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-The Project Gutenberg eBook of Tipos trashumantes, by José María de Pereda
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Tipos trashumantes
- Croquis a pluma
-
-Author: José María de Pereda
-
-Release Date: April 25, 2021 [eBook #65158]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from
- images generously made available by The Internet
- Archive/Canadian Libraries)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIPOS TRASHUMANTES ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se
- han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo
- con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- TIPOS TRASHUMANTES
-
- CROQUIS A PLUMA
-
- POR
-
- DON JOSÉ MARÍA DE PEREDA
-
-
- SANTANDER
- --
- _Imprenta y litografía de J. M. Martínez_
- SAN FRANCISCO, 15
- --
- 1877
-
-
-
-
-AL LECTOR.
-
-
-_Los pueblos, como los hombres, tienen dos fisonomías, por lo menos
-(algunos hombres tienen muchas): la que les es propia por carácter o
-naturaleza, o, como si dijéramos_, la de todos los días, _y la de_ las
-circunstancias; _es decir_, la de los días de fiesta.
-
-_La que en este concepto corresponde a la perínclita capital de la
-Montaña, la forma esa muchedumbre que la invade, en cada año, durante
-los meses del estío, para buscar en ella quién la salud, quién la
-frescura y el sosiego, ora en las salobres aguas del Cantábrico, ora
-contemplando y recorriendo el vario paisaje que envuelve a la ciudad,
-mientras la raza indígena la abandona y se larga por esos valles de
-Dios ansiando la soledad de la aldea y la sombra de sus_ castañeras _y_
-cajigales.
-
-_Para los que solo se fijan en la variedad de matices y en la movilidad
-de los pormenores, esta fisonomía es híbrida, abigarrada, indefinible e
-inclasificable._
-
-_Para un ojo ducho en el oficio, es todo lo contrario. Hay en ese
-movimiento vertiginoso, en ese trasiego incesante de gentes exóticas
-que van y vienen, que suben y bajan, que entran y salen, rasgos,
-colores y perfiles que sobrenadan siempre, y se reproducen de verano en
-verano, como el_ aire de familia _en una larga serie de generaciones.
-¿No es todo esto una fisonomía como otra cualquiera?_
-
-_Por tal la juzgo, y muy digna la creo, por ende, de ser registrada
-en el libro de apuntes de quien se precie de pintor escrupuloso de
-costumbres montañesas._
-
-_Y como quiera que yo, si no tengo mucho de pintor, téngolo de
-escrupuloso, abro mi librejo, y apunto..., pero, entiéndase bien, sin
-otro fin que refrescar la memoria del que leyere, y con la formal
-declaración de que_ «_cuando_ pinto, _no_ retrato.»
-
-
-
-
-LAS DE CASCAJARES.
-
-
-No es aristócrata por la sangre, ni siquiera tiene un título nobiliario
-de los de nuevo cuño; no por haber llegado tarde al reparto de ellos,
-sino acaso por distinguirse más, llamándose a secas _el señor de
-Cascajares_.
-
-El cual es un banquero, o hacendado, o contratista de _alto bordo_, muy
-rico, según la fama, que reside en Madrid, en donde, al decir de los
-que de allá vienen a pasar las vacaciones de verano, habita espléndido
-palacio en el paseo de Recoletos, o elegante casa en la calle de
-Alcalá, o en la del Barquillo.
-
-Es diputado a Cortes cuantas veces quiere, y lo quiere casi siempre,
-porque todos los Gobiernos apoyan su candidatura, en cambio de la
-decisión con que él aplaude a todos los Gobiernos. Sin embargo, no es
-hombre político: solo se comunica con los del poder por el ministerio
-de Hacienda.
-
-Su señora tiene más conexiones e intimidades que él con los altos
-personajes de la cosa pública. Se tutea con muchos de ellos, aunque
-tampoco es aficionada a la cábala ni al cabildeo; es decir, que le
-gusta el personaje por lo que brilla, y nada más.
-
-Tiene tres hijas solteras, y va con ellas al _gran mundo_. Ni éstas
-son modelos de hermosura, ni la madre encaja, por ninguna parte que se
-la mire, en el más modesto de los moldes aristocráticos; pero, así y
-todo, pasan en la corte por _ornamentos distinguidísimos_ de la _alta
-sociedad_. Lo cierto es que los _Asmodeos_ y _Pedro Fernández_ las
-citan siempre, en sus almibaradas crónicas de Madrid, en el catálogo de
-las _bellas, discretas y elegantes_.
-
-Dos hijos varones tienen también los señores de Cascajares. El mayor es
-diplomático; y aunque rara vez sale de Madrid, siempre se le considera
-como en activo servicio, para los efectos de la nómina y del escalafón,
-en una de las embajadas de más categoría. El segundo, que pasa ya de
-los veinticinco, no se ha decidido aún por la carrera que ha de seguir.
-Por de pronto asiste con asiduidad al _Veloz-Club_ y al Casino, y sabe
-poner cien onzas a una sota, sin que le tiemble el pulso.
-
-Toda esta gente, más tres doncellas o camaristas, dos criados para
-los señoritos, un sotamayordomo, ú hombre de confianza, para el
-_señor_, dos lacayitos y un cocinero negro, vienen en el mes de Julio
-a Santander a habitar un piso amueblado, en la población, que paga
-el señor de Cascajares a razón de 8.000 reales mensuales, con la
-obligación de habitarle dos por lo menos, o de pagarle como si le
-habitara, y de reponer cuanta vajilla, ropa de camas y muebles sufran
-el menor deterioro en el ínterin.
-
-Día y medio dura la mudanza, desde la estación del ferrocarril a casa,
-de los _mundos_, maletas, cajas, baúles, rollos de mantas, bastones
-y paraguas, que siguen a la familia de Cascajares como la estela
-al buque. Y se llena de baúles un cuarto del patio, y hay mundos
-amontonados en las gabinetes, y cajas sobre todos los veladores, y
-paquetes sobre todas las sillas, y maletas hasta en el mismo salón en
-que aquellas señoras reciben las visitas.
-
-Tanto es el equipaje y tanta la servidumbre, que la familia no ha
-podido colocarse en ninguna fonda del Sardinero; y por acordarse tarde,
-tampoco logró establecerse en uno de aquellos amueblados _chalets_.
-
-Esto tiene disgustadísimas a las _niñas_ y desazonada a la mamá. Y
-no es para menos el caso. _Las_ de Himalaya, las de Tenerife, las
-de Potosí, las de Chimborazo..., en fin, toda la más encumbrada
-aristocracia está en el Sardinero; y ellas, por consiguiente, _sin
-sociedad_. Además, mal alojadas y achicharradas de calor. (El
-termómetro marca 20° al sol, y cuando ellas salieron de Madrid señalaba
-41 a la sombra). Gracias a que han conseguido alquilar por toda la
-temporada un mal carruaje que las lleva por la mañana al baño y por la
-tarde a pasear al Sardinero.
-
-Así es que se las ve poco en la calle; y cuando se las ve, se observa
-que se mueven perezosamente, como buque en _calma chicha_, y miran
-tiendas, objetos y personas con gesto de hondo disgusto. Si alguno las
-saluda al paso, responden con lánguido cabeceo, que más parece desmayo
-que otra cosa.
-
-Por lo común, se las halla, hechas un racimo y envueltas en
-transparente bata, sentadas en el mirador.
-
-En esta ocasión y en otras varias del día, nunca les falta en la
-acera de enfrente una especie de guardia de honor, compuesta de
-los arrapiezos más encanijados y escrofulosos, pero a la vez más
-_principales_, que haya en la población. Allí, los inocentes, se pasan
-las horas muertas retorciéndose la inverosímil guía del incipiente
-bigote, exhibiendo, a fuerza de disimuladas contracciones de muñeca,
-los puños de la camisa, esgrimiendo las solapas de la levita para
-que se destaque en todo su desarrollo la curva del robusto pecho,
-y haciendo, en fin, cuantas evoluciones y habilidades pudiera una
-bestezuela amaestrada por diestro gitano para seducir al incauto
-feriante.
-
-Ya hemos dicho que las de Cascajares no son bellas; pero que son
-_distinguidas_, categoría inventada en estos tiempos democráticos para
-colocar en ella todo lo que no es vulgo, sin ser aristocracia, no por
-la sangre, sino por _el aire_.
-
-El efecto de esta _distinción_ se deja conocer en el pueblo
-inmediatamente. En esos días es cuando se tropieza uno con alguna
-indígena que lleva sobre su cuerpo cierta cosa rara que llama nuestra
-atención; v. gr., un moño encima de los riñones, un pispajo de tul
-en el cogote, el pelo echado sobre los ojos, o medio vestido azul y
-medio de color de canario, collar de rollos de canela, o pendientes de
-melocotón..., cualquiera extravagancia por el estilo.
-
-Si tenemos franqueza para tanto, y la preguntamos, deteniéndola en la
-calle, qué es _aquello_, nos responderá sorprendida:
-
---¿No le hace a Vd. gracia?
-
---Maldita.
-
---¡Oh! pues _lo llevan mucho_ las de Cascajares; y en Madrid _hace
-furor_.
-
---¡Hola!
-
---¿No le gustan a Vd. _esas chicas_?
-
---¿Quiénes?
-
---Las de Cascajares.
-
---La verdad es que no me han llamado la atención...
-
---¡Oh! ¡pues son muy _distinguidas_!
-
-Y no es otra, lector, la razón de que muchos arreos femeniles que te
-parecen espantapájaros por esas calles de Dios, se consideren, entre
-las gentes de _buena sociedad_, como modelos de gracia y bien caer.
-
-¡Lo llevaban las de Cascajares!
-
-Y es de advertir que entre los hombres que se pagan mucho del
-adorno exterior, sucede lo propio. Tienen también sus Cascajares
-_distinguidos_ que les hacen zambullirse en unas bragas descomunales;
-ú oprimir el busto entre las láminas de una levita sin solapas, sin
-faldones, y hasta sin paño; o la mollera en un cilindro sin alas, o en
-unas alas sin cilindro.
-
-Volviendo a las de Cascajares, añado que asisten a los bailes
-campestres, muy elegantes, pero con mal gesto; bailan poco, o no
-bailan nada. Son las últimas que llegan al salón, y las primeras que se
-retiran de él.
-
-Y como son tan distinguidas, suspiran muy a menudo por aquel _Biarritz
-de su alma_, donde todo es _chic_ y _confortable_. En cuanto a
-Santander, _no las hace felices_.
-
-El diplomático dice «amén» a todos los discursos de sus hermanas, y
-no se separa de ellas en todo el día. Es autoridad de peso en asuntos
-de moños y vestidos; y en el ramo de modas en general, bastante más
-entendido que en los protocolos de la secretaría de su cargo.
-
-Por lo que hace al otro Cascajares, se levanta a las dos de la tarde,
-come a las seis, se va a la ruleta, si la hay, o a timbirimba más
-_fuerte_, que sí la habrá, y no vuelve a casa hasta las tres de la
-mañana, viendo siempre las estrellas, aunque el cielo esté nublado;
-porque es de advertir que tropieza mucho en el camino.
-
-En cambio, su papá no tiene más afán que pasear solo por el Alta; y
-como se acuesta temprano y madruga mucho, sólo ve a su familia a las
-horas de comer. Sabe que está sin la menor novedad en su importante
-salud, y no se mete en otras honduras. Lo mismo hace en Madrid.
-
-Y llega a la mitad el mes de septiembre, vuelven a empaquetar los
-equipajes; y después de haber _pagado_ diez visitas de las veinte que
-deben, tórnanse a Madrid las de Cascajares, llevándose las maldiciones
-de las diez familias con quienes quedan _en descubierto_, y dejando, en
-cambio, el recuerdo de su _distinción_ entre las señoras pudientes, que
-las imitan en cuanto les es dable, así en el vestir como en el andar, y
-entre algunas inocentes _cursis_ que sudan y se desgañitan por remedar
-sus frescas y turgentes sedas, con marchitos tafetanes y delebles
-percalinas.
-
-
-
-
-LOS DE BECERRIL.
-
-
-Dos taleguillos blancos llenos de ropa de _muda_, unas alforjas
-atacadas de chorizos y garbanzos, y un paraguas. Este es el equipaje de
-cada familia al meterse en el tren en la estación más próxima.
-
-Cuando se apean en Santander, el padre carga con las alforjas, amen de
-la capa que también se echa al hombro; la madre con un taleguillo y la
-criatura que amamanta; una jovenzuela con el otro talego, y un rapaz de
-doce años con el paraguas.
-
-Vienen a Santander porque el padre tiene _dúlceras_ en las piernas, y
-_dúlceras_ en el _cuadril_ de la derecha; la madre, desde el último
-parto, _añudados los gonces_ de la rodilla izquierda; el mamoncillo
-no puede echar los últimos dientes _de por sí solo_; la jovenzuela ha
-cumplido ya quince años y está pálida como la cera; el rapaz que va
-para doce, tiene los labios como un embudo y el cuello como un botijo,
-y le salen ya los lamparones por detrás de las orejas.
-
-Por consejo del médico de Becerril de Campos, vienen a tomar los baños
-de mar, porque éstos han de curar todas y cada una de las dolencias
-enumeradas.
-
-Con estas esperanzas y aquel equipaje, y en el orden de formación en
-que hemos ido citándolos, llegan a la Dársena y echan Muelle adelante
-con el asombro pintado en los ojos y en la boca.
-
-El molinete que suena; el vapor que cruza la bahía; el ligero esquife
-que se desliza sobre las aguas, como la golondrina en el espacio;
-la sardinera que grita su mercancía; el coche que pasa rápido; el
-carretero que aturde la vecindad con las blasfemias de costumbre; el
-marcial arreo y las infantiles galas; sedas, tules, libreas y levitas,
-chaquetas y manteos... Todo esto junto y revuelto, casi en torbellino,
-que es lo primero con que tropiezan los ojos del viajero que desde
-la estación del ferrocarril se lanza, de sopetón, al Muelle en una
-tarde de verano, aturde y deslumbra con sobrado motivo al sedentario y
-patriarcal lugareño de tierra de Campos.
-
-Pero el coche, y «los señores,» y el soldado, y «las damiselas,» todo,
-en fin, lo que es terrestre, cabe perfectamente en las presunciones
-de los de Becerril, y luego dejan de admirarlo. Lo que realmente los
-fascina, por de pronto y acaba por atontarlos, es _lo marítimo_. Les
-faltan ojos para contemplarlo y hasta narices para olerlo.
-
---Míales, míales, hijo --vocea la madre--. ¿No te lo ecía yo?... Más
-altos son los palos que el campanario del pueblo.
-
---¡Pus anda --añade el padre--, con el otro que va río abajo! Mal rayo
-me parta si no ahúma como si llevara los demonios aentro. ¿Qué tié que
-ver el tren con esto? ¡Pus ávate con el barquillico que lleva a la
-zaga!...
-
---Será la cría, padre --grita el rapaz.
-
---Puá que, hijo; no te diré yo que no lo sea.
-
---Y toas estas que están arrimaícas aquí lo paecen tamién... ¡Cristo,
-cuánta barca!... y allá va una cargá de _cubetos_... ¿Y dende esta
-orillica se pescará el _fresco_?
-
---¡Otra con el inocente! Eso se pesca en alta mar, borrico.
-
---¿Pues no es esto la alta mar?
-
---¡Anda si qué! ¿Pus no oístes a aquel señor que venía en el tren a la
-vera de tu madre, que esto es el puerto? ¡Qué tié cacer esto pa onde
-está la alta mar!
-
---Y ¿onde está esa mar?
-
---En cuantico alleguemos a casa, di que se ve de golpe.
-
-Y en estas y otras por el estilo, admirando acá, exclamando allá,
-parándose aquí, retrocediendo en el otro lado, preguntando a este
-«caballero» y a la otra «buena mujer», llegan a Miranda, en cuyo barrio
-tienen _apalabrada_ una habitación que les ha buscado otra familia
-castellana que les precedió en el viaje.
-
-Al ver el mar desde aquellas alturas, los padres se atolondran y los
-hijos se estremecen, considerando que al día siguiente han de meterse
-todos ellos en tales honduras.
-
-Como el barrio de Miranda es el que eligen siempre los castellanos, por
-la doble razón de economía y de proximidad a la playa, tienen ocasión
-los nuestros de hacer rancho en la misma casa en que viven, con otros
-paisanos instalados en ella también. De todas maneras --y por eso traen
-las alforjas llenas de provisiones--, siempre _se ajustan_ sin la
-comida.
-
-El primer baño no le toman sin grandes recelos, sobresaltos y serias
-meditaciones: los chicos lloran y los grandes tiemblan de miedo, mucho
-antes de temblar de frío; pero, al cabo, bien agarrados éstos a las
-cuerdas, y a empellones los muchachos, van entrando todos poco a poco,
-hasta que, después de acurrucados, les llega el agua al pescuezo. Es
-decir, que se quedan a la orilla, donde, al romper las olas, tras de
-machacarles los cuerpos como mazos de batan, les hacen sorber la arena
-a carretadas.
-
-En la misma guisa que salieron del tren, exceptuando el detalle de las
-alforjas, van al baño y vuelven de él: con la propia capa el hombre,
-las mujeres con los talegos y la criatura, y el rapaz con el paraguas.
-La capa para arroparse, el paraguas para quitarse el sol el de los
-lamparones, y los taleguillos para guardar la ropa del baño.
-
-Catorce de a media hora recetó a cada uno el médico de Becerril; pero
-ellos que traen muy contado el tiempo y el dinero, toman dos cada día,
-y así despachan en una semana, cuando no en media, echándose en remojo
-una hora por la tarde y otra por la mañana.
-
-Siempre que no están en el baño, o comiendo, o durmiendo la clásica
-siesta, se los halla recorriendo las alturas de la costa, metiendo la
-cabeza en todas las grutas y rendijas de las peñas, y preferentemente
-escarbando los arenales para acopiar _pelegrinas_ y _caracolillos_, por
-cuyas baratijas se perecen.
-
-Antes de volverse a Becerril, o a Frómista, o a Amusco, al pueblo, en
-fin, de Castilla, del cual procedan, bajan dos veces a la ciudad: una
-para verla y comprar a la chica unas arracadas de _cascaritas_, y otra
-para visitar, _por adentro_, un vapor-correo, y, si le hubiere en el
-puerto, _un barco de Rey_.
-
-Por lo demás, son los bañistas más metódicos y decididos de cuantos
-se zambullen en el Cántabro. Ni en los días de más resaca perdonan
-el remojón. De manera que si también en la hidroterapia obra la fe
-prodigios, estas buenas gentes se vuelven a Becerril tan sanas como
-corales.
-
-
-
-
-EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR.
-
-
-Una semana antes de suspenderse, por razones de alta temperatura, las
-sesiones de las Cortes, pronunció un discurso de abierta oposición a
-la política del Gobierno. Tres días después se trasladó a Santander
-con su señora, luciendo todavía los tornasoles de la aureola en que
-le envolvió aquel triunfo parlamentario. No hay que decir si llegaría
-hueco y espetado, él que, por naturaleza, es grave y repolludo.
-
-Como ni S. E. ni su señora piensan tomar baños de mar, sin duda por
-aquello de que _de cincuenta para arriba, etc..._, refrán cuya primera
-parte les coge por la mitad, no han querido alojarse en el Sardinero;
-y como tampoco quieren el bullicio y las estrecheces del cuarto de una
-fonda, se han acomodado en una modesta casa de huéspedes, ocupando la
-mejor sala con el adjunto gabinete.
-
-Su Excelencia sale a la calle con zapatos de cuero en blanco, sombrero
-hongo de anchas alas, cómoda y holgada americana, chaleco muy abierto y
-tirillas a la inglesa.
-
-Siempre camina lento y acompasado, con las manos cruzadas sobre los
-riñones, y entre las manos la empuñadura de cándida sombrilla. Nunca va
-solo; generalmente le acompañan cuatro o seis personas de la población,
-y de sus ideas políticas.
-
-Marchan en ala, y el personaje ocupa el centro de ella.
-
-A cada veinte pasos hace un alto, y el acompañamiento le rodea. Es
-que va a tocar uno de los puntos graves de su discurso; porque es de
-advertir que S. E. no gasta menos, ni aun para diario.
-
-Y, en efecto; si un oído indiscreto se acerca entonces al grupo,
-percibirá estas, ú otras semejantes palabras, dichas en tono campanudo
-y resonante:
-
---Porque, señores: los hombres que hemos adquirido la experiencia
-del gobierno con amargos desengaños, debemos al país toda la verdad,
-todo el esfuerzo de nuestro patriotismo acrisolado. Por eso, si en el
-Parlamento, como la Europa ha visto, fui implacable con los hombres de
-la situación, lo fui mucho más, lo estoy siendo todos los días en el
-terreno de mis personales relaciones con todos ellos. Momentos antes
-de salir de Madrid, decía yo al Presidente del Consejo de Ministros:
-«Esa que ustedes siguen es una política de aventuras; y ciegos están
-si no ven que con ella está el país al borde de un abismo... El país
-no quiere utopías; el país quiere hechos prácticos; el país quiere
-reformas tangibles y beneficiosas; el país quiere economías positivas;
-y ustedes, para corresponder a sus justos anhelos, le dan la dictadura
-en Hacienda, el cáos en la política y el desconcierto en todo.»
-
---¡Bravo! --exclamará aquí uno de los oyentes que más arriman los
-asombrados ojos a los crespos bigotes del orador--. Y él, ¿qué le
-respondió a Vd.?
-
---¿Qué me respondió? --replicará S. E. mirando al interpelante
-como si fuera a tragársele, y recorriendo luego el grupo con la
-vista airada, haciéndole desear por un buen rato la respuesta--.
-Lo de siempre: que el estado del país; que el desbarajuste de las
-pasadas administraciones; que los compromisos contraídos; que la
-demagogia; que la revolución latente; que la necesidad de cimentar las
-instituciones... ¡Farsa, señores, farsa todo!
-
---¡Pues es claro! --responderá el coro.
-
-Y el orador, después de pasear otra vez la vista por los circunstantes,
-sin añadir una sola palabra, erguirá la cerviz, fruncirá el ceño, y
-continuará su paseo.
-
-Y así hasta el infinito.
-
-Por la noche, aquellos mismos complacientes y complacidos caballeros le
-acompañan al _Círculo de Recreo_; y dicho se está que le llevan, medio
-en triunfo, al salón del _Senado_, venerable mansión donde, al revés de
-la cárcel del mísero Cervantes, «toda _comodidad_ tiene su asiento y
-_ni el más leve_ ruido hace su habitación.»
-
-Allí se levantan los más autorizados _señores_ al ver al recién
-llegado, cédenle la poltrona presidencial; y, alargando tirios y
-troyanos el pescuezo y los hocicos (_intentique ora tenebant_, que dijo
-el otro) dispónense a escuchar, sin perder sílaba, la quincuagésima
-octava variante sobre el consabido tema...
-
-Que sigue y se reproduce también en el camino del Sardinero, que gusta
-S. E. de recorrer a pie, muy a menudo.
-
-Y así va corriendo la temporada, salpimentando sus solaces con tal
-cual visita a éste o al otro personaje que veranea en la playa, o pasa
-de largo para el extranjero.
-
-Al fin del verano se le lleva un día a ver el Instituto, y otro a la
-Farola de Cueto, que, por lo visto, es todo lo monumental que aquí
-tenemos, digno de que lo vean esos señores; y hasta el año que viene,
-si para entonces no está S. E. en candelero... o en las Marianas, que
-de todo se ha visto.
-
-Cuando el personaje montó en el coche que le llevó a visitar la Farola,
-se notó que le acompañaba una señora, sobrado vulgar de aspecto, y nada
-joven, por las trazas. Aquella señora era la suya; y entonces se la vio
-en público por primera vez.
-
-Extrañó mucho la gente reparona que un señor de tal fachada y de tantos
-requilorios, hubiera elegido una compañera de tan vulgar modelo.
-
-Pero estos reparones no reparan que los hombres no nacen para ser
-personajes como los príncipes para ser reyes; y así les sucede a muchos
-lo que al cosaco Kalmuff, que «como no esperaba llegar a sargento,
-descuidó un poco la letra»; es decir, que como al verse abogados
-sin pleitos, o _temporeros_ de una modesta tesorería de provincia,
-o alféreces de reemplazo, no pudieron soñar que el viento de una
-revolución, o los caprichos de la fortuna los colocasen en las mayores
-alturas del presupuesto, no se les ocurrió entonces tomar una señora de
-majestuoso porte, para reflejar en ella en el día de la apoteosis los
-relumbrones del oficio.
-
-Mas a esto dicen también las gentes, que en España todos los hombres,
-en cuanto llegan a serlo, debieran prepararse para lo más grave, porque
-parece ser, y varios hechos lo atestiguan, que, por una rara excepción
-de la naturaleza, _todos los españoles servimos para todo_.
-
-
-
-
-LAS INTERESANTÍSIMAS SEÑORAS.
-
-
-Generalmente son dos: rubia la una, morena la otra; pero esbeltas
-y garridas mozas ambas. Arrastran las sedas y los tules como una
-tempestad las hojas de otoño. De aquí que unos las crean elegantísimas,
-y otros charras y amaneradas. Pero lo cierto es que los otros y los
-unos se detienen para verlas pasar, y las ceden media calle, como
-cuando pasa el rey.
-
-Como nadie las conoce en el pueblo, las conjeturas sobre procedencia,
-calidad y jerarquía, no cesan un punto.
-
-El velo fantástico de sus caprichosos sombrerillos, que llevan siempre
-sobre la cara, es el primer motivo de controversias entre el sexo
-barbudo. Si aquellos ojos rasgados, y aquellas mejillas tersas, y
-aquellos labios de rosa que se ven como entre brumas diáfanas, son
-primores de la naturaleza, o artificios de droguería. Esta es una de
-las cuestiones. Pero aunque se resolviera en favor de la pintura, no
-sería un dato; porque ¿qué mujer no se pinta ya?
-
-Otra duda: ¿dónde viven? Se averigua que se hospedaron en una fonda
-muy conocida, a su llegada a Santander, y que permanecieron en ella
-tres días, durante los cuales las acompañó por la calle varias veces un
-inglés _cerrado_.
-
-Primera deducción: que son inglesas.
-
-A esto replica un curioso que las siguió entonces muy de cerca, que
-siempre hablaban por señas a su acompañante, y que le decían «_aisé_»
-para llamar su atención. Dato feroz: de él se desprende que no son
-inglesas, ni tienen la más esmerada educación, puesto que usan ese
-vocablo con que el tosco populacho bautiza a todo extranjero cuando
-quiere decirle algo.
-
-Pero un joven optimista hace saber que esa palabra es compuesta de dos
-inglesas, muy usuales en la conversación, y que equivalen a _digo yo_,
-o mejor aún, a nuestro familiar _oiga usted_.
-
-Se desecha el dato desagradable.
-
-Ignorándose dónde viven después que salieron de la fonda, se las sigue
-discretamente con objeto de averiguarlo. Trabajo inútil. Como si el
-pueblo fuera para ellas tramoya de magia, desaparecen en el punto y
-hora que les convienen.
-
-Estas contrariedades excitan doblemente la curiosidad y multiplican
-la suma de los curiosos y de los admiradores, cuya voracidad fomentan
-ellas, sin pretenderlo quizá, exhibiéndose con nuevas y más atractivas
-galas, y más sandunguero garbo.
-
-A todo esto, los que las suponen de _solar conocido_ alegan que las han
-visto en el teatro, en dos butacas. Pero esto es poco y equívoco.
-
-Otros, de mejor instinto investigador, declaran que las vieron, días
-antes, salir de la iglesia: este es mejor dato, sin duda.
-
-Pero otro mucho más elocuente se ofrece a los pocos días.
-
-Se las ve en el baile campestre, lo cual, ya lo sabe el lector,
-constituye aquí casi una ejecutoria de limpia prosapia.
-
-Sin embargo, todavía no resuelve ni aclara nada este dato. Asistieron
-a la fiesta, aunque con intachable arreo, solas como de costumbre. Se
-observó que no quisieron bailar, no obstante las muchas invitaciones
-que otros tantos despreocupados las hicieron. La incipiente juventud
-no se atrevió a tanto desde que notó que las damas _distinguidas_ las
-miraban de reojo.
-
-Esto era muy significativo. No pudo averiguarse, por más que se
-registraron al otro día los billetes de convite entregados al portero
-del salón, qué socio las había dado la credencial para entrar allí.
-
-Inútil es decir que estas nuevas confusiones excitan más y más el afán
-de las conjeturas acerca de las desconocidas. Las señoras del pueblo
-comienzan a ocuparse de ellas con alguna vehemencia, y también se
-dividen en pareceres.
-
-No falta ya quién asegura que son dos princesas rusas que se han
-propuesto darse, a todo gusto, un paseo por Europa. Pero como hay
-también quien afirma que hablan el castellano, y hasta con cierto
-dejillo andaluz, se conviene en que _serán_ dos sevillanas de buen
-humor, cuyos maridos llegarán de un momento a otro.
-
-Esta suposición coincide con el aserto de un curioso, de que, según
-noticia de Pedro, tomada de Juan, que a su vez la tomó de Felipe, las
-dos incógnitas tienen letra abierta en una casa de comercio, de las más
-respetables de la plaza.
-
-Y entonces es cuando empieza a vacilar la repugnancia que hacia ellas
-sentía la femenil sociedad indígena. Y tanto vacila y tanto decae, que
-si a la sazón no asisten aquellas al más encopetado baile particular,
-o a la tertulia más _entonada_, es o porque no ha habido una disculpa
-para invitarlas, o porque ellas no han querido aceptar la invitación.
-
-Tal sube y baja en el humano criterio el concepto que en él se forjan
-los hombres... y las mujeres, dejándose seducir por las apariencias.
-
-Un día se observa que al pasar junto a uno de esos forasteros
-bullidores y omniscientes, en lo que respecta a pueblos, tipos y
-costumbres, y de quien hablaré al lector más adelante, le sonríen con
-inusitada familiaridad, a cuyo agasajo corresponde él flagelando el
-vestido de la rubia con dos golpecitos de bastón.
-
-Entonces se le asedia, se le acosa, se le marea con preguntas de todos
-los colores.
-
-Asómbrase el interpelado del asombro de los interpelantes, y dales una
-respuesta brevísima.
-
---¡No es posible! --se le replica.
-
---Con verlo basta, caballeros.
-
-Desde el día siguiente se las mira en la calle como a _gente conocida_,
-y se observa un hecho bien opuesto a todo lo usual y corriente en el
-trato social; y es a saber, que a medida que van ellas ensanchando sus
-relaciones entre los antes codiciosos de sus miradas y preferencias,
-van éstos escatimándoles sus atenciones en público; es decir, que más
-se aíslan cuanto más se comunican.
-
-Muy poco tiempo después tiene lugar el completo eclipse de estos dos
-astros, que aparecieron entre los de primera magnitud.
-
-Y llamo _completo_ al eclipse, porque se necesita un ojo muy avezado
-a la observación para distinguirlos, de vez en cuando, en las alturas
-de un palco segundo del teatro, oscurecidos ya por la luz de una
-candileja; o describiendo, como fuegos fatuos, caprichosos giros
-y recortes en el Muelle, al desembarcar en él los indianos de un
-vapor-correo.
-
-
-
-
-UN ARTISTA.
-
-
---¿Gusta Vd. que le sirva, cabayero?
-
---Sí, señor.
-
---Sírvase Vd. tomar asiento aquí... ¿Qué va a ser?
-
---¿Cuál?
-
---Digo si gusta Vd. cortarse, rizarse...
-
---Quiero que me afeiten.
-
---Al momento, cabayero... ¿Le gusta a Vd. así el respaldo? ¿Quiere Vd.
-que le suba..., que le baje?
-
---No, señor.
-
---Muy bien. ¿Fría, o caliente?
-
---Como a Vd. le dé la gana, con tal que me afeite pronto y bien.
-
---¡Oh! como una seda, cabayero... Un poquito más alta la barbiya, si
-Vd. gusta... Así... ¿Qué calores tenemos, eh? ¡Cómo se estará asando
-aquel Madrí!... ¿Hace mucho que no ha estado Vd. por Madrí, cabayero?
-
---Y ¿qué sabe Vd. si yo he estado allá alguna vez?
-
---¡Oh! yo le conozco a Vd.
-
---Pues que sea por muchos años.
-
---Sí, señor. Cuando vino Vd. a cortarse el pelo anteayer, me lo dijo el
-chico que le sirvió a Vd.
-
---Es decir, que es Vd. nuevo en esta peluquería.
-
---Ocho días hace que llegué de Madrí.
-
---Como en verano se aumenta la parroquia...
-
---No, señor: yo he venido _de placer_; quiero decir, a baños.
-
---Vamos, afeita Vd. por recreo.
-
---Hágase Vd. cuenta que sí; porque lo que sucede es de que al saberse
-que yo había venido, me solicitó el maestro; y yo, por hacerle un
-favor...
-
---Ya lo comprendo.
-
---Como a mí, en dejándome tiempo para bañarme, una hora para el café y
-otras dos para ir con los amigos al paseo, no me hace falta el resto
-del día...
-
---¿Y todos los años viene Vd. a bañarse aquí?
-
---No, señor. Esta es la primera vez; pero otros amigos de mi arte han
-venido otros veranos, y me han hablado muy bien de este pueblo. Lo
-demás, yo siempre _he salido_ a San Sebastián. Hay muy buena sociedad
-allí.
-
---De modo que Vd. no piensa quedarse todo el año en esta barbería.
-
---¡Qué ha dicho Vd! ¡Dejar yo aquel Madrí... Madrí de mi alma!...
-Desengáñese Vd. cabayero; nosotros, los artistas, acostumbrados a aquel
-mundo, no servimos para provincias.
-
---Según eso, nacería Vd. allí.
-
---Naturalmente, cabayero.
-
---Lo supongo; y supongo también que será extremada la necesidad que
-tiene Vd. de los baños de mar, cuando sale Vd. todos los veranos a una
-miserable provincia para tomarlos.
-
---Yo le diré a Vd. lo que hay. Mi papá estuvo en Ultramar muchísimo
-tiempo desempeñando un buen destino, y a los dos años de venir él de
-allá, nací yo... Por cierto que mi mamá tuvo un parto atroz... ¿Hace
-daño?
-
---¿Cuál, hombre?
-
---La navaja.
-
---Va «como una seda.»
-
---Es claro... Pues verasté. Yo me crié muy delicadito, y los médicos
-decían que unos tumores como puños que me salían en salva la parte,
-eran _escrúfulas_, _ínticas_ a las que papá había traído de América.
-
---Pero las llevaría ya de España.
-
---No señor, los cogió allá.
-
---Yo creía que las escrófulas no se adquirían así tan de repente.
-
---Por eso decían los médicos, cabayero, que cuando las _escrúfulas_ se
-cogen de golpe y a esa edad, ya no se sueltan; y a más a más se pegan.
-
---Ya me voy enterando.
-
---Como que mamá, que nunca las había tenido de joven, se fue a
-la sepultura llena de ellas... Pues verasté: y criándome yo tan
-delicadito, dijeron los médicos que necesitaba poco trabajo y mucho
-baño de mar. Por eso nunca pude ir al colegio; que, por lo demás, mi
-papá quería que yo estudiara para ingeniero. Pero papá era muy liberal,
-y murió en la Plaza de la Cebada... de un tiro, cuando la revolución
-del cincuenta y cuatro. Entonces mi mamá no pudo con el susto, se le
-metieron en el cuerpo las _escrúfulas_, y murió también. Quedándome yo
-huérfano y con pocos recursos, me dediqué a este arte, y con él voy
-viviendo, gracias a los baños de mar que tomo todos los veranos...
-¿Quiere Vd. que le descañone?
-
---Haga Vd. todo lo de costumbre.
-
---Y Vd., cabayero, ¿no se da luego una vuelta por Madrí? Conocerá Vd.
-allí mucha gente.
-
---No tanta como Vd.
-
---¡Oh! yo conozco a todo el mundo... Sobre todo, artistas y literatos.
-
---¡Anda!
-
---No sé si vendrá este año por aquí Benito.
-
---¿Qué Benito?
-
---Galdós.
-
---Parece que le trata Vd. con mucha confianza.
-
---Muchísima. Cuando salí de Madrí quedaba él dando las últimas
-_plumeadas_ a un libro muy bonito que va a publicar en seguida.
-
---Se le leería a Vd.
-
---Porque yo no quise que se molestara, no me le leyó; pero hablamos de
-él, así, por encima.
-
---Vamos, le gustará su parecer de Vd.
-
---Aunque yo no debiera decirlo... ¿No ve Vd. que no se riza con nadie
-más que conmigo?
-
---Es extraño eso; porque yo juraría que gasta el pelo rapado.
-
---Efectivamente: pero yo me refería a la barba.
-
---Siempre se la vi afeitada.
-
---Pues se la afeito yo, cabayero.
-
---¡Ah! ya.
-
---Y la misma intimidad tengo con Adelardo Ayala. Pues ¿y con
-Campoamor?... El primero que le dio la mano cuando se _echó_ el último
-_dracma_ suyo, fui yo. «Gracias, chico --me dijo--, y créete que estimo
-tu enhorabuena como la mejor.»
-
---De modo que trata Vd. a toda la literatura por debajo de la pata.
-
---Hágase Vd. cuenta que a toda... ¡Qué _chicos_! Tienen la gracia de
-Dios... Pues ahí está _Lagartijo_ que dice en el _Imperial_ a voz
-en cuello, que la tarde que no estoy yo en la plaza no sabe dar un
-volapié. ¡Ese sí que _tiene sombra_!
-
---¿El _Imperial_?
-
---No, señor, _Lagartijo_... Así decimos en Madrí... Cosas de esos
-chicos del _Gil Blas_. Aquí, en provincias, tiene uno que mirarse mucho
-para hablar, porque enseguida se _escama_ la gente.
-
---Ya ve Vd., la ignorancia...
-
---Es natural; porque no están, como uno, al tanto de las cosas del
-día..., pero allí, aunque no se quiera, hay que _estruirse_... Misté,
-cabayero; yo estoy todo el año en la peluquería de Prats, que es la
-mejor de Madrí. Allí el literato; allí el músico; allí el diputado...
-Para que Vd. vea: ocho días antes que Salaverría leyera en las Cortes
-los presupuestos últimos, sabia yo todo aquello del recargo que tanto
-dio que hablar. Lo mismo me sucedió con lo de los fueros. Así es que
-yo tengo a montones las papeletas para las trebunas de orden; y si no
-voy a todas las sesiones, es porque, para mí, todo lo que no sea hablar
-Emilio, o Roque Barcia...
-
---De modo que es Vd. de los que llaman «de la cáscara amarga.»
-
---Pues ahí verá Vd... No, señor. Por de pronto, yo no soy ya hombre
-de opinión, porque los desengaños me han hecho _ateo_ en política;
-pero, de estar por alguno, más bien estoy por los de guante blanco,
-que, al cabo, se peinan y se afeitan, y son, como el otro que dice,
-parroquianos de uno. Es que esos oradores yo no sé qué tienen para mí.
-Bien séase que no los entiendo, o que lo dicen con cierto... Vamos,
-ello es que me llevan detrás, como si me _dechizaran_... Aquí, en
-provincias, estarán ustedes poco al tanto de esas cosas.
-
---Nada, hombre, nada.
-
---Es natural. Les falta el roce y la... Allí da gusto; de todo se trata
-y en todo se ilustra la persona... ¿Descañono más?
-
---Está bastante.
-
---¿Fría, o caliente?
-
---De la más fría.
-
---Tenga Vd. la bondad de _ensugarse_ con esta _toballa_. Le daré a Vd.
-unos golpes de peine.
-
---¿En dónde?
-
---En el pelo... ¡Oh, cabayero, qué antigua es ya esa moda que Vd.
-_lleva_! Ahora, en Madrí, todos los chicos _distinguidos_ llevan el
-pelo en _bandós_...
-
---Sí, ¿eh? Pues deje Vd. lo mío como está, y así seré mucho más
-_distinguido_.
-
---Como Vd. guste, cabayero... ¿Conque también tienen ustedes ya tranvía?
-
---Así parece.
-
---Han querido imitar al de Madrí. ¡Aquel sí que es tranvía!
-
---Mejor que éste, ¿eh?
-
---¡Qué tiene que ver! Sin embargo, cabayero, para una provincia, éste
-es todo lo que se puede pedir.
-
---Ya me hago cargo. Además, aquel recorre sitios más amenos.
-
---¡Muchísimo más! Recoletos, la calle de Alcalá, la Mayor, Palacio, el
-barrio de Pozas..., todo Madrí; conque, figúrese Vd.
-
---Al paso que aquí, Molnedo, San Martín, la Magdalena, el Sardinero...
-
---Eso es: mucho prado, mucha mar..., rústico todo. Pero no hemos de
-pedir en una provincia las ventajas de un Madrí. ¡Cuántas tiene Vd.
-en España todavía mucho más atrasadas que ésta! Pero ya irán ustedes
-entrando poco a poco. Por de pronto, la buena sociedad madrileña que
-les visita todos los veranos, ya adorna esto, y algo ilustra. Misté;
-el domingo fui yo en el tranvía, y se me figuraba que estaba en Madrí.
-Todos los pasajeros éramos de allá, y todos conocidos. Así es que la
-gente se nos quedaba mirando cuando nos apeamos.
-
---¡Qué le parece a Vd.!
-
---Lo mismo me sucede cuando voy por las mañanas a tomar el baño. Toda
-la gente que anda por el arenal y por la galería, somos de Madrí. De
-modo que todo se le vuelve a uno saludar. Le digo a Vd., cabayero, que
-algunas veces me parece que estoy en el _Prao_, y me da tristeza.
-
---¿Por qué, hombre?
-
---Ya ve Vd. la _diferiencia_. Cuatro peñascos, un arenal y _un poco_ de
-agua. Compáreme Vd. esto con aquel gentío de carruajes, con aquellos
-palacios y aquel _vaivién_ de sociedad, que a veces no _cabemos_ en
-el salón..., porque, créame Vd., cabayero, aquello es _la mar_ de
-elegancia... Esto no es decir que el Sardinero sea del todo malo, pues,
-para una provincia, no puede pedirse más; pero desengáñese Vd., a los
-que estamos hechos a aquel Madrí... ¡Ay, Madrí de mi alma!... Está Vd.
-servido, cabayero.
-
---Muchas gracias, amigo.
-
---Me alegraré haberle dado gusto.
-
---Pues vaya Vd. alegrándose.
-
---Ya lo sabe Vd.; por ahora, desgraciadamente, aquí; desde el mes que
-viene, calle del Carmen, peluquería de Prats, para cuanto se le ocurra.
-
---No olvidaré las señas. Conque agur, y aliviarse de las _escrúfulas_.
-
---Tantísimas gracias... Beso a Vd. su mano, cabayero.
-
-
-
-
-UN SABIO.
-
-
-Al siguiente día de su llegada a Santander, o acaso sin sacudirse el
-polvo del camino, dáse a conocer en tertulias y corrillos diciendo,
-con la mayor impavidez, que España es un país de estúpidos, y que la
-capital de la Montaña es el último rincón del país, puesto que no hay
-un solo montañés que conozca _la telematología_, ni la _filosofía
-del sentimiento estético en sus relaciones con la actividad del yo
-pensante, en, dentro, sobre, sobre en y por debajo de la conciencia
-universal_. Pero esta ignorancia no le sorprende en un pueblo en que
-_todavía_ oyen misa los hombres que se llaman ilustrados, y desconocen
-a _Jeeéguel_ (muy arrastrada la J) o Hegel, como decimos las personas
-vulgares.
-
-Y ahora que el lector sabe algo sobre la venida de este huésped, voy a
-decirle otro poco acerca de su procedencia.
-
-La humana debilidad tiende, por instinto, a lo más cómodo, hacedero y
-comprensible.
-
-Por eso a los grandes apóstatas, aunque arrastrados a la apostasía por
-el demonio de la soberbia, o de la codicia, o de la concupiscencia,
-nunca les han faltado inocentes que formen su cortejo.
-
-Pero llegó el siglo XIX, hijo legítimo de la glacial filosofía del
-XVIII, y la masa dócil a tantas voluntades durante tantos siglos de
-controversias y de charlatanes, endurecióse como el mármol, y hasta
-el más lerdo se convenció de que en estos días esplendorosos, de luz
-y de _pronunciamientos_, ya no cabe el cisma, por la sencilla razón
-de que el que se separa de la verdad católica no es para proclamar
-otra _creencia_, sino para dudar de todas; y dudar de todas equivale
-a carecer de entusiasmo, que es hijo de la fe; y careciendo de fe y
-de entusiasmo, no cabe la disputa, ni por consiguiente la escuela. Es
-decir, que los disidentes de la verdad «ya no creen en brujas,» o,
-hablando más en carácter de _época_, están «curados de espantos,» en
-plena _despreocupación_. Deducción lógica de esto: No puede darse una
-ocasión que sea menos a propósito que la presente para fundar sectas
-religiosas y sistemas filosóficos.
-
-Pues bien, lector; en ninguna otra, desde que el mundo es mundo, se han
-hecho mayores esfuerzos para arrastrar a la razón humana a los extremos
-que más la repugnan; jamás se ha visto mayor cúmulo de desatinos
-presentados como armas de seducción, unos en el campo religioso, otros
-en el filosófico y otros en el de la política; siendo inútil advertir
-que todas estas agrupaciones, tan diferentes entre sí, coinciden en un
-punto: el consabido odio _a las viejas instituciones y creencias_.
-
-Ni de los fundadores, ni de los pontífices, ni de los apóstoles (aunque
-todo ello suele andar en una sola pieza) de estas doctrinas, ni
-siquiera de los adeptos que lo sean _de veras_, voy a ocuparme aquí,
-gracias a Dios.
-
-Pero es el caso que alrededor de estas colmenas de insípida melaza,
-bulle de continuo un enjambre de zánganos impresionables, que, so
-pretexto de un amor desmedido a lo _nuevo_ y a lo _fuerte_, pero
-incapaces de elaborar cosa propia, aunque sea mala, van chupando, a
-hurtadillas, cien desatinos de la filosofía, cincuenta extravagancias
-de lo religioso y doscientas majaderías de la política; y con estas
-provisiones en el buche, mal digeridas, así por falta de jugos como
-por la indigesta condición de lo engullido, échanse zumbando por
-esos mundos de Dios, y aún pretenden elevar su vuelo hasta las
-águilas, porque les han dicho que aquello que les nutre el menguado
-entendimiento se llama _ciencia moderna_.
-
-Uno de estos _sabios_ es el huésped consabido.
-
-Y ya que tampoco ignoras de dónde viene, continúo leyéndote todas las
-señas particulares de su pasaporte.
-
-Generalmente es _tipo_ por su figura, o por el corte de su vestido, y
-joven; porque no se concibe que pueda llegar nadie a la edad de las
-canas con tantos grillos en la cabeza.
-
-Ni la experiencia, ni la erudición más vasta en el campo de los _viejos
-sistemas_, le merecen el menor respeto; porque él ha asistido durante
-dos meses a una cátedra de filosofía krausista en la universidad de
-Madrid, y sabe, por boca de uno de los oráculos españoles de esta
-escuela alemana, que «_cada filósofo debe construir su propia ciencia
-sin necesidad de abrir un libro_.» Y tan al pie de la letra ha tomado
-el consejo, a tal extremo ha llevado el asco a los libros, que ni
-siquiera conoce la gramática castellana.
-
-Ya hemos visto, al dársele a conocer al lector, qué desparpajo le
-presta o le infunde esta _ilustrada_ ignorancia; mas como aquella tesis
-la repite donde quiera que halla tres hombres reunidos, y como no es
-raro que entre tantos haya muchos a quienes sobre de buen sentido lo
-que les falte de _ciencia moderna_, su temporada de verano es una pelea
-sin tregua ni sosiego.
-
-Porque es de advertir que, aunque de pronto se le escucha como quien
-oye llover, una vez _metido en barro_ ya no hay paciencia que sufra
-tantas salpicaduras al sentido común, única _ciencia_, a mi entender,
-que se _construye_ sin abrir un libro, por la sencilla razón de que no
-hay libro que enseñe a construirla cuando Dios ha negado a alguno la
-_materia prima_.
-
-Sin este lastre en la cabeza, claro es que, como todo lo henchido de
-aire, o menos pesado que él, este sabio, no bien se agita un poco, ya
-está dando tumbos por el espacio y perdiéndose de vista en el infinito.
-Por eso lo primero que _discute_, y con doble afán si hay mujeres en el
-auditorio, es a Dios, es decir, al _Dios de las viejas creencias_.
-
-Eso de _Dios Trino y Uno_, tiénelo él por logomaquia.
-
-La _conciencia humana_ no siente este concepto _absurdo_; la mente, por
-tanto, no le penetra, no le alcanza.
-
-Entonces es la ocasión de echar atrás las solapas del levisac, poner la
-cara hosca, y lanzarse sobre los ignorantes con este párrafo que, según
-el sabio, es claro, perceptible y concluyente:
-
- «_Dios es el absoluto ser, en su total unidad e integridad, como
- lo que es y de lo que es, en la esencial sustantiva unión y
- composición del ser y del existir, del conocer y del pensar, dándose
- y determinándose en, dentro y debajo de la unidad, sabiéndose de
- sí, para sí y consigo, congrua, individual y homogéneamente, antes
- y sobre toda determinación concreta de la materia caótica en tiempo
- y espacio, medio en que lo objetivo y lo subjetivo recíprocamente
- comulgan._»
-
-En seguida apoya su aserto con la autoridad de los _santos_ padres, o
-pontífices de _su_ iglesia, Krause, Sanz del Río y Salmerón, mira en
-derredor de sí con cara de lástima, y pasa a otra cosa.
-
-Nada le _repugnaba_ tanto cuando él _era_ católico «por no disgustar
-a su _pobre_ madre que creía como una _inocente_ todas _esas cosas_,»
-como los milagros, lo sobrenatural: y lo del premio y el castigo
-inmediatos a la muerte del cuerpo, ni más ni menos que si Dios llevara
-una cuenta corriente a cada una de sus criaturas. Esto es empequeñecer
-la idea, agraviar a la razón humana que es un destello divino, etc.,
-etc.
-
-Y he aquí que comienza a cantar endechas al _espiritismo_, de cuya
-secta se declara partidario y hasta miembro integrante. Y siendo
-espiritista, cree, por ende, y así lo manifiesta, que los espíritus
-vagan por el espacio, ramoneando de planeta en planeta, como carneros
-trashumantes, para purificarse por una serie de trasmigraciones,
-hasta que Dios los llame junto a sí, después de juzgarlos dignos de
-Él: cree, por tanto, en los metaespíritus, y que el hombre está en la
-tierra, de tránsito, procedente ya de otro planeta, o de otra criatura
-de diferente condición social o naturaleza, y ni siquiera niega que
-pueda él mismo haber sido asno tiempos atrás, por más que --¡otro
-contrasentido!-- no le guste que se lo llamen. En fin, repugnándole
-todo lo sobrenatural, y hasta negándolo con indignación, nos cuenta
-entusiasmado que se pasa las horas muertas hablando mano a mano con
-el espíritu de Confucio... o con el de Sancho Panza (pues inspirados
-_eruditos_ hay en la secta que se lo han tragado), si es _medium_,
-por su propia virtud, y si no, por el del hermano que la posea;
-y le cuentan que esto está perdido, y que la Iglesia caerá, y que
-prevalecerá lo que quieran Bassols, Solanot y otros cuantos apóstoles
-de la doctrina famosa... Y todo esto y mucho más se lo cuentan en
-parábolas y rengloncitos entrecortados, que necesitan luego una
-interpretación no poco ingeniosa.
-
-También en este trance tapa la boca a los incrédulos que se ríen al
-oírle, con nombres propios. En seguida enjareta una letanía de los
-más sonados en España entre políticos y militares, los cuales sujetos
-hacen lo mismo que él, y _aliquid amplius_, en esas conferencias con
-los espíritus; cuya prueba, no por ser irrecusable, porque es la pura
-verdad, levanta un ápice la cuestión ante el testarudo y arranciado
-sentido común que escucha al sabio; pues se obceca aquel inconquistable
-tribunal en sostener que en ninguna parte hay reunidas, en menos
-terreno, más extravagancias, más monomanías, más opuestas condiciones
-sociales que en un manicomio, y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido
-tomar por lo serio aquella algarabía de insensatos.
-
-Indígnale también que existan _todavía_ hombres que se llaman
-ilustrados sosteniendo que la raza humana, entera y verdadera, procede
-de Adán. Parécele absurda esta _teoría_; y buscando otra más verosímil,
-y hasta solar más noble a la humanidad, agárrase a Darwin, y pónese
-muy hueco al declarar con este otro sabio que el hombre desciende del
-mono --cosa que muchos _ignorantes_ no negarían si todos los ejemplares
-de la especie fueran idénticos al preopinante--. Verdad es que el
-sustentar esta teoría le permite soltar la palabreja _antropiscos_ o
-_antropoides_, que no es despreciable para un sabio de su calibre, y
-tapar con ella el resuello al que le pregunte por la raza que debió
-llenar el abismo que separa al cuadrúmano famoso, del más estúpido de
-los hombres.... Por eso me gustan a mí los sabios (y no aludo ahora
-al de mi cuento): se tropiezan en sus investigaciones con un abismo
-sin fondo, y le cubren con una palabra rimbombante; y saltando sobre
-ella, para no sentir el vértigo que les perdería, siguen adelante
-tan satisfechos como si la senda no tuviera un bache: todo menos
-retroceder ante el precipicio, para buscar otro camino más seguro y
-más frecuentado. Digo esto, porque la tal palabreja es la tapadera que
-ponen los darwinistas sobre el abismo de su peregrina teoría. ¡Como si
-el tal abismo no fuera para ellos toda la cuestión!
-
-Volviendo ahora a nuestro sabio, digo que si se logra hacerle descender
-de esas alturas en que se mece tan a su gusto, y bajar al mundo
-terreno, se le ve lanzarse rápido sobre la memoria de los grandes
-hombres; porque ésta es de las águilas que no pierden el tiempo cazando
-moscas. La calidad del auditorio es lo que menos le importa.
-
-Así, por ejemplo, al primer tratante en caldos que halla a mano, le
-enreda en una discusión sobre Cervantes.
-
---_Concedo_ --dice el _generoso_ sabio-- que no fue el autor del
-_Quijote_ un hombre _enteramente vulgar_, teniendo en cuenta la
-época en que vivió; pero ¿qué materiales dejó preparados para la
-_arquitectónica_ de la ciencia moderna? ¿No están sus obras impregnadas
-del estúpido fanatismo religioso? Lo mismo a él que a Calderón les
-faltó la _filosofía de la estética_, que les hubiera enseñado lo poco
-que valían sus creaciones _por sí, mediante, en, con relación al
-idealismo trascendental, en cuanto, sobre, antes y después de_.
-
-Por el mismo procedimiento demuestra el _idiotismo_ de Colón, la
-_candorosa_ ignorancia de _Agustín_ (como no cree en brujas, le
-suprime la santidad), el espíritu _mezquino_ de Raimundo Lulio, la
-_charlatanería_ de Balmes, y la sublime metafísica de las coplas de
-Mingo Revulgo.
-
-Ninguno de estos hombres, ni otros infinitos que cita sin pararse en
-barras, hicieron cosa alguna en beneficio de la humanidad _progresiva_;
-les faltó la gran idea del símbolo, del _schema_, o séase _la gráfica
-determinación en que la naturaleza y el espíritu se unen en forma de
-lenteja_.
-
-¿Necesito añadir que la aspiración política de este mozo es ir tan
-lejos como puedan llevarle _las corrientes de la idea nueva_, o los
-huracanes de la libertad de su altivo pensamiento?
-
-Así es, en efecto; y conste que, según propia declaración, para
-colocarse en la senda que necesita su razón sin trabas ni cortapisas,
-ha comenzado por tomar en una logia masónica el nombre de _Wamba_, y
-por jurar, _a oscuras_, sacrificarse en cuerpo y alma a la voluntad de
-un superior a quien no conoce, sin que le sea lícito preguntar jamás el
-_por qué_ ni el _para qué_ de los esfuerzos que se le _impongan_.
-
-En fin, lector ignorante, después de volcar este ollón de potaje
-religioso-filosófico-político en plazas, casinos, tiendas y cafés, es
-cuando el sabio, para rematar la obra, encaja este ribete, pespunteado
-con aires de protección y tono campanudo:
-
---Esto se llama, señores, estar penetrado del _ideal de la humanidad_;
-esa ciencia sublime, mediante la cual, el hombre, _artista de su vida,
-determinándose en todas las esferas de la actividad, se hace divino en,
-bajo, mediante Dios_.
-
-Mas, a pesar de la sustancia de este luminoso dato, oigo al asombrado
-lector preguntarme: Pero ¿adónde va ese mozo con semejante galimatías
-en la cabeza?
-
-¿Adónde va? En Madrid al Ateneo, si hemos de creerle.
-
-En Santander, a lo que hemos visto, a difundir la luz; a tomar el
-aire... y, _aliquando_, a la ruleta.
-
-Mañana... (si antes no se cura) al Limbo, que es la mansión adonde van
-a parar los que en vida tuvieron la enfermedad debajo del pelo.
-
-
-
-
-UN APRENSIVO.
-
-
-Puede ser de Rioseco, lo mismo que de Palencia o de Zamarramala. No
-es viejo, ni tampoco joven, ni rubio, ni moreno, ni alto, ni bajo, ni
-rico, ni pobre. Trajo baúl de cuero peludo y sombrerera de cartón.
-Hospedóse como pudo, y al día siguiente fue a entregar la carta de
-crédito que traía, a su orden, contra una casa mercantil de la plaza.
-
---¿Los señores de Tal y Cual y Compañía?
-
---Servidores de Vd.
-
---Tenga Vd. la bondad de enterarse de esta esquelita.
-
---Cúbrase Vd. y siéntese.
-
---Muchas gracias.
-
---¿Quiere Vd. recibir ahora la cantidad que los Sres. Morcajo y
-Compañía nos mandan poner a su disposición?
-
---No, señor; iré tomando a cuenta lo que necesite, si a ustedes les
-parece.
-
---Como Vd. guste. Y ¿cómo están aquellos señores?
-
---Tan guapamente... quiero decir, salvo el sobrehueso del D. Atanasio,
-que no le deja moverse de la silla cuatro años hace.
-
---Eso es lo peor. ¿Y Vd., a lo que parece, se ha venido por ahí a
-veranear?
-
---No fuera malo, señor mío. Por ese solo placer quedárame en casa, que
-los tiempos no están para moverse de ella. Vengo, créalo Vd., por la
-necesidad que tengo de tomar los baños.
-
---¿Y ya está Vd. instalado?
-
---Sí, señor: ahí paro en cá de un paisano, en Santa Clara. Mucha
-bestia, mucha mosca y bastante ruido hay; pero como dicen que el olor
-de la cuadra es bueno para el pecho, no me pesa haber encontrado eso.
-Yo mejor querría un parador con vistas a la mar alta; pero mire Vd.
-que llegué a dar hasta doce reales por un cuarto en el Sardinero, y el
-demontres del posaero se me echó a reír. Conque volvime ahumando a la
-ciudad, donde pago medio duro. Le digo a Vd. que la vida cuesta aquí un
-sentido. Pero la pícara necesidad de los baños...
-
---Pues hombre, el semblante de Vd. revela mucha salud.
-
---Calle Vd., por Dios, que estoy hecho una carraca vieja... Como que si
-en este mar no la compongo, no me queda más remedio que la huesera...
-
---¿Ha tomado Vd. ya algún baño?
-
---Si llegué ayer, de tardecita; y en un carricoche fui al Sardinero,
-y en el mismo me volví, ya de noche, cuando vi lo caro que andaba
-por allí el hospedaje. Ahora vuelvo allá a enterarme de lo tocante
-al baño; porque pensar que me he de meter yo en lo que no conozco,
-siquiera de oídas, es pensar los imposibles. Conque, si ustedes no
-mandan otra cosa, me alegro de verlos tan buenos, reconózcanme por un
-servidor, y hasta otro día, que algunos he de volver, si Dios quiere y
-la salud me lo permite.
-
---Muchísimas gracias, y que aprovechen los baños.
-
---Pues si no me pintan, no será por falta de _modo_ para tomarlos.
-
-
-EN LA PLAYA.
-
---Conque, según las trazas, es Vd. bañero.
-
---Ya ve Vd.
-
---Vaya, pues lo celebro. Yo también vengo a tomar baños.
-
---Me alegraré que aprovechen.
-
---Así lo espero. Y diga Vd. ¿está esto muy hondo?
-
---Hay de todo. Si se queda Vd. cerquita...
-
---¿Y si entro mucho?
-
---Si entra Vd. mucho, hallará más agua.
-
---Quiere decir que según voy entrando...
-
---Le va a Vd. cubriendo, cubriendo...
-
---Eso es, hasta que ¡plaf! se va uno al hondo.
-
---Cuando no se sabe nadar...
-
---Pues es una broma pesada. Y diga Vd., ¿estarán firmes estas cuerdas?
-
---Ya lo ve Vd.
-
---De modo que, bien agarrado uno a ellas, aunque venga la ola de
-firme... Diga Vd., ¿de qué lado suelen venir?
-
---Hombre, según sople el viento; pero, por lo común, de frente, como
-ahora.
-
---Quiere decirse..., eso es, que poniéndome de cara hacia afuera, las
-recibiré en las espaldas... Pero entonces no veré lo que viene sobre
-mí. ¿Cuál le parece a Vd. lo mejor?
-
---Eso va en gustos.
-
---Como tiene Vd. la experiencia ya... ¿Y si me tiran?
-
---No suelte Vd. la cuerda.
-
---¿Y si la suelto?
-
---Le tiran a Vd.
-
---¿Y qué hago entonces?
-
---Agarrarse a la arena.
-
---¿Es seguro eso?
-
---A veces.
-
---Pero ¿no están ustedes para sacar de tales apuros?
-
---Cuando se nos manda.
-
---¿Y si no se lo mandan a ustedes?
-
---Nos estamos, como ahora, paseando por el arenal.
-
---¿Aunque yo me esté ahogando?
-
---Si le viéramos a Vd., y hubiera tiempo...
-
---Es decir, que puede no haberle.
-
---Ya lo creo.
-
---¡Canastos! Pues ¿cómo hay ahora otros bañeros con aquellas mujeres?
-
---Porque los han pedido y pagado.
-
---¡Ah! vamos. Pues yo también tomaré uno... ¿Tiene Vd. mucha fuerza?
-
---¿Para qué la necesita Vd.?
-
---Hombre, para un apuro de esos de que íbamos hablando.
-
---¿Va Vd. a empezar hoy a bañarse?
-
---No señor, mañana. Ahora vengo a tomar informes de esto, porque a mí
-no me hace gracia meterme en lo que no conozco... Por de pronto, me
-gustaría más la playa si fuera llana, siquiera media legua adentro.
-
---Tendría que ver.
-
---Dicen que algunas son así.
-
---Valientes playas serán esas.
-
---¿Quiere decir que ésta es mejor?
-
---Como ésta no la hay, hombre.
-
---Y el agua, ¿también es buena?
-
---De la mejor que se conoce.
-
---Pues eso es lo esencial para los que venimos a bañarnos
-por necesidad. Y, a propósito: yo quisiera ver al médico del
-establecimiento. ¿Andará por acá?
-
---Cabalmente está ahora en la galería... Mírele Vd.
-
---¿Quién es?
-
---Aquel señor de la barba negra que está hablando con otro joven
-delgadito.
-
---Pues voy a verle antes que alguno le comprometa... Conque, amigo,
-muchas gracias por todo, y hasta mañana; porque yo desearía bañarme con
-Vd.
-
---Si estoy desocupado entonces, con mucho gusto.
-
---Pues lo dicho, dicho.
-
---(Como yo te eche la zarpa, menudo remojón vas a chuparte... ¡Yo te
-diré de qué lado viene la mar!)
-
-
-CON EL MÉDICO.
-
---Saludo a Vd., caballero.
-
---Beso a Vd. su mano.
-
---Me han dicho que es Vd. el facultativo del establecimiento.
-
---Tengo en él mi gabinete de consultas.
-
---Es igual. Pues yo quería consultar.
-
---Cuando Vd. guste...
-
---Ahora mismo.
-
---Pase Vd. a esta habitación... Sírvase Vd. tomar asiento.
-
---Muchísimas gracias, señor de... ¿de qué, si no le incomoda?
-
---Zorrilla.
-
---¡Hombre! Como ese que hace coplas. ¿Son ustedes parientes, por si
-acaso?
-
---Sospecho que no.
-
---Es que es paisano mío ese Zorrilla, y podría Vd. serlo también.
-
---Pues hágase Vd. la cuenta de que no lo soy.
-
---Vaya, pues lo siento; porque cuando se halla uno con gente de la
-misma tierra, le parece que no ha salido de casa... Pero es igual, con
-tal que la salud... Pues yo quería consultar sobre la mía.
-
---Vd. dirá.
-
---¿Cuántos baños cree Vd. que debo tomar yo, de cuánto tiempo y a qué
-hora?
-
---Si Vd. no me dice antes por qué los necesita...
-
---Pues por la salud.
-
---Ya lo supongo; pero la salud se quebranta por mil causas; cada causa
-puede dar origen a una enfermedad, y cada enfermedad necesita un
-tratamiento determinado.
-
---Es verdad, y voy a decirle a Vd. de contado lo que padezco. Pues
-amigo de Dios, ha de saberse Vd. que todo ello resulta de un susto que
-cogió mi madre el día en que se casó.
-
---¡Es raro eso, hombre!
-
---¿Por qué?
-
---Porque no hallo concomitancia... Si el susto le hubiera cogido algún
-tiempo después...
-
---Es que yo soy _sietemesino_.
-
---¡Vamos! Eso ya varía de especie.
-
---Pues sí señor; se escapó un novillo que se había de correr aquella
-misma tarde en la plaza, y arremetió a mi padre en el momento de salir
-de la Iglesia con mi madre, después de casados. Mi madre se desmayó al
-verlo, vino gente, salvaron a mi padre como de milagro, recogieron a
-mi madre; y sobre si tuviste tú la culpa o la tuve yo, armose después
-en el pueblo una de palos que el mundo ardía. Mi madre tardó en volver
-en sí, pero no echó el susto del cuerpo en mucho tiempo; y puede
-asegurarse que en todo el embarazo no fue ya mujer: un soponcio le iba
-y otro le venía. De resultas de todo esto, nací yo hecho una miseria,
-y hágase Vd. la cuenta que el verme vivo a los siete años le costó a
-mi padre un sentido. El ruido de una puerta me tumbaba en el suelo; el
-aire me hacía toser; con el frío, sabañones; con el calor, agonías; con
-el agua fresca, pasmos; con la templada, vómitos..., en fin, que llegué
-de milagro a los diez y ocho años. A esa edad me entoné un poco ya; y
-como quedé huérfano y tuve que atender a mis haciendas, el trabajo y
-la distracción me arreglaron el cuerpo algo más, y así estoy; pero,
-créame Vd., aborrecido de cambiar de médicos y de medicinas. Tan
-pronto que baños calientes de esta clase; tan pronto que de la otra;
-tan pronto que las del río; hoy que friegas, y mañana que restregones;
-hasta que un médico de regimiento que pasó por el pueblo y que venía
-recomendado a un amigo mío, me aconsejó que tomara los baños de mar...
-y aquí me tiene Vd.
-
---Bien está; pero todavía no me ha dicho Vd. qué dolencia es la que
-principalmente le aflige.
-
---Pues todas esas de que le he hablado.
-
---¿Cuáles?
-
---Mire Vd., por de pronto, el estómago.
-
---¿Le duele a Vd.?
-
---No, señor.
-
---¿Hace Vd. malas digestiones?
-
---¡Por ahí!
-
---Siente Vd. ardores...
-
---¡Quiá! Lo que me pasa es que yo soy de mucho comer, y que en cuanto
-como algo más que lo de costumbre, siento aquí un peso...
-
---¿Y repugnancia?
-
---No, señor; nada más que el peso, que me dura como un par de horas...,
-hasta que...
-
---Vomita Vd., ¿eh?
-
---No, señor, me quedo como un reló... y con un hambre de dos mil
-demonios.
-
---¡Hola!
-
---Y eso es lo que a mí me hace cavilar, porque parece mentira que con
-lo que yo como no se me quite el hambre..., y, sobre todo, el peso.
-
---Y la cabeza ¿qué tal?
-
---La cabeza..., esa es otra más gorda. Cuando tenía veinte años,
-resistía yo el sol de la era toda la mañana, en pelo, sin que uno de
-ellos me doliera; pues ahora ¡ya te quiero un cuento! a las dos horas
-de estar al sol, ya sudo, y me entran los desperezos... Y esto es lo
-que también me va dando cuidado.
-
---Y es grave, en efecto.
-
---¡Lo ve Vd.!
-
---Sí, señor, bastante grave... ¡muy grave!
-
---Cuando le digo a Vd. que paso la vida en una agonía... Y lo que más
-rabia me da, es que todo el mundo dice que me quejo de vicio, y que
-patatín y que patatán... ¡Hasta los facultativos se han reído de mí!...
-Conque ¿le parece a Vd. que me sentarán estos baños?
-
---Están indicadísimos.
-
---Y ¿cuántos?
-
---Lo mismo una docena que dos.
-
---Yo creí que siempre se tomaban nones.
-
---Tome Vd. nones.
-
---Así me parece mejor. Y ¿de cuánto tiempo?
-
---Hasta que Vd. tirite de frío.
-
---Y mientras esté de baños, ¿podré tomar fresco?... porque a mí me
-gusta mucho.
-
---A mí también en este tiempo.
-
---Luego ¿cree Vd. que podré tomarlo?
-
---A todas horas.
-
---¿Antes del baño también?
-
---Y después del baño.
-
---¿Y para el desayuno también?
-
---También para el desayuno.
-
---¡Caramba!... Y ¿qué fresco elegiré?
-
---El que corra.
-
---¿Y si corren varios?
-
---Los toma Vd. todos.
-
---¡Hombre, será mucho! Yo prefiero la merluza sola.
-
---¡Ah! vamos. Vd. me hablaba del pescado.
-
---Sí, señor, le llamamos _fresco_ en mi tierra.
-
---Pues, en ese caso, tengo que corregir... El mejor pescado para Vd. es
-el atún.
-
---No me disgusta; pero yo creía que era más _pesado_ que la merluza. Y
-¿a qué hora lo tomaré?
-
---Un poco antes de meterse en el baño.
-
---¡Hombre! ¿Y en qué cantidad?
-
---Un par de libras, si caben.
-
---¡Yo lo creo!
-
---Pues a ello.
-
---¿En seco?
-
---De ningún modo.
-
---Entonces, clarete.
-
---Nada de eso; aguardiente es mejor reactivo.
-
---Es verdad. Y diga Vd., ¿cómo aprovecha más el baño, entrando poco a
-poco o de sopetón?
-
---Ni de un modo ni de otro: a Vd. le conviene el trote.
-
---Y después me acurruco, agarrado a la cuerda.
-
---No, señor; después de darse Vd. una trotada por el arenal...
-
---¡Ah! ¿conque ha de ser por el arenal?
-
---Precisamente; se echa Vd. de cogote...
-
---¿Al agua?
-
---Naturalmente.
-
---Pero ¿cómo?
-
---¿Sabe Vd. nadar?
-
---Como un canto.
-
---Entonces véngase Vd. a la galería, y desde allí le enseñaré yo... ¿Ve
-Vd., a la derecha, aquel peñasco que se mete más que los otros en el
-mar?
-
---Sí que le veo.
-
---Pues desde allí se tira Vd. de cabeza.
-
---¡Zambomba!... ¿Y después?
-
---¿Después...? Después va Vd. a contárselo a su abuela.
-
---Ja, ja, ja... ¡qué buen humor tiene este señor de Zorrilla!... ¡Pues
-anda! que se ha largado... y sin cobrar la consulta. A bien que todos
-los días he de verle después del baño para explicarle el resultado y
-pedirle el plan para el siguiente.
-
-
-EN LA DESPEDIDA.
-
---Conque, vaya Vd. mandando lo que se le ofrezca para mi tierra.
-
---¡Tan pronto!
-
---Y la mitad me sobra.
-
---Como vino Vd. a bañarse...
-
---A matarme, dirá Vd.
-
---Es decir, que no han sentado los baños.
-
---En la misma boca del estómago..., y eso tan solo con olerlos. Conque,
-¡figúrese Vd. si llego a probarlos!
-
---No comprendo...
-
---¿No se acuerda Vd. que le dije que el médico me había mandado tomar,
-antes de bañarme, dos libras...
-
---Mucho que sí.
-
---...Y Vd. se empeñaba en que era una broma del señor de Zorrilla para
-darme a entender que yo era un aprensivo, y que torna y que vira?
-¡Mal rayo me parta!... Pues bueno: yo que tomo al pie de la letra
-todo lo que toca a la salud y al modo de recobrarla, porque la tengo
-perdida, aunque diga lo contrario el mundo entero, el día siguiente al
-de la consulta me bajé por la mañana al Sardinero, después de haberme
-envasado las dos libras de bonito y el medio cuartillo de aguardiente.
-Vestime de bañista, salíme al arenal, y comencé a trotar en redondo.
-La gente me miraba. Eran las diez, y no parecía sino que Dios echaba
-rescoldo por el cielo abajo, según las ampollas que sacaba el sol. A
-la media vuelta ya sudaba, y a los cinco minutos hubiera jurado yo que
-el aguardiente estaba en llamas y el bonito hecho una lumbre... ¡Le
-digo a Vd. que aquello era abrasarse vivo! Así es que, a las pocas
-vueltas, porque las daba por largo, me caí redondo en el arenal. Acudió
-la gente, y también el médico que andaba por allí, hízome echar por
-la boca hasta los hígados; y después de llamarme bárbaro muy serio,
-contó a la gente lo de la consulta, y acabaron todos por reírse de
-mí. ¿Le parece a Vd. que el lance era de risa?... Pues toda esa falta
-de caridad la enmendó el facultativo con decirme que cómo él pudo
-imaginarse nunca que hubiera un hijo de Adán tan... Adán, que tomara
-en serio lo del bonito y lo del trote antes del baño; que si lo que yo
-había tenido en el cuerpo lo mete él debajo de una peña, la levanta en
-vilo; que si, hallándome vivo después de lo ocurrido, no me convencía
-de que mi salud era de bronce; y, por último, que no tentara más a
-Dios, que me volviera a mi pueblo a cuidar de mis haciendas, y que
-no aburriera más al prójimo llorando males que no tenía... Con esta
-rociada por todo consuelo, me vestí, volvime a la posada y me metí en
-la cama a sudar, que poco me costó con el calor que hacía.
-
---¿De manera que ha hecho Vd. el viaje en balde?
-
---No lo crea Vd..., y por algo se dijo que «por lo más oscuro amanece.»
-Hablando yo de estas cosas, a los tres días, con un compañero de
-posada, me dijo que él también había rodado mucho por el mundo
-buscando la salud, y que no la había encontrado hasta que se la dio
-un curandero, ¡pásmese Vd.!, un remendón que trabaja en un portal
-de esta misma ciudad. ¡Y decir a Dios que hay médicos que gastan
-coche! Pues señor, que me alegró la noticia, que me animé y que fui a
-consultar con el curandero... Le digo a Vd. que es preciso verlo para
-creerlo. No hizo más que saber que yo estaba enfermo, y sin dejarme
-hacerle historia alguna de la enfermedad, me estiró los brazos hacia
-adelante, me juntó las manos, y poniéndome una de las suyas en la boca
-del estómago, me dijo: «Vd. tiene toda la maleza en el arca, motivado
-a que los güétagos se han arrimado mucho al padrejón, a causa --¡esto
-es lo más asombroso!-- de que las dos paletillas no encajan bien en
-el espinazo...» Pues en esto, señor mío, no ha dado hasta hoy ningún
-facultativo.
-
---Lo creo sin dificultad. ¿Y qué remedio le dio para tan complicada
-enfermedad?
-
---Uno que me parece tan sencillo como cuerdo: dos parches y un haz de
-yerbas. Uno de los parches me coge desde la nuca hasta la _curcusilla_;
-el otro es para encima del estómago.
-
---¿Los tiene Vd. puestos ya?
-
---No señor; los llevo para ponérmelos en cuanto llegue a casa; porque,
-tan pronto como me bizme, tengo que meterme en la cama y estar en ella
-veintisiete días, boca arriba, sin moverme.
-
---¿Y las yerbas?
-
---Las yerbas son para cocerlas. De este cocimiento he de tomar,
-mientras esté en la cama, dos azumbres por la mañana y otras dos
-por la tarde. De este modo dice el curandero que romperé en aguas
-abundantes, y que a la vez que con ellas sale toda la maldad, con los
-parches fortificaré el estómago y entrarán en sus propios gonces las
-paletillas... Conque, sírvase Vd. darme lo que me resta del crédito que
-traía, porque ya me parece que tardo en llegar a casa para ponerme en
-cura, y mande lo que guste para aquellos señores.
-
---¿Resueltamente va Vd. a ejecutar el plan del curandero?
-
---Como estamos aquí los dos.
-
---En ese caso, venga un abrazo..., y apriete Vd. bien.
-
---¿Por qué tan apretado?
-
---Por si no volvemos a vernos.
-
-
-
-
-UN DESPREOCUPADO.
-
-
-Se da un aire a todos los hombres que conocemos o recordamos, de escasa
-talla, comunicativos, afables, sin afectación ni aparato, limpios y
-aseados, que siempre parecen jóvenes, y llegan a morirse de viejos sin
-que nadie lo crea, porque hasta el último instante se les ha llamado
-_muchachos_ y por tales se les ha tenido; hombres por el exterior
-insignificantes y vulgares hasta en el menor de sus detalles: hombres,
-en fin, de todos los pueblos, de todos los días y de todas partes.
-
-Se llama Galindo, o Manzanos, o Cañales, o Arenal..., o algo parecido
-a esto, pero a secas; y a nadie se le ocurre que tenga otro nombre de
-pila, ni él mismo le usa nunca.
-
---¡Ya vino Galindo! --se nos dice aquí un día al principiar el
-verano--. Y cuantos lo oyen saben de quién se trata, como si se dijera:
-
---Ya llegaron las golondrinas.
-
-Tiene fama, bien adquirida, de fino y caballero en sus amistades y
-contratos, y no se ignora que vive de sus rentas, o a lo menos sin
-pedir prestado a nadie, ni dar un chasco a la patrona al fin de cada
-temporada; y esto es bastante para que hasta los más encopetados de acá
-se crean muy favorecidos en cultivar su trato ameno.
-
-Al oírle hablar de las cinco partes del mundo con el aplomo de quien
-las conoce a palmos, tómanle algunos por un aristocrático Esaú que
-ha vendido su primogenitura por un par de talegas para _correrla_;
-quién por un aventurero osado, sin cuna ni solar conocidos: quién
-por antiguo miembro del cuerpo consular, o diplomático de segunda
-fila... Pero lo indudable es que ha viajado mucho, y con fruto; y que
-no teniendo en su frontispicio pelo ni señal que no sean comunes y
-vulgares, no hay terreno en que se le coloque del cual no salga airoso,
-cuando no sale en triunfo.
-
-Tampoco, mirado _por dentro_, posee cualidad alguna que brillante sea.
-
-No es elocuente, no es poeta, no es artista: no es perfecto ni acabado
-en nada.
-
-Pero, en cambio, tiene un poco de todo... y algo más: es, por de
-pronto, un estuche de _cosas_. En manejarlas a tiempo consiste su
-habilidad.
-
-Con ella y con su impenetrable _cara de baqueta_, en su boca no se
-distingue la verdad de la mentira, y eso que las echa gordas; y en
-cuanto a sus _cosas_, ni es avaro ni despilfarrador de ellas; quiero
-decir que ni es entremetido, ni se hace rogar mucho. Como los
-buenos músicos, entra en el concierto en que hace falta, cuando le
-corresponde: ni antes ni después.
-
-Cuando, por primera vez y solo, se presenta en una tertulia, nadie
-frunce el ceño ni le pregunta con gestos o con palabras: «¿Qué busca
-Vd. por aquí?» Antes bien, se le recibe con palio, y se le dice, entre
-sonrisas y agasajos:
-
---¡Oh... Galindo! ¡Acabara Vd. de llegar!
-
-Ni más ni menos que si se le esperara y fuera antiguo contertulio de
-la casa. Y desde el mismo instante, Galindo es el alma de aquellas
-reuniones.
-
-Una noche falta quien toque el piano para bailar. Galindo no conoce una
-nota de música; pero sabe de oído unas cuantas piezas de baile; y se
-sienta en el banquillo y araña el teclado, y toca lo que se necesita.
-
-No tiene voz, ni condición alguna de cantante, y cuando llega el caso,
-acompañándose él mismo al piano, suelta un par de canciones picarescas
-de acá o de allá, que alborotan la reunión. Si se trata de hacer
-coplas, nadie le gana a hacerlas pronto y al caso, aunque le ganen
-todos a poeta.
-
-Que no se baila, ni se canta, ni se hacen coplas, y la gente se agrupa
-en los gabinetes, medio aburrida, medio soñolienta. Allí está Galindo
-para reanimar los decaídos espíritus. Para entonces son las anécdotas
-frescas, o los recuerdos de Calcuta, o de Constantinopla. Y tras
-esto y un sin número de mentiras verosímiles sobre las mujeres del
-Cáucaso, o los hombres de Ceilán, llegará a hablarse, por ejemplo, de
-objetos raros, y habrá allí quien crea decir mucho diciendo que ha
-visto camisas de hoja de llantén, catalejos de trapo, o chocolate sin
-cacao..., y tantas cosas más como se anuncian todos los días, en estos
-de extravagancias que corremos.
-
-No dejará Galindo de admirar las citadas rarezas, con toda la
-expresión que cabe en su estilo lento y suave, y en su cara impasible;
-pero hombre que ha corrido y visto tanto, no puede estar sin algo que
-citar a propósito de rarezas; y no lo está en efecto; y saca un grueso
-anillo de uno de sus dedos, y se le presenta a la reunión, diciendo:
-
---¿A que no saben ustedes qué piedra es esta?
-
-Y la gente se abalanza al anillo, y le da mil vueltas, y recorre la
-lista conocida de piedras buenas y malas, sin que falte la de Colmenar
-Viejo, a la cual se parece en el color la del anillo; pero nadie
-acierta. En vista de lo cual, dice Galindo:
-
---Eso que ustedes creen piedra, no lo es.
-
-Nuevas ansiedades, nuevo examen y nuevas conjeturas.
-
---Pues ¿qué es, si no? --se le pregunta al cabo.
-
---Eso es --responde Galindo, lenta y dulcemente-- hígado de cocodrilo,
-endurecido al sol, en Pekín. Se lo compré al joyista que lo hace para
-la corte imperial; o mejor dicho, me lo cambió por una zamarra fina que
-llevaba yo de España.
-
-Para calmar el asombro que esta respuesta produce, muestra una bolsa de
-_tripa de un indio_, medio devorado por un tigre en una cacería a que
-asistió él, y se refiere a una corbata que tiene en casa, hecha de piel
-de culebra, por un indígena del Canadá.
-
-Cuando se agota este catálogo, tiene Galindo a su disposición otro más
-abundante todavía. Por el procedimiento de las pajaritas de papel,
-hace, entre mil primores, catedrales, y navíos de tres puentes; y de
-un tijeretazo solo, sobre el mismo papel convenientemente plegado,
-saca una procesión de Jueves Santo, con sus pasos, curas, monaguillos,
-autoridades, músicas y piquete. De sombras en la pared, no digo nada,
-ni tampoco de problemas de dibujo a lápiz, a punta de cigarro y hasta
-a moco de candil: así _pinta_ el día y la noche, el sol y la lluvia, de
-dos o tres rasgos, y gatos y perros... y demonios colorados.
-
-En la calle, no hay forastero a quien él no conozca de vista y de
-trato. Sabe las rentas o las trampas de cada uno, y lo que antes
-tuvieron y lo que esperan, o lo que temen, y la vida que hacen en
-Madrid, y quién de ellos trae señora propia y quién pegadiza o
-temporera; y dónde la ha adquirido, y _a cómo_; y quién se la corteja y
-con qué éxito, y si el cortejo es andaluz o salamanquino...
-
-Hablando de parecidas cosas conmigo en una ocasión, iba delante de
-nosotros el aludido, sin haberle visto yo.
-
---En suma --me dijo--: el duque de los Frijoles es un perdido, y la
-duquesa, tan perdida como el duque.
-
-Y en esto volvió la cara el tal; y cuando yo creí que iba a romper el
-bautismo al maldiciente, riose hacia él, le tendió la mano y le dijo
-afectuosísimo:
-
---¡Ah, tuno! ¿conque venía Vd. detrás?
-
---¿En qué lo ha conocido Vd.? --le preguntó Galindo muy sereno.
-
---En la voz. Y apuesto a que estaba Vd. despellejando a alguien.
-
---Precisamente.
-
---Amigo de Vd. por supuesto.
-
---Cabal... Como que hablaba de Vd.
-
---¡Ah, mala lengua!
-
-Dijo, y dándole al propio tiempo un golpecito en el hombro, como si
-aún tuviera que agradecerle mucho, alejose el señor duque y se quedó
-Galindo tan fresco.
-
-No desconoce uno solo de los secretos _íntimos_ de la política. Él os
-dirá, con pruebas, cuando menos verosímiles, por qué se sustituyó tal
-ministro con cual otro; a qué móvil obedeció la evolución de aquel
-periódico, o la cesantía de cierto personaje, o el encumbramiento de
-esotra vulgaridad, o por qué no puede salir de apuros el Tesoro... Y
-sus _causas_ jamás son las causas que conoce o que sospecha el vulgo;
-siempre son particularísimas, personales y microscópicas, con relación
-a sus efectos.
-
-De cómicos y toreros, no se diga: a todos los trata y los tutea, como
-si los hubiera parido, y habla con ellos de la escena o del _redondel_
-con el aplomo y la autoridad de Romea o de Costillares.
-
-En lo físico, es sano y duro como un diamante; jamás se constipa ni se
-queja del estómago; y eso que no se abriga más que lo de costumbre, y
-come tanto como habla, si la ocasión se le presenta.
-
-Y digo esto de la ocasión, porque aun cuando ordinariamente es sobrio y
-metodizado, come cuanto le pongan por delante, aunque haya comido ya,
-si a comer se le convida, o si se acepta el convite que él proponga,
-pues hace a todo.
-
-Como no viene a bañarse, sino a veranear, y tampoco le es muy simpático
-el ceremonial del Sardinero, vive en la ciudad en una fonda, o en
-una de las mejores casas de huéspedes; lo cual no obsta para que
-dé cuenta, si se le pide, de cuantas personas habitan en aquellos
-_hoteles_, con sus correspondientes vidas y milagros.
-
-En agosto hace una escapadita a ver las corridas de Bilbao, y en
-setiembre arregla su marcha definitiva en combinación con las ferias
-de Valladolid y la apertura de los teatros de la Corte, donde, por lo
-visto, se pasa gran parte del invierno, no sé cómo ni con quién.
-
-Qué familia y qué patria son las suyas, se ignora siempre; y se ignora,
-porque jamás se le ha preguntado por ellas; y no se le ha preguntado,
-porque se prefiere ignorarlo, y se prefiere esto, porque desde el
-instante en que estos hombres tienen patria y familia, y nombre como
-cualquier otro nieto de Adán, ya no son Galindos, ni Manzanos, ni
-Arenales a secas, y pierden su peculiar carácter de universalidad, en
-lo que estriba la mayor parte de su mérito.
-
-
-
-
-LUZ RADIANTE.
-
-
-Un si es no es macilento, desmayado de barba, corto de vista y
-regularmente ataviado.
-
-Tal es su facha. En cuanto a su fecha, lo mismo puede venderse por
-hombre que parece un joven, que por joven que parece ya un hombre..., y
-cuenta que hablo en vulgo limpio, por lo cual ha de entenderse esto de
-hombre, por _hombre de cierta edad_.
-
-Le habréis visto, con un libro en la mano, en la braña del _Cañón_,
-sentado a la sombra de un bardal; o en idéntica postura e igual
-ocupación, sobre escueta roca entre los dos Sardineros; o a la entrada
-de los Pinares; o en un rincón de la Galería, con los pies sobre la
-balaustrada y el tronco desencuadernado en una silla; o paseándose
-por el arenal, absorto en la lectura, como joven alumno repasando la
-lección en el patio del colegio.
-
-Y aseguro que le habréis visto, porque aunque jamás abandona el libro,
-y parece la meditación su natural elemento, siempre elige para el
-estudio las horas de más ruido y busca la soledad a orillas de todo
-movimiento.
-
-Es de Madrid, vive en un _hotel_ del Sardinero, y a juzgar por lo que
-se ve, priva mucho con todas las señoras circunvecinas.
-
-Lo cual no es de extrañar, visto lo docto que es en todos esos
-tiquismiquis que forman el arte de agradar en la sociedad _distinguida_.
-
-¡Qué donaire tiene, el indino, y remilgado pespunteo de palabra para
-revolver un corrillo de pizpiretas jovenzuelas! Qué mirar de ojos, qué
-rasgar de boca y accionar de índice para decir, por ejemplo: «Vamos,
-Conchita, ya se ha descubierto por qué esperaba Vd. el correo anoche
-con tanta impaciencia.» O: «¿Saben ustedes por qué está Soledad tan
-preocupada?... ¿Lo ven ustedes? Ya se sonroja.» O: «Carmela, en mi
-solitario paseo de esta madrugada me han revelado las _Ondinas_ el
-secreto que Vd. me ocultaba ayer. ¡Ah, picarilla!...»
-
-¿Dicen ustedes que éstas son impertinentes y sobadas vulgaridades?...
-Séanlo enhorabuena; pero atrévase un buen Juan a hacerse con ellas
-solas hombre ameno y travieso, y verá como le plantan en seco. Hay que
-desengañarse: para decir ciertas cosas y brillar en ciertos terrenos,
-hay que ser mozo _de cierta catadura_.
-
-La del de quien vamos hablando parece cortada para el oficio. Como ramo
-de su ciencia, conserva en la memoria muchas anécdotas rechispeantes de
-la última campaña del _gran mundo_, y anuncia el desenlace de más de
-un suceso interesante, para la próxima. Y como todos los del corrillo
-son de Madrid, dicho se está que las agudas murmuraciones y los
-retorcidos discreteos, no languidecen un punto, por falta de interés.
-
-Posee otra cualidad muy importante, para esto de veranear con éxito
-en una provincia entre las personas que lo han por oficio: sabe de
-corrido toda la fraseología literaria y musical de moda entre la gente
-madrileña.
-
-Y cuidado, que esto no es grano de anís. Figúrense ustedes que por allí
-anda muy en boga Dante, como anduvo un invierno, porque un orador del
-Parlamento dijo, a cuento de no sé qué:
-
-_Non ragioniam di lor, ma guarda e passa,_
-
-cosa, por lo visto, hasta entonces no oída en Madrid, según la prisa
-que se dio todo el mundo, en papeles y en corrillos, a traducir la
-cita, a estudiar el pasaje entero, a desentrañar el intríngulis, a
-hablar de la _Divina Comedia_ y hasta a poner en perverso castellano
-el inmortal poema. En tal caso ¿qué joven que se precie de _ilustrado_
-ha de salir a provincias el verano siguiente, sin saber decir, por
-ejemplo, cuando se le cae de la boca la punta del cigarro, o de la mano
-el bastón, que se le cayeron
-
- _...come corpo morto cade?_
-
-o cuando quiere bromearse con alguno que no encuentra lo que busca, o
-que llega tarde:
-
- _Lasciate ogni speranza?..._
-
-o si trata de pintar el abismo en que se han hundido sus ilusiones:
-
- _Nel mezzo del camin di nostra vita_
- _me ritrovai per una selva oscura...?_
-
-Si el de moda es Goethe, porque se cantó en _el Real_ una ópera cuyo
-argumento está tomado de su célebre poema, no hay más remedio que
-llamar _Fausto_ a todo viejo galanteador y acicalado, _Margarita_ a
-toda joven que suspira, y _Mefistófeles_ a todo señor que tenga la
-nariz afilada, rasgada la boca, trigueña la color y zurda la mirada.
-
-Si es Flotow el que priva, hay que saber, por lo menos, entonar a media
-voz, con los ojos fruncidos, las uñas clavadas en el pecho, y mucho
-arrastre de amargura, aquello de
-
- _¡Marta Marrrrrrrrrrta!_
-
-como nos cantaban en una ocasión todos los señoritos que venían de
-Madrid, empeñándose en que había uno de llorar oyéndolos, porque en _el
-Real_ lloraba toda la gente cuando lo cantaban Talini... o Cualini,
-tenores de mucho _sentimiento_.
-
-Cuando reinan estas epidemias en el pueblo, no hay más remedio que
-aguantarlas como mejor se pueda, y resignarse a exclamar en cada
-_caso_, siquiera por no hacerle más grave: ¡Admirable, magnífico,
-arrebatador!
-
-Pues iba diciendo yo que para evocar estas reminiscencias, citar
-aquellos textos y cantar las otras ternezas, nadie como el amigo de
-quien vamos hablando.
-
-No sé si he dicho, o ustedes lo han comprendido ya, que es literato, o
-que cree serlo.
-
-Por de pronto, escribe quintillas en el arenal con la punta del bastón,
-y en la tertulia de la noche lee a las señoras tal cual balada tierna,
-o alusivo soneto.
-
-Si hemos de creerle, conoce a todos los hombres de letras, y se tutea
-con los más talludos.
-
-Lo cierto es que si llega al Sardinero alguna celebridad de este
-género, él es quien le presenta a las damas y se compromete a que el
-presentado les lea _alguna cosa_: a cuyo compromiso corresponde éste
-(después de asegurar que viene enteramente _desprevenido_) leyendo una
-comedia resobada, o una oda que ya reluce de tanto manoseo, las cuales
-saca de un enorme cartapacio de poesías que ya han sido leídas por
-el autor trescientas veces en Ontaneda o Las Caldas, mientras tomó
-aquellas aguas.
-
-Como piensa hacer algunas investigaciones históricas, arqueológicas y
-geográficas en la provincia, ha traído con su equipaje una mochila, un
-grueso garrote con agudo regatón de hierro, y borceguíes ingleses de
-ancha y claveteada suela. Parece ser que todas estas cosas ayudan mucho
-a recoger noticias sobre aquello que se trata de conocer y describir,
-especialmente en un país como éste, en el cual hay un pueblecillo a
-cada cuarto de legua: una casa en qué dormir regularmente, y comer,
-aunque no muy bien; buenos senderos para cabalgaduras de alquiler,
-cuando no excelentes caminos para carruajes; poquísimas antigüedades,
-y esas a la vista y muy estudiadas ya; nada de historias del otro
-mundo, y ninguna montaña que escalar a uña y puntera, porque todas son
-cómodamente accesibles por algún costado. Y la prueba de que este
-atalaje debe servir de mucho al _tourista_ para sus exploraciones, es
-que el nuestro, aunque le lleva a cuestas, no camina a pie, ni come de
-la fiambrera, ni duerme al socaire de los torreones; antes aprovecha el
-mullido _vagón de 1.ª_ hasta donde le conviene, y luego la diligencia,
-y hasta los caballejos y carros del país, como hacemos los hombres
-vulgares, y las fondas y las tabernas y los figones. Luego la mochila
-y el báculo y los borceguíes que evidentemente no sirven para lo que
-en rigor significan, tienen alguna virtud de _carácter_ que atrae,
-combina y depura todo lo que va buscando en sus peregrinaciones un
-erudito a la flamante usanza, cuando con ellos carga, como con el fardo
-de sus pecados. Que es lo que yo quería demostrar, recelándome alguna
-observación maliciosa de tal o cual lector demasiado _montañés_.
-
-Y ahora continúo diciendo que este ilustrado mortal, en los ratos
-que le dejan libres sus baños, sus abstracciones solitarias, sus
-discreteos públicos, sus inscripciones poéticas en los arenales, en las
-rocas duras y hasta en los troncos resinosos de los Pinares, escribe
-correspondencias a un periódico de Madrid, que las agradece mucho y
-quizá las paga.
-
-La última que yo leí impresa, después de haberla leído el autor
-manuscrita y recién nacida, a sus bellas contertulias, decía, entre
-otras muchas cosas, _plus minusve_ lo siguiente:
-
- · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·
-
- «¡El mar!... ¡¡La mar!!... ¡¡¡Los mares!!!... ¡¡¡¡Las mares!!!!...
- ¡Ah!... ¡Ohhhh!...
-
- »Perdone Vd. señor Director. Perdonadme vosotros, mis queridos
- compañeros: faltan palabras a mi pluma para expresar cuanto la
- mente concibe en este horizonte sin medida, sobre este abismo sin
- fondo. ¡El mar! Pero ¿por qué son verdes sus aguas? ¿por qué son
- salobres? ¿qué fuerza las precipita contra la roca dura que ahora
- me sirve de pedestal? ¿por qué suben? ¿por qué bajan? ¡Inescrutables
- misterios de la Naturaleza!... Pero ¡qué espectáculo, gran Dios!...
- Contemplándole, el corazón palpita, la mano tiembla, los ojos se
- turban. El sol sin una nube que empañe sus fulgores; la brisa rizando
- la inquieta superficie de las aguas sin fin; la blanca gaviota
- cerniéndose voluptuosa en el espacio; bajo la gaviota, la esbelta
- nave de tajante proa; allá el puerto; acá el escollo; allí la espuma;
- aquí las flores; y en todo y sobre todo un torrente de luz y una
- embriaguez de aromas... ¡Ah!... Mas ¿qué es esto? el trueno ruge;
- cruzan la atmósfera rayos y centellas; se respira el hálito abrasador
- de la tempestad; desgájase el secular peñasco; húndese en el abismo,
- y se elevan hasta mí los pliegues espumantes del salobre sudario que
- le envuelve... Se columbra un punto en el horizonte _¡Helás!_ Es una
- nave. Distingo perfectamente al angustiado nauta que implora el
- auxilio de los hombres... Muchos son los que pueblan la orilla, pero
- ninguno acude. El que va a _hacer naufragio_ no implora el auxilio
- para él solo..., también le necesitan sus tiernos camaradas de
- _equipaje_... Yo me arrojo a la mar, y los salvo a todos, entre los
- saludos y los aplausos de este querido bello sexo, regulador de todas
- mis acciones, inspirador de mis más elevados pensamientos, y fin y
- exclusivo objeto adonde hasta el menor de mis intentos se endereza.
-
- »En la próxima semana emprenderé mi viaje de exploración por la
- provincia. Mi primera jornada concluirá en Colindres, bellísima
- capital de la Liébana, región que, como ustedes saben, se extiende
- desde el Valle de Camargo al de Reocín, y está protegido, al Oriente,
- por los Picos de Europa, y al Occidente por el Monte de Cabarga, _el
- de las eternas nieves_. Según Estrabón y Quinto Curcio, esta parte
- de la provincia fue la verdadera Cantabria, la que dio aquellos
- héroes que entregaban el robusto cuello, cantando himnos guerreros,
- al hacha de los esbirros de Felipe II, cuando este fanático monarca,
- no pudiendo implantar aquí el bárbaro tribunal de la Inquisición,
- por repugnar a los altivos pechos de estos libres montañeses, ocupó
- militarmente el país. Algunos rasgos típicos de esa raza insigne se
- observan todavía en sus actuales descendientes, los famosos pasiegos,
- únicos pobladores de la Liébana. Pero, mejor que en el sello
- fisonómico, revela su ilustre procedencia esta hermosa gente en sus
- costumbres nómadas e independientes. Anidan, como las águilas, en los
- picos de las rocas; jamás pisan las sendas frecuentadas, ni duermen
- dos noches consecutivas bajo un mismo techo. Se alimentan de frutas
- silvestres y de carne montaraz; pues su ocupación exclusiva es la
- caza, pero con honda, la cual manejan con una destreza asombrosa.
-
- »Mas de esto y otras muchas cosas tan auténticas como interesantes,
- hablaré a mis bellas lectoras en las sucesivas correspondencias y en
- un libro que traigo entre manos tiempo ha.»
-
-Con lo cual se queda el corresponsal tan satisfecho, el periódico tan
-hueco, los lectores que no conocen esta provincia tan enterados, y los
-pocos montañeses que le leen, haciéndose cruces con los dedos.
-
-Pero no impide, sin embargo, que la prensa local que nos anunció su
-llegada en junio, nos diga un día, a mediados de setiembre:
-
- «Hoy ha salido para Madrid el distinguido publicista D. F. de Tal,
- después de haber permanecido más de dos meses _entre nosotros_. En
- las varias excursiones que ha hecho por la provincia, ha recogido
- gran cantidad de curiosos y fidedignos datos, los cuales piensa
- utilizar para dar a la estampa un libro que tratará de la historia,
- carácter y costumbres del pueblo montañés, desde los más remotos
- tiempos hasta nuestros días. Nos atrevemos a rogar al insigne
- literato que cuanto antes nos haga conocer su obra, que seguramente
- habrá de darle tanta gloria como títulos al aprecio de todo montañés
- que estime en lo que vale el buen nombre de su patria.»
-
-Y, adelante con los faroles; que en los venturosos tiempos que corren,
-
- _Sic itur ad astra_;
-
-o, como dijo el otro,
-
- Por estas asperezas se camina
- de la inmortalidad al alto asiento.
-
-
-
-
-BRUMAS DENSAS.
-
-
-Estos son dos, y cada uno de ellos pudiera pedir un cuadro aparte; pero
-es de saber que siempre que trato de sacarlos del fondo de mi cartera,
-al tirar del uno hacia arriba, sale enredado el otro con él; de donde
-yo deduzco que son tal para cuál, y uno en esencia, aunque dos en la
-forma.
-
-Tiro, pues, de ellos, agarrando a tientas; y ahí tienen ustedes al
-primero.
-
-Convengamos en que es mozo de gran estampa. Pedrusco en el anillo que
-recoge los dos ramales de su chalina; pedruscos en los dedos; pedruscos
-en el pecho y pedruscos hasta en la leontina; flamante vestido de
-lanilla; leve pajero muy tirado sobre los ojos, estos de mirada firme,
-pero no muy noble; largo cigarro en retorcida y caprichosa boquilla;
-la siniestra mano en el correspondiente bolsillo del pantalón, y en la
-diestra flexible junco.
-
-Sin embargo, aunque sus ojos son negros, y negras las anchas
-relucientes patillas, y es regular su boca y blanca su dentadura y
-alta su talla, no puede decirse de él que es lo que ordinariamente se
-llama _una buena figura_. Mirado más al pormenor, tiene juanetes en los
-pies, ásperas y muy gruesas las manos, demasiado redonda la cara y muy
-destacados los pómulos. Además, carece su persona de ese aire de que
-todos hablamos, que todos conocemos a la legua, pero que nadie sabe
-definir, y al que, por darle algún nombre, se llama vulgarmente _buen
-aire_, o _aire distinguido_; cuya falta es, sin duda, la causa de que,
-a pesar de su pedrería, que relumbra mucho, y de su boquilla, que sin
-cesar ahúma, pase este mozo enteramente inadvertido, como figura vulgar
-e insignificante.
-
-Anda con parsimonia, lo poco que anda, como hombre que no lleva prisa,
-ni se preocupa de cuanto le rodea mientras va andando.
-
-Se lee más en su frontispicio cuando está parado a la puerta del café,
-de una iglesia, del teatro, o de la plaza de toros, que siempre son
-sus sitios de parada y para los cuales ha nacido, como la estatua
-para el pedestal. Arrimado a las jambas de una puerta, flagelándose
-una pernera con el junquillo, lanzando de la boca espirales de humo y
-dignándose apenas fijar la vista en los que entran o en los que pasan,
-es precisamente cuando su cuerpo revela más soltura y lucen en sus ojos
-chispas de inteligencia. Al verle pegado a esas puertas, siempre que al
-otro lado de ellas se oye el rumor y hasta se huele el tufillo de las
-muchedumbres _emparedadas_, (pues es de advertir que jamás se arrima a
-puerta que no encierre mucha gente) cualquiera pensaría que el ruido
-le aturde, que el calor le marea y las estrecheces le sofocan; y, sin
-embargo, deteniendo sobre él un poco la curiosidad, puede observarse
-que siempre se le ocurre entrar cuando los demás comienzan a salir,
-como si las apreturas fueran su deleite y hallara en rozarse con pechos
-y solapas un atractivo irresistible.
-
-Obsérvase también que, por lo común, es de noche más activo que de día.
-Su andar es más resuelto entonces; y si a la luz del sol le gustan los
-sitios más públicos y concurridos, a la del gas prefiere las calles más
-solitarias y sombrías, en alguna de las cuales suele desaparecer por
-largas horas.
-
-Llega a Santander días antes de los de ferias y toros; pero ni él mismo
-sabe fijar la época de su marcha, porque ésta depende, a menudo, de
-los agentes de la autoridad, que pueden echarle la mano encima, en el
-momento en que él pone la suya sobre el reloj de su prójimo, o está
-en un garito tirando el _pego_ a dos docenas de incautos a quienes va
-desvalijando con el auxilio de otros camaradas de oficio; o tanteando
-los intestinos de la ciudad para buscar una salida por los fondos de la
-caja del Banco...
-
-Y aquí asoma ahora, lector, el otro tipo, enlazado, por estas
-profundidades, a la figura de la cual voy tirando para mostrártela en
-todas sus principales actitudes. Hablemos de él, pues que se empeña,
-como si fuera un miembro del otro cuerpo, o una cereza del mismo
-ramillete.
-
-Viene a _veranear_ mucho antes que el otro, y con un pelaje bien
-diferente. Su tipo es el de _un caballero que ha venido a menos_. Negra
-la raída levita, negra la deshilada corbata, negros los relucientes
-pantalones, negras las puntas que se ven de su chaleco, negra la
-descuidada barba, negros los ásperos mechones de su pelo y negras las
-puntas afiladas de sus luengas uñas. En esta figura no hay nada que
-blanquee; ni siquiera la camisa. Los únicos puntos menos oscuros de
-este veraniego nubarrón, son dos puntos pardos, ni siquiera grises: los
-zapatos y el sombrero.
-
-No busquéis esta figura entre los recodos de apartada callejuela,
-huyendo avergonzada de los resplandores de la luz, o temiendo manchar
-con su contacto la brillante librea de los capitalistas; ni tampoco en
-oscuro taller, encorvado sobre la tosca herramienta para ganar, con un
-trabajo, extraño quizá a sus hábitos y procedencia, un miserable pedazo
-de pan; ni en la estrechez de una buhardilla repartiendo ese mendrugo
-entre una esposa y unos niños estenuados por el hambre y envejecidos
-por la miseria y por las lágrimas. Si de ese grupo fuera esta figura,
-yo no profanara su augusta miseria presentándola en esta breve galería
-de debilidades risibles y aun de cosas abominables. Buscadla, pues,
-entre la engalanada concurrencia de calles y paseos, haciendo de su
-mugriento equipaje una desvergonzada protesta, y lanzando punzantes
-miradas sobre los que pasan, como si le debieran la camisa limpia, las
-botas nuevas o el gabán sin manchas.
-
-Si con esta luz no columbráis aún el tipo, os apuntaré otro dato que
-necesariamente ha de iluminar vuestra memoria. Durante lo más recio
-de un chubasco estival, de esos cuyas gotas pesan, cada una, medio
-cuarterón, y después de saltar de rebote hasta los balcones, convierten
-las calles en torrentes; cuando las losas relucen, y el tránsito
-cesa, y comienzan las ratas a asomar por los sumideros huyendo de
-la inundación, y los chicos las apedrean, y la gente, pegada a las
-fachadas, porque ya están llenos de ella los portales y las tiendas,
-silba y aplaude y ríe a carcajadas celebrando las corridas, y asoman
-cabezas por los entresuelos, y hierven, hasta levantar la tapadera,
-las alcantarillas del Correo, y se inunda la calle de San Francisco;
-cuando todo esto y mucho más sucede, un solo mortal atraviesa impávido
-la Plaza Vieja, o marcha Muelle adelante por la acera del mar, sin
-paraguas, en chancletas, con las manos en los bolsillos, y, por toda
-precaución, la cabeza muy hundida entre los hombros. Pues ese es.
-
-Probablemente habréis recibido alguna vez su visita. Es hombre que hace
-muchas, recién llegado.
-
-Un día os anuncia la inexperta fámula que ha llamado a la puerta un
-_caballero_ que desea hablaros. Con tal anuncio, la decís que le
-introduzca en lo más sagrado de la casa; y cuando acudís a recibirle,
-os le halláis, como la estatua del desconsuelo, con las manos cruzadas
-sobre el cóncavo vientre, el sombrero entre las manos, y la mirada
-tangente a las fruncidas cejas y fija en vuestra mirada.
-
---Cabayero --os dice con voz trémula y un poquillo de olor a
-aguardiente--, un desgraciado, con su señora enferma y siete
-criaturas..., sin hogar, sin un pedazo de pan que yevar a sus inocentes
-labios, implora el auxilio de su generoso corazón.
-
---¿Quién es ese desgraciado? --le preguntáis, por preguntarle algo,
-antes de plantarle en la escalera.
-
---Un servidor de Vd., que no hace mucho ocupó una briyante posición
-social. Pero los acontecimientos políticos...
-
---¿Era Vd. de los del Presupuesto?
-
---¡Jamás, cabayero!... Me estimaba demasiado para eso. Yo era rentista.
-
---¡Hola!
-
---Sí, señor; tenía todo mi capital en los fondos públicos.
-
---Lo creo.
-
---Y con estas bajas tan atroces, a consecuencia de la intranquilidad
-en que tienen al país estos gobiernos...
-
---Y a mí, ¿qué me cuenta Vd?
-
---¡Ah, cabayero!: yo quisiera una ocupación honrosa para ganarme el
-sustento.
-
---Pues tómela Vd., si hay quien se la ofrezca.
-
---Tras eso ando, cabayero; y mientras la hayo en alguna parte, quisiera
-merecer de Vd. la atención de veinticinco pesos que necesito para que
-tome los baños mi señora, y para que no me arroje el tigre del casero
-desde la miserable buhardiya en que ahora vivo, hasta la ignominia de
-un hospital. Crea Vd., cabayero, que la fortuna da muchas vueltas,
-espero volver a lo que fui, y no perderá Vd. un cuarto de su préstamo.
-
-Al llegar aquí la historia, se os acaba la paciencia, le dais media
-peseta, por no darle un puntapié, y se larga tan ufano, haciendo
-reverencias y mirando, con preferente curiosidad, todo lo que es puerta
-o pasadizo.
-
-Estas visitas son, como si dijéramos, las generales de la ley. Pero
-hace también otras, bastante más productivas, aunque no tan frecuentes.
-
-Pinto el caso. Comienza a hablarse mucho en el pueblo de que _la va a
-haber_, lo cual, como ustedes saben, sucede cada verano. De mí sé decir
-que, desde que tengo barbas, no recuerdo uno en que no se haya dicho:
-«¡Oh! lo que es de ésta, _se arma la gorda_, y no va a quedar títere
-con cabeza. Me consta por esto y por lo de más allá.» También es otro
-hecho innegable que nunca faltan almas cándidas que dan entero crédito
-a estos rumores, ni hombres vehementes que se hallan dispuestos a echar
-el sombrero al aire y hasta una mano al negocio, si hay quien sepa
-colocársele a conveniente distancia. Excuso decir que en cada verano
-aparece esta señora _Gorda_ con diferente tocado, y que nada le queda
-ya en el ramo que lucir, desde el gorro frigio hasta la boina.
-
-Pues uno de estos hombres, o una de aquellas almas, es quien recibe
-la visita del ex-rentista cuando más en punto de caramelo andan los
-rumores públicos; pero, aunque raído y mal trajeado el visitante, no se
-compunge ni encorva en la visita: antes se presenta, si bien comedido
-y muy atento, con gran desenvoltura y buen talante, como quien más ha
-de ofrecer que recibir. Entonces es el hombre iniciado en los grandes
-secretos de la conspiración; viene del extranjero, donde aquella se
-fragua, y va de paso para uno de los puntos de más peligro el día de
-la batalla. Sabe que el Emperador de allí, o el comité de acullá, o el
-Grande Oriente del otro lado (según el color que tenga la _Gorda_) han
-hecho a _la causa_ un anticipo de doscientos millones. Hay metidos en
-el ajo quince batallones, treinta generales, ocho fragatas de guerra
-y el presidente del Consejo de Ministros. El grito se dará en tal
-parte al salir la gente de tal espectáculo. Toda España está hecha
-un reguero de pólvora, y sólo falta para que arda, arrimar la mecha.
-El triunfo, pues, es seguro y muy pronto. Él ha pasado la frontera
-con grandes precauciones, y a pie, por lo cual está tan desarrapado.
-No trae credenciales ni papeles de ninguna clase, por no comprometer
-con ellos la alta misión que se le ha encomendado: pero sí el encargo
-_especialísimo_ para el visitado, de parte del personaje bajo cuya
-dirección se hace el fregado, de decirle que se cuenta con él, con su
-patriotismo, con sus influencias, para animar el espíritu del partido
-en esta ciudad, reunir los dispersos elementos, etc., etc. Antes de
-tres días saldrá el emisario para Madrid donde ha de recibir cuarenta
-mil duros para ciertas atenciones de la causa. Entre tanto, necesita
-que los partidarios de Santander le proporcionen, siquiera, la miseria
-de dos mil reales para el viaje y comprar a un maquinista del tren que
-ha de despeñar un batallón que debe salir de aquí, por ferrocarril,
-dentro de unos días, a sofocar el alzamiento que tendrá lugar en los
-confines de la provincia.
-
-Y el pobre hombre que escucha, devora hasta con los ojos, no ya con los
-oídos y la boca, las palabras del mugriento, y le da una convidada, y
-se echa a la calle, y revuelve a sus correligionarios, les cuenta lo
-que le han dicho, les saca los cuartos, reúne los dos mil reales más
-otros quinientos que él pone de su bolsillo, como en correspondencia
-al alto concepto que de él ha formado S. E., y se vuelve a casa tan
-convencido del inmediato triunfo del partido, que le falta muy poco
-para subir a la del Gobernador y aconsejarle que deje el mando _por
-buenas_, antes que se le quiten _los suyos_ a linternazos. ¿Necesito
-pintar el afán con que el bolonio entrega el dinero recaudado y el
-placer con que lo recibe el descamisado bribón?...
-
-Algunos días después de estas y otras análogas, aunque no tan
-productivas hazañas, se oye decir que la policía ha hecho una redada de
-ladrones que intentaban robar el escritorio del señor de Tal, o la caja
-del Banco.
-
---¿Y quiénes eran? --pregunta uno de esos curiosos que se creen en la
-obligación de conocer a todo el mundo.
-
---Pillería de Madrid --responde el preguntado--. Pero a dos de ellos
-quizá los conozca Vd. El uno es un farsantón, de gran fachada, que se
-pasaba los días arrimado a las puertas de los cafés: el otro, sucio,
-raído y descamisado, probablemente le habrá visitado a Vd. para pedirle
-un _anticipo_ de veinticinco duros.
-
-Los de marras, lector. Bien dije yo que estos mozos eran tal para cual.
-
-Fáltame añadir que, a pesar de esta quiebra del oficio, que, por de
-pronto, los lleva a la cárcel pública, si no en el mismo verano, al
-siguiente y antes que los frutos de sus mieses lleguen a punto de
-sazón, ya los tenemos acá otra vez, preparándose para recoger su
-_agosto_.
-
-¡Oh, sabias y protectoras leyes de la patria!
-
-
-
-
-EL BARÓN DE LA RESCOLDERA.
-
-
-Cuando llega, en julio, a Santander, viene de Burdeos, adonde fue desde
-París, en cuya capital pasó la primavera después de haber repartido el
-otoño y el invierno entre Madrid (su patria nativa), Berna, Florencia,
-Berlín y San Petersburgo. Ni los hielos le enfrían, ni el calor le
-sofoca. Es una naturaleza de roble que se endurece con los años y a la
-intemperie.
-
-Pasa ya de los cincuenta, es de elevada talla, trigueño de color, de
-pelo áspero y rapado a punta de tijera; derecho como un poste; algo
-protuberante de estómago y de nariz, pequeño de pies, de manos y
-de boca; ancho de espaldas y de frente, y muy cerrado de barba, que
-se afeita todos los días cuidadosamente, menos en la parte en que
-_radican_ sus anchas y bien cuidadas patillas a la macarena.
-
-Viste todo el año de _medio tiempo_, y es su traje intachable en
-calidad y corte, así como es intachable también la blancura de su
-camisa, de la que ostenta no flojas pruebas en pecho, puños y pescuezo.
-
-Fuma sin cesar grandes habanos, y saliva mucho; e infaliblemente antes
-de empezar a hablar, lo poco que habla; y en cada desahogo de estos,
-larga, zumbando, una pulgada de tabaco que ha partido con los dientes.
-
-Para saludar, no da la mano entera, sino la punta del índice...
-cuando alguno le saluda; pues él no saluda a nadie en la calle, ni
-tampoco se para. Si el que pasea con él se detiene para hacerle alguna
-observación, él sigue andando inalterable. Si el detenido le alcanza
-después, bueno, y si no, como si jamás se hubiesen visto.
-
-En estos casos, no usa, para sostener la conversación, más que
-salivazos y monosílabos: también algún carraspeo que otro. Para las
-grandes ocasiones tiene disponibles unas cuantas frases y pocas más
-interjecciones y palabras, tan breves como enérgicas: las frases para
-preguntar, las palabras sueltas para responder, y las interjecciones
-para comentarios.
-
-Es rico y soltero; trae todo su equipaje en una maleta de cuero inglés,
-y por toda familia un criado joven que ya le entiende hasta por la
-mirada.
-
-Viene a Santander acaso porque halla esta ciudad en su camino; pero es
-lo cierto que viene todos los veranos, y no por pocos días.
-
-Se hospeda en la fonda que mejor le parece, y la deja cuando le
-conviene; y le conviene dejarla en cuanto observa que una falta grave
-se repite hasta tres veces; siendo para él faltas graves, el pescado
-que _da en la nariz_, el desaseo en su cuarto, la servilleta cambiada
-en la mesa y el vino adulterado, o cualquiera de esas carnavaladas que
-suelen permitirse los huéspedes a las altas horas de la noche, sin
-respeto ni consideración a los que duermen y descansan.
-
-En cuanto a baños, solamente toma dos o tres en la temporada; pero
-de a hora y media cada uno. Allí se está como una boya en la mar,
-restregándose la cabeza, carraspeando, escupiendo y estornudando sin
-cesar y a sus anchas, y con un estrépito que excede a toda ponderación.
-Cuando sale del agua, no es porque siente frío, sino porque se aburre
-sin fumar en tanto tiempo.
-
-La primera vez que vino, tuve el gusto de conocerle y de estudiarle,
-porque un amigo mío con quien yo en cierta ocasión paseaba, era amigo
-suyo también; saludole al cruzarse con él, diole este el dedo, y
-juntos, retrocediendo nosotros dos, continuamos los tres aquella tarde;
-pues por la tarde era cuando esto sucedía, y en el alto de Miranda,
-cerca de la Ermita.
-
-Según íbamos andando, iba el Barón devorando con los ojos el hermoso
-panorama que se descubría desde allí. A la izquierda, la ciudad
-amontonada, oprimida, agarrándose unas casas a otras, como con miedo
-de caerse al agua, y cual si se hubiesen detenido un instante después
-de bajar rodando desde el paseo del Alta; la bahía, mojando los
-cimientos de las últimas; la bahía, con sus verdes riberas, sembradas
-de pueblecillos; después sus cerros ondulantes, y detrás de todo los
-abruptos puertos, con su gigantesca anatomía recién desnuda y en espera
-ya de sus blancas vestiduras de invierno. A la derecha el mar, coronado
-de rizos por la juguetona brisa del Nordeste..., y lo demás que sabe el
-lector tan bien como yo.
-
---¡Hermoso es todo esto! --dijo mi amigo al Barón, cuando notó, por los
-gestos de éste, que la misma idea debía andar rodando por sus mientes.
-
---Sí --contestó lacónicamente el Barón.
-
---Hasta la ciudad tiene algo de curioso así tendida...
-
---Derramada --corrigió enérgicamente el otro, después de lanzar de su
-boca, con la fuerza de un cohete, medio cuarterón de tabaco.
-
-Y tomó el rumbo del Sardinero, siguiéndole nosotros con trabajillos:
-tan veloz era su andar.
-
-Hay en aquel crucero, durante las tardes de verano, algo como laberinto
-de gentes y carruajes, que van y vienen. El Barón surcaba impávido sus
-revueltas dificultades, como si éstas fueran su elemento, o llevara en
-su mano la punta del famoso hilo de Ariadna. Verdad es que yo no he
-visto una fuerza de codos como la suya, ni una facilidad más asombrosa
-para dejar, a su paso, figuras ladeadas y sombreros fuera de la
-vertical. Nosotros nos colábamos por el surco que él iba abriendo.
-
-Al comenzar la bajada del camino, y en terreno ya más despejado, acortó
-un poco la marcha, y describió con la vista un arco desde Cabo Mayor a
-Cabo Quejo; abrió los ojos desmesuradamente, y su pecho y sus narices
-se dilataron, cual de noble corcel que aspira el aire de la rozagante
-pradera, tras de oscuro cautiverio. Era indudable que el espectáculo le
-agradaba. Después estrelló la mirada contra las tabernas y los bardales
-inmediatos, frunció las cejas, escupió recio... y apretó el paso.
-
-Así llegamos al Sardinero, y, sin momento de descanso, visitamos
-la galería, y la playa, y las casas una a una (exteriormente,
-se entiende,) y las fuentes, y los paseos; y como una avalancha
-atravesamos el puentecillo y llegamos a la Capilla, en frente de la
-cual tuvo el Barón la buena ocurrencia de hacer un alto. Diose luego
-media vuelta sobre sus talones, y encarándose con cuanto habíamos visto
-desde que comenzamos a bajar, como si quisiera hacer un resumen de todo
-ello,
-
---¡Gran naturaleza! --exclamó, hasta con su poco de entusiasmo.
-
---¡Admirable! --dijimos nosotros, haciendo coro a su himno.
-
---Pero sin arte --añadió, dejándonos con las notas entre los labios,
-y en la duda de si también alcanzaba su censura a la humanidad que
-hormigueaba por allí.
-
-Y sin más explicaciones, describió la otra media vuelta que le faltaba,
-y emprendió la marcha hacia la Magdalena como si el camino le fuera
-conocido.
-
-Después de contemplar un instante el panorama del Puntal desde el
-Polvorín, echó cambera arriba por detrás de éste. Indudablemente tiene
-este hombre un instinto particular para adivinar sendas y caminos.
-
-Hasta dar con el de Miranda, no dijo una palabra, ni tampoco su
-respiración se agitó una sola vez. Lo mismo son para él las cuestas
-arriba que lo llano. Es un roble que anda.
-
-Al bajar a la ciudad, le pidieron limosna, como a todo transeúnte, los
-pobres de la carretera.
-
-Al primero le largó un bufido que heló la plañidera retahíla en su
-gaznate abierto. Más abajo le tendió su arrugada diestra una anciana
-que estaba sentada a la sombra de un árbol. Entonces el Barón, que
-parecía no fijarse en nada, después de llevar una mano al bolsillo,
-acercóse a la pobre y depositó algo en su regazo remendado. Miré hacia
-ello quedándome dos pasos atrás, y vi que eran monedas de plata. ¿Fue
-casual la acertada distinción que hizo entre los dos pobres, o es que
-la costumbre de dar muchas limosnas le ha enseñado a distinguir los
-buenos de los malos, con una sola mirada?
-
-Ya en Santander, ofrecímosle billete para concurrir al _Círculo de
-Recreo_. Aceptole, y acompañámosle por si quería ver sus salones y
-encrucijadas. Preguntonos por el de lectura, llevámosle a él, y no
-quiso visitar los restantes, especialmente el de juego; enterose de
-la lista de los periódicos que se recibían allí, dio un vistazo a la
-biblioteca, y después de decirnos que en aquel departamento había más
-pasto para el cuerpo que para el alma (señalando respectivamente a la
-mesa de los papeles y a los estantes de los libros) salimos hacia la
-calle, sin mirar él siquiera a los que jugaban a la baraja a 40° de
-calor, entre nubarrones de humo de tabaco.
-
-Cuando le dejamos a la puerta de la fonda en que se había hospedado,
-nos dio el índice, se descubrió toda la cabeza con la otra mano; y
-ofreciéndonos con un ademán fino y expresivo su habitación, trepó hacia
-ella..., no sin haber estrellado antes, con un resoplido, contra la
-pared del portal, el medio tabaco que le quedaba entre los labios.
-
---¡Vaya un tipo! --dije a mi amigo, llevándome las manos a los riñones
-que me dolían de correr tras él.
-
---Le conocí en Madrid el año pasado --me replicó mi amigo--, y puedo
-asegurarte, por lo que deduje de sus hechos y lo que de él me contaron
-los que le conocían mejor que yo, que es hombre que vale mucho. Tiene
-gran experiencia del mundo, y un ojo sutilísimo para conocer y apreciar
-a las gentes. Es bueno y generoso, hasta el punto de que sería capaz de
-arrojarse al fuego por sacar de él a su mayor enemigo.
-
-Posteriormente tuve ocasión de ver que no eran exagerados estos
-informes de mi amigo.
-
-El Barón de la Rescoldera, con todos los desabrimientos y resquemores,
-externos, de su título, es realmente un hombre de positivo valer.
-
-De él puede decirse, como en resumen, que, al revés de tanto farsante y
-de tanto bribón como vive y medra, a expensas de la pública credulidad,
-es _un hombre que no tiene palabra buena ni obra mala_.
-
-
-
-
-EL MARQUÉS DE LA MANSEDUMBRE.
-
-
-Llegó a los cincuenta años sin haber salido de Madrid y sus contornos.
-El Retiro, la Virgen del Puerto, y a lo sumo, el Pardo, eran, para
-él, las mayores espesuras y fragosidades de la Naturaleza. El mar
-podría tener, en cuanto alcanzase la vista, diez, veinte..., hasta
-cien Estanques como el _Grande_, si se quería. Estanque más o menos,
-¿qué más daba? Del Manzanares al Saja, o al Deva, o al Ebro, o al
-Guadalquivir, habría la diferencia de algunas cántaras de agua en
-verano: en invierno, ninguna. En cuanto a praderas, no serían más
-verdes ni más extensas las del Norte que las que contemplaba él
-desde el cerrillo de San Blas cuando el trigo comenzaba a crecer. La
-temperatura estival de la Corte no le afligía gran cosa, porque, además
-de estar formado en ella, no conocía otras más agradables.
-
-Por lo cual, y sin mujer que le pidiera veraneos, y sin hijas que
-exhibir en las provincias, metódico y rutinario, amen de enemigo
-irreconciliable de toda lectura que a viajes y a novelas trascendiese,
-ni una sola vez sintió la tentación de meterse en alguna de las
-diligencias que salían de Madrid a varias horas y por todas las puertas
-de la Villa, durante el verano, entre muchedumbres de curiosos que
-envidiaban la suerte de los mortales que abandonaban aquel asadero
-implacable; y eso que él era uno de los curiosos. Antes al contrario,
-se compadecía de aquella carne embutida entre los cuatro inseguros
-tableros de la diligencia; carne cuyo destino era harto dudoso,
-considerando los riesgos que afrontaba, echándose a rodar por cuestas y
-desfiladeros, durante media semana, y a merced de bestias y mayorales.
-¡Cuánto más higiénicos y menos arriesgados eran los paseos matinales
-que él se daba por los alrededores del Estanque de las _Campanillas_; o
-vespertinos, junto al pilón de la Fuente Castellana!
-
-Antes que el sol levantase ampollas, se encerraba en su casa, lo
-bastante grande, vieja y desamueblada, para ser, relativamente, fresca,
-y sustituía su traje de calle con un chupetín y unos pantalones de
-transparente nipis; y si esta precaución contra el calor no le bastaba,
-se quedaba en calzoncillos y en mangas de camisa. De un modo o de otro,
-se pasaba el día contemplando sus queridos pececillos.
-
-Porque es de advertir que el Sr. Marqués tenía la pasión de los peces
-de colores, y hasta seis redomas de cristal llenas de ellos.
-
-Cambiarles el agua, desmigar pan sobre ella a horas determinadas,
-y estudiar en un tratado especial la manera de conservarlos y
-reproducirlos, eran sus únicas ocupaciones de recreo.
-
-Posteriormente, dos viajes a Aranjuez en ferrocarril le demostraron
-que podía meterse un hombre en estos rápidos vehículos, sin el riesgo
-infalible de romperse las costillas o el bautismo; por lo cual, hasta
-se atrevió a prometerse a sí propio que tan pronto como hubiera una
-línea abierta hasta un puerto de mar, la aprovecharía para admirar los
-grandes peces en su propio y natural elemento. «Porque, desengañémonos
---se decía--, no puede asegurar que conoce la merluza ni el besugo,
-quien solamente ha visto sus cadáveres embanastados en la Plazuela del
-Carmen.»
-
-Y cumpliendo su promesa, tan pronto como la línea del Norte empalmó en
-Alar del Rey con la nuestra, armose de valor y de dinero, y se plantó
-de un tirón en el famoso puerto del mar Cántabro.
-
-Si ha encontrado aquí lo que se prometían sus ilusiones, dígalo la
-puntualidad con que, desde entonces, viene cada verano a Santander.
-
-Cansados estarán ustedes de conocerle. Es de corta estatura, muy
-derecho, enjuto de carnes, redondito de cara, risueño y corto de
-vista; son rubios los pocos pelos de su cabeza, y casi blancos los
-del recortado bigote. Gasta, _en público_, levita, corbata y pantalón
-negros, y chaleco blanco, sombrero de copa alta y anteojos con armadura
-de oro.
-
-Tal es, repito, en público, su arreo; o mejor dicho, _en tierra_; y con
-él le habrá visto el lector, no en las Alamedas, ni en el Sardinero, ni
-_en la sociedad_, sino en los embarcaderos de todos los Muelles, desde
-Maliaño hasta Puerto-Chico, o en camino de alguno de ellos, en los
-cuales no faltan nunca pescadores de caña o de _aparejo_.
-
-Tras ellos está siempre, estando _en tierra_, con las manos a la
-espalda, el bastón entre las manos, el cuerpo inclinado hacia
-adelante, y la vista inmóvil, fija en el corcho flotante o en la sereña
-tendida.
-
---¡Quieto, quieto! --exclama a lo mejor, si nota que el corcho se mueve
-y el pescador se apresura a tirar--. Esa es picada falsa... Ahora,
-ahora muerde... ¡Fuera con él!
-
-Y si el pescado sale coleando en el anzuelo, lanza un ¡bravo! y si el
-pez no es _pancho_, bate además sus manezuelas; y de todos modos, sean
-panchos o lobinas lo que se pesque, él lo _desengarma_, confundiéndose
-entonces, en un solo ovillo, el pez, las manos, las gafas y el anzuelo.
-
-Semejantes intrusiones y familiaridades no dejaron de costarle al
-principio algún disgusto, pues no son siempre los pescadores de caña
-tan pacientes como la fama supone; pero, poco a poco, fueron estos
-acostumbrándose a las _cosas del señor Marqués_ (que, por otra parte,
-no peca de tacaño con _los del oficio_) y hoy todos le toleran y hasta
-le encuentran _devertido_ y _celébre_.
-
-Mas no son éstas sus ocupaciones _de carácter_; quiero decir, que no
-viene para sólo eso el Sr. Marqués a Santander.
-
-Cuando llega, ya le está esperando una _barquía_ perfectamente limpia
-y carenada, con los necesarios útiles de pesca, inclusa la _guadañeta_
-para _maganos_. Prefiere la barquía, porque teniendo todas las
-condiciones de seguridad de la lancha y todas las de ligereza del
-bote, es bastante más grande que el uno y de más fácil manejo que la
-otra. Dos marineros, condueños de la barquía, están, como ésta, a su
-disposición; y según que el Marqués prefiera las _porredanas_ o las
-_llubinas_, le conducen a la boca del puerto, o a las _puntas de arena_
-de la bahía, todos los días, infaliblemente, si el tiempo no está
-tempestuoso; pues por chubasco más o menos, no deja él de embarcarse
-para estar en el sitio conveniente al apuntar la marea.
-
-Ancho pajero y desaliñado y viejo vestido de lanilla lleva para el sol;
-y por si llueve, amplísimo impermeable y enorme paraguas de mahón.
-Por supuesto, no falta el acopio de vino y de fiambres para él y los
-marineros, el día en que la marea tercia de modo que no puedan volver a
-comer a casa a la hora conveniente.
-
-Durante la pesca, transige con que los marineros le _ceben_ los
-anzuelos o le reemplacen con otra nueva una _tanza_ rota, o le
-_desengarmen_ el aparejo, cuando éste se le engarma entre peñas o en la
-caloca; pero se guardarán muy bien de tocar el pez que él saque preso
-en el hierrecillo traidor.
-
-Un día quiso lanzarse a correr aventuras fuera del puerto, seducido por
-las pinturas que sus marineros le hacían del tamaño y abundancia del
-pescado en aquellas honduras; y salió, en efecto; mas apenas comenzó
-la barquía a mecerse en pleno mar, y a columpiarse desde «el lomo
-altivo al seno proceloso de las ondas» (como acontece allí, aun en las
-ocasiones en que se dice de la mar que está _como un plato_) pensó que
-la costa bailaba el fandango, _cambió la peseta_, y tuvieron los dos
-marineros que llevarle a puerto seguro, antes que se les quedara entre
-las manos.
-
-Esta lección le sirvió para no intentar siquiera «el estudio del besugo
-y de la merluza en su propio y natural elemento,» contentándose, hasta
-mejor ocasión, con el _anfiteatro_ de la Pescadería, donde los veía tan
-cadáveres como en la Plazuela del Carmen, aunque un poco más frescos.
-
-Por lo demás, entregándose, como se entrega, con verdadera embriaguez,
-al placer de la pesca menor, y poseyendo _el arte_ como cree él
-poseerle, es, durante la temporada, casi completamente feliz. Y
-digo casi, porque no ha podido adiestrarse mayormente en el manejo
-especialísimo de la guadañeta.
-
---Aquí hay algún misterio que yo no penetro todavía --dice con
-desconsuelo a sus remeros e instructores, cada vez que estos,
-predicando con el ejemplo, van sacando maganos--. Esta pesca es _al
-vuelo_, digámoslo así; hay que robar más bien que pescar; y necesito yo
-estudiar, ante todo, la marcha y la estrategia de la banda.
-
-Y estudia, en efecto; y cuando ya se le rinde la muñeca de tanto
-menearla, la caridad, sin duda, medio le traba un magano que, al salir
-al aire libre, le lanza a la cara toda la _tinta_, dejándosela más
-negra que la del negro Domingo, sin que falte su abundante rociada
-para la camisa y cuanto blanquea sobre su cuerpo. Pero como esta tinta
-es la sangre de aquellas batallas, lejos de creerse afrentado con el
-tizne, lúcele orgulloso al desembarco, y toma las risas de la gente por
-muestras de admiración a sus proezas.
-
-Tal es el verdadero _punto negro_ de su felicidad; y eso que,
-generalmente, pesca poco, o no pesca nada, si no se le cuentan como
-pesca tal cual dolor de cabeza, o romadizo, que de esto no le falta,
-gracias a Dios, durante la temporada.
-
-No hay para qué decir que es uno de sus grandes placeres obsequiar
-a las personas de su mayor aprecio con el producto de sus afanes de
-pescador. Que, cuando no pesca, habla de lo que ha pescado y de lo
-que piensa pescar, y que miente en la mitad de lo que habla entonces,
-también por sabido se calla. La afición desmedida a ese y otros
-parecidos entretenimientos, lleva consigo esa pequeña debilidad. Que lo
-digan los cazadores, y no se ofendan por ello.
-
-La temporada de este tipo concluye cuando los Noroestes se hacen
-crónicos, y la bahía, incitada por ellos, dice que no tolera más bromas
-en sus aguas. Entonces, curtida su cara por las brisas y el sol,
-apestando su equipaje a brea y a _parrocha_, gratifica generosamente a
-sus dos camaradas de _campaña_, después de pagarles el alquiler de la
-barquía; y sale para Madrid con el temor de que han de parecerle siglos
-los meses del invierno, aunque lleno de satisfacción por haber cumplido
-ampliamente el propósito que le trajo a Santander.
-
-Un dato muy expresivo, que se me olvidaba:
-
-Le vi en una ocasión pararse delante de una tienda en que yo estaba
-sentado. Plantose a la puerta, dio en las losas dos golpecitos con
-la contera de su bastón, en el que apoyó en seguida su diestra mano,
-oprimió suavemente con la otra sus gafas contra el entrecejo, carraspeó
-tres veces, levantó mucho sus cejas y los correspondientes párpados,
-como si se maravillara de algo, y exclamó, por todo saludo, encarándose
-con mi amigo, y también de ustedes probablemente, el dueño de la tienda:
-
---Señor D. Juan: pic... pic... pic.. pic... pic... pic... pic... (y
-marcaba cada uno de estos sonidos con la mano izquierda, unidos índice
-y pulgar.) Siete veces picó; y yo quieto,... quieto,... quieto,...
-Picadas falsas... Tú te clavarás... En efecto: un poco después,
-¡zas!... ¡zas!... (y aquí frunció el ceño el buen señor, y marcó los
-golpes a puño cerrado)... Ahora muerdes, dije yo, y ¡rissch! tiro en
-firme... ¡Dos libras y media pesó! ¡Una porredana como un bonito!...
-Ayer tarde, a dos brazas de _la Horadada_... Esta noche tendemos el
-esparavel... Ya diré a Vd. la carnicería que resulte... Adiós, Sr. D.
-Juan.
-
-Y se fue.
-
-Así conocí yo al inofensivo, al dulce, al apacible, al venturoso
-Marqués de la Mansedumbre.
-
-
-
-
-UN JOVEN DISTINGUIDO,
-
-(_visto desde sus pensamientos_.)
-
-
-I.
-
-EN UN CUARTO DE UNA FONDA.
-
-No me digan a mí (_enfrente del espejo, y en ropas menores_) que
-aquellos hombres de anchas espaldas y robusto pecho, que gastaban
-gabanes de acero y pantalones de hierro colado, eran el tipo de la
-belleza varonil... Serían, todo lo más, forzudos; pero elegantes...
-¡bah!... Hay que desengañarse: es mucho más hermosa la juventud de
-ahora... ¿Qué hay que pedir a esta pierna larga y delgada, como
-un mimbre? ¿a este brazo descarnado y suelto, como si no tuviera
-coyunturas? ¿y a este talle que se cimbrea? ¿y a este pescuezo de
-cisne?... ¡Si no fuera por esta pícara _nuez_! Pero se me ha corregido
-mucho, y a la hora menos pensada desaparece por completo. De todas
-maneras, la cubriré con la barba... cuando la tenga... Y en verdad que
-sentiré tenerla, porque con ella perderá el cutis su frescura: ¡cuidado
-si es fresco y sonrosado mi cutis! ¡Si estuviera la cara un poco más
-llena de carnes y fueran los dientes algo más blancos y menudos!...
-porque con estos ojos rasgados, este bigotillo de seda y este pelo
-negro echado hacia atrás... ¡Qué hermosa frente tengo!... Y eso que no
-es muy ancha... Bien. Ahora el traje _amelí_ de _negligé_. ¡Qué bien
-cae el pantalón sobre los pies! Me gustan estas campanas tan anchas,
-porque tapan los juanetes. ¡Pícaros juanetes! ¿Por qué he de tener yo
-juanetes como un hombre vulgar?... No sé si me ponga el sombrero de
-paja a la marinera, o el de fieltro. Como es por la tarde... Me decido
-por el de paja. No _viste_ tanto, pero _me va_ muy bien... Ahora los
-guantes de piel de Suecia, el bastón de espino ruso..., y a la calle...
-Vaya antes una mirada general... Intachable. ¡Cómo se nos conoce en _el
-aire_ a los chicos distinguidos!... Por cierto que estos provincianos
-de Santander tienen un afán de arrimarse a uno... y luego serán capaces
-de quejarse si se les da un desaire... Pues no me hace gracia esta
-corbata: no juega bien con el traje. La cambiaré. Afortunadamente tengo
-en qué escoger. Papá se propuso sin duda que en esta primera salida mía
-a provincias dejara yo el pabellón bien puesto, y nada me ha escaseado.
-Corresponderé, papaíto, a tus propósitos; y la fama te dirá luego quién
-es tu hijo. Así están más en armonía los colores; y hasta las puntas
-sueltas _dicen_ mejor a este traje que el nudo armado... Probablemente
-me estarán esperando en el Sardinero Casa-Vieja, Monteoscuro,
-Pradoverde y Manolo Cascajares... y hoy me hacen suma falta, para que
-me ayuden a averiguar quién es aquella hechicera y distinguida rubia
-que paseaba ayer tarde con las de Potosí. Cuando quise acercarme a
-ellas para saberlo, se metieron en un carruaje, y perdí la pista...
-Tres veces me miró ¡tres! pero ¡con qué intención!... Lo raro es que
-yo no la conocía hasta entonces... Acaso ella me haya visto antes en
-alguna parte: esto es lo más probable... En lo que no cabe duda es
-en que las de Potosí la habrán dicho quién es papá; por consiguiente
-tengo andada la mayor parte del camino, y mis _relaciones_ con ella
-son seguras... Lo siento por el desengaño que van a llevarse mis dos
-conquistas del Muelle. ¡Pobres chicas! Pero ellas se lo han querido.
-A la tercera vez que pasé bajo sus balcones ya me devoraban con los
-ojos... Y el caso es que son muy bonitas... Si se conformaran con el
-segundo puesto que les corresponde en mi corazón. ¡Corazón! Pero ¿le
-tienes tú, acaso, joven voluble?... ¡Y ellas que aspiran a conquistar
-el primero! Tendría que oír lo que se dijera de mí en Madrid este
-invierno, si me presentara en el gran mundo con la historia de dos
-conquistas provincianas por botín de mi campaña veraniega. ¡Yo que soy
-uno de los chicos de moda y de más porvenir!... En fin, por de pronto
-martiricémoslas un poco, y enseñemos a estos cursis montañeses algo de
-lo que vale y puede un joven de la buena sociedad madrileña.
-
-
-II.
-
-EN LA CALLE.
-
-Antes de acometer el asunto principal de mi empresa de hoy, hagamos un
-poco de prólogo por el interior de la ciudad. Éntrome por la calle de
-San Francisco... ¡Vulgo, vulgo todo! Modistillas, horteras, traficantes
-que van y vienen, y algunas señoras cursis... Aquellos tres chicos
-con humos de elegantes van a querer arrimarse a mí... Haré que no los
-veo, poniéndome a mirar esta vidriera... Ya pasaron... Me carga esta
-gente por lo pegajosa que es... No sé por qué se les figura que el
-darle a uno billete para el Círculo, o para los bailes de campo, les
-autoriza para tomarse ciertas libertades... Todos los que pasan a mi
-lado me miran. Dirán para sus adentros: «¡Qué chico tan elegante y tan
-distinguido; ese es de Madrid!»... porque se nos conoce a la legua...
-Se me figura que por más allá de San Francisco viene algo que no es
-vulgo... ¡Oh, fortuna! son las de Cascajares. Bien decía yo que ese
-aire no era de por acá. Voy a saludarlas... «A los pies de ustedes...»
-«Perfectamente, gracias...» «Pues por aquí matando el aburrimiento...»
-«Lo comprendo sin que ustedes me lo digan...» «Ni tampoco sociedad...»
-«Qué quieren ustedes, les falta _chic_...» «También yo, en cuanto
-se marchen las amigas del Sardinero...» «Creo que van primero a
-Ontaneda...» «Y Pilar erisipela...» «¡Qué maliciosas son ustedes!...»
-«Y Manolo, ¿dónde anda?...» «Entonces le veré en el Sardinero.» «A los
-pies de ustedes.»
-
-¡Qué amables, qué discretas y qué distinguidas! Pues tampoco yo he
-sido rana... ¡Aquello de la erisipela lo dije con una travesura
-y un retintín!... A estos _gomosos_ provincianos quisiera yo ver
-tiroteándose con las señoras del gran mundo. ¿Qué idea tendrán de él
-aquí? ¡Pobre gente!
-
-Pues señor, esta región ya está explorada. Ahora al Muelle. Allí
-lanzaré un par de flechazos a mis dos montañesitas, y en seguida tomo
-el tranvía para el Sardinero. De más tono sería un carruaje abierto, en
-que fuera yo recostado con esa indolencia voluptuosa que tan bien me
-va; pero no hay que hablar de eso en este pueblo atrasadísimo... Echo
-por los atajos para llegar primero.
-
-¡Oh, qué brisa tan oportuna corre por aquí!... ¡Cómo juguetea con
-mis cabellos y con las puntas sueltas de mi corbata!... ¡Debo estar
-hermosísimo en este instante!... Andaré un poco más de prisa, no se
-figure algún mentecato indígena que la Ribera ni las que en ella viven
-son capaces de llamar mi atención... ¡Voy de paso, sí señores, nada más
-que de paso!... aunque demasiado conocerá la gente que, a estas horas,
-no puede venir por aquí con otro objeto un chico distinguido de Madrid.
-
-Me parece que aquel mirador es el de una de ellas. Justamente...
-¡como que está esperándome en él!... Pero no está sola... ¡Anda! pues
-es _la otra_ quien la acompaña. Serán amigas... Tanto mejor; así
-despacho de un solo viaje. ¡Hermosa carambola voy a hacer con cada
-mirada!... ¿qué digo carambola? la discordia es lo que van a producir
-mis miradas; como la manzana del otro... ¡Suerte más provocativa!...
-Vayan, ante todo, un par de golpes de puños, haciendo, de paso, como
-que el sombrero me sofoca, para meter los dedos entre el pelo... A
-esos dos provincianillos que vienen por la otra acera, les haré un
-saludo desdeñoso; y dirán las chicas: «¡con qué desdén tan distinguido
-los trata; cómo los domina!»... ¡Agur!... ¡Qué fachas van!... Las del
-mirador me han visto... Pues allá va la mirada... Ya la pescaron...
-Me miran de reojo y se sonríen y cuchichean. ¡Cómo disimulan la una
-con la otra! Luego será ella, cuando tratéis de ver quién se le lleva.
-Para vosotras estaba, inocentes... La verdad es que son monísimas...
-¡Válgame Dios, qué estragos podía yo hacer en este pueblo si me lo
-propusiera! No miro a una que no me corresponda... Otro golpe de brisa.
-Todo me favorece hoy. ¡Es que estoy graciosísimo con estas arremetidas
-del aire!... Antes de perder de vista el mirador, voy a volver la
-cara... ¿No lo dije? Devorándome están con los ojos... Y para disimular
-más se meten corriendo en casa, haciendo que ríen a carcajadas... ¡De
-cuánto fingimiento es capaz la mujer! Pues señor, este fruto está ya
-sazonado; y aunque sea para entreplato, se aprovechará.
-
-El _Suizo_. Con la disculpa de buscar a alguien, voy a darme un par de
-golpes de espejo... Perfectamente. ¡Qué hermoso estoy esta tarde!...
-¡Es que nunca ha sido mi cutis más blanco, ni han tenido mis ojos más
-hechicera languidez! No me extraña que las del mirador hayan quedado
-fascinadas... ¡Es mucho ese Madrid para chicos distinguidos!
-
-Ahora, a tomar el tranvía y buscar a mi gente al Sardinero... ¡Ah,
-rubia! te compadezco...
-
-Me cargan a mí estos tranvías de provincia, por la morralla que va en
-ellos... Por supuesto que, como de costumbre, tendré que ir de pie en
-la imperial, porque, en el interior, es un poco pesado llevar tanto
-tiempo el ceño fruncido y la cara de asco... Y de otro modo no puede
-ir un chico distinguido como yo. Arriba, con la disculpa de mirar al
-mar, puede uno siquiera volver la espalda a todo el mundo sin violencia
-y sin que choque... Debería haber departamentos especiales en estos
-carruajes.
-
-
-III.
-
-EN EL SARDINERO.
-
-Esto ya es otra cosa... aquí puedo decir que estoy en mi casa. ¡Qué
-_toaletas_; qué _negligés_ tan _chic_!... ¡Cómo se destacan las
-madrileñas!... y ¡cómo me destaco yo! Empecemos por buscar a los
-amigos; después a la rubia. La compañía le hace a uno más osado y hasta
-más elocuente... No los veo por ninguna parte... Pero en cambio veo a
-las de Potosí que están aquí paseando. ¡Canastos! vienen solas... ¿Y
-la rubia?... Lo más acertado será preguntar discretamente por ella...
-«Señoritas...» «Muy bueno, gracias...» «Sí, la tarde está hermosa para
-eso...» «Ayer estaban ustedes más acompañadas...» «Palabra de honor;
-jamás había visto a esa señorita...» «Hermosa es en efecto; pero
-¿y qué?...» «Ni tarde ni temprano...» «¡Que se ha marchado ya!...»
-«Oh, no me admiro por lo que ustedes creen, sino por lo poco que ha
-estado aquí...» «De modo que veinticuatro horas escasas...» «Pues no
-vi yo a su papá...» «¡Barrizales!» «¿Luego ella es Lola Barrizales,
-la que estaba en un colegio de Alemania?» «Y, ¿qué va a hacer ahora
-en Madrid?...» «¡Que va a casarse en cuanto llegue!...» «Nada hay de
-raro, en efecto, sino que... en fin, que sea enhorabuena.» «Y hablando
-de otra cosa ¿han visto ustedes a Casa-Vieja y demás amigos por
-aquí?...» «Lo siento, porque andaba buscándolos para un asunto... Veré
-si en la galería... A los pies de ustedes.»
-
-¡Horror y maldición! Conque era Lola Barrizales, y Barrizales es íntimo
-de papá, y ella supo quién era yo; luego aquellas miradas eran lo que
-yo me figuraba; y tal vez la sacrifican y ella quería decírmelo, y yo
-pude haberlo impedido con una sola entrevista... ¡Maldito coche en que
-se metieron ayer! ¡Lola Barrizales! ¡bella, rica y distinguida!...
-¡Qué ocasión para mí! ¡qué ocasión perdida, dioses inmortales! Pero
-¿tiene remedio ya este bárbaro contratiempo? Eso es lo que tengo que
-consultar con mis amigos, y voy a buscarlos ahora mismo a la galería...
-Entraré en ella muy pensativo y hasta cabizbajo, como quien lleva
-herido el corazón: esta actitud me _irá_ muy bien. Entremos. ¡Cuánta
-gente elegante!... No están ellos aquí tampoco... En aquel extremo
-hay una silla desocupada... La ocupo... Dos chicas muy guapas se han
-fijado en mí. Buena ocasión para herirlas... Apoyo el codo en la
-barandilla, la cabeza sobre la palma de la mano, y me pongo muy triste
-y melancólico. Siguen mirándome... Y dirán ellas: «Ese joven debe tener
-una gran pesadumbre ¡qué hermoso es!» y me compadecerán... Ahora miro
-al suelo, apoyando la frente en mi mano; y como si quisiera ocultar
-alguna lágrima que enturbiara mis ojos, doy golpecitos en el pie con el
-bastón. Pero la angustia va en aumento, el disimulo no alcanza y vuelvo
-la cara hacia la Ermita. Para expresarlo mejor, muerdo el pañuelo...
-Estoy así un ratito, como sollozando. ¡Qué hermoso debo estar!...
-Ahora, después de sonarme y guardar el pañuelo, debo levantarme y salir
-de prisa, ocultando la cara, como si mi dolor se aumentase entre la
-gente. Allá voy... Siguen mirándome las dos chicas y creo que algunas
-más. No importa; yo no puedo, no debo, en esta situación, fijarme en
-nadie: a papá mismo negaría el saludo... ¡Magnífica salida he hecho!
-¡Qué interesante he estado!... Me parece que he causado gran efecto. A
-la noche indagaré si se habló algo de mí después que salí de la galería.
-
-Aquí afuera hay demasiada gente también, y no debo permanecer entre
-ella estando tan triste como estoy. Me voy del Sardinero a buscar
-la soledad que me corresponde. «Estuvo aquí un instante (debe decir
-la gente mañana) muy afectado, y se retiró en seguida sin saludar a
-nadie...» Y habrá hasta quien crea que fui a los Pinares a levantarme
-la tapa de los sesos. ¡Magnífico! Esto me pondrá de moda.
-
-Me vuelvo a la ciudad, a pie, por la Magdalena; y me ayudarán a
-conllevar las fatigas del camino mis tristezas. En marcha, pues.
-
-
-IV.
-
-OTRA VEZ EN SU CUARTO.
-
-Resumen de mis meditaciones del camino: continuaré en Madrid la empresa
-malograda aquí. El destino me la arrebató soltera; yo haré que el
-diablo me la devuelva casada. (_Desnudándose enfrente del espejo._)
-¡Qué interesante me han puesto la pena y el cansancio!... Un amor
-contrariado con los correspondientes azares y escándalos, debe ser
-la ambición de todo hombre de mundo. La suerte quiere, por lo visto,
-que yo empiece por donde tantos calaveras han concluido. Cúmplase
-mi destino, y ¡adelante! Pero entre tanto, yo padezco y necesito
-distraerme. Me distraeré... abusando un poquito de mis ventajas... Esta
-noche al teatro; mañana al baile de campo con todos los recursos de mi
-hermosura, de mi distinción y de mi ropero. No me contentaré ya con la
-mirada y con la sonrisa; usaré también el billete perfumado, y luego el
-soborno, y después el escalamiento, y por último, hasta el rapto, y, si
-es preciso, la estocada... Comencemos por vestirme de serio... ¡Juro a
-Dios que no me detendrán en mi carrera ni lágrimas ni amenazas! Yo no
-he traído esta contrariedad fatal; yo no me he colocado por mi gusto
-en esta actitud que ha de dejar memoria eterna en Santander. No se me
-pregunte luego por qué dejo víctimas detrás de mí:
-
- «Soy el león... perseguido
- que sacude la melena.»
-
-Y pues al cielo plugo hacerme sentir el fuego de una pasión, y
-arrebatarme el objeto que me la inspirara, de las cenizas que deje a mi
-paso esta llama abrasadora,
-
- «responda el cielo, no yo.»
-
-
-
-
-LAS DEL AÑO PASADO.
-
-
-¿Conoce el lector a _las de Doña Calixta_? En un libro que anda por
-ahí con el rótulo de _Tipos y Paisajes_, se habla de ellas y de otras
-muchas cosas más. Si no las conoce, compre el libro. Si las conoce, con
-decirle que no se separan de ellas en todo el verano las aludidas en
-el título de este croquis, debe hallarlas en su memoria a poco que la
-registre.
-
-A mayor abundamiento, le daré algunas señas particulares. Son dos,
-madre e hija. La madre es achaparrada, con el pescuezo más bien
-embutido que colocado entre los hombros, y la cabeza ensartada en el
-pescuezo, como una calabaza en la punta de una estaca; tiene ancha y
-risueña la boca, fruncido el entrecejo, grises los ojos, poca frente,
-mucho pelo, mala dentadura y peor el cutis de la cara. La hija, por
-uno de esos caprichos inconcebibles de la naturaleza, es todo lo
-contrario de su madre; de bizarras líneas, de hermosas y correctísimas
-proporciones; modelo del arte clásico, mármol griego, y como de tal
-sustancia, fría e inanimada. Se llama Ofelia. Su madre no responde más
-que al nombre de Carmelita, aunque otra cosa se le grite al oído.
-
-Los que lo entienden, dicen que Ofelia podría ser irresistible por la
-sola fuerza de su propia hermosura, con expresión en la fisonomía,
-flexibilidad en el talle y gusto en el vestir; pues además de rígida
-e inanimada, parece que es sumamente _cursi_. En cuanto a Carmelita,
-basta verla en la calle una vez para que el menos autorizado en la
-materia pueda decidir de plano que es un espantapájaros.
-
-Táchase en las dos, como resabio de su mal gusto, un afán inmoderado de
-hacer ver a todo el mundo que siempre llevan zapatos nuevos, de los más
-relumbrantes o de los más historiados.
-
-Cómo empezaron sus relaciones con las de D.ª Calixta, no lo sé yo:
-acaso hubo entre unas y otras esa atracción misteriosa que se explica
-en latín con aquello tan sabido de _similis, similem querit_; pero
-es indudable que desde que por primera vez llegaron a Santander a
-veranear, intimaron con la _coronela_ y sus tres hijas, como dos gotas
-de agua con otras cuatro. A sus reuniones van, a sus amigas visitan;
-con ellas recorren de día y de noche calles y paseos; _por_ ellas pagan
-sorbetes en el café, coches al Sardinero, y lunetas en el teatro; y en
-su exclusiva compañía asisten a los bailes campestres, a las serenatas,
-a las procesiones y a las solemnidades públicas.
-
-Desde la primera vez que se la vio en este pueblo, llamó la atención
-la hermosura de Ofelia; pero ni los hombres la codiciaron, ni las
-mujeres la temieron: sus ya enumerados defectos y el contrapeso
-estrafalario que le hacía su madre constantemente, entibiaban hasta
-el frío el entusiasmo de los unos, y tranquilizaban hasta el desdén a
-las otras. Nadie, pues, supo su nombre, ni quiso cansarse en preguntar
-por él. El primer año, si se la citaba en una conversación, se decía
-únicamente: _esa que anda con las de Doña Calixta_. Desde el verano
-siguiente, ya se las llamó, a ella y a su madre, _las del año pasado_;
-especie de mote que revela cierto cansancio de verlas, y pocos méritos
-para murmurar de ellas más de una vez.
-
-Las de Doña Calixta están locas por Ofelia. En su presencia, la
-ensalzan hasta la adulación; ausente, aburren al lucero del alba
-hablando de su hermosura, de su elegancia, de su brillante posición, de
-sus relaciones entonadas en Madrid, de las magníficas proporciones que
-desecha, de sus deseos de llevarlas a pasar el invierno a su lado, de
-las cartas que se escriben desde que se va de aquí, y de los encargos
-que se hacen mutuamente,
-
---Pero ¿quiénes son ellas? --se ha preguntado muchas veces a las
-de Doña Calixta--. ¿Qué pito tocan en Madrid; cuál es su verdadera
-posición social?
-
-A cuyas preguntas jamás han dado las interrogadas una respuesta
-satisfactoria; porque, a decir verdad, no están ellas en el asunto
-mucho más enteradas que los preguntantes. Y bien sabe Dios que hacen
-todo lo posible por ajustar a sus amigas las cuentas al menudeo; pero
-sea porque el asunto es harto sencillo y no necesita explicaciones y
-está a la vista, o porque realmente hay malicia para disfrazarle, es lo
-cierto que las de Madrid no acuden al interrogatorio con la claridad
-que desean las de Guerrilla.
-
---Dichosa de ti --dicen éstas a Ofelia en sus frecuentes confidencias
-con ella--, ¡dichosa de ti, que puedes vivir en la Corte con todas las
-ventajas que te dan tu posición y tu figura!
-
---No tanto como creéis --contesta Ofelia entre desdeñosa y presumida.
-
---¡Ay! no me digas eso... Di que Dios da nueces... Aquí te quisiera yo
-ver todo el año.
-
---De modo que, mejor que aquí, desde luego os confieso que se pasa allí
-el tiempo; pero de esto a lo que vosotras pensáis...
-
---¡Madrid! con aquellos paseos, con aquellos teatros, con aquella tropa
-y aquellas músicas... Todo el día estarás oyéndola, ¿verdad?
-
---Psé... Como no sea alguna vez que voy a la parada con mamá...
-
---¡A Palacio!... ¡qué hermosura!... estará la plaza llena de generales.
-
---Ni se _arrepara_ en ellos, chicas... La última vez que fuimos se
-empeñó el coronel _entrante_ en que tomáramos asiento en el pabellón...
-
---Y tú, con esa sequedad condenada, no querrías.
-
---Claro está que no.
-
---Uf, ¡qué rara, hija!... ¡Me da coraje ese genio! No me extraña que te
-sucedan ciertas cosas.
-
---¿Qué cosas?
-
---Por de pronto, aburrir a tus proporciones, y hacerlas creer que las
-desprecias; que es lo mismo que si las tiraras por la ventana... Ya ves
-cómo lo creyó aquel de quien nos hablabas ayer...
-
---¡Mira qué ganga!... Un simple _catredático_.
-
---Ya se ve, ¡como tienes otros adoradores de alto copete!
-
---No lo dirás por el _comendante_ que me echó la carta por debajo de la
-puerta.
-
---Ya sabes tú que voy por más arriba.
-
---Por el Marqués de la esquina, ¿eh?
-
---¿Se llama así?
-
---No, pero vive a la esquina de la calle, dos puertas más abajo que
-nosotros..., como vive un Duque tres puertas más arriba, y un Marqués
-enfrente.
-
---De modo que en tu calle todos sois personajes.
-
---Eso sí.
-
---¡Qué gusto! Y lo del Marqués ¿será cosa hecha?
-
---Psé... Hay poco que fiar, si os he de decir la verdad; no porque
-él no esté bien apasionado, sino porque como en Madrid hay tantas
-proporciones, y cambia una tantas veces de parecer... Esto nació del
-teatro Real... Como es muy amigo de papá, me acompañó hasta casa a la
-salida. Después me ha visitado muchas veces, y siempre ha tenido alguna
-cosa que decirme al oído.
-
---Y tú, ¿qué le has contestado?
-
---Que se lo diga a papá.
-
---¿Ve Vd.? ¿A que desprecias también esa proporción?
-
---Allá veremos.
-
---Ay, ¡qué sangre de chufas!... ¿De modo que vas muy a menudo al Real?
-
---Bastante.
-
---Estarás abonada.
-
---No quise que se abonara papá a turno con las _Consejeras_ del
-principal: ellas bien me lo rogaron; y desde entonces, porque no lo
-tomaran a desprecio, no me he abonado nunca.
-
---¡Buenas estarán aquellas funciones! ¡Qué concurrencia habrá allí!
-
---Mucho personaje... toda la Corte... y muchísimo título; pero de
-confianza.
-
---Como que os conoceréis todos.
-
---La mayor parte son íntimos de papá.
-
---¿Por qué no tiene título tu papá?
-
---Porque, como él dice, está por lo positivo.
-
---¿Tendréis carruaje?
-
---¡Como hay tantísimos de alquiler!...
-
---Es verdad.
-
---Por supuesto, que te escribirás con el Marqués.
-
---Anda, curiosa, picarona, ¿quieres saber tanto como yo? Esas cosas no
-se dicen, ¡ea!
-
-Y con esto, o algo parecido, y cuatro palmaditas sobre el hombro de la
-preguntona, corta Ofelia el interrogatorio a que todos los días se la
-somete, y cambia de conversación.
-
-Entre su madre y Doña Calixta pasa, en el ínterin, algo por el estilo.
-
---¿Y cómo no se anima su esposo de Vd. a acompañarlas algún verano?
---pregunta a la de Madrid la coronela.
-
---Porque no puede, Doña Calixta.
-
---¡Que no puede!... ¡un hombre de su posición!
-
---Pues por lo mismo. Usté no sabe, Doña Calixta, ¡qué bregas y qué
-_laberientos_ trae ese hombre de Dios metidos en aquella cabeza! Ya se
-lo digo yo bien a menudo: «¡Cualquiera pensará que no tienes qué comer!»
-
---Lo mismo me pasa a mí con el coronel, Carmelita. Ahí le tiene Vd.
-metido en sus haciendas todo el año de Dios. Hoy que está levantando
-la presa de una fábrica de harinas; mañana que va a los cierros con
-un regimiento de cavadores; otro día, que está cercando una mies que
-compró la víspera; ahora, que construye una casa de labor; después,
-que entró la peste en la ganadería y ha tenido que visitarla con los
-albéitares; cuándo que los colonos; cuándo que el administrador...
-¡Nunca jamás tiene un día para ver a su familia!
-
---«Pero, hombre --le he dicho algunas veces--, sacrifica media semana
-siquiera para saludar a estas señoras tan buenas y que tanto nos
-quieren»... Como si callara, Carmelita...
-
---Pues sucediéndole a Vd. eso con su esposo ¿cómo le extraña a Vd. que
-el mío no nos acompañe jamás?
-
---Creía yo que los negocios de ese caballero no serían de los que
-amarran tanto como las aficiones de Guerrilla.
-
---¡Mucho más, D.ª Calixta! Figúrese Vd. que mi esposo no tiene hora
-libre. Estamos almorzando: carta del Ministro de Hacienda para que se
-vea con él inmediatamente; nos sentamos a comer: volante del Gobernador
-que tiene que hablarle _de continente_; vamos a salir al Prado, o a la
-Castellana, o al teatro, o al baile de Palacio, es un suponer; pues el
-diputado, o el ayudante del general, o el diablo, está ya a la puerta
-para que se vea en el _azto_ con el presidente de las Cortes, o con
-el Capitán general, o con el director de Beneficencia, sobre que la
-contrata, o el suministro... Le digo a Vd. que él podrá ganar buenos
-caudales, pero buenos sudores le cuestan al pobre. Así es que algunos
-días tiene un humor que tumba de espaldas.
-
---¿Y por qué no tiene un hombre de su confianza en quién descansar?
-
---Porque, como él dice, «hacienda, tu amo te vea». Lo mismo le pasará a
-su esposo de Vd.
-
---Es verdad; pero ya que tan bien le ha ido y le va con los negocios
-¿por qué no se retira de una vez? La salud ante todo, Carmelita. Y para
-una hija sola que tiene...
-
---Cierto es eso; pero los negocios, parece ser que están enredados unos
-con otros, y que no es tan fácil como se cree echar el corte cuando se
-quiere... Y si no, pregúnteselo Vd. al coronel.
-
---En verdad que algo de eso suele decirme a mí Guerrilla cuando le
-llamo codicioso, y le aconsejo que lo deje todo y se venga al lado de
-su familia.
-
---Pues velay, usté.
-
---Ya, ya; ya me hago cargo.
-
-Y por más vueltas que dan la madre y las hijas a sus interrogatorios,
-no sacan otra cosa en limpio las de D.ª Calixta, con respecto a la
-verdadera posición social de sus amigas de Madrid.
-
-Algo pudiera decirlas yo que les ahorrara más de la mitad del camino
-para llegar al asunto: pero ¡vaya Vd. a ponerlo en sus bocas! Toda la
-veneración que sienten por Ofelia, no alcanzaría a impedirlas que se lo
-contaran, _en secreto_, al primero que les manifestara el mismo afán
-que ellas tienen hoy. Y que ese _algo_ no debe publicarse después de
-haber ellas mismas ensalzado tanto la prosapia de Ofelia, es indudable.
-Y si no, que lo diga el imparcial lector, a quien hago juez en el
-asunto. Trátase de una carta que las de Madrid se dejaron olvidada
-debajo de la cama, en la casa de huéspedes que habitaron el verano
-pasado: carta que llegó a mi poder, no diré cómo, y dice así:
-
- «Mi más querida esposa Carmelita, y amadísima hija Ofelia: Sus
- escribo la presente para decirvos que estoy bueno de salú, y para
- que me digáis cómo anda la vuestra; pus va diquiá dos semanas que no
- recibo carta de vusotras. De paso sus alvertiré que, como la lezna
- no entra por onde señala, lo de la contrata de zapatos para el
- Hospicio no salió esta vez como las otras; y gracias que lo cuento
- en mi casa. Paece de que antier volvieron los chicos descalzos al
- establecimiento, porque a resultas de la lluvia, se reblandeció el
- cartón de la suela, y se descubrió el ajo. Diréis que cómo otras
- veces ha pasado el engaño, y ahora no. Sus diré a eso que, en primer
- lugar, esta vez, por guitonada de los oficiales, no se dio bien al
- cartón el unto que sabéis y con el que aguantaba un zapato siquiera
- tres posturas (no mojándose en la segunda); y después porque ya no
- está allí el encargado de enantes, que además de recibir la obra
- por buena, echaba a los chicos la culpa de la avería, cuando se le
- quejaban de ella. Tomó cartas ahora el Administrador, y me baldó.
- Por buena compostura, he consentido en perder todo el valor de lo
- entregado; que, por fortuna, de cartón era ello y de badana. ¡Bien
- haya los sofocos que me di cortando pares en el mostrador! ¡Y yo
- que pensaba calzar a medio ejército de tropa, por lo que, como
- sabéis, tenía echado un memorial en el menisterio! Me temo que lo del
- Hospicio no me ha de favorecer nada para el caso. Y lo peor es que
- por atender con todos mis operarios a la tarea, los parroquianos de
- fino han estado mal servidos, y algunos me dejan.
-
- »A todo esto, sus diré que el Marqués de la esquina se ha casado en
- Alicante, con una viuda rica y vieja, para salir de trampas. Bien
- sus decía yo que estaba más tronado que una rata, y también sus dije
- que me debía los botitos de dos años; y ahora sus diré que además
- me debía siete duros que me pidió una noche al pasar por la tienda,
- porque no llevaba suelto. Cuando venga le pasaré la cuenta de todo;
- y si paga, que no pagará, eso saldremos ganando... ¡y gracias que
- no nos debe más, que bien hubiera podido ser! No hay que pensar en
- estos Marqueses que soban mucho a los artistas que tenemos hijas
- guapas.
-
- »Esto me alcuerda que ya van cinco veranos que veraneáis en esa,
- sin el menor apego de _indiano_, como sus figurestes. Con un par de
- negocios como el del Hospicio, sacabó la tela y, como el otro que
- dice, el veraneo de moda. Mucho sus quiero, pero no sé si podréis
- ripitir.
-
- »Venisius pronto, que ya me hacéis falta para el ribeteo en fino:
- alcordarvos de que pierdo dinero pagando, más de mes y medio,
- oficialas que hagan vuestra labor.
-
- »Tocante a lo demás, devertisius mucho, pues bien sabéis sus ama y
- sus estima vuestro esposo rendido y amante padre,
-
- »CRISPÍN DE LA PUNTERA.»
-
-
-
-
-EN CANDELERO.
-
-
---«Que va a Alicante; que prefiere a Valencia; que acaso se decida por
-Barcelona.
-
---»Que ya no va a Barcelona, ni a Valencia, ni a Alicante; porque viene
-a Santander.
-
---»Que ya no va a ninguna parte.
-
---»Que le son indispensables los baños de mar, y que tiene que tomarlos.
-
---»Que se decide por la playa del Sardinero.
-
---»Que vendrá en julio; que acaso no pueda venir hasta principios
-de agosto; que lo probable es que ya no venga hasta muy cerca de
-setiembre.
-
---»Que ya no viene ni en julio, ni en agosto ni en setiembre.
-
---»Que, por fin, viene, y se cree que se hospedará en una fonda del
-Sardinero.
-
---»Que es cosa resuelta que llegará el tantos de julio, y que no se
-hospedará en el Sardinero, sino en la ciudad.
-
---»Que no se sabe si le tendrá en su casa el Marqués de X, o el Conde
-de Z, o D. Pedro, o D. Juan, o D. Diego.
-
---»Que resueltamente se hospedará en casa del Sr. de Tal.»
-
-Eso, y mucho más por el estilo, cuentan, corrigen, desmienten,
-rectifican y aseguran todos los días estos periódicos locales, con el
-testimonio de los de Madrid y algunas correspondencias particulares,
-desde mayo a fin de julio, casi en cada año, refiriéndose a alguno de
-los personajes que a la sazón se hallen _en candelero_.
-
-Un día vemos conducir a hombros por la calle, una lujosa sillería, un
-espejo raro, una mesa de noche muy historiada..., algo, en fin, que no
-se ve en público a todas horas; observamos que las señoras indígenas
-transeúntes se quedan atónitas mirando los muebles, y hasta las oímos
-exclamar: «Son para el gabinete que _le_ están poniendo. El espejo es
-de Fulanita, la mesa de Mengano, y la sillería de Perengano.»
-
-Y llega el tantos de julio; y por la tarde se ven fraques, levitas y
-tal cual uniforme, camino de la Estación, y además el carruaje que
-envía el Sr. de Tal, propio, si le tiene, y si no, prestado.
-
-Poco después estallan en el aire, hacia el extremo del andén, media
-docena de cohetes, y casi al mismo tiempo se oye el silbido de la
-locomotora que entra en la Estación. Luego salen de ella los viajeros
-vulgares, y puede verse en el fondo, enfrente de la puerta, un grupo de
-personas apiñadas, confundiéndose en él el oro de los uniformes con el
-negro paño de la media etiqueta; el cual grupo se cimbrea de medio a
-arriba muy a menudo, dejando ver, a tiempos, en su centro, una persona
-erguida e impasible, como ídolo que recibe la incensada; después el del
-centro del grupo, con otros tres de la circunferencia, toman asiento
-en el carruaje; parte éste al trote de sus caballos, síguenle, echando
-los pulmones por la boca, dos docenas de granujas impertinentes, y una
-pareja de guardias municipales que llevan los paraguas y los abrigos
-de algunos de los que van en el coche, y vuelven a verse los mismos
-fraques y galones de antes camino de la Dársena, pero dispersos y en
-desorden.
-
-Y andando, andando, el carruaje llega al punto de su destino.
-
---¿Cuál de ellos es? --pregunta algún curioso, al ver apearse a los del
-coche.
-
---Ese que va en medio...
-
---Pues no tiene la mejor traza --replica el preguntante, con cierto
-desaliento, en la creencia, sin duda, de que el hombre está obligado a
-embellecerse a medida que asciende en la escala de los empleos.
-
-Los que subieron la escalera de su casa acompañándole, bajan a poco
-rato; y cuando anochece, comienzan a llenar de ruido la barriada la
-charanga de la Caridad, y sucesivamente todas las murgas que de la
-caridad pública viven.
-
-Al día siguiente vuelven a verse por la calle las libreas de la
-etiqueta. Son de los que tienen obligación de ir a ofrecer sus respetos
-al recién venido, y de las comisiones de esto y de lo otro. Recibe
-a cada grupo a hora distinta, y tiene para todos frases bastante
-lisonjeras, ya que no muy variadas.
-
---Señores --suele decirles--, yo me felicito de recibir el cordial
-saludo de... (Aquí lo que sean los visitantes) tan dignos y
-beneméritos. Estad seguros de que si seguís prestándonos todo el apoyo
-de vuestra importantísima adhesión y de vuestro celo e inteligencia en
-el desempeño de vuestros respectivos cargos, el Gobierno se envanecerá
-de ello; y el país, que tanto espera de nosotros, porque por nosotros
-está nadando en la felicidad y en la abundancia, os lo recompensará
-con largueza. Yo, fiel intérprete de sus deseos y aspiraciones, os lo
-prometo en su nombre.
-
-Se dicen luego cuatro vaguedades sobre la salud del visitado, sobre
-la virtud de los baños de ola, y sobre el paisaje y el clima de la
-Montaña, y a otra cosa.
-
-Al segundo día, aún se ven algunos curiosos... y curiosas de copete,
-husmeando hacia la puerta de la calle, a las horas probables en que
-_él_ ha de salir.
-
-Al tercero, nadie se acuerda ya del personaje. Solo la prensa local
-se ocupa, con un celo superior a todo elogio, de decirnos si va o si
-viene; si le _pintan_ los baños; si piensa darse tantos o cuántos, y
-cuántos se ha dado ya; si prefiere el bonito a la merluza; con quién
-comió y con quién comerá; a qué hora se acuesta; quiénes le hacen la
-tertulia; de qué lado duerme y a qué hora se levanta.
-
-Al octavo día observa la gente que por la Plaza Vieja sube un coche
-lleno de señores muy espetados.
-
---Ahí va --dicen algunos.
-
---¿A dónde? --se les pregunta.
-
---A visitar el Instituto. Desde allí irá a la Farola. Ahora viene del
-Cristo de la Catedral.
-
---Entonces ¿está ya para marcharse?
-
---¡Claro; cuando le enseñan _eso_!...
-
-Y así es, en efecto. Al cumplirse la semana y media desde su llegada,
-vuelven a verse una mañana, camino de la Estación, los fraques, los
-galones, el coche, los granujas y los policías de la otra vez; y en el
-andén, el mismo grupo dando sombreradas y apretones de manos al propio
-personaje, que va poco a poco desapareciendo en un coche reservado y
-muy majo; estalla en los aires otra media docena de cohetes, vuelve a
-silbar la locomotora, y parte el tren hacia la Peña del Cuervo, dejando
-detrás la consabida crencha de humo vaporoso, que ondula, se enrosca y
-serpentea, y al cabo se pierde y desvanece en el espacio, como todas
-las vanidades de la tierra.
-
-Durante algunos días después, la gente _bien informada_ se las promete
-muy felices para los intereses del común. Todos los proyectos que el
-Municipio tiene pendientes de superior resolución serán despachados
-«como se pide»; habrá subvenciones para esto y para lo otro y para lo
-de más allá; el puerto va a quedar como nuevo; los barrancos que están
-a expensas del Estado a las inmediaciones de Santander, volverán a
-ser anchas, firmes y cómodas carreteras..., en fin, hasta se colocará
-la estatua de Velarde sobre el pedestal que está esperándola; ¡doce
-años hace!... Él lo ha prometido; él lo ha asegurado; él se lo ha
-ofrecido en confianza a Juan, a Pedro y a Diego... Va muy satisfecho de
-_nosotros_ ¡contentísimo de la acogida que se le ha hecho!
-
-Claro es que ninguna de estas ofertas se cumple, no sé si porque, en
-realidad, no se hicieron, o porque se olvidaron, como tantas otras;
-pero, en cambio, un día del próximo otoño amanecen Caballeros y
-Comendadores de aquende y de allende, seis docenas de ciudadanos que
-se acostaron simples mortales como yo. ¡Única estela que hoy dejan, a
-su paso por los pueblos, los varios españoles que gozan el eventual e
-instable privilegio de ser recibidos con música y cohetes!
-
-
-
-
-AL TRASLUZ.
-
-
-O hay que convenir en que la mujer es susceptible de adquirir cuantos
-aspectos y actitudes morales quiera darle la educación, o debemos
-confesar que la Naturaleza tiene, de vez en cuando, caprichos muy
-singulares.
-
-Esto, que probablemente se habrá dicho cincuenta mil veces, a propósito
-de las mujeres que se han hecho célebres en el campo de las ciencias,
-en el de las artes, en el de las letras..., y hasta en el de las armas,
-cuadra perfectamente al hablar de cierto tipo que, no por pasar como
-un relámpago todos los años sobre la fisonomía veraniega de Santander,
-deja de imprimirse en ella; y no así como quiera, sino como imprime un
-pintor de fama el sello de su ingenio, su idiosincrasia artística, si
-vale la palabra, sobre todas la figuras de sus cuadros.
-
-Nacida y propagada esta verdadera originalidad del sexo débil en
-regiones algo inverosímiles todavía en la tradicional y cachazuda
-España, cuando aparece en una, señal es de que allí puede vivir ya;
-de que en ella se encuentran los elementos que necesita su vida de
-ostentación y de aventuras. Estos elementos son: los hombres de Estado,
-los ricos banqueros, los famosos calaveras, los pontífices de las
-letras y de las artes, y, como a manera de orla de todo el catálogo,
-una muchedumbre de damas del llamado _gran mundo_, y de mozuelos
-esclavos de la moda.
-
-De que Santander reúne todo eso, y ha llegado ya, por ende, a la alta
-categoría que alcanzan en el mundo elegante tantos otros puertos
-extranjeros, en cuyas aguas lavan cada verano sus distinguidas
-mataduras las primeras aristocracias europeas, es evidente prueba el
-que nos visita todos los años, desde varios acá, algún ejemplar de
-aquella fenomenal especie.
-
-Mas antes que el lector eche a mala parte lo que le dije de los
-elementos vitales de esta señora, apresúrome a indicarle en qué
-concepto los necesita _hoy_.
-
-Figúresela en un _hotel_ del Sardinero, con todo un piso a su
-disposición; porque sus criados y equipajes no caben en menor espacio,
-si ha de quedarle a ella el necesario para dormir, para peinarse, para
-vestirse, para recibir y para comer en ancha mesa, siempre dispuesta
-para una docena de convidados.
-
-Estos han de ser de las notabilidades a que aludí; es decir, de lo
-más cogolludo en letras, artes, política, banca, armas..., y aun
-tauromaquia, que a la sazón resida en el Sardinero o en la ciudad.
-
-Para comer con ellos, para hablar con ellos, necesita, busca y agasaja
-a esos hombres. Ella los preside, ella dirige las conversaciones,
-ella provoca y salpimenta los discreteos, y en sus labios hay siempre
-agudezas y oportunidades para los discretos, y sutiles epigramas para
-los necios, pues no dejan de serlo, en varios lances, muchos hombres de
-talento. Que quien tal vida trae no debe mostrarse muy aficionada al
-trato de las mujeres, no hay necesidad de asegurarlo; evidente es que
-huyera de ellas si no las necesitara para fondo y accesorios del cuadro
-en que ella entra como principal figura; o, a lo sumo, para tener en
-quien cebar impunemente sus sátiras implacables; o esos pedazos más de
-entretenimiento que repartir entre la voracidad murmuradora de su corte
-favorita.
-
-Hay quien atribuye esta antipatía hacia su sexo a cierta pasión _non
-sancta_ que suele albergarse en los pechos que ya no laten a impulso
-de un alma juvenil y retozona; cuando se huye del espejo como de las
-grandes verdades que acusan faltas e imperfecciones; cuando los tristes
-desengaños de las primeras arrugas hacen recordar con envidia y
-desconsuelo los triunfos y los encantos de la risueña juventud; cuando
-se aspira, en fin, a conquistar, a fuerza de dispendios y agudezas, lo
-que antes se atrajo por el solo brillar de la hermosura.
-
-Pero esta suposición, que bien pudiera admitirse con referencia al
-molde común de las mujeres, y aun de los hombres, no está justificada
-cuando se endereza a este otro tipo, cuyas pasiones, talentos y
-debilidades están, y han estado quizá, muy por encima de todo lo usual
-y corriente. Con esta consideración a la vista, no se afane el lector
-por que le diga yo de dónde vienen esas intimidades encumbradas; de
-qué procede ese varonil desparpajo que la hace, en verano, reina y
-señora del Sardinero, como en invierno le da absoluto predominio en
-los aristocráticos salones de Madrid, y eso que no es aristócrata
-ella, ni nombre llevó jamás que a pergamino huela. Cierto es que
-cuando se ha pasado la vida en roce continuo con hombres de todas las
-imaginables condiciones y cataduras, a poco que se haya tomado de cada
-uno de ellos puede reunirse, cerca de la vejez, gran copia de saber
-y de experiencia; pero ¿cómo se llegó en la juventud a esas alturas?
---pregunto yo a mi vez--, ¿cómo lo que en unas gasta y desprestigia, en
-otras acrecienta el poder y el atractivo? Aquí no hay otro remedio que
-volver a la segunda parte de mi tema: la Naturaleza tiene, de vez en
-cuando, caprichos muy singulares; y añado ahora que también la Fortuna
-suele complacerse en mimar con sus dones más preciados a lo que es obra
-de los caprichos de la Naturaleza.
-
-Así hay que explicarse esas cataratas de doblones que siguen y preceden
-a esta clase de mujeres en sus viajes, y las envuelven en los alcázares
-que habitan la mayor parte del año: pues ni feudo se las conoce que
-tanto produzca, ni ya son Dánaes pudibundas que creer nos hagan en las
-lluvias de oro de los Joves de ogaño.
-
-Ofrecedle dificultades al vulgar entendimiento, y veréis a la
-imaginación echarse desatentada por los cerros de Úbeda. Tal sucede en
-el presente caso. No se comprende bien, o no se explica, la razón de su
-predominio y de sus caudales, y cada cual se forja una historia a su
-capricho, fundada sobre vagos rumores; y estas historias juntas quieren
-ser una pequeña parte de la historia de esa dama, a quien se adjudican
-todas las anécdotas _picantes_, todas las frases equívocas, todos los
-triunfos y todos los escándalos con que han inmortalizado sus nombres
-en la _alta_ sociedad las demás mujeres de su talla.
-
-No desconoce ella estos rumores; y como sabe muy bien que son los gajes
-de su oficio, antes la lisonjean que la ofenden.
-
-En las poquísimas veces que se da a luz entre su escogida corte
-bigotuda, los hombres abren calle para que pase, y las mujeres temen
-su mirada como el siervo la de su señor. ¿Qué mayor triunfo para su
-vanidad de mujer _de historia_?
-
-Tan pocas veces se exhibe en público, que yo mismo que trato de hacer
-su monografía, no la he visto jamás, ni la conozco sino por la fama que
-la han dado aquí los que nos dicen que la conocen mucho.
-
-Pero _mito_ o realidad, ella _pasa_ por Santander cada verano, y, como
-al principio dije, se imprime en la fisonomía veraniega del pueblo de
-un modo indeleble, como el detalle que más resalta y hasta da carácter
-e importancia a todos los demás.
-
-Y he aquí por qué yo, que estoy haciendo el croquis de esa fisonomía,
-no puedo prescindir de dibujar en ella tan expresivo pormenor.
-
-Eso haré yo tan solo, y me guardaré muy mucho de escarbar el cutis para
-ver lo que hay debajo.
-
-Quédese esto, en buen hora, para los aduladores que la cantan, o para
-los maldicientes que la despellejan.
-
-Si el calor de unos hechizos que ya no existen derritió el áureo
-pedestal sobre que la adoración de laborioso marido colocó a su propia
-mujer para atraerla el culto de los demás; si la tarea olímpica de
-reponer con otro nuevo cada trono derretido dejó sin fuerzas, sin
-esperanzas y hasta sin vida al desventurado que tal empresa creyó
-fácil; si el peso que a él le mató, abandonado al pie de la montaña
-tuvo nuevos Sísifos que le empujaran, esperando llevarle triunfantes
-hasta la cima, y también rodaron hasta el abismo, desalentados y rotos;
-si mientras duró aquel fuego no le faltaron tronos que consumir, ni
-tesoros que rodar montaña arriba, buscando su calor; si de ese montón
-de escombros y cenizas ha hecho la química de la necesidad inagotable
-venero que surte de esplendor a una soberanía, no destronada, antes
-fortalecida con la augusta diadema de las canas; si éstas no son el
-fruto natural de los años, sino la huella de las tempestades que corrió
-la juventud en el mar de todos los deleites; si el corazón de la
-mujer, que es casi siempre un libro abierto, sin ser por eso un libro
-bueno, _aliquando_ es una caverna con ruidos y sin luz ¿a mí qué me
-cuentan ustedes? ¿qué me importa en el presente caso? Cuéntenselo a
-ese enjambre del _buen tono_ que tanto se paga de ciertos relumbrones;
-cuéntenselo a esa sociedad que se complace en crear ídolos que después
-escupe y despedaza, acaso porque le imponen y amedrentan; cuéntenselo a
-esas gentes del _gran mundo_, para quienes nada es bueno ni plausible,
-sino lo _distinguido_ y _elegante_. Ellas solas son las trompetas de
-esas famas; ellas quienes las elevan y sahúman antes; ellas mismas
-quienes las difaman después.
-
-En cuanto a mí, dibujos hago, que no autopsias; y dibujo es este, _al
-trasluz_, por más señas, sobre los perfiles que la fama trazó. Al
-público sale, pues, como el público le ha forjado: yo no hice más que
-copiarle en esta, por ahora, última hoja de mi cartera.
-
-
-
-
-ÍNDICE.
-
- Páginas.
-
- Al lector. 5
-
- Las de Cascajares. 9
-
- Los de Becerril. 19
-
- El Excelentísimo Señor. 27
-
- Las interesantísimas señoras. 35
-
- Un artista. 43
-
- Un sabio. 57
-
- Un aprensivo. 73
-
- Un despreocupado. 97
-
- Luz radiante. 109
-
- Brumas densas. 125
-
- El Barón de la Rescoldera. 141
-
- El Marqués de la Mansedumbre. 153
-
- Un joven distinguido (_visto desde sus pensamientos_). 167
-
- Las del año pasado. 185
-
- En candelero. 203
-
- Al trasluz. 213
-
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- Tipos Trashumantes, by José María de Pereda&mdash;A Project Gutenberg eBook
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-<body class="formato">
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Tipos trashumantes, by José María de Pereda</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
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-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
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-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<table style='min-width:0; padding:0; margin-left:0; border-collapse:collapse'>
- <tr><td>Title:</td><td>Tipos trashumantes</td></tr>
- <tr><td></td><td>Croquis a pluma</td></tr>
-</table>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: José María de Pereda</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: April 25, 2021 [eBook #65158]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIPOS TRASHUMANTES ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo
- con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
- <img class="thin"
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- </div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <h1>TIPOS TRASHUMANTES</h1>
- <p class="fs110 ws1 mt15">CROQUIS A PLUMA</p>
- <p class="fs75 mt3">POR</p>
- <p class="fs150 ws1 g0 ws1 mt15">DON JOSÉ MARÍA DE PEREDA</p>
-
- <hr class="sep0" />
-
- <p class="fs110 g0 mt2">SANTANDER</p>
- <p>—</p>
- <p class="fs110 ws1"><i>Imprenta y litografía de J. M. Martínez</i></p>
- <p class="fs110 ws1 mt05"><span class="allsmcap">SAN FRANCISCO</span>, 15</p>
- <p>—</p>
- <p class="fs130 g0">1877</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">AL LECTOR.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p><i>Los pueblos, como los hombres, tienen dos fisonomías, por
-lo menos (algunos hombres tienen muchas): la que les es propia por
-carácter o naturaleza, o, como si dijéramos</i>, la de todos los días,
-<i>y la de</i> las circunstancias; <i>es decir</i>, la de los días de
-fiesta.</p>
-
-<p><i>La que en este concepto corresponde a la perínclita capital de la
-Montaña, la forma esa muchedumbre que la invade, en cada año, durante
-los meses del estío, para buscar en ella quién la salud, quién la
-frescura y el sosiego, ora en las salobres aguas del Cantábrico, ora
-contemplando y recorriendo el vario paisaje que envuelve a la ciudad,
-mientras la<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> raza indígena
-la abandona y se larga por esos valles de Dios ansiando la soledad de
-la aldea y la sombra de sus</i> castañeras <i>y</i> cajigales.</p>
-
-<p><i>Para los que solo se fijan en la variedad de matices y en la
-movilidad de los pormenores, esta fisonomía es híbrida, abigarrada,
-indefinible e inclasificable.</i></p>
-
-<p><i>Para un ojo ducho en el oficio, es todo lo contrario. Hay en
-ese movimiento vertiginoso, en ese trasiego incesante de gentes
-exóticas que van y vienen, que suben y bajan, que entran y salen,
-rasgos, colores y perfiles que sobrenadan siempre, y se reproducen
-de verano en verano, como el</i> aire de familia <i>en una larga
-serie de generaciones. ¿No es todo esto una fisonomía como otra
-cualquiera?</i></p>
-
-<p><i>Por tal la juzgo, y muy digna la creo, por ende, de ser
-registrada en el libro de apuntes de quien se precie de pintor
-escrupuloso de costumbres montañesas.</i></p>
-
-<p><i>Y como quiera que yo, si no tengo mucho de pintor, téngolo de
-escrupuloso, abro mi librejo, y apunto..., pero, entiéndase bien,
-sin<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> otro fin que
-refrescar la memoria del que leyere, y con la formal declaración de
-que</i> «<i>cuando</i> pinto, <i>no</i> retrato.»</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2">
- <p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">LAS DE CASCAJARES.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>No es aristócrata por la sangre, ni siquiera tiene un título
-nobiliario de los de nuevo cuño; no por haber llegado tarde al reparto
-de ellos, sino acaso por distinguirse más, llamándose a secas <i>el
-señor de Cascajares</i>.</p>
-
-<p>El cual es un banquero, o hacendado, o contratista de <i>alto
-bordo</i>, muy rico, según la fama, que reside en Madrid, en donde,
-al decir de los que de allá vienen a pasar las vacaciones de verano,
-habita espléndido palacio en el paseo de Recoletos, o elegante casa en
-la calle de Alcalá, o en la del Barquillo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span>Es diputado a Cortes
-cuantas veces quiere, y lo quiere casi siempre, porque todos los
-Gobiernos apoyan su candidatura, en cambio de la decisión con que él
-aplaude a todos los Gobiernos. Sin embargo, no es hombre político: solo
-se comunica con los del poder por el ministerio de Hacienda.</p>
-
-<p>Su señora tiene más conexiones e intimidades que él con los altos
-personajes de la cosa pública. Se tutea con muchos de ellos, aunque
-tampoco es aficionada a la cábala ni al cabildeo; es decir, que le
-gusta el personaje por lo que brilla, y nada más.</p>
-
-<p>Tiene tres hijas solteras, y va con ellas al <i>gran mundo</i>. Ni
-éstas son modelos de hermosura, ni la madre encaja, por ninguna parte
-que se la mire, en el más modesto de los moldes aristocráticos; pero,
-así y todo, pasan en la corte por <i>ornamentos distinguidísimos</i>
-de la <i>alta sociedad</i>. Lo cierto es que los <i>Asmodeos</i> y
-<i>Pedro Fernán<span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>dez</i>
-las citan siempre, en sus almibaradas crónicas de Madrid, en el
-catálogo de las <i>bellas, discretas y elegantes</i>.</p>
-
-<p>Dos hijos varones tienen también los señores de Cascajares. El
-mayor es diplomático; y aunque rara vez sale de Madrid, siempre se le
-considera como en activo servicio, para los efectos de la nómina y del
-escalafón, en una de las embajadas de más categoría. El segundo, que
-pasa ya de los veinticinco, no se ha decidido aún por la carrera que
-ha de seguir. Por de pronto asiste con asiduidad al <i>Veloz-Club</i>
-y al Casino, y sabe poner cien onzas a una sota, sin que le tiemble el
-pulso.</p>
-
-<p>Toda esta gente, más tres doncellas o camaristas, dos criados
-para los señoritos, un sotamayordomo, ú hombre de confianza, para el
-<i>señor</i>, dos lacayitos y un cocinero negro, vienen en el mes
-de Julio a Santander a habitar un piso amueblado, en la población,
-que paga el señor de Cascajares a razón de 8.000 reales<span
-class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> mensuales, con la obligación
-de habitarle dos por lo menos, o de pagarle como si le habitara, y
-de reponer cuanta vajilla, ropa de camas y muebles sufran el menor
-deterioro en el ínterin.</p>
-
-<p>Día y medio dura la mudanza, desde la estación del ferrocarril a
-casa, de los <i>mundos</i>, maletas, cajas, baúles, rollos de mantas,
-bastones y paraguas, que siguen a la familia de Cascajares como la
-estela al buque. Y se llena de baúles un cuarto del patio, y hay mundos
-amontonados en las gabinetes, y cajas sobre todos los veladores, y
-paquetes sobre todas las sillas, y maletas hasta en el mismo salón en
-que aquellas señoras reciben las visitas.</p>
-
-<p>Tanto es el equipaje y tanta la servidumbre, que la familia no
-ha podido colocarse en ninguna fonda del Sardinero; y por acordarse
-tarde, tampoco logró establecerse en uno de aquellos amueblados
-<i>chalets</i>.</p>
-
-<p>Esto tiene disgustadísimas a las <i>niñas</i><span class="pagenum"
-id="Page_13">p. 13</span> y desazonada a la mamá. Y no es para menos el
-caso. <i>Las</i> de Himalaya, las de Tenerife, las de Potosí, las de
-Chimborazo..., en fin, toda la más encumbrada aristocracia está en el
-Sardinero; y ellas, por consiguiente, <i>sin sociedad</i>. Además, mal
-alojadas y achicharradas de calor. (El termómetro marca 20° al sol, y
-cuando ellas salieron de Madrid señalaba 41 a la sombra). Gracias a que
-han conseguido alquilar por toda la temporada un mal carruaje que las
-lleva por la mañana al baño y por la tarde a pasear al Sardinero.</p>
-
-<p>Así es que se las ve poco en la calle; y cuando se las ve, se
-observa que se mueven perezosamente, como buque en <i>calma chicha</i>,
-y miran tiendas, objetos y personas con gesto de hondo disgusto. Si
-alguno las saluda al paso, responden con lánguido cabeceo, que más
-parece desmayo que otra cosa.</p>
-
-<p>Por lo común, se las halla, hechas un racimo y envueltas en
-transparente bata, sentadas en el mirador.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>En esta ocasión
-y en otras varias del día, nunca les falta en la acera de enfrente
-una especie de guardia de honor, compuesta de los arrapiezos más
-encanijados y escrofulosos, pero a la vez más <i>principales</i>, que
-haya en la población. Allí, los inocentes, se pasan las horas muertas
-retorciéndose la inverosímil guía del incipiente bigote, exhibiendo, a
-fuerza de disimuladas contracciones de muñeca, los puños de la camisa,
-esgrimiendo las solapas de la levita para que se destaque en todo su
-desarrollo la curva del robusto pecho, y haciendo, en fin, cuantas
-evoluciones y habilidades pudiera una bestezuela amaestrada por diestro
-gitano para seducir al incauto feriante.</p>
-
-<p>Ya hemos dicho que las de Cascajares no son bellas; pero que son
-<i>distinguidas</i>, categoría inventada en estos tiempos democráticos
-para colocar en ella todo lo que no es vulgo, sin ser aristocracia, no
-por la sangre, sino por <i>el aire</i>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span>El efecto de esta
-<i>distinción</i> se deja conocer en el pueblo inmediatamente. En esos
-días es cuando se tropieza uno con alguna indígena que lleva sobre su
-cuerpo cierta cosa rara que llama nuestra atención; v. gr., un moño
-encima de los riñones, un pispajo de tul en el cogote, el pelo echado
-sobre los ojos, o medio vestido azul y medio de color de canario,
-collar de rollos de canela, o pendientes de melocotón..., cualquiera
-extravagancia por el estilo.</p>
-
-<p>Si tenemos franqueza para tanto, y la preguntamos, deteniéndola en
-la calle, qué es <i>aquello</i>, nos responderá sorprendida:</p>
-
-<p>—¿No le hace a Vd. gracia?</p>
-
-<p>—Maldita.</p>
-
-<p>—¡Oh! pues <i>lo llevan mucho</i> las de Cascajares; y en Madrid
-<i>hace furor</i>.</p>
-
-<p>—¡Hola!</p>
-
-<p>—¿No le gustan a Vd. <i>esas chicas</i>?</p>
-
-<p>—¿Quiénes?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span></p>
-
-<p>—Las de Cascajares.</p>
-
-<p>—La verdad es que no me han llamado la atención...</p>
-
-<p>—¡Oh! ¡pues son muy <i>distinguidas</i>!</p>
-
-<p>Y no es otra, lector, la razón de que muchos arreos femeniles que te
-parecen espantapájaros por esas calles de Dios, se consideren, entre
-las gentes de <i>buena sociedad</i>, como modelos de gracia y bien
-caer.</p>
-
-<p>¡Lo llevaban las de Cascajares!</p>
-
-<p>Y es de advertir que entre los hombres que se pagan mucho del
-adorno exterior, sucede lo propio. Tienen también sus Cascajares
-<i>distinguidos</i> que les hacen zambullirse en unas bragas
-descomunales; ú oprimir el busto entre las láminas de una levita sin
-solapas, sin faldones, y hasta sin paño; o la mollera en un cilindro
-sin alas, o en unas alas sin cilindro.</p>
-
-<p>Volviendo a las de Cascajares, añado que asisten a los bailes
-campestres, muy elegantes, pero con mal gesto; bailan<span
-class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> poco, o no bailan nada. Son
-las últimas que llegan al salón, y las primeras que se retiran de
-él.</p>
-
-<p>Y como son tan distinguidas, suspiran muy a menudo por
-aquel <i>Biarritz de su alma</i>, donde todo es <i>chic</i>
-y <i>confortable</i>. En cuanto a Santander, <i>no las hace
-felices</i>.</p>
-
-<p>El diplomático dice «amén» a todos los discursos de sus hermanas, y
-no se separa de ellas en todo el día. Es autoridad de peso en asuntos
-de moños y vestidos; y en el ramo de modas en general, bastante más
-entendido que en los protocolos de la secretaría de su cargo.</p>
-
-<p>Por lo que hace al otro Cascajares, se levanta a las dos de la
-tarde, come a las seis, se va a la ruleta, si la hay, o a timbirimba
-más <i>fuerte</i>, que sí la habrá, y no vuelve a casa hasta las tres
-de la mañana, viendo siempre las estrellas, aunque el cielo esté
-nublado; porque es de advertir que tropieza mucho en el camino.</p>
-
-<p>En cambio, su papá no tiene más afán<span class="pagenum"
-id="Page_18">p. 18</span> que pasear solo por el Alta; y como se
-acuesta temprano y madruga mucho, sólo ve a su familia a las horas de
-comer. Sabe que está sin la menor novedad en su importante salud, y no
-se mete en otras honduras. Lo mismo hace en Madrid.</p>
-
-<p>Y llega a la mitad el mes de septiembre, vuelven a empaquetar
-los equipajes; y después de haber <i>pagado</i> diez visitas
-de las veinte que deben, tórnanse a Madrid las de Cascajares,
-llevándose las maldiciones de las diez familias con quienes quedan
-<i>en descubierto</i>, y dejando, en cambio, el recuerdo de su
-<i>distinción</i> entre las señoras pudientes, que las imitan en
-cuanto les es dable, así en el vestir como en el andar, y entre
-algunas inocentes <i>cursis</i> que sudan y se desgañitan por remedar
-sus frescas y turgentes sedas, con marchitos tafetanes y delebles
-percalinas.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3">
- <p><span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">LOS DE BECERRIL.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Dos taleguillos blancos llenos de ropa de <i>muda</i>, unas alforjas
-atacadas de chorizos y garbanzos, y un paraguas. Este es el equipaje de
-cada familia al meterse en el tren en la estación más próxima.</p>
-
-<p>Cuando se apean en Santander, el padre carga con las alforjas, amen
-de la capa que también se echa al hombro; la madre con un taleguillo y
-la criatura que amamanta; una jovenzuela con el otro talego, y un rapaz
-de doce años con el paraguas.</p>
-
-<p>Vienen a Santander porque el padre tiene <i>dúlceras</i> en las
-piernas, y <i>dúlceras</i> en el <i>cuadril</i> de la derecha; la
-madre, desde<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> el
-último parto, <i>añudados los gonces</i> de la rodilla izquierda; el
-mamoncillo no puede echar los últimos dientes <i>de por sí solo</i>;
-la jovenzuela ha cumplido ya quince años y está pálida como la cera;
-el rapaz que va para doce, tiene los labios como un embudo y el
-cuello como un botijo, y le salen ya los lamparones por detrás de las
-orejas.</p>
-
-<p>Por consejo del médico de Becerril de Campos, vienen a tomar los
-baños de mar, porque éstos han de curar todas y cada una de las
-dolencias enumeradas.</p>
-
-<p>Con estas esperanzas y aquel equipaje, y en el orden de formación en
-que hemos ido citándolos, llegan a la Dársena y echan Muelle adelante
-con el asombro pintado en los ojos y en la boca.</p>
-
-<p>El molinete que suena; el vapor que cruza la bahía; el ligero
-esquife que se desliza sobre las aguas, como la golondrina en el
-espacio; la sardinera que grita su mercancía; el coche que pasa rápido;
-el carretero que aturde la vecindad con las<span class="pagenum"
-id="Page_21">p. 21</span> blasfemias de costumbre; el marcial arreo
-y las infantiles galas; sedas, tules, libreas y levitas, chaquetas y
-manteos... Todo esto junto y revuelto, casi en torbellino, que es lo
-primero con que tropiezan los ojos del viajero que desde la estación
-del ferrocarril se lanza, de sopetón, al Muelle en una tarde de verano,
-aturde y deslumbra con sobrado motivo al sedentario y patriarcal
-lugareño de tierra de Campos.</p>
-
-<p>Pero el coche, y «los señores,» y el soldado, y «las damiselas,»
-todo, en fin, lo que es terrestre, cabe perfectamente en las
-presunciones de los de Becerril, y luego dejan de admirarlo. Lo que
-realmente los fascina, por de pronto y acaba por atontarlos, es <i>lo
-marítimo</i>. Les faltan ojos para contemplarlo y hasta narices para
-olerlo.</p>
-
-<p>—Míales, míales, hijo —vocea la madre—. ¿No te lo ecía yo?... Más
-altos son los palos que el campanario del pueblo.</p>
-
-<p>—¡Pus anda —añade el padre—, con el<span class="pagenum"
-id="Page_22">p. 22</span> otro que va río abajo! Mal rayo me parta si
-no ahúma como si llevara los demonios aentro. ¿Qué tié que ver el tren
-con esto? ¡Pus ávate con el barquillico que lleva a la zaga!...</p>
-
-<p>—Será la cría, padre —grita el rapaz.</p>
-
-<p>—Puá que, hijo; no te diré yo que no lo sea.</p>
-
-<p>—Y toas estas que están arrimaícas aquí lo paecen tamién... ¡Cristo,
-cuánta barca!... y allá va una cargá de <i>cubetos</i>... ¿Y dende esta
-orillica se pescará el <i>fresco</i>?</p>
-
-<p>—¡Otra con el inocente! Eso se pesca en alta mar, borrico.</p>
-
-<p>—¿Pues no es esto la alta mar?</p>
-
-<p>—¡Anda si qué! ¿Pus no oístes a aquel señor que venía en el tren a
-la vera de tu madre, que esto es el puerto? ¡Qué tié cacer esto pa onde
-está la alta mar!</p>
-
-<p>—Y ¿onde está esa mar?</p>
-
-<p>—En cuantico alleguemos a casa, di que se ve de golpe.</p>
-
-<p>Y en estas y otras por el estilo, admi<span class="pagenum"
-id="Page_23">p. 23</span>rando acá, exclamando allá, parándose aquí,
-retrocediendo en el otro lado, preguntando a este «caballero» y
-a la otra «buena mujer», llegan a Miranda, en cuyo barrio tienen
-<i>apalabrada</i> una habitación que les ha buscado otra familia
-castellana que les precedió en el viaje.</p>
-
-<p>Al ver el mar desde aquellas alturas, los padres se atolondran y los
-hijos se estremecen, considerando que al día siguiente han de meterse
-todos ellos en tales honduras.</p>
-
-<p>Como el barrio de Miranda es el que eligen siempre los castellanos,
-por la doble razón de economía y de proximidad a la playa, tienen
-ocasión los nuestros de hacer rancho en la misma casa en que viven, con
-otros paisanos instalados en ella también. De todas maneras —y por eso
-traen las alforjas llenas de provisiones—, siempre <i>se ajustan</i>
-sin la comida.</p>
-
-<p>El primer baño no le toman sin grandes recelos, sobresaltos y
-serias medita<span class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>ciones:
-los chicos lloran y los grandes tiemblan de miedo, mucho antes de
-temblar de frío; pero, al cabo, bien agarrados éstos a las cuerdas, y
-a empellones los muchachos, van entrando todos poco a poco, hasta que,
-después de acurrucados, les llega el agua al pescuezo. Es decir, que se
-quedan a la orilla, donde, al romper las olas, tras de machacarles los
-cuerpos como mazos de batan, les hacen sorber la arena a carretadas.</p>
-
-<p>En la misma guisa que salieron del tren, exceptuando el detalle
-de las alforjas, van al baño y vuelven de él: con la propia capa el
-hombre, las mujeres con los talegos y la criatura, y el rapaz con el
-paraguas. La capa para arroparse, el paraguas para quitarse el sol el
-de los lamparones, y los taleguillos para guardar la ropa del baño.</p>
-
-<p>Catorce de a media hora recetó a cada uno el médico de Becerril;
-pero ellos que traen muy contado el tiempo y el dinero,<span
-class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span> toman dos cada día, y así
-despachan en una semana, cuando no en media, echándose en remojo una
-hora por la tarde y otra por la mañana.</p>
-
-<p>Siempre que no están en el baño, o comiendo, o durmiendo la
-clásica siesta, se los halla recorriendo las alturas de la costa,
-metiendo la cabeza en todas las grutas y rendijas de las peñas, y
-preferentemente escarbando los arenales para acopiar <i>pelegrinas</i>
-y <i>caracolillos</i>, por cuyas baratijas se perecen.</p>
-
-<p>Antes de volverse a Becerril, o a Frómista, o a Amusco, al
-pueblo, en fin, de Castilla, del cual procedan, bajan dos veces
-a la ciudad: una para verla y comprar a la chica unas arracadas
-de <i>cascaritas</i>, y otra para visitar, <i>por adentro</i>, un
-vapor-correo, y, si le hubiere en el puerto, <i>un barco de Rey</i>.</p>
-
-<p>Por lo demás, son los bañistas más metódicos y decididos de
-cuantos se zambullen en el Cántabro. Ni en los días de más<span
-class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> resaca perdonan el remojón.
-De manera que si también en la hidroterapia obra la fe prodigios, estas
-buenas gentes se vuelven a Becerril tan sanas como corales.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_4">
- <p><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span></p>
- <h2 class="nobreak">EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Una semana antes de suspenderse, por razones de alta temperatura,
-las sesiones de las Cortes, pronunció un discurso de abierta oposición
-a la política del Gobierno. Tres días después se trasladó a Santander
-con su señora, luciendo todavía los tornasoles de la aureola en que
-le envolvió aquel triunfo parlamentario. No hay que decir si llegaría
-hueco y espetado, él que, por naturaleza, es grave y repolludo.</p>
-
-<p>Como ni S. E. ni su señora piensan tomar baños de mar, sin duda por
-aquello de que <i>de cincuenta para arriba, etc...</i>, refrán cuya
-primera parte les coge por la mi<span class="pagenum" id="Page_28">p.
-28</span>tad, no han querido alojarse en el Sardinero; y como tampoco
-quieren el bullicio y las estrecheces del cuarto de una fonda, se han
-acomodado en una modesta casa de huéspedes, ocupando la mejor sala con
-el adjunto gabinete.</p>
-
-<p>Su Excelencia sale a la calle con zapatos de cuero en blanco,
-sombrero hongo de anchas alas, cómoda y holgada americana, chaleco muy
-abierto y tirillas a la inglesa.</p>
-
-<p>Siempre camina lento y acompasado, con las manos cruzadas sobre los
-riñones, y entre las manos la empuñadura de cándida sombrilla. Nunca va
-solo; generalmente le acompañan cuatro o seis personas de la población,
-y de sus ideas políticas.</p>
-
-<p>Marchan en ala, y el personaje ocupa el centro de ella.</p>
-
-<p>A cada veinte pasos hace un alto, y el acompañamiento le rodea.
-Es que va a tocar uno de los puntos graves de su discur<span
-class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span>so; porque es de advertir que
-S. E. no gasta menos, ni aun para diario.</p>
-
-<p>Y, en efecto; si un oído indiscreto se acerca entonces al grupo,
-percibirá estas, ú otras semejantes palabras, dichas en tono campanudo
-y resonante:</p>
-
-<p>—Porque, señores: los hombres que hemos adquirido la experiencia
-del gobierno con amargos desengaños, debemos al país toda la verdad,
-todo el esfuerzo de nuestro patriotismo acrisolado. Por eso, si en el
-Parlamento, como la Europa ha visto, fui implacable con los hombres de
-la situación, lo fui mucho más, lo estoy siendo todos los días en el
-terreno de mis personales relaciones con todos ellos. Momentos antes
-de salir de Madrid, decía yo al Presidente del Consejo de Ministros:
-«Esa que ustedes siguen es una política de aventuras; y ciegos están
-si no ven que con ella está el país al borde de un abismo... El país
-no quiere utopías; el país quiere hechos prácticos; el país quiere
-re<span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span>formas tangibles
-y beneficiosas; el país quiere economías positivas; y ustedes, para
-corresponder a sus justos anhelos, le dan la dictadura en Hacienda, el
-cáos en la política y el desconcierto en todo.»</p>
-
-<p>—¡Bravo! —exclamará aquí uno de los oyentes que más arriman los
-asombrados ojos a los crespos bigotes del orador—. Y él, ¿qué le
-respondió a Vd.?</p>
-
-<p>—¿Qué me respondió? —replicará S. E. mirando al interpelante como si
-fuera a tragársele, y recorriendo luego el grupo con la vista airada,
-haciéndole desear por un buen rato la respuesta—. Lo de siempre: que el
-estado del país; que el desbarajuste de las pasadas administraciones;
-que los compromisos contraídos; que la demagogia; que la revolución
-latente; que la necesidad de cimentar las instituciones... ¡Farsa,
-señores, farsa todo!</p>
-
-<p>—¡Pues es claro! —responderá el coro.</p>
-
-<p>Y el orador, después de pasear otra vez la vista por los
-circunstantes, sin añadir<span class="pagenum" id="Page_31">p.
-31</span> una sola palabra, erguirá la cerviz, fruncirá el ceño, y
-continuará su paseo.</p>
-
-<p>Y así hasta el infinito.</p>
-
-<p>Por la noche, aquellos mismos complacientes y complacidos caballeros
-le acompañan al <i>Círculo de Recreo</i>; y dicho se está que le
-llevan, medio en triunfo, al salón del <i>Senado</i>, venerable
-mansión donde, al revés de la cárcel del mísero Cervantes, «toda
-<i>comodidad</i> tiene su asiento y <i>ni el más leve</i> ruido hace su
-habitación.»</p>
-
-<p>Allí se levantan los más autorizados <i>señores</i> al ver al
-recién llegado, cédenle la poltrona presidencial; y, alargando tirios
-y troyanos el pescuezo y los hocicos (<i>intentique ora tenebant</i>,
-que dijo el otro) dispónense a escuchar, sin perder sílaba, la
-quincuagésima octava variante sobre el consabido tema...</p>
-
-<p>Que sigue y se reproduce también en el camino del Sardinero, que
-gusta S. E. de recorrer a pie, muy a menudo.</p>
-
-<p>Y así va corriendo la temporada, salpi<span class="pagenum"
-id="Page_32">p. 32</span>mentando sus solaces con tal cual visita a
-éste o al otro personaje que veranea en la playa, o pasa de largo para
-el extranjero.</p>
-
-<p>Al fin del verano se le lleva un día a ver el Instituto, y otro a
-la Farola de Cueto, que, por lo visto, es todo lo monumental que aquí
-tenemos, digno de que lo vean esos señores; y hasta el año que viene,
-si para entonces no está S. E. en candelero... o en las Marianas, que
-de todo se ha visto.</p>
-
-<p>Cuando el personaje montó en el coche que le llevó a visitar la
-Farola, se notó que le acompañaba una señora, sobrado vulgar de
-aspecto, y nada joven, por las trazas. Aquella señora era la suya; y
-entonces se la vio en público por primera vez.</p>
-
-<p>Extrañó mucho la gente reparona que un señor de tal fachada y
-de tantos requilorios, hubiera elegido una compañera de tan vulgar
-modelo.</p>
-
-<p>Pero estos reparones no reparan que<span class="pagenum"
-id="Page_33">p. 33</span> los hombres no nacen para ser personajes
-como los príncipes para ser reyes; y así les sucede a muchos lo que al
-cosaco Kalmuff, que «como no esperaba llegar a sargento, descuidó un
-poco la letra»; es decir, que como al verse abogados sin pleitos, o
-<i>temporeros</i> de una modesta tesorería de provincia, o alféreces
-de reemplazo, no pudieron soñar que el viento de una revolución, o
-los caprichos de la fortuna los colocasen en las mayores alturas del
-presupuesto, no se les ocurrió entonces tomar una señora de majestuoso
-porte, para reflejar en ella en el día de la apoteosis los relumbrones
-del oficio.</p>
-
-<p>Mas a esto dicen también las gentes, que en España todos los
-hombres, en cuanto llegan a serlo, debieran prepararse para lo más
-grave, porque parece ser, y varios hechos lo atestiguan, que, por una
-rara excepción de la naturaleza, <i>todos los españoles servimos para
-todo</i>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span></p>
- <h2 class="nobreak">LAS INTERESANTÍSIMAS SEÑORAS.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Generalmente son dos: rubia la una, morena la otra; pero esbeltas
-y garridas mozas ambas. Arrastran las sedas y los tules como una
-tempestad las hojas de otoño. De aquí que unos las crean elegantísimas,
-y otros charras y amaneradas. Pero lo cierto es que los otros y los
-unos se detienen para verlas pasar, y las ceden media calle, como
-cuando pasa el rey.</p>
-
-<p>Como nadie las conoce en el pueblo, las conjeturas sobre
-procedencia, calidad y jerarquía, no cesan un punto.</p>
-
-<p>El velo fantástico de sus caprichosos sombrerillos, que llevan
-siempre sobre la<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> cara,
-es el primer motivo de controversias entre el sexo barbudo. Si aquellos
-ojos rasgados, y aquellas mejillas tersas, y aquellos labios de rosa
-que se ven como entre brumas diáfanas, son primores de la naturaleza, o
-artificios de droguería. Esta es una de las cuestiones. Pero aunque se
-resolviera en favor de la pintura, no sería un dato; porque ¿qué mujer
-no se pinta ya?</p>
-
-<p>Otra duda: ¿dónde viven? Se averigua que se hospedaron en una fonda
-muy conocida, a su llegada a Santander, y que permanecieron en ella
-tres días, durante los cuales las acompañó por la calle varias veces un
-inglés <i>cerrado</i>.</p>
-
-<p>Primera deducción: que son inglesas.</p>
-
-<p>A esto replica un curioso que las siguió entonces muy de cerca,
-que siempre hablaban por señas a su acompañante, y que le decían
-«<i>aisé</i>» para llamar su atención. Dato feroz: de él se
-desprende que no son inglesas, ni tienen la más esmerada edu<span
-class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>cación, puesto que usan ese
-vocablo con que el tosco populacho bautiza a todo extranjero cuando
-quiere decirle algo.</p>
-
-<p>Pero un joven optimista hace saber que esa palabra es compuesta de
-dos inglesas, muy usuales en la conversación, y que equivalen a <i>digo
-yo</i>, o mejor aún, a nuestro familiar <i>oiga usted</i>.</p>
-
-<p>Se desecha el dato desagradable.</p>
-
-<p>Ignorándose dónde viven después que salieron de la fonda, se las
-sigue discretamente con objeto de averiguarlo. Trabajo inútil. Como si
-el pueblo fuera para ellas tramoya de magia, desaparecen en el punto y
-hora que les convienen.</p>
-
-<p>Estas contrariedades excitan doblemente la curiosidad y multiplican
-la suma de los curiosos y de los admiradores, cuya voracidad fomentan
-ellas, sin pretenderlo quizá, exhibiéndose con nuevas y más atractivas
-galas, y más sandunguero garbo.</p>
-
-<p>A todo esto, los que las suponen de <i>solar conocido</i> alegan que
-las han visto en<span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span> el
-teatro, en dos butacas. Pero esto es poco y equívoco.</p>
-
-<p>Otros, de mejor instinto investigador, declaran que las vieron, días
-antes, salir de la iglesia: este es mejor dato, sin duda.</p>
-
-<p>Pero otro mucho más elocuente se ofrece a los pocos días.</p>
-
-<p>Se las ve en el baile campestre, lo cual, ya lo sabe el lector,
-constituye aquí casi una ejecutoria de limpia prosapia.</p>
-
-<p>Sin embargo, todavía no resuelve ni aclara nada este dato.
-Asistieron a la fiesta, aunque con intachable arreo, solas como
-de costumbre. Se observó que no quisieron bailar, no obstante las
-muchas invitaciones que otros tantos despreocupados las hicieron. La
-incipiente juventud no se atrevió a tanto desde que notó que las damas
-<i>distinguidas</i> las miraban de reojo.</p>
-
-<p>Esto era muy significativo. No pudo averiguarse, por más que se
-registraron al otro día los billetes de convite entregados<span
-class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> al portero del salón, qué
-socio las había dado la credencial para entrar allí.</p>
-
-<p>Inútil es decir que estas nuevas confusiones excitan más y más el
-afán de las conjeturas acerca de las desconocidas. Las señoras del
-pueblo comienzan a ocuparse de ellas con alguna vehemencia, y también
-se dividen en pareceres.</p>
-
-<p>No falta ya quién asegura que son dos princesas rusas que se han
-propuesto darse, a todo gusto, un paseo por Europa. Pero como hay
-también quien afirma que hablan el castellano, y hasta con cierto
-dejillo andaluz, se conviene en que <i>serán</i> dos sevillanas de buen
-humor, cuyos maridos llegarán de un momento a otro.</p>
-
-<p>Esta suposición coincide con el aserto de un curioso, de que, según
-noticia de Pedro, tomada de Juan, que a su vez la tomó de Felipe, las
-dos incógnitas tienen letra abierta en una casa de comercio, de las más
-respetables de la plaza.</p>
-
-<p>Y entonces es cuando empieza a vaci<span class="pagenum"
-id="Page_40">p. 40</span>lar la repugnancia que hacia ellas sentía
-la femenil sociedad indígena. Y tanto vacila y tanto decae, que si
-a la sazón no asisten aquellas al más encopetado baile particular,
-o a la tertulia más <i>entonada</i>, es o porque no ha habido una
-disculpa para invitarlas, o porque ellas no han querido aceptar la
-invitación.</p>
-
-<p>Tal sube y baja en el humano criterio el concepto que en él se
-forjan los hombres... y las mujeres, dejándose seducir por las
-apariencias.</p>
-
-<p>Un día se observa que al pasar junto a uno de esos forasteros
-bullidores y omniscientes, en lo que respecta a pueblos, tipos y
-costumbres, y de quien hablaré al lector más adelante, le sonríen con
-inusitada familiaridad, a cuyo agasajo corresponde él flagelando el
-vestido de la rubia con dos golpecitos de bastón.</p>
-
-<p>Entonces se le asedia, se le acosa, se le marea con preguntas de
-todos los colores.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>Asómbrase el
-interpelado del asombro de los interpelantes, y dales una respuesta
-brevísima.</p>
-
-<p>—¡No es posible! —se le replica.</p>
-
-<p>—Con verlo basta, caballeros.</p>
-
-<p>Desde el día siguiente se las mira en la calle como a <i>gente
-conocida</i>, y se observa un hecho bien opuesto a todo lo usual y
-corriente en el trato social; y es a saber, que a medida que van ellas
-ensanchando sus relaciones entre los antes codiciosos de sus miradas y
-preferencias, van éstos escatimándoles sus atenciones en público; es
-decir, que más se aíslan cuanto más se comunican.</p>
-
-<p>Muy poco tiempo después tiene lugar el completo eclipse de estos dos
-astros, que aparecieron entre los de primera magnitud.</p>
-
-<p>Y llamo <i>completo</i> al eclipse, porque se necesita un ojo muy
-avezado a la observación para distinguirlos, de vez en cuando, en las
-alturas de un palco segundo del<span class="pagenum" id="Page_42">p.
-42</span> teatro, oscurecidos ya por la luz de una candileja; o
-describiendo, como fuegos fatuos, caprichosos giros y recortes en el
-Muelle, al desembarcar en él los indianos de un vapor-correo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_6">
- <p><span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">UN ARTISTA.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>—¿Gusta Vd. que le sirva, cabayero?</p>
-
-<p>—Sí, señor.</p>
-
-<p>—Sírvase Vd. tomar asiento aquí... ¿Qué va a ser?</p>
-
-<p>—¿Cuál?</p>
-
-<p>—Digo si gusta Vd. cortarse, rizarse...</p>
-
-<p>—Quiero que me afeiten.</p>
-
-<p>—Al momento, cabayero... ¿Le gusta a Vd. así el respaldo? ¿Quiere
-Vd. que le suba..., que le baje?</p>
-
-<p>—No, señor.</p>
-
-<p>—Muy bien. ¿Fría, o caliente?</p>
-
-<p>—Como a Vd. le dé la gana, con tal que me afeite pronto y bien.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span></p>
-
-<p>—¡Oh! como una seda, cabayero... Un poquito más alta la barbiya,
-si Vd. gusta... Así... ¿Qué calores tenemos, eh? ¡Cómo se estará
-asando aquel Madrí!... ¿Hace mucho que no ha estado Vd. por Madrí,
-cabayero?</p>
-
-<p>—Y ¿qué sabe Vd. si yo he estado allá alguna vez?</p>
-
-<p>—¡Oh! yo le conozco a Vd.</p>
-
-<p>—Pues que sea por muchos años.</p>
-
-<p>—Sí, señor. Cuando vino Vd. a cortarse el pelo anteayer, me lo dijo
-el chico que le sirvió a Vd.</p>
-
-<p>—Es decir, que es Vd. nuevo en esta peluquería.</p>
-
-<p>—Ocho días hace que llegué de Madrí.</p>
-
-<p>—Como en verano se aumenta la parroquia...</p>
-
-<p>—No, señor: yo he venido <i>de placer</i>; quiero decir, a baños.</p>
-
-<p>—Vamos, afeita Vd. por recreo.</p>
-
-<p>—Hágase Vd. cuenta que sí; porque lo que sucede es de que al saberse
-que yo ha<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>bía venido, me
-solicitó el maestro; y yo, por hacerle un favor...</p>
-
-<p>—Ya lo comprendo.</p>
-
-<p>—Como a mí, en dejándome tiempo para bañarme, una hora para el café
-y otras dos para ir con los amigos al paseo, no me hace falta el resto
-del día...</p>
-
-<p>—¿Y todos los años viene Vd. a bañarse aquí?</p>
-
-<p>—No, señor. Esta es la primera vez; pero otros amigos de mi arte
-han venido otros veranos, y me han hablado muy bien de este pueblo.
-Lo demás, yo siempre <i>he salido</i> a San Sebastián. Hay muy buena
-sociedad allí.</p>
-
-<p>—De modo que Vd. no piensa quedarse todo el año en esta barbería.</p>
-
-<p>—¡Qué ha dicho Vd! ¡Dejar yo aquel Madrí... Madrí de mi alma!...
-Desengáñese Vd. cabayero; nosotros, los artistas, acostumbrados a aquel
-mundo, no servimos para provincias.</p>
-
-<p>—Según eso, nacería Vd. allí.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>—Naturalmente,
-cabayero.</p>
-
-<p>—Lo supongo; y supongo también que será extremada la necesidad que
-tiene Vd. de los baños de mar, cuando sale Vd. todos los veranos a una
-miserable provincia para tomarlos.</p>
-
-<p>—Yo le diré a Vd. lo que hay. Mi papá estuvo en Ultramar muchísimo
-tiempo desempeñando un buen destino, y a los dos años de venir él de
-allá, nací yo... Por cierto que mi mamá tuvo un parto atroz... ¿Hace
-daño?</p>
-
-<p>—¿Cuál, hombre?</p>
-
-<p>—La navaja.</p>
-
-<p>—Va «como una seda.»</p>
-
-<p>—Es claro... Pues verasté. Yo me crié muy delicadito, y los médicos
-decían que unos tumores como puños que me salían en salva la parte,
-eran <i>escrúfulas</i>, <i>ínticas</i> a las que papá había traído de
-América.</p>
-
-<p>—Pero las llevaría ya de España.</p>
-
-<p>—No señor, los cogió allá.</p>
-
-<p>—Yo creía que las escrófulas no se adquirían así tan de repente.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span></p>
-
-<p>—Por eso decían los médicos, cabayero, que cuando las
-<i>escrúfulas</i> se cogen de golpe y a esa edad, ya no se sueltan; y a
-más a más se pegan.</p>
-
-<p>—Ya me voy enterando.</p>
-
-<p>—Como que mamá, que nunca las había tenido de joven, se fue a
-la sepultura llena de ellas... Pues verasté: y criándome yo tan
-delicadito, dijeron los médicos que necesitaba poco trabajo y mucho
-baño de mar. Por eso nunca pude ir al colegio; que, por lo demás, mi
-papá quería que yo estudiara para ingeniero. Pero papá era muy liberal,
-y murió en la Plaza de la Cebada... de un tiro, cuando la revolución
-del cincuenta y cuatro. Entonces mi mamá no pudo con el susto, se
-le metieron en el cuerpo las <i>escrúfulas</i>, y murió también.
-Quedándome yo huérfano y con pocos recursos, me dediqué a este arte,
-y con él voy viviendo, gracias a los baños de mar que tomo todos los
-veranos... ¿Quiere Vd. que le descañone?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>—Haga Vd. todo lo de
-costumbre.</p>
-
-<p>—Y Vd., cabayero, ¿no se da luego una vuelta por Madrí? Conocerá Vd.
-allí mucha gente.</p>
-
-<p>—No tanta como Vd.</p>
-
-<p>—¡Oh! yo conozco a todo el mundo... Sobre todo, artistas y
-literatos.</p>
-
-<p>—¡Anda!</p>
-
-<p>—No sé si vendrá este año por aquí Benito.</p>
-
-<p>—¿Qué Benito?</p>
-
-<p>—Galdós.</p>
-
-<p>—Parece que le trata Vd. con mucha confianza.</p>
-
-<p>—Muchísima. Cuando salí de Madrí quedaba él dando las últimas
-<i>plumeadas</i> a un libro muy bonito que va a publicar en seguida.</p>
-
-<p>—Se le leería a Vd.</p>
-
-<p>—Porque yo no quise que se molestara, no me le leyó; pero hablamos
-de él, así, por encima.</p>
-
-<p>—Vamos, le gustará su parecer de Vd.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span></p>
-
-<p>—Aunque yo no debiera decirlo... ¿No ve Vd. que no se riza con nadie
-más que conmigo?</p>
-
-<p>—Es extraño eso; porque yo juraría que gasta el pelo rapado.</p>
-
-<p>—Efectivamente: pero yo me refería a la barba.</p>
-
-<p>—Siempre se la vi afeitada.</p>
-
-<p>—Pues se la afeito yo, cabayero.</p>
-
-<p>—¡Ah! ya.</p>
-
-<p>—Y la misma intimidad tengo con Adelardo Ayala. Pues ¿y con
-Campoamor?... El primero que le dio la mano cuando se <i>echó</i> el
-último <i>dracma</i> suyo, fui yo. «Gracias, chico —me dijo—, y créete
-que estimo tu enhorabuena como la mejor.»</p>
-
-<p>—De modo que trata Vd. a toda la literatura por debajo de la
-pata.</p>
-
-<p>—Hágase Vd. cuenta que a toda... ¡Qué <i>chicos</i>! Tienen la
-gracia de Dios... Pues ahí está <i>Lagartijo</i> que dice en el
-<i>Imperial</i> a voz en cuello, que la tarde que no estoy yo en la
-plaza no sabe dar un volapié. ¡Ese sí que <i>tiene sombra</i>!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>—¿El
-<i>Imperial</i>?</p>
-
-<p>—No, señor, <i>Lagartijo</i>... Así decimos en Madrí... Cosas
-de esos chicos del <i>Gil Blas</i>. Aquí, en provincias, tiene uno
-que mirarse mucho para hablar, porque enseguida se <i>escama</i> la
-gente.</p>
-
-<p>—Ya ve Vd., la ignorancia...</p>
-
-<p>—Es natural; porque no están, como uno, al tanto de las cosas del
-día..., pero allí, aunque no se quiera, hay que <i>estruirse</i>...
-Misté, cabayero; yo estoy todo el año en la peluquería de Prats,
-que es la mejor de Madrí. Allí el literato; allí el músico; allí el
-diputado... Para que Vd. vea: ocho días antes que Salaverría leyera en
-las Cortes los presupuestos últimos, sabia yo todo aquello del recargo
-que tanto dio que hablar. Lo mismo me sucedió con lo de los fueros. Así
-es que yo tengo a montones las papeletas para las trebunas de orden; y
-si no voy a todas las sesiones, es porque, para mí, todo lo que no sea
-hablar Emilio, o Roque Barcia...</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span>—De modo que es Vd.
-de los que llaman «de la cáscara amarga.»</p>
-
-<p>—Pues ahí verá Vd... No, señor. Por de pronto, yo no soy ya hombre
-de opinión, porque los desengaños me han hecho <i>ateo</i> en política;
-pero, de estar por alguno, más bien estoy por los de guante blanco,
-que, al cabo, se peinan y se afeitan, y son, como el otro que dice,
-parroquianos de uno. Es que esos oradores yo no sé qué tienen para mí.
-Bien séase que no los entiendo, o que lo dicen con cierto... Vamos,
-ello es que me llevan detrás, como si me <i>dechizaran</i>... Aquí, en
-provincias, estarán ustedes poco al tanto de esas cosas.</p>
-
-<p>—Nada, hombre, nada.</p>
-
-<p>—Es natural. Les falta el roce y la... Allí da gusto; de todo se
-trata y en todo se ilustra la persona... ¿Descañono más?</p>
-
-<p>—Está bastante.</p>
-
-<p>—¿Fría, o caliente?</p>
-
-<p>—De la más fría.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>—Tenga Vd. la bondad
-de <i>ensugarse</i> con esta <i>toballa</i>. Le daré a Vd. unos golpes
-de peine.</p>
-
-<p>—¿En dónde?</p>
-
-<p>—En el pelo... ¡Oh, cabayero, qué antigua es ya esa moda que Vd.
-<i>lleva</i>! Ahora, en Madrí, todos los chicos <i>distinguidos</i>
-llevan el pelo en <i>bandós</i>...</p>
-
-<p>—Sí, ¿eh? Pues deje Vd. lo mío como está, y así seré mucho más
-<i>distinguido</i>.</p>
-
-<p>—Como Vd. guste, cabayero... ¿Conque también tienen ustedes ya
-tranvía?</p>
-
-<p>—Así parece.</p>
-
-<p>—Han querido imitar al de Madrí. ¡Aquel sí que es tranvía!</p>
-
-<p>—Mejor que éste, ¿eh?</p>
-
-<p>—¡Qué tiene que ver! Sin embargo, cabayero, para una provincia, éste
-es todo lo que se puede pedir.</p>
-
-<p>—Ya me hago cargo. Además, aquel recorre sitios más amenos.</p>
-
-<p>—¡Muchísimo más! Recoletos, la calle de Alcalá, la Mayor, Palacio,
-el barrio de<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> Pozas...,
-todo Madrí; conque, figúrese Vd.</p>
-
-<p>—Al paso que aquí, Molnedo, San Martín, la Magdalena, el
-Sardinero...</p>
-
-<p>—Eso es: mucho prado, mucha mar..., rústico todo. Pero no hemos de
-pedir en una provincia las ventajas de un Madrí. ¡Cuántas tiene Vd.
-en España todavía mucho más atrasadas que ésta! Pero ya irán ustedes
-entrando poco a poco. Por de pronto, la buena sociedad madrileña que
-les visita todos los veranos, ya adorna esto, y algo ilustra. Misté;
-el domingo fui yo en el tranvía, y se me figuraba que estaba en Madrí.
-Todos los pasajeros éramos de allá, y todos conocidos. Así es que la
-gente se nos quedaba mirando cuando nos apeamos.</p>
-
-<p>—¡Qué le parece a Vd.!</p>
-
-<p>—Lo mismo me sucede cuando voy por las mañanas a tomar el baño.
-Toda la gente que anda por el arenal y por la galería, somos de Madrí.
-De modo que todo se le vuelve a uno saludar. Le digo a Vd.,<span
-class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> cabayero, que algunas veces
-me parece que estoy en el <i>Prao</i>, y me da tristeza.</p>
-
-<p>—¿Por qué, hombre?</p>
-
-<p>—Ya ve Vd. la <i>diferiencia</i>. Cuatro peñascos, un arenal y <i>un
-poco</i> de agua. Compáreme Vd. esto con aquel gentío de carruajes, con
-aquellos palacios y aquel <i>vaivién</i> de sociedad, que a veces no
-<i>cabemos</i> en el salón..., porque, créame Vd., cabayero, aquello
-es <i>la mar</i> de elegancia... Esto no es decir que el Sardinero sea
-del todo malo, pues, para una provincia, no puede pedirse más; pero
-desengáñese Vd., a los que estamos hechos a aquel Madrí... ¡Ay, Madrí
-de mi alma!... Está Vd. servido, cabayero.</p>
-
-<p>—Muchas gracias, amigo.</p>
-
-<p>—Me alegraré haberle dado gusto.</p>
-
-<p>—Pues vaya Vd. alegrándose.</p>
-
-<p>—Ya lo sabe Vd.; por ahora, desgraciadamente, aquí; desde el mes
-que viene, calle del Carmen, peluquería de Prats, para cuanto se le
-ocurra.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>—No olvidaré las
-señas. Conque agur, y aliviarse de las <i>escrúfulas</i>.</p>
-
-<p>—Tantísimas gracias... Beso a Vd. su mano, cabayero.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_7">
- <p><span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">UN SABIO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Al siguiente día de su llegada a Santander, o acaso sin sacudirse
-el polvo del camino, dáse a conocer en tertulias y corrillos diciendo,
-con la mayor impavidez, que España es un país de estúpidos, y que
-la capital de la Montaña es el último rincón del país, puesto que
-no hay un solo montañés que conozca <i>la telematología</i>, ni
-la <i>filosofía del sentimiento estético en sus relaciones con la
-actividad del yo pensante, en, dentro, sobre, sobre en y por debajo
-de la conciencia universal</i>. Pero esta ignorancia no le sorprende
-en un pueblo en que <i>todavía</i> oyen misa los hombres que se
-llaman ilus<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>trados,
-y desconocen a <i>Jeeéguel</i> (muy arrastrada la J) o Hegel, como
-decimos las personas vulgares.</p>
-
-<p>Y ahora que el lector sabe algo sobre la venida de este huésped, voy
-a decirle otro poco acerca de su procedencia.</p>
-
-<p>La humana debilidad tiende, por instinto, a lo más cómodo, hacedero
-y comprensible.</p>
-
-<p>Por eso a los grandes apóstatas, aunque arrastrados a la apostasía
-por el demonio de la soberbia, o de la codicia, o de la concupiscencia,
-nunca les han faltado inocentes que formen su cortejo.</p>
-
-<p>Pero llegó el siglo <span class="allsmcap">XIX</span>, hijo legítimo
-de la glacial filosofía del <span class="allsmcap">XVIII</span>, y la
-masa dócil a tantas voluntades durante tantos siglos de controversias
-y de charlatanes, endurecióse como el mármol, y hasta el más lerdo
-se convenció de que en estos días esplendorosos, de luz y de
-<i>pronunciamientos</i>, ya no cabe el cisma, por la sencilla razón
-de que el que se separa de la<span class="pagenum" id="Page_59">p.
-59</span> verdad católica no es para proclamar otra <i>creencia</i>,
-sino para dudar de todas; y dudar de todas equivale a carecer de
-entusiasmo, que es hijo de la fe; y careciendo de fe y de entusiasmo,
-no cabe la disputa, ni por consiguiente la escuela. Es decir, que
-los disidentes de la verdad «ya no creen en brujas,» o, hablando más
-en carácter de <i>época</i>, están «curados de espantos,» en plena
-<i>despreocupación</i>. Deducción lógica de esto: No puede darse una
-ocasión que sea menos a propósito que la presente para fundar sectas
-religiosas y sistemas filosóficos.</p>
-
-<p>Pues bien, lector; en ninguna otra, desde que el mundo es mundo,
-se han hecho mayores esfuerzos para arrastrar a la razón humana a
-los extremos que más la repugnan; jamás se ha visto mayor cúmulo
-de desatinos presentados como armas de seducción, unos en el campo
-religioso, otros en el filosófico y otros en el de la política;
-siendo inútil advertir que<span class="pagenum" id="Page_60">p.
-60</span> todas estas agrupaciones, tan diferentes entre sí, coinciden
-en un punto: el consabido odio <i>a las viejas instituciones y
-creencias</i>.</p>
-
-<p>Ni de los fundadores, ni de los pontífices, ni de los apóstoles
-(aunque todo ello suele andar en una sola pieza) de estas doctrinas,
-ni siquiera de los adeptos que lo sean <i>de veras</i>, voy a ocuparme
-aquí, gracias a Dios.</p>
-
-<p>Pero es el caso que alrededor de estas colmenas de insípida melaza,
-bulle de continuo un enjambre de zánganos impresionables, que, so
-pretexto de un amor desmedido a lo <i>nuevo</i> y a lo <i>fuerte</i>,
-pero incapaces de elaborar cosa propia, aunque sea mala, van chupando,
-a hurtadillas, cien desatinos de la filosofía, cincuenta extravagancias
-de lo religioso y doscientas majaderías de la política; y con estas
-provisiones en el buche, mal digeridas, así por falta de jugos como
-por la indigesta condición de lo engullido, échanse zumbando por esos
-mundos de Dios, y<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> aún
-pretenden elevar su vuelo hasta las águilas, porque les han dicho que
-aquello que les nutre el menguado entendimiento se llama <i>ciencia
-moderna</i>.</p>
-
-<p>Uno de estos <i>sabios</i> es el huésped consabido.</p>
-
-<p>Y ya que tampoco ignoras de dónde viene, continúo leyéndote todas
-las señas particulares de su pasaporte.</p>
-
-<p>Generalmente es <i>tipo</i> por su figura, o por el corte de su
-vestido, y joven; porque no se concibe que pueda llegar nadie a la edad
-de las canas con tantos grillos en la cabeza.</p>
-
-<p>Ni la experiencia, ni la erudición más vasta en el campo de los
-<i>viejos sistemas</i>, le merecen el menor respeto; porque él ha
-asistido durante dos meses a una cátedra de filosofía krausista en
-la universidad de Madrid, y sabe, por boca de uno de los oráculos
-españoles de esta escuela alemana, que «<i>cada filósofo debe construir
-su propia ciencia sin necesidad de abrir un libro</i>.» Y<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> tan al pie de la letra ha
-tomado el consejo, a tal extremo ha llevado el asco a los libros, que
-ni siquiera conoce la gramática castellana.</p>
-
-<p>Ya hemos visto, al dársele a conocer al lector, qué desparpajo le
-presta o le infunde esta <i>ilustrada</i> ignorancia; mas como aquella
-tesis la repite donde quiera que halla tres hombres reunidos, y como no
-es raro que entre tantos haya muchos a quienes sobre de buen sentido lo
-que les falte de <i>ciencia moderna</i>, su temporada de verano es una
-pelea sin tregua ni sosiego.</p>
-
-<p>Porque es de advertir que, aunque de pronto se le escucha como quien
-oye llover, una vez <i>metido en barro</i> ya no hay paciencia que
-sufra tantas salpicaduras al sentido común, única <i>ciencia</i>, a mi
-entender, que se <i>construye</i> sin abrir un libro, por la sencilla
-razón de que no hay libro que enseñe a construirla cuando Dios ha
-negado a alguno la <i>materia prima</i>.</p>
-
-<p>Sin este lastre en la cabeza, claro es<span class="pagenum"
-id="Page_63">p. 63</span> que, como todo lo henchido de aire, o menos
-pesado que él, este sabio, no bien se agita un poco, ya está dando
-tumbos por el espacio y perdiéndose de vista en el infinito. Por
-eso lo primero que <i>discute</i>, y con doble afán si hay mujeres
-en el auditorio, es a Dios, es decir, al <i>Dios de las viejas
-creencias</i>.</p>
-
-<p>Eso de <i>Dios Trino y Uno</i>, tiénelo él por logomaquia.</p>
-
-<p>La <i>conciencia humana</i> no siente este concepto <i>absurdo</i>;
-la mente, por tanto, no le penetra, no le alcanza.</p>
-
-<p>Entonces es la ocasión de echar atrás las solapas del levisac, poner
-la cara hosca, y lanzarse sobre los ignorantes con este párrafo que,
-según el sabio, es claro, perceptible y concluyente:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«<i>Dios es el absoluto ser, en su total unidad e integridad,
- como lo que es y de lo que es, en la esencial sustantiva unión
- y composición del ser y del existir, del conocer y del pensar,
- dándose y determinándose en, dentro y<span class="pagenum"
- id="Page_64">p. 64</span> debajo de la unidad, sabiéndose de sí,
- para sí y consigo, congrua, individual y homogéneamente, antes y
- sobre toda determinación concreta de la materia caótica en tiempo
- y espacio, medio en que lo objetivo y lo subjetivo recíprocamente
- comulgan.</i>»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>En seguida apoya su aserto con la autoridad de los <i>santos</i>
-padres, o pontífices de <i>su</i> iglesia, Krause, Sanz del Río y
-Salmerón, mira en derredor de sí con cara de lástima, y pasa a otra
-cosa.</p>
-
-<p>Nada le <i>repugnaba</i> tanto cuando él <i>era</i> católico «por no
-disgustar a su <i>pobre</i> madre que creía como una <i>inocente</i>
-todas <i>esas cosas</i>,» como los milagros, lo sobrenatural: y lo del
-premio y el castigo inmediatos a la muerte del cuerpo, ni más ni menos
-que si Dios llevara una cuenta corriente a cada una de sus criaturas.
-Esto es empequeñecer la idea, agraviar a la razón humana que es un
-destello divino, etc., etc.</p>
-
-<p>Y he aquí que comienza a cantar endechas al <i>espiritismo</i>, de
-cuya secta se decla<span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>ra
-partidario y hasta miembro integrante. Y siendo espiritista, cree, por
-ende, y así lo manifiesta, que los espíritus vagan por el espacio,
-ramoneando de planeta en planeta, como carneros trashumantes, para
-purificarse por una serie de trasmigraciones, hasta que Dios los llame
-junto a sí, después de juzgarlos dignos de Él: cree, por tanto, en
-los metaespíritus, y que el hombre está en la tierra, de tránsito,
-procedente ya de otro planeta, o de otra criatura de diferente
-condición social o naturaleza, y ni siquiera niega que pueda él mismo
-haber sido asno tiempos atrás, por más que —¡otro contrasentido!— no
-le guste que se lo llamen. En fin, repugnándole todo lo sobrenatural,
-y hasta negándolo con indignación, nos cuenta entusiasmado que se pasa
-las horas muertas hablando mano a mano con el espíritu de Confucio... o
-con el de Sancho Panza (pues inspirados <i>eruditos</i> hay en la secta
-que se lo han tragado), si es <i>medium</i>, por<span class="pagenum"
-id="Page_66">p. 66</span> su propia virtud, y si no, por el del hermano
-que la posea; y le cuentan que esto está perdido, y que la Iglesia
-caerá, y que prevalecerá lo que quieran Bassols, Solanot y otros
-cuantos apóstoles de la doctrina famosa... Y todo esto y mucho más se
-lo cuentan en parábolas y rengloncitos entrecortados, que necesitan
-luego una interpretación no poco ingeniosa.</p>
-
-<p>También en este trance tapa la boca a los incrédulos que se ríen
-al oírle, con nombres propios. En seguida enjareta una letanía de los
-más sonados en España entre políticos y militares, los cuales sujetos
-hacen lo mismo que él, y <i>aliquid amplius</i>, en esas conferencias
-con los espíritus; cuya prueba, no por ser irrecusable, porque es
-la pura verdad, levanta un ápice la cuestión ante el testarudo y
-arranciado sentido común que escucha al sabio; pues se obceca aquel
-inconquistable tribunal en sostener que en ninguna parte hay reunidas,
-en menos terreno, más extravagan<span class="pagenum" id="Page_67">p.
-67</span>cias, más monomanías, más opuestas condiciones sociales que en
-un manicomio, y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido tomar por lo
-serio aquella algarabía de insensatos.</p>
-
-<p>Indígnale también que existan <i>todavía</i> hombres que se llaman
-ilustrados sosteniendo que la raza humana, entera y verdadera, procede
-de Adán. Parécele absurda esta <i>teoría</i>; y buscando otra más
-verosímil, y hasta solar más noble a la humanidad, agárrase a Darwin,
-y pónese muy hueco al declarar con este otro sabio que el hombre
-desciende del mono —cosa que muchos <i>ignorantes</i> no negarían si
-todos los ejemplares de la especie fueran idénticos al preopinante—.
-Verdad es que el sustentar esta teoría le permite soltar la palabreja
-<i>antropiscos</i> o <i>antropoides</i>, que no es despreciable
-para un sabio de su calibre, y tapar con ella el resuello al que
-le pregunte por la raza que debió llenar el abismo que separa al
-cuadrúmano famo<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>so, del
-más estúpido de los hombres.... Por eso me gustan a mí los sabios (y
-no aludo ahora al de mi cuento): se tropiezan en sus investigaciones
-con un abismo sin fondo, y le cubren con una palabra rimbombante; y
-saltando sobre ella, para no sentir el vértigo que les perdería, siguen
-adelante tan satisfechos como si la senda no tuviera un bache: todo
-menos retroceder ante el precipicio, para buscar otro camino más seguro
-y más frecuentado. Digo esto, porque la tal palabreja es la tapadera
-que ponen los darwinistas sobre el abismo de su peregrina teoría. ¡Como
-si el tal abismo no fuera para ellos toda la cuestión!</p>
-
-<p>Volviendo ahora a nuestro sabio, digo que si se logra hacerle
-descender de esas alturas en que se mece tan a su gusto, y bajar al
-mundo terreno, se le ve lanzarse rápido sobre la memoria de los grandes
-hombres; porque ésta es de las águilas que no pierden el tiempo cazando
-mos<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>cas. La calidad del
-auditorio es lo que menos le importa.</p>
-
-<p>Así, por ejemplo, al primer tratante en caldos que halla a mano, le
-enreda en una discusión sobre Cervantes.</p>
-
-<p>—<i>Concedo</i> —dice el <i>generoso</i> sabio— que no fue el autor
-del <i>Quijote</i> un hombre <i>enteramente vulgar</i>, teniendo en
-cuenta la época en que vivió; pero ¿qué materiales dejó preparados
-para la <i>arquitectónica</i> de la ciencia moderna? ¿No están sus
-obras impregnadas del estúpido fanatismo religioso? Lo mismo a él que a
-Calderón les faltó la <i>filosofía de la estética</i>, que les hubiera
-enseñado lo poco que valían sus creaciones <i>por sí, mediante, en, con
-relación al idealismo trascendental, en cuanto, sobre, antes y después
-de</i>.</p>
-
-<p>Por el mismo procedimiento demuestra el <i>idiotismo</i> de Colón,
-la <i>candorosa</i> ignorancia de <i>Agustín</i> (como no cree en
-brujas, le suprime la santidad), el espíritu <i>mezquino</i> de
-Raimundo Lulio, la <i>charlata<span class="pagenum" id="Page_70">p.
-70</span>nería</i> de Balmes, y la sublime metafísica de las coplas de
-Mingo Revulgo.</p>
-
-<p>Ninguno de estos hombres, ni otros infinitos que cita sin pararse
-en barras, hicieron cosa alguna en beneficio de la humanidad
-<i>progresiva</i>; les faltó la gran idea del símbolo, del
-<i>schema</i>, o séase <i>la gráfica determinación en que la naturaleza
-y el espíritu se unen en forma de lenteja</i>.</p>
-
-<p>¿Necesito añadir que la aspiración política de este mozo es ir tan
-lejos como puedan llevarle <i>las corrientes de la idea nueva</i>, o
-los huracanes de la libertad de su altivo pensamiento?</p>
-
-<p>Así es, en efecto; y conste que, según propia declaración, para
-colocarse en la senda que necesita su razón sin trabas ni cortapisas,
-ha comenzado por tomar en una logia masónica el nombre de <i>Wamba</i>,
-y por jurar, <i>a oscuras</i>, sacrificarse en cuerpo y alma a la
-voluntad de un superior a quien no conoce, sin que le sea lícito
-preguntar jamás el <i>por qué</i> ni el <i>para<span class="pagenum"
-id="Page_71">p. 71</span> qué</i> de los esfuerzos que se le
-<i>impongan</i>.</p>
-
-<p>En fin, lector ignorante, después de volcar este ollón de potaje
-religioso-filosófico-político en plazas, casinos, tiendas y cafés, es
-cuando el sabio, para rematar la obra, encaja este ribete, pespunteado
-con aires de protección y tono campanudo:</p>
-
-<p>—Esto se llama, señores, estar penetrado del <i>ideal de la
-humanidad</i>; esa ciencia sublime, mediante la cual, el hombre,
-<i>artista de su vida, determinándose en todas las esferas de la
-actividad, se hace divino en, bajo, mediante Dios</i>.</p>
-
-<p>Mas, a pesar de la sustancia de este luminoso dato, oigo al
-asombrado lector preguntarme: Pero ¿adónde va ese mozo con semejante
-galimatías en la cabeza?</p>
-
-<p>¿Adónde va? En Madrid al Ateneo, si hemos de creerle.</p>
-
-<p>En Santander, a lo que hemos visto, a difundir la luz; a tomar el
-aire... y, <i>aliquando</i>, a la ruleta.</p>
-
-<p>Mañana... (si antes no se cura) al Lim<span class="pagenum"
-id="Page_72">p. 72</span>bo, que es la mansión adonde van a parar los
-que en vida tuvieron la enfermedad debajo del pelo.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_8">
- <p><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">UN APRENSIVO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Puede ser de Rioseco, lo mismo que de Palencia o de Zamarramala.
-No es viejo, ni tampoco joven, ni rubio, ni moreno, ni alto, ni bajo,
-ni rico, ni pobre. Trajo baúl de cuero peludo y sombrerera de cartón.
-Hospedóse como pudo, y al día siguiente fue a entregar la carta
-de crédito que traía, a su orden, contra una casa mercantil de la
-plaza.</p>
-
-<p>—¿Los señores de Tal y Cual y Compañía?</p>
-
-<p>—Servidores de Vd.</p>
-
-<p>—Tenga Vd. la bondad de enterarse de esta esquelita.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>—Cúbrase Vd. y
-siéntese.</p>
-
-<p>—Muchas gracias.</p>
-
-<p>—¿Quiere Vd. recibir ahora la cantidad que los Sres. Morcajo y
-Compañía nos mandan poner a su disposición?</p>
-
-<p>—No, señor; iré tomando a cuenta lo que necesite, si a ustedes les
-parece.</p>
-
-<p>—Como Vd. guste. Y ¿cómo están aquellos señores?</p>
-
-<p>—Tan guapamente... quiero decir, salvo el sobrehueso del D.
-Atanasio, que no le deja moverse de la silla cuatro años hace.</p>
-
-<p>—Eso es lo peor. ¿Y Vd., a lo que parece, se ha venido por ahí a
-veranear?</p>
-
-<p>—No fuera malo, señor mío. Por ese solo placer quedárame en casa,
-que los tiempos no están para moverse de ella. Vengo, créalo Vd., por
-la necesidad que tengo de tomar los baños.</p>
-
-<p>—¿Y ya está Vd. instalado?</p>
-
-<p>—Sí, señor: ahí paro en cá de un paisano, en Santa Clara. Mucha
-bestia, mucha<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> mosca y
-bastante ruido hay; pero como dicen que el olor de la cuadra es bueno
-para el pecho, no me pesa haber encontrado eso. Yo mejor querría un
-parador con vistas a la mar alta; pero mire Vd. que llegué a dar hasta
-doce reales por un cuarto en el Sardinero, y el demontres del posaero
-se me echó a reír. Conque volvime ahumando a la ciudad, donde pago
-medio duro. Le digo a Vd. que la vida cuesta aquí un sentido. Pero la
-pícara necesidad de los baños...</p>
-
-<p>—Pues hombre, el semblante de Vd. revela mucha salud.</p>
-
-<p>—Calle Vd., por Dios, que estoy hecho una carraca vieja... Como
-que si en este mar no la compongo, no me queda más remedio que la
-huesera...</p>
-
-<p>—¿Ha tomado Vd. ya algún baño?</p>
-
-<p>—Si llegué ayer, de tardecita; y en un carricoche fui al Sardinero,
-y en el mismo me volví, ya de noche, cuando vi lo caro que andaba
-por allí el hospedaje. Ahora<span class="pagenum" id="Page_76">p.
-76</span> vuelvo allá a enterarme de lo tocante al baño; porque pensar
-que me he de meter yo en lo que no conozco, siquiera de oídas, es
-pensar los imposibles. Conque, si ustedes no mandan otra cosa, me
-alegro de verlos tan buenos, reconózcanme por un servidor, y hasta
-otro día, que algunos he de volver, si Dios quiere y la salud me lo
-permite.</p>
-
-<p>—Muchísimas gracias, y que aprovechen los baños.</p>
-
-<p>—Pues si no me pintan, no será por falta de <i>modo</i> para
-tomarlos.</p>
-
-
-<h3>EN LA PLAYA.</h3>
-
-<p>—Conque, según las trazas, es Vd. bañero.</p>
-
-<p>—Ya ve Vd.</p>
-
-<p>—Vaya, pues lo celebro. Yo también vengo a tomar baños.</p>
-
-<p>—Me alegraré que aprovechen.</p>
-
-<p>—Así lo espero. Y diga Vd. ¿está esto muy hondo?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>—Hay de todo. Si se
-queda Vd. cerquita...</p>
-
-<p>—¿Y si entro mucho?</p>
-
-<p>—Si entra Vd. mucho, hallará más agua.</p>
-
-<p>—Quiere decir que según voy entrando...</p>
-
-<p>—Le va a Vd. cubriendo, cubriendo...</p>
-
-<p>—Eso es, hasta que ¡plaf! se va uno al hondo.</p>
-
-<p>—Cuando no se sabe nadar...</p>
-
-<p>—Pues es una broma pesada. Y diga Vd., ¿estarán firmes estas
-cuerdas?</p>
-
-<p>—Ya lo ve Vd.</p>
-
-<p>—De modo que, bien agarrado uno a ellas, aunque venga la ola de
-firme... Diga Vd., ¿de qué lado suelen venir?</p>
-
-<p>—Hombre, según sople el viento; pero, por lo común, de frente, como
-ahora.</p>
-
-<p>—Quiere decirse..., eso es, que poniéndome de cara hacia afuera, las
-recibiré en las espaldas... Pero entonces no veré lo que viene sobre
-mí. ¿Cuál le parece a Vd. lo mejor?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>—Eso va en gustos.</p>
-
-<p>—Como tiene Vd. la experiencia ya... ¿Y si me tiran?</p>
-
-<p>—No suelte Vd. la cuerda.</p>
-
-<p>—¿Y si la suelto?</p>
-
-<p>—Le tiran a Vd.</p>
-
-<p>—¿Y qué hago entonces?</p>
-
-<p>—Agarrarse a la arena.</p>
-
-<p>—¿Es seguro eso?</p>
-
-<p>—A veces.</p>
-
-<p>—Pero ¿no están ustedes para sacar de tales apuros?</p>
-
-<p>—Cuando se nos manda.</p>
-
-<p>—¿Y si no se lo mandan a ustedes?</p>
-
-<p>—Nos estamos, como ahora, paseando por el arenal.</p>
-
-<p>—¿Aunque yo me esté ahogando?</p>
-
-<p>—Si le viéramos a Vd., y hubiera tiempo...</p>
-
-<p>—Es decir, que puede no haberle.</p>
-
-<p>—Ya lo creo.</p>
-
-<p>—¡Canastos! Pues ¿cómo hay ahora otros bañeros con aquellas
-mujeres?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>—Porque los han
-pedido y pagado.</p>
-
-<p>—¡Ah! vamos. Pues yo también tomaré uno... ¿Tiene Vd. mucha
-fuerza?</p>
-
-<p>—¿Para qué la necesita Vd.?</p>
-
-<p>—Hombre, para un apuro de esos de que íbamos hablando.</p>
-
-<p>—¿Va Vd. a empezar hoy a bañarse?</p>
-
-<p>—No señor, mañana. Ahora vengo a tomar informes de esto, porque a
-mí no me hace gracia meterme en lo que no conozco... Por de pronto, me
-gustaría más la playa si fuera llana, siquiera media legua adentro.</p>
-
-<p>—Tendría que ver.</p>
-
-<p>—Dicen que algunas son así.</p>
-
-<p>—Valientes playas serán esas.</p>
-
-<p>—¿Quiere decir que ésta es mejor?</p>
-
-<p>—Como ésta no la hay, hombre.</p>
-
-<p>—Y el agua, ¿también es buena?</p>
-
-<p>—De la mejor que se conoce.</p>
-
-<p>—Pues eso es lo esencial para los que venimos a bañarnos
-por necesidad. Y, a propósito: yo quisiera ver al médico del
-establecimiento. ¿Andará por acá?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span>—Cabalmente está
-ahora en la galería... Mírele Vd.</p>
-
-<p>—¿Quién es?</p>
-
-<p>—Aquel señor de la barba negra que está hablando con otro joven
-delgadito.</p>
-
-<p>—Pues voy a verle antes que alguno le comprometa... Conque, amigo,
-muchas gracias por todo, y hasta mañana; porque yo desearía bañarme con
-Vd.</p>
-
-<p>—Si estoy desocupado entonces, con mucho gusto.</p>
-
-<p>—Pues lo dicho, dicho.</p>
-
-<p>—(Como yo te eche la zarpa, menudo remojón vas a chuparte... ¡Yo te
-diré de qué lado viene la mar!)</p>
-
-
-<h3>CON EL MÉDICO.</h3>
-
-<p>—Saludo a Vd., caballero.</p>
-
-<p>—Beso a Vd. su mano.</p>
-
-<p>—Me han dicho que es Vd. el facultativo del establecimiento.</p>
-
-<p>—Tengo en él mi gabinete de consultas.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>—Es igual. Pues yo
-quería consultar.</p>
-
-<p>—Cuando Vd. guste...</p>
-
-<p>—Ahora mismo.</p>
-
-<p>—Pase Vd. a esta habitación... Sírvase Vd. tomar asiento.</p>
-
-<p>—Muchísimas gracias, señor de... ¿de qué, si no le incomoda?</p>
-
-<p>—Zorrilla.</p>
-
-<p>—¡Hombre! Como ese que hace coplas. ¿Son ustedes parientes, por si
-acaso?</p>
-
-<p>—Sospecho que no.</p>
-
-<p>—Es que es paisano mío ese Zorrilla, y podría Vd. serlo también.</p>
-
-<p>—Pues hágase Vd. la cuenta de que no lo soy.</p>
-
-<p>—Vaya, pues lo siento; porque cuando se halla uno con gente de la
-misma tierra, le parece que no ha salido de casa... Pero es igual, con
-tal que la salud... Pues yo quería consultar sobre la mía.</p>
-
-<p>—Vd. dirá.</p>
-
-<p>—¿Cuántos baños cree Vd. que debo tomar yo, de cuánto tiempo y a qué
-hora?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span>—Si Vd. no me dice
-antes por qué los necesita...</p>
-
-<p>—Pues por la salud.</p>
-
-<p>—Ya lo supongo; pero la salud se quebranta por mil causas; cada
-causa puede dar origen a una enfermedad, y cada enfermedad necesita un
-tratamiento determinado.</p>
-
-<p>—Es verdad, y voy a decirle a Vd. de contado lo que padezco. Pues
-amigo de Dios, ha de saberse Vd. que todo ello resulta de un susto que
-cogió mi madre el día en que se casó.</p>
-
-<p>—¡Es raro eso, hombre!</p>
-
-<p>—¿Por qué?</p>
-
-<p>—Porque no hallo concomitancia... Si el susto le hubiera cogido
-algún tiempo después...</p>
-
-<p>—Es que yo soy <i>sietemesino</i>.</p>
-
-<p>—¡Vamos! Eso ya varía de especie.</p>
-
-<p>—Pues sí señor; se escapó un novillo que se había de correr
-aquella misma tarde en la plaza, y arremetió a mi padre en<span
-class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> el momento de salir de la
-Iglesia con mi madre, después de casados. Mi madre se desmayó al verlo,
-vino gente, salvaron a mi padre como de milagro, recogieron a mi madre;
-y sobre si tuviste tú la culpa o la tuve yo, armose después en el
-pueblo una de palos que el mundo ardía. Mi madre tardó en volver en sí,
-pero no echó el susto del cuerpo en mucho tiempo; y puede asegurarse
-que en todo el embarazo no fue ya mujer: un soponcio le iba y otro le
-venía. De resultas de todo esto, nací yo hecho una miseria, y hágase
-Vd. la cuenta que el verme vivo a los siete años le costó a mi padre
-un sentido. El ruido de una puerta me tumbaba en el suelo; el aire me
-hacía toser; con el frío, sabañones; con el calor, agonías; con el
-agua fresca, pasmos; con la templada, vómitos..., en fin, que llegué
-de milagro a los diez y ocho años. A esa edad me entoné un poco ya;
-y como quedé huérfano y tuve que atender a mis haciendas, el trabajo
-y la distracción<span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span>
-me arreglaron el cuerpo algo más, y así estoy; pero, créame Vd.,
-aborrecido de cambiar de médicos y de medicinas. Tan pronto que baños
-calientes de esta clase; tan pronto que de la otra; tan pronto que las
-del río; hoy que friegas, y mañana que restregones; hasta que un médico
-de regimiento que pasó por el pueblo y que venía recomendado a un amigo
-mío, me aconsejó que tomara los baños de mar... y aquí me tiene Vd.</p>
-
-<p>—Bien está; pero todavía no me ha dicho Vd. qué dolencia es la que
-principalmente le aflige.</p>
-
-<p>—Pues todas esas de que le he hablado.</p>
-
-<p>—¿Cuáles?</p>
-
-<p>—Mire Vd., por de pronto, el estómago.</p>
-
-<p>—¿Le duele a Vd.?</p>
-
-<p>—No, señor.</p>
-
-<p>—¿Hace Vd. malas digestiones?</p>
-
-<p>—¡Por ahí!</p>
-
-<p>—Siente Vd. ardores...</p>
-
-<p>—¡Quiá! Lo que me pasa es que yo soy<span class="pagenum"
-id="Page_85">p. 85</span> de mucho comer, y que en cuanto como algo más
-que lo de costumbre, siento aquí un peso...</p>
-
-<p>—¿Y repugnancia?</p>
-
-<p>—No, señor; nada más que el peso, que me dura como un par de
-horas..., hasta que...</p>
-
-<p>—Vomita Vd., ¿eh?</p>
-
-<p>—No, señor, me quedo como un reló... y con un hambre de dos mil
-demonios.</p>
-
-<p>—¡Hola!</p>
-
-<p>—Y eso es lo que a mí me hace cavilar, porque parece mentira que con
-lo que yo como no se me quite el hambre..., y, sobre todo, el peso.</p>
-
-<p>—Y la cabeza ¿qué tal?</p>
-
-<p>—La cabeza..., esa es otra más gorda. Cuando tenía veinte años,
-resistía yo el sol de la era toda la mañana, en pelo, sin que uno de
-ellos me doliera; pues ahora ¡ya te quiero un cuento! a las dos horas
-de estar al sol, ya sudo, y me entran los desperezos... Y esto es lo
-que también me va dando cuidado.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>—Y es grave, en
-efecto.</p>
-
-<p>—¡Lo ve Vd.!</p>
-
-<p>—Sí, señor, bastante grave... ¡muy grave!</p>
-
-<p>—Cuando le digo a Vd. que paso la vida en una agonía... Y lo que más
-rabia me da, es que todo el mundo dice que me quejo de vicio, y que
-patatín y que patatán... ¡Hasta los facultativos se han reído de mí!...
-Conque ¿le parece a Vd. que me sentarán estos baños?</p>
-
-<p>—Están indicadísimos.</p>
-
-<p>—Y ¿cuántos?</p>
-
-<p>—Lo mismo una docena que dos.</p>
-
-<p>—Yo creí que siempre se tomaban nones.</p>
-
-<p>—Tome Vd. nones.</p>
-
-<p>—Así me parece mejor. Y ¿de cuánto tiempo?</p>
-
-<p>—Hasta que Vd. tirite de frío.</p>
-
-<p>—Y mientras esté de baños, ¿podré tomar fresco?... porque a mí me
-gusta mucho.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span>—A mí también en este
-tiempo.</p>
-
-<p>—Luego ¿cree Vd. que podré tomarlo?</p>
-
-<p>—A todas horas.</p>
-
-<p>—¿Antes del baño también?</p>
-
-<p>—Y después del baño.</p>
-
-<p>—¿Y para el desayuno también?</p>
-
-<p>—También para el desayuno.</p>
-
-<p>—¡Caramba!... Y ¿qué fresco elegiré?</p>
-
-<p>—El que corra.</p>
-
-<p>—¿Y si corren varios?</p>
-
-<p>—Los toma Vd. todos.</p>
-
-<p>—¡Hombre, será mucho! Yo prefiero la merluza sola.</p>
-
-<p>—¡Ah! vamos. Vd. me hablaba del pescado.</p>
-
-<p>—Sí, señor, le llamamos <i>fresco</i> en mi tierra.</p>
-
-<p>—Pues, en ese caso, tengo que corregir... El mejor pescado para Vd.
-es el atún.</p>
-
-<p>—No me disgusta; pero yo creía que era más <i>pesado</i> que la
-merluza. Y ¿a qué hora lo tomaré?</p>
-
-<p>—Un poco antes de meterse en el baño.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span>—¡Hombre! ¿Y en qué
-cantidad?</p>
-
-<p>—Un par de libras, si caben.</p>
-
-<p>—¡Yo lo creo!</p>
-
-<p>—Pues a ello.</p>
-
-<p>—¿En seco?</p>
-
-<p>—De ningún modo.</p>
-
-<p>—Entonces, clarete.</p>
-
-<p>—Nada de eso; aguardiente es mejor reactivo.</p>
-
-<p>—Es verdad. Y diga Vd., ¿cómo aprovecha más el baño, entrando poco a
-poco o de sopetón?</p>
-
-<p>—Ni de un modo ni de otro: a Vd. le conviene el trote.</p>
-
-<p>—Y después me acurruco, agarrado a la cuerda.</p>
-
-<p>—No, señor; después de darse Vd. una trotada por el arenal...</p>
-
-<p>—¡Ah! ¿conque ha de ser por el arenal?</p>
-
-<p>—Precisamente; se echa Vd. de cogote...</p>
-
-<p>—¿Al agua?</p>
-
-<p>—Naturalmente.</p>
-
-<p>—Pero ¿cómo?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span>—¿Sabe Vd. nadar?</p>
-
-<p>—Como un canto.</p>
-
-<p>—Entonces véngase Vd. a la galería, y desde allí le enseñaré yo...
-¿Ve Vd., a la derecha, aquel peñasco que se mete más que los otros en
-el mar?</p>
-
-<p>—Sí que le veo.</p>
-
-<p>—Pues desde allí se tira Vd. de cabeza.</p>
-
-<p>—¡Zambomba!... ¿Y después?</p>
-
-<p>—¿Después...? Después va Vd. a contárselo a su abuela.</p>
-
-<p>—Ja, ja, ja... ¡qué buen humor tiene este señor de Zorrilla!...
-¡Pues anda! que se ha largado... y sin cobrar la consulta. A bien
-que todos los días he de verle después del baño para explicarle el
-resultado y pedirle el plan para el siguiente.</p>
-
-
-<h3>EN LA DESPEDIDA.</h3>
-
-<p>—Conque, vaya Vd. mandando lo que se le ofrezca para mi tierra.</p>
-
-<p>—¡Tan pronto!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>—Y la mitad me
-sobra.</p>
-
-<p>—Como vino Vd. a bañarse...</p>
-
-<p>—A matarme, dirá Vd.</p>
-
-<p>—Es decir, que no han sentado los baños.</p>
-
-<p>—En la misma boca del estómago..., y eso tan solo con olerlos.
-Conque, ¡figúrese Vd. si llego a probarlos!</p>
-
-<p>—No comprendo...</p>
-
-<p>—¿No se acuerda Vd. que le dije que el médico me había mandado
-tomar, antes de bañarme, dos libras...</p>
-
-<p>—Mucho que sí.</p>
-
-<p>—...Y Vd. se empeñaba en que era una broma del señor de Zorrilla
-para darme a entender que yo era un aprensivo, y que torna y que vira?
-¡Mal rayo me parta!... Pues bueno: yo que tomo al pie de la letra
-todo lo que toca a la salud y al modo de recobrarla, porque la tengo
-perdida, aunque diga lo contrario el mundo entero, el día siguiente al
-de la consulta me bajé por la mañana al Sardinero, después de haberme
-envasado las dos libras de<span class="pagenum" id="Page_91">p.
-91</span> bonito y el medio cuartillo de aguardiente. Vestime de
-bañista, salíme al arenal, y comencé a trotar en redondo. La gente me
-miraba. Eran las diez, y no parecía sino que Dios echaba rescoldo por
-el cielo abajo, según las ampollas que sacaba el sol. A la media vuelta
-ya sudaba, y a los cinco minutos hubiera jurado yo que el aguardiente
-estaba en llamas y el bonito hecho una lumbre... ¡Le digo a Vd. que
-aquello era abrasarse vivo! Así es que, a las pocas vueltas, porque las
-daba por largo, me caí redondo en el arenal. Acudió la gente, y también
-el médico que andaba por allí, hízome echar por la boca hasta los
-hígados; y después de llamarme bárbaro muy serio, contó a la gente lo
-de la consulta, y acabaron todos por reírse de mí. ¿Le parece a Vd. que
-el lance era de risa?... Pues toda esa falta de caridad la enmendó el
-facultativo con decirme que cómo él pudo imaginarse nunca que hubiera
-un hijo de Adán tan... Adán,<span class="pagenum" id="Page_92">p.
-92</span> que tomara en serio lo del bonito y lo del trote antes del
-baño; que si lo que yo había tenido en el cuerpo lo mete él debajo de
-una peña, la levanta en vilo; que si, hallándome vivo después de lo
-ocurrido, no me convencía de que mi salud era de bronce; y, por último,
-que no tentara más a Dios, que me volviera a mi pueblo a cuidar de mis
-haciendas, y que no aburriera más al prójimo llorando males que no
-tenía... Con esta rociada por todo consuelo, me vestí, volvime a la
-posada y me metí en la cama a sudar, que poco me costó con el calor que
-hacía.</p>
-
-<p>—¿De manera que ha hecho Vd. el viaje en balde?</p>
-
-<p>—No lo crea Vd..., y por algo se dijo que «por lo más oscuro
-amanece.» Hablando yo de estas cosas, a los tres días, con un compañero
-de posada, me dijo que él también había rodado mucho por el mundo
-buscando la salud, y que no la había encontrado hasta que se la
-dio un curan<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>dero,
-¡pásmese Vd.!, un remendón que trabaja en un portal de esta misma
-ciudad. ¡Y decir a Dios que hay médicos que gastan coche! Pues señor,
-que me alegró la noticia, que me animé y que fui a consultar con el
-curandero... Le digo a Vd. que es preciso verlo para creerlo. No hizo
-más que saber que yo estaba enfermo, y sin dejarme hacerle historia
-alguna de la enfermedad, me estiró los brazos hacia adelante, me juntó
-las manos, y poniéndome una de las suyas en la boca del estómago, me
-dijo: «Vd. tiene toda la maleza en el arca, motivado a que los güétagos
-se han arrimado mucho al padrejón, a causa —¡esto es lo más asombroso!—
-de que las dos paletillas no encajan bien en el espinazo...» Pues en
-esto, señor mío, no ha dado hasta hoy ningún facultativo.</p>
-
-<p>—Lo creo sin dificultad. ¿Y qué remedio le dio para tan complicada
-enfermedad?</p>
-
-<p>—Uno que me parece tan sencillo como<span class="pagenum"
-id="Page_94">p. 94</span> cuerdo: dos parches y un haz de yerbas. Uno
-de los parches me coge desde la nuca hasta la <i>curcusilla</i>; el
-otro es para encima del estómago.</p>
-
-<p>—¿Los tiene Vd. puestos ya?</p>
-
-<p>—No señor; los llevo para ponérmelos en cuanto llegue a casa;
-porque, tan pronto como me bizme, tengo que meterme en la cama y estar
-en ella veintisiete días, boca arriba, sin moverme.</p>
-
-<p>—¿Y las yerbas?</p>
-
-<p>—Las yerbas son para cocerlas. De este cocimiento he de tomar,
-mientras esté en la cama, dos azumbres por la mañana y otras dos
-por la tarde. De este modo dice el curandero que romperé en aguas
-abundantes, y que a la vez que con ellas sale toda la maldad, con los
-parches fortificaré el estómago y entrarán en sus propios gonces las
-paletillas... Conque, sírvase Vd. darme lo que me resta del crédito que
-traía, porque ya me parece que tardo en llegar a casa para ponerme en
-cura, y<span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> mande lo que
-guste para aquellos señores.</p>
-
-<p>—¿Resueltamente va Vd. a ejecutar el plan del curandero?</p>
-
-<p>—Como estamos aquí los dos.</p>
-
-<p>—En ese caso, venga un abrazo..., y apriete Vd. bien.</p>
-
-<p>—¿Por qué tan apretado?</p>
-
-<p>—Por si no volvemos a vernos.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_9">
- <p><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">UN DESPREOCUPADO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Se da un aire a todos los hombres que conocemos o recordamos, de
-escasa talla, comunicativos, afables, sin afectación ni aparato,
-limpios y aseados, que siempre parecen jóvenes, y llegan a morirse de
-viejos sin que nadie lo crea, porque hasta el último instante se les ha
-llamado <i>muchachos</i> y por tales se les ha tenido; hombres por el
-exterior insignificantes y vulgares hasta en el menor de sus detalles:
-hombres, en fin, de todos los pueblos, de todos los días y de todas
-partes.</p>
-
-<p>Se llama Galindo, o Manzanos, o Cañales, o Arenal..., o algo
-parecido a esto<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span>, pero
-a secas; y a nadie se le ocurre que tenga otro nombre de pila, ni él
-mismo le usa nunca.</p>
-
-<p>—¡Ya vino Galindo! —se nos dice aquí un día al principiar el
-verano—. Y cuantos lo oyen saben de quién se trata, como si se
-dijera:</p>
-
-<p>—Ya llegaron las golondrinas.</p>
-
-<p>Tiene fama, bien adquirida, de fino y caballero en sus amistades
-y contratos, y no se ignora que vive de sus rentas, o a lo menos sin
-pedir prestado a nadie, ni dar un chasco a la patrona al fin de cada
-temporada; y esto es bastante para que hasta los más encopetados de acá
-se crean muy favorecidos en cultivar su trato ameno.</p>
-
-<p>Al oírle hablar de las cinco partes del mundo con el aplomo de quien
-las conoce a palmos, tómanle algunos por un aristocrático Esaú que ha
-vendido su primogenitura por un par de talegas para <i>correrla</i>;
-quién por un aventurero osado, sin<span class="pagenum"
-id="Page_99">p. 99</span> cuna ni solar conocidos: quién por antiguo
-miembro del cuerpo consular, o diplomático de segunda fila... Pero lo
-indudable es que ha viajado mucho, y con fruto; y que no teniendo en
-su frontispicio pelo ni señal que no sean comunes y vulgares, no hay
-terreno en que se le coloque del cual no salga airoso, cuando no sale
-en triunfo.</p>
-
-<p>Tampoco, mirado <i>por dentro</i>, posee cualidad alguna que
-brillante sea.</p>
-
-<p>No es elocuente, no es poeta, no es artista: no es perfecto ni
-acabado en nada.</p>
-
-<p>Pero, en cambio, tiene un poco de todo... y algo más: es, por de
-pronto, un estuche de <i>cosas</i>. En manejarlas a tiempo consiste su
-habilidad.</p>
-
-<p>Con ella y con su impenetrable <i>cara de baqueta</i>, en su boca
-no se distingue la verdad de la mentira, y eso que las echa gordas;
-y en cuanto a sus <i>cosas</i>, ni es avaro ni despilfarrador de
-ellas; quiero decir que ni es entremetido, ni se hace rogar<span
-class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span> mucho. Como los buenos
-músicos, entra en el concierto en que hace falta, cuando le
-corresponde: ni antes ni después.</p>
-
-<p>Cuando, por primera vez y solo, se presenta en una tertulia, nadie
-frunce el ceño ni le pregunta con gestos o con palabras: «¿Qué busca
-Vd. por aquí?» Antes bien, se le recibe con palio, y se le dice, entre
-sonrisas y agasajos:</p>
-
-<p>—¡Oh... Galindo! ¡Acabara Vd. de llegar!</p>
-
-<p>Ni más ni menos que si se le esperara y fuera antiguo contertulio
-de la casa. Y desde el mismo instante, Galindo es el alma de aquellas
-reuniones.</p>
-
-<p>Una noche falta quien toque el piano para bailar. Galindo no conoce
-una nota de música; pero sabe de oído unas cuantas piezas de baile;
-y se sienta en el banquillo y araña el teclado, y toca lo que se
-necesita.</p>
-
-<p>No tiene voz, ni condición alguna de cantante, y cuando llega el
-caso, acompañándose él mismo al piano, suelta un<span class="pagenum"
-id="Page_101">p. 101</span> par de canciones picarescas de acá o de
-allá, que alborotan la reunión. Si se trata de hacer coplas, nadie le
-gana a hacerlas pronto y al caso, aunque le ganen todos a poeta.</p>
-
-<p>Que no se baila, ni se canta, ni se hacen coplas, y la gente se
-agrupa en los gabinetes, medio aburrida, medio soñolienta. Allí está
-Galindo para reanimar los decaídos espíritus. Para entonces son las
-anécdotas frescas, o los recuerdos de Calcuta, o de Constantinopla. Y
-tras esto y un sin número de mentiras verosímiles sobre las mujeres
-del Cáucaso, o los hombres de Ceilán, llegará a hablarse, por ejemplo,
-de objetos raros, y habrá allí quien crea decir mucho diciendo que ha
-visto camisas de hoja de llantén, catalejos de trapo, o chocolate sin
-cacao..., y tantas cosas más como se anuncian todos los días, en estos
-de extravagancias que corremos.</p>
-
-<p>No dejará Galindo de admirar las cita<span class="pagenum"
-id="Page_102">p. 102</span>das rarezas, con toda la expresión que cabe
-en su estilo lento y suave, y en su cara impasible; pero hombre que ha
-corrido y visto tanto, no puede estar sin algo que citar a propósito de
-rarezas; y no lo está en efecto; y saca un grueso anillo de uno de sus
-dedos, y se le presenta a la reunión, diciendo:</p>
-
-<p>—¿A que no saben ustedes qué piedra es esta?</p>
-
-<p>Y la gente se abalanza al anillo, y le da mil vueltas, y recorre la
-lista conocida de piedras buenas y malas, sin que falte la de Colmenar
-Viejo, a la cual se parece en el color la del anillo; pero nadie
-acierta. En vista de lo cual, dice Galindo:</p>
-
-<p>—Eso que ustedes creen piedra, no lo es.</p>
-
-<p>Nuevas ansiedades, nuevo examen y nuevas conjeturas.</p>
-
-<p>—Pues ¿qué es, si no? —se le pregunta al cabo.</p>
-
-<p>—Eso es —responde Galindo, lenta y dulcemente— hígado de cocodrilo,
-endu<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span>recido al sol,
-en Pekín. Se lo compré al joyista que lo hace para la corte imperial;
-o mejor dicho, me lo cambió por una zamarra fina que llevaba yo de
-España.</p>
-
-<p>Para calmar el asombro que esta respuesta produce, muestra una bolsa
-de <i>tripa de un indio</i>, medio devorado por un tigre en una cacería
-a que asistió él, y se refiere a una corbata que tiene en casa, hecha
-de piel de culebra, por un indígena del Canadá.</p>
-
-<p>Cuando se agota este catálogo, tiene Galindo a su disposición otro
-más abundante todavía. Por el procedimiento de las pajaritas de papel,
-hace, entre mil primores, catedrales, y navíos de tres puentes; y de
-un tijeretazo solo, sobre el mismo papel convenientemente plegado,
-saca una procesión de Jueves Santo, con sus pasos, curas, monaguillos,
-autoridades, músicas y piquete. De sombras en la pared, no digo nada,
-ni tampoco de problemas de dibujo a lápiz, a punta de cigarro<span
-class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> y hasta a moco de candil:
-así <i>pinta</i> el día y la noche, el sol y la lluvia, de dos o tres
-rasgos, y gatos y perros... y demonios colorados.</p>
-
-<p>En la calle, no hay forastero a quien él no conozca de vista
-y de trato. Sabe las rentas o las trampas de cada uno, y lo que
-antes tuvieron y lo que esperan, o lo que temen, y la vida que
-hacen en Madrid, y quién de ellos trae señora propia y quién
-pegadiza o temporera; y dónde la ha adquirido, y <i>a cómo</i>; y
-quién se la corteja y con qué éxito, y si el cortejo es andaluz o
-salamanquino...</p>
-
-<p>Hablando de parecidas cosas conmigo en una ocasión, iba delante de
-nosotros el aludido, sin haberle visto yo.</p>
-
-<p>—En suma —me dijo—: el duque de los Frijoles es un perdido, y la
-duquesa, tan perdida como el duque.</p>
-
-<p>Y en esto volvió la cara el tal; y cuando yo creí que iba a romper
-el bautismo al maldiciente, riose hacia él, le tendió la mano y le dijo
-afectuosísimo:</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span>—¡Ah, tuno! ¿conque
-venía Vd. detrás?</p>
-
-<p>—¿En qué lo ha conocido Vd.? —le preguntó Galindo muy sereno.</p>
-
-<p>—En la voz. Y apuesto a que estaba Vd. despellejando a alguien.</p>
-
-<p>—Precisamente.</p>
-
-<p>—Amigo de Vd. por supuesto.</p>
-
-<p>—Cabal... Como que hablaba de Vd.</p>
-
-<p>—¡Ah, mala lengua!</p>
-
-<p>Dijo, y dándole al propio tiempo un golpecito en el hombro, como si
-aún tuviera que agradecerle mucho, alejose el señor duque y se quedó
-Galindo tan fresco.</p>
-
-<p>No desconoce uno solo de los secretos <i>íntimos</i> de la política.
-Él os dirá, con pruebas, cuando menos verosímiles, por qué se sustituyó
-tal ministro con cual otro; a qué móvil obedeció la evolución de aquel
-periódico, o la cesantía de cierto personaje, o el encumbramiento de
-esotra vulgaridad, o por qué no puede salir de apuros el Tesoro...
-Y sus <i>causas</i> jamás son las causas que conoce o que sospecha
-el<span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span> vulgo; siempre
-son particularísimas, personales y microscópicas, con relación a sus
-efectos.</p>
-
-<p>De cómicos y toreros, no se diga: a todos los trata y los
-tutea, como si los hubiera parido, y habla con ellos de la escena
-o del <i>redondel</i> con el aplomo y la autoridad de Romea o de
-Costillares.</p>
-
-<p>En lo físico, es sano y duro como un diamante; jamás se constipa ni
-se queja del estómago; y eso que no se abriga más que lo de costumbre,
-y come tanto como habla, si la ocasión se le presenta.</p>
-
-<p>Y digo esto de la ocasión, porque aun cuando ordinariamente es
-sobrio y metodizado, come cuanto le pongan por delante, aunque haya
-comido ya, si a comer se le convida, o si se acepta el convite que él
-proponga, pues hace a todo.</p>
-
-<p>Como no viene a bañarse, sino a veranear, y tampoco le es muy
-simpático el ceremonial del Sardinero, vive en la ciudad en una
-fonda, o en una de las mejores<span class="pagenum" id="Page_107">p.
-107</span> casas de huéspedes; lo cual no obsta para que dé cuenta, si
-se le pide, de cuantas personas habitan en aquellos <i>hoteles</i>, con
-sus correspondientes vidas y milagros.</p>
-
-<p>En agosto hace una escapadita a ver las corridas de Bilbao, y en
-setiembre arregla su marcha definitiva en combinación con las ferias
-de Valladolid y la apertura de los teatros de la Corte, donde, por lo
-visto, se pasa gran parte del invierno, no sé cómo ni con quién.</p>
-
-<p>Qué familia y qué patria son las suyas, se ignora siempre; y se
-ignora, porque jamás se le ha preguntado por ellas; y no se le ha
-preguntado, porque se prefiere ignorarlo, y se prefiere esto, porque
-desde el instante en que estos hombres tienen patria y familia, y
-nombre como cualquier otro nieto de Adán, ya no son Galindos, ni
-Manzanos, ni Arenales a secas, y pierden su peculiar carácter de
-universalidad, en lo que estriba la mayor parte de su mérito.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_10">
- <p><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">LUZ RADIANTE.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Un si es no es macilento, desmayado de barba, corto de vista y
-regularmente ataviado.</p>
-
-<p>Tal es su facha. En cuanto a su fecha, lo mismo puede venderse por
-hombre que parece un joven, que por joven que parece ya un hombre..., y
-cuenta que hablo en vulgo limpio, por lo cual ha de entenderse esto de
-hombre, por <i>hombre de cierta edad</i>.</p>
-
-<p>Le habréis visto, con un libro en la mano, en la braña del
-<i>Cañón</i>, sentado a la sombra de un bardal; o en idéntica postura
-e igual ocupación, sobre escueta roca entre<span class="pagenum"
-id="Page_110">p. 110</span> los dos Sardineros; o a la entrada de
-los Pinares; o en un rincón de la Galería, con los pies sobre la
-balaustrada y el tronco desencuadernado en una silla; o paseándose
-por el arenal, absorto en la lectura, como joven alumno repasando la
-lección en el patio del colegio.</p>
-
-<p>Y aseguro que le habréis visto, porque aunque jamás abandona el
-libro, y parece la meditación su natural elemento, siempre elige para
-el estudio las horas de más ruido y busca la soledad a orillas de todo
-movimiento.</p>
-
-<p>Es de Madrid, vive en un <i>hotel</i> del Sardinero, y a juzgar por
-lo que se ve, priva mucho con todas las señoras circunvecinas.</p>
-
-<p>Lo cual no es de extrañar, visto lo docto que es en todos
-esos tiquismiquis que forman el arte de agradar en la sociedad
-<i>distinguida</i>.</p>
-
-<p>¡Qué donaire tiene, el indino, y remilgado pespunteo de palabra
-para revolver<span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> un
-corrillo de pizpiretas jovenzuelas! Qué mirar de ojos, qué rasgar
-de boca y accionar de índice para decir, por ejemplo: «Vamos,
-Conchita, ya se ha descubierto por qué esperaba Vd. el correo anoche
-con tanta impaciencia.» O: «¿Saben ustedes por qué está Soledad tan
-preocupada?... ¿Lo ven ustedes? Ya se sonroja.» O: «Carmela, en mi
-solitario paseo de esta madrugada me han revelado las <i>Ondinas</i> el
-secreto que Vd. me ocultaba ayer. ¡Ah, picarilla!...»</p>
-
-<p>¿Dicen ustedes que éstas son impertinentes y sobadas
-vulgaridades?... Séanlo enhorabuena; pero atrévase un buen Juan a
-hacerse con ellas solas hombre ameno y travieso, y verá como le plantan
-en seco. Hay que desengañarse: para decir ciertas cosas y brillar en
-ciertos terrenos, hay que ser mozo <i>de cierta catadura</i>.</p>
-
-<p>La del de quien vamos hablando parece cortada para el oficio.
-Como ramo de su ciencia, conserva en la memoria muchas anécdotas
-rechispeantes de la últi<span class="pagenum" id="Page_112">p.
-112</span>ma campaña del <i>gran mundo</i>, y anuncia el desenlace de
-más de un suceso interesante, para la próxima. Y como todos los del
-corrillo son de Madrid, dicho se está que las agudas murmuraciones
-y los retorcidos discreteos, no languidecen un punto, por falta de
-interés.</p>
-
-<p>Posee otra cualidad muy importante, para esto de veranear con éxito
-en una provincia entre las personas que lo han por oficio: sabe de
-corrido toda la fraseología literaria y musical de moda entre la gente
-madrileña.</p>
-
-<p>Y cuidado, que esto no es grano de anís. Figúrense ustedes que por
-allí anda muy en boga Dante, como anduvo un invierno, porque un orador
-del Parlamento dijo, a cuento de no sé qué:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0"><i>Non ragioniam di lor, ma guarda e passa,</i></div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p class="ti0">cosa, por lo visto, hasta entonces no oída en Madrid,
-según la prisa que se dio todo el mundo, en papeles y en corrillos, a
-traducir la cita, a estudiar el pasaje entero,<span class="pagenum"
-id="Page_113">p. 113</span> a desentrañar el intríngulis, a hablar
-de la <i>Divina Comedia</i> y hasta a poner en perverso castellano
-el inmortal poema. En tal caso ¿qué joven que se precie de
-<i>ilustrado</i> ha de salir a provincias el verano siguiente, sin
-saber decir, por ejemplo, cuando se le cae de la boca la punta del
-cigarro, o de la mano el bastón, que se le cayeron</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0"><i>...come corpo morto cade?</i></div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p class="ti0">o cuando quiere bromearse con alguno que no encuentra lo
-que busca, o que llega tarde:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0"><i>Lasciate ogni speranza?...</i></div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p class="ti0">o si trata de pintar el abismo en que se han hundido sus
-ilusiones:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent2"><i>Nel mezzo del camin di nostra vita</i></div>
- <div class="verse indent0"><i>me ritrovai per una selva oscura...?</i></div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Si el de moda es Goethe, porque se cantó en <i>el Real</i> una
-ópera cuyo argumento está tomado de su célebre poema, no hay más
-remedio que llamar <i>Fausto</i> a todo viejo galanteador y acicalado,
-<i>Margarita</i><span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> a
-toda joven que suspira, y <i>Mefistófeles</i> a todo señor que tenga la
-nariz afilada, rasgada la boca, trigueña la color y zurda la mirada.</p>
-
-<p>Si es Flotow el que priva, hay que saber, por lo menos, entonar a
-media voz, con los ojos fruncidos, las uñas clavadas en el pecho, y
-mucho arrastre de amargura, aquello de</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0"><i>¡Marta Marrrrrrrrrrta!</i></div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p class="ti0">como nos cantaban en una ocasión todos los señoritos que
-venían de Madrid, empeñándose en que había uno de llorar oyéndolos,
-porque en <i>el Real</i> lloraba toda la gente cuando lo cantaban
-Talini... o Cualini, tenores de mucho <i>sentimiento</i>.</p>
-
-<p>Cuando reinan estas epidemias en el pueblo, no hay más remedio
-que aguantarlas como mejor se pueda, y resignarse a exclamar en cada
-<i>caso</i>, siquiera por no hacerle más grave: ¡Admirable, magnífico,
-arrebatador!</p>
-
-<p>Pues iba diciendo yo que para evocar<span class="pagenum"
-id="Page_115">p. 115</span> estas reminiscencias, citar aquellos
-textos y cantar las otras ternezas, nadie como el amigo de quien vamos
-hablando.</p>
-
-<p>No sé si he dicho, o ustedes lo han comprendido ya, que es literato,
-o que cree serlo.</p>
-
-<p>Por de pronto, escribe quintillas en el arenal con la punta del
-bastón, y en la tertulia de la noche lee a las señoras tal cual balada
-tierna, o alusivo soneto.</p>
-
-<p>Si hemos de creerle, conoce a todos los hombres de letras, y se
-tutea con los más talludos.</p>
-
-<p>Lo cierto es que si llega al Sardinero alguna celebridad de este
-género, él es quien le presenta a las damas y se compromete a que el
-presentado les lea <i>alguna cosa</i>: a cuyo compromiso corresponde
-éste (después de asegurar que viene enteramente <i>desprevenido</i>)
-leyendo una comedia resobada, o una oda que ya reluce de tanto
-manoseo, las cuales saca de un enorme cartapacio de poesías que ya
-han sido<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> leídas por
-el autor trescientas veces en Ontaneda o Las Caldas, mientras tomó
-aquellas aguas.</p>
-
-<p>Como piensa hacer algunas investigaciones históricas, arqueológicas
-y geográficas en la provincia, ha traído con su equipaje una mochila,
-un grueso garrote con agudo regatón de hierro, y borceguíes ingleses de
-ancha y claveteada suela. Parece ser que todas estas cosas ayudan mucho
-a recoger noticias sobre aquello que se trata de conocer y describir,
-especialmente en un país como éste, en el cual hay un pueblecillo a
-cada cuarto de legua: una casa en qué dormir regularmente, y comer,
-aunque no muy bien; buenos senderos para cabalgaduras de alquiler,
-cuando no excelentes caminos para carruajes; poquísimas antigüedades,
-y esas a la vista y muy estudiadas ya; nada de historias del otro
-mundo, y ninguna montaña que escalar a uña y puntera, porque todas son
-cómodamente accesibles por algún<span class="pagenum" id="Page_117">p.
-117</span> costado. Y la prueba de que este atalaje debe servir de
-mucho al <i>tourista</i> para sus exploraciones, es que el nuestro,
-aunque le lleva a cuestas, no camina a pie, ni come de la fiambrera, ni
-duerme al socaire de los torreones; antes aprovecha el mullido <i>vagón
-de 1.ª</i> hasta donde le conviene, y luego la diligencia, y hasta los
-caballejos y carros del país, como hacemos los hombres vulgares, y las
-fondas y las tabernas y los figones. Luego la mochila y el báculo y los
-borceguíes que evidentemente no sirven para lo que en rigor significan,
-tienen alguna virtud de <i>carácter</i> que atrae, combina y depura
-todo lo que va buscando en sus peregrinaciones un erudito a la flamante
-usanza, cuando con ellos carga, como con el fardo de sus pecados. Que
-es lo que yo quería demostrar, recelándome alguna observación maliciosa
-de tal o cual lector demasiado <i>montañés</i>.</p>
-
-<p>Y ahora continúo diciendo que este ilustrado mortal, en los ratos
-que le dejan<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> libres
-sus baños, sus abstracciones solitarias, sus discreteos públicos, sus
-inscripciones poéticas en los arenales, en las rocas duras y hasta en
-los troncos resinosos de los Pinares, escribe correspondencias a un
-periódico de Madrid, que las agradece mucho y quizá las paga.</p>
-
-<p>La última que yo leí impresa, después de haberla leído el autor
-manuscrita y recién nacida, a sus bellas contertulias, decía, entre
-otras muchas cosas, <i>plus minusve</i> lo siguiente:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p class="g2 mt1">· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·</p>
-
- <p class="mt05">«¡El mar!... ¡¡La mar!!... ¡¡¡Los mares!!!... ¡¡¡¡Las
- mares!!!!... ¡Ah!... ¡Ohhhh!...</p>
-
- <p>»Perdone Vd. señor Director. Perdonadme vosotros, mis queridos
- compañeros: faltan palabras a mi pluma para expresar cuanto la
- mente concibe en este horizonte sin medida, sobre este abismo sin
- fondo. ¡El mar! Pero ¿por qué son verdes sus aguas? ¿por qué son
- salobres? ¿qué fuerza las precipita contra la roca dura que aho<span
- class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>ra me sirve de pedestal?
- ¿por qué suben? ¿por qué bajan? ¡Inescrutables misterios de la
- Naturaleza!... Pero ¡qué espectáculo, gran Dios!... Contemplándole,
- el corazón palpita, la mano tiembla, los ojos se turban. El sol
- sin una nube que empañe sus fulgores; la brisa rizando la inquieta
- superficie de las aguas sin fin; la blanca gaviota cerniéndose
- voluptuosa en el espacio; bajo la gaviota, la esbelta nave de tajante
- proa; allá el puerto; acá el escollo; allí la espuma; aquí las
- flores; y en todo y sobre todo un torrente de luz y una embriaguez
- de aromas... ¡Ah!... Mas ¿qué es esto? el trueno ruge; cruzan la
- atmósfera rayos y centellas; se respira el hálito abrasador de la
- tempestad; desgájase el secular peñasco; húndese en el abismo, y se
- elevan hasta mí los pliegues espumantes del salobre sudario que le
- envuelve... Se columbra un punto en el horizonte <i>¡Helás!</i> Es
- una nave. Distingo perfectamente al angustiado nauta que im<span
- class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>plora el auxilio de
- los hombres... Muchos son los que pueblan la orilla, pero ninguno
- acude. El que va a <i>hacer naufragio</i> no implora el auxilio
- para él solo..., también le necesitan sus tiernos camaradas de
- <i>equipaje</i>... Yo me arrojo a la mar, y los salvo a todos, entre
- los saludos y los aplausos de este querido bello sexo, regulador de
- todas mis acciones, inspirador de mis más elevados pensamientos,
- y fin y exclusivo objeto adonde hasta el menor de mis intentos se
- endereza.</p>
-
- <p>»En la próxima semana emprenderé mi viaje de exploración por la
- provincia. Mi primera jornada concluirá en Colindres, bellísima
- capital de la Liébana, región que, como ustedes saben, se extiende
- desde el Valle de Camargo al de Reocín, y está protegido, al Oriente,
- por los Picos de Europa, y al Occidente por el Monte de Cabarga,
- <i>el de las eternas nieves</i>. Según Estrabón y Quinto Curcio,
- esta parte de la provincia fue la verdadera Cantabria, la<span
- class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> que dio aquellos héroes
- que entregaban el robusto cuello, cantando himnos guerreros, al
- hacha de los esbirros de Felipe II, cuando este fanático monarca,
- no pudiendo implantar aquí el bárbaro tribunal de la Inquisición,
- por repugnar a los altivos pechos de estos libres montañeses, ocupó
- militarmente el país. Algunos rasgos típicos de esa raza insigne se
- observan todavía en sus actuales descendientes, los famosos pasiegos,
- únicos pobladores de la Liébana. Pero, mejor que en el sello
- fisonómico, revela su ilustre procedencia esta hermosa gente en sus
- costumbres nómadas e independientes. Anidan, como las águilas, en los
- picos de las rocas; jamás pisan las sendas frecuentadas, ni duermen
- dos noches consecutivas bajo un mismo techo. Se alimentan de frutas
- silvestres y de carne montaraz; pues su ocupación exclusiva es la
- caza, pero con honda, la cual manejan con una destreza asombrosa.</p>
-
- <p>»Mas de esto y otras muchas cosas tan<span class="pagenum"
- id="Page_122">p. 122</span> auténticas como interesantes, hablaré a
- mis bellas lectoras en las sucesivas correspondencias y en un libro
- que traigo entre manos tiempo ha.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Con lo cual se queda el corresponsal tan satisfecho, el periódico
-tan hueco, los lectores que no conocen esta provincia tan enterados, y
-los pocos montañeses que le leen, haciéndose cruces con los dedos.</p>
-
-<p>Pero no impide, sin embargo, que la prensa local que nos anunció su
-llegada en junio, nos diga un día, a mediados de setiembre:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Hoy ha salido para Madrid el distinguido publicista D. F. de Tal,
- después de haber permanecido más de dos meses <i>entre nosotros</i>.
- En las varias excursiones que ha hecho por la provincia, ha recogido
- gran cantidad de curiosos y fidedignos datos, los cuales piensa
- utilizar para dar a la estampa un libro que tratará de la historia,
- carácter y costumbres del pueblo montañés, desde los más remotos
- tiem<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span>pos hasta
- nuestros días. Nos atrevemos a rogar al insigne literato que cuanto
- antes nos haga conocer su obra, que seguramente habrá de darle tanta
- gloria como títulos al aprecio de todo montañés que estime en lo que
- vale el buen nombre de su patria.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Y, adelante con los faroles; que en los venturosos tiempos que
-corren,</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0"><i>Sic itur ad astra</i>;</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p class="ti0">o, como dijo el otro,</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent2">Por estas asperezas se camina</div>
- <div class="verse indent0">de la inmortalidad al alto asiento.</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_11">
- <p><span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">BRUMAS DENSAS.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Estos son dos, y cada uno de ellos pudiera pedir un cuadro aparte;
-pero es de saber que siempre que trato de sacarlos del fondo de mi
-cartera, al tirar del uno hacia arriba, sale enredado el otro con él;
-de donde yo deduzco que son tal para cuál, y uno en esencia, aunque dos
-en la forma.</p>
-
-<p>Tiro, pues, de ellos, agarrando a tientas; y ahí tienen ustedes al
-primero.</p>
-
-<p>Convengamos en que es mozo de gran estampa. Pedrusco en el anillo
-que recoge los dos ramales de su chalina; pedruscos en los dedos;
-pedruscos en el pe<span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>cho
-y pedruscos hasta en la leontina; flamante vestido de lanilla; leve
-pajero muy tirado sobre los ojos, estos de mirada firme, pero no muy
-noble; largo cigarro en retorcida y caprichosa boquilla; la siniestra
-mano en el correspondiente bolsillo del pantalón, y en la diestra
-flexible junco.</p>
-
-<p>Sin embargo, aunque sus ojos son negros, y negras las anchas
-relucientes patillas, y es regular su boca y blanca su dentadura y
-alta su talla, no puede decirse de él que es lo que ordinariamente se
-llama <i>una buena figura</i>. Mirado más al pormenor, tiene juanetes
-en los pies, ásperas y muy gruesas las manos, demasiado redonda la cara
-y muy destacados los pómulos. Además, carece su persona de ese aire
-de que todos hablamos, que todos conocemos a la legua, pero que nadie
-sabe definir, y al que, por darle algún nombre, se llama vulgarmente
-<i>buen aire</i>, o <i>aire distinguido</i>; cuya falta es, sin duda,
-la causa de que, a pesar de su pedrería, que re<span class="pagenum"
-id="Page_127">p. 127</span>lumbra mucho, y de su boquilla, que sin
-cesar ahúma, pase este mozo enteramente inadvertido, como figura vulgar
-e insignificante.</p>
-
-<p>Anda con parsimonia, lo poco que anda, como hombre que no lleva
-prisa, ni se preocupa de cuanto le rodea mientras va andando.</p>
-
-<p>Se lee más en su frontispicio cuando está parado a la puerta del
-café, de una iglesia, del teatro, o de la plaza de toros, que siempre
-son sus sitios de parada y para los cuales ha nacido, como la estatua
-para el pedestal. Arrimado a las jambas de una puerta, flagelándose
-una pernera con el junquillo, lanzando de la boca espirales de humo y
-dignándose apenas fijar la vista en los que entran o en los que pasan,
-es precisamente cuando su cuerpo revela más soltura y lucen en sus
-ojos chispas de inteligencia. Al verle pegado a esas puertas, siempre
-que al otro lado de ellas se oye el rumor y hasta se huele el<span
-class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> tufillo de las muchedumbres
-<i>emparedadas</i>, (pues es de advertir que jamás se arrima a puerta
-que no encierre mucha gente) cualquiera pensaría que el ruido le
-aturde, que el calor le marea y las estrecheces le sofocan; y, sin
-embargo, deteniendo sobre él un poco la curiosidad, puede observarse
-que siempre se le ocurre entrar cuando los demás comienzan a salir,
-como si las apreturas fueran su deleite y hallara en rozarse con pechos
-y solapas un atractivo irresistible.</p>
-
-<p>Obsérvase también que, por lo común, es de noche más activo que de
-día. Su andar es más resuelto entonces; y si a la luz del sol le gustan
-los sitios más públicos y concurridos, a la del gas prefiere las calles
-más solitarias y sombrías, en alguna de las cuales suele desaparecer
-por largas horas.</p>
-
-<p>Llega a Santander días antes de los de ferias y toros; pero
-ni él mismo sabe fijar la época de su marcha, porque ésta<span
-class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> depende, a menudo, de los
-agentes de la autoridad, que pueden echarle la mano encima, en el
-momento en que él pone la suya sobre el reloj de su prójimo, o está en
-un garito tirando el <i>pego</i> a dos docenas de incautos a quienes va
-desvalijando con el auxilio de otros camaradas de oficio; o tanteando
-los intestinos de la ciudad para buscar una salida por los fondos de la
-caja del Banco...</p>
-
-<p>Y aquí asoma ahora, lector, el otro tipo, enlazado, por estas
-profundidades, a la figura de la cual voy tirando para mostrártela en
-todas sus principales actitudes. Hablemos de él, pues que se empeña,
-como si fuera un miembro del otro cuerpo, o una cereza del mismo
-ramillete.</p>
-
-<p>Viene a <i>veranear</i> mucho antes que el otro, y con un pelaje
-bien diferente. Su tipo es el de <i>un caballero que ha venido a
-menos</i>. Negra la raída levita, negra la deshilada corbata, negros
-los relucientes pantalones, negras las puntas que se ven de<span
-class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> su chaleco, negra la
-descuidada barba, negros los ásperos mechones de su pelo y negras las
-puntas afiladas de sus luengas uñas. En esta figura no hay nada que
-blanquee; ni siquiera la camisa. Los únicos puntos menos oscuros de
-este veraniego nubarrón, son dos puntos pardos, ni siquiera grises: los
-zapatos y el sombrero.</p>
-
-<p>No busquéis esta figura entre los recodos de apartada callejuela,
-huyendo avergonzada de los resplandores de la luz, o temiendo manchar
-con su contacto la brillante librea de los capitalistas; ni tampoco en
-oscuro taller, encorvado sobre la tosca herramienta para ganar, con
-un trabajo, extraño quizá a sus hábitos y procedencia, un miserable
-pedazo de pan; ni en la estrechez de una buhardilla repartiendo ese
-mendrugo entre una esposa y unos niños estenuados por el hambre y
-envejecidos por la miseria y por las lágrimas. Si de ese grupo fuera
-esta figura,<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> yo no
-profanara su augusta miseria presentándola en esta breve galería de
-debilidades risibles y aun de cosas abominables. Buscadla, pues, entre
-la engalanada concurrencia de calles y paseos, haciendo de su mugriento
-equipaje una desvergonzada protesta, y lanzando punzantes miradas sobre
-los que pasan, como si le debieran la camisa limpia, las botas nuevas o
-el gabán sin manchas.</p>
-
-<p>Si con esta luz no columbráis aún el tipo, os apuntaré otro dato
-que necesariamente ha de iluminar vuestra memoria. Durante lo más
-recio de un chubasco estival, de esos cuyas gotas pesan, cada una,
-medio cuarterón, y después de saltar de rebote hasta los balcones,
-convierten las calles en torrentes; cuando las losas relucen, y el
-tránsito cesa, y comienzan las ratas a asomar por los sumideros huyendo
-de la inundación, y los chicos las apedrean, y la gente, pegada a
-las fachadas, porque ya están llenos de ella<span class="pagenum"
-id="Page_132">p. 132</span> los portales y las tiendas, silba y aplaude
-y ríe a carcajadas celebrando las corridas, y asoman cabezas por los
-entresuelos, y hierven, hasta levantar la tapadera, las alcantarillas
-del Correo, y se inunda la calle de San Francisco; cuando todo esto y
-mucho más sucede, un solo mortal atraviesa impávido la Plaza Vieja,
-o marcha Muelle adelante por la acera del mar, sin paraguas, en
-chancletas, con las manos en los bolsillos, y, por toda precaución, la
-cabeza muy hundida entre los hombros. Pues ese es.</p>
-
-<p>Probablemente habréis recibido alguna vez su visita. Es hombre que
-hace muchas, recién llegado.</p>
-
-<p>Un día os anuncia la inexperta fámula que ha llamado a la puerta un
-<i>caballero</i> que desea hablaros. Con tal anuncio, la decís que le
-introduzca en lo más sagrado de la casa; y cuando acudís a recibirle,
-os le halláis, como la estatua del desconsuelo, con las manos cruzadas
-sobre<span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> el cóncavo
-vientre, el sombrero entre las manos, y la mirada tangente a las
-fruncidas cejas y fija en vuestra mirada.</p>
-
-<p>—Cabayero —os dice con voz trémula y un poquillo de olor a
-aguardiente—, un desgraciado, con su señora enferma y siete
-criaturas..., sin hogar, sin un pedazo de pan que yevar a sus inocentes
-labios, implora el auxilio de su generoso corazón.</p>
-
-<p>—¿Quién es ese desgraciado? —le preguntáis, por preguntarle algo,
-antes de plantarle en la escalera.</p>
-
-<p>—Un servidor de Vd., que no hace mucho ocupó una briyante posición
-social. Pero los acontecimientos políticos...</p>
-
-<p>—¿Era Vd. de los del Presupuesto?</p>
-
-<p>—¡Jamás, cabayero!... Me estimaba demasiado para eso. Yo era
-rentista.</p>
-
-<p>—¡Hola!</p>
-
-<p>—Sí, señor; tenía todo mi capital en los fondos públicos.</p>
-
-<p>—Lo creo.</p>
-
-<p>—Y con estas bajas tan atroces, a con<span class="pagenum"
-id="Page_134">p. 134</span>secuencia de la intranquilidad en que tienen
-al país estos gobiernos...</p>
-
-<p>—Y a mí, ¿qué me cuenta Vd?</p>
-
-<p>—¡Ah, cabayero!: yo quisiera una ocupación honrosa para ganarme el
-sustento.</p>
-
-<p>—Pues tómela Vd., si hay quien se la ofrezca.</p>
-
-<p>—Tras eso ando, cabayero; y mientras la hayo en alguna parte,
-quisiera merecer de Vd. la atención de veinticinco pesos que necesito
-para que tome los baños mi señora, y para que no me arroje el tigre
-del casero desde la miserable buhardiya en que ahora vivo, hasta la
-ignominia de un hospital. Crea Vd., cabayero, que la fortuna da muchas
-vueltas, espero volver a lo que fui, y no perderá Vd. un cuarto de su
-préstamo.</p>
-
-<p>Al llegar aquí la historia, se os acaba la paciencia, le dais media
-peseta, por no darle un puntapié, y se larga tan ufano, haciendo
-reverencias y mirando, con preferente curiosidad, todo lo que es puerta
-o pasadizo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span>Estas visitas son,
-como si dijéramos, las generales de la ley. Pero hace también otras,
-bastante más productivas, aunque no tan frecuentes.</p>
-
-<p>Pinto el caso. Comienza a hablarse mucho en el pueblo de que <i>la
-va a haber</i>, lo cual, como ustedes saben, sucede cada verano. De
-mí sé decir que, desde que tengo barbas, no recuerdo uno en que no se
-haya dicho: «¡Oh! lo que es de ésta, <i>se arma la gorda</i>, y no va
-a quedar títere con cabeza. Me consta por esto y por lo de más allá.»
-También es otro hecho innegable que nunca faltan almas cándidas que dan
-entero crédito a estos rumores, ni hombres vehementes que se hallan
-dispuestos a echar el sombrero al aire y hasta una mano al negocio, si
-hay quien sepa colocársele a conveniente distancia. Excuso decir que en
-cada verano aparece esta señora <i>Gorda</i> con diferente tocado, y
-que nada le queda ya en el ramo que lucir, desde el gorro frigio hasta
-la boina.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span>Pues uno de estos
-hombres, o una de aquellas almas, es quien recibe la visita del
-ex-rentista cuando más en punto de caramelo andan los rumores públicos;
-pero, aunque raído y mal trajeado el visitante, no se compunge ni
-encorva en la visita: antes se presenta, si bien comedido y muy atento,
-con gran desenvoltura y buen talante, como quien más ha de ofrecer que
-recibir. Entonces es el hombre iniciado en los grandes secretos de la
-conspiración; viene del extranjero, donde aquella se fragua, y va de
-paso para uno de los puntos de más peligro el día de la batalla. Sabe
-que el Emperador de allí, o el comité de acullá, o el Grande Oriente
-del otro lado (según el color que tenga la <i>Gorda</i>) han hecho a
-<i>la causa</i> un anticipo de doscientos millones. Hay metidos en el
-ajo quince batallones, treinta generales, ocho fragatas de guerra y
-el presidente del Consejo de Ministros. El grito se dará en tal parte
-al salir la gente de tal es<span class="pagenum" id="Page_137">p.
-137</span>pectáculo. Toda España está hecha un reguero de pólvora,
-y sólo falta para que arda, arrimar la mecha. El triunfo, pues, es
-seguro y muy pronto. Él ha pasado la frontera con grandes precauciones,
-y a pie, por lo cual está tan desarrapado. No trae credenciales ni
-papeles de ninguna clase, por no comprometer con ellos la alta misión
-que se le ha encomendado: pero sí el encargo <i>especialísimo</i>
-para el visitado, de parte del personaje bajo cuya dirección se hace
-el fregado, de decirle que se cuenta con él, con su patriotismo,
-con sus influencias, para animar el espíritu del partido en esta
-ciudad, reunir los dispersos elementos, etc., etc. Antes de tres
-días saldrá el emisario para Madrid donde ha de recibir cuarenta mil
-duros para ciertas atenciones de la causa. Entre tanto, necesita que
-los partidarios de Santander le proporcionen, siquiera, la miseria
-de dos mil reales para el viaje y comprar a un maquinista del tren
-que ha<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> de despeñar
-un batallón que debe salir de aquí, por ferrocarril, dentro de unos
-días, a sofocar el alzamiento que tendrá lugar en los confines de la
-provincia.</p>
-
-<p>Y el pobre hombre que escucha, devora hasta con los ojos, no ya con
-los oídos y la boca, las palabras del mugriento, y le da una convidada,
-y se echa a la calle, y revuelve a sus correligionarios, les cuenta lo
-que le han dicho, les saca los cuartos, reúne los dos mil reales más
-otros quinientos que él pone de su bolsillo, como en correspondencia
-al alto concepto que de él ha formado S. E., y se vuelve a casa tan
-convencido del inmediato triunfo del partido, que le falta muy poco
-para subir a la del Gobernador y aconsejarle que deje el mando <i>por
-buenas</i>, antes que se le quiten <i>los suyos</i> a linternazos.
-¿Necesito pintar el afán con que el bolonio entrega el dinero recaudado
-y el placer con que lo recibe el descamisado bribón?...</p>
-
-<p>Algunos días después de estas y otras<span class="pagenum"
-id="Page_139">p. 139</span> análogas, aunque no tan productivas
-hazañas, se oye decir que la policía ha hecho una redada de ladrones
-que intentaban robar el escritorio del señor de Tal, o la caja del
-Banco.</p>
-
-<p>—¿Y quiénes eran? —pregunta uno de esos curiosos que se creen en la
-obligación de conocer a todo el mundo.</p>
-
-<p>—Pillería de Madrid —responde el preguntado—. Pero a dos de ellos
-quizá los conozca Vd. El uno es un farsantón, de gran fachada, que se
-pasaba los días arrimado a las puertas de los cafés: el otro, sucio,
-raído y descamisado, probablemente le habrá visitado a Vd. para pedirle
-un <i>anticipo</i> de veinticinco duros.</p>
-
-<p>Los de marras, lector. Bien dije yo que estos mozos eran tal para
-cual.</p>
-
-<p>Fáltame añadir que, a pesar de esta quiebra del oficio, que, por de
-pronto, los lleva a la cárcel pública, si no en el mismo verano, al
-siguiente y antes que los frutos de sus mieses lleguen a punto de<span
-class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> sazón, ya los tenemos acá
-otra vez, preparándose para recoger su <i>agosto</i>.</p>
-
-<p>¡Oh, sabias y protectoras leyes de la patria!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_12">
- <p><span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span></p>
- <h2 class="nobreak">EL BARÓN DE LA RESCOLDERA.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Cuando llega, en julio, a Santander, viene de Burdeos, adonde
-fue desde París, en cuya capital pasó la primavera después de haber
-repartido el otoño y el invierno entre Madrid (su patria nativa),
-Berna, Florencia, Berlín y San Petersburgo. Ni los hielos le enfrían,
-ni el calor le sofoca. Es una naturaleza de roble que se endurece con
-los años y a la intemperie.</p>
-
-<p>Pasa ya de los cincuenta, es de elevada talla, trigueño de color,
-de pelo áspero y rapado a punta de tijera; derecho como un poste;
-algo protuberante de estómago<span class="pagenum" id="Page_142">p.
-142</span> y de nariz, pequeño de pies, de manos y de boca; ancho de
-espaldas y de frente, y muy cerrado de barba, que se afeita todos los
-días cuidadosamente, menos en la parte en que <i>radican</i> sus anchas
-y bien cuidadas patillas a la macarena.</p>
-
-<p>Viste todo el año de <i>medio tiempo</i>, y es su traje intachable
-en calidad y corte, así como es intachable también la blancura de
-su camisa, de la que ostenta no flojas pruebas en pecho, puños y
-pescuezo.</p>
-
-<p>Fuma sin cesar grandes habanos, y saliva mucho; e infaliblemente
-antes de empezar a hablar, lo poco que habla; y en cada desahogo de
-estos, larga, zumbando, una pulgada de tabaco que ha partido con los
-dientes.</p>
-
-<p>Para saludar, no da la mano entera, sino la punta del índice...
-cuando alguno le saluda; pues él no saluda a nadie en la calle, ni
-tampoco se para. Si el que pasea con él se detiene para hacerle alguna
-observación, él sigue andando inalterable.<span class="pagenum"
-id="Page_143">p. 143</span> Si el detenido le alcanza después, bueno, y
-si no, como si jamás se hubiesen visto.</p>
-
-<p>En estos casos, no usa, para sostener la conversación, más que
-salivazos y monosílabos: también algún carraspeo que otro. Para las
-grandes ocasiones tiene disponibles unas cuantas frases y pocas más
-interjecciones y palabras, tan breves como enérgicas: las frases para
-preguntar, las palabras sueltas para responder, y las interjecciones
-para comentarios.</p>
-
-<p>Es rico y soltero; trae todo su equipaje en una maleta de cuero
-inglés, y por toda familia un criado joven que ya le entiende hasta por
-la mirada.</p>
-
-<p>Viene a Santander acaso porque halla esta ciudad en su camino; pero
-es lo cierto que viene todos los veranos, y no por pocos días.</p>
-
-<p>Se hospeda en la fonda que mejor le parece, y la deja cuando
-le conviene; y le conviene dejarla en cuanto observa que<span
-class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> una falta grave se repite
-hasta tres veces; siendo para él faltas graves, el pescado que <i>da
-en la nariz</i>, el desaseo en su cuarto, la servilleta cambiada en la
-mesa y el vino adulterado, o cualquiera de esas carnavaladas que suelen
-permitirse los huéspedes a las altas horas de la noche, sin respeto ni
-consideración a los que duermen y descansan.</p>
-
-<p>En cuanto a baños, solamente toma dos o tres en la temporada; pero
-de a hora y media cada uno. Allí se está como una boya en la mar,
-restregándose la cabeza, carraspeando, escupiendo y estornudando sin
-cesar y a sus anchas, y con un estrépito que excede a toda ponderación.
-Cuando sale del agua, no es porque siente frío, sino porque se aburre
-sin fumar en tanto tiempo.</p>
-
-<p>La primera vez que vino, tuve el gusto de conocerle y de estudiarle,
-porque un amigo mío con quien yo en cierta ocasión paseaba, era
-amigo suyo también; salu<span class="pagenum" id="Page_145">p.
-145</span>dole al cruzarse con él, diole este el dedo, y juntos,
-retrocediendo nosotros dos, continuamos los tres aquella tarde; pues
-por la tarde era cuando esto sucedía, y en el alto de Miranda, cerca de
-la Ermita.</p>
-
-<p>Según íbamos andando, iba el Barón devorando con los ojos el
-hermoso panorama que se descubría desde allí. A la izquierda, la
-ciudad amontonada, oprimida, agarrándose unas casas a otras, como con
-miedo de caerse al agua, y cual si se hubiesen detenido un instante
-después de bajar rodando desde el paseo del Alta; la bahía, mojando los
-cimientos de las últimas; la bahía, con sus verdes riberas, sembradas
-de pueblecillos; después sus cerros ondulantes, y detrás de todo los
-abruptos puertos, con su gigantesca anatomía recién desnuda y en espera
-ya de sus blancas vestiduras de invierno. A la derecha el mar, coronado
-de rizos por la juguetona brisa del Nordeste..., y lo demás que sabe el
-lector tan bien como yo.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span>—¡Hermoso es todo
-esto! —dijo mi amigo al Barón, cuando notó, por los gestos de éste, que
-la misma idea debía andar rodando por sus mientes.</p>
-
-<p>—Sí —contestó lacónicamente el Barón.</p>
-
-<p>—Hasta la ciudad tiene algo de curioso así tendida...</p>
-
-<p>—Derramada —corrigió enérgicamente el otro, después de lanzar de su
-boca, con la fuerza de un cohete, medio cuarterón de tabaco.</p>
-
-<p>Y tomó el rumbo del Sardinero, siguiéndole nosotros con trabajillos:
-tan veloz era su andar.</p>
-
-<p>Hay en aquel crucero, durante las tardes de verano, algo como
-laberinto de gentes y carruajes, que van y vienen. El Barón surcaba
-impávido sus revueltas dificultades, como si éstas fueran su elemento,
-o llevara en su mano la punta del famoso hilo de Ariadna. Verdad es que
-yo no he visto una fuerza de codos como la suya, ni una facilidad más
-asombrosa<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> para dejar,
-a su paso, figuras ladeadas y sombreros fuera de la vertical. Nosotros
-nos colábamos por el surco que él iba abriendo.</p>
-
-<p>Al comenzar la bajada del camino, y en terreno ya más despejado,
-acortó un poco la marcha, y describió con la vista un arco desde Cabo
-Mayor a Cabo Quejo; abrió los ojos desmesuradamente, y su pecho y sus
-narices se dilataron, cual de noble corcel que aspira el aire de la
-rozagante pradera, tras de oscuro cautiverio. Era indudable que el
-espectáculo le agradaba. Después estrelló la mirada contra las tabernas
-y los bardales inmediatos, frunció las cejas, escupió recio... y apretó
-el paso.</p>
-
-<p>Así llegamos al Sardinero, y, sin momento de descanso, visitamos
-la galería, y la playa, y las casas una a una (exteriormente,
-se entiende,) y las fuentes, y los paseos; y como una avalancha
-atravesamos el puentecillo y llegamos a la Capilla,<span
-class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> en frente de la cual tuvo
-el Barón la buena ocurrencia de hacer un alto. Diose luego media vuelta
-sobre sus talones, y encarándose con cuanto habíamos visto desde que
-comenzamos a bajar, como si quisiera hacer un resumen de todo ello,</p>
-
-<p>—¡Gran naturaleza! —exclamó, hasta con su poco de entusiasmo.</p>
-
-<p>—¡Admirable! —dijimos nosotros, haciendo coro a su himno.</p>
-
-<p>—Pero sin arte —añadió, dejándonos con las notas entre los labios,
-y en la duda de si también alcanzaba su censura a la humanidad que
-hormigueaba por allí.</p>
-
-<p>Y sin más explicaciones, describió la otra media vuelta que le
-faltaba, y emprendió la marcha hacia la Magdalena como si el camino le
-fuera conocido.</p>
-
-<p>Después de contemplar un instante el panorama del Puntal desde el
-Polvorín, echó cambera arriba por detrás de éste. Indudablemente tiene
-este hombre un instinto particular para adivinar sendas y caminos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>Hasta dar con el de
-Miranda, no dijo una palabra, ni tampoco su respiración se agitó una
-sola vez. Lo mismo son para él las cuestas arriba que lo llano. Es un
-roble que anda.</p>
-
-<p>Al bajar a la ciudad, le pidieron limosna, como a todo transeúnte,
-los pobres de la carretera.</p>
-
-<p>Al primero le largó un bufido que heló la plañidera retahíla en su
-gaznate abierto. Más abajo le tendió su arrugada diestra una anciana
-que estaba sentada a la sombra de un árbol. Entonces el Barón, que
-parecía no fijarse en nada, después de llevar una mano al bolsillo,
-acercóse a la pobre y depositó algo en su regazo remendado. Miré hacia
-ello quedándome dos pasos atrás, y vi que eran monedas de plata. ¿Fue
-casual la acertada distinción que hizo entre los dos pobres, o es que
-la costumbre de dar muchas limosnas le ha enseñado a distinguir los
-buenos de los malos, con una sola mirada?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span>Ya en Santander,
-ofrecímosle billete para concurrir al <i>Círculo de Recreo</i>.
-Aceptole, y acompañámosle por si quería ver sus salones y encrucijadas.
-Preguntonos por el de lectura, llevámosle a él, y no quiso visitar
-los restantes, especialmente el de juego; enterose de la lista de los
-periódicos que se recibían allí, dio un vistazo a la biblioteca, y
-después de decirnos que en aquel departamento había más pasto para el
-cuerpo que para el alma (señalando respectivamente a la mesa de los
-papeles y a los estantes de los libros) salimos hacia la calle, sin
-mirar él siquiera a los que jugaban a la baraja a 40° de calor, entre
-nubarrones de humo de tabaco.</p>
-
-<p>Cuando le dejamos a la puerta de la fonda en que se había hospedado,
-nos dio el índice, se descubrió toda la cabeza con la otra mano; y
-ofreciéndonos con un ademán fino y expresivo su habitación, trepó hacia
-ella..., no sin haber estrellado antes, con un resoplido, contra la
-pared del por<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span>tal, el
-medio tabaco que le quedaba entre los labios.</p>
-
-<p>—¡Vaya un tipo! —dije a mi amigo, llevándome las manos a los riñones
-que me dolían de correr tras él.</p>
-
-<p>—Le conocí en Madrid el año pasado — me replicó mi amigo—, y puedo
-asegurarte, por lo que deduje de sus hechos y lo que de él me contaron
-los que le conocían mejor que yo, que es hombre que vale mucho. Tiene
-gran experiencia del mundo, y un ojo sutilísimo para conocer y apreciar
-a las gentes. Es bueno y generoso, hasta el punto de que sería capaz de
-arrojarse al fuego por sacar de él a su mayor enemigo.</p>
-
-<p>Posteriormente tuve ocasión de ver que no eran exagerados estos
-informes de mi amigo.</p>
-
-<p>El Barón de la Rescoldera, con todos los desabrimientos y
-resquemores, externos, de su título, es realmente un hombre de positivo
-valer.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span>De él puede
-decirse, como en resumen, que, al revés de tanto farsante y de tanto
-bribón como vive y medra, a expensas de la pública credulidad, es <i>un
-hombre que no tiene palabra buena ni obra mala</i>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_13">
- <p><span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span></p>
- <h2 class="nobreak">EL MARQUÉS DE&nbsp;LA&nbsp;MANSEDUMBRE.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Llegó a los cincuenta años sin haber salido de Madrid y sus
-contornos. El Retiro, la Virgen del Puerto, y a lo sumo, el Pardo,
-eran, para él, las mayores espesuras y fragosidades de la Naturaleza.
-El mar podría tener, en cuanto alcanzase la vista, diez, veinte...,
-hasta cien Estanques como el <i>Grande</i>, si se quería. Estanque
-más o menos, ¿qué más daba? Del Manzanares al Saja, o al Deva, o al
-Ebro, o al Guadalquivir, habría la diferencia de algunas cántaras de
-agua en verano: en invierno, ninguna. En cuanto a praderas, no<span
-class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> serían más verdes ni más
-extensas las del Norte que las que contemplaba él desde el cerrillo de
-San Blas cuando el trigo comenzaba a crecer. La temperatura estival de
-la Corte no le afligía gran cosa, porque, además de estar formado en
-ella, no conocía otras más agradables.</p>
-
-<p>Por lo cual, y sin mujer que le pidiera veraneos, y sin hijas que
-exhibir en las provincias, metódico y rutinario, amen de enemigo
-irreconciliable de toda lectura que a viajes y a novelas trascendiese,
-ni una sola vez sintió la tentación de meterse en alguna de las
-diligencias que salían de Madrid a varias horas y por todas las puertas
-de la Villa, durante el verano, entre muchedumbres de curiosos que
-envidiaban la suerte de los mortales que abandonaban aquel asadero
-implacable; y eso que él era uno de los curiosos. Antes al contrario,
-se compadecía de aquella carne embutida entre los cuatro inseguros
-tableros de la diligencia; carne cuyo desti<span class="pagenum"
-id="Page_155">p. 155</span>no era harto dudoso, considerando los
-riesgos que afrontaba, echándose a rodar por cuestas y desfiladeros,
-durante media semana, y a merced de bestias y mayorales. ¡Cuánto más
-higiénicos y menos arriesgados eran los paseos matinales que él se
-daba por los alrededores del Estanque de las <i>Campanillas</i>; o
-vespertinos, junto al pilón de la Fuente Castellana!</p>
-
-<p>Antes que el sol levantase ampollas, se encerraba en su casa, lo
-bastante grande, vieja y desamueblada, para ser, relativamente, fresca,
-y sustituía su traje de calle con un chupetín y unos pantalones de
-transparente nipis; y si esta precaución contra el calor no le bastaba,
-se quedaba en calzoncillos y en mangas de camisa. De un modo o de otro,
-se pasaba el día contemplando sus queridos pececillos.</p>
-
-<p>Porque es de advertir que el Sr. Marqués tenía la pasión de los
-peces de colores, y hasta seis redomas de cristal llenas de ellos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>Cambiarles el agua,
-desmigar pan sobre ella a horas determinadas, y estudiar en un tratado
-especial la manera de conservarlos y reproducirlos, eran sus únicas
-ocupaciones de recreo.</p>
-
-<p>Posteriormente, dos viajes a Aranjuez en ferrocarril le demostraron
-que podía meterse un hombre en estos rápidos vehículos, sin el riesgo
-infalible de romperse las costillas o el bautismo; por lo cual, hasta
-se atrevió a prometerse a sí propio que tan pronto como hubiera una
-línea abierta hasta un puerto de mar, la aprovecharía para admirar los
-grandes peces en su propio y natural elemento. «Porque, desengañémonos
-—se decía—, no puede asegurar que conoce la merluza ni el besugo,
-quien solamente ha visto sus cadáveres embanastados en la Plazuela del
-Carmen.»</p>
-
-<p>Y cumpliendo su promesa, tan pronto como la línea del Norte empalmó
-en Alar del Rey con la nuestra, armose de valor y de dinero, y se
-plantó de un tirón en el famoso puerto del mar Cántabro.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>Si ha encontrado
-aquí lo que se prometían sus ilusiones, dígalo la puntualidad con que,
-desde entonces, viene cada verano a Santander.</p>
-
-<p>Cansados estarán ustedes de conocerle. Es de corta estatura, muy
-derecho, enjuto de carnes, redondito de cara, risueño y corto de
-vista; son rubios los pocos pelos de su cabeza, y casi blancos los del
-recortado bigote. Gasta, <i>en público</i>, levita, corbata y pantalón
-negros, y chaleco blanco, sombrero de copa alta y anteojos con armadura
-de oro.</p>
-
-<p>Tal es, repito, en público, su arreo; o mejor dicho, <i>en
-tierra</i>; y con él le habrá visto el lector, no en las Alamedas, ni
-en el Sardinero, ni <i>en la sociedad</i>, sino en los embarcaderos de
-todos los Muelles, desde Maliaño hasta Puerto-Chico, o en camino de
-alguno de ellos, en los cuales no faltan nunca pescadores de caña o de
-<i>aparejo</i>.</p>
-
-<p>Tras ellos está siempre, estando <i>en tierra</i>, con las manos a
-la espalda, el bas<span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>tón
-entre las manos, el cuerpo inclinado hacia adelante, y la vista
-inmóvil, fija en el corcho flotante o en la sereña tendida.</p>
-
-<p>—¡Quieto, quieto! —exclama a lo mejor, si nota que el corcho se
-mueve y el pescador se apresura a tirar—. Esa es picada falsa... Ahora,
-ahora muerde... ¡Fuera con él!</p>
-
-<p>Y si el pescado sale coleando en el anzuelo, lanza un ¡bravo!
-y si el pez no es <i>pancho</i>, bate además sus manezuelas; y
-de todos modos, sean panchos o lobinas lo que se pesque, él lo
-<i>desengarma</i>, confundiéndose entonces, en un solo ovillo, el pez,
-las manos, las gafas y el anzuelo.</p>
-
-<p>Semejantes intrusiones y familiaridades no dejaron de costarle al
-principio algún disgusto, pues no son siempre los pescadores de caña
-tan pacientes como la fama supone; pero, poco a poco, fueron estos
-acostumbrándose a las <i>cosas del señor Marqués</i> (que, por otra
-parte, no peca de tacaño con <i>los del oficio</i>) y hoy todos le
-to<span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>leran y hasta le
-encuentran <i>devertido</i> y <i>celébre</i>.</p>
-
-<p>Mas no son éstas sus ocupaciones <i>de carácter</i>; quiero decir,
-que no viene para sólo eso el Sr. Marqués a Santander.</p>
-
-<p>Cuando llega, ya le está esperando una <i>barquía</i> perfectamente
-limpia y carenada, con los necesarios útiles de pesca, inclusa la
-<i>guadañeta</i> para <i>maganos</i>. Prefiere la barquía, porque
-teniendo todas las condiciones de seguridad de la lancha y todas las
-de ligereza del bote, es bastante más grande que el uno y de más fácil
-manejo que la otra. Dos marineros, condueños de la barquía, están,
-como ésta, a su disposición; y según que el Marqués prefiera las
-<i>porredanas</i> o las <i>llubinas</i>, le conducen a la boca del
-puerto, o a las <i>puntas de arena</i> de la bahía, todos los días,
-infaliblemente, si el tiempo no está tempestuoso; pues por chubasco más
-o menos, no deja él de embarcarse para estar en el sitio conveniente al
-apuntar la marea.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>Ancho pajero y
-desaliñado y viejo vestido de lanilla lleva para el sol; y por si
-llueve, amplísimo impermeable y enorme paraguas de mahón. Por supuesto,
-no falta el acopio de vino y de fiambres para él y los marineros, el
-día en que la marea tercia de modo que no puedan volver a comer a casa
-a la hora conveniente.</p>
-
-<p>Durante la pesca, transige con que los marineros le <i>ceben</i> los
-anzuelos o le reemplacen con otra nueva una <i>tanza</i> rota, o le
-<i>desengarmen</i> el aparejo, cuando éste se le engarma entre peñas o
-en la caloca; pero se guardarán muy bien de tocar el pez que él saque
-preso en el hierrecillo traidor.</p>
-
-<p>Un día quiso lanzarse a correr aventuras fuera del puerto, seducido
-por las pinturas que sus marineros le hacían del tamaño y abundancia
-del pescado en aquellas honduras; y salió, en efecto; mas apenas
-comenzó la barquía a mecerse en pleno mar, y a columpiarse desde «el
-lomo altivo al seno proceloso de las ondas»<span class="pagenum"
-id="Page_161">p. 161</span> (como acontece allí, aun en las ocasiones
-en que se dice de la mar que está <i>como un plato</i>) pensó que la
-costa bailaba el fandango, <i>cambió la peseta</i>, y tuvieron los dos
-marineros que llevarle a puerto seguro, antes que se les quedara entre
-las manos.</p>
-
-<p>Esta lección le sirvió para no intentar siquiera «el estudio del
-besugo y de la merluza en su propio y natural elemento,» contentándose,
-hasta mejor ocasión, con el <i>anfiteatro</i> de la Pescadería, donde
-los veía tan cadáveres como en la Plazuela del Carmen, aunque un poco
-más frescos.</p>
-
-<p>Por lo demás, entregándose, como se entrega, con verdadera
-embriaguez, al placer de la pesca menor, y poseyendo <i>el arte</i>
-como cree él poseerle, es, durante la temporada, casi completamente
-feliz. Y digo casi, porque no ha podido adiestrarse mayormente en el
-manejo especialísimo de la guadañeta.</p>
-
-<p>—Aquí hay algún misterio que yo no penetro todavía —dice con
-desconsuelo a<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span> sus
-remeros e instructores, cada vez que estos, predicando con el ejemplo,
-van sacando maganos—. Esta pesca es <i>al vuelo</i>, digámoslo así; hay
-que robar más bien que pescar; y necesito yo estudiar, ante todo, la
-marcha y la estrategia de la banda.</p>
-
-<p>Y estudia, en efecto; y cuando ya se le rinde la muñeca de tanto
-menearla, la caridad, sin duda, medio le traba un magano que, al salir
-al aire libre, le lanza a la cara toda la <i>tinta</i>, dejándosela
-más negra que la del negro Domingo, sin que falte su abundante rociada
-para la camisa y cuanto blanquea sobre su cuerpo. Pero como esta tinta
-es la sangre de aquellas batallas, lejos de creerse afrentado con el
-tizne, lúcele orgulloso al desembarco, y toma las risas de la gente por
-muestras de admiración a sus proezas.</p>
-
-<p>Tal es el verdadero <i>punto negro</i> de su felicidad; y eso que,
-generalmente, pesca poco, o no pesca nada, si no se le cuentan<span
-class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span> como pesca tal cual dolor
-de cabeza, o romadizo, que de esto no le falta, gracias a Dios, durante
-la temporada.</p>
-
-<p>No hay para qué decir que es uno de sus grandes placeres obsequiar
-a las personas de su mayor aprecio con el producto de sus afanes de
-pescador. Que, cuando no pesca, habla de lo que ha pescado y de lo
-que piensa pescar, y que miente en la mitad de lo que habla entonces,
-también por sabido se calla. La afición desmedida a ese y otros
-parecidos entretenimientos, lleva consigo esa pequeña debilidad. Que lo
-digan los cazadores, y no se ofendan por ello.</p>
-
-<p>La temporada de este tipo concluye cuando los Noroestes se hacen
-crónicos, y la bahía, incitada por ellos, dice que no tolera más
-bromas en sus aguas. Entonces, curtida su cara por las brisas y el
-sol, apestando su equipaje a brea y a <i>parrocha</i>, gratifica
-generosamente a sus dos camaradas de <i>campaña</i>, después de
-pagarles<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> el alquiler
-de la barquía; y sale para Madrid con el temor de que han de parecerle
-siglos los meses del invierno, aunque lleno de satisfacción por haber
-cumplido ampliamente el propósito que le trajo a Santander.</p>
-
-<p>Un dato muy expresivo, que se me olvidaba:</p>
-
-<p>Le vi en una ocasión pararse delante de una tienda en que yo estaba
-sentado. Plantose a la puerta, dio en las losas dos golpecitos con
-la contera de su bastón, en el que apoyó en seguida su diestra mano,
-oprimió suavemente con la otra sus gafas contra el entrecejo, carraspeó
-tres veces, levantó mucho sus cejas y los correspondientes párpados,
-como si se maravillara de algo, y exclamó, por todo saludo, encarándose
-con mi amigo, y también de ustedes probablemente, el dueño de la
-tienda:</p>
-
-<p>—Señor D. Juan: pic... pic... pic.. pic... pic... pic... pic... (y
-marcaba cada uno de<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span>
-estos sonidos con la mano izquierda, unidos índice y pulgar.) Siete
-veces picó; y yo quieto,... quieto,... quieto,... Picadas falsas... Tú
-te clavarás... En efecto: un poco después, ¡zas!... ¡zas!... (y aquí
-frunció el ceño el buen señor, y marcó los golpes a puño cerrado)...
-Ahora muerdes, dije yo, y ¡rissch! tiro en firme... ¡Dos libras y media
-pesó! ¡Una porredana como un bonito!... Ayer tarde, a dos brazas de
-<i>la Horadada</i>... Esta noche tendemos el esparavel... Ya diré a Vd.
-la carnicería que resulte... Adiós, Sr. D. Juan.</p>
-
-<p>Y se fue.</p>
-
-<p>Así conocí yo al inofensivo, al dulce, al apacible, al venturoso
-Marqués de la Mansedumbre.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_14">
- <p><span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">UN JOVEN DISTINGUIDO,</h2>
- <p class="centra fs110 ws1 mt05">(<i>visto desde sus pensamientos</i>.)</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<h3 class="lh150">I.<br />EN UN CUARTO DE UNA FONDA.</h3>
-
-<p>No me digan a mí (<i>enfrente del espejo, y en ropas menores</i>)
-que aquellos hombres de anchas espaldas y robusto pecho, que gastaban
-gabanes de acero y pantalones de hierro colado, eran el tipo de la
-belleza varonil... Serían, todo lo más, forzudos; pero elegantes...
-¡bah!... Hay que desengañarse: es mucho más hermosa la juventud de
-ahora... ¿Qué hay que pedir a esta pierna larga y delgada, como un
-mim<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span>bre? ¿a este
-brazo descarnado y suelto, como si no tuviera coyunturas? ¿y a este
-talle que se cimbrea? ¿y a este pescuezo de cisne?... ¡Si no fuera
-por esta pícara <i>nuez</i>! Pero se me ha corregido mucho, y a la
-hora menos pensada desaparece por completo. De todas maneras, la
-cubriré con la barba... cuando la tenga... Y en verdad que sentiré
-tenerla, porque con ella perderá el cutis su frescura: ¡cuidado si es
-fresco y sonrosado mi cutis! ¡Si estuviera la cara un poco más llena
-de carnes y fueran los dientes algo más blancos y menudos!... porque
-con estos ojos rasgados, este bigotillo de seda y este pelo negro
-echado hacia atrás... ¡Qué hermosa frente tengo!... Y eso que no es
-muy ancha... Bien. Ahora el traje <i>amelí</i> de <i>negligé</i>.
-¡Qué bien cae el pantalón sobre los pies! Me gustan estas campanas
-tan anchas, porque tapan los juanetes. ¡Pícaros juanetes! ¿Por qué he
-de tener yo juanetes como un hombre vulgar?... No sé si me ponga el
-som<span class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span>brero de paja a
-la marinera, o el de fieltro. Como es por la tarde... Me decido por el
-de paja. No <i>viste</i> tanto, pero <i>me va</i> muy bien... Ahora
-los guantes de piel de Suecia, el bastón de espino ruso..., y a la
-calle... Vaya antes una mirada general... Intachable. ¡Cómo se nos
-conoce en <i>el aire</i> a los chicos distinguidos!... Por cierto que
-estos provincianos de Santander tienen un afán de arrimarse a uno...
-y luego serán capaces de quejarse si se les da un desaire... Pues no
-me hace gracia esta corbata: no juega bien con el traje. La cambiaré.
-Afortunadamente tengo en qué escoger. Papá se propuso sin duda que en
-esta primera salida mía a provincias dejara yo el pabellón bien puesto,
-y nada me ha escaseado. Corresponderé, papaíto, a tus propósitos; y
-la fama te dirá luego quién es tu hijo. Así están más en armonía los
-colores; y hasta las puntas sueltas <i>dicen</i> mejor a este traje
-que el nudo armado... Probablemente me esta<span class="pagenum"
-id="Page_170">p. 170</span>rán esperando en el Sardinero Casa-Vieja,
-Monteoscuro, Pradoverde y Manolo Cascajares... y hoy me hacen suma
-falta, para que me ayuden a averiguar quién es aquella hechicera y
-distinguida rubia que paseaba ayer tarde con las de Potosí. Cuando
-quise acercarme a ellas para saberlo, se metieron en un carruaje, y
-perdí la pista... Tres veces me miró ¡tres! pero ¡con qué intención!...
-Lo raro es que yo no la conocía hasta entonces... Acaso ella me
-haya visto antes en alguna parte: esto es lo más probable... En lo
-que no cabe duda es en que las de Potosí la habrán dicho quién es
-papá; por consiguiente tengo andada la mayor parte del camino, y mis
-<i>relaciones</i> con ella son seguras... Lo siento por el desengaño
-que van a llevarse mis dos conquistas del Muelle. ¡Pobres chicas! Pero
-ellas se lo han querido. A la tercera vez que pasé bajo sus balcones
-ya me devoraban con los ojos... Y el caso es que son muy bonitas...
-Si se conformaran<span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span>
-con el segundo puesto que les corresponde en mi corazón. ¡Corazón!
-Pero ¿le tienes tú, acaso, joven voluble?... ¡Y ellas que aspiran a
-conquistar el primero! Tendría que oír lo que se dijera de mí en Madrid
-este invierno, si me presentara en el gran mundo con la historia de dos
-conquistas provincianas por botín de mi campaña veraniega. ¡Yo que soy
-uno de los chicos de moda y de más porvenir!... En fin, por de pronto
-martiricémoslas un poco, y enseñemos a estos cursis montañeses algo de
-lo que vale y puede un joven de la buena sociedad madrileña.</p>
-
-
-<h3 class="lh150">II.<br />EN LA CALLE.</h3>
-
-<p>Antes de acometer el asunto principal de mi empresa de hoy,
-hagamos un poco<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> de
-prólogo por el interior de la ciudad. Éntrome por la calle de San
-Francisco... ¡Vulgo, vulgo todo! Modistillas, horteras, traficantes
-que van y vienen, y algunas señoras cursis... Aquellos tres chicos
-con humos de elegantes van a querer arrimarse a mí... Haré que no los
-veo, poniéndome a mirar esta vidriera... Ya pasaron... Me carga esta
-gente por lo pegajosa que es... No sé por qué se les figura que el
-darle a uno billete para el Círculo, o para los bailes de campo, les
-autoriza para tomarse ciertas libertades... Todos los que pasan a mi
-lado me miran. Dirán para sus adentros: «¡Qué chico tan elegante y tan
-distinguido; ese es de Madrid!»... porque se nos conoce a la legua...
-Se me figura que por más allá de San Francisco viene algo que no es
-vulgo... ¡Oh, fortuna! son las de Cascajares. Bien decía yo que ese
-aire no era de por acá. Voy a saludarlas... «A los pies de ustedes...»
-«Perfectamente, gracias...» «Pues por aquí ma<span class="pagenum"
-id="Page_173">p. 173</span>tando el aburrimiento...» «Lo comprendo
-sin que ustedes me lo digan...» «Ni tampoco sociedad...» «Qué quieren
-ustedes, les falta <i>chic</i>...» «También yo, en cuanto se marchen
-las amigas del Sardinero...» «Creo que van primero a Ontaneda...»
-«Y Pilar erisipela...» «¡Qué maliciosas son ustedes!...» «Y Manolo,
-¿dónde anda?...» «Entonces le veré en el Sardinero.» «A los pies de
-ustedes.»</p>
-
-<p>¡Qué amables, qué discretas y qué distinguidas! Pues tampoco yo
-he sido rana... ¡Aquello de la erisipela lo dije con una travesura y
-un retintín!... A estos <i>gomosos</i> provincianos quisiera yo ver
-tiroteándose con las señoras del gran mundo. ¿Qué idea tendrán de él
-aquí? ¡Pobre gente!</p>
-
-<p>Pues señor, esta región ya está explorada. Ahora al Muelle. Allí
-lanzaré un par de flechazos a mis dos montañesitas, y en seguida
-tomo el tranvía para el Sardinero. De más tono sería un carruaje
-abierto, en que fuera yo recostado con esa indo<span class="pagenum"
-id="Page_174">p. 174</span>lencia voluptuosa que tan bien me va; pero
-no hay que hablar de eso en este pueblo atrasadísimo... Echo por los
-atajos para llegar primero.</p>
-
-<p>¡Oh, qué brisa tan oportuna corre por aquí!... ¡Cómo juguetea con
-mis cabellos y con las puntas sueltas de mi corbata!... ¡Debo estar
-hermosísimo en este instante!... Andaré un poco más de prisa, no se
-figure algún mentecato indígena que la Ribera ni las que en ella viven
-son capaces de llamar mi atención... ¡Voy de paso, sí señores, nada
-más que de paso!... aunque demasiado conocerá la gente que, a estas
-horas, no puede venir por aquí con otro objeto un chico distinguido de
-Madrid.</p>
-
-<p>Me parece que aquel mirador es el de una de ellas. Justamente...
-¡como que está esperándome en él!... Pero no está sola... ¡Anda! pues
-es <i>la otra</i> quien la acompaña. Serán amigas... Tanto mejor; así
-despacho de un solo viaje. ¡Hermosa carambola voy a hacer con cada
-mirada!...<span class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> ¿qué
-digo carambola? la discordia es lo que van a producir mis miradas;
-como la manzana del otro... ¡Suerte más provocativa!... Vayan, ante
-todo, un par de golpes de puños, haciendo, de paso, como que el
-sombrero me sofoca, para meter los dedos entre el pelo... A esos dos
-provincianillos que vienen por la otra acera, les haré un saludo
-desdeñoso; y dirán las chicas: «¡con qué desdén tan distinguido los
-trata; cómo los domina!»... ¡Agur!... ¡Qué fachas van!... Las del
-mirador me han visto... Pues allá va la mirada... Ya la pescaron...
-Me miran de reojo y se sonríen y cuchichean. ¡Cómo disimulan la una
-con la otra! Luego será ella, cuando tratéis de ver quién se le lleva.
-Para vosotras estaba, inocentes... La verdad es que son monísimas...
-¡Válgame Dios, qué estragos podía yo hacer en este pueblo si me lo
-propusiera! No miro a una que no me corresponda... Otro golpe de
-brisa. Todo me favorece hoy. ¡Es que estoy gra<span class="pagenum"
-id="Page_176">p. 176</span>ciosísimo con estas arremetidas del aire!...
-Antes de perder de vista el mirador, voy a volver la cara... ¿No
-lo dije? Devorándome están con los ojos... Y para disimular más se
-meten corriendo en casa, haciendo que ríen a carcajadas... ¡De cuánto
-fingimiento es capaz la mujer! Pues señor, este fruto está ya sazonado;
-y aunque sea para entreplato, se aprovechará.</p>
-
-<p>El <i>Suizo</i>. Con la disculpa de buscar a alguien, voy a darme
-un par de golpes de espejo... Perfectamente. ¡Qué hermoso estoy esta
-tarde!... ¡Es que nunca ha sido mi cutis más blanco, ni han tenido mis
-ojos más hechicera languidez! No me extraña que las del mirador hayan
-quedado fascinadas... ¡Es mucho ese Madrid para chicos distinguidos!</p>
-
-<p>Ahora, a tomar el tranvía y buscar a mi gente al Sardinero... ¡Ah,
-rubia! te compadezco...</p>
-
-<p>Me cargan a mí estos tranvías de pro<span class="pagenum"
-id="Page_177">p. 177</span>vincia, por la morralla que va en ellos...
-Por supuesto que, como de costumbre, tendré que ir de pie en la
-imperial, porque, en el interior, es un poco pesado llevar tanto tiempo
-el ceño fruncido y la cara de asco... Y de otro modo no puede ir un
-chico distinguido como yo. Arriba, con la disculpa de mirar al mar,
-puede uno siquiera volver la espalda a todo el mundo sin violencia
-y sin que choque... Debería haber departamentos especiales en estos
-carruajes.</p>
-
-
-<h3 class="lh150">III.<br />EN EL SARDINERO.</h3>
-
-<p>Esto ya es otra cosa... aquí puedo decir que estoy en mi casa. ¡Qué
-<i>toaletas</i>; qué <i>negligés</i> tan <i>chic</i>!... ¡Cómo se
-destacan las madrileñas!... y ¡cómo me destaco<span class="pagenum"
-id="Page_178">p. 178</span> yo! Empecemos por buscar a los amigos;
-después a la rubia. La compañía le hace a uno más osado y hasta más
-elocuente... No los veo por ninguna parte... Pero en cambio veo a las
-de Potosí que están aquí paseando. ¡Canastos! vienen solas... ¿Y la
-rubia?... Lo más acertado será preguntar discretamente por ella...
-«Señoritas...» «Muy bueno, gracias...» «Sí, la tarde está hermosa para
-eso...» «Ayer estaban ustedes más acompañadas...» «Palabra de honor;
-jamás había visto a esa señorita...» «Hermosa es en efecto; pero
-¿y qué?...» «Ni tarde ni temprano...» «¡Que se ha marchado ya!...»
-«Oh, no me admiro por lo que ustedes creen, sino por lo poco que ha
-estado aquí...» «De modo que veinticuatro horas escasas...» «Pues no
-vi yo a su papá...» «¡Barrizales!» «¿Luego ella es Lola Barrizales,
-la que estaba en un colegio de Alemania?» «Y, ¿qué va a hacer ahora
-en Madrid?...» «¡Que va a casarse en cuanto llegue!...» «Nada hay de
-raro,<span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> en efecto, sino
-que... en fin, que sea enhorabuena.» «Y hablando de otra cosa ¿han
-visto ustedes a Casa-Vieja y demás amigos por aquí?...» «Lo siento,
-porque andaba buscándolos para un asunto... Veré si en la galería... A
-los pies de ustedes.»</p>
-
-<p>¡Horror y maldición! Conque era Lola Barrizales, y Barrizales es
-íntimo de papá, y ella supo quién era yo; luego aquellas miradas
-eran lo que yo me figuraba; y tal vez la sacrifican y ella quería
-decírmelo, y yo pude haberlo impedido con una sola entrevista...
-¡Maldito coche en que se metieron ayer! ¡Lola Barrizales! ¡bella, rica
-y distinguida!... ¡Qué ocasión para mí! ¡qué ocasión perdida, dioses
-inmortales! Pero ¿tiene remedio ya este bárbaro contratiempo? Eso es lo
-que tengo que consultar con mis amigos, y voy a buscarlos ahora mismo
-a la galería... Entraré en ella muy pensativo y hasta cabizbajo, como
-quien lleva herido el corazón: esta actitud me <i>irá</i> muy bien.
-Entremos. ¡Cuán<span class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span>ta
-gente elegante!... No están ellos aquí tampoco... En aquel extremo
-hay una silla desocupada... La ocupo... Dos chicas muy guapas se han
-fijado en mí. Buena ocasión para herirlas... Apoyo el codo en la
-barandilla, la cabeza sobre la palma de la mano, y me pongo muy triste
-y melancólico. Siguen mirándome... Y dirán ellas: «Ese joven debe tener
-una gran pesadumbre ¡qué hermoso es!» y me compadecerán... Ahora miro
-al suelo, apoyando la frente en mi mano; y como si quisiera ocultar
-alguna lágrima que enturbiara mis ojos, doy golpecitos en el pie con el
-bastón. Pero la angustia va en aumento, el disimulo no alcanza y vuelvo
-la cara hacia la Ermita. Para expresarlo mejor, muerdo el pañuelo...
-Estoy así un ratito, como sollozando. ¡Qué hermoso debo estar!...
-Ahora, después de sonarme y guardar el pañuelo, debo levantarme y salir
-de prisa, ocultando la cara, como si mi dolor se aumentase entre la
-gente.<span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span> Allá voy...
-Siguen mirándome las dos chicas y creo que algunas más. No importa; yo
-no puedo, no debo, en esta situación, fijarme en nadie: a papá mismo
-negaría el saludo... ¡Magnífica salida he hecho! ¡Qué interesante he
-estado!... Me parece que he causado gran efecto. A la noche indagaré si
-se habló algo de mí después que salí de la galería.</p>
-
-<p>Aquí afuera hay demasiada gente también, y no debo permanecer entre
-ella estando tan triste como estoy. Me voy del Sardinero a buscar
-la soledad que me corresponde. «Estuvo aquí un instante (debe decir
-la gente mañana) muy afectado, y se retiró en seguida sin saludar a
-nadie...» Y habrá hasta quien crea que fui a los Pinares a levantarme
-la tapa de los sesos. ¡Magnífico! Esto me pondrá de moda.</p>
-
-<p>Me vuelvo a la ciudad, a pie, por la Magdalena; y me ayudarán a
-conllevar las fatigas del camino mis tristezas. En marcha, pues.</p>
-
-
-<h3 class="lh150"><span class="pagenum" id="Page_182">p.
-182</span>IV.<br />OTRA VEZ EN SU CUARTO.</h3>
-
-<p>Resumen de mis meditaciones del camino: continuaré en Madrid la
-empresa malograda aquí. El destino me la arrebató soltera; yo haré
-que el diablo me la devuelva casada. (<i>Desnudándose enfrente del
-espejo.</i>) ¡Qué interesante me han puesto la pena y el cansancio!...
-Un amor contrariado con los correspondientes azares y escándalos,
-debe ser la ambición de todo hombre de mundo. La suerte quiere, por
-lo visto, que yo empiece por donde tantos calaveras han concluido.
-Cúmplase mi destino, y ¡adelante! Pero entre tanto, yo padezco y
-necesito distraerme. Me distraeré... abusando un poquito de mis
-ventajas... Esta noche al teatro; mañana al baile de campo con todos
-los recursos de mi hermosura, de mi distinción<span class="pagenum"
-id="Page_183">p. 183</span> y de mi ropero. No me contentaré ya con la
-mirada y con la sonrisa; usaré también el billete perfumado, y luego el
-soborno, y después el escalamiento, y por último, hasta el rapto, y, si
-es preciso, la estocada... Comencemos por vestirme de serio... ¡Juro a
-Dios que no me detendrán en mi carrera ni lágrimas ni amenazas! Yo no
-he traído esta contrariedad fatal; yo no me he colocado por mi gusto
-en esta actitud que ha de dejar memoria eterna en Santander. No se me
-pregunte luego por qué dejo víctimas detrás de mí:</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent2">«Soy el león... perseguido</div>
- <div class="verse indent0">que sacude la melena.»</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<p>Y pues al cielo plugo hacerme sentir el fuego de una pasión, y
-arrebatarme el objeto que me la inspirara, de las cenizas que deje a mi
-paso esta llama abrasadora,</p>
-
-<div class="poetry-container">
-<div class="poetry">
- <div class="stanza">
- <div class="verse indent0">«responda el cielo, no yo.»</div>
- </div>
-</div>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_15">
- <p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p>
- <h2 class="nobreak">LAS DEL AÑO PASADO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>¿Conoce el lector a <i>las de Doña Calixta</i>? En un libro que anda
-por ahí con el rótulo de <i>Tipos y Paisajes</i>, se habla de ellas y
-de otras muchas cosas más. Si no las conoce, compre el libro. Si las
-conoce, con decirle que no se separan de ellas en todo el verano las
-aludidas en el título de este croquis, debe hallarlas en su memoria a
-poco que la registre.</p>
-
-<p>A mayor abundamiento, le daré algunas señas particulares. Son
-dos, madre e hija. La madre es achaparrada, con el pescuezo más bien
-embutido que colocado entre los hombros, y la cabeza ensartada en
-el<span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> pescuezo, como
-una calabaza en la punta de una estaca; tiene ancha y risueña la boca,
-fruncido el entrecejo, grises los ojos, poca frente, mucho pelo,
-mala dentadura y peor el cutis de la cara. La hija, por uno de esos
-caprichos inconcebibles de la naturaleza, es todo lo contrario de su
-madre; de bizarras líneas, de hermosas y correctísimas proporciones;
-modelo del arte clásico, mármol griego, y como de tal sustancia, fría e
-inanimada. Se llama Ofelia. Su madre no responde más que al nombre de
-Carmelita, aunque otra cosa se le grite al oído.</p>
-
-<p>Los que lo entienden, dicen que Ofelia podría ser irresistible por
-la sola fuerza de su propia hermosura, con expresión en la fisonomía,
-flexibilidad en el talle y gusto en el vestir; pues además de rígida e
-inanimada, parece que es sumamente <i>cursi</i>. En cuanto a Carmelita,
-basta verla en la calle una vez para que el menos autorizado en la
-materia pueda decidir de plano que es un espantapájaros.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span>Táchase en las dos,
-como resabio de su mal gusto, un afán inmoderado de hacer ver a todo el
-mundo que siempre llevan zapatos nuevos, de los más relumbrantes o de
-los más historiados.</p>
-
-<p>Cómo empezaron sus relaciones con las de D.ª Calixta, no lo sé yo:
-acaso hubo entre unas y otras esa atracción misteriosa que se explica
-en latín con aquello tan sabido de <i>similis, similem querit</i>;
-pero es indudable que desde que por primera vez llegaron a Santander
-a veranear, intimaron con la <i>coronela</i> y sus tres hijas, como
-dos gotas de agua con otras cuatro. A sus reuniones van, a sus amigas
-visitan; con ellas recorren de día y de noche calles y paseos;
-<i>por</i> ellas pagan sorbetes en el café, coches al Sardinero, y
-lunetas en el teatro; y en su exclusiva compañía asisten a los bailes
-campestres, a las serenatas, a las procesiones y a las solemnidades
-públicas.</p>
-
-<p>Desde la primera vez que se la vio en<span class="pagenum"
-id="Page_188">p. 188</span> este pueblo, llamó la atención la hermosura
-de Ofelia; pero ni los hombres la codiciaron, ni las mujeres la
-temieron: sus ya enumerados defectos y el contrapeso estrafalario
-que le hacía su madre constantemente, entibiaban hasta el frío el
-entusiasmo de los unos, y tranquilizaban hasta el desdén a las otras.
-Nadie, pues, supo su nombre, ni quiso cansarse en preguntar por él. El
-primer año, si se la citaba en una conversación, se decía únicamente:
-<i>esa que anda con las de Doña Calixta</i>. Desde el verano siguiente,
-ya se las llamó, a ella y a su madre, <i>las del año pasado</i>;
-especie de mote que revela cierto cansancio de verlas, y pocos méritos
-para murmurar de ellas más de una vez.</p>
-
-<p>Las de Doña Calixta están locas por Ofelia. En su presencia, la
-ensalzan hasta la adulación; ausente, aburren al lucero del alba
-hablando de su hermosura, de su elegancia, de su brillante posición,
-de sus relaciones entonadas en Madrid, de las<span class="pagenum"
-id="Page_189">p. 189</span> magníficas proporciones que desecha, de sus
-deseos de llevarlas a pasar el invierno a su lado, de las cartas que
-se escriben desde que se va de aquí, y de los encargos que se hacen
-mutuamente,</p>
-
-<p>—Pero ¿quiénes son ellas? —se ha preguntado muchas veces a las de
-Doña Calixta—. ¿Qué pito tocan en Madrid; cuál es su verdadera posición
-social?</p>
-
-<p>A cuyas preguntas jamás han dado las interrogadas una respuesta
-satisfactoria; porque, a decir verdad, no están ellas en el asunto
-mucho más enteradas que los preguntantes. Y bien sabe Dios que hacen
-todo lo posible por ajustar a sus amigas las cuentas al menudeo; pero
-sea porque el asunto es harto sencillo y no necesita explicaciones y
-está a la vista, o porque realmente hay malicia para disfrazarle, es lo
-cierto que las de Madrid no acuden al interrogatorio con la claridad
-que desean las de Guerrilla.</p>
-
-<p>—Dichosa de ti —dicen éstas a Ofelia<span class="pagenum"
-id="Page_190">p. 190</span> en sus frecuentes confidencias con ella—,
-¡dichosa de ti, que puedes vivir en la Corte con todas las ventajas que
-te dan tu posición y tu figura!</p>
-
-<p>—No tanto como creéis —contesta Ofelia entre desdeñosa y
-presumida.</p>
-
-<p>—¡Ay! no me digas eso... Di que Dios da nueces... Aquí te quisiera
-yo ver todo el año.</p>
-
-<p>—De modo que, mejor que aquí, desde luego os confieso que se pasa
-allí el tiempo; pero de esto a lo que vosotras pensáis...</p>
-
-<p>—¡Madrid! con aquellos paseos, con aquellos teatros, con aquella
-tropa y aquellas músicas... Todo el día estarás oyéndola, ¿verdad?</p>
-
-<p>—Psé... Como no sea alguna vez que voy a la parada con mamá...</p>
-
-<p>—¡A Palacio!... ¡qué hermosura!... estará la plaza llena de
-generales.</p>
-
-<p>—Ni se <i>arrepara</i> en ellos, chicas... La última vez que fuimos
-se empeñó el coro<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span>nel
-<i>entrante</i> en que tomáramos asiento en el pabellón...</p>
-
-<p>—Y tú, con esa sequedad condenada, no querrías.</p>
-
-<p>—Claro está que no.</p>
-
-<p>—Uf, ¡qué rara, hija!... ¡Me da coraje ese genio! No me extraña que
-te sucedan ciertas cosas.</p>
-
-<p>—¿Qué cosas?</p>
-
-<p>—Por de pronto, aburrir a tus proporciones, y hacerlas creer que las
-desprecias; que es lo mismo que si las tiraras por la ventana... Ya ves
-cómo lo creyó aquel de quien nos hablabas ayer...</p>
-
-<p>—¡Mira qué ganga!... Un simple <i>catredático</i>.</p>
-
-<p>—Ya se ve, ¡como tienes otros adoradores de alto copete!</p>
-
-<p>—No lo dirás por el <i>comendante</i> que me echó la carta por
-debajo de la puerta.</p>
-
-<p>—Ya sabes tú que voy por más arriba.</p>
-
-<p>—Por el Marqués de la esquina, ¿eh?</p>
-
-<p>—¿Se llama así?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>—No, pero vive a la
-esquina de la calle, dos puertas más abajo que nosotros..., como vive
-un Duque tres puertas más arriba, y un Marqués enfrente.</p>
-
-<p>—De modo que en tu calle todos sois personajes.</p>
-
-<p>—Eso sí.</p>
-
-<p>—¡Qué gusto! Y lo del Marqués ¿será cosa hecha?</p>
-
-<p>—Psé... Hay poco que fiar, si os he de decir la verdad; no porque
-él no esté bien apasionado, sino porque como en Madrid hay tantas
-proporciones, y cambia una tantas veces de parecer... Esto nació del
-teatro Real... Como es muy amigo de papá, me acompañó hasta casa a la
-salida. Después me ha visitado muchas veces, y siempre ha tenido alguna
-cosa que decirme al oído.</p>
-
-<p>—Y tú, ¿qué le has contestado?</p>
-
-<p>—Que se lo diga a papá.</p>
-
-<p>—¿Ve Vd.? ¿A que desprecias también esa proporción?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span>—Allá veremos.</p>
-
-<p>—Ay, ¡qué sangre de chufas!... ¿De modo que vas muy a menudo al
-Real?</p>
-
-<p>—Bastante.</p>
-
-<p>—Estarás abonada.</p>
-
-<p>—No quise que se abonara papá a turno con las <i>Consejeras</i> del
-principal: ellas bien me lo rogaron; y desde entonces, porque no lo
-tomaran a desprecio, no me he abonado nunca.</p>
-
-<p>—¡Buenas estarán aquellas funciones! ¡Qué concurrencia habrá
-allí!</p>
-
-<p>—Mucho personaje... toda la Corte... y muchísimo título; pero de
-confianza.</p>
-
-<p>—Como que os conoceréis todos.</p>
-
-<p>—La mayor parte son íntimos de papá.</p>
-
-<p>—¿Por qué no tiene título tu papá?</p>
-
-<p>—Porque, como él dice, está por lo positivo.</p>
-
-<p>—¿Tendréis carruaje?</p>
-
-<p>—¡Como hay tantísimos de alquiler!...</p>
-
-<p>—Es verdad.</p>
-
-<p>—Por supuesto, que te escribirás con el Marqués.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span>—Anda, curiosa,
-picarona, ¿quieres saber tanto como yo? Esas cosas no se dicen, ¡ea!</p>
-
-<p>Y con esto, o algo parecido, y cuatro palmaditas sobre el hombro de
-la preguntona, corta Ofelia el interrogatorio a que todos los días se
-la somete, y cambia de conversación.</p>
-
-<p>Entre su madre y Doña Calixta pasa, en el ínterin, algo por el
-estilo.</p>
-
-<p>—¿Y cómo no se anima su esposo de Vd. a acompañarlas algún verano?
-—pregunta a la de Madrid la coronela.</p>
-
-<p>—Porque no puede, Doña Calixta.</p>
-
-<p>—¡Que no puede!... ¡un hombre de su posición!</p>
-
-<p>—Pues por lo mismo. Usté no sabe, Doña Calixta, ¡qué bregas y qué
-<i>laberientos</i> trae ese hombre de Dios metidos en aquella cabeza!
-Ya se lo digo yo bien a menudo: «¡Cualquiera pensará que no tienes qué
-comer!»</p>
-
-<p>—Lo mismo me pasa a mí con el coro<span class="pagenum"
-id="Page_195">p. 195</span>nel, Carmelita. Ahí le tiene Vd. metido en
-sus haciendas todo el año de Dios. Hoy que está levantando la presa de
-una fábrica de harinas; mañana que va a los cierros con un regimiento
-de cavadores; otro día, que está cercando una mies que compró la
-víspera; ahora, que construye una casa de labor; después, que entró la
-peste en la ganadería y ha tenido que visitarla con los albéitares;
-cuándo que los colonos; cuándo que el administrador... ¡Nunca jamás
-tiene un día para ver a su familia!</p>
-
-<p>—«Pero, hombre —le he dicho algunas veces—, sacrifica media semana
-siquiera para saludar a estas señoras tan buenas y que tanto nos
-quieren»... Como si callara, Carmelita...</p>
-
-<p>—Pues sucediéndole a Vd. eso con su esposo ¿cómo le extraña a Vd.
-que el mío no nos acompañe jamás?</p>
-
-<p>—Creía yo que los negocios de ese caballero no serían de los que
-amarran tanto como las aficiones de Guerrilla.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>—¡Mucho más, D.ª
-Calixta! Figúrese Vd. que mi esposo no tiene hora libre. Estamos
-almorzando: carta del Ministro de Hacienda para que se vea con él
-inmediatamente; nos sentamos a comer: volante del Gobernador que tiene
-que hablarle <i>de continente</i>; vamos a salir al Prado, o a la
-Castellana, o al teatro, o al baile de Palacio, es un suponer; pues el
-diputado, o el ayudante del general, o el diablo, está ya a la puerta
-para que se vea en el <i>azto</i> con el presidente de las Cortes, o
-con el Capitán general, o con el director de Beneficencia, sobre que la
-contrata, o el suministro... Le digo a Vd. que él podrá ganar buenos
-caudales, pero buenos sudores le cuestan al pobre. Así es que algunos
-días tiene un humor que tumba de espaldas.</p>
-
-<p>—¿Y por qué no tiene un hombre de su confianza en quién
-descansar?</p>
-
-<p>—Porque, como él dice, «hacienda, tu amo te vea». Lo mismo le pasará
-a su esposo de Vd.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span>—Es verdad; pero ya
-que tan bien le ha ido y le va con los negocios ¿por qué no se retira
-de una vez? La salud ante todo, Carmelita. Y para una hija sola que
-tiene...</p>
-
-<p>—Cierto es eso; pero los negocios, parece ser que están enredados
-unos con otros, y que no es tan fácil como se cree echar el corte
-cuando se quiere... Y si no, pregúnteselo Vd. al coronel.</p>
-
-<p>—En verdad que algo de eso suele decirme a mí Guerrilla cuando le
-llamo codicioso, y le aconsejo que lo deje todo y se venga al lado de
-su familia.</p>
-
-<p>—Pues velay, usté.</p>
-
-<p>—Ya, ya; ya me hago cargo.</p>
-
-<p>Y por más vueltas que dan la madre y las hijas a sus
-interrogatorios, no sacan otra cosa en limpio las de D.ª Calixta, con
-respecto a la verdadera posición social de sus amigas de Madrid.</p>
-
-<p>Algo pudiera decirlas yo que les ahorrara más de la mitad del
-camino para<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span> llegar
-al asunto: pero ¡vaya Vd. a ponerlo en sus bocas! Toda la veneración
-que sienten por Ofelia, no alcanzaría a impedirlas que se lo contaran,
-<i>en secreto</i>, al primero que les manifestara el mismo afán que
-ellas tienen hoy. Y que ese <i>algo</i> no debe publicarse después de
-haber ellas mismas ensalzado tanto la prosapia de Ofelia, es indudable.
-Y si no, que lo diga el imparcial lector, a quien hago juez en el
-asunto. Trátase de una carta que las de Madrid se dejaron olvidada
-debajo de la cama, en la casa de huéspedes que habitaron el verano
-pasado: carta que llegó a mi poder, no diré cómo, y dice así:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Mi más querida esposa Carmelita, y amadísima hija Ofelia: Sus
- escribo la presente para decirvos que estoy bueno de salú, y para
- que me digáis cómo anda la vuestra; pus va diquiá dos semanas que
- no recibo carta de vusotras. De paso sus alvertiré que, como la
- lezna no entra por<span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span>
- onde señala, lo de la contrata de zapatos para el Hospicio no salió
- esta vez como las otras; y gracias que lo cuento en mi casa. Paece
- de que antier volvieron los chicos descalzos al establecimiento,
- porque a resultas de la lluvia, se reblandeció el cartón de la suela,
- y se descubrió el ajo. Diréis que cómo otras veces ha pasado el
- engaño, y ahora no. Sus diré a eso que, en primer lugar, esta vez,
- por guitonada de los oficiales, no se dio bien al cartón el unto
- que sabéis y con el que aguantaba un zapato siquiera tres posturas
- (no mojándose en la segunda); y después porque ya no está allí el
- encargado de enantes, que además de recibir la obra por buena, echaba
- a los chicos la culpa de la avería, cuando se le quejaban de ella.
- Tomó cartas ahora el Administrador, y me baldó. Por buena compostura,
- he consentido en perder todo el valor de lo entregado; que, por
- fortuna, de cartón era ello y de badana. ¡Bien haya los sofocos<span
- class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> que me di cortando pares
- en el mostrador! ¡Y yo que pensaba calzar a medio ejército de tropa,
- por lo que, como sabéis, tenía echado un memorial en el menisterio!
- Me temo que lo del Hospicio no me ha de favorecer nada para el caso.
- Y lo peor es que por atender con todos mis operarios a la tarea, los
- parroquianos de fino han estado mal servidos, y algunos me dejan.</p>
-
- <p>»A todo esto, sus diré que el Marqués de la esquina se ha casado
- en Alicante, con una viuda rica y vieja, para salir de trampas. Bien
- sus decía yo que estaba más tronado que una rata, y también sus dije
- que me debía los botitos de dos años; y ahora sus diré que además
- me debía siete duros que me pidió una noche al pasar por la tienda,
- porque no llevaba suelto. Cuando venga le pasaré la cuenta de todo;
- y si paga, que no pagará, eso saldremos ganando... ¡y gracias que
- no nos debe más, que bien hubiera podido ser! No hay que pen<span
- class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>sar en estos Marqueses que
- soban mucho a los artistas que tenemos hijas guapas.</p>
-
- <p>»Esto me alcuerda que ya van cinco veranos que veraneáis en esa,
- sin el menor apego de <i>indiano</i>, como sus figurestes. Con un par
- de negocios como el del Hospicio, sacabó la tela y, como el otro que
- dice, el veraneo de moda. Mucho sus quiero, pero no sé si podréis
- ripitir.</p>
-
- <p>»Venisius pronto, que ya me hacéis falta para el ribeteo en
- fino: alcordarvos de que pierdo dinero pagando, más de mes y medio,
- oficialas que hagan vuestra labor.</p>
-
- <p>»Tocante a lo demás, devertisius mucho, pues bien sabéis sus ama y
- sus estima vuestro esposo rendido y amante padre,</p>
-
- <p class="firma mt1">»<span class="smcap">Crispín de la
- Puntera.</span>»</p>
-
-</blockquote>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_16">
- <p><span class="pagenum" id="Page_203">p. 203</span></p>
- <h2 class="nobreak g0">EN CANDELERO.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>—«Que va a Alicante; que prefiere a Valencia; que acaso se decida
-por Barcelona.</p>
-
-<p>—»Que ya no va a Barcelona, ni a Valencia, ni a Alicante; porque
-viene a Santander.</p>
-
-<p>—»Que ya no va a ninguna parte.</p>
-
-<p>—»Que le son indispensables los baños de mar, y que tiene que
-tomarlos.</p>
-
-<p>—»Que se decide por la playa del Sardinero.</p>
-
-<p>—»Que vendrá en julio; que acaso no pueda venir hasta principios
-de agosto; que lo probable es que ya no venga hasta muy cerca de
-setiembre.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>—»Que ya no viene
-ni en julio, ni en agosto ni en setiembre.</p>
-
-<p>—»Que, por fin, viene, y se cree que se hospedará en una fonda del
-Sardinero.</p>
-
-<p>—»Que es cosa resuelta que llegará el tantos de julio, y que no se
-hospedará en el Sardinero, sino en la ciudad.</p>
-
-<p>—»Que no se sabe si le tendrá en su casa el Marqués de X, o el Conde
-de Z, o D. Pedro, o D. Juan, o D. Diego.</p>
-
-<p>—»Que resueltamente se hospedará en casa del Sr. de Tal.»</p>
-
-<p>Eso, y mucho más por el estilo, cuentan, corrigen, desmienten,
-rectifican y aseguran todos los días estos periódicos locales, con el
-testimonio de los de Madrid y algunas correspondencias particulares,
-desde mayo a fin de julio, casi en cada año, refiriéndose a alguno de
-los personajes que a la sazón se hallen <i>en candelero</i>.</p>
-
-<p>Un día vemos conducir a hombros por la calle, una lujosa sillería,
-un espejo raro,<span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span>
-una mesa de noche muy historiada..., algo, en fin, que no se ve en
-público a todas horas; observamos que las señoras indígenas transeúntes
-se quedan atónitas mirando los muebles, y hasta las oímos exclamar:
-«Son para el gabinete que <i>le</i> están poniendo. El espejo es de
-Fulanita, la mesa de Mengano, y la sillería de Perengano.»</p>
-
-<p>Y llega el tantos de julio; y por la tarde se ven fraques, levitas
-y tal cual uniforme, camino de la Estación, y además el carruaje que
-envía el Sr. de Tal, propio, si le tiene, y si no, prestado.</p>
-
-<p>Poco después estallan en el aire, hacia el extremo del andén, media
-docena de cohetes, y casi al mismo tiempo se oye el silbido de la
-locomotora que entra en la Estación. Luego salen de ella los viajeros
-vulgares, y puede verse en el fondo, enfrente de la puerta, un grupo
-de personas apiñadas, confundiéndose en él el oro de los uniformes
-con el negro paño de la me<span class="pagenum" id="Page_206">p.
-206</span>dia etiqueta; el cual grupo se cimbrea de medio a arriba muy
-a menudo, dejando ver, a tiempos, en su centro, una persona erguida e
-impasible, como ídolo que recibe la incensada; después el del centro
-del grupo, con otros tres de la circunferencia, toman asiento en el
-carruaje; parte éste al trote de sus caballos, síguenle, echando los
-pulmones por la boca, dos docenas de granujas impertinentes, y una
-pareja de guardias municipales que llevan los paraguas y los abrigos
-de algunos de los que van en el coche, y vuelven a verse los mismos
-fraques y galones de antes camino de la Dársena, pero dispersos y en
-desorden.</p>
-
-<p>Y andando, andando, el carruaje llega al punto de su destino.</p>
-
-<p>—¿Cuál de ellos es? —pregunta algún curioso, al ver apearse a los
-del coche.</p>
-
-<p>—Ese que va en medio...</p>
-
-<p>—Pues no tiene la mejor traza —replica el preguntante, con cierto
-desaliento,<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span> en la
-creencia, sin duda, de que el hombre está obligado a embellecerse a
-medida que asciende en la escala de los empleos.</p>
-
-<p>Los que subieron la escalera de su casa acompañándole, bajan a poco
-rato; y cuando anochece, comienzan a llenar de ruido la barriada la
-charanga de la Caridad, y sucesivamente todas las murgas que de la
-caridad pública viven.</p>
-
-<p>Al día siguiente vuelven a verse por la calle las libreas de la
-etiqueta. Son de los que tienen obligación de ir a ofrecer sus respetos
-al recién venido, y de las comisiones de esto y de lo otro. Recibe
-a cada grupo a hora distinta, y tiene para todos frases bastante
-lisonjeras, ya que no muy variadas.</p>
-
-<p>—Señores —suele decirles—, yo me felicito de recibir el cordial
-saludo de... (Aquí lo que sean los visitantes) tan dignos y
-beneméritos. Estad seguros de que si seguís prestándonos todo el
-apoyo de vues<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>tra
-importantísima adhesión y de vuestro celo e inteligencia en el
-desempeño de vuestros respectivos cargos, el Gobierno se envanecerá
-de ello; y el país, que tanto espera de nosotros, porque por nosotros
-está nadando en la felicidad y en la abundancia, os lo recompensará
-con largueza. Yo, fiel intérprete de sus deseos y aspiraciones, os lo
-prometo en su nombre.</p>
-
-<p>Se dicen luego cuatro vaguedades sobre la salud del visitado, sobre
-la virtud de los baños de ola, y sobre el paisaje y el clima de la
-Montaña, y a otra cosa.</p>
-
-<p>Al segundo día, aún se ven algunos curiosos... y curiosas de copete,
-husmeando hacia la puerta de la calle, a las horas probables en que
-<i>él</i> ha de salir.</p>
-
-<p>Al tercero, nadie se acuerda ya del personaje. Solo la prensa
-local se ocupa, con un celo superior a todo elogio, de decirnos si
-va o si viene; si le <i>pintan</i> los baños; si piensa darse tantos
-o cuántos, y cuántos se ha dado ya; si prefiere el bonito a la<span
-class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> merluza; con quién comió y
-con quién comerá; a qué hora se acuesta; quiénes le hacen la tertulia;
-de qué lado duerme y a qué hora se levanta.</p>
-
-<p>Al octavo día observa la gente que por la Plaza Vieja sube un coche
-lleno de señores muy espetados.</p>
-
-<p>—Ahí va —dicen algunos.</p>
-
-<p>—¿A dónde? —se les pregunta.</p>
-
-<p>—A visitar el Instituto. Desde allí irá a la Farola. Ahora viene del
-Cristo de la Catedral.</p>
-
-<p>—Entonces ¿está ya para marcharse?</p>
-
-<p>—¡Claro; cuando le enseñan <i>eso</i>!...</p>
-
-<p>Y así es, en efecto. Al cumplirse la semana y media desde su
-llegada, vuelven a verse una mañana, camino de la Estación, los
-fraques, los galones, el coche, los granujas y los policías de la otra
-vez; y en el andén, el mismo grupo dando sombreradas y apretones de
-manos al propio personaje, que va poco a poco desapareciendo en un
-coche reservado y muy<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>
-majo; estalla en los aires otra media docena de cohetes, vuelve a
-silbar la locomotora, y parte el tren hacia la Peña del Cuervo, dejando
-detrás la consabida crencha de humo vaporoso, que ondula, se enrosca y
-serpentea, y al cabo se pierde y desvanece en el espacio, como todas
-las vanidades de la tierra.</p>
-
-<p>Durante algunos días después, la gente <i>bien informada</i> se
-las promete muy felices para los intereses del común. Todos los
-proyectos que el Municipio tiene pendientes de superior resolución
-serán despachados «como se pide»; habrá subvenciones para esto y para
-lo otro y para lo de más allá; el puerto va a quedar como nuevo; los
-barrancos que están a expensas del Estado a las inmediaciones de
-Santander, volverán a ser anchas, firmes y cómodas carreteras..., en
-fin, hasta se colocará la estatua de Velarde sobre el pedestal que
-está esperándola; ¡doce años hace!... Él lo ha prometido; él lo ha
-asegurado;<span class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span> él se lo
-ha ofrecido en confianza a Juan, a Pedro y a Diego... Va muy satisfecho
-de <i>nosotros</i> ¡contentísimo de la acogida que se le ha hecho!</p>
-
-<p>Claro es que ninguna de estas ofertas se cumple, no sé si porque,
-en realidad, no se hicieron, o porque se olvidaron, como tantas otras;
-pero, en cambio, un día del próximo otoño amanecen Caballeros y
-Comendadores de aquende y de allende, seis docenas de ciudadanos que
-se acostaron simples mortales como yo. ¡Única estela que hoy dejan, a
-su paso por los pueblos, los varios españoles que gozan el eventual e
-instable privilegio de ser recibidos con música y cohetes!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_17">
- <p><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span></p>
- <h2 class="nobreak g1">AL TRASLUZ.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>O hay que convenir en que la mujer es susceptible de adquirir
-cuantos aspectos y actitudes morales quiera darle la educación, o
-debemos confesar que la Naturaleza tiene, de vez en cuando, caprichos
-muy singulares.</p>
-
-<p>Esto, que probablemente se habrá dicho cincuenta mil veces, a
-propósito de las mujeres que se han hecho célebres en el campo de las
-ciencias, en el de las artes, en el de las letras..., y hasta en el de
-las armas, cuadra perfectamente al hablar de cierto tipo que, no por
-pasar como un relámpago todos los años sobre la fisonomía veraniega
-de Santander, deja de im<span class="pagenum" id="Page_214">p.
-214</span>primirse en ella; y no así como quiera, sino como imprime un
-pintor de fama el sello de su ingenio, su idiosincrasia artística, si
-vale la palabra, sobre todas la figuras de sus cuadros.</p>
-
-<p>Nacida y propagada esta verdadera originalidad del sexo débil en
-regiones algo inverosímiles todavía en la tradicional y cachazuda
-España, cuando aparece en una, señal es de que allí puede vivir ya;
-de que en ella se encuentran los elementos que necesita su vida de
-ostentación y de aventuras. Estos elementos son: los hombres de Estado,
-los ricos banqueros, los famosos calaveras, los pontífices de las
-letras y de las artes, y, como a manera de orla de todo el catálogo,
-una muchedumbre de damas del llamado <i>gran mundo</i>, y de mozuelos
-esclavos de la moda.</p>
-
-<p>De que Santander reúne todo eso, y ha llegado ya, por ende, a
-la alta categoría que alcanzan en el mundo elegante tantos otros
-puertos extranjeros, en cuyas aguas lavan cada verano sus distinguidas
-mata<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>duras las
-primeras aristocracias europeas, es evidente prueba el que nos visita
-todos los años, desde varios acá, algún ejemplar de aquella fenomenal
-especie.</p>
-
-<p>Mas antes que el lector eche a mala parte lo que le dije de los
-elementos vitales de esta señora, apresúrome a indicarle en qué
-concepto los necesita <i>hoy</i>.</p>
-
-<p>Figúresela en un <i>hotel</i> del Sardinero, con todo un piso a su
-disposición; porque sus criados y equipajes no caben en menor espacio,
-si ha de quedarle a ella el necesario para dormir, para peinarse, para
-vestirse, para recibir y para comer en ancha mesa, siempre dispuesta
-para una docena de convidados.</p>
-
-<p>Estos han de ser de las notabilidades a que aludí; es decir, de
-lo más cogolludo en letras, artes, política, banca, armas..., y aun
-tauromaquia, que a la sazón resida en el Sardinero o en la ciudad.</p>
-
-<p>Para comer con ellos, para hablar con ellos, necesita, busca y
-agasaja a esos hombres. Ella los preside, ella dirige las con<span
-class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span>versaciones, ella provoca
-y salpimenta los discreteos, y en sus labios hay siempre agudezas y
-oportunidades para los discretos, y sutiles epigramas para los necios,
-pues no dejan de serlo, en varios lances, muchos hombres de talento.
-Que quien tal vida trae no debe mostrarse muy aficionada al trato de
-las mujeres, no hay necesidad de asegurarlo; evidente es que huyera
-de ellas si no las necesitara para fondo y accesorios del cuadro en
-que ella entra como principal figura; o, a lo sumo, para tener en
-quien cebar impunemente sus sátiras implacables; o esos pedazos más de
-entretenimiento que repartir entre la voracidad murmuradora de su corte
-favorita.</p>
-
-<p>Hay quien atribuye esta antipatía hacia su sexo a cierta pasión
-<i>non sancta</i> que suele albergarse en los pechos que ya no laten
-a impulso de un alma juvenil y retozona; cuando se huye del espejo
-como de las grandes verdades que acusan faltas e imperfecciones;
-cuando los tristes desengaños de las primeras arrugas hacen re<span
-class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>cordar con envidia y
-desconsuelo los triunfos y los encantos de la risueña juventud; cuando
-se aspira, en fin, a conquistar, a fuerza de dispendios y agudezas, lo
-que antes se atrajo por el solo brillar de la hermosura.</p>
-
-<p>Pero esta suposición, que bien pudiera admitirse con referencia al
-molde común de las mujeres, y aun de los hombres, no está justificada
-cuando se endereza a este otro tipo, cuyas pasiones, talentos y
-debilidades están, y han estado quizá, muy por encima de todo lo usual
-y corriente. Con esta consideración a la vista, no se afane el lector
-por que le diga yo de dónde vienen esas intimidades encumbradas; de
-qué procede ese varonil desparpajo que la hace, en verano, reina y
-señora del Sardinero, como en invierno le da absoluto predominio en los
-aristocráticos salones de Madrid, y eso que no es aristócrata ella,
-ni nombre llevó jamás que a pergamino huela. Cierto es que cuando se
-ha pasado la vida en roce continuo con hombres<span class="pagenum"
-id="Page_218">p. 218</span> de todas las imaginables condiciones
-y cataduras, a poco que se haya tomado de cada uno de ellos puede
-reunirse, cerca de la vejez, gran copia de saber y de experiencia;
-pero ¿cómo se llegó en la juventud a esas alturas? —pregunto yo a mi
-vez—, ¿cómo lo que en unas gasta y desprestigia, en otras acrecienta el
-poder y el atractivo? Aquí no hay otro remedio que volver a la segunda
-parte de mi tema: la Naturaleza tiene, de vez en cuando, caprichos muy
-singulares; y añado ahora que también la Fortuna suele complacerse en
-mimar con sus dones más preciados a lo que es obra de los caprichos de
-la Naturaleza.</p>
-
-<p>Así hay que explicarse esas cataratas de doblones que siguen y
-preceden a esta clase de mujeres en sus viajes, y las envuelven en los
-alcázares que habitan la mayor parte del año: pues ni feudo se las
-conoce que tanto produzca, ni ya son Dánaes pudibundas que creer nos
-hagan en las lluvias de oro de los Joves de ogaño.</p>
-
-<p>Ofrecedle dificultades al vulgar enten<span class="pagenum"
-id="Page_219">p. 219</span>dimiento, y veréis a la imaginación echarse
-desatentada por los cerros de Úbeda. Tal sucede en el presente caso.
-No se comprende bien, o no se explica, la razón de su predominio y
-de sus caudales, y cada cual se forja una historia a su capricho,
-fundada sobre vagos rumores; y estas historias juntas quieren ser una
-pequeña parte de la historia de esa dama, a quien se adjudican todas
-las anécdotas <i>picantes</i>, todas las frases equívocas, todos los
-triunfos y todos los escándalos con que han inmortalizado sus nombres
-en la <i>alta</i> sociedad las demás mujeres de su talla.</p>
-
-<p>No desconoce ella estos rumores; y como sabe muy bien que son los
-gajes de su oficio, antes la lisonjean que la ofenden.</p>
-
-<p>En las poquísimas veces que se da a luz entre su escogida corte
-bigotuda, los hombres abren calle para que pase, y las mujeres temen
-su mirada como el siervo la de su señor. ¿Qué mayor triunfo para su
-vanidad de mujer <i>de historia</i>?</p>
-
-<p>Tan pocas veces se exhibe en público,<span class="pagenum"
-id="Page_220">p. 220</span> que yo mismo que trato de hacer su
-monografía, no la he visto jamás, ni la conozco sino por la fama que la
-han dado aquí los que nos dicen que la conocen mucho.</p>
-
-<p>Pero <i>mito</i> o realidad, ella <i>pasa</i> por Santander cada
-verano, y, como al principio dije, se imprime en la fisonomía veraniega
-del pueblo de un modo indeleble, como el detalle que más resalta y
-hasta da carácter e importancia a todos los demás.</p>
-
-<p>Y he aquí por qué yo, que estoy haciendo el croquis de esa
-fisonomía, no puedo prescindir de dibujar en ella tan expresivo
-pormenor.</p>
-
-<p>Eso haré yo tan solo, y me guardaré muy mucho de escarbar el cutis
-para ver lo que hay debajo.</p>
-
-<p>Quédese esto, en buen hora, para los aduladores que la cantan, o
-para los maldicientes que la despellejan.</p>
-
-<p>Si el calor de unos hechizos que ya no existen derritió el áureo
-pedestal sobre que la adoración de laborioso marido colocó a su propia
-mujer para atraerla el culto de<span class="pagenum" id="Page_221">p.
-221</span> los demás; si la tarea olímpica de reponer con otro nuevo
-cada trono derretido dejó sin fuerzas, sin esperanzas y hasta sin
-vida al desventurado que tal empresa creyó fácil; si el peso que a él
-le mató, abandonado al pie de la montaña tuvo nuevos Sísifos que le
-empujaran, esperando llevarle triunfantes hasta la cima, y también
-rodaron hasta el abismo, desalentados y rotos; si mientras duró aquel
-fuego no le faltaron tronos que consumir, ni tesoros que rodar montaña
-arriba, buscando su calor; si de ese montón de escombros y cenizas
-ha hecho la química de la necesidad inagotable venero que surte de
-esplendor a una soberanía, no destronada, antes fortalecida con la
-augusta diadema de las canas; si éstas no son el fruto natural de
-los años, sino la huella de las tempestades que corrió la juventud
-en el mar de todos los deleites; si el corazón de la mujer, que
-es casi siempre un libro abierto, sin ser por eso un libro bueno,
-<i>aliquando</i> es una caverna con ruidos y sin luz ¿a mí qué me
-cuentan<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> ustedes?
-¿qué me importa en el presente caso? Cuéntenselo a ese enjambre del
-<i>buen tono</i> que tanto se paga de ciertos relumbrones; cuéntenselo
-a esa sociedad que se complace en crear ídolos que después escupe y
-despedaza, acaso porque le imponen y amedrentan; cuéntenselo a esas
-gentes del <i>gran mundo</i>, para quienes nada es bueno ni plausible,
-sino lo <i>distinguido</i> y <i>elegante</i>. Ellas solas son las
-trompetas de esas famas; ellas quienes las elevan y sahúman antes;
-ellas mismas quienes las difaman después.</p>
-
-<p>En cuanto a mí, dibujos hago, que no autopsias; y dibujo es este,
-<i>al trasluz</i>, por más señas, sobre los perfiles que la fama trazó.
-Al público sale, pues, como el público le ha forjado: yo no hice más
-que copiarle en esta, por ahora, última hoja de mi cartera.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span></p>
- <h2 class="nobreak g2">ÍNDICE.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table summary="Índice de contenidos">
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdrb bb">Páginas.</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_1">Al lector</a>.</td>
- <td class="tdrb">5</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_2">Las de Cascajares</a>.</td>
- <td class="tdrb">9</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_3">Los de Becerril</a>.</td>
- <td class="tdrb">19</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_4">El Excelentísimo Señor</a>.</td>
- <td class="tdrb">27</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_5">Las interesantísimas señoras</a>.</td>
- <td class="tdrb">35</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_6">Un artista</a>.</td>
- <td class="tdrb">43</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_7">Un sabio</a>.</td>
- <td class="tdrb">57</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_8">Un aprensivo</a>.</td>
- <td class="tdrb">73</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_9">Un despreocupado</a>.</td>
- <td class="tdrb">97</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_10">Luz radiante</a>.</td>
- <td class="tdrb">109</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_11">Brumas densas</a>.</td>
- <td class="tdrb">125</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_12">El Barón de la Rescoldera</a>.</td>
- <td class="tdrb">141</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_13">El Marqués de la Mansedumbre</a>.</td>
- <td class="tdrb">153</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_14">Un joven distinguido</a> (<i>visto
- desde sus pensamientos</i>).</td>
- <td class="tdrb">167</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_15">Las del año pasado</a>.</td>
- <td class="tdrb">185</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_16">En candelero</a>.</td>
- <td class="tdrb">203</td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_17">Al trasluz</a>.</td>
- <td class="tdrb">213</td>
- </tr>
-</table>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<hr class="full" />
-
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIPOS TRASHUMANTES ***</div>
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-</div>
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-Defect you cause.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-
-</body>
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