buena
-voluntad é amistad verdadera.
-
-É despues de tornados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que le
-perdonase, que no podia estar más en plática con él, por entender en
-la partida; é luego habló á Pedro de Albarado é á todos los soldados
-que con él quedaban, é les encargó que guardasen al Montezuma con
-mucho cuidado no se soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; y
-prometióles que, mediante Dios, que á todos les habia de hacer ricos;
-é allí quedó con ellos el Clérigo Juan Diaz, que no fué con nosotros,
-é otros soldados sospechosos, que aquí no declaro por sus nombres;
-é allí nos abrazamos los unos á los otros, é sin llevar indias ni
-servicio, sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas por la ciudad
-de Cholula, y en el camino envió Cortés á Tlascala á rogar á nuestros
-amigos Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más caciques, que nos
-enviasen de presto cuatro mil hombres de guerra; y enviaron á decir que
-si fueran para pelear con indios como ellos, que sí hicieran, é aun
-muchos más de los que les demandaban, é que para contra teules como
-nosotros, é contra bombardas é caballos, que les perdonen, que no los
-quieren dar; é proveyeron de veinte cargas de gallinas; é luego Cortés
-escribió en posta á Sandoval que se juntase con todos sus soldados muy
-prestamente con nosotros, que íbamos á unos pueblos obra de doce leguas
-de Cempoal, que se dicen Tampaniquita é Mitalaguita, que ahora son de
-la encomienda de Pedro Moreno Medrano, que vive en la Puebla; é que
-mirase muy bien el Sandoval que Narvaez no le prendiese, ni hubiese á
-las manos á él ni á ninguno de sus soldados.
-
-Pues yendo que íbamos de la manera que he dicho, con mucho concierto
-para pelear si topásemos gente de guerra de Narvaez ó al mismo Narvaez,
-y nuestros corredores del campo descubriendo, é siempre una jornada
-adelante dos de nuestros soldados grandes peones, personas de mucha
-confianza, y estos no iban por camino derecho, sino por partes que no
-podian ir á caballo, para saber é inquirir de indios de la gente de
-Narvaez.
-
-Pues yendo nuestros corredores del campo descubriendo, vieron venir
-á un Alonso de Mata, el que decian que era escribano, que venia á
-notificar los papeles ó traslados de las provisiones, segun dije atrás
-en el capítulo que dello habla, é á los cuatro españoles que con
-él venian por testigos, y luego vinieron los dos nuestros soldados
-de á caballo á dar mandado, y los otros dos corredores del campo
-se estuvieron en palabras con el Alonso de Mata é con los cuatro
-testigos; y en este instante nos dimos priesa en andar y alargamos el
-paso, y cuando llegaron cerca de nosotros hicieron gran reverencia á
-Cortés y á todos nosotros, y Cortés se apeó del caballo y supo á lo que
-venian.
-
-Y como el Alonso de Mata queria notificar los despachos que traia,
-Cortés le dijo que si era escribano del Rey, y dijo que sí; y mandóle
-que luego exhibiese el título, é que si le traia, que leyese los
-recados, é que haria lo que viese que era servicio de Dios é de su
-Majestad; y si no le traia, que no leyese aquellos papeles; é que
-tambien habia de ver los originales de su Majestad.
-
-Por manera que el Mata, medio cortado é medroso, porque no era
-escribano de su Majestad, y los que con él venian no sabian qué le
-decir; y Cortés les mandó dar de comer, y porque comiesen reparamos
-allí; y les dijo Cortés que íbamos á unos pueblos cerca del real del
-señor Narvaez, que se decian Tampanequita, y que allí podia enviar á
-notificar lo que su capitan mandase; y tenia Cortés tanto sufrimiento,
-que nunca dijo palabra mala del Narvaez, é apartadamente habló con
-ellos y les untó las manos con tejuelos de oro, y luego se volvieron
-á su Narvaez diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y como
-muchos de nuestros soldados por gentileza en aquel instante llevábamos
-en las armas joyas de oro, y otros cadenas y collares al cuello, y
-aquellos que venian á notificar los papeles les vieron, dicen en
-Cempoal maravillarse de nosotros; y muchos habia en el real de Narvaez,
-personas principales, que querian venir á tratar paces con Cortés y su
-capitan Narvaez, como á todos nos veian ir ricos.
-
-Por manera que llegamos á Panguaniquita, é otro dia llegó el capitan
-Sandoval con los soldados que tenia, que serian hasta sesenta; porque
-los demás viejos y dolientes los dejó en unos pueblos de indios
-nuestros amigos, que se decian Papalote, para que allí les diesen de
-comer; y tambien vinieron con él los cinco soldados parientes y amigos
-del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se habian venido huyendo
-del real de Narvaez, y venian á besar las manos á Cortés; á los cuales
-con mucha alegría recibió muy bien; y allí estuvo contando el Sandoval
-á Cortés de lo que les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con el
-Vergara y con los demás, y cómo los mandó llevar presos á Méjico, segun
-y de la manera que dicho tengo en el capítulo pasado.
-
-Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como indios,
-puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real de
-Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino
-propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender,
-que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los
-arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron
-al rancho del bravo Salvatierra, é que les dió por las ciruelas un
-sartalejo de cuentas amarillas.
-
-É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó
-que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un
-riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é
-cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando
-volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como
-indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian
-ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al
-Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra:
-
-—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor de
-Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos;
-pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que
-tengan mucho oro!»
-
-Y decian por ahí otras palabras.
-
-Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que estaban
-hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde tenia el
-caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le enfrenan y
-ensillan, y cabalgan en él.
-
-Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe el
-riachuelo, y tambien se lo trujeron.
-
-Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que los
-dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; porque por
-donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, porque era
-tierra muy fragosa y de grandes sierras, y que vino por allí por no
-topar con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo
-de Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:
-
-—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»
-
-Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló á los
-dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su caballo
-ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los del
-mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego conoció
-que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los caballos;
-y desde allí adelante se velaban.
-
-Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros capitanes
-y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos en el
-real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el
-Narvaez diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXVI.
-
-CÓMO ACORDÓ CORTÉS CON TODOS NUESTROS CAPITANES Y SOLDADOS QUE
-TORNÁSEMOS Á ENVIAR AL REAL DE NARVAEZ AL FRAILE DE LA MERCED, QUE
-ERA MUY SAGAZ Y DE BUENOS MEDIOS, Y QUE SE HICIESE MUY SERVIDOR DEL
-NARVAEZ, É QUE SE MOSTRASE FAVORABLE Á SU PARTE MAS QUE NO Á LA DE
-CORTÉS, É QUE SECRETAMENTE CONVOCASE AL ARTILLERO QUE SE DECIA RODRIGO
-MARTIN É Á OTRO ARTILLERO QUE SE DECIA USAGRE, É QUE HABLASE CON ANDRÉS
-DE DUERO PARA QUE VINIESE Á VERSE CON CORTÉS; É QUE OTRA CARTA QUE
-ESCRIBIÉSEMOS AL NARVAEZ QUE MIRASE QUE SE LA DIESE EN SUS MANOS, É LO
-QUE EN TAL CASO CONVENIA, É QUE TUVIESE MUCHA ADVERTENCIA, Y PARA ESTO
-LLEVÓ MUCHA CANTIDAD DE TEJUELOS É CADENAS DE ORO PARA REPARTIR.
-
-
-Pues como ya estábamos en el pueblo todos juntos, acordamos que con
-el padre de la Merced se escribiese otra carta al Narvaez, que decian
-en ella así, ó otras palabras formales como estas que diré, despues
-de puesto su acato con gran cortesía: que nos habiamos holgado de
-su venida, é creiamos que con su generosa persona hariamos gran
-servicio á Dios Nuestro Señor y á su majestad, é que no nos ha querido
-responder cosa ninguna, ántes nos llama de traidores, siendo muy leales
-servidores del Rey; é ha revuelto toda la tierra con las palabras
-que envió á decir á Montezuma; é que le envió Cortés á pedir por
-merced que escogiese la provincia en cualquiera parte que él quisiese
-quedar con la gente que tiene, ó fuese adelante, é que nosotros
-iriamos á otras tierras é hariamos lo que á buenos servidores de su
-majestad somos obligados.
-
-É que le hemos pedido por merced que si trae provisiones de su majestad
-que envie los originales para ver y entender si vienen con la Real
-firma y ver lo que en ellas se contiene, para que luego que lo veamos,
-los pechos por tierra para obedecerla; é que no ha querido hacer lo
-uno ni lo otro, sino tratarnos mal de palabra y revolver la tierra;
-que le pedimos y requerimos de parte de Dios y del Rey nuestro señor
-que dentro en tres dias envie á notificar los despachos que trae con
-escribano de su majestad, é que cumpliremos como mandado del Rey
-nuestro señor todo lo que en las reales provisiones mandare; que para
-aquel efeto nos hemos venido á aquel pueblo de Panguenezquita, por
-estar más cerca de su Real; é que si no trae las provisiones y se
-quisiere volver á Cuba, que se vuelva y no alborote más la tierra, con
-protestacion que si otra cosa hace, que iremos contra él á le prender
-y enviallo preso á nuestro Rey y señor, pues sin su Real licencia
-nos viene á dar guerra é desasosegar todas las ciudades; é que todos
-los males é muertes y fuegos y menoscabos que sobre esto acaecieren,
-que sea á su cargo, y no al nuestro; y esto se escribe ahora por
-carta misiva, porque no osa ningun escribano de su majestad írselo á
-notificar, por temor no le acaezca tan gran desacato como el que se
-tuvo con un oidor de su majestad, y que ¿dónde se vió tal atrevimiento
-de le enviar preso?
-
-Y que allende de lo que dicho tiene, por lo que es obligado á la honra
-y justicia de nuestro Rey, que le conviene castigar aquel gran desacato
-y delito, como capitan general y justicia mayor que es de aquesta
-Nueva-España, le cita y emplaza para ello, y se lo demandará usando de
-justicia, pues es crímen _læsæ majestatis_ lo que ha tentado, é que
-hace á Dios testigo de lo que ahora dice; y tambien le enviamos á decir
-que luego volviese al cacique gordo las mantas y ropa y joyas de oro
-que le habian tomado por fuerza, y ansimismo las hijas de señores que
-nos habian dado sus padres, y mandase á sus soldados que no robasen á
-los indios de aquel pueblo ni de otros.
-
-Y despues de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de nuestros
-capitanes y algunos soldados, iba allí mi firma; y entónces se fué
-con el mismo Padre fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia
-Bartolomé de Usagre, porque era hermano del artillero Usagre, que tenia
-cargo del artillería de Narvaez; y llegados nuestro religioso y el
-Usagre á Cempoal, adonde estaba el Narvaez, diré lo que dice que pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXVII.
-
-CÓMO EL PADRE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, DE LA ÓRDEN DE NUESTRA SEÑORA
-DE LA MERCED, FUÉ Á CEMPOAL, ADONDE ESTABA EL NARVAEZ É TODOS SUS
-CAPITANES, Y LO QUE PASÓ CON ELLOS, Y LES DIÓ LA CARTA.
-
-
-Como el Padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, llegó
-al real de Narvaez, sin más gastar yo palabras en tornallo á recitar,
-hizo lo que Cortés le mandó, que fué convocar á ciertos caballeros de
-los de Narvaez y al artillero Rodrigo Mino, que así se llamaba, é al
-Usagre, que tenia tambien cargo de los tiros; y para mejor le atraer,
-fué un su hermano del Usagre con tejuelos de oro, que dió de secreto
-al hermano; y asimismo el padre fray Bartolomé de Olmedo repartió todo
-el oro que Cortés le mandó, y habló al Andrés de Duero que luego se
-viniese á nuestro real con Cortés; y demás desto, ya el fraile habia
-ido á ver y hablar al Narvaez y hacérsele muy gran servidor; y andando
-en estos pasos, tuvieron gran sospecha de lo en que andaba nuestro
-fraile, é aconsejaban al Narvaez que luego le prendiese, é así lo
-querian hacer.
-
-Y como lo supo Andrés de Duero, que era secretario del Diego Velazquez,
-y era de Tudela de Duero, y se tenian por deudos, el Narvaez y él,
-porque el Narvaez tambien era de tierra de Valladolid ó del mismo
-Valladolid, y en toda la armada era muy estimado é preeminente, el
-Andrés de Duero fué al Narvaez y le dijo que le habian dicho que queria
-prender al padre fray Bartolomé de Olmedo, mensajero y embajador de
-Cortés; que mirase que ya que hubiese sospecha que el fraile hablaba
-algunas cosas en favor de Cortés, que no es bien prendelle, pues que
-claramente se ha visto cuánta honra é dádivas da Cortés á todos los
-suyos del Narvaez que hallaban; é que fray Bartolomé de Olmedo ha
-hablado con él despues que allí ha venido, é lo que siente dél es que
-desea que él y otros caballeros del real de Cortés le vengan á recibir,
-é que todos fuesen amigos; y que mire cuánto bien dice Cortés á los
-mensajeros que envia; que no le sale por la boca á él ni á cuantos
-están con él, sino el señor capitan Narvaez, é que seria poquedad
-prender á un religioso; que otro hombre que vino con él, que es
-hermano de Usagre el artillero, que le viene á ver; que convide á fray
-Bartolomé de Olmedo á comer, y le saque del pecho la voluntad que todos
-los de Cortés tienen.
-
-Y con aquellas palabras, y otras sabrosas que le dijo, amansó al
-Narvaez. Y luego desque esto pasó, se despidió Andrés de Duero del
-Narvaez, y secretamente habló al Padre lo que habia pasado; y luego
-el Narvaez envió á llamar á fray Bartolomé de Olmedo, y como vino,
-le hizo mucho acato, y medio riendo (que era el Fraile muy cuerdo y
-sagaz) le suplicó que se apartase en secreto, y el Narvaez se fué con
-él paseando á un patio, y el Fraile le dijo:
-
-—«Bien entendido tengo que vuestra merced me queria mandar prender;
-pues hágole saber, Señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su
-real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes
-de los de Cortés le querrian ya ver en las manos de vuestra merced;
-y ansí, creo que vendremos todos; y para más le atraer á que se
-desconcierte, le han hecho escribir una carta de desvaríos, firmada
-de los soldados, que me dieron que diese á vuestra merced, que no la
-he querido mostrar hasta agora, que vine á pláticas, que en un rio la
-quise echar por las necedades que en ella trae; y esto hacen todos sus
-capitanes y soldados de Cortés por verlo ya desconcertar.»
-
-Y el Narvaez dijo que se la diese, y el Padre fray Bartolomé de
-Olmedo le dijo que la dejó en su posada é que iria por ella; é ansí,
-se despidió para ir por la carta; y entre tanto vino al aposento de
-Narvaez el bravoso Salvatierra; y de presto el Padre fray Bartolomé de
-Olmedo llamó á Duero que fuese luego en casa del Narvaez para ver dalle
-la carta, que bien sabia ya el Duero della, y aun otros capitanes de
-Narvaez que se habian mostrado por Cortés; porque el fraile consigo la
-traia, sino porque tuviesen juntos muchos de los de aquel Real y le
-oyesen.
-
-É luego como vino el Padre fray Bartolomé de Olmedo con la carta, se la
-dió al mismo Narvaez, y dijo:
-
-—«No se maraville vuestra merced con ella, que ya Cortés andaba
-desvariando; y sé cierto que si vuestra merced le habla con amor, que
-luego se le dará él y todos los que consigo trae.»
-
-Dejémonos de razones de fray Bartolomé, que las tenia muy buenas, y
-digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y capitanes que leyese
-la carta, y cuando la oyeron, dice que hacian bramuras el Narvaez y
-el Salvatierra, y los demás se reian, como haciendo burla della; y
-entónces dijo el Andrés de Duero:
-
-—«Ahora yo no sé cómo sea esto; yo no lo entiendo; porque este
-religioso me ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra merced,
-y ¡escribir ahora estos desvaríos!»
-
-Y luego de buena tinta tambien le ayudó á la plática al Duero un
-Agustin Bermudez, que era capitan é alguacil mayor del real de Narvaez,
-é dijo:
-
-—«Ciertamente, tambien he sabido del Padre Fray Bartolomé de Olmedo
-muy en secreto que como enviase buenos terceros, que el mismo Cortés
-vernia á verse con vuestra merced para que se diese con sus soldados; y
-será bien que envie á su Real, pues no está muy léjos, al señor veedor
-Salvatierra é al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos.»
-
-Y esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatierra. Y respondió el
-Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iria á ver un traidor; y
-el padre fray Bartolomé de Olmedo le dijo:
-
-—«Señor veedor, bueno es tener templanza, pues está cierto que le
-ternéis preso ántes de muchos dias.»
-
-Pues concertada la partida del Andrés de Duero, parece ser muy en
-secreto trató el Narvaez con el mismo Duero y con tres capitanes que
-tuviesen modo con el Cortés como se viesen en unas estancias é casas de
-indios que estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, é que allí
-se darian conciertos donde habiamos de ir con Cortés á poblar y partir
-términos, y en las vistas le prenderia; y para ello tenia ya hablado
-el Narvaez á veinte soldados de sus amigos; lo cual luego supo fray
-Bartolomé del Narvaez é del Andrés de Duero, y avisaron á Cortés de
-todo.
-
-Dejemos al fraile en el real de Narvaez, que ya se habia hecho muy
-amigo y pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Olmedo y el
-Salvatierra de Búrgos, y comia con él cada dia.
-
-É digamos de Andrés de Duero, que quedaba apercibiéndose para ir á
-nuestro real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, nuestro soldado,
-porque el Narvaez no alcanzase á saber dél lo que pasaba; y diré lo que
-en nuestro real hicimos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXVIII.
-
-CÓMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOLDADOS QUE ÉRAMOS, Y CÓMO
-TRAJERON DUCIENTAS Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS, CON UNOS HIERROS DE
-COBRE CADA UNA, QUE CORTÉS HABIA MANDADO HACER EN UNOS PUEBLOS QUE SE
-DICEN LOS CHICHINATECAS, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO HABIAMOS DE JUGAR DELLAS
-PARA DERROCAR LA GENTE DE Á CABALLO QUE TENIA NARVAEZ, Y OTRAS COSAS
-QUE EN EL REAL PASARON.
-
-
-Volvamos á decir algo atrás de lo dicho, y lo que más pasó.
-
-Así como Cortés tuvo noticia del armada que traia Narvaez, luego
-despachó un soldado que habia estado en Italia, bien diestro de todas
-armas, y más de jugar una pica, y le envió á una provincia que se
-dice los chichinatecas, junto adonde estaban nuestros soldados los
-que fueron á buscar minas; porque aquellos de aquella provincia eran
-muy enemigos de los mejicanos é pocos dias habia que tomaron nuestra
-amistad, é usaban por armas muy grandes lanzas, mayores que las
-nuestras de Castilla, con dos brazas de pedernal é navajas; y envióles
-á rogar que luego le trajesen á do quiera que estuviesen trecientas
-dellas, é que les quitasen las navajas, é que pues tenian mucho cobre,
-que les hiciesen á cada una dos hierros, y llevó el soldado la manera
-cómo habian de ser los hierros; y como llegó, de presto buscaron
-las lanzas é hicieron los hierros; porque en toda la provincia á
-aquella sazon habia cuatro ó cinco pueblos, sin muchas estancias,
-y las recogieron, é hicieron los hierros muy más perfectamente que
-se los enviamos á mandar; y tambien mandó á nuestro soldado, que se
-decia Tovilla, que les demandase dos mil hombres de guerra, é que
-para el dia de Pascua del Espíritu Santo viniese con ellos al pueblo
-de Panguenequita, que ansí se decia, ó que preguntase en qué parte
-estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen lanzas; por manera
-que el soldado se los demandó, é los caciques dijeron que ellos
-venian con la gente de guerra; y el soldado se vino luego con obra de
-ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con los demás indios de
-guerra quedó para venir con ellos otro soldado de los nuestros, que se
-decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la estancia y minas que
-descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí se concertó que habia
-de venir de la manera que está dicho á nuestro real; porque seria de
-andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo otro.
-
-Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy
-extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é
-nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los
-de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria
-de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos
-ducientos y seis, contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con
-cinco de á caballo y dos artilleros y pocos ballesteros y ménos
-escopeteros; y á lo que tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las
-picas, y fueron muy buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar
-más en el alarde y lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió
-Narvaez á nuestro real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos
-indios naborías de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero,
-segun despues alcanzamos á saber.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXIX.
-
-CÓMO VINO ANDRÉS DE DUERO Á NUESTRO REAL Y EL SOLDADO USAGRE Y DOS
-INDIOS DE CUBA, NABORÍAS DEL DUERO, Y QUIÉN ERA EL DUERO Y Á LO QUE
-VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE CONCERTÓ.
-
-
-Y es desta manera, que tengo de volver muy atrás á recitar lo pasado.
-
-Ya he dicho en los capítulos más adelante destos que cuando estábamos
-en Santiago de Cuba, que se concertó Cortés con Andrés de Duero y con
-un contador del Rey, que se decia Amador de Lares, que eran grandes
-amigos del Diego Velazquez, y el Duero era su secretario, que tratase
-con el Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés capitan general para
-venir en aquella armada, y que partiria con ellos todo el oro y plata y
-joyas que le cupiese de su parte de Cortés; y como el Andrés de Duero
-vió en aquel instante á Cortés, su compañero, tan rico y poderoso, y
-so color que venia á poner paces y á favorecer á Narvaez, y en lo que
-entendió era á demandar la parte de la compañía, porque ya el otro
-su compañero Amador de Lares era fallecido; y como Cortés era sagaz
-y manso, no solamente le prometió de dalle gran tesoro, sino que
-tambien le daria mando en toda la armada, ni más ni ménos que su propia
-persona, y que, despues de conquistada la Nueva-España, le daria otros
-tantos pueblos como á él, con tal que tuviese concierto con Agustin
-Bermudez, que era alguacil mayor del real de Narvaez, y con otros
-caballeros que aquí no nombro, que estaban convocados para que en todo
-caso fuesen en desviar al Narvaez para que no saliese con la vida é
-con honra y le desbaratase; y como á Narvaez tuviese muerto ó preso, y
-deshecha su armada, que ellos quedarian por señores y partirian el oro
-y pueblos de la Nueva-España; y para más le atraer y convocar á lo que
-dicho tengo, le cargó de oro sus dos indios de Cuba; y segun pareció,
-el Duero se lo prometió, y aun ya se lo habia prometido el Agustin
-Bermudez por firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un
-clérigo que se decia Juan de Leon, y al clérigo Guevara, que fué el
-que primero envió Narvaez, y otros sus amigos, muchos tejuelos y joyas
-de oro, y les escribió lo que le pareció que le convenia, para que en
-todo le ayudasen; y estuvo el Andrés de Duero en nuestro real el dia
-que llegó hasta otro dia despues de comer, que era dia de pascua de
-Espíritu Santo, y comió con Cortés y estuvo hablando con él en secreto
-buen rato; y cuando hubieron comido se despidió el Duero de todos
-nosotros, así capitanes como soldados, y luego fué á caballo otra vez
-adonde Cortés estaba, y dijo:
-
-—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.»
-
-Y respondióle:
-
-—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen
-concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así
-juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré
-allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra
-merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.»
-
-Y el Duero se rió, y dijo:
-
-—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra merced.»
-
-Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que Cortés
-y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad para
-pasarnos con el mismo Narvaez.
-
-Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó llamar
-á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona
-de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del
-gobernador de Cuba Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido,
-tambien le tenia Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas
-y ofrecimientos que le daria mando en la Nueva-España y le haria su
-igual; porque el Juan Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y
-verdadero amigo, como adelante verán.
-
-Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo:
-
-—«¿Qué manda vuestra merced?»
-
-Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la
-boca, le dijo medio riendo:
-
-—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo Andrés
-de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si vuestra
-merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque creen
-que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que por mi
-vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua rucia, y
-que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada cadena de
-oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á quien yo le
-dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al hombro, y
-otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas, y allá verá
-qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego irán allá el
-Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como mayordomo que
-era del Diego Velazquez.»
-
-Y el Juan Velazquez respondió que él haria lo que su merced mandaba,
-mas que su oro ni cadenas que no las llevaria consigo, salvo lo que
-le diese para dar á quien mandase; porque donde su persona estuviere,
-es para le siempre servir, más que cuanto oro ni piedras de diamantes
-puede haber.
-
-—«Ansí lo tengo yo creido, dijo Cortés, y con esta confianza, señor, le
-envio; mas si no lleva todo su oro y joyas, como le mando, no quiero
-que vaya allá.»
-
-Y el Juan Velazquez respondió:
-
-—«Hágase lo que vuestra merced mandare.»
-
-Y no quiso llevar las joyas, y Cortés allí le habló secretamente, y
-luego se partió, y llevó en su compañía á un mozo de espuelas de Cortés
-para que le sirviese, que se decia Juan del Rio.
-
-Y dejemos desta partida de Juan Velazquez, que dijeron que lo envió
-Cortés por descuidar á Narvaez, y volvamos á decir lo que en nuestro
-real pasó: que dende á dos horas que se partió el Juan Velazquez,
-mandó Cortés tocar el atambor á Canillas, que ansí se llamaba nuestro
-atambor, y á Benito de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tamborino,
-y mandó á Gonzalo de Sandoval, que era capitan y alguacil mayor, que
-llamase á todos los soldados, y comenzásemos á marchar luego á paso
-largo camino de Cempoal; é yendo por nuestro camino se mataron dos
-puercos de la tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y dijimos
-muchos soldados que era señal de vitoria; y dormimos en un repecho
-cerca de un riachuelo, y sendas piedras por almohadas, como lo teniamos
-por costumbre, y nuestros corredores del campo adelante, y espías y
-rondas; y cuando amaneció, caminamos por nuestro camino derecho, y
-fuimos á hora de medio dia á un rio, adonde está ahora poblada la villa
-rica de la Veracruz, donde desembarcan las barcas con mercaderías que
-vienen de Castilla; porque en aquel tiempo estaban pobladas junto al
-rio unas casas de indios y arboledas; y como en aquella tierra hace
-grandísimo sol, reposamos allí, como dicho tengo, porque traiamos
-nuestras armas y picas.
-
-Y dejemos ahora de más caminar, y digamos lo que al Juan Velazquez de
-Leon le avino con Narvaez y con un su capitan que tambien se decia
-Diego Velazquez, sobrino del Velazquez, gobernador de Cuba.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXX.
-
-CÓMO LLEGÓ JUAN VELAZQUEZ DE LEON Y EL MOZO DE ESPUELAS QUE SE DECIA
-JUAN DEL RIO AL REAL DE NARVAEZ, Y LO QUE EN ÉL PASÓ.
-
-
-Ya he dicho cómo envió Cortés al Juan Velazquez de Leon y al mozo de
-espuelas para que le acompañase á Cempoal, y á ver lo que Narvaez
-queria, que tanto deseo tenia de tenello en su compañía; por manera que
-ansí como partieron de nuestro real se dió tanta prisa en el camino, y
-fué amanecer á Cempoal, y se fué á apear el Juan Velazquez en casa del
-cacique gordo, porque el Juan del Rio no tenia caballo, y desde allí se
-van á pié á la posada de Narvaez.
-
-Pues como los indios de Cempoal le conocieron, holgaron de le ver y
-hablar, y decian á voces á unos soldados de Narvaez que allí posaban en
-casa del cacique gordo, que aquel era Juan Velazquez de Leon, capitan
-de Malinche; y ansí como lo oyeron los soldados, fueron corriendo á
-demandar albricias á Narvaez cómo habia venido Juan Velazquez de Leon,
-y ántes que el Juan Velazquez llegase á la posada del Narvaez, que
-ya le iba á le hablar, como de repente supo el Narvaez su venida, le
-salió á recebir á la calle, acompañado de ciertos soldados, donde se
-encontraron el Juan Velazquez y el Narvaez, y se hicieron muy grandes
-acatos, y el Narvaez abrazó al Juan Velazquez, y le mandó sentar en
-una silla, que luego trajeron sillas cerca de sí, y le dijo que por
-qué no se fué á apear á su posada; y mandó á sus criados que le fuesen
-luego por el caballo y fardaje, si le llevaba, porque en su casa y
-caballeriza y posada estaria; y Juan Velazquez dijo que luego se queria
-volver, que no venia sino á besalle las manos, y á todos los caballeros
-de su real, y para ver si podia dar concierto que su merced y Cortés
-tuviesen paz y amistad.
-
-Entónces dicen que el Narvaez apartó al Juan Velazquez, y le comenzó
-á decir airado cómo que tales palabras le habia de decir de tener
-amistad ni paz con un traidor que se alzó á su primo Diego Velazquez
-con la armada.
-
-Y el Juan Velazquez respondió que Cortés no era traidor, sino buen
-servidor de su majestad, y que ocurrir á nuestro Rey y señor, como
-envió é ocurrió, no se le ha de atribuir á traicion, y que le suplica
-que delante dél no se diga tal palabra.
-
-Y entónces el Narvaez le comenzó á hacer grandes prometimientos que
-se quedase con él, y que concierte con los de Cortés que se le dén y
-vengan luego á se meter en su obediencia, prometiéndole con juramento
-que seria en todo su real el más preeminente capitan, y en el mando
-segunda persona; y el Juan Velazquez respondió que mayor traicion haria
-él en dejar al capitan que tiene jurado en la guerra y desamparallo,
-conociendo que todo lo que ha hecho en la Nueva-España es en servicio
-de Dios nuestro Señor y de su majestad; que no dejará de acudir á
-Cortés, como acudia nuestro Rey y señor, y que le suplica que no hable
-más en ello.
-
-En aquella sazon habian venido á ver á Juan Velazquez todos los más
-principales capitanes del real de Narvaez, y le abrazaban con gran
-cortesía, porque el Juan Velazquez era muy de palacio y de buen cuerpo,
-membrudo, y de buena presencia y rostro y la barba muy bien puesta,
-y llevaba una cadena muy grande de oro echada al hombro, que le daba
-vueltas debajo el brazo, y parecíale muy bien, como bravoso y buen
-capitan.
-
-Dejemos deste buen parecer de Juan Velazquez y cómo le estaban mirando
-todos los capitanes de Narvaez, y aun nuestro Padre fray Bartolomé
-de Olmedo tambien le vino á ver y en secreto hablar, y ansimismo el
-Andrés de Duero y el alguacil mayor Bermudez, y parece ser que en aquel
-instante ciertos capitanes de Narvaez, que se decian Gamarra y un Juan
-Yuste, y un Juan Bono de Quejo, vizcaino, y Salvatierra el bravoso,
-aconsejaron al Narvaez que luego prendiese al Juan Velazquez, porque
-les pareció que hablaba muy sueltamente en favor de Cortés; é ya que
-habia mandado el Narvaez secretamente á sus capitanes y alguaciles que
-le echasen preso, súpolo Agustin Bermudez y el Andrés de Duero, y el
-Padre fray Bartolomé de Olmedo y un Clérigo que se decia Juan de Leon,
-y otras personas que se habian dado por amigos de Cortés, y dicen al
-Narvaez que se maravillan de su merced querer mandar prender al Juan
-Velazquez de Leon, que ¿qué puede hacer Cortés contra él, aunque tenga
-en su compañía otros cien Juan Velazquez? Y que mire la honra y acatos
-que hace Cortés á todos los que de su real han ido, que les sale á
-recebir y á todos les da oro y joyas, y vienen cargados como abejas á
-las colmenas, y de otras cosas de mantas y mosqueadores, y que á Andrés
-de Duero y al Clérigo Guevara, y á Amaya y á Vergara el escribano, y á
-Alonso de Mata y otros que han ido á su real, bien los pudiera prender
-y no lo hizo; ántes, como dicho tienen, les hace mucha honra, y que
-será mejor que le torne á hablar al Juan Velazquez con mucha cortesía,
-y le convide á comer para otro dia; por manera que al Narvaez le
-pareció bien el consejo, y luego le tornó á hablar con palabras muy
-amorosas para que fuese tercero en que Cortés se le diese con todos
-nosotros, y le convidó para otro dia á comer; y el Juan Velazquez
-respondió que él haria lo que pudiese en aquel caso; mas que tenia á
-Cortés por muy porfiado y cabezudo en aquel negocio, y que seria mejor
-que partiesen las provincias, y que escogiese la tierra que más su
-merced quisiese; y esto decia el Juan Velazquez por le amansar; y entre
-aquellas pláticas llegóse al oido de Narvaez el padre fray Bartolomé de
-Olmedo, y le dijo, como su privado y consejero que ya le habia hecho:
-
-—«Mande vuestra merced hacer alarde de toda su artillería y caballos y
-escopeteros y ballesteros y soldados, para que lo vea el Juan Velazquez
-de Leon y el mozo de espuelas Juan del Rio, para que Cortés tema
-vuestro poder é gente, y se venga á vuestra merced aunque le pese.»
-
-Y esto lo dijo fray Bartolomé de Olmedo como por via de su muy gran
-servidor y amigo, y por hacelle que trabajasen todos los de á caballo y
-soldados en su real.
-
-Por manera que por dicho de nuestro fraile hizo hacer alarde delante
-el Juan Velazquez de Leon y el Juan del Rio, estando presente nuestro
-religioso; y cuando fué acabado de hacer dijo el Juan Velazquez al
-Narvaez:
-
-—«Gran pujanza trae vuestra merced; Dios se lo acreciente.»
-
-Entónces dijo el Narvaez:
-
-—«Ahí verá vuestra merced que si quisiera haber ido contra Cortés le
-hubiera traido preso, y á cuantos estais con él.»
-
-Entónces respondió el Juan Velazquez y dijo:
-
-—«Téngale vuestra merced por tal, y á los soldados que con él estamos,
-que sabremos muy bien defender nuestras personas.»
-
-Y ansí cesaron las pláticas; y otro dia llevóle convidado á comer al
-Juan Velazquez, como dicho tengo, y comia con el Narvaez un sobrino
-del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, que tambien era su capitan; y
-estando comiendo, tratóse plática de cómo Cortés no se daba al Narvaez,
-y de la carta y requirimientos que le enviamos, y de unas palabras en
-otras, desmandóse el sobrino de Diego Velazquez, que tambien se decia
-Diego Velazquez como el tio, y dijo que Cortés y todos los que con él
-estábamos éramos traidores, pues no se venian á someter al Narvaez; y
-el Juan Velazquez cuando lo oyó se levantó en pié de la silla en que
-estaba, y con mucho acato dijo:
-
-—«Señor capitan Narvaez, ya he suplicado á vuestra merced que no se
-consienta que se digan palabras tales como estas que dicen de Cortés
-ni de ninguno de los que con él estamos, porque verdaderamente son mal
-dichas, decir mal de nosotros, que tan lealmente hemos servido á su
-majestad.»
-
-Y el Diego Velazquez respondió que eran bien dichas, y pues volvia por
-un traidor, que traidor debia de ser y otro tal como él, y que no era
-de los Velazquez buenos; y el Juan Velazquez, echando mano á su espada,
-dijo que mentia; que era mejor caballero que no él, y de los buenos
-Velazquez, mejores que no él ni su tio, y que se lo haria conocer si
-el señor capitan Narvaez les daba licencia; y como habia allí muchos
-capitanes, ansí de los de Narvaez y algunos de los de Cortés, se
-metieron en medio, que de hecho le iba á dar el Juan Velazquez una
-estocada; y aconsejaron al Narvaez que luego le mandase salir de su
-real, ansí á él como al padre fray Bartolomé de Olmedo é á Juan del
-Rio; porque á lo que sentian, no hacian provecho ninguno, y luego sin
-más dilacion les mandaron que se fuesen; y ellos, que no veian la hora
-de verse en nuestro real, lo pusieron por obra.
-
-É dicen que el Juan Velazquez yendo á caballo en su buena yegua y su
-cota puesta, que siempre andaba con ella y con su capacete y gran
-cadena de oro, se fué á despedir del Narvaez, y estaba allí con el
-Narvaez, el mancebo Diego Velazquez, el de la brega, y dijo al Narvaez:
-
-—«¿Qué manda vuestra merced para nuestro Real?»
-
-Y respondió el Narvaez, muy enojado, que se fuese, é que valiera más
-que no hubiera venido; y dijo el mancebo Diego Velazquez palabras de
-amenaza é injuriosas á Juan Velazquez y le respondió á ellas el Juan
-Velazquez de Leon que es grande su atrevimiento, y digno de castigo por
-aquellas palabras que le dijo; y echándose mano á la barba, le dijo:
-
-—«Para estas, que yo vea ántes de muchos dias si vuestro esfuerzo es
-tanto como vuestro hablar.»
-
-Y como venian con el Juan Velazquez seis ó siete de los del real de
-Narvaez, que ya estaban convocados por Cortés, que le iban á despedir,
-dicen que trabaron dél como enojados, y le dijeron:
-
-—«Váyase ya y no cure de más hablar.»
-
-Y así se despidieron, y á buen andar de sus caballos se van para
-nuestro real, porque luego le avisaron á Juan Velazquez que el Narvaez
-los queria prender y apercebia muchos de á caballo que fuesen tras
-ellos; é viniendo su camino, nos encontraron al rio que dicho tengo,
-que está ahora cabe la Veracruz; y estando que estábamos en el rio por
-mí ya nombrado, teniendo la siesta, porque en aquella tierra hace mucho
-calor y muy recia; porque, como caminábamos con todas nuestras armas á
-cuestas y cada uno con una pica, estábamos cansados; y en este instante
-vino uno de nuestros corredores del campo á dar mandado á Cortés que
-vian venir buen rato de allí dos ó tres personas de á caballo, y luego
-presumimos que serian nuestros embajadores Juan Velazquez de Leon
-y fray Bartolomé de Olmedo y Juan del Rio; y como llegaron adonde
-estábamos, ¡qué regocijos y alegrías tuvimos todos! Y Cortés, ¡cuántas
-caricias y buenos comedimientos hizo al Juan Velazquez y á fray
-Bartolomé de Olmedo! Y tenia razon, porque le fueron muy servidores;
-y allí contó el Juan Velazquez paso por paso todo lo atrás por mí
-dicho que les acaeció con Narvaez, y cómo envió secretamente á dar las
-cadenas y tejuelos de oro á las personas que Cortés mandó.
-
-Pues oir de nuestro fraile, como era muy regocijado, sabíalo muy bien
-representar, cómo se hizo muy servidor del Narvaez, y que por hacer
-burla dél le aconsejó que hiciese el alarde y sacase su artillería, y
-con qué astucia y mañas le dió la carta; pues cuando contaba lo que le
-acaeció con el Salvatierra y se le hizo muy pariente, siendo el fraile
-de Olmedo y el Salvatierra adelante de Búrgos, y de los fieros que le
-decia el Salvatierra que habia de hacer y acontecer en prendiendo á
-Cortés y á todos nosotros, y aun se le quejó de los soldados que le
-hurtaron su caballo y el de otro capitan; y todos nosotros nos holgamos
-de lo oir, como si fuéramos á bodas y regocijo, y sabiamos que otro dia
-habiamos de estar en batalla; y que habiamos de vencer ó morir en ella,
-siendo como hermanos, ducientos y sesenta y seis soldados, y los de
-Narvaez cinco veces más que nosotros.
-
-Volvamos á nuestra relacion, y es que luego caminamos todos para
-Cempoal, y fuimos á dormir á un riachuelo, adonde está ahora una
-estancia de vacas.
-
-Y dejallo he aquí, y diré lo que se hizo en el real de Narvaez despues
-que vinieron el Juan Velazquez y el fraile y Juan del Rio, y luego
-volveré á contar lo que hicimos en nuestro real, porque en un instante
-acontecen dos ó tres cosas, y por fuerza he de dejar las unas por
-contar lo que más viene á propósito desta relacion.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXI.
-
-DE LO QUE SE HIZO EN EL REAL DE NARVAEZ DESPUES QUE DE ALLÍ SALIERON
-NUESTROS EMBAJADORES.
-
-
-Pareció ser que como se vinieron el Juan Velazquez y el fraile é Juan
-del Rio, dijeron al Narvaez sus capitanes que en su real sentian que
-Cortés habia enviado muchas joyas de oro, y que tenia de su parte
-amigos en el mismo real, y que seria bien estar muy apercebido y avisar
-á todos sus soldados que estuviesen con sus armas y caballos prestos; y
-demás desto, el cacique gordo, otras veces por mí nombrado, temia mucho
-á Cortés, porque habia consentido que Narvaez tomase las mantas y oro
-é indias que le tomó; y siempre espiaba sobre nosotros en qué parte
-dormiamos, por qué camino veniamos, porque así se lo habia mandado por
-fuerza el Narvaez; y como supo que ya llegábamos cerca de Cempoal, le
-dijo al Narvaez el cacique gordo:
-
-—«¿Qué haceis, que estais muy descuidado? ¿Pensais que Malinche y los
-teules que trae consigo que son así como vosotros? Pues yo os digo que
-cuando no os catáredes será aquí y os matará.»
-
-Y aunque hacian burla de aquellas palabras que el cacique gordo les
-dijo, no dejaron de se apercebir, y la primer cosa que hicieron fué
-pregonar guerra contra nosotros á fuego y sangre y á toda ropa franca;
-lo cual supimos de un soldado que llamaban el Galleguillo, que se
-vino huyendo aquella noche del real de Narvaez, ó le envió el Andrés
-de Duero, y dió aviso á Cortés de lo del pregon y de otras cosas que
-convino saber.
-
-Volvamos á Narvaez, que luego mandó sacar toda su artillería y los de
-á caballo, escopeteros y ballesteros y soldados á un campo, obra de un
-cuarto de legua de Cempoal, para allí nos aguardar y no dejar ninguno
-de nosotros que no fuese muerto ó preso; y como llovió mucho aquel dia,
-estaban ya los de Narvaez hartos de estar aguardándonos al agua; y
-como no estaban acostumbrados á aguas ni trabajos, y no nos tenian en
-nada sus capitanes, le aconsejaron que se volviesen á los aposentos, y
-que era afrenta estar allí, como estaban, aguardando á dos ó tres, y
-es que decian que éramos, y que asestase su artillería delante de sus
-aposentos, que era diez y ocho tiros gruesos, y que estuviesen toda
-la noche cuarenta de á caballo esperando en el camino por do habiamos
-de venir á Cempoal, y que tuviese al paso del rio, que era por donde
-habiamos de pasar, sus espías, que fuesen buenos hombres de á caballo y
-peones ligeros para dar mandado, y que en los patios de los aposentos
-de Narvaez anduviesen toda la noche veinte de á caballo; y este
-concierto que le dieron fué por hacelle volver á los aposentos; y más
-le decian sus capitanes:
-
-—«Pues ¡cómo, Señor! ¿Por tal tiene á Cortés, que se ha de atrever con
-unos gatos que tiene á venir á este real, por el dicho deste indio
-gordo? No lo crea vuestra merced, sino que echa aquellas algaradas y
-muestras de venir porque vuestra merced venga á buen concierto con él.»
-
-Por manera que así como dicho tengo se volvió Narvaez á su real, y
-despues de vuelto, públicamente prometió que quien matase á Cortés ó
-á Gonzalo de Sandoval que le daria dos mil pesos; y luego puso espías
-al rio á un Gonzalo Carrasco, que vive ahora en la Puebla, y al otro
-que se decia Fulano Hurtado; el nombre y apellido y señal secreta que
-dió cuando batallasen contra nosotros en su real habia de ser Santa
-María, Santa María; y demás deste concierto que tenian hecho, mandó
-Narvaez que en su aposento durmiesen muchos soldados, así escopeteros
-como ballesteros, y otros con partesanas, y otros tantos mandó que
-estuviesen en el aposento del veedor Salvatierra, y Gamarra, y del Juan
-Bono.
-
-Ya he dicho el concierto que tenia Narvaez en su real, y volveré á
-decir la órden que se dió en el nuestro.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXII.
-
-DEL CONCIERTO Y ÓRDEN QUE SE DIÓ EN NUESTRO REAL PARA IR CONTRA
-NARVAEZ, Y EL RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO, Y LO QUE RESPONDIMOS.
-
-
-Llegados que fuimos al riachuelo que ya he dicho, que estará obra de
-una legua de Cempoal, y habia allí unos buenos prados, despues de
-haber enviado nuestros corredores del campo, personas de confianza,
-nuestro capitan Cortés á caballo nos envió á llamar, así á capitanes
-como á todos los soldados, y de que nos vió juntos dijo que nos pedia
-por merced que callásemos; y luego comenzó un parlamento por tan lindo
-estilo y plática, tan bien dichas cierto otras palabras más sabrosas y
-llenas de ofertas, que yo aquí no sabré escribir; en que nos trajo á la
-memoria desde que salimos de la isla de Cuba, con todo lo acaecido por
-nosotros hasta aquella sazon, y nos dijo:
-
-—«Bien saben vuestras mercedes que Diego Velazquez, gobernador de
-Cuba, me eligió por capitan general, no porque entre vuestras mercedes
-no habia muchos caballeros que eran merecedores dello; y saben que
-creisteis que veniamos á poblar, y así se publicaba y pregonó; y segun
-han visto, enviaba á rescatar; y saben lo que pasamos sobre que me
-queria volver á la isla de Cuba á dar cuenta á Diego Velazquez del
-cargo que me dió, conforme á su instruccion; pues vuestras mercedes
-me mandastes y requeristes que poblásemos esta tierra en nombre de su
-majestad, como, gracias á nuestro Señor, la tenemos poblada, y fué cosa
-cuerda; y demás desto, me hicistes vuestro capitan general y justicia
-mayor della, hasta que su majestad otra cosa sea servido mandar.
-
-»Como ya he dicho, entre algunos de vuestras mercedes hubo algunas
-pláticas de tornar á Cuba, que no lo quiero más declarar, pues á manera
-de decir, ayer pasó, y fué muy santa y buena nuestra quedada, y hemos
-hecho á Dios y á su majestad gran servicio, que esto claro está; ya
-saben lo que prometimos en nuestras cartas á su majestad, despues de
-le haber dado cuenta y relacion de todos nuestros hechos, que punto no
-quedó, é que aquesta tierra es de la manera que hemos visto y conocido
-della, que es cuatro veces mayor que Castilla, y de grandes pueblos
-y muy rica de oro y minas, y tiene cerca otras provincias; y cómo
-enviamos á suplicar á su majestad que no la diese en gobernacion ni de
-otra cualquiera manera á persona ninguna; y porque creiamos y teniamos
-por cierto que el Obispo de Búrgos don Juan Rodriguez de Fonseca, que
-era en aquella sazon presidente de Indias y tenia mucho mando, que
-la demandaria á su majestad para el Diego Velazquez ó algun pariente
-ó amigo del Obispo, porque esta tierra es tal y tan buena para dar
-á un Infante ó gran señor, que teniamos determinado de no dalle á
-persona ninguna hasta que su majestad oyese á nuestros procuradores, y
-nosotros viésemos su Real firma, é vista, que con lo que fuere servido
-mandar los pechos por tierra; y con las cartas ya sabian que enviamos
-y servimos á su majestad con todo el oro y plata, joyas é todo cuanto
-teniamos habido.»
-
-Y más dijo:
-
-—«Bien se les acordará, señores, cuántas veces hemos llegado á punto
-de muerte en las guerras y batallas que hemos habido. Pues no hay que
-traellas á la memoria, que acostumbrados estamos de trabajos y aguas y
-vientos y algunas veces hambres, y siempre traer las armas á cuestas y
-dormir por los suelos, así nevando como lloviendo, que si miramos en
-ello, los cueros tenemos ya curtidos de los trabajos.
-
-»No quiero decir de más de cincuenta de nuestros compañeros que nos
-han muerto en las guerras, ni de todos vuestras mercedes como estais
-entrapajados y mancos de heridas que aun están por sanar; pues que les
-queria traer á la memoria los trabajos que trajimos por la mar y las
-batallas de Tabasco, y los que se hallaron en lo de Almería y lo de
-Cingapacinga, y cuántas veces por las sierras y caminos nos procuraban
-quitar las vidas.
-
-»Pues en las batallas de Tlascala en qué punto nos pusieron y cuáles
-nos traian; pues la de Cholula ya tenian puestas las ollas para comer
-nuestros cuerpos; pues á la subida de los puertos no se les habia
-olvidado los poderes que tenia Montezuma para no dejar ninguno de
-nosotros, y bien vieron los caminos todos llenos de pinos y árboles
-cortados; pues los peligros de la entrada y estada en la gran ciudad
-de Méjico, cuántas veces teniamos la muerte al ojo, ¿quién los podrá
-ponderar? Pues vean los que han venido de vuestras mercedes dos veces
-primero que no yo, la una con Francisco Hernandez de Córdoba y la otra
-con Juan de Grijalva, los trabajos, hambres y sedes, heridas y muertes
-de muchos soldados que en descubrir aquestas tierras pasastes, y todo
-lo que en aquellos dos viajes habeis gastado de vuestras haciendas.»
-
-Y dijo que no queria contar otras muchas cosas que tenia por decir por
-menudo, y no habria tiempo para acaballo de platicar, porque era tarde
-y venia la noche; y más dijo:
-
-—«Digamos ahora, señores: Pánfilo de Narvaez viene contra nosotros con
-mucha rabia y deseo de nos haber á las manos, y no habian desembarcado,
-y nos llamaban de traidores y malos; y envió á decir al gran Montezuma,
-no palabras de sábio capitan, sino de alborotador; y demás desto, tuvo
-atrevimiento de prender á un oidor de su majestad, que por sólo este
-delito es digno de ser castigado. Ya habrán oido cómo han pregonado en
-su real guerra contra nosotros á ropa franca, como si fuéramos moros.»
-
-Y luego, despues de haber dicho esto Cortés, comenzó á sublimar
-nuestras personas y esfuerzos en las guerras y batallas pasadas, y
-que entónces peleábamos por salvar nuestras vidas, y que ahora hemos
-de pelear con todo vigor por vida y honra, pues nos vienen á prender
-y echar de nuestras casas y robar nuestras haciendas; y demás desto,
-que no sabemos si trae provisiones de nuestro Rey y señor, salvo
-favores del Obispo de Búrgos, nuestro contrario; y si por ventura
-caemos debajo de sus manos de Narvaez (lo cual Dios no permita),
-todos nuestros servicios, que hemos hecho á Dios primeramente y á su
-majestad, tornarán en deservicios, y harán procesos contra nosotros, y
-dirán que hemos muerto y robado y destruido la tierra, donde ellos son
-los robadores y alborotadores y deservidores de nuestro Rey y señor;
-dirán que le han servido, y pues vemos por los ojos todo lo que he
-dicho, y como buenos caballeros somos obligados á volver por la honra
-de su majestad y por las nuestras, y por nuestras casas y haciendas;
-y con esta intencion salí de Méjico, teniendo confianza en Dios y
-de nosotros; que todo lo ponia en las manos de Dios primeramente, y
-despues en las nuestras; que veamos lo que nos parece.»
-
-Entónces respondimos, y tambien juntamente con nosotros Juan Velazquez
-de Leon y Francisco de Lugo y otros capitanes, que tuviese por cierto
-que, mediante Dios, habiamos de vencer ó morir sobre ello, y que mirase
-no le convenciesen con partidos, porque si alguna cosa hacia fea, le
-dariamos de estocadas.
-
-Entónces, como vió nuestras voluntades, se holgó mucho, y dijo que con
-aquella confianza venia; y allí hizo muchas ofertas y prometimientos
-que seriamos todos muy ricos y valerosos.
-
-Hecho esto, tornó á decir que nos pedia por merced que callásemos, y
-que en las guerras y batallas es menester más prudencia y saber para
-bien vencer los contrarios, que no demasiada osadía; y que porque tenia
-conocido de nuestros grandes esfuerzos que por ganar honra cada uno
-de nosotros se queria adelantar de los primeros á encontrar con los
-enemigos, que fuésemos puestos en ordenanza y capitanías; y para que la
-primera cosa que hiciésemos fuese tomalles el artillería, que eran diez
-y ocho tiros que tenian asestados delante de sus aposentos de Narvaez,
-mandó que fuese por capitan suyo de Cortés uno que se decia Pizarro,
-que ya he dicho otras veces que en aquella sazon no habia fama de Perú
-ni Pizarros, que no era descubierto; y era el Pizarro suelto mancebo,
-y le señaló sesenta soldados mancebos, y entre ellos me nombraron á
-mí; y mandó que, despues de tomada el artillería, acudiésemos todos á
-los aposentos de Narvaez, que estaba en un muy alto cu; y para prender
-á Narvaez señaló por capitan á Gonzalo de Sandoval con otros sesenta
-compañeros; y como era alguacil mayor, le dió un mandamiento que decia
-así:
-
- «Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor desta Nueva-España por su
- majestad, yo os mando que prendais el cuerpo de Pánfilo de
- Narvaez, é si se os defendiere, matadle, que así conviene al
- servicio de Dios y de su majestad, y le prendió á un oidor. Dado
- en este real.» y la firma, Hernando Cortés, y refrendado de su
- secretario Pedro Hernandez.
-
-Y despues de dado el mandamiento, prometió que al primer soldado que
-le echase la mano le daria tres mil pesos, y al segundo dos mil, y al
-tercero mil; y dijo que aquello que prometia que era para guantes, que
-bien viamos la riqueza que habia entre nuestras manos; y luego nombró á
-Juan Velazquez de Leon para que prendiese á Diego Velazquez, con quien
-habia tenido la brega, y le dió otros sesenta soldados.
-
-Narvaez estaba en su fortaleza é altos cues, y el mismo Cortés por
-sobresaliente con otros veinte soldados para acudir adonde más
-necesidad hubiese, y donde él tenia el pensamiento de asistir era para
-prender á Narvaez y á Salvatierra; pues ya dadas las copias á los
-capitanes, como dicho tengo, dijo:
-
-—«Bien sé que los de Narvaez son por cuatro veces más que nosotros;
-mas ellos no son acostumbrados á las armas, y como están la mayor
-parte dellos mal con su capitan, y muchos dolientes, les tomaremos
-de sobresalto; tengo pensamiento que Dios nos dará vitoria, que no
-porfiarán mucho en su defensa, porque más bienes les haremos nosotros
-que no su Narvaez; así, señores, pues nuestra vida y honra está,
-despues de Dios, en vuestros esfuerzos é vigorosos brazos, no tengo
-más que os pedir por merced ni traer á la memoria sino que en esto está
-el toque de nuestras honras y famas para siempre jamás; y más vale
-morir por buenos que vivir afrentados.»
-
-Y porque en aquella sazon llovia y era tarde no dijo más.
-
-Una cosa he pensado despues acá, que jamás nos dijo tengo tal concierto
-en el real hecho, ni Fulano ni Zutano es en nuestro favor, ni cosa
-ninguna destas, sino que peleásemos como varones; y esto de no decirnos
-que tenia amigos en el real de Narvaez fué de muy cuerdo capitan,
-que por aquel efeto no dejásemos de batallar como esforzados, y no
-tuviésemos esperanza en ellos, sino, despues de Dios, en nuestros
-grandes ánimos.
-
-Dejemos desto, y digamos cómo cada uno de los capitanes por mí
-nombrados estaban con los soldados señalados, poniéndose esfuerzo unos
-á otros.
-
-Pues mi capitan Pizarro, con quien habiamos de tomar la artillería, que
-era la cosa de más peligro, y habiamos de ser los primeros que habiamos
-de romper hasta los tiros, tambien decia con mucho esfuerzo cómo
-habiamos de entrar y calar nuestras picas hasta tener la artillería en
-nuestro poder, y cuando se la hubiésemos tomado, que con ella misma
-mandó á nuestros artilleros, que se decian Mesa y el siciliano Aruega,
-que con las pelotas que estuviesen por descargar se diese guerra á los
-del aposento de Salvatierra.
-
-Tambien quiero decir la gran necesidad que teniamos de armas, que por
-un peto ó capacete ó casco ó babera de hierro diéramos aquella noche
-cuanto nos pidieran por ello y todo cuanto habiamos ganado; y luego
-secretamente nos nombraron el apellido que habiamos de tener estando
-batallando, que era Espíritu Santo, Espíritu Santo; que esto se suele
-hacer secreto en las guerras porque se conozcan y apelliden por el
-nombre, que no lo sepan unos contrarios de otros; y los de Narvaez
-tenian su apellido y voz Santa María, Santa María.
-
-Ya hecho todo esto, como yo era gran amigo y servidor del capitan
-Sandoval, me dijo aquella noche que me pedia por merced que cuando
-hubiésemos tomado el artillería, si quedaba con la vida, siempre me
-hablase con él y le siguiese; é yo le prometí, é así lo hice, como
-adelante verán.
-
-Digamos ahora en qué se entendió un rato de la noche, sino en aderezar
-y pensar en lo que teniamos por delante, pues para cenar no teniamos
-cosa ninguna; y luego fueron nuestros corredores del campo, y se puso
-espías y velas á mí y á otros dos soldados, y no tardó mucho, cuando
-viene un corredor del campo á me preguntar que si he sentido algo, é yo
-dije que no; y luego vino un cuadrillero, y dijo que el Galleguillo que
-habia venido del real de Narvaez no parecia, y que era espía echada del
-Narvaez; é que mandaba Cortés que luego marchásemos camino de Cempoal,
-é oimos tocar nuestro pífaro y atambor, y los capitanes apercibiendo
-sus soldados, y comenzamos á marchar; y al Galleguillo hallaron
-debajo de unas mantas durmiendo; que, como llovió y el pobre no era
-acostumbrado á estar al agua ni frios, metióse allí á dormir.
-
-Pues yendo nuestro paso tendido, sin tocar pífaro ni atambor, que
-luego mandó Cortés que no tocasen, y nuestros corredores del campo
-descubriendo la tierra, llegamos al rio, donde estaban las espías de
-Narvaez, que ya he dicho que se decian Gonzalo Carrasco é Hurtado, y
-estaban descuidados, que tuvimos tiempo de prender al Carrasco, y el
-otro fué dando voces al real de Narvaez y diciendo:
-
-—«Al arma, al arma, que viene Cortés.»
-
-Acuérdome que cuando pasábamos aquel rio, como llovia, venia un poco
-hondo, y las piedras resbalaban algo, y como llevábamos á cuestas las
-picas y armas, nos hacia mucho estorbo; y tambien me acuerdo cuando se
-prendió á Carrasco decia á Cortés á grandes voces:
-
-—«Mira, señor Cortés, no vayas allá; que juro á tal que está Narvaez
-esperándoos en el campo con todo su ejército.»
-
-Y Cortés le dió en guarda á su secretario Pedro Hernandez; y como vimos
-que el Hurtado fué á dar mandado, no nos detuvimos cosa, sino que el
-Hurtado iba dando voces y mandando dar al arma, y el Narvaez llamando
-sus capitanes, y nosotros calando nuestras picas y cerrando con su
-artillería, todo fué uno, que no tuvieron tiempo sus artilleros de
-poner fuego sino á cuatro tiros, y las pelotas algunas dellas pasaron
-por alto, é una dellas mató á tres de nuestros compañeros.
-
-Pues en este instante llegaron todos nuestros capitanes, tocando al
-arma nuestro pífaro y atambor; y como habia muchos de los de Narvaez á
-caballo, detuviéronse un poco con ellos, porque luego derrocaron seis ó
-siete dellos.
-
-Pues nosotros los que tomamos el artillería no osábamos desampararla,
-porque el Narvaez desde su aposento nos tiraba saetas y escopetas; y en
-aquel instante llegó el capitan Sandoval y sube de presto las gradas
-arriba, y por mucha resistencia que le ponia el Narvaez y le tiraban
-saetas y escopetas y con partesanas y lanzas, todavía las subió él y
-sus soldados; y luego como vimos los soldados que ganamos el artillería
-que no habia quien nos la defendiese, se la dimos á nuestros artilleros
-por mí nombrados, y fuimos muchos de nosotros y el capitan Pizarro á
-ayudar al Sandoval, que les hacian los de Narvaez venir seis ó siete
-gradas abajo retrayéndose, y con nuestra llegada tornó á las subir, y
-estuvimos buen rato peleando con nuestras picas, que eran grandes; y
-cuando no me cato oimos voces del Narvaez, que decia:
-
-—«Santa María, váleme; que muerto me han y quebrado un ojo;»
-
-Y cuando aquello oimos, luego dimos voces:
-
-—«Vitoria, vitoria por los del nombre del Espíritu Santo; que muerto es
-Narvaez.»
-
-Y con todo esto no les pudimos entrar en el cu donde estaban hasta
-que un Martin Lopez, el de los bergantines, como era alto de cuerpo,
-puso fuego á las pajas del alto cu, y vinieron todos los de Narvaez
-rodando las gradas abajo; entónces prendimos á Narvaez, y el primero
-que le echó mano fué un Pero Sanchez Farfan, é yo se lo dí al Sandoval
-y á otros capitanes del mismo Narvaez que con él estaban todavía dando
-voces y apellidando:
-
-—«Viva el Rey, viva el Rey, y en su Real nombre Cortés; vitoria,
-vitoria; que muerto es Narvaez.»
-
-Dejemos este combate, é vamos á Cortés y á los demás capitanes que
-todavía estaban batallando cada uno con los capitanes del Narvaez
-que aún no se habian dado, porque estaban en muy altos cues, y con
-los tiros que les tiraban nuestros artilleros y con nuestras voces,
-é muerte del Narvaez, como Cortés era muy avisado, mandó de presto
-pregonar que todos los de Narvaez se vengan luego á someter debajo de
-la bandera de su majestad, y de Cortés en su Real nombre, so pena de
-muerte; y aun con todo esto no se daban los de Diego Velazquez el mozo
-ni los de Salvatierra, porque estaban en muy altos cues y no les podian
-entrar; hasta que Gonzalo de Sandoval fué con la mitad de nosotros los
-que con él entramos, y se prendieron así al Salvatierra como los que
-con él estaban, y al Diego Velazquez el mozo; y luego Sandoval vino
-con todos nosotros los que fuimos en prender al Narvaez á ponelle más
-en cobro, puesto que le habiamos echado dos pares de grillos, y cuando
-Cortés y el Juan Velazquez y el Ordás tuvieron presos á Salvatierra y
-al Diego Velazquez el mozo y á Gamarra y á Juan Yuste y á Juan Bono,
-vizcaino, y á otras personas principales, vino Cortés desconocido,
-acompañado de nuestros capitanes, adonde teniamos á Narvaez, y con el
-calor que hacia grande, y como estaba cargado con las armas é andaba
-de una parte á otra apellidando á nuestros soldados y haciendo dar
-pregones, venia muy sudando y cansado, y tal, que no le alcanzaba un
-huelgo á otro, é dijo á Sandoval dos veces, que no lo acertaba á decir
-del trabajo que traia, é dijo:
-
-—«¿Qué es de Narvaez? ¿Qué es de Narvaez?»
-
-É dijo Sandoval:
-
-—«Aquí está, aquí está, é á muy buen recaudo.»
-
-Y tornó Cortés á decir muy sin huelgo:
-
-—«Mirá, hijo Sandoval, que no os quiteis dél vos y vuestros compañeros,
-no se os suelte miéntras yo voy á entender en otras cosas; é mirad
-estos capitanes que con él teneis presos que en todo haya recaudo.»
-
-Y luego se fué, y mandó dar otros pregones que, so pena de muerte, que
-todos los de Narvaez luego en aquel punto se vengan á someter debajo
-de la bandera de su majestad, y en su Real nombre de Hernando Cortés,
-su capitan general y justicia mayor, é que ninguno trajese ningunas
-armas, sino que todos las diesen y entregasen á nuestros alguaciles; y
-todo esto era de noche, que no amanecia, y aun llovia de rato en rato,
-y entónces salia la luna, que cuando allí llegamos hacia muy escuro y
-llovia, y tambien la escuridad ayudó; que, como hacia tan escuro, habia
-muchos cucuyos (así los llaman en Cuba), que relumbraban de noche, é
-los de Narvaez creyeron que eran mechas de las escopetas.
-
-Dejemos esto, y pasemos adelante: que, como el Narvaez estaba muy
-mal herido y quebrado el ojo, demandó licencia á Sandoval para que
-un cirujano que traia en su armada, que se decia maestre Juan, le
-curase el ojo á él y otros capitanes que estaban heridos, y se la
-dió, y estándole curando llegó allí cerca Cortés disimulando, que no
-lo conociesen, á le ver curar; dijéronle al Narvaez que estaba allí
-Cortés, y como se lo dijeron, dijo el Narvaez:
-
-—«Señor capitan Cortés, tené en mucho esta vitoria que de mí habeis
-habido y en tener presa mi persona.»
-
-Y Cortés le respondió que daba muchas gracias á Dios, que se la dió, y
-por los esforzados caballeros y compañeros que tenia, que fueron parte
-para ello. É que una de las menores cosas que en la Nueva-España ha
-hecho es prendelle y desbaratalle; y que si le ha parecido bien tener
-atrevimiento de prender á un oidor de su majestad.
-
-Y cuando hubo dicho esto se fué de allí, que no le habló más, y mandó
-á Sandoval que le pusiese buenas guardas, y que él no se quitase dél
-con personas de recaudo; ya le teniamos echado dos pares de grillos
-y le llevábamos á un aposento, y puestos soldados que le habiamos de
-guardar, y á mí me señaló Sandoval por uno dellos, y secretamente me
-mandó que no dejase hablar con él á ninguno de los de Narvaez hasta que
-amaneciese, que Cortés le pusiese más en cobro.
-
-Dejemos desto, y digamos cómo Narvaez habia enviado cuarenta de á
-caballo para que nos estuviesen aguardando en el paso del rio cuando
-viniésemos á su real, como dicho tengo en el capítulo que dello habla,
-y supimos que andaban todavía en el campo; tuvimos temor no nos
-viniesen á acometer para nos quitar sus capitanes é al mismo Narvaez
-que teniamos presos, y estábamos muy apercebidos; y acordó Cortés de
-les enviar á pedir por merced que se viniesen al real, con grandes
-ofrecimientos que á todos prometió; y para los traer envió á Cristóbal
-de Olí, que era nuestro maestre de campo, é á Diego de Ordás, y fueron
-en unos caballos que tomaron de los de Narvaez, que de todos los
-nuestros no trajimos ningunos, que atados quedaron en un montecillo
-junto á Cempoal; que no trajimos sino picas, espadas y rodelas y
-puñales; y fueron al campo con un soldado de los de Narvaez, que les
-mostró el rastro por donde habian ido, y se toparon con ellos; y en
-fin, tantas palabras de ofertas y ofrecimientos les dijeron por parte
-de Cortés, y ántes que llegasen á nuestro real ya era de dia claro; y
-sin decir cosa ninguna Cortés ni ninguno de nosotros á los atabaleros
-que el Narvaez traia, comenzaron á tocar los atabales y á tañer sus
-pífaros y tambores, y decian:
-
-—«Viva, viva la gala de los romanos, que siendo tan pocos han vencido á
-Narvaez y á sus soldados.»
-
-É un negro que se decia Guidela, que fué muy gracioso truhan, que
-traia el Narvaez, daba voces que decia:
-
-—«Mirad que los romanos no han hecho tal hazaña.»
-
-Y por más que les deciamos que callasen y no tañesen sus atabales, no
-querian, hasta que Cortés mandó que prendiesen al atabalero, que era
-medio loco, que se decia Tapia; y en este instante vino Cristóbal de
-Olí y Diego de Ordás, y trajeron á los de á caballo que dicho tengo, y
-entre ellos venia Andrés de Duero y Agustin Bermudez y muchos amigos de
-nuestro capitan; y así como venian, iban á besar las manos á Cortés,
-que estaba sentado en una silla de caderas, con una ropa larga de color
-como naranjada, con sus armas debajo, acompañado de nosotros.
-
-Pues ver la gracia con que les hablaba y abrazaba, y las palabras de
-tantos cumplimientos que les decia, era cosa de ver qué alegre estaba;
-y tenia mucha razon de verse en aquel punto tan señor y pujante; y así
-como le besaban la mano se fueron cada uno á su posada.
-
-Digamos ahora de los muertos y heridos que hubo aquella noche.
-
-Murió el alférez de Narvaez, que se decia Fulano de Fuentes, que era un
-hidalgo de Sevilla; murió otro capitan de Narvaez que se decia Rojas,
-natural de Castilla la Vieja; murieron otros dos de Narvaez; murió
-uno de los tres soldados que se le habian pasado, que habian sido de
-los nuestros, que llamábamos Alonso García el Carretero, y heridos de
-los de Narvaez hubo muchos; y tambien murieron de los nuestros otros
-cuatro, y hubo más heridos, y el cacique gordo tambien salió herido;
-porque, como supo que veniamos cerca de Cempoal, se acogió al aposento
-de Narvaez, y allí le hirieron, y luego Cortés le mandó curar muy bien
-y le puso en su casa, y que no se le hiciese enojo.
-
-Pues Cervantes el loco y Escalonilla, que son los que se pasaron al
-Narvaez que habian sido de los nuestros, tampoco libraron bien, que
-Escalona salió bien herido, y el Cervantes bien apaleado, é ya he dicho
-que murió el Carretero.
-
-Vamos á los del aposento de Salvatierra, el muy fiero, que dijeron sus
-soldados que en toda su vida vieron hombre para ménos ni tan cortado de
-muerte cuando nos oyó tocar al arma y cuando deciamos:
-
-—«Vitoria, vitoria; que muerto es Narvaez.»
-
-Dicen que luego dijo que estaba muy malo del estómago, é que no fué
-para cosa ninguna. Esto lo he dicho por sus fieros y bravear; y de los
-de su compañía tambien hubo heridos.
-
-Digamos del aposento del Diego Velazquez y otros capitanes que estaban
-con él, que tambien hubo heridos, y nuestro capitan Juan Velazquez
-de Leon prendió al Diego Velazquez, aquel con quien tuvo las bregas
-estando comiendo con el Narvaez, y le llevó á su aposento y le mandó
-curar y hacer mucha honra.
-
-Pues ya he dado cuenta de todo lo acaecido en nuestra batalla, digamos
-agora lo que más se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIII.
-
-CÓMO DESPUES DE DESBARATADO NARVAEZ SEGUN Y DE LA MANERA QUE HE DICHO,
-VINIERON LOS INDIOS DE CHINANTA QUE CORTÉS HABIA ENVIADO Á LLAMAR, Y DE
-OTRAS COSAS QUE PASARON.
-
-
-Ya he dicho en el capítulo que dello habla, que Cortés envió á decir
-á los pueblos de Chinanta, donde trajeron las lanzas é picas, que
-viniesen dos mil indios dellos con sus lanzas, que son mucho más largas
-que no las nuestras, para nos ayudar, é vinieron aquel mismo dia y algo
-tarde, despues de preso Narvaez, y venian por capitanes los caciques de
-los mismos pueblos é uno de nuestros soldados, que se decia Barrientos,
-que habia quedado en Chinanta para aquel efecto: y entraron en Cempoal
-con muy gran ordenanza, de dos en dos; y como traian las lanzas muy
-grandes y de buen cuerpo, y tienen en ellas una braza de cuchilla
-de pedernales, que cortan tanto como navajas, segun ya otra vez he
-dicho, y traia cada indio una rodela como pavesina, y con sus banderas
-tendidas, y con muchos plumajes y atambores y trompetillas, y entre
-cada lancero é lancero un flechero, y dando gritos y silbos decian:
-
-—«Viva el Rey, viva el Rey, y Hernando Cortés en su real nombre.»
-
-Y entraron bravosos, que era cosa de notar, y serian mil y quinientos,
-que parecian, de la manera y concierto que venian, que eran tres mil;
-y cuando los de Narvaez los vieron se admiraron, é dicen que dijeron
-unos á otros que si aquella gente les tomara en medio ó entraran
-con nosotros, qué tal que les pararan; y Cortés habló á los indios
-capitanes muy amorosamente, agradeciéndole su venida, y les dió cuentas
-de Castilla, y les mandó que luego se volviesen á sus pueblos, y que
-por el camino no hiciesen daño á otros pueblos, y tornó á enviar con
-ellos al mismo Barrientos.
-
-Y quedarse ha aquí, y diré lo que más Cortés hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIV.
-
-CÓMO CORTÉS ENVIÓ AL PUERTO AL CAPITAN FRANCISCO DE LUGO, Y EN SU
-COMPAÑÍA DOS SOLDADOS QUE HABIAN SIDO MAESTRES DE HACER NAVÍOS, PARA
-QUE LUEGO TRAJESE ALLÍ Á CEMPOAL TODOS LOS MAESTRES Y PILOTOS DE LOS
-NAVÍOS Y FLOTA DE NARVAEZ, Y QUE LES SACASEN LAS VELAS Y TIMONES É
-AGUJAS, PORQUE NO FUESEN Á DAR MANDADO Á LA ISLA DE CUBA Á DIEGO
-VELAZQUEZ DE LO ACAECIDO, Y CÓMO PUSO ALMIRANTE DE LA MAR.
-
-
-Pues acabado de desbaratar al Pánfilo de Narvaez, é presos él y sus
-capitanes, é á todos los demás tomado sus armas, mandó Cortés al
-capitan Francisco de Lugo que fuese al puerto donde estaba la flota de
-Narvaez, que eran diez y ocho navíos, y mandase venir allí á Cempoal
-á todos los pilotos y maestres de los navíos, y que les sacasen velas
-y timones é agujas, porque no fuesen á dar mandado á Cuba á Diego
-Velazquez; é que si no le quisiesen obedecer, que les echase presos; y
-llevó consigo el Francisco de Lugo dos de nuestros soldados, que habian
-sido hombres de la mar, para que le ayudasen; y tambien mandó Cortés
-que luego le enviasen á un Sancho de Barahona, que le tenia preso el
-Narvaez con otros soldados. Este Barahona fué vecino de Guatimala,
-hombre rico; y acuérdome que cuando llegó ante Cortés, que venia muy
-doliente y flaco, y le mandó hacer honra.
-
-Volvamos á los maestres y pilotos, que luego vinieron á besar las manos
-al capitan Cortés, á los cuales tomó juramento que no saldrian de su
-mandado, é que le obedecerian en todo lo que les mandase; y luego les
-puso por almirante y capitan de la mar á un Pedro Caballero, que habia
-sido maestre de un navío de los de Narvaez; persona de quien Cortés se
-fió mucho, al cual dicen que le dió primero buenos tejuelos de oro;
-y á este mandó que no dejase ir de aquel puerto ningun navío á parte
-ninguna, y mandó á todos los maestres y pilotos y marineros que todos
-le obedeciesen, y que si de Cuba enviase Diego Velazquez más navíos
-(porque tuvo aviso Cortés que estaban dos navíos para venir), que
-tuviese modo que á los capitanes que en él viniesen les echase presos,
-y les sacase el timon é velas y agujas, hasta que otra cosa en ello
-Cortés mandase. Lo cual así lo hizo Pedro Caballero, como adelante diré.
-
-Y dejemos ya los navíos y el puerto seguro y digamos lo que se concertó
-en nuestro real é los de Narvaez, y es que luego se dió órden que
-fuesen á conquistar y poblar á Juan Velazquez de Leon á lo de Pánuco, y
-para ello Cortés le señaló ciento y veinte soldados, los ciento habian
-de ser de los de Narvaez, y los veinte de los nuestros entremetidos,
-porque tenian más experiencia en la guerra: y tambien habia de llevar
-dos navíos para que desde el rio de Pánuco fuesen á descubrir la costa
-adelante; y tambien á Diego de Ordás dió otra capitanía de otros ciento
-y veinte soldados para ir á poblar á lo de Guacacualco, y los ciento
-habian de ser de los de Narvaez y los veinte de los nuestros, segun y
-de la manera que á Juan Velazquez de Leon; y habia de llevar otros dos
-navíos para desde el rio de Guacacualco enviar á la isla de Jamáica
-por ganados de yeguas y becerros, puercos y ovejas, y gallinas de
-Castilla y cabras, para multiplicar la tierra, porque la provincia de
-Guacacualco era buena para ello.
-
-Pues para ir aquellos capitanes con sus soldados y llevar todas sus
-armas, Cortés se las mandó dar y soltar todos los prisioneros capitanes
-de Narvaez, y el Salvatierra, que decia que estaba malo del estómago.
-
-Pues para dalles todas las armas, algunos de nuestros soldados les
-teniamos ya tomado caballos y espadas y otras cosas, y mandó Cortés
-que luego se las volviésemos, y sobre no dárselas hubo ciertas
-pláticas enojosas, y fueron, que dijimos los soldados que las teniamos
-muy claramente, que no se las queriamos dar, pues que en el real de
-Narvaez pregonaron guerra contra nosotros á ropa franca, y con aquella
-intencion venian á nos prender y tomar lo que teniamos, é que siendo
-nosotros tan grandes servidores de su majestad, nos llamaban traidores,
-é que no se las queriamos dar; y Cortés todavía porfiaba á que se las
-diésemos, é como era capitan general, húbose de hacer lo que mandó, que
-yo les dí un caballo que tenia ya escondido, ensillado y enfrenado, y
-dos espadas y tres puñales y una adarga, y otros muchos de nuestros
-soldados dieron tambien otros caballos y armas; y como Alonso de Ávila
-era capitan y persona que osaba decir á Cortés cosas que convenian, é
-juntamente con él el Padre fray Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte
-á Cortés, y le dijeron que parecia que queria remedar á Alejandro
-Macedonio, que despues que con sus soldados habia hecho alguna gran
-hazaña, que más procuraba de honrar y hacer mercedes á los que vencia
-que no á sus capitanes y soldados, que eran los que lo vencian; y esto,
-que lo decian porque lo han visto en aquellos dias que allí estábamos
-despues de preso Narvaez, que todas las joyas de oro que le presentaban
-los indios de aquellas comarcas y bastimentos daba á los capitanes de
-Narvaez, é como si no nos conociera, ansí nos obligaba; y que no era
-bien hecho, sino muy grande ingratitud, habiéndole puesto en el estado
-en que estaba.
-
-Á esto respondió Cortés que todo cuanto tenia, ansí persona como
-bienes, era para nosotros, é que al presente no podia más sino con
-dádivas y palabras y ofrecimientos honrar á los de Narvaez; porque,
-como son muchos, y nosotros pocos, no se levantasen contra él y contra
-nosotros, y le matasen.
-
-Á esto respondió el Alonso de Ávila, y le dijo ciertas palabras algo
-soberbias, de tal manera, que Cortés le dijo que quien no le quisiese
-seguir, que las mujeres han parido y paren en Castilla soldados; y el
-Alonso de Ávila dijo con palabras muy soberbias y sin acato que así
-era verdad, que soldados y capitanes é gobernadores, é que aquello
-mereciamos que dijese.
-
-Y como en aquella sazon estaba la cosa de arte que Cortés no podia
-hacer otra cosa sino callar, y con dádivas y ofertas le atrajo á sí;
-y como conoció dél ser muy atrevido, y tuvo siempre Cortés temor que
-por ventura un dia ó otro no hiciese alguna cosa en su daño, disimuló;
-y dende allí adelante siempre le enviaba á negocios de importancia,
-como fué á la isla de Santo Domingo, y despues á España cuando enviamos
-la recámara y tesoro del gran Montezuma, que robó Juan Florin, gran
-corsario frances; lo cual diré en su tiempo y lugar.
-
-Y volvamos ahora al Narvaez y á un negro que traia lleno de viruelas,
-que harto negro fué en la Nueva-España, que fué causa que se pegase é
-hinchase toda la tierra dellas, de lo cual hubo gran mortandad; que,
-segun decian los indios, jamás tal enfermedad tuvieron, y como no la
-conocian, lavábanse muchas veces, y á esta causa se murieron gran
-cantidad dellos.
-
-Por manera que negra la ventura de Narvaez, y más prieta la muerte de
-tanta gente sin ser cristianos.
-
-Dejemos ahora todo esto, y digamos cómo los vecinos de la Villa-Rica,
-que habian quedado poblados, que no fueron á Méjico, demandaron á
-Cortés las partes del oro que les cabia, y dijeron á Cortés que, puesto
-que allí les mandó quedar en aquel puerto y villa, que tambien servian
-allí á Dios y al Rey como los que fuimos á Méjico, pues entendian en
-guardar la tierra y hacer la fortaleza, y algunos dellos se hallaron
-en lo de Almería, que aun no tenian sanas las heridas, y que todos los
-más se hallaron en la prision de Narvaez, y que les diesen sus partes;
-y viendo Cortés que era muy justo lo que decian, dijo que fuesen dos
-hombres principales vecinos de aquella villa con poder de todos, y que
-lo tenia apartado, y que se lo darian; y paréceme que les dijo que en
-Tlascala estaba guardado, que esto no me acuerdo bien; é así, luego
-despacharon de aquella villa dos vecinos por el oro y sus partes, y el
-principal se decia Juan de Alcántara el viejo.
-
-Y dejemos de platicar en ello, y despues diremos lo que sucedió al
-Alcántara y al otro; y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de presto
-su rueda, que á grandes bonanzas y placeres siguen las tristezas; y
-es que en este instante vienen nuevas que Méjico estaba alzado, y
-que Pedro de Albarado está cercado en su fortaleza y aposento, y que
-le ponian fuego por todas partes en la misma fortaleza, y que le han
-muerto siete soldados, y que estaban otros muchos heridos; y enviaba á
-demandar socorros con mucha instancia y priesa; y esta nueva trujeron
-dos tlascaltecas sin carta ninguna, y luego vino una carta con otros
-tlascaltecas que envió el Pedro de Albarado, en que decia lo mismo.
-
-Y cuando aquella tan mala nueva oimos, sabe Dios cuánto nos pesó, y á
-grandes jornadas comenzamos á caminar para Méjico, y quedó preso en
-la Villa-Rica el Narvaez y el Salvatierra, y por teniente y capitan
-paréceme que quedó Rodrigo Rangel, que tuviese cargo de guardar al
-Narvaez y de recoger muchos de los de Narvaez que estaban enfermos.
-
-Y tambien en este instante, ya que queriamos partir, vinieron cuatro
-grandes principales que envió el gran Montezuma ante Cortés á quejarse
-del Pedro de Albarado, y lo que dijeron llorando con muchas lágrimas de
-sus ojos fué, que Pedro de Albarado salió de su aposento con todos los
-soldados que le dejó Cortés, y sin causa ninguna dió en sus principales
-y caciques, que estaban bailando y haciendo fiesta á sus ídolos
-Huichilóbos y Tezcatepuca, con licencia que para ello les dió el Pedro
-de Albarado, é que mató é irió muchos dellos, y que por se defender le
-mataron seis de sus soldados.
-
-Por manera que daban muchas quejas del Pedro de Albarado; y Cortés les
-respondió á los mensajeros algo desabrido, é que él iria á Méjico y
-pornia remedio en todo; y así, fueron con aquella respuesta á su gran
-Montezuma, y dicen la sintió por muy mala y hubo enojo della.
-
-Y asimismo luego despachó Cortés cartas para Pedro de Albarado, en
-que le envió á decir que mirase que el Montezuma no se soltase, é que
-íbamos á grandes jornadas; y le hizo saber de la vitoria que habiamos
-habido contra Narvaez; lo cual ya sabia el gran Montezuma.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré lo que más adelante pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXV.
-
-CÓMO FUIMOS GRANDES JORNADAS, ASÍ CORTÉS CON TODOS SUS CAPITANES COMO
-TODOS LOS DE NARVAEZ, EXCEPTO PÁNFILO DE NARVAEZ, Y SALVATIERRA, QUE
-QUEDABAN PRESOS.
-
-
-Como llegó la nueva referida cómo Pedro de Albarado estaba cercado y
-Méjico rebelado, cesaron las capitanías que habian de ir á poblar
-á Pánuco y á Guacacualco, que habian dado á Juan Velazquez de Leon
-y á Diego de Ordás, que no fué enemigo dellos, que todos fuesen con
-nosotros; y Cortés habló á los de Narvaez, que sintió que no irian
-con nosotros de buena voluntad á hacer aquel socorro, y les rogó que
-dejasen atrás enemistades pasadas por lo de Narvaez, ofreciéndoles
-de hacerlos ricos y dalles cargos; y pues venian á buscar la vida, y
-estaban en tierra donde podrian hacer servicio á Dios y á su majestad,
-y enriquecer, que ahora les venia lance; y tantas palabras les dijo,
-que todos á una se le ofrecieron que irian con nosotros; y si supieran
-las fuerzas de Méjico, cierto está que no fuera ninguno.
-
-Y luego caminamos á muy grandes jornadas hasta llegar á Tlascala, donde
-supimos que hasta que Montezuma y sus capitanes habian sabido cómo
-habiamos desbaratado á Narvaez, no dejaron de darle guerra á Pedro
-de Albarado, y le habian ya muerto siete soldados y le quemaron los
-aposentos; y cuando supieron nuestra vitoria cesaron de dalle guerra;
-mas dijeron que estaban muy fatigados por falta de agua y bastimento,
-lo cual nunca se lo habia mandado dar Montezuma; y esta nueva trujeron
-indios de Tlascala en aquella misma hora que hubimos llegado.
-
-Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y halló
-sobre mil y trecientos soldados, así de los nuestros como de los de
-Narvaez, y sobre noventa y seis caballos y ochenta ballesteros y otros
-tantos escopeteros; con los cuales le pareció á Cortés que llevaba
-gente para poder entrar muy á su salvo en Méjico; y demás desto, en
-Tlascala nos dieron los caciques dos mil hombres, indios de guerra; y
-luego fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, que es una gran ciudad,
-y no se nos hizo honra ninguna en ella ni pareció ningun señor, sino
-todo muy remontado y de mal arte; y llegamos á Méjico dia de señor San
-Juan de Junio de 1520 años, y no parecian por las calles caciques, ni
-capitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas despobladas.
-
-Y como llegamos á los aposentos que soliamos posar, el gran Montezuma
-salió al patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el bien venido, y
-de la vitoria con Narvaez; y Cortés, como venia vitorioso, no le quiso
-oir, y el Montezuma se entró en su aposento muy triste y pensativo.
-
-Pues ya aposentados cada uno de nosotros donde soliamos estar ántes
-que saliésemos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los de Narvaez en
-otros aposentos, é ya habiamos visto é hablado con el Pedro de Albarado
-y los soldados que con él quedaron, y ellos nos daban cuenta de las
-guerras que los mejicanos les daban y trabajo en que les tenian puesto,
-y nosotros les dábamos relacion de la vitoria contra Narvaez.
-
-Y dejaré esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fué la causa de
-se levantar Méjico, porque bien entendido teniamos que á Montezuma le
-pesó dello, que si le pluguiera ó fuera por su consejo, dijeron muchos
-soldados de los que se quedaron con Pedro de Albarado en aquellos
-trances, que si Montezuma fuera en ello, que á todos les mataran, y
-que el Montezuma los aplacaba que cesasen la guerra; y lo que contaba
-el Pedro de Albarado á Cortés, sobre el caso era, que por libertar los
-mejicanos al Montezuma, é porque su Huichilóbos se lo mandó porque
-pusimos en su casa la imágen de Nuestra Señora la Vírgen Santa María y
-la Cruz.
-
-Y más dijo, que habian llegado muchos indios á quitar la santa imágen
-del altar donde la pusimos, y que no pudieron quitalla, y que los
-indios lo tuvieron á gran milagro, y que se lo dijeron al Montezuma,
-é que les mandó que la dejasen en el mismo lugar y altar, y que no
-curasen de hacer otra cosa; y así, la dejaron.
-
-Y más dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el Narvaez les habia
-enviado á decir al Montezuma, que le venia á soltar de las prisiones y
-á prendernos, y no salió verdad; y como Cortés habia dicho al Montezuma
-que en teniendo navíos nos habiamos de ir á embarcar y salir de toda
-la tierra, é que no nos íbamos, é que todo eran palabras, é que ahora
-habian visto venir muchos más teules, ántes que todos los de Narvaez
-y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, que seria bien matar
-al Pedro de Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y
-despues no quedar á vida ninguno de los nuestros é de los de Narvaez,
-cuanto más que tuvieron por cierto que nos venciera el Narvaez.
-
-Estas pláticas y descargo dió el Pedro de Albarado á Cortés, y le
-tornó á decir Cortés que á qué causa les fué á dar guerra estando
-bailando y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que hacian á
-sus Huichilóbos y á Tezcatepuca; y el Pedro de Albarado dijo que luego
-le habian de venir á dar guerra, segun el concierto tenian entre ellos
-hecho, y todo lo demás que lo supo de un papa y de dos principales y de
-otros mejicanos; y Cortés le dijo:
-
-—«Pues hanme dicho que os demandaron licencia para hacer el areito y
-bailes.»
-
-É dijo que así era verdad, é que fué por tomalles descuidados; é que
-porque temiesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto se adelantó
-á dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, muy enojado, que
-era muy mal hecho, y grande desatino y poca verdad; é que pluguiera á
-Dios que el Montezuma se hubiera soltado, é que tal cosa no la oyera á
-sus ídolos; y así le dejó, que no le habló más en ello.
-
-Tambien dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando andaba con ellos en
-aquella guerra, que mandó poner á un tiro que estaba cebado fuego, con
-una pelota y muchos perdigones, é que como venian muchos escuadrones de
-indios á le quemar los aposentos, que salió á pelear con ellos, é que
-mandó poner fuego al tiro, é que no salió, y que hizo una arremetida
-contra los escuadrones que le daban guerra, y cargaban muchos indios
-sobre él, é que venia retrayéndose á la fuerza y aposento, é que
-entónces sin poner fuego al tiro salió la pelota y los perdigones y
-mató muchos indios; y que si aquello no acaeciera, que los enemigos los
-mataran á todos, como en aquella vez le llevaron dos de sus soldados
-vivos.
-
-Otra cosa dijo el Pedro de Albarado, y esta sola cosa la dijeron otros
-soldados, que las demás pláticas sólo el Pedro de Albarado lo contaba;
-y es, que no tenia agua para beber, y cavaron en el patio, é hicieron
-un pozo y sacaron agua dulce, siendo todo salado tambien.
-
-Todo fué muchos bienes que nuestro Señor Dios nos hacia.
-
-É á esto del agua digo yo que en Méjico estaba una fuente que muchas
-veces y todas las más manaba agua algo dulce; que lo demás que dicen
-algunas personas, que el Pedro de Albarado, por codicia de haber mucho
-oro y joyas de gran valor con que bailaban los indios, les fué á dar
-guerra, yo no lo creo ni nunca tal oí, ni es de creer que tal hiciese,
-puesto que lo dice el Obispo fray Bartolomé de las Casas aquello y
-otras cosas que nunca pasaron; sino que verdaderamente dió en ellos por
-metelles temor, é que con aquellos males que les hizo tuviesen harto
-que curar y llorar en ellos, porque no le viniesen á dar guerra; y como
-dicen que quien acomete vence, y fué muy peor, segun pareció.
-
-Y tambien supimos de mucha verdad que tal guerra nunca el Montezuma
-mandó dar, é que cuando combatian al Pedro de Albarado, que el
-Montezuma les mandaba á los suyos que no lo hiciesen, y que le
-respondian que ya no era cosa de sufrir tenelle preso, y estando
-bailando irles á matar, como fueron; y que le habian de sacar de allí y
-matar á todos los teules que le defendian.
-
-Estas cosas y otras sé decir que lo oí á personas de fe y que se
-hallaron con el Pedro de Albarado cuando aquello pasó.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré la gran guerra que luego nos dieron, y es
-desta manera.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVI.
-
-CÓMO NOS DIERON GUERRA EN MÉJICO, Y LOS COMBATES QUE NOS DABAN, Y OTRAS
-COSAS QUE PASAMOS.
-
-
-Como Cortés vió que en Tezcuco no nos habian hecho ningun recibimiento,
-ni aun dado de comer, sino mal y por mal cabo, y que no hallamos
-principales con quien hablar, y lo vió todo rematado y de mal arte,
-y venido á Méjico lo mismo; y vió que no hacian tianguez, sino todo
-levantado, é oyó al Pedro de Albarado de la manera y desconcierto
-con que les fué á dar guerra; y parece ser habia dicho Cortés en el
-camino á los capitanes, alabándose de sí mismo, el gran acato y mando
-que tenia, é que por los pueblos é caminos le saldrian á recibir
-y hacer fiestas, y que en Méjico mandaba tan absolutamente, así al
-gran Montezuma como á todos sus capitanes, é que le darian presentes
-de oro como solian; y viendo que todo estaba muy al contrario de
-sus pensamientos, que aun de comer no nos daban, estaba muy airado
-y soberbio con la mucha gente de españoles que traia, y muy triste
-y mohino; y en este instante envió el gran Montezuma dos de sus
-principales á rogar á nuestro Cortés que le fuese á ver, que le queria
-hablar, y la respuesta que le dió fué:
-
-—«Vaya para perro, que aun tianguez no quiere hacer ni de comer nos
-manda dar.»
-
-Y entónces, como aquello le oyeron á Cortés nuestros capitanes, que fué
-Juan Velazquez de Leon y Cristóbal de Olí y Alonso de Ávila y Francisco
-de Lugo, dijeron:
-
-—«Señor, temple su ira, y mire cuánto bien y honra nos ha hecho este
-Rey destas tierras, que es tan bueno, que si por él no fuese ya
-fuéramos muertos y nos habrian comido, é mire que hasta las hijas le
-han dado.»
-
-Y como esto oyó Cortés, se indignó más de las palabras que le dijeron,
-como parecian de reprension, é dijo:
-
-—«¿Qué cumplimiento tengo yo de tener con un perro que se hacia con
-Narvaez secretamente, é ahora veis que aun de comer no nos da?»
-
-Y dijeron nuestros capitanes:
-
-—«Esto nos parece que debe hacer, y es buen consejo.»
-
-Y como Cortés tenia allí en Méjico tantos españoles, así de los
-nuestros como de los de Narvaez, no se le daba nada por cosa ninguna,
-é hablaba tan airado y descomedido.
-
-Por manera que tornó hablar á los principales que dijesen á su señor
-Montezuma que luego mandase hacer tianguez y mercados; si no, que hará
-é que acontecerá; y los principales bien entendieron las palabras
-injuriosas que Cortés dijo de su señor, y aun tambien la reprension
-que nuestros capitanes dieron á Cortés sobre ello; porque bien los
-conocian, que habian sido los que solian tener en guarda á su señor,
-y sabian que eran grandes servidores de su Montezuma; y segun y de la
-manera que lo entendieron, se lo dijeron al Montezuma, y de enojo, ó
-porque ya estaba concertado que nos diesen guerra, no tardó un cuarto
-de hora que vino un soldado á gran priesa muy mal herido, que venia de
-un pueblo que está junto á Méjico, que se dice Tacuba, y traia unas
-indias que eran de Cortés, é la una hija del Montezuma, que parece ser
-las dejó á guardar allí al señor de Tacuba, que eran sus parientes del
-mismo señor, cuando fuimos á lo de Narvaez.
-
-Y dijo aquel soldado que estaba toda la ciudad y camino por donde venia
-lleno de gente de guerra con todo género de armas, y que le quitaron
-las indias que traia y le dieron dos heridas, é que si no se les
-soltara, que le tenian ya asido para le meter en una canoa y llevalle á
-sacrificar, y habian deshecho una puente.
-
-Y desque aquello oyó Cortés y algunos de nosotros, ciertamente nos
-pesó mucho; porque bien entendido teniamos los que soliamos batallar
-con indios, la mucha multitud que de ellos se suelen juntar, que por
-bien que peleásemos, y aunque más soldados trujésemos ahora, que
-habiamos de pasar gran riesgo de nuestras vidas, y hambres y trabajos,
-especialmente estando en tan fuerte ciudad.
-
-Pasemos adelante, y digamos que luego mandó á un capitan que se decia
-Diego de Ordás, que fuese con cuatrocientos soldados, y entre ellos,
-los más ballesteros y escopeteros y algunos de á caballo, é que mirase
-qué era aquello que decia el soldado que habia venido herido y trajo
-las nuevas; é que si viese que sin guerra y ruido se pudiese apaciguar,
-lo pacificase; y como fué el Diego de Ordás de la manera que le fué
-mandado, con sus cuatrocientos soldados, aún no hubo bien llegado á
-media calle por donde iba, cuando le salen tantos escuadrones mejicanos
-de guerra y otros muchos que estaban en las azuteas, y les dieron
-tan grandes combates, que le mataron á las primeras arremetidas ocho
-soldados, y á todos los más hirieron, y al mismo Diego de Ordás le
-dieron tres heridas.
-
-Por manera que no pudo pasar un paso adelante, sino volverse poco á
-poco al aposento; y al retraer le mataron otro buen soldado, que se
-decia Lezcano, que con un montante habia hecho cosas de muy esforzado
-varon; y en aquel instante si muchos escuadrones salieron al Diego de
-Ordás, muchos más vinieron á nuestros aposentos, y tiran tanta vara
-y piedra con hondas y flechas, que nos hirieron de aquella vez sobre
-cuarenta y seis de los nuestros, y doce murieron de las heridas.
-
-Y estaban tanto sobre nosotros, que el Diego de Ordás, que se venia
-retrayendo, no podia llegar á los aposentos por la mucha guerra que les
-daban, unos por detrás y otros por delante y otros desde las azuteas.
-
-Pues quizá aprovechaban mucho nuestros tiros y escopetas, ni ballestas
-ni lanzas, ni estocadas que les dábamos, ni nuestro buen pelear; que,
-aunque les matábamos y heriamos muchos dellos, por las puntas de las
-picas y lanzas se nos metian; con todo esto, cerraban sus escuadrones y
-no perdian punto de su buen pelear, ni les podiamos apartar de nosotros.
-
-Y en fin, con los tiros y escopetas y ballestas, y el mal que les
-haciamos de estocadas, tuvo lugar el Ordás de entrar en el aposento;
-que hasta entónces, aunque queria, no podia pasar; y con sus soldados
-bien heridos y veinte y tres ménos, y todavía no cesaban muchos
-escuadrones de nos dar guerra y decirnos que éramos como mujeres, y nos
-llamaban de bellacos y otros vituperios.
-
-Y aun no ha sido nada todo el daño que nos han hecho hasta ahora, á lo
-que despues hicieron.
-
-Y es, que tuvieron tanto atrevimiento, que, unos dándonos guerra por
-una parte y otros por otra, entraron á ponernos fuego en nuestros
-aposentos, que no nos podiamos valer con el humo y fuego, hasta que se
-puso remedio en derrocar sobre él mucha tierra y atajar otras salas
-por donde venia el fuego, que verdaderamente allí dentro creyeron de
-nos quemar vivos; y duraron estos combates todo el dia y aun la noche,
-y aun de noche estaban sobre nosotros tantos escuadrones, y tiraban
-varas y piedras y flechas á bulto y piedra perdida, que entónces
-estaban todos aquellos patios y suelos hechos parvas dellos.
-
-Pues nosotros aquella noche en curar heridos, y en poner remedio en los
-portillos que habian hecho y en apercibirnos para otro dia, en esto se
-pasó.
-
-Pues desque amaneció, acordó nuestro capitan que con todos los nuestros
-y los de Narvaez saliésemos á pelear con ellos, y que llevásemos tiros,
-y escopetas y ballestas, y procurásemos de los vencer, á lo ménos que
-sintiesen más nuestras fuerzas y esfuerzo mejor que el dia pasado.
-
-Y digo que si nosotros teniamos hecho aquel concierto, que los
-mejicanos tenian concertado lo mismo, y peleábamos muy bien; mas ellos
-estaban tan fuertes y tenian tantos escuadrones, que se mudaban de
-rato en rato, que aunque estuvieren allí diez mil Hétores troyanos y
-otros tantos Roldanes, no les pudieran entrar; porque sabello ahora
-yo aquí decir cómo pasó, y vimos este teson en el pelear, digo que
-no lo sé escribir; porque ni aprovechaban tiros, ni escopetas, ni
-ballestas, ni apechugar con ellos, ni matalles treinta ni cuarenta de
-cada vez que arremetiamos; que tan enteros y con más vigor peleaban
-que al principio; y si algunas veces les íbamos ganando alguna poca de
-tierra ó parte de calle, y hacian que se retraian, era para que les
-siguiésemos, por apartarnos de nuestra fuerza y aposento, para dar más
-á su salvo en nosotros, creyendo que no volveriamos con las vidas á los
-aposentos; porque al retraernos hacian mucho mal.
-
-Pues para pasar á quemalles las casas, ya he dicho en el capítulo que
-dello habla, que de casa á casa tenian una puente de madera levadiza,
-alzábanla, y no podiamos pasar sino por agua muy honda.
-
-Pues desde las azuteas, los cantos, y piedras, y varas no lo podiamos
-sufrir.
-
-Por manera que nos maltrataban y herian muchos de los nuestros, é
-no sé yo para qué lo escribo así tan tibiamente; porque unos tres ó
-cuatro soldados que se habian hallado en Italia, que allí estaban con
-nosotros, juraron muchas veces á Dios que guerras tan bravosas jamás
-habian visto en algunas que se habian hallado entre cristianos, y
-contra la artillería del Rey de Francia ni del Gran Turco, ni gente
-como aquellos indios con tanto ánimo cerrar los escuadrones vieron;
-y porque decian otras muchas cosas y causas que daban á ello, como
-adelante verán.
-
-Y quedarse ha aquí, y diré cómo con harto trabajo nos retrujimos á
-nuestros aposentos, y todavía muchos escuadrones de guerreros sobre
-nosotros con grandes gritos é silbos, y trompetillas y atambores,
-llamándonos de bellacos y para poco, que no sabiamos atendelles todo
-el dia en batalla, sino volvernos retrayendo.
-
-Aquel dia mataron diez ó doce soldados, y todos volvimos bien heridos;
-y lo que pasó de la noche fué en concertar para que de ahí á dos dias
-saliésemos todos los soldados cuantos sanos habia en todo el real, y
-con cuatro ingenios á manera de torres, que se hicieron de madera bien
-recios, en que pudiesen ir debajo de cualquiera dellos veinte y cinco
-hombres; y llevaban sus ventanillas en ellos para ir los tiros, y
-tambien iban escopeteros y ballesteros, y junto con ellos habiamos de
-ir otros soldados escopeteros, y ballesteros, y los tiros, y todos los
-demás de á caballo hacer algunas arremetidas.
-
-Y hecho este concierto, como estuvimos aquel dia que entendiamos en la
-obra y fortalecer muchos portillos que nos tenian hechos, no salimos
-á pelear aquel dia; no sé cómo lo diga, los grandes escuadrones de
-guerreros que nos vinieron á los aposentos á dar guerra, no solamente
-por diez ó doce partes, sino por más de veinte; porque en todo
-estábamos repartidos, y otros en muchas partes; y entre tanto que los
-adobábamos y fortaleciamos, como dicho tengo, otros muchos escuadrones
-procuraron entrarnos los aposentos á escala vista, que por tiros ni
-ballestas ni escopetas, ni por muchas arremetidas y estocadas les
-podian retraer.
-
-Pues lo que decian, que en aquel dia no habia de quedar ninguno de
-nosotros, y que habian de sacrificar á sus dioses nuestros corazones
-y sangre, y con las piernas y brazos, que bien tendrian para hacer
-hartazgas y fiestas; y que los cuerpos echarian á los tigres y leones y
-víboras y culebras que tienen encerrados, que se harten dellos; é que
-á aquel efecto há dos dias que mandaron que no les diesen de comer;
-y que el oro que teniamos, que habriamos mal gozo dél y de todas las
-mantas; y á los de Tlascala que con nosotros estaban les decian que les
-meterian en jaulas á engordar, y que poco á poco harian sus sacrificios
-con sus cuerpos.
-
-Y muy afectuosamente decian que les diésemos su gran señor Montezuma,
-y decian otras cosas; y de noche asimismo siempre silbos y voces, y
-rociadas de vara y piedra y flecha; y cuando amaneció, despues de nos
-encomendar á Dios, salimos de nuestros aposentos con nuestras torres,
-que me parece á mí que en otras partes donde me he hallado en guerras
-en cosas que han sido menester, las llaman buros y mantas; y con los
-tiros y escopetas y ballestas delante, y los de á caballo haciendo
-algunas arremetidas; é como he dicho, aunque les matábamos muchos
-dellos, no aprovechaba cosa para les hacer volver las espaldas, sino
-que si siempre muy bravamente habian peleado los doce dias pasados,
-muy más fuertes con mayores fuerzas y escuadrones estaban este dia; y
-todavía determinamos que, aunque á todos costase la vida, de ir con
-nuestras torres é ingenios hasta el gran cu del Huichilóbos.
-
-No digo por extenso los grandes combates que en una casa fuerte nos
-dieron, ni diré cómo á los caballos los herian ni nos aprovechábamos
-dellos; porque, aunque arremetian á los escuadrones para rompellos,
-tirábanles tanta flecha y vara y piedra, que no se podian valer, por
-bien armados que estaban; y si los iban alcanzando, luego se dejaban
-caer los mejicanos á su salvo en las acequias y laguna, donde tenian
-hechos otros reparos para los de á caballo; y estaban otros muchos
-indios con lanzas muy largas para acabar de matarlos; así que no
-aprovechaba cosa ninguna dellos.
-
-Pues apartarnos á quemar ni á deshacer ninguna casa, era por demás;
-porque, como he dicho, están todas en el agua, y de casa á casa una
-puente levadiza; pasalla á nado era cosa muy peligrosa, porque desde
-las azuteas tiraban tanta piedra y cantos, que era cosa perdida
-ponernos en ello.
-
-Y demás desto, en algunas casas que les poniamos fuego tardaba una casa
-á se quemar todo un dia entero, y no se podia pegar fuego de una casa
-á otra, lo uno por estar apartadas la una de otra, el agua en medio, y
-lo otro por ser de azuteas; así que eran por demás nuestros trabajos en
-aventurar nuestras personas en aquello.
-
-Por manera que fuimos al gran cu de sus ídolos, y luego de repente
-suben en él más de cuatro mil mejicanos, sin otras capitanías que
-en ellos estaban, con grandes lanzas y piedra y vara, y se ponen en
-defensa, y nos resistieron la subida un buen rato, que no bastaban las
-torres ni los tiros ni ballestas ni escopetas, ni los de á caballo;
-porque, aunque querian arremeter los caballos, habia unas losas muy
-grandes, empedrado todo el patio, que se iban á los caballos los piés y
-manos; y eran tan lisas, que caian; é como desde las gradas del alto cu
-nos defendian el paso, é á un lado é otro teniamos tantos contrarios,
-aunque nuestros tiros llevaban diez ó quince dellos, é á estocadas y
-arremetidas matábamos otros muchos, cargaba tanta gente, que no les
-podiamos subir al alto cu, y con gran concierto tornamos á porfiar sin
-llevar las torres, porque ya estaban desbaratadas, y les subimos arriba.
-
-Aquí se mostró Cortés muy varon, como siempre lo fué.
-
-¡Oh qué pelear y fuerte batalla que aquí tuvimos! Era cosa de notar
-vernos á todos corriendo sangre y llenos de heridas, é más de cuarenta
-soldados muertos.
-
-É quiso nuestro Señor que llegamos adonde soliamos tener la imágen de
-Nuestra Señora, y no la hallamos; que pareció, segun supimos, que el
-gran Montezuma tenia ó devocion en ella ó miedo, y la mandó guardar;
-y pusimos fuego á sus ídolos, y se quemó un pedazo de la sala con los
-ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca.
-
-Entónces nos ayudaron muy bien los tlascaltecas.
-
-Pues ya hecho esto, estando que estábamos unos peleando y otros
-poniendo el fuego, como dicho tengo, ver los papas que estaban en este
-gran cu y sobre tres ó cuatro mil indios, todos principales, y que
-nos bajábamos, cuál nos hacian venir rodando seis gradas y aun diez
-abajo, y hay tanto que decir de otros escuadrones que estaban en los
-petriles y concavidades del gran cu, tirándonos tantas varas y flechas,
-que así á unos escuadrones como á los otros no podiamos hacer cara
-ni sustentarnos; acordamos, con mucho trabajo y riesgo de nuestras
-personas, de nos volver á nuestros aposentos, los castillos deshechos
-y todos heridos, y muertos cuarenta y seis, y los indios siempre
-apretándonos, y otros escuadrones por las espaldas, que quien nos vió,
-aunque aquí más claro lo diga, yo no lo sé significar; pues aun no digo
-lo que hicieron los escuadrones mejicanos, que estaban dando guerra en
-los aposentos en tanto que andábamos fuera, y la gran porfía y teson
-que ponian de les entrar á quemallos.
-
-En esta batalla prendimos dos papas principales, que Cortés nos mandó
-que los llevasen á buen recaudo.
-
-Muchas veces he visto pintada entre los mejicanos y tlascaltecas esta
-batalla y subida que hicimos en este gran cu; y tiénenlo por cosa muy
-heróica, que aunque nos pintan á todos nosotros muy heridos corriendo
-sangre, y muchos muertos en retratos que tienen dello hechos, en mucho
-lo tienen esto de poner fuego al cu y estar tanto guerrero guardándolo
-en los petriles y concavidades, y otros muchos indios abajo en el suelo
-y patios llenos, y en los lados otros muchos, y deshechas nuestras
-torres, cómo fué posible subille.
-
-Dejemos de hablar dello, y digamos cómo con gran trabajo tornamos á
-los aposentos; y si mucha gente nos fueron siguiendo y dando guerra,
-otros muchos estaban en los aposentos, que ya les tenian derrocadas
-unas paredes para entralles; y con nuestra llegada cesaron, mas no de
-manera que en todo lo que quedó del dia dejaban de tirar vara y piedra
-y flecha, y en la noche grita y piedra y vara.
-
-Dejemos de su gran teson y porfía que siempre á la continua tenian de
-estar sobre nosotros, como he dicho; é digamos que aquella noche se nos
-fué en curar heridos y enterrar los muertos, y en aderezar para salir
-otro dia á pelear, y en poner fuerzas y mamparos á las paredes que
-habian derrocado é á otros portillos que habian hecho, y tomar consejo
-cómo y de qué manera podriamos pelear sin que recibiésemos tantos daños
-ni muertos; y en todo lo que platicamos no hallábamos remedio ninguno.
-
-Pues tambien quiero decir las maldiciones que los de Narvaez echaban á
-Cortés, y las palabras que decian, que renegaban dél y de la tierra, y
-aun de Diego Velazquez, que acá les envió; que bien pacíficos estaban
-en sus casas en la isla de Cuba; y estaban embelesados y sin sentido.
-
-Volvamos á nuestra plática, que fué acordado de demandalles paces para
-salir de Méjico; y desque amaneció y vienen muchos más escuadrones de
-guerreros, y muy de hecho nos cercan por todas partes los aposentos;
-y si mucha piedra y flecha tiraban de ántes, mucho más espesas y con
-mayores alaridos y silbos vinieron este dia; y otros escuadrones por
-otras partes procuraban de nos entrar, que no aprovechaban tiros ni
-escopetas, aunque les hacian harto mal.
-
-Y viendo todo esto, acordó Cortés que el gran Montezuma les hablase
-desde una azutea, y les dijesen que cesasen las guerras y que nos
-queriamos ir de su ciudad; y cuando al gran Montezuma se lo fueron á
-decir de parte de Cortés, dicen que dijo con gran dolor:
-
-—«¿Qué quiere de mí ya Malinche? Que yo no deseo vivir ni oille, pues
-en tal estado por su causa mi ventura me ha traido.»
-
-Y no quiso venir; y aun dicen que dijo que ya no le querian ver ni oir
-á él ni á sus falsas palabras ni promesas y mentiras; y fué el padre de
-la Merced y Cristóbal de Olí, y le hablaron con mucho acato y palabras
-muy amorosas.
-
-Y díjoles el Montezuma:
-
-—«Yo tengo creido que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la
-guerra, porque ya tienen alzado otro señor, y han propuesto de no os
-dejar salir de aquí con la vida; y así creo que todos vosotros habeis
-de morir en esta ciudad.»
-
-Y volvamos á decir de los grandes combates que nos daban, que Montezuma
-se puso á un petril de una azutea con muchos de nuestros soldados que
-le guardaban, y les comenzó á hablar á los suyos con palabras muy
-amorosas, que dejasen la guerra, que nos iriamos de Méjico; y muchos
-principales mejicanos y capitanes bien le conocieron, y luego mandaron
-que callasen sus gentes y no tirasen varas ni piedras ni flechas, y
-cuatro dellos se allegaron en parte que Montezuma les podia hablar, y
-ellos á él, y llorando le dijeron:
-
-—«¡Oh señor, é nuestro gran señor, y cómo nos pesa de todo vuestro mal
-y daño, y de vuestros hijos y parientes! Hacemos os saber que ya hemos
-levantado á un vuestro primo por señor.»
-
-Y allí le nombró cómo se llamaba, que se decia Coadlauaca, señor de
-Iztapalapa, que no fué Guatemuz, el cual desde á dos meses fué señor.
-
-Y más dijeron, que la guerra que la habian de acabar, y que tenian
-prometido á sus ídolos de no lo dejar hasta que todos nosotros
-muriésemos; y que rogaban cada dia á su Huichilóbos y á Tezcatepuca
-que le guardase libre y sano de nuestro poder, é como saliese como
-deseaban, que no lo dejarian de tener muy mejor que de ántes por señor,
-y que les perdonase.
-
-Y no hubieron bien acabado el razonamiento, cuando en aquella sazon
-tiran tanta piedra y vara, que los nuestros le arrodelaban; y como
-vieron que entre tanto que hablaba con ellos no daban guerra, se
-descuidaron un momento del rodelar, y le dieron tres pedradas é un
-flechazo, una en la cabeza y otra en un brazo y otra en una pierna; y
-puesto que le rogaban que se curase y comiese, y le decian sobre ello
-buenas palabras, no quiso; ántes cuando no nos catamos, vinieron á
-decir que era muerto, y Cortés lloró por él, y todos nuestros capitanes
-y soldados: é hombres hubo entre nosotros, de los que le conociamos y
-tratábamos, que tan llorado fué como si fuera nuestro padre; y no nos
-hemos de maravillar dello viendo que tan bueno era; y decian que habia
-diez y siete años que reinaba, y que fué el mejor Rey que en Méjico
-habia habido, y que por su persona habia vencido tres desafios que tuvo
-sobre las tierras que sojuzgó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVII.
-
-DESQUE FUÉ MUERTO EL GRAN MONTEZUMA, ACORDÓ CORTÉS DE HACELLO SABER Á
-SUS CAPITANES Y PRINCIPALES QUE NOS DAN GUERRA, Y LO QUE MÁS SOBRE ELLO
-PASÓ.
-
-
-Pues como vimos á Montezuma que se habia muerto, ya he dicho la
-tristeza que todos nosotros hubimos por ello, y aun al fraile de
-la Merced, que siempre estaba con él, y no le pudo atraer á que se
-volviese cristiano; y el fraile le dijo que creyese que de aquellas
-heridas moriria, á que él respondia que él debia de mandar que le
-pusiesen alguna cosa.
-
-En fin de más razones, mandó Cortés á un papa é á un principal de los
-que estaban presos, que soltamos que fuesen á decir al cacique que
-alzaron por señor, que se decia Coadlauaca, y á sus capitanes, cómo
-el gran Montezuma era muerto, y que ellos lo vieron morir, y de la
-manera que murió, y heridas que le dieron los suyos, y dijesen cómo
-á todos nos pesaba dello, y que lo enterrasen como gran Rey que era,
-y que alzasen á su primo del Montezuma que con nosotros estaba, por
-Rey, pues le pertenecia de heredar, ó á otros sus hijos; é que al que
-habian alzado por señor que no le venia por derecho, é que tratasen
-paces para salirnos de Méjico; que si no lo hacian ahora que era
-muerto Montezuma, á quien teniamos respeto, y que por su causa no les
-destruiamos su ciudad, que saldriamos á dalles guerra y á quemalles
-todas las casas, y les hariamos mucho mal; y porque lo viesen cómo era
-muerto el Montezuma, mandó á seis mejicanos muy principales y los más
-papas que teniamos presos que lo sacasen á cuestas y lo entregasen á
-los capitanes mejicanos, y les dijesen lo que Montezuma mandó al tiempo
-que se queria morir, que aquellos que llevaron á cuestas se hallaron
-presentes á su muerte: y dijeron al Coadlauaca toda la verdad, cómo
-ellos propios le mataron de tres pedradas y un flechazo; y cuando así
-le vieron muerto, vimos que hicieron muy gran llanto, que bien oimos
-las gritas y aullidos que por él daban; y aun con todo esto no cesó la
-gran batería que siempre nos daban, que era sobre nosotros de vara y
-piedra y flecha, y luego la comenzaron muy mayor, y con gran braveza
-nos decian:
-
-—«Ahora pagareis muy de verdad la muerte de nuestro Rey y el deshonor
-de nuestros ídolos; y las paces que nos enviais á pedir, salid acá, y
-concertaremos cómo y de qué manera han de ser.»
-
-Y decian tantas palabras sobre ello, y de otras cosas que ya no se
-me acuerda, y las dejaré aquí de decir, y que ya tenian elegido buen
-Rey, y que no era de corazon tan flaco, que le podais engañar con
-palabras falsas, como fué al buen Montezuma; y del enterramiento,
-que no tuviesen cuidado, sino de nuestras vidas, que en dos dias no
-quedarian ningunos de nosotros, para que tales cosas enviemos á decir;
-y con estas pláticas muy grandes gritas y silbos, y rociadas de piedra,
-vara y flecha, y otros muchos escuadrones todavía procurando de poner
-fuego á muchas partes de nuestros aposentos; y como aquello vió Cortés
-y todos nosotros, acordamos que para otro dia saliésemos del real, y
-diésemos guerra por otra parte, adonde habia muchas casas en tierra
-firme, y que hiciésemos todo el mal que pudiésemos, y fuésemos hácia
-la calzada, y que todos los de á caballo rompiesen con los escuadrones
-y los alanceasen ó echasen en la laguna, y aunque les matasen los
-caballos; y esto se ordenó para ver si por ventura con el daño y muerte
-que les hiciésemos cesaria la guerra y se trataria alguna manera de
-paz para salir libres sin más muertes y daños.
-
-Y puesto que otro dia lo hicimos todos muy varonilmente, y matamos
-muchos contrarios y se quemaron obra de veinte casas, y fuimos hasta
-cerca de tierra firme, todo fué nonada para el gran daño y muertes de
-más de veinte soldados, y heridas que nos dieron; y no pudimos ganalles
-ninguna puente, porque todas estaban medio quebradas, y cargaron muchos
-mejicanos sobre nosotros, y tenian puestas albarradas y mamparos en
-parte adonde conocian que podian alcanzar los caballos.
-
-Por manera que, si muchos trabajos teniamos hasta allí, muchos mayores
-tuvimos adelante.
-
-Y dejallo hé aquí, y volvamos á decir cómo acordamos de salir de Méjico.
-
-En esta entrada y salida que hicimos con los de á caballo, que era
-un juéves, acuérdome que iba allí Sandoval y Lares el buen jinete,
-y Gonzalo Dominguez, Juan Velazquez de Leon y Francisco de Morla, y
-otros buenos hombres de á caballo de los nuestros y de los de Narvaez;
-asimismo iban otros buenos jinetes; mas estaban espantados y temerosos
-los de Narvaez, como no se habian hallado en guerras de indios, como
-nosotros los de Cortés.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXVIII.
-
-CÓMO ACORDAMOS DE NOS IR HUYENDO DE MÉJICO, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Como vimos que cada dia iban menguando nuestras fuerzas, y las de los
-mejicanos crecian, y veiamos muchos de los nuestros muertos, y todos
-los más heridos, é que aunque peleábamos muy como varones, no los
-podiamos hacer retirar ni que se apartasen los muchos escuadrones que
-de dia y de noche nos daban guerra, y la pólvora apocada, y la comida y
-agua por el consiguiente, y el gran Montezuma muerto, las paces que les
-enviamos á demandar no las quisieron aceptar; en fin, veiamos nuestras
-muertes á los ojos, y las puentes que estaban alzadas; y fué acordado
-por Cortés y por todos nuestros capitanes y soldados que de noche nos
-fuésemos, cuando viésemos que los escuadrones guerreros estuviesen
-más descuidados; y para más les descuidar, aquella tarde les enviamos
-á decir con un papa de los que estaban presos, que era muy principal
-entre ellos, y con otros prisioneros, que nos dejen ir en paz de ahí á
-ocho dias, y que les dariamos todo el oro; y esto por descuidarlos y
-salirnos aquella noche.
-
-Y demás desto, estaba con nosotros un soldado que se decia Botello, al
-parecer muy hombre de bien y latino, y habia estado en Roma, y decian
-que era nigromántico, otros decian que tenia familiar, algunos le
-llamaban astrólogo; y este Botello habia dicho cuatro dias habia que
-hallaba por sus suertes y astrologías que si aquella noche que venia no
-saliamos de Méjico, y si más aguardábamos, que ningun soldado podria
-salir con la vida; y aun habia dicho otras veces que Cortés habia de
-tener muchos trabajos y habia de ser desposeido de su ser y honra, y
-que despues habia de volver á ser gran señor y de mucha renta; y decia
-otras muchas cosas deste arte.
-
-Dejemos al Botello, que despues tornaré hablar en él, y diré cómo se
-dió luego órden que se hiciese de maderos y ballestas muy recias una
-puente que llevásemos para poner en las puentes que tenian quebradas;
-y para ponella y llevalla, y guardar el paso hasta que pasase todo
-el fardaje y los de á caballo y todo nuestro ejército, señalaron y
-mandaron á cuatrocientos indios tlascaltecas y ciento y cincuenta
-soldados; y para llevar el artillería señalaron ducientos y cincuenta
-indios tlascaltecas y cincuenta soldados; y para que fuesen en la
-delantera peleando señalaron á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de
-Acebedo el pulido, y á Francisco de Lugo y á Diego de Ordás é Andrés de
-Tapia; y todos estos capitanes, y otros ocho ó nueve de los de Narvaez,
-que aquí no nombro, y con ellos, para que les ayudasen, cien soldados
-mancebos sueltos; y para que fuesen entre medias del fardaje y naborías
-y prisioneros, y acudiesen á la parte que más conviniese de pelear,
-señalaron al mismo Cortés y á Alonso de Ávila, y á Cristóbal de Olí y á
-Bernardino Vazquez de Tapia, y á otros capitanes de los nuestros, que
-no me acuerdo ya sus nombres, con otros cincuenta soldados; y para la
-retaguardia señalaron á Juan Velazquez de Leon y á Pedro de Albarado,
-con otros muchos de á caballo y más de cien soldados, y todos los más
-de los de Narvaez; y para que llevasen á cargo los prisioneros y á
-doña Marina y á doña Luisa señalaron trecientos tlascaltecas y treinta
-soldados.
-
-Pues hecho este concierto, ya era noche, y para sacar el oro y llevallo
-y repartillo, mandó Cortés á su camarero, que se decia Cristóbal de
-Guzman, y á otros sus criados, que todo el oro y plata y joyas lo
-sacasen de su aposento á la sala con muchos indios de Tlascala, y
-mandó á los oficiales del Rey, que era en aquel tiempo Alonso de Ávila
-y Gonzalo Mejía, que pusiesen en cobro todo el oro de su majestad,
-y para que lo llevasen les dió siete caballos heridos y cojos y una
-yegua, y muchos indios tlascaltecas, que, segun dijeron, fueron más de
-ochenta, y cargaron dello lo que más pudieron llevar, que estaba hecho
-todo lo más dello en barras muy anchas y grandes, como dicho tengo en
-el capítulo que dello habla, y quedaba mucho más oro en la sala hecho
-montones.
-
-Entónces Cortés llamó su secretario, que se decia Pedro Hernandez, y á
-otros escribanos del Rey, y dijo:
-
-—«Dadme por testimonio que no puedo más hacer sobre guardar este oro.
-Aquí tenemos en esta casa y sala sobre setecientos mil pesos por todo,
-y veis que no lo podemos pasar ni poner cobro más de lo puesto; los
-soldados que quisieren sacar dello, desde aquí se lo doy, como se ha de
-quedar aquí perdido entre estos perros.»
-
-Y desque aquello oyeron, muchos soldados de los de Narvaez y aun
-algunos de los nuestros cargaron dello.
-
-Yo digo que nunca tuve codicia del oro, sino procurar salvar la vida:
-porque la teniamos en gran peligro; mas no dejé de apañar de una
-petaquilla, que allí estaba, cuatro chalchihuies, que son piedras muy
-preciadas entre los indios, que presto me eché entre los pechos entre
-las armas; y aun entónces Cortés mandó tomar la petaquilla con los
-chalchihuies que quedaban, para que la guardase su mayordomo; y aun los
-cuatro chalchihuies que yo tomé, si no me los hubiera echado entre los
-pechos, me los demandara Cortés; los cuales me fueron muy buenos para
-curar mis heridas y comer del valor dellos.
-
-Volvamos á nuestro cuento; que desque supimos el concierto que Cortés
-habia hecho de la manera que habiamos de salir y llevar la madera para
-las puentes, y como hacia algo escuro, que habia neblina é lloviznaba,
-y era ántes de media noche, comenzaron á traer la madera é puente,
-y ponella en el lugar que habia de estar, y á caminar el fardaje y
-artillería y muchos de á caballo, y los indios tlascaltecas con el oro;
-y despues que se puso en la puente, y pasaron todos así como venian,
-y pasó Sandoval é muchos de á caballo, tambien pasó Cortés con sus
-compañeros de á caballo tras de los primeros, y otros muchos soldados.
-
-Y estando en esto, suenan los cornetas y gritas y silbos de los
-mejicanos, y decian en su lengua:
-
-—«Taltelulco, Taltelulco, salí presto con vuestras canoas, que se van
-los teules; atajadlos en las puentes.»
-
-Y cuando no me cato, vimos tantos escuadrones de guerreros sobre
-nosotros, y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podiamos
-valer, y muchos de nuestros soldados ya habian pasado.
-
-Y estando desta manera, carga tanta multitud de mejicanos á quitar la
-puente y á herir y matar á los nuestros, que no se daban á manos unos
-á otros; y como la desdicha es mala, y en tales tiempos ocurre un mal
-sobre otro, como llovia, resbalaron dos caballos y se espantaron, y
-caen en la laguna, y la puente caida y quitada; carga tanto guerrero
-mejicano para acaballa de quitar, que por bien que peleábamos, y
-matábamos muchos dellos, no se pudo más aprovechar della.
-
-Por manera que aquel paso y abertura de agua presto se hinchó de
-caballos muertos y de los caballeros cuyos eran, que no podian nadar, y
-mataban muchos dellos y de los indios tlascaltecas é indias naborías, y
-fardaje y petacas y artillería; y de los muchos que se ahogaban, ellos
-y los caballos, y de otros muchos soldados que allí en el agua mataban
-y metian en las canoas, que era muy gran lástima de lo ver y oir, pues
-la grita y lloros y lástimas que decian demandando socorro: «Ayudadme,
-que me ahogo;» otros, «Socorredme, que me matan;» otros demandando
-ayuda á Nuestra Señora Santa María y á señor Santiago; otros demandaban
-ayuda para subir á la puente, y estos eran ya que escapaban nadando,
-y asidos á muertos y á petacas para subir arriba, á donde estaba la
-puente; y algunos que habian subido, y pensaban que estaban libres de
-aquel peligro, habia en las calzadas grandes escuadrones guerreros que
-los apañaban é amorrinaban con unas macanas, y otros que les flechaban
-y alanceaban.
-
-Pues quizá habia algun concierto en la salida, como lo habiamos
-concertado, maldito aquel; porque Cortés y los capitanes y soldados
-que pasaron primero á caballo, por salvar sus vidas y llegar á tierra
-firme, aguijaron por las puentes y calzadas adelante, y no aguardaron
-unos á otros; y no lo erraron, porque los de á caballo no podian pelear
-en las calzadas; porque yendo por la calzada, ya que arremetian á los
-escuadrones mejicanos, echábanseles al agua, y de la una parte la
-laguna y de la otra azuteas, y por tierra les tiraban tanta flecha y
-vara y piedra, y con lanzas muy largas que habian hecho de las espadas
-que nos tomaron, como partesanas, mataban los caballos con ellas; y si
-arremetia alguno de á caballo y mataba algun indio, luego le mataban el
-caballo; y así, no se atrevian á correr por la calzada.
-
-Pues vista cosa es que no podian pelear en el agua y puestos; sin
-escopetas ni ballestas y de noche, ¿qué podiamos hacer sino lo que
-haciamos? Que era que arremetiésemos treinta y cuarenta soldados que
-nos juntábamos, y dar algunas cuchilladas á los que nos venian á echar
-mano, y andar y pasar adelante, hasta salir de las calzadas; porque si
-aguardáramos los unos á los otros, no saliéramos ninguno con la vida,
-y si fuera de dia, peor fuera; y aun los que escapamos fué que nuestro
-Señor Dios fué servido darnos esfuerzo para ello; y para quien no lo
-vió aquella noche la multitud de guerreros que sobre nosotros estaban,
-y las canoas que de los nuestros arrebataban y llevaban á sacrificar,
-era cosa de espanto.
-
-Pues yendo que íbamos cincuenta soldados de los de Cortés y algunos
-de Narvaez por nuestra calzada adelante, de cuando en cuando salian
-escuadrones mejicanos á nos echar manos.
-
-Acuérdome que nos decian:
-
-—«¡Oh, oh, oh luilones!» que quiere decir: «Oh putos, ¿aun aquí quedais
-vivos, que no os han muerto los tiacanes?»
-
-Y como les acudimos con cuchilladas y estocadas, pasamos adelante; é
-yendo por la calzada cerca de tierra firme, cabe el pueblo de Tacuba,
-donde ya habian llegado Gonzalo de Sandoval y Cristóbal de Olí y
-Francisco de Salcedo, el pulido, y Gonzalo Dominguez, y Lares, y otros
-muchos de á caballo, y soldados de los que pasaron adelante ántes que
-desamparasen la puente, segun y de la manera que dicho tengo; é ya que
-llegábamos cerca oiamos voces que daba Cristóbal de Olí y Gonzalo de
-Sandoval y Francisco de Morla, y decian á Cortés, que iba adelante de
-todos:
-
-—«Aguardad, señor capitan; que dicen estos soldados que vamos huyendo,
-y los dejamos morir en las puentes y calzadas á todos los que quedan
-atrás; tornémoslos á amparar y recoger; porque vienen algunos soldados
-muy heridos y dicen que los demás quedan todos muertos, y no salen ni
-vienen ningunos.»
-
-Y la respuesta que dió Cortés, que los que habiamos salido de las
-calzadas era milagro; que si á las puentes volviesen, pocos escaparian
-con las vidas, ellos y los caballos: y todavía volvió el mismo Cortés y
-Cristóbal de Olí, y Alonso de Ávila y Gonzalo de Sandoval, y Francisco
-de Morla y Gonzalo Dominguez, con otros seis ó siete de á caballo, y
-algunos soldados que no estaban heridos; mas no fuera mucho trecho,
-porque luego encontraron con Pedro de Albarado bien herido, con una
-lanza en la mano, á pié, que la yegua alazana ya se la habian muerto,
-y traia consigo siete soldados, los tres de los nuestros y los cuatro
-de Narvaez, tambien muy heridos, y ocho tlascaltecas, todos corriendo
-sangre de muchas heridas; entre tanto volvió Cortés por la calzada con
-los capitanes y soldados que dicho tengo, reparamos en los patios
-junto á Tacuba, y ya habian venido de Méjico, como está cerca, dando
-voces, y á dar mandado á Tacuba y á Escapuzalco y á Teneyuca para que
-nos saliesen al encuentro.
-
-Por manera que nos comenzaron á tirar vara y piedra y flecha, y con
-sus lanzas grandes, engastonadas en ellas de nuestras espadas que nos
-tomaron en este desbarate; y haciamos algunas arremetidas, en que nos
-defendiamos dellos y les ofendiamos.
-
-Volvamos á Pedro de Albarado, que, como Cortés y los demás capitanes y
-soldados le encontraron de aquella manera que he dicho, y como supieron
-que no venian más soldados, se les saltaron las lágrimas de los ojos;
-porque el Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon, con otros más
-de á caballo y más de cien soldados, habian quedado en la retaguarda;
-y preguntando Cortés por los demás, dijo que todos quedaban muertos,
-y con ellos el capitan Juan Velazquez de Leon y todos los más de á
-caballo que traia, así de los nuestros como de los de Narvaez, y más de
-ciento y cincuenta soldados que traia; y dijo el Pedro que despues que
-les mataron los caballos y la yegua, que se juntaron para se amparar
-obra de ochenta soldados, y que sobre los muertos y petacas y caballos
-que se ahogaron, pasaron la primera puente; en esto no se me acuerda
-bien si dijo que pasó sobre los muertos, y entónces no miramos lo que
-sobre ello dijo á Cortés, sino que allí en aquella puente le mataron
-á Juan Velazquez y más de ducientos compañeros que traia, que no les
-pudieron valer.
-
-Y asimismo á esta otra puente, que les hizo Dios mucha merced en
-escapar con las vidas; y decia que todas las puentes y calzadas estaban
-llenas de guerreros.
-
-Dejemos esto, y diré que en la triste puente que dicen ahora que fué el
-salto del Albarado, yo digo que en aquel tiempo ningun soldado se paró
-á vello, si saltaba poco ó mucho, que harto teniamos en mirar y salvar
-nuestras vidas, porque eran muchos los mejicanos que contra nosotros
-habia; porque en aquella coyuntura no lo podiamos ver ni tener sentido
-en salto, si saltaba ó pasaba poco ó mucho; y así seria cuando el Pedro
-de Albarado llegó á la puente, como él dijo á Cortés, que habia pasado
-asido á petacas y caballos y cuerpos muertos, porque ya que quisiera
-saltar y sustentarse en la lanza en el agua, era muy honda, y no
-pudiera allegar al suelo con ella para poderse sustentar sobre ella; y
-demás desto, la abertura muy ancha y alta, que no la podria saltar por
-muy más suelto que era.
-
-Tambien digo que no la podia saltar ni sobre la lanza ni de otra
-manera; porque despues desde cerca de un año que volvimos á poner cerco
-á Méjico y la ganamos, me hallé muchas veces en aquella puente peleando
-con escuadrones mejicanos, y tenian allí hechos reamparos y albarradas,
-que se llama ahora la puente del salto de Albarado; y platicábamos
-muchos soldados sobre ello, y no hallábamos razon ni soltura de un
-hombre que tal saltase.
-
-Dejemos este salto, y digamos que, como vieron nuestros capitanes que
-no acudian más soldados, y el Pedro de Albarado dijo que todo quedaba
-lleno de guerreros, y que ya que algunos quedasen rezagados, que en los
-puentes los matarian, volvamos á decir desto del salto de Albarado:
-digo que para qué porfian algunas personas que no lo saben ni lo
-vieron, que fué cierto que la saltó el Pedro de Albarado la noche que
-salimos huyendo, aquella puente y abertura del agua; otra vez digo que
-no la pudo saltar en ninguna manera; y para que claro se vea, hoy dia
-está la puente; y la manera del altor del agua que solia venir y que
-tan alta estaba la puente, y el agua muy honda, que no podia llegar al
-suelo con la lanza.
-
-Y porque los lectores sepan que en Méjico hubo un soldado que se decia
-Fulano de Ocampo, que fué de los que vinieron con Garay, hombre muy
-plático, y se preciaba de hacer libelos infamatorios y otras cosas á
-manera de masepasquines; y puso en ciertos libelos á muchos de nuestros
-capitanes cosas feas que no son de decir no siendo verdad; y entre
-ellos, demás de otras cosas que dijo de Pedro de Albarado, que habia
-dejado morir á su compañero Juan Velazquez de Leon con más de ducientos
-soldados y los de á caballo que les dejamos en la retaguarda, y se
-escapó él, y por escaparse dió aquel gran salto, como suele decir el
-refran: «Saltó, y escapó la vida.»
-
-Volvamos á nuestra materia: é porque los que estábamos ya en salvo en
-lo de Tacuba no nos acabásemos del todo de perder, é porque habian
-venido muchos mejicanos y los de Tacuba y Escapuzalco y Teneyuca y de
-otros pueblos comarcanos sobre nosotros, que todos enviaron mensajeros
-desde Méjico para que nos saliesen al encuentro en las puentes y
-calzadas, y desde los maizales nos hacian mucho daño, y mataron tres
-soldados que ya estaban heridos, acordamos lo más presto que pudiésemos
-salir de aquel pueblo y sus maizales, y con seis ó siete tlascaltecas
-que sabian ó atinaban el camino de Tlascala, sin ir por camino derecho
-nos guiaban con mucho concierto hasta que saliésemos á unas caserías
-que en un cerro estaban, y allí junto á un cu é adoratorio y como
-fortaleza, adonde reparamos; que quiero tornar á decir que, seguidos
-que íbamos de los mejicanos, y de las flechas y varas y piedras con sus
-hondas nos tiraban; y cómo nos cercaban, dando siempre en nosotros,
-es cosa de espantar; y como lo he dicho muchas veces, estoy harto de
-decirlo, los lectores no lo tengan por cosa de prolijidad, por causa
-que cada vez ó cada rato que nos apretaban y herian y daban recia
-guerra, por fuerza tengo de tornar á decir de los escuadrones que nos
-seguian, y mataban muchos de nosotros.
-
-Dejémoslo ya de traer tanto á la memoria, y digamos cómo nos
-defendiamos en aquel cu y fortaleza, nos albergamos, y se curaron los
-heridos, y con muchas lumbres que hicimos.
-
-Pues de comer no lo habia, y en aquel cu y adoratorio, despues de
-ganada la gran ciudad de Méjico, hicimos una iglesia, que se dice
-Nuestra Señora de los Remedios, muy devota, é van ahora allí en romería
-y á tener novenas muchos vecinos y señoras de Méjico.
-
-Dejemos esto, y volvamos á decir qué lástima era de ver curar y
-apretar con algunos paños de mantas nuestras heridas; y como se habian
-resfriado y estaban hinchadas, dolian.
-
-Pues más de llorar fué los caballos y esforzados soldados que faltaban;
-¿qué es de Juan Velazquez de Leon, Francisco de Salcedo y Francisco
-de Morla, y un Lares el buen jinete, y otros muchos de los nuestros
-de Cortés? ¿Para qué cuento yo estos pocos? Porque para escribir los
-nombres de los muchos que de los nuestros faltaron, es no acabar tan
-presto.
-
-Pues de los de Narvaez, todos los más en las puentes quedaron cargados
-de oro.
-
-Digamos ahora, ¿qué es de muchos tlascaltecas que iban cargados de
-barras de oro, y otros que nos ayudaban? Pues al astrólogo Botello no
-le aprovechó su astrología, que tambien allí murió.
-
-Volvamos á decir cómo quedaron muertos, así los hijos de Montezuma como
-los prisioneros que traiamos, y el Cacamatzin y otros reyezuelos.
-
-Dejemos ya de contar tantos trabajos, y digamos cómo estábamos pensando
-en lo que por delante teniamos, y era que todos estábamos heridos, y no
-escaparon sino veinte y tres caballos.
-
-Pues los tiros y artillería y pólvora no sacamos ninguna; las
-ballestas fueron pocas, y esas se remediaron luego, é hicimos saetas.
-
-Pues lo peor de todo era que no sabiamos la voluntad que habiamos de
-hallar en nuestros amigos los de Tlascala.
-
-Y demás desto, aquella noche, siempre cercados de mejicanos, y grita
-y vara y flecha, con hondas sobre nosotros, acordamos de nos salir
-de allí á media noche, y con los tlascaltecas, nuestros guias, por
-delante con muy gran concierto; llevábamos los muy heridos en el camino
-en medio, y los cojos con bordones, y algunos que no podian andar y
-estaban muy malos á ancas de caballos de los que iban cojos, que no
-eran para batallar, y los de á caballo sanos delante, y á un lado y
-á otro repartidos; y por este arte todos nosotros los que más sanos
-estábamos haciendo rostro y cara á los mejicanos, y los tlascaltecas
-que estaban heridos iban dentro en el cuerpo de nuestro escuadron, y
-los demás que estaban sanos hacian cara juntamente con nosotros; porque
-los mejicanos nos iban siempre picando con grandes voces y gritos y
-silbos, diciendo:
-
-—«Allá ireis donde no quede ninguno de vosotros á vida.»
-
-Y no entendiamos á qué fin lo decian, segun adelante verán.
-
-Olvidado me he de escribir el contento que recebimos de ver viva
-á nuestra doña Marina y á doña Luisa, hija de Xicotenga, que las
-escaparon en las puentes unos tlascaltecas hermanos de la doña Luisa,
-que salieron de los primeros, y quedaron muertas todas las más
-naborías que nos habian dado en Tlascala y en Méjico: allí quedaron en
-las puentes con los demás.
-
-Y volvamos á decir cómo llegamos aquel dia á un pueblo grande que
-se dice Gualquitan, el cual pueblo fué de Alonso de Ávila; y aunque
-nos daban grita y voces y tiraban piedra y vara y flecha, todo lo
-soportábamos.
-
-Y desde allí fuimos por unas caserías y pueblezuelos, y siempre los
-mejicanos siguiéndonos, y como se juntaban muchos, procuraban de nos
-matar, y nos comenzaban á cercar, y tiraban tanta piedra con hondas,
-y vara y flecha, que mataron á dos de nuestros soldados en un paso
-malo, que iban mancos, y tambien un caballo, é hirieron á muchos de los
-nuestros; y tambien nosotros á estocadas les matamos algunos dellos, y
-los de á caballo á lanzadas les mataban, aunque pocos; y así, dormimos
-en aquellas casas, y allí comimos el caballo que mataron.
-
-Y otro dia muy de mañana comenzamos á caminar con el concierto que de
-ántes, y aun mejor, y siempre la mitad de los de á caballo adelante; y
-poco más de una legua, en un llano, ya que creimos ir en salvo, vuelven
-tres de los nuestros de á caballo, y dicen que están los campos llenos
-de guerreros mejicanos aguardándonos; y cuando lo oimos, bien que
-tuvimos temor, é grande, mas no para desmayar del todo, ni dejar de
-encontrarnos con ellos y pelear hasta morir; y allí reparamos un poco,
-y se dió órden cómo habian de entrar y salir los de á caballo á media
-rienda, y que no se parasen á lancear, sino las lanzas por los rostros
-hasta romper sus escuadrones, y que todos los soldados, las estocadas
-que diésemos, que les pasásemos las entrañas, y que todos hiciésemos de
-manera que vengásemos muy bien nuestras muertes y heridas, por manera
-que si Dios fuese servido, que escapásemos con las vidas; y despues de
-nos encomendar á Dios y á Santa María muy de corazon, é invocando el
-nombre del señor Santiago, desque vimos que nos comenzaban á cercar,
-de cinco en cinco de á caballo rompieron por ellos, y todos nosotros
-juntamente.
-
-¡Oh qué cosa de ver era esta tan temerosa y rompida batalla, cómo
-andábamos en pié con pié, y con qué furia los perros peleaban, y qué
-herir y matar hacian en nosotros con sus lanzas y macanas y espadas de
-dos manos! Y los de á caballo, como era el campo llano, cómo alanceaban
-á su placer, entrando y saliendo á media rienda; y aunque estaban
-heridos ellos y sus caballos, no dejaban de batallar muy como varones
-esforzados.
-
-Pues todos nosotros los que teniamos caballos, parece ser que á todos
-se nos ponia esfuerzo doblado, que aunque estábamos heridos, y de
-refresco teniamos más heridas, no curábamos de los apretar, por no nos
-parar á ello, que no habia lugar, sino con grandes ánimos apechugábamos
-á les dar de estocadas.
-
-Pues quiero decir cómo Cortés y Cristóbal de Olí, y Pedro de Albarado,
-que tomó otro caballo de los de Narvaez, porque su yegua se la habian
-muerto, como dicho tengo, y Gonzalo de Sandoval, cuales andaban de una
-parte á otra rompiendo escuadrones, aunque bien heridos; y las palabras
-que Cortés decia á los que andábamos envueltos con ellos, que la
-estocada y cuchillada que diésemos fuese en señores señalados; porque
-todos traian grandes penachos con oro y ricas armas y divisas.
-
-Pues oir cómo nos esforzaba el valiente y animoso Sandoval, y decia:
-
-—«Ea, señores, que hoy es el dia que hemos de vencer; tened esperanza
-en Dios que saldremos de aquí vivos; para algun buen fin nos guarda
-Dios.»
-
-Y tornaré á decir los muchos de nuestros soldados que nos mataban y
-herian.
-
-Y dejemos esto, y volvamos á Cortés y Cristóbal de Olí y Sandoval,
-y Pedro de Albarado y Gonzalo Dominguez, y otros muchos que aquí no
-nombro; y todos los soldados poniamos grande ánimo para pelear, y
-esto, Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora la Vírgen Santa María
-nos lo ponia, y señor Santiago que ciertamente nos ayudaba; y así lo
-certificó un capitan de Guatemuz, de los que se hallaron en la batalla;
-y quiso Dios que allegó Cortés con los capitanes por mí nombrados en
-parte donde andaba el capitan general de los mejicanos con su bandera
-tendida, con ricas armas de oro y grandes penachos de argentería,
-y como lo vió Cortés al que llevaba la bandera, con otros muchos
-mejicanos, que todos traian grandes penachos de oro, dijo á Pedro de
-Albarado y á Gonzalo de Sandoval y á Cristóbal de Olí y á los demás
-capitanes:
-
-—«Ea, señores, rompamos con ellos.»
-
-Y encomendándose á Dios, arremetió Cortés y Cristóbal de Olí, y
-Sandoval y Alonso de Ávila y otros caballeros, y Cortés dió un
-encuentro con el caballo al capitan mejicano, que le hizo abatir
-su bandera, y los demás nuestros capitanes acabaron de romper el
-escuadron, que eran muchos indios; y quien siguió al capitan que traia
-la bandera, que aún no habia caido del encuentro que Cortés le dió, fué
-un Juan de Salamanca, natural de Ontiveros, con una buena yegua overa,
-que le acabó de matar y le quitó el rico penacho que traia, y se le dió
-á Cortés, diciendo que, pues él le encontró primero y le hizo abatir la
-bandera y hizo perder el brio, le daba el plumaje; mas dende á ciertos
-años su majestad se le dió por armas al Salamanca, y así las tienen en
-sus reposteros sus descendientes.
-
-Volvamos á nuestra batalla, que Nuestro Señor Dios fué servido que,
-muerto aquel capitan que traia la bandera mejicana y otros muchos que
-allí murieron, aflojó su batallar de arte, que se iban retrayendo, y
-todos los de á caballo siguiéndoles y alcanzándoles.
-
-Pues á nosotros no nos dolian las heridas ni teniamos hambre ni sed,
-sino que parecia que no habiamos habido ni pasado ningun mal trabajo.
-
-Seguimos la vitoria matando é hiriendo.
-
-Pues nuestros amigos los de Tlascala estaban hechos unos leones, y con
-sus espadas y montantes y otras armas que allí apañaron, hacíanlo muy
-bien y esforzadamente.
-
-Ya vueltos los de á caballo de seguir la victoria, todos dimos muchas
-gracias á Dios, que escapamos de tan gran multitud de gente; porque no
-se habia visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que se haya
-dado, tan gran número de guerreros juntos; porque allí estaba la flor
-de Méjico y de Tezcuco y Salcocan, ya con pensamiento que de aquella
-vez no quedara roso ni velloso de nosotros.
-
-Pues qué armas tan ricas que traian, con tanto oro y penachos y
-divisas, y todos los más capitanes y personas principales, y allí junto
-donde fué esta reñida y nombrada y temerosa batalla para en estas
-partes (así se puede decir, pues Dios nos escapó con las vidas), habia
-cerca un pueblo que se dice Obtumba; la cual batalla tienen muy bien
-pintada, y en retratos entallada los mejicanos y tlascaltecas, entre
-otras muchas batallas que con los mejicanos hubimos hasta que ganamos á
-Méjico.
-
-Y tengan atencion los curiosos lectores que esto leyeren, que quiero
-traer aquí á la memoria que cuando entramos al socorro de Pedro de
-Albarado en Méjico fuimos por todos sobre más de mil y trecientos
-soldados, con los de á caballo, que fueron noventa y siete, y ochenta
-ballesteros y otros tantos escopeteros, y más de dos mil tlascaltecas,
-y metimos mucha artillería; y fué nuestra entrada en Méjico dia del
-señor San Juan de Junio de 1520 años, y fué nuestra salida huyendo á
-10 del mes de Julio del año siguiente, y fué esta nombrada batalla de
-Obtumba á 14 del mes de Julio.
-
-Digamos ahora, ya que escapamos de todos los trances por mí atrás
-dichos, quiero dar otra cuenta qué tantos mataron, así en Méjico,
-en puentes y calzadas, como en todos los reencuentros, y en esta de
-Obtumba, y los que mataron por los caminos.
-
-Digo que en obra de cinco dias fueron muertos y sacrificados sobre
-ochocientos y setenta soldados, con setenta y dos que mataron en un
-pueblo que se dice Tustepeque, y á cinco mujeres de Castilla; y estos
-que mataron en Tustepeque eran de los de Narvaez, y mataron sobre mil y
-ducientos tlascaltecas.
-
-Tambien quiero decir cómo en aquella sazon mataron á un Juan de
-Alcántara el viejo, con otros tres vecinos de la Villa-Rica, que venian
-por las partes del oro que les cabia; de lo cual tengo hecha relacion
-en el capítulo que dello trata.
-
-Por manera que tambien perdieron las vidas y aun el oro, y si miramos
-en ello, todos comunmente hubimos mal gozo de las partes del oro que
-nos dieron; y si de los de Narvaez murieron muchos más que los de
-Cortés en las puentes, fué por salir cargados de oro, que con el peso
-dello no podian salir ni nadar.
-
-Dejemos de hablar en esta materia, y digamos cómo íbamos muy alegres
-y comiendo unas calabazas que llaman ayotes, y comiendo y caminando
-hácia Tlascala; que por salir de aquellas poblaciones, por temor no
-se tornasen á juntar escuadrones mejicanos, que aun todavía nos daban
-grita en partes que no podiamos ser señores dellos, y nos tiraban mucha
-piedra con hondas, y vara y flecha, hasta que fuimos á otras caserías
-y pueblo chico; porque estaba todo poblado de mejicanos, y allí estaba
-un buen cu y casa fuerte, donde reparamos aquella noche y nos curamos
-nuestras heridas, y estuvimos con más reposo; y aunque siempre teniamos
-escuadrones de mejicanos que nos seguian, mas ya no se osaban llegar; y
-aquellos que venian era como quien decia: «Allá ireis fuera de nuestra
-tierra.»
-
-Y desde aquella poblacion y casa donde dormimos se parecian las
-sierrezuelas que están cabe Tlascala, y como las vimos, nos alegramos
-como si fueran nuestras casas. Pues quizá sabiamos cierto que nos
-habian de ser leales ó qué voluntad ternian, ó qué habia acontecido á
-los que estaban poblados en la Villa-Rica, si eran muertos ó vivos.
-
-Y Cortés nos dijo que, pues éramos pocos, que no quedamos sino
-cuatrocientos y cuarenta, con veinte caballos y doce ballesteros y
-siete escopeteros, y no teniamos pólvora, y todos heridos y cojos
-y mancos, que mirásemos muy bien cómo nuestro Señor Jesucristo fué
-servido escaparnos con las vidas; por lo cual siempre le hemos de dar
-muchas gracias y loores, y que volvimos otra vez á disminuirnos en el
-número y copia de los soldados que con él pasamos desde Cuba, y que
-primero entramos en Méjico cuatrocientos y cincuenta soldados; y que
-nos rogaba que en Tlascala no les hiciésemos enojo, ni se les tomase
-ninguna cosa; y esto dió á entender á los de Narvaez, porque no estaban
-acostumbrados á ser sujetos á capitanes en las guerras, como nosotros;
-y más dijo, que tenia esperanza en Dios que los hallariamos buenos y
-leales; é que si otra cosa fuese, lo que Dios no permita, que nos han
-de tornar á andar los puños con corazones fuertes y brazos vigorosos, y
-que para eso fuésemos muy apercebidos, y nuestros corredores del campo
-adelante.
-
-Llegamos á una fuente que estaba en una ladera, y allí estaban unas
-como cercas y reamparos de tiempos viejos, y dijeron nuestros amigos
-los tlascaltecas que allí partian términos entre los mejicanos y ellos;
-y de buen reposo nos paramos á lavar, y á comer de la miseria que
-habiamos habido, y luego comenzamos á marchar, y fuimos á un pueblo de
-los tlascaltecas, que se dice Gualiopar, donde nos recibieron y nos
-daban de comer; mas no tanto, que si no se lo pagábamos con algunas
-piecezuelas de oro y chalchihuies que llevábamos algunos de nosotros,
-no nos lo daban de balde; y allí estuvimos un dia reposando, curando
-nuestras heridas, y ansimismo curamos los caballos.
-
-Pues cuando lo supieron en la cabecera de Tlascala, luego vino
-Masse-Escaci y principales, y todos los más sus vecinos, y Xicotenga
-el viejo, y Chichimeclatecle y los de Guaxocingo; y como llegaron
-á aquel pueblo donde estábamos, fueron á abrazar á Cortés y á todos
-nuestros capitanes y soldados; y llorando algunos dellos, especial el
-Masse-Escaci y Xicotenga, y Chichimeclatecle y Tecapenaca, dijeron á
-Cortés:
-
-—«¡Oh Malinche, Malinche, y cómo nos pesa de vuestro mal y de todos
-vuestros hermanos, y de los muchos de los nuestros que con vosotros
-han muerto! Ya os lo habiamos dicho muchas veces, que no os fiásedes
-de gente mejicana, porque de un dia á otro os habian de dar guerra; no
-me quisistes creer: ya es hecho, al presente no se puede hacer más de
-curaros y daros de comer; en vuestras casas estais, descansad, é iremos
-luego á nuestro pueblo y os aposentaremos; y no pienses, Malinche,
-que habeis hecho poco en escapar con las vidas de aquella tan fuerte
-ciudad y sus puentes; é yo digo que si de ántes os teniamos por muy
-esforzados, ahora os tenemos en mucho más.
-
-»Bien sé que lloran muchas mujeres é indios destos nuestros pueblos las
-muertes de sus hijos y maridos y hermanos y parientes; no te congojes
-por ello, y mucho debes á tus dioses, que te han aportado aquí, y
-salido de entre tanta multitud de guerreros que os aguardaban en lo de
-Obtumba, que cuatro dias habia que lo supe que os esperaban para os
-matar. Yo queria ir en vuestra busca con treinta mil guerreros de los
-nuestros, y no pude salir, á causa que no estábamos juntos y los andaba
-juntando.»
-
-Cortés y todos nuestros capitanes y soldados los abrazamos, y les
-dijimos que se lo teniamos en merced, y Cortés les dió á todos los
-principales joyas de oro y piedras que todavía se escaparon, cada cual
-soldado lo que pudo; y asimesmo dimos algunos de nosotros á nuestros
-conocidos de lo que teniamos.
-
-Pues qué fiesta y alegría mostraron con doña Luisa y con doña Marina
-cuando las vieron en salvamento, y qué llorar, y qué tristeza tenian
-por los demás indios que no venian, que se quedaron muertos, en
-especial el Masse-Escaci por su hija doña Elvira, y lloraba la muerte
-de Juan Velazquez de Leon, á quien la dió; y desta manera fuimos á la
-cabeza de Tlascala con todos los caciques, y á Cortés aposentaron en
-las casas de Masse-Escaci, y Xicotenga dió sus aposentos á Pedro de
-Albarado, y allí nos curamos y tornamos á convalecer, y aun se murieron
-cuatro soldados de las heridas, y á otros soldados no se les habian
-sanado.
-
-Y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXIX.
-
-CÓMO FUIMOS Á LA CABECERA Y MAYOR PUEBLO DE TLASCALA, Y LO QUE ALLÍ
-PASAMOS.
-
-
-Pues como habia un dia que estábamos en el pueblezuelo de Gualiopar,
-y los caciques de Tlascala por mí nombrados nos hicieron aquellos
-ofrecimientos, que son dignos de no olvidar y de ser gratificados,
-y hechos en tal tiempo y coyuntura; despues que fuimos á la cabeza y
-pueblo mayor de Tlascala, nos aposentaron, como dicho tengo, parece
-ser que Cortés preguntó por el oro que habian traido allí, que eran
-cuarenta mil pesos; el cual oro fueron las partes de los vecinos que
-quedaban en la Villa-Rica; y dijo Masse-Escaci y Xicotenga el viejo
-y un soldado de los nuestros, que se habia allí quedado doliente,
-que no se halló en lo de Méjico cuando nos desbarataron, que habian
-venido de la Villa-Rica un Juan de Alcántara y otros dos vecinos, é
-que lo llevaron todo porque traian cartas de Cortés para que se lo
-diesen; la cual carta mostró el soldado, que habia dejado en poder del
-Masse-Escaci cuando le dieron el oro; y preguntando cómo y cuándo y
-en qué tiempo lo llevó, y sabido que fué, por la cuenta de los dias,
-cuando nos daban guerra los mejicanos, luego entendimos cómo en el
-camino habian muerto y tornado el oro, y Cortés hizo sentimiento por
-ello.
-
-Y tambien estábamos con pena por no saber de los de la Villa-Rica,
-no hubiesen corrido algun desman; y luego por la posta escribió con
-tres tlascaltecas, en que les hizo saber los grandes peligros que en
-Méjico nos habiamos visto, y cómo y de qué manera escapamos con las
-vidas, y no se les dió relacion de cuántos faltaban de los nuestros; y
-que mirasen que siempre estuviesen muy alerta y se velasen; y que si
-hubiese algunos soldados sanos se los enviasen, y que guardasen muy
-bien al Narvaez y al Salvatierra; y si hubiese pólvora ó ballestas,
-porque queria tornar á correr los rededores de Méjico; y tambien
-escribió al capitan que quedó por guarda y capitan de la mar, que se
-decia Caballero, y que mirase no fuese ningun navío á Cuba ni Narvaez
-se soltase; y que si viese que dos navíos de los de Narvaez, que
-quedaban en el puerto, no estaban para navegar, que diese con ellos al
-través, y le enviase los marineros con todas las armas que tuviesen.
-
-Y por la posta fueron y volvieron los mensajeros, y trajeron cartas que
-no habian tenido guerras; que un Juan de Alcántara y los dos vecinos
-que enviaron por el oro, que les deben de haber muerto en el camino; y
-que bien supieron la guerra que en Méjico nos dieron, porque el cacique
-gordo de Cempoal se lo habia dicho; y ansimismo escribió el almirante
-de la mar, que se decia Pedro Caballero, y dijeron que harian lo que
-Cortés les mandaba, é enviaria los soldados, é que el un navío estaba
-bueno, y que al otro daria al través y enviaria la gente, é que habia
-pocos marineros, porque habian adolescido y se habian muerto, y que
-agora escribian las respuestas de las cartas; y luego vinieron con el
-socorro que enviaban de la Villa-Rica, que fueron cuatro hombres con
-tres de la mar, que todos fueron siete; y venia por capitan dellos un
-soldado que se decia Lencero, cuya fué la venta que agora dicen de
-Lencero.
-
-Y cuando llegaron á Tlascala, como venian dolientes y flacos, muchas
-veces por nuestro pasatiempo y burlar dellos deciamos:
-
-—«El socorro del Lencero; que venian siete soldados, y los cinco llenos
-de bubas y los dos hinchados, con grandes barrigas.»
-
-Dejemos burlas, y digamos lo que allí en Tlascala nos aconteció con
-Xicotenga el mozo, y de su mala voluntad, el cual habia sido capitan de
-toda Tlascala cuando nos dieron las guerras por mí otras veces dichas
-en el capítulo que dello habla.
-
-Y es el caso que, como se supo en aquella su ciudad que salimos huyendo
-de Méjico y que nos habian muerto mucha copia de soldados, ansí de los
-nuestros como de los indios tlascaltecas que habian ido de Tlascala en
-nuestra compañía, y que veniamos á nos socorrer é amparar en aquella
-provincia, el Xicotenga el mozo andaba convocando á todos sus parientes
-y amigos, y á otros que sentia que eran de su parcialidad, y les decia
-que en una noche, ó de dia, cuando más aparejado tiempo viesen, que nos
-matasen, y que haria amistades con el señor de Méjico, que en aquella
-sazon habian alzado por Rey á uno que se decia Coadlauaca, y que demás
-desto, que en las mantas y ropa que habiamos dejado en Tlascala á
-guardar y el oro que agora sacábamos de Méjico tendrian qué robar, y
-quedarian todos ricos con ello.
-
-Lo cual alcanzó á saber el viejo Xicotenga, su padre, y se lo riñó, y
-le dijo que no le pasase tal por el pensamiento, que era mal hecho;
-y que si lo alcanzase á saber Masse-Escaci y Chichimeclatecle, que
-por ventura le matarian, y al que en tal concierto fuese; y por más
-que el padre se lo riñó, no curaba de lo que le decia, y todavía
-entendia en su mal propósito; y vino á oidos de Chichimeclatecle, que
-era su enemigo mortal del mozo Xicotenga, y lo dijo á Masse-Escaci, y
-acordaron entrar en acuerdo y como cabildo, y sobre ello llamaron al
-Xicotenga el viejo y los caciques de Guaxocingo, y mandaron traer preso
-ante sí á Xicotenga el mozo.
-
-Y Masse-Escaci propuso un razonamiento delante de todos, y dijo que si
-se les acordaba ó habian ido á decir de más de cien años hasta entónces
-que en toda Tlascala habian estado tan prósperos y ricos como despues
-que los teules vinieron á sus tierras, ni en todas sus provincias
-habian sido en tanto tenidos, y que tenian mucha ropa de algodon y
-oro, y comian sal, la que hasta allí no solian comer; y por do quiera
-que iban de sus tlascaltecas con los teules les hacian honra por su
-respeto, puesto que ahora les habian muerto en Méjico muchos dellos;
-y que tengan en la memoria lo que sus antepasados les habian dicho
-muchos años atrás, que de adonde sale el sol habian de venir hombres
-que les habian de señorear; é que ¿á qué causa agora andaba Xicotenga
-en aquellas traiciones y maldades, concertando de nos dar guerra y
-matarnos? Que era mal hecho, é que no podia dar ninguna disculpa
-de sus bellaquerías y maldades, que siempre tenia encerradas en su
-pecho; y agora que los veia venir de aquella manera desbaratados, que
-nos habia de ayudar para en estando sanos volver sobre los pueblos de
-Méjico, sus enemigos, queria hacer aquella traicion.
-
-Y á estas palabras que el Masse-Escaci y su padre Xicotenga el
-ciego lo dijeron, el Xicotenga el mozo respondió que era muy bien
-acordado lo que decia por tener paces con mejicanos, y dijo otras
-cosas que no pudieron sufrir; y luego se levantó el Masse-Escaci y el
-Chichimeclatecle y el viejo de su padre, ciego como estaba, y tomaron
-al Xicotenga el mozo por los cabezones y de las mantas, y se las
-rompieron, y á empujones y con palabras injuriosas que le dijeron, le
-echaron de las gradas abajo donde estaba, y las mantas todas rompidas;
-y aun si por el padre no fuera, le querian matar, y á los demás que
-habian sido en su consejo echaron presos; y como estábamos allí
-retraidos, y no era tiempo de le castigar, no osó Cortés hablar más en
-ello.
-
-He traido esto aquí á la memoria para que vean de cuánta lealtad y
-buenos fueron los de Tlascala, y cuánto les debemos, y aun al buen
-viejo Xicotenga, que á su hijo dicen que le habia mandado matar luego
-que supo sus tramas y traicion.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo habia veinte y dos dias que estábamos en
-aquel pueblo curándonos nuestras heridas y convaleciendo, y acordó
-Cortés que fuésemos á la provincia de Tepeaca, que estaba cerca,
-porque allí habian muerto muchos de nuestros soldados y de los de
-Narvaez, que se venian á Méjico, y en otros pueblos que están junto
-de Tepeaca, que se dice Cachula; y como Cortés lo dijo á nuestros
-capitanes, y apercibian á los soldados de Narvaez para ir á la guerra,
-y como no eran tan acostumbrados á guerras y habian escapado de la
-rota de Méjico y puentes de lo de Obtumba, y no vian la hora de se
-volver á la isla de Cuba á sus indios é minas de oro, renegaban de
-Cortés y de sus conquistas, especial el Andrés de Duero, compañero de
-nuestro Cortés; porque ya lo habrán entendido los curiosos lectores
-en dos veces que lo he declarado en los capítulos pasados, cómo y de
-qué manera fué la compañía; maldecian el oro que le habia dado á él y
-á los demás capitanes, que todo se habia perdido en las puentes, como
-habian visto las grandes guerras que nos daban, y con haber escapado
-con las vidas estaban muy contentos; y acordaron de decir á Cortés
-que no querian ir á Tepeaca ni á guerra ninguna, sino que se querian
-volver á sus casas; que bastaba lo que habian perdido en haber venido
-de Cuba; y Cortés les habló muy mansa y amorosamente, creyendo de
-los atraer para que fuesen con nosotros á lo de Tepeaca; y por más
-pláticas y reprensiones que les dió, no querian; y como vieron los
-de Narvaez que con Cortés no aprovechaban sus palabras, le hicieron
-requerimientos en forma delante de un escribano del Rey para que
-luego se fuese á la Villa-Rica, poniéndole por delante que no teniamos
-caballos ni escopetas ni ballestas ni pólvora, ni hilo para hacer
-cuerdas, ni almacen; que estábamos heridos, y que no habian quedado por
-todos nuestros soldados y los de Narvaez sino cuatrocientos y cuarenta
-soldados; que los mejicanos nos tomarian todos los puertos y sierras
-y pasos, é que los navíos, si más aguardaban, se comerian de broma; y
-dijeron en el requerimiento otras muchas cosas.
-
-Y cuando se le hubieron dado y leido el requerimiento á Cortés, si
-muchas palabras decian en él, muy muchas más contrariedades respondió;
-y demás desto, todos los más de nosotros de los que habiamos pasado con
-Cortés le dijimos que mirase que no diese licencia á ninguno de los de
-Narvaez ni á otras personas para volver á Cuba, sino que procurásemos
-todos de servir á Dios é al Rey; é que esto era lo bueno, y no volverse
-á Cuba.
-
-Cuando Cortés hubo respondido al requerimiento, como vieron las
-personas que le estaban requiriendo que muchos de nosotros ayudábamos
-el intento de Cortés y que les estorbábamos sus grandes importunaciones
-que sobre ello le hablaban y requerian, con no más de que deciamos
-que no es servicio de Dios ni de su majestad que dejen desamparado
-su capitan en las guerras; en fin de muchas razones que pasaron,
-obedecieron para ir con nosotros á las entradas que se ofreciesen;
-mas fué que les prometió Cortés que en habiendo coyuntura los dejaria
-volver á su isla de Cuba; y no por aquesto dejaron de murmurar dél y
-de su conquista, que tan caro les habia costado en dejar sus casas y
-reposo y haberse venido á meter adonde no estaban seguros de las vidas;
-y más decian, que si en otra guerra entrásemos con el poder de Méjico,
-que no se podria excusar tarde ó temprano de tenella, que creian é
-tenian por cierto que no nos podriamos sustentar contra ellos en las
-batallas, segun habian visto lo de Méjico y puentes, y en la nombrada
-de Obtumba; y más decian, que nuestro Cortés por mandar y siempre ser
-señor, y nosotros los que con él pasábamos no tener que perder sino
-nuestras personas, asistiamos con él; y decian otros muchos desatinos,
-y todo se les disimulaba por el tiempo en que lo decian; mas no
-tardaron muchos meses que no les dió licencia para que se volviesen á
-sus casas; lo cual diré en su tiempo y sazon.
-
-Y dejémoslo de repetir, y digamos de lo que dice el coronista Gómora,
-que yo estoy muy harto de declarar sus borrones, que dice que le
-informaron; las cuales informaciones no son así como él lo escribe; y
-por no me detener en todos los capítulos á tornallos á recitar y traer
-á la memoria cómo y de qué manera pasó, lo he dejado de escribir; y
-ahora pareciéndome que en esto de este requerimiento que escribe que
-hicieron á Cortés no dice quién fueron los que lo hicieron, si eran de
-los nuestros ó de los de Narvaez, y en esto que escribe es por sublimar
-á Cortés y abatir á nosotros los que con él pasamos; y sepan que hemos
-tenido por cierto los conquistadores verdaderos que esto vemos escrito,
-que le debieron de granjear al Gómora con dádivas porque lo escribiese
-desta manera, porque en todas las batallas y reencuentros éramos los
-que sosteniamos á Cortés, y ahora nos aniquila en lo que dice este
-coronista que le requeriamos.
-
-Tambien dice que decia Cortés en las respuestas del mismo requerimiento
-que para animarnos y esforzarnos que enviará á llamar á Juan Velazquez
-de Leon y al Diego de Ordás, que el uno dellos dijo estaba poblando en
-lo de Pánuco con trecientos soldados, y el otro en lo de Guacacualco
-con otros soldados, y no es ansí; porque luego que fuimos sobre Méjico
-al socorro de Pedro de Albarado, cesaron los conciertos que estaban
-hechos, que Juan Velazquez de Leon habia de ir á lo de Pánuco y el
-Diego de Ordás á lo de Guacacualco, segun más largamente lo tengo
-escrito en el capítulo pasado que sobre ello tengo hecha relacion;
-porque estos dos capitanes fueron á Méjico con nosotros al socorro de
-Pedro de Albarado, y en aquella derrota el Juan Velazquez de Leon quedó
-muerto en las puentes, y el Diego de Ordás salió muy mal herido de
-tres heridas que le dieron en Méjico, segun ya lo tengo escrito cómo y
-cuándo y de qué arte pasó.
-
-Por manera que el coronista Gómora, si como tiene buena retórica en lo
-que escribe, acertara á decir lo que pasó, muy bien fuera.
-
-Tambien he estado mirando cuando dice en lo de la batalla de Obtumba,
-que dice que si no fuera por la persona de Cortés que todos fuéramos
-vencidos, y que él solo fué el que la venció en el dar, como dió el
-encuentro al que traia el estandarte y seña de Méjico.
-
-Ya he dicho, y lo torno agora á decir, que á Cortés toda la honra se
-le debe, como bueno y esforzado capitan; mas sobre todo hemos de dar
-gracias á Dios, que él fué servido poner su divina misericordia, con
-que siempre nos ayudaba y sustentaba; y Cortés en tener tan esforzados
-y valerosos capitanes y valientes soldados como tenia; é despues de
-Dios, con nosotros le dábamos esfuerzo y rompiamos los escuadrones y
-le sustentábamos, para que con nuestra ayuda y de nuestros capitanes
-guerreasen de la manera que guerreamos, como en los capítulos pasados
-sobre ello dicho tengo; porque siempre andaban juntos con Cortés todos
-los capitanes por mí nombrados, y aun agora los torno á nombrar, que
-fueron Pedro de Albarado, Cristóbal de Olí, Gonzalo de Sandoval,
-Francisco de Morla, Luis Marin, Francisco de Lugo y Gonzalo Dominguez,
-y otros muy buenos y valientes soldados que no alcanzábamos caballos;
-porque en aquel tiempo diez y seis caballos y yeguas fueron los que
-pasaron desde la isla de Cuba con Cortés, y no los habia, aunque nos
-costaran á mil pesos.
-
-Y como el Gómora dice en su Historia que sólo la persona de Cortés
-fué el que venció lo de Obtumba, ¿por qué no declaró los heróicos
-hechos que estos nuestros capitanes y valerosos soldados hicimos en
-esta batalla? Ansí que, por estas causas tenemos por cierto que por
-ensalzar á Cortés sólo lo dijo, porque de nosotros no hace mencion; si
-no, pregúnteselo á aquel muy esforzado soldado que se decia Cristóbal
-de Olea, cuántas veces se halló en ayudar á salvar la vida á Cortés,
-hasta que en las puentes cuando volvimos sobre Méjico perdió la vida él
-y otros muchos soldados por le salvar. Olvidádoseme habia de otra vez
-que le salvó en lo de Suchimileco, que quedó mal herido el Olea; é para
-que bien se entienda esto que digo, uno fué Cristóbal de Olea y otro
-Cristóbal de Olí.
-
-Tambien lo que dice el coronista en lo del encuentro con el caballo que
-dió al capitan mejicano y le hizo abatir la bandera, ansí es verdad:
-más ya he dicho otra vez que un Juan de Salamanca, natural de la
-villa de Ontiveros, que despues de ganado Méjico fué alcalde mayor de
-Guacacualco, es el que le dió una lanzada y le mató, y le quitó el rico
-penacho que llevaba, y se le dió el Salamanca á Cortés; y su majestad,
-el tiempo andando, lo dió por armas al Salamanca; y esto he traido aquí
-á la memoria, no por dejar de ensalzar y tenelle en mucha estima á
-nuestro capitan Cortés, y débesele todo honor y prez é honra de todas
-las batallas é vencimientos hasta que ganamos esta Nueva-España, como
-se suele dar en Castilla á los muy nombrados capitanes, y como los
-romanos daban triunfos á Pompeyo y Julio César y á los Cipiones; más
-digno de loores es nuestro Cortés que no los romanos.
-
-Tambien dice el mismo Gómora que Cortés mandó matar secretamente á
-Xicotenga el mozo en Tlascala por las traiciones que andaba concertando
-para nos matar, como ántes he dicho.
-
-No pasa ansí como dice; que donde le mandó ahorcar fué en un pueblo
-junto á Tezcuco, como adelante diré sobre qué fué; y tambien dice
-este coronista que iban tantos millares de indios con nosotros á las
-entradas, que no tiene cuenta ni razon en tantos como pone; y tambien
-dice de las ciudades y pueblos y poblaciones que eran tantos millares
-de casas, no siendo la quinta parte; que si se suma todo lo que pone
-en su historia, son más millones de hombres que en toda Castilla están
-poblados, y eso se le da poner mil que ochenta mil, y en esto se jacta,
-creyendo que va muy apacible su Historia á los oyentes no diciendo
-lo que pasó: miren los curiosos lectores cuánto va de su Historia á
-esta mi relacion, en decir letra por letra lo acaecido, y no miren la
-retórica ni ornato; que ya cosa vista es que es más apacible que no
-esta tan grosera mia; más suple la verdad la falta de plática y corta
-retórica.
-
-Dejemos ya de contar ni de traer á la memoria los borrones declarados,
-y cómo yo soy más obligado á decir la verdad de todo lo que pasa que
-no á lisonjas; y demás del daño que hizo con no ser bien informado,
-ha dado ocasion que el doctor Illescas y Pablo Jobio se sigan por sus
-palabras.
-
-Volvamos á nuestra historia, y digamos cómo acordamos ir sobre Tepeaca;
-y lo que pasó en la entrada diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXX.
-
-CÓMO FUIMOS Á LA PROVINCIA DE TEPEACA, Y LO QUE EN ELLA HICIMOS; Y
-OTRAS COSAS QUE PASARON.
-
-
-Como Cortés habia pedido á los caciques de Tlascala, ya otras veces por
-mí nombrados, cinco mil hombres de guerra para ir á correr y castigar
-los pueblos adonde habian muerto españoles, que era á Tepeaca y Cachula
-y Tecamachalco, que estaria de Tlascala seis ó siete leguas, de muy
-entera voluntad tenian aparejados hasta cuatro mil indios; porque, si
-mucha voluntad teniamos nosotros de ir á aquellos pueblos, mucha más
-gana tenian el Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, porque les habian
-venido á robar unas estancias y tenian voluntad de enviar gente de
-guerra sobre ellos, y la causa fué esta: porque, como los mejicanos
-nos echaron de Méjico, segun y de la manera que dicho tengo en los
-capítulos pasados que sobre ello hablan, y supieron que en Tlascala
-nos habiamos recogido, y tuvieron por cierto que en estando sanos que
-habiamos de venir con el poder de Tlascala á cortalles las tierras
-de los pueblos que más cercanos confinan con Tlascala; á este efeto
-enviaron á todas las provincias adonde sentian que habiamos de ir,
-muchos escuadrones mejicanos de guerreros que estuviesen en guarda y
-guarniciones, y en Tepeaca estaba la mayor guarnicion dellos.
-
-Lo cual supo el Masse-Escaci y el Xicotenga, y aun se temian dellos.
-
-Pues ya que todos estábamos á punto, comenzamos á caminar, y en aquella
-jornada no llevamos artillería ni escopetas, porque todo quedó en las
-puentes; é ya que algunas escopetas escaparon, no teniamos pólvora; y
-fuimos con diez y siete de á caballo y seis ballestas y cuatrocientos
-y veinte soldados, los más de espada y rodela, y con obra de cuatro
-mil amigos de Tlascala y el bastimento para un dia; porque las tierras
-adonde íbamos era muy poblado y bien abastecido de maíz y gallinas
-y perrillos de la tierra; y como lo teniamos de costumbre, nuestros
-corredores del campo adelante; y con muy buen concierto fuimos á dormir
-obra de tres leguas de Tepeaca.
-
-É ya tenian alzado todo el fardaje de las estancias y poblacion
-por donde pasamos, porque muy bien tuvieron noticia cómo íbamos á
-su pueblo; é porque ninguna cosa hiciésemos sino por buena órden y
-justificadamente, Cortés les envió á decir con seis indios de su
-pueblo de Tepeaca, que habiamos tomado en aquella estancia, que para
-aquel efeto los prendimos, é con cuatro de sus mujeres, cómo íbamos
-á su pueblo á saber é inquirir quién y cuántos se hallaron en la
-muerte de más de diez y ocho españoles que mataron sin causa ninguna,
-viniendo camino para Méjico; y tambien veniamos á saber á qué causa
-tenian agora nuevamente muchos escuadrones mejicanos, que con ellos
-habian ido á robar y saltear unas estancias de Tlascala, nuestros
-amigos; que les ruega que luego vengan de paz adonde estábamos para
-ser nuestros amigos, y que despidan de su pueblo á los mejicanos; si
-no, que iremos contra ellos como rebeldes y matadores y salteadores de
-caminos, y les castigaria á fuego y sangre y los daria por esclavos;
-y como fueron aquellos seis indios y cuatro mujeres del mismo pueblo,
-si muy fieras palabras les enviaron á decir, mucho más bravosa nos
-dieron la respuesta con los mismos seis indios y dos mejicanos que
-venian con ellos; porque muy bien conocido tenian de nosotros que á
-ningunos mensajeros que nos enviaban haciamos ninguna demasía, sino
-ántes dalles algunas cuentas para atraellos; y con estos que nos
-enviaron los de Tepeaca, fueron las palabras bravosas dichas por los
-capitanes mejicanos, como estaban vitoriosos de lo de las puentes de
-Méjico; y Cortés les mandó dar á cada mensajero una manta, y con ellos
-les tornó á requerir que viniesen á le ver y hablar y que no hubiesen
-miedo; é que pues ya los españoles que habian muerto no los podian dar
-vivos, que vengan ellos de paz y se les perdonará todos los muertos
-que mataron; sobre ello se les escribió una carta, y aunque sabiamos
-que no la habian de entender, sino como vian papel de Castilla tenian
-por muy cierto que era cosa de mandamiento; y rogó á los dos mejicanos
-que venian con los de Tepeaca como mensajeros, que volviesen á traer
-la respuesta, y volvieron; y lo que dijeron era, que no pasásemos
-adelante y que no volviésemos por donde veniamos, sino que otro dia
-pensaban tener buenas hartazgas con nuestros cuerpos, mayores que las
-de Méjico y sus puentes y la de Obtumba; y como aquello vió Cortés
-comunicólo con todos nuestros capitanes y soldados, y fué acordado que
-se hiciese un auto por ante escribano que diese fe de todo lo pasado, y
-que se diesen por esclavos á todos los aliados de Méjico que hubiesen
-muerto españoles, porque habiendo dado la obediencia á su Majestad,
-se levantaron, y mataron sobre ochocientos y sesenta de los nuestros
-y sesenta caballos, y á los demás pueblos por salteadores de caminos
-y matadores de hombres; é hecho este auto, envióseles á hacer saber,
-amonestándolos y requiriendo con la paz; y ellos tornaron á decir que
-si luego no nos volviamos, que saldrian á nos matar; y se apercibieron
-para ello, y nosotros lo mismo.
-
-Otro dia tuvimos en un llano una buena batalla con los mejicanos y
-tepeaquenos; y como el campo era labranzas de maíz é maqueyales, puesto
-que peleaban valerosamente los mejicanos, presto fueron desbaratados
-por los de á caballo, y los que no los teniamos no estábamos de
-espacio; pues ver á nuestros amigos de Tlascala tan animosos como
-peleaban con ellos y les siguieron el alcance; allí hubo muertes de los
-mejicanos y de Tepeaca muchos, y de nuestros amigos los de Tlascala
-tres, y hirieron dos caballos, el uno se murió, y tambien hirieron doce
-de nuestros soldados, mas no de suerte que peligró ninguno.
-
-Pues seguida la vitoria, allegáronse muchas indias y muchachos que se
-tomaron por los campos y casas; que hombres no curábamos dellos, que
-los tlascaltecas los llevaban por esclavos.
-
-Pues como los de Tepeaca vieron que con el bravear que hacian los
-mejicanos que tenian en su pueblo y guarnicion eran desbaratados, y
-ellos juntamente con ellos, acordaron que sin decilles cosa ninguna
-viniesen adonde estábamos; y los recibimos de paz y dieron la
-obediencia á su majestad, y echaron los mejicanos de sus casas, y nos
-fuimos nosotros al pueblo de Tepeaca, adonde se fundó una villa que se
-nombró la villa de Segura de la Frontera, porque estaba en el camino
-de la Villa-Rica, en una buena comarca de buenos pueblos sujetos á
-Méjico, y habia mucho maíz, y guardaban la raya nuestros amigos los
-de Tlascala; y allí se nombraron alcaldes y regidores, y se dió órden
-en cómo se corriese los rededores sujetos á Méjico, en especial los
-pueblos adonde habian muerto españoles; y allí hicieron hacer el hierro
-con que se habian de herrar los que se tomaban por esclavos, que era
-una G, que quiere decir guerra.
-
-Y desde la villa de Segura de la Frontera corrimos todos los rededores,
-que fué Cachula y Tecamechalco y el pueblo de las Guayaguas, y otros
-pueblos que no se me acuerda el nombre; y en lo de Cachula fué adonde
-habian muerto en los aposentos quince españoles; y en este de Cachula
-hubimos muchos esclavos, de manera que en obra de cuarenta dias tuvimos
-aquellos pueblos pacíficos y castigados.
-
-Ya en aquella sazon habian alzado en Méjico otro señor por Rey,
-porque el señor que nos echó de Méjico era fallecido de viruelas, y
-aquel señor que hicieron Rey era un sobrino ó pariente muy cercano
-del gran Montezuma, que se decia Guatemuz, mancebo de hasta veinte y
-cinco años, bien gentil hombre para ser indio, y muy esforzado; y se
-hizo temer de tal manera, que todos los suyos temblaban dél; y estaba
-casado con una hija de Montezuma, bien hermosa mujer para ser india;
-y como este Guatemuz, señor de Méjico, supo cómo habiamos desbaratado
-los escuadrones mejicanos que estaban en Tepeaca, y que habian dado
-la obediencia á su Majestad el Emperador Cárlos V, y nos servian y
-daban de comer, y estábamos allí poblados; y temió que les correriamos
-lo de Guaxaca y otras provincias, y que á todos les atraeriamos á
-nuestra amistad, envió á sus mensajeros por todos los pueblos para que
-estuviesen muy alerta con todas sus armas, y á los caciques les daba
-joyas de oro, y á otros perdonaba los tributos; y sobre todo, mandaba
-ir muy grandes capitanes y guarniciones de gente de guerra para que
-mirasen no les entrásemos en sus tierras; y les enviaba á decir que
-peleasen muy reciamente con nosotros, no les acaeciese como en lo de
-Tepeaca, á donde estaba nuestra villa doce leguas.
-
-Para que bien se entiendan los nombres destos pueblos, un nombre es
-Cachula, otro nombre es Guacachula.
-
-Y dejaré de contar lo que en Guacachula se hizo, hasta su tiempo y
-lugar; y diré cómo en aquel tiempo é instante vinieron de la Villa-Rica
-mensajeros cómo habia venido un navío de Cuba, y ciertos soldados en
-él.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXI.
-
-CÓMO VINO UN NAVÍO DE CUBA QUE ENVIABA DIEGO VELAZQUEZ, É VENIA EN ÉL
-POR CAPITAN PEDRO BARBA, Y LA MANERA QUE EL ALMIRANTE QUE DEJÓ NUESTRO
-CORTÉS POR GUARDA DE LA MAR TENIA PARA LOS PRENDER, Y ES DESTA MANERA.
-
-
-Pues como andábamos en aquella provincia de Tepeaca castigando á los
-que fueron en la muerte de nuestros compañeros, que fueron diez y ocho
-los que mataron en aquellos pueblos, y atrayéndolos de paz, y todos
-daban la obediencia á su majestad; vinieron cartas de la Villa-Rica
-cómo habia venido un navío al puerto, y vino en él por capitan un
-hidalgo que se decia Pedro Barba, que era muy amigo de Cortés; y este
-Pedro Barba habia estado por teniente del Diego Velazquez en la Habana,
-y traia trece soldados y un caballo y una yegua, porque el navío que
-traia era muy chico; y traia cartas para Pánfilo de Narvaez, el capitan
-que Diego Velazquez habia enviado contra nosotros, creyendo que estaba
-por él la Nueva-España, en que le enviaba á decir el Diego Velazquez
-que si acaso no habia muerto á Cortés, que luego se le enviase preso á
-Cuba, para envialle á Castilla, que ansí lo mandaba don Juan Rodriguez
-de Fonseca, Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, presidente de
-Indias, que luego fuese preso con otros de nuestros capitanes; porque
-el Diego Velazquez tenia por cierto que éramos desbaratados, ó á lo
-ménos que Narvaez señoreaba la Nueva-España.
-
-Pues como el Pedro Barba llegó al puerto con su navío y echó anclas,
-luego le fué á visitar y dar el bien venido el almirante de la mar que
-puso Cortés, el cual se decia Pedro Caballero ó Juan Caballero, otras
-veces por mí nombrado, con un batel bien esquifado de marineros y
-armas encubiertas, y fué al navío de Pedro Barba; y despues de hablar
-palabras de buen comedimiento, qué tal viene vuestra merced, y quitar
-las gorras y abrazarse unos á otros, como se suele hacer, preguntó el
-Pedro Caballero por el señor Diego Velazquez, gobernador de Cuba, qué
-tal queda, y responde el Pedro Barba que bueno; y el Pedro Barba y los
-demás que consigo traian preguntan por el señor Pánfilo de Narvaez,
-y cómo le va con Cortés; y responden que muy bien, é que Cortés anda
-huyendo y alzado con veinte de sus compañeros, é que Narvaez está
-muy próspero é rico, y que la tierra es muy buena; y de plática en
-plática le dicen al Pedro Barba que allí junto estaba un pueblo, que
-desembarque é que se vayan á dormir y estar en él, que les traerán
-comida y lo que hubieren menester, que para sólo aquello estaba
-señalado aquel pueblo, y tantas palabras les dicen, que en el batel y
-en otros que luego allí venian de los otros navíos que estaban surtos
-les sacaron en tierra, y cuando los vieron fuera del navío, y tenian
-copia de marineros junto con el almirante Pedro Caballero, dijeron al
-Pedro Barba:
-
-—«Sed preso por el señor capitan Cortés, mi señor.»
-
-Y ansí los prendieron, y quedaban espantados, y luego les sacaban del
-navío las velas y timon y agujas, y los enviaban adonde estábamos con
-Cortés en Tepeaca; por los cuales habiamos gran placer, con el socorro
-que venia en el mejor tiempo que podia ser; porque en aquellas entradas
-que he dicho que haciamos, no eran tan en salvo, que muchos de nuestros
-soldados no quedábamos heridos, y otros adolescian del trabajo; porque,
-de sangre y polvo que estaba cuajado en las entrañas, no echábamos
-otra cosa del cuerpo y por la boca, como traiamos siempre las armas á
-cuestas y no parar noches ni dias; por manera que ya se habian muerto
-cinco de nuestros soldados de dolor de costado en obra de quince dias.
-
-Tambien quiero decir que con este Pedro Barba vino un Francisco Lopez,
-vecino y regidor que fué de Guatimala, y Cortés hacia mucha honra al
-Pedro Barba, y le hizo capitan de ballesteros, y dió nuevas que estaba
-otro navío chico en Cuba, que le queria enviar el Diego Velazquez con
-cazabi y bastimentos; el cual vino dende á ocho dias, y venia en él por
-capitan un hidalgo natural de Medina del Campo, que se decia Rodrigo
-Morejon de Lobera, y traia consigo ocho soldados y seis ballestas
-y mucho hilo para cuerdas, é una yegua; ni más ni ménos que habian
-prendido al Pedro Barba, ansí hicieron á este Rodrigo de Morejon, y
-luego fueron á Segura de la Frontera, y con todos ellos nos alegramos,
-y Cortés les hacia mucha honra y les daba cargos; y gracias á Dios, ya
-nos íbamos fortaleciendo con soldados y ballestas y dos ó tres caballos
-más.
-
-Y dejallo he aquí, y volveré á decir lo que en Guacachula hacian los
-ejércitos mejicanos que estaban en frontera, y cómo los caciques de
-aquel pueblo vinieron secretamente á demandar favor á Cortés para
-echallos de allí.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXII.
-
-CÓMO LOS DE GUACACHULA VINIERON Á DEMANDAR FAVOR Á CORTÉS SOBRE QUE LOS
-EJÉRCITOS MEJICANOS LOS TRATABAN MAL Y LOS ROBABAN, Y LO QUE SOBRE ELLO
-SE HIZO.
-
-
-Ya he dicho que Guatemuz, señor que nuevamente era alzado por Rey de
-Méjico, enviaba grandes guarniciones á sus fronteras; especial envió
-una muy poderosa y de mucha copia de guerreros á Guacachula, y otra á
-Ozucar, que estaba dos ó tres leguas de Guacachula; porque bien temió
-que por allí le habiamos de correr las tierras y pueblos sujetos á
-Méjico; y parece ser que, como envió tanta multitud de guerreros y
-como tenian nuevo señor, hacian muchos robos y fuerzas á los naturales
-de aquellos pueblos adonde estaban aposentados, y tantas, que no les
-podian sufrir los de aquella provincia, porque decian que les robaban
-las mantas y maíz y gallinas y joyas de oro, y sobre todo, las hijas y
-mujeres si eran hermosas, y que las forzaban delante de sus maridos y
-padres y parientes.
-
-Como oyeron decir que los del pueblo de Cholula estaban todos muy de
-paz y sosegados despues que los mejicanos no estaban en él, y agora
-ansimesmo en lo de Tepeaca y Tecamachalco y Cochula, á esta causa
-vinieron cuatro principales muy secretamente de aquel pueblo, por mí
-otras veces nombrado, y dicen á Cortés que envie teules y caballos á
-quitar aquellos robos y agravios que les hacian los mejicanos, é que
-todos los de aquel pueblo y otros comarcanos nos ayudarian para que
-matásemos á los escuadrones mejicanos; y de que Cortés lo oyó, luego
-propuso que fuese por capitan Cristóbal de Olí con todos los más de á
-caballo y ballesteros y con gran copia de tlascaltecas; porque con la
-ganancia que los de Tlascala habian llevado de Tepeaca, habian venido
-á nuestro real é villa muchos más tlascaltecas; y nombró Cortés para
-ir con el Cristóbal de Olí á ciertos capitanes de los que habian venido
-con Narvaez; por manera que llevaba en su compañía sobre trecientos
-soldados y todos los mejores caballos que teniamos.
-
-É yendo que iba con todos sus compañeros camino de aquella provincia,
-pareció ser que en el camino dijeron ciertos indios á los de Narvaez
-cómo estaban todos los campos y casas llenas de gente de guerra de
-mejicanos, mucho más que los de Obtumba, y que estaba allí con ellos el
-Guatemuz, señor de Méjico; y tantas cosas dicen que les dijeron, que
-atemorizaron á los de Narvaez; y como no tenian buena voluntad de ir á
-entradas ni ver guerras, sino volverse á su isla de Cuba, y como habian
-escapado de la de Méjico y calzadas y puentes y la de Obtumba, no se
-querian ver en otra como lo pasado; y sobre ello dijeron los de Narvaez
-tantas cosas al Cristóbal de Olí, que no pasase adelante, sino que se
-volviese, y que mirase no fuese peor esta guerra que las pasadas, donde
-perdiesen las vidas; y tantos inconvenientes le dijeron, y dábanle á
-entender que si el Cristóbal de Olí queria ir, que fuese en buen hora,
-que muchos dellos no querian pasar adelante; de modo que, por muy
-esforzado que era el capitan que llevaban, aunque les decia que no era
-cosa volver, sino ir adelante, que buenos caballos llevaban y mucha
-gente, y que si volviesen un paso atrás que los indios los ternian
-en poco, é que en tierra llana era, y que no queria volver, sino ir
-adelante; y para ello, de nuestros soldados de Cortés le ayudaban á
-decir que no se volviese, y que en otras entradas y guerras peligrosas
-se habian visto, é que, gracias á Dios, habian tenido vitoria, no
-aprovechó cosa ninguna con cuanto les decian; sino por via de ruegos
-le trastornaron su seso, que volviesen y que desde Cholula escribiesen
-á Cortés sobre el caso; y así se volvió; y de que Cortés lo supo, se
-enojó, y envió á Cristóbal de Olí otros dos ballesteros, y le escribió
-que se maravillaba de su buen esfuerzo y valentía, que por palabras
-de ninguno dejase de ir á una cosa señalada como aquella; y de que el
-Cristóbal de Olí vió la carta, hacia bramuras de enojo, y dijo á los
-que tal le aconsejaron que por su causa habia caido en falta.
-
-Y luego, sin más determinacion, les mandó fuesen con él, é que el que
-no quisiese ir, que se volviese al real por cobarde, que Cortés le
-castigaria en llegando; y como iba hecho un bravo leon de enojo con
-su gente camino de Guacachula, ántes que llegasen como una legua, le
-salieron á decir los caciques de aquel pueblo de la manera y arte que
-estaban los de Culúa, y cómo habia de dar en ellos, y de qué manera
-habia de ser ayudado; y como lo hubieron entendido, apercebió los de á
-caballo y ballesteros y soldados, y segun y de la manera que tenian en
-el concierto da en los de Culúa.
-
-Y puesto que pelearon muy bien por un buen rato, y le hirieron
-ciertos soldados y mataron dos caballos y hirieron otros ocho en
-unas fuerzas y albarradas que estaban en aquel pueblo, en obra de una
-hora estaban ya puestos en huida todos los mejicanos; y dicen que
-nuestros tlascaltecas que lo hicieron muy varonilmente, que mataban y
-prendian muchos dellos, y como les ayudaban todos los de aquel pueblo
-y provincia, hicieron muy grande estrago en los mejicanos, que presto
-procuraron retraerse é hacerse fuertes en otro gran pueblo que se dice
-Ozucar, donde estaban otras muy grandes guarniciones de mejicanos, y
-estaban en gran fortaleza, y quebraron una puente porque no pudiesen
-pasar caballos ni el Cristóbal de Olí; porque, como he dicho, andaba
-enojado, hecho un tigre, y no tardó mucho en aquel pueblo; que luego
-se fué á Ozucar con todos los que le pudieron seguir, y con los amigos
-de Guacachula pasó el rio y dió en los escuadrones mejicanos, que de
-presto los venció, y allí le mataron dos caballos, y á él le dieron dos
-heridas, y la una en el muslo, y el caballo muy bien herido, y estuvo
-en Ozucar dos dias; y como todos los mejicanos fueron desbaratados,
-luego vinieron los caciques y señores de aquel pueblo y de otros
-comarcanos á demandar paz, y se dieron por vasallos de nuestro Rey
-y señor; y como todo fué pacífico, se fué con todos sus soldados á
-nuestra villa de la Frontera.
-
-Y porque yo no fuí en esta entrada, digo en esta relacion que dicen que
-pasó lo que he dicho; y nuestro Cortés le salió á recebir, y todos
-nosotros, y hubimos mucho placer, y reíamos de cómo le habian convocado
-á que se volviese, y el Cristóbal de Olí tambien reia, y decia que
-mucho más cuidado tenian algunos de sus minas y de Cuba que no de las
-armas, y que juraba á Dios que no le acaeciese llevar consigo, si á
-otra entrada fuese, sino de los pobres soldados de los de Cortés, y no
-de los ricos que venian de Narvaez, que querian mandar más que no él.
-
-Dejemos de platicar más desto, y digamos cómo el coronista Gómora dice
-en su historia que por no entender bien el Cristóbal de Olí á los
-naguatatos é intérpretes se volvia del camino de Guacachula, creyendo
-que era trato doble contra nosotros; y no fué ansí como dice, sino que
-los más principales capitanes de los del Narvaez, como les decian otros
-indios que estaban grandes escuadrones de mejicanos juntos y más que en
-lo de Méjico y Obtumba, y que con ellos estaba el señor de Méjico, que
-se decia Guatemuz, que entónces le habian alzado por Rey, como habian
-escapado tan mal parados de lo de Méjico, tuvieron grande temor de
-entrar en aquellas batallas, y por esta causa convocaron al Cristóbal
-de Olí que se volviese, y aunque todavía porfiaba de ir adelante, esta
-es la verdad.
-
-Y tambien dice que fué el mismo Cortés á aquella guerra cuando el
-Cristóbal de Olí se volvia; no fué ansí, que el mismo Cristóbal de Olí,
-maestre de campo, es el que fué, como dicho tengo.
-
-Tambien dice dos veces que los que informaron á los de Narvaez cómo
-estaban los muchos millares de indios juntos, que fueron los de
-Guaxocingo, cuando pasaban por aquel pueblo.
-
-Tambien digo que se engañó, porque claro está que para ir desde Tepeaca
-á Cachula no habian de volver atrás por Guaxocingo, que era ir como si
-estuviésemos agora en Medina del Campo, y para ir á Salamanca tomar el
-camino por Valladolid; no es más lo uno en comparacion de lo otro.
-
-Y dejemos ya esta materia, y digamos lo que más en aquel instante
-aconteció, é fué que vino un navío al puerto del peñol del Nombre-Feo,
-que se decia el Tal de Bernal, junto á la Villa-Rica, que venia de lo
-de Pánuco, que era de los que enviaba Garay, y venia en él por capitan
-uno que se decia Camargo, y lo que pasó adelante diré.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXIII.
-
-CÓMO APORTÓ AL PEÑOL Y PUERTO QUE ESTÁ JUNTO Á LA VILLA-RICA UN NAVÍO
-DE LOS DE FRANCISCO GARAY, QUE HABIA ENVIADO Á POBLAR EL RIO DE PÁNUCO,
-Y LO QUE SOBRE ELLO MÁS PASÓ.
-
-
-Estando que estábamos en Segura de la Frontera, de la manera que en mi
-relacion habrán oido, vinieron cartas á Cortés cómo habia aportado un
-navío de los que el Francisco de Garay habia enviado á poblar á Pánuco,
-é que venia por capitan uno que se decia Fulano Camargo, y traia
-sobre sesenta soldados, y todos dolientes y muy amarillos é hinchadas
-las barrigas, y que habian dicho que otro capitan que el Garay habia
-enviado á poblar á Pánuco, que se decia Fulano Álvarez Pinedo, que los
-indios del Pánuco lo habian muerto, y á todos los soldados y caballos
-que habia enviado á aquella provincia, y que los navíos se los habian
-quemado; y que este Camargo, viendo el mal suceso, se embarcó con los
-soldados que dicho tengo, y se vino á socorrer á aquel puerto, porque
-bien tenia noticia que estábamos poblados allí, y á causa que por
-sustentar las guerras con los indios no tenian qué comer, y venian muy
-flacos y amarillos é hinchados; y más dijeron, que el capitan Camargo
-habia sido fraile dominico, é que habia hecho profesion; los cuales
-soldados, con su capitan, se fueron luego su poco á poco á la villa de
-la Frontera, porque no podian andar á pié de flacos; y cuando Cortés
-los vió tan hinchados y amarillos, que no eran para pelear, harto
-teniamos que curar en ellos; al Camargo hizo mucha honra, y á todos
-los soldados, y tengo que el Camargo murió luego, que no me acuerdo
-bien qué se hizo, y tambien se murieron muchos soldados; y entónces
-por burlar les llamamos y pusimos por nombre los panzaverdetes, porque
-traian las colores de muertos y las barrigas muy hinchadas.
-
-Y por no me detener en contar cada cosa en qué tiempo y lugar
-acontecian, pues eran todos los navíos que en aquel tiempo venian á la
-Villa-Rica del Garay, y puesto que se vinieron los unos de los otros
-un mes delanteros, hagamos cuenta que todos aportaron á aquel puerto,
-agora sea un mes ántes los unos que los otros; y esto digo porque
-vino luego un Miguel Diaz de Auz, aragones, por capitan de Francisco
-de Garay, el cual le enviaba para socorro al capitan Fulano Álvarez
-Pinedo, que creia que estaba en Pánuco; y como llegó al puerto del
-Pánuco, y no halló ni pelo de la armada de Garay, luego entendió por lo
-que vido que le habian muerto; porque al Miguel Diaz le dieron guerra,
-luego que llegó con un navío, los indios de aquella provincia, y por
-aquel efeto vino á aquel nuestro puerto y desembarcó sus soldados, que
-eran más de cincuenta, y más siete caballos, y se fué luego para donde
-estábamos con Cortés; y este fué el mejor socorro y al mejor tiempo que
-le habiamos menester.
-
-Y para que bien sepan quién fué este Miguel Diaz de Auz, digo yo
-que sirvió muy bien á su majestad en todo lo que se ofreció en las
-guerras y conquistas de la Nueva-España, y este fué el que trajo
-pleito, despues de ganada la Nueva-España, con un cuñado de Cortés,
-que se decia Andrés de Barrios, natural de Sevilla, que llamábamos el
-danzador, sobre el pleito de la mitad de Mestitan, que se sentenció
-despues con que le dén la parte de lo que rentare el pueblo, más de dos
-mil y quinientos pesos de su parte, con tal que no entre en el pueblo
-por dos años, porque en lo que le acusaban era que habia muerto ciertos
-indios en aquel pueblo y en otros que habian tenido.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos que desde á pocos dias que Miguel
-Diaz de Auz habia venido á aquel puerto de la manera que dicho tengo,
-aportó luego otro navío que enviaba el mismo Garay en ayuda y socorro
-de su armada, creyendo que todos estaban buenos y sanos en el rio de
-Pánuco, y venia en él por capitan un viejo que se decia Ramirez, é ya
-era hombre anciano, y á esta causa le llamamos Ramirez el viejo, porque
-habia en nuestro real dos Ramirez, y traia sobre cuarenta soldados y
-diez caballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y el Francisco de
-Garay no hacia sino echar unos navíos tras de otros al perdido y todo
-era favorecer y enviar socorro á Cortés, tan buena fortuna le ocurria,
-y á nosotros era de gran ayuda; y todos estos de Garay que dicho tengo
-fueron á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los soldados que traia
-Miguel Diaz de Auz venian muy recios y gordos, les pusimos por nombre
-los de los lomos recios; y los que traia el viejo Ramirez traian unas
-armas de algodon de tanto gordor, que no las pasara ninguna flecha, y
-pesaban mucho, y pusímosles por nombre los de las albardillas; y cuando
-fueron los capitanes que dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha
-honra.
-
-Dejemos de contar de los socorros que teniamos de Garay, que fueron
-buenos, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á una entrada
-á unos pueblos que se dicen Xalacingo y Cacatami.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXIV.
-
-CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á GONZALO DE SANDOVAL Á PACIFICAR LOS PUEBLOS DE
-XALACINGO Y CACATAMI, Y LLEVÓ DUCIENTOS SOLDADOS Y VEINTE DE Á CABALLO
-Y DOCE BALLESTEROS, Y PARA QUE SUPIESE QUÉ ESPAÑOLES MATARON EN ELLOS,
-Y QUE MIRASE QUÉ ARMAS LES HABIAN TOMADO Y QUÉ TIERRA ERA, Y LES
-DEMANDASE EL ORO QUE ROBARON, Y DE LO QUE MÁS EN ELLO PASÓ.
-
-
-Como ya Cortés tenia copia de soldados y caballos y ballestas, é se
-iba fortaleciendo con los dos navichuelos que envió Diego Velazquez,
-y envió en ellos por capitanes á Pedro Barba y Rodrigo de Morejon
-de Lobera, y trajeron en ellos sobre veinte y cinco soldados, y dos
-caballos y una yegua, y luego vinieron los tres navíos de los de Garay,
-que fué el primero capitan que vino, Camargo, y el segundo Miguel Diaz
-de Auz, y el postrero Ramirez el viejo, y traian entre todos estos
-capitanes que he nombrado sobre ciento y veinte soldados y diez y siete
-caballos é yeguas, é las yeguas eran de juego y de carrera.
-
-Y Cortés tuvo noticia de que en unos pueblos que se dicen Cacatami y
-Xalacingo, é en otros sus comarcanos, habian muerto muchos soldados de
-los de Narvaez que venian camino de Méjico, é ansimesmo que en aquellos
-pueblos habian muerto y robado el oro á un Juan de Alcántara é á otros
-dos vecinos de la Villa-Rica, que era lo que les habia cabido de las
-partes á todos los vecinos que quedaban en la misma villa, segun más
-largo lo he escrito en el capítulo que dello se trata; y envió Cortés
-para hacer aquella entrada por capitan á Gonzalo de Sandoval, que era
-alguacil mayor, y muy esforzado y de buenos consejos, y llevó consigo
-ducientos soldados, todos los más de los nuestros de Cortés, y veinte
-de á caballo é doce ballesteros y buena copia de tlascaltecas; y ántes
-que llegase á aquellos pueblos supo que estaban todos puestos en armas,
-y juntamente tenian consigo guarniciones de mejicanos, é que se habian
-muy bien fortalecido con albarradas y pertrechos, porque bien habian
-entendido que por las muertes de los españoles que habian muerto,
-que luego habiamos de ser contra ellos para los castigar, como á los
-de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco; y Sandoval ordenó muy bien sus
-escuadrones y ballesteros, y mandó á los de á caballo cómo y de qué
-manera habian de ir y romper; y primero que entrasen en su tierra les
-envió mensajeros á decilles que viniesen de paz y que diesen el oro
-y armas que habian robado, é que la muerte de los españoles se les
-perdonaria.
-
-Y á esto de les enviar mensajeros á decilles que viniesen de paz fueron
-tres ó cuatro veces, y la respuesta que les enviaban era, que allá
-iban; que como habian muerto é comido los teules que les demandaban,
-que ansí harian al capitan y á todos los que llevaba; por manera que
-no aprovechaban mensajes; y otra vez les tornó á enviar á decir que él
-les haria esclavos por traidores y salteadores de caminos, y que se
-aparejasen á defender; y fué Sandoval con sus compañeros y les entró
-por dos partes; que puesto que peleaban muy bien todos los mejicanos
-y los naturales de aquellos pueblos, sin más referir lo que allí en
-aquellas batallas pasó, los desbarató, y fueron huyendo todos los
-mejicanos y caciques de aquellos pueblos, y siguió el alcance y se
-prendieron muchas gentes menudas; que de los indios no se curaban, por
-no tener qué guardar; y hallaron en unos cues de aquel pueblo muchos
-vestidos, y armas, y frenos de caballos y dos sillas, y otras muchas
-cosas de la jineta, que habian presentado á sus indios; y acordó
-Sandoval de estar allí tres dias, y vinieron los caciques de aquellos
-pueblos á pedir perdon y á dar la obediencia á su majestad Cesárea; y
-Sandoval les dijo que diesen el oro que habian robado á los españoles
-que mataron é que luego les perdonaria; y respondieron que el oro, que
-los mejicanos lo hubieron y que lo enviaron al señor de Méjico que
-entónces habian alzado por Rey, y que no tenian ninguno; por manera,
-que les mandó que en cuanto el perdon, que fuesen adonde estaba el
-Malinche, é que él les hablaria é perdonaria; y ansí, se volvió con una
-buena presa de mujeres y muchachos, que echaron el hierro por esclavos.
-
-Y Cortés se holgó mucho cuando le vió venir bueno y sano, puesto que
-traia cosa de ocho soldados mal heridos y tres caballos ménos, y aun
-el Sandoval traia un flechazo; é yo no fuí en esta entrada, que estaba
-muy malo de calenturas y echaba sangre por la boca; é gracias á Dios,
-estuve bueno porque me sangraron muchas veces.
-
-É como Gonzalo de Sandoval habia dicho á los caciques de Xalacingo é
-Cacatami que viniesen á Cortés á demandar paces, no solamente vinieron
-aquellos pueblos solos, sino tambien otros muchos de la comarca, y
-todos dieron la obediencia á su majestad, y traian de comer á aquella
-villa adonde estábamos.
-
-É fué aquella entrada que hizo de mucho provecho, y se pacificó toda
-la tierra; y dende en adelante tenia Cortés tanta fama en todos los
-pueblos de la Nueva-España, lo uno de muy justificado y lo otro de muy
-esforzado, que á todos ponia temor, y muy mayor á Guatemuz, el señor
-y rey nuevamente alzado en Méjico; y tanta era la autoridad, ser y
-mando que habia cobrado nuestro Cortés, que venian ante él pleitos
-de indios de léjas tierras, en especial sobre cosas de cacicazgos y
-señoríos; que, como en aquel tiempo anduvo la viruela tan comun en la
-Nueva-España, fallecian muchos caciques, y sobre á quién le pertenecia
-el cacicazgo y ser señor y partir tierras ó vasallos ó bienes venian á
-nuestro Cortés, como á señor absoluto de toda la tierra, para que por
-su mano é autoridad alzase por señor á quien le pertenecia.
-
-Y en aquel tiempo vinieron del pueblo de Ozucar y Guacachula, otras
-veces ya por mí nombrado; porque en Ozucar estaba casada una parienta
-muy cercana de Montezuma con el señor de aquel pueblo, y tenian un
-hijo que decian era sobrino del Montezuma, é segun parece, heredaba el
-señorío, é otros decian que le pertenecia á otro señor, y sobre ello
-tuvieron muy grandes diferencias, y vinieron á Cortés, y mandó que le
-heredase el pariente de Montezuma, y luego cumplieron su mandato; é
-ansí vinieron de otros muchos pueblos de á la redonda sobre pleitos, y
-á cada uno mandaba dar sus tierras y vasallos, segun sentia por derecho
-que les pertenecia.
-
-Y en aquella sazon tambien tuvo noticia Cortés que en un pueblo que
-estaba de allí seis leguas, que se decia Cocotlan, y le pusimos por
-nombre Castilblanco (como ya otras veces he dicho, dando la causa por
-qué se le puso este nombre), habian muerto nueve españoles, envió al
-mismo Gonzalo de Sandoval para que los castigase y los trajese de paz,
-y fué allá con treinta de á caballo y cien soldados, y ocho ballesteros
-y cinco escopeteros, y muchos tlascaltecas, que siempre se mostraron
-muy aficionados y eran buenos guerreros.
-
-Y despues de hechos sus requerimientos y protestaciones, que vieron
-y les enviaron á decir otras muchas cosas de cumplimientos con cinco
-indios principales de Tepeaca, y si no venian que les daria guerra y
-haria esclavos.
-
-Y pareció ser estaban en aquel pueblo otros escuadrones de mejicanos en
-su guarda y amparo, y respondieron que señor tenian, que era Guatemuz;
-que no habian menester ni venir ni ir á llamado de otro señor; que
-si allá fuesen, que en el camino les hallarian, que no se les habian
-ahora fallecido las fuerzas ménos que las tenian en Méjico y puentes y
-calzadas, é que ya sabian á qué tanto llegaban nuestras valentías.
-
-Y cuando aquello oyó Sandoval, puesta muy en órden su gente cómo habia
-de pelear, y los de á caballo y escopeteros y ballesteros, mandó á los
-tlascaltecas que no se metiesen en los enemigos al principio, porque
-no estorbasen á los caballos y porque no corriesen peligro, ó hiriesen
-algunos dellos con las ballestas y escopetas ó los atropellasen con los
-caballos, hasta haber rompido los escuadrones, y cuando los hubiesen
-desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y siguiesen el alcance; y
-luego comenzó á caminar hácia el pueblo, y salen al camino y encuentro
-dos escuadrones de guerreros junto á unas fuerzas y barrancas, y allí
-estuvieron fuertes un rato, y con las ballestas y escopetas les hacian
-mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lugar de pasar aquella fuerza
-é albarradas con los caballos; y aunque le hirieron nueve caballos, y
-uno murió, y tambien le hirieron cuatro soldados, como se vió fuera
-de mal paso é tuvo lugar por donde corriesen los caballos, y aunque
-no era buena tierra ni llano, que habia muchas piedras, da tras
-los escuadrones, rompiendo por ellos, que los llevó hasta el mismo
-pueblo, adonde estaba un gran patio, y allí tenian otra fuerza y unos
-cues, adonde se tornaron á hacer fuertes; y puesto que peleaban muy
-bravosamente, todavía los venció, y mató hasta siete indios, porque
-estaban en malos pasos; y los tlascaltecas no habian menester mandalles
-que siguiesen el alcance, que con la ganancia, como eran guerreros,
-ellos tenian el cargo, especialmente como sus tierras no estaban léjos
-de aquel pueblo; allí se hubieron muchas mujeres y gente menuda, y
-estuvo allí el Gonzalo de Sandoval dos dias, y envió á llamar los
-caciques de aquel pueblo con unos principales de Tepeaca que iban
-en su compañía, y vinieron, y demandaron perdon de la muerte de los
-españoles, y Sandoval les dijo que si daban las ropas y hacienda que
-robaron de los que mataron, que se les perdonaria, y respondieron
-que todo lo habian quemado y que no tenian ninguna cosa, y que los
-que mataron, que los más dellos habian ya comido, y que cinco teules
-enviaron vivos á Guatemuz, su señor, y que ya habian pagado la pena con
-los que agora les habian muerto en el campo y en el pueblo; que les
-perdonase, é que llevarian muy bien de comer y bastecerian la villa
-donde estaba Malinche.
-
-Y como el Gonzalo de Sandoval vió que no se podia hacer más, les
-perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en lo que les mandasen; y
-con este recaudo se fué á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de
-todos los del real.
-
-Donde dejaré de hablar más en ello, y digamos cómo se herraron todos
-los esclavos que se habian habido en aquellos pueblos y provincia, y lo
-que sobre ello se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXV.
-
-CÓMO SE RECOGIERON TODAS LAS MUJERES Y ESCLAVOS DE TODO NUESTRO REAL
-QUE HABIAMOS HABIDO EN AQUELLO DE TEPEACA Y CACHULA, TECAMECHALCO Y EN
-CASTILBLANCO Y EN SUS TIERRAS, PARA QUE SE HERRASEN CON EL HIERRO EN
-NOMBRE DE SU MAJESTAD, Y LO QUE SOBRE ELLO PASÓ.
-
-
-Como Gonzalo de Sandoval hubo llegado á la villa de Segura de la
-Frontera, de hacer aquellas entradas que ya he dicho, y en aquella
-provincia todos los teniamos ya pacíficos, y no teniamos por entónces
-donde ir á entrar, porque todos los pueblos de los rededores habian
-dado la obediencia á su Majestad, acordó Cortés, con los oficiales
-del Rey, que se herrasen las piezas y esclavos que se habian habido,
-para sacar su quinto, despues que se hubiese primero sacado el de su
-majestad, y para ello mandó dar pregones en el real é villa que todos
-los soldados llevásemos á una casa que estaba señalada para aquel
-efeto á herrar todas las piezas que tuviesen recogidas, y dieron de
-plazo aquel dia que se pregonó y otro; y todos ocurrimos con todas las
-indias, muchachas y muchachos que habiamos habido; que de hombres de
-edad no nos curábamos dellos, que eran malos de guardar, y no habiamos
-menester su servicio, teniendo á nuestros amigos los tlascaltecas.
-
-Pues ya juntas todas las piezas, y hecho el hierro, que era una G
-como esta, que queria decir guerra, cuando no nos catamos, apartan el
-real quinto, y luego sacan otro quinto para Cortés; y demás desto,
-la noche ántes, cuando metimos las piezas, como he dicho en aquella
-casa, habian ya escondido y tomado las mejores indias, que no pareció
-allí ninguna buena, y al tiempo del repartir dábannos las viejas y
-ruines; y sobre esto hubo muy grandes murmuraciones contra Cortés y
-de los que mandaban hurtar y esconder las buenas indias; y de tal
-manera se lo dijeron al mismo Cortés soldados de los de Narvaez, que
-juraban á Dios que no habian visto tal, haber dos Reyes en la tierra
-de nuestro Rey y señor y sacar dos quintos; y uno de los soldados que
-se lo dijeron fué un Juan Bono de Quejo; y más dijo, que no estarian
-en tal tierra, y que lo harian saber en Castilla á su majestad y á los
-de su Real Consejo de Indias; y tambien dijo á Cortés otro soldado muy
-claramente que no bastó repartir el oro que se habia habido en Méjico
-de la manera que lo repartió, y que cuando estaba repartiendo las
-partes decia que eran trecientos mil pesos los que se habian llegado,
-y que cuando salimos huyendo de Méjico mandó tomar por testimonio que
-quedaban más de setecientos mil, y que agora el pobre soldado que
-habia echado los bofes y estaba lleno de heridas por haber una buena
-india, y les habian dado enaguas y camisas, habian tomado y escondido
-las tales indias, y que cuando dieron el pregon para que se llevasen
-á herrar, que creyeron que á cada soldado volverian sus piezas y que
-apreciarian qué tantos pesos valian, y que como las apreciasen pagasen
-el quinto á su majestad, y que no habria más quinto para Cortés; y
-decian otras murmuraciones peores que estas; y como Cortés aquello vió,
-con palabras algo blandas dijo que juraba en su conciencia (que aquesto
-tenia costumbre de jurar) que de allí adelante no seria ni se haria de
-aquella manera, sino que buenas ó malas indias, sacallas al almoneda,
-y la buena que se venderia por tal, y la que no lo fuese por ménos
-precio, y de aquella manera no ternian que reñir con él.
-
-Y puesto que allí en Tepeaca no se hicieron más esclavos, mas despues
-en lo de Tezcuco casi que fué desta manera, como adelante diré.
-
-Y dejaré de hablar en esta materia, y digamos otra cosa casi peor que
-esto de los esclavos, y es que ya he dicho en el capítulo que dello
-habla, cuando la triste noche que salimos de Méjico huyendo, cómo
-quedaban en la sala donde posaba Cortés muchas barras de oro perdido,
-que no lo podian sacar, más de lo que cargaron en la yegua y caballos
-y muchos tlascaltecas, y lo que hurtaron los amigos y otros soldados
-que cargaron dello; y como lo demás se quedaba perdido en poder de los
-mejicanos, Cortés dijo delante de un escribano del Rey que cualquiera
-que quisiese sacar oro de lo que allí quedaba, que se lo llevase mucho
-en buena hora por suyo, como se habia de perder; y muchos soldados de
-los de Narvaez cargaron dello, y asimismo algunos de los nuestros, y
-por sacallo perdieron muchos dellos las vidas, y los que escaparon con
-la presa que traian, habian estado en gran riesgo de morir y salieron
-llenos de heridas.
-
-Y como en nuestro real y villa de Segura de la Frontera, que así se
-llamaba, alcanzó Cortés á saber que habia muchas barras de oro, y que
-andaban en el juego, y como dice el refran que el oro y amores son
-malos de encubrir, mandó dar un pregon, so graves penas, que traigan á
-manifestar el oro que sacaron, y que les dará la tercia parte dello, y
-si no lo traen, que se lo tomará todo; y muchos soldados de los que lo
-tenian no lo quisieron dar, y alguno se lo tomó Cortés como prestado,
-y más por fuerza que por grado; y como todos los más capitanes tenian
-oro, y aun los oficiales del Rey muy mejor, que hicieron sacos dello,
-se calló lo del pregon, que no se habló en ello; mas pareció muy mal
-esto que mandó Cortés.
-
-Dejémoslo ya de más declarar, y digamos cómo todos los demás capitanes
-y personas principales de los que pasaron con Narvaez demandaron
-licencia á Cortés para se volver á Cuba, y Cortés se la dió, y lo que
-más acaeció.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVI.
-
-CÓMO DEMANDARON LICENCIA Á CORTÉS LOS CAPITANES Y PERSONAS MÁS
-PRINCIPALES DE LOS QUE NARVAEZ HABIA TRAIDO EN SU COMPAÑÍA PARA SE
-VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y CORTÉS SE LA DIÓ Y SE FUERON.
-
-Y DE CÓMO DESPACHÓ CORTÉS EMBAJADORES PARA CASTILLA Y PARA SANTO
-DOMINGO Y JAMÁICA, Y LO QUE SOBRE CADA COSA ACAECIÓ.
-
-
-Como vieron los capitanes de Narvaez que ya teniamos socorros, así
-de los que vinieron de Cuba como los de Jamáica que habia enviado
-Francisco de Garay para su armada, segun lo tengo declarado en el
-capítulo que dello habla, y vieron que los pueblos de la provincia de
-Tepeaca estaban pacíficos, despues de muchas palabras que á Cortés
-dijeron, con grandes ofertas y ruegos le suplicaron que les diese
-licencia para se volver á la isla de Cuba, pues se lo habia prometido,
-y luego Cortés se la dió, y les prometió que si volvia á ganar la
-Nueva-España y ciudad de Méjico, que al Andrés de Duero, su compañero,
-que le daria mucho más oro que le habia de ántes dado; y así hizo
-otras ofertas á los demás capitanes, en especial á Agustin Bermudez,
-y les mandó dar matalotaje que en aquella sazon habia, que era maíz
-y perrillos salados y algunas gallinas, y un navío de los mejores, y
-escribió Cortés á su mujer Catalina Juarez la Marcaida y á Juan Nuñez,
-su cuñado, que en aquella sazon vivia en la isla de Cuba, y les envió
-ciertas barras y joyas de oro, y les hizo saber todas las desgracias y
-trabajos que nos habian acaecido, y cómo nos echaron de Méjico.
-
-Dejemos esto, y digamos las personas que pidieron la licencia para
-se volver á Cuba, que todavía iban ricos, y fueron Andrés de Duero
-y Agustin Bermudez, y Juan Bono de Quejo y Bernardino de Quesada, y
-Francisco Velazquez el corcovado, pariente del Diego Velazquez el
-gobernador de Cuba, y Gonzalo Carrasco el que vive en la Puebla, que
-despues se volvió á esta Nueva-España, y un Melchor de Velasco, que
-fué vecino de Guatimala, y un Jimenez que vive en Guajaca, que fué por
-sus hijos, y el comendador Leon de Cervantes, que fué por sus hijas,
-que despues de ganado Méjico las casó muy honradamente, y se fué uno
-que se decia Maldonado, natural de Medellin, que estaba doliente; no
-digo Maldonado el que fué marido de doña María del Rincon, ni por
-Maldonado el ancho, ni otro Maldonado que se decia Álvaro Maldonado
-el fiero, que fué casado con una señora que se decia María Arias; y
-tambien se fué un Vargas, vecino de la Trinidad, que le llamaban en
-Cuba Vargas el galan: no digo el Vargas que fué suegro de Cristóbal
-Lobo, vecino que fué de Guatimala; y se fué un soldado de los de
-Cortés, que se decia Cárdenas, piloto; aquel Cárdenas fué el que dijo
-á un su compañero que ¿cómo podiamos reposar los soldados teniendo dos
-Reyes en esta Nueva-España? Este fué á quien Cortés dió trecientos
-pesos para que se fuese con su mujer é hijos.
-
-Y por excusar prolijidad de ponellos todos por memoria, se fueron
-otros muchos que no me acuerdo bien sus nombres; y cuando Cortés les
-dió la licencia, dijimos que para qué se la daba, pues que éramos
-pocos los que quedábamos; y respondió que por excusar escándalos é
-importunaciones, y que ya veiamos que para la guerra algunos de los
-que se volvian á Cuba no lo eran, y que valía más estar solos que mal
-acompañados; y para los despachar del puerto envió Cortés á Pedro de
-Albarado; y en habiéndolos embarcado, le mandó que se volviese luego á
-la villa.
-
-Y digamos ahora que tambien envió á Castilla á Diego de Ordás y á
-Alonso de Mendoza, natural de Medellin y de Cáceres, con ciertos
-recaudos de Cortés, que yo no sé otros que llevase nuestros, ni nos dió
-parte de cosa de los negocios que enviaba á tratar con su majestad,
-ni lo que pasó en Castilla yo no lo alcancé á saber, salvo que á
-boca llena decia el Obispo de Búrgos delante del Diego de Ordás que
-así Cortés como todos los soldados que pasamos con él éramos malos
-y traidores, puesto que el Ordás sé cierto respondia muy bien por
-todos nosotros; y entónces le dieron al Ordás una encomienda de señor
-Santiago, y por armas el volcan que está entre Guaxocingo y cerca de
-Cholula; y lo que negoció adelante lo diré, segun lo supimos por carta.
-
-Dejemos esto aparte, y diré cómo Cortés envió á Alonso de Ávila, que
-era capitan y contador desta Nueva-España, y juntamente con él envió
-otro hidalgo que se decia Francisco Álvarez Chico, que era hombre
-que entendia de negocios; y mandó que fuesen con otro navío para la
-isla de Santo Domingo, á hacer relacion de todo lo acaecido á la Real
-audiencia que en ella residia; y á los frailes jerónimos que estaban
-por gobernadores de todas las islas, que tuviesen por bueno lo que
-habiamos hecho en las conquistas y el desbarate de Narvaez, y cómo
-habia hecho esclavos en los pueblos que habian muerto españoles y se
-habian quitado de la obediencia que habian dado á nuestro Rey y señor,
-y que así se entendia hacer en todos los más pueblos que fueron de la
-liga y nombre de mejicanos; y que suplicaba que hiciese relacion dello
-en Castilla á nuestro gran Emperador, y tuviesen en la memoria los
-grandes servicios que siempre le haciamos, y que por su intercesion y
-de la Real audiencia fuésemos favorecidos con justicia contra la mala
-voluntad y obras que contra nosotros trataba el Obispo de Búrgos y
-Arzobispo de Rosano; y tambien envió otro navío á la isla de Jamáica
-por caballos é yeguas, y el capitan que con él fué se decia Fulano de
-Solís, que despues de ganado Méjico le llamamos Solís de la huerta,
-yerno de uno que se decia el bachiller Ortega.
-
-Bien sé que dirán algunos curiosos letores que sin dineros cómo enviaba
-al Diego de Ordás á negocios á Castilla, pues está claro que para
-Castilla y para otras partes son menester dineros; y que asimismo
-envió á Alonso de Ávila y á Francisco Álvarez Chico á Santo Domingo á
-negocios, y á la isla de Jamáica por caballos é yeguas.
-
-Á esto digo que, como al salir de Méjico salimos huyendo la noche por
-mí muchas veces referida, que, como quedaban en la sala muchas barras
-de oro perdido en un monton, que todos los más soldados apañaban dello;
-en especial los de á caballo, y los de Narvaez mucho mejor, y los
-oficiales de su majestad que lo tenian en poder y cargo llevaron los
-fardos hechos.
-
-Y demás de esto, cuando se cargaron de oro más de ochenta indios
-tlascaltecas por mandado de Cortés, y fueron los primeros que salieron
-en las puentes, vista cosa era que salvarian muchas cargas dello, que
-no se perderia todo en la calzada; y como nosotros los pobres soldados
-que no teniamos mando, sino ser mandados, en aquella sazon procurábamos
-de salvar nuestras vidas, y despues de curar nuestras heridas, á
-esta causa no mirábamos en el oro, si salieron muchas cargas dello
-en las puentes ó no, ni se nos daba por mucho por ello; y Cortés con
-algunos de nuestros capitanes lo procuraron de haber de algunos de los
-tlascaltecas que lo sacaron, y tuvimos sospecha que los cuarenta mil
-pesos de las partes de los de la Villa-Rica, que tambien lo hubo y echó
-fama que lo habian robado, y con ello envió á Castilla á los negocios
-de su persona y á comprar caballos, y á la isla de Santo Domingo á la
-audiencia Real; porque en aquel tiempo todos se callaban con las barras
-de oro que tenian, aunque más pregones habian dado.
-
-Dejemos esto, y digamos como ya estaban de paz todos los pueblos
-comarcanos de Tepeaca, acordó Cortés que quedase en la villa de
-Segura de la Frontera por capitan un Francisco de Orozco con obra de
-veinte soldados que estaban heridos y dolientes; y con todos los más
-de nuestro ejército fuimos á Tlascala, y se dió órden que se cortase
-madera para hacer trece bergantines para ir otra vez sobre Méjico;
-porque hallábamos por muy cierto que para la laguna sin bergantines no
-la podiamos señorear ni podiamos dar guerra, ni entrar otra vez por
-las calzadas en aquella gran ciudad sino con gran riesgo de nuestras
-vidas; y el que fué maestro de cortar la madera y dar el galibo y
-cuenta y razon cómo habian de ser veleros y ligeros para aquel efeto,
-y los hizo, fué un Martin Lopez, que ciertamente, demás de ser un buen
-soldado, en todas las guerras sirvió muy bien á su majestad.
-
-En esto de los bergantines trabajó en ellos como fuerte varon, y me
-parece que si por dicha no viniera en nuestra compañía de los primeros,
-como vino, que hasta enviar por otro maestro á Castilla se pasara mucho
-tiempo, ó no viniera ninguno.
-
-Volveré á nuestra materia, é digamos ahora que cuando llegamos á
-Tlascala ya era fallecido de viruelas nuestro gran amigo y muy leal
-vasallo de su majestad Masse-Escaci, de la cual muerte nos pesó á
-todos; y Cortés lo sintió tanto, como él decia, como si fuera su
-padre, y se puso luto de mantas negras, y asimismo muchos de nuestros
-capitanes y soldados; y á sus hijos y parientes del Masse-Escaci Cortés
-y todos nosotros les haciamos mucha honra; y porque en Tlascala habia
-diferencias sobre el mando y cacicazgo, señaló y mandó que lo fuese
-un su hijo legítimo del Masse-Escaci, porque así se lo habia mandado
-su padre ántes que muriese; y aun dijo á sus hijos y parientes que
-mirasen que no saliesen del mandado de Malinche y de sus hermanos,
-porque ciertamente éramos los que habiamos de señorear esas tierras, y
-les dió otros muchos buenos consejos.
-
-Dejemos ya de contar del Masse-Escaci, pues ya es muerto, y digamos de
-Xicotenga el viejo y de Chichimecatecle y de todos los demás caciques
-de Tlascala, que se ofrecieron de servir á Cortés, así en cortar la
-madera para los bergantines como para todo lo demás que les quisiesen
-mandar en la guerra contra mejicanos, é Cortés los abrazó con mucho
-amor y les dió gracias por ello, especialmente á Xicotenga el viejo y á
-Chichimecatecle: y luego procuró que se volviese cristiano, y el buen
-viejo de Xicotenga de buena voluntad dijo que lo queria ser, y con la
-mayor fiesta que en aquella sazon se pudo hacer, en Tlascala le bautizó
-el padre de la Merced, y le puso nombre don Lorenzo de Vargas.
-
-Volvamos á decir de nuestros bergantines, que el Martin Lopez se dió
-tanta priesa en cortar la madera, con la gran ayuda de los indios que
-le ayudaban, que en pocos dias la tenia ya cortada toda, y señalada
-su cuenta en cada madero para qué parte y lugar habia de ser, segun
-tienen sus señales los oficiales, maestros y carpinteros de ribera; y
-tambien le ayudaba otro buen soldado que se decia Andrés Nuñez, é un
-viejo carpintero que estaba cojo de una herida, que se decia Ramirez
-el viejo; y luego despachó el Cortés á la Villa-Rica por mucho hierro
-y clavazon de los navíos que dimos al través, y por áncoras y velas é
-jarcias y cables y estopa, y por todo aparejo de hacer navíos, y mandó
-venir todos los herreros que habia, y á un Hernando de Aguilar, que era
-medio herrero, que ayudaba á machacar; y porque en aquel tiempo habia
-en nuestro real tres hombres que se decian Aguilar, llamamos á este
-Hernando de Aguilar Maja-hierro; y envió por capitan á la Villa-Rica,
-por los aparejos que he dicho, para mandallo traer, á un Santa Cruz,
-burgalés, regidor que despues fué de Méjico, persona muy buen soldado y
-diligente; y hasta las calderas para hacer brea, y todo cuanto de ántes
-habian sacado de los navíos, trujo con más de mil indios, que todos los
-pueblos de aquellas provincias, enemigos de mejicanos, luego se los
-daban para traer las cargas.
-
-Pues como no teniamos pez para brear, ni aun los indios lo sabian
-hacer, mandó Cortés á cuatro hombres de la mar, que sabian de aquel
-oficio, que en unos pinares cerca de Guaxocingo, que los hay buenos,
-fuesen á hacer la pez.
-
-Pasemos adelante, puesto que no va muy á propósito de la materia en que
-estaba hablando, que me han preguntado ciertos caballeros curiosos,
-que conocian muy bien á Alonso de Ávila, que cómo, siendo capitan y
-muy esforzado, y era contador de la Nueva-España, y siendo belicoso y
-de su inclinacion más para guerra que no ir á solicitar negocios con
-los frailes jerónimos que estaban por gobernadores de todas las islas,
-¿por qué causa le envió Cortés, teniendo otros hombres que estaban
-más acostumbrados á negocios, como era un Alonso de Grado ó un Juan
-de Cáceres el rico, y otros que me nombraron? Á esto digo que Cortés
-le envió al Alonso de Ávila porque sintió dél ser muy varon, y porque
-osaria responder por nosotros conforme á justicia; y tambien le envió
-por causa que, como el Alonso de Ávila habia tenido diferencias con
-otros capitanes, y tenia gran atrevimiento de decir á Cortés cualquiera
-cosa que veia que convenia decille, y por escusar ruidos y por dar la
-capitanía que tenia á Andrés de Tapia, y la contaduría á Alonso de
-Grado, como luego se la dió, por estas razones le envió.
-
-Volvamos á nuestra relacion: pues viendo Cortés que ya era cortada la
-madera para los bergantines, y se habian ido á Cuba las personas por mí
-nombradas, que eran los de Narvaez, que los teniamos por sobre huesos,
-especialmente poniendo temores que siempre nos ponian, que no seriamos
-bastantes para resistir el gran poder de mejicanos, cuando oian que
-deciamos que habiamos de ir á poner cerco sobre Méjico; y libres
-de aquellos temores, acordó Cortés que fuésemos con todos nuestros
-soldados á Tezcuco, é sobre ello hubo grandes y muchos acuerdos; porque
-unos soldados decian que era mejor sitio y acequias y zanjas para hacer
-los bergantines, en Ayocingo, junto á Chalco, que no en la zanja
-y estero de Tezcuco; y otros porfiaban que mejor seria en Tezcuco,
-por estar en parte y sitio y cerca de muchos pueblos; y que teniendo
-aquella ciudad por nosotros, desde allí hariamos entradas en las
-tierras comarcanas de Méjico; y puestos en aquella ciudad, tomariamos
-el mejor parecer como sucediesen las cosas.
-
-Pues ya que estaba acordado lo por mí dicho, viene nueva y cartas, que
-trujeron tres soldados, de cómo habia venido á la Villa-Rica un navío
-de Castilla y de las islas de Canaria, de buen porte, cargado de muchas
-ballestas y tres caballos, é muchas mercaderías, escopetas, pólvora é
-hilo de ballestas, y otras armas; y venia por señor de la mercadería
-y navío un Juan de Búrgos, y por maestre un Francisco Medel, y venian
-trece soldados; y con aquella nueva nos alegramos en gran manera, y si
-de ántes que supiésemos del navío nos dábamos priesa en la partida para
-Tezcuco, mucho más nos dimos entónces, porque luego le envió Cortés á
-comprar todas las armas y pólvora y todo lo más que traia, y aun el
-mismo Juan de Búrgos y el Medel y todos los pasajeros que traia se
-vinieron luego para donde estábamos; con los cuales recibimos contento,
-viendo tan buen socorro y en tal tiempo.
-
-Acuérdome que entónces vino un Juan del Espinar, vecino que fué de
-Guatimala, persona que fué muy rico; y tambien vino un Sagredo, tio de
-una mujer que se decia la Sagreda, que estaba en Cuba, naturales de la
-villa de Medellin; tambien vino un vizcaino que se decia Monjaraz, tio
-que decia ser de Andrés de Monjaraz y Gregorio de Monjaraz, soldados
-que estaban con nosotros, y padre de una mujer que despues vino á
-Méjico, que se decia la Monjaraza, muy hermosa mujer.
-
-He traido aquí esto á la memoria por lo que adelante diré, y es que
-jamás fué el Monjaraz á guerra ninguna ni entrada con nosotros, porque
-andaba doliente en aquel tiempo; é ya que estaba muy bueno y sano
-é presumia de muy valiente soldado, cuando teniamos puesto cerco á
-Méjico dijo el Monjaraz que queria ir á ver cómo batallábamos con
-los mejicanos; porque no tenia á los mejicanos ni á otros indios por
-valientes; y fué, y se subió en un alto cu, como torrecilla, y nunca
-supimos, cómo ni de qué manera le mataron indios en aquel mismo dia,
-y muchas personas dijeron, que le habian conocido en la isla de Santo
-Domingo, que fué permision divina que muriese aquella muerte, porque
-habia muerto á su mujer, muy honrada y buena y hermosa, sin culpa
-ninguna, y que buscó testigos falsos que juraron que le hacia maleficio.
-
-Quiero dejar ya de contar cosas pasadas, y digamos cómo fuimos á la
-ciudad de Tezcuco, y lo que más pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVII.
-
-CÓMO CAMINAMOS CON TODO NUESTRO EJÉRCITO CAMINO DE LA CIUDAD DE
-TEZCUCO, Y LO QUE EN EL CAMINO NOS AVINO, Y OTRAS COSAS QUE PASARON.
-
-
-Como Cortés vió tan buena prevencion, así de escopetas y pólvora y
-ballestas y caballos, y conoció de todos nosotros, así capitanes como
-soldados, el gran deseo que teniamos de estar ya sobre la gran ciudad
-de Méjico, acordó de hablar á los caciques de Tlascala para que le
-diesen diez mil indios de guerra que fuesen con nosotros aquella
-jornada hasta Tezcuco, que es una de las mayores ciudades que hay en
-toda la Nueva-España, despues de Méjico; y como se lo demandó y les
-hizo un buen parlamento sobre ello, luego Xicotenga el viejo, que en
-aquella sazon se habia vuelto cristiano y se llamó don Lorenzo de
-Vargas, como dicho tengo, dijo que le placia de buena voluntad, no
-solamente diez mil hombres, sino muchos más si los querian llevar, y
-que iria por capitan dellos otro cacique muy esforzado é nuestro gran
-amigo que se decia Chichimeclatecle, y Cortés le dió las gracias por
-ello; y despues de hecho nuestro alarde, que ya no me acuerdo bien qué
-tanta copia éramos, así de soldados como de los demás, un dia despues
-de la Pascua de Navidad del año de 1520 años comenzamos á caminar
-con mucho concierto, como lo teniamos de costumbre.
-
-Fuimos á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, y los del mismo pueblo
-nos dieron lo que habiamos menester de allí adelante; era tierra de
-mejicanos, é íbamos más recatados, nuestra artillería puesta en mucho
-concierto, y ballesteros y escopeteros, y siempre cuatro corredores
-del campo á caballo, y otros cuatro soldados de espada y rodela muy
-sueltos, juntamente con los de á caballo para ver los pasos si estaban
-para pasar caballos, porque en el camino tuvimos aviso que estaba
-embarazado de aquel dia un mal paso, y la sierra con árboles cortados,
-porque bien tuvieron noticia en Méjico y en Tezcuco cómo caminábamos
-hácia su ciudad, y aquel dia no hallamos estorbo ninguno, y fuimos
-á dormir al pié de la sierra, que serian tres leguas, y aquella
-noche tuvimos buen frio, y con nuestras rondas y espías y velas y
-corredores del campo la pasamos; y cuando amaneció comenzamos á subir
-un puertezuelo y unos malos pasos como barrancas, y estaba cortada la
-sierra, por donde no podiamos pasar, y puesta mucha madera y pinos en
-el camino; y como llevábamos tantos amigos tlascaltecas, de presto
-se desembarazó, y con mucho concierto caminamos con una capitanía
-de escopetas y ballestas delante, y con nuestros amigos cortando y
-apartando árboles para poder pasar los caballos, hasta que subimos la
-sierra, y aun bajamos un poco abajo adonde se descubria la laguna de
-Méjico y sus grandes ciudades pobladas en el agua; y cuando la vimos
-dimos muchas gracias á Dios, que nos la tornó á dejar ver.
-
-Entónces nos acordamos de nuestro desbarate pasado, de cuando nos
-echaron de Méjico, y prometimos, si Dios fuese servido de darnos mejor
-suceso en esta guerra, de ser otros hombres en el trato y modo de
-cercarla; y luego bajamos la sierra, donde vimos grandes ahumadas que
-hacian, así los de Tezcuco como los de los pueblos sujetos; é andando
-más adelante, topamos con un buen escuadron de gente, guerreros de
-Méjico y de Tezcuco, que nos aguardaban á un mal paso, que era un
-arcabuezo donde estaba una puente como quebrada, de madera, algo honda,
-y corria un buen golpe de agua; mas luego desbaratamos los escuadrones
-y pasamos muy á nuestro salvo.
-
-Pues oir la grita que nos daban desde las estancias y barrancas, no
-hacian otra cosa, y era en parte que no podian correr caballos, y
-nuestros amigos los tlascaltecas les apañaban gallinas, y lo que podian
-roballes no les dejaban, puesto que Cortés les mandaban que si no
-diesen guerra, que no se la diesen; y los tlascaltecas decian que si
-estuvieran de buenos corazones y de paz, que no salieran al camino á
-darnos guerra, como estaban al paso de las barrancas y puente para no
-nos dejar pasar.
-
-Volvamos á nuestra materia, y digamos cómo fuimos á dormir á un pueblo
-sujeto de Tezcuco, y estaba despoblado, y puestas nuestras velas y
-rondas y escuchas y corredores del campo, y estuvimos aquella noche
-con cuidado no diesen en nosotros muchos escuadrones de mejicanos
-guerreros que estaban aguardándonos en unos malos pasos; de lo cual
-tuvimos aviso porque se prendieron cinco mejicanos en la puente primera
-que dicho tengo, y aquellos dijeron lo que pasaba de los escuadrones,
-y segun despues supimos, no se atrevieron á darnos guerra ni á más
-aguardar; porque, segun pareció, entre los mejicanos y los de Tezcuco
-tuvieron diferencias y bandos; y tambien, como aun no estaban muy
-sanos de las viruelas, que fué dolencia que en toda la tierra dió y
-cundió, y como habian sabido cómo en lo de Guacachula é Ozucar, y en
-Tepeaca y Xalacingo y Castiblanco todas las guarniciones mejicanas
-habiamos desbaratado, y asimismo corria fama, y así lo creian, que
-iban con nosotros en nuestra compañía todo el poder de Tlascala y
-Guaxocingo, acordaron de no nos aguardar; y todo esto Nuestro Señor
-Jesucristo lo encaminaba.
-
-Y desque amaneció, puestos todos nosotros en gran concierto, así
-artillería como escopetas y ballestas, y los corredores del campo
-adelante descubriendo tierra, comenzamos á caminar hácia Tezcuco, que
-seria de allí de donde dormimos obra de dos leguas; é aun no habiamos
-andado media legua cuando vimos volver nuestros corredores del campo
-muy alegres y dijeron á Cortés que venian hasta diez indios, y que
-traian unas señas y veletas de oro, y que no traian armas ningunas, y
-que en todas las caserías y estancias por donde pasaban no les daban
-grita ni voces como habian dado el dia ántes; ántes, al parecer, todo
-estaba de paz; y Cortés y todos nuestros capitanes y soldados nos
-alegramos, y luego mandó Cortés reparar, hasta que llegaron siete
-indios principales, naturales de Tezcuco, y traian una bandera de oro
-en una lanza larga, y ántes que llegasen abajaron su bandera y se
-humillaron, que es señal de paz; y cuando llegaron ante Cortés, estando
-doña Marina é Jerónimo de Aguilar, nuestras lenguas, delante, dijeron:
-
-—«Malinche, Cocoivacin, nuestro señor y señor de Tezcuco, te envia á
-rogar que le quieras recebir á tu amistad, y te está esperando de paz
-en su ciudad de Tezcuco, y en señal dello recibe esta bandera de oro;
-y que te pide por merced que mandes á todos los tlascaltecas é á tus
-hermanos que no les hagan mal en su tierra, y que te vayas á aposentar
-en su ciudad, y él te dará lo que hubieres menester.»
-
-Y más dijeron, que los escuadrones que allí estaban en las barrancas y
-pasos malos, que no eran de Tezcuco, sino mejicanos, que los enviaba
-Guatemuz.
-
-Y cuando Cortés oyó aquellas paces holgó mucho dellas, y asimismo todos
-nosotros, é abrazó á los mensajeros, en especial á tres dellos, que
-eran parientes del buen Montezuma, y los conociamos todos los más
-soldados, que habian sido sus capitanes, y considerada la embajada,
-luego mandó Cortés llamar los capitanes tlascaltecas, y les mandó muy
-afectuosamente que no hiciesen mal ninguno ni los tomasen cosa ninguna
-en toda la tierra, porque estaban de paz; y así lo hacian como se lo
-mandó; mas comida no se les defendia si era solamente maíz é frísoles,
-y aun gallinas y perrillos, que habia muchos en todas las casas, llenas
-dello.
-
-Y entónces Cortés tomó consejo con nuestros capitanes, y á todos les
-pareció que aquel pedir de paz y de aquella manera que eran fingido;
-porque si fueran verdaderas no vinieran tan arrebatadamente, y aun
-trujeran bastimento; y con todo esto, recebió Cortés la bandera, que
-valía hasta ochenta pesos, y dió muchas gracias á los mensajeros, y
-les dijo que no tenian por costumbre de hacer mal ni daño á ningunos
-vasallos de su majestad; ántes les favorecia y miraba por ellos, y
-que si guardaban las paces que decian, que les favoreceria contra
-los mejicanos, y que ya habia mandado á los tlascaltecas que no
-hiciesen daño en su tierra, como habian visto, y que así lo cumplirian
-adelante, y que bien sabia que en aquella ciudad mataron sobre cuarenta
-españoles nuestros hermanos cuando salimos de Méjico, y sobre ducientos
-tlascaltecas, y que robaron muchas cargas de oro y otros despojos
-que dellos hubieron; que ruega á su señor Cocoivacin é á todos los
-más caciques y capitanes de Tezcuco que le dén el oro y ropa, y que
-la muerte de los españoles, que pues ya no tenia remedio, que no les
-pediria.
-
-Y respondieron aquellos mensajeros que ellos lo dirian á su señor así
-como se lo mandaba; mas que el que los mandó matar fué el que en aquel
-tiempo alzaron en Méjico por señor despues de muerto Montezuma, que se
-decia Coadlauaca, é hubo todo el despojo, y le llevaron á Méjico todos
-los más teules, y que luego los sacrificaron á su Huichilóbos; y como
-Cortés vió aquella respuesta, por no los resabiar ni atemorizar, no les
-replicó en ello sino que fuesen con Dios, y quedó uno dellos en nuestra
-compañía, y luego nos fuimos á unos arrabales de Tezcuco, que se decian
-Guautinchan ó Huachutan, que ya se me olvidó el nombre, y allí nos
-dieron bien de comer y todo lo que hubimos menester, y aun derribamos
-unos ídolos que estaban en unos aposentos donde posábamos.
-
-Y otro dia de mañana fuimos á la ciudad de Tezcuco, y en todas las
-calles ni casas no veiamos mujeres ni muchachos ni niños, sino todos
-los indios como asombrados y como gente que estaba de guerra; y
-fuímonos á aposentar á unos aposentos y salas grandes, y luego mandó
-Cortés llamar á nuestros capitanes y todos los más soldados, y nos
-dijo que no saliésemos de unos patios grandes que allí habia, y que
-estuviésemos muy apercebidos, porque no le parecia que estaba aquella
-ciudad pacífica, hasta ver cómo y de qué manera estaba, y mandó al
-Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí é á otros soldados, y á mí con
-ellos, que subiésemos al gran cu, que era bien alto, y llevásemos hasta
-veinte escopeteros para nuestra guarda, y que mirásemos desde el alto
-cu la laguna y la ciudad, porque bien se parecia toda; y vimos que
-todos los moradores de aquellas poblaciones se iban con sus haciendas
-y hatos é hijos y mujeres, unos á los montes y otros á las carrizales
-que hay en la laguna, que toda iba cuajada de canoas, dellas grandes y
-otras chicas; y como Cortés lo supo, quiso prender al señor de Tezcuco
-que envió la bandera de oro, y cuando le fueron á llamar ciertos papas
-que envió Cortés por mensajeros, ya estaba puesto en cobro, que él fué
-el primero que se fué huyendo á Méjico, y fueron con él otros muchos
-principales.
-
-Y así se pasó aquella noche, que tuvimos grande recaudo de velas y
-rondas y espías, y otro dia muy de mañana mandó llamar Cortés á todos
-los más principales indios que habia en Tezcuco; porque, como es gran
-ciudad, habia otros muchos señores, partes contrarias del cacique que
-se fué huyendo, con quien tenian debates y diferencias sobre el mando
-y reino de aquella ciudad; y venidos ante Cortés, informado dellos
-cómo y de qué manera y desde qué tiempo acá señoreaba el Cocoivacin,
-dijeron que por codicia de reinar habia muerto malamente á su hermano
-mayor, que se decia Cuxcuxca, con favor que para ello le dió el señor
-de Méjico, que ya he dicho que se decia Coadlauaca, el cual fué el que
-nos dió la guerra cuando salimos huyendo despues de muerto Montezuma;
-é que allí habia otros señores á quien venia el reino de Tezcuco más
-justamente que no al que lo tenia, que era un mancebo que luego en
-aquella sazon se volvió cristiano con mucha solenidad, y le bautizó
-el fraile de la Merced, y se llamó don Hernando Cortés, porque fué su
-padrino nuestro capitan.
-
-É aqueste mancebo dijeron que era hijo legítimo del señor y Rey de
-Tezcuco, que se decia su padre Nezabal Pintzintli; y luego sin más
-dilaciones, con grandes fiestas y regocijos de todo Tezcuco, le alzaron
-por Rey y señor natural, con todas las ceremonias que á los tales Reyes
-solian hacer, é con mucha paz y en amor de todos sus vasallos y otros
-pueblos comarcanos, é mandaba muy absolutamente y era obedecido; y
-para mejor le industriar en las cosas de nuestra santa fe y ponelle en
-toda policía, y para que deprendiese nuestra lengua, mandó Cortés que
-tuviese por ayos á Antonio de Villareal, marido que fué de una señora
-hermosa que se dijo Isabel de Ojeda; é á un bachiller que se decia
-Escobar puso por capitan de Tezcuco, para que viese y defendiese que
-no contratase con el don Fernando ningun mejicano; y á un buen soldado
-que se decia Pedro Sanchez Farfan, marido que fué de la buena y honrada
-mujer María de Estrada.
-
-Dejemos de contar su gran servicio de aqueste cacique, y digamos cuán
-amado y obedecido fué de los suyos, y digamos cómo Cortés le demandó
-que diese mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más
-las acequias y zanjas por donde habiamos de sacar los bergantines á la
-laguna de que estuviesen acabados y puestos á punto para ir á la vela,
-y se le dió á entender al mismo don Hernando y á otros sus principales
-á qué fin y efeto se habian de hacer, y cómo y de qué manera habiamos
-de poner cerco á Méjico, y para todo ello se ofreció con todo su poder
-y vasallos, que no solamente aquello que le mandaba, sino que enviaria
-mensajeros á otros pueblos comarcanos para que se diesen por vasallos
-de su Majestad y tomasen nuestra amistad y voz contra Méjico.
-
-Y todo esto concertado, despues de nos haber aposentado muy bien, y
-cada capitanía por sí, y señalados los puestos y lugares donde habiamos
-de acudir si hubiese rebato de mejicanos, porque estábamos á guarda
-la raya de su laguna, porque de cuando en cuando enviaba Guatemuz
-grandes piraguas y canoas con muchos guerreros, y venian á ver si nos
-tomaban descuidados; y en aquella sazon vinieron de paz ciertos pueblos
-sujetos á Tezcuco, á demandar perdon y paz si en algo habian errado
-en las guerras pasadas, y habian sido en la muerte de los españoles,
-los cuales se decian Guatinchan; y Cortés les habló á todos muy
-amorosamente y les perdonó.
-
-Quiero decir que no habia dia ninguno que dejasen de andar en la obra y
-zanja y acequia de siete á ocho mil indios, y la abrian y ensanchaban
-muy bien, que podian nadar por ella navíos de gran porte.
-
-Y en aquella sazon, como teniamos en nuestra compañía sobre siete mil
-tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar honra y de guerrear contra
-mejicanos, acordó Cortés, pues que tan fieles compañeros teniamos, que
-fuésemos á entrar y dar una vista á un pueblo que se dice Iztapalapa,
-el cual pueblo fué por donde habiamos pasado cuando la primera vez
-venimos para Méjico, y el señor dél fué el que alzaron por Rey en
-Méjico despues de la muerte del gran Montezuma, que ya he dicho otras
-veces que se decia Coadlauaca; y de aqueste pueblo, segun supimos,
-recebiamos mucho daño, porque eran muy contrarios contra Chalco y
-Talmalanco y Mecameca y Chimaloacan, que querian venir á tener nuestra
-amistad, y ellos lo estorbaban; y como habia ya doce dias que estábamos
-en Tezcuco sin hacer cosa que de contar sea, fuimos á aquella entrada
-de Iztapalapa.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXVIII.
-
-CÓMO FUIMOS Á IZTAPALAPA CON CORTÉS, Y LLEVÓ EN SU COMPAÑÍA Á CRISTÓBAL
-DE OLÍ Y Á PEDRO DE ALBARADO, Y QUEDÓ GONZALO DE SANDOVAL POR GUARDA DE
-TEZCUCO, Y LO QUE NOS ACAECIÓ EN LA TOMA DE AQUEL PUEBLO.
-
-
-Pues como habia doce dias que estábamos en Tezcuco, y teniamos los
-tlascaltecas, por mí ya otra vez nombrados, que estaban con nosotros, y
-porque tuviesen qué comer, porque para tantos como eran no se lo podian
-dar abastadamente los de Tezcuco, y porque no recibiesen pesadumbre
-dello; y tambien porque estaban deseosos de guerrear con mejicanos, y
-se vengar por los muchos tlascaltecas que en las derrotas pasadas les
-habian muerto y sacrificado, acordó Cortés que él por capitan general,
-y con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y con trece de á caballo, y
-veinte ballesteros, y seis escopeteros, y ducientos y veinte soldados,
-y con nuestros amigos de Tlascala y con otros veinte principales de
-Tezcuco que nos dió don Hernando, cacique mayor de Tezcuco, y estos
-sabiamos que eran sus primos y parientes del mismo cacique y enemigos
-de Guatemuz, que ya le habian alzado por Rey en Méjico; fuésemos
-camino de Iztapalapa, que estará de Tezcuco obra de cuatro leguas.
-
-Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello trata, que estaban más
-de la mitad de las casas edificadas en el agua y la mitad en tierra
-firme; é yendo nuestro camino con mucho concierto, como lo teniamos de
-costumbre, como los mejicanos siempre tenian velas, y guarniciones, y
-guerreros contra nosotros, que sabian que íbamos á dar guerra á algunos
-de sus pueblos para luego les socorrer, así lo hicieron saber á los
-de Iztapalapa para que se apercibiesen, y les enviaron sobre ocho mil
-mejicanos de socorro.
-
-Por manera que en tierra firme aguardaron como buenos guerreros, así
-los mejicanos que fueron en su ayuda como los pueblos de Iztapalapa,
-y pelearon un buen rato muy valerosamente con nosotros; mas los de á
-caballo rompieron por ellos, y con las ballestas y escopetas y todos
-nuestros amigos los tlascaltecas, que se metian en ellos como perros
-rabiosos, de presto dejaron el campo y se metieron en su pueblo; y esto
-fué sobre cosa pensada y con un ardid que entre ellos tenian acordado,
-que fuera harto dañoso para nosotros si de presto no saliéramos de
-aquel pueblo; y fué desta manera, que hicieron que huyeron, y se
-metieron en canoas en el agua y en las casas que estaban en el agua,
-y dellos en unos carrizales, y como ya era noche escura, nos dejan
-aposentar en tierra firme sin hacer ruido ni muestra de guerra; y con
-el despojo que habiamos habido é la vitoria estábamos contentos; y
-estando de aquella manera, puesto que teniamos velas, espías y rondas,
-y aun corredores del campo en tierra firme, cuando no nos catamos vino
-tanta agua por todo el pueblo, que si los principales que llevábamos
-de Tezcuco no dieran voces y nos avisaran que saliésemos presto de
-las casas, todos quedáramos ahogados; porque soltaron dos acequias de
-agua y abrieron una calzada, con que de presto se hinchó todo de agua,
-y los tlascaltecas nuestros amigos, como no son acostumbrados á rios
-caudalosos ni sabian nadar, quedaron muertos dos dellos; y nosotros,
-con gran riesgo de nuestras personas, todos bien mojados, y la pólvora
-perdida, salimos sin hato; y como estábamos de aquella manera y con
-mucho frio, y aun sin cenar, pasamos mala noche; y lo peor de todo era
-la burla y grita que nos daban los de Iztapalapa y los mejicanos desde
-sus casas y canoas.
-
-Pues otra cosa peor nos avino, que como en Méjico sabian el concierto
-que tenian hecho de nos anegar con haber rompido la calzada y acequias,
-estaban esperando en tierra y en la laguna muchos batallones de
-guerreros, y cuando amaneció nos dan tanta guerra, que harto teniamos
-que nos sustentar contra ellos, no nos desbaratasen, é mataron dos
-soldados y un caballo, é hirieron otros muchos, así de nuestros
-soldados como tlascaltecas, y poco á poco aflojaron en la guerra, y nos
-volvimos á Tezcuco, medio afrentados de la burla y ardid de echarnos
-el agua, y tambien como no ganamos mucha reputacion en la batalla
-postrera que nos dieron, porque no habia pólvora; mas todavía quedaron
-temerosos, y tuvieron bien en que entender en enterrar ó quemar muertos
-y curar heridos y en reparar sus casas.
-
-Donde lo dejaré, y diré cómo vinieron de paz á Tezcuco otros pueblos, y
-lo que más se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXXXIX.
-
-CÓMO VINIERON TRES PUEBLOS COMARCANOS Á TEZCUCO Á DEMANDAR PACES Y
-PERDON DE LAS GUERRAS PASADAS Y MUERTES DE ESPAÑOLES, Y LOS DESCARGOS
-QUE DABAN SOBRE ELLO, Y CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á CHALCO Y
-TAMALANCO EN SU SOCORRO CONTRA MEJICANOS Y LO QUE MÁS PASÓ.
-
-
-Habiendo dos dias que estábamos en Tezcuco de vuelta de la entrada de
-Iztapalapa, vinieron á Cortés tres pueblos de paz á demandar perdon
-de las guerras pasadas y de muertes de españoles que mataron, y los
-descargos que daban era que el señor de Méjico que alzaron despues de
-la muerte del gran Montezuma, el cual se decia Coadlauaca, que por
-su mandado salieron á dar guerra con los demás sus vasallos; y que
-si algunos teules mataron y prendieron y robaron, que el mismo señor
-les mandó que así lo hiciesen; y los teules, que se los llevaron á
-Méjico para sacrificar, tambien le llevaron el oro y caballos y ropa;
-y que ahora, que piden perdon por ello, y que por esta causa que no
-tienen culpa ninguna por ser mandados y apremiados por fuerza para que
-lo hiciesen; y los pueblos que digo que en aquella sazon vinieron se
-decian Tepetezcuco y Obtumba: el nombre del otro pueblo no me acuerdo;
-mas sé decir que en este de Obtumba fué la nombrada batalla que nos
-dieron cuando salimos huyendo de Méjico, adonde estuvieron juntos los
-mayores escuadrones de guerreros que ha habido en toda la Nueva-España
-contra nosotros, adonde creyeron que no escapáramos con las vidas,
-segun más largo lo tengo escrito en los capítulos pasados que dello
-hablan; y como aquellos pueblos se hallaban culpados y habian visto
-que habiamos ido á lo de Iztapalapa, y no les fué muy bien con nuestra
-ida, y aunque nos quisieron anegar con el agua y esperaron dos batallas
-campales con muchos escuadrones mejicanos; en fin, por no se hallar en
-otras como las pasadas, vinieron á demandar paces ántes que fuésemos á
-sus pueblos á castigarlos; y Cortés viendo que no estaba en tiempo de
-hacer otra cosa, les perdonó, puesto que les dió grandes reprensiones
-sobre ello, y se obligaron con palabras de muchos ofrecimientos de
-siempre ser contra mejicanos y de ser vasallos de su majestad y de nos
-servir; y así lo hicieron.
-
-Dejemos de hablar destos pueblos, y digamos cómo vinieron luego en
-aquella sazon á demandar paces y nuestra amistad los de un pueblo
-que está en la laguna, que se dice Mezquique, que por otra parte le
-llamábamos Venenzuela; y estos, segun pareció, jamás estuvieron bien
-con mejicanos, y los querian mal de corazon; y Cortés y todos nosotros
-tuvimos en mucho la venida deste pueblo, por estar dentro en la laguna,
-por tenellos por amigos, y con ellos creiamos que habian de convocar á
-sus comarcanos que tambien estaban poblados en la laguna, y Cortés se
-lo agradeció mucho, y con ofrecimientos y palabras blandas los despidió.
-
-Pues estando que estábamos desta manera, vinieron á decir á Cortés
-cómo venian grandes escuadrones de mejicanos sobre los cuatro pueblos
-que primero habian venido á nuestra amistad, que se decian Gautinchan
-y Huaxutlan; de los otros dos pueblos no se me acuerda el nombre; y
-dijeron á Cortés que no osarian esperar en sus casas, é que se querian
-ir á los montes, ó venirse á Tezcuco, adonde estábamos; y tantas cosas
-le dijeron á Cortés para que les fuese á socorrer, que luego apercebió
-veinte de á caballo y ducientos soldados y trece ballesteros y diez
-escopeteros, y llevó en su compañía á Pedro de Albarado y á Cristóbal
-de Olí, que era maese de campo, y fuimos á los pueblos que vinieron á
-Cortés á dar tantas quejas como dicho tengo, que estarian de Tezcuco
-obra de dos leguas; y segun pareció, era verdad que los mejicanos los
-enviaban á amenazar que les habian de destruir y dalles guerra porque
-habian tomado nuestra amistad; mas sobre lo que más los amenazaban
-y tenian contiendas, era por unas grandes labores de tierras de
-maizales que estaban ya para coger, cerca de la laguna, donde los de
-Tezcuco y aquellos pueblos bastecian nuestro real; y los mejicanos por
-tomalles el maíz, porque decian que era suyo, y aquella vega de los
-maizales tenian por costumbre aquellos cuatro pueblos de los sembrar
-y beneficiar para los papas de los ídolos mejicanos; y sobre esto
-destos maizales se habian muerto los unos á los otros muchos indios;
-y como aquello entendió Cortés, despues de les decir que no hubiesen
-miedo y que se estuviesen en sus casas, les mandó que cuando hubiesen
-de ir á coger el maíz, así para su mantenimiento como para abastecer
-nuestro real, que enviaria para ello un capitan con muchos de á caballo
-y soldados para en guarda de los que fuesen á traer el maíz; y con
-aquello que Cortés les dijo quedaron muy contentos, y nos volvimos á
-Tezcuco.
-
-Y dende en adelante, cuando habia necesidad en nuestro real de maíz,
-apercebiamos á los tamemes de todos aquellos pueblos, é con nuestros
-amigos los de Tlascala y con diez de á caballo y cien soldados, con
-algunos ballesteros y escopeteros, íbamos por el maíz; y esto digo
-porque yo fuí dos veces por ello, y la una tuvimos una buena escaramuza
-con grandes escuadrones de mejicanos que habian venido en más de mil
-canoas aguardándonos en los maizales, y como llevábamos amigos, puesto
-que los mejicanos pelearon muy como varones, los hicimos embarcar en
-sus canoas, y allí mataron uno de nuestros soldados é hirieron doce; y
-asimismo hirieron muchos tlascaltecas, y ellos no se fueron alabando,
-que allí quedaron tendidos quince ó veinte, y otros cinco que llevamos
-presos.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos cómo otro dia tuvimos nueva como
-querian venir de paz los de Chalco y Talmalanco y sus sujetos, y por
-causa de las guarniciones mejicanas que estaban en sus pueblos, no les
-daban lugar á ello, y les hacian mucho daño en su tierra, y les tomaban
-las mujeres, y más si eran hermosas, y delante de sus padres ó madres
-ó maridos tenian acceso con ellas; y asimismo, como estaba en Tlascala
-cortada la madera y puesta á punto para hacer los bergantines, y se
-pasaba el tiempo sin la traer á Tezcuco, sentiamos mucha pena dello
-todos los más soldados; y demás desto, vienen del pueblo de Venenzuela,
-que se decia Mezquique, y de otros pueblos nuestros amigos á decir á
-Cortés que los mejicanos les daban guerra porque han tomado nuestra
-amistad; y tambien nuestros amigos los tlascaltecas, como tenian ya
-junta cierta ropilla y sal, y otras cosas de despojos é oro, y querian
-algunos dellos volverse á su tierra, no osaban, por no tener camino
-seguro.
-
-Pues viendo Cortés que para socorrer á unos pueblos de los que le
-demandaban socorro, é ir á ayudar á los de Chalco para que viniesen á
-nuestra amistad, no podia dar recaudo á unos ni á otros, porque allí
-en Tezcuco habia menester estar siempre la barba sobre el hombro y
-muy alerta, lo que acordó fué, que todo se dejase atrás, y la primera
-cosa que se hiciese fuese ir á Chalco y Talmalanco, y para ello envió
-á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de Lugo, con quince de á caballo y
-ducientos soldados, y con escopeteros y ballesteros y nuestros amigos
-los de Tlascala, é que procurase de romper y deshacer en todas maneras
-á las guarniciones mejicanas, y que se fuesen de Chalco y Talmalanco,
-porque estuviese el camino de Tlascala muy desembarazado y pudiesen
-ir y venir á la Villa-Rica sin tener contradiccion de los guerreros
-mejicanos.
-
-Y luego como esto fué concertado, muy secretamente con indios de
-Tezcuco se lo hizo saber á los de Chalco para que estuviesen muy
-apercebidos, para dar de dia y de noche en las guarniciones de
-mejicanos; y los de Chalco, que no esperaban otra cosa, se apercibieron
-muy bien; y como el Gonzalo de Sandoval iba con su ejército, parecióle
-que era bien dejar en la retaguarda cinco de á caballo y otros tantos
-ballesteros, con todos los más tlascaltecas que iban cargados de los
-despojos que habian habido; y como los mejicanos siempre tenian
-puestas velas y espías, y sabian cómo los nuestros iban camino de
-Chalco, tenian aparejados nuevamente, sin los que estaban en Chalco en
-guarnicion, muchos escuadrones de guerreros que dieron en la rezaga,
-donde iban los tlascaltecas con su hato, y los trataron mal, que no los
-pudieron resistir los cinco de á caballos y ballesteros, porque los dos
-ballesteros quedaron muertos y los demás heridos.
-
-De manera que, aunque el Gonzalo de Sandoval muy presto volvió sobre
-ellos y los desbarató, y mató siete mejicanos, como estaba la laguna
-cerca, se le acogieron á las canoas en que habian venido, porque todas
-aquellas tierras están muy pobladas de los sujetos de Méjico; y cuando
-los hubo puesto en huida, é vió que los cinco de á caballo que habia
-dejado con los ballesteros y escopeteros en la retaguardia, eran dos
-de los ballesteros muertos, y estaban los demás heridos, ellos y sus
-caballos; y aun con haber visto todo esto, no dejó de decilles á los
-demás que dejó en su defensa que habian sido para poco en no haber
-podido resistir á los enemigos y defender sus personas y de nuestros
-amigos, y estaba muy enojado dellos, porque eran de los nuevamente
-venidos de Castilla, y les dijo que bien le parecia que no sabian qué
-cosa era guerra; y luego puso en salvo todos los indios de Tlascala
-con su ropa, y tambien despachó unas cartas que envió Cortés á la
-Villa-Rica, en que en ellas envió á decir al capitan que en ella
-quedó todo lo acaecido acerca de nuestras conquistas y el pensamiento
-que tenia de poner cerco á Méjico, y que siempre estuviesen con mucho
-cuidado velándose; y que si habia algunos soldados que estuviesen en
-disposicion para tomar armas, que se los enviase á Tlascala, y que de
-allí no pasasen hasta estar los caminos más seguros, porque corrian
-riesgo.
-
-Y despachados los mensajeros, y los tlascaltecas puestos en su tierra,
-volvió Sandoval para Chalco, que era muy cerca de allí, y con gran
-concierto sus corredores del campo adelante; porque bien entendió que
-en todos aquellos pueblos y caserías por donde iba, que habia de tener
-rebato de mejicanos; é yendo por su camino, cerca de Chalco vió venir
-muchos escuadrones mejicanos contra él, y en un campo llano, puesto que
-habia grandes labranzas de maizales y magueis, que es de donde sacan el
-vino que ellos beben, le dieron una buena refriega de vara y flecha, y
-piedras con hondas, y con lanzas largas para matar á los caballos.
-
-De manera que Sandoval cuando vido tanto guerrero contra sí, esforzando
-á los suyos, rompió por ellos dos veces, y con las escopetas y
-ballestas y con pocos amigos que le habian quedado los desbarató; y
-puesto que le hirieron cinco soldados y seis caballos y muchos amigos,
-mas tal priesa les dió, y con tanta furia, que le pagaron muy bien el
-mal que primero le habian hecho; y como lo supieron los de Chalco,
-que estaban cerca, le salieron á recebir al Sandoval al camino, y le
-hicieron mucha honra y fiesta; y en aquella derrota se prendieron ocho
-mejicanos, y los tres personas muy principales.
-
-Pues hecho esto, otro dia dijo el Sandoval que se queria volver á
-Tezcuco, y los de Chalco le dijeron que querian ir con él para ver y
-hablar á Malinche, y llevar consigo dos hijos del señor de aquella
-provincia, que habia pocos dias que era fallecido de viruelas, y que
-ántes que muriese, que habia encomendado á todos sus principales y
-viejos que llevasen sus hijos para verse con el capitan, y que por su
-mano fuesen señores de Chalco; y que todos procurasen de ser sujetos al
-gran Rey de los teules, porque ciertamente sus antepasados les habian
-dicho que habian de señorear aquellas tierras hombres que vernian con
-barbas de hácia donde sale el sol, y que por las cosas que han visto
-éramos nosotros; y luego se fué el Sandoval con todo su ejército
-á Tezcuco, y llevó en su compañía los hijos del señor y los demás
-principales y los ocho prisioneros mejicanos, y cuando Cortés supo su
-venida se alegró en gran manera; y despues de haber dado cuenta el
-Sandoval de su viaje y cómo venian aquellos señores de Chalco, se fué á
-su aposento; y los caciques se fueron luego ante Cortés, y despues de
-le haber hecho grande acato, le dijeron la voluntad que traian de ser
-vasallos de su majestad y segun y de la manera que el padre de aquellos
-dos mancebos se lo habia mandado, y para que por su mano les hiciese
-señores; y cuando hubieron dicho su razonamiento, le presentaron en
-joyas ricas obra de ducientos pesos de oro.
-
-Y como el capitan Cortés lo hubo muy bien entendido por nuestras
-lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, les mostró mucho amor y les
-abrazó, y dió por su mano el señorio de Chalco al hermano mayor, con
-más de la mitad de los pueblos sus sujetos; y todo lo de Talmalanco y
-Chimaloacan dió al hermano menor, con Ayocingo y otros pueblos sujetos.
-
-Y despues de haber pasado otras muchas razones de Cortés á los
-principales viejos y con los caciques nuevamente elegidos, le dijeron
-que se querian volver á su tierra, y que en todo servirian á su
-majestad, y á nosotros en su Real nombre, contra mejicanos, é que
-con aquella voluntad habian estado siempre, é que por causa de las
-guarniciones mejicanas que habian estado en su provincia no han venido
-ántes de ahora á dar la obediencia; y tambien dieron nuevas á Cortés
-que dos españoles que habia enviado á aquella provincia por maíz ántes
-que nos echasen de Méjico, que porque los culchúas no los matasen, que
-los pusieron en salvo una noche en Guaxocingo nuestros amigos, y que
-allí salvaron las vidas, lo cual ya lo sabiamos dias habia, porque
-el uno dellos era el que se fué á Tlascala, y Cortés se lo agradeció
-mucho, é les rogó que esperasen allí dos dias, porque habia de enviar
-un capitan por la madera y tablazon á Tlascala, y los llevaria en
-su compañía y les pornia en su tierra, porque los mejicanos no les
-saliesen al camino; y ellos fueron muy contentos y se lo agradecieron
-mucho.
-
-Y dejemos de hablar en esto, y diré cómo Cortés acordó de enviar á
-Méjico aquellos ocho prisioneros que prendió Sandoval en aquella
-derrota de Chalco, á decir al señor que entónces habian alzado por Rey,
-que se decia Guatemuz, que deseaba mucho que no fuesen causa de su
-perdicion ni de aquella tan gran ciudad, y que viniesen de paz, y que
-les perdonaria la muerte y daños que en ella nos hicieron, y que no se
-les demandaria cosa ninguna; y que las guerras, que á los principios
-son buenas de comenzar, y que al cabo se destruirian; y que bien
-sabiamos de las albarradas é pertrechos, almacenes de varas, y flecha,
-y lanzas, y macanas é piedras rollizas, y todos los géneros de guerra
-que á la continua están haciendo y aparejando, que para qué es gastar
-el tiempo en balde en hacello, y que para qué quiere que mueran todos
-los suyos y la ciudad se destruya; y que mire el gran poder de nuestro
-Señor Dios, que es en el que creemos y adoramos, que él siempre nos
-ayuda; é que tambien mire que todos los pueblos sus comarcanos tenemos
-de nuestro bando, pues los tlascaltecas no desean sino la misma guerra
-por vengarse de las traiciones y muertes de sus naturales que les han
-hecho, y que dejen las armas y vengan de paz, y les prometió de hacer
-siempre mucha honra.
-
-Y les dijo doña Marina é Aguilar otras muchas buenas razones y consejos
-sobre el caso; y fueron ante el Guatemuz aquellos ocho indios nuestros
-mensajeros; mas no quiso hacer cuenta dellos el Guatemuz ni enviar
-respuesta ninguna, sino hacer albarradas y pertrechos, y enviar por
-todas sus provincias á mandar que si algunos de nosotros tomasen
-desmandados que se los trujesen á Méjico para sacrificar, y que cuando
-los enviasen á llamar, que luego viniesen con sus armas; y les envió á
-quitar y perdonar muchos tributos, y aun á prometer grandes promesas.
-
-Dejemos de hablar en los aderezos de guerra que en Méjico se hacian,
-y digamos cómo volvieron otra vez muchos indios de los pueblos de
-Guatinchan ó Guaxutlan descalabrados de los mejicanos porque habian
-tomado nuestra amistad y por la contienda de los maizales que solian
-sembrar para los papas mejicanos en el tiempo que les servian, como
-otras veces he dicho en el capítulo que dello habla; y como estaban
-cerca de la laguna de Méjico, cada semana les venian á dar guerra, y
-aun llevaron ciertos indios presos á Méjico; y como aquello vió Cortés,
-acordó de ir otra vez por su persona y con cien soldados y veinte de
-á caballo y doce escopeteros y ballesteros; y tuvo buenas espías para
-cuando sintiesen venir los escuadrones mejicanos, que se lo viniesen á
-decir; y como estaba de Tezcuco aún no dos leguas, un miércoles por la
-mañana amaneció adonde estaban los escuadrones mejicanos, y pelearon
-ellos de manera que presto los rompió, y se metieron en la laguna en
-sus canoas, y allí se mataron cuatro mejicanos y se prendieron otros
-tres, y se volvió Cortés con su gente á Tezcuco; y dende en adelante no
-vinieron más los culchúas sobre aquellos pueblos.
-
-Y dejemos esto, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á
-Tlascala por la madera y tablazon de los bergantines, y lo que más en
-el camino hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXL.
-
-CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á TLASCALA POR LA MADERA DE LOS
-BERGANTINES, Y LO QUE MÁS EN EL CAMINO HIZO EN UN PUEBLO QUE LE PUSIMOS
-POR NOMBRE EL PUEBLO-MORISCO.
-
-
-Como siempre estábamos con grande deseo de tener ya los bergantines
-acabados y vernos ya en el cerco de Méjico, y no pender ningun tiempo
-en balde, mandó nuestro capitan Cortés que luego fuese Gonzalo de
-Sandoval por la madera, y que llevase consigo ducientos soldados y
-veinte escopeteros y ballesteros y quince de á caballo, y buena copia
-de tlascaltecas y veinte principales de Tezcuco, y llevase en su
-compañía á los mancebos de Chalco y á los viejos, y los pusiesen en
-salvo en sus pueblos; é ántes que partiesen hizo amistades entre los
-tlascaltecas y los de Chalco; porque, como los de Chalco solian ser del
-bando y confederados de los mejicanos, y cuando iban á la guerra los
-mejicanos sobre Tlascala llevaban en su compañía á los de la provincia
-de Chalco para que les ayudasen, por estar en aquella comarca, desde
-entónces se tenian mala voluntad y se trataban como enemigos; mas como
-he dicho, Cortés los hizo amigos allí en Tezcuco, de manera que siempre
-entre ellos hubo gran amistad, y se favorecieron de allí adelante los
-unos de los otros.
-
-Y tambien mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que cuando tuviesen
-puestos en su tierra los de Chalco, que fuesen á un pueblo que allí
-cerca estaba en el camino, que en nuestra lengua le pusimos por nombre
-el Pueblo-Morisco, que era sujeto á Tezcuco; porque en aquel pueblo
-habian muerto cuarenta y tantos soldados de los de Narvaez y aun de
-los nuestros y muchos tlascaltecas, y robado tres cargas de oro cuando
-nos echaron de Méjico; y los soldados que mataron eran que venian de
-la Veracruz á Méjico cuando íbamos en el socorro de Pedro de Albarado;
-y Cortés le encargó al Sandoval que no dejase aquel pueblo sin buen
-castigo, puesto que más merecian los de Tezcuco, porque ellos fueron
-los agresores y capitanes de aquel daño, como en aquel tiempo eran muy
-hermanos en armas con la gran ciudad de Méjico, y porque en aquella
-sazon no se podia hacer otra cosa, se dejó de castigar en Tezcuco.
-
-Y volvamos á nuestra plática, y es que Gonzalo de Sandoval hizo lo
-que el capitan le mandó, así en ir á la provincia de Chalco, que poco
-se rodeaba, y dejar allí á los dos mancebos señores della, y fué al
-Pueblo-Morisco, y ántes que llegasen los nuestros ya sabian por sus
-espías cómo iban sobre ellos, y desamparan el pueblo y se van huyendo
-á los montes, y el Sandoval los siguió, y mató tres ó cuatro porque
-hubo mancilla dellos; mas hubiéronse mujeres y mozas, é prendió cuatro
-principales, y el Sandoval los halagó á los cuatro que prendió, y les
-dijo que cómo habian muerto tantos españoles.
-
-Y dijeron que los de Tezcuco y de Méjico los mataron en una celada
-que les pusieron en una cuesta por donde no podian pasar sino uno á
-uno, porque era muy angosto el camino; y que allí cargaron sobre ellos
-gran copia de mejicanos y de Tezcuco, y que entónces los prendieron
-y mataron, y que los de Tezcuco los llevaron á su ciudad, y los
-repartieron con los mejicanos; y esto que les fué mandado, y que no
-pudieron hacer otra cosa; y que aquello que hicieron, que fué en
-venganza del señor de Tezcuco, que se decia Cacamatzin, que Cortés tuvo
-preso y se habia muerto en las puentes.
-
-Hallóse allí en aquel pueblo mucha sangre de los españoles que
-mataron, por las paredes, que habian rociado con ella á sus ídolos;
-y tambien se halló dos caras que habian desollado, y adobado los
-cueros como pellejos de guantes, y las tenian con sus barbas puestas
-y ofrecidas en unos de sus altares; y asimismo se halló cuatro cueros
-de caballos curtidos, muy bien aderezados, que tenian sus pelos y con
-sus herraduras, colgados y ofrecidos á sus ídolos en el su cu mayor; y
-halláronse muchos vestidos de los españoles que habian muerto, colgados
-y ofrecidos á los mismos ídolos; y tambien se halló en un mármol de una
-casa, adonde los tuvieron presos, escrito con carbones: «Aquí estuvo
-preso el sin ventura de Juan Yuste, con otros muchos que traia en mi
-compañía.»
-
-Este Juan Yuste era un hidalgo de los de á caballo que allí mataron, y
-de las personas de calidad que Narvaez habia traido; de todo lo cual el
-Sandoval y todos sus soldados hubieron mancilla y les pesó; mas ¿qué
-remedio habia ya que hacer sino usar de piedad con los de aquel pueblo,
-pues se fueron huyendo y no aguardaron, y llevaron sus mujeres é hijos,
-y algunas mujeres que se prendian lloraban por sus maridos y padres?
-Y viendo esto el Sandoval, á cuatro principales que prendió y á todas
-las mujeres las soltó, y envió á llamar á los del pueblo, los cuales
-vinieron y le demandaron perdon, y dieron la obediencia á su majestad
-y prometieron de ser siempre contra mejicanos y servirnos muy bien; y
-preguntados por el oro que robaron á los tlascaltecas cuando por allí
-pasaron, dijeron que otros habian tomado las cargas dello, y que los
-mejicanos y los señores de Tezcuco se lo llevaron, porque dijeron que
-aquel oro habia sido de Montezuma, y que lo habia tomado de sus templos
-y se lo dió á Malinche, que lo tenia preso.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos cómo fué Sandoval camino de
-Tlascala, y junto á la cabecera del pueblo mayor, donde residian los
-caciques, topó con toda la madera y tablazon de los bergantines, que
-la traian á cuestas sobre ocho mil indios, y venian otros tantos á
-la retaguarda dellos con sus armas y penachos, y otros dos mil para
-remudar las cargas que traian el bastimento; y venian por capitanes de
-todos los tlascaltecas Chichimecatecle, que ya he dicho otras veces en
-los capítulos pasados que dello hablan, que era indio muy principal
-y esforzado; y tambien venian otros dos principales, que se decian
-Teulepile y Teutical, y otros caciques y principales, y á todos los
-traia á cargo Martin Lopez, que era el maestro que cortó la madera y
-dió la cuenta para las tablazones, y venian otros españoles que no me
-acuerdo sus nombres; y cuando Sandoval los vió venir de aquella manera
-hubo mucho placer por ver que le habian quitado aquel cuidado, porque
-creyó que estuviera en Tlascala algunos dias detenido, esperando á
-salir con toda la madera y tablazon; y así como venian, con el mismo
-concierto fueron dos dias caminando, hasta que entraron en tierra de
-mejicanos, y les daban gritos desde las estancias y barrancas, y en
-partes que no les podian hacer mal ninguno los nuestros con caballos ni
-escopetas.
-
-Entónces dijo el Martin Lopez, que lo traia todo á cargo, que seria
-bien que fuesen con otro recaudo que hasta entónces venian, porque los
-tlascaltecas le habian dicho que temian aquellos caminos no saliesen
-de repente los grandes poderes de Méjico y les desbaratasen, como
-iban cargados y embarazados con la madera y bastimentos; y luego
-mandó Sandoval repartir los de á caballo y ballesteros y escopeteros,
-que fuesen unos en la delantera y los demás en los lados; y mandó á
-Chichimecatecle, que iba por capitan delante de todos los tlascaltecas,
-que se quedase detrás para ir en la retaguarda juntamente con el
-Gonzalo de Sandoval; de lo cual se afrentó aquel cacique, creyendo que
-no le tenian por esforzado; y tantas cosas le dijeron sobre aquel caso,
-que lo hubo por bueno viendo que el Sandoval quedaba juntamente con él,
-y le dieron á entender que siempre los mejicanos daban en el fardaje,
-que quedaba atrás; y como lo hubo bien entendido, abrazó al Sandoval y
-dijo que le hacian honra en aquello.
-
-Dejemos de hablar en esto, y digamos que en otros dos dias de camino
-llegaron á Tezcuco, y ántes que entrasen en aquella ciudad se pusieron
-muy buenas mantas y penachos, y con atambores y cornetas, puestos en
-ordenanza, caminaron, y no quebraron el hilo en más de medio dia que
-iban entrando y dando voces y silbos y diciendo:
-
-—«Viva, viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, y
-Tlascala, Tlascala.»
-
-Y llegaron á Tezcuco y Cortés y ciertos capitanes les salieron á
-recebir, con grandes ofrecimientos que Cortés hizo á Chichimecatecle y
-á todos los capitanes que traia; é las piezas de maderos y tablazones
-y todo lo demás perteneciente á los bergantines se puso cerca de las
-zanjas y esteros donde se habian de labrar; y desde allí adelante tanta
-priesa se daban en hacer trece bergantines el Martin Lopez, que fué
-el maestro de los hacer, con otros españoles que le ayudaban, que se
-decian Andrés Nuñez y un viejo que se decia Ramirez, que estaba cojo de
-una herida, y un Diego Hernandez, aserrador, y ciertos carpinteros, y
-dos herreros con sus fraguas, y un Hernando de Aguilar, que les ayudaba
-á machacar; todos se dieron gran priesa hasta que los bergantines
-estuvieron armados y no faltó sino calafeteallos y ponellos los
-mástiles y jarcias y velas.
-
-Pues ya hecho esto, quiero decir el gran recaudo que teniamos en
-nuestro real de espías y escuchas y guarda para los bergantines, porque
-estaban junto á la laguna, y los mejicanos procuraron tres veces de
-les poner fuego, y aun prendimos quince indios de los que lo venian á
-poner, de quien se supo muy largamente todo lo que en Méjico hacian y
-concertaba Guatemuz; y era, que por via ninguna habian de hacer paces,
-sino morir todos peleando ó quitarnos á todos las vidas.
-
-Quiero tornar á decir los llamamientos y mensajeros en todos los
-pueblos sujetos á Méjico, y cómo les perdonaba el tributo y el
-trabajar, que de dia y de noche trabajaban de hacer casas y ahondar
-los pasos de las puentes y hacer albarradas muy fuertes, y poner á
-punto sus varas y tiraderas, y hacer unas lanzas muy largas para matar
-los caballos, engastadas en ellas de las espadas que nos tomaron la
-noche del desbarate, y poner á punto sus hondas con piedras rollizas,
-y espadas de á dos manos, y otras mayores que espadas, como macanas, y
-todo género de guerra.
-
-Dejemos esta materia, y volvamos á decir de nuestra zanja y acequia,
-por donde habian de salir los bergantines á la gran laguna, que estaba
-ya muy ancha y honda, que podian nadar por ella navíos de razonable
-porte; porque, como otras veces he dicho, siempre andaban en la obra
-ocho mil indios trabajadores.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo nuestro Cortés fué á una entrada de
-Saltocan.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLI.
-
-CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA AL PUEBLO DE SALTOCAN,
-QUE ESTÁ DE LA CIUDAD DE MÉJICO OBRA DE SEIS LEGUAS, PUESTO Y POBLADO
-EN LA LAGUNA, Y DENDE ALLÍ Á OTROS PUEBLOS, Y LO QUE EN EL CAMINO PASÓ
-DIRÉ ADELANTE.
-
-
-Cómo habian venido allí á Tezcuco sobre quince mil tlascaltecas con la
-madera de los bergantines, y habia cinco dias que estaban en aquella
-ciudad sin hacer cosa que de contar sea, y no tenian mantenimientos,
-ántes les faltaban; y como el capitan de los tlascaltecas era muy
-esforzado y orgulloso, que ya he dicho otras veces que se decia
-Chichimecatecle, dijo á Cortés que queria ir á hacer algun servicio á
-nuestro gran Emperador y batallar contra mejicanos, ansí por mostrar
-sus fuerzas y buena voluntad para con nosotros, como para vengarse de
-las muertes y robos que habian hecho á sus hermanos y vasallos, ansí en
-Méjico como en sus tierras; y que le pedia por merced que ordenase y
-mandase á qué parte podrian ir que fuesen nuestros enemigos.
-
-Y Cortés les dijo que les tenia en mucho su buen deseo, y que otro
-dia queria ir á un pueblo que se dice Saltocan, que está de aquella
-ciudad cinco leguas, mas que están fundadas las casas en el agua de la
-laguna, é que habia entrada para él por tierra; el cual pueblo habia
-enviado á llamar de paz dias habia tres veces, y no quiso venir, y
-que les tornó á enviar mensajeros nuevamente con los de Tepetezcuco y
-de Obtumba, que eran sus vecinos, y que en lugar de venir de paz, no
-quisieron, ántes trataron mal á los mensajeros y descalabraron dello,
-y la respuesta que dieron fué, que si allá íbamos, que no tenian ménos
-fuerza y fortaleza; que fuesen cuando quisiesen, que en el campo les
-hallariamos; é que habian tenido aquella respuesta de sus ídolos que
-allí nos matarian, y que les aconsejaron los ídolos que esta respuesta
-diesen.
-
-Y á esta causa Cortés se apercebió para ir él en persona á aquella
-entrada, y mandó á ducientos y cincuenta soldados que fuesen en su
-compañía, y treinta de á caballo, y llevó consigo á Pedro de Albarado
-y á Cristóbal de Olí y muchos ballesteros y escopeteros, y á todos
-los tlascaltecas, y una capitanía de hombres de guerra de Tezcuco, y
-los más dellos principales; y dejó en guarda de Tezcuco, á Gonzalo de
-Sandoval, para que mirase mucho por los bergantines y real, no diesen
-una noche en él; porque ya he dicho que siempre habiamos de estar la
-barba sobre el hombro, lo uno por estar tan á la raya de Méjico, y
-lo otro por estar en tan gran ciudad como era Tezcuco, y todos los
-vecinos de aquella ciudad eran parientes y amigos de mejicanos; y mandó
-al Sandoval y á Martin Lopez, maestro de hacer los bergantines, que
-dentro de quince dias los tuviesen muy á punto para echar al agua y
-navegar en ellos, y se partió de Tezcuco para hacer aquella entrada.
-
-Despues de haber oido Misa salió con su ejército, é yendo su camino,
-no muy léjos de Saltocan encontró con unos grandes escuadrones de
-mejicanos, que le estaban aguardando en parte que creyeron aprovecharse
-de nuestros españoles y matar los caballos; mas Cortés marchó con los
-de á caballo, y él juntamente con ellos; y despues de haber disparado
-las escopetas y ballestas, rompieron por ellos y mataron algunos de los
-mejicanos, porque luego se acogieron á los montes y á partes que los de
-á caballo no los pudieron seguir; mas nuestros amigos los tlascaltecas
-prendieron y mataron obra de treinta.
-
-Y aquella noche fué Cortés á dormir á unas caserías, y estuvo muy sobre
-aviso con sus corredores de campo y velas y rondas y espías, porque
-estaba entre grandes poblaciones; y supo que Guatemuz, señor de Méjico,
-habia enviado muchos escuadrones de gente de guerra á Saltocan para
-les ayudar, los cuales fueron en canoas por unos hondos esteros; y
-otro dia de mañana junto al pueblo comenzaron los mejicanos y los de
-Saltocan á pelear con los nuestros, y tirábanles mucha vara y flecha, y
-piedra con hondas desde las acequias donde estaban, é hirieron á diez
-de nuestros soldados y muchos de los amigos tlascaltecas, y ningun mal
-les podian hacer los de á caballo, porque no podian correr ni pasar los
-esteros, que estaban todos llenos de agua, y el camino y calzada que
-solian tener, por donde entraban por tierra en el pueblo, de pocos dias
-le habian deshecho y le abrieron á mano, y la ahondaron de manera que
-estaba hecho acequia y lleno de agua, y por esta causa los nuestros no
-podian en ninguna manera entralles en el pueblo ni hacer daño ninguno;
-y puesto que los escopeteros y ballesteros tiraban á los que andaban en
-canoas, traíanlas tan bien armadas de talabardones de madera, é demás
-de los talabardones, guardábanse bien.
-
-Y nuestros soldados, viendo que no aprovechaba cosa ninguna y no
-podian atinar el camino y calzada que de ántes tenian en el pueblo,
-porque todo lo hallaban lleno de agua, renegaban del pueblo y aun de
-la venida sin provecho, y aun medio corridos de cómo los mejicanos y
-los del pueblo les daban grande grita y les llamaban de mujeres, é que
-Malinche era otra mujer, y que no era esforzado sino para engañarlos
-con palabras y mentiras; y en este instante dos indios de los que allí
-venian con los nuestros, que eran de Tepetezcuco, que estaban muy mal
-con los de Saltocan, dijeron á un nuestro soldado, que habia tres dias
-que vinieron, cómo abrian la calzada y la lavaron y la hicieron zanja,
-y echaron de otra acequia el agua por ella, y que no muy léjos adelante
-está por abrir é iba camino al pueblo.
-
-Y cuando nuestros soldados lo hubieron entendido, y por donde los
-indios les señalaron, se ponen en gran concierto los ballesteros y
-escopeteros, unos armando y otros soltando, y esto poco á poco, y no
-todos á la par, y el agua á vuelapié, y á otras partes á más de la
-cinta, pasan todos nuestros soldados, y muchos amigos siguiéndolos, y
-Cortés con los de á caballo aguardándolos en tierra firme, haciéndoles
-espaldas, porque temió no viniesen otra vez los escuadrones de Méjico y
-diesen en la rezaga; y cuando pasaban las acequias los nuestros, como
-dicho tengo, los contrarios daban en ellos como á terrero, y hirieron
-muchos; mas, como iban deseosos de llegar á la calzada que estaba por
-abrir, todavía pasan adelante, hasta que dieron en ella por tierra sin
-agua, y vanse al pueblo.
-
-Y en fin de más razones, tal mano les dieron, que les mataron muchos
-mejicanos, y lo pagaron muy bien, é la burla que dellos hacian; donde
-hubieron mucha ropa de algodon y oro y otros despojos; y como estaban
-poblados en la laguna, de presto se meten los mejicanos y los naturales
-del pueblo en sus canoas con todo el hato que pudieron llevar, y se
-van á Méjico; y los nuestros, de que los vieron despoblados, quemaron
-algunas casas, y no osaron dormir en él por estar en el agua, y se
-vinieron donde estaba el capitan Cortés aguardándolos; y allí en aquel
-pueblo se hubieron muy buenas indias, y los tlascaltecas salieron ricos
-con mantas, sal y oro y otros despojos, y luego se fueron á dormir á
-unas caserías que serian una legua de Saltocan, y allí se curaron, y un
-soldado murió dende á pocos dias de un flechazo que le dieron por la
-garganta; y luego se pusieron velas y corredores del campo, y hubo buen
-recaudo, porque todas aquellas tierras estaban muy pobladas de culchúas.
-
-Y otro dia fueron camino de un gran pueblo que se dice Coluatilan,
-é yendo por el camino, los de aquellas poblaciones y otros muchos
-mejicanos que con ellos se juntaban, les daban muy grande grita y
-voces, diciéndoles vituperios, y era en parte que no podian correr
-los caballos ni se les podia hacer ningun daño, porque estaban entre
-acequias; y desta manera llegaron á aquella poblacion, y estaba
-despoblado de aquel mismo dia y alzado el hato, y en aquella noche
-durmieron allí con grandes velas y rondas; y otro dia fueron camino de
-un gran pueblo que se dice Tenayuca, y este pueblo soliamos llamar la
-primera vez que entramos en Méjico el pueblo de las Sierpes, porque en
-el adoratorio mayor que tenian hallamos dos grandes bultos de sierpes
-de malas figuras, que eran sus ídolos en quien adoraban.
-
-Dejemos esto, y digamos del camino, y es que este pueblo hallaron
-despoblado como el pasado, que todos los indios naturales dellos se
-habian juntado en otro pueblo que estaba más adelante; y desde allí fué
-á otro pueblo que se dice Escapuzalco, que seria del uno al otro una
-legua, y asimismo estaba despoblado.
-
-Este Escapuzalco era donde labraban el oro é plata al gran Montezuma,
-y soliamos llamar el pueblo de los Plateros; y desde aquel pueblo fué
-á otro, que ya he dicho que se dice Tacuba, que es obra de media legua
-el uno del otro. En este pueblo fué donde reparamos la triste noche
-cuando salimos de Méjico desbaratados, y en él nos mataron ciertos
-soldados, segun dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla.
-
-Y tornemos á nuestra plática: que ántes que nuestro ejército llegase
-al pueblo, estaban en campo aguardando á Cortés muchos escuadrones de
-todos aquellos pueblos por donde habia pasado, y los de Tacuba y de
-mejicanos, porque Méjico está muy cerca dél, y todos juntos comenzaron
-á dar en los nuestros, de manera que tuvo harto nuestro capitan de
-romper en ellos con los de á caballo; y andaban tan juntos los unos
-con los otros, que nuestros soldados á buenas cuchilladas los hicieron
-retraer; y como era noche, durmieron en el pueblo con buenas velas
-y escuchas, y otro dia de mañana, si muchos mejicanos habian estado
-juntos, muchos más se juntaron aquel dia, y con gran concierto venian á
-darnos guerra, de tal manera que herian algunos soldados; mas todavía
-los nuestros los hicieron retraer en sus casas y fortaleza, de manera
-que tuvieron tiempo de les entrar en Tacuba y quemalles muchas casas
-y metelles á sacomano.
-
-Y como aquello supieron en Méjico, ordenaron de salir muchos más
-escuadrones de su ciudad á pelear con Cortés, y concertaron que cuando
-peleasen con él, que hiciesen que volvian huyendo hácia Méjico, y que
-poco á poco metiesen á nuestro ejército en su calzada, y que cuando los
-tuviesen dentro, haciendo como que se retraian de miedo; é ansí como
-lo concertaron lo hicieron, y Cortés, creyendo que llevaba vitoria,
-los mandó seguir hasta una puente; y cuando los mejicanos sintieron
-que tenian ya metido á Cortés en el garlito pasada la puente, vuelve
-sobre él tanta multitud de indios, que unos por tierra, otros con
-canoas y otros en las azuteas, le dan tal mano, que le ponen en tan
-gran aprieto, que estuvo la cosa de arte, que creyó ser perdido é
-desbaratado; porque á una puente donde habia llegado cargaron tan de
-golpe sobre él, que ni poco ni mucho se podia valer; é un alférez que
-llevaba una bandera, por sostener el gran ímpetu de los contrarios le
-hirieron muy malamente y cayó con su bandera desde la puente abajo en
-el agua, y estuvo en ventura de no se ahogar, y aun le tenian ya asido
-los mejicanos para le meter en unas canoas, y él fué tan esforzado, que
-se escapó con su bandera; y en aquella refriega mataron cinco soldados,
-é hirieron muchos de los nuestros.
-
-Y Cortés, viendo el gran atrevimiento y mala consideracion que habia
-hecho en haber entrado en la calzada de la manera que he dicho, y
-sintió cómo los mejicanos le habian cebado, luego mandó que todos
-se retrajesen; y con el mejor concierto que pudo, y no vueltas las
-espaldas, sino los rostros á los contrarios, pié contra pié, como quien
-hace represas, y los ballesteros y escopeteros unos armando y otros
-tirando, y los de á caballo haciendo algunas arremetidas, mas eran muy
-pocas, porque luego les herian los caballos; y desta manera se escapó
-Cortés aquella vez del poder de Méjico, y cuando se vió en tierra firme
-dió muchas gracias á Dios.
-
-Allí en aquella calzada y puente fué donde un Pedro de Ircio, muchas
-veces por mí nombrado, dijo al alférez que cayó con la bandera en la
-laguna, que se decia Juan Volante, por le afrentar (que no estaba bien
-con él por amores de una mujer) ciertas palabras pesadas, y no tuvo
-razon de decir aquellas palabras porque el alférez era un hidalgo y
-hombre muy esforzado, y como tal se mostró aquella vez y otras muchas;
-y al Pedro de Ircio no le fué muy bien de su mala voluntad que tenia
-contra Juan Volante, el tiempo andando.
-
-Dejemos á Pedro de Ircio, y digamos que en cinco dias que allí en lo
-de Tacuba estuvo Cortés tuvo batalla y reencuentros con los mejicanos
-y sus aliados; y desde allí dió la vuelta para Tezcuco, y por el
-camino que habia venido se volvió, y le daban grita los mejicanos,
-creyendo que volvia huyendo, y aun sospecharon lo cierto, que con gran
-temor volvió; y les esperaban en partes que querian ganar honra con
-él y matalle los caballos, y le echaban celadas; y como aquello vió,
-les echó una en que les mató é hirió muchos de los contrarios, é á
-Cortés entónces le mataron dos caballos é un soldado, y con esto no le
-siguieron más, é á buenas jornadas llegó á un pueblo sujeto á Tezcuco,
-que se dice Aculman, que estará de Tezcuco dos leguas y media.
-
-Y como lo supimos cómo habia allí llegado, salimos con Gonzalo de
-Sandoval á le ver y recebir, acompañados de muchos caballos y soldados
-y de los caciques de Tezcuco, especial de D. Hernando, principal de
-aquella ciudad; y en las vistas nos alegramos mucho, porque habia más
-de quince dias que no habiamos sabido de Cortés ni de cosa que le
-hubiese acaecido; y despues de le haber dado el bien venido y haberle
-hablado algunas cosas que convenian sobre lo militar, nos volvimos
-á Tezcuco aquella tarde, porque no osábamos dejar el real sin buen
-recado; y nuestro Cortés se quedó en aquel pueblo hasta otro dia, que
-llegó á Tezcuco; y los tlascaltecas, como ya estaban ricos y venian
-cargados de despojos, demandaron licencia para irse á su tierra, y
-Cortés se la dió; y fueron por parte que los mejicanos no tuvieron
-espías sobre ellos, y salvaron sus haciendas.
-
-Y á cabo de cuatro dias que nuestro capitan reposaba y estaba dando
-priesa en hacer los bergantines, vinieron unos pueblos de la costa
-del Norte á demandar paces y darse por vasallos de su majestad, los
-cuales pueblos se llaman Tucapan y Mascalcingo é Naultran, y otros
-pueblezuelos de aquellas comarcas, y trajeron un presente de oro y
-ropa de algodon; y cuando llegaron delante de Cortés, con gran acato,
-despues de haber dado su presente, dijeron que le pedian por merced
-que les admitiese á su amistad, y que querian ser vasallos del Rey de
-Castilla, y dijeron que cuando los mejicanos mataron sus teules en
-lo de Almería, y era capitan dellos Quete Alpopoca, que ya habiamos
-quemado por justicia, que todos aquellos pueblos que allí venian fueron
-en ayudar á los teules; y despues que Cortés les hubo oido, puesto que
-entendia que habian sido con los mejicanos en la muerte de Juan de
-Escalante y los seis soldados que le mataron en lo de Almería, segun
-he dicho en el capítulo que dello habla, les mostró mucha voluntad y
-recibió el presente, y por vasallos del Emperador nuestro señor, y
-no les demandó cuenta sobre lo acaecido ni se lo trajo á la memoria,
-porque no estaba en tiempo de hacer otra cosa; y con buenas palabras y
-ofrecimientos los despachó.
-
-Y en este instante vinieron á Cortés otros pueblos de los que se
-habian dado por nuestros amigos á demandar favor contra mejicanos, y
-decian que les fuésemos á ayudar, porque venian contra ellos grandes
-escuadrones, y les habian entrado en su tierra y llevado presos muchos
-de sus indios, y á otros habian descalabrado.
-
-Y tambien en aquella sazon vinieron los de Chalco y Talmanalco, y
-dijeron que si luego no les socorrian que serian perdidos, porque
-estaban sobre ellos muchas guarniciones de sus enemigos; y tantas
-lástimas decian, que traian en un paño de manta de nequen pintado al
-natural los escuadrones que sobre ellos venian, que Cortés no sabia qué
-se decir ni qué respondelles, ni dar remedio á los unos ni á los otros;
-porque habia visto que estábamos muchos de nuestros soldados heridos
-y dolientes, y se habian muerto ocho de dolor de costado y de echar
-sangre cuajada, revuelta con lodo, por la boca y narices; y era del
-quebrantamiento de las armas que siempre traiamos á cuestas, é de que á
-la continua íbamos á las entradas, y de polvo que en ellas tragábamos;
-y demás desto, viendo que se habian muerto tres ó cuatro soldados de
-heridas, que nunca parábamos de ir á entrar, unos venidos y otros
-vueltos.
-
-La respuesta que les dió á los primeros pueblos fué que les halagó y
-dijo que iria presto á les ayudar, y que entre tanto que iba, que se
-ayudasen de otros pueblos sus vecinos, y que esperasen en campo á los
-mejicanos, y que todos juntos les diesen guerra, é que si los mejicanos
-viesen que les mostraban cara y ponian fuerzas contra ellos, que
-temerian, é que ya no tenian tantos poderes los mejicanos para les dar
-guerra como solian, porque tenian muchos contrarios; y tantas palabras
-les dijo con nuestras lenguas, é les esforzó, que reposaron algo sus
-corazones, y no tanto, que luego demandaron cartas para dos pueblos
-sus comarcanos, nuestros amigos, para que les fuesen á ayudar.
-
-Las cartas en aquel tiempo no las entendian; más bien sabian que entre
-nosotros se tenia por cosa cierta que cuando se enviaban eran como
-mandamientos ó señales que les mandaban algunas cosas de calidad; é
-con ellas se fueron muy contentos, y las mostraron á sus amigos y los
-llamaron; y como nuestro Cortés se lo mandó, aguardaron en el campo á
-los mejicanos y tuvieron con ellos una batalla, y con ayuda de nuestros
-amigos sus vecinos, á quien dieron la carta, no les fué mal en la pelea.
-
-Volvamos á los de Chalco: que viendo nuestro Cortés que era cosa muy
-importante para nosotros que aquella provincia estuviese desembarazada
-de gentes de Culchúa, porque, como he dicho otra vez, por allí habian
-de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á Tlascala, y habiamos
-de mantener nuestro real, porque es tierra de mucho maíz, luego mandó á
-Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, que se aparejase para otro
-dia de mañana ir á Chalco, y le mandó dar veinte á caballo y ducientos
-soldados, y doce ballesteros y diez escopeteros, y los tlascaltecas que
-habia en nuestro real, que eran muy pocos, porque, como dicho habemos
-en este capítulo, todos los más se habian ido á su tierra cargados de
-despojos, y tambien llevó una capitanía de los de Tezcuco, y en su
-compañía al capitan Luis Marin, que era su muy íntimo amigo; y quedamos
-en guarda de aquella ciudad y bergantines Cortés é Pedro de Albarado y
-Cristóbal de Olí con los demás soldados.
-
-Y ántes que Gonzalo de Sandoval vaya para Chalco, como está acordado,
-quiero aquí decir cómo, estando escribiendo en esta relacion todo lo
-acaecido á Cortés, de Saltocan, acaso estaban presentes dos hidalgos
-muy curiosos que habian leido la Historia de Gómora, y me dijeron que
-tres cosas se me olvidaban de escribir, que tenia escrito el coronista
-Gómora de la misma entrada que hizo Cortés; y la una era que dió
-Cortés vista á Méjico con trece bergantines, y peleó muy bien con
-el gran poder de Guatemuz, con sus grandes canoas y piraguas en la
-laguna; la otra era que cuando Cortés entró en la Calzada de Méjico
-que tuvo pláticas con los señores caciques mejicanos, y les dijo que
-les quitaria el bastimento y se moririan de hambre; y la otra fué que
-Cortés no quiso decir á los de Tezcuco que habia de ir á Saltocan,
-porque no le diesen aviso.
-
-Yo respondí á los mismos hidalgos que me lo dijeron, que en aquella
-sazon los bergantines no estaban acabados de hacer, é que ¿cómo podia
-llevar por tierra bergantines ni por la laguna los caballos ni tanta
-gente? Que es cosa de reir ver lo que escribe; y que cuando entró en la
-calzada de Tacuba, como dicho habemos, que harto tuvo Cortés en escapar
-él y su ejército, que estuvo medio desbaratado; y en aquella sazon no
-habiamos puesto cerco á Méjico, para vedalles los mantenimientos, ni
-tenian hambre, y eran señores de todos sus vasallos; y lo que pasó
-muchos dias adelante, cuando los teniamos en grande aprieto, pone
-ahora el Gómora; y en lo que dice que se apartó Cortés por otro camino
-para ir á Saltocan, no lo supiesen los de Tezcuco, digo que por fuerza
-fueron por sus pueblos y tierras de Tezcuco, porque por allí era el
-camino, y no otro; y en lo que escribe va muy errado, y á lo que yo he
-sentido, no tiene él la culpa, sino el que le informó, que por sublimar
-á quien á él se le antojó, ensalzó sus cosas, y porque no se declarasen
-nuestros heróicos hechos le daban aquellas relaciones; y esta es la
-verdadera; y como lo hubieron bien entendido los mismos que me lo
-dijeron, y vieron claro lo que les dije ser ansí, se convencieron.
-
-Y dejemos esta plática, y tornemos al capitan Gonzalo de Sandoval, que
-partió de Tezcuco despues de haber oido Misa, y fué á amanecer cerca de
-Chalco; y lo que pasó diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLII.
-
-CÓMO EL CAPITAN GONZALO DE SANDOVAL FUÉ Á CHALCO É Á TALMANALCO CON
-TODO SU EJÉRCITO; Y LO QUE EN AQUELLA JORNADA PASÓ DIRÉ ADELANTE.
-
-
-Ya he dicho en el capítulo pasado cómo los pueblos de Chalco y
-Talmanalco vinieron á decir á Cortés que les enviase socorro, porque
-estaban grandes guarniciones juntas para les venir á dar guerra;
-é tantas lástimas le dijeron, que mandó á Gonzalo de Sandoval que
-fuese allá con ducientos soldados y veinte de á caballo, é diez ó
-doce ballesteros y otros tantos escopeteros, y nuestros amigos los de
-Tlascala y otra capitanía de los de Tezcuco, y llevó al capitan Luis
-Marin por compañero, porque era su muy grande amigo; y despues de
-haber oido Misa en 12 dias del mes de Marzo de 1521 años, fué á dormir
-á unas estancias del mismo Chalco, y otro dia llegó por la mañana á
-Talmanalco, y los caciques y capitanes le hicieron buen recebimiento y
-le dieron de comer, y le dijeron que luego fuese hácia un gran pueblo
-que se dice Guaztepeque, porque hallaria juntos todos los poderes de
-Méjico en el mismo Guaztepeque ó en el camino ántes de llegar á él, é
-que todos los de aquella provincia de Chalco irian con él; y al Gonzalo
-de Sandoval parecióle que seria muy bien ir muy á punto; y puesto
-en concierto, fué á dormir á otro pueblo sujeto del mismo Chalco,
-Chimalacan, porque los espías que los de Chalco tenian puestas sobre
-los culchúas vinieron á avisar cómo estaban en el campo no muy léjos
-de allí la gente de guerra sus enemigos, é que habia algunas quebradas
-é arcabuezos, adonde esperaban.
-
-Y como el Sandoval era muy avisado y de buen consejo, puso los
-escopeteros y ballesteros por delante, y los de á caballo mandó que de
-tres en tres se hermanasen, y cuando hubiesen gastado los ballesteros y
-escopeteros algunos tiros, que todos juntos los de á caballo rompiesen
-por ellos á media rienda y las lanzas terciadas, y que no curasen
-alancear, sino por los rostros, hasta ponerlos en huida, y que no se
-deshermanasen; y mandó á los soldados de á pié que siempre estuviesen
-hechos un cuerpo, y no se metiesen entre los contrarios hasta que se
-lo mandase; porque, como le decian que eran muchos los enemigos (y
-ansí fué verdad), y estaban entre aquellos malos pasos, y no sabian si
-tenian hoyos hechos ó algunas albarradas, queria tener sus soldados
-enteros, no le viniese algun desman; é yendo por su camino, vió venir
-por tres partes repartidos los escuadrones de mejicanos dando gritos
-y tañendo trompetillas y atabales, con todo género de armas, segun lo
-suelen traer, y se vinieron como leones bravos á encontrar con los
-nuestros; y cuando el Sandoval los vió tan denodados, no guardó á
-la órden que habia dado, y dijo á los de á caballo que ántes que se
-juntasen con los nuestros que luego rompiesen, y el Sandoval delante
-animando á los suyos dijo:
-
-—«Santiago, y á ellos.»
-
-Y de aquel tropel fueron algunos de los escuadrones mejicanos medio
-desbaratados, mas no del todo, que se juntaron todos é hicieron
-rostro, porque se ayudaban con los malos pasos é quebradas, porque
-los de á caballo, por ser los pasos muy agros, no podian correr,
-y se estuvieron sin ir tras ellos; á esta causa les tornó á mandar
-Sandoval á todos los soldados que con buen concierto les entrasen, los
-ballesteros y escopeteros delante, y los rodeleros que les fuesen á
-los lados, y cuando viesen que les iban hiriendo y haciendo mala obra,
-y oyesen un tiro desta otra parte de la barranca, que seria señal que
-todos los de á caballo á una arremetiesen á les echar de aquel sitio,
-creyendo que les meterian en tierra llana que habia allí cerca; y
-apercebió á los amigos que ellos ansimismo acudiesen con los españoles,
-y ansí se hizo como lo mandó; y en aquel tropel recibieron los nuestros
-muchas heridas, porque eran muchos los contrarios que sobre ellos
-cargaron; y en fin de más pláticas, les hicieron ir retrayendo, mas
-fué hácia otros malos pasos; y Sandoval con los de á caballo los fué
-siguiendo, y no alcanzó sino tres ó cuatro; y uno de los nuestros de á
-caballo que iba en el alcance, que se decia Gonzalo Dominguez, como era
-mal camino, rodó el caballo y tomóle debajo, y dende á pocos dias murió
-de aquella mala caida.
-
-He traido esto aquí á la memoria deste soldado, porque este Gonzalo
-Dominguez era uno de los mejores jinetes y esforzado que Cortés habia
-traido en nuestra compañía; y teníamosle en tanto en las guerras, por
-su esfuerzo, como al Cristóbal de Olí y á Gonzalo de Sandoval; por la
-cual muerte hubo mucho sentimiento entre todos nosotros.
-
-Volvamos á Sandoval y á todo su ejército, que los fué siguiendo hasta
-cerca del pueblo que se dice Guaztepeque, y ántes de llegar á él le
-salen al encuentro sobre quince mil mejicanos, y le comenzaban á cercar
-y le hirieron muchos soldados y cinco caballos; mas como la tierra
-era en parte llana, con el gran concierto que llevaba rompe los dos
-escuadrones con los de á caballo, y los demás escuadrones vuelven las
-espaldas hácia el pueblo para tornar á aguardar á unos mamparos que
-tenian hechos; mas nuestros soldados y los amigos les siguieron de
-manera, que no tuvieron tiempo de aguardar, y los de á caballo siempre
-fueron en el alcance por otras partes, hasta que se encerraron en el
-mismo pueblo en partes que no se pudieron haber; y creyendo que no
-volverian más á pelear aquel dia, mandó Sandoval reposar su gente, y
-se curaron los heridos y comenzaron á comer, que se habia habido mucho
-despojo; y estando comiendo vinieron dos de á caballo y otros dos
-soldados que habia puesto ántes que comenzase á comer, los unos para
-corredores del campo y los otros por espías, y vinieron diciendo:
-
-—«Al arma, al arma; que vienen muchos escuadrones de mejicanos.»
-
-Y como siempre estaban acostumbrados á tener las armas muy á punto,
-de presto cabalgan y salen á una gran plaza, y en aquel instante
-vinieron los contrarios, y allí hubo otra buena batalla; y despues
-que estuvieron buen rato haciendo cara en unos mamparos, desde allí
-hirieron algunos de los nuestros, y tal priesa les dió el Gonzalo
-de Sandoval con los de á caballo, y con las escopetas y ballestas y
-cuchilladas los soldados, que les hicieron huir del pueblo por otras
-barrancas, y por aquel dia no volvieron más; y cuando el capitan
-Sandoval se vió libre desta refriega dió muchas gracias á Dios, y se
-fué á reposar y dormir á una huerta que habia en aquel pueblo, la más
-hermosa y de mayores edificios y cosa mucho de mirar que se habia
-visto en la Nueva-España; y tenia tantas cosas, que era muy admirable,
-y ciertamente era huerta para un gran Príncipe, y aun no se acabó de
-andar por entónces toda, porque tenia más de un cuarto de legua de
-largo.
-
-Y dejemos de hablar de la huerta, y digamos que yo no vine en esta
-entrada, ni en este tiempo que digo anduve esta huerta, sino desde obra
-de veinte dias que vine con Cortés cuando rodeamos los grandes pueblos
-de la laguna, como adelante diré; y la causa porque no vine en aquella
-sazon es porque estaba muy mal herido de un bote de lanza que me dieron
-en la garganta junto al gaznate, que estuve della á peligro de muerte,
-de que agora tengo una señal, y diéronmela en lo de Iztapalapa, cuando
-nos apretaron tanto.
-
-Y como yo no fuí en esta entrada, por eso digo en esta mi relacion:
-«Fueron y esto hicieron y tal les acaeció;» y no digo: «Hicimos ni hice
-ni vine ni en ello me hallé;» mas todo lo que escribo acerca dello pasó
-al pié de la letra; porque luego se sabe en el real de la manera que
-en las entradas acaece; y ansí, no se puede quitar ni alargar más de lo
-que pasó.
-
-Y dejaré de hablar de esto, y volveré al capitán Gonzalo de Sandoval,
-que otro dia de mañana, viendo que no habia más bullicio de guerreros
-mejicanos, envió á llamar á los caciques de aquel pueblo con cinco
-indios naturales de los que habian prendido en las batallas pasadas, y
-los dos dellos eran principales, y les envió á decir que no hubiesen
-miedo y que vengan de paz, y que lo pasado se lo perdona, y les dijo
-otras buenas razones, y los mensajeros que fueron á tratar las paces,
-mas no osaron venir los caciques por miedo de los mejicanos.
-
-Y en aquel mismo dia tambien envió á decir á otro gran pueblo que
-estaba de Guaztepeque obra de dos leguas, que se dice Acapistla, que
-mirasen que son buenas las paces, que no querian guerra, y que miren
-y tengan en la memoria en qué han parado los escuadrones de culchúas
-que estaban en aquel pueblo de Guaztepeque, sino que todos han sido
-desbaratados; que vengan de paz, y que los mejicanos que tienen en
-guarnicion que les echen fuera de su tierra, y que si no lo hacen, que
-irá allá de guerra y los castigará; y la respuesta fué que vayan cuando
-quisieren, que bien piensan tener con sus cuerpos y carnes buenas
-hartazgas, y sus ídolos sacrificios.
-
-Y como aquella respuesta le dieron, y los caciques de Chalco que con
-Sandoval estaban, que sabian que en aquel pueblo de Acapistla estaban
-muchos más mejicanos en guarnicion para les ir á Chalco á dar guerra
-cuando viesen vuelto al Sandoval, á esta causa le rogaron que fuese
-allá y los echase de allí; y el Sandoval estaba para no ir, lo uno
-porque estaba herido y tenia muchos soldados y caballos heridos,
-y lo otro, como habia tenido tres batallas, no se quisiera meter
-por entónces en hacer más de lo que Cortés le mandaba; y tambien
-algunos caballeros de los que llevaba en su compañía, que eran de
-los de Narvaez, le dijeron que se volviese á Tezcuco y que no fuese
-á Acapistla, porque estaba en gran fortaleza, no le acaeciese algun
-desman; y el capitan Luis Marin le aconsejó que no dejase de ir á
-aquella fuerza y hacer lo que pudiese; porque los caciques de Chalco
-decian que si desde allí se volvian sin deshacer el poder que estaba
-junto en aquella fortaleza, que ansí como vean ó sepan que Sandoval
-vuelve á Tezcuco, que luego son sus enemigos en Chalco.
-
-Y como era el camino de un pueblo á otro obra de dos leguas, acordó de
-ir, y apercibió sus soldados y fué allá; y luego como llegó á vista
-del pueblo, ántes de llegar á él le salen muchos guerreros, y le
-comenzaron á tirar vara y flecha y piedra con hondas, y fué tanta como
-granizo, que le hirieron tres caballos y muchos soldados, sin podelles
-hacer cosa ni daño ninguno; y hecho esto, luego se suben entre sus
-riscos y fortalezas, y desde allí les daban voces y gritas y tañian
-sus caracoles y atabales; y como el Sandoval ansí vió la cosa, acordó
-de mandar á algunos de á caballo que se apeasen, y á los demás de á
-caballo que se estuviesen en el campo en lo llano á punto, mirando no
-viniesen algunos socorros mejicanos á los de Acapistla entre tanto que
-combatian aquel pueblo; y como vió que los caciques de Chalco y sus
-capitanes y muchos de sus indios de guerra que allí estaban remolinando
-y no osaban pelear con los contrarios, adrede para proballos y ver lo
-que decian, les dijo Sandoval:
-
-—«¿Qué haceis ahí? ¿Por qué no les comenzais á combatir? Y entrá en ese
-pueblo y fortaleza; que aquí estamos, que os defenderemos.»
-
-Y ellos respondieron que no se atrevian, porque era gran fortaleza,
-y que por esta causa venia el Sandoval y sus hermanos los teules con
-ellos, y con su mamparo y esfuerzo venian los de Chalco á les echar de
-allí.
-
-Por manera que se apercibe el Sandoval de arte que él y todos sus
-soldados y escopeteros y ballesteros, les comenzaron de entrar y
-subir; y puesto que recibieron en aquella subida muchas heridas, y al
-mismo capitan le descalabraron otra vez y le hirieron muchos de los
-amigos, todavía les entró en el pueblo, donde se les hizo mucho daño; y
-todos los que más daño les hicieron fueron los indios de Chalco y los
-demás amigos tlascaltecas, porque nuestros soldados, si no fué hasta
-rompellos y ponellos en huida, no curaron de dar cuchilladas á ningun
-indio, porque les parecia crueldad; y en lo que más se empleaban era
-en buscar una buena india ó hacer algun despojo; y lo que comunmente
-hacian era reñir á los amigos porque eran tan crueles y por quitalles
-algunos indios ó indias porque no los matasen.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos que aquellos guerreros mejicanos
-que allí estaban, por se defender se vinieron por unos riscos abajo
-cerca del pueblo, y como habia muchos dellos heridos de los que se
-venian á esconder en aquella quebrada y arroyo, y se desangraban, venia
-el agua algo turbia de sangre, y no duró aquella turbieza un Ave-María.
-
-É aquí dice el coronista Gómora en su historia que por venir el rio
-tinto en sangre los nuestros pasaron sed por causa de la sangre.
-
-Á esto digo que habia fuentes de agua clara abajo en el mismo pueblo,
-que no tenian necesidad de otra agua.
-
-Volvamos á decir que luego que aquello fué hecho se volvió el Sandoval
-con todo su ejército á Tezcuco, y con buen despojo, en especial con muy
-buenas piezas de indias.
-
-Digamos ahora cómo el señor de Méjico, que se decia Guatemuz, lo supo,
-y el desbarate de sus ejércitos, dicen que mostró mucho sentimiento
-dello, y más de que los de Chalco tenian tanto atrevimiento, siendo sus
-súbditos y vasallos, de osar tomar armas tres veces contra ellos; y
-estando tan enojado, acordó que entre tanto que el Sandoval se volvia
-al real de Tezcuco, de enviar grandes poderes de guerreros, que de
-presto juntó en la ciudad de Méjico con otros que estaban junto á la
-laguna, y en más de dos mil canoas grandes, con todo género de armas,
-salen sobre veinte mil mejicanos, y vienen de repente en la tierra de
-Chalco por hacelles todo el mal que pudiesen; y fué de tal arte y tan
-presto, que aun no hubo bien llegado el Sandoval á Tezcuco ni hablado á
-Cortés, cuando estaban otra vez mensajeros de Chalco en canoas por la
-laguna demandando favor á Cortés, porque le dijeron que habian venido
-sobre dos mil canoas, y en ellas veinte mil mejicanos, y que fuesen
-presto á los socorrer.
-
-Y cuando Cortés lo oyó, y Sandoval, que entónces en aquel instante
-llegaba á hablalle y á dalle cuenta de lo que habia hecho en la entrada
-donde venia, el Cortés no le quiso escuchar á Sandoval, de enojo,
-creyendo que por su culpa ó descuido recebian mala obra nuestros amigos
-los de Chalco; y luego sin más dilacion ni le oir le mandó volver y que
-dejase allí en el real todos los heridos que traia, y con los sanos
-luego fué muy en posta; y destas palabras que Cortés le dijo recebió
-mucha pena el Sandoval, y porque no le quiso escuchar, y luego partió
-para Chalco.
-
-Y como llegó con todo su ejército bien cansado de las armas y largo
-camino, pareció ser que los de Chalco, luego como lo supieron por sus
-espías que los mejicanos venian tan de repente sobre ellos, y cómo
-habia tenido Guatemuz aquella cosa concertada que diesen sobre ellos,
-como dicho tengo, sin más aguardar socorro de nosotros, enviaron á
-llamar á los de la provincia de Guaxocingo é Tlascala, que estaban
-cerca, los cuales vinieron aquella noche mesma, muy aparejados con sus
-armas, y se juntaron con los de Chalco, que serian por todos más de
-veinte mil dellos, é ya les habian perdido el temor á los mejicanos,
-y gentilmente los aguardaron en el campo y pelearon como muy varones,
-puesto que los mejicanos mataron y prendieron hasta quince capitanes
-y hombres principales, y de otra gente de guerra de no tanta cuenta
-se prendieron otros muchos; y túvose esta batalla entre los mejicanos
-por grande deshonra suya, viendo que los de Chalco los vencieron, y en
-mucho más que si los desbaratáramos nosotros.
-
-Y como llegó Sandoval á Chalco y vió que no tenia qué hacer ni de qué
-se temer, que ya no volverian otra vez los mejicanos sobre Chalco, da
-vuelta á Tezcuco y llevó los presos mejicanos, con lo cual se holgó
-mucho Cortés; y Sandoval mostró grande enojo de nuestro capitan por lo
-pasado, y no le fué á ver ni hablar, puesto que Cortés le envió á decir
-que lo habia entendido de otra manera, y que creyó que por descuido
-del Sandoval no se habia remediado, pues que iba con mucha gente de á
-caballo y soldados, y sin haber desbaratado los mejicanos se volvia.
-
-Dejemos de hablar desta materia, porque luego tornaron á ser amigos
-Cortés y el Sandoval, y no sabia Cortés placer que hacer al Sandoval
-por tenelle contento, que no le hacia.
-
-Dejallo he aquí, y diré cómo acordamos de herrar todas las piezas,
-esclavas y esclavos que se habian habido, que fueron muchas, y de cómo
-vino en aquel instante un navío de Castilla, y lo que más pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLIII.
-
-CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS EN TEZCUCO, Y CÓMO VINO NUEVA QUE HABIA
-VENIDO AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN NAVÍO, Y LOS PASAJEROS QUE EN ÉL
-VINIERON; Y OTRAS COSAS QUE PASARON DIRÉ ADELANTE.
-
-
-Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con gran presa de esclavos, y
-otros muchos que se habian habido en las entradas pasadas, fué acordado
-que luego se herrasen; y de que se hubo pregonado que se llevasen á
-herrar á una casa señalada, todos los más soldados llevamos las piezas
-que habiamos habido, para echar el hierro de su majestad, que era una
-G, que quiere decir guerra, segun y de la manera que lo teniamos de
-ántes concertado con Cortés, segun he dicho en el capítulo que dello
-habla, creyendo que se nos habia de volver despues de pagado el real
-quinto, que las apreciasen cuánto podia valer cada pieza; y no fué
-ansí, porque si en lo de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra
-vez dicho tengo, muy peor se hizo en esto de Tezcuco, que despues que
-sacaban el real quinto, era otro quinto para Cortés y otras partes
-para los capitanes; y en la noche ántes cuando las tenian juntas nos
-desaparecieron las mejores indias.
-
-Pues como Cortés nos habia dicho y prometido que las buenas piezas
-se habian de vender en el almoneda por lo que valiesen, y las que no
-fuesen tales por ménos precio, tampoco hubo buen concierto en ello,
-porque los oficiales del Rey que tenian cargo dellas hacian lo que
-querian; por manera que si mal se hizo una vez, esta vez peor; y desde
-allí adelante muchos soldados que tomábamos algunas buenas indias,
-porque no nos las tomasen, como las pasadas, las escondiamos y no las
-llevábamos á herrar, y deciamos que se habian huido; y si era privado
-de Cortés, secretamente la llevaban de noche á herrar y las apreciaban
-en lo que valian y les echaban el hierro y pagaban el quinto; y otras
-muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deciamos que eran naborías
-que habian venido de paz de los pueblos comarcanos y de Tlascala.
-
-Tambien quiero decir que como ya habia dos ó tres meses pasados que
-algunas de las esclavas que estaban en nuestra compañía y en todo el
-real conocian á los soldados cuál era bueno é cuál malo, y trataba bien
-á las indias naborías que tenia ó cuál las trataba mal, y tenian fama
-de caballeros, y de otra manera cuando las vendian en el almoneda, y
-si las sacaban algunos soldados que las tales indias ó indios no les
-contentaban ó las habian tratado mal, de presto se les desaparecian que
-no las vian más, y preguntar por ellas era por demás; y en fin, todo se
-quedaba por deuda en los libros del Rey, ansí en lo de las almonedas y
-los quintos; y al dar las partes del oro se consumió, que ningunos ó
-muy pocos soldados llevaron partes, porque ya lo debian, y aun muchos
-más pesos de oro que despues cobraron los oficiales del Rey.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo en aquella sazon vino un navío de
-Castilla, en el cual vino por tesorero de su majestad un Julian de
-Alderete, vecino de Tordesillas, y vino un Orduña el viejo, vecino
-que fué de la Puebla, que despues de ganado Méjico trajo cuatro ó
-cinco hijas, que casó muy honradamente; era natural de Tordesillas; y
-vino un fraile de San Francisco que se decia fray Pedro Melgarejo de
-Urrea, natural de Sevilla, que trajo unas bulas de señor San Pedro, y
-con ellas nos componian si algo éramos en cargo en las guerras en que
-andábamos; por manera que en pocos meses el fraile fué rico y compuesto
-á Castilla; trajo entónces por comisario y quien tenia cargo de las
-bulas á Jerónimo Lopez, que despues fué secretario en Méjico; vinieron
-un Antonio Carvajal, que ahora vive en Méjico, ya muy viejo, capitan
-que fué de un bergantin; y vino Jerónimo Ruiz de la Mota, yerno que
-fué, despues de ganado Méjico, del Orduña, que ansimismo fué capitan
-de un bergantin, natural de Búrgos; y vino un Briones, natural de
-Salamanca; á este Briones ahorcaron en esta provincia de Guatimala por
-amotinador de ejércitos, desde á cuatro años que se vino huyendo de lo
-de Honduras; y vinieron otros muchos que ya no me acuerdo, y tambien
-vino un Alonso Diaz de la Reguera, vecino que fué de Guatimala, que
-ahora vive en Valladolid; y trajeron en este navío muchas armas y
-pólvora, y en fin como navío que venia de Castilla, é vino cargado de
-muchas cosas, y con él nos alegramos, y de las nuevas que de Castilla
-trajeron no me acuerdo bien; más paréceme que dijeron que el Obispo
-de Búrgos ya no tenia mano en el Gobierno, que no estaba su majestad
-bien con él desque alcanzó á saber de nuestros muy buenos é notables
-servicios, y como el Obispo escribia á Flandes al contrario de lo
-que pasaba y en favor de Diego Velazquez, y halló muy claramente su
-majestad ser verdad todo lo que nuestros procuradores de nuestra parte
-le fueron á informar, y á esta causa no le oia cosa que dijese.
-
-Dejemos esto, y volvamos á decir que como Cortés vió los bergantines
-que estaban acabados de hacer, y la gran voluntad que todos los
-soldados teniamos de estar ya puestos en el cerco de Méjico, y en
-aquella sazon volvieron los de Chalco á decir que los mejicanos venian
-sobre ellos, y que les enviasen socorro; y Cortés les envió á decir
-que él queria ir en persona á sus pueblos y tierras, y no se volver
-hasta que á todos los contrarios echase de aquellas comarcas; y mandó
-apercebir trecientos soldados y treinta de á caballo, y todos los más
-escopeteros y ballesteros que habia, y gente de Tezcuco; y fué en su
-compañía Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, y
-ansimismo fué el tesorero Julian de Alderete, y el fraile fray Pedro
-Melgarejo, que ya en aquella sazon habia llegado á nuestro real; é yo
-fuí entónces con el mismo Cortés, porque me mandó que fuese con él; y
-lo que pasamos en aquella entrada diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLIV.
-
-CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA Y SE RODEÓ LA LAGUNA, Y
-TODAS LAS CIUDADES Y GRANDES PUEBLOS QUE ALREDEDOR HALLAMOS, Y LO QUE
-MÁS NOS PASÓ EN AQUELLA ENTRADA.
-
-
-Como Cortés habia dicho á los de Chalco que les habia de ir á socorrer
-porque los mejicanos no viniesen y les diesen guerra, porque harto
-teniamos cada semana de ir y venir á les favorecer, mandó apercebir
-todos los soldados y ejército, que fueron trecientos soldados y
-treinta de á caballo, y veinte ballesteros y quince escopeteros, y el
-tesorero Julian de Alderete y Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y
-Cristóbal de Olí, y fué tambien el fraile fray Pedro Melgarejo, y á mí
-me mandó que fuese con él, y muchos tlascaltecas y amigos de Tezcuco; y
-dejó en guarda de Tezcuco y bergantines á Gonzalo de Sandoval con buena
-copia de soldados y de á caballo.
-
-Y una mañana, despues de haber oido Misa, que fué viérnes 5 dias del
-mes de Abril de 1521 años, fuimos á dormir á Talmanalco, y allí nos
-recibieron muy bien; y el otro dia fuimos á Chalco, que estaba muy
-cerca el uno del otro: allí mandó Cortés llamar á todos los caciques
-de aquella provincia, y se les hizo un parlamento con nuestras lenguas
-doña Marina é Jerónimo de Aguilar, en que se les dió á entender cómo
-agora al presente íbamos á ver si podria traer de paz á algunos de
-los pueblos que estaban más cerca de la laguna, y tambien para ver
-la tierra y sitio para poner cerco á la gran ciudad de Méjico, y que
-por la laguna habian de echar los bergantines, que eran trece, y que
-les rogaba á todos que para otro dia estuviesen aparejadas todas sus
-gentes de guerra para ir con nosotros; y cuando lo hubieron entendido,
-todos á una de muy buena voluntad dijeron que sí lo harian; y otro
-dia fuimos á dormir á otro pueblo que estaba sujeto al mismo Chalco,
-que se dice Chimaluacan, y allí vinieron más de veinte mil amigos,
-ansí de Chalco y de Tezcuco y Guaxocingo, y los tlascaltecas y otros
-pueblos; y vinieron tantos, que en todas las entradas que yo habia ido,
-despues que en la Nueva-España entré, nunca vi tanta gente de guerra de
-nuestros amigos como ahora fueron en nuestra compañía.
-
-Ya he dicho otra vez que iba tanta multitud dellos á causa de los
-despojos que habian de haber, y lo más cierto, por hartarse de carne
-humana si hubiese batallas, porque bien sabian que las habia de haber;
-y son, á manera de decir como cuando en Italia salia un ejército de una
-á otra parte, y les seguian cuervos y milanos y otras aves de rapiña,
-que se mantenian de los cuerpos muertos que quedaban en el campo cuando
-se daba alguna muy sangrienta batalla; ansí he juzgado que nos seguian
-tantos millares de indios.
-
-Dejemos esta plática, y volvamos á nuestra relacion: que en aquella
-sazon se tuvo nueva que estaban en un llano cerca de allí aguardando
-muchos escuadrones y capitanías de mejicanos é sus aliados, todos los
-de aquellas comarcas, para pelear con nosotros; y Cortés nos apercibió
-que fuésemos muy alerta y saliésemos de aquel pueblo donde dormimos,
-que se dice Chimaluacan, despues de haber oido Misa, que fué bien de
-mañana; y con mucho concierto fuimos caminando entre unos peñascos
-y por medio de dos sierrezuelas, que en ellas habia fortalezas y
-mamparos, donde habia muchos indios é indias recogidos é hechos
-fuertes; y dende su fortaleza nos daban gritos é voces y alaridos, y
-nosotros no curamos de pelear con ellos, sino callar y caminar y pasar
-adelante hasta un pueblo grande que estaba despoblado, que se dice
-Yautepeque, y tambien pasamos de largo; y llegamos á un llano donde
-habia unas fuentes de muy poca agua, é á una parte estaba un gran peñol
-con una fuerza muy mala de ganar, segun luego pareció por la obra; y
-como llegamos en el paraje del peñol, porque vimos que estaba lleno de
-guerreros, y de lo alto dél nos daban gritos y tiraban piedras é varas
-y flechas, y hirieron tres soldados de los nuestros, entónces mandó
-Cortés que reparásemos allí, é dijo:
-
-—«Parece que todos estos mejicanos se ponen en fortalezas y hacen burla
-de nosotros de que no les acometemos.»
-
-Y esto dijo por los que dejábamos atrás en las sierrezuelas; y luego
-mandó á unos de á caballo y á ciertos ballesteros que diesen una
-vuelta á una parte del peñol, y que mirasen si habia otra subida más
-conveniente de buena entrada para les poder combatir; y fueron, y
-dijeron que lo mejor de todo era donde estábamos, porque en todo lo
-demás no habia subida ninguna, que era toda peña tajada, y luego Cortés
-mandó que les fuésemos entrando y subiendo.
-
-El alférez Cristóbal del Corral delante, y otras banderas, y todos
-nosotros siguiéndolas, y Cortés con los de á caballo aguardando en
-lo llano por guarda de otros escuadrones de mejicanos, no viniesen
-á dar en nuestro fardaje ó en nosotros entre tanto que combatiamos
-aquella fuerza; y como comenzamos á subir por el peñol arriba, echan
-los indios guerreros que en él estaban tantas piedras muy grandes y
-peñascos, que fué cosa espantosa, como se venian despeñando y saltando,
-cómo no nos mataron á todos; y fué cosa inconsiderada y no de cuerdo
-capitan mandarnos subir; y luego á mis piés murió un soldado que se
-decia Fulano Martinez, valenciano, que habia sido maestresala de un
-señor de salva en Castilla, y este llevaba una celada, y no dijo ni
-habló palabra; y todavía subiamos, y como venian las galgas rodando
-y despeñándose y dando saltos (que ansí llamábamos á las grandes
-piedras que venian despeñadas), luego mataron á otros dos soldados,
-que se decian Gaspar Sanchez, sobrino del tesorero de Cuba, y á un
-Fulano Bravo; y todavía subiamos, y luego mataron á otro soldado muy
-esforzado que se decia Alonso Rodriguez, y á otros dos descalabrados,
-y en las piernas golpes todos los más de nosotros, y todavía porfiar
-é ir adelante; é yo, como en aquel tiempo era suelto, no dejaba de
-seguir al alférez Corral; é íbamos debajo de unas como socarreñas é
-concavidades que se hacian en el peñol de trecho á trecho, á ventura de
-si me encontraban algunos peñascos entre tanto que subia de socarreña
-á socarreña, que fué muy gran ventura; estaba el alférez Cristóbal del
-Corral mamparándose detrás de unos árboles gruesos que tenian muchas
-espinas, que nacen en aquellas concavidades, y estaba descalabrado y el
-rostro todo lleno de sangre é la bandera rota, y me dijo:
-
-—«Oh señor Bernal Diaz del Castillo, que no es cosa el pasar más
-adelante, y mirá no os cojan algunas lanchas ó galgas; estése al reparo
-de esa concavidad;» porque ya no nos podiamos tener aun con las manos,
-cuanto más podelles subir.
-
-En este tiempo vi que de la misma manera que Corral é yo habiamos
-subido de socarreña en socarreña venia Pedro Barba, que era capitan de
-ballesteros, con otros dos soldados; é yo le dije desde arriba:
-
-—«Oh señor capitan, no suba más adelante, que no se podrá tener con
-piés y manos, no vuelva rodando.»
-
-Y cuando se lo dije, me respondió como muy esforzado, ó por dar aquella
-respuesta como gran señor, dijo que eso habia de decir, sino ir
-adelante; é yo recibí de aquella palabra remordimiento de mi persona, y
-le respondí:
-
-—«Pues veamos cómo sube donde yo estoy.»
-
-Y todavía pasé bien arriba; y en aquel instante vienen tantas piedras
-muy grandes que echaron de lo alto, que tenian represadas para aquel
-efeto, que hirieron á Pedro Barba y le mataron un soldado, y no pasaron
-más un paso de allí donde estaban; y entónces el alférez Corral dió
-voces para que dijesen á Cortés de mano en mano que no se podia subir
-más arriba, é que el retraer tambien era muy peligroso; y como Cortés
-lo entendió, porque allá bajo donde estaba en tierra llana le habian
-muerto tres soldados y herido siete del gran ímpetu de las galgas que
-iban despeñándose, y aun tuvo por cierto Cortés que todos los más de
-los que habiamos subido arriba estábamos muertos ó bien heridos, porque
-donde él estaba no podia ver las vueltas que daba aquel peñol; y luego
-por señas y por voces y por unas escopetas que soltaron, tuvimos arriba
-nuestras señas que nos mandaban retraer; y con buen concierto, de
-socarreña en socarreña bajamos abajo todos descalabrados y corriendo
-sangre, y las banderas rotas y ocho muertos, y desque Cortés ansí nos
-vió, dió muchas gracias á Dios; y luego le dijeron lo que habiamos
-pasado yo y Pedro Barba, porque se lo dijo el mismo Pedro Barba y
-el alférez Corral estando platicando de la gran fuerza, é que fué
-maravilla cómo no nos llevaron las galgas de vuelo, segun eran muchas;
-y aun lo supieron luego en todo el real.
-
-Dejemos todo esto, y digamos cómo estaban muchas capitanías de
-mejicanos aguardando en partes que no les podiamos ver ni saber dellos,
-y estaban esperando para socorrer y ayudar á los del peñol; y bien
-entendieron lo que fué, que no podriamos subilles en la fuerza, y que
-entre tanto que estábamos peleando tenian concertado que los del peñol
-por una parte y ellos por la otra darian en nosotros; y como lo tenian
-acordado, ansí vinieron á les ayudar á los del peñol; y cuando Cortés
-lo supo que venian mandó luego á los de á caballo y á todos nosotros
-que fuésemos á encontrar con ellos, y ansí se hizo; y aquella tierra
-era llana, y á partes habia unas como vegas que estaban entre otros
-serrejones; y seguimos á los contrarios hasta que llegamos á otro muy
-fuerte peñol, y en el alcance se mataron muy pocos indios, porque se
-acogian en partes que no se podian haber.
-
-Pues vueltos á la fuerza que probábamos á subir, é viendo que allí no
-habia agua ni la habiamos bebido en todo el dia, ni aun los caballos,
-porque las fuentes que dicho tengo que allí estaban no la tenian, sino
-lodo; que, como teniamos tantos enemigos, estaban sobre ellas y no las
-dejaban manar, y á esta causa mudamos nuestro real y fuimos por una
-vega abajo cerca de otro peñol, que seria del uno al otro obra de legua
-y media poco más ó ménos, creyendo que hallariamos agua, y no la habia
-sino muy poca; y cerca de aquel peñol habia unos árboles de morales de
-la tierra, y allí nos paramos, y estaban obra de doce ó trece casas al
-pié de la sierra y fuerza; y ansí que nosotros llegamos nos comenzaron
-á dar grita y tirar galgas y varas y flechas desde lo alto; y estaba en
-esta fuerza mucha más gente que en el primero peñol, y aun era muy más
-fuerte, segun despues vimos; y nuestros escopeteros y ballesteros les
-tiraban, mas estaban tan altos y tenian tantos mamparos, que no se les
-podia hacer mal ninguno; pues entralles ó subilles no habia remedio, y
-aunque probamos dos veces, que por las casas que allí estaban habia
-unos pasos, hasta dos vueltas podiamos ir, mas desde allí adelante ya
-he dicho peor que el primero; de manera que ansí en esta fuerza como
-en la primera no ganamos ninguna reputacion, ántes los mejicanos y
-sus confederados tenian vitoria; é aquella noche dormimos en aquellos
-morales bien muertos de sed, y se acordó para otro dia que desde otro
-peñol que estaba cerca dél fuesen todos los ballesteros y escopeteros,
-y que subiesen en él, que habia subida, aunque no buena; porque desde
-aquel alcanzarian las ballestas y escopetas al otro peñol fuerte y
-podíanle combatir.
-
-Y mandó Cortés á Francisco Verdugo y al tesorero Julian de Alderete que
-se aperciban de buenos ballesteros, y á Pedro Barba, que era capitan,
-que fuesen por caudillos, y que todos los más soldados hiciésemos
-acometimiento que por los pasos y subidas de las casas que dicho tengo
-que les queriamos subir, y ansí los comenzamos á entrar; mas echaban
-tanta piedra grande y menuda, que hirieron á muchos soldados; y demás
-desto, no les subiamos de hecho, porque era por demás, que aun tenernos
-con las manos y piés no podiamos; y entre tanto que nosotros estábamos
-de aquella manera, los ballesteros y escopeteros desde el peñol que
-he dicho les alcanzaban con las ballestas y escopetas, y aunque no
-muy bien, mataban algunos y herian otros; de manera que estuvimos
-dándoles combates obra de media hora; y quiso Nuestro Señor Dios
-que acordaron de se dar de paz, y fué por causa que no tenian agua
-ninguna, que estaba mucha gente arriba en el peñol, en un llano que se
-hacia arriba, é habíase acogido á él de todas aquellas comarcas ansí
-hombres como mujeres y niños é gente menuda; y para que entendiésemos
-abajo que querian paces, desde el peñol las mujeres meneaban unas
-mantas hácia abajo, y con las palmas daban unas con otras, señalando
-que nos harian pan y tortillas, y los guerreros no nos tiraban vara
-ni piedra ni flecha; y cuando Cortés lo entendió, mandó que no se les
-hiciese mal ninguno, y por señas se les dió á entender que bajasen
-cinco principales á entender en las paces; los cuales bajaron, y con
-grande acato dijeron á Cortés que les perdonase, que por favorecerse y
-defenderse se habian subido en aquellas fuerzas; y Cortés les dijo con
-nuestras lenguas doña Marina y Aguilar, algo enojado, que eran dignos
-de muerte por haber empezado la guerra; mas que pues han venido, que
-vayan luego al otro peñol é llamen los caciques é hombres principales
-que en él están, é traigan los muertos, é que lo pasado se les
-perdonará; y que vengan de paz, si no, que habiamos de ir sobre ellos y
-ponelles cerco hasta que se mueran de sed; porque bien sabiamos que no
-tenian agua, porque en toda aquella tierra no la hay sino muy poca; y
-luego fueron á llamarlos ansí como se lo mandó.
-
-Dejemos de hablar en ello hasta que vuelvan con la respuesta; y
-digamos cómo estando platicando Cortés con el Fraile Melgarejo y el
-tesorero Alderete sobre las guerras pasadas que habiamos habido ántes
-que viniesen á la Nueva-España, y en la del peñol, y el gran poder
-de los mejicanos, y las grandes ciudades que habian visto despues
-que vinieron de Castilla; y decian que si al Emperador nuestro señor
-le informara de la verdad el Obispo de Búrgos, como le escribia al
-contrario, que nos enviaria á hacer grandes mercedes; que no se
-acuerdan que otros mayores servicios haya recebido ningun Rey en el
-mundo que el que nosotros le habiamos hecho en ganar tantas ciudades,
-sin ser sabidor su majestad de cosa ninguna.
-
-Dejemos otras muchas pláticas que pasaron, y digamos cómo mandó nuestro
-capitan Cortés al alférez Corral y á otros dos capitanes, que fueron
-Juan Jaramillo y á Pedro de Ircio, y á mí, que me hallé allí con ellos,
-que subiésemos al peñol y viésemos la fortaleza qué tal era, é que si
-estaban muchos indios heridos ó muertos de saetas y escopetas, é qué
-gente estaba recogida; é cuando esto nos mandó dijo:
-
-—«Mirá, señores, que no les tomeis ni un grano de maíz;» y segun yo
-entendí, quisiera que nos aprovecháramos.
-
-Y subidos al peñol por unos malos pasos, digo que era más fuerte que
-el primero, porque era peña tajada; é ya que estábamos arriba, para
-entrar en la fuerza era como quien entra por una abertura no más ancha
-que dos bocas de filo ó de horno; é ya puestos en lo más alto é llano,
-estaban grandes anchuras de prados, y todo lleno de gente, ansí de
-guerra como de muchas mujeres é niños, é hallamos hasta veinte muertos
-y muchos heridos, y no tenian gota de agua que beber, y tenian todo
-su hato y su hacienda hechos fardajes, y otros muchos lios de mantas,
-que eran del tributo que daban á Guatemuz; é como yo ansí vi tantas
-cargas de ropa y supe que eran del tributo, comencé á cargar cuatro
-tlascaltecas mis maniobras que llevé conmigo, y tambien eché á cuestas
-de otros cuatro indios de los que la guardaban otros cuatro fardos, y á
-cada uno eché una carga; é como Pedro de Ircio lo vió, dijo que no lo
-llevase, é yo porfiaba que sí; y como era capitan, hízose lo que mandó,
-porque me amenazó que se lo diria á Cortés; y me dijo el Pedro de Ircio
-que bien habia visto que dijo Cortés que no les tomásemos un grano de
-maíz, é yo dije que ansí era verdad, que por esa palabra misma queria
-llevar de aquella ropa; por manera que no me dejó llevar cosa ninguna;
-y bajamos á dar cuenta á Cortés de lo que habiamos visto é á lo que nos
-envió; y dijo el Pedro de Ircio á Cortés, por me revolver con él, lo
-pasado, pensando que le contentaba mucho; despues de le dar cuenta de
-lo que habia, dijo:
-
-—«No se les tomó cosa ninguna; que ya habia cargado Bernal Diaz del
-Castillo de ropa á ocho indios, é si no se lo estorbara yo, ya los
-traia cargados.»
-
-Entónces dijo Cortés medio enojado:
-
-—«Pues ¿por qué no lo trajo? Y tambien os habíades de quedar allá vos
-con la ropa é indios con los de arriba.»
-
-É dijo:
-
-—«Mirá cómo no entendieron que los envié porque se aprovechasen, y á
-Bernal Diaz, que me entendió, quitaron el despojo que traia destos
-perros, que se quedarán riendo con los que nos han muerto y herido.»
-
-É cuando aquello oyó el Pedro de Ircio dijo que queria tornar á subir
-á la fuerza; y entónces le dijo que ya no habia coyuntura para ello, y
-que no fuese allá de ninguna manera.
-
-Dejemos esta plática, y digamos cómo vinieron los del otro peñol, y
-en fin de muchas razones que pasaron sobre que les perdonasen, todos
-dieron la obediencia á su majestad; y como no habia agua en aquel
-paraje, nos fuimos luego camino de un pueblo ya nombrado en el capítulo
-pasado, que se dice Guaztepeque, adonde estaba la huerta que he dicho
-que es la mejor que habia visto en toda mi vida, y ansí lo torno á
-decir; que Cortés y el tesorero Alderete desque entónces la vieron y
-pasearon algo della, se admiraron y dijeron que mejor cosa de huerta no
-habian visto en Castilla.
-
-Y digamos cómo en aquella noche nos aposentamos todos en ella; y los
-caciques de aquel pueblo vinieron de paz á hablar y servir á Cortés,
-porque Gonzalo de Sandoval los habia recebido ya de paz cuando entró
-en aquel pueblo, segun más largamente he escrito en el capítulo
-pasado que dello habla; y aquella noche reposamos allí, y á otro dia
-muy de mañana nos partimos para Cornabaca y hallamos unos escuadrones
-de guerreros mejicanos que de aquel pueblo habian salido, y los de
-á caballo les siguieron más de legua y media hasta encerrarlos en
-otro gran pueblo que se dice Tepuztlan; y estaban tan descuidados los
-moradores dél, que dimos en ellos ántes que sus espías que tenian sobre
-nosotros llegasen.
-
-Aquí se hubieron muy buenas indias é despojos, y no aguardaron
-ningunos mejicanos ni los naturales en el pueblo; y nuestro Cortés
-envió á llamar á los caciques por tres ó cuatro veces que viniesen
-todos de paz, y que si no venian, que les quemaria el pueblo y los
-iriamos á buscar; y la respuesta fué que no querian venir; é porque
-otros pueblos tuviesen temor dello, mandó poner fuego á la mitad de
-las casas que allí cerca estaban, y en aquel instante vinieron los
-caciques del pueblo por donde aquel dia pasamos, que ya he dicho que
-se dice Yautepeque, y dieron la obediencia á su Majestad; y otro dia
-fuimos camino de otro mejor y mayor pueblo, que se dice Coadalbaca, y
-comunmente corrompimos ahora aquel vocablo y le llamamos Cuernabaca,
-y habia dentro en él mucha gente de guerra, ansí de mejicanos como
-de los naturales, y estaba muy fuerte por unas cavas y riachuelo que
-están en las barrancas por donde corre el agua, muy hondas, de más de
-ocho estados abajo, puesto que no llevaban mucha agua, y es fortaleza
-para ellos; y tambien no habia entrada para caballos sino por unas dos
-puentes, y teníanlas quebradas; y desta manera estaban tan fuertes, que
-no los podiamos llegar, puesto que nos llegábamos á pelear con ellos
-desta parte de sus cavas y riachuelo en medio, y ellos nos tiraban
-mucha vara y flecha é piedras con hondas; y estando desta manera,
-avisaron á Cortés que más adelante, obra de media legua, habia entrada
-para los caballos, y luego fué allá con los de á caballo, y todos
-nosotros estábamos buscando paso, y vimos que desde unos árboles que
-estaban junto con la cava se podia pasar á la otra parte de aquella
-honda cava, y puesto que cayeron tres soldados desde los árboles
-abajo en el agua, y aun el uno se quebró la pierna, todavía pasamos,
-aunque con harto peligro; porque de mí digo que verdaderamente cuando
-pasaba que lo vi muy peligroso é malo de pasar, y se me desvanecia la
-cabeza, y todavía pasé yo y otros veinte ó treinta soldados y muchos
-tlascaltecas, y comenzamos á dar por las espaldas de los mejicanos,
-que estaban tirando vara y flecha á los nuestros; y cuando lo vieron,
-que lo tenian por cosa imposible, creyeron que éramos muchos más; y en
-este instante allegaron Cristóbal de Olí é Pedro de Albarado y Andrés
-de Tapia, con otros de á caballo, que habian pasado con mucho riesgo de
-sus personas por una puente quebrada, y damos en los contrarios; por
-manera que volvieron las espaldas y se fueron huyendo á los montes y á
-otras partes de aquella honda cava, donde no se pudieron haber; é dende
-á poco rato tambien llegó Cortés con todos los demás de á caballo.
-
-En este pueblo se hubo gran despojo, ansí de mantas muy grandes como de
-buenas indias, é allí mandó Cortés que estuviésemos aquel dia, y en una
-huerta del señor de aquel pueblo nos aposentamos todos, y era muy buena.
-
-Que quiera decir el gran recaudo de velas y escuchas y corredores del
-campo que do quiera que estábamos ó por los caminos llevábamos, es
-prolijidad recitallo tantas veces: y por esta causa pasaré adelante,
-y diré que vinieron nuestros corredores del campo á decir á Cortés
-que venian hasta veinte indios, y á lo que parecia en sus meneos y
-semblantes eran caciques y hombres principales que le traian mensajes
-ó á demandar paces, y eran los caciques de aquel pueblo; y cuando
-llegaron adonde Cortés estaba le hicieron mucho acato y le presentaron
-ciertas joyas de oro, y le dijeron que les perdonase porque no salieron
-de paz, que el señor de Méjico les enviaba á mandar que, pues estaban
-en fortaleza, que desde allí nos diesen guerra, y les envió un buen
-escuadron de mejicanos para que les ayudasen; é que á lo que ahora han
-visto, que no habrá cosa, por fuerte que sea, que no la combatamos y
-señoreemos, y que le piden por merced que los reciba de paz; y Cortés
-les mostró buena cara y dijo que somos vasallos de un gran señor,
-que es el Emperador D. Cárlos, que á los que le quisieren servir que
-á todos hace mercedes, y que á ellos en su Real nombre los recibe de
-paz; y allí dieron la obediencia á su majestad; y acuérdome que dijeron
-aquellos caciques que en pago de no haber venido de paz hasta entónces
-permitieron nuestros dioses á los suyos que les hiciese castigo en sus
-personas y haciendas.
-
-Donde los dejaré agora; y digamos cómo otro dia de mañana caminamos
-para otra gran poblacion que se dice Suchimileco; y lo que pasamos en
-el camino y en la ciudad y reencuentros de guerra que nos dieron diré
-adelante, hasta que volvimos á Tezcuco, y lo que más pasamos.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLV.
-
-DE LA GRAN SED QUE HUBO EN ESTE CAMINO, Y DEL PELIGRO EN QUE NOS VIMOS
-EN SUCHIMILECO CON MUCHAS BATALLAS Y REENCUENTROS QUE CON LOS MEJICANOS
-Y CON LOS NATURALES DE AQUELLA CIUDAD TUVIMOS, Y DE OTROS MUCHOS
-REENCUENTROS DE GUERRAS QUE HASTA VOLVER Á TEZCUCO PASAMOS.
-
-
-Pues como caminamos para Suchimileco, que es una gran ciudad, y en
-toda la más della están fundadas las casas en el agua, de agua dulce,
-y estará de Méjico obra de dos leguas y media; pues yendo por nuestro
-camino con gran concierto y ordenanza, como lo teniamos de costumbre,
-fuimos por unos pinares, y no habia agua en todo el camino; y como
-íbamos con nuestras armas á cuestas y era ya tarde y hacia gran sol,
-aquejábanos mucho la sed, y no sabiamos si habia agua adelante, y
-habiamos andado ciertas leguas, ni tampoco teniamos certinidad qué
-tanto estaba de allí un pozo que nos decian que habia en el camino;
-y como Cortés así vido todo nuestro ejército cansado, y los amigos
-tlascaltecas se desmayaron y se murió uno de sed, y un soldado de los
-nuestros que era viejo y estaba doliente, me parece que tambien se
-murió de sed, acordó Cortés de parar á la sombra de unos pinares, y
-mandó á seis de á caballo que fuesen adelante, camino de Suchimileco,
-é que viesen qué tanto de allí habia poblacion ó estancias, ó el pozo
-que tuvimos noticia que estaba cerca, para ir á dormir á él; y cuando
-fueron los de á caballo, que era Cristóbal de Olí y un Valdenebro y
-Pedro Gonzalez de Trujillo, y otros muy esforzados varones, acordé yo
-de me apartar en parte que no me viese Cortés ni los de á caballo,
-y llevé tres naborías mios tlascaltecas, bien esforzados é sueltos
-indios, y fuí tras ellos hasta que me vieron ir, y me aguardaron
-para me hacer volver, no hubiese algun rebato de guerreros mejicanos
-donde no me pudiese valer, é yo todavía porfiaba á ir con ellos; y
-el Cristóbal de Olí, como era yo su amigo, me dijo que fuese y que
-aparejase los puños á pelear con los indios y los piés á ponerme en
-salvo, y era tanta la sed que tenia, que aventuraba mi vida por me
-hartar de agua.
-
-Y pasando obra de media legua adelante, habia muchas estancias y
-caserías de los de Suchimileco en unas laderas de unas sierrezuelas;
-entónces los de á caballo que he dicho se apartaron para buscar agua
-en las casas, y la hallaron y se hartaron de ella, y uno de mis
-tlascaltecas me sacó de una casa un gran cántaro de agua, que así los
-hay grandes cántaros en aquella tierra, de que me harté yo y ellos; y
-entónces acordé desde allí de me volver donde estaba Cortés reposando,
-porque los moradores de aquellas estancias ya comenzaban á se
-apellidar y nos daban grita, y truje el cántaro lleno de agua con los
-tlascaltecas, y hallé á Cortés que ya comenzaba á caminar con todo su
-ejército; y como le dije que habia agua en unas estancias muy cerca de
-allí y que habia bebido y que traia agua en el cántaro, la cual traian
-los tlascaltecas muy escondida porque no me la tomasen, porque á la
-sed no hay ley; de la cual bebió Cortés y otros caballeros, y se holgó
-mucho, y todos se alegraron y se dieron priesa á caminar, y llegamos
-á las estancias ántes de se poner el sol, y por las casas hallaron
-agua, aunque no mucha, y con la sed que traian algunos soldados, comian
-unos como cardos, y á algunos se les dañaron las bocas y lenguas; y
-en este instante vinieron los de á caballo é dijeron que el pozo que
-estaba léjos, y que ya estaba toda la tierra apellidando guerra, é
-que era bien dormir allí; y luego pusieron velas y espías y corredores
-del campo, é yo fuí uno de los que pusieran por velas, y paréceme
-que llovió aquella noche un poco ó que hizo mucho viento; y otro dia
-muy de mañana comenzamos á caminar; é á obra de las ocho llegamos á
-Suchimileco.
-
-Saber yo ahora decir la multitud de guerreros que nos estaban
-esperando, unos por tierra é otros en un paso de una puente que tenian
-quebrada, é los muchos mamparos y albarradas que tenian hecho en
-ellas, é las lanzas que traian hechas como al modo de las espadas que
-hubieron cuando la gran matanza que hicieron de los nuestros en lo
-de las puentes de Méjico, y otros muchos indios capitanes que todos
-traian espadas de las nuestras muy relucientes; pues flecheros y varas
-de á dos gajos, y piedra con hondas, y espadas de á dos manos como
-montantes, hechas de á dos manos de navajas.
-
-Digo que estaba toda la tierra firme llena dellos, y al pasar de
-aquella puente estuvieron peleando con nosotros cerca de media hora,
-que no les podiamos entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas ni
-grandes arremetidas que haciamos, y lo peor de todo era que ya venian
-otros escuadrones dellos, por las espaldas dándonos guerra; y cuando
-aquello vimos, rompimos por el agua y puente medio nadando, y otros á
-vuelapié, y allí hubo algunos de nuestros soldados que bebieron tanta
-agua por fuera, que se les hincharon las barrigas dello.
-
-Y volvamos á nuestra batalla: que al pasar de la puente hirieron á
-muchos de los nuestros é mataron dos soldados, y luego les llevamos á
-buenas cuchilladas por unas calles donde habia tierra firme adelante,
-y los de á caballo, juntamente con Cortés, salen por otras partes á
-tierra firme, á donde toparon sobre más de diez mil indios, todos
-mejicanos, que venian de refresco para ayudar á los de aquel pueblo;
-y peleaban de tal manera con los nuestros, que les aguardaban con las
-lanzas á los de á caballo, é hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que
-se halló en aquella gran presa, y el caballo en que iba, que era muy
-bueno, castaño escuro, que le llamaban el Romo, ú de muy gordo ú de
-cansado, como estaba holgado, desmayó el caballo, y los contrarios
-mejicanos, como eran muchos, echaron mano á Cortés y le derribaron del
-caballo; otros dijeron que por fuerza le derrocaron; ahora sea por lo
-uno ó por lo otro, en aquel instante llegaron muchos más guerreros
-mejicanos para si pudieran apañarle vivo á Cortés; y como aquello
-vieron unos tlascaltecas y un soldado muy esforzado, que se decia
-Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina
-del Campo, de presto llegaron, y á buenas cuchilladas y estocadas
-hicieron lugar, y tornó Cortés á cabalgar, aunque bien herido en la
-cabeza, y quedó el Olea muy malamente herido de tres cuchilladas; y en
-aquel tiempo acudimos allí todos los más soldados que más cerca dél
-nos hallamos; porque en aquella sazon, como en aquella ciudad habia
-en cada calle muchos escuadrones de guerreros y por fuerza habiamos de
-seguir las banderas, no podiamos estar todos juntos, sino pelear unos á
-unas partes y otros á otras, como nos fué mandado por Cortés; mas bien
-entendimos que donde andaba Cortés y los de á caballo que habia mucho
-que hacer, por las muchas gritas y voces y alaridos que oiamos.
-
-Y en fin de más razones, puesto que habia á donde andábamos muchos
-guerreros, fuimos con gran riesgo de nuestras personas á donde estaba
-Cortés, que ya se le habian juntado hasta quince de á caballo y estaban
-peleando con los enemigos junto á unas acequias, á donde se mamparaban
-y estaban albarradas; y como llegamos, les pusimos en huida, aunque
-no del todo volvian las espaldas; y porque el soldado Olea que acudió
-á nuestro Cortés estaba muy mal herido de tres cuchilladas y se
-desangraba, y las calles de aquella ciudad estaban llenas de guerreros,
-dijimos á Cortés que se volviese á unos mamparos y se curase el
-Cortés y el Olea; y así volvimos, y no muy sin sobra de vara y piedra
-y flecha, que nos tiraban de muchas partes donde tenian mamparos y
-albarradas, creyendo los mejicanos, que volviamos retrayéndonos, é nos
-seguian con gran furia; y en este instante viene Pedro de Albarado é
-Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí y todos los más de á caballo que
-fueron con ellos á otras partes, el Olí corriendo sangre de la cara y
-el Pedro de Albarado herido, y el caballo y todos los demás cada cual
-con su herida, y dijeron que habian peleado con tanto mejicano en el
-campo, que no se podian valer; y porque cuando pasamos la puente que
-dicho tengo, parece ser Cortés los repartió que la mitad de á caballo
-fuesen por una parte y la otra mitad por otra; y así, fueron siguiendo
-tras unos escuadrones, y la otra mitad tras los otros.
-
-Pues ya que estábamos curando los heridos con quemalles con aceite é
-apretalles con mantas, suenan tantas voces y trompetillas é caracoles
-por unas calles en tierra firme, y por ellas vienen tantos mejicanos á
-un patio donde estábamos curando los heridos, é tírannos tanta vara y
-piedra, que hirieron de repente á muchos soldados; mas no les fué muy
-bien de aquella cabalgada, que presto arremetimos con ellos, y buenas
-cuchilladas y estocadas quedaron hartos dellos tendidos.
-
-Pues los de á caballo no tardaron en salilles al encuentro, que mataron
-muchos, puesto que entónces hirieron dos caballos é mataron un soldado;
-de aquella vez los echamos de aquel sitio é patio; y cuando Cortés vió
-que no habia más contrarios, nos fuimos á reposar á otro grande patio,
-adonde estaban los grandes adoratorios de aquella ciudad, y á muchos de
-nuestros soldados subieron en el cu más alto, adonde tenian sus ídolos,
-y desde allí vieron la gran ciudad de Méjico y toda la laguna, porque
-bien se señoreaba todo; y vieron venir sobre dos mil canoas que venian
-de Méjico llenas de guerreros, y venian derechos adonde estábamos;
-porque, segun otro dia supimos, el señor de Méjico, que se decia
-Guatemuz, les enviaba para que aquella noche ó dia diesen en nosotros;
-y juntamente envió por tierra sobre otros diez mil guerreros para que,
-unos por una parte y otros por otra, tuviesen manera que no saliésemos
-de aquella ciudad con las vidas ninguno de nosotros.
-
-Tambien habia apercebido otros diez mil hombres para les enviar de
-refresco cuando estuviesen dándonos guerra, y esto se supo otro dia
-de cinco capitanes mejicanos que en las batallas prendimos; y mejor
-lo ordenó nuestro Señor Jesucristo; porque así como vino aquella gran
-flota de canoas, luego se entendió que venian contra nosotros, y
-acordóse que hubiese muy buena vela en todo nuestro real, repartido
-á los puertos y acequias por donde habian de venir á desembarcar, y
-los de á caballo muy á punto toda la noche, ensillados y enfrenados,
-aguardando en la calzada y tierra firme, y todos los capitanes, y
-Cortés con ellos, haciendo vela y ronda toda la noche, é á mí é á
-otros diez soldados nos pusieron por velas sobre unas paredes de cal
-y canto, y tuvimos muchas piedras é ballestas y escopetas y lanzas
-grandes adonde estábamos, para que si por allí, en unas acequias que
-era desembarcadero, llegasen canoas, que los resistiésemos é hiciésemos
-volver, é á otros soldados pusieron en guarda en otras acequias.
-
-Pues estando velando yo y mis compañeros, sentimos el rumor de muchas
-canoas que venian á remo callado á desembarcar á aquel puesto donde
-estábamos, y á buenas pedradas y con las lanzas les resistimos, que no
-osaron desembarcar, y á uno de nuestros compañeros enviamos que fuese á
-dar aviso á Cortés; y estando en esto, volvieron otra vez otras muchas
-canoas cargadas de guerreros, y nos comenzaron á tirar mucha vara y
-piedra y flecha, y los tornamos á resistir, y entónces descalabraron
-á dos de nuestros soldados; y como era de noche muy escuro, se fueron
-á ajuntar las canoas con sus capitanes de la flota de canoas, y todas
-juntas fueron á desembarcar á otro puertezuelo ó acequias hondas; y
-como no son acostumbrados á pelear de noche, se juntaron todos con los
-escuadrones que Guatemuz enviaba por tierra, que eran ya dellos más de
-quince mil indios.
-
-Tambien quiero decir, y esto no por me jactanciar, que como nuestro
-compañero fué á dar aviso á Cortés cómo habian llegado allí en el
-puerto donde velábamos muchas canoas de guerreros, segun dicho tengo,
-luego vino á hablar con nosotros el mismo Cortés, acompañado de diez
-de á caballo, y cuando llegó cerca sin nos hablar, dimos voces yo y un
-Gonzalo Sanchez, que era del Algarbe portugués, y dijimos:
-
-—«¿Quién viene ahí? ¿No podeis hablar?»
-
-Y le tiramos tres ó cuatro pedradas: y como me conoció Cortés en la voz
-á mí y á mi compañero, dijo Cortés al tesorero Julian de Alderete y á
-fray Pedro Melgarejo y al maestre de campo, que era Cristóbal de Olí,
-que le acompañaban á rondar:
-
-—«No es menester poner aquí más recaudo, que dos hombres están aquí
-puestos entre los que velan, que son de los que pasaron conmigo de los
-primeros, que bien podemos fiar dellos esta vela, y aunque sea otra
-cosa de mayor afrenta.»
-
-Y desque nos hablaron, dijo Cortés que mirásemos el peligro en que
-estábamos; se fueron á requerir á otros puestos, y cuando no me cato,
-sin más nos hablar, oimos cómo traian á un soldado azotando por la
-vela, y era de los de Narvaez.
-
-Pues otra cosa quiero traer á la memoria, y es, que ya nuestros
-escopeteros no tenian pólvora ni los ballesteros saetas; que el dia
-ántes se dieron tal priesa, que lo habian gastado; y aquella misma
-noche mandó Cortés á todos los ballesteros que alistasen todas las
-saetas que tuviesen y las emplumasen y pusiesen sus casquillos, porque
-siempre traiamos en las entradas muchas cargas de almacen de saetas, y
-sobre cinco cargas de casquillos hechos de cobre, y todo aparejo para
-donde quiera que llegásemos tener saetas; y toda la noche estuvieron
-emplumando y poniendo casquillos todos los ballesteros, y Pedro Barba,
-que era su capitan, no se quitaba de encima de la obra, y Cortés, que
-de cuando en cuando acudia.
-
-Dejemos esto, y digamos ya que fué de dia claro cual nos vinieron á
-cercar todos los escuadrones mejicanos en el patio donde estábamos:
-y como nunca nos cogian descuidados, los de á caballo por una parte,
-como era tierra firme, y nosotros por otra, y nuestros amigos los
-tlascaltecas, que nos ayudaban, rompimos por ellos y se mataron y
-hirieron tres de sus capitanes, sin otros muchos que luego otro dia se
-murieron; y nuestros amigos hicieron buena presa, y se prendieron cinco
-principales, de los cuales supimos los escuadrones que Guatemuz habia
-enviado; y en aquella batalla quedaron muchos de nuestros soldados
-heridos, é uno murió luego.
-
-Pues no se acabó en esta refriega; que yendo los de á caballo siguiendo
-el alcance, se encuentran con los diez mil guerreros que el Guatemuz
-enviaba en ayuda é socorro de refresco de los que de ántes habia
-enviado, y los capitanes mejicanos que con ellos venian traian espadas
-de las nuestras, haciendo muchas muestras con ellas de esforzados,
-y decian que con nuestras armas nos habian de matar; y cuando los
-nuestros de á caballo se hallaron cerca dellos, como eran pocos, y
-eran muchos escuadrones, temieron; é á esta causa se pusieron en parte
-para no se encontrar luego con ellos hasta que Cortés y todos nosotros
-fuésemos en su ayuda; é como lo supimos, en aquel instante cabalgan
-todos los de á caballo que quedaban en el real, aunque estaban heridos
-ellos y sus caballos, y salimos todos los soldados y ballesteros, y
-con nuestros amigos los tlascaltecas, y arremetimos de manera, que
-rompimos y tuvimos lugar de nos juntar con ellos pié con pié, y á
-buenas estocadas y cuchilladas se fueron con la mala ventura, y nos
-dejaron de aquella vez el campo.
-
-Dejemos esto, y tornaremos á decir que allí se prendieron otros
-principales, y se supo dellos que tenia Guatemuz ordenado de enviar
-otra gran flota de canoas y muchos más guerreros por tierra; y dijo
-á sus guerreros que cuando estuviésemos cansados, y heridos muchos y
-muertos de los reencuentros pasados, que estariamos descuidados con
-pensar que no enviaria más escuadrones contra nosotros, é que con los
-muchos que entónces enviaria nos podria desbaratar; y como aquello se
-supo, si muy apercebidos estábamos de ántes, mucho más lo estuvimos
-entónces, y fué acordado que para otro dia saliésemos de aquella ciudad
-y no aguardásemos más batallas; y aquel dia se nos fué en curar heridos
-y en adobar armas y hacer saetas; y estando de aquella manera, pareció
-ser que, como en aquella ciudad eran ricos y tenian unas casas muy
-grandes llenas de mantas, y ropa, y camisas de mujeres de algodon, y
-habia en ella oro y otras muchas cosas y plumajes, alcanzáronlo á saber
-los tlascaltecas y ciertos soldados en qué parte ó paraje estaban las
-casas, y se las fueron á mostrar unos prisioneros de Suchimileco, y
-estaban en la laguna dulce y podian pasar á ellas por una calzada,
-puesto que habia dos ó tres puentes chicas en la calzada, que pasaban
-á ellas de unas acequias hondas á otras; y como nuestros soldados
-fueron á las casas y las hallaron llenas de ropa, y no habia guarda,
-cárganse ellos y muchos tlascaltecas de ropa y otras cosas de oro, y
-se vienen con ello al real; y como lo vieron otros soldados, van á las
-mismas casas, y estando dentro sacando ropa de unas cajas muy grandes
-de madera, vino en aquel instante una gran flota de canoas de guerreros
-de Méjico y dan sobre ellos é hirieron muchos soldados, y apañan á
-cuatro soldados vivos é los llevaron á Méjico, é los demás se escaparon
-de buena; y llamábanse los que llevaron Juan de Lara, y el otro Alonso
-Hernandez, y de los demás no me acuerdo sus nombres, mas sé que eran de
-la capitanía de Andrés de Monjaraz.
-
-Pues como le llevaron á Guatemuz estos cuatro soldados, alcanzó á saber
-cómo éramos muy pocos los que veniamos con Cortés y que muchos estaban
-heridos, y tanto como quiso saber de nuestro viaje, tanto supo; y como
-fué bien informado, manda cortar piés y brazos á los tristes nuestros
-compañeros, y los envia por muchos pueblos nuestros amigos de los que
-nos habian venido de paz, y les envia á decir que ántes que volvamos
-á Tezcuco piensa no quedará ninguno de nosotros á vida; y con los
-corazones y sangre hizo sacrificio á sus ídolos.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo luego tornó á enviar muchas flotas de
-canoas llenas de guerreros, y otras capitanías por tierra, y les mandó
-que procurasen que no saliésemos de Suchimileco con las vidas.
-
-Y porque ya estoy harto de escribir de los muchos reencuentros y
-batallas que en estos cuatro dias tuvimos con mejicanos, é no puedo
-dejar otra vez de hablar en ellas, digo que cuando amaneció vinieron
-desta vez tantos culchúas mejicanos por los esteros, y otros por las
-calzadas y tierra firme, que tuvimos harto que romper en ellos; y luego
-nos salimos de aquella ciudad á una gran plaza que estaba algo apartada
-del pueblo, donde solian hacer sus mercados; y allí, puestos con todo
-nuestro fardaje para caminar, Cortés comenzó á hacer un parlamento
-acerca del peligro en que estábamos, porque sabiamos cierto que en los
-caminos é pasos malos nos estaban aguardando todo el poder de Méjico y
-otros muchos guerreros puestos en esteros y acequias; é nos dijo que
-seria bien, é así nos lo mandaba de hecho, que fuésemos desembarazados
-y dejásemos el fardaje é hato, porque no nos estorbase para el tiempo
-de pelear.
-
-Y cuando aquello le oimos, todos á una le respondimos que, mediante
-Dios, que hombres éramos para defender nuestra hacienda y personas é la
-suya, y que seria gran poquedad si tal hiciésemos; y desque vió nuestra
-voluntad y respuesta, dijo que á la mano de Dios lo encomendaba; y
-luego se puso en concierto cómo habiamos de ir, el fardaje y los
-heridos en medio, y los de á caballo repartidos, la mitad dellos
-delante y la otra mitad en la retaguarda, y los ballesteros tambien con
-todos nuestros amigos, é allí poniamos más recaudo, porque siempre
-los mejicanos tenian por costumbre que daban en el fardaje; de los
-escopeteros no nos aprovechábamos, porque no tenian pólvora ninguna; y
-desta manera comenzamos á caminar.
-
-Y cuando los escuadrones mejicanos que habia enviado Guatemuz aquel
-dia vieron que nos íbamos retrayendo de Suchimileco, creyeron que de
-miedo no los osábamos esperar, como ello fué verdad, y salen de repente
-tantos dellos y se vienen derechos á nosotros, é hirieron dos soldados,
-é dos murieron de ahí á ocho dias, é quisieron romper y desbaratar por
-el fardaje; mas, como íbamos con el concierto que he dicho, no tuvieron
-lugar, y en todo el camino hasta que llegamos á un gran pueblo que
-se dice Cuyoacoan, que está obra de dos leguas de Suchimileco, nunca
-nos faltaron rebatos de guerreros que nos salian en partes que no nos
-podiamos aprovechar dellos, y ellos sí de nosotros, de mucha vara y
-piedra y flecha; y como tenian cerca los esteros y zanjas, poníanse en
-salvo.
-
-Pues llegados á Cuyoacoan á obra de las diez del dia, hallámosla
-despoblada.
-
-Quiero ahora decir que están muchas ciudades las unas de las otras
-cerca, de la gran ciudad de Méjico obra de dos leguas, porque
-Suchimileco y Cuyoacoan y Chohuilobusco é Iztapalapa y Coadlauaca y
-Mezquique, y otros tres ó cuatro pueblos que están poblados los más
-dellos en el agua, que están á legua y media ó á dos leguas las unas
-de las otras, y de todas ellas se habian juntado allí en Suchimileco
-muchos indios guerreros contra nosotros.
-
-Pues volvamos á decir que como llegamos á aquel gran pueblo ya estaba
-despoblado, y está en tierra llana, acordamos de reposar aquel dia
-que llegamos é otro, porque se curasen los heridos y hacer saetas,
-porque bien entendido teniamos que habiamos de haber más batallas ántes
-de volver á nuestro real, que era Tezcuco; é otro dia muy de mañana
-comenzamos á caminar, con el mismo concierto que soliamos llevar,
-camino de Tacuba, que está de donde salimos obra de dos leguas, y en el
-camino salieron en tres partes muchos escuadrones de guerreros, y todas
-tres les resistimos, y los de á caballo los seguian por tierra llana
-hasta que se acogian á los esteros é acequias; é yendo por nuestro
-camino de la manera que he dicho, apartóse Cortés con diez de á caballo
-á echar una celada á los mejicanos que salian de aquellos esteros y
-salian á dar guerra á los nuestros, y llevó consigo cuatro mozos de
-espuelas, y los mejicanos hacian que iban huyendo, y Cortés con los de
-á caballo y sus criados siguiéndoles; y cuando miró por sí, estaba una
-gran capitanía de contrarios puestos en celada, y dan en Cortés y los
-de á caballo, que les hirieron los caballos, y si no dieran vuelta de
-presto, allí quedaran muertos ó presos.
-
-Por manera que apañaron los mejicanos dos de los soldados mozos de
-espuelas de Cortés, de los cuatro que llevaba, y vivos los llevaron á
-Guatemuz, é los sacrificaron.
-
-Dejemos de hablar deste desman por causa de Cortés, y digamos cómo
-habiamos ya llegado á Tacuba con nuestras banderas tendidas, con
-todo nuestro ejército y fardaje, y todos los más de á caballo habian
-llegado, y tambien Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y Cortés no
-venia con los diez de á caballo que llevó en su compañía.
-
-Tuvimos mala sospecha no les hubiese acaecido algun desman, y luego
-fuimos con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí é Andrés de Tapia en
-su busca, con otros de á caballo, hácia los esteros donde le vimos
-apartar, y en aquel instante vinieron los otros dos mozos de espuelas
-que habian ido con Cortés, que se escaparon, é se decia el uno Monroy
-y el otro Tomás de Rijoles, y dijeron que ellos por ser ligeros
-escaparon, é que Cortés y los demás se vienen poco á poco porque traen
-los caballos heridos; y estando en esto viene Cortés, con el cual nos
-alegramos, puesto que él venia muy triste y como lloroso; llamábanse
-los mozos de espuelas que llevaron á Méjico á sacrificar, el uno
-Francisco Martin Vendobal, y este nombre de Vendobal se le puso por ser
-algo loco, y el otro se decia Pedro Gallego.
-
-Pues como allí llegó Cortés á Tacuba, llovia mucho, y reparamos cerca
-de dos horas en unos grandes patios; y Cortés con otros capitanes y el
-tesorero Alderete, que venia ya malo, y el fraile Melgarejo y otros
-muchos soldados, subimos en el gran cu de aquel pueblo, que desde él
-se señoreaba muy bien la ciudad de Méjico, que está muy cerca, y toda
-la laguna y las más ciudades que están en el agua pobladas; y cuando el
-fraile y el tesorero Alderete vieron tantas ciudades y tan grandes, y
-todas asentadas en el agua, estaban admirados.
-
-Pues cuando vieron la gran ciudad de Méjico, y la laguna y tanta
-multitud de canoas, que unas iban cargadas con bastimentos y otras
-iban á pescar y otras baldías, mucho más se espantaron, porque no las
-habian visto hasta en aquella sazon; y dijeron que nuestra venida en
-esta Nueva-España que no eran cosas de hombres humanos, sino que la
-gran misericordia de Dios era quien nos sostenia; é que otras veces han
-dicho que no se acuerdan haber leido en ninguna escritura que hayan
-hecho ningunos vasallos tan grandes servicios á su Rey como son los
-nuestros, é que ahora lo dicen muy mejor, y que dello harian relacion á
-su majestad.
-
-Dejemos de otras muchas pláticas que allí pasaron, y cómo consolaba el
-Fraile á Cortés por la pérdida de sus mozos de espuelas, que estaba
-muy triste por ellos; y digamos cómo Cortés y todos nosotros estábamos
-mirando desde Tacuba el gran cu del ídolo Huichilóbos y el Tatelulco y
-los aposentos donde soliamos estar, y mirábamos toda la ciudad, y las
-puentes y calzada por donde salimos huyendo; y en este instante suspiró
-Cortés con una muy gran tristeza, muy mayor que la que de ántes traia,
-por los hombres que le mataron ántes que en el alto cu subiese; y desde
-entónces dijeron un cantar ó romance:
-
- En Tacuba está Cortés
- Con su escuadron esforzado,
- Triste estaba y muy penoso,
- Triste y con gran cuidado,
- La una mano en la mejilla,
- Y la otra en el costado, etc.
-
-Acuérdome que entónces le dijo un soldado que se decia el bachiller
-Alonso Perez, que despues de ganada la Nueva-España fué fiscal é vecino
-en Méjico:
-
-—«Señor capitan, no esté vuestra merced tan triste; que en las guerras
-estas cosas suelen acaecer, y no se dirá por vuestra merced:
-
- Mira Nero, de Tarpeya,
- Á Roma cómo se ardia.»
-
-Y Cortés le dijo que ya veia cuántas veces habia enviado á Méjico á
-rogalles con la paz, y que la tristeza no la tenia por sola una cosa,
-sino en pensar en los grandes trabajos en que nos habiamos de ver hasta
-tornar á señorear, y que con la ayuda de Dios presto lo porniamos por
-la obra.
-
-Dejemos estas pláticas y romances, pues no estábamos en tiempo dellos,
-y digamos cómo se tomó parecer entre nuestros capitanes y soldados
-si dariamos una vista á la calzada, pues estaba tan cerca de Tacuba,
-donde estábamos; y como no habia pólvora ni muchas saetas, y todos los
-más soldados de nuestro ejército heridos, acordándosenos que otra vez,
-poco más habia de un mes, que Cortés les probó á entrar en la calzada
-con muchos soldados que llevaba, y estuvo en gran peligro; porque
-temió ser desbaratado, como dicho tengo en el capítulo pasado que
-dello habla; y fué acordado que luego nos fuésemos nuestro camino, por
-temor no tuviésemos en ese dia ó en la noche alguna refriega con los
-mejicanos; porque Tacuba está muy cerca de la gran ciudad de Méjico, y
-con la llevada que entónces llevaron vivos de los soldados no enviase
-Guatemuz sus grandes poderes contra nosotros; y comenzamos á caminar,
-y pasamos por Escapuzalco y hallámosle despoblado, y luego fuimos á
-Tenayuca, que era gran pueblo, que le soliamos llamar el pueblo de las
-Sierpes.
-
-Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello habla, que tenian tres
-sierpes en el oratorio mayor en que adoraban, y las tenian por sus
-ídolos, y tambien estaban despoblados; y desde allí fuimos á Guatitlan,
-y en todo este dia no dejó de llover muy grandes aguaceros, y como
-íbamos con nuestras armas á cuestas, que jamás las quitábamos de dia ni
-de noche, y con la mucha agua y del peso dellas íbamos quebrantados,
-y llegamos ya que anochecia á aquel gran pueblo, y tambien estaba
-despoblado, y en toda la noche no dejó de llover, y habia grandes
-lodos, y los naturales dél y otros escuadrones mejicanos nos daban
-tanta grita de noche desde unas acequias y partes que no les podiamos
-hacer mal; y como hacia muy escuro y llovia, no se podian poner velas
-ni rondas, y no hubo concierto ninguno ni acertábamos con los puestos;
-y esto digo porque á mí me pusieron para velar la prima, y jamás acudió
-á mi puesto ni cuadrillero ni rondas, y así se hizo en todo el real.
-
-Dejemos deste descuido, y tornemos á decir que otro dia fuimos camino
-de otra gran poblacion, que no me acuerdo el nombre, y habia grandes
-lodos en él, y hallámosla despoblada; y otro dia pasamos por otros
-pueblos y tambien estaban despoblados; y otro dia llegamos á un pueblo
-que se dice Aculman, sujeto de Tezcuco; y como supieron en Tezcuco cómo
-íbamos, salieron á recebir á Cortés, é vinieron muchos españoles que
-habian venido entónces de Castilla.
-
-Y tambien vino á recebirnos el capitan Gonzalo de Sandoval con muchos
-soldados, y juntamente el señor de Tezcuco, que ya he dicho que se
-decia don Fernando; y se hizo á Cortés buen recebimiento, así de los
-nuestros como de los recien venidos de Castilla, y muchos más de los
-naturales de los pueblos comarcanos; pues trujeron de comer, y luego
-esa noche se volvió á Sandoval á Tezcuco con todos sus soldados á poner
-en cobro su real.
-
-Y otro dia por la mañana fué Cortés con todos nosotros camino de
-Tezcuco; y como íbamos cansados y heridos, y dejábamos muertos nuestros
-soldados y compañeros, y sacrificados en poder de los mejicanos,
-en lugar de descansar y curar nuestras heridas, tenian ordenada una
-conjuracion ciertas personas de calidad, de la parcialidad de Narvaez,
-de matar á Cortés y á Gonzalo de Sandoval é á Pedro de Alvarado é
-Andrés de Tapia.
-
-Y lo que más pasó diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVI.
-
-CÓMO DESQUE LLEGAMOS CON CORTÉS Á TEZCUCO CON TODO NUESTRO EJÉRCITO
-Y SOLDADOS, DE LA ENTRADA DE RODEAR LOS PUEBLOS DE LA LAGUNA, TENIAN
-CONCERTADO ENTRE CIERTAS PERSONAS DE LOS QUE HABIAN PASADO CON NARVAEZ,
-DE MATAR Á CORTÉS Y Á TODOS LOS QUE FUÉSEMOS EN SU DEFENSA; Y QUIEN
-FUÉ PRIMERO AUTOR DE AQUELLA CHIRINOLA FUÉ UNO QUE HABIA SIDO GRAN
-AMIGO DE DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA; AL CUAL SOLDADO CORTÉS
-LE MANDÓ AHORCAR POR SENTENCIA; Y CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS Y SE
-APERCIBIÓ TODO EL REAL Y LOS PUEBLOS NUESTROS AMIGOS, Y SE HIZO ALARDE
-Y ORDENANZAS, Y OTRAS COSAS QUE MÁS PASARON.
-
-
-Ya he dicho, como veniamos tan destrozados y heridos de la entrada por
-mí nombrada, pareció ser que un gran amigo del gobernador de Cuba, que
-se decia Antonio de Villafaña, natural de Zamora ú de Toro, se concertó
-con otros soldados de los de Narvaez, los cuales no nombro sus nombres
-por su honor, que así como viniese Cortés de aquella entrada, que le
-matasen, y habia de ser desta manera: que, como en aquella sazon habia
-venido un navío de Castilla, que cuando Cortés estuviese sentado á la
-mesa comiendo con sus capitanes é soldados, que entre aquellas personas
-que tenian hecho el concierto, que trujesen una carta muy cerrada
-y sellada, como que venia de Castilla, y que dijesen que era de su
-padre Martin Cortés, y que cuando la estuviese leyendo le diesen de
-puñaladas, y así al Cortés como á todos los capitanes y soldados que
-cerca de Cortés nos hallásemos en su defensa.
-
-Pues ya hecho y consultado todo lo por mí dicho, los que lo tenian
-concertado, quiso nuestro Señor que dieron parte del negocio á dos
-personas principales, que aquí tampoco quiero nombrar, que habian ido
-en la entrada con nosotros, y aun á uno dellos en el concierto que
-tenian le habian nombrado por uno de los capitanes generales despues
-que hubiesen muerto á Cortés; y asimismo á otros soldados de los de
-Narvaez hacian alguacil mayor é alférez, y alcaldes y regidores,
-y contador y tesorero y veedor, y otras cosas deste arte, y aun
-repartido entre ellos nuestros bienes y caballos; y este concierto
-estuvo encubierto dos dias despues que llegamos á Tezcuco; y nuestro
-Señor Dios fué servido que tal cosa no pasase, porque era perderse la
-Nueva-España y todos nosotros muriéramos, porque luego se levantaran
-bandos y chirinolas.
-
-Pareció ser que un soldado lo descubrió á Cortés, que luego pusiese
-remedio en ello ántes que más fuego sobre aquel caso se encendiese;
-porque le certificó aquel buen soldado que eran muchas personas de
-calidad en ello; y como Cortés lo supo, despues de hacer grandes
-ofrecimientos y dádivas que le dió á quien se lo descubrió, muy presto
-secretamente lo hace saber á todos nuestros capitanes, que fueron Pedro
-de Albarado é Francisco de Lugo, y á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de
-Sandoval, é Andrés de Tapia é á mí y á dos alcaldes ordinarios que eran
-de aquel año, que se decian Luis Marin y Pedro de Ircio, y á todos
-nosotros los que éramos de la parte de Cortés; y así como lo supimos,
-nos apercebimos, y sin más tardar fuimos con Cortés á la posada de
-Antonio de Villafaña, y estaban con él muchos de los que eran en la
-conjuracion, y de presto le echamos mano al Villafaña con cuatro
-alguaciles que Cortés llevaba, y los capitanes y soldados que con el
-Villafaña estaban comenzaron á huir, y Cortés les mandó detener y
-prender algunos dellos.
-
-Y cuando tuvimos preso al Villafaña, Cortés le sacó del seno el
-memorial que tenia con las firmas de los que fueron en el concierto
-que dicho tengo; y como lo hubo leido vió que eran muchas personas en
-ello de calidad, é por no infamarlos, echó fama que comió el memorial
-el Villafaña, y que no le habia visto ni leido, é luego hizo proceso
-contra él; y tomada la confesion, dijo la verdad, é con muchos
-testigos que habia de fe y de creer, que tomaron sobre el caso, por
-sentencia que dieron los alcaldes ordinarios, juntamente con Cortés y
-el maestre de campo Cristóbal de Olí, y despues que se confesó con el
-padre Juan Diaz, le ahorcaron de una ventana del aposento donde posaba
-el Villafaña; y no quiso Cortés que otro ninguno fuese infamado en
-aquel mal caso, puesto que en aquella sazon echaron presos á muchos
-por tener temores y hacer señal que queria hacer justicia de otros; y
-como el tiempo no daba lugar á ello, se disimuló; y luego acordó Cortés
-de tener guarda para su persona, y fué su capitan un hidalgo que se
-decia Antonio de Quiñones, natural de Zamora, con doce soldados, buenos
-hombres y esforzados, y le velaban de dia y de noche, y á nosotros de
-los que sentia que éramos de su banda, nos rogaba que mirásemos por su
-persona.
-
-Y desde allí adelante, aunque mostraba gran voluntad á las personas que
-eran en la conjuracion, siempre se recelaba dellos.
-
-Dejemos esta materia, y digamos cómo luego se mandó pregonar que
-todos los indios é indias que habiamos habido en aquellas entradas
-los llevasen á herrar dentro de dos dias á una casa que estaba
-señalada para ello; y por no gastar más palabras en esta relacion
-sobre la manera que se vendia en la almoneda, más de las que otras
-veces tengo dichas en las dos veces que se herraron, si mal lo habian
-hecho de ántes, muy peor se hizo esta vez, que, despues de sacado el
-real quinto, sacaba Cortés el suyo, y otras treinta socaliñas para
-capitanes; y si eran hermosas y buenas indias las que metiamos á
-herrar, las hurtaban de noche del monton que no parecian hasta de ahí
-á buenos dias; y por esta causa se dejaban de herrar muchas piezas que
-despues teniamos por naborías.
-
-Dejemos de hablar en esto, y digamos lo que despues en nuestro real se
-ordenó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVII.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ Á TODOS LOS PUEBLOS NUESTROS AMIGOS QUE ESTABAN
-CERCANOS DE TEZCUCO, QUE HICIESEN ALMACEN DE SAETAS É CASQUILLOS DE
-COBRE, Y LO QUE EN NUESTRO REAL MÁS PASÓ.
-
-
-Como se hubo hecho justicia del Antonio de Villafaña, y estaban ya
-pacíficos los que eran juntamente con él conjurados de matar á Cortés y
-á Pedro de Albarado y al Sandoval y á los que fuésemos en su defensa,
-segun más largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado, é viendo
-Cortés que ya los bergantines estaban hechos, y puestas sus jarcias
-y velas y remos muy buenos, y más remos de los que habian menester
-para cada bergantin, y la zanja de agua por donde habian de salir á la
-laguna muy ancha é hondable, envió á decir á todas los pueblos nuestros
-amigos que estaban cerca de Tezcuco, que en cada pueblo hiciesen ocho
-mil casquillos de cobre, que fuesen segun otros que les llevaron por
-muestra, que eran de Castilla; y asimismo les mandó que en cada pueblo
-labrasen y desbastasen otras ocho mil saetas de una madera muy buena,
-que tambien les llevaron muestra, y les dió de plazo ocho dias para que
-trujesen las saetas y casquillos á nuestro real; lo cual trujeron para
-el tiempo que se les mandó, que fueron más de cincuenta mil casquillos
-y otras tantas mil saetas, y los casquillos fueron mejores que los de
-Castilla.
-
-Y luego mandó Cortés á Pedro Barba, que en aquella sazon era capitan
-de ballesteros, que los repartiese, así saetas como casquillos, entre
-todos los ballesteros, é que les mandase que siempre desbastasen
-el almacen, y las emplumasen con engrudo, que pega mejor que lo de
-Castilla, que se hace de unas como raices que se dice cactle; y
-asimismo mandó al Pedro Barba que cada ballestero tuviese dos cuerdas
-bien pulidas y aderezadas para sus ballestas, y otras tantas nueces,
-para que si se quebrase alguna cuerda ó faltase la nuez, que luego se
-pusiese otra, é que siempre tirasen á terreno y viesen á qué pasos
-allegaba la fuga de sus ballestas, y para ello se les dió mucho hilo de
-Valencia para las cuerdas; porque en el navío que he dicho que vino
-pocos dias habia de Castilla, que era de Juan de Búrgos, trujo mucho
-hilo y gran cantidad de pólvora y ballestas y otras muchas armas, y
-herraje y escopetas.
-
-Y tambien mandó Cortés á los de á caballo que tuviesen sus caballos
-herrados y las lanzas puestas á punto, é que cada dia cabalgasen y
-corriesen y les mostrasen muy bien á revolver y escaramuzar; y hecho
-esto, envió mensajeros y cartas á nuestro amigo Xicotenga el viejo,
-que, como ya he dicho otras veces, era vuelto cristiano y se llamaba
-don Lorenzo de Vargas, y á su hijo Xicotenga el mozo, y á sus hermanos
-y al Chichimecatecle, haciéndoles saber que en pasando el dia de Corpus
-Christi habiamos de partir de aquella ciudad para ir sobre Méjico á
-ponelle cerco, y que le enviase veinte mil guerreros de los suyos
-de Tlascala y los de Guaxocingo y Cholula, pues todos eran amigos y
-hermanos en armas; é ya lo sabian los tlascaltecas de sus mismos indios
-el plazo y concierto, como siempre iban de nuestro real cargados de
-despojos de las entradas que haciamos.
-
-Tambien apercibió á los de Chalco y Talmanalco y sus sujetos que
-se apercibiesen para cuando los enviásemos á llamar; y se les hizo
-saber cómo era para poner cerco á Méjico, y en qué tiempo habiamos de
-ir; y tambien se les dijo á don Hernando, señor de Tezcuco, y á sus
-principales y á todos sus sujetos, y á todos los más pueblos nuestros
-amigos; y todos á una respondieron que lo harian muy cumplidamente
-lo que Cortés les enviaba á mandar, é que vernian, y los de Tlascala
-vinieron pasada la Pascua del Espíritu Santo.
-
-Hecho esto, se acordó de hacer alarde un dia de Pascua, lo cual diré
-adelante el concierto que se dió.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLVIII.
-
-CÓMO SE HIZO ALARDE EN LA CIUDAD DE TEZCUCO EN LOS PATIOS MAYORES
-DE AQUELLA CIUDAD, Y LOS DE Á CABALLO, BALLESTEROS Y ESCOPETEROS Y
-SOLDADOS QUE SE HALLARON, Y LAS ORDENANZAS QUE SE PREGONARON, Y OTRAS
-COSAS QUE SE HICIERON.
-
-
-Despues que se dió la órden, así como ántes he dicho, y se enviaron
-mensajeros y cartas á nuestros amigos los de Tlascala y á los de
-Chalco, y se dió aviso á los demás pueblos, acordó Cortés con nuestros
-capitanes y soldados que para el segundo dia del Espíritu Santo,
-que fué el año de 1521 años, se hiciese alarde; el cual alarde se
-hizo en los patios mayores de Tezcuco, y halláronse ochenta y cuatro
-de á caballo y seiscientos y cincuenta soldados de espada y de
-rodela, é muchos de lanzas, é ciento y noventa y cuatro ballesteros
-y escopeteros; y destos se sacaron para los trece bergantines los
-que ahora diré: para cada bergantin doce ballesteros y escopeteros,
-estos no habian de remar; y demás desto, tambien se sacaron otros doce
-remeros para cada bergantin, á seis por banda, que son los doce que he
-dicho. Y demás desto, un capitan por cada bergantin.
-
-Por manera que sale á cada bergantin á veinte y cinco soldados con
-el capitan, é trece bergantines que eran, á veinte y cinco soldados,
-son ducientos y ochenta y ocho, y con los artilleros que les dieron,
-demás de los veinte y cinco soldados, fueron en todos los bergantines
-trecientos soldados por la cuenta que he dicho; y tambien les repartió
-los tiros de fustera é halconetes que teniamos y la pólvora que
-les parecia que habian menester; y esto hecho, mandó pregonar las
-ordenanzas que todos habiamos de guardar.
-
-Lo primero, que ninguna persona fuese osada de blasfemar de Nuestro
-Señor Jesucristo ni de Nuestra Señora su bendita Madre, ni de los
-Santos Apóstoles ni otros Santos, so graves penas.
-
-Lo segundo, que ningun soldado tratase mal á nuestros amigos, pues iban
-para nos ayudar, ni les tomasen cosa ninguna, aunque fuesen de las
-cosas que ellos habian adquirido en la guerra, ni plata ni chalchihuies.
-
-Lo tercero, que ningun soldado fuese osado de salir ni de dia ni de
-noche de nuestro real para ir á ningun pueblo de nuestros amigos ni á
-otra parte á traer de comer ni á otra cualquier cosa, so graves penas.
-
-Lo cuarto, que todos los soldados llevasen muy buenas armas y bien
-colchadas, y gorjal y papahigos y antiparas y rodelas; que, como
-sabiamos, que era tanta la multitud de vara y piedra y flecha y lanza,
-para todo era menester llevar las armas que decia el pregon.
-
-Lo quinto, que ninguna persona jugase caballo ni armas, por via
-ninguna, con gran pena que se les puso.
-
-Lo sexto y último, que ningun soldado ni hombre de á caballo ni
-ballestero ni escopetero duerma sin estar con todas sus armas vestidas
-y con alpargates calzados, excepto si no fuese con gran necesidad de
-heridas ó estar doliente, porque estuviésemos muy bien aparejados para
-cualquier tiempo que los mejicanos viniesen á nos dar guerra.
-
-Y demás desto, se pregonaron las leyes que se mandan guardar en lo
-militar, que es al que se duerme en la vela ó se va del puesto que le
-ponen, pena de muerte; y se pregonó que ningun soldado vaya de un real
-á otro sin licencia de su capitan, so pena de muerte.
-
-Más se pregonó, que el soldado que dejare su capitan en la guerra ó
-batalla é se huya, pena de muerte.
-
-Esto pregonado, diré en lo que más se entendió.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CXLIX.
-
-CÓMO CORTÉS BUSCÓ Á LOS MARINEROS QUE ERAN MENESTER PARA REMAR EN LOS
-BERGANTINES, Y SE LES SEÑALÓ CAPITANES QUE HABIAN DE IR EN ELLOS, Y DE
-OTRAS COSAS QUE SE HICIERON.
-
-
-Despues de hecho el alarde ya otras veces dicho, como vió Cortés que
-para remar los bergantines no hallaban tantos hombres del mar que
-supiesen remar, puesto que bien se conocian los que habiamos traido
-en nuestros navíos que dimos al través con ellos cuando venimos con
-Cortés, é asimismo se conocian los marineros de los navíos de Narvaez
-y de los de Jamáica, y todos estaban puestos por memoria y los habian
-apercebido porque habian de remar, y aun con todos ellos no habia
-recaudo para todos trece bergantines, y muchos dellos rehusaban y aun
-decian que no habian de remar; y Cortés hizo pesquisa para saber los
-que eran marineros y habian visto que iban á pescar, ó si eran de Pálos
-ó Moguer ú de Triana ú del Puerto ú de otro cualquier puerto ó parte
-donde hay marineros, les mandaba, so graves penas, que entrasen en los
-bergantines, y aunque más hidalgos dijesen que eran, les hizo ir á
-remar; y desta manera juntó ciento y cincuenta hombres para remar, y
-ellos fueron los mejor librados que nosotros los que estábamos en las
-calzadas batallando, y quedaron ricos de despojos, como adelante diré.
-
-Y desque Cortés les hubo mandado que anduviesen en los bergantines, y
-les repartió los ballesteros y escopeteros y pólvora y tiros é saetas
-y todo lo demás que era menester, y les mandó poner en cada bergantin
-las banderas Reales y otras banderas del nombre que se decia ser el
-bergantin, y otras cosas que convenian, nombró por capitanes para cada
-uno dellos á los que ahora aquí diré: á Garci-Holguin, Pedro Barba,
-Juan de Limpias, Carvajal el sordo, Juan Jaramillo, Jerónimo Ruiz de la
-Mota, Carvajal, su compañero, que ahora es muy viejo y vive en la calle
-de San Francisco; é á un Portillo, que entónces vino de Castilla, buen
-soldado, que tenia una mujer hermosa; é á un Zamora, que fué maestre de
-navíos, que vivia ahora en Guaxaca; é á un Colmenero, que era marinero,
-buen soldado; é á un Lerma é á Ginés Norte é á Briones, natural de
-Salamanca; el otro capitan no me acuerdo su nombre, é á Miguel Diaz
-de Auz; é cuando los hubo nombrado, mandó á todos los ballesteros y
-escopeteros é á los demás soldados que habian de remar, que obedeciesen
-á los capitanes que les ponia y no saliesen de su mandado, so graves
-penas; y les dió las instrucciones que cada capitan habia de hacer y en
-qué puesto habian de ir de las calzadas é con qué capitanes de los de
-tierra.
-
-Acabado de poner en concierto todo lo que he dicho, viniéronle á
-decir á Cortés que venian los capitanes de Tlascala con gran copia de
-guerreros, y venian en ellos por capitan general Xicotenga el mozo, el
-que fué capitan cuando las guerras de Tlascala, y este fué el que nos
-trataba la traicion en Tlascala cuando salimos huyendo de Méjico, segun
-otras muchas veces lo he referido; é que traia en su compañía otros dos
-hermanos, hijos del buen viejo don Lorenzo de Vargas, é que traia gran
-copia de tlascaltecas y de Guaxocingo, y otro capitan de cholultecas; y
-aunque eran pocos, porque, á lo que siempre vi, despues que en Cholula
-se les hizo el castigo ya otra vez por mí dicho en el capítulo que
-dello habla, despues acá jamás fueron con los mejicanos ni aun con
-nosotros, sino que se estaban á la mira, que aun cuando nos echaron de
-Méjico no se hallaron ser nuestros contrarios.
-
-Dejemos esto, y volvamos á nuestra relacion: que como Cortés supo que
-venia Xicotenga y sus hermanos y otros capitanes, é vinieron un dia
-primero del plazo que les enviaron á decir que viniesen, salió á les
-recebir Cortés un cuarto de legua de Tezcuco, con Pedro de Albarado y
-otros nuestros capitanes; y como encontraron con el Xicotenga y sus
-hermanos, les hizo Cortés mucho acato y les abrazó, y á todos los más
-capitanes, y venian en gran ordenanza y todos muy lucidos, con grandes
-divisas cada capitanía por sí, y sus banderas tendidas, y el ave
-blanca que tienen por armas, que parece águila con sus alas tendidas;
-traian sus alféreces revolando sus banderas y estandartes, y todos con
-sus arcos y flechas y espadas de á dos manos y varas con tiraderas, é
-otros macanas y lanzas grandes é otras chicas é sus penachos, y puestos
-en concierto y dando voces y gritos é silbos, diciendo:
-
-—«¡Viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, Tlascala,
-Tlascala!»
-
-Y tardaron en entrar en Tezcuco más de tres horas, y Cortés los
-mandó aposentar en unos buenos aposentos, y los mandó dar de comer
-de todo lo que en nuestro real habia; é despues de muchos abrazos y
-ofrecimientos que los haria ricos, se despidió dellos y les dijo que
-otro dia les diria lo que habian de hacer, é que ahora venian cansados,
-que reposasen; y en aquel instante que llegaron aquellos caciques de
-Tlascala que dicho tengo, entraron en nuestro real cartas que enviaba
-un soldado que se decia Hernando de Barrientos, desde un pueblo que se
-dice Chinanta, que estará de Méjico obra de noventa leguas; y lo que
-en ella se contenia era que habian muerto los mejicanos en el tiempo
-que nos echaron de Méjico á tres compañeros suyos cuando estaban en
-las estancias y minas donde los dejó el capitan Pizarro, que así se
-llamaba, para que buscasen y descubriesen todas aquellas comarcas si
-habia minas ricas de oro, segun dicho tengo en el capítulo que dello
-habla; y que el Barrientos que se acogió á aquel pueblo de Chinanta,
-adonde estaba, y que son enemigos de mejicanos.
-
-Este pueblo fué donde trujeron las picas cuando fuimos sobre Narvaez.
-
-Y porque no hacen al caso á nuestra relacion otras particularidades que
-decia en la carta, se dejará de decir: y Cortés sobre ella le escribió
-en respuesta dándole relacion de la manera que íbamos de camino para
-poner cerco á Méjico, y que á todos los caciques de aquellas provincias
-les diese sus encomiendas, y que mirase que no se viniese de aquella
-tierra hasta tener carta suya, porque en el camino no le matasen los
-mejicanos.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo Cortés ordenó de la manera que habiamos de
-ir á poner cerco á Méjico, y quién fueron los capitanes, y lo que más
-en el cerco sucedió.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CL.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE FUESEN TRES GUARNICIONES DE SOLDADOS Y DE Á
-CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS POR TIERRA Á PONER CERCO Á LA GRAN
-CIUDAD DE MÉJICO, Y LOS CAPITANES QUE NOMBRÓ PARA CADA GUARNICION,
-Y LOS SOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS QUE LES
-REPARTIÓ, Y LOS SITIOS Y CIUDADES DONDE HABIAMOS DE ASENTAR NUESTROS
-REALES.
-
-
-Mandó que Pedro de Albarado fuese por capitan de ciento y cincuenta
-soldados de espada y rodela, y muchos llevaban lanzas, y les dió
-treinta de á caballo y diez y ocho escopeteros y ballesteros, y nombró
-que fuesen juntamente con él á Jorge de Albarado, su hermano, y á
-Gutierre de Badajoz y á Andrés de Monjaraz, y estos mandó que fuesen
-capitanes de cada cincuenta soldados, y que repartiesen entre todos
-tres los escopeteros y ballesteros, tanto á una capitanía como á otra;
-y que el Pedro de Albarado fuese capitan de los á caballo y general de
-las tres capitanías, y le dió ocho mil tlascaltecas con sus capitanes,
-y á mí me señaló y mandó que fuese con el Pedro de Albarado, y que
-fuésemos á poner sitio en la ciudad de Tacuba; y mandó que las armas
-que llevásemos fuesen muy buenas, y papahigos y gorjales y antiparas,
-porque era mucha la vara y piedra como granizo, y flechas y lanzas y
-macanas y otras armas de espadas de á dos manos con que los mejicanos
-peleaban con nosotros, y para tener defensa con ir bien armados; y aun
-con todo esto, cada dia que batallamos habia muertos y heridos, segun
-adelante diré.
-
-Pasemos á otra capitanía. Dió á Cristóbal de Olí, que era maestre de
-campo, otros treinta de á caballo y ciento y setenta y cinco soldados
-y veinte escopeteros y ballesteros, y todos con sus armas, segun y
-de la manera que los dió á Pedro de Albarado; y le nombró otros tres
-capitanes, que fué Andrés de Tapia y Francisco Verdugo y Francisco
-de Lugo, y entre todos tres capitanes repartiesen los soldados y
-escopeteros y ballesteros; y que el Cristóbal de Olí fuese capitan
-general de las tres capitanías y de los de á caballo, y le dió otros
-ocho mil tlascaltecas, y le mandó que fuese á asentar su real en la
-ciudad de Cuyoacoan, que estará de Tacuba dos leguas.
-
-De otra guarnicion de soldados hizo capitan á Gonzalo de Sandoval,
-que era alguacil mayor, le dió veinte y cuatro de á caballo y catorce
-escopeteros y ballesteros y ciento y cincuenta soldados de espada y
-rodela y lanza, y más de ocho mil indios de guerra de los de Chalco y
-Guaxocingo y de otros pueblos por donde el Sandoval habia de ir, que
-eran nuestros amigos, y le dió por compañeros y capitanes á Luis Marin
-y á Pedro de Ircio, que eran amigos del Sandoval; y les mandó que entre
-los dos capitanes repartiesen los soldados y ballesteros, y que el
-Sandoval tuviese á su cargo los de á caballo y que fuese general de
-todos, y que sentase su real junto á Iztapalapa, é que le diese guerra
-y le hiciese todo el mal que pudiese hasta que otra cosa le fuese
-mandado; y no partió Sandoval de Tezcuco hasta que Cortés, que era
-capitan de los bergantines, estaba muy á punto para salir con los trece
-bergantines por la laguna; en los cuales llevaba trecientos soldados,
-con ballesteros y escopeteros, porque así estaba ordenado.
-
-Por manera que Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, habiamos de ir por
-una parte y Sandoval por otra.
-
-Digamos ahora que los unos á mano derecha y los otros desviados por
-otro camino: y esto es así, porque los que no saben aquellas ciudades y
-la laguna lo entiendan; porque se tornaban casi que á juntar.
-
-Dejemos de hablar más en ello, y digamos que á cada capitan se le
-dió las instrucciones de lo que les era mandado; y como nos habiamos
-de partir para otro dia por la mañana, y porque no tuviésemos tantos
-embarazos en el camino, enviamos adelante todas las capitanías de
-Tlascala hasta llegar á tierra de mejicanos.
-
-É yendo que iban los tlascaltecas descuidados con su capitan
-Chichimecatecle, é otros capitanes con sus gentes, no vieron que iba
-Xicotenga el mozo, que era el capitan general dellos; y preguntando
-y pesquisando el Chichimecatecle qué se habia hecho ó adónde se
-habia quedado, alcanzaron á saber que se habia vuelto aquella noche
-encubiertamente para Tlascala, y que iba á tomar por fuerza el
-cacicazgo é vasallos y tierra del mismo Chichimecatecle; y las causas
-que para ello decian los tlascaltecas eran, que como el Xicotenga
-el mozo vió ir los capitanes de Tlascala á la guerra, especialmente
-á Chichimeclatecle, que no tendria contraditores, porque no tenia
-temor de su padre Xicotenga el ciego, que como padre le ayudaria, y
-nuestro amigo Masse-Escaci, que ya era muerto; é á quien temia era al
-Chichimecatecle.
-
-Y tambien dijeron que siempre conocieron del Xicotenga no tener
-voluntad de ir á la guerra de Méjico, porque le oian decir muchas
-veces que todos nosotros y ellos habian de morir en ella.
-
-Pues desque aquello vió y entendió el Chichimeclatecle, cuyas eran las
-tierras y vasallos que iba á tomar, vuelve del camino más que de paso,
-é viene á Tezcuco á hacérselo saber á Cortés; é como Cortés lo supo,
-mandó que con brevedad fuesen cinco principales de Tezcuco y otros dos
-de Tlascala, amigos de Xicotenga, á hacelle volver del camino, y le
-dijesen que Cortés le rogaba que luego se volviese para ir contra sus
-enemigos los mejicanos, y que mire que su padre D. Lorenzo de Vargas,
-si no fuera viejo y ciego, como estaba, viniera sobre Méjico; y que
-pues toda Tlascala fueron y son muy leales servidores de su majestad,
-que no quiera él infamarlos con lo que ahora hace, y le envió á hacer
-muchos prometimientos y promesas, y que le daria oro y mantas porque
-volviese; y la respuesta que le envió á decir fué, que si el viejo
-de su padre y Masse-Escaci le hubieran creido, que no se hubieran
-señoreado tanto dellos, que les hace hacer todo lo que quiere; y por no
-gastar más palabras, dijo que no queria venir.
-
-Y como Cortés supo aquella respuesta, de presto dió un mandamiento á
-un alguacil, y con cuatro de á caballo y cinco indios principales de
-Tezcuco que fuesen muy en posta, y donde quiera que lo alcanzasen que
-lo ahorcasen; é dijo:
-
-—«Ya en este cacique no hay enmienda, sino que siempre nos ha de ser
-traidor y malo y de malos consejos;» y que no era tiempo para más le
-sufrir, que bastaba lo pasado y presente.
-
-Y como Pedro de Albarado lo supo, rogó mucho por él, y Cortés ó le dió
-buena respuesta ó secretamente mandó al alguacil é á los de á caballo
-que no le dejasen con la vida; y así se hizo, que en un pueblo sujeto á
-Tezcuco le ahorcaron, y en esto hubieron de parar sus traiciones.
-
-Algunos tlascaltecas hubo que dijeron que su padre D. Lorenzo de Vargas
-envió á decir á Cortés que aquel su hijo era malo y que no se confiase
-dél, y que procurase de le matar.
-
-Dejemos esta plática así, y diré que por esta causa nos detuvimos aquel
-dia sin salir de Tezcuco; y otro dia, que fueron 13 de Mayo de 1521
-años, salimos entrambas capitanías juntas; porque así Cristóbal de Olí
-como Pedro de Albarado habiamos de llevar un camino, y fuimos á dormir
-á un pueblo sujeto de Tezcuco, que se dice Aculma; y pareció ser que
-Cristóbal de Olí envió adelante á aquel pueblo á tomar posada, y tenia
-puesto en cada casa por señal ramos verdes encima de las azuteas; y
-cuando llegamos con Pedro de Albarado no hallamos donde posar, y sobre
-ello ya habiamos echado mano á las armas de los de nuestra capitanía
-contra los de Cristóbal de Olí, y aun los capitanes desafiados, y no
-faltó caballeros de entrambas partes que se metieron entre nosotros,
-y se pacificó algo el ruido, y no tanto, que todavía estábamos todos
-resabidos: y desde allí lo hicieron saber á Cortés, y luego envió en
-posta á fray Pedro Melgarejo y al capitan Luis Marin, y escribió á
-los capitanes y á todos nosotros, reprendiéndonos por la cuestion y
-persuadiéndonos la paz; y como llegaron nos hicieron amigos; mas desde
-allí adelante no se llevaron bien los capitanes, que fué Pedro de
-Albarado y Cristóbal de Olí.
-
-Y otro dia fuimos caminando entrambas las capitanías juntas, y fuímonos
-á dormir á un gran pueblo que estaba despoblado, porque ya era tierra
-de mejicanos; y otro dia fuimos nuestro camino tambien á dormir á otro
-gran pueblo que se decia Guatitlan, que otras veces he nombrado, y
-tambien estaba sin gente; é otro dia pasamos por otros dos pueblos,
-que se decian Tenayuca y Escapuzalco, y tambien estaban despoblados;
-y asimismo se aposentaron todos nuestros amigos los tlascaltecas, y
-aun aquella tarde fueron por las estancias de aquellas poblaciones
-y trujeron de comer, y con buenas velas y escuchas y corredores del
-campo, como siempre teniamos para que no nos cogiesen desapercebidos,
-dormimos aquella noche, porque ya he dicho otras veces que la ciudad
-de Méjico está junto á Tacuba; é ya que anochecia oimos grandes gritas
-que nos daban desde la laguna, diciéndonos muchos vituperios y que no
-éramos hombres para salir á pelear con ellos; y tenian tantas de las
-canoas llenas de guerreros, y aquellas palabras que nos decian eran
-con pensamiento de nos indignar para que saliésemos aquella noche á
-guerrear, y herirnos más á su salvo; y como estábamos escarmentados de
-lo de las calzadas y puentes muchas veces por mí nombradas, no quisimos
-salir hasta otro dia, que fué domingo, despues de haber oido Misa, que
-nos la dijo el Padre Juan Diaz; y despues de nos encomendar á Dios,
-acordamos que entrambas capitanías juntas fuésemos á quebrar el agua de
-Chalputepeque, de que se proveia la ciudad, que estaba desde allí de
-Tacuba aun en media legua.
-
-É yendo á les quebrar los caños, topamos muchos guerreros, que nos
-esperaban en el camino; porque bien entendido tenian que aquello
-habia de ser lo primero en que los podriamos dañar; y así como nos
-encontraron cerca de unos pasos malos comenzaron á nos flechar y tirar
-vara y piedra con hondas, é nos hirieron á tres soldados; más de presto
-les hicimos volver las espaldas, y nuestros amigos los de Tlascala
-los siguieron de manera, que mataron veinte y prendieron siete ú ocho
-dellos; y como aquellos grandes escuadrones estuvieron puestos en
-huida, les quebramos los caños por donde iba el agua á su ciudad, y
-desde entónces nunca fué á Méjico entre tanto que duró la guerra.
-
-Y como aquello hubimos hecho, acordaron nuestros capitanes que luego
-fuésemos á dar una vista y entrar por la calzada de Tacuba y hacer
-lo que pudiésemos para les ganar una puente; y llegados que fuimos á
-la calzada, eran tantas las canoas que en la laguna estaban llenas
-de guerreros y en las mismas canoas é calzadas, que nos admirábamos
-dello; y tiraron tanta de vara y flecha y piedra con hondas, que en
-la primera refriega hirieron treinta de nuestros soldados é murieron
-tres; y aunque nos hacian tanto daño, todavía les fuimos entrando por
-la calzada adelante hasta una puente, y á lo que yo entendí, ellos
-nos daban lugar á ello, por meternos de la parte de la puente; y como
-allí nos tuvieron, digo que cargaron tanta multitud de guerreros sobre
-nosotros, que no nos podiamos valer; porque por la calzada dicha, que
-son ocho pasos de ancho, ¿qué podiamos hacer á tan gran poderio que
-estaban de la una parte y de la otra de la calzada y daban en nosotros
-como á terrero? Porque ya que nuestros escopeteros y ballesteros no
-hacian sino armar y tirar á las canoas, no les haciamos daño, sino muy
-poco, porque las traian muy bien armadas de talabardones de madera.
-
-Pues cuando arremetiamos á los escuadrones que peleaban en la misma
-calzada luego se echaban al agua, y habia tantos dellos, que no nos
-podiamos valer.
-
-Pues los de á caballo no aprovechaban cosa ninguna, porque les herian
-los caballos de la una parte y de la otra desde el agua; y ya que
-arremetian tras los escuadrones, echábanse al agua, y tenian hechos
-unos mamparos, donde estaban otros guerreros aguardando con unas
-lanzas largas que habian hecho con las armas que nos tomaron cuando
-nos echaron de Méjico é salimos huyendo; y desta manera estuvimos
-peleando con ellos obra de un hora, y tanta priesa nos daban, que no
-nos podiamos sustentar contra ellos; y aun vimos que venia por otras
-partes una gran flota de canoas á atajarnos los pasos para tomarnos
-las espaldas, y conociendo esto nuestros capitanes y todos nuestros
-soldados, apercebimos que los amigos tlascaltecas que llevábamos nos
-embarazaban mucho la calzada, que se saliesen fuera, porque en el agua
-vista cosa es que no pueden pelear; y acordamos de con buen concierto
-retraernos y no pasar más adelante.
-
-Pues cuando los mejicanos nos vieron retraer y echar fuera los
-tlascaltecas, ¡qué grita y alaridos nos daban! Y como se venian á
-juntar con nosotros pié con pié, digo que yo no lo sé escribir, porque
-toda la calzada hincheron de vara y flecha é piedra de las que nos
-tiraban, pues las que caian en el agua muchas más serian, y como nos
-vimos en tierra firme, dimos gracias á Dios por nos haber librado de
-aquella batalla, y ocho de nuestros soldados quedaron aquella vez
-muertos y más de cincuenta heridos; y aun con todo esto nos daban
-grita y decian vituperios desde las canoas, y nuestros amigos los
-tlascaltecas les decian que saliesen á tierra y que fuesen doblados los
-contrarios, y pelearian con ellos.
-
-Esta fué la primera cosa que hicimos, quitalles el agua y darle vista
-á la laguna, aunque no ganamos honra con ellos; y aquella noche nos
-estuvimos en nuestro real y se curaron los heridos, y aun se murió un
-caballo, y pusimos buen cobro de velas y escuchas; y otro dia de mañana
-dijo el capitan Cristóbal de Olí que se queria ir á su puesto, que
-era á Cuyoacoan, que estaba de allí legua y media; é por más que le
-rogó Pedro de Albarado y otros caballeros que no se apartasen aquellas
-dos capitanías, sino que se estuviesen juntas, jamás quiso; porque,
-como era el Cristóbal muy esforzado, y en la vista que el dia ántes
-dimos á la laguna no nos sucedió bien, decia el Cristóbal de Olí que
-por culpa de Pedro de Albarado habiamos entrado inconsideradamente;
-por manera que jamás quiso quedar, y se fué adonde Cortés le mandó,
-que es Cuyoacoan, y nosotros nos quedamos en nuestro real; y no fué
-bien apartarse una capitanía de otra en aquella sazon, porque si los
-mejicanos tuvieran aviso que éramos pocos soldados, en cuatro ó cinco
-dias que allí estuvimos apartados ántes que los bergantines viniesen, y
-dieran sobre nosotros y en los de Cristóbal de Olí, corriéramos harto
-trabajo ó hiciera gran daño.
-
-Y de aquesta manera estuvimos en Tacuba, y el Cristóbal de Olí en su
-real, sin osar dar más vista ni entrar por las calzadas, y cada dia
-teniamos en tierra rebatos de muchos mejicanos que salian á tierra
-firme á pelear con nosotros, y aun nos desafiaban para meternos en
-parte donde fuesen señores de nosotros y no les pudiésemos hacer ningun
-daño.
-
-Y dejallo he aquí, y diré cómo Gonzalo de Sandoval salió de Tezcuco
-cuatro dias despues de la fiesta de Corpus Christi, y se vino á
-Iztapalapa, que casi todo el camino era de amigos y sujetos de Tezcuco;
-y como llegó á la poblacion de Iztapalapa, luego les comenzó á dar
-guerra y á quemar muchas casas de las que estaban en tierra firme,
-porque las demás casas todas estaban en la laguna; mas no tardó
-muchas horas, que luego vinieron en socorro de aquella ciudad grandes
-escuadrones de mejicanos, y tuvo Sandoval con ellos una buena batalla y
-grandes reencuentros cuando peleaban en tierra; y despues de acogidos á
-las canoas, les tiraban mucha vara y flecha y piedra, y herian algunos
-soldados.
-
-Y estando desta manera peleando, vieron que en una sierrezuela que está
-allí junto á Iztapalapa en tierra firme hacian grandes ahumadas, y que
-les respondian con otras ahumadas de otros pueblos que están poblados
-en la laguna, y era señal que se apellidaban todas las canoas de Méjico
-y de todos los pueblos de alrededor de la laguna, porque vieron á
-Cortés que ya habia salido de Tezcuco con los trece bergantines, porque
-luego que se vino el Sandoval de Tezcuco no aguardó allí más Cortés;
-y la primera cosa que hizo en entrando en la laguna fué combatir á un
-peñol que estaba en una isleta junto á Méjico, donde estaban recogidos
-muchos mejicanos, ansí de los naturales de aquella ciudad como de los
-forasteros que se habian ido á hacer fuertes; y salió á la laguna
-contra Cortés todo el número de canoas que habia en todo Méjico y en
-todos los pueblos que están poblados en el agua ó cerca della, que son
-Suchimileco, Cuyoacoan, Iztapalapa é Huichilobusco y Mexicalcingo,
-é otros pueblos que por no me detener no nombro, y todos juntamente
-fueron contra Cortés, y á esta causa aflojaron algo los que daban
-guerra en Iztapalapa á Sandoval; y como todos los más de aquella ciudad
-en aquel tiempo estaban poblados en el agua, no les podia hacer mal
-ninguno, puesto que á los principios mató muchos de los contrarios;
-y como llevaba muy gran copia de amigos, con ellos cautivó y prendió
-mucha gente de aquellas poblaciones.
-
-Dejemos al Sandoval, que quedó aislado en Iztapalapa, que no podia
-venir con su gente á Cuyoacoan si no era por una calzada que atravesaba
-por mitad de la laguna, y si por ella viniera, no hubiera bien entrado
-cuando le desbarataran los contrarios, por causa que por entrambas á
-dos partes del agua le habian de guerrear, y él no habia de ser señor
-de poderse defender, y á esta causa se estuvo quedo.
-
-Dejemos al Sandoval, y digamos que como Cortés vió que se juntaban
-tantas flotas de canoas contra sus trece bergantines, las temió en
-gran manera, y eran de temer, porque eran más de cuatro mil canoas; y
-dejó el combate del peñol y se puso en parte de la laguna, para si se
-viese en aprieto poder salir con sus bergantines á lo largo y correr
-á la parte que quisiese, y mandó á sus capitanes que en ellos venian
-que no curasen de embestir ni apretar contra canoas ningunas hasta que
-refrescase más el viento de tierra, porque en aquel instante comenzaba
-á ventear; y como las canoas vieron que los bergantines reparaban,
-creian que de temor dellos lo hacian, y era verdad como lo pensaron, y
-entónces les daban mucha priesa los capitanes mejicanos, y mandaban á
-todas sus gentes que luego fuesen á embestir con nuestros bergantines;
-y en aquel instante vino un viento muy recio y muy bueno, y con buena
-priesa que se dieron nuestros remeros y el tiempo aparejado, mandó
-Cortés embestir con la flota de canoas, y trastornaron muchas dellas
-y prendieron y mataron muchos indios, y las demás canoas se fueron á
-recoger entre las casas que están en la laguna, en parte que no podian
-llegar á ellas nuestros bergantines; por manera que este fué el primer
-combate que se hubo por la laguna, é Cortés tuvo vitoria, gracias á
-Dios por todo, amen.
-
-Y como aquello fué hecho, se fué con los bergantines hácia Cuyoacoan,
-adonde estaba asentado el Real de Cristóbal de Olí, y peleó con muchos
-escuadrones mejicanos que le esperaban en partes peligrosas, creyendo
-de tomarle los bergantines; y como le daban mucha guerra desde las
-canoas que estaban en la laguna y desde unas torres de ídolos, mandó
-sacar de los bergantines cuatro tiros, y con ellos daba guerra, y
-mataba y heria muchos indios; y tanta priesa tenian los artilleros,
-que por descuido se les quemó la pólvora, y aun se chamuscaron algunos
-dellos las caras y manos; y luego despachó Cortés un bergantin muy
-ligero á Iztapalapa al real de Sandoval para que trajesen toda la
-pólvora que tenia, y le escribió que de allí donde estaba no se mudase.
-
-Dejemos á Cortés, que siempre tenia rebatos de mejicanos, hasta que se
-juntó en el real de Cristóbal de Olí, y en dos dias que allí estuvo
-siempre le combatian muchos contrarios; y porque yo en aquella sazon
-estaba en lo de Tacuba con Pedro de Albarado, diré lo que hicimos en
-nuestro real; y es que, como sentimos que Cortés andaba por la laguna,
-entramos por nuestra calzada adelante y con gran concierto, y no
-como la primera vez, y les llegamos á la puente, y los ballesteros y
-escopeteros con mucho concierto, tirando unos y armando otros, y á los
-de á caballo les mandó Pedro de Albarado que no entrasen con nosotros
-entre las calzadas; y desta manera estuvimos, unas veces peleando y
-otras poniendo resistencia no entrasen por tierra, porque cada dia
-teniamos refriegas, y en ellas nos mataron tres soldados; y tambien
-entendiamos en adobar los malos pasos.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo Gonzalo de Sandoval, que estaba en
-Iztapalapa, viendo que no les podia hacer mal á los de Iztapalapa,
-porque estaban en el agua, y ellos á él le herian sus soldados, acordó
-de se venir á unas casas é poblacion que estaban en el agua, que
-podian entrar en ellas, y les comenzó á combatir; y estándoles dando
-guerra, envió Guatemuz, gran señor de Méjico, á muchos guerreros á
-los ayudar y deshacer y abrir la calzada por donde habia entrado el
-Sandoval, para tomalles dentro y que no tuviesen por donde salir; y
-envió por otra parte mucha más gente de guerra; y como Cortés estaba
-con Cristóbal de Olí, é vieron salir gran copia de canoas hácia
-Iztapalapa, acordó de ir con los bergantines y con toda la capitanía
-de Cristóbal de Olí hácia Iztapalapa en busca de Sandoval; é yendo por
-la laguna con los bergantines y el Cristóbal de Olí por la calzada,
-vieron que estaban abriendo la calzada muchos mejicanos, y tuvieran por
-cierto que estaba allí en aquellas casas el Sandoval, y fueron con los
-bergantines é le hallaron peleando con el escuadron de guerreros que
-envió el Guatemuz, y cesó algo la pelea; y luego mandó Cortés á Gonzalo
-de Sandoval que dejase aquello de Iztapalapa é fuese por tierra á
-poner cerco á otra calzada que va desde Méjico á un pueblo que se dice
-Tepeaquilla, adonde ahora llaman Nuestra Señora de Guadalupe, donde
-hace y ha hecho muchos y admirables milagros.
-
-É digamos cómo Cortés repartió los bergantines, y lo que más se hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLI.
-
-CÓMO CORTÉS MANDÓ REPARTIR LOS DOCE BERGANTINES, Y MANDÓ QUE SE SACASE
-LA GENTE DEL MÁS PEQUEÑO BERGANTIN, QUE SE DECIA BUSCA-RUIDO, Y DE LO
-DEMÁS QUE PASÓ.
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-
-Como Cortés y todos nuestros capitanes y soldados entendimos que sin
-los bergantines no podriamos entrar por las calzadas para combatir á
-Méjico, envió cuatro dellos á Pedro de Albarado, y en su real, que era
-el de Cristóbal de Olí, dejó seis bergantines, y á Gonzalo de Sandoval,
-en la calzada de Tepeaquilla, envió dos; y mandó que el bergantin más
-pequeño que no anduviese más en el agua, porque no le trastornasen
-las canoas, que no era de sustento, y la gente y marineros que en él
-andaban mandó repartir en esotros doce, porque ya estaban muy mal
-heridos veinte hombres de los que en ellos andaban.
-
-Pues desque nos vimos en nuestro real de Tacuba con aquella ayuda de
-los bergantines, mandó Pedro de Albarado que los dos dellos anduviesen
-por la una parte de la calzada y los otros dos de la otra parte, é
-comenzamos á pelear muy de hecho, porque las canoas que nos solian
-dar guerra desde el agua, los bergantines las desbarataban; y ansí,
-teniamos lugar de les ganar algunas puentes y albarradas; y cuando
-con ellos estábamos peleando, era tanta la piedra con hondas y vara y
-flecha que nos tiraban, que por bien que íbamos armados, todos los más
-soldados nos descalabraban, y quedábamos heridos, y hasta que la noche
-nos despartia no dejábamos la pelea y combate.
-
-Pues quiero decir el mudarse de escuadrones con sus divisas é insignias
-de las armas que de los mejicanos se remudaban de rato en rato, pues á
-los bergantines cuál los paraban de las azuteas, que los cargaban de
-vara y flecha y piedra, porque era más que granizo, y no lo sé aquí
-decir ni habrá quien lo pueda comprender, sino los que en ello nos
-hallamos, que venia tanta multitud dellas como granizo, é de presto
-cubrian la calzada, pues ya que con tantos trabajos les ganábamos
-alguna puente ó albarrada y la dejábamos sin guarda, aquella misma
-noche la habian de tornar á ahondar, y ponian muy mejores defensas,
-y aun hacian hoyos encubiertos en el agua, para que otro dia cuando
-peleásemos, al tiempo de retraer, nos embarazásemos y cayésemos en
-los hoyos, y pudiesen en sus canoas desbaratarnos; porque ansimismo
-tenian aparejadas muchas canoas para ello, puestas en partes que no las
-viesen nuestros bergantines, para cuando nos tuviesen en aprieto en los
-hoyos, los unos por tierra y los otros por el agua dar en nosotros; y
-para que nuestros bergantines no nos pudiesen venir á ayudar tenian
-hechas muchas estacadas en el agua, encubiertas en partes que en ellas
-zabordasen, y desta manera peleábamos cada dia.
-
-Ya he dicho otras veces que los caballos muy poco aprovechaban en
-las calzadas, porque si arremetian ó daban alcance á los escuadrones
-que con nosotros peleaban, luego se les arrojaban en el agua, y á
-unos mamparos que tenian hechos en las calzadas, donde estaban otros
-escuadrones de guerreros aguardando con lanzas largas de las nuestras,
-ó dalles que habian hecho muy más largas que son las nuestras, de las
-armas que tomaron cuando el gran desbarate que nos dieron en Méjico; y
-con aquellas lanzas y grandes rociadas de flecha y vara é piedra que
-tiraban de la laguna, herian y mataban los caballos ántes que se les
-hiciese á los contrarios daño; y demás desto, los caballeros cuyos eran
-no los querian aventurar, porque costaba en aquella sazon un caballo
-ochocientos pesos, y aun algunos costaban á más de mil, y no los habia,
-especialmente no pudiendo alancear por las calzadas sino muy pocos
-contrarios.
-
-Dejemos esto, y digamos que cuando la noche nos despartia curábamos
-nuestros heridos con aceite, é un soldado que se decia Juan Catalan,
-que nos las santiguaba y ensalmaba, y verdaderamente digo que
-hallábamos que Nuestro Señor Jesucristo era servido de darnos esfuerzo,
-demás de las muchas mercedes que cada dia nos hacia, y de presto
-sanaban; y ansí heridos y entrapajados habiamos de pelear desde la
-mañana hasta la noche, que si los heridos se quedaran en el real sin
-salir á los combates, no hubiera de cada capitanía veinte hombres sanos
-para salir.
-
-Pues nuestros amigos los de Tlascala, como veian que aquel hombre que
-dicho tengo nos santiguaba, todos los heridos y descalabrados venian á
-él, y eran tantos, que en todo el dia harto tenia que curar.
-
-Pues quiero decir de nuestros capitanes y alféreces y compañeros de
-bandera, que saliamos llenos de heridas y las banderas rotas, y digo
-que cada dia habiamos menester un alférez, porque saliamos tales, que
-no podian tornar á entrar á pelear y llevar las banderas; pues con todo
-esto, por ventura teniamos que comer, no digo de falta de tortillas
-de maíz, que hartas teniamos, sino algun refrigerio para los heridos
-maldito aquel.
-
-Lo que nos daba la vida era unos quilites, que son unas yerbas que
-comen los indios, y cerezas de la tierra miéntras las habia, y despues
-tunas, que en aquella sazon vino el tiempo dellas; y otro tanto como
-haciamos en nuestro real, hacian en el real donde estaba Cortés y en
-el de Sandoval, que jamás dia alguno faltaban capitanías de mejicanos,
-que siempre les iban á dar guerra, ya he dicho otras veces que desde
-que amanecia hasta la noche; porque para ello tenia Guatemuz señalados
-los capitanes y escuadrones que á cada calzada habian de acudir, y el
-Taltelulco é los pueblos de la laguna, ya otra vez por mí nombrados,
-tenian señaladas, para que en viendo una señal en el cu mayor de
-Taltelulco, acudiesen unos en canoas y otros por tierra, y para ello
-tenian los capitanes mejicanos señalados y con gran concierto cómo y
-cuándo y á qué partes habian de acudir.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo nosotros mudamos otra órden y manera de
-pelear, y es esta que diré: que como viamos que cuantas obras de agua
-ganábamos de dia, y sobre lo ganar mataban de nuestros soldados, y
-todos los más estábamos heridos, lo tornaban á cegar los mejicanos,
-acordamos que todos nos fuésemos á meter en la calzada, en una placeta
-donde estaban unas torres de ídolos que las habiamos ya ganado, y
-habia espacio para hacer nuestros ranchos, aunque eran muy malos, que
-en lloviendo todos nos mojábamos, é no eran para más de cubrirnos
-del sereno é del sol; y dejamos en Tacuba las indias que nos hacian
-pan, y quedaron en su guarda todos los de á caballo y nuestros amigos
-los de Tlascala, para que mirasen y guardasen los pasos, no viniesen
-de los pueblos comarcanos á darnos en la rezaga en las calzadas
-miéntras que estábamos peleando; y desque hubimos asentado nuestros
-ranchos adonde dicho tengo, desde allí adelante procuramos que luego
-las casas ó barrios ó aberturas de agua que les ganásemos, que luego
-lo cegásemos, y que las casas diésemos con ellas en tierra y las
-deshiciésemos, porque ponellas fuego, tardaban mucho en se quemar, y
-desde unas casas á otras no se podian encender, porque, como ya otras
-veces he dicho, cada casa estaba en el agua, y sin pasar en puentes
-ó en canoas no pueden ir de una parte á otra; porque si queriamos ir
-por el agua nadando, desde las azuteas que tenian nos hacian mucho
-mal, y derrocándose las casas estábamos muy más seguros, y cuando les
-ganábamos alguna albarrada ó puente ó paso malo donde ponian mucha
-resistencia, procurábamos de la guardar de dia y de noche, y es desta
-manera que todas nuestras capitanías velábamos las noches juntas.
-
-Y el concierto que para ello se dió fué, que tomaba la vela desde que
-anochecia hasta media noche la primera capitanía, y eran sobre cuarenta
-soldados, y dende media noche hasta dos horas ántes que amaneciese
-tomaba la vela otra capitanía de otros cuarenta hombres, y no se iban
-del puesto los primeros, que allí en el suelo dormiamos, y este cuarto
-es el de la modorra; y luego venian otros cuarenta y tantos soldados,
-y velaban el alba, que eran aquellas dos horas que habia hasta el
-dia, y tampoco se habian de ir los que velaban la modorra, que allí
-habian de estar; por manera que cuando amanecia nos hallábamos velando
-sobre ciento y veinte soldados todos juntos, y aun algunas noches,
-cuando sentiamos mucho peligro, desde que anochecia hasta que amanecia
-todos los del real estábamos juntos aguardando el gran ímpetu de los
-mejicanos, por temor no nos rompiesen, porque teniamos aviso de unos
-capitanes mejicanos que en las batallas prendimos, que el Guatemuz
-tenia pensamientos y puesto en plática con sus capitanes que procurasen
-en una noche ó de dia romper por nosotros en nuestra calzada, é que
-venciéndonos por aquella nuestra parte, que luego eran vencidas y
-desbaratadas las dos calzadas, donde estaba Cortés, y en la donde
-estaba Gonzalo de Sandoval; y tambien tenia concertado que los nueve
-pueblos de la laguna, y el mismo Tacuba y Capuzalco y Tenayuca, que se
-juntasen, que para el dia que ellos quisiesen romper y dar en nosotros,
-que se diese en las espaldas en la calzada, é que las indias que nos
-hacian pan, que teniamos en Tacuba, y fardaje, que las llevasen de
-vuelo una noche.
-
-Y como esto alcanzamos á saber, apercebimos á los de á caballo, que
-estaban en Tacuba, que toda la noche velasen y estuviesen alerta, y
-tambien á nuestros amigos los tlascaltecas; y ansí como el Guatemuz
-lo tenia concertado lo puso por obra, que vinieron muy grandes
-escuadrones, y unas noches nos venian á romper y dar guerra á media
-noche, y otras á la modorra, y otras al cuarto del alba, é venian
-algunas veces sin hacer rumor, y otras con grandes alaridos, de
-suerte que no nos daban un punto de quietud; y cuando llegaban adonde
-estábamos velando, la vara, piedra y flecha que tiraban, é otros
-muchos con lanzas, era cosa de ver; y puesto que herian algunos de
-nosotros, como los resistiamos, volvian muchos heridos, é otros muchos
-guerreros vinieron á dar en nuestro fardaje, é los de á caballo é
-tlascaltecas los desbarataron diferentes veces; porque, como era de
-noche, no aguardaban mucho; y desta manera que he dicho velábamos, que
-ni porque lloviese, ni vientos ni frios, y aunque estábamos metidos
-en medio de grandes lodos y heridos, allí habiamos de estar; y aun
-esta miseria de tortillas é yerbas que habiamos de comer, ó tunas,
-sobre la obra del batallar, como dicen los oficiales, habia de ser;
-pues con todos estos recaudos que poniamos con tanto trabajo, heridas
-y muertes de los nuestros, nos tornaban abrir la puente ó calzada que
-les habiamos ganado, que no se les podia defender de noche que no lo
-hiciesen, é otro dia se la tornábamos á ganar y á cegar, y ellos á la
-tornar á abrir é hacer más fuerte con mamparos, hasta que los mejicanos
-mudaron otra manera de pelear, la cual diré en su coyuntura.
-
-Y dejemos de hablar de tantas batallas como cada dia teniamos, y
-otro tanto en el real de Cortés y en el de Sandoval, y digamos que
-qué aprovechaba, haberles quitado el agua de Chalputepeque, ni ménos
-aprovechaba haberles vedado que por las tres calzadas no les entrase
-bastimento ni agua.
-
-Ni tampoco aprovechaban nuestros bergantines estándose en nuestros
-reales, no sirviendo de más de cuando peleábamos poder hacernos
-espaldas de los guerreros de las canoas y de los que peleaban de las
-azuteas; porque los mejicanos metian mucha agua y bastimentos de los
-nueve pueblos que estaban poblados en el agua; porque en canoas les
-proveian de noche, é de otros pueblos sus amigos, de maíz é gallinas y
-todo lo que querian; é para otro dia evitar que no les entrase aquesto,
-fué acordado por todos los tres reales que dos bergantines anduviesen
-de noche por la laguna á dar caza á las canoas que venian cargadas con
-bastimentos é agua, é todas las canoas que se les pudiesen quebrar ó
-traer á nuestros reales, que se las tomasen; y hecho este concierto,
-fué bueno, puesto que para pelear y guardarnos hacian falta de noche
-los dos bergantines, mas hicieron mucho provecho en quitar que no les
-entrasen bastimentos é agua; y aun con todo esto no dejaban de ir
-muchas canoas cargadas dello; y como los mejicanos andaban descuidados
-en sus canoas metiendo bastimentos, no habia dia que no traian los
-bergantines que andaban en su busca presa de canoas y muchos indios
-colgados de las entenas.
-
-Dejemos esto, y digamos el ardid que los mejicanos tuvieron para tomar
-nuestros bergantines y matar los que en ellos andaban, y es desta
-manera: que, como he dicho, cada noche y en las mañanas iban á buscar
-por las lagunas sus canoas y las trastornaban con los bergantines,
-y prendian muchas dellas, acordaron de armar treinta piraguas, que
-son canoas muy grandes, con muy buenos remeros y guerreros, y de
-noche se metieron todas treinta entre unos carrizales en parte que
-los bergantines no las pudieran ver, y cubiertas de ramas echaban de
-antenoche dos ó tres canoas, como que llevaban bastimentos ó metian
-agua, y con buenos remeros, y en parte que les parecia á los mejicanos
-que los bergantines habian de correr cuando con ellos peleasen, habian
-hincado muchos maderos gruesos, hechos estacadas, para que en ellos
-zabordasen; pues como iban las canoas por la laguna mostrando señal
-de temerosas, arrimadas algo á los carrizales, salen dos de nuestros
-bergantines tras ellas, y las dos canoas hacen que se van retrayendo
-á tierra á la parte que estaban las treinta piraguas en celada, y los
-bergantines siguiéndolas, é ya que llegaban á la celada salen todas las
-piraguas juntas y dan tras nuestros bergantines, é de presto hirieron
-á todos los soldados é remeros y capitanes, y no podian ir á una parte
-ni á otra, por las estacadas que les tenian puestas; por manera que
-mataron al un capitan, que se decia Fulano de Portillo, gentil soldado
-que habia sido en Italia, é hirieron á Pedro Barba, que fué otro muy
-buen capitan, y desde á tres dias murió de las heridas; y tomaron el
-bergantin.
-
-Estos dos bergantines eran del real de Cortés, de lo cual recibió muy
-gran pesar; más dende á pocos dias se lo pagaron muy bien con otras
-celadas que echaron; lo cual diré á su tiempo.
-
-Y dejemos agora de hablar dellos, y digamos cómo en el real de Cortés y
-en el de Gonzalo de Sandoval siempre tenian muy grandes combates, y muy
-mayores en el de Cortés, porque mandaba quemar y derrocar casas y cegar
-puentes, y todo lo que ganaba cada dia lo cegaba, y enviaba á mandar á
-Pedro de Albarado que mirase que no pasásemos puente ni abertura de la
-calzada sin que primero la tuviésemos ciega, é que no quedase casa que
-no se derrocase y se pusiese fuego; y con los adobes y madera de las
-casas que derrocábamos, cegábamos los pasos y aberturas de las puentes;
-y nuestros amigos los de Tlascala nos ayudaban en toda la guerra muy
-como varones.
-
-Dejemos desto, y digamos, como los mejicanos vieron que todas las
-casas las allanábamos por el suelo, é que las puentes y aberturas las
-cegábamos, acordaron de pelear de otra manera, y fué, que abrieron
-una puente y zanja muy ancha y honda, que cuando la pasábamos en
-partes no hallábamos pié, é tenian en ella hechos muchos hoyos, que
-no los podiamos ver dentro en el agua, é unos mamparos é albarradas,
-ansí de la una parte como de la otra de aquella abertura, é tenian
-hechas muchas estacadas con maderos gruesos en partes que nuestros
-bergantines zabordasen si nos viniesen á socorrer cuando estuviésemos
-peleando sobre tomalles aquella fuerza; porque bien entendian que
-la primera cosa que habiamos de hacer era deshacerles el albarrada y
-pasar aquella abertura de agua para entralles en la ciudad; y ansimismo
-tenian aparejadas en partes escondidas muchas canoas bien armadas de
-guerreros, y buenos guerreros; y un domingo de mañana comenzaron á
-venir por tres partes grandes escuadrones de guerreros, y nos acometen
-de tal manera, que tuvimos bien que hacer en sustentarnos, no nos
-desbaratasen; é ya en aquella sazon habia mandado Pedro de Albarado que
-la mitad de los de á caballo, que solian estar en Tacuba, durmiesen en
-la calzada, porque no tenian tanto riesgo como al principio, porque ya
-no habia azuteas, y todas las demás casas estaban derrocadas, y podian
-correr por algunas partes de las calzadas sin que de las canoas ni
-azuteas les pudiesen herir los caballos.
-
-Y volvamos á nuestro propósito, y es, que de aquellos tres escuadrones
-que vinieron muy bravosos, los unos por una parte donde estaba la
-gran abertura en el agua, y los otros por unas casas de las que les
-habiamos derrocado, y el otro escuadron nos habia tomado las espaldas
-de la parte de Tacuba, y estábamos como cercados; los de á caballo,
-con nuestros amigos los de Tlascala, rompieron por los escuadrones que
-nos habian tomado las espaldas, y todos nosotros estuvimos peleando
-muy valerosamente con los otros dos escuadrones hasta les hacer
-retraer; mas era fingida aquella muestra que hacian que huian, y les
-ganamos la primera albarrada, y la otra albarrada donde se hicieron
-fuertes tambien la desampararon; y nosotros, creyendo que llevábamos
-vitoria, pasamos aquella agua á vuelapié, y por donde la pasamos no
-habia ningunos hoyos, é vamos siguiendo el alcance entre unas grandes
-casas y torres de adoratorios, y los contrarios hacian que todavía
-huian é se retraian, é no dejaban de tirar vara y piedra con hondas,
-y mucha flecha; y cuando no nos catamos, tenian encubiertos en partes
-que no los podiamos ver tanta multitud de guerreros que nos salen al
-encuentro, y otros muchos dende las azuteas é donde las casas; y los
-que primero hacian que se iban retrayendo, vuelven sobre nosotros todos
-á una, y nos dan tal mano, que no les podiamos sustentar; y acordamos
-de nos volver retrayendo con gran concierto; y tenian aparejadas en
-el agua y abertura que les teniamos ganado, tanta flota de canoas en
-la parte por donde primero habiamos pasado, donde no habia hoyos,
-porque no pudiésemos pasar por aquel paso, que nos hicieron ir á
-pasar por otra parte adonde he dicho que estaba muy más honda el agua
-y tenian hechos muchos hoyos; y como venian contra nosotros tanta
-multitud de guerreros y nos veniamos retrayendo, pasábamos el agua
-á nado é á vuelapié, é caiamos todos los más soldados en los hoyos,
-entónces acudieron todas las canoas sobre nosotros, y allí apañaron
-los mejicanos cinco de nuestros soldados y los llevaron á Guatemuz, é
-hirieron á todos los más, pues los bergantines que aguardábamos para
-nuestra ayuda no podian venir, porque todos estaban zabordados en las
-estacadas que les tenian puestas, y con las canoas y azuteas les dieron
-buena mano de vara y flecha, y mataron dos soldados remeros é hirieron
-á muchos de los nuestros.
-
-É volvamos á los hoyos é aberturas: digo que fué maravilla cómo no
-nos mataron á todos en ellos; de mí digo que ya me habian echado mano
-muchos indios, y tuve manera para desembarazar el brazo, y Nuestro
-Señor Jesucristo me dió esfuerzo para que á buenas estocadas que
-les dí, me salvase, y bien herido en un brazo; y como me vi fuera
-de aquella agua en parte segura, me quedé sin sentido, sin me poder
-sostener en mis piés é sin huelgo ninguno; y esto causó la gran fuerza
-que puse para me descabullir de aquella gentecilla, é de la mucha
-sangre que me salió: é digo que cuando me tenian engarrafado, que en el
-pensamiento yo me encomendaba á nuestro Señor Dios é á nuestra Señora
-su bendita Madre, y ponia la fuerza que he dicho, por donde me salvé;
-gracias á Dios por las mercedes que me hace.
-
-Otra cosa quiero decir, que Pedro de Albarado y los de á caballo,
-como tuvieron harto en romper los escuadrones que nos venian por las
-espaldas de la parte de Tacuba, no pasó ninguno dellos aquella agua
-ni albarradas, sino fué uno solo de á caballo que habia venido poco
-habia de Castilla, y allí le mataron á él y al caballo; y como vió el
-Pedro de Albarado que nos veniamos retrayendo, nos iba ya á socorrer
-con otros de á caballo, y si allá pasara, por fuerza habiamos de volver
-sobre los indios; y si volviera, no quedara ninguno dellos ni de los
-caballos ni de nosotros á vida, porque la cosa estaba de arte que
-cayeran en los hoyos, y habia tantos guerreros, que les mataran los
-caballos con lanzas que para ello tenian largas, y dende las muchas
-azuteas que habia, porque esto que pasó era en el cuerpo de la ciudad;
-y con aquella vitoria que tenian los mejicanos, todo aquel dia, que era
-domingo, como dicho tengo, tornaron á venir á nuestro real otra tanta
-multitud de guerreros; que no nos dejaban ni nos podiamos valer, que
-ciertamente creyeron de nos desbaratar; y nosotros con unos tiros de
-bronce y buen pelear nos sostuvimos contra ellos, y con velar todas las
-capitanías juntas cada noche.
-
-Dejemos desto, y digamos, cómo Cortés lo supo, del gran enojo que
-tenia, escribió luego en un bergantin á Pedro de Albarado que mirase
-que en bueno ni en malo dejase un paso por cegar, y que todos los de
-á caballo durmiesen en las calzadas, y en toda la noche estuviesen
-ensillados y enfrenados, y que no curásemos de pasar más adelante hasta
-haber cegado con adobes y madera aquella gran abertura, y que tuviesen
-buen recaudo en el real.
-
-Pues como vimos que por nosotros habia acaecido aquel desman, desde
-allí adelante procurábamos de tapar y cegar aquella abertura; y
-aunque fué con harto trabajo y heridas que sobre ella nos daban los
-contrarios, é muerte de seis soldados, en cuatro dias la tuvimos
-cegada, y en las noches sobre ella misma velábamos todas las tres
-capitanías, segun la órden que dicho tengo y quiero decir que entónces,
-como los mejicanos estaban junto á nosotros cuando velábamos, que
-tambien ellos tenian sus velas, y por cuartos se mudaban, y era desta
-manera: que hacian grande lumbre, que ardia toda la noche, y los que
-velaban estaban apartados de la lumbre, y desde léjos no les podiamos
-ver, porque con la claridad de la leña, que siempre ardia, no podiamos
-ver los indios que velaban; más bien sentiamos cuando se remudaban
-y cuando venian á atizar su leña; y muchas noches habia que, como
-llovia en aquella sazon mucho, les apagaba la lumbre, y la tornaban á
-encender, y sin hacer rumor ni hablar entre ellos palabra, se entendian
-con unos silbos que daban.
-
-Tambien quiero decir que nuestros escopeteros y ballesteros, muchas
-veces cuando sentiamos que se venian á trocar las velas, les tiraban
-á bulto, é piedras y saetas perdidas, y no les haciamos mal, porque
-estaban en parte que, aunque de noche quisiéramos ir á ellos, no
-podiamos, con otra gran abertura de zanja bien honda que habian abierto
-á mano, é albarradas y mamparos que tenian; é tambien ellos nos
-tiraban á bulto mucha piedra é vara y flecha.
-
-Dejemos de hablar destas velas, é digamos cómo cada dia íbamos por
-nuestra calzada adelante, peleando con muy buen concierto, y les
-ganaron la abertura que he dicho donde velaban; y era tanta la multitud
-de los contrarios que contra nosotros cada dia venian, y la vara,
-flecha y piedra que tiraban, que nos herian á todos, aunque íbamos con
-gran concierto y bien armados.
-
-Pues ya que se habia pasado todo el dia batallando, y se venia la
-tarde, y no era coyuntura para pasar más adelante, sino volvernos
-retrayendo, en aquel tiempo tenian ellos muchos escuadrones aparejados,
-creyendo que con la gran priesa que nos diesen al tiempo del retraer
-nos desbaratarian, porque venian tan bravosos como tigres, y pié con
-pié se juntaron con nosotros; y como aquello conociamos dellos, la
-manera que teniamos para retraer era esta: que la primera cosa que
-haciamos era echar de la calzada á nuestros amigos los tlascaltecas;
-porque, como eran muchos, con nuestro favor querian llegar á pelear
-con los mejicanos, y como eran mañosos, que no deseaban otra cosa
-sino vernos embarazados con los amigos, y con grandes arremetidas que
-hacian por todas tres partes para nos poder tomar en medio ó atajar
-algunos de nosotros; y con los muchos tlascaltecas que embarazaban,
-no podiamos pelear á todas partes, é por esta causa los echábamos fuera
-de la calzada, en parte que los poniamos en salvo; y cuando nos viamos
-que no teniamos embarazo dellos, nos retraiamos al real, no vueltas
-las espaldas, sino haciéndoles rostro, unos ballesteros y escopeteros
-soltando y otros armando; y nuestros cuatro bergantines cada dos de
-los lados de las calzadas por la laguna, defendiéndonos por las flotas
-de las canoas, y de las muchas piedras de las azuteas y casas que
-estaban por derrocar; y aun con todo este concierto teniamos harto
-riesgo de nuestras personas hasta volvernos á los ranchos, y luego nos
-quemábamos con aceite nuestras heridas y apretallas con mantas de la
-tierra, y cenar de las tortillas que nos traian de Tacuba, é yerbas y
-tunas quien lo tenia; y luego íbamos á velar á la abertura del agua,
-como dicho tengo, y luego á otro dia por la mañana, sus, á pelear;
-porque no podiamos hacer otra cosa, porque por muy de mañana que fuese,
-ya estaban sobre nosotros los batallones contrarios, y aun llegaban á
-nuestro real y nos decian vituperios; y desta manera pasábamos nuestros
-trabajos.
-
-Dejemos por agora de contar de nuestro real, que es el de Pedro de
-Albarado, y volvamos al de Cortés, que siempre de noche y de dia le
-daban combates, y le mataban y herian muchos soldados, y era de la
-manera que á nosotros los del real de Tacuba; y siempre traia dos
-bergantines á dar caza de noche á las canoas que entraban en Méjico
-con bastimentos é agua; é parece ser que el un bergantin prendió á
-dos principales que venian en una de las muchas canoas que venian
-con bastimento, y dellos supo Cortés que tenian en celada entre unos
-matorrales cuarenta piraguas y otras tantas canoas para tomar á alguno
-de nuestros bergantines, como hicieron la otra vez; y aquellos dos
-principales que se prendieron, Cortés les halagó y dió mantas, y con
-muchos prometimientos que en ganando á Méjico les daria tierras, y con
-nuestras lenguas doña Marina y Aguilar les preguntó que á qué parte
-estaban las piraguas, porque no se pusieron donde la otra vez; y ellos
-señalaron en el puesto y paraje que estaban, y aun avisaron que habian
-hincado muchas estacas de maderos gruesos en partes, para que si los
-bergantines fuesen huyendo de sus piraguas, zabordasen, y allí los
-apañasen y matasen á los que iban en ellos.
-
-Y como Cortés tuvo aquel aviso, apercibió seis bergantines que aquella
-noche se fuesen á meter á unos carrizales apartados obra de un cuarto
-de legua, donde estaban las piraguas, y que se cubriesen con mucha
-rama; y fueron á remo callado, y estuvieron toda la noche aguardando,
-y otro dia de mañana mandó Cortés que fuese un bergantin como que
-iba á dar caza á las canoas que entraban con bastimentos, y mandó
-que fuesen los dos indios principales que se prendieron dentro del
-bergantin, porque mostrasen en qué parte estaban las piraguas, porque
-el bergantin fuese hácia allá; y ansimismo los mejicanos nuestros
-contrarios concertaron de echar dos canoas echadizas, como la otra
-vez, adonde estaba su celada, como que traian bastimento, para que
-se cebase el bergantin en ir tras ellas; por manera que ellos tenian
-un pensamiento y nosotros otro como el suyo de la misma manera; y
-como el bergantin que echó Cortés vió á las canoas que echaron los
-indios para cebarle, iba tras ellas, y las dos canoas hacian que se
-iban huyendo á tierra donde estaba su celada de sus piraguas, y luego
-nuestro bergantin hizo semblante que no osaba llegar á tierra, y que
-se volvia retrayendo; y cuando las piraguas y otras muchas canoas le
-vieron que se volvia, salen tras él con gran furia y remar todo lo que
-podian, y le iban siguiendo; y el bergantin se iba como huyendo donde
-estaban los otros seis bergantines en celada, y todavía las piraguas
-siguiéndole; y en aquel instante soltaron unas escopetas, que era la
-señal de cuando habian de salir nuestros bergantines; y cuando oyeron
-la señal, salen con grande ímpetu y dieron sobre las piraguas y canoas,
-que trastornaron, y mataron y prendieron muchos guerreros, y tambien
-el bergantin que echaron para en celada, que iba ya á lo largo, vuelve
-á ayudar á sus compañeros; por manera que se llevó buena presa de
-prisioneros y canoas; y dende allí adelante no osaban los mejicanos
-echar más celadas, ni se atrevian á meter bastimentos ni agua tan
-á ojos vistas como solian; y desta manera pasaba la guerra de los
-bergantines en la laguna y nuestras batallas en las calzadas.
-
-Y digamos ahora, como vieron los pueblos que estaban en la laguna
-poblados, que ya los he nombrado otras veces, que cada dia teniamos
-vitoria, ansí por el agua como por tierra, y vieron venir á nuestra
-amistad muchos amigos, así los de Chalco como los de Tezcuco é Tlascala
-é otras poblaciones, y con todos les hacian mucho mal y daño en sus
-pueblos, y les cautivaban muchos indios é indias; parece ser se
-juntaron todos, é acordaron de venir de paz ante Cortés, y con mucha
-humildad le demandaron perdon si en algo nos habian enojado, y dijeron
-que eran mandados, que no podian hacer otra cosa; y Cortés holgó mucho
-de los ver venir de paz de aquella manera, y aun cuando lo supimos en
-nuestro real de Pedro de Albarado y en el de Gonzalo de Sandoval, nos
-alegramos todos los soldados.
-
-Y volviendo á nuestra plática: Cortés con buen semblante y con muchos
-halagos les perdonó, y les dijo que eran dignos de gran castigo por
-haber ayudado á los mejicanos; y los pueblos que vinieron fueron
-Iztapalapa, Huichilobusco é Cuyoacan é Mezquique, y todos los de la
-laguna y agua dulce; y les dijo Cortés que no habiamos de alzar real
-hasta que los mejicanos viniesen de paz, ó por guerra los acabase; y
-les mandó que en todo nos ayudasen con todas las canoas que tuviesen
-para combatir á Méjico, é que viniesen á hacer sus ranchos é trajesen
-comida, lo cual dijeron que ansí lo harian; é hicieron los ranchos de
-Cortés, y no traian comida, sino muy poca y de mala gana.
-
-Nuestros ranchos, donde estaba Pedro de Albarado nunca se hicieron, que
-ansí nos estábamos al agua, porque ya saben los que en esta tierra han
-estado que por Junio, Julio y Agosto son en estas partes cotidianamente
-las aguas.
-
-Dejemos esto, y volvamos á nuestra calzada y á los combates que cada
-dia dábamos á los mejicanos, y cómo les íbamos ganando muchas torres
-de ídolos y casas y otras aberturas de zanjas y puentes que de casa
-en casa tenian hechas, y todo lo cegábamos con adobes y la madera de
-las casas que deshaciamos y derrocábamos, y aun sobre ellas velábamos;
-y aun con toda esta diligencia que poniamos, lo tornaban á hondar y
-ensanchar, y ponian más albarradas, y porque entre todas tres nuestras
-capitanías teniamos por deshonra que unos batallásemos é hiciésemos
-rostro á los escuadrones mejicanos, y otros estuviesen cegando los
-pasos y aberturas y puentes; y por excusar diferencias sobre los que
-habiamos de batallar ó cegar aberturas, mandó Pedro de Albarado que una
-capitanía tuviese cargo de cegar y entender en la obra un dia, y las
-dos capitanías batallasen é hiciesen rostro contra los enemigos, y esto
-habia de ser por rueda, un dia una y luego otro dia otra capitanía,
-hasta que por todas tres volviese la andanada y rueda; y con esta
-órden no quedaba cosa que les ganábamos que no dábamos con ella en el
-suelo, y nuestros amigos los tlascaltecas, que nos ayudaban; y ansí
-les íbamos entrando en su ciudad; mas al tiempo del retraer todas
-tres capitanías habiamos de pelear juntos, porque entónces era donde
-corriamos mucho peligro; y como otra vez he dicho, primero haciamos
-salir de las calzadas todos los tlascaltecas, porque cierto era
-demasiado embarazo para cuando peleábamos.
-
-Dejemos de hablar de nuestro real, y volvamos al de Cortés y al de
-Gonzalo de Sandoval, que á la continua, ansí de dia como de noche,
-tenian sobre sí muchos contrarios por tierra y flotas de canoas por la
-laguna, y siempre les daban guerra, y no les podian apartar de sí.
-
-Pues en lo de Cortés, por les ganar una puente y obra muy honda, que
-era mala de ganar, en ella tenian los mejicanos muchos mamparos y
-albarradas, que no se podian pasar sino á nado, é ya que se pusiesen á
-pasalla, estábanles aguardando muchos guerreros con flechas y piedras
-con honda, y vara y macanas y espadas de á dos manos, y lanzas como
-dalles, y engastadas las espadas que nos tomaron, acudiendo siempre
-gran multitud de guerreros, y la laguna llena de canoas de guerra;
-y habia junto á las albarradas muchas azuteas, y dellas les tiraban
-muchas piedras, de que con gran dificultad se podian defender; y los
-herian muchos, y algunos mataban, y los bergantines no les podian
-ayudar, por las estacadas que tenian puestas, en que se embarazaban
-los bergantines; y sobre ganalles esta fuerza y puente y abertura
-pasaron los de Cortés mucho trabajo, y estuvieron muchas veces á punto
-de perderse, é le mataron cuatro soldados en el combate y le hirieron
-sobre treinta; y como era ya tarde cuando la acabaron de ganar, no
-tuvieron tiempo de la cegar, y se volvieron retrayendo con muy grande
-trabajo y peligro, y con más de treinta soldados heridos y muchos
-tlascaltecas descalabrados, aunque peleaban bravosamente.
-
-Dejemos esto, y digamos otra manera con que Guatemuz mandó pelear
-á sus capitanes, haciendo apercebir todos sus poderes para que nos
-diesen guerra continuamente; y es que, como para otro dia era fiesta de
-señor San Juan de Junio, que entónces se cumplia un año puntualmente
-que habiamos entrado en Méjico, cuando el socorro del capitan Pedro
-de Albarado, y nos desbarataron, segun dicho tengo en el capítulo que
-dello habla, parece ser tenia cuenta en ello el Guatemuz, y mandó que
-en todos tres reales nos diesen toda la guerra y con la mayor fuerza
-que pudiesen con todos sus poderes, ansí por tierra como con las canoas
-por el agua, para acabarnos de una vez, como decian se lo tenia mandado
-su Huichilóbos, y mandó que fuese de noche al cuarto de la modorra; y
-porque los bergantines no nos pudiesen ayudar, en todas más partes de
-la laguna tenian hechas unas estacadas para que en ellas zabordasen;
-y vinieron con esta furia y ímpetu, que si no fuera por los que
-velábamos juntos, que éramos sobre ciento y veinte soldados, y todos
-muy acostumbrados á pelear, nos entraran en el real y corriamos harto
-peligro, y con muy grande concierto les resistimos, y allí hirieron
-á quince de los nuestros, y dos murieron de ahí á ocho dias de las
-heridas.
-
-Pues en el real de Cortés tambien les pusieron en grande aprieto é
-trabajo, é hubo muchos muertos y heridos, y en lo de Sandoval por el
-consiguiente, y desta manera vinieron dos noches arreo; y tambien
-en aquellos rencuentros quedaron muchos mejicanos muertos y muchos
-heridos; y como Guatemuz y sus capitanes y papas vieron que no
-aprovechaba nada la guerra que dieron aquellas noches, acordaron que
-con todos sus poderes juntos viniesen al cuarto del alba y diesen en
-nuestro real, que se dice el de Tacuba; y vinieron tan bravosos, que
-nos cercaron por todas partes, y aun nos tenian medio desbaratados y
-atajados; y quiso Dios darnos esfuerzo, que nos tornamos á hacer un
-cuerpo y nos mamparamos algo con los bergantines, y á buenas estocadas
-y cuchilladas, que andábamos pié con pié, los apartamos algo de
-nosotros, y los de á caballo no estaban holgando; pues los ballesteros
-y escopeteros hacian lo que podian, que harto tuvieron que romper en
-otros escuadrones que ya nos tenian tomadas las espaldas; y en aquella
-batalla mataron á ocho de nuestros soldados, y aun á Pedro de Albarado
-le descalabraron, y si nuestros amigos los tlascaltecas durmieran
-aquella noche en la calzada, corriamos gran riesgo con el embarazo que
-ellos nos pusieran, como eran muchos; más la experiencia de lo pasado
-nos hacia que luego los echásemos fuera de la calzada y se fuesen á
-Tacuba, y quedábamos sin cuidado.
-
-Tornemos á nuestra batalla, que matamos muchos mejicanos, y se
-prendieron cuatro personas principales.
-
-Bien tengo entendido que los curiosos letores se hartarán ya de ver
-cada dia combates, y no se puede hacer ménos, porque noventa y tres
-dias estuvimos sobre esta tan fuerte ciudad, cada dia é de noche
-teniamos guerras y combates, y por esta causa los hemos de decir muchas
-veces, de cómo é cuándo é de qué manera é arte pasaba; é no lo pongo
-aquí por capítulos lo que cada dia haciamos, porque me parece que
-seria gran prolijidad é seria cosa para nunca acabar, y pareceria á
-los libros de Amadís é de otros corros de caballeros; é porque de aquí
-adelante no me quiero detener en contar tantas batallas é rencuentros
-que cada dia é de noche teniamos, si posible fuere, lo diré lo más
-breve que pueda, hasta el dia de señor San Hipólito, que, gracias
-á nuestro Señor Jesucristo, nos apoderamos desta tan gran ciudad y
-prendimos al Rey della, que se decia Guatemuz, é á sus capitanes;
-puesto que ántes que le prendiésemos tuvimos muy grandes desmanes,
-é casi que estuvimos en gran ventura de nos perder en todos nuestros
-reales, especialmente en el real de Cortés por descuido de sus
-capitanes, como adelante verán.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLII.
-
-CÓMO DESBARATARON LOS INDIOS MEJICANOS Á CORTÉS, É LE LLEVARON VIVOS
-PARA SACRIFICAR SESENTA Y DOS SOLDADOS, É LE HIRIERON EN UNA PIERNA, Y
-EL GRAN PELIGRO EN QUE NOS VIMOS POR SU CAUSA.
-
-
-Como Cortés vió que no se podian cegar todas las aberturas y puentes é
-zanjas de agua que ganábamos cada dia, porque de noche las tornaban á
-abrir los mejicanos y hacian más fuertes albarradas que de ántes tenian
-hechas, é que era gran trabajo pelear y cegar puentes y velar todos
-juntos, en demás como estábamos heridos, acordó de poner en pláticas
-con los capitanes y soldados que tenia en su real, que se decian
-Cristóbal de Olí y Francisco Verdugo y Andrés de Tapia, y el alférez
-Corral y Francisco de Lugo, y tambien nos escribió al real de Pedro de
-Albarado y al de Gonzalo de Sandoval, para tomar parecer de todos los
-capitanes y soldados; y el caso que propuso fué, que si nos parecia
-que fuésemos entrando de golpe en la ciudad hasta entrar, y llegar al
-Taltelulco, que es la plaza mayor de Méjico, que es muy más ancha y
-grande que no la de Salamanca; é que llegados que llegásemos, que seria
-bien asentar en él todos tres reales, que dende allí podiamos batallar
-por las calles de Méjico, y sin tener tantos trabajos é riesgo al
-retraer, ni tener tanto que cegar ni velar las puentes.
-
-Y como en tales pláticas y consejos suele acaecer, hubo en ellas
-muchos pareceres, porque los unos decian que no era buen consejo ni
-acuerdo meternos tan de hecho en el cuerpo de la ciudad, sino que
-nos estuviésemos como estábamos batallando y derrocando y abrasando
-casas; y las causas más evidentes que dimos los que éramos en este
-parecer fué, que si nos metiamos en el Taltelulco y dejábamos todas
-las calzadas y puentes sin guarda y desmamparadas, que como los
-mejicanos son muchos y guerreros, y con las muchas canoas que tienen
-nos tornarian á abrir las puertas y calzadas, y no seriamos señores
-dellas, é que con sus grandes poderes nos darian guerra de noche y
-de dia; é que, como siempre tienen hechas muchas estacadas, nuestros
-bergantines no nos podrian ayudar, y de aquella manera que Cortés
-decia, seriamos nosotros los cercados, y ellos ternian por sí la
-tierra, campo y laguna; y le escribimos sobre el caso, para que no
-nos aconteciese como la pasada cuando salimos huyendo de Méjico; y
-cuando Cortés hubo visto el parecer de todos, y vió las buenas razones
-que sobre ello le dábamos, en lo que se resumió en todo lo platicado
-fué, que para que otro dia saliésemos de todos tres reales con toda la
-mayor pujanza, ansí los de á caballo como los ballesteros, escopeteros
-y soldados, é que los fuésemos ganando hasta la plaza mayor, que es el
-Taltelulco, apercebidos los tres reales y los tlascaltecas y de Tezcuco
-y los pueblos de la laguna que nuevamente habian dado la obediencia á
-su majestad, para que con todas sus canoas se viniesen á ayudar á todos
-nuestros bergantines.
-
-Una mañana, despues de haber oido Misa y nos encomendar á Dios, salimos
-de nuestro real con el capitan Pedro de Albarado, y tambien salió
-Cortés del suyo, y Gonzalo de Sandoval con todos sus capitanes, y con
-grande pujanza iba ganando puentes y albarradas, y los contrarios
-peleaban como fuertes guerreros, y Cortés por su parte llevaba vitoria,
-y asimismo Gonzalo de Sandoval por la suya, pues por nuestro real
-ya les habiamos ganado otra albarrada y una puente, y esto fué con
-mucho trabajo, porque habia muy grandísimos poderes del Guatemuz, y
-la estaban guardando, y salimos della muchos de nuestros soldados muy
-mal heridos, é uno murió luego de las heridas, y nuestros amigos los
-tlascaltecas salieron más de mil dellos maltratados y descalabrados, y
-todavía íbamos siguiendo la vitoria muy ufanos.
-
-Volvamos á decir de Cortés y de todo su ejército, que ganaron una
-abertura de agua muy honda, y estaba en ella una calzadilla muy
-angosta, que los mejicanos con maña y ardid la habian hecho de aquella
-manera, porque tenian pensado entre sí lo que ahora á nuestro general
-Cortés le aconteció; y es que, como llevaba vitoria de él y todos sus
-capitanes y soldados, y la calzada llena de nuestros amigos, é iban
-siguiendo á los contrarios, y puesto que hacian que huian, no dejaban
-de tirarnos piedra, vara y flecha, y hacian algunas paradillas como
-que resistian á Cortés, hasta que le fueron cebando para que fuese
-tras ellos, y desque vieron que de hecho iba tras ellos siguiendo la
-vitoria, hacian que iban huyendo dél.
-
-Por manera que la adversa fortuna vuelve su rueda, y á las mayores
-prosperidades acuden muchas tristezas.
-
-Y como nuestro Cortés iba vitorioso y en el alcance de los contrarios,
-por su descuido é porque nuestro Señor Jesucristo lo permitió, él y sus
-capitanes y soldados dejaron de cegar el abertura de agua que habian
-ganado; y como la calzada por donde iban con maña la habian hecho
-angosta, y aun entraba en ella agua por algunas partes, y habia mucho
-lodo y cieno, como los mejicanos le vieron pasar aquel paso sin cegar,
-que no deseaban otra cosa, y aun para aquel efeto tenian apercebidos
-muchos escuadrones de guerreros mejicanos con esforzados capitanes, y
-muchas canoas en la laguna, en parte que nuestros bergantines no les
-podian hacer daño ninguno con las grandes estacadas que les tenian
-puestas en que zabordasen, vuelven sobre nuestro Cortés y contra todos
-sus soldados con grande furia de escuadrones y con tales alaridos y
-gritos, que los nuestros no les pudieron defender su gran ímpetu y
-fortaleza con que vinieron á pelear, y acordaron todos los soldados con
-sus capitanes y banderas de se volver retrayendo con gran concierto;
-mas, como venian contra ellos tan rabiosos contrarios, hasta que les
-metieron en aquel mal paso se desconcertaron de suerte, que vuelven
-huyendo sin hacer resistencia; y nuestro Cortés, desde que así los vió
-venir desbaratados, los esforzaba y decia:
-
-—«Tened, tened, señores, tened recio, ¿qué es esto, que ansí habeis de
-volver las espaldas?»
-
-Y no les pudo detener ni resistir; y en aquel paso que dejaron de
-cegar, y en la calzadilla, que era angosta y mala, y con las canoas
-le desbarataron é hirieron en una pierna y le llevaron vivos sobre
-sesenta y tantos soldados, y le mataron seis caballos é yeguas, y á
-Cortés ya le tenian muy engarrafado seis ó siete capitanes mejicanos,
-é quiso Dios nuestro Señor ponelle esfuerzo para que se defendiese
-y se librase dellos, puesto que estaba herido en una pierna; porque
-en aquel instante luego llegó allí un muy esforzado soldado, que se
-decia Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja; no lo digo
-por Cristóbal de Olí; y desque allí le vió asido de tantos indios,
-peleó luego tan bravosamente, que mató á estocadas cuatro de aquellos
-capitanes que tenian engarrafado á Cortés, y tambien le ayudó otro
-muy valiente soldado que se decia Lerma, y les hicieron que dejasen
-á Cortés, y por le defender allí perdió la vida el Olea, y el Lerma
-estuvo á punto de muerte, y luego acudieron allí muchos soldados,
-aunque bien heridos, y echan mano á Cortés y le ayudan á salir de
-aquel peligro; y entónces tambien vino con mucha presteza su capitan
-de la guarda, que se decia Antonio de Quiñones, natural de Zamora, y
-le tomaron por los brazos y le ayudaron á salir del agua, y luego le
-trajeron un caballo, en que se escapó de la muerte; y en aquel instante
-tambien venia un su camarero ó mayordomo que se decia Cristóbal de
-Guzman, y le traia otro caballo; y dende las azuteas los guerreros
-mejicanos, que andaban muy bravos y vitoriosos, prendieron al Cristóbal
-de Guzman, é vivo le llevaron á Guatemuz; y todavía los mejicanos iban
-siguiendo á Cortés y á todos sus soldados hasta que llegaron á su real.
-
-Pues ya aquel desastre acaecido, le hallaron en salvo los españoles,
-los escuadrones mejicanos no dejaban de seguilles, dándoles caza y
-grita y diciéndoles vituperios y llamándoles cobardes.
-
-Dejemos de hablar de Cortés y de su desbarate, y volvamos á nuestro
-ejército, que es el de Pedro de Albarado: como íbamos muy vitoriosos,
-y cuando no nos catamos vimos venir contra nosotros tantos escuadrones
-de mejicanos, y con grandes gritas y hermosas divisas y penachos, y nos
-echaron delante de nosotros cinco cabezas que entónces habian cortado
-de los que habian tomado á Cortés, y venian corriendo sangre, y decian:
-
-—«Ansí os mataremos, como hemos muerto á Malinche y á Sandoval y á los
-que consigo traian, y esas son sus cabezas; por eso conocedlas bien.»
-
-Y diciéndonos estas palabras se venian á cerrar con nosotros hasta
-nos echar mano; que no aprovechaban cuchilladas ni estocadas, ni
-ballesteros ni escopeteros, y no hacian sino dar en nosotros como á
-terrero; y con todo eso, no perdiamos punto en nuestra ordenanza al
-retraer, porque luego mandamos á nuestros amigos los tlascaltecas que
-prestamente nos desembarazasen las calzadas y pasos malos; y en este
-tiempo ellos se lo tuvieron bien en cargo, que como vieron las cinco
-cabezas corriendo sangre, y decian que habian muerto á Malinche y á
-Sandoval y á todos los teules que consigo traian, é que ansí habian de
-hacer á nosotros, ya los tlascaltecas temieron en gran manera, porque
-creyeron que era verdad; y por esto digo que desembarazaron la calzada
-muy de veras.
-
-Volvamos á decir, como nos íbamos retrayendo oimos tañer del cu mayor,
-donde estaban sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, que señorea el
-altor dél á toda la gran ciudad, tañian un atambor de muy triste
-sonido, en fin como instrumento de demonios, y retumbaba tanto, que se
-oia dos ó tres leguas, y juntamente con él muchos atabalejos; entónces,
-segun despues supimos, estaban ofreciendo diez corazones y mucha sangre
-á los ídolos que dicho tengo, de nuestros compañeros.
-
-Dejemos el sacrificio, y volvamos al retraer que nos retraiamos, y á
-la gran guerra que nos daban, ansí de la calzada como de las azuteas
-y lagunas con las canoas; y en aquel instante vienen más escuadrones
-á nosotros, que de nuevo enviaba Guatemuz, y manda tocar su corneta,
-que era una señal que cuando aquella se tocase era que habian de
-pelear sus capitanes de manera que hiciesen presa ó morir sobre ello,
-y retumbaba el sonido que se metia en los oidos; y de que lo oyeron
-aquellos sus escuadrones y capitanes, saber yo aquí decir ahora con qué
-rabia y esfuerzo se metian entre nosotros á nos echar mano, es cosa de
-espanto, porque yo no lo sé aquí escribir; que ahora que me pongo á
-pensar en ello, es como si visiblemente lo viese; mas vuelvo á decir,
-y ansí es verdad, que si Dios no nos diera esfuerzo, segun estábamos
-todos heridos, él nos salvó, que de otra manera no nos podiamos llegar
-á nuestros ranchos; y le doy muchas gracias y loores por ello, que me
-escapó aquella vez y otras muchas de poder de los mejicanos.
-
-Y volviendo á nuestra plática: allí los de á caballo hacian
-arremetidas; y con dos tiros gruesos que pusimos junto á nuestros
-ranchos, unos tirando y otros cebando, nos sosteniamos, porque la
-calzada estaba llena de bote en bote de contrarios y nos venian hasta
-las casas, como cosa vencida, á echarnos vara y piedra; y como he
-dicho, con aquellos tiros matábamos muchos dellos; y quien bien ayudó
-aquel dia fué un hidalgo que se dice Pedro Moreno de Medrano, que vive
-agora en la Puebla, porque él fué el artillero, que los artilleros que
-soliamos tener se habian muerto, y dellos estaban muy malamente heridos.
-
-Volvamos al Pedro Moreno de Medrano, que, demás de siempre haber
-sido un muy esforzado soldado, aquel dia fué de muy grandísima ayuda
-para nosotros; y estando que estábamos de aquella manera, bien
-angustiados y heridos, y no sabiamos de Cortés, ni de Sandoval, ni de
-sus ejércitos, si les habian muerto ó desbaratado, como los mejicanos
-nos decian cuando nos arrojaron las cinco cabezas que tenian asidas
-por los cabellos y de las barbas, y decian que ya habian muerto á
-Malinche y tambien á Sandoval é á todos los teules, que ansí nos habian
-de matar á nosotros aquel mesmo dia; y no podiamos saber dellos,
-porque batallábamos los unos de los otros cerca de media legua, y á
-donde desbarataron á Cortés era más léjos; y á esta causa estábamos
-muy penosos, así heridos como sanos, y hechos un cuerpo estuvimos
-sosteniendo el gran ímpetu de los mejicanos que sobre nosotros estaban,
-creyendo que en aquel dia no quedara persona viva de nosotros, segun
-la guerra que nos daban.
-
-Pues de nuestros bergantines ya habian tomado uno é muerto tres
-soldados y herido el capitan y todos los más soldados que en ellos
-venian, y fué socorrido de otro bergantin, donde andaba por capitan
-Juan Jaramillo, y tambien tenian zalabordado en otra parte otro que
-no podia salir, de que era capitan Juan de Limpias Caravajal, que en
-aquella sazon ensordeció de coraje, que ahora vive en la Puebla; y
-peleó por su persona tan valerosamente, y esforzó á todos los soldados
-que en el bergantin remaban, que rompieron las estacadas, y salieron
-todos muy mal heridos, y salvó su bergantin: aqueste fué el primero que
-rompió estacadas.
-
-Volvamos á Cortés, que, como estaba él y toda su gente los más muertos,
-se iban todos los escuadrones mejicanos hasta su real á darle guerra, y
-aun le echaron delante de sus soldados, que resistian á los mejicanos
-cuando peleaban, otras cuatro cabezas corriendo sangre de aquellos
-soldados que habian llevado vivos á Cortés, y les decian que eran del
-Tonatio, que es Pedro de Albarado, y de Gonzalo de Sandoval y de otros
-teules, é que ya nos habian muerto á todos.
-
-Entónces dicen que desmayó Cortés mucho más de lo que ántes estaba él
-y los que consigo traia, mas no de manera que sintiesen en él mucha
-flaqueza; y luego mandó al maestre de campo Cristóbal de Olí y á sus
-capitanes que mirasen no les rompiesen los muchos mejicanos que
-estaban sobre ellos, é que todos juntos hiciesen cuerpo, ansí heridos
-como sanos; y mandó á Andrés de Tapia que con tres de á caballo viniese
-á Tacuba por tierra, que es nuestro real, que mirase qué habia sido
-de nosotros, y que si no éramos desbaratados, que nos contase lo por
-él pasado, y que nos dijese que tuviésemos muy buen recaudo en el
-real, que todos juntos hiciésemos cuerpo, ansí de dia como de noche,
-en la vela; y esto que nos enviaba á mandar, ya lo teniamos todos por
-costumbre.
-
-Y el capitan Andrés de Tapia y los tres de á caballo que con él venian
-se dieron muy buena priesa, y aunque tuvieron en el camino una refriega
-de vara y flecha que les dieron en un paso los mejicanos; que ya habia
-puesto Guatemuz en los caminos muchos indios guerreros porque no
-supiésemos los unos de los otros los desmanes, y aun venia herido el
-Andrés de Tapia, y traia en su compañía á Guillen de la Loa, y el otro
-se decia Valde-Nebro, y á un Juan de Cuellar, hombres muy esforzados;
-y de que llegaron á nuestro real y nos hallaron batallando con el
-poder de Méjico, que todo estaba junto contra nosotros, se holgaron
-en el alma, y nos contaron lo acaecido del desbarate de Cortés, y lo
-que nos enviaba á decir, y no nos quisieron declarar qué tantos eran
-los muertos, y decian que hasta veinte y cinco, y que todos los demás
-estaban buenos.
-
-Dejemos de hablar ahora en esto, y volvamos al Gonzalo de Sandoval, y
-á sus capitanes y soldados, que andaban vitoriosos en la parte y calles
-de su conquista; y cuando los mejicanos hubieron desbaratado á Cortés,
-cargaron sobre el Gonzalo de Sandoval y su ejército y capitanes, de
-arte que no se pudo valer, y le mataron dos soldados y le hirieron á
-todos los que traia, y á él le dieron tres heridas, la una en el muslo
-y la otra en la cabeza y la otra en un brazo; y estando batallando con
-los contrarios, le ponen delante seis cabezas de los de Cortés, y le
-dicen que aquellas cabezas eran de Malinche y del Tonatio y de otros
-capitanes, y que ansí habian de hacer al Gonzalo de Sandoval y á los
-que con él estaban, y le dieron muy fuertes combates; y de que aquello
-vió el buen capitan Sandoval, mandó á sus capitanes y soldados que
-todos tuviesen mucho ánimo, más que de ántes, é que no desmayasen, é
-que mirasen al retraer no hubiese algun desman ó desconcierto en la
-calzada, porque es angosta; y lo primero que hizo fué mandar salir de
-la calzada á los amigos tlascaltecas, que tenia muchos, y porque no
-les estorbasen al retraer; y con sus dos bergantines y sus ballesteros
-y escopeteros con mucho trabajo se retrajo á su estancia, y con toda
-su gente bien herida y aun desmayada, y dos soldados ménos; y como se
-vió fuera de la calzada, puesto que estaban cercados de mejicanos,
-esforzó su gente y capitanes, y les encomendó mucho que todos juntos
-hiciesen cuerpo, ansí de dia como de noche, é que guardasen el real
-no le desbaratasen; y como conocia del capitan Luis Marin que lo hacia
-bien, ansí herido y entrapajado como estaba el Sandoval, tomó consigo
-otros de á caballo, y por tierra fué muy por la posta al real de
-Cortés, y aun en el camino tuvo su salmorejo de piedra y vara y flecha;
-porque, como ya otra vez he dicho, en todos los caminos tenia Guatemuz
-indios mejicanos guerreros para no dejar pasar de un real á otro con
-nuevas ningunas, para que así nos vencieran más fácilmente; y cuando el
-Sandoval vido á Cortés, le dijo:
-
-—«Oh señor capitan, y ¿qué es esto? ¿Aquestos son los grandes consejos
-y ardides de guerra que siempre nos daba? ¿Cómo ha sido este desman?»
-
-Y Cortés le respondió, saltándosele las lágrimas de los ojos:
-
-—«Oh hijo Sandoval, que mis pecados lo han permitido, que no soy tan
-culpante en el negocio como me hacen, sino es el tesorero Julian de
-Alderete, á quien le encargué que cegase aquel mal paso donde nos
-desbarataron, y no lo hizo, como no es acostumbrado á guerras ni á ser
-mandado de capitanes.»
-
-Y entónces respondió el mismo tesorero, que se halló junto á Cortés,
-que vino á ver y hablar al Sandoval y á saber de su ejército si eran
-muertos ó desbaratados, é dijo que el mismo Cortés tenia la culpa, y
-no él; y la causa que dió fué que, como Cortés iba con vitoria, por
-seguilla muy mejor decia: «Adelante, caballeros;» é que no les mandó
-cegar puentes ni pasos malos, é que si se lo mandara, que su capitanía
-y con sus amigos lo hiciera; y tambien culpaban mucho á Cortés en no
-haber mandado con tiempo salir de las calzadas á los muchos amigos que
-llevaba; é porque hubo otras muchas pláticas y respuestas al tesorero,
-que iban muchas con enojo, se dejarán de decir; é diré cómo en aquel
-instante llegaron dos bergantines de los que ántes tenia Cortés en su
-compañía y calzada, que no sabian dellos despues del desbarate, y segun
-pareció, habian estado detenidos, porque estuvieron zabordados en unas
-estacadas, y segun dijeron los capitanes, habian estado cercados de
-unas canoas que les daban guerra, y venian todos heridos, y dijeron que
-Dios primeramente les ayudó, y con su viento y con grandes fuerzas que
-pusieron al remar rompieron las estacadas y se salvaron, de lo cual
-hubo mucho placer Cortés, porque hasta entónces, aunque no lo publicaba
-por no desmayar á los soldados, como no sabian dellos, les tenian por
-perdidos.
-
-Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que luego encomendó á Sandoval mucho
-que fuese en posta á nuestro real, que se dice Tacuba, y mirase si
-éramos desbaratados ó de qué manera estábamos, é que si éramos vivos,
-que nos ayudase á poner resistencia en el real, no nos rompiesen; y
-dijo á Francisco de Lugo que fuese en compañía de Sandoval, porque
-bien entendido tenia que habia escuadrones de guerreros mejicanos en
-el camino, y le dijo que ya habia enviado á saber de nosotros á Andrés
-de Tapia con tres de á caballo, y temia no le hubiesen muerto en el
-camino; cuando se lo dijo y se despidió fué á abrazar á Gonzalo de
-Sandoval, y le dijo:
-
-—«Mirá, pues veis que yo no puedo ir á todas partes, á vos os
-encomiendo estos trabajos, pues veis que estoy herido y cojo; ruégoos
-pongais cobro en estos tres reales: bien sé que Pedro de Albarado y sus
-capitanes y soldados habrán batallado y hecho como caballeros, mas temo
-el gran poder destos perros, no les hayan desbaratado; pues de mí y de
-mi ejército ya veis de la manera que estoy.»
-
-Y en posta vino el Sandoval y el Francisco de Lugo donde estábamos, y
-cuando llegó seria hora de vísperas, y porque, segun pareció é supimos,
-el desbarate de Cortés fué ántes de Misa mayor; y cuando llegó Sandoval
-nos halló batallando con los mejicanos, que nos querian entrar en el
-real por unas casas que habiamos derrocado, y otros por la calzada,
-y otros en canoas por la laguna, y tenian ya un bergantin zabordado
-en unas estacadas, y de los soldados que en ellos iban, habian muerto
-los dos, y los demás heridos; y como Sandoval nos vió á mí y á otros
-soldados en el agua metidos á más de la cinta, ayudando al bergantin á
-echalle en lo hondo, y estaban sobre nosotros muchos indios con espadas
-de las nuestras que habian tomado en el desbarate de Cortés, y otros
-con montantes de navajas dándonos cuchilladas, y á mí me dieron un
-flechazo, y querian llegar con gran fuerza sus canoas, segun la fuerza
-que ponian, y le tenian atadas muchas sogas para llevársele y metelle
-dentro de la ciudad; y como el Sandoval nos vió de aquella manera, dijo:
-
-—«Oh hermanos, poned fuerza en que no lleven el bergantin.»
-
-Y tomamos tanto esfuerzo, que luego le sacamos en salvo, puesto que,
-como he dicho, todos los marineros salieron heridos y dos soldados
-muertos.
-
-En aquella sazon vinieron á la calzada muchas capitanías de mejicanos,
-y nos herian ansí á los de á caballo y á todos nosotros, y aun al
-Sandoval le dieron una buena pedrada en la cara; y entónces Pedro de
-Albarado le socorrió con otros de á caballo, y como venian tantos
-escuadrones, é yo y otros soldados les haciamos cara, Sandoval nos
-mandó que poco á poco nos retrajésemos porque no les matasen los
-caballos; é porque no nos retraiamos de presto como quisiera, dijo:
-
-—«¿Quereis que por amor de vosotros me maten á mí y á todos aquestos
-caballeros? Por amor de Dios, hermanos, que os retrayais.»
-
-Y entónces le tornaron á herir á él y á su caballo; y en aquella sazon
-echamos á los amigos fuera de la calzada, y poco á poco, haciendo
-cara, y no vueltas las espaldas, como quien va haciendo represas, unos
-ballesteros y escopeteros tirando y otros armando y otros cebando sus
-escopetas, y no soltaban todos á la par; y los de á caballo que hacian
-algunas arremetidas, y el Pedro Moreno Medrano con sus tiros en armar
-y tirar; y por más mejicanos que llevaban las pelotas, no les podian
-apartar, sino que todavía nos iban siguiendo, con pensamiento que
-aquella noche nos habian de llevar á sacrificar.
-
-Pues ya que estábamos en salvo cerca de nuestros aposentos, pasada ya
-una grande obra donde habia mucha agua é muy honda, y no nos podian
-alcanzar las piedras ni varas ni flecha, y estando el Sandoval y el
-Francisco de Lugo y Andrés de Tapia con Pedro de Albarado, contando
-cada uno lo que le habia acaecido y lo que Cortés mandaba, tornó á
-sonar el atambor de Huichilóbos y otros muchos atabalejos, y caracoles
-y cornetas y otras como trompas, y todo el sonido dellas espantable
-y triste; y miramos arriba al alto cu, donde los tañian, y vimos
-que llevaban por fuerza á rempujones y bofetadas y palos á nuestros
-compañeros que habian tomado en la derrota que dieron á Cortés, que
-los llevaron por fuerza á sacrificar; y de que ya los tenian arriba en
-una placeta que se hacia en el adoratorio, donde estaban sus malditos
-ídolos, vimos que á muchos dellos les ponian plumajes en las cabezas,
-y con unos como aventadores les hacian bailar delante de Huichilóbos,
-y cuando habian bailado, luego les ponian de espaldas encima de unas
-piedras que tenian hechas para sacrificar, y con unos navajones de
-pedreñal les aserraban por los pechos y les sacaban los corazones
-bullendo, y se los ofrecian á sus ídolos que allí presentes tenian,
-y á los cuerpos dábanles con los piés por las gradas abajo; y estaban
-aguardando otros indios carniceros, que les cortaban brazos y piernas,
-y las caras desollaban y las adobaban como cueros de guantes, y con
-sus barbas las guardaban para hacer fiestas con ellas cuando hacian
-borracheras, y se comian las carnes con chilmole; y desta manera
-sacrificaron á todos los demás, y les comieron piernas y brazos, y
-los corazones y sangre ofrecian á sus ídolos, como dicho tengo, y los
-cuerpos, que eran las barrigas, echaban á los tigres y leones y sierpes
-y culebras que tenian en la casa de las alimañas, como dicho tengo en
-el capítulo que dello habla, que atrás dello he platicado.
-
-Pues de aquellas crueldades vimos todos los de nuestro real y Pedro de
-Albarado y Gonzalo de Sandoval y todos los demás capitanes.
-
-Miren los curiosos lectores que esto leyeren, qué lástima terniamos
-dellos; y deciamos entre nosotros: «¡Oh gracias á Dios, que no me
-llevaron á mí hoy á sacrificar!» Y tambien tengan atencion que no
-estábamos léjos dellos y no les podiamos remediar, y ántes rogábamos á
-Dios que fuese servido de nos guardar de tan cruelísima muerte.
-
-Pues en aquel instante que hacian aquel sacrificio, vinieron sobre
-nosotros grandes escuadrones de guerreros, y nos daban por todas partes
-bien que hacer, que ni nos podiamos valer de una manera ni de otra
-contra ellos, y nos decian:
-
-—«Mirad que desta manera habeis de morir todos, que nuestros dioses
-nos lo han prometido muchas veces.»
-
-Pues las palabras de amenazas que decian á nuestros amigos los
-tlascaltecas eran tan lastimosas y malas, que los hacian desmayar, y
-les echaban piernas de indios asadas y brazos de nuestros soldados y
-les decian:
-
-—«Comé de las carnes de estos teules y de vuestros hermanos, que ya
-bien hartos estamos dellos, y deso que nos sobra bien os podeis hartar;
-y mirad que las casas que habeis derrocado, que os hemos de traer para
-que las torneis á hacer muy mejores, y con piedras y lanzas y cal y
-canto, y pintadas; y por eso ayudad muy bien á estos teules, que á
-todos los vereis sacrificados.»
-
-Pues otra cosa mandó hacer Guatemuz, que, como hubo aquella vitoria de
-Cortés, envió á todos los pueblos nuestros confederados y amigos, y á
-sus parientes, piés y manos de nuestros soldados, y caras de soldados
-con sus barbas, y las cabezas de los caballos que mataron; y les envió
-á decir que éramos muertos más de la mitad de nosotros é que presto
-nos acabarian, é que dejasen nuestra amistad y se viniesen á Méjico,
-y que si luego no lo dejaban, que les enviaria á destruir; y les
-envió á decir otras muchas cosas para que se fuesen de nuestro real y
-nos dejasen, pues habiamos de ser presto muertos de su mano; y á la
-continua dándonos guerra, así de dia como de noche; y como velábamos
-todos los del real juntos, y Gonzalo de Sandoval y Pedro de Albarado y
-los demás capitanes haciéndonos compañía en la vela, aunque venian de
-noche grandes capitanías de guerreros, les resistiamos.
-
-Pues los de á caballo todo el dia y la noche estaba la mitad dellos en
-lo de Tacuba y la otra mitad en las calzadas.
-
-Pues otro mayor mal nos hicieron, que cuanto habiamos cegado desde que
-en la calzada entramos, todo lo tornaron á abrir, y hicieron albarradas
-muy más fuertes que de ántes.
-
-Pues los amigos de las ciudades de la laguna que nuevamente habian
-tomado nuestra amistad y nos vinieron á ayudar con las canoas, creyeron
-llevar lana y volvieron trasquilados, porque perdieron muchos las vidas
-y más de la mitad de las canoas que traian, y otros muchos volvieron
-heridos; y aun con todo esto, desde allí adelante no ayudaron á los
-mejicanos, porque estaban mal con ellos, salvo estarse á la mira.
-
-Dejemos de hablar más en contar lástimas, y volvamos á decir el recaudo
-y manera que teniamos, y cómo Sandoval y Francisco de Lugo, y Andrés
-de Tapia y los demás caballeros que habian venido á nuestro real, les
-pareció que era bien volverse á sus puestos y dar relacion á Cortés
-cómo y de qué manera estábamos; y se fueron en posta, y dijeron á
-Cortés cómo Pedro de Albarado y todos sus soldados teniamos muy buen
-recaudo, así en el batallar como en el velar; y aun el Sandoval, como
-me tenia por amigo, dijo á Cortés cómo me halló á mí y á otros soldados
-batallando en el agua á más de la cinta defendiendo un bergantin que
-estaba zabordado en unas estacadas, é que si por nuestras personas
-no fuera, que mataran á todos los soldados y al capitan que dentro
-venia; é porque dijo de mi persona otras loas que yo aquí no tengo de
-decir, porque otras personas lo dijeron y se supo en todo el real, no
-quiero aquí recitallo; y cuando Cortés lo hubo bien entendido del buen
-recaudo que teniamos en nuestro real, con ello descansó su corazon,
-y desde allí adelante mandó á todos tres reales que no batallásemos
-poco ni mucho con los mejicanos; entiéndese que no curásemos de tomar
-ningun puente ni albarrada, salvo defender nuestros reales no nos los
-rompiesen; porque de batallar con ellos, no habia bien esclarecido el
-dia ántes, cuando estaban sobre nuestro real tirando muchas piedras
-con hondas, y varas y flecha, y diciéndonos muchos vituperios feos; y
-como teniamos junto á nuestro real una obra de agua, muy ancha y honda,
-estuvimos cuatro dias arreo que no la pasamos, y otro tanto se estuvo
-Cortés en el suyo, y Sandoval en el suyo; y esto de no salir á batallar
-y procurar de ganar las albarradas que habian tornado á abrir y hacer
-fuertes, era por causa que todos estábamos muy heridos y trabajados,
-así de velas como de las armas, y sin comer cosa de sustancia; y como
-faltaban del dia ántes sobre sesenta y tantos soldados de todos tres
-reales, y siete caballos, porque recibiéramos algun alivio y para tomar
-maduro consejo de lo que habiamos de hacer de allí adelante, mandó
-Cortés que estuviésemos quedos, como dicho tengo.
-
-Y dejallo hé aquí, y diré cómo y de qué manera peleábamos, y todo lo
-que en nuestro real pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIII.
-
-DE LA MANERA QUE PELEÁBAMOS É SE NOS FUERON TODOS LOS AMIGOS Á SUS
-PUEBLOS.
-
-
-La manera que teniamos en todos tres reales de pelear, es esta: que
-velábamos de noche todos los soldados juntos en las calzadas, y
-nuestros bergantines á nuestros lados, tambien en las calzadas, y
-los de á caballo rondando la mitad dellos en lo de Tacuba, adonde
-nos hacian pan y teniamos nuestro fardaje, y la otra mitad en las
-puentes y calzada, y muy de mañana aparejábamos los puños para pelear
-y batallar con los contrarios, que nos venian á entrar en nuestro
-real y procuraban de nos desbaratar; y otro tanto hacian en el real
-de Cortés y en el de Sandoval, y esto no fué sino cinco dias, porque
-luego tomamos otra órden, lo cual diré adelante; y digamos cómo los
-mejicanos hacian cada dia grandes sacrificios y fiestas en el cu mayor
-de Tatelulco, y tañian su maldito atambor y otras trompas y atabales
-y caracoles, y daban muchos gritos y alaridos, y tenian cada noche
-grandes luminarias de mucha leña encendida, y entónces sacrificaban de
-nuestros compañeros á sus malditos ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, y
-hablaban con ellos; y segun ellos decian, que en la mañana ó en aquella
-misma noche nos habian de matar.
-
-Parece ser que, como sus ídolos son perversos y malos, por engañarlos
-para que no viniesen de paz, les hacian en creyente que á todos
-nosotros nos habian de matar, y á los tlascaltecas y á todos los demás
-que fuesen en nuestra ayuda; y como nuestros amigos lo oian, teníanlo
-por muy cierto, porque nos vian desbaratados.
-
-Dejemos destas pláticas, que eran de sus malos ídolos, y digamos cómo
-en la mañana venian muchas capitanías juntas á nos cercar y dar guerra,
-y se remudaban de rato en rato, unos de unas divisas y señales, y
-venian otros de otras libreas; y entónces cuando estábamos peleando
-con ellos nos decian muchas palabras, diciéndonos de apocados y que no
-éramos buenos para cosa ninguna, ni para hacer casas ni maizales, y que
-no éramos sino para venilles á robar su ciudad, como gente mala que
-habiamos venido huyendo de nuestra tierra y de nuestro Rey y señor; y
-esto decian por lo que Narvaez les habia enviado á decir, que veniamos
-sin licencia de nuestro Rey, como dicho tengo; y nos decian que de allí
-á ocho dias no habia de quedar ninguno de nosotros á vida porque así
-se lo habian prometido la noche ántes sus dioses; y desta manera nos
-decian otras cosas malas, y á la postre decian:
-
-—«Mirá cuán malos y bellacos sois, que aun vuestras carnes son malas
-para comer, que amargan como las hieles, que no las podemos tragar de
-amargor.»
-
-Y parece ser, como aquellos dias se habian hartado de nuestros soldados
-y compañeros, quiso Nuestro Señor que les amargasen las carnes.
-
-Pues á nuestros amigos los tlascaltecas, si muchos vituperios nos
-decian á nosotros, más les decian á ellos, é que les ternian por
-esclavos para sacrificar y hacer sus sementeras, y tornar á edificar
-las casas que les habiamos derrocado, é que las habian de hacer de cal
-y canto labradas, que su Huichilóbos se lo habia prometido; y diciendo
-esto, luego el bravoso pelear, y se venian por unas casas derrocadas,
-y con las muchas canoas que tenian nos tomaban las espaldas, y aun
-nos tenian algunas veces atajados en las calzadas; y nuestro Señor
-Jesucristo nos sustentaba cada dia, que nuestras fuerzas no bastaban;
-mas todavía les haciamos volver muchos dellos heridos, y muchos
-quedaban muertos.
-
-Dejemos de hablar de los grandes combates que nos daban, y digamos
-cómo nuestros amigos los de Tlascala y de Cholula y Guaxocingo, y
-aun los de Tezcuco, acordaron de se ir á sus tierras, y sin lo saber
-Cortés ni Pedro de Albarado ni Sandoval, se fueron todos los más;
-que no quedó en la real de Cortés sino este Suchel, que despues que
-se bautizó se llamó don Cárlos, y era hermano de don Fernando, señor
-de Tezcuco, y era muy esforzado hombre; y quedaron con él otros sus
-parientes y amigos, que serian hasta cuarenta; y en el real de Sandoval
-quedó otro cacique de Guaxocingo con obra de cincuenta hombres; y en
-nuestro real quedaron dos hijos de nuestro amigo D. Lorenzo de Vargas,
-y el esforzado de Chichimecatecle con obra de ochenta tlascaltecas,
-parientes y vasallos.
-
-Y como nos hallamos solos y con tan pocos amigos, recebimos pena; y
-Cortés y Sandoval y cada uno en su real preguntaban á los amigos que
-les quedaban que por qué se habian ido de aquella manera los demás
-sus hermanos, y decian que, como vian que los mejicanos hablaban de
-noche con sus ídolos é prometian que nos habian de matar á nosotros y
-á ellos, que creian que debia de ser verdad, y del miedo se iban; y
-que lo que le daba más crédito á ello era vernos á todos heridos y nos
-habian muerto á muchos de nosotros, é que dellos mismos faltaban más de
-mil y ducientos, y que temieron no matasen á todos; y tambien porque
-Xicotenga el mozo, que mandó ahorcar Cortés en Tezcuco, siempre les
-decia que sabia por sus adivinanzas que á todos nos habian de matar, é
-que no habia de quedar ninguno de nosotros á vista, y por esta causa se
-fueron.
-
-É puesto que Cortés en lo secreto sintió pesar dello, mas con rostro
-alegre les dijo que no tuviesen miedo, é que lo que aquellos mejicanos
-les decian que era mentira y por desmayarlos; y tantas palabras de
-prometimientos les dijo, y con palabras amorosas los esforzó á estar
-con él, y otro tanto dijimos al Chichimecatecle y á los dos Xicotengas.
-
-Y en aquellas pláticas que en aquella sazon decia Cortés á este Suchel,
-que ya he dicho que se dijo D. Cárlos, como era de suyo señor y
-esforzado, dijo á Cortés:
-
-—«Sr. Malinche, no recibas pena por no batallar cada dia en tu real
-algunas veces, y otro tanto manda al Tonatio, que era Pedro de
-Albarado, que así lo llamaban, que se esté en el suyo, y Sandoval en
-Tepeaquilla, y con los bergantines anden cada dia á quitar y defender
-que no les entren bastimentos ni agua, porque están aquí dentro en
-esta gran ciudad tantos mil xiquipiles de guerreros, que por fuerza,
-siendo tantos, se les ha de acabar el bastimento que tienen, y el agua
-que ahora beben es medio salobre, que toman de unos hoyos que tienen
-hechos, y como llueve de dia y de noche, recogen el agua para beber y
-dello se sustentan: mas ¿qué pueden hacer si les quitas la comida y el
-agua, si no es más que guerra la que ternán con la hambre y sed?»
-
-Como Cortés aquello entendió, le echó los brazos encima y le dió
-gracias por ello, con prometimientos que le daria pueblos; y aqueste
-consejo lo habiamos puesto en plática muchos soldados á Cortés; mas
-somos de tal calidad, que no quisiéramos aguardar tanto tiempo, sino
-entralles luego la ciudad.
-
-Y cuando Cortés hubo bien considerado lo que nosotros tambien le
-habiamos dicho, y sus capitanes y soldados se lo decian, mandó á dos
-bergantines que fuesen á nuestro real y al de Sandoval á nos decir que
-estuviésemos otros tres dias sin les ir entrando en la ciudad; y como
-en aquella sazon los mejicanos estaban vitoriosos, no osábamos enviar
-un bergantin solo, y por esta causa envió dos; y una cosa nos ayudó
-mucho, y es que ya osaban nuestros bergantines romper las estacadas
-que los mejicanos les habian hecho en la laguna para que zabordasen;
-y es desta manera: que remaban con gran fuerza, y para que más furia
-trujesen tomaban de algo atrás, y si hacia algun viento, á todas velas,
-y con los remos muy mejor; y así, eran señores de la laguna y aun de
-muchas partes de las casas que estaban apartadas de la ciudad; y los
-mejicanos, como aquello vieron, se les quebró algo su braveza.
-
-Dejemos esto, y volvamos á nuestras batallas; y es que, aunque no
-teniamos amigos, comenzamos á cegar y á tapar la gran abertura que
-he dicho otras veces que estaba junto á nuestro real; con la primera
-capitanía que venia la rueda de acarrear adobes y madera y cegar lo
-poniamos muy por la obra y con grandes trabajos, y las otras dos
-capitanías batallábamos.
-
-Ya he dicho otras veces que así lo teniamos concertado, y habia de
-andar por rueda; y en cuatro dias que todos trabajamos en ella la
-teniamos cegada y allanada; y otro tanto hacia Cortés en su real con
-el mismo concierto, y aun él en persona llevaba adobes y madera hasta
-que quedaban seguras las puentes y calzadas y aberturas, por tenello
-seguro á retraer; y Sandoval ni más ni ménos en el suyo, y en nuestros
-bergantines junto á nosotros, sin temer estacadas; y desta manera les
-fuimos entrando poco á poco.
-
-Volvamos á los grandes escuadrones que á la continua nos daban guerra,
-que muy bravosos y vitoriosos se venian á juntar pié con pié con
-nosotros, y de cuando en cuando, como se mudaban unos escuadrones,
-venian otros.
-
-Pues digamos el ruido y alarido que traian, y en aquel instante el
-resonido de la corneta de Guatemuz, y entónces apechugaban de tal arte
-con nosotros, que no nos aprovechaban cuchilladas ni estocadas que les
-dábamos, y nos venian á echar mano; y como, despues de Dios, nuestro
-buen pelear nos habia de valer, teniamos muy reciamente contra ellos,
-hasta que con las escopetas y ballestas y arremetidas de los de á
-caballo, que estaban á la continua con nosotros la mitad de ellos, y
-con nuestros bergantines, que no temian ya las estacadas, les haciamos
-estar á raya, y poco á poco les fuimos entrando; y desta manera
-batallábamos hasta cerca de la noche, que era hora de retraer.
-
-Pues ya que nos retraiamos, ya he dicho otras veces que habia de ser
-con gran concierto, porque entónces procuraban de nos atajar en la
-calzada y pasos malos; y si de ántes lo procuraban, en estos dias, con
-la vitoria que habian alcanzado, lo ponian muy por la obra; y digo que
-por tres partes nos tenian tomados en medio en este dia; mas quiso
-Nuestro Señor Dios que, puesto que hirieron muchos de nosotros, nos
-tornamos á juntar, y matamos y prendimos muchos contrarios; y como no
-teniamos amigos que echar fuera de las calzadas, y los de á caballo nos
-ayudaban valientemente, puesto que en aquella refriega y combate les
-hirieron dos caballos, y volvimos á nuestro real bien heridos, donde
-nos curamos con aceite y apretar nuestras heridas con mantas, y comer
-nuestras tortillas con ají y yerbas y tunas, y luego puestos todos en
-la vela.
-
-Digamos ahora lo que los mejicanos hacian de noche en sus grandes y
-altos cues, y es que tañian su maldito atambor, que dije otra vez que
-era el de más maldito sonido y más triste que se podia inventar, y
-sonaba muy léjos, y tañian otros peores instrumentos.
-
-En fin, cosas diabólicas, y tenian grandes lumbres y daban grandísimos
-gritos y silbos, y en aquel instante estaban sacrificando de nuestros
-compañeros de los que tomaron á Cortés, que supimos que sacrificaron
-diez dias arreo hasta que los acabaron, y el postrero dejaron á
-Cristóbal de Guzman, que vivo le tuvieron diez y ocho dias, segun
-dijeron tres capitanes mejicanos que prendimos; y cuando les
-sacrificaban, entónces hablaba su Huichilóbos con ellos y les prometia
-vitoria é que habiamos de ser muertos á sus manos ántes de ocho dias, é
-que nos diesen buenas guerras aunque en ellas muriesen muchos; y desta
-manera les traian engañados.
-
-Dejemos ahora de sus sacrificios, y volvamos á decir que cuando otro
-dia amanecia ya estaban sobre nosotros todos los mayores poderes que
-Guatemuz podia juntar, y como teniamos cegada la abertura y calzada
-y puentes, ni sé ellos cómo la ponian en seco, tenian atrevimiento á
-venir hasta nuestros ranchos y tirar vara y piedra y flecha, si no
-fuera por los tiros con que siempre les haciamos apartar, porque Pedro
-Moreno Medrano, que tenia cargo dellos, les hacian mucho daño; y quiero
-decir que nos tiraban saetas de las nuestras con ballestas, cuando
-tenian vivos á cinco ballesteros, y al Cristóbal de Guzman con ellos, y
-les hacian que les armasen las ballestas y les mostrasen cómo habian de
-tirar, y ellos y los mejicanos tiraban aquellos tiros y no nos hacian
-mal; y tambien batallaba reciamente Cortés y Sandoval, y les tiraban
-saetas con ballestas; y esto sabíamoslo por Sandoval y los bergantines
-que iban de nuestro real al de Cortés y del de Cortés al nuestro y
-al de Sandoval, y siempre nos escribia de la manera que habiamos de
-batallar y todo lo que habiamos de hacer, y encomendándonos la vela,
-y que siempre estuviesen la mitad de los de á caballo en Tacuba
-guardando el fardaje y las indias que nos hacian pan, y que parásemos
-mientes no rompiesen por nosotros una noche, porque unos prisioneros
-que en el real de Cortés se prendieron le dijeron que Guatemuz decia
-muchas veces que diesen en nuestro real de noche, pues no habia
-tlascaltecas que nos ayudasen; porque bien sabian que se nos habian ido
-ya todos los amigos.
-
-Ya he dicho otra vez que poniamos gran diligencia en velar.
-
-Dejemos esto, y digamos que cada dia teniamos muy recios rebatos, y no
-dejábamos de les ir ganando albarradas y puentes y aberturas de agua;
-y como nuestros bergantines osaban ir por do quiera de la laguna y no
-temian á las estacadas, ayudábannos muy bien.
-
-Y digamos cómo siempre andaban dos bergantines de los que tenia Cortés
-en su real á dar caza á las canoas que metian agua y bastimentos, y
-cogian en la laguna uno como medio lama, que despues de seco tenia un
-sabor como de queso, y traia en los bergantines muchos indios presos.
-
-Tornemos al real de Cortés y de Gonzalo de Sandoval, que cada dia iban
-conquistando y ganando albarradas y puentes; y en aquestos trances
-y batallas se habian pasado, cuando en el desbarate de Cortés, doce
-ó trece dias; y como este Suchel, hermano de don Hernando, señor de
-Tezcuco, vió que volviamos muy de hecho en nosotros, y no era verdad
-lo que los mejicanos decian, que dentro de diez dias nos habian de
-matar, porque así se lo habia prometido su Huichilóbos, envió á decir
-á su hermano don Hernando que luego enviase á Cortés todo el poder de
-guerreros que pudiese sacar de Tezcuco, y vinieron dentro en dos dias
-que él se lo envió á decir más de dos mil hombres.
-
-Acuérdome que vinieron con ellos Pedro Sanchez Farfan y Antonio de
-Villarroel, marido que fué de la Ojeda, porque aquestos dos soldados
-habia dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro Sanchez Farfan era
-capitan y el Antonio Villarroel era ayo de don Fernando; y cuando
-Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y les dijo palabras
-halagüeñas, y asimismo en aquella sazon volvieron muchos tlascaltecas
-con sus capitanes, y venia por capitan dellos un cacique de Topeyanco
-que se decia Tecapanaca, y tambien vinieron otros muchos indios de
-Guaxocingo y pocos de Cholula; y como Cortés supo que habian vuelto,
-mandó que todos fuesen á su real para les hablar, y primero que
-viniesen les mandó poner guardas en el camino para defendellos, por si
-saliesen mejicanos; y cuando parecieron delante, Cortés les hizo un
-parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y les dijo que bien
-habian creido y tenido por cierto la buena voluntad que siempre les ha
-tenido y tiene, así por haber servido á su majestad como por las buenas
-obras que dellos hemos recebido, y que si les mandó desde que venimos á
-aquella ciudad venir con nosotros á destruir á los mejicanos, que su
-intento fué porque se aprovechasen y volviesen ricos á sus tierras y se
-vengasen de sus enemigos; que no para que por su sola mano hubiésemos
-de ganar aquella gran ciudad; y puesto que siempre les ha hallado
-buenos y en todo nos han ayudado, que bien habrán visto que cada dia
-les mandábamos salir de las calzadas, porque nosotros estuviésemos
-más desembarazados sin ellos para pelear, é que ya les habian dicho y
-amonestado otras veces que el que nos da vitoria y en todo nos ayuda
-es nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos; y porque se
-fueron al mejor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, por dejar
-sus capitanes peleando y desamparallos, é que porque ellos no saben
-nuestras leyes y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque mejor lo
-entiendan, que mirasen que estando sin ellos íbamos derrocando casas y
-ganando albarradas; é que desde allí adelante les mandaba que no maten
-á ningunos mejicanos, porque les quiere tomar de paz.
-
-Y despues que les hubo dicho este razonamiento, abrazó á
-Chichimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y á este Suchel hermano
-de D. Hernando, y les prometió que les daria tierras y vasallos más
-de los que tenian, teniéndoles en mucho á los que quedaron en nuestro
-real; y asimismo habló muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco, y
-á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que estaban en el real de
-Sandoval.
-
-Y como les hubo platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á su
-real.
-
-Dejemos desto, y volvamos á nuestras grandes guerras y combates que
-siempre teniamos y nos daban, y porque siempre de dia y de noche no
-haciamos sino batallar, y á las tardes al retraer siempre herian á
-muchos de nuestros soldados, dejaré de contar muy por extenso lo que
-pasaba; y quiero decir, como en aquellos dias llovia en las tardes,
-que nos holgábamos que viniese el aguacero temprano, porque, como se
-mojaban los contrarios, no peleaban tan bravosamente y nos dejaban
-retraer en salvo, y desta manera teniamos descanso.
-
-Y porque ya estoy harto de escribir batallas, y más cansado y herido
-estaba de me hallar en ellas, y á los letores les parecerá prolijidad
-recitallas tantas veces, ya he dicho que no puede ser ménos, porque en
-noventa y tres dias siempre batallábamos á la continua; mas desde aquí
-adelante, si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la memoria en
-esta relacion.
-
-Volvamos á nuestro cuento: y como en todos tres reales les íbamos
-entrando en su ciudad, Cortés por la suya, y Sandoval tambien por su
-parte, y Pedro de Albarado por la nuestra, llegamos adonde tenian la
-fuente, que ya he dicho otra vez que bebian agua salobre; la cual
-quebramos y deshicimos porque no se aprovechasen della, y estaban
-guardándola algunos mejicanos, y tuvimos buena refriega de vara y
-piedra y flecha, y muchas lanzas largas con que aguardaban á los de á
-caballo, porque por todas partes de las calles que les habiamos ganado
-andaban ya, porque ya estaba llano y sin agua y podian correr muy
-gentilmente.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos cómo Cortés envió á Guatemuz
-mensajeros rogándole con la paz, y fué de la manera que diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIV.
-
-CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á GUATEMUZ Á ROGALLE QUE TENGAMOS PAZ.
-
-
-Despues que Cortés vió que íbamos en la ciudad ganando muchas puentes
-y calzadas y albarradas y derrocando casas, como teniamos presos tres
-principales personas que eran capitanes de Méjico, les mandó que
-fuesen á hablar á Guatemuz para que tuviesen paces con nosotros; y los
-principales dijeron que no osaban ir con tal mensaje, porque su señor
-Guatemuz les mandaria matar.
-
-En fin de pláticas, tanto se lo rogó Cortés y con promesas que les hizo
-y mantas que les dió, que fueron, y lo que les mandó que dijesen al
-Guatemuz es, que porque lo quiere bien, por ser deudo tan cercano del
-gran Montezuma, su amigo, y casado con su hija, y porque ha mancilla
-que aquella gran ciudad no se acabe de destruir, y por excusar la gran
-matanza que cada dia haciamos en sus vecinos y forasteros, que le ruega
-que venga de paz, y en nombre de su majestad les perdonará todas las
-muertes y daños que nos han hecho, y les hará muchas mercedes; é que
-tenga consideracion que se lo ha enviado á decir tres ó cuatro veces,
-é que él por ser mancebo ó por sus consejeros, y la principal causa
-por sus malditos ídolos ó papas, que le aconsejan mal, no ha querido
-venir, sino darnos guerra; é pues que ya ha visto tantas muertes
-como en las batallas que nos dan les han sucedido, y que tenemos de
-nuestra parte todas las ciudades y pueblos de toda aquella comarca, y
-cada dia nuevamente vienen más contra ellos, que se compadezca de tal
-perdimiento de sus vasallos y ciudad.
-
-Tambien les envió á decir que se les habian acabado los mantenimientos,
-é que ya Cortés lo sabia, é que tambien agua no la tenian; y les envió
-á decir otras palabras bien dichas, que los tres principales las
-entendieron muy bien por nuestras lenguas, y demandaron á Cortés una
-carta, y esta no porque la entendian, sino porque sabian claramente que
-cuando enviábamos alguna mensajería ó cosas que les mandábamos, era un
-papel de aquellos que llaman amales, señal como mandamiento.
-
-Y cuando los tres mensajeros parecieron ante su señor Guatemuz, con
-grandes lágrimas y sollozando le dijeron lo que Cortés les mandó;
-y el Guatemuz desque lo oyó, y sus capitanes que juntamente con él
-estaban, pareció ser que al principio recibió pasion de que fuesen
-atrevidos aquellos capitanes de illes con tales embajadas; mas, como
-el Guatemuz era mancebo y muy gentil hombre, y de buena disposicion y
-rostro alegre, y aun la color tenia algo más que tiraba á blanco que á
-matiz de indios, que era de obra de veinte y tres años y era casado con
-una muy hermosa mujer, hija del gran Montezuma, su tio; y segun despues
-alcanzamos á saber, tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo
-mandó juntar todos sus capitanes y principales y papas de los ídolos,
-y les dijo que tenia voluntad de no tener guerra con Malinche ni todos
-nosotros; y la plática que sobre ello les puso fué, que ya habian
-probado todo lo que se puede hacer sobre la guerra y mudado muchas
-maneras de pelear, y que somos de tal manera, que cuando pensaban que
-nos tenian vencidos, que entónces volviamos muy más reciamente sobre
-ellos; y que al presente sabia los grandes poderes de amigos que
-nuevamente nos habian venido, y que todas las ciudades eran contra
-ellos, y que ya los bergantines les habian rompido sus estacadas, y
-que los caballos corrian á rienda suelta por las calles de su ciudad;
-y les puso por delante otras muchas desventuras que tenian sobre los
-mantenimientos y agua; que les rogaba y mandaba que cada uno dellos
-diese sobre ello su parecer, y los papas tambien dijesen el suyo y lo
-que á sus dioses Huichilóbos y Tezcatepuca les han oido hablar, y que
-ninguno tuviese temor de hablar y decir la verdad de lo que sentia.
-
-Y segun pareció, le dijeron:
-
-—«Señor y nuestro gran señor, ya tenemos á tí por nuestro rey y señor,
-y es muy bien empleado en tí el reinado, pues en todas tus cosas te has
-mostrado varon y te viene de derecho el reino. Las paces que dices,
-buenas son; mas mira y piensa en ello, que cuando estos teules entraron
-en estas tierras y en esta ciudad, cuál nos ha ido de mal en peor;
-mirad los servicios y dádivas que les hizo y dió nuestro señor, vuestro
-tio, el gran Montezuma, en qué paró.
-
-»Pues vuestro primo Cacamatzin, rey de Tezcuco, por el consiguiente.
-Pues vuestros parientes los señores de Iztapalapa é Cuyoacoan y Tacuba
-y de Talatcingo, ¿qué se hicieron? Pues los hijos de nuestro gran señor
-Montezuma todos murieron. Pues oro y riquezas desta ciudad, todo se ha
-consumido. Pues ya ves que á todos tus súbditos y vasallos de Tepeaca
-y Chalco, y aun de Tezcuco, y aun de todas estas vuestras ciudades y
-pueblos, les ha hecho esclavos y señalando las caras.
-
-»Mira primero lo que nuestros dioses te han prometido: toma buen
-consejo sobre ello, y no te fies de Malinche ni de sus palabras; que
-más vale que todos muramos en esta ciudad peleando, que no vernos en
-poder de quien nos harian esclavos y nos atormentarán.»
-
-Y los papas en aquel tiempo le dijeron que sus dioses les habian
-prometido vitoria tres noches arreo cuando les sacrificaban; y entónces
-el Guatemuz, medio enojado, les dijo:
-
-—«Pues así quereis que sea, guardad mucho el maíz y bastimentos que
-tenemos, y muramos todos peleando; y desde aquí adelante ninguno sea
-osado á me demandar paces, si no, yo le mataré.»
-
-Y allí todos prometieron de pelear noches y dias y morir en la defensa
-de su ciudad.
-
-Pues ya esto acabado, tuvieron trato con los de Suchimileco y otros
-pueblos que les metiesen agua en canoas de noche, y abrieron otras
-fuentes en partes que tenian agua, aunque salobre.
-
-Dejemos ya de hablar en este su concierto, y digamos de Cortés y de
-todos nosotros, que estuvimos dos dias sin entralles en su ciudad
-esperando la respuesta, y cuando no nos catamos, vienen tantos
-escuadrones de guerreros mejicanos en todos tres reales y nos dan tan
-recia guerra, que como leones muy bravosos venian á encontrar con
-nosotros, que en todo su seso creyeron de llevarnos de vencida.
-
-Esto que digo fué por nuestra parte del real de Pedro de Albarado, que
-en lo de Cortés y Sandoval tambien dijeron que les habian llegado á sus
-reales, que no les podian defender, aunque más les mataban y herian;
-y cuando peleaban tocaban la corneta de Guatemuz, y entónces habiamos
-de tener órden que no nos desbaratasen, porque ya he dicho otras veces
-que entónces se metian por las espadas y lanzas para nos echar mano; é
-como ya estábamos acostumbrados á los rencuentros, puesto que cada dia
-herian y mataban de nosotros, teniamos con ellos pié con pié, y desta
-manera pelearon seis ó siete dias arreo, y nosotros les matábamos y
-heriamos muchos dellos, y con todo esto no se les daba nada por morir.
-
-Acuérdome que decian:
-
-—«¿En qué se anda Malinche con nosotros, cada dia demandándonos paces?
-Que nuestros ídolos nos han prometido vitoria, y tenemos hartos
-bastimentos y agua, y á ninguno de vosotros hemos de dejar á vida; por
-eso no tornen á hablar sobre las paces, pues las palabras son para las
-mujeres y las armas para los hombres.»
-
-Y diciendo esto, se vienen á nosotros como perros dañados, y hablando
-y peleando todo era uno, y hasta que la noche nos despartia estábamos
-peleando, y luego, como dicho tengo, al retraer con gran concierto,
-porque nos venian siguiendo con grandes capitanías y escuadrones
-dellos, y estábamos á los amigos fuera de la calzada, porque ya habian
-venido muchos más que de ántes, y nos volviamos á nuestras chozas, y
-luego ir y velar todos juntos, y en la vela cenábamos nuestra mala
-ventura, como dicho tengo otras veces, y bien de madrugada alto á
-pelear, porque no nos daban más espacio; y desta manera estuvimos
-muchos dias; y estando desta manera tuvimos otro combate, y es que se
-juntaban de tres provincias, que se dicen Matalacingo y Malinalco,
-y otros pueblos que no se me acuerda de sus nombres, que estaban
-obra de ocho leguas de Méjico, para venir sobre nosotros, y miéntras
-estuviésemos batallando con los mejicanos darnos en las espaldas y en
-nuestros reales, y que entónces saldrian los poderes mejicanos, y los
-unos por una parte y los otros por otra, tenian pensamientos de nos
-desbaratar; y porque hubo otras pláticas, lo que sobre ello se hizo,
-diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLV.
-
-CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL CONTRA LAS PROVINCIAS QUE VENIAN Á AYUDAR
-Á GUATEMUZ.
-
-
-Y para que esto se entienda bien, es menester volver algo atrás á decir
-desde que á Cortés desbarataron y se llevaron á sacrificar sesenta y
-tantos soldados, y aun bien puedo decir sesenta y dos, porque tantos
-fueron despues, que bien se contaron.
-
-Y tambien he dicho que Guatemuz envió las cabezas de los caballos y
-caras que habian desollado, y piés y manos de nuestros soldados que
-habian sacrificado, á muchos pueblos y á Matalacingo y Malinalco, y les
-envió á hacer saber que ya habia muerto la mitad de nuestras gentes,
-y que les rogaba que para que nos acabasen de matar, que le viniesen á
-ayudar, é que darian guerra en nuestros reales de dia y de noche, y que
-por fuerza habiamos de pelear con ellos por defenderse; é que cuando
-estuviésemos peleando, saldrian ellos de Méjico y nos darian guerra por
-otra parte, de manera que nos vencerian, y tenian que sacrificar muchos
-de nosotros á sus ídolos, y harian hartazga con nuestros cuerpos.
-
-De tal manera se lo envió á decir, que lo creyeron y tuvieron por
-cierto; y demás desto, en Matalacingo tenia el Guatemuz muchos
-parientes por parte de la madre, y como vieron las caras y cabezas que
-dicho tengo, y lo que les envió á decir, luego pusieron por la obra
-de se juntar con todos sus poderes que tenian, y de venir en socorro
-de Méjico y de su pariente Guatemuz, y venian ya de hecho contra
-nosotros, y por el camino por donde pasaron estaban tres pueblos, y les
-comenzaron á dar guerra y robaron las estancias, y robaron niños para
-sacrificar; los cuales pueblos enviaron á se lo hacer saber á Cortés
-para que les enviase ayuda y socorro; y como lo supo, de presto mandó
-á Andrés de Tapia, y con veinte de á caballo y cien soldados y muchos
-amigos les socorrió muy bien y les hizo retraer á sus pueblos, con
-mucho daño que les hizo, y se volvió al real; de que Cortés hubo mucho
-placer y contentamiento; y despues desto, en aquel instante vinieron
-mensajeros de los pueblos de Cuernabaca á demandar socorro, que los
-mismos de Matalacingo, de Malinalco y otras provincias venian sobre
-ellos, é que enviase socorro; y para ello envió á Gonzalo de Sandoval
-con veinte de á caballo y ochenta soldados, los más sanos que habia
-en todos tres reales, y muchos amigos; y sabe Dios cuáles quedábamos
-con gran riesgo de nuestras personas, porque todos los más estábamos
-heridos muy malamente y no teniamos refrigerio ninguno.
-
-Y porque hay mucho que decir en lo que Sandoval hizo en el desbarate de
-los contrarios, se dejará de decir, más de que se vino muy de presto
-por socorrer á su real, y trajo dos principales de Matalacingo consigo,
-y les dejó más de paz que de guerra; y fué muy provechosa aquella
-entrada que hizo, lo uno por evitar que á muchos amigos no se les
-hiciese ni recibiesen más daño, y lo otro porque no viniesen á nuestros
-reales, como venian de hecho, y porque viese Guatemuz y sus capitanes
-que no tenian ya ayuda ni favor de aquellas provincias; y tambien
-cuando con ellos estábamos peleando nos decian que nos habian de matar
-con ayuda de Matalacingo y de otras provincias, é que sus dioses se lo
-habian prometido así.
-
-Dejemos ya de decir de la ida y socorro que hizo Sandoval, y volvamos
-á decir de cómo Cortés envió á rogar á Guatemuz que viniese de paz é
-que le perdonaria todo lo pasado; y le envió á decir que el Rey nuestro
-señor le envió á decir ahora nuevamente que no le destruyese más
-aquella ciudad y tierras, y que por esta causa los cinco dias pasados
-no le habia dado guerra ni entrado batallando; y que mire que ya no
-tienen bastimentos ni agua, y más de las dos partes de su ciudad por
-el suelo, é que de los socorros que esperaba de Matalacingo, que se
-informe de aquellos dos principales que entónces les envió é digan
-cómo les ha ido en su venida; y le envió á decir otras cosas de muchos
-ofrecimientos, que fueron con estos mensajeros los dos indios de
-Matalacingo, y le dijeron lo que habia pasado; y no les quiso responder
-cosa ninguna, sino solamente les mandó que se volviesen á sus pueblos,
-y luego les mandó salir de Méjico.
-
-Dejemos á los mensajeros, que luego salieron, y los mejicanos por tres
-partes con la mayor furia que hasta allí habiamos visto, y se vienen á
-nosotros, y en todos tres reales nos dieron muy recia guerra; y puesto
-que les heriamos y matábamos muchos dellos, paréceme que deseaban morir
-peleando, y entónces cuando más recios andaban con nosotros pié con pié
-peleando, nos decian:
-
-—«Tenitoz Rey Castilla, Tenitoz Ajaca;» que quiere decir en su lengua:
-«¿Qué dirá el Rey de Castilla? ¿Qué dirá ahora?»
-
-Y con estas palabras tirar vara y piedra y flecha, que cubrian el suelo
-y calzada.
-
-Dejemos esto, que ya les íbamos ganando gran parte de la ciudad, y
-en ellos sentiamos que, puesto que peleaban muy como varones, no se
-remudaban ya tantos escuadrones como solian, ni abrian zanjas ni
-calzadas; mas otra cosa tenian muy cierta, que al tiempo que nos
-retraiamos nos venian siguiendo hasta nos echar mano; y tambien se nos
-habia acabado ya la pólvora en todos tres reales, y en aquel instante
-habia venido á la Villa-Rica un navío que era de una armada de un
-licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se perdió y desbarató en las
-islas de la Florida, y el navío aportó á aquel puerto, como dicho
-tengo, y venian en él ciertos soldados y pólvora y ballestas y otras
-cosas; y el teniente que estaba en la Villa-Rica, que se decia Rodrigo
-Rangel, que tenia en guarda á Narvaez, envió luego á Cortés pólvora y
-ballestas y soldados.
-
-Y volvamos á nuestra conquista, por abreviar: que mandó y acordó Cortés
-con todos los demás capitanes y soldados que les entrásemos todo cuanto
-pudiésemos hasta llegalles al Tatelulco, que es la plaza mayor, adonde
-estaban sus altos cues y adoratorios; y Cortés por su parte y Sandoval
-por la suya, y nosotros por la nuestra, les íbamos ganando puentes y
-albarradas, y Cortés les entró hasta una plazuela donde tenian otros
-adoratorios.
-
-En aquellos cues estaban unas vigas, y en ellas muchas cabezas de
-nuestros soldados que habian muerto y desbaratado en las batallas
-pasadas, y tenian los cabellos y barbas muy crecidas, más que cuando
-eran vivos, y no lo habia yo creido si no lo viera desde tres dias, que
-como fuimos ganando por nuestra parte dos aberturas y puentes, tuvimos
-lugar de las ver, é yo conocia tres soldados mis compañeros; y cuando
-las vimos de aquella manera se nos saltaron las lágrimas de los ojos;
-y en aquella sazon se quedaron allí donde estaban, más desde á doce
-dias se quitaron, y las pusimos aquellas y otras cabezas que tenian
-ofrecidas á otros ídolos, y las enterramos en una iglesia que se dice
-ahora los Mártires, que nosotros hicimos.
-
-Dejemos desto y digamos cómo fuimos batallando por la parte de Pedro de
-Albarado y llegamos al Tatelulco, y habia tantos mejicanos en guarda
-de sus ídolos y altos cues, y tenian tantas albarradas, que estuvimos
-bien dos horas que no se lo pudimos tomar; y cómo podian ya correr
-caballos, puesto que les hirieron á los más; mas nos ayudaron muy bien
-y alancearon muchos mejicanos; y como habia tantos contrarios en tres
-partes, fuimos las tres capitanías á batallar con ellos; y á la una
-capitanía, que era de un Gutierre de Badajoz, mandó Pedro de Albarado
-que subiese en el alto cu de Huichilóbos, y peleó muy bien con los
-contrarios y muchos papas que en las casas de los adoratorios estaban,
-y de tal manera le daban guerra los contrarios, que le hacian venir las
-gradas abajo; y luego Pedro de Albarado nos mandó que le fuésemos á
-socorrer y dejásemos el combate en que estábamos; é yendo que íbamos,
-nos siguieron los escuadrones con quien peleábamos, y todavía les
-subiamos sus gradas arriba.
-
-Aquí habia bien que decir en qué trabajo nos vimos los unos y los
-otros en ganalles aquellas fortalezas, que ya he dicho otras veces que
-eran muy altas; y en aquellas batallas nos tornaron á herir á todos
-muy malamente, y todavía les pusimos fuego á los ídolos, y levantamos
-nuestras banderas, y estuvimos batallando en lo llano, despues de le
-haber puesto fuego, hasta la noche, que no nos podiamos valer de tanto
-guerrero.
-
-Dejemos de hablar en ello, y digamos que como Cortés y sus capitanes
-vieron en aquella sazon desde sus barrios y calles en sus partes léjos
-del alto cu, y las llamaradas en que el cu mayor ardia, y nuestras
-banderas encima, se holgó mucho, y se quisieran hallar en él; mas no
-podian, porque habian un cuarto de legua de la una parte á la otra,
-y tenian muchas puentes y aberturas de agua por ganar, y por donde
-andaba le daban recia guerra, y no podian entrar tan presto como
-quisieran en el cuerpo de la ciudad; mas dende á cuatro dias se juntó
-con nosotros, así Cortés como Sandoval, é podiamos ir desde un real á
-otro por las calles y casas derrocadas y puentes y albarradas deshechas
-y aberturas de agua todo ciego; y en este instante se iban retrayendo
-Guatemuz con todos sus guerreros en una parte de la ciudad dentro de
-la laguna, porque las casas y palacios en que vivia ya estaban por el
-suelo; y con todo esto, no dejaban cada dia de salir á nos dar guerra,
-y al tiempo de retraer nos iban siguiendo muy mejor que de ántes; é
-viendo esto Cortés, que se pasaban muchos dias, y no venian de paz ni
-tal pensamiento tenian, acordó con todos nuestros capitanes que les
-echásemos celadas.
-
-Y fué desta manera: que de todos tres reales se juntaron hasta treinta
-de á caballo y cien soldados los más sueltos y guerreros que conocia
-Cortés, y envió á llamar de todos tres reales mil tlascaltecas, y nos
-metimos en unas casas grandes que habian sido de un señor de Méjico,
-y esto fué muy de mañana, y Cortés iba entrando con los demás de á
-caballo que le quedaban, y sus soldados y ballesteros y escopeteros por
-las calles y calzadas como solia; y ya llegaba Cortés á una abertura
-y puente de agua, y entónces estaban peleando con los escuadrones de
-mejicanos que para ello estaban aparejados, y muchos más que Guatemuz
-enviaba para guardar la puente; y como Cortés vió que habia gran número
-de contrarios, hizo que se retraia y mandaba echar los amigos fuera de
-la calzada, porque creyesen que de hecho se iban retrayendo; y le iban
-siguiendo al principio poco á poco, y cuando vieron que de hecho hacia
-que iba huyendo, van tras él todos los poderes que en aquella calzada
-le daban guerra; y como Cortés vió que habia pasado algo adelante de
-las casas á donde estaba la celada, tiraron dos tiros juntos, que
-era señal de cuándo habiamos de salir de la celada, y salen los de
-á caballo primero, y salimos todos los soldados y dimos en ellos á
-placer; pues luego volvió Cortés con los suyos y nuestros amigos los
-tlascaltecas, é hicieron gran matanza.
-
-Por manera que se hirieron y mataron muchos, y desde allí adelante no
-nos seguian al tiempo del retraer; y tambien en el real de Pedro de
-Albarado les echó una celada, mas no tan buena como esta; y en aquel
-dia no me hallé yo en nuestro real con Pedro de Albarado por causa que
-Cortés me mandó que para la celada quedase con él.
-
-Dejemos desto, y digamos cómo estábamos ya en el Tatelulco, y Cortés
-nos mandó que pasásemos todas las capitanías á estar con él, é que allí
-velásemos, por causa que veniamos más de media legua desde el real
-á batallar con los mejicanos; y estuvimos allí tres dias sin hacer
-cosa que de contar sea, porque nos mandó que no les entrásemos más en
-la ciudad ni les derrocásemos más casas, porque les queria tornar á
-requerir con las paces; y en aquellos dias que allí estuvimos en el
-Tatelulco envió Cortés á Guatemuz rogándole que se diese y no hubiese
-miedo, y con grandes ofrecimientos que le prometia que su persona
-seria muy acatada y honrada dél, y que mandaria á Méjico y á todas sus
-tierras y ciudades como solia; y les envió bastimentos y regalos, que
-eran tortillas y gallinas y cerezas y tunas y caza, é que no tenian
-otra cosa; y el Guatemuz entró en consejo con sus capitanes, y lo que
-le aconsejaron fué, que dijese que queria paz, é que aguardarian tres
-dias, é que al cabo de los tres dias se verian el Guatemuz y Cortés,
-y se darian los conciertos de las paces; y en aquellos tres dias
-tenian tiempo de aderezar puentes y abrir calzadas y adobar piedra y
-vara y flecha y hacer albarradas; y envió Guatemuz cuatro mejicanos
-principales con aquella respuesta; é creiamos que eran verdaderas las
-paces, y Cortés les mandó dar muy bien de comer y beber, y les tornó á
-enviar á Guatemuz, y con ellos les envió más refresco como de ántes;
-y el Guatemuz tornó á enviar á Cortés otros mensajeros, y con ellos
-dos mantas ricas, y dijeron que Guatemuz vernia para cuando estaba
-acordado; y por no gastar más razones sobre el caso, él nunca quiso
-venir, porque le aconsejaron que no creyese á Cortés, y poniéndole
-por delante el fin de su tio el gran Montezuma y sus parientes y la
-destruccion de todo el linaje noble de los mejicanos, é que dijese
-que estaba malo, é que saliesen todos de guerra, é que placeria á sus
-dioses, que les darian vitoria contra nosotros, pues tantas veces se la
-habia prometido.
-
-Pues como estábamos aguardando al Guatemuz y no venia, vimos luego
-la burla que de nosotros hacia; y en aquel instante salian tantos
-batallones de mejicanos con sus divisas, y dan á Cortés tanta guerra,
-que no se podia valer; y otro tanto fué por nuestra parte de nuestro
-real; pues en el de Sandoval lo mismo; y era de tal manera, que
-parecia que entónces comenzaban de nuevo á batallar; y como estábamos
-algo descuidados, creyendo que estaban ya de paz, hirieron á muchos
-de nuestros soldados, y tres fueron heridos muy malamente, y el uno
-dellos murió, y mataron dos caballos y hirieron otros más; é ellos no
-se fueron mucho alabando, que muy bien lo pagaron; y como esto vido
-Cortés, mandó que luego les tornásemos á dar guerra y les entrásemos
-en su ciudad á la parte donde se habian recogido; y cómo vieron que
-les íbamos ganando toda la ciudad, envió Guatemuz á decir á Cortés que
-queria hablar con él desde una gran abertura de agua, y habia de ser
-Cortés de la una parte y el Guatemuz de la otra, y señalaron el tiempo
-para otro dia de mañana; y fué Cortés para hablar con él, y no quiso
-Guatemuz venir al puesto, sino envió á muchos principales, los cuales
-dijeron que su señor Guatemuz no osaba venir por temor que cuando
-estuviese hablando le tirarian escopetas y ballestas y le matarian; y
-entónces Cortés les prometió con juramento que no les enojaria en cosa
-ninguna, y no aprovechó, que no le creyeron.
-
-En aquella sazon dos principales de los que hablaban con Cortés
-sacaron de un fardalejo que traian tortillas é una pierna de gallina y
-cerezas, y sentáronse muy de espacio á comer, porque Cortés los viese
-y entendiese que no tenian hambre; y desde allí le envió á decir á
-Guatemuz, que pues no queria venir, que no le daba nada y que presto
-les entraria en todas sus casas, y veria si tenia maíz, cuanto más
-gallinas; y desta manera se estuvieron otros cuatro ó cinco dias que
-no les dábamos guerra; y en este instante se salian de noche muchos
-pobres indios que no tenian qué comer, y se venian al real de Cortés
-y al nuestro, como aburridos de hambre; y cuando aquello vió Cortés,
-mandó que en bueno ni en malo no les diésemos guerra, é que quizá se
-les mudaria la voluntad para venir de paz, y no venian; y en el real
-de Cortés estaba un soldado que decia el mismo que él habia estado en
-Italia en compañía del Gran Capitan, y se halló en la chirinola de
-Garayana y en otras grandes batallas, y decia muchas cosas de ingenios
-de la guerra, é que haria un trabuco en el Tatelulco, con que en dos
-dias que con él tirase á la parte y casas de la ciudad adonde el
-Guatemuz se habia retraido, que las haria que luego se diesen de paz;
-y tantas cosas dijo á Cortés sobre ello, que luego puso en obra hacer
-el trabuco, y trajeron piedra, cal y madera de la manera que él la
-demandó, y carpinteros y clavazon, y todo lo perteneciente para hacer
-el trabuco, é hicieron dos hondas de recias sogas, y trujeron grandes
-piedras, y mayores que botijas de arroba; é ya que estaba armado el
-trabuco segun y de la manera que el soldado dió la órden, y dijo que
-estaba bueno para tirar, y pusieron en la honda una piedra hechiza, lo
-que con ella se hizo es, que no pasó adelante del trabuco, porque fué
-por alto y luego cayó allí donde estaba armado; y desque aquello vió
-Cortés hubo mucho enojo del soldado que le dió la órden para que lo
-hiciese, y tenia pesar en sí mismo, porque él creido tenia que no era
-para en la guerra ni para en cosa de afrenta, y no era más de hablar,
-que se habia hallado de la manera que he dicho; y segun el mismo
-soldado decia, que se decia Fulano de Sotelo, natural de Sevilla, y
-luego Cortés mandó deshacer el trabuco.
-
-Dejemos desto, y digamos que como vió que el trabuco era cosa de
-burla, acordó que con todos doce bergantines fuese en ellos Gonzalo de
-Sandoval por capitan general y entrase en el rincon de la ciudad adonde
-se habia retraido Guatemuz, el cual estaba en parte que no podian
-entrar en sus palacios y casas sino por el agua, y luego Sandoval
-apercibió á todos los capitanes de los bergantines; y lo que hizo diré
-adelante cómo y de qué manera pasó.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVI.
-
-CÓMO SE PRENDIÓ GUATEMUZ.
-
-
-Pues como Cortés vido que el trabuco no aprovechó cosa ninguna, ántes
-hubo enojo con el soldado que le aconsejó que lo hiciese, y viendo que
-no queria paces ningunas Guatemuz y sus capitanes, mandó á Gonzalo de
-Sandoval que entrase con los bergantines en el sitio y rincon de la
-ciudad adonde estaban retraidos el Guatemuz con toda la flor de sus
-capitanes y personas más nobles que en Méjico habia, y le mandó que
-no matase ni hiriese á ningunos indios, salvo si no le diesen guerra,
-é que aunque se la diesen, que solamente se defendiese, y no les
-hiciesen otro mal, y que les derrocase las casas y muchas barbacanas
-que habian hecho en la laguna; y Cortés se subió luego en el cu mayor
-del Tatelulco para ver cómo entraba Sandoval con los bergantines, y les
-fueron acompañando Pedro de Albarado y Luis Marin, y Francisco de Lugo
-y otros soldados.
-
-Y como el Sandoval entró con los bergantines en aquel paraje donde
-estaban las casas de Guatemuz, cuando se vió cercado el Guatemuz, tuvo
-temor no le prendiesen ó le matasen, y tenia aparejadas cincuenta
-grandes piraguas para si se viese en aprieto salvarse en ellas y
-meterse en unos carrizales, é ir desde allí á tierra, y esconderse en
-unos pueblos de sus amigos; y asimismo tenia mandado á los principales
-y gente de más cuenta que allí en aquel rincon tenia, y á sus
-capitanes, que hiciesen lo mismo; y como vieron que les entraban en
-las casas, se embarcan en las canoas, é ya tenian metida su hacienda
-de oro y joyas y toda su familia, y se mete en ellas, y tira la laguna
-adelante, acompañado de muchos capitanes y principales; y como en
-aquel instante iba la laguna llena de canoas, y Sandoval luego tuvo
-noticia que Guatemuz con toda la gente principal se iba huyendo, mandó
-á los bergantines que dejasen de derrocar casas y siguiesen el alcance
-de las canoas, é que mirasen que tuviesen tino é ojo á qué parte iba el
-Guatemuz, y que no le ofendiesen ni le hiciesen enojo ninguno, sino que
-buenamente procurasen de le prender.
-
-Y como un Garci-Holguin, que era capitan de un bergantin, amigo
-de Sandoval, y era muy gran velero su bergantin, y llevaba buenos
-remeros, le mandó que siguiese hácia la parte que le habian dicho que
-iba el Guatemuz y sus principales y las grandes piraguas, y le mandó
-que si le alcanzase, que no le hiciese mal ninguno más de prendelle,
-y el Sandoval siguió por otra parte con otros bergantines que le
-acompañaban; é quiso Dios Nuestro Señor que el Garci-Holguin alcanzó á
-las canoas é grandes piraguas en que iba el Guatemuz, y en el arte dél
-y de los toldos é piragua, y aderezo dél y de la canoa, le conoció el
-Holguin y supo que era el grande señor de Méjico, y dijo por señas que
-aguardasen, y no querian, y él hizo como que les queria tirar con las
-escopetas y ballestas, y hubo el Guatemuz miedo de ver aquello, y dijo:
-
-—«No me tiren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tierra, y lo que te
-ruego es, que no me llegues á mi mujer ni á mis hijos, ni á ninguna
-mujer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo, sino que me tomes á mí
-y me lleves á Malinche.»
-
-Y como el Holguin le oyó, se gozó en gran manera y le abrazó, y le
-metió en el bergantin con mucho acato, á él, á su mujer y á veinte
-principales que con él iban, y les hizo asentar en la popa en unos
-petates y mantas, y les dió de lo que traia para comer; y á las
-canoas en que iba su hacienda no les tocó en cosa ninguna, sino que
-juntamente las llevó con su bergantin; y en aquella sazon el Gonzalo
-de Sandoval se puso á una parte para ver los bergantines, y mandó
-que todos se recogiesen á él, y luego supo que Garci-Holguin habia
-prendido al Guatemuz, y que le llevaba á Cortés; y como el Sandoval lo
-supo, mandó á los remeros que llevaba en su bergantin que remasen á
-la mayor priesa que pudiesen, y cuando alcanzó á Holguin le dijo que
-le diese el prisionero, y el Holguin no se lo quiso dar, porque dijo
-que él lo habia prendido, y no el Sandoval; y el Sandoval dijo que así
-era verdad, y que él era general de los bergantines, y que el Holguin
-venia debajo de su dominio é mando, y que por ser su amigo se lo habia
-mandado, y tambien porque era su bergantin muy ligero, más que los
-otros; é mandó que le siguiesen y le prendiesen, y que al Sandoval,
-como á su general, le habia de dar el prisionero; y el Holguin todavía
-porfiaba que no queria; y en aquel instante fué otro bergantin á gran
-priesa á Cortés á demandalle albricias, que, como dicho tengo, estaba
-muy cerca, en el Tatelulco, mirando desde el cu mayor cómo entraba el
-Sandoval; y entónces le contaron la diferencia que traia Sandoval con
-el Holguin sobre tomalle el prisionero; y cuando Cortés lo supo, luego
-despachó al capitan Luis Marin y á Francisco de Lugo para que luego
-hiciesen venir al Gonzalo de Sandoval y al Holguin, sin más debatir, é
-que trajese al Guatemuz, y á la mujer y familia con mucho acato, porque
-él determinaria cúyo era el prisionero y á quien se habia de dar la
-honra dello; y entre tanto que le fueron á llamar, hizo aderezar Cortés
-un estrado lo mejor que pudo con petates y mantas y otros asientos, y
-mucha comida de lo que Cortés tenia para sí, y luego vino el Sandoval
-y Holguin con el Guatemuz, y le llevaron ante Cortés; y cuando se vió
-delante dél le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó, y le
-mostró mucho amor á él y á sus capitanes; y entónces el Guatemuz dijo á
-Cortés:
-
-—«Señor Malinche, ya yo he hecho lo que estaba obligado en defensa de
-mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y preso
-ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que traes en la cinta y
-mátame luego con él.»
-
-Y esto cuando se lo decia lloraba muchas lágrimas con sollozos, y
-tambien lloraban otros grandes señores que consigo traia; y Cortés
-le respondió con doña Marina y Aguilar, nuestras lenguas, y dijo muy
-amorosamente que por haber sido tan valiente y haber vuelto y defendido
-su ciudad se le tenia en mucho y tenia en más á su persona, y que no
-es digno de culpa ninguna, é que ántes se lo ha de tener á bien que á
-mal; é que lo que Cortés quisiera, fué que, cuando iban de vencida,
-que porque no hubiera más destruicion ni muerte en sus mejicanos, que
-vinieran de paz y de su voluntad; é que pues ya es pasado lo uno y lo
-otro, y no hay remedio ni enmienda en ello, que descanse su corazon y
-de sus capitanes; é que mandará á Méjico y á sus provincias como de
-ántes lo solian hacer; y Guatemuz y sus capitanes dijeron que se lo
-tenian en merced; y Cortés preguntó por la mujer y por otras grandes
-señoras mujeres de otros capitanes, que le habian dicho que venian
-con Guatemuz; y el mismo Guatemuz respondió y dijo que habia rogado
-á Gonzalo de Sandoval y á Garci-Holguin que les dejase estar en las
-canoas en que estaban, hasta ver lo que el Malinche ordenaba; y luego
-Cortés envió por ellas, y les mandó dar de comer de lo que habia lo
-mejor que pudo en aquella sazon; y luego, porque era tarde y queria
-llover, mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que se fuese á Cuyoacoan, y
-llevase consigo á Guatemuz y á su mujer y familia y á los principales
-que con él estaban; y luego mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de
-Olí que cada uno se fuese á sus estancias y reales, y luego nosotros
-nos fuimos á Tacuba, y Sandoval dejó á Guatemuz en poder de Cortés en
-Cuyoacoan, y se volvió á Tepeaquilla, que era su puesto y real.
-
-Prendióse Guatemuz y sus capitanes en 13 de Agosto, á hora de vísperas,
-dia de señor San Hipólito, año de 1521, gracias á nuestro Señor
-Jesucristo y á nuestra Señora la Vírgen Santa María, su bendita Madre,
-amen.
-
-Llovió, y tronó y relampagueó aquella noche, y hasta media noche mucho
-más que otras veces.
-
-Y como se hubo preso Guatemuz, quedamos tan sordos todos los soldados,
-como si de ántes estuviera uno puesto encima de un campanario y tañesen
-muchas campanas, y en aquel instante que las tañian cesasen de las
-tañer; y esto digo al propósito, porque todos los noventa y tres
-dias que sobre esta ciudad estuvimos, de noche y de dia daban tantos
-gritos y voces é silbos, unos escuadrones mejicanos apercibiendo los
-escuadrones y guerreros que habian de batallar en la calzada, é otros
-llamando las canoas que habian de guerrear con los bergantines y con
-nosotros en los puentes, y otros apercibiendo á los que habian de
-hincar palizadas y abrir y ahondar las calzadas y aberturas y puentes,
-y en hacer albarradas, y otros en aderezar piedra y vara y flecha, y
-las mujeres en hacer piedra rolliza para tirar con las hondas; pues
-desde los adoratorios y casas malditas de aquellos malditos ídolos, los
-atambores y cornetas, y el atambor grande y otras bocinas dolorosas,
-que de continuo no dejaban de se tocar, y desta manera, de noche y de
-dia no dejábamos de tener gran ruido, y tal, que no nos oiamos los
-unos á los otros: y despues de preso el Guatemuz cesaron las voces y
-el ruido, y por esta causa he dicho como si de ántes estuviéramos en
-campanario.
-
-Dejemos desto, y digamos cómo Guatemuz era de muy gentil disposicion,
-así de cuerpo como de faiciones, y la cara algo larga y alegre, y los
-ojos más parecian que cuando miraba que eran con gravedad y halagüeños,
-y no habia falta en ellos, y era de edad de veinte y tres ó veinte y
-cuatro años, y el color tiraba más á blanco que al color y matiz de
-esotros indios morenos, y decian que su mujer era sobrina de Montezuma,
-su tio, muy hermosa mujer y moza.
-
-Y ántes que más pasemos adelante, digamos en qué paró el pleito del
-Sandoval y del Garci-Holguin sobre la prision de Guatemuz; y es que,
-Cortés le dijo que los romanos tuvieron otra contienda de la misma
-manera que esta, entre Mario y Lucio Cornelio Sila, y esto fué cuando
-Sila trajo preso á Yugurta, que estaba con su suegro el Rey Ibócos; y
-cuando entraba en Roma triunfando de los hechos y hazañas heróicos,
-pareció ser que Sila metió en su triunfo á Yugurta con una cadena
-de hierro al pescuezo, y Mario dijo que no le habia de meter Sila,
-sino él; é ya que le metia, que habia de declarar que el Mario le dió
-aquella facultad y le envió por él para que en su nombre le llevase
-preso, y se le dió el Rey Ibócos; pues que el Mario era capitan general
-y debajo de su mano y bandera militaban, y el Sila, como era de los
-patricios de Roma, tenia mucho favor; y como Mario era de una villa
-cerca de Roma, que se decia Arpino, y advenedizo, puesto que habia sido
-siete veces cónsul, no tuvo el favor que el Sila, y sobre ello hubo las
-guerras civiles entre Mario y el Sila, y nunca se determinó á quién se
-habia de dar la honra de la prision de Yugurta.
-
-Volvamos á nuestro propósito, y es, que Cortés dijo que haria relacion
-dello á su majestad, y á quien fuese servido de hacer merced se le
-daria por armas, que de Castilla traerian sobre ello la determinacion;
-y desde á dos años vino mandado por su majestad que Cortés tuviese por
-armas en sus reposteros ciertos Reyes, que fueron Montezuma, gran señor
-de Méjico; Cacamatzin, señor de Tezcuco, y los señores de Iztapalapa
-y de Cuyoacoan y Tacuba, y otro gran señor que decian que era pariente
-muy cercano del gran Montezuma, á quien decian que de derecho le venia
-el reino y señorio de Méjico, que era señor de Matalacingo y de otras
-provincias; y á este Guatemuz, sobre que fué este pleito.
-
-Dejemos desto, y digamos de los cuerpos muertos y cabezas que estaban
-en aquellas casas adonde se habia retraido Guatemuz; y es verdad, y
-juro amen, que toda la laguna y casas y barbacoas estaban llenas de
-cuerpos y cabezas de hombres muertos, que yo no sé de qué manera lo
-escribia.
-
-Pues en las calles y en los mismos patios de Tatelulco no habia otras
-cosas, y no podiamos andar sino entre cuerpos y cabezas de indios
-muertos.
-
-Yo he leido la destruicion de Jerusalen; mas si en ella hubo tanta
-mortandad como esta yo no lo sé; porque faltaron en esta ciudad gran
-multitud de indios guerreros, y de todas las provincias y pueblos
-sujetos á Méjico que allí se habian acogido, todos los más murieron;
-que, como he dicho, así el suelo y la laguna y barbacoas, todo estaba
-lleno de cuerpos muertos, y hedia tanto, que no habia hombre que
-sufrirlo pudiese; y á esta causa, así como se prendió Guatemuz, cada
-uno de los capitanes se fueron á sus reales, como dicho tengo, y
-aun Cortés estuvo malo del hedor que se le entró por las narices en
-aquellos dias que estuvo allí en el Tatelulco.
-
-Dejemos desto, y pasemos adelante, y digamos cómo los soldados que
-andaban en los bergantines fueron los mejor librados é hubieron
-buen despojo, á causa que podian ir á ciertas casas que estaban en
-los barrios de la laguna, que sentian que habria oro, ropa y otras
-riquezas, y tambien lo iban á buscar á los carrizales, donde lo iban á
-esconder los indios mejicanos cuando les ganábamos algun barrio y casa;
-y tambien porque, so color que iban á dar caza á las canoas que metian
-bastimentos y agua, si topaban algunas en que iban algunos principales
-huyendo á tierra firme para se ir entre ellos, otomites, que estaban
-comarcanos, les despojaban de lo que llevaban.
-
-Quiero decir que nosotros los soldados que militábamos en las calzadas
-y por tierra firme no podiamos haber provecho ninguno, sino muchos
-flechazos y lanzadas y heridas de vara y piedra, á causa que cuando
-íbamos ganando alguna casa ó casas, ya los moradores dellas habian
-salido y sacado toda la hacienda que tenian, y no podiamos ir por agua
-sin que primero cegásemos las aberturas y puentes; y á esta causa he
-dicho en el capítulo que dello habla, que cuando Cortés buscaba los
-marineros que habian de andar en los bergantines, que fueron mejor
-librados que no los que batallábamos por tierra; y así pareció claro,
-porque los capitanes mejicanos, y aun el Guatemuz, dijeron á Cortés,
-cuando les demanda el tesoro del gran Montezuma, que los que andaban en
-los bergantines habian robado mucha parte dello.
-
-Dejemos de hablar más en esto hasta más adelante, y digamos que, como
-habia tanta hedentina en aquella ciudad, que Guatemuz le rogó á Cortés
-que diese licencia para que se saliese todo el poder de Méjico á
-aquellos pueblos comarcanos, y luego les mandó que así lo hiciesen.
-
-Digo que en tres dias con sus noches iban todas tres calzadas llenas
-de indios é indias y muchachos, llenos de bote en bote, que nunca
-dejaban de salir, y tan flacos y sucios é amarillos é hediondos, que
-era lástima de los ver; y despues que la hubieron desembarazado, envió
-Cortés á ver la ciudad, y estaban, como dicho tengo, todas las casas
-llenas de indios muertos, y aun algunos pobres mejicanos entre ellos,
-que no podian salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad
-como echan los puercos muy flacos que no comen sino yerba; y hallóse
-toda la ciudad arada, y sacadas las raices de las yerbas que habian
-comido cocidas: hasta las cortezas de los árboles tambien las habian
-comido.
-
-De manera que agua dulce no les hallamos ninguna, sino salada.
-
-Tambien quiero decir que no comian las carnes de sus mejicanos, sino
-eran de los enemigos tlascaltecas y las nuestras que apañaban; y no se
-ha hallado generacion en el mundo que tanto sufriese la hambre y sed y
-contínuas guerras como esta.
-
-Dejemos de hablar en esto, y pasemos adelante: que mandó Cortés que
-todos los bergantines se juntasen en unas atarazanas que despues se
-hicieron.
-
-Volvamos á nuestras pláticas: que despues que se ganó esta grande y
-populosa ciudad, y tan nombrada en el universo, despues de haber dado
-muchas gracias á Nuestro Señor y á su bendita Madre, ofreciendo ciertas
-promesas á Dios Nuestro Señor, Cortés mandó hacer un banquete en
-Cuyoacan, en señal de alegrías de la haber ganado, y para ello tenian
-ya mucho vino de un navío que habia venido al puerto de la Villa-Rica,
-y tenia puercos que le trujeron de Cuba; y para hacer la fiesta mandó
-convidar á todos los capitanes y soldados que le pareció que era
-bien tener cuenta con ellos en todos tres reales; y cuando fuimos al
-banquete no habia mesas puestas, ni aun asientos para la tercia parte
-de los capitanes y soldados que fuimos, y hubo mucho desconcierto,
-y valiera más que no se hiciera, por muchas cosas no muy buenas que
-en él acaecieron, y tambien porque esta planta de Noé hizo á algunos
-hacer desatinos, y hombres hubo en él que, despues de haber comido,
-anduvieron sobre las mesas, que no acertaban á salir al patio; otros
-decian que habian de comprar caballos con sillas de oro, y ballesteros
-hubo que decian que todas las saetas que tuviesen en su aljaba que
-habian de ser de oro, de las partes que les habian de dar, y otros iban
-por las gradas rodando abajo.
-
-Pues ya que habian alzado las mesas, salieron á danzar las damas que
-habia, con los galanes cargados con sus armas, que era para reir, y
-fueron las damas pocas, que no habia otras en todos los reales ni en
-la Nueva-España; é dejo de nombrarlas por sus nombres é de referir
-cómo otro dia hubo sátira; porque quiero decir que, como hubo cosas
-tan malas en el convite y en los bailes, el buen fraile fray Bartolomé
-de Olmedo lo murmuraba, é le dijo á Sandoval lo mal que le parecia, é
-que bien dábamos gracias á Dios para que nos ayudase adelante; é el
-Sandoval tan presto le dijo á Cortés lo que fray Bartolomé murmuraba é
-gruñia, y el Cortés, que era discreto, le mandó llamar é le dijo:
-
-—«Padre, no excusaba solazar y alegrar los soldados con lo que vuestra
-reverencia ha visto é yo he hecho de mala gana; ahora resta que vuestra
-reverencia ordene una procesion, y que diga Misa é nos predique, y
-diga á los soldados que no roben las hijas de los indios, y que no
-hurten ni riñan pendencias é que hagan como católicos cristianos, para
-que Dios nos haga bien.»
-
-É fray Bartolomé se lo agradeció á Cortés; que no sabia lo que habia
-dicho Albarado, y pensaba que salia del buen Cortés, su amigo; y
-el fraile hizo una procesion, en que íbamos con nuestras banderas
-levantadas y algunas cruces á trechos, y cantando las letanías, y á la
-postre una imágen de nuestra Señora; y otro dia predicó fray Bartolomé,
-é comulgaron muchos en la Misa despues de Cortés y Albarado, é dimos
-gracias á Dios por la vitoria.
-
-Y dejemos de más hablar en esto, y quiero decir otras cosas que
-pasaron que se me olvidaba, y aunque no vengan ahora dichas sino algo
-atrás, sin propósito; y es, que nuestros amigos Chichimecatecle y los
-dos mancebos Xicotengas, hijos de D. Lorenzo de Vargas, que se solia
-llamar Xicotenga el viejo y ciego, guerrearon muy valientemente contra
-el poder de Méjico, y nos ayudaron muy esforzada y extremadamente de
-bien; y asimismo un hermano del señor de Tezcuco D. Hernando, que se
-decia Suchel, que despues se llamó don Cárlos; este hizo cosas de
-muy esforzado y valiente varon; y otro capitan natural de una ciudad
-de la laguna, que no se me acuerda su propio nombre, tambien hacia
-maravillas, y otros muchos capitanes de pueblos que nos ayudaban,
-todos guerreaban muy poderosamente; y Cortés les habló y les dió muchas
-gracias y loores porque nos habian ayudado, con muchas buenas palabras
-y promesas de que el tiempo andando les daria tierras y vasallos y
-les haria grandes señores, y les despidió; y como estaban ricos de
-ropa de algodon y oro, y otras muchas cosas ricas de despojos, se
-fueron alegres á sus tierras, y aun llevaron hartas cargas de tasajos
-cecinados de indios mejicanos, que repartieron entre sus parientes y
-amigos, y como cosas de sus enemigos, la comieron por fiestas.
-
-Agora, que estoy fuera de los recios combates y batallas de los
-mejicanos, que con nosotros, y nosotros con ellos teniamos de noche
-y de dia, por que doy muchas gracias á Dios, que dellas me libró,
-quiero contar una cosa muy temeraria que me acaeció, y es, que despues
-que vide abrir por los pechos y sacar los corazones y sacrificar á
-aquellos sesenta y dos soldados que dicho tengo que llevaron vivos
-de los de Cortés, ofrecelles los corazones á los ídolos, y esto que
-agora diré, les parece á algunas personas que es por falta de no tener
-muy grande ánimo; y si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo
-con que en aquellos dias habia de poner mi persona en lo más recio
-de las batallas, porque en aquella sazon presumia de buen soldado y
-era tenido en esta reputacion, y habia de hacer lo que más osados y
-atrevidos soldados suelen hacer, y en aquella sazon yo hacia delante
-de mis capitanes; y como de cada dia via llevar á nuestros compañeros
-á sacrificar, y habia visto, como dicho tengo, que les aserraban por
-los pechos y sacalles los corazones bullendo, y cortalles piés y
-brazos, y se los comieron á los sesenta y dos que dicho tengo, temia
-yo que un dia que otro habian de hacer de mí lo mismo, porque ya me
-habian asido dos veces, y quiso Dios que me escapé; y acordóseme de
-aquellas muertes, y por esta causa desde entónces temí desta cruel
-muerte; y esto he dicho porque ántes de entrar en las batallas se me
-ponia por delante una como grima y tristeza grandísima en el corazon;
-y encomendándome á Dios y á su bendita Madre nuestra Señora, y entrar
-en las batallas, todo era uno, y luego se me quitaba aquel temor,
-y tambien quiero decir qué cosa tan nueva era agora tener yo aquel
-temor no acostumbrado, habiéndome hallado en muchos rencuentros muy
-peligrosos, ya habia de estar curtido el corazon y esfuerzo y ánimo
-en mi persona agora á la postre más arraigado que nunca; porque, si
-bien lo sé contar y traer á la memoria, desde que vine á descubrir con
-Francisco Fernandez de Córdoba y con Grijalva, y volví con Cortés, y
-me hallé en lo de la Punta de Cotoche y en lo de Lázaro, que por otro
-nombre se dice Campeche, y en Potonchan y en la Florida, segun que
-más largamente lo tengo escrito cuando vine á descubrir con Francisco
-Fernandez de Córdoba.
-
-Dejemos desto, y volvamos á hablar en lo de Grijalva y en la misma
-de Potonchan, y con Cortés en lo de Tabasco y la de Cingapacinga, y
-en todas las guerras y rencuentros de Tlascala y en lo de Cholula, y
-cuando desbaratamos á Narvaez me señalaron para que les fuésemos á
-tomar la artillería, que eran diez y ocho tiros que tenian cebados
-y cargados con sus pelotas de piedra, los cuales les tomamos, y
-este trance fué de mucho peligro; y me hallé en el primer desbarate
-cuando los mejicanos nos echaron de Méjico, ó por mejor decir,
-salimos huyendo cuando nos mataron en obra de ocho dias ochocientos y
-cincuenta soldados; y me hallé en las entradas de Tepeaca y Cachula y
-sus rededores, y en otros rencuentros que tuvimos con los mejicanos
-cuando estábamos en Tezcuco sobre coger las mielpas de maíz, y en lo
-de Iztapalapa cuando nos quisieron anegar, y me hallé cuando subimos
-en los peñoles, y ahora los llaman las fuerzas ó fortaleza que ganó
-Cortés, y en lo de Suchimileco, é otros muchos rencuentros; y entré
-con Pedro de Albarado con los primeros á poner cerco á Méjico, y
-les quebramos el agua de Chalputepeque, y en la primera entrada que
-entramos en la calzada con el mismo Pedro de Albarado; y despues desto,
-cuando desbarataron por la misma nuestra parte y llevaron seis soldados
-vivos, y á mí me llevaban, é ya se hacia cuenta que eran siete conmigo,
-segun me llevaban engarrafado á sacrificar; y me hallé en todas las
-demás batallas ya por mí memoradas, que cada dia y de noche teniamos,
-hasta que vi, como dicho tengo, las crueles muertes que dieron delante
-de mis ojos á aquellos sesenta y dos soldados nuestros compañeros; ya
-he dicho que agora que por mí habian pasado todas estas batallas y
-peligros de muerte, que no lo habia de temer como lo temia agora á la
-postre.
-
-Digan agora todos aquellos caballeros que desto del militar entienden,
-y se han hallado en trances peligrosos de muerte, á qué fin echarán
-mi temor, si es á mucha flaqueza de ánimo ó á mucho esfuerzo; porque,
-como he dicho, sentia yo en mi pensamiento que habia de poner por
-mi persona, batallando en parte que por fuerza habia de temer la
-muerte más que otras veces, y por esto me temblaba el corazon y temia
-la muerte; y todas aquestas batallas que aquí he dicho donde me he
-hallado, verán en mi relacion en qué tiempo y cómo y cuándo y dónde
-y de qué manera otras muchas entradas y rencuentros tuvo Cortés y
-muchos de nuestros capitanes, sin estos que aquí tengo dichos que no
-me hallé yo en ellos, porque eran de cada dia tantos, que aunque fuera
-de hierro mi cuerpo, no lo pudiera sufrir, en especial que siempre
-andaba herido y pocas veces estaba sano, y á esta causa no podia ir á
-todas las entradas; pues aun no han sido nada los trabajos y peligros y
-rencuentros de muerte que de mi persona he recontado, que despues que
-ganamos esta fuerte y gran ciudad pasé otros muchos, como adelante
-verán cuando venga á coyuntura.
-
-Y dejemos ya, y diré y declararé por qué he dicho en todas estas
-guerras mejicanas cuando nos mataron nuestros compañeros, digo
-lleváronlos, y no digo matáronlos, y la causa es esta: porque los
-guerreros que con nosotros peleaban, aunque pudieran matar luego á
-los que llevaban vivos de nuestros soldados, no los mataban luego,
-sino dábanles heridas peligrosas porque no se defendiesen, y vivos los
-llevaban á sacrificar á sus ídolos, y aun primero les hacian bailar
-delante de Huichilóbos, que era su ídolo de la guerra; y esta es la
-causa porque he dicho los llevaron.
-
-Y dejemos esta materia, y digamos lo que Cortés hizo despues de ganado
-Méjico.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVII.
-
-CÓMO MANDÓ CORTÉS ADOBAR LOS CAÑOS DE CHALPUTEPEQUE, É OTRAS MUCHAS
-COSAS.
-
-
-La primera cosa que mandó Cortés á Guatemuz fué que adobasen los caños
-del agua de Chalputepeque, segun y de la manera que solian estar ántes
-de la guerra, é que luego fuese el agua por sus caños á entrar en
-aquella ciudad de Méjico; é que luego con mucha diligencia limpiasen
-todas las calles de Méjico de todas aquellas cabezas y cuerpos de
-muertos, que todas las enterrasen, para que quedasen limpias y sin
-que hubiese hedor ninguno en toda aquella ciudad; y que todas las
-calzadas y puentes que las tuviesen tan bien aderezadas como de ántes
-estaban, y que los palacios y casas que las hiciesen nuevamente, y que
-dentro de dos meses se volviesen á vivir en ellas; y luego les señaló
-Cortés en qué parte habian de poblar, y la parte que habian de dejar
-desembarazada para en que poblásemos nosotros.
-
-Dejémonos agora destos mandados y de otros que ya no me acuerdo, y
-digamos cómo el Guatemuz y todos sus capitanes dijeron á nuestro
-capitan Cortés que muchos capitanes y soldados que andaban en los
-bergantines, y de los que andábamos en las calzadas batallando, les
-habiamos tomado muchas hijas y mujeres de algunos principales; que le
-pedian por merced que se las hiciese volver; y Cortés les respondió
-que serian muy malas de las haber de poder de los compañeros que las
-tenian, y puso alguna dificultad en ello; pero que las buscasen y
-trajesen ante él, é que veria si eran cristianas ó si querian volver
-á casa de sus padres y de sus maridos, y que luego se las mandaria
-dar; y dióles licencia para que las buscasen en todos tres reales,
-é un mandamiento para que el soldado que las tuviese luego se las
-diese si las indias se querian volver de buena voluntad con ellos; y
-andaban muchos principales en busca dellas de casa en casa, y eran tan
-solícitos, que las hallaron, y las más dellas no quisieron ir con sus
-padres ni madres ni maridos, sino estarse con los soldados con quien
-estaban, y otras se escondian, y otras decian que no querian volver á
-idolatrar, y aun algunas dellas estaban ya preñadas; y desta manera, no
-llevaron sino tres, que Cortés mandó expresamente que las diesen.
-
-Dejemos desto, y digamos que luego mandó hacer unas atarazanas y
-fortaleza en que estuviesen los bergantines, y nombró alcaide que
-estuviese en ellas, y paréceme que fué á Pedro de Albarado, hasta que
-vino de Castilla un Salazar que se decia de la Pedrada.
-
-Digamos de otra materia: cómo se recogió todo el oro y plata y joyas
-que se hubieron en Méjico, é fué muy poco, segun pareció, porque todo
-lo demás hubo fama que lo mandó echar Guatemuz en la laguna cuatro
-dias ántes que se prendiese; é que demás desto, que lo habian robado
-los tlascaltecas y los de Tezcuco y Guaxocingo y Cholula, y todos los
-demás de nuestros amigos que estaban en la guerra; y demás desto, que
-los que andaban en los bergantines robaron su parte; por manera que los
-oficiales del Rey decian y publicaban que Guatemuz lo tenia escondido,
-y Cortés holgaba dello de que no lo diese, por habello él todo para sí;
-é por estas causas acordaron de dar tormento á Guatemuz y al señor de
-Tacuba, que era su primo y gran privado; y ciertamente le pesó mucho á
-Cortés, porque á un señor como Guatemuz, Rey de tal tierra, que es tres
-veces más que Castilla, le atormentasen por codicia del oro, que ya
-habian hecho pesquisas sobre ello, y todos los mayordomos de Guatemuz
-decian que no habia más de lo que los oficiales del Rey tenian en su
-poder, y eran hasta trecientos y ochenta mil pesos de oro, porque ya
-lo habian fundido y hecho barras; y de allí se sacó el real quinto, é
-otro quinto para Cortés; y como los conquistadores que no estaban bien
-con Cortés vieron tan poco oro, y al tesorero Julian de Alderete le
-decian algunos dellos que tenian sospecha que por quedarse Cortés con
-el oro no querian que prendiesen al Guatemuz ni le diesen tormento; y
-porque no le achacasen algo á Cortés, y no lo podia excusar, consintió
-que le diesen tormento á Guatemuz, como al señor de Tacuba; y lo que
-confesaron fué, que cuatro dias ántes que le prendiesen lo echaron
-en la laguna, ansí el oro como los tiros y escopetas y ballestas, y
-otras muchas cosas de guerra que de nosotros tenian de cuando nos
-echaron de Méjico y cuando desbarataron agora á la postre á Cortés; y
-fueron adonde Guatemuz habia señalado, y entraron buenos nadadores y
-no hallaron cosa ninguna; y lo que yo vi, que fuimos con el Guatemuz á
-las casas donde solia vivir, y estaba una como alberca grande de agua
-honda, y de aquella alberca sacamos un sol de oro como el que nos
-hubo dado el gran Montezuma, y muchas joyas y piezas de poco valor,
-que eran del mismo Guatemuz; y el señor de Tacuba dijo que él tenia en
-unas casas suyas grandes, que estaban de Tacuba obra de cuatro leguas,
-ciertas cosas de oro, é que le llevasen allá é que diria dónde estaba
-soterrado y lo daria; y fué Pedro de Albarado y seis soldados con él,
-é yo fuí en su compañía; y cuando llegamos dijo que por morirse en el
-camino habia dicho aquello, é que lo matasen, que no tenia oro ni joyas
-ningunas; y ansí nos volvimos sin ello, y ansí se quedó, que no hubimos
-más oro que fundir; verdad es que la recámara del Montezuma, que
-despues poseyó el Guatemuz, no se habia llegado á muchas joyas y piezas
-de oro, que todo ello tomó para que con ello sirviésemos á su majestad;
-y porque habia muchas joyas de diversas hechuras y primas labores, y
-si me parase á escribir cada cosa y hechura dello por sí, seria y es
-gran prolijidad, lo dejaré de decir en esta relacion; mas dijeron allí
-muchas personas, é yo digo de verdad, que valía dos veces más que la
-que habia sacado para repartir el real quinto de su majestad; todo
-lo cual enviamos al Emperador nuestro señor con Alonso de Ávila, que
-en aquel tiempo vino de la isla de Santo Domingo, y con Antonio de
-Quiñones; lo cual diré adelante cómo y dónde, en qué manera y cuándo
-fueron.
-
-Y dejemos de hablar dello y volvamos á decir que en la laguna, donde
-decia Guatemuz que habia echado el oro, entré yo y otros soldados á
-zabullidas, y siempre sacábamos pecezuelos de poco precio, lo cual
-luego nos lo demandó Cortés y el tesorero Julian de Alderete; y ellos
-mismos fueron con nosotros adonde lo habiamos sacado, y llevaron
-consigo buenos nadadores, y sacaron obra de noventa ó cien pesos de
-sartalejos de cuentas y ánades y perrillos y pinjantes y collarejos y
-otras cosas de nonada, que ansí se puede decir, segun habia la fama en
-la laguna del oro que de ántes habia echado.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos cómo todos los capitanes y soldados
-estábamos algo pensativos de ver el poco oro que parecia y las
-partecillas que dello nos daban; y el padre fray Bartolomé de Olmedo,
-de la órden de la Merced, y Alonso de Ávila, que entónces habia vuelto
-de la isla de Santo Domingo de cuando le enviaron por procurador, y
-Pedro de Albarado y otros caballeros y capitanes, dijeron á Cortés que,
-pues que habia poco oro, que las partes que habian de caber á todos que
-las diesen y repartiesen á los que quedaron mancos y cojos y ciegos
-y tuertos y sordos, y á otros que se habian quemado con la pólvora,
-y á otros que estaban dolientes de dolor de costado, que á aquellos
-les diese todo el oro, y que para aquellos seria bien dárselo, é que
-todos los demás que estábamos sanos lo habriamos por bien; y si esto
-le dijeron á Cortés, fué sobre cosa pensada, creyendo que nos daria
-más que las partes que nos venian, porque habia mucha sospecha que lo
-tenian escondido todo; y lo que respondió fué, que veria las partes
-que cabian, é que visto, en todo pondria remedio; y como todos los
-capitanes y soldados queriamos ver lo que nos cabia de parte, dábamos
-priesa para que se echase la cuenta y se declarase á qué tantos pesos
-saliamos; y despues que lo hubieran tanteado, dijeron que cabian los de
-á caballo á cien pesos, y á los ballesteros y escopeteros y rodeleros
-que no se me acuerda bien; y de que aquellas partes nos señalaron,
-ningun soldado lo quiso tomar; y entónces murmuramos de Cortés y del
-tesorero Alderete, y el tesorero por descargarse decia que no podia
-haber más, porque Cortés sacaba otro quinto del monton, como el de
-su majestad, para él, y se pagaba de muchas costas de los caballos
-que se habian muerto, y tambien dejaban de meter en el monton otras
-muchas piezas que habiamos de enviar á su majestad; y que riñésemos
-con Cortés, y no con él: y como en todos tres reales habia soldados
-que habian sido amigos y paniaguados del Diego Velazquez, gobernador
-de Cuba, de los que habian pasado con Narvaez, que no estaban bien
-con Cortés, como vieron que no les daban las partes del oro que ellos
-quisieran, no lo quisieron recibir lo que les daban; y como Cortés
-estaba en Cuyoacan y posaba en unos grandes palacios que estaban
-blanqueados y encaladas las paredes, donde buenamente se podia
-escribir con carbon y con otras tintas, amanecian cada mañana escritos
-motes, unos en prosa y otros en versos, algo maliciosos, á manera como
-masepasquines é libelos; y unos decian que el sol y la luna y el cielo
-y estrellas y la mar y la tierra tienen sus cursos, é que si algunas
-veces salen más de la inclinacion para que fueron criados más de sus
-medidas, que vuelven á su ser, y que ansí habia de ser la ambicion de
-Cortés en el mandar; y otros decian que más conquistados nos traian
-que la misma conquista que dimos á Méjico, y que no nos nombrásemos
-conquistadores de Nueva-España, sino conquistados de Hernando Cortés;
-y otros decian que no bastaba tomar buena parte del oro como general,
-sino tomar parte de quinto como Rey, sin otros aprovechamientos que
-tenia; y otros decian:
-
-—«¡Oh, qué triste está el alma mia hasta que la parte vea!»
-
-Otros decian que Diego Velazquez gastó su hacienda é descubrió toda la
-costa hasta Pánuco, y la vino Cortés á gozar; y decian otras cosas como
-estas y aun decian palabras que no son para decir en esta relacion.
-
-Y como Cortés salia cada mañana y lo leia, y como estaban unas
-chanzonetas en prosa y otras en metro, y por muy gentil estilo y
-consonancia cada mote y copla á lo que iba inclinada y á la fin que
-tiraba su dicho, y no como yo aquí lo digo; y como Cortés era algo
-poeta, y se preciaba de dar respuestas inclinadas á loas de sus
-heróicos hechos, y deshaciendo los del Diego Velazquez y Grijalva y
-Narvaez, respondia tambien por buenos consonantes y muy á propósito en
-todo lo que escribia; y de cada dia iban más desvergonzados los metros,
-hasta que Cortés escribió:
-
-—«Pared blanca, papel de nécios.»
-
-Y amanecia más adelante:
-
-—«Y aun de sábios y verdades.»
-
-Y aun bien supo Cortés quién lo escribia, y fué un Fulano Tirado, amigo
-de Diego Velazquez, yerno que fué de Ramirez el viejo, que vivia en
-la Puebla, y un Villalóbos, que fué á Castilla, y otro que se decia
-Mansilla, y otros que ayudaban de buena para Cortés á los puntos que le
-tiraban; y de tal manera andaba la cosa, que fray Bartolomé de Olmedo
-le dijo á Cortés que no permitiese que aquello pasase adelante, sino
-que con cordura vedase que no escribiesen en la pared.
-
-Fué buen consejo, y mandó Cortés que no se atreviese ninguno á poner
-letreros ni perques de malicias; que castigaria á los desvergonzados
-que escribiesen con graves penas, y á fe que aprovechó.
-
-Dejemos desto, y digamos que, como habia muchas deudas entre nosotros,
-que debiamos de ballestas á cuarenta y á cincuenta pesos, y de una
-escopeta ciento, y de un caballo ochocientos, y mil, y á veces más,
-y una espada cincuenta, y desta manera eran tan caras las cosas que
-habiamos comprado; pues un cirujano que se llamaba maestre Juan, que
-curaba algunas malas heridas y se igualaba por la cura á excesivos
-precios, y tambien un médico que se decia Murcia, que era boticario
-y barbero, tambien curaba; y otras treinta trampas y zarrabusterías
-que debiamos, demandaban que les pagásemos de las partes que nos
-daban; y el remedio que Cortés dió fué, que puso dos personas de buena
-conciencia, que sabian de mercaderías, que apreciasen qué podian valer
-las mercaderías y cosas de las que habiamos tomado fiado, y que lo
-apreciasen; llamábanse los apreciadores el uno Santa Clara, persona
-muy honrada, y el otro se decia fulano de Llerena; y se mandó que todo
-aquello que aquellos apreciadores dijesen que valía cada cosa de las
-que nos habian vendido, y las curas que nos habian hecho los cirujanos,
-que pasasen por ello; é que si no teniamos dineros, que aguardasen por
-ello tiempo de dos años.
-
-Otra cosa tambien se hizo: que todo el oro que se fundió echaron tres
-quilates más de lo que tenia de ley, porque ayudasen á las pagas, y
-tambien porque en aquel tiempo habian venido mercaderes y navíos á
-la Villa-Rica, y creyendo que en echarle los tres quilates más, que
-ayudasen á la tierra y á los conquistadores; y no nos ayudó en cosa
-ninguna, ántes fué en nuestro perjuicio; porque los mercaderes, porque
-aquellos tres quilates saliesen á la cabal de sus ganancias, cargaban
-en las mercaderías y cosas que vendian cinco quilates, y ansí anduvo el
-oro de tres quilates tepuzque, que quiere decir en la lengua de indios
-cobre; y ansí agora tenemos aquel modo de hablar, que nombramos á
-algunas personas que son preeminentes y de merecimiento el señor don
-fulano de tal nombre, Juan ó Martin ó Alonso, y otras personas que
-no son de tanta calidad les decimos no más de su nombre, y por haber
-diferencia de los unos á los otros, decimos á fulano de tal nombre
-tepuzque.
-
-Volvamos á nuestra plática: que viendo que no era justo que el oro
-anduviese de aquella manera, se envió á hacer saber á su majestad para
-que se quitase y no anduviese en la Nueva-España; y su majestad fué
-servido de mandar que no anduviese más, é que todo lo que se le hubiese
-de pagar en almojarifazgo y penas de cámara que se le pagase de aquel
-oro malo hasta que se acabase y no hubiese memoria dello, y desta
-manera se llevó todo á Castilla.
-
-Y quiero decir que en aquella sazon que esto pasó ahorcaron dos
-plateros que falseaban las marcas y las echaban cobre puro.
-
-Mucho me he detenido en contar cosas viejas y salir fuera de mi
-relacion.
-
-Volvamos á ella, y diré que, como Cortés vió que muchos soldados se le
-desvergonzaban y le pedian más partes, y le decian que se lo tomaba
-todo para sí, y le pedian prestados dineros, acordó de quitar de sobre
-sí aquel dominio y de enviar á poblar á todas las provincias que le
-pareció que convenia que se poblasen.
-
-Á Gonzalo de Sandoval mandó que fuese á poblar á Tutepeque, é que
-castigase unas guarniciones mejicanas que mataron cuando salimos de
-Méjico sesenta personas, y entre ellas seis mujeres de Castilla que
-allí habian quedado de los de Narvaez; é que poblase á Medellin, é
-que pasase á Guacacualco é que poblase aquel puerto, y tambien mandó
-que fuese á conquistar la provincia de Pánuco; y á Rodrigo Rangel que
-se estuviese en la Villa-Rica, y en su compañía Pedro de Ircio; y á
-Juan Velazquez Chico mandó que fuese á Colima, y á un Villa-Fuerte á
-Zacatula, y Cristóbal de Olí que fuese á Mechoacan; ya en este tiempo
-se habia casado Cristóbal de Olí con una señora portuguesa, que se
-decia doña Filipa de Araujo; y envió á Francisco de Orozco á poblar á
-Guaxaca, porque en aquellos dias que habiamos ganado á Méjico, como lo
-supieron en todas estas provincias que he nombrado que Méjico estaba
-destruida, no lo podian creer los caciques y señores dellas, como
-estaban léjos, y enviaban principales á dar á Cortés el parabien de las
-vitorias, y á darse y ofrecerse por vasallos de su majestad, y á ver
-cosa tan temida como dellos fué Méjico si era verdad que estaba por el
-suelo; y todos traian grandes presentes de oro, que daban á Cortés, y
-aun traian consigo á sus hijos pequeños, y les mostraban á Méjico, y
-como solemos decir:
-
-—«Aquí fué Troya;» y se lo declaraban.
-
-Dejemos desto, y digamos una plática que es bien que se declare;
-porque me dicen muchos curiosos letores que ¿qué es la causa que los
-verdaderos conquistadores que ganamos la Nueva-España y la grande y
-fuerte ciudad de Méjico, por qué no nos quedamos en ella á poblar y
-nos veniamos á otras provincias? Tienen razon de lo preguntar; quiero
-decir la causa por qué, y es esto que diré.
-
-En los libros de la renta de Montezuma mirábamos de qué partes le
-traian el oro, y dónde habia minas y cacao y ropa de mantas; y de
-aquellas partes que veiamos en los libros que traian los tributos del
-oro para el gran Montezuma, queriamos ir allá, en especial viendo
-que salia de Méjico un capitan principal y amigo de Cortés, como era
-Sandoval; y tambien como viamos que en todos los pueblos de la redonda
-de Méjico no tenian minas de oro ni algodon ni cacao, sino mucho maíz
-y maqueyales, de donde sacaban el vino, y á esta causa la teniamos por
-tierra pobre, y nos fuimos á otras provincias á poblar, y en todas
-fuimos muy engañados.
-
-Acuérdome que fuí á hablar á Cortés que me diese licencia para que
-fuese con Sandoval, y me dijo:
-
-—«En mi conciencia, hermano Bernal Diaz del Castillo, que vivís
-engañado; que yo quisiera que quedárades aquí conmigo; mas si es
-vuestra voluntad ir con vuestro amigo Gonzalo de Sandoval, id en buena
-hora, é yo tendré siempre cuidado de lo que se os ofreciere, más bien
-sé que os arrepentireis por me dejar.»
-
-Volvamos á decir de las partes del oro, que todo se quedó en poder de
-los oficiales del Rey, por las esclavas que habiamos sacado en las
-almonedas.
-
-No quiero poner aquí por memoria qué tantos de á caballo ni
-ballesteros ni escopeteros ni soldados, ni en cuantos dias de tal mes
-despachó Cortés á los capitanes para que fuesen á poblar las provincias
-por mí arriba dichas, porque seria larga relacion; basta que digo pocos
-dias despues de ganado Méjico é preso Guatemuz, é de ahí á otros dos
-meses envió otro capitan á otras provincias.
-
-Dejemos ahora de hablar de Cortés, y diré que en aquel instante vino al
-puerto de la Villa-Rica, con dos navíos, un Cristóbal de Tapia, veedor
-de las fundaciones que se hacian en Santo Domingo, y otros decian
-que era alcaide de aquella fortaleza que está en la isla de Santo
-Domingo, y traia provisiones y cartas misivas de don Juan Rodriguez de
-Fonseca, Obispo de Búrgos é se nombraba arzobispo de Rosano, para que
-le diésemos la gobernacion de la Nueva-España al Tapia; é lo que sobre
-ello pasó diré adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLVIII.
-
-CÓMO LLEGÓ AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN CRISTÓBAL DE TAPIA QUE VENIA
-PARA SER GOBERNADOR.
-
-
-Pues como Cortés hubo despachado los capitanes y soldados por mí ya
-dichos á pacificar y poblar provincias, en aquella sazon vino un
-Cristóbal de Tapia, veedor de la isla de Santo Domingo, con provisiones
-de su majestad, guiadas y encaminadas por D. Juan Rodriguez de Fonseca,
-Obispo de Búrgos y Arzobispo de Rosano, porque ansí se llamaba, para
-que le admitiesen á la gobernacion de la Nueva-España; y demás de las
-provisiones, traia muchas cartas misivas del mismo Obispo para Cortés y
-para otros muchos conquistadores y capitanes de los que habian venido
-con Narvaez, para que favoreciesen al Cristóbal de Tapia; y demás
-de las cartas que traia cerradas y selladas del Obispo, traia otras
-en blanco para que el Tapia en la Nueva-España pusiese todo lo que
-quisiese y le pareciese, y en todas ellas traia grandes prometimientos
-que nos haria muchas mercedes si dábamos la gobernacion al Tapia, y
-por otra parte muchas amenazas, y decia que su majestad nos enviaria á
-castigar.
-
-Dejemos desto, que Tapia presentó sus provisiones en la Villa-Rica
-de la Veracruz delante de Gonzalo de Albarado, hermano de Pedro de
-Albarado, que estaba en aquella sazon por teniente de Cortés, porque
-un Rodrigo Rangel, que solia estar allí por alcalde mayor, no sé qué
-desatinos habia hecho cuando allí estaba, y le quitó Cortés el cargo;
-y presentadas las provisiones, el Gonzalo de Albarado las obedeció y
-puso sobre su cabeza como provisiones y mando de su rey y señor; é que
-en cuanto al cumplimiento, que se juntarian los alcaldes y regidores
-de aquella villa é que platicarian y verian cómo y de qué manera
-eran ganadas y habidas aquellas provisiones, é que todos juntos las
-obedecian, porque él solo era una persona, y tambien porque querian
-ver si su majestad era sabidor que tales provisiones enviasen; y
-esta respuesta no le cuadró bien al Tapia, y aconsejáronle que se
-fuese luego á Méjico, adonde estaban Cortés con todos los capitanes
-y soldados, y que allá las obedecerian; y demás de presentar las
-provisiones, como dicho tengo, escribió á Cortés de la manera que venia
-por gobernador; y como Cortés era muy avisado, si muy buenas cartas
-le escribió el Tapia, y vió las ofertas y ofrecimientos del Obispo
-de Búrgos, y por otra parte las amenazas; si muy buenas palabras y
-muy llenas de cumplimientos él le escribió, otras muy mejores y más
-halagüeñas y blandosamente y amorosas y llenas de cumplimientos le
-escribió Cortés en respuesta; y luego Cortés rogó y mandó á ciertos de
-nuestros capitanes que se fuesen á ver con el Tapia, los cuales fueron
-Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval y Diego de Soto el de Toro y un
-Valdenebro y el capitan Andrés de Tapia, á los cuales envió á llamar
-por la posta que dejasen de poblar por entónces las provincias en que
-estaban, é que fuesen á la Villa-Rica, donde estaba el Cristóbal de
-Tapia, y con ellos mandó que fuese un fraile que se decia fray Pedro
-Melgarejo de Urraca.
-
-Ya que el Tapia iba camino de Méjico á se ver con Cortés, encontró con
-nuestros capitanes y con el fraile por mí nombrados, y con palabras
-y ofrecimientos que le hicieron, volvió del camino para un pueblo
-que se decia Cempoal, y allí le demandaron que mostrase otra vez las
-provisiones, y que verian cómo y de qué manera lo mandaba su majestad,
-y si venia en ellas su real firma ó era sabidor dello, é que los pechos
-por tierra las obedecerian en nombre de Hernando Cortés y de toda la
-Nueva-España, porque traian poder para ello; y el Tapia les tornó á
-notificar y mostrar las provisiones; y todos aquellos capitanes á
-una las obedecieron y pusieron sobre sus cabezas como provisiones de
-nuestro rey y señor, é que en cuanto al cumplimiento, que suplicaban
-dellas para ante el Emperador nuestro señor; y dijeron que no era
-sabidor dellas ni de cosa ninguna, é que el Cristóbal de Tapia no
-era suficiente para ser gobernador, é que el Obispo de Búrgos era
-contra todos los conquistadores que serviamos á su majestad, y andaba
-ordenando aquellas cosas sin dar verdadera relacion á su majestad, y
-por favorecer al Diego Velazquez, y al Tapia por casar con uno dellos
-á una doña Fulana de Fonseca, sobrina del mismo Obispo; y luego que
-el Tapia vió que no aprovechaban palabras ni provisiones ni cartas de
-ofertas ni otros cumplimientos, adoleció de enojo; y aquellos nuestros
-capitanes le escribian á Cortés todo lo que pasaba, y le avisaron
-que enviase tejuelos de oro y barras, é que con ellos amansaria la
-furia de Tapia; lo cual el oro vino por la posta, y le compraron unos
-negros y tres caballos y el un navío, y se volvió á embarcar en el otro
-navío y se fué á la isla de Santo Domingo, de donde habia salido; é
-cuando allá llegó, la audiencia real que en ella residia y los frailes
-jerónimos que estaban por gobernadores notaron muy bien su vuelta de
-aquella manera, y se enojaron con él porque ántes que saliese de la
-isla para ir á la Nueva-España le habian mandado expresamente que en
-aquella sazon no curase de venir, porque seria causa de quebrar el
-hilo y conquistas de Méjico, y no les quiso obedecer; ántes, con favor
-del Obispo de Búrgos, D. Juan Rodriguez de Fonseca, se resolvió; que
-no osaban hacer otra cosa los oidores sino lo que el Obispo de Búrgos
-mandaba, porque era presidente de Indias, porque su majestad estaba en
-aquella sazon en Flandes, que no habia venido á Castilla.
-
-Dejemos esto del Tapia, y digamos cómo luego envió Cortés á Pedro de
-Albarado á poblar á Tustepeque, que era tierra rica de oro.
-
-Y para que bien lo entiendan los que no saben los nombres destos
-pueblos, uno es Tutepeque, adonde fué Gonzalo de Sandoval, y otro
-es Tustepeque, adonde en esta sazon va Pedro de Albarado; y esto
-declaro porque no me culpen que digo que dos capitanes fueron á poblar
-una provincia de un nombre, y son dos provincias; y tambien habia
-enviado á poblar el rio de Pánuco, porque Cortés tuvo noticia que un
-Francisco de Garay hacia grande armada para venirla á poblar; porque,
-segun pareció, se lo habia dado su majestad al Garay por gobernacion
-y conquista, segun más largamente lo he dicho y declarado en los
-capítulos pasados cuando hablaba de todos los navíos que envió adelante
-Garay, que desbarataron los indios de la misma provincia de Pánuco, é
-hízolo Cortés porque si viniese el Garay la hallase por Cortés poblada.
-
-Dejemos desto, y digamos cómo Cortés envió otra vez á Rodrigo Rangel
-por teniente de Villa-Rica, y quitó al Gonzalo de Albarado, y le mandó
-que luego le enviase á Pánfilo de Narvaez donde estaba poblando Cortés
-en Cuyoacan, que aún no habia entrado á poblar á Méjico hasta que se
-edificasen todas las casas y palacio adonde habia de vivir; y envió por
-el Pánfilo de Narvaez porque, segun le dijeron, que cuando el Cristóbal
-de Tapia llegó á la Villa-Rica con las provisiones que dicho tengo, el
-Narvaez habló con él y en pocas palabras le dijo:
-
-—«Señor Tapia, paréceme que tan buen recaudo traeis y tal le llevaréis
-como yo; mirad en lo que yo he parado trayendo tan buena armada, y
-mirad por vuestra persona, no os maten, y no os cureis de perder
-tiempo; que la ventura de Cortés é sus soldados no es acabada; entended
-en que os dén algun oro por esas cosas que traeis, é idos á Castilla
-ante su majestad, que allá no faltará quien os ayude, y diréis lo que
-pasa, en especial teniendo, como teneis, al señor Obispo de Búrgos; y
-esto es mejor consejo.»
-
-Dejémonos desta plática y diré cómo Narvaez fué su camino á Méjico, y
-vió aquellas grandes ciudades y poblaciones; y cuando llegó á Tezcuco
-se admiró, y cuando vió á Cuyoacan, mucho más, y desque vió la gran
-laguna y ciudades que en ella están pobladas, y despues la gran ciudad
-de Méjico, y como Cortés supo que venia, le mandó hacer mucha honra;
-y llegado ante él, se hincó de rodillas y le fué á besar las manos,
-y Cortés no lo consintió y le hizo levantar, y le abrazó y le mostró
-mucho amor, y le hizo asentar cabe sí, y entónces el Narvaez le habló y
-le dijo:
-
-—«Señor capitan, agora digo de verdad que la menor cosa que hizo
-vuestra merced y sus valerosos soldados en esta Nueva-España fué
-desbaratarme á mí y prenderme, y aunque trajera mayor poder del que
-traje, pues he visto tantas ciudades y tierras que ha domado y sujetado
-al servicio de Dios nuestro Señor y del Emperador Cárlos V; y puédese
-vuestra merced alabar y tener en tanta estima, que yo ansí lo digo, y
-dirán todos los capitanes muy nombrados que el dia de hoy son vivos,
-que en el universo se puede anteponer á los muy afamados é ilustres
-varones que ha habido; y otra tan fuerte ciudad como Méjico no la
-hay; y vuestra merced y sus muy esforzados soldados son dignos que su
-majestad les haga muy crecidas mercedes.»
-
-Y le dijo otras muchas alabanzas; y Cortés le respondió que nosotros
-no éramos bastantes para hacer lo que estaba hecho, sino la gran
-misericordia de Dios nuestro Señor, que siempre nos ayudaba, y la buena
-ventura de nuestro gran César.
-
-Dejémonos desta plática y de las ofertas que hizo Narvaez á Cortés
-que le seria servidor, y diré cómo en aquella sazon se pasó Cortés á
-poblar la insigne y gran ciudad de Méjico, y repartió solares para las
-iglesias y monasterios y casas reales y plazas, y á todos los vecinos
-les dió solares; y por no gastar más tiempo en escribir segun y de la
-manera que agora está poblada, que, segun dicen muchas personas que se
-han hallado en muchas partes de la cristiandad, otra más populosa y
-mayor ciudad y de mejores casas y muy bien pobladas no se ha visto.
-
-Pues estando dando la órden que dicho tengo, al mejor tiempo que
-estaba Cortés algo descansando, le vinieron cartas del Pánuco que toda
-la provincia estaba levantada é puesta en armas, y que era gente muy
-belicosa y de muchos guerreros, porque habian muerto muchos soldados
-que habia enviado Cortés á poblar, y que con brevedad enviase el mayor
-socorro que pudiese; y luego acordó Cortés de ir él mismo en persona,
-porque todos los capitanes habian ido á sus conquistas; y llevó todos
-los más soldados que pudo y hombres de á caballo y ballesteros y
-escopeteros, porque ya habian llegado á Méjico muchas personas de las
-que el veedor Tapia traia consigo, y otros que allí estaban de los de
-Lúcas Vazquez de Aillon, que habian ido con él á la Florida, y otros
-que habian venido de las islas en aquel tiempo; y dejando en Méjico
-buen recaudo, y por capitan dél á Diego de Soto, natural de Toro,
-salió Cortés de Méjico; y en aquella sazon no habia herraje, sino muy
-poco, para los muchos caballos que llevaba, porque pasaban de ciento y
-treinta de á caballo y ducientos y cincuenta soldados, y contados entre
-los ballesteros y escopeteros y de á caballo, y tambien llevó diez mil
-mejicanos; y en aquella sazon ya habia vuelto de Mechoacan Cristóbal
-de Olí, porque dejó aquella provincia de paz y trajo consigo muchos
-caciques y al hijo del cacique Conci, que ansí se llamaba, y era el
-mayor señor de todas aquellas provincias, y trajo mucho oro bajo, que
-lo tenian revuelto con plata y cobre; y gastó Cortés en aquella ida
-que fué á Pánuco mucha cantidad de pesos de oro, que despues demandaba
-á su majestad que le pagase aquella costa, y los oficiales de la real
-hacienda no se los quisieron recebir en cuenta ni le quisieron pagar
-cosa dello, porque respondieron que si habia hecho aquel gasto en la
-conquista de aquella provincia, que lo hizo por se apoderar della,
-porque Francisco de Garay, que venia por gobernador, no la hubiese,
-porque ya tenia noticia que venia de la isla de Jamáica con gran
-pujanza y armada.
-
-Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo Cortés llegó con todo
-su ejército á la provincia de Pánuco y los halló de guerra, y los
-envió á llamar de paz muchas veces, mas no quisieron venir; é tuvo
-con ellos en algunos dias muchos rencuentros de guerra y en dos
-batallas que le aguardaron le mataron tres soldados y le hirieron
-más de treinta, y mataron cuatro caballos y hubo muchos heridos, y
-murieron de los mejicanos sobre ciento, sin otros más de ducientos
-que quedaron heridos; porque fueron los guastecas, que ansí se llaman
-en aquellas provincias, sobre más de sesenta mil hombres guerreros
-cuando aguardaron á nuestro capitan Cortés; mas quiso nuestro Señor que
-fueron desbaratados, y todo el campo adonde fueron estas batallas quedó
-lleno de muertos y heridos de los naguatecas naturales de aquellas
-provincias; por manera que no se tornaron más á juntar por entónces
-para dar guerra; y Cortés estuvo ocho dias en un pueblo que estaba
-allí cerca, donde habian sido aquellas reñidas batallas, por causa
-de que se curasen los heridos y se enterrasen los muertos, y habia
-muchos bastimentos; y para tornarle á llamar de paz envió al Padre fray
-Bartolomé de Olmedo, y diez caciques, personas principales, de los
-que se habian prendido en aquellas batallas, y doña Marina y Jerónimo
-de Aguilar, que siempre Cortés los llevaba consigo; y el Padre fray
-Bartolomé de Olmedo les hizo un parlamento muy discreto, y les dijo
-que «¿cómo se podian defender todos los de aquellas provincias de no
-se dar por vasallos de su majestad, pues han visto y tenido nueva que
-con el poder de Méjico, siendo tan fuertes guerreros, estaba asolada
-la ciudad y puesta por el suelo? É que vengan luego de paz y no hayan
-miedo, é que lo pasado de las muertes, que Cortés, en nombre de su
-majestad, se lo perdonaria.»
-
-Y tales palabras les dijo el buen fray Bartolomé de Olmedo con amor, y
-otras llenas de amenazas, que, como estaban hostigados y habian visto
-muertos muchos de los suyos, y abrasados y asolados todos sus pueblos,
-vinieron de paz, y todos trajeron joyas de oro, aunque no de mucho
-precio, que presentaron á Cortés, y él con halagos y mucho amor les
-recibió de paz; y dende allí se fué Cortés con la mitad de sus soldados
-á un rio que se dice Chile, que está de la mar obra de cinco leguas,
-y volvió á enviar mensajeros á todos los pueblos de la otra parte del
-rio á llamalles de paz, y no quisieron venir; porque, como estaban
-encarnizados de los muchos soldados que habian muerto en obra de dos
-años que habian pasado de los capitanes que Garay envió á poblar aquel
-rio, como dicho tengo en el capítulo que dello habla, ansí creyeron
-que harian á nuestro Cortés; y como estaban entre grandes lagunas y
-rios y ciénagas, que es muy grande fortaleza para ellos; y la respuesta
-que dieron fué matar á los mensajeros que Cortés les habia enviado á
-hablar sobre las paces, y á estos de agora tuvieron presos ciertos
-dias, y estuvo Cortés aguardando para ver si podria acabar con ellos
-que mudasen su mal propósito; y como no vinieron, mandó buscar todas
-las canoas que en el rio pudo haber, y con ellas y unas barcas que
-se hicieron de madera de navíos viejos de los de Garay, y pasaron de
-noche de la otra parte del rio ciento y cincuenta soldados, y los más
-dellos ballesteros y escopeteros, y cincuenta de á caballo; y como los
-principales de aquellas provincias velaban sus pasos y rios, como los
-vieron, dejáronlos pasar, y estaban aguardando de la otra parte; y si
-muchos guastecas se habian juntado en las primeras batallas que dieron
-á Cortés, muchos más estaban juntos esta vez, y vienen como leones
-rabiosos á se encontrar con los nuestros; y á los primeros encuentros
-mataron dos soldados é hirieron sobre treinta, y tambien mataron tres
-caballos é hirieron otros quince, y muchos mejicanos; más tal prisa
-les dieron los nuestros, que no pararon en el campo, é luego se fueron
-huyendo, y quedaron dellos muertos y heridos gran cantidad; y despues
-que pasó aquella batalla, los nuestros se fueron á dormir á un pueblo
-que estaba despoblado, que se habian huido los moradores dél, y con
-buenas velas, y escuchas, y rondas y corredores del campo estuvieron,
-y de cenar no les faltó; y cuando amaneció, andando por el pueblo,
-vieron estar en un cu é adoratorio de ídolos, colgados muchos vestidos
-y caras de soldados, adobadas como cueros de guantes, y con sus barbas
-y cabellos, que eran de los soldados que habian muerto á los capitanes
-que habia enviado Garay á poblar el rio de Pánuco, y muchas dellas
-fueron conocidas de otros soldados, que decian que eran sus amigos, y
-á todos se les quebró los corazones de lástima de las ver de aquella
-manera, y luego las quitaron de donde estaban y las llevaron para
-enterrar; y desde aquel pueblo se pasaron á otro lugar, y como conocian
-que toda la gente de aquella provincia era muy belicosa, siempre
-iban muy recatados y puestos en ordenanza para pelear, no les tomase
-descuidados y desapercibidos; y los descubridores de todo aquel campo
-dieron con unos grandes escuadrones de indios que estaban en celadas,
-para que cuando estuviesen los nuestros en las casas apeados dar en los
-caballos y en ellos; y como fueron sentidos, no tuvieron lugar de hacer
-todo lo que querian; más todavía salieron muy denodadamente y pelearon
-con los nuestros como valientes guerreros, y estuvieron más de media
-hora que los de á caballo y los escopeteros no les podian hacer retraer
-ni apartar de sí, y mataron dos caballos y hirieron otros siete, y
-tambien hirieron quince soldados y murieron tres de las heridas.
-
-Una cosa tenian estos indios: que ya que los llevaban de vencida,
-se tornaban á rehacer, y aguardaron tres veces en la pelea, lo cual
-pocas veces se ha visto acaecer entre estas gentes; y viendo que los
-nuestros les herian y mataban, se acogieron á un rio caudaloso é
-corriente, y los de á caballo y peones sueltos fueron en pos dellos
-é hirieron muchos; é otro dia acordaron de correrles el campo é ir
-á otros pueblos que estaban despoblados, y en ellos hallaron muchas
-tinajas de vino de la tierra puestas en unos soterraños á manera de
-bodegas; y estuvieron en estas poblaciones cinco dias corriéndoles las
-tierras, y como todo estaba sin gentes y despoblados, se volvieron al
-rio de Chile; y Cortés tornó luego á enviar á llamar de paz á todos los
-mismos pueblos que estaban de guerra en aquella parte del rio, y como
-les habian muerto mucha gente, temieron que volverian otra vez sobre
-ellos, y á esta causa enviaron á decir que vendrian de ahí á cuatro
-dias, que buscaban joyas de oro para le presentar; y Cortés aguardó
-todos los cuatro dias que habian dicho que vendrian, y no vinieron
-por entónces; y luego mandó á un pueblo muy grande que estaba cabe
-una laguna, que era muy fuerte por sus ciénagas y rio, que de noche
-obscuro y medio lloviznando, que en muchas canoas que luego mandó
-buscar, atadas de dos en dos, y otras sueltas, y en barcas bien hechas,
-pasasen aquella laguna á una parte del pueblo en parte y paraje que no
-fuesen vistos ni sentidos de los de aquella poblacion, y pasaron muchos
-amigos mejicanos, y sin ser vistos, dan en el pueblo, el cual pueblo
-destruyeron, y hubo muy gran despojo y estrago en él; allí cargaron
-los amigos de todas las haciendas de los naturales que dél tenian; y
-desque aquello vieron, todos los más pueblos comarcanos dende á cinco
-dias acordaron de venir de paz, excepto otras poblaciones que estaban
-muy á trasmano, que los nuestros no pudieron ir á ellos en aquella
-sazon; y por no me detener en gastar más palabras en esta relacion de
-muchas cosas que pasaron, las dejaré de decir, sino que entónces pobló
-Cortés una villa con ciento y treinta vecinos, y entre ellos dejó
-veinte y siete de á caballo y treinta y seis escopeteros y ballesteros,
-por manera que todos fueron los ciento y treinta; llamábase esta villa
-Sant-Estéban del Puerto, y está obra de una legua de Chile; y en los
-vecinos que en aquella villa poblaron repartió y dió por encomienda
-todos los pueblos que habian venido de paz, y dejó por capitan dellos
-y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando en aquella villa de
-partida para Méjico, supo por cosa muy cierta que tres pueblos que
-fueron cabeceras para la rebelion de aquella provincia, y fueron en
-la muerte de muchos españoles, andaban de nuevo, despues de haber ya
-dado la obediencia á su majestad y haber venido de paz, convocando y
-atrayendo á los demás pueblos sus comarcanos, y decian que despues que
-Cortés se fuese á Méjico con los de á caballo y soldados, que á los que
-quedaban poblados que diesen un dia ó noche en ellos y que tendrian
-buenas hartazgas con ellos; y sabida por Cortés la verdad muy de raíz,
-les mandó quemar las casas; mas luego se tornaron á poblar.
-
-Digamos que Cortés habia mandado ántes que partiese de Méjico para ir
-á aquella entrada, que dende la Veracruz le enviasen un barco cargado
-de vino y vituallas y conservas y bizcocho y herraje, porque en aquella
-sazon no habia trigo en Méjico para hacer pan; é yendo que iba el barco
-su viaje á la derrota de Pánuco, cargado de lo que fué mandado, parece
-ser que hubo muy recios Nortes y dió con él en parte que se perdió,
-que no se salvaron sino tres personas, que aportaron en unas tablas á
-una isleta donde habia unos muy grandes arenales, seria tres ó cuatro
-leguas de tierra, donde habia muchos lobos marinos, que salian de
-noche á dormir á los arenales, y mataron de los lobos, y con lumbre
-que sacaron con unos palillos como la sacan en todas las Indias las
-personas que saben cómo se ha de sacar, tuvieron lugar de asar la carne
-de los lobos, y cavaron en mitad de la isla é hicieron unos como pozos
-y sacaron agua algo salobre, y tambien habia una fruta que parecian
-higos, y con la carne de los lobos marinos y la fruta y agua salobre
-se mantuvieron más de dos meses; y como aguardaban en la villa de
-Sant-Estéban el refresco y bastimento y herraje, escribió Cortés á sus
-mayordomos á Méjico que cómo no enviaban el refresco; y cuando vieron
-la carta de Cortés, tuvieron por muy cierto que se habia perdido el
-barco, y enviaron luego los mayordomos de Cortés un navío chico de poco
-porte en busca del barco que se perdió, y quiso Dios que se toparon en
-la isleta donde estaban los tres españoles de los que se perdieron, con
-ahumadas que hacian de noche é de dia, é desque vieron el barco, se
-alegraron, y embarcados, vinieron á la villa, y llamábase el uno dellos
-Fulano Celiano, vecino que fué de Méjico.
-
-Dejémonos desto, y digamos, como en aquella sazon nuestro capitan
-Cortés se venia ya para Méjico, tuvo noticia que en unos pueblos
-que estaban en unas sierras que eran muy agras se habian rebelado y
-hacian grande guerra á otros pueblos que estaban de paz, y acordó de
-ir allá ántes que entrase en Méjico; é yendo por su camino, los de
-aquella provincia lo supieron é aguardaron en un paso malo, y dieron
-en la rezaga del fardaje y le mataron ciertos tamemes y robaron lo que
-llevaban; y como era el camino malo, por defender el fardaje los de á
-caballos que los iban á socorrer reventaron dos caballos; y llegados
-á las poblaciones, muy bien se lo pagaron; que, como iban muchos
-mejicanos nuestros amigos, por se vengar de lo que les robaron en el
-puerto y camino malo, como dicho tengo, mataron y cautivaron muchos
-indios, y aun el cacique y su capitan murieron ahorcados despues que
-hubieron vuelto lo que habian robado; y esto hecho, Cortés mandó á los
-mejicanos que no hiciesen más daño, y luego envió á llamar de paz á
-todos los principales y papas de aquella poblacion, los cuales vinieron
-y dieron la obediencia á su majestad; y el cacicazgo mandó que lo
-tuviese un hermano del cacique que habian ahorcado, y los dejó en sus
-casas pacíficos y muy bien castigados, y entónces se volvió á Méjico.
-
-Y ántes que pase adelante, quiero decir que en todas las provincias
-de la Nueva-España otra gente más sucia y mala y de peores costumbres
-no la hubo como esta de la provincia de Pánuco, y sacrificadores y
-crueles en demasía, y borrachos y sucios y malos, y tenian otras
-treinta torpezas; y si miramos en ello, fueron castigados á fuego y á
-sangre dos ó tres veces, y otros mayores males les vino en tener por
-gobernador á Nuño de Guzman, que desque le dieron la gobernacion, los
-hizo casi á todos esclavos y los envió á vender á las islas, segun más
-largamente lo diré en su tiempo y lugar.
-
-Volvamos á nuestra relacion, y diré, despues que Cortés volvió á
-Méjico, en lo que entendió é hizo.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLIX.
-
-CÓMO CORTÉS Y TODOS LOS OFICIALES DEL REY ACORDARON DE ENVIAR Á SU
-MAJESTAD TODO EL ORO QUE LE HABIA CABIDO DE SU REAL QUINTO DE TODOS LOS
-DESPOJOS DE MÉJICO, Y CÓMO SE ENVIÓ DE POR SÍ LA RECÁMARA DEL ORO Y
-TODAS LAS JOYAS QUE FUERON DE MONTEZUMA Y DE GUATEMUZ, Y LO QUE SOBRE
-ELLO ACAECIÓ.
-
-
-Como Cortés volvió á Méjico de la entrada de Pánuco, anduvo entendiendo
-en la poblacion y edificacion de aquella ciudad; y viendo que Alonso
-de Ávila, ya otra vez por mí nombrado en los capítulos pasados, habia
-vuelto en aquella sazon de la isla de Santo Domingo, y trajo recaudo
-de lo que le habian enviado á negociar con la audiencia Real é Frailes
-Jerónimos que estaban por gobernadores de todas las islas, é los
-recaudos que entónces trajo fué, que nos daban licencia para poder
-conquistar toda la Nueva-España y herrar los esclavos, segun y de la
-manera que llevaron en una relacion, y repartir y encomendar los indios
-como en las islas Española é Cuba é Jamáica se tenia por costumbre;
-y esta licencia que dieron fué hasta en tanto que su majestad fuese
-sabidor dello, ó fuese servido mandar otra cosa; de lo cual luego le
-hicieron relacion los mismos Frailes Jerónimos, y enviaron un navío
-por la posta á Castilla, y entónces su majestad estaba en Flandes, que
-era mancebo, y allá supo los recaudos que los Frailes Jerónimos le
-enviaban; porque al Obispo de Búrgos, puesto que estaba por presidente
-de Indias, como conocian dél que nos era muy contrario, no le daban
-cuenta dello ni trataban con él otras muchas cosas de importancia,
-porque estaban muy mal con sus cosas.
-
-Dejemos esto del Obispo, y volvamos á decir que, como Cortés tenia
-á Alonso de Ávila por hombre atrevido y no estaba muy bien con él,
-siempre le queria tener muy léjos de sí, porque verdaderamente si
-cuando vino el Cristóbal de Tapia con las provisiones el Alonso de
-Ávila se hallara en Méjico, porque entónces estaba en la isla de
-Santo Domingo, y como el Alonso de Ávila era servidor del Obispo de
-Búrgos é habia sido su criado, y le traian cartas para él, fuera gran
-contraditor de Cortés y de sus cosas, y á esta causa siempre procuraba
-Cortés de tenello apartado de su persona; y cuando vino deste viaje que
-dicho tengo, por consejo de fray Bartolomé de Olmedo, por le contentar
-y agradar, le encomendó en aquella sazon el pueblo de Guatitlan, y
-le dió ciertos pesos de oro, y con palabras y ofrecimientos y con el
-depósito del pueblo por mí nombrado, que es muy bueno y de mucha renta,
-le hizo tan su amigo y servidor, que le envió despues á Castilla, y
-juntamente con él á su capitan de la guarda, que se decia Antonio de
-Quiñones, los cuales fueron por procuradores de la Nueva-España y de
-Cortés.
-
-Y llevaron dos navíos, y en ellos ochenta y ocho mil castellanos en
-barras de oro; y llevaron la recámara que llamamos del gran Montezuma,
-que tenia en su poder Guatemuz, y fué un gran presente, en fin para
-nuestro gran César, porque fueron muchas joyas muy ricas y perlas
-tamañas algunas dellas como avellanas, y muchos chalchihuies, que
-son piedras finas como esmeraldas, y por ser tantas y no me detener
-en escribirlas, lo dejaré de decir y traer á la memoria; y tambien
-enviamos unos pedazos de huesos de gigantes que se hallaron en el cu é
-adoratorio en Cuyoacan, que era segun y de la manera de otros grandes
-zancarrones que nos dieron en Tlascala, los cuales habiamos enviado
-la primera vez, y eran muy grandes en demasía; y le llevaron tres
-tigres y otras cosas que ya no me acuerdo.
-
-Y por estos procuradores escribió el cabildo de Méjico á su majestad,
-y ansimismo todos los más conquistadores escribimos con el cabildo
-juntamente, é fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced,
-y el tesorero Julian de Alderete; y todos á una deciamos de los
-muchos y buenos é leales servicios que Cortés y todos nosotros los
-conquistadores le habiamos hecho y á la contina haciamos, y todo lo
-por nosotros sucedido desde que entramos á ganar la ciudad de Méjico,
-y cómo estaba descubierta la mar del Sur y se tenia por cierto que
-era cosa muy rica; y suplicamos á su majestad que nos enviase Obispos
-y religiosos de todas órdenes, que fuesen de buena vida y doctrina,
-para que nos ayudasen á plantar más por entero en estas partes nuestra
-santa fe católica, y le suplicamos todos á una que la gobernacion desta
-Nueva-España que le hiciese merced della á Cortés, pues tan bueno y
-leal servidor le era, y á todos nosotros los conquistadores nos hiciese
-merced para nosotros y para nuestros hijos que todos los oficios
-reales, en fin de tesorero, contador y fator, y escribanías públicas
-é fieles ejecutores y alcaidías de fortalezas, que no hiciese merced
-dellas á otras personas, sino que entre nosotros se nos quedase; y le
-suplicamos que no enviase letrados, porque en entrando en la tierra la
-pondrian revuelta con sus libros, é habria pleitos y disensiones.
-
-Y se le hizo saber lo de Cristóbal de Tapia, cómo venia guiado por don
-Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, y que no era suficiente
-para gobernar, y que se perdiera esta Nueva-España si él quedara por
-gobernador; y que tuviese por bien de saber claramente qué se habian
-hecho las cartas y relaciones que le habiamos escrito dando cuenta de
-todo lo que habia acaecido en esta Nueva-España, porque teniamos por
-muy cierto que el mismo Obispo no se les enviaba, y ántes le escribia
-al contrario de lo que pasaba, en favor de Diego Velazquez, su amigo,
-y de Cristóbal de Tapia, por casalle con una parienta suya que se decia
-doña Petronila de Fonseca; y cómo presentó ciertas provisiones que
-venian firmadas é guiadas por el dicho Obispo de Búrgos, y que todos
-estábamos los pechos por tierra para las obedecer, como se obedecieron;
-mas viendo que el Tapia no era hombre para guerra, ni tenia aquel ser
-ni cordura para ser gobernador, que suplicaron de todas las provisiones
-hasta informar á su Real persona de todo lo acaecido, como agora le
-informamos, y le haciamos sabidor como sus leales vasallos, é somos
-obligados á nuestro Rey y señor; y que agora, que de lo que más fuere
-servido mandar, que aquí estamos los pechos por tierra para cumplir
-su Real mando; y tambien le suplicamos que fuese servido de enviar á
-mandar al Obispo de Búrgos que no se entremetiese en cosas ningunas
-de Cortés ni de todos nosotros, porque seria quebrar el hilo á muchas
-cosas de conquistas que en esta Nueva-España nosotros entendiamos, y en
-pacificar provincias, porque habia mandado el mismo Obispo de Búrgos
-á los oficiales que estaban en la casa de la contratacion de Sevilla,
-que se decian Pedro de Ilasaga y Juan Lopez de Recalte, que no dejasen
-pasar ningun recaudo de armas ni soldados ni favor para Cortés ni para
-los soldados que con él estaban.
-
-Y tambien se le hizo relacion cómo Cortés habia ido á pacificar la
-provincia de Pánuco y la dejó de paz, y las muy recias y fuertes
-batallas que con los naturales della tuvo, y cómo era gente muy
-belicosa y guerrera, y cómo habian muerto los de aquella provincia
-á los capitanes que habia enviado Francisco de Garay, y á todos sus
-soldados, por no se saber dar maña en las guerras; y que habia gastado
-Cortés en la entrada sobre sesenta mil pesos, y que los demandaba á los
-oficiales de su Real hacienda y no se los quisieron pagar.
-
-Tambien se le hizo sabidor cómo agora hacia el Garay una armada en la
-isla de Jamáica, y que venian á poblar el rio de Pánuco; y porque no le
-acaeciese como á sus capitanes, que se los mataron, que suplicábamos á
-su majestad que le enviase á mandar que no salga de la isla hasta que
-esté muy de paz aquella provincia, porque nosotros se la conquistaremos
-y se la entregaremos; porque si en aquella sazon viniese, viendo
-los naturales de aquestas tierras dos capitanes que manden, tendrán
-divisiones y levantamientos, especial los mejicanos; y escribiósele
-otras muchas cosas.
-
-Pues Cortés por su parte no se le quedó nada en el tintero, y aun de
-manera hizo relacion en su carta de todo lo acaecido, que fueron veinte
-y una plana; é porque yo las leí todas, é lo entendí muy bien, lo
-declaro aquí como dicho tengo.
-
-Y demás de esto, enviaba Cortés á suplicar á su majestad que le diese
-licencia para ir á la isla de Cuba á prender al gobernador della,
-que se decia Diego Velazquez, para enviársele á Castilla, para que
-allá su majestad le mandase castigar; porque no le desbaratase más ni
-revolviese la Nueva-España, porque enviaba desde la isla de Cuba á
-mandar que matasen á Cortés.
-
-Dejémonos de las cartas, y digamos de su buen viaje que llevaron
-nuestros procuradores despues que partieron del puerto de la Veracruz,
-que fué en veinte dias del mes de Diciembre de 1522 años, y con
-buen viaje desembarcaron por la canal de Bahama, y en el camino se
-les soltaron dos tigres de los tres que llevaban, é hirieron á unos
-marineros; y acordaron de matar al que quedaba, porque era muy bravo y
-no se podian valer con él; y fueron su viaje hasta la isla que llaman
-de la Tercera; y como el Antonio de Quiñones era capitan y se preciaba
-de muy valiente y enamorado, parece ser que se revolvió en aquella
-isla con una mujer é hubo sobre ella cierta quistion, y diéronle una
-cuchillada en la cabeza, de que al cabo de algunos dias murió, y quedó
-solo Alonso de Ávila por capitan.
-
-É ya que iba el Alonso de Ávila con los dos navíos camino de España, no
-muy léjos de aquella isla topa con ellos Juan Florin, frances corsario,
-y toma todo el oro y navíos, y prende al Alonso de Ávila y llévanle
-preso á Francia.
-
-Y tambien en aquella sazon robó el Juan Florin otro navío que venia
-de la isla de Santo Domingo, y le tomó sobre veinte mil pesos de oro
-y muy gran cantidad de perlas y azúcar y cueros de vacas, y con todo
-esto se volvió á Francia muy rico, é hizo grandes presentes á su Rey
-é al almirante de Francia de las cosas é piezas de oro que llevaba de
-la Nueva-España, que toda Francia estaba maravillada de las riquezas
-que enviábamos á nuestro gran Emperador, y aun el mesmo Rey de Francia
-le tomaba codicia de tener parte en las islas de la Nueva-España; y
-entónces es cuando dijo que solamente con el oro que le iba á nuestro
-César destas tierras le podia dar guerra á su Francia; y aun en aquella
-sazon no era ganado ni habia nueva del Perú, sino, como dicho tengo,
-lo de la Nueva-España y las islas de Santo Domingo y San Juan y Cuba
-y Jamáica.
-
-Y entónces dice que dijo el Rey de Francia, ó se lo envió á decir á
-nuestro gran Emperador, que, ¿cómo habian partido entre él y el Rey de
-Portugal el mundo, sin darle parte á él? Que mostrasen el testamento
-de nuestro padre Adan, si les dejó á ellos solamente por herederos y
-señores de aquellas tierras que habian tomado entre ellos dos, sin
-dalle á él ninguna dellas, é que por esta causa era lícito robar y
-tomar todo lo que pudiese por la mar; y luego tornó á mandar á Juan
-Florin que volviese con otra armada á buscar la vida por la mar; y de
-aquel viaje que volvió, ya que llevaba otra gran presa de todas ropas
-entre Castilla y las islas de Canaria, dió con tres ó cuatro navíos
-recios y de armada, vizcainos, y los unos por una parte y los otros
-por otra embisten con el Juan Florin, y le rompen y desbaratan, y
-préndenle á él y á otros muchos franceses, y les tomaron sus navíos y
-ropa, y á Juan Florin y á otros capitanes llevaron presos á Sevilla
-á la casa de la contratacion, y los enviaron presos á su majestad; y
-despues que lo supo, mandó que en el camino hiciesen justicia dellos,
-y en el puerto del Pico los ahorcaron; y en esto paró nuestro oro y
-capitanes que lo llevaban, y el Juan Florin que lo robó.
-
-Pues volvamos á nuestra relacion, y es, que llevaron á Francia preso
-á Alonso de Ávila, y le metieron en una fortaleza, creyendo haber dél
-gran rescate, porque, como llevaba tanto oro á su cargo, guardábanle
-bien; y el Alonso de Ávila tuvo tales maneras y concierto con el
-caballero frances que lo tenia á cargo ó le tenia por prisionero,
-que para que en Castilla supiesen de la manera que estaba preso y le
-viniesen á rescatar, dijo que fuesen por la posta todas las cartas y
-poderes que llevaba de la Nueva-España, y que todas se diesen en la
-córte de su majestad al licenciado Nuñez, primo de Cortés, que era
-relator del Real Consejo, ó á Martin Cortés, padre del mismo Cortés,
-que vivia en Medellin, ó á Diego de Ordás, que estaba en la córte; y
-fueron á todo buen recaudo, que las hubieron á su poder, y luego las
-despacharon para Flandes á su majestad, porque al Obispo de Búrgos no
-le dieron cuenta ni relacion dello, y todavía lo alcanzó á saber el
-Obispo de Búrgos, y dijo que se holgaba que se hubiese perdido y robado
-todo el oro.
-
-Dejemos al Obispo, y vamos á su majestad, que, como luego lo supo,
-dijeron, quien lo vió y entendió, que hubo algun sentimiento de la
-pérdida del oro, y de otra parte se alegró viendo que tanta riqueza le
-enviaban, é que sintiese el Rey de Francia que con aquellos presentes
-que le enviábamos que le podria dar guerra; y luego envió á mandar al
-Obispo de Búrgos que en lo que tocaba á Cortés é á la Nueva-España,
-que en todo le diese favor y ayuda, y que presto vendria á Castilla
-y entenderia en ver la justicia de los pleitos y contiendas de Diego
-Velazquez y Cortés.
-
-Y dejemos esto y digamos luego cómo supimos en la Nueva-España la
-pérdida del oro y riquezas de la recámara y prision de Alonso de Ávila,
-y todo lo demás aquí por mí memorado, y tuvimos dello gran sentimiento,
-y luego Cortés con brevedad procuró de haber é llegar todo el más oro
-que pudo recoger, y de hacer un tiro de oro bajo y de plata de lo que
-habian traido de Mechoacan, para enviar á su majestad, y llamóse el
-tiro Fénix.
-
-Y tambien quiero decir que siempre estuvo el pueblo de Guatitlan, que
-dió Cortés á Alonso de Ávila, por el mismo Alonso de Ávila, porque en
-aquella sazon no le tuvo su hermano Gil Gonzalez de Benavides, hasta
-más de tres años adelante, que el Gil Gonzalez vino de la isla de Cuba,
-é ya el Alonso de Ávila estaba suelto de la prision de Francia y habia
-venido á Yucatan por contador; y entónces dió poder al hermano para que
-se sirviese dél, porque jamás se le quiso traspasar.
-
-Dejémonos de cuentos viejos, que no hacen á nuestra relacion, y digamos
-todo lo que acaeció á Gonzalo de Sandoval y á los demás capitanes que
-Cortés habia enviado á poblar las provincias por mí ya nombradas, y
-entre tanto acabó Cortés de mandar forjar el tiro é allegar el oro para
-enviar á su majestad.
-
-Bien sé que dirán algunos curiosos letores que por qué, cuando envió
-Cortés á Pedro de Albarado y á Gonzalo de Sandoval y los demás
-capitanes á las conquistas y pacificaciones ya por mí nombradas, no
-concluí con ellos en esta mi relacion lo que habian hecho en ellas, y
-en lo que en las jornadas á cada uno ha acaecido, y lo vuelvo ahora
-á recitar, que es volver muy atrás de nuestra relacion; y las causas
-que agora doy á ello es que, como iban camino de sus provincias á las
-conquistas, y en aquel instante llegó al puerto de la Villa-Rica el
-Cristóbal de Tapia, otras muchas veces por mí nombrado, que venia para
-ser gobernador de la Nueva-España; y para consultar Cortés lo que sobre
-el caso se podria hacer, é tener ayuda y favor dellos, como Pedro de
-Albarado é Gonzalo de Sandoval eran tan experimentados capitanes y
-de buenos consejos, envió por la posta á los llamar, y dejaron sus
-conquistas é pacificaciones suspensas, é como he dicho, vinieron al
-negocio de Cristóbal de Tapia, que era más importante para el servicio
-de su majestad, porque se tuvo por cierto que si el Tapia se quedara
-para gobernar, que la Nueva-España y Méjico se levantaran otra vez; y
-en aquel instante tambien vino Cristóbal de Olí de Mechoacan, como era
-cerca de Méjico, y la halló de paz, y le dieron mucho oro y plata; y
-como era recien casado, y la mujer moza y hermosa, apresuró su venida.
-
-Y luego, tras esto de Tapia, aconteció el levantamiento de Pánuco, y
-fué Cortés á lo pacificar, como dicho tengo en el capítulo que dello
-habla, y tambien para escribir á su majestad, como escribimos, y enviar
-el oro y dar poder á nuestros capitanes y procuradores por mí ya
-nombrados; y por estos estorbos, que fueron los unos tras los otros, lo
-torno aquí á traer á la memoria, y es desta manera que diré.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLX.
-
-CÓMO GONZALO DE SANDOVAL LLEGÓ CON SU EJÉRCITO Á UN PUEBLO QUE SE DICE
-TUSTEPEQUE, Y LO QUE ALLÍ HIZO, Y DESPUES PASÓ Á GUACACUALCO, Y TODO LO
-MÁS QUE LE AVINO.
-
-
-Llegado Gonzalo de Sandoval á un pueblo que se dice Tustepeque, toda
-la provincia le vino de paz, excepto unos capitanes mejicanos que
-fueron en la muerte de sesenta españoles y mujeres de Castilla que
-se habian quedado malos en aquel pueblo cuando vino Narvaez, y era
-en el tiempo que en Méjico nos desbarataron; entónces los mataron en
-el mismo pueblo; é dende obra de dos meses que hubieron muerto los
-por mí dichos, porque entónces fuí con Sandoval, yo posé en una como
-torrecilla, que era adoratorio de ídolos, á donde se habian hecho
-fuertes cuando les daban guerra, y allí los cercaron, y de hambre y de
-sed y de heridas les acabaron las vidas; y digo que posé en aquella
-torrecilla á causa que habia en aquel pueblo de Tustepeque muchos
-mosquitos de dia, é como está muy alto é con el aire no habia tantos
-mosquitos como abajo, y tambien por estar cerca del aposento donde
-posaba el Sandoval.
-
-Y volviendo á nuestra plática, procuró el Sandoval de prender á los
-capitanes mejicanos que les dieron la guerra y les mataron los sesenta
-soldados que dicho tengo, y prendió el más principal dellos y hizo
-justicia, y por justicia lo mandó quemar; otros muchos habia juntamente
-con él que merecian pena de muerte, y disimuló con ellos, y aquel
-pagó por todos; y cuando fué hecho envió á llamar de paz unos pueblos
-zapotecas, que es otra provincia que estará obra de diez leguas de
-aquel pueblo de Tustepeque, y no quisieron venir, y envió á ellos para
-los traer de paz á un capitan que se decia Briones (otras muchas veces
-ya lo he nombrado), que fué capitan de bergantines y habia sido buen
-soldado en Italia, segun él decia, y le dió sobre cien soldados, y
-entre ellos treinta ballesteros y escopeteros y más de cien amigos de
-los pueblos que habian venido de paz; é yendo que iba el Briones con
-sus soldados y con buen concierto, pareció ser los zapotecas supieron
-que iba á sus pueblos, y échanle una celada en el camino, que le
-hicieron volver más que de paso rodando unas cuestas y laderas abajo,
-y le hirieron más de la tercia parte de los soldados que llevaba, é
-murió uno de las heridas, porque aquellas sierras donde están poblados
-aquellos zapotecas son tan agras y malas, que no pueden ir por ellas
-caballos, y los soldados habian de ir á pié por unas sendas muy
-angostas, por contadero, uno á uno siempre; hay neblinas y rocios y
-resbalaban en los caminos; y tienen por armas unas lanzas muy largas,
-mayores que las nuestras, con una braza de cuchilla de navajas de
-pedernal, que cortan más que nuestras espadas, é unas pavesinas, que se
-cubren con ellas todo el cuerpo, y mucha flecha y vara y piedra, y los
-naturales muy sueltos y cenceños á maravilla, y con un silbo ó voz que
-dan entre aquellas sierras resuena y retumba la voz por un buen rato,
-digamos ahora como ecos.
-
-Por manera que se volvió el capitan Briones con su gente herida, y aun
-él tambien trujo un flechazo; llámase aquel pueblo que le desbarató
-Tiltepeque; y despues que vino de paz el mismo pueblo, se dió en
-encomienda á un soldado que se dice Ojeda el tuerto, que ahora vive en
-la villa de San Ildefonso.
-
-Pues cuando el Briones volvió á dar cuenta al Sandoval de lo que le
-habia acaecido, y se lo contaba cómo eran grandes guerreros, y el
-Sandoval era de buena condicion, y el Briones se tenia por muy como
-valiente, y solia decir que en Italia habia muerto y herido y hendido
-cabezas y cuerpos de hombres, le decia el Sandoval:
-
-—«¿Parécele, señor capitan, que son estas tierras otras que las donde
-anduvo militando?»
-
-Y el Briones respondió medio enojado, y dijo que juraba á tal que más
-quisiera batallar contra tiros y grandes ejércitos de contrarios, así
-de turcos como de moros, que no con aquellos zapotecas, y daba razones
-para ello que parecia que cuadraban; y todavía el Sandoval le dijo que
-no quisiera haberle enviado, pues así fué desbaratado, que creyó que
-pusiera otras fuerzas como él se alababa que habia hecho en Italia,
-porque este Briones habia poco tiempo que vino de Castilla; y le dijo
-el Sandoval:
-
-—«¿Qué dirán ahora los zapotecas, que no somos tan varones como creian
-que éramos?»
-
-Dejemos de esta entrada, pues no aprovechó, ántes dañó, y digamos cómo
-el mismo Gonzalo de Sandoval envió á llamar de paz á otra provincia
-que se dice Xaltepeque, que tambien eran zapotecas, que confinan con
-otra provincia y pueblos, que se decian los minxes, gentes muy sueltas
-y guerreros, que tenian diferencias con los de Xaltepeque, que ahora,
-como digo, son los que enviaba á llamar, y vinieron de paz obra de
-veinte caciques y principales, y trajeron un presente de oro en grano,
-que entónces habian sacado de las minas en diez cañutillos y joyas de
-muchas hechuras, y traian vestidas aquellos principales unas ropas de
-algodon muy largas que les daban hasta los piés, con muchas labores
-en ellas labradas, y eran digamos ahora á la manera de albornoces
-moriscos; y como vinieron delante el Sandoval, con mucho acato se lo
-presentaron, y lo recibió con alegría, y les mandó dar cuentas de
-Castilla, y les hizo honra y halagos, y le mandaron al Sandoval que
-les diese algunos teules, que en su lengua así nos llamaban á los
-españoles, para ir juntamente con ellos contra los pueblos de los
-minxes, sus contrarios, que les daban guerra; y el Sandoval, como no
-tenia soldados en aquella sazon para les dar ayuda, como la demandaban,
-porque los que llevó el Briones estaban todos heridos, y otros habian
-adolecido, é cuatro muertos, por ser la tierra muy calurosa é doliente,
-con buenas palabras les dijo que él enviaria á Méjico á decir á
-Malinche, que así decian á Cortés, que les enviase muchos teules, é
-que se reportasen hasta que viniesen, y que entre tanto, que irian con
-ellos diez de sus compañeros para ver los pasos y tierra, para ir á
-dar guerra á sus contrarios los minxes; y esto no lo decia el Sandoval
-sino para que viésemos los pueblos y minas donde sacaban el oro que
-trajeron; y desta manera los despidió, excepto á tres dellos, que
-mandó que quedasen para ir con nosotros; y luego despachó para ir á ver
-los pueblos y minas, como he dicho, á un soldado que se decia Alonso
-del Castillo el de lo pensado; y me mandó el Sandoval que yo fuese con
-él, y otros seis soldados, y que mirásemos muy bien las minas y la
-manera de los pueblos.
-
-Quiero decir por qué se llamaba aquel capitan que iba con nosotros por
-caudillo Castillo el de lo pensado, y es por esta causa que diré.
-
-En la capitanía del Sandoval habia tres soldados que tenian por
-renombre Castillos: el uno dellos era muy galan, y preciábase dello
-en aquella sazon, que era yo, y á esta su causa me llamaban Castillo
-el Galan; los otros dos Castillos, el uno dellos era de tal calidad,
-que siempre estaba pensativo, y cuando hablaban con él se paraba mucho
-más á pensar lo que habia de decir, y cuando respondia ó hablaba era
-un descuido ó cosas que teniamos que reir, y por esto le llamábamos
-Castillo de los pensamientos; y el otro era Alonso del Castillo,
-que ahora iba con nosotros, que de repente decia cualquiera cosa, y
-respondia muy á propósito de lo que preguntaban, y se decia Castillo el
-de lo pensado.
-
-Dejemos de contar donaires, y volvamos á decir cómo fuimos á aquella
-provincia á ver las minas, y llevamos muchos indios de los de aquellos
-pueblos, y con unas como hechuras de bateas lavaron en tres rios
-delante de nosotros, y en todos tres sacaron oro, é hincheron cuatro
-cañutillos dello, que era cada uno del tamaño de un dedo de la mano, el
-de en medio, y eran poco ménos que cañones de patos de Castilla, y con
-aquella muestra de oro volvimos donde estaba el Gonzalo de Sandoval, y
-se holgó, creyendo que la tierra era rica; y luego entendió en hacer
-los repartimientos de aquellos pueblos y provincia á los vecinos que
-habian de quedar allí poblados; y tomó para sí unos pueblos que se
-dicen Guazpaltepeque, que en aquel tiempo era la mejor cosa que habia
-en aquella provincia muy cerca de las minas, y aun le dieron luego
-sobre quince mil pesos de oro, creyendo que tomaba una muy buena cosa;
-y la provincia de Xaltepeque, donde trajimos el oro, depositó en el
-capitan Luis Marin, que le daba un condado, y todos salieron muy
-malos repartimientos, así lo que tomó el Sandoval como lo que dió á
-Luis Marin, y aun á mí me mandaba quedar en aquella provincia, y me
-daba muy buenos indios y de mucha renta, que pluguiera á Dios que los
-tomara, que se dice Meldatan y Orizaba, donde está ahora el ingenio
-del Virey, y otro pueblo que se dice Ozotequipa, y no los quise, por
-parecerme que si no iba en compañía del Sandoval, teniéndole por amigo,
-que no hacia lo que convenia á la calidad de mi persona; y el Sandoval
-verdaderamente conoció mi voluntad, y por hallarme con él en las
-guerras, si las hubiese adelante, lo hice.
-
-Dejemos desto, y digamos que nombró á la villa que pobló Medellin,
-porque así le fué mandado por Cortés, porque el Cortés nació en
-Medellin de Extremadura; y era en aquella sazon el puerto un rio que
-se dice Chalchocueca, que es el que hubimos puesto por nombre rio de
-Banderas, donde se rescataron los diez y seis mil pesos; y por aquel
-rio venian las barcas con la mercadería que venia de Castilla hasta que
-se mudó á la Veracruz.
-
-Dejemos desto, é vamos camino de Guacacualco, que será de la villa de
-la Veracruz, que dejamos poblada, obra de sesenta leguas, y entramos en
-una provincia que se dice Citla, la más fresca y llena de bastimentos
-y bien poblada que habiamos visto, y luego vino de paz; y es aquella
-provincia que he dicho de doce leguas de largo y otras tantas de ancho,
-muy poblado todo.
-
-Y llegamos al gran rio de Guacacualco, y enviamos á llamar los caciques
-de aquellos pueblos, que era cabecera de aquellas provincias, y
-estuvieron tres dias que no vinieron ni enviaban respuesta; por lo
-cual creimos que estaban de guerra, y aun así lo tenian consultado,
-que no nos dejasen pasar el rio; y despues tomaron acuerdo de venir de
-ahí á cinco dias, y trajeron de comer y unas joyas de oro muy fino, y
-dijeron que cuando quisiésemos pasar, que ellos traerian muchas canoas
-grandes; y Sandoval se lo agradeció mucho, y tomó consejo con algunos
-de nosotros si nos atreveriamos á pasar todos juntos de una vez en
-todas las canoas; y lo que nos pareció y aconsejamos, que primero
-pasasen cuatro soldados y viesen la manera que habia en un pueblezuelo
-que estaba junto al rio, y que mirasen y procurasen de inquirir y saber
-si estaban de guerra, y ántes que pasásemos tuviésemos con nosotros el
-cacique mayor, que se dice Tochel; y así, fueron los cuatro soldados
-y vieron todo á lo que les enviábamos, y se volvieron con relacion á
-Sandoval como todo estaba de paz, y aun vino con ellos el hijo del
-mismo cacique Tochel, que así se decia, y trujo otro presente de oro,
-aunque no de mucha valía.
-
-Entónces le halagó el Sandoval, y le mandó que trujesen cien canoas
-atadas de dos en dos, y pasamos los caballos un dia despues de pascua
-de Espíritu Santo; y por acortar de palabras, volvamos en el pueblo
-que estaba junto al rio abajo, y pusímosle por nombre la villa del
-Espíritu Santo, é pusimos aquel sublimado nombre, lo uno, que en pascua
-de Espíritu Santo desbaratamos á Narvaez, y lo otro, porque aquel santo
-nombre fué nuestro apellido cuando le prendimos y desbaratamos, lo otro
-por pasar aquel rio aquel mismo dia, y porque todas aquellas tierras
-vinieron de paz sin dar guerra, y allí poblamos toda la flor de los
-caballeros y soldados que habiamos salido de Méjico á poblar con el
-Sandoval, y el mismo Sandoval, y Luis Marin, y un Diego de Godoy, y
-el capitan Francisco de Medin, y Francisco Marmolejo, y Francisco de
-Lugo, y Juan Lopez de Aguirre, y Hernando de Montes de Oca, y Juan
-de Salamanca, y Diego de Azamar, y un Mantilla, y otro soldado que se
-decia Mejía Rapapelo, y Alonso de Grado, y el licenciado Ledesma, y
-Luis de Bustamante, y Pedro Castellar, y el capitan Briones, é yo y
-otros muchos caballeros é personas de calidad, que si los hubiese aquí
-de nombrar á todos, es no acabar tan presto; mas tengan por cierto que
-soliamos salir á la plaza á un regocijo é alarde sobre ochenta de á
-caballo, que eran más entónces aquellos ochenta que ahora quinientos; y
-la causa es esta, que no habia caballos en la Nueva-España, sino pocos
-y caros, y no los alcanzaban á comprar sino cual ó cual.
-
-Dejemos desto, y diré cómo repartió Sandoval aquellas provincias y
-pueblos en nosotros, despues de las haber enviado á visitar é hacer la
-division de la tierra y ver las calidades de todas las poblaciones; y
-fueron las provincias que repartió lo que ahora diré.
-
-Primeramente á Guacacualco, Guazpaltepeque é Tepeca é Crinanta é los
-zapotecas; é de la otra parte del rio la provincia de Copilco é Cimatan
-y Tabasco y las sierras de Cachula, todos los zoqueschas, Tacheapa é
-Cinacantan é todos los quilenes, y Papanachasta; y estos pueblos que
-he dicho teniamos todos los vecinos que en aquella villa quedamos
-poblados en repartimiento, que valiera más que allí yo no me quedara,
-segun despues sucedió, la tierra pobre y muchos pleitos que trujimos
-con tres villas que despues se poblaron: la una fué la villa rica de
-la Veracruz, sobre Guazpaltepeque y Chinanta y Tepeca; la otra con
-la villa de Tabasco, sobre Cimatan y Copilco; la otra con Chiapa,
-sobre los quilenes y zoques; la otra con Santo Ildefonso, sobre los
-zapotecas; porque todas estas villas se poblaron despues que nosotros
-poblamos á Guacacualco, y á nos dejar todos los términos que teniamos,
-fuéramos ricos; y la causa porque se poblaron estas villas que he dicho
-fué, que envió á mandar su majestad que todos los pueblos de indios más
-cercanos y en comarca de cada villa le señaló términos; por manera que
-de todas partes nos cortaron las faldas, y nos quedamos en blanco, y
-á esta causa el tiempo andando, se fué despoblando Guacacualco; y con
-haber sido la mejor poblacion y de generosos conquistadores que hubo en
-la Nueva-España, es ahora una villa de pocos vecinos.
-
-Volvamos á nuestra relacion; y es, que estando Sandoval entendiendo en
-la poblacion de aquella villa y llamando otras provincias de paz, le
-vinieron cartas cómo habia entrado un navío en el rio de Aguayalco, que
-es puerto, aunque no bueno, que estaba de allí quince leguas, y en él
-venia de la isla de Cuba la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda,
-que así tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, y la traia un su
-hermano Juan Xuarez, el vecino que fué, el tiempo andando, de Méjico,
-y la Zambrana y sus hijos de Villegas, de Méjico, y sus hijas, y aun
-la abuela y otras muchas señoras casadas; y aun me parece que entónces
-vino Elvira Lopez la Larga, mujer que entónces era de Juan de Palma;
-el cual Palma vino con nosotros, que murió ahorcado, que despues esta
-Elvira fué mujer de un Arguera; y tambien vino Antonio Dios Dado, el
-vecino que fué de Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no se me
-acuerdan sus nombres.
-
-Y como el Gonzalo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, con
-todos los más capitanes y soldados, fuimos por aquellas señoras y por
-todas las más que traia en su compañía.
-
-É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir por
-los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos, que
-salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal tiempo,
-por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto de
-Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su
-compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas
-señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber
-el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego
-camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y
-Francisco de Lugo y otros caballeros.
-
-Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su
-venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y en
-todos los pueblos les hacian mucha honra hasta que llegaron á Méjico,
-y en aquella ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de
-tres meses que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de
-asma.
-
-Y digamos de lo que le acaeció á Villafuerte, el que fué á poblar á
-Zacatula, y á un Juan Álvarez Chico, que tambien fué á Colima; y al
-Villafuerte le dieron mucha guerra y le mataron ciertos soldados,
-y estaba la tierra levantada, que no les querian obedecer ni dar
-tributos, y al Juan Álvarez Chico ni más ni ménos; y como lo supo
-Cortés, le pesó dello: y como Cristóbal de Olí habia venido de lo
-de Mechoacan, y venia rico y la habia dejado en paz, y le pareció á
-Cortés que tenia buena mano para ir á asegurar y pacificar aquellas
-dos provincias de Zacatula y Colima, acordó de le enviar por capitan,
-y le dió quince de á caballo y treinta escopeteros y ballesteros; é
-yendo por su camino, ya que llegaba cabe Zacatula, le aguardaron los
-naturales de aquella provincia muy gentilmente á un mal paso, y le
-mataron dos soldados y le hirieron quince, é todavía les venció, y fué
-á la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos que en ella estaban
-poblados, que no osaban ir á los pueblos que tenian en encomienda,
-porque no los acapillasen; y le habian muerto cuatro vecinos en sus
-mismos pueblos, porque comunmente en todas las provincias y villas que
-se pueblan, á las principales les dan encomenderos, y cuando les piden
-tributos se alzan y matan los españoles que pueden; pues cuando el
-Cristóbal de Olí vió que ya tenia apaciguada aquella provincia y le
-habian venido de paz, fué desde Zacatula á Colima, y hallóla de guerra,
-y tuvo con los naturales della ciertos reencuentros y le hirieron
-muchos soldados, y al fin los desbarató y quedaron de paz.
-
-El Juan Álvarez Chico, que habia ido por capitan no sé qué se hizo dél;
-paréceme que murió en aquella guerra.
-
-Pues como el Cristóbal de Olí hubo pacificado á Colima y le pareció
-que estaba de paz, como era casado con una portuguesa hermosa, que
-ya he dicho que se decia doña Felipa de Araujo, dió la vuelta para
-Méjico, y no se hubo bien vuelto, cuando se tornó á levantar lo de
-Colima y Zacatula; y en aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo
-de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarez Marcayda y con el Juan
-Xuarez y todas sus compañías, como ya otra vez dicho tengo en el
-capítulo que dello habla; acordó Cortés de enviarle por capitan para
-apaciguar aquellas provincias y con muy pocos de á caballo que entónces
-le dió y obra de quince ballesteros y escopeteros, conquistadores
-viejos, fué á Colima y castigó á dos caciques, y tal maña se dió, que
-toda la tierra dejó muy de paz y nunca más se levantó, y se volvió por
-Zacatula é hizo lo mismo, y de presto se volvió á Méjico.
-
-Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo luego que se partió Gonzalo
-de Sandoval para Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se nos
-rebelaron todas las más provincias de las que estaban encomendadas á
-los vecinos, é tuvimos muy gran trabajo en las tornar á pacificar;
-y la primera que se levantó fué Xaltepeque, zapotecas, que estaban
-poblados en altas y malas sierras, y tras esto se levantó lo de Cimatan
-y Copilco, que estaban entre grandes rios y ciénagas, y se levantaron
-otras provincias, y aun hasta doce leguas de la villa hubo pueblos que
-mataron á su encomendero, y lo andábamos pacificando con muy grandes
-trabajos.
-
-Y estando que estábamos en una entrada con el capitan Luis Marin é un
-alcalde ordinario y todos los regidores de nuestra villa, viniéronnos
-cartas que habia venido al puerto un navío, y que en él venia Juan
-Bono de Quexo, vizcaino, é que habia subido el rio arriba con el
-navío, que era pequeño, hasta la villa, é que decia que traia cartas
-é provisiones de su majestad para nos notificar que luego fuésemos á
-la villa é dejásemos la pacificacion de la provincia; y como aquella
-nueva supimos, y estábamos con el teniente Luis Marin, así alcaldes y
-regidores fuimos á ver qué queria.
-
-Y despues de nos abrazar y dar el parabien-venidos los unos y los
-otros, porque el Juan Bono era muy conocido de cuando vino con Narvaez,
-dijo que nos pedia por merced que nos juntásemos en cabildo que nos
-queria notificar ciertas provisiones de su majestad y de D. Juan
-Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos; que traia muchas cartas para
-todos.
-
-Y segun pareció, traia el Juan Bono cartas en blanco con la firma del
-Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar en la pacificacion donde
-estábamos, se informó el Juan Bono quién éramos los regidores, y las
-cartas que traia en blanco escribió en ellas palabras de ofrecimientos
-que el Obispo nos enviaba si dábamos la tierra á Cristóbal de Tapia,
-que el Juan Bono no creyó que era vuelto para la isla de Santo Domingo;
-y el Obispo tenia por cierto que no le recebiriamos, é á aquel efeto
-envió á Juan Bono con aquellos recaudos; é traia para mí, como regidor,
-una carta del mismo Obispo, que escribió el Juan Bono.
-
-Pues ya que habiamos entrado en cabildo y vimos sus despachos y
-provisiones, que nunca nos habia querido decir lo que era hasta
-entónces, de presto le despachamos con decir que ya el Tapia era vuelto
-á Castilla, é que fuese á Méjico, adonde estaba Cortés, é allá le diria
-lo que le conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, que el Tapia
-no estaba en la tierra, se puso muy triste, y otro dia se embarcó, é
-fué á la Villa-Rica, é desde allí á Méjico, y lo que allá pasó yo no lo
-sé; salvo que oí decir que Cortés le ayudó para la costa y se volvió á
-Castilla.
-
-Y dejemos de contar más cosas, que habia bien que decir cómo siempre
-que en aquella villa estuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquistas
-de las provincias que se habian levantado; y volvamos á decir de Pedro
-de Albarado cómo le fué en lo de Tutepeque y en su poblacion.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXI.
-
-CÓMO PEDRO DE ALBARADO FUÉ Á TUTEPEQUE Á POBLAR UNA VILLA, Y LO QUE EN
-LA PACIFICACION DE AQUELLA PROVINCIA Y POBLAR LA VILLA LE ACAECIÓ.
-
-
-Es menester que volvamos algo atrás para dar relacion de esta ida que
-fué Pedro de Albarado á poblar á Tutepeque; y es así, que como se ganó
-la ciudad de Méjico, y se supo en todas las comarcas y provincias que
-una ciudad tan fuerte estaba por el suelo, enviaban á dar el parabien
-de la vitoria á Cortés, y á ofrecerse por vasallos de su majestad; y
-entre muchos grandes pueblos que en aquel tiempo vinieron, fué uno que
-se dice Tutepeque, zapotecas, y trajeron un presente de oro á Cortés,
-y dijéronle que estaban otros pueblos algo apartados que se decian
-Tutepeque, muy enemigos suyos, é que les venian á dar guerra porque
-habian enviado los de Guantepeque á dar la obediencia á su majestad,
-y que estaban en la costa del sur, y que era gente muy rica, así de
-oro que tenian en joyas, como de minas; y le demandaron á Cortés con
-mucha importunacion les diesen hombres de á caballo y escopeteros
-y ballesteros para ir contra sus enemigos; é Cortés les habló muy
-amorosamente, y les dijo que queria enviar con ellos al Tonatio, que
-así le llamaban al Pedro de Albarado; y dijo á fray Bartolomé que fuese
-con Albarado, y luego le dió sobre ciento y ochenta soldados, y entre
-ellos treinta y cinco de á caballo, y le mandó que en la provincia de
-Guaxaca, donde estaba un Francisco de Orozco por capitan, pues estaba
-de paz aquella provincia, que le demandase otros veinte soldados, y los
-más dellos ballesteros.
-
-Y así como le fué mandado, ordenó su partida, y salió de Méjico el año
-de 22; é mandóle Cortés que luego fuese é viese ciertos peñoles que
-decian que estaban alzados, y entónces todo lo halló de paz y de buena
-voluntad, y tardó más de cuarenta dias en llegar á Tutepeque; y el
-señor dél y todos los principales, desque supieron que estaban ya cerca
-de su pueblo, le salieron á recebir de paz, y les llevaron á aposentar
-en lo más poblado del pueblo, adonde el cacique tenia sus adoratorios
-y sus grandes aposentos, y estaban las casas muy juntas unas de otras
-y son de paja; porque en aquella provincia no tenian azuteas, porque
-es tierra muy caliente; y dijo fray Bartolomé á Albarado, con sus
-capitanes y soldados, que no era bien aposentarse en aquellas casas tan
-juntas unas de otras, porque si ponian fuego no se podrian valer; y
-parecióle bien el consejo á Albarado, y fué acordado que se fuesen en
-cabo del pueblo; y como fué aposentado, el cacique le llevó muy grandes
-presentes de oro y bien de comer, y cada dia que allí estuvieron le
-llevó presentes muy ricos de oro; y como el Albarado vido que tanto
-oro tenian, le mandó hacer unas estriberas de oro fino, de la manera
-de otras que le dió para que por ellas las hiciese, y se las trajeron
-hechas; y dende á pocos dias echó preso al cacique porque le dijeron
-los de Teguantepeque al Pedro de Albarado que le queria dar guerra toda
-aquella provincia, é que cuando le aposentaron entre aquellas casas
-donde estaban los ídolos y aposentos, que era por les quemar é que allí
-muriesen todos; y á esta causa le echó preso.
-
-Otros españoles de fe y de creer dijeron que por sacalle mucho oro, é
-sin justicia murió en las prisiones; ahora sea lo uno ó lo otro, aquel
-cacique dió á Pedro de Albarado más de treinta mil pesos, y murió de
-enojo y de la prision; y aunque fray Bartolomé de Olmedo le animaba y
-consolaba, no bastó para que no se muriese encorajado y de pesar; é
-quedó á un su hijo el cacicazgo, y le sacó Albarado mucho más oro que
-al padre; y luego envió á visitar los pueblos de la comarca, y los
-repartió entre los vecinos, y pobló una villa que se puso por nombre
-Segura, porque los más vecinos que allí poblaron habian sido de ántes
-vecinos de Segura de la Frontera, que era Tepeaca.
-
-Y como esto tuvo hecho, y tenia ya llegado buena suma de pesos de oro,
-y se lo llevaba á Méjico para dar á Cortés; y tambien le dijeron que
-Cortés le escribió que todo el oro que pudiese haber, que lo trajese
-consigo para enviar á su majestad, por causa que habian robado los
-franceses lo que habian enviado con Alonso de Ávila é Quiñones, é que
-no diese parte ninguna dello á ningun soldado de los que tenia en
-su compañía; é ya que el Albarado queria partir para Méjico, tenian
-hecha ciertos soldados una conjuracion, y los más dellos ballesteros
-y escopeteros, de matar otro dia á Pedro de Albarado y á sus hermanos
-porque les llevaban el oro sin dar partes, y aunque se las pedian
-muchas veces, no se lo quiso dar, y porque no les daba buenos
-repartimientos de indios; y esta conjuracion, si no se lo descubriera á
-fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia Trebejo, que era en la
-misma trama, aquella noche que venia habian de dar en ellos; y como el
-Albarado lo supo del fraile, que se lo dijo á hora de vísperas, yendo á
-caballo á caza por unas cabañas, é iban en su compañía á caballo de los
-que entraban en la conjuracion, para disimular con ellos dijo:
-
-—«Señores, á mí me ha dado dolor de costado; volvamos á los aposentos,
-y llámenme un barbero que me haga sangre.»
-
-Y como volvió, envió á llamar á sus hermanos Jorge y Gonzalo Gomez,
-todos Albarados, é á los alcaldes y alguaciles, y prenden los que
-eran en la conjuracion, y por justicia ahorcaron á dos dellos, que se
-decia el uno Fulano de Salamanca, natural del Condado, que habia sido
-piloto, é á otro que se decia Bernardo Levantisco, y murieron como
-buenos cristianos, que el fray Bartolomé trabajó mucho con ellos; y
-con estos dos apaciguó los demás, y luego se fué para Méjico con todo
-el oro, y dejó poblada la villa; y cuando los vecinos que en ella
-quedaron vieron que los repartimientos que les daban no eran buenos, y
-la tierra doliente y muy calurosa, é habian adolecido muchos dellos, é
-las naborías é esclavos que llevaban se les habian muerto, y aun muchos
-murciélagos y mosquitos y aun chinches, y sobre todo, que el oro no lo
-repartió el Albarado entre ellos y se lo llevó, acordaron de quitarse
-de mal ruido y despoblar la villa, y muchos dellos se vinieron á Méjico
-y otros á Guaxaca é á Guatimala, y se derramaron por otras partes; y
-cuando Cortés lo supo, envió á hacer pesquisa sobre ello, y hallóse
-que por los alcaldes y regidores en el cabildo se concertó que se
-despoblasen, y sentenciaron á los que fueron en ello á pena de muerte;
-mas el fray Bartolomé pidió á Cortés que no los ahorcase, y eso con
-mucho ahinco; y así, fué despues la pena un destierro; y desta manera
-sucedió en lo de Tutepeque, que jamás nunca se pobló, y aunque era
-tierra rica, por ser doliente; y como los naturales de aquella tierra
-vieron esto, que se habia despoblado, é la crueldad que Pedro de
-Albarado habia hecho sin causa ni justicia ninguna, se tornó á rebelar,
-y volvió á ellos el Pedro de Albarado y los llamó de paz, y sin dalle
-guerra volvieron á estar de paz.
-
-Dejemos esto, é digamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre
-ochenta mil pesos de oro para enviar á su majestad, y el tiro Fénix
-forjado, vino en aquella sazon nueva cómo habia venido á Pánuco
-Francisco de Garay con grande armada; y lo que sobre ello se hizo diré
-adelante.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXII.
-
-CÓMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMÁICA CON GRANDE ARMADA PARA PÁNUCO,
-Y LO QUE LE ACONTECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUE PASARON.
-
-
-Como he dicho en otro capítulo que habla de Francisco de Garay, como
-era gobernador en la isla de Jamáica é rico, y tuvo nueva que habiamos
-descubierto muy ricas tierras cuando lo de Francisco Hernandez de
-Córdoba é Juan de Grijalva, y habiamos llevado á la isla de Cuba veinte
-mil pesos de oro, y los hubo Diego Velazquez, gobernador que era de
-aquella isla, y que venia en aquel instante Hernando Cortés á la
-Nueva-España con otra armada, tomóle gran codicia á Garay de venir á
-conquistar algunas tierras, pues tenia mejor caudal que otros ningunos;
-y tuvo nueva plática de un Anton de Alaminos, que fué el piloto mayor
-que habiamos traido cuando lo descubrimos, cómo estaban muy ricas
-tierras y muy pobladas desde el rio de Pánuco adelante, é que aquello
-podia enviar á suplicar á su majestad que le hiciese merced.
-
-Y despues de bien informado el mismo Garay del piloto Alaminos y de
-otros pilotos que se habian hallado juntamente con el Alaminos en el
-descubrimiento, acordó enviar á su mayordomo, que se decia Juan de
-Torralba, á la córte con cartas y dineros, á suplicar á los caballeros
-que en aquella sazon estaban por presidente é oidores de su majestad
-que le hiciesen merced de la gobernacion del rio de Pánuco, con todo
-lo demás que descubriese é estuviese por poblar; y como su majestad
-en aquella sazon estaba en Flandes, y estaba por presidente de Indias
-don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano,
-que lo mandaba todo, y el licenciado Zapata y el licenciado Vargas y
-el secretario Lope de Conchillos, le trajeron provisiones que fuese
-adelantado y gobernador del rio de San Pedro y San Pablo, con todo lo
-que descubriese; y con aquellas provisiones envió luego tres navíos con
-hasta ducientos y cuarenta soldados, con muchos caballos y escopeteros
-y ballesteros y bastimentos, y por capitan dellos á un Alonso Álvarez
-Pineda ó Pinedo, otras veces por mí ya nombrado.
-
-Pues como hubo enviado aquella armada, ya he dicho otras veces que
-los indios de Pánuco se la desbarataron, y mataron al capitan Pineda
-y á todos los soldados y caballos que tenia, excepto obra de sesenta
-soldados que vinieron al puerto de la Villa-Rica con un navío, y por
-capitan dellos un Camargo, que se acogieron á nosotros; y tras aquellos
-tres navíos, viendo el Garay que no tenia nuevas dellos, envió otros
-dos navíos con muchos soldados y caballos y bastimentos, y por capitan
-dellos á Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramirez, los cuales se vinieron
-tambien á nuestro puerto; y como vieron que no hallaron en el rio de
-Pánuco pelo ni hueso de los soldados que habia enviado Garay, salvo los
-navíos quebrados, todo lo cual tengo ya dicho otra vez en mi relacion;
-mas es necesario que se torne á decir desde el principio para que bien
-se entienda.
-
-Pues volviendo á nuestro propósito y relacion, viendo el Francisco de
-Garay que ya habia gastado muchos pesos de oro, é oyó decir de la buena
-ventura de Cortés y de las grandes ciudades que habia descubierto, y
-del mucho oro y joyas que habia en la tierra, tuvo envidia y codicia, y
-le vino más la voluntad de venir él en persona y traer la mayor armada
-que pudiese; buscó once navíos y dos bergantines, que fueron trece
-velas, y allegó ciento treinta y seis de á caballo y ochocientos y
-cuarenta soldados, los más ballesteros y escopeteros, y bastecióles muy
-bien de todo lo que hubieron menester, que era pan cazabe é tocinos
-é tasajos de vacas, que ya habia ganado vacuno; que, como era rico y
-lo tenia todo de su cosecha, no le dolia el gasto; y para ser hecha
-aquella armada en la isla de Jamáica, fué demasiada la gente y caballos
-que allegó.
-
-Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por San
-Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice
-Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia
-de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más
-de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su
-majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con
-la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y
-sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y
-sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez,
-habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á
-caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros,
-temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay
-en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla
-de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas
-principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo, que
-habia venido á aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por
-mandado de la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay
-con el licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de
-tener diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que
-se fuese con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y
-Cortés; y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces
-sin dar residencia, mas que presto seria allá en Pánuco.
-
-Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en
-el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más
-arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor
-Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados
-que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí,
-sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que
-Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella
-nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus
-soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian
-como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo
-perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa
-Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los
-navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan
-que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra costa
-á costa cerca de la mar, y anduvo dos dias por malos despoblados, que
-eran ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde
-el camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel
-gran rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas.
-
-Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é
-hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy
-buenas.
-
-Allí en este pueblo el Garay prendió unos indios que entendian la
-lengua mejicana, y halagóles y dióles camisas, envióles por mensajeros
-á otros pueblos que le decian que estaban cerca, porque recibiesen de
-paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pueblos, recibiéronle de
-paz, diéronle muy bien de comer y muchas gallinas de la tierra é otras
-aves, como á manera de ansarones, que tomaban en las lagunas; é como
-muchos de los soldados que llevaba Garay iban cansados, y parece ser no
-les daban de lo que los indios traian de comer, se amotinaron algunos
-é se fueron á robar á los indios de aquellos pueblos por donde venian,
-é estuvieron en este pueblo tres dias; otro dia fueron su camino con
-guias, llegaron á un gran rio, no le podian pasar sino con canoas que
-les dieron los de los pueblos de paz donde habian estado; procuraron
-de pasar cada caballo á nado, y remando con cada canoa un caballo que
-le llevasen del cabestro, y como eran muchos caballos y no se daban
-maña, se les ahogaron cinco caballos; salen de aquel rio, dan en unas
-malas ciénagas, y con mucho trabajo llegaron á tierra de Pánuco; é ya
-que en ella se hallaron, creyeron tener de comer, y estaban todos los
-pueblos sin maíz ni bastimentos y muy alterados, y esto fué á causa
-de las guerras que Cortés con ellos habia tenido poco tiempo habia; y
-tambien si alguna comida tenian, habíanlo alzado y puesto en cobro;
-porque, como vieron tantos españoles y caballos, tuvieron miedo dellos
-y despoblaron los pueblos, é adonde pensaba Garay reposar, tenia más
-trabajo; y demás desto, como estaban despobladas las casas donde
-posaba, habia en ellas muchos murciélagos é chinches é mosquitos, é
-todo les daba guerra; é luego sucedió otra mala ventura, que los navíos
-que venian costa á costa no habian llegado al puerto ni sabian dellos,
-porque en ellos traian mucho bastimento; lo cual supieron de un español
-que los vino á ver ó hallaron en un pueblo, que era de los vecinos que
-estaban poblados en la villa de Santi-Estéban del Puerto, que estaba
-huido por temor de la justicia por cierto delito que habia hecho; el
-cual les dijo cómo estaban poblados en una villa muy cerca de allí y
-cómo Méjico era muy buena tierra, é que estaban los vecinos que en ella
-vivian ricos; é como oyeron los soldados que traia Garay al español,
-que con él hablaron muchos, que la tierra de Méjico era buena é la de
-Pánuco no era tan buena, se desmandaron y se fueron por la tierra á
-robar, é íbanse á Méjico; y en aquella sazon, viendo el Garay que se
-le amotinaban sus soldados y no los podia haber, envió á su capitan
-que se decia Diego de Ocampo á la villa de Santi-Estéban á saber qué
-voluntad tenia el teniente que estaba por Cortés que se decia Pedro
-de Vallejo, y aun le escribió haciéndole saber cómo traia provisiones
-y recaudos de su majestad para gobernar y ser adelantado de aquellas
-provincias, é cómo habia aportado con sus navíos al rio de Palmas, é
-del camino é trabajos que habia pasado; y el Vallejo hizo mucha honra
-al Diego de Ocampo y á los que con él iban, y le dió buena respuesta,
-y les dijo que Cortés holgara de tener tan buen vecino por gobernador,
-mas que le habia costado muy caro la conquista de aquella tierra, y
-que su majestad le habia hecho merced de la gobernacion, y que venga
-cuando quisiere con sus ejércitos é que se le hará todo servicio, é que
-le pide por merced que mande á sus soldados que no hagan sinjusticias
-ni robos á los indios, porque se le han venido á quejar dos pueblos; y
-tras esto, muy en posta escribió el Vallejo á Cortés, y aun le envió la
-carta del Garay, é hizo que escribiese otra al mismo Diego de Ocampo,
-y le envió á decir que qué mandaba que se hiciese é que de presto
-enviasen muchos soldados, ó viniese Cortés en persona.
-
-Y desque Cortés vió la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é á Pedro
-de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval é á un Gonzalo de Ocampo, hermano
-del otro Diego de Ocampo que venia con Garay, y envió con ellos los
-recaudos que tenia, cómo su majestad le habia mandado que todo lo que
-conquistase tuviese en sí hasta que se averiguase la justicia entre él
-y Diego Velazquez, ó se lo notificasen al Garay.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos que luego como Gonzalo de Ocampo
-volvió con la respuesta del Vallejo al Garay, y le pareció buena
-respuesta, se vino con todo su ejército á se juntar más cerca de la
-villa de Santi-Estéban del Puerto, é ya el Pedro de Vallejo tenia
-concertado con los vecinos de la villa, é con aviso que tuvo de cinco
-soldados que se habian ido de la villa, que eran del mismo Garay, de
-los amotinados; y como estaban muy descuidados é no se velaban, é como
-quedaban en un pueblo bueno é grande que se dice Nachaplan, y los del
-Vallejo sabian bien la tierra, dan en la gente de Garay, y le prenden
-sobre cuarenta soldados, y se los llevaron á su villa de Santi-Estéban
-del Puerto, y ellos tuvieron por nueva su prision; y la causa que
-dijo el Vallejo por que los prendió, era porque, sin presentar las
-provisiones y recaudos que traian, andaban robando la tierra; y viendo
-esto Garay, hubo gran pesar, y tornó á enviar á decir al Vallejo que
-le diese sus soldados, amenazándole con la justicia de nuestro Rey y
-señor; y el Vallejo respondió que cuando vea las Reales provisiones,
-que las obedecerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera mejor que
-cuando vino Ocampo las trajera y presentara para las cumplir, é que
-le pide por merced que mande á sus soldados que no roben ni saqueen
-los pueblos de su majestad; y en este instante llegaron fray Bartolomé
-é Albarado, los capitanes que Cortés enviaba con los recaudos; y como
-el Diego de Ocampo era en aquella sazon alcalde mayor por Cortés en
-Méjico, comenzó de hacer requirimientos al Garay que no entrase en la
-tierra, porque su majestad mandó que la tuviese Cortés, y en demandas y
-respuestas, en que andaba el fray Bartolomé, se pasaron ciertos dias,
-y entre tanto se le iban al Garay muchos soldados, que anochecian y no
-amanecian en el real; y vió Garay que los capitanes de Cortés traian
-mucha gente de á caballo y escopeteros, de cada dia le venian más, y
-supo que de sus navíos que habia mandado venir costa á costa, se le
-habian perdido dos dellos con tormenta de nortes, que es travesía, y
-los demás navíos que estaban en la boca del puerto, y que el teniente
-Vallejo les envió á requerir que luego se entrasen dentro en el rio,
-no les viniese algun desman y tormenta como la pasada; si no, que los
-ternia por corsarios que andaban á robar; y los capitanes de los navíos
-respondieron que no tuviese Vallejo que entender ni mandar en ello,
-que ellos estarian donde quisiesen; y en este instante el Francisco de
-Garay temió la buena fortuna de Cortés; y como andaban en estos trances
-el alcalde mayor Diego de Ocampo, y Pedro de Albarado y Gonzalo
-de Sandoval, tuvieron pláticas secretas con los de Garay y con los
-capitanes que estaban en los navíos en el puerto, y se concertaron con
-ellos que se entrasen en el puerto y se diesen á Cortés; y luego un
-Martin de San Juan Lepuzcuano y un Castro Mocho, maestres de navíos,
-se entregaron é dieron con sus naos al teniente Vallejo por Cortés; é
-como los tuvo, fué en ellos el mismo Vallejo á requerir al capitan Juan
-de Grijalva, que estaba en la boca del puerto, que se entrase dentro á
-surgir, ó se fuese por la mar donde quisiese; y respondióle con tirarle
-muchos tiros; y luego enviaron en una barca un escribano del Rey, que
-se decia Vicente Lopez, á le requerir que se entrase en el puerto, y
-aun llevó cartas para el Grijalva, del Pedro de Albarado y de fray
-Bartolomé, con ofertas y prometimientos que Cortés le haria mercedes; y
-como vió las cartas y que todas las naos habian entrado en el rio, así
-hizo el Juan de Grijalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo le
-dijo que fuese preso en nombre del capitan Hernando Cortés; mas luego
-le soltó á él y á cuantos estaban detenidos, á causa que le decia fray
-Bartolomé:
-
-—«Hagamos nuestra cosa sin sangre, pues podemos, y serán Dios y el
-César más agradados.»
-
-Y desque el Garay vió el mal recaudo que tenia, y sus soldados huidos y
-amotinados, y los navíos todos al través, y los demás estaban tomados
-por Cortés, si muy triste estuvo ántes que se los tomasen, más lo
-estuvo despues que se vido desbaratado; y luego demandó con grandes
-protestaciones que hizo á los capitanes de Cortés que le diesen sus
-naos y todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y
-presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por
-no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y
-aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora,
-y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella
-provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan
-y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese
-menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que
-escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que
-hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba
-contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los
-pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los
-traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde,
-que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos
-decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran
-obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado,
-y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para
-saber mandar, ni hombre de guerra.
-
-Como vió el Garay que no aprovechaban pregones ni la buena diligencia
-que le parecia que ponian los capitanes de Cortés en traer sus
-soldados, estaba desesperado; pues viéndose desmamparado de todos,
-aconsejáronle los que venian por parte de Cortés que le escribiese
-luego al mismo Cortés, é que ellos serian intercesores con él para
-que volviese al rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena
-condicion, que le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de
-Albarado y el Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió
-á Cortés, dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced
-mandaba, que le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio
-de Dios y de su majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo
-ordenase de manera que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió
-fray Bartolomé y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de
-Sandoval, suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay,
-para que en todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian
-sido grandes amigos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima
-del Garay, y le respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de
-todos sus trabajos, y que se venga á Méjico, que le promete que en todo
-lo que pudiere ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra
-se remite; y mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra
-y le diesen todo lo que hubiese menester, y aun le envió al camino
-refresco; y cuando llegó á Tezcuco le tenian hecho un banquete; y
-llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos caballeros les salieron
-á recebir, y el Garay iba espantado de ver tantas ciudades, y más
-cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego Cortés lo llevó á sus
-palacios, que entónces nuevamente los hacia; y despues que se hubieron
-comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus desdichas y trabajos,
-encomendándole que por su mano fuese remediado; y el mismo Cortés se le
-ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y Pedro de Albarado y Gonzalo
-de Sandoval le fueron buenos medianeros; y de ahí á tres ó cuatro dias
-que hubo llegado, porque la amistad suya fuese más duradera y segura,
-trató fray Bartolomé que se casase una hija de Cortés, que se decia
-doña Catalina Cortés é Pizarro, que era niña, con un hijo de Garay, el
-mayorazgo, que traia consigo en la armada é le dejó por capitan de su
-armada; y Cortés vino en ello, y le mandó en dote con doña Catalina
-gran cantidad de pesos de oro, y que Garay fuese á poblar el rio de
-Palmas, é que Cortés le diese lo que hubiese menester para la poblacion
-y pacificacion de aquella provincia, y aun le prometió capitanes y
-soldados de los suyos, para que con ellos descuidase en las guerras que
-hubiese; y con estos prometimientos, y con la buena voluntad que Garay
-halló en Cortés, estaba muy alegre: yo tengo por cierto que así como lo
-habia capitulado y ordenado Cortés, lo cumpliria.
-
-Dejemos esto del casamiento y de las promesas, y diré cómo en aquella
-sazon fué á posar el Garay en casa de un Alonso de Villanueva, porque
-Cortés hacia sus casas y palacio muy grandes, y de tantos patios, que
-era admiracion; y Alonso de Villanueva, segun pareció, habia estado
-en Jamáica cuando Cortés lo envió á comprar caballos, que esto no lo
-afirmo si era entónces ó despues; era muy grande amigo de Garay, y por
-el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cortés para pasarse á las
-casas del Villanueva, y se le hacia toda la honra que podia, y todos
-los vecinos de Méjico le acompañaban.
-
-Quiero decir cómo en aquella sazon estaba en Méjico Pánfilo de Narvaez,
-que es el que hubimos desbaratado, como dicho tengo otras veces, y fué
-á ver y hablar al Garay; abrazáronse el uno al otro, y se pusieron á
-platicar cada uno de sus trabajos y desdichas; y como el Narvaez era
-hombre que hablaba muy entonado, de plática en plática, medio riendo,
-le dijo el Narvaez:
-
-—«Señor adelantado D. Francisco de Garay, hanme dicho ciertos soldados
-de los que le han venido huyendo y amotinados que solia decir
-vuesamerced á los caballeros que traia en su armada: «Mirad que hagamos
-como varones, y peleemos muy bien con estos soldados de Cortés, no nos
-tomen descuidados como tomaron á Narvaez;» pues, señor D. Francisco de
-Garay, á mí peleando me quebraron este ojo, y me robaron y me quemaron
-cuanto tenia, y hasta que me mataron el alférez y muchos soldados y
-prendieron mis capitanes, nunca me habian vencido tan descuidado como á
-vuesamerced le han dicho: hágole saber que otros más venturosos en el
-mundo no ha habido que Cortés; y tiene tales capitanes y soldados, que
-se podian nombrar tan en ventura cada uno en lo que tuvo entre manos
-como Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en el trabajar y ser
-en las batallas más que Aníbal.»
-
-Y el Garay respondia que no habia necesidad que se lo dijesen; que
-por las obras se veia lo que decia, y que ¿qué hombre hubo en el
-mundo que con tan pocos soldados se atreviese á dar con los navíos al
-través, y meterse en tan recios pueblos y grandes ciudades á les dar
-guerra? Y respondia Narvaez recitando otros grandes hechos de Cortés;
-y estuvieron el uno y el otro platicando en las conquistas desta
-Nueva-España como á manera de coloquio.
-
-Y dejemos estas alabanzas que entre ellos se tuvo, y diré cómo Garay
-suplicó á Cortés por el Narvaez para que le diese licencia para volver
-á la isla de Cuba con su mujer, que se decia María de Valenzuela, que
-estaba rica de las minas y de los buenos indios que tenia el Narvaez; y
-demás de se lo suplicar el Garay á Cortés con muchos ruegos, la misma
-mujer de Narvaez se lo habia enviado á suplicar á Cortés por cartas, le
-dejase ir á su marido; porque, segun parece, se conocian cuando Cortés
-estaba en Cuba, y eran compadres; y Cortés le dió licencia y le ayudó
-con dos mil pesos de oro; y cuando el Narvaez tuvo licencia se humilló
-mucho á Cortés, con prometimientos que primero le hizo que en todo le
-seria servidor, y luego se fué á Cuba.
-
-Dejemos de más platicar desto, y digamos en qué paró Garay y su armada;
-y es, que yendo una Noche de Navidad del año de 1523, juntamente
-con Cortés, á maitines, que los cantaron muy bien, y fray Bartolomé
-dijo lindamente la Misa del Gallo, despues de vueltos de la iglesia,
-almorzaron con mucho regocijo, y desde allí á una hora, con el aire
-que le dió al Garay, que estaba de ántes mal dispuesto, le dió dolor
-de costado con grandes calenturas; mandáronle los médicos sangrar y
-purgáronle, y desque vieron que arreciaba el mal, le dijeron á fray
-Bartolomé que le dijese á Garay que moria, que se confesase y que
-hiciese testamento; lo cual luego lo hizo fray Bartolomé, y le dijo
-como llegaba su acabamiento, que se dispusiese como buen cristiano y
-honrado caballero, é que no perdiese su ánima; ya que habia perdido la
-hacienda.
-
-El Garay le respondió:
-
-—«Teneis razon, Padre; yo quiero que me confeseis esta noche, y recibir
-el santo cuerpo de Jesucristo é hacer mi testamento.»
-
-É cumpliólo muy honradamente; y desque hubo comulgado, hizo su
-testamento, y dejó por albaceas á Cortés y á fray Bartolomé de
-Olmedo; y luego, dende á cuatro dias que le dió el mal, dió el alma
-á Nuestro Señor Jesucristo, que la crió; y esto tiene la calidad de
-la tierra de Méjico, que en tres ó cuatro dias mueren de aquel mal de
-dolor de costado, que esto ya lo he dicho otra vez, y lo tenemos bien
-experimentado de cuando estábamos en Tezcuco y en Cuyoacan, que se
-murieron muchos de nuestros soldados.
-
-Pues ya muerto Garay, perdónele Dios, amen, le hicieron muchas honras
-al enterramiento, y Cortés y otros caballeros se pusieron luto; y murió
-el Garay fuera de su tierra, en casa ajena y léjos de su mujer é hijos.
-
-Dejemos de contar desto y volvamos á decir de la provincia del Pánuco,
-que, como el Garay se vino á Méjico, y sus capitanes y soldados, como
-no tenian cabeza ni quien les mandase, cada uno de los soldados que
-aquí nombraré, que el Garay traia en su compañía, se querian hacer
-capitanes; los cuales se decian, Juan de Grijalva, Gonzalo de Figueroa,
-Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de Medina el tuerto, Juan
-de Villa, Antonio de la Cerda y un Tobarda; este Tobarda fué el más
-bullicioso de todos los del real de Garay; y sobre todos ellos quedó
-por capitan un hijo de Garay, que queria casar Cortés con su hija,
-y no le acataban ni hacian cuenta dél todos los que he nombrado ni
-ninguno de los de su capitanía; ántes se juntaban de quince en quince
-y de veinte en veinte, y se andaban robando los pueblos y tomando las
-mujeres por fuerza, y mantas y gallinas, como si estuvieran en tierra
-de moros, robando lo que se hallaban.
-
-Y como aquello vieron los indios de aquella provincia, se concertaron
-todos á una de los matar, y en pocos dias sacrificaron y comieron más
-de quinientos españoles, y todos eran de los de Garay, y en pueblos
-hubo que sacrificaron más de cien españoles juntos; y por todos los
-demás pueblos no hacian sino, á los que andaban desmandados, matallos
-y comer y sacrificar; y como no habia resistencia, ni obedecian á
-los vecinos de la villa de Santi-Estéban, que dejó Cortés poblada, é
-ya que salian á les dar guerra, era tanta la multitud que salia de
-guerreros, que no se podian valer con ellos; y á tanto vino la cosa y
-atrevimiento que tuvieron, que fueron muchos indios sobre la villa, y
-la combatieron de noche y de dia de arte, que estuvo en gran riesgo
-de se perder; y si no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de
-los de Cortés, y por el capitan Vallejo, que ponian velas y andaban
-rondando y esforzando á los demás, ciertamente les entraran en su
-villa; y aquellos conquistadores dijeron á los demás soldados de Garay
-que siempre procurasen de estar juntamente con ellos, y que allí en el
-campo estaban muy mejor, y que allí los hallasen sus contrarios, y que
-no se volviesen á la villa; y así se hizo, y pelearon con ellos tres
-veces, y puesto que mataron al capitan Vallejo é hirieron otros muchos,
-todavía los desbarataron y mataron muchos indios dellos; y estaban tan
-furiosos todos los indios naturales de aquella provincia, que quemaron
-y abrasaron una noche cuarenta españoles, y mataron quince caballos, y
-muchos de los que mataron eran de los de Cortés, en un pueblo, y todos
-los demás fueron de los de Garay; y como Cortés alcanzó á saber estos
-destrozos que hicieron en esta provincia, tomó tanto enojo, que quiso
-volver en persona contra ellos, y como estaba muy malo de un brazo
-que se le habia quebrado, no pudo venir; y de presto mandó á Gonzalo
-de Sandoval que viniese con cien soldados y cincuenta de á caballo
-y dos tiros y quince arcabuceros y ballesteros, y le dió ocho mil
-tlascaltecas y mejicanos, y le mandó que no viniese sin que les dejase
-muy bien castigados, de manera que no se tornasen á alzar.
-
-Pues como el Sandoval era muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa de
-importancia no dormia de noche, no se tardó mucho en el camino, que
-con gran concierto da órden cómo habian de entrar y salir los de á
-caballo en los contrarios, porque tuvo aviso que le estaban esperando
-en dos malos pasos todas las capitanías de los guerreros de aquellas
-provincias; y acordó enviar la mitad de todo su ejército al un mal
-paso, y él se estuvo con la otra mitad de su compañía á la otra parte;
-y mandó á los escopeteros y ballesteros no hiciesen sino armar unos
-y soltar otros, y dar en ellos y hasta ver si los podria hacer poner
-en huida; y los contrarios tiraban mucha vara y flecha y piedra, é
-hirieron á muchos soldados y de nuestros amigos.
-
-Viendo Sandoval que no les podia entrar, estuvieron en aquel mal
-paso hasta la noche, y envió á mandar á los demás que estaban en
-aquel otro mal paso que hiciesen lo mismo, y los contrarios nunca
-desmampararon sus puestos, é otro dia por la mañana, viendo Sandoval
-que no aprovechaba cosa estarse allí como habia dicho, mandó enviar
-á llamar á las demás capitanías que habia enviado al otro mal paso,
-é hizo que levantaba su real, y que se volvia camino de Méjico como
-amedrentado; y como los naturales de aquellas provincias que estaban
-juntos les pareció que de miedo se iban retrayendo, salen al camino,
-é iban siguiéndole dándole grita y diciéndole vituperios; y todavía
-el Sandoval, aunque más indios salian tras él, no volvia sobre ellos,
-y esto fué por descuidalles, para, como habian ya estado aguardando
-tres dias, volver aquella noche y pasar de presto con todo su ejército
-los malos pasos; é así lo hizo, que á media noche volvió y tomóles
-algo descuidados, y pasó con los de á caballo; y no fué tan sin grande
-peligro, que le mataron tres caballos é hirieron muchos soldados; y
-cuando se vió en buena tierra y fuera del mal paso con sus ejércitos,
-él por una parte y los demás de su capitanía por otra, dan en grandes
-escuadrones que aquella misma noche se habian juntado, desque supieron
-que volvió; y eran tantos, que el Sandoval tuvo recelo no le rompiesen
-y desbaratasen, y mandó á sus soldados que se tornasen á juntar con él
-para que peleasen juntos, porque vió y entendió de aquellos contrarios
-que como tigres rabiosos se venian á meter por las puntas de las
-espadas, y habian tomado seis lanzas á los de á caballo, como no eran
-hombres acostumbrados á la guerra; de lo cual Sandoval estaba tan
-enojado, que decia que valiera más que trajera pocos soldados de los
-que él conocia, y no los que trujo; y allí les mandó á los de á caballo
-de la manera que habian de pelear, que eran nuevamente venidos; y es,
-que las lanzas algo terciadas, y no se parasen á dar lanzadas, sino por
-los rostros y pasar adelante hasta que les hayan puesto en huida; y les
-dijo que vista cosa es que si se parasen á alancear, que la primera
-cosa que el indio hace desque está herido es echar mano de la lanza, y
-como les vean volver las espaldas, que entónces á media rienda les ha
-de seguir, y las lanzas todavía terciadas, y si les echaren mano de las
-lanzas, porque aun con todo esto no dejan de asir dellas, que para se
-las sacar de presto de sus manos, poner piernas al caballo, y la lanza
-bien apretada con la mano asida y debajo del brazo para mejor se ayudar
-y sacarla del poder del contrario, y si no la quisiere soltar, traerle
-arrastrando con la fuerza del caballo.
-
-Pues ya que les estuvo dando órden cómo habian de batallar, y vió á
-todos sus soldados y de á caballo juntos, se fué á dormir aquella
-noche á orilla de un rio, y allí puso buenas velas y escuchas
-y corredores del campo; y mandó que toda la noche tuviesen los
-caballos ensillados, y asimismo ballesteros y escopeteros y soldados
-muy apercebidos; mandó á los amigos tlascaltecas y mejicanos que
-estuviesen sus capitanías algo apartadas de los nuestros, porque ya
-tenia experiencia de lo de Méjico; porque si de noche viniesen los
-contrarios á dar en los reales, que no hubiese estorbo ninguno en
-los amigos; y esto fué porque el Sandoval temió que vendrian, porque
-vió muchas capitanías de contrarios que se juntaban muy cerca de sus
-reales, y tuvo por cierto que aquella noche les habian de venir á
-combatir, é oia muchos gritos y cornetas é tambores muy cerca de allí;
-é segun entendian, habíanle dicho muchos amigos á Sandoval que decian
-los contrarios que para aquel dia cuando amaneciese habian de matar á
-Sandoval y á toda su compañía; y los corredores del campo vinieron dos
-veces á dar aviso que sentian que se apellidaban de muchas partes y
-se juntaban; y cuando fué dia claro Sandoval mandó salir á todas sus
-compañías con gran ordenanza, á los de á caballo les tornó á traer
-á la memoria como otras veces les habia dicho: íbanse por el camino
-adelante por unas caserías, adonde oian los atambores y cornetas; y no
-hubo bien andado medio cuarto de legua, cuando le salen al encuentro
-tres escuadrones de guerreros y le comenzaron á cercar; y como aquello
-vió, manda arremeter la mitad de los de á caballo por una parte y la
-otra mitad por la otra, y puesto que le mataron dos soldados de los
-nuevamente venidos de Castilla, y tres caballos, todavía les rompió de
-tal manera, que fué desde allí adelante matando é hiriendo en ellos,
-que no se juntasen como de ántes.
-
-Pues nuestros amigos los mejicanos y tlascaltecas hacian mucho daño
-en todos aquellos pueblos, y prendieron mucha gente y abrasaron todos
-los pueblos que por delante hallaban, hasta que el Sandoval tuvo lugar
-de llegar á la villa de Sant-Estéban del Puerto, y halló los vecinos
-tales y tan debilitados, unos muy heridos y otros muy dolientes, y lo
-peor, que no tenian maíz que comer ellos y veinte y ocho caballos; y
-esto á causa que de noche y de dia les daban guerra, y no tenian lugar
-de traer maíz ni otra cosa ninguna, é hasta aquel mismo dia que llegó
-Sandoval no habian dejado de los combatir, porque entónces se apartaron
-del combate, y despues de haber ido todos los vecinos de aquella villa
-á ver y hablar al capitan Sandoval, y dalle gracias y loores por los
-haber venido en tal tiempo á socorrer, le contaron los de Garay que si
-no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de los de Cortés, que
-les ayudaron mucho, que corrian mucho riesgo sus vidas, porque aquellos
-ocho salian cada dia al campo y hacian salir los demás soldados, é
-resistian que los contrarios no los entrasen en la villa; y tambien
-porque, como lo capitaneaban é por su acuerdo se hacia todo, é habian
-mandado que los dolientes y heridos se estuviesen dentro en la villa,
-y que todos los demás aguardasen en el campo, y que de aquella manera
-se sostenian con los contrarios; y Sandoval les abrazó á todos, y mandó
-á los conquistadores, que bien los conocia, y aun eran sus amigos, en
-especial Fulano Navarrete y Carrascosa, y un Fulano de Alamilla y otros
-cinco, que todos eran de los de Cortés, que repartiesen entre ellos de
-los de á caballo y ballesteros y escopeteros que el Sandoval traia,
-é que por dos partes fuesen ó enviasen maíz é bastimento, é hiciesen
-guerra é prendiesen todas las más gentes que pudiesen, en especial
-caciques; y esto mandó el Sandoval porque él no podia ir, que estaba
-mal herido en un muslo, y en la cara tenia una pedrada, y asimismo
-entre los de su compañía traia otros muchos soldados heridos, y porque
-se curasen estuvo en la villa tres dias que no salió á dar guerra;
-porque, como habia enviado los capitanes ya nombrados, y conoció dellos
-que lo harian bien, y vió que de presto enviaron maíz y bastimento,
-con esto estuvo los tres dias; y tambien le enviaron muchas indias y
-gente menuda que habian preso, y cinco principales de los que habian
-sido capitanes en las guerras; y Sandoval les mandó soltar á todas las
-gentes menudas, excepto á los principales, y les envió á decir que
-desde allí adelante que no prendiesen si no fuesen á los que fueron en
-la muerte de los españoles, y no mujeres ni muchachos, y que buenamente
-les enviasen á llamar, é así lo hicieron; y ciertos soldados de los
-que habian venido con Garay, que eran personas principales, que el
-Sandoval halló en aquella villa, los cuales eran por quien se habia
-revuelto aquella provincia, que ya los he nombrado á todos los más
-dellos en el capítulo pasado, vieron que Sandoval no les encomendaba
-cosa ninguna para ir por capitanes con soldados, como mandó á los siete
-conquistadores viejos de los de Cortés, comenzaron á murmurar dél entre
-ellos, y aun convocaban á otros soldados á decir mal del Sandoval y de
-sus cosas, y aun ponian en pláticas de se levantar con la tierra, so
-color de que estaba allí con ellos el hijo de Francisco de Garay como
-adelantado della; y como lo alcanzó á saber el Sandoval, les habló muy
-bien y les dijo:
-
-—«Señores, en lugar de lo tener á bien, como, gracias á Dios, os hemos
-venido á socorrer, me han dicho que decis cosas que para caballeros
-como sois no son de decir: yo no os quito vuestro ser y honra en enviar
-los que aquí hallé por caudillos y capitanes; y si hallara á vuesas
-mercedes que érades caudillos, harto fuera yo de ruin si les quitara el
-cargo.
-
-»Queria saber una cosa: por qué no lo fuistes cuando estábades
-cercados. Lo que me dijistes todos á una es, que si no fuera por
-aquellos siete soldados viejos, que tuviérades más trabajo; y como
-sabian la tierra mejor que vuesas mercedes, por esta causa los envié:
-así que, señores, en todas nuestras conquistas de Méjico no mirábamos
-en estas cosas é puntos, sino en servir lealmente á su majestad; así,
-os pido por merced que desde aquí adelante lo hagais, é yo no estaré
-en esta provincia muchos dias, si no me matan en ella, que me iré á
-Méjico. El que quedare por teniente de Cortés os dará muchos cargos, é
-á mí me perdonad.»
-
-Y con esto concluyó con ellos, y todavía no dejaron de tenelle mala
-voluntad; y esto pasado, luego otro dia sale Sandoval con los que trujo
-en su compañía de Méjico y con los siete que habia enviado, y tiene
-tales modos, que prendió hasta veinte caciques, que todos habian sido
-en la muerte de más de seiscientos españoles que mataron de los de
-Garay y de los que quedaron poblados en la villa de los de Cortés, y á
-todos los más pueblos envió á llamar de paz, y muchos dellos vinieron,
-y con otros disimulaba aunque no venian; y esto hecho, escribió muy en
-posta á Cortés dándole cuenta de todo lo acaecido, é qué mandaba que
-hiciese de los presos; porque Pedro de Vallejo, que dejó á Cortés por
-su teniente, era muerto de un flechazo, á quién mandaba que quedase en
-su lugar; y tambien le escribió que lo habian hecho muy como varones
-los soldados ya por mí nombrados; y como el Cortés vió la carta, se
-holgó mucho en que aquella provincia estuviese ya de paz; y en la
-sazon que le dieron la carta á Cortés estábanle acompañando muchos
-caballeros conquistadores é otros que habian venido de Castilla; é dijo
-Cortés delante dellos:
-
-—«¡Oh Gonzalo de Sandoval! ¡en cuán gran cargo os soy, y cómo me
-quitais de muchos trabajos!»
-
-Y allí todos le alabaron mucho, diciendo que era un muy extremado
-capitan, y que se podia nombrar entre los muy afamados.
-
-Dejemos destas loas; y luego Cortés le escribió que, para que más
-justificadamente castigase por justicia á los que fueron en la muerte
-de tanto español y robos de hacienda y muertes de caballos, que enviaba
-al alcalde mayor Diego de Ocampo para que se hiciese informacion contra
-ellos, é lo que se sentenciase por justicia que lo ejecutase; y le
-mandó que en todo lo que pudiese les aplaciese á todos los naturales
-de aquella provincia, é que no consintiese que los de Garay ni otras
-personas ningunas los robasen ni les hiciesen malos tratamientos; y
-como el Sandoval vió la carta, y que venia el Diego de Ocampo, se holgó
-dello, y desde á dos dias que llegó el alcalde mayor Ocampo hicieron
-proceso contra los capitanes y caciques que fueron en la muerte
-de los españoles, y por sus confesiones, por sentencia que contra
-ellos pronunciaron, quemaron y ahorcaron ciertos dellos, é á otros
-perdonaron; y los cacicazgos dieron á sus hijos y hermanos, á quien de
-derecho les convenia.
-
-Y esto hecho, el Diego de Ocampo parece ser traia instrucciones
-é mandamientos de Cortés para que inquiriese quién fueron los que
-entraban á robar la tierra é andaban en bandos y rencillas, y
-convocando á otros soldados que se alzasen, y mandó que les hiciese
-embarcar en un navío y los enviase á la isla de Cuba, y aun envió
-dos mil pesos para Juan de Grijalva si se queria volver á Cuba; é si
-quisiese quedar, que le ayudase y diese todo recaudo para venir á
-Méjico; é en fin de más razones, todos de buena voluntad se quisieron
-volver á la isla de Cuba, donde tenian indios, y les mandó dar mucho
-bastimento de maíz é gallinas é de todas las cosas que habia en la
-tierra, y se volvieron á sus casas é isla de Cuba; y esto hecho,
-nombraron por capitan á un Fulano de Vallecillo, é dieron la vuelta el
-Sandoval y el Diego de Ocampo para Méjico, y fueron bien recebidos de
-Cortés y de toda la ciudad, que temian todos algun mal desbaratamiento
-de los nuestros, y se alegraron y solazaron mucho cuando vieron venir á
-Sandoval con vitoria.
-
-Y fray Bartolomé de Olmedo dijo á Cortés que se diesen loores á Dios;
-y ansí, se hizo una fiesta á nuestra Señora, y predicó muy santamente
-fray Bartolomé de Olmedo, y como buen letrado, que lo era el fraile; y
-dende en adelante no se tornó más á levantar aquella provincia.
-
-Y dejemos de hablar más en ello, é digamos lo que le aconteció al
-licenciado Zuazo en el viaje que venia de Cuba á la Nueva España.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXIII.
-
-CÓMO EL LICENCIADO ALONSO DE ZUAZO VENIA EN UNA CARABELA Á LA
-NUEVA-ESPAÑA, CON DOS FRAILES DE LA MERCED, AMIGOS DE FRAY BARTOLOMÉ DE
-OLMEDO, Y DIÓ EN UNAS ISLETAS QUE LLAMAN LAS VÍBORAS, É DE LA MUERTE DE
-UNO DE LOS FRAILES, Y LO QUE MÁS LE ACONTECIÓ.
-
-
-Como ya he dicho en el capítulo pasado que hablé de cuando el
-licenciado Zuazo fué á ver á Francisco de Garay al pueblo Xagua, que es
-la isla de Cuba, cabe la villa de la Trinidad; y el Garay le importunó
-que fuese con él en su armada para ser medianero entre él y Cortés,
-porque bien entendido tenia que habia de tener diferencias sobre la
-gobernacion de Pánuco; y el Alonso de Zuazo le prometió que ansí lo
-haria en dando cuenta de la residencia del cargo que tuvo de justicia
-en aquella isla de Cuba, donde al presente vivia; y en hallándose
-desembarazado, luego procuró de dar residencia y hacerse á la vela
-é ir á la Nueva-España, adonde habia prometido, é llevó consigo dos
-frailes de la Merced, que se decia el uno fray Gonzalo de Pontevedra y
-el otro fray Juan Varillas, natural de Salamanca, é este era muy amigo
-del Padre fray Bartolomé de Olmedo, é habia pedido licencia á sus
-Prelados para ir en busca suya é le ayudar, é estaba con fray Gonzalo
-en Cuba á la ventura de si habia ocasion de ir con el fray Bartolomé;
-y el Zuazo que se decia pariente del fray Juan, le pidió se fuese con
-él, y se embarcaron en un navío chico, é yendo por su viaje, é salimos
-de la punta que llaman de Sant-Anton, y tambien se dice por otro nombre
-la tierra de los Gamatabeis, que son unos salvajes que no sirven á
-españoles; y navegando en su navío, que era de poco porte, ó porque
-el piloto erró la derrota, ó descayó con las corrientes, fué á dar en
-unas isletas que son entre unos bajos que llaman las Víboras, y no muy
-léjos destos bajos están otros que llaman los Alacranes, y entre estas
-isletas se suelen perder navíos grandes; y lo que le dió la vida á
-Zuazo fué ser su navío de poco porte.
-
-Pues volviendo á nuestra relacion: porque pudiesen llegar con el navío
-á una isleta que vieron que estaba cerca, que no bañaba la mar, echaron
-muchos tocinos al agua, y otras cosas que traian para matalotaje, para
-aliviar el navío, para poder ir sin tocar en tierra hasta la isleta, y
-cargaron tantos tiburones á los tocinos, que á unos marineros que se
-echaron al agua á más de la cinta, los tiburones, encarnizados en los
-tocinos apañaron á un marinero dellos y le despedazaron y tragaron, y
-si de presto no se volvieran los demás marineros á la carabela, todos
-perecieran, segun andaban los tiburones, encarnizados en la sangre
-del marinero que mataron; pues lo mejor que pudieron allegaron con
-su carabela á la isleta, y como habian echado á la mar el bastimento
-y cazabe, y no tenian qué comer, y tampoco tenian agua que beber ni
-lumbre, ni otra cosa con que pudiesen sustentarse, salvo unos tasajos
-de vaca que dejaron de arrojar á la mar, fué ventura que traian en la
-carabela dos indios de Cuba, que sabian sacar lumbre con unos palicos
-secos que hallaron en la isleta adonde aportaron, é dellos sacaron
-lumbre, y cavaron en un arenal y sacaron agua salobre, y como la isleta
-era chica y de arenales, venian á ella á desovar muchas tortugas,
-é ansí como salian las trastornaban los indios de Cuba las conchas
-arriba; é suele poner cada una dellas sobre cien huevos tamaños como de
-patos; é con aquellas tortugas é muchos huevos tuvieron bien con que
-se sustentar trece personas que escaparon en aquella isleta; y tambien
-mataron los marineros que salian de noche al arenal los lobos marinos
-de la isleta, que fueron harto buenos para comer.
-
-Pues estando desta manera, como en la carabela acertaron á venir dos
-carpinteros de ribera, y tenian sus herramientas, que no se les habian
-perdido, acordaron de hacer una barca para ir con ella á la vela, é
-con la tablazon é clavos, estopas é jarcias y velas que sacaron del
-navío que se perdió, hacen una buena barca como batel, en que fueron
-tres marineros é un indio de Cuba á la Nueva-España, y para matalotaje
-llevaron de las tortugas y los lobos marinos asados, y con agua
-salobre, y con la carta é aguja de marear, despues de se encomendar á
-Dios, fueron su viaje, é unas veces con buen tiempo é otras veces con
-contrario, llegaron al puerto de Calchocuca, que es el rio de Banderas,
-adonde en aquella sazon se descargaban las mercaderías que venian de
-Castilla, y dende allí fueron á Medellin, adonde estaba por teniente de
-Cortés un Simon de Cuenca; y como los marineros que venian en la barca
-le dijeron al teniente el gran peligro en que estaba el licenciado
-Alonso Zuazo, luego sin más dilacion el Simon de Cuenca buscó marineros
-é un navío de poco porte, y con mucho refresco, lo despachó á la isleta
-adonde estaba el Zuazo; y el Simon de Cuenca le escribió al mismo
-licenciado cómo Cortés se holgaria mucho con su venida, é ansimismo
-le hizo saber á Cortés todo lo acaecido, y cómo le envió el navío
-bastecido; de lo cual se holgó Cortés del buen aviamiento que el
-teniente hizo, y mandó que en aportando allí al puerto, que le diesen
-todo lo que hubiese menester, y vestidos y cabalgaduras, é que le
-enviasen á Méjico; y partió el navío, é fué con buen viaje á la isleta,
-con el cual se holgó el Zuazo y su gente.
-
-Volvamos á decir cómo cuando llegó el navío se habia muerto en pocos
-dias, de no poder comer bocado de las viandas, el Fraile fray Gonzalo,
-de que habian habido gran pesar fray Juan é Zuazo; é habiéndole
-encomendado á Dios su alma, se embarcaron en él, y de presto con buen
-tiempo llegaron á Medellin, é se les hizo mucha honra, y fueron á
-Méjico, y Cortés les mandó salir á recebir, y les llevó á sus palacios
-y se regocijó con ellos, y le hizo su alcalde mayor al licenciado
-Alonso de Zuazo, y en esto paró su viaje.
-
-Dejemos de hablar dello, y digo que esta relacion que doy, es por una
-carta que nos escribió á la villa de Guacalco Cortés al cabildo della,
-adonde declaraba lo por mí aquí dicho, é porque dentro en dos meses
-vino al puerto de aquella villa el mismo barco en que vinieron los
-marineros á dar aviso del Zuazo, é allí hicieron un barco del descargo
-de la misma barca, y los marineros nos lo contaban segun de la manera
-que aquí lo escribo.
-
-Dejemos esto, y diré cómo Cortés envió á Pedro de Albarado á pacificar
-la provincia de Guatimala.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXIV.
-
-CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á PEDRO DE ALBARADO Á LA PROVINCIA DE GUATIMALA PARA
-QUE POBLASE UNA VILLA Y LOS TRAJESE DE PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.
-
-
-Pues como Cortés siempre tuvo los pensamientos muy altos y de señorear,
-quiso en todo remedar á Alejandro Macedonio y con los muy buenos
-capitanes y extremados soldados que siempre tuvo, despues que se hubo
-poblado la gran ciudad de Méjico é Guaxaca é Zacatula é Colima é la
-Veracruz é Pánuco é Guacacualco, y tuvo noticia que en la provincia
-de Guatimala habia recios pueblos de mucha gente é que habia minas,
-acordó de enviar á la conquistar y poblar á Pedro de Albarado, é aun
-el mismo Cortés habia enviado á rogar á aquella provincia que viniesen
-de paz, é no quisieron venir; é dióle al Albarado para aquel viaje
-sobre trecientos soldados, y entre ellos ciento y veinte escopeteros
-y ballesteros, y más, le dió ciento y treinta y cinco de á caballo,
-cuatro tiros y mucha pólvora, y un artillero que se decia Fulano de
-Usagre, y sobre ducientos tlascaltecas y cholultecas, y cien mejicanos,
-que iban sobresalientes.
-
-Fray Bartolomé de Olmedo, que era amigo grande de Albarado, le demandó
-licencia á Cortés para irse con él é predicar la fe de Jesucristo á
-los de Guatimala; mas Cortés, que tenia con el fraile siempre harta
-comunicacion, decia que no, y que iria con Albarado un buen clérigo
-que habia venido de España con Garay, é que tuviese voluntad de
-quedarse para predicar la pascua del Nacimiento de Jesucristo; mas el
-fraile tanto le cansó, que se hubo de ir con Albarado, aunque con poca
-voluntad de Cortés, que siempre con él hablaba de todos los negocios.
-
-Y despues de dadas las instrucciones en que le mandaba á Albarado que
-con toda diligencia procurase de los atraer de paz sin darles guerra,
-é que con ciertas lenguas que llevaba les predicase fray Bartolomé de
-Olmedo las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que no les consintiese
-sacrificios ni sodomías ni robarse unos á otros, é que las cárceles é
-redes que hallase hechas, adonde suelen tener presos indios á engordar
-para comer, que las quebrase y que los saquen de las prisiones, y que
-con amor y buena voluntad los atraya á que dén la obediencia á su
-Majestad, y en todo se les hiciese buenos tratamientos, entónces fray
-Bartolomé de Olmedo pidió que se fuese con ellos el clérigo ya por mí
-arriba memorado, que vino con Garay para que le ayudase, y el clérigo
-era bueno, y Cortés se le dió y dijo que fuese en buen hora.
-
-Pues ya despedido el Pedro de Albarado de Cortés y de todos los
-caballeros amigos suyos que en Méjico habia, y se despidieron los unos
-de los otros, partió de aquella ciudad en 13 dias del mes de Diciembre
-de 1523 años, y mandóle Cortés que fuese por unos peñoles que cerca
-del camino estaban alzados en la provincia de Guantepeque, los cuales
-peñoles trajo de paz; llámanse el peñol de Güelamo, que era entónces
-de la encomienda de un soldado que se dice Güelamo; y dende allí fué
-á Tecuantepeque, pueblo grande, y son zapotecas, y le recibieron muy
-bien, porque estaban de paz, é ya se habian ido de aquel pueblo, como
-dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla, á Méjico, y dado
-la obediencia á su Majestad é á ver á Cortés, y aun le llevaron un
-presente de oro; y dende Tecuantepeque fué á la provincia de Soconusco,
-que era en aquel tiempo muy poblada de más de quince mil vecinos, y
-tambien le recibieron de paz y le dieron un presente de oro y se dieron
-por vasallos de su Majestad.
-
-Y dende Soconusco llegó cerca de otras poblaciones que se dicen
-Zapotitlan, y en el camino, en una puente de un rio que hay allí un mal
-paso, halló muchos escuadrones de guerreros que le estaban aguardando
-para no dejalle pasar, y tuvo una batalla con ellos, en que le mataron
-un caballo é hirieron muchos soldados, y uno murió de las heridas;
-y eran tantos los indios que se habian juntado contra Albarado, no
-solamente los de Zapotitlan, sino de otros pueblos comarcanos, que
-por muchos dellos que herian, no los podian apartar, y por tres veces
-tuvieron rencuentros, y quiso nuestro Señor Dios que los venció y le
-vinieron de paz; y dende Zapotitlan iba camino de un recio pueblo que
-se dice Quetzaltenango, y ántes de llegar á él tuvo otros rencuentros
-con los naturales de aquel pueblo y con otros sus vecinos, que se dice
-Utatlan, que era cabecera de ciertos pueblos que están en su contorno á
-la redonda del Quetzaltenango, y en ellos le hirieron ciertos soldados,
-puesto que el Pedro de Albarado y su gente mataron é hirieron muchos
-indios.
-
-Y luego estaba una mala subida de un puerto que dura legua y media,
-y con ballesteros y escopeteros y todos sus soldados puestos en gran
-concierto, lo comenzó á subir, y en la cumbre del puerto hallaron una
-india gorda que era hechicera, y un perro de los que ellos crian,
-que son buenos para comer, que no saben ladrar, sacrificados, que es
-señal de guerra; y más adelante halló tanta multitud de guerreros
-que le estaban esperando, y le comenzaron á cercar; y como eran los
-pasos malos y en sierra muy agra, los de á caballo no podian correr
-ni revolver ni aprovecharse dellos; mas los ballesteros y escopeteros
-y soldados de espada y rodela tuvieron reciamente con ellos pié con
-pié, y fueron peleando las cuestas y puerto abajo, hasta llegar á unas
-barrancas, donde tuvo otra muy reñida escaramuza con otros muchos
-escuadrones de guerreros que allí en aquellas barrancas esperaban, y
-era con un ardid que entre ellos tenian acordado, y fué desta manera:
-que, como fuese el Pedro de Albarado peleando, hacian que te iban
-retrayendo, y como les fuese siguiendo hasta donde le estaban esperando
-sobre seis mil indios guerreros, y estos eran de los de Utatlan y de
-otros pueblos sus sujetos, que allí los pensaban matar; y Pedro de
-Albarado y todos sus soldados pelearon con ellos con grande ánimo, y
-los indios le hirieron tres soldados y dos caballos, mas todavía les
-venció y puso en huida; y no fueron muy léjos, que luego se tornaron
-á juntar y rehacer con otros escuadrones, y tornaron á pelear como
-valientes guerreros, creyendo desbaratar al Pedro de Albarado y á su
-gente; é fué cabe una fuente, adonde le aguardaron de arte, que se
-venian ya pié con pié con los de Pedro de Albarado, y muchos indios
-hubo dellos que aguardaron dos ó tres juntos á un caballo, y se ponian
-á fuerzas para derrotalle, é otros los tomaban de las colas; y aquí se
-vió el Pedro de Albarado en gran aprieto, porque como eran muchos los
-contrarios, no podian sustentar á tantas partes de los escuadrones que
-les daban guerra á él y todos los suyos; y como hubieron gran coraje
-con el ánimo que les daba fray Bartolomé de Olmedo, diciéndoles que
-peleasen con intencion de servir á Dios y extender su santa fe, que él
-les ayudaria, y que habian de vencer ó morir sobre ello; é con todo,
-temian no los desbaratasen, porque se vieron en gran aprieto; y danles
-una mano con las escopetas y ballestas, y á buenas cuchilladas les
-hicieron que se apartasen algo.
-
-Pues los de á caballo no estaban de espacio, sino alancear y atropellar
-y pasar adelante, hasta que los hubieron desbaratado, que no se
-juntaron en aquellos tres dias; é como vió que ya no tenia contrarios
-con quien pelear, se estuvo en el campo sin ir á poblado, rancheando
-y buscando de comer; y luego se fué con todo su ejército al pueblo
-de Quetzaltenango, y allí supo que en las batallas pasadas les
-habia muerto dos capitanes señores de Utatlan: y estando reposando
-y curando los heridos, tuvo aviso que venia otra vez contra él todo
-el poder de aquellos pueblos comarcanos, y se habian juntado más de
-dos xiquipiles, que son diez y seis mil indios; que cada xiquipil
-son ocho mil guerreros, é que venian con determinacion de morir
-todos ó vencer; y como el Pedro de Albarado lo supo, se salió con su
-ejército en un llano, y como venian tan determinados los contrarios,
-comenzaron á cercar el ejército de Pedro de Albarado y tirar vara,
-flecha y piedra y con lanzas, y como era muy llano y podian muy bien
-correr á todas partes los caballos, dan en los escuadrones contrarios
-de tal manera, que de presto les hizo volver las espaldas; aquí le
-hirieron muchos soldados é un caballo, y segun pareció, murieron
-ciertos indios principales, ansí de aquel pueblo como de toda aquella
-tierra; por manera que dende aquella vitoria ya temian aquellos pueblos
-mucho á Albarado, y concertaron toda aquella comarca de le enviar
-á demandar paces, é le trajeron un presente de oro de poca valía
-porque acetase las paces, é fué con acuerdo de todos los caciques de
-aquella provincia, porque otra vez se tornaron á juntar muchos más
-guerreros que de ántes; y les mandaron á sus guerreros que secretamente
-estuviesen entre las barrancas de aquel pueblo de Utatlan, y que si
-enviaban á demandar paces, era que, como el Pedro de Albarado y su
-ejército estaba en Quetzaltenango haciendo entradas y corredurias, é
-siempre traian presa de indios é indias, y por llevalle á otro pueblo
-muy fuerte y cercado de barrancas, que se dice Utatlan, para que cuando
-le tuviesen dentro y en parte que ellos creian aprovecharse dél y de
-sus soldados, dar en ellos con los guerreros que ya estaban aparejados
-y escondidos para ello.
-
-Volvamos á decir cómo fueron con el presente delante de Pedro de
-Albarado muchos principales; y despues de hecha su cortesía á su
-usanza, le demandaron perdon por las guerras pasadas, ofreciéndose por
-vasallos de su Majestad, y le ruegan que porque su pueblo es grande,
-está en parte más apacible donde le puedan servir, é junto á otras
-poblaciones, que se vaya con ellos á él.
-
-Y el Pedro de Albarado los recibió con mucho amor, y no entendió
-las cautelas que traian; y despues de les haber respondido el mal
-que habian hecho en salir de guerra, aceptó sus paces, é otro dia
-por la mañana fué con su ejército con ellos á Utatlan, que ansí se
-dice el pueblo, é desque hubo entrado dentro é vieron una casa tan
-fuerte, porque tenia dos puertas, y la una dellas tenia veinte y cinco
-escalones ántes de entrar en el pueblo, y la otra puerta con una
-calzada que era muy mala y deshecha por todas partes, y las casas muy
-juntas y las calles muy angostas, y en todo el pueblo no habia mujeres
-ni gente menuda, cercado de barrancas, é de comer no les proveian sino
-mal y tarde, y los caciques muy demudados en los parlamentos, avisaron
-al Pedro de Albarado unos indios de Quetzaltenango que aquella noche
-los querian matar á todos en aquellos pueblos si allí se quedaban, é
-que tenian puestos entre las barrancas muchos escuadrones de guerreros
-para en viendo arder las casas juntarse con los de Utatlan, dar en
-nosotros los unos por una parte é los otros por otra, é con el fuego
-é humo no se podrian valer, é que entónces los quemarian vivos; y
-como el Pedro de Albarado entendió el gran peligro en que estaban, de
-presto mandó á sus capitanes é á todo su ejército que sin más tardar
-se saliesen al campo, y les dijo el peligro que tenian; y como lo
-entendieron, no tardaron de se ir á lo llano cerca de unas barrancas,
-porque en aquel tiempo no tuvieron más lugar de salir á tierra llana
-de en medio de tan recios pasos; é á todo esto el Pedro de Albarado
-mostraba buena voluntad á los caciques y principales de aquel pueblo
-y de otros comarcanos, y les dijo que porque los caballos eran
-acostumbrados de andar paciendo en el campo un rato del dia, que por
-esta causa se salió del pueblo, porque estaban muy juntas las casas
-y calles; y los caciques estaban muy tristes porque ansí los vieron
-salir; é ya el Pedro de Albarado no pudo más disimular la traicion que
-tenian urdida, y sobre ello y sobre los escuadrones que tenia juntos en
-las barrancas mandó prender al cacique de aquel pueblo y por justicia
-le mandó quemar.
-
-Fray Bartolomé de Olmedo pidió á Albarado que queria ver si podria
-enseñarle y predicarle la fe de Cristo para le bautizar; y el Fraile
-pidió un dia de término, y no lo hizo en dos; pero al fin quiso
-Jesucristo que el cacique se hizo cristiano, y le bautizó el Fraile,
-y pidió á Albarado que no le quemasen, sino que le ahorcasen, y el
-Albarado se lo concedió, y dió el señorío á su hijo, y luego se
-salió á tierra llana fuera de las barrancas, y tuvo guerra con los
-escuadrones que tenian aparejados para el efeto que he dicho; y despues
-que hubieron probado sus fuerzas y la mala voluntad con los nuestros,
-fueron desbaratados.
-
-Y dejemos de hablar de aquesto, y digamos cómo en aquella sazon en un
-gran pueblo que se dice Guatimala se supo las batallas que Pedro de
-Albarado habia habido despues que entró en la provincia, y en todas
-habia sido vencedor, y que al presente estaba en tierra de Utatlan,
-y que dende allí hacia entradas y daba guerras á muchos pueblos; y
-segun pareció, los de Utatlan y sus sujetos eran enemigos de los de
-Guatimala, é acordaron los de Guatimala de enviar mensajeros con
-presentes de oro á Pedro de Albarado, y darse por vasallos de su
-majestad; y enviaron á decir que si habian menester algun servicio de
-sus personas para aquellas guerras, que ellos vendrian; y el Pedro
-de Albarado los recibió de buena voluntad, y les envió á dar muchas
-gracias por ello; y para ver si era como se lo decian, y como no
-sabia la tierra, para que le encaminasen les envió á demandar dos mil
-guerreros, y esto por causa de muchas barrancas y pasos malos que
-estaban cortados porque no pudiesen pasar los nuestros, para que si
-fuesen menester los adobasen, y llevar el fardaje; y los de Guatimala
-se los enviaron luego con sus capitanes; y Pedro de Albarado estuvo en
-la provincia de Utatlan siete ú ocho dias haciendo entradas, y eran
-de los pueblos rebelados que habian dado la obediencia á su majestad,
-y despues de dada se tornaban á alzar, y herraron muchos esclavos é
-indias, y pagaron el real quinto, y los demás repartieron entre los
-soldados; y luego se fué á la ciudad de Guatimala, y fué bien recibido
-y hospedado; y desque fueron allí llegados, le contaba Albarado á fray
-Bartolomé de Olmedo y á los capitanes suyos que nunca tan apretado se
-habia visto como en batallar con los de Utatlan, é que eran corajudos
-é buenos guerreros, y que se habian hecho buena hacienda, mas fray
-Bartolomé de Olmedo le replicó que Dios le habia hecho, é que para que
-tuviese por bien é pluguiese de les ayudar en adelante, que no seria
-malo darle gracias y hacer fiesta á Dios y á su Madre, é que la gente
-oyese Misa y que él predicase á los indios; dijo Albarado y todos los
-capitanes:
-
-—«Esa es la verdad, Padre; hágase una fiesta á la Vírgen.»
-
-É se aparejó un altar, é confesaron en dia y medio todos, é los
-comulgó fray Bartolomé de Olmedo, é despues de la Misa predicó, é habia
-allí muchos indios, é les declaró muchas cosas de nuestra santa fe,
-porque dijo muy buenas teologías, que el Fraile dicen que la sabia; y
-le plugo á Dios que más de treinta indios quisiesen ser bautizados,
-é los bautizó de allí á dos dias el Fraile, é estaban otros deseando
-bautizarse, por ver como hablaban é comunicaban más los nuestros con
-los bautizados é no con ellos, é todos generalmente estaban con alegría
-con Albarado; y los caciques de aquella ciudad le dijeron que muy cerca
-de allí habia unos pueblos junto á una laguna, é que tenian un peñol
-muy fuerte; é que eran sus enemigos é que les daban guerra, y que bien
-sabian los de aquel pueblo que no estaban léjos é cómo estaba allí el
-Pedro de Albarado, y que no venian á dar la obediencia como los demás
-pueblos, y que eran muy malos y de malas condiciones; el cual pueblo
-se dice Atitlan; y el Pedro de Albarado les envió á rogar que viniesen
-de paz y que serian dél muy bien tratados, y otras blandas palabras;
-y la respuesta que enviaron fué, que maltrataron los mensajeros, y
-viendo que no aprovechaban, tornó á enviar otros embajadores para les
-traer de paz, porque tres veces les envió á traer de paz, y todas
-tres les maltrataron de palabra; y fué Pedro de Albarado en persona á
-ellos, y llevó sobre ciento y cuarenta soldados, y entre ellos veinte
-ballesteros y escopeteros y cuarenta de á caballo, y con dos mil
-guatimaltecas; é cuando llegó junto al pueblo les tornó á requerir con
-la paz, y no le respondieron sino con arcos y flechas, que comenzaron
-á flechar; y cuando aquello vió, que no llegó muy léjos de allí y
-estaba dentro del agua, sálenle al encuentro dos buenos escuadrones
-de indios guerreros con grandes lanzas y buenos arcos y flechas, y
-con otras muchas armas y coseletes, y tañendo sus atabales, y con sus
-penachos y divisas, y peleó con ellos buen rato, é hubo muchos heridos
-de los soldados; mas no tardaron mucho en el campo los contrarios, que
-luego fueron huyendo á acogerse al peñol, y el Pedro de Albarado con
-sus soldados tras ellos, y de presto les ganó el peñol, y hubo muchos
-muertos y heridos, é más hubiera si no se echaran todos al agua; y
-se pasaron á una isleta, y entónces saquearon las casas que estaban
-pobladas junto á la laguna; y se salieron á un llano adonde habia
-muchos maizales, y durmió allí aquella noche.
-
-Otro dia de mañana fueron al pueblo de Atitlan, que ya he dicho que
-ansí se dice, y estaba despoblado; y entónces mandó que corriesen la
-tierra é las güertas de cacaguatales, que tenian muchas, é trajeron
-presos dos principales de aquel pueblo, y el Pedro de Albarado les
-envió luego aquellos principales, con los que estaban presos del dia
-ántes, á rogar á los demás caciques vengan de paz, y que les dará
-todos los prisioneros, y que serán dél muy bien mirados y honrados, y
-que si no vienen, que les dará guerra como á los de Quetzaltenango é
-Utatlan, é les cortará sus árboles de cacaguatales y hará todo el daño
-que pudiere; en fin de más razones, con estas palabras y amenazas luego
-vinieron de paz y trajeron un presente de oro, y se dieron por vasallos
-de su majestad, y luego el Pedro de Albarado y su ejército se volvió
-á Guatimala; é se ocupaba el fray Bartolomé de Olmedo en predicarles
-la santa fe á los indios, decia Misa en un altar que hicieron, en que
-pusieron una cruz, que la adoraban ya los indios, como miraban que
-nosotros la adorábamos; é tambien puso el Fraile una imágen de la
-Vírgen que habia traido Garay é se la dió cuando muriera; era pequeña,
-mas muy hermosa, é los indios se enamoraban della, y el Fraile les
-decia quién era, y ellos la adoraban; é estando algunos dias sin hacer
-cosa más de lo por mí memorado, vinieron de paz todos los pueblos de
-la comarca, y otros de la costa del Sur, que se llaman los pipiles; y
-muchos de aquellos pueblos que vinieron de paz se quejaron que en el
-camino por donde venian estaba una poblacion que se dice Izcuintepeque,
-y que eran malos, y que no les dejaban pasar por su tierra y les iban
-á saquear sus pueblos, y dieron otras muchas quejas dellos; y el Pedro
-de Albarado los envió á llamar de paz, y no quisieron venir, ántes
-enviaron á decir muy soberbias palabras; é acordó de ir á ellos con
-todos los más soldados que tenia, y de á caballo y escopeteros y
-ballesteros, y muchos amigos de Guatimala, y sin ser sentidos, da una
-mañana sobre ellos, en que se hizo mucho daño y presa, que valiera más
-que nunca se hiciera, sino conforme á justicia; que fué mal hecho y no
-conforme á lo que su majestad mandó.
-
-É ya que hemos hecho relacion de la conquista y pacificacion de
-Guatimala y sus provincias, y muy cumplidamente lo dice en una memoria
-que dello tiene hecha un vecino de Guatimala, deudo de los Albarados,
-que se dice Gonzalo de Albarado, lo cual verán más por extenso, si
-yo en algo aquí faltare, y esto digo porque no me hallé en estas
-conquistas hasta que pasamos por aquestas provincias, estando todo de
-guerra, en el año de 1524 años, é fué cuando veniamos de las Higueras
-é Honduras con el capitan Luis Marin, que nos volvimos para Méjico; y
-más digo, que tuvimos en aquella sazon con los de Guatimala algunos
-rencuentros de guerra, y tenian hechos muchos hoyos y cortados en
-pasos malos pedazos de sierras para que no pudiésemos pasar con las
-grandes barrancas; y aun entre un pueblo que se dice Iuanazagapa y
-Petapa, en unas quebradas hondas estuvimos allí detenidos guerreando
-con los naturales de aquella tierra dos dias, que no podiamos pasar un
-mal paso; y entónces me hirieron de un flechazo, mas fué poca cosa, y
-pasamos con harto trabajo, porque estaban en el paso muchos guerreros
-guatimaltecas y de otros pueblos; y porque hay mucho que decir, y por
-fuerza tengo de traer á la memoria algunas cosas en su tiempo y lugar,
-y esto fué en el tiempo que hubo fama que Cortés era muerto y todos los
-que con él fuimos á las Higueras, lo dejaré por agora, y digamos de la
-armada que Cortés envió á las Higueras y Honduras.
-
-Tambien digo que esta provincia de Guatimala no eran guerreros los
-indios, porque no esperaban sino en barrancas, y con sus flechas no
-hacian nada, y no aguardaban á que los rompieran en campo llano.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXV.
-
-CÓMO CORTÉS ENVIÓ UNA ARMADA PARA QUE PACIFICASE Y CONQUISTASE AQUELLAS
-PROVINCIAS DE HIGUERAS Y HONDURAS, ENVIÓ POR CAPITAN DELLA Á CRISTÓBAL
-DE OLÍ, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADELANTE.
-
-
-Como Cortés tuvo nueva que habia ricas tierras y buenas minas en lo de
-Higueras é Honduras, é aun le hicieron creer unos pilotos que habian
-estado en aquel paraje ó bien cerca dél, que habian hallado unos indios
-pescando en la mar y que les tomaron las redes, é que las plomadas que
-en ellas traian para pescar que eran de oro revuelto con cobre; y le
-dijeron que creyeron que habia por aquel paraje estrecho, y que pasaban
-por él de la banda del Norte á la del Sur; y tambien, segun entendimos,
-su majestad le encargó y mandó á Cortés por cartas, que en todo lo
-que descubriese mirase é inquiriese con grande diligencia y solicitud
-de buscar el estrecho ó puerto ó paraje para la especería, agora sea
-por lo del oro ó por buscar el estrecho; Cortés acordó de enviar por
-capitan de aquella jornada á un Cristóbal de Olí, que fué maestre de
-campo en lo de Méjico, lo uno porque le via hecho de su mano, y era
-casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de Araujo (ya le he
-nombrado otras veces), y tenia el Cristóbal de Olí buenos indios de
-repartimiento cerca de Méjico, creyendo que le seria fiel y haria lo
-que le encomendase, y porque para ir por tierra tan largo viaje era
-grande inconveniente y trabajo y gasto, acordó que fuese por la mar,
-porque no era tan grande estorbo é costa, y dióle cinco navíos y un
-bergantin muy bien artillados, y con mucha pólvora y bien bastecidos,
-y dióle trecientos y setenta soldados, y en ellos cien ballesteros y
-escopeteros y veinte y dos caballos, y entre estos soldados fueron
-cinco conquistadores de los nuestros, que pasaron con el mismo Cortés
-la primera vez, habiendo servido á su majestad muy bien en todas las
-conquistas, y tenian ya sus casas y reposo; y esto digo ansí, porque
-no aprovechaba cosa decir á Cortés:
-
-—«Señor, déjame descansar, que harto estoy de servir;» que les hacia ir
-adonde mandaba por fuerza.
-
-É llevó consigo á un Briones, natural de Salamanca, é habia sido
-capitan de bergantines y soldado en Italia, y este Briones era muy
-bullicioso y enemigo de Cortés; y llevó otros muchos soldados que
-no estaban bien con Cortés porque no les dió buenos repartimientos
-de indios ni las partes del oro, y le querian muy mal; y en las
-instrucciones que Cortés le dió fué, que dende el puerto de la
-Villa-Rica fuese su derrota á la Habana, y que allí en la Habana
-hallaria á un Alonso de Contreras, soldado viejo de Cortés, natural
-de Orgaz, que llevó seis mil pesos de oro para que comprase caballos
-y cazabe é puercos y tocinos, y otras cosas pertenecientes para el
-armada; el cual soldado envió Cortés adelante de Cristóbal de Olí por
-causa de que si verian ir el armada los vecinos de la Habana encarecian
-los caballos y todos los demás bastimentos; y mandó al Cristóbal de
-Olí que en llegando á la Habana tomase los caballos que estuviesen
-comprados, y de allí fuese su derrota para Higueras, que era buena
-navegacion y muy cerca, y le mandó que buenamente, sin haber muertes de
-indios, cuando hubiese desembarcado procurase poblar una villa en algun
-buen puerto, é que á los naturales de aquellas provincias los trajese
-de paz, y buscase oro y plata, y que procurase de saber é inquirir
-si habia estrecho, ó qué puertos habia por la banda del Sur, si allá
-pasase; y le dió dos clérigos, que el uno dellos sabia la lengua
-mejicana, y le encargó que con diligencia les predicasen las cosas de
-nuestra santa fe, y que no consintiesen sodomías ni sacrificios, sino
-que buena y mansamente se los desabrigasen; y le mandó que todas las
-casas de madera adonde tenian indios é indias á engordar, encarcelados,
-para comer, que se las quebrasen, y soltasen los tristes encarcelados;
-y le mandó que en todas partes pusiesen cruces, y le dió muchas
-imágenes de Nuestra Señora para que pusiese en los pueblos, y le dijo
-estas palabras:
-
-—«Mira, hijo Cristóbal de Olí, desa manera lo procurad hacer.»
-
-Y despues de abrazados y despedidos con mucho amor y paz, se despidió
-el Cristóbal de Olí de Cortés y de toda su casa, y fué á la Villa-Rica,
-donde estaba toda su armada muy á punto, y en ciertos dias del mes é
-año que no me acuerdo, se embarcó con todos sus soldados, y con buen
-tiempo llegó á la Habana, y halló los caballos comprados y todo lo
-demás de bastimentos, y cinco soldados, que eran personas de calidad,
-de los que habia echado de Pánuco Diego de Ocampo, porque era muy
-bandolero y bullicioso; y á estos soldados ya los he nombrado algunos
-dellos cómo se llamaban, en el capítulo pasado cuando la pacificacion
-de Pánuco, y por esta causa los dejaré ahora de nombrar; y estos
-soldados aconsejaron al Cristóbal de Olí, pues que habia fama de
-tierra rica donde iba, y llevaba buena armada, bien bastecida, y muchos
-caballos y soldados, que se alzase desde luego á Cortés, y que no le
-conociese dende allí por superior ni le acudiese con cosa ninguna.
-
-El Briones, otra vez por mí nombrado, se lo habia dicho muchas veces
-secretamente al Cristóbal de Olí sobre el caso, é al gobernador de
-aquella isla, que ya he dicho otras muchas veces que se decia Diego
-Velazquez, enemigo mortal de Cortés; y el Diego Velazquez vino donde
-estaba la armada, y lo que se concertaron fué, que entre él y Cristóbal
-de Olí tuviesen aquella tierra de Higueras y Honduras por su majestad,
-y en su real nombre Cristóbal de Olí, y que el Diego Velazquez le
-proveeria de lo que hubiese menester, é haria sabidor dello en Castilla
-á su majestad para que le trujesen la gobernacion; y desta manera
-se concertó la compañía del armada; y quiero decir la condicion y
-presencia de Cristóbal de Olí: era valiente por su persona, así á pié
-como á caballo; era extremado varon, mas no era para mandar, sino para
-ser mandado, y era de edad de treinta y seis años, natural de cerca de
-Baeza ó Linares, y su presencia y altor era de buen cuerpo y membrudo
-y de grande espalda, bien entallado é algo rubio, y tenia muy buena
-presencia en el rostro, y traia el bezo de bajo siempre como hendido á
-manera de grieta; en la plática hablaba algo gordo y espantoso, y era
-de buena conversacion, y tenia otras buenas condiciones de ser franco,
-y era al principio cuando estaba en Méjico gran servidor de Cortés,
-sino que esta ambicion de mandar y no ser mandado le cegó, y con los
-malos consejeros, y tambien como fué criado en casa de Diego Velazquez
-cuando mozo, y fué lengua de la isla de Cuba, reconoció el pan que en
-su casa habia comido, aunque más obligado era á Cortés que no á Diego
-Velazquez.
-
-Pues ya hecho este concierto con Diego Velazquez, vinieron en
-compañía con el Cristóbal de Olí muchos vecinos de la isla de Cuba,
-especialmente los que he dicho que fueron en aconsejarle que se alzase.
-
-Y de que no tenia más en qué entender en aquella isla, en los navíos
-metido todo su matalotaje, mandó alzar velas á toda su armada, fué á
-desembarcar con buen tiempo obra de quince leguas adelante, á puerto de
-Caballos, en una comba, y allegó á 3 de Mayo: á esta causa nombró á una
-villa Triunfo de la Cruz; é hizo nombramiento de alcaldes y regidores
-á los soldados que Cortés le habia mandado cuando estaba en Méjico que
-honrase y diese cargos, y tomó la posesion de aquellas tierras por su
-majestad, y de Hernando Cortés en su Real nombre, é hizo otros votos
-que convenian; y todo esto que hacia era porque los amigos de Cortés
-no entendiesen que iba alzado, para ver si pudiese hacer dellos buenos
-amigos de que alcanzasen á saber las cosas, y tambien que no sabia si
-acudiria la tierra tan rica y de buenas minas como decian; y tiró á
-dos hitos, como dicho tengo: el uno, que si habia buenas minas y la
-tierra muy poblada, alzarse con ella; y el otro, que si no acudiese tan
-buena, volver á Méjico á su mujer y repartimientos, y desculparse con
-Cortés con decille que la compañía que hizo con Diego Velazquez fué
-porque le diese bastimentos y soldados, y no acudirle en cosa ninguna;
-é que bien lo podia ver, pues tomó la posesion por Cortés, y esto tenia
-en el pensamiento, segun muchos de sus amigos dijeron, con quien él
-habia comunicado.
-
-Dejémosle ya poblado el Triunfo de la Cruz, que Cortés nunca supo cosa
-ninguna hasta más de ocho meses.
-
-Y porque por fuerza tengo volver otra vez á hablar en él, lo dejaré
-ahora, y diré lo que nos acaeció en Guacacualco, y cómo Cortés me envió
-con el capitan Luis Marin á pacificar la provincia de Chiapa.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXVI.
-
-CÓMO LOS QUE QUEDAMOS POBLADOS EN GUACACUALCO SIEMPRE ANDÁBAMOS
-PACIFICANDO LAS PROVINCIAS QUE SE NOS ALZABAN, Y CÓMO CORTÉS MANDÓ AL
-CAPITAN LUIS MARIN QUE FUESE Á CONQUISTAR É Á PACIFICAR LA PROVINCIA DE
-CHIAPA, Y ME MANDÓ QUE FUESE CON ÉL, Y Á FRAY JUAN DE LAS VARILLAS, El
-PARIENTE DE ZUAZO, FRAILE MERCENARIO, Y LO QUE EN LA PACIFICACION PASÓ.
-
-
-Pues como estábamos poblados en aquella villa de Guacacualco muchos
-conquistadores viejos y personas de calidad, y teniamos grandes
-términos repartidos entre nosotros, que era la misma provincia de
-Guacacualco é Citla, é lo de Tabasco é Cimatan é Chotalpa, y en las
-sierras arriba lo de Cachula é Zoque é Quilenes, hasta Cinacatan, é
-Chamula, é la ciudad de Chiapa de los indios, y Papanaustla é Pinula,
-y hácia la banda de Méjico la provincia de Xaltepeque y Guazpaltepeque
-é Chinanta é Tepeca, y otros pueblos, y como al principio todas las
-provincias que habia en la Nueva-España las más dellas se alzaban
-cuando les pedian tributo, y aun mataban á sus encomenderos, y á
-los españoles que podian tomar á su salvo los acapillaban, así nos
-aconteció en aquella villa, que casi no quedó provincia que todos no se
-nos rebelaron; y á esta causa siempre andamos de pueblo en pueblo con
-una capitanía, atrayéndolos de paz; y como los de Cimatan no querian
-venir de paz á la villa ni obedecer su mandamiento, acordó el capitan
-Luis Marin que por no enviar capitanía de muchos soldados contra ellos,
-que fuésemos cuatro vecinos á los traer de paz; yo fuí el uno dellos, y
-los demás se llamaban Rodrigo de Enao, natural de Ávila, y un Francisco
-Martin, medio vizcaino, y el otro se decia Francisco Jimenez, natural
-de Inguijuela de Extremadura; y lo que nos mandó el capitan fué, que
-buenamente y con amor los llamásemos de paz, y que no les dijésemos
-palabras de que se enojasen.
-
-É yendo que íbamos á su provincia, que son las poblaciones entre
-grandes ciénagas y caudalosos rios, é ya que llegábamos á dos leguas de
-su pueblo, les enviamos mensajeros á decir cómo íbamos, y la respuesta
-que dieron fué, que salen á nosotros tres escuadrones de flecheros y
-lanceros, que á la primera refriega mataron dos de nuestros compañeros,
-é á mí me dieron la primera herida de un flechazo en la garganta,
-que con la sangre que me salia, é en aquel tiempo no podia apretallo
-ni tomar la sangre, estuvo mi vida en harto peligro; pues el otro mi
-compañero que estaba por herir, que era el Francisco Martin, puesto que
-yo y él siempre haciamos cara é heriamos algunos contrarios, acordó de
-tomar las de Villadiego y acogerse á unas canoas que estaban cabe un
-rio que se decia Macapa; y como yo quedaba solo y mal herido, porque no
-me acabasen de matar, é sin sentido é poco acuerdo, me metí entre unos
-matorrales, y volviendo en mí, con fuerte corazon dije:
-
-—«¡Oh, válgame nuestra Señora! ¿Si es verdad que tengo que morir hoy en
-poder destos perros?»
-
-Y tomé tal esfuerzo, que salgo de las matas y rompo por los indios,
-que á buenas cuchilladas y estocadas me dieron lugar que saliese de
-entre ellos; y aunque me tornaron á herir, fuí á las canoas, donde
-estaba ya mi compañero Francisco Martin con cuatro indios amigos que
-eran los que habiamos traido con nosotros, que nos llevaban el hato;
-que estos indios, cuando estábamos peleando con los cimatecas, dejando
-las cargas, se acogen al rio en las canoas; y lo que nos dió la vida á
-mí y Francisco Martin fué, que los contrarios se embarazaron en robar
-nuestra ropa y petacas.
-
-Dejemos de hablar en esto, y digamos que Dios fué servido escaparnos
-de no morir allí, y en las canoas pasamos aquel rio, que es muy grande
-é hondo, é hay en él muchos lagartos; y porque no nos siguiesen los
-cimatecas, que así se llaman, estuvimos ocho dias por los montes, y
-dende pocos dias se supo en Guacacualco esta nueva, y dijeron los
-indios que habiamos traido, que llevaron la misma nueva, que todos
-los cuatro indios que quedaron en las canoas, como dicho tengo, que
-éramos muertos; y estos, de que nos vieron heridos é los dos muertos,
-se fueron huyendo y nos dejaron en la pelea, y en pocos dias llegaron á
-Guacacualco; y como no pareciamos ni habia nueva de nosotros, creyeron
-que éramos muertos, como los indios dijeron; y como era costumbre de
-Indias y en aquella sazon se usaba, ya habia repartido el capitan Luis
-Marin en otros conquistadores nuestros pueblos, hecho mensajeros á
-Cortés para enviar las cédulas de encomienda, y aun vendido nuestras
-haciendas, y al cabo de veinte y tres dias aportamos á la villa; de lo
-cual se holgaron nuestros amigos, mas á quien les habia dado nuestros
-indios les pesó; y viendo el capitan Luis Marin que no podiamos
-apaciguar aquellas provincias, y mataban muchos de nuestros soldados,
-acordó de ir á Méjico á demandar á Cortés más soldados y socorro y
-pertrechos de guerra, y mandó que entre tanto que iba no saliésemos de
-la villa ningunos vecinos á los pueblos léjos, si no fuese á los que
-estaban cuatro ó cinco leguas de allí, para traer comida.
-
-Pues llegado á Méjico, dió cuenta á Cortés de todo lo acaecido, y
-entónces le mandó que volviese á Guacacualco, y envió con él treinta
-soldados, y entre ellos á un Alonso de Grado, por mí muchas veces
-nombrado; á fray Juan de las Varillas, que habia venido con Zuazo, que
-era gran estudiante, que solia decir habia estudiado en su colegio
-de la Veracruz de Salamanca, de donde era, y decian que de muy noble
-linaje; y le mandó que con todos los vecinos que estábamos en la villa
-y los soldados que traia consigo fuésemos á la provincia de Chiapa,
-que estaba de guerra, que la pacificásemos y poblásemos una villa; y
-como el capitan Luis Marin vino con estos despachos, nos apercebimos
-todos, así los que estábamos allí poblados como los que traian de
-nuevo, y comenzamos á abrir caminos, porque eran montes y ciénagas
-muy malas, y echábamos en ellas maderos y ramos para poder pasar
-los caballos, y con gran trabajo fuimos á salir á un pueblo que se
-dice Tezpuntlan, que hasta entónces por el rio arriba soliamos ir en
-canoas, que no habia otro camino abierto; y dende aquel pueblo fuimos
-á otro pueblo la sierra arriba, que se dice Cachula; y para que bien
-se entienda, este Cachula es en la provincia de Chiapa; y esto digo
-porque está otro pueblo del mismo nombre junto á la Puebla de los
-Ángeles.
-
-Y dende Cachula fuimos á otros pueblezuelos sujetos al mismo Cachula,
-y fuimos abriendo camino nuevo el rio arriba, que venian de la
-poblacion de Chiapa, porque no habia camino ninguno, y todos los
-rededores que estaban poblados habian grande miedo á los chiapanecas,
-porque ciertamente eran en aquel tiempo los mayores guerreros que yo
-habia visto en toda la Nueva-España, aunque entren entre ellos los
-tlascaltecas ni mejicanos ni zapotecas ni mingues; y esto digo porque
-jamás Méjico los pudo señorear, porque en aquella sazon era aquella
-provincia muy poblada, y los naturales della eran en gran manera
-belicosos y daban guerra á sus comarcanos, que eran los de Cinacatan
-y á todos los pueblos de la laguna quilenayas, asimismo á los pueblos
-que se dicen los zoques, y robaban y cautivaban á la contina á otros
-pueblezuelos donde podian hacer presa, y con los que dellos mataban
-hacian sacrificios y hartazgas; y demás desto, en los caminos de
-Teguantepeque tenian en pasos malos puestos guerreros para saltear á
-los indios mercaderes que trataban de una provincia á otra; y á esta
-causa dejaban algunas veces de tratar las unas provincias con las
-otras, y aun habian traido por fuerza á otros pueblos y hécholes poblar
-y estar junto á Chiapa, y los tenian por esclavos y con ellos hacian
-sus sementeras.
-
-Volvamos á nuestro camino, que fuimos el rio arriba hácia su ciudad, y
-era por Cuaresma año de 1524, y esto de los años no me acuerdo bien;
-y ántes de llegar á Chiapa se hizo alarde de todos los de á caballo,
-escopeteros y ballesteros que íbamos en aquella entrada; y no se pudo
-hacer hasta entónces, por causa que algunos de nuestra villa y otros
-forasteros aun no se habian recogido, que andaban en los pueblos de la
-sierra de Chalupa demandando el tributo que les eran obligados á dar;
-y con el favor de venir capitan con la gente de guerra, como veniamos,
-se atrevian á ir á ellos, que de ántes ni daban tributo ni se les daba
-nada de nosotros.
-
-Volvamos á nuestro alarde, que se hallaron veinte y siete de á caballo
-que podian pelear, y otros cinco que no eran para ello, y quince
-ballesteros y ocho escopeteros, y un tiro y pólvora, y un soldado por
-artillero, que decia el mismo soldado que habia estado en Italia;
-esto digo aquí porque no era para cosa ninguna, que era muy cobarde;
-y llevábamos sesenta soldados de espada y rodela y obra de ochenta
-mejicanos, y el cacique de Cachula con otros principales suyos; y estos
-indios de Cachula que he dicho, iban temblando de miedo, y por halagos
-los llevamos que nos ayudasen á abrir camino y llevar el fardaje.
-
-Pues yendo nuestro camino en concierto, ya que llegamos cerca de sus
-poblaciones, siempre íbamos adelante por espías y descubridores del
-campo cuatro soldados muy sueltos, é yo era uno dellos, é dejaba mi
-caballo, que no era tierra por donde podian correr, é íbamos siempre
-media legua adelante de nuestro ejército; y como los chiapanecas son
-grandes cazadores, andaban entónces á caza de venados, y desque nos
-sintieron, apellídanse todos con grandes ahumadas, y como llegamos á
-sus poblaciones, tenian muy anchos caminos y grande sementera de maíz
-é otras legumbres, y el primer pueblo que topamos se dice Estapa, que
-está de la cabecera obra de cuatro leguas, y en aquel instante le
-habian despoblado, y tenian mucho maíz é gallinas y otros bastimentos,
-que tuvimos bien que comer y cenar; y estando reposando en el pueblo,
-puesto que teniamos puestas nuestras velas y escuchas y corredores del
-campo, vienen dos de á caballo que estaban por corredores á dar mandado
-y diciendo:
-
-—«¡Alarma, que vienen muchos guerreros chiapanecas!»
-
-Y nosotros, que siempre estábamos muy apercebidos, les salimos al
-encuentro ántes que llegasen al pueblo, y tuvimos una gran batalla con
-ellos, porque traian muchas varas tostadas, con sus tiraderas y arcos y
-flechas, y lanzas mayores que las nuestras, con buenas armas de algodon
-y penachos, y otros traian unas porras como macanas; y allí donde
-hubimos esta batalla habia mucha piedra, y con hondas nos hacian mucho
-daño, y nos comenzaron á cercar de arte, que de la primera rociada
-mataron dos de nuestros soldados y cuatro caballos, y le hirieron á
-fray Juan y trece soldados y á muchos de nuestros amigos, y al capitan
-Luis Marin le dieron dos heridas, y estuvimos en aquella batalla toda
-la tarde hasta que anocheció; y como hacia escuro, y habian sentido el
-cortar de nuestras espadas y escopetas y ballestas, y las lanzadas, se
-retiraron, de lo cual nos holgamos, y hallamos quince dellos muertos y
-otros muchos heridos, que no se pudieron ir, y de dos dellos que nos
-parecian principales se tomó aviso, y dijeron que estaba toda la tierra
-apercebida para dar en nosotros otro dia; y aquella noche enterramos
-los muertos y curamos los heridos y al capitan, que estaba malo de
-las heridas, porque se habia desangrado mucho, que por causa de no se
-apartar de la batalla para se las curar ó apretar, se le habia metido
-frio en ellas.
-
-Pues ya hecho esto, pusimos buenas velas y escuchas y corredores
-del campo, y teniamos los caballos ensillados y enfrenados, y todos
-nuestros soldados á punto, porque tuvimos por cierto que vernian de
-noche sobre nosotros, é como habiamos visto el teson que tuvieron en
-la batalla pasada, que ni por ballestas ni lanzas ni escopetas ni aun
-estocadas no les podiamos retraer ni apartar un paso atrás, tuvímoslos
-por buenos guerreros y osados en el pelear; y esa noche se dió órden
-cómo para otro dia los de á caballo habiamos de arremeter de cinco en
-cinco hermanados, y las lanzas terciadas, y no pararnos á dar lanzadas
-hasta ponellos de huida, sino las lanzas altas y por las caras, y
-atropellar y pasar adelante; y este concierto ya otras veces lo habia
-dicho el Luis Marin, y aun algunos de nosotros de los conquistadores
-viejos se lo habiamos dado por aviso á los nuevamente venidos de
-Castilla, y algunos dellos no curaron de guardar la órden, sino que
-pensaban que en dar una lanzada á los contrarios que hacian algo: y
-salióles á cuatro dellos al revés, porque les tomaron las lanzas y les
-hirieron á ellos los caballos con ellas.
-
-Quiero decir que se juntaban seis ó siete de los contrarios y se
-abrazaban con los caballos, creyendo de los tomar á manos, y aun
-derrocaron á un soldado del caballo, y si no le socorriéramos, ya le
-llevaban á sacrificar, y desde ahí á dos dias se murió.
-
-Volvamos á nuestro relacion, y es, que otro dia de mañana acordamos
-de ir por nuestro camino para su ciudad de Chiapa, y verdaderamente
-se podia decir ciudad, y bien poblada, y las casas y calles muy en
-concierto, y de más de cuatro mil vecinos, sin otros muchos pueblos
-sujetos á ella, que estaban poblados á su alrededor; é yendo que íbamos
-con mucho concierto, y el tiro puesto en órden, y el artillero bien
-apercibido de lo que habia de hacer, y no habiamos caminado cuarto de
-legua, cuando nos encontramos con todo el poder de Chiapa, que campos
-y cuestas venian llenos dellos, con grandes penachos y buenas armas
-é grandes lanzas, flecha y vara con tiraderas, piedra y hondas, con
-grandes voces é grita y silbos.
-
-Era cosa de espantar cómo se juntaron con nosotros pié con pié y
-comenzaron á pelear como rabiosos leones; y nuestro negro artillero
-que llevábamos (que bien negro se podia llamar), cortado de miedo y
-temblando, ni supo tirar ni poner fuego al tiro; é ya que á poder de
-voces que le dábamos pegó fuego, hirió á tres de nuestros soldados,
-que no aprovechó cosa ninguna; y como el capitan vió de la manera que
-andábamos, rompimos todos los de á caballo puestos en cuadrillas, segun
-lo habiamos concertado, y los escopeteros y ballesteros y de espada y
-rodela hechos un cuerpo, porque no les desbaratasen, nos ayudaron muy
-bien; más eran tantos los contrarios que sobre nosotros vinieron, que
-si no fuéramos de los que en aquellas batallas nos hallamos cursados
-á otras afrentas, pusiera á otros gran temor, y aun nosotros nos
-admiramos de ver cuán fuertes estaban; y fray Juan nos daba ánimo, y
-decia que Dios nos habia de pagar nuestro trabajo, y el César.
-
-El capitan Luis Marin nos dijo:
-
-—«Ea, señores, Santiago y á ellos, y tornémosles otra vez á romper con
-ánimo.»
-
-Esforzados, dímosles tal mano, que á poco rato iban vueltas las
-espaldas; y como habia allí donde fué esta batalla muy malos pedregales
-para poder correr caballos, no les podiamos seguir; é yendo en el
-alcance, y no muy léjos de donde comenzamos aquella batalla, ya que
-íbamos algo descuidados, creyendo que por aquel dia no se tornarian á
-juntar, é dábamos gracias á Dios del buen suceso, aquí estaban tras
-unos cerros otros mayores escuadrones de guerreros que los pasados, con
-todas sus armas, y muchos dellos traian sogas para echar lazos á los
-caballos y asir de las sogas para los derrocar, y tenian tendidas en
-otras muchas partes muchas redes con que suelen tomar venados, para los
-caballos, y para atar á nosotros muchas sogas; y todos los escuadrones
-que he dicho se vienen á encontrar con nosotros, é como muy fuertes
-y recios guerreros, nos dan tal mano de flecha, vara y piedra, que
-tornaron á herir casi que todos los nuestros, y tomaron cuatro lanzas á
-los de á caballo, y mataron dos soldados y cinco caballos: y entónces
-traian en medio de sus escuadrones una india algo vieja, muy gorda, y
-segun decian, aquella india la tenian por su diosa y adivinaba, y les
-habia dicho que así como ella llegase adonde estábamos peleando, que
-luego habiamos de ser vencidos; y traian en un brasero sahumerio, y
-unos ídolos de piedra, y venia pintada todo el cuerpo, y pegado algodon
-á las pinturas, y sin miedo ninguno se metió en los indios nuestros
-amigos, que venian hechos un cuerpo con sus capitanías, y luego fué
-despedazada la maldita diosa.
-
-Volvamos á nuestra batalla: que desque el capitan Luis Marin y todos
-nosotros vimos tanta multitud de guerreros contrarios, y que tan
-osadamente peleaban, nos admiramos y dijimos al fraile que nos
-encomendase á Dios, y arremetiendo á ellos con el concierto pasado,
-fuimos rompiendo poco á poco y los hicimos huir, y se escondian entre
-unos pedregales, y otros se echaron al rio, que estaba cerca é hondo,
-y se fueron nadando, que son en gran manera buenos nadadores; y desque
-hubimos desbaratado, descansamos un rato, y el Fraile cantó una Salve,
-y algunos soldados de buenas voces le ayudaban, é no sonaba mal, y
-todos dimos muchas gracias á Dios; y hallamos muertos donde tuvimos
-esta batalla muchos dellos, y otros heridos, y acordamos de irnos á
-un pueblo que estaba junto al rio, cerca de la ciudad, donde habia
-buenas ciruelas; porque como era Cuaresma, y en este tiempo las hay
-maduras, y en aquella poblacion son buenas; y allí nos estuvimos todo
-lo más del dia enterrando los muertos en partes donde no los pudiesen
-ver ni hallar los naturales de aquel pueblo, y curamos los heridos y
-diez caballos, y acordamos de dormir allí con gran recado de velas y
-escuchas.
-
-Á poco más de media noche se pasaron á nuestro real diez indios
-principales de dos pueblezuelos que estaban poblados junto á la
-cabecera é ciudad de Chiapa, en cinco canoas del mismo rio, que es muy
-grande y hondo, y venian los indios con las canoas á remo callado, y
-los que lo remaban eran diez indios, personas principales, naturales de
-los pueblezuelos que estaban junto al rio; y como desembarcaron hácia
-la parte de nuestro real, en saltando en tierra, luego fueron presos
-por nuestras velas, y ellos lo tuvieron por bien que les prendiesen; y
-llevados ante el capitan, dijeron:
-
-—«Señor, nosotros no somos chiapanecas, sino de otra provincia que se
-dice Xaltepeque, y estos malos chiapanecas con gran guerra que nos
-dieron nos mataron mucha gente, y á todos los más de nuestros pueblos
-nos trajeron aquí por fuerza cautivos á poblar con nuestras mujeres é
-hijos, é nos han tomado cuanta hacienda teniamos, y há doce años que
-nos tienen por esclavos, y les labramos su sementera y maizales, y nos
-hacen ir á pescar y hacer otros oficios, y nos toman nuestras hijas y
-mujeres.
-
-»Venimos á daros aviso, porque nosotros os traeremos esta noche muchas
-canoas en que paseis este rio, que sin ellas no podeis pasar sino
-con gran trabajo, y tambien os mostraremos un vado, aunque no va muy
-bajo; y lo que señor capitan, os pedimos de mercedes, que pues os
-hacemos esta buena obra, que cuando hayais vencido y desbaratado estos
-chiapanecas, que nos deis licencia para que salgamos de su poder é
-irnos á nuestras tierras; y para que mejor creais lo que os decimos que
-es verdad, en las canoas que ahora pasamos dejamos escondidas en el
-rio, con otros nuestros compañeros y hermanos, y os traemos presentadas
-tres joyas de oro, que eran unas como diademas; y tambien traemos
-gallinas y ciruelas.»
-
-Y demandaron licencia para ir por ello, y dijeron que habia de ser
-muy callando, no los sintiesen los chiapanecas, que están velando
-y guardando los pasos del rio; y cuando el capitan entendió lo que
-los indios le dijeron, y la gran ayuda que era pasar aquel recio
-y corriente rio, dió gracias á Dios y mostró buena voluntad á los
-mensajeros, y prometió de hacerlo como le pedian, y aun dalles ropa y
-despojos de lo que hubiésemos de aquella ciudad; y se informó dellos
-cómo en las dos batallas pasadas les habiamos muerto y herido más
-de ciento veinte chiapanecas, y que tenian aparejados para otro dia
-otros muchos guerreros, y que á los de los pueblezuelos donde eran
-estos mensajeros les hacian salir á pelear contra nosotros; y que no
-temiésemos dellos, que ántes nos ayudarian, y que al pasar del rio
-nos habian de aguardar, porque tenian por imposible que terniamos
-atrevimiento de pasalle; y que cuando lo estuviésemos pasando, que
-allí nos desbaratarian, y dado este aviso, se quedaron dos de aquellos
-indios con nosotros, y los demás fueron á sus pueblos á dar órden
-para que muy de mañana trujesen veinte canoas, en lo cual cumplieron
-muy bien su palabra; y despues que se fueron reposamos algo de lo
-que quedó de la noche, y no sin mucho recado de velas y escuchas y
-rondas, porque oimos el gran rumor de los guerreros que se juntaban
-en la ribera del rio, y el tañer de las trompetillas y atambores y
-cornetas.
-
-Y como amaneció, vimos las canoas, que ya descubiertamente las traian,
-á pesar de los de Chiapa; porque, segun pareció, ya habian sentido los
-de Chiapa cómo los naturales de aquellos pueblezuelos se les habian
-levantado y hecho fuertes y eran de nuestra parte, y habian prendido
-algunos dellos, y los demás se habian hecho fuertes en su gran cu,
-y á esta causa habia revueltas y guerra entre los chiapanecas y los
-pueblezuelos que dicho tengo; y luego nos fueron á mostrar el vado, y
-entónces nos daban mucha priesa aquellos amigos que pasásemos presto
-el rio, con temor no sacrificasen á sus compañeros que habian prendido
-aquella noche; pues de que llegamos al vado que nos mostraron, iba
-muy hondo; y puestos todos en gran concierto, así los ballesteros
-como escopeteros y los de á caballo, y los indios de los pueblezuelos
-nuestros amigos con sus canoas, y aunque nos daba el agua cerca de los
-pechos, todos hechos un tropel, para soportar el ímpetu y fuerza del
-agua, quiso Dios que pasamos cerca de la otra parte de tierra; y ántes
-de acabar de pasar, vienen contra nosotros muchos guerreros y nos dan
-una buena rociada de vara con tiraderas, y flechas y piedra y otras
-grandes lanzas, que nos hirieron casi que á todos los más, y á algunos
-á dos y á tres heridas, y mataron dos caballos; y un soldado de á
-caballo, que se decia Fulano Guerrero ó Guerra, se ahogó al pasar del
-rio, que se metió con el caballo en un recio raudal, y era natural de
-Toledo, y el caballo salió á tierra sin el amo.
-
-Volvamos á nuestra pelea, que nos detuvieron un buen rato al pasar del
-rio, que no les podiamos hacer retraer ni nosotros podiamos llegar
-á tierra, y en aquel instante los de los pueblezuelos que se habian
-hecho fuertes contra los chiapanecas, nos vinieron á ayudar en las
-espaldas, é á los que estaban al rio batallando con nosotros hirieron
-y mataron muchos dellos, porque les tenian grande enemistad, como los
-habian tenido presos muchos años; y como aquello vimos, salimos á
-tierra los de á caballo, y luego ballesteros, escopeteros y de espada
-y rodela, y los amigos mejicanos, y dámosles una tan buena mano, que
-se van huyendo, que no paró indio con indio; y luego sin más tardar,
-puestos en buen concierto, con nuestras banderas tendidas, y muchos
-indios de los dos pueblezuelos con nosotros, entramos en su ciudad;
-y como llegamos á lo más poblado, donde estaban sus grandes cues y
-adoratorios, tenian las casas tan juntas, que no osamos asentar real,
-sino en el campo, y en parte que aunque pusiesen fuego no nos pudiesen
-hacer daño; y nuestro capitan envió á llamar de paz á los caciques y
-capitanes de aquel pueblo, y fueron los mensajeros tres indios de los
-pueblezuelos nuestros amigos, que el uno dellos se decia Xaltepeque,
-y asimismo envió con ellos seis capitanes chiapanecas que habiamos
-preso en las batallas pasadas, y les envió á decir que vengan luego de
-paz, y se les perdonará lo pasado, y que si no vienen, que los iremos
-á buscar y les daremos mayor guerra que la pasada y les quemaremos su
-ciudad; y con aquellas bravosas palabras luego á la hora vinieron, y
-aun trajeron un presente de oro, y se disculparon por haber salido de
-guerra, y dieron la obediencia á su majestad, y rogaron á Luis Marin
-que no consintiese á nuestros amigos que quemasen ninguna casa, porque
-ya habian quemado ántes de entrar en Chiapa, en un pueblezuelo que
-estaba poblado ántes de llegar al rio, muchas casas; y Luis Marin les
-prometió que así lo haria, y mandó á los mejicanos que traiamos y á los
-de Cachula que no hiciesen mal ni daño.
-
-Quiero tornar á decir que este Cachula que aquí nombro no es la que
-está cerca de Méjico, sino un pueblo que se dice como él, que está en
-las sierras camino de Chiapa, por donde pasamos.
-
-Dejemos esto, y dígoos cómo en aquella ciudad hallamos tres cárceles
-de redes de madera llenas de prisioneros atados con collares á los
-pescuezos, y estos eran de los que prendian por los caminos, é algunos
-dellos eran de Guantepeque, y otros zapotecas é otros quilenes, otros
-de Soconusco; los cuales prisioneros sacamos de las cárceles é se fué
-cada uno á su tierra.
-
-Tambien hallamos en los cues muy malas figuras de ídolos que adoraban,
-é todos los quebró fray Juan, é muchos indios é muchachos sacrificados,
-y hallamos muchas cosas malas de sodomías que usaban; y mandóles el
-capitan que luego fuesen á llamar todos los pueblos comarcanos que
-vengan de paz á dar la obediencia á su majestad.
-
-Los primeros que vinieron fueron los de Cinacatan y Gopanaustlan,
-é Pinola é Guequiztlan é Chamula, é otros pueblos que ya no se me
-acuerda los nombres dellos, quiniles, y otros pueblos que eran de
-la lengua zoque, y todos dieron la obediencia á su majestad, y aun
-estaban espantados cómo, tan pocos como éramos, podiamos vencer á
-los chiapanecas; y ciertamente mostraron todos gran contento, porque
-estaban mal con ellos.
-
-Estuvimos en aquella ciudad cinco dias, é dijo fray Juan Misa é
-confesaron algunos soldados, é predicó á los indios en su lengua, que
-la sabia bien, y los indios holgaron de oirle y adoraron la santa cruz,
-é decian que se habian de bautizar, y que pareciamos muy buena gente, y
-tomaron amor al fraile fray Juan.
-
-Y en aquel instante un soldado de aquellos que traiamos en nuestro
-ejército desmandóse del real, y vase sin licencia del capitan á un
-pueblo que habia venido de paz, que ya he dicho que se dice Chamula, y
-llevó consigo ocho indios mejicanos de los nuestros, y demandó á los
-de Chamula que le diesen oro, y decia que lo mandaba el capitan, é los
-de aquel pueblo le dieron unas joyas de oro, y porque no le daban más,
-echó preso al cacique; y cuando vieron los del pueblo hacer aquella
-demasía, quisieron matar al atrevido y desconsiderado soldado, y luego
-se alzaron, y no solamente ellos, pero tambien hicieron alzar á los de
-otro pueblo que se decia Gueyhuiztlan, sus vecinos; y de que aquello
-alcanzó á saber el capitan Luis Marin, prende al soldado, y luego manda
-que por la posta le llevasen á Méjico para que Cortés le castigase; y
-esto hizo el Luis Marin porque era un hombre el soldado que se tenia
-por principal, que por su honor no nombro su nombre, hasta que venga
-en coyuntura en parte que hizo otra cosa que aun es muy peor, como era
-malo y cruel con los indios, como adelante diré.
-
-Y despues desto hecho, el capitan Luis Marin envió á llamar al pueblo
-de Chamula que venga de paz, é les envió á decir que ya habia castigado
-y enviado á Méjico al español que les iba á demandar oro y les hacia
-aquellas demasías.
-
-La respuesta que dieron fué mala, y la tuvimos por muy peor por causa
-de que los pueblos comarcanos no se alzasen; y fué acordado que luego
-fuésemos sobre ellos, y hasta traelles de paz no les dejar; y despues
-de como les habló muy blandamente á los caciques chiapanecas, y fray
-Juan les dijo con buenas lenguas, que las sabia, las cosas tocantes á
-nuestra santa fe, y que dejasen los ídolos y sacrificios y sodomías y
-robos, y les puso cruces é una imágen de Nuestra Señora en un altar
-que les mandamos hacer, y el capitan Luis Marin les dió á entender
-cómo éramos vasallos de su majestad cesárea, é otras muchas cosas que
-convenian, y aun les dejamos poblada más de la mitad de su ciudad; y
-los dos pueblos nuestros amigos que nos trajeron las canoas para pasar
-el rio y nos ayudaron en la guerra salieron de poder de los chiapanecas
-con todas sus haciendas é mujeres é hijos, y se fueron á poblar al rio
-abajo, obra de diez leguas de Chiapa, donde ahora esta poblado lo de
-Xaltepeque, y el otro pueblo que se dice Istatlan se fué á su tierra,
-que era de Guantepeque.
-
-Volvamos á nuestra partida para Chamula, y es que luego enviamos á
-llamar á los de Cinacatan, que eran gente de razon, y muchos dellos
-mercaderes, y se les dijo que nos trajesen ducientos indios para llevar
-el fardaje, é que íbamos á su pueblo porque por allí era el camino de
-Chamula; y demandó á los de Chiapa otros ducientos indios guerreros
-con armas para ir en nuestra compañía, y luego los dieron; y salimos
-de Chiapa una mañana, y fuimos á dormir á unas salinas, donde nos
-tenian hechos los de Cinacatan buenos ranchos; y otro dia á medio dia
-llegamos á Cinacatan, y allí tuvimos la santa Pascua de Resurreccion;
-y tornamos á llamar de paz á los de Chamula, é no quisieron venir, é
-hubimos de ir á ellos, que seria entónces donde estaban poblados de
-Cinacatan obra de tres leguas, y tenian entónces las casas y pueblos
-de Chamula en una fortaleza muy mala de ganar, y muy honda cava por
-la parte que les habiamos de combatir, y por otras partes muy peor
-é más fuerte; é ansí como llegamos con nuestro ejército, nos tiran
-tanta piedra de lo alto é vara y flecha, que cubria el suelo; pues las
-lanzas muy largas con más de dos varas de cuchilla de pedernales, que
-ya he dicho otras veces que cortaban más que espadas, y unas rodelas
-hechas á manera de pavesinas, con que se cubren todo el cuerpo cuando
-pelean, y cuando no las han menester, las arrollan y doblan de manera
-que no les hacen estorbo ninguno, é con hondas mucha piedra, y tal
-priesa se daban á tirar flecha y piedra, que hirieron cinco de nuestros
-soldados é dos caballos, é con muchas voces é gran grita é silbos é
-alaridos, y atambores y caracoles, que era cosa de poner espanto á
-quien no los conociera; y como aquello vió Luis Marin, entendió que
-de los caballos no se podian aprovechar, que era sierra, mandó que se
-tornasen á bajar á lo llano, porque donde estábamos era gran cuesta
-y fortaleza, y aquello que les mandó fué porque temiamos que venian
-allí á dar en nosotros los guerreros de otros pueblos que se dicen
-Quiahuitlan, que estaba alzado, y porque hubiese resistencia en los de
-á caballo; y luego comenzamos de tirar en los de la fortaleza muchas
-saetas y escopetas, y no les podiamos hacer daño ninguno, con los
-grandes mamparos que tenian, y ellos á nosotros sí, que siempre herian
-muchos de los nuestros; y estuvimos aquel dia desta manera peleando,
-y no se les daba cosa ninguna por nosotros, y si les procurábamos de
-entrar donde tenian hechos unos mamparos y almenas, estaban sobre dos
-mil lanceros en los puestos para la defensa de los que les probamos
-á entrar; y ya que quisiéramos entrar é aventurar las personas en
-arrojarnos dentro de su fortaleza, habiamos de caer de tan alto, que
-nos habiamos de hacer pedazos, y no era cosa para ponernos en aquella
-ventura; y despues de bien acordado cómo y de qué manera habiamos de
-pelear, se concertó que trajésemos madera y tablas de un pueblezuelo
-que allí junto estaba despoblado, é hiciésemos burros ó mantas, que así
-se llaman, y en cada uno dellos cabian veinte personas, y con azadones
-y picos de hierro que traiamos, é con otros azadones de la tierra,
-de palo, que allí habia, les cavábamos y deshaciamos su fortaleza, y
-deshicimos un portillo para podelles entrar, porque de otra manera era
-excusado; porque por otras dos partes, que todo lo miramos más de una
-legua de allí al rededor, estaba otra muy mala entrada y peor de ganar
-que adonde estábamos, por causa que era una bajada tan agra, que á
-manera de decir, era entrar en los abismos.
-
-Volvamos á nuestros mamparos y mantas, que con ellas les estábamos
-deshaciendo sus fortalezas, y nos echaban de arriba mucha pez y
-resina ardiendo, y agua y sangre toda revuelta y muy caliente, y
-otras veces lumbre y rescoldo, y nos hacian mala obra; y luego tras
-esto mucha multitud de piedras y muy grandes que nos desbarataron
-nuestros ingenios, que nos hubimos de retirar y tornallos á adobar; y
-luego volvimos sobre ellos, y cuando vieron que les haciamos mayores
-portillos, se ponen cuatro papas y otras personas principales sobre
-una de sus almenas, y vienen cubiertos con sus pavesinas é otros
-talabardones de maderas, é dicen:
-
-—«Pues que deseais é quereis oro, entrad dentro, que aquí tenemos
-mucho.»
-
-Y nos echaron desde las almenas siete diademas de oro fino, y muchas
-cuentas vaciadizas é otras joyas, como caracoles y ánades, todo de oro,
-y tras ello mucha flecha y vara y piedra, é ya les teniamos hechas dos
-grandes entradas; y como era ya de noche y en aquel instante comenzó á
-llover dejamos el combate para otro dia, y allí dormimos aquella noche
-con buen recaudo; y mandó el capitan á ciertos de á caballo que estaban
-en tierra llana, que no se quitasen de sus puestos y tuviesen los
-caballos ensillados y enfrenados.
-
-Volvamos á los chamultecas, que toda la noche estuvieron tañendo
-atabales y trompetillas y dando voces y gritos, y decian que otro dia
-nos habian de matar que así se lo habia prometido su ídolo; y cuando
-amaneció volvimos con nuestros ingenios y mantas á hacer mayores
-entradas, y los contrarios con grande ánimo defendiendo su fortaleza,
-y aun hirieron este dia á cinco de los nuestros, y á mí me dieron un
-buen bote de lanza, que me pasaron las armas, y si no fuera por el
-mucho algodon y bien colchadas que eran, me mataran, porque con ser
-buenas las pasaron y echaron buen pelote de algodon fuera, me dieron
-una chica herida; y en aquella sazon era más de medio dia, y vino muy
-grande agua y luego una muy oscura neblina; porque, como eran sierras
-altas, siempre hay neblinas y aguaceros; y nuestro capitan, como llovia
-mucho, se apartó del combate, y como ya era acostumbrado á las guerras
-pasadas de Méjico, bien entendí que en aquella sazon que vino la
-neblina no daban los contrarios tantas voces ni gritos como de ántes;
-y veia que estaban arrimadas á los aduares y fortalezas y barbacanas
-muchas lanzas, y que no las veia menear, sino hasta ducientas dellas,
-sospeché lo que fué, que se querian ir ó se iban entónces, y de presto
-les entramos por un portillo yo y otro mi compañero, y estaban obra
-de ducientos guerreros, los cuales arremetieron á nosotros y nos dan
-muchos botes de lanza; y si de presto no fuéramos socorridos de unos
-indios de Cinacatan, que dieron voces á nuestros soldados, que entraron
-luego con nosotros en su fortaleza, allí perdiéramos las vidas; y como
-estaban aquellos chamultecas con sus lanzas haciendo cara y vieron el
-socorro, se van huyendo, porque los demás guerreros ya se habian huido
-con la neblina; y nuestro capitan con todos los soldados y amigos
-entraron dentro, y estaba ya alzado todo el hato, y la gente menuda y
-mujeres ya se habian ido por el paso muy malo, que he dicho que era
-muy hondo y de mala subida y peor bajada; y fuimos en el alcance,
-y se prendieron muchas mujeres, muchachos y niños y sobre treinta
-hombres, y no se halló despojo en el pueblo, salvo bastimento; y esto
-hecho, nos volvimos con la presa camino de Cinacatan, y fué acordado
-que asentásemos nuestro real junto á un rio adonde está ahora poblada
-la Ciudad-Real, que por otro nombre llaman Chiapa de los Españoles; y
-desde allí soltó el capitan Luis Marin seis indios con sus mujeres, de
-los presos de Chamula, para que fuesen á llamar los de Chamula, y se
-les dijo que no hubiesen miedo, y se les darian todos los prisioneros;
-y fueron los mensajeros, y otro dia vinieron de paz y llevaron toda
-su gente, que no quedó ninguna; y despues de haber dado la obediencia
-á su majestad, me depositó aquel pueblo el capitan Luis Marin, porque
-desde Méjico se lo habia escrito Cortés, que me diese una buena cosa de
-lo que se conquistase, y tambien porque era yo mucho su amigo del Luis
-Marin, y porque fuí el primer soldado que les entró dentro; y Cortés me
-envió cédula de encomienda guardada, y me tributaron más de ocho años.
-
-En aquella sazon no estaba poblada la Ciudad-Real, que despues se
-pobló, é se dió mi pueblo para la poblacion.
-
-Dejemos esto, y digamos cómo yo pedí á fray Juan que les predicase, y
-él lo hizo de voluntad, y les puso altar y una cruz y una imágen de la
-Vírgen, y se bautizaron luego quince; é decia el fraile que esperaba en
-Dios habian de ser aquellos buenos católicos, é yo me alegraba, porque
-los queria bien, como á cosa mia.
-
-Pero volvamos á nuestra relacion: que, como ya Chamula estaba de paz,
-é Gueguistitlan, que estaba alzado, no quisieron venir de paz aunque
-les enviamos á llamar, acordó nuestro capitan que fuésemos á los
-buscar á sus pueblos; y digo aquí pueblos, porque entónces eran tres
-pueblezuelos, y todos puestos en fortaleza; y dejamos allí adonde
-estaban nuestros ranchos los heridos y fardaje, y fuimos con el capitan
-los más sueltos y sanos soldados, y los de Cinacatan nos dieron sobre
-trecientos indios de guerra, que fueron con nosotros, y seria de allí
-á los pueblos de Gueguistitlan obra de cuatro leguas; y como íbamos á
-sus pueblos, hallamos todos los caminos cerrados, llenos de maderos é
-árboles cortados y muy embarazados, que no podian pasar caballos: y con
-los amigos que llevábamos los desembarazamos é quitaron los maderos; y
-fuimos á un pueblo de los tres, que ya he dicho que era fortaleza, y
-hallámosle lleno de guerreros, y comenzaron á nos dar grita y voces y
-á tirar vara y flecha, y tenian granzas y pavesinas y espadas de á dos
-manos de pedernal, que cortan como navajas, segun y de la manera de los
-de Chamula; y nuestro capitan con todos nosotros les íbamos subiendo
-la fortaleza, que era muy más mala y recia de tomar que no la de
-Chamula; acordaron de se ir huyendo y dejar el pueblo despoblado y sin
-cosa ninguna de bastimentos; y los canacantecas prendieron dos indios
-dellos, que luego trajeron al capitan, los cuales mandó soltar, para
-que llamasen de paz á todos los más sus vecinos, y aguardamos allí un
-dia que volviesen con la respuesta, y todos vinieron de paz, y trajeron
-un presente de oro de poca valía y plumajes de quetzales, que son unas
-plumas que se tienen entre ellos en mucho, y nos volvimos á nuestros
-ranchos; y porque pasaron otras cosas que no hacen á nuestra relacion,
-se dejarán de decir, y diremos cómo cuando hubimos vuelto á los ranchos
-pusimos en plática que seria bien poblar allí adonde estábamos una
-villa, segun que Cortés nos mandó que poblásemos, y muchos soldados de
-los que allí estábamos deciamos que era bien, y otros que tenian buenos
-indios en lo de Guacacualco eran contrarios, y pusieron por achaque
-que no teniamos herraje para los caballos, y que éramos pocos, y todos
-los más heridos, y la tierra muy poblada, y los más pueblos estaban
-en fortalezas y en grandes sierras, y que no nos podriamos valer ni
-aprovechar de los caballos, y decian por ahí otras cosas; y lo peor de
-todo, que el capitan Luis Marin é un Diego de Godoy, que era escribano
-del Rey, persona muy entremetida, no tenian voluntad de poblar, sino
-volver á nuestros ranchos y villa; é un Alonso de Grado, que ya le he
-nombrado otras veces en el capítulo pasado, el cual era más bullicioso
-que hombre de guerra, parece ser traia secretamente una cédula de
-encomienda firmada de Cortés, en que le daba la mitad del pueblo de
-Chiapa cuando estuviese pacificado, y por virtud de aquella cédula
-demandó al capitan Luis Marin que le diese el oro que hubo en Chiapa
-que dieron los indios, é otro que se tomó en los templos de los ídolos
-del mismo Chiapa, que serian mil é quinientos pesos, y Luis Marin decia
-que aquello era para ayudar á pagar los caballos que habian muerto en
-la guerra en aquella jornada; y sobre ello y sobre otras diferencias
-estaban muy mal el uno con el otro, y tuvieron tantas palabras, que el
-Alonso de Grado, como era mal condicionado, se desconcertó en hablar;
-y quien se metia en medio y lo revolvia todo era el escribano Diego de
-Godoy.
-
-Por manera que Luis Marin los echó presos al uno y al otro, y con
-grillos y cadenas los tuvo seis ó siete dias presos, y acordó de
-enviar á Alonso de Grado á Méjico preso, y al Godoy con ofertas y
-prometimientos y buenos intercesores le soltó; y fué peor, que se
-concertaron luego el Grado y el Godoy de escribir desde allí á Cortés
-muy en posta, diciendo muchos males de Luis Marin, y aun Alonso de
-Grado me rogó á mí que de mi parte escribiese á Cortés, y en la carta
-le disculpase al Grado, porque le decia el Godoy al Grado que Cortés
-en viendo mi carta le daria crédito, y no dijese bien del Marin; é yo
-escribí lo que me pareció que era verdad, y no culpando al capitan
-Marin; y luego envió preso á Méjico al Alonso de Grado, con juramento
-que le tomó que se presentaria ante Cortés dentro de ochenta dias,
-porque desde Cinacatan habia por la via y camino que venimos sobre
-ciento y noventa leguas hasta Méjico.
-
-Dejemos de hablar de todas estas revueltas y embarazos; é ya partido
-el Alonso de Grado, acordamos de ir á castigar á los de Cimatan, que
-fueron en matar los dos soldados cuando me escapé yo y Francisco
-Martin, vizcaino, de sus manos; é yendo que íbamos caminando para unos
-pueblos que se dicen Tapelola, é ántes de llegar á ellos habia unas
-sierras y pasos tan malos, así de subir como de bajar, que tuvimos por
-cosa dificultosa el poder pasar por aquel puerto; y Luis Marin envió á
-rogar á los caciques de aquellos pueblos que los adobasen de manera que
-pudiésemos pasar é ir por ellos, é así lo hicieron, y con mucho trabajo
-pasaron los caballos, y luego fuimos por otros pueblos que se dicen
-Silo, Suchiapa é Coyumelapa, y desde allí fuimos á este Panguaxaya;
-y llegados que fuimos á otros pueblos que se dicen Tecomayacatal é
-Ateapan, que en aquella sazon todo era un pueblo y estaban juntas casas
-con casas, y era una poblacion de las grandes que habia en aquella
-provincia, y estaba en mí encomendada por Cortés; y como entónces
-era mucha poblacion, y con otros pueblos que con ellos se juntaron,
-salieron de guerra al pasar de un rio muy hondo que pasa por el pueblo,
-é hirieron seis soldados y mataron tres caballos, y estuvimos buen
-rato peleando con ellos; y al fin pasamos el rio é se huyeron, y ellos
-mismos pusieron fuego á las casas y se fueron al monte; estuvimos
-cinco dias curando los heridos y haciendo entradas, donde se tomaron
-muy buenas indias, y se les envió á llamar de paz, y que se les daria
-la gente que habiamos preso y que se les perdonaria lo de la guerra
-pasada; y vinieron todos los más indios y poblaron su pueblo, y
-demandaban sus mujeres é hijos, como lo habian prometido.
-
-El escribano Diego de Godoy aconsejaba al capitan Luis Marin que no
-las diese, sino que se echase el hierro del Rey, y que se echaba
-á los que una vez habian dado la obediencia á su majestad y se
-tornaban á levantar sin causa ninguna; y porque aquellos pueblos
-salieron de guerra y nos flecharon y nos mataron los tres caballos,
-decia el Godoy que se pagasen los tres caballos con aquellas piezas
-de indios que estaban presos; é yo repliqué que no se herrasen, y
-que no era justo, pues vinieron de paz; y sobre ello yo y el Godoy
-tuvimos grandes debates y palabras y aun cuchilladas, que entrambos
-salimos heridos, hasta que nos despartieron y nos hicieron amigos; y
-el capitan Luis Marin era muy bueno y no era malicioso, é vió que no
-era justo hacer más de lo que le pedí por merced, y mandó que diesen
-todas las mujeres y toda la más gente que estaba presa á los caciques
-de aquellos pueblos, y los dejamos en sus casas muy de paz; y desde
-allí atravesamos al pueblo de Cimatlan y otros pueblos que se dicen
-Talatupan, y ántes de entrar en el pueblo tenian hechas unas saeteras
-y andamios junto á un monte, y luego estaban unas ciénagas, é así como
-llegamos nos dan de repente una tan buena rociada de flecha con muy
-buen concierto y ánimo, y hirieron sobre veinte soldados y mataron
-dos caballos, y si de presto no les desbaratáramos y deshiciéramos
-sus cercados y saeteras, mataran é hirieran muchos más, y luego se
-acogieron á las ciénagas; y estos indios destas provincias son grandes
-flecheros, que pasan con sus flechas y arcos dos dobleces de armas de
-algodon bien colchadas, que es mucha cosa; y estuvimos en un pueblo
-dos dias, y los enviamos á llamar de paz y no quisieron venir; y como
-estábamos cansados, y habia allí muchas ciénagas que tiemblan, que no
-pueden entrar en ellas los caballos ni aun ninguna persona sin que se
-atolle en ellas, y han de salir arrastrando y á gatas, y aun si salen
-es maravilla, tanto son de malas.
-
-É por no ser yo más largo sobre este caso, por todos nosotros fué
-acordado que volviésemos á nuestra villa de Guacacualco, y volvimos por
-unos pueblos de la Chontalpa, que se dicen Guimango é Nacaxu, y Xuica
-é Teotitan Copileo, é pasamos otros pueblos, y á Ulapa, y el rio de
-Ayagualco é al de Tonala, y luego á la villa de Guacacualco; y del oro
-que se hubo en Chiapa y en Chamula, sueldo por libra se pagaron los
-caballos que mataron en las guerras.
-
-Dejemos esto, y digamos que como el Alonso de Grado llegó á Méjico
-delante de Cortés, y cuando supo de la manera que iba, le dijo muy
-enojado:
-
-—«¿Cómo, señor Alonso de Grado, que no podeis caber ni en una parte ni
-en otra? Lo que os ruego es que mudeis esa mala condicion; si no, en
-verdad que os enviaré á la isla de Cuba, aunque sepa daros tres mil
-pesos con que allá vivais, porque yo no os puedo sufrir.»
-
-Y al Alonso de Grado se le humilló de manera, que tornó á estar bien
-con el Cortés, y el Luis Marin y fray Juan escribieron á Cortés todo lo
-acaecido.
-
-Y dejallo hé aquí y diré lo que pasó en la córte sobre el Obispo de
-Búrgos é Arzobispo de Rosano.
-
-
-
-
-CAPÍTULO CLXVII.
-
-CÓMO ESTANDO EN CASTILLA NUESTROS PROCURADORES RECUSARON AL OBISPO DE
-BÚRGOS, Y LO QUE MÁS PASÓ.
-
-
-Ya he dicho en los capítulos pasados que don Juan Rodriguez de Fonseca,
-Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, que así se nombraba, hacia
-mucho por las cosas de Diego Velazquez, y era contrario de las de
-Cortés y á todas las nuestras; y quiso nuestro Señor Jesucristo que en
-el año de 1521 fué elegido en Roma por Sumo Pontífice nuestro muy Santo
-Padre el Papa Adriano de Lobayna, y en aquella sazon estaba en Castilla
-por gobernador della y residia en la ciudad de Vitoria, y nuestros
-procuradores fueron á besar sus santos piés y un gran señor aleman,
-que era de la cámara de su majestad, que se decia mosiur de Lasoa,
-le vino á dar el parabien del Pontificado por parte del Emperador
-nuestro señor á Su Santidad, y el mosiur de Lasoa tenia noticia de
-los heróicos hechos y grandes hazañas que Cortés y todos nosotros
-habiamos hecho en la conquista desta Nueva-España, y los grandes,
-muchos, buenos y notables servicios que siempre haciamos á su majestad,
-y de la conversion de tantos millares de indios que se convertian á
-nuestra santa fe; y parece ser aquel caballero aleman suplicó al santo
-Padre Adriano que fuese servido entender muy de hecho en las cosas
-entre Cortés y el Obispo de Búrgos, y Su Santidad lo tomó tambien muy
-á pechos; porque, allende de las quejas que nuestros procuradores
-propusieron ante nuestro Santo Padre, le habian ido otras muchas
-personas de calidad á se quejar del mismo Obispo de muchos agravios
-é sinjusticias que decian que hacia; porque, como su majestad estaba
-en Flandes, y el Obispo era presidente de Indias, todo se lo mandaba,
-y era malquisto; y segun entendimos, nuestros procuradores hallaron
-calor para le osar recusar.
-
-Por manera que se juntaron en la córte Francisco de Montejo y Diego
-de Ordás y el licenciado Francisco Nuñez, primo de Cortés, y Martin
-Cortés, padre del mismo Cortés, y con favor de otros caballeros y
-grandes señores que les favorecieron, y uno dellos, y el que más metió
-la mano, fué el duque de Béjar; y con estos favores le recusaron con
-gran osadía y atrevimiento al Obispo ya por mí dicho, y las causas que
-dieron muy bien probadas.
-
-Lo primero fué que el Diego Velazquez dió al Obispo un muy buen pueblo
-en la isla de Cuba, y que con los indios del pueblo le sacaban oro de
-las minas y se lo enviaba á Castilla; y que á su majestad no le dió
-ningun pueblo, siendo más obligado á ello que al Obispo.
-
-Y lo otro, que en el año de 1517 años, que nos juntamos ciento y diez
-soldados con un capitan que se decia Francisco Hernandez de Córdoba,
-é que á nuestra costa compramos navíos y matalotaje y todo lo demás,
-y salimos á descubrir la Nueva-España; y que el Obispo de Búrgos hizo
-relacion á su majestad que Diego Velazquez la descubrió, y no fué así.
-
-Y lo otro, que envió el mismo Diego Velazquez á lo que habiamos
-descubierto á un sobrino suyo que se decia Juan de Grijalva, é que
-descubrió más adelante, é que hubo en aquella jornada sobre veinte mil
-pesos de oro de rescate, y que todo lo más envió el Diego Velazquez al
-mismo Obispo, é que no dió parte dello á su majestad; é que cuando
-vino Cortés á conquistar la Nueva-España, que envió un presente á
-su majestad, que fué la luna de oro y el sol de plata é mucho oro
-en grano sacado de las minas, é gran cantidad de joyas y tejuelos
-de oro de diversas maneras, y escribimos á su majestad el Cortés y
-todos nosotros sus soldados dándole cuenta y razon de lo que pasaba,
-y envió con ello á Francisco de Montejo é á otro caballero que se
-decia Alonso Hernandez Puertocarrero, primo del conde de Medellin, que
-no los quiso oir, y les tomó todo el presente de oro que iba para su
-majestad, y les trató mal de palabra, llamándolos de traidores, é que
-venian á procurar por otro traidor; y que las cartas que venian para
-su majestad las encubrió, y escribió otras muy al contrario dellas,
-diciendo que su amigo Diego Velazquez envia aquel presente; y que no le
-envió todo lo que traian, que el Obispo se quedó con la mitad y mayor
-parte dello.
-
-Y porque el Alonso Hernandez Puertocarrero, que era uno de los dos
-procuradores que enviaba Cortés, le suplicó al Obispo que le diese
-licencia para ir á Flandes, adonde estaba su majestad, le mandó echar
-preso, y que murió en las cárceles; y que envió á mandar en la casa de
-la contratacion de Sevilla al contador Pedro de Isasala y Juan Lopez
-de Recalde, que estaban en ella por oficiales de su majestad, que no
-diesen ayuda ninguna para Cortés, así de soldados como de armas ni
-otra cosa, y que proveia los oficiales y cargos, sin consultallo con
-su majestad, á hombres que no lo merecian ni tenian habilidad ni saber
-para mandar, como fué al Cristóbal de Tapia, y que por casar á su
-sobrina doña Petronila de Fonseca con Tapia ó con el Diego Velazquez
-le prometió la gobernacion de Nueva-España; é que aprobaba por buenas
-las falsas relaciones é procesos que hacian los procuradores de Diego
-Velazquez, los cuales eran Andrés de Duero y Manuel de Rojas y el
-Padre Benito Martin, y aquellas enviaba á su majestad por buenas, y
-las de Cortés y de todos los que estábamos sirviendo á su majestad,
-siendo muy verdaderas, encubria y torcia y las condenaba por malas;
-y le pusieron otros muchos cargos, y todo muy bien probado, que no
-se pudo encubrir cosa ninguna, por más que alegaban por su parte.
-
-Y luego que esto fué hecho y sacado en limpio, fué llevado á Zaragoza,
-adonde Su Santidad estaba en aquella sazon que le recusó, y como vió
-los despachos y causas que se dieron en la recusacion, y que las partes
-del Diego Velazquez, por más que alegaban que habia gastado en navíos
-y costas, fueron rechazados sus dichos; que, pues no acudió á nuestro
-Rey y señor, sino solamente al Obispo de Búrgos, su amigo, y Cortés
-hizo lo que era obligado, como leal servidor, mandó Su Santidad, como
-gobernador que era de Castilla, demás de ser Papa, al Obispo de Búrgos
-que luego dejase el cargo de entender en las cosas y pleitos de
-Cortés, y que no entendiese en cosa ninguna de las Indias, y declaró
-por gobernador desta Nueva-España á Hernando Cortés, y que si algo
-habia gastado Diego Velazquez, que se lo pagásemos; y aun envió á
-la Nueva-España bulas con muchas indulgencias para los hospitales é
-iglesias, y escribió una carta encomendando á Cortés y á todos nosotros
-los conquistadores que estábamos en su compañía que siempre tuviésemos
-mucha diligencia en la santa conversion de los naturales, é fuese de
-manera que no hubiese muertes ni robos, sino con paz y cuanto mejor
-se pudiese hacer, é que les vedásemos y quitásemos sacrificios y
-sodomías y otras torpedades; y decia en la carta que, demás del gran
-servicio que haciamos á Dios nuestro Señor y á su majestad, que Su
-Santidad, como nuestro padre y pastor, tenia cargo de rogar á Dios
-por nuestras ánimas, pues tanto bien por nuestra mano ha venido á
-toda la cristiandad; y aun nos envió otras santas bulas para nuestras
-absoluciones.
-
-É viendo nuestros procuradores lo que mandaba el Santo Padre, así
-como Pontífice y gobernador de Castilla, enviaron luego correos muy
-en posta adonde su majestad estaba, que ya habia venido de Flandes y
-estaba en Castilla, y aun llevaron cartas de Su Santidad para nuestro
-Monarca; y despues de muy bien informado de lo de atrás por mí dicho,
-confirmó lo que el Sumo Pontífice mandó, y declaró por gobernador
-de la Nueva-España á Cortés, y á lo que el Diego Velazquez gastó de
-su hacienda en la armada, que se le pagase, y aun le mandó quitar la
-gobernacion de la isla de Cuba, por cuanto habia enviado el armada
-con Pánfilo de Narvaez sin licencia de su majestad, no embargante que
-la Real audiencia y los Frailes Jerónimos que residian en la isla de
-Santo Domingo por gobernadores, se lo habian defendido, y aun sobre se
-lo quitar enviaron á un oidor de la misma Real audiencia, que se decia
-Lúcas Vazquez de Ayllon, para que no consintiese ir la tal armada, y en
-lugar de le obedecer, le echaron preso y le enviaron con prisiones en
-un navío.
-
-Dejemos de hablar desto, y digamos que, como el Obispo de Búrgos supo
-lo por mí atrás dicho, y lo que Su Santidad y su majestad mandaban,
-é se lo fueron á notificar, fué muy grande el enojo que tomó, de que
-cayó muy malo, é se salió de la córte y se fué á Toro, donde tenia su
-asiento y casas; y por mucho que metió la mano su hermano don Antonio
-de Fonseca, señor de Coca é Alaéjos, en le favorecer, no lo pudo volver
-en el mando que de ántes tenia.
-
-Y dejemos de hablar desto, y digamos que á gran bonanza que en favor
-de Cortés hubo, se siguió contrariedad; que le vinieron otros grandes
-contrastes de acusaciones que le ponian por Pánfilo de Narvaez y
-Cristóbal de Tapia y por el piloto Cárdenas, que he dicho en el
-capítulo que sobre ello habla que cayó malo de pensamiento cómo no
-le dieron la parte del oro de lo primero que se envió á Castilla; y
-tambien le acusó un Gonzalo de Umbría, piloto, á quien Cortés mandó
-cortar los piés porque se alzaba con un navío con Cermeño y Pedro
-Escudero, que mandó ahorcar Cortés.
-
-
-FIN DEL TOMO SEGUNDO.
-
-
-
-
-ÍNDICE.
-
-
- _Páginas._
-
- Capítulo CXII. 5
-
- — CXIII. 9
-
- — CXIV. 13
-
- — CXV. 17
-
- — CXVI. 26
-
- — CXVII. 29
-
- — CXVIII. 34
-
- — CXIX. 36
-
- — CXX. 41
-
- — CXXI. 50
-
- — CXXII. 53
-
- — CXXIII. 70
-
- — CXXIV. 71
-
- — CXXV. 78
-
- — CXXVI. 84
-
- — CXXVII. 99
-
- — CXXVIII. 103
-
- — CXXIX. 126
-
- — CXXX. 139
-
- — CXXXI. 146
-
- — CXXXII. 149
-
- — CXXXIII. 155
-
- — CXXXIV. 159
-
- — CXXXV. 166
-
- — CXXXVI. 170
-
- — CXXXVII. 182
-
- — CXXXVIII. 193
-
- — CXXXIX. 196
-
- — CXL. 208
-
- — CXLI. 216
-
- — CXLII. 230
-
- — CXLIII. 242
-
- — CXLIV. 246
-
- — CXLV. 262
-
- — CXLVI. 283
-
- — CXLVII. 287
-
- — CXLVIII. 290
-
- — CXLIX. 293
-
- — CL. 297
-
- — CLI. 313
-
- — CLII. 339
-
- — CLIII. 360
-
- — CLIV. 373
-
- — CLV. 379
-
- — CLVI. 391
-
- — CLVII. 409
-
- — CLVIII. 422
-
- — CLIX. 440
-
- — CLX. 451
-
- — CLXI. 467
-
- — CLXII. 472
-
- — CLXIII. 501
-
- — CLXIV. 505
-
- — CLXV. 520
-
- — CLXVI. 526
-
- — CLXVII. 558
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE
-LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) ***
-
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- Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3), by Bernal Díaz del Castillo&mdash;A Project Gutenberg eBook
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-
-/* Transcriber's notes */
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- </style>
- </head>
-<body class="formato">
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3), by Bernal Díaz del Castillo</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
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-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3)</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Bernal Díaz del Castillo</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: March 28, 2021 [eBook #64946]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/American Libraries.)</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) ***</div>
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-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
- <h1 class="faux">Verdadera historia de los sucesos de la conquista de
- la Nueva-España (2 de 3)</h1>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose las
- variantes a la grafía más frecuente, excepto en el caso de
- los nombres propios y de los términos indígenas.</li>
-
- <li>En los casos dudosos, se ha adoptado la grafía utilizada en 1853
- por la edición de E. Vedia en el tomo XXVI de la Biblioteca de
- Autores Españoles, que utiliza la misma versión del texto pero
- cuyos errores tipográficos son menores.</li>
-
- <li>No obstante lo anterior, se han acentuado las mayúsculas y se ha
- distinguido entre «mas» y «más», «aun» y «aún», y «que» y «qué»,
- distinción no siempre presente en el original impreso.</li>
-
- <li>Para facilitar la lectura, la mayor parte de los puntos y
- seguido —y algunos de los puntos y coma— se han cambiado a puntos y
- aparte, con el fin de evitar los párrafos excesivamente largos del
- original.</li>
-
- <li>También se han aislado en párrafo aparte, precediéndolas de una
- raya de diálogo, la expresiones literales pronunciadas en público.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
- style="width: 28em; height: auto;"
- src="images/cover.jpg"
- alt="Cubierta del libro" />
- </div>
-</div>
-
-
-<div class="chapter pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <p class="centra ws1 fs150">CONQUISTA DE NUEVA-ESPAÑA</p>
- <p class="centra fs75 mt1">POR</p>
- <p class="centra ws1 fs130 mt05">BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.</p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <p class="fs130 ws1">VERDADERA HISTORIA</p>
- <p class="fs90 ws1 mt15">DE LOS SUCESOS</p>
- <p class="fs140 ws1 mt1">DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA,</p>
- <p class="fs120 ws1 mt2">POR EL CAPITAN BERNAL DIAZ DEL CASTILLO,</p>
- <p class="fs90 ws1 mt1">UNO DE SUS CONQUISTADORES.</p>
-
- <div class="cajatit">
- <p><b>TOMO II.</b></p>
- </div>
-
- <p class="mt2">MADRID.—1863.</p>
- <p class="ws1">Imprenta de Tejado, calle de Silva, número 12.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_112">
- <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p>
- <p class="centra fs120 ws1">CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA</p>
- <p class="centra fs75 mt1">POR</p>
- <p class="centra ws1 g1 mt05">BERNAL DIAZ DEL CASTILLO.</p>
- <hr class="tir" />
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS, DESPUES DE BIEN INFORMADO DE QUIÉN ERA
- CAPITAN Y QUIÉN Y CUÁNTOS VENIAN EN LA ARMADA, Y DE LOS PERTRECHOS
- DE GUERRA QUE TRAIA, Y DE LOS TRES NUESTROS FALSOS SOLDADOS QUE
- Á NARVAEZ SE PASARON, ESCRIBIÓ AL CAPITAN É Á OTROS SUS AMIGOS,
- ESPECIALMENTE Á ANDRÉS DE DUERO, SECRETARIO DEL DIEGO VELAZQUEZ; Y
- TAMBIEN SUPO CÓMO MONTEZUMA ENVIABA ORO Y ROPA AL NARVAEZ, Y LAS
- PALABRAS QUE LE ENVIÓ Á DECIR EL NARVAEZ AL MONTEZUMA, Y DE CÓMO
- VENIA EN AQUELLA ARMADA EL LICENCIADO LÚCAS VAZQUEZ DE AILLON,
- OIDOR DE LA AUDIENCIA REAL DE SANTO DOMINGO, É LA INSTRUCCION QUE
- TRAIAN.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés en todo tenia cuidado y advertencia, y cosa ninguna
-se le pasaba que no procuraba poner remedio, y como muchas veces
-he dicho ántes de ahora, tenia tan acertados y buenos capitanes y
-soldados, que, demás de ser muy esforzados, dábamos buenos consejos,
-acor<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span>dóse por todos
-que se escribiese en posta con indios que llevasen las cartas al
-Narvaez ántes que llegase el clérigo Guevara, con muchas caricias y
-ofrecimientos que todos á una le hiciésemos, y que hariamos todo lo
-que su merced mandase; y que le pediamos por merced que no alborotase
-la tierra, ni los indios viesen entre nosotros disensiones; y esto
-deste ofrecimiento fué por causa que, como éramos los de Cortés pocos
-soldados en comparacion de los que el Narvaez traia, porque nos tuviese
-buena voluntad y para ver lo que sucedia; y nos ofrecimos por sus
-servidores, y tambien debajo destas buenas palabras no dejamos de
-buscar amigos entre los capitanes de Narvaez: porque el padre Guevara y
-el escribano Vergara dijeron á Cortés que Narvaez no venia bienquisto
-con sus capitanes, y que les enviase algunos tejuelos y cadenas de
-oro, porque dádivas quebrantan peñas: y Cortés les escribió que habia
-holgado en gran manera él y todos nosotros sus compañeros con su
-llegada á aquel puerto; y pues son amigos de tiempos pasados, que le
-pide por merced que no dé causa á que el Montezuma, que está preso, se
-suelte y la ciudad se levante, porque será para perderse él y su gente,
-y todos nosotros las vidas, por los grandes poderes que tiene: y esto,
-que lo dice porque el Montezuma está muy alterado y toda la ciudad
-revuelta con las palabras que de allá le ha enviado á decir; é que cree
-y tiene por cierto que de un tan<span class="pagenum" id="Page_7">p.
-7</span> esforzado y sábio varon, como él es no habian de salir de su
-boca cosas de tal arte dichas, ni en tal tiempo, sino que el Cervantes
-el chocarrero y los soldados que llevó consigo, como eran ruines lo
-dirian.</p>
-
-<p>Y demás de otras palabras que en la carta iban, se le ofreció con su
-persona y hacienda, y que en todo haria lo que mandase.</p>
-
-<p>Y tambien escribió Cortés al secretario Andrés de Duero y al oidor
-Lúcas Vazquez de Aillon, y con las cartas envió ciertas joyas de oro
-para sus amigos; y despues que hubo enviado esta carta secretamente,
-mandó dar al oidor cadenas y tejuelos y rogó al padre de la Merced que
-luego tras la carta fuese al real de Narvaez; y le dió otras cadenas
-de oro y tejuelos, y joyas muy estimadas que diese allá á sus amigos,
-y así como llegó la primera carta que dicho habemos que escribió
-Cortés con los indios ántes que llegase el padre Guevara, que fué el
-que Narvaez nos envió, andábala mostrando el Narvaez á sus capitanes,
-haciendo burla della y aun de nosotros; y un capitan de los que traia
-el Narvaez, que venia por veedor, que se decia Salvatierra, dicen que
-hacia bramuras desque la oyó, y decia al Narvaez, reprendiéndole, que
-para qué leia la carta de un traidor como Cortés é los que con él
-estaban, é que luego fuese contra nosotros, é que no quedase ninguno á
-vida; y juró que las orejas de Cortés que las habia de asar, y comer la
-una dellas; y decia otras liviandades.</p>
-
-<p>Por manera que no quiso res<span class="pagenum" id="Page_8">p.
-8</span>ponder á la carta ni nos tenia en una castañeta.</p>
-
-<p>Y en este instante llegó el clérigo Guevara y sus compañeros á su
-Real, y hablan al Narvaez que Cortés era muy buen caballero é gran
-servidor del Rey, y le dice del gran poder de Méjico, y de las muchas
-ciudades que vieron por donde pasaron, é que entendieron que Cortés que
-le será servidor y haria cuanto le mandase; é que será bien que por
-paz y sin ruido haya entre los unos y los otros concierto, y que mire
-el señor Narvaez á qué parte quiere ir de toda la Nueva-España con la
-gente que trae, que allí vaya é que deje al Cortés en otras provincias;
-pues hay tierras hartas donde se pueden albergar.</p>
-
-<p>É como esto oyó el Narvaez, dicen que se enojó de tal manera con
-el padre Guevara y con el Amaya, que no los queria despues más ver
-ni escuchar; y desque los del real de Narvaez los vieron ir tan
-ricos al padre Guevara y al escribano Vergara é á los demás, y les
-decian secretamente á todos los de Narvaez tanto bien de Cortés é
-de todos nosotros, é que habian visto tanta multitud de oro que en
-el real andaba en el juego de los naipes, muchos de los de Narvaez
-deseaban estar ya en nuestro real; y en este instante llegó nuestro
-padre de la Merced, como dicho tengo, al real de Narvaez con los
-tejuelos que Cortés les dió y con cartas secretas, y fué á besar
-las manos al Narvaez, é á decille cómo Cortés hará todo lo que le
-mandare, é que tenga paz y amor; é como el Narvaez era cabezudo y
-ve<span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span>nia muy pujante, no
-lo quiso oir; ántes dijo delante del mismo padre que Cortés y todos
-nosotros éramos unos traidores; é porque el fraile respondió que ántes
-éramos muy leales servidores del Rey, le trató mal de palabra; y muy
-secretamente repartió el fraile los tejuelos y cadenas de oro á quien
-Cortés le mandó y convocaba y atraia á sí los más principales del real
-de Narvaez.</p>
-
-<p>Y dejallo hé aquí, y diré lo que al oidor Lúcas Velazquez de Aillon
-y al Narvaez les aconteció, y lo que sobre ello pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_113">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO HUBIERON PALABRAS EL CAPITAN PÁNFILO DE
- NARVAEZ Y EL OIDOR LÚCAS VAZQUEZ DE AILLON, Y EL NARVAEZ LE MANDÓ
- PRENDER Y LE ENVIÓ EN UN NAVÍO PRESO Á CUBA Ó Á CASTILLA, Y LO QUE
- SOBRE ELLO AVINO.</p>
-</div>
-
-<p>Parece ser que, como el oidor Lúcas Vazquez de Aillon venia á
-favorecer las cosas de Cortés y de todos nosotros, porque así se
-lo habia mandado la real audiencia de Santo Domingo y los frailes
-jerónimos que estaban por gobernadores, como sabian los muchos y
-buenos y leales servicios que haciamos á Dios primeramente y á<span
-class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> nuestro Rey y señor, y del
-gran presente que enviamos á Castilla con nuestros procuradores; é
-demás de lo que la audiencia Real le mandó, como el oidor vió las
-cartas de Cortés, y con ellas tejuelos de oro, si de ántes decia que
-aquella armada que enviaba era injusta, y contra toda justicia que
-contra tan buenos servidores del Rey como éramos era mal hecho venir,
-de allí adelante lo decia muy clara y abiertamente; y decia tanto bien
-de Cortés y de todos los que con él estábamos, que ya en el real de
-Narvaez no se hablaba de otra cosa.</p>
-
-<p>Y demás desto, como veian y conocian en el Narvaez ser la pura
-miseria, y el oro y ropa que el Montezuma les enviaba todo se lo
-guardaba, y no daba cosa dello á ningun capitan ni soldado, ántes
-decia, con voz, que hablaba muy entonado, medio de bóveda, á su
-mayordomo:</p>
-
-<p>—«Mirad que no falte ninguna manta, porque todas están puestas por
-memoria.»</p>
-
-<p>É como aquello conocian dél, é oian lo que dicho tengo del Cortés
-y los que con él estábamos, de muy francos, todo su real estaba medio
-alborotado, y tuvo pensamiento el Narvaez que el oidor entendia en
-ello, é poner zizaña.</p>
-
-<p>Y demás desto, cuando Montezuma les enviaba bastimento, que repartia
-el despensero ó mayordomo de Narvaez, no tenia cuenta con el oidor ni
-con sus criados, como era razon, y sobre ello hubo ciertas cosquillas y
-ruido en el real; y tambien porque el consejo que daban al Narvaez el
-Salvatierra, que dicho tengo que<span class="pagenum" id="Page_11">p.
-11</span> venia por veedor, y Juan Bono, vizcaino, y un Gamarra, y
-sobre todo, los grandes favores que tenia de Castilla de D. Juan
-Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, tuvo tan gran atrevimiento el
-Narvaez, que prendió al oidor del Rey, á él y á su escribano y ciertos
-criados, y lo hizo embarcar en un navío, y los envió presos á Castilla
-ó á la isla de Cuba.</p>
-
-<p>Y aun sobre todo esto, porque un hidalgo que se decia Fulano de
-Oblanco y era letrado, decia al Narvaez que Cortés era muy servidor del
-Rey, y todos nosotros los que estábamos en su compañía éramos dignos de
-muchas mercedes, y que parecia mal llamarnos traidores, y que era mucho
-más mal prender á un oidor de su majestad; y por esto que le dijo, le
-mandó echar preso; y como el Gonzalo de Oblanco era muy noble, de enojo
-murió dentro de cuatro dias.</p>
-
-<p>Tambien mandó echar presos á otros dos soldados de los que traia en
-su navío, que sabia que hablaban bien de Cortés, entre ellos fué un
-Sancho de Barahona, vecino que fué de Guatimala.</p>
-
-<p>Tornemos á decir del oidor que llevaban preso á Castilla, que con
-palabras buenas é con temores que puso al capitan del navío y al
-maestre y al piloto que le llevaban á cargo, les dijo que, llegados
-á Castilla, que en lugar de paga de lo que hacen, su majestad les
-mandaria ahorcar; y como aquellas palabras oyeron, le dijeron que les
-pagase su trabajo y le llevarian á Santo Domingo; y así, mudaron la
-derrota que Narvaez les habia man<span class="pagenum" id="Page_12">p.
-12</span>dado que fuesen; y llegado á la isla de Santo Domingo y
-desembarcado, como la audiencia Real que allí residia y los frailes
-jerónimos que estaban por gobernadores oyeron al licenciado Lúcas
-Vazquez, y vieron tan grande desacato é atrevimiento, sintiéronlo
-mucho, y con tanto enojo, que luego lo escribieron á Castilla al Real
-Consejo de su majestad; y como el Obispo de Búrgos era presidente y
-lo mandaba todo, y su majestad no habia venido de Flandes, no hubo
-lugar de se hacer cosa ninguna de justicia en nuestro favor; ántes el
-don Juan Rodriguez de Fonseca diz que se holgó mucho, creyendo que
-el Narvaez nos habia ya prendido y desbaratado; y cuando su majestad
-estaba en Flandes, y oyeron á nuestros procuradores, y lo que el Diego
-Velazquez y el Narvaez habian hecho en enviar la armada sin su Real
-licencia, y haber prendido á su oidor, les hizo harto daño en los
-pleitos y demandas que despues le pusieron á Cortés y á todos nosotros,
-como adelante diré, por más que decian que tenian licencia del Obispo
-de Búrgos, que era presidente, para hacer el armada que contra nosotros
-enviaron.</p>
-
-<p>Pues como ciertos soldados, parientes y amigos del oidor Lúcas
-Vazquez, vieron que el Narvaez le habia preso, temieron no les
-acaeciese lo que hizo con el letrado Gonzalo de Oblanco, porque ya
-les traia sobre los ojos y estaba mal con ellos, acordaron de se ir
-desde los arenales huyendo á la villa donde estaba el capitan Sandoval
-con<span class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span> los dolientes;
-y cuando llegaron á le besar las manos, el Sandoval les hizo mucha
-honra, y supo dellos todo lo aquí por mí dicho, y cómo queria enviar el
-Narvaez á aquella villa soldados á prenderle.</p>
-
-<p>Y lo que más pasó diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_114">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXIV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO NARVAEZ CON TODO SU EJÉRCITO SE VINO Á UN
- PUEBLO QUE SE DICE CEMPOAL, É LO QUE EN EL CONCIERTO SE HIZO, É LO
- QUE NOSOTROS HICIMOS ESTANDO EN LA CIUDAD DE MÉJICO, É CÓMO ACORDAMOS
- DE IR SOBRE NARVAEZ.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como Narvaez hubo preso al oidor de la audiencia Real de Santo
-Domingo, luego se vino con todo su fardaje é pertrechos de guerra á
-asentar su real en un pueblo que se dice Cempoal, que en aquella sazon
-era muy poblado; é la primera cosa que hizo, tomó por fuerza al cacique
-gordo (que así le llamábamos) todas las mantas é ropa labrada é joyas
-de oro, é tambien le tomó las indias que nos habian dado los caciques
-de aquel pueblo, que se las dejamos en casa de sus padres é hermanos,
-porque eran hijas de señores, é para ir á la guerra muy deli<span
-class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>cadas.</p>
-
-<p>Y el cacique gordo dijo muchas veces al Narvaez que no le tomase
-cosa ninguna de las que Cortés dejó en su poder, así el oro como mantas
-é indias, porque estaria muy enojado, y le vernia á matar de Méjico,
-así al Narvaez como al mismo cacique porque se las dejaba tomar.</p>
-
-<p>É más, se le quejó el mismo cacique de los robos que le hacian sus
-soldados en aquel pueblo, é le dijo que cuando estaba allí Malinche,
-que así llamaban á Cortés, con sus gentes, que no les tomaban cosa
-ninguna, é que era muy bueno él é sus soldados los teules, porque
-teules nos llamaban; é como aquellas palabras le oia el Narvaez, hacia
-burla dél, é un Salvatierra que venia por veedor, otras veces por mí
-nombrado, que era el que más bravezas é fieros hacia, dijo á Narvaez é
-otros capitanes sus amigos:</p>
-
-<p>—«¿No habeis visto qué miedo que tienen todos estos caciques desta
-nonada de Cortesillo?»</p>
-
-<p>Tengan atencion los curiosos letores cuán bueno fuera no decir mal
-de lo bueno; porque juro amen que cuando dimos sobre el Narvaez, uno de
-los más cobardes é para ménos fué el Salvatierra, como adelante diré; é
-no porque no tenia buen cuerpo é membrudo, mas era mal engalibado, mas
-no de lengua, y decian que era natural de tierra de Búrgos.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar del Salvatierra, é diré cómo el Narvaez envió á
-requerir á nuestro capitan é á todos nosotros con unas provisiones que
-decian que eran traslados de los originales que traia para ser capitan
-por el Diego<span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span> Velazquez;
-las cuales enviaba para que nos las notificase escribano, que se decia
-Alonso de Mata, el cual despues, el tiempo andando, fué vecino de la
-Puebla, que era ballestero; é enviaba con el Mata á otras tres personas
-de calidad.</p>
-
-<p>É dejallo he aquí, así al Narvaez como á su escribano, é volveré á
-Cortés, que como cada dia tenia cartas é avisos, así de los del real
-de Narvaez como del capitan Gonzalo de Sandoval, que quedaba en la
-Villa-Rica, é le hizo saber que tenia consigo cinco soldados, personas
-muy principales é amigos del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que es
-el que envió preso Narvaez á Castilla ó á la isla de Cuba; é la causa
-que daban por que se vinieron del real de Narvaez fué, que pues el
-Narvaez no tuvo respeto á un oidor del Rey, que ménos se lo ternia á
-ellos, que eran sus deudos; de los cuales soldados supo el Sandoval muy
-por entero todo lo que pasaba en el real de Narvaez é la voluntad que
-tenia, porque decia que muy de hecho habia de venir en nuestra busca á
-Méjico para nos prender.</p>
-
-<p>Pasemos adelante, y diré que Cortés tomó luego consejo con nuestros
-capitanes é todos nosotros los que sabia que le habiamos de ser muy
-servidores, é solia llamar á consejo para en casos de calidad, como
-estos; é por todos fué acordado que brevemente, sin más aguardar cartas
-ni otras razones, fuésemos sobre el Narvaez, é que Pedro de Albarado
-quedase en Mé<span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span>jico en
-guarda del Montezuma con todos los soldados que no tuviesen buena
-disposicion para ir á aquella jornada; é tambien para que quedasen allí
-las personas sospechosas que sentiamos que serian amigos del Diego
-Velazquez é de Narvaez; é en aquella sazon, é ántes que el Narvaez
-viniese, habia enviado Cortés á Tlascala por mucho maíz, porque habia
-mala sementera en tierra de Méjico por falta de aguas; porque teniamos
-muchos naborías é amigos del mismo Tlascala, habíamoslo menester para
-ellos; é trujeron el maíz que he dicho, é muchas gallinas é otros
-bastimentos, los cuales enviamos al Pedro de Albarado, é aún le hicimos
-unas defensas á manera de mamparos é fortaleza con arte ó falconete, é
-cuatro tiros gruesos é toda la pólvora que teniamos, é diez ballesteros
-é catorce escopeteros é siete caballos, puesto que sabiamos que los
-caballos no se podrian aprovechar dellos en el patio donde estaban los
-aposentos; é quedaron por todos los soldados contados, de á caballo, y
-escopeteros é ballesteros, ochenta y tres.</p>
-
-<p>Y como el gran Montezuma vió é entendió que queriamos ir sobre el
-Narvaez, é como Cortés le iba á ver cada dia é á tenelle palacio, jamás
-quiso decir ni dar á entender cómo el Montezuma ayudaba al Narvaez é le
-enviaba oro é mantas é bastimentos.</p>
-
-<p>Y de una plática en otra, le preguntó el Montezuma á Cortés que
-dónde queria ir, é para qué habia hecho ahora de nuevo aque<span
-class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span>llos pertrechos é fortaleza, é
-que cómo andábamos todos alborotados; é lo que Cortés le respondió é en
-qué se resumió la plática diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_115">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO EL GRAN MONTEZUMA PREGUNTÓ Á CORTÉS QUE CÓMO
- QUERIA IR SOBRE EL NARVAEZ, SIENDO LOS QUE TRAIA DOBLADOS MÁS QUE
- NOSOTROS, Y QUE LE PESARIA MUCHO SI NOS VINIESE ALGUN MAL.</p>
-</div>
-
-<p>Como estaba platicando Cortés con el gran Montezuma, como lo tenian
-de costumbre, dijo el Montezuma á Cortés:</p>
-
-<p>—«Señor Malinche, á todos vuestros capitanes é compañeros os veo
-andar desasosegados, é tambien he visto que no me visitais sino de
-cuando en cuando; é Orteguilla el paje me dice que quereis ir de guerra
-sobre esos vuestros hermanos que vienen en los navíos, é que quereis
-dejar aquí en mi guarda al Tonatio; hacedme merced que me lo declareis,
-para que si yo en algo os pudiere servir é ayudar, lo haré de muy
-buena voluntad. É tambien, señor Malinche, no querria que os viniese
-algun desman, porque vos teneis muy pocos teules, y esos que vienen
-son cinco veces más;<span class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span> é
-ellos dicen que son cristianos como vosotros é vasallos de ese vuestro
-Emperador, é tienen imágenes y ponen cruz, é les dicen Misa, é dicen é
-publican que sois gentes que venistes huyendo de Castilla de vuestro
-rey y señor, é que os vienen á prender ó á matar; en verdad que yo no
-os entiendo. Por tanto, mirad primero lo que haceis.»</p>
-
-<p>Y Cortés le respondió con nuestras lenguas doña Marina é Jerónimo
-de Aguilar, con un semblante muy alegre, que si no le ha venido á dar
-relacion dello, es como le quiere mucho y por no le dar pesar con
-nuestra partida, é que por esta causa lo ha dejado, porque así tiene
-por cierto que el Montezuma le tiene voluntad.</p>
-
-<p>É que cuanto á lo que dice, que todos somos vasallos de nuestro gran
-Emperador, que es verdad, é de ser cristianos como nosotros, que sí
-son; é á lo que dicen que venimos huyendo de nuestro Rey y señor, que
-no es así, sino que nuestro Rey nos envió para velle y hablalle todo
-lo que en su Real nombre le ha dicho é platicado, é á lo que dice que
-trae muchos soldados é noventa caballos é muchos tiros é pólvora, é que
-nosotros somos pocos, é que nos vienen á matar é prender, Nuestro Señor
-Jesucristo, en quien creemos é adoramos, é Nuestra Señora Santa María,
-su bendita Madre, nos dará fuerzas, y más que no á ellos, pues que son
-malos é vienen de aquella manera.</p>
-
-<p>É que como nuestro Emperador tiene muchos reinos é señoríos, hay
-en ellos mucha diversidad de gentes, unas muy<span class="pagenum"
-id="Page_19">p. 19</span> esforzadas é otras mucho más, é que nosotros
-somos de dentro de Castilla, que llaman Castilla la Vieja, é nos
-nombran por sobrenombre castellanos; é que el capitan que está ahora
-en Cempoal y la gente que trae que es de otra provincia que llaman
-Vizcaya, é que tienen la habla muy revesada, como á manera de decir
-como los otomís tierra de Méjico; é que él verá cuál se los traeriamos
-presos; é que no tuviese pesar por nuestra ida, que presto volveriamos
-con vitoria.</p>
-
-<p>É lo que ahora le pide por merced, que mire que queda con él su
-hermano Tonatio, que así llamaban á Pedro de Albarado, con ochenta
-soldados; que despues que salgamos de aquella ciudad no haya algun
-alboroto, ni consienta á sus capitanes é papas hagan cosas que sean mal
-hechas, porque despues que volvamos, si Dios quisiere, no tengan que
-pagar con las vidas los malos revolvedores; é que todo lo que hubiere
-menester de bastimentos, que se los diesen; é allí le abrazó Cortés dos
-veces al Montezuma, é asimismo el Montezuma á Cortés; é doña Marina,
-como era muy avisada, se lo decia de arte que ponia tristeza con
-nuestra partida.</p>
-
-<p>Allí le ofreció que haria todo lo que Cortés le encargaba, y aun
-prometió que enviaria en nuestra ayuda cinco mil hombres de guerra,
-é Cortés le dió gracias por ello, porque bien entendió que no los
-habia de enviar; é le dijo que no habia menester su ayuda, sino era
-la de Dios nuestro Señor, que es la ayuda verdadera, é la<span
-class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> de sus compañeros que con
-él íbamos; é tambien le encargó que mirase que la imágen de nuestra
-Señora é la cruz que siempre lo tuviesen muy enramado, é limpia la
-iglesia, é quemasen candelas de cera, que tuviesen siempre encendidas
-de noche y de dia, é que no consintiesen á los papas que hiciesen otra
-cosa; porque en aquesto conoceria muy mejor su buena voluntad é amistad
-verdadera.</p>
-
-<p>É despues de tornados otra vez á se abrazar, le dijo Cortés que le
-perdonase, que no podia estar más en plática con él, por entender en
-la partida; é luego habló á Pedro de Albarado é á todos los soldados
-que con él quedaban, é les encargó que guardasen al Montezuma con
-mucho cuidado no se soltase, é que obedeciesen al Pedro de Albarado; y
-prometióles que, mediante Dios, que á todos les habia de hacer ricos;
-é allí quedó con ellos el Clérigo Juan Diaz, que no fué con nosotros,
-é otros soldados sospechosos, que aquí no declaro por sus nombres;
-é allí nos abrazamos los unos á los otros, é sin llevar indias ni
-servicio, sino á la ligera, tiramos por nuestras jornadas por la ciudad
-de Cholula, y en el camino envió Cortés á Tlascala á rogar á nuestros
-amigos Xicotenga y Masse-Escaci é á todos los más caciques, que nos
-enviasen de presto cuatro mil hombres de guerra; y enviaron á decir que
-si fueran para pelear con indios como ellos, que sí hicieran, é aun
-muchos más de los que les demandaban, é que para contra teules como
-nosotros,<span class="pagenum" id="Page_21">p. 21</span> é contra
-bombardas é caballos, que les perdonen, que no los quieren dar; é
-proveyeron de veinte cargas de gallinas; é luego Cortés escribió en
-posta á Sandoval que se juntase con todos sus soldados muy prestamente
-con nosotros, que íbamos á unos pueblos obra de doce leguas de Cempoal,
-que se dicen Tampaniquita é Mitalaguita, que ahora son de la encomienda
-de Pedro Moreno Medrano, que vive en la Puebla; é que mirase muy bien
-el Sandoval que Narvaez no le prendiese, ni hubiese á las manos á él ni
-á ninguno de sus soldados.</p>
-
-<p>Pues yendo que íbamos de la manera que he dicho, con mucho concierto
-para pelear si topásemos gente de guerra de Narvaez ó al mismo Narvaez,
-y nuestros corredores del campo descubriendo, é siempre una jornada
-adelante dos de nuestros soldados grandes peones, personas de mucha
-confianza, y estos no iban por camino derecho, sino por partes que no
-podian ir á caballo, para saber é inquirir de indios de la gente de
-Narvaez.</p>
-
-<p>Pues yendo nuestros corredores del campo descubriendo, vieron
-venir á un Alonso de Mata, el que decian que era escribano, que venia
-á notificar los papeles ó traslados de las provisiones, segun dije
-atrás en el capítulo que dello habla, é á los cuatro españoles que con
-él venian por testigos, y luego vinieron los dos nuestros soldados
-de á caballo á dar mandado, y los otros dos corredores del campo se
-estuvieron en palabras con el Alonso de Mata<span class="pagenum"
-id="Page_22">p. 22</span> é con los cuatro testigos; y en este instante
-nos dimos priesa en andar y alargamos el paso, y cuando llegaron cerca
-de nosotros hicieron gran reverencia á Cortés y á todos nosotros, y
-Cortés se apeó del caballo y supo á lo que venian.</p>
-
-<p>Y como el Alonso de Mata queria notificar los despachos que traia,
-Cortés le dijo que si era escribano del Rey, y dijo que sí; y mandóle
-que luego exhibiese el título, é que si le traia, que leyese los
-recados, é que haria lo que viese que era servicio de Dios é de su
-Majestad; y si no le traia, que no leyese aquellos papeles; é que
-tambien habia de ver los originales de su Majestad.</p>
-
-<p>Por manera que el Mata, medio cortado é medroso, porque no era
-escribano de su Majestad, y los que con él venian no sabian qué le
-decir; y Cortés les mandó dar de comer, y porque comiesen reparamos
-allí; y les dijo Cortés que íbamos á unos pueblos cerca del real del
-señor Narvaez, que se decian Tampanequita, y que allí podia enviar á
-notificar lo que su capitan mandase; y tenia Cortés tanto sufrimiento,
-que nunca dijo palabra mala del Narvaez, é apartadamente habló con
-ellos y les untó las manos con tejuelos de oro, y luego se volvieron á
-su Narvaez diciendo bien de Cortés y de todos nosotros; y como muchos
-de nuestros soldados por gentileza en aquel instante llevábamos en las
-armas joyas de oro, y otros cadenas y collares al cuello, y aquellos
-que venian á notificar los pape<span class="pagenum" id="Page_23">p.
-23</span>les les vieron, dicen en Cempoal maravillarse de nosotros; y
-muchos habia en el real de Narvaez, personas principales, que querian
-venir á tratar paces con Cortés y su capitan Narvaez, como á todos nos
-veian ir ricos.</p>
-
-<p>Por manera que llegamos á Panguaniquita, é otro dia llegó el
-capitan Sandoval con los soldados que tenia, que serian hasta sesenta;
-porque los demás viejos y dolientes los dejó en unos pueblos de indios
-nuestros amigos, que se decian Papalote, para que allí les diesen de
-comer; y tambien vinieron con él los cinco soldados parientes y amigos
-del licenciado Lúcas Vazquez de Aillon, que se habian venido huyendo
-del real de Narvaez, y venian á besar las manos á Cortés; á los cuales
-con mucha alegría recibió muy bien; y allí estuvo contando el Sandoval
-á Cortés de lo que les acaeció con el Clérigo furioso Guevara y con el
-Vergara y con los demás, y cómo los mandó llevar presos á Méjico, segun
-y de la manera que dicho tengo en el capítulo pasado.</p>
-
-<p>Y tambien dijo cómo desde la Villa-Rica envió dos soldados como
-indios, puestas mantillas ó mantas, y eran como indios propios, al real
-de Narvaez; é como eran morenos, dijo Sandoval que no parecian sino
-propios indios, y cada uno llevó una carguilla de ciruelas á vender,
-que en aquella sazon era tiempo dellas, cuando estaba Narvaez en los
-arenales, ántes que se pasasen al pueblo de Cempoal; é que fueron al
-rancho del bravo Salvatierra, é que les dió<span class="pagenum"
-id="Page_24">p. 24</span> por las ciruelas un sartalejo de cuentas
-amarillas.</p>
-
-<p>É cuando hubieron vendido las ciruelas, el Salvatierra les mandó
-que le fuesen por yerba, creyendo que eran indios, allí junto á un
-riachuelo que está cerca de los ranchos, para su caballo, é fueron é
-cogieron unas carguillas dello, y esto era á hora del Ave-María cuando
-volvieron con la yerba, y se estuvieron en el rancho en cuclillas como
-indios hasta que anocheció, y tenian ojo y sentido en lo que decian
-ciertos soldados de Narvaez que vinieron á tener palacio é compañía al
-Salvatierra, y despues les decia el Salvatierra:</p>
-
-<p>—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor
-de Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos;
-pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que
-tengan mucho oro!»</p>
-
-<p>Y decian por ahí otras palabras.</p>
-
-<p>Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que
-estaban hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde
-tenia el caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le
-enfrenan y ensillan, y cabalgan en él.</p>
-
-<p>Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe
-el riachuelo, y tambien se lo trujeron.</p>
-
-<p>Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que
-los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes;
-porque por donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos,
-porque era tierra muy fragosa y de grandes<span class="pagenum"
-id="Page_25">p. 25</span> sierras, y que vino por allí por no topar
-con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo de
-Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:</p>
-
-<p>—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»</p>
-
-<p>Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló
-á los dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su
-caballo ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los
-del mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego
-conoció que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los
-caballos; y desde allí adelante se velaban.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros
-capitanes y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos
-en el real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el
-Narvaez diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_116">
- <p><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXVI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO ACORDÓ CORTÉS CON TODOS NUESTROS CAPITANES Y
- SOLDADOS QUE TORNÁSEMOS Á ENVIAR AL REAL DE NARVAEZ AL FRAILE DE LA
- MERCED, QUE ERA MUY SAGAZ Y DE BUENOS MEDIOS, Y QUE SE HICIESE MUY
- SERVIDOR DEL NARVAEZ, É QUE SE MOSTRASE FAVORABLE Á SU PARTE MAS QUE
- NO Á LA DE CORTÉS, É QUE SECRETAMENTE CONVOCASE AL ARTILLERO QUE SE
- DECIA RODRIGO MARTIN É Á OTRO ARTILLERO QUE SE DECIA USAGRE, É QUE
- HABLASE CON ANDRÉS DE DUERO PARA QUE VINIESE Á VERSE CON CORTÉS; É
- QUE OTRA CARTA QUE ESCRIBIÉSEMOS AL NARVAEZ QUE MIRASE QUE SE LA
- DIESE EN SUS MANOS, É LO QUE EN TAL CASO CONVENIA, É QUE TUVIESE
- MUCHA ADVERTENCIA, Y PARA ESTO LLEVÓ MUCHA CANTIDAD DE TEJUELOS É
- CADENAS DE ORO PARA REPARTIR.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como ya estábamos en el pueblo todos juntos, acordamos que
-con el padre de la Merced se escribiese otra carta al Narvaez, que
-decian en ella así, ó otras palabras formales como estas que diré,
-despues de puesto su acato con gran cortesía: que nos habiamos
-holgado de su venida, é creiamos que con su generosa persona hariamos
-gran servicio á Dios Nuestro Señor y á su majestad, é que no nos ha
-querido responder cosa ninguna, ántes nos llama de traidores, siendo
-muy leales servidores del Rey; é ha revuelto toda la tierra con las
-palabras que envió á decir á Montezuma; é que le envió Cortés á<span
-class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span> pedir por merced que
-escogiese la provincia en cualquiera parte que él quisiese quedar con
-la gente que tiene, ó fuese adelante, é que nosotros iriamos á otras
-tierras é hariamos lo que á buenos servidores de su majestad somos
-obligados.</p>
-
-<p>É que le hemos pedido por merced que si trae provisiones de su
-majestad que envie los originales para ver y entender si vienen con
-la Real firma y ver lo que en ellas se contiene, para que luego que
-lo veamos, los pechos por tierra para obedecerla; é que no ha querido
-hacer lo uno ni lo otro, sino tratarnos mal de palabra y revolver la
-tierra; que le pedimos y requerimos de parte de Dios y del Rey nuestro
-señor que dentro en tres dias envie á notificar los despachos que
-trae con escribano de su majestad, é que cumpliremos como mandado del
-Rey nuestro señor todo lo que en las reales provisiones mandare; que
-para aquel efeto nos hemos venido á aquel pueblo de Panguenezquita,
-por estar más cerca de su Real; é que si no trae las provisiones y se
-quisiere volver á Cuba, que se vuelva y no alborote más la tierra, con
-protestacion que si otra cosa hace, que iremos contra él á le prender
-y enviallo preso á nuestro Rey y señor, pues sin su Real licencia nos
-viene á dar guerra é desasosegar todas las ciudades; é que todos los
-males é muertes y fuegos y menoscabos que sobre esto acaecieren, que
-sea á su cargo, y no al nuestro; y esto se escribe ahora por carta
-misiva, porque no osa<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>
-ningun escribano de su majestad írselo á notificar, por temor no le
-acaezca tan gran desacato como el que se tuvo con un oidor de su
-majestad, y que ¿dónde se vió tal atrevimiento de le enviar preso?</p>
-
-<p>Y que allende de lo que dicho tiene, por lo que es obligado á la
-honra y justicia de nuestro Rey, que le conviene castigar aquel gran
-desacato y delito, como capitan general y justicia mayor que es de
-aquesta Nueva-España, le cita y emplaza para ello, y se lo demandará
-usando de justicia, pues es crímen <i>læsæ majestatis</i> lo que ha
-tentado, é que hace á Dios testigo de lo que ahora dice; y tambien le
-enviamos á decir que luego volviese al cacique gordo las mantas y ropa
-y joyas de oro que le habian tomado por fuerza, y ansimismo las hijas
-de señores que nos habian dado sus padres, y mandase á sus soldados que
-no robasen á los indios de aquel pueblo ni de otros.</p>
-
-<p>Y despues de puesta su cortesía y firmada de Cortés y de nuestros
-capitanes y algunos soldados, iba allí mi firma; y entónces se fué
-con el mismo Padre fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia
-Bartolomé de Usagre, porque era hermano del artillero Usagre, que
-tenia cargo del artillería de Narvaez; y llegados nuestro religioso y
-el Usagre á Cempoal, adonde estaba el Narvaez, diré lo que dice que
-pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_117">
- <p><span class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXVII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO EL PADRE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, DE LA ÓRDEN
- DE NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED, FUÉ Á CEMPOAL, ADONDE ESTABA EL
- NARVAEZ É TODOS SUS CAPITANES, Y LO QUE PASÓ CON ELLOS, Y LES DIÓ LA
- CARTA.</p>
-</div>
-
-<p>Como el Padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced,
-llegó al real de Narvaez, sin más gastar yo palabras en tornallo á
-recitar, hizo lo que Cortés le mandó, que fué convocar á ciertos
-caballeros de los de Narvaez y al artillero Rodrigo Mino, que así se
-llamaba, é al Usagre, que tenia tambien cargo de los tiros; y para
-mejor le atraer, fué un su hermano del Usagre con tejuelos de oro,
-que dió de secreto al hermano; y asimismo el padre fray Bartolomé de
-Olmedo repartió todo el oro que Cortés le mandó, y habló al Andrés de
-Duero que luego se viniese á nuestro real con Cortés; y demás desto,
-ya el fraile habia ido á ver y hablar al Narvaez y hacérsele muy gran
-servidor; y andando en estos pasos, tuvieron gran sospecha de lo en
-que andaba nuestro fraile, é aconsejaban al Narvaez que luego le
-prendiese, é así lo querian hacer.</p>
-
-<p>Y como lo supo Andrés de Duero, que era secretario del Diego
-Velazquez, y era de<span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span>
-Tudela de Duero, y se tenian por deudos, el Narvaez y él, porque el
-Narvaez tambien era de tierra de Valladolid ó del mismo Valladolid, y
-en toda la armada era muy estimado é preeminente, el Andrés de Duero
-fué al Narvaez y le dijo que le habian dicho que queria prender al
-padre fray Bartolomé de Olmedo, mensajero y embajador de Cortés; que
-mirase que ya que hubiese sospecha que el fraile hablaba algunas cosas
-en favor de Cortés, que no es bien prendelle, pues que claramente se ha
-visto cuánta honra é dádivas da Cortés á todos los suyos del Narvaez
-que hallaban; é que fray Bartolomé de Olmedo ha hablado con él despues
-que allí ha venido, é lo que siente dél es que desea que él y otros
-caballeros del real de Cortés le vengan á recibir, é que todos fuesen
-amigos; y que mire cuánto bien dice Cortés á los mensajeros que envia;
-que no le sale por la boca á él ni á cuantos están con él, sino el
-señor capitan Narvaez, é que seria poquedad prender á un religioso; que
-otro hombre que vino con él, que es hermano de Usagre el artillero, que
-le viene á ver; que convide á fray Bartolomé de Olmedo á comer, y le
-saque del pecho la voluntad que todos los de Cortés tienen.</p>
-
-<p>Y con aquellas palabras, y otras sabrosas que le dijo, amansó al
-Narvaez. Y luego desque esto pasó, se despidió Andrés de Duero del
-Narvaez, y secretamente habló al Padre lo que habia pasado; y luego
-el Narvaez envió á llamar á<span class="pagenum" id="Page_31">p.
-31</span> fray Bartolomé de Olmedo, y como vino, le hizo mucho acato, y
-medio riendo (que era el Fraile muy cuerdo y sagaz) le suplicó que se
-apartase en secreto, y el Narvaez se fué con él paseando á un patio, y
-el Fraile le dijo:</p>
-
-<p>—«Bien entendido tengo que vuestra merced me queria mandar prender;
-pues hágole saber, Señor, que no tiene mejor ni mayor servidor en su
-real que yo, y tengo por cierto que muchos caballeros y capitanes
-de los de Cortés le querrian ya ver en las manos de vuestra merced;
-y ansí, creo que vendremos todos; y para más le atraer á que se
-desconcierte, le han hecho escribir una carta de desvaríos, firmada
-de los soldados, que me dieron que diese á vuestra merced, que no la
-he querido mostrar hasta agora, que vine á pláticas, que en un rio la
-quise echar por las necedades que en ella trae; y esto hacen todos sus
-capitanes y soldados de Cortés por verlo ya desconcertar.»</p>
-
-<p>Y el Narvaez dijo que se la diese, y el Padre fray Bartolomé de
-Olmedo le dijo que la dejó en su posada é que iria por ella; é ansí,
-se despidió para ir por la carta; y entre tanto vino al aposento de
-Narvaez el bravoso Salvatierra; y de presto el Padre fray Bartolomé
-de Olmedo llamó á Duero que fuese luego en casa del Narvaez para ver
-dalle la carta, que bien sabia ya el Duero della, y aun otros capitanes
-de Narvaez que se habian mostrado por Cortés; porque el fraile
-consigo la traia, sino porque tuviesen juntos muchos de los de<span
-class="pagenum" id="Page_32">p. 32</span> aquel Real y le oyesen.</p>
-
-<p>É luego como vino el Padre fray Bartolomé de Olmedo con la carta, se
-la dió al mismo Narvaez, y dijo:</p>
-
-<p>—«No se maraville vuestra merced con ella, que ya Cortés andaba
-desvariando; y sé cierto que si vuestra merced le habla con amor, que
-luego se le dará él y todos los que consigo trae.»</p>
-
-<p>Dejémonos de razones de fray Bartolomé, que las tenia muy buenas, y
-digamos que le dijeron á Narvaez los soldados y capitanes que leyese
-la carta, y cuando la oyeron, dice que hacian bramuras el Narvaez y
-el Salvatierra, y los demás se reian, como haciendo burla della; y
-entónces dijo el Andrés de Duero:</p>
-
-<p>—«Ahora yo no sé cómo sea esto; yo no lo entiendo; porque este
-religioso me ha dicho que Cortés y todos se le darán á vuestra merced,
-y ¡escribir ahora estos desvaríos!»</p>
-
-<p>Y luego de buena tinta tambien le ayudó á la plática al Duero un
-Agustin Bermudez, que era capitan é alguacil mayor del real de Narvaez,
-é dijo:</p>
-
-<p>—«Ciertamente, tambien he sabido del Padre Fray Bartolomé de Olmedo
-muy en secreto que como enviase buenos terceros, que el mismo Cortés
-vernia á verse con vuestra merced para que se diese con sus soldados; y
-será bien que envie á su Real, pues no está muy léjos, al señor veedor
-Salvatierra é al señor Andrés de Duero, é yo iré con ellos.»</p>
-
-<p>Y esto dijo adrede por ver qué diria el Salvatierra. Y respondió el
-Salvatierra que estaba mal dispuesto é que no iria á ver un traidor; y
-el<span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span> padre fray Bartolomé
-de Olmedo le dijo:</p>
-
-<p>—«Señor veedor, bueno es tener templanza, pues está cierto que le
-ternéis preso ántes de muchos dias.»</p>
-
-<p>Pues concertada la partida del Andrés de Duero, parece ser muy en
-secreto trató el Narvaez con el mismo Duero y con tres capitanes que
-tuviesen modo con el Cortés como se viesen en unas estancias é casas de
-indios que estaban entre el real de Narvaez y el nuestro, é que allí
-se darian conciertos donde habiamos de ir con Cortés á poblar y partir
-términos, y en las vistas le prenderia; y para ello tenia ya hablado
-el Narvaez á veinte soldados de sus amigos; lo cual luego supo fray
-Bartolomé del Narvaez é del Andrés de Duero, y avisaron á Cortés de
-todo.</p>
-
-<p>Dejemos al fraile en el real de Narvaez, que ya se habia hecho muy
-amigo y pariente del Salvatierra, siendo el fraile de Olmedo y el
-Salvatierra de Búrgos, y comia con él cada dia.</p>
-
-<p>É digamos de Andrés de Duero, que quedaba apercibiéndose para ir á
-nuestro real y llevar consigo á Bartolomé de Usagre, nuestro soldado,
-porque el Narvaez no alcanzase á saber dél lo que pasaba; y diré lo que
-en nuestro real hicimos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_118">
- <p><span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXVIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO EN NUESTRO REAL HICIMOS ALARDE DE LOS SOLDADOS
- QUE ÉRAMOS, Y CÓMO TRAJERON DUCIENTAS Y CINCUENTA PICAS MUY LARGAS,
- CON UNOS HIERROS DE COBRE CADA UNA, QUE CORTÉS HABIA MANDADO HACER EN
- UNOS PUEBLOS QUE SE DICEN LOS CHICHINATECAS, Y NOS IMPONÍAMOS CÓMO
- HABIAMOS DE JUGAR DELLAS PARA DERROCAR LA GENTE DE Á CABALLO QUE
- TENIA NARVAEZ, Y OTRAS COSAS QUE EN EL REAL PASARON.</p>
-</div>
-
-<p>Volvamos á decir algo atrás de lo dicho, y lo que más pasó.</p>
-
-<p>Así como Cortés tuvo noticia del armada que traia Narvaez, luego
-despachó un soldado que habia estado en Italia, bien diestro de todas
-armas, y más de jugar una pica, y le envió á una provincia que se
-dice los chichinatecas, junto adonde estaban nuestros soldados los
-que fueron á buscar minas; porque aquellos de aquella provincia eran
-muy enemigos de los mejicanos é pocos dias habia que tomaron nuestra
-amistad, é usaban por armas muy grandes lanzas, mayores que las
-nuestras de Castilla, con dos brazas de pedernal é navajas; y envióles
-á rogar que luego le trajesen á do quiera que estuviesen trecientas
-dellas, é que les quitasen las navajas, é que pues tenian mucho cobre,
-que les hiciesen á cada una dos hierros, y llevó el soldado la manera
-cómo habian de ser<span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span> los
-hierros; y como llegó, de presto buscaron las lanzas é hicieron los
-hierros; porque en toda la provincia á aquella sazon habia cuatro ó
-cinco pueblos, sin muchas estancias, y las recogieron, é hicieron los
-hierros muy más perfectamente que se los enviamos á mandar; y tambien
-mandó á nuestro soldado, que se decia Tovilla, que les demandase dos
-mil hombres de guerra, é que para el dia de Pascua del Espíritu Santo
-viniese con ellos al pueblo de Panguenequita, que ansí se decia, ó que
-preguntase en qué parte estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen
-lanzas; por manera que el soldado se los demandó, é los caciques
-dijeron que ellos venian con la gente de guerra; y el soldado se vino
-luego con obra de ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con
-los demás indios de guerra quedó para venir con ellos otro soldado de
-los nuestros, que se decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la
-estancia y minas que descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí
-se concertó que habia de venir de la manera que está dicho á nuestro
-real; porque seria de andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo
-otro.</p>
-
-<p>Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy
-extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é
-nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los
-de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria
-de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos
-ducientos y<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> seis,
-contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con cinco de á caballo y
-dos artilleros y pocos ballesteros y ménos escopeteros; y á lo que
-tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las picas, y fueron muy
-buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar más en el alarde y
-lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió Narvaez á nuestro
-real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos indios naborías
-de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero, segun despues
-alcanzamos á saber.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_119">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXIX.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO VINO ANDRÉS DE DUERO Á NUESTRO REAL Y EL
- SOLDADO USAGRE Y DOS INDIOS DE CUBA, NABORÍAS DEL DUERO, Y QUIÉN ERA
- EL DUERO Y Á LO QUE VENIA, Y LO QUE TUVIMOS POR CIERTO Y LO QUE SE
- CONCERTÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Y es desta manera, que tengo de volver muy atrás á recitar lo
-pasado.</p>
-
-<p>Ya he dicho en los capítulos más adelante destos que cuando
-estábamos en Santiago de Cuba, que se concertó Cortés con Andrés de
-Duero y con un contador del Rey, que se decia Amador de Lares, que
-eran grandes amigos del Diego Velazquez, y el Duero era su secretario,
-que tratase con el<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>
-Diego Velazquez que le hiciesen á Cortés capitan general para venir en
-aquella armada, y que partiria con ellos todo el oro y plata y joyas
-que le cupiese de su parte de Cortés; y como el Andrés de Duero vió en
-aquel instante á Cortés, su compañero, tan rico y poderoso, y so color
-que venia á poner paces y á favorecer á Narvaez, y en lo que entendió
-era á demandar la parte de la compañía, porque ya el otro su compañero
-Amador de Lares era fallecido; y como Cortés era sagaz y manso, no
-solamente le prometió de dalle gran tesoro, sino que tambien le daria
-mando en toda la armada, ni más ni ménos que su propia persona, y que,
-despues de conquistada la Nueva-España, le daria otros tantos pueblos
-como á él, con tal que tuviese concierto con Agustin Bermudez, que
-era alguacil mayor del real de Narvaez, y con otros caballeros que
-aquí no nombro, que estaban convocados para que en todo caso fuesen en
-desviar al Narvaez para que no saliese con la vida é con honra y le
-desbaratase; y como á Narvaez tuviese muerto ó preso, y deshecha su
-armada, que ellos quedarian por señores y partirian el oro y pueblos de
-la Nueva-España; y para más le atraer y convocar á lo que dicho tengo,
-le cargó de oro sus dos indios de Cuba; y segun pareció, el Duero se
-lo prometió, y aun ya se lo habia prometido el Agustin Bermudez por
-firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un clérigo que
-se decia<span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span> Juan de Leon,
-y al clérigo Guevara, que fué el que primero envió Narvaez, y otros
-sus amigos, muchos tejuelos y joyas de oro, y les escribió lo que le
-pareció que le convenia, para que en todo le ayudasen; y estuvo el
-Andrés de Duero en nuestro real el dia que llegó hasta otro dia despues
-de comer, que era dia de pascua de Espíritu Santo, y comió con Cortés y
-estuvo hablando con él en secreto buen rato; y cuando hubieron comido
-se despidió el Duero de todos nosotros, así capitanes como soldados, y
-luego fué á caballo otra vez adonde Cortés estaba, y dijo:</p>
-
-<p>—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.»</p>
-
-<p>Y respondióle:</p>
-
-<p>—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen
-concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así
-juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré
-allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra
-merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.»</p>
-
-<p>Y el Duero se rió, y dijo:</p>
-
-<p>—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra
-merced.»</p>
-
-<p>Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que
-Cortés y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad
-para pasarnos con el mismo Narvaez.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó
-llamar á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona
-de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del
-goberna<span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span>dor de Cuba
-Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido, tambien le tenia
-Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas y ofrecimientos que
-le daria mando en la Nueva-España y le haria su igual; porque el Juan
-Velazquez siempre se mostró muy gran servidor y verdadero amigo, como
-adelante verán.</p>
-
-<p>Y cuando hubo venido delante de Cortés y hecho su acato, le dijo:</p>
-
-<p>—«¿Qué manda vuestra merced?»</p>
-
-<p>Y Cortés, como hablaba algunas veces muy meloso y con la risa en la
-boca, le dijo medio riendo:</p>
-
-<p>—«Á lo que, señor Juan Velazquez, le hice llamar es, que me dijo
-Andrés de Duero que dice Narvaez, y en todo su real hay fama, que si
-vuestra merced va allá, que luego yo soy deshecho y desbaratado, porque
-creen que se ha de hacer con Narvaez; y á esta causa he acordado que
-por mi vida, si bien me quiere, que luego se vaya en su buena yegua
-rucia, y que lleve todo su oro y la fanfarrona (que era muy pesada
-cadena de oro), y otras cositas que yo le daré, que dé allá por mí á
-quien yo le dijere; y su fanfarrona de oro, que pesa mucho, llevará al
-hombro, y otra cadena que pesa más que ella llevará con dos vueltas,
-y allá verá qué le quiere Narvaez; y en viniendo que se venga, luego
-irán allá el Sr. Diego de Ordás, que le desean ver en su real, como
-mayordomo que era del Diego Velazquez.»</p>
-
-<p>Y el Juan Velazquez respondió que él haria lo que su merced mandaba,
-mas que su oro ni cadenas que no las llevaria con<span class="pagenum"
-id="Page_40">p. 40</span>sigo, salvo lo que le diese para dar á quien
-mandase; porque donde su persona estuviere, es para le siempre servir,
-más que cuanto oro ni piedras de diamantes puede haber.</p>
-
-<p>—«Ansí lo tengo yo creido, dijo Cortés, y con esta confianza, señor,
-le envio; mas si no lleva todo su oro y joyas, como le mando, no quiero
-que vaya allá.»</p>
-
-<p>Y el Juan Velazquez respondió:</p>
-
-<p>—«Hágase lo que vuestra merced mandare.»</p>
-
-<p>Y no quiso llevar las joyas, y Cortés allí le habló secretamente, y
-luego se partió, y llevó en su compañía á un mozo de espuelas de Cortés
-para que le sirviese, que se decia Juan del Rio.</p>
-
-<p>Y dejemos desta partida de Juan Velazquez, que dijeron que lo envió
-Cortés por descuidar á Narvaez, y volvamos á decir lo que en nuestro
-real pasó: que dende á dos horas que se partió el Juan Velazquez,
-mandó Cortés tocar el atambor á Canillas, que ansí se llamaba nuestro
-atambor, y á Benito de Veguer, nuestro pífaro, que tocase su tamborino,
-y mandó á Gonzalo de Sandoval, que era capitan y alguacil mayor, que
-llamase á todos los soldados, y comenzásemos á marchar luego á paso
-largo camino de Cempoal; é yendo por nuestro camino se mataron dos
-puercos de la tierra, que tienen el ombligo en el espinazo, y dijimos
-muchos soldados que era señal de vitoria; y dormimos en un repecho
-cerca de un riachuelo, y sendas piedras por almohadas, como lo teniamos
-por costumbre, y nuestros corredores del campo adelante, y espías
-y rondas; y cuando<span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>
-amaneció, caminamos por nuestro camino derecho, y fuimos á hora de
-medio dia á un rio, adonde está ahora poblada la villa rica de la
-Veracruz, donde desembarcan las barcas con mercaderías que vienen de
-Castilla; porque en aquel tiempo estaban pobladas junto al rio unas
-casas de indios y arboledas; y como en aquella tierra hace grandísimo
-sol, reposamos allí, como dicho tengo, porque traiamos nuestras armas y
-picas.</p>
-
-<p>Y dejemos ahora de más caminar, y digamos lo que al Juan Velazquez
-de Leon le avino con Narvaez y con un su capitan que tambien se decia
-Diego Velazquez, sobrino del Velazquez, gobernador de Cuba.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_120">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXX.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO LLEGÓ JUAN VELAZQUEZ DE LEON Y EL MOZO DE
- ESPUELAS QUE SE DECIA JUAN DEL RIO AL REAL DE NARVAEZ, Y LO QUE EN ÉL
- PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Ya he dicho cómo envió Cortés al Juan Velazquez de Leon y al mozo
-de espuelas para que le acompañase á Cempoal, y á ver lo que Narvaez
-queria, que tanto deseo tenia de tenello en su compañía; por manera
-que ansí como partieron de nuestro real se dió tanta prisa en el<span
-class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span> camino, y fué amanecer á
-Cempoal, y se fué á apear el Juan Velazquez en casa del cacique gordo,
-porque el Juan del Rio no tenia caballo, y desde allí se van á pié á la
-posada de Narvaez.</p>
-
-<p>Pues como los indios de Cempoal le conocieron, holgaron de le ver y
-hablar, y decian á voces á unos soldados de Narvaez que allí posaban en
-casa del cacique gordo, que aquel era Juan Velazquez de Leon, capitan
-de Malinche; y ansí como lo oyeron los soldados, fueron corriendo á
-demandar albricias á Narvaez cómo habia venido Juan Velazquez de Leon,
-y ántes que el Juan Velazquez llegase á la posada del Narvaez, que
-ya le iba á le hablar, como de repente supo el Narvaez su venida, le
-salió á recebir á la calle, acompañado de ciertos soldados, donde se
-encontraron el Juan Velazquez y el Narvaez, y se hicieron muy grandes
-acatos, y el Narvaez abrazó al Juan Velazquez, y le mandó sentar en
-una silla, que luego trajeron sillas cerca de sí, y le dijo que por
-qué no se fué á apear á su posada; y mandó á sus criados que le fuesen
-luego por el caballo y fardaje, si le llevaba, porque en su casa y
-caballeriza y posada estaria; y Juan Velazquez dijo que luego se queria
-volver, que no venia sino á besalle las manos, y á todos los caballeros
-de su real, y para ver si podia dar concierto que su merced y Cortés
-tuviesen paz y amistad.</p>
-
-<p>Entónces dicen que el Narvaez apartó al Juan Velazquez, y le
-comenzó á decir airado cómo que tales palabras<span class="pagenum"
-id="Page_43">p. 43</span> le habia de decir de tener amistad ni paz con
-un traidor que se alzó á su primo Diego Velazquez con la armada.</p>
-
-<p>Y el Juan Velazquez respondió que Cortés no era traidor, sino buen
-servidor de su majestad, y que ocurrir á nuestro Rey y señor, como
-envió é ocurrió, no se le ha de atribuir á traicion, y que le suplica
-que delante dél no se diga tal palabra.</p>
-
-<p>Y entónces el Narvaez le comenzó á hacer grandes prometimientos que
-se quedase con él, y que concierte con los de Cortés que se le dén y
-vengan luego á se meter en su obediencia, prometiéndole con juramento
-que seria en todo su real el más preeminente capitan, y en el mando
-segunda persona; y el Juan Velazquez respondió que mayor traicion haria
-él en dejar al capitan que tiene jurado en la guerra y desamparallo,
-conociendo que todo lo que ha hecho en la Nueva-España es en servicio
-de Dios nuestro Señor y de su majestad; que no dejará de acudir á
-Cortés, como acudia nuestro Rey y señor, y que le suplica que no hable
-más en ello.</p>
-
-<p>En aquella sazon habian venido á ver á Juan Velazquez todos los más
-principales capitanes del real de Narvaez, y le abrazaban con gran
-cortesía, porque el Juan Velazquez era muy de palacio y de buen cuerpo,
-membrudo, y de buena presencia y rostro y la barba muy bien puesta,
-y llevaba una cadena muy grande de oro echada al hombro, que le daba
-vueltas debajo el brazo, y parecíale muy bien, como bravoso y buen
-capitan.</p>
-
-<p>Dejemos deste buen parecer de<span class="pagenum" id="Page_44">p.
-44</span> Juan Velazquez y cómo le estaban mirando todos los capitanes
-de Narvaez, y aun nuestro Padre fray Bartolomé de Olmedo tambien le
-vino á ver y en secreto hablar, y ansimismo el Andrés de Duero y el
-alguacil mayor Bermudez, y parece ser que en aquel instante ciertos
-capitanes de Narvaez, que se decian Gamarra y un Juan Yuste, y un
-Juan Bono de Quejo, vizcaino, y Salvatierra el bravoso, aconsejaron
-al Narvaez que luego prendiese al Juan Velazquez, porque les pareció
-que hablaba muy sueltamente en favor de Cortés; é ya que habia mandado
-el Narvaez secretamente á sus capitanes y alguaciles que le echasen
-preso, súpolo Agustin Bermudez y el Andrés de Duero, y el Padre fray
-Bartolomé de Olmedo y un Clérigo que se decia Juan de Leon, y otras
-personas que se habian dado por amigos de Cortés, y dicen al Narvaez
-que se maravillan de su merced querer mandar prender al Juan Velazquez
-de Leon, que ¿qué puede hacer Cortés contra él, aunque tenga en su
-compañía otros cien Juan Velazquez? Y que mire la honra y acatos que
-hace Cortés á todos los que de su real han ido, que les sale á recebir
-y á todos les da oro y joyas, y vienen cargados como abejas á las
-colmenas, y de otras cosas de mantas y mosqueadores, y que á Andrés
-de Duero y al Clérigo Guevara, y á Amaya y á Vergara el escribano,
-y á Alonso de Mata y otros que han ido á su real, bien los pudiera
-prender y no lo hizo; ántes, como dicho tienen, les hace mu<span
-class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>cha honra, y que será mejor
-que le torne á hablar al Juan Velazquez con mucha cortesía, y le
-convide á comer para otro dia; por manera que al Narvaez le pareció
-bien el consejo, y luego le tornó á hablar con palabras muy amorosas
-para que fuese tercero en que Cortés se le diese con todos nosotros,
-y le convidó para otro dia á comer; y el Juan Velazquez respondió que
-él haria lo que pudiese en aquel caso; mas que tenia á Cortés por muy
-porfiado y cabezudo en aquel negocio, y que seria mejor que partiesen
-las provincias, y que escogiese la tierra que más su merced quisiese; y
-esto decia el Juan Velazquez por le amansar; y entre aquellas pláticas
-llegóse al oido de Narvaez el padre fray Bartolomé de Olmedo, y le
-dijo, como su privado y consejero que ya le habia hecho:</p>
-
-<p>—«Mande vuestra merced hacer alarde de toda su artillería y caballos
-y escopeteros y ballesteros y soldados, para que lo vea el Juan
-Velazquez de Leon y el mozo de espuelas Juan del Rio, para que Cortés
-tema vuestro poder é gente, y se venga á vuestra merced aunque le
-pese.»</p>
-
-<p>Y esto lo dijo fray Bartolomé de Olmedo como por via de su muy gran
-servidor y amigo, y por hacelle que trabajasen todos los de á caballo y
-soldados en su real.</p>
-
-<p>Por manera que por dicho de nuestro fraile hizo hacer alarde delante
-el Juan Velazquez de Leon y el Juan del Rio, estando presente nuestro
-religioso; y cuando fué acabado de hacer dijo el Juan Velazquez al
-Narvaez:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>—«Gran pujanza trae
-vuestra merced; Dios se lo acreciente.»</p>
-
-<p>Entónces dijo el Narvaez:</p>
-
-<p>—«Ahí verá vuestra merced que si quisiera haber ido contra Cortés le
-hubiera traido preso, y á cuantos estais con él.»</p>
-
-<p>Entónces respondió el Juan Velazquez y dijo:</p>
-
-<p>—«Téngale vuestra merced por tal, y á los soldados que con él
-estamos, que sabremos muy bien defender nuestras personas.»</p>
-
-<p>Y ansí cesaron las pláticas; y otro dia llevóle convidado á comer
-al Juan Velazquez, como dicho tengo, y comia con el Narvaez un sobrino
-del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, que tambien era su capitan; y
-estando comiendo, tratóse plática de cómo Cortés no se daba al Narvaez,
-y de la carta y requirimientos que le enviamos, y de unas palabras en
-otras, desmandóse el sobrino de Diego Velazquez, que tambien se decia
-Diego Velazquez como el tio, y dijo que Cortés y todos los que con él
-estábamos éramos traidores, pues no se venian á someter al Narvaez; y
-el Juan Velazquez cuando lo oyó se levantó en pié de la silla en que
-estaba, y con mucho acato dijo:</p>
-
-<p>—«Señor capitan Narvaez, ya he suplicado á vuestra merced que no se
-consienta que se digan palabras tales como estas que dicen de Cortés
-ni de ninguno de los que con él estamos, porque verdaderamente son mal
-dichas, decir mal de nosotros, que tan lealmente hemos servido á su
-majestad.»</p>
-
-<p>Y el Diego Velazquez respondió que eran bien dichas, y pues volvia
-por un traidor, que<span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span>
-traidor debia de ser y otro tal como él, y que no era de los Velazquez
-buenos; y el Juan Velazquez, echando mano á su espada, dijo que mentia;
-que era mejor caballero que no él, y de los buenos Velazquez, mejores
-que no él ni su tio, y que se lo haria conocer si el señor capitan
-Narvaez les daba licencia; y como habia allí muchos capitanes, ansí de
-los de Narvaez y algunos de los de Cortés, se metieron en medio, que
-de hecho le iba á dar el Juan Velazquez una estocada; y aconsejaron al
-Narvaez que luego le mandase salir de su real, ansí á él como al padre
-fray Bartolomé de Olmedo é á Juan del Rio; porque á lo que sentian,
-no hacian provecho ninguno, y luego sin más dilacion les mandaron que
-se fuesen; y ellos, que no veian la hora de verse en nuestro real, lo
-pusieron por obra.</p>
-
-<p>É dicen que el Juan Velazquez yendo á caballo en su buena yegua
-y su cota puesta, que siempre andaba con ella y con su capacete y
-gran cadena de oro, se fué á despedir del Narvaez, y estaba allí con
-el Narvaez, el mancebo Diego Velazquez, el de la brega, y dijo al
-Narvaez:</p>
-
-<p>—«¿Qué manda vuestra merced para nuestro Real?»</p>
-
-<p>Y respondió el Narvaez, muy enojado, que se fuese, é que valiera más
-que no hubiera venido; y dijo el mancebo Diego Velazquez palabras de
-amenaza é injuriosas á Juan Velazquez y le respondió á ellas el Juan
-Velazquez de Leon que es grande su atrevimiento, y digno de castigo por
-aquellas pala<span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>bras que
-le dijo; y echándose mano á la barba, le dijo:</p>
-
-<p>—«Para estas, que yo vea ántes de muchos dias si vuestro esfuerzo es
-tanto como vuestro hablar.»</p>
-
-<p>Y como venian con el Juan Velazquez seis ó siete de los del real de
-Narvaez, que ya estaban convocados por Cortés, que le iban á despedir,
-dicen que trabaron dél como enojados, y le dijeron:</p>
-
-<p>—«Váyase ya y no cure de más hablar.»</p>
-
-<p>Y así se despidieron, y á buen andar de sus caballos se van para
-nuestro real, porque luego le avisaron á Juan Velazquez que el Narvaez
-los queria prender y apercebia muchos de á caballo que fuesen tras
-ellos; é viniendo su camino, nos encontraron al rio que dicho tengo,
-que está ahora cabe la Veracruz; y estando que estábamos en el rio por
-mí ya nombrado, teniendo la siesta, porque en aquella tierra hace mucho
-calor y muy recia; porque, como caminábamos con todas nuestras armas á
-cuestas y cada uno con una pica, estábamos cansados; y en este instante
-vino uno de nuestros corredores del campo á dar mandado á Cortés que
-vian venir buen rato de allí dos ó tres personas de á caballo, y luego
-presumimos que serian nuestros embajadores Juan Velazquez de Leon
-y fray Bartolomé de Olmedo y Juan del Rio; y como llegaron adonde
-estábamos, ¡qué regocijos y alegrías tuvimos todos! Y Cortés, ¡cuántas
-caricias y buenos comedimientos hizo al Juan Velazquez y á fray
-Bartolomé de Olmedo! Y tenia razon, porque le fue<span class="pagenum"
-id="Page_49">p. 49</span>ron muy servidores; y allí contó el Juan
-Velazquez paso por paso todo lo atrás por mí dicho que les acaeció con
-Narvaez, y cómo envió secretamente á dar las cadenas y tejuelos de oro
-á las personas que Cortés mandó.</p>
-
-<p>Pues oir de nuestro fraile, como era muy regocijado, sabíalo
-muy bien representar, cómo se hizo muy servidor del Narvaez, y que
-por hacer burla dél le aconsejó que hiciese el alarde y sacase su
-artillería, y con qué astucia y mañas le dió la carta; pues cuando
-contaba lo que le acaeció con el Salvatierra y se le hizo muy pariente,
-siendo el fraile de Olmedo y el Salvatierra adelante de Búrgos, y de
-los fieros que le decia el Salvatierra que habia de hacer y acontecer
-en prendiendo á Cortés y á todos nosotros, y aun se le quejó de los
-soldados que le hurtaron su caballo y el de otro capitan; y todos
-nosotros nos holgamos de lo oir, como si fuéramos á bodas y regocijo,
-y sabiamos que otro dia habiamos de estar en batalla; y que habiamos
-de vencer ó morir en ella, siendo como hermanos, ducientos y sesenta y
-seis soldados, y los de Narvaez cinco veces más que nosotros.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra relacion, y es que luego caminamos todos para
-Cempoal, y fuimos á dormir á un riachuelo, adonde está ahora una
-estancia de vacas.</p>
-
-<p>Y dejallo he aquí, y diré lo que se hizo en el real de Narvaez
-despues que vinieron el Juan Velazquez y el fraile y Juan del Rio,
-y luego volveré á contar lo que hicimos en nuestro real, porque en
-un<span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span> instante acontecen
-dos ó tres cosas, y por fuerza he de dejar las unas por contar lo que
-más viene á propósito desta relacion.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_121">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXI.</h2>
- <p class="subh2c">DE LO QUE SE HIZO EN EL REAL DE NARVAEZ DESPUES QUE
- DE ALLÍ SALIERON NUESTROS EMBAJADORES.</p>
-</div>
-
-<p>Pareció ser que como se vinieron el Juan Velazquez y el fraile é
-Juan del Rio, dijeron al Narvaez sus capitanes que en su real sentian
-que Cortés habia enviado muchas joyas de oro, y que tenia de su parte
-amigos en el mismo real, y que seria bien estar muy apercebido y avisar
-á todos sus soldados que estuviesen con sus armas y caballos prestos; y
-demás desto, el cacique gordo, otras veces por mí nombrado, temia mucho
-á Cortés, porque habia consentido que Narvaez tomase las mantas y oro
-é indias que le tomó; y siempre espiaba sobre nosotros en qué parte
-dormiamos, por qué camino veniamos, porque así se lo habia mandado por
-fuerza el Narvaez; y como supo que ya llegábamos cerca de Cempoal, le
-dijo al Narvaez el cacique gordo:</p>
-
-<p>—«¿Qué haceis, que estais muy descuidado? ¿Pensais que Malinche
-y los teules que trae consigo<span class="pagenum" id="Page_51">p.
-51</span> que son así como vosotros? Pues yo os digo que cuando no os
-catáredes será aquí y os matará.»</p>
-
-<p>Y aunque hacian burla de aquellas palabras que el cacique gordo les
-dijo, no dejaron de se apercebir, y la primer cosa que hicieron fué
-pregonar guerra contra nosotros á fuego y sangre y á toda ropa franca;
-lo cual supimos de un soldado que llamaban el Galleguillo, que se
-vino huyendo aquella noche del real de Narvaez, ó le envió el Andrés
-de Duero, y dió aviso á Cortés de lo del pregon y de otras cosas que
-convino saber.</p>
-
-<p>Volvamos á Narvaez, que luego mandó sacar toda su artillería y los
-de á caballo, escopeteros y ballesteros y soldados á un campo, obra
-de un cuarto de legua de Cempoal, para allí nos aguardar y no dejar
-ninguno de nosotros que no fuese muerto ó preso; y como llovió mucho
-aquel dia, estaban ya los de Narvaez hartos de estar aguardándonos al
-agua; y como no estaban acostumbrados á aguas ni trabajos, y no nos
-tenian en nada sus capitanes, le aconsejaron que se volviesen á los
-aposentos, y que era afrenta estar allí, como estaban, aguardando á
-dos ó tres, y es que decian que éramos, y que asestase su artillería
-delante de sus aposentos, que era diez y ocho tiros gruesos, y que
-estuviesen toda la noche cuarenta de á caballo esperando en el camino
-por do habiamos de venir á Cempoal, y que tuviese al paso del rio, que
-era por donde habiamos de pasar, sus espías, que fuesen buenos hombres
-de á caballo y peones lige<span class="pagenum" id="Page_52">p.
-52</span>ros para dar mandado, y que en los patios de los aposentos de
-Narvaez anduviesen toda la noche veinte de á caballo; y este concierto
-que le dieron fué por hacelle volver á los aposentos; y más le decian
-sus capitanes:</p>
-
-<p>—«Pues ¡cómo, Señor! ¿Por tal tiene á Cortés, que se ha de atrever
-con unos gatos que tiene á venir á este real, por el dicho deste indio
-gordo? No lo crea vuestra merced, sino que echa aquellas algaradas y
-muestras de venir porque vuestra merced venga á buen concierto con
-él.»</p>
-
-<p>Por manera que así como dicho tengo se volvió Narvaez á su real, y
-despues de vuelto, públicamente prometió que quien matase á Cortés ó
-á Gonzalo de Sandoval que le daria dos mil pesos; y luego puso espías
-al rio á un Gonzalo Carrasco, que vive ahora en la Puebla, y al otro
-que se decia Fulano Hurtado; el nombre y apellido y señal secreta que
-dió cuando batallasen contra nosotros en su real habia de ser Santa
-María, Santa María; y demás deste concierto que tenian hecho, mandó
-Narvaez que en su aposento durmiesen muchos soldados, así escopeteros
-como ballesteros, y otros con partesanas, y otros tantos mandó que
-estuviesen en el aposento del veedor Salvatierra, y Gamarra, y del Juan
-Bono.</p>
-
-<p>Ya he dicho el concierto que tenia Narvaez en su real, y volveré á
-decir la órden que se dió en el nuestro.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_122">
- <p><span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXII.</h2>
- <p class="subh2h">DEL CONCIERTO Y ÓRDEN QUE SE DIÓ EN NUESTRO REAL
- PARA IR CONTRA NARVAEZ, Y EL RAZONAMIENTO QUE CORTÉS NOS HIZO, Y LO
- QUE RESPONDIMOS.</p>
-</div>
-
-<p>Llegados que fuimos al riachuelo que ya he dicho, que estará obra
-de una legua de Cempoal, y habia allí unos buenos prados, despues de
-haber enviado nuestros corredores del campo, personas de confianza,
-nuestro capitan Cortés á caballo nos envió á llamar, así á capitanes
-como á todos los soldados, y de que nos vió juntos dijo que nos pedia
-por merced que callásemos; y luego comenzó un parlamento por tan lindo
-estilo y plática, tan bien dichas cierto otras palabras más sabrosas y
-llenas de ofertas, que yo aquí no sabré escribir; en que nos trajo á la
-memoria desde que salimos de la isla de Cuba, con todo lo acaecido por
-nosotros hasta aquella sazon, y nos dijo:</p>
-
-<p>—«Bien saben vuestras mercedes que Diego Velazquez, gobernador de
-Cuba, me eligió por capitan general, no porque entre vuestras mercedes
-no habia muchos caballeros que eran merecedores dello; y saben que
-creisteis que veniamos á poblar, y así se publicaba y pregonó; y segun
-han visto, enviaba á rescatar; y saben lo que pasamos sobre que me
-queria<span class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> volver á la isla
-de Cuba á dar cuenta á Diego Velazquez del cargo que me dió, conforme
-á su instruccion; pues vuestras mercedes me mandastes y requeristes
-que poblásemos esta tierra en nombre de su majestad, como, gracias á
-nuestro Señor, la tenemos poblada, y fué cosa cuerda; y demás desto, me
-hicistes vuestro capitan general y justicia mayor della, hasta que su
-majestad otra cosa sea servido mandar.</p>
-
-<p>»Como ya he dicho, entre algunos de vuestras mercedes hubo algunas
-pláticas de tornar á Cuba, que no lo quiero más declarar, pues á manera
-de decir, ayer pasó, y fué muy santa y buena nuestra quedada, y hemos
-hecho á Dios y á su majestad gran servicio, que esto claro está; ya
-saben lo que prometimos en nuestras cartas á su majestad, despues de
-le haber dado cuenta y relacion de todos nuestros hechos, que punto no
-quedó, é que aquesta tierra es de la manera que hemos visto y conocido
-della, que es cuatro veces mayor que Castilla, y de grandes pueblos
-y muy rica de oro y minas, y tiene cerca otras provincias; y cómo
-enviamos á suplicar á su majestad que no la diese en gobernacion ni de
-otra cualquiera manera á persona ninguna; y porque creiamos y teniamos
-por cierto que el Obispo de Búrgos don Juan Rodriguez de Fonseca, que
-era en aquella sazon presidente de Indias y tenia mucho mando, que
-la demandaria á su majestad para el Diego Velazquez ó algun pariente
-ó ami<span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>go del Obispo,
-porque esta tierra es tal y tan buena para dar á un Infante ó gran
-señor, que teniamos determinado de no dalle á persona ninguna hasta
-que su majestad oyese á nuestros procuradores, y nosotros viésemos su
-Real firma, é vista, que con lo que fuere servido mandar los pechos
-por tierra; y con las cartas ya sabian que enviamos y servimos á
-su majestad con todo el oro y plata, joyas é todo cuanto teniamos
-habido.»</p>
-
-<p>Y más dijo:</p>
-
-<p>—«Bien se les acordará, señores, cuántas veces hemos llegado á punto
-de muerte en las guerras y batallas que hemos habido. Pues no hay que
-traellas á la memoria, que acostumbrados estamos de trabajos y aguas y
-vientos y algunas veces hambres, y siempre traer las armas á cuestas y
-dormir por los suelos, así nevando como lloviendo, que si miramos en
-ello, los cueros tenemos ya curtidos de los trabajos.</p>
-
-<p>»No quiero decir de más de cincuenta de nuestros compañeros que nos
-han muerto en las guerras, ni de todos vuestras mercedes como estais
-entrapajados y mancos de heridas que aun están por sanar; pues que les
-queria traer á la memoria los trabajos que trajimos por la mar y las
-batallas de Tabasco, y los que se hallaron en lo de Almería y lo de
-Cingapacinga, y cuántas veces por las sierras y caminos nos procuraban
-quitar las vidas.</p>
-
-<p>»Pues en las batallas de Tlascala en qué punto nos pusieron y cuáles
-nos traian; pues la de Cholula ya tenian puestas las ollas para comer
-nuestros<span class="pagenum" id="Page_56">p. 56</span> cuerpos; pues
-á la subida de los puertos no se les habia olvidado los poderes que
-tenia Montezuma para no dejar ninguno de nosotros, y bien vieron los
-caminos todos llenos de pinos y árboles cortados; pues los peligros de
-la entrada y estada en la gran ciudad de Méjico, cuántas veces teniamos
-la muerte al ojo, ¿quién los podrá ponderar? Pues vean los que han
-venido de vuestras mercedes dos veces primero que no yo, la una con
-Francisco Hernandez de Córdoba y la otra con Juan de Grijalva, los
-trabajos, hambres y sedes, heridas y muertes de muchos soldados que
-en descubrir aquestas tierras pasastes, y todo lo que en aquellos dos
-viajes habeis gastado de vuestras haciendas.»</p>
-
-<p>Y dijo que no queria contar otras muchas cosas que tenia por decir
-por menudo, y no habria tiempo para acaballo de platicar, porque era
-tarde y venia la noche; y más dijo:</p>
-
-<p>—«Digamos ahora, señores: Pánfilo de Narvaez viene contra nosotros
-con mucha rabia y deseo de nos haber á las manos, y no habian
-desembarcado, y nos llamaban de traidores y malos; y envió á decir al
-gran Montezuma, no palabras de sábio capitan, sino de alborotador; y
-demás desto, tuvo atrevimiento de prender á un oidor de su majestad,
-que por sólo este delito es digno de ser castigado. Ya habrán oido cómo
-han pregonado en su real guerra contra nosotros á ropa franca, como si
-fuéramos moros.»</p>
-
-<p>Y luego, despues de haber dicho esto Cortés, comenzó á sublimar
-nuestras per<span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>sonas y
-esfuerzos en las guerras y batallas pasadas, y que entónces peleábamos
-por salvar nuestras vidas, y que ahora hemos de pelear con todo vigor
-por vida y honra, pues nos vienen á prender y echar de nuestras casas
-y robar nuestras haciendas; y demás desto, que no sabemos si trae
-provisiones de nuestro Rey y señor, salvo favores del Obispo de Búrgos,
-nuestro contrario; y si por ventura caemos debajo de sus manos de
-Narvaez (lo cual Dios no permita), todos nuestros servicios, que hemos
-hecho á Dios primeramente y á su majestad, tornarán en deservicios, y
-harán procesos contra nosotros, y dirán que hemos muerto y robado y
-destruido la tierra, donde ellos son los robadores y alborotadores y
-deservidores de nuestro Rey y señor; dirán que le han servido, y pues
-vemos por los ojos todo lo que he dicho, y como buenos caballeros somos
-obligados á volver por la honra de su majestad y por las nuestras, y
-por nuestras casas y haciendas; y con esta intencion salí de Méjico,
-teniendo confianza en Dios y de nosotros; que todo lo ponia en las
-manos de Dios primeramente, y despues en las nuestras; que veamos lo
-que nos parece.»</p>
-
-<p>Entónces respondimos, y tambien juntamente con nosotros Juan
-Velazquez de Leon y Francisco de Lugo y otros capitanes, que tuviese
-por cierto que, mediante Dios, habiamos de vencer ó morir sobre ello, y
-que mirase no le convenciesen con partidos, porque si alguna cosa hacia
-fea, le da<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>riamos de
-estocadas.</p>
-
-<p>Entónces, como vió nuestras voluntades, se holgó mucho, y dijo
-que con aquella confianza venia; y allí hizo muchas ofertas y
-prometimientos que seriamos todos muy ricos y valerosos.</p>
-
-<p>Hecho esto, tornó á decir que nos pedia por merced que callásemos,
-y que en las guerras y batallas es menester más prudencia y saber para
-bien vencer los contrarios, que no demasiada osadía; y que porque tenia
-conocido de nuestros grandes esfuerzos que por ganar honra cada uno
-de nosotros se queria adelantar de los primeros á encontrar con los
-enemigos, que fuésemos puestos en ordenanza y capitanías; y para que la
-primera cosa que hiciésemos fuese tomalles el artillería, que eran diez
-y ocho tiros que tenian asestados delante de sus aposentos de Narvaez,
-mandó que fuese por capitan suyo de Cortés uno que se decia Pizarro,
-que ya he dicho otras veces que en aquella sazon no habia fama de Perú
-ni Pizarros, que no era descubierto; y era el Pizarro suelto mancebo,
-y le señaló sesenta soldados mancebos, y entre ellos me nombraron á
-mí; y mandó que, despues de tomada el artillería, acudiésemos todos á
-los aposentos de Narvaez, que estaba en un muy alto cu; y para prender
-á Narvaez señaló por capitan á Gonzalo de Sandoval con otros sesenta
-compañeros; y como era alguacil mayor, le dió un mandamiento que decia
-así:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Gonzalo de Sandoval, alguacil mayor desta Nueva-España por
- su ma<span class="pagenum" id="Page_59">p. 59</span>jestad, yo
- os mando que prendais el cuerpo de Pánfilo de Narvaez, é si se
- os defendiere, matadle, que así conviene al servicio de Dios y
- de su majestad, y le prendió á un oidor. Dado en este real.» y
- la firma, Hernando Cortés, y refrendado de su secretario Pedro
- Hernandez.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Y despues de dado el mandamiento, prometió que al primer soldado que
-le echase la mano le daria tres mil pesos, y al segundo dos mil, y al
-tercero mil; y dijo que aquello que prometia que era para guantes, que
-bien viamos la riqueza que habia entre nuestras manos; y luego nombró á
-Juan Velazquez de Leon para que prendiese á Diego Velazquez, con quien
-habia tenido la brega, y le dió otros sesenta soldados.</p>
-
-<p>Narvaez estaba en su fortaleza é altos cues, y el mismo Cortés
-por sobresaliente con otros veinte soldados para acudir adonde más
-necesidad hubiese, y donde él tenia el pensamiento de asistir era para
-prender á Narvaez y á Salvatierra; pues ya dadas las copias á los
-capitanes, como dicho tengo, dijo:</p>
-
-<p>—«Bien sé que los de Narvaez son por cuatro veces más que nosotros;
-mas ellos no son acostumbrados á las armas, y como están la mayor
-parte dellos mal con su capitan, y muchos dolientes, les tomaremos
-de sobresalto; tengo pensamiento que Dios nos dará vitoria, que no
-porfiarán mucho en su defensa, porque más bienes les haremos nosotros
-que no su Narvaez; así, señores, pues nuestra vida y honra está,
-despues de Dios, en vuestros esfuerzos é vigo<span class="pagenum"
-id="Page_60">p. 60</span>rosos brazos, no tengo más que os pedir por
-merced ni traer á la memoria sino que en esto está el toque de nuestras
-honras y famas para siempre jamás; y más vale morir por buenos que
-vivir afrentados.»</p>
-
-<p>Y porque en aquella sazon llovia y era tarde no dijo más.</p>
-
-<p>Una cosa he pensado despues acá, que jamás nos dijo tengo tal
-concierto en el real hecho, ni Fulano ni Zutano es en nuestro favor,
-ni cosa ninguna destas, sino que peleásemos como varones; y esto de
-no decirnos que tenia amigos en el real de Narvaez fué de muy cuerdo
-capitan, que por aquel efeto no dejásemos de batallar como esforzados,
-y no tuviésemos esperanza en ellos, sino, despues de Dios, en nuestros
-grandes ánimos.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos cómo cada uno de los capitanes por mí
-nombrados estaban con los soldados señalados, poniéndose esfuerzo unos
-á otros.</p>
-
-<p>Pues mi capitan Pizarro, con quien habiamos de tomar la artillería,
-que era la cosa de más peligro, y habiamos de ser los primeros que
-habiamos de romper hasta los tiros, tambien decia con mucho esfuerzo
-cómo habiamos de entrar y calar nuestras picas hasta tener la
-artillería en nuestro poder, y cuando se la hubiésemos tomado, que
-con ella misma mandó á nuestros artilleros, que se decian Mesa y el
-siciliano Aruega, que con las pelotas que estuviesen por descargar se
-diese guerra á los del aposento de Salvatierra.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir la gran necesidad que teniamos de armas, que
-por un peto<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> ó capacete
-ó casco ó babera de hierro diéramos aquella noche cuanto nos pidieran
-por ello y todo cuanto habiamos ganado; y luego secretamente nos
-nombraron el apellido que habiamos de tener estando batallando, que era
-Espíritu Santo, Espíritu Santo; que esto se suele hacer secreto en las
-guerras porque se conozcan y apelliden por el nombre, que no lo sepan
-unos contrarios de otros; y los de Narvaez tenian su apellido y voz
-Santa María, Santa María.</p>
-
-<p>Ya hecho todo esto, como yo era gran amigo y servidor del capitan
-Sandoval, me dijo aquella noche que me pedia por merced que cuando
-hubiésemos tomado el artillería, si quedaba con la vida, siempre me
-hablase con él y le siguiese; é yo le prometí, é así lo hice, como
-adelante verán.</p>
-
-<p>Digamos ahora en qué se entendió un rato de la noche, sino en
-aderezar y pensar en lo que teniamos por delante, pues para cenar no
-teniamos cosa ninguna; y luego fueron nuestros corredores del campo, y
-se puso espías y velas á mí y á otros dos soldados, y no tardó mucho,
-cuando viene un corredor del campo á me preguntar que si he sentido
-algo, é yo dije que no; y luego vino un cuadrillero, y dijo que el
-Galleguillo que habia venido del real de Narvaez no parecia, y que era
-espía echada del Narvaez; é que mandaba Cortés que luego marchásemos
-camino de Cempoal, é oimos tocar nuestro pífaro y atambor, y los
-capitanes apercibiendo sus soldados, y comenzamos á marchar; y al
-Galleguillo hallaron debajo de<span class="pagenum" id="Page_62">p.
-62</span> unas mantas durmiendo; que, como llovió y el pobre no era
-acostumbrado á estar al agua ni frios, metióse allí á dormir.</p>
-
-<p>Pues yendo nuestro paso tendido, sin tocar pífaro ni atambor, que
-luego mandó Cortés que no tocasen, y nuestros corredores del campo
-descubriendo la tierra, llegamos al rio, donde estaban las espías de
-Narvaez, que ya he dicho que se decian Gonzalo Carrasco é Hurtado, y
-estaban descuidados, que tuvimos tiempo de prender al Carrasco, y el
-otro fué dando voces al real de Narvaez y diciendo:</p>
-
-<p>—«Al arma, al arma, que viene Cortés.»</p>
-
-<p>Acuérdome que cuando pasábamos aquel rio, como llovia, venia un poco
-hondo, y las piedras resbalaban algo, y como llevábamos á cuestas las
-picas y armas, nos hacia mucho estorbo; y tambien me acuerdo cuando se
-prendió á Carrasco decia á Cortés á grandes voces:</p>
-
-<p>—«Mira, señor Cortés, no vayas allá; que juro á tal que está Narvaez
-esperándoos en el campo con todo su ejército.»</p>
-
-<p>Y Cortés le dió en guarda á su secretario Pedro Hernandez; y como
-vimos que el Hurtado fué á dar mandado, no nos detuvimos cosa, sino
-que el Hurtado iba dando voces y mandando dar al arma, y el Narvaez
-llamando sus capitanes, y nosotros calando nuestras picas y cerrando
-con su artillería, todo fué uno, que no tuvieron tiempo sus artilleros
-de poner fuego sino á cuatro tiros, y las pelotas algunas dellas
-pasaron por alto, é una dellas mató á tres de nuestros compañeros.</p>
-
-<p>Pues en<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> este
-instante llegaron todos nuestros capitanes, tocando al arma nuestro
-pífaro y atambor; y como habia muchos de los de Narvaez á caballo,
-detuviéronse un poco con ellos, porque luego derrocaron seis ó siete
-dellos.</p>
-
-<p>Pues nosotros los que tomamos el artillería no osábamos
-desampararla, porque el Narvaez desde su aposento nos tiraba saetas
-y escopetas; y en aquel instante llegó el capitan Sandoval y sube de
-presto las gradas arriba, y por mucha resistencia que le ponia el
-Narvaez y le tiraban saetas y escopetas y con partesanas y lanzas,
-todavía las subió él y sus soldados; y luego como vimos los soldados
-que ganamos el artillería que no habia quien nos la defendiese, se
-la dimos á nuestros artilleros por mí nombrados, y fuimos muchos de
-nosotros y el capitan Pizarro á ayudar al Sandoval, que les hacian los
-de Narvaez venir seis ó siete gradas abajo retrayéndose, y con nuestra
-llegada tornó á las subir, y estuvimos buen rato peleando con nuestras
-picas, que eran grandes; y cuando no me cato oimos voces del Narvaez,
-que decia:</p>
-
-<p>—«Santa María, váleme; que muerto me han y quebrado un ojo;»</p>
-
-<p>Y cuando aquello oimos, luego dimos voces:</p>
-
-<p>—«Vitoria, vitoria por los del nombre del Espíritu Santo; que muerto
-es Narvaez.»</p>
-
-<p>Y con todo esto no les pudimos entrar en el cu donde estaban
-hasta que un Martin Lopez, el de los bergantines, como era alto de
-cuerpo, puso fuego á las pajas del alto cu, y vinieron todos los<span
-class="pagenum" id="Page_64">p. 64</span> de Narvaez rodando las
-gradas abajo; entónces prendimos á Narvaez, y el primero que le echó
-mano fué un Pero Sanchez Farfan, é yo se lo dí al Sandoval y á otros
-capitanes del mismo Narvaez que con él estaban todavía dando voces y
-apellidando:</p>
-
-<p>—«Viva el Rey, viva el Rey, y en su Real nombre Cortés; vitoria,
-vitoria; que muerto es Narvaez.»</p>
-
-<p>Dejemos este combate, é vamos á Cortés y á los demás capitanes que
-todavía estaban batallando cada uno con los capitanes del Narvaez
-que aún no se habian dado, porque estaban en muy altos cues, y con
-los tiros que les tiraban nuestros artilleros y con nuestras voces,
-é muerte del Narvaez, como Cortés era muy avisado, mandó de presto
-pregonar que todos los de Narvaez se vengan luego á someter debajo de
-la bandera de su majestad, y de Cortés en su Real nombre, so pena de
-muerte; y aun con todo esto no se daban los de Diego Velazquez el mozo
-ni los de Salvatierra, porque estaban en muy altos cues y no les podian
-entrar; hasta que Gonzalo de Sandoval fué con la mitad de nosotros los
-que con él entramos, y se prendieron así al Salvatierra como los que
-con él estaban, y al Diego Velazquez el mozo; y luego Sandoval vino
-con todos nosotros los que fuimos en prender al Narvaez á ponelle más
-en cobro, puesto que le habiamos echado dos pares de grillos, y cuando
-Cortés y el Juan Velazquez y el Ordás tuvieron presos á Salvatierra
-y al Diego Velazquez el mozo y á Gamar<span class="pagenum"
-id="Page_65">p. 65</span>ra y á Juan Yuste y á Juan Bono, vizcaino, y
-á otras personas principales, vino Cortés desconocido, acompañado de
-nuestros capitanes, adonde teniamos á Narvaez, y con el calor que hacia
-grande, y como estaba cargado con las armas é andaba de una parte á
-otra apellidando á nuestros soldados y haciendo dar pregones, venia muy
-sudando y cansado, y tal, que no le alcanzaba un huelgo á otro, é dijo
-á Sandoval dos veces, que no lo acertaba á decir del trabajo que traia,
-é dijo:</p>
-
-<p>—«¿Qué es de Narvaez? ¿Qué es de Narvaez?»</p>
-
-<p>É dijo Sandoval:</p>
-
-<p>—«Aquí está, aquí está, é á muy buen recaudo.»</p>
-
-<p>Y tornó Cortés á decir muy sin huelgo:</p>
-
-<p>—«Mirá, hijo Sandoval, que no os quiteis dél vos y vuestros
-compañeros, no se os suelte miéntras yo voy á entender en otras cosas;
-é mirad estos capitanes que con él teneis presos que en todo haya
-recaudo.»</p>
-
-<p>Y luego se fué, y mandó dar otros pregones que, so pena de muerte,
-que todos los de Narvaez luego en aquel punto se vengan á someter
-debajo de la bandera de su majestad, y en su Real nombre de Hernando
-Cortés, su capitan general y justicia mayor, é que ninguno trajese
-ningunas armas, sino que todos las diesen y entregasen á nuestros
-alguaciles; y todo esto era de noche, que no amanecia, y aun llovia
-de rato en rato, y entónces salia la luna, que cuando allí llegamos
-hacia muy escuro y llovia, y tambien la escuridad ayudó; que, como
-hacia tan escuro, habia muchos cucuyos (así los llaman en Cuba),<span
-class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span> que relumbraban de noche, é
-los de Narvaez creyeron que eran mechas de las escopetas.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y pasemos adelante: que, como el Narvaez estaba muy
-mal herido y quebrado el ojo, demandó licencia á Sandoval para que
-un cirujano que traia en su armada, que se decia maestre Juan, le
-curase el ojo á él y otros capitanes que estaban heridos, y se la
-dió, y estándole curando llegó allí cerca Cortés disimulando, que no
-lo conociesen, á le ver curar; dijéronle al Narvaez que estaba allí
-Cortés, y como se lo dijeron, dijo el Narvaez:</p>
-
-<p>—«Señor capitan Cortés, tené en mucho esta vitoria que de mí habeis
-habido y en tener presa mi persona.»</p>
-
-<p>Y Cortés le respondió que daba muchas gracias á Dios, que se la dió,
-y por los esforzados caballeros y compañeros que tenia, que fueron
-parte para ello. É que una de las menores cosas que en la Nueva-España
-ha hecho es prendelle y desbaratalle; y que si le ha parecido bien
-tener atrevimiento de prender á un oidor de su majestad.</p>
-
-<p>Y cuando hubo dicho esto se fué de allí, que no le habló más, y
-mandó á Sandoval que le pusiese buenas guardas, y que él no se quitase
-dél con personas de recaudo; ya le teniamos echado dos pares de grillos
-y le llevábamos á un aposento, y puestos soldados que le habiamos de
-guardar, y á mí me señaló Sandoval por uno dellos, y secretamente me
-mandó que no dejase hablar con él á ninguno de los de Narvaez hasta que
-amaneciese, que Cortés le pusiese<span class="pagenum" id="Page_67">p.
-67</span> más en cobro.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos cómo Narvaez habia enviado cuarenta de á
-caballo para que nos estuviesen aguardando en el paso del rio cuando
-viniésemos á su real, como dicho tengo en el capítulo que dello habla,
-y supimos que andaban todavía en el campo; tuvimos temor no nos
-viniesen á acometer para nos quitar sus capitanes é al mismo Narvaez
-que teniamos presos, y estábamos muy apercebidos; y acordó Cortés de
-les enviar á pedir por merced que se viniesen al real, con grandes
-ofrecimientos que á todos prometió; y para los traer envió á Cristóbal
-de Olí, que era nuestro maestre de campo, é á Diego de Ordás, y fueron
-en unos caballos que tomaron de los de Narvaez, que de todos los
-nuestros no trajimos ningunos, que atados quedaron en un montecillo
-junto á Cempoal; que no trajimos sino picas, espadas y rodelas y
-puñales; y fueron al campo con un soldado de los de Narvaez, que les
-mostró el rastro por donde habian ido, y se toparon con ellos; y en
-fin, tantas palabras de ofertas y ofrecimientos les dijeron por parte
-de Cortés, y ántes que llegasen á nuestro real ya era de dia claro; y
-sin decir cosa ninguna Cortés ni ninguno de nosotros á los atabaleros
-que el Narvaez traia, comenzaron á tocar los atabales y á tañer sus
-pífaros y tambores, y decian:</p>
-
-<p>—«Viva, viva la gala de los romanos, que siendo tan pocos han
-vencido á Narvaez y á sus soldados.»</p>
-
-<p>É un negro que se decia Gui<span class="pagenum" id="Page_68">p.
-68</span>dela, que fué muy gracioso truhan, que traia el Narvaez, daba
-voces que decia:</p>
-
-<p>—«Mirad que los romanos no han hecho tal hazaña.»</p>
-
-<p>Y por más que les deciamos que callasen y no tañesen sus atabales,
-no querian, hasta que Cortés mandó que prendiesen al atabalero, que era
-medio loco, que se decia Tapia; y en este instante vino Cristóbal de
-Olí y Diego de Ordás, y trajeron á los de á caballo que dicho tengo, y
-entre ellos venia Andrés de Duero y Agustin Bermudez y muchos amigos de
-nuestro capitan; y así como venian, iban á besar las manos á Cortés,
-que estaba sentado en una silla de caderas, con una ropa larga de color
-como naranjada, con sus armas debajo, acompañado de nosotros.</p>
-
-<p>Pues ver la gracia con que les hablaba y abrazaba, y las palabras de
-tantos cumplimientos que les decia, era cosa de ver qué alegre estaba;
-y tenia mucha razon de verse en aquel punto tan señor y pujante; y así
-como le besaban la mano se fueron cada uno á su posada.</p>
-
-<p>Digamos ahora de los muertos y heridos que hubo aquella noche.</p>
-
-<p>Murió el alférez de Narvaez, que se decia Fulano de Fuentes, que
-era un hidalgo de Sevilla; murió otro capitan de Narvaez que se decia
-Rojas, natural de Castilla la Vieja; murieron otros dos de Narvaez;
-murió uno de los tres soldados que se le habian pasado, que habian sido
-de los nuestros, que llamábamos Alonso García el Carretero, y heridos
-de los de Narvaez hubo muchos; y<span class="pagenum" id="Page_69">p.
-69</span> tambien murieron de los nuestros otros cuatro, y hubo más
-heridos, y el cacique gordo tambien salió herido; porque, como supo que
-veniamos cerca de Cempoal, se acogió al aposento de Narvaez, y allí le
-hirieron, y luego Cortés le mandó curar muy bien y le puso en su casa,
-y que no se le hiciese enojo.</p>
-
-<p>Pues Cervantes el loco y Escalonilla, que son los que se pasaron al
-Narvaez que habian sido de los nuestros, tampoco libraron bien, que
-Escalona salió bien herido, y el Cervantes bien apaleado, é ya he dicho
-que murió el Carretero.</p>
-
-<p>Vamos á los del aposento de Salvatierra, el muy fiero, que dijeron
-sus soldados que en toda su vida vieron hombre para ménos ni tan
-cortado de muerte cuando nos oyó tocar al arma y cuando deciamos:</p>
-
-<p>—«Vitoria, vitoria; que muerto es Narvaez.»</p>
-
-<p>Dicen que luego dijo que estaba muy malo del estómago, é que no fué
-para cosa ninguna. Esto lo he dicho por sus fieros y bravear; y de los
-de su compañía tambien hubo heridos.</p>
-
-<p>Digamos del aposento del Diego Velazquez y otros capitanes que
-estaban con él, que tambien hubo heridos, y nuestro capitan Juan
-Velazquez de Leon prendió al Diego Velazquez, aquel con quien tuvo las
-bregas estando comiendo con el Narvaez, y le llevó á su aposento y le
-mandó curar y hacer mucha honra.</p>
-
-<p>Pues ya he dado cuenta de todo lo acaecido en nuestra batalla,
-digamos agora lo que más se hizo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_123">
- <p><span class="pagenum" id="Page_70">p. 70</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO DESPUES DE DESBARATADO NARVAEZ SEGUN Y DE LA
- MANERA QUE HE DICHO, VINIERON LOS INDIOS DE CHINANTA QUE CORTÉS HABIA
- ENVIADO Á LLAMAR, Y DE OTRAS COSAS QUE PASARON.</p>
-</div>
-
-<p>Ya he dicho en el capítulo que dello habla, que Cortés envió á decir
-á los pueblos de Chinanta, donde trajeron las lanzas é picas, que
-viniesen dos mil indios dellos con sus lanzas, que son mucho más largas
-que no las nuestras, para nos ayudar, é vinieron aquel mismo dia y algo
-tarde, despues de preso Narvaez, y venian por capitanes los caciques de
-los mismos pueblos é uno de nuestros soldados, que se decia Barrientos,
-que habia quedado en Chinanta para aquel efecto: y entraron en Cempoal
-con muy gran ordenanza, de dos en dos; y como traian las lanzas muy
-grandes y de buen cuerpo, y tienen en ellas una braza de cuchilla
-de pedernales, que cortan tanto como navajas, segun ya otra vez he
-dicho, y traia cada indio una rodela como pavesina, y con sus banderas
-tendidas, y con muchos plumajes y atambores y trompetillas, y entre
-cada lancero é lancero un flechero, y dando gritos y silbos decian:</p>
-
-<p>—«Viva el Rey, viva el Rey, y Hernando Cortés en su real<span
-class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span> nombre.»</p>
-
-<p>Y entraron bravosos, que era cosa de notar, y serian mil y
-quinientos, que parecian, de la manera y concierto que venian, que eran
-tres mil; y cuando los de Narvaez los vieron se admiraron, é dicen
-que dijeron unos á otros que si aquella gente les tomara en medio ó
-entraran con nosotros, qué tal que les pararan; y Cortés habló á los
-indios capitanes muy amorosamente, agradeciéndole su venida, y les dió
-cuentas de Castilla, y les mandó que luego se volviesen á sus pueblos,
-y que por el camino no hiciesen daño á otros pueblos, y tornó á enviar
-con ellos al mismo Barrientos.</p>
-
-<p>Y quedarse ha aquí, y diré lo que más Cortés hizo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_124">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXIV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS ENVIÓ AL PUERTO AL CAPITAN FRANCISCO DE
- LUGO, Y EN SU COMPAÑÍA DOS SOLDADOS QUE HABIAN SIDO MAESTRES DE HACER
- NAVÍOS, PARA QUE LUEGO TRAJESE ALLÍ Á CEMPOAL TODOS LOS MAESTRES Y
- PILOTOS DE LOS NAVÍOS Y FLOTA DE NARVAEZ, Y QUE LES SACASEN LAS VELAS
- Y TIMONES É AGUJAS, PORQUE NO FUESEN Á DAR MANDADO Á LA ISLA DE CUBA
- Á DIEGO VELAZQUEZ DE LO ACAECIDO, Y CÓMO PUSO ALMIRANTE DE LA MAR.</p>
-</div>
-
-<p>Pues acabado de desbaratar al Pánfilo de Narvaez, é presos él y sus
-capitanes, é á todos los demás tomado sus armas, mandó Cortés al<span
-class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> capitan Francisco de Lugo que
-fuese al puerto donde estaba la flota de Narvaez, que eran diez y ocho
-navíos, y mandase venir allí á Cempoal á todos los pilotos y maestres
-de los navíos, y que les sacasen velas y timones é agujas, porque no
-fuesen á dar mandado á Cuba á Diego Velazquez; é que si no le quisiesen
-obedecer, que les echase presos; y llevó consigo el Francisco de Lugo
-dos de nuestros soldados, que habian sido hombres de la mar, para que
-le ayudasen; y tambien mandó Cortés que luego le enviasen á un Sancho
-de Barahona, que le tenia preso el Narvaez con otros soldados. Este
-Barahona fué vecino de Guatimala, hombre rico; y acuérdome que cuando
-llegó ante Cortés, que venia muy doliente y flaco, y le mandó hacer
-honra.</p>
-
-<p>Volvamos á los maestres y pilotos, que luego vinieron á besar las
-manos al capitan Cortés, á los cuales tomó juramento que no saldrian de
-su mandado, é que le obedecerian en todo lo que les mandase; y luego
-les puso por almirante y capitan de la mar á un Pedro Caballero, que
-habia sido maestre de un navío de los de Narvaez; persona de quien
-Cortés se fió mucho, al cual dicen que le dió primero buenos tejuelos
-de oro; y á este mandó que no dejase ir de aquel puerto ningun navío
-á parte ninguna, y mandó á todos los maestres y pilotos y marineros
-que todos le obedeciesen, y que si de Cuba enviase Diego Velazquez más
-navíos (porque tuvo aviso Cortés que estaban dos navíos para venir),
-que tuviese<span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span> modo que
-á los capitanes que en él viniesen les echase presos, y les sacase el
-timon é velas y agujas, hasta que otra cosa en ello Cortés mandase. Lo
-cual así lo hizo Pedro Caballero, como adelante diré.</p>
-
-<p>Y dejemos ya los navíos y el puerto seguro y digamos lo que se
-concertó en nuestro real é los de Narvaez, y es que luego se dió órden
-que fuesen á conquistar y poblar á Juan Velazquez de Leon á lo de
-Pánuco, y para ello Cortés le señaló ciento y veinte soldados, los
-ciento habian de ser de los de Narvaez, y los veinte de los nuestros
-entremetidos, porque tenian más experiencia en la guerra: y tambien
-habia de llevar dos navíos para que desde el rio de Pánuco fuesen
-á descubrir la costa adelante; y tambien á Diego de Ordás dió otra
-capitanía de otros ciento y veinte soldados para ir á poblar á lo de
-Guacacualco, y los ciento habian de ser de los de Narvaez y los veinte
-de los nuestros, segun y de la manera que á Juan Velazquez de Leon;
-y habia de llevar otros dos navíos para desde el rio de Guacacualco
-enviar á la isla de Jamáica por ganados de yeguas y becerros, puercos
-y ovejas, y gallinas de Castilla y cabras, para multiplicar la tierra,
-porque la provincia de Guacacualco era buena para ello.</p>
-
-<p>Pues para ir aquellos capitanes con sus soldados y llevar todas
-sus armas, Cortés se las mandó dar y soltar todos los prisioneros
-capitanes de Narvaez, y el Salvatierra, que decia que estaba malo del
-estómago.</p>
-
-<p>Pues para dalles todas las ar<span class="pagenum" id="Page_74">p.
-74</span>mas, algunos de nuestros soldados les teniamos ya tomado
-caballos y espadas y otras cosas, y mandó Cortés que luego se las
-volviésemos, y sobre no dárselas hubo ciertas pláticas enojosas, y
-fueron, que dijimos los soldados que las teniamos muy claramente, que
-no se las queriamos dar, pues que en el real de Narvaez pregonaron
-guerra contra nosotros á ropa franca, y con aquella intencion venian á
-nos prender y tomar lo que teniamos, é que siendo nosotros tan grandes
-servidores de su majestad, nos llamaban traidores, é que no se las
-queriamos dar; y Cortés todavía porfiaba á que se las diésemos, é como
-era capitan general, húbose de hacer lo que mandó, que yo les dí un
-caballo que tenia ya escondido, ensillado y enfrenado, y dos espadas y
-tres puñales y una adarga, y otros muchos de nuestros soldados dieron
-tambien otros caballos y armas; y como Alonso de Ávila era capitan y
-persona que osaba decir á Cortés cosas que convenian, é juntamente
-con él el Padre fray Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte á Cortés,
-y le dijeron que parecia que queria remedar á Alejandro Macedonio,
-que despues que con sus soldados habia hecho alguna gran hazaña, que
-más procuraba de honrar y hacer mercedes á los que vencia que no á
-sus capitanes y soldados, que eran los que lo vencian; y esto, que
-lo decian porque lo han visto en aquellos dias que allí estábamos
-despues de preso Narvaez, que todas las joyas de oro que le presentaban
-los<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> indios de aquellas
-comarcas y bastimentos daba á los capitanes de Narvaez, é como si no
-nos conociera, ansí nos obligaba; y que no era bien hecho, sino muy
-grande ingratitud, habiéndole puesto en el estado en que estaba.</p>
-
-<p>Á esto respondió Cortés que todo cuanto tenia, ansí persona como
-bienes, era para nosotros, é que al presente no podia más sino con
-dádivas y palabras y ofrecimientos honrar á los de Narvaez; porque,
-como son muchos, y nosotros pocos, no se levantasen contra él y contra
-nosotros, y le matasen.</p>
-
-<p>Á esto respondió el Alonso de Ávila, y le dijo ciertas palabras algo
-soberbias, de tal manera, que Cortés le dijo que quien no le quisiese
-seguir, que las mujeres han parido y paren en Castilla soldados; y el
-Alonso de Ávila dijo con palabras muy soberbias y sin acato que así
-era verdad, que soldados y capitanes é gobernadores, é que aquello
-mereciamos que dijese.</p>
-
-<p>Y como en aquella sazon estaba la cosa de arte que Cortés no podia
-hacer otra cosa sino callar, y con dádivas y ofertas le atrajo á sí;
-y como conoció dél ser muy atrevido, y tuvo siempre Cortés temor que
-por ventura un dia ó otro no hiciese alguna cosa en su daño, disimuló;
-y dende allí adelante siempre le enviaba á negocios de importancia,
-como fué á la isla de Santo Domingo, y despues á España cuando enviamos
-la recámara y tesoro del gran Montezuma, que robó Juan Florin, gran
-corsario frances; lo cual diré en su tiempo y lugar.</p>
-
-<p>Y volva<span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span>mos ahora
-al Narvaez y á un negro que traia lleno de viruelas, que harto negro
-fué en la Nueva-España, que fué causa que se pegase é hinchase toda la
-tierra dellas, de lo cual hubo gran mortandad; que, segun decian los
-indios, jamás tal enfermedad tuvieron, y como no la conocian, lavábanse
-muchas veces, y á esta causa se murieron gran cantidad dellos.</p>
-
-<p>Por manera que negra la ventura de Narvaez, y más prieta la muerte
-de tanta gente sin ser cristianos.</p>
-
-<p>Dejemos ahora todo esto, y digamos cómo los vecinos de la
-Villa-Rica, que habian quedado poblados, que no fueron á Méjico,
-demandaron á Cortés las partes del oro que les cabia, y dijeron á
-Cortés que, puesto que allí les mandó quedar en aquel puerto y villa,
-que tambien servian allí á Dios y al Rey como los que fuimos á Méjico,
-pues entendian en guardar la tierra y hacer la fortaleza, y algunos
-dellos se hallaron en lo de Almería, que aun no tenian sanas las
-heridas, y que todos los más se hallaron en la prision de Narvaez, y
-que les diesen sus partes; y viendo Cortés que era muy justo lo que
-decian, dijo que fuesen dos hombres principales vecinos de aquella
-villa con poder de todos, y que lo tenia apartado, y que se lo darian;
-y paréceme que les dijo que en Tlascala estaba guardado, que esto no me
-acuerdo bien; é así, luego despacharon de aquella villa dos vecinos por
-el oro y sus partes, y el principal se decia Juan de Alcántara el<span
-class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> viejo.</p>
-
-<p>Y dejemos de platicar en ello, y despues diremos lo que sucedió al
-Alcántara y al otro; y digamos cómo la adversa fortuna vuelve de presto
-su rueda, que á grandes bonanzas y placeres siguen las tristezas; y
-es que en este instante vienen nuevas que Méjico estaba alzado, y
-que Pedro de Albarado está cercado en su fortaleza y aposento, y que
-le ponian fuego por todas partes en la misma fortaleza, y que le han
-muerto siete soldados, y que estaban otros muchos heridos; y enviaba á
-demandar socorros con mucha instancia y priesa; y esta nueva trujeron
-dos tlascaltecas sin carta ninguna, y luego vino una carta con otros
-tlascaltecas que envió el Pedro de Albarado, en que decia lo mismo.</p>
-
-<p>Y cuando aquella tan mala nueva oimos, sabe Dios cuánto nos pesó,
-y á grandes jornadas comenzamos á caminar para Méjico, y quedó preso
-en la Villa-Rica el Narvaez y el Salvatierra, y por teniente y capitan
-paréceme que quedó Rodrigo Rangel, que tuviese cargo de guardar al
-Narvaez y de recoger muchos de los de Narvaez que estaban enfermos.</p>
-
-<p>Y tambien en este instante, ya que queriamos partir, vinieron cuatro
-grandes principales que envió el gran Montezuma ante Cortés á quejarse
-del Pedro de Albarado, y lo que dijeron llorando con muchas lágrimas de
-sus ojos fué, que Pedro de Albarado salió de su aposento con todos los
-soldados que le dejó Cortés, y sin causa ninguna dió en sus principales
-y caciques, que esta<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>ban
-bailando y haciendo fiesta á sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca,
-con licencia que para ello les dió el Pedro de Albarado, é que mató
-é irió muchos dellos, y que por se defender le mataron seis de sus
-soldados.</p>
-
-<p>Por manera que daban muchas quejas del Pedro de Albarado; y Cortés
-les respondió á los mensajeros algo desabrido, é que él iria á Méjico y
-pornia remedio en todo; y así, fueron con aquella respuesta á su gran
-Montezuma, y dicen la sintió por muy mala y hubo enojo della.</p>
-
-<p>Y asimismo luego despachó Cortés cartas para Pedro de Albarado, en
-que le envió á decir que mirase que el Montezuma no se soltase, é que
-íbamos á grandes jornadas; y le hizo saber de la vitoria que habiamos
-habido contra Narvaez; lo cual ya sabia el gran Montezuma.</p>
-
-<p>Y dejallo hé aquí, y diré lo que más adelante pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_125">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO FUIMOS GRANDES JORNADAS, ASÍ CORTÉS CON TODOS
- SUS CAPITANES COMO TODOS LOS DE NARVAEZ, EXCEPTO PÁNFILO DE NARVAEZ,
- Y SALVATIERRA, QUE QUEDABAN PRESOS.</p>
-</div>
-
-<p>Como llegó la nueva referida cómo Pedro de Albarado estaba cercado
-y Méjico rebelado, cesaron las capitanías que habian de ir á po<span
-class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>blar á Pánuco y á Guacacualco,
-que habian dado á Juan Velazquez de Leon y á Diego de Ordás, que no fué
-enemigo dellos, que todos fuesen con nosotros; y Cortés habló á los
-de Narvaez, que sintió que no irian con nosotros de buena voluntad á
-hacer aquel socorro, y les rogó que dejasen atrás enemistades pasadas
-por lo de Narvaez, ofreciéndoles de hacerlos ricos y dalles cargos; y
-pues venian á buscar la vida, y estaban en tierra donde podrian hacer
-servicio á Dios y á su majestad, y enriquecer, que ahora les venia
-lance; y tantas palabras les dijo, que todos á una se le ofrecieron que
-irian con nosotros; y si supieran las fuerzas de Méjico, cierto está
-que no fuera ninguno.</p>
-
-<p>Y luego caminamos á muy grandes jornadas hasta llegar á Tlascala,
-donde supimos que hasta que Montezuma y sus capitanes habian sabido
-cómo habiamos desbaratado á Narvaez, no dejaron de darle guerra á Pedro
-de Albarado, y le habian ya muerto siete soldados y le quemaron los
-aposentos; y cuando supieron nuestra vitoria cesaron de dalle guerra;
-mas dijeron que estaban muy fatigados por falta de agua y bastimento,
-lo cual nunca se lo habia mandado dar Montezuma; y esta nueva trujeron
-indios de Tlascala en aquella misma hora que hubimos llegado.</p>
-
-<p>Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y
-halló sobre mil y trecientos soldados, así de los nuestros como de
-los de Narvaez, y sobre noventa y seis caballos y ochenta<span
-class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span> ballesteros y otros tantos
-escopeteros; con los cuales le pareció á Cortés que llevaba gente para
-poder entrar muy á su salvo en Méjico; y demás desto, en Tlascala
-nos dieron los caciques dos mil hombres, indios de guerra; y luego
-fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, que es una gran ciudad, y no
-se nos hizo honra ninguna en ella ni pareció ningun señor, sino todo
-muy remontado y de mal arte; y llegamos á Méjico dia de señor San
-Juan de Junio de 1520 años, y no parecian por las calles caciques, ni
-capitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas despobladas.</p>
-
-<p>Y como llegamos á los aposentos que soliamos posar, el gran
-Montezuma salió al patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el bien
-venido, y de la vitoria con Narvaez; y Cortés, como venia vitorioso,
-no le quiso oir, y el Montezuma se entró en su aposento muy triste y
-pensativo.</p>
-
-<p>Pues ya aposentados cada uno de nosotros donde soliamos estar ántes
-que saliésemos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los de Narvaez en
-otros aposentos, é ya habiamos visto é hablado con el Pedro de Albarado
-y los soldados que con él quedaron, y ellos nos daban cuenta de las
-guerras que los mejicanos les daban y trabajo en que les tenian puesto,
-y nosotros les dábamos relacion de la vitoria contra Narvaez.</p>
-
-<p>Y dejaré esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fué la causa
-de se levantar Méjico, porque bien entendido teniamos que á Montezuma
-le pesó dello, que si le pluguiera ó fue<span class="pagenum"
-id="Page_81">p. 81</span>ra por su consejo, dijeron muchos soldados de
-los que se quedaron con Pedro de Albarado en aquellos trances, que si
-Montezuma fuera en ello, que á todos les mataran, y que el Montezuma
-los aplacaba que cesasen la guerra; y lo que contaba el Pedro de
-Albarado á Cortés, sobre el caso era, que por libertar los mejicanos
-al Montezuma, é porque su Huichilóbos se lo mandó porque pusimos en su
-casa la imágen de Nuestra Señora la Vírgen Santa María y la Cruz.</p>
-
-<p>Y más dijo, que habian llegado muchos indios á quitar la santa
-imágen del altar donde la pusimos, y que no pudieron quitalla, y
-que los indios lo tuvieron á gran milagro, y que se lo dijeron al
-Montezuma, é que les mandó que la dejasen en el mismo lugar y altar, y
-que no curasen de hacer otra cosa; y así, la dejaron.</p>
-
-<p>Y más dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el Narvaez les habia
-enviado á decir al Montezuma, que le venia á soltar de las prisiones y
-á prendernos, y no salió verdad; y como Cortés habia dicho al Montezuma
-que en teniendo navíos nos habiamos de ir á embarcar y salir de toda
-la tierra, é que no nos íbamos, é que todo eran palabras, é que ahora
-habian visto venir muchos más teules, ántes que todos los de Narvaez
-y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, que seria bien matar
-al Pedro de Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y
-despues no quedar á vida ninguno de los nuestros é de los de Narvaez,
-cuanto más que tuvieron<span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span>
-por cierto que nos venciera el Narvaez.</p>
-
-<p>Estas pláticas y descargo dió el Pedro de Albarado á Cortés, y le
-tornó á decir Cortés que á qué causa les fué á dar guerra estando
-bailando y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que hacian á
-sus Huichilóbos y á Tezcatepuca; y el Pedro de Albarado dijo que luego
-le habian de venir á dar guerra, segun el concierto tenian entre ellos
-hecho, y todo lo demás que lo supo de un papa y de dos principales y de
-otros mejicanos; y Cortés le dijo:</p>
-
-<p>—«Pues hanme dicho que os demandaron licencia para hacer el areito y
-bailes.»</p>
-
-<p>É dijo que así era verdad, é que fué por tomalles descuidados; é que
-porque temiesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto se adelantó
-á dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, muy enojado, que
-era muy mal hecho, y grande desatino y poca verdad; é que pluguiera á
-Dios que el Montezuma se hubiera soltado, é que tal cosa no la oyera á
-sus ídolos; y así le dejó, que no le habló más en ello.</p>
-
-<p>Tambien dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando andaba con
-ellos en aquella guerra, que mandó poner á un tiro que estaba cebado
-fuego, con una pelota y muchos perdigones, é que como venian muchos
-escuadrones de indios á le quemar los aposentos, que salió á pelear
-con ellos, é que mandó poner fuego al tiro, é que no salió, y que hizo
-una arremetida contra los escuadrones que le daban guerra, y cargaban
-muchos indios sobre él, é que venia retra<span class="pagenum"
-id="Page_83">p. 83</span>yéndose á la fuerza y aposento, é que entónces
-sin poner fuego al tiro salió la pelota y los perdigones y mató muchos
-indios; y que si aquello no acaeciera, que los enemigos los mataran á
-todos, como en aquella vez le llevaron dos de sus soldados vivos.</p>
-
-<p>Otra cosa dijo el Pedro de Albarado, y esta sola cosa la dijeron
-otros soldados, que las demás pláticas sólo el Pedro de Albarado lo
-contaba; y es, que no tenia agua para beber, y cavaron en el patio, é
-hicieron un pozo y sacaron agua dulce, siendo todo salado tambien.</p>
-
-<p>Todo fué muchos bienes que nuestro Señor Dios nos hacia.</p>
-
-<p>É á esto del agua digo yo que en Méjico estaba una fuente que muchas
-veces y todas las más manaba agua algo dulce; que lo demás que dicen
-algunas personas, que el Pedro de Albarado, por codicia de haber mucho
-oro y joyas de gran valor con que bailaban los indios, les fué á dar
-guerra, yo no lo creo ni nunca tal oí, ni es de creer que tal hiciese,
-puesto que lo dice el Obispo fray Bartolomé de las Casas aquello y
-otras cosas que nunca pasaron; sino que verdaderamente dió en ellos por
-metelles temor, é que con aquellos males que les hizo tuviesen harto
-que curar y llorar en ellos, porque no le viniesen á dar guerra; y como
-dicen que quien acomete vence, y fué muy peor, segun pareció.</p>
-
-<p>Y tambien supimos de mucha verdad que tal guerra nunca el Montezuma
-mandó dar, é que cuando combatian al Pedro de Albarado, que el
-Montezuma les mandaba á<span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>
-los suyos que no lo hiciesen, y que le respondian que ya no era cosa de
-sufrir tenelle preso, y estando bailando irles á matar, como fueron;
-y que le habian de sacar de allí y matar á todos los teules que le
-defendian.</p>
-
-<p>Estas cosas y otras sé decir que lo oí á personas de fe y que se
-hallaron con el Pedro de Albarado cuando aquello pasó.</p>
-
-<p>Y dejallo hé aquí, y diré la gran guerra que luego nos dieron, y es
-desta manera.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_126">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXVI.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO NOS DIERON GUERRA EN MÉJICO, Y LOS COMBATES
- QUE NOS DABAN, Y OTRAS COSAS QUE PASAMOS.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés vió que en Tezcuco no nos habian hecho ningun
-recibimiento, ni aun dado de comer, sino mal y por mal cabo, y que no
-hallamos principales con quien hablar, y lo vió todo rematado y de mal
-arte, y venido á Méjico lo mismo; y vió que no hacian tianguez, sino
-todo levantado, é oyó al Pedro de Albarado de la manera y desconcierto
-con que les fué á dar guerra; y parece ser habia dicho Cortés en el
-camino á los capitanes, alabándose de sí mismo, el gran acato y mando
-que tenia, é que por los pueblos é caminos le sal<span class="pagenum"
-id="Page_85">p. 85</span>drian á recibir y hacer fiestas, y que en
-Méjico mandaba tan absolutamente, así al gran Montezuma como á todos
-sus capitanes, é que le darian presentes de oro como solian; y viendo
-que todo estaba muy al contrario de sus pensamientos, que aun de comer
-no nos daban, estaba muy airado y soberbio con la mucha gente de
-españoles que traia, y muy triste y mohino; y en este instante envió el
-gran Montezuma dos de sus principales á rogar á nuestro Cortés que le
-fuese á ver, que le queria hablar, y la respuesta que le dió fué:</p>
-
-<p>—«Vaya para perro, que aun tianguez no quiere hacer ni de comer nos
-manda dar.»</p>
-
-<p>Y entónces, como aquello le oyeron á Cortés nuestros capitanes,
-que fué Juan Velazquez de Leon y Cristóbal de Olí y Alonso de Ávila y
-Francisco de Lugo, dijeron:</p>
-
-<p>—«Señor, temple su ira, y mire cuánto bien y honra nos ha hecho
-este Rey destas tierras, que es tan bueno, que si por él no fuese ya
-fuéramos muertos y nos habrian comido, é mire que hasta las hijas le
-han dado.»</p>
-
-<p>Y como esto oyó Cortés, se indignó más de las palabras que le
-dijeron, como parecian de reprension, é dijo:</p>
-
-<p>—«¿Qué cumplimiento tengo yo de tener con un perro que se hacia con
-Narvaez secretamente, é ahora veis que aun de comer no nos da?»</p>
-
-<p>Y dijeron nuestros capitanes:</p>
-
-<p>—«Esto nos parece que debe hacer, y es buen consejo.»</p>
-
-<p>Y como Cortés tenia allí en Méjico tantos españoles, así de los
-nuestros como de los de Narvaez, no se le daba nada por cosa<span
-class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span> ninguna, é hablaba tan airado
-y descomedido.</p>
-
-<p>Por manera que tornó hablar á los principales que dijesen á su señor
-Montezuma que luego mandase hacer tianguez y mercados; si no, que hará
-é que acontecerá; y los principales bien entendieron las palabras
-injuriosas que Cortés dijo de su señor, y aun tambien la reprension
-que nuestros capitanes dieron á Cortés sobre ello; porque bien los
-conocian, que habian sido los que solian tener en guarda á su señor,
-y sabian que eran grandes servidores de su Montezuma; y segun y de la
-manera que lo entendieron, se lo dijeron al Montezuma, y de enojo, ó
-porque ya estaba concertado que nos diesen guerra, no tardó un cuarto
-de hora que vino un soldado á gran priesa muy mal herido, que venia de
-un pueblo que está junto á Méjico, que se dice Tacuba, y traia unas
-indias que eran de Cortés, é la una hija del Montezuma, que parece ser
-las dejó á guardar allí al señor de Tacuba, que eran sus parientes del
-mismo señor, cuando fuimos á lo de Narvaez.</p>
-
-<p>Y dijo aquel soldado que estaba toda la ciudad y camino por donde
-venia lleno de gente de guerra con todo género de armas, y que le
-quitaron las indias que traia y le dieron dos heridas, é que si no
-se les soltara, que le tenian ya asido para le meter en una canoa y
-llevalle á sacrificar, y habian deshecho una puente.</p>
-
-<p>Y desque aquello oyó Cortés y algunos de nosotros, ciertamente
-nos pesó mucho; porque bien entendido tenia<span class="pagenum"
-id="Page_87">p. 87</span>mos los que soliamos batallar con indios,
-la mucha multitud que de ellos se suelen juntar, que por bien que
-peleásemos, y aunque más soldados trujésemos ahora, que habiamos
-de pasar gran riesgo de nuestras vidas, y hambres y trabajos,
-especialmente estando en tan fuerte ciudad.</p>
-
-<p>Pasemos adelante, y digamos que luego mandó á un capitan que se
-decia Diego de Ordás, que fuese con cuatrocientos soldados, y entre
-ellos, los más ballesteros y escopeteros y algunos de á caballo, é que
-mirase qué era aquello que decia el soldado que habia venido herido
-y trajo las nuevas; é que si viese que sin guerra y ruido se pudiese
-apaciguar, lo pacificase; y como fué el Diego de Ordás de la manera
-que le fué mandado, con sus cuatrocientos soldados, aún no hubo bien
-llegado á media calle por donde iba, cuando le salen tantos escuadrones
-mejicanos de guerra y otros muchos que estaban en las azuteas, y les
-dieron tan grandes combates, que le mataron á las primeras arremetidas
-ocho soldados, y á todos los más hirieron, y al mismo Diego de Ordás le
-dieron tres heridas.</p>
-
-<p>Por manera que no pudo pasar un paso adelante, sino volverse poco
-á poco al aposento; y al retraer le mataron otro buen soldado, que se
-decia Lezcano, que con un montante habia hecho cosas de muy esforzado
-varon; y en aquel instante si muchos escuadrones salieron al Diego
-de Ordás, muchos más vinieron á nuestros aposentos, y tiran<span
-class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span> tanta vara y piedra con
-hondas y flechas, que nos hirieron de aquella vez sobre cuarenta y seis
-de los nuestros, y doce murieron de las heridas.</p>
-
-<p>Y estaban tanto sobre nosotros, que el Diego de Ordás, que se
-venia retrayendo, no podia llegar á los aposentos por la mucha guerra
-que les daban, unos por detrás y otros por delante y otros desde las
-azuteas.</p>
-
-<p>Pues quizá aprovechaban mucho nuestros tiros y escopetas, ni
-ballestas ni lanzas, ni estocadas que les dábamos, ni nuestro buen
-pelear; que, aunque les matábamos y heriamos muchos dellos, por las
-puntas de las picas y lanzas se nos metian; con todo esto, cerraban
-sus escuadrones y no perdian punto de su buen pelear, ni les podiamos
-apartar de nosotros.</p>
-
-<p>Y en fin, con los tiros y escopetas y ballestas, y el mal que les
-haciamos de estocadas, tuvo lugar el Ordás de entrar en el aposento;
-que hasta entónces, aunque queria, no podia pasar; y con sus soldados
-bien heridos y veinte y tres ménos, y todavía no cesaban muchos
-escuadrones de nos dar guerra y decirnos que éramos como mujeres, y nos
-llamaban de bellacos y otros vituperios.</p>
-
-<p>Y aun no ha sido nada todo el daño que nos han hecho hasta ahora, á
-lo que despues hicieron.</p>
-
-<p>Y es, que tuvieron tanto atrevimiento, que, unos dándonos guerra
-por una parte y otros por otra, entraron á ponernos fuego en nuestros
-aposentos, que no nos podiamos valer con el humo y fuego, hasta que
-se puso<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> remedio en
-derrocar sobre él mucha tierra y atajar otras salas por donde venia el
-fuego, que verdaderamente allí dentro creyeron de nos quemar vivos;
-y duraron estos combates todo el dia y aun la noche, y aun de noche
-estaban sobre nosotros tantos escuadrones, y tiraban varas y piedras y
-flechas á bulto y piedra perdida, que entónces estaban todos aquellos
-patios y suelos hechos parvas dellos.</p>
-
-<p>Pues nosotros aquella noche en curar heridos, y en poner remedio en
-los portillos que habian hecho y en apercibirnos para otro dia, en esto
-se pasó.</p>
-
-<p>Pues desque amaneció, acordó nuestro capitan que con todos los
-nuestros y los de Narvaez saliésemos á pelear con ellos, y que
-llevásemos tiros, y escopetas y ballestas, y procurásemos de los
-vencer, á lo ménos que sintiesen más nuestras fuerzas y esfuerzo mejor
-que el dia pasado.</p>
-
-<p>Y digo que si nosotros teniamos hecho aquel concierto, que los
-mejicanos tenian concertado lo mismo, y peleábamos muy bien; mas ellos
-estaban tan fuertes y tenian tantos escuadrones, que se mudaban de
-rato en rato, que aunque estuvieren allí diez mil Hétores troyanos y
-otros tantos Roldanes, no les pudieran entrar; porque sabello ahora
-yo aquí decir cómo pasó, y vimos este teson en el pelear, digo que
-no lo sé escribir; porque ni aprovechaban tiros, ni escopetas, ni
-ballestas, ni apechugar con ellos, ni matalles treinta ni cuarenta de
-cada vez que arremetiamos; que tan enteros y con<span class="pagenum"
-id="Page_90">p. 90</span> más vigor peleaban que al principio; y si
-algunas veces les íbamos ganando alguna poca de tierra ó parte de
-calle, y hacian que se retraian, era para que les siguiésemos, por
-apartarnos de nuestra fuerza y aposento, para dar más á su salvo en
-nosotros, creyendo que no volveriamos con las vidas á los aposentos;
-porque al retraernos hacian mucho mal.</p>
-
-<p>Pues para pasar á quemalles las casas, ya he dicho en el capítulo
-que dello habla, que de casa á casa tenian una puente de madera
-levadiza, alzábanla, y no podiamos pasar sino por agua muy honda.</p>
-
-<p>Pues desde las azuteas, los cantos, y piedras, y varas no lo
-podiamos sufrir.</p>
-
-<p>Por manera que nos maltrataban y herian muchos de los nuestros, é
-no sé yo para qué lo escribo así tan tibiamente; porque unos tres ó
-cuatro soldados que se habian hallado en Italia, que allí estaban con
-nosotros, juraron muchas veces á Dios que guerras tan bravosas jamás
-habian visto en algunas que se habian hallado entre cristianos, y
-contra la artillería del Rey de Francia ni del Gran Turco, ni gente
-como aquellos indios con tanto ánimo cerrar los escuadrones vieron;
-y porque decian otras muchas cosas y causas que daban á ello, como
-adelante verán.</p>
-
-<p>Y quedarse ha aquí, y diré cómo con harto trabajo nos retrujimos á
-nuestros aposentos, y todavía muchos escuadrones de guerreros sobre
-nosotros con grandes gritos é silbos, y trompetillas y atambores,
-llamándonos de bellacos y para poco, que no sa<span class="pagenum"
-id="Page_91">p. 91</span>biamos atendelles todo el dia en batalla, sino
-volvernos retrayendo.</p>
-
-<p>Aquel dia mataron diez ó doce soldados, y todos volvimos bien
-heridos; y lo que pasó de la noche fué en concertar para que de ahí
-á dos dias saliésemos todos los soldados cuantos sanos habia en todo
-el real, y con cuatro ingenios á manera de torres, que se hicieron de
-madera bien recios, en que pudiesen ir debajo de cualquiera dellos
-veinte y cinco hombres; y llevaban sus ventanillas en ellos para ir
-los tiros, y tambien iban escopeteros y ballesteros, y junto con ellos
-habiamos de ir otros soldados escopeteros, y ballesteros, y los tiros,
-y todos los demás de á caballo hacer algunas arremetidas.</p>
-
-<p>Y hecho este concierto, como estuvimos aquel dia que entendiamos en
-la obra y fortalecer muchos portillos que nos tenian hechos, no salimos
-á pelear aquel dia; no sé cómo lo diga, los grandes escuadrones de
-guerreros que nos vinieron á los aposentos á dar guerra, no solamente
-por diez ó doce partes, sino por más de veinte; porque en todo
-estábamos repartidos, y otros en muchas partes; y entre tanto que los
-adobábamos y fortaleciamos, como dicho tengo, otros muchos escuadrones
-procuraron entrarnos los aposentos á escala vista, que por tiros ni
-ballestas ni escopetas, ni por muchas arremetidas y estocadas les
-podian retraer.</p>
-
-<p>Pues lo que decian, que en aquel dia no habia de quedar ninguno de
-nosotros, y que habian de sacrificar á sus dioses nuestros corazo<span
-class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>nes y sangre, y con las
-piernas y brazos, que bien tendrian para hacer hartazgas y fiestas; y
-que los cuerpos echarian á los tigres y leones y víboras y culebras
-que tienen encerrados, que se harten dellos; é que á aquel efecto há
-dos dias que mandaron que no les diesen de comer; y que el oro que
-teniamos, que habriamos mal gozo dél y de todas las mantas; y á los
-de Tlascala que con nosotros estaban les decian que les meterian en
-jaulas á engordar, y que poco á poco harian sus sacrificios con sus
-cuerpos.</p>
-
-<p>Y muy afectuosamente decian que les diésemos su gran señor
-Montezuma, y decian otras cosas; y de noche asimismo siempre silbos y
-voces, y rociadas de vara y piedra y flecha; y cuando amaneció, despues
-de nos encomendar á Dios, salimos de nuestros aposentos con nuestras
-torres, que me parece á mí que en otras partes donde me he hallado en
-guerras en cosas que han sido menester, las llaman buros y mantas;
-y con los tiros y escopetas y ballestas delante, y los de á caballo
-haciendo algunas arremetidas; é como he dicho, aunque les matábamos
-muchos dellos, no aprovechaba cosa para les hacer volver las espaldas,
-sino que si siempre muy bravamente habian peleado los doce dias
-pasados, muy más fuertes con mayores fuerzas y escuadrones estaban este
-dia; y todavía determinamos que, aunque á todos costase la vida, de ir
-con nuestras torres é ingenios hasta el gran cu del Huichilóbos.</p>
-
-<p>No digo por ex<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>tenso
-los grandes combates que en una casa fuerte nos dieron, ni diré cómo á
-los caballos los herian ni nos aprovechábamos dellos; porque, aunque
-arremetian á los escuadrones para rompellos, tirábanles tanta flecha y
-vara y piedra, que no se podian valer, por bien armados que estaban; y
-si los iban alcanzando, luego se dejaban caer los mejicanos á su salvo
-en las acequias y laguna, donde tenian hechos otros reparos para los
-de á caballo; y estaban otros muchos indios con lanzas muy largas para
-acabar de matarlos; así que no aprovechaba cosa ninguna dellos.</p>
-
-<p>Pues apartarnos á quemar ni á deshacer ninguna casa, era por demás;
-porque, como he dicho, están todas en el agua, y de casa á casa una
-puente levadiza; pasalla á nado era cosa muy peligrosa, porque desde
-las azuteas tiraban tanta piedra y cantos, que era cosa perdida
-ponernos en ello.</p>
-
-<p>Y demás desto, en algunas casas que les poniamos fuego tardaba una
-casa á se quemar todo un dia entero, y no se podia pegar fuego de una
-casa á otra, lo uno por estar apartadas la una de otra, el agua en
-medio, y lo otro por ser de azuteas; así que eran por demás nuestros
-trabajos en aventurar nuestras personas en aquello.</p>
-
-<p>Por manera que fuimos al gran cu de sus ídolos, y luego de repente
-suben en él más de cuatro mil mejicanos, sin otras capitanías que
-en ellos estaban, con grandes lanzas y piedra y vara, y se ponen en
-defensa, y nos resistieron<span class="pagenum" id="Page_94">p.
-94</span> la subida un buen rato, que no bastaban las torres ni los
-tiros ni ballestas ni escopetas, ni los de á caballo; porque, aunque
-querian arremeter los caballos, habia unas losas muy grandes, empedrado
-todo el patio, que se iban á los caballos los piés y manos; y eran tan
-lisas, que caian; é como desde las gradas del alto cu nos defendian el
-paso, é á un lado é otro teniamos tantos contrarios, aunque nuestros
-tiros llevaban diez ó quince dellos, é á estocadas y arremetidas
-matábamos otros muchos, cargaba tanta gente, que no les podiamos subir
-al alto cu, y con gran concierto tornamos á porfiar sin llevar las
-torres, porque ya estaban desbaratadas, y les subimos arriba.</p>
-
-<p>Aquí se mostró Cortés muy varon, como siempre lo fué.</p>
-
-<p>¡Oh qué pelear y fuerte batalla que aquí tuvimos! Era cosa de notar
-vernos á todos corriendo sangre y llenos de heridas, é más de cuarenta
-soldados muertos.</p>
-
-<p>É quiso nuestro Señor que llegamos adonde soliamos tener la imágen
-de Nuestra Señora, y no la hallamos; que pareció, segun supimos, que el
-gran Montezuma tenia ó devocion en ella ó miedo, y la mandó guardar;
-y pusimos fuego á sus ídolos, y se quemó un pedazo de la sala con los
-ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca.</p>
-
-<p>Entónces nos ayudaron muy bien los tlascaltecas.</p>
-
-<p>Pues ya hecho esto, estando que estábamos unos peleando y otros
-poniendo el fuego, como dicho tengo, ver los papas que estaban en
-este gran cu y sobre tres ó cuatro mil indios, todos princi<span
-class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span>pales, y que nos bajábamos,
-cuál nos hacian venir rodando seis gradas y aun diez abajo, y hay
-tanto que decir de otros escuadrones que estaban en los petriles y
-concavidades del gran cu, tirándonos tantas varas y flechas, que
-así á unos escuadrones como á los otros no podiamos hacer cara ni
-sustentarnos; acordamos, con mucho trabajo y riesgo de nuestras
-personas, de nos volver á nuestros aposentos, los castillos deshechos
-y todos heridos, y muertos cuarenta y seis, y los indios siempre
-apretándonos, y otros escuadrones por las espaldas, que quien nos vió,
-aunque aquí más claro lo diga, yo no lo sé significar; pues aun no digo
-lo que hicieron los escuadrones mejicanos, que estaban dando guerra en
-los aposentos en tanto que andábamos fuera, y la gran porfía y teson
-que ponian de les entrar á quemallos.</p>
-
-<p>En esta batalla prendimos dos papas principales, que Cortés nos
-mandó que los llevasen á buen recaudo.</p>
-
-<p>Muchas veces he visto pintada entre los mejicanos y tlascaltecas
-esta batalla y subida que hicimos en este gran cu; y tiénenlo por
-cosa muy heróica, que aunque nos pintan á todos nosotros muy heridos
-corriendo sangre, y muchos muertos en retratos que tienen dello hechos,
-en mucho lo tienen esto de poner fuego al cu y estar tanto guerrero
-guardándolo en los petriles y concavidades, y otros muchos indios abajo
-en el suelo y patios llenos, y en los lados otros muchos, y deshechas
-nuestras torres, cómo fué po<span class="pagenum" id="Page_96">p.
-96</span>sible subille.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar dello, y digamos cómo con gran trabajo tornamos á
-los aposentos; y si mucha gente nos fueron siguiendo y dando guerra,
-otros muchos estaban en los aposentos, que ya les tenian derrocadas
-unas paredes para entralles; y con nuestra llegada cesaron, mas no de
-manera que en todo lo que quedó del dia dejaban de tirar vara y piedra
-y flecha, y en la noche grita y piedra y vara.</p>
-
-<p>Dejemos de su gran teson y porfía que siempre á la continua tenian
-de estar sobre nosotros, como he dicho; é digamos que aquella noche se
-nos fué en curar heridos y enterrar los muertos, y en aderezar para
-salir otro dia á pelear, y en poner fuerzas y mamparos á las paredes
-que habian derrocado é á otros portillos que habian hecho, y tomar
-consejo cómo y de qué manera podriamos pelear sin que recibiésemos
-tantos daños ni muertos; y en todo lo que platicamos no hallábamos
-remedio ninguno.</p>
-
-<p>Pues tambien quiero decir las maldiciones que los de Narvaez echaban
-á Cortés, y las palabras que decian, que renegaban dél y de la tierra,
-y aun de Diego Velazquez, que acá les envió; que bien pacíficos
-estaban en sus casas en la isla de Cuba; y estaban embelesados y sin
-sentido.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra plática, que fué acordado de demandalles paces
-para salir de Méjico; y desque amaneció y vienen muchos más escuadrones
-de guerreros, y muy de hecho nos cercan por todas partes los aposentos;
-y si mucha piedra y<span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span>
-flecha tiraban de ántes, mucho más espesas y con mayores alaridos
-y silbos vinieron este dia; y otros escuadrones por otras partes
-procuraban de nos entrar, que no aprovechaban tiros ni escopetas,
-aunque les hacian harto mal.</p>
-
-<p>Y viendo todo esto, acordó Cortés que el gran Montezuma les hablase
-desde una azutea, y les dijesen que cesasen las guerras y que nos
-queriamos ir de su ciudad; y cuando al gran Montezuma se lo fueron á
-decir de parte de Cortés, dicen que dijo con gran dolor:</p>
-
-<p>—«¿Qué quiere de mí ya Malinche? Que yo no deseo vivir ni oille,
-pues en tal estado por su causa mi ventura me ha traido.»</p>
-
-<p>Y no quiso venir; y aun dicen que dijo que ya no le querian ver ni
-oir á él ni á sus falsas palabras ni promesas y mentiras; y fué el
-padre de la Merced y Cristóbal de Olí, y le hablaron con mucho acato y
-palabras muy amorosas.</p>
-
-<p>Y díjoles el Montezuma:</p>
-
-<p>—«Yo tengo creido que no aprovecharé cosa ninguna para que cese la
-guerra, porque ya tienen alzado otro señor, y han propuesto de no os
-dejar salir de aquí con la vida; y así creo que todos vosotros habeis
-de morir en esta ciudad.»</p>
-
-<p>Y volvamos á decir de los grandes combates que nos daban, que
-Montezuma se puso á un petril de una azutea con muchos de nuestros
-soldados que le guardaban, y les comenzó á hablar á los suyos con
-palabras muy amorosas, que dejasen la guerra, que nos iriamos de
-Méjico; y muchos principales mejicanos y capitanes bien le conocieron,
-y luego man<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span>daron que
-callasen sus gentes y no tirasen varas ni piedras ni flechas, y cuatro
-dellos se allegaron en parte que Montezuma les podia hablar, y ellos á
-él, y llorando le dijeron:</p>
-
-<p>—«¡Oh señor, é nuestro gran señor, y cómo nos pesa de todo vuestro
-mal y daño, y de vuestros hijos y parientes! Hacemos os saber que ya
-hemos levantado á un vuestro primo por señor.»</p>
-
-<p>Y allí le nombró cómo se llamaba, que se decia Coadlauaca, señor
-de Iztapalapa, que no fué Guatemuz, el cual desde á dos meses fué
-señor.</p>
-
-<p>Y más dijeron, que la guerra que la habian de acabar, y que tenian
-prometido á sus ídolos de no lo dejar hasta que todos nosotros
-muriésemos; y que rogaban cada dia á su Huichilóbos y á Tezcatepuca
-que le guardase libre y sano de nuestro poder, é como saliese como
-deseaban, que no lo dejarian de tener muy mejor que de ántes por señor,
-y que les perdonase.</p>
-
-<p>Y no hubieron bien acabado el razonamiento, cuando en aquella
-sazon tiran tanta piedra y vara, que los nuestros le arrodelaban; y
-como vieron que entre tanto que hablaba con ellos no daban guerra, se
-descuidaron un momento del rodelar, y le dieron tres pedradas é un
-flechazo, una en la cabeza y otra en un brazo y otra en una pierna; y
-puesto que le rogaban que se curase y comiese, y le decian sobre ello
-buenas palabras, no quiso; ántes cuando no nos catamos, vinieron á
-decir que era muerto, y Cortés lloró por él, y todos nuestros capitanes
-y<span class="pagenum" id="Page_99">p. 99</span> soldados: é hombres
-hubo entre nosotros, de los que le conociamos y tratábamos, que tan
-llorado fué como si fuera nuestro padre; y no nos hemos de maravillar
-dello viendo que tan bueno era; y decian que habia diez y siete años
-que reinaba, y que fué el mejor Rey que en Méjico habia habido, y que
-por su persona habia vencido tres desafios que tuvo sobre las tierras
-que sojuzgó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_127">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXVII.</h2>
- <p class="subh2h">DESQUE FUÉ MUERTO EL GRAN MONTEZUMA, ACORDÓ CORTÉS
- DE HACELLO SABER Á SUS CAPITANES Y PRINCIPALES QUE NOS DAN GUERRA, Y
- LO QUE MÁS SOBRE ELLO PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como vimos á Montezuma que se habia muerto, ya he dicho la
-tristeza que todos nosotros hubimos por ello, y aun al fraile de
-la Merced, que siempre estaba con él, y no le pudo atraer á que se
-volviese cristiano; y el fraile le dijo que creyese que de aquellas
-heridas moriria, á que él respondia que él debia de mandar que le
-pusiesen alguna cosa.</p>
-
-<p>En fin de más razones, mandó Cortés á un papa é á un principal
-de los que estaban presos, que solta<span class="pagenum"
-id="Page_100">p. 100</span>mos que fuesen á decir al cacique que
-alzaron por señor, que se decia Coadlauaca, y á sus capitanes, cómo
-el gran Montezuma era muerto, y que ellos lo vieron morir, y de la
-manera que murió, y heridas que le dieron los suyos, y dijesen cómo
-á todos nos pesaba dello, y que lo enterrasen como gran Rey que era,
-y que alzasen á su primo del Montezuma que con nosotros estaba, por
-Rey, pues le pertenecia de heredar, ó á otros sus hijos; é que al que
-habian alzado por señor que no le venia por derecho, é que tratasen
-paces para salirnos de Méjico; que si no lo hacian ahora que era
-muerto Montezuma, á quien teniamos respeto, y que por su causa no les
-destruiamos su ciudad, que saldriamos á dalles guerra y á quemalles
-todas las casas, y les hariamos mucho mal; y porque lo viesen cómo era
-muerto el Montezuma, mandó á seis mejicanos muy principales y los más
-papas que teniamos presos que lo sacasen á cuestas y lo entregasen á
-los capitanes mejicanos, y les dijesen lo que Montezuma mandó al tiempo
-que se queria morir, que aquellos que llevaron á cuestas se hallaron
-presentes á su muerte: y dijeron al Coadlauaca toda la verdad, cómo
-ellos propios le mataron de tres pedradas y un flechazo; y cuando así
-le vieron muerto, vimos que hicieron muy gran llanto, que bien oimos
-las gritas y aullidos que por él daban; y aun con todo esto no cesó la
-gran batería que siempre nos<span class="pagenum" id="Page_101">p.
-101</span> daban, que era sobre nosotros de vara y piedra y flecha, y
-luego la comenzaron muy mayor, y con gran braveza nos decian:</p>
-
-<p>—«Ahora pagareis muy de verdad la muerte de nuestro Rey y el
-deshonor de nuestros ídolos; y las paces que nos enviais á pedir, salid
-acá, y concertaremos cómo y de qué manera han de ser.»</p>
-
-<p>Y decian tantas palabras sobre ello, y de otras cosas que ya no
-se me acuerda, y las dejaré aquí de decir, y que ya tenian elegido
-buen Rey, y que no era de corazon tan flaco, que le podais engañar
-con palabras falsas, como fué al buen Montezuma; y del enterramiento,
-que no tuviesen cuidado, sino de nuestras vidas, que en dos dias no
-quedarian ningunos de nosotros, para que tales cosas enviemos á decir;
-y con estas pláticas muy grandes gritas y silbos, y rociadas de piedra,
-vara y flecha, y otros muchos escuadrones todavía procurando de poner
-fuego á muchas partes de nuestros aposentos; y como aquello vió Cortés
-y todos nosotros, acordamos que para otro dia saliésemos del real, y
-diésemos guerra por otra parte, adonde habia muchas casas en tierra
-firme, y que hiciésemos todo el mal que pudiésemos, y fuésemos hácia
-la calzada, y que todos los de á caballo rompiesen con los escuadrones
-y los alanceasen ó echasen en la laguna, y aunque les matasen los
-caballos; y esto se ordenó para ver si por ventura con el daño y muerte
-que les hiciésemos cesaria la guerra y se trataria alguna manera<span
-class="pagenum" id="Page_102">p. 102</span> de paz para salir libres
-sin más muertes y daños.</p>
-
-<p>Y puesto que otro dia lo hicimos todos muy varonilmente, y matamos
-muchos contrarios y se quemaron obra de veinte casas, y fuimos hasta
-cerca de tierra firme, todo fué nonada para el gran daño y muertes de
-más de veinte soldados, y heridas que nos dieron; y no pudimos ganalles
-ninguna puente, porque todas estaban medio quebradas, y cargaron muchos
-mejicanos sobre nosotros, y tenian puestas albarradas y mamparos en
-parte adonde conocian que podian alcanzar los caballos.</p>
-
-<p>Por manera que, si muchos trabajos teniamos hasta allí, muchos
-mayores tuvimos adelante.</p>
-
-<p>Y dejallo hé aquí, y volvamos á decir cómo acordamos de salir de
-Méjico.</p>
-
-<p>En esta entrada y salida que hicimos con los de á caballo, que era
-un juéves, acuérdome que iba allí Sandoval y Lares el buen jinete,
-y Gonzalo Dominguez, Juan Velazquez de Leon y Francisco de Morla, y
-otros buenos hombres de á caballo de los nuestros y de los de Narvaez;
-asimismo iban otros buenos jinetes; mas estaban espantados y temerosos
-los de Narvaez, como no se habian hallado en guerras de indios, como
-nosotros los de Cortés.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_128">
- <p><span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXVIII.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO ACORDAMOS DE NOS IR HUYENDO DE MÉJICO, Y LO
- QUE SOBRE ELLO SE HIZO.</p>
-</div>
-
-<p>Como vimos que cada dia iban menguando nuestras fuerzas, y las de
-los mejicanos crecian, y veiamos muchos de los nuestros muertos, y
-todos los más heridos, é que aunque peleábamos muy como varones, no los
-podiamos hacer retirar ni que se apartasen los muchos escuadrones que
-de dia y de noche nos daban guerra, y la pólvora apocada, y la comida y
-agua por el consiguiente, y el gran Montezuma muerto, las paces que les
-enviamos á demandar no las quisieron aceptar; en fin, veiamos nuestras
-muertes á los ojos, y las puentes que estaban alzadas; y fué acordado
-por Cortés y por todos nuestros capitanes y soldados que de noche nos
-fuésemos, cuando viésemos que los escuadrones guerreros estuviesen
-más descuidados; y para más les descuidar, aquella tarde les enviamos
-á decir con un papa de los que estaban presos, que era muy principal
-entre ellos, y con otros prisioneros, que nos dejen ir en paz de ahí á
-ocho dias, y que les dariamos todo el oro; y esto por descuidarlos y
-salirnos aquella noche.</p>
-
-<p>Y demás desto, estaba con nos<span class="pagenum" id="Page_104">p.
-104</span>otros un soldado que se decia Botello, al parecer muy
-hombre de bien y latino, y habia estado en Roma, y decian que era
-nigromántico, otros decian que tenia familiar, algunos le llamaban
-astrólogo; y este Botello habia dicho cuatro dias habia que hallaba por
-sus suertes y astrologías que si aquella noche que venia no saliamos de
-Méjico, y si más aguardábamos, que ningun soldado podria salir con la
-vida; y aun habia dicho otras veces que Cortés habia de tener muchos
-trabajos y habia de ser desposeido de su ser y honra, y que despues
-habia de volver á ser gran señor y de mucha renta; y decia otras muchas
-cosas deste arte.</p>
-
-<p>Dejemos al Botello, que despues tornaré hablar en él, y diré cómo se
-dió luego órden que se hiciese de maderos y ballestas muy recias una
-puente que llevásemos para poner en las puentes que tenian quebradas;
-y para ponella y llevalla, y guardar el paso hasta que pasase todo
-el fardaje y los de á caballo y todo nuestro ejército, señalaron y
-mandaron á cuatrocientos indios tlascaltecas y ciento y cincuenta
-soldados; y para llevar el artillería señalaron ducientos y cincuenta
-indios tlascaltecas y cincuenta soldados; y para que fuesen en la
-delantera peleando señalaron á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de
-Acebedo el pulido, y á Francisco de Lugo y á Diego de Ordás é Andrés
-de Tapia; y todos estos capitanes, y otros ocho ó nueve de los de
-Narvaez, que aquí no nombro, y con ellos, para<span class="pagenum"
-id="Page_105">p. 105</span> que les ayudasen, cien soldados mancebos
-sueltos; y para que fuesen entre medias del fardaje y naborías y
-prisioneros, y acudiesen á la parte que más conviniese de pelear,
-señalaron al mismo Cortés y á Alonso de Ávila, y á Cristóbal de Olí y á
-Bernardino Vazquez de Tapia, y á otros capitanes de los nuestros, que
-no me acuerdo ya sus nombres, con otros cincuenta soldados; y para la
-retaguardia señalaron á Juan Velazquez de Leon y á Pedro de Albarado,
-con otros muchos de á caballo y más de cien soldados, y todos los más
-de los de Narvaez; y para que llevasen á cargo los prisioneros y á
-doña Marina y á doña Luisa señalaron trecientos tlascaltecas y treinta
-soldados.</p>
-
-<p>Pues hecho este concierto, ya era noche, y para sacar el oro y
-llevallo y repartillo, mandó Cortés á su camarero, que se decia
-Cristóbal de Guzman, y á otros sus criados, que todo el oro y plata
-y joyas lo sacasen de su aposento á la sala con muchos indios de
-Tlascala, y mandó á los oficiales del Rey, que era en aquel tiempo
-Alonso de Ávila y Gonzalo Mejía, que pusiesen en cobro todo el oro de
-su majestad, y para que lo llevasen les dió siete caballos heridos y
-cojos y una yegua, y muchos indios tlascaltecas, que, segun dijeron,
-fueron más de ochenta, y cargaron dello lo que más pudieron llevar,
-que estaba hecho todo lo más dello en barras muy anchas y grandes,
-como dicho tengo en el capítulo que dello habla, y quedaba mucho más
-oro en la<span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span> sala hecho
-montones.</p>
-
-<p>Entónces Cortés llamó su secretario, que se decia Pedro Hernandez, y
-á otros escribanos del Rey, y dijo:</p>
-
-<p>—«Dadme por testimonio que no puedo más hacer sobre guardar este
-oro. Aquí tenemos en esta casa y sala sobre setecientos mil pesos por
-todo, y veis que no lo podemos pasar ni poner cobro más de lo puesto;
-los soldados que quisieren sacar dello, desde aquí se lo doy, como se
-ha de quedar aquí perdido entre estos perros.»</p>
-
-<p>Y desque aquello oyeron, muchos soldados de los de Narvaez y aun
-algunos de los nuestros cargaron dello.</p>
-
-<p>Yo digo que nunca tuve codicia del oro, sino procurar salvar la
-vida: porque la teniamos en gran peligro; mas no dejé de apañar de una
-petaquilla, que allí estaba, cuatro chalchihuies, que son piedras muy
-preciadas entre los indios, que presto me eché entre los pechos entre
-las armas; y aun entónces Cortés mandó tomar la petaquilla con los
-chalchihuies que quedaban, para que la guardase su mayordomo; y aun los
-cuatro chalchihuies que yo tomé, si no me los hubiera echado entre los
-pechos, me los demandara Cortés; los cuales me fueron muy buenos para
-curar mis heridas y comer del valor dellos.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestro cuento; que desque supimos el concierto que
-Cortés habia hecho de la manera que habiamos de salir y llevar la
-madera para las puentes, y como hacia algo escuro, que habia neblina é
-lloviznaba, y era ántes de media noche, comenzaron á traer la madera
-é<span class="pagenum" id="Page_107">p. 107</span> puente, y ponella
-en el lugar que habia de estar, y á caminar el fardaje y artillería y
-muchos de á caballo, y los indios tlascaltecas con el oro; y despues
-que se puso en la puente, y pasaron todos así como venian, y pasó
-Sandoval é muchos de á caballo, tambien pasó Cortés con sus compañeros
-de á caballo tras de los primeros, y otros muchos soldados.</p>
-
-<p>Y estando en esto, suenan los cornetas y gritas y silbos de los
-mejicanos, y decian en su lengua:</p>
-
-<p>—«Taltelulco, Taltelulco, salí presto con vuestras canoas, que se
-van los teules; atajadlos en las puentes.»</p>
-
-<p>Y cuando no me cato, vimos tantos escuadrones de guerreros sobre
-nosotros, y toda la laguna cuajada de canoas, que no nos podiamos
-valer, y muchos de nuestros soldados ya habian pasado.</p>
-
-<p>Y estando desta manera, carga tanta multitud de mejicanos á quitar
-la puente y á herir y matar á los nuestros, que no se daban á manos
-unos á otros; y como la desdicha es mala, y en tales tiempos ocurre un
-mal sobre otro, como llovia, resbalaron dos caballos y se espantaron,
-y caen en la laguna, y la puente caida y quitada; carga tanto guerrero
-mejicano para acaballa de quitar, que por bien que peleábamos, y
-matábamos muchos dellos, no se pudo más aprovechar della.</p>
-
-<p>Por manera que aquel paso y abertura de agua presto se hinchó de
-caballos muertos y de los caballeros cuyos eran, que no podian nadar, y
-mataban muchos dellos y de los indios tlascaltecas é indias naborías,
-y fardaje y<span class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span> petacas
-y artillería; y de los muchos que se ahogaban, ellos y los caballos,
-y de otros muchos soldados que allí en el agua mataban y metian en
-las canoas, que era muy gran lástima de lo ver y oir, pues la grita
-y lloros y lástimas que decian demandando socorro: «Ayudadme, que me
-ahogo;» otros, «Socorredme, que me matan;» otros demandando ayuda á
-Nuestra Señora Santa María y á señor Santiago; otros demandaban ayuda
-para subir á la puente, y estos eran ya que escapaban nadando, y asidos
-á muertos y á petacas para subir arriba, á donde estaba la puente;
-y algunos que habian subido, y pensaban que estaban libres de aquel
-peligro, habia en las calzadas grandes escuadrones guerreros que los
-apañaban é amorrinaban con unas macanas, y otros que les flechaban y
-alanceaban.</p>
-
-<p>Pues quizá habia algun concierto en la salida, como lo habiamos
-concertado, maldito aquel; porque Cortés y los capitanes y soldados
-que pasaron primero á caballo, por salvar sus vidas y llegar á tierra
-firme, aguijaron por las puentes y calzadas adelante, y no aguardaron
-unos á otros; y no lo erraron, porque los de á caballo no podian
-pelear en las calzadas; porque yendo por la calzada, ya que arremetian
-á los escuadrones mejicanos, echábanseles al agua, y de la una parte
-la laguna y de la otra azuteas, y por tierra les tiraban tanta
-flecha y vara y piedra, y con lanzas muy largas que habian hecho de
-las espadas que nos tomaron, como partesanas,<span class="pagenum"
-id="Page_109">p. 109</span> mataban los caballos con ellas; y si
-arremetia alguno de á caballo y mataba algun indio, luego le mataban el
-caballo; y así, no se atrevian á correr por la calzada.</p>
-
-<p>Pues vista cosa es que no podian pelear en el agua y puestos; sin
-escopetas ni ballestas y de noche, ¿qué podiamos hacer sino lo que
-haciamos? Que era que arremetiésemos treinta y cuarenta soldados que
-nos juntábamos, y dar algunas cuchilladas á los que nos venian á echar
-mano, y andar y pasar adelante, hasta salir de las calzadas; porque si
-aguardáramos los unos á los otros, no saliéramos ninguno con la vida,
-y si fuera de dia, peor fuera; y aun los que escapamos fué que nuestro
-Señor Dios fué servido darnos esfuerzo para ello; y para quien no lo
-vió aquella noche la multitud de guerreros que sobre nosotros estaban,
-y las canoas que de los nuestros arrebataban y llevaban á sacrificar,
-era cosa de espanto.</p>
-
-<p>Pues yendo que íbamos cincuenta soldados de los de Cortés y algunos
-de Narvaez por nuestra calzada adelante, de cuando en cuando salian
-escuadrones mejicanos á nos echar manos.</p>
-
-<p>Acuérdome que nos decian:</p>
-
-<p>—«¡Oh, oh, oh luilones!» que quiere decir: «Oh putos, ¿aun aquí
-quedais vivos, que no os han muerto los tiacanes?»</p>
-
-<p>Y como les acudimos con cuchilladas y estocadas, pasamos adelante; é
-yendo por la calzada cerca de tierra firme, cabe el pueblo de Tacuba,
-donde ya habian llegado Gonzalo de Sandoval y Cristóbal de Olí y
-Francisco de Sal<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>cedo,
-el pulido, y Gonzalo Dominguez, y Lares, y otros muchos de á caballo, y
-soldados de los que pasaron adelante ántes que desamparasen la puente,
-segun y de la manera que dicho tengo; é ya que llegábamos cerca oiamos
-voces que daba Cristóbal de Olí y Gonzalo de Sandoval y Francisco de
-Morla, y decian á Cortés, que iba adelante de todos:</p>
-
-<p>—«Aguardad, señor capitan; que dicen estos soldados que vamos
-huyendo, y los dejamos morir en las puentes y calzadas á todos los que
-quedan atrás; tornémoslos á amparar y recoger; porque vienen algunos
-soldados muy heridos y dicen que los demás quedan todos muertos, y no
-salen ni vienen ningunos.»</p>
-
-<p>Y la respuesta que dió Cortés, que los que habiamos salido de las
-calzadas era milagro; que si á las puentes volviesen, pocos escaparian
-con las vidas, ellos y los caballos: y todavía volvió el mismo Cortés y
-Cristóbal de Olí, y Alonso de Ávila y Gonzalo de Sandoval, y Francisco
-de Morla y Gonzalo Dominguez, con otros seis ó siete de á caballo, y
-algunos soldados que no estaban heridos; mas no fuera mucho trecho,
-porque luego encontraron con Pedro de Albarado bien herido, con una
-lanza en la mano, á pié, que la yegua alazana ya se la habian muerto,
-y traia consigo siete soldados, los tres de los nuestros y los cuatro
-de Narvaez, tambien muy heridos, y ocho tlascaltecas, todos corriendo
-sangre de muchas heridas; entre tanto volvió Cortés por la calzada con
-los capitanes y soldados que<span class="pagenum" id="Page_111">p.
-111</span> dicho tengo, reparamos en los patios junto á Tacuba, y
-ya habian venido de Méjico, como está cerca, dando voces, y á dar
-mandado á Tacuba y á Escapuzalco y á Teneyuca para que nos saliesen al
-encuentro.</p>
-
-<p>Por manera que nos comenzaron á tirar vara y piedra y flecha, y con
-sus lanzas grandes, engastonadas en ellas de nuestras espadas que nos
-tomaron en este desbarate; y haciamos algunas arremetidas, en que nos
-defendiamos dellos y les ofendiamos.</p>
-
-<p>Volvamos á Pedro de Albarado, que, como Cortés y los demás capitanes
-y soldados le encontraron de aquella manera que he dicho, y como
-supieron que no venian más soldados, se les saltaron las lágrimas de
-los ojos; porque el Pedro de Albarado y Juan Velazquez de Leon, con
-otros más de á caballo y más de cien soldados, habian quedado en la
-retaguarda; y preguntando Cortés por los demás, dijo que todos quedaban
-muertos, y con ellos el capitan Juan Velazquez de Leon y todos los más
-de á caballo que traia, así de los nuestros como de los de Narvaez,
-y más de ciento y cincuenta soldados que traia; y dijo el Pedro que
-despues que les mataron los caballos y la yegua, que se juntaron para
-se amparar obra de ochenta soldados, y que sobre los muertos y petacas
-y caballos que se ahogaron, pasaron la primera puente; en esto no se me
-acuerda bien si dijo que pasó sobre los muertos, y entónces no miramos
-lo que sobre ello dijo á Cortés, sino que allí en<span class="pagenum"
-id="Page_112">p. 112</span> aquella puente le mataron á Juan Velazquez
-y más de ducientos compañeros que traia, que no les pudieron valer.</p>
-
-<p>Y asimismo á esta otra puente, que les hizo Dios mucha merced en
-escapar con las vidas; y decia que todas las puentes y calzadas estaban
-llenas de guerreros.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y diré que en la triste puente que dicen ahora que
-fué el salto del Albarado, yo digo que en aquel tiempo ningun soldado
-se paró á vello, si saltaba poco ó mucho, que harto teniamos en mirar
-y salvar nuestras vidas, porque eran muchos los mejicanos que contra
-nosotros habia; porque en aquella coyuntura no lo podiamos ver ni
-tener sentido en salto, si saltaba ó pasaba poco ó mucho; y así seria
-cuando el Pedro de Albarado llegó á la puente, como él dijo á Cortés,
-que habia pasado asido á petacas y caballos y cuerpos muertos, porque
-ya que quisiera saltar y sustentarse en la lanza en el agua, era muy
-honda, y no pudiera allegar al suelo con ella para poderse sustentar
-sobre ella; y demás desto, la abertura muy ancha y alta, que no la
-podria saltar por muy más suelto que era.</p>
-
-<p>Tambien digo que no la podia saltar ni sobre la lanza ni de otra
-manera; porque despues desde cerca de un año que volvimos á poner
-cerco á Méjico y la ganamos, me hallé muchas veces en aquella puente
-peleando con escuadrones mejicanos, y tenian allí hechos reamparos
-y albarradas, que se llama ahora la puente del salto de Albarado; y
-platicábamos<span class="pagenum" id="Page_113">p. 113</span> muchos
-soldados sobre ello, y no hallábamos razon ni soltura de un hombre que
-tal saltase.</p>
-
-<p>Dejemos este salto, y digamos que, como vieron nuestros capitanes
-que no acudian más soldados, y el Pedro de Albarado dijo que todo
-quedaba lleno de guerreros, y que ya que algunos quedasen rezagados,
-que en los puentes los matarian, volvamos á decir desto del salto de
-Albarado: digo que para qué porfian algunas personas que no lo saben ni
-lo vieron, que fué cierto que la saltó el Pedro de Albarado la noche
-que salimos huyendo, aquella puente y abertura del agua; otra vez digo
-que no la pudo saltar en ninguna manera; y para que claro se vea, hoy
-dia está la puente; y la manera del altor del agua que solia venir y
-que tan alta estaba la puente, y el agua muy honda, que no podia llegar
-al suelo con la lanza.</p>
-
-<p>Y porque los lectores sepan que en Méjico hubo un soldado que se
-decia Fulano de Ocampo, que fué de los que vinieron con Garay, hombre
-muy plático, y se preciaba de hacer libelos infamatorios y otras cosas
-á manera de masepasquines; y puso en ciertos libelos á muchos de
-nuestros capitanes cosas feas que no son de decir no siendo verdad; y
-entre ellos, demás de otras cosas que dijo de Pedro de Albarado, que
-habia dejado morir á su compañero Juan Velazquez de Leon con más de
-ducientos soldados y los de á caballo que les dejamos en la retaguarda,
-y se escapó él, y por escaparse dió aquel gran salto, como suele
-decir<span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> el refran:
-«Saltó, y escapó la vida.»</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra materia: é porque los que estábamos ya en salvo
-en lo de Tacuba no nos acabásemos del todo de perder, é porque habian
-venido muchos mejicanos y los de Tacuba y Escapuzalco y Teneyuca y de
-otros pueblos comarcanos sobre nosotros, que todos enviaron mensajeros
-desde Méjico para que nos saliesen al encuentro en las puentes y
-calzadas, y desde los maizales nos hacian mucho daño, y mataron tres
-soldados que ya estaban heridos, acordamos lo más presto que pudiésemos
-salir de aquel pueblo y sus maizales, y con seis ó siete tlascaltecas
-que sabian ó atinaban el camino de Tlascala, sin ir por camino derecho
-nos guiaban con mucho concierto hasta que saliésemos á unas caserías
-que en un cerro estaban, y allí junto á un cu é adoratorio y como
-fortaleza, adonde reparamos; que quiero tornar á decir que, seguidos
-que íbamos de los mejicanos, y de las flechas y varas y piedras con sus
-hondas nos tiraban; y cómo nos cercaban, dando siempre en nosotros,
-es cosa de espantar; y como lo he dicho muchas veces, estoy harto de
-decirlo, los lectores no lo tengan por cosa de prolijidad, por causa
-que cada vez ó cada rato que nos apretaban y herian y daban recia
-guerra, por fuerza tengo de tornar á decir de los escuadrones que nos
-seguian, y mataban muchos de nosotros.</p>
-
-<p>Dejémoslo ya de traer tanto á la memoria, y digamos cómo nos
-defendiamos en aquel cu y fortaleza, nos albergamos, y se<span
-class="pagenum" id="Page_115">p. 115</span> curaron los heridos, y con
-muchas lumbres que hicimos.</p>
-
-<p>Pues de comer no lo habia, y en aquel cu y adoratorio, despues de
-ganada la gran ciudad de Méjico, hicimos una iglesia, que se dice
-Nuestra Señora de los Remedios, muy devota, é van ahora allí en romería
-y á tener novenas muchos vecinos y señoras de Méjico.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y volvamos á decir qué lástima era de ver curar y
-apretar con algunos paños de mantas nuestras heridas; y como se habian
-resfriado y estaban hinchadas, dolian.</p>
-
-<p>Pues más de llorar fué los caballos y esforzados soldados que
-faltaban; ¿qué es de Juan Velazquez de Leon, Francisco de Salcedo
-y Francisco de Morla, y un Lares el buen jinete, y otros muchos de
-los nuestros de Cortés? ¿Para qué cuento yo estos pocos? Porque para
-escribir los nombres de los muchos que de los nuestros faltaron, es no
-acabar tan presto.</p>
-
-<p>Pues de los de Narvaez, todos los más en las puentes quedaron
-cargados de oro.</p>
-
-<p>Digamos ahora, ¿qué es de muchos tlascaltecas que iban cargados de
-barras de oro, y otros que nos ayudaban? Pues al astrólogo Botello no
-le aprovechó su astrología, que tambien allí murió.</p>
-
-<p>Volvamos á decir cómo quedaron muertos, así los hijos de
-Montezuma como los prisioneros que traiamos, y el Cacamatzin y otros
-reyezuelos.</p>
-
-<p>Dejemos ya de contar tantos trabajos, y digamos cómo estábamos
-pensando en lo que por delante teniamos, y era que todos estábamos
-heridos, y no escaparon sino veinte y tres caballos.</p>
-
-<p>Pues<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> los tiros y
-artillería y pólvora no sacamos ninguna; las ballestas fueron pocas, y
-esas se remediaron luego, é hicimos saetas.</p>
-
-<p>Pues lo peor de todo era que no sabiamos la voluntad que habiamos de
-hallar en nuestros amigos los de Tlascala.</p>
-
-<p>Y demás desto, aquella noche, siempre cercados de mejicanos, y grita
-y vara y flecha, con hondas sobre nosotros, acordamos de nos salir
-de allí á media noche, y con los tlascaltecas, nuestros guias, por
-delante con muy gran concierto; llevábamos los muy heridos en el camino
-en medio, y los cojos con bordones, y algunos que no podian andar y
-estaban muy malos á ancas de caballos de los que iban cojos, que no
-eran para batallar, y los de á caballo sanos delante, y á un lado y
-á otro repartidos; y por este arte todos nosotros los que más sanos
-estábamos haciendo rostro y cara á los mejicanos, y los tlascaltecas
-que estaban heridos iban dentro en el cuerpo de nuestro escuadron, y
-los demás que estaban sanos hacian cara juntamente con nosotros; porque
-los mejicanos nos iban siempre picando con grandes voces y gritos y
-silbos, diciendo:</p>
-
-<p>—«Allá ireis donde no quede ninguno de vosotros á vida.»</p>
-
-<p>Y no entendiamos á qué fin lo decian, segun adelante verán.</p>
-
-<p>Olvidado me he de escribir el contento que recebimos de ver viva
-á nuestra doña Marina y á doña Luisa, hija de Xicotenga, que las
-escaparon en las puentes unos tlascaltecas hermanos de la doña Luisa,
-que salieron de los primeros,<span class="pagenum" id="Page_117">p.
-117</span> y quedaron muertas todas las más naborías que nos habian
-dado en Tlascala y en Méjico: allí quedaron en las puentes con los
-demás.</p>
-
-<p>Y volvamos á decir cómo llegamos aquel dia á un pueblo grande que
-se dice Gualquitan, el cual pueblo fué de Alonso de Ávila; y aunque
-nos daban grita y voces y tiraban piedra y vara y flecha, todo lo
-soportábamos.</p>
-
-<p>Y desde allí fuimos por unas caserías y pueblezuelos, y siempre los
-mejicanos siguiéndonos, y como se juntaban muchos, procuraban de nos
-matar, y nos comenzaban á cercar, y tiraban tanta piedra con hondas,
-y vara y flecha, que mataron á dos de nuestros soldados en un paso
-malo, que iban mancos, y tambien un caballo, é hirieron á muchos de los
-nuestros; y tambien nosotros á estocadas les matamos algunos dellos, y
-los de á caballo á lanzadas les mataban, aunque pocos; y así, dormimos
-en aquellas casas, y allí comimos el caballo que mataron.</p>
-
-<p>Y otro dia muy de mañana comenzamos á caminar con el concierto
-que de ántes, y aun mejor, y siempre la mitad de los de á caballo
-adelante; y poco más de una legua, en un llano, ya que creimos ir en
-salvo, vuelven tres de los nuestros de á caballo, y dicen que están
-los campos llenos de guerreros mejicanos aguardándonos; y cuando lo
-oimos, bien que tuvimos temor, é grande, mas no para desmayar del
-todo, ni dejar de encontrarnos con ellos y pelear hasta morir; y allí
-reparamos un poco, y se dió órden cómo habian<span class="pagenum"
-id="Page_118">p. 118</span> de entrar y salir los de á caballo á media
-rienda, y que no se parasen á lancear, sino las lanzas por los rostros
-hasta romper sus escuadrones, y que todos los soldados, las estocadas
-que diésemos, que les pasásemos las entrañas, y que todos hiciésemos de
-manera que vengásemos muy bien nuestras muertes y heridas, por manera
-que si Dios fuese servido, que escapásemos con las vidas; y despues de
-nos encomendar á Dios y á Santa María muy de corazon, é invocando el
-nombre del señor Santiago, desque vimos que nos comenzaban á cercar,
-de cinco en cinco de á caballo rompieron por ellos, y todos nosotros
-juntamente.</p>
-
-<p>¡Oh qué cosa de ver era esta tan temerosa y rompida batalla, cómo
-andábamos en pié con pié, y con qué furia los perros peleaban, y qué
-herir y matar hacian en nosotros con sus lanzas y macanas y espadas de
-dos manos! Y los de á caballo, como era el campo llano, cómo alanceaban
-á su placer, entrando y saliendo á media rienda; y aunque estaban
-heridos ellos y sus caballos, no dejaban de batallar muy como varones
-esforzados.</p>
-
-<p>Pues todos nosotros los que teniamos caballos, parece ser que á
-todos se nos ponia esfuerzo doblado, que aunque estábamos heridos, y de
-refresco teniamos más heridas, no curábamos de los apretar, por no nos
-parar á ello, que no habia lugar, sino con grandes ánimos apechugábamos
-á les dar de estocadas.</p>
-
-<p>Pues quiero decir cómo Cortés y Cristóbal de Olí, y Pedro<span
-class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> de Albarado, que tomó
-otro caballo de los de Narvaez, porque su yegua se la habian muerto,
-como dicho tengo, y Gonzalo de Sandoval, cuales andaban de una parte
-á otra rompiendo escuadrones, aunque bien heridos; y las palabras que
-Cortés decia á los que andábamos envueltos con ellos, que la estocada y
-cuchillada que diésemos fuese en señores señalados; porque todos traian
-grandes penachos con oro y ricas armas y divisas.</p>
-
-<p>Pues oir cómo nos esforzaba el valiente y animoso Sandoval, y
-decia:</p>
-
-<p>—«Ea, señores, que hoy es el dia que hemos de vencer; tened
-esperanza en Dios que saldremos de aquí vivos; para algun buen fin nos
-guarda Dios.»</p>
-
-<p>Y tornaré á decir los muchos de nuestros soldados que nos mataban y
-herian.</p>
-
-<p>Y dejemos esto, y volvamos á Cortés y Cristóbal de Olí y Sandoval,
-y Pedro de Albarado y Gonzalo Dominguez, y otros muchos que aquí no
-nombro; y todos los soldados poniamos grande ánimo para pelear, y
-esto, Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora la Vírgen Santa María
-nos lo ponia, y señor Santiago que ciertamente nos ayudaba; y así lo
-certificó un capitan de Guatemuz, de los que se hallaron en la batalla;
-y quiso Dios que allegó Cortés con los capitanes por mí nombrados en
-parte donde andaba el capitan general de los mejicanos con su bandera
-tendida, con ricas armas de oro y grandes penachos de argentería,
-y como lo vió Cortés al que llevaba la bandera, con otros<span
-class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span> muchos mejicanos, que todos
-traian grandes penachos de oro, dijo á Pedro de Albarado y á Gonzalo de
-Sandoval y á Cristóbal de Olí y á los demás capitanes:</p>
-
-<p>—«Ea, señores, rompamos con ellos.»</p>
-
-<p>Y encomendándose á Dios, arremetió Cortés y Cristóbal de Olí,
-y Sandoval y Alonso de Ávila y otros caballeros, y Cortés dió un
-encuentro con el caballo al capitan mejicano, que le hizo abatir
-su bandera, y los demás nuestros capitanes acabaron de romper el
-escuadron, que eran muchos indios; y quien siguió al capitan que traia
-la bandera, que aún no habia caido del encuentro que Cortés le dió, fué
-un Juan de Salamanca, natural de Ontiveros, con una buena yegua overa,
-que le acabó de matar y le quitó el rico penacho que traia, y se le dió
-á Cortés, diciendo que, pues él le encontró primero y le hizo abatir la
-bandera y hizo perder el brio, le daba el plumaje; mas dende á ciertos
-años su majestad se le dió por armas al Salamanca, y así las tienen en
-sus reposteros sus descendientes.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra batalla, que Nuestro Señor Dios fué servido que,
-muerto aquel capitan que traia la bandera mejicana y otros muchos que
-allí murieron, aflojó su batallar de arte, que se iban retrayendo, y
-todos los de á caballo siguiéndoles y alcanzándoles.</p>
-
-<p>Pues á nosotros no nos dolian las heridas ni teniamos hambre ni
-sed, sino que parecia que no habiamos habido ni pasado ningun mal
-trabajo.</p>
-
-<p>Seguimos la vitoria matando é hiriendo.</p>
-
-<p>Pues<span class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> nuestros
-amigos los de Tlascala estaban hechos unos leones, y con sus espadas
-y montantes y otras armas que allí apañaron, hacíanlo muy bien y
-esforzadamente.</p>
-
-<p>Ya vueltos los de á caballo de seguir la victoria, todos dimos
-muchas gracias á Dios, que escapamos de tan gran multitud de gente;
-porque no se habia visto ni hallado en todas las Indias, en batalla que
-se haya dado, tan gran número de guerreros juntos; porque allí estaba
-la flor de Méjico y de Tezcuco y Salcocan, ya con pensamiento que de
-aquella vez no quedara roso ni velloso de nosotros.</p>
-
-<p>Pues qué armas tan ricas que traian, con tanto oro y penachos y
-divisas, y todos los más capitanes y personas principales, y allí junto
-donde fué esta reñida y nombrada y temerosa batalla para en estas
-partes (así se puede decir, pues Dios nos escapó con las vidas), habia
-cerca un pueblo que se dice Obtumba; la cual batalla tienen muy bien
-pintada, y en retratos entallada los mejicanos y tlascaltecas, entre
-otras muchas batallas que con los mejicanos hubimos hasta que ganamos á
-Méjico.</p>
-
-<p>Y tengan atencion los curiosos lectores que esto leyeren, que
-quiero traer aquí á la memoria que cuando entramos al socorro de Pedro
-de Albarado en Méjico fuimos por todos sobre más de mil y trecientos
-soldados, con los de á caballo, que fueron noventa y siete, y ochenta
-ballesteros y otros tantos escopeteros, y más de dos mil tlascaltecas,
-y metimos mucha artillería; y fué nuestra entrada en<span
-class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> Méjico dia del señor San
-Juan de Junio de 1520 años, y fué nuestra salida huyendo á 10 del mes
-de Julio del año siguiente, y fué esta nombrada batalla de Obtumba á 14
-del mes de Julio.</p>
-
-<p>Digamos ahora, ya que escapamos de todos los trances por mí atrás
-dichos, quiero dar otra cuenta qué tantos mataron, así en Méjico,
-en puentes y calzadas, como en todos los reencuentros, y en esta de
-Obtumba, y los que mataron por los caminos.</p>
-
-<p>Digo que en obra de cinco dias fueron muertos y sacrificados sobre
-ochocientos y setenta soldados, con setenta y dos que mataron en un
-pueblo que se dice Tustepeque, y á cinco mujeres de Castilla; y estos
-que mataron en Tustepeque eran de los de Narvaez, y mataron sobre mil y
-ducientos tlascaltecas.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir cómo en aquella sazon mataron á un Juan de
-Alcántara el viejo, con otros tres vecinos de la Villa-Rica, que venian
-por las partes del oro que les cabia; de lo cual tengo hecha relacion
-en el capítulo que dello trata.</p>
-
-<p>Por manera que tambien perdieron las vidas y aun el oro, y si
-miramos en ello, todos comunmente hubimos mal gozo de las partes del
-oro que nos dieron; y si de los de Narvaez murieron muchos más que los
-de Cortés en las puentes, fué por salir cargados de oro, que con el
-peso dello no podian salir ni nadar.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en esta materia, y digamos cómo íbamos muy alegres
-y comiendo unas calabazas que llaman ayotes, y comiendo y caminando
-hácia<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> Tlascala; que
-por salir de aquellas poblaciones, por temor no se tornasen á juntar
-escuadrones mejicanos, que aun todavía nos daban grita en partes que no
-podiamos ser señores dellos, y nos tiraban mucha piedra con hondas, y
-vara y flecha, hasta que fuimos á otras caserías y pueblo chico; porque
-estaba todo poblado de mejicanos, y allí estaba un buen cu y casa
-fuerte, donde reparamos aquella noche y nos curamos nuestras heridas,
-y estuvimos con más reposo; y aunque siempre teniamos escuadrones de
-mejicanos que nos seguian, mas ya no se osaban llegar; y aquellos que
-venian era como quien decia: «Allá ireis fuera de nuestra tierra.»</p>
-
-<p>Y desde aquella poblacion y casa donde dormimos se parecian las
-sierrezuelas que están cabe Tlascala, y como las vimos, nos alegramos
-como si fueran nuestras casas. Pues quizá sabiamos cierto que nos
-habian de ser leales ó qué voluntad ternian, ó qué habia acontecido á
-los que estaban poblados en la Villa-Rica, si eran muertos ó vivos.</p>
-
-<p>Y Cortés nos dijo que, pues éramos pocos, que no quedamos sino
-cuatrocientos y cuarenta, con veinte caballos y doce ballesteros y
-siete escopeteros, y no teniamos pólvora, y todos heridos y cojos
-y mancos, que mirásemos muy bien cómo nuestro Señor Jesucristo fué
-servido escaparnos con las vidas; por lo cual siempre le hemos de dar
-muchas gracias y loores, y que volvimos otra vez á disminuirnos en
-el número y copia de los soldados que con él pasamos desde Cuba, y
-que<span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span> primero entramos
-en Méjico cuatrocientos y cincuenta soldados; y que nos rogaba que en
-Tlascala no les hiciésemos enojo, ni se les tomase ninguna cosa; y esto
-dió á entender á los de Narvaez, porque no estaban acostumbrados á ser
-sujetos á capitanes en las guerras, como nosotros; y más dijo, que
-tenia esperanza en Dios que los hallariamos buenos y leales; é que si
-otra cosa fuese, lo que Dios no permita, que nos han de tornar á andar
-los puños con corazones fuertes y brazos vigorosos, y que para eso
-fuésemos muy apercebidos, y nuestros corredores del campo adelante.</p>
-
-<p>Llegamos á una fuente que estaba en una ladera, y allí estaban unas
-como cercas y reamparos de tiempos viejos, y dijeron nuestros amigos
-los tlascaltecas que allí partian términos entre los mejicanos y ellos;
-y de buen reposo nos paramos á lavar, y á comer de la miseria que
-habiamos habido, y luego comenzamos á marchar, y fuimos á un pueblo de
-los tlascaltecas, que se dice Gualiopar, donde nos recibieron y nos
-daban de comer; mas no tanto, que si no se lo pagábamos con algunas
-piecezuelas de oro y chalchihuies que llevábamos algunos de nosotros,
-no nos lo daban de balde; y allí estuvimos un dia reposando, curando
-nuestras heridas, y ansimismo curamos los caballos.</p>
-
-<p>Pues cuando lo supieron en la cabecera de Tlascala, luego vino
-Masse-Escaci y principales, y todos los más sus vecinos, y Xicotenga el
-viejo, y Chichimeclatecle y los de Guaxocingo; y<span class="pagenum"
-id="Page_125">p. 125</span> como llegaron á aquel pueblo donde
-estábamos, fueron á abrazar á Cortés y á todos nuestros capitanes
-y soldados; y llorando algunos dellos, especial el Masse-Escaci y
-Xicotenga, y Chichimeclatecle y Tecapenaca, dijeron á Cortés:</p>
-
-<p>—«¡Oh Malinche, Malinche, y cómo nos pesa de vuestro mal y de todos
-vuestros hermanos, y de los muchos de los nuestros que con vosotros
-han muerto! Ya os lo habiamos dicho muchas veces, que no os fiásedes
-de gente mejicana, porque de un dia á otro os habian de dar guerra; no
-me quisistes creer: ya es hecho, al presente no se puede hacer más de
-curaros y daros de comer; en vuestras casas estais, descansad, é iremos
-luego á nuestro pueblo y os aposentaremos; y no pienses, Malinche,
-que habeis hecho poco en escapar con las vidas de aquella tan fuerte
-ciudad y sus puentes; é yo digo que si de ántes os teniamos por muy
-esforzados, ahora os tenemos en mucho más.</p>
-
-<p>»Bien sé que lloran muchas mujeres é indios destos nuestros pueblos
-las muertes de sus hijos y maridos y hermanos y parientes; no te
-congojes por ello, y mucho debes á tus dioses, que te han aportado
-aquí, y salido de entre tanta multitud de guerreros que os aguardaban
-en lo de Obtumba, que cuatro dias habia que lo supe que os esperaban
-para os matar. Yo queria ir en vuestra busca con treinta mil guerreros
-de los nuestros, y no pude salir, á causa que no estábamos juntos y los
-andaba juntando.»</p>
-
-<p>Cortés y todos nuestros capitanes y<span class="pagenum"
-id="Page_126">p. 126</span> soldados los abrazamos, y les dijimos que
-se lo teniamos en merced, y Cortés les dió á todos los principales
-joyas de oro y piedras que todavía se escaparon, cada cual soldado lo
-que pudo; y asimesmo dimos algunos de nosotros á nuestros conocidos de
-lo que teniamos.</p>
-
-<p>Pues qué fiesta y alegría mostraron con doña Luisa y con doña
-Marina cuando las vieron en salvamento, y qué llorar, y qué tristeza
-tenian por los demás indios que no venian, que se quedaron muertos, en
-especial el Masse-Escaci por su hija doña Elvira, y lloraba la muerte
-de Juan Velazquez de Leon, á quien la dió; y desta manera fuimos á la
-cabeza de Tlascala con todos los caciques, y á Cortés aposentaron en
-las casas de Masse-Escaci, y Xicotenga dió sus aposentos á Pedro de
-Albarado, y allí nos curamos y tornamos á convalecer, y aun se murieron
-cuatro soldados de las heridas, y á otros soldados no se les habian
-sanado.</p>
-
-<p>Y dejallo he aquí, y diré lo que más pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_129">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXIX.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO FUIMOS Á LA CABECERA Y MAYOR PUEBLO DE
- TLASCALA, Y LO QUE ALLÍ PASAMOS.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como habia un dia que estábamos en el pueblezuelo de Gualiopar,
-y los caciques de Tlascala por mí nombrados nos hicieron aquellos
-ofrecimientos, que son dignos de no olvidar<span class="pagenum"
-id="Page_127">p. 127</span> y de ser gratificados, y hechos en tal
-tiempo y coyuntura; despues que fuimos á la cabeza y pueblo mayor de
-Tlascala, nos aposentaron, como dicho tengo, parece ser que Cortés
-preguntó por el oro que habian traido allí, que eran cuarenta mil
-pesos; el cual oro fueron las partes de los vecinos que quedaban en la
-Villa-Rica; y dijo Masse-Escaci y Xicotenga el viejo y un soldado de
-los nuestros, que se habia allí quedado doliente, que no se halló en lo
-de Méjico cuando nos desbarataron, que habian venido de la Villa-Rica
-un Juan de Alcántara y otros dos vecinos, é que lo llevaron todo porque
-traian cartas de Cortés para que se lo diesen; la cual carta mostró el
-soldado, que habia dejado en poder del Masse-Escaci cuando le dieron el
-oro; y preguntando cómo y cuándo y en qué tiempo lo llevó, y sabido que
-fué, por la cuenta de los dias, cuando nos daban guerra los mejicanos,
-luego entendimos cómo en el camino habian muerto y tornado el oro, y
-Cortés hizo sentimiento por ello.</p>
-
-<p>Y tambien estábamos con pena por no saber de los de la Villa-Rica,
-no hubiesen corrido algun desman; y luego por la posta escribió con
-tres tlascaltecas, en que les hizo saber los grandes peligros que en
-Méjico nos habiamos visto, y cómo y de qué manera escapamos con las
-vidas, y no se les dió relacion de cuántos faltaban de los nuestros; y
-que mirasen que siempre estuviesen muy alerta y se velasen; y que si
-hubiese algunos soldados sanos<span class="pagenum" id="Page_128">p.
-128</span> se los enviasen, y que guardasen muy bien al Narvaez y al
-Salvatierra; y si hubiese pólvora ó ballestas, porque queria tornar á
-correr los rededores de Méjico; y tambien escribió al capitan que quedó
-por guarda y capitan de la mar, que se decia Caballero, y que mirase no
-fuese ningun navío á Cuba ni Narvaez se soltase; y que si viese que dos
-navíos de los de Narvaez, que quedaban en el puerto, no estaban para
-navegar, que diese con ellos al través, y le enviase los marineros con
-todas las armas que tuviesen.</p>
-
-<p>Y por la posta fueron y volvieron los mensajeros, y trajeron cartas
-que no habian tenido guerras; que un Juan de Alcántara y los dos
-vecinos que enviaron por el oro, que les deben de haber muerto en el
-camino; y que bien supieron la guerra que en Méjico nos dieron, porque
-el cacique gordo de Cempoal se lo habia dicho; y ansimismo escribió el
-almirante de la mar, que se decia Pedro Caballero, y dijeron que harian
-lo que Cortés les mandaba, é enviaria los soldados, é que el un navío
-estaba bueno, y que al otro daria al través y enviaria la gente, é que
-habia pocos marineros, porque habian adolescido y se habian muerto, y
-que agora escribian las respuestas de las cartas; y luego vinieron con
-el socorro que enviaban de la Villa-Rica, que fueron cuatro hombres
-con tres de la mar, que todos fueron siete; y venia por capitan dellos
-un soldado que se decia Lencero, cuya fué la venta que agora dicen de
-Lencero.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span>Y cuando llegaron
-á Tlascala, como venian dolientes y flacos, muchas veces por nuestro
-pasatiempo y burlar dellos deciamos:</p>
-
-<p>—«El socorro del Lencero; que venian siete soldados, y los cinco
-llenos de bubas y los dos hinchados, con grandes barrigas.»</p>
-
-<p>Dejemos burlas, y digamos lo que allí en Tlascala nos aconteció con
-Xicotenga el mozo, y de su mala voluntad, el cual habia sido capitan de
-toda Tlascala cuando nos dieron las guerras por mí otras veces dichas
-en el capítulo que dello habla.</p>
-
-<p>Y es el caso que, como se supo en aquella su ciudad que salimos
-huyendo de Méjico y que nos habian muerto mucha copia de soldados,
-ansí de los nuestros como de los indios tlascaltecas que habian ido
-de Tlascala en nuestra compañía, y que veniamos á nos socorrer é
-amparar en aquella provincia, el Xicotenga el mozo andaba convocando
-á todos sus parientes y amigos, y á otros que sentia que eran de
-su parcialidad, y les decia que en una noche, ó de dia, cuando más
-aparejado tiempo viesen, que nos matasen, y que haria amistades con el
-señor de Méjico, que en aquella sazon habian alzado por Rey á uno que
-se decia Coadlauaca, y que demás desto, que en las mantas y ropa que
-habiamos dejado en Tlascala á guardar y el oro que agora sacábamos de
-Méjico tendrian qué robar, y quedarian todos ricos con ello.</p>
-
-<p>Lo cual alcanzó á saber el viejo Xicotenga, su padre, y se lo
-riñó, y le dijo que no le pasase tal por el pensamiento, que<span
-class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> era mal hecho; y que si
-lo alcanzase á saber Masse-Escaci y Chichimeclatecle, que por ventura
-le matarian, y al que en tal concierto fuese; y por más que el padre
-se lo riñó, no curaba de lo que le decia, y todavía entendia en su
-mal propósito; y vino á oidos de Chichimeclatecle, que era su enemigo
-mortal del mozo Xicotenga, y lo dijo á Masse-Escaci, y acordaron
-entrar en acuerdo y como cabildo, y sobre ello llamaron al Xicotenga
-el viejo y los caciques de Guaxocingo, y mandaron traer preso ante sí
-á Xicotenga el mozo.</p>
-
-<p>Y Masse-Escaci propuso un razonamiento delante de todos, y dijo
-que si se les acordaba ó habian ido á decir de más de cien años hasta
-entónces que en toda Tlascala habian estado tan prósperos y ricos
-como despues que los teules vinieron á sus tierras, ni en todas sus
-provincias habian sido en tanto tenidos, y que tenian mucha ropa de
-algodon y oro, y comian sal, la que hasta allí no solian comer; y
-por do quiera que iban de sus tlascaltecas con los teules les hacian
-honra por su respeto, puesto que ahora les habian muerto en Méjico
-muchos dellos; y que tengan en la memoria lo que sus antepasados les
-habian dicho muchos años atrás, que de adonde sale el sol habian de
-venir hombres que les habian de señorear; é que ¿á qué causa agora
-andaba Xicotenga en aquellas traiciones y maldades, concertando de nos
-dar guerra y matarnos? Que era mal hecho, é que no podia dar ninguna
-discul<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span>pa de sus
-bellaquerías y maldades, que siempre tenia encerradas en su pecho; y
-agora que los veia venir de aquella manera desbaratados, que nos habia
-de ayudar para en estando sanos volver sobre los pueblos de Méjico, sus
-enemigos, queria hacer aquella traicion.</p>
-
-<p>Y á estas palabras que el Masse-Escaci y su padre Xicotenga el
-ciego lo dijeron, el Xicotenga el mozo respondió que era muy bien
-acordado lo que decia por tener paces con mejicanos, y dijo otras
-cosas que no pudieron sufrir; y luego se levantó el Masse-Escaci y el
-Chichimeclatecle y el viejo de su padre, ciego como estaba, y tomaron
-al Xicotenga el mozo por los cabezones y de las mantas, y se las
-rompieron, y á empujones y con palabras injuriosas que le dijeron, le
-echaron de las gradas abajo donde estaba, y las mantas todas rompidas;
-y aun si por el padre no fuera, le querian matar, y á los demás que
-habian sido en su consejo echaron presos; y como estábamos allí
-retraidos, y no era tiempo de le castigar, no osó Cortés hablar más en
-ello.</p>
-
-<p>He traido esto aquí á la memoria para que vean de cuánta lealtad
-y buenos fueron los de Tlascala, y cuánto les debemos, y aun al buen
-viejo Xicotenga, que á su hijo dicen que le habia mandado matar luego
-que supo sus tramas y traicion.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo habia veinte y dos dias que estábamos
-en aquel pueblo curándonos nuestras heridas y convaleciendo, y
-acordó Cortés que fuésemos á la provincia de<span class="pagenum"
-id="Page_132">p. 132</span> Tepeaca, que estaba cerca, porque allí
-habian muerto muchos de nuestros soldados y de los de Narvaez, que
-se venian á Méjico, y en otros pueblos que están junto de Tepeaca,
-que se dice Cachula; y como Cortés lo dijo á nuestros capitanes, y
-apercibian á los soldados de Narvaez para ir á la guerra, y como no
-eran tan acostumbrados á guerras y habian escapado de la rota de Méjico
-y puentes de lo de Obtumba, y no vian la hora de se volver á la isla
-de Cuba á sus indios é minas de oro, renegaban de Cortés y de sus
-conquistas, especial el Andrés de Duero, compañero de nuestro Cortés;
-porque ya lo habrán entendido los curiosos lectores en dos veces que
-lo he declarado en los capítulos pasados, cómo y de qué manera fué
-la compañía; maldecian el oro que le habia dado á él y á los demás
-capitanes, que todo se habia perdido en las puentes, como habian visto
-las grandes guerras que nos daban, y con haber escapado con las vidas
-estaban muy contentos; y acordaron de decir á Cortés que no querian ir
-á Tepeaca ni á guerra ninguna, sino que se querian volver á sus casas;
-que bastaba lo que habian perdido en haber venido de Cuba; y Cortés les
-habló muy mansa y amorosamente, creyendo de los atraer para que fuesen
-con nosotros á lo de Tepeaca; y por más pláticas y reprensiones que
-les dió, no querian; y como vieron los de Narvaez que con Cortés no
-aprovechaban sus palabras, le hicieron requerimientos en forma<span
-class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> delante de un escribano del
-Rey para que luego se fuese á la Villa-Rica, poniéndole por delante
-que no teniamos caballos ni escopetas ni ballestas ni pólvora, ni hilo
-para hacer cuerdas, ni almacen; que estábamos heridos, y que no habian
-quedado por todos nuestros soldados y los de Narvaez sino cuatrocientos
-y cuarenta soldados; que los mejicanos nos tomarian todos los puertos
-y sierras y pasos, é que los navíos, si más aguardaban, se comerian de
-broma; y dijeron en el requerimiento otras muchas cosas.</p>
-
-<p>Y cuando se le hubieron dado y leido el requerimiento á Cortés, si
-muchas palabras decian en él, muy muchas más contrariedades respondió;
-y demás desto, todos los más de nosotros de los que habiamos pasado con
-Cortés le dijimos que mirase que no diese licencia á ninguno de los de
-Narvaez ni á otras personas para volver á Cuba, sino que procurásemos
-todos de servir á Dios é al Rey; é que esto era lo bueno, y no volverse
-á Cuba.</p>
-
-<p>Cuando Cortés hubo respondido al requerimiento, como vieron
-las personas que le estaban requiriendo que muchos de nosotros
-ayudábamos el intento de Cortés y que les estorbábamos sus grandes
-importunaciones que sobre ello le hablaban y requerian, con no más
-de que deciamos que no es servicio de Dios ni de su majestad que
-dejen desamparado su capitan en las guerras; en fin de muchas razones
-que pasaron, obedecieron para ir con nosotros á las entradas que se
-ofreciesen;<span class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> mas fué
-que les prometió Cortés que en habiendo coyuntura los dejaria volver
-á su isla de Cuba; y no por aquesto dejaron de murmurar dél y de su
-conquista, que tan caro les habia costado en dejar sus casas y reposo
-y haberse venido á meter adonde no estaban seguros de las vidas; y más
-decian, que si en otra guerra entrásemos con el poder de Méjico, que
-no se podria excusar tarde ó temprano de tenella, que creian é tenian
-por cierto que no nos podriamos sustentar contra ellos en las batallas,
-segun habian visto lo de Méjico y puentes, y en la nombrada de Obtumba;
-y más decian, que nuestro Cortés por mandar y siempre ser señor, y
-nosotros los que con él pasábamos no tener que perder sino nuestras
-personas, asistiamos con él; y decian otros muchos desatinos, y todo se
-les disimulaba por el tiempo en que lo decian; mas no tardaron muchos
-meses que no les dió licencia para que se volviesen á sus casas; lo
-cual diré en su tiempo y sazon.</p>
-
-<p>Y dejémoslo de repetir, y digamos de lo que dice el coronista
-Gómora, que yo estoy muy harto de declarar sus borrones, que dice que
-le informaron; las cuales informaciones no son así como él lo escribe;
-y por no me detener en todos los capítulos á tornallos á recitar y
-traer á la memoria cómo y de qué manera pasó, lo he dejado de escribir;
-y ahora pareciéndome que en esto de este requerimiento que escribe que
-hicieron á Cortés no dice quién fueron los que lo hicieron, si eran
-de<span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span> los nuestros ó de
-los de Narvaez, y en esto que escribe es por sublimar á Cortés y abatir
-á nosotros los que con él pasamos; y sepan que hemos tenido por cierto
-los conquistadores verdaderos que esto vemos escrito, que le debieron
-de granjear al Gómora con dádivas porque lo escribiese desta manera,
-porque en todas las batallas y reencuentros éramos los que sosteniamos
-á Cortés, y ahora nos aniquila en lo que dice este coronista que le
-requeriamos.</p>
-
-<p>Tambien dice que decia Cortés en las respuestas del mismo
-requerimiento que para animarnos y esforzarnos que enviará á llamar
-á Juan Velazquez de Leon y al Diego de Ordás, que el uno dellos dijo
-estaba poblando en lo de Pánuco con trecientos soldados, y el otro
-en lo de Guacacualco con otros soldados, y no es ansí; porque luego
-que fuimos sobre Méjico al socorro de Pedro de Albarado, cesaron los
-conciertos que estaban hechos, que Juan Velazquez de Leon habia de
-ir á lo de Pánuco y el Diego de Ordás á lo de Guacacualco, segun más
-largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado que sobre ello tengo
-hecha relacion; porque estos dos capitanes fueron á Méjico con nosotros
-al socorro de Pedro de Albarado, y en aquella derrota el Juan Velazquez
-de Leon quedó muerto en las puentes, y el Diego de Ordás salió muy
-mal herido de tres heridas que le dieron en Méjico, segun ya lo tengo
-escrito cómo y cuándo y de qué arte pasó.</p>
-
-<p>Por manera<span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> que
-el coronista Gómora, si como tiene buena retórica en lo que escribe,
-acertara á decir lo que pasó, muy bien fuera.</p>
-
-<p>Tambien he estado mirando cuando dice en lo de la batalla de
-Obtumba, que dice que si no fuera por la persona de Cortés que todos
-fuéramos vencidos, y que él solo fué el que la venció en el dar, como
-dió el encuentro al que traia el estandarte y seña de Méjico.</p>
-
-<p>Ya he dicho, y lo torno agora á decir, que á Cortés toda la honra se
-le debe, como bueno y esforzado capitan; mas sobre todo hemos de dar
-gracias á Dios, que él fué servido poner su divina misericordia, con
-que siempre nos ayudaba y sustentaba; y Cortés en tener tan esforzados
-y valerosos capitanes y valientes soldados como tenia; é despues de
-Dios, con nosotros le dábamos esfuerzo y rompiamos los escuadrones y
-le sustentábamos, para que con nuestra ayuda y de nuestros capitanes
-guerreasen de la manera que guerreamos, como en los capítulos pasados
-sobre ello dicho tengo; porque siempre andaban juntos con Cortés todos
-los capitanes por mí nombrados, y aun agora los torno á nombrar, que
-fueron Pedro de Albarado, Cristóbal de Olí, Gonzalo de Sandoval,
-Francisco de Morla, Luis Marin, Francisco de Lugo y Gonzalo Dominguez,
-y otros muy buenos y valientes soldados que no alcanzábamos caballos;
-porque en aquel tiempo diez y seis caballos y yeguas fueron los que
-pasaron desde la isla de Cuba con Cortés, y no los habia, aun<span
-class="pagenum" id="Page_137">p. 137</span>que nos costaran á mil
-pesos.</p>
-
-<p>Y como el Gómora dice en su Historia que sólo la persona de Cortés
-fué el que venció lo de Obtumba, ¿por qué no declaró los heróicos
-hechos que estos nuestros capitanes y valerosos soldados hicimos en
-esta batalla? Ansí que, por estas causas tenemos por cierto que por
-ensalzar á Cortés sólo lo dijo, porque de nosotros no hace mencion; si
-no, pregúnteselo á aquel muy esforzado soldado que se decia Cristóbal
-de Olea, cuántas veces se halló en ayudar á salvar la vida á Cortés,
-hasta que en las puentes cuando volvimos sobre Méjico perdió la vida él
-y otros muchos soldados por le salvar. Olvidádoseme habia de otra vez
-que le salvó en lo de Suchimileco, que quedó mal herido el Olea; é para
-que bien se entienda esto que digo, uno fué Cristóbal de Olea y otro
-Cristóbal de Olí.</p>
-
-<p>Tambien lo que dice el coronista en lo del encuentro con el caballo
-que dió al capitan mejicano y le hizo abatir la bandera, ansí es
-verdad: más ya he dicho otra vez que un Juan de Salamanca, natural de
-la villa de Ontiveros, que despues de ganado Méjico fué alcalde mayor
-de Guacacualco, es el que le dió una lanzada y le mató, y le quitó
-el rico penacho que llevaba, y se le dió el Salamanca á Cortés; y su
-majestad, el tiempo andando, lo dió por armas al Salamanca; y esto he
-traido aquí á la memoria, no por dejar de ensalzar y tenelle en mucha
-estima á nuestro capitan Cortés, y débesele todo honor y prez é honra
-de todas las<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> batallas
-é vencimientos hasta que ganamos esta Nueva-España, como se suele dar
-en Castilla á los muy nombrados capitanes, y como los romanos daban
-triunfos á Pompeyo y Julio César y á los Cipiones; más digno de loores
-es nuestro Cortés que no los romanos.</p>
-
-<p>Tambien dice el mismo Gómora que Cortés mandó matar secretamente á
-Xicotenga el mozo en Tlascala por las traiciones que andaba concertando
-para nos matar, como ántes he dicho.</p>
-
-<p>No pasa ansí como dice; que donde le mandó ahorcar fué en un pueblo
-junto á Tezcuco, como adelante diré sobre qué fué; y tambien dice
-este coronista que iban tantos millares de indios con nosotros á las
-entradas, que no tiene cuenta ni razon en tantos como pone; y tambien
-dice de las ciudades y pueblos y poblaciones que eran tantos millares
-de casas, no siendo la quinta parte; que si se suma todo lo que pone
-en su historia, son más millones de hombres que en toda Castilla están
-poblados, y eso se le da poner mil que ochenta mil, y en esto se jacta,
-creyendo que va muy apacible su Historia á los oyentes no diciendo
-lo que pasó: miren los curiosos lectores cuánto va de su Historia á
-esta mi relacion, en decir letra por letra lo acaecido, y no miren la
-retórica ni ornato; que ya cosa vista es que es más apacible que no
-esta tan grosera mia; más suple la verdad la falta de plática y corta
-retórica.</p>
-
-<p>Dejemos ya de contar ni de traer á la memoria los borrones<span
-class="pagenum" id="Page_139">p. 139</span> declarados, y cómo yo soy
-más obligado á decir la verdad de todo lo que pasa que no á lisonjas; y
-demás del daño que hizo con no ser bien informado, ha dado ocasion que
-el doctor Illescas y Pablo Jobio se sigan por sus palabras.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra historia, y digamos cómo acordamos ir sobre
-Tepeaca; y lo que pasó en la entrada diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_130">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXX.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO FUIMOS Á LA PROVINCIA DE TEPEACA, Y LO QUE EN
- ELLA HICIMOS; Y&nbsp;OTRAS COSAS QUE PASARON.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés habia pedido á los caciques de Tlascala, ya otras veces
-por mí nombrados, cinco mil hombres de guerra para ir á correr y
-castigar los pueblos adonde habian muerto españoles, que era á Tepeaca
-y Cachula y Tecamachalco, que estaria de Tlascala seis ó siete leguas,
-de muy entera voluntad tenian aparejados hasta cuatro mil indios;
-porque, si mucha voluntad teniamos nosotros de ir á aquellos pueblos,
-mucha más gana tenian el Masse-Escaci y Xicotenga el viejo, porque les
-habian venido á robar unas estancias y tenian voluntad de enviar gente
-de guerra sobre ellos, y la<span class="pagenum" id="Page_140">p.
-140</span> causa fué esta: porque, como los mejicanos nos echaron
-de Méjico, segun y de la manera que dicho tengo en los capítulos
-pasados que sobre ello hablan, y supieron que en Tlascala nos habiamos
-recogido, y tuvieron por cierto que en estando sanos que habiamos de
-venir con el poder de Tlascala á cortalles las tierras de los pueblos
-que más cercanos confinan con Tlascala; á este efeto enviaron á todas
-las provincias adonde sentian que habiamos de ir, muchos escuadrones
-mejicanos de guerreros que estuviesen en guarda y guarniciones, y en
-Tepeaca estaba la mayor guarnicion dellos.</p>
-
-<p>Lo cual supo el Masse-Escaci y el Xicotenga, y aun se temian
-dellos.</p>
-
-<p>Pues ya que todos estábamos á punto, comenzamos á caminar, y en
-aquella jornada no llevamos artillería ni escopetas, porque todo quedó
-en las puentes; é ya que algunas escopetas escaparon, no teniamos
-pólvora; y fuimos con diez y siete de á caballo y seis ballestas y
-cuatrocientos y veinte soldados, los más de espada y rodela, y con obra
-de cuatro mil amigos de Tlascala y el bastimento para un dia; porque
-las tierras adonde íbamos era muy poblado y bien abastecido de maíz y
-gallinas y perrillos de la tierra; y como lo teniamos de costumbre,
-nuestros corredores del campo adelante; y con muy buen concierto fuimos
-á dormir obra de tres leguas de Tepeaca.</p>
-
-<p>É ya tenian alzado todo el fardaje de las estancias y poblacion por
-donde pasamos,<span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> porque
-muy bien tuvieron noticia cómo íbamos á su pueblo; é porque ninguna
-cosa hiciésemos sino por buena órden y justificadamente, Cortés les
-envió á decir con seis indios de su pueblo de Tepeaca, que habiamos
-tomado en aquella estancia, que para aquel efeto los prendimos, é con
-cuatro de sus mujeres, cómo íbamos á su pueblo á saber é inquirir quién
-y cuántos se hallaron en la muerte de más de diez y ocho españoles
-que mataron sin causa ninguna, viniendo camino para Méjico; y tambien
-veniamos á saber á qué causa tenian agora nuevamente muchos escuadrones
-mejicanos, que con ellos habian ido á robar y saltear unas estancias de
-Tlascala, nuestros amigos; que les ruega que luego vengan de paz adonde
-estábamos para ser nuestros amigos, y que despidan de su pueblo á los
-mejicanos; si no, que iremos contra ellos como rebeldes y matadores y
-salteadores de caminos, y les castigaria á fuego y sangre y los daria
-por esclavos; y como fueron aquellos seis indios y cuatro mujeres
-del mismo pueblo, si muy fieras palabras les enviaron á decir, mucho
-más bravosa nos dieron la respuesta con los mismos seis indios y dos
-mejicanos que venian con ellos; porque muy bien conocido tenian de
-nosotros que á ningunos mensajeros que nos enviaban haciamos ninguna
-demasía, sino ántes dalles algunas cuentas para atraellos; y con estos
-que nos enviaron los de Tepeaca, fueron las palabras bravosas di<span
-class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span>chas por los capitanes
-mejicanos, como estaban vitoriosos de lo de las puentes de Méjico; y
-Cortés les mandó dar á cada mensajero una manta, y con ellos les tornó
-á requerir que viniesen á le ver y hablar y que no hubiesen miedo; é
-que pues ya los españoles que habian muerto no los podian dar vivos,
-que vengan ellos de paz y se les perdonará todos los muertos que
-mataron; sobre ello se les escribió una carta, y aunque sabiamos que
-no la habian de entender, sino como vian papel de Castilla tenian por
-muy cierto que era cosa de mandamiento; y rogó á los dos mejicanos
-que venian con los de Tepeaca como mensajeros, que volviesen á traer
-la respuesta, y volvieron; y lo que dijeron era, que no pasásemos
-adelante y que no volviésemos por donde veniamos, sino que otro dia
-pensaban tener buenas hartazgas con nuestros cuerpos, mayores que las
-de Méjico y sus puentes y la de Obtumba; y como aquello vió Cortés
-comunicólo con todos nuestros capitanes y soldados, y fué acordado
-que se hiciese un auto por ante escribano que diese fe de todo lo
-pasado, y que se diesen por esclavos á todos los aliados de Méjico
-que hubiesen muerto españoles, porque habiendo dado la obediencia á
-su Majestad, se levantaron, y mataron sobre ochocientos y sesenta de
-los nuestros y sesenta caballos, y á los demás pueblos por salteadores
-de caminos y matadores de hombres; é hecho este auto, envióseles á
-hacer saber, amonestándolos y requiriendo con la<span class="pagenum"
-id="Page_143">p. 143</span> paz; y ellos tornaron á decir que si luego
-no nos volviamos, que saldrian á nos matar; y se apercibieron para
-ello, y nosotros lo mismo.</p>
-
-<p>Otro dia tuvimos en un llano una buena batalla con los mejicanos y
-tepeaquenos; y como el campo era labranzas de maíz é maqueyales, puesto
-que peleaban valerosamente los mejicanos, presto fueron desbaratados
-por los de á caballo, y los que no los teniamos no estábamos de
-espacio; pues ver á nuestros amigos de Tlascala tan animosos como
-peleaban con ellos y les siguieron el alcance; allí hubo muertes de los
-mejicanos y de Tepeaca muchos, y de nuestros amigos los de Tlascala
-tres, y hirieron dos caballos, el uno se murió, y tambien hirieron doce
-de nuestros soldados, mas no de suerte que peligró ninguno.</p>
-
-<p>Pues seguida la vitoria, allegáronse muchas indias y muchachos que
-se tomaron por los campos y casas; que hombres no curábamos dellos, que
-los tlascaltecas los llevaban por esclavos.</p>
-
-<p>Pues como los de Tepeaca vieron que con el bravear que hacian los
-mejicanos que tenian en su pueblo y guarnicion eran desbaratados, y
-ellos juntamente con ellos, acordaron que sin decilles cosa ninguna
-viniesen adonde estábamos; y los recibimos de paz y dieron la
-obediencia á su majestad, y echaron los mejicanos de sus casas, y nos
-fuimos nosotros al pueblo de Tepeaca, adonde se fundó una villa que se
-nombró la villa de Segura de la Frontera, porque estaba en el camino
-de la<span class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> Villa-Rica, en
-una buena comarca de buenos pueblos sujetos á Méjico, y habia mucho
-maíz, y guardaban la raya nuestros amigos los de Tlascala; y allí se
-nombraron alcaldes y regidores, y se dió órden en cómo se corriese
-los rededores sujetos á Méjico, en especial los pueblos adonde habian
-muerto españoles; y allí hicieron hacer el hierro con que se habian de
-herrar los que se tomaban por esclavos, que era una G, que quiere decir
-guerra.</p>
-
-<p>Y desde la villa de Segura de la Frontera corrimos todos los
-rededores, que fué Cachula y Tecamechalco y el pueblo de las Guayaguas,
-y otros pueblos que no se me acuerda el nombre; y en lo de Cachula fué
-adonde habian muerto en los aposentos quince españoles; y en este de
-Cachula hubimos muchos esclavos, de manera que en obra de cuarenta dias
-tuvimos aquellos pueblos pacíficos y castigados.</p>
-
-<p>Ya en aquella sazon habian alzado en Méjico otro señor por Rey,
-porque el señor que nos echó de Méjico era fallecido de viruelas, y
-aquel señor que hicieron Rey era un sobrino ó pariente muy cercano
-del gran Montezuma, que se decia Guatemuz, mancebo de hasta veinte y
-cinco años, bien gentil hombre para ser indio, y muy esforzado; y se
-hizo temer de tal manera, que todos los suyos temblaban dél; y estaba
-casado con una hija de Montezuma, bien hermosa mujer para ser india;
-y como este Guatemuz, señor de Méjico, supo cómo habiamos desbaratado
-los escuadrones mejicanos que es<span class="pagenum" id="Page_145">p.
-145</span>taban en Tepeaca, y que habian dado la obediencia á su
-Majestad el Emperador Cárlos V, y nos servian y daban de comer, y
-estábamos allí poblados; y temió que les correriamos lo de Guaxaca y
-otras provincias, y que á todos les atraeriamos á nuestra amistad,
-envió á sus mensajeros por todos los pueblos para que estuviesen muy
-alerta con todas sus armas, y á los caciques les daba joyas de oro, y
-á otros perdonaba los tributos; y sobre todo, mandaba ir muy grandes
-capitanes y guarniciones de gente de guerra para que mirasen no les
-entrásemos en sus tierras; y les enviaba á decir que peleasen muy
-reciamente con nosotros, no les acaeciese como en lo de Tepeaca, á
-donde estaba nuestra villa doce leguas.</p>
-
-<p>Para que bien se entiendan los nombres destos pueblos, un nombre es
-Cachula, otro nombre es Guacachula.</p>
-
-<p>Y dejaré de contar lo que en Guacachula se hizo, hasta su tiempo y
-lugar; y diré cómo en aquel tiempo é instante vinieron de la Villa-Rica
-mensajeros cómo habia venido un navío de Cuba, y ciertos soldados en
-él.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_131">
- <p><span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO VINO UN NAVÍO DE CUBA QUE ENVIABA DIEGO
- VELAZQUEZ, É VENIA EN ÉL POR CAPITAN PEDRO BARBA, Y LA MANERA QUE EL
- ALMIRANTE QUE DEJÓ NUESTRO CORTÉS POR GUARDA DE LA MAR TENIA PARA LOS
- PRENDER, Y ES DESTA MANERA.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como andábamos en aquella provincia de Tepeaca castigando á los
-que fueron en la muerte de nuestros compañeros, que fueron diez y ocho
-los que mataron en aquellos pueblos, y atrayéndolos de paz, y todos
-daban la obediencia á su majestad; vinieron cartas de la Villa-Rica
-cómo habia venido un navío al puerto, y vino en él por capitan un
-hidalgo que se decia Pedro Barba, que era muy amigo de Cortés; y este
-Pedro Barba habia estado por teniente del Diego Velazquez en la Habana,
-y traia trece soldados y un caballo y una yegua, porque el navío que
-traia era muy chico; y traia cartas para Pánfilo de Narvaez, el capitan
-que Diego Velazquez habia enviado contra nosotros, creyendo que estaba
-por él la Nueva-España, en que le enviaba á decir el Diego Velazquez
-que si acaso no habia muerto á Cortés, que luego se le enviase preso á
-Cuba, para envialle á Castilla, que ansí lo mandaba don Juan Rodriguez
-de<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> Fonseca, Obispo
-de Búrgos y Arzobispo de Rosano, presidente de Indias, que luego fuese
-preso con otros de nuestros capitanes; porque el Diego Velazquez tenia
-por cierto que éramos desbaratados, ó á lo ménos que Narvaez señoreaba
-la Nueva-España.</p>
-
-<p>Pues como el Pedro Barba llegó al puerto con su navío y echó anclas,
-luego le fué á visitar y dar el bien venido el almirante de la mar que
-puso Cortés, el cual se decia Pedro Caballero ó Juan Caballero, otras
-veces por mí nombrado, con un batel bien esquifado de marineros y
-armas encubiertas, y fué al navío de Pedro Barba; y despues de hablar
-palabras de buen comedimiento, qué tal viene vuestra merced, y quitar
-las gorras y abrazarse unos á otros, como se suele hacer, preguntó el
-Pedro Caballero por el señor Diego Velazquez, gobernador de Cuba, qué
-tal queda, y responde el Pedro Barba que bueno; y el Pedro Barba y los
-demás que consigo traian preguntan por el señor Pánfilo de Narvaez,
-y cómo le va con Cortés; y responden que muy bien, é que Cortés anda
-huyendo y alzado con veinte de sus compañeros, é que Narvaez está
-muy próspero é rico, y que la tierra es muy buena; y de plática en
-plática le dicen al Pedro Barba que allí junto estaba un pueblo, que
-desembarque é que se vayan á dormir y estar en él, que les traerán
-comida y lo que hubieren menester, que para sólo aquello estaba
-señalado aquel pueblo, y tantas palabras les<span class="pagenum"
-id="Page_148">p. 148</span> dicen, que en el batel y en otros que
-luego allí venian de los otros navíos que estaban surtos les sacaron
-en tierra, y cuando los vieron fuera del navío, y tenian copia de
-marineros junto con el almirante Pedro Caballero, dijeron al Pedro
-Barba:</p>
-
-<p>—«Sed preso por el señor capitan Cortés, mi señor.»</p>
-
-<p>Y ansí los prendieron, y quedaban espantados, y luego les sacaban
-del navío las velas y timon y agujas, y los enviaban adonde estábamos
-con Cortés en Tepeaca; por los cuales habiamos gran placer, con el
-socorro que venia en el mejor tiempo que podia ser; porque en aquellas
-entradas que he dicho que haciamos, no eran tan en salvo, que muchos
-de nuestros soldados no quedábamos heridos, y otros adolescian del
-trabajo; porque, de sangre y polvo que estaba cuajado en las entrañas,
-no echábamos otra cosa del cuerpo y por la boca, como traiamos siempre
-las armas á cuestas y no parar noches ni dias; por manera que ya se
-habian muerto cinco de nuestros soldados de dolor de costado en obra de
-quince dias.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir que con este Pedro Barba vino un Francisco
-Lopez, vecino y regidor que fué de Guatimala, y Cortés hacia mucha
-honra al Pedro Barba, y le hizo capitan de ballesteros, y dió nuevas
-que estaba otro navío chico en Cuba, que le queria enviar el Diego
-Velazquez con cazabi y bastimentos; el cual vino dende á ocho dias, y
-venia en él por capitan un hidalgo natural de Medina del Campo, que se
-decia Ro<span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>drigo Morejon
-de Lobera, y traia consigo ocho soldados y seis ballestas y mucho hilo
-para cuerdas, é una yegua; ni más ni ménos que habian prendido al
-Pedro Barba, ansí hicieron á este Rodrigo de Morejon, y luego fueron á
-Segura de la Frontera, y con todos ellos nos alegramos, y Cortés les
-hacia mucha honra y les daba cargos; y gracias á Dios, ya nos íbamos
-fortaleciendo con soldados y ballestas y dos ó tres caballos más.</p>
-
-<p>Y dejallo he aquí, y volveré á decir lo que en Guacachula hacian
-los ejércitos mejicanos que estaban en frontera, y cómo los caciques
-de aquel pueblo vinieron secretamente á demandar favor á Cortés para
-echallos de allí.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_132">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO LOS DE GUACACHULA VINIERON Á DEMANDAR FAVOR
- Á CORTÉS SOBRE QUE LOS EJÉRCITOS MEJICANOS LOS TRATABAN MAL Y LOS
- ROBABAN, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.</p>
-</div>
-
-<p>Ya he dicho que Guatemuz, señor que nuevamente era alzado por Rey
-de Méjico, enviaba grandes guarniciones á sus fronteras; especial
-envió una muy poderosa y de mucha copia<span class="pagenum"
-id="Page_150">p. 150</span> de guerreros á Guacachula, y otra á Ozucar,
-que estaba dos ó tres leguas de Guacachula; porque bien temió que por
-allí le habiamos de correr las tierras y pueblos sujetos á Méjico; y
-parece ser que, como envió tanta multitud de guerreros y como tenian
-nuevo señor, hacian muchos robos y fuerzas á los naturales de aquellos
-pueblos adonde estaban aposentados, y tantas, que no les podian sufrir
-los de aquella provincia, porque decian que les robaban las mantas y
-maíz y gallinas y joyas de oro, y sobre todo, las hijas y mujeres si
-eran hermosas, y que las forzaban delante de sus maridos y padres y
-parientes.</p>
-
-<p>Como oyeron decir que los del pueblo de Cholula estaban todos muy
-de paz y sosegados despues que los mejicanos no estaban en él, y agora
-ansimesmo en lo de Tepeaca y Tecamachalco y Cochula, á esta causa
-vinieron cuatro principales muy secretamente de aquel pueblo, por mí
-otras veces nombrado, y dicen á Cortés que envie teules y caballos á
-quitar aquellos robos y agravios que les hacian los mejicanos, é que
-todos los de aquel pueblo y otros comarcanos nos ayudarian para que
-matásemos á los escuadrones mejicanos; y de que Cortés lo oyó, luego
-propuso que fuese por capitan Cristóbal de Olí con todos los más de
-á caballo y ballesteros y con gran copia de tlascaltecas; porque con
-la ganancia que los de Tlascala habian llevado de Tepeaca, habian
-venido á nuestro real é villa muchos más tlascal<span class="pagenum"
-id="Page_151">p. 151</span>tecas; y nombró Cortés para ir con el
-Cristóbal de Olí á ciertos capitanes de los que habian venido con
-Narvaez; por manera que llevaba en su compañía sobre trecientos
-soldados y todos los mejores caballos que teniamos.</p>
-
-<p>É yendo que iba con todos sus compañeros camino de aquella
-provincia, pareció ser que en el camino dijeron ciertos indios á los de
-Narvaez cómo estaban todos los campos y casas llenas de gente de guerra
-de mejicanos, mucho más que los de Obtumba, y que estaba allí con ellos
-el Guatemuz, señor de Méjico; y tantas cosas dicen que les dijeron, que
-atemorizaron á los de Narvaez; y como no tenian buena voluntad de ir á
-entradas ni ver guerras, sino volverse á su isla de Cuba, y como habian
-escapado de la de Méjico y calzadas y puentes y la de Obtumba, no se
-querian ver en otra como lo pasado; y sobre ello dijeron los de Narvaez
-tantas cosas al Cristóbal de Olí, que no pasase adelante, sino que se
-volviese, y que mirase no fuese peor esta guerra que las pasadas, donde
-perdiesen las vidas; y tantos inconvenientes le dijeron, y dábanle á
-entender que si el Cristóbal de Olí queria ir, que fuese en buen hora,
-que muchos dellos no querian pasar adelante; de modo que, por muy
-esforzado que era el capitan que llevaban, aunque les decia que no era
-cosa volver, sino ir adelante, que buenos caballos llevaban y mucha
-gente, y que si volviesen un paso atrás que los indios los ternian
-en poco, é que en tierra llana era, y que no<span class="pagenum"
-id="Page_152">p. 152</span> queria volver, sino ir adelante; y para
-ello, de nuestros soldados de Cortés le ayudaban á decir que no se
-volviese, y que en otras entradas y guerras peligrosas se habian visto,
-é que, gracias á Dios, habian tenido vitoria, no aprovechó cosa ninguna
-con cuanto les decian; sino por via de ruegos le trastornaron su seso,
-que volviesen y que desde Cholula escribiesen á Cortés sobre el caso; y
-así se volvió; y de que Cortés lo supo, se enojó, y envió á Cristóbal
-de Olí otros dos ballesteros, y le escribió que se maravillaba de su
-buen esfuerzo y valentía, que por palabras de ninguno dejase de ir á
-una cosa señalada como aquella; y de que el Cristóbal de Olí vió la
-carta, hacia bramuras de enojo, y dijo á los que tal le aconsejaron que
-por su causa habia caido en falta.</p>
-
-<p>Y luego, sin más determinacion, les mandó fuesen con él, é que el
-que no quisiese ir, que se volviese al real por cobarde, que Cortés le
-castigaria en llegando; y como iba hecho un bravo leon de enojo con
-su gente camino de Guacachula, ántes que llegasen como una legua, le
-salieron á decir los caciques de aquel pueblo de la manera y arte que
-estaban los de Culúa, y cómo habia de dar en ellos, y de qué manera
-habia de ser ayudado; y como lo hubieron entendido, apercebió los de á
-caballo y ballesteros y soldados, y segun y de la manera que tenian en
-el concierto da en los de Culúa.</p>
-
-<p>Y puesto que pelearon muy bien por un buen rato, y le hirieron
-ciertos soldados y<span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span>
-mataron dos caballos y hirieron otros ocho en unas fuerzas y albarradas
-que estaban en aquel pueblo, en obra de una hora estaban ya puestos en
-huida todos los mejicanos; y dicen que nuestros tlascaltecas que lo
-hicieron muy varonilmente, que mataban y prendian muchos dellos, y como
-les ayudaban todos los de aquel pueblo y provincia, hicieron muy grande
-estrago en los mejicanos, que presto procuraron retraerse é hacerse
-fuertes en otro gran pueblo que se dice Ozucar, donde estaban otras
-muy grandes guarniciones de mejicanos, y estaban en gran fortaleza, y
-quebraron una puente porque no pudiesen pasar caballos ni el Cristóbal
-de Olí; porque, como he dicho, andaba enojado, hecho un tigre, y no
-tardó mucho en aquel pueblo; que luego se fué á Ozucar con todos los
-que le pudieron seguir, y con los amigos de Guacachula pasó el rio y
-dió en los escuadrones mejicanos, que de presto los venció, y allí
-le mataron dos caballos, y á él le dieron dos heridas, y la una en
-el muslo, y el caballo muy bien herido, y estuvo en Ozucar dos dias;
-y como todos los mejicanos fueron desbaratados, luego vinieron los
-caciques y señores de aquel pueblo y de otros comarcanos á demandar
-paz, y se dieron por vasallos de nuestro Rey y señor; y como todo
-fué pacífico, se fué con todos sus soldados á nuestra villa de la
-Frontera.</p>
-
-<p>Y porque yo no fuí en esta entrada, digo en esta relacion que
-dicen que pasó lo que he di<span class="pagenum" id="Page_154">p.
-154</span>cho; y nuestro Cortés le salió á recebir, y todos nosotros,
-y hubimos mucho placer, y reíamos de cómo le habian convocado á que se
-volviese, y el Cristóbal de Olí tambien reia, y decia que mucho más
-cuidado tenian algunos de sus minas y de Cuba que no de las armas, y
-que juraba á Dios que no le acaeciese llevar consigo, si á otra entrada
-fuese, sino de los pobres soldados de los de Cortés, y no de los ricos
-que venian de Narvaez, que querian mandar más que no él.</p>
-
-<p>Dejemos de platicar más desto, y digamos cómo el coronista Gómora
-dice en su historia que por no entender bien el Cristóbal de Olí á los
-naguatatos é intérpretes se volvia del camino de Guacachula, creyendo
-que era trato doble contra nosotros; y no fué ansí como dice, sino que
-los más principales capitanes de los del Narvaez, como les decian otros
-indios que estaban grandes escuadrones de mejicanos juntos y más que en
-lo de Méjico y Obtumba, y que con ellos estaba el señor de Méjico, que
-se decia Guatemuz, que entónces le habian alzado por Rey, como habian
-escapado tan mal parados de lo de Méjico, tuvieron grande temor de
-entrar en aquellas batallas, y por esta causa convocaron al Cristóbal
-de Olí que se volviese, y aunque todavía porfiaba de ir adelante, esta
-es la verdad.</p>
-
-<p>Y tambien dice que fué el mismo Cortés á aquella guerra cuando el
-Cristóbal de Olí se volvia; no fué ansí, que el mismo Cristóbal de
-Olí, maestre de campo, es el que fué, como di<span class="pagenum"
-id="Page_155">p. 155</span>cho tengo.</p>
-
-<p>Tambien dice dos veces que los que informaron á los de Narvaez
-cómo estaban los muchos millares de indios juntos, que fueron los de
-Guaxocingo, cuando pasaban por aquel pueblo.</p>
-
-<p>Tambien digo que se engañó, porque claro está que para ir desde
-Tepeaca á Cachula no habian de volver atrás por Guaxocingo, que era ir
-como si estuviésemos agora en Medina del Campo, y para ir á Salamanca
-tomar el camino por Valladolid; no es más lo uno en comparacion de lo
-otro.</p>
-
-<p>Y dejemos ya esta materia, y digamos lo que más en aquel instante
-aconteció, é fué que vino un navío al puerto del peñol del Nombre-Feo,
-que se decia el Tal de Bernal, junto á la Villa-Rica, que venia de lo
-de Pánuco, que era de los que enviaba Garay, y venia en él por capitan
-uno que se decia Camargo, y lo que pasó adelante diré.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_133">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO APORTÓ AL PEÑOL Y PUERTO QUE ESTÁ JUNTO Á LA
- VILLA-RICA UN NAVÍO DE LOS DE FRANCISCO GARAY, QUE HABIA ENVIADO Á
- POBLAR EL RIO DE PÁNUCO, Y LO QUE SOBRE ELLO MÁS PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Estando que estábamos en Segura de la Frontera, de la manera que en
-mi relacion habrán oido, vinieron cartas á Cortés cómo habia apor<span
-class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>tado un navío de los que
-el Francisco de Garay habia enviado á poblar á Pánuco, é que venia
-por capitan uno que se decia Fulano Camargo, y traia sobre sesenta
-soldados, y todos dolientes y muy amarillos é hinchadas las barrigas, y
-que habian dicho que otro capitan que el Garay habia enviado á poblar á
-Pánuco, que se decia Fulano Álvarez Pinedo, que los indios del Pánuco
-lo habian muerto, y á todos los soldados y caballos que habia enviado á
-aquella provincia, y que los navíos se los habian quemado; y que este
-Camargo, viendo el mal suceso, se embarcó con los soldados que dicho
-tengo, y se vino á socorrer á aquel puerto, porque bien tenia noticia
-que estábamos poblados allí, y á causa que por sustentar las guerras
-con los indios no tenian qué comer, y venian muy flacos y amarillos
-é hinchados; y más dijeron, que el capitan Camargo habia sido fraile
-dominico, é que habia hecho profesion; los cuales soldados, con su
-capitan, se fueron luego su poco á poco á la villa de la Frontera,
-porque no podian andar á pié de flacos; y cuando Cortés los vió tan
-hinchados y amarillos, que no eran para pelear, harto teniamos que
-curar en ellos; al Camargo hizo mucha honra, y á todos los soldados, y
-tengo que el Camargo murió luego, que no me acuerdo bien qué se hizo, y
-tambien se murieron muchos soldados; y entónces por burlar les llamamos
-y pusimos por nombre los panzaverdetes, porque traian las colores
-de muertos y las<span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>
-barrigas muy hinchadas.</p>
-
-<p>Y por no me detener en contar cada cosa en qué tiempo y lugar
-acontecian, pues eran todos los navíos que en aquel tiempo venian á la
-Villa-Rica del Garay, y puesto que se vinieron los unos de los otros
-un mes delanteros, hagamos cuenta que todos aportaron á aquel puerto,
-agora sea un mes ántes los unos que los otros; y esto digo porque
-vino luego un Miguel Diaz de Auz, aragones, por capitan de Francisco
-de Garay, el cual le enviaba para socorro al capitan Fulano Álvarez
-Pinedo, que creia que estaba en Pánuco; y como llegó al puerto del
-Pánuco, y no halló ni pelo de la armada de Garay, luego entendió por lo
-que vido que le habian muerto; porque al Miguel Diaz le dieron guerra,
-luego que llegó con un navío, los indios de aquella provincia, y por
-aquel efeto vino á aquel nuestro puerto y desembarcó sus soldados, que
-eran más de cincuenta, y más siete caballos, y se fué luego para donde
-estábamos con Cortés; y este fué el mejor socorro y al mejor tiempo que
-le habiamos menester.</p>
-
-<p>Y para que bien sepan quién fué este Miguel Diaz de Auz, digo yo
-que sirvió muy bien á su majestad en todo lo que se ofreció en las
-guerras y conquistas de la Nueva-España, y este fué el que trajo
-pleito, despues de ganada la Nueva-España, con un cuñado de Cortés,
-que se decia Andrés de Barrios, natural de Sevilla, que llamábamos
-el danzador, sobre el pleito de la mitad de Mestitan, que se<span
-class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span> sentenció despues con
-que le dén la parte de lo que rentare el pueblo, más de dos mil y
-quinientos pesos de su parte, con tal que no entre en el pueblo por dos
-años, porque en lo que le acusaban era que habia muerto ciertos indios
-en aquel pueblo y en otros que habian tenido.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que desde á pocos dias que Miguel
-Diaz de Auz habia venido á aquel puerto de la manera que dicho tengo,
-aportó luego otro navío que enviaba el mismo Garay en ayuda y socorro
-de su armada, creyendo que todos estaban buenos y sanos en el rio de
-Pánuco, y venia en él por capitan un viejo que se decia Ramirez, é ya
-era hombre anciano, y á esta causa le llamamos Ramirez el viejo, porque
-habia en nuestro real dos Ramirez, y traia sobre cuarenta soldados y
-diez caballos é yeguas, y ballesteros y otras armas; y el Francisco de
-Garay no hacia sino echar unos navíos tras de otros al perdido y todo
-era favorecer y enviar socorro á Cortés, tan buena fortuna le ocurria,
-y á nosotros era de gran ayuda; y todos estos de Garay que dicho tengo
-fueron á Tepeaca, adonde estábamos; y porque los soldados que traia
-Miguel Diaz de Auz venian muy recios y gordos, les pusimos por nombre
-los de los lomos recios; y los que traia el viejo Ramirez traian unas
-armas de algodon de tanto gordor, que no las pasara ninguna flecha,
-y pesaban mucho, y pusímosles por nombre los de las albardillas; y
-cuando fueron los capitanes que<span class="pagenum" id="Page_159">p.
-159</span> dicho tengo delante de Cortés les hizo mucha honra.</p>
-
-<p>Dejemos de contar de los socorros que teniamos de Garay, que fueron
-buenos, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á una entrada
-á unos pueblos que se dicen Xalacingo y Cacatami.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_134">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXIV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO ENVIÓ CORTÉS Á GONZALO DE SANDOVAL Á PACIFICAR
- LOS PUEBLOS DE XALACINGO Y CACATAMI, Y LLEVÓ DUCIENTOS SOLDADOS
- Y VEINTE DE Á CABALLO Y DOCE BALLESTEROS, Y PARA QUE SUPIESE QUÉ
- ESPAÑOLES MATARON EN ELLOS, Y QUE MIRASE QUÉ ARMAS LES HABIAN TOMADO
- Y QUÉ TIERRA ERA, Y LES DEMANDASE EL ORO QUE ROBARON, Y DE LO QUE MÁS
- EN ELLO PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como ya Cortés tenia copia de soldados y caballos y ballestas, é se
-iba fortaleciendo con los dos navichuelos que envió Diego Velazquez,
-y envió en ellos por capitanes á Pedro Barba y Rodrigo de Morejon
-de Lobera, y trajeron en ellos sobre veinte y cinco soldados, y dos
-caballos y una yegua, y luego vinieron los tres navíos de los de Garay,
-que fué el primero capitan que vino, Camargo, y el segundo Miguel<span
-class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span> Diaz de Auz, y el postrero
-Ramirez el viejo, y traian entre todos estos capitanes que he nombrado
-sobre ciento y veinte soldados y diez y siete caballos é yeguas, é las
-yeguas eran de juego y de carrera.</p>
-
-<p>Y Cortés tuvo noticia de que en unos pueblos que se dicen Cacatami
-y Xalacingo, é en otros sus comarcanos, habian muerto muchos soldados
-de los de Narvaez que venian camino de Méjico, é ansimesmo que en
-aquellos pueblos habian muerto y robado el oro á un Juan de Alcántara é
-á otros dos vecinos de la Villa-Rica, que era lo que les habia cabido
-de las partes á todos los vecinos que quedaban en la misma villa,
-segun más largo lo he escrito en el capítulo que dello se trata; y
-envió Cortés para hacer aquella entrada por capitan á Gonzalo de
-Sandoval, que era alguacil mayor, y muy esforzado y de buenos consejos,
-y llevó consigo ducientos soldados, todos los más de los nuestros de
-Cortés, y veinte de á caballo é doce ballesteros y buena copia de
-tlascaltecas; y ántes que llegase á aquellos pueblos supo que estaban
-todos puestos en armas, y juntamente tenian consigo guarniciones de
-mejicanos, é que se habian muy bien fortalecido con albarradas y
-pertrechos, porque bien habian entendido que por las muertes de los
-españoles que habian muerto, que luego habiamos de ser contra ellos
-para los castigar, como á los de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco; y
-Sandoval ordenó muy bien sus escuadrones y ballesteros, y mandó á<span
-class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span> los de á caballo cómo y de
-qué manera habian de ir y romper; y primero que entrasen en su tierra
-les envió mensajeros á decilles que viniesen de paz y que diesen el
-oro y armas que habian robado, é que la muerte de los españoles se les
-perdonaria.</p>
-
-<p>Y á esto de les enviar mensajeros á decilles que viniesen de paz
-fueron tres ó cuatro veces, y la respuesta que les enviaban era,
-que allá iban; que como habian muerto é comido los teules que les
-demandaban, que ansí harian al capitan y á todos los que llevaba; por
-manera que no aprovechaban mensajes; y otra vez les tornó á enviar á
-decir que él les haria esclavos por traidores y salteadores de caminos,
-y que se aparejasen á defender; y fué Sandoval con sus compañeros y
-les entró por dos partes; que puesto que peleaban muy bien todos los
-mejicanos y los naturales de aquellos pueblos, sin más referir lo que
-allí en aquellas batallas pasó, los desbarató, y fueron huyendo todos
-los mejicanos y caciques de aquellos pueblos, y siguió el alcance y
-se prendieron muchas gentes menudas; que de los indios no se curaban,
-por no tener qué guardar; y hallaron en unos cues de aquel pueblo
-muchos vestidos, y armas, y frenos de caballos y dos sillas, y otras
-muchas cosas de la jineta, que habian presentado á sus indios; y acordó
-Sandoval de estar allí tres dias, y vinieron los caciques de aquellos
-pueblos á pedir perdon y á dar la obediencia á su majestad Cesárea; y
-Sandoval les dijo<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>
-que diesen el oro que habian robado á los españoles que mataron é que
-luego les perdonaria; y respondieron que el oro, que los mejicanos
-lo hubieron y que lo enviaron al señor de Méjico que entónces habian
-alzado por Rey, y que no tenian ninguno; por manera, que les mandó que
-en cuanto el perdon, que fuesen adonde estaba el Malinche, é que él les
-hablaria é perdonaria; y ansí, se volvió con una buena presa de mujeres
-y muchachos, que echaron el hierro por esclavos.</p>
-
-<p>Y Cortés se holgó mucho cuando le vió venir bueno y sano, puesto que
-traia cosa de ocho soldados mal heridos y tres caballos ménos, y aun
-el Sandoval traia un flechazo; é yo no fuí en esta entrada, que estaba
-muy malo de calenturas y echaba sangre por la boca; é gracias á Dios,
-estuve bueno porque me sangraron muchas veces.</p>
-
-<p>É como Gonzalo de Sandoval habia dicho á los caciques de Xalacingo é
-Cacatami que viniesen á Cortés á demandar paces, no solamente vinieron
-aquellos pueblos solos, sino tambien otros muchos de la comarca, y
-todos dieron la obediencia á su majestad, y traian de comer á aquella
-villa adonde estábamos.</p>
-
-<p>É fué aquella entrada que hizo de mucho provecho, y se pacificó toda
-la tierra; y dende en adelante tenia Cortés tanta fama en todos los
-pueblos de la Nueva-España, lo uno de muy justificado y lo otro de muy
-esforzado, que á todos ponia temor, y muy mayor á Guatemuz, el señor
-y rey nuevamente alzado en Méjico; y tanta era<span class="pagenum"
-id="Page_163">p. 163</span> la autoridad, ser y mando que habia cobrado
-nuestro Cortés, que venian ante él pleitos de indios de léjas tierras,
-en especial sobre cosas de cacicazgos y señoríos; que, como en aquel
-tiempo anduvo la viruela tan comun en la Nueva-España, fallecian muchos
-caciques, y sobre á quién le pertenecia el cacicazgo y ser señor y
-partir tierras ó vasallos ó bienes venian á nuestro Cortés, como á
-señor absoluto de toda la tierra, para que por su mano é autoridad
-alzase por señor á quien le pertenecia.</p>
-
-<p>Y en aquel tiempo vinieron del pueblo de Ozucar y Guacachula, otras
-veces ya por mí nombrado; porque en Ozucar estaba casada una parienta
-muy cercana de Montezuma con el señor de aquel pueblo, y tenian un
-hijo que decian era sobrino del Montezuma, é segun parece, heredaba el
-señorío, é otros decian que le pertenecia á otro señor, y sobre ello
-tuvieron muy grandes diferencias, y vinieron á Cortés, y mandó que le
-heredase el pariente de Montezuma, y luego cumplieron su mandato; é
-ansí vinieron de otros muchos pueblos de á la redonda sobre pleitos, y
-á cada uno mandaba dar sus tierras y vasallos, segun sentia por derecho
-que les pertenecia.</p>
-
-<p>Y en aquella sazon tambien tuvo noticia Cortés que en un pueblo
-que estaba de allí seis leguas, que se decia Cocotlan, y le pusimos
-por nombre Castilblanco (como ya otras veces he dicho, dando la causa
-por qué se le puso este nombre), habian muerto nueve españoles, envió
-al mismo<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> Gonzalo
-de Sandoval para que los castigase y los trajese de paz, y fué allá
-con treinta de á caballo y cien soldados, y ocho ballesteros y cinco
-escopeteros, y muchos tlascaltecas, que siempre se mostraron muy
-aficionados y eran buenos guerreros.</p>
-
-<p>Y despues de hechos sus requerimientos y protestaciones, que vieron
-y les enviaron á decir otras muchas cosas de cumplimientos con cinco
-indios principales de Tepeaca, y si no venian que les daria guerra y
-haria esclavos.</p>
-
-<p>Y pareció ser estaban en aquel pueblo otros escuadrones de mejicanos
-en su guarda y amparo, y respondieron que señor tenian, que era
-Guatemuz; que no habian menester ni venir ni ir á llamado de otro
-señor; que si allá fuesen, que en el camino les hallarian, que no se
-les habian ahora fallecido las fuerzas ménos que las tenian en Méjico
-y puentes y calzadas, é que ya sabian á qué tanto llegaban nuestras
-valentías.</p>
-
-<p>Y cuando aquello oyó Sandoval, puesta muy en órden su gente cómo
-habia de pelear, y los de á caballo y escopeteros y ballesteros,
-mandó á los tlascaltecas que no se metiesen en los enemigos al
-principio, porque no estorbasen á los caballos y porque no corriesen
-peligro, ó hiriesen algunos dellos con las ballestas y escopetas ó los
-atropellasen con los caballos, hasta haber rompido los escuadrones,
-y cuando los hubiesen desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y
-siguiesen el alcance; y luego comenzó á caminar hácia el pueblo, y
-salen al camino y encuentro<span class="pagenum" id="Page_165">p.
-165</span> dos escuadrones de guerreros junto á unas fuerzas y
-barrancas, y allí estuvieron fuertes un rato, y con las ballestas y
-escopetas les hacian mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lugar
-de pasar aquella fuerza é albarradas con los caballos; y aunque le
-hirieron nueve caballos, y uno murió, y tambien le hirieron cuatro
-soldados, como se vió fuera de mal paso é tuvo lugar por donde
-corriesen los caballos, y aunque no era buena tierra ni llano, que
-habia muchas piedras, da tras los escuadrones, rompiendo por ellos,
-que los llevó hasta el mismo pueblo, adonde estaba un gran patio,
-y allí tenian otra fuerza y unos cues, adonde se tornaron á hacer
-fuertes; y puesto que peleaban muy bravosamente, todavía los venció,
-y mató hasta siete indios, porque estaban en malos pasos; y los
-tlascaltecas no habian menester mandalles que siguiesen el alcance,
-que con la ganancia, como eran guerreros, ellos tenian el cargo,
-especialmente como sus tierras no estaban léjos de aquel pueblo; allí
-se hubieron muchas mujeres y gente menuda, y estuvo allí el Gonzalo
-de Sandoval dos dias, y envió á llamar los caciques de aquel pueblo
-con unos principales de Tepeaca que iban en su compañía, y vinieron, y
-demandaron perdon de la muerte de los españoles, y Sandoval les dijo
-que si daban las ropas y hacienda que robaron de los que mataron,
-que se les perdonaria, y respondieron que todo lo habian quemado y
-que no tenian ninguna cosa, y<span class="pagenum" id="Page_166">p.
-166</span> que los que mataron, que los más dellos habian ya comido, y
-que cinco teules enviaron vivos á Guatemuz, su señor, y que ya habian
-pagado la pena con los que agora les habian muerto en el campo y en
-el pueblo; que les perdonase, é que llevarian muy bien de comer y
-bastecerian la villa donde estaba Malinche.</p>
-
-<p>Y como el Gonzalo de Sandoval vió que no se podia hacer más, les
-perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en lo que les mandasen; y
-con este recaudo se fué á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de
-todos los del real.</p>
-
-<p>Donde dejaré de hablar más en ello, y digamos cómo se herraron todos
-los esclavos que se habian habido en aquellos pueblos y provincia, y lo
-que sobre ello se hizo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_135">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO SE RECOGIERON TODAS LAS MUJERES Y ESCLAVOS
- DE TODO NUESTRO REAL QUE HABIAMOS HABIDO EN AQUELLO DE TEPEACA Y
- CACHULA, TECAMECHALCO Y EN CASTILBLANCO Y EN SUS TIERRAS, PARA QUE SE
- HERRASEN CON EL HIERRO EN NOMBRE DE SU MAJESTAD, Y LO QUE SOBRE ELLO
- PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como Gonzalo de Sandoval hubo llegado á la villa de Segura de
-la Frontera, de hacer aque<span class="pagenum" id="Page_167">p.
-167</span>llas entradas que ya he dicho, y en aquella provincia
-todos los teniamos ya pacíficos, y no teniamos por entónces donde ir
-á entrar, porque todos los pueblos de los rededores habian dado la
-obediencia á su Majestad, acordó Cortés, con los oficiales del Rey,
-que se herrasen las piezas y esclavos que se habian habido, para sacar
-su quinto, despues que se hubiese primero sacado el de su majestad, y
-para ello mandó dar pregones en el real é villa que todos los soldados
-llevásemos á una casa que estaba señalada para aquel efeto á herrar
-todas las piezas que tuviesen recogidas, y dieron de plazo aquel
-dia que se pregonó y otro; y todos ocurrimos con todas las indias,
-muchachas y muchachos que habiamos habido; que de hombres de edad no
-nos curábamos dellos, que eran malos de guardar, y no habiamos menester
-su servicio, teniendo á nuestros amigos los tlascaltecas.</p>
-
-<p>Pues ya juntas todas las piezas, y hecho el hierro, que era una G
-como esta, que queria decir guerra, cuando no nos catamos, apartan el
-real quinto, y luego sacan otro quinto para Cortés; y demás desto, la
-noche ántes, cuando metimos las piezas, como he dicho en aquella casa,
-habian ya escondido y tomado las mejores indias, que no pareció allí
-ninguna buena, y al tiempo del repartir dábannos las viejas y ruines;
-y sobre esto hubo muy grandes murmuraciones contra Cortés y de los
-que mandaban hurtar y esconder las buenas indias; y de tal manera se
-lo dijeron<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> al mismo
-Cortés soldados de los de Narvaez, que juraban á Dios que no habian
-visto tal, haber dos Reyes en la tierra de nuestro Rey y señor y sacar
-dos quintos; y uno de los soldados que se lo dijeron fué un Juan Bono
-de Quejo; y más dijo, que no estarian en tal tierra, y que lo harian
-saber en Castilla á su majestad y á los de su Real Consejo de Indias; y
-tambien dijo á Cortés otro soldado muy claramente que no bastó repartir
-el oro que se habia habido en Méjico de la manera que lo repartió, y
-que cuando estaba repartiendo las partes decia que eran trecientos
-mil pesos los que se habian llegado, y que cuando salimos huyendo de
-Méjico mandó tomar por testimonio que quedaban más de setecientos
-mil, y que agora el pobre soldado que habia echado los bofes y estaba
-lleno de heridas por haber una buena india, y les habian dado enaguas
-y camisas, habian tomado y escondido las tales indias, y que cuando
-dieron el pregon para que se llevasen á herrar, que creyeron que á
-cada soldado volverian sus piezas y que apreciarian qué tantos pesos
-valian, y que como las apreciasen pagasen el quinto á su majestad, y
-que no habria más quinto para Cortés; y decian otras murmuraciones
-peores que estas; y como Cortés aquello vió, con palabras algo blandas
-dijo que juraba en su conciencia (que aquesto tenia costumbre de jurar)
-que de allí adelante no seria ni se haria de aquella manera, sino que
-buenas ó malas indias, sacallas al almoneda, y<span class="pagenum"
-id="Page_169">p. 169</span> la buena que se venderia por tal, y la que
-no lo fuese por ménos precio, y de aquella manera no ternian que reñir
-con él.</p>
-
-<p>Y puesto que allí en Tepeaca no se hicieron más esclavos, mas
-despues en lo de Tezcuco casi que fué desta manera, como adelante
-diré.</p>
-
-<p>Y dejaré de hablar en esta materia, y digamos otra cosa casi peor
-que esto de los esclavos, y es que ya he dicho en el capítulo que dello
-habla, cuando la triste noche que salimos de Méjico huyendo, cómo
-quedaban en la sala donde posaba Cortés muchas barras de oro perdido,
-que no lo podian sacar, más de lo que cargaron en la yegua y caballos
-y muchos tlascaltecas, y lo que hurtaron los amigos y otros soldados
-que cargaron dello; y como lo demás se quedaba perdido en poder de los
-mejicanos, Cortés dijo delante de un escribano del Rey que cualquiera
-que quisiese sacar oro de lo que allí quedaba, que se lo llevase mucho
-en buena hora por suyo, como se habia de perder; y muchos soldados de
-los de Narvaez cargaron dello, y asimismo algunos de los nuestros, y
-por sacallo perdieron muchos dellos las vidas, y los que escaparon con
-la presa que traian, habian estado en gran riesgo de morir y salieron
-llenos de heridas.</p>
-
-<p>Y como en nuestro real y villa de Segura de la Frontera, que así
-se llamaba, alcanzó Cortés á saber que habia muchas barras de oro, y
-que andaban en el juego, y como dice el refran que el oro y amores
-son malos de encubrir, mandó dar un pregon, so<span class="pagenum"
-id="Page_170">p. 170</span> graves penas, que traigan á manifestar
-el oro que sacaron, y que les dará la tercia parte dello, y si no lo
-traen, que se lo tomará todo; y muchos soldados de los que lo tenian no
-lo quisieron dar, y alguno se lo tomó Cortés como prestado, y más por
-fuerza que por grado; y como todos los más capitanes tenian oro, y aun
-los oficiales del Rey muy mejor, que hicieron sacos dello, se calló lo
-del pregon, que no se habló en ello; mas pareció muy mal esto que mandó
-Cortés.</p>
-
-<p>Dejémoslo ya de más declarar, y digamos cómo todos los demás
-capitanes y personas principales de los que pasaron con Narvaez
-demandaron licencia á Cortés para se volver á Cuba, y Cortés se la dió,
-y lo que más acaeció.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_136">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXVI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO DEMANDARON LICENCIA Á CORTÉS LOS CAPITANES
- Y PERSONAS MÁS PRINCIPALES DE LOS QUE NARVAEZ HABIA TRAIDO EN SU
- COMPAÑÍA PARA SE VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y CORTÉS SE LA DIÓ Y SE
- FUERON. Y DE CÓMO DESPACHÓ CORTÉS EMBAJADORES PARA CASTILLA Y PARA
- SANTO DOMINGO Y JAMÁICA, Y LO QUE SOBRE CADA COSA ACAECIÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como vieron los capitanes de Narvaez que ya teniamos socorros, así
-de los que vinieron de Cuba como los de Jamáica que habia enviado<span
-class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> Francisco de Garay para
-su armada, segun lo tengo declarado en el capítulo que dello habla, y
-vieron que los pueblos de la provincia de Tepeaca estaban pacíficos,
-despues de muchas palabras que á Cortés dijeron, con grandes ofertas y
-ruegos le suplicaron que les diese licencia para se volver á la isla
-de Cuba, pues se lo habia prometido, y luego Cortés se la dió, y les
-prometió que si volvia á ganar la Nueva-España y ciudad de Méjico, que
-al Andrés de Duero, su compañero, que le daria mucho más oro que le
-habia de ántes dado; y así hizo otras ofertas á los demás capitanes, en
-especial á Agustin Bermudez, y les mandó dar matalotaje que en aquella
-sazon habia, que era maíz y perrillos salados y algunas gallinas, y un
-navío de los mejores, y escribió Cortés á su mujer Catalina Juarez la
-Marcaida y á Juan Nuñez, su cuñado, que en aquella sazon vivia en la
-isla de Cuba, y les envió ciertas barras y joyas de oro, y les hizo
-saber todas las desgracias y trabajos que nos habian acaecido, y cómo
-nos echaron de Méjico.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos las personas que pidieron la licencia para
-se volver á Cuba, que todavía iban ricos, y fueron Andrés de Duero
-y Agustin Bermudez, y Juan Bono de Quejo y Bernardino de Quesada, y
-Francisco Velazquez el corcovado, pariente del Diego Velazquez el
-gobernador de Cuba, y Gonzalo Carrasco el que vive en la Puebla,
-que despues se volvió á esta Nueva-España, y un Melchor de<span
-class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> Velasco, que fué vecino de
-Guatimala, y un Jimenez que vive en Guajaca, que fué por sus hijos, y
-el comendador Leon de Cervantes, que fué por sus hijas, que despues
-de ganado Méjico las casó muy honradamente, y se fué uno que se decia
-Maldonado, natural de Medellin, que estaba doliente; no digo Maldonado
-el que fué marido de doña María del Rincon, ni por Maldonado el ancho,
-ni otro Maldonado que se decia Álvaro Maldonado el fiero, que fué
-casado con una señora que se decia María Arias; y tambien se fué un
-Vargas, vecino de la Trinidad, que le llamaban en Cuba Vargas el galan:
-no digo el Vargas que fué suegro de Cristóbal Lobo, vecino que fué de
-Guatimala; y se fué un soldado de los de Cortés, que se decia Cárdenas,
-piloto; aquel Cárdenas fué el que dijo á un su compañero que ¿cómo
-podiamos reposar los soldados teniendo dos Reyes en esta Nueva-España?
-Este fué á quien Cortés dió trecientos pesos para que se fuese con su
-mujer é hijos.</p>
-
-<p>Y por excusar prolijidad de ponellos todos por memoria, se fueron
-otros muchos que no me acuerdo bien sus nombres; y cuando Cortés les
-dió la licencia, dijimos que para qué se la daba, pues que éramos
-pocos los que quedábamos; y respondió que por excusar escándalos é
-importunaciones, y que ya veiamos que para la guerra algunos de los
-que se volvian á Cuba no lo eran, y que valía más estar solos que mal
-acompañados; y para los despachar del puerto envió Cortés á Pedro
-de<span class="pagenum" id="Page_173">p. 173</span> Albarado; y en
-habiéndolos embarcado, le mandó que se volviese luego á la villa.</p>
-
-<p>Y digamos ahora que tambien envió á Castilla á Diego de Ordás y
-á Alonso de Mendoza, natural de Medellin y de Cáceres, con ciertos
-recaudos de Cortés, que yo no sé otros que llevase nuestros, ni nos dió
-parte de cosa de los negocios que enviaba á tratar con su majestad,
-ni lo que pasó en Castilla yo no lo alcancé á saber, salvo que á
-boca llena decia el Obispo de Búrgos delante del Diego de Ordás que
-así Cortés como todos los soldados que pasamos con él éramos malos
-y traidores, puesto que el Ordás sé cierto respondia muy bien por
-todos nosotros; y entónces le dieron al Ordás una encomienda de señor
-Santiago, y por armas el volcan que está entre Guaxocingo y cerca
-de Cholula; y lo que negoció adelante lo diré, segun lo supimos por
-carta.</p>
-
-<p>Dejemos esto aparte, y diré cómo Cortés envió á Alonso de Ávila,
-que era capitan y contador desta Nueva-España, y juntamente con él
-envió otro hidalgo que se decia Francisco Álvarez Chico, que era hombre
-que entendia de negocios; y mandó que fuesen con otro navío para la
-isla de Santo Domingo, á hacer relacion de todo lo acaecido á la Real
-audiencia que en ella residia; y á los frailes jerónimos que estaban
-por gobernadores de todas las islas, que tuviesen por bueno lo que
-habiamos hecho en las conquistas y el desbarate de Narvaez, y cómo
-habia hecho esclavos en los pueblos que habian<span class="pagenum"
-id="Page_174">p. 174</span> muerto españoles y se habian quitado de
-la obediencia que habian dado á nuestro Rey y señor, y que así se
-entendia hacer en todos los más pueblos que fueron de la liga y nombre
-de mejicanos; y que suplicaba que hiciese relacion dello en Castilla á
-nuestro gran Emperador, y tuviesen en la memoria los grandes servicios
-que siempre le haciamos, y que por su intercesion y de la Real
-audiencia fuésemos favorecidos con justicia contra la mala voluntad y
-obras que contra nosotros trataba el Obispo de Búrgos y Arzobispo de
-Rosano; y tambien envió otro navío á la isla de Jamáica por caballos
-é yeguas, y el capitan que con él fué se decia Fulano de Solís, que
-despues de ganado Méjico le llamamos Solís de la huerta, yerno de uno
-que se decia el bachiller Ortega.</p>
-
-<p>Bien sé que dirán algunos curiosos letores que sin dineros cómo
-enviaba al Diego de Ordás á negocios á Castilla, pues está claro que
-para Castilla y para otras partes son menester dineros; y que asimismo
-envió á Alonso de Ávila y á Francisco Álvarez Chico á Santo Domingo á
-negocios, y á la isla de Jamáica por caballos é yeguas.</p>
-
-<p>Á esto digo que, como al salir de Méjico salimos huyendo la noche
-por mí muchas veces referida, que, como quedaban en la sala muchas
-barras de oro perdido en un monton, que todos los más soldados
-apañaban dello; en especial los de á caballo, y los de Narvaez mucho
-mejor, y los oficiales de su majestad que lo tenian en poder<span
-class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> y cargo llevaron los fardos
-hechos.</p>
-
-<p>Y demás de esto, cuando se cargaron de oro más de ochenta indios
-tlascaltecas por mandado de Cortés, y fueron los primeros que salieron
-en las puentes, vista cosa era que salvarian muchas cargas dello, que
-no se perderia todo en la calzada; y como nosotros los pobres soldados
-que no teniamos mando, sino ser mandados, en aquella sazon procurábamos
-de salvar nuestras vidas, y despues de curar nuestras heridas, á
-esta causa no mirábamos en el oro, si salieron muchas cargas dello
-en las puentes ó no, ni se nos daba por mucho por ello; y Cortés con
-algunos de nuestros capitanes lo procuraron de haber de algunos de los
-tlascaltecas que lo sacaron, y tuvimos sospecha que los cuarenta mil
-pesos de las partes de los de la Villa-Rica, que tambien lo hubo y echó
-fama que lo habian robado, y con ello envió á Castilla á los negocios
-de su persona y á comprar caballos, y á la isla de Santo Domingo á la
-audiencia Real; porque en aquel tiempo todos se callaban con las barras
-de oro que tenian, aunque más pregones habian dado.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos como ya estaban de paz todos los pueblos
-comarcanos de Tepeaca, acordó Cortés que quedase en la villa de
-Segura de la Frontera por capitan un Francisco de Orozco con obra
-de veinte soldados que estaban heridos y dolientes; y con todos los
-más de nuestro ejército fuimos á Tlascala, y se dió órden que se
-cortase madera para hacer trece bergantines<span class="pagenum"
-id="Page_176">p. 176</span> para ir otra vez sobre Méjico; porque
-hallábamos por muy cierto que para la laguna sin bergantines no la
-podiamos señorear ni podiamos dar guerra, ni entrar otra vez por las
-calzadas en aquella gran ciudad sino con gran riesgo de nuestras vidas;
-y el que fué maestro de cortar la madera y dar el galibo y cuenta y
-razon cómo habian de ser veleros y ligeros para aquel efeto, y los
-hizo, fué un Martin Lopez, que ciertamente, demás de ser un buen
-soldado, en todas las guerras sirvió muy bien á su majestad.</p>
-
-<p>En esto de los bergantines trabajó en ellos como fuerte varon, y me
-parece que si por dicha no viniera en nuestra compañía de los primeros,
-como vino, que hasta enviar por otro maestro á Castilla se pasara mucho
-tiempo, ó no viniera ninguno.</p>
-
-<p>Volveré á nuestra materia, é digamos ahora que cuando llegamos á
-Tlascala ya era fallecido de viruelas nuestro gran amigo y muy leal
-vasallo de su majestad Masse-Escaci, de la cual muerte nos pesó á
-todos; y Cortés lo sintió tanto, como él decia, como si fuera su
-padre, y se puso luto de mantas negras, y asimismo muchos de nuestros
-capitanes y soldados; y á sus hijos y parientes del Masse-Escaci Cortés
-y todos nosotros les haciamos mucha honra; y porque en Tlascala habia
-diferencias sobre el mando y cacicazgo, señaló y mandó que lo fuese
-un su hijo legítimo del Masse-Escaci, porque así se lo habia mandado
-su padre ántes que muriese;<span class="pagenum" id="Page_177">p.
-177</span> y aun dijo á sus hijos y parientes que mirasen que no
-saliesen del mandado de Malinche y de sus hermanos, porque ciertamente
-éramos los que habiamos de señorear esas tierras, y les dió otros
-muchos buenos consejos.</p>
-
-<p>Dejemos ya de contar del Masse-Escaci, pues ya es muerto, y digamos
-de Xicotenga el viejo y de Chichimecatecle y de todos los demás
-caciques de Tlascala, que se ofrecieron de servir á Cortés, así en
-cortar la madera para los bergantines como para todo lo demás que les
-quisiesen mandar en la guerra contra mejicanos, é Cortés los abrazó con
-mucho amor y les dió gracias por ello, especialmente á Xicotenga el
-viejo y á Chichimecatecle: y luego procuró que se volviese cristiano,
-y el buen viejo de Xicotenga de buena voluntad dijo que lo queria ser,
-y con la mayor fiesta que en aquella sazon se pudo hacer, en Tlascala
-le bautizó el padre de la Merced, y le puso nombre don Lorenzo de
-Vargas.</p>
-
-<p>Volvamos á decir de nuestros bergantines, que el Martin Lopez se dió
-tanta priesa en cortar la madera, con la gran ayuda de los indios que
-le ayudaban, que en pocos dias la tenia ya cortada toda, y señalada
-su cuenta en cada madero para qué parte y lugar habia de ser, segun
-tienen sus señales los oficiales, maestros y carpinteros de ribera; y
-tambien le ayudaba otro buen soldado que se decia Andrés Nuñez, é un
-viejo carpintero que estaba cojo de una herida, que se decia Ramirez
-el viejo; y luego despachó el Cortés á la Villa<span class="pagenum"
-id="Page_178">p. 178</span>-Rica por mucho hierro y clavazon de los
-navíos que dimos al través, y por áncoras y velas é jarcias y cables
-y estopa, y por todo aparejo de hacer navíos, y mandó venir todos los
-herreros que habia, y á un Hernando de Aguilar, que era medio herrero,
-que ayudaba á machacar; y porque en aquel tiempo habia en nuestro real
-tres hombres que se decian Aguilar, llamamos á este Hernando de Aguilar
-Maja-hierro; y envió por capitan á la Villa-Rica, por los aparejos que
-he dicho, para mandallo traer, á un Santa Cruz, burgalés, regidor que
-despues fué de Méjico, persona muy buen soldado y diligente; y hasta
-las calderas para hacer brea, y todo cuanto de ántes habian sacado
-de los navíos, trujo con más de mil indios, que todos los pueblos de
-aquellas provincias, enemigos de mejicanos, luego se los daban para
-traer las cargas.</p>
-
-<p>Pues como no teniamos pez para brear, ni aun los indios lo sabian
-hacer, mandó Cortés á cuatro hombres de la mar, que sabian de aquel
-oficio, que en unos pinares cerca de Guaxocingo, que los hay buenos,
-fuesen á hacer la pez.</p>
-
-<p>Pasemos adelante, puesto que no va muy á propósito de la materia en
-que estaba hablando, que me han preguntado ciertos caballeros curiosos,
-que conocian muy bien á Alonso de Ávila, que cómo, siendo capitan y muy
-esforzado, y era contador de la Nueva-España, y siendo belicoso y de su
-inclinacion más para guerra que no ir á solicitar negocios con<span
-class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> los frailes jerónimos
-que estaban por gobernadores de todas las islas, ¿por qué causa le
-envió Cortés, teniendo otros hombres que estaban más acostumbrados á
-negocios, como era un Alonso de Grado ó un Juan de Cáceres el rico, y
-otros que me nombraron? Á esto digo que Cortés le envió al Alonso de
-Ávila porque sintió dél ser muy varon, y porque osaria responder por
-nosotros conforme á justicia; y tambien le envió por causa que, como
-el Alonso de Ávila habia tenido diferencias con otros capitanes, y
-tenia gran atrevimiento de decir á Cortés cualquiera cosa que veia que
-convenia decille, y por escusar ruidos y por dar la capitanía que tenia
-á Andrés de Tapia, y la contaduría á Alonso de Grado, como luego se la
-dió, por estas razones le envió.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra relacion: pues viendo Cortés que ya era cortada
-la madera para los bergantines, y se habian ido á Cuba las personas
-por mí nombradas, que eran los de Narvaez, que los teniamos por sobre
-huesos, especialmente poniendo temores que siempre nos ponian, que no
-seriamos bastantes para resistir el gran poder de mejicanos, cuando
-oian que deciamos que habiamos de ir á poner cerco sobre Méjico; y
-libres de aquellos temores, acordó Cortés que fuésemos con todos
-nuestros soldados á Tezcuco, é sobre ello hubo grandes y muchos
-acuerdos; porque unos soldados decian que era mejor sitio y acequias
-y zanjas para hacer los bergantines, en Ayocingo, junto á Chalco,
-que<span class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span> no en la zanja
-y estero de Tezcuco; y otros porfiaban que mejor seria en Tezcuco,
-por estar en parte y sitio y cerca de muchos pueblos; y que teniendo
-aquella ciudad por nosotros, desde allí hariamos entradas en las
-tierras comarcanas de Méjico; y puestos en aquella ciudad, tomariamos
-el mejor parecer como sucediesen las cosas.</p>
-
-<p>Pues ya que estaba acordado lo por mí dicho, viene nueva y cartas,
-que trujeron tres soldados, de cómo habia venido á la Villa-Rica un
-navío de Castilla y de las islas de Canaria, de buen porte, cargado
-de muchas ballestas y tres caballos, é muchas mercaderías, escopetas,
-pólvora é hilo de ballestas, y otras armas; y venia por señor de la
-mercadería y navío un Juan de Búrgos, y por maestre un Francisco Medel,
-y venian trece soldados; y con aquella nueva nos alegramos en gran
-manera, y si de ántes que supiésemos del navío nos dábamos priesa en
-la partida para Tezcuco, mucho más nos dimos entónces, porque luego
-le envió Cortés á comprar todas las armas y pólvora y todo lo más que
-traia, y aun el mismo Juan de Búrgos y el Medel y todos los pasajeros
-que traia se vinieron luego para donde estábamos; con los cuales
-recibimos contento, viendo tan buen socorro y en tal tiempo.</p>
-
-<p>Acuérdome que entónces vino un Juan del Espinar, vecino que fué de
-Guatimala, persona que fué muy rico; y tambien vino un Sagredo, tio de
-una mujer que se decia la Sagreda, que estaba en Cuba, naturales de
-la<span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span> villa de Medellin;
-tambien vino un vizcaino que se decia Monjaraz, tio que decia ser de
-Andrés de Monjaraz y Gregorio de Monjaraz, soldados que estaban con
-nosotros, y padre de una mujer que despues vino á Méjico, que se decia
-la Monjaraza, muy hermosa mujer.</p>
-
-<p>He traido aquí esto á la memoria por lo que adelante diré, y es
-que jamás fué el Monjaraz á guerra ninguna ni entrada con nosotros,
-porque andaba doliente en aquel tiempo; é ya que estaba muy bueno y
-sano é presumia de muy valiente soldado, cuando teniamos puesto cerco
-á Méjico dijo el Monjaraz que queria ir á ver cómo batallábamos con
-los mejicanos; porque no tenia á los mejicanos ni á otros indios
-por valientes; y fué, y se subió en un alto cu, como torrecilla, y
-nunca supimos, cómo ni de qué manera le mataron indios en aquel mismo
-dia, y muchas personas dijeron, que le habian conocido en la isla de
-Santo Domingo, que fué permision divina que muriese aquella muerte,
-porque habia muerto á su mujer, muy honrada y buena y hermosa, sin
-culpa ninguna, y que buscó testigos falsos que juraron que le hacia
-maleficio.</p>
-
-<p>Quiero dejar ya de contar cosas pasadas, y digamos cómo fuimos á la
-ciudad de Tezcuco, y lo que más pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_137">
- <p><span class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXVII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CAMINAMOS CON TODO NUESTRO EJÉRCITO CAMINO DE
- LA CIUDAD DE TEZCUCO, Y LO QUE EN EL CAMINO NOS AVINO, Y OTRAS COSAS
- QUE PASARON.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés vió tan buena prevencion, así de escopetas y pólvora
-y ballestas y caballos, y conoció de todos nosotros, así capitanes
-como soldados, el gran deseo que teniamos de estar ya sobre la gran
-ciudad de Méjico, acordó de hablar á los caciques de Tlascala para que
-le diesen diez mil indios de guerra que fuesen con nosotros aquella
-jornada hasta Tezcuco, que es una de las mayores ciudades que hay en
-toda la Nueva-España, despues de Méjico; y como se lo demandó y les
-hizo un buen parlamento sobre ello, luego Xicotenga el viejo, que en
-aquella sazon se habia vuelto cristiano y se llamó don Lorenzo de
-Vargas, como dicho tengo, dijo que le placia de buena voluntad, no
-solamente diez mil hombres, sino muchos más si los querian llevar,
-y que iria por capitan dellos otro cacique muy esforzado é nuestro
-gran amigo que se decia Chichimeclatecle, y Cortés le dió las gracias
-por ello; y despues de hecho nuestro alarde, que ya no me acuerdo
-bien qué tanta copia éramos, así de soldados como de los de<span
-class="pagenum" id="Page_183">p. 183</span>más, un dia despues de la
-Pascua de Navidad del año de 1520 años comenzamos á caminar con mucho
-concierto, como lo teniamos de costumbre.</p>
-
-<p>Fuimos á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, y los del mismo
-pueblo nos dieron lo que habiamos menester de allí adelante; era
-tierra de mejicanos, é íbamos más recatados, nuestra artillería puesta
-en mucho concierto, y ballesteros y escopeteros, y siempre cuatro
-corredores del campo á caballo, y otros cuatro soldados de espada y
-rodela muy sueltos, juntamente con los de á caballo para ver los pasos
-si estaban para pasar caballos, porque en el camino tuvimos aviso que
-estaba embarazado de aquel dia un mal paso, y la sierra con árboles
-cortados, porque bien tuvieron noticia en Méjico y en Tezcuco cómo
-caminábamos hácia su ciudad, y aquel dia no hallamos estorbo ninguno, y
-fuimos á dormir al pié de la sierra, que serian tres leguas, y aquella
-noche tuvimos buen frio, y con nuestras rondas y espías y velas y
-corredores del campo la pasamos; y cuando amaneció comenzamos á subir
-un puertezuelo y unos malos pasos como barrancas, y estaba cortada la
-sierra, por donde no podiamos pasar, y puesta mucha madera y pinos en
-el camino; y como llevábamos tantos amigos tlascaltecas, de presto
-se desembarazó, y con mucho concierto caminamos con una capitanía
-de escopetas y ballestas delante, y con nuestros amigos cortando y
-apartando árboles para poder pasar los caba<span class="pagenum"
-id="Page_184">p. 184</span>llos, hasta que subimos la sierra, y aun
-bajamos un poco abajo adonde se descubria la laguna de Méjico y sus
-grandes ciudades pobladas en el agua; y cuando la vimos dimos muchas
-gracias á Dios, que nos la tornó á dejar ver.</p>
-
-<p>Entónces nos acordamos de nuestro desbarate pasado, de cuando nos
-echaron de Méjico, y prometimos, si Dios fuese servido de darnos mejor
-suceso en esta guerra, de ser otros hombres en el trato y modo de
-cercarla; y luego bajamos la sierra, donde vimos grandes ahumadas que
-hacian, así los de Tezcuco como los de los pueblos sujetos; é andando
-más adelante, topamos con un buen escuadron de gente, guerreros de
-Méjico y de Tezcuco, que nos aguardaban á un mal paso, que era un
-arcabuezo donde estaba una puente como quebrada, de madera, algo honda,
-y corria un buen golpe de agua; mas luego desbaratamos los escuadrones
-y pasamos muy á nuestro salvo.</p>
-
-<p>Pues oir la grita que nos daban desde las estancias y barrancas,
-no hacian otra cosa, y era en parte que no podian correr caballos, y
-nuestros amigos los tlascaltecas les apañaban gallinas, y lo que podian
-roballes no les dejaban, puesto que Cortés les mandaban que si no
-diesen guerra, que no se la diesen; y los tlascaltecas decian que si
-estuvieran de buenos corazones y de paz, que no salieran al camino á
-darnos guerra, como estaban al paso de las barrancas y puente para no
-nos dejar pasar.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra materia, y digamos cómo fuimos á dor<span
-class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>mir á un pueblo sujeto de
-Tezcuco, y estaba despoblado, y puestas nuestras velas y rondas y
-escuchas y corredores del campo, y estuvimos aquella noche con cuidado
-no diesen en nosotros muchos escuadrones de mejicanos guerreros que
-estaban aguardándonos en unos malos pasos; de lo cual tuvimos aviso
-porque se prendieron cinco mejicanos en la puente primera que dicho
-tengo, y aquellos dijeron lo que pasaba de los escuadrones, y segun
-despues supimos, no se atrevieron á darnos guerra ni á más aguardar;
-porque, segun pareció, entre los mejicanos y los de Tezcuco tuvieron
-diferencias y bandos; y tambien, como aun no estaban muy sanos de
-las viruelas, que fué dolencia que en toda la tierra dió y cundió, y
-como habian sabido cómo en lo de Guacachula é Ozucar, y en Tepeaca
-y Xalacingo y Castiblanco todas las guarniciones mejicanas habiamos
-desbaratado, y asimismo corria fama, y así lo creian, que iban con
-nosotros en nuestra compañía todo el poder de Tlascala y Guaxocingo,
-acordaron de no nos aguardar; y todo esto Nuestro Señor Jesucristo
-lo encaminaba.</p>
-
-<p>Y desque amaneció, puestos todos nosotros en gran concierto, así
-artillería como escopetas y ballestas, y los corredores del campo
-adelante descubriendo tierra, comenzamos á caminar hácia Tezcuco, que
-seria de allí de donde dormimos obra de dos leguas; é aun no habiamos
-andado media legua cuando vimos volver nuestros corredores del campo
-muy alegres y dijeron<span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span>
-á Cortés que venian hasta diez indios, y que traian unas señas y
-veletas de oro, y que no traian armas ningunas, y que en todas las
-caserías y estancias por donde pasaban no les daban grita ni voces
-como habian dado el dia ántes; ántes, al parecer, todo estaba de paz;
-y Cortés y todos nuestros capitanes y soldados nos alegramos, y luego
-mandó Cortés reparar, hasta que llegaron siete indios principales,
-naturales de Tezcuco, y traian una bandera de oro en una lanza larga, y
-ántes que llegasen abajaron su bandera y se humillaron, que es señal de
-paz; y cuando llegaron ante Cortés, estando doña Marina é Jerónimo de
-Aguilar, nuestras lenguas, delante, dijeron:</p>
-
-<p>—«Malinche, Cocoivacin, nuestro señor y señor de Tezcuco, te envia á
-rogar que le quieras recebir á tu amistad, y te está esperando de paz
-en su ciudad de Tezcuco, y en señal dello recibe esta bandera de oro;
-y que te pide por merced que mandes á todos los tlascaltecas é á tus
-hermanos que no les hagan mal en su tierra, y que te vayas á aposentar
-en su ciudad, y él te dará lo que hubieres menester.»</p>
-
-<p>Y más dijeron, que los escuadrones que allí estaban en las barrancas
-y pasos malos, que no eran de Tezcuco, sino mejicanos, que los enviaba
-Guatemuz.</p>
-
-<p>Y cuando Cortés oyó aquellas paces holgó mucho dellas, y asimismo
-todos nosotros, é abrazó á los mensajeros, en especial á tres dellos,
-que eran parientes del buen Montezuma, y los conociamos todos los<span
-class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> más soldados, que habian
-sido sus capitanes, y considerada la embajada, luego mandó Cortés
-llamar los capitanes tlascaltecas, y les mandó muy afectuosamente que
-no hiciesen mal ninguno ni los tomasen cosa ninguna en toda la tierra,
-porque estaban de paz; y así lo hacian como se lo mandó; mas comida
-no se les defendia si era solamente maíz é frísoles, y aun gallinas y
-perrillos, que habia muchos en todas las casas, llenas dello.</p>
-
-<p>Y entónces Cortés tomó consejo con nuestros capitanes, y á todos les
-pareció que aquel pedir de paz y de aquella manera que eran fingido;
-porque si fueran verdaderas no vinieran tan arrebatadamente, y aun
-trujeran bastimento; y con todo esto, recebió Cortés la bandera, que
-valía hasta ochenta pesos, y dió muchas gracias á los mensajeros, y
-les dijo que no tenian por costumbre de hacer mal ni daño á ningunos
-vasallos de su majestad; ántes les favorecia y miraba por ellos, y
-que si guardaban las paces que decian, que les favoreceria contra
-los mejicanos, y que ya habia mandado á los tlascaltecas que no
-hiciesen daño en su tierra, como habian visto, y que así lo cumplirian
-adelante, y que bien sabia que en aquella ciudad mataron sobre cuarenta
-españoles nuestros hermanos cuando salimos de Méjico, y sobre ducientos
-tlascaltecas, y que robaron muchas cargas de oro y otros despojos
-que dellos hubieron; que ruega á su señor Cocoivacin é á todos los
-más caciques y capitanes de<span class="pagenum" id="Page_188">p.
-188</span> Tezcuco que le dén el oro y ropa, y que la muerte de los
-españoles, que pues ya no tenia remedio, que no les pediria.</p>
-
-<p>Y respondieron aquellos mensajeros que ellos lo dirian á su señor
-así como se lo mandaba; mas que el que los mandó matar fué el que en
-aquel tiempo alzaron en Méjico por señor despues de muerto Montezuma,
-que se decia Coadlauaca, é hubo todo el despojo, y le llevaron á Méjico
-todos los más teules, y que luego los sacrificaron á su Huichilóbos; y
-como Cortés vió aquella respuesta, por no los resabiar ni atemorizar,
-no les replicó en ello sino que fuesen con Dios, y quedó uno dellos
-en nuestra compañía, y luego nos fuimos á unos arrabales de Tezcuco,
-que se decian Guautinchan ó Huachutan, que ya se me olvidó el nombre,
-y allí nos dieron bien de comer y todo lo que hubimos menester,
-y aun derribamos unos ídolos que estaban en unos aposentos donde
-posábamos.</p>
-
-<p>Y otro dia de mañana fuimos á la ciudad de Tezcuco, y en todas
-las calles ni casas no veiamos mujeres ni muchachos ni niños, sino
-todos los indios como asombrados y como gente que estaba de guerra;
-y fuímonos á aposentar á unos aposentos y salas grandes, y luego
-mandó Cortés llamar á nuestros capitanes y todos los más soldados,
-y nos dijo que no saliésemos de unos patios grandes que allí habia,
-y que estuviésemos muy apercebidos, porque no le parecia que estaba
-aquella ciudad pacífica, hasta ver cómo y de qué manera estaba, y
-mandó al Pedro<span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span> de
-Albarado y á Cristóbal de Olí é á otros soldados, y á mí con ellos, que
-subiésemos al gran cu, que era bien alto, y llevásemos hasta veinte
-escopeteros para nuestra guarda, y que mirásemos desde el alto cu la
-laguna y la ciudad, porque bien se parecia toda; y vimos que todos los
-moradores de aquellas poblaciones se iban con sus haciendas y hatos é
-hijos y mujeres, unos á los montes y otros á las carrizales que hay
-en la laguna, que toda iba cuajada de canoas, dellas grandes y otras
-chicas; y como Cortés lo supo, quiso prender al señor de Tezcuco que
-envió la bandera de oro, y cuando le fueron á llamar ciertos papas que
-envió Cortés por mensajeros, ya estaba puesto en cobro, que él fué
-el primero que se fué huyendo á Méjico, y fueron con él otros muchos
-principales.</p>
-
-<p>Y así se pasó aquella noche, que tuvimos grande recaudo de velas y
-rondas y espías, y otro dia muy de mañana mandó llamar Cortés á todos
-los más principales indios que habia en Tezcuco; porque, como es gran
-ciudad, habia otros muchos señores, partes contrarias del cacique que
-se fué huyendo, con quien tenian debates y diferencias sobre el mando
-y reino de aquella ciudad; y venidos ante Cortés, informado dellos
-cómo y de qué manera y desde qué tiempo acá señoreaba el Cocoivacin,
-dijeron que por codicia de reinar habia muerto malamente á su hermano
-mayor, que se decia Cuxcuxca, con favor que para ello le dió el señor
-de Méjico, que ya he dicho que se decia Coad<span class="pagenum"
-id="Page_190">p. 190</span>lauaca, el cual fué el que nos dió la guerra
-cuando salimos huyendo despues de muerto Montezuma; é que allí habia
-otros señores á quien venia el reino de Tezcuco más justamente que
-no al que lo tenia, que era un mancebo que luego en aquella sazon se
-volvió cristiano con mucha solenidad, y le bautizó el fraile de la
-Merced, y se llamó don Hernando Cortés, porque fué su padrino nuestro
-capitan.</p>
-
-<p>É aqueste mancebo dijeron que era hijo legítimo del señor y Rey de
-Tezcuco, que se decia su padre Nezabal Pintzintli; y luego sin más
-dilaciones, con grandes fiestas y regocijos de todo Tezcuco, le alzaron
-por Rey y señor natural, con todas las ceremonias que á los tales Reyes
-solian hacer, é con mucha paz y en amor de todos sus vasallos y otros
-pueblos comarcanos, é mandaba muy absolutamente y era obedecido; y
-para mejor le industriar en las cosas de nuestra santa fe y ponelle en
-toda policía, y para que deprendiese nuestra lengua, mandó Cortés que
-tuviese por ayos á Antonio de Villareal, marido que fué de una señora
-hermosa que se dijo Isabel de Ojeda; é á un bachiller que se decia
-Escobar puso por capitan de Tezcuco, para que viese y defendiese que
-no contratase con el don Fernando ningun mejicano; y á un buen soldado
-que se decia Pedro Sanchez Farfan, marido que fué de la buena y honrada
-mujer María de Estrada.</p>
-
-<p>Dejemos de contar su gran servicio de aqueste cacique, y digamos
-cuán<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span> amado y
-obedecido fué de los suyos, y digamos cómo Cortés le demandó que diese
-mucha copia de indios trabajadores para ensanchar y abrir más las
-acequias y zanjas por donde habiamos de sacar los bergantines á la
-laguna de que estuviesen acabados y puestos á punto para ir á la vela,
-y se le dió á entender al mismo don Hernando y á otros sus principales
-á qué fin y efeto se habian de hacer, y cómo y de qué manera habiamos
-de poner cerco á Méjico, y para todo ello se ofreció con todo su poder
-y vasallos, que no solamente aquello que le mandaba, sino que enviaria
-mensajeros á otros pueblos comarcanos para que se diesen por vasallos
-de su Majestad y tomasen nuestra amistad y voz contra Méjico.</p>
-
-<p>Y todo esto concertado, despues de nos haber aposentado muy bien, y
-cada capitanía por sí, y señalados los puestos y lugares donde habiamos
-de acudir si hubiese rebato de mejicanos, porque estábamos á guarda
-la raya de su laguna, porque de cuando en cuando enviaba Guatemuz
-grandes piraguas y canoas con muchos guerreros, y venian á ver si nos
-tomaban descuidados; y en aquella sazon vinieron de paz ciertos pueblos
-sujetos á Tezcuco, á demandar perdon y paz si en algo habian errado
-en las guerras pasadas, y habian sido en la muerte de los españoles,
-los cuales se decian Guatinchan; y Cortés les habló á todos muy
-amorosamente y les perdonó.</p>
-
-<p>Quiero decir que no habia dia ninguno que dejasen de andar en la
-obra y zanja y<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>
-acequia de siete á ocho mil indios, y la abrian y ensanchaban muy bien,
-que podian nadar por ella navíos de gran porte.</p>
-
-<p>Y en aquella sazon, como teniamos en nuestra compañía sobre siete
-mil tlascaltecas, y estaban deseosos de ganar honra y de guerrear
-contra mejicanos, acordó Cortés, pues que tan fieles compañeros
-teniamos, que fuésemos á entrar y dar una vista á un pueblo que se
-dice Iztapalapa, el cual pueblo fué por donde habiamos pasado cuando
-la primera vez venimos para Méjico, y el señor dél fué el que alzaron
-por Rey en Méjico despues de la muerte del gran Montezuma, que ya he
-dicho otras veces que se decia Coadlauaca; y de aqueste pueblo, segun
-supimos, recebiamos mucho daño, porque eran muy contrarios contra
-Chalco y Talmalanco y Mecameca y Chimaloacan, que querian venir á tener
-nuestra amistad, y ellos lo estorbaban; y como habia ya doce dias que
-estábamos en Tezcuco sin hacer cosa que de contar sea, fuimos á aquella
-entrada de Iztapalapa.</p>
-
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-<div class="chapter pt3" id="Ch_138">
- <p><span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXVIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO FUIMOS Á IZTAPALAPA CON CORTÉS, Y LLEVÓ EN SU
- COMPAÑÍA Á CRISTÓBAL DE OLÍ Y Á PEDRO DE ALBARADO, Y QUEDÓ GONZALO DE
- SANDOVAL POR GUARDA DE TEZCUCO, Y LO QUE NOS ACAECIÓ EN LA TOMA DE
- AQUEL PUEBLO.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como habia doce dias que estábamos en Tezcuco, y teniamos los
-tlascaltecas, por mí ya otra vez nombrados, que estaban con nosotros, y
-porque tuviesen qué comer, porque para tantos como eran no se lo podian
-dar abastadamente los de Tezcuco, y porque no recibiesen pesadumbre
-dello; y tambien porque estaban deseosos de guerrear con mejicanos, y
-se vengar por los muchos tlascaltecas que en las derrotas pasadas les
-habian muerto y sacrificado, acordó Cortés que él por capitan general,
-y con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y con trece de á caballo, y
-veinte ballesteros, y seis escopeteros, y ducientos y veinte soldados,
-y con nuestros amigos de Tlascala y con otros veinte principales de
-Tezcuco que nos dió don Hernando, cacique mayor de Tezcuco, y estos
-sabiamos que eran sus primos y parientes del mismo cacique y enemigos
-de Guatemuz, que ya le habian alzado por Rey en Méjico; fuésemos<span
-class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> camino de Iztapalapa, que
-estará de Tezcuco obra de cuatro leguas.</p>
-
-<p>Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello trata, que estaban
-más de la mitad de las casas edificadas en el agua y la mitad en tierra
-firme; é yendo nuestro camino con mucho concierto, como lo teniamos de
-costumbre, como los mejicanos siempre tenian velas, y guarniciones, y
-guerreros contra nosotros, que sabian que íbamos á dar guerra á algunos
-de sus pueblos para luego les socorrer, así lo hicieron saber á los
-de Iztapalapa para que se apercibiesen, y les enviaron sobre ocho mil
-mejicanos de socorro.</p>
-
-<p>Por manera que en tierra firme aguardaron como buenos guerreros, así
-los mejicanos que fueron en su ayuda como los pueblos de Iztapalapa,
-y pelearon un buen rato muy valerosamente con nosotros; mas los de á
-caballo rompieron por ellos, y con las ballestas y escopetas y todos
-nuestros amigos los tlascaltecas, que se metian en ellos como perros
-rabiosos, de presto dejaron el campo y se metieron en su pueblo; y esto
-fué sobre cosa pensada y con un ardid que entre ellos tenian acordado,
-que fuera harto dañoso para nosotros si de presto no saliéramos de
-aquel pueblo; y fué desta manera, que hicieron que huyeron, y se
-metieron en canoas en el agua y en las casas que estaban en el agua,
-y dellos en unos carrizales, y como ya era noche escura, nos dejan
-aposentar en tierra firme sin hacer ruido ni muestra de guerra; y
-con el despojo que habia<span class="pagenum" id="Page_195">p.
-195</span>mos habido é la vitoria estábamos contentos; y estando de
-aquella manera, puesto que teniamos velas, espías y rondas, y aun
-corredores del campo en tierra firme, cuando no nos catamos vino tanta
-agua por todo el pueblo, que si los principales que llevábamos de
-Tezcuco no dieran voces y nos avisaran que saliésemos presto de las
-casas, todos quedáramos ahogados; porque soltaron dos acequias de agua
-y abrieron una calzada, con que de presto se hinchó todo de agua, y
-los tlascaltecas nuestros amigos, como no son acostumbrados á rios
-caudalosos ni sabian nadar, quedaron muertos dos dellos; y nosotros,
-con gran riesgo de nuestras personas, todos bien mojados, y la pólvora
-perdida, salimos sin hato; y como estábamos de aquella manera y con
-mucho frio, y aun sin cenar, pasamos mala noche; y lo peor de todo era
-la burla y grita que nos daban los de Iztapalapa y los mejicanos desde
-sus casas y canoas.</p>
-
-<p>Pues otra cosa peor nos avino, que como en Méjico sabian el
-concierto que tenian hecho de nos anegar con haber rompido la calzada y
-acequias, estaban esperando en tierra y en la laguna muchos batallones
-de guerreros, y cuando amaneció nos dan tanta guerra, que harto
-teniamos que nos sustentar contra ellos, no nos desbaratasen, é mataron
-dos soldados y un caballo, é hirieron otros muchos, así de nuestros
-soldados como tlascaltecas, y poco á poco aflojaron en la guerra,
-y nos volvimos á Tezcuco, medio afrentados<span class="pagenum"
-id="Page_196">p. 196</span> de la burla y ardid de echarnos el agua,
-y tambien como no ganamos mucha reputacion en la batalla postrera que
-nos dieron, porque no habia pólvora; mas todavía quedaron temerosos,
-y tuvieron bien en que entender en enterrar ó quemar muertos y curar
-heridos y en reparar sus casas.</p>
-
-<p>Donde lo dejaré, y diré cómo vinieron de paz á Tezcuco otros
-pueblos, y lo que más se hizo.</p>
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-<div class="chapter pt3" id="Ch_139">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXXXIX.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO VINIERON TRES PUEBLOS COMARCANOS Á TEZCUCO
- Á DEMANDAR PACES Y PERDON DE LAS GUERRAS PASADAS Y MUERTES DE
- ESPAÑOLES, Y LOS DESCARGOS QUE DABAN SOBRE ELLO, Y CÓMO FUÉ GONZALO
- DE SANDOVAL Á CHALCO Y TAMALANCO EN SU SOCORRO CONTRA MEJICANOS Y LO
- QUE MÁS PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Habiendo dos dias que estábamos en Tezcuco de vuelta de la entrada
-de Iztapalapa, vinieron á Cortés tres pueblos de paz á demandar perdon
-de las guerras pasadas y de muertes de españoles que mataron, y los
-descargos que daban era que el señor de Méjico que alzaron despues
-de la muerte del gran Montezuma, el cual se decia Coadlauaca, que
-por su mandado salieron á dar<span class="pagenum" id="Page_197">p.
-197</span> guerra con los demás sus vasallos; y que si algunos teules
-mataron y prendieron y robaron, que el mismo señor les mandó que así lo
-hiciesen; y los teules, que se los llevaron á Méjico para sacrificar,
-tambien le llevaron el oro y caballos y ropa; y que ahora, que piden
-perdon por ello, y que por esta causa que no tienen culpa ninguna
-por ser mandados y apremiados por fuerza para que lo hiciesen; y los
-pueblos que digo que en aquella sazon vinieron se decian Tepetezcuco y
-Obtumba: el nombre del otro pueblo no me acuerdo; mas sé decir que en
-este de Obtumba fué la nombrada batalla que nos dieron cuando salimos
-huyendo de Méjico, adonde estuvieron juntos los mayores escuadrones
-de guerreros que ha habido en toda la Nueva-España contra nosotros,
-adonde creyeron que no escapáramos con las vidas, segun más largo
-lo tengo escrito en los capítulos pasados que dello hablan; y como
-aquellos pueblos se hallaban culpados y habian visto que habiamos ido
-á lo de Iztapalapa, y no les fué muy bien con nuestra ida, y aunque
-nos quisieron anegar con el agua y esperaron dos batallas campales
-con muchos escuadrones mejicanos; en fin, por no se hallar en otras
-como las pasadas, vinieron á demandar paces ántes que fuésemos á sus
-pueblos á castigarlos; y Cortés viendo que no estaba en tiempo de hacer
-otra cosa, les perdonó, puesto que les dió grandes reprensiones sobre
-ello, y se obligaron con pa<span class="pagenum" id="Page_198">p.
-198</span>labras de muchos ofrecimientos de siempre ser contra
-mejicanos y de ser vasallos de su majestad y de nos servir; y así lo
-hicieron.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar destos pueblos, y digamos cómo vinieron luego
-en aquella sazon á demandar paces y nuestra amistad los de un pueblo
-que está en la laguna, que se dice Mezquique, que por otra parte le
-llamábamos Venenzuela; y estos, segun pareció, jamás estuvieron bien
-con mejicanos, y los querian mal de corazon; y Cortés y todos nosotros
-tuvimos en mucho la venida deste pueblo, por estar dentro en la laguna,
-por tenellos por amigos, y con ellos creiamos que habian de convocar
-á sus comarcanos que tambien estaban poblados en la laguna, y Cortés
-se lo agradeció mucho, y con ofrecimientos y palabras blandas los
-despidió.</p>
-
-<p>Pues estando que estábamos desta manera, vinieron á decir á Cortés
-cómo venian grandes escuadrones de mejicanos sobre los cuatro pueblos
-que primero habian venido á nuestra amistad, que se decian Gautinchan
-y Huaxutlan; de los otros dos pueblos no se me acuerda el nombre; y
-dijeron á Cortés que no osarian esperar en sus casas, é que se querian
-ir á los montes, ó venirse á Tezcuco, adonde estábamos; y tantas cosas
-le dijeron á Cortés para que les fuese á socorrer, que luego apercebió
-veinte de á caballo y ducientos soldados y trece ballesteros y diez
-escopeteros, y llevó en su compañía á Pedro de Albarado y á Cristóbal
-de Olí, que era maese de campo, y fuimos á los<span class="pagenum"
-id="Page_199">p. 199</span> pueblos que vinieron á Cortés á dar tantas
-quejas como dicho tengo, que estarian de Tezcuco obra de dos leguas;
-y segun pareció, era verdad que los mejicanos los enviaban á amenazar
-que les habian de destruir y dalles guerra porque habian tomado nuestra
-amistad; mas sobre lo que más los amenazaban y tenian contiendas,
-era por unas grandes labores de tierras de maizales que estaban ya
-para coger, cerca de la laguna, donde los de Tezcuco y aquellos
-pueblos bastecian nuestro real; y los mejicanos por tomalles el maíz,
-porque decian que era suyo, y aquella vega de los maizales tenian por
-costumbre aquellos cuatro pueblos de los sembrar y beneficiar para los
-papas de los ídolos mejicanos; y sobre esto destos maizales se habian
-muerto los unos á los otros muchos indios; y como aquello entendió
-Cortés, despues de les decir que no hubiesen miedo y que se estuviesen
-en sus casas, les mandó que cuando hubiesen de ir á coger el maíz, así
-para su mantenimiento como para abastecer nuestro real, que enviaria
-para ello un capitan con muchos de á caballo y soldados para en guarda
-de los que fuesen á traer el maíz; y con aquello que Cortés les dijo
-quedaron muy contentos, y nos volvimos á Tezcuco.</p>
-
-<p>Y dende en adelante, cuando habia necesidad en nuestro real de
-maíz, apercebiamos á los tamemes de todos aquellos pueblos, é con
-nuestros amigos los de Tlascala y con diez de á caballo y cien
-soldados, con algunos ballesteros y escopeteros,<span class="pagenum"
-id="Page_200">p. 200</span> íbamos por el maíz; y esto digo porque
-yo fuí dos veces por ello, y la una tuvimos una buena escaramuza con
-grandes escuadrones de mejicanos que habian venido en más de mil canoas
-aguardándonos en los maizales, y como llevábamos amigos, puesto que
-los mejicanos pelearon muy como varones, los hicimos embarcar en sus
-canoas, y allí mataron uno de nuestros soldados é hirieron doce; y
-asimismo hirieron muchos tlascaltecas, y ellos no se fueron alabando,
-que allí quedaron tendidos quince ó veinte, y otros cinco que llevamos
-presos.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo otro dia tuvimos nueva como
-querian venir de paz los de Chalco y Talmalanco y sus sujetos, y por
-causa de las guarniciones mejicanas que estaban en sus pueblos, no
-les daban lugar á ello, y les hacian mucho daño en su tierra, y les
-tomaban las mujeres, y más si eran hermosas, y delante de sus padres ó
-madres ó maridos tenian acceso con ellas; y asimismo, como estaba en
-Tlascala cortada la madera y puesta á punto para hacer los bergantines,
-y se pasaba el tiempo sin la traer á Tezcuco, sentiamos mucha pena
-dello todos los más soldados; y demás desto, vienen del pueblo de
-Venenzuela, que se decia Mezquique, y de otros pueblos nuestros amigos
-á decir á Cortés que los mejicanos les daban guerra porque han tomado
-nuestra amistad; y tambien nuestros amigos los tlascaltecas, como
-tenian ya junta cierta ropilla y sal, y otras cosas de despojos é<span
-class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span> oro, y querian algunos
-dellos volverse á su tierra, no osaban, por no tener camino seguro.</p>
-
-<p>Pues viendo Cortés que para socorrer á unos pueblos de los que le
-demandaban socorro, é ir á ayudar á los de Chalco para que viniesen á
-nuestra amistad, no podia dar recaudo á unos ni á otros, porque allí
-en Tezcuco habia menester estar siempre la barba sobre el hombro y
-muy alerta, lo que acordó fué, que todo se dejase atrás, y la primera
-cosa que se hiciese fuese ir á Chalco y Talmalanco, y para ello envió
-á Gonzalo de Sandoval y á Francisco de Lugo, con quince de á caballo y
-ducientos soldados, y con escopeteros y ballesteros y nuestros amigos
-los de Tlascala, é que procurase de romper y deshacer en todas maneras
-á las guarniciones mejicanas, y que se fuesen de Chalco y Talmalanco,
-porque estuviese el camino de Tlascala muy desembarazado y pudiesen
-ir y venir á la Villa-Rica sin tener contradiccion de los guerreros
-mejicanos.</p>
-
-<p>Y luego como esto fué concertado, muy secretamente con indios
-de Tezcuco se lo hizo saber á los de Chalco para que estuviesen
-muy apercebidos, para dar de dia y de noche en las guarniciones de
-mejicanos; y los de Chalco, que no esperaban otra cosa, se apercibieron
-muy bien; y como el Gonzalo de Sandoval iba con su ejército, parecióle
-que era bien dejar en la retaguarda cinco de á caballo y otros tantos
-ballesteros, con todos los más tlascaltecas que iban cargados de
-los despojos que habian habi<span class="pagenum" id="Page_202">p.
-202</span>do; y como los mejicanos siempre tenian puestas velas y
-espías, y sabian cómo los nuestros iban camino de Chalco, tenian
-aparejados nuevamente, sin los que estaban en Chalco en guarnicion,
-muchos escuadrones de guerreros que dieron en la rezaga, donde iban
-los tlascaltecas con su hato, y los trataron mal, que no los pudieron
-resistir los cinco de á caballos y ballesteros, porque los dos
-ballesteros quedaron muertos y los demás heridos.</p>
-
-<p>De manera que, aunque el Gonzalo de Sandoval muy presto volvió sobre
-ellos y los desbarató, y mató siete mejicanos, como estaba la laguna
-cerca, se le acogieron á las canoas en que habian venido, porque todas
-aquellas tierras están muy pobladas de los sujetos de Méjico; y cuando
-los hubo puesto en huida, é vió que los cinco de á caballo que habia
-dejado con los ballesteros y escopeteros en la retaguardia, eran dos
-de los ballesteros muertos, y estaban los demás heridos, ellos y sus
-caballos; y aun con haber visto todo esto, no dejó de decilles á los
-demás que dejó en su defensa que habian sido para poco en no haber
-podido resistir á los enemigos y defender sus personas y de nuestros
-amigos, y estaba muy enojado dellos, porque eran de los nuevamente
-venidos de Castilla, y les dijo que bien le parecia que no sabian qué
-cosa era guerra; y luego puso en salvo todos los indios de Tlascala
-con su ropa, y tambien despachó unas cartas que envió Cortés á la
-Villa-Rica, en que en ellas en<span class="pagenum" id="Page_203">p.
-203</span>vió á decir al capitan que en ella quedó todo lo acaecido
-acerca de nuestras conquistas y el pensamiento que tenia de poner cerco
-á Méjico, y que siempre estuviesen con mucho cuidado velándose; y que
-si habia algunos soldados que estuviesen en disposicion para tomar
-armas, que se los enviase á Tlascala, y que de allí no pasasen hasta
-estar los caminos más seguros, porque corrian riesgo.</p>
-
-<p>Y despachados los mensajeros, y los tlascaltecas puestos en su
-tierra, volvió Sandoval para Chalco, que era muy cerca de allí, y con
-gran concierto sus corredores del campo adelante; porque bien entendió
-que en todos aquellos pueblos y caserías por donde iba, que habia de
-tener rebato de mejicanos; é yendo por su camino, cerca de Chalco vió
-venir muchos escuadrones mejicanos contra él, y en un campo llano,
-puesto que habia grandes labranzas de maizales y magueis, que es de
-donde sacan el vino que ellos beben, le dieron una buena refriega de
-vara y flecha, y piedras con hondas, y con lanzas largas para matar á
-los caballos.</p>
-
-<p>De manera que Sandoval cuando vido tanto guerrero contra sí,
-esforzando á los suyos, rompió por ellos dos veces, y con las escopetas
-y ballestas y con pocos amigos que le habian quedado los desbarató; y
-puesto que le hirieron cinco soldados y seis caballos y muchos amigos,
-mas tal priesa les dió, y con tanta furia, que le pagaron muy bien el
-mal que primero le habian hecho; y como lo supieron los de Chalco,
-que<span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span> estaban cerca, le
-salieron á recebir al Sandoval al camino, y le hicieron mucha honra y
-fiesta; y en aquella derrota se prendieron ocho mejicanos, y los tres
-personas muy principales.</p>
-
-<p>Pues hecho esto, otro dia dijo el Sandoval que se queria volver á
-Tezcuco, y los de Chalco le dijeron que querian ir con él para ver y
-hablar á Malinche, y llevar consigo dos hijos del señor de aquella
-provincia, que habia pocos dias que era fallecido de viruelas, y que
-ántes que muriese, que habia encomendado á todos sus principales y
-viejos que llevasen sus hijos para verse con el capitan, y que por su
-mano fuesen señores de Chalco; y que todos procurasen de ser sujetos al
-gran Rey de los teules, porque ciertamente sus antepasados les habian
-dicho que habian de señorear aquellas tierras hombres que vernian con
-barbas de hácia donde sale el sol, y que por las cosas que han visto
-éramos nosotros; y luego se fué el Sandoval con todo su ejército
-á Tezcuco, y llevó en su compañía los hijos del señor y los demás
-principales y los ocho prisioneros mejicanos, y cuando Cortés supo su
-venida se alegró en gran manera; y despues de haber dado cuenta el
-Sandoval de su viaje y cómo venian aquellos señores de Chalco, se fué
-á su aposento; y los caciques se fueron luego ante Cortés, y despues
-de le haber hecho grande acato, le dijeron la voluntad que traian de
-ser vasallos de su majestad y segun y de la manera que el padre de
-aquellos dos mancebos se lo ha<span class="pagenum" id="Page_205">p.
-205</span>bia mandado, y para que por su mano les hiciese señores; y
-cuando hubieron dicho su razonamiento, le presentaron en joyas ricas
-obra de ducientos pesos de oro.</p>
-
-<p>Y como el capitan Cortés lo hubo muy bien entendido por nuestras
-lenguas doña Marina é Jerónimo de Aguilar, les mostró mucho amor y les
-abrazó, y dió por su mano el señorio de Chalco al hermano mayor, con
-más de la mitad de los pueblos sus sujetos; y todo lo de Talmalanco
-y Chimaloacan dió al hermano menor, con Ayocingo y otros pueblos
-sujetos.</p>
-
-<p>Y despues de haber pasado otras muchas razones de Cortés á los
-principales viejos y con los caciques nuevamente elegidos, le dijeron
-que se querian volver á su tierra, y que en todo servirian á su
-majestad, y á nosotros en su Real nombre, contra mejicanos, é que
-con aquella voluntad habian estado siempre, é que por causa de las
-guarniciones mejicanas que habian estado en su provincia no han venido
-ántes de ahora á dar la obediencia; y tambien dieron nuevas á Cortés
-que dos españoles que habia enviado á aquella provincia por maíz ántes
-que nos echasen de Méjico, que porque los culchúas no los matasen, que
-los pusieron en salvo una noche en Guaxocingo nuestros amigos, y que
-allí salvaron las vidas, lo cual ya lo sabiamos dias habia, porque
-el uno dellos era el que se fué á Tlascala, y Cortés se lo agradeció
-mucho, é les rogó que esperasen allí dos dias, porque habia de enviar
-un capitan por<span class="pagenum" id="Page_206">p. 206</span> la
-madera y tablazon á Tlascala, y los llevaria en su compañía y les
-pornia en su tierra, porque los mejicanos no les saliesen al camino; y
-ellos fueron muy contentos y se lo agradecieron mucho.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar en esto, y diré cómo Cortés acordó de enviar
-á Méjico aquellos ocho prisioneros que prendió Sandoval en aquella
-derrota de Chalco, á decir al señor que entónces habian alzado por
-Rey, que se decia Guatemuz, que deseaba mucho que no fuesen causa de
-su perdicion ni de aquella tan gran ciudad, y que viniesen de paz,
-y que les perdonaria la muerte y daños que en ella nos hicieron, y
-que no se les demandaria cosa ninguna; y que las guerras, que á los
-principios son buenas de comenzar, y que al cabo se destruirian; y que
-bien sabiamos de las albarradas é pertrechos, almacenes de varas, y
-flecha, y lanzas, y macanas é piedras rollizas, y todos los géneros de
-guerra que á la continua están haciendo y aparejando, que para qué es
-gastar el tiempo en balde en hacello, y que para qué quiere que mueran
-todos los suyos y la ciudad se destruya; y que mire el gran poder de
-nuestro Señor Dios, que es en el que creemos y adoramos, que él siempre
-nos ayuda; é que tambien mire que todos los pueblos sus comarcanos
-tenemos de nuestro bando, pues los tlascaltecas no desean sino la misma
-guerra por vengarse de las traiciones y muertes de sus naturales que
-les han hecho, y<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span> que
-dejen las armas y vengan de paz, y les prometió de hacer siempre mucha
-honra.</p>
-
-<p>Y les dijo doña Marina é Aguilar otras muchas buenas razones y
-consejos sobre el caso; y fueron ante el Guatemuz aquellos ocho indios
-nuestros mensajeros; mas no quiso hacer cuenta dellos el Guatemuz
-ni enviar respuesta ninguna, sino hacer albarradas y pertrechos, y
-enviar por todas sus provincias á mandar que si algunos de nosotros
-tomasen desmandados que se los trujesen á Méjico para sacrificar, y que
-cuando los enviasen á llamar, que luego viniesen con sus armas; y les
-envió á quitar y perdonar muchos tributos, y aun á prometer grandes
-promesas.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en los aderezos de guerra que en Méjico se hacian,
-y digamos cómo volvieron otra vez muchos indios de los pueblos de
-Guatinchan ó Guaxutlan descalabrados de los mejicanos porque habian
-tomado nuestra amistad y por la contienda de los maizales que solian
-sembrar para los papas mejicanos en el tiempo que les servian, como
-otras veces he dicho en el capítulo que dello habla; y como estaban
-cerca de la laguna de Méjico, cada semana les venian á dar guerra, y
-aun llevaron ciertos indios presos á Méjico; y como aquello vió Cortés,
-acordó de ir otra vez por su persona y con cien soldados y veinte de
-á caballo y doce escopeteros y ballesteros; y tuvo buenas espías para
-cuando sintiesen venir los escuadrones mejicanos, que se lo viniesen á
-de<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>cir; y como estaba
-de Tezcuco aún no dos leguas, un miércoles por la mañana amaneció
-adonde estaban los escuadrones mejicanos, y pelearon ellos de manera
-que presto los rompió, y se metieron en la laguna en sus canoas, y allí
-se mataron cuatro mejicanos y se prendieron otros tres, y se volvió
-Cortés con su gente á Tezcuco; y dende en adelante no vinieron más los
-culchúas sobre aquellos pueblos.</p>
-
-<p>Y dejemos esto, y digamos cómo Cortés envió á Gonzalo de Sandoval á
-Tlascala por la madera y tablazon de los bergantines, y lo que más en
-el camino hizo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
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-<div class="chapter pt3" id="Ch_140">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXL.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL Á TLASCALA POR LA
- MADERA DE LOS BERGANTINES, Y LO QUE MÁS EN EL CAMINO HIZO EN UN
- PUEBLO QUE LE PUSIMOS POR NOMBRE EL PUEBLO-MORISCO.</p>
-</div>
-
-<p>Como siempre estábamos con grande deseo de tener ya los bergantines
-acabados y vernos ya en el cerco de Méjico, y no pender ningun tiempo
-en balde, mandó nuestro capitan Cortés que luego fuese Gonzalo de
-Sandoval por la madera, y que llevase consigo ducientos soldados
-y<span class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> veinte escopeteros
-y ballesteros y quince de á caballo, y buena copia de tlascaltecas y
-veinte principales de Tezcuco, y llevase en su compañía á los mancebos
-de Chalco y á los viejos, y los pusiesen en salvo en sus pueblos; é
-ántes que partiesen hizo amistades entre los tlascaltecas y los de
-Chalco; porque, como los de Chalco solian ser del bando y confederados
-de los mejicanos, y cuando iban á la guerra los mejicanos sobre
-Tlascala llevaban en su compañía á los de la provincia de Chalco para
-que les ayudasen, por estar en aquella comarca, desde entónces se
-tenian mala voluntad y se trataban como enemigos; mas como he dicho,
-Cortés los hizo amigos allí en Tezcuco, de manera que siempre entre
-ellos hubo gran amistad, y se favorecieron de allí adelante los unos de
-los otros.</p>
-
-<p>Y tambien mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que cuando tuviesen
-puestos en su tierra los de Chalco, que fuesen á un pueblo que allí
-cerca estaba en el camino, que en nuestra lengua le pusimos por nombre
-el Pueblo-Morisco, que era sujeto á Tezcuco; porque en aquel pueblo
-habian muerto cuarenta y tantos soldados de los de Narvaez y aun de
-los nuestros y muchos tlascaltecas, y robado tres cargas de oro cuando
-nos echaron de Méjico; y los soldados que mataron eran que venian de
-la Veracruz á Méjico cuando íbamos en el socorro de Pedro de Albarado;
-y Cortés le encargó al Sandoval que no dejase aquel pueblo sin buen
-castigo, puesto<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>
-que más merecian los de Tezcuco, porque ellos fueron los agresores y
-capitanes de aquel daño, como en aquel tiempo eran muy hermanos en
-armas con la gran ciudad de Méjico, y porque en aquella sazon no se
-podia hacer otra cosa, se dejó de castigar en Tezcuco.</p>
-
-<p>Y volvamos á nuestra plática, y es que Gonzalo de Sandoval hizo lo
-que el capitan le mandó, así en ir á la provincia de Chalco, que poco
-se rodeaba, y dejar allí á los dos mancebos señores della, y fué al
-Pueblo-Morisco, y ántes que llegasen los nuestros ya sabian por sus
-espías cómo iban sobre ellos, y desamparan el pueblo y se van huyendo
-á los montes, y el Sandoval los siguió, y mató tres ó cuatro porque
-hubo mancilla dellos; mas hubiéronse mujeres y mozas, é prendió cuatro
-principales, y el Sandoval los halagó á los cuatro que prendió, y les
-dijo que cómo habian muerto tantos españoles.</p>
-
-<p>Y dijeron que los de Tezcuco y de Méjico los mataron en una celada
-que les pusieron en una cuesta por donde no podian pasar sino uno á
-uno, porque era muy angosto el camino; y que allí cargaron sobre ellos
-gran copia de mejicanos y de Tezcuco, y que entónces los prendieron
-y mataron, y que los de Tezcuco los llevaron á su ciudad, y los
-repartieron con los mejicanos; y esto que les fué mandado, y que no
-pudieron hacer otra cosa; y que aquello que hicieron, que fué en
-venganza del señor de Tezcuco, que se decia Cacamatzin, que Cortés tuvo
-preso y se habia muerto en las<span class="pagenum" id="Page_211">p.
-211</span> puentes.</p>
-
-<p>Hallóse allí en aquel pueblo mucha sangre de los españoles que
-mataron, por las paredes, que habian rociado con ella á sus ídolos;
-y tambien se halló dos caras que habian desollado, y adobado los
-cueros como pellejos de guantes, y las tenian con sus barbas puestas
-y ofrecidas en unos de sus altares; y asimismo se halló cuatro cueros
-de caballos curtidos, muy bien aderezados, que tenian sus pelos y con
-sus herraduras, colgados y ofrecidos á sus ídolos en el su cu mayor; y
-halláronse muchos vestidos de los españoles que habian muerto, colgados
-y ofrecidos á los mismos ídolos; y tambien se halló en un mármol de una
-casa, adonde los tuvieron presos, escrito con carbones: «Aquí estuvo
-preso el sin ventura de Juan Yuste, con otros muchos que traia en mi
-compañía.»</p>
-
-<p>Este Juan Yuste era un hidalgo de los de á caballo que allí mataron,
-y de las personas de calidad que Narvaez habia traido; de todo lo cual
-el Sandoval y todos sus soldados hubieron mancilla y les pesó; mas ¿qué
-remedio habia ya que hacer sino usar de piedad con los de aquel pueblo,
-pues se fueron huyendo y no aguardaron, y llevaron sus mujeres é hijos,
-y algunas mujeres que se prendian lloraban por sus maridos y padres?
-Y viendo esto el Sandoval, á cuatro principales que prendió y á todas
-las mujeres las soltó, y envió á llamar á los del pueblo, los cuales
-vinieron y le demandaron perdon, y dieron la obediencia á su ma<span
-class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span>jestad y prometieron de ser
-siempre contra mejicanos y servirnos muy bien; y preguntados por el oro
-que robaron á los tlascaltecas cuando por allí pasaron, dijeron que
-otros habian tomado las cargas dello, y que los mejicanos y los señores
-de Tezcuco se lo llevaron, porque dijeron que aquel oro habia sido de
-Montezuma, y que lo habia tomado de sus templos y se lo dió á Malinche,
-que lo tenia preso.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo fué Sandoval camino de
-Tlascala, y junto á la cabecera del pueblo mayor, donde residian los
-caciques, topó con toda la madera y tablazon de los bergantines, que
-la traian á cuestas sobre ocho mil indios, y venian otros tantos á
-la retaguarda dellos con sus armas y penachos, y otros dos mil para
-remudar las cargas que traian el bastimento; y venian por capitanes de
-todos los tlascaltecas Chichimecatecle, que ya he dicho otras veces en
-los capítulos pasados que dello hablan, que era indio muy principal
-y esforzado; y tambien venian otros dos principales, que se decian
-Teulepile y Teutical, y otros caciques y principales, y á todos los
-traia á cargo Martin Lopez, que era el maestro que cortó la madera y
-dió la cuenta para las tablazones, y venian otros españoles que no
-me acuerdo sus nombres; y cuando Sandoval los vió venir de aquella
-manera hubo mucho placer por ver que le habian quitado aquel cuidado,
-porque creyó que estuviera en Tlascala algunos dias detenido, esperando
-á<span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span> salir con toda la
-madera y tablazon; y así como venian, con el mismo concierto fueron dos
-dias caminando, hasta que entraron en tierra de mejicanos, y les daban
-gritos desde las estancias y barrancas, y en partes que no les podian
-hacer mal ninguno los nuestros con caballos ni escopetas.</p>
-
-<p>Entónces dijo el Martin Lopez, que lo traia todo á cargo, que
-seria bien que fuesen con otro recaudo que hasta entónces venian,
-porque los tlascaltecas le habian dicho que temian aquellos caminos no
-saliesen de repente los grandes poderes de Méjico y les desbaratasen,
-como iban cargados y embarazados con la madera y bastimentos; y luego
-mandó Sandoval repartir los de á caballo y ballesteros y escopeteros,
-que fuesen unos en la delantera y los demás en los lados; y mandó á
-Chichimecatecle, que iba por capitan delante de todos los tlascaltecas,
-que se quedase detrás para ir en la retaguarda juntamente con el
-Gonzalo de Sandoval; de lo cual se afrentó aquel cacique, creyendo que
-no le tenian por esforzado; y tantas cosas le dijeron sobre aquel caso,
-que lo hubo por bueno viendo que el Sandoval quedaba juntamente con él,
-y le dieron á entender que siempre los mejicanos daban en el fardaje,
-que quedaba atrás; y como lo hubo bien entendido, abrazó al Sandoval y
-dijo que le hacian honra en aquello.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en esto, y digamos que en otros dos dias de camino
-llegaron á Tez<span class="pagenum" id="Page_214">p. 214</span>cuco,
-y ántes que entrasen en aquella ciudad se pusieron muy buenas mantas y
-penachos, y con atambores y cornetas, puestos en ordenanza, caminaron,
-y no quebraron el hilo en más de medio dia que iban entrando y dando
-voces y silbos y diciendo:</p>
-
-<p>—«Viva, viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, y
-Tlascala, Tlascala.»</p>
-
-<p>Y llegaron á Tezcuco y Cortés y ciertos capitanes les salieron á
-recebir, con grandes ofrecimientos que Cortés hizo á Chichimecatecle y
-á todos los capitanes que traia; é las piezas de maderos y tablazones
-y todo lo demás perteneciente á los bergantines se puso cerca de las
-zanjas y esteros donde se habian de labrar; y desde allí adelante tanta
-priesa se daban en hacer trece bergantines el Martin Lopez, que fué
-el maestro de los hacer, con otros españoles que le ayudaban, que se
-decian Andrés Nuñez y un viejo que se decia Ramirez, que estaba cojo de
-una herida, y un Diego Hernandez, aserrador, y ciertos carpinteros, y
-dos herreros con sus fraguas, y un Hernando de Aguilar, que les ayudaba
-á machacar; todos se dieron gran priesa hasta que los bergantines
-estuvieron armados y no faltó sino calafeteallos y ponellos los
-mástiles y jarcias y velas.</p>
-
-<p>Pues ya hecho esto, quiero decir el gran recaudo que teniamos en
-nuestro real de espías y escuchas y guarda para los bergantines, porque
-estaban junto á la laguna, y los mejicanos procuraron tres veces de les
-poner fuego, y aun prendimos<span class="pagenum" id="Page_215">p.
-215</span> quince indios de los que lo venian á poner, de quien se supo
-muy largamente todo lo que en Méjico hacian y concertaba Guatemuz;
-y era, que por via ninguna habian de hacer paces, sino morir todos
-peleando ó quitarnos á todos las vidas.</p>
-
-<p>Quiero tornar á decir los llamamientos y mensajeros en todos
-los pueblos sujetos á Méjico, y cómo les perdonaba el tributo y el
-trabajar, que de dia y de noche trabajaban de hacer casas y ahondar
-los pasos de las puentes y hacer albarradas muy fuertes, y poner á
-punto sus varas y tiraderas, y hacer unas lanzas muy largas para matar
-los caballos, engastadas en ellas de las espadas que nos tomaron la
-noche del desbarate, y poner á punto sus hondas con piedras rollizas,
-y espadas de á dos manos, y otras mayores que espadas, como macanas, y
-todo género de guerra.</p>
-
-<p>Dejemos esta materia, y volvamos á decir de nuestra zanja y acequia,
-por donde habian de salir los bergantines á la gran laguna, que estaba
-ya muy ancha y honda, que podian nadar por ella navíos de razonable
-porte; porque, como otras veces he dicho, siempre andaban en la obra
-ocho mil indios trabajadores.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo nuestro Cortés fué á una entrada de
-Saltocan.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_141">
- <p><span class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA AL
- PUEBLO DE SALTOCAN, QUE ESTÁ DE LA CIUDAD DE MÉJICO OBRA DE SEIS
- LEGUAS, PUESTO Y POBLADO EN LA LAGUNA, Y DENDE ALLÍ Á OTROS PUEBLOS,
- Y LO QUE EN EL CAMINO PASÓ DIRÉ ADELANTE.</p>
-</div>
-
-<p>Cómo habian venido allí á Tezcuco sobre quince mil tlascaltecas con
-la madera de los bergantines, y habia cinco dias que estaban en aquella
-ciudad sin hacer cosa que de contar sea, y no tenian mantenimientos,
-ántes les faltaban; y como el capitan de los tlascaltecas era muy
-esforzado y orgulloso, que ya he dicho otras veces que se decia
-Chichimecatecle, dijo á Cortés que queria ir á hacer algun servicio á
-nuestro gran Emperador y batallar contra mejicanos, ansí por mostrar
-sus fuerzas y buena voluntad para con nosotros, como para vengarse de
-las muertes y robos que habian hecho á sus hermanos y vasallos, ansí en
-Méjico como en sus tierras; y que le pedia por merced que ordenase y
-mandase á qué parte podrian ir que fuesen nuestros enemigos.</p>
-
-<p>Y Cortés les dijo que les tenia en mucho su buen deseo, y que otro
-dia queria ir á un pueblo que se dice Saltocan, que está de aquella
-ciudad cinco leguas, mas que<span class="pagenum" id="Page_217">p.
-217</span> están fundadas las casas en el agua de la laguna, é que
-habia entrada para él por tierra; el cual pueblo habia enviado á llamar
-de paz dias habia tres veces, y no quiso venir, y que les tornó á
-enviar mensajeros nuevamente con los de Tepetezcuco y de Obtumba, que
-eran sus vecinos, y que en lugar de venir de paz, no quisieron, ántes
-trataron mal á los mensajeros y descalabraron dello, y la respuesta que
-dieron fué, que si allá íbamos, que no tenian ménos fuerza y fortaleza;
-que fuesen cuando quisiesen, que en el campo les hallariamos; é que
-habian tenido aquella respuesta de sus ídolos que allí nos matarian, y
-que les aconsejaron los ídolos que esta respuesta diesen.</p>
-
-<p>Y á esta causa Cortés se apercebió para ir él en persona á aquella
-entrada, y mandó á ducientos y cincuenta soldados que fuesen en su
-compañía, y treinta de á caballo, y llevó consigo á Pedro de Albarado
-y á Cristóbal de Olí y muchos ballesteros y escopeteros, y á todos
-los tlascaltecas, y una capitanía de hombres de guerra de Tezcuco, y
-los más dellos principales; y dejó en guarda de Tezcuco, á Gonzalo de
-Sandoval, para que mirase mucho por los bergantines y real, no diesen
-una noche en él; porque ya he dicho que siempre habiamos de estar la
-barba sobre el hombro, lo uno por estar tan á la raya de Méjico, y lo
-otro por estar en tan gran ciudad como era Tezcuco, y todos los vecinos
-de aquella ciudad eran parientes y amigos de mejicanos; y mandó al
-San<span class="pagenum" id="Page_218">p. 218</span>doval y á Martin
-Lopez, maestro de hacer los bergantines, que dentro de quince dias los
-tuviesen muy á punto para echar al agua y navegar en ellos, y se partió
-de Tezcuco para hacer aquella entrada.</p>
-
-<p>Despues de haber oido Misa salió con su ejército, é yendo su camino,
-no muy léjos de Saltocan encontró con unos grandes escuadrones de
-mejicanos, que le estaban aguardando en parte que creyeron aprovecharse
-de nuestros españoles y matar los caballos; mas Cortés marchó con los
-de á caballo, y él juntamente con ellos; y despues de haber disparado
-las escopetas y ballestas, rompieron por ellos y mataron algunos de los
-mejicanos, porque luego se acogieron á los montes y á partes que los de
-á caballo no los pudieron seguir; mas nuestros amigos los tlascaltecas
-prendieron y mataron obra de treinta.</p>
-
-<p>Y aquella noche fué Cortés á dormir á unas caserías, y estuvo muy
-sobre aviso con sus corredores de campo y velas y rondas y espías,
-porque estaba entre grandes poblaciones; y supo que Guatemuz, señor de
-Méjico, habia enviado muchos escuadrones de gente de guerra á Saltocan
-para les ayudar, los cuales fueron en canoas por unos hondos esteros;
-y otro dia de mañana junto al pueblo comenzaron los mejicanos y los de
-Saltocan á pelear con los nuestros, y tirábanles mucha vara y flecha, y
-piedra con hondas desde las acequias donde estaban, é hirieron á diez
-de nuestros soldados y muchos de los amigos tlas<span class="pagenum"
-id="Page_219">p. 219</span>caltecas, y ningun mal les podian hacer los
-de á caballo, porque no podian correr ni pasar los esteros, que estaban
-todos llenos de agua, y el camino y calzada que solian tener, por donde
-entraban por tierra en el pueblo, de pocos dias le habian deshecho y
-le abrieron á mano, y la ahondaron de manera que estaba hecho acequia
-y lleno de agua, y por esta causa los nuestros no podian en ninguna
-manera entralles en el pueblo ni hacer daño ninguno; y puesto que
-los escopeteros y ballesteros tiraban á los que andaban en canoas,
-traíanlas tan bien armadas de talabardones de madera, é demás de los
-talabardones, guardábanse bien.</p>
-
-<p>Y nuestros soldados, viendo que no aprovechaba cosa ninguna y no
-podian atinar el camino y calzada que de ántes tenian en el pueblo,
-porque todo lo hallaban lleno de agua, renegaban del pueblo y aun de
-la venida sin provecho, y aun medio corridos de cómo los mejicanos y
-los del pueblo les daban grande grita y les llamaban de mujeres, é que
-Malinche era otra mujer, y que no era esforzado sino para engañarlos
-con palabras y mentiras; y en este instante dos indios de los que allí
-venian con los nuestros, que eran de Tepetezcuco, que estaban muy mal
-con los de Saltocan, dijeron á un nuestro soldado, que habia tres dias
-que vinieron, cómo abrian la calzada y la lavaron y la hicieron zanja,
-y echaron de otra acequia el agua por ella, y que no muy léjos adelante
-está por abrir é iba camino al pueblo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_220">p. 220</span>Y cuando nuestros
-soldados lo hubieron entendido, y por donde los indios les señalaron,
-se ponen en gran concierto los ballesteros y escopeteros, unos armando
-y otros soltando, y esto poco á poco, y no todos á la par, y el agua
-á vuelapié, y á otras partes á más de la cinta, pasan todos nuestros
-soldados, y muchos amigos siguiéndolos, y Cortés con los de á caballo
-aguardándolos en tierra firme, haciéndoles espaldas, porque temió no
-viniesen otra vez los escuadrones de Méjico y diesen en la rezaga;
-y cuando pasaban las acequias los nuestros, como dicho tengo, los
-contrarios daban en ellos como á terrero, y hirieron muchos; mas,
-como iban deseosos de llegar á la calzada que estaba por abrir,
-todavía pasan adelante, hasta que dieron en ella por tierra sin agua,
-y vanse al pueblo.</p>
-
-<p>Y en fin de más razones, tal mano les dieron, que les mataron muchos
-mejicanos, y lo pagaron muy bien, é la burla que dellos hacian; donde
-hubieron mucha ropa de algodon y oro y otros despojos; y como estaban
-poblados en la laguna, de presto se meten los mejicanos y los naturales
-del pueblo en sus canoas con todo el hato que pudieron llevar, y se
-van á Méjico; y los nuestros, de que los vieron despoblados, quemaron
-algunas casas, y no osaron dormir en él por estar en el agua, y se
-vinieron donde estaba el capitan Cortés aguardándolos; y allí en aquel
-pueblo se hubieron muy buenas indias, y los tlascaltecas salieron ricos
-con mantas, sal y oro<span class="pagenum" id="Page_221">p. 221</span>
-y otros despojos, y luego se fueron á dormir á unas caserías que serian
-una legua de Saltocan, y allí se curaron, y un soldado murió dende á
-pocos dias de un flechazo que le dieron por la garganta; y luego se
-pusieron velas y corredores del campo, y hubo buen recaudo, porque
-todas aquellas tierras estaban muy pobladas de culchúas.</p>
-
-<p>Y otro dia fueron camino de un gran pueblo que se dice Coluatilan,
-é yendo por el camino, los de aquellas poblaciones y otros muchos
-mejicanos que con ellos se juntaban, les daban muy grande grita y
-voces, diciéndoles vituperios, y era en parte que no podian correr
-los caballos ni se les podia hacer ningun daño, porque estaban entre
-acequias; y desta manera llegaron á aquella poblacion, y estaba
-despoblado de aquel mismo dia y alzado el hato, y en aquella noche
-durmieron allí con grandes velas y rondas; y otro dia fueron camino de
-un gran pueblo que se dice Tenayuca, y este pueblo soliamos llamar la
-primera vez que entramos en Méjico el pueblo de las Sierpes, porque en
-el adoratorio mayor que tenian hallamos dos grandes bultos de sierpes
-de malas figuras, que eran sus ídolos en quien adoraban.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos del camino, y es que este pueblo hallaron
-despoblado como el pasado, que todos los indios naturales dellos se
-habian juntado en otro pueblo que estaba más adelante; y desde allí fué
-á otro pueblo que se dice Escapuzalco, que seria del uno al otro una
-legua, y<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> asimismo
-estaba despoblado.</p>
-
-<p>Este Escapuzalco era donde labraban el oro é plata al gran
-Montezuma, y soliamos llamar el pueblo de los Plateros; y desde aquel
-pueblo fué á otro, que ya he dicho que se dice Tacuba, que es obra
-de media legua el uno del otro. En este pueblo fué donde reparamos
-la triste noche cuando salimos de Méjico desbaratados, y en él nos
-mataron ciertos soldados, segun dicho tengo en el capítulo pasado
-que dello habla.</p>
-
-<p>Y tornemos á nuestra plática: que ántes que nuestro ejército llegase
-al pueblo, estaban en campo aguardando á Cortés muchos escuadrones de
-todos aquellos pueblos por donde habia pasado, y los de Tacuba y de
-mejicanos, porque Méjico está muy cerca dél, y todos juntos comenzaron
-á dar en los nuestros, de manera que tuvo harto nuestro capitan de
-romper en ellos con los de á caballo; y andaban tan juntos los unos
-con los otros, que nuestros soldados á buenas cuchilladas los hicieron
-retraer; y como era noche, durmieron en el pueblo con buenas velas
-y escuchas, y otro dia de mañana, si muchos mejicanos habian estado
-juntos, muchos más se juntaron aquel dia, y con gran concierto venian á
-darnos guerra, de tal manera que herian algunos soldados; mas todavía
-los nuestros los hicieron retraer en sus casas y fortaleza, de manera
-que tuvieron tiempo de les entrar en Tacuba y quemalles muchas casas
-y metelles á sacomano.</p>
-
-<p>Y como aquello supieron en Méjico, ordenaron de salir muchos<span
-class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span> más escuadrones de su
-ciudad á pelear con Cortés, y concertaron que cuando peleasen con
-él, que hiciesen que volvian huyendo hácia Méjico, y que poco á
-poco metiesen á nuestro ejército en su calzada, y que cuando los
-tuviesen dentro, haciendo como que se retraian de miedo; é ansí como
-lo concertaron lo hicieron, y Cortés, creyendo que llevaba vitoria,
-los mandó seguir hasta una puente; y cuando los mejicanos sintieron
-que tenian ya metido á Cortés en el garlito pasada la puente, vuelve
-sobre él tanta multitud de indios, que unos por tierra, otros con
-canoas y otros en las azuteas, le dan tal mano, que le ponen en tan
-gran aprieto, que estuvo la cosa de arte, que creyó ser perdido é
-desbaratado; porque á una puente donde habia llegado cargaron tan de
-golpe sobre él, que ni poco ni mucho se podia valer; é un alférez que
-llevaba una bandera, por sostener el gran ímpetu de los contrarios le
-hirieron muy malamente y cayó con su bandera desde la puente abajo en
-el agua, y estuvo en ventura de no se ahogar, y aun le tenian ya asido
-los mejicanos para le meter en unas canoas, y él fué tan esforzado, que
-se escapó con su bandera; y en aquella refriega mataron cinco soldados,
-é hirieron muchos de los nuestros.</p>
-
-<p>Y Cortés, viendo el gran atrevimiento y mala consideracion que
-habia hecho en haber entrado en la calzada de la manera que he dicho,
-y sintió cómo los mejicanos le habian cebado,<span class="pagenum"
-id="Page_224">p. 224</span> luego mandó que todos se retrajesen; y
-con el mejor concierto que pudo, y no vueltas las espaldas, sino los
-rostros á los contrarios, pié contra pié, como quien hace represas, y
-los ballesteros y escopeteros unos armando y otros tirando, y los de á
-caballo haciendo algunas arremetidas, mas eran muy pocas, porque luego
-les herian los caballos; y desta manera se escapó Cortés aquella vez
-del poder de Méjico, y cuando se vió en tierra firme dió muchas gracias
-á Dios.</p>
-
-<p>Allí en aquella calzada y puente fué donde un Pedro de Ircio, muchas
-veces por mí nombrado, dijo al alférez que cayó con la bandera en la
-laguna, que se decia Juan Volante, por le afrentar (que no estaba bien
-con él por amores de una mujer) ciertas palabras pesadas, y no tuvo
-razon de decir aquellas palabras porque el alférez era un hidalgo y
-hombre muy esforzado, y como tal se mostró aquella vez y otras muchas;
-y al Pedro de Ircio no le fué muy bien de su mala voluntad que tenia
-contra Juan Volante, el tiempo andando.</p>
-
-<p>Dejemos á Pedro de Ircio, y digamos que en cinco dias que allí en lo
-de Tacuba estuvo Cortés tuvo batalla y reencuentros con los mejicanos y
-sus aliados; y desde allí dió la vuelta para Tezcuco, y por el camino
-que habia venido se volvió, y le daban grita los mejicanos, creyendo
-que volvia huyendo, y aun sospecharon lo cierto, que con gran temor
-volvió; y les esperaban en partes que querian ganar honra con él y
-matalle los<span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span> caballos,
-y le echaban celadas; y como aquello vió, les echó una en que les
-mató é hirió muchos de los contrarios, é á Cortés entónces le mataron
-dos caballos é un soldado, y con esto no le siguieron más, é á buenas
-jornadas llegó á un pueblo sujeto á Tezcuco, que se dice Aculman, que
-estará de Tezcuco dos leguas y media.</p>
-
-<p>Y como lo supimos cómo habia allí llegado, salimos con Gonzalo de
-Sandoval á le ver y recebir, acompañados de muchos caballos y soldados
-y de los caciques de Tezcuco, especial de D. Hernando, principal de
-aquella ciudad; y en las vistas nos alegramos mucho, porque habia más
-de quince dias que no habiamos sabido de Cortés ni de cosa que le
-hubiese acaecido; y despues de le haber dado el bien venido y haberle
-hablado algunas cosas que convenian sobre lo militar, nos volvimos
-á Tezcuco aquella tarde, porque no osábamos dejar el real sin buen
-recado; y nuestro Cortés se quedó en aquel pueblo hasta otro dia, que
-llegó á Tezcuco; y los tlascaltecas, como ya estaban ricos y venian
-cargados de despojos, demandaron licencia para irse á su tierra, y
-Cortés se la dió; y fueron por parte que los mejicanos no tuvieron
-espías sobre ellos, y salvaron sus haciendas.</p>
-
-<p>Y á cabo de cuatro dias que nuestro capitan reposaba y estaba dando
-priesa en hacer los bergantines, vinieron unos pueblos de la costa del
-Norte á demandar paces y darse por vasallos de su majestad, los cuales
-pueblos se llaman Tucapan y<span class="pagenum" id="Page_226">p.
-226</span> Mascalcingo é Naultran, y otros pueblezuelos de aquellas
-comarcas, y trajeron un presente de oro y ropa de algodon; y cuando
-llegaron delante de Cortés, con gran acato, despues de haber dado su
-presente, dijeron que le pedian por merced que les admitiese á su
-amistad, y que querian ser vasallos del Rey de Castilla, y dijeron que
-cuando los mejicanos mataron sus teules en lo de Almería, y era capitan
-dellos Quete Alpopoca, que ya habiamos quemado por justicia, que todos
-aquellos pueblos que allí venian fueron en ayudar á los teules; y
-despues que Cortés les hubo oido, puesto que entendia que habian sido
-con los mejicanos en la muerte de Juan de Escalante y los seis soldados
-que le mataron en lo de Almería, segun he dicho en el capítulo que
-dello habla, les mostró mucha voluntad y recibió el presente, y por
-vasallos del Emperador nuestro señor, y no les demandó cuenta sobre lo
-acaecido ni se lo trajo á la memoria, porque no estaba en tiempo de
-hacer otra cosa; y con buenas palabras y ofrecimientos los despachó.</p>
-
-<p>Y en este instante vinieron á Cortés otros pueblos de los que se
-habian dado por nuestros amigos á demandar favor contra mejicanos, y
-decian que les fuésemos á ayudar, porque venian contra ellos grandes
-escuadrones, y les habian entrado en su tierra y llevado presos muchos
-de sus indios, y á otros habian descalabrado.</p>
-
-<p>Y tambien en aquella sazon vinieron los de Chalco y Talmanalco, y
-dijeron que<span class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span> si luego
-no les socorrian que serian perdidos, porque estaban sobre ellos muchas
-guarniciones de sus enemigos; y tantas lástimas decian, que traian en
-un paño de manta de nequen pintado al natural los escuadrones que sobre
-ellos venian, que Cortés no sabia qué se decir ni qué respondelles, ni
-dar remedio á los unos ni á los otros; porque habia visto que estábamos
-muchos de nuestros soldados heridos y dolientes, y se habian muerto
-ocho de dolor de costado y de echar sangre cuajada, revuelta con
-lodo, por la boca y narices; y era del quebrantamiento de las armas
-que siempre traiamos á cuestas, é de que á la continua íbamos á las
-entradas, y de polvo que en ellas tragábamos; y demás desto, viendo que
-se habian muerto tres ó cuatro soldados de heridas, que nunca parábamos
-de ir á entrar, unos venidos y otros vueltos.</p>
-
-<p>La respuesta que les dió á los primeros pueblos fué que les halagó
-y dijo que iria presto á les ayudar, y que entre tanto que iba, que se
-ayudasen de otros pueblos sus vecinos, y que esperasen en campo á los
-mejicanos, y que todos juntos les diesen guerra, é que si los mejicanos
-viesen que les mostraban cara y ponian fuerzas contra ellos, que
-temerian, é que ya no tenian tantos poderes los mejicanos para les dar
-guerra como solian, porque tenian muchos contrarios; y tantas palabras
-les dijo con nuestras lenguas, é les esforzó, que reposaron algo sus
-corazones, y no tanto, que luego demandaron cartas para dos pue<span
-class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span>blos sus comarcanos,
-nuestros amigos, para que les fuesen á ayudar.</p>
-
-<p>Las cartas en aquel tiempo no las entendian; más bien sabian que
-entre nosotros se tenia por cosa cierta que cuando se enviaban eran
-como mandamientos ó señales que les mandaban algunas cosas de calidad;
-é con ellas se fueron muy contentos, y las mostraron á sus amigos y los
-llamaron; y como nuestro Cortés se lo mandó, aguardaron en el campo á
-los mejicanos y tuvieron con ellos una batalla, y con ayuda de nuestros
-amigos sus vecinos, á quien dieron la carta, no les fué mal en la
-pelea.</p>
-
-<p>Volvamos á los de Chalco: que viendo nuestro Cortés que era cosa muy
-importante para nosotros que aquella provincia estuviese desembarazada
-de gentes de Culchúa, porque, como he dicho otra vez, por allí habian
-de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á Tlascala, y habiamos
-de mantener nuestro real, porque es tierra de mucho maíz, luego mandó á
-Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, que se aparejase para otro
-dia de mañana ir á Chalco, y le mandó dar veinte á caballo y ducientos
-soldados, y doce ballesteros y diez escopeteros, y los tlascaltecas que
-habia en nuestro real, que eran muy pocos, porque, como dicho habemos
-en este capítulo, todos los más se habian ido á su tierra cargados de
-despojos, y tambien llevó una capitanía de los de Tezcuco, y en su
-compañía al capitan Luis Marin, que era su muy íntimo amigo; y quedamos
-en guarda<span class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span> de aquella
-ciudad y bergantines Cortés é Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí con
-los demás soldados.</p>
-
-<p>Y ántes que Gonzalo de Sandoval vaya para Chalco, como está
-acordado, quiero aquí decir cómo, estando escribiendo en esta relacion
-todo lo acaecido á Cortés, de Saltocan, acaso estaban presentes dos
-hidalgos muy curiosos que habian leido la Historia de Gómora, y me
-dijeron que tres cosas se me olvidaban de escribir, que tenia escrito
-el coronista Gómora de la misma entrada que hizo Cortés; y la una era
-que dió Cortés vista á Méjico con trece bergantines, y peleó muy bien
-con el gran poder de Guatemuz, con sus grandes canoas y piraguas en la
-laguna; la otra era que cuando Cortés entró en la Calzada de Méjico
-que tuvo pláticas con los señores caciques mejicanos, y les dijo que
-les quitaria el bastimento y se moririan de hambre; y la otra fué que
-Cortés no quiso decir á los de Tezcuco que habia de ir á Saltocan,
-porque no le diesen aviso.</p>
-
-<p>Yo respondí á los mismos hidalgos que me lo dijeron, que en aquella
-sazon los bergantines no estaban acabados de hacer, é que ¿cómo podia
-llevar por tierra bergantines ni por la laguna los caballos ni tanta
-gente? Que es cosa de reir ver lo que escribe; y que cuando entró en la
-calzada de Tacuba, como dicho habemos, que harto tuvo Cortés en escapar
-él y su ejército, que estuvo medio desbaratado; y en aquella sazon no
-habiamos puesto cerco á Méjico, para vedalles los mantenimien<span
-class="pagenum" id="Page_230">p. 230</span>tos, ni tenian hambre, y
-eran señores de todos sus vasallos; y lo que pasó muchos dias adelante,
-cuando los teniamos en grande aprieto, pone ahora el Gómora; y en lo
-que dice que se apartó Cortés por otro camino para ir á Saltocan, no
-lo supiesen los de Tezcuco, digo que por fuerza fueron por sus pueblos
-y tierras de Tezcuco, porque por allí era el camino, y no otro; y en
-lo que escribe va muy errado, y á lo que yo he sentido, no tiene él
-la culpa, sino el que le informó, que por sublimar á quien á él se le
-antojó, ensalzó sus cosas, y porque no se declarasen nuestros heróicos
-hechos le daban aquellas relaciones; y esta es la verdadera; y como lo
-hubieron bien entendido los mismos que me lo dijeron, y vieron claro lo
-que les dije ser ansí, se convencieron.</p>
-
-<p>Y dejemos esta plática, y tornemos al capitan Gonzalo de Sandoval,
-que partió de Tezcuco despues de haber oido Misa, y fué á amanecer
-cerca de Chalco; y lo que pasó diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_142">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO EL CAPITAN GONZALO DE SANDOVAL FUÉ Á CHALCO É
- Á TALMANALCO CON TODO SU EJÉRCITO; Y LO QUE EN AQUELLA JORNADA PASÓ
- DIRÉ ADELANTE.</p>
-</div>
-
-<p>Ya he dicho en el capítulo pasado cómo los pueblos de Chalco y
-Talmanalco vinieron á decir<span class="pagenum" id="Page_231">p.
-231</span> á Cortés que les enviase socorro, porque estaban grandes
-guarniciones juntas para les venir á dar guerra; é tantas lástimas le
-dijeron, que mandó á Gonzalo de Sandoval que fuese allá con ducientos
-soldados y veinte de á caballo, é diez ó doce ballesteros y otros
-tantos escopeteros, y nuestros amigos los de Tlascala y otra capitanía
-de los de Tezcuco, y llevó al capitan Luis Marin por compañero, porque
-era su muy grande amigo; y despues de haber oido Misa en 12 dias del
-mes de Marzo de 1521 años, fué á dormir á unas estancias del mismo
-Chalco, y otro dia llegó por la mañana á Talmanalco, y los caciques
-y capitanes le hicieron buen recebimiento y le dieron de comer, y le
-dijeron que luego fuese hácia un gran pueblo que se dice Guaztepeque,
-porque hallaria juntos todos los poderes de Méjico en el mismo
-Guaztepeque ó en el camino ántes de llegar á él, é que todos los de
-aquella provincia de Chalco irian con él; y al Gonzalo de Sandoval
-parecióle que seria muy bien ir muy á punto; y puesto en concierto, fué
-á dormir á otro pueblo sujeto del mismo Chalco, Chimalacan, porque los
-espías que los de Chalco tenian puestas sobre los culchúas vinieron
-á avisar cómo estaban en el campo no muy léjos de allí la gente de
-guerra sus enemigos, é que habia algunas quebradas é arcabuezos, adonde
-esperaban.</p>
-
-<p>Y como el Sandoval era muy avisado y de buen consejo, puso
-los escopeteros y ballesteros por delante, y los de á ca<span
-class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span>ballo mandó que de tres
-en tres se hermanasen, y cuando hubiesen gastado los ballesteros y
-escopeteros algunos tiros, que todos juntos los de á caballo rompiesen
-por ellos á media rienda y las lanzas terciadas, y que no curasen
-alancear, sino por los rostros, hasta ponerlos en huida, y que no se
-deshermanasen; y mandó á los soldados de á pié que siempre estuviesen
-hechos un cuerpo, y no se metiesen entre los contrarios hasta que se
-lo mandase; porque, como le decian que eran muchos los enemigos (y
-ansí fué verdad), y estaban entre aquellos malos pasos, y no sabian si
-tenian hoyos hechos ó algunas albarradas, queria tener sus soldados
-enteros, no le viniese algun desman; é yendo por su camino, vió venir
-por tres partes repartidos los escuadrones de mejicanos dando gritos
-y tañendo trompetillas y atabales, con todo género de armas, segun lo
-suelen traer, y se vinieron como leones bravos á encontrar con los
-nuestros; y cuando el Sandoval los vió tan denodados, no guardó á
-la órden que habia dado, y dijo á los de á caballo que ántes que se
-juntasen con los nuestros que luego rompiesen, y el Sandoval delante
-animando á los suyos dijo:</p>
-
-<p>—«Santiago, y á ellos.»</p>
-
-<p>Y de aquel tropel fueron algunos de los escuadrones mejicanos
-medio desbaratados, mas no del todo, que se juntaron todos é hicieron
-rostro, porque se ayudaban con los malos pasos é quebradas, porque
-los de á caballo, por ser los pasos muy agros,<span class="pagenum"
-id="Page_233">p. 233</span> no podian correr, y se estuvieron sin
-ir tras ellos; á esta causa les tornó á mandar Sandoval á todos los
-soldados que con buen concierto les entrasen, los ballesteros y
-escopeteros delante, y los rodeleros que les fuesen á los lados, y
-cuando viesen que les iban hiriendo y haciendo mala obra, y oyesen un
-tiro desta otra parte de la barranca, que seria señal que todos los
-de á caballo á una arremetiesen á les echar de aquel sitio, creyendo
-que les meterian en tierra llana que habia allí cerca; y apercebió á
-los amigos que ellos ansimismo acudiesen con los españoles, y ansí se
-hizo como lo mandó; y en aquel tropel recibieron los nuestros muchas
-heridas, porque eran muchos los contrarios que sobre ellos cargaron; y
-en fin de más pláticas, les hicieron ir retrayendo, mas fué hácia otros
-malos pasos; y Sandoval con los de á caballo los fué siguiendo, y no
-alcanzó sino tres ó cuatro; y uno de los nuestros de á caballo que iba
-en el alcance, que se decia Gonzalo Dominguez, como era mal camino,
-rodó el caballo y tomóle debajo, y dende á pocos dias murió de aquella
-mala caida.</p>
-
-<p>He traido esto aquí á la memoria deste soldado, porque este Gonzalo
-Dominguez era uno de los mejores jinetes y esforzado que Cortés habia
-traido en nuestra compañía; y teníamosle en tanto en las guerras, por
-su esfuerzo, como al Cristóbal de Olí y á Gonzalo de Sandoval; por la
-cual muerte hubo mucho sentimiento entre todos nosotros.</p>
-
-<p>Volvamos á Sandoval y á<span class="pagenum" id="Page_234">p.
-234</span> todo su ejército, que los fué siguiendo hasta cerca del
-pueblo que se dice Guaztepeque, y ántes de llegar á él le salen al
-encuentro sobre quince mil mejicanos, y le comenzaban á cercar y
-le hirieron muchos soldados y cinco caballos; mas como la tierra
-era en parte llana, con el gran concierto que llevaba rompe los dos
-escuadrones con los de á caballo, y los demás escuadrones vuelven las
-espaldas hácia el pueblo para tornar á aguardar á unos mamparos que
-tenian hechos; mas nuestros soldados y los amigos les siguieron de
-manera, que no tuvieron tiempo de aguardar, y los de á caballo siempre
-fueron en el alcance por otras partes, hasta que se encerraron en el
-mismo pueblo en partes que no se pudieron haber; y creyendo que no
-volverian más á pelear aquel dia, mandó Sandoval reposar su gente, y
-se curaron los heridos y comenzaron á comer, que se habia habido mucho
-despojo; y estando comiendo vinieron dos de á caballo y otros dos
-soldados que habia puesto ántes que comenzase á comer, los unos para
-corredores del campo y los otros por espías, y vinieron diciendo:</p>
-
-<p>—«Al arma, al arma; que vienen muchos escuadrones de mejicanos.»</p>
-
-<p>Y como siempre estaban acostumbrados á tener las armas muy á punto,
-de presto cabalgan y salen á una gran plaza, y en aquel instante
-vinieron los contrarios, y allí hubo otra buena batalla; y despues
-que estuvieron buen rato haciendo cara en unos mamparos, desde allí
-hirieron algunos<span class="pagenum" id="Page_235">p. 235</span> de
-los nuestros, y tal priesa les dió el Gonzalo de Sandoval con los de á
-caballo, y con las escopetas y ballestas y cuchilladas los soldados,
-que les hicieron huir del pueblo por otras barrancas, y por aquel dia
-no volvieron más; y cuando el capitan Sandoval se vió libre desta
-refriega dió muchas gracias á Dios, y se fué á reposar y dormir á una
-huerta que habia en aquel pueblo, la más hermosa y de mayores edificios
-y cosa mucho de mirar que se habia visto en la Nueva-España; y tenia
-tantas cosas, que era muy admirable, y ciertamente era huerta para un
-gran Príncipe, y aun no se acabó de andar por entónces toda, porque
-tenia más de un cuarto de legua de largo.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar de la huerta, y digamos que yo no vine en esta
-entrada, ni en este tiempo que digo anduve esta huerta, sino desde obra
-de veinte dias que vine con Cortés cuando rodeamos los grandes pueblos
-de la laguna, como adelante diré; y la causa porque no vine en aquella
-sazon es porque estaba muy mal herido de un bote de lanza que me dieron
-en la garganta junto al gaznate, que estuve della á peligro de muerte,
-de que agora tengo una señal, y diéronmela en lo de Iztapalapa, cuando
-nos apretaron tanto.</p>
-
-<p>Y como yo no fuí en esta entrada, por eso digo en esta mi relacion:
-«Fueron y esto hicieron y tal les acaeció;» y no digo: «Hicimos ni
-hice ni vine ni en ello me hallé;» mas todo lo que escribo acerca
-dello pasó al pié de la letra; porque luego se<span class="pagenum"
-id="Page_236">p. 236</span> sabe en el real de la manera que en las
-entradas acaece; y ansí, no se puede quitar ni alargar más de lo que
-pasó.</p>
-
-<p>Y dejaré de hablar de esto, y volveré al capitán Gonzalo de
-Sandoval, que otro dia de mañana, viendo que no habia más bullicio de
-guerreros mejicanos, envió á llamar á los caciques de aquel pueblo
-con cinco indios naturales de los que habian prendido en las batallas
-pasadas, y los dos dellos eran principales, y les envió á decir que no
-hubiesen miedo y que vengan de paz, y que lo pasado se lo perdona, y
-les dijo otras buenas razones, y los mensajeros que fueron á tratar las
-paces, mas no osaron venir los caciques por miedo de los mejicanos.</p>
-
-<p>Y en aquel mismo dia tambien envió á decir á otro gran pueblo que
-estaba de Guaztepeque obra de dos leguas, que se dice Acapistla, que
-mirasen que son buenas las paces, que no querian guerra, y que miren
-y tengan en la memoria en qué han parado los escuadrones de culchúas
-que estaban en aquel pueblo de Guaztepeque, sino que todos han sido
-desbaratados; que vengan de paz, y que los mejicanos que tienen en
-guarnicion que les echen fuera de su tierra, y que si no lo hacen, que
-irá allá de guerra y los castigará; y la respuesta fué que vayan cuando
-quisieren, que bien piensan tener con sus cuerpos y carnes buenas
-hartazgas, y sus ídolos sacrificios.</p>
-
-<p>Y como aquella respuesta le dieron, y los caciques de Chalco que
-con Sandoval estaban, que sabian que en aquel pueblo de Acapistla
-estaban muchos más mejicanos en guarnicion para les ir á Chalco á dar
-guerra cuando viesen vuelto al Sandoval, á esta causa le rogaron que
-fuese allá y los echase de allí; y el Sandoval estaba para no ir, lo
-uno porque estaba herido y tenia muchos soldados y caballos heridos, y
-lo<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> otro, como habia
-tenido tres batallas, no se quisiera meter por entónces en hacer más
-de lo que Cortés le mandaba; y tambien algunos caballeros de los que
-llevaba en su compañía, que eran de los de Narvaez, le dijeron que se
-volviese á Tezcuco y que no fuese á Acapistla, porque estaba en gran
-fortaleza, no le acaeciese algun desman; y el capitan Luis Marin le
-aconsejó que no dejase de ir á aquella fuerza y hacer lo que pudiese;
-porque los caciques de Chalco decian que si desde allí se volvian sin
-deshacer el poder que estaba junto en aquella fortaleza, que ansí como
-vean ó sepan que Sandoval vuelve á Tezcuco, que luego son sus enemigos
-en Chalco.</p>
-
-<p>Y como era el camino de un pueblo á otro obra de dos leguas, acordó
-de ir, y apercibió sus soldados y fué allá; y luego como llegó á vista
-del pueblo, ántes de llegar á él le salen muchos guerreros, y le
-comenzaron á tirar vara y flecha y piedra con hondas, y fué tanta como
-granizo, que le hirieron tres caballos y muchos soldados, sin podelles
-hacer cosa ni daño ninguno; y hecho esto, luego se suben entre sus
-riscos y fortalezas, y desde allí les daban voces y gritas y tañian
-sus caracoles y atabales; y como el Sandoval ansí vió la cosa, acordó
-de mandar á algunos de á caballo que se apeasen, y á los demás de á
-caballo que se estuviesen en el campo en lo llano á punto, mirando no
-viniesen algunos socorros mejicanos á los de Acapistla entre tanto
-que combatian aquel pueblo; y<span class="pagenum" id="Page_238">p.
-238</span> como vió que los caciques de Chalco y sus capitanes y muchos
-de sus indios de guerra que allí estaban remolinando y no osaban pelear
-con los contrarios, adrede para proballos y ver lo que decian, les dijo
-Sandoval:</p>
-
-<p>—«¿Qué haceis ahí? ¿Por qué no les comenzais á combatir? Y entrá en
-ese pueblo y fortaleza; que aquí estamos, que os defenderemos.»</p>
-
-<p>Y ellos respondieron que no se atrevian, porque era gran fortaleza,
-y que por esta causa venia el Sandoval y sus hermanos los teules con
-ellos, y con su mamparo y esfuerzo venian los de Chalco á les echar de
-allí.</p>
-
-<p>Por manera que se apercibe el Sandoval de arte que él y todos sus
-soldados y escopeteros y ballesteros, les comenzaron de entrar y
-subir; y puesto que recibieron en aquella subida muchas heridas, y al
-mismo capitan le descalabraron otra vez y le hirieron muchos de los
-amigos, todavía les entró en el pueblo, donde se les hizo mucho daño; y
-todos los que más daño les hicieron fueron los indios de Chalco y los
-demás amigos tlascaltecas, porque nuestros soldados, si no fué hasta
-rompellos y ponellos en huida, no curaron de dar cuchilladas á ningun
-indio, porque les parecia crueldad; y en lo que más se empleaban era
-en buscar una buena india ó hacer algun despojo; y lo que comunmente
-hacian era reñir á los amigos porque eran tan crueles y por quitalles
-algunos indios ó indias porque no los matasen.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que aquellos guerreros mejicanos
-que<span class="pagenum" id="Page_239">p. 239</span> allí estaban,
-por se defender se vinieron por unos riscos abajo cerca del pueblo, y
-como habia muchos dellos heridos de los que se venian á esconder en
-aquella quebrada y arroyo, y se desangraban, venia el agua algo turbia
-de sangre, y no duró aquella turbieza un Ave-María.</p>
-
-<p>É aquí dice el coronista Gómora en su historia que por venir el rio
-tinto en sangre los nuestros pasaron sed por causa de la sangre.</p>
-
-<p>Á esto digo que habia fuentes de agua clara abajo en el mismo
-pueblo, que no tenian necesidad de otra agua.</p>
-
-<p>Volvamos á decir que luego que aquello fué hecho se volvió el
-Sandoval con todo su ejército á Tezcuco, y con buen despojo, en
-especial con muy buenas piezas de indias.</p>
-
-<p>Digamos ahora cómo el señor de Méjico, que se decia Guatemuz,
-lo supo, y el desbarate de sus ejércitos, dicen que mostró mucho
-sentimiento dello, y más de que los de Chalco tenian tanto
-atrevimiento, siendo sus súbditos y vasallos, de osar tomar armas tres
-veces contra ellos; y estando tan enojado, acordó que entre tanto que
-el Sandoval se volvia al real de Tezcuco, de enviar grandes poderes de
-guerreros, que de presto juntó en la ciudad de Méjico con otros que
-estaban junto á la<span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>
-laguna, y en más de dos mil canoas grandes, con todo género de armas,
-salen sobre veinte mil mejicanos, y vienen de repente en la tierra de
-Chalco por hacelles todo el mal que pudiesen; y fué de tal arte y tan
-presto, que aun no hubo bien llegado el Sandoval á Tezcuco ni hablado á
-Cortés, cuando estaban otra vez mensajeros de Chalco en canoas por la
-laguna demandando favor á Cortés, porque le dijeron que habian venido
-sobre dos mil canoas, y en ellas veinte mil mejicanos, y que fuesen
-presto á los socorrer.</p>
-
-<p>Y cuando Cortés lo oyó, y Sandoval, que entónces en aquel instante
-llegaba á hablalle y á dalle cuenta de lo que habia hecho en la entrada
-donde venia, el Cortés no le quiso escuchar á Sandoval, de enojo,
-creyendo que por su culpa ó descuido recebian mala obra nuestros amigos
-los de Chalco; y luego sin más dilacion ni le oir le mandó volver y que
-dejase allí en el real todos los heridos que traia, y con los sanos
-luego fué muy en posta; y destas palabras que Cortés le dijo recebió
-mucha pena el Sandoval, y porque no le quiso escuchar, y luego partió
-para Chalco.</p>
-
-<p>Y como llegó con todo su ejército bien cansado de las armas y largo
-camino, pareció ser que los de Chalco, luego como lo supieron por sus
-espías que los mejicanos venian tan de repente sobre ellos, y cómo
-habia tenido Guatemuz aquella cosa concertada que diesen sobre ellos,
-como dicho tengo, sin más aguardar socorro de nosotros, enviaron á
-llamar á los de<span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span> la
-provincia de Guaxocingo é Tlascala, que estaban cerca, los cuales
-vinieron aquella noche mesma, muy aparejados con sus armas, y se
-juntaron con los de Chalco, que serian por todos más de veinte mil
-dellos, é ya les habian perdido el temor á los mejicanos, y gentilmente
-los aguardaron en el campo y pelearon como muy varones, puesto que
-los mejicanos mataron y prendieron hasta quince capitanes y hombres
-principales, y de otra gente de guerra de no tanta cuenta se prendieron
-otros muchos; y túvose esta batalla entre los mejicanos por grande
-deshonra suya, viendo que los de Chalco los vencieron, y en mucho más
-que si los desbaratáramos nosotros.</p>
-
-<p>Y como llegó Sandoval á Chalco y vió que no tenia qué hacer ni de
-qué se temer, que ya no volverian otra vez los mejicanos sobre Chalco,
-da vuelta á Tezcuco y llevó los presos mejicanos, con lo cual se holgó
-mucho Cortés; y Sandoval mostró grande enojo de nuestro capitan por lo
-pasado, y no le fué á ver ni hablar, puesto que Cortés le envió á decir
-que lo habia entendido de otra manera, y que creyó que por descuido
-del Sandoval no se habia remediado, pues que iba con mucha gente de á
-caballo y soldados, y sin haber desbaratado los mejicanos se volvia.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desta materia, porque luego tornaron á ser amigos
-Cortés y el Sandoval, y no sabia Cortés placer que hacer al Sandoval
-por tenelle contento, que no le hacia.</p>
-
-<p>Dejallo he aquí, y diré<span class="pagenum" id="Page_242">p.
-242</span> cómo acordamos de herrar todas las piezas, esclavas y
-esclavos que se habian habido, que fueron muchas, y de cómo vino en
-aquel instante un navío de Castilla, y lo que más pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_143">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO SE HERRARON LOS ESCLAVOS EN TEZCUCO, Y CÓMO
- VINO NUEVA QUE HABIA VENIDO AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN NAVÍO, Y
- LOS PASAJEROS QUE EN ÉL VINIERON; Y OTRAS COSAS QUE PASARON DIRÉ
- ADELANTE.</p>
-</div>
-
-<p>Como hubo llegado Gonzalo de Sandoval con gran presa de esclavos, y
-otros muchos que se habian habido en las entradas pasadas, fué acordado
-que luego se herrasen; y de que se hubo pregonado que se llevasen á
-herrar á una casa señalada, todos los más soldados llevamos las piezas
-que habiamos habido, para echar el hierro de su majestad, que era una
-G, que quiere decir guerra, segun y de la manera que lo teniamos de
-ántes concertado con Cortés, segun he dicho en el capítulo que dello
-habla, creyendo que se nos habia de volver despues de pagado el real
-quinto, que las apreciasen cuánto podia valer cada pieza; y no fué
-ansí,<span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span> porque si en lo
-de Tepeaca se hizo muy malamente, segun otra vez dicho tengo, muy peor
-se hizo en esto de Tezcuco, que despues que sacaban el real quinto,
-era otro quinto para Cortés y otras partes para los capitanes; y en la
-noche ántes cuando las tenian juntas nos desaparecieron las mejores
-indias.</p>
-
-<p>Pues como Cortés nos habia dicho y prometido que las buenas piezas
-se habian de vender en el almoneda por lo que valiesen, y las que no
-fuesen tales por ménos precio, tampoco hubo buen concierto en ello,
-porque los oficiales del Rey que tenian cargo dellas hacian lo que
-querian; por manera que si mal se hizo una vez, esta vez peor; y desde
-allí adelante muchos soldados que tomábamos algunas buenas indias,
-porque no nos las tomasen, como las pasadas, las escondiamos y no las
-llevábamos á herrar, y deciamos que se habian huido; y si era privado
-de Cortés, secretamente la llevaban de noche á herrar y las apreciaban
-en lo que valian y les echaban el hierro y pagaban el quinto; y otras
-muchas se quedaban en nuestros aposentos, y deciamos que eran naborías
-que habian venido de paz de los pueblos comarcanos y de Tlascala.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir que como ya habia dos ó tres meses pasados
-que algunas de las esclavas que estaban en nuestra compañía y en todo
-el real conocian á los soldados cuál era bueno é cuál malo, y trataba
-bien á las indias naborías que tenia ó cuál las trataba mal, y tenian
-fama<span class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> de caballeros,
-y de otra manera cuando las vendian en el almoneda, y si las sacaban
-algunos soldados que las tales indias ó indios no les contentaban ó
-las habian tratado mal, de presto se les desaparecian que no las vian
-más, y preguntar por ellas era por demás; y en fin, todo se quedaba por
-deuda en los libros del Rey, ansí en lo de las almonedas y los quintos;
-y al dar las partes del oro se consumió, que ningunos ó muy pocos
-soldados llevaron partes, porque ya lo debian, y aun muchos más pesos
-de oro que despues cobraron los oficiales del Rey.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo en aquella sazon vino un navío de
-Castilla, en el cual vino por tesorero de su majestad un Julian de
-Alderete, vecino de Tordesillas, y vino un Orduña el viejo, vecino
-que fué de la Puebla, que despues de ganado Méjico trajo cuatro ó
-cinco hijas, que casó muy honradamente; era natural de Tordesillas; y
-vino un fraile de San Francisco que se decia fray Pedro Melgarejo de
-Urrea, natural de Sevilla, que trajo unas bulas de señor San Pedro, y
-con ellas nos componian si algo éramos en cargo en las guerras en que
-andábamos; por manera que en pocos meses el fraile fué rico y compuesto
-á Castilla; trajo entónces por comisario y quien tenia cargo de las
-bulas á Jerónimo Lopez, que despues fué secretario en Méjico; vinieron
-un Antonio Carvajal, que ahora vive en Méjico, ya muy viejo, capitan
-que fué de un bergantin; y vino<span class="pagenum" id="Page_245">p.
-245</span> Jerónimo Ruiz de la Mota, yerno que fué, despues de ganado
-Méjico, del Orduña, que ansimismo fué capitan de un bergantin, natural
-de Búrgos; y vino un Briones, natural de Salamanca; á este Briones
-ahorcaron en esta provincia de Guatimala por amotinador de ejércitos,
-desde á cuatro años que se vino huyendo de lo de Honduras; y vinieron
-otros muchos que ya no me acuerdo, y tambien vino un Alonso Diaz de la
-Reguera, vecino que fué de Guatimala, que ahora vive en Valladolid;
-y trajeron en este navío muchas armas y pólvora, y en fin como navío
-que venia de Castilla, é vino cargado de muchas cosas, y con él nos
-alegramos, y de las nuevas que de Castilla trajeron no me acuerdo bien;
-más paréceme que dijeron que el Obispo de Búrgos ya no tenia mano en el
-Gobierno, que no estaba su majestad bien con él desque alcanzó á saber
-de nuestros muy buenos é notables servicios, y como el Obispo escribia
-á Flandes al contrario de lo que pasaba y en favor de Diego Velazquez,
-y halló muy claramente su majestad ser verdad todo lo que nuestros
-procuradores de nuestra parte le fueron á informar, y á esta causa no
-le oia cosa que dijese.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y volvamos á decir que como Cortés vió los bergantines
-que estaban acabados de hacer, y la gran voluntad que todos los
-soldados teniamos de estar ya puestos en el cerco de Méjico, y en
-aquella sazon volvieron los de<span class="pagenum" id="Page_246">p.
-246</span> Chalco á decir que los mejicanos venian sobre ellos, y que
-les enviasen socorro; y Cortés les envió á decir que él queria ir en
-persona á sus pueblos y tierras, y no se volver hasta que á todos los
-contrarios echase de aquellas comarcas; y mandó apercebir trecientos
-soldados y treinta de á caballo, y todos los más escopeteros y
-ballesteros que habia, y gente de Tezcuco; y fué en su compañía Pedro
-de Albarado y Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí, y ansimismo fué el
-tesorero Julian de Alderete, y el fraile fray Pedro Melgarejo, que ya
-en aquella sazon habia llegado á nuestro real; é yo fuí entónces con
-el mismo Cortés, porque me mandó que fuese con él; y lo que pasamos en
-aquella entrada diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_144">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLIV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO NUESTRO CAPITAN CORTÉS FUÉ Á UNA ENTRADA Y SE
- RODEÓ LA LAGUNA, Y TODAS LAS CIUDADES Y GRANDES PUEBLOS QUE ALREDEDOR
- HALLAMOS, Y LO QUE MÁS NOS PASÓ EN AQUELLA ENTRADA.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés habia dicho á los de Chalco que les habia de ir á
-socorrer porque los mejicanos no viniesen y les diesen guerra,
-porque harto teniamos cada semana de ir y venir á les favorecer,
-mandó apercebir todos los soldados y ejér<span class="pagenum"
-id="Page_247">p. 247</span>cito, que fueron trecientos soldados y
-treinta de á caballo, y veinte ballesteros y quince escopeteros, y el
-tesorero Julian de Alderete y Pedro de Albarado y Andrés de Tapia y
-Cristóbal de Olí, y fué tambien el fraile fray Pedro Melgarejo, y á mí
-me mandó que fuese con él, y muchos tlascaltecas y amigos de Tezcuco; y
-dejó en guarda de Tezcuco y bergantines á Gonzalo de Sandoval con buena
-copia de soldados y de á caballo.</p>
-
-<p>Y una mañana, despues de haber oido Misa, que fué viérnes 5 dias
-del mes de Abril de 1521 años, fuimos á dormir á Talmanalco, y allí
-nos recibieron muy bien; y el otro dia fuimos á Chalco, que estaba muy
-cerca el uno del otro: allí mandó Cortés llamar á todos los caciques
-de aquella provincia, y se les hizo un parlamento con nuestras lenguas
-doña Marina é Jerónimo de Aguilar, en que se les dió á entender cómo
-agora al presente íbamos á ver si podria traer de paz á algunos de
-los pueblos que estaban más cerca de la laguna, y tambien para ver
-la tierra y sitio para poner cerco á la gran ciudad de Méjico, y que
-por la laguna habian de echar los bergantines, que eran trece, y que
-les rogaba á todos que para otro dia estuviesen aparejadas todas sus
-gentes de guerra para ir con nosotros; y cuando lo hubieron entendido,
-todos á una de muy buena voluntad dijeron que sí lo harian; y otro
-dia fuimos á dormir á otro pueblo que estaba sujeto al mismo Chalco,
-que se dice Chimaluacan, y allí vinieron más de<span class="pagenum"
-id="Page_248">p. 248</span> veinte mil amigos, ansí de Chalco y de
-Tezcuco y Guaxocingo, y los tlascaltecas y otros pueblos; y vinieron
-tantos, que en todas las entradas que yo habia ido, despues que en la
-Nueva-España entré, nunca vi tanta gente de guerra de nuestros amigos
-como ahora fueron en nuestra compañía.</p>
-
-<p>Ya he dicho otra vez que iba tanta multitud dellos á causa de los
-despojos que habian de haber, y lo más cierto, por hartarse de carne
-humana si hubiese batallas, porque bien sabian que las habia de haber;
-y son, á manera de decir como cuando en Italia salia un ejército de una
-á otra parte, y les seguian cuervos y milanos y otras aves de rapiña,
-que se mantenian de los cuerpos muertos que quedaban en el campo cuando
-se daba alguna muy sangrienta batalla; ansí he juzgado que nos seguian
-tantos millares de indios.</p>
-
-<p>Dejemos esta plática, y volvamos á nuestra relacion: que en aquella
-sazon se tuvo nueva que estaban en un llano cerca de allí aguardando
-muchos escuadrones y capitanías de mejicanos é sus aliados, todos los
-de aquellas comarcas, para pelear con nosotros; y Cortés nos apercibió
-que fuésemos muy alerta y saliésemos de aquel pueblo donde dormimos,
-que se dice Chimaluacan, despues de haber oido Misa, que fué bien de
-mañana; y con mucho concierto fuimos caminando entre unos peñascos
-y por medio de dos sierrezuelas, que en ellas habia fortalezas y
-mamparos, donde habia muchos indios é indias recogidos é hechos<span
-class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span> fuertes; y dende su
-fortaleza nos daban gritos é voces y alaridos, y nosotros no curamos
-de pelear con ellos, sino callar y caminar y pasar adelante hasta un
-pueblo grande que estaba despoblado, que se dice Yautepeque, y tambien
-pasamos de largo; y llegamos á un llano donde habia unas fuentes de muy
-poca agua, é á una parte estaba un gran peñol con una fuerza muy mala
-de ganar, segun luego pareció por la obra; y como llegamos en el paraje
-del peñol, porque vimos que estaba lleno de guerreros, y de lo alto dél
-nos daban gritos y tiraban piedras é varas y flechas, y hirieron tres
-soldados de los nuestros, entónces mandó Cortés que reparásemos allí, é
-dijo:</p>
-
-<p>—«Parece que todos estos mejicanos se ponen en fortalezas y hacen
-burla de nosotros de que no les acometemos.»</p>
-
-<p>Y esto dijo por los que dejábamos atrás en las sierrezuelas; y
-luego mandó á unos de á caballo y á ciertos ballesteros que diesen
-una vuelta á una parte del peñol, y que mirasen si habia otra subida
-más conveniente de buena entrada para les poder combatir; y fueron, y
-dijeron que lo mejor de todo era donde estábamos, porque en todo lo
-demás no habia subida ninguna, que era toda peña tajada, y luego Cortés
-mandó que les fuésemos entrando y subiendo.</p>
-
-<p>El alférez Cristóbal del Corral delante, y otras banderas, y todos
-nosotros siguiéndolas, y Cortés con los de á caballo aguardando en lo
-llano por guarda de otros escuadrones de mejicanos, no viniesen á dar
-en<span class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span> nuestro fardaje
-ó en nosotros entre tanto que combatiamos aquella fuerza; y como
-comenzamos á subir por el peñol arriba, echan los indios guerreros
-que en él estaban tantas piedras muy grandes y peñascos, que fué cosa
-espantosa, como se venian despeñando y saltando, cómo no nos mataron
-á todos; y fué cosa inconsiderada y no de cuerdo capitan mandarnos
-subir; y luego á mis piés murió un soldado que se decia Fulano
-Martinez, valenciano, que habia sido maestresala de un señor de salva
-en Castilla, y este llevaba una celada, y no dijo ni habló palabra;
-y todavía subiamos, y como venian las galgas rodando y despeñándose
-y dando saltos (que ansí llamábamos á las grandes piedras que venian
-despeñadas), luego mataron á otros dos soldados, que se decian Gaspar
-Sanchez, sobrino del tesorero de Cuba, y á un Fulano Bravo; y todavía
-subiamos, y luego mataron á otro soldado muy esforzado que se decia
-Alonso Rodriguez, y á otros dos descalabrados, y en las piernas golpes
-todos los más de nosotros, y todavía porfiar é ir adelante; é yo, como
-en aquel tiempo era suelto, no dejaba de seguir al alférez Corral; é
-íbamos debajo de unas como socarreñas é concavidades que se hacian en
-el peñol de trecho á trecho, á ventura de si me encontraban algunos
-peñascos entre tanto que subia de socarreña á socarreña, que fué muy
-gran ventura; estaba el alférez Cristóbal del Corral mamparándose
-detrás de<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span> unos
-árboles gruesos que tenian muchas espinas, que nacen en aquellas
-concavidades, y estaba descalabrado y el rostro todo lleno de sangre é
-la bandera rota, y me dijo:</p>
-
-<p>—«Oh señor Bernal Diaz del Castillo, que no es cosa el pasar más
-adelante, y mirá no os cojan algunas lanchas ó galgas; estése al reparo
-de esa concavidad;» porque ya no nos podiamos tener aun con las manos,
-cuanto más podelles subir.</p>
-
-<p>En este tiempo vi que de la misma manera que Corral é yo habiamos
-subido de socarreña en socarreña venia Pedro Barba, que era capitan de
-ballesteros, con otros dos soldados; é yo le dije desde arriba:</p>
-
-<p>—«Oh señor capitan, no suba más adelante, que no se podrá tener con
-piés y manos, no vuelva rodando.»</p>
-
-<p>Y cuando se lo dije, me respondió como muy esforzado, ó por dar
-aquella respuesta como gran señor, dijo que eso habia de decir, sino ir
-adelante; é yo recibí de aquella palabra remordimiento de mi persona, y
-le respondí:</p>
-
-<p>—«Pues veamos cómo sube donde yo estoy.»</p>
-
-<p>Y todavía pasé bien arriba; y en aquel instante vienen tantas
-piedras muy grandes que echaron de lo alto, que tenian represadas para
-aquel efeto, que hirieron á Pedro Barba y le mataron un soldado, y
-no pasaron más un paso de allí donde estaban; y entónces el alférez
-Corral dió voces para que dijesen á Cortés de mano en mano que no se
-podia subir más arriba, é que el retraer tambien era muy peligroso; y
-como Cortés lo entendió, porque<span class="pagenum" id="Page_252">p.
-252</span> allá bajo donde estaba en tierra llana le habian muerto
-tres soldados y herido siete del gran ímpetu de las galgas que iban
-despeñándose, y aun tuvo por cierto Cortés que todos los más de los que
-habiamos subido arriba estábamos muertos ó bien heridos, porque donde
-él estaba no podia ver las vueltas que daba aquel peñol; y luego por
-señas y por voces y por unas escopetas que soltaron, tuvimos arriba
-nuestras señas que nos mandaban retraer; y con buen concierto, de
-socarreña en socarreña bajamos abajo todos descalabrados y corriendo
-sangre, y las banderas rotas y ocho muertos, y desque Cortés ansí nos
-vió, dió muchas gracias á Dios; y luego le dijeron lo que habiamos
-pasado yo y Pedro Barba, porque se lo dijo el mismo Pedro Barba y
-el alférez Corral estando platicando de la gran fuerza, é que fué
-maravilla cómo no nos llevaron las galgas de vuelo, segun eran muchas;
-y aun lo supieron luego en todo el real.</p>
-
-<p>Dejemos todo esto, y digamos cómo estaban muchas capitanías de
-mejicanos aguardando en partes que no les podiamos ver ni saber dellos,
-y estaban esperando para socorrer y ayudar á los del peñol; y bien
-entendieron lo que fué, que no podriamos subilles en la fuerza, y
-que entre tanto que estábamos peleando tenian concertado que los del
-peñol por una parte y ellos por la otra darian en nosotros; y como lo
-tenian acordado, ansí vinieron á les ayudar á los del peñol; y cuando
-Cortés lo supo que venian man<span class="pagenum" id="Page_253">p.
-253</span>dó luego á los de á caballo y á todos nosotros que fuésemos
-á encontrar con ellos, y ansí se hizo; y aquella tierra era llana, y
-á partes habia unas como vegas que estaban entre otros serrejones; y
-seguimos á los contrarios hasta que llegamos á otro muy fuerte peñol, y
-en el alcance se mataron muy pocos indios, porque se acogian en partes
-que no se podian haber.</p>
-
-<p>Pues vueltos á la fuerza que probábamos á subir, é viendo que
-allí no habia agua ni la habiamos bebido en todo el dia, ni aun los
-caballos, porque las fuentes que dicho tengo que allí estaban no la
-tenian, sino lodo; que, como teniamos tantos enemigos, estaban sobre
-ellas y no las dejaban manar, y á esta causa mudamos nuestro real y
-fuimos por una vega abajo cerca de otro peñol, que seria del uno al
-otro obra de legua y media poco más ó ménos, creyendo que hallariamos
-agua, y no la habia sino muy poca; y cerca de aquel peñol habia
-unos árboles de morales de la tierra, y allí nos paramos, y estaban
-obra de doce ó trece casas al pié de la sierra y fuerza; y ansí que
-nosotros llegamos nos comenzaron á dar grita y tirar galgas y varas
-y flechas desde lo alto; y estaba en esta fuerza mucha más gente que
-en el primero peñol, y aun era muy más fuerte, segun despues vimos;
-y nuestros escopeteros y ballesteros les tiraban, mas estaban tan
-altos y tenian tantos mamparos, que no se les podia hacer mal ninguno;
-pues entralles ó subilles no habia remedio, y aunque probamos<span
-class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span> dos veces, que por las
-casas que allí estaban habia unos pasos, hasta dos vueltas podiamos
-ir, mas desde allí adelante ya he dicho peor que el primero; de
-manera que ansí en esta fuerza como en la primera no ganamos ninguna
-reputacion, ántes los mejicanos y sus confederados tenian vitoria; é
-aquella noche dormimos en aquellos morales bien muertos de sed, y se
-acordó para otro dia que desde otro peñol que estaba cerca dél fuesen
-todos los ballesteros y escopeteros, y que subiesen en él, que habia
-subida, aunque no buena; porque desde aquel alcanzarian las ballestas
-y escopetas al otro peñol fuerte y podíanle combatir.</p>
-
-<p>Y mandó Cortés á Francisco Verdugo y al tesorero Julian de Alderete
-que se aperciban de buenos ballesteros, y á Pedro Barba, que era
-capitan, que fuesen por caudillos, y que todos los más soldados
-hiciésemos acometimiento que por los pasos y subidas de las casas
-que dicho tengo que les queriamos subir, y ansí los comenzamos á
-entrar; mas echaban tanta piedra grande y menuda, que hirieron á
-muchos soldados; y demás desto, no les subiamos de hecho, porque
-era por demás, que aun tenernos con las manos y piés no podiamos; y
-entre tanto que nosotros estábamos de aquella manera, los ballesteros
-y escopeteros desde el peñol que he dicho les alcanzaban con las
-ballestas y escopetas, y aunque no muy bien, mataban algunos y herian
-otros; de manera que estuvimos dándoles com<span class="pagenum"
-id="Page_255">p. 255</span>bates obra de media hora; y quiso Nuestro
-Señor Dios que acordaron de se dar de paz, y fué por causa que no
-tenian agua ninguna, que estaba mucha gente arriba en el peñol, en un
-llano que se hacia arriba, é habíase acogido á él de todas aquellas
-comarcas ansí hombres como mujeres y niños é gente menuda; y para que
-entendiésemos abajo que querian paces, desde el peñol las mujeres
-meneaban unas mantas hácia abajo, y con las palmas daban unas con
-otras, señalando que nos harian pan y tortillas, y los guerreros no nos
-tiraban vara ni piedra ni flecha; y cuando Cortés lo entendió, mandó
-que no se les hiciese mal ninguno, y por señas se les dió á entender
-que bajasen cinco principales á entender en las paces; los cuales
-bajaron, y con grande acato dijeron á Cortés que les perdonase, que por
-favorecerse y defenderse se habian subido en aquellas fuerzas; y Cortés
-les dijo con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar, algo enojado, que
-eran dignos de muerte por haber empezado la guerra; mas que pues han
-venido, que vayan luego al otro peñol é llamen los caciques é hombres
-principales que en él están, é traigan los muertos, é que lo pasado se
-les perdonará; y que vengan de paz, si no, que habiamos de ir sobre
-ellos y ponelles cerco hasta que se mueran de sed; porque bien sabiamos
-que no tenian agua, porque en toda aquella tierra no la hay sino muy
-poca; y luego fueron á llamarlos ansí como se lo mandó.</p>
-
-<p>De<span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span>jemos de hablar
-en ello hasta que vuelvan con la respuesta; y digamos cómo estando
-platicando Cortés con el Fraile Melgarejo y el tesorero Alderete
-sobre las guerras pasadas que habiamos habido ántes que viniesen á la
-Nueva-España, y en la del peñol, y el gran poder de los mejicanos, y
-las grandes ciudades que habian visto despues que vinieron de Castilla;
-y decian que si al Emperador nuestro señor le informara de la verdad
-el Obispo de Búrgos, como le escribia al contrario, que nos enviaria á
-hacer grandes mercedes; que no se acuerdan que otros mayores servicios
-haya recebido ningun Rey en el mundo que el que nosotros le habiamos
-hecho en ganar tantas ciudades, sin ser sabidor su majestad de cosa
-ninguna.</p>
-
-<p>Dejemos otras muchas pláticas que pasaron, y digamos cómo mandó
-nuestro capitan Cortés al alférez Corral y á otros dos capitanes, que
-fueron Juan Jaramillo y á Pedro de Ircio, y á mí, que me hallé allí con
-ellos, que subiésemos al peñol y viésemos la fortaleza qué tal era, é
-que si estaban muchos indios heridos ó muertos de saetas y escopetas, é
-qué gente estaba recogida; é cuando esto nos mandó dijo:</p>
-
-<p>—«Mirá, señores, que no les tomeis ni un grano de maíz;» y segun yo
-entendí, quisiera que nos aprovecháramos.</p>
-
-<p>Y subidos al peñol por unos malos pasos, digo que era más fuerte
-que el primero, porque era peña tajada; é ya que estábamos arriba,
-para entrar en la fuerza era como quien<span class="pagenum"
-id="Page_257">p. 257</span> entra por una abertura no más ancha que dos
-bocas de filo ó de horno; é ya puestos en lo más alto é llano, estaban
-grandes anchuras de prados, y todo lleno de gente, ansí de guerra como
-de muchas mujeres é niños, é hallamos hasta veinte muertos y muchos
-heridos, y no tenian gota de agua que beber, y tenian todo su hato y su
-hacienda hechos fardajes, y otros muchos lios de mantas, que eran del
-tributo que daban á Guatemuz; é como yo ansí vi tantas cargas de ropa
-y supe que eran del tributo, comencé á cargar cuatro tlascaltecas mis
-maniobras que llevé conmigo, y tambien eché á cuestas de otros cuatro
-indios de los que la guardaban otros cuatro fardos, y á cada uno eché
-una carga; é como Pedro de Ircio lo vió, dijo que no lo llevase, é yo
-porfiaba que sí; y como era capitan, hízose lo que mandó, porque me
-amenazó que se lo diria á Cortés; y me dijo el Pedro de Ircio que bien
-habia visto que dijo Cortés que no les tomásemos un grano de maíz, é yo
-dije que ansí era verdad, que por esa palabra misma queria llevar de
-aquella ropa; por manera que no me dejó llevar cosa ninguna; y bajamos
-á dar cuenta á Cortés de lo que habiamos visto é á lo que nos envió;
-y dijo el Pedro de Ircio á Cortés, por me revolver con él, lo pasado,
-pensando que le contentaba mucho; despues de le dar cuenta de lo que
-habia, dijo:</p>
-
-<p>—«No se les tomó cosa ninguna; que ya habia cargado Bernal Diaz
-del Castillo de ropa á ocho indios, é si no<span class="pagenum"
-id="Page_258">p. 258</span> se lo estorbara yo, ya los traia
-cargados.»</p>
-
-<p>Entónces dijo Cortés medio enojado:</p>
-
-<p>—«Pues ¿por qué no lo trajo? Y tambien os habíades de quedar allá
-vos con la ropa é indios con los de arriba.»</p>
-
-<p>É dijo:</p>
-
-<p>—«Mirá cómo no entendieron que los envié porque se aprovechasen, y
-á Bernal Diaz, que me entendió, quitaron el despojo que traia destos
-perros, que se quedarán riendo con los que nos han muerto y herido.»</p>
-
-<p>É cuando aquello oyó el Pedro de Ircio dijo que queria tornar á
-subir á la fuerza; y entónces le dijo que ya no habia coyuntura para
-ello, y que no fuese allá de ninguna manera.</p>
-
-<p>Dejemos esta plática, y digamos cómo vinieron los del otro peñol, y
-en fin de muchas razones que pasaron sobre que les perdonasen, todos
-dieron la obediencia á su majestad; y como no habia agua en aquel
-paraje, nos fuimos luego camino de un pueblo ya nombrado en el capítulo
-pasado, que se dice Guaztepeque, adonde estaba la huerta que he dicho
-que es la mejor que habia visto en toda mi vida, y ansí lo torno á
-decir; que Cortés y el tesorero Alderete desque entónces la vieron y
-pasearon algo della, se admiraron y dijeron que mejor cosa de huerta no
-habian visto en Castilla.</p>
-
-<p>Y digamos cómo en aquella noche nos aposentamos todos en ella; y los
-caciques de aquel pueblo vinieron de paz á hablar y servir á Cortés,
-porque Gonzalo de Sandoval los habia recebido ya de paz cuando entró
-en aquel pueblo, segun más largamente he escrito<span class="pagenum"
-id="Page_259">p. 259</span> en el capítulo pasado que dello habla; y
-aquella noche reposamos allí, y á otro dia muy de mañana nos partimos
-para Cornabaca y hallamos unos escuadrones de guerreros mejicanos que
-de aquel pueblo habian salido, y los de á caballo les siguieron más
-de legua y media hasta encerrarlos en otro gran pueblo que se dice
-Tepuztlan; y estaban tan descuidados los moradores dél, que dimos en
-ellos ántes que sus espías que tenian sobre nosotros llegasen.</p>
-
-<p>Aquí se hubieron muy buenas indias é despojos, y no aguardaron
-ningunos mejicanos ni los naturales en el pueblo; y nuestro Cortés
-envió á llamar á los caciques por tres ó cuatro veces que viniesen
-todos de paz, y que si no venian, que les quemaria el pueblo y los
-iriamos á buscar; y la respuesta fué que no querian venir; é porque
-otros pueblos tuviesen temor dello, mandó poner fuego á la mitad de
-las casas que allí cerca estaban, y en aquel instante vinieron los
-caciques del pueblo por donde aquel dia pasamos, que ya he dicho que
-se dice Yautepeque, y dieron la obediencia á su Majestad; y otro dia
-fuimos camino de otro mejor y mayor pueblo, que se dice Coadalbaca, y
-comunmente corrompimos ahora aquel vocablo y le llamamos Cuernabaca,
-y habia dentro en él mucha gente de guerra, ansí de mejicanos como de
-los naturales, y estaba muy fuerte por unas cavas y riachuelo que están
-en las barrancas por donde corre el agua, muy hondas, de más de ocho
-estados abajo, puesto que no<span class="pagenum" id="Page_260">p.
-260</span> llevaban mucha agua, y es fortaleza para ellos; y tambien
-no habia entrada para caballos sino por unas dos puentes, y teníanlas
-quebradas; y desta manera estaban tan fuertes, que no los podiamos
-llegar, puesto que nos llegábamos á pelear con ellos desta parte de sus
-cavas y riachuelo en medio, y ellos nos tiraban mucha vara y flecha é
-piedras con hondas; y estando desta manera, avisaron á Cortés que más
-adelante, obra de media legua, habia entrada para los caballos, y luego
-fué allá con los de á caballo, y todos nosotros estábamos buscando
-paso, y vimos que desde unos árboles que estaban junto con la cava
-se podia pasar á la otra parte de aquella honda cava, y puesto que
-cayeron tres soldados desde los árboles abajo en el agua, y aun el uno
-se quebró la pierna, todavía pasamos, aunque con harto peligro; porque
-de mí digo que verdaderamente cuando pasaba que lo vi muy peligroso
-é malo de pasar, y se me desvanecia la cabeza, y todavía pasé yo y
-otros veinte ó treinta soldados y muchos tlascaltecas, y comenzamos
-á dar por las espaldas de los mejicanos, que estaban tirando vara y
-flecha á los nuestros; y cuando lo vieron, que lo tenian por cosa
-imposible, creyeron que éramos muchos más; y en este instante allegaron
-Cristóbal de Olí é Pedro de Albarado y Andrés de Tapia, con otros de
-á caballo, que habian pasado con mucho riesgo de sus personas por una
-puente quebrada, y damos en los contrarios;<span class="pagenum"
-id="Page_261">p. 261</span> por manera que volvieron las espaldas y se
-fueron huyendo á los montes y á otras partes de aquella honda cava,
-donde no se pudieron haber; é dende á poco rato tambien llegó Cortés
-con todos los demás de á caballo.</p>
-
-<p>En este pueblo se hubo gran despojo, ansí de mantas muy grandes como
-de buenas indias, é allí mandó Cortés que estuviésemos aquel dia, y en
-una huerta del señor de aquel pueblo nos aposentamos todos, y era muy
-buena.</p>
-
-<p>Que quiera decir el gran recaudo de velas y escuchas y corredores
-del campo que do quiera que estábamos ó por los caminos llevábamos, es
-prolijidad recitallo tantas veces: y por esta causa pasaré adelante,
-y diré que vinieron nuestros corredores del campo á decir á Cortés
-que venian hasta veinte indios, y á lo que parecia en sus meneos y
-semblantes eran caciques y hombres principales que le traian mensajes
-ó á demandar paces, y eran los caciques de aquel pueblo; y cuando
-llegaron adonde Cortés estaba le hicieron mucho acato y le presentaron
-ciertas joyas de oro, y le dijeron que les perdonase porque no salieron
-de paz, que el señor de Méjico les enviaba á mandar que, pues estaban
-en fortaleza, que desde allí nos diesen guerra, y les envió un buen
-escuadron de mejicanos para que les ayudasen; é que á lo que ahora han
-visto, que no habrá cosa, por fuerte que sea, que no la combatamos y
-señoreemos, y que le piden por merced que los reciba de paz; y Cortés
-les mostró buena cara<span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span>
-y dijo que somos vasallos de un gran señor, que es el Emperador D.
-Cárlos, que á los que le quisieren servir que á todos hace mercedes,
-y que á ellos en su Real nombre los recibe de paz; y allí dieron la
-obediencia á su majestad; y acuérdome que dijeron aquellos caciques
-que en pago de no haber venido de paz hasta entónces permitieron
-nuestros dioses á los suyos que les hiciese castigo en sus personas y
-haciendas.</p>
-
-<p>Donde los dejaré agora; y digamos cómo otro dia de mañana caminamos
-para otra gran poblacion que se dice Suchimileco; y lo que pasamos en
-el camino y en la ciudad y reencuentros de guerra que nos dieron diré
-adelante, hasta que volvimos á Tezcuco, y lo que más pasamos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_145">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLV.</h2>
- <p class="subh2h">DE LA GRAN SED QUE HUBO EN ESTE CAMINO, Y DEL
- PELIGRO EN QUE NOS VIMOS EN SUCHIMILECO CON MUCHAS BATALLAS Y
- REENCUENTROS QUE CON LOS MEJICANOS Y CON LOS NATURALES DE AQUELLA
- CIUDAD TUVIMOS, Y DE OTROS MUCHOS REENCUENTROS DE GUERRAS QUE HASTA
- VOLVER Á TEZCUCO PASAMOS.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como caminamos para Suchimileco, que es una gran ciudad, y en
-toda la más della están fundadas las casas en el agua, de agua dulce,
-y estará de Méjico obra de dos leguas y media; pues yendo por nuestro
-camino con gran concierto y ordenanza, como lo teniamos de cos<span
-class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span>tumbre, fuimos por unos
-pinares, y no habia agua en todo el camino; y como íbamos con nuestras
-armas á cuestas y era ya tarde y hacia gran sol, aquejábanos mucho la
-sed, y no sabiamos si habia agua adelante, y habiamos andado ciertas
-leguas, ni tampoco teniamos certinidad qué tanto estaba de allí un
-pozo que nos decian que habia en el camino; y como Cortés así vido
-todo nuestro ejército cansado, y los amigos tlascaltecas se desmayaron
-y se murió uno de sed, y un soldado de los nuestros que era viejo y
-estaba doliente, me parece que tambien se murió de sed, acordó Cortés
-de parar á la sombra de unos pinares, y mandó á seis de á caballo que
-fuesen adelante, camino de Suchimileco, é que viesen qué tanto de allí
-habia poblacion ó estancias, ó el pozo que tuvimos noticia que estaba
-cerca, para ir á dormir á él; y cuando fueron los de á caballo, que
-era Cristóbal de Olí y un Valdenebro y Pedro Gonzalez de Trujillo, y
-otros muy esforzados varones, acordé yo de me apartar en parte que
-no me viese Cortés ni los de á caballo, y llevé tres naborías mios
-tlascaltecas, bien esforzados é sueltos indios, y fuí tras ellos hasta
-que me vieron ir, y me aguardaron para me hacer volver, no hubiese
-algun rebato de guerreros mejicanos donde no me pudiese valer, é yo
-todavía porfiaba á ir con ellos; y el Cristóbal de Olí, como era yo su
-amigo, me dijo que fuese y que aparejase los puños á pelear con los
-indios y los<span class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span> piés á
-ponerme en salvo, y era tanta la sed que tenia, que aventuraba mi vida
-por me hartar de agua.</p>
-
-<p>Y pasando obra de media legua adelante, habia muchas estancias y
-caserías de los de Suchimileco en unas laderas de unas sierrezuelas;
-entónces los de á caballo que he dicho se apartaron para buscar agua
-en las casas, y la hallaron y se hartaron de ella, y uno de mis
-tlascaltecas me sacó de una casa un gran cántaro de agua, que así los
-hay grandes cántaros en aquella tierra, de que me harté yo y ellos; y
-entónces acordé desde allí de me volver donde estaba Cortés reposando,
-porque los moradores de aquellas estancias ya comenzaban á se
-apellidar y nos daban grita, y truje el cántaro lleno de agua con los
-tlascaltecas, y hallé á Cortés que ya comenzaba á caminar con todo su
-ejército; y como le dije que habia agua en unas estancias muy cerca de
-allí y que habia bebido y que traia agua en el cántaro, la cual traian
-los tlascaltecas muy escondida porque no me la tomasen, porque á la
-sed no hay ley; de la cual bebió Cortés y otros caballeros, y se holgó
-mucho, y todos se alegraron y se dieron priesa á caminar, y llegamos
-á las estancias ántes de se poner el sol, y por las casas hallaron
-agua, aunque no mucha, y con la sed que traian algunos soldados, comian
-unos como cardos, y á algunos se les dañaron las bocas y lenguas; y
-en este instante vinieron los de á caballo é dijeron que el pozo que
-estaba léjos, y que ya estaba toda la tierra<span class="pagenum"
-id="Page_265">p. 265</span> apellidando guerra, é que era bien dormir
-allí; y luego pusieron velas y espías y corredores del campo, é yo fuí
-uno de los que pusieran por velas, y paréceme que llovió aquella noche
-un poco ó que hizo mucho viento; y otro dia muy de mañana comenzamos á
-caminar; é á obra de las ocho llegamos á Suchimileco.</p>
-
-<p>Saber yo ahora decir la multitud de guerreros que nos estaban
-esperando, unos por tierra é otros en un paso de una puente que tenian
-quebrada, é los muchos mamparos y albarradas que tenian hecho en
-ellas, é las lanzas que traian hechas como al modo de las espadas que
-hubieron cuando la gran matanza que hicieron de los nuestros en lo
-de las puentes de Méjico, y otros muchos indios capitanes que todos
-traian espadas de las nuestras muy relucientes; pues flecheros y varas
-de á dos gajos, y piedra con hondas, y espadas de á dos manos como
-montantes, hechas de á dos manos de navajas.</p>
-
-<p>Digo que estaba toda la tierra firme llena dellos, y al pasar de
-aquella puente estuvieron peleando con nosotros cerca de media hora,
-que no les podiamos entrar, que ni bastaban ballestas ni escopetas ni
-grandes arremetidas que haciamos, y lo peor de todo era que ya venian
-otros escuadrones dellos, por las espaldas dándonos guerra; y cuando
-aquello vimos, rompimos por el agua y puente medio nadando, y otros á
-vuelapié, y allí hubo algunos de nuestros soldados que bebieron tanta
-agua por fuera, que se les hincharon las barrigas<span class="pagenum"
-id="Page_266">p. 266</span> dello.</p>
-
-<p>Y volvamos á nuestra batalla: que al pasar de la puente hirieron á
-muchos de los nuestros é mataron dos soldados, y luego les llevamos á
-buenas cuchilladas por unas calles donde habia tierra firme adelante,
-y los de á caballo, juntamente con Cortés, salen por otras partes á
-tierra firme, á donde toparon sobre más de diez mil indios, todos
-mejicanos, que venian de refresco para ayudar á los de aquel pueblo;
-y peleaban de tal manera con los nuestros, que les aguardaban con las
-lanzas á los de á caballo, é hirieron á cuatro dellos; y Cortés, que
-se halló en aquella gran presa, y el caballo en que iba, que era muy
-bueno, castaño escuro, que le llamaban el Romo, ú de muy gordo ú de
-cansado, como estaba holgado, desmayó el caballo, y los contrarios
-mejicanos, como eran muchos, echaron mano á Cortés y le derribaron del
-caballo; otros dijeron que por fuerza le derrocaron; ahora sea por lo
-uno ó por lo otro, en aquel instante llegaron muchos más guerreros
-mejicanos para si pudieran apañarle vivo á Cortés; y como aquello
-vieron unos tlascaltecas y un soldado muy esforzado, que se decia
-Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja, de tierra de Medina
-del Campo, de presto llegaron, y á buenas cuchilladas y estocadas
-hicieron lugar, y tornó Cortés á cabalgar, aunque bien herido en la
-cabeza, y quedó el Olea muy malamente herido de tres cuchilladas; y en
-aquel tiempo acudimos allí todos los más soldados que más cerca dél
-nos<span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span> hallamos; porque
-en aquella sazon, como en aquella ciudad habia en cada calle muchos
-escuadrones de guerreros y por fuerza habiamos de seguir las banderas,
-no podiamos estar todos juntos, sino pelear unos á unas partes y otros
-á otras, como nos fué mandado por Cortés; mas bien entendimos que donde
-andaba Cortés y los de á caballo que habia mucho que hacer, por las
-muchas gritas y voces y alaridos que oiamos.</p>
-
-<p>Y en fin de más razones, puesto que habia á donde andábamos muchos
-guerreros, fuimos con gran riesgo de nuestras personas á donde estaba
-Cortés, que ya se le habian juntado hasta quince de á caballo y estaban
-peleando con los enemigos junto á unas acequias, á donde se mamparaban
-y estaban albarradas; y como llegamos, les pusimos en huida, aunque
-no del todo volvian las espaldas; y porque el soldado Olea que acudió
-á nuestro Cortés estaba muy mal herido de tres cuchilladas y se
-desangraba, y las calles de aquella ciudad estaban llenas de guerreros,
-dijimos á Cortés que se volviese á unos mamparos y se curase el
-Cortés y el Olea; y así volvimos, y no muy sin sobra de vara y piedra
-y flecha, que nos tiraban de muchas partes donde tenian mamparos y
-albarradas, creyendo los mejicanos, que volviamos retrayéndonos, é nos
-seguian con gran furia; y en este instante viene Pedro de Albarado é
-Andrés de Tapia y Cristóbal de Olí y todos los más de á caballo que
-fueron con ellos á otras partes, el Olí corriendo<span class="pagenum"
-id="Page_268">p. 268</span> sangre de la cara y el Pedro de Albarado
-herido, y el caballo y todos los demás cada cual con su herida, y
-dijeron que habian peleado con tanto mejicano en el campo, que no
-se podian valer; y porque cuando pasamos la puente que dicho tengo,
-parece ser Cortés los repartió que la mitad de á caballo fuesen por
-una parte y la otra mitad por otra; y así, fueron siguiendo tras unos
-escuadrones, y la otra mitad tras los otros.</p>
-
-<p>Pues ya que estábamos curando los heridos con quemalles con aceite é
-apretalles con mantas, suenan tantas voces y trompetillas é caracoles
-por unas calles en tierra firme, y por ellas vienen tantos mejicanos á
-un patio donde estábamos curando los heridos, é tírannos tanta vara y
-piedra, que hirieron de repente á muchos soldados; mas no les fué muy
-bien de aquella cabalgada, que presto arremetimos con ellos, y buenas
-cuchilladas y estocadas quedaron hartos dellos tendidos.</p>
-
-<p>Pues los de á caballo no tardaron en salilles al encuentro, que
-mataron muchos, puesto que entónces hirieron dos caballos é mataron
-un soldado; de aquella vez los echamos de aquel sitio é patio; y
-cuando Cortés vió que no habia más contrarios, nos fuimos á reposar á
-otro grande patio, adonde estaban los grandes adoratorios de aquella
-ciudad, y á muchos de nuestros soldados subieron en el cu más alto,
-adonde tenian sus ídolos, y desde allí vieron la gran ciudad de Méjico
-y toda la laguna, porque bien se señoreaba todo; y vieron venir sobre
-dos <span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span>mil canoas
-que venian de Méjico llenas de guerreros, y venian derechos adonde
-estábamos; porque, segun otro dia supimos, el señor de Méjico, que se
-decia Guatemuz, les enviaba para que aquella noche ó dia diesen en
-nosotros; y juntamente envió por tierra sobre otros diez mil guerreros
-para que, unos por una parte y otros por otra, tuviesen manera que no
-saliésemos de aquella ciudad con las vidas ninguno de nosotros.</p>
-
-<p>Tambien habia apercebido otros diez mil hombres para les enviar de
-refresco cuando estuviesen dándonos guerra, y esto se supo otro dia
-de cinco capitanes mejicanos que en las batallas prendimos; y mejor
-lo ordenó nuestro Señor Jesucristo; porque así como vino aquella gran
-flota de canoas, luego se entendió que venian contra nosotros, y
-acordóse que hubiese muy buena vela en todo nuestro real, repartido
-á los puertos y acequias por donde habian de venir á desembarcar, y
-los de á caballo muy á punto toda la noche, ensillados y enfrenados,
-aguardando en la calzada y tierra firme, y todos los capitanes, y
-Cortés con ellos, haciendo vela y ronda toda la noche, é á mí é á
-otros diez soldados nos pusieron por velas sobre unas paredes de cal
-y canto, y tuvimos muchas piedras é ballestas y escopetas y lanzas
-grandes adonde estábamos, para que si por allí, en unas acequias que
-era desembarcadero, llegasen canoas, que los resistiésemos é hiciésemos
-volver, é á otros soldados pusieron en guarda en<span class="pagenum"
-id="Page_270">p. 270</span> otras acequias.</p>
-
-<p>Pues estando velando yo y mis compañeros, sentimos el rumor de
-muchas canoas que venian á remo callado á desembarcar á aquel puesto
-donde estábamos, y á buenas pedradas y con las lanzas les resistimos,
-que no osaron desembarcar, y á uno de nuestros compañeros enviamos
-que fuese á dar aviso á Cortés; y estando en esto, volvieron otra vez
-otras muchas canoas cargadas de guerreros, y nos comenzaron á tirar
-mucha vara y piedra y flecha, y los tornamos á resistir, y entónces
-descalabraron á dos de nuestros soldados; y como era de noche muy
-escuro, se fueron á ajuntar las canoas con sus capitanes de la flota
-de canoas, y todas juntas fueron á desembarcar á otro puertezuelo ó
-acequias hondas; y como no son acostumbrados á pelear de noche, se
-juntaron todos con los escuadrones que Guatemuz enviaba por tierra, que
-eran ya dellos más de quince mil indios.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir, y esto no por me jactanciar, que como nuestro
-compañero fué á dar aviso á Cortés cómo habian llegado allí en el
-puerto donde velábamos muchas canoas de guerreros, segun dicho tengo,
-luego vino á hablar con nosotros el mismo Cortés, acompañado de diez
-de á caballo, y cuando llegó cerca sin nos hablar, dimos voces yo y un
-Gonzalo Sanchez, que era del Algarbe portugués, y dijimos:</p>
-
-<p>—«¿Quién viene ahí? ¿No podeis hablar?»</p>
-
-<p>Y le tiramos tres ó cuatro pedradas: y como me conoció Cortés en
-la voz á mí y á mi compañe<span class="pagenum" id="Page_271">p.
-271</span>ro, dijo Cortés al tesorero Julian de Alderete y á fray Pedro
-Melgarejo y al maestre de campo, que era Cristóbal de Olí, que le
-acompañaban á rondar:</p>
-
-<p>—«No es menester poner aquí más recaudo, que dos hombres están aquí
-puestos entre los que velan, que son de los que pasaron conmigo de los
-primeros, que bien podemos fiar dellos esta vela, y aunque sea otra
-cosa de mayor afrenta.»</p>
-
-<p>Y desque nos hablaron, dijo Cortés que mirásemos el peligro en que
-estábamos; se fueron á requerir á otros puestos, y cuando no me cato,
-sin más nos hablar, oimos cómo traian á un soldado azotando por la
-vela, y era de los de Narvaez.</p>
-
-<p>Pues otra cosa quiero traer á la memoria, y es, que ya nuestros
-escopeteros no tenian pólvora ni los ballesteros saetas; que el dia
-ántes se dieron tal priesa, que lo habian gastado; y aquella misma
-noche mandó Cortés á todos los ballesteros que alistasen todas las
-saetas que tuviesen y las emplumasen y pusiesen sus casquillos, porque
-siempre traiamos en las entradas muchas cargas de almacen de saetas, y
-sobre cinco cargas de casquillos hechos de cobre, y todo aparejo para
-donde quiera que llegásemos tener saetas; y toda la noche estuvieron
-emplumando y poniendo casquillos todos los ballesteros, y Pedro Barba,
-que era su capitan, no se quitaba de encima de la obra, y Cortés, que
-de cuando en cuando acudia.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos ya que fué de dia claro cual nos vinieron
-á cercar todos los escuadrones<span class="pagenum" id="Page_272">p.
-272</span> mejicanos en el patio donde estábamos: y como nunca nos
-cogian descuidados, los de á caballo por una parte, como era tierra
-firme, y nosotros por otra, y nuestros amigos los tlascaltecas, que
-nos ayudaban, rompimos por ellos y se mataron y hirieron tres de sus
-capitanes, sin otros muchos que luego otro dia se murieron; y nuestros
-amigos hicieron buena presa, y se prendieron cinco principales, de los
-cuales supimos los escuadrones que Guatemuz habia enviado; y en aquella
-batalla quedaron muchos de nuestros soldados heridos, é uno murió
-luego.</p>
-
-<p>Pues no se acabó en esta refriega; que yendo los de á caballo
-siguiendo el alcance, se encuentran con los diez mil guerreros que
-el Guatemuz enviaba en ayuda é socorro de refresco de los que de
-ántes habia enviado, y los capitanes mejicanos que con ellos venian
-traian espadas de las nuestras, haciendo muchas muestras con ellas de
-esforzados, y decian que con nuestras armas nos habian de matar; y
-cuando los nuestros de á caballo se hallaron cerca dellos, como eran
-pocos, y eran muchos escuadrones, temieron; é á esta causa se pusieron
-en parte para no se encontrar luego con ellos hasta que Cortés y todos
-nosotros fuésemos en su ayuda; é como lo supimos, en aquel instante
-cabalgan todos los de á caballo que quedaban en el real, aunque
-estaban heridos ellos y sus caballos, y salimos todos los soldados y
-ballesteros, y con nuestros amigos los tlascaltecas, y arremetimos de
-ma<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>nera, que rompimos
-y tuvimos lugar de nos juntar con ellos pié con pié, y á buenas
-estocadas y cuchilladas se fueron con la mala ventura, y nos dejaron de
-aquella vez el campo.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y tornaremos á decir que allí se prendieron otros
-principales, y se supo dellos que tenia Guatemuz ordenado de enviar
-otra gran flota de canoas y muchos más guerreros por tierra; y dijo
-á sus guerreros que cuando estuviésemos cansados, y heridos muchos y
-muertos de los reencuentros pasados, que estariamos descuidados con
-pensar que no enviaria más escuadrones contra nosotros, é que con los
-muchos que entónces enviaria nos podria desbaratar; y como aquello se
-supo, si muy apercebidos estábamos de ántes, mucho más lo estuvimos
-entónces, y fué acordado que para otro dia saliésemos de aquella ciudad
-y no aguardásemos más batallas; y aquel dia se nos fué en curar heridos
-y en adobar armas y hacer saetas; y estando de aquella manera, pareció
-ser que, como en aquella ciudad eran ricos y tenian unas casas muy
-grandes llenas de mantas, y ropa, y camisas de mujeres de algodon, y
-habia en ella oro y otras muchas cosas y plumajes, alcanzáronlo á saber
-los tlascaltecas y ciertos soldados en qué parte ó paraje estaban las
-casas, y se las fueron á mostrar unos prisioneros de Suchimileco, y
-estaban en la laguna dulce y podian pasar á ellas por una calzada,
-puesto que habia dos ó tres puentes chicas en la calzada, que pasaban
-á<span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span> ellas de unas
-acequias hondas á otras; y como nuestros soldados fueron á las casas
-y las hallaron llenas de ropa, y no habia guarda, cárganse ellos y
-muchos tlascaltecas de ropa y otras cosas de oro, y se vienen con ello
-al real; y como lo vieron otros soldados, van á las mismas casas, y
-estando dentro sacando ropa de unas cajas muy grandes de madera, vino
-en aquel instante una gran flota de canoas de guerreros de Méjico y
-dan sobre ellos é hirieron muchos soldados, y apañan á cuatro soldados
-vivos é los llevaron á Méjico, é los demás se escaparon de buena; y
-llamábanse los que llevaron Juan de Lara, y el otro Alonso Hernandez, y
-de los demás no me acuerdo sus nombres, mas sé que eran de la capitanía
-de Andrés de Monjaraz.</p>
-
-<p>Pues como le llevaron á Guatemuz estos cuatro soldados, alcanzó á
-saber cómo éramos muy pocos los que veniamos con Cortés y que muchos
-estaban heridos, y tanto como quiso saber de nuestro viaje, tanto supo;
-y como fué bien informado, manda cortar piés y brazos á los tristes
-nuestros compañeros, y los envia por muchos pueblos nuestros amigos de
-los que nos habian venido de paz, y les envia á decir que ántes que
-volvamos á Tezcuco piensa no quedará ninguno de nosotros á vida; y con
-los corazones y sangre hizo sacrificio á sus ídolos.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo luego tornó á enviar muchas flotas
-de canoas llenas de guerreros, y otras capitanías por tierra, y les
-mandó que procurasen que no sa<span class="pagenum" id="Page_275">p.
-275</span>liésemos de Suchimileco con las vidas.</p>
-
-<p>Y porque ya estoy harto de escribir de los muchos reencuentros y
-batallas que en estos cuatro dias tuvimos con mejicanos, é no puedo
-dejar otra vez de hablar en ellas, digo que cuando amaneció vinieron
-desta vez tantos culchúas mejicanos por los esteros, y otros por las
-calzadas y tierra firme, que tuvimos harto que romper en ellos; y luego
-nos salimos de aquella ciudad á una gran plaza que estaba algo apartada
-del pueblo, donde solian hacer sus mercados; y allí, puestos con todo
-nuestro fardaje para caminar, Cortés comenzó á hacer un parlamento
-acerca del peligro en que estábamos, porque sabiamos cierto que en los
-caminos é pasos malos nos estaban aguardando todo el poder de Méjico y
-otros muchos guerreros puestos en esteros y acequias; é nos dijo que
-seria bien, é así nos lo mandaba de hecho, que fuésemos desembarazados
-y dejásemos el fardaje é hato, porque no nos estorbase para el tiempo
-de pelear.</p>
-
-<p>Y cuando aquello le oimos, todos á una le respondimos que, mediante
-Dios, que hombres éramos para defender nuestra hacienda y personas é la
-suya, y que seria gran poquedad si tal hiciésemos; y desque vió nuestra
-voluntad y respuesta, dijo que á la mano de Dios lo encomendaba; y
-luego se puso en concierto cómo habiamos de ir, el fardaje y los
-heridos en medio, y los de á caballo repartidos, la mitad dellos
-delante y la otra mitad en la retaguarda, y los ballesteros tambien
-con todos<span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span> nuestros
-amigos, é allí poniamos más recaudo, porque siempre los mejicanos
-tenian por costumbre que daban en el fardaje; de los escopeteros no
-nos aprovechábamos, porque no tenian pólvora ninguna; y desta manera
-comenzamos á caminar.</p>
-
-<p>Y cuando los escuadrones mejicanos que habia enviado Guatemuz aquel
-dia vieron que nos íbamos retrayendo de Suchimileco, creyeron que de
-miedo no los osábamos esperar, como ello fué verdad, y salen de repente
-tantos dellos y se vienen derechos á nosotros, é hirieron dos soldados,
-é dos murieron de ahí á ocho dias, é quisieron romper y desbaratar por
-el fardaje; mas, como íbamos con el concierto que he dicho, no tuvieron
-lugar, y en todo el camino hasta que llegamos á un gran pueblo que
-se dice Cuyoacoan, que está obra de dos leguas de Suchimileco, nunca
-nos faltaron rebatos de guerreros que nos salian en partes que no nos
-podiamos aprovechar dellos, y ellos sí de nosotros, de mucha vara y
-piedra y flecha; y como tenian cerca los esteros y zanjas, poníanse en
-salvo.</p>
-
-<p>Pues llegados á Cuyoacoan á obra de las diez del dia, hallámosla
-despoblada.</p>
-
-<p>Quiero ahora decir que están muchas ciudades las unas de las
-otras cerca, de la gran ciudad de Méjico obra de dos leguas, porque
-Suchimileco y Cuyoacoan y Chohuilobusco é Iztapalapa y Coadlauaca y
-Mezquique, y otros tres ó cuatro pueblos que están poblados los más
-dellos en el agua, que están á legua y media ó á dos leguas<span
-class="pagenum" id="Page_277">p. 277</span> las unas de las otras, y
-de todas ellas se habian juntado allí en Suchimileco muchos indios
-guerreros contra nosotros.</p>
-
-<p>Pues volvamos á decir que como llegamos á aquel gran pueblo ya
-estaba despoblado, y está en tierra llana, acordamos de reposar aquel
-dia que llegamos é otro, porque se curasen los heridos y hacer saetas,
-porque bien entendido teniamos que habiamos de haber más batallas ántes
-de volver á nuestro real, que era Tezcuco; é otro dia muy de mañana
-comenzamos á caminar, con el mismo concierto que soliamos llevar,
-camino de Tacuba, que está de donde salimos obra de dos leguas, y en el
-camino salieron en tres partes muchos escuadrones de guerreros, y todas
-tres les resistimos, y los de á caballo los seguian por tierra llana
-hasta que se acogian á los esteros é acequias; é yendo por nuestro
-camino de la manera que he dicho, apartóse Cortés con diez de á caballo
-á echar una celada á los mejicanos que salian de aquellos esteros y
-salian á dar guerra á los nuestros, y llevó consigo cuatro mozos de
-espuelas, y los mejicanos hacian que iban huyendo, y Cortés con los de
-á caballo y sus criados siguiéndoles; y cuando miró por sí, estaba una
-gran capitanía de contrarios puestos en celada, y dan en Cortés y los
-de á caballo, que les hirieron los caballos, y si no dieran vuelta de
-presto, allí quedaran muertos ó presos.</p>
-
-<p>Por manera que apañaron los mejicanos dos de los soldados mozos
-de espuelas de Cortés, de los<span class="pagenum" id="Page_278">p.
-278</span> cuatro que llevaba, y vivos los llevaron á Guatemuz, é los
-sacrificaron.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar deste desman por causa de Cortés, y digamos cómo
-habiamos ya llegado á Tacuba con nuestras banderas tendidas, con
-todo nuestro ejército y fardaje, y todos los más de á caballo habian
-llegado, y tambien Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, y Cortés no
-venia con los diez de á caballo que llevó en su compañía.</p>
-
-<p>Tuvimos mala sospecha no les hubiese acaecido algun desman, y luego
-fuimos con Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí é Andrés de Tapia en
-su busca, con otros de á caballo, hácia los esteros donde le vimos
-apartar, y en aquel instante vinieron los otros dos mozos de espuelas
-que habian ido con Cortés, que se escaparon, é se decia el uno Monroy
-y el otro Tomás de Rijoles, y dijeron que ellos por ser ligeros
-escaparon, é que Cortés y los demás se vienen poco á poco porque traen
-los caballos heridos; y estando en esto viene Cortés, con el cual nos
-alegramos, puesto que él venia muy triste y como lloroso; llamábanse
-los mozos de espuelas que llevaron á Méjico á sacrificar, el uno
-Francisco Martin Vendobal, y este nombre de Vendobal se le puso por ser
-algo loco, y el otro se decia Pedro Gallego.</p>
-
-<p>Pues como allí llegó Cortés á Tacuba, llovia mucho, y reparamos
-cerca de dos horas en unos grandes patios; y Cortés con otros capitanes
-y el tesorero Alderete, que venia ya malo, y el fraile Melgarejo
-y otros muchos soldados,<span class="pagenum" id="Page_279">p.
-279</span> subimos en el gran cu de aquel pueblo, que desde él se
-señoreaba muy bien la ciudad de Méjico, que está muy cerca, y toda la
-laguna y las más ciudades que están en el agua pobladas; y cuando el
-fraile y el tesorero Alderete vieron tantas ciudades y tan grandes, y
-todas asentadas en el agua, estaban admirados.</p>
-
-<p>Pues cuando vieron la gran ciudad de Méjico, y la laguna y tanta
-multitud de canoas, que unas iban cargadas con bastimentos y otras
-iban á pescar y otras baldías, mucho más se espantaron, porque no las
-habian visto hasta en aquella sazon; y dijeron que nuestra venida en
-esta Nueva-España que no eran cosas de hombres humanos, sino que la
-gran misericordia de Dios era quien nos sostenia; é que otras veces han
-dicho que no se acuerdan haber leido en ninguna escritura que hayan
-hecho ningunos vasallos tan grandes servicios á su Rey como son los
-nuestros, é que ahora lo dicen muy mejor, y que dello harian relacion á
-su majestad.</p>
-
-<p>Dejemos de otras muchas pláticas que allí pasaron, y cómo consolaba
-el Fraile á Cortés por la pérdida de sus mozos de espuelas, que estaba
-muy triste por ellos; y digamos cómo Cortés y todos nosotros estábamos
-mirando desde Tacuba el gran cu del ídolo Huichilóbos y el Tatelulco y
-los aposentos donde soliamos estar, y mirábamos toda la ciudad, y las
-puentes y calzada por donde salimos huyendo; y en este instante suspiró
-Cortés con una muy gran tris<span class="pagenum" id="Page_280">p.
-280</span>teza, muy mayor que la que de ántes traia, por los hombres
-que le mataron ántes que en el alto cu subiese; y desde entónces
-dijeron un cantar ó romance:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse i2">En Tacuba está Cortés</div>
- <div class="verse i0">Con su escuadron esforzado,</div>
- <div class="verse i0">Triste estaba y muy penoso,</div>
- <div class="verse i0">Triste y con gran cuidado,</div>
- <div class="verse i0">La una mano en la mejilla,</div>
- <div class="verse i0">Y la otra en el costado, etc.</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Acuérdome que entónces le dijo un soldado que se decia el bachiller
-Alonso Perez, que despues de ganada la Nueva-España fué fiscal é vecino
-en Méjico:</p>
-
-<p>—«Señor capitan, no esté vuestra merced tan triste; que en las
-guerras estas cosas suelen acaecer, y no se dirá por vuestra merced:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse i2">Mira Nero, de Tarpeya,</div>
- <div class="verse i0">Á Roma cómo se ardia.»</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Y Cortés le dijo que ya veia cuántas veces habia enviado á Méjico á
-rogalles con la paz, y que la tristeza no la tenia por sola una cosa,
-sino en pensar en los grandes trabajos en que nos habiamos de ver hasta
-tornar á señorear, y que con la ayuda de Dios presto lo porniamos por
-la obra.</p>
-
-<p>Dejemos estas pláticas y romances, pues no estábamos en tiempo
-dellos, y digamos cómo se tomó parecer entre nuestros capitanes y
-soldados si dariamos una vista á la calzada, pues estaba tan cerca
-de Tacuba, don<span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span>de
-estábamos; y como no habia pólvora ni muchas saetas, y todos los más
-soldados de nuestro ejército heridos, acordándosenos que otra vez, poco
-más habia de un mes, que Cortés les probó á entrar en la calzada con
-muchos soldados que llevaba, y estuvo en gran peligro; porque temió ser
-desbaratado, como dicho tengo en el capítulo pasado que dello habla;
-y fué acordado que luego nos fuésemos nuestro camino, por temor no
-tuviésemos en ese dia ó en la noche alguna refriega con los mejicanos;
-porque Tacuba está muy cerca de la gran ciudad de Méjico, y con la
-llevada que entónces llevaron vivos de los soldados no enviase Guatemuz
-sus grandes poderes contra nosotros; y comenzamos á caminar, y pasamos
-por Escapuzalco y hallámosle despoblado, y luego fuimos á Tenayuca, que
-era gran pueblo, que le soliamos llamar el pueblo de las Sierpes.</p>
-
-<p>Ya he dicho otra vez, en el capítulo que dello habla, que tenian
-tres sierpes en el oratorio mayor en que adoraban, y las tenian por sus
-ídolos, y tambien estaban despoblados; y desde allí fuimos á Guatitlan,
-y en todo este dia no dejó de llover muy grandes aguaceros, y como
-íbamos con nuestras armas á cuestas, que jamás las quitábamos de dia ni
-de noche, y con la mucha agua y del peso dellas íbamos quebrantados,
-y llegamos ya que anochecia á aquel gran pueblo, y tambien estaba
-despoblado, y en toda la noche no dejó de llover, y habia grandes
-lodos, y<span class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span> los
-naturales dél y otros escuadrones mejicanos nos daban tanta grita de
-noche desde unas acequias y partes que no les podiamos hacer mal; y
-como hacia muy escuro y llovia, no se podian poner velas ni rondas, y
-no hubo concierto ninguno ni acertábamos con los puestos; y esto digo
-porque á mí me pusieron para velar la prima, y jamás acudió á mi puesto
-ni cuadrillero ni rondas, y así se hizo en todo el real.</p>
-
-<p>Dejemos deste descuido, y tornemos á decir que otro dia fuimos
-camino de otra gran poblacion, que no me acuerdo el nombre, y habia
-grandes lodos en él, y hallámosla despoblada; y otro dia pasamos por
-otros pueblos y tambien estaban despoblados; y otro dia llegamos á
-un pueblo que se dice Aculman, sujeto de Tezcuco; y como supieron en
-Tezcuco cómo íbamos, salieron á recebir á Cortés, é vinieron muchos
-españoles que habian venido entónces de Castilla.</p>
-
-<p>Y tambien vino á recebirnos el capitan Gonzalo de Sandoval con
-muchos soldados, y juntamente el señor de Tezcuco, que ya he dicho que
-se decia don Fernando; y se hizo á Cortés buen recebimiento, así de los
-nuestros como de los recien venidos de Castilla, y muchos más de los
-naturales de los pueblos comarcanos; pues trujeron de comer, y luego
-esa noche se volvió á Sandoval á Tezcuco con todos sus soldados á poner
-en cobro su real.</p>
-
-<p>Y otro dia por la mañana fué Cortés con todos nosotros camino
-de Tezcuco; y como íbamos cansados y heridos, y dejábamos muertos
-nuestros solda<span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span>dos
-y compañeros, y sacrificados en poder de los mejicanos, en lugar de
-descansar y curar nuestras heridas, tenian ordenada una conjuracion
-ciertas personas de calidad, de la parcialidad de Narvaez, de matar
-á Cortés y á Gonzalo de Sandoval é á Pedro de Alvarado é Andrés de
-Tapia.</p>
-
-<p>Y lo que más pasó diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_146">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLVI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO DESQUE LLEGAMOS CON CORTÉS Á TEZCUCO CON TODO
- NUESTRO EJÉRCITO Y SOLDADOS, DE LA ENTRADA DE RODEAR LOS PUEBLOS DE
- LA LAGUNA, TENIAN CONCERTADO ENTRE CIERTAS PERSONAS DE LOS QUE HABIAN
- PASADO CON NARVAEZ, DE MATAR Á CORTÉS Y Á TODOS LOS QUE FUÉSEMOS EN
- SU DEFENSA; Y QUIEN FUÉ PRIMERO AUTOR DE AQUELLA CHIRINOLA FUÉ UNO
- QUE HABIA SIDO GRAN AMIGO DE DIEGO VELAZQUEZ, GOBERNADOR DE CUBA;
- AL CUAL SOLDADO CORTÉS LE MANDÓ AHORCAR POR SENTENCIA; Y CÓMO SE
- HERRARON LOS ESCLAVOS Y SE APERCIBIÓ TODO EL REAL Y LOS PUEBLOS
- NUESTROS AMIGOS, Y SE HIZO ALARDE Y ORDENANZAS, Y OTRAS COSAS QUE MÁS
- PASARON.</p>
-</div>
-
-<p>Ya he dicho, como veniamos tan destrozados y heridos de la entrada
-por mí nombrada, pareció ser que un gran amigo del gobernador de
-Cuba, que se decia Antonio de Villafaña, natural de Zamora ú de Toro,
-se concertó con otros soldados de los de Narvaez, los cuales<span
-class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span> no nombro sus nombres
-por su honor, que así como viniese Cortés de aquella entrada, que le
-matasen, y habia de ser desta manera: que, como en aquella sazon habia
-venido un navío de Castilla, que cuando Cortés estuviese sentado á la
-mesa comiendo con sus capitanes é soldados, que entre aquellas personas
-que tenian hecho el concierto, que trujesen una carta muy cerrada
-y sellada, como que venia de Castilla, y que dijesen que era de su
-padre Martin Cortés, y que cuando la estuviese leyendo le diesen de
-puñaladas, y así al Cortés como á todos los capitanes y soldados que
-cerca de Cortés nos hallásemos en su defensa.</p>
-
-<p>Pues ya hecho y consultado todo lo por mí dicho, los que lo tenian
-concertado, quiso nuestro Señor que dieron parte del negocio á dos
-personas principales, que aquí tampoco quiero nombrar, que habian
-ido en la entrada con nosotros, y aun á uno dellos en el concierto
-que tenian le habian nombrado por uno de los capitanes generales
-despues que hubiesen muerto á Cortés; y asimismo á otros soldados
-de los de Narvaez hacian alguacil mayor é alférez, y alcaldes y
-regidores, y contador y tesorero y veedor, y otras cosas deste arte,
-y aun repartido entre ellos nuestros bienes y caballos; y este
-concierto estuvo encubierto dos dias despues que llegamos á Tezcuco;
-y nuestro Señor Dios fué servido que tal cosa no pasase, porque era
-perderse la Nueva-España y todos nosotros muriéramos, porque luego se
-levantaran<span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span> bandos y
-chirinolas.</p>
-
-<p>Pareció ser que un soldado lo descubrió á Cortés, que luego pusiese
-remedio en ello ántes que más fuego sobre aquel caso se encendiese;
-porque le certificó aquel buen soldado que eran muchas personas de
-calidad en ello; y como Cortés lo supo, despues de hacer grandes
-ofrecimientos y dádivas que le dió á quien se lo descubrió, muy presto
-secretamente lo hace saber á todos nuestros capitanes, que fueron Pedro
-de Albarado é Francisco de Lugo, y á Cristóbal de Olí y á Gonzalo de
-Sandoval, é Andrés de Tapia é á mí y á dos alcaldes ordinarios que eran
-de aquel año, que se decian Luis Marin y Pedro de Ircio, y á todos
-nosotros los que éramos de la parte de Cortés; y así como lo supimos,
-nos apercebimos, y sin más tardar fuimos con Cortés á la posada de
-Antonio de Villafaña, y estaban con él muchos de los que eran en la
-conjuracion, y de presto le echamos mano al Villafaña con cuatro
-alguaciles que Cortés llevaba, y los capitanes y soldados que con el
-Villafaña estaban comenzaron á huir, y Cortés les mandó detener y
-prender algunos dellos.</p>
-
-<p>Y cuando tuvimos preso al Villafaña, Cortés le sacó del seno el
-memorial que tenia con las firmas de los que fueron en el concierto
-que dicho tengo; y como lo hubo leido vió que eran muchas personas en
-ello de calidad, é por no infamarlos, echó fama que comió el memorial
-el Villafaña, y que no le habia visto ni leido, é luego hizo proceso
-contra él; y to<span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span>mada
-la confesion, dijo la verdad, é con muchos testigos que habia de fe
-y de creer, que tomaron sobre el caso, por sentencia que dieron los
-alcaldes ordinarios, juntamente con Cortés y el maestre de campo
-Cristóbal de Olí, y despues que se confesó con el padre Juan Diaz,
-le ahorcaron de una ventana del aposento donde posaba el Villafaña;
-y no quiso Cortés que otro ninguno fuese infamado en aquel mal caso,
-puesto que en aquella sazon echaron presos á muchos por tener temores
-y hacer señal que queria hacer justicia de otros; y como el tiempo no
-daba lugar á ello, se disimuló; y luego acordó Cortés de tener guarda
-para su persona, y fué su capitan un hidalgo que se decia Antonio
-de Quiñones, natural de Zamora, con doce soldados, buenos hombres
-y esforzados, y le velaban de dia y de noche, y á nosotros de los
-que sentia que éramos de su banda, nos rogaba que mirásemos por su
-persona.</p>
-
-<p>Y desde allí adelante, aunque mostraba gran voluntad á las personas
-que eran en la conjuracion, siempre se recelaba dellos.</p>
-
-<p>Dejemos esta materia, y digamos cómo luego se mandó pregonar que
-todos los indios é indias que habiamos habido en aquellas entradas los
-llevasen á herrar dentro de dos dias á una casa que estaba señalada
-para ello; y por no gastar más palabras en esta relacion sobre la
-manera que se vendia en la almoneda, más de las que otras veces tengo
-dichas en las dos veces que se herraron, si mal lo habian hecho
-de<span class="pagenum" id="Page_287">p. 287</span> ántes, muy peor
-se hizo esta vez, que, despues de sacado el real quinto, sacaba Cortés
-el suyo, y otras treinta socaliñas para capitanes; y si eran hermosas
-y buenas indias las que metiamos á herrar, las hurtaban de noche del
-monton que no parecian hasta de ahí á buenos dias; y por esta causa se
-dejaban de herrar muchas piezas que despues teniamos por naborías.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en esto, y digamos lo que despues en nuestro real
-se ordenó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_147">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLVII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS MANDÓ Á TODOS LOS PUEBLOS NUESTROS
- AMIGOS QUE ESTABAN CERCANOS DE TEZCUCO, QUE HICIESEN ALMACEN DE
- SAETAS É CASQUILLOS DE COBRE, Y LO QUE EN NUESTRO REAL MÁS PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como se hubo hecho justicia del Antonio de Villafaña, y estaban
-ya pacíficos los que eran juntamente con él conjurados de matar á
-Cortés y á Pedro de Albarado y al Sandoval y á los que fuésemos en su
-defensa, segun más largamente lo tengo escrito en el capítulo pasado,
-é viendo Cortés que ya los bergantines estaban hechos, y puestas sus
-jarcias y velas y remos muy buenos, y más remos de los que habian
-menester<span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span> para cada
-bergantin, y la zanja de agua por donde habian de salir á la laguna
-muy ancha é hondable, envió á decir á todas los pueblos nuestros
-amigos que estaban cerca de Tezcuco, que en cada pueblo hiciesen ocho
-mil casquillos de cobre, que fuesen segun otros que les llevaron por
-muestra, que eran de Castilla; y asimismo les mandó que en cada pueblo
-labrasen y desbastasen otras ocho mil saetas de una madera muy buena,
-que tambien les llevaron muestra, y les dió de plazo ocho dias para que
-trujesen las saetas y casquillos á nuestro real; lo cual trujeron para
-el tiempo que se les mandó, que fueron más de cincuenta mil casquillos
-y otras tantas mil saetas, y los casquillos fueron mejores que los de
-Castilla.</p>
-
-<p>Y luego mandó Cortés á Pedro Barba, que en aquella sazon era capitan
-de ballesteros, que los repartiese, así saetas como casquillos, entre
-todos los ballesteros, é que les mandase que siempre desbastasen
-el almacen, y las emplumasen con engrudo, que pega mejor que lo de
-Castilla, que se hace de unas como raices que se dice cactle; y
-asimismo mandó al Pedro Barba que cada ballestero tuviese dos cuerdas
-bien pulidas y aderezadas para sus ballestas, y otras tantas nueces,
-para que si se quebrase alguna cuerda ó faltase la nuez, que luego se
-pusiese otra, é que siempre tirasen á terreno y viesen á qué pasos
-allegaba la fuga de sus ballestas, y para ello se les dió mucho hilo
-de Valencia para<span class="pagenum" id="Page_289">p. 289</span> las
-cuerdas; porque en el navío que he dicho que vino pocos dias habia de
-Castilla, que era de Juan de Búrgos, trujo mucho hilo y gran cantidad
-de pólvora y ballestas y otras muchas armas, y herraje y escopetas.</p>
-
-<p>Y tambien mandó Cortés á los de á caballo que tuviesen sus caballos
-herrados y las lanzas puestas á punto, é que cada dia cabalgasen y
-corriesen y les mostrasen muy bien á revolver y escaramuzar; y hecho
-esto, envió mensajeros y cartas á nuestro amigo Xicotenga el viejo,
-que, como ya he dicho otras veces, era vuelto cristiano y se llamaba
-don Lorenzo de Vargas, y á su hijo Xicotenga el mozo, y á sus hermanos
-y al Chichimecatecle, haciéndoles saber que en pasando el dia de Corpus
-Christi habiamos de partir de aquella ciudad para ir sobre Méjico á
-ponelle cerco, y que le enviase veinte mil guerreros de los suyos
-de Tlascala y los de Guaxocingo y Cholula, pues todos eran amigos y
-hermanos en armas; é ya lo sabian los tlascaltecas de sus mismos indios
-el plazo y concierto, como siempre iban de nuestro real cargados de
-despojos de las entradas que haciamos.</p>
-
-<p>Tambien apercibió á los de Chalco y Talmanalco y sus sujetos que
-se apercibiesen para cuando los enviásemos á llamar; y se les hizo
-saber cómo era para poner cerco á Méjico, y en qué tiempo habiamos de
-ir; y tambien se les dijo á don Hernando, señor de Tezcuco, y á sus
-principales y á todos sus sujetos, y á todos los más pueblos nuestros
-amigos; y<span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span> todos á una
-respondieron que lo harian muy cumplidamente lo que Cortés les enviaba
-á mandar, é que vernian, y los de Tlascala vinieron pasada la Pascua
-del Espíritu Santo.</p>
-
-<p>Hecho esto, se acordó de hacer alarde un dia de Pascua, lo cual diré
-adelante el concierto que se dió.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_148">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLVIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO SE HIZO ALARDE EN LA CIUDAD DE TEZCUCO EN LOS
- PATIOS MAYORES DE AQUELLA CIUDAD, Y LOS DE Á CABALLO, BALLESTEROS
- Y ESCOPETEROS Y SOLDADOS QUE SE HALLARON, Y LAS ORDENANZAS QUE SE
- PREGONARON, Y OTRAS COSAS QUE SE HICIERON.</p>
-</div>
-
-<p>Despues que se dió la órden, así como ántes he dicho, y se
-enviaron mensajeros y cartas á nuestros amigos los de Tlascala y á
-los de Chalco, y se dió aviso á los demás pueblos, acordó Cortés con
-nuestros capitanes y soldados que para el segundo dia del Espíritu
-Santo, que fué el año de 1521 años, se hiciese alarde; el cual alarde
-se hizo en los patios mayores de Tezcuco, y halláronse ochenta y
-cuatro de á caballo y seiscientos y cincuenta soldados de espada y de
-rodela, é muchos de lanzas, é ciento y noventa y cuatro ballesteros
-y escopeteros; y destos se<span class="pagenum" id="Page_291">p.
-291</span> sacaron para los trece bergantines los que ahora diré: para
-cada bergantin doce ballesteros y escopeteros, estos no habian de
-remar; y demás desto, tambien se sacaron otros doce remeros para cada
-bergantin, á seis por banda, que son los doce que he dicho. Y demás
-desto, un capitan por cada bergantin.</p>
-
-<p>Por manera que sale á cada bergantin á veinte y cinco soldados con
-el capitan, é trece bergantines que eran, á veinte y cinco soldados,
-son ducientos y ochenta y ocho, y con los artilleros que les dieron,
-demás de los veinte y cinco soldados, fueron en todos los bergantines
-trecientos soldados por la cuenta que he dicho; y tambien les repartió
-los tiros de fustera é halconetes que teniamos y la pólvora que
-les parecia que habian menester; y esto hecho, mandó pregonar las
-ordenanzas que todos habiamos de guardar.</p>
-
-<p>Lo primero, que ninguna persona fuese osada de blasfemar de Nuestro
-Señor Jesucristo ni de Nuestra Señora su bendita Madre, ni de los
-Santos Apóstoles ni otros Santos, so graves penas.</p>
-
-<p>Lo segundo, que ningun soldado tratase mal á nuestros amigos, pues
-iban para nos ayudar, ni les tomasen cosa ninguna, aunque fuesen
-de las cosas que ellos habian adquirido en la guerra, ni plata ni
-chalchihuies.</p>
-
-<p>Lo tercero, que ningun soldado fuese osado de salir ni de dia ni
-de noche de nuestro real para ir á ningun pueblo de nuestros amigos
-ni<span class="pagenum" id="Page_292">p. 292</span> á otra parte á
-traer de comer ni á otra cualquier cosa, so graves penas.</p>
-
-<p>Lo cuarto, que todos los soldados llevasen muy buenas armas y bien
-colchadas, y gorjal y papahigos y antiparas y rodelas; que, como
-sabiamos, que era tanta la multitud de vara y piedra y flecha y lanza,
-para todo era menester llevar las armas que decia el pregon.</p>
-
-<p>Lo quinto, que ninguna persona jugase caballo ni armas, por via
-ninguna, con gran pena que se les puso.</p>
-
-<p>Lo sexto y último, que ningun soldado ni hombre de á caballo ni
-ballestero ni escopetero duerma sin estar con todas sus armas vestidas
-y con alpargates calzados, excepto si no fuese con gran necesidad de
-heridas ó estar doliente, porque estuviésemos muy bien aparejados para
-cualquier tiempo que los mejicanos viniesen á nos dar guerra.</p>
-
-<p>Y demás desto, se pregonaron las leyes que se mandan guardar en lo
-militar, que es al que se duerme en la vela ó se va del puesto que le
-ponen, pena de muerte; y se pregonó que ningun soldado vaya de un real
-á otro sin licencia de su capitan, so pena de muerte.</p>
-
-<p>Más se pregonó, que el soldado que dejare su capitan en la guerra ó
-batalla é se huya, pena de muerte.</p>
-
-<p>Esto pregonado, diré en lo que más se entendió.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_149">
- <p><span class="pagenum" id="Page_293">p. 293</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CXLIX.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS BUSCÓ Á LOS MARINEROS QUE ERAN MENESTER
- PARA REMAR EN LOS BERGANTINES, Y SE LES SEÑALÓ CAPITANES QUE HABIAN
- DE IR EN ELLOS, Y DE OTRAS COSAS QUE SE HICIERON.</p>
-</div>
-
-<p>Despues de hecho el alarde ya otras veces dicho, como vió Cortés
-que para remar los bergantines no hallaban tantos hombres del mar que
-supiesen remar, puesto que bien se conocian los que habiamos traido
-en nuestros navíos que dimos al través con ellos cuando venimos con
-Cortés, é asimismo se conocian los marineros de los navíos de Narvaez
-y de los de Jamáica, y todos estaban puestos por memoria y los habian
-apercebido porque habian de remar, y aun con todos ellos no habia
-recaudo para todos trece bergantines, y muchos dellos rehusaban y aun
-decian que no habian de remar; y Cortés hizo pesquisa para saber los
-que eran marineros y habian visto que iban á pescar, ó si eran de Pálos
-ó Moguer ú de Triana ú del Puerto ú de otro cualquier puerto ó parte
-donde hay marineros, les mandaba, so graves penas, que entrasen en
-los bergantines, y aunque más hidalgos dijesen que eran, les hizo ir
-á remar; y desta manera juntó ciento y cincuenta hombres para<span
-class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> remar, y ellos fueron
-los mejor librados que nosotros los que estábamos en las calzadas
-batallando, y quedaron ricos de despojos, como adelante diré.</p>
-
-<p>Y desque Cortés les hubo mandado que anduviesen en los bergantines,
-y les repartió los ballesteros y escopeteros y pólvora y tiros é saetas
-y todo lo demás que era menester, y les mandó poner en cada bergantin
-las banderas Reales y otras banderas del nombre que se decia ser el
-bergantin, y otras cosas que convenian, nombró por capitanes para cada
-uno dellos á los que ahora aquí diré: á Garci-Holguin, Pedro Barba,
-Juan de Limpias, Carvajal el sordo, Juan Jaramillo, Jerónimo Ruiz de la
-Mota, Carvajal, su compañero, que ahora es muy viejo y vive en la calle
-de San Francisco; é á un Portillo, que entónces vino de Castilla, buen
-soldado, que tenia una mujer hermosa; é á un Zamora, que fué maestre de
-navíos, que vivia ahora en Guaxaca; é á un Colmenero, que era marinero,
-buen soldado; é á un Lerma é á Ginés Norte é á Briones, natural de
-Salamanca; el otro capitan no me acuerdo su nombre, é á Miguel Diaz
-de Auz; é cuando los hubo nombrado, mandó á todos los ballesteros y
-escopeteros é á los demás soldados que habian de remar, que obedeciesen
-á los capitanes que les ponia y no saliesen de su mandado, so graves
-penas; y les dió las instrucciones que cada capitan habia de hacer y
-en qué puesto habian de ir de las calzadas é con qué capitanes de los
-de<span class="pagenum" id="Page_295">p. 295</span> tierra.</p>
-
-<p>Acabado de poner en concierto todo lo que he dicho, viniéronle á
-decir á Cortés que venian los capitanes de Tlascala con gran copia de
-guerreros, y venian en ellos por capitan general Xicotenga el mozo, el
-que fué capitan cuando las guerras de Tlascala, y este fué el que nos
-trataba la traicion en Tlascala cuando salimos huyendo de Méjico, segun
-otras muchas veces lo he referido; é que traia en su compañía otros dos
-hermanos, hijos del buen viejo don Lorenzo de Vargas, é que traia gran
-copia de tlascaltecas y de Guaxocingo, y otro capitan de cholultecas; y
-aunque eran pocos, porque, á lo que siempre vi, despues que en Cholula
-se les hizo el castigo ya otra vez por mí dicho en el capítulo que
-dello habla, despues acá jamás fueron con los mejicanos ni aun con
-nosotros, sino que se estaban á la mira, que aun cuando nos echaron de
-Méjico no se hallaron ser nuestros contrarios.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y volvamos á nuestra relacion: que como Cortés supo
-que venia Xicotenga y sus hermanos y otros capitanes, é vinieron un dia
-primero del plazo que les enviaron á decir que viniesen, salió á les
-recebir Cortés un cuarto de legua de Tezcuco, con Pedro de Albarado y
-otros nuestros capitanes; y como encontraron con el Xicotenga y sus
-hermanos, les hizo Cortés mucho acato y les abrazó, y á todos los más
-capitanes, y venian en gran ordenanza y todos muy lucidos, con grandes
-divisas cada capitanía por sí, y sus banderas tendidas, y el<span
-class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span> ave blanca que tienen por
-armas, que parece águila con sus alas tendidas; traian sus alféreces
-revolando sus banderas y estandartes, y todos con sus arcos y flechas y
-espadas de á dos manos y varas con tiraderas, é otros macanas y lanzas
-grandes é otras chicas é sus penachos, y puestos en concierto y dando
-voces y gritos é silbos, diciendo:</p>
-
-<p>—«¡Viva el Emperador, nuestro señor, y Castilla, Castilla, Tlascala,
-Tlascala!»</p>
-
-<p>Y tardaron en entrar en Tezcuco más de tres horas, y Cortés los
-mandó aposentar en unos buenos aposentos, y los mandó dar de comer
-de todo lo que en nuestro real habia; é despues de muchos abrazos y
-ofrecimientos que los haria ricos, se despidió dellos y les dijo que
-otro dia les diria lo que habian de hacer, é que ahora venian cansados,
-que reposasen; y en aquel instante que llegaron aquellos caciques de
-Tlascala que dicho tengo, entraron en nuestro real cartas que enviaba
-un soldado que se decia Hernando de Barrientos, desde un pueblo que se
-dice Chinanta, que estará de Méjico obra de noventa leguas; y lo que
-en ella se contenia era que habian muerto los mejicanos en el tiempo
-que nos echaron de Méjico á tres compañeros suyos cuando estaban en
-las estancias y minas donde los dejó el capitan Pizarro, que así se
-llamaba, para que buscasen y descubriesen todas aquellas comarcas si
-habia minas ricas de oro, segun dicho tengo en el capítulo que dello
-habla; y que el Barrientos que se acogió á aquel pueblo de Chinanta,
-adonde esta<span class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span>ba, y que
-son enemigos de mejicanos.</p>
-
-<p>Este pueblo fué donde trujeron las picas cuando fuimos sobre
-Narvaez.</p>
-
-<p>Y porque no hacen al caso á nuestra relacion otras particularidades
-que decia en la carta, se dejará de decir: y Cortés sobre ella le
-escribió en respuesta dándole relacion de la manera que íbamos de
-camino para poner cerco á Méjico, y que á todos los caciques de
-aquellas provincias les diese sus encomiendas, y que mirase que no se
-viniese de aquella tierra hasta tener carta suya, porque en el camino
-no le matasen los mejicanos.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo Cortés ordenó de la manera que habiamos
-de ir á poner cerco á Méjico, y quién fueron los capitanes, y lo que
-más en el cerco sucedió.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_150">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CL.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS MANDÓ QUE FUESEN TRES GUARNICIONES DE
- SOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y ESCOPETEROS POR TIERRA Á
- PONER CERCO Á LA GRAN CIUDAD DE MÉJICO, Y LOS CAPITANES QUE NOMBRÓ
- PARA CADA GUARNICION, Y LOS SOLDADOS Y DE Á CABALLO Y BALLESTEROS Y
- ESCOPETEROS QUE LES REPARTIÓ, Y LOS SITIOS Y CIUDADES DONDE HABIAMOS
- DE ASENTAR NUESTROS REALES.</p>
-</div>
-
-<p>Mandó que Pedro de Albarado fuese por capitan de ciento y cincuenta
-soldados de espada y rodela, y muchos llevaban lanzas, y les
-dió<span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span> treinta de á
-caballo y diez y ocho escopeteros y ballesteros, y nombró que fuesen
-juntamente con él á Jorge de Albarado, su hermano, y á Gutierre de
-Badajoz y á Andrés de Monjaraz, y estos mandó que fuesen capitanes
-de cada cincuenta soldados, y que repartiesen entre todos tres los
-escopeteros y ballesteros, tanto á una capitanía como á otra; y que
-el Pedro de Albarado fuese capitan de los á caballo y general de las
-tres capitanías, y le dió ocho mil tlascaltecas con sus capitanes,
-y á mí me señaló y mandó que fuese con el Pedro de Albarado, y que
-fuésemos á poner sitio en la ciudad de Tacuba; y mandó que las armas
-que llevásemos fuesen muy buenas, y papahigos y gorjales y antiparas,
-porque era mucha la vara y piedra como granizo, y flechas y lanzas y
-macanas y otras armas de espadas de á dos manos con que los mejicanos
-peleaban con nosotros, y para tener defensa con ir bien armados; y aun
-con todo esto, cada dia que batallamos habia muertos y heridos, segun
-adelante diré.</p>
-
-<p>Pasemos á otra capitanía. Dió á Cristóbal de Olí, que era maestre
-de campo, otros treinta de á caballo y ciento y setenta y cinco
-soldados y veinte escopeteros y ballesteros, y todos con sus armas,
-segun y de la manera que los dió á Pedro de Albarado; y le nombró
-otros tres capitanes, que fué Andrés de Tapia y Francisco Verdugo y
-Francisco de Lugo, y entre todos tres capitanes repartiesen los<span
-class="pagenum" id="Page_299">p. 299</span> soldados y escopeteros
-y ballesteros; y que el Cristóbal de Olí fuese capitan general de
-las tres capitanías y de los de á caballo, y le dió otros ocho mil
-tlascaltecas, y le mandó que fuese á asentar su real en la ciudad de
-Cuyoacoan, que estará de Tacuba dos leguas.</p>
-
-<p>De otra guarnicion de soldados hizo capitan á Gonzalo de Sandoval,
-que era alguacil mayor, le dió veinte y cuatro de á caballo y catorce
-escopeteros y ballesteros y ciento y cincuenta soldados de espada y
-rodela y lanza, y más de ocho mil indios de guerra de los de Chalco y
-Guaxocingo y de otros pueblos por donde el Sandoval habia de ir, que
-eran nuestros amigos, y le dió por compañeros y capitanes á Luis Marin
-y á Pedro de Ircio, que eran amigos del Sandoval; y les mandó que entre
-los dos capitanes repartiesen los soldados y ballesteros, y que el
-Sandoval tuviese á su cargo los de á caballo y que fuese general de
-todos, y que sentase su real junto á Iztapalapa, é que le diese guerra
-y le hiciese todo el mal que pudiese hasta que otra cosa le fuese
-mandado; y no partió Sandoval de Tezcuco hasta que Cortés, que era
-capitan de los bergantines, estaba muy á punto para salir con los trece
-bergantines por la laguna; en los cuales llevaba trecientos soldados,
-con ballesteros y escopeteros, porque así estaba ordenado.</p>
-
-<p>Por manera que Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí, habiamos de ir
-por una parte y Sandoval por otra.</p>
-
-<p>Digamos ahora que los unos á mano<span class="pagenum"
-id="Page_300">p. 300</span> derecha y los otros desviados por otro
-camino: y esto es así, porque los que no saben aquellas ciudades y la
-laguna lo entiendan; porque se tornaban casi que á juntar.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar más en ello, y digamos que á cada capitan se le
-dió las instrucciones de lo que les era mandado; y como nos habiamos
-de partir para otro dia por la mañana, y porque no tuviésemos tantos
-embarazos en el camino, enviamos adelante todas las capitanías de
-Tlascala hasta llegar á tierra de mejicanos.</p>
-
-<p>É yendo que iban los tlascaltecas descuidados con su capitan
-Chichimecatecle, é otros capitanes con sus gentes, no vieron que iba
-Xicotenga el mozo, que era el capitan general dellos; y preguntando
-y pesquisando el Chichimecatecle qué se habia hecho ó adónde se
-habia quedado, alcanzaron á saber que se habia vuelto aquella noche
-encubiertamente para Tlascala, y que iba á tomar por fuerza el
-cacicazgo é vasallos y tierra del mismo Chichimecatecle; y las causas
-que para ello decian los tlascaltecas eran, que como el Xicotenga
-el mozo vió ir los capitanes de Tlascala á la guerra, especialmente
-á Chichimeclatecle, que no tendria contraditores, porque no tenia
-temor de su padre Xicotenga el ciego, que como padre le ayudaria, y
-nuestro amigo Masse-Escaci, que ya era muerto; é á quien temia era al
-Chichimecatecle.</p>
-
-<p>Y tambien dijeron que siempre conocieron del Xicotenga no tener
-voluntad de ir á la guerra de Méjico, porque le oian decir<span
-class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span> muchas veces que todos
-nosotros y ellos habian de morir en ella.</p>
-
-<p>Pues desque aquello vió y entendió el Chichimeclatecle, cuyas eran
-las tierras y vasallos que iba á tomar, vuelve del camino más que de
-paso, é viene á Tezcuco á hacérselo saber á Cortés; é como Cortés
-lo supo, mandó que con brevedad fuesen cinco principales de Tezcuco
-y otros dos de Tlascala, amigos de Xicotenga, á hacelle volver del
-camino, y le dijesen que Cortés le rogaba que luego se volviese para ir
-contra sus enemigos los mejicanos, y que mire que su padre D. Lorenzo
-de Vargas, si no fuera viejo y ciego, como estaba, viniera sobre
-Méjico; y que pues toda Tlascala fueron y son muy leales servidores de
-su majestad, que no quiera él infamarlos con lo que ahora hace, y le
-envió á hacer muchos prometimientos y promesas, y que le daria oro y
-mantas porque volviese; y la respuesta que le envió á decir fué, que
-si el viejo de su padre y Masse-Escaci le hubieran creido, que no se
-hubieran señoreado tanto dellos, que les hace hacer todo lo que quiere;
-y por no gastar más palabras, dijo que no queria venir.</p>
-
-<p>Y como Cortés supo aquella respuesta, de presto dió un mandamiento
-á un alguacil, y con cuatro de á caballo y cinco indios principales de
-Tezcuco que fuesen muy en posta, y donde quiera que lo alcanzasen que
-lo ahorcasen; é dijo:</p>
-
-<p>—«Ya en este cacique no hay enmienda, sino que siempre nos ha de ser
-traidor y malo y de malos consejos;» y que no<span class="pagenum"
-id="Page_302">p. 302</span> era tiempo para más le sufrir, que bastaba
-lo pasado y presente.</p>
-
-<p>Y como Pedro de Albarado lo supo, rogó mucho por él, y Cortés ó
-le dió buena respuesta ó secretamente mandó al alguacil é á los de
-á caballo que no le dejasen con la vida; y así se hizo, que en un
-pueblo sujeto á Tezcuco le ahorcaron, y en esto hubieron de parar sus
-traiciones.</p>
-
-<p>Algunos tlascaltecas hubo que dijeron que su padre D. Lorenzo de
-Vargas envió á decir á Cortés que aquel su hijo era malo y que no se
-confiase dél, y que procurase de le matar.</p>
-
-<p>Dejemos esta plática así, y diré que por esta causa nos detuvimos
-aquel dia sin salir de Tezcuco; y otro dia, que fueron 13 de Mayo de
-1521 años, salimos entrambas capitanías juntas; porque así Cristóbal
-de Olí como Pedro de Albarado habiamos de llevar un camino, y fuimos
-á dormir á un pueblo sujeto de Tezcuco, que se dice Aculma; y pareció
-ser que Cristóbal de Olí envió adelante á aquel pueblo á tomar posada,
-y tenia puesto en cada casa por señal ramos verdes encima de las
-azuteas; y cuando llegamos con Pedro de Albarado no hallamos donde
-posar, y sobre ello ya habiamos echado mano á las armas de los de
-nuestra capitanía contra los de Cristóbal de Olí, y aun los capitanes
-desafiados, y no faltó caballeros de entrambas partes que se metieron
-entre nosotros, y se pacificó algo el ruido, y no tanto, que todavía
-estábamos todos resabidos: y desde allí lo hicieron saber á Cortés,
-y luego<span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span> envió en
-posta á fray Pedro Melgarejo y al capitan Luis Marin, y escribió á
-los capitanes y á todos nosotros, reprendiéndonos por la cuestion y
-persuadiéndonos la paz; y como llegaron nos hicieron amigos; mas desde
-allí adelante no se llevaron bien los capitanes, que fué Pedro de
-Albarado y Cristóbal de Olí.</p>
-
-<p>Y otro dia fuimos caminando entrambas las capitanías juntas, y
-fuímonos á dormir á un gran pueblo que estaba despoblado, porque ya era
-tierra de mejicanos; y otro dia fuimos nuestro camino tambien á dormir
-á otro gran pueblo que se decia Guatitlan, que otras veces he nombrado,
-y tambien estaba sin gente; é otro dia pasamos por otros dos pueblos,
-que se decian Tenayuca y Escapuzalco, y tambien estaban despoblados;
-y asimismo se aposentaron todos nuestros amigos los tlascaltecas, y
-aun aquella tarde fueron por las estancias de aquellas poblaciones
-y trujeron de comer, y con buenas velas y escuchas y corredores del
-campo, como siempre teniamos para que no nos cogiesen desapercebidos,
-dormimos aquella noche, porque ya he dicho otras veces que la ciudad
-de Méjico está junto á Tacuba; é ya que anochecia oimos grandes
-gritas que nos daban desde la laguna, diciéndonos muchos vituperios
-y que no éramos hombres para salir á pelear con ellos; y tenian
-tantas de las canoas llenas de guerreros, y aquellas palabras que nos
-decian eran con pensamiento de nos indignar pa<span class="pagenum"
-id="Page_304">p. 304</span>ra que saliésemos aquella noche á guerrear,
-y herirnos más á su salvo; y como estábamos escarmentados de lo de
-las calzadas y puentes muchas veces por mí nombradas, no quisimos
-salir hasta otro dia, que fué domingo, despues de haber oido Misa, que
-nos la dijo el Padre Juan Diaz; y despues de nos encomendar á Dios,
-acordamos que entrambas capitanías juntas fuésemos á quebrar el agua de
-Chalputepeque, de que se proveia la ciudad, que estaba desde allí de
-Tacuba aun en media legua.</p>
-
-<p>É yendo á les quebrar los caños, topamos muchos guerreros, que
-nos esperaban en el camino; porque bien entendido tenian que aquello
-habia de ser lo primero en que los podriamos dañar; y así como nos
-encontraron cerca de unos pasos malos comenzaron á nos flechar y tirar
-vara y piedra con hondas, é nos hirieron á tres soldados; más de presto
-les hicimos volver las espaldas, y nuestros amigos los de Tlascala
-los siguieron de manera, que mataron veinte y prendieron siete ú ocho
-dellos; y como aquellos grandes escuadrones estuvieron puestos en
-huida, les quebramos los caños por donde iba el agua á su ciudad, y
-desde entónces nunca fué á Méjico entre tanto que duró la guerra.</p>
-
-<p>Y como aquello hubimos hecho, acordaron nuestros capitanes que luego
-fuésemos á dar una vista y entrar por la calzada de Tacuba y hacer lo
-que pudiésemos para les ganar una puente; y llegados que fuimos á la
-calzada,<span class="pagenum" id="Page_305">p. 305</span> eran tantas
-las canoas que en la laguna estaban llenas de guerreros y en las mismas
-canoas é calzadas, que nos admirábamos dello; y tiraron tanta de vara y
-flecha y piedra con hondas, que en la primera refriega hirieron treinta
-de nuestros soldados é murieron tres; y aunque nos hacian tanto daño,
-todavía les fuimos entrando por la calzada adelante hasta una puente,
-y á lo que yo entendí, ellos nos daban lugar á ello, por meternos de
-la parte de la puente; y como allí nos tuvieron, digo que cargaron
-tanta multitud de guerreros sobre nosotros, que no nos podiamos valer;
-porque por la calzada dicha, que son ocho pasos de ancho, ¿qué podiamos
-hacer á tan gran poderio que estaban de la una parte y de la otra de
-la calzada y daban en nosotros como á terrero? Porque ya que nuestros
-escopeteros y ballesteros no hacian sino armar y tirar á las canoas, no
-les haciamos daño, sino muy poco, porque las traian muy bien armadas de
-talabardones de madera.</p>
-
-<p>Pues cuando arremetiamos á los escuadrones que peleaban en la misma
-calzada luego se echaban al agua, y habia tantos dellos, que no nos
-podiamos valer.</p>
-
-<p>Pues los de á caballo no aprovechaban cosa ninguna, porque les
-herian los caballos de la una parte y de la otra desde el agua; y ya
-que arremetian tras los escuadrones, echábanse al agua, y tenian hechos
-unos mamparos, donde estaban otros guerreros aguardando con unas lanzas
-largas que habian hecho con las armas que nos<span class="pagenum"
-id="Page_306">p. 306</span> tomaron cuando nos echaron de Méjico é
-salimos huyendo; y desta manera estuvimos peleando con ellos obra
-de un hora, y tanta priesa nos daban, que no nos podiamos sustentar
-contra ellos; y aun vimos que venia por otras partes una gran flota de
-canoas á atajarnos los pasos para tomarnos las espaldas, y conociendo
-esto nuestros capitanes y todos nuestros soldados, apercebimos que los
-amigos tlascaltecas que llevábamos nos embarazaban mucho la calzada,
-que se saliesen fuera, porque en el agua vista cosa es que no pueden
-pelear; y acordamos de con buen concierto retraernos y no pasar más
-adelante.</p>
-
-<p>Pues cuando los mejicanos nos vieron retraer y echar fuera los
-tlascaltecas, ¡qué grita y alaridos nos daban! Y como se venian á
-juntar con nosotros pié con pié, digo que yo no lo sé escribir, porque
-toda la calzada hincheron de vara y flecha é piedra de las que nos
-tiraban, pues las que caian en el agua muchas más serian, y como nos
-vimos en tierra firme, dimos gracias á Dios por nos haber librado de
-aquella batalla, y ocho de nuestros soldados quedaron aquella vez
-muertos y más de cincuenta heridos; y aun con todo esto nos daban
-grita y decian vituperios desde las canoas, y nuestros amigos los
-tlascaltecas les decian que saliesen á tierra y que fuesen doblados los
-contrarios, y pelearian con ellos.</p>
-
-<p>Esta fué la primera cosa que hicimos, quitalles el agua y darle
-vista á la laguna, aunque no ganamos honra con ellos; y<span
-class="pagenum" id="Page_307">p. 307</span> aquella noche nos estuvimos
-en nuestro real y se curaron los heridos, y aun se murió un caballo,
-y pusimos buen cobro de velas y escuchas; y otro dia de mañana dijo
-el capitan Cristóbal de Olí que se queria ir á su puesto, que era á
-Cuyoacoan, que estaba de allí legua y media; é por más que le rogó
-Pedro de Albarado y otros caballeros que no se apartasen aquellas
-dos capitanías, sino que se estuviesen juntas, jamás quiso; porque,
-como era el Cristóbal muy esforzado, y en la vista que el dia ántes
-dimos á la laguna no nos sucedió bien, decia el Cristóbal de Olí que
-por culpa de Pedro de Albarado habiamos entrado inconsideradamente;
-por manera que jamás quiso quedar, y se fué adonde Cortés le mandó,
-que es Cuyoacoan, y nosotros nos quedamos en nuestro real; y no fué
-bien apartarse una capitanía de otra en aquella sazon, porque si los
-mejicanos tuvieran aviso que éramos pocos soldados, en cuatro ó cinco
-dias que allí estuvimos apartados ántes que los bergantines viniesen, y
-dieran sobre nosotros y en los de Cristóbal de Olí, corriéramos harto
-trabajo ó hiciera gran daño.</p>
-
-<p>Y de aquesta manera estuvimos en Tacuba, y el Cristóbal de Olí en
-su real, sin osar dar más vista ni entrar por las calzadas, y cada dia
-teniamos en tierra rebatos de muchos mejicanos que salian á tierra
-firme á pelear con nosotros, y aun nos desafiaban para meternos en
-parte donde fuesen señores de nosotros y no les pudiésemos hacer ningun
-daño.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_308">p. 308</span>Y dejallo he aquí,
-y diré cómo Gonzalo de Sandoval salió de Tezcuco cuatro dias despues de
-la fiesta de Corpus Christi, y se vino á Iztapalapa, que casi todo el
-camino era de amigos y sujetos de Tezcuco; y como llegó á la poblacion
-de Iztapalapa, luego les comenzó á dar guerra y á quemar muchas casas
-de las que estaban en tierra firme, porque las demás casas todas
-estaban en la laguna; mas no tardó muchas horas, que luego vinieron
-en socorro de aquella ciudad grandes escuadrones de mejicanos, y tuvo
-Sandoval con ellos una buena batalla y grandes reencuentros cuando
-peleaban en tierra; y despues de acogidos á las canoas, les tiraban
-mucha vara y flecha y piedra, y herian algunos soldados.</p>
-
-<p>Y estando desta manera peleando, vieron que en una sierrezuela que
-está allí junto á Iztapalapa en tierra firme hacian grandes ahumadas,
-y que les respondian con otras ahumadas de otros pueblos que están
-poblados en la laguna, y era señal que se apellidaban todas las
-canoas de Méjico y de todos los pueblos de alrededor de la laguna,
-porque vieron á Cortés que ya habia salido de Tezcuco con los trece
-bergantines, porque luego que se vino el Sandoval de Tezcuco no aguardó
-allí más Cortés; y la primera cosa que hizo en entrando en la laguna
-fué combatir á un peñol que estaba en una isleta junto á Méjico, donde
-estaban recogidos muchos mejicanos, ansí de los naturales de aquella
-ciudad como de los forasteros que se habian ido á hacer fuertes;
-y<span class="pagenum" id="Page_309">p. 309</span> salió á la laguna
-contra Cortés todo el número de canoas que habia en todo Méjico y en
-todos los pueblos que están poblados en el agua ó cerca della, que son
-Suchimileco, Cuyoacoan, Iztapalapa é Huichilobusco y Mexicalcingo,
-é otros pueblos que por no me detener no nombro, y todos juntamente
-fueron contra Cortés, y á esta causa aflojaron algo los que daban
-guerra en Iztapalapa á Sandoval; y como todos los más de aquella ciudad
-en aquel tiempo estaban poblados en el agua, no les podia hacer mal
-ninguno, puesto que á los principios mató muchos de los contrarios;
-y como llevaba muy gran copia de amigos, con ellos cautivó y prendió
-mucha gente de aquellas poblaciones.</p>
-
-<p>Dejemos al Sandoval, que quedó aislado en Iztapalapa, que no podia
-venir con su gente á Cuyoacoan si no era por una calzada que atravesaba
-por mitad de la laguna, y si por ella viniera, no hubiera bien entrado
-cuando le desbarataran los contrarios, por causa que por entrambas á
-dos partes del agua le habian de guerrear, y él no habia de ser señor
-de poderse defender, y á esta causa se estuvo quedo.</p>
-
-<p>Dejemos al Sandoval, y digamos que como Cortés vió que se juntaban
-tantas flotas de canoas contra sus trece bergantines, las temió en gran
-manera, y eran de temer, porque eran más de cuatro mil canoas; y dejó
-el combate del peñol y se puso en parte de la laguna, para si se viese
-en aprieto poder salir con sus bergantines á lo largo y correr á la
-parte que quisiese, y mandó á<span class="pagenum" id="Page_310">p.
-310</span> sus capitanes que en ellos venian que no curasen de embestir
-ni apretar contra canoas ningunas hasta que refrescase más el viento
-de tierra, porque en aquel instante comenzaba á ventear; y como las
-canoas vieron que los bergantines reparaban, creian que de temor dellos
-lo hacian, y era verdad como lo pensaron, y entónces les daban mucha
-priesa los capitanes mejicanos, y mandaban á todas sus gentes que
-luego fuesen á embestir con nuestros bergantines; y en aquel instante
-vino un viento muy recio y muy bueno, y con buena priesa que se dieron
-nuestros remeros y el tiempo aparejado, mandó Cortés embestir con la
-flota de canoas, y trastornaron muchas dellas y prendieron y mataron
-muchos indios, y las demás canoas se fueron á recoger entre las casas
-que están en la laguna, en parte que no podian llegar á ellas nuestros
-bergantines; por manera que este fué el primer combate que se hubo por
-la laguna, é Cortés tuvo vitoria, gracias á Dios por todo, amen.</p>
-
-<p>Y como aquello fué hecho, se fué con los bergantines hácia
-Cuyoacoan, adonde estaba asentado el Real de Cristóbal de Olí, y peleó
-con muchos escuadrones mejicanos que le esperaban en partes peligrosas,
-creyendo de tomarle los bergantines; y como le daban mucha guerra
-desde las canoas que estaban en la laguna y desde unas torres de
-ídolos, mandó sacar de los bergantines cuatro tiros, y con ellos daba
-guerra, y mataba y heria muchos indios; y tanta<span class="pagenum"
-id="Page_311">p. 311</span> priesa tenian los artilleros, que por
-descuido se les quemó la pólvora, y aun se chamuscaron algunos dellos
-las caras y manos; y luego despachó Cortés un bergantin muy ligero á
-Iztapalapa al real de Sandoval para que trajesen toda la pólvora que
-tenia, y le escribió que de allí donde estaba no se mudase.</p>
-
-<p>Dejemos á Cortés, que siempre tenia rebatos de mejicanos, hasta que
-se juntó en el real de Cristóbal de Olí, y en dos dias que allí estuvo
-siempre le combatian muchos contrarios; y porque yo en aquella sazon
-estaba en lo de Tacuba con Pedro de Albarado, diré lo que hicimos en
-nuestro real; y es que, como sentimos que Cortés andaba por la laguna,
-entramos por nuestra calzada adelante y con gran concierto, y no
-como la primera vez, y les llegamos á la puente, y los ballesteros y
-escopeteros con mucho concierto, tirando unos y armando otros, y á los
-de á caballo les mandó Pedro de Albarado que no entrasen con nosotros
-entre las calzadas; y desta manera estuvimos, unas veces peleando y
-otras poniendo resistencia no entrasen por tierra, porque cada dia
-teniamos refriegas, y en ellas nos mataron tres soldados; y tambien
-entendiamos en adobar los malos pasos.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo Gonzalo de Sandoval, que estaba en
-Iztapalapa, viendo que no les podia hacer mal á los de Iztapalapa,
-porque estaban en el agua, y ellos á él le herian sus soldados, acordó
-de se venir á unas casas é poblacion que estaban en el agua,<span
-class="pagenum" id="Page_312">p. 312</span> que podian entrar en
-ellas, y les comenzó á combatir; y estándoles dando guerra, envió
-Guatemuz, gran señor de Méjico, á muchos guerreros á los ayudar y
-deshacer y abrir la calzada por donde habia entrado el Sandoval, para
-tomalles dentro y que no tuviesen por donde salir; y envió por otra
-parte mucha más gente de guerra; y como Cortés estaba con Cristóbal
-de Olí, é vieron salir gran copia de canoas hácia Iztapalapa, acordó
-de ir con los bergantines y con toda la capitanía de Cristóbal de Olí
-hácia Iztapalapa en busca de Sandoval; é yendo por la laguna con los
-bergantines y el Cristóbal de Olí por la calzada, vieron que estaban
-abriendo la calzada muchos mejicanos, y tuvieran por cierto que estaba
-allí en aquellas casas el Sandoval, y fueron con los bergantines é le
-hallaron peleando con el escuadron de guerreros que envió el Guatemuz,
-y cesó algo la pelea; y luego mandó Cortés á Gonzalo de Sandoval que
-dejase aquello de Iztapalapa é fuese por tierra á poner cerco á otra
-calzada que va desde Méjico á un pueblo que se dice Tepeaquilla,
-adonde ahora llaman Nuestra Señora de Guadalupe, donde hace y ha hecho
-muchos y admirables milagros.</p>
-
-<p>É digamos cómo Cortés repartió los bergantines, y lo que más se
-hizo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_151">
- <p><span class="pagenum" id="Page_313">p. 313</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS MANDÓ REPARTIR LOS DOCE BERGANTINES, Y
- MANDÓ QUE SE SACASE LA GENTE DEL MÁS PEQUEÑO BERGANTIN, QUE SE DECIA
- BUSCA-RUIDO, Y DE LO DEMÁS QUE PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés y todos nuestros capitanes y soldados entendimos que sin
-los bergantines no podriamos entrar por las calzadas para combatir á
-Méjico, envió cuatro dellos á Pedro de Albarado, y en su real, que era
-el de Cristóbal de Olí, dejó seis bergantines, y á Gonzalo de Sandoval,
-en la calzada de Tepeaquilla, envió dos; y mandó que el bergantin más
-pequeño que no anduviese más en el agua, porque no le trastornasen
-las canoas, que no era de sustento, y la gente y marineros que en él
-andaban mandó repartir en esotros doce, porque ya estaban muy mal
-heridos veinte hombres de los que en ellos andaban.</p>
-
-<p>Pues desque nos vimos en nuestro real de Tacuba con aquella ayuda de
-los bergantines, mandó Pedro de Albarado que los dos dellos anduviesen
-por la una parte de la calzada y los otros dos de la otra parte, é
-comenzamos á pelear muy de hecho, porque las canoas que nos solian
-dar guerra desde el agua, los bergantines las desbarataban; y ansí,
-tenia<span class="pagenum" id="Page_314">p. 314</span>mos lugar de
-les ganar algunas puentes y albarradas; y cuando con ellos estábamos
-peleando, era tanta la piedra con hondas y vara y flecha que nos
-tiraban, que por bien que íbamos armados, todos los más soldados nos
-descalabraban, y quedábamos heridos, y hasta que la noche nos despartia
-no dejábamos la pelea y combate.</p>
-
-<p>Pues quiero decir el mudarse de escuadrones con sus divisas é
-insignias de las armas que de los mejicanos se remudaban de rato en
-rato, pues á los bergantines cuál los paraban de las azuteas, que los
-cargaban de vara y flecha y piedra, porque era más que granizo, y no lo
-sé aquí decir ni habrá quien lo pueda comprender, sino los que en ello
-nos hallamos, que venia tanta multitud dellas como granizo, é de presto
-cubrian la calzada, pues ya que con tantos trabajos les ganábamos
-alguna puente ó albarrada y la dejábamos sin guarda, aquella misma
-noche la habian de tornar á ahondar, y ponian muy mejores defensas,
-y aun hacian hoyos encubiertos en el agua, para que otro dia cuando
-peleásemos, al tiempo de retraer, nos embarazásemos y cayésemos en los
-hoyos, y pudiesen en sus canoas desbaratarnos; porque ansimismo tenian
-aparejadas muchas canoas para ello, puestas en partes que no las viesen
-nuestros bergantines, para cuando nos tuviesen en aprieto en los hoyos,
-los unos por tierra y los otros por el agua dar en nosotros; y para
-que nuestros bergantines no nos pudiesen venir á<span class="pagenum"
-id="Page_315">p. 315</span> ayudar tenian hechas muchas estacadas en
-el agua, encubiertas en partes que en ellas zabordasen, y desta manera
-peleábamos cada dia.</p>
-
-<p>Ya he dicho otras veces que los caballos muy poco aprovechaban en
-las calzadas, porque si arremetian ó daban alcance á los escuadrones
-que con nosotros peleaban, luego se les arrojaban en el agua, y á
-unos mamparos que tenian hechos en las calzadas, donde estaban otros
-escuadrones de guerreros aguardando con lanzas largas de las nuestras,
-ó dalles que habian hecho muy más largas que son las nuestras, de las
-armas que tomaron cuando el gran desbarate que nos dieron en Méjico; y
-con aquellas lanzas y grandes rociadas de flecha y vara é piedra que
-tiraban de la laguna, herian y mataban los caballos ántes que se les
-hiciese á los contrarios daño; y demás desto, los caballeros cuyos eran
-no los querian aventurar, porque costaba en aquella sazon un caballo
-ochocientos pesos, y aun algunos costaban á más de mil, y no los habia,
-especialmente no pudiendo alancear por las calzadas sino muy pocos
-contrarios.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos que cuando la noche nos despartia curábamos
-nuestros heridos con aceite, é un soldado que se decia Juan Catalan,
-que nos las santiguaba y ensalmaba, y verdaderamente digo que
-hallábamos que Nuestro Señor Jesucristo era servido de darnos esfuerzo,
-demás de las muchas mercedes que cada dia nos hacia, y de presto
-sanaban; y ansí heridos y en<span class="pagenum" id="Page_316">p.
-316</span>trapajados habiamos de pelear desde la mañana hasta la noche,
-que si los heridos se quedaran en el real sin salir á los combates, no
-hubiera de cada capitanía veinte hombres sanos para salir.</p>
-
-<p>Pues nuestros amigos los de Tlascala, como veian que aquel hombre
-que dicho tengo nos santiguaba, todos los heridos y descalabrados
-venian á él, y eran tantos, que en todo el dia harto tenia que
-curar.</p>
-
-<p>Pues quiero decir de nuestros capitanes y alféreces y compañeros de
-bandera, que saliamos llenos de heridas y las banderas rotas, y digo
-que cada dia habiamos menester un alférez, porque saliamos tales, que
-no podian tornar á entrar á pelear y llevar las banderas; pues con todo
-esto, por ventura teniamos que comer, no digo de falta de tortillas
-de maíz, que hartas teniamos, sino algun refrigerio para los heridos
-maldito aquel.</p>
-
-<p>Lo que nos daba la vida era unos quilites, que son unas yerbas que
-comen los indios, y cerezas de la tierra miéntras las habia, y despues
-tunas, que en aquella sazon vino el tiempo dellas; y otro tanto como
-haciamos en nuestro real, hacian en el real donde estaba Cortés y en
-el de Sandoval, que jamás dia alguno faltaban capitanías de mejicanos,
-que siempre les iban á dar guerra, ya he dicho otras veces que desde
-que amanecia hasta la noche; porque para ello tenia Guatemuz señalados
-los capitanes y escuadrones que á cada calzada habian de acudir, y
-el Taltelulco é los pueblos<span class="pagenum" id="Page_317">p.
-317</span> de la laguna, ya otra vez por mí nombrados, tenian
-señaladas, para que en viendo una señal en el cu mayor de Taltelulco,
-acudiesen unos en canoas y otros por tierra, y para ello tenian los
-capitanes mejicanos señalados y con gran concierto cómo y cuándo y á
-qué partes habian de acudir.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo nosotros mudamos otra órden y manera
-de pelear, y es esta que diré: que como viamos que cuantas obras de
-agua ganábamos de dia, y sobre lo ganar mataban de nuestros soldados,
-y todos los más estábamos heridos, lo tornaban á cegar los mejicanos,
-acordamos que todos nos fuésemos á meter en la calzada, en una placeta
-donde estaban unas torres de ídolos que las habiamos ya ganado, y
-habia espacio para hacer nuestros ranchos, aunque eran muy malos, que
-en lloviendo todos nos mojábamos, é no eran para más de cubrirnos del
-sereno é del sol; y dejamos en Tacuba las indias que nos hacian pan,
-y quedaron en su guarda todos los de á caballo y nuestros amigos los
-de Tlascala, para que mirasen y guardasen los pasos, no viniesen de
-los pueblos comarcanos á darnos en la rezaga en las calzadas miéntras
-que estábamos peleando; y desque hubimos asentado nuestros ranchos
-adonde dicho tengo, desde allí adelante procuramos que luego las
-casas ó barrios ó aberturas de agua que les ganásemos, que luego lo
-cegásemos, y que las casas diésemos con ellas en tierra y las<span
-class="pagenum" id="Page_318">p. 318</span> deshiciésemos, porque
-ponellas fuego, tardaban mucho en se quemar, y desde unas casas á otras
-no se podian encender, porque, como ya otras veces he dicho, cada casa
-estaba en el agua, y sin pasar en puentes ó en canoas no pueden ir de
-una parte á otra; porque si queriamos ir por el agua nadando, desde
-las azuteas que tenian nos hacian mucho mal, y derrocándose las casas
-estábamos muy más seguros, y cuando les ganábamos alguna albarrada ó
-puente ó paso malo donde ponian mucha resistencia, procurábamos de
-la guardar de dia y de noche, y es desta manera que todas nuestras
-capitanías velábamos las noches juntas.</p>
-
-<p>Y el concierto que para ello se dió fué, que tomaba la vela desde
-que anochecia hasta media noche la primera capitanía, y eran sobre
-cuarenta soldados, y dende media noche hasta dos horas ántes que
-amaneciese tomaba la vela otra capitanía de otros cuarenta hombres, y
-no se iban del puesto los primeros, que allí en el suelo dormiamos,
-y este cuarto es el de la modorra; y luego venian otros cuarenta y
-tantos soldados, y velaban el alba, que eran aquellas dos horas que
-habia hasta el dia, y tampoco se habian de ir los que velaban la
-modorra, que allí habian de estar; por manera que cuando amanecia nos
-hallábamos velando sobre ciento y veinte soldados todos juntos, y aun
-algunas noches, cuando sentiamos mucho peligro, desde que anochecia
-hasta que amanecia todos los del real estábamos<span class="pagenum"
-id="Page_319">p. 319</span> juntos aguardando el gran ímpetu de los
-mejicanos, por temor no nos rompiesen, porque teniamos aviso de unos
-capitanes mejicanos que en las batallas prendimos, que el Guatemuz
-tenia pensamientos y puesto en plática con sus capitanes que procurasen
-en una noche ó de dia romper por nosotros en nuestra calzada, é que
-venciéndonos por aquella nuestra parte, que luego eran vencidas y
-desbaratadas las dos calzadas, donde estaba Cortés, y en la donde
-estaba Gonzalo de Sandoval; y tambien tenia concertado que los nueve
-pueblos de la laguna, y el mismo Tacuba y Capuzalco y Tenayuca, que se
-juntasen, que para el dia que ellos quisiesen romper y dar en nosotros,
-que se diese en las espaldas en la calzada, é que las indias que nos
-hacian pan, que teniamos en Tacuba, y fardaje, que las llevasen de
-vuelo una noche.</p>
-
-<p>Y como esto alcanzamos á saber, apercebimos á los de á caballo,
-que estaban en Tacuba, que toda la noche velasen y estuviesen
-alerta, y tambien á nuestros amigos los tlascaltecas; y ansí como
-el Guatemuz lo tenia concertado lo puso por obra, que vinieron muy
-grandes escuadrones, y unas noches nos venian á romper y dar guerra
-á media noche, y otras á la modorra, y otras al cuarto del alba, é
-venian algunas veces sin hacer rumor, y otras con grandes alaridos, de
-suerte que no nos daban un punto de quietud; y cuando llegaban adonde
-estábamos velando, la<span class="pagenum" id="Page_320">p. 320</span>
-vara, piedra y flecha que tiraban, é otros muchos con lanzas, era cosa
-de ver; y puesto que herian algunos de nosotros, como los resistiamos,
-volvian muchos heridos, é otros muchos guerreros vinieron á dar en
-nuestro fardaje, é los de á caballo é tlascaltecas los desbarataron
-diferentes veces; porque, como era de noche, no aguardaban mucho;
-y desta manera que he dicho velábamos, que ni porque lloviese, ni
-vientos ni frios, y aunque estábamos metidos en medio de grandes lodos
-y heridos, allí habiamos de estar; y aun esta miseria de tortillas é
-yerbas que habiamos de comer, ó tunas, sobre la obra del batallar,
-como dicen los oficiales, habia de ser; pues con todos estos recaudos
-que poniamos con tanto trabajo, heridas y muertes de los nuestros, nos
-tornaban abrir la puente ó calzada que les habiamos ganado, que no
-se les podia defender de noche que no lo hiciesen, é otro dia se la
-tornábamos á ganar y á cegar, y ellos á la tornar á abrir é hacer más
-fuerte con mamparos, hasta que los mejicanos mudaron otra manera de
-pelear, la cual diré en su coyuntura.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar de tantas batallas como cada dia teniamos, y
-otro tanto en el real de Cortés y en el de Sandoval, y digamos que
-qué aprovechaba, haberles quitado el agua de Chalputepeque, ni ménos
-aprovechaba haberles vedado que por las tres calzadas no les entrase
-bastimento ni agua.</p>
-
-<p>Ni tampoco aprovechaban nuestros bergantines estándose en nuestros
-rea<span class="pagenum" id="Page_321">p. 321</span>les, no sirviendo
-de más de cuando peleábamos poder hacernos espaldas de los guerreros de
-las canoas y de los que peleaban de las azuteas; porque los mejicanos
-metian mucha agua y bastimentos de los nueve pueblos que estaban
-poblados en el agua; porque en canoas les proveian de noche, é de
-otros pueblos sus amigos, de maíz é gallinas y todo lo que querian;
-é para otro dia evitar que no les entrase aquesto, fué acordado por
-todos los tres reales que dos bergantines anduviesen de noche por la
-laguna á dar caza á las canoas que venian cargadas con bastimentos é
-agua, é todas las canoas que se les pudiesen quebrar ó traer á nuestros
-reales, que se las tomasen; y hecho este concierto, fué bueno, puesto
-que para pelear y guardarnos hacian falta de noche los dos bergantines,
-mas hicieron mucho provecho en quitar que no les entrasen bastimentos
-é agua; y aun con todo esto no dejaban de ir muchas canoas cargadas
-dello; y como los mejicanos andaban descuidados en sus canoas metiendo
-bastimentos, no habia dia que no traian los bergantines que andaban en
-su busca presa de canoas y muchos indios colgados de las entenas.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos el ardid que los mejicanos tuvieron para
-tomar nuestros bergantines y matar los que en ellos andaban, y es desta
-manera: que, como he dicho, cada noche y en las mañanas iban á buscar
-por las lagunas sus canoas y las trastornaban con los bergantines,
-y prendian<span class="pagenum" id="Page_322">p. 322</span> muchas
-dellas, acordaron de armar treinta piraguas, que son canoas muy
-grandes, con muy buenos remeros y guerreros, y de noche se metieron
-todas treinta entre unos carrizales en parte que los bergantines
-no las pudieran ver, y cubiertas de ramas echaban de antenoche dos
-ó tres canoas, como que llevaban bastimentos ó metian agua, y con
-buenos remeros, y en parte que les parecia á los mejicanos que los
-bergantines habian de correr cuando con ellos peleasen, habian hincado
-muchos maderos gruesos, hechos estacadas, para que en ellos zabordasen;
-pues como iban las canoas por la laguna mostrando señal de temerosas,
-arrimadas algo á los carrizales, salen dos de nuestros bergantines
-tras ellas, y las dos canoas hacen que se van retrayendo á tierra á la
-parte que estaban las treinta piraguas en celada, y los bergantines
-siguiéndolas, é ya que llegaban á la celada salen todas las piraguas
-juntas y dan tras nuestros bergantines, é de presto hirieron á todos
-los soldados é remeros y capitanes, y no podian ir á una parte ni á
-otra, por las estacadas que les tenian puestas; por manera que mataron
-al un capitan, que se decia Fulano de Portillo, gentil soldado que
-habia sido en Italia, é hirieron á Pedro Barba, que fué otro muy
-buen capitan, y desde á tres dias murió de las heridas; y tomaron el
-bergantin.</p>
-
-<p>Estos dos bergantines eran del real de Cortés, de lo cual
-recibió muy gran pesar; más dende á pocos dias se lo pagaron<span
-class="pagenum" id="Page_323">p. 323</span> muy bien con otras celadas
-que echaron; lo cual diré á su tiempo.</p>
-
-<p>Y dejemos agora de hablar dellos, y digamos cómo en el real de
-Cortés y en el de Gonzalo de Sandoval siempre tenian muy grandes
-combates, y muy mayores en el de Cortés, porque mandaba quemar
-y derrocar casas y cegar puentes, y todo lo que ganaba cada dia
-lo cegaba, y enviaba á mandar á Pedro de Albarado que mirase que
-no pasásemos puente ni abertura de la calzada sin que primero la
-tuviésemos ciega, é que no quedase casa que no se derrocase y se
-pusiese fuego; y con los adobes y madera de las casas que derrocábamos,
-cegábamos los pasos y aberturas de las puentes; y nuestros amigos los
-de Tlascala nos ayudaban en toda la guerra muy como varones.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos, como los mejicanos vieron que todas las
-casas las allanábamos por el suelo, é que las puentes y aberturas las
-cegábamos, acordaron de pelear de otra manera, y fué, que abrieron una
-puente y zanja muy ancha y honda, que cuando la pasábamos en partes
-no hallábamos pié, é tenian en ella hechos muchos hoyos, que no los
-podiamos ver dentro en el agua, é unos mamparos é albarradas, ansí
-de la una parte como de la otra de aquella abertura, é tenian hechas
-muchas estacadas con maderos gruesos en partes que nuestros bergantines
-zabordasen si nos viniesen á socorrer cuando estuviésemos peleando
-sobre tomalles aquella fuerza;<span class="pagenum" id="Page_324">p.
-324</span> porque bien entendian que la primera cosa que habiamos de
-hacer era deshacerles el albarrada y pasar aquella abertura de agua
-para entralles en la ciudad; y ansimismo tenian aparejadas en partes
-escondidas muchas canoas bien armadas de guerreros, y buenos guerreros;
-y un domingo de mañana comenzaron á venir por tres partes grandes
-escuadrones de guerreros, y nos acometen de tal manera, que tuvimos
-bien que hacer en sustentarnos, no nos desbaratasen; é ya en aquella
-sazon habia mandado Pedro de Albarado que la mitad de los de á caballo,
-que solian estar en Tacuba, durmiesen en la calzada, porque no tenian
-tanto riesgo como al principio, porque ya no habia azuteas, y todas las
-demás casas estaban derrocadas, y podian correr por algunas partes de
-las calzadas sin que de las canoas ni azuteas les pudiesen herir los
-caballos.</p>
-
-<p>Y volvamos á nuestro propósito, y es, que de aquellos tres
-escuadrones que vinieron muy bravosos, los unos por una parte donde
-estaba la gran abertura en el agua, y los otros por unas casas de
-las que les habiamos derrocado, y el otro escuadron nos habia tomado
-las espaldas de la parte de Tacuba, y estábamos como cercados; los
-de á caballo, con nuestros amigos los de Tlascala, rompieron por los
-escuadrones que nos habian tomado las espaldas, y todos nosotros
-estuvimos peleando muy valerosamente con los otros dos escuadrones
-hasta les hacer retraer; mas era<span class="pagenum" id="Page_325">p.
-325</span> fingida aquella muestra que hacian que huian, y les ganamos
-la primera albarrada, y la otra albarrada donde se hicieron fuertes
-tambien la desampararon; y nosotros, creyendo que llevábamos vitoria,
-pasamos aquella agua á vuelapié, y por donde la pasamos no habia
-ningunos hoyos, é vamos siguiendo el alcance entre unas grandes casas
-y torres de adoratorios, y los contrarios hacian que todavía huian
-é se retraian, é no dejaban de tirar vara y piedra con hondas, y
-mucha flecha; y cuando no nos catamos, tenian encubiertos en partes
-que no los podiamos ver tanta multitud de guerreros que nos salen al
-encuentro, y otros muchos dende las azuteas é donde las casas; y los
-que primero hacian que se iban retrayendo, vuelven sobre nosotros todos
-á una, y nos dan tal mano, que no les podiamos sustentar; y acordamos
-de nos volver retrayendo con gran concierto; y tenian aparejadas en el
-agua y abertura que les teniamos ganado, tanta flota de canoas en la
-parte por donde primero habiamos pasado, donde no habia hoyos, porque
-no pudiésemos pasar por aquel paso, que nos hicieron ir á pasar por
-otra parte adonde he dicho que estaba muy más honda el agua y tenian
-hechos muchos hoyos; y como venian contra nosotros tanta multitud
-de guerreros y nos veniamos retrayendo, pasábamos el agua á nado é
-á vuelapié, é caiamos todos los más soldados en los hoyos, entónces
-acudieron todas las canoas sobre nosotros, y allí<span class="pagenum"
-id="Page_326">p. 326</span> apañaron los mejicanos cinco de nuestros
-soldados y los llevaron á Guatemuz, é hirieron á todos los más, pues
-los bergantines que aguardábamos para nuestra ayuda no podian venir,
-porque todos estaban zabordados en las estacadas que les tenian
-puestas, y con las canoas y azuteas les dieron buena mano de vara y
-flecha, y mataron dos soldados remeros é hirieron á muchos de los
-nuestros.</p>
-
-<p>É volvamos á los hoyos é aberturas: digo que fué maravilla cómo no
-nos mataron á todos en ellos; de mí digo que ya me habian echado mano
-muchos indios, y tuve manera para desembarazar el brazo, y Nuestro
-Señor Jesucristo me dió esfuerzo para que á buenas estocadas que
-les dí, me salvase, y bien herido en un brazo; y como me vi fuera
-de aquella agua en parte segura, me quedé sin sentido, sin me poder
-sostener en mis piés é sin huelgo ninguno; y esto causó la gran fuerza
-que puse para me descabullir de aquella gentecilla, é de la mucha
-sangre que me salió: é digo que cuando me tenian engarrafado, que en el
-pensamiento yo me encomendaba á nuestro Señor Dios é á nuestra Señora
-su bendita Madre, y ponia la fuerza que he dicho, por donde me salvé;
-gracias á Dios por las mercedes que me hace.</p>
-
-<p>Otra cosa quiero decir, que Pedro de Albarado y los de á caballo,
-como tuvieron harto en romper los escuadrones que nos venian por las
-espaldas de la parte de Tacuba, no pasó ninguno dellos aquella<span
-class="pagenum" id="Page_327">p. 327</span> agua ni albarradas, sino
-fué uno solo de á caballo que habia venido poco habia de Castilla, y
-allí le mataron á él y al caballo; y como vió el Pedro de Albarado que
-nos veniamos retrayendo, nos iba ya á socorrer con otros de á caballo,
-y si allá pasara, por fuerza habiamos de volver sobre los indios; y si
-volviera, no quedara ninguno dellos ni de los caballos ni de nosotros á
-vida, porque la cosa estaba de arte que cayeran en los hoyos, y habia
-tantos guerreros, que les mataran los caballos con lanzas que para ello
-tenian largas, y dende las muchas azuteas que habia, porque esto que
-pasó era en el cuerpo de la ciudad; y con aquella vitoria que tenian
-los mejicanos, todo aquel dia, que era domingo, como dicho tengo,
-tornaron á venir á nuestro real otra tanta multitud de guerreros; que
-no nos dejaban ni nos podiamos valer, que ciertamente creyeron de nos
-desbaratar; y nosotros con unos tiros de bronce y buen pelear nos
-sostuvimos contra ellos, y con velar todas las capitanías juntas cada
-noche.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos, cómo Cortés lo supo, del gran enojo que
-tenia, escribió luego en un bergantin á Pedro de Albarado que mirase
-que en bueno ni en malo dejase un paso por cegar, y que todos los de
-á caballo durmiesen en las calzadas, y en toda la noche estuviesen
-ensillados y enfrenados, y que no curásemos de pasar más adelante hasta
-haber cegado con adobes y madera aquella gran abertura, y que tuviesen
-buen recaudo en el real.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_328">p. 328</span>Pues como vimos
-que por nosotros habia acaecido aquel desman, desde allí adelante
-procurábamos de tapar y cegar aquella abertura; y aunque fué con harto
-trabajo y heridas que sobre ella nos daban los contrarios, é muerte
-de seis soldados, en cuatro dias la tuvimos cegada, y en las noches
-sobre ella misma velábamos todas las tres capitanías, segun la órden
-que dicho tengo y quiero decir que entónces, como los mejicanos estaban
-junto á nosotros cuando velábamos, que tambien ellos tenian sus velas,
-y por cuartos se mudaban, y era desta manera: que hacian grande lumbre,
-que ardia toda la noche, y los que velaban estaban apartados de la
-lumbre, y desde léjos no les podiamos ver, porque con la claridad de
-la leña, que siempre ardia, no podiamos ver los indios que velaban;
-más bien sentiamos cuando se remudaban y cuando venian á atizar su
-leña; y muchas noches habia que, como llovia en aquella sazon mucho,
-les apagaba la lumbre, y la tornaban á encender, y sin hacer rumor ni
-hablar entre ellos palabra, se entendian con unos silbos que daban.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir que nuestros escopeteros y ballesteros,
-muchas veces cuando sentiamos que se venian á trocar las velas, les
-tiraban á bulto, é piedras y saetas perdidas, y no les haciamos mal,
-porque estaban en parte que, aunque de noche quisiéramos ir á ellos,
-no podiamos, con otra gran abertura de zanja bien honda que habian
-abierto á mano, é albarradas y mamparos que tenian; é tambien<span
-class="pagenum" id="Page_329">p. 329</span> ellos nos tiraban á bulto
-mucha piedra é vara y flecha.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar destas velas, é digamos cómo cada dia íbamos
-por nuestra calzada adelante, peleando con muy buen concierto, y les
-ganaron la abertura que he dicho donde velaban; y era tanta la multitud
-de los contrarios que contra nosotros cada dia venian, y la vara,
-flecha y piedra que tiraban, que nos herian á todos, aunque íbamos con
-gran concierto y bien armados.</p>
-
-<p>Pues ya que se habia pasado todo el dia batallando, y se venia la
-tarde, y no era coyuntura para pasar más adelante, sino volvernos
-retrayendo, en aquel tiempo tenian ellos muchos escuadrones aparejados,
-creyendo que con la gran priesa que nos diesen al tiempo del retraer
-nos desbaratarian, porque venian tan bravosos como tigres, y pié con
-pié se juntaron con nosotros; y como aquello conociamos dellos, la
-manera que teniamos para retraer era esta: que la primera cosa que
-haciamos era echar de la calzada á nuestros amigos los tlascaltecas;
-porque, como eran muchos, con nuestro favor querian llegar á pelear
-con los mejicanos, y como eran mañosos, que no deseaban otra cosa sino
-vernos embarazados con los amigos, y con grandes arremetidas que hacian
-por todas tres partes para nos poder tomar en medio ó atajar algunos de
-nosotros; y con los muchos tlascaltecas que embarazaban, no podiamos
-pelear á todas partes, é por esta causa los echábamos fuera de la
-calzada, en parte que los po<span class="pagenum" id="Page_330">p.
-330</span>niamos en salvo; y cuando nos viamos que no teniamos
-embarazo dellos, nos retraiamos al real, no vueltas las espaldas, sino
-haciéndoles rostro, unos ballesteros y escopeteros soltando y otros
-armando; y nuestros cuatro bergantines cada dos de los lados de las
-calzadas por la laguna, defendiéndonos por las flotas de las canoas, y
-de las muchas piedras de las azuteas y casas que estaban por derrocar;
-y aun con todo este concierto teniamos harto riesgo de nuestras
-personas hasta volvernos á los ranchos, y luego nos quemábamos con
-aceite nuestras heridas y apretallas con mantas de la tierra, y cenar
-de las tortillas que nos traian de Tacuba, é yerbas y tunas quien lo
-tenia; y luego íbamos á velar á la abertura del agua, como dicho tengo,
-y luego á otro dia por la mañana, sus, á pelear; porque no podiamos
-hacer otra cosa, porque por muy de mañana que fuese, ya estaban sobre
-nosotros los batallones contrarios, y aun llegaban á nuestro real y nos
-decian vituperios; y desta manera pasábamos nuestros trabajos.</p>
-
-<p>Dejemos por agora de contar de nuestro real, que es el de Pedro
-de Albarado, y volvamos al de Cortés, que siempre de noche y de dia
-le daban combates, y le mataban y herian muchos soldados, y era de
-la manera que á nosotros los del real de Tacuba; y siempre traia dos
-bergantines á dar caza de noche á las canoas que entraban en Méjico
-con bastimentos é agua; é parece ser que el un bergantin prendió á
-dos<span class="pagenum" id="Page_331">p. 331</span> principales
-que venian en una de las muchas canoas que venian con bastimento, y
-dellos supo Cortés que tenian en celada entre unos matorrales cuarenta
-piraguas y otras tantas canoas para tomar á alguno de nuestros
-bergantines, como hicieron la otra vez; y aquellos dos principales
-que se prendieron, Cortés les halagó y dió mantas, y con muchos
-prometimientos que en ganando á Méjico les daria tierras, y con
-nuestras lenguas doña Marina y Aguilar les preguntó que á qué parte
-estaban las piraguas, porque no se pusieron donde la otra vez; y ellos
-señalaron en el puesto y paraje que estaban, y aun avisaron que habian
-hincado muchas estacas de maderos gruesos en partes, para que si los
-bergantines fuesen huyendo de sus piraguas, zabordasen, y allí los
-apañasen y matasen á los que iban en ellos.</p>
-
-<p>Y como Cortés tuvo aquel aviso, apercibió seis bergantines que
-aquella noche se fuesen á meter á unos carrizales apartados obra de
-un cuarto de legua, donde estaban las piraguas, y que se cubriesen
-con mucha rama; y fueron á remo callado, y estuvieron toda la noche
-aguardando, y otro dia de mañana mandó Cortés que fuese un bergantin
-como que iba á dar caza á las canoas que entraban con bastimentos, y
-mandó que fuesen los dos indios principales que se prendieron dentro
-del bergantin, porque mostrasen en qué parte estaban las piraguas,
-porque el bergantin fuese hácia allá; y ansimismo los mejicanos
-nuestros<span class="pagenum" id="Page_332">p. 332</span> contrarios
-concertaron de echar dos canoas echadizas, como la otra vez, adonde
-estaba su celada, como que traian bastimento, para que se cebase el
-bergantin en ir tras ellas; por manera que ellos tenian un pensamiento
-y nosotros otro como el suyo de la misma manera; y como el bergantin
-que echó Cortés vió á las canoas que echaron los indios para cebarle,
-iba tras ellas, y las dos canoas hacian que se iban huyendo á tierra
-donde estaba su celada de sus piraguas, y luego nuestro bergantin hizo
-semblante que no osaba llegar á tierra, y que se volvia retrayendo;
-y cuando las piraguas y otras muchas canoas le vieron que se volvia,
-salen tras él con gran furia y remar todo lo que podian, y le iban
-siguiendo; y el bergantin se iba como huyendo donde estaban los otros
-seis bergantines en celada, y todavía las piraguas siguiéndole; y en
-aquel instante soltaron unas escopetas, que era la señal de cuando
-habian de salir nuestros bergantines; y cuando oyeron la señal,
-salen con grande ímpetu y dieron sobre las piraguas y canoas, que
-trastornaron, y mataron y prendieron muchos guerreros, y tambien el
-bergantin que echaron para en celada, que iba ya á lo largo, vuelve
-á ayudar á sus compañeros; por manera que se llevó buena presa de
-prisioneros y canoas; y dende allí adelante no osaban los mejicanos
-echar más celadas, ni se atrevian á meter bastimentos ni agua tan á
-ojos vistas como solian; y<span class="pagenum" id="Page_333">p.
-333</span> desta manera pasaba la guerra de los bergantines en la
-laguna y nuestras batallas en las calzadas.</p>
-
-<p>Y digamos ahora, como vieron los pueblos que estaban en la laguna
-poblados, que ya los he nombrado otras veces, que cada dia teniamos
-vitoria, ansí por el agua como por tierra, y vieron venir á nuestra
-amistad muchos amigos, así los de Chalco como los de Tezcuco é Tlascala
-é otras poblaciones, y con todos les hacian mucho mal y daño en sus
-pueblos, y les cautivaban muchos indios é indias; parece ser se
-juntaron todos, é acordaron de venir de paz ante Cortés, y con mucha
-humildad le demandaron perdon si en algo nos habian enojado, y dijeron
-que eran mandados, que no podian hacer otra cosa; y Cortés holgó mucho
-de los ver venir de paz de aquella manera, y aun cuando lo supimos en
-nuestro real de Pedro de Albarado y en el de Gonzalo de Sandoval, nos
-alegramos todos los soldados.</p>
-
-<p>Y volviendo á nuestra plática: Cortés con buen semblante y con
-muchos halagos les perdonó, y les dijo que eran dignos de gran castigo
-por haber ayudado á los mejicanos; y los pueblos que vinieron fueron
-Iztapalapa, Huichilobusco é Cuyoacan é Mezquique, y todos los de la
-laguna y agua dulce; y les dijo Cortés que no habiamos de alzar real
-hasta que los mejicanos viniesen de paz, ó por guerra los acabase;
-y les mandó que en todo nos ayudasen con todas las canoas que
-tuviesen para combatir á Méjico, é que viniesen<span class="pagenum"
-id="Page_334">p. 334</span> á hacer sus ranchos é trajesen comida, lo
-cual dijeron que ansí lo harian; é hicieron los ranchos de Cortés, y no
-traian comida, sino muy poca y de mala gana.</p>
-
-<p>Nuestros ranchos, donde estaba Pedro de Albarado nunca se hicieron,
-que ansí nos estábamos al agua, porque ya saben los que en esta
-tierra han estado que por Junio, Julio y Agosto son en estas partes
-cotidianamente las aguas.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y volvamos á nuestra calzada y á los combates que cada
-dia dábamos á los mejicanos, y cómo les íbamos ganando muchas torres
-de ídolos y casas y otras aberturas de zanjas y puentes que de casa
-en casa tenian hechas, y todo lo cegábamos con adobes y la madera de
-las casas que deshaciamos y derrocábamos, y aun sobre ellas velábamos;
-y aun con toda esta diligencia que poniamos, lo tornaban á hondar y
-ensanchar, y ponian más albarradas, y porque entre todas tres nuestras
-capitanías teniamos por deshonra que unos batallásemos é hiciésemos
-rostro á los escuadrones mejicanos, y otros estuviesen cegando los
-pasos y aberturas y puentes; y por excusar diferencias sobre los que
-habiamos de batallar ó cegar aberturas, mandó Pedro de Albarado que una
-capitanía tuviese cargo de cegar y entender en la obra un dia, y las
-dos capitanías batallasen é hiciesen rostro contra los enemigos, y esto
-habia de ser por rueda, un dia una y luego otro dia otra capitanía,
-hasta que por todas tres volviese la andanada y rueda; y con<span
-class="pagenum" id="Page_335">p. 335</span> esta órden no quedaba cosa
-que les ganábamos que no dábamos con ella en el suelo, y nuestros
-amigos los tlascaltecas, que nos ayudaban; y ansí les íbamos entrando
-en su ciudad; mas al tiempo del retraer todas tres capitanías habiamos
-de pelear juntos, porque entónces era donde corriamos mucho peligro; y
-como otra vez he dicho, primero haciamos salir de las calzadas todos
-los tlascaltecas, porque cierto era demasiado embarazo para cuando
-peleábamos.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar de nuestro real, y volvamos al de Cortés y al de
-Gonzalo de Sandoval, que á la continua, ansí de dia como de noche,
-tenian sobre sí muchos contrarios por tierra y flotas de canoas por la
-laguna, y siempre les daban guerra, y no les podian apartar de sí.</p>
-
-<p>Pues en lo de Cortés, por les ganar una puente y obra muy honda,
-que era mala de ganar, en ella tenian los mejicanos muchos mamparos y
-albarradas, que no se podian pasar sino á nado, é ya que se pusiesen á
-pasalla, estábanles aguardando muchos guerreros con flechas y piedras
-con honda, y vara y macanas y espadas de á dos manos, y lanzas como
-dalles, y engastadas las espadas que nos tomaron, acudiendo siempre
-gran multitud de guerreros, y la laguna llena de canoas de guerra;
-y habia junto á las albarradas muchas azuteas, y dellas les tiraban
-muchas piedras, de que con gran dificultad se podian defender; y los
-herian muchos, y algunos mataban, y los bergantines no les podian<span
-class="pagenum" id="Page_336">p. 336</span> ayudar, por las estacadas
-que tenian puestas, en que se embarazaban los bergantines; y sobre
-ganalles esta fuerza y puente y abertura pasaron los de Cortés mucho
-trabajo, y estuvieron muchas veces á punto de perderse, é le mataron
-cuatro soldados en el combate y le hirieron sobre treinta; y como era
-ya tarde cuando la acabaron de ganar, no tuvieron tiempo de la cegar,
-y se volvieron retrayendo con muy grande trabajo y peligro, y con más
-de treinta soldados heridos y muchos tlascaltecas descalabrados, aunque
-peleaban bravosamente.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos otra manera con que Guatemuz mandó pelear
-á sus capitanes, haciendo apercebir todos sus poderes para que nos
-diesen guerra continuamente; y es que, como para otro dia era fiesta de
-señor San Juan de Junio, que entónces se cumplia un año puntualmente
-que habiamos entrado en Méjico, cuando el socorro del capitan Pedro
-de Albarado, y nos desbarataron, segun dicho tengo en el capítulo que
-dello habla, parece ser tenia cuenta en ello el Guatemuz, y mandó que
-en todos tres reales nos diesen toda la guerra y con la mayor fuerza
-que pudiesen con todos sus poderes, ansí por tierra como con las
-canoas por el agua, para acabarnos de una vez, como decian se lo tenia
-mandado su Huichilóbos, y mandó que fuese de noche al cuarto de la
-modorra; y porque los bergantines no nos pudiesen ayudar, en todas más
-partes de la laguna tenian hechas unas estacadas<span class="pagenum"
-id="Page_337">p. 337</span> para que en ellas zabordasen; y vinieron
-con esta furia y ímpetu, que si no fuera por los que velábamos juntos,
-que éramos sobre ciento y veinte soldados, y todos muy acostumbrados
-á pelear, nos entraran en el real y corriamos harto peligro, y con
-muy grande concierto les resistimos, y allí hirieron á quince de los
-nuestros, y dos murieron de ahí á ocho dias de las heridas.</p>
-
-<p>Pues en el real de Cortés tambien les pusieron en grande aprieto
-é trabajo, é hubo muchos muertos y heridos, y en lo de Sandoval por
-el consiguiente, y desta manera vinieron dos noches arreo; y tambien
-en aquellos rencuentros quedaron muchos mejicanos muertos y muchos
-heridos; y como Guatemuz y sus capitanes y papas vieron que no
-aprovechaba nada la guerra que dieron aquellas noches, acordaron que
-con todos sus poderes juntos viniesen al cuarto del alba y diesen en
-nuestro real, que se dice el de Tacuba; y vinieron tan bravosos, que
-nos cercaron por todas partes, y aun nos tenian medio desbaratados y
-atajados; y quiso Dios darnos esfuerzo, que nos tornamos á hacer un
-cuerpo y nos mamparamos algo con los bergantines, y á buenas estocadas
-y cuchilladas, que andábamos pié con pié, los apartamos algo de
-nosotros, y los de á caballo no estaban holgando; pues los ballesteros
-y escopeteros hacian lo que podian, que harto tuvieron que romper en
-otros escuadrones que ya nos tenian tomadas las espaldas; y en aquella
-batalla ma<span class="pagenum" id="Page_338">p. 338</span>taron á
-ocho de nuestros soldados, y aun á Pedro de Albarado le descalabraron,
-y si nuestros amigos los tlascaltecas durmieran aquella noche en la
-calzada, corriamos gran riesgo con el embarazo que ellos nos pusieran,
-como eran muchos; más la experiencia de lo pasado nos hacia que luego
-los echásemos fuera de la calzada y se fuesen á Tacuba, y quedábamos
-sin cuidado.</p>
-
-<p>Tornemos á nuestra batalla, que matamos muchos mejicanos, y se
-prendieron cuatro personas principales.</p>
-
-<p>Bien tengo entendido que los curiosos letores se hartarán ya de
-ver cada dia combates, y no se puede hacer ménos, porque noventa y
-tres dias estuvimos sobre esta tan fuerte ciudad, cada dia é de noche
-teniamos guerras y combates, y por esta causa los hemos de decir muchas
-veces, de cómo é cuándo é de qué manera é arte pasaba; é no lo pongo
-aquí por capítulos lo que cada dia haciamos, porque me parece que
-seria gran prolijidad é seria cosa para nunca acabar, y pareceria á
-los libros de Amadís é de otros corros de caballeros; é porque de aquí
-adelante no me quiero detener en contar tantas batallas é rencuentros
-que cada dia é de noche teniamos, si posible fuere, lo diré lo más
-breve que pueda, hasta el dia de señor San Hipólito, que, gracias
-á nuestro Señor Jesucristo, nos apoderamos desta tan gran ciudad y
-prendimos al Rey della, que se decia Guatemuz, é á sus capitanes;
-puesto que ántes que le prendiésemos tuvimos muy grandes des<span
-class="pagenum" id="Page_339">p. 339</span>manes, é casi que estuvimos
-en gran ventura de nos perder en todos nuestros reales, especialmente
-en el real de Cortés por descuido de sus capitanes, como adelante
-verán.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_152">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO DESBARATARON LOS INDIOS MEJICANOS Á CORTÉS,
- É LE LLEVARON VIVOS PARA SACRIFICAR SESENTA Y DOS SOLDADOS, É LE
- HIRIERON EN UNA PIERNA, Y EL GRAN PELIGRO EN QUE NOS VIMOS POR SU
- CAUSA.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés vió que no se podian cegar todas las aberturas y puentes
-é zanjas de agua que ganábamos cada dia, porque de noche las tornaban á
-abrir los mejicanos y hacian más fuertes albarradas que de ántes tenian
-hechas, é que era gran trabajo pelear y cegar puentes y velar todos
-juntos, en demás como estábamos heridos, acordó de poner en pláticas
-con los capitanes y soldados que tenia en su real, que se decian
-Cristóbal de Olí y Francisco Verdugo y Andrés de Tapia, y el alférez
-Corral y Francisco de Lugo, y tambien nos escribió al real de Pedro de
-Albarado y al de Gonzalo de Sandoval, para tomar parecer de todos los
-ca<span class="pagenum" id="Page_340">p. 340</span>pitanes y soldados;
-y el caso que propuso fué, que si nos parecia que fuésemos entrando
-de golpe en la ciudad hasta entrar, y llegar al Taltelulco, que es
-la plaza mayor de Méjico, que es muy más ancha y grande que no la de
-Salamanca; é que llegados que llegásemos, que seria bien asentar en él
-todos tres reales, que dende allí podiamos batallar por las calles de
-Méjico, y sin tener tantos trabajos é riesgo al retraer, ni tener tanto
-que cegar ni velar las puentes.</p>
-
-<p>Y como en tales pláticas y consejos suele acaecer, hubo en ellas
-muchos pareceres, porque los unos decian que no era buen consejo ni
-acuerdo meternos tan de hecho en el cuerpo de la ciudad, sino que
-nos estuviésemos como estábamos batallando y derrocando y abrasando
-casas; y las causas más evidentes que dimos los que éramos en este
-parecer fué, que si nos metiamos en el Taltelulco y dejábamos todas las
-calzadas y puentes sin guarda y desmamparadas, que como los mejicanos
-son muchos y guerreros, y con las muchas canoas que tienen nos
-tornarian á abrir las puertas y calzadas, y no seriamos señores dellas,
-é que con sus grandes poderes nos darian guerra de noche y de dia; é
-que, como siempre tienen hechas muchas estacadas, nuestros bergantines
-no nos podrian ayudar, y de aquella manera que Cortés decia, seriamos
-nosotros los cercados, y ellos ternian por sí la tierra, campo y
-laguna; y le escribimos sobre el caso, para que no nos aconteciese
-como<span class="pagenum" id="Page_341">p. 341</span> la pasada cuando
-salimos huyendo de Méjico; y cuando Cortés hubo visto el parecer de
-todos, y vió las buenas razones que sobre ello le dábamos, en lo que se
-resumió en todo lo platicado fué, que para que otro dia saliésemos de
-todos tres reales con toda la mayor pujanza, ansí los de á caballo como
-los ballesteros, escopeteros y soldados, é que los fuésemos ganando
-hasta la plaza mayor, que es el Taltelulco, apercebidos los tres
-reales y los tlascaltecas y de Tezcuco y los pueblos de la laguna que
-nuevamente habian dado la obediencia á su majestad, para que con todas
-sus canoas se viniesen á ayudar á todos nuestros bergantines.</p>
-
-<p>Una mañana, despues de haber oido Misa y nos encomendar á Dios,
-salimos de nuestro real con el capitan Pedro de Albarado, y tambien
-salió Cortés del suyo, y Gonzalo de Sandoval con todos sus capitanes, y
-con grande pujanza iba ganando puentes y albarradas, y los contrarios
-peleaban como fuertes guerreros, y Cortés por su parte llevaba vitoria,
-y asimismo Gonzalo de Sandoval por la suya, pues por nuestro real
-ya les habiamos ganado otra albarrada y una puente, y esto fué con
-mucho trabajo, porque habia muy grandísimos poderes del Guatemuz, y
-la estaban guardando, y salimos della muchos de nuestros soldados muy
-mal heridos, é uno murió luego de las heridas, y nuestros amigos los
-tlascaltecas salieron más de mil dellos maltratados y descalabrados,
-y todavía íbamos siguiendo la vitoria muy<span class="pagenum"
-id="Page_342">p. 342</span> ufanos.</p>
-
-<p>Volvamos á decir de Cortés y de todo su ejército, que ganaron
-una abertura de agua muy honda, y estaba en ella una calzadilla muy
-angosta, que los mejicanos con maña y ardid la habian hecho de aquella
-manera, porque tenian pensado entre sí lo que ahora á nuestro general
-Cortés le aconteció; y es que, como llevaba vitoria de él y todos sus
-capitanes y soldados, y la calzada llena de nuestros amigos, é iban
-siguiendo á los contrarios, y puesto que hacian que huian, no dejaban
-de tirarnos piedra, vara y flecha, y hacian algunas paradillas como
-que resistian á Cortés, hasta que le fueron cebando para que fuese
-tras ellos, y desque vieron que de hecho iba tras ellos siguiendo la
-vitoria, hacian que iban huyendo dél.</p>
-
-<p>Por manera que la adversa fortuna vuelve su rueda, y á las mayores
-prosperidades acuden muchas tristezas.</p>
-
-<p>Y como nuestro Cortés iba vitorioso y en el alcance de los
-contrarios, por su descuido é porque nuestro Señor Jesucristo lo
-permitió, él y sus capitanes y soldados dejaron de cegar el abertura de
-agua que habian ganado; y como la calzada por donde iban con maña la
-habian hecho angosta, y aun entraba en ella agua por algunas partes, y
-habia mucho lodo y cieno, como los mejicanos le vieron pasar aquel paso
-sin cegar, que no deseaban otra cosa, y aun para aquel efeto tenian
-apercebidos muchos escuadrones de guerreros mejicanos con esforzados
-capitanes, y muchas canoas en la laguna,<span class="pagenum"
-id="Page_343">p. 343</span> en parte que nuestros bergantines no les
-podian hacer daño ninguno con las grandes estacadas que les tenian
-puestas en que zabordasen, vuelven sobre nuestro Cortés y contra todos
-sus soldados con grande furia de escuadrones y con tales alaridos y
-gritos, que los nuestros no les pudieron defender su gran ímpetu y
-fortaleza con que vinieron á pelear, y acordaron todos los soldados con
-sus capitanes y banderas de se volver retrayendo con gran concierto;
-mas, como venian contra ellos tan rabiosos contrarios, hasta que les
-metieron en aquel mal paso se desconcertaron de suerte, que vuelven
-huyendo sin hacer resistencia; y nuestro Cortés, desde que así los vió
-venir desbaratados, los esforzaba y decia:</p>
-
-<p>—«Tened, tened, señores, tened recio, ¿qué es esto, que ansí habeis
-de volver las espaldas?»</p>
-
-<p>Y no les pudo detener ni resistir; y en aquel paso que dejaron de
-cegar, y en la calzadilla, que era angosta y mala, y con las canoas
-le desbarataron é hirieron en una pierna y le llevaron vivos sobre
-sesenta y tantos soldados, y le mataron seis caballos é yeguas, y á
-Cortés ya le tenian muy engarrafado seis ó siete capitanes mejicanos,
-é quiso Dios nuestro Señor ponelle esfuerzo para que se defendiese
-y se librase dellos, puesto que estaba herido en una pierna; porque
-en aquel instante luego llegó allí un muy esforzado soldado, que se
-decia Cristóbal de Olea, natural de Castilla la Vieja; no lo digo por
-Cristóbal de Olí; y desque<span class="pagenum" id="Page_344">p.
-344</span> allí le vió asido de tantos indios, peleó luego tan
-bravosamente, que mató á estocadas cuatro de aquellos capitanes que
-tenian engarrafado á Cortés, y tambien le ayudó otro muy valiente
-soldado que se decia Lerma, y les hicieron que dejasen á Cortés, y por
-le defender allí perdió la vida el Olea, y el Lerma estuvo á punto de
-muerte, y luego acudieron allí muchos soldados, aunque bien heridos, y
-echan mano á Cortés y le ayudan á salir de aquel peligro; y entónces
-tambien vino con mucha presteza su capitan de la guarda, que se decia
-Antonio de Quiñones, natural de Zamora, y le tomaron por los brazos y
-le ayudaron á salir del agua, y luego le trajeron un caballo, en que se
-escapó de la muerte; y en aquel instante tambien venia un su camarero
-ó mayordomo que se decia Cristóbal de Guzman, y le traia otro caballo;
-y dende las azuteas los guerreros mejicanos, que andaban muy bravos y
-vitoriosos, prendieron al Cristóbal de Guzman, é vivo le llevaron á
-Guatemuz; y todavía los mejicanos iban siguiendo á Cortés y á todos sus
-soldados hasta que llegaron á su real.</p>
-
-<p>Pues ya aquel desastre acaecido, le hallaron en salvo los españoles,
-los escuadrones mejicanos no dejaban de seguilles, dándoles caza y
-grita y diciéndoles vituperios y llamándoles cobardes.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar de Cortés y de su desbarate, y volvamos á nuestro
-ejército, que es el de Pedro de Albarado: como íbamos muy vito<span
-class="pagenum" id="Page_345">p. 345</span>riosos, y cuando no nos
-catamos vimos venir contra nosotros tantos escuadrones de mejicanos, y
-con grandes gritas y hermosas divisas y penachos, y nos echaron delante
-de nosotros cinco cabezas que entónces habian cortado de los que habian
-tomado á Cortés, y venian corriendo sangre, y decian:</p>
-
-<p>—«Ansí os mataremos, como hemos muerto á Malinche y á Sandoval y
-á los que consigo traian, y esas son sus cabezas; por eso conocedlas
-bien.»</p>
-
-<p>Y diciéndonos estas palabras se venian á cerrar con nosotros hasta
-nos echar mano; que no aprovechaban cuchilladas ni estocadas, ni
-ballesteros ni escopeteros, y no hacian sino dar en nosotros como á
-terrero; y con todo eso, no perdiamos punto en nuestra ordenanza al
-retraer, porque luego mandamos á nuestros amigos los tlascaltecas que
-prestamente nos desembarazasen las calzadas y pasos malos; y en este
-tiempo ellos se lo tuvieron bien en cargo, que como vieron las cinco
-cabezas corriendo sangre, y decian que habian muerto á Malinche y á
-Sandoval y á todos los teules que consigo traian, é que ansí habian de
-hacer á nosotros, ya los tlascaltecas temieron en gran manera, porque
-creyeron que era verdad; y por esto digo que desembarazaron la calzada
-muy de veras.</p>
-
-<p>Volvamos á decir, como nos íbamos retrayendo oimos tañer del cu
-mayor, donde estaban sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, que señorea
-el altor dél á toda la gran ciudad, tañian<span class="pagenum"
-id="Page_346">p. 346</span> un atambor de muy triste sonido, en fin
-como instrumento de demonios, y retumbaba tanto, que se oia dos ó tres
-leguas, y juntamente con él muchos atabalejos; entónces, segun despues
-supimos, estaban ofreciendo diez corazones y mucha sangre á los ídolos
-que dicho tengo, de nuestros compañeros.</p>
-
-<p>Dejemos el sacrificio, y volvamos al retraer que nos retraiamos, y
-á la gran guerra que nos daban, ansí de la calzada como de las azuteas
-y lagunas con las canoas; y en aquel instante vienen más escuadrones
-á nosotros, que de nuevo enviaba Guatemuz, y manda tocar su corneta,
-que era una señal que cuando aquella se tocase era que habian de
-pelear sus capitanes de manera que hiciesen presa ó morir sobre ello,
-y retumbaba el sonido que se metia en los oidos; y de que lo oyeron
-aquellos sus escuadrones y capitanes, saber yo aquí decir ahora con qué
-rabia y esfuerzo se metian entre nosotros á nos echar mano, es cosa de
-espanto, porque yo no lo sé aquí escribir; que ahora que me pongo á
-pensar en ello, es como si visiblemente lo viese; mas vuelvo á decir,
-y ansí es verdad, que si Dios no nos diera esfuerzo, segun estábamos
-todos heridos, él nos salvó, que de otra manera no nos podiamos llegar
-á nuestros ranchos; y le doy muchas gracias y loores por ello, que me
-escapó aquella vez y otras muchas de poder de los mejicanos.</p>
-
-<p>Y volviendo á nuestra plática: allí los de á caballo hacian
-arremetidas; y con dos tiros gruesos que pusimos<span class="pagenum"
-id="Page_347">p. 347</span> junto á nuestros ranchos, unos tirando y
-otros cebando, nos sosteniamos, porque la calzada estaba llena de bote
-en bote de contrarios y nos venian hasta las casas, como cosa vencida,
-á echarnos vara y piedra; y como he dicho, con aquellos tiros matábamos
-muchos dellos; y quien bien ayudó aquel dia fué un hidalgo que se dice
-Pedro Moreno de Medrano, que vive agora en la Puebla, porque él fué el
-artillero, que los artilleros que soliamos tener se habian muerto, y
-dellos estaban muy malamente heridos.</p>
-
-<p>Volvamos al Pedro Moreno de Medrano, que, demás de siempre haber
-sido un muy esforzado soldado, aquel dia fué de muy grandísima ayuda
-para nosotros; y estando que estábamos de aquella manera, bien
-angustiados y heridos, y no sabiamos de Cortés, ni de Sandoval, ni de
-sus ejércitos, si les habian muerto ó desbaratado, como los mejicanos
-nos decian cuando nos arrojaron las cinco cabezas que tenian asidas
-por los cabellos y de las barbas, y decian que ya habian muerto á
-Malinche y tambien á Sandoval é á todos los teules, que ansí nos habian
-de matar á nosotros aquel mesmo dia; y no podiamos saber dellos,
-porque batallábamos los unos de los otros cerca de media legua, y á
-donde desbarataron á Cortés era más léjos; y á esta causa estábamos
-muy penosos, así heridos como sanos, y hechos un cuerpo estuvimos
-sosteniendo el gran ímpetu de los mejicanos que sobre nosotros estaban,
-creyendo<span class="pagenum" id="Page_348">p. 348</span> que en
-aquel dia no quedara persona viva de nosotros, segun la guerra que nos
-daban.</p>
-
-<p>Pues de nuestros bergantines ya habian tomado uno é muerto tres
-soldados y herido el capitan y todos los más soldados que en ellos
-venian, y fué socorrido de otro bergantin, donde andaba por capitan
-Juan Jaramillo, y tambien tenian zalabordado en otra parte otro que
-no podia salir, de que era capitan Juan de Limpias Caravajal, que en
-aquella sazon ensordeció de coraje, que ahora vive en la Puebla; y
-peleó por su persona tan valerosamente, y esforzó á todos los soldados
-que en el bergantin remaban, que rompieron las estacadas, y salieron
-todos muy mal heridos, y salvó su bergantin: aqueste fué el primero que
-rompió estacadas.</p>
-
-<p>Volvamos á Cortés, que, como estaba él y toda su gente los más
-muertos, se iban todos los escuadrones mejicanos hasta su real á darle
-guerra, y aun le echaron delante de sus soldados, que resistian á los
-mejicanos cuando peleaban, otras cuatro cabezas corriendo sangre de
-aquellos soldados que habian llevado vivos á Cortés, y les decian que
-eran del Tonatio, que es Pedro de Albarado, y de Gonzalo de Sandoval y
-de otros teules, é que ya nos habian muerto á todos.</p>
-
-<p>Entónces dicen que desmayó Cortés mucho más de lo que ántes estaba
-él y los que consigo traia, mas no de manera que sintiesen en él
-mucha flaqueza; y luego mandó al maestre de campo Cristóbal de Olí y
-á sus capitanes que mirasen no les rompiesen<span class="pagenum"
-id="Page_349">p. 349</span> los muchos mejicanos que estaban sobre
-ellos, é que todos juntos hiciesen cuerpo, ansí heridos como sanos; y
-mandó á Andrés de Tapia que con tres de á caballo viniese á Tacuba por
-tierra, que es nuestro real, que mirase qué habia sido de nosotros, y
-que si no éramos desbaratados, que nos contase lo por él pasado, y que
-nos dijese que tuviésemos muy buen recaudo en el real, que todos juntos
-hiciésemos cuerpo, ansí de dia como de noche, en la vela; y esto que
-nos enviaba á mandar, ya lo teniamos todos por costumbre.</p>
-
-<p>Y el capitan Andrés de Tapia y los tres de á caballo que con él
-venian se dieron muy buena priesa, y aunque tuvieron en el camino una
-refriega de vara y flecha que les dieron en un paso los mejicanos; que
-ya habia puesto Guatemuz en los caminos muchos indios guerreros porque
-no supiésemos los unos de los otros los desmanes, y aun venia herido el
-Andrés de Tapia, y traia en su compañía á Guillen de la Loa, y el otro
-se decia Valde-Nebro, y á un Juan de Cuellar, hombres muy esforzados;
-y de que llegaron á nuestro real y nos hallaron batallando con el
-poder de Méjico, que todo estaba junto contra nosotros, se holgaron
-en el alma, y nos contaron lo acaecido del desbarate de Cortés, y lo
-que nos enviaba á decir, y no nos quisieron declarar qué tantos eran
-los muertos, y decian que hasta veinte y cinco, y que todos los demás
-estaban buenos.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar ahora en esto, y<span class="pagenum"
-id="Page_350">p. 350</span> volvamos al Gonzalo de Sandoval, y á sus
-capitanes y soldados, que andaban vitoriosos en la parte y calles de
-su conquista; y cuando los mejicanos hubieron desbaratado á Cortés,
-cargaron sobre el Gonzalo de Sandoval y su ejército y capitanes, de
-arte que no se pudo valer, y le mataron dos soldados y le hirieron á
-todos los que traia, y á él le dieron tres heridas, la una en el muslo
-y la otra en la cabeza y la otra en un brazo; y estando batallando con
-los contrarios, le ponen delante seis cabezas de los de Cortés, y le
-dicen que aquellas cabezas eran de Malinche y del Tonatio y de otros
-capitanes, y que ansí habian de hacer al Gonzalo de Sandoval y á los
-que con él estaban, y le dieron muy fuertes combates; y de que aquello
-vió el buen capitan Sandoval, mandó á sus capitanes y soldados que
-todos tuviesen mucho ánimo, más que de ántes, é que no desmayasen, é
-que mirasen al retraer no hubiese algun desman ó desconcierto en la
-calzada, porque es angosta; y lo primero que hizo fué mandar salir de
-la calzada á los amigos tlascaltecas, que tenia muchos, y porque no
-les estorbasen al retraer; y con sus dos bergantines y sus ballesteros
-y escopeteros con mucho trabajo se retrajo á su estancia, y con toda
-su gente bien herida y aun desmayada, y dos soldados ménos; y como se
-vió fuera de la calzada, puesto que estaban cercados de mejicanos,
-esforzó su gente y capitanes, y les encomendó mucho que todos juntos
-hiciesen<span class="pagenum" id="Page_351">p. 351</span> cuerpo, ansí
-de dia como de noche, é que guardasen el real no le desbaratasen; y
-como conocia del capitan Luis Marin que lo hacia bien, ansí herido y
-entrapajado como estaba el Sandoval, tomó consigo otros de á caballo, y
-por tierra fué muy por la posta al real de Cortés, y aun en el camino
-tuvo su salmorejo de piedra y vara y flecha; porque, como ya otra
-vez he dicho, en todos los caminos tenia Guatemuz indios mejicanos
-guerreros para no dejar pasar de un real á otro con nuevas ningunas,
-para que así nos vencieran más fácilmente; y cuando el Sandoval vido á
-Cortés, le dijo:</p>
-
-<p>—«Oh señor capitan, y ¿qué es esto? ¿Aquestos son los grandes
-consejos y ardides de guerra que siempre nos daba? ¿Cómo ha sido este
-desman?»</p>
-
-<p>Y Cortés le respondió, saltándosele las lágrimas de los ojos:</p>
-
-<p>—«Oh hijo Sandoval, que mis pecados lo han permitido, que no soy
-tan culpante en el negocio como me hacen, sino es el tesorero Julian
-de Alderete, á quien le encargué que cegase aquel mal paso donde nos
-desbarataron, y no lo hizo, como no es acostumbrado á guerras ni á ser
-mandado de capitanes.»</p>
-
-<p>Y entónces respondió el mismo tesorero, que se halló junto á Cortés,
-que vino á ver y hablar al Sandoval y á saber de su ejército si eran
-muertos ó desbaratados, é dijo que el mismo Cortés tenia la culpa, y
-no él; y la causa que dió fué que, como Cortés iba con vitoria, por
-seguilla muy mejor decia: «Adelante, caballeros;» é que no les<span
-class="pagenum" id="Page_352">p. 352</span> mandó cegar puentes ni
-pasos malos, é que si se lo mandara, que su capitanía y con sus amigos
-lo hiciera; y tambien culpaban mucho á Cortés en no haber mandado con
-tiempo salir de las calzadas á los muchos amigos que llevaba; é porque
-hubo otras muchas pláticas y respuestas al tesorero, que iban muchas
-con enojo, se dejarán de decir; é diré cómo en aquel instante llegaron
-dos bergantines de los que ántes tenia Cortés en su compañía y calzada,
-que no sabian dellos despues del desbarate, y segun pareció, habian
-estado detenidos, porque estuvieron zabordados en unas estacadas, y
-segun dijeron los capitanes, habian estado cercados de unas canoas
-que les daban guerra, y venian todos heridos, y dijeron que Dios
-primeramente les ayudó, y con su viento y con grandes fuerzas que
-pusieron al remar rompieron las estacadas y se salvaron, de lo cual
-hubo mucho placer Cortés, porque hasta entónces, aunque no lo publicaba
-por no desmayar á los soldados, como no sabian dellos, les tenian por
-perdidos.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que luego encomendó á Sandoval
-mucho que fuese en posta á nuestro real, que se dice Tacuba, y
-mirase si éramos desbaratados ó de qué manera estábamos, é que si
-éramos vivos, que nos ayudase á poner resistencia en el real, no
-nos rompiesen; y dijo á Francisco de Lugo que fuese en compañía
-de Sandoval, porque bien entendido tenia que habia escuadrones
-de guerreros mejicanos en<span class="pagenum" id="Page_353">p.
-353</span> el camino, y le dijo que ya habia enviado á saber de
-nosotros á Andrés de Tapia con tres de á caballo, y temia no le
-hubiesen muerto en el camino; cuando se lo dijo y se despidió fué á
-abrazar á Gonzalo de Sandoval, y le dijo:</p>
-
-<p>—«Mirá, pues veis que yo no puedo ir á todas partes, á vos os
-encomiendo estos trabajos, pues veis que estoy herido y cojo; ruégoos
-pongais cobro en estos tres reales: bien sé que Pedro de Albarado y sus
-capitanes y soldados habrán batallado y hecho como caballeros, mas temo
-el gran poder destos perros, no les hayan desbaratado; pues de mí y de
-mi ejército ya veis de la manera que estoy.»</p>
-
-<p>Y en posta vino el Sandoval y el Francisco de Lugo donde estábamos,
-y cuando llegó seria hora de vísperas, y porque, segun pareció é
-supimos, el desbarate de Cortés fué ántes de Misa mayor; y cuando
-llegó Sandoval nos halló batallando con los mejicanos, que nos querian
-entrar en el real por unas casas que habiamos derrocado, y otros por
-la calzada, y otros en canoas por la laguna, y tenian ya un bergantin
-zabordado en unas estacadas, y de los soldados que en ellos iban,
-habian muerto los dos, y los demás heridos; y como Sandoval nos vió á
-mí y á otros soldados en el agua metidos á más de la cinta, ayudando
-al bergantin á echalle en lo hondo, y estaban sobre nosotros muchos
-indios con espadas de las nuestras que habian tomado en el desbarate
-de Cortés, y otros con montantes de navajas dán<span class="pagenum"
-id="Page_354">p. 354</span>donos cuchilladas, y á mí me dieron un
-flechazo, y querian llegar con gran fuerza sus canoas, segun la fuerza
-que ponian, y le tenian atadas muchas sogas para llevársele y metelle
-dentro de la ciudad; y como el Sandoval nos vió de aquella manera,
-dijo:</p>
-
-<p>—«Oh hermanos, poned fuerza en que no lleven el bergantin.»</p>
-
-<p>Y tomamos tanto esfuerzo, que luego le sacamos en salvo, puesto que,
-como he dicho, todos los marineros salieron heridos y dos soldados
-muertos.</p>
-
-<p>En aquella sazon vinieron á la calzada muchas capitanías de
-mejicanos, y nos herian ansí á los de á caballo y á todos nosotros,
-y aun al Sandoval le dieron una buena pedrada en la cara; y entónces
-Pedro de Albarado le socorrió con otros de á caballo, y como venian
-tantos escuadrones, é yo y otros soldados les haciamos cara, Sandoval
-nos mandó que poco á poco nos retrajésemos porque no les matasen los
-caballos; é porque no nos retraiamos de presto como quisiera, dijo:</p>
-
-<p>—«¿Quereis que por amor de vosotros me maten á mí y á todos aquestos
-caballeros? Por amor de Dios, hermanos, que os retrayais.»</p>
-
-<p>Y entónces le tornaron á herir á él y á su caballo; y en aquella
-sazon echamos á los amigos fuera de la calzada, y poco á poco, haciendo
-cara, y no vueltas las espaldas, como quien va haciendo represas, unos
-ballesteros y escopeteros tirando y otros armando y otros cebando sus
-escopetas, y no soltaban todos á la par; y los de á caballo que hacian
-algunas arremetidas, y el Pedro<span class="pagenum" id="Page_355">p.
-355</span> Moreno Medrano con sus tiros en armar y tirar; y por más
-mejicanos que llevaban las pelotas, no les podian apartar, sino que
-todavía nos iban siguiendo, con pensamiento que aquella noche nos
-habian de llevar á sacrificar.</p>
-
-<p>Pues ya que estábamos en salvo cerca de nuestros aposentos, pasada
-ya una grande obra donde habia mucha agua é muy honda, y no nos podian
-alcanzar las piedras ni varas ni flecha, y estando el Sandoval y el
-Francisco de Lugo y Andrés de Tapia con Pedro de Albarado, contando
-cada uno lo que le habia acaecido y lo que Cortés mandaba, tornó á
-sonar el atambor de Huichilóbos y otros muchos atabalejos, y caracoles
-y cornetas y otras como trompas, y todo el sonido dellas espantable
-y triste; y miramos arriba al alto cu, donde los tañian, y vimos
-que llevaban por fuerza á rempujones y bofetadas y palos á nuestros
-compañeros que habian tomado en la derrota que dieron á Cortés, que
-los llevaron por fuerza á sacrificar; y de que ya los tenian arriba
-en una placeta que se hacia en el adoratorio, donde estaban sus
-malditos ídolos, vimos que á muchos dellos les ponian plumajes en las
-cabezas, y con unos como aventadores les hacian bailar delante de
-Huichilóbos, y cuando habian bailado, luego les ponian de espaldas
-encima de unas piedras que tenian hechas para sacrificar, y con unos
-navajones de pedreñal les aserraban por los pechos y les sacaban
-los corazones bullendo, y se los ofrecian á sus ídolos que allí
-pre<span class="pagenum" id="Page_356">p. 356</span>sentes tenian, y
-á los cuerpos dábanles con los piés por las gradas abajo; y estaban
-aguardando otros indios carniceros, que les cortaban brazos y piernas,
-y las caras desollaban y las adobaban como cueros de guantes, y con
-sus barbas las guardaban para hacer fiestas con ellas cuando hacian
-borracheras, y se comian las carnes con chilmole; y desta manera
-sacrificaron á todos los demás, y les comieron piernas y brazos, y
-los corazones y sangre ofrecian á sus ídolos, como dicho tengo, y los
-cuerpos, que eran las barrigas, echaban á los tigres y leones y sierpes
-y culebras que tenian en la casa de las alimañas, como dicho tengo en
-el capítulo que dello habla, que atrás dello he platicado.</p>
-
-<p>Pues de aquellas crueldades vimos todos los de nuestro real y Pedro
-de Albarado y Gonzalo de Sandoval y todos los demás capitanes.</p>
-
-<p>Miren los curiosos lectores que esto leyeren, qué lástima terniamos
-dellos; y deciamos entre nosotros: «¡Oh gracias á Dios, que no me
-llevaron á mí hoy á sacrificar!» Y tambien tengan atencion que no
-estábamos léjos dellos y no les podiamos remediar, y ántes rogábamos á
-Dios que fuese servido de nos guardar de tan cruelísima muerte.</p>
-
-<p>Pues en aquel instante que hacian aquel sacrificio, vinieron sobre
-nosotros grandes escuadrones de guerreros, y nos daban por todas partes
-bien que hacer, que ni nos podiamos valer de una manera ni de otra
-contra ellos, y nos decian:</p>
-
-<p>—«Mirad que desta manera habeis de morir todos, que<span
-class="pagenum" id="Page_357">p. 357</span> nuestros dioses nos lo han
-prometido muchas veces.»</p>
-
-<p>Pues las palabras de amenazas que decian á nuestros amigos los
-tlascaltecas eran tan lastimosas y malas, que los hacian desmayar, y
-les echaban piernas de indios asadas y brazos de nuestros soldados y
-les decian:</p>
-
-<p>—«Comé de las carnes de estos teules y de vuestros hermanos, que ya
-bien hartos estamos dellos, y deso que nos sobra bien os podeis hartar;
-y mirad que las casas que habeis derrocado, que os hemos de traer para
-que las torneis á hacer muy mejores, y con piedras y lanzas y cal y
-canto, y pintadas; y por eso ayudad muy bien á estos teules, que á
-todos los vereis sacrificados.»</p>
-
-<p>Pues otra cosa mandó hacer Guatemuz, que, como hubo aquella vitoria
-de Cortés, envió á todos los pueblos nuestros confederados y amigos,
-y á sus parientes, piés y manos de nuestros soldados, y caras de
-soldados con sus barbas, y las cabezas de los caballos que mataron;
-y les envió á decir que éramos muertos más de la mitad de nosotros é
-que presto nos acabarian, é que dejasen nuestra amistad y se viniesen
-á Méjico, y que si luego no lo dejaban, que les enviaria á destruir;
-y les envió á decir otras muchas cosas para que se fuesen de nuestro
-real y nos dejasen, pues habiamos de ser presto muertos de su mano;
-y á la continua dándonos guerra, así de dia como de noche; y como
-velábamos todos los del real juntos, y Gonzalo de Sandoval y Pedro de
-Albarado y los demás capitanes haciéndonos com<span class="pagenum"
-id="Page_358">p. 358</span>pañía en la vela, aunque venian de noche
-grandes capitanías de guerreros, les resistiamos.</p>
-
-<p>Pues los de á caballo todo el dia y la noche estaba la mitad dellos
-en lo de Tacuba y la otra mitad en las calzadas.</p>
-
-<p>Pues otro mayor mal nos hicieron, que cuanto habiamos cegado desde
-que en la calzada entramos, todo lo tornaron á abrir, y hicieron
-albarradas muy más fuertes que de ántes.</p>
-
-<p>Pues los amigos de las ciudades de la laguna que nuevamente habian
-tomado nuestra amistad y nos vinieron á ayudar con las canoas, creyeron
-llevar lana y volvieron trasquilados, porque perdieron muchos las vidas
-y más de la mitad de las canoas que traian, y otros muchos volvieron
-heridos; y aun con todo esto, desde allí adelante no ayudaron á los
-mejicanos, porque estaban mal con ellos, salvo estarse á la mira.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar más en contar lástimas, y volvamos á decir el
-recaudo y manera que teniamos, y cómo Sandoval y Francisco de Lugo,
-y Andrés de Tapia y los demás caballeros que habian venido á nuestro
-real, les pareció que era bien volverse á sus puestos y dar relacion á
-Cortés cómo y de qué manera estábamos; y se fueron en posta, y dijeron
-á Cortés cómo Pedro de Albarado y todos sus soldados teniamos muy buen
-recaudo, así en el batallar como en el velar; y aun el Sandoval, como
-me tenia por amigo, dijo á Cortés cómo me halló á mí y á otros soldados
-batallando en el agua á más de la cinta defendiendo un bergan<span
-class="pagenum" id="Page_359">p. 359</span>tin que estaba zabordado en
-unas estacadas, é que si por nuestras personas no fuera, que mataran á
-todos los soldados y al capitan que dentro venia; é porque dijo de mi
-persona otras loas que yo aquí no tengo de decir, porque otras personas
-lo dijeron y se supo en todo el real, no quiero aquí recitallo; y
-cuando Cortés lo hubo bien entendido del buen recaudo que teniamos
-en nuestro real, con ello descansó su corazon, y desde allí adelante
-mandó á todos tres reales que no batallásemos poco ni mucho con los
-mejicanos; entiéndese que no curásemos de tomar ningun puente ni
-albarrada, salvo defender nuestros reales no nos los rompiesen; porque
-de batallar con ellos, no habia bien esclarecido el dia ántes, cuando
-estaban sobre nuestro real tirando muchas piedras con hondas, y varas y
-flecha, y diciéndonos muchos vituperios feos; y como teniamos junto á
-nuestro real una obra de agua, muy ancha y honda, estuvimos cuatro dias
-arreo que no la pasamos, y otro tanto se estuvo Cortés en el suyo, y
-Sandoval en el suyo; y esto de no salir á batallar y procurar de ganar
-las albarradas que habian tornado á abrir y hacer fuertes, era por causa
-que todos estábamos muy heridos y trabajados, así de velas como de las
-armas, y sin comer cosa de sustancia; y como faltaban del dia ántes
-sobre sesenta y tantos soldados de todos tres reales, y siete caballos,
-porque recibiéramos algun alivio y para tomar maduro consejo de lo que
-habiamos<span class="pagenum" id="Page_360">p. 360</span> de hacer
-de allí adelante, mandó Cortés que estuviésemos quedos, como dicho
-tengo.</p>
-
-<p>Y dejallo hé aquí, y diré cómo y de qué manera peleábamos, y todo lo
-que en nuestro real pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_153">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLIII.</h2>
- <p class="subh2c">DE LA MANERA QUE PELEÁBAMOS É SE NOS FUERON TODOS
- LOS AMIGOS Á&nbsp;SUS PUEBLOS.</p>
-</div>
-
-<p>La manera que teniamos en todos tres reales de pelear, es esta:
-que velábamos de noche todos los soldados juntos en las calzadas, y
-nuestros bergantines á nuestros lados, tambien en las calzadas, y
-los de á caballo rondando la mitad dellos en lo de Tacuba, adonde
-nos hacian pan y teniamos nuestro fardaje, y la otra mitad en las
-puentes y calzada, y muy de mañana aparejábamos los puños para pelear
-y batallar con los contrarios, que nos venian á entrar en nuestro
-real y procuraban de nos desbaratar; y otro tanto hacian en el real
-de Cortés y en el de Sandoval, y esto no fué sino cinco dias, porque
-luego tomamos otra órden, lo cual diré adelante; y digamos cómo los
-mejicanos hacian cada dia grandes sacrificios y fiestas en el cu
-mayor de Tatelulco, y tañian<span class="pagenum" id="Page_361">p.
-361</span> su maldito atambor y otras trompas y atabales y caracoles, y
-daban muchos gritos y alaridos, y tenian cada noche grandes luminarias
-de mucha leña encendida, y entónces sacrificaban de nuestros compañeros
-á sus malditos ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, y hablaban con ellos;
-y segun ellos decian, que en la mañana ó en aquella misma noche nos
-habian de matar.</p>
-
-<p>Parece ser que, como sus ídolos son perversos y malos, por
-engañarlos para que no viniesen de paz, les hacian en creyente que á
-todos nosotros nos habian de matar, y á los tlascaltecas y á todos los
-demás que fuesen en nuestra ayuda; y como nuestros amigos lo oian,
-teníanlo por muy cierto, porque nos vian desbaratados.</p>
-
-<p>Dejemos destas pláticas, que eran de sus malos ídolos, y digamos
-cómo en la mañana venian muchas capitanías juntas á nos cercar y dar
-guerra, y se remudaban de rato en rato, unos de unas divisas y señales,
-y venian otros de otras libreas; y entónces cuando estábamos peleando
-con ellos nos decian muchas palabras, diciéndonos de apocados y que no
-éramos buenos para cosa ninguna, ni para hacer casas ni maizales, y que
-no éramos sino para venilles á robar su ciudad, como gente mala que
-habiamos venido huyendo de nuestra tierra y de nuestro Rey y señor; y
-esto decian por lo que Narvaez les habia enviado á decir, que veniamos
-sin licencia de nuestro Rey, como dicho tengo; y nos decian que de allí
-á ocho dias no<span class="pagenum" id="Page_362">p. 362</span> habia
-de quedar ninguno de nosotros á vida porque así se lo habian prometido
-la noche ántes sus dioses; y desta manera nos decian otras cosas malas,
-y á la postre decian:</p>
-
-<p>—«Mirá cuán malos y bellacos sois, que aun vuestras carnes son malas
-para comer, que amargan como las hieles, que no las podemos tragar de
-amargor.»</p>
-
-<p>Y parece ser, como aquellos dias se habian hartado de nuestros
-soldados y compañeros, quiso Nuestro Señor que les amargasen las
-carnes.</p>
-
-<p>Pues á nuestros amigos los tlascaltecas, si muchos vituperios nos
-decian á nosotros, más les decian á ellos, é que les ternian por
-esclavos para sacrificar y hacer sus sementeras, y tornar á edificar
-las casas que les habiamos derrocado, é que las habian de hacer de cal
-y canto labradas, que su Huichilóbos se lo habia prometido; y diciendo
-esto, luego el bravoso pelear, y se venian por unas casas derrocadas,
-y con las muchas canoas que tenian nos tomaban las espaldas, y aun
-nos tenian algunas veces atajados en las calzadas; y nuestro Señor
-Jesucristo nos sustentaba cada dia, que nuestras fuerzas no bastaban;
-mas todavía les haciamos volver muchos dellos heridos, y muchos
-quedaban muertos.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar de los grandes combates que nos daban, y digamos
-cómo nuestros amigos los de Tlascala y de Cholula y Guaxocingo, y
-aun los de Tezcuco, acordaron de se ir á sus tierras, y sin lo saber
-Cortés ni Pedro de Albarado ni Sandoval, se fueron todos los<span
-class="pagenum" id="Page_363">p. 363</span> más; que no quedó en la
-real de Cortés sino este Suchel, que despues que se bautizó se llamó
-don Cárlos, y era hermano de don Fernando, señor de Tezcuco, y era muy
-esforzado hombre; y quedaron con él otros sus parientes y amigos, que
-serian hasta cuarenta; y en el real de Sandoval quedó otro cacique de
-Guaxocingo con obra de cincuenta hombres; y en nuestro real quedaron
-dos hijos de nuestro amigo D. Lorenzo de Vargas, y el esforzado
-de Chichimecatecle con obra de ochenta tlascaltecas, parientes y
-vasallos.</p>
-
-<p>Y como nos hallamos solos y con tan pocos amigos, recebimos pena; y
-Cortés y Sandoval y cada uno en su real preguntaban á los amigos que
-les quedaban que por qué se habian ido de aquella manera los demás
-sus hermanos, y decian que, como vian que los mejicanos hablaban de
-noche con sus ídolos é prometian que nos habian de matar á nosotros y
-á ellos, que creian que debia de ser verdad, y del miedo se iban; y
-que lo que le daba más crédito á ello era vernos á todos heridos y nos
-habian muerto á muchos de nosotros, é que dellos mismos faltaban más de
-mil y ducientos, y que temieron no matasen á todos; y tambien porque
-Xicotenga el mozo, que mandó ahorcar Cortés en Tezcuco, siempre les
-decia que sabia por sus adivinanzas que á todos nos habian de matar, é
-que no habia de quedar ninguno de nosotros á vista, y por esta causa se
-fueron.</p>
-
-<p>É puesto que Cortés en lo secreto sintió pesar dello, mas con<span
-class="pagenum" id="Page_364">p. 364</span> rostro alegre les dijo que
-no tuviesen miedo, é que lo que aquellos mejicanos les decian que era
-mentira y por desmayarlos; y tantas palabras de prometimientos les
-dijo, y con palabras amorosas los esforzó á estar con él, y otro tanto
-dijimos al Chichimecatecle y á los dos Xicotengas.</p>
-
-<p>Y en aquellas pláticas que en aquella sazon decia Cortés á este
-Suchel, que ya he dicho que se dijo D. Cárlos, como era de suyo señor y
-esforzado, dijo á Cortés:</p>
-
-<p>—«Sr. Malinche, no recibas pena por no batallar cada dia en tu
-real algunas veces, y otro tanto manda al Tonatio, que era Pedro de
-Albarado, que así lo llamaban, que se esté en el suyo, y Sandoval en
-Tepeaquilla, y con los bergantines anden cada dia á quitar y defender
-que no les entren bastimentos ni agua, porque están aquí dentro en
-esta gran ciudad tantos mil xiquipiles de guerreros, que por fuerza,
-siendo tantos, se les ha de acabar el bastimento que tienen, y el agua
-que ahora beben es medio salobre, que toman de unos hoyos que tienen
-hechos, y como llueve de dia y de noche, recogen el agua para beber y
-dello se sustentan: mas ¿qué pueden hacer si les quitas la comida y el
-agua, si no es más que guerra la que ternán con la hambre y sed?»</p>
-
-<p>Como Cortés aquello entendió, le echó los brazos encima y le dió
-gracias por ello, con prometimientos que le daria pueblos; y aqueste
-consejo lo habiamos puesto en plática muchos soldados á Cortés; mas
-somos de tal calidad, que<span class="pagenum" id="Page_365">p.
-365</span> no quisiéramos aguardar tanto tiempo, sino entralles luego
-la ciudad.</p>
-
-<p>Y cuando Cortés hubo bien considerado lo que nosotros tambien le
-habiamos dicho, y sus capitanes y soldados se lo decian, mandó á dos
-bergantines que fuesen á nuestro real y al de Sandoval á nos decir que
-estuviésemos otros tres dias sin les ir entrando en la ciudad; y como
-en aquella sazon los mejicanos estaban vitoriosos, no osábamos enviar
-un bergantin solo, y por esta causa envió dos; y una cosa nos ayudó
-mucho, y es que ya osaban nuestros bergantines romper las estacadas
-que los mejicanos les habian hecho en la laguna para que zabordasen;
-y es desta manera: que remaban con gran fuerza, y para que más furia
-trujesen tomaban de algo atrás, y si hacia algun viento, á todas velas,
-y con los remos muy mejor; y así, eran señores de la laguna y aun de
-muchas partes de las casas que estaban apartadas de la ciudad; y los
-mejicanos, como aquello vieron, se les quebró algo su braveza.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y volvamos á nuestras batallas; y es que, aunque no
-teniamos amigos, comenzamos á cegar y á tapar la gran abertura que
-he dicho otras veces que estaba junto á nuestro real; con la primera
-capitanía que venia la rueda de acarrear adobes y madera y cegar lo
-poniamos muy por la obra y con grandes trabajos, y las otras dos
-capitanías batallábamos.</p>
-
-<p>Ya he dicho otras veces que así lo teniamos concertado, y habia de
-andar por rue<span class="pagenum" id="Page_366">p. 366</span>da;
-y en cuatro dias que todos trabajamos en ella la teniamos cegada y
-allanada; y otro tanto hacia Cortés en su real con el mismo concierto,
-y aun él en persona llevaba adobes y madera hasta que quedaban seguras
-las puentes y calzadas y aberturas, por tenello seguro á retraer; y
-Sandoval ni más ni ménos en el suyo, y en nuestros bergantines junto á
-nosotros, sin temer estacadas; y desta manera les fuimos entrando poco
-á poco.</p>
-
-<p>Volvamos á los grandes escuadrones que á la continua nos daban
-guerra, que muy bravosos y vitoriosos se venian á juntar pié con pié
-con nosotros, y de cuando en cuando, como se mudaban unos escuadrones,
-venian otros.</p>
-
-<p>Pues digamos el ruido y alarido que traian, y en aquel instante
-el resonido de la corneta de Guatemuz, y entónces apechugaban de tal
-arte con nosotros, que no nos aprovechaban cuchilladas ni estocadas
-que les dábamos, y nos venian á echar mano; y como, despues de Dios,
-nuestro buen pelear nos habia de valer, teniamos muy reciamente contra
-ellos, hasta que con las escopetas y ballestas y arremetidas de los de
-á caballo, que estaban á la continua con nosotros la mitad de ellos, y
-con nuestros bergantines, que no temian ya las estacadas, les haciamos
-estar á raya, y poco á poco les fuimos entrando; y desta manera
-batallábamos hasta cerca de la noche, que era hora de retraer.</p>
-
-<p>Pues ya que nos retraiamos, ya he dicho otras veces que habia
-de ser con gran<span class="pagenum" id="Page_367">p. 367</span>
-concierto, porque entónces procuraban de nos atajar en la calzada
-y pasos malos; y si de ántes lo procuraban, en estos dias, con la
-vitoria que habian alcanzado, lo ponian muy por la obra; y digo que
-por tres partes nos tenian tomados en medio en este dia; mas quiso
-Nuestro Señor Dios que, puesto que hirieron muchos de nosotros, nos
-tornamos á juntar, y matamos y prendimos muchos contrarios; y como no
-teniamos amigos que echar fuera de las calzadas, y los de á caballo nos
-ayudaban valientemente, puesto que en aquella refriega y combate les
-hirieron dos caballos, y volvimos á nuestro real bien heridos, donde
-nos curamos con aceite y apretar nuestras heridas con mantas, y comer
-nuestras tortillas con ají y yerbas y tunas, y luego puestos todos en
-la vela.</p>
-
-<p>Digamos ahora lo que los mejicanos hacian de noche en sus grandes
-y altos cues, y es que tañian su maldito atambor, que dije otra vez
-que era el de más maldito sonido y más triste que se podia inventar, y
-sonaba muy léjos, y tañian otros peores instrumentos.</p>
-
-<p>En fin, cosas diabólicas, y tenian grandes lumbres y daban
-grandísimos gritos y silbos, y en aquel instante estaban sacrificando
-de nuestros compañeros de los que tomaron á Cortés, que supimos que
-sacrificaron diez dias arreo hasta que los acabaron, y el postrero
-dejaron á Cristóbal de Guzman, que vivo le tuvieron diez y ocho
-dias, segun dijeron tres capitanes mejicanos<span class="pagenum"
-id="Page_368">p. 368</span> que prendimos; y cuando les sacrificaban,
-entónces hablaba su Huichilóbos con ellos y les prometia vitoria é
-que habiamos de ser muertos á sus manos ántes de ocho dias, é que nos
-diesen buenas guerras aunque en ellas muriesen muchos; y desta manera
-les traian engañados.</p>
-
-<p>Dejemos ahora de sus sacrificios, y volvamos á decir que cuando otro
-dia amanecia ya estaban sobre nosotros todos los mayores poderes que
-Guatemuz podia juntar, y como teniamos cegada la abertura y calzada
-y puentes, ni sé ellos cómo la ponian en seco, tenian atrevimiento
-á venir hasta nuestros ranchos y tirar vara y piedra y flecha, si
-no fuera por los tiros con que siempre les haciamos apartar, porque
-Pedro Moreno Medrano, que tenia cargo dellos, les hacian mucho daño;
-y quiero decir que nos tiraban saetas de las nuestras con ballestas,
-cuando tenian vivos á cinco ballesteros, y al Cristóbal de Guzman con
-ellos, y les hacian que les armasen las ballestas y les mostrasen cómo
-habian de tirar, y ellos y los mejicanos tiraban aquellos tiros y no
-nos hacian mal; y tambien batallaba reciamente Cortés y Sandoval, y
-les tiraban saetas con ballestas; y esto sabíamoslo por Sandoval y
-los bergantines que iban de nuestro real al de Cortés y del de Cortés
-al nuestro y al de Sandoval, y siempre nos escribia de la manera que
-habiamos de batallar y todo lo que habiamos de hacer, y encomendándonos
-la vela, y que siempre estuviesen la mitad de los<span class="pagenum"
-id="Page_369">p. 369</span> de á caballo en Tacuba guardando el
-fardaje y las indias que nos hacian pan, y que parásemos mientes no
-rompiesen por nosotros una noche, porque unos prisioneros que en el
-real de Cortés se prendieron le dijeron que Guatemuz decia muchas veces
-que diesen en nuestro real de noche, pues no habia tlascaltecas que
-nos ayudasen; porque bien sabian que se nos habian ido ya todos los
-amigos.</p>
-
-<p>Ya he dicho otra vez que poniamos gran diligencia en velar.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos que cada dia teniamos muy recios rebatos,
-y no dejábamos de les ir ganando albarradas y puentes y aberturas de
-agua; y como nuestros bergantines osaban ir por do quiera de la laguna
-y no temian á las estacadas, ayudábannos muy bien.</p>
-
-<p>Y digamos cómo siempre andaban dos bergantines de los que
-tenia Cortés en su real á dar caza á las canoas que metian agua y
-bastimentos, y cogian en la laguna uno como medio lama, que despues de
-seco tenia un sabor como de queso, y traia en los bergantines muchos
-indios presos.</p>
-
-<p>Tornemos al real de Cortés y de Gonzalo de Sandoval, que cada dia
-iban conquistando y ganando albarradas y puentes; y en aquestos trances
-y batallas se habian pasado, cuando en el desbarate de Cortés, doce
-ó trece dias; y como este Suchel, hermano de don Hernando, señor de
-Tezcuco, vió que volviamos muy de hecho en nosotros, y no era verdad lo
-que los mejicanos decian, que dentro de diez dias nos habian de matar,
-por<span class="pagenum" id="Page_370">p. 370</span>que así se lo
-habia prometido su Huichilóbos, envió á decir á su hermano don Hernando
-que luego enviase á Cortés todo el poder de guerreros que pudiese sacar
-de Tezcuco, y vinieron dentro en dos dias que él se lo envió á decir
-más de dos mil hombres.</p>
-
-<p>Acuérdome que vinieron con ellos Pedro Sanchez Farfan y Antonio de
-Villarroel, marido que fué de la Ojeda, porque aquestos dos soldados
-habia dejado Cortés en aquella ciudad, y el Pedro Sanchez Farfan era
-capitan y el Antonio Villarroel era ayo de don Fernando; y cuando
-Cortés vido tan buen socorro se holgó mucho y les dijo palabras
-halagüeñas, y asimismo en aquella sazon volvieron muchos tlascaltecas
-con sus capitanes, y venia por capitan dellos un cacique de Topeyanco
-que se decia Tecapanaca, y tambien vinieron otros muchos indios de
-Guaxocingo y pocos de Cholula; y como Cortés supo que habian vuelto,
-mandó que todos fuesen á su real para les hablar, y primero que
-viniesen les mandó poner guardas en el camino para defendellos, por si
-saliesen mejicanos; y cuando parecieron delante, Cortés les hizo un
-parlamento con doña Marina y Jerónimo de Aguilar, y les dijo que bien
-habian creido y tenido por cierto la buena voluntad que siempre les
-ha tenido y tiene, así por haber servido á su majestad como por las
-buenas obras que dellos hemos recebido, y que si les mandó desde que
-venimos á aquella ciudad venir con nosotros á<span class="pagenum"
-id="Page_371">p. 371</span> destruir á los mejicanos, que su intento
-fué porque se aprovechasen y volviesen ricos á sus tierras y se
-vengasen de sus enemigos; que no para que por su sola mano hubiésemos
-de ganar aquella gran ciudad; y puesto que siempre les ha hallado
-buenos y en todo nos han ayudado, que bien habrán visto que cada dia
-les mandábamos salir de las calzadas, porque nosotros estuviésemos
-más desembarazados sin ellos para pelear, é que ya les habian dicho y
-amonestado otras veces que el que nos da vitoria y en todo nos ayuda
-es nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos; y porque se
-fueron al mejor tiempo de la guerra eran dignos de muerte, por dejar
-sus capitanes peleando y desamparallos, é que porque ellos no saben
-nuestras leyes y ordenanzas, que es de perdonar; é que porque mejor lo
-entiendan, que mirasen que estando sin ellos íbamos derrocando casas y
-ganando albarradas; é que desde allí adelante les mandaba que no maten
-á ningunos mejicanos, porque les quiere tomar de paz.</p>
-
-<p>Y despues que les hubo dicho este razonamiento, abrazó á
-Chichimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y á este Suchel hermano
-de D. Hernando, y les prometió que les daria tierras y vasallos más
-de los que tenian, teniéndoles en mucho á los que quedaron en nuestro
-real; y asimismo habló muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco, y
-á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que estaban en el real de
-Sandoval.</p>
-
-<p>Y como les hubo<span class="pagenum" id="Page_372">p. 372</span>
-platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á su real.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y volvamos á nuestras grandes guerras y combates
-que siempre teniamos y nos daban, y porque siempre de dia y de noche
-no haciamos sino batallar, y á las tardes al retraer siempre herian á
-muchos de nuestros soldados, dejaré de contar muy por extenso lo que
-pasaba; y quiero decir, como en aquellos dias llovia en las tardes,
-que nos holgábamos que viniese el aguacero temprano, porque, como se
-mojaban los contrarios, no peleaban tan bravosamente y nos dejaban
-retraer en salvo, y desta manera teniamos descanso.</p>
-
-<p>Y porque ya estoy harto de escribir batallas, y más cansado y herido
-estaba de me hallar en ellas, y á los letores les parecerá prolijidad
-recitallas tantas veces, ya he dicho que no puede ser ménos, porque en
-noventa y tres dias siempre batallábamos á la continua; mas desde aquí
-adelante, si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la memoria en
-esta relacion.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestro cuento: y como en todos tres reales les íbamos
-entrando en su ciudad, Cortés por la suya, y Sandoval tambien por su
-parte, y Pedro de Albarado por la nuestra, llegamos adonde tenian la
-fuente, que ya he dicho otra vez que bebian agua salobre; la cual
-quebramos y deshicimos porque no se aprovechasen della, y estaban
-guardándola algunos mejicanos, y tuvimos buena refriega de vara y
-piedra y flecha, y muchas lanzas largas con que aguardaban á<span
-class="pagenum" id="Page_373">p. 373</span> los de á caballo, porque
-por todas partes de las calles que les habiamos ganado andaban ya,
-porque ya estaba llano y sin agua y podian correr muy gentilmente.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo Cortés envió á Guatemuz
-mensajeros rogándole con la paz, y fué de la manera que diré
-adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_154">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLIV.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á GUATEMUZ Á ROGALLE QUE TENGAMOS
- PAZ.</p>
-</div>
-
-<p>Despues que Cortés vió que íbamos en la ciudad ganando muchas
-puentes y calzadas y albarradas y derrocando casas, como teniamos
-presos tres principales personas que eran capitanes de Méjico, les
-mandó que fuesen á hablar á Guatemuz para que tuviesen paces con
-nosotros; y los principales dijeron que no osaban ir con tal mensaje,
-porque su señor Guatemuz les mandaria matar.</p>
-
-<p>En fin de pláticas, tanto se lo rogó Cortés y con promesas que les
-hizo y mantas que les dió, que fueron, y lo que les mandó que dijesen
-al Guatemuz es, que porque lo quiere bien, por ser deudo tan cercano
-del gran Montezuma, su amigo, y casado con su hi<span class="pagenum"
-id="Page_374">p. 374</span>ja, y porque ha mancilla que aquella gran
-ciudad no se acabe de destruir, y por excusar la gran matanza que
-cada dia haciamos en sus vecinos y forasteros, que le ruega que venga
-de paz, y en nombre de su majestad les perdonará todas las muertes
-y daños que nos han hecho, y les hará muchas mercedes; é que tenga
-consideracion que se lo ha enviado á decir tres ó cuatro veces, é que
-él por ser mancebo ó por sus consejeros, y la principal causa por sus
-malditos ídolos ó papas, que le aconsejan mal, no ha querido venir,
-sino darnos guerra; é pues que ya ha visto tantas muertes como en
-las batallas que nos dan les han sucedido, y que tenemos de nuestra
-parte todas las ciudades y pueblos de toda aquella comarca, y cada
-dia nuevamente vienen más contra ellos, que se compadezca de tal
-perdimiento de sus vasallos y ciudad.</p>
-
-<p>Tambien les envió á decir que se les habian acabado los
-mantenimientos, é que ya Cortés lo sabia, é que tambien agua no la
-tenian; y les envió á decir otras palabras bien dichas, que los tres
-principales las entendieron muy bien por nuestras lenguas, y demandaron
-á Cortés una carta, y esta no porque la entendian, sino porque sabian
-claramente que cuando enviábamos alguna mensajería ó cosas que les
-mandábamos, era un papel de aquellos que llaman amales, señal como
-mandamiento.</p>
-
-<p>Y cuando los tres mensajeros parecieron ante su señor Guatemuz, con
-grandes lágrimas y sollozando le<span class="pagenum" id="Page_375">p.
-375</span> dijeron lo que Cortés les mandó; y el Guatemuz desque lo
-oyó, y sus capitanes que juntamente con él estaban, pareció ser que al
-principio recibió pasion de que fuesen atrevidos aquellos capitanes
-de illes con tales embajadas; mas, como el Guatemuz era mancebo y muy
-gentil hombre, y de buena disposicion y rostro alegre, y aun la color
-tenia algo más que tiraba á blanco que á matiz de indios, que era de
-obra de veinte y tres años y era casado con una muy hermosa mujer,
-hija del gran Montezuma, su tio; y segun despues alcanzamos á saber,
-tenia voluntad de hacer paces, y para platicallo mandó juntar todos
-sus capitanes y principales y papas de los ídolos, y les dijo que
-tenia voluntad de no tener guerra con Malinche ni todos nosotros; y la
-plática que sobre ello les puso fué, que ya habian probado todo lo que
-se puede hacer sobre la guerra y mudado muchas maneras de pelear, y que
-somos de tal manera, que cuando pensaban que nos tenian vencidos, que
-entónces volviamos muy más reciamente sobre ellos; y que al presente
-sabia los grandes poderes de amigos que nuevamente nos habian venido,
-y que todas las ciudades eran contra ellos, y que ya los bergantines
-les habian rompido sus estacadas, y que los caballos corrian á rienda
-suelta por las calles de su ciudad; y les puso por delante otras
-muchas desventuras que tenian sobre los mantenimientos y agua; que
-les rogaba y mandaba que cada uno dellos diese<span class="pagenum"
-id="Page_376">p. 376</span> sobre ello su parecer, y los papas tambien
-dijesen el suyo y lo que á sus dioses Huichilóbos y Tezcatepuca les han
-oido hablar, y que ninguno tuviese temor de hablar y decir la verdad de
-lo que sentia.</p>
-
-<p>Y segun pareció, le dijeron:</p>
-
-<p>—«Señor y nuestro gran señor, ya tenemos á tí por nuestro rey y
-señor, y es muy bien empleado en tí el reinado, pues en todas tus cosas
-te has mostrado varon y te viene de derecho el reino. Las paces que
-dices, buenas son; mas mira y piensa en ello, que cuando estos teules
-entraron en estas tierras y en esta ciudad, cuál nos ha ido de mal en
-peor; mirad los servicios y dádivas que les hizo y dió nuestro señor,
-vuestro tio, el gran Montezuma, en qué paró.</p>
-
-<p>»Pues vuestro primo Cacamatzin, rey de Tezcuco, por el consiguiente.
-Pues vuestros parientes los señores de Iztapalapa é Cuyoacoan y Tacuba
-y de Talatcingo, ¿qué se hicieron? Pues los hijos de nuestro gran señor
-Montezuma todos murieron. Pues oro y riquezas desta ciudad, todo se ha
-consumido. Pues ya ves que á todos tus súbditos y vasallos de Tepeaca
-y Chalco, y aun de Tezcuco, y aun de todas estas vuestras ciudades y
-pueblos, les ha hecho esclavos y señalando las caras.</p>
-
-<p>»Mira primero lo que nuestros dioses te han prometido: toma buen
-consejo sobre ello, y no te fies de Malinche ni de sus palabras; que
-más vale que todos muramos en esta ciudad peleando, que no vernos en
-poder de quien nos harian esclavos y nos atormentarán.»</p>
-
-<p>Y los pa<span class="pagenum" id="Page_377">p. 377</span>pas en
-aquel tiempo le dijeron que sus dioses les habian prometido vitoria
-tres noches arreo cuando les sacrificaban; y entónces el Guatemuz,
-medio enojado, les dijo:</p>
-
-<p>—«Pues así quereis que sea, guardad mucho el maíz y bastimentos que
-tenemos, y muramos todos peleando; y desde aquí adelante ninguno sea
-osado á me demandar paces, si no, yo le mataré.»</p>
-
-<p>Y allí todos prometieron de pelear noches y dias y morir en la
-defensa de su ciudad.</p>
-
-<p>Pues ya esto acabado, tuvieron trato con los de Suchimileco y otros
-pueblos que les metiesen agua en canoas de noche, y abrieron otras
-fuentes en partes que tenian agua, aunque salobre.</p>
-
-<p>Dejemos ya de hablar en este su concierto, y digamos de Cortés
-y de todos nosotros, que estuvimos dos dias sin entralles en su
-ciudad esperando la respuesta, y cuando no nos catamos, vienen tantos
-escuadrones de guerreros mejicanos en todos tres reales y nos dan tan
-recia guerra, que como leones muy bravosos venian á encontrar con
-nosotros, que en todo su seso creyeron de llevarnos de vencida.</p>
-
-<p>Esto que digo fué por nuestra parte del real de Pedro de Albarado,
-que en lo de Cortés y Sandoval tambien dijeron que les habian llegado
-á sus reales, que no les podian defender, aunque más les mataban y
-herian; y cuando peleaban tocaban la corneta de Guatemuz, y entónces
-habiamos de tener órden que no nos desbaratasen, porque ya he dicho
-otras veces que entónces se metian por las es<span class="pagenum"
-id="Page_378">p. 378</span>padas y lanzas para nos echar mano; é como
-ya estábamos acostumbrados á los rencuentros, puesto que cada dia
-herian y mataban de nosotros, teniamos con ellos pié con pié, y desta
-manera pelearon seis ó siete dias arreo, y nosotros les matábamos
-y heriamos muchos dellos, y con todo esto no se les daba nada por
-morir.</p>
-
-<p>Acuérdome que decian:</p>
-
-<p>—«¿En qué se anda Malinche con nosotros, cada dia demandándonos
-paces? Que nuestros ídolos nos han prometido vitoria, y tenemos hartos
-bastimentos y agua, y á ninguno de vosotros hemos de dejar á vida; por
-eso no tornen á hablar sobre las paces, pues las palabras son para las
-mujeres y las armas para los hombres.»</p>
-
-<p>Y diciendo esto, se vienen á nosotros como perros dañados, y
-hablando y peleando todo era uno, y hasta que la noche nos despartia
-estábamos peleando, y luego, como dicho tengo, al retraer con gran
-concierto, porque nos venian siguiendo con grandes capitanías y
-escuadrones dellos, y estábamos á los amigos fuera de la calzada,
-porque ya habian venido muchos más que de ántes, y nos volviamos
-á nuestras chozas, y luego ir y velar todos juntos, y en la vela
-cenábamos nuestra mala ventura, como dicho tengo otras veces, y
-bien de madrugada alto á pelear, porque no nos daban más espacio; y
-desta manera estuvimos muchos dias; y estando desta manera tuvimos
-otro combate, y es que se juntaban de tres provincias, que se dicen
-Matala<span class="pagenum" id="Page_379">p. 379</span>cingo y
-Malinalco, y otros pueblos que no se me acuerda de sus nombres, que
-estaban obra de ocho leguas de Méjico, para venir sobre nosotros,
-y miéntras estuviésemos batallando con los mejicanos darnos en las
-espaldas y en nuestros reales, y que entónces saldrian los poderes
-mejicanos, y los unos por una parte y los otros por otra, tenian
-pensamientos de nos desbaratar; y porque hubo otras pláticas, lo que
-sobre ello se hizo, diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_155">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLV.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO FUÉ GONZALO DE SANDOVAL CONTRA LAS PROVINCIAS
- QUE VENIAN Á AYUDAR Á GUATEMUZ.</p>
-</div>
-
-<p>Y para que esto se entienda bien, es menester volver algo atrás
-á decir desde que á Cortés desbarataron y se llevaron á sacrificar
-sesenta y tantos soldados, y aun bien puedo decir sesenta y dos, porque
-tantos fueron despues, que bien se contaron.</p>
-
-<p>Y tambien he dicho que Guatemuz envió las cabezas de los caballos
-y caras que habian desollado, y piés y manos de nuestros soldados que
-habian sacrificado, á muchos pueblos y á Matalacingo y Malinalco, y
-les envió á hacer saber que ya habia muerto la mitad de nuestras<span
-class="pagenum" id="Page_380">p. 380</span> gentes, y que les rogaba
-que para que nos acabasen de matar, que le viniesen á ayudar, é que
-darian guerra en nuestros reales de dia y de noche, y que por fuerza
-habiamos de pelear con ellos por defenderse; é que cuando estuviésemos
-peleando, saldrian ellos de Méjico y nos darian guerra por otra parte,
-de manera que nos vencerian, y tenian que sacrificar muchos de nosotros
-á sus ídolos, y harian hartazga con nuestros cuerpos.</p>
-
-<p>De tal manera se lo envió á decir, que lo creyeron y tuvieron
-por cierto; y demás desto, en Matalacingo tenia el Guatemuz muchos
-parientes por parte de la madre, y como vieron las caras y cabezas que
-dicho tengo, y lo que les envió á decir, luego pusieron por la obra
-de se juntar con todos sus poderes que tenian, y de venir en socorro
-de Méjico y de su pariente Guatemuz, y venian ya de hecho contra
-nosotros, y por el camino por donde pasaron estaban tres pueblos, y les
-comenzaron á dar guerra y robaron las estancias, y robaron niños para
-sacrificar; los cuales pueblos enviaron á se lo hacer saber á Cortés
-para que les enviase ayuda y socorro; y como lo supo, de presto mandó
-á Andrés de Tapia, y con veinte de á caballo y cien soldados y muchos
-amigos les socorrió muy bien y les hizo retraer á sus pueblos, con
-mucho daño que les hizo, y se volvió al real; de que Cortés hubo mucho
-placer y contentamiento; y despues desto, en aquel instante vinieron
-mensajeros de los pueblos de Cuernabaca á deman<span class="pagenum"
-id="Page_381">p. 381</span>dar socorro, que los mismos de Matalacingo,
-de Malinalco y otras provincias venian sobre ellos, é que enviase
-socorro; y para ello envió á Gonzalo de Sandoval con veinte de á
-caballo y ochenta soldados, los más sanos que habia en todos tres
-reales, y muchos amigos; y sabe Dios cuáles quedábamos con gran riesgo
-de nuestras personas, porque todos los más estábamos heridos muy
-malamente y no teniamos refrigerio ninguno.</p>
-
-<p>Y porque hay mucho que decir en lo que Sandoval hizo en el desbarate
-de los contrarios, se dejará de decir, más de que se vino muy de presto
-por socorrer á su real, y trajo dos principales de Matalacingo consigo,
-y les dejó más de paz que de guerra; y fué muy provechosa aquella
-entrada que hizo, lo uno por evitar que á muchos amigos no se les
-hiciese ni recibiesen más daño, y lo otro porque no viniesen á nuestros
-reales, como venian de hecho, y porque viese Guatemuz y sus capitanes
-que no tenian ya ayuda ni favor de aquellas provincias; y tambien
-cuando con ellos estábamos peleando nos decian que nos habian de matar
-con ayuda de Matalacingo y de otras provincias, é que sus dioses se lo
-habian prometido así.</p>
-
-<p>Dejemos ya de decir de la ida y socorro que hizo Sandoval, y
-volvamos á decir de cómo Cortés envió á rogar á Guatemuz que viniese
-de paz é que le perdonaria todo lo pasado; y le envió á decir que el
-Rey nuestro señor le envió á decir ahora nuevamen<span class="pagenum"
-id="Page_382">p. 382</span>te que no le destruyese más aquella ciudad y
-tierras, y que por esta causa los cinco dias pasados no le habia dado
-guerra ni entrado batallando; y que mire que ya no tienen bastimentos
-ni agua, y más de las dos partes de su ciudad por el suelo, é que de
-los socorros que esperaba de Matalacingo, que se informe de aquellos
-dos principales que entónces les envió é digan cómo les ha ido en su
-venida; y le envió á decir otras cosas de muchos ofrecimientos, que
-fueron con estos mensajeros los dos indios de Matalacingo, y le dijeron
-lo que habia pasado; y no les quiso responder cosa ninguna, sino
-solamente les mandó que se volviesen á sus pueblos, y luego les mandó
-salir de Méjico.</p>
-
-<p>Dejemos á los mensajeros, que luego salieron, y los mejicanos por
-tres partes con la mayor furia que hasta allí habiamos visto, y se
-vienen á nosotros, y en todos tres reales nos dieron muy recia guerra;
-y puesto que les heriamos y matábamos muchos dellos, paréceme que
-deseaban morir peleando, y entónces cuando más recios andaban con
-nosotros pié con pié peleando, nos decian:</p>
-
-<p>—«Tenitoz Rey Castilla, Tenitoz Ajaca;» que quiere decir en su
-lengua: «¿Qué dirá el Rey de Castilla? ¿Qué dirá ahora?»</p>
-
-<p>Y con estas palabras tirar vara y piedra y flecha, que cubrian el
-suelo y calzada.</p>
-
-<p>Dejemos esto, que ya les íbamos ganando gran parte de la ciudad,
-y en ellos sentiamos que, puesto que peleaban muy como varones, no
-se remudaban<span class="pagenum" id="Page_383">p. 383</span> ya
-tantos escuadrones como solian, ni abrian zanjas ni calzadas; mas otra
-cosa tenian muy cierta, que al tiempo que nos retraiamos nos venian
-siguiendo hasta nos echar mano; y tambien se nos habia acabado ya
-la pólvora en todos tres reales, y en aquel instante habia venido á
-la Villa-Rica un navío que era de una armada de un licenciado Lúcas
-Vazquez de Aillon, que se perdió y desbarató en las islas de la
-Florida, y el navío aportó á aquel puerto, como dicho tengo, y venian
-en él ciertos soldados y pólvora y ballestas y otras cosas; y el
-teniente que estaba en la Villa-Rica, que se decia Rodrigo Rangel, que
-tenia en guarda á Narvaez, envió luego á Cortés pólvora y ballestas y
-soldados.</p>
-
-<p>Y volvamos á nuestra conquista, por abreviar: que mandó y acordó
-Cortés con todos los demás capitanes y soldados que les entrásemos todo
-cuanto pudiésemos hasta llegalles al Tatelulco, que es la plaza mayor,
-adonde estaban sus altos cues y adoratorios; y Cortés por su parte y
-Sandoval por la suya, y nosotros por la nuestra, les íbamos ganando
-puentes y albarradas, y Cortés les entró hasta una plazuela donde
-tenian otros adoratorios.</p>
-
-<p>En aquellos cues estaban unas vigas, y en ellas muchas cabezas de
-nuestros soldados que habian muerto y desbaratado en las batallas
-pasadas, y tenian los cabellos y barbas muy crecidas, más que cuando
-eran vivos, y no lo habia yo creido si no lo viera desde tres dias, que
-como fuimos ganando por nuestra<span class="pagenum" id="Page_384">p.
-384</span> parte dos aberturas y puentes, tuvimos lugar de las ver, é
-yo conocia tres soldados mis compañeros; y cuando las vimos de aquella
-manera se nos saltaron las lágrimas de los ojos; y en aquella sazon se
-quedaron allí donde estaban, más desde á doce dias se quitaron, y las
-pusimos aquellas y otras cabezas que tenian ofrecidas á otros ídolos,
-y las enterramos en una iglesia que se dice ahora los Mártires, que
-nosotros hicimos.</p>
-
-<p>Dejemos desto y digamos cómo fuimos batallando por la parte de Pedro
-de Albarado y llegamos al Tatelulco, y habia tantos mejicanos en guarda
-de sus ídolos y altos cues, y tenian tantas albarradas, que estuvimos
-bien dos horas que no se lo pudimos tomar; y cómo podian ya correr
-caballos, puesto que les hirieron á los más; mas nos ayudaron muy bien
-y alancearon muchos mejicanos; y como habia tantos contrarios en tres
-partes, fuimos las tres capitanías á batallar con ellos; y á la una
-capitanía, que era de un Gutierre de Badajoz, mandó Pedro de Albarado
-que subiese en el alto cu de Huichilóbos, y peleó muy bien con los
-contrarios y muchos papas que en las casas de los adoratorios estaban,
-y de tal manera le daban guerra los contrarios, que le hacian venir las
-gradas abajo; y luego Pedro de Albarado nos mandó que le fuésemos á
-socorrer y dejásemos el combate en que estábamos; é yendo que íbamos,
-nos siguieron los escuadrones con quien peleábamos, y todavía les
-subiamos sus gradas arriba.</p>
-
-<p>Aquí habia bien<span class="pagenum" id="Page_385">p. 385</span>
-que decir en qué trabajo nos vimos los unos y los otros en ganalles
-aquellas fortalezas, que ya he dicho otras veces que eran muy altas;
-y en aquellas batallas nos tornaron á herir á todos muy malamente, y
-todavía les pusimos fuego á los ídolos, y levantamos nuestras banderas,
-y estuvimos batallando en lo llano, despues de le haber puesto fuego,
-hasta la noche, que no nos podiamos valer de tanto guerrero.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en ello, y digamos que como Cortés y sus capitanes
-vieron en aquella sazon desde sus barrios y calles en sus partes léjos
-del alto cu, y las llamaradas en que el cu mayor ardia, y nuestras
-banderas encima, se holgó mucho, y se quisieran hallar en él; mas no
-podian, porque habian un cuarto de legua de la una parte á la otra, y
-tenian muchas puentes y aberturas de agua por ganar, y por donde andaba
-le daban recia guerra, y no podian entrar tan presto como quisieran en
-el cuerpo de la ciudad; mas dende á cuatro dias se juntó con nosotros,
-así Cortés como Sandoval, é podiamos ir desde un real á otro por las
-calles y casas derrocadas y puentes y albarradas deshechas y aberturas
-de agua todo ciego; y en este instante se iban retrayendo Guatemuz con
-todos sus guerreros en una parte de la ciudad dentro de la laguna,
-porque las casas y palacios en que vivia ya estaban por el suelo; y con
-todo esto, no dejaban cada dia de salir á nos dar guerra, y al tiempo
-de retraer nos iban siguien<span class="pagenum" id="Page_386">p.
-386</span>do muy mejor que de ántes; é viendo esto Cortés, que se
-pasaban muchos dias, y no venian de paz ni tal pensamiento tenian,
-acordó con todos nuestros capitanes que les echásemos celadas.</p>
-
-<p>Y fué desta manera: que de todos tres reales se juntaron hasta
-treinta de á caballo y cien soldados los más sueltos y guerreros que
-conocia Cortés, y envió á llamar de todos tres reales mil tlascaltecas,
-y nos metimos en unas casas grandes que habian sido de un señor de
-Méjico, y esto fué muy de mañana, y Cortés iba entrando con los
-demás de á caballo que le quedaban, y sus soldados y ballesteros y
-escopeteros por las calles y calzadas como solia; y ya llegaba Cortés
-á una abertura y puente de agua, y entónces estaban peleando con los
-escuadrones de mejicanos que para ello estaban aparejados, y muchos
-más que Guatemuz enviaba para guardar la puente; y como Cortés vió
-que habia gran número de contrarios, hizo que se retraia y mandaba
-echar los amigos fuera de la calzada, porque creyesen que de hecho
-se iban retrayendo; y le iban siguiendo al principio poco á poco, y
-cuando vieron que de hecho hacia que iba huyendo, van tras él todos
-los poderes que en aquella calzada le daban guerra; y como Cortés vió
-que habia pasado algo adelante de las casas á donde estaba la celada,
-tiraron dos tiros juntos, que era señal de cuándo habiamos de salir
-de la celada, y salen los de á caballo primero, y salimos todos los
-soldados y dimos en ellos<span class="pagenum" id="Page_387">p.
-387</span> á placer; pues luego volvió Cortés con los suyos y nuestros
-amigos los tlascaltecas, é hicieron gran matanza.</p>
-
-<p>Por manera que se hirieron y mataron muchos, y desde allí adelante
-no nos seguian al tiempo del retraer; y tambien en el real de Pedro de
-Albarado les echó una celada, mas no tan buena como esta; y en aquel
-dia no me hallé yo en nuestro real con Pedro de Albarado por causa que
-Cortés me mandó que para la celada quedase con él.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos cómo estábamos ya en el Tatelulco, y Cortés
-nos mandó que pasásemos todas las capitanías á estar con él, é que allí
-velásemos, por causa que veniamos más de media legua desde el real
-á batallar con los mejicanos; y estuvimos allí tres dias sin hacer
-cosa que de contar sea, porque nos mandó que no les entrásemos más en
-la ciudad ni les derrocásemos más casas, porque les queria tornar á
-requerir con las paces; y en aquellos dias que allí estuvimos en el
-Tatelulco envió Cortés á Guatemuz rogándole que se diese y no hubiese
-miedo, y con grandes ofrecimientos que le prometia que su persona
-seria muy acatada y honrada dél, y que mandaria á Méjico y á todas sus
-tierras y ciudades como solia; y les envió bastimentos y regalos, que
-eran tortillas y gallinas y cerezas y tunas y caza, é que no tenian
-otra cosa; y el Guatemuz entró en consejo con sus capitanes, y lo que
-le aconsejaron fué, que dijese que queria paz, é que aguardarian tres
-dias, é que al cabo de los tres<span class="pagenum" id="Page_388">p.
-388</span> dias se verian el Guatemuz y Cortés, y se darian los
-conciertos de las paces; y en aquellos tres dias tenian tiempo de
-aderezar puentes y abrir calzadas y adobar piedra y vara y flecha
-y hacer albarradas; y envió Guatemuz cuatro mejicanos principales
-con aquella respuesta; é creiamos que eran verdaderas las paces, y
-Cortés les mandó dar muy bien de comer y beber, y les tornó á enviar
-á Guatemuz, y con ellos les envió más refresco como de ántes; y
-el Guatemuz tornó á enviar á Cortés otros mensajeros, y con ellos
-dos mantas ricas, y dijeron que Guatemuz vernia para cuando estaba
-acordado; y por no gastar más razones sobre el caso, él nunca quiso
-venir, porque le aconsejaron que no creyese á Cortés, y poniéndole
-por delante el fin de su tio el gran Montezuma y sus parientes y la
-destruccion de todo el linaje noble de los mejicanos, é que dijese
-que estaba malo, é que saliesen todos de guerra, é que placeria á sus
-dioses, que les darian vitoria contra nosotros, pues tantas veces se la
-habia prometido.</p>
-
-<p>Pues como estábamos aguardando al Guatemuz y no venia, vimos luego
-la burla que de nosotros hacia; y en aquel instante salian tantos
-batallones de mejicanos con sus divisas, y dan á Cortés tanta guerra,
-que no se podia valer; y otro tanto fué por nuestra parte de nuestro
-real; pues en el de Sandoval lo mismo; y era de tal manera, que parecia
-que entónces comenzaban de nuevo á batallar; y como estábamos algo
-descuidados,<span class="pagenum" id="Page_389">p. 389</span> creyendo
-que estaban ya de paz, hirieron á muchos de nuestros soldados, y tres
-fueron heridos muy malamente, y el uno dellos murió, y mataron dos
-caballos y hirieron otros más; é ellos no se fueron mucho alabando,
-que muy bien lo pagaron; y como esto vido Cortés, mandó que luego
-les tornásemos á dar guerra y les entrásemos en su ciudad á la parte
-donde se habian recogido; y cómo vieron que les íbamos ganando toda
-la ciudad, envió Guatemuz á decir á Cortés que queria hablar con él
-desde una gran abertura de agua, y habia de ser Cortés de la una
-parte y el Guatemuz de la otra, y señalaron el tiempo para otro dia
-de mañana; y fué Cortés para hablar con él, y no quiso Guatemuz venir
-al puesto, sino envió á muchos principales, los cuales dijeron que su
-señor Guatemuz no osaba venir por temor que cuando estuviese hablando
-le tirarian escopetas y ballestas y le matarian; y entónces Cortés
-les prometió con juramento que no les enojaria en cosa ninguna, y no
-aprovechó, que no le creyeron.</p>
-
-<p>En aquella sazon dos principales de los que hablaban con Cortés
-sacaron de un fardalejo que traian tortillas é una pierna de gallina y
-cerezas, y sentáronse muy de espacio á comer, porque Cortés los viese
-y entendiese que no tenian hambre; y desde allí le envió á decir á
-Guatemuz, que pues no queria venir, que no le daba nada y que presto
-les entraria en todas sus casas, y veria si tenia<span class="pagenum"
-id="Page_390">p. 390</span> maíz, cuanto más gallinas; y desta manera
-se estuvieron otros cuatro ó cinco dias que no les dábamos guerra; y en
-este instante se salian de noche muchos pobres indios que no tenian qué
-comer, y se venian al real de Cortés y al nuestro, como aburridos de
-hambre; y cuando aquello vió Cortés, mandó que en bueno ni en malo no
-les diésemos guerra, é que quizá se les mudaria la voluntad para venir
-de paz, y no venian; y en el real de Cortés estaba un soldado que decia
-el mismo que él habia estado en Italia en compañía del Gran Capitan,
-y se halló en la chirinola de Garayana y en otras grandes batallas, y
-decia muchas cosas de ingenios de la guerra, é que haria un trabuco en
-el Tatelulco, con que en dos dias que con él tirase á la parte y casas
-de la ciudad adonde el Guatemuz se habia retraido, que las haria que
-luego se diesen de paz; y tantas cosas dijo á Cortés sobre ello, que
-luego puso en obra hacer el trabuco, y trajeron piedra, cal y madera
-de la manera que él la demandó, y carpinteros y clavazon, y todo lo
-perteneciente para hacer el trabuco, é hicieron dos hondas de recias
-sogas, y trujeron grandes piedras, y mayores que botijas de arroba; é
-ya que estaba armado el trabuco segun y de la manera que el soldado dió
-la órden, y dijo que estaba bueno para tirar, y pusieron en la honda
-una piedra hechiza, lo que con ella se hizo es, que no pasó adelante
-del trabuco, porque fué por alto y luego cayó allí donde estaba armado;
-y<span class="pagenum" id="Page_391">p. 391</span> desque aquello vió
-Cortés hubo mucho enojo del soldado que le dió la órden para que lo
-hiciese, y tenia pesar en sí mismo, porque él creido tenia que no era
-para en la guerra ni para en cosa de afrenta, y no era más de hablar,
-que se habia hallado de la manera que he dicho; y segun el mismo
-soldado decia, que se decia Fulano de Sotelo, natural de Sevilla, y
-luego Cortés mandó deshacer el trabuco.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos que como vió que el trabuco era cosa de
-burla, acordó que con todos doce bergantines fuese en ellos Gonzalo de
-Sandoval por capitan general y entrase en el rincon de la ciudad adonde
-se habia retraido Guatemuz, el cual estaba en parte que no podian
-entrar en sus palacios y casas sino por el agua, y luego Sandoval
-apercibió á todos los capitanes de los bergantines; y lo que hizo diré
-adelante cómo y de qué manera pasó.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_156">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLVI.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO SE PRENDIÓ GUATEMUZ.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como Cortés vido que el trabuco no aprovechó cosa ninguna,
-ántes hubo enojo con el soldado que le aconsejó que lo hiciese, y
-viendo que no queria paces ningunas Guatemuz<span class="pagenum"
-id="Page_392">p. 392</span> y sus capitanes, mandó á Gonzalo de
-Sandoval que entrase con los bergantines en el sitio y rincon de la
-ciudad adonde estaban retraidos el Guatemuz con toda la flor de sus
-capitanes y personas más nobles que en Méjico habia, y le mandó que
-no matase ni hiriese á ningunos indios, salvo si no le diesen guerra,
-é que aunque se la diesen, que solamente se defendiese, y no les
-hiciesen otro mal, y que les derrocase las casas y muchas barbacanas
-que habian hecho en la laguna; y Cortés se subió luego en el cu mayor
-del Tatelulco para ver cómo entraba Sandoval con los bergantines, y les
-fueron acompañando Pedro de Albarado y Luis Marin, y Francisco de Lugo
-y otros soldados.</p>
-
-<p>Y como el Sandoval entró con los bergantines en aquel paraje donde
-estaban las casas de Guatemuz, cuando se vió cercado el Guatemuz, tuvo
-temor no le prendiesen ó le matasen, y tenia aparejadas cincuenta
-grandes piraguas para si se viese en aprieto salvarse en ellas y
-meterse en unos carrizales, é ir desde allí á tierra, y esconderse en
-unos pueblos de sus amigos; y asimismo tenia mandado á los principales
-y gente de más cuenta que allí en aquel rincon tenia, y á sus
-capitanes, que hiciesen lo mismo; y como vieron que les entraban en
-las casas, se embarcan en las canoas, é ya tenian metida su hacienda
-de oro y joyas y toda su familia, y se mete en ellas, y tira la laguna
-adelante, acompañado de muchos capitanes y principales; y como en<span
-class="pagenum" id="Page_393">p. 393</span> aquel instante iba la
-laguna llena de canoas, y Sandoval luego tuvo noticia que Guatemuz
-con toda la gente principal se iba huyendo, mandó á los bergantines
-que dejasen de derrocar casas y siguiesen el alcance de las canoas,
-é que mirasen que tuviesen tino é ojo á qué parte iba el Guatemuz, y
-que no le ofendiesen ni le hiciesen enojo ninguno, sino que buenamente
-procurasen de le prender.</p>
-
-<p>Y como un Garci-Holguin, que era capitan de un bergantin, amigo
-de Sandoval, y era muy gran velero su bergantin, y llevaba buenos
-remeros, le mandó que siguiese hácia la parte que le habian dicho que
-iba el Guatemuz y sus principales y las grandes piraguas, y le mandó
-que si le alcanzase, que no le hiciese mal ninguno más de prendelle,
-y el Sandoval siguió por otra parte con otros bergantines que le
-acompañaban; é quiso Dios Nuestro Señor que el Garci-Holguin alcanzó
-á las canoas é grandes piraguas en que iba el Guatemuz, y en el arte
-dél y de los toldos é piragua, y aderezo dél y de la canoa, le conoció
-el Holguin y supo que era el grande señor de Méjico, y dijo por señas
-que aguardasen, y no querian, y él hizo como que les queria tirar con
-las escopetas y ballestas, y hubo el Guatemuz miedo de ver aquello, y
-dijo:</p>
-
-<p>—«No me tiren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tierra, y lo que
-te ruego es, que no me llegues á mi mujer ni á mis hijos, ni á ninguna
-mujer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo,<span class="pagenum"
-id="Page_394">p. 394</span> sino que me tomes á mí y me lleves á
-Malinche.»</p>
-
-<p>Y como el Holguin le oyó, se gozó en gran manera y le abrazó,
-y le metió en el bergantin con mucho acato, á él, á su mujer y á
-veinte principales que con él iban, y les hizo asentar en la popa en
-unos petates y mantas, y les dió de lo que traia para comer; y á las
-canoas en que iba su hacienda no les tocó en cosa ninguna, sino que
-juntamente las llevó con su bergantin; y en aquella sazon el Gonzalo
-de Sandoval se puso á una parte para ver los bergantines, y mandó
-que todos se recogiesen á él, y luego supo que Garci-Holguin habia
-prendido al Guatemuz, y que le llevaba á Cortés; y como el Sandoval
-lo supo, mandó á los remeros que llevaba en su bergantin que remasen
-á la mayor priesa que pudiesen, y cuando alcanzó á Holguin le dijo
-que le diese el prisionero, y el Holguin no se lo quiso dar, porque
-dijo que él lo habia prendido, y no el Sandoval; y el Sandoval dijo
-que así era verdad, y que él era general de los bergantines, y que el
-Holguin venia debajo de su dominio é mando, y que por ser su amigo
-se lo habia mandado, y tambien porque era su bergantin muy ligero,
-más que los otros; é mandó que le siguiesen y le prendiesen, y que
-al Sandoval, como á su general, le habia de dar el prisionero; y el
-Holguin todavía porfiaba que no queria; y en aquel instante fué otro
-bergantin á gran priesa á Cortés á demandalle albricias, que, como
-dicho tengo, estaba<span class="pagenum" id="Page_395">p. 395</span>
-muy cerca, en el Tatelulco, mirando desde el cu mayor cómo entraba el
-Sandoval; y entónces le contaron la diferencia que traia Sandoval con
-el Holguin sobre tomalle el prisionero; y cuando Cortés lo supo, luego
-despachó al capitan Luis Marin y á Francisco de Lugo para que luego
-hiciesen venir al Gonzalo de Sandoval y al Holguin, sin más debatir, é
-que trajese al Guatemuz, y á la mujer y familia con mucho acato, porque
-él determinaria cúyo era el prisionero y á quien se habia de dar la
-honra dello; y entre tanto que le fueron á llamar, hizo aderezar Cortés
-un estrado lo mejor que pudo con petates y mantas y otros asientos, y
-mucha comida de lo que Cortés tenia para sí, y luego vino el Sandoval
-y Holguin con el Guatemuz, y le llevaron ante Cortés; y cuando se vió
-delante dél le hizo mucho acato, y Cortés con alegría le abrazó, y le
-mostró mucho amor á él y á sus capitanes; y entónces el Guatemuz dijo á
-Cortés:</p>
-
-<p>—«Señor Malinche, ya yo he hecho lo que estaba obligado en defensa
-de mi ciudad y vasallos, y no puedo más; y pues vengo por fuerza y
-preso ante tu persona y poder, toma luego ese puñal que traes en la
-cinta y mátame luego con él.»</p>
-
-<p>Y esto cuando se lo decia lloraba muchas lágrimas con sollozos, y
-tambien lloraban otros grandes señores que consigo traia; y Cortés
-le respondió con doña Marina y Aguilar, nuestras lenguas, y dijo muy
-amorosamente que por haber sido tan valiente y haber vuelto y defendido
-su ciu<span class="pagenum" id="Page_396">p. 396</span>dad se le
-tenia en mucho y tenia en más á su persona, y que no es digno de culpa
-ninguna, é que ántes se lo ha de tener á bien que á mal; é que lo que
-Cortés quisiera, fué que, cuando iban de vencida, que porque no hubiera
-más destruicion ni muerte en sus mejicanos, que vinieran de paz y de su
-voluntad; é que pues ya es pasado lo uno y lo otro, y no hay remedio
-ni enmienda en ello, que descanse su corazon y de sus capitanes; é que
-mandará á Méjico y á sus provincias como de ántes lo solian hacer; y
-Guatemuz y sus capitanes dijeron que se lo tenian en merced; y Cortés
-preguntó por la mujer y por otras grandes señoras mujeres de otros
-capitanes, que le habian dicho que venian con Guatemuz; y el mismo
-Guatemuz respondió y dijo que habia rogado á Gonzalo de Sandoval y á
-Garci-Holguin que les dejase estar en las canoas en que estaban, hasta
-ver lo que el Malinche ordenaba; y luego Cortés envió por ellas, y les
-mandó dar de comer de lo que habia lo mejor que pudo en aquella sazon;
-y luego, porque era tarde y queria llover, mandó Cortés á Gonzalo de
-Sandoval que se fuese á Cuyoacoan, y llevase consigo á Guatemuz y á
-su mujer y familia y á los principales que con él estaban; y luego
-mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí que cada uno se fuese
-á sus estancias y reales, y luego nosotros nos fuimos á Tacuba, y
-Sandoval dejó á Guatemuz en poder de Cortés en Cuyoacoan, y se volvió á
-Tepeaquilla, que<span class="pagenum" id="Page_397">p. 397</span> era
-su puesto y real.</p>
-
-<p>Prendióse Guatemuz y sus capitanes en 13 de Agosto, á hora de
-vísperas, dia de señor San Hipólito, año de 1521, gracias á nuestro
-Señor Jesucristo y á nuestra Señora la Vírgen Santa María, su bendita
-Madre, amen.</p>
-
-<p>Llovió, y tronó y relampagueó aquella noche, y hasta media noche
-mucho más que otras veces.</p>
-
-<p>Y como se hubo preso Guatemuz, quedamos tan sordos todos los
-soldados, como si de ántes estuviera uno puesto encima de un campanario
-y tañesen muchas campanas, y en aquel instante que las tañian cesasen
-de las tañer; y esto digo al propósito, porque todos los noventa y tres
-dias que sobre esta ciudad estuvimos, de noche y de dia daban tantos
-gritos y voces é silbos, unos escuadrones mejicanos apercibiendo los
-escuadrones y guerreros que habian de batallar en la calzada, é otros
-llamando las canoas que habian de guerrear con los bergantines y con
-nosotros en los puentes, y otros apercibiendo á los que habian de
-hincar palizadas y abrir y ahondar las calzadas y aberturas y puentes,
-y en hacer albarradas, y otros en aderezar piedra y vara y flecha, y
-las mujeres en hacer piedra rolliza para tirar con las hondas; pues
-desde los adoratorios y casas malditas de aquellos malditos ídolos, los
-atambores y cornetas, y el atambor grande y otras bocinas dolorosas,
-que de continuo no dejaban de se tocar, y desta manera, de noche y
-de dia no dejábamos de tener gran ruido, y tal, que no nos oiamos
-los unos á los otros: y des<span class="pagenum" id="Page_398">p.
-398</span>pues de preso el Guatemuz cesaron las voces y el ruido, y por
-esta causa he dicho como si de ántes estuviéramos en campanario.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos cómo Guatemuz era de muy gentil
-disposicion, así de cuerpo como de faiciones, y la cara algo larga y
-alegre, y los ojos más parecian que cuando miraba que eran con gravedad
-y halagüeños, y no habia falta en ellos, y era de edad de veinte y tres
-ó veinte y cuatro años, y el color tiraba más á blanco que al color y
-matiz de esotros indios morenos, y decian que su mujer era sobrina de
-Montezuma, su tio, muy hermosa mujer y moza.</p>
-
-<p>Y ántes que más pasemos adelante, digamos en qué paró el pleito
-del Sandoval y del Garci-Holguin sobre la prision de Guatemuz; y es
-que, Cortés le dijo que los romanos tuvieron otra contienda de la
-misma manera que esta, entre Mario y Lucio Cornelio Sila, y esto fué
-cuando Sila trajo preso á Yugurta, que estaba con su suegro el Rey
-Ibócos; y cuando entraba en Roma triunfando de los hechos y hazañas
-heróicos, pareció ser que Sila metió en su triunfo á Yugurta con una
-cadena de hierro al pescuezo, y Mario dijo que no le habia de meter
-Sila, sino él; é ya que le metia, que habia de declarar que el Mario
-le dió aquella facultad y le envió por él para que en su nombre le
-llevase preso, y se le dió el Rey Ibócos; pues que el Mario era capitan
-general y debajo de su mano y bandera militaban, y el Sila, como era
-de los<span class="pagenum" id="Page_399">p. 399</span> patricios de
-Roma, tenia mucho favor; y como Mario era de una villa cerca de Roma,
-que se decia Arpino, y advenedizo, puesto que habia sido siete veces
-cónsul, no tuvo el favor que el Sila, y sobre ello hubo las guerras
-civiles entre Mario y el Sila, y nunca se determinó á quién se habia de
-dar la honra de la prision de Yugurta.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestro propósito, y es, que Cortés dijo que haria
-relacion dello á su majestad, y á quien fuese servido de hacer
-merced se le daria por armas, que de Castilla traerian sobre ello la
-determinacion; y desde á dos años vino mandado por su majestad que
-Cortés tuviese por armas en sus reposteros ciertos Reyes, que fueron
-Montezuma, gran señor de Méjico; Cacamatzin, señor de Tezcuco, y los
-señores de Iztapalapa y de Cuyoacoan y Tacuba, y otro gran señor que
-decian que era pariente muy cercano del gran Montezuma, á quien decian
-que de derecho le venia el reino y señorio de Méjico, que era señor de
-Matalacingo y de otras provincias; y á este Guatemuz, sobre que fué
-este pleito.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos de los cuerpos muertos y cabezas que
-estaban en aquellas casas adonde se habia retraido Guatemuz; y es
-verdad, y juro amen, que toda la laguna y casas y barbacoas estaban
-llenas de cuerpos y cabezas de hombres muertos, que yo no sé de qué
-manera lo escribia.</p>
-
-<p>Pues en las calles y en los mismos patios de Tatelulco no habia
-otras cosas, y no podiamos andar sino entre<span class="pagenum"
-id="Page_400">p. 400</span> cuerpos y cabezas de indios muertos.</p>
-
-<p>Yo he leido la destruicion de Jerusalen; mas si en ella hubo tanta
-mortandad como esta yo no lo sé; porque faltaron en esta ciudad gran
-multitud de indios guerreros, y de todas las provincias y pueblos
-sujetos á Méjico que allí se habian acogido, todos los más murieron;
-que, como he dicho, así el suelo y la laguna y barbacoas, todo estaba
-lleno de cuerpos muertos, y hedia tanto, que no habia hombre que
-sufrirlo pudiese; y á esta causa, así como se prendió Guatemuz, cada
-uno de los capitanes se fueron á sus reales, como dicho tengo, y
-aun Cortés estuvo malo del hedor que se le entró por las narices en
-aquellos dias que estuvo allí en el Tatelulco.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y pasemos adelante, y digamos cómo los soldados
-que andaban en los bergantines fueron los mejor librados é hubieron
-buen despojo, á causa que podian ir á ciertas casas que estaban en
-los barrios de la laguna, que sentian que habria oro, ropa y otras
-riquezas, y tambien lo iban á buscar á los carrizales, donde lo iban á
-esconder los indios mejicanos cuando les ganábamos algun barrio y casa;
-y tambien porque, so color que iban á dar caza á las canoas que metian
-bastimentos y agua, si topaban algunas en que iban algunos principales
-huyendo á tierra firme para se ir entre ellos, otomites, que estaban
-comarcanos, les despojaban de lo que llevaban.</p>
-
-<p>Quiero decir que nosotros los soldados que militábamos en<span
-class="pagenum" id="Page_401">p. 401</span> las calzadas y por tierra
-firme no podiamos haber provecho ninguno, sino muchos flechazos y
-lanzadas y heridas de vara y piedra, á causa que cuando íbamos ganando
-alguna casa ó casas, ya los moradores dellas habian salido y sacado
-toda la hacienda que tenian, y no podiamos ir por agua sin que primero
-cegásemos las aberturas y puentes; y á esta causa he dicho en el
-capítulo que dello habla, que cuando Cortés buscaba los marineros
-que habian de andar en los bergantines, que fueron mejor librados
-que no los que batallábamos por tierra; y así pareció claro, porque
-los capitanes mejicanos, y aun el Guatemuz, dijeron á Cortés, cuando
-les demanda el tesoro del gran Montezuma, que los que andaban en los
-bergantines habian robado mucha parte dello.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar más en esto hasta más adelante, y digamos que,
-como habia tanta hedentina en aquella ciudad, que Guatemuz le rogó á
-Cortés que diese licencia para que se saliese todo el poder de Méjico á
-aquellos pueblos comarcanos, y luego les mandó que así lo hiciesen.</p>
-
-<p>Digo que en tres dias con sus noches iban todas tres calzadas
-llenas de indios é indias y muchachos, llenos de bote en bote, que
-nunca dejaban de salir, y tan flacos y sucios é amarillos é hediondos,
-que era lástima de los ver; y despues que la hubieron desembarazado,
-envió Cortés á ver la ciudad, y estaban, como dicho tengo, todas las
-casas llenas de indios muertos, y aun algunos pobres mejicanos<span
-class="pagenum" id="Page_402">p. 402</span> entre ellos, que no podian
-salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad como echan los
-puercos muy flacos que no comen sino yerba; y hallóse toda la ciudad
-arada, y sacadas las raices de las yerbas que habian comido cocidas:
-hasta las cortezas de los árboles tambien las habian comido.</p>
-
-<p>De manera que agua dulce no les hallamos ninguna, sino salada.</p>
-
-<p>Tambien quiero decir que no comian las carnes de sus mejicanos, sino
-eran de los enemigos tlascaltecas y las nuestras que apañaban; y no se
-ha hallado generacion en el mundo que tanto sufriese la hambre y sed y
-contínuas guerras como esta.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en esto, y pasemos adelante: que mandó Cortés que
-todos los bergantines se juntasen en unas atarazanas que despues se
-hicieron.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestras pláticas: que despues que se ganó esta grande
-y populosa ciudad, y tan nombrada en el universo, despues de haber
-dado muchas gracias á Nuestro Señor y á su bendita Madre, ofreciendo
-ciertas promesas á Dios Nuestro Señor, Cortés mandó hacer un banquete
-en Cuyoacan, en señal de alegrías de la haber ganado, y para ello
-tenian ya mucho vino de un navío que habia venido al puerto de la
-Villa-Rica, y tenia puercos que le trujeron de Cuba; y para hacer la
-fiesta mandó convidar á todos los capitanes y soldados que le pareció
-que era bien tener cuenta con ellos en todos tres reales; y cuando
-fuimos al banquete no habia mesas puestas, ni aun asientos para
-la<span class="pagenum" id="Page_403">p. 403</span> tercia parte
-de los capitanes y soldados que fuimos, y hubo mucho desconcierto,
-y valiera más que no se hiciera, por muchas cosas no muy buenas que
-en él acaecieron, y tambien porque esta planta de Noé hizo á algunos
-hacer desatinos, y hombres hubo en él que, despues de haber comido,
-anduvieron sobre las mesas, que no acertaban á salir al patio; otros
-decian que habian de comprar caballos con sillas de oro, y ballesteros
-hubo que decian que todas las saetas que tuviesen en su aljaba que
-habian de ser de oro, de las partes que les habian de dar, y otros iban
-por las gradas rodando abajo.</p>
-
-<p>Pues ya que habian alzado las mesas, salieron á danzar las damas
-que habia, con los galanes cargados con sus armas, que era para reir,
-y fueron las damas pocas, que no habia otras en todos los reales ni
-en la Nueva-España; é dejo de nombrarlas por sus nombres é de referir
-cómo otro dia hubo sátira; porque quiero decir que, como hubo cosas
-tan malas en el convite y en los bailes, el buen fraile fray Bartolomé
-de Olmedo lo murmuraba, é le dijo á Sandoval lo mal que le parecia, é
-que bien dábamos gracias á Dios para que nos ayudase adelante; é el
-Sandoval tan presto le dijo á Cortés lo que fray Bartolomé murmuraba é
-gruñia, y el Cortés, que era discreto, le mandó llamar é le dijo:</p>
-
-<p>—«Padre, no excusaba solazar y alegrar los soldados con lo que
-vuestra reverencia ha visto é yo he hecho de mala gana; ahora resta que
-vuestra reveren<span class="pagenum" id="Page_404">p. 404</span>cia
-ordene una procesion, y que diga Misa é nos predique, y diga á los
-soldados que no roben las hijas de los indios, y que no hurten ni riñan
-pendencias é que hagan como católicos cristianos, para que Dios nos
-haga bien.»</p>
-
-<p>É fray Bartolomé se lo agradeció á Cortés; que no sabia lo que
-habia dicho Albarado, y pensaba que salia del buen Cortés, su amigo;
-y el fraile hizo una procesion, en que íbamos con nuestras banderas
-levantadas y algunas cruces á trechos, y cantando las letanías, y á la
-postre una imágen de nuestra Señora; y otro dia predicó fray Bartolomé,
-é comulgaron muchos en la Misa despues de Cortés y Albarado, é dimos
-gracias á Dios por la vitoria.</p>
-
-<p>Y dejemos de más hablar en esto, y quiero decir otras cosas que
-pasaron que se me olvidaba, y aunque no vengan ahora dichas sino algo
-atrás, sin propósito; y es, que nuestros amigos Chichimecatecle y los
-dos mancebos Xicotengas, hijos de D. Lorenzo de Vargas, que se solia
-llamar Xicotenga el viejo y ciego, guerrearon muy valientemente contra
-el poder de Méjico, y nos ayudaron muy esforzada y extremadamente de
-bien; y asimismo un hermano del señor de Tezcuco D. Hernando, que se
-decia Suchel, que despues se llamó don Cárlos; este hizo cosas de
-muy esforzado y valiente varon; y otro capitan natural de una ciudad
-de la laguna, que no se me acuerda su propio nombre, tambien hacia
-maravillas, y otros muchos capitanes de pueblos que nos ayuda<span
-class="pagenum" id="Page_405">p. 405</span>ban, todos guerreaban muy
-poderosamente; y Cortés les habló y les dió muchas gracias y loores
-porque nos habian ayudado, con muchas buenas palabras y promesas de
-que el tiempo andando les daria tierras y vasallos y les haria grandes
-señores, y les despidió; y como estaban ricos de ropa de algodon y
-oro, y otras muchas cosas ricas de despojos, se fueron alegres á sus
-tierras, y aun llevaron hartas cargas de tasajos cecinados de indios
-mejicanos, que repartieron entre sus parientes y amigos, y como cosas
-de sus enemigos, la comieron por fiestas.</p>
-
-<p>Agora, que estoy fuera de los recios combates y batallas de los
-mejicanos, que con nosotros, y nosotros con ellos teniamos de noche
-y de dia, por que doy muchas gracias á Dios, que dellas me libró,
-quiero contar una cosa muy temeraria que me acaeció, y es, que despues
-que vide abrir por los pechos y sacar los corazones y sacrificar á
-aquellos sesenta y dos soldados que dicho tengo que llevaron vivos
-de los de Cortés, ofrecelles los corazones á los ídolos, y esto que
-agora diré, les parece á algunas personas que es por falta de no tener
-muy grande ánimo; y si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo
-con que en aquellos dias habia de poner mi persona en lo más recio
-de las batallas, porque en aquella sazon presumia de buen soldado y
-era tenido en esta reputacion, y habia de hacer lo que más osados y
-atrevidos soldados suelen hacer, y en aquella sazon yo hacia delante
-de<span class="pagenum" id="Page_406">p. 406</span> mis capitanes; y
-como de cada dia via llevar á nuestros compañeros á sacrificar, y habia
-visto, como dicho tengo, que les aserraban por los pechos y sacalles
-los corazones bullendo, y cortalles piés y brazos, y se los comieron
-á los sesenta y dos que dicho tengo, temia yo que un dia que otro
-habian de hacer de mí lo mismo, porque ya me habian asido dos veces, y
-quiso Dios que me escapé; y acordóseme de aquellas muertes, y por esta
-causa desde entónces temí desta cruel muerte; y esto he dicho porque
-ántes de entrar en las batallas se me ponia por delante una como grima
-y tristeza grandísima en el corazon; y encomendándome á Dios y á su
-bendita Madre nuestra Señora, y entrar en las batallas, todo era uno,
-y luego se me quitaba aquel temor, y tambien quiero decir qué cosa
-tan nueva era agora tener yo aquel temor no acostumbrado, habiéndome
-hallado en muchos rencuentros muy peligrosos, ya habia de estar curtido
-el corazon y esfuerzo y ánimo en mi persona agora á la postre más
-arraigado que nunca; porque, si bien lo sé contar y traer á la memoria,
-desde que vine á descubrir con Francisco Fernandez de Córdoba y con
-Grijalva, y volví con Cortés, y me hallé en lo de la Punta de Cotoche y
-en lo de Lázaro, que por otro nombre se dice Campeche, y en Potonchan y
-en la Florida, segun que más largamente lo tengo escrito cuando vine á
-descubrir con Francisco Fernandez de Córdoba.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_407">p. 407</span> Dejemos desto, y
-volvamos á hablar en lo de Grijalva y en la misma de Potonchan, y con
-Cortés en lo de Tabasco y la de Cingapacinga, y en todas las guerras
-y rencuentros de Tlascala y en lo de Cholula, y cuando desbaratamos á
-Narvaez me señalaron para que les fuésemos á tomar la artillería, que
-eran diez y ocho tiros que tenian cebados y cargados con sus pelotas
-de piedra, los cuales les tomamos, y este trance fué de mucho peligro;
-y me hallé en el primer desbarate cuando los mejicanos nos echaron
-de Méjico, ó por mejor decir, salimos huyendo cuando nos mataron en
-obra de ocho dias ochocientos y cincuenta soldados; y me hallé en las
-entradas de Tepeaca y Cachula y sus rededores, y en otros rencuentros
-que tuvimos con los mejicanos cuando estábamos en Tezcuco sobre coger
-las mielpas de maíz, y en lo de Iztapalapa cuando nos quisieron anegar,
-y me hallé cuando subimos en los peñoles, y ahora los llaman las
-fuerzas ó fortaleza que ganó Cortés, y en lo de Suchimileco, é otros
-muchos rencuentros; y entré con Pedro de Albarado con los primeros á
-poner cerco á Méjico, y les quebramos el agua de Chalputepeque, y en
-la primera entrada que entramos en la calzada con el mismo Pedro de
-Albarado; y despues desto, cuando desbarataron por la misma nuestra
-parte y llevaron seis soldados vivos, y á mí me llevaban, é ya se hacia
-cuenta que eran siete conmigo, segun me llevaban engarrafado á sa<span
-class="pagenum" id="Page_408">p. 408</span>crificar; y me hallé en
-todas las demás batallas ya por mí memoradas, que cada dia y de noche
-teniamos, hasta que vi, como dicho tengo, las crueles muertes que
-dieron delante de mis ojos á aquellos sesenta y dos soldados nuestros
-compañeros; ya he dicho que agora que por mí habian pasado todas estas
-batallas y peligros de muerte, que no lo habia de temer como lo temia
-agora á la postre.</p>
-
-<p>Digan agora todos aquellos caballeros que desto del militar
-entienden, y se han hallado en trances peligrosos de muerte, á qué fin
-echarán mi temor, si es á mucha flaqueza de ánimo ó á mucho esfuerzo;
-porque, como he dicho, sentia yo en mi pensamiento que habia de poner
-por mi persona, batallando en parte que por fuerza habia de temer la
-muerte más que otras veces, y por esto me temblaba el corazon y temia
-la muerte; y todas aquestas batallas que aquí he dicho donde me he
-hallado, verán en mi relacion en qué tiempo y cómo y cuándo y dónde
-y de qué manera otras muchas entradas y rencuentros tuvo Cortés y
-muchos de nuestros capitanes, sin estos que aquí tengo dichos que no
-me hallé yo en ellos, porque eran de cada dia tantos, que aunque fuera
-de hierro mi cuerpo, no lo pudiera sufrir, en especial que siempre
-andaba herido y pocas veces estaba sano, y á esta causa no podia ir á
-todas las entradas; pues aun no han sido nada los trabajos y peligros y
-rencuentros de muerte que de mi persona he recontado, que despues que
-ganamos<span class="pagenum" id="Page_409">p. 409</span> esta fuerte
-y gran ciudad pasé otros muchos, como adelante verán cuando venga á
-coyuntura.</p>
-
-<p>Y dejemos ya, y diré y declararé por qué he dicho en todas estas
-guerras mejicanas cuando nos mataron nuestros compañeros, digo
-lleváronlos, y no digo matáronlos, y la causa es esta: porque los
-guerreros que con nosotros peleaban, aunque pudieran matar luego á
-los que llevaban vivos de nuestros soldados, no los mataban luego,
-sino dábanles heridas peligrosas porque no se defendiesen, y vivos los
-llevaban á sacrificar á sus ídolos, y aun primero les hacian bailar
-delante de Huichilóbos, que era su ídolo de la guerra; y esta es la
-causa porque he dicho los llevaron.</p>
-
-<p>Y dejemos esta materia, y digamos lo que Cortés hizo despues de
-ganado Méjico.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_157">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLVII.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO MANDÓ CORTÉS ADOBAR LOS CAÑOS DE
- CHALPUTEPEQUE, É OTRAS MUCHAS COSAS.</p>
-</div>
-
-<p>La primera cosa que mandó Cortés á Guatemuz fué que adobasen los
-caños del agua de Chalputepeque, segun y de la manera que solian
-estar ántes de la guerra, é que luego fuese<span class="pagenum"
-id="Page_410">p. 410</span> el agua por sus caños á entrar en aquella
-ciudad de Méjico; é que luego con mucha diligencia limpiasen todas las
-calles de Méjico de todas aquellas cabezas y cuerpos de muertos, que
-todas las enterrasen, para que quedasen limpias y sin que hubiese hedor
-ninguno en toda aquella ciudad; y que todas las calzadas y puentes
-que las tuviesen tan bien aderezadas como de ántes estaban, y que los
-palacios y casas que las hiciesen nuevamente, y que dentro de dos meses
-se volviesen á vivir en ellas; y luego les señaló Cortés en qué parte
-habian de poblar, y la parte que habian de dejar desembarazada para en
-que poblásemos nosotros.</p>
-
-<p>Dejémonos agora destos mandados y de otros que ya no me acuerdo,
-y digamos cómo el Guatemuz y todos sus capitanes dijeron á nuestro
-capitan Cortés que muchos capitanes y soldados que andaban en los
-bergantines, y de los que andábamos en las calzadas batallando, les
-habiamos tomado muchas hijas y mujeres de algunos principales; que le
-pedian por merced que se las hiciese volver; y Cortés les respondió
-que serian muy malas de las haber de poder de los compañeros que las
-tenian, y puso alguna dificultad en ello; pero que las buscasen y
-trajesen ante él, é que veria si eran cristianas ó si querian volver á
-casa de sus padres y de sus maridos, y que luego se las mandaria dar;
-y dióles licencia para que las buscasen en todos tres reales, é un
-mandamiento para que el soldado que las tuviese luego se las diese si
-las<span class="pagenum" id="Page_411">p. 411</span> indias se querian
-volver de buena voluntad con ellos; y andaban muchos principales en
-busca dellas de casa en casa, y eran tan solícitos, que las hallaron,
-y las más dellas no quisieron ir con sus padres ni madres ni maridos,
-sino estarse con los soldados con quien estaban, y otras se escondian,
-y otras decian que no querian volver á idolatrar, y aun algunas dellas
-estaban ya preñadas; y desta manera, no llevaron sino tres, que Cortés
-mandó expresamente que las diesen.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos que luego mandó hacer unas atarazanas y
-fortaleza en que estuviesen los bergantines, y nombró alcaide que
-estuviese en ellas, y paréceme que fué á Pedro de Albarado, hasta que
-vino de Castilla un Salazar que se decia de la Pedrada.</p>
-
-<p>Digamos de otra materia: cómo se recogió todo el oro y plata y joyas
-que se hubieron en Méjico, é fué muy poco, segun pareció, porque todo
-lo demás hubo fama que lo mandó echar Guatemuz en la laguna cuatro
-dias ántes que se prendiese; é que demás desto, que lo habian robado
-los tlascaltecas y los de Tezcuco y Guaxocingo y Cholula, y todos los
-demás de nuestros amigos que estaban en la guerra; y demás desto,
-que los que andaban en los bergantines robaron su parte; por manera
-que los oficiales del Rey decian y publicaban que Guatemuz lo tenia
-escondido, y Cortés holgaba dello de que no lo diese, por habello él
-todo para sí; é por estas causas acordaron de dar tormento á Guatemuz y
-al señor<span class="pagenum" id="Page_412">p. 412</span> de Tacuba,
-que era su primo y gran privado; y ciertamente le pesó mucho á Cortés,
-porque á un señor como Guatemuz, Rey de tal tierra, que es tres veces
-más que Castilla, le atormentasen por codicia del oro, que ya habian
-hecho pesquisas sobre ello, y todos los mayordomos de Guatemuz decian
-que no habia más de lo que los oficiales del Rey tenian en su poder,
-y eran hasta trecientos y ochenta mil pesos de oro, porque ya lo
-habian fundido y hecho barras; y de allí se sacó el real quinto, é
-otro quinto para Cortés; y como los conquistadores que no estaban bien
-con Cortés vieron tan poco oro, y al tesorero Julian de Alderete le
-decian algunos dellos que tenian sospecha que por quedarse Cortés con
-el oro no querian que prendiesen al Guatemuz ni le diesen tormento; y
-porque no le achacasen algo á Cortés, y no lo podia excusar, consintió
-que le diesen tormento á Guatemuz, como al señor de Tacuba; y lo que
-confesaron fué, que cuatro dias ántes que le prendiesen lo echaron
-en la laguna, ansí el oro como los tiros y escopetas y ballestas, y
-otras muchas cosas de guerra que de nosotros tenian de cuando nos
-echaron de Méjico y cuando desbarataron agora á la postre á Cortés; y
-fueron adonde Guatemuz habia señalado, y entraron buenos nadadores y
-no hallaron cosa ninguna; y lo que yo vi, que fuimos con el Guatemuz
-á las casas donde solia vivir, y estaba una como alberca grande de
-agua hon<span class="pagenum" id="Page_413">p. 413</span>da, y de
-aquella alberca sacamos un sol de oro como el que nos hubo dado el gran
-Montezuma, y muchas joyas y piezas de poco valor, que eran del mismo
-Guatemuz; y el señor de Tacuba dijo que él tenia en unas casas suyas
-grandes, que estaban de Tacuba obra de cuatro leguas, ciertas cosas de
-oro, é que le llevasen allá é que diria dónde estaba soterrado y lo
-daria; y fué Pedro de Albarado y seis soldados con él, é yo fuí en su
-compañía; y cuando llegamos dijo que por morirse en el camino habia
-dicho aquello, é que lo matasen, que no tenia oro ni joyas ningunas; y
-ansí nos volvimos sin ello, y ansí se quedó, que no hubimos más oro que
-fundir; verdad es que la recámara del Montezuma, que despues poseyó el
-Guatemuz, no se habia llegado á muchas joyas y piezas de oro, que todo
-ello tomó para que con ello sirviésemos á su majestad; y porque habia
-muchas joyas de diversas hechuras y primas labores, y si me parase á
-escribir cada cosa y hechura dello por sí, seria y es gran prolijidad,
-lo dejaré de decir en esta relacion; mas dijeron allí muchas personas,
-é yo digo de verdad, que valía dos veces más que la que habia sacado
-para repartir el real quinto de su majestad; todo lo cual enviamos al
-Emperador nuestro señor con Alonso de Ávila, que en aquel tiempo vino
-de la isla de Santo Domingo, y con Antonio de Quiñones; lo cual diré
-adelante cómo y dónde, en qué manera y cuándo fueron.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar dello y volvamos á<span class="pagenum"
-id="Page_414">p. 414</span> decir que en la laguna, donde decia
-Guatemuz que habia echado el oro, entré yo y otros soldados á
-zabullidas, y siempre sacábamos pecezuelos de poco precio, lo cual
-luego nos lo demandó Cortés y el tesorero Julian de Alderete; y ellos
-mismos fueron con nosotros adonde lo habiamos sacado, y llevaron
-consigo buenos nadadores, y sacaron obra de noventa ó cien pesos de
-sartalejos de cuentas y ánades y perrillos y pinjantes y collarejos y
-otras cosas de nonada, que ansí se puede decir, segun habia la fama en
-la laguna del oro que de ántes habia echado.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos cómo todos los capitanes y
-soldados estábamos algo pensativos de ver el poco oro que parecia y las
-partecillas que dello nos daban; y el padre fray Bartolomé de Olmedo,
-de la órden de la Merced, y Alonso de Ávila, que entónces habia vuelto
-de la isla de Santo Domingo de cuando le enviaron por procurador, y
-Pedro de Albarado y otros caballeros y capitanes, dijeron á Cortés que,
-pues que habia poco oro, que las partes que habian de caber á todos que
-las diesen y repartiesen á los que quedaron mancos y cojos y ciegos
-y tuertos y sordos, y á otros que se habian quemado con la pólvora,
-y á otros que estaban dolientes de dolor de costado, que á aquellos
-les diese todo el oro, y que para aquellos seria bien dárselo, é que
-todos los demás que estábamos sanos lo habriamos por bien; y si esto
-le dijeron á Cortés, fué sobre cosa pensada,<span class="pagenum"
-id="Page_415">p. 415</span> creyendo que nos daria más que las partes
-que nos venian, porque habia mucha sospecha que lo tenian escondido
-todo; y lo que respondió fué, que veria las partes que cabian, é que
-visto, en todo pondria remedio; y como todos los capitanes y soldados
-queriamos ver lo que nos cabia de parte, dábamos priesa para que
-se echase la cuenta y se declarase á qué tantos pesos saliamos; y
-despues que lo hubieran tanteado, dijeron que cabian los de á caballo
-á cien pesos, y á los ballesteros y escopeteros y rodeleros que no
-se me acuerda bien; y de que aquellas partes nos señalaron, ningun
-soldado lo quiso tomar; y entónces murmuramos de Cortés y del tesorero
-Alderete, y el tesorero por descargarse decia que no podia haber más,
-porque Cortés sacaba otro quinto del monton, como el de su majestad,
-para él, y se pagaba de muchas costas de los caballos que se habian
-muerto, y tambien dejaban de meter en el monton otras muchas piezas
-que habiamos de enviar á su majestad; y que riñésemos con Cortés, y
-no con él: y como en todos tres reales habia soldados que habian sido
-amigos y paniaguados del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, de los
-que habian pasado con Narvaez, que no estaban bien con Cortés, como
-vieron que no les daban las partes del oro que ellos quisieran, no lo
-quisieron recibir lo que les daban; y como Cortés estaba en Cuyoacan
-y posaba en unos grandes palacios que estaban blanqueados y encaladas
-las paredes,<span class="pagenum" id="Page_416">p. 416</span> donde
-buenamente se podia escribir con carbon y con otras tintas, amanecian
-cada mañana escritos motes, unos en prosa y otros en versos, algo
-maliciosos, á manera como masepasquines é libelos; y unos decian que
-el sol y la luna y el cielo y estrellas y la mar y la tierra tienen
-sus cursos, é que si algunas veces salen más de la inclinacion para
-que fueron criados más de sus medidas, que vuelven á su ser, y que
-ansí habia de ser la ambicion de Cortés en el mandar; y otros decian
-que más conquistados nos traian que la misma conquista que dimos á
-Méjico, y que no nos nombrásemos conquistadores de Nueva-España, sino
-conquistados de Hernando Cortés; y otros decian que no bastaba tomar
-buena parte del oro como general, sino tomar parte de quinto como Rey,
-sin otros aprovechamientos que tenia; y otros decian:</p>
-
-<p>—«¡Oh, qué triste está el alma mia hasta que la parte vea!»</p>
-
-<p>Otros decian que Diego Velazquez gastó su hacienda é descubrió
-toda la costa hasta Pánuco, y la vino Cortés á gozar; y decian otras
-cosas como estas y aun decian palabras que no son para decir en esta
-relacion.</p>
-
-<p>Y como Cortés salia cada mañana y lo leia, y como estaban unas
-chanzonetas en prosa y otras en metro, y por muy gentil estilo y
-consonancia cada mote y copla á lo que iba inclinada y á la fin que
-tiraba su dicho, y no como yo aquí lo digo; y como Cortés era algo
-poeta, y se preciaba de dar respuestas inclinadas<span class="pagenum"
-id="Page_417">p. 417</span> á loas de sus heróicos hechos, y
-deshaciendo los del Diego Velazquez y Grijalva y Narvaez, respondia
-tambien por buenos consonantes y muy á propósito en todo lo que
-escribia; y de cada dia iban más desvergonzados los metros, hasta que
-Cortés escribió:</p>
-
-<p>—«Pared blanca, papel de nécios.»</p>
-
-<p>Y amanecia más adelante:</p>
-
-<p>—«Y aun de sábios y verdades.»</p>
-
-<p>Y aun bien supo Cortés quién lo escribia, y fué un Fulano Tirado,
-amigo de Diego Velazquez, yerno que fué de Ramirez el viejo, que vivia
-en la Puebla, y un Villalóbos, que fué á Castilla, y otro que se decia
-Mansilla, y otros que ayudaban de buena para Cortés á los puntos que le
-tiraban; y de tal manera andaba la cosa, que fray Bartolomé de Olmedo
-le dijo á Cortés que no permitiese que aquello pasase adelante, sino
-que con cordura vedase que no escribiesen en la pared.</p>
-
-<p>Fué buen consejo, y mandó Cortés que no se atreviese ninguno á poner
-letreros ni perques de malicias; que castigaria á los desvergonzados
-que escribiesen con graves penas, y á fe que aprovechó.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos que, como habia muchas deudas entre
-nosotros, que debiamos de ballestas á cuarenta y á cincuenta pesos,
-y de una escopeta ciento, y de un caballo ochocientos, y mil, y á
-veces más, y una espada cincuenta, y desta manera eran tan caras las
-cosas que habiamos comprado; pues un cirujano que se llamaba maestre
-Juan, que curaba algunas malas heridas y se igualaba por la cura á
-excesivos pre<span class="pagenum" id="Page_418">p. 418</span>cios,
-y tambien un médico que se decia Murcia, que era boticario y barbero,
-tambien curaba; y otras treinta trampas y zarrabusterías que debiamos,
-demandaban que les pagásemos de las partes que nos daban; y el remedio
-que Cortés dió fué, que puso dos personas de buena conciencia, que
-sabian de mercaderías, que apreciasen qué podian valer las mercaderías
-y cosas de las que habiamos tomado fiado, y que lo apreciasen;
-llamábanse los apreciadores el uno Santa Clara, persona muy honrada,
-y el otro se decia fulano de Llerena; y se mandó que todo aquello que
-aquellos apreciadores dijesen que valía cada cosa de las que nos habian
-vendido, y las curas que nos habian hecho los cirujanos, que pasasen
-por ello; é que si no teniamos dineros, que aguardasen por ello tiempo
-de dos años.</p>
-
-<p>Otra cosa tambien se hizo: que todo el oro que se fundió echaron
-tres quilates más de lo que tenia de ley, porque ayudasen á las pagas,
-y tambien porque en aquel tiempo habian venido mercaderes y navíos á
-la Villa-Rica, y creyendo que en echarle los tres quilates más, que
-ayudasen á la tierra y á los conquistadores; y no nos ayudó en cosa
-ninguna, ántes fué en nuestro perjuicio; porque los mercaderes, porque
-aquellos tres quilates saliesen á la cabal de sus ganancias, cargaban
-en las mercaderías y cosas que vendian cinco quilates, y ansí anduvo el
-oro de tres quilates tepuzque, que quiere decir en la lengua de indios
-cobre; y an<span class="pagenum" id="Page_419">p. 419</span>sí agora
-tenemos aquel modo de hablar, que nombramos á algunas personas que son
-preeminentes y de merecimiento el señor don fulano de tal nombre, Juan
-ó Martin ó Alonso, y otras personas que no son de tanta calidad les
-decimos no más de su nombre, y por haber diferencia de los unos á los
-otros, decimos á fulano de tal nombre tepuzque.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra plática: que viendo que no era justo que el oro
-anduviese de aquella manera, se envió á hacer saber á su majestad para
-que se quitase y no anduviese en la Nueva-España; y su majestad fué
-servido de mandar que no anduviese más, é que todo lo que se le hubiese
-de pagar en almojarifazgo y penas de cámara que se le pagase de aquel
-oro malo hasta que se acabase y no hubiese memoria dello, y desta
-manera se llevó todo á Castilla.</p>
-
-<p>Y quiero decir que en aquella sazon que esto pasó ahorcaron dos
-plateros que falseaban las marcas y las echaban cobre puro.</p>
-
-<p>Mucho me he detenido en contar cosas viejas y salir fuera de mi
-relacion.</p>
-
-<p>Volvamos á ella, y diré que, como Cortés vió que muchos soldados se
-le desvergonzaban y le pedian más partes, y le decian que se lo tomaba
-todo para sí, y le pedian prestados dineros, acordó de quitar de sobre
-sí aquel dominio y de enviar á poblar á todas las provincias que le
-pareció que convenia que se poblasen.</p>
-
-<p>Á Gonzalo de Sandoval mandó que fuese á poblar á Tutepeque, é
-que castigase unas guarniciones mejicanas que mataron cuan<span
-class="pagenum" id="Page_420">p. 420</span>do salimos de Méjico sesenta
-personas, y entre ellas seis mujeres de Castilla que allí habian
-quedado de los de Narvaez; é que poblase á Medellin, é que pasase á
-Guacacualco é que poblase aquel puerto, y tambien mandó que fuese á
-conquistar la provincia de Pánuco; y á Rodrigo Rangel que se estuviese
-en la Villa-Rica, y en su compañía Pedro de Ircio; y á Juan Velazquez
-Chico mandó que fuese á Colima, y á un Villa-Fuerte á Zacatula, y
-Cristóbal de Olí que fuese á Mechoacan; ya en este tiempo se habia
-casado Cristóbal de Olí con una señora portuguesa, que se decia doña
-Filipa de Araujo; y envió á Francisco de Orozco á poblar á Guaxaca,
-porque en aquellos dias que habiamos ganado á Méjico, como lo supieron
-en todas estas provincias que he nombrado que Méjico estaba destruida,
-no lo podian creer los caciques y señores dellas, como estaban léjos,
-y enviaban principales á dar á Cortés el parabien de las vitorias, y á
-darse y ofrecerse por vasallos de su majestad, y á ver cosa tan temida
-como dellos fué Méjico si era verdad que estaba por el suelo; y todos
-traian grandes presentes de oro, que daban á Cortés, y aun traian
-consigo á sus hijos pequeños, y les mostraban á Méjico, y como solemos
-decir:</p>
-
-<p>—«Aquí fué Troya;» y se lo declaraban.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos una plática que es bien que se declare;
-porque me dicen muchos curiosos letores que ¿qué es la causa que los
-verdaderos conquistadores que ganamos la Nueva<span class="pagenum"
-id="Page_421">p. 421</span>-España y la grande y fuerte ciudad de
-Méjico, por qué no nos quedamos en ella á poblar y nos veniamos á
-otras provincias? Tienen razon de lo preguntar; quiero decir la causa
-por qué, y es esto que diré.</p>
-
-<p>En los libros de la renta de Montezuma mirábamos de qué partes le
-traian el oro, y dónde habia minas y cacao y ropa de mantas; y de
-aquellas partes que veiamos en los libros que traian los tributos del
-oro para el gran Montezuma, queriamos ir allá, en especial viendo
-que salia de Méjico un capitan principal y amigo de Cortés, como era
-Sandoval; y tambien como viamos que en todos los pueblos de la redonda
-de Méjico no tenian minas de oro ni algodon ni cacao, sino mucho maíz
-y maqueyales, de donde sacaban el vino, y á esta causa la teniamos por
-tierra pobre, y nos fuimos á otras provincias á poblar, y en todas
-fuimos muy engañados.</p>
-
-<p>Acuérdome que fuí á hablar á Cortés que me diese licencia para que
-fuese con Sandoval, y me dijo:</p>
-
-<p>—«En mi conciencia, hermano Bernal Diaz del Castillo, que vivís
-engañado; que yo quisiera que quedárades aquí conmigo; mas si es
-vuestra voluntad ir con vuestro amigo Gonzalo de Sandoval, id en buena
-hora, é yo tendré siempre cuidado de lo que se os ofreciere, más bien
-sé que os arrepentireis por me dejar.»</p>
-
-<p>Volvamos á decir de las partes del oro, que todo se quedó en poder
-de los oficiales del Rey, por las esclavas que habiamos sacado en las
-almonedas.</p>
-
-<p>No quiero poner aquí por<span class="pagenum" id="Page_422">p.
-422</span> memoria qué tantos de á caballo ni ballesteros ni
-escopeteros ni soldados, ni en cuantos dias de tal mes despachó Cortés
-á los capitanes para que fuesen á poblar las provincias por mí arriba
-dichas, porque seria larga relacion; basta que digo pocos dias despues
-de ganado Méjico é preso Guatemuz, é de ahí á otros dos meses envió
-otro capitan á otras provincias.</p>
-
-<p>Dejemos ahora de hablar de Cortés, y diré que en aquel instante
-vino al puerto de la Villa-Rica, con dos navíos, un Cristóbal de
-Tapia, veedor de las fundaciones que se hacian en Santo Domingo, y
-otros decian que era alcaide de aquella fortaleza que está en la
-isla de Santo Domingo, y traia provisiones y cartas misivas de don
-Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é se nombraba arzobispo
-de Rosano, para que le diésemos la gobernacion de la Nueva-España al
-Tapia; é lo que sobre ello pasó diré adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_158">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLVIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO LLEGÓ AL PUERTO DE LA VILLA-RICA UN CRISTÓBAL
- DE TAPIA QUE VENIA PARA SER GOBERNADOR.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como Cortés hubo despachado los capitanes y soldados por mí ya
-dichos á pacificar y poblar provincias, en aquella sazon vino un<span
-class="pagenum" id="Page_423">p. 423</span> Cristóbal de Tapia, veedor
-de la isla de Santo Domingo, con provisiones de su majestad, guiadas
-y encaminadas por D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos y
-Arzobispo de Rosano, porque ansí se llamaba, para que le admitiesen á
-la gobernacion de la Nueva-España; y demás de las provisiones, traia
-muchas cartas misivas del mismo Obispo para Cortés y para otros muchos
-conquistadores y capitanes de los que habian venido con Narvaez, para
-que favoreciesen al Cristóbal de Tapia; y demás de las cartas que traia
-cerradas y selladas del Obispo, traia otras en blanco para que el Tapia
-en la Nueva-España pusiese todo lo que quisiese y le pareciese, y en
-todas ellas traia grandes prometimientos que nos haria muchas mercedes
-si dábamos la gobernacion al Tapia, y por otra parte muchas amenazas, y
-decia que su majestad nos enviaria á castigar.</p>
-
-<p>Dejemos desto, que Tapia presentó sus provisiones en la Villa-Rica
-de la Veracruz delante de Gonzalo de Albarado, hermano de Pedro de
-Albarado, que estaba en aquella sazon por teniente de Cortés, porque
-un Rodrigo Rangel, que solia estar allí por alcalde mayor, no sé qué
-desatinos habia hecho cuando allí estaba, y le quitó Cortés el cargo;
-y presentadas las provisiones, el Gonzalo de Albarado las obedeció y
-puso sobre su cabeza como provisiones y mando de su rey y señor; é que
-en cuanto al cumplimiento, que se juntarian los alcaldes y regidores
-de aquella villa é<span class="pagenum" id="Page_424">p. 424</span>
-que platicarian y verian cómo y de qué manera eran ganadas y habidas
-aquellas provisiones, é que todos juntos las obedecian, porque él
-solo era una persona, y tambien porque querian ver si su majestad era
-sabidor que tales provisiones enviasen; y esta respuesta no le cuadró
-bien al Tapia, y aconsejáronle que se fuese luego á Méjico, adonde
-estaban Cortés con todos los capitanes y soldados, y que allá las
-obedecerian; y demás de presentar las provisiones, como dicho tengo,
-escribió á Cortés de la manera que venia por gobernador; y como Cortés
-era muy avisado, si muy buenas cartas le escribió el Tapia, y vió las
-ofertas y ofrecimientos del Obispo de Búrgos, y por otra parte las
-amenazas; si muy buenas palabras y muy llenas de cumplimientos él le
-escribió, otras muy mejores y más halagüeñas y blandosamente y amorosas
-y llenas de cumplimientos le escribió Cortés en respuesta; y luego
-Cortés rogó y mandó á ciertos de nuestros capitanes que se fuesen á
-ver con el Tapia, los cuales fueron Pedro de Albarado y Gonzalo de
-Sandoval y Diego de Soto el de Toro y un Valdenebro y el capitan Andrés
-de Tapia, á los cuales envió á llamar por la posta que dejasen de
-poblar por entónces las provincias en que estaban, é que fuesen á la
-Villa-Rica, donde estaba el Cristóbal de Tapia, y con ellos mandó que
-fuese un fraile que se decia fray Pedro Melgarejo de Urraca.</p>
-
-<p>Ya que el Tapia iba camino de Méjico á<span class="pagenum"
-id="Page_425">p. 425</span> se ver con Cortés, encontró con nuestros
-capitanes y con el fraile por mí nombrados, y con palabras y
-ofrecimientos que le hicieron, volvió del camino para un pueblo que
-se decia Cempoal, y allí le demandaron que mostrase otra vez las
-provisiones, y que verian cómo y de qué manera lo mandaba su majestad,
-y si venia en ellas su real firma ó era sabidor dello, é que los pechos
-por tierra las obedecerian en nombre de Hernando Cortés y de toda la
-Nueva-España, porque traian poder para ello; y el Tapia les tornó á
-notificar y mostrar las provisiones; y todos aquellos capitanes á
-una las obedecieron y pusieron sobre sus cabezas como provisiones de
-nuestro rey y señor, é que en cuanto al cumplimiento, que suplicaban
-dellas para ante el Emperador nuestro señor; y dijeron que no era
-sabidor dellas ni de cosa ninguna, é que el Cristóbal de Tapia no
-era suficiente para ser gobernador, é que el Obispo de Búrgos era
-contra todos los conquistadores que serviamos á su majestad, y andaba
-ordenando aquellas cosas sin dar verdadera relacion á su majestad, y
-por favorecer al Diego Velazquez, y al Tapia por casar con uno dellos
-á una doña Fulana de Fonseca, sobrina del mismo Obispo; y luego que
-el Tapia vió que no aprovechaban palabras ni provisiones ni cartas de
-ofertas ni otros cumplimientos, adoleció de enojo; y aquellos nuestros
-capitanes le escribian á Cortés todo lo que pasaba, y le avisaron
-que<span class="pagenum" id="Page_426">p. 426</span> enviase tejuelos
-de oro y barras, é que con ellos amansaria la furia de Tapia; lo cual
-el oro vino por la posta, y le compraron unos negros y tres caballos
-y el un navío, y se volvió á embarcar en el otro navío y se fué á la
-isla de Santo Domingo, de donde habia salido; é cuando allá llegó,
-la audiencia real que en ella residia y los frailes jerónimos que
-estaban por gobernadores notaron muy bien su vuelta de aquella manera,
-y se enojaron con él porque ántes que saliese de la isla para ir á la
-Nueva-España le habian mandado expresamente que en aquella sazon no
-curase de venir, porque seria causa de quebrar el hilo y conquistas de
-Méjico, y no les quiso obedecer; ántes, con favor del Obispo de Búrgos,
-D. Juan Rodriguez de Fonseca, se resolvió; que no osaban hacer otra
-cosa los oidores sino lo que el Obispo de Búrgos mandaba, porque era
-presidente de Indias, porque su majestad estaba en aquella sazon en
-Flandes, que no habia venido á Castilla.</p>
-
-<p>Dejemos esto del Tapia, y digamos cómo luego envió Cortés á Pedro de
-Albarado á poblar á Tustepeque, que era tierra rica de oro.</p>
-
-<p>Y para que bien lo entiendan los que no saben los nombres destos
-pueblos, uno es Tutepeque, adonde fué Gonzalo de Sandoval, y otro es
-Tustepeque, adonde en esta sazon va Pedro de Albarado; y esto declaro
-porque no me culpen que digo que dos capitanes fueron á poblar una
-provincia de un nombre, y son dos provincias; y tambien habia<span
-class="pagenum" id="Page_427">p. 427</span> enviado á poblar el rio
-de Pánuco, porque Cortés tuvo noticia que un Francisco de Garay hacia
-grande armada para venirla á poblar; porque, segun pareció, se lo
-habia dado su majestad al Garay por gobernacion y conquista, segun más
-largamente lo he dicho y declarado en los capítulos pasados cuando
-hablaba de todos los navíos que envió adelante Garay, que desbarataron
-los indios de la misma provincia de Pánuco, é hízolo Cortés porque si
-viniese el Garay la hallase por Cortés poblada.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y digamos cómo Cortés envió otra vez á Rodrigo Rangel
-por teniente de Villa-Rica, y quitó al Gonzalo de Albarado, y le mandó
-que luego le enviase á Pánfilo de Narvaez donde estaba poblando Cortés
-en Cuyoacan, que aún no habia entrado á poblar á Méjico hasta que se
-edificasen todas las casas y palacio adonde habia de vivir; y envió por
-el Pánfilo de Narvaez porque, segun le dijeron, que cuando el Cristóbal
-de Tapia llegó á la Villa-Rica con las provisiones que dicho tengo, el
-Narvaez habló con él y en pocas palabras le dijo:</p>
-
-<p>—«Señor Tapia, paréceme que tan buen recaudo traeis y tal le
-llevaréis como yo; mirad en lo que yo he parado trayendo tan buena
-armada, y mirad por vuestra persona, no os maten, y no os cureis de
-perder tiempo; que la ventura de Cortés é sus soldados no es acabada;
-entended en que os dén algun oro por esas cosas que traeis, é idos
-á Castilla ante su majestad, que allá no faltará quien os<span
-class="pagenum" id="Page_428">p. 428</span> ayude, y diréis lo que
-pasa, en especial teniendo, como teneis, al señor Obispo de Búrgos; y
-esto es mejor consejo.»</p>
-
-<p>Dejémonos desta plática y diré cómo Narvaez fué su camino á Méjico,
-y vió aquellas grandes ciudades y poblaciones; y cuando llegó á Tezcuco
-se admiró, y cuando vió á Cuyoacan, mucho más, y desque vió la gran
-laguna y ciudades que en ella están pobladas, y despues la gran ciudad
-de Méjico, y como Cortés supo que venia, le mandó hacer mucha honra;
-y llegado ante él, se hincó de rodillas y le fué á besar las manos,
-y Cortés no lo consintió y le hizo levantar, y le abrazó y le mostró
-mucho amor, y le hizo asentar cabe sí, y entónces el Narvaez le habló y
-le dijo:</p>
-
-<p>—«Señor capitan, agora digo de verdad que la menor cosa que hizo
-vuestra merced y sus valerosos soldados en esta Nueva-España fué
-desbaratarme á mí y prenderme, y aunque trajera mayor poder del que
-traje, pues he visto tantas ciudades y tierras que ha domado y sujetado
-al servicio de Dios nuestro Señor y del Emperador Cárlos V; y puédese
-vuestra merced alabar y tener en tanta estima, que yo ansí lo digo, y
-dirán todos los capitanes muy nombrados que el dia de hoy son vivos,
-que en el universo se puede anteponer á los muy afamados é ilustres
-varones que ha habido; y otra tan fuerte ciudad como Méjico no la
-hay; y vuestra merced y sus muy esforzados soldados son dignos que su
-majestad les haga muy crecidas mercedes.»</p>
-
-<p>Y le dijo otras<span class="pagenum" id="Page_429">p. 429</span>
-muchas alabanzas; y Cortés le respondió que nosotros no éramos
-bastantes para hacer lo que estaba hecho, sino la gran misericordia
-de Dios nuestro Señor, que siempre nos ayudaba, y la buena ventura de
-nuestro gran César.</p>
-
-<p>Dejémonos desta plática y de las ofertas que hizo Narvaez á Cortés
-que le seria servidor, y diré cómo en aquella sazon se pasó Cortés á
-poblar la insigne y gran ciudad de Méjico, y repartió solares para las
-iglesias y monasterios y casas reales y plazas, y á todos los vecinos
-les dió solares; y por no gastar más tiempo en escribir segun y de la
-manera que agora está poblada, que, segun dicen muchas personas que se
-han hallado en muchas partes de la cristiandad, otra más populosa y
-mayor ciudad y de mejores casas y muy bien pobladas no se ha visto.</p>
-
-<p>Pues estando dando la órden que dicho tengo, al mejor tiempo que
-estaba Cortés algo descansando, le vinieron cartas del Pánuco que toda
-la provincia estaba levantada é puesta en armas, y que era gente muy
-belicosa y de muchos guerreros, porque habian muerto muchos soldados
-que habia enviado Cortés á poblar, y que con brevedad enviase el mayor
-socorro que pudiese; y luego acordó Cortés de ir él mismo en persona,
-porque todos los capitanes habian ido á sus conquistas; y llevó todos
-los más soldados que pudo y hombres de á caballo y ballesteros y
-escopeteros, porque ya habian llegado á Méjico muchas personas de las
-que el veedor Tapia<span class="pagenum" id="Page_430">p. 430</span>
-traia consigo, y otros que allí estaban de los de Lúcas Vazquez de
-Aillon, que habian ido con él á la Florida, y otros que habian venido
-de las islas en aquel tiempo; y dejando en Méjico buen recaudo, y por
-capitan dél á Diego de Soto, natural de Toro, salió Cortés de Méjico;
-y en aquella sazon no habia herraje, sino muy poco, para los muchos
-caballos que llevaba, porque pasaban de ciento y treinta de á caballo
-y ducientos y cincuenta soldados, y contados entre los ballesteros y
-escopeteros y de á caballo, y tambien llevó diez mil mejicanos; y en
-aquella sazon ya habia vuelto de Mechoacan Cristóbal de Olí, porque
-dejó aquella provincia de paz y trajo consigo muchos caciques y al hijo
-del cacique Conci, que ansí se llamaba, y era el mayor señor de todas
-aquellas provincias, y trajo mucho oro bajo, que lo tenian revuelto con
-plata y cobre; y gastó Cortés en aquella ida que fué á Pánuco mucha
-cantidad de pesos de oro, que despues demandaba á su majestad que le
-pagase aquella costa, y los oficiales de la real hacienda no se los
-quisieron recebir en cuenta ni le quisieron pagar cosa dello, porque
-respondieron que si habia hecho aquel gasto en la conquista de aquella
-provincia, que lo hizo por se apoderar della, porque Francisco de
-Garay, que venia por gobernador, no la hubiese, porque ya tenia noticia
-que venia de la isla de Jamáica con gran pujanza y armada.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo Cortés llegó con todo<span
-class="pagenum" id="Page_431">p. 431</span> su ejército á la provincia
-de Pánuco y los halló de guerra, y los envió á llamar de paz muchas
-veces, mas no quisieron venir; é tuvo con ellos en algunos dias muchos
-rencuentros de guerra y en dos batallas que le aguardaron le mataron
-tres soldados y le hirieron más de treinta, y mataron cuatro caballos
-y hubo muchos heridos, y murieron de los mejicanos sobre ciento,
-sin otros más de ducientos que quedaron heridos; porque fueron los
-guastecas, que ansí se llaman en aquellas provincias, sobre más de
-sesenta mil hombres guerreros cuando aguardaron á nuestro capitan
-Cortés; mas quiso nuestro Señor que fueron desbaratados, y todo el
-campo adonde fueron estas batallas quedó lleno de muertos y heridos
-de los naguatecas naturales de aquellas provincias; por manera que
-no se tornaron más á juntar por entónces para dar guerra; y Cortés
-estuvo ocho dias en un pueblo que estaba allí cerca, donde habian sido
-aquellas reñidas batallas, por causa de que se curasen los heridos y se
-enterrasen los muertos, y habia muchos bastimentos; y para tornarle á
-llamar de paz envió al Padre fray Bartolomé de Olmedo, y diez caciques,
-personas principales, de los que se habian prendido en aquellas
-batallas, y doña Marina y Jerónimo de Aguilar, que siempre Cortés
-los llevaba consigo; y el Padre fray Bartolomé de Olmedo les hizo un
-parlamento muy discreto, y les dijo que «¿cómo se podian defender todos
-los de aquellas provincias<span class="pagenum" id="Page_432">p.
-432</span> de no se dar por vasallos de su majestad, pues han visto y
-tenido nueva que con el poder de Méjico, siendo tan fuertes guerreros,
-estaba asolada la ciudad y puesta por el suelo? É que vengan luego de
-paz y no hayan miedo, é que lo pasado de las muertes, que Cortés, en
-nombre de su majestad, se lo perdonaria.»</p>
-
-<p>Y tales palabras les dijo el buen fray Bartolomé de Olmedo con amor,
-y otras llenas de amenazas, que, como estaban hostigados y habian
-visto muertos muchos de los suyos, y abrasados y asolados todos sus
-pueblos, vinieron de paz, y todos trajeron joyas de oro, aunque no
-de mucho precio, que presentaron á Cortés, y él con halagos y mucho
-amor les recibió de paz; y dende allí se fué Cortés con la mitad de
-sus soldados á un rio que se dice Chile, que está de la mar obra de
-cinco leguas, y volvió á enviar mensajeros á todos los pueblos de la
-otra parte del rio á llamalles de paz, y no quisieron venir; porque,
-como estaban encarnizados de los muchos soldados que habian muerto
-en obra de dos años que habian pasado de los capitanes que Garay
-envió á poblar aquel rio, como dicho tengo en el capítulo que dello
-habla, ansí creyeron que harian á nuestro Cortés; y como estaban
-entre grandes lagunas y rios y ciénagas, que es muy grande fortaleza
-para ellos; y la respuesta que dieron fué matar á los mensajeros que
-Cortés les habia enviado á hablar sobre las paces, y á estos de agora
-tuvieron presos ciertos dias, y<span class="pagenum" id="Page_433">p.
-433</span> estuvo Cortés aguardando para ver si podria acabar con ellos
-que mudasen su mal propósito; y como no vinieron, mandó buscar todas
-las canoas que en el rio pudo haber, y con ellas y unas barcas que
-se hicieron de madera de navíos viejos de los de Garay, y pasaron de
-noche de la otra parte del rio ciento y cincuenta soldados, y los más
-dellos ballesteros y escopeteros, y cincuenta de á caballo; y como los
-principales de aquellas provincias velaban sus pasos y rios, como los
-vieron, dejáronlos pasar, y estaban aguardando de la otra parte; y si
-muchos guastecas se habian juntado en las primeras batallas que dieron
-á Cortés, muchos más estaban juntos esta vez, y vienen como leones
-rabiosos á se encontrar con los nuestros; y á los primeros encuentros
-mataron dos soldados é hirieron sobre treinta, y tambien mataron tres
-caballos é hirieron otros quince, y muchos mejicanos; más tal prisa
-les dieron los nuestros, que no pararon en el campo, é luego se fueron
-huyendo, y quedaron dellos muertos y heridos gran cantidad; y despues
-que pasó aquella batalla, los nuestros se fueron á dormir á un pueblo
-que estaba despoblado, que se habian huido los moradores dél, y con
-buenas velas, y escuchas, y rondas y corredores del campo estuvieron,
-y de cenar no les faltó; y cuando amaneció, andando por el pueblo,
-vieron estar en un cu é adoratorio de ídolos, colgados muchos vestidos
-y caras de soldados, adobadas como cueros de guantes, y con<span
-class="pagenum" id="Page_434">p. 434</span> sus barbas y cabellos,
-que eran de los soldados que habian muerto á los capitanes que habia
-enviado Garay á poblar el rio de Pánuco, y muchas dellas fueron
-conocidas de otros soldados, que decian que eran sus amigos, y á todos
-se les quebró los corazones de lástima de las ver de aquella manera,
-y luego las quitaron de donde estaban y las llevaron para enterrar;
-y desde aquel pueblo se pasaron á otro lugar, y como conocian que
-toda la gente de aquella provincia era muy belicosa, siempre iban muy
-recatados y puestos en ordenanza para pelear, no les tomase descuidados
-y desapercibidos; y los descubridores de todo aquel campo dieron con
-unos grandes escuadrones de indios que estaban en celadas, para que
-cuando estuviesen los nuestros en las casas apeados dar en los caballos
-y en ellos; y como fueron sentidos, no tuvieron lugar de hacer todo
-lo que querian; más todavía salieron muy denodadamente y pelearon con
-los nuestros como valientes guerreros, y estuvieron más de media hora
-que los de á caballo y los escopeteros no les podian hacer retraer ni
-apartar de sí, y mataron dos caballos y hirieron otros siete, y tambien
-hirieron quince soldados y murieron tres de las heridas.</p>
-
-<p>Una cosa tenian estos indios: que ya que los llevaban de vencida, se
-tornaban á rehacer, y aguardaron tres veces en la pelea, lo cual pocas
-veces se ha visto acaecer entre estas gentes; y viendo que los nuestros
-les herian y mataban, se aco<span class="pagenum" id="Page_435">p.
-435</span>gieron á un rio caudaloso é corriente, y los de á caballo
-y peones sueltos fueron en pos dellos é hirieron muchos; é otro dia
-acordaron de correrles el campo é ir á otros pueblos que estaban
-despoblados, y en ellos hallaron muchas tinajas de vino de la tierra
-puestas en unos soterraños á manera de bodegas; y estuvieron en estas
-poblaciones cinco dias corriéndoles las tierras, y como todo estaba
-sin gentes y despoblados, se volvieron al rio de Chile; y Cortés tornó
-luego á enviar á llamar de paz á todos los mismos pueblos que estaban
-de guerra en aquella parte del rio, y como les habian muerto mucha
-gente, temieron que volverian otra vez sobre ellos, y á esta causa
-enviaron á decir que vendrian de ahí á cuatro dias, que buscaban joyas
-de oro para le presentar; y Cortés aguardó todos los cuatro dias que
-habian dicho que vendrian, y no vinieron por entónces; y luego mandó
-á un pueblo muy grande que estaba cabe una laguna, que era muy fuerte
-por sus ciénagas y rio, que de noche obscuro y medio lloviznando, que
-en muchas canoas que luego mandó buscar, atadas de dos en dos, y otras
-sueltas, y en barcas bien hechas, pasasen aquella laguna á una parte
-del pueblo en parte y paraje que no fuesen vistos ni sentidos de los de
-aquella poblacion, y pasaron muchos amigos mejicanos, y sin ser vistos,
-dan en el pueblo, el cual pueblo destruyeron, y hubo muy gran despojo y
-estrago en él; allí<span class="pagenum" id="Page_436">p. 436</span>
-cargaron los amigos de todas las haciendas de los naturales que dél
-tenian; y desque aquello vieron, todos los más pueblos comarcanos dende
-á cinco dias acordaron de venir de paz, excepto otras poblaciones
-que estaban muy á trasmano, que los nuestros no pudieron ir á ellos
-en aquella sazon; y por no me detener en gastar más palabras en esta
-relacion de muchas cosas que pasaron, las dejaré de decir, sino que
-entónces pobló Cortés una villa con ciento y treinta vecinos, y entre
-ellos dejó veinte y siete de á caballo y treinta y seis escopeteros
-y ballesteros, por manera que todos fueron los ciento y treinta;
-llamábase esta villa Sant-Estéban del Puerto, y está obra de una legua
-de Chile; y en los vecinos que en aquella villa poblaron repartió y
-dió por encomienda todos los pueblos que habian venido de paz, y dejó
-por capitan dellos y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando
-en aquella villa de partida para Méjico, supo por cosa muy cierta
-que tres pueblos que fueron cabeceras para la rebelion de aquella
-provincia, y fueron en la muerte de muchos españoles, andaban de nuevo,
-despues de haber ya dado la obediencia á su majestad y haber venido
-de paz, convocando y atrayendo á los demás pueblos sus comarcanos, y
-decian que despues que Cortés se fuese á Méjico con los de á caballo
-y soldados, que á los que quedaban poblados que diesen un dia ó noche
-en ellos y que tendrian buenas hartazgas con ellos; y sabida por<span
-class="pagenum" id="Page_437">p. 437</span> Cortés la verdad muy de
-raíz, les mandó quemar las casas; mas luego se tornaron á poblar.</p>
-
-<p>Digamos que Cortés habia mandado ántes que partiese de Méjico para
-ir á aquella entrada, que dende la Veracruz le enviasen un barco
-cargado de vino y vituallas y conservas y bizcocho y herraje, porque
-en aquella sazon no habia trigo en Méjico para hacer pan; é yendo que
-iba el barco su viaje á la derrota de Pánuco, cargado de lo que fué
-mandado, parece ser que hubo muy recios Nortes y dió con él en parte
-que se perdió, que no se salvaron sino tres personas, que aportaron en
-unas tablas á una isleta donde habia unos muy grandes arenales, seria
-tres ó cuatro leguas de tierra, donde habia muchos lobos marinos, que
-salian de noche á dormir á los arenales, y mataron de los lobos, y con
-lumbre que sacaron con unos palillos como la sacan en todas las Indias
-las personas que saben cómo se ha de sacar, tuvieron lugar de asar
-la carne de los lobos, y cavaron en mitad de la isla é hicieron unos
-como pozos y sacaron agua algo salobre, y tambien habia una fruta que
-parecian higos, y con la carne de los lobos marinos y la fruta y agua
-salobre se mantuvieron más de dos meses; y como aguardaban en la villa
-de Sant-Estéban el refresco y bastimento y herraje, escribió Cortés
-á sus mayordomos á Méjico que cómo no enviaban el refresco; y cuando
-vieron la carta de Cortés, tuvieron por muy cierto que se habia<span
-class="pagenum" id="Page_438">p. 438</span> perdido el barco, y
-enviaron luego los mayordomos de Cortés un navío chico de poco porte en
-busca del barco que se perdió, y quiso Dios que se toparon en la isleta
-donde estaban los tres españoles de los que se perdieron, con ahumadas
-que hacian de noche é de dia, é desque vieron el barco, se alegraron,
-y embarcados, vinieron á la villa, y llamábase el uno dellos Fulano
-Celiano, vecino que fué de Méjico.</p>
-
-<p>Dejémonos desto, y digamos, como en aquella sazon nuestro capitan
-Cortés se venia ya para Méjico, tuvo noticia que en unos pueblos
-que estaban en unas sierras que eran muy agras se habian rebelado y
-hacian grande guerra á otros pueblos que estaban de paz, y acordó de
-ir allá ántes que entrase en Méjico; é yendo por su camino, los de
-aquella provincia lo supieron é aguardaron en un paso malo, y dieron
-en la rezaga del fardaje y le mataron ciertos tamemes y robaron lo que
-llevaban; y como era el camino malo, por defender el fardaje los de á
-caballos que los iban á socorrer reventaron dos caballos; y llegados
-á las poblaciones, muy bien se lo pagaron; que, como iban muchos
-mejicanos nuestros amigos, por se vengar de lo que les robaron en el
-puerto y camino malo, como dicho tengo, mataron y cautivaron muchos
-indios, y aun el cacique y su capitan murieron ahorcados despues que
-hubieron vuelto lo que habian robado; y esto hecho, Cortés mandó á
-los mejicanos que no hiciesen más daño, y lue<span class="pagenum"
-id="Page_439">p. 439</span>go envió á llamar de paz á todos los
-principales y papas de aquella poblacion, los cuales vinieron y dieron
-la obediencia á su majestad; y el cacicazgo mandó que lo tuviese un
-hermano del cacique que habian ahorcado, y los dejó en sus casas
-pacíficos y muy bien castigados, y entónces se volvió á Méjico.</p>
-
-<p>Y ántes que pase adelante, quiero decir que en todas las provincias
-de la Nueva-España otra gente más sucia y mala y de peores costumbres
-no la hubo como esta de la provincia de Pánuco, y sacrificadores y
-crueles en demasía, y borrachos y sucios y malos, y tenian otras
-treinta torpezas; y si miramos en ello, fueron castigados á fuego y á
-sangre dos ó tres veces, y otros mayores males les vino en tener por
-gobernador á Nuño de Guzman, que desque le dieron la gobernacion, los
-hizo casi á todos esclavos y los envió á vender á las islas, segun más
-largamente lo diré en su tiempo y lugar.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra relacion, y diré, despues que Cortés volvió á
-Méjico, en lo que entendió é hizo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_159">
- <p><span class="pagenum" id="Page_440">p. 440</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLIX.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS Y TODOS LOS OFICIALES DEL REY ACORDARON
- DE ENVIAR Á SU MAJESTAD TODO EL ORO QUE LE HABIA CABIDO DE SU REAL
- QUINTO DE TODOS LOS DESPOJOS DE MÉJICO, Y CÓMO SE ENVIÓ DE POR SÍ
- LA RECÁMARA DEL ORO Y TODAS LAS JOYAS QUE FUERON DE MONTEZUMA Y DE
- GUATEMUZ, Y LO QUE SOBRE ELLO ACAECIÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés volvió á Méjico de la entrada de Pánuco, anduvo
-entendiendo en la poblacion y edificacion de aquella ciudad; y viendo
-que Alonso de Ávila, ya otra vez por mí nombrado en los capítulos
-pasados, habia vuelto en aquella sazon de la isla de Santo Domingo, y
-trajo recaudo de lo que le habian enviado á negociar con la audiencia
-Real é Frailes Jerónimos que estaban por gobernadores de todas las
-islas, é los recaudos que entónces trajo fué, que nos daban licencia
-para poder conquistar toda la Nueva-España y herrar los esclavos,
-segun y de la manera que llevaron en una relacion, y repartir y
-encomendar los indios como en las islas Española é Cuba é Jamáica se
-tenia por costumbre; y esta licencia que dieron fué hasta en tanto que
-su majestad fuese sabidor dello, ó fuese servido mandar otra cosa;
-de lo cual luego le hicieron<span class="pagenum" id="Page_441">p.
-441</span> relacion los mismos Frailes Jerónimos, y enviaron un navío
-por la posta á Castilla, y entónces su majestad estaba en Flandes, que
-era mancebo, y allá supo los recaudos que los Frailes Jerónimos le
-enviaban; porque al Obispo de Búrgos, puesto que estaba por presidente
-de Indias, como conocian dél que nos era muy contrario, no le daban
-cuenta dello ni trataban con él otras muchas cosas de importancia,
-porque estaban muy mal con sus cosas.</p>
-
-<p>Dejemos esto del Obispo, y volvamos á decir que, como Cortés tenia
-á Alonso de Ávila por hombre atrevido y no estaba muy bien con él,
-siempre le queria tener muy léjos de sí, porque verdaderamente si
-cuando vino el Cristóbal de Tapia con las provisiones el Alonso de
-Ávila se hallara en Méjico, porque entónces estaba en la isla de
-Santo Domingo, y como el Alonso de Ávila era servidor del Obispo de
-Búrgos é habia sido su criado, y le traian cartas para él, fuera gran
-contraditor de Cortés y de sus cosas, y á esta causa siempre procuraba
-Cortés de tenello apartado de su persona; y cuando vino deste viaje que
-dicho tengo, por consejo de fray Bartolomé de Olmedo, por le contentar
-y agradar, le encomendó en aquella sazon el pueblo de Guatitlan, y
-le dió ciertos pesos de oro, y con palabras y ofrecimientos y con el
-depósito del pueblo por mí nombrado, que es muy bueno y de mucha renta,
-le hizo tan su amigo y servidor, que le envió despues á Castilla,
-y juntamente con él á su ca<span class="pagenum" id="Page_442">p.
-442</span>pitan de la guarda, que se decia Antonio de Quiñones, los
-cuales fueron por procuradores de la Nueva-España y de Cortés.</p>
-
-<p>Y llevaron dos navíos, y en ellos ochenta y ocho mil castellanos en
-barras de oro; y llevaron la recámara que llamamos del gran Montezuma,
-que tenia en su poder Guatemuz, y fué un gran presente, en fin para
-nuestro gran César, porque fueron muchas joyas muy ricas y perlas
-tamañas algunas dellas como avellanas, y muchos chalchihuies, que
-son piedras finas como esmeraldas, y por ser tantas y no me detener
-en escribirlas, lo dejaré de decir y traer á la memoria; y tambien
-enviamos unos pedazos de huesos de gigantes que se hallaron en el cu é
-adoratorio en Cuyoacan, que era segun y de la manera de otros grandes
-zancarrones que nos dieron en Tlascala, los cuales habiamos enviado
-la primera vez, y eran muy grandes en demasía; y le llevaron tres
-tigres y otras cosas que ya no me acuerdo.</p>
-
-<p>Y por estos procuradores escribió el cabildo de Méjico á su
-majestad, y ansimismo todos los más conquistadores escribimos con el
-cabildo juntamente, é fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la
-Merced, y el tesorero Julian de Alderete; y todos á una deciamos de
-los muchos y buenos é leales servicios que Cortés y todos nosotros
-los conquistadores le habiamos hecho y á la contina haciamos, y todo
-lo por nosotros sucedido desde que entramos á ganar la ciudad de
-Méji<span class="pagenum" id="Page_443">p. 443</span>co, y cómo estaba
-descubierta la mar del Sur y se tenia por cierto que era cosa muy
-rica; y suplicamos á su majestad que nos enviase Obispos y religiosos
-de todas órdenes, que fuesen de buena vida y doctrina, para que nos
-ayudasen á plantar más por entero en estas partes nuestra santa
-fe católica, y le suplicamos todos á una que la gobernacion desta
-Nueva-España que le hiciese merced della á Cortés, pues tan bueno y
-leal servidor le era, y á todos nosotros los conquistadores nos hiciese
-merced para nosotros y para nuestros hijos que todos los oficios
-reales, en fin de tesorero, contador y fator, y escribanías públicas
-é fieles ejecutores y alcaidías de fortalezas, que no hiciese merced
-dellas á otras personas, sino que entre nosotros se nos quedase; y le
-suplicamos que no enviase letrados, porque en entrando en la tierra la
-pondrian revuelta con sus libros, é habria pleitos y disensiones.</p>
-
-<p>Y se le hizo saber lo de Cristóbal de Tapia, cómo venia guiado
-por don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos, y que no era
-suficiente para gobernar, y que se perdiera esta Nueva-España si él
-quedara por gobernador; y que tuviese por bien de saber claramente
-qué se habian hecho las cartas y relaciones que le habiamos escrito
-dando cuenta de todo lo que habia acaecido en esta Nueva-España,
-porque teniamos por muy cierto que el mismo Obispo no se les enviaba,
-y ántes le escribia al contra<span class="pagenum" id="Page_444">p.
-444</span>rio de lo que pasaba, en favor de Diego Velazquez, su amigo,
-y de Cristóbal de Tapia, por casalle con una parienta suya que se decia
-doña Petronila de Fonseca; y cómo presentó ciertas provisiones que
-venian firmadas é guiadas por el dicho Obispo de Búrgos, y que todos
-estábamos los pechos por tierra para las obedecer, como se obedecieron;
-mas viendo que el Tapia no era hombre para guerra, ni tenia aquel ser
-ni cordura para ser gobernador, que suplicaron de todas las provisiones
-hasta informar á su Real persona de todo lo acaecido, como agora le
-informamos, y le haciamos sabidor como sus leales vasallos, é somos
-obligados á nuestro Rey y señor; y que agora, que de lo que más fuere
-servido mandar, que aquí estamos los pechos por tierra para cumplir
-su Real mando; y tambien le suplicamos que fuese servido de enviar á
-mandar al Obispo de Búrgos que no se entremetiese en cosas ningunas
-de Cortés ni de todos nosotros, porque seria quebrar el hilo á muchas
-cosas de conquistas que en esta Nueva-España nosotros entendiamos, y en
-pacificar provincias, porque habia mandado el mismo Obispo de Búrgos
-á los oficiales que estaban en la casa de la contratacion de Sevilla,
-que se decian Pedro de Ilasaga y Juan Lopez de Recalte, que no dejasen
-pasar ningun recaudo de armas ni soldados ni favor para Cortés ni para
-los soldados que con él estaban.</p>
-
-<p>Y tambien se le hizo relacion cómo Cortés<span class="pagenum"
-id="Page_445">p. 445</span> habia ido á pacificar la provincia de
-Pánuco y la dejó de paz, y las muy recias y fuertes batallas que con
-los naturales della tuvo, y cómo era gente muy belicosa y guerrera, y
-cómo habian muerto los de aquella provincia á los capitanes que habia
-enviado Francisco de Garay, y á todos sus soldados, por no se saber dar
-maña en las guerras; y que habia gastado Cortés en la entrada sobre
-sesenta mil pesos, y que los demandaba á los oficiales de su Real
-hacienda y no se los quisieron pagar.</p>
-
-<p>Tambien se le hizo sabidor cómo agora hacia el Garay una armada en
-la isla de Jamáica, y que venian á poblar el rio de Pánuco; y porque no
-le acaeciese como á sus capitanes, que se los mataron, que suplicábamos
-á su majestad que le enviase á mandar que no salga de la isla hasta que
-esté muy de paz aquella provincia, porque nosotros se la conquistaremos
-y se la entregaremos; porque si en aquella sazon viniese, viendo
-los naturales de aquestas tierras dos capitanes que manden, tendrán
-divisiones y levantamientos, especial los mejicanos; y escribiósele
-otras muchas cosas.</p>
-
-<p>Pues Cortés por su parte no se le quedó nada en el tintero, y aun
-de manera hizo relacion en su carta de todo lo acaecido, que fueron
-veinte y una plana; é porque yo las leí todas, é lo entendí muy bien,
-lo declaro aquí como dicho tengo.</p>
-
-<p>Y demás de esto, enviaba Cortés á suplicar á su majestad que le
-diese licencia para ir á la isla de Cuba á prender al goberna<span
-class="pagenum" id="Page_446">p. 446</span>dor della, que se decia
-Diego Velazquez, para enviársele á Castilla, para que allá su majestad
-le mandase castigar; porque no le desbaratase más ni revolviese la
-Nueva-España, porque enviaba desde la isla de Cuba á mandar que matasen
-á Cortés.</p>
-
-<p>Dejémonos de las cartas, y digamos de su buen viaje que llevaron
-nuestros procuradores despues que partieron del puerto de la Veracruz,
-que fué en veinte dias del mes de Diciembre de 1522 años, y con
-buen viaje desembarcaron por la canal de Bahama, y en el camino se
-les soltaron dos tigres de los tres que llevaban, é hirieron á unos
-marineros; y acordaron de matar al que quedaba, porque era muy bravo y
-no se podian valer con él; y fueron su viaje hasta la isla que llaman
-de la Tercera; y como el Antonio de Quiñones era capitan y se preciaba
-de muy valiente y enamorado, parece ser que se revolvió en aquella
-isla con una mujer é hubo sobre ella cierta quistion, y diéronle una
-cuchillada en la cabeza, de que al cabo de algunos dias murió, y quedó
-solo Alonso de Ávila por capitan.</p>
-
-<p>É ya que iba el Alonso de Ávila con los dos navíos camino de España,
-no muy léjos de aquella isla topa con ellos Juan Florin, frances
-corsario, y toma todo el oro y navíos, y prende al Alonso de Ávila y
-llévanle preso á Francia.</p>
-
-<p>Y tambien en aquella sazon robó el Juan Florin otro navío que venia
-de la isla de Santo Domingo, y le tomó sobre veinte mil pesos de oro y
-muy gran<span class="pagenum" id="Page_447">p. 447</span> cantidad de
-perlas y azúcar y cueros de vacas, y con todo esto se volvió á Francia
-muy rico, é hizo grandes presentes á su Rey é al almirante de Francia
-de las cosas é piezas de oro que llevaba de la Nueva-España, que toda
-Francia estaba maravillada de las riquezas que enviábamos á nuestro
-gran Emperador, y aun el mesmo Rey de Francia le tomaba codicia de
-tener parte en las islas de la Nueva-España; y entónces es cuando dijo
-que solamente con el oro que le iba á nuestro César destas tierras le
-podia dar guerra á su Francia; y aun en aquella sazon no era ganado ni
-habia nueva del Perú, sino, como dicho tengo, lo de la Nueva-España
-y las islas de Santo Domingo y San Juan y Cuba y Jamáica.</p>
-
-<p>Y entónces dice que dijo el Rey de Francia, ó se lo envió á decir á
-nuestro gran Emperador, que, ¿cómo habian partido entre él y el Rey de
-Portugal el mundo, sin darle parte á él? Que mostrasen el testamento
-de nuestro padre Adan, si les dejó á ellos solamente por herederos y
-señores de aquellas tierras que habian tomado entre ellos dos, sin
-dalle á él ninguna dellas, é que por esta causa era lícito robar y
-tomar todo lo que pudiese por la mar; y luego tornó á mandar á Juan
-Florin que volviese con otra armada á buscar la vida por la mar; y de
-aquel viaje que volvió, ya que llevaba otra gran presa de todas ropas
-entre Castilla y las islas de Canaria, dió con tres ó cuatro navíos
-recios y de<span class="pagenum" id="Page_448">p. 448</span> armada,
-vizcainos, y los unos por una parte y los otros por otra embisten con
-el Juan Florin, y le rompen y desbaratan, y préndenle á él y á otros
-muchos franceses, y les tomaron sus navíos y ropa, y á Juan Florin y á
-otros capitanes llevaron presos á Sevilla á la casa de la contratacion,
-y los enviaron presos á su majestad; y despues que lo supo, mandó que
-en el camino hiciesen justicia dellos, y en el puerto del Pico los
-ahorcaron; y en esto paró nuestro oro y capitanes que lo llevaban, y el
-Juan Florin que lo robó.</p>
-
-<p>Pues volvamos á nuestra relacion, y es, que llevaron á Francia preso
-á Alonso de Ávila, y le metieron en una fortaleza, creyendo haber dél
-gran rescate, porque, como llevaba tanto oro á su cargo, guardábanle
-bien; y el Alonso de Ávila tuvo tales maneras y concierto con el
-caballero frances que lo tenia á cargo ó le tenia por prisionero,
-que para que en Castilla supiesen de la manera que estaba preso y le
-viniesen á rescatar, dijo que fuesen por la posta todas las cartas
-y poderes que llevaba de la Nueva-España, y que todas se diesen en
-la córte de su majestad al licenciado Nuñez, primo de Cortés, que
-era relator del Real Consejo, ó á Martin Cortés, padre del mismo
-Cortés, que vivia en Medellin, ó á Diego de Ordás, que estaba en la
-córte; y fueron á todo buen recaudo, que las hubieron á su poder, y
-luego las despacharon para Flandes á su majestad, porque al Obispo de
-Búrgos no le dieron cuenta ni relacion dello, y<span class="pagenum"
-id="Page_449">p. 449</span> todavía lo alcanzó á saber el Obispo de
-Búrgos, y dijo que se holgaba que se hubiese perdido y robado todo el
-oro.</p>
-
-<p>Dejemos al Obispo, y vamos á su majestad, que, como luego lo supo,
-dijeron, quien lo vió y entendió, que hubo algun sentimiento de la
-pérdida del oro, y de otra parte se alegró viendo que tanta riqueza le
-enviaban, é que sintiese el Rey de Francia que con aquellos presentes
-que le enviábamos que le podria dar guerra; y luego envió á mandar al
-Obispo de Búrgos que en lo que tocaba á Cortés é á la Nueva-España,
-que en todo le diese favor y ayuda, y que presto vendria á Castilla
-y entenderia en ver la justicia de los pleitos y contiendas de Diego
-Velazquez y Cortés.</p>
-
-<p>Y dejemos esto y digamos luego cómo supimos en la Nueva-España la
-pérdida del oro y riquezas de la recámara y prision de Alonso de Ávila,
-y todo lo demás aquí por mí memorado, y tuvimos dello gran sentimiento,
-y luego Cortés con brevedad procuró de haber é llegar todo el más oro
-que pudo recoger, y de hacer un tiro de oro bajo y de plata de lo que
-habian traido de Mechoacan, para enviar á su majestad, y llamóse el
-tiro Fénix.</p>
-
-<p>Y tambien quiero decir que siempre estuvo el pueblo de Guatitlan,
-que dió Cortés á Alonso de Ávila, por el mismo Alonso de Ávila, porque
-en aquella sazon no le tuvo su hermano Gil Gonzalez de Benavides, hasta
-más de tres años adelante, que el Gil Gonzalez vino de la isla de Cuba,
-é ya el Alon<span class="pagenum" id="Page_450">p. 450</span>so de
-Ávila estaba suelto de la prision de Francia y habia venido á Yucatan
-por contador; y entónces dió poder al hermano para que se sirviese dél,
-porque jamás se le quiso traspasar.</p>
-
-<p>Dejémonos de cuentos viejos, que no hacen á nuestra relacion,
-y digamos todo lo que acaeció á Gonzalo de Sandoval y á los demás
-capitanes que Cortés habia enviado á poblar las provincias por mí
-ya nombradas, y entre tanto acabó Cortés de mandar forjar el tiro é
-allegar el oro para enviar á su majestad.</p>
-
-<p>Bien sé que dirán algunos curiosos letores que por qué, cuando
-envió Cortés á Pedro de Albarado y á Gonzalo de Sandoval y los demás
-capitanes á las conquistas y pacificaciones ya por mí nombradas, no
-concluí con ellos en esta mi relacion lo que habian hecho en ellas, y
-en lo que en las jornadas á cada uno ha acaecido, y lo vuelvo ahora
-á recitar, que es volver muy atrás de nuestra relacion; y las causas
-que agora doy á ello es que, como iban camino de sus provincias á
-las conquistas, y en aquel instante llegó al puerto de la Villa-Rica
-el Cristóbal de Tapia, otras muchas veces por mí nombrado, que venia
-para ser gobernador de la Nueva-España; y para consultar Cortés lo que
-sobre el caso se podria hacer, é tener ayuda y favor dellos, como Pedro
-de Albarado é Gonzalo de Sandoval eran tan experimentados capitanes
-y de buenos consejos, envió por la posta á los llamar, y dejaron
-sus conquistas é pacificaciones suspensas,<span class="pagenum"
-id="Page_451">p. 451</span> é como he dicho, vinieron al negocio de
-Cristóbal de Tapia, que era más importante para el servicio de su
-majestad, porque se tuvo por cierto que si el Tapia se quedara para
-gobernar, que la Nueva-España y Méjico se levantaran otra vez; y en
-aquel instante tambien vino Cristóbal de Olí de Mechoacan, como era
-cerca de Méjico, y la halló de paz, y le dieron mucho oro y plata;
-y como era recien casado, y la mujer moza y hermosa, apresuró su
-venida.</p>
-
-<p>Y luego, tras esto de Tapia, aconteció el levantamiento de Pánuco,
-y fué Cortés á lo pacificar, como dicho tengo en el capítulo que dello
-habla, y tambien para escribir á su majestad, como escribimos, y enviar
-el oro y dar poder á nuestros capitanes y procuradores por mí ya
-nombrados; y por estos estorbos, que fueron los unos tras los otros, lo
-torno aquí á traer á la memoria, y es desta manera que diré.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_160">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLX.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO GONZALO DE SANDOVAL LLEGÓ CON SU EJÉRCITO Á UN
- PUEBLO QUE SE DICE TUSTEPEQUE, Y LO QUE ALLÍ HIZO, Y DESPUES PASÓ Á
- GUACACUALCO, Y TODO LO MÁS QUE LE AVINO.</p>
-</div>
-
-<p>Llegado Gonzalo de Sandoval á un pueblo que se dice Tustepeque, toda
-la provincia le vino de paz, excepto unos capitanes mejicanos que<span
-class="pagenum" id="Page_452">p. 452</span> fueron en la muerte de
-sesenta españoles y mujeres de Castilla que se habian quedado malos en
-aquel pueblo cuando vino Narvaez, y era en el tiempo que en Méjico nos
-desbarataron; entónces los mataron en el mismo pueblo; é dende obra de
-dos meses que hubieron muerto los por mí dichos, porque entónces fuí
-con Sandoval, yo posé en una como torrecilla, que era adoratorio de
-ídolos, á donde se habian hecho fuertes cuando les daban guerra, y allí
-los cercaron, y de hambre y de sed y de heridas les acabaron las vidas;
-y digo que posé en aquella torrecilla á causa que habia en aquel pueblo
-de Tustepeque muchos mosquitos de dia, é como está muy alto é con el
-aire no habia tantos mosquitos como abajo, y tambien por estar cerca
-del aposento donde posaba el Sandoval.</p>
-
-<p>Y volviendo á nuestra plática, procuró el Sandoval de prender á
-los capitanes mejicanos que les dieron la guerra y les mataron los
-sesenta soldados que dicho tengo, y prendió el más principal dellos
-y hizo justicia, y por justicia lo mandó quemar; otros muchos habia
-juntamente con él que merecian pena de muerte, y disimuló con ellos,
-y aquel pagó por todos; y cuando fué hecho envió á llamar de paz unos
-pueblos zapotecas, que es otra provincia que estará obra de diez leguas
-de aquel pueblo de Tustepeque, y no quisieron venir, y envió á ellos
-para los traer de paz á un capitan que se decia Briones (otras muchas
-veces ya lo he nombrado), que fué capitan de bergantines y<span
-class="pagenum" id="Page_453">p. 453</span> habia sido buen soldado en
-Italia, segun él decia, y le dió sobre cien soldados, y entre ellos
-treinta ballesteros y escopeteros y más de cien amigos de los pueblos
-que habian venido de paz; é yendo que iba el Briones con sus soldados
-y con buen concierto, pareció ser los zapotecas supieron que iba á sus
-pueblos, y échanle una celada en el camino, que le hicieron volver
-más que de paso rodando unas cuestas y laderas abajo, y le hirieron
-más de la tercia parte de los soldados que llevaba, é murió uno de
-las heridas, porque aquellas sierras donde están poblados aquellos
-zapotecas son tan agras y malas, que no pueden ir por ellas caballos,
-y los soldados habian de ir á pié por unas sendas muy angostas, por
-contadero, uno á uno siempre; hay neblinas y rocios y resbalaban en
-los caminos; y tienen por armas unas lanzas muy largas, mayores que
-las nuestras, con una braza de cuchilla de navajas de pedernal, que
-cortan más que nuestras espadas, é unas pavesinas, que se cubren con
-ellas todo el cuerpo, y mucha flecha y vara y piedra, y los naturales
-muy sueltos y cenceños á maravilla, y con un silbo ó voz que dan entre
-aquellas sierras resuena y retumba la voz por un buen rato, digamos
-ahora como ecos.</p>
-
-<p>Por manera que se volvió el capitan Briones con su gente herida,
-y aun él tambien trujo un flechazo; llámase aquel pueblo que le
-desbarató Tiltepeque; y despues que vino de paz el mismo pueblo, se
-dió en encomienda á un soldado<span class="pagenum" id="Page_454">p.
-454</span> que se dice Ojeda el tuerto, que ahora vive en la villa de
-San Ildefonso.</p>
-
-<p>Pues cuando el Briones volvió á dar cuenta al Sandoval de lo que
-le habia acaecido, y se lo contaba cómo eran grandes guerreros, y el
-Sandoval era de buena condicion, y el Briones se tenia por muy como
-valiente, y solia decir que en Italia habia muerto y herido y hendido
-cabezas y cuerpos de hombres, le decia el Sandoval:</p>
-
-<p>—«¿Parécele, señor capitan, que son estas tierras otras que las
-donde anduvo militando?»</p>
-
-<p>Y el Briones respondió medio enojado, y dijo que juraba á tal que
-más quisiera batallar contra tiros y grandes ejércitos de contrarios,
-así de turcos como de moros, que no con aquellos zapotecas, y daba
-razones para ello que parecia que cuadraban; y todavía el Sandoval le
-dijo que no quisiera haberle enviado, pues así fué desbaratado, que
-creyó que pusiera otras fuerzas como él se alababa que habia hecho en
-Italia, porque este Briones habia poco tiempo que vino de Castilla; y
-le dijo el Sandoval:</p>
-
-<p>—«¿Qué dirán ahora los zapotecas, que no somos tan varones como
-creian que éramos?»</p>
-
-<p>Dejemos de esta entrada, pues no aprovechó, ántes dañó, y digamos
-cómo el mismo Gonzalo de Sandoval envió á llamar de paz á otra
-provincia que se dice Xaltepeque, que tambien eran zapotecas, que
-confinan con otra provincia y pueblos, que se decian los minxes,
-gentes muy sueltas y guerreros, que tenian diferencias con los de
-Xaltepeque, que ahora, como digo, son los que en<span class="pagenum"
-id="Page_455">p. 455</span>viaba á llamar, y vinieron de paz obra de
-veinte caciques y principales, y trajeron un presente de oro en grano,
-que entónces habian sacado de las minas en diez cañutillos y joyas de
-muchas hechuras, y traian vestidas aquellos principales unas ropas de
-algodon muy largas que les daban hasta los piés, con muchas labores
-en ellas labradas, y eran digamos ahora á la manera de albornoces
-moriscos; y como vinieron delante el Sandoval, con mucho acato se lo
-presentaron, y lo recibió con alegría, y les mandó dar cuentas de
-Castilla, y les hizo honra y halagos, y le mandaron al Sandoval que
-les diese algunos teules, que en su lengua así nos llamaban á los
-españoles, para ir juntamente con ellos contra los pueblos de los
-minxes, sus contrarios, que les daban guerra; y el Sandoval, como no
-tenia soldados en aquella sazon para les dar ayuda, como la demandaban,
-porque los que llevó el Briones estaban todos heridos, y otros habian
-adolecido, é cuatro muertos, por ser la tierra muy calurosa é doliente,
-con buenas palabras les dijo que él enviaria á Méjico á decir á
-Malinche, que así decian á Cortés, que les enviase muchos teules, é
-que se reportasen hasta que viniesen, y que entre tanto, que irian
-con ellos diez de sus compañeros para ver los pasos y tierra, para
-ir á dar guerra á sus contrarios los minxes; y esto no lo decia el
-Sandoval sino para que viésemos los pueblos y minas donde sacaban el
-oro que trajeron; y desta ma<span class="pagenum" id="Page_456">p.
-456</span>nera los despidió, excepto á tres dellos, que mandó que
-quedasen para ir con nosotros; y luego despachó para ir á ver los
-pueblos y minas, como he dicho, á un soldado que se decia Alonso del
-Castillo el de lo pensado; y me mandó el Sandoval que yo fuese con él,
-y otros seis soldados, y que mirásemos muy bien las minas y la manera
-de los pueblos.</p>
-
-<p>Quiero decir por qué se llamaba aquel capitan que iba con nosotros
-por caudillo Castillo el de lo pensado, y es por esta causa que
-diré.</p>
-
-<p>En la capitanía del Sandoval habia tres soldados que tenian por
-renombre Castillos: el uno dellos era muy galan, y preciábase dello
-en aquella sazon, que era yo, y á esta su causa me llamaban Castillo
-el Galan; los otros dos Castillos, el uno dellos era de tal calidad,
-que siempre estaba pensativo, y cuando hablaban con él se paraba mucho
-más á pensar lo que habia de decir, y cuando respondia ó hablaba era
-un descuido ó cosas que teniamos que reir, y por esto le llamábamos
-Castillo de los pensamientos; y el otro era Alonso del Castillo,
-que ahora iba con nosotros, que de repente decia cualquiera cosa, y
-respondia muy á propósito de lo que preguntaban, y se decia Castillo el
-de lo pensado.</p>
-
-<p>Dejemos de contar donaires, y volvamos á decir cómo fuimos á
-aquella provincia á ver las minas, y llevamos muchos indios de los de
-aquellos pueblos, y con unas como hechuras de bateas lavaron en tres
-rios delante de nosotros, y en todos tres saca<span class="pagenum"
-id="Page_457">p. 457</span>ron oro, é hincheron cuatro cañutillos
-dello, que era cada uno del tamaño de un dedo de la mano, el de en
-medio, y eran poco ménos que cañones de patos de Castilla, y con
-aquella muestra de oro volvimos donde estaba el Gonzalo de Sandoval, y
-se holgó, creyendo que la tierra era rica; y luego entendió en hacer
-los repartimientos de aquellos pueblos y provincia á los vecinos que
-habian de quedar allí poblados; y tomó para sí unos pueblos que se
-dicen Guazpaltepeque, que en aquel tiempo era la mejor cosa que habia
-en aquella provincia muy cerca de las minas, y aun le dieron luego
-sobre quince mil pesos de oro, creyendo que tomaba una muy buena cosa;
-y la provincia de Xaltepeque, donde trajimos el oro, depositó en el
-capitan Luis Marin, que le daba un condado, y todos salieron muy
-malos repartimientos, así lo que tomó el Sandoval como lo que dió á
-Luis Marin, y aun á mí me mandaba quedar en aquella provincia, y me
-daba muy buenos indios y de mucha renta, que pluguiera á Dios que los
-tomara, que se dice Meldatan y Orizaba, donde está ahora el ingenio
-del Virey, y otro pueblo que se dice Ozotequipa, y no los quise, por
-parecerme que si no iba en compañía del Sandoval, teniéndole por amigo,
-que no hacia lo que convenia á la calidad de mi persona; y el Sandoval
-verdaderamente conoció mi voluntad, y por hallarme con él en las
-guerras, si las hubiese adelante, lo hice.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y diga<span class="pagenum" id="Page_458">p.
-458</span>mos que nombró á la villa que pobló Medellin, porque así
-le fué mandado por Cortés, porque el Cortés nació en Medellin de
-Extremadura; y era en aquella sazon el puerto un rio que se dice
-Chalchocueca, que es el que hubimos puesto por nombre rio de Banderas,
-donde se rescataron los diez y seis mil pesos; y por aquel rio venian
-las barcas con la mercadería que venia de Castilla hasta que se mudó á
-la Veracruz.</p>
-
-<p>Dejemos desto, é vamos camino de Guacacualco, que será de la
-villa de la Veracruz, que dejamos poblada, obra de sesenta leguas, y
-entramos en una provincia que se dice Citla, la más fresca y llena de
-bastimentos y bien poblada que habiamos visto, y luego vino de paz;
-y es aquella provincia que he dicho de doce leguas de largo y otras
-tantas de ancho, muy poblado todo.</p>
-
-<p>Y llegamos al gran rio de Guacacualco, y enviamos á llamar los
-caciques de aquellos pueblos, que era cabecera de aquellas provincias,
-y estuvieron tres dias que no vinieron ni enviaban respuesta; por lo
-cual creimos que estaban de guerra, y aun así lo tenian consultado,
-que no nos dejasen pasar el rio; y despues tomaron acuerdo de venir de
-ahí á cinco dias, y trajeron de comer y unas joyas de oro muy fino,
-y dijeron que cuando quisiésemos pasar, que ellos traerian muchas
-canoas grandes; y Sandoval se lo agradeció mucho, y tomó consejo con
-algunos de nosotros si nos atreveriamos á pasar todos juntos de una
-vez en todas las canoas; y lo<span class="pagenum" id="Page_459">p.
-459</span> que nos pareció y aconsejamos, que primero pasasen cuatro
-soldados y viesen la manera que habia en un pueblezuelo que estaba
-junto al rio, y que mirasen y procurasen de inquirir y saber si estaban
-de guerra, y ántes que pasásemos tuviésemos con nosotros el cacique
-mayor, que se dice Tochel; y así, fueron los cuatro soldados y vieron
-todo á lo que les enviábamos, y se volvieron con relacion á Sandoval
-como todo estaba de paz, y aun vino con ellos el hijo del mismo cacique
-Tochel, que así se decia, y trujo otro presente de oro, aunque no de
-mucha valía.</p>
-
-<p>Entónces le halagó el Sandoval, y le mandó que trujesen cien canoas
-atadas de dos en dos, y pasamos los caballos un dia despues de pascua
-de Espíritu Santo; y por acortar de palabras, volvamos en el pueblo
-que estaba junto al rio abajo, y pusímosle por nombre la villa del
-Espíritu Santo, é pusimos aquel sublimado nombre, lo uno, que en pascua
-de Espíritu Santo desbaratamos á Narvaez, y lo otro, porque aquel santo
-nombre fué nuestro apellido cuando le prendimos y desbaratamos, lo otro
-por pasar aquel rio aquel mismo dia, y porque todas aquellas tierras
-vinieron de paz sin dar guerra, y allí poblamos toda la flor de los
-caballeros y soldados que habiamos salido de Méjico á poblar con el
-Sandoval, y el mismo Sandoval, y Luis Marin, y un Diego de Godoy, y
-el capitan Francisco de Medin, y Francisco Marmolejo, y Francisco de
-Lugo, y Juan Lopez de Aguirre,<span class="pagenum" id="Page_460">p.
-460</span> y Hernando de Montes de Oca, y Juan de Salamanca, y Diego
-de Azamar, y un Mantilla, y otro soldado que se decia Mejía Rapapelo,
-y Alonso de Grado, y el licenciado Ledesma, y Luis de Bustamante, y
-Pedro Castellar, y el capitan Briones, é yo y otros muchos caballeros
-é personas de calidad, que si los hubiese aquí de nombrar á todos, es
-no acabar tan presto; mas tengan por cierto que soliamos salir á la
-plaza á un regocijo é alarde sobre ochenta de á caballo, que eran más
-entónces aquellos ochenta que ahora quinientos; y la causa es esta,
-que no habia caballos en la Nueva-España, sino pocos y caros, y no los
-alcanzaban á comprar sino cual ó cual.</p>
-
-<p>Dejemos desto, y diré cómo repartió Sandoval aquellas provincias y
-pueblos en nosotros, despues de las haber enviado á visitar é hacer la
-division de la tierra y ver las calidades de todas las poblaciones; y
-fueron las provincias que repartió lo que ahora diré.</p>
-
-<p>Primeramente á Guacacualco, Guazpaltepeque é Tepeca é Crinanta é los
-zapotecas; é de la otra parte del rio la provincia de Copilco é Cimatan
-y Tabasco y las sierras de Cachula, todos los zoqueschas, Tacheapa é
-Cinacantan é todos los quilenes, y Papanachasta; y estos pueblos que
-he dicho teniamos todos los vecinos que en aquella villa quedamos
-poblados en repartimiento, que valiera más que allí yo no me quedara,
-segun despues sucedió, la tierra pobre y muchos pleitos que<span
-class="pagenum" id="Page_461">p. 461</span> trujimos con tres villas
-que despues se poblaron: la una fué la villa rica de la Veracruz, sobre
-Guazpaltepeque y Chinanta y Tepeca; la otra con la villa de Tabasco,
-sobre Cimatan y Copilco; la otra con Chiapa, sobre los quilenes y
-zoques; la otra con Santo Ildefonso, sobre los zapotecas; porque todas
-estas villas se poblaron despues que nosotros poblamos á Guacacualco, y
-á nos dejar todos los términos que teniamos, fuéramos ricos; y la causa
-porque se poblaron estas villas que he dicho fué, que envió á mandar
-su majestad que todos los pueblos de indios más cercanos y en comarca
-de cada villa le señaló términos; por manera que de todas partes nos
-cortaron las faldas, y nos quedamos en blanco, y á esta causa el tiempo
-andando, se fué despoblando Guacacualco; y con haber sido la mejor
-poblacion y de generosos conquistadores que hubo en la Nueva-España, es
-ahora una villa de pocos vecinos.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra relacion; y es, que estando Sandoval entendiendo
-en la poblacion de aquella villa y llamando otras provincias de paz,
-le vinieron cartas cómo habia entrado un navío en el rio de Aguayalco,
-que es puerto, aunque no bueno, que estaba de allí quince leguas, y en
-él venia de la isla de Cuba la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda,
-que así tenia el sobrenombre, mujer que fué de Cortés, y la traia un su
-hermano Juan Xuarez, el vecino que fué, el tiempo andando, de Méjico,
-y la<span class="pagenum" id="Page_462">p. 462</span> Zambrana y sus
-hijos de Villegas, de Méjico, y sus hijas, y aun la abuela y otras
-muchas señoras casadas; y aun me parece que entónces vino Elvira Lopez
-la Larga, mujer que entónces era de Juan de Palma; el cual Palma vino
-con nosotros, que murió ahorcado, que despues esta Elvira fué mujer
-de un Arguera; y tambien vino Antonio Dios Dado, el vecino que fué
-de Guatimala, y vinieron otros muchos que ya no se me acuerdan sus
-nombres.</p>
-
-<p>Y como el Gonzalo de Sandoval lo alcanzó á saber, él en persona, con
-todos los más capitanes y soldados, fuimos por aquellas señoras y por
-todas las más que traia en su compañía.</p>
-
-<p>É acuérdome que en aquella sazon llovió tanto, que no podiamos ir
-por los caminos ni pasar rios ni arroyos, porque venian muy crecidos,
-que salieron de madre y habia hecho grandes nortes, y con el mal
-tiempo, por no andar al través, entraron con el navío en aquel puerto
-de Aguayalco, y la señora doña Catalina Xuarez la Marcayda y toda su
-compañía se holgaron con nosotros: luego las trujimos á todas aquellas
-señoras y su compañía á nuestra villa de Guacacualco, y lo hizo saber
-el Sandoval muy en posta á Cortés de su venida, y las llevó luego
-camino de Méjico y fueron acompañándolas el mismo Sandoval y Briones y
-Francisco de Lugo y otros caballeros.</p>
-
-<p>Y cuando Cortés lo supo, dijeron que le habia pesado mucho de su
-venida, puesto que no lo demostró y les mandó salir á recebir; y
-en todos los pueblos les ha<span class="pagenum" id="Page_463">p.
-463</span>cian mucha honra hasta que llegaron á Méjico, y en aquella
-ciudad hubo regocijos y juego de cañas; y dende á obra de tres meses
-que hubieron llegado oimos decir que esta señora murió de asma.</p>
-
-<p>Y digamos de lo que le acaeció á Villafuerte, el que fué á poblar
-á Zacatula, y á un Juan Álvarez Chico, que tambien fué á Colima; y
-al Villafuerte le dieron mucha guerra y le mataron ciertos soldados,
-y estaba la tierra levantada, que no les querian obedecer ni dar
-tributos, y al Juan Álvarez Chico ni más ni ménos; y como lo supo
-Cortés, le pesó dello: y como Cristóbal de Olí habia venido de lo
-de Mechoacan, y venia rico y la habia dejado en paz, y le pareció á
-Cortés que tenia buena mano para ir á asegurar y pacificar aquellas
-dos provincias de Zacatula y Colima, acordó de le enviar por capitan,
-y le dió quince de á caballo y treinta escopeteros y ballesteros; é
-yendo por su camino, ya que llegaba cabe Zacatula, le aguardaron los
-naturales de aquella provincia muy gentilmente á un mal paso, y le
-mataron dos soldados y le hirieron quince, é todavía les venció, y fué
-á la villa donde estaba Villafuerte con los vecinos que en ella estaban
-poblados, que no osaban ir á los pueblos que tenian en encomienda,
-porque no los acapillasen; y le habian muerto cuatro vecinos en sus
-mismos pueblos, porque comunmente en todas las provincias y villas que
-se pueblan, á las principales les dan encomenderos, y cuando les piden
-tributos se alzan y matan los<span class="pagenum" id="Page_464">p.
-464</span> españoles que pueden; pues cuando el Cristóbal de Olí vió
-que ya tenia apaciguada aquella provincia y le habian venido de paz,
-fué desde Zacatula á Colima, y hallóla de guerra, y tuvo con los
-naturales della ciertos reencuentros y le hirieron muchos soldados, y
-al fin los desbarató y quedaron de paz.</p>
-
-<p>El Juan Álvarez Chico, que habia ido por capitan no sé qué se hizo
-dél; paréceme que murió en aquella guerra.</p>
-
-<p>Pues como el Cristóbal de Olí hubo pacificado á Colima y le pareció
-que estaba de paz, como era casado con una portuguesa hermosa, que
-ya he dicho que se decia doña Felipa de Araujo, dió la vuelta para
-Méjico, y no se hubo bien vuelto, cuando se tornó á levantar lo de
-Colima y Zacatula; y en aquel instante habia llegado á Méjico Gonzalo
-de Sandoval con la señora doña Catalina Xuarez Marcayda y con el Juan
-Xuarez y todas sus compañías, como ya otra vez dicho tengo en el
-capítulo que dello habla; acordó Cortés de enviarle por capitan para
-apaciguar aquellas provincias y con muy pocos de á caballo que entónces
-le dió y obra de quince ballesteros y escopeteros, conquistadores
-viejos, fué á Colima y castigó á dos caciques, y tal maña se dió, que
-toda la tierra dejó muy de paz y nunca más se levantó, y se volvió por
-Zacatula é hizo lo mismo, y de presto se volvió á Méjico.</p>
-
-<p>Y volvamos á Guacacualco, y digamos cómo luego que se partió Gonzalo
-de Sandoval para Méjico con la señora doña Catalina Xuarez se<span
-class="pagenum" id="Page_465">p. 465</span> nos rebelaron todas las más
-provincias de las que estaban encomendadas á los vecinos, é tuvimos muy
-gran trabajo en las tornar á pacificar; y la primera que se levantó fué
-Xaltepeque, zapotecas, que estaban poblados en altas y malas sierras, y
-tras esto se levantó lo de Cimatan y Copilco, que estaban entre grandes
-rios y ciénagas, y se levantaron otras provincias, y aun hasta doce
-leguas de la villa hubo pueblos que mataron á su encomendero, y lo
-andábamos pacificando con muy grandes trabajos.</p>
-
-<p>Y estando que estábamos en una entrada con el capitan Luis Marin
-é un alcalde ordinario y todos los regidores de nuestra villa,
-viniéronnos cartas que habia venido al puerto un navío, y que en él
-venia Juan Bono de Quexo, vizcaino, é que habia subido el rio arriba
-con el navío, que era pequeño, hasta la villa, é que decia que traia
-cartas é provisiones de su majestad para nos notificar que luego
-fuésemos á la villa é dejásemos la pacificacion de la provincia; y como
-aquella nueva supimos, y estábamos con el teniente Luis Marin, así
-alcaldes y regidores fuimos á ver qué queria.</p>
-
-<p>Y despues de nos abrazar y dar el parabien-venidos los unos y los
-otros, porque el Juan Bono era muy conocido de cuando vino con Narvaez,
-dijo que nos pedia por merced que nos juntásemos en cabildo que nos
-queria notificar ciertas provisiones de su majestad y de D. Juan
-Rodriguez de<span class="pagenum" id="Page_466">p. 466</span> Fonseca,
-Obispo de Búrgos; que traia muchas cartas para todos.</p>
-
-<p>Y segun pareció, traia el Juan Bono cartas en blanco con la firma
-del Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar en la pacificacion
-donde estábamos, se informó el Juan Bono quién éramos los regidores,
-y las cartas que traia en blanco escribió en ellas palabras de
-ofrecimientos que el Obispo nos enviaba si dábamos la tierra á
-Cristóbal de Tapia, que el Juan Bono no creyó que era vuelto para
-la isla de Santo Domingo; y el Obispo tenia por cierto que no le
-recebiriamos, é á aquel efeto envió á Juan Bono con aquellos recaudos;
-é traia para mí, como regidor, una carta del mismo Obispo, que escribió
-el Juan Bono.</p>
-
-<p>Pues ya que habiamos entrado en cabildo y vimos sus despachos
-y provisiones, que nunca nos habia querido decir lo que era hasta
-entónces, de presto le despachamos con decir que ya el Tapia era vuelto
-á Castilla, é que fuese á Méjico, adonde estaba Cortés, é allá le diria
-lo que le conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, que el Tapia
-no estaba en la tierra, se puso muy triste, y otro dia se embarcó, é
-fué á la Villa-Rica, é desde allí á Méjico, y lo que allá pasó yo no lo
-sé; salvo que oí decir que Cortés le ayudó para la costa y se volvió á
-Castilla.</p>
-
-<p>Y dejemos de contar más cosas, que habia bien que decir cómo siempre
-que en aquella villa estuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquistas
-de las provincias que se habian levantado;<span class="pagenum"
-id="Page_467">p. 467</span> y volvamos á decir de Pedro de Albarado
-cómo le fué en lo de Tutepeque y en su poblacion.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_161">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO PEDRO DE ALBARADO FUÉ Á TUTEPEQUE Á POBLAR UNA
- VILLA, Y LO QUE EN LA PACIFICACION DE AQUELLA PROVINCIA Y POBLAR LA
- VILLA LE ACAECIÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Es menester que volvamos algo atrás para dar relacion de esta ida
-que fué Pedro de Albarado á poblar á Tutepeque; y es así, que como se
-ganó la ciudad de Méjico, y se supo en todas las comarcas y provincias
-que una ciudad tan fuerte estaba por el suelo, enviaban á dar el
-parabien de la vitoria á Cortés, y á ofrecerse por vasallos de su
-majestad; y entre muchos grandes pueblos que en aquel tiempo vinieron,
-fué uno que se dice Tutepeque, zapotecas, y trajeron un presente de
-oro á Cortés, y dijéronle que estaban otros pueblos algo apartados
-que se decian Tutepeque, muy enemigos suyos, é que les venian á dar
-guerra porque habian enviado los de Guantepeque á dar la obediencia
-á su majestad, y que estaban en la costa del sur, y que era gente
-muy rica, así de oro que te<span class="pagenum" id="Page_468">p.
-468</span>nian en joyas, como de minas; y le demandaron á Cortés con
-mucha importunacion les diesen hombres de á caballo y escopeteros
-y ballesteros para ir contra sus enemigos; é Cortés les habló muy
-amorosamente, y les dijo que queria enviar con ellos al Tonatio, que
-así le llamaban al Pedro de Albarado; y dijo á fray Bartolomé que fuese
-con Albarado, y luego le dió sobre ciento y ochenta soldados, y entre
-ellos treinta y cinco de á caballo, y le mandó que en la provincia de
-Guaxaca, donde estaba un Francisco de Orozco por capitan, pues estaba
-de paz aquella provincia, que le demandase otros veinte soldados, y los
-más dellos ballesteros.</p>
-
-<p>Y así como le fué mandado, ordenó su partida, y salió de Méjico el
-año de 22; é mandóle Cortés que luego fuese é viese ciertos peñoles que
-decian que estaban alzados, y entónces todo lo halló de paz y de buena
-voluntad, y tardó más de cuarenta dias en llegar á Tutepeque; y el
-señor dél y todos los principales, desque supieron que estaban ya cerca
-de su pueblo, le salieron á recebir de paz, y les llevaron á aposentar
-en lo más poblado del pueblo, adonde el cacique tenia sus adoratorios
-y sus grandes aposentos, y estaban las casas muy juntas unas de otras
-y son de paja; porque en aquella provincia no tenian azuteas, porque
-es tierra muy caliente; y dijo fray Bartolomé á Albarado, con sus
-capitanes y soldados, que no era bien aposentarse en aquellas casas tan
-juntas unas de otras,<span class="pagenum" id="Page_469">p. 469</span>
-porque si ponian fuego no se podrian valer; y parecióle bien el consejo
-á Albarado, y fué acordado que se fuesen en cabo del pueblo; y como fué
-aposentado, el cacique le llevó muy grandes presentes de oro y bien
-de comer, y cada dia que allí estuvieron le llevó presentes muy ricos
-de oro; y como el Albarado vido que tanto oro tenian, le mandó hacer
-unas estriberas de oro fino, de la manera de otras que le dió para que
-por ellas las hiciese, y se las trajeron hechas; y dende á pocos dias
-echó preso al cacique porque le dijeron los de Teguantepeque al Pedro
-de Albarado que le queria dar guerra toda aquella provincia, é que
-cuando le aposentaron entre aquellas casas donde estaban los ídolos y
-aposentos, que era por les quemar é que allí muriesen todos; y á esta
-causa le echó preso.</p>
-
-<p>Otros españoles de fe y de creer dijeron que por sacalle mucho oro,
-é sin justicia murió en las prisiones; ahora sea lo uno ó lo otro,
-aquel cacique dió á Pedro de Albarado más de treinta mil pesos, y
-murió de enojo y de la prision; y aunque fray Bartolomé de Olmedo le
-animaba y consolaba, no bastó para que no se muriese encorajado y de
-pesar; é quedó á un su hijo el cacicazgo, y le sacó Albarado mucho más
-oro que al padre; y luego envió á visitar los pueblos de la comarca,
-y los repartió entre los vecinos, y pobló una villa que se puso por
-nombre Segura, porque los más vecinos que allí poblaron habian sido de
-ántes vecinos de Segura de la<span class="pagenum" id="Page_470">p.
-470</span> Frontera, que era Tepeaca.</p>
-
-<p>Y como esto tuvo hecho, y tenia ya llegado buena suma de pesos
-de oro, y se lo llevaba á Méjico para dar á Cortés; y tambien le
-dijeron que Cortés le escribió que todo el oro que pudiese haber, que
-lo trajese consigo para enviar á su majestad, por causa que habian
-robado los franceses lo que habian enviado con Alonso de Ávila é
-Quiñones, é que no diese parte ninguna dello á ningun soldado de los
-que tenia en su compañía; é ya que el Albarado queria partir para
-Méjico, tenian hecha ciertos soldados una conjuracion, y los más dellos
-ballesteros y escopeteros, de matar otro dia á Pedro de Albarado y á
-sus hermanos porque les llevaban el oro sin dar partes, y aunque se las
-pedian muchas veces, no se lo quiso dar, y porque no les daba buenos
-repartimientos de indios; y esta conjuracion, si no se lo descubriera á
-fray Bartolomé de Olmedo un soldado que se decia Trebejo, que era en la
-misma trama, aquella noche que venia habian de dar en ellos; y como el
-Albarado lo supo del fraile, que se lo dijo á hora de vísperas, yendo á
-caballo á caza por unas cabañas, é iban en su compañía á caballo de los
-que entraban en la conjuracion, para disimular con ellos dijo:</p>
-
-<p>—«Señores, á mí me ha dado dolor de costado; volvamos á los
-aposentos, y llámenme un barbero que me haga sangre.»</p>
-
-<p>Y como volvió, envió á llamar á sus hermanos Jorge y Gonzalo Gomez,
-todos Albarados, é á los alcaldes y algua<span class="pagenum"
-id="Page_471">p. 471</span>ciles, y prenden los que eran en la
-conjuracion, y por justicia ahorcaron á dos dellos, que se decia el
-uno Fulano de Salamanca, natural del Condado, que habia sido piloto,
-é á otro que se decia Bernardo Levantisco, y murieron como buenos
-cristianos, que el fray Bartolomé trabajó mucho con ellos; y con estos
-dos apaciguó los demás, y luego se fué para Méjico con todo el oro,
-y dejó poblada la villa; y cuando los vecinos que en ella quedaron
-vieron que los repartimientos que les daban no eran buenos, y la
-tierra doliente y muy calurosa, é habian adolecido muchos dellos,
-é las naborías é esclavos que llevaban se les habian muerto, y aun
-muchos murciélagos y mosquitos y aun chinches, y sobre todo, que el
-oro no lo repartió el Albarado entre ellos y se lo llevó, acordaron de
-quitarse de mal ruido y despoblar la villa, y muchos dellos se vinieron
-á Méjico y otros á Guaxaca é á Guatimala, y se derramaron por otras
-partes; y cuando Cortés lo supo, envió á hacer pesquisa sobre ello,
-y hallóse que por los alcaldes y regidores en el cabildo se concertó
-que se despoblasen, y sentenciaron á los que fueron en ello á pena de
-muerte; mas el fray Bartolomé pidió á Cortés que no los ahorcase, y
-eso con mucho ahinco; y así, fué despues la pena un destierro; y desta
-manera sucedió en lo de Tutepeque, que jamás nunca se pobló, y aunque
-era tierra rica, por ser doliente; y como los naturales de aquella
-tierra vieron esto, que se ha<span class="pagenum" id="Page_472">p.
-472</span>bia despoblado, é la crueldad que Pedro de Albarado habia
-hecho sin causa ni justicia ninguna, se tornó á rebelar, y volvió á
-ellos el Pedro de Albarado y los llamó de paz, y sin dalle guerra
-volvieron á estar de paz.</p>
-
-<p>Dejemos esto, é digamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre
-ochenta mil pesos de oro para enviar á su majestad, y el tiro Fénix
-forjado, vino en aquella sazon nueva cómo habia venido á Pánuco
-Francisco de Garay con grande armada; y lo que sobre ello se hizo diré
-adelante.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_162">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXII.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO VINO FRANCISCO DE GARAY DE JAMÁICA CON GRANDE
- ARMADA PARA PÁNUCO, Y LO QUE LE ACONTECIÓ, Y MUCHAS COSAS QUE
- PASARON.</p>
-</div>
-
-<p>Como he dicho en otro capítulo que habla de Francisco de Garay,
-como era gobernador en la isla de Jamáica é rico, y tuvo nueva que
-habiamos descubierto muy ricas tierras cuando lo de Francisco Hernandez
-de Córdoba é Juan de Grijalva, y habiamos llevado á la isla de Cuba
-veinte mil pesos de oro, y los hubo Diego Velazquez, gobernador que
-era de aquella isla, y que venia en aquel instante Hernando Cortés
-á<span class="pagenum" id="Page_473">p. 473</span> la Nueva-España con
-otra armada, tomóle gran codicia á Garay de venir á conquistar algunas
-tierras, pues tenia mejor caudal que otros ningunos; y tuvo nueva
-plática de un Anton de Alaminos, que fué el piloto mayor que habiamos
-traido cuando lo descubrimos, cómo estaban muy ricas tierras y muy
-pobladas desde el rio de Pánuco adelante, é que aquello podia enviar á
-suplicar á su majestad que le hiciese merced.</p>
-
-<p>Y despues de bien informado el mismo Garay del piloto Alaminos y
-de otros pilotos que se habian hallado juntamente con el Alaminos en
-el descubrimiento, acordó enviar á su mayordomo, que se decia Juan de
-Torralba, á la córte con cartas y dineros, á suplicar á los caballeros
-que en aquella sazon estaban por presidente é oidores de su majestad
-que le hiciesen merced de la gobernacion del rio de Pánuco, con todo
-lo demás que descubriese é estuviese por poblar; y como su majestad
-en aquella sazon estaba en Flandes, y estaba por presidente de Indias
-don Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano,
-que lo mandaba todo, y el licenciado Zapata y el licenciado Vargas y
-el secretario Lope de Conchillos, le trajeron provisiones que fuese
-adelantado y gobernador del rio de San Pedro y San Pablo, con todo lo
-que descubriese; y con aquellas provisiones envió luego tres navíos con
-hasta ducientos y cuarenta soldados, con muchos caballos y escopeteros
-y balleste<span class="pagenum" id="Page_474">p. 474</span>ros y
-bastimentos, y por capitan dellos á un Alonso Álvarez Pineda ó Pinedo,
-otras veces por mí ya nombrado.</p>
-
-<p>Pues como hubo enviado aquella armada, ya he dicho otras veces que
-los indios de Pánuco se la desbarataron, y mataron al capitan Pineda
-y á todos los soldados y caballos que tenia, excepto obra de sesenta
-soldados que vinieron al puerto de la Villa-Rica con un navío, y por
-capitan dellos un Camargo, que se acogieron á nosotros; y tras aquellos
-tres navíos, viendo el Garay que no tenia nuevas dellos, envió otros
-dos navíos con muchos soldados y caballos y bastimentos, y por capitan
-dellos á Miguel Diaz de Ajuz é á un Ramirez, los cuales se vinieron
-tambien á nuestro puerto; y como vieron que no hallaron en el rio de
-Pánuco pelo ni hueso de los soldados que habia enviado Garay, salvo los
-navíos quebrados, todo lo cual tengo ya dicho otra vez en mi relacion;
-mas es necesario que se torne á decir desde el principio para que bien
-se entienda.</p>
-
-<p>Pues volviendo á nuestro propósito y relacion, viendo el Francisco
-de Garay que ya habia gastado muchos pesos de oro, é oyó decir de
-la buena ventura de Cortés y de las grandes ciudades que habia
-descubierto, y del mucho oro y joyas que habia en la tierra, tuvo
-envidia y codicia, y le vino más la voluntad de venir él en persona y
-traer la mayor armada que pudiese; buscó once navíos y dos bergantines,
-que fueron trece velas, y allegó ciento treinta y seis de á caballo
-y<span class="pagenum" id="Page_475">p. 475</span> ochocientos y
-cuarenta soldados, los más ballesteros y escopeteros, y bastecióles muy
-bien de todo lo que hubieron menester, que era pan cazabe é tocinos
-é tasajos de vacas, que ya habia ganado vacuno; que, como era rico y
-lo tenia todo de su cosecha, no le dolia el gasto; y para ser hecha
-aquella armada en la isla de Jamáica, fué demasiada la gente y caballos
-que allegó.</p>
-
-<p>Y en el año de 1523 años salió de Jamáica con toda su armada por
-San Juan de Junio, é vino á la isla de Cuba é á un puerto que se dice
-Xagua, y allí alcanzó á saber que Cortés tenia pacificada la provincia
-de Pánuco é poblada una villa, y habia gastado en la pacificar más
-de setenta mil pesos de oro, é que habia enviado á suplicar á su
-majestad le hiciese merced de la gobernacion della, juntamente con
-la Nueva-España; y como le decian de las cosas heróicas que Cortés y
-sus compañeros habiamos hecho, y como tuvo nueva que con ducientos y
-sesenta y seis soldados habiamos desbaratado á Pánfilo de Narvaez,
-habiendo traido sobre mil y trecientos soldados, con ciento de á
-caballo y otros tantos escopeteros y ballesteros, y diez y ocho tiros,
-temió la fortuna de Cortés; é en aquella sazon que estaba el Garay
-en aquel puerto de Xagua le vinieron á ver muchos vecinos de la isla
-de Cuba, y viniéronse en su compañía del Garay ocho ó diez personas
-principales de aquella isla, y le vino á ver el licenciado Zuazo,
-que habia venido á<span class="pagenum" id="Page_476">p. 476</span>
-aquella isla á tomar residencia á Diego Velazquez por mandado de
-la Real audiencia de Santo Domingo; y platicando el Garay con el
-licenciado sobre la ventura de Cortés, que temia que habia de tener
-diferencias con él sobre la provincia de Pánuco, le rogó que se fuese
-con el Garay en aquel viaje, para ser intercesor entre él y Cortés;
-y el licenciado Zuazo respondió que no podia ir por entónces sin dar
-residencia, mas que presto seria allá en Pánuco.</p>
-
-<p>Y luego el Garay mandó dar velas, é va su derrota para Pánuco, y en
-el camino tuvo un mal tiempo, y los pilotos que llevaba subieron más
-arriba hácia el rio de Palmas, y surgió en el propio rio dia de señor
-Santiago, y luego envió á ver la tierra, y á los capitanes y soldados
-que envió no les pareció buena, y no tuvieron gana de quedar allí,
-sino que se viniese al propio rio de Pánuco á la poblacion é villa que
-Cortés habia poblado, por estar más cerca de Méjico; y como aquella
-nueva le trajeron, acordó el Garay de tomar juramento á todos sus
-soldados que no le desmampararian sus banderas, é que le obedecerian
-como á tal capitan general, é nombró alcaldes y regidores y todo lo
-perteneciente á una villa; dijo que se habia de nombrar la villa
-Garayana, é mandó desembarcar todos los caballos y soldados de los
-navíos desembarazados; envió los navíos costa á costa con un capitan
-que se decia Grijalva, y él y todo su ejército se vino por tierra
-costa á costa cerca de la mar, y anduvo dos<span class="pagenum"
-id="Page_477">p. 477</span> dias por malos despoblados, que eran
-ciénagas; pasó un rio que venia de unas sierras que vieron desde el
-camino, que estaban de allí obra de cinco leguas, y pasaron aquel gran
-rio en barcas é en unas canoas, que hallaron quebradas.</p>
-
-<p>Luego en pasando el rio estaba un pueblo despoblado de aquel dia, é
-hallaron muy bien de comer maíz é gallinas, é habia muchas guayabas muy
-buenas.</p>
-
-<p>Allí en este pueblo el Garay prendió unos indios que entendian la
-lengua mejicana, y halagóles y dióles camisas, envióles por mensajeros
-á otros pueblos que le decian que estaban cerca, porque recibiesen de
-paz, y rodeó una ciénaga; fué á los mismos pueblos, recibiéronle de
-paz, diéronle muy bien de comer y muchas gallinas de la tierra é otras
-aves, como á manera de ansarones, que tomaban en las lagunas; é como
-muchos de los soldados que llevaba Garay iban cansados, y parece ser no
-les daban de lo que los indios traian de comer, se amotinaron algunos
-é se fueron á robar á los indios de aquellos pueblos por donde venian,
-é estuvieron en este pueblo tres dias; otro dia fueron su camino con
-guias, llegaron á un gran rio, no le podian pasar sino con canoas que
-les dieron los de los pueblos de paz donde habian estado; procuraron
-de pasar cada caballo á nado, y remando con cada canoa un caballo que
-le llevasen del cabestro, y como eran muchos caballos y no se daban
-maña, se les ahogaron cinco caballos; salen de aquel rio, dan<span
-class="pagenum" id="Page_478">p. 478</span> en unas malas ciénagas,
-y con mucho trabajo llegaron á tierra de Pánuco; é ya que en ella se
-hallaron, creyeron tener de comer, y estaban todos los pueblos sin maíz
-ni bastimentos y muy alterados, y esto fué á causa de las guerras que
-Cortés con ellos habia tenido poco tiempo habia; y tambien si alguna
-comida tenian, habíanlo alzado y puesto en cobro; porque, como vieron
-tantos españoles y caballos, tuvieron miedo dellos y despoblaron los
-pueblos, é adonde pensaba Garay reposar, tenia más trabajo; y demás
-desto, como estaban despobladas las casas donde posaba, habia en ellas
-muchos murciélagos é chinches é mosquitos, é todo les daba guerra; é
-luego sucedió otra mala ventura, que los navíos que venian costa á
-costa no habian llegado al puerto ni sabian dellos, porque en ellos
-traian mucho bastimento; lo cual supieron de un español que los vino
-á ver ó hallaron en un pueblo, que era de los vecinos que estaban
-poblados en la villa de Santi-Estéban del Puerto, que estaba huido por
-temor de la justicia por cierto delito que habia hecho; el cual les
-dijo cómo estaban poblados en una villa muy cerca de allí y cómo Méjico
-era muy buena tierra, é que estaban los vecinos que en ella vivian
-ricos; é como oyeron los soldados que traia Garay al español, que con
-él hablaron muchos, que la tierra de Méjico era buena é la de Pánuco
-no era tan buena, se desmandaron y se fueron por la tierra á robar, é
-íbanse á Méjico; y en<span class="pagenum" id="Page_479">p. 479</span>
-aquella sazon, viendo el Garay que se le amotinaban sus soldados y no
-los podia haber, envió á su capitan que se decia Diego de Ocampo á
-la villa de Santi-Estéban á saber qué voluntad tenia el teniente que
-estaba por Cortés que se decia Pedro de Vallejo, y aun le escribió
-haciéndole saber cómo traia provisiones y recaudos de su majestad para
-gobernar y ser adelantado de aquellas provincias, é cómo habia aportado
-con sus navíos al rio de Palmas, é del camino é trabajos que habia
-pasado; y el Vallejo hizo mucha honra al Diego de Ocampo y á los que
-con él iban, y le dió buena respuesta, y les dijo que Cortés holgara
-de tener tan buen vecino por gobernador, mas que le habia costado muy
-caro la conquista de aquella tierra, y que su majestad le habia hecho
-merced de la gobernacion, y que venga cuando quisiere con sus ejércitos
-é que se le hará todo servicio, é que le pide por merced que mande á
-sus soldados que no hagan sinjusticias ni robos á los indios, porque se
-le han venido á quejar dos pueblos; y tras esto, muy en posta escribió
-el Vallejo á Cortés, y aun le envió la carta del Garay, é hizo que
-escribiese otra al mismo Diego de Ocampo, y le envió á decir que qué
-mandaba que se hiciese é que de presto enviasen muchos soldados, ó
-viniese Cortés en persona.</p>
-
-<p>Y desque Cortés vió la carta, envió á llamar á fray Bartolomé é á
-Pedro de Albarado, é á Gonzalo de Sandoval é á un Gonzalo de Ocampo,
-hermano del otro<span class="pagenum" id="Page_480">p. 480</span>
-Diego de Ocampo que venia con Garay, y envió con ellos los recaudos que
-tenia, cómo su majestad le habia mandado que todo lo que conquistase
-tuviese en sí hasta que se averiguase la justicia entre él y Diego
-Velazquez, ó se lo notificasen al Garay.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que luego como Gonzalo de Ocampo
-volvió con la respuesta del Vallejo al Garay, y le pareció buena
-respuesta, se vino con todo su ejército á se juntar más cerca de la
-villa de Santi-Estéban del Puerto, é ya el Pedro de Vallejo tenia
-concertado con los vecinos de la villa, é con aviso que tuvo de cinco
-soldados que se habian ido de la villa, que eran del mismo Garay,
-de los amotinados; y como estaban muy descuidados é no se velaban,
-é como quedaban en un pueblo bueno é grande que se dice Nachaplan,
-y los del Vallejo sabian bien la tierra, dan en la gente de Garay,
-y le prenden sobre cuarenta soldados, y se los llevaron á su villa
-de Santi-Estéban del Puerto, y ellos tuvieron por nueva su prision;
-y la causa que dijo el Vallejo por que los prendió, era porque, sin
-presentar las provisiones y recaudos que traian, andaban robando la
-tierra; y viendo esto Garay, hubo gran pesar, y tornó á enviar á decir
-al Vallejo que le diese sus soldados, amenazándole con la justicia de
-nuestro Rey y señor; y el Vallejo respondió que cuando vea las Reales
-provisiones, que las obedecerá y pondrá sobre su cabeza, é que fuera
-mejor que cuando vino Ocampo las trajera y<span class="pagenum"
-id="Page_481">p. 481</span> presentara para las cumplir, é que le
-pide por merced que mande á sus soldados que no roben ni saqueen los
-pueblos de su majestad; y en este instante llegaron fray Bartolomé é
-Albarado, los capitanes que Cortés enviaba con los recaudos; y como
-el Diego de Ocampo era en aquella sazon alcalde mayor por Cortés en
-Méjico, comenzó de hacer requirimientos al Garay que no entrase en la
-tierra, porque su majestad mandó que la tuviese Cortés, y en demandas y
-respuestas, en que andaba el fray Bartolomé, se pasaron ciertos dias,
-y entre tanto se le iban al Garay muchos soldados, que anochecian y no
-amanecian en el real; y vió Garay que los capitanes de Cortés traian
-mucha gente de á caballo y escopeteros, de cada dia le venian más, y
-supo que de sus navíos que habia mandado venir costa á costa, se le
-habian perdido dos dellos con tormenta de nortes, que es travesía, y
-los demás navíos que estaban en la boca del puerto, y que el teniente
-Vallejo les envió á requerir que luego se entrasen dentro en el rio,
-no les viniese algun desman y tormenta como la pasada; si no, que los
-ternia por corsarios que andaban á robar; y los capitanes de los navíos
-respondieron que no tuviese Vallejo que entender ni mandar en ello,
-que ellos estarian donde quisiesen; y en este instante el Francisco de
-Garay temió la buena fortuna de Cortés; y como andaban en estos trances
-el alcalde mayor Diego de Ocam<span class="pagenum" id="Page_482">p.
-482</span>po, y Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval, tuvieron
-pláticas secretas con los de Garay y con los capitanes que estaban en
-los navíos en el puerto, y se concertaron con ellos que se entrasen
-en el puerto y se diesen á Cortés; y luego un Martin de San Juan
-Lepuzcuano y un Castro Mocho, maestres de navíos, se entregaron é
-dieron con sus naos al teniente Vallejo por Cortés; é como los tuvo,
-fué en ellos el mismo Vallejo á requerir al capitan Juan de Grijalva,
-que estaba en la boca del puerto, que se entrase dentro á surgir, ó
-se fuese por la mar donde quisiese; y respondióle con tirarle muchos
-tiros; y luego enviaron en una barca un escribano del Rey, que se decia
-Vicente Lopez, á le requerir que se entrase en el puerto, y aun llevó
-cartas para el Grijalva, del Pedro de Albarado y de fray Bartolomé,
-con ofertas y prometimientos que Cortés le haria mercedes; y como vió
-las cartas y que todas las naos habian entrado en el rio, así hizo el
-Juan de Grijalva con su nao capitana; y el teniente Vallejo le dijo
-que fuese preso en nombre del capitan Hernando Cortés; mas luego le
-soltó á él y á cuantos estaban detenidos, á causa que le decia fray
-Bartolomé:</p>
-
-<p>—«Hagamos nuestra cosa sin sangre, pues podemos, y serán Dios y el
-César más agradados.»</p>
-
-<p>Y desque el Garay vió el mal recaudo que tenia, y sus soldados
-huidos y amotinados, y los navíos todos al través, y los demás
-estaban tomados por Cortés, si muy triste<span class="pagenum"
-id="Page_483">p. 483</span> estuvo ántes que se los tomasen, más lo
-estuvo despues que se vido desbaratado; y luego demandó con grandes
-protestaciones que hizo á los capitanes de Cortés que le diesen sus
-naos y todos sus soldados, que se queria volver al rio de Palmas, y
-presentó sus provisiones y recaudos que para ello traia, y que por
-no tener debates ni cuestiones con Cortés, que se queria volver; y
-aquellos caballeros le respondieron que fuese mucho en buena hora,
-y que ellos mandarian á todos los soldados que estaban en aquella
-provincia y por los pueblos amotinados que luego se vengan á su capitan
-y vayan en los navíos; y le mandaron proveer de todo lo que hubiese
-menester, así de bastimentos como de armas y tiros ó pólvora, é que
-escribirán á Cortés lo proveyese muy cumplidamente de todo lo que
-hubiese menester; y el Garay con esta respuesta y ofrecimiento estaba
-contento; y luego se dieron pregones en aquella villa, y en todos los
-pueblos enviaron alguaciles á prender los soldados amotinados para los
-traer al Garay, y por más penas que les ponian, era pregonar en balde,
-que no aprovechaba cosa ninguna; y algunos soldados que traian presos
-decian que ya habian llegado á la provincia de Pánuco y que no eran
-obligados á más le seguir, ni cumplir el juramento que le habia tomado,
-y ponian otras perentorias que decian que no era capitan el Garay para
-saber mandar, ni hombre de guerra.</p>
-
-<p>Como vió el Garay que no apro<span class="pagenum" id="Page_484">p.
-484</span>vechaban pregones ni la buena diligencia que le parecia
-que ponian los capitanes de Cortés en traer sus soldados, estaba
-desesperado; pues viéndose desmamparado de todos, aconsejáronle los
-que venian por parte de Cortés que le escribiese luego al mismo
-Cortés, é que ellos serian intercesores con él para que volviese al
-rio de Palmas; y que tenian á Cortés por tan de buena condicion, que
-le ayudaria en todo lo que pudiese, y que el Pedro de Albarado y el
-Fraile serian fiadores dello; y luego el Garay escribió á Cortés,
-dándole relacion de su viaje y trabajos, que si su merced mandaba, que
-le iria á ver y comunicar cosas cumplideras al servicio de Dios y de su
-majestad, encomendándole su honra y estado, y que lo ordenase de manera
-que no fuese disminuida su honra; y tambien escribió fray Bartolomé
-y Pedro de Albarado, y el Diego de Ocampo y Gonzalo de Sandoval,
-suplicando al Cortés por las cosas del Francisco de Garay, para que en
-todo fuese ayudado, pues en los tiempos pasados habian sido grandes
-amigos; y Cortés, viendo aquellas cartas, tuvo lástima del Garay, y le
-respondió con mucha mansedumbre, y que le pesaba de todos sus trabajos,
-y que se venga á Méjico, que le promete que en todo lo que pudiere
-ayudar lo hará de muy buena voluntad, y que á la obra se remite; y
-mandó que por do quiera que viniese le hiciesen honra y le diesen todo
-lo que hubiese menester, y aun le envió al ca<span class="pagenum"
-id="Page_485">p. 485</span>mino refresco; y cuando llegó á Tezcuco le
-tenian hecho un banquete; y llegado á Méjico, el mismo Cortés y muchos
-caballeros les salieron á recebir, y el Garay iba espantado de ver
-tantas ciudades, y más cuando vió la gran ciudad de Méjico; y luego
-Cortés lo llevó á sus palacios, que entónces nuevamente los hacia; y
-despues que se hubieron comunicado él y el Garay, el Garay le contó sus
-desdichas y trabajos, encomendándole que por su mano fuese remediado;
-y el mismo Cortés se le ofreció muy de voluntad, y fray Bartolomé y
-Pedro de Albarado y Gonzalo de Sandoval le fueron buenos medianeros;
-y de ahí á tres ó cuatro dias que hubo llegado, porque la amistad
-suya fuese más duradera y segura, trató fray Bartolomé que se casase
-una hija de Cortés, que se decia doña Catalina Cortés é Pizarro, que
-era niña, con un hijo de Garay, el mayorazgo, que traia consigo en la
-armada é le dejó por capitan de su armada; y Cortés vino en ello, y le
-mandó en dote con doña Catalina gran cantidad de pesos de oro, y que
-Garay fuese á poblar el rio de Palmas, é que Cortés le diese lo que
-hubiese menester para la poblacion y pacificacion de aquella provincia,
-y aun le prometió capitanes y soldados de los suyos, para que con ellos
-descuidase en las guerras que hubiese; y con estos prometimientos, y
-con la buena voluntad que Garay halló en Cortés, estaba muy alegre: yo
-tengo por cierto que así como lo habia capitula<span class="pagenum"
-id="Page_486">p. 486</span>do y ordenado Cortés, lo cumpliria.</p>
-
-<p>Dejemos esto del casamiento y de las promesas, y diré cómo en
-aquella sazon fué á posar el Garay en casa de un Alonso de Villanueva,
-porque Cortés hacia sus casas y palacio muy grandes, y de tantos
-patios, que era admiracion; y Alonso de Villanueva, segun pareció,
-habia estado en Jamáica cuando Cortés lo envió á comprar caballos,
-que esto no lo afirmo si era entónces ó despues; era muy grande amigo
-de Garay, y por el conocimiento pasado suplicó el Garay á Cortés para
-pasarse á las casas del Villanueva, y se le hacia toda la honra que
-podia, y todos los vecinos de Méjico le acompañaban.</p>
-
-<p>Quiero decir cómo en aquella sazon estaba en Méjico Pánfilo de
-Narvaez, que es el que hubimos desbaratado, como dicho tengo otras
-veces, y fué á ver y hablar al Garay; abrazáronse el uno al otro, y se
-pusieron á platicar cada uno de sus trabajos y desdichas; y como el
-Narvaez era hombre que hablaba muy entonado, de plática en plática,
-medio riendo, le dijo el Narvaez:</p>
-
-<p>—«Señor adelantado D. Francisco de Garay, hanme dicho ciertos
-soldados de los que le han venido huyendo y amotinados que solia decir
-vuesamerced á los caballeros que traia en su armada: «Mirad que hagamos
-como varones, y peleemos muy bien con estos soldados de Cortés, no nos
-tomen descuidados como tomaron á Narvaez;» pues, señor D. Francisco de
-Garay, á mí peleando me quebraron este ojo, y<span class="pagenum"
-id="Page_487">p. 487</span> me robaron y me quemaron cuanto tenia, y
-hasta que me mataron el alférez y muchos soldados y prendieron mis
-capitanes, nunca me habian vencido tan descuidado como á vuesamerced
-le han dicho: hágole saber que otros más venturosos en el mundo no
-ha habido que Cortés; y tiene tales capitanes y soldados, que se
-podian nombrar tan en ventura cada uno en lo que tuvo entre manos como
-Octaviano, y en el vencer como Julio César, y en el trabajar y ser en
-las batallas más que Aníbal.»</p>
-
-<p>Y el Garay respondia que no habia necesidad que se lo dijesen;
-que por las obras se veia lo que decia, y que ¿qué hombre hubo en el
-mundo que con tan pocos soldados se atreviese á dar con los navíos al
-través, y meterse en tan recios pueblos y grandes ciudades á les dar
-guerra? Y respondia Narvaez recitando otros grandes hechos de Cortés;
-y estuvieron el uno y el otro platicando en las conquistas desta
-Nueva-España como á manera de coloquio.</p>
-
-<p>Y dejemos estas alabanzas que entre ellos se tuvo, y diré cómo Garay
-suplicó á Cortés por el Narvaez para que le diese licencia para volver
-á la isla de Cuba con su mujer, que se decia María de Valenzuela, que
-estaba rica de las minas y de los buenos indios que tenia el Narvaez; y
-demás de se lo suplicar el Garay á Cortés con muchos ruegos, la misma
-mujer de Narvaez se lo habia enviado á suplicar á Cortés por cartas,
-le dejase ir á su marido; porque, segun parece, se conocian<span
-class="pagenum" id="Page_488">p. 488</span> cuando Cortés estaba en
-Cuba, y eran compadres; y Cortés le dió licencia y le ayudó con dos
-mil pesos de oro; y cuando el Narvaez tuvo licencia se humilló mucho
-á Cortés, con prometimientos que primero le hizo que en todo le seria
-servidor, y luego se fué á Cuba.</p>
-
-<p>Dejemos de más platicar desto, y digamos en qué paró Garay y
-su armada; y es, que yendo una Noche de Navidad del año de 1523,
-juntamente con Cortés, á maitines, que los cantaron muy bien, y fray
-Bartolomé dijo lindamente la Misa del Gallo, despues de vueltos de la
-iglesia, almorzaron con mucho regocijo, y desde allí á una hora, con
-el aire que le dió al Garay, que estaba de ántes mal dispuesto, le
-dió dolor de costado con grandes calenturas; mandáronle los médicos
-sangrar y purgáronle, y desque vieron que arreciaba el mal, le dijeron
-á fray Bartolomé que le dijese á Garay que moria, que se confesase y
-que hiciese testamento; lo cual luego lo hizo fray Bartolomé, y le dijo
-como llegaba su acabamiento, que se dispusiese como buen cristiano y
-honrado caballero, é que no perdiese su ánima; ya que habia perdido la
-hacienda.</p>
-
-<p>El Garay le respondió:</p>
-
-<p>—«Teneis razon, Padre; yo quiero que me confeseis esta noche, y
-recibir el santo cuerpo de Jesucristo é hacer mi testamento.»</p>
-
-<p>É cumpliólo muy honradamente; y desque hubo comulgado, hizo su
-testamento, y dejó por albaceas á Cortés y á fray Bartolomé de Olmedo;
-y luego, dende á cuatro<span class="pagenum" id="Page_489">p.
-489</span> dias que le dió el mal, dió el alma á Nuestro Señor
-Jesucristo, que la crió; y esto tiene la calidad de la tierra de
-Méjico, que en tres ó cuatro dias mueren de aquel mal de dolor
-de costado, que esto ya lo he dicho otra vez, y lo tenemos bien
-experimentado de cuando estábamos en Tezcuco y en Cuyoacan, que se
-murieron muchos de nuestros soldados.</p>
-
-<p>Pues ya muerto Garay, perdónele Dios, amen, le hicieron muchas
-honras al enterramiento, y Cortés y otros caballeros se pusieron luto;
-y murió el Garay fuera de su tierra, en casa ajena y léjos de su mujer
-é hijos.</p>
-
-<p>Dejemos de contar desto y volvamos á decir de la provincia del
-Pánuco, que, como el Garay se vino á Méjico, y sus capitanes y
-soldados, como no tenian cabeza ni quien les mandase, cada uno de
-los soldados que aquí nombraré, que el Garay traia en su compañía,
-se querian hacer capitanes; los cuales se decian, Juan de Grijalva,
-Gonzalo de Figueroa, Alonso de Mendoza, Lorenzo de Ulloa, Juan de
-Medina el tuerto, Juan de Villa, Antonio de la Cerda y un Tobarda; este
-Tobarda fué el más bullicioso de todos los del real de Garay; y sobre
-todos ellos quedó por capitan un hijo de Garay, que queria casar Cortés
-con su hija, y no le acataban ni hacian cuenta dél todos los que he
-nombrado ni ninguno de los de su capitanía; ántes se juntaban de quince
-en quince y de veinte en veinte, y se andaban robando los pueblos y
-tomando las mujeres por fuerza, y mantas y ga<span class="pagenum"
-id="Page_490">p. 490</span>llinas, como si estuvieran en tierra de
-moros, robando lo que se hallaban.</p>
-
-<p>Y como aquello vieron los indios de aquella provincia, se
-concertaron todos á una de los matar, y en pocos dias sacrificaron y
-comieron más de quinientos españoles, y todos eran de los de Garay, y
-en pueblos hubo que sacrificaron más de cien españoles juntos; y por
-todos los demás pueblos no hacian sino, á los que andaban desmandados,
-matallos y comer y sacrificar; y como no habia resistencia, ni
-obedecian á los vecinos de la villa de Santi-Estéban, que dejó Cortés
-poblada, é ya que salian á les dar guerra, era tanta la multitud que
-salia de guerreros, que no se podian valer con ellos; y á tanto vino
-la cosa y atrevimiento que tuvieron, que fueron muchos indios sobre la
-villa, y la combatieron de noche y de dia de arte, que estuvo en gran
-riesgo de se perder; y si no fuera por siete ó ocho conquistadores
-viejos de los de Cortés, y por el capitan Vallejo, que ponian velas y
-andaban rondando y esforzando á los demás, ciertamente les entraran en
-su villa; y aquellos conquistadores dijeron á los demás soldados de
-Garay que siempre procurasen de estar juntamente con ellos, y que allí
-en el campo estaban muy mejor, y que allí los hallasen sus contrarios,
-y que no se volviesen á la villa; y así se hizo, y pelearon con ellos
-tres veces, y puesto que mataron al capitan Vallejo é hirieron otros
-muchos, todavía los desbarataron y mataron muchos indios dellos;<span
-class="pagenum" id="Page_491">p. 491</span> y estaban tan furiosos
-todos los indios naturales de aquella provincia, que quemaron y
-abrasaron una noche cuarenta españoles, y mataron quince caballos, y
-muchos de los que mataron eran de los de Cortés, en un pueblo, y todos
-los demás fueron de los de Garay; y como Cortés alcanzó á saber estos
-destrozos que hicieron en esta provincia, tomó tanto enojo, que quiso
-volver en persona contra ellos, y como estaba muy malo de un brazo
-que se le habia quebrado, no pudo venir; y de presto mandó á Gonzalo
-de Sandoval que viniese con cien soldados y cincuenta de á caballo
-y dos tiros y quince arcabuceros y ballesteros, y le dió ocho mil
-tlascaltecas y mejicanos, y le mandó que no viniese sin que les dejase
-muy bien castigados, de manera que no se tornasen á alzar.</p>
-
-<p>Pues como el Sandoval era muy ardidoso, y cuando le mandaban cosa
-de importancia no dormia de noche, no se tardó mucho en el camino,
-que con gran concierto da órden cómo habian de entrar y salir los
-de á caballo en los contrarios, porque tuvo aviso que le estaban
-esperando en dos malos pasos todas las capitanías de los guerreros de
-aquellas provincias; y acordó enviar la mitad de todo su ejército al
-un mal paso, y él se estuvo con la otra mitad de su compañía á la otra
-parte; y mandó á los escopeteros y ballesteros no hiciesen sino armar
-unos y soltar otros, y dar en ellos y hasta ver si los podria hacer
-poner en huida; y los contrarios tiraban mucha<span class="pagenum"
-id="Page_492">p. 492</span> vara y flecha y piedra, é hirieron á muchos
-soldados y de nuestros amigos.</p>
-
-<p>Viendo Sandoval que no les podia entrar, estuvieron en aquel mal
-paso hasta la noche, y envió á mandar á los demás que estaban en
-aquel otro mal paso que hiciesen lo mismo, y los contrarios nunca
-desmampararon sus puestos, é otro dia por la mañana, viendo Sandoval
-que no aprovechaba cosa estarse allí como habia dicho, mandó enviar
-á llamar á las demás capitanías que habia enviado al otro mal paso,
-é hizo que levantaba su real, y que se volvia camino de Méjico como
-amedrentado; y como los naturales de aquellas provincias que estaban
-juntos les pareció que de miedo se iban retrayendo, salen al camino,
-é iban siguiéndole dándole grita y diciéndole vituperios; y todavía
-el Sandoval, aunque más indios salian tras él, no volvia sobre ellos,
-y esto fué por descuidalles, para, como habian ya estado aguardando
-tres dias, volver aquella noche y pasar de presto con todo su ejército
-los malos pasos; é así lo hizo, que á media noche volvió y tomóles
-algo descuidados, y pasó con los de á caballo; y no fué tan sin grande
-peligro, que le mataron tres caballos é hirieron muchos soldados; y
-cuando se vió en buena tierra y fuera del mal paso con sus ejércitos,
-él por una parte y los demás de su capitanía por otra, dan en grandes
-escuadrones que aquella misma noche se habian juntado, desque supieron
-que volvió; y eran tantos, que el Sandoval<span class="pagenum"
-id="Page_493">p. 493</span> tuvo recelo no le rompiesen y desbaratasen,
-y mandó á sus soldados que se tornasen á juntar con él para que
-peleasen juntos, porque vió y entendió de aquellos contrarios que
-como tigres rabiosos se venian á meter por las puntas de las espadas,
-y habian tomado seis lanzas á los de á caballo, como no eran hombres
-acostumbrados á la guerra; de lo cual Sandoval estaba tan enojado, que
-decia que valiera más que trajera pocos soldados de los que él conocia,
-y no los que trujo; y allí les mandó á los de á caballo de la manera
-que habian de pelear, que eran nuevamente venidos; y es, que las lanzas
-algo terciadas, y no se parasen á dar lanzadas, sino por los rostros
-y pasar adelante hasta que les hayan puesto en huida; y les dijo que
-vista cosa es que si se parasen á alancear, que la primera cosa que
-el indio hace desque está herido es echar mano de la lanza, y como
-les vean volver las espaldas, que entónces á media rienda les ha de
-seguir, y las lanzas todavía terciadas, y si les echaren mano de las
-lanzas, porque aun con todo esto no dejan de asir dellas, que para se
-las sacar de presto de sus manos, poner piernas al caballo, y la lanza
-bien apretada con la mano asida y debajo del brazo para mejor se ayudar
-y sacarla del poder del contrario, y si no la quisiere soltar, traerle
-arrastrando con la fuerza del caballo.</p>
-
-<p>Pues ya que les estuvo dando órden cómo habian de batallar,
-y vió á todos sus soldados y de á caballo<span class="pagenum"
-id="Page_494">p. 494</span> juntos, se fué á dormir aquella noche á
-orilla de un rio, y allí puso buenas velas y escuchas y corredores del
-campo; y mandó que toda la noche tuviesen los caballos ensillados, y
-asimismo ballesteros y escopeteros y soldados muy apercebidos; mandó
-á los amigos tlascaltecas y mejicanos que estuviesen sus capitanías
-algo apartadas de los nuestros, porque ya tenia experiencia de lo
-de Méjico; porque si de noche viniesen los contrarios á dar en los
-reales, que no hubiese estorbo ninguno en los amigos; y esto fué
-porque el Sandoval temió que vendrian, porque vió muchas capitanías de
-contrarios que se juntaban muy cerca de sus reales, y tuvo por cierto
-que aquella noche les habian de venir á combatir, é oia muchos gritos
-y cornetas é tambores muy cerca de allí; é segun entendian, habíanle
-dicho muchos amigos á Sandoval que decian los contrarios que para aquel
-dia cuando amaneciese habian de matar á Sandoval y á toda su compañía;
-y los corredores del campo vinieron dos veces á dar aviso que sentian
-que se apellidaban de muchas partes y se juntaban; y cuando fué dia
-claro Sandoval mandó salir á todas sus compañías con gran ordenanza, á
-los de á caballo les tornó á traer á la memoria como otras veces les
-habia dicho: íbanse por el camino adelante por unas caserías, adonde
-oian los atambores y cornetas; y no hubo bien andado medio cuarto de
-legua, cuando le salen al encuentro tres escuadrones de guerreros y le
-co<span class="pagenum" id="Page_495">p. 495</span>menzaron á cercar;
-y como aquello vió, manda arremeter la mitad de los de á caballo por
-una parte y la otra mitad por la otra, y puesto que le mataron dos
-soldados de los nuevamente venidos de Castilla, y tres caballos,
-todavía les rompió de tal manera, que fué desde allí adelante matando é
-hiriendo en ellos, que no se juntasen como de ántes.</p>
-
-<p>Pues nuestros amigos los mejicanos y tlascaltecas hacian mucho daño
-en todos aquellos pueblos, y prendieron mucha gente y abrasaron todos
-los pueblos que por delante hallaban, hasta que el Sandoval tuvo lugar
-de llegar á la villa de Sant-Estéban del Puerto, y halló los vecinos
-tales y tan debilitados, unos muy heridos y otros muy dolientes, y lo
-peor, que no tenian maíz que comer ellos y veinte y ocho caballos;
-y esto á causa que de noche y de dia les daban guerra, y no tenian
-lugar de traer maíz ni otra cosa ninguna, é hasta aquel mismo dia que
-llegó Sandoval no habian dejado de los combatir, porque entónces se
-apartaron del combate, y despues de haber ido todos los vecinos de
-aquella villa á ver y hablar al capitan Sandoval, y dalle gracias y
-loores por los haber venido en tal tiempo á socorrer, le contaron los
-de Garay que si no fuera por siete ó ocho conquistadores viejos de los
-de Cortés, que les ayudaron mucho, que corrian mucho riesgo sus vidas,
-porque aquellos ocho salian cada dia al campo y hacian salir los demás
-soldados, é resistian que los contrarios no<span class="pagenum"
-id="Page_496">p. 496</span> los entrasen en la villa; y tambien porque,
-como lo capitaneaban é por su acuerdo se hacia todo, é habian mandado
-que los dolientes y heridos se estuviesen dentro en la villa, y que
-todos los demás aguardasen en el campo, y que de aquella manera se
-sostenian con los contrarios; y Sandoval les abrazó á todos, y mandó
-á los conquistadores, que bien los conocia, y aun eran sus amigos, en
-especial Fulano Navarrete y Carrascosa, y un Fulano de Alamilla y otros
-cinco, que todos eran de los de Cortés, que repartiesen entre ellos de
-los de á caballo y ballesteros y escopeteros que el Sandoval traia,
-é que por dos partes fuesen ó enviasen maíz é bastimento, é hiciesen
-guerra é prendiesen todas las más gentes que pudiesen, en especial
-caciques; y esto mandó el Sandoval porque él no podia ir, que estaba
-mal herido en un muslo, y en la cara tenia una pedrada, y asimismo
-entre los de su compañía traia otros muchos soldados heridos, y porque
-se curasen estuvo en la villa tres dias que no salió á dar guerra;
-porque, como habia enviado los capitanes ya nombrados, y conoció dellos
-que lo harian bien, y vió que de presto enviaron maíz y bastimento,
-con esto estuvo los tres dias; y tambien le enviaron muchas indias y
-gente menuda que habian preso, y cinco principales de los que habian
-sido capitanes en las guerras; y Sandoval les mandó soltar á todas las
-gentes menudas, excepto á los principales, y les envió á decir que
-desde allí<span class="pagenum" id="Page_497">p. 497</span> adelante
-que no prendiesen si no fuesen á los que fueron en la muerte de los
-españoles, y no mujeres ni muchachos, y que buenamente les enviasen á
-llamar, é así lo hicieron; y ciertos soldados de los que habian venido
-con Garay, que eran personas principales, que el Sandoval halló en
-aquella villa, los cuales eran por quien se habia revuelto aquella
-provincia, que ya los he nombrado á todos los más dellos en el capítulo
-pasado, vieron que Sandoval no les encomendaba cosa ninguna para ir por
-capitanes con soldados, como mandó á los siete conquistadores viejos de
-los de Cortés, comenzaron á murmurar dél entre ellos, y aun convocaban
-á otros soldados á decir mal del Sandoval y de sus cosas, y aun ponian
-en pláticas de se levantar con la tierra, so color de que estaba allí
-con ellos el hijo de Francisco de Garay como adelantado della; y como
-lo alcanzó á saber el Sandoval, les habló muy bien y les dijo:</p>
-
-<p>—«Señores, en lugar de lo tener á bien, como, gracias á Dios,
-os hemos venido á socorrer, me han dicho que decis cosas que para
-caballeros como sois no son de decir: yo no os quito vuestro ser y
-honra en enviar los que aquí hallé por caudillos y capitanes; y si
-hallara á vuesas mercedes que érades caudillos, harto fuera yo de ruin
-si les quitara el cargo.</p>
-
-<p>»Queria saber una cosa: por qué no lo fuistes cuando estábades
-cercados. Lo que me dijistes todos á una es, que si no fuera
-por aquellos siete soldados viejos, que tuviérades más<span
-class="pagenum" id="Page_498">p. 498</span> trabajo; y como sabian la
-tierra mejor que vuesas mercedes, por esta causa los envié: así que,
-señores, en todas nuestras conquistas de Méjico no mirábamos en estas
-cosas é puntos, sino en servir lealmente á su majestad; así, os pido
-por merced que desde aquí adelante lo hagais, é yo no estaré en esta
-provincia muchos dias, si no me matan en ella, que me iré á Méjico. El
-que quedare por teniente de Cortés os dará muchos cargos, é á mí me
-perdonad.»</p>
-
-<p>Y con esto concluyó con ellos, y todavía no dejaron de tenelle mala
-voluntad; y esto pasado, luego otro dia sale Sandoval con los que trujo
-en su compañía de Méjico y con los siete que habia enviado, y tiene
-tales modos, que prendió hasta veinte caciques, que todos habian sido
-en la muerte de más de seiscientos españoles que mataron de los de
-Garay y de los que quedaron poblados en la villa de los de Cortés, y á
-todos los más pueblos envió á llamar de paz, y muchos dellos vinieron,
-y con otros disimulaba aunque no venian; y esto hecho, escribió muy en
-posta á Cortés dándole cuenta de todo lo acaecido, é qué mandaba que
-hiciese de los presos; porque Pedro de Vallejo, que dejó á Cortés por
-su teniente, era muerto de un flechazo, á quién mandaba que quedase en
-su lugar; y tambien le escribió que lo habian hecho muy como varones
-los soldados ya por mí nombrados; y como el Cortés vió la carta, se
-holgó mucho en que aquella provincia estuviese ya de paz; y en la<span
-class="pagenum" id="Page_499">p. 499</span> sazon que le dieron la
-carta á Cortés estábanle acompañando muchos caballeros conquistadores é
-otros que habian venido de Castilla; é dijo Cortés delante dellos:</p>
-
-<p>—«¡Oh Gonzalo de Sandoval! ¡en cuán gran cargo os soy, y cómo me
-quitais de muchos trabajos!»</p>
-
-<p>Y allí todos le alabaron mucho, diciendo que era un muy extremado
-capitan, y que se podia nombrar entre los muy afamados.</p>
-
-<p>Dejemos destas loas; y luego Cortés le escribió que, para que más
-justificadamente castigase por justicia á los que fueron en la muerte
-de tanto español y robos de hacienda y muertes de caballos, que enviaba
-al alcalde mayor Diego de Ocampo para que se hiciese informacion contra
-ellos, é lo que se sentenciase por justicia que lo ejecutase; y le
-mandó que en todo lo que pudiese les aplaciese á todos los naturales
-de aquella provincia, é que no consintiese que los de Garay ni otras
-personas ningunas los robasen ni les hiciesen malos tratamientos; y
-como el Sandoval vió la carta, y que venia el Diego de Ocampo, se holgó
-dello, y desde á dos dias que llegó el alcalde mayor Ocampo hicieron
-proceso contra los capitanes y caciques que fueron en la muerte
-de los españoles, y por sus confesiones, por sentencia que contra
-ellos pronunciaron, quemaron y ahorcaron ciertos dellos, é á otros
-perdonaron; y los cacicazgos dieron á sus hijos y hermanos, á quien de
-derecho les convenia.</p>
-
-<p>Y esto hecho, el Diego de Ocampo parece ser traia
-instrucciones<span class="pagenum" id="Page_500">p. 500</span> é
-mandamientos de Cortés para que inquiriese quién fueron los que
-entraban á robar la tierra é andaban en bandos y rencillas, y
-convocando á otros soldados que se alzasen, y mandó que les hiciese
-embarcar en un navío y los enviase á la isla de Cuba, y aun envió
-dos mil pesos para Juan de Grijalva si se queria volver á Cuba; é si
-quisiese quedar, que le ayudase y diese todo recaudo para venir á
-Méjico; é en fin de más razones, todos de buena voluntad se quisieron
-volver á la isla de Cuba, donde tenian indios, y les mandó dar mucho
-bastimento de maíz é gallinas é de todas las cosas que habia en la
-tierra, y se volvieron á sus casas é isla de Cuba; y esto hecho,
-nombraron por capitan á un Fulano de Vallecillo, é dieron la vuelta el
-Sandoval y el Diego de Ocampo para Méjico, y fueron bien recebidos de
-Cortés y de toda la ciudad, que temian todos algun mal desbaratamiento
-de los nuestros, y se alegraron y solazaron mucho cuando vieron venir á
-Sandoval con vitoria.</p>
-
-<p>Y fray Bartolomé de Olmedo dijo á Cortés que se diesen loores á
-Dios; y ansí, se hizo una fiesta á nuestra Señora, y predicó muy
-santamente fray Bartolomé de Olmedo, y como buen letrado, que lo era
-el fraile; y dende en adelante no se tornó más á levantar aquella
-provincia.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar más en ello, é digamos lo que le aconteció al
-licenciado Zuazo en el viaje que venia de Cuba á la Nueva España.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_163">
- <p><span class="pagenum" id="Page_501">p. 501</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXIII.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO EL LICENCIADO ALONSO DE ZUAZO VENIA EN UNA
- CARABELA Á LA NUEVA-ESPAÑA, CON DOS FRAILES DE LA MERCED, AMIGOS
- DE FRAY BARTOLOMÉ DE OLMEDO, Y DIÓ EN UNAS ISLETAS QUE LLAMAN LAS
- VÍBORAS, É DE LA MUERTE DE UNO DE LOS FRAILES, Y LO QUE MÁS LE
- ACONTECIÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Como ya he dicho en el capítulo pasado que hablé de cuando el
-licenciado Zuazo fué á ver á Francisco de Garay al pueblo Xagua, que es
-la isla de Cuba, cabe la villa de la Trinidad; y el Garay le importunó
-que fuese con él en su armada para ser medianero entre él y Cortés,
-porque bien entendido tenia que habia de tener diferencias sobre la
-gobernacion de Pánuco; y el Alonso de Zuazo le prometió que ansí lo
-haria en dando cuenta de la residencia del cargo que tuvo de justicia
-en aquella isla de Cuba, donde al presente vivia; y en hallándose
-desembarazado, luego procuró de dar residencia y hacerse á la vela
-é ir á la Nueva-España, adonde habia prometido, é llevó consigo dos
-frailes de la Merced, que se decia el uno fray Gonzalo de Pontevedra y
-el otro fray Juan Varillas, natural de Salamanca, é este era muy amigo
-del Padre fray Bartolomé de Olmedo, é habia pedi<span class="pagenum"
-id="Page_502">p. 502</span>do licencia á sus Prelados para ir en busca
-suya é le ayudar, é estaba con fray Gonzalo en Cuba á la ventura de
-si habia ocasion de ir con el fray Bartolomé; y el Zuazo que se decia
-pariente del fray Juan, le pidió se fuese con él, y se embarcaron
-en un navío chico, é yendo por su viaje, é salimos de la punta que
-llaman de Sant-Anton, y tambien se dice por otro nombre la tierra de
-los Gamatabeis, que son unos salvajes que no sirven á españoles; y
-navegando en su navío, que era de poco porte, ó porque el piloto erró
-la derrota, ó descayó con las corrientes, fué á dar en unas isletas
-que son entre unos bajos que llaman las Víboras, y no muy léjos destos
-bajos están otros que llaman los Alacranes, y entre estas isletas se
-suelen perder navíos grandes; y lo que le dió la vida á Zuazo fué ser
-su navío de poco porte.</p>
-
-<p>Pues volviendo á nuestra relacion: porque pudiesen llegar con el
-navío á una isleta que vieron que estaba cerca, que no bañaba la
-mar, echaron muchos tocinos al agua, y otras cosas que traian para
-matalotaje, para aliviar el navío, para poder ir sin tocar en tierra
-hasta la isleta, y cargaron tantos tiburones á los tocinos, que á unos
-marineros que se echaron al agua á más de la cinta, los tiburones,
-encarnizados en los tocinos apañaron á un marinero dellos y le
-despedazaron y tragaron, y si de presto no se volvieran los demás
-marineros á la carabela, todos perecieran, segun andaban los tiburones,
-encarni<span class="pagenum" id="Page_503">p. 503</span>zados en
-la sangre del marinero que mataron; pues lo mejor que pudieron
-allegaron con su carabela á la isleta, y como habian echado á la mar
-el bastimento y cazabe, y no tenian qué comer, y tampoco tenian agua
-que beber ni lumbre, ni otra cosa con que pudiesen sustentarse, salvo
-unos tasajos de vaca que dejaron de arrojar á la mar, fué ventura que
-traian en la carabela dos indios de Cuba, que sabian sacar lumbre con
-unos palicos secos que hallaron en la isleta adonde aportaron, é dellos
-sacaron lumbre, y cavaron en un arenal y sacaron agua salobre, y como
-la isleta era chica y de arenales, venian á ella á desovar muchas
-tortugas, é ansí como salian las trastornaban los indios de Cuba las
-conchas arriba; é suele poner cada una dellas sobre cien huevos tamaños
-como de patos; é con aquellas tortugas é muchos huevos tuvieron bien
-con que se sustentar trece personas que escaparon en aquella isleta; y
-tambien mataron los marineros que salian de noche al arenal los lobos
-marinos de la isleta, que fueron harto buenos para comer.</p>
-
-<p>Pues estando desta manera, como en la carabela acertaron á venir dos
-carpinteros de ribera, y tenian sus herramientas, que no se les habian
-perdido, acordaron de hacer una barca para ir con ella á la vela, é con
-la tablazon é clavos, estopas é jarcias y velas que sacaron del navío
-que se perdió, hacen una buena barca como batel, en que fueron tres
-marineros é un indio<span class="pagenum" id="Page_504">p. 504</span>
-de Cuba á la Nueva-España, y para matalotaje llevaron de las tortugas
-y los lobos marinos asados, y con agua salobre, y con la carta é aguja
-de marear, despues de se encomendar á Dios, fueron su viaje, é unas
-veces con buen tiempo é otras veces con contrario, llegaron al puerto
-de Calchocuca, que es el rio de Banderas, adonde en aquella sazon se
-descargaban las mercaderías que venian de Castilla, y dende allí fueron
-á Medellin, adonde estaba por teniente de Cortés un Simon de Cuenca;
-y como los marineros que venian en la barca le dijeron al teniente el
-gran peligro en que estaba el licenciado Alonso Zuazo, luego sin más
-dilacion el Simon de Cuenca buscó marineros é un navío de poco porte,
-y con mucho refresco, lo despachó á la isleta adonde estaba el Zuazo;
-y el Simon de Cuenca le escribió al mismo licenciado cómo Cortés se
-holgaria mucho con su venida, é ansimismo le hizo saber á Cortés
-todo lo acaecido, y cómo le envió el navío bastecido; de lo cual se
-holgó Cortés del buen aviamiento que el teniente hizo, y mandó que en
-aportando allí al puerto, que le diesen todo lo que hubiese menester, y
-vestidos y cabalgaduras, é que le enviasen á Méjico; y partió el navío,
-é fué con buen viaje á la isleta, con el cual se holgó el Zuazo y su
-gente.</p>
-
-<p>Volvamos á decir cómo cuando llegó el navío se habia muerto en pocos
-dias, de no poder comer bocado de las viandas, el Fraile fray Gonzalo,
-de que habian habido<span class="pagenum" id="Page_505">p. 505</span>
-gran pesar fray Juan é Zuazo; é habiéndole encomendado á Dios su alma,
-se embarcaron en él, y de presto con buen tiempo llegaron á Medellin,
-é se les hizo mucha honra, y fueron á Méjico, y Cortés les mandó salir
-á recebir, y les llevó á sus palacios y se regocijó con ellos, y le
-hizo su alcalde mayor al licenciado Alonso de Zuazo, y en esto paró su
-viaje.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar dello, y digo que esta relacion que doy, es por
-una carta que nos escribió á la villa de Guacalco Cortés al cabildo
-della, adonde declaraba lo por mí aquí dicho, é porque dentro en dos
-meses vino al puerto de aquella villa el mismo barco en que vinieron
-los marineros á dar aviso del Zuazo, é allí hicieron un barco del
-descargo de la misma barca, y los marineros nos lo contaban segun de la
-manera que aquí lo escribo.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y diré cómo Cortés envió á Pedro de Albarado á
-pacificar la provincia de Guatimala.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_164">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXIV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS ENVIÓ Á PEDRO DE ALBARADO Á LA
- PROVINCIA DE GUATIMALA PARA QUE POBLASE UNA VILLA Y LOS TRAJESE DE
- PAZ, Y LO QUE SOBRE ELLO SE HIZO.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como Cortés siempre tuvo los pensamientos muy altos y de
-señorear, quiso en todo re<span class="pagenum" id="Page_506">p.
-506</span>medar á Alejandro Macedonio y con los muy buenos capitanes y
-extremados soldados que siempre tuvo, despues que se hubo poblado la
-gran ciudad de Méjico é Guaxaca é Zacatula é Colima é la Veracruz é
-Pánuco é Guacacualco, y tuvo noticia que en la provincia de Guatimala
-habia recios pueblos de mucha gente é que habia minas, acordó de enviar
-á la conquistar y poblar á Pedro de Albarado, é aun el mismo Cortés
-habia enviado á rogar á aquella provincia que viniesen de paz, é no
-quisieron venir; é dióle al Albarado para aquel viaje sobre trecientos
-soldados, y entre ellos ciento y veinte escopeteros y ballesteros,
-y más, le dió ciento y treinta y cinco de á caballo, cuatro tiros y
-mucha pólvora, y un artillero que se decia Fulano de Usagre, y sobre
-ducientos tlascaltecas y cholultecas, y cien mejicanos, que iban
-sobresalientes.</p>
-
-<p>Fray Bartolomé de Olmedo, que era amigo grande de Albarado, le
-demandó licencia á Cortés para irse con él é predicar la fe de
-Jesucristo á los de Guatimala; mas Cortés, que tenia con el fraile
-siempre harta comunicacion, decia que no, y que iria con Albarado
-un buen clérigo que habia venido de España con Garay, é que tuviese
-voluntad de quedarse para predicar la pascua del Nacimiento de
-Jesucristo; mas el fraile tanto le cansó, que se hubo de ir con
-Albarado, aunque con poca voluntad de Cortés, que siempre con él
-hablaba de todos los negocios.</p>
-
-<p>Y despues de dadas las instrucciones en<span class="pagenum"
-id="Page_507">p. 507</span> que le mandaba á Albarado que con toda
-diligencia procurase de los atraer de paz sin darles guerra, é que con
-ciertas lenguas que llevaba les predicase fray Bartolomé de Olmedo las
-cosas tocantes á nuestra santa fe, é que no les consintiese sacrificios
-ni sodomías ni robarse unos á otros, é que las cárceles é redes que
-hallase hechas, adonde suelen tener presos indios á engordar para
-comer, que las quebrase y que los saquen de las prisiones, y que con
-amor y buena voluntad los atraya á que dén la obediencia á su Majestad,
-y en todo se les hiciese buenos tratamientos, entónces fray Bartolomé
-de Olmedo pidió que se fuese con ellos el clérigo ya por mí arriba
-memorado, que vino con Garay para que le ayudase, y el clérigo era
-bueno, y Cortés se le dió y dijo que fuese en buen hora.</p>
-
-<p>Pues ya despedido el Pedro de Albarado de Cortés y de todos los
-caballeros amigos suyos que en Méjico habia, y se despidieron los unos
-de los otros, partió de aquella ciudad en 13 dias del mes de Diciembre
-de 1523 años, y mandóle Cortés que fuese por unos peñoles que cerca
-del camino estaban alzados en la provincia de Guantepeque, los cuales
-peñoles trajo de paz; llámanse el peñol de Güelamo, que era entónces
-de la encomienda de un soldado que se dice Güelamo; y dende allí fué
-á Tecuantepeque, pueblo grande, y son zapotecas, y le recibieron muy
-bien, porque estaban de paz, é ya se habian ido de aquel pueblo, como
-dicho ten<span class="pagenum" id="Page_508">p. 508</span>go en el
-capítulo pasado que dello habla, á Méjico, y dado la obediencia á
-su Majestad é á ver á Cortés, y aun le llevaron un presente de oro;
-y dende Tecuantepeque fué á la provincia de Soconusco, que era en
-aquel tiempo muy poblada de más de quince mil vecinos, y tambien le
-recibieron de paz y le dieron un presente de oro y se dieron por
-vasallos de su Majestad.</p>
-
-<p>Y dende Soconusco llegó cerca de otras poblaciones que se dicen
-Zapotitlan, y en el camino, en una puente de un rio que hay allí un mal
-paso, halló muchos escuadrones de guerreros que le estaban aguardando
-para no dejalle pasar, y tuvo una batalla con ellos, en que le mataron
-un caballo é hirieron muchos soldados, y uno murió de las heridas;
-y eran tantos los indios que se habian juntado contra Albarado, no
-solamente los de Zapotitlan, sino de otros pueblos comarcanos, que
-por muchos dellos que herian, no los podian apartar, y por tres veces
-tuvieron rencuentros, y quiso nuestro Señor Dios que los venció y le
-vinieron de paz; y dende Zapotitlan iba camino de un recio pueblo que
-se dice Quetzaltenango, y ántes de llegar á él tuvo otros rencuentros
-con los naturales de aquel pueblo y con otros sus vecinos, que se dice
-Utatlan, que era cabecera de ciertos pueblos que están en su contorno á
-la redonda del Quetzaltenango, y en ellos le hirieron ciertos soldados,
-puesto que el Pedro de Albarado y su gente mataron é hirieron muchos
-indios.</p>
-
-<p>Y<span class="pagenum" id="Page_509">p. 509</span> luego estaba
-una mala subida de un puerto que dura legua y media, y con ballesteros
-y escopeteros y todos sus soldados puestos en gran concierto, lo
-comenzó á subir, y en la cumbre del puerto hallaron una india gorda
-que era hechicera, y un perro de los que ellos crian, que son buenos
-para comer, que no saben ladrar, sacrificados, que es señal de guerra;
-y más adelante halló tanta multitud de guerreros que le estaban
-esperando, y le comenzaron á cercar; y como eran los pasos malos y
-en sierra muy agra, los de á caballo no podian correr ni revolver ni
-aprovecharse dellos; mas los ballesteros y escopeteros y soldados de
-espada y rodela tuvieron reciamente con ellos pié con pié, y fueron
-peleando las cuestas y puerto abajo, hasta llegar á unas barrancas,
-donde tuvo otra muy reñida escaramuza con otros muchos escuadrones de
-guerreros que allí en aquellas barrancas esperaban, y era con un ardid
-que entre ellos tenian acordado, y fué desta manera: que, como fuese
-el Pedro de Albarado peleando, hacian que te iban retrayendo, y como
-les fuese siguiendo hasta donde le estaban esperando sobre seis mil
-indios guerreros, y estos eran de los de Utatlan y de otros pueblos sus
-sujetos, que allí los pensaban matar; y Pedro de Albarado y todos sus
-soldados pelearon con ellos con grande ánimo, y los indios le hirieron
-tres soldados y dos caballos, mas todavía les venció y puso en huida; y
-no fueron muy léjos,<span class="pagenum" id="Page_510">p. 510</span>
-que luego se tornaron á juntar y rehacer con otros escuadrones, y
-tornaron á pelear como valientes guerreros, creyendo desbaratar al
-Pedro de Albarado y á su gente; é fué cabe una fuente, adonde le
-aguardaron de arte, que se venian ya pié con pié con los de Pedro
-de Albarado, y muchos indios hubo dellos que aguardaron dos ó tres
-juntos á un caballo, y se ponian á fuerzas para derrotalle, é otros
-los tomaban de las colas; y aquí se vió el Pedro de Albarado en gran
-aprieto, porque como eran muchos los contrarios, no podian sustentar
-á tantas partes de los escuadrones que les daban guerra á él y todos
-los suyos; y como hubieron gran coraje con el ánimo que les daba fray
-Bartolomé de Olmedo, diciéndoles que peleasen con intencion de servir
-á Dios y extender su santa fe, que él les ayudaria, y que habian de
-vencer ó morir sobre ello; é con todo, temian no los desbaratasen,
-porque se vieron en gran aprieto; y danles una mano con las escopetas
-y ballestas, y á buenas cuchilladas les hicieron que se apartasen
-algo.</p>
-
-<p>Pues los de á caballo no estaban de espacio, sino alancear y
-atropellar y pasar adelante, hasta que los hubieron desbaratado, que
-no se juntaron en aquellos tres dias; é como vió que ya no tenia
-contrarios con quien pelear, se estuvo en el campo sin ir á poblado,
-rancheando y buscando de comer; y luego se fué con todo su ejército
-al pueblo de Quetzaltenango, y allí supo que en las batallas pasadas
-les<span class="pagenum" id="Page_511">p. 511</span> habia muerto
-dos capitanes señores de Utatlan: y estando reposando y curando los
-heridos, tuvo aviso que venia otra vez contra él todo el poder de
-aquellos pueblos comarcanos, y se habian juntado más de dos xiquipiles,
-que son diez y seis mil indios; que cada xiquipil son ocho mil
-guerreros, é que venian con determinacion de morir todos ó vencer;
-y como el Pedro de Albarado lo supo, se salió con su ejército en un
-llano, y como venian tan determinados los contrarios, comenzaron
-á cercar el ejército de Pedro de Albarado y tirar vara, flecha y
-piedra y con lanzas, y como era muy llano y podian muy bien correr á
-todas partes los caballos, dan en los escuadrones contrarios de tal
-manera, que de presto les hizo volver las espaldas; aquí le hirieron
-muchos soldados é un caballo, y segun pareció, murieron ciertos
-indios principales, ansí de aquel pueblo como de toda aquella tierra;
-por manera que dende aquella vitoria ya temian aquellos pueblos
-mucho á Albarado, y concertaron toda aquella comarca de le enviar
-á demandar paces, é le trajeron un presente de oro de poca valía
-porque acetase las paces, é fué con acuerdo de todos los caciques de
-aquella provincia, porque otra vez se tornaron á juntar muchos más
-guerreros que de ántes; y les mandaron á sus guerreros que secretamente
-estuviesen entre las barrancas de aquel pueblo de Utatlan, y que
-si enviaban á demandar paces, era que, como el Pedro de Al<span
-class="pagenum" id="Page_512">p. 512</span>barado y su ejército estaba
-en Quetzaltenango haciendo entradas y corredurias, é siempre traian
-presa de indios é indias, y por llevalle á otro pueblo muy fuerte y
-cercado de barrancas, que se dice Utatlan, para que cuando le tuviesen
-dentro y en parte que ellos creian aprovecharse dél y de sus soldados,
-dar en ellos con los guerreros que ya estaban aparejados y escondidos
-para ello.</p>
-
-<p>Volvamos á decir cómo fueron con el presente delante de Pedro de
-Albarado muchos principales; y despues de hecha su cortesía á su
-usanza, le demandaron perdon por las guerras pasadas, ofreciéndose por
-vasallos de su Majestad, y le ruegan que porque su pueblo es grande,
-está en parte más apacible donde le puedan servir, é junto á otras
-poblaciones, que se vaya con ellos á él.</p>
-
-<p>Y el Pedro de Albarado los recibió con mucho amor, y no entendió
-las cautelas que traian; y despues de les haber respondido el mal
-que habian hecho en salir de guerra, aceptó sus paces, é otro dia
-por la mañana fué con su ejército con ellos á Utatlan, que ansí se
-dice el pueblo, é desque hubo entrado dentro é vieron una casa tan
-fuerte, porque tenia dos puertas, y la una dellas tenia veinte y cinco
-escalones ántes de entrar en el pueblo, y la otra puerta con una
-calzada que era muy mala y deshecha por todas partes, y las casas muy
-juntas y las calles muy angostas, y en todo el pueblo no habia mujeres
-ni gente menuda, cercado de barrancas, é de co<span class="pagenum"
-id="Page_513">p. 513</span>mer no les proveian sino mal y tarde, y
-los caciques muy demudados en los parlamentos, avisaron al Pedro de
-Albarado unos indios de Quetzaltenango que aquella noche los querian
-matar á todos en aquellos pueblos si allí se quedaban, é que tenian
-puestos entre las barrancas muchos escuadrones de guerreros para en
-viendo arder las casas juntarse con los de Utatlan, dar en nosotros los
-unos por una parte é los otros por otra, é con el fuego é humo no se
-podrian valer, é que entónces los quemarian vivos; y como el Pedro de
-Albarado entendió el gran peligro en que estaban, de presto mandó á sus
-capitanes é á todo su ejército que sin más tardar se saliesen al campo,
-y les dijo el peligro que tenian; y como lo entendieron, no tardaron
-de se ir á lo llano cerca de unas barrancas, porque en aquel tiempo no
-tuvieron más lugar de salir á tierra llana de en medio de tan recios
-pasos; é á todo esto el Pedro de Albarado mostraba buena voluntad á
-los caciques y principales de aquel pueblo y de otros comarcanos, y
-les dijo que porque los caballos eran acostumbrados de andar paciendo
-en el campo un rato del dia, que por esta causa se salió del pueblo,
-porque estaban muy juntas las casas y calles; y los caciques estaban
-muy tristes porque ansí los vieron salir; é ya el Pedro de Albarado
-no pudo más disimular la traicion que tenian urdida, y sobre ello y
-sobre los escuadrones que tenia juntos en las barrancas mandó prender
-al cacique<span class="pagenum" id="Page_514">p. 514</span> de aquel
-pueblo y por justicia le mandó quemar.</p>
-
-<p>Fray Bartolomé de Olmedo pidió á Albarado que queria ver si
-podria enseñarle y predicarle la fe de Cristo para le bautizar; y
-el Fraile pidió un dia de término, y no lo hizo en dos; pero al fin
-quiso Jesucristo que el cacique se hizo cristiano, y le bautizó el
-Fraile, y pidió á Albarado que no le quemasen, sino que le ahorcasen,
-y el Albarado se lo concedió, y dió el señorío á su hijo, y luego se
-salió á tierra llana fuera de las barrancas, y tuvo guerra con los
-escuadrones que tenian aparejados para el efeto que he dicho; y despues
-que hubieron probado sus fuerzas y la mala voluntad con los nuestros,
-fueron desbaratados.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar de aquesto, y digamos cómo en aquella sazon
-en un gran pueblo que se dice Guatimala se supo las batallas que
-Pedro de Albarado habia habido despues que entró en la provincia,
-y en todas habia sido vencedor, y que al presente estaba en tierra
-de Utatlan, y que dende allí hacia entradas y daba guerras á muchos
-pueblos; y segun pareció, los de Utatlan y sus sujetos eran enemigos
-de los de Guatimala, é acordaron los de Guatimala de enviar mensajeros
-con presentes de oro á Pedro de Albarado, y darse por vasallos de su
-majestad; y enviaron á decir que si habian menester algun servicio de
-sus personas para aquellas guerras, que ellos vendrian; y el Pedro
-de Albarado los recibió de buena voluntad, y les envió á dar<span
-class="pagenum" id="Page_515">p. 515</span> muchas gracias por ello;
-y para ver si era como se lo decian, y como no sabia la tierra, para
-que le encaminasen les envió á demandar dos mil guerreros, y esto por
-causa de muchas barrancas y pasos malos que estaban cortados porque no
-pudiesen pasar los nuestros, para que si fuesen menester los adobasen,
-y llevar el fardaje; y los de Guatimala se los enviaron luego con sus
-capitanes; y Pedro de Albarado estuvo en la provincia de Utatlan siete
-ú ocho dias haciendo entradas, y eran de los pueblos rebelados que
-habian dado la obediencia á su majestad, y despues de dada se tornaban
-á alzar, y herraron muchos esclavos é indias, y pagaron el real quinto,
-y los demás repartieron entre los soldados; y luego se fué á la ciudad
-de Guatimala, y fué bien recibido y hospedado; y desque fueron allí
-llegados, le contaba Albarado á fray Bartolomé de Olmedo y á los
-capitanes suyos que nunca tan apretado se habia visto como en batallar
-con los de Utatlan, é que eran corajudos é buenos guerreros, y que se
-habian hecho buena hacienda, mas fray Bartolomé de Olmedo le replicó
-que Dios le habia hecho, é que para que tuviese por bien é pluguiese de
-les ayudar en adelante, que no seria malo darle gracias y hacer fiesta
-á Dios y á su Madre, é que la gente oyese Misa y que él predicase á los
-indios; dijo Albarado y todos los capitanes:</p>
-
-<p>—«Esa es la verdad, Padre; hágase una fiesta á la Vírgen.»</p>
-
-<p>É se aparejó un altar, é confesaron en dia y medio<span
-class="pagenum" id="Page_516">p. 516</span> todos, é los comulgó
-fray Bartolomé de Olmedo, é despues de la Misa predicó, é habia allí
-muchos indios, é les declaró muchas cosas de nuestra santa fe, porque
-dijo muy buenas teologías, que el Fraile dicen que la sabia; y le
-plugo á Dios que más de treinta indios quisiesen ser bautizados, é
-los bautizó de allí á dos dias el Fraile, é estaban otros deseando
-bautizarse, por ver como hablaban é comunicaban más los nuestros
-con los bautizados é no con ellos, é todos generalmente estaban con
-alegría con Albarado; y los caciques de aquella ciudad le dijeron
-que muy cerca de allí habia unos pueblos junto á una laguna, é que
-tenian un peñol muy fuerte; é que eran sus enemigos é que les daban
-guerra, y que bien sabian los de aquel pueblo que no estaban léjos
-é cómo estaba allí el Pedro de Albarado, y que no venian á dar la
-obediencia como los demás pueblos, y que eran muy malos y de malas
-condiciones; el cual pueblo se dice Atitlan; y el Pedro de Albarado
-les envió á rogar que viniesen de paz y que serian dél muy bien
-tratados, y otras blandas palabras; y la respuesta que enviaron fué,
-que maltrataron los mensajeros, y viendo que no aprovechaban, tornó á
-enviar otros embajadores para les traer de paz, porque tres veces les
-envió á traer de paz, y todas tres les maltrataron de palabra; y fué
-Pedro de Albarado en persona á ellos, y llevó sobre ciento y cuarenta
-soldados, y entre ellos veinte ballesteros y escopeteros y cuaren<span
-class="pagenum" id="Page_517">p. 517</span>ta de á caballo, y con
-dos mil guatimaltecas; é cuando llegó junto al pueblo les tornó á
-requerir con la paz, y no le respondieron sino con arcos y flechas,
-que comenzaron á flechar; y cuando aquello vió, que no llegó muy léjos
-de allí y estaba dentro del agua, sálenle al encuentro dos buenos
-escuadrones de indios guerreros con grandes lanzas y buenos arcos y
-flechas, y con otras muchas armas y coseletes, y tañendo sus atabales,
-y con sus penachos y divisas, y peleó con ellos buen rato, é hubo
-muchos heridos de los soldados; mas no tardaron mucho en el campo los
-contrarios, que luego fueron huyendo á acogerse al peñol, y el Pedro de
-Albarado con sus soldados tras ellos, y de presto les ganó el peñol,
-y hubo muchos muertos y heridos, é más hubiera si no se echaran todos
-al agua; y se pasaron á una isleta, y entónces saquearon las casas que
-estaban pobladas junto á la laguna; y se salieron á un llano adonde
-habia muchos maizales, y durmió allí aquella noche.</p>
-
-<p>Otro dia de mañana fueron al pueblo de Atitlan, que ya he dicho que
-ansí se dice, y estaba despoblado; y entónces mandó que corriesen la
-tierra é las güertas de cacaguatales, que tenian muchas, é trajeron
-presos dos principales de aquel pueblo, y el Pedro de Albarado les
-envió luego aquellos principales, con los que estaban presos del dia
-ántes, á rogar á los demás caciques vengan de paz, y que les dará
-todos los prisioneros, y que serán dél muy bien<span class="pagenum"
-id="Page_518">p. 518</span> mirados y honrados, y que si no vienen, que
-les dará guerra como á los de Quetzaltenango é Utatlan, é les cortará
-sus árboles de cacaguatales y hará todo el daño que pudiere; en fin
-de más razones, con estas palabras y amenazas luego vinieron de paz y
-trajeron un presente de oro, y se dieron por vasallos de su majestad,
-y luego el Pedro de Albarado y su ejército se volvió á Guatimala; é
-se ocupaba el fray Bartolomé de Olmedo en predicarles la santa fe
-á los indios, decia Misa en un altar que hicieron, en que pusieron
-una cruz, que la adoraban ya los indios, como miraban que nosotros
-la adorábamos; é tambien puso el Fraile una imágen de la Vírgen que
-habia traido Garay é se la dió cuando muriera; era pequeña, mas muy
-hermosa, é los indios se enamoraban della, y el Fraile les decia quién
-era, y ellos la adoraban; é estando algunos dias sin hacer cosa más de
-lo por mí memorado, vinieron de paz todos los pueblos de la comarca,
-y otros de la costa del Sur, que se llaman los pipiles; y muchos de
-aquellos pueblos que vinieron de paz se quejaron que en el camino
-por donde venian estaba una poblacion que se dice Izcuintepeque, y
-que eran malos, y que no les dejaban pasar por su tierra y les iban
-á saquear sus pueblos, y dieron otras muchas quejas dellos; y el
-Pedro de Albarado los envió á llamar de paz, y no quisieron venir,
-ántes enviaron á decir muy soberbias palabras; é acordó de ir á ellos
-con todos los más soldados<span class="pagenum" id="Page_519">p.
-519</span> que tenia, y de á caballo y escopeteros y ballesteros, y
-muchos amigos de Guatimala, y sin ser sentidos, da una mañana sobre
-ellos, en que se hizo mucho daño y presa, que valiera más que nunca se
-hiciera, sino conforme á justicia; que fué mal hecho y no conforme á lo
-que su majestad mandó.</p>
-
-<p>É ya que hemos hecho relacion de la conquista y pacificacion de
-Guatimala y sus provincias, y muy cumplidamente lo dice en una memoria
-que dello tiene hecha un vecino de Guatimala, deudo de los Albarados,
-que se dice Gonzalo de Albarado, lo cual verán más por extenso, si
-yo en algo aquí faltare, y esto digo porque no me hallé en estas
-conquistas hasta que pasamos por aquestas provincias, estando todo de
-guerra, en el año de 1524 años, é fué cuando veniamos de las Higueras
-é Honduras con el capitan Luis Marin, que nos volvimos para Méjico; y
-más digo, que tuvimos en aquella sazon con los de Guatimala algunos
-rencuentros de guerra, y tenian hechos muchos hoyos y cortados en
-pasos malos pedazos de sierras para que no pudiésemos pasar con las
-grandes barrancas; y aun entre un pueblo que se dice Iuanazagapa y
-Petapa, en unas quebradas hondas estuvimos allí detenidos guerreando
-con los naturales de aquella tierra dos dias, que no podiamos pasar un
-mal paso; y entónces me hirieron de un flechazo, mas fué poca cosa, y
-pasamos con harto trabajo, porque estaban en el paso muchos guerreros
-guatimaltecas y<span class="pagenum" id="Page_520">p. 520</span> de
-otros pueblos; y porque hay mucho que decir, y por fuerza tengo de
-traer á la memoria algunas cosas en su tiempo y lugar, y esto fué en
-el tiempo que hubo fama que Cortés era muerto y todos los que con él
-fuimos á las Higueras, lo dejaré por agora, y digamos de la armada que
-Cortés envió á las Higueras y Honduras.</p>
-
-<p>Tambien digo que esta provincia de Guatimala no eran guerreros los
-indios, porque no esperaban sino en barrancas, y con sus flechas no
-hacian nada, y no aguardaban á que los rompieran en campo llano.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_165">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXV.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO CORTÉS ENVIÓ UNA ARMADA PARA QUE PACIFICASE
- Y CONQUISTASE AQUELLAS PROVINCIAS DE HIGUERAS Y HONDURAS, ENVIÓ POR
- CAPITAN DELLA Á CRISTÓBAL DE OLÍ, Y LO QUE PASÓ DIRÉ ADELANTE.</p>
-</div>
-
-<p>Como Cortés tuvo nueva que habia ricas tierras y buenas minas en
-lo de Higueras é Honduras, é aun le hicieron creer unos pilotos que
-habian estado en aquel paraje ó bien cerca dél, que habian hallado
-unos indios pescando en la mar y que les tomaron las redes, é que
-las plo<span class="pagenum" id="Page_521">p. 521</span>madas que
-en ellas traian para pescar que eran de oro revuelto con cobre; y
-le dijeron que creyeron que habia por aquel paraje estrecho, y que
-pasaban por él de la banda del Norte á la del Sur; y tambien, segun
-entendimos, su majestad le encargó y mandó á Cortés por cartas, que en
-todo lo que descubriese mirase é inquiriese con grande diligencia y
-solicitud de buscar el estrecho ó puerto ó paraje para la especería,
-agora sea por lo del oro ó por buscar el estrecho; Cortés acordó de
-enviar por capitan de aquella jornada á un Cristóbal de Olí, que fué
-maestre de campo en lo de Méjico, lo uno porque le via hecho de su
-mano, y era casado con una portuguesa que se decia doña Filipa de
-Araujo (ya le he nombrado otras veces), y tenia el Cristóbal de Olí
-buenos indios de repartimiento cerca de Méjico, creyendo que le seria
-fiel y haria lo que le encomendase, y porque para ir por tierra tan
-largo viaje era grande inconveniente y trabajo y gasto, acordó que
-fuese por la mar, porque no era tan grande estorbo é costa, y dióle
-cinco navíos y un bergantin muy bien artillados, y con mucha pólvora
-y bien bastecidos, y dióle trecientos y setenta soldados, y en ellos
-cien ballesteros y escopeteros y veinte y dos caballos, y entre estos
-soldados fueron cinco conquistadores de los nuestros, que pasaron con
-el mismo Cortés la primera vez, habiendo servido á su majestad muy bien
-en todas las conquistas, y tenian ya sus casas y reposo; y esto<span
-class="pagenum" id="Page_522">p. 522</span> digo ansí, porque no
-aprovechaba cosa decir á Cortés:</p>
-
-<p>—«Señor, déjame descansar, que harto estoy de servir;» que les hacia
-ir adonde mandaba por fuerza.</p>
-
-<p>É llevó consigo á un Briones, natural de Salamanca, é habia sido
-capitan de bergantines y soldado en Italia, y este Briones era muy
-bullicioso y enemigo de Cortés; y llevó otros muchos soldados que
-no estaban bien con Cortés porque no les dió buenos repartimientos
-de indios ni las partes del oro, y le querian muy mal; y en las
-instrucciones que Cortés le dió fué, que dende el puerto de la
-Villa-Rica fuese su derrota á la Habana, y que allí en la Habana
-hallaria á un Alonso de Contreras, soldado viejo de Cortés, natural
-de Orgaz, que llevó seis mil pesos de oro para que comprase caballos
-y cazabe é puercos y tocinos, y otras cosas pertenecientes para el
-armada; el cual soldado envió Cortés adelante de Cristóbal de Olí por
-causa de que si verian ir el armada los vecinos de la Habana encarecian
-los caballos y todos los demás bastimentos; y mandó al Cristóbal de
-Olí que en llegando á la Habana tomase los caballos que estuviesen
-comprados, y de allí fuese su derrota para Higueras, que era buena
-navegacion y muy cerca, y le mandó que buenamente, sin haber muertes de
-indios, cuando hubiese desembarcado procurase poblar una villa en algun
-buen puerto, é que á los naturales de aquellas provincias los trajese
-de paz, y buscase oro y plata, y que procurase de saber é inquirir
-si<span class="pagenum" id="Page_523">p. 523</span> habia estrecho, ó
-qué puertos habia por la banda del Sur, si allá pasase; y le dió dos
-clérigos, que el uno dellos sabia la lengua mejicana, y le encargó que
-con diligencia les predicasen las cosas de nuestra santa fe, y que
-no consintiesen sodomías ni sacrificios, sino que buena y mansamente
-se los desabrigasen; y le mandó que todas las casas de madera adonde
-tenian indios é indias á engordar, encarcelados, para comer, que se las
-quebrasen, y soltasen los tristes encarcelados; y le mandó que en todas
-partes pusiesen cruces, y le dió muchas imágenes de Nuestra Señora para
-que pusiese en los pueblos, y le dijo estas palabras:</p>
-
-<p>—«Mira, hijo Cristóbal de Olí, desa manera lo procurad hacer.»</p>
-
-<p>Y despues de abrazados y despedidos con mucho amor y paz, se
-despidió el Cristóbal de Olí de Cortés y de toda su casa, y fué á la
-Villa-Rica, donde estaba toda su armada muy á punto, y en ciertos dias
-del mes é año que no me acuerdo, se embarcó con todos sus soldados,
-y con buen tiempo llegó á la Habana, y halló los caballos comprados
-y todo lo demás de bastimentos, y cinco soldados, que eran personas
-de calidad, de los que habia echado de Pánuco Diego de Ocampo,
-porque era muy bandolero y bullicioso; y á estos soldados ya los
-he nombrado algunos dellos cómo se llamaban, en el capítulo pasado
-cuando la pacificacion de Pánuco, y por esta causa los dejaré ahora de
-nombrar; y estos soldados aconsejaron al Cristóbal de Olí, pues<span
-class="pagenum" id="Page_524">p. 524</span> que habia fama de tierra
-rica donde iba, y llevaba buena armada, bien bastecida, y muchos
-caballos y soldados, que se alzase desde luego á Cortés, y que no le
-conociese dende allí por superior ni le acudiese con cosa ninguna.</p>
-
-<p>El Briones, otra vez por mí nombrado, se lo habia dicho muchas veces
-secretamente al Cristóbal de Olí sobre el caso, é al gobernador de
-aquella isla, que ya he dicho otras muchas veces que se decia Diego
-Velazquez, enemigo mortal de Cortés; y el Diego Velazquez vino donde
-estaba la armada, y lo que se concertaron fué, que entre él y Cristóbal
-de Olí tuviesen aquella tierra de Higueras y Honduras por su majestad,
-y en su real nombre Cristóbal de Olí, y que el Diego Velazquez le
-proveeria de lo que hubiese menester, é haria sabidor dello en Castilla
-á su majestad para que le trujesen la gobernacion; y desta manera
-se concertó la compañía del armada; y quiero decir la condicion y
-presencia de Cristóbal de Olí: era valiente por su persona, así á pié
-como á caballo; era extremado varon, mas no era para mandar, sino para
-ser mandado, y era de edad de treinta y seis años, natural de cerca de
-Baeza ó Linares, y su presencia y altor era de buen cuerpo y membrudo
-y de grande espalda, bien entallado é algo rubio, y tenia muy buena
-presencia en el rostro, y traia el bezo de bajo siempre como hendido
-á manera de grieta; en la plática hablaba algo gordo y espantoso,
-y era de buena<span class="pagenum" id="Page_525">p. 525</span>
-conversacion, y tenia otras buenas condiciones de ser franco, y era
-al principio cuando estaba en Méjico gran servidor de Cortés, sino
-que esta ambicion de mandar y no ser mandado le cegó, y con los malos
-consejeros, y tambien como fué criado en casa de Diego Velazquez
-cuando mozo, y fué lengua de la isla de Cuba, reconoció el pan que en
-su casa habia comido, aunque más obligado era á Cortés que no á Diego
-Velazquez.</p>
-
-<p>Pues ya hecho este concierto con Diego Velazquez, vinieron en
-compañía con el Cristóbal de Olí muchos vecinos de la isla de Cuba,
-especialmente los que he dicho que fueron en aconsejarle que se
-alzase.</p>
-
-<p>Y de que no tenia más en qué entender en aquella isla, en los navíos
-metido todo su matalotaje, mandó alzar velas á toda su armada, fué á
-desembarcar con buen tiempo obra de quince leguas adelante, á puerto de
-Caballos, en una comba, y allegó á 3 de Mayo: á esta causa nombró á una
-villa Triunfo de la Cruz; é hizo nombramiento de alcaldes y regidores
-á los soldados que Cortés le habia mandado cuando estaba en Méjico
-que honrase y diese cargos, y tomó la posesion de aquellas tierras
-por su majestad, y de Hernando Cortés en su Real nombre, é hizo otros
-votos que convenian; y todo esto que hacia era porque los amigos de
-Cortés no entendiesen que iba alzado, para ver si pudiese hacer dellos
-buenos amigos de que alcanzasen á saber las cosas, y tambien que no
-sabia si acudiria la<span class="pagenum" id="Page_526">p. 526</span>
-tierra tan rica y de buenas minas como decian; y tiró á dos hitos,
-como dicho tengo: el uno, que si habia buenas minas y la tierra muy
-poblada, alzarse con ella; y el otro, que si no acudiese tan buena,
-volver á Méjico á su mujer y repartimientos, y desculparse con Cortés
-con decille que la compañía que hizo con Diego Velazquez fué porque
-le diese bastimentos y soldados, y no acudirle en cosa ninguna; é que
-bien lo podia ver, pues tomó la posesion por Cortés, y esto tenia en
-el pensamiento, segun muchos de sus amigos dijeron, con quien él habia
-comunicado.</p>
-
-<p>Dejémosle ya poblado el Triunfo de la Cruz, que Cortés nunca supo
-cosa ninguna hasta más de ocho meses.</p>
-
-<p>Y porque por fuerza tengo volver otra vez á hablar en él, lo dejaré
-ahora, y diré lo que nos acaeció en Guacacualco, y cómo Cortés me envió
-con el capitan Luis Marin á pacificar la provincia de Chiapa.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_166">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXVI.</h2>
- <p class="subh2h">CÓMO LOS QUE QUEDAMOS POBLADOS EN GUACACUALCO
- SIEMPRE ANDÁBAMOS PACIFICANDO LAS PROVINCIAS QUE SE NOS ALZABAN, Y
- CÓMO CORTÉS MANDÓ AL CAPITAN LUIS MARIN QUE FUESE Á CONQUISTAR É Á
- PACIFICAR LA PROVINCIA DE CHIAPA, Y ME MANDÓ QUE FUESE CON ÉL, Y Á
- FRAY JUAN DE LAS VARILLAS, El PARIENTE DE ZUAZO, FRAILE MERCENARIO, Y
- LO QUE EN LA PACIFICACION PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Pues como estábamos poblados en aquella villa de Guacacualco muchos
-conquistadores vie<span class="pagenum" id="Page_527">p. 527</span>jos
-y personas de calidad, y teniamos grandes términos repartidos entre
-nosotros, que era la misma provincia de Guacacualco é Citla, é lo de
-Tabasco é Cimatan é Chotalpa, y en las sierras arriba lo de Cachula é
-Zoque é Quilenes, hasta Cinacatan, é Chamula, é la ciudad de Chiapa
-de los indios, y Papanaustla é Pinula, y hácia la banda de Méjico
-la provincia de Xaltepeque y Guazpaltepeque é Chinanta é Tepeca, y
-otros pueblos, y como al principio todas las provincias que habia en
-la Nueva-España las más dellas se alzaban cuando les pedian tributo,
-y aun mataban á sus encomenderos, y á los españoles que podian tomar
-á su salvo los acapillaban, así nos aconteció en aquella villa, que
-casi no quedó provincia que todos no se nos rebelaron; y á esta causa
-siempre andamos de pueblo en pueblo con una capitanía, atrayéndolos
-de paz; y como los de Cimatan no querian venir de paz á la villa ni
-obedecer su mandamiento, acordó el capitan Luis Marin que por no enviar
-capitanía de muchos soldados contra ellos, que fuésemos cuatro vecinos
-á los traer de paz; yo fuí el uno dellos, y los demás se llamaban
-Rodrigo de Enao, natural de Ávila, y un Francisco Martin, medio
-vizcaino, y el otro se decia Francisco Jimenez, natural de Inguijuela
-de Extremadura; y lo que nos mandó el capitan fué, que buenamente y con
-amor los llamásemos de paz, y que no les dijésemos palabras de que se
-enojasen.</p>
-
-<p>É yendo que íbamos á su provincia, que son las<span class="pagenum"
-id="Page_528">p. 528</span> poblaciones entre grandes ciénagas y
-caudalosos rios, é ya que llegábamos á dos leguas de su pueblo, les
-enviamos mensajeros á decir cómo íbamos, y la respuesta que dieron
-fué, que salen á nosotros tres escuadrones de flecheros y lanceros,
-que á la primera refriega mataron dos de nuestros compañeros, é á mí
-me dieron la primera herida de un flechazo en la garganta, que con la
-sangre que me salia, é en aquel tiempo no podia apretallo ni tomar la
-sangre, estuvo mi vida en harto peligro; pues el otro mi compañero
-que estaba por herir, que era el Francisco Martin, puesto que yo y él
-siempre haciamos cara é heriamos algunos contrarios, acordó de tomar
-las de Villadiego y acogerse á unas canoas que estaban cabe un rio que
-se decia Macapa; y como yo quedaba solo y mal herido, porque no me
-acabasen de matar, é sin sentido é poco acuerdo, me metí entre unos
-matorrales, y volviendo en mí, con fuerte corazon dije:</p>
-
-<p>—«¡Oh, válgame nuestra Señora! ¿Si es verdad que tengo que morir hoy
-en poder destos perros?»</p>
-
-<p>Y tomé tal esfuerzo, que salgo de las matas y rompo por los indios,
-que á buenas cuchilladas y estocadas me dieron lugar que saliese de
-entre ellos; y aunque me tornaron á herir, fuí á las canoas, donde
-estaba ya mi compañero Francisco Martin con cuatro indios amigos que
-eran los que habiamos traido con nosotros, que nos llevaban el hato;
-que estos indios, cuando estábamos peleando con los cimatecas, dejando
-las cargas, se aco<span class="pagenum" id="Page_529">p. 529</span>gen
-al rio en las canoas; y lo que nos dió la vida á mí y Francisco
-Martin fué, que los contrarios se embarazaron en robar nuestra ropa y
-petacas.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar en esto, y digamos que Dios fué servido escaparnos
-de no morir allí, y en las canoas pasamos aquel rio, que es muy grande
-é hondo, é hay en él muchos lagartos; y porque no nos siguiesen los
-cimatecas, que así se llaman, estuvimos ocho dias por los montes, y
-dende pocos dias se supo en Guacacualco esta nueva, y dijeron los
-indios que habiamos traido, que llevaron la misma nueva, que todos
-los cuatro indios que quedaron en las canoas, como dicho tengo, que
-éramos muertos; y estos, de que nos vieron heridos é los dos muertos,
-se fueron huyendo y nos dejaron en la pelea, y en pocos dias llegaron á
-Guacacualco; y como no pareciamos ni habia nueva de nosotros, creyeron
-que éramos muertos, como los indios dijeron; y como era costumbre de
-Indias y en aquella sazon se usaba, ya habia repartido el capitan Luis
-Marin en otros conquistadores nuestros pueblos, hecho mensajeros á
-Cortés para enviar las cédulas de encomienda, y aun vendido nuestras
-haciendas, y al cabo de veinte y tres dias aportamos á la villa;
-de lo cual se holgaron nuestros amigos, mas á quien les habia dado
-nuestros indios les pesó; y viendo el capitan Luis Marin que no
-podiamos apaciguar aquellas provincias, y mataban muchos de nuestros
-soldados, acordó de ir á Méjico á demandar á<span class="pagenum"
-id="Page_530">p. 530</span> Cortés más soldados y socorro y pertrechos
-de guerra, y mandó que entre tanto que iba no saliésemos de la villa
-ningunos vecinos á los pueblos léjos, si no fuese á los que estaban
-cuatro ó cinco leguas de allí, para traer comida.</p>
-
-<p>Pues llegado á Méjico, dió cuenta á Cortés de todo lo acaecido, y
-entónces le mandó que volviese á Guacacualco, y envió con él treinta
-soldados, y entre ellos á un Alonso de Grado, por mí muchas veces
-nombrado; á fray Juan de las Varillas, que habia venido con Zuazo, que
-era gran estudiante, que solia decir habia estudiado en su colegio
-de la Veracruz de Salamanca, de donde era, y decian que de muy noble
-linaje; y le mandó que con todos los vecinos que estábamos en la villa
-y los soldados que traia consigo fuésemos á la provincia de Chiapa, que
-estaba de guerra, que la pacificásemos y poblásemos una villa; y como
-el capitan Luis Marin vino con estos despachos, nos apercebimos todos,
-así los que estábamos allí poblados como los que traian de nuevo, y
-comenzamos á abrir caminos, porque eran montes y ciénagas muy malas,
-y echábamos en ellas maderos y ramos para poder pasar los caballos, y
-con gran trabajo fuimos á salir á un pueblo que se dice Tezpuntlan,
-que hasta entónces por el rio arriba soliamos ir en canoas, que no
-habia otro camino abierto; y dende aquel pueblo fuimos á otro pueblo
-la sierra arriba, que se dice Cachula; y para que bien se entienda,
-este Cachula es en la provin<span class="pagenum" id="Page_531">p.
-531</span>cia de Chiapa; y esto digo porque está otro pueblo del mismo
-nombre junto á la Puebla de los Ángeles.</p>
-
-<p>Y dende Cachula fuimos á otros pueblezuelos sujetos al mismo
-Cachula, y fuimos abriendo camino nuevo el rio arriba, que venian de
-la poblacion de Chiapa, porque no habia camino ninguno, y todos los
-rededores que estaban poblados habian grande miedo á los chiapanecas,
-porque ciertamente eran en aquel tiempo los mayores guerreros que yo
-habia visto en toda la Nueva-España, aunque entren entre ellos los
-tlascaltecas ni mejicanos ni zapotecas ni mingues; y esto digo porque
-jamás Méjico los pudo señorear, porque en aquella sazon era aquella
-provincia muy poblada, y los naturales della eran en gran manera
-belicosos y daban guerra á sus comarcanos, que eran los de Cinacatan
-y á todos los pueblos de la laguna quilenayas, asimismo á los pueblos
-que se dicen los zoques, y robaban y cautivaban á la contina á otros
-pueblezuelos donde podian hacer presa, y con los que dellos mataban
-hacian sacrificios y hartazgas; y demás desto, en los caminos de
-Teguantepeque tenian en pasos malos puestos guerreros para saltear á
-los indios mercaderes que trataban de una provincia á otra; y á esta
-causa dejaban algunas veces de tratar las unas provincias con las
-otras, y aun habian traido por fuerza á otros pueblos y hécholes poblar
-y estar junto á Chiapa, y los tenian por esclavos y con ellos<span
-class="pagenum" id="Page_532">p. 532</span> hacian sus sementeras.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestro camino, que fuimos el rio arriba hácia su ciudad,
-y era por Cuaresma año de 1524, y esto de los años no me acuerdo bien;
-y ántes de llegar á Chiapa se hizo alarde de todos los de á caballo,
-escopeteros y ballesteros que íbamos en aquella entrada; y no se pudo
-hacer hasta entónces, por causa que algunos de nuestra villa y otros
-forasteros aun no se habian recogido, que andaban en los pueblos de la
-sierra de Chalupa demandando el tributo que les eran obligados á dar;
-y con el favor de venir capitan con la gente de guerra, como veniamos,
-se atrevian á ir á ellos, que de ántes ni daban tributo ni se les daba
-nada de nosotros.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestro alarde, que se hallaron veinte y siete de á
-caballo que podian pelear, y otros cinco que no eran para ello, y
-quince ballesteros y ocho escopeteros, y un tiro y pólvora, y un
-soldado por artillero, que decia el mismo soldado que habia estado en
-Italia; esto digo aquí porque no era para cosa ninguna, que era muy
-cobarde; y llevábamos sesenta soldados de espada y rodela y obra de
-ochenta mejicanos, y el cacique de Cachula con otros principales suyos;
-y estos indios de Cachula que he dicho, iban temblando de miedo, y
-por halagos los llevamos que nos ayudasen á abrir camino y llevar el
-fardaje.</p>
-
-<p>Pues yendo nuestro camino en concierto, ya que llegamos cerca de sus
-poblaciones, siempre íbamos adelante por espías y<span class="pagenum"
-id="Page_533">p. 533</span> descubridores del campo cuatro soldados
-muy sueltos, é yo era uno dellos, é dejaba mi caballo, que no era
-tierra por donde podian correr, é íbamos siempre media legua adelante
-de nuestro ejército; y como los chiapanecas son grandes cazadores,
-andaban entónces á caza de venados, y desque nos sintieron, apellídanse
-todos con grandes ahumadas, y como llegamos á sus poblaciones, tenian
-muy anchos caminos y grande sementera de maíz é otras legumbres, y el
-primer pueblo que topamos se dice Estapa, que está de la cabecera obra
-de cuatro leguas, y en aquel instante le habian despoblado, y tenian
-mucho maíz é gallinas y otros bastimentos, que tuvimos bien que comer
-y cenar; y estando reposando en el pueblo, puesto que teniamos puestas
-nuestras velas y escuchas y corredores del campo, vienen dos de á
-caballo que estaban por corredores á dar mandado y diciendo:</p>
-
-<p>—«¡Alarma, que vienen muchos guerreros chiapanecas!»</p>
-
-<p>Y nosotros, que siempre estábamos muy apercebidos, les salimos al
-encuentro ántes que llegasen al pueblo, y tuvimos una gran batalla
-con ellos, porque traian muchas varas tostadas, con sus tiraderas y
-arcos y flechas, y lanzas mayores que las nuestras, con buenas armas
-de algodon y penachos, y otros traian unas porras como macanas; y
-allí donde hubimos esta batalla habia mucha piedra, y con hondas nos
-hacian mucho daño, y nos comenzaron á cercar de arte, que de la primera
-rociada mataron dos de nues<span class="pagenum" id="Page_534">p.
-534</span>tros soldados y cuatro caballos, y le hirieron á fray Juan
-y trece soldados y á muchos de nuestros amigos, y al capitan Luis
-Marin le dieron dos heridas, y estuvimos en aquella batalla toda la
-tarde hasta que anocheció; y como hacia escuro, y habian sentido el
-cortar de nuestras espadas y escopetas y ballestas, y las lanzadas, se
-retiraron, de lo cual nos holgamos, y hallamos quince dellos muertos y
-otros muchos heridos, que no se pudieron ir, y de dos dellos que nos
-parecian principales se tomó aviso, y dijeron que estaba toda la tierra
-apercebida para dar en nosotros otro dia; y aquella noche enterramos
-los muertos y curamos los heridos y al capitan, que estaba malo de
-las heridas, porque se habia desangrado mucho, que por causa de no se
-apartar de la batalla para se las curar ó apretar, se le habia metido
-frio en ellas.</p>
-
-<p>Pues ya hecho esto, pusimos buenas velas y escuchas y corredores
-del campo, y teniamos los caballos ensillados y enfrenados, y todos
-nuestros soldados á punto, porque tuvimos por cierto que vernian de
-noche sobre nosotros, é como habiamos visto el teson que tuvieron
-en la batalla pasada, que ni por ballestas ni lanzas ni escopetas
-ni aun estocadas no les podiamos retraer ni apartar un paso atrás,
-tuvímoslos por buenos guerreros y osados en el pelear; y esa noche se
-dió órden cómo para otro dia los de á caballo habiamos de arremeter de
-cinco en cinco hermanados, y las lanzas tercia<span class="pagenum"
-id="Page_535">p. 535</span>das, y no pararnos á dar lanzadas hasta
-ponellos de huida, sino las lanzas altas y por las caras, y atropellar
-y pasar adelante; y este concierto ya otras veces lo habia dicho el
-Luis Marin, y aun algunos de nosotros de los conquistadores viejos se
-lo habiamos dado por aviso á los nuevamente venidos de Castilla, y
-algunos dellos no curaron de guardar la órden, sino que pensaban que en
-dar una lanzada á los contrarios que hacian algo: y salióles á cuatro
-dellos al revés, porque les tomaron las lanzas y les hirieron á ellos
-los caballos con ellas.</p>
-
-<p>Quiero decir que se juntaban seis ó siete de los contrarios y se
-abrazaban con los caballos, creyendo de los tomar á manos, y aun
-derrocaron á un soldado del caballo, y si no le socorriéramos, ya le
-llevaban á sacrificar, y desde ahí á dos dias se murió.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestro relacion, y es, que otro dia de mañana acordamos
-de ir por nuestro camino para su ciudad de Chiapa, y verdaderamente
-se podia decir ciudad, y bien poblada, y las casas y calles muy en
-concierto, y de más de cuatro mil vecinos, sin otros muchos pueblos
-sujetos á ella, que estaban poblados á su alrededor; é yendo que íbamos
-con mucho concierto, y el tiro puesto en órden, y el artillero bien
-apercibido de lo que habia de hacer, y no habiamos caminado cuarto de
-legua, cuando nos encontramos con todo el poder de Chiapa, que campos
-y cuestas venian llenos dellos, con grandes penachos y buenas armas
-é grandes<span class="pagenum" id="Page_536">p. 536</span> lanzas,
-flecha y vara con tiraderas, piedra y hondas, con grandes voces é grita
-y silbos.</p>
-
-<p>Era cosa de espantar cómo se juntaron con nosotros pié con pié y
-comenzaron á pelear como rabiosos leones; y nuestro negro artillero
-que llevábamos (que bien negro se podia llamar), cortado de miedo y
-temblando, ni supo tirar ni poner fuego al tiro; é ya que á poder de
-voces que le dábamos pegó fuego, hirió á tres de nuestros soldados,
-que no aprovechó cosa ninguna; y como el capitan vió de la manera que
-andábamos, rompimos todos los de á caballo puestos en cuadrillas, segun
-lo habiamos concertado, y los escopeteros y ballesteros y de espada y
-rodela hechos un cuerpo, porque no les desbaratasen, nos ayudaron muy
-bien; más eran tantos los contrarios que sobre nosotros vinieron, que
-si no fuéramos de los que en aquellas batallas nos hallamos cursados
-á otras afrentas, pusiera á otros gran temor, y aun nosotros nos
-admiramos de ver cuán fuertes estaban; y fray Juan nos daba ánimo, y
-decia que Dios nos habia de pagar nuestro trabajo, y el César.</p>
-
-<p>El capitan Luis Marin nos dijo:</p>
-
-<p>—«Ea, señores, Santiago y á ellos, y tornémosles otra vez á romper
-con ánimo.»</p>
-
-<p>Esforzados, dímosles tal mano, que á poco rato iban vueltas
-las espaldas; y como habia allí donde fué esta batalla muy malos
-pedregales para poder correr caballos, no les podiamos seguir; é yendo
-en el alcance, y no muy léjos de donde comenzamos aquella batalla,
-ya<span class="pagenum" id="Page_537">p. 537</span> que íbamos algo
-descuidados, creyendo que por aquel dia no se tornarian á juntar, é
-dábamos gracias á Dios del buen suceso, aquí estaban tras unos cerros
-otros mayores escuadrones de guerreros que los pasados, con todas sus
-armas, y muchos dellos traian sogas para echar lazos á los caballos y
-asir de las sogas para los derrocar, y tenian tendidas en otras muchas
-partes muchas redes con que suelen tomar venados, para los caballos,
-y para atar á nosotros muchas sogas; y todos los escuadrones que he
-dicho se vienen á encontrar con nosotros, é como muy fuertes y recios
-guerreros, nos dan tal mano de flecha, vara y piedra, que tornaron á
-herir casi que todos los nuestros, y tomaron cuatro lanzas á los de á
-caballo, y mataron dos soldados y cinco caballos: y entónces traian
-en medio de sus escuadrones una india algo vieja, muy gorda, y segun
-decian, aquella india la tenian por su diosa y adivinaba, y les habia
-dicho que así como ella llegase adonde estábamos peleando, que luego
-habiamos de ser vencidos; y traian en un brasero sahumerio, y unos
-ídolos de piedra, y venia pintada todo el cuerpo, y pegado algodon
-á las pinturas, y sin miedo ninguno se metió en los indios nuestros
-amigos, que venian hechos un cuerpo con sus capitanías, y luego fué
-despedazada la maldita diosa.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra batalla: que desque el capitan Luis Marin y
-todos nosotros vimos tanta multitud de guerreros contrarios, y que tan
-osada<span class="pagenum" id="Page_538">p. 538</span>mente peleaban,
-nos admiramos y dijimos al fraile que nos encomendase á Dios, y
-arremetiendo á ellos con el concierto pasado, fuimos rompiendo poco á
-poco y los hicimos huir, y se escondian entre unos pedregales, y otros
-se echaron al rio, que estaba cerca é hondo, y se fueron nadando, que
-son en gran manera buenos nadadores; y desque hubimos desbaratado,
-descansamos un rato, y el Fraile cantó una Salve, y algunos soldados de
-buenas voces le ayudaban, é no sonaba mal, y todos dimos muchas gracias
-á Dios; y hallamos muertos donde tuvimos esta batalla muchos dellos,
-y otros heridos, y acordamos de irnos á un pueblo que estaba junto al
-rio, cerca de la ciudad, donde habia buenas ciruelas; porque como era
-Cuaresma, y en este tiempo las hay maduras, y en aquella poblacion son
-buenas; y allí nos estuvimos todo lo más del dia enterrando los muertos
-en partes donde no los pudiesen ver ni hallar los naturales de aquel
-pueblo, y curamos los heridos y diez caballos, y acordamos de dormir
-allí con gran recado de velas y escuchas.</p>
-
-<p>Á poco más de media noche se pasaron á nuestro real diez indios
-principales de dos pueblezuelos que estaban poblados junto á la
-cabecera é ciudad de Chiapa, en cinco canoas del mismo rio, que
-es muy grande y hondo, y venian los indios con las canoas á remo
-callado, y los que lo remaban eran diez indios, personas principales,
-naturales de los pueblezuelos que estaban junto<span class="pagenum"
-id="Page_539">p. 539</span> al rio; y como desembarcaron hácia la
-parte de nuestro real, en saltando en tierra, luego fueron presos por
-nuestras velas, y ellos lo tuvieron por bien que les prendiesen; y
-llevados ante el capitan, dijeron:</p>
-
-<p>—«Señor, nosotros no somos chiapanecas, sino de otra provincia que
-se dice Xaltepeque, y estos malos chiapanecas con gran guerra que nos
-dieron nos mataron mucha gente, y á todos los más de nuestros pueblos
-nos trajeron aquí por fuerza cautivos á poblar con nuestras mujeres é
-hijos, é nos han tomado cuanta hacienda teniamos, y há doce años que
-nos tienen por esclavos, y les labramos su sementera y maizales, y nos
-hacen ir á pescar y hacer otros oficios, y nos toman nuestras hijas y
-mujeres.</p>
-
-<p>»Venimos á daros aviso, porque nosotros os traeremos esta noche
-muchas canoas en que paseis este rio, que sin ellas no podeis pasar
-sino con gran trabajo, y tambien os mostraremos un vado, aunque no va
-muy bajo; y lo que señor capitan, os pedimos de mercedes, que pues os
-hacemos esta buena obra, que cuando hayais vencido y desbaratado estos
-chiapanecas, que nos deis licencia para que salgamos de su poder é
-irnos á nuestras tierras; y para que mejor creais lo que os decimos que
-es verdad, en las canoas que ahora pasamos dejamos escondidas en el
-rio, con otros nuestros compañeros y hermanos, y os traemos presentadas
-tres joyas de oro, que eran unas como diademas; y tambien traemos
-gallinas y ciruelas.»</p>
-
-<p>Y demandaron li<span class="pagenum" id="Page_540">p.
-540</span>cencia para ir por ello, y dijeron que habia de ser muy
-callando, no los sintiesen los chiapanecas, que están velando y
-guardando los pasos del rio; y cuando el capitan entendió lo que
-los indios le dijeron, y la gran ayuda que era pasar aquel recio
-y corriente rio, dió gracias á Dios y mostró buena voluntad á los
-mensajeros, y prometió de hacerlo como le pedian, y aun dalles ropa y
-despojos de lo que hubiésemos de aquella ciudad; y se informó dellos
-cómo en las dos batallas pasadas les habiamos muerto y herido más
-de ciento veinte chiapanecas, y que tenian aparejados para otro dia
-otros muchos guerreros, y que á los de los pueblezuelos donde eran
-estos mensajeros les hacian salir á pelear contra nosotros; y que no
-temiésemos dellos, que ántes nos ayudarian, y que al pasar del rio
-nos habian de aguardar, porque tenian por imposible que terniamos
-atrevimiento de pasalle; y que cuando lo estuviésemos pasando, que
-allí nos desbaratarian, y dado este aviso, se quedaron dos de aquellos
-indios con nosotros, y los demás fueron á sus pueblos á dar órden para
-que muy de mañana trujesen veinte canoas, en lo cual cumplieron muy
-bien su palabra; y despues que se fueron reposamos algo de lo que quedó
-de la noche, y no sin mucho recado de velas y escuchas y rondas, porque
-oimos el gran rumor de los guerreros que se juntaban en la ribera del
-rio, y el tañer de las trompetillas y atambores y cornetas.</p>
-
-<p>Y como<span class="pagenum" id="Page_541">p. 541</span> amaneció,
-vimos las canoas, que ya descubiertamente las traian, á pesar de los
-de Chiapa; porque, segun pareció, ya habian sentido los de Chiapa cómo
-los naturales de aquellos pueblezuelos se les habian levantado y hecho
-fuertes y eran de nuestra parte, y habian prendido algunos dellos, y
-los demás se habian hecho fuertes en su gran cu, y á esta causa habia
-revueltas y guerra entre los chiapanecas y los pueblezuelos que dicho
-tengo; y luego nos fueron á mostrar el vado, y entónces nos daban
-mucha priesa aquellos amigos que pasásemos presto el rio, con temor no
-sacrificasen á sus compañeros que habian prendido aquella noche; pues
-de que llegamos al vado que nos mostraron, iba muy hondo; y puestos
-todos en gran concierto, así los ballesteros como escopeteros y los de
-á caballo, y los indios de los pueblezuelos nuestros amigos con sus
-canoas, y aunque nos daba el agua cerca de los pechos, todos hechos
-un tropel, para soportar el ímpetu y fuerza del agua, quiso Dios que
-pasamos cerca de la otra parte de tierra; y ántes de acabar de pasar,
-vienen contra nosotros muchos guerreros y nos dan una buena rociada de
-vara con tiraderas, y flechas y piedra y otras grandes lanzas, que nos
-hirieron casi que á todos los más, y á algunos á dos y á tres heridas,
-y mataron dos caballos; y un soldado de á caballo, que se decia Fulano
-Guerrero ó Guerra, se ahogó al pasar del rio, que se metió con el
-caballo en un<span class="pagenum" id="Page_542">p. 542</span> recio
-raudal, y era natural de Toledo, y el caballo salió á tierra sin el
-amo.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra pelea, que nos detuvieron un buen rato al pasar
-del rio, que no les podiamos hacer retraer ni nosotros podiamos llegar
-á tierra, y en aquel instante los de los pueblezuelos que se habian
-hecho fuertes contra los chiapanecas, nos vinieron á ayudar en las
-espaldas, é á los que estaban al rio batallando con nosotros hirieron
-y mataron muchos dellos, porque les tenian grande enemistad, como los
-habian tenido presos muchos años; y como aquello vimos, salimos á
-tierra los de á caballo, y luego ballesteros, escopeteros y de espada
-y rodela, y los amigos mejicanos, y dámosles una tan buena mano, que
-se van huyendo, que no paró indio con indio; y luego sin más tardar,
-puestos en buen concierto, con nuestras banderas tendidas, y muchos
-indios de los dos pueblezuelos con nosotros, entramos en su ciudad;
-y como llegamos á lo más poblado, donde estaban sus grandes cues y
-adoratorios, tenian las casas tan juntas, que no osamos asentar real,
-sino en el campo, y en parte que aunque pusiesen fuego no nos pudiesen
-hacer daño; y nuestro capitan envió á llamar de paz á los caciques y
-capitanes de aquel pueblo, y fueron los mensajeros tres indios de los
-pueblezuelos nuestros amigos, que el uno dellos se decia Xaltepeque, y
-asimismo envió con ellos seis capitanes chiapanecas que habiamos preso
-en las batallas pasadas, y les envió á decir que<span class="pagenum"
-id="Page_543">p. 543</span> vengan luego de paz, y se les perdonará
-lo pasado, y que si no vienen, que los iremos á buscar y les daremos
-mayor guerra que la pasada y les quemaremos su ciudad; y con aquellas
-bravosas palabras luego á la hora vinieron, y aun trajeron un presente
-de oro, y se disculparon por haber salido de guerra, y dieron la
-obediencia á su majestad, y rogaron á Luis Marin que no consintiese á
-nuestros amigos que quemasen ninguna casa, porque ya habian quemado
-ántes de entrar en Chiapa, en un pueblezuelo que estaba poblado ántes
-de llegar al rio, muchas casas; y Luis Marin les prometió que así lo
-haria, y mandó á los mejicanos que traiamos y á los de Cachula que no
-hiciesen mal ni daño.</p>
-
-<p>Quiero tornar á decir que este Cachula que aquí nombro no es la que
-está cerca de Méjico, sino un pueblo que se dice como él, que está en
-las sierras camino de Chiapa, por donde pasamos.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y dígoos cómo en aquella ciudad hallamos tres cárceles
-de redes de madera llenas de prisioneros atados con collares á los
-pescuezos, y estos eran de los que prendian por los caminos, é algunos
-dellos eran de Guantepeque, y otros zapotecas é otros quilenes, otros
-de Soconusco; los cuales prisioneros sacamos de las cárceles é se fué
-cada uno á su tierra.</p>
-
-<p>Tambien hallamos en los cues muy malas figuras de ídolos que
-adoraban, é todos los quebró fray Juan, é muchos indios é muchachos
-sacrificados, y hallamos muchas cosas malas de<span class="pagenum"
-id="Page_544">p. 544</span> sodomías que usaban; y mandóles el capitan
-que luego fuesen á llamar todos los pueblos comarcanos que vengan de
-paz á dar la obediencia á su majestad.</p>
-
-<p>Los primeros que vinieron fueron los de Cinacatan y Gopanaustlan,
-é Pinola é Guequiztlan é Chamula, é otros pueblos que ya no se me
-acuerda los nombres dellos, quiniles, y otros pueblos que eran de
-la lengua zoque, y todos dieron la obediencia á su majestad, y aun
-estaban espantados cómo, tan pocos como éramos, podiamos vencer á
-los chiapanecas; y ciertamente mostraron todos gran contento, porque
-estaban mal con ellos.</p>
-
-<p>Estuvimos en aquella ciudad cinco dias, é dijo fray Juan Misa é
-confesaron algunos soldados, é predicó á los indios en su lengua, que
-la sabia bien, y los indios holgaron de oirle y adoraron la santa cruz,
-é decian que se habian de bautizar, y que pareciamos muy buena gente, y
-tomaron amor al fraile fray Juan.</p>
-
-<p>Y en aquel instante un soldado de aquellos que traiamos en nuestro
-ejército desmandóse del real, y vase sin licencia del capitan á un
-pueblo que habia venido de paz, que ya he dicho que se dice Chamula, y
-llevó consigo ocho indios mejicanos de los nuestros, y demandó á los
-de Chamula que le diesen oro, y decia que lo mandaba el capitan, é los
-de aquel pueblo le dieron unas joyas de oro, y porque no le daban más,
-echó preso al cacique; y cuando vieron los del pueblo hacer aquella
-demasía, quisieron matar al atrevido y desconsi<span class="pagenum"
-id="Page_545">p. 545</span>derado soldado, y luego se alzaron, y no
-solamente ellos, pero tambien hicieron alzar á los de otro pueblo que
-se decia Gueyhuiztlan, sus vecinos; y de que aquello alcanzó á saber el
-capitan Luis Marin, prende al soldado, y luego manda que por la posta
-le llevasen á Méjico para que Cortés le castigase; y esto hizo el Luis
-Marin porque era un hombre el soldado que se tenia por principal, que
-por su honor no nombro su nombre, hasta que venga en coyuntura en parte
-que hizo otra cosa que aun es muy peor, como era malo y cruel con los
-indios, como adelante diré.</p>
-
-<p>Y despues desto hecho, el capitan Luis Marin envió á llamar al
-pueblo de Chamula que venga de paz, é les envió á decir que ya habia
-castigado y enviado á Méjico al español que les iba á demandar oro y
-les hacia aquellas demasías.</p>
-
-<p>La respuesta que dieron fué mala, y la tuvimos por muy peor por
-causa de que los pueblos comarcanos no se alzasen; y fué acordado que
-luego fuésemos sobre ellos, y hasta traelles de paz no les dejar; y
-despues de como les habló muy blandamente á los caciques chiapanecas,
-y fray Juan les dijo con buenas lenguas, que las sabia, las cosas
-tocantes á nuestra santa fe, y que dejasen los ídolos y sacrificios
-y sodomías y robos, y les puso cruces é una imágen de Nuestra Señora
-en un altar que les mandamos hacer, y el capitan Luis Marin les dió á
-entender cómo éramos vasallos de su majestad cesárea, é otras muchas
-cosas que<span class="pagenum" id="Page_546">p. 546</span> convenian,
-y aun les dejamos poblada más de la mitad de su ciudad; y los dos
-pueblos nuestros amigos que nos trajeron las canoas para pasar el rio
-y nos ayudaron en la guerra salieron de poder de los chiapanecas con
-todas sus haciendas é mujeres é hijos, y se fueron á poblar al rio
-abajo, obra de diez leguas de Chiapa, donde ahora esta poblado lo de
-Xaltepeque, y el otro pueblo que se dice Istatlan se fué á su tierra,
-que era de Guantepeque.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestra partida para Chamula, y es que luego enviamos á
-llamar á los de Cinacatan, que eran gente de razon, y muchos dellos
-mercaderes, y se les dijo que nos trajesen ducientos indios para llevar
-el fardaje, é que íbamos á su pueblo porque por allí era el camino de
-Chamula; y demandó á los de Chiapa otros ducientos indios guerreros
-con armas para ir en nuestra compañía, y luego los dieron; y salimos
-de Chiapa una mañana, y fuimos á dormir á unas salinas, donde nos
-tenian hechos los de Cinacatan buenos ranchos; y otro dia á medio dia
-llegamos á Cinacatan, y allí tuvimos la santa Pascua de Resurreccion;
-y tornamos á llamar de paz á los de Chamula, é no quisieron venir, é
-hubimos de ir á ellos, que seria entónces donde estaban poblados de
-Cinacatan obra de tres leguas, y tenian entónces las casas y pueblos
-de Chamula en una fortaleza muy mala de ganar, y muy honda cava por
-la parte que les habiamos de combatir, y por otras partes muy peor é
-más fuerte; é ansí<span class="pagenum" id="Page_547">p. 547</span>
-como llegamos con nuestro ejército, nos tiran tanta piedra de lo alto
-é vara y flecha, que cubria el suelo; pues las lanzas muy largas con
-más de dos varas de cuchilla de pedernales, que ya he dicho otras
-veces que cortaban más que espadas, y unas rodelas hechas á manera
-de pavesinas, con que se cubren todo el cuerpo cuando pelean, y
-cuando no las han menester, las arrollan y doblan de manera que no
-les hacen estorbo ninguno, é con hondas mucha piedra, y tal priesa
-se daban á tirar flecha y piedra, que hirieron cinco de nuestros
-soldados é dos caballos, é con muchas voces é gran grita é silbos é
-alaridos, y atambores y caracoles, que era cosa de poner espanto á
-quien no los conociera; y como aquello vió Luis Marin, entendió que
-de los caballos no se podian aprovechar, que era sierra, mandó que se
-tornasen á bajar á lo llano, porque donde estábamos era gran cuesta
-y fortaleza, y aquello que les mandó fué porque temiamos que venian
-allí á dar en nosotros los guerreros de otros pueblos que se dicen
-Quiahuitlan, que estaba alzado, y porque hubiese resistencia en los de
-á caballo; y luego comenzamos de tirar en los de la fortaleza muchas
-saetas y escopetas, y no les podiamos hacer daño ninguno, con los
-grandes mamparos que tenian, y ellos á nosotros sí, que siempre herian
-muchos de los nuestros; y estuvimos aquel dia desta manera peleando,
-y no se les daba cosa ninguna por nosotros, y si les procurába<span
-class="pagenum" id="Page_548">p. 548</span>mos de entrar donde tenian
-hechos unos mamparos y almenas, estaban sobre dos mil lanceros en los
-puestos para la defensa de los que les probamos á entrar; y ya que
-quisiéramos entrar é aventurar las personas en arrojarnos dentro de
-su fortaleza, habiamos de caer de tan alto, que nos habiamos de hacer
-pedazos, y no era cosa para ponernos en aquella ventura; y despues de
-bien acordado cómo y de qué manera habiamos de pelear, se concertó que
-trajésemos madera y tablas de un pueblezuelo que allí junto estaba
-despoblado, é hiciésemos burros ó mantas, que así se llaman, y en cada
-uno dellos cabian veinte personas, y con azadones y picos de hierro que
-traiamos, é con otros azadones de la tierra, de palo, que allí habia,
-les cavábamos y deshaciamos su fortaleza, y deshicimos un portillo para
-podelles entrar, porque de otra manera era excusado; porque por otras
-dos partes, que todo lo miramos más de una legua de allí al rededor,
-estaba otra muy mala entrada y peor de ganar que adonde estábamos, por
-causa que era una bajada tan agra, que á manera de decir, era entrar en
-los abismos.</p>
-
-<p>Volvamos á nuestros mamparos y mantas, que con ellas les estábamos
-deshaciendo sus fortalezas, y nos echaban de arriba mucha pez y resina
-ardiendo, y agua y sangre toda revuelta y muy caliente, y otras
-veces lumbre y rescoldo, y nos hacian mala obra; y luego tras esto
-mucha multitud de piedras y muy grandes que nos desbarataron<span
-class="pagenum" id="Page_549">p. 549</span> nuestros ingenios, que
-nos hubimos de retirar y tornallos á adobar; y luego volvimos sobre
-ellos, y cuando vieron que les haciamos mayores portillos, se ponen
-cuatro papas y otras personas principales sobre una de sus almenas, y
-vienen cubiertos con sus pavesinas é otros talabardones de maderas, é
-dicen:</p>
-
-<p>—«Pues que deseais é quereis oro, entrad dentro, que aquí tenemos
-mucho.»</p>
-
-<p>Y nos echaron desde las almenas siete diademas de oro fino, y muchas
-cuentas vaciadizas é otras joyas, como caracoles y ánades, todo de oro,
-y tras ello mucha flecha y vara y piedra, é ya les teniamos hechas dos
-grandes entradas; y como era ya de noche y en aquel instante comenzó á
-llover dejamos el combate para otro dia, y allí dormimos aquella noche
-con buen recaudo; y mandó el capitan á ciertos de á caballo que estaban
-en tierra llana, que no se quitasen de sus puestos y tuviesen los
-caballos ensillados y enfrenados.</p>
-
-<p>Volvamos á los chamultecas, que toda la noche estuvieron tañendo
-atabales y trompetillas y dando voces y gritos, y decian que otro dia
-nos habian de matar que así se lo habia prometido su ídolo; y cuando
-amaneció volvimos con nuestros ingenios y mantas á hacer mayores
-entradas, y los contrarios con grande ánimo defendiendo su fortaleza, y
-aun hirieron este dia á cinco de los nuestros, y á mí me dieron un buen
-bote de lanza, que me pasaron las armas, y si no fuera por el mucho
-algodon y bien colchadas que eran, me mataran,<span class="pagenum"
-id="Page_550">p. 550</span> porque con ser buenas las pasaron y echaron
-buen pelote de algodon fuera, me dieron una chica herida; y en aquella
-sazon era más de medio dia, y vino muy grande agua y luego una muy
-oscura neblina; porque, como eran sierras altas, siempre hay neblinas
-y aguaceros; y nuestro capitan, como llovia mucho, se apartó del
-combate, y como ya era acostumbrado á las guerras pasadas de Méjico,
-bien entendí que en aquella sazon que vino la neblina no daban los
-contrarios tantas voces ni gritos como de ántes; y veia que estaban
-arrimadas á los aduares y fortalezas y barbacanas muchas lanzas, y
-que no las veia menear, sino hasta ducientas dellas, sospeché lo que
-fué, que se querian ir ó se iban entónces, y de presto les entramos
-por un portillo yo y otro mi compañero, y estaban obra de ducientos
-guerreros, los cuales arremetieron á nosotros y nos dan muchos botes
-de lanza; y si de presto no fuéramos socorridos de unos indios de
-Cinacatan, que dieron voces á nuestros soldados, que entraron luego con
-nosotros en su fortaleza, allí perdiéramos las vidas; y como estaban
-aquellos chamultecas con sus lanzas haciendo cara y vieron el socorro,
-se van huyendo, porque los demás guerreros ya se habian huido con la
-neblina; y nuestro capitan con todos los soldados y amigos entraron
-dentro, y estaba ya alzado todo el hato, y la gente menuda y mujeres
-ya se habian ido por el paso muy malo, que he dicho que era muy hondo
-y de mala su<span class="pagenum" id="Page_551">p. 551</span>bida y
-peor bajada; y fuimos en el alcance, y se prendieron muchas mujeres,
-muchachos y niños y sobre treinta hombres, y no se halló despojo en
-el pueblo, salvo bastimento; y esto hecho, nos volvimos con la presa
-camino de Cinacatan, y fué acordado que asentásemos nuestro real junto
-á un rio adonde está ahora poblada la Ciudad-Real, que por otro nombre
-llaman Chiapa de los Españoles; y desde allí soltó el capitan Luis
-Marin seis indios con sus mujeres, de los presos de Chamula, para que
-fuesen á llamar los de Chamula, y se les dijo que no hubiesen miedo, y
-se les darian todos los prisioneros; y fueron los mensajeros, y otro
-dia vinieron de paz y llevaron toda su gente, que no quedó ninguna; y
-despues de haber dado la obediencia á su majestad, me depositó aquel
-pueblo el capitan Luis Marin, porque desde Méjico se lo habia escrito
-Cortés, que me diese una buena cosa de lo que se conquistase, y tambien
-porque era yo mucho su amigo del Luis Marin, y porque fuí el primer
-soldado que les entró dentro; y Cortés me envió cédula de encomienda
-guardada, y me tributaron más de ocho años.</p>
-
-<p>En aquella sazon no estaba poblada la Ciudad-Real, que despues se
-pobló, é se dió mi pueblo para la poblacion.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos cómo yo pedí á fray Juan que les predicase,
-y él lo hizo de voluntad, y les puso altar y una cruz y una imágen de
-la Vírgen, y se bautizaron luego quince; é decia el fraile que esperaba
-en Dios habian de ser<span class="pagenum" id="Page_552">p. 552</span>
-aquellos buenos católicos, é yo me alegraba, porque los queria bien,
-como á cosa mia.</p>
-
-<p>Pero volvamos á nuestra relacion: que, como ya Chamula estaba de
-paz, é Gueguistitlan, que estaba alzado, no quisieron venir de paz
-aunque les enviamos á llamar, acordó nuestro capitan que fuésemos á
-los buscar á sus pueblos; y digo aquí pueblos, porque entónces eran
-tres pueblezuelos, y todos puestos en fortaleza; y dejamos allí adonde
-estaban nuestros ranchos los heridos y fardaje, y fuimos con el capitan
-los más sueltos y sanos soldados, y los de Cinacatan nos dieron sobre
-trecientos indios de guerra, que fueron con nosotros, y seria de allí
-á los pueblos de Gueguistitlan obra de cuatro leguas; y como íbamos á
-sus pueblos, hallamos todos los caminos cerrados, llenos de maderos é
-árboles cortados y muy embarazados, que no podian pasar caballos: y con
-los amigos que llevábamos los desembarazamos é quitaron los maderos;
-y fuimos á un pueblo de los tres, que ya he dicho que era fortaleza,
-y hallámosle lleno de guerreros, y comenzaron á nos dar grita y voces
-y á tirar vara y flecha, y tenian granzas y pavesinas y espadas de á
-dos manos de pedernal, que cortan como navajas, segun y de la manera
-de los de Chamula; y nuestro capitan con todos nosotros les íbamos
-subiendo la fortaleza, que era muy más mala y recia de tomar que no la
-de Chamula; acordaron de se ir huyendo y dejar el pueblo despoblado
-y sin cosa ninguna<span class="pagenum" id="Page_553">p. 553</span>
-de bastimentos; y los canacantecas prendieron dos indios dellos, que
-luego trajeron al capitan, los cuales mandó soltar, para que llamasen
-de paz á todos los más sus vecinos, y aguardamos allí un dia que
-volviesen con la respuesta, y todos vinieron de paz, y trajeron un
-presente de oro de poca valía y plumajes de quetzales, que son unas
-plumas que se tienen entre ellos en mucho, y nos volvimos á nuestros
-ranchos; y porque pasaron otras cosas que no hacen á nuestra relacion,
-se dejarán de decir, y diremos cómo cuando hubimos vuelto á los ranchos
-pusimos en plática que seria bien poblar allí adonde estábamos una
-villa, segun que Cortés nos mandó que poblásemos, y muchos soldados
-de los que allí estábamos deciamos que era bien, y otros que tenian
-buenos indios en lo de Guacacualco eran contrarios, y pusieron por
-achaque que no teniamos herraje para los caballos, y que éramos pocos,
-y todos los más heridos, y la tierra muy poblada, y los más pueblos
-estaban en fortalezas y en grandes sierras, y que no nos podriamos
-valer ni aprovechar de los caballos, y decian por ahí otras cosas; y
-lo peor de todo, que el capitan Luis Marin é un Diego de Godoy, que
-era escribano del Rey, persona muy entremetida, no tenian voluntad de
-poblar, sino volver á nuestros ranchos y villa; é un Alonso de Grado,
-que ya le he nombrado otras veces en el capítulo pasado, el cual era
-más bullicioso que hombre de guerra, parece ser traia secretamente
-una cé<span class="pagenum" id="Page_554">p. 554</span>dula de
-encomienda firmada de Cortés, en que le daba la mitad del pueblo de
-Chiapa cuando estuviese pacificado, y por virtud de aquella cédula
-demandó al capitan Luis Marin que le diese el oro que hubo en Chiapa
-que dieron los indios, é otro que se tomó en los templos de los ídolos
-del mismo Chiapa, que serian mil é quinientos pesos, y Luis Marin decia
-que aquello era para ayudar á pagar los caballos que habian muerto en
-la guerra en aquella jornada; y sobre ello y sobre otras diferencias
-estaban muy mal el uno con el otro, y tuvieron tantas palabras, que el
-Alonso de Grado, como era mal condicionado, se desconcertó en hablar;
-y quien se metia en medio y lo revolvia todo era el escribano Diego de
-Godoy.</p>
-
-<p>Por manera que Luis Marin los echó presos al uno y al otro, y
-con grillos y cadenas los tuvo seis ó siete dias presos, y acordó
-de enviar á Alonso de Grado á Méjico preso, y al Godoy con ofertas
-y prometimientos y buenos intercesores le soltó; y fué peor, que se
-concertaron luego el Grado y el Godoy de escribir desde allí á Cortés
-muy en posta, diciendo muchos males de Luis Marin, y aun Alonso de
-Grado me rogó á mí que de mi parte escribiese á Cortés, y en la carta
-le disculpase al Grado, porque le decia el Godoy al Grado que Cortés
-en viendo mi carta le daria crédito, y no dijese bien del Marin; é yo
-escribí lo que me pareció que era verdad, y no culpando al capitan
-Marin; y luego envió preso á Méjico al Alonso de<span class="pagenum"
-id="Page_555">p. 555</span> Grado, con juramento que le tomó que se
-presentaria ante Cortés dentro de ochenta dias, porque desde Cinacatan
-habia por la via y camino que venimos sobre ciento y noventa leguas
-hasta Méjico.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar de todas estas revueltas y embarazos; é ya partido
-el Alonso de Grado, acordamos de ir á castigar á los de Cimatan, que
-fueron en matar los dos soldados cuando me escapé yo y Francisco
-Martin, vizcaino, de sus manos; é yendo que íbamos caminando para unos
-pueblos que se dicen Tapelola, é ántes de llegar á ellos habia unas
-sierras y pasos tan malos, así de subir como de bajar, que tuvimos
-por cosa dificultosa el poder pasar por aquel puerto; y Luis Marin
-envió á rogar á los caciques de aquellos pueblos que los adobasen
-de manera que pudiésemos pasar é ir por ellos, é así lo hicieron,
-y con mucho trabajo pasaron los caballos, y luego fuimos por otros
-pueblos que se dicen Silo, Suchiapa é Coyumelapa, y desde allí fuimos
-á este Panguaxaya; y llegados que fuimos á otros pueblos que se dicen
-Tecomayacatal é Ateapan, que en aquella sazon todo era un pueblo y
-estaban juntas casas con casas, y era una poblacion de las grandes que
-habia en aquella provincia, y estaba en mí encomendada por Cortés; y
-como entónces era mucha poblacion, y con otros pueblos que con ellos se
-juntaron, salieron de guerra al pasar de un rio muy hondo que pasa por
-el pueblo, é hirieron seis soldados y mataron tres caballos, y es<span
-class="pagenum" id="Page_556">p. 556</span>tuvimos buen rato peleando
-con ellos; y al fin pasamos el rio é se huyeron, y ellos mismos
-pusieron fuego á las casas y se fueron al monte; estuvimos cinco dias
-curando los heridos y haciendo entradas, donde se tomaron muy buenas
-indias, y se les envió á llamar de paz, y que se les daria la gente
-que habiamos preso y que se les perdonaria lo de la guerra pasada; y
-vinieron todos los más indios y poblaron su pueblo, y demandaban sus
-mujeres é hijos, como lo habian prometido.</p>
-
-<p>El escribano Diego de Godoy aconsejaba al capitan Luis Marin
-que no las diese, sino que se echase el hierro del Rey, y que se
-echaba á los que una vez habian dado la obediencia á su majestad y
-se tornaban á levantar sin causa ninguna; y porque aquellos pueblos
-salieron de guerra y nos flecharon y nos mataron los tres caballos,
-decia el Godoy que se pagasen los tres caballos con aquellas piezas
-de indios que estaban presos; é yo repliqué que no se herrasen, y
-que no era justo, pues vinieron de paz; y sobre ello yo y el Godoy
-tuvimos grandes debates y palabras y aun cuchilladas, que entrambos
-salimos heridos, hasta que nos despartieron y nos hicieron amigos; y
-el capitan Luis Marin era muy bueno y no era malicioso, é vió que no
-era justo hacer más de lo que le pedí por merced, y mandó que diesen
-todas las mujeres y toda la más gente que estaba presa á los caciques
-de aquellos pueblos, y los dejamos en sus casas muy de paz; y desde
-allí<span class="pagenum" id="Page_557">p. 557</span> atravesamos al
-pueblo de Cimatlan y otros pueblos que se dicen Talatupan, y ántes de
-entrar en el pueblo tenian hechas unas saeteras y andamios junto á
-un monte, y luego estaban unas ciénagas, é así como llegamos nos dan
-de repente una tan buena rociada de flecha con muy buen concierto y
-ánimo, y hirieron sobre veinte soldados y mataron dos caballos, y si de
-presto no les desbaratáramos y deshiciéramos sus cercados y saeteras,
-mataran é hirieran muchos más, y luego se acogieron á las ciénagas; y
-estos indios destas provincias son grandes flecheros, que pasan con
-sus flechas y arcos dos dobleces de armas de algodon bien colchadas,
-que es mucha cosa; y estuvimos en un pueblo dos dias, y los enviamos á
-llamar de paz y no quisieron venir; y como estábamos cansados, y habia
-allí muchas ciénagas que tiemblan, que no pueden entrar en ellas los
-caballos ni aun ninguna persona sin que se atolle en ellas, y han de
-salir arrastrando y á gatas, y aun si salen es maravilla, tanto son de
-malas.</p>
-
-<p>É por no ser yo más largo sobre este caso, por todos nosotros fué
-acordado que volviésemos á nuestra villa de Guacacualco, y volvimos por
-unos pueblos de la Chontalpa, que se dicen Guimango é Nacaxu, y Xuica
-é Teotitan Copileo, é pasamos otros pueblos, y á Ulapa, y el rio de
-Ayagualco é al de Tonala, y luego á la villa de Guacacualco; y del oro
-que se hubo en Chiapa y en Chamula, sueldo por libra se pagaron los
-caballos que<span class="pagenum" id="Page_558">p. 558</span> mataron
-en las guerras.</p>
-
-<p>Dejemos esto, y digamos que como el Alonso de Grado llegó á Méjico
-delante de Cortés, y cuando supo de la manera que iba, le dijo muy
-enojado:</p>
-
-<p>—«¿Cómo, señor Alonso de Grado, que no podeis caber ni en una parte
-ni en otra? Lo que os ruego es que mudeis esa mala condicion; si no,
-en verdad que os enviaré á la isla de Cuba, aunque sepa daros tres mil
-pesos con que allá vivais, porque yo no os puedo sufrir.»</p>
-
-<p>Y al Alonso de Grado se le humilló de manera, que tornó á estar bien
-con el Cortés, y el Luis Marin y fray Juan escribieron á Cortés todo lo
-acaecido.</p>
-
-<p>Y dejallo hé aquí y diré lo que pasó en la córte sobre el Obispo de
-Búrgos é Arzobispo de Rosano.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_167">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO CLXVII.</h2>
- <p class="subh2c">CÓMO ESTANDO EN CASTILLA NUESTROS PROCURADORES
- RECUSARON AL OBISPO DE BÚRGOS, Y LO QUE MÁS PASÓ.</p>
-</div>
-
-<p>Ya he dicho en los capítulos pasados que don Juan Rodriguez de
-Fonseca, Obispo de Búrgos é Arzobispo de Rosano, que así se nombraba,
-hacia mucho por las cosas de Diego Velazquez, y era contrario de las
-de Cortés y á todas<span class="pagenum" id="Page_559">p. 559</span>
-las nuestras; y quiso nuestro Señor Jesucristo que en el año de
-1521 fué elegido en Roma por Sumo Pontífice nuestro muy Santo Padre
-el Papa Adriano de Lobayna, y en aquella sazon estaba en Castilla
-por gobernador della y residia en la ciudad de Vitoria, y nuestros
-procuradores fueron á besar sus santos piés y un gran señor aleman,
-que era de la cámara de su majestad, que se decia mosiur de Lasoa,
-le vino á dar el parabien del Pontificado por parte del Emperador
-nuestro señor á Su Santidad, y el mosiur de Lasoa tenia noticia de
-los heróicos hechos y grandes hazañas que Cortés y todos nosotros
-habiamos hecho en la conquista desta Nueva-España, y los grandes,
-muchos, buenos y notables servicios que siempre haciamos á su majestad,
-y de la conversion de tantos millares de indios que se convertian
-á nuestra santa fe; y parece ser aquel caballero aleman suplicó al
-santo Padre Adriano que fuese servido entender muy de hecho en las
-cosas entre Cortés y el Obispo de Búrgos, y Su Santidad lo tomó
-tambien muy á pechos; porque, allende de las quejas que nuestros
-procuradores propusieron ante nuestro Santo Padre, le habian ido otras
-muchas personas de calidad á se quejar del mismo Obispo de muchos
-agravios é sinjusticias que decian que hacia; porque, como su majestad
-estaba en Flandes, y el Obispo era presidente de Indias, todo se lo
-mandaba, y era malquisto; y segun entendimos, nuestros procura<span
-class="pagenum" id="Page_560">p. 560</span>dores hallaron calor para le
-osar recusar.</p>
-
-<p>Por manera que se juntaron en la córte Francisco de Montejo y Diego
-de Ordás y el licenciado Francisco Nuñez, primo de Cortés, y Martin
-Cortés, padre del mismo Cortés, y con favor de otros caballeros y
-grandes señores que les favorecieron, y uno dellos, y el que más metió
-la mano, fué el duque de Béjar; y con estos favores le recusaron con
-gran osadía y atrevimiento al Obispo ya por mí dicho, y las causas que
-dieron muy bien probadas.</p>
-
-<p>Lo primero fué que el Diego Velazquez dió al Obispo un muy buen
-pueblo en la isla de Cuba, y que con los indios del pueblo le sacaban
-oro de las minas y se lo enviaba á Castilla; y que á su majestad no le
-dió ningun pueblo, siendo más obligado á ello que al Obispo.</p>
-
-<p>Y lo otro, que en el año de 1517 años, que nos juntamos ciento
-y diez soldados con un capitan que se decia Francisco Hernandez de
-Córdoba, é que á nuestra costa compramos navíos y matalotaje y todo lo
-demás, y salimos á descubrir la Nueva-España; y que el Obispo de Búrgos
-hizo relacion á su majestad que Diego Velazquez la descubrió, y no fué
-así.</p>
-
-<p>Y lo otro, que envió el mismo Diego Velazquez á lo que habiamos
-descubierto á un sobrino suyo que se decia Juan de Grijalva, é que
-descubrió más adelante, é que hubo en aquella jornada sobre veinte mil
-pesos de oro de rescate, y que todo lo más envió el Diego Velazquez al
-mismo Obispo, é que no dió parte<span class="pagenum" id="Page_561">p.
-561</span> dello á su majestad; é que cuando vino Cortés á conquistar
-la Nueva-España, que envió un presente á su majestad, que fué la
-luna de oro y el sol de plata é mucho oro en grano sacado de las
-minas, é gran cantidad de joyas y tejuelos de oro de diversas
-maneras, y escribimos á su majestad el Cortés y todos nosotros sus
-soldados dándole cuenta y razon de lo que pasaba, y envió con ello á
-Francisco de Montejo é á otro caballero que se decia Alonso Hernandez
-Puertocarrero, primo del conde de Medellin, que no los quiso oir, y les
-tomó todo el presente de oro que iba para su majestad, y les trató mal
-de palabra, llamándolos de traidores, é que venian á procurar por otro
-traidor; y que las cartas que venian para su majestad las encubrió, y
-escribió otras muy al contrario dellas, diciendo que su amigo Diego
-Velazquez envia aquel presente; y que no le envió todo lo que traian,
-que el Obispo se quedó con la mitad y mayor parte dello.</p>
-
-<p>Y porque el Alonso Hernandez Puertocarrero, que era uno de los dos
-procuradores que enviaba Cortés, le suplicó al Obispo que le diese
-licencia para ir á Flandes, adonde estaba su majestad, le mandó echar
-preso, y que murió en las cárceles; y que envió á mandar en la casa de
-la contratacion de Sevilla al contador Pedro de Isasala y Juan Lopez
-de Recalde, que estaban en ella por oficiales de su majestad, que no
-diesen ayuda ninguna para Cortés, así de soldados como de armas ni otra
-cosa, y que pro<span class="pagenum" id="Page_562">p. 562</span>veia
-los oficiales y cargos, sin consultallo con su majestad, á hombres
-que no lo merecian ni tenian habilidad ni saber para mandar, como fué
-al Cristóbal de Tapia, y que por casar á su sobrina doña Petronila de
-Fonseca con Tapia ó con el Diego Velazquez le prometió la gobernacion
-de Nueva-España; é que aprobaba por buenas las falsas relaciones é
-procesos que hacian los procuradores de Diego Velazquez, los cuales
-eran Andrés de Duero y Manuel de Rojas y el Padre Benito Martin, y
-aquellas enviaba á su majestad por buenas, y las de Cortés y de todos
-los que estábamos sirviendo á su majestad, siendo muy verdaderas,
-encubria y torcia y las condenaba por malas; y le pusieron otros muchos
-cargos, y todo muy bien probado, que no se pudo encubrir cosa ninguna,
-por más que alegaban por su parte.</p>
-
-<p>Y luego que esto fué hecho y sacado en limpio, fué llevado á
-Zaragoza, adonde Su Santidad estaba en aquella sazon que le recusó, y
-como vió los despachos y causas que se dieron en la recusacion, y que
-las partes del Diego Velazquez, por más que alegaban que habia gastado
-en navíos y costas, fueron rechazados sus dichos; que, pues no acudió
-á nuestro Rey y señor, sino solamente al Obispo de Búrgos, su amigo, y
-Cortés hizo lo que era obligado, como leal servidor, mandó Su Santidad,
-como gobernador que era de Castilla, demás de ser Papa, al Obispo
-de Búrgos que luego dejase<span class="pagenum" id="Page_563">p.
-563</span> el cargo de entender en las cosas y pleitos de Cortés, y que
-no entendiese en cosa ninguna de las Indias, y declaró por gobernador
-desta Nueva-España á Hernando Cortés, y que si algo habia gastado Diego
-Velazquez, que se lo pagásemos; y aun envió á la Nueva-España bulas
-con muchas indulgencias para los hospitales é iglesias, y escribió una
-carta encomendando á Cortés y á todos nosotros los conquistadores que
-estábamos en su compañía que siempre tuviésemos mucha diligencia en la
-santa conversion de los naturales, é fuese de manera que no hubiese
-muertes ni robos, sino con paz y cuanto mejor se pudiese hacer, é que
-les vedásemos y quitásemos sacrificios y sodomías y otras torpedades;
-y decia en la carta que, demás del gran servicio que haciamos á Dios
-nuestro Señor y á su majestad, que Su Santidad, como nuestro padre y
-pastor, tenia cargo de rogar á Dios por nuestras ánimas, pues tanto
-bien por nuestra mano ha venido á toda la cristiandad; y aun nos envió
-otras santas bulas para nuestras absoluciones.</p>
-
-<p>É viendo nuestros procuradores lo que mandaba el Santo Padre, así
-como Pontífice y gobernador de Castilla, enviaron luego correos muy
-en posta adonde su majestad estaba, que ya habia venido de Flandes y
-estaba en Castilla, y aun llevaron cartas de Su Santidad para nuestro
-Monarca; y despues de muy bien informado de lo de atrás por mí dicho,
-confirmó lo que el Sumo Pontífice mandó, y declaró por go<span
-class="pagenum" id="Page_564">p. 564</span>bernador de la Nueva-España
-á Cortés, y á lo que el Diego Velazquez gastó de su hacienda en la
-armada, que se le pagase, y aun le mandó quitar la gobernacion de la
-isla de Cuba, por cuanto habia enviado el armada con Pánfilo de Narvaez
-sin licencia de su majestad, no embargante que la Real audiencia y
-los Frailes Jerónimos que residian en la isla de Santo Domingo por
-gobernadores, se lo habian defendido, y aun sobre se lo quitar enviaron
-á un oidor de la misma Real audiencia, que se decia Lúcas Vazquez de
-Ayllon, para que no consintiese ir la tal armada, y en lugar de le
-obedecer, le echaron preso y le enviaron con prisiones en un navío.</p>
-
-<p>Dejemos de hablar desto, y digamos que, como el Obispo de Búrgos
-supo lo por mí atrás dicho, y lo que Su Santidad y su majestad
-mandaban, é se lo fueron á notificar, fué muy grande el enojo que tomó,
-de que cayó muy malo, é se salió de la córte y se fué á Toro, donde
-tenia su asiento y casas; y por mucho que metió la mano su hermano don
-Antonio de Fonseca, señor de Coca é Alaéjos, en le favorecer, no lo
-pudo volver en el mando que de ántes tenia.</p>
-
-<p>Y dejemos de hablar desto, y digamos que á gran bonanza que en
-favor de Cortés hubo, se siguió contrariedad; que le vinieron otros
-grandes contrastes de acusaciones que le ponian por Pánfilo de Narvaez
-y Cristóbal de Tapia y por el piloto Cárdenas, que he dicho en el
-capítulo que sobre ello habla que cayó malo de<span class="pagenum"
-id="Page_565">p. 565</span> pensamiento cómo no le dieron la parte
-del oro de lo primero que se envió á Castilla; y tambien le acusó un
-Gonzalo de Umbría, piloto, á quien Cortés mandó cortar los piés porque
-se alzaba con un navío con Cermeño y Pedro Escudero, que mandó ahorcar
-Cortés.</p>
-
-
-<p class="centra fs90 mt3">FIN DEL TOMO SEGUNDO.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_567">p. 567</span></p>
- <h2 class="nobreak"><big>ÍNDICE.</big></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table summary="Índice de contenidos">
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdr bb"><i>Páginas.</i></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdl">Capítulo</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_112">CXII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_112">5</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_113">CXIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_113">9</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_114">CXIV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_114">13</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_115">CXV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_115">17</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_116">CXVI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_116">26</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_117">CXVII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_117">29</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_118">CXVIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_118">34</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_119">CXIX</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_119">36</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_120">CXX</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_120">41</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_121">CXXI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_121">50</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_122">CXXII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_122">53</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_123">CXXIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_123">70</a></td>
- </tr>
- <tr>
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- <td class="tdl"><a href="#Ch_124">CXXIV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_124">71</a></td>
- </tr>
- <tr>
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- <td class="tdl"><a href="#Ch_125">CXXV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_125">78</a></td>
- </tr>
- <tr>
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- <td class="tdr"><a href="#Ch_126">84</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_127">CXXVII</a>.</td>
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- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_128">CXXVIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_128">103</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
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- <td class="tdr"><a href="#Ch_129">126</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_130">CXXX</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_130">139</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_131">CXXXI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_131">146</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_132">CXXXII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_132">149</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_133">CXXXIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_133">155</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_134">CXXXIV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_134">159</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_135">CXXXV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_135">166</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_136">CXXXVI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_136">170</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_137">CXXXVII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_137">182</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_138">CXXXVIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_138">193</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_139">CXXXIX</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_139">196</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc"><span class="pagenum" id="Page_568">p. 568</span>—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_140">CXL</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_140">208</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_141">CXLI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_141">216</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_142">CXLII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_142">230</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_143">CXLIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_143">242</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_144">CXLIV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_144">246</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_145">CXLV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_145">262</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
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- </tr>
- <tr>
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- </tr>
- <tr>
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- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_149">CXLIX</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_149">293</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_150">CL</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_150">297</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_151">CLI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_151">313</a></td>
- </tr>
- <tr>
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- <td class="tdl"><a href="#Ch_152">CLII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_152">339</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
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- <td class="tdr"><a href="#Ch_153">360</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_154">CLIV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_154">373</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_155">CLV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_155">379</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
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- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_157">CLVII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_157">409</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_158">CLVIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_158">422</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
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- <td class="tdr"><a href="#Ch_159">440</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_160">CLX</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_160">451</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_161">CLXI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_161">467</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_162">CLXII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_162">472</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_163">CLXIII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_163">501</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_164">CLXIV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_164">505</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_165">CLXV</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_165">520</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_166">CLXVI</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_166">526</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdc">—</td>
- <td class="tdl"><a href="#Ch_167">CLXVII</a>.</td>
- <td class="tdr"><a href="#Ch_167">558</a></td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<hr class="full" />
-
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VERDADERA HISTORIA DE LOS SUCESOS DE LA CONQUISTA DE LA NUEVA-ESPAÑA (2 DE 3) ***</div>
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-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
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-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
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