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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Tipos trashumantes - Croquis a pluma - -Author: José María de Pereda - -Release Date: April 25, 2021 [eBook #65158] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from - images generously made available by The Internet - Archive/Canadian Libraries) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIPOS TRASHUMANTES *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas se - han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del texto original ha sido actualizada de acuerdo - con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - TIPOS TRASHUMANTES - - CROQUIS A PLUMA - - POR - - DON JOSÉ MARÍA DE PEREDA - - - SANTANDER - -- - _Imprenta y litografía de J. M. Martínez_ - SAN FRANCISCO, 15 - -- - 1877 - - - - -AL LECTOR. - - -_Los pueblos, como los hombres, tienen dos fisonomías, por lo menos -(algunos hombres tienen muchas): la que les es propia por carácter o -naturaleza, o, como si dijéramos_, la de todos los días, _y la de_ las -circunstancias; _es decir_, la de los días de fiesta. - -_La que en este concepto corresponde a la perínclita capital de la -Montaña, la forma esa muchedumbre que la invade, en cada año, durante -los meses del estío, para buscar en ella quién la salud, quién la -frescura y el sosiego, ora en las salobres aguas del Cantábrico, ora -contemplando y recorriendo el vario paisaje que envuelve a la ciudad, -mientras la raza indígena la abandona y se larga por esos valles de -Dios ansiando la soledad de la aldea y la sombra de sus_ castañeras _y_ -cajigales. - -_Para los que solo se fijan en la variedad de matices y en la movilidad -de los pormenores, esta fisonomía es híbrida, abigarrada, indefinible e -inclasificable._ - -_Para un ojo ducho en el oficio, es todo lo contrario. Hay en ese -movimiento vertiginoso, en ese trasiego incesante de gentes exóticas -que van y vienen, que suben y bajan, que entran y salen, rasgos, -colores y perfiles que sobrenadan siempre, y se reproducen de verano en -verano, como el_ aire de familia _en una larga serie de generaciones. -¿No es todo esto una fisonomía como otra cualquiera?_ - -_Por tal la juzgo, y muy digna la creo, por ende, de ser registrada -en el libro de apuntes de quien se precie de pintor escrupuloso de -costumbres montañesas._ - -_Y como quiera que yo, si no tengo mucho de pintor, téngolo de -escrupuloso, abro mi librejo, y apunto..., pero, entiéndase bien, sin -otro fin que refrescar la memoria del que leyere, y con la formal -declaración de que_ «_cuando_ pinto, _no_ retrato.» - - - - -LAS DE CASCAJARES. - - -No es aristócrata por la sangre, ni siquiera tiene un título nobiliario -de los de nuevo cuño; no por haber llegado tarde al reparto de ellos, -sino acaso por distinguirse más, llamándose a secas _el señor de -Cascajares_. - -El cual es un banquero, o hacendado, o contratista de _alto bordo_, muy -rico, según la fama, que reside en Madrid, en donde, al decir de los -que de allá vienen a pasar las vacaciones de verano, habita espléndido -palacio en el paseo de Recoletos, o elegante casa en la calle de -Alcalá, o en la del Barquillo. - -Es diputado a Cortes cuantas veces quiere, y lo quiere casi siempre, -porque todos los Gobiernos apoyan su candidatura, en cambio de la -decisión con que él aplaude a todos los Gobiernos. Sin embargo, no es -hombre político: solo se comunica con los del poder por el ministerio -de Hacienda. - -Su señora tiene más conexiones e intimidades que él con los altos -personajes de la cosa pública. Se tutea con muchos de ellos, aunque -tampoco es aficionada a la cábala ni al cabildeo; es decir, que le -gusta el personaje por lo que brilla, y nada más. - -Tiene tres hijas solteras, y va con ellas al _gran mundo_. Ni éstas -son modelos de hermosura, ni la madre encaja, por ninguna parte que se -la mire, en el más modesto de los moldes aristocráticos; pero, así y -todo, pasan en la corte por _ornamentos distinguidísimos_ de la _alta -sociedad_. Lo cierto es que los _Asmodeos_ y _Pedro Fernández_ las -citan siempre, en sus almibaradas crónicas de Madrid, en el catálogo de -las _bellas, discretas y elegantes_. - -Dos hijos varones tienen también los señores de Cascajares. El mayor es -diplomático; y aunque rara vez sale de Madrid, siempre se le considera -como en activo servicio, para los efectos de la nómina y del escalafón, -en una de las embajadas de más categoría. El segundo, que pasa ya de -los veinticinco, no se ha decidido aún por la carrera que ha de seguir. -Por de pronto asiste con asiduidad al _Veloz-Club_ y al Casino, y sabe -poner cien onzas a una sota, sin que le tiemble el pulso. - -Toda esta gente, más tres doncellas o camaristas, dos criados para -los señoritos, un sotamayordomo, ú hombre de confianza, para el -_señor_, dos lacayitos y un cocinero negro, vienen en el mes de Julio -a Santander a habitar un piso amueblado, en la población, que paga -el señor de Cascajares a razón de 8.000 reales mensuales, con la -obligación de habitarle dos por lo menos, o de pagarle como si le -habitara, y de reponer cuanta vajilla, ropa de camas y muebles sufran -el menor deterioro en el ínterin. - -Día y medio dura la mudanza, desde la estación del ferrocarril a casa, -de los _mundos_, maletas, cajas, baúles, rollos de mantas, bastones -y paraguas, que siguen a la familia de Cascajares como la estela -al buque. Y se llena de baúles un cuarto del patio, y hay mundos -amontonados en las gabinetes, y cajas sobre todos los veladores, y -paquetes sobre todas las sillas, y maletas hasta en el mismo salón en -que aquellas señoras reciben las visitas. - -Tanto es el equipaje y tanta la servidumbre, que la familia no ha -podido colocarse en ninguna fonda del Sardinero; y por acordarse tarde, -tampoco logró establecerse en uno de aquellos amueblados _chalets_. - -Esto tiene disgustadísimas a las _niñas_ y desazonada a la mamá. Y -no es para menos el caso. _Las_ de Himalaya, las de Tenerife, las -de Potosí, las de Chimborazo..., en fin, toda la más encumbrada -aristocracia está en el Sardinero; y ellas, por consiguiente, _sin -sociedad_. Además, mal alojadas y achicharradas de calor. (El -termómetro marca 20° al sol, y cuando ellas salieron de Madrid señalaba -41 a la sombra). Gracias a que han conseguido alquilar por toda la -temporada un mal carruaje que las lleva por la mañana al baño y por la -tarde a pasear al Sardinero. - -Así es que se las ve poco en la calle; y cuando se las ve, se observa -que se mueven perezosamente, como buque en _calma chicha_, y miran -tiendas, objetos y personas con gesto de hondo disgusto. Si alguno las -saluda al paso, responden con lánguido cabeceo, que más parece desmayo -que otra cosa. - -Por lo común, se las halla, hechas un racimo y envueltas en -transparente bata, sentadas en el mirador. - -En esta ocasión y en otras varias del día, nunca les falta en la -acera de enfrente una especie de guardia de honor, compuesta de -los arrapiezos más encanijados y escrofulosos, pero a la vez más -_principales_, que haya en la población. Allí, los inocentes, se pasan -las horas muertas retorciéndose la inverosímil guía del incipiente -bigote, exhibiendo, a fuerza de disimuladas contracciones de muñeca, -los puños de la camisa, esgrimiendo las solapas de la levita para -que se destaque en todo su desarrollo la curva del robusto pecho, -y haciendo, en fin, cuantas evoluciones y habilidades pudiera una -bestezuela amaestrada por diestro gitano para seducir al incauto -feriante. - -Ya hemos dicho que las de Cascajares no son bellas; pero que son -_distinguidas_, categoría inventada en estos tiempos democráticos para -colocar en ella todo lo que no es vulgo, sin ser aristocracia, no por -la sangre, sino por _el aire_. - -El efecto de esta _distinción_ se deja conocer en el pueblo -inmediatamente. En esos días es cuando se tropieza uno con alguna -indígena que lleva sobre su cuerpo cierta cosa rara que llama nuestra -atención; v. gr., un moño encima de los riñones, un pispajo de tul -en el cogote, el pelo echado sobre los ojos, o medio vestido azul y -medio de color de canario, collar de rollos de canela, o pendientes de -melocotón..., cualquiera extravagancia por el estilo. - -Si tenemos franqueza para tanto, y la preguntamos, deteniéndola en la -calle, qué es _aquello_, nos responderá sorprendida: - ---¿No le hace a Vd. gracia? - ---Maldita. - ---¡Oh! pues _lo llevan mucho_ las de Cascajares; y en Madrid _hace -furor_. - ---¡Hola! - ---¿No le gustan a Vd. _esas chicas_? - ---¿Quiénes? - ---Las de Cascajares. - ---La verdad es que no me han llamado la atención... - ---¡Oh! ¡pues son muy _distinguidas_! - -Y no es otra, lector, la razón de que muchos arreos femeniles que te -parecen espantapájaros por esas calles de Dios, se consideren, entre -las gentes de _buena sociedad_, como modelos de gracia y bien caer. - -¡Lo llevaban las de Cascajares! - -Y es de advertir que entre los hombres que se pagan mucho del -adorno exterior, sucede lo propio. Tienen también sus Cascajares -_distinguidos_ que les hacen zambullirse en unas bragas descomunales; -ú oprimir el busto entre las láminas de una levita sin solapas, sin -faldones, y hasta sin paño; o la mollera en un cilindro sin alas, o en -unas alas sin cilindro. - -Volviendo a las de Cascajares, añado que asisten a los bailes -campestres, muy elegantes, pero con mal gesto; bailan poco, o no -bailan nada. Son las últimas que llegan al salón, y las primeras que se -retiran de él. - -Y como son tan distinguidas, suspiran muy a menudo por aquel _Biarritz -de su alma_, donde todo es _chic_ y _confortable_. En cuanto a -Santander, _no las hace felices_. - -El diplomático dice «amén» a todos los discursos de sus hermanas, y -no se separa de ellas en todo el día. Es autoridad de peso en asuntos -de moños y vestidos; y en el ramo de modas en general, bastante más -entendido que en los protocolos de la secretaría de su cargo. - -Por lo que hace al otro Cascajares, se levanta a las dos de la tarde, -come a las seis, se va a la ruleta, si la hay, o a timbirimba más -_fuerte_, que sí la habrá, y no vuelve a casa hasta las tres de la -mañana, viendo siempre las estrellas, aunque el cielo esté nublado; -porque es de advertir que tropieza mucho en el camino. - -En cambio, su papá no tiene más afán que pasear solo por el Alta; y -como se acuesta temprano y madruga mucho, sólo ve a su familia a las -horas de comer. Sabe que está sin la menor novedad en su importante -salud, y no se mete en otras honduras. Lo mismo hace en Madrid. - -Y llega a la mitad el mes de septiembre, vuelven a empaquetar los -equipajes; y después de haber _pagado_ diez visitas de las veinte que -deben, tórnanse a Madrid las de Cascajares, llevándose las maldiciones -de las diez familias con quienes quedan _en descubierto_, y dejando, en -cambio, el recuerdo de su _distinción_ entre las señoras pudientes, que -las imitan en cuanto les es dable, así en el vestir como en el andar, y -entre algunas inocentes _cursis_ que sudan y se desgañitan por remedar -sus frescas y turgentes sedas, con marchitos tafetanes y delebles -percalinas. - - - - -LOS DE BECERRIL. - - -Dos taleguillos blancos llenos de ropa de _muda_, unas alforjas -atacadas de chorizos y garbanzos, y un paraguas. Este es el equipaje de -cada familia al meterse en el tren en la estación más próxima. - -Cuando se apean en Santander, el padre carga con las alforjas, amen de -la capa que también se echa al hombro; la madre con un taleguillo y la -criatura que amamanta; una jovenzuela con el otro talego, y un rapaz de -doce años con el paraguas. - -Vienen a Santander porque el padre tiene _dúlceras_ en las piernas, y -_dúlceras_ en el _cuadril_ de la derecha; la madre, desde el último -parto, _añudados los gonces_ de la rodilla izquierda; el mamoncillo -no puede echar los últimos dientes _de por sí solo_; la jovenzuela ha -cumplido ya quince años y está pálida como la cera; el rapaz que va -para doce, tiene los labios como un embudo y el cuello como un botijo, -y le salen ya los lamparones por detrás de las orejas. - -Por consejo del médico de Becerril de Campos, vienen a tomar los baños -de mar, porque éstos han de curar todas y cada una de las dolencias -enumeradas. - -Con estas esperanzas y aquel equipaje, y en el orden de formación en -que hemos ido citándolos, llegan a la Dársena y echan Muelle adelante -con el asombro pintado en los ojos y en la boca. - -El molinete que suena; el vapor que cruza la bahía; el ligero esquife -que se desliza sobre las aguas, como la golondrina en el espacio; -la sardinera que grita su mercancía; el coche que pasa rápido; el -carretero que aturde la vecindad con las blasfemias de costumbre; el -marcial arreo y las infantiles galas; sedas, tules, libreas y levitas, -chaquetas y manteos... Todo esto junto y revuelto, casi en torbellino, -que es lo primero con que tropiezan los ojos del viajero que desde -la estación del ferrocarril se lanza, de sopetón, al Muelle en una -tarde de verano, aturde y deslumbra con sobrado motivo al sedentario y -patriarcal lugareño de tierra de Campos. - -Pero el coche, y «los señores,» y el soldado, y «las damiselas,» todo, -en fin, lo que es terrestre, cabe perfectamente en las presunciones -de los de Becerril, y luego dejan de admirarlo. Lo que realmente los -fascina, por de pronto y acaba por atontarlos, es _lo marítimo_. Les -faltan ojos para contemplarlo y hasta narices para olerlo. - ---Míales, míales, hijo --vocea la madre--. ¿No te lo ecía yo?... Más -altos son los palos que el campanario del pueblo. - ---¡Pus anda --añade el padre--, con el otro que va río abajo! Mal rayo -me parta si no ahúma como si llevara los demonios aentro. ¿Qué tié que -ver el tren con esto? ¡Pus ávate con el barquillico que lleva a la -zaga!... - ---Será la cría, padre --grita el rapaz. - ---Puá que, hijo; no te diré yo que no lo sea. - ---Y toas estas que están arrimaícas aquí lo paecen tamién... ¡Cristo, -cuánta barca!... y allá va una cargá de _cubetos_... ¿Y dende esta -orillica se pescará el _fresco_? - ---¡Otra con el inocente! Eso se pesca en alta mar, borrico. - ---¿Pues no es esto la alta mar? - ---¡Anda si qué! ¿Pus no oístes a aquel señor que venía en el tren a la -vera de tu madre, que esto es el puerto? ¡Qué tié cacer esto pa onde -está la alta mar! - ---Y ¿onde está esa mar? - ---En cuantico alleguemos a casa, di que se ve de golpe. - -Y en estas y otras por el estilo, admirando acá, exclamando allá, -parándose aquí, retrocediendo en el otro lado, preguntando a este -«caballero» y a la otra «buena mujer», llegan a Miranda, en cuyo barrio -tienen _apalabrada_ una habitación que les ha buscado otra familia -castellana que les precedió en el viaje. - -Al ver el mar desde aquellas alturas, los padres se atolondran y los -hijos se estremecen, considerando que al día siguiente han de meterse -todos ellos en tales honduras. - -Como el barrio de Miranda es el que eligen siempre los castellanos, por -la doble razón de economía y de proximidad a la playa, tienen ocasión -los nuestros de hacer rancho en la misma casa en que viven, con otros -paisanos instalados en ella también. De todas maneras --y por eso traen -las alforjas llenas de provisiones--, siempre _se ajustan_ sin la -comida. - -El primer baño no le toman sin grandes recelos, sobresaltos y serias -meditaciones: los chicos lloran y los grandes tiemblan de miedo, mucho -antes de temblar de frío; pero, al cabo, bien agarrados éstos a las -cuerdas, y a empellones los muchachos, van entrando todos poco a poco, -hasta que, después de acurrucados, les llega el agua al pescuezo. Es -decir, que se quedan a la orilla, donde, al romper las olas, tras de -machacarles los cuerpos como mazos de batan, les hacen sorber la arena -a carretadas. - -En la misma guisa que salieron del tren, exceptuando el detalle de las -alforjas, van al baño y vuelven de él: con la propia capa el hombre, -las mujeres con los talegos y la criatura, y el rapaz con el paraguas. -La capa para arroparse, el paraguas para quitarse el sol el de los -lamparones, y los taleguillos para guardar la ropa del baño. - -Catorce de a media hora recetó a cada uno el médico de Becerril; pero -ellos que traen muy contado el tiempo y el dinero, toman dos cada día, -y así despachan en una semana, cuando no en media, echándose en remojo -una hora por la tarde y otra por la mañana. - -Siempre que no están en el baño, o comiendo, o durmiendo la clásica -siesta, se los halla recorriendo las alturas de la costa, metiendo la -cabeza en todas las grutas y rendijas de las peñas, y preferentemente -escarbando los arenales para acopiar _pelegrinas_ y _caracolillos_, por -cuyas baratijas se perecen. - -Antes de volverse a Becerril, o a Frómista, o a Amusco, al pueblo, en -fin, de Castilla, del cual procedan, bajan dos veces a la ciudad: una -para verla y comprar a la chica unas arracadas de _cascaritas_, y otra -para visitar, _por adentro_, un vapor-correo, y, si le hubiere en el -puerto, _un barco de Rey_. - -Por lo demás, son los bañistas más metódicos y decididos de cuantos -se zambullen en el Cántabro. Ni en los días de más resaca perdonan -el remojón. De manera que si también en la hidroterapia obra la fe -prodigios, estas buenas gentes se vuelven a Becerril tan sanas como -corales. - - - - -EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR. - - -Una semana antes de suspenderse, por razones de alta temperatura, las -sesiones de las Cortes, pronunció un discurso de abierta oposición a -la política del Gobierno. Tres días después se trasladó a Santander -con su señora, luciendo todavía los tornasoles de la aureola en que -le envolvió aquel triunfo parlamentario. No hay que decir si llegaría -hueco y espetado, él que, por naturaleza, es grave y repolludo. - -Como ni S. E. ni su señora piensan tomar baños de mar, sin duda por -aquello de que _de cincuenta para arriba, etc..._, refrán cuya primera -parte les coge por la mitad, no han querido alojarse en el Sardinero; -y como tampoco quieren el bullicio y las estrecheces del cuarto de una -fonda, se han acomodado en una modesta casa de huéspedes, ocupando la -mejor sala con el adjunto gabinete. - -Su Excelencia sale a la calle con zapatos de cuero en blanco, sombrero -hongo de anchas alas, cómoda y holgada americana, chaleco muy abierto y -tirillas a la inglesa. - -Siempre camina lento y acompasado, con las manos cruzadas sobre los -riñones, y entre las manos la empuñadura de cándida sombrilla. Nunca va -solo; generalmente le acompañan cuatro o seis personas de la población, -y de sus ideas políticas. - -Marchan en ala, y el personaje ocupa el centro de ella. - -A cada veinte pasos hace un alto, y el acompañamiento le rodea. Es -que va a tocar uno de los puntos graves de su discurso; porque es de -advertir que S. E. no gasta menos, ni aun para diario. - -Y, en efecto; si un oído indiscreto se acerca entonces al grupo, -percibirá estas, ú otras semejantes palabras, dichas en tono campanudo -y resonante: - ---Porque, señores: los hombres que hemos adquirido la experiencia -del gobierno con amargos desengaños, debemos al país toda la verdad, -todo el esfuerzo de nuestro patriotismo acrisolado. Por eso, si en el -Parlamento, como la Europa ha visto, fui implacable con los hombres de -la situación, lo fui mucho más, lo estoy siendo todos los días en el -terreno de mis personales relaciones con todos ellos. Momentos antes -de salir de Madrid, decía yo al Presidente del Consejo de Ministros: -«Esa que ustedes siguen es una política de aventuras; y ciegos están -si no ven que con ella está el país al borde de un abismo... El país -no quiere utopías; el país quiere hechos prácticos; el país quiere -reformas tangibles y beneficiosas; el país quiere economías positivas; -y ustedes, para corresponder a sus justos anhelos, le dan la dictadura -en Hacienda, el cáos en la política y el desconcierto en todo.» - ---¡Bravo! --exclamará aquí uno de los oyentes que más arriman los -asombrados ojos a los crespos bigotes del orador--. Y él, ¿qué le -respondió a Vd.? - ---¿Qué me respondió? --replicará S. E. mirando al interpelante -como si fuera a tragársele, y recorriendo luego el grupo con la -vista airada, haciéndole desear por un buen rato la respuesta--. -Lo de siempre: que el estado del país; que el desbarajuste de las -pasadas administraciones; que los compromisos contraídos; que la -demagogia; que la revolución latente; que la necesidad de cimentar las -instituciones... ¡Farsa, señores, farsa todo! - ---¡Pues es claro! --responderá el coro. - -Y el orador, después de pasear otra vez la vista por los circunstantes, -sin añadir una sola palabra, erguirá la cerviz, fruncirá el ceño, y -continuará su paseo. - -Y así hasta el infinito. - -Por la noche, aquellos mismos complacientes y complacidos caballeros le -acompañan al _Círculo de Recreo_; y dicho se está que le llevan, medio -en triunfo, al salón del _Senado_, venerable mansión donde, al revés de -la cárcel del mísero Cervantes, «toda _comodidad_ tiene su asiento y -_ni el más leve_ ruido hace su habitación.» - -Allí se levantan los más autorizados _señores_ al ver al recién -llegado, cédenle la poltrona presidencial; y, alargando tirios y -troyanos el pescuezo y los hocicos (_intentique ora tenebant_, que dijo -el otro) dispónense a escuchar, sin perder sílaba, la quincuagésima -octava variante sobre el consabido tema... - -Que sigue y se reproduce también en el camino del Sardinero, que gusta -S. E. de recorrer a pie, muy a menudo. - -Y así va corriendo la temporada, salpimentando sus solaces con tal -cual visita a éste o al otro personaje que veranea en la playa, o pasa -de largo para el extranjero. - -Al fin del verano se le lleva un día a ver el Instituto, y otro a la -Farola de Cueto, que, por lo visto, es todo lo monumental que aquí -tenemos, digno de que lo vean esos señores; y hasta el año que viene, -si para entonces no está S. E. en candelero... o en las Marianas, que -de todo se ha visto. - -Cuando el personaje montó en el coche que le llevó a visitar la Farola, -se notó que le acompañaba una señora, sobrado vulgar de aspecto, y nada -joven, por las trazas. Aquella señora era la suya; y entonces se la vio -en público por primera vez. - -Extrañó mucho la gente reparona que un señor de tal fachada y de tantos -requilorios, hubiera elegido una compañera de tan vulgar modelo. - -Pero estos reparones no reparan que los hombres no nacen para ser -personajes como los príncipes para ser reyes; y así les sucede a muchos -lo que al cosaco Kalmuff, que «como no esperaba llegar a sargento, -descuidó un poco la letra»; es decir, que como al verse abogados -sin pleitos, o _temporeros_ de una modesta tesorería de provincia, -o alféreces de reemplazo, no pudieron soñar que el viento de una -revolución, o los caprichos de la fortuna los colocasen en las mayores -alturas del presupuesto, no se les ocurrió entonces tomar una señora de -majestuoso porte, para reflejar en ella en el día de la apoteosis los -relumbrones del oficio. - -Mas a esto dicen también las gentes, que en España todos los hombres, -en cuanto llegan a serlo, debieran prepararse para lo más grave, porque -parece ser, y varios hechos lo atestiguan, que, por una rara excepción -de la naturaleza, _todos los españoles servimos para todo_. - - - - -LAS INTERESANTÍSIMAS SEÑORAS. - - -Generalmente son dos: rubia la una, morena la otra; pero esbeltas -y garridas mozas ambas. Arrastran las sedas y los tules como una -tempestad las hojas de otoño. De aquí que unos las crean elegantísimas, -y otros charras y amaneradas. Pero lo cierto es que los otros y los -unos se detienen para verlas pasar, y las ceden media calle, como -cuando pasa el rey. - -Como nadie las conoce en el pueblo, las conjeturas sobre procedencia, -calidad y jerarquía, no cesan un punto. - -El velo fantástico de sus caprichosos sombrerillos, que llevan siempre -sobre la cara, es el primer motivo de controversias entre el sexo -barbudo. Si aquellos ojos rasgados, y aquellas mejillas tersas, y -aquellos labios de rosa que se ven como entre brumas diáfanas, son -primores de la naturaleza, o artificios de droguería. Esta es una de -las cuestiones. Pero aunque se resolviera en favor de la pintura, no -sería un dato; porque ¿qué mujer no se pinta ya? - -Otra duda: ¿dónde viven? Se averigua que se hospedaron en una fonda -muy conocida, a su llegada a Santander, y que permanecieron en ella -tres días, durante los cuales las acompañó por la calle varias veces un -inglés _cerrado_. - -Primera deducción: que son inglesas. - -A esto replica un curioso que las siguió entonces muy de cerca, que -siempre hablaban por señas a su acompañante, y que le decían «_aisé_» -para llamar su atención. Dato feroz: de él se desprende que no son -inglesas, ni tienen la más esmerada educación, puesto que usan ese -vocablo con que el tosco populacho bautiza a todo extranjero cuando -quiere decirle algo. - -Pero un joven optimista hace saber que esa palabra es compuesta de dos -inglesas, muy usuales en la conversación, y que equivalen a _digo yo_, -o mejor aún, a nuestro familiar _oiga usted_. - -Se desecha el dato desagradable. - -Ignorándose dónde viven después que salieron de la fonda, se las sigue -discretamente con objeto de averiguarlo. Trabajo inútil. Como si el -pueblo fuera para ellas tramoya de magia, desaparecen en el punto y -hora que les convienen. - -Estas contrariedades excitan doblemente la curiosidad y multiplican -la suma de los curiosos y de los admiradores, cuya voracidad fomentan -ellas, sin pretenderlo quizá, exhibiéndose con nuevas y más atractivas -galas, y más sandunguero garbo. - -A todo esto, los que las suponen de _solar conocido_ alegan que las han -visto en el teatro, en dos butacas. Pero esto es poco y equívoco. - -Otros, de mejor instinto investigador, declaran que las vieron, días -antes, salir de la iglesia: este es mejor dato, sin duda. - -Pero otro mucho más elocuente se ofrece a los pocos días. - -Se las ve en el baile campestre, lo cual, ya lo sabe el lector, -constituye aquí casi una ejecutoria de limpia prosapia. - -Sin embargo, todavía no resuelve ni aclara nada este dato. Asistieron -a la fiesta, aunque con intachable arreo, solas como de costumbre. Se -observó que no quisieron bailar, no obstante las muchas invitaciones -que otros tantos despreocupados las hicieron. La incipiente juventud -no se atrevió a tanto desde que notó que las damas _distinguidas_ las -miraban de reojo. - -Esto era muy significativo. No pudo averiguarse, por más que se -registraron al otro día los billetes de convite entregados al portero -del salón, qué socio las había dado la credencial para entrar allí. - -Inútil es decir que estas nuevas confusiones excitan más y más el afán -de las conjeturas acerca de las desconocidas. Las señoras del pueblo -comienzan a ocuparse de ellas con alguna vehemencia, y también se -dividen en pareceres. - -No falta ya quién asegura que son dos princesas rusas que se han -propuesto darse, a todo gusto, un paseo por Europa. Pero como hay -también quien afirma que hablan el castellano, y hasta con cierto -dejillo andaluz, se conviene en que _serán_ dos sevillanas de buen -humor, cuyos maridos llegarán de un momento a otro. - -Esta suposición coincide con el aserto de un curioso, de que, según -noticia de Pedro, tomada de Juan, que a su vez la tomó de Felipe, las -dos incógnitas tienen letra abierta en una casa de comercio, de las más -respetables de la plaza. - -Y entonces es cuando empieza a vacilar la repugnancia que hacia ellas -sentía la femenil sociedad indígena. Y tanto vacila y tanto decae, que -si a la sazón no asisten aquellas al más encopetado baile particular, -o a la tertulia más _entonada_, es o porque no ha habido una disculpa -para invitarlas, o porque ellas no han querido aceptar la invitación. - -Tal sube y baja en el humano criterio el concepto que en él se forjan -los hombres... y las mujeres, dejándose seducir por las apariencias. - -Un día se observa que al pasar junto a uno de esos forasteros -bullidores y omniscientes, en lo que respecta a pueblos, tipos y -costumbres, y de quien hablaré al lector más adelante, le sonríen con -inusitada familiaridad, a cuyo agasajo corresponde él flagelando el -vestido de la rubia con dos golpecitos de bastón. - -Entonces se le asedia, se le acosa, se le marea con preguntas de todos -los colores. - -Asómbrase el interpelado del asombro de los interpelantes, y dales una -respuesta brevísima. - ---¡No es posible! --se le replica. - ---Con verlo basta, caballeros. - -Desde el día siguiente se las mira en la calle como a _gente conocida_, -y se observa un hecho bien opuesto a todo lo usual y corriente en el -trato social; y es a saber, que a medida que van ellas ensanchando sus -relaciones entre los antes codiciosos de sus miradas y preferencias, -van éstos escatimándoles sus atenciones en público; es decir, que más -se aíslan cuanto más se comunican. - -Muy poco tiempo después tiene lugar el completo eclipse de estos dos -astros, que aparecieron entre los de primera magnitud. - -Y llamo _completo_ al eclipse, porque se necesita un ojo muy avezado -a la observación para distinguirlos, de vez en cuando, en las alturas -de un palco segundo del teatro, oscurecidos ya por la luz de una -candileja; o describiendo, como fuegos fatuos, caprichosos giros -y recortes en el Muelle, al desembarcar en él los indianos de un -vapor-correo. - - - - -UN ARTISTA. - - ---¿Gusta Vd. que le sirva, cabayero? - ---Sí, señor. - ---Sírvase Vd. tomar asiento aquí... ¿Qué va a ser? - ---¿Cuál? - ---Digo si gusta Vd. cortarse, rizarse... - ---Quiero que me afeiten. - ---Al momento, cabayero... ¿Le gusta a Vd. así el respaldo? ¿Quiere Vd. -que le suba..., que le baje? - ---No, señor. - ---Muy bien. ¿Fría, o caliente? - ---Como a Vd. le dé la gana, con tal que me afeite pronto y bien. - ---¡Oh! como una seda, cabayero... Un poquito más alta la barbiya, si -Vd. gusta... Así... ¿Qué calores tenemos, eh? ¡Cómo se estará asando -aquel Madrí!... ¿Hace mucho que no ha estado Vd. por Madrí, cabayero? - ---Y ¿qué sabe Vd. si yo he estado allá alguna vez? - ---¡Oh! yo le conozco a Vd. - ---Pues que sea por muchos años. - ---Sí, señor. Cuando vino Vd. a cortarse el pelo anteayer, me lo dijo el -chico que le sirvió a Vd. - ---Es decir, que es Vd. nuevo en esta peluquería. - ---Ocho días hace que llegué de Madrí. - ---Como en verano se aumenta la parroquia... - ---No, señor: yo he venido _de placer_; quiero decir, a baños. - ---Vamos, afeita Vd. por recreo. - ---Hágase Vd. cuenta que sí; porque lo que sucede es de que al saberse -que yo había venido, me solicitó el maestro; y yo, por hacerle un -favor... - ---Ya lo comprendo. - ---Como a mí, en dejándome tiempo para bañarme, una hora para el café y -otras dos para ir con los amigos al paseo, no me hace falta el resto -del día... - ---¿Y todos los años viene Vd. a bañarse aquí? - ---No, señor. Esta es la primera vez; pero otros amigos de mi arte han -venido otros veranos, y me han hablado muy bien de este pueblo. Lo -demás, yo siempre _he salido_ a San Sebastián. Hay muy buena sociedad -allí. - ---De modo que Vd. no piensa quedarse todo el año en esta barbería. - ---¡Qué ha dicho Vd! ¡Dejar yo aquel Madrí... Madrí de mi alma!... -Desengáñese Vd. cabayero; nosotros, los artistas, acostumbrados a aquel -mundo, no servimos para provincias. - ---Según eso, nacería Vd. allí. - ---Naturalmente, cabayero. - ---Lo supongo; y supongo también que será extremada la necesidad que -tiene Vd. de los baños de mar, cuando sale Vd. todos los veranos a una -miserable provincia para tomarlos. - ---Yo le diré a Vd. lo que hay. Mi papá estuvo en Ultramar muchísimo -tiempo desempeñando un buen destino, y a los dos años de venir él de -allá, nací yo... Por cierto que mi mamá tuvo un parto atroz... ¿Hace -daño? - ---¿Cuál, hombre? - ---La navaja. - ---Va «como una seda.» - ---Es claro... Pues verasté. Yo me crié muy delicadito, y los médicos -decían que unos tumores como puños que me salían en salva la parte, -eran _escrúfulas_, _ínticas_ a las que papá había traído de América. - ---Pero las llevaría ya de España. - ---No señor, los cogió allá. - ---Yo creía que las escrófulas no se adquirían así tan de repente. - ---Por eso decían los médicos, cabayero, que cuando las _escrúfulas_ se -cogen de golpe y a esa edad, ya no se sueltan; y a más a más se pegan. - ---Ya me voy enterando. - ---Como que mamá, que nunca las había tenido de joven, se fue a -la sepultura llena de ellas... Pues verasté: y criándome yo tan -delicadito, dijeron los médicos que necesitaba poco trabajo y mucho -baño de mar. Por eso nunca pude ir al colegio; que, por lo demás, mi -papá quería que yo estudiara para ingeniero. Pero papá era muy liberal, -y murió en la Plaza de la Cebada... de un tiro, cuando la revolución -del cincuenta y cuatro. Entonces mi mamá no pudo con el susto, se le -metieron en el cuerpo las _escrúfulas_, y murió también. Quedándome yo -huérfano y con pocos recursos, me dediqué a este arte, y con él voy -viviendo, gracias a los baños de mar que tomo todos los veranos... -¿Quiere Vd. que le descañone? - ---Haga Vd. todo lo de costumbre. - ---Y Vd., cabayero, ¿no se da luego una vuelta por Madrí? Conocerá Vd. -allí mucha gente. - ---No tanta como Vd. - ---¡Oh! yo conozco a todo el mundo... Sobre todo, artistas y literatos. - ---¡Anda! - ---No sé si vendrá este año por aquí Benito. - ---¿Qué Benito? - ---Galdós. - ---Parece que le trata Vd. con mucha confianza. - ---Muchísima. Cuando salí de Madrí quedaba él dando las últimas -_plumeadas_ a un libro muy bonito que va a publicar en seguida. - ---Se le leería a Vd. - ---Porque yo no quise que se molestara, no me le leyó; pero hablamos de -él, así, por encima. - ---Vamos, le gustará su parecer de Vd. - ---Aunque yo no debiera decirlo... ¿No ve Vd. que no se riza con nadie -más que conmigo? - ---Es extraño eso; porque yo juraría que gasta el pelo rapado. - ---Efectivamente: pero yo me refería a la barba. - ---Siempre se la vi afeitada. - ---Pues se la afeito yo, cabayero. - ---¡Ah! ya. - ---Y la misma intimidad tengo con Adelardo Ayala. Pues ¿y con -Campoamor?... El primero que le dio la mano cuando se _echó_ el último -_dracma_ suyo, fui yo. «Gracias, chico --me dijo--, y créete que estimo -tu enhorabuena como la mejor.» - ---De modo que trata Vd. a toda la literatura por debajo de la pata. - ---Hágase Vd. cuenta que a toda... ¡Qué _chicos_! Tienen la gracia de -Dios... Pues ahí está _Lagartijo_ que dice en el _Imperial_ a voz -en cuello, que la tarde que no estoy yo en la plaza no sabe dar un -volapié. ¡Ese sí que _tiene sombra_! - ---¿El _Imperial_? - ---No, señor, _Lagartijo_... Así decimos en Madrí... Cosas de esos -chicos del _Gil Blas_. Aquí, en provincias, tiene uno que mirarse mucho -para hablar, porque enseguida se _escama_ la gente. - ---Ya ve Vd., la ignorancia... - ---Es natural; porque no están, como uno, al tanto de las cosas del -día..., pero allí, aunque no se quiera, hay que _estruirse_... Misté, -cabayero; yo estoy todo el año en la peluquería de Prats, que es la -mejor de Madrí. Allí el literato; allí el músico; allí el diputado... -Para que Vd. vea: ocho días antes que Salaverría leyera en las Cortes -los presupuestos últimos, sabia yo todo aquello del recargo que tanto -dio que hablar. Lo mismo me sucedió con lo de los fueros. Así es que -yo tengo a montones las papeletas para las trebunas de orden; y si no -voy a todas las sesiones, es porque, para mí, todo lo que no sea hablar -Emilio, o Roque Barcia... - ---De modo que es Vd. de los que llaman «de la cáscara amarga.» - ---Pues ahí verá Vd... No, señor. Por de pronto, yo no soy ya hombre -de opinión, porque los desengaños me han hecho _ateo_ en política; -pero, de estar por alguno, más bien estoy por los de guante blanco, -que, al cabo, se peinan y se afeitan, y son, como el otro que dice, -parroquianos de uno. Es que esos oradores yo no sé qué tienen para mí. -Bien séase que no los entiendo, o que lo dicen con cierto... Vamos, -ello es que me llevan detrás, como si me _dechizaran_... Aquí, en -provincias, estarán ustedes poco al tanto de esas cosas. - ---Nada, hombre, nada. - ---Es natural. Les falta el roce y la... Allí da gusto; de todo se trata -y en todo se ilustra la persona... ¿Descañono más? - ---Está bastante. - ---¿Fría, o caliente? - ---De la más fría. - ---Tenga Vd. la bondad de _ensugarse_ con esta _toballa_. Le daré a Vd. -unos golpes de peine. - ---¿En dónde? - ---En el pelo... ¡Oh, cabayero, qué antigua es ya esa moda que Vd. -_lleva_! Ahora, en Madrí, todos los chicos _distinguidos_ llevan el -pelo en _bandós_... - ---Sí, ¿eh? Pues deje Vd. lo mío como está, y así seré mucho más -_distinguido_. - ---Como Vd. guste, cabayero... ¿Conque también tienen ustedes ya tranvía? - ---Así parece. - ---Han querido imitar al de Madrí. ¡Aquel sí que es tranvía! - ---Mejor que éste, ¿eh? - ---¡Qué tiene que ver! Sin embargo, cabayero, para una provincia, éste -es todo lo que se puede pedir. - ---Ya me hago cargo. Además, aquel recorre sitios más amenos. - ---¡Muchísimo más! Recoletos, la calle de Alcalá, la Mayor, Palacio, el -barrio de Pozas..., todo Madrí; conque, figúrese Vd. - ---Al paso que aquí, Molnedo, San Martín, la Magdalena, el Sardinero... - ---Eso es: mucho prado, mucha mar..., rústico todo. Pero no hemos de -pedir en una provincia las ventajas de un Madrí. ¡Cuántas tiene Vd. -en España todavía mucho más atrasadas que ésta! Pero ya irán ustedes -entrando poco a poco. Por de pronto, la buena sociedad madrileña que -les visita todos los veranos, ya adorna esto, y algo ilustra. Misté; -el domingo fui yo en el tranvía, y se me figuraba que estaba en Madrí. -Todos los pasajeros éramos de allá, y todos conocidos. Así es que la -gente se nos quedaba mirando cuando nos apeamos. - ---¡Qué le parece a Vd.! - ---Lo mismo me sucede cuando voy por las mañanas a tomar el baño. Toda -la gente que anda por el arenal y por la galería, somos de Madrí. De -modo que todo se le vuelve a uno saludar. Le digo a Vd., cabayero, que -algunas veces me parece que estoy en el _Prao_, y me da tristeza. - ---¿Por qué, hombre? - ---Ya ve Vd. la _diferiencia_. Cuatro peñascos, un arenal y _un poco_ de -agua. Compáreme Vd. esto con aquel gentío de carruajes, con aquellos -palacios y aquel _vaivién_ de sociedad, que a veces no _cabemos_ en -el salón..., porque, créame Vd., cabayero, aquello es _la mar_ de -elegancia... Esto no es decir que el Sardinero sea del todo malo, pues, -para una provincia, no puede pedirse más; pero desengáñese Vd., a los -que estamos hechos a aquel Madrí... ¡Ay, Madrí de mi alma!... Está Vd. -servido, cabayero. - ---Muchas gracias, amigo. - ---Me alegraré haberle dado gusto. - ---Pues vaya Vd. alegrándose. - ---Ya lo sabe Vd.; por ahora, desgraciadamente, aquí; desde el mes que -viene, calle del Carmen, peluquería de Prats, para cuanto se le ocurra. - ---No olvidaré las señas. Conque agur, y aliviarse de las _escrúfulas_. - ---Tantísimas gracias... Beso a Vd. su mano, cabayero. - - - - -UN SABIO. - - -Al siguiente día de su llegada a Santander, o acaso sin sacudirse el -polvo del camino, dáse a conocer en tertulias y corrillos diciendo, -con la mayor impavidez, que España es un país de estúpidos, y que la -capital de la Montaña es el último rincón del país, puesto que no hay -un solo montañés que conozca _la telematología_, ni la _filosofía -del sentimiento estético en sus relaciones con la actividad del yo -pensante, en, dentro, sobre, sobre en y por debajo de la conciencia -universal_. Pero esta ignorancia no le sorprende en un pueblo en que -_todavía_ oyen misa los hombres que se llaman ilustrados, y desconocen -a _Jeeéguel_ (muy arrastrada la J) o Hegel, como decimos las personas -vulgares. - -Y ahora que el lector sabe algo sobre la venida de este huésped, voy a -decirle otro poco acerca de su procedencia. - -La humana debilidad tiende, por instinto, a lo más cómodo, hacedero y -comprensible. - -Por eso a los grandes apóstatas, aunque arrastrados a la apostasía por -el demonio de la soberbia, o de la codicia, o de la concupiscencia, -nunca les han faltado inocentes que formen su cortejo. - -Pero llegó el siglo XIX, hijo legítimo de la glacial filosofía del -XVIII, y la masa dócil a tantas voluntades durante tantos siglos de -controversias y de charlatanes, endurecióse como el mármol, y hasta -el más lerdo se convenció de que en estos días esplendorosos, de luz -y de _pronunciamientos_, ya no cabe el cisma, por la sencilla razón -de que el que se separa de la verdad católica no es para proclamar -otra _creencia_, sino para dudar de todas; y dudar de todas equivale -a carecer de entusiasmo, que es hijo de la fe; y careciendo de fe y -de entusiasmo, no cabe la disputa, ni por consiguiente la escuela. Es -decir, que los disidentes de la verdad «ya no creen en brujas,» o, -hablando más en carácter de _época_, están «curados de espantos,» en -plena _despreocupación_. Deducción lógica de esto: No puede darse una -ocasión que sea menos a propósito que la presente para fundar sectas -religiosas y sistemas filosóficos. - -Pues bien, lector; en ninguna otra, desde que el mundo es mundo, se han -hecho mayores esfuerzos para arrastrar a la razón humana a los extremos -que más la repugnan; jamás se ha visto mayor cúmulo de desatinos -presentados como armas de seducción, unos en el campo religioso, otros -en el filosófico y otros en el de la política; siendo inútil advertir -que todas estas agrupaciones, tan diferentes entre sí, coinciden en un -punto: el consabido odio _a las viejas instituciones y creencias_. - -Ni de los fundadores, ni de los pontífices, ni de los apóstoles (aunque -todo ello suele andar en una sola pieza) de estas doctrinas, ni -siquiera de los adeptos que lo sean _de veras_, voy a ocuparme aquí, -gracias a Dios. - -Pero es el caso que alrededor de estas colmenas de insípida melaza, -bulle de continuo un enjambre de zánganos impresionables, que, so -pretexto de un amor desmedido a lo _nuevo_ y a lo _fuerte_, pero -incapaces de elaborar cosa propia, aunque sea mala, van chupando, a -hurtadillas, cien desatinos de la filosofía, cincuenta extravagancias -de lo religioso y doscientas majaderías de la política; y con estas -provisiones en el buche, mal digeridas, así por falta de jugos como -por la indigesta condición de lo engullido, échanse zumbando por -esos mundos de Dios, y aún pretenden elevar su vuelo hasta las -águilas, porque les han dicho que aquello que les nutre el menguado -entendimiento se llama _ciencia moderna_. - -Uno de estos _sabios_ es el huésped consabido. - -Y ya que tampoco ignoras de dónde viene, continúo leyéndote todas las -señas particulares de su pasaporte. - -Generalmente es _tipo_ por su figura, o por el corte de su vestido, y -joven; porque no se concibe que pueda llegar nadie a la edad de las -canas con tantos grillos en la cabeza. - -Ni la experiencia, ni la erudición más vasta en el campo de los _viejos -sistemas_, le merecen el menor respeto; porque él ha asistido durante -dos meses a una cátedra de filosofía krausista en la universidad de -Madrid, y sabe, por boca de uno de los oráculos españoles de esta -escuela alemana, que «_cada filósofo debe construir su propia ciencia -sin necesidad de abrir un libro_.» Y tan al pie de la letra ha tomado -el consejo, a tal extremo ha llevado el asco a los libros, que ni -siquiera conoce la gramática castellana. - -Ya hemos visto, al dársele a conocer al lector, qué desparpajo le -presta o le infunde esta _ilustrada_ ignorancia; mas como aquella tesis -la repite donde quiera que halla tres hombres reunidos, y como no es -raro que entre tantos haya muchos a quienes sobre de buen sentido lo -que les falte de _ciencia moderna_, su temporada de verano es una pelea -sin tregua ni sosiego. - -Porque es de advertir que, aunque de pronto se le escucha como quien -oye llover, una vez _metido en barro_ ya no hay paciencia que sufra -tantas salpicaduras al sentido común, única _ciencia_, a mi entender, -que se _construye_ sin abrir un libro, por la sencilla razón de que no -hay libro que enseñe a construirla cuando Dios ha negado a alguno la -_materia prima_. - -Sin este lastre en la cabeza, claro es que, como todo lo henchido de -aire, o menos pesado que él, este sabio, no bien se agita un poco, ya -está dando tumbos por el espacio y perdiéndose de vista en el infinito. -Por eso lo primero que _discute_, y con doble afán si hay mujeres en el -auditorio, es a Dios, es decir, al _Dios de las viejas creencias_. - -Eso de _Dios Trino y Uno_, tiénelo él por logomaquia. - -La _conciencia humana_ no siente este concepto _absurdo_; la mente, por -tanto, no le penetra, no le alcanza. - -Entonces es la ocasión de echar atrás las solapas del levisac, poner la -cara hosca, y lanzarse sobre los ignorantes con este párrafo que, según -el sabio, es claro, perceptible y concluyente: - - «_Dios es el absoluto ser, en su total unidad e integridad, como - lo que es y de lo que es, en la esencial sustantiva unión y - composición del ser y del existir, del conocer y del pensar, dándose - y determinándose en, dentro y debajo de la unidad, sabiéndose de - sí, para sí y consigo, congrua, individual y homogéneamente, antes - y sobre toda determinación concreta de la materia caótica en tiempo - y espacio, medio en que lo objetivo y lo subjetivo recíprocamente - comulgan._» - -En seguida apoya su aserto con la autoridad de los _santos_ padres, o -pontífices de _su_ iglesia, Krause, Sanz del Río y Salmerón, mira en -derredor de sí con cara de lástima, y pasa a otra cosa. - -Nada le _repugnaba_ tanto cuando él _era_ católico «por no disgustar -a su _pobre_ madre que creía como una _inocente_ todas _esas cosas_,» -como los milagros, lo sobrenatural: y lo del premio y el castigo -inmediatos a la muerte del cuerpo, ni más ni menos que si Dios llevara -una cuenta corriente a cada una de sus criaturas. Esto es empequeñecer -la idea, agraviar a la razón humana que es un destello divino, etc., -etc. - -Y he aquí que comienza a cantar endechas al _espiritismo_, de cuya -secta se declara partidario y hasta miembro integrante. Y siendo -espiritista, cree, por ende, y así lo manifiesta, que los espíritus -vagan por el espacio, ramoneando de planeta en planeta, como carneros -trashumantes, para purificarse por una serie de trasmigraciones, -hasta que Dios los llame junto a sí, después de juzgarlos dignos de -Él: cree, por tanto, en los metaespíritus, y que el hombre está en la -tierra, de tránsito, procedente ya de otro planeta, o de otra criatura -de diferente condición social o naturaleza, y ni siquiera niega que -pueda él mismo haber sido asno tiempos atrás, por más que --¡otro -contrasentido!-- no le guste que se lo llamen. En fin, repugnándole -todo lo sobrenatural, y hasta negándolo con indignación, nos cuenta -entusiasmado que se pasa las horas muertas hablando mano a mano con -el espíritu de Confucio... o con el de Sancho Panza (pues inspirados -_eruditos_ hay en la secta que se lo han tragado), si es _medium_, -por su propia virtud, y si no, por el del hermano que la posea; -y le cuentan que esto está perdido, y que la Iglesia caerá, y que -prevalecerá lo que quieran Bassols, Solanot y otros cuantos apóstoles -de la doctrina famosa... Y todo esto y mucho más se lo cuentan en -parábolas y rengloncitos entrecortados, que necesitan luego una -interpretación no poco ingeniosa. - -También en este trance tapa la boca a los incrédulos que se ríen al -oírle, con nombres propios. En seguida enjareta una letanía de los -más sonados en España entre políticos y militares, los cuales sujetos -hacen lo mismo que él, y _aliquid amplius_, en esas conferencias con -los espíritus; cuya prueba, no por ser irrecusable, porque es la pura -verdad, levanta un ápice la cuestión ante el testarudo y arranciado -sentido común que escucha al sabio; pues se obceca aquel inconquistable -tribunal en sostener que en ninguna parte hay reunidas, en menos -terreno, más extravagancias, más monomanías, más opuestas condiciones -sociales que en un manicomio, y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido -tomar por lo serio aquella algarabía de insensatos. - -Indígnale también que existan _todavía_ hombres que se llaman -ilustrados sosteniendo que la raza humana, entera y verdadera, procede -de Adán. Parécele absurda esta _teoría_; y buscando otra más verosímil, -y hasta solar más noble a la humanidad, agárrase a Darwin, y pónese -muy hueco al declarar con este otro sabio que el hombre desciende del -mono --cosa que muchos _ignorantes_ no negarían si todos los ejemplares -de la especie fueran idénticos al preopinante--. Verdad es que el -sustentar esta teoría le permite soltar la palabreja _antropiscos_ o -_antropoides_, que no es despreciable para un sabio de su calibre, y -tapar con ella el resuello al que le pregunte por la raza que debió -llenar el abismo que separa al cuadrúmano famoso, del más estúpido de -los hombres.... Por eso me gustan a mí los sabios (y no aludo ahora -al de mi cuento): se tropiezan en sus investigaciones con un abismo -sin fondo, y le cubren con una palabra rimbombante; y saltando sobre -ella, para no sentir el vértigo que les perdería, siguen adelante -tan satisfechos como si la senda no tuviera un bache: todo menos -retroceder ante el precipicio, para buscar otro camino más seguro y -más frecuentado. Digo esto, porque la tal palabreja es la tapadera que -ponen los darwinistas sobre el abismo de su peregrina teoría. ¡Como si -el tal abismo no fuera para ellos toda la cuestión! - -Volviendo ahora a nuestro sabio, digo que si se logra hacerle descender -de esas alturas en que se mece tan a su gusto, y bajar al mundo -terreno, se le ve lanzarse rápido sobre la memoria de los grandes -hombres; porque ésta es de las águilas que no pierden el tiempo cazando -moscas. La calidad del auditorio es lo que menos le importa. - -Así, por ejemplo, al primer tratante en caldos que halla a mano, le -enreda en una discusión sobre Cervantes. - ---_Concedo_ --dice el _generoso_ sabio-- que no fue el autor del -_Quijote_ un hombre _enteramente vulgar_, teniendo en cuenta la -época en que vivió; pero ¿qué materiales dejó preparados para la -_arquitectónica_ de la ciencia moderna? ¿No están sus obras impregnadas -del estúpido fanatismo religioso? Lo mismo a él que a Calderón les -faltó la _filosofía de la estética_, que les hubiera enseñado lo poco -que valían sus creaciones _por sí, mediante, en, con relación al -idealismo trascendental, en cuanto, sobre, antes y después de_. - -Por el mismo procedimiento demuestra el _idiotismo_ de Colón, la -_candorosa_ ignorancia de _Agustín_ (como no cree en brujas, le -suprime la santidad), el espíritu _mezquino_ de Raimundo Lulio, la -_charlatanería_ de Balmes, y la sublime metafísica de las coplas de -Mingo Revulgo. - -Ninguno de estos hombres, ni otros infinitos que cita sin pararse en -barras, hicieron cosa alguna en beneficio de la humanidad _progresiva_; -les faltó la gran idea del símbolo, del _schema_, o séase _la gráfica -determinación en que la naturaleza y el espíritu se unen en forma de -lenteja_. - -¿Necesito añadir que la aspiración política de este mozo es ir tan -lejos como puedan llevarle _las corrientes de la idea nueva_, o los -huracanes de la libertad de su altivo pensamiento? - -Así es, en efecto; y conste que, según propia declaración, para -colocarse en la senda que necesita su razón sin trabas ni cortapisas, -ha comenzado por tomar en una logia masónica el nombre de _Wamba_, y -por jurar, _a oscuras_, sacrificarse en cuerpo y alma a la voluntad de -un superior a quien no conoce, sin que le sea lícito preguntar jamás el -_por qué_ ni el _para qué_ de los esfuerzos que se le _impongan_. - -En fin, lector ignorante, después de volcar este ollón de potaje -religioso-filosófico-político en plazas, casinos, tiendas y cafés, es -cuando el sabio, para rematar la obra, encaja este ribete, pespunteado -con aires de protección y tono campanudo: - ---Esto se llama, señores, estar penetrado del _ideal de la humanidad_; -esa ciencia sublime, mediante la cual, el hombre, _artista de su vida, -determinándose en todas las esferas de la actividad, se hace divino en, -bajo, mediante Dios_. - -Mas, a pesar de la sustancia de este luminoso dato, oigo al asombrado -lector preguntarme: Pero ¿adónde va ese mozo con semejante galimatías -en la cabeza? - -¿Adónde va? En Madrid al Ateneo, si hemos de creerle. - -En Santander, a lo que hemos visto, a difundir la luz; a tomar el -aire... y, _aliquando_, a la ruleta. - -Mañana... (si antes no se cura) al Limbo, que es la mansión adonde van -a parar los que en vida tuvieron la enfermedad debajo del pelo. - - - - -UN APRENSIVO. - - -Puede ser de Rioseco, lo mismo que de Palencia o de Zamarramala. No -es viejo, ni tampoco joven, ni rubio, ni moreno, ni alto, ni bajo, ni -rico, ni pobre. Trajo baúl de cuero peludo y sombrerera de cartón. -Hospedóse como pudo, y al día siguiente fue a entregar la carta de -crédito que traía, a su orden, contra una casa mercantil de la plaza. - ---¿Los señores de Tal y Cual y Compañía? - ---Servidores de Vd. - ---Tenga Vd. la bondad de enterarse de esta esquelita. - ---Cúbrase Vd. y siéntese. - ---Muchas gracias. - ---¿Quiere Vd. recibir ahora la cantidad que los Sres. Morcajo y -Compañía nos mandan poner a su disposición? - ---No, señor; iré tomando a cuenta lo que necesite, si a ustedes les -parece. - ---Como Vd. guste. Y ¿cómo están aquellos señores? - ---Tan guapamente... quiero decir, salvo el sobrehueso del D. Atanasio, -que no le deja moverse de la silla cuatro años hace. - ---Eso es lo peor. ¿Y Vd., a lo que parece, se ha venido por ahí a -veranear? - ---No fuera malo, señor mío. Por ese solo placer quedárame en casa, que -los tiempos no están para moverse de ella. Vengo, créalo Vd., por la -necesidad que tengo de tomar los baños. - ---¿Y ya está Vd. instalado? - ---Sí, señor: ahí paro en cá de un paisano, en Santa Clara. Mucha -bestia, mucha mosca y bastante ruido hay; pero como dicen que el olor -de la cuadra es bueno para el pecho, no me pesa haber encontrado eso. -Yo mejor querría un parador con vistas a la mar alta; pero mire Vd. -que llegué a dar hasta doce reales por un cuarto en el Sardinero, y el -demontres del posaero se me echó a reír. Conque volvime ahumando a la -ciudad, donde pago medio duro. Le digo a Vd. que la vida cuesta aquí un -sentido. Pero la pícara necesidad de los baños... - ---Pues hombre, el semblante de Vd. revela mucha salud. - ---Calle Vd., por Dios, que estoy hecho una carraca vieja... Como que si -en este mar no la compongo, no me queda más remedio que la huesera... - ---¿Ha tomado Vd. ya algún baño? - ---Si llegué ayer, de tardecita; y en un carricoche fui al Sardinero, -y en el mismo me volví, ya de noche, cuando vi lo caro que andaba -por allí el hospedaje. Ahora vuelvo allá a enterarme de lo tocante -al baño; porque pensar que me he de meter yo en lo que no conozco, -siquiera de oídas, es pensar los imposibles. Conque, si ustedes no -mandan otra cosa, me alegro de verlos tan buenos, reconózcanme por un -servidor, y hasta otro día, que algunos he de volver, si Dios quiere y -la salud me lo permite. - ---Muchísimas gracias, y que aprovechen los baños. - ---Pues si no me pintan, no será por falta de _modo_ para tomarlos. - - -EN LA PLAYA. - ---Conque, según las trazas, es Vd. bañero. - ---Ya ve Vd. - ---Vaya, pues lo celebro. Yo también vengo a tomar baños. - ---Me alegraré que aprovechen. - ---Así lo espero. Y diga Vd. ¿está esto muy hondo? - ---Hay de todo. Si se queda Vd. cerquita... - ---¿Y si entro mucho? - ---Si entra Vd. mucho, hallará más agua. - ---Quiere decir que según voy entrando... - ---Le va a Vd. cubriendo, cubriendo... - ---Eso es, hasta que ¡plaf! se va uno al hondo. - ---Cuando no se sabe nadar... - ---Pues es una broma pesada. Y diga Vd., ¿estarán firmes estas cuerdas? - ---Ya lo ve Vd. - ---De modo que, bien agarrado uno a ellas, aunque venga la ola de -firme... Diga Vd., ¿de qué lado suelen venir? - ---Hombre, según sople el viento; pero, por lo común, de frente, como -ahora. - ---Quiere decirse..., eso es, que poniéndome de cara hacia afuera, las -recibiré en las espaldas... Pero entonces no veré lo que viene sobre -mí. ¿Cuál le parece a Vd. lo mejor? - ---Eso va en gustos. - ---Como tiene Vd. la experiencia ya... ¿Y si me tiran? - ---No suelte Vd. la cuerda. - ---¿Y si la suelto? - ---Le tiran a Vd. - ---¿Y qué hago entonces? - ---Agarrarse a la arena. - ---¿Es seguro eso? - ---A veces. - ---Pero ¿no están ustedes para sacar de tales apuros? - ---Cuando se nos manda. - ---¿Y si no se lo mandan a ustedes? - ---Nos estamos, como ahora, paseando por el arenal. - ---¿Aunque yo me esté ahogando? - ---Si le viéramos a Vd., y hubiera tiempo... - ---Es decir, que puede no haberle. - ---Ya lo creo. - ---¡Canastos! Pues ¿cómo hay ahora otros bañeros con aquellas mujeres? - ---Porque los han pedido y pagado. - ---¡Ah! vamos. Pues yo también tomaré uno... ¿Tiene Vd. mucha fuerza? - ---¿Para qué la necesita Vd.? - ---Hombre, para un apuro de esos de que íbamos hablando. - ---¿Va Vd. a empezar hoy a bañarse? - ---No señor, mañana. Ahora vengo a tomar informes de esto, porque a mí -no me hace gracia meterme en lo que no conozco... Por de pronto, me -gustaría más la playa si fuera llana, siquiera media legua adentro. - ---Tendría que ver. - ---Dicen que algunas son así. - ---Valientes playas serán esas. - ---¿Quiere decir que ésta es mejor? - ---Como ésta no la hay, hombre. - ---Y el agua, ¿también es buena? - ---De la mejor que se conoce. - ---Pues eso es lo esencial para los que venimos a bañarnos -por necesidad. Y, a propósito: yo quisiera ver al médico del -establecimiento. ¿Andará por acá? - ---Cabalmente está ahora en la galería... Mírele Vd. - ---¿Quién es? - ---Aquel señor de la barba negra que está hablando con otro joven -delgadito. - ---Pues voy a verle antes que alguno le comprometa... Conque, amigo, -muchas gracias por todo, y hasta mañana; porque yo desearía bañarme con -Vd. - ---Si estoy desocupado entonces, con mucho gusto. - ---Pues lo dicho, dicho. - ---(Como yo te eche la zarpa, menudo remojón vas a chuparte... ¡Yo te -diré de qué lado viene la mar!) - - -CON EL MÉDICO. - ---Saludo a Vd., caballero. - ---Beso a Vd. su mano. - ---Me han dicho que es Vd. el facultativo del establecimiento. - ---Tengo en él mi gabinete de consultas. - ---Es igual. Pues yo quería consultar. - ---Cuando Vd. guste... - ---Ahora mismo. - ---Pase Vd. a esta habitación... Sírvase Vd. tomar asiento. - ---Muchísimas gracias, señor de... ¿de qué, si no le incomoda? - ---Zorrilla. - ---¡Hombre! Como ese que hace coplas. ¿Son ustedes parientes, por si -acaso? - ---Sospecho que no. - ---Es que es paisano mío ese Zorrilla, y podría Vd. serlo también. - ---Pues hágase Vd. la cuenta de que no lo soy. - ---Vaya, pues lo siento; porque cuando se halla uno con gente de la -misma tierra, le parece que no ha salido de casa... Pero es igual, con -tal que la salud... Pues yo quería consultar sobre la mía. - ---Vd. dirá. - ---¿Cuántos baños cree Vd. que debo tomar yo, de cuánto tiempo y a qué -hora? - ---Si Vd. no me dice antes por qué los necesita... - ---Pues por la salud. - ---Ya lo supongo; pero la salud se quebranta por mil causas; cada causa -puede dar origen a una enfermedad, y cada enfermedad necesita un -tratamiento determinado. - ---Es verdad, y voy a decirle a Vd. de contado lo que padezco. Pues -amigo de Dios, ha de saberse Vd. que todo ello resulta de un susto que -cogió mi madre el día en que se casó. - ---¡Es raro eso, hombre! - ---¿Por qué? - ---Porque no hallo concomitancia... Si el susto le hubiera cogido algún -tiempo después... - ---Es que yo soy _sietemesino_. - ---¡Vamos! Eso ya varía de especie. - ---Pues sí señor; se escapó un novillo que se había de correr aquella -misma tarde en la plaza, y arremetió a mi padre en el momento de salir -de la Iglesia con mi madre, después de casados. Mi madre se desmayó al -verlo, vino gente, salvaron a mi padre como de milagro, recogieron a -mi madre; y sobre si tuviste tú la culpa o la tuve yo, armose después -en el pueblo una de palos que el mundo ardía. Mi madre tardó en volver -en sí, pero no echó el susto del cuerpo en mucho tiempo; y puede -asegurarse que en todo el embarazo no fue ya mujer: un soponcio le iba -y otro le venía. De resultas de todo esto, nací yo hecho una miseria, -y hágase Vd. la cuenta que el verme vivo a los siete años le costó a -mi padre un sentido. El ruido de una puerta me tumbaba en el suelo; el -aire me hacía toser; con el frío, sabañones; con el calor, agonías; con -el agua fresca, pasmos; con la templada, vómitos..., en fin, que llegué -de milagro a los diez y ocho años. A esa edad me entoné un poco ya; y -como quedé huérfano y tuve que atender a mis haciendas, el trabajo y -la distracción me arreglaron el cuerpo algo más, y así estoy; pero, -créame Vd., aborrecido de cambiar de médicos y de medicinas. Tan -pronto que baños calientes de esta clase; tan pronto que de la otra; -tan pronto que las del río; hoy que friegas, y mañana que restregones; -hasta que un médico de regimiento que pasó por el pueblo y que venía -recomendado a un amigo mío, me aconsejó que tomara los baños de mar... -y aquí me tiene Vd. - ---Bien está; pero todavía no me ha dicho Vd. qué dolencia es la que -principalmente le aflige. - ---Pues todas esas de que le he hablado. - ---¿Cuáles? - ---Mire Vd., por de pronto, el estómago. - ---¿Le duele a Vd.? - ---No, señor. - ---¿Hace Vd. malas digestiones? - ---¡Por ahí! - ---Siente Vd. ardores... - ---¡Quiá! Lo que me pasa es que yo soy de mucho comer, y que en cuanto -como algo más que lo de costumbre, siento aquí un peso... - ---¿Y repugnancia? - ---No, señor; nada más que el peso, que me dura como un par de horas..., -hasta que... - ---Vomita Vd., ¿eh? - ---No, señor, me quedo como un reló... y con un hambre de dos mil -demonios. - ---¡Hola! - ---Y eso es lo que a mí me hace cavilar, porque parece mentira que con -lo que yo como no se me quite el hambre..., y, sobre todo, el peso. - ---Y la cabeza ¿qué tal? - ---La cabeza..., esa es otra más gorda. Cuando tenía veinte años, -resistía yo el sol de la era toda la mañana, en pelo, sin que uno de -ellos me doliera; pues ahora ¡ya te quiero un cuento! a las dos horas -de estar al sol, ya sudo, y me entran los desperezos... Y esto es lo -que también me va dando cuidado. - ---Y es grave, en efecto. - ---¡Lo ve Vd.! - ---Sí, señor, bastante grave... ¡muy grave! - ---Cuando le digo a Vd. que paso la vida en una agonía... Y lo que más -rabia me da, es que todo el mundo dice que me quejo de vicio, y que -patatín y que patatán... ¡Hasta los facultativos se han reído de mí!... -Conque ¿le parece a Vd. que me sentarán estos baños? - ---Están indicadísimos. - ---Y ¿cuántos? - ---Lo mismo una docena que dos. - ---Yo creí que siempre se tomaban nones. - ---Tome Vd. nones. - ---Así me parece mejor. Y ¿de cuánto tiempo? - ---Hasta que Vd. tirite de frío. - ---Y mientras esté de baños, ¿podré tomar fresco?... porque a mí me -gusta mucho. - ---A mí también en este tiempo. - ---Luego ¿cree Vd. que podré tomarlo? - ---A todas horas. - ---¿Antes del baño también? - ---Y después del baño. - ---¿Y para el desayuno también? - ---También para el desayuno. - ---¡Caramba!... Y ¿qué fresco elegiré? - ---El que corra. - ---¿Y si corren varios? - ---Los toma Vd. todos. - ---¡Hombre, será mucho! Yo prefiero la merluza sola. - ---¡Ah! vamos. Vd. me hablaba del pescado. - ---Sí, señor, le llamamos _fresco_ en mi tierra. - ---Pues, en ese caso, tengo que corregir... El mejor pescado para Vd. es -el atún. - ---No me disgusta; pero yo creía que era más _pesado_ que la merluza. Y -¿a qué hora lo tomaré? - ---Un poco antes de meterse en el baño. - ---¡Hombre! ¿Y en qué cantidad? - ---Un par de libras, si caben. - ---¡Yo lo creo! - ---Pues a ello. - ---¿En seco? - ---De ningún modo. - ---Entonces, clarete. - ---Nada de eso; aguardiente es mejor reactivo. - ---Es verdad. Y diga Vd., ¿cómo aprovecha más el baño, entrando poco a -poco o de sopetón? - ---Ni de un modo ni de otro: a Vd. le conviene el trote. - ---Y después me acurruco, agarrado a la cuerda. - ---No, señor; después de darse Vd. una trotada por el arenal... - ---¡Ah! ¿conque ha de ser por el arenal? - ---Precisamente; se echa Vd. de cogote... - ---¿Al agua? - ---Naturalmente. - ---Pero ¿cómo? - ---¿Sabe Vd. nadar? - ---Como un canto. - ---Entonces véngase Vd. a la galería, y desde allí le enseñaré yo... ¿Ve -Vd., a la derecha, aquel peñasco que se mete más que los otros en el -mar? - ---Sí que le veo. - ---Pues desde allí se tira Vd. de cabeza. - ---¡Zambomba!... ¿Y después? - ---¿Después...? Después va Vd. a contárselo a su abuela. - ---Ja, ja, ja... ¡qué buen humor tiene este señor de Zorrilla!... ¡Pues -anda! que se ha largado... y sin cobrar la consulta. A bien que todos -los días he de verle después del baño para explicarle el resultado y -pedirle el plan para el siguiente. - - -EN LA DESPEDIDA. - ---Conque, vaya Vd. mandando lo que se le ofrezca para mi tierra. - ---¡Tan pronto! - ---Y la mitad me sobra. - ---Como vino Vd. a bañarse... - ---A matarme, dirá Vd. - ---Es decir, que no han sentado los baños. - ---En la misma boca del estómago..., y eso tan solo con olerlos. Conque, -¡figúrese Vd. si llego a probarlos! - ---No comprendo... - ---¿No se acuerda Vd. que le dije que el médico me había mandado tomar, -antes de bañarme, dos libras... - ---Mucho que sí. - ---...Y Vd. se empeñaba en que era una broma del señor de Zorrilla para -darme a entender que yo era un aprensivo, y que torna y que vira? -¡Mal rayo me parta!... Pues bueno: yo que tomo al pie de la letra -todo lo que toca a la salud y al modo de recobrarla, porque la tengo -perdida, aunque diga lo contrario el mundo entero, el día siguiente al -de la consulta me bajé por la mañana al Sardinero, después de haberme -envasado las dos libras de bonito y el medio cuartillo de aguardiente. -Vestime de bañista, salíme al arenal, y comencé a trotar en redondo. -La gente me miraba. Eran las diez, y no parecía sino que Dios echaba -rescoldo por el cielo abajo, según las ampollas que sacaba el sol. A -la media vuelta ya sudaba, y a los cinco minutos hubiera jurado yo que -el aguardiente estaba en llamas y el bonito hecho una lumbre... ¡Le -digo a Vd. que aquello era abrasarse vivo! Así es que, a las pocas -vueltas, porque las daba por largo, me caí redondo en el arenal. Acudió -la gente, y también el médico que andaba por allí, hízome echar por -la boca hasta los hígados; y después de llamarme bárbaro muy serio, -contó a la gente lo de la consulta, y acabaron todos por reírse de -mí. ¿Le parece a Vd. que el lance era de risa?... Pues toda esa falta -de caridad la enmendó el facultativo con decirme que cómo él pudo -imaginarse nunca que hubiera un hijo de Adán tan... Adán, que tomara -en serio lo del bonito y lo del trote antes del baño; que si lo que yo -había tenido en el cuerpo lo mete él debajo de una peña, la levanta en -vilo; que si, hallándome vivo después de lo ocurrido, no me convencía -de que mi salud era de bronce; y, por último, que no tentara más a -Dios, que me volviera a mi pueblo a cuidar de mis haciendas, y que -no aburriera más al prójimo llorando males que no tenía... Con esta -rociada por todo consuelo, me vestí, volvime a la posada y me metí en -la cama a sudar, que poco me costó con el calor que hacía. - ---¿De manera que ha hecho Vd. el viaje en balde? - ---No lo crea Vd..., y por algo se dijo que «por lo más oscuro amanece.» -Hablando yo de estas cosas, a los tres días, con un compañero de -posada, me dijo que él también había rodado mucho por el mundo -buscando la salud, y que no la había encontrado hasta que se la dio -un curandero, ¡pásmese Vd.!, un remendón que trabaja en un portal -de esta misma ciudad. ¡Y decir a Dios que hay médicos que gastan -coche! Pues señor, que me alegró la noticia, que me animé y que fui a -consultar con el curandero... Le digo a Vd. que es preciso verlo para -creerlo. No hizo más que saber que yo estaba enfermo, y sin dejarme -hacerle historia alguna de la enfermedad, me estiró los brazos hacia -adelante, me juntó las manos, y poniéndome una de las suyas en la boca -del estómago, me dijo: «Vd. tiene toda la maleza en el arca, motivado -a que los güétagos se han arrimado mucho al padrejón, a causa --¡esto -es lo más asombroso!-- de que las dos paletillas no encajan bien en -el espinazo...» Pues en esto, señor mío, no ha dado hasta hoy ningún -facultativo. - ---Lo creo sin dificultad. ¿Y qué remedio le dio para tan complicada -enfermedad? - ---Uno que me parece tan sencillo como cuerdo: dos parches y un haz de -yerbas. Uno de los parches me coge desde la nuca hasta la _curcusilla_; -el otro es para encima del estómago. - ---¿Los tiene Vd. puestos ya? - ---No señor; los llevo para ponérmelos en cuanto llegue a casa; porque, -tan pronto como me bizme, tengo que meterme en la cama y estar en ella -veintisiete días, boca arriba, sin moverme. - ---¿Y las yerbas? - ---Las yerbas son para cocerlas. De este cocimiento he de tomar, -mientras esté en la cama, dos azumbres por la mañana y otras dos -por la tarde. De este modo dice el curandero que romperé en aguas -abundantes, y que a la vez que con ellas sale toda la maldad, con los -parches fortificaré el estómago y entrarán en sus propios gonces las -paletillas... Conque, sírvase Vd. darme lo que me resta del crédito que -traía, porque ya me parece que tardo en llegar a casa para ponerme en -cura, y mande lo que guste para aquellos señores. - ---¿Resueltamente va Vd. a ejecutar el plan del curandero? - ---Como estamos aquí los dos. - ---En ese caso, venga un abrazo..., y apriete Vd. bien. - ---¿Por qué tan apretado? - ---Por si no volvemos a vernos. - - - - -UN DESPREOCUPADO. - - -Se da un aire a todos los hombres que conocemos o recordamos, de escasa -talla, comunicativos, afables, sin afectación ni aparato, limpios y -aseados, que siempre parecen jóvenes, y llegan a morirse de viejos sin -que nadie lo crea, porque hasta el último instante se les ha llamado -_muchachos_ y por tales se les ha tenido; hombres por el exterior -insignificantes y vulgares hasta en el menor de sus detalles: hombres, -en fin, de todos los pueblos, de todos los días y de todas partes. - -Se llama Galindo, o Manzanos, o Cañales, o Arenal..., o algo parecido -a esto, pero a secas; y a nadie se le ocurre que tenga otro nombre de -pila, ni él mismo le usa nunca. - ---¡Ya vino Galindo! --se nos dice aquí un día al principiar el -verano--. Y cuantos lo oyen saben de quién se trata, como si se dijera: - ---Ya llegaron las golondrinas. - -Tiene fama, bien adquirida, de fino y caballero en sus amistades y -contratos, y no se ignora que vive de sus rentas, o a lo menos sin -pedir prestado a nadie, ni dar un chasco a la patrona al fin de cada -temporada; y esto es bastante para que hasta los más encopetados de acá -se crean muy favorecidos en cultivar su trato ameno. - -Al oírle hablar de las cinco partes del mundo con el aplomo de quien -las conoce a palmos, tómanle algunos por un aristocrático Esaú que -ha vendido su primogenitura por un par de talegas para _correrla_; -quién por un aventurero osado, sin cuna ni solar conocidos: quién -por antiguo miembro del cuerpo consular, o diplomático de segunda -fila... Pero lo indudable es que ha viajado mucho, y con fruto; y que -no teniendo en su frontispicio pelo ni señal que no sean comunes y -vulgares, no hay terreno en que se le coloque del cual no salga airoso, -cuando no sale en triunfo. - -Tampoco, mirado _por dentro_, posee cualidad alguna que brillante sea. - -No es elocuente, no es poeta, no es artista: no es perfecto ni acabado -en nada. - -Pero, en cambio, tiene un poco de todo... y algo más: es, por de -pronto, un estuche de _cosas_. En manejarlas a tiempo consiste su -habilidad. - -Con ella y con su impenetrable _cara de baqueta_, en su boca no se -distingue la verdad de la mentira, y eso que las echa gordas; y en -cuanto a sus _cosas_, ni es avaro ni despilfarrador de ellas; quiero -decir que ni es entremetido, ni se hace rogar mucho. Como los -buenos músicos, entra en el concierto en que hace falta, cuando le -corresponde: ni antes ni después. - -Cuando, por primera vez y solo, se presenta en una tertulia, nadie -frunce el ceño ni le pregunta con gestos o con palabras: «¿Qué busca -Vd. por aquí?» Antes bien, se le recibe con palio, y se le dice, entre -sonrisas y agasajos: - ---¡Oh... Galindo! ¡Acabara Vd. de llegar! - -Ni más ni menos que si se le esperara y fuera antiguo contertulio de -la casa. Y desde el mismo instante, Galindo es el alma de aquellas -reuniones. - -Una noche falta quien toque el piano para bailar. Galindo no conoce una -nota de música; pero sabe de oído unas cuantas piezas de baile; y se -sienta en el banquillo y araña el teclado, y toca lo que se necesita. - -No tiene voz, ni condición alguna de cantante, y cuando llega el caso, -acompañándose él mismo al piano, suelta un par de canciones picarescas -de acá o de allá, que alborotan la reunión. Si se trata de hacer -coplas, nadie le gana a hacerlas pronto y al caso, aunque le ganen -todos a poeta. - -Que no se baila, ni se canta, ni se hacen coplas, y la gente se agrupa -en los gabinetes, medio aburrida, medio soñolienta. Allí está Galindo -para reanimar los decaídos espíritus. Para entonces son las anécdotas -frescas, o los recuerdos de Calcuta, o de Constantinopla. Y tras -esto y un sin número de mentiras verosímiles sobre las mujeres del -Cáucaso, o los hombres de Ceilán, llegará a hablarse, por ejemplo, de -objetos raros, y habrá allí quien crea decir mucho diciendo que ha -visto camisas de hoja de llantén, catalejos de trapo, o chocolate sin -cacao..., y tantas cosas más como se anuncian todos los días, en estos -de extravagancias que corremos. - -No dejará Galindo de admirar las citadas rarezas, con toda la -expresión que cabe en su estilo lento y suave, y en su cara impasible; -pero hombre que ha corrido y visto tanto, no puede estar sin algo que -citar a propósito de rarezas; y no lo está en efecto; y saca un grueso -anillo de uno de sus dedos, y se le presenta a la reunión, diciendo: - ---¿A que no saben ustedes qué piedra es esta? - -Y la gente se abalanza al anillo, y le da mil vueltas, y recorre la -lista conocida de piedras buenas y malas, sin que falte la de Colmenar -Viejo, a la cual se parece en el color la del anillo; pero nadie -acierta. En vista de lo cual, dice Galindo: - ---Eso que ustedes creen piedra, no lo es. - -Nuevas ansiedades, nuevo examen y nuevas conjeturas. - ---Pues ¿qué es, si no? --se le pregunta al cabo. - ---Eso es --responde Galindo, lenta y dulcemente-- hígado de cocodrilo, -endurecido al sol, en Pekín. Se lo compré al joyista que lo hace para -la corte imperial; o mejor dicho, me lo cambió por una zamarra fina que -llevaba yo de España. - -Para calmar el asombro que esta respuesta produce, muestra una bolsa de -_tripa de un indio_, medio devorado por un tigre en una cacería a que -asistió él, y se refiere a una corbata que tiene en casa, hecha de piel -de culebra, por un indígena del Canadá. - -Cuando se agota este catálogo, tiene Galindo a su disposición otro más -abundante todavía. Por el procedimiento de las pajaritas de papel, -hace, entre mil primores, catedrales, y navíos de tres puentes; y de -un tijeretazo solo, sobre el mismo papel convenientemente plegado, -saca una procesión de Jueves Santo, con sus pasos, curas, monaguillos, -autoridades, músicas y piquete. De sombras en la pared, no digo nada, -ni tampoco de problemas de dibujo a lápiz, a punta de cigarro y hasta -a moco de candil: así _pinta_ el día y la noche, el sol y la lluvia, de -dos o tres rasgos, y gatos y perros... y demonios colorados. - -En la calle, no hay forastero a quien él no conozca de vista y de -trato. Sabe las rentas o las trampas de cada uno, y lo que antes -tuvieron y lo que esperan, o lo que temen, y la vida que hacen en -Madrid, y quién de ellos trae señora propia y quién pegadiza o -temporera; y dónde la ha adquirido, y _a cómo_; y quién se la corteja y -con qué éxito, y si el cortejo es andaluz o salamanquino... - -Hablando de parecidas cosas conmigo en una ocasión, iba delante de -nosotros el aludido, sin haberle visto yo. - ---En suma --me dijo--: el duque de los Frijoles es un perdido, y la -duquesa, tan perdida como el duque. - -Y en esto volvió la cara el tal; y cuando yo creí que iba a romper el -bautismo al maldiciente, riose hacia él, le tendió la mano y le dijo -afectuosísimo: - ---¡Ah, tuno! ¿conque venía Vd. detrás? - ---¿En qué lo ha conocido Vd.? --le preguntó Galindo muy sereno. - ---En la voz. Y apuesto a que estaba Vd. despellejando a alguien. - ---Precisamente. - ---Amigo de Vd. por supuesto. - ---Cabal... Como que hablaba de Vd. - ---¡Ah, mala lengua! - -Dijo, y dándole al propio tiempo un golpecito en el hombro, como si -aún tuviera que agradecerle mucho, alejose el señor duque y se quedó -Galindo tan fresco. - -No desconoce uno solo de los secretos _íntimos_ de la política. Él os -dirá, con pruebas, cuando menos verosímiles, por qué se sustituyó tal -ministro con cual otro; a qué móvil obedeció la evolución de aquel -periódico, o la cesantía de cierto personaje, o el encumbramiento de -esotra vulgaridad, o por qué no puede salir de apuros el Tesoro... Y -sus _causas_ jamás son las causas que conoce o que sospecha el vulgo; -siempre son particularísimas, personales y microscópicas, con relación -a sus efectos. - -De cómicos y toreros, no se diga: a todos los trata y los tutea, como -si los hubiera parido, y habla con ellos de la escena o del _redondel_ -con el aplomo y la autoridad de Romea o de Costillares. - -En lo físico, es sano y duro como un diamante; jamás se constipa ni se -queja del estómago; y eso que no se abriga más que lo de costumbre, y -come tanto como habla, si la ocasión se le presenta. - -Y digo esto de la ocasión, porque aun cuando ordinariamente es sobrio y -metodizado, come cuanto le pongan por delante, aunque haya comido ya, -si a comer se le convida, o si se acepta el convite que él proponga, -pues hace a todo. - -Como no viene a bañarse, sino a veranear, y tampoco le es muy simpático -el ceremonial del Sardinero, vive en la ciudad en una fonda, o en -una de las mejores casas de huéspedes; lo cual no obsta para que -dé cuenta, si se le pide, de cuantas personas habitan en aquellos -_hoteles_, con sus correspondientes vidas y milagros. - -En agosto hace una escapadita a ver las corridas de Bilbao, y en -setiembre arregla su marcha definitiva en combinación con las ferias -de Valladolid y la apertura de los teatros de la Corte, donde, por lo -visto, se pasa gran parte del invierno, no sé cómo ni con quién. - -Qué familia y qué patria son las suyas, se ignora siempre; y se ignora, -porque jamás se le ha preguntado por ellas; y no se le ha preguntado, -porque se prefiere ignorarlo, y se prefiere esto, porque desde el -instante en que estos hombres tienen patria y familia, y nombre como -cualquier otro nieto de Adán, ya no son Galindos, ni Manzanos, ni -Arenales a secas, y pierden su peculiar carácter de universalidad, en -lo que estriba la mayor parte de su mérito. - - - - -LUZ RADIANTE. - - -Un si es no es macilento, desmayado de barba, corto de vista y -regularmente ataviado. - -Tal es su facha. En cuanto a su fecha, lo mismo puede venderse por -hombre que parece un joven, que por joven que parece ya un hombre..., y -cuenta que hablo en vulgo limpio, por lo cual ha de entenderse esto de -hombre, por _hombre de cierta edad_. - -Le habréis visto, con un libro en la mano, en la braña del _Cañón_, -sentado a la sombra de un bardal; o en idéntica postura e igual -ocupación, sobre escueta roca entre los dos Sardineros; o a la entrada -de los Pinares; o en un rincón de la Galería, con los pies sobre la -balaustrada y el tronco desencuadernado en una silla; o paseándose -por el arenal, absorto en la lectura, como joven alumno repasando la -lección en el patio del colegio. - -Y aseguro que le habréis visto, porque aunque jamás abandona el libro, -y parece la meditación su natural elemento, siempre elige para el -estudio las horas de más ruido y busca la soledad a orillas de todo -movimiento. - -Es de Madrid, vive en un _hotel_ del Sardinero, y a juzgar por lo que -se ve, priva mucho con todas las señoras circunvecinas. - -Lo cual no es de extrañar, visto lo docto que es en todos esos -tiquismiquis que forman el arte de agradar en la sociedad _distinguida_. - -¡Qué donaire tiene, el indino, y remilgado pespunteo de palabra para -revolver un corrillo de pizpiretas jovenzuelas! Qué mirar de ojos, qué -rasgar de boca y accionar de índice para decir, por ejemplo: «Vamos, -Conchita, ya se ha descubierto por qué esperaba Vd. el correo anoche -con tanta impaciencia.» O: «¿Saben ustedes por qué está Soledad tan -preocupada?... ¿Lo ven ustedes? Ya se sonroja.» O: «Carmela, en mi -solitario paseo de esta madrugada me han revelado las _Ondinas_ el -secreto que Vd. me ocultaba ayer. ¡Ah, picarilla!...» - -¿Dicen ustedes que éstas son impertinentes y sobadas vulgaridades?... -Séanlo enhorabuena; pero atrévase un buen Juan a hacerse con ellas -solas hombre ameno y travieso, y verá como le plantan en seco. Hay que -desengañarse: para decir ciertas cosas y brillar en ciertos terrenos, -hay que ser mozo _de cierta catadura_. - -La del de quien vamos hablando parece cortada para el oficio. Como ramo -de su ciencia, conserva en la memoria muchas anécdotas rechispeantes de -la última campaña del _gran mundo_, y anuncia el desenlace de más de -un suceso interesante, para la próxima. Y como todos los del corrillo -son de Madrid, dicho se está que las agudas murmuraciones y los -retorcidos discreteos, no languidecen un punto, por falta de interés. - -Posee otra cualidad muy importante, para esto de veranear con éxito -en una provincia entre las personas que lo han por oficio: sabe de -corrido toda la fraseología literaria y musical de moda entre la gente -madrileña. - -Y cuidado, que esto no es grano de anís. Figúrense ustedes que por allí -anda muy en boga Dante, como anduvo un invierno, porque un orador del -Parlamento dijo, a cuento de no sé qué: - -_Non ragioniam di lor, ma guarda e passa,_ - -cosa, por lo visto, hasta entonces no oída en Madrid, según la prisa -que se dio todo el mundo, en papeles y en corrillos, a traducir la -cita, a estudiar el pasaje entero, a desentrañar el intríngulis, a -hablar de la _Divina Comedia_ y hasta a poner en perverso castellano -el inmortal poema. En tal caso ¿qué joven que se precie de _ilustrado_ -ha de salir a provincias el verano siguiente, sin saber decir, por -ejemplo, cuando se le cae de la boca la punta del cigarro, o de la mano -el bastón, que se le cayeron - - _...come corpo morto cade?_ - -o cuando quiere bromearse con alguno que no encuentra lo que busca, o -que llega tarde: - - _Lasciate ogni speranza?..._ - -o si trata de pintar el abismo en que se han hundido sus ilusiones: - - _Nel mezzo del camin di nostra vita_ - _me ritrovai per una selva oscura...?_ - -Si el de moda es Goethe, porque se cantó en _el Real_ una ópera cuyo -argumento está tomado de su célebre poema, no hay más remedio que -llamar _Fausto_ a todo viejo galanteador y acicalado, _Margarita_ a -toda joven que suspira, y _Mefistófeles_ a todo señor que tenga la -nariz afilada, rasgada la boca, trigueña la color y zurda la mirada. - -Si es Flotow el que priva, hay que saber, por lo menos, entonar a media -voz, con los ojos fruncidos, las uñas clavadas en el pecho, y mucho -arrastre de amargura, aquello de - - _¡Marta Marrrrrrrrrrta!_ - -como nos cantaban en una ocasión todos los señoritos que venían de -Madrid, empeñándose en que había uno de llorar oyéndolos, porque en _el -Real_ lloraba toda la gente cuando lo cantaban Talini... o Cualini, -tenores de mucho _sentimiento_. - -Cuando reinan estas epidemias en el pueblo, no hay más remedio que -aguantarlas como mejor se pueda, y resignarse a exclamar en cada -_caso_, siquiera por no hacerle más grave: ¡Admirable, magnífico, -arrebatador! - -Pues iba diciendo yo que para evocar estas reminiscencias, citar -aquellos textos y cantar las otras ternezas, nadie como el amigo de -quien vamos hablando. - -No sé si he dicho, o ustedes lo han comprendido ya, que es literato, o -que cree serlo. - -Por de pronto, escribe quintillas en el arenal con la punta del bastón, -y en la tertulia de la noche lee a las señoras tal cual balada tierna, -o alusivo soneto. - -Si hemos de creerle, conoce a todos los hombres de letras, y se tutea -con los más talludos. - -Lo cierto es que si llega al Sardinero alguna celebridad de este -género, él es quien le presenta a las damas y se compromete a que el -presentado les lea _alguna cosa_: a cuyo compromiso corresponde éste -(después de asegurar que viene enteramente _desprevenido_) leyendo una -comedia resobada, o una oda que ya reluce de tanto manoseo, las cuales -saca de un enorme cartapacio de poesías que ya han sido leídas por -el autor trescientas veces en Ontaneda o Las Caldas, mientras tomó -aquellas aguas. - -Como piensa hacer algunas investigaciones históricas, arqueológicas y -geográficas en la provincia, ha traído con su equipaje una mochila, un -grueso garrote con agudo regatón de hierro, y borceguíes ingleses de -ancha y claveteada suela. Parece ser que todas estas cosas ayudan mucho -a recoger noticias sobre aquello que se trata de conocer y describir, -especialmente en un país como éste, en el cual hay un pueblecillo a -cada cuarto de legua: una casa en qué dormir regularmente, y comer, -aunque no muy bien; buenos senderos para cabalgaduras de alquiler, -cuando no excelentes caminos para carruajes; poquísimas antigüedades, -y esas a la vista y muy estudiadas ya; nada de historias del otro -mundo, y ninguna montaña que escalar a uña y puntera, porque todas son -cómodamente accesibles por algún costado. Y la prueba de que este -atalaje debe servir de mucho al _tourista_ para sus exploraciones, es -que el nuestro, aunque le lleva a cuestas, no camina a pie, ni come de -la fiambrera, ni duerme al socaire de los torreones; antes aprovecha el -mullido _vagón de 1.ª_ hasta donde le conviene, y luego la diligencia, -y hasta los caballejos y carros del país, como hacemos los hombres -vulgares, y las fondas y las tabernas y los figones. Luego la mochila -y el báculo y los borceguíes que evidentemente no sirven para lo que -en rigor significan, tienen alguna virtud de _carácter_ que atrae, -combina y depura todo lo que va buscando en sus peregrinaciones un -erudito a la flamante usanza, cuando con ellos carga, como con el fardo -de sus pecados. Que es lo que yo quería demostrar, recelándome alguna -observación maliciosa de tal o cual lector demasiado _montañés_. - -Y ahora continúo diciendo que este ilustrado mortal, en los ratos -que le dejan libres sus baños, sus abstracciones solitarias, sus -discreteos públicos, sus inscripciones poéticas en los arenales, en las -rocas duras y hasta en los troncos resinosos de los Pinares, escribe -correspondencias a un periódico de Madrid, que las agradece mucho y -quizá las paga. - -La última que yo leí impresa, después de haberla leído el autor -manuscrita y recién nacida, a sus bellas contertulias, decía, entre -otras muchas cosas, _plus minusve_ lo siguiente: - - · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · - - «¡El mar!... ¡¡La mar!!... ¡¡¡Los mares!!!... ¡¡¡¡Las mares!!!!... - ¡Ah!... ¡Ohhhh!... - - »Perdone Vd. señor Director. Perdonadme vosotros, mis queridos - compañeros: faltan palabras a mi pluma para expresar cuanto la - mente concibe en este horizonte sin medida, sobre este abismo sin - fondo. ¡El mar! Pero ¿por qué son verdes sus aguas? ¿por qué son - salobres? ¿qué fuerza las precipita contra la roca dura que ahora - me sirve de pedestal? ¿por qué suben? ¿por qué bajan? ¡Inescrutables - misterios de la Naturaleza!... Pero ¡qué espectáculo, gran Dios!... - Contemplándole, el corazón palpita, la mano tiembla, los ojos se - turban. El sol sin una nube que empañe sus fulgores; la brisa rizando - la inquieta superficie de las aguas sin fin; la blanca gaviota - cerniéndose voluptuosa en el espacio; bajo la gaviota, la esbelta - nave de tajante proa; allá el puerto; acá el escollo; allí la espuma; - aquí las flores; y en todo y sobre todo un torrente de luz y una - embriaguez de aromas... ¡Ah!... Mas ¿qué es esto? el trueno ruge; - cruzan la atmósfera rayos y centellas; se respira el hálito abrasador - de la tempestad; desgájase el secular peñasco; húndese en el abismo, - y se elevan hasta mí los pliegues espumantes del salobre sudario que - le envuelve... Se columbra un punto en el horizonte _¡Helás!_ Es una - nave. Distingo perfectamente al angustiado nauta que implora el - auxilio de los hombres... Muchos son los que pueblan la orilla, pero - ninguno acude. El que va a _hacer naufragio_ no implora el auxilio - para él solo..., también le necesitan sus tiernos camaradas de - _equipaje_... Yo me arrojo a la mar, y los salvo a todos, entre los - saludos y los aplausos de este querido bello sexo, regulador de todas - mis acciones, inspirador de mis más elevados pensamientos, y fin y - exclusivo objeto adonde hasta el menor de mis intentos se endereza. - - »En la próxima semana emprenderé mi viaje de exploración por la - provincia. Mi primera jornada concluirá en Colindres, bellísima - capital de la Liébana, región que, como ustedes saben, se extiende - desde el Valle de Camargo al de Reocín, y está protegido, al Oriente, - por los Picos de Europa, y al Occidente por el Monte de Cabarga, _el - de las eternas nieves_. Según Estrabón y Quinto Curcio, esta parte - de la provincia fue la verdadera Cantabria, la que dio aquellos - héroes que entregaban el robusto cuello, cantando himnos guerreros, - al hacha de los esbirros de Felipe II, cuando este fanático monarca, - no pudiendo implantar aquí el bárbaro tribunal de la Inquisición, - por repugnar a los altivos pechos de estos libres montañeses, ocupó - militarmente el país. Algunos rasgos típicos de esa raza insigne se - observan todavía en sus actuales descendientes, los famosos pasiegos, - únicos pobladores de la Liébana. Pero, mejor que en el sello - fisonómico, revela su ilustre procedencia esta hermosa gente en sus - costumbres nómadas e independientes. Anidan, como las águilas, en los - picos de las rocas; jamás pisan las sendas frecuentadas, ni duermen - dos noches consecutivas bajo un mismo techo. Se alimentan de frutas - silvestres y de carne montaraz; pues su ocupación exclusiva es la - caza, pero con honda, la cual manejan con una destreza asombrosa. - - »Mas de esto y otras muchas cosas tan auténticas como interesantes, - hablaré a mis bellas lectoras en las sucesivas correspondencias y en - un libro que traigo entre manos tiempo ha.» - -Con lo cual se queda el corresponsal tan satisfecho, el periódico tan -hueco, los lectores que no conocen esta provincia tan enterados, y los -pocos montañeses que le leen, haciéndose cruces con los dedos. - -Pero no impide, sin embargo, que la prensa local que nos anunció su -llegada en junio, nos diga un día, a mediados de setiembre: - - «Hoy ha salido para Madrid el distinguido publicista D. F. de Tal, - después de haber permanecido más de dos meses _entre nosotros_. En - las varias excursiones que ha hecho por la provincia, ha recogido - gran cantidad de curiosos y fidedignos datos, los cuales piensa - utilizar para dar a la estampa un libro que tratará de la historia, - carácter y costumbres del pueblo montañés, desde los más remotos - tiempos hasta nuestros días. Nos atrevemos a rogar al insigne - literato que cuanto antes nos haga conocer su obra, que seguramente - habrá de darle tanta gloria como títulos al aprecio de todo montañés - que estime en lo que vale el buen nombre de su patria.» - -Y, adelante con los faroles; que en los venturosos tiempos que corren, - - _Sic itur ad astra_; - -o, como dijo el otro, - - Por estas asperezas se camina - de la inmortalidad al alto asiento. - - - - -BRUMAS DENSAS. - - -Estos son dos, y cada uno de ellos pudiera pedir un cuadro aparte; pero -es de saber que siempre que trato de sacarlos del fondo de mi cartera, -al tirar del uno hacia arriba, sale enredado el otro con él; de donde -yo deduzco que son tal para cuál, y uno en esencia, aunque dos en la -forma. - -Tiro, pues, de ellos, agarrando a tientas; y ahí tienen ustedes al -primero. - -Convengamos en que es mozo de gran estampa. Pedrusco en el anillo que -recoge los dos ramales de su chalina; pedruscos en los dedos; pedruscos -en el pecho y pedruscos hasta en la leontina; flamante vestido de -lanilla; leve pajero muy tirado sobre los ojos, estos de mirada firme, -pero no muy noble; largo cigarro en retorcida y caprichosa boquilla; -la siniestra mano en el correspondiente bolsillo del pantalón, y en la -diestra flexible junco. - -Sin embargo, aunque sus ojos son negros, y negras las anchas -relucientes patillas, y es regular su boca y blanca su dentadura y -alta su talla, no puede decirse de él que es lo que ordinariamente se -llama _una buena figura_. Mirado más al pormenor, tiene juanetes en los -pies, ásperas y muy gruesas las manos, demasiado redonda la cara y muy -destacados los pómulos. Además, carece su persona de ese aire de que -todos hablamos, que todos conocemos a la legua, pero que nadie sabe -definir, y al que, por darle algún nombre, se llama vulgarmente _buen -aire_, o _aire distinguido_; cuya falta es, sin duda, la causa de que, -a pesar de su pedrería, que relumbra mucho, y de su boquilla, que sin -cesar ahúma, pase este mozo enteramente inadvertido, como figura vulgar -e insignificante. - -Anda con parsimonia, lo poco que anda, como hombre que no lleva prisa, -ni se preocupa de cuanto le rodea mientras va andando. - -Se lee más en su frontispicio cuando está parado a la puerta del café, -de una iglesia, del teatro, o de la plaza de toros, que siempre son -sus sitios de parada y para los cuales ha nacido, como la estatua -para el pedestal. Arrimado a las jambas de una puerta, flagelándose -una pernera con el junquillo, lanzando de la boca espirales de humo y -dignándose apenas fijar la vista en los que entran o en los que pasan, -es precisamente cuando su cuerpo revela más soltura y lucen en sus ojos -chispas de inteligencia. Al verle pegado a esas puertas, siempre que al -otro lado de ellas se oye el rumor y hasta se huele el tufillo de las -muchedumbres _emparedadas_, (pues es de advertir que jamás se arrima a -puerta que no encierre mucha gente) cualquiera pensaría que el ruido -le aturde, que el calor le marea y las estrecheces le sofocan; y, sin -embargo, deteniendo sobre él un poco la curiosidad, puede observarse -que siempre se le ocurre entrar cuando los demás comienzan a salir, -como si las apreturas fueran su deleite y hallara en rozarse con pechos -y solapas un atractivo irresistible. - -Obsérvase también que, por lo común, es de noche más activo que de día. -Su andar es más resuelto entonces; y si a la luz del sol le gustan los -sitios más públicos y concurridos, a la del gas prefiere las calles más -solitarias y sombrías, en alguna de las cuales suele desaparecer por -largas horas. - -Llega a Santander días antes de los de ferias y toros; pero ni él mismo -sabe fijar la época de su marcha, porque ésta depende, a menudo, de -los agentes de la autoridad, que pueden echarle la mano encima, en el -momento en que él pone la suya sobre el reloj de su prójimo, o está -en un garito tirando el _pego_ a dos docenas de incautos a quienes va -desvalijando con el auxilio de otros camaradas de oficio; o tanteando -los intestinos de la ciudad para buscar una salida por los fondos de la -caja del Banco... - -Y aquí asoma ahora, lector, el otro tipo, enlazado, por estas -profundidades, a la figura de la cual voy tirando para mostrártela en -todas sus principales actitudes. Hablemos de él, pues que se empeña, -como si fuera un miembro del otro cuerpo, o una cereza del mismo -ramillete. - -Viene a _veranear_ mucho antes que el otro, y con un pelaje bien -diferente. Su tipo es el de _un caballero que ha venido a menos_. Negra -la raída levita, negra la deshilada corbata, negros los relucientes -pantalones, negras las puntas que se ven de su chaleco, negra la -descuidada barba, negros los ásperos mechones de su pelo y negras las -puntas afiladas de sus luengas uñas. En esta figura no hay nada que -blanquee; ni siquiera la camisa. Los únicos puntos menos oscuros de -este veraniego nubarrón, son dos puntos pardos, ni siquiera grises: los -zapatos y el sombrero. - -No busquéis esta figura entre los recodos de apartada callejuela, -huyendo avergonzada de los resplandores de la luz, o temiendo manchar -con su contacto la brillante librea de los capitalistas; ni tampoco en -oscuro taller, encorvado sobre la tosca herramienta para ganar, con un -trabajo, extraño quizá a sus hábitos y procedencia, un miserable pedazo -de pan; ni en la estrechez de una buhardilla repartiendo ese mendrugo -entre una esposa y unos niños estenuados por el hambre y envejecidos -por la miseria y por las lágrimas. Si de ese grupo fuera esta figura, -yo no profanara su augusta miseria presentándola en esta breve galería -de debilidades risibles y aun de cosas abominables. Buscadla, pues, -entre la engalanada concurrencia de calles y paseos, haciendo de su -mugriento equipaje una desvergonzada protesta, y lanzando punzantes -miradas sobre los que pasan, como si le debieran la camisa limpia, las -botas nuevas o el gabán sin manchas. - -Si con esta luz no columbráis aún el tipo, os apuntaré otro dato que -necesariamente ha de iluminar vuestra memoria. Durante lo más recio -de un chubasco estival, de esos cuyas gotas pesan, cada una, medio -cuarterón, y después de saltar de rebote hasta los balcones, convierten -las calles en torrentes; cuando las losas relucen, y el tránsito -cesa, y comienzan las ratas a asomar por los sumideros huyendo de -la inundación, y los chicos las apedrean, y la gente, pegada a las -fachadas, porque ya están llenos de ella los portales y las tiendas, -silba y aplaude y ríe a carcajadas celebrando las corridas, y asoman -cabezas por los entresuelos, y hierven, hasta levantar la tapadera, -las alcantarillas del Correo, y se inunda la calle de San Francisco; -cuando todo esto y mucho más sucede, un solo mortal atraviesa impávido -la Plaza Vieja, o marcha Muelle adelante por la acera del mar, sin -paraguas, en chancletas, con las manos en los bolsillos, y, por toda -precaución, la cabeza muy hundida entre los hombros. Pues ese es. - -Probablemente habréis recibido alguna vez su visita. Es hombre que hace -muchas, recién llegado. - -Un día os anuncia la inexperta fámula que ha llamado a la puerta un -_caballero_ que desea hablaros. Con tal anuncio, la decís que le -introduzca en lo más sagrado de la casa; y cuando acudís a recibirle, -os le halláis, como la estatua del desconsuelo, con las manos cruzadas -sobre el cóncavo vientre, el sombrero entre las manos, y la mirada -tangente a las fruncidas cejas y fija en vuestra mirada. - ---Cabayero --os dice con voz trémula y un poquillo de olor a -aguardiente--, un desgraciado, con su señora enferma y siete -criaturas..., sin hogar, sin un pedazo de pan que yevar a sus inocentes -labios, implora el auxilio de su generoso corazón. - ---¿Quién es ese desgraciado? --le preguntáis, por preguntarle algo, -antes de plantarle en la escalera. - ---Un servidor de Vd., que no hace mucho ocupó una briyante posición -social. Pero los acontecimientos políticos... - ---¿Era Vd. de los del Presupuesto? - ---¡Jamás, cabayero!... Me estimaba demasiado para eso. Yo era rentista. - ---¡Hola! - ---Sí, señor; tenía todo mi capital en los fondos públicos. - ---Lo creo. - ---Y con estas bajas tan atroces, a consecuencia de la intranquilidad -en que tienen al país estos gobiernos... - ---Y a mí, ¿qué me cuenta Vd? - ---¡Ah, cabayero!: yo quisiera una ocupación honrosa para ganarme el -sustento. - ---Pues tómela Vd., si hay quien se la ofrezca. - ---Tras eso ando, cabayero; y mientras la hayo en alguna parte, quisiera -merecer de Vd. la atención de veinticinco pesos que necesito para que -tome los baños mi señora, y para que no me arroje el tigre del casero -desde la miserable buhardiya en que ahora vivo, hasta la ignominia de -un hospital. Crea Vd., cabayero, que la fortuna da muchas vueltas, -espero volver a lo que fui, y no perderá Vd. un cuarto de su préstamo. - -Al llegar aquí la historia, se os acaba la paciencia, le dais media -peseta, por no darle un puntapié, y se larga tan ufano, haciendo -reverencias y mirando, con preferente curiosidad, todo lo que es puerta -o pasadizo. - -Estas visitas son, como si dijéramos, las generales de la ley. Pero -hace también otras, bastante más productivas, aunque no tan frecuentes. - -Pinto el caso. Comienza a hablarse mucho en el pueblo de que _la va a -haber_, lo cual, como ustedes saben, sucede cada verano. De mí sé decir -que, desde que tengo barbas, no recuerdo uno en que no se haya dicho: -«¡Oh! lo que es de ésta, _se arma la gorda_, y no va a quedar títere -con cabeza. Me consta por esto y por lo de más allá.» También es otro -hecho innegable que nunca faltan almas cándidas que dan entero crédito -a estos rumores, ni hombres vehementes que se hallan dispuestos a echar -el sombrero al aire y hasta una mano al negocio, si hay quien sepa -colocársele a conveniente distancia. Excuso decir que en cada verano -aparece esta señora _Gorda_ con diferente tocado, y que nada le queda -ya en el ramo que lucir, desde el gorro frigio hasta la boina. - -Pues uno de estos hombres, o una de aquellas almas, es quien recibe -la visita del ex-rentista cuando más en punto de caramelo andan los -rumores públicos; pero, aunque raído y mal trajeado el visitante, no se -compunge ni encorva en la visita: antes se presenta, si bien comedido -y muy atento, con gran desenvoltura y buen talante, como quien más ha -de ofrecer que recibir. Entonces es el hombre iniciado en los grandes -secretos de la conspiración; viene del extranjero, donde aquella se -fragua, y va de paso para uno de los puntos de más peligro el día de -la batalla. Sabe que el Emperador de allí, o el comité de acullá, o el -Grande Oriente del otro lado (según el color que tenga la _Gorda_) han -hecho a _la causa_ un anticipo de doscientos millones. Hay metidos en -el ajo quince batallones, treinta generales, ocho fragatas de guerra -y el presidente del Consejo de Ministros. El grito se dará en tal -parte al salir la gente de tal espectáculo. Toda España está hecha -un reguero de pólvora, y sólo falta para que arda, arrimar la mecha. -El triunfo, pues, es seguro y muy pronto. Él ha pasado la frontera -con grandes precauciones, y a pie, por lo cual está tan desarrapado. -No trae credenciales ni papeles de ninguna clase, por no comprometer -con ellos la alta misión que se le ha encomendado: pero sí el encargo -_especialísimo_ para el visitado, de parte del personaje bajo cuya -dirección se hace el fregado, de decirle que se cuenta con él, con su -patriotismo, con sus influencias, para animar el espíritu del partido -en esta ciudad, reunir los dispersos elementos, etc., etc. Antes de -tres días saldrá el emisario para Madrid donde ha de recibir cuarenta -mil duros para ciertas atenciones de la causa. Entre tanto, necesita -que los partidarios de Santander le proporcionen, siquiera, la miseria -de dos mil reales para el viaje y comprar a un maquinista del tren que -ha de despeñar un batallón que debe salir de aquí, por ferrocarril, -dentro de unos días, a sofocar el alzamiento que tendrá lugar en los -confines de la provincia. - -Y el pobre hombre que escucha, devora hasta con los ojos, no ya con los -oídos y la boca, las palabras del mugriento, y le da una convidada, y -se echa a la calle, y revuelve a sus correligionarios, les cuenta lo -que le han dicho, les saca los cuartos, reúne los dos mil reales más -otros quinientos que él pone de su bolsillo, como en correspondencia -al alto concepto que de él ha formado S. E., y se vuelve a casa tan -convencido del inmediato triunfo del partido, que le falta muy poco -para subir a la del Gobernador y aconsejarle que deje el mando _por -buenas_, antes que se le quiten _los suyos_ a linternazos. ¿Necesito -pintar el afán con que el bolonio entrega el dinero recaudado y el -placer con que lo recibe el descamisado bribón?... - -Algunos días después de estas y otras análogas, aunque no tan -productivas hazañas, se oye decir que la policía ha hecho una redada de -ladrones que intentaban robar el escritorio del señor de Tal, o la caja -del Banco. - ---¿Y quiénes eran? --pregunta uno de esos curiosos que se creen en la -obligación de conocer a todo el mundo. - ---Pillería de Madrid --responde el preguntado--. Pero a dos de ellos -quizá los conozca Vd. El uno es un farsantón, de gran fachada, que se -pasaba los días arrimado a las puertas de los cafés: el otro, sucio, -raído y descamisado, probablemente le habrá visitado a Vd. para pedirle -un _anticipo_ de veinticinco duros. - -Los de marras, lector. Bien dije yo que estos mozos eran tal para cual. - -Fáltame añadir que, a pesar de esta quiebra del oficio, que, por de -pronto, los lleva a la cárcel pública, si no en el mismo verano, al -siguiente y antes que los frutos de sus mieses lleguen a punto de -sazón, ya los tenemos acá otra vez, preparándose para recoger su -_agosto_. - -¡Oh, sabias y protectoras leyes de la patria! - - - - -EL BARÓN DE LA RESCOLDERA. - - -Cuando llega, en julio, a Santander, viene de Burdeos, adonde fue desde -París, en cuya capital pasó la primavera después de haber repartido el -otoño y el invierno entre Madrid (su patria nativa), Berna, Florencia, -Berlín y San Petersburgo. Ni los hielos le enfrían, ni el calor le -sofoca. Es una naturaleza de roble que se endurece con los años y a la -intemperie. - -Pasa ya de los cincuenta, es de elevada talla, trigueño de color, de -pelo áspero y rapado a punta de tijera; derecho como un poste; algo -protuberante de estómago y de nariz, pequeño de pies, de manos y -de boca; ancho de espaldas y de frente, y muy cerrado de barba, que -se afeita todos los días cuidadosamente, menos en la parte en que -_radican_ sus anchas y bien cuidadas patillas a la macarena. - -Viste todo el año de _medio tiempo_, y es su traje intachable en -calidad y corte, así como es intachable también la blancura de su -camisa, de la que ostenta no flojas pruebas en pecho, puños y pescuezo. - -Fuma sin cesar grandes habanos, y saliva mucho; e infaliblemente antes -de empezar a hablar, lo poco que habla; y en cada desahogo de estos, -larga, zumbando, una pulgada de tabaco que ha partido con los dientes. - -Para saludar, no da la mano entera, sino la punta del índice... -cuando alguno le saluda; pues él no saluda a nadie en la calle, ni -tampoco se para. Si el que pasea con él se detiene para hacerle alguna -observación, él sigue andando inalterable. Si el detenido le alcanza -después, bueno, y si no, como si jamás se hubiesen visto. - -En estos casos, no usa, para sostener la conversación, más que -salivazos y monosílabos: también algún carraspeo que otro. Para las -grandes ocasiones tiene disponibles unas cuantas frases y pocas más -interjecciones y palabras, tan breves como enérgicas: las frases para -preguntar, las palabras sueltas para responder, y las interjecciones -para comentarios. - -Es rico y soltero; trae todo su equipaje en una maleta de cuero inglés, -y por toda familia un criado joven que ya le entiende hasta por la -mirada. - -Viene a Santander acaso porque halla esta ciudad en su camino; pero es -lo cierto que viene todos los veranos, y no por pocos días. - -Se hospeda en la fonda que mejor le parece, y la deja cuando le -conviene; y le conviene dejarla en cuanto observa que una falta grave -se repite hasta tres veces; siendo para él faltas graves, el pescado -que _da en la nariz_, el desaseo en su cuarto, la servilleta cambiada -en la mesa y el vino adulterado, o cualquiera de esas carnavaladas que -suelen permitirse los huéspedes a las altas horas de la noche, sin -respeto ni consideración a los que duermen y descansan. - -En cuanto a baños, solamente toma dos o tres en la temporada; pero -de a hora y media cada uno. Allí se está como una boya en la mar, -restregándose la cabeza, carraspeando, escupiendo y estornudando sin -cesar y a sus anchas, y con un estrépito que excede a toda ponderación. -Cuando sale del agua, no es porque siente frío, sino porque se aburre -sin fumar en tanto tiempo. - -La primera vez que vino, tuve el gusto de conocerle y de estudiarle, -porque un amigo mío con quien yo en cierta ocasión paseaba, era amigo -suyo también; saludole al cruzarse con él, diole este el dedo, y -juntos, retrocediendo nosotros dos, continuamos los tres aquella tarde; -pues por la tarde era cuando esto sucedía, y en el alto de Miranda, -cerca de la Ermita. - -Según íbamos andando, iba el Barón devorando con los ojos el hermoso -panorama que se descubría desde allí. A la izquierda, la ciudad -amontonada, oprimida, agarrándose unas casas a otras, como con miedo -de caerse al agua, y cual si se hubiesen detenido un instante después -de bajar rodando desde el paseo del Alta; la bahía, mojando los -cimientos de las últimas; la bahía, con sus verdes riberas, sembradas -de pueblecillos; después sus cerros ondulantes, y detrás de todo los -abruptos puertos, con su gigantesca anatomía recién desnuda y en espera -ya de sus blancas vestiduras de invierno. A la derecha el mar, coronado -de rizos por la juguetona brisa del Nordeste..., y lo demás que sabe el -lector tan bien como yo. - ---¡Hermoso es todo esto! --dijo mi amigo al Barón, cuando notó, por los -gestos de éste, que la misma idea debía andar rodando por sus mientes. - ---Sí --contestó lacónicamente el Barón. - ---Hasta la ciudad tiene algo de curioso así tendida... - ---Derramada --corrigió enérgicamente el otro, después de lanzar de su -boca, con la fuerza de un cohete, medio cuarterón de tabaco. - -Y tomó el rumbo del Sardinero, siguiéndole nosotros con trabajillos: -tan veloz era su andar. - -Hay en aquel crucero, durante las tardes de verano, algo como laberinto -de gentes y carruajes, que van y vienen. El Barón surcaba impávido sus -revueltas dificultades, como si éstas fueran su elemento, o llevara en -su mano la punta del famoso hilo de Ariadna. Verdad es que yo no he -visto una fuerza de codos como la suya, ni una facilidad más asombrosa -para dejar, a su paso, figuras ladeadas y sombreros fuera de la -vertical. Nosotros nos colábamos por el surco que él iba abriendo. - -Al comenzar la bajada del camino, y en terreno ya más despejado, acortó -un poco la marcha, y describió con la vista un arco desde Cabo Mayor a -Cabo Quejo; abrió los ojos desmesuradamente, y su pecho y sus narices -se dilataron, cual de noble corcel que aspira el aire de la rozagante -pradera, tras de oscuro cautiverio. Era indudable que el espectáculo le -agradaba. Después estrelló la mirada contra las tabernas y los bardales -inmediatos, frunció las cejas, escupió recio... y apretó el paso. - -Así llegamos al Sardinero, y, sin momento de descanso, visitamos -la galería, y la playa, y las casas una a una (exteriormente, -se entiende,) y las fuentes, y los paseos; y como una avalancha -atravesamos el puentecillo y llegamos a la Capilla, en frente de la -cual tuvo el Barón la buena ocurrencia de hacer un alto. Diose luego -media vuelta sobre sus talones, y encarándose con cuanto habíamos visto -desde que comenzamos a bajar, como si quisiera hacer un resumen de todo -ello, - ---¡Gran naturaleza! --exclamó, hasta con su poco de entusiasmo. - ---¡Admirable! --dijimos nosotros, haciendo coro a su himno. - ---Pero sin arte --añadió, dejándonos con las notas entre los labios, -y en la duda de si también alcanzaba su censura a la humanidad que -hormigueaba por allí. - -Y sin más explicaciones, describió la otra media vuelta que le faltaba, -y emprendió la marcha hacia la Magdalena como si el camino le fuera -conocido. - -Después de contemplar un instante el panorama del Puntal desde el -Polvorín, echó cambera arriba por detrás de éste. Indudablemente tiene -este hombre un instinto particular para adivinar sendas y caminos. - -Hasta dar con el de Miranda, no dijo una palabra, ni tampoco su -respiración se agitó una sola vez. Lo mismo son para él las cuestas -arriba que lo llano. Es un roble que anda. - -Al bajar a la ciudad, le pidieron limosna, como a todo transeúnte, los -pobres de la carretera. - -Al primero le largó un bufido que heló la plañidera retahíla en su -gaznate abierto. Más abajo le tendió su arrugada diestra una anciana -que estaba sentada a la sombra de un árbol. Entonces el Barón, que -parecía no fijarse en nada, después de llevar una mano al bolsillo, -acercóse a la pobre y depositó algo en su regazo remendado. Miré hacia -ello quedándome dos pasos atrás, y vi que eran monedas de plata. ¿Fue -casual la acertada distinción que hizo entre los dos pobres, o es que -la costumbre de dar muchas limosnas le ha enseñado a distinguir los -buenos de los malos, con una sola mirada? - -Ya en Santander, ofrecímosle billete para concurrir al _Círculo de -Recreo_. Aceptole, y acompañámosle por si quería ver sus salones y -encrucijadas. Preguntonos por el de lectura, llevámosle a él, y no -quiso visitar los restantes, especialmente el de juego; enterose de -la lista de los periódicos que se recibían allí, dio un vistazo a la -biblioteca, y después de decirnos que en aquel departamento había más -pasto para el cuerpo que para el alma (señalando respectivamente a la -mesa de los papeles y a los estantes de los libros) salimos hacia la -calle, sin mirar él siquiera a los que jugaban a la baraja a 40° de -calor, entre nubarrones de humo de tabaco. - -Cuando le dejamos a la puerta de la fonda en que se había hospedado, -nos dio el índice, se descubrió toda la cabeza con la otra mano; y -ofreciéndonos con un ademán fino y expresivo su habitación, trepó hacia -ella..., no sin haber estrellado antes, con un resoplido, contra la -pared del portal, el medio tabaco que le quedaba entre los labios. - ---¡Vaya un tipo! --dije a mi amigo, llevándome las manos a los riñones -que me dolían de correr tras él. - ---Le conocí en Madrid el año pasado --me replicó mi amigo--, y puedo -asegurarte, por lo que deduje de sus hechos y lo que de él me contaron -los que le conocían mejor que yo, que es hombre que vale mucho. Tiene -gran experiencia del mundo, y un ojo sutilísimo para conocer y apreciar -a las gentes. Es bueno y generoso, hasta el punto de que sería capaz de -arrojarse al fuego por sacar de él a su mayor enemigo. - -Posteriormente tuve ocasión de ver que no eran exagerados estos -informes de mi amigo. - -El Barón de la Rescoldera, con todos los desabrimientos y resquemores, -externos, de su título, es realmente un hombre de positivo valer. - -De él puede decirse, como en resumen, que, al revés de tanto farsante y -de tanto bribón como vive y medra, a expensas de la pública credulidad, -es _un hombre que no tiene palabra buena ni obra mala_. - - - - -EL MARQUÉS DE LA MANSEDUMBRE. - - -Llegó a los cincuenta años sin haber salido de Madrid y sus contornos. -El Retiro, la Virgen del Puerto, y a lo sumo, el Pardo, eran, para -él, las mayores espesuras y fragosidades de la Naturaleza. El mar -podría tener, en cuanto alcanzase la vista, diez, veinte..., hasta -cien Estanques como el _Grande_, si se quería. Estanque más o menos, -¿qué más daba? Del Manzanares al Saja, o al Deva, o al Ebro, o al -Guadalquivir, habría la diferencia de algunas cántaras de agua en -verano: en invierno, ninguna. En cuanto a praderas, no serían más -verdes ni más extensas las del Norte que las que contemplaba él -desde el cerrillo de San Blas cuando el trigo comenzaba a crecer. La -temperatura estival de la Corte no le afligía gran cosa, porque, además -de estar formado en ella, no conocía otras más agradables. - -Por lo cual, y sin mujer que le pidiera veraneos, y sin hijas que -exhibir en las provincias, metódico y rutinario, amen de enemigo -irreconciliable de toda lectura que a viajes y a novelas trascendiese, -ni una sola vez sintió la tentación de meterse en alguna de las -diligencias que salían de Madrid a varias horas y por todas las puertas -de la Villa, durante el verano, entre muchedumbres de curiosos que -envidiaban la suerte de los mortales que abandonaban aquel asadero -implacable; y eso que él era uno de los curiosos. Antes al contrario, -se compadecía de aquella carne embutida entre los cuatro inseguros -tableros de la diligencia; carne cuyo destino era harto dudoso, -considerando los riesgos que afrontaba, echándose a rodar por cuestas y -desfiladeros, durante media semana, y a merced de bestias y mayorales. -¡Cuánto más higiénicos y menos arriesgados eran los paseos matinales -que él se daba por los alrededores del Estanque de las _Campanillas_; o -vespertinos, junto al pilón de la Fuente Castellana! - -Antes que el sol levantase ampollas, se encerraba en su casa, lo -bastante grande, vieja y desamueblada, para ser, relativamente, fresca, -y sustituía su traje de calle con un chupetín y unos pantalones de -transparente nipis; y si esta precaución contra el calor no le bastaba, -se quedaba en calzoncillos y en mangas de camisa. De un modo o de otro, -se pasaba el día contemplando sus queridos pececillos. - -Porque es de advertir que el Sr. Marqués tenía la pasión de los peces -de colores, y hasta seis redomas de cristal llenas de ellos. - -Cambiarles el agua, desmigar pan sobre ella a horas determinadas, -y estudiar en un tratado especial la manera de conservarlos y -reproducirlos, eran sus únicas ocupaciones de recreo. - -Posteriormente, dos viajes a Aranjuez en ferrocarril le demostraron -que podía meterse un hombre en estos rápidos vehículos, sin el riesgo -infalible de romperse las costillas o el bautismo; por lo cual, hasta -se atrevió a prometerse a sí propio que tan pronto como hubiera una -línea abierta hasta un puerto de mar, la aprovecharía para admirar los -grandes peces en su propio y natural elemento. «Porque, desengañémonos ---se decía--, no puede asegurar que conoce la merluza ni el besugo, -quien solamente ha visto sus cadáveres embanastados en la Plazuela del -Carmen.» - -Y cumpliendo su promesa, tan pronto como la línea del Norte empalmó en -Alar del Rey con la nuestra, armose de valor y de dinero, y se plantó -de un tirón en el famoso puerto del mar Cántabro. - -Si ha encontrado aquí lo que se prometían sus ilusiones, dígalo la -puntualidad con que, desde entonces, viene cada verano a Santander. - -Cansados estarán ustedes de conocerle. Es de corta estatura, muy -derecho, enjuto de carnes, redondito de cara, risueño y corto de -vista; son rubios los pocos pelos de su cabeza, y casi blancos los -del recortado bigote. Gasta, _en público_, levita, corbata y pantalón -negros, y chaleco blanco, sombrero de copa alta y anteojos con armadura -de oro. - -Tal es, repito, en público, su arreo; o mejor dicho, _en tierra_; y con -él le habrá visto el lector, no en las Alamedas, ni en el Sardinero, ni -_en la sociedad_, sino en los embarcaderos de todos los Muelles, desde -Maliaño hasta Puerto-Chico, o en camino de alguno de ellos, en los -cuales no faltan nunca pescadores de caña o de _aparejo_. - -Tras ellos está siempre, estando _en tierra_, con las manos a la -espalda, el bastón entre las manos, el cuerpo inclinado hacia -adelante, y la vista inmóvil, fija en el corcho flotante o en la sereña -tendida. - ---¡Quieto, quieto! --exclama a lo mejor, si nota que el corcho se mueve -y el pescador se apresura a tirar--. Esa es picada falsa... Ahora, -ahora muerde... ¡Fuera con él! - -Y si el pescado sale coleando en el anzuelo, lanza un ¡bravo! y si el -pez no es _pancho_, bate además sus manezuelas; y de todos modos, sean -panchos o lobinas lo que se pesque, él lo _desengarma_, confundiéndose -entonces, en un solo ovillo, el pez, las manos, las gafas y el anzuelo. - -Semejantes intrusiones y familiaridades no dejaron de costarle al -principio algún disgusto, pues no son siempre los pescadores de caña -tan pacientes como la fama supone; pero, poco a poco, fueron estos -acostumbrándose a las _cosas del señor Marqués_ (que, por otra parte, -no peca de tacaño con _los del oficio_) y hoy todos le toleran y hasta -le encuentran _devertido_ y _celébre_. - -Mas no son éstas sus ocupaciones _de carácter_; quiero decir, que no -viene para sólo eso el Sr. Marqués a Santander. - -Cuando llega, ya le está esperando una _barquía_ perfectamente limpia -y carenada, con los necesarios útiles de pesca, inclusa la _guadañeta_ -para _maganos_. Prefiere la barquía, porque teniendo todas las -condiciones de seguridad de la lancha y todas las de ligereza del -bote, es bastante más grande que el uno y de más fácil manejo que la -otra. Dos marineros, condueños de la barquía, están, como ésta, a su -disposición; y según que el Marqués prefiera las _porredanas_ o las -_llubinas_, le conducen a la boca del puerto, o a las _puntas de arena_ -de la bahía, todos los días, infaliblemente, si el tiempo no está -tempestuoso; pues por chubasco más o menos, no deja él de embarcarse -para estar en el sitio conveniente al apuntar la marea. - -Ancho pajero y desaliñado y viejo vestido de lanilla lleva para el sol; -y por si llueve, amplísimo impermeable y enorme paraguas de mahón. -Por supuesto, no falta el acopio de vino y de fiambres para él y los -marineros, el día en que la marea tercia de modo que no puedan volver a -comer a casa a la hora conveniente. - -Durante la pesca, transige con que los marineros le _ceben_ los -anzuelos o le reemplacen con otra nueva una _tanza_ rota, o le -_desengarmen_ el aparejo, cuando éste se le engarma entre peñas o en la -caloca; pero se guardarán muy bien de tocar el pez que él saque preso -en el hierrecillo traidor. - -Un día quiso lanzarse a correr aventuras fuera del puerto, seducido por -las pinturas que sus marineros le hacían del tamaño y abundancia del -pescado en aquellas honduras; y salió, en efecto; mas apenas comenzó -la barquía a mecerse en pleno mar, y a columpiarse desde «el lomo -altivo al seno proceloso de las ondas» (como acontece allí, aun en las -ocasiones en que se dice de la mar que está _como un plato_) pensó que -la costa bailaba el fandango, _cambió la peseta_, y tuvieron los dos -marineros que llevarle a puerto seguro, antes que se les quedara entre -las manos. - -Esta lección le sirvió para no intentar siquiera «el estudio del besugo -y de la merluza en su propio y natural elemento,» contentándose, hasta -mejor ocasión, con el _anfiteatro_ de la Pescadería, donde los veía tan -cadáveres como en la Plazuela del Carmen, aunque un poco más frescos. - -Por lo demás, entregándose, como se entrega, con verdadera embriaguez, -al placer de la pesca menor, y poseyendo _el arte_ como cree él -poseerle, es, durante la temporada, casi completamente feliz. Y -digo casi, porque no ha podido adiestrarse mayormente en el manejo -especialísimo de la guadañeta. - ---Aquí hay algún misterio que yo no penetro todavía --dice con -desconsuelo a sus remeros e instructores, cada vez que estos, -predicando con el ejemplo, van sacando maganos--. Esta pesca es _al -vuelo_, digámoslo así; hay que robar más bien que pescar; y necesito yo -estudiar, ante todo, la marcha y la estrategia de la banda. - -Y estudia, en efecto; y cuando ya se le rinde la muñeca de tanto -menearla, la caridad, sin duda, medio le traba un magano que, al salir -al aire libre, le lanza a la cara toda la _tinta_, dejándosela más -negra que la del negro Domingo, sin que falte su abundante rociada -para la camisa y cuanto blanquea sobre su cuerpo. Pero como esta tinta -es la sangre de aquellas batallas, lejos de creerse afrentado con el -tizne, lúcele orgulloso al desembarco, y toma las risas de la gente por -muestras de admiración a sus proezas. - -Tal es el verdadero _punto negro_ de su felicidad; y eso que, -generalmente, pesca poco, o no pesca nada, si no se le cuentan como -pesca tal cual dolor de cabeza, o romadizo, que de esto no le falta, -gracias a Dios, durante la temporada. - -No hay para qué decir que es uno de sus grandes placeres obsequiar -a las personas de su mayor aprecio con el producto de sus afanes de -pescador. Que, cuando no pesca, habla de lo que ha pescado y de lo -que piensa pescar, y que miente en la mitad de lo que habla entonces, -también por sabido se calla. La afición desmedida a ese y otros -parecidos entretenimientos, lleva consigo esa pequeña debilidad. Que lo -digan los cazadores, y no se ofendan por ello. - -La temporada de este tipo concluye cuando los Noroestes se hacen -crónicos, y la bahía, incitada por ellos, dice que no tolera más bromas -en sus aguas. Entonces, curtida su cara por las brisas y el sol, -apestando su equipaje a brea y a _parrocha_, gratifica generosamente a -sus dos camaradas de _campaña_, después de pagarles el alquiler de la -barquía; y sale para Madrid con el temor de que han de parecerle siglos -los meses del invierno, aunque lleno de satisfacción por haber cumplido -ampliamente el propósito que le trajo a Santander. - -Un dato muy expresivo, que se me olvidaba: - -Le vi en una ocasión pararse delante de una tienda en que yo estaba -sentado. Plantose a la puerta, dio en las losas dos golpecitos con -la contera de su bastón, en el que apoyó en seguida su diestra mano, -oprimió suavemente con la otra sus gafas contra el entrecejo, carraspeó -tres veces, levantó mucho sus cejas y los correspondientes párpados, -como si se maravillara de algo, y exclamó, por todo saludo, encarándose -con mi amigo, y también de ustedes probablemente, el dueño de la tienda: - ---Señor D. Juan: pic... pic... pic.. pic... pic... pic... pic... (y -marcaba cada uno de estos sonidos con la mano izquierda, unidos índice -y pulgar.) Siete veces picó; y yo quieto,... quieto,... quieto,... -Picadas falsas... Tú te clavarás... En efecto: un poco después, -¡zas!... ¡zas!... (y aquí frunció el ceño el buen señor, y marcó los -golpes a puño cerrado)... Ahora muerdes, dije yo, y ¡rissch! tiro en -firme... ¡Dos libras y media pesó! ¡Una porredana como un bonito!... -Ayer tarde, a dos brazas de _la Horadada_... Esta noche tendemos el -esparavel... Ya diré a Vd. la carnicería que resulte... Adiós, Sr. D. -Juan. - -Y se fue. - -Así conocí yo al inofensivo, al dulce, al apacible, al venturoso -Marqués de la Mansedumbre. - - - - -UN JOVEN DISTINGUIDO, - -(_visto desde sus pensamientos_.) - - -I. - -EN UN CUARTO DE UNA FONDA. - -No me digan a mí (_enfrente del espejo, y en ropas menores_) que -aquellos hombres de anchas espaldas y robusto pecho, que gastaban -gabanes de acero y pantalones de hierro colado, eran el tipo de la -belleza varonil... Serían, todo lo más, forzudos; pero elegantes... -¡bah!... Hay que desengañarse: es mucho más hermosa la juventud de -ahora... ¿Qué hay que pedir a esta pierna larga y delgada, como -un mimbre? ¿a este brazo descarnado y suelto, como si no tuviera -coyunturas? ¿y a este talle que se cimbrea? ¿y a este pescuezo de -cisne?... ¡Si no fuera por esta pícara _nuez_! Pero se me ha corregido -mucho, y a la hora menos pensada desaparece por completo. De todas -maneras, la cubriré con la barba... cuando la tenga... Y en verdad que -sentiré tenerla, porque con ella perderá el cutis su frescura: ¡cuidado -si es fresco y sonrosado mi cutis! ¡Si estuviera la cara un poco más -llena de carnes y fueran los dientes algo más blancos y menudos!... -porque con estos ojos rasgados, este bigotillo de seda y este pelo -negro echado hacia atrás... ¡Qué hermosa frente tengo!... Y eso que no -es muy ancha... Bien. Ahora el traje _amelí_ de _negligé_. ¡Qué bien -cae el pantalón sobre los pies! Me gustan estas campanas tan anchas, -porque tapan los juanetes. ¡Pícaros juanetes! ¿Por qué he de tener yo -juanetes como un hombre vulgar?... No sé si me ponga el sombrero de -paja a la marinera, o el de fieltro. Como es por la tarde... Me decido -por el de paja. No _viste_ tanto, pero _me va_ muy bien... Ahora los -guantes de piel de Suecia, el bastón de espino ruso..., y a la calle... -Vaya antes una mirada general... Intachable. ¡Cómo se nos conoce en _el -aire_ a los chicos distinguidos!... Por cierto que estos provincianos -de Santander tienen un afán de arrimarse a uno... y luego serán capaces -de quejarse si se les da un desaire... Pues no me hace gracia esta -corbata: no juega bien con el traje. La cambiaré. Afortunadamente tengo -en qué escoger. Papá se propuso sin duda que en esta primera salida mía -a provincias dejara yo el pabellón bien puesto, y nada me ha escaseado. -Corresponderé, papaíto, a tus propósitos; y la fama te dirá luego quién -es tu hijo. Así están más en armonía los colores; y hasta las puntas -sueltas _dicen_ mejor a este traje que el nudo armado... Probablemente -me estarán esperando en el Sardinero Casa-Vieja, Monteoscuro, -Pradoverde y Manolo Cascajares... y hoy me hacen suma falta, para que -me ayuden a averiguar quién es aquella hechicera y distinguida rubia -que paseaba ayer tarde con las de Potosí. Cuando quise acercarme a -ellas para saberlo, se metieron en un carruaje, y perdí la pista... -Tres veces me miró ¡tres! pero ¡con qué intención!... Lo raro es que -yo no la conocía hasta entonces... Acaso ella me haya visto antes en -alguna parte: esto es lo más probable... En lo que no cabe duda es -en que las de Potosí la habrán dicho quién es papá; por consiguiente -tengo andada la mayor parte del camino, y mis _relaciones_ con ella -son seguras... Lo siento por el desengaño que van a llevarse mis dos -conquistas del Muelle. ¡Pobres chicas! Pero ellas se lo han querido. -A la tercera vez que pasé bajo sus balcones ya me devoraban con los -ojos... Y el caso es que son muy bonitas... Si se conformaran con el -segundo puesto que les corresponde en mi corazón. ¡Corazón! Pero ¿le -tienes tú, acaso, joven voluble?... ¡Y ellas que aspiran a conquistar -el primero! Tendría que oír lo que se dijera de mí en Madrid este -invierno, si me presentara en el gran mundo con la historia de dos -conquistas provincianas por botín de mi campaña veraniega. ¡Yo que soy -uno de los chicos de moda y de más porvenir!... En fin, por de pronto -martiricémoslas un poco, y enseñemos a estos cursis montañeses algo de -lo que vale y puede un joven de la buena sociedad madrileña. - - -II. - -EN LA CALLE. - -Antes de acometer el asunto principal de mi empresa de hoy, hagamos un -poco de prólogo por el interior de la ciudad. Éntrome por la calle de -San Francisco... ¡Vulgo, vulgo todo! Modistillas, horteras, traficantes -que van y vienen, y algunas señoras cursis... Aquellos tres chicos -con humos de elegantes van a querer arrimarse a mí... Haré que no los -veo, poniéndome a mirar esta vidriera... Ya pasaron... Me carga esta -gente por lo pegajosa que es... No sé por qué se les figura que el -darle a uno billete para el Círculo, o para los bailes de campo, les -autoriza para tomarse ciertas libertades... Todos los que pasan a mi -lado me miran. Dirán para sus adentros: «¡Qué chico tan elegante y tan -distinguido; ese es de Madrid!»... porque se nos conoce a la legua... -Se me figura que por más allá de San Francisco viene algo que no es -vulgo... ¡Oh, fortuna! son las de Cascajares. Bien decía yo que ese -aire no era de por acá. Voy a saludarlas... «A los pies de ustedes...» -«Perfectamente, gracias...» «Pues por aquí matando el aburrimiento...» -«Lo comprendo sin que ustedes me lo digan...» «Ni tampoco sociedad...» -«Qué quieren ustedes, les falta _chic_...» «También yo, en cuanto -se marchen las amigas del Sardinero...» «Creo que van primero a -Ontaneda...» «Y Pilar erisipela...» «¡Qué maliciosas son ustedes!...» -«Y Manolo, ¿dónde anda?...» «Entonces le veré en el Sardinero.» «A los -pies de ustedes.» - -¡Qué amables, qué discretas y qué distinguidas! Pues tampoco yo he -sido rana... ¡Aquello de la erisipela lo dije con una travesura -y un retintín!... A estos _gomosos_ provincianos quisiera yo ver -tiroteándose con las señoras del gran mundo. ¿Qué idea tendrán de él -aquí? ¡Pobre gente! - -Pues señor, esta región ya está explorada. Ahora al Muelle. Allí -lanzaré un par de flechazos a mis dos montañesitas, y en seguida tomo -el tranvía para el Sardinero. De más tono sería un carruaje abierto, en -que fuera yo recostado con esa indolencia voluptuosa que tan bien me -va; pero no hay que hablar de eso en este pueblo atrasadísimo... Echo -por los atajos para llegar primero. - -¡Oh, qué brisa tan oportuna corre por aquí!... ¡Cómo juguetea con -mis cabellos y con las puntas sueltas de mi corbata!... ¡Debo estar -hermosísimo en este instante!... Andaré un poco más de prisa, no se -figure algún mentecato indígena que la Ribera ni las que en ella viven -son capaces de llamar mi atención... ¡Voy de paso, sí señores, nada más -que de paso!... aunque demasiado conocerá la gente que, a estas horas, -no puede venir por aquí con otro objeto un chico distinguido de Madrid. - -Me parece que aquel mirador es el de una de ellas. Justamente... -¡como que está esperándome en él!... Pero no está sola... ¡Anda! pues -es _la otra_ quien la acompaña. Serán amigas... Tanto mejor; así -despacho de un solo viaje. ¡Hermosa carambola voy a hacer con cada -mirada!... ¿qué digo carambola? la discordia es lo que van a producir -mis miradas; como la manzana del otro... ¡Suerte más provocativa!... -Vayan, ante todo, un par de golpes de puños, haciendo, de paso, como -que el sombrero me sofoca, para meter los dedos entre el pelo... A -esos dos provincianillos que vienen por la otra acera, les haré un -saludo desdeñoso; y dirán las chicas: «¡con qué desdén tan distinguido -los trata; cómo los domina!»... ¡Agur!... ¡Qué fachas van!... Las del -mirador me han visto... Pues allá va la mirada... Ya la pescaron... -Me miran de reojo y se sonríen y cuchichean. ¡Cómo disimulan la una -con la otra! Luego será ella, cuando tratéis de ver quién se le lleva. -Para vosotras estaba, inocentes... La verdad es que son monísimas... -¡Válgame Dios, qué estragos podía yo hacer en este pueblo si me lo -propusiera! No miro a una que no me corresponda... Otro golpe de brisa. -Todo me favorece hoy. ¡Es que estoy graciosísimo con estas arremetidas -del aire!... Antes de perder de vista el mirador, voy a volver la -cara... ¿No lo dije? Devorándome están con los ojos... Y para disimular -más se meten corriendo en casa, haciendo que ríen a carcajadas... ¡De -cuánto fingimiento es capaz la mujer! Pues señor, este fruto está ya -sazonado; y aunque sea para entreplato, se aprovechará. - -El _Suizo_. Con la disculpa de buscar a alguien, voy a darme un par de -golpes de espejo... Perfectamente. ¡Qué hermoso estoy esta tarde!... -¡Es que nunca ha sido mi cutis más blanco, ni han tenido mis ojos más -hechicera languidez! No me extraña que las del mirador hayan quedado -fascinadas... ¡Es mucho ese Madrid para chicos distinguidos! - -Ahora, a tomar el tranvía y buscar a mi gente al Sardinero... ¡Ah, -rubia! te compadezco... - -Me cargan a mí estos tranvías de provincia, por la morralla que va en -ellos... Por supuesto que, como de costumbre, tendré que ir de pie en -la imperial, porque, en el interior, es un poco pesado llevar tanto -tiempo el ceño fruncido y la cara de asco... Y de otro modo no puede -ir un chico distinguido como yo. Arriba, con la disculpa de mirar al -mar, puede uno siquiera volver la espalda a todo el mundo sin violencia -y sin que choque... Debería haber departamentos especiales en estos -carruajes. - - -III. - -EN EL SARDINERO. - -Esto ya es otra cosa... aquí puedo decir que estoy en mi casa. ¡Qué -_toaletas_; qué _negligés_ tan _chic_!... ¡Cómo se destacan las -madrileñas!... y ¡cómo me destaco yo! Empecemos por buscar a los -amigos; después a la rubia. La compañía le hace a uno más osado y hasta -más elocuente... No los veo por ninguna parte... Pero en cambio veo a -las de Potosí que están aquí paseando. ¡Canastos! vienen solas... ¿Y -la rubia?... Lo más acertado será preguntar discretamente por ella... -«Señoritas...» «Muy bueno, gracias...» «Sí, la tarde está hermosa para -eso...» «Ayer estaban ustedes más acompañadas...» «Palabra de honor; -jamás había visto a esa señorita...» «Hermosa es en efecto; pero -¿y qué?...» «Ni tarde ni temprano...» «¡Que se ha marchado ya!...» -«Oh, no me admiro por lo que ustedes creen, sino por lo poco que ha -estado aquí...» «De modo que veinticuatro horas escasas...» «Pues no -vi yo a su papá...» «¡Barrizales!» «¿Luego ella es Lola Barrizales, -la que estaba en un colegio de Alemania?» «Y, ¿qué va a hacer ahora -en Madrid?...» «¡Que va a casarse en cuanto llegue!...» «Nada hay de -raro, en efecto, sino que... en fin, que sea enhorabuena.» «Y hablando -de otra cosa ¿han visto ustedes a Casa-Vieja y demás amigos por -aquí?...» «Lo siento, porque andaba buscándolos para un asunto... Veré -si en la galería... A los pies de ustedes.» - -¡Horror y maldición! Conque era Lola Barrizales, y Barrizales es íntimo -de papá, y ella supo quién era yo; luego aquellas miradas eran lo que -yo me figuraba; y tal vez la sacrifican y ella quería decírmelo, y yo -pude haberlo impedido con una sola entrevista... ¡Maldito coche en que -se metieron ayer! ¡Lola Barrizales! ¡bella, rica y distinguida!... -¡Qué ocasión para mí! ¡qué ocasión perdida, dioses inmortales! Pero -¿tiene remedio ya este bárbaro contratiempo? Eso es lo que tengo que -consultar con mis amigos, y voy a buscarlos ahora mismo a la galería... -Entraré en ella muy pensativo y hasta cabizbajo, como quien lleva -herido el corazón: esta actitud me _irá_ muy bien. Entremos. ¡Cuánta -gente elegante!... No están ellos aquí tampoco... En aquel extremo -hay una silla desocupada... La ocupo... Dos chicas muy guapas se han -fijado en mí. Buena ocasión para herirlas... Apoyo el codo en la -barandilla, la cabeza sobre la palma de la mano, y me pongo muy triste -y melancólico. Siguen mirándome... Y dirán ellas: «Ese joven debe tener -una gran pesadumbre ¡qué hermoso es!» y me compadecerán... Ahora miro -al suelo, apoyando la frente en mi mano; y como si quisiera ocultar -alguna lágrima que enturbiara mis ojos, doy golpecitos en el pie con el -bastón. Pero la angustia va en aumento, el disimulo no alcanza y vuelvo -la cara hacia la Ermita. Para expresarlo mejor, muerdo el pañuelo... -Estoy así un ratito, como sollozando. ¡Qué hermoso debo estar!... -Ahora, después de sonarme y guardar el pañuelo, debo levantarme y salir -de prisa, ocultando la cara, como si mi dolor se aumentase entre la -gente. Allá voy... Siguen mirándome las dos chicas y creo que algunas -más. No importa; yo no puedo, no debo, en esta situación, fijarme en -nadie: a papá mismo negaría el saludo... ¡Magnífica salida he hecho! -¡Qué interesante he estado!... Me parece que he causado gran efecto. A -la noche indagaré si se habló algo de mí después que salí de la galería. - -Aquí afuera hay demasiada gente también, y no debo permanecer entre -ella estando tan triste como estoy. Me voy del Sardinero a buscar -la soledad que me corresponde. «Estuvo aquí un instante (debe decir -la gente mañana) muy afectado, y se retiró en seguida sin saludar a -nadie...» Y habrá hasta quien crea que fui a los Pinares a levantarme -la tapa de los sesos. ¡Magnífico! Esto me pondrá de moda. - -Me vuelvo a la ciudad, a pie, por la Magdalena; y me ayudarán a -conllevar las fatigas del camino mis tristezas. En marcha, pues. - - -IV. - -OTRA VEZ EN SU CUARTO. - -Resumen de mis meditaciones del camino: continuaré en Madrid la empresa -malograda aquí. El destino me la arrebató soltera; yo haré que el -diablo me la devuelva casada. (_Desnudándose enfrente del espejo._) -¡Qué interesante me han puesto la pena y el cansancio!... Un amor -contrariado con los correspondientes azares y escándalos, debe ser -la ambición de todo hombre de mundo. La suerte quiere, por lo visto, -que yo empiece por donde tantos calaveras han concluido. Cúmplase -mi destino, y ¡adelante! Pero entre tanto, yo padezco y necesito -distraerme. Me distraeré... abusando un poquito de mis ventajas... Esta -noche al teatro; mañana al baile de campo con todos los recursos de mi -hermosura, de mi distinción y de mi ropero. No me contentaré ya con la -mirada y con la sonrisa; usaré también el billete perfumado, y luego el -soborno, y después el escalamiento, y por último, hasta el rapto, y, si -es preciso, la estocada... Comencemos por vestirme de serio... ¡Juro a -Dios que no me detendrán en mi carrera ni lágrimas ni amenazas! Yo no -he traído esta contrariedad fatal; yo no me he colocado por mi gusto -en esta actitud que ha de dejar memoria eterna en Santander. No se me -pregunte luego por qué dejo víctimas detrás de mí: - - «Soy el león... perseguido - que sacude la melena.» - -Y pues al cielo plugo hacerme sentir el fuego de una pasión, y -arrebatarme el objeto que me la inspirara, de las cenizas que deje a mi -paso esta llama abrasadora, - - «responda el cielo, no yo.» - - - - -LAS DEL AÑO PASADO. - - -¿Conoce el lector a _las de Doña Calixta_? En un libro que anda por -ahí con el rótulo de _Tipos y Paisajes_, se habla de ellas y de otras -muchas cosas más. Si no las conoce, compre el libro. Si las conoce, con -decirle que no se separan de ellas en todo el verano las aludidas en -el título de este croquis, debe hallarlas en su memoria a poco que la -registre. - -A mayor abundamiento, le daré algunas señas particulares. Son dos, -madre e hija. La madre es achaparrada, con el pescuezo más bien -embutido que colocado entre los hombros, y la cabeza ensartada en el -pescuezo, como una calabaza en la punta de una estaca; tiene ancha y -risueña la boca, fruncido el entrecejo, grises los ojos, poca frente, -mucho pelo, mala dentadura y peor el cutis de la cara. La hija, por -uno de esos caprichos inconcebibles de la naturaleza, es todo lo -contrario de su madre; de bizarras líneas, de hermosas y correctísimas -proporciones; modelo del arte clásico, mármol griego, y como de tal -sustancia, fría e inanimada. Se llama Ofelia. Su madre no responde más -que al nombre de Carmelita, aunque otra cosa se le grite al oído. - -Los que lo entienden, dicen que Ofelia podría ser irresistible por la -sola fuerza de su propia hermosura, con expresión en la fisonomía, -flexibilidad en el talle y gusto en el vestir; pues además de rígida -e inanimada, parece que es sumamente _cursi_. En cuanto a Carmelita, -basta verla en la calle una vez para que el menos autorizado en la -materia pueda decidir de plano que es un espantapájaros. - -Táchase en las dos, como resabio de su mal gusto, un afán inmoderado de -hacer ver a todo el mundo que siempre llevan zapatos nuevos, de los más -relumbrantes o de los más historiados. - -Cómo empezaron sus relaciones con las de D.ª Calixta, no lo sé yo: -acaso hubo entre unas y otras esa atracción misteriosa que se explica -en latín con aquello tan sabido de _similis, similem querit_; pero -es indudable que desde que por primera vez llegaron a Santander a -veranear, intimaron con la _coronela_ y sus tres hijas, como dos gotas -de agua con otras cuatro. A sus reuniones van, a sus amigas visitan; -con ellas recorren de día y de noche calles y paseos; _por_ ellas pagan -sorbetes en el café, coches al Sardinero, y lunetas en el teatro; y en -su exclusiva compañía asisten a los bailes campestres, a las serenatas, -a las procesiones y a las solemnidades públicas. - -Desde la primera vez que se la vio en este pueblo, llamó la atención -la hermosura de Ofelia; pero ni los hombres la codiciaron, ni las -mujeres la temieron: sus ya enumerados defectos y el contrapeso -estrafalario que le hacía su madre constantemente, entibiaban hasta -el frío el entusiasmo de los unos, y tranquilizaban hasta el desdén a -las otras. Nadie, pues, supo su nombre, ni quiso cansarse en preguntar -por él. El primer año, si se la citaba en una conversación, se decía -únicamente: _esa que anda con las de Doña Calixta_. Desde el verano -siguiente, ya se las llamó, a ella y a su madre, _las del año pasado_; -especie de mote que revela cierto cansancio de verlas, y pocos méritos -para murmurar de ellas más de una vez. - -Las de Doña Calixta están locas por Ofelia. En su presencia, la -ensalzan hasta la adulación; ausente, aburren al lucero del alba -hablando de su hermosura, de su elegancia, de su brillante posición, de -sus relaciones entonadas en Madrid, de las magníficas proporciones que -desecha, de sus deseos de llevarlas a pasar el invierno a su lado, de -las cartas que se escriben desde que se va de aquí, y de los encargos -que se hacen mutuamente, - ---Pero ¿quiénes son ellas? --se ha preguntado muchas veces a las -de Doña Calixta--. ¿Qué pito tocan en Madrid; cuál es su verdadera -posición social? - -A cuyas preguntas jamás han dado las interrogadas una respuesta -satisfactoria; porque, a decir verdad, no están ellas en el asunto -mucho más enteradas que los preguntantes. Y bien sabe Dios que hacen -todo lo posible por ajustar a sus amigas las cuentas al menudeo; pero -sea porque el asunto es harto sencillo y no necesita explicaciones y -está a la vista, o porque realmente hay malicia para disfrazarle, es lo -cierto que las de Madrid no acuden al interrogatorio con la claridad -que desean las de Guerrilla. - ---Dichosa de ti --dicen éstas a Ofelia en sus frecuentes confidencias -con ella--, ¡dichosa de ti, que puedes vivir en la Corte con todas las -ventajas que te dan tu posición y tu figura! - ---No tanto como creéis --contesta Ofelia entre desdeñosa y presumida. - ---¡Ay! no me digas eso... Di que Dios da nueces... Aquí te quisiera yo -ver todo el año. - ---De modo que, mejor que aquí, desde luego os confieso que se pasa allí -el tiempo; pero de esto a lo que vosotras pensáis... - ---¡Madrid! con aquellos paseos, con aquellos teatros, con aquella tropa -y aquellas músicas... Todo el día estarás oyéndola, ¿verdad? - ---Psé... Como no sea alguna vez que voy a la parada con mamá... - ---¡A Palacio!... ¡qué hermosura!... estará la plaza llena de generales. - ---Ni se _arrepara_ en ellos, chicas... La última vez que fuimos se -empeñó el coronel _entrante_ en que tomáramos asiento en el pabellón... - ---Y tú, con esa sequedad condenada, no querrías. - ---Claro está que no. - ---Uf, ¡qué rara, hija!... ¡Me da coraje ese genio! No me extraña que te -sucedan ciertas cosas. - ---¿Qué cosas? - ---Por de pronto, aburrir a tus proporciones, y hacerlas creer que las -desprecias; que es lo mismo que si las tiraras por la ventana... Ya ves -cómo lo creyó aquel de quien nos hablabas ayer... - ---¡Mira qué ganga!... Un simple _catredático_. - ---Ya se ve, ¡como tienes otros adoradores de alto copete! - ---No lo dirás por el _comendante_ que me echó la carta por debajo de la -puerta. - ---Ya sabes tú que voy por más arriba. - ---Por el Marqués de la esquina, ¿eh? - ---¿Se llama así? - ---No, pero vive a la esquina de la calle, dos puertas más abajo que -nosotros..., como vive un Duque tres puertas más arriba, y un Marqués -enfrente. - ---De modo que en tu calle todos sois personajes. - ---Eso sí. - ---¡Qué gusto! Y lo del Marqués ¿será cosa hecha? - ---Psé... Hay poco que fiar, si os he de decir la verdad; no porque -él no esté bien apasionado, sino porque como en Madrid hay tantas -proporciones, y cambia una tantas veces de parecer... Esto nació del -teatro Real... Como es muy amigo de papá, me acompañó hasta casa a la -salida. Después me ha visitado muchas veces, y siempre ha tenido alguna -cosa que decirme al oído. - ---Y tú, ¿qué le has contestado? - ---Que se lo diga a papá. - ---¿Ve Vd.? ¿A que desprecias también esa proporción? - ---Allá veremos. - ---Ay, ¡qué sangre de chufas!... ¿De modo que vas muy a menudo al Real? - ---Bastante. - ---Estarás abonada. - ---No quise que se abonara papá a turno con las _Consejeras_ del -principal: ellas bien me lo rogaron; y desde entonces, porque no lo -tomaran a desprecio, no me he abonado nunca. - ---¡Buenas estarán aquellas funciones! ¡Qué concurrencia habrá allí! - ---Mucho personaje... toda la Corte... y muchísimo título; pero de -confianza. - ---Como que os conoceréis todos. - ---La mayor parte son íntimos de papá. - ---¿Por qué no tiene título tu papá? - ---Porque, como él dice, está por lo positivo. - ---¿Tendréis carruaje? - ---¡Como hay tantísimos de alquiler!... - ---Es verdad. - ---Por supuesto, que te escribirás con el Marqués. - ---Anda, curiosa, picarona, ¿quieres saber tanto como yo? Esas cosas no -se dicen, ¡ea! - -Y con esto, o algo parecido, y cuatro palmaditas sobre el hombro de la -preguntona, corta Ofelia el interrogatorio a que todos los días se la -somete, y cambia de conversación. - -Entre su madre y Doña Calixta pasa, en el ínterin, algo por el estilo. - ---¿Y cómo no se anima su esposo de Vd. a acompañarlas algún verano? ---pregunta a la de Madrid la coronela. - ---Porque no puede, Doña Calixta. - ---¡Que no puede!... ¡un hombre de su posición! - ---Pues por lo mismo. Usté no sabe, Doña Calixta, ¡qué bregas y qué -_laberientos_ trae ese hombre de Dios metidos en aquella cabeza! Ya se -lo digo yo bien a menudo: «¡Cualquiera pensará que no tienes qué comer!» - ---Lo mismo me pasa a mí con el coronel, Carmelita. Ahí le tiene Vd. -metido en sus haciendas todo el año de Dios. Hoy que está levantando -la presa de una fábrica de harinas; mañana que va a los cierros con -un regimiento de cavadores; otro día, que está cercando una mies que -compró la víspera; ahora, que construye una casa de labor; después, -que entró la peste en la ganadería y ha tenido que visitarla con los -albéitares; cuándo que los colonos; cuándo que el administrador... -¡Nunca jamás tiene un día para ver a su familia! - ---«Pero, hombre --le he dicho algunas veces--, sacrifica media semana -siquiera para saludar a estas señoras tan buenas y que tanto nos -quieren»... Como si callara, Carmelita... - ---Pues sucediéndole a Vd. eso con su esposo ¿cómo le extraña a Vd. que -el mío no nos acompañe jamás? - ---Creía yo que los negocios de ese caballero no serían de los que -amarran tanto como las aficiones de Guerrilla. - ---¡Mucho más, D.ª Calixta! Figúrese Vd. que mi esposo no tiene hora -libre. Estamos almorzando: carta del Ministro de Hacienda para que se -vea con él inmediatamente; nos sentamos a comer: volante del Gobernador -que tiene que hablarle _de continente_; vamos a salir al Prado, o a la -Castellana, o al teatro, o al baile de Palacio, es un suponer; pues el -diputado, o el ayudante del general, o el diablo, está ya a la puerta -para que se vea en el _azto_ con el presidente de las Cortes, o con -el Capitán general, o con el director de Beneficencia, sobre que la -contrata, o el suministro... Le digo a Vd. que él podrá ganar buenos -caudales, pero buenos sudores le cuestan al pobre. Así es que algunos -días tiene un humor que tumba de espaldas. - ---¿Y por qué no tiene un hombre de su confianza en quién descansar? - ---Porque, como él dice, «hacienda, tu amo te vea». Lo mismo le pasará a -su esposo de Vd. - ---Es verdad; pero ya que tan bien le ha ido y le va con los negocios -¿por qué no se retira de una vez? La salud ante todo, Carmelita. Y para -una hija sola que tiene... - ---Cierto es eso; pero los negocios, parece ser que están enredados unos -con otros, y que no es tan fácil como se cree echar el corte cuando se -quiere... Y si no, pregúnteselo Vd. al coronel. - ---En verdad que algo de eso suele decirme a mí Guerrilla cuando le -llamo codicioso, y le aconsejo que lo deje todo y se venga al lado de -su familia. - ---Pues velay, usté. - ---Ya, ya; ya me hago cargo. - -Y por más vueltas que dan la madre y las hijas a sus interrogatorios, -no sacan otra cosa en limpio las de D.ª Calixta, con respecto a la -verdadera posición social de sus amigas de Madrid. - -Algo pudiera decirlas yo que les ahorrara más de la mitad del camino -para llegar al asunto: pero ¡vaya Vd. a ponerlo en sus bocas! Toda la -veneración que sienten por Ofelia, no alcanzaría a impedirlas que se lo -contaran, _en secreto_, al primero que les manifestara el mismo afán -que ellas tienen hoy. Y que ese _algo_ no debe publicarse después de -haber ellas mismas ensalzado tanto la prosapia de Ofelia, es indudable. -Y si no, que lo diga el imparcial lector, a quien hago juez en el -asunto. Trátase de una carta que las de Madrid se dejaron olvidada -debajo de la cama, en la casa de huéspedes que habitaron el verano -pasado: carta que llegó a mi poder, no diré cómo, y dice así: - - «Mi más querida esposa Carmelita, y amadísima hija Ofelia: Sus - escribo la presente para decirvos que estoy bueno de salú, y para - que me digáis cómo anda la vuestra; pus va diquiá dos semanas que no - recibo carta de vusotras. De paso sus alvertiré que, como la lezna - no entra por onde señala, lo de la contrata de zapatos para el - Hospicio no salió esta vez como las otras; y gracias que lo cuento - en mi casa. Paece de que antier volvieron los chicos descalzos al - establecimiento, porque a resultas de la lluvia, se reblandeció el - cartón de la suela, y se descubrió el ajo. Diréis que cómo otras - veces ha pasado el engaño, y ahora no. Sus diré a eso que, en primer - lugar, esta vez, por guitonada de los oficiales, no se dio bien al - cartón el unto que sabéis y con el que aguantaba un zapato siquiera - tres posturas (no mojándose en la segunda); y después porque ya no - está allí el encargado de enantes, que además de recibir la obra - por buena, echaba a los chicos la culpa de la avería, cuando se le - quejaban de ella. Tomó cartas ahora el Administrador, y me baldó. - Por buena compostura, he consentido en perder todo el valor de lo - entregado; que, por fortuna, de cartón era ello y de badana. ¡Bien - haya los sofocos que me di cortando pares en el mostrador! ¡Y yo - que pensaba calzar a medio ejército de tropa, por lo que, como - sabéis, tenía echado un memorial en el menisterio! Me temo que lo del - Hospicio no me ha de favorecer nada para el caso. Y lo peor es que - por atender con todos mis operarios a la tarea, los parroquianos de - fino han estado mal servidos, y algunos me dejan. - - »A todo esto, sus diré que el Marqués de la esquina se ha casado en - Alicante, con una viuda rica y vieja, para salir de trampas. Bien - sus decía yo que estaba más tronado que una rata, y también sus dije - que me debía los botitos de dos años; y ahora sus diré que además - me debía siete duros que me pidió una noche al pasar por la tienda, - porque no llevaba suelto. Cuando venga le pasaré la cuenta de todo; - y si paga, que no pagará, eso saldremos ganando... ¡y gracias que - no nos debe más, que bien hubiera podido ser! No hay que pensar en - estos Marqueses que soban mucho a los artistas que tenemos hijas - guapas. - - »Esto me alcuerda que ya van cinco veranos que veraneáis en esa, - sin el menor apego de _indiano_, como sus figurestes. Con un par de - negocios como el del Hospicio, sacabó la tela y, como el otro que - dice, el veraneo de moda. Mucho sus quiero, pero no sé si podréis - ripitir. - - »Venisius pronto, que ya me hacéis falta para el ribeteo en fino: - alcordarvos de que pierdo dinero pagando, más de mes y medio, - oficialas que hagan vuestra labor. - - »Tocante a lo demás, devertisius mucho, pues bien sabéis sus ama y - sus estima vuestro esposo rendido y amante padre, - - »CRISPÍN DE LA PUNTERA.» - - - - -EN CANDELERO. - - ---«Que va a Alicante; que prefiere a Valencia; que acaso se decida por -Barcelona. - ---»Que ya no va a Barcelona, ni a Valencia, ni a Alicante; porque viene -a Santander. - ---»Que ya no va a ninguna parte. - ---»Que le son indispensables los baños de mar, y que tiene que tomarlos. - ---»Que se decide por la playa del Sardinero. - ---»Que vendrá en julio; que acaso no pueda venir hasta principios -de agosto; que lo probable es que ya no venga hasta muy cerca de -setiembre. - ---»Que ya no viene ni en julio, ni en agosto ni en setiembre. - ---»Que, por fin, viene, y se cree que se hospedará en una fonda del -Sardinero. - ---»Que es cosa resuelta que llegará el tantos de julio, y que no se -hospedará en el Sardinero, sino en la ciudad. - ---»Que no se sabe si le tendrá en su casa el Marqués de X, o el Conde -de Z, o D. Pedro, o D. Juan, o D. Diego. - ---»Que resueltamente se hospedará en casa del Sr. de Tal.» - -Eso, y mucho más por el estilo, cuentan, corrigen, desmienten, -rectifican y aseguran todos los días estos periódicos locales, con el -testimonio de los de Madrid y algunas correspondencias particulares, -desde mayo a fin de julio, casi en cada año, refiriéndose a alguno de -los personajes que a la sazón se hallen _en candelero_. - -Un día vemos conducir a hombros por la calle, una lujosa sillería, un -espejo raro, una mesa de noche muy historiada..., algo, en fin, que no -se ve en público a todas horas; observamos que las señoras indígenas -transeúntes se quedan atónitas mirando los muebles, y hasta las oímos -exclamar: «Son para el gabinete que _le_ están poniendo. El espejo es -de Fulanita, la mesa de Mengano, y la sillería de Perengano.» - -Y llega el tantos de julio; y por la tarde se ven fraques, levitas y -tal cual uniforme, camino de la Estación, y además el carruaje que -envía el Sr. de Tal, propio, si le tiene, y si no, prestado. - -Poco después estallan en el aire, hacia el extremo del andén, media -docena de cohetes, y casi al mismo tiempo se oye el silbido de la -locomotora que entra en la Estación. Luego salen de ella los viajeros -vulgares, y puede verse en el fondo, enfrente de la puerta, un grupo de -personas apiñadas, confundiéndose en él el oro de los uniformes con el -negro paño de la media etiqueta; el cual grupo se cimbrea de medio a -arriba muy a menudo, dejando ver, a tiempos, en su centro, una persona -erguida e impasible, como ídolo que recibe la incensada; después el del -centro del grupo, con otros tres de la circunferencia, toman asiento -en el carruaje; parte éste al trote de sus caballos, síguenle, echando -los pulmones por la boca, dos docenas de granujas impertinentes, y una -pareja de guardias municipales que llevan los paraguas y los abrigos -de algunos de los que van en el coche, y vuelven a verse los mismos -fraques y galones de antes camino de la Dársena, pero dispersos y en -desorden. - -Y andando, andando, el carruaje llega al punto de su destino. - ---¿Cuál de ellos es? --pregunta algún curioso, al ver apearse a los del -coche. - ---Ese que va en medio... - ---Pues no tiene la mejor traza --replica el preguntante, con cierto -desaliento, en la creencia, sin duda, de que el hombre está obligado a -embellecerse a medida que asciende en la escala de los empleos. - -Los que subieron la escalera de su casa acompañándole, bajan a poco -rato; y cuando anochece, comienzan a llenar de ruido la barriada la -charanga de la Caridad, y sucesivamente todas las murgas que de la -caridad pública viven. - -Al día siguiente vuelven a verse por la calle las libreas de la -etiqueta. Son de los que tienen obligación de ir a ofrecer sus respetos -al recién venido, y de las comisiones de esto y de lo otro. Recibe -a cada grupo a hora distinta, y tiene para todos frases bastante -lisonjeras, ya que no muy variadas. - ---Señores --suele decirles--, yo me felicito de recibir el cordial -saludo de... (Aquí lo que sean los visitantes) tan dignos y -beneméritos. Estad seguros de que si seguís prestándonos todo el apoyo -de vuestra importantísima adhesión y de vuestro celo e inteligencia en -el desempeño de vuestros respectivos cargos, el Gobierno se envanecerá -de ello; y el país, que tanto espera de nosotros, porque por nosotros -está nadando en la felicidad y en la abundancia, os lo recompensará -con largueza. Yo, fiel intérprete de sus deseos y aspiraciones, os lo -prometo en su nombre. - -Se dicen luego cuatro vaguedades sobre la salud del visitado, sobre -la virtud de los baños de ola, y sobre el paisaje y el clima de la -Montaña, y a otra cosa. - -Al segundo día, aún se ven algunos curiosos... y curiosas de copete, -husmeando hacia la puerta de la calle, a las horas probables en que -_él_ ha de salir. - -Al tercero, nadie se acuerda ya del personaje. Solo la prensa local -se ocupa, con un celo superior a todo elogio, de decirnos si va o si -viene; si le _pintan_ los baños; si piensa darse tantos o cuántos, y -cuántos se ha dado ya; si prefiere el bonito a la merluza; con quién -comió y con quién comerá; a qué hora se acuesta; quiénes le hacen la -tertulia; de qué lado duerme y a qué hora se levanta. - -Al octavo día observa la gente que por la Plaza Vieja sube un coche -lleno de señores muy espetados. - ---Ahí va --dicen algunos. - ---¿A dónde? --se les pregunta. - ---A visitar el Instituto. Desde allí irá a la Farola. Ahora viene del -Cristo de la Catedral. - ---Entonces ¿está ya para marcharse? - ---¡Claro; cuando le enseñan _eso_!... - -Y así es, en efecto. Al cumplirse la semana y media desde su llegada, -vuelven a verse una mañana, camino de la Estación, los fraques, los -galones, el coche, los granujas y los policías de la otra vez; y en el -andén, el mismo grupo dando sombreradas y apretones de manos al propio -personaje, que va poco a poco desapareciendo en un coche reservado y -muy majo; estalla en los aires otra media docena de cohetes, vuelve a -silbar la locomotora, y parte el tren hacia la Peña del Cuervo, dejando -detrás la consabida crencha de humo vaporoso, que ondula, se enrosca y -serpentea, y al cabo se pierde y desvanece en el espacio, como todas -las vanidades de la tierra. - -Durante algunos días después, la gente _bien informada_ se las promete -muy felices para los intereses del común. Todos los proyectos que el -Municipio tiene pendientes de superior resolución serán despachados -«como se pide»; habrá subvenciones para esto y para lo otro y para lo -de más allá; el puerto va a quedar como nuevo; los barrancos que están -a expensas del Estado a las inmediaciones de Santander, volverán a -ser anchas, firmes y cómodas carreteras..., en fin, hasta se colocará -la estatua de Velarde sobre el pedestal que está esperándola; ¡doce -años hace!... Él lo ha prometido; él lo ha asegurado; él se lo ha -ofrecido en confianza a Juan, a Pedro y a Diego... Va muy satisfecho de -_nosotros_ ¡contentísimo de la acogida que se le ha hecho! - -Claro es que ninguna de estas ofertas se cumple, no sé si porque, en -realidad, no se hicieron, o porque se olvidaron, como tantas otras; -pero, en cambio, un día del próximo otoño amanecen Caballeros y -Comendadores de aquende y de allende, seis docenas de ciudadanos que -se acostaron simples mortales como yo. ¡Única estela que hoy dejan, a -su paso por los pueblos, los varios españoles que gozan el eventual e -instable privilegio de ser recibidos con música y cohetes! - - - - -AL TRASLUZ. - - -O hay que convenir en que la mujer es susceptible de adquirir cuantos -aspectos y actitudes morales quiera darle la educación, o debemos -confesar que la Naturaleza tiene, de vez en cuando, caprichos muy -singulares. - -Esto, que probablemente se habrá dicho cincuenta mil veces, a propósito -de las mujeres que se han hecho célebres en el campo de las ciencias, -en el de las artes, en el de las letras..., y hasta en el de las armas, -cuadra perfectamente al hablar de cierto tipo que, no por pasar como -un relámpago todos los años sobre la fisonomía veraniega de Santander, -deja de imprimirse en ella; y no así como quiera, sino como imprime un -pintor de fama el sello de su ingenio, su idiosincrasia artística, si -vale la palabra, sobre todas la figuras de sus cuadros. - -Nacida y propagada esta verdadera originalidad del sexo débil en -regiones algo inverosímiles todavía en la tradicional y cachazuda -España, cuando aparece en una, señal es de que allí puede vivir ya; -de que en ella se encuentran los elementos que necesita su vida de -ostentación y de aventuras. Estos elementos son: los hombres de Estado, -los ricos banqueros, los famosos calaveras, los pontífices de las -letras y de las artes, y, como a manera de orla de todo el catálogo, -una muchedumbre de damas del llamado _gran mundo_, y de mozuelos -esclavos de la moda. - -De que Santander reúne todo eso, y ha llegado ya, por ende, a la alta -categoría que alcanzan en el mundo elegante tantos otros puertos -extranjeros, en cuyas aguas lavan cada verano sus distinguidas -mataduras las primeras aristocracias europeas, es evidente prueba el -que nos visita todos los años, desde varios acá, algún ejemplar de -aquella fenomenal especie. - -Mas antes que el lector eche a mala parte lo que le dije de los -elementos vitales de esta señora, apresúrome a indicarle en qué -concepto los necesita _hoy_. - -Figúresela en un _hotel_ del Sardinero, con todo un piso a su -disposición; porque sus criados y equipajes no caben en menor espacio, -si ha de quedarle a ella el necesario para dormir, para peinarse, para -vestirse, para recibir y para comer en ancha mesa, siempre dispuesta -para una docena de convidados. - -Estos han de ser de las notabilidades a que aludí; es decir, de lo -más cogolludo en letras, artes, política, banca, armas..., y aun -tauromaquia, que a la sazón resida en el Sardinero o en la ciudad. - -Para comer con ellos, para hablar con ellos, necesita, busca y agasaja -a esos hombres. Ella los preside, ella dirige las conversaciones, -ella provoca y salpimenta los discreteos, y en sus labios hay siempre -agudezas y oportunidades para los discretos, y sutiles epigramas para -los necios, pues no dejan de serlo, en varios lances, muchos hombres de -talento. Que quien tal vida trae no debe mostrarse muy aficionada al -trato de las mujeres, no hay necesidad de asegurarlo; evidente es que -huyera de ellas si no las necesitara para fondo y accesorios del cuadro -en que ella entra como principal figura; o, a lo sumo, para tener en -quien cebar impunemente sus sátiras implacables; o esos pedazos más de -entretenimiento que repartir entre la voracidad murmuradora de su corte -favorita. - -Hay quien atribuye esta antipatía hacia su sexo a cierta pasión _non -sancta_ que suele albergarse en los pechos que ya no laten a impulso -de un alma juvenil y retozona; cuando se huye del espejo como de las -grandes verdades que acusan faltas e imperfecciones; cuando los tristes -desengaños de las primeras arrugas hacen recordar con envidia y -desconsuelo los triunfos y los encantos de la risueña juventud; cuando -se aspira, en fin, a conquistar, a fuerza de dispendios y agudezas, lo -que antes se atrajo por el solo brillar de la hermosura. - -Pero esta suposición, que bien pudiera admitirse con referencia al -molde común de las mujeres, y aun de los hombres, no está justificada -cuando se endereza a este otro tipo, cuyas pasiones, talentos y -debilidades están, y han estado quizá, muy por encima de todo lo usual -y corriente. Con esta consideración a la vista, no se afane el lector -por que le diga yo de dónde vienen esas intimidades encumbradas; de -qué procede ese varonil desparpajo que la hace, en verano, reina y -señora del Sardinero, como en invierno le da absoluto predominio en -los aristocráticos salones de Madrid, y eso que no es aristócrata -ella, ni nombre llevó jamás que a pergamino huela. Cierto es que -cuando se ha pasado la vida en roce continuo con hombres de todas las -imaginables condiciones y cataduras, a poco que se haya tomado de cada -uno de ellos puede reunirse, cerca de la vejez, gran copia de saber -y de experiencia; pero ¿cómo se llegó en la juventud a esas alturas? ---pregunto yo a mi vez--, ¿cómo lo que en unas gasta y desprestigia, en -otras acrecienta el poder y el atractivo? Aquí no hay otro remedio que -volver a la segunda parte de mi tema: la Naturaleza tiene, de vez en -cuando, caprichos muy singulares; y añado ahora que también la Fortuna -suele complacerse en mimar con sus dones más preciados a lo que es obra -de los caprichos de la Naturaleza. - -Así hay que explicarse esas cataratas de doblones que siguen y preceden -a esta clase de mujeres en sus viajes, y las envuelven en los alcázares -que habitan la mayor parte del año: pues ni feudo se las conoce que -tanto produzca, ni ya son Dánaes pudibundas que creer nos hagan en las -lluvias de oro de los Joves de ogaño. - -Ofrecedle dificultades al vulgar entendimiento, y veréis a la -imaginación echarse desatentada por los cerros de Úbeda. Tal sucede en -el presente caso. No se comprende bien, o no se explica, la razón de su -predominio y de sus caudales, y cada cual se forja una historia a su -capricho, fundada sobre vagos rumores; y estas historias juntas quieren -ser una pequeña parte de la historia de esa dama, a quien se adjudican -todas las anécdotas _picantes_, todas las frases equívocas, todos los -triunfos y todos los escándalos con que han inmortalizado sus nombres -en la _alta_ sociedad las demás mujeres de su talla. - -No desconoce ella estos rumores; y como sabe muy bien que son los gajes -de su oficio, antes la lisonjean que la ofenden. - -En las poquísimas veces que se da a luz entre su escogida corte -bigotuda, los hombres abren calle para que pase, y las mujeres temen -su mirada como el siervo la de su señor. ¿Qué mayor triunfo para su -vanidad de mujer _de historia_? - -Tan pocas veces se exhibe en público, que yo mismo que trato de hacer -su monografía, no la he visto jamás, ni la conozco sino por la fama que -la han dado aquí los que nos dicen que la conocen mucho. - -Pero _mito_ o realidad, ella _pasa_ por Santander cada verano, y, como -al principio dije, se imprime en la fisonomía veraniega del pueblo de -un modo indeleble, como el detalle que más resalta y hasta da carácter -e importancia a todos los demás. - -Y he aquí por qué yo, que estoy haciendo el croquis de esa fisonomía, -no puedo prescindir de dibujar en ella tan expresivo pormenor. - -Eso haré yo tan solo, y me guardaré muy mucho de escarbar el cutis para -ver lo que hay debajo. - -Quédese esto, en buen hora, para los aduladores que la cantan, o para -los maldicientes que la despellejan. - -Si el calor de unos hechizos que ya no existen derritió el áureo -pedestal sobre que la adoración de laborioso marido colocó a su propia -mujer para atraerla el culto de los demás; si la tarea olímpica de -reponer con otro nuevo cada trono derretido dejó sin fuerzas, sin -esperanzas y hasta sin vida al desventurado que tal empresa creyó -fácil; si el peso que a él le mató, abandonado al pie de la montaña -tuvo nuevos Sísifos que le empujaran, esperando llevarle triunfantes -hasta la cima, y también rodaron hasta el abismo, desalentados y rotos; -si mientras duró aquel fuego no le faltaron tronos que consumir, ni -tesoros que rodar montaña arriba, buscando su calor; si de ese montón -de escombros y cenizas ha hecho la química de la necesidad inagotable -venero que surte de esplendor a una soberanía, no destronada, antes -fortalecida con la augusta diadema de las canas; si éstas no son el -fruto natural de los años, sino la huella de las tempestades que corrió -la juventud en el mar de todos los deleites; si el corazón de la -mujer, que es casi siempre un libro abierto, sin ser por eso un libro -bueno, _aliquando_ es una caverna con ruidos y sin luz ¿a mí qué me -cuentan ustedes? ¿qué me importa en el presente caso? Cuéntenselo a -ese enjambre del _buen tono_ que tanto se paga de ciertos relumbrones; -cuéntenselo a esa sociedad que se complace en crear ídolos que después -escupe y despedaza, acaso porque le imponen y amedrentan; cuéntenselo a -esas gentes del _gran mundo_, para quienes nada es bueno ni plausible, -sino lo _distinguido_ y _elegante_. Ellas solas son las trompetas de -esas famas; ellas quienes las elevan y sahúman antes; ellas mismas -quienes las difaman después. - -En cuanto a mí, dibujos hago, que no autopsias; y dibujo es este, _al -trasluz_, por más señas, sobre los perfiles que la fama trazó. Al -público sale, pues, como el público le ha forjado: yo no hice más que -copiarle en esta, por ahora, última hoja de mi cartera. - - - - -ÍNDICE. - - Páginas. - - Al lector. 5 - - Las de Cascajares. 9 - - Los de Becerril. 19 - - El Excelentísimo Señor. 27 - - Las interesantísimas señoras. 35 - - Un artista. 43 - - Un sabio. 57 - - Un aprensivo. 73 - - Un despreocupado. 97 - - Luz radiante. 109 - - Brumas densas. 125 - - El Barón de la Rescoldera. 141 - - El Marqués de la Mansedumbre. 153 - - Un joven distinguido (_visto desde sus pensamientos_). 167 - - Las del año pasado. 185 - - En candelero. 203 - - Al trasluz. 213 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIPOS TRASHUMANTES *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. 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M. Martínez</i></p> - <p class="fs110 ws1 mt05"><span class="allsmcap">SAN FRANCISCO</span>, 15</p> - <p>—</p> - <p class="fs130 g0">1877</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span></p> - <h2 class="nobreak g1">AL LECTOR.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p><i>Los pueblos, como los hombres, tienen dos fisonomías, por -lo menos (algunos hombres tienen muchas): la que les es propia por -carácter o naturaleza, o, como si dijéramos</i>, la de todos los días, -<i>y la de</i> las circunstancias; <i>es decir</i>, la de los días de -fiesta.</p> - -<p><i>La que en este concepto corresponde a la perínclita capital de la -Montaña, la forma esa muchedumbre que la invade, en cada año, durante -los meses del estío, para buscar en ella quién la salud, quién la -frescura y el sosiego, ora en las salobres aguas del Cantábrico, ora -contemplando y recorriendo el vario paisaje que envuelve a la ciudad, -mientras la<span class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> raza indígena -la abandona y se larga por esos valles de Dios ansiando la soledad de -la aldea y la sombra de sus</i> castañeras <i>y</i> cajigales.</p> - -<p><i>Para los que solo se fijan en la variedad de matices y en la -movilidad de los pormenores, esta fisonomía es híbrida, abigarrada, -indefinible e inclasificable.</i></p> - -<p><i>Para un ojo ducho en el oficio, es todo lo contrario. Hay en -ese movimiento vertiginoso, en ese trasiego incesante de gentes -exóticas que van y vienen, que suben y bajan, que entran y salen, -rasgos, colores y perfiles que sobrenadan siempre, y se reproducen -de verano en verano, como el</i> aire de familia <i>en una larga -serie de generaciones. ¿No es todo esto una fisonomía como otra -cualquiera?</i></p> - -<p><i>Por tal la juzgo, y muy digna la creo, por ende, de ser -registrada en el libro de apuntes de quien se precie de pintor -escrupuloso de costumbres montañesas.</i></p> - -<p><i>Y como quiera que yo, si no tengo mucho de pintor, téngolo de -escrupuloso, abro mi librejo, y apunto..., pero, entiéndase bien, -sin<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> otro fin que -refrescar la memoria del que leyere, y con la formal declaración de -que</i> «<i>cuando</i> pinto, <i>no</i> retrato.»</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_2"> - <p><span class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span></p> - <h2 class="nobreak g0">LAS DE CASCAJARES.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>No es aristócrata por la sangre, ni siquiera tiene un título -nobiliario de los de nuevo cuño; no por haber llegado tarde al reparto -de ellos, sino acaso por distinguirse más, llamándose a secas <i>el -señor de Cascajares</i>.</p> - -<p>El cual es un banquero, o hacendado, o contratista de <i>alto -bordo</i>, muy rico, según la fama, que reside en Madrid, en donde, -al decir de los que de allá vienen a pasar las vacaciones de verano, -habita espléndido palacio en el paseo de Recoletos, o elegante casa en -la calle de Alcalá, o en la del Barquillo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span>Es diputado a Cortes -cuantas veces quiere, y lo quiere casi siempre, porque todos los -Gobiernos apoyan su candidatura, en cambio de la decisión con que él -aplaude a todos los Gobiernos. Sin embargo, no es hombre político: solo -se comunica con los del poder por el ministerio de Hacienda.</p> - -<p>Su señora tiene más conexiones e intimidades que él con los altos -personajes de la cosa pública. Se tutea con muchos de ellos, aunque -tampoco es aficionada a la cábala ni al cabildeo; es decir, que le -gusta el personaje por lo que brilla, y nada más.</p> - -<p>Tiene tres hijas solteras, y va con ellas al <i>gran mundo</i>. Ni -éstas son modelos de hermosura, ni la madre encaja, por ninguna parte -que se la mire, en el más modesto de los moldes aristocráticos; pero, -así y todo, pasan en la corte por <i>ornamentos distinguidísimos</i> -de la <i>alta sociedad</i>. Lo cierto es que los <i>Asmodeos</i> y -<i>Pedro Fernán<span class="pagenum" id="Page_11">p. 11</span>dez</i> -las citan siempre, en sus almibaradas crónicas de Madrid, en el -catálogo de las <i>bellas, discretas y elegantes</i>.</p> - -<p>Dos hijos varones tienen también los señores de Cascajares. El -mayor es diplomático; y aunque rara vez sale de Madrid, siempre se le -considera como en activo servicio, para los efectos de la nómina y del -escalafón, en una de las embajadas de más categoría. El segundo, que -pasa ya de los veinticinco, no se ha decidido aún por la carrera que -ha de seguir. Por de pronto asiste con asiduidad al <i>Veloz-Club</i> -y al Casino, y sabe poner cien onzas a una sota, sin que le tiemble el -pulso.</p> - -<p>Toda esta gente, más tres doncellas o camaristas, dos criados -para los señoritos, un sotamayordomo, ú hombre de confianza, para el -<i>señor</i>, dos lacayitos y un cocinero negro, vienen en el mes -de Julio a Santander a habitar un piso amueblado, en la población, -que paga el señor de Cascajares a razón de 8.000 reales<span -class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> mensuales, con la obligación -de habitarle dos por lo menos, o de pagarle como si le habitara, y -de reponer cuanta vajilla, ropa de camas y muebles sufran el menor -deterioro en el ínterin.</p> - -<p>Día y medio dura la mudanza, desde la estación del ferrocarril a -casa, de los <i>mundos</i>, maletas, cajas, baúles, rollos de mantas, -bastones y paraguas, que siguen a la familia de Cascajares como la -estela al buque. Y se llena de baúles un cuarto del patio, y hay mundos -amontonados en las gabinetes, y cajas sobre todos los veladores, y -paquetes sobre todas las sillas, y maletas hasta en el mismo salón en -que aquellas señoras reciben las visitas.</p> - -<p>Tanto es el equipaje y tanta la servidumbre, que la familia no -ha podido colocarse en ninguna fonda del Sardinero; y por acordarse -tarde, tampoco logró establecerse en uno de aquellos amueblados -<i>chalets</i>.</p> - -<p>Esto tiene disgustadísimas a las <i>niñas</i><span class="pagenum" -id="Page_13">p. 13</span> y desazonada a la mamá. Y no es para menos el -caso. <i>Las</i> de Himalaya, las de Tenerife, las de Potosí, las de -Chimborazo..., en fin, toda la más encumbrada aristocracia está en el -Sardinero; y ellas, por consiguiente, <i>sin sociedad</i>. Además, mal -alojadas y achicharradas de calor. (El termómetro marca 20° al sol, y -cuando ellas salieron de Madrid señalaba 41 a la sombra). Gracias a que -han conseguido alquilar por toda la temporada un mal carruaje que las -lleva por la mañana al baño y por la tarde a pasear al Sardinero.</p> - -<p>Así es que se las ve poco en la calle; y cuando se las ve, se -observa que se mueven perezosamente, como buque en <i>calma chicha</i>, -y miran tiendas, objetos y personas con gesto de hondo disgusto. Si -alguno las saluda al paso, responden con lánguido cabeceo, que más -parece desmayo que otra cosa.</p> - -<p>Por lo común, se las halla, hechas un racimo y envueltas en -transparente bata, sentadas en el mirador.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>En esta ocasión -y en otras varias del día, nunca les falta en la acera de enfrente -una especie de guardia de honor, compuesta de los arrapiezos más -encanijados y escrofulosos, pero a la vez más <i>principales</i>, que -haya en la población. Allí, los inocentes, se pasan las horas muertas -retorciéndose la inverosímil guía del incipiente bigote, exhibiendo, a -fuerza de disimuladas contracciones de muñeca, los puños de la camisa, -esgrimiendo las solapas de la levita para que se destaque en todo su -desarrollo la curva del robusto pecho, y haciendo, en fin, cuantas -evoluciones y habilidades pudiera una bestezuela amaestrada por diestro -gitano para seducir al incauto feriante.</p> - -<p>Ya hemos dicho que las de Cascajares no son bellas; pero que son -<i>distinguidas</i>, categoría inventada en estos tiempos democráticos -para colocar en ella todo lo que no es vulgo, sin ser aristocracia, no -por la sangre, sino por <i>el aire</i>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_15">p. 15</span>El efecto de esta -<i>distinción</i> se deja conocer en el pueblo inmediatamente. En esos -días es cuando se tropieza uno con alguna indígena que lleva sobre su -cuerpo cierta cosa rara que llama nuestra atención; v. gr., un moño -encima de los riñones, un pispajo de tul en el cogote, el pelo echado -sobre los ojos, o medio vestido azul y medio de color de canario, -collar de rollos de canela, o pendientes de melocotón..., cualquiera -extravagancia por el estilo.</p> - -<p>Si tenemos franqueza para tanto, y la preguntamos, deteniéndola en -la calle, qué es <i>aquello</i>, nos responderá sorprendida:</p> - -<p>—¿No le hace a Vd. gracia?</p> - -<p>—Maldita.</p> - -<p>—¡Oh! pues <i>lo llevan mucho</i> las de Cascajares; y en Madrid -<i>hace furor</i>.</p> - -<p>—¡Hola!</p> - -<p>—¿No le gustan a Vd. <i>esas chicas</i>?</p> - -<p>—¿Quiénes?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_16">p. 16</span></p> - -<p>—Las de Cascajares.</p> - -<p>—La verdad es que no me han llamado la atención...</p> - -<p>—¡Oh! ¡pues son muy <i>distinguidas</i>!</p> - -<p>Y no es otra, lector, la razón de que muchos arreos femeniles que te -parecen espantapájaros por esas calles de Dios, se consideren, entre -las gentes de <i>buena sociedad</i>, como modelos de gracia y bien -caer.</p> - -<p>¡Lo llevaban las de Cascajares!</p> - -<p>Y es de advertir que entre los hombres que se pagan mucho del -adorno exterior, sucede lo propio. Tienen también sus Cascajares -<i>distinguidos</i> que les hacen zambullirse en unas bragas -descomunales; ú oprimir el busto entre las láminas de una levita sin -solapas, sin faldones, y hasta sin paño; o la mollera en un cilindro -sin alas, o en unas alas sin cilindro.</p> - -<p>Volviendo a las de Cascajares, añado que asisten a los bailes -campestres, muy elegantes, pero con mal gesto; bailan<span -class="pagenum" id="Page_17">p. 17</span> poco, o no bailan nada. Son -las últimas que llegan al salón, y las primeras que se retiran de -él.</p> - -<p>Y como son tan distinguidas, suspiran muy a menudo por -aquel <i>Biarritz de su alma</i>, donde todo es <i>chic</i> -y <i>confortable</i>. En cuanto a Santander, <i>no las hace -felices</i>.</p> - -<p>El diplomático dice «amén» a todos los discursos de sus hermanas, y -no se separa de ellas en todo el día. Es autoridad de peso en asuntos -de moños y vestidos; y en el ramo de modas en general, bastante más -entendido que en los protocolos de la secretaría de su cargo.</p> - -<p>Por lo que hace al otro Cascajares, se levanta a las dos de la -tarde, come a las seis, se va a la ruleta, si la hay, o a timbirimba -más <i>fuerte</i>, que sí la habrá, y no vuelve a casa hasta las tres -de la mañana, viendo siempre las estrellas, aunque el cielo esté -nublado; porque es de advertir que tropieza mucho en el camino.</p> - -<p>En cambio, su papá no tiene más afán<span class="pagenum" -id="Page_18">p. 18</span> que pasear solo por el Alta; y como se -acuesta temprano y madruga mucho, sólo ve a su familia a las horas de -comer. Sabe que está sin la menor novedad en su importante salud, y no -se mete en otras honduras. Lo mismo hace en Madrid.</p> - -<p>Y llega a la mitad el mes de septiembre, vuelven a empaquetar -los equipajes; y después de haber <i>pagado</i> diez visitas -de las veinte que deben, tórnanse a Madrid las de Cascajares, -llevándose las maldiciones de las diez familias con quienes quedan -<i>en descubierto</i>, y dejando, en cambio, el recuerdo de su -<i>distinción</i> entre las señoras pudientes, que las imitan en -cuanto les es dable, así en el vestir como en el andar, y entre -algunas inocentes <i>cursis</i> que sudan y se desgañitan por remedar -sus frescas y turgentes sedas, con marchitos tafetanes y delebles -percalinas.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_3"> - <p><span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span></p> - <h2 class="nobreak g0">LOS DE BECERRIL.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Dos taleguillos blancos llenos de ropa de <i>muda</i>, unas alforjas -atacadas de chorizos y garbanzos, y un paraguas. Este es el equipaje de -cada familia al meterse en el tren en la estación más próxima.</p> - -<p>Cuando se apean en Santander, el padre carga con las alforjas, amen -de la capa que también se echa al hombro; la madre con un taleguillo y -la criatura que amamanta; una jovenzuela con el otro talego, y un rapaz -de doce años con el paraguas.</p> - -<p>Vienen a Santander porque el padre tiene <i>dúlceras</i> en las -piernas, y <i>dúlceras</i> en el <i>cuadril</i> de la derecha; la -madre, desde<span class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> el -último parto, <i>añudados los gonces</i> de la rodilla izquierda; el -mamoncillo no puede echar los últimos dientes <i>de por sí solo</i>; -la jovenzuela ha cumplido ya quince años y está pálida como la cera; -el rapaz que va para doce, tiene los labios como un embudo y el -cuello como un botijo, y le salen ya los lamparones por detrás de las -orejas.</p> - -<p>Por consejo del médico de Becerril de Campos, vienen a tomar los -baños de mar, porque éstos han de curar todas y cada una de las -dolencias enumeradas.</p> - -<p>Con estas esperanzas y aquel equipaje, y en el orden de formación en -que hemos ido citándolos, llegan a la Dársena y echan Muelle adelante -con el asombro pintado en los ojos y en la boca.</p> - -<p>El molinete que suena; el vapor que cruza la bahía; el ligero -esquife que se desliza sobre las aguas, como la golondrina en el -espacio; la sardinera que grita su mercancía; el coche que pasa rápido; -el carretero que aturde la vecindad con las<span class="pagenum" -id="Page_21">p. 21</span> blasfemias de costumbre; el marcial arreo -y las infantiles galas; sedas, tules, libreas y levitas, chaquetas y -manteos... Todo esto junto y revuelto, casi en torbellino, que es lo -primero con que tropiezan los ojos del viajero que desde la estación -del ferrocarril se lanza, de sopetón, al Muelle en una tarde de verano, -aturde y deslumbra con sobrado motivo al sedentario y patriarcal -lugareño de tierra de Campos.</p> - -<p>Pero el coche, y «los señores,» y el soldado, y «las damiselas,» -todo, en fin, lo que es terrestre, cabe perfectamente en las -presunciones de los de Becerril, y luego dejan de admirarlo. Lo que -realmente los fascina, por de pronto y acaba por atontarlos, es <i>lo -marítimo</i>. Les faltan ojos para contemplarlo y hasta narices para -olerlo.</p> - -<p>—Míales, míales, hijo —vocea la madre—. ¿No te lo ecía yo?... Más -altos son los palos que el campanario del pueblo.</p> - -<p>—¡Pus anda —añade el padre—, con el<span class="pagenum" -id="Page_22">p. 22</span> otro que va río abajo! Mal rayo me parta si -no ahúma como si llevara los demonios aentro. ¿Qué tié que ver el tren -con esto? ¡Pus ávate con el barquillico que lleva a la zaga!...</p> - -<p>—Será la cría, padre —grita el rapaz.</p> - -<p>—Puá que, hijo; no te diré yo que no lo sea.</p> - -<p>—Y toas estas que están arrimaícas aquí lo paecen tamién... ¡Cristo, -cuánta barca!... y allá va una cargá de <i>cubetos</i>... ¿Y dende esta -orillica se pescará el <i>fresco</i>?</p> - -<p>—¡Otra con el inocente! Eso se pesca en alta mar, borrico.</p> - -<p>—¿Pues no es esto la alta mar?</p> - -<p>—¡Anda si qué! ¿Pus no oístes a aquel señor que venía en el tren a -la vera de tu madre, que esto es el puerto? ¡Qué tié cacer esto pa onde -está la alta mar!</p> - -<p>—Y ¿onde está esa mar?</p> - -<p>—En cuantico alleguemos a casa, di que se ve de golpe.</p> - -<p>Y en estas y otras por el estilo, admi<span class="pagenum" -id="Page_23">p. 23</span>rando acá, exclamando allá, parándose aquí, -retrocediendo en el otro lado, preguntando a este «caballero» y -a la otra «buena mujer», llegan a Miranda, en cuyo barrio tienen -<i>apalabrada</i> una habitación que les ha buscado otra familia -castellana que les precedió en el viaje.</p> - -<p>Al ver el mar desde aquellas alturas, los padres se atolondran y los -hijos se estremecen, considerando que al día siguiente han de meterse -todos ellos en tales honduras.</p> - -<p>Como el barrio de Miranda es el que eligen siempre los castellanos, -por la doble razón de economía y de proximidad a la playa, tienen -ocasión los nuestros de hacer rancho en la misma casa en que viven, con -otros paisanos instalados en ella también. De todas maneras —y por eso -traen las alforjas llenas de provisiones—, siempre <i>se ajustan</i> -sin la comida.</p> - -<p>El primer baño no le toman sin grandes recelos, sobresaltos y -serias medita<span class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>ciones: -los chicos lloran y los grandes tiemblan de miedo, mucho antes de -temblar de frío; pero, al cabo, bien agarrados éstos a las cuerdas, y -a empellones los muchachos, van entrando todos poco a poco, hasta que, -después de acurrucados, les llega el agua al pescuezo. Es decir, que se -quedan a la orilla, donde, al romper las olas, tras de machacarles los -cuerpos como mazos de batan, les hacen sorber la arena a carretadas.</p> - -<p>En la misma guisa que salieron del tren, exceptuando el detalle -de las alforjas, van al baño y vuelven de él: con la propia capa el -hombre, las mujeres con los talegos y la criatura, y el rapaz con el -paraguas. La capa para arroparse, el paraguas para quitarse el sol el -de los lamparones, y los taleguillos para guardar la ropa del baño.</p> - -<p>Catorce de a media hora recetó a cada uno el médico de Becerril; -pero ellos que traen muy contado el tiempo y el dinero,<span -class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span> toman dos cada día, y así -despachan en una semana, cuando no en media, echándose en remojo una -hora por la tarde y otra por la mañana.</p> - -<p>Siempre que no están en el baño, o comiendo, o durmiendo la -clásica siesta, se los halla recorriendo las alturas de la costa, -metiendo la cabeza en todas las grutas y rendijas de las peñas, y -preferentemente escarbando los arenales para acopiar <i>pelegrinas</i> -y <i>caracolillos</i>, por cuyas baratijas se perecen.</p> - -<p>Antes de volverse a Becerril, o a Frómista, o a Amusco, al -pueblo, en fin, de Castilla, del cual procedan, bajan dos veces -a la ciudad: una para verla y comprar a la chica unas arracadas -de <i>cascaritas</i>, y otra para visitar, <i>por adentro</i>, un -vapor-correo, y, si le hubiere en el puerto, <i>un barco de Rey</i>.</p> - -<p>Por lo demás, son los bañistas más metódicos y decididos de -cuantos se zambullen en el Cántabro. Ni en los días de más<span -class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span> resaca perdonan el remojón. -De manera que si también en la hidroterapia obra la fe prodigios, estas -buenas gentes se vuelven a Becerril tan sanas como corales.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_4"> - <p><span class="pagenum" id="Page_27">p. 27</span></p> - <h2 class="nobreak">EL EXCELENTÍSIMO SEÑOR.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Una semana antes de suspenderse, por razones de alta temperatura, -las sesiones de las Cortes, pronunció un discurso de abierta oposición -a la política del Gobierno. Tres días después se trasladó a Santander -con su señora, luciendo todavía los tornasoles de la aureola en que -le envolvió aquel triunfo parlamentario. No hay que decir si llegaría -hueco y espetado, él que, por naturaleza, es grave y repolludo.</p> - -<p>Como ni S. E. ni su señora piensan tomar baños de mar, sin duda por -aquello de que <i>de cincuenta para arriba, etc...</i>, refrán cuya -primera parte les coge por la mi<span class="pagenum" id="Page_28">p. -28</span>tad, no han querido alojarse en el Sardinero; y como tampoco -quieren el bullicio y las estrecheces del cuarto de una fonda, se han -acomodado en una modesta casa de huéspedes, ocupando la mejor sala con -el adjunto gabinete.</p> - -<p>Su Excelencia sale a la calle con zapatos de cuero en blanco, -sombrero hongo de anchas alas, cómoda y holgada americana, chaleco muy -abierto y tirillas a la inglesa.</p> - -<p>Siempre camina lento y acompasado, con las manos cruzadas sobre los -riñones, y entre las manos la empuñadura de cándida sombrilla. Nunca va -solo; generalmente le acompañan cuatro o seis personas de la población, -y de sus ideas políticas.</p> - -<p>Marchan en ala, y el personaje ocupa el centro de ella.</p> - -<p>A cada veinte pasos hace un alto, y el acompañamiento le rodea. -Es que va a tocar uno de los puntos graves de su discur<span -class="pagenum" id="Page_29">p. 29</span>so; porque es de advertir que -S. E. no gasta menos, ni aun para diario.</p> - -<p>Y, en efecto; si un oído indiscreto se acerca entonces al grupo, -percibirá estas, ú otras semejantes palabras, dichas en tono campanudo -y resonante:</p> - -<p>—Porque, señores: los hombres que hemos adquirido la experiencia -del gobierno con amargos desengaños, debemos al país toda la verdad, -todo el esfuerzo de nuestro patriotismo acrisolado. Por eso, si en el -Parlamento, como la Europa ha visto, fui implacable con los hombres de -la situación, lo fui mucho más, lo estoy siendo todos los días en el -terreno de mis personales relaciones con todos ellos. Momentos antes -de salir de Madrid, decía yo al Presidente del Consejo de Ministros: -«Esa que ustedes siguen es una política de aventuras; y ciegos están -si no ven que con ella está el país al borde de un abismo... El país -no quiere utopías; el país quiere hechos prácticos; el país quiere -re<span class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span>formas tangibles -y beneficiosas; el país quiere economías positivas; y ustedes, para -corresponder a sus justos anhelos, le dan la dictadura en Hacienda, el -cáos en la política y el desconcierto en todo.»</p> - -<p>—¡Bravo! —exclamará aquí uno de los oyentes que más arriman los -asombrados ojos a los crespos bigotes del orador—. Y él, ¿qué le -respondió a Vd.?</p> - -<p>—¿Qué me respondió? —replicará S. E. mirando al interpelante como si -fuera a tragársele, y recorriendo luego el grupo con la vista airada, -haciéndole desear por un buen rato la respuesta—. Lo de siempre: que el -estado del país; que el desbarajuste de las pasadas administraciones; -que los compromisos contraídos; que la demagogia; que la revolución -latente; que la necesidad de cimentar las instituciones... ¡Farsa, -señores, farsa todo!</p> - -<p>—¡Pues es claro! —responderá el coro.</p> - -<p>Y el orador, después de pasear otra vez la vista por los -circunstantes, sin añadir<span class="pagenum" id="Page_31">p. -31</span> una sola palabra, erguirá la cerviz, fruncirá el ceño, y -continuará su paseo.</p> - -<p>Y así hasta el infinito.</p> - -<p>Por la noche, aquellos mismos complacientes y complacidos caballeros -le acompañan al <i>Círculo de Recreo</i>; y dicho se está que le -llevan, medio en triunfo, al salón del <i>Senado</i>, venerable -mansión donde, al revés de la cárcel del mísero Cervantes, «toda -<i>comodidad</i> tiene su asiento y <i>ni el más leve</i> ruido hace su -habitación.»</p> - -<p>Allí se levantan los más autorizados <i>señores</i> al ver al -recién llegado, cédenle la poltrona presidencial; y, alargando tirios -y troyanos el pescuezo y los hocicos (<i>intentique ora tenebant</i>, -que dijo el otro) dispónense a escuchar, sin perder sílaba, la -quincuagésima octava variante sobre el consabido tema...</p> - -<p>Que sigue y se reproduce también en el camino del Sardinero, que -gusta S. E. de recorrer a pie, muy a menudo.</p> - -<p>Y así va corriendo la temporada, salpi<span class="pagenum" -id="Page_32">p. 32</span>mentando sus solaces con tal cual visita a -éste o al otro personaje que veranea en la playa, o pasa de largo para -el extranjero.</p> - -<p>Al fin del verano se le lleva un día a ver el Instituto, y otro a -la Farola de Cueto, que, por lo visto, es todo lo monumental que aquí -tenemos, digno de que lo vean esos señores; y hasta el año que viene, -si para entonces no está S. E. en candelero... o en las Marianas, que -de todo se ha visto.</p> - -<p>Cuando el personaje montó en el coche que le llevó a visitar la -Farola, se notó que le acompañaba una señora, sobrado vulgar de -aspecto, y nada joven, por las trazas. Aquella señora era la suya; y -entonces se la vio en público por primera vez.</p> - -<p>Extrañó mucho la gente reparona que un señor de tal fachada y -de tantos requilorios, hubiera elegido una compañera de tan vulgar -modelo.</p> - -<p>Pero estos reparones no reparan que<span class="pagenum" -id="Page_33">p. 33</span> los hombres no nacen para ser personajes -como los príncipes para ser reyes; y así les sucede a muchos lo que al -cosaco Kalmuff, que «como no esperaba llegar a sargento, descuidó un -poco la letra»; es decir, que como al verse abogados sin pleitos, o -<i>temporeros</i> de una modesta tesorería de provincia, o alféreces -de reemplazo, no pudieron soñar que el viento de una revolución, o -los caprichos de la fortuna los colocasen en las mayores alturas del -presupuesto, no se les ocurrió entonces tomar una señora de majestuoso -porte, para reflejar en ella en el día de la apoteosis los relumbrones -del oficio.</p> - -<p>Mas a esto dicen también las gentes, que en España todos los -hombres, en cuanto llegan a serlo, debieran prepararse para lo más -grave, porque parece ser, y varios hechos lo atestiguan, que, por una -rara excepción de la naturaleza, <i>todos los españoles servimos para -todo</i>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span></p> - <h2 class="nobreak">LAS INTERESANTÍSIMAS SEÑORAS.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Generalmente son dos: rubia la una, morena la otra; pero esbeltas -y garridas mozas ambas. Arrastran las sedas y los tules como una -tempestad las hojas de otoño. De aquí que unos las crean elegantísimas, -y otros charras y amaneradas. Pero lo cierto es que los otros y los -unos se detienen para verlas pasar, y las ceden media calle, como -cuando pasa el rey.</p> - -<p>Como nadie las conoce en el pueblo, las conjeturas sobre -procedencia, calidad y jerarquía, no cesan un punto.</p> - -<p>El velo fantástico de sus caprichosos sombrerillos, que llevan -siempre sobre la<span class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span> cara, -es el primer motivo de controversias entre el sexo barbudo. Si aquellos -ojos rasgados, y aquellas mejillas tersas, y aquellos labios de rosa -que se ven como entre brumas diáfanas, son primores de la naturaleza, o -artificios de droguería. Esta es una de las cuestiones. Pero aunque se -resolviera en favor de la pintura, no sería un dato; porque ¿qué mujer -no se pinta ya?</p> - -<p>Otra duda: ¿dónde viven? Se averigua que se hospedaron en una fonda -muy conocida, a su llegada a Santander, y que permanecieron en ella -tres días, durante los cuales las acompañó por la calle varias veces un -inglés <i>cerrado</i>.</p> - -<p>Primera deducción: que son inglesas.</p> - -<p>A esto replica un curioso que las siguió entonces muy de cerca, -que siempre hablaban por señas a su acompañante, y que le decían -«<i>aisé</i>» para llamar su atención. Dato feroz: de él se -desprende que no son inglesas, ni tienen la más esmerada edu<span -class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>cación, puesto que usan ese -vocablo con que el tosco populacho bautiza a todo extranjero cuando -quiere decirle algo.</p> - -<p>Pero un joven optimista hace saber que esa palabra es compuesta de -dos inglesas, muy usuales en la conversación, y que equivalen a <i>digo -yo</i>, o mejor aún, a nuestro familiar <i>oiga usted</i>.</p> - -<p>Se desecha el dato desagradable.</p> - -<p>Ignorándose dónde viven después que salieron de la fonda, se las -sigue discretamente con objeto de averiguarlo. Trabajo inútil. Como si -el pueblo fuera para ellas tramoya de magia, desaparecen en el punto y -hora que les convienen.</p> - -<p>Estas contrariedades excitan doblemente la curiosidad y multiplican -la suma de los curiosos y de los admiradores, cuya voracidad fomentan -ellas, sin pretenderlo quizá, exhibiéndose con nuevas y más atractivas -galas, y más sandunguero garbo.</p> - -<p>A todo esto, los que las suponen de <i>solar conocido</i> alegan que -las han visto en<span class="pagenum" id="Page_38">p. 38</span> el -teatro, en dos butacas. Pero esto es poco y equívoco.</p> - -<p>Otros, de mejor instinto investigador, declaran que las vieron, días -antes, salir de la iglesia: este es mejor dato, sin duda.</p> - -<p>Pero otro mucho más elocuente se ofrece a los pocos días.</p> - -<p>Se las ve en el baile campestre, lo cual, ya lo sabe el lector, -constituye aquí casi una ejecutoria de limpia prosapia.</p> - -<p>Sin embargo, todavía no resuelve ni aclara nada este dato. -Asistieron a la fiesta, aunque con intachable arreo, solas como -de costumbre. Se observó que no quisieron bailar, no obstante las -muchas invitaciones que otros tantos despreocupados las hicieron. La -incipiente juventud no se atrevió a tanto desde que notó que las damas -<i>distinguidas</i> las miraban de reojo.</p> - -<p>Esto era muy significativo. No pudo averiguarse, por más que se -registraron al otro día los billetes de convite entregados<span -class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> al portero del salón, qué -socio las había dado la credencial para entrar allí.</p> - -<p>Inútil es decir que estas nuevas confusiones excitan más y más el -afán de las conjeturas acerca de las desconocidas. Las señoras del -pueblo comienzan a ocuparse de ellas con alguna vehemencia, y también -se dividen en pareceres.</p> - -<p>No falta ya quién asegura que son dos princesas rusas que se han -propuesto darse, a todo gusto, un paseo por Europa. Pero como hay -también quien afirma que hablan el castellano, y hasta con cierto -dejillo andaluz, se conviene en que <i>serán</i> dos sevillanas de buen -humor, cuyos maridos llegarán de un momento a otro.</p> - -<p>Esta suposición coincide con el aserto de un curioso, de que, según -noticia de Pedro, tomada de Juan, que a su vez la tomó de Felipe, las -dos incógnitas tienen letra abierta en una casa de comercio, de las más -respetables de la plaza.</p> - -<p>Y entonces es cuando empieza a vaci<span class="pagenum" -id="Page_40">p. 40</span>lar la repugnancia que hacia ellas sentía -la femenil sociedad indígena. Y tanto vacila y tanto decae, que si -a la sazón no asisten aquellas al más encopetado baile particular, -o a la tertulia más <i>entonada</i>, es o porque no ha habido una -disculpa para invitarlas, o porque ellas no han querido aceptar la -invitación.</p> - -<p>Tal sube y baja en el humano criterio el concepto que en él se -forjan los hombres... y las mujeres, dejándose seducir por las -apariencias.</p> - -<p>Un día se observa que al pasar junto a uno de esos forasteros -bullidores y omniscientes, en lo que respecta a pueblos, tipos y -costumbres, y de quien hablaré al lector más adelante, le sonríen con -inusitada familiaridad, a cuyo agasajo corresponde él flagelando el -vestido de la rubia con dos golpecitos de bastón.</p> - -<p>Entonces se le asedia, se le acosa, se le marea con preguntas de -todos los colores.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_41">p. 41</span>Asómbrase el -interpelado del asombro de los interpelantes, y dales una respuesta -brevísima.</p> - -<p>—¡No es posible! —se le replica.</p> - -<p>—Con verlo basta, caballeros.</p> - -<p>Desde el día siguiente se las mira en la calle como a <i>gente -conocida</i>, y se observa un hecho bien opuesto a todo lo usual y -corriente en el trato social; y es a saber, que a medida que van ellas -ensanchando sus relaciones entre los antes codiciosos de sus miradas y -preferencias, van éstos escatimándoles sus atenciones en público; es -decir, que más se aíslan cuanto más se comunican.</p> - -<p>Muy poco tiempo después tiene lugar el completo eclipse de estos dos -astros, que aparecieron entre los de primera magnitud.</p> - -<p>Y llamo <i>completo</i> al eclipse, porque se necesita un ojo muy -avezado a la observación para distinguirlos, de vez en cuando, en las -alturas de un palco segundo del<span class="pagenum" id="Page_42">p. -42</span> teatro, oscurecidos ya por la luz de una candileja; o -describiendo, como fuegos fatuos, caprichosos giros y recortes en el -Muelle, al desembarcar en él los indianos de un vapor-correo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_6"> - <p><span class="pagenum" id="Page_43">p. 43</span></p> - <h2 class="nobreak g1">UN ARTISTA.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>—¿Gusta Vd. que le sirva, cabayero?</p> - -<p>—Sí, señor.</p> - -<p>—Sírvase Vd. tomar asiento aquí... ¿Qué va a ser?</p> - -<p>—¿Cuál?</p> - -<p>—Digo si gusta Vd. cortarse, rizarse...</p> - -<p>—Quiero que me afeiten.</p> - -<p>—Al momento, cabayero... ¿Le gusta a Vd. así el respaldo? ¿Quiere -Vd. que le suba..., que le baje?</p> - -<p>—No, señor.</p> - -<p>—Muy bien. ¿Fría, o caliente?</p> - -<p>—Como a Vd. le dé la gana, con tal que me afeite pronto y bien.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span></p> - -<p>—¡Oh! como una seda, cabayero... Un poquito más alta la barbiya, -si Vd. gusta... Así... ¿Qué calores tenemos, eh? ¡Cómo se estará -asando aquel Madrí!... ¿Hace mucho que no ha estado Vd. por Madrí, -cabayero?</p> - -<p>—Y ¿qué sabe Vd. si yo he estado allá alguna vez?</p> - -<p>—¡Oh! yo le conozco a Vd.</p> - -<p>—Pues que sea por muchos años.</p> - -<p>—Sí, señor. Cuando vino Vd. a cortarse el pelo anteayer, me lo dijo -el chico que le sirvió a Vd.</p> - -<p>—Es decir, que es Vd. nuevo en esta peluquería.</p> - -<p>—Ocho días hace que llegué de Madrí.</p> - -<p>—Como en verano se aumenta la parroquia...</p> - -<p>—No, señor: yo he venido <i>de placer</i>; quiero decir, a baños.</p> - -<p>—Vamos, afeita Vd. por recreo.</p> - -<p>—Hágase Vd. cuenta que sí; porque lo que sucede es de que al saberse -que yo ha<span class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span>bía venido, me -solicitó el maestro; y yo, por hacerle un favor...</p> - -<p>—Ya lo comprendo.</p> - -<p>—Como a mí, en dejándome tiempo para bañarme, una hora para el café -y otras dos para ir con los amigos al paseo, no me hace falta el resto -del día...</p> - -<p>—¿Y todos los años viene Vd. a bañarse aquí?</p> - -<p>—No, señor. Esta es la primera vez; pero otros amigos de mi arte -han venido otros veranos, y me han hablado muy bien de este pueblo. -Lo demás, yo siempre <i>he salido</i> a San Sebastián. Hay muy buena -sociedad allí.</p> - -<p>—De modo que Vd. no piensa quedarse todo el año en esta barbería.</p> - -<p>—¡Qué ha dicho Vd! ¡Dejar yo aquel Madrí... Madrí de mi alma!... -Desengáñese Vd. cabayero; nosotros, los artistas, acostumbrados a aquel -mundo, no servimos para provincias.</p> - -<p>—Según eso, nacería Vd. allí.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>—Naturalmente, -cabayero.</p> - -<p>—Lo supongo; y supongo también que será extremada la necesidad que -tiene Vd. de los baños de mar, cuando sale Vd. todos los veranos a una -miserable provincia para tomarlos.</p> - -<p>—Yo le diré a Vd. lo que hay. Mi papá estuvo en Ultramar muchísimo -tiempo desempeñando un buen destino, y a los dos años de venir él de -allá, nací yo... Por cierto que mi mamá tuvo un parto atroz... ¿Hace -daño?</p> - -<p>—¿Cuál, hombre?</p> - -<p>—La navaja.</p> - -<p>—Va «como una seda.»</p> - -<p>—Es claro... Pues verasté. Yo me crié muy delicadito, y los médicos -decían que unos tumores como puños que me salían en salva la parte, -eran <i>escrúfulas</i>, <i>ínticas</i> a las que papá había traído de -América.</p> - -<p>—Pero las llevaría ya de España.</p> - -<p>—No señor, los cogió allá.</p> - -<p>—Yo creía que las escrófulas no se adquirían así tan de repente.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_47">p. 47</span></p> - -<p>—Por eso decían los médicos, cabayero, que cuando las -<i>escrúfulas</i> se cogen de golpe y a esa edad, ya no se sueltan; y a -más a más se pegan.</p> - -<p>—Ya me voy enterando.</p> - -<p>—Como que mamá, que nunca las había tenido de joven, se fue a -la sepultura llena de ellas... Pues verasté: y criándome yo tan -delicadito, dijeron los médicos que necesitaba poco trabajo y mucho -baño de mar. Por eso nunca pude ir al colegio; que, por lo demás, mi -papá quería que yo estudiara para ingeniero. Pero papá era muy liberal, -y murió en la Plaza de la Cebada... de un tiro, cuando la revolución -del cincuenta y cuatro. Entonces mi mamá no pudo con el susto, se -le metieron en el cuerpo las <i>escrúfulas</i>, y murió también. -Quedándome yo huérfano y con pocos recursos, me dediqué a este arte, -y con él voy viviendo, gracias a los baños de mar que tomo todos los -veranos... ¿Quiere Vd. que le descañone?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_48">p. 48</span>—Haga Vd. todo lo de -costumbre.</p> - -<p>—Y Vd., cabayero, ¿no se da luego una vuelta por Madrí? Conocerá Vd. -allí mucha gente.</p> - -<p>—No tanta como Vd.</p> - -<p>—¡Oh! yo conozco a todo el mundo... Sobre todo, artistas y -literatos.</p> - -<p>—¡Anda!</p> - -<p>—No sé si vendrá este año por aquí Benito.</p> - -<p>—¿Qué Benito?</p> - -<p>—Galdós.</p> - -<p>—Parece que le trata Vd. con mucha confianza.</p> - -<p>—Muchísima. Cuando salí de Madrí quedaba él dando las últimas -<i>plumeadas</i> a un libro muy bonito que va a publicar en seguida.</p> - -<p>—Se le leería a Vd.</p> - -<p>—Porque yo no quise que se molestara, no me le leyó; pero hablamos -de él, así, por encima.</p> - -<p>—Vamos, le gustará su parecer de Vd.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span></p> - -<p>—Aunque yo no debiera decirlo... ¿No ve Vd. que no se riza con nadie -más que conmigo?</p> - -<p>—Es extraño eso; porque yo juraría que gasta el pelo rapado.</p> - -<p>—Efectivamente: pero yo me refería a la barba.</p> - -<p>—Siempre se la vi afeitada.</p> - -<p>—Pues se la afeito yo, cabayero.</p> - -<p>—¡Ah! ya.</p> - -<p>—Y la misma intimidad tengo con Adelardo Ayala. Pues ¿y con -Campoamor?... El primero que le dio la mano cuando se <i>echó</i> el -último <i>dracma</i> suyo, fui yo. «Gracias, chico —me dijo—, y créete -que estimo tu enhorabuena como la mejor.»</p> - -<p>—De modo que trata Vd. a toda la literatura por debajo de la -pata.</p> - -<p>—Hágase Vd. cuenta que a toda... ¡Qué <i>chicos</i>! Tienen la -gracia de Dios... Pues ahí está <i>Lagartijo</i> que dice en el -<i>Imperial</i> a voz en cuello, que la tarde que no estoy yo en la -plaza no sabe dar un volapié. ¡Ese sí que <i>tiene sombra</i>!</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_50">p. 50</span>—¿El -<i>Imperial</i>?</p> - -<p>—No, señor, <i>Lagartijo</i>... Así decimos en Madrí... Cosas -de esos chicos del <i>Gil Blas</i>. Aquí, en provincias, tiene uno -que mirarse mucho para hablar, porque enseguida se <i>escama</i> la -gente.</p> - -<p>—Ya ve Vd., la ignorancia...</p> - -<p>—Es natural; porque no están, como uno, al tanto de las cosas del -día..., pero allí, aunque no se quiera, hay que <i>estruirse</i>... -Misté, cabayero; yo estoy todo el año en la peluquería de Prats, -que es la mejor de Madrí. Allí el literato; allí el músico; allí el -diputado... Para que Vd. vea: ocho días antes que Salaverría leyera en -las Cortes los presupuestos últimos, sabia yo todo aquello del recargo -que tanto dio que hablar. Lo mismo me sucedió con lo de los fueros. Así -es que yo tengo a montones las papeletas para las trebunas de orden; y -si no voy a todas las sesiones, es porque, para mí, todo lo que no sea -hablar Emilio, o Roque Barcia...</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span>—De modo que es Vd. -de los que llaman «de la cáscara amarga.»</p> - -<p>—Pues ahí verá Vd... No, señor. Por de pronto, yo no soy ya hombre -de opinión, porque los desengaños me han hecho <i>ateo</i> en política; -pero, de estar por alguno, más bien estoy por los de guante blanco, -que, al cabo, se peinan y se afeitan, y son, como el otro que dice, -parroquianos de uno. Es que esos oradores yo no sé qué tienen para mí. -Bien séase que no los entiendo, o que lo dicen con cierto... Vamos, -ello es que me llevan detrás, como si me <i>dechizaran</i>... Aquí, en -provincias, estarán ustedes poco al tanto de esas cosas.</p> - -<p>—Nada, hombre, nada.</p> - -<p>—Es natural. Les falta el roce y la... Allí da gusto; de todo se -trata y en todo se ilustra la persona... ¿Descañono más?</p> - -<p>—Está bastante.</p> - -<p>—¿Fría, o caliente?</p> - -<p>—De la más fría.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_52">p. 52</span>—Tenga Vd. la bondad -de <i>ensugarse</i> con esta <i>toballa</i>. Le daré a Vd. unos golpes -de peine.</p> - -<p>—¿En dónde?</p> - -<p>—En el pelo... ¡Oh, cabayero, qué antigua es ya esa moda que Vd. -<i>lleva</i>! Ahora, en Madrí, todos los chicos <i>distinguidos</i> -llevan el pelo en <i>bandós</i>...</p> - -<p>—Sí, ¿eh? Pues deje Vd. lo mío como está, y así seré mucho más -<i>distinguido</i>.</p> - -<p>—Como Vd. guste, cabayero... ¿Conque también tienen ustedes ya -tranvía?</p> - -<p>—Así parece.</p> - -<p>—Han querido imitar al de Madrí. ¡Aquel sí que es tranvía!</p> - -<p>—Mejor que éste, ¿eh?</p> - -<p>—¡Qué tiene que ver! Sin embargo, cabayero, para una provincia, éste -es todo lo que se puede pedir.</p> - -<p>—Ya me hago cargo. Además, aquel recorre sitios más amenos.</p> - -<p>—¡Muchísimo más! Recoletos, la calle de Alcalá, la Mayor, Palacio, -el barrio de<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> Pozas..., -todo Madrí; conque, figúrese Vd.</p> - -<p>—Al paso que aquí, Molnedo, San Martín, la Magdalena, el -Sardinero...</p> - -<p>—Eso es: mucho prado, mucha mar..., rústico todo. Pero no hemos de -pedir en una provincia las ventajas de un Madrí. ¡Cuántas tiene Vd. -en España todavía mucho más atrasadas que ésta! Pero ya irán ustedes -entrando poco a poco. Por de pronto, la buena sociedad madrileña que -les visita todos los veranos, ya adorna esto, y algo ilustra. Misté; -el domingo fui yo en el tranvía, y se me figuraba que estaba en Madrí. -Todos los pasajeros éramos de allá, y todos conocidos. Así es que la -gente se nos quedaba mirando cuando nos apeamos.</p> - -<p>—¡Qué le parece a Vd.!</p> - -<p>—Lo mismo me sucede cuando voy por las mañanas a tomar el baño. -Toda la gente que anda por el arenal y por la galería, somos de Madrí. -De modo que todo se le vuelve a uno saludar. Le digo a Vd.,<span -class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> cabayero, que algunas veces -me parece que estoy en el <i>Prao</i>, y me da tristeza.</p> - -<p>—¿Por qué, hombre?</p> - -<p>—Ya ve Vd. la <i>diferiencia</i>. Cuatro peñascos, un arenal y <i>un -poco</i> de agua. Compáreme Vd. esto con aquel gentío de carruajes, con -aquellos palacios y aquel <i>vaivién</i> de sociedad, que a veces no -<i>cabemos</i> en el salón..., porque, créame Vd., cabayero, aquello -es <i>la mar</i> de elegancia... Esto no es decir que el Sardinero sea -del todo malo, pues, para una provincia, no puede pedirse más; pero -desengáñese Vd., a los que estamos hechos a aquel Madrí... ¡Ay, Madrí -de mi alma!... Está Vd. servido, cabayero.</p> - -<p>—Muchas gracias, amigo.</p> - -<p>—Me alegraré haberle dado gusto.</p> - -<p>—Pues vaya Vd. alegrándose.</p> - -<p>—Ya lo sabe Vd.; por ahora, desgraciadamente, aquí; desde el mes -que viene, calle del Carmen, peluquería de Prats, para cuanto se le -ocurra.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>—No olvidaré las -señas. Conque agur, y aliviarse de las <i>escrúfulas</i>.</p> - -<p>—Tantísimas gracias... Beso a Vd. su mano, cabayero.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_7"> - <p><span class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span></p> - <h2 class="nobreak g1">UN SABIO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Al siguiente día de su llegada a Santander, o acaso sin sacudirse -el polvo del camino, dáse a conocer en tertulias y corrillos diciendo, -con la mayor impavidez, que España es un país de estúpidos, y que -la capital de la Montaña es el último rincón del país, puesto que -no hay un solo montañés que conozca <i>la telematología</i>, ni -la <i>filosofía del sentimiento estético en sus relaciones con la -actividad del yo pensante, en, dentro, sobre, sobre en y por debajo -de la conciencia universal</i>. Pero esta ignorancia no le sorprende -en un pueblo en que <i>todavía</i> oyen misa los hombres que se -llaman ilus<span class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>trados, -y desconocen a <i>Jeeéguel</i> (muy arrastrada la J) o Hegel, como -decimos las personas vulgares.</p> - -<p>Y ahora que el lector sabe algo sobre la venida de este huésped, voy -a decirle otro poco acerca de su procedencia.</p> - -<p>La humana debilidad tiende, por instinto, a lo más cómodo, hacedero -y comprensible.</p> - -<p>Por eso a los grandes apóstatas, aunque arrastrados a la apostasía -por el demonio de la soberbia, o de la codicia, o de la concupiscencia, -nunca les han faltado inocentes que formen su cortejo.</p> - -<p>Pero llegó el siglo <span class="allsmcap">XIX</span>, hijo legítimo -de la glacial filosofía del <span class="allsmcap">XVIII</span>, y la -masa dócil a tantas voluntades durante tantos siglos de controversias -y de charlatanes, endurecióse como el mármol, y hasta el más lerdo -se convenció de que en estos días esplendorosos, de luz y de -<i>pronunciamientos</i>, ya no cabe el cisma, por la sencilla razón -de que el que se separa de la<span class="pagenum" id="Page_59">p. -59</span> verdad católica no es para proclamar otra <i>creencia</i>, -sino para dudar de todas; y dudar de todas equivale a carecer de -entusiasmo, que es hijo de la fe; y careciendo de fe y de entusiasmo, -no cabe la disputa, ni por consiguiente la escuela. Es decir, que -los disidentes de la verdad «ya no creen en brujas,» o, hablando más -en carácter de <i>época</i>, están «curados de espantos,» en plena -<i>despreocupación</i>. Deducción lógica de esto: No puede darse una -ocasión que sea menos a propósito que la presente para fundar sectas -religiosas y sistemas filosóficos.</p> - -<p>Pues bien, lector; en ninguna otra, desde que el mundo es mundo, -se han hecho mayores esfuerzos para arrastrar a la razón humana a -los extremos que más la repugnan; jamás se ha visto mayor cúmulo -de desatinos presentados como armas de seducción, unos en el campo -religioso, otros en el filosófico y otros en el de la política; -siendo inútil advertir que<span class="pagenum" id="Page_60">p. -60</span> todas estas agrupaciones, tan diferentes entre sí, coinciden -en un punto: el consabido odio <i>a las viejas instituciones y -creencias</i>.</p> - -<p>Ni de los fundadores, ni de los pontífices, ni de los apóstoles -(aunque todo ello suele andar en una sola pieza) de estas doctrinas, -ni siquiera de los adeptos que lo sean <i>de veras</i>, voy a ocuparme -aquí, gracias a Dios.</p> - -<p>Pero es el caso que alrededor de estas colmenas de insípida melaza, -bulle de continuo un enjambre de zánganos impresionables, que, so -pretexto de un amor desmedido a lo <i>nuevo</i> y a lo <i>fuerte</i>, -pero incapaces de elaborar cosa propia, aunque sea mala, van chupando, -a hurtadillas, cien desatinos de la filosofía, cincuenta extravagancias -de lo religioso y doscientas majaderías de la política; y con estas -provisiones en el buche, mal digeridas, así por falta de jugos como -por la indigesta condición de lo engullido, échanse zumbando por esos -mundos de Dios, y<span class="pagenum" id="Page_61">p. 61</span> aún -pretenden elevar su vuelo hasta las águilas, porque les han dicho que -aquello que les nutre el menguado entendimiento se llama <i>ciencia -moderna</i>.</p> - -<p>Uno de estos <i>sabios</i> es el huésped consabido.</p> - -<p>Y ya que tampoco ignoras de dónde viene, continúo leyéndote todas -las señas particulares de su pasaporte.</p> - -<p>Generalmente es <i>tipo</i> por su figura, o por el corte de su -vestido, y joven; porque no se concibe que pueda llegar nadie a la edad -de las canas con tantos grillos en la cabeza.</p> - -<p>Ni la experiencia, ni la erudición más vasta en el campo de los -<i>viejos sistemas</i>, le merecen el menor respeto; porque él ha -asistido durante dos meses a una cátedra de filosofía krausista en -la universidad de Madrid, y sabe, por boca de uno de los oráculos -españoles de esta escuela alemana, que «<i>cada filósofo debe construir -su propia ciencia sin necesidad de abrir un libro</i>.» Y<span -class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> tan al pie de la letra ha -tomado el consejo, a tal extremo ha llevado el asco a los libros, que -ni siquiera conoce la gramática castellana.</p> - -<p>Ya hemos visto, al dársele a conocer al lector, qué desparpajo le -presta o le infunde esta <i>ilustrada</i> ignorancia; mas como aquella -tesis la repite donde quiera que halla tres hombres reunidos, y como no -es raro que entre tantos haya muchos a quienes sobre de buen sentido lo -que les falte de <i>ciencia moderna</i>, su temporada de verano es una -pelea sin tregua ni sosiego.</p> - -<p>Porque es de advertir que, aunque de pronto se le escucha como quien -oye llover, una vez <i>metido en barro</i> ya no hay paciencia que -sufra tantas salpicaduras al sentido común, única <i>ciencia</i>, a mi -entender, que se <i>construye</i> sin abrir un libro, por la sencilla -razón de que no hay libro que enseñe a construirla cuando Dios ha -negado a alguno la <i>materia prima</i>.</p> - -<p>Sin este lastre en la cabeza, claro es<span class="pagenum" -id="Page_63">p. 63</span> que, como todo lo henchido de aire, o menos -pesado que él, este sabio, no bien se agita un poco, ya está dando -tumbos por el espacio y perdiéndose de vista en el infinito. Por -eso lo primero que <i>discute</i>, y con doble afán si hay mujeres -en el auditorio, es a Dios, es decir, al <i>Dios de las viejas -creencias</i>.</p> - -<p>Eso de <i>Dios Trino y Uno</i>, tiénelo él por logomaquia.</p> - -<p>La <i>conciencia humana</i> no siente este concepto <i>absurdo</i>; -la mente, por tanto, no le penetra, no le alcanza.</p> - -<p>Entonces es la ocasión de echar atrás las solapas del levisac, poner -la cara hosca, y lanzarse sobre los ignorantes con este párrafo que, -según el sabio, es claro, perceptible y concluyente:</p> - -<blockquote> - - <p>«<i>Dios es el absoluto ser, en su total unidad e integridad, - como lo que es y de lo que es, en la esencial sustantiva unión - y composición del ser y del existir, del conocer y del pensar, - dándose y determinándose en, dentro y<span class="pagenum" - id="Page_64">p. 64</span> debajo de la unidad, sabiéndose de sí, - para sí y consigo, congrua, individual y homogéneamente, antes y - sobre toda determinación concreta de la materia caótica en tiempo - y espacio, medio en que lo objetivo y lo subjetivo recíprocamente - comulgan.</i>»</p> - -</blockquote> - -<p>En seguida apoya su aserto con la autoridad de los <i>santos</i> -padres, o pontífices de <i>su</i> iglesia, Krause, Sanz del Río y -Salmerón, mira en derredor de sí con cara de lástima, y pasa a otra -cosa.</p> - -<p>Nada le <i>repugnaba</i> tanto cuando él <i>era</i> católico «por no -disgustar a su <i>pobre</i> madre que creía como una <i>inocente</i> -todas <i>esas cosas</i>,» como los milagros, lo sobrenatural: y lo del -premio y el castigo inmediatos a la muerte del cuerpo, ni más ni menos -que si Dios llevara una cuenta corriente a cada una de sus criaturas. -Esto es empequeñecer la idea, agraviar a la razón humana que es un -destello divino, etc., etc.</p> - -<p>Y he aquí que comienza a cantar endechas al <i>espiritismo</i>, de -cuya secta se decla<span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>ra -partidario y hasta miembro integrante. Y siendo espiritista, cree, por -ende, y así lo manifiesta, que los espíritus vagan por el espacio, -ramoneando de planeta en planeta, como carneros trashumantes, para -purificarse por una serie de trasmigraciones, hasta que Dios los llame -junto a sí, después de juzgarlos dignos de Él: cree, por tanto, en -los metaespíritus, y que el hombre está en la tierra, de tránsito, -procedente ya de otro planeta, o de otra criatura de diferente -condición social o naturaleza, y ni siquiera niega que pueda él mismo -haber sido asno tiempos atrás, por más que —¡otro contrasentido!— no -le guste que se lo llamen. En fin, repugnándole todo lo sobrenatural, -y hasta negándolo con indignación, nos cuenta entusiasmado que se pasa -las horas muertas hablando mano a mano con el espíritu de Confucio... o -con el de Sancho Panza (pues inspirados <i>eruditos</i> hay en la secta -que se lo han tragado), si es <i>medium</i>, por<span class="pagenum" -id="Page_66">p. 66</span> su propia virtud, y si no, por el del hermano -que la posea; y le cuentan que esto está perdido, y que la Iglesia -caerá, y que prevalecerá lo que quieran Bassols, Solanot y otros -cuantos apóstoles de la doctrina famosa... Y todo esto y mucho más se -lo cuentan en parábolas y rengloncitos entrecortados, que necesitan -luego una interpretación no poco ingeniosa.</p> - -<p>También en este trance tapa la boca a los incrédulos que se ríen -al oírle, con nombres propios. En seguida enjareta una letanía de los -más sonados en España entre políticos y militares, los cuales sujetos -hacen lo mismo que él, y <i>aliquid amplius</i>, en esas conferencias -con los espíritus; cuya prueba, no por ser irrecusable, porque es -la pura verdad, levanta un ápice la cuestión ante el testarudo y -arranciado sentido común que escucha al sabio; pues se obceca aquel -inconquistable tribunal en sostener que en ninguna parte hay reunidas, -en menos terreno, más extravagan<span class="pagenum" id="Page_67">p. -67</span>cias, más monomanías, más opuestas condiciones sociales que en -un manicomio, y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido tomar por lo -serio aquella algarabía de insensatos.</p> - -<p>Indígnale también que existan <i>todavía</i> hombres que se llaman -ilustrados sosteniendo que la raza humana, entera y verdadera, procede -de Adán. Parécele absurda esta <i>teoría</i>; y buscando otra más -verosímil, y hasta solar más noble a la humanidad, agárrase a Darwin, -y pónese muy hueco al declarar con este otro sabio que el hombre -desciende del mono —cosa que muchos <i>ignorantes</i> no negarían si -todos los ejemplares de la especie fueran idénticos al preopinante—. -Verdad es que el sustentar esta teoría le permite soltar la palabreja -<i>antropiscos</i> o <i>antropoides</i>, que no es despreciable -para un sabio de su calibre, y tapar con ella el resuello al que -le pregunte por la raza que debió llenar el abismo que separa al -cuadrúmano famo<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span>so, del -más estúpido de los hombres.... Por eso me gustan a mí los sabios (y -no aludo ahora al de mi cuento): se tropiezan en sus investigaciones -con un abismo sin fondo, y le cubren con una palabra rimbombante; y -saltando sobre ella, para no sentir el vértigo que les perdería, siguen -adelante tan satisfechos como si la senda no tuviera un bache: todo -menos retroceder ante el precipicio, para buscar otro camino más seguro -y más frecuentado. Digo esto, porque la tal palabreja es la tapadera -que ponen los darwinistas sobre el abismo de su peregrina teoría. ¡Como -si el tal abismo no fuera para ellos toda la cuestión!</p> - -<p>Volviendo ahora a nuestro sabio, digo que si se logra hacerle -descender de esas alturas en que se mece tan a su gusto, y bajar al -mundo terreno, se le ve lanzarse rápido sobre la memoria de los grandes -hombres; porque ésta es de las águilas que no pierden el tiempo cazando -mos<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span>cas. La calidad del -auditorio es lo que menos le importa.</p> - -<p>Así, por ejemplo, al primer tratante en caldos que halla a mano, le -enreda en una discusión sobre Cervantes.</p> - -<p>—<i>Concedo</i> —dice el <i>generoso</i> sabio— que no fue el autor -del <i>Quijote</i> un hombre <i>enteramente vulgar</i>, teniendo en -cuenta la época en que vivió; pero ¿qué materiales dejó preparados -para la <i>arquitectónica</i> de la ciencia moderna? ¿No están sus -obras impregnadas del estúpido fanatismo religioso? Lo mismo a él que a -Calderón les faltó la <i>filosofía de la estética</i>, que les hubiera -enseñado lo poco que valían sus creaciones <i>por sí, mediante, en, con -relación al idealismo trascendental, en cuanto, sobre, antes y después -de</i>.</p> - -<p>Por el mismo procedimiento demuestra el <i>idiotismo</i> de Colón, -la <i>candorosa</i> ignorancia de <i>Agustín</i> (como no cree en -brujas, le suprime la santidad), el espíritu <i>mezquino</i> de -Raimundo Lulio, la <i>charlata<span class="pagenum" id="Page_70">p. -70</span>nería</i> de Balmes, y la sublime metafísica de las coplas de -Mingo Revulgo.</p> - -<p>Ninguno de estos hombres, ni otros infinitos que cita sin pararse -en barras, hicieron cosa alguna en beneficio de la humanidad -<i>progresiva</i>; les faltó la gran idea del símbolo, del -<i>schema</i>, o séase <i>la gráfica determinación en que la naturaleza -y el espíritu se unen en forma de lenteja</i>.</p> - -<p>¿Necesito añadir que la aspiración política de este mozo es ir tan -lejos como puedan llevarle <i>las corrientes de la idea nueva</i>, o -los huracanes de la libertad de su altivo pensamiento?</p> - -<p>Así es, en efecto; y conste que, según propia declaración, para -colocarse en la senda que necesita su razón sin trabas ni cortapisas, -ha comenzado por tomar en una logia masónica el nombre de <i>Wamba</i>, -y por jurar, <i>a oscuras</i>, sacrificarse en cuerpo y alma a la -voluntad de un superior a quien no conoce, sin que le sea lícito -preguntar jamás el <i>por qué</i> ni el <i>para<span class="pagenum" -id="Page_71">p. 71</span> qué</i> de los esfuerzos que se le -<i>impongan</i>.</p> - -<p>En fin, lector ignorante, después de volcar este ollón de potaje -religioso-filosófico-político en plazas, casinos, tiendas y cafés, es -cuando el sabio, para rematar la obra, encaja este ribete, pespunteado -con aires de protección y tono campanudo:</p> - -<p>—Esto se llama, señores, estar penetrado del <i>ideal de la -humanidad</i>; esa ciencia sublime, mediante la cual, el hombre, -<i>artista de su vida, determinándose en todas las esferas de la -actividad, se hace divino en, bajo, mediante Dios</i>.</p> - -<p>Mas, a pesar de la sustancia de este luminoso dato, oigo al -asombrado lector preguntarme: Pero ¿adónde va ese mozo con semejante -galimatías en la cabeza?</p> - -<p>¿Adónde va? En Madrid al Ateneo, si hemos de creerle.</p> - -<p>En Santander, a lo que hemos visto, a difundir la luz; a tomar el -aire... y, <i>aliquando</i>, a la ruleta.</p> - -<p>Mañana... (si antes no se cura) al Lim<span class="pagenum" -id="Page_72">p. 72</span>bo, que es la mansión adonde van a parar los -que en vida tuvieron la enfermedad debajo del pelo.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_8"> - <p><span class="pagenum" id="Page_73">p. 73</span></p> - <h2 class="nobreak g1">UN APRENSIVO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Puede ser de Rioseco, lo mismo que de Palencia o de Zamarramala. -No es viejo, ni tampoco joven, ni rubio, ni moreno, ni alto, ni bajo, -ni rico, ni pobre. Trajo baúl de cuero peludo y sombrerera de cartón. -Hospedóse como pudo, y al día siguiente fue a entregar la carta -de crédito que traía, a su orden, contra una casa mercantil de la -plaza.</p> - -<p>—¿Los señores de Tal y Cual y Compañía?</p> - -<p>—Servidores de Vd.</p> - -<p>—Tenga Vd. la bondad de enterarse de esta esquelita.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span>—Cúbrase Vd. y -siéntese.</p> - -<p>—Muchas gracias.</p> - -<p>—¿Quiere Vd. recibir ahora la cantidad que los Sres. Morcajo y -Compañía nos mandan poner a su disposición?</p> - -<p>—No, señor; iré tomando a cuenta lo que necesite, si a ustedes les -parece.</p> - -<p>—Como Vd. guste. Y ¿cómo están aquellos señores?</p> - -<p>—Tan guapamente... quiero decir, salvo el sobrehueso del D. -Atanasio, que no le deja moverse de la silla cuatro años hace.</p> - -<p>—Eso es lo peor. ¿Y Vd., a lo que parece, se ha venido por ahí a -veranear?</p> - -<p>—No fuera malo, señor mío. Por ese solo placer quedárame en casa, -que los tiempos no están para moverse de ella. Vengo, créalo Vd., por -la necesidad que tengo de tomar los baños.</p> - -<p>—¿Y ya está Vd. instalado?</p> - -<p>—Sí, señor: ahí paro en cá de un paisano, en Santa Clara. Mucha -bestia, mucha<span class="pagenum" id="Page_75">p. 75</span> mosca y -bastante ruido hay; pero como dicen que el olor de la cuadra es bueno -para el pecho, no me pesa haber encontrado eso. Yo mejor querría un -parador con vistas a la mar alta; pero mire Vd. que llegué a dar hasta -doce reales por un cuarto en el Sardinero, y el demontres del posaero -se me echó a reír. Conque volvime ahumando a la ciudad, donde pago -medio duro. Le digo a Vd. que la vida cuesta aquí un sentido. Pero la -pícara necesidad de los baños...</p> - -<p>—Pues hombre, el semblante de Vd. revela mucha salud.</p> - -<p>—Calle Vd., por Dios, que estoy hecho una carraca vieja... Como -que si en este mar no la compongo, no me queda más remedio que la -huesera...</p> - -<p>—¿Ha tomado Vd. ya algún baño?</p> - -<p>—Si llegué ayer, de tardecita; y en un carricoche fui al Sardinero, -y en el mismo me volví, ya de noche, cuando vi lo caro que andaba -por allí el hospedaje. Ahora<span class="pagenum" id="Page_76">p. -76</span> vuelvo allá a enterarme de lo tocante al baño; porque pensar -que me he de meter yo en lo que no conozco, siquiera de oídas, es -pensar los imposibles. Conque, si ustedes no mandan otra cosa, me -alegro de verlos tan buenos, reconózcanme por un servidor, y hasta -otro día, que algunos he de volver, si Dios quiere y la salud me lo -permite.</p> - -<p>—Muchísimas gracias, y que aprovechen los baños.</p> - -<p>—Pues si no me pintan, no será por falta de <i>modo</i> para -tomarlos.</p> - - -<h3>EN LA PLAYA.</h3> - -<p>—Conque, según las trazas, es Vd. bañero.</p> - -<p>—Ya ve Vd.</p> - -<p>—Vaya, pues lo celebro. Yo también vengo a tomar baños.</p> - -<p>—Me alegraré que aprovechen.</p> - -<p>—Así lo espero. Y diga Vd. ¿está esto muy hondo?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span>—Hay de todo. Si se -queda Vd. cerquita...</p> - -<p>—¿Y si entro mucho?</p> - -<p>—Si entra Vd. mucho, hallará más agua.</p> - -<p>—Quiere decir que según voy entrando...</p> - -<p>—Le va a Vd. cubriendo, cubriendo...</p> - -<p>—Eso es, hasta que ¡plaf! se va uno al hondo.</p> - -<p>—Cuando no se sabe nadar...</p> - -<p>—Pues es una broma pesada. Y diga Vd., ¿estarán firmes estas -cuerdas?</p> - -<p>—Ya lo ve Vd.</p> - -<p>—De modo que, bien agarrado uno a ellas, aunque venga la ola de -firme... Diga Vd., ¿de qué lado suelen venir?</p> - -<p>—Hombre, según sople el viento; pero, por lo común, de frente, como -ahora.</p> - -<p>—Quiere decirse..., eso es, que poniéndome de cara hacia afuera, las -recibiré en las espaldas... Pero entonces no veré lo que viene sobre -mí. ¿Cuál le parece a Vd. lo mejor?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>—Eso va en gustos.</p> - -<p>—Como tiene Vd. la experiencia ya... ¿Y si me tiran?</p> - -<p>—No suelte Vd. la cuerda.</p> - -<p>—¿Y si la suelto?</p> - -<p>—Le tiran a Vd.</p> - -<p>—¿Y qué hago entonces?</p> - -<p>—Agarrarse a la arena.</p> - -<p>—¿Es seguro eso?</p> - -<p>—A veces.</p> - -<p>—Pero ¿no están ustedes para sacar de tales apuros?</p> - -<p>—Cuando se nos manda.</p> - -<p>—¿Y si no se lo mandan a ustedes?</p> - -<p>—Nos estamos, como ahora, paseando por el arenal.</p> - -<p>—¿Aunque yo me esté ahogando?</p> - -<p>—Si le viéramos a Vd., y hubiera tiempo...</p> - -<p>—Es decir, que puede no haberle.</p> - -<p>—Ya lo creo.</p> - -<p>—¡Canastos! Pues ¿cómo hay ahora otros bañeros con aquellas -mujeres?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>—Porque los han -pedido y pagado.</p> - -<p>—¡Ah! vamos. Pues yo también tomaré uno... ¿Tiene Vd. mucha -fuerza?</p> - -<p>—¿Para qué la necesita Vd.?</p> - -<p>—Hombre, para un apuro de esos de que íbamos hablando.</p> - -<p>—¿Va Vd. a empezar hoy a bañarse?</p> - -<p>—No señor, mañana. Ahora vengo a tomar informes de esto, porque a -mí no me hace gracia meterme en lo que no conozco... Por de pronto, me -gustaría más la playa si fuera llana, siquiera media legua adentro.</p> - -<p>—Tendría que ver.</p> - -<p>—Dicen que algunas son así.</p> - -<p>—Valientes playas serán esas.</p> - -<p>—¿Quiere decir que ésta es mejor?</p> - -<p>—Como ésta no la hay, hombre.</p> - -<p>—Y el agua, ¿también es buena?</p> - -<p>—De la mejor que se conoce.</p> - -<p>—Pues eso es lo esencial para los que venimos a bañarnos -por necesidad. Y, a propósito: yo quisiera ver al médico del -establecimiento. ¿Andará por acá?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span>—Cabalmente está -ahora en la galería... Mírele Vd.</p> - -<p>—¿Quién es?</p> - -<p>—Aquel señor de la barba negra que está hablando con otro joven -delgadito.</p> - -<p>—Pues voy a verle antes que alguno le comprometa... Conque, amigo, -muchas gracias por todo, y hasta mañana; porque yo desearía bañarme con -Vd.</p> - -<p>—Si estoy desocupado entonces, con mucho gusto.</p> - -<p>—Pues lo dicho, dicho.</p> - -<p>—(Como yo te eche la zarpa, menudo remojón vas a chuparte... ¡Yo te -diré de qué lado viene la mar!)</p> - - -<h3>CON EL MÉDICO.</h3> - -<p>—Saludo a Vd., caballero.</p> - -<p>—Beso a Vd. su mano.</p> - -<p>—Me han dicho que es Vd. el facultativo del establecimiento.</p> - -<p>—Tengo en él mi gabinete de consultas.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>—Es igual. Pues yo -quería consultar.</p> - -<p>—Cuando Vd. guste...</p> - -<p>—Ahora mismo.</p> - -<p>—Pase Vd. a esta habitación... Sírvase Vd. tomar asiento.</p> - -<p>—Muchísimas gracias, señor de... ¿de qué, si no le incomoda?</p> - -<p>—Zorrilla.</p> - -<p>—¡Hombre! Como ese que hace coplas. ¿Son ustedes parientes, por si -acaso?</p> - -<p>—Sospecho que no.</p> - -<p>—Es que es paisano mío ese Zorrilla, y podría Vd. serlo también.</p> - -<p>—Pues hágase Vd. la cuenta de que no lo soy.</p> - -<p>—Vaya, pues lo siento; porque cuando se halla uno con gente de la -misma tierra, le parece que no ha salido de casa... Pero es igual, con -tal que la salud... Pues yo quería consultar sobre la mía.</p> - -<p>—Vd. dirá.</p> - -<p>—¿Cuántos baños cree Vd. que debo tomar yo, de cuánto tiempo y a qué -hora?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_82">p. 82</span>—Si Vd. no me dice -antes por qué los necesita...</p> - -<p>—Pues por la salud.</p> - -<p>—Ya lo supongo; pero la salud se quebranta por mil causas; cada -causa puede dar origen a una enfermedad, y cada enfermedad necesita un -tratamiento determinado.</p> - -<p>—Es verdad, y voy a decirle a Vd. de contado lo que padezco. Pues -amigo de Dios, ha de saberse Vd. que todo ello resulta de un susto que -cogió mi madre el día en que se casó.</p> - -<p>—¡Es raro eso, hombre!</p> - -<p>—¿Por qué?</p> - -<p>—Porque no hallo concomitancia... Si el susto le hubiera cogido -algún tiempo después...</p> - -<p>—Es que yo soy <i>sietemesino</i>.</p> - -<p>—¡Vamos! Eso ya varía de especie.</p> - -<p>—Pues sí señor; se escapó un novillo que se había de correr -aquella misma tarde en la plaza, y arremetió a mi padre en<span -class="pagenum" id="Page_83">p. 83</span> el momento de salir de la -Iglesia con mi madre, después de casados. Mi madre se desmayó al verlo, -vino gente, salvaron a mi padre como de milagro, recogieron a mi madre; -y sobre si tuviste tú la culpa o la tuve yo, armose después en el -pueblo una de palos que el mundo ardía. Mi madre tardó en volver en sí, -pero no echó el susto del cuerpo en mucho tiempo; y puede asegurarse -que en todo el embarazo no fue ya mujer: un soponcio le iba y otro le -venía. De resultas de todo esto, nací yo hecho una miseria, y hágase -Vd. la cuenta que el verme vivo a los siete años le costó a mi padre -un sentido. El ruido de una puerta me tumbaba en el suelo; el aire me -hacía toser; con el frío, sabañones; con el calor, agonías; con el -agua fresca, pasmos; con la templada, vómitos..., en fin, que llegué -de milagro a los diez y ocho años. A esa edad me entoné un poco ya; -y como quedé huérfano y tuve que atender a mis haciendas, el trabajo -y la distracción<span class="pagenum" id="Page_84">p. 84</span> -me arreglaron el cuerpo algo más, y así estoy; pero, créame Vd., -aborrecido de cambiar de médicos y de medicinas. Tan pronto que baños -calientes de esta clase; tan pronto que de la otra; tan pronto que las -del río; hoy que friegas, y mañana que restregones; hasta que un médico -de regimiento que pasó por el pueblo y que venía recomendado a un amigo -mío, me aconsejó que tomara los baños de mar... y aquí me tiene Vd.</p> - -<p>—Bien está; pero todavía no me ha dicho Vd. qué dolencia es la que -principalmente le aflige.</p> - -<p>—Pues todas esas de que le he hablado.</p> - -<p>—¿Cuáles?</p> - -<p>—Mire Vd., por de pronto, el estómago.</p> - -<p>—¿Le duele a Vd.?</p> - -<p>—No, señor.</p> - -<p>—¿Hace Vd. malas digestiones?</p> - -<p>—¡Por ahí!</p> - -<p>—Siente Vd. ardores...</p> - -<p>—¡Quiá! Lo que me pasa es que yo soy<span class="pagenum" -id="Page_85">p. 85</span> de mucho comer, y que en cuanto como algo más -que lo de costumbre, siento aquí un peso...</p> - -<p>—¿Y repugnancia?</p> - -<p>—No, señor; nada más que el peso, que me dura como un par de -horas..., hasta que...</p> - -<p>—Vomita Vd., ¿eh?</p> - -<p>—No, señor, me quedo como un reló... y con un hambre de dos mil -demonios.</p> - -<p>—¡Hola!</p> - -<p>—Y eso es lo que a mí me hace cavilar, porque parece mentira que con -lo que yo como no se me quite el hambre..., y, sobre todo, el peso.</p> - -<p>—Y la cabeza ¿qué tal?</p> - -<p>—La cabeza..., esa es otra más gorda. Cuando tenía veinte años, -resistía yo el sol de la era toda la mañana, en pelo, sin que uno de -ellos me doliera; pues ahora ¡ya te quiero un cuento! a las dos horas -de estar al sol, ya sudo, y me entran los desperezos... Y esto es lo -que también me va dando cuidado.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_86">p. 86</span>—Y es grave, en -efecto.</p> - -<p>—¡Lo ve Vd.!</p> - -<p>—Sí, señor, bastante grave... ¡muy grave!</p> - -<p>—Cuando le digo a Vd. que paso la vida en una agonía... Y lo que más -rabia me da, es que todo el mundo dice que me quejo de vicio, y que -patatín y que patatán... ¡Hasta los facultativos se han reído de mí!... -Conque ¿le parece a Vd. que me sentarán estos baños?</p> - -<p>—Están indicadísimos.</p> - -<p>—Y ¿cuántos?</p> - -<p>—Lo mismo una docena que dos.</p> - -<p>—Yo creí que siempre se tomaban nones.</p> - -<p>—Tome Vd. nones.</p> - -<p>—Así me parece mejor. Y ¿de cuánto tiempo?</p> - -<p>—Hasta que Vd. tirite de frío.</p> - -<p>—Y mientras esté de baños, ¿podré tomar fresco?... porque a mí me -gusta mucho.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span>—A mí también en este -tiempo.</p> - -<p>—Luego ¿cree Vd. que podré tomarlo?</p> - -<p>—A todas horas.</p> - -<p>—¿Antes del baño también?</p> - -<p>—Y después del baño.</p> - -<p>—¿Y para el desayuno también?</p> - -<p>—También para el desayuno.</p> - -<p>—¡Caramba!... Y ¿qué fresco elegiré?</p> - -<p>—El que corra.</p> - -<p>—¿Y si corren varios?</p> - -<p>—Los toma Vd. todos.</p> - -<p>—¡Hombre, será mucho! Yo prefiero la merluza sola.</p> - -<p>—¡Ah! vamos. Vd. me hablaba del pescado.</p> - -<p>—Sí, señor, le llamamos <i>fresco</i> en mi tierra.</p> - -<p>—Pues, en ese caso, tengo que corregir... El mejor pescado para Vd. -es el atún.</p> - -<p>—No me disgusta; pero yo creía que era más <i>pesado</i> que la -merluza. Y ¿a qué hora lo tomaré?</p> - -<p>—Un poco antes de meterse en el baño.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span>—¡Hombre! ¿Y en qué -cantidad?</p> - -<p>—Un par de libras, si caben.</p> - -<p>—¡Yo lo creo!</p> - -<p>—Pues a ello.</p> - -<p>—¿En seco?</p> - -<p>—De ningún modo.</p> - -<p>—Entonces, clarete.</p> - -<p>—Nada de eso; aguardiente es mejor reactivo.</p> - -<p>—Es verdad. Y diga Vd., ¿cómo aprovecha más el baño, entrando poco a -poco o de sopetón?</p> - -<p>—Ni de un modo ni de otro: a Vd. le conviene el trote.</p> - -<p>—Y después me acurruco, agarrado a la cuerda.</p> - -<p>—No, señor; después de darse Vd. una trotada por el arenal...</p> - -<p>—¡Ah! ¿conque ha de ser por el arenal?</p> - -<p>—Precisamente; se echa Vd. de cogote...</p> - -<p>—¿Al agua?</p> - -<p>—Naturalmente.</p> - -<p>—Pero ¿cómo?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span>—¿Sabe Vd. nadar?</p> - -<p>—Como un canto.</p> - -<p>—Entonces véngase Vd. a la galería, y desde allí le enseñaré yo... -¿Ve Vd., a la derecha, aquel peñasco que se mete más que los otros en -el mar?</p> - -<p>—Sí que le veo.</p> - -<p>—Pues desde allí se tira Vd. de cabeza.</p> - -<p>—¡Zambomba!... ¿Y después?</p> - -<p>—¿Después...? Después va Vd. a contárselo a su abuela.</p> - -<p>—Ja, ja, ja... ¡qué buen humor tiene este señor de Zorrilla!... -¡Pues anda! que se ha largado... y sin cobrar la consulta. A bien -que todos los días he de verle después del baño para explicarle el -resultado y pedirle el plan para el siguiente.</p> - - -<h3>EN LA DESPEDIDA.</h3> - -<p>—Conque, vaya Vd. mandando lo que se le ofrezca para mi tierra.</p> - -<p>—¡Tan pronto!</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>—Y la mitad me -sobra.</p> - -<p>—Como vino Vd. a bañarse...</p> - -<p>—A matarme, dirá Vd.</p> - -<p>—Es decir, que no han sentado los baños.</p> - -<p>—En la misma boca del estómago..., y eso tan solo con olerlos. -Conque, ¡figúrese Vd. si llego a probarlos!</p> - -<p>—No comprendo...</p> - -<p>—¿No se acuerda Vd. que le dije que el médico me había mandado -tomar, antes de bañarme, dos libras...</p> - -<p>—Mucho que sí.</p> - -<p>—...Y Vd. se empeñaba en que era una broma del señor de Zorrilla -para darme a entender que yo era un aprensivo, y que torna y que vira? -¡Mal rayo me parta!... Pues bueno: yo que tomo al pie de la letra -todo lo que toca a la salud y al modo de recobrarla, porque la tengo -perdida, aunque diga lo contrario el mundo entero, el día siguiente al -de la consulta me bajé por la mañana al Sardinero, después de haberme -envasado las dos libras de<span class="pagenum" id="Page_91">p. -91</span> bonito y el medio cuartillo de aguardiente. Vestime de -bañista, salíme al arenal, y comencé a trotar en redondo. La gente me -miraba. Eran las diez, y no parecía sino que Dios echaba rescoldo por -el cielo abajo, según las ampollas que sacaba el sol. A la media vuelta -ya sudaba, y a los cinco minutos hubiera jurado yo que el aguardiente -estaba en llamas y el bonito hecho una lumbre... ¡Le digo a Vd. que -aquello era abrasarse vivo! Así es que, a las pocas vueltas, porque las -daba por largo, me caí redondo en el arenal. Acudió la gente, y también -el médico que andaba por allí, hízome echar por la boca hasta los -hígados; y después de llamarme bárbaro muy serio, contó a la gente lo -de la consulta, y acabaron todos por reírse de mí. ¿Le parece a Vd. que -el lance era de risa?... Pues toda esa falta de caridad la enmendó el -facultativo con decirme que cómo él pudo imaginarse nunca que hubiera -un hijo de Adán tan... Adán,<span class="pagenum" id="Page_92">p. -92</span> que tomara en serio lo del bonito y lo del trote antes del -baño; que si lo que yo había tenido en el cuerpo lo mete él debajo de -una peña, la levanta en vilo; que si, hallándome vivo después de lo -ocurrido, no me convencía de que mi salud era de bronce; y, por último, -que no tentara más a Dios, que me volviera a mi pueblo a cuidar de mis -haciendas, y que no aburriera más al prójimo llorando males que no -tenía... Con esta rociada por todo consuelo, me vestí, volvime a la -posada y me metí en la cama a sudar, que poco me costó con el calor que -hacía.</p> - -<p>—¿De manera que ha hecho Vd. el viaje en balde?</p> - -<p>—No lo crea Vd..., y por algo se dijo que «por lo más oscuro -amanece.» Hablando yo de estas cosas, a los tres días, con un compañero -de posada, me dijo que él también había rodado mucho por el mundo -buscando la salud, y que no la había encontrado hasta que se la -dio un curan<span class="pagenum" id="Page_93">p. 93</span>dero, -¡pásmese Vd.!, un remendón que trabaja en un portal de esta misma -ciudad. ¡Y decir a Dios que hay médicos que gastan coche! Pues señor, -que me alegró la noticia, que me animé y que fui a consultar con el -curandero... Le digo a Vd. que es preciso verlo para creerlo. No hizo -más que saber que yo estaba enfermo, y sin dejarme hacerle historia -alguna de la enfermedad, me estiró los brazos hacia adelante, me juntó -las manos, y poniéndome una de las suyas en la boca del estómago, me -dijo: «Vd. tiene toda la maleza en el arca, motivado a que los güétagos -se han arrimado mucho al padrejón, a causa —¡esto es lo más asombroso!— -de que las dos paletillas no encajan bien en el espinazo...» Pues en -esto, señor mío, no ha dado hasta hoy ningún facultativo.</p> - -<p>—Lo creo sin dificultad. ¿Y qué remedio le dio para tan complicada -enfermedad?</p> - -<p>—Uno que me parece tan sencillo como<span class="pagenum" -id="Page_94">p. 94</span> cuerdo: dos parches y un haz de yerbas. Uno -de los parches me coge desde la nuca hasta la <i>curcusilla</i>; el -otro es para encima del estómago.</p> - -<p>—¿Los tiene Vd. puestos ya?</p> - -<p>—No señor; los llevo para ponérmelos en cuanto llegue a casa; -porque, tan pronto como me bizme, tengo que meterme en la cama y estar -en ella veintisiete días, boca arriba, sin moverme.</p> - -<p>—¿Y las yerbas?</p> - -<p>—Las yerbas son para cocerlas. De este cocimiento he de tomar, -mientras esté en la cama, dos azumbres por la mañana y otras dos -por la tarde. De este modo dice el curandero que romperé en aguas -abundantes, y que a la vez que con ellas sale toda la maldad, con los -parches fortificaré el estómago y entrarán en sus propios gonces las -paletillas... Conque, sírvase Vd. darme lo que me resta del crédito que -traía, porque ya me parece que tardo en llegar a casa para ponerme en -cura, y<span class="pagenum" id="Page_95">p. 95</span> mande lo que -guste para aquellos señores.</p> - -<p>—¿Resueltamente va Vd. a ejecutar el plan del curandero?</p> - -<p>—Como estamos aquí los dos.</p> - -<p>—En ese caso, venga un abrazo..., y apriete Vd. bien.</p> - -<p>—¿Por qué tan apretado?</p> - -<p>—Por si no volvemos a vernos.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_9"> - <p><span class="pagenum" id="Page_97">p. 97</span></p> - <h2 class="nobreak g0">UN DESPREOCUPADO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Se da un aire a todos los hombres que conocemos o recordamos, de -escasa talla, comunicativos, afables, sin afectación ni aparato, -limpios y aseados, que siempre parecen jóvenes, y llegan a morirse de -viejos sin que nadie lo crea, porque hasta el último instante se les ha -llamado <i>muchachos</i> y por tales se les ha tenido; hombres por el -exterior insignificantes y vulgares hasta en el menor de sus detalles: -hombres, en fin, de todos los pueblos, de todos los días y de todas -partes.</p> - -<p>Se llama Galindo, o Manzanos, o Cañales, o Arenal..., o algo -parecido a esto<span class="pagenum" id="Page_98">p. 98</span>, pero -a secas; y a nadie se le ocurre que tenga otro nombre de pila, ni él -mismo le usa nunca.</p> - -<p>—¡Ya vino Galindo! —se nos dice aquí un día al principiar el -verano—. Y cuantos lo oyen saben de quién se trata, como si se -dijera:</p> - -<p>—Ya llegaron las golondrinas.</p> - -<p>Tiene fama, bien adquirida, de fino y caballero en sus amistades -y contratos, y no se ignora que vive de sus rentas, o a lo menos sin -pedir prestado a nadie, ni dar un chasco a la patrona al fin de cada -temporada; y esto es bastante para que hasta los más encopetados de acá -se crean muy favorecidos en cultivar su trato ameno.</p> - -<p>Al oírle hablar de las cinco partes del mundo con el aplomo de quien -las conoce a palmos, tómanle algunos por un aristocrático Esaú que ha -vendido su primogenitura por un par de talegas para <i>correrla</i>; -quién por un aventurero osado, sin<span class="pagenum" -id="Page_99">p. 99</span> cuna ni solar conocidos: quién por antiguo -miembro del cuerpo consular, o diplomático de segunda fila... Pero lo -indudable es que ha viajado mucho, y con fruto; y que no teniendo en -su frontispicio pelo ni señal que no sean comunes y vulgares, no hay -terreno en que se le coloque del cual no salga airoso, cuando no sale -en triunfo.</p> - -<p>Tampoco, mirado <i>por dentro</i>, posee cualidad alguna que -brillante sea.</p> - -<p>No es elocuente, no es poeta, no es artista: no es perfecto ni -acabado en nada.</p> - -<p>Pero, en cambio, tiene un poco de todo... y algo más: es, por de -pronto, un estuche de <i>cosas</i>. En manejarlas a tiempo consiste su -habilidad.</p> - -<p>Con ella y con su impenetrable <i>cara de baqueta</i>, en su boca -no se distingue la verdad de la mentira, y eso que las echa gordas; -y en cuanto a sus <i>cosas</i>, ni es avaro ni despilfarrador de -ellas; quiero decir que ni es entremetido, ni se hace rogar<span -class="pagenum" id="Page_100">p. 100</span> mucho. Como los buenos -músicos, entra en el concierto en que hace falta, cuando le -corresponde: ni antes ni después.</p> - -<p>Cuando, por primera vez y solo, se presenta en una tertulia, nadie -frunce el ceño ni le pregunta con gestos o con palabras: «¿Qué busca -Vd. por aquí?» Antes bien, se le recibe con palio, y se le dice, entre -sonrisas y agasajos:</p> - -<p>—¡Oh... Galindo! ¡Acabara Vd. de llegar!</p> - -<p>Ni más ni menos que si se le esperara y fuera antiguo contertulio -de la casa. Y desde el mismo instante, Galindo es el alma de aquellas -reuniones.</p> - -<p>Una noche falta quien toque el piano para bailar. Galindo no conoce -una nota de música; pero sabe de oído unas cuantas piezas de baile; -y se sienta en el banquillo y araña el teclado, y toca lo que se -necesita.</p> - -<p>No tiene voz, ni condición alguna de cantante, y cuando llega el -caso, acompañándose él mismo al piano, suelta un<span class="pagenum" -id="Page_101">p. 101</span> par de canciones picarescas de acá o de -allá, que alborotan la reunión. Si se trata de hacer coplas, nadie le -gana a hacerlas pronto y al caso, aunque le ganen todos a poeta.</p> - -<p>Que no se baila, ni se canta, ni se hacen coplas, y la gente se -agrupa en los gabinetes, medio aburrida, medio soñolienta. Allí está -Galindo para reanimar los decaídos espíritus. Para entonces son las -anécdotas frescas, o los recuerdos de Calcuta, o de Constantinopla. Y -tras esto y un sin número de mentiras verosímiles sobre las mujeres -del Cáucaso, o los hombres de Ceilán, llegará a hablarse, por ejemplo, -de objetos raros, y habrá allí quien crea decir mucho diciendo que ha -visto camisas de hoja de llantén, catalejos de trapo, o chocolate sin -cacao..., y tantas cosas más como se anuncian todos los días, en estos -de extravagancias que corremos.</p> - -<p>No dejará Galindo de admirar las cita<span class="pagenum" -id="Page_102">p. 102</span>das rarezas, con toda la expresión que cabe -en su estilo lento y suave, y en su cara impasible; pero hombre que ha -corrido y visto tanto, no puede estar sin algo que citar a propósito de -rarezas; y no lo está en efecto; y saca un grueso anillo de uno de sus -dedos, y se le presenta a la reunión, diciendo:</p> - -<p>—¿A que no saben ustedes qué piedra es esta?</p> - -<p>Y la gente se abalanza al anillo, y le da mil vueltas, y recorre la -lista conocida de piedras buenas y malas, sin que falte la de Colmenar -Viejo, a la cual se parece en el color la del anillo; pero nadie -acierta. En vista de lo cual, dice Galindo:</p> - -<p>—Eso que ustedes creen piedra, no lo es.</p> - -<p>Nuevas ansiedades, nuevo examen y nuevas conjeturas.</p> - -<p>—Pues ¿qué es, si no? —se le pregunta al cabo.</p> - -<p>—Eso es —responde Galindo, lenta y dulcemente— hígado de cocodrilo, -endu<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span>recido al sol, -en Pekín. Se lo compré al joyista que lo hace para la corte imperial; -o mejor dicho, me lo cambió por una zamarra fina que llevaba yo de -España.</p> - -<p>Para calmar el asombro que esta respuesta produce, muestra una bolsa -de <i>tripa de un indio</i>, medio devorado por un tigre en una cacería -a que asistió él, y se refiere a una corbata que tiene en casa, hecha -de piel de culebra, por un indígena del Canadá.</p> - -<p>Cuando se agota este catálogo, tiene Galindo a su disposición otro -más abundante todavía. Por el procedimiento de las pajaritas de papel, -hace, entre mil primores, catedrales, y navíos de tres puentes; y de -un tijeretazo solo, sobre el mismo papel convenientemente plegado, -saca una procesión de Jueves Santo, con sus pasos, curas, monaguillos, -autoridades, músicas y piquete. De sombras en la pared, no digo nada, -ni tampoco de problemas de dibujo a lápiz, a punta de cigarro<span -class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> y hasta a moco de candil: -así <i>pinta</i> el día y la noche, el sol y la lluvia, de dos o tres -rasgos, y gatos y perros... y demonios colorados.</p> - -<p>En la calle, no hay forastero a quien él no conozca de vista -y de trato. Sabe las rentas o las trampas de cada uno, y lo que -antes tuvieron y lo que esperan, o lo que temen, y la vida que -hacen en Madrid, y quién de ellos trae señora propia y quién -pegadiza o temporera; y dónde la ha adquirido, y <i>a cómo</i>; y -quién se la corteja y con qué éxito, y si el cortejo es andaluz o -salamanquino...</p> - -<p>Hablando de parecidas cosas conmigo en una ocasión, iba delante de -nosotros el aludido, sin haberle visto yo.</p> - -<p>—En suma —me dijo—: el duque de los Frijoles es un perdido, y la -duquesa, tan perdida como el duque.</p> - -<p>Y en esto volvió la cara el tal; y cuando yo creí que iba a romper -el bautismo al maldiciente, riose hacia él, le tendió la mano y le dijo -afectuosísimo:</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_105">p. 105</span>—¡Ah, tuno! ¿conque -venía Vd. detrás?</p> - -<p>—¿En qué lo ha conocido Vd.? —le preguntó Galindo muy sereno.</p> - -<p>—En la voz. Y apuesto a que estaba Vd. despellejando a alguien.</p> - -<p>—Precisamente.</p> - -<p>—Amigo de Vd. por supuesto.</p> - -<p>—Cabal... Como que hablaba de Vd.</p> - -<p>—¡Ah, mala lengua!</p> - -<p>Dijo, y dándole al propio tiempo un golpecito en el hombro, como si -aún tuviera que agradecerle mucho, alejose el señor duque y se quedó -Galindo tan fresco.</p> - -<p>No desconoce uno solo de los secretos <i>íntimos</i> de la política. -Él os dirá, con pruebas, cuando menos verosímiles, por qué se sustituyó -tal ministro con cual otro; a qué móvil obedeció la evolución de aquel -periódico, o la cesantía de cierto personaje, o el encumbramiento de -esotra vulgaridad, o por qué no puede salir de apuros el Tesoro... -Y sus <i>causas</i> jamás son las causas que conoce o que sospecha -el<span class="pagenum" id="Page_106">p. 106</span> vulgo; siempre -son particularísimas, personales y microscópicas, con relación a sus -efectos.</p> - -<p>De cómicos y toreros, no se diga: a todos los trata y los -tutea, como si los hubiera parido, y habla con ellos de la escena -o del <i>redondel</i> con el aplomo y la autoridad de Romea o de -Costillares.</p> - -<p>En lo físico, es sano y duro como un diamante; jamás se constipa ni -se queja del estómago; y eso que no se abriga más que lo de costumbre, -y come tanto como habla, si la ocasión se le presenta.</p> - -<p>Y digo esto de la ocasión, porque aun cuando ordinariamente es -sobrio y metodizado, come cuanto le pongan por delante, aunque haya -comido ya, si a comer se le convida, o si se acepta el convite que él -proponga, pues hace a todo.</p> - -<p>Como no viene a bañarse, sino a veranear, y tampoco le es muy -simpático el ceremonial del Sardinero, vive en la ciudad en una -fonda, o en una de las mejores<span class="pagenum" id="Page_107">p. -107</span> casas de huéspedes; lo cual no obsta para que dé cuenta, si -se le pide, de cuantas personas habitan en aquellos <i>hoteles</i>, con -sus correspondientes vidas y milagros.</p> - -<p>En agosto hace una escapadita a ver las corridas de Bilbao, y en -setiembre arregla su marcha definitiva en combinación con las ferias -de Valladolid y la apertura de los teatros de la Corte, donde, por lo -visto, se pasa gran parte del invierno, no sé cómo ni con quién.</p> - -<p>Qué familia y qué patria son las suyas, se ignora siempre; y se -ignora, porque jamás se le ha preguntado por ellas; y no se le ha -preguntado, porque se prefiere ignorarlo, y se prefiere esto, porque -desde el instante en que estos hombres tienen patria y familia, y -nombre como cualquier otro nieto de Adán, ya no son Galindos, ni -Manzanos, ni Arenales a secas, y pierden su peculiar carácter de -universalidad, en lo que estriba la mayor parte de su mérito.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_10"> - <p><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span></p> - <h2 class="nobreak g1">LUZ RADIANTE.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Un si es no es macilento, desmayado de barba, corto de vista y -regularmente ataviado.</p> - -<p>Tal es su facha. En cuanto a su fecha, lo mismo puede venderse por -hombre que parece un joven, que por joven que parece ya un hombre..., y -cuenta que hablo en vulgo limpio, por lo cual ha de entenderse esto de -hombre, por <i>hombre de cierta edad</i>.</p> - -<p>Le habréis visto, con un libro en la mano, en la braña del -<i>Cañón</i>, sentado a la sombra de un bardal; o en idéntica postura -e igual ocupación, sobre escueta roca entre<span class="pagenum" -id="Page_110">p. 110</span> los dos Sardineros; o a la entrada de -los Pinares; o en un rincón de la Galería, con los pies sobre la -balaustrada y el tronco desencuadernado en una silla; o paseándose -por el arenal, absorto en la lectura, como joven alumno repasando la -lección en el patio del colegio.</p> - -<p>Y aseguro que le habréis visto, porque aunque jamás abandona el -libro, y parece la meditación su natural elemento, siempre elige para -el estudio las horas de más ruido y busca la soledad a orillas de todo -movimiento.</p> - -<p>Es de Madrid, vive en un <i>hotel</i> del Sardinero, y a juzgar por -lo que se ve, priva mucho con todas las señoras circunvecinas.</p> - -<p>Lo cual no es de extrañar, visto lo docto que es en todos -esos tiquismiquis que forman el arte de agradar en la sociedad -<i>distinguida</i>.</p> - -<p>¡Qué donaire tiene, el indino, y remilgado pespunteo de palabra -para revolver<span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span> un -corrillo de pizpiretas jovenzuelas! Qué mirar de ojos, qué rasgar -de boca y accionar de índice para decir, por ejemplo: «Vamos, -Conchita, ya se ha descubierto por qué esperaba Vd. el correo anoche -con tanta impaciencia.» O: «¿Saben ustedes por qué está Soledad tan -preocupada?... ¿Lo ven ustedes? Ya se sonroja.» O: «Carmela, en mi -solitario paseo de esta madrugada me han revelado las <i>Ondinas</i> el -secreto que Vd. me ocultaba ayer. ¡Ah, picarilla!...»</p> - -<p>¿Dicen ustedes que éstas son impertinentes y sobadas -vulgaridades?... Séanlo enhorabuena; pero atrévase un buen Juan a -hacerse con ellas solas hombre ameno y travieso, y verá como le plantan -en seco. Hay que desengañarse: para decir ciertas cosas y brillar en -ciertos terrenos, hay que ser mozo <i>de cierta catadura</i>.</p> - -<p>La del de quien vamos hablando parece cortada para el oficio. -Como ramo de su ciencia, conserva en la memoria muchas anécdotas -rechispeantes de la últi<span class="pagenum" id="Page_112">p. -112</span>ma campaña del <i>gran mundo</i>, y anuncia el desenlace de -más de un suceso interesante, para la próxima. Y como todos los del -corrillo son de Madrid, dicho se está que las agudas murmuraciones -y los retorcidos discreteos, no languidecen un punto, por falta de -interés.</p> - -<p>Posee otra cualidad muy importante, para esto de veranear con éxito -en una provincia entre las personas que lo han por oficio: sabe de -corrido toda la fraseología literaria y musical de moda entre la gente -madrileña.</p> - -<p>Y cuidado, que esto no es grano de anís. Figúrense ustedes que por -allí anda muy en boga Dante, como anduvo un invierno, porque un orador -del Parlamento dijo, a cuento de no sé qué:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent0"><i>Non ragioniam di lor, ma guarda e passa,</i></div> - </div> -</div> -</div> - -<p class="ti0">cosa, por lo visto, hasta entonces no oída en Madrid, -según la prisa que se dio todo el mundo, en papeles y en corrillos, a -traducir la cita, a estudiar el pasaje entero,<span class="pagenum" -id="Page_113">p. 113</span> a desentrañar el intríngulis, a hablar -de la <i>Divina Comedia</i> y hasta a poner en perverso castellano -el inmortal poema. En tal caso ¿qué joven que se precie de -<i>ilustrado</i> ha de salir a provincias el verano siguiente, sin -saber decir, por ejemplo, cuando se le cae de la boca la punta del -cigarro, o de la mano el bastón, que se le cayeron</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent0"><i>...come corpo morto cade?</i></div> - </div> -</div> -</div> - -<p class="ti0">o cuando quiere bromearse con alguno que no encuentra lo -que busca, o que llega tarde:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent0"><i>Lasciate ogni speranza?...</i></div> - </div> -</div> -</div> - -<p class="ti0">o si trata de pintar el abismo en que se han hundido sus -ilusiones:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent2"><i>Nel mezzo del camin di nostra vita</i></div> - <div class="verse indent0"><i>me ritrovai per una selva oscura...?</i></div> - </div> -</div> -</div> - -<p>Si el de moda es Goethe, porque se cantó en <i>el Real</i> una -ópera cuyo argumento está tomado de su célebre poema, no hay más -remedio que llamar <i>Fausto</i> a todo viejo galanteador y acicalado, -<i>Margarita</i><span class="pagenum" id="Page_114">p. 114</span> a -toda joven que suspira, y <i>Mefistófeles</i> a todo señor que tenga la -nariz afilada, rasgada la boca, trigueña la color y zurda la mirada.</p> - -<p>Si es Flotow el que priva, hay que saber, por lo menos, entonar a -media voz, con los ojos fruncidos, las uñas clavadas en el pecho, y -mucho arrastre de amargura, aquello de</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent0"><i>¡Marta Marrrrrrrrrrta!</i></div> - </div> -</div> -</div> - -<p class="ti0">como nos cantaban en una ocasión todos los señoritos que -venían de Madrid, empeñándose en que había uno de llorar oyéndolos, -porque en <i>el Real</i> lloraba toda la gente cuando lo cantaban -Talini... o Cualini, tenores de mucho <i>sentimiento</i>.</p> - -<p>Cuando reinan estas epidemias en el pueblo, no hay más remedio -que aguantarlas como mejor se pueda, y resignarse a exclamar en cada -<i>caso</i>, siquiera por no hacerle más grave: ¡Admirable, magnífico, -arrebatador!</p> - -<p>Pues iba diciendo yo que para evocar<span class="pagenum" -id="Page_115">p. 115</span> estas reminiscencias, citar aquellos -textos y cantar las otras ternezas, nadie como el amigo de quien vamos -hablando.</p> - -<p>No sé si he dicho, o ustedes lo han comprendido ya, que es literato, -o que cree serlo.</p> - -<p>Por de pronto, escribe quintillas en el arenal con la punta del -bastón, y en la tertulia de la noche lee a las señoras tal cual balada -tierna, o alusivo soneto.</p> - -<p>Si hemos de creerle, conoce a todos los hombres de letras, y se -tutea con los más talludos.</p> - -<p>Lo cierto es que si llega al Sardinero alguna celebridad de este -género, él es quien le presenta a las damas y se compromete a que el -presentado les lea <i>alguna cosa</i>: a cuyo compromiso corresponde -éste (después de asegurar que viene enteramente <i>desprevenido</i>) -leyendo una comedia resobada, o una oda que ya reluce de tanto -manoseo, las cuales saca de un enorme cartapacio de poesías que ya -han sido<span class="pagenum" id="Page_116">p. 116</span> leídas por -el autor trescientas veces en Ontaneda o Las Caldas, mientras tomó -aquellas aguas.</p> - -<p>Como piensa hacer algunas investigaciones históricas, arqueológicas -y geográficas en la provincia, ha traído con su equipaje una mochila, -un grueso garrote con agudo regatón de hierro, y borceguíes ingleses de -ancha y claveteada suela. Parece ser que todas estas cosas ayudan mucho -a recoger noticias sobre aquello que se trata de conocer y describir, -especialmente en un país como éste, en el cual hay un pueblecillo a -cada cuarto de legua: una casa en qué dormir regularmente, y comer, -aunque no muy bien; buenos senderos para cabalgaduras de alquiler, -cuando no excelentes caminos para carruajes; poquísimas antigüedades, -y esas a la vista y muy estudiadas ya; nada de historias del otro -mundo, y ninguna montaña que escalar a uña y puntera, porque todas son -cómodamente accesibles por algún<span class="pagenum" id="Page_117">p. -117</span> costado. Y la prueba de que este atalaje debe servir de -mucho al <i>tourista</i> para sus exploraciones, es que el nuestro, -aunque le lleva a cuestas, no camina a pie, ni come de la fiambrera, ni -duerme al socaire de los torreones; antes aprovecha el mullido <i>vagón -de 1.ª</i> hasta donde le conviene, y luego la diligencia, y hasta los -caballejos y carros del país, como hacemos los hombres vulgares, y las -fondas y las tabernas y los figones. Luego la mochila y el báculo y los -borceguíes que evidentemente no sirven para lo que en rigor significan, -tienen alguna virtud de <i>carácter</i> que atrae, combina y depura -todo lo que va buscando en sus peregrinaciones un erudito a la flamante -usanza, cuando con ellos carga, como con el fardo de sus pecados. Que -es lo que yo quería demostrar, recelándome alguna observación maliciosa -de tal o cual lector demasiado <i>montañés</i>.</p> - -<p>Y ahora continúo diciendo que este ilustrado mortal, en los ratos -que le dejan<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> libres -sus baños, sus abstracciones solitarias, sus discreteos públicos, sus -inscripciones poéticas en los arenales, en las rocas duras y hasta en -los troncos resinosos de los Pinares, escribe correspondencias a un -periódico de Madrid, que las agradece mucho y quizá las paga.</p> - -<p>La última que yo leí impresa, después de haberla leído el autor -manuscrita y recién nacida, a sus bellas contertulias, decía, entre -otras muchas cosas, <i>plus minusve</i> lo siguiente:</p> - -<blockquote> - - <p class="g2 mt1">· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·</p> - - <p class="mt05">«¡El mar!... ¡¡La mar!!... ¡¡¡Los mares!!!... ¡¡¡¡Las - mares!!!!... ¡Ah!... ¡Ohhhh!...</p> - - <p>»Perdone Vd. señor Director. Perdonadme vosotros, mis queridos - compañeros: faltan palabras a mi pluma para expresar cuanto la - mente concibe en este horizonte sin medida, sobre este abismo sin - fondo. ¡El mar! Pero ¿por qué son verdes sus aguas? ¿por qué son - salobres? ¿qué fuerza las precipita contra la roca dura que aho<span - class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span>ra me sirve de pedestal? - ¿por qué suben? ¿por qué bajan? ¡Inescrutables misterios de la - Naturaleza!... Pero ¡qué espectáculo, gran Dios!... Contemplándole, - el corazón palpita, la mano tiembla, los ojos se turban. El sol - sin una nube que empañe sus fulgores; la brisa rizando la inquieta - superficie de las aguas sin fin; la blanca gaviota cerniéndose - voluptuosa en el espacio; bajo la gaviota, la esbelta nave de tajante - proa; allá el puerto; acá el escollo; allí la espuma; aquí las - flores; y en todo y sobre todo un torrente de luz y una embriaguez - de aromas... ¡Ah!... Mas ¿qué es esto? el trueno ruge; cruzan la - atmósfera rayos y centellas; se respira el hálito abrasador de la - tempestad; desgájase el secular peñasco; húndese en el abismo, y se - elevan hasta mí los pliegues espumantes del salobre sudario que le - envuelve... Se columbra un punto en el horizonte <i>¡Helás!</i> Es - una nave. Distingo perfectamente al angustiado nauta que im<span - class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>plora el auxilio de - los hombres... Muchos son los que pueblan la orilla, pero ninguno - acude. El que va a <i>hacer naufragio</i> no implora el auxilio - para él solo..., también le necesitan sus tiernos camaradas de - <i>equipaje</i>... Yo me arrojo a la mar, y los salvo a todos, entre - los saludos y los aplausos de este querido bello sexo, regulador de - todas mis acciones, inspirador de mis más elevados pensamientos, - y fin y exclusivo objeto adonde hasta el menor de mis intentos se - endereza.</p> - - <p>»En la próxima semana emprenderé mi viaje de exploración por la - provincia. Mi primera jornada concluirá en Colindres, bellísima - capital de la Liébana, región que, como ustedes saben, se extiende - desde el Valle de Camargo al de Reocín, y está protegido, al Oriente, - por los Picos de Europa, y al Occidente por el Monte de Cabarga, - <i>el de las eternas nieves</i>. Según Estrabón y Quinto Curcio, - esta parte de la provincia fue la verdadera Cantabria, la<span - class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> que dio aquellos héroes - que entregaban el robusto cuello, cantando himnos guerreros, al - hacha de los esbirros de Felipe II, cuando este fanático monarca, - no pudiendo implantar aquí el bárbaro tribunal de la Inquisición, - por repugnar a los altivos pechos de estos libres montañeses, ocupó - militarmente el país. Algunos rasgos típicos de esa raza insigne se - observan todavía en sus actuales descendientes, los famosos pasiegos, - únicos pobladores de la Liébana. Pero, mejor que en el sello - fisonómico, revela su ilustre procedencia esta hermosa gente en sus - costumbres nómadas e independientes. Anidan, como las águilas, en los - picos de las rocas; jamás pisan las sendas frecuentadas, ni duermen - dos noches consecutivas bajo un mismo techo. Se alimentan de frutas - silvestres y de carne montaraz; pues su ocupación exclusiva es la - caza, pero con honda, la cual manejan con una destreza asombrosa.</p> - - <p>»Mas de esto y otras muchas cosas tan<span class="pagenum" - id="Page_122">p. 122</span> auténticas como interesantes, hablaré a - mis bellas lectoras en las sucesivas correspondencias y en un libro - que traigo entre manos tiempo ha.»</p> - -</blockquote> - -<p>Con lo cual se queda el corresponsal tan satisfecho, el periódico -tan hueco, los lectores que no conocen esta provincia tan enterados, y -los pocos montañeses que le leen, haciéndose cruces con los dedos.</p> - -<p>Pero no impide, sin embargo, que la prensa local que nos anunció su -llegada en junio, nos diga un día, a mediados de setiembre:</p> - -<blockquote> - - <p>«Hoy ha salido para Madrid el distinguido publicista D. F. de Tal, - después de haber permanecido más de dos meses <i>entre nosotros</i>. - En las varias excursiones que ha hecho por la provincia, ha recogido - gran cantidad de curiosos y fidedignos datos, los cuales piensa - utilizar para dar a la estampa un libro que tratará de la historia, - carácter y costumbres del pueblo montañés, desde los más remotos - tiem<span class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span>pos hasta - nuestros días. Nos atrevemos a rogar al insigne literato que cuanto - antes nos haga conocer su obra, que seguramente habrá de darle tanta - gloria como títulos al aprecio de todo montañés que estime en lo que - vale el buen nombre de su patria.»</p> - -</blockquote> - -<p>Y, adelante con los faroles; que en los venturosos tiempos que -corren,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent0"><i>Sic itur ad astra</i>;</div> - </div> -</div> -</div> - -<p class="ti0">o, como dijo el otro,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent2">Por estas asperezas se camina</div> - <div class="verse indent0">de la inmortalidad al alto asiento.</div> - </div> -</div> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_11"> - <p><span class="pagenum" id="Page_125">p. 125</span></p> - <h2 class="nobreak g0">BRUMAS DENSAS.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Estos son dos, y cada uno de ellos pudiera pedir un cuadro aparte; -pero es de saber que siempre que trato de sacarlos del fondo de mi -cartera, al tirar del uno hacia arriba, sale enredado el otro con él; -de donde yo deduzco que son tal para cuál, y uno en esencia, aunque dos -en la forma.</p> - -<p>Tiro, pues, de ellos, agarrando a tientas; y ahí tienen ustedes al -primero.</p> - -<p>Convengamos en que es mozo de gran estampa. Pedrusco en el anillo -que recoge los dos ramales de su chalina; pedruscos en los dedos; -pedruscos en el pe<span class="pagenum" id="Page_126">p. 126</span>cho -y pedruscos hasta en la leontina; flamante vestido de lanilla; leve -pajero muy tirado sobre los ojos, estos de mirada firme, pero no muy -noble; largo cigarro en retorcida y caprichosa boquilla; la siniestra -mano en el correspondiente bolsillo del pantalón, y en la diestra -flexible junco.</p> - -<p>Sin embargo, aunque sus ojos son negros, y negras las anchas -relucientes patillas, y es regular su boca y blanca su dentadura y -alta su talla, no puede decirse de él que es lo que ordinariamente se -llama <i>una buena figura</i>. Mirado más al pormenor, tiene juanetes -en los pies, ásperas y muy gruesas las manos, demasiado redonda la cara -y muy destacados los pómulos. Además, carece su persona de ese aire -de que todos hablamos, que todos conocemos a la legua, pero que nadie -sabe definir, y al que, por darle algún nombre, se llama vulgarmente -<i>buen aire</i>, o <i>aire distinguido</i>; cuya falta es, sin duda, -la causa de que, a pesar de su pedrería, que re<span class="pagenum" -id="Page_127">p. 127</span>lumbra mucho, y de su boquilla, que sin -cesar ahúma, pase este mozo enteramente inadvertido, como figura vulgar -e insignificante.</p> - -<p>Anda con parsimonia, lo poco que anda, como hombre que no lleva -prisa, ni se preocupa de cuanto le rodea mientras va andando.</p> - -<p>Se lee más en su frontispicio cuando está parado a la puerta del -café, de una iglesia, del teatro, o de la plaza de toros, que siempre -son sus sitios de parada y para los cuales ha nacido, como la estatua -para el pedestal. Arrimado a las jambas de una puerta, flagelándose -una pernera con el junquillo, lanzando de la boca espirales de humo y -dignándose apenas fijar la vista en los que entran o en los que pasan, -es precisamente cuando su cuerpo revela más soltura y lucen en sus -ojos chispas de inteligencia. Al verle pegado a esas puertas, siempre -que al otro lado de ellas se oye el rumor y hasta se huele el<span -class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> tufillo de las muchedumbres -<i>emparedadas</i>, (pues es de advertir que jamás se arrima a puerta -que no encierre mucha gente) cualquiera pensaría que el ruido le -aturde, que el calor le marea y las estrecheces le sofocan; y, sin -embargo, deteniendo sobre él un poco la curiosidad, puede observarse -que siempre se le ocurre entrar cuando los demás comienzan a salir, -como si las apreturas fueran su deleite y hallara en rozarse con pechos -y solapas un atractivo irresistible.</p> - -<p>Obsérvase también que, por lo común, es de noche más activo que de -día. Su andar es más resuelto entonces; y si a la luz del sol le gustan -los sitios más públicos y concurridos, a la del gas prefiere las calles -más solitarias y sombrías, en alguna de las cuales suele desaparecer -por largas horas.</p> - -<p>Llega a Santander días antes de los de ferias y toros; pero -ni él mismo sabe fijar la época de su marcha, porque ésta<span -class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> depende, a menudo, de los -agentes de la autoridad, que pueden echarle la mano encima, en el -momento en que él pone la suya sobre el reloj de su prójimo, o está en -un garito tirando el <i>pego</i> a dos docenas de incautos a quienes va -desvalijando con el auxilio de otros camaradas de oficio; o tanteando -los intestinos de la ciudad para buscar una salida por los fondos de la -caja del Banco...</p> - -<p>Y aquí asoma ahora, lector, el otro tipo, enlazado, por estas -profundidades, a la figura de la cual voy tirando para mostrártela en -todas sus principales actitudes. Hablemos de él, pues que se empeña, -como si fuera un miembro del otro cuerpo, o una cereza del mismo -ramillete.</p> - -<p>Viene a <i>veranear</i> mucho antes que el otro, y con un pelaje -bien diferente. Su tipo es el de <i>un caballero que ha venido a -menos</i>. Negra la raída levita, negra la deshilada corbata, negros -los relucientes pantalones, negras las puntas que se ven de<span -class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span> su chaleco, negra la -descuidada barba, negros los ásperos mechones de su pelo y negras las -puntas afiladas de sus luengas uñas. En esta figura no hay nada que -blanquee; ni siquiera la camisa. Los únicos puntos menos oscuros de -este veraniego nubarrón, son dos puntos pardos, ni siquiera grises: los -zapatos y el sombrero.</p> - -<p>No busquéis esta figura entre los recodos de apartada callejuela, -huyendo avergonzada de los resplandores de la luz, o temiendo manchar -con su contacto la brillante librea de los capitalistas; ni tampoco en -oscuro taller, encorvado sobre la tosca herramienta para ganar, con -un trabajo, extraño quizá a sus hábitos y procedencia, un miserable -pedazo de pan; ni en la estrechez de una buhardilla repartiendo ese -mendrugo entre una esposa y unos niños estenuados por el hambre y -envejecidos por la miseria y por las lágrimas. Si de ese grupo fuera -esta figura,<span class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span> yo no -profanara su augusta miseria presentándola en esta breve galería de -debilidades risibles y aun de cosas abominables. Buscadla, pues, entre -la engalanada concurrencia de calles y paseos, haciendo de su mugriento -equipaje una desvergonzada protesta, y lanzando punzantes miradas sobre -los que pasan, como si le debieran la camisa limpia, las botas nuevas o -el gabán sin manchas.</p> - -<p>Si con esta luz no columbráis aún el tipo, os apuntaré otro dato -que necesariamente ha de iluminar vuestra memoria. Durante lo más -recio de un chubasco estival, de esos cuyas gotas pesan, cada una, -medio cuarterón, y después de saltar de rebote hasta los balcones, -convierten las calles en torrentes; cuando las losas relucen, y el -tránsito cesa, y comienzan las ratas a asomar por los sumideros huyendo -de la inundación, y los chicos las apedrean, y la gente, pegada a -las fachadas, porque ya están llenos de ella<span class="pagenum" -id="Page_132">p. 132</span> los portales y las tiendas, silba y aplaude -y ríe a carcajadas celebrando las corridas, y asoman cabezas por los -entresuelos, y hierven, hasta levantar la tapadera, las alcantarillas -del Correo, y se inunda la calle de San Francisco; cuando todo esto y -mucho más sucede, un solo mortal atraviesa impávido la Plaza Vieja, -o marcha Muelle adelante por la acera del mar, sin paraguas, en -chancletas, con las manos en los bolsillos, y, por toda precaución, la -cabeza muy hundida entre los hombros. Pues ese es.</p> - -<p>Probablemente habréis recibido alguna vez su visita. Es hombre que -hace muchas, recién llegado.</p> - -<p>Un día os anuncia la inexperta fámula que ha llamado a la puerta un -<i>caballero</i> que desea hablaros. Con tal anuncio, la decís que le -introduzca en lo más sagrado de la casa; y cuando acudís a recibirle, -os le halláis, como la estatua del desconsuelo, con las manos cruzadas -sobre<span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span> el cóncavo -vientre, el sombrero entre las manos, y la mirada tangente a las -fruncidas cejas y fija en vuestra mirada.</p> - -<p>—Cabayero —os dice con voz trémula y un poquillo de olor a -aguardiente—, un desgraciado, con su señora enferma y siete -criaturas..., sin hogar, sin un pedazo de pan que yevar a sus inocentes -labios, implora el auxilio de su generoso corazón.</p> - -<p>—¿Quién es ese desgraciado? —le preguntáis, por preguntarle algo, -antes de plantarle en la escalera.</p> - -<p>—Un servidor de Vd., que no hace mucho ocupó una briyante posición -social. Pero los acontecimientos políticos...</p> - -<p>—¿Era Vd. de los del Presupuesto?</p> - -<p>—¡Jamás, cabayero!... Me estimaba demasiado para eso. Yo era -rentista.</p> - -<p>—¡Hola!</p> - -<p>—Sí, señor; tenía todo mi capital en los fondos públicos.</p> - -<p>—Lo creo.</p> - -<p>—Y con estas bajas tan atroces, a con<span class="pagenum" -id="Page_134">p. 134</span>secuencia de la intranquilidad en que tienen -al país estos gobiernos...</p> - -<p>—Y a mí, ¿qué me cuenta Vd?</p> - -<p>—¡Ah, cabayero!: yo quisiera una ocupación honrosa para ganarme el -sustento.</p> - -<p>—Pues tómela Vd., si hay quien se la ofrezca.</p> - -<p>—Tras eso ando, cabayero; y mientras la hayo en alguna parte, -quisiera merecer de Vd. la atención de veinticinco pesos que necesito -para que tome los baños mi señora, y para que no me arroje el tigre -del casero desde la miserable buhardiya en que ahora vivo, hasta la -ignominia de un hospital. Crea Vd., cabayero, que la fortuna da muchas -vueltas, espero volver a lo que fui, y no perderá Vd. un cuarto de su -préstamo.</p> - -<p>Al llegar aquí la historia, se os acaba la paciencia, le dais media -peseta, por no darle un puntapié, y se larga tan ufano, haciendo -reverencias y mirando, con preferente curiosidad, todo lo que es puerta -o pasadizo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_135">p. 135</span>Estas visitas son, -como si dijéramos, las generales de la ley. Pero hace también otras, -bastante más productivas, aunque no tan frecuentes.</p> - -<p>Pinto el caso. Comienza a hablarse mucho en el pueblo de que <i>la -va a haber</i>, lo cual, como ustedes saben, sucede cada verano. De -mí sé decir que, desde que tengo barbas, no recuerdo uno en que no se -haya dicho: «¡Oh! lo que es de ésta, <i>se arma la gorda</i>, y no va -a quedar títere con cabeza. Me consta por esto y por lo de más allá.» -También es otro hecho innegable que nunca faltan almas cándidas que dan -entero crédito a estos rumores, ni hombres vehementes que se hallan -dispuestos a echar el sombrero al aire y hasta una mano al negocio, si -hay quien sepa colocársele a conveniente distancia. Excuso decir que en -cada verano aparece esta señora <i>Gorda</i> con diferente tocado, y -que nada le queda ya en el ramo que lucir, desde el gorro frigio hasta -la boina.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span>Pues uno de estos -hombres, o una de aquellas almas, es quien recibe la visita del -ex-rentista cuando más en punto de caramelo andan los rumores públicos; -pero, aunque raído y mal trajeado el visitante, no se compunge ni -encorva en la visita: antes se presenta, si bien comedido y muy atento, -con gran desenvoltura y buen talante, como quien más ha de ofrecer que -recibir. Entonces es el hombre iniciado en los grandes secretos de la -conspiración; viene del extranjero, donde aquella se fragua, y va de -paso para uno de los puntos de más peligro el día de la batalla. Sabe -que el Emperador de allí, o el comité de acullá, o el Grande Oriente -del otro lado (según el color que tenga la <i>Gorda</i>) han hecho a -<i>la causa</i> un anticipo de doscientos millones. Hay metidos en el -ajo quince batallones, treinta generales, ocho fragatas de guerra y -el presidente del Consejo de Ministros. El grito se dará en tal parte -al salir la gente de tal es<span class="pagenum" id="Page_137">p. -137</span>pectáculo. Toda España está hecha un reguero de pólvora, -y sólo falta para que arda, arrimar la mecha. El triunfo, pues, es -seguro y muy pronto. Él ha pasado la frontera con grandes precauciones, -y a pie, por lo cual está tan desarrapado. No trae credenciales ni -papeles de ninguna clase, por no comprometer con ellos la alta misión -que se le ha encomendado: pero sí el encargo <i>especialísimo</i> -para el visitado, de parte del personaje bajo cuya dirección se hace -el fregado, de decirle que se cuenta con él, con su patriotismo, -con sus influencias, para animar el espíritu del partido en esta -ciudad, reunir los dispersos elementos, etc., etc. Antes de tres -días saldrá el emisario para Madrid donde ha de recibir cuarenta mil -duros para ciertas atenciones de la causa. Entre tanto, necesita que -los partidarios de Santander le proporcionen, siquiera, la miseria -de dos mil reales para el viaje y comprar a un maquinista del tren -que ha<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> de despeñar -un batallón que debe salir de aquí, por ferrocarril, dentro de unos -días, a sofocar el alzamiento que tendrá lugar en los confines de la -provincia.</p> - -<p>Y el pobre hombre que escucha, devora hasta con los ojos, no ya con -los oídos y la boca, las palabras del mugriento, y le da una convidada, -y se echa a la calle, y revuelve a sus correligionarios, les cuenta lo -que le han dicho, les saca los cuartos, reúne los dos mil reales más -otros quinientos que él pone de su bolsillo, como en correspondencia -al alto concepto que de él ha formado S. E., y se vuelve a casa tan -convencido del inmediato triunfo del partido, que le falta muy poco -para subir a la del Gobernador y aconsejarle que deje el mando <i>por -buenas</i>, antes que se le quiten <i>los suyos</i> a linternazos. -¿Necesito pintar el afán con que el bolonio entrega el dinero recaudado -y el placer con que lo recibe el descamisado bribón?...</p> - -<p>Algunos días después de estas y otras<span class="pagenum" -id="Page_139">p. 139</span> análogas, aunque no tan productivas -hazañas, se oye decir que la policía ha hecho una redada de ladrones -que intentaban robar el escritorio del señor de Tal, o la caja del -Banco.</p> - -<p>—¿Y quiénes eran? —pregunta uno de esos curiosos que se creen en la -obligación de conocer a todo el mundo.</p> - -<p>—Pillería de Madrid —responde el preguntado—. Pero a dos de ellos -quizá los conozca Vd. El uno es un farsantón, de gran fachada, que se -pasaba los días arrimado a las puertas de los cafés: el otro, sucio, -raído y descamisado, probablemente le habrá visitado a Vd. para pedirle -un <i>anticipo</i> de veinticinco duros.</p> - -<p>Los de marras, lector. Bien dije yo que estos mozos eran tal para -cual.</p> - -<p>Fáltame añadir que, a pesar de esta quiebra del oficio, que, por de -pronto, los lleva a la cárcel pública, si no en el mismo verano, al -siguiente y antes que los frutos de sus mieses lleguen a punto de<span -class="pagenum" id="Page_140">p. 140</span> sazón, ya los tenemos acá -otra vez, preparándose para recoger su <i>agosto</i>.</p> - -<p>¡Oh, sabias y protectoras leyes de la patria!</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_12"> - <p><span class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span></p> - <h2 class="nobreak">EL BARÓN DE LA RESCOLDERA.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Cuando llega, en julio, a Santander, viene de Burdeos, adonde -fue desde París, en cuya capital pasó la primavera después de haber -repartido el otoño y el invierno entre Madrid (su patria nativa), -Berna, Florencia, Berlín y San Petersburgo. Ni los hielos le enfrían, -ni el calor le sofoca. Es una naturaleza de roble que se endurece con -los años y a la intemperie.</p> - -<p>Pasa ya de los cincuenta, es de elevada talla, trigueño de color, -de pelo áspero y rapado a punta de tijera; derecho como un poste; -algo protuberante de estómago<span class="pagenum" id="Page_142">p. -142</span> y de nariz, pequeño de pies, de manos y de boca; ancho de -espaldas y de frente, y muy cerrado de barba, que se afeita todos los -días cuidadosamente, menos en la parte en que <i>radican</i> sus anchas -y bien cuidadas patillas a la macarena.</p> - -<p>Viste todo el año de <i>medio tiempo</i>, y es su traje intachable -en calidad y corte, así como es intachable también la blancura de -su camisa, de la que ostenta no flojas pruebas en pecho, puños y -pescuezo.</p> - -<p>Fuma sin cesar grandes habanos, y saliva mucho; e infaliblemente -antes de empezar a hablar, lo poco que habla; y en cada desahogo de -estos, larga, zumbando, una pulgada de tabaco que ha partido con los -dientes.</p> - -<p>Para saludar, no da la mano entera, sino la punta del índice... -cuando alguno le saluda; pues él no saluda a nadie en la calle, ni -tampoco se para. Si el que pasea con él se detiene para hacerle alguna -observación, él sigue andando inalterable.<span class="pagenum" -id="Page_143">p. 143</span> Si el detenido le alcanza después, bueno, y -si no, como si jamás se hubiesen visto.</p> - -<p>En estos casos, no usa, para sostener la conversación, más que -salivazos y monosílabos: también algún carraspeo que otro. Para las -grandes ocasiones tiene disponibles unas cuantas frases y pocas más -interjecciones y palabras, tan breves como enérgicas: las frases para -preguntar, las palabras sueltas para responder, y las interjecciones -para comentarios.</p> - -<p>Es rico y soltero; trae todo su equipaje en una maleta de cuero -inglés, y por toda familia un criado joven que ya le entiende hasta por -la mirada.</p> - -<p>Viene a Santander acaso porque halla esta ciudad en su camino; pero -es lo cierto que viene todos los veranos, y no por pocos días.</p> - -<p>Se hospeda en la fonda que mejor le parece, y la deja cuando -le conviene; y le conviene dejarla en cuanto observa que<span -class="pagenum" id="Page_144">p. 144</span> una falta grave se repite -hasta tres veces; siendo para él faltas graves, el pescado que <i>da -en la nariz</i>, el desaseo en su cuarto, la servilleta cambiada en la -mesa y el vino adulterado, o cualquiera de esas carnavaladas que suelen -permitirse los huéspedes a las altas horas de la noche, sin respeto ni -consideración a los que duermen y descansan.</p> - -<p>En cuanto a baños, solamente toma dos o tres en la temporada; pero -de a hora y media cada uno. Allí se está como una boya en la mar, -restregándose la cabeza, carraspeando, escupiendo y estornudando sin -cesar y a sus anchas, y con un estrépito que excede a toda ponderación. -Cuando sale del agua, no es porque siente frío, sino porque se aburre -sin fumar en tanto tiempo.</p> - -<p>La primera vez que vino, tuve el gusto de conocerle y de estudiarle, -porque un amigo mío con quien yo en cierta ocasión paseaba, era -amigo suyo también; salu<span class="pagenum" id="Page_145">p. -145</span>dole al cruzarse con él, diole este el dedo, y juntos, -retrocediendo nosotros dos, continuamos los tres aquella tarde; pues -por la tarde era cuando esto sucedía, y en el alto de Miranda, cerca de -la Ermita.</p> - -<p>Según íbamos andando, iba el Barón devorando con los ojos el -hermoso panorama que se descubría desde allí. A la izquierda, la -ciudad amontonada, oprimida, agarrándose unas casas a otras, como con -miedo de caerse al agua, y cual si se hubiesen detenido un instante -después de bajar rodando desde el paseo del Alta; la bahía, mojando los -cimientos de las últimas; la bahía, con sus verdes riberas, sembradas -de pueblecillos; después sus cerros ondulantes, y detrás de todo los -abruptos puertos, con su gigantesca anatomía recién desnuda y en espera -ya de sus blancas vestiduras de invierno. A la derecha el mar, coronado -de rizos por la juguetona brisa del Nordeste..., y lo demás que sabe el -lector tan bien como yo.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span>—¡Hermoso es todo -esto! —dijo mi amigo al Barón, cuando notó, por los gestos de éste, que -la misma idea debía andar rodando por sus mientes.</p> - -<p>—Sí —contestó lacónicamente el Barón.</p> - -<p>—Hasta la ciudad tiene algo de curioso así tendida...</p> - -<p>—Derramada —corrigió enérgicamente el otro, después de lanzar de su -boca, con la fuerza de un cohete, medio cuarterón de tabaco.</p> - -<p>Y tomó el rumbo del Sardinero, siguiéndole nosotros con trabajillos: -tan veloz era su andar.</p> - -<p>Hay en aquel crucero, durante las tardes de verano, algo como -laberinto de gentes y carruajes, que van y vienen. El Barón surcaba -impávido sus revueltas dificultades, como si éstas fueran su elemento, -o llevara en su mano la punta del famoso hilo de Ariadna. Verdad es que -yo no he visto una fuerza de codos como la suya, ni una facilidad más -asombrosa<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span> para dejar, -a su paso, figuras ladeadas y sombreros fuera de la vertical. Nosotros -nos colábamos por el surco que él iba abriendo.</p> - -<p>Al comenzar la bajada del camino, y en terreno ya más despejado, -acortó un poco la marcha, y describió con la vista un arco desde Cabo -Mayor a Cabo Quejo; abrió los ojos desmesuradamente, y su pecho y sus -narices se dilataron, cual de noble corcel que aspira el aire de la -rozagante pradera, tras de oscuro cautiverio. Era indudable que el -espectáculo le agradaba. Después estrelló la mirada contra las tabernas -y los bardales inmediatos, frunció las cejas, escupió recio... y apretó -el paso.</p> - -<p>Así llegamos al Sardinero, y, sin momento de descanso, visitamos -la galería, y la playa, y las casas una a una (exteriormente, -se entiende,) y las fuentes, y los paseos; y como una avalancha -atravesamos el puentecillo y llegamos a la Capilla,<span -class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span> en frente de la cual tuvo -el Barón la buena ocurrencia de hacer un alto. Diose luego media vuelta -sobre sus talones, y encarándose con cuanto habíamos visto desde que -comenzamos a bajar, como si quisiera hacer un resumen de todo ello,</p> - -<p>—¡Gran naturaleza! —exclamó, hasta con su poco de entusiasmo.</p> - -<p>—¡Admirable! —dijimos nosotros, haciendo coro a su himno.</p> - -<p>—Pero sin arte —añadió, dejándonos con las notas entre los labios, -y en la duda de si también alcanzaba su censura a la humanidad que -hormigueaba por allí.</p> - -<p>Y sin más explicaciones, describió la otra media vuelta que le -faltaba, y emprendió la marcha hacia la Magdalena como si el camino le -fuera conocido.</p> - -<p>Después de contemplar un instante el panorama del Puntal desde el -Polvorín, echó cambera arriba por detrás de éste. Indudablemente tiene -este hombre un instinto particular para adivinar sendas y caminos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span>Hasta dar con el de -Miranda, no dijo una palabra, ni tampoco su respiración se agitó una -sola vez. Lo mismo son para él las cuestas arriba que lo llano. Es un -roble que anda.</p> - -<p>Al bajar a la ciudad, le pidieron limosna, como a todo transeúnte, -los pobres de la carretera.</p> - -<p>Al primero le largó un bufido que heló la plañidera retahíla en su -gaznate abierto. Más abajo le tendió su arrugada diestra una anciana -que estaba sentada a la sombra de un árbol. Entonces el Barón, que -parecía no fijarse en nada, después de llevar una mano al bolsillo, -acercóse a la pobre y depositó algo en su regazo remendado. Miré hacia -ello quedándome dos pasos atrás, y vi que eran monedas de plata. ¿Fue -casual la acertada distinción que hizo entre los dos pobres, o es que -la costumbre de dar muchas limosnas le ha enseñado a distinguir los -buenos de los malos, con una sola mirada?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span>Ya en Santander, -ofrecímosle billete para concurrir al <i>Círculo de Recreo</i>. -Aceptole, y acompañámosle por si quería ver sus salones y encrucijadas. -Preguntonos por el de lectura, llevámosle a él, y no quiso visitar -los restantes, especialmente el de juego; enterose de la lista de los -periódicos que se recibían allí, dio un vistazo a la biblioteca, y -después de decirnos que en aquel departamento había más pasto para el -cuerpo que para el alma (señalando respectivamente a la mesa de los -papeles y a los estantes de los libros) salimos hacia la calle, sin -mirar él siquiera a los que jugaban a la baraja a 40° de calor, entre -nubarrones de humo de tabaco.</p> - -<p>Cuando le dejamos a la puerta de la fonda en que se había hospedado, -nos dio el índice, se descubrió toda la cabeza con la otra mano; y -ofreciéndonos con un ademán fino y expresivo su habitación, trepó hacia -ella..., no sin haber estrellado antes, con un resoplido, contra la -pared del por<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span>tal, el -medio tabaco que le quedaba entre los labios.</p> - -<p>—¡Vaya un tipo! —dije a mi amigo, llevándome las manos a los riñones -que me dolían de correr tras él.</p> - -<p>—Le conocí en Madrid el año pasado — me replicó mi amigo—, y puedo -asegurarte, por lo que deduje de sus hechos y lo que de él me contaron -los que le conocían mejor que yo, que es hombre que vale mucho. Tiene -gran experiencia del mundo, y un ojo sutilísimo para conocer y apreciar -a las gentes. Es bueno y generoso, hasta el punto de que sería capaz de -arrojarse al fuego por sacar de él a su mayor enemigo.</p> - -<p>Posteriormente tuve ocasión de ver que no eran exagerados estos -informes de mi amigo.</p> - -<p>El Barón de la Rescoldera, con todos los desabrimientos y -resquemores, externos, de su título, es realmente un hombre de positivo -valer.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_152">p. 152</span>De él puede -decirse, como en resumen, que, al revés de tanto farsante y de tanto -bribón como vive y medra, a expensas de la pública credulidad, es <i>un -hombre que no tiene palabra buena ni obra mala</i>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span></p> - <h2 class="nobreak">EL MARQUÉS DE LA MANSEDUMBRE.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Llegó a los cincuenta años sin haber salido de Madrid y sus -contornos. El Retiro, la Virgen del Puerto, y a lo sumo, el Pardo, -eran, para él, las mayores espesuras y fragosidades de la Naturaleza. -El mar podría tener, en cuanto alcanzase la vista, diez, veinte..., -hasta cien Estanques como el <i>Grande</i>, si se quería. Estanque -más o menos, ¿qué más daba? Del Manzanares al Saja, o al Deva, o al -Ebro, o al Guadalquivir, habría la diferencia de algunas cántaras de -agua en verano: en invierno, ninguna. En cuanto a praderas, no<span -class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span> serían más verdes ni más -extensas las del Norte que las que contemplaba él desde el cerrillo de -San Blas cuando el trigo comenzaba a crecer. La temperatura estival de -la Corte no le afligía gran cosa, porque, además de estar formado en -ella, no conocía otras más agradables.</p> - -<p>Por lo cual, y sin mujer que le pidiera veraneos, y sin hijas que -exhibir en las provincias, metódico y rutinario, amen de enemigo -irreconciliable de toda lectura que a viajes y a novelas trascendiese, -ni una sola vez sintió la tentación de meterse en alguna de las -diligencias que salían de Madrid a varias horas y por todas las puertas -de la Villa, durante el verano, entre muchedumbres de curiosos que -envidiaban la suerte de los mortales que abandonaban aquel asadero -implacable; y eso que él era uno de los curiosos. Antes al contrario, -se compadecía de aquella carne embutida entre los cuatro inseguros -tableros de la diligencia; carne cuyo desti<span class="pagenum" -id="Page_155">p. 155</span>no era harto dudoso, considerando los -riesgos que afrontaba, echándose a rodar por cuestas y desfiladeros, -durante media semana, y a merced de bestias y mayorales. ¡Cuánto más -higiénicos y menos arriesgados eran los paseos matinales que él se -daba por los alrededores del Estanque de las <i>Campanillas</i>; o -vespertinos, junto al pilón de la Fuente Castellana!</p> - -<p>Antes que el sol levantase ampollas, se encerraba en su casa, lo -bastante grande, vieja y desamueblada, para ser, relativamente, fresca, -y sustituía su traje de calle con un chupetín y unos pantalones de -transparente nipis; y si esta precaución contra el calor no le bastaba, -se quedaba en calzoncillos y en mangas de camisa. De un modo o de otro, -se pasaba el día contemplando sus queridos pececillos.</p> - -<p>Porque es de advertir que el Sr. Marqués tenía la pasión de los -peces de colores, y hasta seis redomas de cristal llenas de ellos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_156">p. 156</span>Cambiarles el agua, -desmigar pan sobre ella a horas determinadas, y estudiar en un tratado -especial la manera de conservarlos y reproducirlos, eran sus únicas -ocupaciones de recreo.</p> - -<p>Posteriormente, dos viajes a Aranjuez en ferrocarril le demostraron -que podía meterse un hombre en estos rápidos vehículos, sin el riesgo -infalible de romperse las costillas o el bautismo; por lo cual, hasta -se atrevió a prometerse a sí propio que tan pronto como hubiera una -línea abierta hasta un puerto de mar, la aprovecharía para admirar los -grandes peces en su propio y natural elemento. «Porque, desengañémonos -—se decía—, no puede asegurar que conoce la merluza ni el besugo, -quien solamente ha visto sus cadáveres embanastados en la Plazuela del -Carmen.»</p> - -<p>Y cumpliendo su promesa, tan pronto como la línea del Norte empalmó -en Alar del Rey con la nuestra, armose de valor y de dinero, y se -plantó de un tirón en el famoso puerto del mar Cántabro.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_157">p. 157</span>Si ha encontrado -aquí lo que se prometían sus ilusiones, dígalo la puntualidad con que, -desde entonces, viene cada verano a Santander.</p> - -<p>Cansados estarán ustedes de conocerle. Es de corta estatura, muy -derecho, enjuto de carnes, redondito de cara, risueño y corto de -vista; son rubios los pocos pelos de su cabeza, y casi blancos los del -recortado bigote. Gasta, <i>en público</i>, levita, corbata y pantalón -negros, y chaleco blanco, sombrero de copa alta y anteojos con armadura -de oro.</p> - -<p>Tal es, repito, en público, su arreo; o mejor dicho, <i>en -tierra</i>; y con él le habrá visto el lector, no en las Alamedas, ni -en el Sardinero, ni <i>en la sociedad</i>, sino en los embarcaderos de -todos los Muelles, desde Maliaño hasta Puerto-Chico, o en camino de -alguno de ellos, en los cuales no faltan nunca pescadores de caña o de -<i>aparejo</i>.</p> - -<p>Tras ellos está siempre, estando <i>en tierra</i>, con las manos a -la espalda, el bas<span class="pagenum" id="Page_158">p. 158</span>tón -entre las manos, el cuerpo inclinado hacia adelante, y la vista -inmóvil, fija en el corcho flotante o en la sereña tendida.</p> - -<p>—¡Quieto, quieto! —exclama a lo mejor, si nota que el corcho se -mueve y el pescador se apresura a tirar—. Esa es picada falsa... Ahora, -ahora muerde... ¡Fuera con él!</p> - -<p>Y si el pescado sale coleando en el anzuelo, lanza un ¡bravo! -y si el pez no es <i>pancho</i>, bate además sus manezuelas; y -de todos modos, sean panchos o lobinas lo que se pesque, él lo -<i>desengarma</i>, confundiéndose entonces, en un solo ovillo, el pez, -las manos, las gafas y el anzuelo.</p> - -<p>Semejantes intrusiones y familiaridades no dejaron de costarle al -principio algún disgusto, pues no son siempre los pescadores de caña -tan pacientes como la fama supone; pero, poco a poco, fueron estos -acostumbrándose a las <i>cosas del señor Marqués</i> (que, por otra -parte, no peca de tacaño con <i>los del oficio</i>) y hoy todos le -to<span class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>leran y hasta le -encuentran <i>devertido</i> y <i>celébre</i>.</p> - -<p>Mas no son éstas sus ocupaciones <i>de carácter</i>; quiero decir, -que no viene para sólo eso el Sr. Marqués a Santander.</p> - -<p>Cuando llega, ya le está esperando una <i>barquía</i> perfectamente -limpia y carenada, con los necesarios útiles de pesca, inclusa la -<i>guadañeta</i> para <i>maganos</i>. Prefiere la barquía, porque -teniendo todas las condiciones de seguridad de la lancha y todas las -de ligereza del bote, es bastante más grande que el uno y de más fácil -manejo que la otra. Dos marineros, condueños de la barquía, están, -como ésta, a su disposición; y según que el Marqués prefiera las -<i>porredanas</i> o las <i>llubinas</i>, le conducen a la boca del -puerto, o a las <i>puntas de arena</i> de la bahía, todos los días, -infaliblemente, si el tiempo no está tempestuoso; pues por chubasco más -o menos, no deja él de embarcarse para estar en el sitio conveniente al -apuntar la marea.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span>Ancho pajero y -desaliñado y viejo vestido de lanilla lleva para el sol; y por si -llueve, amplísimo impermeable y enorme paraguas de mahón. Por supuesto, -no falta el acopio de vino y de fiambres para él y los marineros, el -día en que la marea tercia de modo que no puedan volver a comer a casa -a la hora conveniente.</p> - -<p>Durante la pesca, transige con que los marineros le <i>ceben</i> los -anzuelos o le reemplacen con otra nueva una <i>tanza</i> rota, o le -<i>desengarmen</i> el aparejo, cuando éste se le engarma entre peñas o -en la caloca; pero se guardarán muy bien de tocar el pez que él saque -preso en el hierrecillo traidor.</p> - -<p>Un día quiso lanzarse a correr aventuras fuera del puerto, seducido -por las pinturas que sus marineros le hacían del tamaño y abundancia -del pescado en aquellas honduras; y salió, en efecto; mas apenas -comenzó la barquía a mecerse en pleno mar, y a columpiarse desde «el -lomo altivo al seno proceloso de las ondas»<span class="pagenum" -id="Page_161">p. 161</span> (como acontece allí, aun en las ocasiones -en que se dice de la mar que está <i>como un plato</i>) pensó que la -costa bailaba el fandango, <i>cambió la peseta</i>, y tuvieron los dos -marineros que llevarle a puerto seguro, antes que se les quedara entre -las manos.</p> - -<p>Esta lección le sirvió para no intentar siquiera «el estudio del -besugo y de la merluza en su propio y natural elemento,» contentándose, -hasta mejor ocasión, con el <i>anfiteatro</i> de la Pescadería, donde -los veía tan cadáveres como en la Plazuela del Carmen, aunque un poco -más frescos.</p> - -<p>Por lo demás, entregándose, como se entrega, con verdadera -embriaguez, al placer de la pesca menor, y poseyendo <i>el arte</i> -como cree él poseerle, es, durante la temporada, casi completamente -feliz. Y digo casi, porque no ha podido adiestrarse mayormente en el -manejo especialísimo de la guadañeta.</p> - -<p>—Aquí hay algún misterio que yo no penetro todavía —dice con -desconsuelo a<span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span> sus -remeros e instructores, cada vez que estos, predicando con el ejemplo, -van sacando maganos—. Esta pesca es <i>al vuelo</i>, digámoslo así; hay -que robar más bien que pescar; y necesito yo estudiar, ante todo, la -marcha y la estrategia de la banda.</p> - -<p>Y estudia, en efecto; y cuando ya se le rinde la muñeca de tanto -menearla, la caridad, sin duda, medio le traba un magano que, al salir -al aire libre, le lanza a la cara toda la <i>tinta</i>, dejándosela -más negra que la del negro Domingo, sin que falte su abundante rociada -para la camisa y cuanto blanquea sobre su cuerpo. Pero como esta tinta -es la sangre de aquellas batallas, lejos de creerse afrentado con el -tizne, lúcele orgulloso al desembarco, y toma las risas de la gente por -muestras de admiración a sus proezas.</p> - -<p>Tal es el verdadero <i>punto negro</i> de su felicidad; y eso que, -generalmente, pesca poco, o no pesca nada, si no se le cuentan<span -class="pagenum" id="Page_163">p. 163</span> como pesca tal cual dolor -de cabeza, o romadizo, que de esto no le falta, gracias a Dios, durante -la temporada.</p> - -<p>No hay para qué decir que es uno de sus grandes placeres obsequiar -a las personas de su mayor aprecio con el producto de sus afanes de -pescador. Que, cuando no pesca, habla de lo que ha pescado y de lo -que piensa pescar, y que miente en la mitad de lo que habla entonces, -también por sabido se calla. La afición desmedida a ese y otros -parecidos entretenimientos, lleva consigo esa pequeña debilidad. Que lo -digan los cazadores, y no se ofendan por ello.</p> - -<p>La temporada de este tipo concluye cuando los Noroestes se hacen -crónicos, y la bahía, incitada por ellos, dice que no tolera más -bromas en sus aguas. Entonces, curtida su cara por las brisas y el -sol, apestando su equipaje a brea y a <i>parrocha</i>, gratifica -generosamente a sus dos camaradas de <i>campaña</i>, después de -pagarles<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> el alquiler -de la barquía; y sale para Madrid con el temor de que han de parecerle -siglos los meses del invierno, aunque lleno de satisfacción por haber -cumplido ampliamente el propósito que le trajo a Santander.</p> - -<p>Un dato muy expresivo, que se me olvidaba:</p> - -<p>Le vi en una ocasión pararse delante de una tienda en que yo estaba -sentado. Plantose a la puerta, dio en las losas dos golpecitos con -la contera de su bastón, en el que apoyó en seguida su diestra mano, -oprimió suavemente con la otra sus gafas contra el entrecejo, carraspeó -tres veces, levantó mucho sus cejas y los correspondientes párpados, -como si se maravillara de algo, y exclamó, por todo saludo, encarándose -con mi amigo, y también de ustedes probablemente, el dueño de la -tienda:</p> - -<p>—Señor D. Juan: pic... pic... pic.. pic... pic... pic... pic... (y -marcaba cada uno de<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> -estos sonidos con la mano izquierda, unidos índice y pulgar.) Siete -veces picó; y yo quieto,... quieto,... quieto,... Picadas falsas... Tú -te clavarás... En efecto: un poco después, ¡zas!... ¡zas!... (y aquí -frunció el ceño el buen señor, y marcó los golpes a puño cerrado)... -Ahora muerdes, dije yo, y ¡rissch! tiro en firme... ¡Dos libras y media -pesó! ¡Una porredana como un bonito!... Ayer tarde, a dos brazas de -<i>la Horadada</i>... Esta noche tendemos el esparavel... Ya diré a Vd. -la carnicería que resulte... Adiós, Sr. D. Juan.</p> - -<p>Y se fue.</p> - -<p>Así conocí yo al inofensivo, al dulce, al apacible, al venturoso -Marqués de la Mansedumbre.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_14"> - <p><span class="pagenum" id="Page_167">p. 167</span></p> - <h2 class="nobreak g0">UN JOVEN DISTINGUIDO,</h2> - <p class="centra fs110 ws1 mt05">(<i>visto desde sus pensamientos</i>.)</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<h3 class="lh150">I.<br />EN UN CUARTO DE UNA FONDA.</h3> - -<p>No me digan a mí (<i>enfrente del espejo, y en ropas menores</i>) -que aquellos hombres de anchas espaldas y robusto pecho, que gastaban -gabanes de acero y pantalones de hierro colado, eran el tipo de la -belleza varonil... Serían, todo lo más, forzudos; pero elegantes... -¡bah!... Hay que desengañarse: es mucho más hermosa la juventud de -ahora... ¿Qué hay que pedir a esta pierna larga y delgada, como un -mim<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span>bre? ¿a este -brazo descarnado y suelto, como si no tuviera coyunturas? ¿y a este -talle que se cimbrea? ¿y a este pescuezo de cisne?... ¡Si no fuera -por esta pícara <i>nuez</i>! Pero se me ha corregido mucho, y a la -hora menos pensada desaparece por completo. De todas maneras, la -cubriré con la barba... cuando la tenga... Y en verdad que sentiré -tenerla, porque con ella perderá el cutis su frescura: ¡cuidado si es -fresco y sonrosado mi cutis! ¡Si estuviera la cara un poco más llena -de carnes y fueran los dientes algo más blancos y menudos!... porque -con estos ojos rasgados, este bigotillo de seda y este pelo negro -echado hacia atrás... ¡Qué hermosa frente tengo!... Y eso que no es -muy ancha... Bien. Ahora el traje <i>amelí</i> de <i>negligé</i>. -¡Qué bien cae el pantalón sobre los pies! Me gustan estas campanas -tan anchas, porque tapan los juanetes. ¡Pícaros juanetes! ¿Por qué he -de tener yo juanetes como un hombre vulgar?... No sé si me ponga el -som<span class="pagenum" id="Page_169">p. 169</span>brero de paja a -la marinera, o el de fieltro. Como es por la tarde... Me decido por el -de paja. No <i>viste</i> tanto, pero <i>me va</i> muy bien... Ahora -los guantes de piel de Suecia, el bastón de espino ruso..., y a la -calle... Vaya antes una mirada general... Intachable. ¡Cómo se nos -conoce en <i>el aire</i> a los chicos distinguidos!... Por cierto que -estos provincianos de Santander tienen un afán de arrimarse a uno... -y luego serán capaces de quejarse si se les da un desaire... Pues no -me hace gracia esta corbata: no juega bien con el traje. La cambiaré. -Afortunadamente tengo en qué escoger. Papá se propuso sin duda que en -esta primera salida mía a provincias dejara yo el pabellón bien puesto, -y nada me ha escaseado. Corresponderé, papaíto, a tus propósitos; y -la fama te dirá luego quién es tu hijo. Así están más en armonía los -colores; y hasta las puntas sueltas <i>dicen</i> mejor a este traje -que el nudo armado... Probablemente me esta<span class="pagenum" -id="Page_170">p. 170</span>rán esperando en el Sardinero Casa-Vieja, -Monteoscuro, Pradoverde y Manolo Cascajares... y hoy me hacen suma -falta, para que me ayuden a averiguar quién es aquella hechicera y -distinguida rubia que paseaba ayer tarde con las de Potosí. Cuando -quise acercarme a ellas para saberlo, se metieron en un carruaje, y -perdí la pista... Tres veces me miró ¡tres! pero ¡con qué intención!... -Lo raro es que yo no la conocía hasta entonces... Acaso ella me -haya visto antes en alguna parte: esto es lo más probable... En lo -que no cabe duda es en que las de Potosí la habrán dicho quién es -papá; por consiguiente tengo andada la mayor parte del camino, y mis -<i>relaciones</i> con ella son seguras... Lo siento por el desengaño -que van a llevarse mis dos conquistas del Muelle. ¡Pobres chicas! Pero -ellas se lo han querido. A la tercera vez que pasé bajo sus balcones -ya me devoraban con los ojos... Y el caso es que son muy bonitas... -Si se conformaran<span class="pagenum" id="Page_171">p. 171</span> -con el segundo puesto que les corresponde en mi corazón. ¡Corazón! -Pero ¿le tienes tú, acaso, joven voluble?... ¡Y ellas que aspiran a -conquistar el primero! Tendría que oír lo que se dijera de mí en Madrid -este invierno, si me presentara en el gran mundo con la historia de dos -conquistas provincianas por botín de mi campaña veraniega. ¡Yo que soy -uno de los chicos de moda y de más porvenir!... En fin, por de pronto -martiricémoslas un poco, y enseñemos a estos cursis montañeses algo de -lo que vale y puede un joven de la buena sociedad madrileña.</p> - - -<h3 class="lh150">II.<br />EN LA CALLE.</h3> - -<p>Antes de acometer el asunto principal de mi empresa de hoy, -hagamos un poco<span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span> de -prólogo por el interior de la ciudad. Éntrome por la calle de San -Francisco... ¡Vulgo, vulgo todo! Modistillas, horteras, traficantes -que van y vienen, y algunas señoras cursis... Aquellos tres chicos -con humos de elegantes van a querer arrimarse a mí... Haré que no los -veo, poniéndome a mirar esta vidriera... Ya pasaron... Me carga esta -gente por lo pegajosa que es... No sé por qué se les figura que el -darle a uno billete para el Círculo, o para los bailes de campo, les -autoriza para tomarse ciertas libertades... Todos los que pasan a mi -lado me miran. Dirán para sus adentros: «¡Qué chico tan elegante y tan -distinguido; ese es de Madrid!»... porque se nos conoce a la legua... -Se me figura que por más allá de San Francisco viene algo que no es -vulgo... ¡Oh, fortuna! son las de Cascajares. Bien decía yo que ese -aire no era de por acá. Voy a saludarlas... «A los pies de ustedes...» -«Perfectamente, gracias...» «Pues por aquí ma<span class="pagenum" -id="Page_173">p. 173</span>tando el aburrimiento...» «Lo comprendo -sin que ustedes me lo digan...» «Ni tampoco sociedad...» «Qué quieren -ustedes, les falta <i>chic</i>...» «También yo, en cuanto se marchen -las amigas del Sardinero...» «Creo que van primero a Ontaneda...» -«Y Pilar erisipela...» «¡Qué maliciosas son ustedes!...» «Y Manolo, -¿dónde anda?...» «Entonces le veré en el Sardinero.» «A los pies de -ustedes.»</p> - -<p>¡Qué amables, qué discretas y qué distinguidas! Pues tampoco yo -he sido rana... ¡Aquello de la erisipela lo dije con una travesura y -un retintín!... A estos <i>gomosos</i> provincianos quisiera yo ver -tiroteándose con las señoras del gran mundo. ¿Qué idea tendrán de él -aquí? ¡Pobre gente!</p> - -<p>Pues señor, esta región ya está explorada. Ahora al Muelle. Allí -lanzaré un par de flechazos a mis dos montañesitas, y en seguida -tomo el tranvía para el Sardinero. De más tono sería un carruaje -abierto, en que fuera yo recostado con esa indo<span class="pagenum" -id="Page_174">p. 174</span>lencia voluptuosa que tan bien me va; pero -no hay que hablar de eso en este pueblo atrasadísimo... Echo por los -atajos para llegar primero.</p> - -<p>¡Oh, qué brisa tan oportuna corre por aquí!... ¡Cómo juguetea con -mis cabellos y con las puntas sueltas de mi corbata!... ¡Debo estar -hermosísimo en este instante!... Andaré un poco más de prisa, no se -figure algún mentecato indígena que la Ribera ni las que en ella viven -son capaces de llamar mi atención... ¡Voy de paso, sí señores, nada -más que de paso!... aunque demasiado conocerá la gente que, a estas -horas, no puede venir por aquí con otro objeto un chico distinguido de -Madrid.</p> - -<p>Me parece que aquel mirador es el de una de ellas. Justamente... -¡como que está esperándome en él!... Pero no está sola... ¡Anda! pues -es <i>la otra</i> quien la acompaña. Serán amigas... Tanto mejor; así -despacho de un solo viaje. ¡Hermosa carambola voy a hacer con cada -mirada!...<span class="pagenum" id="Page_175">p. 175</span> ¿qué -digo carambola? la discordia es lo que van a producir mis miradas; -como la manzana del otro... ¡Suerte más provocativa!... Vayan, ante -todo, un par de golpes de puños, haciendo, de paso, como que el -sombrero me sofoca, para meter los dedos entre el pelo... A esos dos -provincianillos que vienen por la otra acera, les haré un saludo -desdeñoso; y dirán las chicas: «¡con qué desdén tan distinguido los -trata; cómo los domina!»... ¡Agur!... ¡Qué fachas van!... Las del -mirador me han visto... Pues allá va la mirada... Ya la pescaron... -Me miran de reojo y se sonríen y cuchichean. ¡Cómo disimulan la una -con la otra! Luego será ella, cuando tratéis de ver quién se le lleva. -Para vosotras estaba, inocentes... La verdad es que son monísimas... -¡Válgame Dios, qué estragos podía yo hacer en este pueblo si me lo -propusiera! No miro a una que no me corresponda... Otro golpe de -brisa. Todo me favorece hoy. ¡Es que estoy gra<span class="pagenum" -id="Page_176">p. 176</span>ciosísimo con estas arremetidas del aire!... -Antes de perder de vista el mirador, voy a volver la cara... ¿No -lo dije? Devorándome están con los ojos... Y para disimular más se -meten corriendo en casa, haciendo que ríen a carcajadas... ¡De cuánto -fingimiento es capaz la mujer! Pues señor, este fruto está ya sazonado; -y aunque sea para entreplato, se aprovechará.</p> - -<p>El <i>Suizo</i>. Con la disculpa de buscar a alguien, voy a darme -un par de golpes de espejo... Perfectamente. ¡Qué hermoso estoy esta -tarde!... ¡Es que nunca ha sido mi cutis más blanco, ni han tenido mis -ojos más hechicera languidez! No me extraña que las del mirador hayan -quedado fascinadas... ¡Es mucho ese Madrid para chicos distinguidos!</p> - -<p>Ahora, a tomar el tranvía y buscar a mi gente al Sardinero... ¡Ah, -rubia! te compadezco...</p> - -<p>Me cargan a mí estos tranvías de pro<span class="pagenum" -id="Page_177">p. 177</span>vincia, por la morralla que va en ellos... -Por supuesto que, como de costumbre, tendré que ir de pie en la -imperial, porque, en el interior, es un poco pesado llevar tanto tiempo -el ceño fruncido y la cara de asco... Y de otro modo no puede ir un -chico distinguido como yo. Arriba, con la disculpa de mirar al mar, -puede uno siquiera volver la espalda a todo el mundo sin violencia -y sin que choque... Debería haber departamentos especiales en estos -carruajes.</p> - - -<h3 class="lh150">III.<br />EN EL SARDINERO.</h3> - -<p>Esto ya es otra cosa... aquí puedo decir que estoy en mi casa. ¡Qué -<i>toaletas</i>; qué <i>negligés</i> tan <i>chic</i>!... ¡Cómo se -destacan las madrileñas!... y ¡cómo me destaco<span class="pagenum" -id="Page_178">p. 178</span> yo! Empecemos por buscar a los amigos; -después a la rubia. La compañía le hace a uno más osado y hasta más -elocuente... No los veo por ninguna parte... Pero en cambio veo a las -de Potosí que están aquí paseando. ¡Canastos! vienen solas... ¿Y la -rubia?... Lo más acertado será preguntar discretamente por ella... -«Señoritas...» «Muy bueno, gracias...» «Sí, la tarde está hermosa para -eso...» «Ayer estaban ustedes más acompañadas...» «Palabra de honor; -jamás había visto a esa señorita...» «Hermosa es en efecto; pero -¿y qué?...» «Ni tarde ni temprano...» «¡Que se ha marchado ya!...» -«Oh, no me admiro por lo que ustedes creen, sino por lo poco que ha -estado aquí...» «De modo que veinticuatro horas escasas...» «Pues no -vi yo a su papá...» «¡Barrizales!» «¿Luego ella es Lola Barrizales, -la que estaba en un colegio de Alemania?» «Y, ¿qué va a hacer ahora -en Madrid?...» «¡Que va a casarse en cuanto llegue!...» «Nada hay de -raro,<span class="pagenum" id="Page_179">p. 179</span> en efecto, sino -que... en fin, que sea enhorabuena.» «Y hablando de otra cosa ¿han -visto ustedes a Casa-Vieja y demás amigos por aquí?...» «Lo siento, -porque andaba buscándolos para un asunto... Veré si en la galería... A -los pies de ustedes.»</p> - -<p>¡Horror y maldición! Conque era Lola Barrizales, y Barrizales es -íntimo de papá, y ella supo quién era yo; luego aquellas miradas -eran lo que yo me figuraba; y tal vez la sacrifican y ella quería -decírmelo, y yo pude haberlo impedido con una sola entrevista... -¡Maldito coche en que se metieron ayer! ¡Lola Barrizales! ¡bella, rica -y distinguida!... ¡Qué ocasión para mí! ¡qué ocasión perdida, dioses -inmortales! Pero ¿tiene remedio ya este bárbaro contratiempo? Eso es lo -que tengo que consultar con mis amigos, y voy a buscarlos ahora mismo -a la galería... Entraré en ella muy pensativo y hasta cabizbajo, como -quien lleva herido el corazón: esta actitud me <i>irá</i> muy bien. -Entremos. ¡Cuán<span class="pagenum" id="Page_180">p. 180</span>ta -gente elegante!... No están ellos aquí tampoco... En aquel extremo -hay una silla desocupada... La ocupo... Dos chicas muy guapas se han -fijado en mí. Buena ocasión para herirlas... Apoyo el codo en la -barandilla, la cabeza sobre la palma de la mano, y me pongo muy triste -y melancólico. Siguen mirándome... Y dirán ellas: «Ese joven debe tener -una gran pesadumbre ¡qué hermoso es!» y me compadecerán... Ahora miro -al suelo, apoyando la frente en mi mano; y como si quisiera ocultar -alguna lágrima que enturbiara mis ojos, doy golpecitos en el pie con el -bastón. Pero la angustia va en aumento, el disimulo no alcanza y vuelvo -la cara hacia la Ermita. Para expresarlo mejor, muerdo el pañuelo... -Estoy así un ratito, como sollozando. ¡Qué hermoso debo estar!... -Ahora, después de sonarme y guardar el pañuelo, debo levantarme y salir -de prisa, ocultando la cara, como si mi dolor se aumentase entre la -gente.<span class="pagenum" id="Page_181">p. 181</span> Allá voy... -Siguen mirándome las dos chicas y creo que algunas más. No importa; yo -no puedo, no debo, en esta situación, fijarme en nadie: a papá mismo -negaría el saludo... ¡Magnífica salida he hecho! ¡Qué interesante he -estado!... Me parece que he causado gran efecto. A la noche indagaré si -se habló algo de mí después que salí de la galería.</p> - -<p>Aquí afuera hay demasiada gente también, y no debo permanecer entre -ella estando tan triste como estoy. Me voy del Sardinero a buscar -la soledad que me corresponde. «Estuvo aquí un instante (debe decir -la gente mañana) muy afectado, y se retiró en seguida sin saludar a -nadie...» Y habrá hasta quien crea que fui a los Pinares a levantarme -la tapa de los sesos. ¡Magnífico! Esto me pondrá de moda.</p> - -<p>Me vuelvo a la ciudad, a pie, por la Magdalena; y me ayudarán a -conllevar las fatigas del camino mis tristezas. En marcha, pues.</p> - - -<h3 class="lh150"><span class="pagenum" id="Page_182">p. -182</span>IV.<br />OTRA VEZ EN SU CUARTO.</h3> - -<p>Resumen de mis meditaciones del camino: continuaré en Madrid la -empresa malograda aquí. El destino me la arrebató soltera; yo haré -que el diablo me la devuelva casada. (<i>Desnudándose enfrente del -espejo.</i>) ¡Qué interesante me han puesto la pena y el cansancio!... -Un amor contrariado con los correspondientes azares y escándalos, -debe ser la ambición de todo hombre de mundo. La suerte quiere, por -lo visto, que yo empiece por donde tantos calaveras han concluido. -Cúmplase mi destino, y ¡adelante! Pero entre tanto, yo padezco y -necesito distraerme. Me distraeré... abusando un poquito de mis -ventajas... Esta noche al teatro; mañana al baile de campo con todos -los recursos de mi hermosura, de mi distinción<span class="pagenum" -id="Page_183">p. 183</span> y de mi ropero. No me contentaré ya con la -mirada y con la sonrisa; usaré también el billete perfumado, y luego el -soborno, y después el escalamiento, y por último, hasta el rapto, y, si -es preciso, la estocada... Comencemos por vestirme de serio... ¡Juro a -Dios que no me detendrán en mi carrera ni lágrimas ni amenazas! Yo no -he traído esta contrariedad fatal; yo no me he colocado por mi gusto -en esta actitud que ha de dejar memoria eterna en Santander. No se me -pregunte luego por qué dejo víctimas detrás de mí:</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent2">«Soy el león... perseguido</div> - <div class="verse indent0">que sacude la melena.»</div> - </div> -</div> -</div> - -<p>Y pues al cielo plugo hacerme sentir el fuego de una pasión, y -arrebatarme el objeto que me la inspirara, de las cenizas que deje a mi -paso esta llama abrasadora,</p> - -<div class="poetry-container"> -<div class="poetry"> - <div class="stanza"> - <div class="verse indent0">«responda el cielo, no yo.»</div> - </div> -</div> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_15"> - <p><span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span></p> - <h2 class="nobreak">LAS DEL AÑO PASADO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>¿Conoce el lector a <i>las de Doña Calixta</i>? En un libro que anda -por ahí con el rótulo de <i>Tipos y Paisajes</i>, se habla de ellas y -de otras muchas cosas más. Si no las conoce, compre el libro. Si las -conoce, con decirle que no se separan de ellas en todo el verano las -aludidas en el título de este croquis, debe hallarlas en su memoria a -poco que la registre.</p> - -<p>A mayor abundamiento, le daré algunas señas particulares. Son -dos, madre e hija. La madre es achaparrada, con el pescuezo más bien -embutido que colocado entre los hombros, y la cabeza ensartada en -el<span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span> pescuezo, como -una calabaza en la punta de una estaca; tiene ancha y risueña la boca, -fruncido el entrecejo, grises los ojos, poca frente, mucho pelo, -mala dentadura y peor el cutis de la cara. La hija, por uno de esos -caprichos inconcebibles de la naturaleza, es todo lo contrario de su -madre; de bizarras líneas, de hermosas y correctísimas proporciones; -modelo del arte clásico, mármol griego, y como de tal sustancia, fría e -inanimada. Se llama Ofelia. Su madre no responde más que al nombre de -Carmelita, aunque otra cosa se le grite al oído.</p> - -<p>Los que lo entienden, dicen que Ofelia podría ser irresistible por -la sola fuerza de su propia hermosura, con expresión en la fisonomía, -flexibilidad en el talle y gusto en el vestir; pues además de rígida e -inanimada, parece que es sumamente <i>cursi</i>. En cuanto a Carmelita, -basta verla en la calle una vez para que el menos autorizado en la -materia pueda decidir de plano que es un espantapájaros.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span>Táchase en las dos, -como resabio de su mal gusto, un afán inmoderado de hacer ver a todo el -mundo que siempre llevan zapatos nuevos, de los más relumbrantes o de -los más historiados.</p> - -<p>Cómo empezaron sus relaciones con las de D.ª Calixta, no lo sé yo: -acaso hubo entre unas y otras esa atracción misteriosa que se explica -en latín con aquello tan sabido de <i>similis, similem querit</i>; -pero es indudable que desde que por primera vez llegaron a Santander -a veranear, intimaron con la <i>coronela</i> y sus tres hijas, como -dos gotas de agua con otras cuatro. A sus reuniones van, a sus amigas -visitan; con ellas recorren de día y de noche calles y paseos; -<i>por</i> ellas pagan sorbetes en el café, coches al Sardinero, y -lunetas en el teatro; y en su exclusiva compañía asisten a los bailes -campestres, a las serenatas, a las procesiones y a las solemnidades -públicas.</p> - -<p>Desde la primera vez que se la vio en<span class="pagenum" -id="Page_188">p. 188</span> este pueblo, llamó la atención la hermosura -de Ofelia; pero ni los hombres la codiciaron, ni las mujeres la -temieron: sus ya enumerados defectos y el contrapeso estrafalario -que le hacía su madre constantemente, entibiaban hasta el frío el -entusiasmo de los unos, y tranquilizaban hasta el desdén a las otras. -Nadie, pues, supo su nombre, ni quiso cansarse en preguntar por él. El -primer año, si se la citaba en una conversación, se decía únicamente: -<i>esa que anda con las de Doña Calixta</i>. Desde el verano siguiente, -ya se las llamó, a ella y a su madre, <i>las del año pasado</i>; -especie de mote que revela cierto cansancio de verlas, y pocos méritos -para murmurar de ellas más de una vez.</p> - -<p>Las de Doña Calixta están locas por Ofelia. En su presencia, la -ensalzan hasta la adulación; ausente, aburren al lucero del alba -hablando de su hermosura, de su elegancia, de su brillante posición, -de sus relaciones entonadas en Madrid, de las<span class="pagenum" -id="Page_189">p. 189</span> magníficas proporciones que desecha, de sus -deseos de llevarlas a pasar el invierno a su lado, de las cartas que -se escriben desde que se va de aquí, y de los encargos que se hacen -mutuamente,</p> - -<p>—Pero ¿quiénes son ellas? —se ha preguntado muchas veces a las de -Doña Calixta—. ¿Qué pito tocan en Madrid; cuál es su verdadera posición -social?</p> - -<p>A cuyas preguntas jamás han dado las interrogadas una respuesta -satisfactoria; porque, a decir verdad, no están ellas en el asunto -mucho más enteradas que los preguntantes. Y bien sabe Dios que hacen -todo lo posible por ajustar a sus amigas las cuentas al menudeo; pero -sea porque el asunto es harto sencillo y no necesita explicaciones y -está a la vista, o porque realmente hay malicia para disfrazarle, es lo -cierto que las de Madrid no acuden al interrogatorio con la claridad -que desean las de Guerrilla.</p> - -<p>—Dichosa de ti —dicen éstas a Ofelia<span class="pagenum" -id="Page_190">p. 190</span> en sus frecuentes confidencias con ella—, -¡dichosa de ti, que puedes vivir en la Corte con todas las ventajas que -te dan tu posición y tu figura!</p> - -<p>—No tanto como creéis —contesta Ofelia entre desdeñosa y -presumida.</p> - -<p>—¡Ay! no me digas eso... Di que Dios da nueces... Aquí te quisiera -yo ver todo el año.</p> - -<p>—De modo que, mejor que aquí, desde luego os confieso que se pasa -allí el tiempo; pero de esto a lo que vosotras pensáis...</p> - -<p>—¡Madrid! con aquellos paseos, con aquellos teatros, con aquella -tropa y aquellas músicas... Todo el día estarás oyéndola, ¿verdad?</p> - -<p>—Psé... Como no sea alguna vez que voy a la parada con mamá...</p> - -<p>—¡A Palacio!... ¡qué hermosura!... estará la plaza llena de -generales.</p> - -<p>—Ni se <i>arrepara</i> en ellos, chicas... La última vez que fuimos -se empeñó el coro<span class="pagenum" id="Page_191">p. 191</span>nel -<i>entrante</i> en que tomáramos asiento en el pabellón...</p> - -<p>—Y tú, con esa sequedad condenada, no querrías.</p> - -<p>—Claro está que no.</p> - -<p>—Uf, ¡qué rara, hija!... ¡Me da coraje ese genio! No me extraña que -te sucedan ciertas cosas.</p> - -<p>—¿Qué cosas?</p> - -<p>—Por de pronto, aburrir a tus proporciones, y hacerlas creer que las -desprecias; que es lo mismo que si las tiraras por la ventana... Ya ves -cómo lo creyó aquel de quien nos hablabas ayer...</p> - -<p>—¡Mira qué ganga!... Un simple <i>catredático</i>.</p> - -<p>—Ya se ve, ¡como tienes otros adoradores de alto copete!</p> - -<p>—No lo dirás por el <i>comendante</i> que me echó la carta por -debajo de la puerta.</p> - -<p>—Ya sabes tú que voy por más arriba.</p> - -<p>—Por el Marqués de la esquina, ¿eh?</p> - -<p>—¿Se llama así?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>—No, pero vive a la -esquina de la calle, dos puertas más abajo que nosotros..., como vive -un Duque tres puertas más arriba, y un Marqués enfrente.</p> - -<p>—De modo que en tu calle todos sois personajes.</p> - -<p>—Eso sí.</p> - -<p>—¡Qué gusto! Y lo del Marqués ¿será cosa hecha?</p> - -<p>—Psé... Hay poco que fiar, si os he de decir la verdad; no porque -él no esté bien apasionado, sino porque como en Madrid hay tantas -proporciones, y cambia una tantas veces de parecer... Esto nació del -teatro Real... Como es muy amigo de papá, me acompañó hasta casa a la -salida. Después me ha visitado muchas veces, y siempre ha tenido alguna -cosa que decirme al oído.</p> - -<p>—Y tú, ¿qué le has contestado?</p> - -<p>—Que se lo diga a papá.</p> - -<p>—¿Ve Vd.? ¿A que desprecias también esa proporción?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span>—Allá veremos.</p> - -<p>—Ay, ¡qué sangre de chufas!... ¿De modo que vas muy a menudo al -Real?</p> - -<p>—Bastante.</p> - -<p>—Estarás abonada.</p> - -<p>—No quise que se abonara papá a turno con las <i>Consejeras</i> del -principal: ellas bien me lo rogaron; y desde entonces, porque no lo -tomaran a desprecio, no me he abonado nunca.</p> - -<p>—¡Buenas estarán aquellas funciones! ¡Qué concurrencia habrá -allí!</p> - -<p>—Mucho personaje... toda la Corte... y muchísimo título; pero de -confianza.</p> - -<p>—Como que os conoceréis todos.</p> - -<p>—La mayor parte son íntimos de papá.</p> - -<p>—¿Por qué no tiene título tu papá?</p> - -<p>—Porque, como él dice, está por lo positivo.</p> - -<p>—¿Tendréis carruaje?</p> - -<p>—¡Como hay tantísimos de alquiler!...</p> - -<p>—Es verdad.</p> - -<p>—Por supuesto, que te escribirás con el Marqués.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span>—Anda, curiosa, -picarona, ¿quieres saber tanto como yo? Esas cosas no se dicen, ¡ea!</p> - -<p>Y con esto, o algo parecido, y cuatro palmaditas sobre el hombro de -la preguntona, corta Ofelia el interrogatorio a que todos los días se -la somete, y cambia de conversación.</p> - -<p>Entre su madre y Doña Calixta pasa, en el ínterin, algo por el -estilo.</p> - -<p>—¿Y cómo no se anima su esposo de Vd. a acompañarlas algún verano? -—pregunta a la de Madrid la coronela.</p> - -<p>—Porque no puede, Doña Calixta.</p> - -<p>—¡Que no puede!... ¡un hombre de su posición!</p> - -<p>—Pues por lo mismo. Usté no sabe, Doña Calixta, ¡qué bregas y qué -<i>laberientos</i> trae ese hombre de Dios metidos en aquella cabeza! -Ya se lo digo yo bien a menudo: «¡Cualquiera pensará que no tienes qué -comer!»</p> - -<p>—Lo mismo me pasa a mí con el coro<span class="pagenum" -id="Page_195">p. 195</span>nel, Carmelita. Ahí le tiene Vd. metido en -sus haciendas todo el año de Dios. Hoy que está levantando la presa de -una fábrica de harinas; mañana que va a los cierros con un regimiento -de cavadores; otro día, que está cercando una mies que compró la -víspera; ahora, que construye una casa de labor; después, que entró la -peste en la ganadería y ha tenido que visitarla con los albéitares; -cuándo que los colonos; cuándo que el administrador... ¡Nunca jamás -tiene un día para ver a su familia!</p> - -<p>—«Pero, hombre —le he dicho algunas veces—, sacrifica media semana -siquiera para saludar a estas señoras tan buenas y que tanto nos -quieren»... Como si callara, Carmelita...</p> - -<p>—Pues sucediéndole a Vd. eso con su esposo ¿cómo le extraña a Vd. -que el mío no nos acompañe jamás?</p> - -<p>—Creía yo que los negocios de ese caballero no serían de los que -amarran tanto como las aficiones de Guerrilla.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>—¡Mucho más, D.ª -Calixta! Figúrese Vd. que mi esposo no tiene hora libre. Estamos -almorzando: carta del Ministro de Hacienda para que se vea con él -inmediatamente; nos sentamos a comer: volante del Gobernador que tiene -que hablarle <i>de continente</i>; vamos a salir al Prado, o a la -Castellana, o al teatro, o al baile de Palacio, es un suponer; pues el -diputado, o el ayudante del general, o el diablo, está ya a la puerta -para que se vea en el <i>azto</i> con el presidente de las Cortes, o -con el Capitán general, o con el director de Beneficencia, sobre que la -contrata, o el suministro... Le digo a Vd. que él podrá ganar buenos -caudales, pero buenos sudores le cuestan al pobre. Así es que algunos -días tiene un humor que tumba de espaldas.</p> - -<p>—¿Y por qué no tiene un hombre de su confianza en quién -descansar?</p> - -<p>—Porque, como él dice, «hacienda, tu amo te vea». Lo mismo le pasará -a su esposo de Vd.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_197">p. 197</span>—Es verdad; pero ya -que tan bien le ha ido y le va con los negocios ¿por qué no se retira -de una vez? La salud ante todo, Carmelita. Y para una hija sola que -tiene...</p> - -<p>—Cierto es eso; pero los negocios, parece ser que están enredados -unos con otros, y que no es tan fácil como se cree echar el corte -cuando se quiere... Y si no, pregúnteselo Vd. al coronel.</p> - -<p>—En verdad que algo de eso suele decirme a mí Guerrilla cuando le -llamo codicioso, y le aconsejo que lo deje todo y se venga al lado de -su familia.</p> - -<p>—Pues velay, usté.</p> - -<p>—Ya, ya; ya me hago cargo.</p> - -<p>Y por más vueltas que dan la madre y las hijas a sus -interrogatorios, no sacan otra cosa en limpio las de D.ª Calixta, con -respecto a la verdadera posición social de sus amigas de Madrid.</p> - -<p>Algo pudiera decirlas yo que les ahorrara más de la mitad del -camino para<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span> llegar -al asunto: pero ¡vaya Vd. a ponerlo en sus bocas! Toda la veneración -que sienten por Ofelia, no alcanzaría a impedirlas que se lo contaran, -<i>en secreto</i>, al primero que les manifestara el mismo afán que -ellas tienen hoy. Y que ese <i>algo</i> no debe publicarse después de -haber ellas mismas ensalzado tanto la prosapia de Ofelia, es indudable. -Y si no, que lo diga el imparcial lector, a quien hago juez en el -asunto. Trátase de una carta que las de Madrid se dejaron olvidada -debajo de la cama, en la casa de huéspedes que habitaron el verano -pasado: carta que llegó a mi poder, no diré cómo, y dice así:</p> - -<blockquote> - - <p>«Mi más querida esposa Carmelita, y amadísima hija Ofelia: Sus - escribo la presente para decirvos que estoy bueno de salú, y para - que me digáis cómo anda la vuestra; pus va diquiá dos semanas que - no recibo carta de vusotras. De paso sus alvertiré que, como la - lezna no entra por<span class="pagenum" id="Page_199">p. 199</span> - onde señala, lo de la contrata de zapatos para el Hospicio no salió - esta vez como las otras; y gracias que lo cuento en mi casa. Paece - de que antier volvieron los chicos descalzos al establecimiento, - porque a resultas de la lluvia, se reblandeció el cartón de la suela, - y se descubrió el ajo. Diréis que cómo otras veces ha pasado el - engaño, y ahora no. Sus diré a eso que, en primer lugar, esta vez, - por guitonada de los oficiales, no se dio bien al cartón el unto - que sabéis y con el que aguantaba un zapato siquiera tres posturas - (no mojándose en la segunda); y después porque ya no está allí el - encargado de enantes, que además de recibir la obra por buena, echaba - a los chicos la culpa de la avería, cuando se le quejaban de ella. - Tomó cartas ahora el Administrador, y me baldó. Por buena compostura, - he consentido en perder todo el valor de lo entregado; que, por - fortuna, de cartón era ello y de badana. ¡Bien haya los sofocos<span - class="pagenum" id="Page_200">p. 200</span> que me di cortando pares - en el mostrador! ¡Y yo que pensaba calzar a medio ejército de tropa, - por lo que, como sabéis, tenía echado un memorial en el menisterio! - Me temo que lo del Hospicio no me ha de favorecer nada para el caso. - Y lo peor es que por atender con todos mis operarios a la tarea, los - parroquianos de fino han estado mal servidos, y algunos me dejan.</p> - - <p>»A todo esto, sus diré que el Marqués de la esquina se ha casado - en Alicante, con una viuda rica y vieja, para salir de trampas. Bien - sus decía yo que estaba más tronado que una rata, y también sus dije - que me debía los botitos de dos años; y ahora sus diré que además - me debía siete duros que me pidió una noche al pasar por la tienda, - porque no llevaba suelto. Cuando venga le pasaré la cuenta de todo; - y si paga, que no pagará, eso saldremos ganando... ¡y gracias que - no nos debe más, que bien hubiera podido ser! No hay que pen<span - class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>sar en estos Marqueses que - soban mucho a los artistas que tenemos hijas guapas.</p> - - <p>»Esto me alcuerda que ya van cinco veranos que veraneáis en esa, - sin el menor apego de <i>indiano</i>, como sus figurestes. Con un par - de negocios como el del Hospicio, sacabó la tela y, como el otro que - dice, el veraneo de moda. Mucho sus quiero, pero no sé si podréis - ripitir.</p> - - <p>»Venisius pronto, que ya me hacéis falta para el ribeteo en - fino: alcordarvos de que pierdo dinero pagando, más de mes y medio, - oficialas que hagan vuestra labor.</p> - - <p>»Tocante a lo demás, devertisius mucho, pues bien sabéis sus ama y - sus estima vuestro esposo rendido y amante padre,</p> - - <p class="firma mt1">»<span class="smcap">Crispín de la - Puntera.</span>»</p> - -</blockquote> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_16"> - <p><span class="pagenum" id="Page_203">p. 203</span></p> - <h2 class="nobreak g0">EN CANDELERO.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>—«Que va a Alicante; que prefiere a Valencia; que acaso se decida -por Barcelona.</p> - -<p>—»Que ya no va a Barcelona, ni a Valencia, ni a Alicante; porque -viene a Santander.</p> - -<p>—»Que ya no va a ninguna parte.</p> - -<p>—»Que le son indispensables los baños de mar, y que tiene que -tomarlos.</p> - -<p>—»Que se decide por la playa del Sardinero.</p> - -<p>—»Que vendrá en julio; que acaso no pueda venir hasta principios -de agosto; que lo probable es que ya no venga hasta muy cerca de -setiembre.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>—»Que ya no viene -ni en julio, ni en agosto ni en setiembre.</p> - -<p>—»Que, por fin, viene, y se cree que se hospedará en una fonda del -Sardinero.</p> - -<p>—»Que es cosa resuelta que llegará el tantos de julio, y que no se -hospedará en el Sardinero, sino en la ciudad.</p> - -<p>—»Que no se sabe si le tendrá en su casa el Marqués de X, o el Conde -de Z, o D. Pedro, o D. Juan, o D. Diego.</p> - -<p>—»Que resueltamente se hospedará en casa del Sr. de Tal.»</p> - -<p>Eso, y mucho más por el estilo, cuentan, corrigen, desmienten, -rectifican y aseguran todos los días estos periódicos locales, con el -testimonio de los de Madrid y algunas correspondencias particulares, -desde mayo a fin de julio, casi en cada año, refiriéndose a alguno de -los personajes que a la sazón se hallen <i>en candelero</i>.</p> - -<p>Un día vemos conducir a hombros por la calle, una lujosa sillería, -un espejo raro,<span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span> -una mesa de noche muy historiada..., algo, en fin, que no se ve en -público a todas horas; observamos que las señoras indígenas transeúntes -se quedan atónitas mirando los muebles, y hasta las oímos exclamar: -«Son para el gabinete que <i>le</i> están poniendo. El espejo es de -Fulanita, la mesa de Mengano, y la sillería de Perengano.»</p> - -<p>Y llega el tantos de julio; y por la tarde se ven fraques, levitas -y tal cual uniforme, camino de la Estación, y además el carruaje que -envía el Sr. de Tal, propio, si le tiene, y si no, prestado.</p> - -<p>Poco después estallan en el aire, hacia el extremo del andén, media -docena de cohetes, y casi al mismo tiempo se oye el silbido de la -locomotora que entra en la Estación. Luego salen de ella los viajeros -vulgares, y puede verse en el fondo, enfrente de la puerta, un grupo -de personas apiñadas, confundiéndose en él el oro de los uniformes -con el negro paño de la me<span class="pagenum" id="Page_206">p. -206</span>dia etiqueta; el cual grupo se cimbrea de medio a arriba muy -a menudo, dejando ver, a tiempos, en su centro, una persona erguida e -impasible, como ídolo que recibe la incensada; después el del centro -del grupo, con otros tres de la circunferencia, toman asiento en el -carruaje; parte éste al trote de sus caballos, síguenle, echando los -pulmones por la boca, dos docenas de granujas impertinentes, y una -pareja de guardias municipales que llevan los paraguas y los abrigos -de algunos de los que van en el coche, y vuelven a verse los mismos -fraques y galones de antes camino de la Dársena, pero dispersos y en -desorden.</p> - -<p>Y andando, andando, el carruaje llega al punto de su destino.</p> - -<p>—¿Cuál de ellos es? —pregunta algún curioso, al ver apearse a los -del coche.</p> - -<p>—Ese que va en medio...</p> - -<p>—Pues no tiene la mejor traza —replica el preguntante, con cierto -desaliento,<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span> en la -creencia, sin duda, de que el hombre está obligado a embellecerse a -medida que asciende en la escala de los empleos.</p> - -<p>Los que subieron la escalera de su casa acompañándole, bajan a poco -rato; y cuando anochece, comienzan a llenar de ruido la barriada la -charanga de la Caridad, y sucesivamente todas las murgas que de la -caridad pública viven.</p> - -<p>Al día siguiente vuelven a verse por la calle las libreas de la -etiqueta. Son de los que tienen obligación de ir a ofrecer sus respetos -al recién venido, y de las comisiones de esto y de lo otro. Recibe -a cada grupo a hora distinta, y tiene para todos frases bastante -lisonjeras, ya que no muy variadas.</p> - -<p>—Señores —suele decirles—, yo me felicito de recibir el cordial -saludo de... (Aquí lo que sean los visitantes) tan dignos y -beneméritos. Estad seguros de que si seguís prestándonos todo el -apoyo de vues<span class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>tra -importantísima adhesión y de vuestro celo e inteligencia en el -desempeño de vuestros respectivos cargos, el Gobierno se envanecerá -de ello; y el país, que tanto espera de nosotros, porque por nosotros -está nadando en la felicidad y en la abundancia, os lo recompensará -con largueza. Yo, fiel intérprete de sus deseos y aspiraciones, os lo -prometo en su nombre.</p> - -<p>Se dicen luego cuatro vaguedades sobre la salud del visitado, sobre -la virtud de los baños de ola, y sobre el paisaje y el clima de la -Montaña, y a otra cosa.</p> - -<p>Al segundo día, aún se ven algunos curiosos... y curiosas de copete, -husmeando hacia la puerta de la calle, a las horas probables en que -<i>él</i> ha de salir.</p> - -<p>Al tercero, nadie se acuerda ya del personaje. Solo la prensa -local se ocupa, con un celo superior a todo elogio, de decirnos si -va o si viene; si le <i>pintan</i> los baños; si piensa darse tantos -o cuántos, y cuántos se ha dado ya; si prefiere el bonito a la<span -class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> merluza; con quién comió y -con quién comerá; a qué hora se acuesta; quiénes le hacen la tertulia; -de qué lado duerme y a qué hora se levanta.</p> - -<p>Al octavo día observa la gente que por la Plaza Vieja sube un coche -lleno de señores muy espetados.</p> - -<p>—Ahí va —dicen algunos.</p> - -<p>—¿A dónde? —se les pregunta.</p> - -<p>—A visitar el Instituto. Desde allí irá a la Farola. Ahora viene del -Cristo de la Catedral.</p> - -<p>—Entonces ¿está ya para marcharse?</p> - -<p>—¡Claro; cuando le enseñan <i>eso</i>!...</p> - -<p>Y así es, en efecto. Al cumplirse la semana y media desde su -llegada, vuelven a verse una mañana, camino de la Estación, los -fraques, los galones, el coche, los granujas y los policías de la otra -vez; y en el andén, el mismo grupo dando sombreradas y apretones de -manos al propio personaje, que va poco a poco desapareciendo en un -coche reservado y muy<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span> -majo; estalla en los aires otra media docena de cohetes, vuelve a -silbar la locomotora, y parte el tren hacia la Peña del Cuervo, dejando -detrás la consabida crencha de humo vaporoso, que ondula, se enrosca y -serpentea, y al cabo se pierde y desvanece en el espacio, como todas -las vanidades de la tierra.</p> - -<p>Durante algunos días después, la gente <i>bien informada</i> se -las promete muy felices para los intereses del común. Todos los -proyectos que el Municipio tiene pendientes de superior resolución -serán despachados «como se pide»; habrá subvenciones para esto y para -lo otro y para lo de más allá; el puerto va a quedar como nuevo; los -barrancos que están a expensas del Estado a las inmediaciones de -Santander, volverán a ser anchas, firmes y cómodas carreteras..., en -fin, hasta se colocará la estatua de Velarde sobre el pedestal que -está esperándola; ¡doce años hace!... Él lo ha prometido; él lo ha -asegurado;<span class="pagenum" id="Page_211">p. 211</span> él se lo -ha ofrecido en confianza a Juan, a Pedro y a Diego... Va muy satisfecho -de <i>nosotros</i> ¡contentísimo de la acogida que se le ha hecho!</p> - -<p>Claro es que ninguna de estas ofertas se cumple, no sé si porque, -en realidad, no se hicieron, o porque se olvidaron, como tantas otras; -pero, en cambio, un día del próximo otoño amanecen Caballeros y -Comendadores de aquende y de allende, seis docenas de ciudadanos que -se acostaron simples mortales como yo. ¡Única estela que hoy dejan, a -su paso por los pueblos, los varios españoles que gozan el eventual e -instable privilegio de ser recibidos con música y cohetes!</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_17"> - <p><span class="pagenum" id="Page_213">p. 213</span></p> - <h2 class="nobreak g1">AL TRASLUZ.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>O hay que convenir en que la mujer es susceptible de adquirir -cuantos aspectos y actitudes morales quiera darle la educación, o -debemos confesar que la Naturaleza tiene, de vez en cuando, caprichos -muy singulares.</p> - -<p>Esto, que probablemente se habrá dicho cincuenta mil veces, a -propósito de las mujeres que se han hecho célebres en el campo de las -ciencias, en el de las artes, en el de las letras..., y hasta en el de -las armas, cuadra perfectamente al hablar de cierto tipo que, no por -pasar como un relámpago todos los años sobre la fisonomía veraniega -de Santander, deja de im<span class="pagenum" id="Page_214">p. -214</span>primirse en ella; y no así como quiera, sino como imprime un -pintor de fama el sello de su ingenio, su idiosincrasia artística, si -vale la palabra, sobre todas la figuras de sus cuadros.</p> - -<p>Nacida y propagada esta verdadera originalidad del sexo débil en -regiones algo inverosímiles todavía en la tradicional y cachazuda -España, cuando aparece en una, señal es de que allí puede vivir ya; -de que en ella se encuentran los elementos que necesita su vida de -ostentación y de aventuras. Estos elementos son: los hombres de Estado, -los ricos banqueros, los famosos calaveras, los pontífices de las -letras y de las artes, y, como a manera de orla de todo el catálogo, -una muchedumbre de damas del llamado <i>gran mundo</i>, y de mozuelos -esclavos de la moda.</p> - -<p>De que Santander reúne todo eso, y ha llegado ya, por ende, a -la alta categoría que alcanzan en el mundo elegante tantos otros -puertos extranjeros, en cuyas aguas lavan cada verano sus distinguidas -mata<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span>duras las -primeras aristocracias europeas, es evidente prueba el que nos visita -todos los años, desde varios acá, algún ejemplar de aquella fenomenal -especie.</p> - -<p>Mas antes que el lector eche a mala parte lo que le dije de los -elementos vitales de esta señora, apresúrome a indicarle en qué -concepto los necesita <i>hoy</i>.</p> - -<p>Figúresela en un <i>hotel</i> del Sardinero, con todo un piso a su -disposición; porque sus criados y equipajes no caben en menor espacio, -si ha de quedarle a ella el necesario para dormir, para peinarse, para -vestirse, para recibir y para comer en ancha mesa, siempre dispuesta -para una docena de convidados.</p> - -<p>Estos han de ser de las notabilidades a que aludí; es decir, de -lo más cogolludo en letras, artes, política, banca, armas..., y aun -tauromaquia, que a la sazón resida en el Sardinero o en la ciudad.</p> - -<p>Para comer con ellos, para hablar con ellos, necesita, busca y -agasaja a esos hombres. Ella los preside, ella dirige las con<span -class="pagenum" id="Page_216">p. 216</span>versaciones, ella provoca -y salpimenta los discreteos, y en sus labios hay siempre agudezas y -oportunidades para los discretos, y sutiles epigramas para los necios, -pues no dejan de serlo, en varios lances, muchos hombres de talento. -Que quien tal vida trae no debe mostrarse muy aficionada al trato de -las mujeres, no hay necesidad de asegurarlo; evidente es que huyera -de ellas si no las necesitara para fondo y accesorios del cuadro en -que ella entra como principal figura; o, a lo sumo, para tener en -quien cebar impunemente sus sátiras implacables; o esos pedazos más de -entretenimiento que repartir entre la voracidad murmuradora de su corte -favorita.</p> - -<p>Hay quien atribuye esta antipatía hacia su sexo a cierta pasión -<i>non sancta</i> que suele albergarse en los pechos que ya no laten -a impulso de un alma juvenil y retozona; cuando se huye del espejo -como de las grandes verdades que acusan faltas e imperfecciones; -cuando los tristes desengaños de las primeras arrugas hacen re<span -class="pagenum" id="Page_217">p. 217</span>cordar con envidia y -desconsuelo los triunfos y los encantos de la risueña juventud; cuando -se aspira, en fin, a conquistar, a fuerza de dispendios y agudezas, lo -que antes se atrajo por el solo brillar de la hermosura.</p> - -<p>Pero esta suposición, que bien pudiera admitirse con referencia al -molde común de las mujeres, y aun de los hombres, no está justificada -cuando se endereza a este otro tipo, cuyas pasiones, talentos y -debilidades están, y han estado quizá, muy por encima de todo lo usual -y corriente. Con esta consideración a la vista, no se afane el lector -por que le diga yo de dónde vienen esas intimidades encumbradas; de -qué procede ese varonil desparpajo que la hace, en verano, reina y -señora del Sardinero, como en invierno le da absoluto predominio en los -aristocráticos salones de Madrid, y eso que no es aristócrata ella, -ni nombre llevó jamás que a pergamino huela. Cierto es que cuando se -ha pasado la vida en roce continuo con hombres<span class="pagenum" -id="Page_218">p. 218</span> de todas las imaginables condiciones -y cataduras, a poco que se haya tomado de cada uno de ellos puede -reunirse, cerca de la vejez, gran copia de saber y de experiencia; -pero ¿cómo se llegó en la juventud a esas alturas? —pregunto yo a mi -vez—, ¿cómo lo que en unas gasta y desprestigia, en otras acrecienta el -poder y el atractivo? Aquí no hay otro remedio que volver a la segunda -parte de mi tema: la Naturaleza tiene, de vez en cuando, caprichos muy -singulares; y añado ahora que también la Fortuna suele complacerse en -mimar con sus dones más preciados a lo que es obra de los caprichos de -la Naturaleza.</p> - -<p>Así hay que explicarse esas cataratas de doblones que siguen y -preceden a esta clase de mujeres en sus viajes, y las envuelven en los -alcázares que habitan la mayor parte del año: pues ni feudo se las -conoce que tanto produzca, ni ya son Dánaes pudibundas que creer nos -hagan en las lluvias de oro de los Joves de ogaño.</p> - -<p>Ofrecedle dificultades al vulgar enten<span class="pagenum" -id="Page_219">p. 219</span>dimiento, y veréis a la imaginación echarse -desatentada por los cerros de Úbeda. Tal sucede en el presente caso. -No se comprende bien, o no se explica, la razón de su predominio y -de sus caudales, y cada cual se forja una historia a su capricho, -fundada sobre vagos rumores; y estas historias juntas quieren ser una -pequeña parte de la historia de esa dama, a quien se adjudican todas -las anécdotas <i>picantes</i>, todas las frases equívocas, todos los -triunfos y todos los escándalos con que han inmortalizado sus nombres -en la <i>alta</i> sociedad las demás mujeres de su talla.</p> - -<p>No desconoce ella estos rumores; y como sabe muy bien que son los -gajes de su oficio, antes la lisonjean que la ofenden.</p> - -<p>En las poquísimas veces que se da a luz entre su escogida corte -bigotuda, los hombres abren calle para que pase, y las mujeres temen -su mirada como el siervo la de su señor. ¿Qué mayor triunfo para su -vanidad de mujer <i>de historia</i>?</p> - -<p>Tan pocas veces se exhibe en público,<span class="pagenum" -id="Page_220">p. 220</span> que yo mismo que trato de hacer su -monografía, no la he visto jamás, ni la conozco sino por la fama que la -han dado aquí los que nos dicen que la conocen mucho.</p> - -<p>Pero <i>mito</i> o realidad, ella <i>pasa</i> por Santander cada -verano, y, como al principio dije, se imprime en la fisonomía veraniega -del pueblo de un modo indeleble, como el detalle que más resalta y -hasta da carácter e importancia a todos los demás.</p> - -<p>Y he aquí por qué yo, que estoy haciendo el croquis de esa -fisonomía, no puedo prescindir de dibujar en ella tan expresivo -pormenor.</p> - -<p>Eso haré yo tan solo, y me guardaré muy mucho de escarbar el cutis -para ver lo que hay debajo.</p> - -<p>Quédese esto, en buen hora, para los aduladores que la cantan, o -para los maldicientes que la despellejan.</p> - -<p>Si el calor de unos hechizos que ya no existen derritió el áureo -pedestal sobre que la adoración de laborioso marido colocó a su propia -mujer para atraerla el culto de<span class="pagenum" id="Page_221">p. -221</span> los demás; si la tarea olímpica de reponer con otro nuevo -cada trono derretido dejó sin fuerzas, sin esperanzas y hasta sin -vida al desventurado que tal empresa creyó fácil; si el peso que a él -le mató, abandonado al pie de la montaña tuvo nuevos Sísifos que le -empujaran, esperando llevarle triunfantes hasta la cima, y también -rodaron hasta el abismo, desalentados y rotos; si mientras duró aquel -fuego no le faltaron tronos que consumir, ni tesoros que rodar montaña -arriba, buscando su calor; si de ese montón de escombros y cenizas -ha hecho la química de la necesidad inagotable venero que surte de -esplendor a una soberanía, no destronada, antes fortalecida con la -augusta diadema de las canas; si éstas no son el fruto natural de -los años, sino la huella de las tempestades que corrió la juventud -en el mar de todos los deleites; si el corazón de la mujer, que -es casi siempre un libro abierto, sin ser por eso un libro bueno, -<i>aliquando</i> es una caverna con ruidos y sin luz ¿a mí qué me -cuentan<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> ustedes? -¿qué me importa en el presente caso? Cuéntenselo a ese enjambre del -<i>buen tono</i> que tanto se paga de ciertos relumbrones; cuéntenselo -a esa sociedad que se complace en crear ídolos que después escupe y -despedaza, acaso porque le imponen y amedrentan; cuéntenselo a esas -gentes del <i>gran mundo</i>, para quienes nada es bueno ni plausible, -sino lo <i>distinguido</i> y <i>elegante</i>. Ellas solas son las -trompetas de esas famas; ellas quienes las elevan y sahúman antes; -ellas mismas quienes las difaman después.</p> - -<p>En cuanto a mí, dibujos hago, que no autopsias; y dibujo es este, -<i>al trasluz</i>, por más señas, sobre los perfiles que la fama trazó. -Al público sale, pues, como el público le ha forjado: yo no hice más -que copiarle en esta, por ahora, última hoja de mi cartera.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <p><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span></p> - <h2 class="nobreak g2">ÍNDICE.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<table summary="Índice de contenidos"> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdrb bb">Páginas.</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1">Al lector</a>.</td> - <td class="tdrb">5</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2">Las de Cascajares</a>.</td> - <td class="tdrb">9</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3">Los de Becerril</a>.</td> - <td class="tdrb">19</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_4">El Excelentísimo Señor</a>.</td> - <td class="tdrb">27</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_5">Las interesantísimas señoras</a>.</td> - <td class="tdrb">35</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_6">Un artista</a>.</td> - <td class="tdrb">43</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_7">Un sabio</a>.</td> - <td class="tdrb">57</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_8">Un aprensivo</a>.</td> - <td class="tdrb">73</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_9">Un despreocupado</a>.</td> - <td class="tdrb">97</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_10">Luz radiante</a>.</td> - <td class="tdrb">109</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_11">Brumas densas</a>.</td> - <td class="tdrb">125</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_12">El Barón de la Rescoldera</a>.</td> - <td class="tdrb">141</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_13">El Marqués de la Mansedumbre</a>.</td> - <td class="tdrb">153</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_14">Un joven distinguido</a> (<i>visto - desde sus pensamientos</i>).</td> - <td class="tdrb">167</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_15">Las del año pasado</a>.</td> - <td class="tdrb">185</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_16">En candelero</a>.</td> - <td class="tdrb">203</td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_17">Al trasluz</a>.</td> - <td class="tdrb">213</td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK TIPOS TRASHUMANTES ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg™ -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all -the terms of this agreement, you must cease using and return or -destroy all copies of Project Gutenberg™ electronic works in your -possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a -Project Gutenberg™ electronic work and you do not agree to be bound -by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the person -or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.B. “Project Gutenberg” is a registered trademark. It may only be -used on or associated in any way with an electronic work by people who -agree to be bound by the terms of this agreement. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/65158-h/images/cover.jpg b/old/65158-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index f797482..0000000 --- a/old/65158-h/images/cover.jpg +++ /dev/null |
