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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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-The Project Gutenberg eBook of Vida de Jesús, by Ernesto Renán
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Vida de Jesús
-
-Author: Ernesto Renán
-
-Translator: Federico de la Vega
-
-Release Date: April 26, 2021 [eBook #65165]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (This book was produced from
- scanned images of public domain material from the Google Books
- project.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE JESÚS ***
-
-NOTA DE TRANSCRIPCIÓN
-
- * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas
- se han convertido a MAYÚSCULAS.
-
- * Los errores de imprenta han sido corregidos.
-
- * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose
- las variantes a la grafía más frecuente.
-
- * Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.
-
- * El texto de las notas, citas y referencias se ha hecho
- coincidir con el del original francés de la 12.ª edición. (Las
- ediciones francesas, a partir de la 13.ª, tienen adiciones que no
- están reflejadas en esta traducción.)
-
- * Las notas a pie de página procedentes del autor han sido
- renumeradas y quedan colocadas al final del libro, como en el
- original impreso. Las procedentes del editor o del traductor se
- han colocado debajo del párrafo que contiene la llamada.
-
- * Las páginas en blanco han sido eliminadas.
-
-
-
-
- VIDA
- DE JESÚS
- --
- HISTORIA
- DE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO
- --
- LIBRO PRIMERO
-
-
-
-
- ERNESTO RENÁN
-
- ——
-
- VIDA
- DE JESÚS
-
- NUEVA EDICION CON NOTAS
-
- ——
-
- MADRID
- LIBRERÍA DE ALFONSO DURÁN
- CARRERA DE S. GERÓNIMO, 2
- --
- 1869
-
-
-
-
-MADRID, 1869.--Imp. de Rivadeneyra, Duque de Osuna, 3.
-
-
-
-
-AL ALMA PURA
-
-DE MI HERMANA ENRIQUETA
-
-MUERTA EN BIBLOS EL 24 DE SETIEMBRE DE 1861
-
-
-¿Te acuerdas, desde el seno de Dios, donde reposas, de aquellos largos
-dias de Ghazir en que, solo contigo, escribia yo estas páginas,
-inspiradas por los lugares que acabábamos de recorrer? Silenciosa á mi
-lado, tú releias cada página y la copiabas apénas escrita, miéntras
-que á nuestros piés se extendian el mar, las aldeas, los barrancos
-y las montañas. Cuando á la sofocante luz de la tarde sucedia el
-innumerable ejército de estrellas, tus preguntas finas y delicadas y
-tus discretas dudas me hacian pensar en el objeto de nuestras comunes
-investigaciones. Un dia me dijiste que tú amarias este libro, por
-haber sido escrito en tu compañía, y porque te gustaba su espíritu. Y
-si algunas veces temias que le fuese contrario el juicio del hombre
-frívolo, siempre estuviste persuadida que al fin agradaria á las almas
-verdaderamente religiosas. El ala de la muerte nos hirió á entrambos
-en medio de aquellas dulces meditaciones; á la misma hora caimos en
-febril letargo... ¡Yo me desperté solo!... Tú duermes ahora en la
-tierra de Adónis, cerca de la santa Biblos y de las aguas sagradas,
-donde iban á mezclar sus lágrimas las mujeres de los misterios
-antiguos. Revélame ¡oh buen genio! á mí, á quien tanto amabas, esas
-verdades que dominan la muerte, que impiden temerla y casi nos la hacen
-amar.
-
-
-
-
-INTRODUCCION
-
-EN DONDE PRINCIPALMENTE SE TRATA DE LAS FUENTES DE ESTA HISTORIA
-
-
-Una historia de los «Orígenes del cristianismo» deberá abarcar todo el
-período oscuro, subterráneo, si se me permite la frase, que se extiende
-desde los primeros pasos de esta religion hasta el momento en que su
-existencia vino á ser un hecho público, notorio, evidente á los ojos
-de todo el mundo. Esta historia se compondrá de cuatro libros:--el
-primero, que hoy ofrezco al público, trata del hecho mismo que sirvió
-al nuevo culto de punto de partida, y le llena completamente la persona
-sublime de su fundador. El segundo tratará de los apóstoles y de sus
-discípulos inmediatos; mejor dicho, de las revoluciones que sufrió el
-pensamiento religioso en las dos primeras generaciones cristianas. Le
-cerraré hácia el año 100, época en que habian ya muerto los últimos
-amigos de Jesús y en que se habian fijado todos los libros del Nuevo
-Testamento en la forma que tienen hoy dia. En el tercer volúmen
-expondré el estado del cristianismo bajo los Antoninos: verásele en
-él desarrollarse lentamente y sostener una guerra casi constante
-contra el imperio, el cual, habiendo llegado entónces al apogeo de la
-perfeccion administrativa, y hallándose dirigido por filósofos, combate
-en la secta naciente una sociedad secreta y teocrática que le niega
-con obstinacion y le mina sin cesar. Este libro contendrá todo el
-siglo segundo. En el tomo cuarto demostraré, por último, los progresos
-decisivos que hace el cristianismo á partir de los emperadores sirios.
-En él se verá el hundimiento de la sábia construccion de los Antoninos,
-la decadencia de la civilizacion antigua hacerse irrevocable, el
-cristianismo aprovechándose de su ruina, la Siria conquistando todo
-el Occidente, y á Jesús, en compañía de los dioses y de los sabios
-divinizados del Asia, tomar posesion de una sociedad á la cual no
-bastaba ya la filosofía del Estado puramente civil. Entónces es cuando
-las ideas religiosas de las razas agrupadas al rededor del Mediterráneo
-se modifican profundamente; cuando los cultos orientales extienden
-por todas partes su dominio; cuando el cristianismo, olvidando por
-completo sus ensueños miliarios, rompe los últimos lazos que le ligaban
-al judaismo y pasa entero al mundo greco-latino. Las luchas y el
-trabajo literario del siglo tercero, que ya se presentan sin rebozo,
-no se expondrán sino á rasgos generales. Más sumariamente referiré
-aún las persecuciones del principio del siglo cuarto, último esfuerzo
-del imperio por reivindicar sus antiguos principios, aquellos que no
-concedian ningun puesto en el Estado á la sociedad religiosa. Por
-último, me limitaré á presentir el cambio de política que invirtió los
-papeles bajo el cetro de Constantino é hizo del más libre y espontáneo
-movimiento religioso un culto oficial sujeto al Estado y perseguidor á
-su vez.
-
-Ignoro si tendré vida y fuerzas suficientes para llenar un plan tan
-vasto. Me daria por satisfecho si, despues de haber escrito la vida
-de Jesús, pudiese referir, segun yo la comprendo, la historia de los
-apóstoles, el estado de la conciencia cristiana durante las semanas que
-siguieron á la muerte de Jesús, la formacion del ciclo legendario de la
-resurreccion, los primeros actos de la iglesia de Jerusalen, la vida de
-San Pablo, la crísis del tiempo de Neron, la aparicion del Apocalípsis,
-la ruina de Jerusalen, la fundacion de las cristiandades hebráicas de
-la Batanea, la redaccion de los evangelios y el orígen de las grandes
-escuelas del Asia Menor derivadas de Juan. Todo palidece junto á ese
-maravilloso primer siglo. Y por una singularidad rara en la historia,
-vemos mucho más claramente lo que pasó en el mundo cristiano desde el
-año 50 al 75 que desde el 100 al 150.
-
-El plan que he adoptado en esta historia me ha impedido introducir
-en el texto largas disertaciones críticas sobre los puntos
-controvertidos. Un sistema contínuo de notas permite al lector
-comprobar por sí mismo en las fuentes que se citan, las proposiciones
-de la obra[*]. En esas notas me he limitado estrictamente á las citas
-de primera mano, esto es, á la indicacion de los pasajes originales,
-sobre los cuales se apoya cada aserto ó cada conjetura. Comprendo
-que para las personas poco iniciadas en esta clase de estudios,
-serían indispensables explicaciones mucho más extensas. Pero no tengo
-costumbre de retocar lo que está hecho y bien hecho. Para no citar sino
-libros escritos en frances, aquellos que deseen profundizar la materia
-pueden proporcionarse las obras siguientes:
-
- [*] Para no fatigar la atencion del lector con repetidas llamadas
- bajo el texto, hemos creido oportuno trasladar las notas al fin
- del volúmen.
-
-_Études critiques sur l’évangile de saint Matthieu_, par M. Albert
-RÉVILLE, pasteur de l’Église wallonne de Rotterdam.
-
-_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, par M.
-REUSS, professeur à la Faculté de théologie et au séminaire protestant
-de Strasbourg.
-
-_Des doctrines religieuses des Juifs pendant les deux siècles
-antérieurs à l’ère chrétienne_, par M. Michel NICOLAS, professeur à la
-Faculté de théologie protestante de Montauban.
-
-_Vie de Jésus_, par le Dr. STRAUSS, traduite par M. LITTRÉ, membre de
-l’Institut.
-
-_Revue de théologie et de philosophie chrétienne_, publiée sous la
-direction de M. COLANI, de 1850 à 1857.--_Nouvelle Revue de théologie_,
-faisant suite à la précedente, depuis 1858.
-
-_Les Évangiles_, par M. Gustave d’EICHTHAL. Première partie: _Examen
-critique et comparatif des trois premiers évangiles_.
-
-Los que quieran tomarse el trabajo de consultar estos excelentes
-escritos, encontrarán en ellos la explicacion de multitud de
-puntos sobre los cuales he tenido que ser muy conciso. En lo que
-particularmente se refiere á los textos evangélicos, su crítica
-detallada ha sido hecha por Strauss de un modo que deja muy poco
-que desear. Y aunque Strauss se haya engañado en su teoría sobre la
-redaccion de los evangelios[1], y aunque su libro tenga, en mi opinion,
-el defecto de afirmarse en gran manera sobre el terreno teológico y muy
-poco sobre el de la historia[2], preciso es, para apreciar los motivos
-que me han guiado en una infinidad de detalles, seguir la discusion,
-siempre juiciosa, aunque algo sutil en ocasiones, de la obra que tan
-bien ha traducido mi sabio cofrade M. Littré.
-
-En materia de testimonios antiguos creo no haber descuidado ninguna
-fuente de informaciones. Sin contar un sinnúmero de datos esparcidos
-acá y allá, cinco grandes colecciones de escritos nos quedan respecto
-á Jesús y al tiempo en que vivió:--1.ª los evangelios y en general los
-escritos del Nuevo Testamento; 2.ª las composiciones llamadas apócrifas
-del «Antiguo Testamento»; 3.ª las obras de Filon; 4.ª las de Josefo;
-5.ª el Talmud. Los escritos de Filon tienen la inapreciable ventaja de
-mostrarnos las ideas que, en tiempo de Jesús, fermentaban en las almas
-ocupadas en las grandes cuestiones religiosas. Verdad es que Filon
-vivia en otra provincia del judaismo, diferente de la en que habitaba
-Jesús; pero tambien lo es que su carácter, como el del fundador del
-cristianismo, estaba muy por encima de las pequeñeces que reinaban
-en Jerusalen:--Filon es en este concepto el hermano mayor de Jesús.
-Sesenta y dos años tenía cuando el profeta de Nazareth se hallaba en
-el apogeo de su actividad, y le sobrevivió diez años, por lo ménos.
-¡Lástima es que los azares de la vida no le llevasen á Galilea! ¡Cuánto
-no nos habria enseñado!
-
-El estilo de Josefo, que particularmente escribia para los paganos,
-no tiene la misma sinceridad. Sus escasas noticias sobre Jesús, Juan
-Bautista y Júdas el Gaulonita, son áridas y sin color. Se conoce
-á primera vista que trata de presentar aquellos movimientos, cuyo
-carácter era tan profundamente judáico, bajo una forma inteligible
-para los griegos y romanos. Sin embargo, tengo por auténtico el pasaje
-que se refiere á Jesús, porque se halla en perfecta armonía con la
-índole de Josefo; al mencionar este historiador á Jesús no debió
-hacerlo de otro modo. No obstante, se conoce que una mano cristiana
-ha retocado el pasaje añadiéndole algunas palabras, sin las cuales
-habria sido casi blasfematorio[3], y suprimiéndole ó modificándole
-algunas expresiones[4]. Preciso es tener presente que Josefo debe su
-fama literaria á los cristianos, quienes adoptaron sus escritos como
-documentos esenciales á su historia sagrada. Probablemente se hizo
-de ellos en el siglo segundo una edicion corregida segun las ideas
-cristianas[5]. De todos modos, lo que constituye el inmenso interes
-de Josefo con relacion á nuestro asunto, es la viva luz que arroja
-sobre los personajes de aquel tiempo. Gracias á él, Heródes, Herodías,
-Antipas, Felipe, Anás, Caifás y Pilátos, son figuras históricas que
-aparecen de relieve á nuestra vista con maravillosa exactitud.
-
-Los apócrifos del Antiguo Testamento, y en particular la parte judía
-de los versos sibilinos y el Libro de Henoch, tienen, unidos al Libro
-de Daniel, que tambien es un verdadero apócrifo, inmensa y capital
-importancia para la historia del desarrollo de las teorías mesiánicas
-y para la inteligencia de las concepciones de Jesús sobre el reino de
-Dios. El Libro de Henoch, muy conocido de las personas que rodeaban
-á Jesús[6], nos da, sobre todo, la clave de la expresion de «Hijo
-del Hombre» y de las ideas que á ella se refieren. Gracias á los
-trabajos de MM. Alexandre, Ewald, Dillmann y Reuss, la edad de estos
-diferentes libros está ya fuera de duda. Todo el mundo conviene en
-que la redaccion del más importante de entre ellos data de los siglos
-segundo y primero ántes de Jesucristo. La fecha del Libro de Daniel
-es más incierta. El carácter de las lenguas en que está escrito, el
-uso de palabras griegas, el anuncio claro, determinado, preciso de
-los acontecimientos que alcanzan hasta la época de Antíoco Epifáneo,
-las falsas imágenes que en él se trazan de la antigua Babilonia, el
-colorido general del libro, que en nada se parece á los escritos del
-cautiverio, y que, al contrario, se armoniza por una infinidad de
-analogías con las creencias, las costumbres y los giros de imaginacion
-de la época de los Seléucidas, el sabor apocalíptico de las visiones,
-el sitio del libro en el cánon hebreo fuera de la serie de los
-profetas, la omision de Daniel en los panegíricos del capítulo XLIX del
-_Eclesiástico_, donde se hallaba su rango como indicado, multitud de
-otras pruebas que han sido cien veces deducidas, todo, en fin, induce á
-creer que el Libro de Daniel fué producto de la grande exaltacion que
-la persecucion de Antíoco ocasionó entre los judíos. Así, pues, no debe
-clasificarse este libro entre la antigua literatura profética, sino más
-bien al frente de la literatura apocalíptica, como primer modelo de un
-género de composiciones entre las cuales debian figurar despues de él
-los diversos poemas sibilinos, el Libro de Henoch, el Apocalípsis de
-Juan, la Ascension de Isaías y el cuarto libro de Esdras.
-
-Mucho se ha descuidado hasta hoy el Talmud al tratarse de la historia
-de los orígenes del cristianismo. Pero yo creo, con M. Geiger, que la
-verdadera nocion de las circunstancias en que se produjo su fundador,
-debe buscarse en esta rara compilacion, tan abundante de preciosas
-noticias, que se mezclan y confunden con la más trivial escolástica.
-Habiendo seguido la teología cristiana y la judáica dos caminos
-paralelos en el fondo, no puede comprenderse bien la historia de la una
-sin la de la otra. Por otra parte, innumerables detalles materiales de
-los evangelios tienen su comentario en el Talmud. Ya las compilaciones
-latinas de Lightfoot, de Schœttgen, de Buxtorf y de Otho contenian
-á este respecto multitud de noticias. Por mi parte, me he impuesto
-el deber de comprobar en el original cuantas citas he admitido, sin
-exceptuar una sola. Y la colaboracion que en esta parte de mi trabajo
-debo á M. Neubauer, sabio israelita muy versado en la literatura
-talmúdica, me ha permitido ir más léjos y aclarar las partes más
-delicadas de mi asunto con algunas nuevas comparaciones. Extendiéndose
-la redaccion del Talmud desde el año 200 hasta el 500, próximamente,
-la distincion de las épocas es aquí muy importante. Nosotros las hemos
-examinado con todo el discernimiento que permite el estado actual
-de esta clase de estudios. Entre algunas personas acostumbradas á
-no conceder valor á un documento sino por la época misma en que fué
-escrito, excitarán acaso algunos temores tan recientes fechas. Pero
-semejantes escrúpulos estarian aquí fuera de lugar. La enseñanza de
-los judíos desde la época asmonea hasta el siglo segundo fué oral
-principalmente, y no debe juzgarse de aquella especie de estado
-intelectual por las costumbres de un tiempo en que tanto se escribe.
-Los Vedas y las antiguas poesías árabes se conservaron en la memoria
-del pueblo durante siglos, y sin embargo, esas composiciones presentan
-una forma decisiva y muy delicada. Por el contrario, la forma no tiene
-en el Talmud ningun valor. Añadamos que ántes de la _Mischna_ de Júdas
-el Santo, que hizo olvidar todas las otras, hubo ensayos de redaccion
-cuyos principios se remontan acaso mucho más allá de lo que comunmente
-se supone. El estilo del Talmud es el de los resúmenes compilativos:
-probablemente los redactores no hicieron sino clasificar, bajo ciertos
-títulos, el enorme fárrago de escrituras que por espacio de muchas
-generaciones se habian acumulado en las diferentes escuelas.
-
-Réstanos hablar de los documentos que, presentándose como biografías
-del fundador del cristianismo, deben ocupar naturalmente el primer
-rango en una vida de Jesús. Un tratado completo sobre la redaccion
-de los evangelios tendria que formar una obra aparte. Merced á los
-hermosos trabajos de que ha sido objeto esta cuestion desde hace
-treinta años, el problema que otras veces parecia inabordable, ha
-llegado á una solucion que, si bien deja todavía paso á muchas
-incertidumbres, satisface al ménos plenamente las necesidades de la
-historia. Siendo la composicion de los evangelios uno de los hechos
-más importantes para el porvenir del cristianismo, de cuantos en la
-postrera mitad del primer siglo ocurrieron, ocasion tendrémos de volver
-á examinarla en nuestro segundo libro. Aquí no tratarémos esta especie
-sino bajo el punto de vista indispensable á la solidez de nuestro
-relato. Sólo buscarémos, dejando aparte cuanto pertenece al cuadro de
-los tiempos apostólicos, la medida en que deben emplearse los datos
-que los evangelios nos ofrecen en una historia trazada con arreglo á
-principios racionales[7].
-
-Que los evangelios son en parte legendarios, es cosa evidente, puesto
-que en ellos abundan los milagros y lo sobrenatural; pero hay leyenda
-y leyenda. Nadie pone en duda, por ejemplo, los rasgos principales
-de la vida de Francisco de Asís, sin embargo de hallarse en ella lo
-sobrenatural muy frecuentemente. Por el contrario, ninguno da crédito
-á la «Vida de Apolonio de Tiana.» ¿Por qué?--Porque fué escrita mucho
-tiempo despues del héroe, y bajo las condiciones de pura novela. ¿En
-qué época, por qué manos y en qué circunstancias fueron escritos los
-evangelios? Hé aquí la cuestion capital de que depende el juicio que de
-su autenticidad debemos formarnos.
-
-Sabido es que cada uno de los cuatro evangelios lleva al frente el
-nombre de un personaje conocido, bien en la historia apostólica, bien
-en la misma historia evangélica. Pero esos cuatro personajes no se nos
-han presentado rigurosamente como sus autores. Segun la más antigua
-opinion, las fórmulas «segun Matheo», «segun Márcos», «segun Lúcas»,
-«segun Juan», no implican que estos relatos fuesen escritos de extremo
-á extremo por Juan, Lúcas, Márcos y Matheo[8]; esas fórmulas significan
-únicamente que se apoyan en las tradiciones que provienen de cada
-uno de aquellos apóstoles y que se escudan con su autoridad. Si esos
-títulos son exactos, claro es que los evangelios, sin que dejen de ser
-legendarios en parte, tienen sumo valor, puesto que nos llevan al medio
-siglo que siguió á la muerte de Jesús, y en dos de ellos, hasta á los
-testigos oculares de sus acciones.
-
-Por lo que á Lúcas respecta, la duda no es posible. El evangelio de
-Lúcas es una composicion regular, fundada en documentos anteriores[9];
-es la obra de un hombre que elige, entresaca y combina. Indudablemente
-el autor de este evangelio es el mismo que el de los «Hechos de los
-Apóstoles»[10], el cual fué un compañero de San Pablo[11], título que
-conviene perfectamente á Lúcas[12]. Sé que á este razonamiento puede
-oponerse más de una objecion, pero al ménos una cosa está fuera de
-duda, y es, que el autor del tercer evangelio y de los «Hechos» fué un
-hombre de la segunda generacion apostólica, y esto basta á mi objeto.
-Por otra parte, la fecha de este evangelio puede determinarse con mucha
-precision por medio de consideraciones sacadas del libro mismo. El
-capítulo XXI de Lúcas, inseparable del resto de la obra, se escribió, á
-no dudarlo, despues del sitio de Jerusalen, pero poco despues[13]. Aquí
-nos hallamos, pues, en un terreno sólido, porque se trata de una obra
-escrita de un extremo á otro por la misma mano y en la cual resalta la
-más perfecta unidad.
-
-Los evangelios de Matheo y Márcos no tienen, ni con mucho, el mismo
-sello individual.--Son composiciones impersonales, en las cuales
-desaparece totalmente el autor. Un nombre propio escrito al frente de
-este género de obras dice muy poco. Pero si el evangelio de Lúcas se
-halla fechado, tambien lo están el de Matheo y el de Márcos, puesto que
-es indudable que el tercer evangelio es posterior á los dos primeros,
-y que ofrece el carácter de una redaccion mucho más avanzada. Tenemos
-sobre este punto, á mayor abundamiento, un testimonio capital que data
-de la primera mitad del siglo segundo, cual es el de Papias, obispo
-de Hierápolis, hombre grave, de tradicion, que empleó toda su vida en
-recoger con particular esmero cuantas noticias se referian á la persona
-de Jesús[14]. Papias, despues de haber declarado que en semejantes
-materias prefiere la tradicion oral á los libros, menciona dos escritos
-sobre los actos y las palabras de Cristo: 1.º, un escrito de Márcos,
-intérprete del apóstol Pedro; escrito corto, incompleto, no clasificado
-por órden cronológico, el cual comprende relatos y discursos (λεχθέντα
-ἢ πραχθέντα), y fué compuesto en vista de los recuerdos y noticias
-del apóstol Pedro; 2.º, una compilacion de sentencias (λόγια) escrita
-por Matheo en lengua hebrea[15], «y que ha traducido cada uno como
-ha podido.» Es indudable que estas dos descripciones se armonizan
-bastante bien con la fisonomía general de los dos libros llamados ahora
-«Evangelio segun Matheo» y «Evangelio segun Márcos», los cuales se
-distinguen, uno por sus largos discursos, y otro por sus anécdotas,
-en particular, por ser mucho más exacto que el primero en relatar los
-acontecimientos de secundaria importancia, pobre en discursos, breve
-hasta la aridez y por estar bastante mal pergeñado. Que sean estas dos
-obras, tales como nosotros las leemos, absolutamente parecidas á las
-que leia Papias, no es sostenible en buena lógica; primero, porque el
-escrito de Matheo, segun Papias, se componia tan sólo de discursos en
-hebreo, de los cuales circulaban traducciones bastante diferentes;
-y segundo, porque la obra de Márcos y la de Matheo eran, para él,
-profundamente distintas, no tenian en su redaccion ningun punto de
-contacto, y á lo que parece, estaban escritas en diferente idioma. Esto
-supuesto, y ofreciendo el «Evangelio segun Márcos» y el «Evangelio
-segun Matheo», en el estado actual de sus textos, larguísimos trozos
-paralelos perfectamente idénticos, preciso es suponer ó que el redactor
-definitivo del primero tenía el segundo á la vista, ó que el del
-segundo consultaba el primero, ó que ambos redactores copiaron el mismo
-prototipo. Lo más verosímil es, que ni respecto á Márcos ni respecto
-á Matheo, tenemos las redacciones del todo originales, y que nuestros
-dos primeros evangelios son arreglos, en los cuales se trató de llenar,
-con un texto, los vacíos del otro. Cada uno quiso, en efecto, poseer un
-ejemplar completo: aquel que en el suyo no tenía sino discursos, deseó
-tener relatos, y recíprocamente. Sólo así se explica que el «Evangelio
-segun Matheo» comprenda casi todas las anécdotas de Márcos, y que el
-«Evangelio segun Márcos» encierre hoy un sinnúmero de rasgos que emanan
-de las _Logia_ de Matheo. Además, cada uno bebia abundantemente en el
-manantial de la tradicion evangélica que continuaba manando en torno
-suyo. Y tan léjos estuvo aquella tradicion de haber sido agotada por
-los evangelios, que los «Hechos de los Apóstoles» y los Padres más
-antiguos citan várias palabras de Jesús que parecen auténticas y que no
-se hallan en los evangelios que poseemos.
-
-No cumple á nuestro objeto actual el delicado análisis de reconstruir,
-hasta cierto punto, las _Logia_ originales de Matheo, por una parte, y,
-por la otra, el relato primitivo tal como salió de la pluma de Márcos.
-Sin duda las _Logia_ se nos representan como los grandes discursos
-de Jesús, que llenan una parte considerable del primer evangelio. Y
-efectivamente, estos discursos forman, cuando se separan del resto,
-un todo bastante completo. En cuanto á los relatos del primero y del
-segundo evangelio, parece que tienen una base comun, cuyo texto se
-halla tan pronto en uno como en otro, y del cual no es el segundo
-evangelio, tal cual le leemos hoy dia, sino una reproduccion poco
-modificada. En otros términos, el sistema de la vida de Jesús reposa
-entre los sinópticos en dos documentos originales: 1.º, los discursos
-de Jesús, recogidos por el apóstol Matheo; 2.º, la compilacion de
-anécdotas y de noticias originales que Márcos escribió en vista de los
-recuerdos de Pedro. Y todavía puede decirse que en los dos evangelios
-que, no sin razon, llevan el nombre de «Evangelio segun Matheo» y
-de «Evangelio segun Márcos», tenemos esos documentos mezclados con
-noticias de otra procedencia.
-
-De todos modos, es indudable que los discursos de Jesús se escribieron
-en lengua aramea, así como tambien sus acciones notables. Pero aquéllos
-no fueron los textos definitivos y dogmáticamente fijados. Además de
-los evangelios que han llegado hasta nosotros, hay multitud de escritos
-que pretenden representar la tradicion de testigos oculares[16]. Mas se
-les da poca importancia, y los conservadores, como Papias, prefieren á
-ellos la tradicion oral[17]. Como quiera que todavía se creia próximo
-el fin del mundo, eran muy pocos los que se tomaban el trabajo de
-componer libros para el porvenir, y sólo se trataba de grabar en el
-corazon la imágen viva del que muy pronto habian de volver á ver en las
-nubes. De ahí la poca autoridad de que gozaron los textos evangélicos
-durante ciento cincuenta años. Nadie tenía escrúpulo en adicionarlos,
-combinarlos diversamente y completar unos con otros. El pobre que no
-poseia más que un libro, deseaba que contuviese todo cuanto interesaba
-á su corazon. Prestábanse aquellos libretos, y cada uno trascribia al
-márgen de su ejemplar las palabras y las parábolas que encontraba en
-otra parte y que conmovian su ánimo[18]. Así es como la cosa más bella
-del mundo salió de una elaboracion oscura y completamente popular.
-Ninguna redaccion tenía valor absoluto. Justino, que recurrió con
-frecuencia á lo que él llama «Memorias de los apóstoles»[19], tenía
-á la vista un estado de los documentos evangélicos muy diferente del
-que nosotros poseemos; de todos modos, no se tomó el trabajo de
-entresacarlos textualmente. El mismo carácter presentan las citas en
-los escritos seudo-clementinos, de orígen ebionita. La letra no se
-tenía en nada, el espíritu lo era todo. Los textos que llevan el nombre
-de los apóstoles no tuvieron autoridad decisiva ni fuerza de ley, sino
-cuando la tradicion se debilitó en la postrera mitad del siglo segundo.
-
-¿Quién no conoce el valor de documentos que así se compusieron de
-los tiernos recuerdos y de los cándidos relatos de las dos primeras
-generaciones cristianas; de esos documentos llenos todavía de la fuerte
-impresion que habia producido su ilustre fundador y que parece haberle
-sobrevivido largo tiempo? Añadamos que los evangelios en cuestion
-provienen, á lo que parece, de aquella rama de la familia cristiana
-que estuvo más en contacto con Jesús. El último trabajo de redaccion,
-al ménos del texto que lleva el nombre de Matheo, parece haberse hecho
-en uno de los países situados al nordeste de Palestina, tales como
-la Gaulonítida, el Hauran ó la Batanea, adonde se refugiaron muchos
-cristianos en la época de la guerra con Roma, donde en el siglo segundo
-existian aún parientes de Jesús[20], y en donde se conservó más tiempo
-que en ninguna otra parte la primera direccion galilea.
-
-Hasta ahora no hemos hablado sino de los tres evangelios llamados
-sinópticos:--réstanos hablar del cuarto, del que lleva el nombre de
-Juan. Las dudas son aquí mucho más fundadas, y la cuestion se halla
-más léjos de resolverse. Papias, que procede de la escuela de Juan,
-y que si no fué su auditor, como pretende Ireneo, frecuentó mucho á
-sus discípulos inmediatos, entre otros á Aristion y al que llamaban
-_Presbyteros Joannes_; Papias, que compilaba con pasion los relatos
-orales de aquel Aristion y de _Presbyteros Joannes_, no dice ni una
-sola palabra de una «Vida de Jesús» escrita por Juan. Si tal mencion se
-hubiese encontrado en su obra, la habria, sin duda, notado Eusebio, el
-cual recoge todo cuanto sirve á formar la historia literaria del siglo
-apostólico. No son ménos fuertes las dificultades intrínsecas deducidas
-de la lectura del cuarto evangelio mismo. ¿Cómo se hallan, junto á
-las noticias que tambien revelan al testigo ocular, esos discursos
-completamente diferentes de los de Matheo? ¿Cómo existen, junto á un
-plan de la vida de Jesús, que parece mucho más satisfactorio y completo
-que el de los sinópticos, esos pasajes singulares en los cuales se
-nota un interes dogmático, propio del redactor, esas ideas extrañas
-del todo á Jesús, y á veces esos indicios que nos previenen contra la
-buena fe del narrador? ¿Cómo, en fin, se ven, junto á las tendencias
-más puras, más justas, más verdaderamente evangélicas, esas manchas que
-parecen interpolaciones de un ardiente sectario? ¿Fué Juan, el hijo del
-Zebedeo, el hermano de Santiago (á quien ni una sola vez se menciona
-en el cuarto evangelio), el que escribió en griego esas lecciones de
-metafísica abstracta, de la cual no ofrecen ejemplo ni los sinópticos
-ni el Talmud? Todo esto es grave, y no seré yo quien se atreva á
-asegurar que el cuarto evangelio fué escrito completamente por la
-pluma de un antiguo pescador galileo. En suma, que el cuarto evangelio
-haya ó no salido hácia fines del primer siglo de la grande escuela del
-Asia Menor, que se derivaba de Juan; lo que se halla demostrado por
-testimonios exteriores y por el exámen del documento mismo es, que él
-nos representa una version de la vida del maestro muy digna de tenerse
-en cuenta y de ser preferida frecuentemente.
-
-Desde luégo nadie pone en duda que hácia el año 150 existia ya
-el cuarto evangelio y era atribuido á Juan. Textos formales de
-San Justino[21], de Atenágoras[22], de Taziano[23], de Teófilo de
-Antioquía[24], de Ireneo[25], señalan este evangelio, mezclado desde
-entónces á todas las controversias y sirviendo de piedra angular al
-desarrollo del dogma. Ireneo es hombre grave, Ireneo procedia de la
-escuela de Juan, y entre él y el apóstol no habia sino Policarpo.
-No es ménos decisivo el papel que desempeña nuestro evangelio en
-el gnosticismo, en el sistema de Valentin[26] particularmente, en
-el montanismo[27] y en la querella de los cuartodecimanos[28]. La
-escuela de Juan es aquella cuya continuacion durante el siglo segundo
-se distingue mejor, y esa escuela no puede explicarse á ménos de no
-colocar el cuarto evangelio en su misma cuna. Añadamos que la primera
-epístola atribuida á San Juan es, á no dudarlo, del mismo autor que
-el cuarto evangelio[29], y que Policarpo[30], Papias[31] é Ireneo[32]
-reconocen esa epístola como de Juan.
-
-Pero lo que por su naturaleza causa más impresion es, sobre todo, la
-lectura de la obra. El autor habla siempre como testigo ocular y se
-presenta como el apóstol Juan. Si esta obra no es verdaderamente del
-apóstol, menester es admitir una superchería que el autor se confesaba
-á sí mismo. Pues bien, aunque las ideas de aquel tiempo en materia de
-buena fe literaria se diferenciasen mucho de las nuestras, el mundo
-apostólico no ofrece ningun ejemplo de una falsedad de esa especie,
-y el autor, no sólo pretende pasar por el apóstol Juan, sino que se
-ve claramente que escribe en el interes de este apóstol. En cada
-página traspira la intencion de fortificar su autoridad, de poner de
-manifiesto que fué el preferido de Jesús[33], y que en la Cena, en el
-Calvario, en el sepulcro, en todas las circunstancias solemnes tuvo
-el primer rango entre los discípulos. Sus relaciones fraternales con
-Pedro, si bien no exentas de cierta rivalidad[34], y su ódio contra
-Júdas[35], ódio tal vez anterior á la traicion, parecen traslucirse
-de cuando en cuando. Casi está uno tentado por creer que habiendo
-Juan, ya anciano, leido los relatos evangélicos que circulaban, y
-notado en ellos diferentes inexactitudes[36], se resintió de ver el
-puesto secundario que se le concedia en la historia del Cristo, y que
-entónces, con la intencion de manifestar que en muchos casos en que
-no se habla sino de Pedro, habia figurado con él y ántes que él[37],
-empezó á dictar multitud de cosas que sabía mejor que los demás.
-Esos ligeros sentimientos de celos entre los hijos del Zebedeo y los
-otros discípulos se habian manifestado ya en vida de Jesús. Al morir
-su hermano Santiago, Juan quedó como único heredero de los recuerdos
-íntimos de que estos dos apóstoles eran depositarios, segun la
-confesion de todos. De ahí su perpétuo y especial cuidado en recordar
-que él es el último sobreviviente de los testigos oculares[38], y su
-placer en referir circunstancias que sólo él podia conocer. De ahí
-tambien esa infinita minuciosidad de pequeños detalles que parecen
-como escolios de un anotador: «Eran las seis», «era de noche»; «este
-hombre se llamaba Malchus»; «habian encendido un brasero porque hacia
-frio»; «esta túnica no tenía costura.» De ahí, en fin, el desórden
-de la redaccion, la irregularidad de la marcha, la falta de trabazon
-en los primeros capítulos; defectos que son otros tantos rasgos
-inexplicables en la suposicion de que nuestro evangelio no fuese sino
-una tésis teológica sin valor histórico, pero que, por el contrario,
-se comprenden perfectamente si, conforme á la tradicion, se toman por
-los recuerdos del anciano, de prodigiosa frescura algunas veces, otras
-desfigurados por extrañas alteraciones.
-
-En efecto, en el evangelio de Juan debe hacerse una distincion
-capital. Este evangelio presenta por un lado una trama de la vida de
-Jesús que difiere esencialmente de la de los sinópticos. Por otro, pone
-en boca de Jesús discursos cuyas doctrinas, tono, corte y estilo, no
-tienen nada de comun con las _Logia_ de los sinópticos. La diferencia
-es tal, bajo este segundo punto de vista, que no hay término medio y
-es preciso elegir de una manera absoluta. Si Jesús hablaba como dice
-Matheo, no pudo hablar como pretende Juan. Ningun crítico ha vacilado
-ni vacilará entre las dos autoridades. El evangelio de Juan, á mil
-leguas del tono sencillo, desinteresado, impersonal de los sinópticos,
-manifiesta sin cesar las preocupaciones del apologista, la segunda
-intencion del sectario, el propósito de probar una tésis y de convencer
-á sus contradictores[39]. No fué, por cierto, con tiradas pretenciosas,
-pesadas, mal escritas con lo que Jesús fundó su obra divina. Aunque
-Papias no nos dijese que Matheo escribió en su lengua original las
-sentencias de Jesús, la naturalidad, la inefable verdad, el encanto
-sin igual de los discursos sinópticos, el corte profundamente hebráico
-de esos discursos, las analogías que ofrecen con las sentencias de
-los doctores judíos de la misma época, su perfecta armonía con la
-naturaleza de Galilea; todos estos caractéres, comparados con la gnósis
-oscura y con la perfilada metafísica en que abundan los discursos de
-Juan, hablarian muy alto en favor de esta creencia. No quiere decir
-esto que en los discursos de Juan no haya admirables destellos y rasgos
-que verdaderamente emanan de Jesús[40]. Pero el tono místico de esos
-discursos en nada corresponde al carácter de elocuencia del profeta
-nazareno, tal como nos la figuramos al leer los sinópticos. Un nuevo
-espíritu se introduce, ya la gnósis ha principiado, la era galilea del
-reino de Dios ha concluido, aléjase la esperanza de la próxima venida
-del Cristo, y se entra ya en las arideces de la metafísica, en las
-tinieblas del dogma abstracto. El espíritu de Jesús no está ya aquí, y
-si verdaderamente fué el hijo del Zebedeo el que trazó esas páginas,
-¡mucho habia olvidado, al escribirlas, el lago de Genesareth y las
-deliciosas pláticas que en sus márgenes escuchara!
-
-Hay además una circunstancia que prueba perfectamente que los discursos
-trasmitidos por el cuarto evangelio no son piezas históricas, sino
-composiciones destinadas á escudar, con la autoridad de Jesús, ciertas
-doctrinas á las cuales se hallaba muy apegado el redactor; consiste
-esa circunstancia en la perfecta armonía de los tales discursos con
-el estado intelectual del Asia Menor en el momento en que fueron
-escritos. El Asia Menor era entónces el teatro de un extraño movimiento
-de filosofía sincrética, y ya existian allí todos los gérmenes del
-gnosticismo. Juan, parece haber bebido en aquel manantial extranjero.
-¿Quién sabe si, despues de la crísis del año 68 (fecha del Apocalípsis)
-y del 70 (ruina de Jerusalen), habiendo perdido el alma ardiente y
-móvil del viejo apóstol la esperanza de una próxima aparicion en las
-nubes del Hijo del hombre, se inclinó hácia las ideas que surgian al
-rededor suyo, algunas de las cuales se amalgamaban bastante bien con
-ciertas doctrinas cristianas? Al prestar aquellas ideas á Jesús no
-hizo sino obedecer á una propension bien natural. Nuestros recuerdos
-se trasforman como todo lo demás;--el ideal de una persona que hemos
-conocido, cambia con nosotros[41]. Considerando Juan á Jesús como la
-encarnacion de la verdad, no podia ménos de atribuirle cuanto él mismo
-habia llegado á tener por verdadero.
-
-Si hemos de decirlo todo, añadirémos que probablemente Juan tuvo
-poquísima parte en ese cambio, y que, más bien que por él, se operó en
-torno suyo. En ocasiones se inclina uno á creer que algunas preciosas
-notas, procedentes del apóstol, fueron empleadas por sus discípulos en
-un sentido muy diverso del primitivo espíritu evangélico. Y en efecto,
-ciertas partes del cuarto evangelio, tales como todo el capítulo
-XXI[42], en el cual parece haberse propuesto el autor rendir homenaje
-al apóstol Pedro, despues de su muerte, y responder á las objeciones
-que iban á deducirse ó que ya se deducian de la muerte del mismo Juan,
-fueron añadidas más tarde. En otros varios sitios se distingue la
-huella de raspaduras y correcciones[43].
-
-Imposible es, á semejante distancia, encontrar la clave de todos esos
-problemas singulares, y si nos fuera permitido penetrar los secretos
-de aquella misteriosa escuela de Éfeso que se complugo en marchar por
-vias oscuras, muchas sorpresas habriamos de tener á no dudarlo. Pero
-puede hacerse una experiencia capital, y es la siguiente. Cualquiera
-persona que se ponga á escribir la vida de Jesús sin teoría determinada
-sobre el valor de los evangelios, y dejándose guiar únicamente por el
-sentimiento del asunto, propenderá, en una porcion de casos, á preferir
-la narracion de Juan á la de los sinópticos. Los últimos meses de
-la vida de Jesús no se explican sino por Juan, y una infinidad de
-rasgos de la pasion, ininteligibles en los sinópticos[44], adquieren
-verosimilitud y posibilidad en el relato del cuarto evangelio. Por
-el contrario, desafío á cualquiera á que componga una vida de Jesús
-que tenga sentido comun, basándola en los discursos que Juan atribuye
-al maestro. Esa manera de predicar de sí mismo y de evidenciarse
-incesantemente, esa perpétua argumentacion, esa exornacion sin ninguna
-sencillez, esos largos razonamientos con motivo de cada milagro, y
-esos discursos áridos y tortuosos, cuyo tono es tan á menudo falso y
-desigual[45], no pueden aceptarse por ningun hombre de mediano gusto y
-discernimiento, junto á las sentencias deliciosas de los sinópticos.
-Evidentemente son piezas artificiales[46] que nos representan las
-predicaciones de Jesús como los diálogos de Platon nos representan
-las pláticas de Sócrates: son en cierto modo las variaciones de un
-músico que improvisa por su propia cuenta sobre un tema determinado. El
-tema podrá no carecer de alguna autenticidad, pero en la ejecucion se
-desborda el capricho del artista. El proceder facticio, la retórica, el
-estudio, se distinguen á la legua. Añádase á esto que, en los trozos
-de que hablamos, no aparece el vocabulario de Jesús. La expresion de
-«reino de Dios», que tan familiar era al maestro[47], se encuentra en
-ellos una vez solamente[48]. En cambio, el estilo de los discursos
-que el cuarto evangelio atribuye á Jesús, ofrece completa semejanza
-con el de las epístolas de San Juan; échase de ver que el autor, al
-escribir los discursos, no seguia el hilo de sus recuerdos, sino el
-movimiento bastante monótono de sus propias ideas. Desplégase en ellos
-toda una lengua mística, de la que no tuvieron los sinópticos la menor
-nocion («mundo», «verdad», «vida», «luz», «tinieblas», etc.). Si Jesús
-se hubiese expresado en ese estilo, que nada tiene de hebreo, ni de
-judáico, ni de talmúdico, si así puede decirse, ¿cómo habria guardado
-tan bien el secreto solo uno de sus oyentes?
-
-La historia literaria ofrece, además, otro ejemplo que tiene grande
-analogía con el fenómeno histórico que acabamos de exponer y que
-servirá para explicarle. Sócrates, de igual modo que Jesús, nada
-escribió; lo que de él conocemos nos lo trasmitieron dos de sus
-discípulos, Xenofonte y Platon.--El primero se asemeja á los sinópticos
-por su redaccion limpia, trasparente, impersonal; el segundo recuerda,
-por su vigorosa individualidad, al autor del cuarto evangelio. ¿Deben
-seguirse los «Diálogos» de Platon ó las «Pláticas» de Xenofonte,
-para exponer la enseñanza socrática? La duda no es posible en tal
-alternativa.--Todo el mundo se atiene á las «Pláticas» y no á los
-«Diálogos.» Pero, ¿nada nos enseña Platon respecto á Sócrates? Al
-escribir la biografía de este último, ¿sería juicioso, en buena
-crítica, desdeñar los «Diálogos»? ¿Quién se atreveria á sostenerlo? Por
-otra parte, la semejanza no es completa y la diferencia queda en favor
-del cuarto evangelio, cuyo autor es, en efecto, el mejor biógrafo, de
-igual modo que Platon, no obstante atribuir á su maestro ficticios
-discursos, conocia respecto á su vida muchas cosas capitales que
-Xenofonte ignoraba completamente.
-
-Nosotros, sin pronunciarnos sobre la cuestion material de saber qué
-mano trazó el cuarto evangelio, é inclinándonos á creer que los
-discursos, cuando ménos, no son del hijo del Zebedeo, admitimos que
-ese escrito es el «Evangelio segun Juan» de igual manera y en el mismo
-sentido que el primero y segundo son los evangelios «segun Matheo» y
-«segun Márcos.» La trama histórica del cuarto evangelio es la vida de
-Jesús, tal como en la escuela de Juan se conocia; es el relato que
-Aristion y _Presbyteros Joannes_ hicieron á Papias sin decirle que
-se hallaba escrito, particularidad á la que tal vez no daban ninguna
-importancia. Añadiré que, á mi juicio, aquella escuela sabía las
-circunstancias exteriores de la vida del fundador, mejor que el grupo
-de cuyos recuerdos se formaron los evangelios sinópticos. Ella tenía
-datos que los demás no poseyeron, sobre todo respecto á la permanencia
-de Jesús en Jerusalen. Los afiliados de la escuela trataban á Márcos
-de mediano biógrafo y habian imaginado un sistema para explicar las
-lagunas de sus escritos. Ciertos pasajes de Lúcas, en los cuales hay
-como un eco de las tradiciones joánicas[49], prueban además que esas
-tradiciones no eran completamente desconocidas del resto de la familia
-cristiana.
-
-Paréceme que bastarán estas explicaciones para que el lector conozca,
-al seguir el relato, los motivos que me hayan impulsado á dar la
-preferencia á tal ó cual cronista de los cuatro que tenemos para
-la vida de Jesús. En resúmen, yo admito como auténticos los cuatro
-evangelios canónicos. En mi opinion todos alcanzan al primer siglo
-y son, próximamente, de los autores á quienes se les atribuye; pero
-su valor histórico es muy diverso. Matheo merece, en cuanto á los
-discursos, que se le conceda ilimitada confianza; ellos son las
-_Logia_, las notas tomadas bajo la impresion del recuerdo claro y
-palpitante de la enseñanza de Jesús. Una especie de destello, dulce
-y terrible á la vez, y una fuerza divina, si se me permite la frase,
-marcan esas palabras, y destacándolas del texto, permiten al crítico
-reconocerlas fácilmente. Aquel que se haya tomado el trabajo de hacer
-una composicion regular sobre la historia evangélica, posee, bajo
-este supuesto, una excelente piedra de toque. Las verdaderas palabras
-de Jesús se manifiestan por sí mismas, y no bien se las toca, vibran
-en medio de ese cáos de tradiciones de autenticidad desigual; ellas
-se traducen como espontáneamente y surgen del relato, conservando en
-él extraordinario relieve. Las partes narrativas que en el primer
-evangelio se agrupan al rededor de ese núcleo primitivo, no tienen
-la misma autoridad. Hállanse en ellas muchas leyendas bastante
-mal redondeadas, producto de la piedad de la segunda generacion
-cristiana[50]. El evangelio de Márcos es mucho más firme, más preciso,
-ménos sobrecargado de extemporáneos é interesados detalles. De los
-tres sinópticos, él es el que ha conservado un sabor más antiguo, más
-original, y el que ménos mezcla ofrece de elementos posteriores. En
-Márcos, los detalles materiales son de una claridad que en vano se
-buscaria en los otros evangelistas. Gústale recordar ciertas palabras
-de Jesús en siro-caldeo[51], y las observaciones minuciosas en que
-abunda, no pueden venir sino de un testigo ocular. Nada se opone á que
-ese testigo ocular, que evidentemente siguió á Jesús, que le amó y le
-vió de cerca, conservando de él viva imágen, fuese el apóstol Pedro,
-segun lo pretende Papias.
-
-En cuanto á la obra de Lúcas, su valor histórico es mucho más
-débil:--esa obra es un documento de segunda mano. La narracion tiene en
-ella mayor madurez, y las palabras de Jesús son más redundantes, más
-concertadas. Algunas sentencias se llevan hasta el exceso y adolecen
-de falsedad[52]. Escribiendo fuera de Palestina y sin duda alguna
-despues del sitio de Jerusalen[53], el autor no indica los lugares
-con la misma exactitud que los otros dos sinópticos; tiene una falsa
-idea del templo, figurándosele como un oratorio adonde va cada uno á
-rezar sus devociones[54], trunca los detalles á fin de establecer una
-concordancia entre los diferentes relatos, modera ciertos pasajes que
-habian llegado á ser embarazosos bajo el punto de vista de una idea
-más exaltada de la divinidad de Jesús[55], exagera lo maravilloso[56],
-comete errores de cronología[57], omite las glosas hebráicas[58],
-no cita ninguna palabra de Jesús en esta lengua, y nombra, en fin,
-todas las localidades por sus nombres griegos. Adivínase fácilmente
-el escritor que compila, que no vió por sí mismo los testigos y que
-trabaja sobre los textos, permitiéndose violentarlos á fin de ponerlos
-de acuerdo. Es muy probable que Lúcas tuviese á la vista la compilacion
-biográfica de Márcos y las _Logia_ de Matheo. Pero no tiene escrúpulo
-en tratar esos escritos con entera libertad:--unas veces reune dos
-anécdotas ó dos parábolas para formar de ellas una sola; otras,
-descompone una para hacer dos[59]. Lúcas interpreta los documentos con
-arreglo á su particular juicio, y carece de la impasibilidad absoluta
-de Matheo y de Márcos. Puede decirse que sus escritos reflejan algo
-de sus gustos y de sus tendencias particulares:--Lúcas es un devoto
-sumamente exacto; muestra singular empeño en presentarnos á Jesús como
-estricto observador de los ritos judáicos[60], es demócrata y ebionita
-exaltado, esto es, muy opuesto á la propiedad, y se halla persuadido
-de que llegará el dia en que los pobres tengan su desquite[61]; es
-aficionadísimo á las anécdotas, y se complace en poner de manifiesto
-la conversion de los pecadores y la exaltacion de los humildes[62],
-modificando las antiguas tradiciones á fin de darles este giro[63].
-En sus primeras páginas admite sobre la infancia de Jesús leyendas
-que refiere con esas largas exageraciones, esos cánticos y esos
-procedimientos de convencion que forman el carácter esencial de los
-evangelios apócrifos. Por último, en el relato de los postreros años
-de Jesús hay algunas circunstancias llenas de sentimiento y de ternura
-y algunas bellísimas palabras[64], atribuidas al maestro, que no se
-encuentran en los relatos de mayor autenticidad, en las cuales se deja
-conocer el trabajo de la leyenda. Probablemente Lúcas las tomaba de una
-compilacion más reciente, en la que se trataba, con preferencia, de
-excitar los sentimientos piadosos.
-
-Á la vista de un documento de semejante naturaleza, la razon aconseja
-hacer uso de él con la mayor mesura. Desdeñarle completamente sería
-tan poco juicioso como emplearle sin discernimiento. Lúcas tuvo
-á su disposicion originales que ya no existen, y más bien que un
-evangelista, es un biógrafo de Jesús, un _armonista_, un corrector á
-la manera de Marcion y de Taziano. Pero tambien es un biógrafo del
-primer siglo, un artista divino que, además de las noticias que
-recogió en los más antiguos manantiales, nos presenta el carácter del
-fundador con una exactitud de parecido, una inspiracion de conjunto y
-un relieve que no se encuentran en los otros dos sinópticos. La lectura
-de su Evangelio es la que nos ofrece mayor atractivo, porque á la
-incomparable belleza del fondo comun se une cierta parte de artificio
-y de composicion que aumenta singularmente el efecto del retrato, sin
-perjudicar de un modo grave á la verdad.
-
-En resúmen, puede decirse que la redaccion sinóptica ha tenido
-tres gradaciones: 1.ª el estado documentario original (λόγια de
-Matheo, λεχθέντα ἢ πραχθέντα de Márcos), redacciones primitivas
-que ya no existen; 2.ª el estado de simple mezcla, en la que se
-hallan amalgamados los documentos originales sin ningun esfuerzo de
-composicion y sin que se eche de ver ninguna mira personal de parte de
-sus autores (evangelios actuales de Matheo y de Márcos); 3.ª el estado
-de combinacion ó de redaccion intencional, discurrida, en que se deja
-conocer el esfuerzo que se ha hecho á fin de conciliar las diferentes
-versiones (evangelio de Lúcas). En cuanto al evangelio de Juan, forma,
-segun hemos dicho, una composicion de otro género y completamente
-distinta.
-
-El lector notará que no hago uso ninguno de los evangelios apócrifos.
-Estas composiciones no deben en manera alguna confundirse con los
-evangelios canónicos, puesto que no son sino triviales y pueriles
-amplificaciones basadas en aquellos, y nada añaden que sea digno de
-aprecio. Por el contrario, he puesto suma atencion en recoger los
-trozos que los Padres de la Iglesia nos han conservado de los antiguos
-evangelios que otras veces existieron paralelamente á los canónicos, y
-cuyo texto se ha perdido, tales como el Evangelio segun los hebreos,
-el Evangelio segun los egipcios, y los Evangelios llamados de Justino,
-de Marcion, de Taziano. Los dos primeros son de mucha importancia, por
-cuanto á que se hallaban redactados en lengua aramea como las _Logia_
-de Matheo, constituian, segun parece, una variedad del evangelio de
-este apóstol, y fueron el evangelio de los _ebionim_, esto es, de
-aquellas reducidas cristiandades de Batanea que conservaron el uso del
-siro-caldeo, y que, hasta cierto punto, siguieron la línea trazada por
-Jesús. Pero menester es convenir en que esos evangelios, en el estado
-en que han llegado hasta nosotros, son inferiores, por lo que hace á la
-autoridad crítica, á la redaccion del evangelio que de Matheo poseemos.
-
-Paréceme que ya se comprenderá el género de valor histórico que
-atribuyo á los evangelios. No son, á mi entender, ni biografías
-como las de Suetonio, ni leyendas ficticias semejantes á las de
-Filóstrato; son biografías legendarias. Yo las comparo á las leyendas
-de santos, á las Vidas de Plotino, de Proclo, de Isidoro y á otros
-escritos del mismo género, en que se combinan en diferentes grados
-la verdad histórica y la intencion de presentar modelos de virtud.
-En esos escritos se echa de ver la inexactitud de que adolecen todas
-las composiciones populares. Supongamos que tres ó cuatro veteranos
-del primer imperio se hubiesen puesto, hace diez ó doce años, á
-escribir cada uno en particular una vida de Napoleon con arreglo á
-sus propios recuerdos. Puede apostarse á que sus relatos ofrecerian
-infinitos errores y graves discordancias. Uno colocaria á Wagram
-ántes de Marengo; otro no vacilaria en escribir que Napoleon arrojó
-de las Tullerías al gobierno de Robespierre; otro, en fin, omitiria
-las expediciones de más importancia. Pero dos cosas claras, palmarias,
-llenas de verdad saldrian de esos ingénuos relatos:--el carácter
-del héroe y la impresion que produjo en torno suyo. Bajo este punto
-de vista, semejantes historias populares tendrian más valor que una
-historia solemne y oficial. Otro tanto puede decirse de los evangelios.
-Los evangelistas, cuidándose únicamente de ensalzar la excelencia del
-maestro, sus milagros, su enseñanza, se muestran indiferentes hácia
-todo lo que no es el espíritu de Jesús. Las contradicciones sobre el
-tiempo, los sitios y las personas se miraban como insignificantes;
-porque cuanto más alto era el grado de inspiracion que se prestaba á la
-palabra de Jesús, tanto menor era el que se concedia á los redactores.
-Estos no se consideraban sino como discípulos escribas, y á una sola
-cosa consagraban su atencion: á no omitir nada de cuanto sabian.
-
-Es incuestionable que á esos recuerdos debió mezclarse una parte
-de ideas preconcebidas. Varios trozos, en parte de Lúcas, fueron
-inventados para dar mayor realce á ciertos rasgos de la fisonomía
-de Jesús. Áun esta misma fisonomía experimentaba á cada paso nuevas
-alteraciones. Jesús sería un fenómeno único en la historia si, teniendo
-en cuenta el papel que desempeñó, no hubiese sido transfigurado
-inmediatamente. La leyenda de Alejandro estaba ya terminada ántes que
-se extinguiese la generacion de sus compañeros de armas; la de San
-Francisco de Asís principió en vida del santo. De igual manera se
-operó durante los veinte ó treinta años que siguieron á la muerte de
-Jesús, un rápido trabajo de metamórfosis que prestó á su biografía esos
-giros absolutos de leyenda ideal. La muerte perfecciona áun al hombre
-más perfecto y le mejora á los ojos de los que le amaron. Por otra
-parte, al mismo tiempo que se queria retratar al maestro, se queria
-tambien demostrarle. Muchas anécdotas fueron concebidas para probar
-que las profecías consideradas como mesiánicas habian tenido en él su
-cumplimiento. Pero este proceder, cuya importancia no debe negarse,
-no basta á explicarlo todo. Ninguna obra judáica de la época nos
-ofrece una serie de profecías, exactamente redactadas, que el Mesías
-debió cumplir. Várias de las alusiones mesiánicas contenidas en los
-evangelios son tan sutiles, tan indirectas, que no puede suponerse que
-respondieran á una doctrina admitida generalmente. Unas veces se razona
-de este modo:--«El Mesías debe hacer tal cosa; Jesús la ha hecho;
-luego Jesús es el Mesías.» Otras se raciocina á la inversa:--«Tal cosa
-ha sucedido á Jesús; esa misma cosa debia sucederle al Mesías; luego
-Jesús es el Mesías»[65]. Cuando se trata de analizar el tejido de
-esas profundas creaciones del sentimiento popular que, por su riqueza
-y por su variedad infinita, echan por tierra todos los sistemas, las
-explicaciones demasiado sencillas son siempre falsas.
-
-Compréndese fácilmente que para no ofrecer, con el auxilio de tales
-documentos, sino aquello que no admita contradiccion, es menester
-limitarse á las líneas generales. En casi todas las historias antiguas,
-áun en aquellas que son ménos legendarias que los evangelios, los
-detalles dan lugar á infinitas dudas. Áun poseyendo dos relatos sobre
-un mismo hecho, es cosa extremadamente rara que los dos se hallen en
-perfecta armonía. Siendo esto así, ¿no hay motivo para dudar cuando no
-se tiene sino uno solo, y en él se notan las mismas contradicciones?
-Puede asegurarse que entre los discursos, las anécdotas y las palabras
-célebres referidas por los historiadores, no hay ni una siquiera de
-rigurosa autenticidad. ¿Habia taquígrafos que fijaran aquellas rápidas
-palabras? ¿Se hallaba siempre presente un analista que anotase los
-gestos, los ademanes y los movimientos de los actores? Que se intente
-depurar lo que hay de verdadero en el modo como se realizó tal ó
-cual hecho contemporáneo, de seguro no se conseguirá. Dos relatos
-de un mismo acontecimiento hechos por testigos oculares difieren
-esencialmente. Mas ¿debe uno renunciar por eso al colorido de los
-relatos y limitarse á lo que enuncia el conjunto? Esto sería suprimir
-la historia. De buena gana concedo que, á excepcion de ciertos axiomas
-cortos y casi mnemónicos, ninguno de los discursos referidos por Matheo
-es textual; pero ¿lo son acaso nuestros resúmenes estenográficos?
-Tambien admito que ese admirable relato de la pasion contiene multitud
-de inexactitudes. Mas ¿podria escribirse la historia de Jesús haciendo
-caso omiso de esas predicaciones que de tan viva manera nos pintan
-el carácter de sus discursos, y limitándose á decir con Josefo y
-Tácito, «que fué condenado á muerte por Pilátos á instigacion de los
-sacerdotes?» Semejante proceder sería, en mi opinion, un género de
-inexactitud peor que aquel á que uno se expone admitiendo los detalles
-que los textos nos proporcionan. Esos detalles no son verdaderos al
-pié de la letra, pero son de una verdad superior, más verídicos que
-la misma verdad desnuda, por cuanto á que ellos constituyen la verdad
-expresiva y parlante, elevada á la altura de una idea.
-
-Ruego á las personas que me tachen de conceder exagerada confianza
-á relatos legendarios en gran parte, que se dignen tener en cuenta
-la observacion que acabo de hacer. ¿Á qué se reduciria la vida de
-Alejandro si nos limitásemos á lo que materialmente hay en ella de
-cierto? Hasta las tradiciones, en parte erróneas, contienen una porcion
-de verdad que la historia no debe mirar con indiferencia. Nadie ha
-echado en cara á M. Sprenger el haber tenido en cuenta los _hadith_
-ó tradiciones orales sobre el profeta Mahoma, al escribir su vida, y
-atribuido frecuentemente á su héroe palabras, á veces textuales, que no
-se conocen sino en el citado escrito. Y sin embargo, las tradiciones
-sobre Mahoma no tienen un carácter histórico superior al de los
-discursos y relatos que componen los evangelios. Aquellas tradiciones
-fueron escritas desde el año 50 al 140 de la hégira. Cuando se escriba
-la historia de las escuelas judáicas pertenecientes á los siglos
-que precedieron y siguieron inmediatamente el cristianismo, ningun
-escrúpulo se tendrá en atribuir á Hillel, á Schammai y á Gamaliel las
-máximas que les atribuyen la _Mischna_ y la _Gemara_, no obstante no
-haberse redactado estas grandes compilaciones sino varios centenares de
-años despues de los doctores en cuestion.
-
-Respecto á las personas que, por el contrario, crean que la historia
-debe limitarse á reproducir sin comentarios los textos que han llegado
-hasta nosotros, les haré observar que semejante sistema no es lícito
-en el asunto de que se trata. Los cuatro principales documentos se
-hallan en flagrante contradiccion unos con otros, y además Josefo
-los rectifica algunas veces. Forzoso es elegir. Pretender que un
-acontecimiento no pudo efectuarse á la vez de dos maneras diversas
-ni de un modo imposible, no es imponer á la historia una filosofía
-_à priori_. Porque existan várias versiones diferentes de un mismo
-hecho, y porque á todas esas versiones haya mezclado la credulidad
-circunstancias fabulosas, no debe el historiador rechazar el hecho
-como falso; lo que debe hacer es, obrar con prudencia, discutir y
-proceder por induccion. Hay particularmente una clase de relatos
-respecto á los cuales se hace precisa la aplicacion de ese principio;
-tales son los relatos sobrenaturales. Querer explicar esos relatos ó
-reducirlos á leyendas no es mutilar los hechos en nombre de la teoría,
-sino partir de su misma observacion. De cuantos milagros hormiguean
-en las antiguas historias, ninguno pasó bajo condiciones científicas.
-Pruébase por una experiencia constante, jamás desmentida, que los
-milagros no suceden sino en los tiempos y en los países que creen
-en ellos y ante personas dispuestas á darles fe. No hay milagro que
-se haya producido ante una reunion de hombres capaces de comprobar
-el carácter milagroso del hecho. En tal materia no son competentes
-ni las personas del pueblo ni las de una clase más elevada: para
-ello se necesitan grandes precauciones y estar muy acostumbrado á
-las investigaciones científicas. ¿No se han visto en nuestros dias á
-muchas personas inteligentes siendo víctimas de groseros prestigios
-y pueriles ilusiones? Hechos maravillosos, que afirmaban ciudades
-enteras, se convirtieron en hechos reprobados[66], gracias á una
-informacion más severa y minuciosa. Pues bien, si se halla fuera de
-duda que ningun milagro contemporáneo puede resistir al exámen, ¿no es
-mucho más verosímil que los milagros de la antigüedad, ocurridos todos
-en reuniones populares, tuviesen tambien su parte de ilusion, la cual
-veriamos en ellos si nos fuese posible criticarlos detalladamente?
-
-Si nosotros desterramos de la historia los milagros, no es á nombre
-de tal ó cual filosofía, sino á nombre de una constante experiencia.
-Nosotros no decimos: «Los milagros son imposibles»; afirmamos: «Que
-hasta hoy no ha habido un milagro comprobado.» Supongamos que se
-presentase mañana un taumaturgo, ofreciendo garantías bastante formales
-para ser discutibles, y que anunciase, por ejemplo, resucitar á un
-muerto; ¿qué se haria entónces? Se nombraria una comision compuesta de
-fisiólogos, físicos, químicos, de personas acostumbradas á la crítica
-histórica. Esta comision elegiria el cadáver, se aseguraria de que
-la muerte era real y verdadera, designaria el local en que debiera
-hacerse la experiencia, y tomaria todas las precauciones necesarias á
-fin de no dejar pretexto á ninguna duda. Si la resurreccion se operase
-en tales condiciones, se habria adquirido una probabilidad casi igual
-á la certidumbre. Sin embargo, como quiera que un experimento debe
-ser siempre susceptible de repetirse; que lo que se hace una vez
-puede hacerse dos ó veinte, y que en materia de milagros no puede ser
-cuestion de fácil ó difícil, el taumaturgo sería invitado á reproducir,
-en otras circunstancias, sobre otros cadáveres y en diferente medio,
-su acto maravilloso. Pues bien, si á cada nueva prueba se repitiese el
-milagro, dos cosas quedarian fuera de duda:--Primera, que en el mundo
-suceden hechos sobrenaturales; segunda, que la facultad de producirlos
-pertenece ó ha sido conferida á ciertas personas. Pero ¿quién no
-conoce que los milagros no han sucedido nunca en tales condiciones;
-que hasta hoy el taumaturgo ha elegido siempre el medio, el público y
-el asunto de sus milagros; que frecuentemente es el pueblo mismo el
-que, por esa invencible necesidad de ver en los grandes acontecimientos
-y en los grandes hombres algo de divino, crea, mucho despues, las
-leyendas maravillosas? Miéntras no se nos pruebe lo contrario, nosotros
-mantendrémos estos principios de crítica histórica:--que un relato
-sobrenatural no puede admitirse en tal concepto, porque implica siempre
-credulidad ó impostura, y que el deber del historiador consiste en
-desmenuzarle y en separar con esmero la parte verídica que en él se
-halle mezclada con el error.
-
-Tales son las reglas que he seguido en la composicion de este escrito.
-Á la lectura de los textos he podido añadir un gran manantial de
-luz, consistente en la vista de los lugares donde pasaron los
-acontecimientos. Teniendo por objeto la mision científica que dirigí
-en 1860 y 1861 explorar la antigua Fenicia, tuve que residir en las
-fronteras de Galilea y que viajar por ella frecuentemente. Entónces
-atravesé en todos sentidos la provincia evangélica, visité á Jerusalen,
-á Hebron y la Samaria, y no escapó á mi exámen casi ninguna localidad
-importante de la historia de Jesús. Al recorrerlas, toda esa historia,
-que á distancia parece flotar en las nubes de un mundo imaginario,
-adquirió tal cuerpo y solidez, que no pudieron ménos de admirarme. La
-sorprendente concordancia de los textos con los lugares, y la armonía
-maravillosa del ideal evangélico con el país que le sirve de cuadro,
-fueron para mí como una revelacion. Un quinto evangelio, lacerado, pero
-todavía legible, apareció á mis ojos, y vi, á traves de los relatos
-de Matheo y de Márcos, no ya un sér abstracto, cuya existencia parece
-dudosa, sino una admirable figura humana llena de vida y de movimiento.
-Durante el verano, habiéndome sido preciso, á fin de reposar un poco,
-subir hasta Ghazir, en el Líbano, tracé á grandes rasgos la imágen
-que se me habia aparecido, y de aquel bosquejo resultó esta historia.
-Apénas me faltaban algunas páginas cuando una prueba cruel vino á
-precipitar mi partida. De manera que el libro fué compuesto por entero
-muy cerca de los mismos lugares en que nació y vivió Jesús. Despues
-de mi regreso he trabajado incesantemente en verificar y comprobar,
-detalle por detalle, el embrion que, sin más auxilio que cinco ó seis
-volúmenes, escribí de prisa bajo el techo de una cabaña maronita.
-
-Quizás deploren algunos el giro biográfico de mi obra. Cuando por
-la primera vez concebí el pensamiento de escribir una historia de
-los orígenes del cristianismo, confieso que, en efecto, trataba de
-hacer una historia de doctrinas, en la cual no hubiesen tenido los
-hombres casi ningun lugar. Jesús mismo habria sido apénas mencionado,
-consagrándome, como pensaba, á demostrar de qué modo germinaron y
-cubrieron el mundo las ideas que se produjeron bajo su nombre. Pero
-despues comprendí que la historia no es un simple juego de abstraccion
-y que los hombres entran en ella por mucho más que las doctrinas. No
-fué por cierto la teoría sobre la justificacion y la redencion la que
-operó la Reforma, sino Lutero y Calvino. El parsismo, el helenismo, el
-judaismo habrian podido combinarse bajo todas las formas; las doctrinas
-de la resurreccion y del Verbo habrian podido desarrollarse por espacio
-de siglos sin producir ese hecho fecundo, único, grandioso, que se
-llama cristianismo. Ese hecho es la obra de Jesús, de San Pablo, de
-San Juan. Escribir la historia de Jesús, de San Pablo, de San Juan,
-es escribir la historia de los orígenes del cristianismo. En cuanto
-á los movimientos anteriores, ellos pertenecen á nuestro asunto, por
-cuanto á que sirven para explicar la existencia de aquellos hombres
-extraordinarios, los cuales tuvieron necesariamente su lazo de union
-con las cosas que los habian precedido.
-
-Al hacer semejante esfuerzo para reanimar las grandes almas del
-pasado, debe permitirse una parte de adivinacion y de conjetura.
-Una gran vida es un todo orgánico que no puede representarse por la
-simple aglomeracion de hechos pequeños. Es menester que un sentimiento
-profundo abarque el conjunto y haga la unidad. En semejante asunto
-es un buen guía la razon del arte; el tacto exquisito de un Gœthe
-encontraria en él motivo para ejercitarse. La condicion esencial
-de las creaciones del arte estriba en formar un sistema viviente
-cuyas partes se armonicen unas con otras. La señal infalible de
-que, en las historias del género de ésta, se ha llegado á poseer
-lo verdadero, consiste en haber conseguido combinar los textos de
-manera que de su combinacion resulte un relato lógico, verosímil,
-sin ninguna discordancia. Las leyes íntimas de la vida, de la marcha
-de los productos orgánicos, de la gradacion de los matices, deben
-consultarse á cada paso; porque no se trata aquí de volver á encontrar
-la circunstancia material cuya prueba no es posible, sino el alma misma
-de la historia; no es la insignificante certidumbre de las bagatelas
-lo que se necesita buscar, sino la precision del sentimiento general,
-la verdad del colorido. Cada rasgo que se aleje de las reglas de la
-narracion clásica debe ser una advertencia de estar sobre aviso, porque
-el hecho que se trata de referir fué palpitante, natural, armonioso.
-Si no se consigue presentarle de esa manera, es porque de seguro no
-se llegó á conocerle bien. Supongamos que al restaurar la Minerva de
-Fidias con arreglo á los textos, se produjese un conjunto seco, duro,
-artificial. ¿Qué deberia deducirse? Una sola cosa: que los textos
-necesitan la interpretacion del buen gusto, siendo indispensable
-examinarlos y cotejarlos minuciosamente hasta conseguir de ellos un
-conjunto cuyos datos se armonicen y confundan sin ningun esfuerzo. ¿Se
-tendria entónces la seguridad de poseer, línea por línea, la estatua
-griega? No; pero, al ménos, no se poseeria la caricatura: se tendria el
-espíritu general de la obra, uno de los modos como pudo existir.
-
-Nosotros no hemos vacilado en adoptar por guía en el arreglo general
-del relato ese sentimiento de un organismo viviente. La lectura de
-los evangelios basta para probar que sus redactores, sin embargo de
-tener en la mente un plan exacto de la vida de Jesús, no se guiaron
-por datos cronológicos bien rigurosos; Papias nos lo dice además
-expresamente. Las frases: «En aquel tiempo... despues de lo cual...
-entónces... sucedió que...», etc., no son sino simples transiciones
-destinadas á enlazar entre sí los diferentes relatos. Escribir la
-historia de Jesús dejando todas las noticias que nos suministran los
-evangelios en el desórden en que la tradicion nos las presenta, sería
-lo mismo que escribir la historia de un hombre célebre, ofreciendo en
-confusa mescolanza las cartas y las anécdotas de su juventud, de su
-vejez y de su edad viril. En el Coran, que tambien nos presenta en el
-más completo desórden las piezas de las diferentes épocas de la vida de
-Mahoma, una crítica ingeniosa ha concluido por hallar el secreto de su
-confeccion; conócese ya de una manera casi cierta el órden cronológico
-en que fueron compuestos aquellos escritos. Semejante sistema de
-reconstitucion es mucho más difícil respecto á los evangelios, porque
-la vida pública de Jesús fué más corta y ménos sobrecargada de
-acontecimientos que la del fundador del Islam. Esto no obstante, creo
-que no se calificará de sutileza gratuita la tentativa de encontrar
-un hilo que sirva de guía en este dédalo. Suponer que un fundador
-religioso empiece por adherirse á los aforismos morales que circulaban
-ya en su tiempo, y á las prácticas más admitidas; que entrando despues
-en plena posesion de su idea se complazca en un género de elocuencia
-tranquila, poética, ajena á toda controversia, suave y libre como
-el sentimiento puro; que poco á poco se anime y exalte al hallar
-oposicion, y concluya por las polémicas y las fuertes invectivas;
-suponer todo esto, no es ciertamente abusar de la hipótesis. Tales
-son los períodos que en el Coran se distinguen de un modo claro. Una
-marcha análoga supone el órden que los sinópticos adoptaron con tacto
-exquisito. Léase atentamente á Matheo, y se hallará en la distribucion
-de sus discursos una gradacion muy semejante á la que acabamos de
-indicar. Por otra parte, se observará la reserva de los giros de frase
-que empleamos cuando se trata de exponer el progreso de las ideas
-de Jesús. En las divisiones adoptadas á este propósito puede no ver
-el lector, si así lo prefiere, sino los córtes indispensables á la
-exposicion metódica de un pensamiento profundo y complicado.
-
-Si el amor á un asunto puede servir á facilitarnos su inteligencia,
-se me concederá que no me ha faltado esta condicion. Para escribir
-la historia de una religion es indispensable, en primer lugar, haber
-creido en ella (sin esto no podria comprenderse cómo ha podido
-subyugar y satisfacer la conciencia humana); en segundo, no creer ya
-de una manera absoluta; porque la fe absoluta es incompatible con la
-sinceridad de la historia. Pero el amor existe sin la fe. Puede uno muy
-bien no adherirse á ninguna de las formas que cautivan la adoracion
-de los hombres, sin renunciar por eso á deleitarse con lo que ellas
-contienen de bueno y de hermoso. Ninguna manifestacion pasajera agota
-el manantial divino; Dios se habia revelado ántes de Jesús, Dios se
-revelará despues de él. Profundamente desiguales y tanto más divinas
-cuanto más grandes y espontáneas, las manifestaciones del Dios oculto
-en el fondo de la conciencia humana son todas del mismo órden. Jesús
-no pertenece únicamente á los que se dicen sus discípulos: él es la
-honra comun de todo el que siente latir en su pecho un corazon de
-hombre. No se le glorifica excluyéndole de la historia; ríndesele un
-culto más verdadero demostrando que sin él la historia entera sería
-incomprensible.
-
-
-
-
- VIDA
- DE JESÚS
-
-CAPÍTULO PRIMERO
-
-RANGO DE JESÚS EN LA HISTORIA DEL MUNDO
-
-
-La revolucion por medio de la cual pasaron las más nobles porciones
-de la humanidad, de las antiguas religiones comprendidas bajo el vago
-nombre de paganismo, á una religion fundada sobre la unidad divina,
-la trinidad y la encarnacion del Hijo de Dios, es el acontecimiento
-capital de la historia del mundo. Esta conversion necesitó para
-consumarse cerca de mil años. Lo ménos trescientos invirtió la nueva
-religion sólo en formarse. Pero el orígen de la revolucion de que se
-trata es un hecho que tuvo lugar bajo los reinados de Augusto y de
-Tiberio. Entónces vivió una persona que, por su audaz iniciativa y por
-el amor que supo inspirar, creó el objeto y afirmó la base de la futura
-ley que debia regir á la humanidad.
-
-El hombre fué religioso desde el momento en que se distinguió del
-animal; esto es, en que vió en la naturaleza algo más que la realidad,
-y sintió en sí mismo alguna cosa que no concluia en el sepulcro.
-Durante millares de años, este sentimiento se extravió del modo más
-extraño;--en muchas razas, se limitó á la creencia en los hechiceros
-bajo la grosera forma que la vemos todavía en algunas partes de la
-Oceanía; en otras, el sentimiento religioso conducia á vergonzosas
-y sangrientas escenas, tales como las que formaron el carácter
-de la antigua religion de Méjico; en otras, y particularmente en
-África, llegó á convertirse en puro fetichismo, esto es, á ceñirse
-á la adoracion de un objeto material, al cual se atribuian poderes
-sobrenaturales. Así como el instinto del amor, que á veces eleva
-y ennoblece al hombre más vulgar, suele cambiarse en perversion y
-ferocidad; de igual manera esta facultad divina de la religion pudo
-trasformarse por largo tiempo en una especie de cáncer que era preciso
-extirpar de la raza humana; en una causa de errores y de crímenes que
-los sabios debian tratar de suprimir.
-
-Las brillantes civilizaciones que desde remotísima antigüedad se
-desarrollaron en China, en Babilonia y en Egipto, imprimieron á la
-religion cierto progreso. En China imperó desde muy temprano una
-especie de mediano buen sentido que impidió á aquel pueblo caer en
-los grandes extravíos de otras razas.--Allí no se conocieron ni las
-ventajas ni los abusos del genio religioso. Pero por lo mismo no
-ejerció, bajo este aspecto, ninguna influencia sobre la direccion de la
-gran corriente de la humanidad. Las religiones de Babilonia y de Siria
-conservaron siempre un fondo de extraño sensualismo; hasta su extincion
-en los siglos cuarto y quinto de nuestra era, aquellas religiones
-fueron escuelas de inmoralidad, de las cuales, por una especie de
-intuicion poética, salian á veces algunos destellos del mundo divino.
-Á traves de un fetichismo aparente, Egipto poseyó quizás desde muy
-temprano dogmas metafísicos y un simbolismo revelado. Pero sus
-interpretaciones de una teología refinada no eran sin duda primitivas.
-Cuando el hombre posee una idea clara, no se entretiene jamás en
-revestirla de símbolos; casi siempre que se buscan ideas bajo antiguas
-imágenes misteriosas, cuyo significado se ha perdido, es á consecuencia
-de prolongadas reflexiones y á causa de la imposibilidad en que se
-halla el espíritu humano de resignarse con lo absurdo. Sin embargo, no
-fué en Egipto donde surgió la fe de la humanidad. Los elementos que á
-traves de mil trasformaciones pasaron de Siria y Egipto á la religion
-cristiana, son formas exteriores de escasa trascendencia, ó bien
-escorias semejantes á las que siempre existen en el fondo de los cultos
-más depurados. El gran defecto de las religiones mencionadas era su
-carácter esencialmente supersticioso; si de algo llenaron el mundo fué
-de millones de amuletos y de abraxas. Ninguna grande idea moral podia
-salir de razas abatidas por un despotismo secular y acostumbradas á
-instituciones que hacian casi nulo el ejercicio de la libertad en los
-individuos.
-
-La poesía del alma, la fe, la libertad, la honradez y la abnegacion,
-aparecieron sobre la tierra con las dos grandes razas que hasta
-cierto punto formaron la humanidad: con la raza indo-europea y la
-raza semítica. Las primeras instituciones de la raza indo-europea
-fueron esencialmente naturalistas; pero era un naturalismo profundo
-y moral, un enlace amoroso de la naturaleza y el hombre, una poesía
-deliciosa llena del sentimiento de lo infinito; un principio, en fin,
-de lo que habia de constituir con el trascurso de los siglos el genio
-céltico germánico, de lo que habian de expresar Gœthe y Shakspeare.
-Aquello no era religion ni moral reflexionadas; sino melancolía,
-ternura, imaginacion, y sobre todo, algo de grave y serio, cualidades
-indispensables á la moral y á la religion. Sin embargo, la fe de la
-humanidad no podia venir de allí, porque aquellos antiguos cultos se
-desprendian trabajosamente del politeismo encarnado en ellos, y porque
-no conducian á un símbolo bien claro. Si el bramanismo ha llegado hasta
-nosotros, se debe sin duda al asombroso privilegio de conservacion que
-la India parece poseer. El budismo fracasó en todas sus tentativas
-por extenderse hácia el Oeste. El druidismo permaneció como forma
-exclusivamente nacional y sin tendencias universales. Las tentativas
-griegas de reforma, el orfismo y los misterios no bastaron para dar
-á las almas un alimento sólido. Persia tan sólo llegó á formarse una
-religion dogmática semi-monoteista y sábiamente organizada; pero es más
-que posible que aquella misma organizacion no fuese sino una imitacion
-ó un plagio. De cualquier modo, Persia se convirtió cuando en sus
-fronteras vió aparecer el lábaro de la unidad divina proclamada por el
-Islam.
-
-La gloria de haber formado la religion de la humanidad pertenece toda
-entera á la raza semítica[67]. Bajo su tienda, no contagiada por los
-desórdenes del mundo, ya corrompido, y mucho más allá de los confines
-de la historia, el patriarca beduino preparaba la fe del género humano.
-Una invencible antipatía hácia los cultos voluptuosos de Siria, una
-gran sencillez en el ritual, ausencia completa de templos, y el ídolo
-reducido á insignificantes _terafim_, hé aquí su superioridad. Entre
-todas las tribus de semitas nómadas, la de los Beni-Israel estaba ya
-señalada para el cumplimiento de inmensos destinos. Sus antiguas
-relaciones con Egipto, de las que acaso resultaron algunas imitaciones
-puramente materiales, no hicieron sino aumentar su aversion por la
-idolatría. Una «ley» ó _thora_, escrita desde muy antiguo sobre tablas
-de piedra, y cuyo orígen hacian remontar á su gran libertador Moisés,
-era ya el código del monoteismo y contenia poderosos gérmenes de
-igualdad social y de moralidad, comparada con las instituciones de
-Egipto y de Caldea. Un cofre ó arca provista de dos anillos laterales
-para poder trasportarla por medio de una palanca atravesada, constituia
-todo el material religioso.--En ella estaban reunidos los objetos
-sagrados de la nacion, sus reliquias, sus recuerdos, el «libro», en
-fin, diario de la tribu siempre abierto, pero en el cual no se escribia
-sino muy discretamente. Bien pronto la familia encargada del trasporte
-y custodia de aquellos archivos portátiles adquirió grande importancia,
-hallándose cerca del libro y disponiendo de él. Sin embargo, la
-institucion que decidió del porvenir de la humanidad no vino de
-allí; el sacerdote hebreo difiere muy poco de los otros sacerdotes
-de la antigüedad. El carácter que esencialmente distingue á Israel
-de los otros pueblos teocráticos consiste en que allí el sacerdocio
-estuvo siempre subordinado á la iniciativa individual. Además de los
-sacerdotes, cada tribu nómada tenía su _nabi_ ó profeta, especie de
-oráculo viviente á quien se consultaba para la solucion de cuestiones
-oscuras que exigian un alto grado de prevision. Los _nabis_ de
-Israel, organizados en grupos ó escuelas, tuvieron gran superioridad.
-Defensores del antiguo espíritu democrático, enemigos de los ricos y
-opuestos á toda organizacion política y á cuanto pudiera encaminar
-á Israel por la via de las naciones, ellos fueron los verdaderos
-instrumentos de la supremacía religiosa del pueblo judío. Desde muy
-temprano anunciaron esperanzas ilimitadas; y cuando el pueblo, víctima
-hasta cierto punto de sus consejos impolíticos, fué subyugado por el
-poder asirio, ellos proclamaron que le estaba reservado un reino sin
-límites; que Jerusalen sería un dia la capital del mundo entero y que
-el género humano se haria judío. Jerusalen y su templo se les aparecian
-como una ciudad colocada en la cumbre de una montaña, hácia la cual se
-dirigirian todos los pueblos de la tierra; como un oráculo de donde
-debia salir la ley universal; como el centro de un reino ideal en donde
-el género humano, pacificado por Israel, volveria á encontrar los goces
-del Eden[68].
-
-Para exaltar el martirio y celebrar el poder del «hombre de dolor»,
-déjanse ya oir acentos desconocidos. Á propósito de alguno de aquellos
-sublimes pacientes que, á la manera de Jeremías, regaban con su sangre
-las calles de Jerusalen, un inspirado compuso un cántico sobre los
-sufrimientos y el triunfo del «servidor de Dios», cántico en el cual
-parece reconcentrarse toda la fuerza profética del genio de Israel[69].
-
- «Crecia como humilde planta y brotaba como una raíz en tierra
- árida; no tenía aspecto bello ni esplendoroso. Despreciado y
- desechado de los hombres, nadie hacia caso de él. Cubierto de
- vergüenza y afrentado, era una nada. Es verdad que él mismo tomó
- sobre sí nuestras dolencias y cargó con nuestras penalidades,
- pero se le reputaba como un leproso y como hombre herido de la
- mano de Dios y humillado. Por causa de nuestras iniquidades fué
- él llagado y despedazado por nuestras maldades; de su castigo
- debia nacer nuestra paz, y con sus cardenales fuimos nosotros
- curados. Como ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros;
- cada cual se desvió y á él sólo le ha cargado Jehová sobre las
- espaldas la iniquidad de todos. Despreciado, humillado, no abrió
- su boca, fué conducido á la muerte, como va la oveja al matadero;
- como un corderito que está mudo delante del que le esquila, no
- abrió la boca. Su sepulcro será como el sepulcro de un malvado,
- su muerte como la muerte de un impío. Pero despues de sufrida
- la opresion é inicua condena, verá levantarse una generacion
- numerosa y los intereses de Jehová prosperarán entre sus manos.»
-
-Al mismo tiempo se operaron en la _Thora_ profundas modificaciones.
-Produjéronse nuevos textos, como el Deuteronomio, que pretendian
-representar la verdadera ley de Moisés, y en realidad ellos inauguraron
-un espíritu muy diferente del de los antiguos nómadas. El carácter
-dominante de aquel espíritu fué un gran fanatismo. Creyentes furibundos
-provocaban contínuas violencias contra todo lo que se separaba del
-culto de Jehová, y un código sanguinario, estableciendo la pena de
-muerte por delitos religiosos, consigue abrirse camino. La piedad trae
-consigo casi siempre singulares contrastes de vehemencia y de dulzura.
-Aquel celo religioso, que no conoció la grosera sencillez del tiempo
-de los Jueces, inspira entonaciones de conmovedora predicacion y de
-uncion ternísima, tales como el mundo no las habia escuchado hasta
-entónces. Déjase ya sentir una poderosa tendencia hácia las cuestiones
-sociales, y las utopias, los ensueños de una sociedad perfecta penetran
-en el seno del código. El Pentateuco, mezcla de moral patriarcal y
-de ardiente devocion, de instituciones primitivas y de refinamientos
-piadosos como los que llenaron el alma de un Ezequías, de un Josías ó
-de un Jeremías, se fijó de esta manera en la forma en que le vemos,
-y por espacio de siglos llegó á ser la regla absoluta del espíritu
-nacional.
-
-Una vez creado aquel gran libro, la historia del pueblo judío se
-desarrolla con irresistible rapidez. Los grandes imperios que se
-sucedieron en el Asia occidental, arrebatándole toda esperanza de un
-reino terrestre, le obligan á que se eche, con una especie de sombría
-pasion, en brazos de los ensueños religiosos. No cuidándose entónces
-de dinastía nacional ni de independencia política, acepta todos los
-gobiernos, siempre que le dejen practicar libremente su culto y seguir
-sus costumbres. En adelante Israel no tendrá otra direccion que la de
-sus entusiastas religiosos, otros enemigos que los de la unidad divina,
-ni otra patria que su ley.
-
-Y preciso es notarlo, aquella ley era toda ella social y moral; era la
-obra de hombres penetrados de un elevado ideal de la vida presente, que
-habian creido encontrar los mejores medios de realizarle. Todo el mundo
-se halla convencido de que la _Thora_ bien observada no puede ménos de
-conducir á la perfecta felicidad. En aquella _Thora_ nada hay de comun
-con las «leyes» griegas ó romanas, las cuales, no teniendo presente más
-que el derecho abstracto, penetran poco en las cuestiones de felicidad
-y moralidad privadas. Conócese de antemano que los resultados que
-saldrán de ella serán de órden social y no de órden político; que la
-obra en que trabaja aquel pueblo es un reino de Dios y no una república
-civil; una institucion universal, más bien que una nacionalidad ó una
-patria.
-
-Israel, en medio de numerosos desfallecimientos y flaquezas, sostiene
-admirablemente esta vocacion. Una serie de hombres piadosos abrasados
-por el celo de la ley, tales como Esdras, Nehemías, Onías y los
-Macabeos, se suceden en la defensa de las antiguas instituciones.
-La idea de que Israel es un pueblo de santos, una tribu elegida por
-Dios y ligada hácia él por medio de un contrato, echa hondas raíces,
-que se hacen cada dia más sólidas y profundas. Una inmensa esperanza
-llena las almas. Toda la antigüedad indo-europea habia colocado el
-paraíso en el orígen; todos sus poetas habian llorado una edad de
-oro desvanecida:--Israel coloca la edad de oro en el porvenir. Los
-Salmos, esa eternal poesía de las almas religiosas, brotan con su
-divina y melancólica armonía de este pietismo exaltado. Miéntras
-que en torno suyo las religiones paganas se reducen más y más á un
-charlatanismo oficial en Persia y Babilonia, á una grosera idolatría
-en Siria y Egipto, y á vanos simulacros en el mundo griego y latino,
-Israel llega á ser verdaderamente y por excelencia el pueblo de Dios.
-Lo que los mártires cristianos hicieron en los primeros siglos de
-nuestra era, lo que hasta nuestros tiempos han hecho las víctimas de la
-ortodoxia perseguidora en el seno mismo del cristianismo, eso fué lo
-que los judíos realizaron en los dos siglos que precedieron á la era
-cristiana. Un movimiento extraordinario de ideas que iban á parar á
-los más opuestos resultados hacia de ellos en aquella época el pueblo
-más chocante y original del mundo. Su dispersion por todo el litoral
-del Mediterráneo, y el uso de la lengua griega que adoptaron fuera de
-Palestina prepararon el camino á una propaganda de que las antiguas
-sociedades no habian ofrecido todavía ningun ejemplo, divididas como se
-hallaban en pequeñas nacionalidades.
-
-Á pesar de su persistencia en anunciar que un dia llegaria á ser la
-religion del género humano, el judaismo conservó hasta el tiempo de
-los Macabeos el carácter de todos los otros cultos de la antigüedad,
-ciñéndose á un culto de familia y de tribu. El israelita creia
-que su culto era el mejor, y hablaba con desprecio de los dioses
-extranjeros:--creia más, creia que el culto del verdadero Dios no se
-habia hecho sino para él solo. El que ingresaba en el seno de una
-familia judía, abrazaba el culto de Jehová, y á esto se reducia todo.
-Por lo demás, ningun israelita pensaba en convertir al extranjero á
-un culto que se creia patrimonio exclusivo de los hijos de Abraham.
-El desarrollo del espíritu pietista que se produjo despues de Esdras
-y de Nehemías, trajo consigo una concepcion mucho más firme y más
-lógica. Desde entónces, el judaismo llegó á ser de un modo absoluto la
-verdadera religion; concedíase á todo el mundo el derecho de ingresar
-en él[70], y bien pronto fué una obra pía y meritoria conducir á sus
-filas el mayor número posible[71]. Es indudable que aún no existia
-el delicado sentimiento que elevó á Juan Bautista, á Jesús, á San
-Pablo, sobre las mezquinas ideas de raza, puesto que, por una extraña
-contradiccion, aquellos convertidos (prosélitos) eran mal vistos y
-tratados con desden[72]. Pero la idea de una religion exclusiva, la
-idea de que en este mundo hay algo superior á la patria, á la sangre, á
-las leyes; esa idea que habrá de producir los apóstoles y los mártires
-estaba ya cimentada. El sentimiento de todo el pueblo judío se resume
-en adelante en una profunda piedad por los paganos, cualquiera que
-sea el brillo de su fortuna mundana[73]. Los guías del pueblo tratan,
-sobre todo, de inculcarle la idea de que la virtud consiste en una
-adhesion fanática á determinadas instituciones religiosas, y para ello
-se valen de un ciclo de leyendas destinadas á presentar modelos de
-inquebrantable firmeza, tales como Daniel y sus compañeros, la madre
-de los Macabeos y sus siete hijos[74], y la novela del Hipódromo de
-Alejandría[75].
-
-Las persecuciones de Antíoco Epifáneo convirtieron esta idea en
-pasion, casi en frenesí, viéndose entónces algo de muy análogo á lo
-que doscientos treinta años más tarde pasó bajo el imperio de Neron.
-La desesperacion y la rabia arrojan á los creyentes en el mundo de
-las visiones y de los ensueños. Aparece el primer apocalípsis, el
-«Libro de Daniel», y con él renace el profetismo, pero bajo una forma
-bien diferente de la antigua y un sentimiento mucho más ámplio de los
-destinos del mundo. El libro de Daniel fué hasta cierto punto la última
-expresion de las esperanzas mesiánicas. El Mesías no era ya un rey á
-la manera de David y Salomon, ni un Ciro teocrático y mosaista; sino
-un «hijo del hombre» apareciendo en las nubes[76], un sér sobrenatural
-con apariencia humana, encargado de juzgar al mundo y de presidir la
-edad de oro. Quizás proporcionó algunos rasgos á este nuevo ideal
-el _Sosiosch_ de Persia, el gran profeta del porvenir que debia
-preparar el reinado de Ormuzd[77]. De todos modos, es indudable que el
-desconocido autor del Libro de Daniel ejerció una influencia decisiva
-en el acontecimiento religioso que iba á trasformar el mundo:--él
-proporcionó el aparato y los términos técnicos del nuevo mesianismo, y
-sin duda pueden aplicársele aquellas palabras de Jesús respecto á Juan
-Bautista: «Hasta él, los profetas; despues de él, el reino de Dios.»
-
-Sin embargo, no debe creerse que aquel movimiento, tan profundamente
-religioso y apasionado, tuviera por móvil dogmas particulares, como
-ha sucedido en todas las luchas que han estallado en el seno del
-cristianismo. Los judíos de aquella época eran poco teólogos y no
-especulaban sobre la esencia de la divinidad; sus creencias respecto
-á los ángeles, á los fines del hombre, á las hipóstasis divinas,
-cuyo primer gérmen se dejaba ya entrever, eran creencias libres,
-meditaciones á las cuales se entregaba cada uno segun la índole de su
-espíritu, pero de las que no tenian ni la más remota idea multitud
-de personas. Los más ortodoxos eran los que más se alejaban de esas
-imaginaciones particulares, ateniéndose á la sencillez del mosaismo.
-Entónces no existia ningun poder dogmático semejante al que defirió á
-la Iglesia el cristianismo ortodoxo. La fiebre de las definiciones, esa
-fiebre que hace de la historia de la Iglesia la historia de una inmensa
-controversia, no empezó sino cuando, á partir del siglo tercero, cayó
-el cristianismo en manos de razas ergotistas, sedientas de dialéctica y
-metafísica. Tambien entre los judíos se disputaba:--ardientes escuelas
-combatian en buscar para todas las cuestiones que entónces se agitaban
-opuestas soluciones; pero en aquellas luchas, de las cuales nos ha
-trasmitido el Talmud los principales detalles, no habia ni una sola
-palabra de teología especulativa. Observar y mantener la ley, porque
-la ley es justa y porque bien observada conduce á la felicidad, hé
-ahí á lo que se reducia el mosaismo. Ningun _Credo_, ningun símbolo
-teórico. Moisés Maimonida, un discípulo de la filosofía árabe más
-avanzada, llegó á ser oráculo de la sinagoga, porque era un canonista
-muy ejercitado.
-
-La exaltacion creció más todavía durante los reinados de los últimos
-Asmoneos y de Heródes, en cuya época tuvo lugar una serie no
-interrumpida de movimientos religiosos. El pueblo judío, á medida
-que el poder se secularizaba, pasando á manos incrédulas, vivia cada
-vez ménos para los intereses terrenales y se absorbia más y más en
-el extraño trabajo que se operaba en su seno. Distraido el mundo con
-otros espectáculos, no tiene ningun conocimiento de lo que pasa en
-aquel olvidado rincon de Oriente. Sin embargo, las almas superiores
-y al corriente de la marcha de su siglo, ven con más claridad. El
-tierno y previsor Virgilio parece responder, como un eco secreto,
-al segundo Isaías:--el nacimiento de un niño le sumerge en ensueños
-de palingenesia universal[78]. Estos ensueños eran muy comunes y
-formaban como un género de literatura designado con el nombre de
-Sibilas ó Sibilismo. La formacion reciente del imperio exaltaba las
-imaginaciones: la grande era de paz que entónces empezaba, y esa
-impresion de melancólica sensibilidad que experimentan las almas
-despues de largos períodos de revolucion, hacian surgir en todas
-partes esperanzas ilimitadas.
-
-En Judea la espectativa habia llegado al último límite. Santas
-personas, entre las cuales figuran un anciano Simeon, quien, segun
-la leyenda, tuvo á Jesús en sus brazos, y Ana, hija de Phanuel,
-considerada como profetisa[79], pasaban su vida al rededor del templo,
-orando y ayunando, á fin de que Dios les concediese bastante vida
-para ver el cumplimiento de las esperanzas de Israel. Siéntese por
-donde quiera una poderosa incubacion y como la proximidad de algo
-extraordinario y desconocido.
-
-Aquella amalgama confusa de presentimientos y de ensueños, aquella
-alternativa de decepciones y de esperanzas, aquellas aspiraciones
-rechazadas incesantemente por la odiosa realidad, tuvieron, al fin, su
-intérprete en el hombre incomparable á quien la conciencia universal ha
-concedido, con justicia, el título de Hijo de Dios, puesto que él hizo
-dar á la religion un paso, al cual no puede y no podrá probablemente
-compararse ningun otro.
-
-
-
-
-CAPÍTULO II
-
-INFANCIA Y JUVENTUD DE JESÚS -- SUS PRIMERAS IMPRESIONES
-
-
-Jesús nació en Nazareth[80], pequeña ciudad de Galilea, la cual no tuvo
-ántes de su nacimiento ninguna celebridad[81]. Durante toda su vida se
-le designó con el nombre de «Nazareno»[82], y para hacerle nacer en
-Bethlehem, como afirma su leyenda, ha sido indispensable recurrir á
-un rodeo bastante embarazoso[83]. Luégo verémos[84] el motivo de esta
-suposicion y de qué modo fué consecuencia obligada del mesiánico papel
-concedido á Jesús[85]. Ignórase la fecha precisa de su nacimiento; pero
-se sabe que tuvo lugar bajo el reinado de Augusto, hácia el año 750 de
-Roma, y probablemente algunos ántes del primero de la era que todos
-los pueblos civilizados cuentan desde el dia en que vino al mundo[86].
-
-El nombre de _Jesús_, que le fué dado, es una alteracion de _Josué_,
-que entónces era muy comun; pero, como es natural, buscáronse luégo
-en él significaciones misteriosas y una alusion á su papel de
-Salvador[87]. Quizás el mismo Jesús, como todos los místicos, llegó á
-fortalecerse en esta creencia. Un nombre dado sin intencion á un niño
-ha sido á veces causa de grandes vocaciones:--la historia nos ofrece
-más de un ejemplo. Y es porque las naturalezas ardientes no pueden
-resignarse nunca á ver la mano de la casualidad en todo aquello que
-les concierne. Para ellas todo ha sido dispuesto por Dios, y hasta en
-las circunstancias más insignificantes de la vida ven un signo de la
-voluntad suprema.
-
-La poblacion de Galilea, segun indica el nombre mismo del país[88], se
-hallaba muy mezclada. En tiempo de Jesús, aquella provincia contaba
-entre sus habitantes muchos que no eran judíos (fenicios, sirios,
-árabes y hasta griegos)[89]. Las conversiones al judaismo no escaseaban
-en aquella especie de países mistos. Imposible sería establecer aquí
-ninguna cuestion de raza, y no ménos difícil determinar la sangre que
-circulaba en las venas del que más poderosamente ha contribuido á
-borrar de la humanidad las distinciones de sangre.
-
-Jesús salió de las filas del pueblo[90]; su padre José y su madre
-María eran personas de mediana condicion, artesanos que vivian de su
-trabajo[91], y cuyo estado social consistia en ese término medio, tan
-comun en Oriente, que no es ni la comodidad ni la miseria. La extremada
-sencillez en semejantes comarcas impide conocer la necesidad de lo
-_confortable_, hace casi inútil el privilegio del rico, y convierte á
-todo el mundo en pobres voluntarios. Por otra parte, la falta total
-de gusto por las artes y por todo lo que á la elegancia de la vida
-material contribuye, presta al interior del hogar doméstico, áun de
-aquellos que viven en la abundancia, cierto aspecto de pobreza y
-desnudez. Á excepcion de lo que el aislamiento lleva consigo por do
-quiera de sórdido y repugnante, la ciudad de Nazareth se diferenciaba
-tal vez muy poco, en tiempo de Jesús, de lo que es hoy dia[92]. Las
-calles donde jugó siendo niño las vemos todavía en aquellos senderos
-pedregosos ó en aquellas encrucijadas que separan los edificios.
-La casa de José era, sin duda, muy semejante á aquellas pobres
-tiendas, alumbradas por la puerta, que sirven al mismo tiempo de
-establecimiento, de cocina, y de alcoba, y que por todo mueblaje tienen
-una estera, algunos cojines sobre el suelo, uno ó dos vasos de arcilla
-y un cofre pintado.
-
-La familia, ya proviniese de un matrimonio ó de varios, era
-numerosa:--Jesús tenía hermanos y hermanas[93], de los cuales parecia
-ser el primogénito[94]. Pero todos permanecieron oscuros, porque los
-cuatro personajes que se citan como hermanos suyos, y uno de los
-cuales, Santiago, llegó á adquirir gran importancia en los primeros
-años del cristianismo, eran, segun parece, primos carnales. En efecto,
-María tenía una hermana, que tambien se llamaba María[95], la cual se
-casó con un tal Alfeo ó Cleofás (estos dos nombres parecen designar
-una misma persona)[96], y tuvo varios hijos que desempeñaron un papel
-considerable entre los primeros discípulos de Jesús. Miéntras que sus
-verdaderos hermanos le hacian la oposicion[97], estos primos carnales
-se adhirieron al jóven maestro y tomaron el título de «hermanos del
-Señor»[98]. Los verdaderos hermanos de Jesús, así como su madre, no
-tuvieron importancia sino despues de la muerte del Salvador[99]. Y áun
-entónces mismo no alcanzaron, á lo que parece, la misma consideracion
-que sus primos, cuya conversion habia sido más espontánea, y en cuyo
-carácter hubo, sin duda, más originalidad. Tan conocidos eran sus
-nombres, que cuando el evangelista pone en boca de la gente de Nazareth
-la enumeracion de los hermanos, segun la naturaleza, son los hijos de
-Cleofás los primeros que se presentan á su memoria.
-
-Sus hermanas se casaron en Nazareth[100], en cuyo punto pasó él los
-primeros años de su juventud. Era Nazareth una pequeña ciudad situada
-en un repliegue del terreno que forma la ancha meseta del grupo de
-montañas que limitan al norte la llanura de Esdrelon. Hoy dia la
-poblacion es de tres á cuatro mil almas, y acaso no haya variado mucho
-desde entónces[101]. El frio es agudo en el invierno y muy saludable el
-clima. Como todos los villorrios judíos de aquella época, la ciudad era
-un monton de casas construidas sin estilo, y probablemente ofreceria
-ese aspecto árido y pobre que ofrecen las aldeas de los países
-semíticos. Los edificios, segun es de inferir, tendrian gran semejanza
-con esos cubos de piedra, sin elegancia exterior ni interior, que aún
-se ven hoy en las comarcas más ricas del Líbano, y que, mezclados con
-las viñas y las higueras, no dejan de ser agradables. Por otra parte,
-los alrededores son deliciosos, y en ningun país del mundo se hallaria
-un lugar más á propósito para alimentar y dar pábulo á los ensueños de
-absoluta ventura. Nazareth es todavía un sitio delicioso y acaso el
-único punto de Palestina en que el alma se siente aliviada del opresivo
-afan que experimenta en medio de aquella desolacion sin igual. Los
-naturales son agradables y risueños, frescos y llenos de verdura los
-huertos y jardines. En el siglo sexto, Antonino Mártir hizo un cuadro
-encantador de la fertilidad de sus alrededores, comparándolos con el
-paraíso. Algunos valles del lado del oeste justifican plenamente su
-descripcion. La fuente donde otras veces se reconcentraba la vida
-y la alegría de la pequeña ciudad está ya destruida; de sus caños
-desportillados no mana hoy sino un agua turbia. Pero la belleza de las
-mujeres que allí se reunen durante la noche, aquella belleza notada
-ya en el siglo sexto, y de la cual era una personificacion la Vírgen
-María, se ha conservado de un modo admirable:--aquél es el tipo sirio
-en toda su gracia llena de languidez. Es indudable que María fué allí
-casi diariamente, y que á menudo, con el cántaro sobre el hombro, formó
-entre la fila de sus ignoradas compatriotas. Antonino Mártir hace
-notar que las mujeres judías, que en otras partes miraban con desden
-á los cristianos, eran allí dulces y afables. Áun hoy dia los odios
-religiosos no son en Nazareth tan exaltados como en otros puntos.
-
-El horizonte de la ciudad es reducido; pero cuando se asciende un
-poco hasta llegar á la meseta que domina los edificios más elevados,
-meseta que barren contínuas brisas, la perspectiva se agranda y
-se hace espléndida. Al Oeste se extienden las hermosas líneas del
-Carmelo, terminadas por una punta abrupta que parece sumergirse en el
-mar. En seguida se desarrollan, la doble cima que domina á Mageddo,
-las montañas del país de Sichem con sus lugares santos de la edad
-patriarcal, el monte Gelboé, el pequeño y pintoresco grupo al cual
-van unidos los recuerdos, risueños ó terribles, de Sulem y de Endor,
-y el Tabor, con su bella forma esferoidal que los antiguos comparaban
-á un seno. Por una depresion entre la montaña de Sulem y el Tabor,
-se entrevén el valle del Jordan y las elevadas llanuras de la Perea,
-que forman hácia el Este una línea continuada. Al norte las montañas
-de Safed se inclinan hácia el mar, ocultando á San Juan de Acre,
-pero dejan que la mirada se pierda en el golfo de Khaifa. Tal fué el
-horizonte de Jesús. Aquel círculo encantado, cuna del reino de Dios, le
-representó el mundo durante muchos años. Su vida entera salió muy poco
-de aquellos límites familiares á su infancia. Porque más allá, por el
-lado del norte y casi entre los flancos del Hermon, se descubre Cesárea
-de Filipo, su punto más avanzado hácia el mundo de los gentiles, y
-por la parte del sur, detrás de aquellas montañas de Samaria ya ménos
-rientes, se adivina la triste Judea desecada por un viento abrasador de
-abstraccion y de muerte.
-
-Si teniendo mejor nocion de lo que constituye el respeto á los
-orígenes, el mundo permaneciese cristiano y quisiese reemplazar los
-santuarios apócrifos y mezquinos, á que se adhirió la piedad de las
-edades bárbaras, por auténticos lugares santos, en aquella altura
-de Nazareth es donde construiria su templo. Allí, en el sitio donde
-apareció el cristianismo, en el centro de accion de su fundador,
-deberia elevarse la grande iglesia en que todos los cristianos pudiesen
-orar. Allí tambien, en aquella tierra, bajo la cual duermen el
-carpintero José y millares de olvidados nazarenos que no franquearon
-jamás el horizonte de su valle nativo, se hallaria el filósofo mejor
-colocado que en ningun sitio del mundo para contemplar el curso de
-las cosas humanas, consolarse de su contingencia y tranquilizarse
-respecto al fin divino que el mundo prosigue á traves de infinitos
-desfallecimientos y no obstante la vanidad universal.
-
-
-
-
-CAPÍTULO III
-
-EDUCACION DE JESÚS
-
-
-Aquella naturaleza, á la vez risueña y grandiosa, constituyó toda la
-educacion de Jesús. Sin duda aprendió á leer y á escribir[102] segun
-el método de Oriente, el cual consistia en colocar entre las manos del
-niño un libro cuyo texto repetia cadenciosamente, en union de sus
-compañeros, hasta concluir por aprenderle de memoria[103]. Sin embargo,
-es muy dudoso que comprendiera bien los escritos hebreos en su lengua
-original. Sus biógrafos se los hacen citar como traducciones en lengua
-aramea[104]: sus principios de exegésis, si hemos de juzgar por los
-de sus discípulos, se parecian bastante á los que en aquella época se
-hallaban en boga, los cuales forman el espíritu de los _Targums_ y de
-los _Midraschim_[105].
-
-En las pequeñas aldeas judías, el maestro de escuela era el _hazzan_
-ó lector de las sinagogas[106]. Jesús frecuentó poco las escuelas,
-más elevadas, de los escribas ó _soferim_ (tal vez en Nazareth no
-habia ninguna), y no poseyó ninguno de esos títulos que dan á los
-ojos del vulgo derecho á la sabiduría[107]. Sin embargo, sería grave
-error imaginarse que Jesús era lo que nosotros llamamos un ignorante.
-Bajo el punto de vista del valor personal, se hace en nuestros dias
-una distincion profunda entre los que han recibido una educacion
-escolástica y los que de ella carecen. Pero en Oriente, y por regla
-general en toda la buena época antigua, no sucedia lo mismo. El estado
-de rudeza en que permanece entre nosotros, á consecuencia de nuestra
-vida aislada y puramente individual, aquel que no ha frecuentado las
-escuelas, se desconoce en esas sociedades en que la cultura moral,
-y sobre todo, el espíritu general del tiempo se trasmiten por el
-contacto contínuo de los hombres. Frecuentemente el árabe que no
-ha tenido ningun maestro es sin embargo persona muy distinguida, y
-consiste en que su tienda viene á ser una especie de escuela, siempre
-abierta, de donde, gracias al constante roce de gente bien educada,
-nace un gran movimiento intelectual y hasta literario. La delicadeza
-de los modales y la finura del espíritu no tienen en Oriente nada de
-comun con lo que nosotros llamamos educacion. Al contrario, allí los
-hombres escolásticos son los que pasan por pedantes y mal educados. La
-ignorancia, que entre nosotros condena al hombre á un rango inferior,
-es en aquel estado social la condicion de las grandes cosas y de la
-grande originalidad.
-
-Tampoco parece probable que supiese Jesús el griego. Á excepcion de
-las clases que participaban del gobierno de las ciudades habitadas
-por los paganos, como Cesárea, esta lengua estaba poco vulgarizada en
-Judea[108]. El idioma de Jesús era el dialecto sirio con mezcla de
-hebreo que entónces se hablaba en Palestina[109]. Con mucha más razon
-debe suponerse que no tuvo ningun conocimiento de la cultura griega.
-Aquella cultura se hallaba proscripta por los doctores palestinos, los
-cuales envolvian en la misma maldicion «al que criaba puercos y al que
-enseñaba á su hijo la ciencia helénica»[110]. De todos modos, aquella
-ciencia no habia penetrado hasta las pequeñas ciudades como Nazareth,
-si bien es verdad que, no obstante el anatema de los doctores, algunos
-judíos habian adoptado aquella cultura. Sin contar la escuela judía
-de Egipto, donde las tendencias para amalgamar el helenismo y el
-judaismo se continuaban desde hacia cerca de doscientos años, un judío,
-Nicolás de Damasco, llegó á ser por aquel tiempo uno de los hombres
-más notables, instruidos y considerados de su época. Josefo debia
-ofrecer bien pronto otro ejemplo de judío completamente helenizado.
-Pero Nicolás no tenía de judío sino la sangre, Josefo declara ser una
-excepcion entre sus contemporáneos[111], y toda la escuela cismática de
-Egipto se separó de Jerusalen tan completamente, que ni en el Talmud ni
-en la tradicion judía se encuentra el menor recuerdo. Lo que se halla
-fuera de duda es que el griego se estudiaba muy poco en Jerusalen;
-que los estudios helénicos se consideraban como peligrosos y hasta
-serviles, creyéndose buenos, á lo sumo, para servir de adorno á las
-mujeres[112]. Sólo el estudio de la ley pasaba por liberal y digno de
-un hombre grave[113]. Un ilustrado rabino, á quien preguntaron cuándo
-debia enseñarse á los niños la «sabiduría griega», respondió:--«Cuando
-no sea ni de dia ni de noche, puesto que está escrito en la Ley: tú la
-estudiarás dia y noche»[114].
-
-Ningun elemento de cultura griega llegó, pues, á Jesús ni directa ni
-indirectamente. Nada conoció fuera del judaismo, y su espíritu conservó
-esa cándida franqueza que una cultura extensa y variada debilita
-siempre. Áun en el seno mismo del judaismo permaneció extraño á muchos
-esfuerzos frecuentemente paralelos á los suyos. Fuéronle desconocidos
-el ascetismo de los Essenios ó Terapeutas[115] y los hermosos ensayos
-de filosofía religiosa intentados por la escuela judáica de Alejandría,
-de los cuales era ingenioso intérprete su contemporáneo Filon. Las
-semejanzas que se encuentran á menudo entre él y Filon, esas excelentes
-máximas de amor de Dios, de caridad, de confianza en el Eterno[116],
-que vienen á ser como un eco entre el Evangelio y los escritos del
-ilustre pensador alejandrino, proceden de las comunes tendencias que
-las necesidades del tiempo inspiraban á todas las almas elevadas.
-
-Por fortuna suya, no conoció tampoco la rara escolástica que se
-enseñaba en Jerusalen y que muy pronto debia constituir el Talmud.
-Quizás algunos fariseos la habian llevado ya á Galilea, pero Jesús no
-tuvo trato con ellos; y cuando vió de cerca aquella necia casuística,
-no le inspiró sino profunda repugnancia. Sin embargo de lo dicho, debe
-suponerse que los principios de Hillel no le fueron desconocidos.
-Hillel habia pronunciado, cincuenta años ántes que él, aforismos que
-tenian mucha semejanza con los suyos. Si fuese permitido hablar de
-maestro cuando se trata de tan elevada originalidad, podia decirse
-que Hillel, por su pobreza humildemente soportada, por la dulzura
-de carácter y por la oposicion que hizo á los hipócritas y á los
-sacerdotes, fué el verdadero maestro de Jesús[117].
-
-Mayor impresion le produjo la lectura de los libros del Antiguo
-Testamento. De dos partes principales se componia el Cánon de los
-libros santos: de la Ley, esto es, del Pentateuco, y de los Profetas,
-tales como hasta nosotros han llegado. Aplicábase á todos esos libros
-una vasta exegésis, la cual trataba de deducir de ellos lo que en
-realidad no existia, pero que se hallaba conforme con las aspiraciones
-de la época. La Ley, que no representaba las antiguas leyes del
-país, sino más bien las utopias, las leyes facticias y los fraudes
-piadosos del tiempo de los reyes pietistas, habia llegado á ser un
-tema inagotable de sutiles interpretaciones, desde que la nacion dejó
-de gobernarse á sí misma. En cuanto á los profetas y á los salmos, la
-persuasion general era que casi todos los rasgos un poco misteriosos
-de aquellos libros se referian al Mesías, y de antemano se buscaba
-en ellos el tipo del que habria de realizar las esperanzas de la
-nacion. Jesús participaba de la opinion general respecto á aquellas
-interpretaciones alegóricas. Sin embargo, la verdadera poesía de la
-Biblia, que los pueriles exegetas de Jerusalen no comprendian, se
-revelaba plenamente á su hermoso genio. La Ley no tuvo para él mucho
-atractivo; sin duda tenía el convencimiento de poder realizar algo
-mejor que aquello. Pero la poesía religiosa de los salmos se halló en
-maravillosa consonancia con su alma lírica; los salmos son el alimento
-y el apoyo de toda su vida. Los profetas, particularmente Isaías y
-su continuador del tiempo de la cautividad, fueron sus verdaderos
-maestros, con sus brillantes ensueños del porvenir, su impetuosa
-elocuencia y sus invectivas mezcladas de cuadros encantadores. Sin
-duda leyó tambien várias de las obras apócrifas, es decir, varios de
-aquellos escritos modernos, cuyos autores se ocultaban tras el nombre
-de los profetas y de los patriarcas, á fin de darles una importancia
-y autoridad que no se concedian sino á los escritos muy antiguos.
-Uno de aquellos libros le llamó entre todos la atencion: tal fué el
-libro de Daniel. Escrito por un judío exaltado del tiempo de Antíoco
-Epifáneo, y puesto bajo la egida de un antiguo sabio[118], aquel libro
-era el resúmen del espíritu de las últimas épocas. Verdadero creador
-de la filosofía de la historia, su autor es quien por la vez primera
-se atrevió á mirar en el movimiento del mundo y en la sucesion de los
-imperios una funcion subordinada á los destinos del pueblo judío. Jesús
-llegó desde muy pronto á penetrarse de aquellas elevadas esperanzas.
-Acaso leyó tambien los libros de Henoch, venerados entónces al igual
-de los libros santos[119], y los demás escritos del mismo género que
-mantenian en contínuo y vivo movimiento la imaginacion popular. El
-advenimiento del Mesías con sus glorias y sus terrores, las naciones
-derrumbándose unas sobre otras, el cataclismo del cielo y de la
-tierra, tales fueron las ideas que formaban el alimento ordinario de
-la imaginacion de Jesús; y como quiera que aquellas revoluciones se
-anunciaban como próximas, y que muchas personas trataban de computar
-el tiempo en que habrian de ocurrir, el órden sobrenatural á que nos
-trasportan semejantes visiones le pareció en un principio la cosa más
-natural y sencilla.
-
-De cada rasgo de sus más auténticos discursos resulta de un modo
-claro que no tuvo ningun conocimiento del estado general del mundo.
-Imaginábase que la tierra se hallaba todavía dividida en reinos que se
-hacian la guerra, y parece ignorar la «paz romana» y el nuevo estado
-social que inauguraba su siglo. Tampoco tuvo ninguna idea precisa
-del poderío romano; la sola cosa que llega hasta él es el nombre de
-«César.» Vió construir en Galilea y en sus inmediaciones á Tiberiade,
-á Juliade, á Diocesárea, á Cesárea, obras pomposas de los Heródes, los
-cuales trataban de probar con aquellas construcciones magníficas su
-admiracion por la cultura romana y su adhesion á los miembros de la
-familia de Augusto, cuyos nombres, extravagantemente alterados, sirven
-ahora por un capricho de la suerte para designar miserables villorrios
-de beduinos. Es probable que tambien viese á Sebaste, obra de Heródes
-el Grande, ciudad de aparato cuyas ruinas dan lugar á suponer que fué
-trasportada allí pieza á pieza como una máquina ya concluida que debia
-montarse en lugar determinado. Aquella arquitectura de ostentacion
-llevada á Judea por cargamentos, aquellos centenares de columnas, todas
-del mismo diámetro, ornato de alguna insípida «calle de Rivoli[*]», hé
-ahí lo que Jesús llamaba «los reinos del mundo y todas sus glorias.»
-Pero aquel lujo de encargo y aquel arte administrativo y oficial le
-causaban repugnancia. Sus aldeas galileas, mezcla confusa de cabañas,
-de eras y de prensas talladas en la roca, de pozos, de sepulcros, de
-higueras y de olivas, eso era lo que él amaba. Jesús permaneció siempre
-cerca de la naturaleza. La córte de los reyes se le representaba
-como un lugar en donde las personas llevan hermosos vestidos[120].
-Las deliciosas imposibilidades en que abundan sus parábolas siempre
-que pone en escena á los reyes y á los poderosos[121] prueban que no
-concibió nunca la sociedad aristocrática sino como un jóven aldeano que
-ve el mundo por el prisma de su candidez.
-
- [*] Una de las más rectas, largas y uniformes que tiene París.
-
-Ménos aún conoció la idea nueva creada por la ciencia griega, esa
-idea que sirve de base á toda filosofía, que la ciencia moderna ha
-confirmado plenamente y que consiste en la exclusion de los dioses
-caprichosos á quienes la sencilla credulidad de las antiguas edades
-atribuia el gobierno del mundo. Cerca de un siglo ántes de él, Lucrecio
-habia expresado ya de una manera admirable la inflexibilidad del
-régimen general de la naturaleza. En las grandes escuelas de todos
-los países que habian recibido la ciencia griega, la negacion del
-milagro, deducida de la idea que en el mundo se produce todo por leyes
-invariables, sin ninguna intervencion personal de seres superiores, era
-ya un principio admitido. Quizás habia penetrado tambien en Babilonia
-y Persia. Jesús no tuvo noticia de aquel progreso. No obstante haber
-nacido en una época en que el principio de la ciencia positiva era ya
-proclamado, vivió en pleno sobrenatural. Tal vez nunca se hallaron
-los judíos tan sedientos como entónces de lo maravilloso. Filon, sin
-embargo de vivir en un gran centro intelectual y de haber recibido
-una educacion completísima, no poseia sino una ciencia quimérica y de
-mala ley. Bajo este supuesto, Jesús no se diferenciaba en nada de
-sus compatriotas. Creia en el diablo, al cual consideraba como una
-especie de genio del mal[122], y, como todo el mundo, se imaginaba
-que las enfermedades nerviosas eran producidas por los demonios, que
-se apoderaban del paciente, agitándole de contínuo. Para él no era
-lo maravilloso la excepcion, sino el estado normal. La nocion de lo
-sobrenatural, con sus imposibilidades, no apareció sino con la ciencia
-experimental de la naturaleza. El hombre ajeno á toda idea de física,
-que cree por medio de las preces se puede cambiar la marcha de los
-astros, detener las enfermedades y hasta la muerte misma, no encuentra
-en lo milagroso nada de extraordinario, puesto que el curso entero
-de las cosas es en su concepto el resultado de la voluntad libre de
-la divinidad. Ese estado intelectual fué siempre el de Jesús, pero
-semejante creencia producia en su grande alma efectos contrarios á
-los que ocasionaba en el vulgo. Entre las almas vulgares, la fe en la
-accion particular de Dios conducia á una credulidad simple y á los
-engaños de los charlatanes. En la suya se elevaba á una nocion profunda
-de las relaciones familiares entre el sér humano y Dios, y á una
-creencia exagerada en el porvenir del hombre; bellos errores que fueron
-el principio de su fuerza, porque, si bien ellos debian más tarde
-evidenciar sus preocupaciones á los ojos del físico y del químico, le
-dieron sobre sus contemporáneos un poder de que no hay ejemplo ántes ni
-despues de él.
-
-Su carácter extraordinario se reveló desde muy temprano. La leyenda
-se complace en mostrarle desde su infancia en rebelion contra la
-autoridad paterna, y separándose de las vias comunes para seguir su
-vocacion[123]. Lo que al ménos hay de seguro es, que tuvo en poca
-cosa las relaciones de parentesco. Su familia no parece haberle
-amado[124], y en ocasiones se le nota cierta dureza para con
-ella[125]. Como todos los hombres verdaderamente preocupados de una
-idea, Jesús llegó á tener en poco los lazos de la sangre. El único
-que esa clase de naturalezas reconoce es el lazo de la idea: «Hé ahí
-á mi madre y á mis hermanos--decia extendiendo las manos hácia sus
-discípulos;--aquel que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi
-hermano y mi hermana.» Las gentes sencillas no lo comprendian así, y un
-dia, dicen que una mujer que pasaba cerca de él exclamó: «¡Dichoso el
-vientre que te concibió y los pechos que te alimentaron!»--«¡Dichoso
-más bien--respondió[126]--aquel que escucha la palabra de Dios y la
-practica!» Su atrevida rebelion contra la naturaleza debia llevarle
-pronto mucho más léjos, y no tardarémos en verle menospreciando la
-sangre, el amor, la patria, cuanto constituye al hombre, para no
-albergar en su alma y su corazon sino la idea que se le presentaba como
-la forma absoluta del bien y de la verdad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IV
-
-ÓRDEN DE IDEAS EN CUYO SENO CRECIÓ JESÚS
-
-
-Así como la tierra ya enfriada por haberse apagado el fuego que la
-penetraba no permite comprender los fenómenos de la creacion primitiva,
-de igual modo las explicaciones discurridas dejan siempre algo que
-desear cuando se trata de aplicar nuestros débiles medios de induccion
-á las revoluciones de las épocas creadoras que decidieron la suerte
-del género humano. Jesús vivió en uno de esos momentos en que la parte
-de la vida pública se juega con franqueza, en que se centuplica la
-apuesta de la actividad humana. Todo gran destino conduce entónces á la
-muerte, porque tales movimientos suponen una libertad y una ausencia de
-medidas preventivas que no pueden existir sin terribles contrapesos.
-En nuestros dias, el hombre arriesga poco y gana poco:--en las épocas
-heróicas de la actividad humana aventura el todo por el todo. Los
-buenos y los malos, ó al ménos los que se creen y pasan por tales,
-forman dos ejércitos opuestos. Llégase á la apoteósis por el camino
-del cadalso, y los caractéres tienen facciones pronunciadas que los
-graban como tipos eternales en la memoria de los hombres. Ningun medio
-histórico, excepto el de la Revolucion francesa, fué tan á propósito
-como aquel en que se formó Jesús para desarrollar esas fuerzas ocultas
-que la humanidad tiene como en reserva y que no descubre sino en sus
-dias de fiebre y de peligro.
-
-Si el gobierno del mundo fuese un problema especulativo, y si el más
-gran filósofo fuese el hombre más apto para enseñar á sus semejantes
-lo que deben creer, esas grandes reglas morales y dogmáticas que
-se llaman religiones saldrian de la calma y de la reflexion. Pero
-no sucede así. Los grandes fundadores religiosos, si se exceptúa
-Sakia-Muni, no fueron metafísicos. El budismo, que salió de la idea
-pura, conquistó la mitad del Asia por motivos puramente políticos
-y morales. En cuanto á las religiones semíticas, son tan poco
-filosóficas cuanto cabe en lo posible. Moisés y Mahoma no fueron
-hombres especulativos: fueron hombres de accion, y proponiéndola á sus
-compatriotas y á sus contemporáneos, consiguieron dominar la humanidad.
-De igual manera, Jesús no fué ni un teólogo, ni un filósofo, ni tuvo
-un sistema más ó ménos bien combinado. Para ser discípulo suyo no se
-necesitaba firmar ningun formulario ni pronunciar ninguna profesion de
-fe; bastaba una sola cosa: adherirse á él, amarle. Jesús no disputó
-jamás sobre Dios, porque directamente le sentia en sí mismo. El escollo
-de las sutilezas metafísicas, contra el cual tropezó el cristianismo
-á partir del siglo tercero, no fué en manera alguna creado por el
-fundador. Jesús no tuvo ni dogma ni sistema, sino una resolucion
-personal fija que, sobrepujando en intensidad á toda otra voluntad
-creada, dirige todavía en este momento los destinos de la humanidad.
-
-Desde el cautiverio de Babilonia hasta la edad media, el pueblo judío
-tuvo la ventaja de hallarse constantemente en una situacion muy
-crítica. De ahí el que los depositarios del espíritu de la nacion
-escribiesen durante aquel largo período como bajo el dominio de una
-fiebre intensa que los coloca, unas veces fuera de los límites de la
-razon, otras demasiado dentro, casi nunca en el justo medio. Hasta
-entónces, nunca el hombre se habia apoderado del problema del porvenir
-y de su destino con un valor más desesperado, más resuelto á atropellar
-por todo á fin de resolverle. Asimilando la suerte de la humanidad
-con la de su pequeña raza, los pensadores judíos son los primeros que
-se cuidan de una teoría general de la marcha de nuestra especie. La
-Grecia, encerrada siempre en sí misma y atenta sólo á sus querellas
-locales, tuvo admirables historiadores; pero en vano se buscaria en
-ella ántes de la época romana un sistema general de filosofía de la
-historia que abrace la humanidad entera. Por el contrario, el judío
-hizo entrar la historia en la religion, merced á una especie de sentido
-profético que á veces presta al semita maravillosa aptitud para
-entrever las grandes líneas del porvenir. Quizás debe á la Persia una
-parte de ese espíritu. La Persia, desde una época muy remota, concibió
-la historia del mundo como una serie de revoluciones á cada una de las
-cuales preside un profeta. Cada profeta tiene su _hazar_ ó reinado
-de mil años (quiliasma), y de esas edades sucesivas, análogas á los
-millones de siglos pertenecientes á cada buda de la India, se compone
-la trama de los acontecimientos que preparan el reino de Ormuzd. Al fin
-de los tiempos, cuando el círculo de los quiliasmas se haya agotado,
-empezará el paraíso definitivo. Entónces los hombres vivirán dichosos,
-la tierra será como una llanura, y no habrá sino una lengua, una ley y
-un gobierno para todo el mundo. Pero terribles calamidades precederán á
-este acontecimiento. Dahak (el Satanás de Persia) romperá los hierros
-que le encadenan y se abatirá sobre la tierra. Dos profetas vendrán á
-consolar á los hombres y á preparar el gran acontecimiento[127]. Estas
-ideas recorrian entónces el mundo y penetraban hasta en Roma, donde
-inspiraron un ciclo de poemas proféticos, cuyas ideas fundamentales
-eran la division de la historia de la humanidad en períodos, la
-sucesion de dioses correspondientes á esos períodos, una renovacion
-completa del mundo y el acontecimiento final de una edad de oro[128].
-El libro de Daniel, el de Henoch y algunos de los libros sibilinos[129]
-son expresiones judáicas de la misma teoría. Menester era que esas
-ideas fuesen las de todos. En un principio no las abrazaron sino
-algunas personas de imaginacion viva y aficionadas á las doctrinas
-extranjeras. El árido y mezquino autor del libro de Ester no pensó
-nunca en el resto del mundo, y si pensó, fué para menospreciarle y
-zaherirle[130]. El epicúreo desengañado que escribió el _Eclesiastés_,
-se cuida tan poco del porvenir, que hasta cree inútil trabajar para sus
-hijos: á los ojos de aquel célebre egoista, la esencia de la sabiduría
-consiste en no tener cuenta sino de sí mismo[131]. Pero en todos los
-pueblos, la minoría es la que hace las grandes cosas. Y á pesar de sus
-enormes defectos, á pesar de ser duro, burlon, mezquino en sus miras,
-cruel, sofista y lleno de sutilezas, el pueblo judío es el autor del
-más hermoso movimiento de entusiasmo desinteresado que menciona la
-historia. La oposicion ocasiona siempre la gloria de un país:--los
-más grandes hombres de una nacion son los que ella condena á muerte.
-Sócrates fué la gloria de Aténas, y Aténas le dió á beber la cicuta.
-Spinosa es el más grande de los judíos modernos, y la sinagoga le ha
-excluido de su seno ignominiosamente. Jesús fué la gloria de Israel, y
-murió crucificado.
-
-El pueblo judáico perseguia desde hacia siglos un gigantesco desvarío
-que le rejuvenecia á cada paso en su decrepitud. Ajena á la teoría de
-las recompensas individuales, propagada por la Grecia bajo el nombre de
-inmortalidad del alma, la Judea habia reconcentrado toda su potencia
-de amor y deseo en su porvenir nacional. Creyéndose posesora de las
-promesas divinas de un porvenir sin límites, y siendo rechazada en sus
-aspiraciones por la amarga realidad que á partir del siglo nono ántes
-de nuestra era sometia más y más el destino del mundo al imperio de
-la fuerza bruta, se arrojó en la via de absurdas amalgamas ideales y
-ensayó las más extrañas contradicciones. Ántes del cautiverio, cuando
-todo el porvenir terrestre se desvaneció al separarse las tribus del
-Norte, la restauracion de la casa de David, la reconciliacion de las
-dos fracciones del pueblo y el triunfo de la teocracia y del culto de
-Jehová sobre los cultos idólatras, sirvieron de alimento al delirio
-comun. En la época del cautiverio, un poeta lleno de armonía entrevió
-el esplendor de una Jerusalen futura, de la cual eran tributarios los
-pueblos y las islas lejanas; y la entrevé por un prisma de tan dulces
-y suaves colores, que hubiérase dicho que un rayo de la mirada de
-Jesús penetraba en su imaginacion á una distancia de seis siglos[132].
-La victoria de Ciro pareció realizar por algun tiempo todas aquellas
-esperanzas. Los graves discípulos del _Avesta_ y los adoradores de
-Jehová se creyeron hermanos. Al desterrar los _devas_ múltiples y al
-trasformarlos en demonios, la Persia habia conseguido extraer de las
-antiguas imaginaciones arianas, esencialmente naturalistas, una especie
-de monoteismo. El tono profético de algunas enseñanzas de Iran tenía
-mucha analogía con ciertas composiciones de Oseas y de Isaías. Israel
-toma aliento bajo los Acheménidas[133], y durante la dominacion de
-Jérjes (Asuero) se hace temer de los mismos Iranios. Pero la entrada
-triunfante y á menudo brutal de la civilizacion griega y romana en
-Asia, le arroja de nuevo en sus delirios. Entónces más que nunca invoca
-al Mesías como al Juez vengador de los pueblos. Para satisfacer la
-sed de venganza que le inspiraban el sentimiento de su superioridad
-y el espectáculo de sus humillaciones, hacíale falta una renovacion
-completa, una revolucion que abarcase el mundo y le conmoviera hasta en
-sus cimientos[134].
-
-Si Israel hubiese poseido la doctrina llamada espiritualista, esa
-doctrina que divide al hombre en dos partes, cuerpo y alma, y que
-encuentra la cosa más natural que el alma sobreviva miéntras el
-cuerpo se corrompe, aquel acceso de rabia y de enérgica protesta no
-habria tenido su razon de ser. Pero semejante doctrina, producto de
-la filosofía griega, no se hallaba en las tradiciones del espíritu
-judáico. Ninguna huella de remuneraciones ó de penas futuras contienen
-los antiguos escritos hebreos. Miéntras existió la idea de la
-solidaridad de la tribu, natural era que no se pensase en una estricta
-retribucion segun los méritos de cada uno. Si un hombre piadoso tenía
-la desgracia de venir al mundo en una época de impiedad y participaba
-de las calamidades públicas originadas por la iniquidad comun, tanto
-peor para él. Esta doctrina, trasmitida por los sabios de la época
-patriarcal, conducia paso á paso á insostenibles contradicciones. Ya en
-tiempo de Job habia recibido fuertes ataques; los ancianos de Theman
-que la profesaban eran hombres atrasados, y el jóven Elihu, que fué á
-disputar con ellos, se atrevió á emitir desde sus primeras palabras
-este axioma revolucionario: ¡que la sabiduría no era ya patrimonio
-de los ancianos![135]. Con las complicaciones ocurridas en el mundo
-despues de Alejandro, el antiguo principio themanita y mosaista se
-hizo todavía más intolerable[136]. Nunca Israel habia sido más fiel
-observador de la Ley, y sin embargo sufrió la atroz persecucion de
-Antíoco. Sólo un retórico pedante y acostumbrado á repetir vetustas
-frases vacías de sentido podia atreverse á sostener que aquellas
-desgracias eran hijas de las infidelidades del pueblo[137]. ¡Cómo!
-¿esas víctimas que mueren por la fe, esa madre con sus siete hijos,
-esos heróicos Macabeos serán olvidados eternamente por Jehová y
-abandonados á la podredumbre de la fosa?[138]. Un saduceo incrédulo
-y mundano podia muy bien admitir semejante consecuencia; un sabio
-consumado, como Antígono de Soco[139], podia sostener que no debe
-practicarse la virtud como el esclavo que aspira á una recompensa, sino
-desinteresadamente y sin esperanza de premio. Pero la gran masa de la
-nacion no se contentaba con eso. Unos se adherian al principio de la
-inmortalidad filosófica y se figuraban á los justos viviendo en la
-memoria de Dios, glorificados en el recuerdo de los hombres, juzgando
-al impío que los persiguiera[140]. «Viven á los ojos de Dios;... Dios
-los reconoce»[141], hé ahí su recompensa. Otros, y en particular
-los fariseos, recurrian al dogma de la resurreccion[142]. Los justos
-resucitarán para ser partícipes del reinado mesiánico. Resucitarán con
-los mismos cuerpos que tuvieron para vivir en el mundo del cual serán
-reyes y jueces, y asistirán al triunfo de sus ideas y á la humillacion
-de sus enemigos.
-
-En el antiguo pueblo de Israel no se encuentran sino huellas muy
-indecisas de este dogma fundamental. En realidad, el incrédulo saduceo,
-al rechazarle, permanecia fiel á la antigua doctrina judáica, y el
-verdadero innovador era el fariseo partidario de la resurreccion. Pero
-en materia religiosa, el partido más exaltado es siempre el que innova,
-el que avanza, el que deduce las consecuencias. Por otra parte, la
-resurreccion, idea totalmente distinta de la inmortalidad del alma, se
-desprendia sin esfuerzo de las doctrinas anteriores y de la situacion
-del pueblo. Quizás la misma Persia proporcionó algunos principios
-elementales[143]. De todos modos, formó, á no dudarlo, combinándose con
-la creencia en el Mesías y con la doctrina de una próxima renovacion
-del mundo, esas teorías apocalípticas que, sin ser artículos de fe (el
-sanhedrin ortodoxo de Jerusalen no parece haberlas adoptado), llenaban
-todas las imaginaciones y producian de un extremo á otro del mundo
-judío extraordinaria fermentacion. La carencia total de rigor dogmático
-permitia que nociones del todo contradictorias pudiesen admitirse al
-mismo tiempo, áun tratándose de un punto tan capital. Unas veces el
-justo debia esperar la resurreccion[144]; otras, era recibido en el
-seno de Abraham desde el momento de su muerte[145]. Ya la resurreccion
-era general[146], ya estaba reservada únicamente para los fieles[147].
-Aquí suponia un mundo renovado y una nueva Jerusalen; allá implicaba el
-aniquilamiento prévio del universo.
-
-Desde que Jesús tuvo uso de razon, entró en la ardiente atmósfera que
-formaban en Palestina las ideas que acabamos de exponer. Aquellas
-ideas no se enseñaban en ninguna escuela; pero flotaban en el aire y
-penetraron en su alma desde muy temprano, en su alma tranquila, que no
-conoció nunca nuestra incertidumbre ni nuestras vacilaciones. En la
-cima de la montaña de Nazareth, en aquella cima donde ningun hombre
-moderno pone la planta sin experimentar cierta inquietud sobre su
-destino, Jesús se sentó veinte veces sin que su corazon fuese combatido
-por la sombra de una duda. Ajeno al egoismo, á ese manantial de
-nuestras tristezas, que rudamente nos obliga á buscar por móvil de la
-virtud un interes de ultratumba, no pensó sino en su obra, en su raza,
-en el bien de la humanidad. Aquellas montañas, aquel mar, aquellas
-elevadas llanuras que se extienden al horizonte, no fueron para él la
-vision melancólica de un alma que interroga la naturaleza sobre su
-destino; fueron el símbolo cierto, la sombra trasparente de un mundo
-invisible y de un nuevo cielo.
-
-Jesús no dió nunca mucha importancia á los acontecimientos políticos
-de su tiempo, los cuales no conocia probablemente muy á fondo. La
-dinastía de los Heródes vivia en un mundo tan distinto del suyo, que
-sin duda no la conoció más que de nombre. El gran Heródes murió en la
-época misma en que él vino al mundo, dejando recuerdos imperecederos,
-monumentos que debian obligar áun á la posteridad más prevenida en
-contra suya á asociar su nombre al de Salomon; pero su obra quedó
-inacabada, imposible de continuar. Aquel Idumeo astuto, profano
-ambicioso extraviado en un dédalo de luchas religiosas, tuvo en
-su favor la ventaja que dan la sangre fria y la razon, exentas de
-moralidad, en medio de fanáticos apasionados. Pero aunque su idea de
-un reino profano de Israel no hubiese sido un anacronismo en el estado
-en que se hallaba el mundo cuando él la concibió, habria fracasado
-contra las dificultades nacidas del carácter mismo del pueblo, como
-fracasó el proyecto, muy parecido al suyo, concebido por Salomon. Los
-tres hijos de Heródes no fueron sino lugartenientes de los romanos,
-semejantes á los radjas de la India bajo la dominacion inglesa. Antíper
-ó Antipas, tetrarca de Galilea y Perea, del cual fué súbdito Jesús
-durante toda su vida, era un príncipe nulo y perezoso[148], favorito y
-adulador de Tiberio[149], sometido casi siempre á la fatal influencia
-de su segunda mujer Herodías[150]. Felipe, tetrarca de Gaulonítida y de
-Batanea, á cuyos territorios hizo Jesús frecuentes viajes, era mucho
-mejor soberano[151]. En cuanto á Arquelao, etnarca de Jerusalen, Jesús
-no pudo conocerle, porque hacia cerca de diez años que aquel hombre
-débil, sin carácter y violento en ocasiones, habia sido depuesto por
-Augusto[152]. Así perdió Jerusalen hasta el último resto de autonomía.
-Reunido desde entónces el territorio judáico al de Samaria y al de
-Idumea, formó una especie de anexo de la provincia de Siria, de donde
-era legado imperial el senador Publio Sulpicio Quirino, personaje
-consular de gran nombradía[153]. Una serie de procuradores romanos,
-sometidos en las grandes cuestiones al legado imperial de Siria, tales
-como Coponius, Marcus Ambivius, Annius Rufus, Valerius Gratus y Pontius
-Pilatus (año 26 de nuestra era) se suceden allí[154], ocupándose
-incesantemente en apagar el volcan de la insurreccion que ardia bajo
-sus piés.
-
-En efecto, durante toda aquella época, agitan á Jerusalen contínuas
-sediciones provocadas por los celosos partidarios del mosaismo[155].
-Los sediciosos hallaban una muerte segura; pero cuando se trataba de
-la integridad de la Ley, la muerte se buscaba con avidez. Derrocar las
-águilas, destruir las obras de arte levantadas por los Heródes, en las
-cuales no siempre se habian respetado los reglamentos mosaistas[156],
-rebelarse contra los escudos votivos que elevaban los procuradores,
-y cuyas inscripciones parecian contaminadas de idolatría[157], eran
-tentaciones permanentes para hombres fanáticos que habian llegado á
-ese grado de exaltacion en que se desprecia la vida. Júdas, hijo de
-Sarifeo, y Matías, hijo de Margaloth, célebres doctores de la Ley
-ambos á dos, formaron un partido de audaz agresion contra el órden
-existente, partido que se continuó despues de su suplicio[158]. Un
-movimiento análogo agitaba á los samaritanos[159]. Diríase que la Ley
-no tuvo jamás sectarios tan apasionados como en el momento en que vivia
-ya aquel que habia de abrogarla con la grandeza de su alma y con el
-poder de su genio. Los «Zelotas» (_Kenaim_) ó «Sicarios», asesinos
-piadosos que se imponian por deber matar á cualquiera que delante de
-ellos quebrantase la Ley, asomaban al horizonte[160]. Á consecuencia
-de la necesidad imperiosa de lo sobrenatural y extraordinario que
-experimentaba el siglo, algunos taumaturgos y representantes de
-otras ideas eran considerados como personas de especie divina[161] y
-alcanzaban crédito entre la credulidad pública.
-
-Mayor influencia ejerció en el ánimo de Jesús el movimiento provocado
-por Júdas el Gaulonita ó el Galileo. Entre todos los vejámenes que Roma
-imponia á los países nuevamente conquistados, ninguno era tan impopular
-como el censo[162]. Esta medida, que siempre extrañan los pueblos no
-acostumbrados á las cargas de las grandes administraciones centrales,
-era particularmente odiosa á los ojos de los judíos. Un empadronamiento
-habia ya provocado en tiempo de David violentas recriminaciones y las
-amenazas de los profetas[163]. En efecto, el censo era la base del
-impuesto, y éste, con arreglo á las ideas de la teocracia pura, casi
-una impiedad. Siendo Dios el único dueño que el hombre debe reconocer,
-pagar el diezmo al soberano terrenal es deificarle hasta cierto
-punto. La teocracia judía, completamente extraña á la idea de estado,
-no hacia en esto sino deducir su última consecuencia, es decir, la
-negacion de toda sociedad civil y de todo gobierno. El dinero de las
-arcas públicas se miraba como dinero robado[164]. El empadronamiento
-que ordenó Quirino (año 6 de nuestra era) despertó vigorosamente esas
-ideas y produjo inmensa fermentacion, haciendo al fin estallar un
-movimiento en las provincias del Norte. Un tal Júdas, natural de la
-ciudad de Gamala, sobre la orilla oriental del lago de Tiberiade, y un
-fariseo llamado Sadok, se atrajeron, negando el impuesto, numerosos
-partidarios que bien pronto se declararon en abierta rebelion[165].
-Las máximas fundamentales de aquel partido consistian en que, siendo
-Dios el único «dueño», no debia darse á nadie este título, y en que la
-libertad es preferible á la vida. Probablemente Júdas profesaba otros
-muchos principios, que Josefo, siempre cuidadoso de no comprometer
-á sus correligionarios, omite con marcada intencion; porque, á la
-verdad, no se comprende que por una idea tan sencilla le concediese el
-historiador judío un rango elevado entre los filósofos de su nacion,
-y le mirase como el fundador de una cuarta escuela paralela á las de
-los Fariseos, Saduceos y Esenios. Júdas fué, á no dudarlo, el jefe de
-una secta galilea, preocupada por el mesianismo, que acabó por llegar
-á un movimiento político. El procurador Coponius domó la sedicion del
-Gaulonita; pero la escuela subsistió y conservó sus jefes, como lo
-prueba el encontrarla de nuevo, sumamente activa, tomando parte en las
-últimas luchas de los judíos contra los romanos[166], capitaneada por
-Manahem, hijo del fundador, y por un tal Eleazar, pariente del primero.
-Quizás Jesús conoció á aquel Júdas que de tan diferente modo que él
-concibió la revolucion judáica; por lo ménos conoció su escuela, y
-probablemente el error del Gaulonita le inspiró el axioma de «dad al
-César lo que es del César», etc. Léjos de toda sedicion, el prudente
-Jesús se aprovechó de la falta de su predecesor, y soñó con otro reino
-y con otro rescate.
-
-La Galilea era, pues, una vasta hornaza donde se hallaban en ebullicion
-los más opuestos elementos[167]. La consecuencia de aquellas
-agitaciones fué un extraordinario desprecio de la vida, ó mejor dicho,
-una especie de afan por salir al encuentro de la muerte[168]. En los
-grandes movimientos de fanatismo, las lecciones de la experiencia
-sirven de poco ó nada. En Argelia, durante los primeros años de la
-ocupacion francesa, inspirados que se decian invulnerables y enviados
-por Dios para arrojar á los infieles, aparecian cada primavera: su
-muerte se olvidaba apénas ocurrida, y el pueblo concedia la misma fe á
-los nuevos fanáticos que se levantaban al año siguiente. La dominacion
-romana, si bien rudísima bajo cierto aspecto, no era todavía muy
-quisquillosa, y dejaba ancho campo á la libertad. Aquellas grandes
-dominaciones brutales, terribles en la represion, estaban léjos de
-ser tan recelosas como las potencias que tienen un dogma que guardar,
-y abrian la mano hasta el momento en que creian oportuno emplear
-el rigor. En su carrera vagabunda, Jesús no fué ni una sola vez
-molestado por la policía. Aquella libertad, y sobre todo la ventaja
-que tenía Galilea de hallarse mucho ménos ligada que el resto de la
-Judea por los lazos del pedantismo farisáico, daban á aquella comarca
-gran superioridad sobre Jerusalen. La revolucion, ó mejor dicho el
-mesianismo, agitaba allí todos los corazones:--creíanse en vísperas
-de la gran renovacion, y los textos de la Escritura, torturados en
-diferentes sentidos, servian de pábulo á las más colosales esperanzas.
-En cada línea de los sencillos escritos del Antiguo Testamento
-imaginaban hallar la seguridad, y hasta cierto punto, el programa del
-reino futuro que debia traer la paz á los justos y poner eterno sello á
-la obra de Dios.
-
-Bajo el punto de vista del órden moral, aquella division en dos partes
-opuestas, en interes y en espíritu, habia sido siempre un principio
-fecundo para la nacion hebrea. Todo pueblo susceptible de grandes
-destinos debe ser un mundo en miniatura, pero completo, encerrando en
-su seno polos opuestos. Grecia tenía á algunas leguas de distancia
-á Esparta y á Aténas, dos antípodas á los ojos del observador
-superficial, pero en realidad hermanas rivales indispensables la una
-á la otra. Lo mismo sucedia en Judea. El desarrollo del Norte, ménos
-brillante bajo cierto aspecto que el de Jerusalen, fué mucho más
-fecundo; las obras más notables del pueblo judío procedieron siempre
-de allí. La ausencia completa del sentimiento de la naturaleza, que
-conduce á la sequedad, al desabrimiento, á la barbarie, marcó todas
-la obras puramente hierosolimitanas con un sello grandioso, pero
-árido, triste, repugnante. Jerusalen, con sus doctores solemnes,
-sus insípidos canonistas y sus devotos hipócritas y atrabiliarios,
-no habria conquistado la humanidad. El Norte dió al mundo la cándida
-Sulamita, la humilde Cananea, la apasionada Magdalena, el buen padre
-adoptivo José, la Vírgen María. Sólo el Norte formó el cristianismo:
-Jerusalen es, por el contrario, la verdadera patria del judaismo
-obstinado que fundaron los fariseos, que el Talmud consagró y que,
-atravesando la Edad Media, ha llegado hasta nosotros.
-
-Á formar aquel espíritu ménos austero, ménos ásperamente monoteista,
-por decirlo así, contribuia el aspecto de una naturaleza riente y
-deliciosa que imprimia á todos los sueños de Galilea un giro idílico
-y encantador. En el mundo no hay quizás país más árido y triste que
-los alrededores de Jerusalen. Por el contrario, la Galilea era una
-comarca fértil, cubierta de verdura, umbrosa, risueña, el verdadero
-país del Cántico de los cánticos y de las canciones del muy amado[169].
-Durante los meses de Marzo y Abril, la campiña se cubre de una
-alfombra de flores de matices vivísimos y de incomparable hermosura.
-Los animales son pequeños, pero sumamente mansos. Tórtolas esbeltas
-y vivarachas, mirlos azules, de tan extremada ligereza, que se posan
-sobre los tallos herbáceos sin hacerlos inclinar, empenachadas alondras
-deslizándose casi entre los piés del viajero, galápagos de ojillos
-vivos y cariñosos, y cigüeñas de aire púdico y grave se agitan aquí
-y allá, deponiendo toda timidez y aproximándose tan cerca del hombre
-que parecen llamarle. En ningun país del mundo ofrecen las montañas
-líneas más armónicas ni inspiran tan elevados pensamientos. Jesús
-parece haberlas amado particularmente. Los actos más importantes de
-su carrera divina tienen lugar sobre las montañas; allí tenía mayor
-inspiracion[170]; allí conversaba muda y misteriosamente con los
-antiguos profetas, y allí se manifestaba ya transfigurado á los ojos de
-sus discípulos[171]. Aquel hermoso país, hoy tan triste y melancólico,
-á consecuencia del empobrecimiento que el islamismo ocasiona en la
-vida humana, pero que todavía respira en todo aquello que el hombre
-no ha podido destruir, deliciosa ternura y apacible encanto, rebosaba
-en tiempo de Jesús de bienestar y de alegría. Los galileos pasaban
-por enérgicos, valientes y laboriosos[172]. Á excepcion de Tiberiade,
-ciudad de estilo romano[173], construida por Antipas en honor de
-Tiberio (hácia el año 15), Galilea no tenía grandes poblaciones. Sin
-embargo, el país estaba muy poblado; cubríanle pequeñas ciudades y
-grandes aldeas, y todas sus comarcas se cultivaban con esmero. La
-campiña debia ser deliciosa; abundaban en ella los manantiales y era
-rica en toda especie de frutos; las viñas, las higueras, los naranjos,
-los granados y los limoneros sombreaban las granjas y formaban con sus
-ramas siempre verdes las aromáticas bóvedas de espaciosas huertas[174].
-Si se juzgase por el que los judíos cosechan todavía en Safed, el
-vino era excelente y se hacia de él no pequeño consumo[175]. Aquella
-vida sin cuidados y fácilmente satisfecha no conducia al grosero
-materialismo de nuestros campesinos, á la rústica satisfaccion de un
-normando, á la tosca alegría de un flamenco:--espiritualizábase en
-ensueños etéreos, en una especie de poético misticismo que confundia
-el cielo con la tierra. ¡Dejad que el austero Juan Bautista predique
-la penitencia en su desierto de Judea, truene incesantemente, y se
-alimente de langostas en compañía de los chacales! ¿Por qué razon
-ayunarian los compañeros del esposo miéntras el esposo está con ellos?
-¿No formará la alegría parte del reino de Dios? ¿No es ella la hija de
-los humildes de corazon, de los hombres de buena voluntad?
-
-Toda la historia del cristianismo naciente llega á ser de ese modo una
-pastoral deliciosa. Un Mesías en una comida de bodas, la cortesana y
-el buen Zacheo convidados á sus festines, los fundadores del reino
-del cielo como una comitiva de paraninfos: hé ahí á lo que se atrevió
-Galilea, lo que legó al mundo haciéndoselo aceptar. La Grecia, por
-medio de la escultura y de la poesía, trazó hermosos cuadros de la vida
-humana; pero sin fondos fugaces, sin horizontes lejanos. Aquí faltan
-el mármol, los obreros excelentes, el idioma exquisito y refinado.
-Pero Galilea, con el solo auxilio de la imaginacion popular, creó el
-ideal más sublime; porque detrás de su idilio se agita el destino de la
-humanidad; porque la luz que ilumina su cuadro es el sol del reino de
-Dios.
-
-Jesús vivia y crecia en aquel medio embriagador. Desde su infancia hizo
-casi anualmente el viaje á Jerusalen por la época de las fiestas[176].
-Para los judíos provincianos aquella peregrinacion era una solemnidad
-llena de atractivo. Series enteras de salmos estaban consagradas á
-cantar las dulzuras de caminar en familia[177] durante algunos de los
-primeros dias primaverales, á traves de los valles y de las colinas,
-teniendo en perspectiva los esplendores de Jerusalen, los terrores
-del sagrado pórtico, y el gozo de vivir juntos por algun tiempo[178].
-El camino que ordinariamente seguia Jesús en aquellos viajes era el
-mismo que hoy se sigue por Ginæa y Sichem[179]. Desde este último punto
-á Jerusalen la via es agreste en extremo. Pero las inmediaciones de
-los antiguos santuarios de Silo y de Bethel, cerca de los cuales se
-pasa, sorprenden el ánimo agradablemente. _Ain-el-Haramie_, la última
-etapa[180], es un lugar melancólico y encantador: pocas impresiones
-igualan á la que se experimenta cuando allí se pernocta. El valle es
-estrecho y sombrío;--de entre las rocas, perforadas por los sepulcros,
-mana un agua negruzca. Si no me engaño, aquél es el «Valle de las
-lágrimas» ó de las aguas rezumantes, cantado como una de las estaciones
-del camino en el delicioso salmo LXXXIV; valle que el dulce y triste
-misticismo de la Edad Media convirtió en el emblema de la vida. Llégase
-al dia siguiente á Jerusalen, y áun hoy dia la esperanza de arribar á
-sus muros, sostiene á la caravana, acorta la noche de la víspera y hace
-ligero el sueño.
-
-Aquellos viajes, durante los cuales la nacion reunida se comunicaba sus
-ideas, viajes que eran casi siempre focos de grande agitacion, ponian
-á Jesús en contacto con el alma de su pueblo, y sin duda le inspiraban
-ya viva antipatía por los defectos de los representantes del judaismo.
-Preténdese que el desierto fué para él desde muy temprano otra escuela
-donde se formó su alma, y que permaneció allí largas temporadas[181].
-Pero el Dios que allí encontraba no era el suyo:--era cuando más el
-Dios de Job, severo y terrible, sin piedad ni misericordia. Otras veces
-era Satanás el que iba á tentarle. Entónces regresaba á su querida
-Galilea y volvia á encontrar á su Padre celestial en medio de las
-verdes colinas y de los arroyos trasparentes, en medio de aquellos
-grupos de mujeres y niños que esperaban la salud de Israel, con la
-alegría en el alma y el cántico de los ángeles en el corazon.
-
-
-
-
-CAPÍTULO V
-
- PRIMEROS AFORISMOS DE JESÚS -- SUS IDEAS DE UN DIOS PADRE Y DE UNA
- RELIGION PURA -- PRIMEROS DISCÍPULOS
-
-José murió ántes que su hijo entrase en la vida pública. Desde entónces
-María quedó como jefe de la familia, y esta razon explica el por qué
-llamaban á Jesús «hijo de María»[182] cuando querian distinguirle de
-sus numerosos homónimos. Despues de la muerte de su marido, viniendo á
-ser como forastera en Nazareth, se retiró á Caná[183], segun parece,
-de cuyo punto era tal vez originaria. Caná[184] era una pequeña ciudad
-situada en la falda de las montañas que limitan al norte la llanura
-de Asochis[185], y á dos horas ó dos horas y media de Nazareth. La
-vista, ménos grandiosa que en este punto, se extiende por toda la
-llanura, terminándola al norte, del modo más pintoresco, las montañas
-de Nazareth y las colinas de Seforis. Jesús parece haber fijado por
-algun tiempo su residencia en aquel sitio, y probablemente allí pasó
-una parte de su juventud y tuvieron lugar sus primeros destellos[186].
-
-Jesús ejercia, como su padre, el oficio de carpintero[187],
-circunstancia que nada tenía de extraordinario ni de humillante, en
-razon á que, segun la costumbre judáica, todos los hombres consagrados
-á los trabajos intelectuales ejercian una ocupacion material. Los más
-célebres doctores tenian un oficio[188]; el mismo San Pablo, cuya
-educacion habia sido tan esmerada, era fabricante de tiendas[189].
-Jesús no se casó: todo su amor se reconcentró en lo que él consideraba
-como su vocacion celestial. El sentimiento de extremada delicadeza
-que en él se nota respecto á las mujeres[190] se confundió siempre
-con la decision exclusiva que á su idea consagraba. De igual modo que
-Francisco de Asís y Francisco de Sáles, trató como á hermanas á las
-mujeres que se prendaban de su misma obra. Como aquéllos tuvo tambien
-sus santas Claras y sus Franciscas de Chantal; sólo que las de Jesús
-probablemente amaban más al maestro que la doctrina que enseñaba;
-de todos modos, es indudable que amó mucho ménos que fué amado. La
-ternura de corazon se trasformaba en él, como en todas las naturalezas
-elevadas, en infinita dulzura, en vaga poesía, en atractivo universal.
-Sus relaciones íntimas y libres, pero de un órden completamente moral,
-con mujeres de conducta equívoca, se explican de igual manera por la
-pasion que consagraba á la gloria de su Padre; pasion que le inspiraba
-una especie de celos por todas las bellas criaturas que podian servirle
-para aumentarla[191].
-
-¿Cuál fué la marcha del pensamiento de Jesús durante aquel oscuro
-período de su vida? Nada se sabe, por haber llegado su historia hasta
-nosotros en forma de relatos dispersos y sin cronología exacta. Pero
-siendo el desarrollo de los productos humanos el mismo en todas partes,
-de suponer es que el crecimiento de una personalidad como la de Jesús
-obedeciese á leyes rigurosas. Una elevada nocion de la divinidad,
-nocion que no debió al judaismo, sino más bien á las inspiraciones
-y á la grandeza de su alma, fué en cierto modo el principio de su
-fuerza. Menester es, tratándose de este punto, renunciar á las ideas
-que nos son familiares y á esas discusiones en que se extravian los
-espíritus mezquinos. Para comprender bien la piedad de Jesús, es
-indispensable hacer abstraccion de cuanto ha venido á colocarse entre
-el Evangelio y nosotros. Deismo y panteismo han llegado á ser los dos
-polos de la teología. Las raquíticas discusiones de la escolástica,
-la aridez de espíritu de Descártes, y la profunda irreligion del
-siglo décimo octavo han ahogado en el seno del moderno racionalismo
-todo sentimiento fecundo de la divinidad, al empequeñecer á Dios y al
-limitarle hasta cierto punto con la exclusion de todo cuanto no es
-Dios mismo. En efecto, si Dios es un sér determinado que existe fuera
-de nosotros, la persona que cree tener relaciones particulares con
-Dios es un «visionario»; y como las ciencias físicas y fisiológicas
-nos enseñan que toda vision sobrenatural es una ilusion, el deista
-un poco consecuente se halla en la imposibilidad de comprender las
-grandes creencias del pasado. El panteismo, suprimiendo por su parte la
-personalidad divina, se aleja cuanto es posible del Dios vivo de las
-antiguas religiones. ¿En qué momentos de su agitada vida fueron deistas
-ó panteistas los hombres que más elevadamente comprendieron á Dios,
-tales como Sakia-Muni, Platon, San Pablo, San Francisco de Asís y San
-Agustin? Semejante cuestion no tiene sentido. Las pruebas físicas y
-metafísicas de la existencia de Dios hubieran sido para ellos del todo
-indiferentes, sintiendo como sentian al ser divino en sí mismos.--Pues
-bien, Jesús debe colocarse en el primer rango de esa gran familia de
-verdaderos hijos de Dios. Jesús no tiene visiones, Dios no le habla
-como si estuviese fuera de él; Dios está en él, siéntele dentro de sí,
-y cuanto dice de su Padre brota de su corazon. Vive en el seno de Dios
-y se halla con él en comunicacion constante; no le ve, pero le oye, sin
-que para ello necesite de truenos ni de zarza ardiente, como Moisés,
-ni de tempestad reveladora, como Job, ni de oráculo, como los antiguos
-sabios griegos, ni de genio familiar, como Sócrates, ni de ángel
-Gabriel, como Mahoma. La imaginacion y alucinacion de una Santa Teresa,
-por ejemplo, no tienen nada que hacer aquí, ni tampoco la embriaguez
-del sofí que se proclama idéntico á Dios. Jesús no enuncia ni por un
-solo instante la idea sacrílega de que él sea Dios.--Créese en relacion
-directa con Dios, hijo de Dios. El más elevado sentimiento de Dios que
-haya existido en el seno de la humanidad fué sin duda el de Jesús.
-
-Por otra parte, se comprende que, partiendo de semejante disposicion de
-ánimo, no fuese Jesús un filósofo especulativo como Sakia-Muni. Nada
-hay tan léjos de la teología escolástica como el Evangelio[192]. Las
-especulaciones de los Padres griegos proceden de otro espíritu. Dios
-concebido inmediatamente como Padre; á esto se reduce toda la teología
-de Jesús. Y esto no era en él un principio teórico, una doctrina más
-ó ménos probada que pretendia inculcar á los demás; léjos de eso,
-Jesús no hacia ningun razonamiento á sus discípulos[193], no exigia
-de ellos ningun esfuerzo de atencion; no predicaba sus opiniones,
-sino su sentimiento. Las almas grandes y desinteresadas presentan
-frecuentemente, sin perjuicio de su mucha elevacion, ese carácter de
-perpétua atencion de sí mismas y esa extremada susceptibilidad personal
-que de ordinario son patrimonio de las mujeres[194]. Su persuasion
-de que Dios está en ellas, de que las atiende constantemente, es tan
-poderosa, que no vacilan en imponérsela á los demás: tales almas no
-conocen nuestra reserva ni nuestro respeto por la opinion ajena, lazos
-que en parte contribuyen á nuestra impotencia. Y sin embargo, esa
-personalidad exaltada no es el egoismo, porque semejantes hombres, una
-vez poseidos de su idea, no vacilan en sacrificarle su misma vida ni en
-sellar su obra con su sangre; es la identificacion del yo con el objeto
-que él abraza; identificacion llevada al último límite. Es el orgullo
-para los que no ven en la aparicion nueva sino la idea personal del
-fundador; es el dedo de Dios para los que observan sus resultados. En
-este terreno, muchas veces se confunde el loco con el hombre inspirado;
-pero el loco no deja en pos de sí nada estable. El extravío de la razon
-no ha tenido hasta hoy ninguna influencia en la marcha del género
-humano.
-
-De suponer es que Jesús no llegase desde un principio á esa elevada
-afirmacion de sí propio; mas tambien es probable que desde sus primeros
-pasos se considerase respecto á Dios en la relacion de un hijo respecto
-á su padre. En esto consiste su grande acto de originalidad, y en esto
-es en lo que nada se parece á los individuos de su raza[195]. Ni el
-judío ni el musulman comprendieron jamás esa deliciosa teología de
-amor. El Dios de Jesús no es ese dueño fatal que mata, condena ó salva,
-segun mejor le acomoda; no, el Dios de Jesús es nuestro Padre, y cada
-uno le siente al escuchar una voz misteriosa que grita en nosotros esta
-dulcísima palabra: «Padre»[196]. El Dios de Jesús no es el déspota
-parcial que eligió á Israel por su pueblo, protegiéndole contra todos
-los otros; es el Dios de la humanidad. Jesús no será un patriota, como
-los Macabeos, ni un teócrata, como Júdas el Gaulonita; pero, elevándose
-audazmente sobre las preocupaciones de su nacion, fundará la universal
-paternidad de Dios. El Gaulonita sostenia que se debe morir ántes que
-dar á otro que no sea Dios el título de «amo»; Jesús prescinde de
-ese título y reserva para Dios otro mucho más dulce. Concediendo á
-los poderosos de la tierra, que son á sus ojos los representantes de
-la fuerza, un respeto lleno de ironía, funda el supremo consuelo, el
-recurso al Padre celestial, el verdadero reino de Dios que cada uno
-lleva en su corazon.
-
-Ese nombre de «reino de Dios» ó de «reino del cielo»[197] fué el
-término favorito de que se valia Jesús para expresar la revolucion
-que su doctrina iba á operar en el mundo[198], y como casi todos los
-términos mesiánicos, procedia del Libro de Daniel. Segun el autor de
-este libro extraordinario, un quinto imperio, que sería el de los
-Santos y duraria eternamente[199], sucederia á los cuatro imperios
-profanos destinados á derrumbarse. Como es de suponer, ese reino de
-Dios sobre la tierra se prestaba á infinitas interpretaciones. Para
-la teología judáica, el «reino de Dios» no es sino el mismo judaismo,
-la verdadera religion, el culto monoteista, la piedad[200]. Jesús
-creyó en los últimos años de su vida que aquel reino iba á realizarse
-materialmente por una brusca renovacion del mundo; pero sin duda no fué
-ése su primer pensamiento[201]. La admirable moral que deduce de la
-nocion de Dios Padre no es por cierto la de los ilusos que, creyendo
-próximo el fin del mundo, se preparan por el ascetismo á una catástrofe
-quimérica; es la de un mundo que vive y vivirá mucho tiempo. «El reino
-de Dios está en vosotros»,--decia á los que buscaban con sutileza
-signos exteriores[202].--La concepcion realista del acontecimiento
-divino fué una sombra, un error pasajero, que la muerte hizo olvidar.
-El Jesús que fundó el verdadero reino de Dios, el reino de los mansos
-y de los humildes, ése fué el Jesús de los primeros dias[203], dias
-castos y serenos en que la voz de su Padre celestial resonaba en su
-corazon con timbre más puro. Hubo entónces algunos meses, tal vez un
-año, durante los cuales habitó Dios verdaderamente sobre la tierra. La
-voz del jóven carpintero adquirió de pronto extraordinaria dulzura,
-un atractivo infinito se exhalaba de su persona, y los que ántes
-le habian visto ya no le reconocian[204]. En aquella época aún no
-tenía discípulos; el grupo que le rodeaba no era ni una secta ni una
-escuela; pero animábale ya un espíritu comun y un no sé qué de dulce y
-penetrante. El carácter amable de Jesús, y sin duda una de esas caras
-maravillosas[205] que frecuentemente se ven en la raza judía, formaban
-al rededor de él como un círculo de fascinacion, al cual no podian
-sustraerse aquellas poblaciones benévolas y sencillas.
-
-Si las ideas del jóven maestro no hubiesen traspasado mucho ese nivel
-de mediana bondad, más arriba del cual no ha podido elevarse hasta
-hoy la especie humana, el paraíso habria sido en efecto trasportado
-á la tierra. La fraternidad de los hombres, hijos de Dios, y las
-consecuencias morales que de ella resultan, se deducian con exquisito
-sentimiento. Jesús, como todos los rabinos de su época, era poco
-aficionado á los razonamientos encadenados y encerraba su doctrina
-en aforismos concisos y de una forma expresiva, á veces rara y
-enigmática[206]. Algunas de aquellas máximas procedian de los libros
-del Antiguo Testamento; otras eran pensamientos de sabios más modernos,
-particularmente de Antígono de Soco, de Jesús, hijo de Sirach, y de
-Hillel; máximas que habian llegado hasta él, no á consecuencia de
-sabios estudios, sino como proverbios que circulaban entre el pueblo.
-La sinagoga era rica en máximas de muy feliz expresion, las cuales
-formaban una especie de literatura proverbial bastante conocida[207].
-Jesús adoptó casi toda aquella enseñanza oral, pero animándola de un
-espíritu superior[208]. Encarecia de ordinario los deberes trazados por
-la Ley y por los antiguos, pero aspirando á perfeccionarlos. Todas las
-virtudes de humildad, de perdon, de caridad, de abnegacion, de rigidez
-para consigo mismo, virtudes que se han llamado con razon cristianas,
-si por ello se entiende que fueron predicadas por Cristo, se hallaban
-en gérmen en aquella enseñanza. Respecto á la justicia, Jesús se
-contentaba con repetir la máxima ya conocida: «Haced vosotros con los
-demás hombres todo lo que deseais que hagan ellos con vosotros»[209].
-Pero esta máxima, todavía bastante egoista, no le bastaba. Pronto debia
-llegar hasta el exceso:
-
- «Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele tambien la
- otra. Y al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica,
- alárgale tambien la capa[210].
-
- »Si tu ojo derecho es para tí una ocasion de pecar, sácale y
- arrójale fuera de tí[211].
-
- »Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen, y
- orad por los que os persiguen y calumnian[212].
-
- »No juzgueis á los demás, si quereis no ser juzgados[213].
- Perdonad, y seréis perdonados[214]. Sed pues misericordiosos, así
- como tambien vuestro Padre es misericordioso[215]. Mucho mayor
- dicha es el dar que el recibir[216].
-
- »Quien se ensalzáre será humillado, y quien se humilláre será
- ensalzado»[217].
-
-Respecto á la limosna, á la piedad, á las buenas obras, al amor de la
-paz y al completo desinteres del corazon, habia poco que añadir á la
-doctrina de la sinagoga[218]. Pero su acento, lleno de uncion, hacia
-nuevos, por decirlo así, los aforismos conocidos de muy antiguo. La
-moral no se compone de principios más ó ménos bien expresados. La
-poesía del precepto es lo que hace amarle, y entra por más que el
-precepto mismo considerado como verdad abstracta. Es innegable que
-aquellas máximas que Jesús tomaba de sus predecesores producen en el
-Evangelio distinto efecto que en la antigua Ley, en el _Pirké Aboth_ ó
-en el Talmud. Ni el Talmud ni la antigua Ley han conquistado el mundo
-ni cambiado su faz. La moral evangélica, poco original por sí misma, si
-por ello se entiende que podria recomponerse toda entera con máximas
-mucho más antiguas, no deja de ser por eso la más elevada creacion que
-haya salido de la conciencia humana, el más hermoso código de la vida
-perfecta que haya trazado ningun moralista.
-
-Jesús no hablaba contra la Ley mosáica, pero claramente se conoce
-que la encontraba insuficiente, y á cada paso dejaba traslucir su
-pensamiento. Repetia sin cesar que era preciso hacer más de lo que
-habian dicho los antiguos sabios[219]; prohibia la menor palabra áspera
-ó desabrida[220], así como el divorcio[221] y el juramento[222];
-condenaba la pena del talion[223]; vituperaba la usura[224];
-conceptuaba el deseo voluptuoso tan criminal como el adulterio[225],
-y recomendaba, en fin, el perdon universal de las injurias[226]. El
-motivo en que apoyaba estas máximas de elevada caridad, era siempre el
-mismo:
-
- «Para que seais hijos de vuestro Padre celestial, el cual hace nacer
- su sol sobre buenos y malos. Que si no amais sino á los que os aman,
- ¿qué premio habeis de tener? ¿no lo hacen así áun los publicanos?
- Y si no saludais á otros que á vuestros hermanos, ¿qué tiene eso
- de particular? ¿por ventura no hacen esto tambien los paganos?
- Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es
- perfecto»[227].
-
-Un culto puro, una religion sin sacerdotes y sin prácticas exteriores,
-basándose toda ella en los sentimientos del corazon, en la imitacion
-de Dios[228] y en la comunicacion inmediata de la conciencia con el
-Padre celestial: tales eran las consecuencias de estos principios.
-Jesús no retrocedió nunca ante esas atrevidas deducciones que hacian
-de él un revolucionario de primer órden en el seno del judaismo. ¿Á
-qué fin establecer intermediarios entre el hombre y su Padre? ¿Á
-qué fin aquellas purificaciones, aquellas prácticas externas y del
-todo corporales[229]; siendo así que Dios no ve sino el corazon? La
-tradicion misma, tan respetable y santa para los judíos, es poca cosa
-comparada con el sentimiento puro[230]. La hipocresía de los fariseos,
-que al orar volvian la cabeza para ver si álguien los observaba, que
-daban sus limosnas ostensiblemente y que ponian en sus vestidos señales
-para que por ellas los reconociesen como personas piadosas, toda esa
-mojigatería de la falsa devocion indignaban á Jesús. «En verdad os
-digo que ya recibieron su recompensa,--decia;--mas tú, cuando des
-limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha,
-para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve lo oculto, te
-recompensará[231].
-
-»Asimismo cuando orais no habeis de ser como los hipócritas que de
-propósito se ponen á orar de pié en las sinagogas y en las esquinas de
-las calles, para ser vistos de los hombres: en verdad os digo que ya
-recibieron su recompensa. Tú, al contrario, cuando hubieres de orar,
-entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora en secreto á tu Padre,
-y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. En la oracion no afecteis
-hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser
-oidos á fuerza de palabras; que bien sabe vuestro Padre lo que habeis
-menester, ántes de pedírselo»[232].
-
-Jesús no afectaba ningun signo exterior de ascetismo, contentándose
-con orar, ó mejor dicho, con meditar en las montañas, ó en los lugares
-solitarios, en esos sitios adonde siempre ha ido el hombre á buscar á
-Dios[233]. Esa elevada nocion de la comunicacion entre el hombre y el
-Sér divino, de la cual muy pocas almas han sido capaces, áun despues
-de él, se resumia en la oracion que desde entónces enseñaba á sus
-discípulos[234]: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado
-sea el tu nombre; venga el tu reino. Hágase tu voluntad como en el
-cielo así tambien en la tierra. El pan nuestro de cada dia dánosle
-hoy. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos á
-nuestros deudores. Libranos del mal.» Insistia particularmente sobre el
-pensamiento de que el Padre celestial sabe mejor que nosotros lo que
-nos conviene, y de que es casi hacerle una ofensa el pedirle tal ó cual
-cosa determinada[235].
-
-En esto no hacia Jesús sino deducir las consecuencias de los grandes
-principios que el judaismo habia poseido y que las clases oficiales de
-la nacion tendian á desconocer más y más. Las plegarias de los griegos
-y de los romanos fueron casi siempre una palabrería llena de egoismo.
-Un alma pagana jamás habria dicho al creyente:
-
-«Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que
-tu hermano tiene alguna queja contra tí; deja allí mismo tu ofrenda
-delante del altar y vé primero á reconciliarte con tu hermano, y
-despues volverás á presentar tu ofrenda»[236].
-
-En la antigüedad, únicamente los profetas judíos, y en particular
-Isaías, por su antipatía contra el sacerdocio, entrevieron la verdadera
-naturaleza del culto que el hombre debe á Dios.
-
-«¿De qué me sirve á mí la muchedumbre de vuestras víctimas? Ya me
-tienen fastidiado. Yo no gusto de los holocaustos de carneros, ni de
-la gordura de los pingües ni de la sangre de los becerros; abomino
-el incienso, porque vuestras manos tienen sangre. Lavaos, pues,
-purificaos, aprended á hacer bien, buscad lo que es justo, y entónces
-venid»[237].
-
-En los últimos tiempos, algunos doctores, tales como Simeon el
-Justo[238], Jesús, hijo de Sirak[239], é Hillel[240], llegaron casi
-á la misma doctrina, declarando que la Ley debia compendiarse. En
-el mundo judeo-egipcio, Filon sustentaba al mismo tiempo que Jesús
-doctrinas de elevada moral, cuya consecuencia era el abandono de las
-prácticas legales[241]. Schemaia y Abtalion se mostraron asimismo en
-más de una ocasion libérrimos casuistas[242]. Rabbi Iohanan iba pronto
-á elevar las obras de misericordia sobre el estudio de la Ley[243].
-Pero sólo Jesús pronunció esas humanitarias máximas de una manera
-eficaz. Ninguno ha sido tan poco aficionado como Jesús al sacerdocio
-ni más enemigo de las formas que ahogan la religion so pretexto de
-protegerla. Bajo el punto de vista de la sencillez de su doctrina,
-todos somos sus discípulos y continuadores; con ella puso la piedra
-fundamental de la religion verdadera, y, si la religion es la cosa
-más esencial de la humanidad, por ella mereció el rango divino que se
-le ha concedido. La idea de un culto fundado en la pureza del corazon
-y en la fraternidad humana, idea que Jesús trajo al mundo, era tan
-absolutamente nueva y de tal modo elevada, que la iglesia cristiana
-debia sobre este punto desconocer por completo sus intenciones: áun en
-nuestros dias, sólo algunas almas son capaces de adherirse á ella.
-
-Un sentimiento exquisito de la naturaleza proporcionaba á Jesús á cada
-instante imágenes expresivas. Sus aforismos revelaban á veces notable
-finura y hasta eso que nosotros llamamos ingenio; otras, su forma viva
-se prestaba al oportuno empleo de proverbios populares. «¿Cómo dices á
-tu hermano: deja que te quite esa pajita del ojo, siendo así que tienes
-una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! quita primero la viga de tu ojo, y
-entónces podrás sacar la mota del de tu hermano»[244].
-
-Estas lecciones, contenidas largo tiempo en el corazon del jóven
-maestro, atraian ya á algunos iniciados. El espíritu del tiempo tendia
-marcadamente á la formacion de pequeñas iglesias: aquélla fué la época
-de los Esenios ó Terapeutas. Por todas partes aparecian rabinos,
-cada cual con diferente enseñanza, como Schemaia, Abtalion, Hillel,
-Schammai, Júdas el Gaulonita, Gamaliel y otros muchos cuyas máximas
-formaron el Talmud. Pero entónces se escribia poco; los doctores
-judíos de aquel tiempo no componian libros; todo se reducia á pláticas
-ó lecciones públicas, á las cuales se daba un giro sencillo á fin
-de que pudieran retenerse fácilmente en la memoria[245]. El dia en
-que el jóven carpintero de Nazareth principió á predicar aquellas
-máximas--conocidas ya en su mayor parte, pero que sin embargo debian
-regenerar el mundo--nadie lo tuvo por un acontecimiento. Fué un rabino
-de más dedicado á la enseñanza (pero ciertamente el más embelesador de
-todos), al rededor del cual se agrupaban algunos jóvenes deseosos de
-oirle y amantes de la novedad. La atencion de los hombres necesita para
-ser cautivada el auxilio del tiempo. Allí no habia todavía cristianos;
-sin embargo, el cristianismo estaba ya fundado y nunca fué tan perfecto
-como en aquel primer instante. Jesús no le añadirá ya nada que sea
-permanente. Al contrario, le comprometerá hasta cierto punto, porque
-toda idea llamada á tener éxito necesita de sacrificios; porque jamás
-se sale inmaculado de la lucha de la vida.
-
-En efecto, no basta concebir el bien, es preciso popularizarlo,
-hacérselo admitir á los hombres, y para ello hay que poner la planta en
-vias ménos puras. Seguramente que el Evangelio sería más perfecto si
-se limitara á algunos capítulos de Matheo y de Lúcas, y se prestaria
-ménos á tantas objeciones; pero ¿habria, sin los milagros, conquistado
-el mundo? Si Jesús hubiera muerto en aquel momento de su carrera, no
-habria en la historia de su vida ciertas páginas que nos disgustan;
-pero, aunque más grande á los ojos de Dios, habria permanecido ignorado
-de los hombres:--su nombre se habria perdido entre la multitud de
-grandes almas desconocidas, que son casi siempre las mejores de
-todas; la verdad no habria sido promulgada, y el mundo no se habria
-aprovechado de la inmensa superioridad moral que su Padre le habia
-concedido. Jesús, hijo de Sirak, é Hillel, emitieron aforismos casi
-tan elevados como los de Jesús. Y sin embargo, Hillel no pasará jamás
-por ser el verdadero fundador del cristianismo. En la moral, así como
-en el arte, el hablar no conduce á nada; el obrar conduce á todo. La
-idea que se oculta bajo un cuadro de Rafael significa muy poco; el
-valor está en el cuadro. Lo mismo sucede en la moral; la verdad no
-tiene realce hasta que no pasa al estado de sentimiento y no adquiere
-todo su brillo sino cuando se realiza en el mundo como hecho. Hombres
-de mediana moralidad han escrito hermosas máximas; de igual manera
-ha habido hombres muy virtuosos que no han hecho nada por continuar
-en el mundo la tradicion de la virtud. El lauro pertenece, pues, al
-que ha sido poderoso en palabras y obras, al que, sintiendo el bien,
-le hizo triunfar sellándole con su sangre. Jesús no tiene rival bajo
-este doble punto de vista; su gloria permanece entera y será renovada
-constantemente.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VI
-
-JUAN BAUTISTA -- VIAJE DE JESÚS HÁCIA JUAN Y SU PERMANENCIA EN EL
-DESIERTO DE JUDEA -- ADOPTA EL BAUTISMO DE JUAN
-
-
-Por aquel tiempo apareció y se halló en relacion con Jesús un hombre
-extraordinario, cuya vida, á causa de la escasez de documentos, es para
-nosotros enigmática hasta cierto punto. Aquellas relaciones tendieron
-en un principio á separar al jóven profeta de Nazareth del camino que
-habia adoptado; pero tambien le sugirieron la idea de varios accesorios
-importantes de su institucion religiosa, y proporcionaron á sus
-discípulos gran autoridad para recomendar á su maestro á los ojos de
-cierta clase de judíos.
-
-Hácia el año 28 de nuestra era (décimoquinto del reinado de Tiberio)
-se extendió por toda Palestina la reputacion de un tal Iohanan ó Juan,
-jóven asceta impetuoso y apasionado. Juan era de raza sacerdotal[246],
-y á lo que parece habia nacido en Jutta, cerca de Hebron, ó acaso en
-Hebron mismo[247]. Situada en las inmediaciones del desierto de Judea
-y á algunas horas del gran desierto de Arabia, Hebron era entónces la
-ciudad patriarcal por excelencia, y como hoy, uno de los baluartes
-del espíritu semítico en su más austera forma. Juan fué _nazir_ desde
-su infancia, esto es, que habia hecho voto de someterse á ciertas
-abstinencias[248]. Desde muy temprano, el desierto, de que en cierto
-modo se hallaba rodeado, ejerció sobre él poderosa atraccion[249].
-Vestido de pieles ó de telas groseras tejidas con pelos de camello,
-hacia allí la vida de un _yogui_ de la India, alimentándose de
-langostas y de miel silvestre[250]. Cierto número de discípulos,
-agrupados en torno suyo, participaban de su género de vida y meditaban
-sus máximas severas. Si algunos rasgos particulares no hubiesen
-denunciado en aquel solitario al último descendiente de los grandes
-profetas de Israel, se habria uno creido trasportado á las orillas del
-Gánges.
-
-Desde que la nacion judáica se puso á reflexionar con desesperado
-empeño sobre su futuro destino, la imaginacion del pueblo se complacia
-en evocar las figuras de los antiguos profetas. De todos los personajes
-del pasado, cuyo recuerdo venía, como las visiones de una noche
-agitada, á despertar y conmover al pueblo, el más grande era el profeta
-Elías. Aquel gigante de los profetas, que vivió entre las asperezas del
-monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad de las bestias
-feroces y habitando en las concavidades de las rocas, de donde salia
-como el rayo para hundir y levantar reyes, se habia convertido por una
-serie de trasformaciones sucesivas en una especie de sér sobrehumano,
-unas veces visible, otras invisible, á quien la muerte respetaba.
-Creíase generalmente que Elías iba á venir de nuevo á fin de restaurar
-á Israel[251]. La vida austera que habia hecho en el desierto, los
-recuerdos terribles que habia dejado, recuerdos, bajo cuya impresion
-vive todavía el Oriente[252]; aquella sombría imágen que áun en
-nuestros tiempos atemoriza; toda esa mitología, llena de venganza y
-de terrores, influia vivamente en los ánimos y marcaba con su sello
-todas las concepciones populares. Cualquiera que aspiraba á ejercer
-grande influencia sobre el pueblo debia imitar á Elías; y como la vida
-solitaria habia sido el rasgo característico de aquel profeta, habíase
-adquirido la costumbre de no considerar al «hombre de Dios» sino como
-un eremita. Creíase que todos los santos personajes habian tenido sus
-dias de penitencia, de vida agreste, de ásperas austeridades[253].
-La permanencia en el desierto llegó á ser de este modo la condicion
-indispensable y el preludio de altos destinos.
-
-Es indudable que esta idea de imitacion influyó muchísimo en
-Juan[254]. La vida anacorética, tan opuesta al antiguo espíritu
-judáico y con la cual nada tenian que ver los votos semejantes á los
-de los _nazires_ y _rechabitas_, alcanzaba gran boga en Judea. Los
-Esenios ó Terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan,
-sobre las márgenes orientales del mar Muerto[255]. Imaginábase todo
-el mundo que los jefes de secta debian ser eremitas ó solitarios y
-tener sus reglas é institutos propios como los fundadores de órdenes
-religiosas. Los maestros de la juventud eran tambien en ocasiones
-una especie de anacoretas[256] bastante parecidos á los _gurus_ del
-brahmanismo. ¿Se dejaba quizás sentir en esto la influencia más
-ó ménos remota de los _munis_ de la India? ¿Habian llegado hasta
-Judea, como llegaron indudablemente á Siria ó Babilonia, algunos de
-aquellos vagabundos frailes budistas que recorrian la tierra en todas
-direcciones predicando con su exterior edificante y convirtiendo á
-personas que ni siquiera sabian su lengua, así como la recorrieron
-despues los primeros franciscanos? Se ignora por completo. Desde
-hacia algun tiempo, Babilonia habia llegado á ser un verdadero foco
-de budismo; Budasp (Bodhisattva) tenía reputacion de ser un sabio
-caldeo y se le consideraba como el fundador del _sabismo_. Y ¿qué era
-el _sabismo_ en sí? Lo que indica su etimología[257]; el _baptismo_,
-es decir, la religion de los bautismos multiplicados, el orígen de la
-secta que todavía existe con el nombre de «cristianos de San Juan»
-ó mendaistas, y á los cuales llaman los árabes _el-mogtasila_, esto
-es, «los baptistas»[258]. No es empresa fácil desembrollar estas
-vagas analogías. Las sectas que en los primeros siglos de nuestra
-era[259] flotaban, allende el Jordan, entre el judaismo, el sabismo y
-el cristianismo, ofrecen á la crítica, á causa de la confusion de las
-noticias, el más singular é inextricable problema. De todos modos,
-puede admitirse que várias de las prácticas exteriores de Juan, de
-los Esenios[260], y de los preceptores espirituales judíos de aquella
-época, procedian de una influencia reciente del alto Oriente. La
-práctica fundamental que caracterizaba la secta de Juan, y que sin
-duda motivó su nombre, tuvo siempre su centro en la baja Caldea,
-constituyendo una religion que se ha perpetuado hasta nuestros dias.
-
-Aquella práctica era el bautismo ó la inmersion total. Las abluciones
-estaban ya en uso entre los judíos como en todas las religiones de
-Oriente[261]. Los Esenios le habian dado una extension particular.
-El bautismo habia llegado á ser una ceremonia ordinaria al ingresar
-los prosélitos en el seno de la religion judía; una especie de
-iniciacion[262]. Sin embargo, ántes de nuestro Bautista no se habia
-dado á la inmersion aquella importancia ni aquella forma. Juan habia
-fijado el centro de su actividad en la parte del desierto de Judea
-próxima al mar Muerto[263]. En las épocas en que administraba el
-bautismo, se trasladaba á las márgenes del Jordan[264], cerca de
-Bethania ó Bethabara[265], sobre la orilla oriental (probablemente
-frente á Jericó), ó bien al sitio llamado Ænon ó «las Fuentes»[266],
-no léjos de Salim, donde el agua era mucho más abundante[267].
-Considerable muchedumbre, en particular de la tribu de Judá, corria
-hácia aquel paraje para recibir el bautismo[268] de manos del
-anacoreta. Y tanto creció su fama, que en pocos meses llegó á ser uno
-de los hombres más influyentes de la Judea.
-
-El pueblo le consideraba como un profeta[269], y várias personas
-se imaginaban que era Elías resucitado[270]. La creencia en tales
-resurrecciones era muy general[271]: creíase que Dios haria salir de
-sus sepulcros á varios de los antiguos profetas para que sirvieran
-de guía al pueblo de Israel y le condujeran hácia su destino. Otros
-tomaban á Juan por el Mesías mismo, sin embargo de que él no manifestó
-nunca semejante pretension[272]. Los sacerdotes y los escribas,
-opuestos á aquel renacimiento de profetismo, y siempre enemigos de las
-almas entusiastas, despreciaban al rígido eremita. Pero la popularidad
-del Bautista les imponia respeto y no se atrevian á hablar en contra de
-él[273], lo cual era una victoria que el sentimiento de la muchedumbre
-alcanzaba sobre la aristocracia sacerdotal. Cuando se obligaba á los
-jefes de los sacerdotes á que se explicáran claramente sobre este
-punto, no sabian cómo hacerlo[274].
-
-Pero el bautismo no era para Juan sino un signo destinado á causar
-impresion y á preparar los ánimos á algun gran movimiento. Es indudable
-que abrigaba en alto grado las esperanzas mesiánicas y que su accion
-principal se dirigia en este sentido. «Haced penitencia, exclamaba,
-porque se aproxima el reino de Dios»[275]. Anunciaba tambien una
-«cólera suprema», esto es, terribles catástrofes que habrian de
-realizarse[276], y declaraba que el hacha amenazaba ya la raíz del
-árbol, el cual no tardaria en ser arrojado al fuego. Juan representaba
-á su Mesías con una criba en la mano recogiendo el buen grano y
-arrojando la paja á las llamas. Para el Bautista, la penitencia,
-cuya forma consistia en el bautismo, la limosna y la enmienda de
-las costumbres[277], eran los grandes medios de prepararse á los
-acontecimientos que se hallaban próximos. No se sabe exactamente de
-qué manera comprendia él esos acontecimientos; pero está fuera de duda
-que predicaba con grande energía contra los mismos adversarios de
-Jesús, tales como los fariseos, los sacerdotes ricos, los doctores,
-en una palabra, contra el judaismo oficial; y que, así como á
-Jesús, le acogian favorablemente las clases menospreciadas[278]. El
-anacoreta de Judea daba poquísima importancia al título de hijo de
-Abraham, y decia que Dios podia convertir en hijos de Abraham los
-guijarros del camino[279]. La grande idea de una religion pura, idea
-que fué el triunfo de Jesús, no parece haberla poseido ni áun en
-gérmen; pero sustituyendo el rito privado á las ceremonias legales
-rodeadas de sacerdotes, sirvió de poderoso auxiliar á aquella idea,
-así como los Flagelantes de la edad media, arrebatando el monopolio
-de los sacramentos y de la absolucion al clero oficial, sirvieron de
-precursores á la Reforma. El tono general de los sermones del Bautista
-era severo y áspero. Las expresiones que usaba contra sus adversarios
-tenian, á lo que parece, el sello de extremada violencia[280]. Sus
-discursos eran una ruda y contínua invectiva. Probablemente no
-permaneció ajeno á la política; Josefo, que sin duda tuvo de él ámplias
-noticias por medio de su maestro Banú, lo deja traslucir á medias
-palabras[281], y así lo hace tambien suponer la catástrofe que puso fin
-á sus dias. Sus discípulos hacian una vida muy austera[282], ayunaban
-frecuentemente y afectaban un aire triste y receloso. Vése por momentos
-asomar en aquel grupo la idea de la comunidad de bienes y la de que el
-rico debe repartir lo que posee[283]. El pobre aparece ya figurando en
-primera línea entre los que el reino de Dios debe colmar de beneficios.
-
-Aunque la Judea era el centro de accion de Juan, la fama de su nombre
-llegó pronto á oidos de Jesús, el cual habia ya formado en torno suyo
-un pequeño círculo de oyentes, atraidos por sus primeros discursos.
-Jesús, no gozando todavía de mucha autoridad, y aguijado, sin duda,
-por el deseo de ver á un maestro cuya enseñanza tenía tantos puntos
-de contacto con sus propias ideas, salió de Galilea con su reducida
-escuela y se dirigió hácia Juan[284]. Los recien llegados se hicieron
-bautizar, como todo el mundo. Juan acogió bastante bien á aquel
-enjambre de discípulos galileos y no le pesó que formasen en distintas
-filas que los suyos. Los dos maestros eran jóvenes, y entre ellos
-habia muchas ideas comunes; así es que no tardaron en amarse, dándose
-públicamente repetidas muestras de deferencia y aprecio recíprocos.
-Semejante hecho sorprende á primera vista, y casi está uno por negarle,
-si se tiene en cuenta el carácter de Juan. La humildad no fué nunca
-en el pueblo judío el rasgo característico de las almas fuertes, y
-parece más probable que aquella voluntad de bronce, aquella especie de
-Lamennais siempre irritado, fuese en extremo colérico, y no sufriese
-ni rivalidad ni semi-adhesion. Pero esta manera de concebir las cosas
-estriba en la falsa idea que se tiene respecto á Juan. Ordinariamente
-nos le representamos como un anciano, cuando, por el contrario, era
-de la misma edad de Jesús[285] y muy jóven, segun las ideas de la
-época. En el órden espiritual, no fué el padre de Jesús, sino más bien
-su hermano. Esto supuesto, ¿qué tiene de particular que siendo los
-dos jóvenes entusiastas, y abrigando las mismas esperanzas, hicieran
-causa comun y se apoyaran recíprocamente? Un maestro encanecido en
-la enseñanza de su doctrina se habria indudablemente indignado al
-ver que un jóven sin celebridad se llegaba á él con pretensiones de
-independencia: no hay ejemplo de que un jefe de escuela acoja con
-oficiosidad y cariño al que ha de sucederle. Pero la juventud es capaz
-de todas las abnegaciones, y se comprende que Juan, reconociendo
-en Jesús un espíritu semejante al suyo, le acogiera sin ninguna
-prevencion. Aquellas buenas relaciones sirvieron despues á los
-evangelistas de punto de partida para desarrollar todo un sistema
-que consistió en dar por primera base á la mision divina de Jesús el
-testimonio de Juan. Tal era el grado de autoridad que supo conquistar
-el Bautista, que ninguna garantía pareció tan eficaz y á propósito
-como la suya. Pero el anacoreta de Judea estuvo muy léjos de abdicar
-ante Jesús; por el contrario, miéntras permaneció junto á él, Jesús
-le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino muy
-tímidamente.
-
-En efecto, no obstante su profunda originalidad, Jesús parece haber
-sido el imitador de Juan, al ménos durante algunas semanas. Su vida
-era todavía oscura en comparacion de la del Bautista. Además, en el
-curso de su carrera, Jesús no dejó de plegarse muchas veces á la
-corriente de la opinion, admitiendo algunas cosas que no entraban
-en sus proyectos, sólo porque eran populares; pero esos accesorios
-no perjudicaron nunca á su idea principal, y estuvieron siempre
-subordinados á ella. Gracias á Juan, el bautismo habia llegado á
-obtener gran boga; Jesús se creyó obligado á adoptarle; él y sus
-discípulos bautizaron tambien desde entónces[286], y sin duda
-acompañaban el bautismo de predicaciones parecidas á las de Juan. Así
-es que las orillas del Jordan se cubrieron por doquiera de Baptistas,
-cuyos discursos alcanzaban más ó ménos éxito. No tardó el discípulo en
-igualar al maestro, siendo muy solicitado su bautismo. Un sentimiento
-de rivalidad ó de celos se despertó entónces entre los partidarios
-del anacoreta de Judea y del profeta de Nazareth[287]; los discípulos
-de Juan se le quejaron del éxito creciente del jóven galileo, cuyo
-bautismo iba muy pronto, segun decian, á oscurecer el suyo; pero
-semejantes pequeñeces no ejercieron ninguna influencia en el ánimo de
-los dos maestros. Por otra parte, la superioridad de Juan era demasiado
-incontestable á los ojos de Jesús, apénas conocido, para que tratase
-de combatirla. Deseaba únicamente crecer á su sombra, y á fin de ganar
-terreno entre la muchedumbre, se creia obligado á emplear los medios
-exteriores que dieron á Juan tan asombrosa fama. Cuando, despues de
-la prision del Baptista, volvió Jesús á reanudar sus predicaciones,
-las primeras palabras que se le atribuyen no son sino la repeticion de
-una de las frases que tan familiares eran á aquél[288]. Otras muchas
-expresiones de Juan se encuentran textualmente en sus discursos[289].
-Á lo que parece, las dos escuelas vivieron en buena inteligencia
-durante mucho tiempo[290], y al ocurrir la muerte de Juan, Jesús, como
-hermano confidente, fué uno de los primeros á quienes se notició aquel
-acontecimiento[291].
-
-Juan fué bien pronto detenido en su carrera profética. De igual modo
-que los antiguos profetas judíos, dirigió frecuentemente filípicas
-terribles contra los poderes establecidos[292]. La vivacidad y acritud
-de sus palabras á este respecto, no podia ménos de ocasionarle graves
-inconvenientes. En Judea, Juan no parece haber sido molestado por el
-procurador Pilato; pero la Perea, al otro lado del Jordan, confinaba
-con el territorio de Antipas, y el gérmen político que ocultaban las
-predicaciones de Juan inquietó á aquel tirano. Las grandes reuniones de
-hombres que el entusiasmo religioso y patriótico formaba al rededor
-del Bautista tenian algo de sospechoso. Un agravio personal vino á
-añadirse á aquellas razones de estado, haciendo inevitable la pérdida
-del austero censor.
-
-Entre los caractéres más fuertemente acentuados de aquella trágica
-familia de los Heródes, uno de ellos era Herodías, nieta de Heródes
-el Grande. Violenta, ambiciosa y apasionada, Herodías aborrecia el
-judaismo y despreciaba sus leyes. Habíase casado, probablemente contra
-su voluntad, con su tio Heródes, hijo de Mariamno[293], á quien Heródes
-el Grande habia desheredado[294] y el cual no desempeñó nunca ningun
-papel público. La posicion humilde de su marido, respecto á los otros
-miembros de la familia, era para ella motivo de profundo disgusto;
-Herodías queria ser soberana á todo trance[295], é hizo de Antipas el
-instrumento de su ambicion. Hallándose perdidamente enamorado de ella,
-aquel hombre débil y sin carácter la prometió tomarla por esposa,
-despues de repudiar á su primera mujer, la hija de Hareth, rey de Petra
-y emir de las tribus fronterizas de la Perea. La princesa árabe llegó á
-tener noticia del proyecto y determinó huir: disimulando su designio,
-fingió un viaje á Machero, punto situado en las tierras de su padre, y
-se hizo acompañar por los oficiales de Antipas[296].
-
-Makor ó Machero era una fortaleza colosal, construida por Alejandro
-Janeo, y restaurada despues por Heródes, la cual se alzaba en uno de
-los sitios más escarpados de cuantos existen en la parte oriental
-del mar Muerto[297]. Era aquél un país áspero, salvaje, poblado de
-extravagantes leyendas y, segun la creencia general, frecuentado por
-los demonios[298]. La fortaleza estaba justamente en el límite de
-los estados de Hareth y de Antipas, y en aquel momento se hallaba en
-posesion del primero[299]. Advertido Hareth, habia preparado cuanto era
-indispensable á la fuga de su hija, la cual fué, de tribu en tribu,
-conducida hasta Petra.
-
-Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas y de
-Herodías[300]. Entre los judíos severos y la irreligiosa familia de los
-Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio eran incesantemente una
-piedra de escándalo[301]. Hallándose los miembros de aquella numerosa,
-pero aislada, dinastía reducidos á casarse entre ellos, resultaban de
-aquí frecuentes violaciones de los impedimentos que la ley establecia.
-Juan se hizo el eco del sentimiento general y censuró enérgicamente la
-conducta de Antipas[302]. No se necesitaba tanto para atizar el ódio de
-aquél y decidirle á tomar medidas violentas: mandó prender al Bautista
-y ordenó que se le encerrase en la fortaleza de Machero, de la cual se
-habia, sin duda, apoderado despues de la fuga de la hija de Hareth[303].
-
-Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de Juan,
-porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular[304].
-Otros aseguran[305] que habia llegado á escuchar con placer las
-doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido para
-él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto es
-que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de
-su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en
-correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle
-en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la
-próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los
-movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos
-favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba.
-
-
-
-
-CAPÍTULO VII
-
-DESARROLLO DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO DE DIOS
-
-
-Hasta el arresto de Juan, que aproximadamente le hacemos constar en el
-verano del año 29, Jesús no se separó de las cercanías del mar Muerto
-y del Jordan. La permanencia en el desierto de Judea era generalmente
-considerada como el preparativo de grandes acontecimientos, como una
-especie de «retiro» que precedia á los actos públicos. Jesús, á ejemplo
-de los demás, se sometió á él, pasando cuarenta dias sin otra compañía
-que la de las fieras y ayunando rigurosamente. La imaginacion de los
-discípulos se ejercitó muchísimo respecto á aquel retiro.
-
-El desierto, segun las creencias vulgares, era considerado como la
-residencia de los diablos[306].
-
-Pocos sitios existen en el mundo más desiertos, más abandonados de
-Dios, más inaccesibles á la vida que la cascajosa falda que forma la
-orilla occidental del mar Muerto. Así pues, créese, que durante el
-tiempo que Jesús permaneció en aquel horroroso país sufrió terribles
-pruebas; que Satanás le aterrorizó con su falsa apariencia ó que le
-acarició con embriagadoras promesas, y que despues los ángeles, para
-premiarle por su triunfo, habian venido en su ayuda[307].
-
-Probablemente al abandonar el desierto fué cuando Jesús supo el arresto
-de Juan Bautista.
-
-No existian ya motivos para prolongar su permanencia en un país que
-le era casi extraño. Quizás temia tambien verse envuelto en las
-sospechas que se desplegaban acerca de Juan, y no queria exponerse en
-un tiempo en que su muerte no hubiera podido servir de nada al progreso
-de sus ideas, en vista de la poca celebridad que gozaba. Volvió á
-Galilea[308], su verdadera patria, fortalecido por una importante
-experiencia y habiendo adquirido con el contacto de un gran hombre, muy
-diferente á él, el sentimiento de su propia originalidad.
-
-En suma, la influencia de Juan más bien habia sido desagradable que
-útil á Jesús. Fué un dique para su desarrollo: todo conduce á creer
-que tenía, cuando descendió al Jordan, ideas superiores á las de Juan,
-y que por una especie de concesion se inclinó por un momento hácia el
-bautismo.
-
-Quizás si el Bautista, á cuya autoridad le hubiera sido difícil
-sustraerse, hubiese permanecido libre, no rechazara el yugo de los
-ritos y de las prácticas exteriores, y entónces sin duda hubiera
-permanecido un oscuro sectario judío, porque el mundo no hubiera
-abandonado sus prácticas por otras nuevas.
-
-El cristianismo sedujo las almas elevadas por el atractivo de una
-religion exenta de toda forma exterior. Una vez preso el Bautista, su
-escuela disminuyó bastante, y Jesús cedió á su propio movimiento. Lo
-único que debió á Juan fué, en parte, algunas lecciones de predicacion
-y de accion popular. En efecto, desde este momento predica con más
-ardor, imponiéndose á la muchedumbre con autoridad[309].
-
-Tambien parece que su permanencia al lado de Juan, no tanto por
-la accion del Bautista como por la marcha natural de sus propios
-pensamientos, corroboró mucho sus ideas sobre «el reino del cielo.»
-Su palabra favorita desde entónces es la «buena nueva», el anuncio
-que el reino de Dios está cercano[310]. Jesús no será solamente un
-moralista ingenioso, aspirando á encerrar en algunos aforismos cortos
-y conmovedores lecciones sublimes; es el revolucionario trascendental,
-que ensaya regenerar el mundo por sus mismas bases y poner en práctica
-sobre la tierra el ideal que ha concebido. «Esperar el reino de Dios»
-será sinónimo de ser discípulo de Jesús[311]. Esta frase de «reino de
-Dios» ó «reino del cielo», como ya lo hemos dicho, era familiar á los
-judíos hacia mucho tiempo. Pero Jesús la dió un sentido moral, una
-importancia social que el mismo autor del Libro de Daniel no se atrevió
-á entrever en su entusiasmo apocalíptico.
-
-En el mundo, tal como es, el mal impera. Satanás es «el rey de este
-mundo»[312], y todo le obedece. Los reyes matan á los profetas. Los
-sacerdotes y los doctores no ejecutan siempre lo que mandan hacer á los
-otros. Los justos son perseguidos, y el único patrimonio de los buenos
-es llorar. El «mundo» es así el enemigo de Dios y de sus santos[313];
-pero Dios se despertará y vengará á los suyos. El dia se acerca, porque
-la abominacion llega á su término. Al reino del bien le tocará su vez.
-
-El advenimiento de ese reino del bien será una grande y súbita
-revolucion. El mundo parecerá trasformado: siendo malo el estado
-actual, para representarse el porvenir, basta sólo con idear, poco
-más ó ménos, lo contrario de lo que existe. Los primeros serán los
-últimos[314]. Un nuevo órden regirá á la humanidad. Al presente el
-bien y el mal están mezclados como la miés y la cizaña en un campo. Su
-dueño los deja crecer á la vez; pero la hora de la separacion violenta
-llegará[315]. El reino de Dios será como una gran redada, que juntos
-trae el pescado bueno y malo: el bueno se deposita en los cestos,
-desembarazándose del resto[316].
-
-El gérmen de esa gran revolucion será desde luégo desconocido. Será
-como la simiente de la mostaza, la más pequeña de las simientes, pero
-que una vez arrojada en tierra, se convierte en árbol, á la sombra
-de cuyas hojas vienen los pájaros á descansar[317]; ó bien como la
-levadura, que unida á la masa, hace que toda fermente[318]. Una serie
-de parábolas, muchas veces oscuras, estaba destinada á manifestar la
-sorpresa de ese súbito advenimiento, sus injusticias aparentes, su
-carácter inevitable y definitivo[319].
-
-¿Quién será el que establezca ese reino de Dios? Recordemos que la
-primera idea de Jesús, idea tan profunda en él, que probablemente no
-reconoció ningun orígen, fué que él era el hijo de Dios, el íntimo
-de su padre, el ejecutor de su voluntad. La respuesta de Jesús á tal
-cuestion no podia ser dudosa. La persuasion de que él haria reinar
-á Dios se apoderó de su espíritu; se consideró como el reformador
-universal de una manera absoluta. El cielo, la tierra, la naturaleza
-en todas sus partes, la locura, la enfermedad y la muerte sólo son
-instrumentos para él. En su heróico acceso de voluntad, se cree
-todopoderoso. Si el mundo no se aviene á esta suprema transformacion,
-el mundo será pulverizado, purificado por la llama y el aliento de
-Dios. Se creará un nuevo cielo, y el mundo entero será poblado de
-ángeles del Señor[320].
-
-Una revolucion radical[321], abarcando hasta la misma naturaleza, tal
-fué, pues, el pensamiento fundamental de Jesús. Desde entónces, sin
-duda, habia renunciado á la política; el ejemplo de Júdas el Gaulonita
-le habia demostrado la inutilidad de las sediciones populares. Jamás
-pensó en sublevarse contra los romanos y los tetrarcas. El principio
-anárquico y desenfrenado del Gaulonita no era el suyo. Su respeto á los
-poderes establecidos, sarcástico en el fondo, era completo en la forma.
-Pagaba el tributo al César por no llamar la atencion. La libertad y el
-derecho no son de este mundo: ¿por qué, pues, turbar su vida por vanas
-susceptibilidades?
-
-Despreciando el mundo y convencido de que el presente no merece que
-se tenga zozobra por él, se refugió en su reino ideal: fundó esa gran
-doctrina del desprecio trascendente[322], verdadera doctrina de la
-libertad de las almas, que es la sola que proporciona la paz. Pero aún
-no habia dicho: «Mi reino no es de este mundo.» Numerosas tinieblas se
-presentaban á sus más rectas miras. Algunas veces extrañas tentaciones
-cruzaban por su mente. En el desierto de Judea, Satanás le habia
-brindado con el reino de la tierra. No conociendo el poder del imperio
-romano, podia, con el fondo de entusiasmo que existia en Judea y que
-poco tiempo despues vino á convertirse en una terrible resistencia
-militar; podia, deciamos, abrigar la esperanza de fundar un reino por
-la audacia y el número de sus partidarios. Muchas veces, quizás, asaltó
-su imaginacion la cuestion suprema: ¿El reino de Dios se realizará por
-la fuerza ó por la dulzura, por la rebelion ó por la paciencia? Cuentan
-que un dia las sencillas gentes de Galilea quisieron levantarle y
-hacerle rey[323].
-
-Jesús huyó á la montaña, donde permaneció algun tiempo solo. Su
-privilegiada naturaleza le preservó del error que hubiera hecho de él
-un perturbador ó un jefe de rebeldes, un Theudas ó un Barkokebas.
-
-La revolucion que quiso hacer fué siempre una revolucion moral; pero
-para ello, no era llegado el caso de emplear en su ejecucion los
-ángeles y la trompeta final. Queria proceder sobre los hombres y por
-los mismos hombres. Un visionario que no hubiera tenido otra idea
-que la proximidad del juicio final, no se habria cuidado de mejorar
-al hombre y no habria podido fundar la mejor enseñanza moral que la
-humanidad ha recibido. Por su pensamiento cruzaba bastante de vago, y
-un sentimiento noble, más bien que un designio determinado, le guiaba
-en la obra sublime realizada á causa de él, aunque de otra manera bien
-diferente á la que él se imaginaba.
-
-Ciertamente que era el reino de Dios, quiero decir el reino del
-espíritu, el que fundaba en efecto; y si Jesús, desde el seno de su
-Padre, ve fructificar su obra en la historia, puede decir en verdad:
-Hé ahí lo que yo he querido. Lo que Jesús fundó, lo que eternamente
-quedará de él, salvo las imperfecciones que lleva consigo toda cosa
-realizada por la humanidad, es la doctrina de la libertad de las almas.
-Ya la Grecia habia tenido acerca de esto magníficos pensamientos[324].
-Diferentes estóicos habian hallado el medio de ser libres bajo la
-dominacion de un tirano. Pero, en general, el mundo antiguo se habia
-figurado la libertad como sujeta á ciertas formas políticas: los más
-libres se llamaban Harmodio y Aristógiton, Bruto y Casio. El verdadero
-cristiano está más libre de toda traba: aquí abajo es un desterrado:
-¿qué le importa el dueño pasajero de esta tierra, que no es su patria?
-La libertad para él es la verdad[325]. Jesús no conocia bastante la
-historia para comprender cuán á tiempo llegaba semejante doctrina,
-en un momento en que la libertad republicana espiraba y en que las
-pequeñas constituciones municipales de la antigüedad fallecian bajo
-la unidad del imperio romano. Pero su admirable buen sentido y el
-instinto verdaderamente profético que tenía de su mision, le guiaron
-en esto con admirable seguridad. Por esta frase: «Dad al César lo
-que es del César y á Dios lo que es de Dios», creó una cosa extraña
-á la política, un refugio para las almas en medio del imperio de
-la fuerza bruta. Seguramente que tal doctrina tenía sus peligros.
-Establecer en principio que la señal para reconocer el poder legítimo
-es mirar la moneda, proclamar que el hombre perfecto paga el impuesto
-por desprecio y sin discutir, era destruir la república á la manera
-antigua y favorecer todas las tiranías. El cristianismo, en este
-sentido, ha contribuido no poco á debilitar el sentimiento de los
-deberes del ciudadano y á exponer al mundo al poder absoluto de los
-hechos consumados. Pero al constituir una numerosa asociacion libre,
-que durante trescientos años supo vivir sin política, el cristianismo
-compensó ámpliamente el perjuicio que ocasionara á las virtudes
-cívicas. El poder del Estado quedó reducido á las cosas de la tierra;
-libertó el espíritu, ó al ménos la terrible segur de la omnipotencia
-romana quedó rota para siempre.
-
-Sobre todo, el hombre que se halla preocupado con los deberes de la
-vida pública, no dispensa á los otros que pongan de su parte algo
-por cima de las querellas de partido. Condena sobremanera á los que
-subordinan á las cuestiones sociales las políticas, y siente por éstas
-una especie de indiferencia; y en un sentido tiene razon, porque toda
-direccion exclusiva es perjudicial al buen gobierno de las cosas
-humanas. Pero los partidos, ¿qué progreso han hecho experimentar á la
-moralidad general de nuestra especie? Si Jesús, en lugar de fundar
-su reino celeste, hubiera ido á Roma á conspirar contra Tiberio, ó á
-echar de ménos á Germánico, ¿en qué hubiera venido á parar el mundo?
-Republicano austero, patriota celoso, no hubiera detenido el gran curso
-de los negocios de su siglo, miéntras que, declarando insignificante la
-política, reveló al mundo esta verdad: que la patria no es el todo, y
-que el hombre es anterior y superior al ciudadano.
-
-Nuestros principios de la ciencia positiva se dan por agraviados de
-la parte de ensueños que encerraba el programa de Jesús. Nosotros
-conocemos la historia del globo; las revoluciones cósmicas como
-la que esperaba Jesús no se producen sino por causas geológicas ó
-astronómicas, de las que no se ha podido jamás probar el vínculo con
-las cosas morales. Pero para ser justo con los grandes seres, no es
-preciso examinar minuciosamente las preocupaciones de que han podido
-participar. Colon descubrió la América partiendo de ideas sumamente
-erróneas; Newton creia su loca explicacion del Apocalípsis tan cierta
-como su sistema acerca del mundo. ¿Podrán colocar una mediana capacidad
-por cima de un Francisco de Asís, de un San Bernardo, de una Juana
-de Arco, de un Lutero, por hallarse exenta de los errores que éstos
-profesaron? ¿Se querrá medir á los hombres por la rectitud de sus
-ideas en física y por el conocimiento más ó ménos exacto que poseen del
-verdadero sistema del mundo? Comprendamos mejor la posicion de Jesús
-y lo que fué causa de su poder. El deismo del siglo diez y ocho y un
-cierto protestantismo, nos han acostumbrado á considerar al fundador de
-la fe cristiana como un gran moralista, un bienhechor de la humanidad.
-No vemos en el evangelio sino buenas máximas, y corremos un prudente
-velo sobre el extraño estado intelectual donde tuvo orígen. Tambien hay
-personas que sienten que la revolucion francesa se separase más de una
-vez de los principios y que no fuese realizada por hombres sabios y
-prudentes. No impongamos nuestros pequeños programas de hombres comunes
-y sensatos á esos extraordinarios movimientos tan elevados que están
-muy por cima de nuestra talla. Continuemos admirando «la moral del
-evangelio»; suprimamos en nuestras enseñanzas religiosas la quimera
-que le dió el sér; pero no creamos que con las simples ideas de dicha
-y de moralidad individual se conmueve el mundo. La idea de Jesús fué
-más profunda; fué la idea más revolucionaria que jamás pudo concebir
-cerebro humano; debe considerarse en general, y no con esas débiles
-supresiones que justamente aminoran lo que la ha hecho eficaz para la
-regeneracion de la humanidad.
-
-En el fondo, lo ideal es siempre una utopia. Cuando pretendemos hoy dia
-representar el Cristo de la nueva conciencia, el consolador, el juez de
-los tiempos modernos, ¿qué es lo que hacemos? Lo mismo que hizo Jesús
-hace mil ochocientos treinta años. Suponemos las condiciones del mundo
-real muy diferentes de las que son; representamos un libertador moral
-rompiendo sin armas las cadenas del esclavo, aliviando la condicion del
-proletario, librando las naciones oprimidas. No olvidemos que esto es
-suponer el mundo trocado, modificados los climas de la Virginia y el
-Congo, cambiada la sangre y la raza de millones de hombres, nuestras
-complicaciones sociales llevadas á una sencillez quimérica, las
-estratificaciones políticas de la Europa separadas del órden natural.
-La «reforma de todas las cosas»[326] que Jesús queria no era más
-difícil. Ese mundo nuevo, ese cielo nuevo, esa Jerusalen nueva que baja
-del cielo; este grito: «¡Hé aquí que renuevo todas las cosas!»[327]
-son rasgos comunes á todos los reformadores. Siempre el contraste que
-resulta de lo ideal con la triste realidad producirá en la humanidad
-esas resistencias contra la fria razon que las inteligencias limitadas
-tratan de locura, hasta el dia en que triunfan y en que los mismos que
-las han combatido son los primeros en reconocer su poderosa razon de
-ser.
-
-No se tratará de negar que existió una contradiccion entre la creencia
-de un próximo fin del mundo y la moral habitual de Jesús, concebida en
-vista de un estado sólido de la humanidad, bastante análogo al que en
-efecto existe[328]. Esa contradiccion fué justamente la que consolidó
-la fortuna de su obra. El milenario sólo no hubiera hecho nada durable;
-el moralista aislado no hubiera hecho nada robusto. El milenarismo dió
-el impulso; la moral aseguró el porvenir. Así, pues, el cristianismo
-reunió las dos condiciones de éxito completo en este mundo, un punto
-de partida revolucionario y la posibilidad de existir. Todo lo que
-se hace para lograr un éxito seguro debe corresponder á esas dos
-necesidades; porque el mundo quiere á la vez variar y durar. Jesús, al
-mismo tiempo que anunciaba un trastorno sin igual en las cosas humanas,
-proclamaba los principios, sobre los cuales reposa la sociedad hace mil
-ochocientos años.
-
-Lo que en efecto distingue á Jesús de los agitadores, no sólo de su
-tiempo, sino de los de todos los siglos, es su perfecto idealismo.
-Jesús, hasta cierto punto, es un anarquista, porque no tiene idea
-alguna del gobierno civil. Este gobierno le parece pura y sencillamente
-un abuso. Habla de él en términos vagos y como una persona del pueblo
-que no tiene ninguna nocion de la política. Todo magistrado le parece
-un enemigo de los hombres de Dios; anuncia á sus discípulos que tendrán
-altercados con los agentes de la fuerza pública, sin pensar ni por
-asomo que por ello habria por qué abochornarse[329]. Pero nunca la
-idea de sustituirse á los fuertes y ricos se apodera de él. Quiere
-confundir la riqueza y el poder, pero no apoderarse de ellos. Predice á
-sus discípulos persecuciones y suplicios[330]; pero ni una vez siquiera
-deja entrever el pensamiento de una resistencia violenta. La idea de
-ser todopoderoso por el sufrimiento, y de que se triunfa de la fuerza
-por la pureza del corazon, es ciertamente una idea propia de Jesús.
-Jesús no es un espiritualista, porque todo conduce en él á una palpable
-realidad; no tiene ni la más ligera nocion de un alma separada del
-cuerpo. Pero es un completo idealista; la materia sólo es para él la
-señal de la idea, y lo real la expresion cierta de aquello que no se
-ve.
-
-¿Á quién dirigirse, con quién poder contar para fundar el reino de
-Dios? El pensamiento de Jesús no vaciló en esto jamás. Lo que para
-los hombres es elevado, es abominable á los ojos de Dios[331]. Los
-fundadores del reino de Dios serán los cándidos. No los ricos, ni los
-doctores, ni los sacerdotes; sí las mujeres, los hombres del pueblo,
-los humildes, los niños[332]. La gran señal del Mesías es «la buena
-nueva» anunciada á los pobres[333]. La naturaleza idílica y dulce de
-Jesús se prestaba á ello maravillosamente. Su ensueño consistia en
-una revolucion social en que los rangos serán invertidos, quedando
-humillado cuanto en este mundo es oficial y grande. El mundo no
-le creerá; el mundo le condenará á muerte. Pero sus discípulos no
-pertenecerán al mundo[334]; ellos formarán un pequeño rebaño de
-humildes y sencillos; rebaño que por su mansedumbre llegará á conseguir
-el triunfo. El sentimiento que ha hecho del «mundano» la antítesis del
-«cristiano» tiene en las ideas del maestro plena justificacion[335].
-
-
-
-
-CAPÍTULO VIII
-
-JESÚS EN CAPHARNAHUM
-
-
-Poseido de una idea cada vez más imperiosa y exclusiva, Jesús marchará
-en adelante con una especie de impasibilidad fatal por la senda que su
-admirable genio y las circunstancias extraordinarias en que vivia le
-trazaran. Hasta entónces no habia hecho sino comunicar sus pensamientos
-al escaso número de personas atraidas secretamente hácia él; su
-enseñanza será en lo sucesivo pública y continuada. Jesús contaba
-entónces treinta años, poco más ó ménos[336]. Sin duda el pequeño grupo
-de oyentes que le acompañaron cerca de Juan se habia ya aumentado,
-y tal vez se le habian unido algunos discípulos del Bautista[337].
-Contando con este primer núcleo de iglesia, anuncia resueltamente la
-«buena nueva del reino de Dios», tan pronto como regresa á Galilea.
-Ese reino iba á venir, y era él, Jesús, aquel «Hijo del hombre» que
-Daniel apercibió en su vision como el ministro divino de la última y
-suprema revelacion.
-
-Es menester recordar aquí que las ideas judáicas, opuestas al arte y á
-la mitología, consideraban la simple forma del hombre como superior á
-la de los _cherubes_ y de los animales fantásticos que la imaginacion
-del pueblo, á causa de la influencia asiria, suponia en torno de la
-divina majestad. En Ezequiel[338], el gran revelador de las visiones
-proféticas, el sér que se halla sentado en el trono supremo, dominando
-los monstruos del carro misterioso, tiene ya la figura de un hombre. En
-el Libro de Daniel, en medio de la vision de los imperios representados
-por animales, y cuando principia el gran juicio y los libros se hallan
-abiertos, un sér «parecido á un hijo del hombre» se adelanta hácia
-el Antiquior de los dias, quien le confiere el poder de juzgar el
-mundo y de gobernarle eternamente[339]. En las lenguas semíticas, y
-en particular en los dialectos arameos, _hijo del hombre_ no es sino
-un simple sinónimo de _hombre_. Pero aquel pasaje capital de Daniel
-ejerció gran influencia en los ánimos; la palabra _hijo del hombre_
-llegó á ser, al ménos para ciertas escuelas[340], uno de los títulos
-del Mesías, considerado como juez del mundo y como rey de la nueva era
-que iba á comenzar[341]. Al aplicársele Jesús á sí mismo no hacia sino
-proclamar su mesiazgo y afirmar la próxima catástrofe en que debia
-figurar como juez investido de los plenos poderes delegados por el
-Antiquior de los dias[342].
-
-El éxito de la palabra del nuevo profeta fué entónces decisivo. Un
-grupo de hombres y mujeres, con el alma llena de candor juvenil y de
-ingenua inocencia, se adhieren á él y le dicen: «Tú eres el Mesías.» Y
-como el Mesías debia ser hijo de David, le concedieron naturalmente ese
-segundo título, que en rigor no era sino sinónimo del primero. Jesús
-le aceptó con gusto, aunque, á decir verdad, érale algo embarazoso á
-causa de lo humilde de su nacimiento. Pero el título que él preferia
-era el de «Hijo del hombre», título modesto en apariencia, aunque muy
-importante en el fondo, puesto que se relacionaba con las esperanzas
-mesiánicas. Servíale esta palabra para designarse á sí mismo[343],
-y tanto le servia, que, en su lenguaje, «el Hijo del hombre» era
-equivalente al pronombre «yo», del cual evitaba hacer uso. Pero nunca
-le apostrofaban de esa manera, porque, sin duda, el nombre de que
-se trata no deberia convenirle plenamente sino el dia de su futura
-aparicion.
-
-En aquella época de su vida, el centro de accion de Jesús fué la
-pequeña ciudad de Capharnahum, situada á la orilla del lago de
-Genesareth. El nombre de Capharnahum, en el cual entra la palabra
-_caphar_, que quiere decir aldea, parece designar un burgo del antiguo
-sistema, en oposicion á las grandes ciudades, como Tiberiade[344],
-construidas al estilo romano. De todos modos, este nombre tenía
-entónces tan poca importancia, que Josefo, en un pasaje de sus
-escritos, le toma por el de una fuente cuya celebridad era sin duda
-mayor que la del pueblo situado cerca de ella. Capharnahum, así como
-Nazareth, carecia de renombre y no participó en nada del movimiento
-profano que los Heródes habian favorecido. Jesús tomó cariño á aquella
-poblacion, llegando á considerarla como una segunda patria[345]. Al
-poco tiempo de su regreso, dirigió sobre Nazareth una tentativa que
-no tuvo éxito ninguno[346]. Como dice con admirable candor uno de sus
-biógrafos, no pudo hacer allí ningun milagro[347]. Indudablemente
-perjudicaba á su autoridad el conocimiento que se tenía de su familia,
-la cual no era muy considerada. ¿Cómo habian de tomar por hijo de
-David á aquel cuyos hermanos, hermanas y cuñados veian todos los dias?
-Además, debe notarse que su familia se le opuso vivamente, rehusando
-creer en su mision[348]. Los nazarenos se le mostraron todavía más
-agresivos, puesto que, segun dicen, quisieron matarle, precipitándole
-de una cima escarpada[349]. Jesús hizo notar con mucho ingenio que
-aquella aventura era propia de todos los grandes hombres, y se aplicó
-el proverbio de «no hay profeta sin honra, sino en su patria y en su
-propia casa.»
-
-Pero no le desanimó aquel contratiempo; volvió á Capharnahum[350], en
-cuyo punto encontraba disposiciones mucho más benévolas, y desde allí
-organizó una serie de misiones hácia las aldeas circunvecinas. Los
-habitantes de aquel hermoso y fértil país no se reunian sino el sábado,
-cuyo dia eligió Jesús para su enseñanza. Cada ciudad tenía entónces su
-sinagoga ó lugar de reuniones, el cual era una sala rectangular, no muy
-espaciosa, precedida de un pórtico, decorado segun el gusto griego.
-Careciendo los judíos de arquitectura propia, no trataron nunca de
-construir aquellos edificios con arreglo á un estilo original. Todavía
-existen en Galilea los restos de algunas antiguas sinagogas[351]:
-todas ellas están construidas con buenos y sólidos materiales; pero su
-estilo es bastante mezquino, á causa de esa profusion de ornamentos
-vegetales, de follajes, de espirales, que caracteriza los monumentos
-judáicos[352]. Los accesorios del interior consistian en algunos
-bancos, en una tribuna ó púlpito para las lecturas públicas y en un
-armario destinado á encerrar los sagrados rollos[353]. En aquellos
-edificios, que nada tenian de templo, se reconcentraba toda la vida
-judía. En el dia del sábado se reunia allí todo el mundo para hacer
-oracion y escuchar la lectura de la Ley y de los profetas. Como
-quiera que en el judaismo, á excepcion de Jerusalen, no habia clero
-propiamente dicho, las lecturas del dia (_parascha_ y _haphtara_) se
-desempeñaban en las sinagogas por el primero que deseaba hacerlas,
-quien añadia un _midrasch_ ó comentario de cosecha propia, en el cual
-exponia el lector sus ideas particulares[354]. Aquél fué el orígen de
-la «homilía», cuyo cumplido modelo encontramos en los trataditos de
-Filon. El pueblo tenía derecho de oponer objeciones á los argumentos
-del lector, y por consiguiente, la reunion degeneraba en una especie
-de asamblea popular. En ella habia un presidente, «antiquiores», un
-_hazzan_, lector ó ministro titular, «agentes» ó secretarios mensajeros
-encargados de mantener la correspondencia entre dos ó más sinagogas,
-y por último, un _schmmasch_ ó sacristan[355]. Las sinagogas venian á
-ser de este modo pequeñas repúblicas independientes, cuya jurisdiccion
-era muy extensa. Y á la manera de las corporaciones municipales,
-que funcionaron hasta una época muy avanzada del imperio romano,
-promulgaban decretos honoríficos, votaban resoluciones, que tenian
-fuerza de ley para la comunidad, y pronunciaban penas corporales, cuyo
-ejecutor era el _hazzan_ ordinariamente[356].
-
-Á pesar de los rigores arbitrarios que entrañaba, semejante institucion
-no podia ménos de dar lugar á discusiones animadísimas, máxime si
-se tiene en cuenta la extremada actividad de espíritu que siempre
-caracterizó al pueblo judío. Gracias á las sinagogas, el judaismo pudo
-atravesar intacto diez y ocho siglos de persecucion. Ellas eran otros
-tantos mundos en pequeño, donde se conservaba el espíritu nacional
-y donde las luchas intestinas hallaban un terreno perfectamente
-preparado. Las discusiones eran allí muy apasionadas, y no ménos vivas
-las disputas de preeminencia. El premio de una elevada piedad, ó el
-privilegio que más se codiciaba á la riqueza, consistia en tener un
-puesto de honor en primera fila[357]. Por otra parte, la libertad de
-poder constituirse en lector y comentador del texto sagrado facilitaba
-maravillosamente la propagacion de nuevas doctrinas. Ella fué una de
-las palancas más poderosas de Jesús y el medio habitual de que se
-valió para fundar su enseñanza[358]. El profeta de Nazareth entraba
-en la sinagoga y subia á la cátedra, el _hazzan_ le daba el libro,
-desarrollábale, y despues de leer la _parascha_ ó la _haptara_ del dia,
-pasaba á deducir de aquella lectura ciertos principios conformes con
-sus ideas[359]. Como en Galilea habia muy pocos fariseos, las réplicas
-que se le daban no tenian ese grado de pasion ni ese tono de acritud
-que en otras partes, en Jerusalen, por ejemplo, le habrian detenido
-desde sus primeros pasos. Aquellos buenos galileos no habian oido jamás
-una palabra tan en armonía con su risueña imaginacion[360]; admiraban
-al jóven profeta, creíanle, parecíales elocuente y encontraban sus
-razonamientos dignos de fe. Jesús resolvia sin desconcertarse las
-objeciones más difíciles, y el atractivo de su palabra y de su persona
-cautivaba á aquellos pueblos sencillos, no contaminados por el
-pedantismo de los doctores.
-
-La autoridad del jóven maestro crecia de dia en dia, y como es
-natural, á medida que aumentaba su crédito para con los otros, más
-confianza tenía en sí mismo. El círculo de su accion era entónces muy
-limitado:--reducíase á los alrededores del lago de Tiberiade, y áun
-en aquella comarca habia una region que preferia á las demás. El lago
-tiene cinco ó seis leguas de longitud por tres ó cuatro de anchura,
-y aunque ofrece la apariencia de un óvalo bastante perfecto, forma
-desde Tiberiade hasta la entrada del Jordan una especie de golfo cuya
-curva mide cerca de tres leguas. Tal fué el campo donde la semilla
-arrojada por Jesús halló una tierra propicia á un rápido crecimiento.
-Recorrámosle paso á paso, y tratemos de rasgar el sudario de aridez y
-de luto en que le ha envuelto el demonio del islamismo.
-
-Al salir de Tiberiade, lo primero que se ofrece á la vista son rocas
-escarpadas, una montaña que parece derrumbarse en el mar:--luégo, las
-montañas se separan y se abre una llanura (_El-Ghueir_) casi al nivel
-del lago; es un bosque delicioso de elevados arbustos que fecundan y
-atraviesan en todos sentidos las abundantes aguas que salen de un
-gran estanque circular de construccion antigua (_Ain-Medawara_). Á
-la entrada de la llanura, ó sea del país de Genesareth propiamente
-dicho, se encuentra la miserable aldea de _Medjdel_. Al otro extremo
-(siguiendo siempre la orilla del mar) se hallan el sitio de una
-poblacion (_Khan-Minyeh_), hermosas aguas y un buen camino estrecho y
-profundo, tallado en la roca viva, camino que indudablemente recorrió
-Jesús muy á menudo y que sirve de paso entre la llanura de Genesareth
-y la escarpa septentrional del lago. Á cosa de un cuarto de legua se
-atraviesa un arroyo de agua salada (_Ain-Tabiga_) que no léjos del lago
-mana de la tierra por anchas aberturas y que va á perderse en medio
-de espesos matorrales. Por último, á cuarenta minutos más allá, sobre
-la árida cuesta que se extiende desde Ain-Tabiga á la desembocadura
-del Jordan, se ven algunas cabañas y un conjunto de ruinas bastante
-monumentales llamadas _Tell-Hum_.
-
-Cinco pequeñas ciudades, cuyos nombres permanecerán en la memoria del
-género humano tal vez más tiempo que los de Roma y Aténas, se hallaban
-en tiempo de Jesús diseminadas por el territorio comprendido entre
-la aldea de Medjdel y Tell-Hum. De aquellas cinco ciudades--Magdala,
-Dalmanutha, Capharnahum, Bethsaide y Chorazin[361]--solamente la
-primera se encuentra hoy dia de un modo positivo: es indudable que
-el nombre y el sitio de la repugnante aldea de Medjdel corresponden
-al burgo donde nació la más fiel amiga de Jesús[362]. Dalmanutha se
-hallaba probablemente cerca de allí[363], y no es imposible que se
-alzase Chorazin en el mismo territorio hácia la parte del norte[364].
-En cuanto á Bethsaide y á Capharnahum, difícil es averiguar si
-estuvieron en Tell-Hum, Am-et-Tin, Khan-Minyeh ó en Ain-Medawara[365],
-y cuanto respecto á ello se asegure es aventurado. No parece sino que,
-así en geografía como en historia, un designio misterioso se complugo
-en borrar los vestigios del gran fundador. Creo que en aquel suelo,
-profundamente devastado, nunca podrá conseguirse el fijar con exactitud
-los sitios en que la humanidad desearia besar la huella que dejaron sus
-piés.
-
-Todo lo que hoy nos resta de la reducida comarca de tres ó cuatro
-leguas en que Jesús fundó su obra divina, se reduce al lago, al
-horizonte, á los arbustos y á algunas pobres flores, resto de la
-antigua fertilidad. Los árboles han desaparecido completamente. Y en
-aquel país cuya vegetacion era tan rica otras veces, que á Josefo le
-parecia casi milagrosa; en aquel país donde la naturaleza, segun el
-historiador citado, habia reunido las plantas de los climas frios, las
-producciones de las zonas ardientes y los árboles de las latitudes
-templadas, cargados todo el año de flores y de frutos; en aquel país
-que ántes parecia un eden, ahora se calcula con veinticuatro horas
-de anticipacion el sitio donde podrá encontrar el viajero un asiento
-de césped y un árbol cuya sombra proteja su desayuno. El lago se ha
-convertido en un desierto. Una sola barca, medio desvencijada, surca
-hoy aquellas linfas silenciosas, tan llenas de vida y de alegría en
-otro tiempo. Sólo las aguas son todavía puras y trasparentes. Las
-riberas, formadas de rocas ó de menudos guijarros, se parecen más bien
-á las de un mar en miniatura que á las de un lago como el de Huleh:
-son limpias, nada fangosas, y el cadencioso y ligero movimiento de las
-olas las bate siempre en el mismo sitio. Vense acá y allá pequeños
-promontorios cubiertos de laureles de Alejandría, de tamariscos y
-de espinosos alcaparros: próximos á la salida del Jordan, junto á
-Tiberiade y en la orilla formada por la llanura de Genesareth, hay
-dos sitios poblados de embriagadores jardines, contra cuya alfombra
-de yerbas y de flores va á espirar el apacible oleaje de las aguas.
-El arroyo de Ain-Tabiga forma un pequeño estuario lleno de lindísimas
-conchas. Nubes de pájaros nadadores cubren el lago. El horizonte ofusca
-la vista á fuerza de ser luminoso. Las aguas, profundamente encajonadas
-entre rocas abrasadoras, son de un hermoso color azul celeste, y cuando
-se las observa desde la cumbre de las montañas de Safed, diríase que
-ocupan el fondo de una copa de oro. Al norte los barrancos nevosos
-del Hermon destacan sus líneas blancas sobre el cielo; al oeste, las
-elevadas y undosas mesetas de la Gaulonítida y de la Perea, siempre
-áridas y envueltas en una atmósfera de fuego, forman una montaña
-compacta, ó por mejor decir, un inmenso y altísimo terraplen que á
-partir de Cesárea de Filipo se prolonga indefinidamente hácia el sur.
-
-El calor es ahora muy sofocante en las orillas del lago, el cual ocupa
-una depresion de doscientos metros bajo el nivel del Mediterráneo,
-y por consiguiente participa de las condiciones tórridas del mar
-Muerto[366]. Aquel ardor excesivo se hallaba otras veces templado por
-una vegetacion abundante: la cuenca del lago se hace inhabitable apénas
-concluye el mes de Mayo, y difícilmente se comprende hoy cómo pudo
-semejante hornaza ser el teatro de tan prodigiosa actividad. Josefo
-encontraba el país muy templado. Sin duda allí, como en la campiña
-de Roma, hubo algun cambio de clima debido á causas históricas. El
-islamismo, y sobre todo, la reaccion musulmana contra las cruzadas,
-fueron los que asolaron como un viento de muerte la comarca favorita
-de Jesús. Aquella hermosa tierra de Genesareth estaba muy léjos de
-sospechar que su futuro destino habia de salir del cerebro del que
-tan pacíficamente la paseaba. Peligroso compatriota, Jesús ha sido
-un personaje fatal para el país que tuvo el formidable honor de
-producirle. Codiciada la Galilea por dos fanatismos rivales, y habiendo
-llegado á ser para todos un objeto de amor ó de ódio, debia alcanzar
-por premio de su gloria el triste privilegio de ser trasformada en
-un desierto. Pero ¿habria sido Jesús más dichoso si hubiese vivido
-tranquilo y oscuro en el fondo de su aldea? Y ¿quién se acordaria hoy
-de aquellos ingratos nazarenos si, á riesgo de comprometer el porvenir
-de su modesto villorrio, no hubiese uno de los suyos reconocido á su
-Padre y no se hubiese proclamado hijo de Dios?
-
-En la época á que hemos llegado de la vida de Jesús, todo su mundo se
-reducia á cuatro ó cinco burgos de grande extension. No parece probable
-que hubiese estado en Tiberiade, ciudad del todo profana, que los
-paganos habitaban casi por completo y de la cual habia hecho Antipas
-su residencia habitual. Sin embargo, algunas veces se alejaba de su
-region favorita é iba embarcado á Gergesa[367], poblacion de la ribera
-oriental. Otras iba hácia el norte, y se le ve en Paneas ó Cesárea
-de Filipo[368], en la falda del Hermon. Por último, una vez dirige
-sus pasos por la parte de Tiro y de Sidon[369], país que entónces
-debia estar floreciente en sumo grado. En todas aquellas comarcas se
-hallaba Jesús en pleno paganismo. En Cesárea vió la célebre gruta del
-_Panium_, sitio donde se colocaban las fuentes del Jordan, y sobre el
-cual referia la credulidad del pueblo extravagantes leyendas[370];
-cerca de allí pudo admirar el templo de mármol que Heródes levantó
-en honor de Augusto[371], y probablemente vió tambien las numerosas
-estatuas votivas á Pan, á las Ninfas y al Eco de la gruta que la piedad
-amontonaba ya en aquel hermoso sitio. Un judío evemerista, acostumbrado
-á no mirar en los dioses extranjeros sino hombres divinizados ó
-demonios, debia considerar todas aquellas representaciones figuradas
-como otros tantos ídolos. Las seducciones de los cultos naturalistas,
-que embriagan á las razas más sensitivas, le hicieron poca impresion.
-Sin duda no tuvo ningun conocimiento de lo que el antiguo santuario
-de Melkarth, en Tiro, podia encerrar aún de un culto primitivo más
-ó ménos análogo al judáico[372]. El paganismo, que en Fenicia habia
-elevado sobre cada colina un templo y un bosque sagrado, toda aquella
-apariencia de grandeza industrial y de riqueza profana[373] debió
-sonreirle muy poco. El monoteismo priva al hombre de toda aptitud para
-comprender las religiones paganas; un musulman trasladado á los países
-politeistas mira sin ver lo que hay en torno suyo. Jesús no aprendió
-nada en aquellos viajes, y de ellos regresaba impaciente á su querida
-ribera de Genesareth: allí estaba el centro de sus pensamientos; allí
-encontraba fe y amor.
-
-
-
-
-CAPÍTULO IX
-
-LOS DISCÍPULOS DE JESÚS
-
-
-En aquel paraíso terrenal, que hasta entónces no habia probado apénas
-los efectos de las grandes revoluciones de la historia, vivia una
-poblacion en perfecta armonía con el país, esto es, activa, honrada,
-alegre y afectuosa. El lago de Tiberiade es acaso el más abundante
-en peces de cuantos existen en el mundo[374]; en aquella época habia
-establecidas pesquerías muy productivas, particularmente en Bethsaide y
-en Capharnahum, las cuales permitian á los naturales vivir con cierta
-comodidad. Aquellas familias de pescadores formaban una sociedad
-dulce y apacible, que se extendia por toda la comarca del lago que
-hemos descrito, gracias á numerosos lazos de parentesco. Sus escasas
-ocupaciones les dejaban tiempo y libertad suficientes para ejercitar su
-imaginacion: en aquellas reuniones de hombres sencillos y bondadosos,
-las ideas sobre el reino de Dios encontraron más crédito y mejor
-acogida que en ninguna otra parte. Nada de cuanto en sentido griego y
-mundano se llamaba civilizacion, habia penetrado hasta ellos. Aunque
-la bondad de aquellas poblaciones se hallase muchas veces más bien en
-la superficie que en el fondo, sus costumbres eran tranquilas, y no
-carecian de finura ni de inteligencia. Puede uno figurárselas como
-semejantes hasta cierto punto á los mejores pueblos del Líbano, pero
-con la ventaja de producir grandes hombres, la cual no tienen éstos.
-Jesús encontró allí su verdadera familia. Instalóse en medio de ellos,
-como si Capharnahum fuera su «ciudad natal»[375], y en aquel reducido
-círculo que le adoraba, olvidó á sus escépticos hermanos, á la ingrata
-Nazareth y su burlona incredulidad.
-
-Una familia de Capharnahum le ofreció, entre todas, un asilo agradable
-y discípulos adictos. Componíanla dos hermanos, hijos de un tal Jonás,
-que probablemente murió en la época en que Jesús fué á establecerse
-á las márgenes del lago:--aquellos dos hermanos eran Simon, llamado
-_Cephas_ ó _Pedro_, y Andrés. Nacidos ambos en Bethsaide[376], habian
-ya trasladado su domicilio á Capharnahum cuando Jesús comenzó su
-vida pública. Pedro estaba casado y tenía hijos; su suegra vivia
-con él[377]. Jesús amaba á aquella familia y hacia de su morada su
-residencia habitual[378]. Andrés parece haber sido discípulo de Juan
-Bautista: quizás le conoció Jesús en las orillas del Jordan[379]. Los
-dos hermanos continuaron siempre ejerciendo su oficio de pescadores
-áun en la época en que se hallaban más unidos al maestro[380]. Jesús,
-á quien no disgustaban los retruécanos, decia algunas veces que los
-convertiria en pescadores de hombres[381]. Y efectivamente, no tuvo
-discípulos más adictos ni más fieles que los dos hermanos.
-
-Tambien la familia de Zabdia ó de Zebedeo, pescador acomodado y patron
-de várias barcas[382], dispensó á Jesús afectuosa acogida. Zebedeo
-tenía dos hijos; Santiago, que era el mayor, y Juan, cuyo papel debia
-ser tan importante y decisivo en la historia del cristianismo naciente.
-Ambos eran discípulos celosos. La mujer del Zebedeo, María Salomé,
-tuvo tambien gran afeccion á Jesús, y le acompañó hasta la hora de su
-muerte[383].
-
-En general, las mujeres le acogian con solicitud. Jesús poseia
-esas maneras reservadas que permiten una dulcísima union de ideas
-entre ambos sexos. Sin duda entónces, como hoy, la separacion de
-hombres y mujeres que ha impedido en los pueblos semíticos todo
-perfeccionamiento delicado, era ménos rigurosa en las campiñas y en
-las aldeas que en las grandes poblaciones. Tres ó cuatro galileas de
-las más adictas acompañaban siempre al jóven maestro, disputándose el
-placer de cuidarle y de escuchar su palabra[384]. Aquellas mujeres
-llevaban á la nueva secta un elemento de entusiasmo y de maravilloso,
-cuya importancia se deja ya comprender. Una de ellas, María de Magdala,
-que tan célebre debia hacer en el mundo el nombre de su pobre villorio,
-fué á lo que parece persona muy exaltada. Segun el lenguaje del
-tiempo, habia estado poseida de siete demonios[385], ó lo que es lo
-mismo, habia padecido enfermedades nerviosas, cuya causa era entónces
-inexplicable. La belleza, la bondad y la dulzura de Jesús, calmaron
-aquella imaginacion desarreglada. La Magdalena le permaneció fiel hasta
-en el Gólgota, y al dia siguiente al de su muerte desempeñó un papel
-de primer órden; porque, segun verémos despues, su testimonio fué la
-base principal sobre la que se estableció la fe en la resurreccion.
-Juana, mujer de Kuza, uno de los intendentes de Antipas, Susana y otras
-mujeres, cuyos nombres permanecen en el olvido, seguian sus pasos,
-prestándole incesantes servicios[386]. Algunas de entre ellas eran
-ricas, y los recursos que proporcionaban al jóven profeta, le permitian
-vivir sin ejercer el oficio que hasta entónces habia profesado[387].
-
-Otros muchos discípulos le seguian y le aclamaban por maestro, como
-por ejemplo, un tal Felipe de Bethsaide, Nathanael, hijo de Talmai ó
-Ptolomeo, natural de Caná, el cual perteneció tal vez á la primera
-época[388], y Matheo, que probablemente era el mismo que habria de
-convertirse despues en Xenofonte del cristianismo naciente. Matheo
-habia sido publicano, y como tal, manejaba sin duda el _kalam_ con
-más facilidad que sus compañeros. Quizás pensaba desde entónces en
-escribir sus _Logia_[389]; las cuales sirven de base á todo cuanto
-sabemos respecto á la enseñanza de Jesús. Cítanse tambien entre los
-discípulos á Tomás ó Didymo[390], el cual fué, segun parece, hombre de
-corazon y de generosos arranques[391], si bien algo incrédulo, á Lebeo
-ó Tadeo, á Simon el Zelador ó el Cananeo[392], discípulo tal vez de
-Júdas el Gaulonita, y perteneciente á aquel partido de los _Kenaim_,
-que ya entónces existia, y que tan importante papel debia muy pronto
-desempeñar en los movimientos del pueblo judío, y por último, á Júdas,
-hijo de Simon, natural de Kerioth, que fué el único desleal entre
-aquel grupo de fieles adeptos, y cuya traicion debia granjearle tan
-triste renombre. Ménos Júdas, todos eran galileos. La ciudad de Kerioth
-se hallaba situada en la extremidad Sur de la tribu de Judá[393], á
-cosa de una jornada más allá de Hebron.
-
-Hemos dicho ántes que la familia de Jesús no le era, en general, muy
-adicta[394]. Sin embargo, sus primos carnales, Santiago y Júdas, hijos
-de María Cleophás, figuraban desde entónces entre sus discípulos, y
-la misma María Cleophás se halló en el número de las personas que le
-acompañaron y le siguieron al Calvario[395]. Su madre no aparece en
-aquella época cerca de él: sólo despues de la muerte de Jesús fué
-cuando María adquirió gran consideracion[396] y cuando los discípulos
-trataron de atraerla hácia ellos[397]. Entónces fué tambien cuando,
-bajo el título de «hermanos del Señor», formaron los miembros de la
-familia del fundador un grupo influyente que por espacio de mucho
-tiempo estuvo al frente de la Iglesia de Jerusalen, y que se refugió
-despues en la Batanea, cuando la ciudad fué entrada á saco. Así como
-las mujeres y las hijas de Mahoma, que ninguna importancia tuvieron en
-vida del profeta, adquirieron despues de su muerte grande autoridad, de
-igual manera el solo hecho de ser pariente de Jesús fué entónces una
-recomendacion decisiva.
-
-Entre aquella muchedumbre amiga, Jesús tenía indudablemente sus
-preferencias, y hasta cierto punto, su círculo de elegidos. Los dos
-hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, parecen haber formado parte de
-los últimos. Ambos eran vehementes y apasionados en extremo. Á causa
-de su impetuosidad y de su celo excesivo, Jesús les aplicaba con
-mucho ingenio el sobrenombre de «hijos del trueno», significándoles
-que harian uso de los rayos si los tuvieran á su disposicion[398].
-Al parecer, Juan tenía con Jesús cierta familiaridad que los otros
-no alcanzaron. Pero muy posible es que este discípulo, que escribió
-despues sus recuerdos de una manera que deja conocer demasiado el
-interes personal, exagerase el cariño que el maestro le profesaba[399].
-De todos modos, se comprende por la lectura de los evangelios
-sinópticos, que Simon Barjona ó Pedro, Santiago, hijo del Zebedeo, y
-su hermano Juan, formaban una especie de comité ó círculo íntimo, al
-cual se dirigia Jesús en ciertas ocasiones en que dudaba de la fe y
-de la inteligencia de los demás[400]. Por otra parte, se ve que los
-tres se hallaban asociados en sus pesquerías[401]. La afeccion que
-Pedro inspiraba á Jesús era profunda: su carácter sincero, recto,
-decidido, franco y leal, gustaba mucho al maestro, á quien hacian
-sonreir á veces sus movimientos irreflexivos. Pedro, poco místico de
-suyo, le comunicaba sus dudas y sus debilidades humanas[402] con una
-ingenuidad y una honrada franqueza que recuerdan las de Joinville
-respecto á San Luis. Jesús le reprendia amistosamente, probándole con
-aquellas afectuosas reprensiones su aprecio y su confianza. En cuanto
-á Juan, su juventud[403], la ternura exquisita de su corazon[404]
-y lo vivo de su inteligencia[405] debian tener mucho atractivo. La
-personalidad de aquel hombre extraordinario, que tan vigoroso giro
-imprimió al cristianismo naciente, no se desarrolló sino en edad más
-avanzada. Era ya viejo cuando escribió respecto á su maestro ese
-evangelio rarísimo[406] que tan preciosas noticias contiene, pero en
-el cual, á nuestro juicio, se halla falseado el carácter de Jesús con
-harta frecuencia. La naturaleza de Juan era demasiado impetuosa y
-profunda para que pudiera amoldarse al tono impersonal de los primeros
-evangelistas. De ahí el que hiciese una biografía de Jesús como la que
-Platon hizo de Sócrates. Acostumbrado á remover sus recuerdos con la
-agitacion febril de un alma exaltada, trasformó á su maestro al querer
-pintarle, y su relato (á ménos que no le hayan alterado manos extrañas)
-permite á veces sospechar que en la composicion de tan singular escrito
-no siempre sirvió de norma al cronista una completa buena fe.
-
-En la secta naciente no habia ningun grado jerárquico propiamente
-dicho: todos debian llamarse «hermanos», y Jesús prohibia de un modo
-absoluto los títulos de superioridad, tales como _rabbí_, «maestro»,
-«padre», en razon á que él era el único maestro, y Dios el único
-padre. El mayor debia ser el más humilde y servir á los demás[407].
-Sin embargo, Simon Barjona se distingue entre sus iguales por un grado
-de particular importancia. Jesús habitaba en su domicilio, enseñaba en
-su barca[408], y la casa de Simon era el centro de las predicaciones
-evangélicas. El público le consideraba como el jefe del grupo, y á él
-era á quien se dirigian los recaudadores del tributo en reclamacion
-de los derechos que debia la comunidad[409]. Simon fué el primero
-que reconoció á Jesús como al Mesías[410]. Preguntando Jesús á sus
-discípulos en un momento de impopularidad: «¿Quereis tambien vosotros
-retiraros?» Simon le respondió: «Señor, ¿á quién iriamos? tú tienes
-palabras de vida eterna»[411]. En diferentes ocasiones Jesús le
-confirió cierta supremacía[412] en su iglesia, y le dió el sobrenombre
-siriaco de Kepha (piedra), como significándole que de él hacia la
-piedra angular del edificio[413]. Tambien parece prometerle «las llaves
-del reino de los cielos» y concederle el derecho de pronunciar sobre la
-tierra decisiones que serían ratificadas en la eternidad[414].
-
-La supremacía de Pedro excitó sin duda algunos celos entre sus
-compañeros, celos que se aumentaban con la perspectiva de aquel reino
-de Dios en que los discípulos habrian de sentarse en los tronos, á
-derecha ó á izquierda del maestro, para juzgar á las doce tribus de
-Israel[415]. Preguntábanse quién de entre ellos se hallaria entónces
-más cerca del Hijo del hombre, siendo hasta cierto punto como su
-primer ministro ó su asesor. Los dos hijos del Zebedeo aspiraban á
-ese rango, y preocupados por tal pensamiento, recurrieron al influjo
-de su madre Salomé, la cual llamó un dia aparte á Jesús y solicitó
-de él que otorgase á sus hijos los dos puestos de honor[416]. Jesús
-esquivó la demanda repitiendo su principio habitual de que el que se
-exalta será humillado y que el reino de los cielos pertenecerá á los
-pequeños. La noticia de semejante peticion ocasionó algunos rumores en
-la comunidad y produjo gran descontento contra Juan y Santiago[417].
-La misma rivalidad se trasluce en el evangelio de Juan;--el cronista
-declara á cada paso que él fué el «discípulo querido», á quien el
-maestro confió su madre al morir, y trata sistemáticamente de colocarse
-al nivel de Simon Pedro (y con frecuencia ántes que él) á propósito
-de circunstancias importantes en que los evangelistas más antiguos ni
-siquiera citan su nombre[418].
-
-Todos los personajes que acabamos de enumerar, ó al ménos aquellos
-de cuya vida se sabe algo, habian principiado por ser pescadores.
-Ninguno de ellos pertenecia á una clase elevada de la sociedad.
-Únicamente Matheo, ó Leví, hijo de Alpheo[419], habia sido publicano.
-Pero aquellos á quienes en Judea se designaba con ese nombre, no eran
-los recaudadores generales, personas de rango elevado (y siempre
-caballeros romanos) que á orillas del Tíber llamaban _publicani_[420];
-sino agentes de esos arrendadores generales, empleados de baja
-estofa, simples cobradores subalternos. En el gran camino de Acre á
-Damasco, uno de los más antiguos del mundo, que atravesaba la Galilea
-costeando el lago[421], habia considerable número de esa especie
-de cobradores. Capharnahum, que quizás se hallaba situada sobre la
-via, contaba tambien un numeroso personal[422]. Semejante profesion
-no encontró nunca grandes simpatías en ningun país del mundo; pero
-los judíos la miraban con particular ojeriza y tenian por criminales
-á los que la ejercian. El impuesto, cosa nueva para ellos, era el
-signo de su vasallaje; la escuela de Júdas el Gaulonita sostenia que
-abonarle era cometer un acto de paganismo. Así es que todos los celosos
-conservadores de la ley aborrecian de muerte á los aduaneros. Su nombre
-iba siempre asociado al de los asesinos, ladrones y gentes de mala
-vida[423]. Los judíos que tales funciones aceptaban eran excomulgados
-y quedaban inhábiles para testar; considerábase su caja como maldita
-de Dios, y los casuistas prohibian al público el que fuese á ella á
-cambiar dinero[424]. Desterrados aquellos infelices del seno de la
-sociedad, tenian que formar una sociedad aparte reuniéndose entre sí.
-Jesús aceptó una comida que le ofreció Leví, en la cual habia, segun el
-lenguaje de la época, «muchos aduaneros y pecadores»; el hecho produjo
-gran escándalo[425]. La reputacion de aquellas casas era malísima, y
-el que á ellas iba se arriesgaba á no encontrar muy buena compañía.
-Pero frecuentemente verémos á Jesús cuidándose muy poco de las
-preocupaciones que abrigaban las personas que se tenian por juiciosas,
-tratando de ensalzar las clases humilladas por los ortodoxos, y
-exponiéndose por ello á las amargas reconvenciones de los devotos.
-
-Jesús debia aquellas numerosas conquistas al atractivo irresistible de
-su persona y de su palabra. Una frase conmovedora, una mirada dirigida
-al fondo de alguna sencilla conciencia, dispuesta á entreabrirse al
-soplo de la verdad, le bastaban para captarse un ardiente discípulo.
-Jesús se valia en ocasiones de un artificio inocente que tambien
-empleó Juana de Arco:--aparentaba saber algun secreto íntimo respecto
-á la persona que deseaba atraer hácia sí, ó bien le recordaba
-alguna circunstancia querida, propia á conmover su corazon. Así fué
-como enterneció y se atrajo á Nathanael[426], á Pedro[427], á la
-Samaritana[428]. Disimulando la verdadera causa de su fuerza, esto es,
-su gigantesca superioridad sobre los demás, y á fin de satisfacer las
-ideas de la época, ideas que por otra parte eran tambien las suyas,
-dejaba creer que una revelacion de lo alto le descubria los secretos
-y le permitia leer en los corazones. Nadie dudaba que viviese en una
-esfera superior á la de la humanidad. Decíase que en la cumbre de las
-montañas conversaba con Moisés y con Elías[429], y se creia que en
-sus momentos de soledad bajaban los ángeles á rendirle homenaje y á
-establecer un comercio sobrenatural entre el cielo y él[430].
-
-
-
-
-CAPÍTULO X
-
-PREDICACION DEL LAGO
-
-
-Tal era el grupo que rodeaba á Jesús en las márgenes del lago de
-Tiberiade. La aristocracia estaba representada por un aduanero ó
-cobrador y por la mujer de un intendente;--el resto se componia de
-pescadores y de gentes sencillas. Todos eran ignorantes en extremo,
-débiles de espíritu y todos creian en los espectros y en las
-apariciones[431]. En aquel primer cenáculo no habia penetrado ni un
-solo elemento de cultura helénica, y áun la instruccion judáica era
-en él bastante escasa; pero en cambio abundaban el sentimiento y la
-buena voluntad. El hermoso clima de Galilea convertia la existencia
-de aquellos honrados pescadores en delicioso y perpétuo encanto.
-Sencillos, buenos, dichosos, blandamente mecidos por las cristalinas
-olas de un mar en miniatura, ó bien arrullados por su oleaje miéntras
-dormian sobre el césped de sus risueños bordes, aquellas familias
-de pescadores preludiaban á no dudarlo el reino de Dios. Difícil es
-figurarse la embriaguez de una vida que de ese modo se desliza á la
-faz del cielo, el robusto y dulce entusiasmo que infunde en el alma el
-contínuo contacto con la naturaleza, y los sueños de aquellas noches
-pasadas bajo la inmensidad de la azulada bóveda al trémulo fulgor
-de las estrellas. En una noche semejante fué cuando Jacob, apoyada
-la cabeza sobre una piedra, leyó en los astros la promesa de una
-posteridad innumerable y vió la escala misteriosa por la cual iban y
-venian los _Elohim_ del cielo á la tierra. En la época de Jesús, el
-cielo continuaba abierto y la tierra no se habia enfriado. Las nubes
-se entreabrian aún sobre el hijo del hombre, y los ángeles subian y
-bajaban, sirviéndole de mensajeros[432]; las visiones del reino de Dios
-se hallaban en todas partes, puesto que el hombre las abrigaba en su
-propio corazon. La mirada tranquila y dulce de aquellas almas sencillas
-contemplaba al universo en su orígen ideal; quizás el mundo descubria
-sus misterios á la conciencia divinamente lúcida de aquellos seres
-dichosos, cuya pureza de corazon les mereció un dia ver á Dios.
-
-Jesús vivia casi siempre al aire libre rodeado de sus discípulos.
-Unas veces subia á una barca y desde allí predicaba á la muchedumbre
-estacionada en la orilla del lago[433]; otras, tomaba asiento sobre las
-montañas de la ribera, allí donde el aire es tan puro y tan luminoso
-el horizonte. El grupo de fieles adeptos iba de este modo, alegre y
-vagabundo, recogiendo en sus primeros gérmenes las inspiraciones del
-maestro. Si por casualidad surgia alguna ingenua duda, alguna pregunta
-inocentemente escéptica, una sonrisa ó una mirada de Jesús bastaban
-para desvanecer la objecion. Á cada momento creian notar las señales
-del reino de Dios; en el paso de una nube, en la germinacion de un
-grano, en la madurez de una espiga, en la cosa más insignificante:
-imaginábanse que se hallaban en vísperas de ver á Dios, de ser los
-dueños del mundo, y las lágrimas se cambiaban en gozo. Aquello era el
-advenimiento á la tierra del consuelo universal:
-
- «Bienaventurados,--decia el maestro,--los pobres de espíritu, porque
- de ellos es el reino de los cielos.
-
- »Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
-
- »Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.
-
- »Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
- ellos serán saciados.
-
- »Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
- misericordia.
-
- »Bienaventurados los que tienen puro su corazon, porque ellos verán á
- Dios.
-
- »Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de
- Dios.
-
- »Bienaventurados los que padecen persecucion por la justicia, porque
- de ellos es el reino de los cielos»[434].
-
-Su predicacion era dulce y suave, como las armonías de la naturaleza
-y el perfume de los campos. Gustábanle las flores y servíanle de punto
-de comparacion en sus más deliciosas lecciones. El mar, las montañas,
-las aves del cielo, los bulliciosos é inocentes juegos de los niños,
-todo entraba sucesivamente en las metáforas de su enseñanza. Su estilo
-se separaba de la forma del período griego, y tenía mucha semejanza
-con los giros de los parabolistas hebreos, y en particular con las
-sentencias de los doctores judíos, contemporáneos suyos, tales como
-las vemos en el _Pirké Aboth_. Sus disertaciones no formaban una
-peroracion continuada y homogénea; eran sentencias cortas, parecidas á
-las del Coran, las cuales compusieron despues, unidas entre sí, esos
-largos discursos escritos por Matheo[435]. Ninguna transicion enlazaba
-aquellas diferentes sentencias; sin embargo, una misma inspiracion
-hace de ellas frecuentemente un todo compacto. Donde más sobresalia
-el maestro era en la parábola:--en este género delicioso nada habia
-en el judaismo que pudiera servirle de modelo[436]; por consiguiente,
-él fué quien le inventó. Verdad es que en los libros búdicos se
-encuentran parábolas cuyo tono y forma son exactamente iguales á los
-de las evangélicas; pero no es admisible que una influencia búdica
-llegase hasta Jesús. Estas analogías pueden explicarse por el espíritu
-de mansedumbre y la profundidad del sentimiento que fueron comunes al
-budismo y al cristianismo naciente.
-
-La consecuencia inmediata de la vida apacible y sencilla que se hacia
-en Galilea era una indiferencia completa por el vano aparato del lujo y
-de la comodidad, tristes é imperiosas necesidades en nuestros países.
-Los climas frios, obligando al hombre á una lucha contínua contra las
-intemperies, hacen que se dé grande importancia al lujo y al bienestar
-material. Por el contrario, las comarcas favorecidas del cielo, donde
-apénas hay necesidades que satisfacer, son el país del idealismo y
-de la poesía. Los accesorios de la vida son allí insignificantes en
-comparacion del placer de vivir. Permaneciendo casi siempre en el
-campo, en las calles, el ornato interior de las habitaciones se hace
-superfluo. El alimento fuerte y regular de los climas ménos favorecidos
-pareceria pesado y desagradable. Y en cuanto al lujo en el vestir,
-¿cómo rivalizar con el que Dios presta á la tierra y á las aves del
-cielo? En esos climas, hasta el trabajo parece inútil:--su producto no
-vale la molestia que ocasiona. Los animales de los campos, que nada
-hacen, están mejor vestidos que el hombre más opulento. Ese desprecio
-de los goces materiales, desprecio que da mucha elevacion á las almas
-cuando no tiene su orígen en la pereza, inspiraba á Jesús lindísimos
-apólogos:
-
- «No querais,--decia,--amontonar tesoros para vosotros en la tierra,
- donde el orin y la polilla los consumen, y donde los ladrones los
- desentierran y roban. Atesorad más bien para vosotros tesoros en el
- cielo, donde no hay orin, ni polilla, ni ladrones. Donde está tu
- tesoro, allí está tambien tu corazon. Ninguno puede servir á dos
- señores, porque ó tendrá aversion al uno y amor al otro, ó si se
- sujeta al primero, mirará con desden al segundo. No podeis servir
- á Dios y á Mammon. En razon de esto os digo, no os acongojeis por
- el cuidado de hallar que comer para sustentar vuestra vida, de
- dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. ¡Qué! ¿no vale
- más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las
- aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros, y
- vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valeis vosotros mucho
- más que ellas? Y ¿quién de vosotros á fuerza de discursos puede
- añadir un codo á su estatura? Y acerca del vestido, ¿á qué propósito
- inquietaros? Contemplad los lirios del campo; ellos no labran, ni
- tampoco hilan. Sin embargo, yo os digo, Salomon en toda su gloria
- no se vistió como uno de estos lirios. Pues si una yerba del campo,
- que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste, ¿cuánto
- más á vosotros, hombres de poca fe? Así que no vayais diciendo
- acongojados: ¿Dónde hallarémos qué comer y beber? ¿Dónde hallarémos
- con qué vestirnos? Como hacen los paganos, los cuales andan tras
- todas estas cosas, que bien sabe vuestro Padre la necesidad que
- de ellas teneis. Así pues, buscad primero el reino de Dios, y su
- justicia[437]; y todas las demás cosas se os darán por añadidura. No
- andeis, pues, acongojados por el dia de mañana; que el dia de mañana
- harto cuidado traerá por sí: bástale ya á cada dia su propio afan ó
- tarea»[438].
-
-Ese sentimiento, esencialmente galileo, tuvo sobre el destino de la
-secta naciente una influencia decisiva. Confiando para la satisfaccion
-de sus necesidades en el Padre celestial, el grupo feliz tenía por
-regla de conducta considerar los cuidados de la vida como un mal que
-sofoca en el hombre el gérmen de todo bien[439]. Cada dia pedian á
-Dios el pan del dia siguiente[440]. ¿Á qué fin atesorar? ¿No iba á
-venir el reino de Dios? «Vended lo que poseeis, y dad limosna,--decia
-el maestro.--Haceos unas bolsas que no se echen á perder: un tesoro
-en el cielo que jamás se agota, adonde no llegan los ladrones, ni roe
-la polilla»[441]. ¿Qué cosa más insensata que acumular economías para
-herederos que jamás se conocerán?[442]. Jesús se complacia en citar,
-como ejemplo de la locura humana, el caso de un hombre que despues de
-haber agrandado sus graneros y acumulado bienes terrenales para mucho
-tiempo, murió ántes que pudiera disfrutarlos[443]. El bandolerismo, que
-en aquella época se hallaba muy extendido en Galilea[444], contribuia
-no poco á semejante manera de ver las cosas. El pobre, á quien ningunas
-vejaciones ocasionaban aquellos latrocinios, debia considerarse como
-favorecido de Dios, miéntras que el rico era el verdadero desheredado,
-gracias á lo contingente é inseguro de aquello que poseia. En nuestras
-sociedades, basadas sobre una idea rigurosísima de la propiedad, la
-posicion del pobre es horrible; el infeliz no tiene bajo el sol ni
-un palmo de tierra donde sentar la planta. Las flores, la sombra, el
-banco de césped, hasta el aire que agita las ramas de los árboles, todo
-pertenece al dueño de la tierra. En Oriente, esos dones de Dios no
-pertenecen á nadie. El propietario no tiene sino un mínimo privilegio;
-la naturaleza es el patrimonio de todos.
-
-Bien mirado, el cristianismo naciente no hacia en esto sino seguir las
-huellas de los Esenios ó Terapeutas y de las sectas judías fundadas
-en el sistema de vida cenobítica. Todas aquellas sectas entrañaban un
-elemento de comunismo que ni los fariseos ni los saduceos miraban de
-buen ojo. El mesianismo, idea completamente política entre los judíos
-ortodoxos, se consideraba en ellas bajo un punto de vista del todo
-social. Aquellas pequeñas iglesias creian inaugurar sobre la tierra
-el reino de Dios por medio de una existencia tranquila, arreglada
-y contemplativa, que dejaba al individuo su parte de libertad. Las
-utopias de vida venturosa, que se cimentaban en la fraternidad de los
-hombres y el culto puro del verdadero Dios, preocupaban á las almas
-elevadas y producian por doquiera ensayos atrevidos, sinceros, pero de
-escaso porvenir.
-
-Jesús, cuyas relaciones con los Esenios son muy difíciles de establecer
-(porque en historia no siempre las semejanzas suponen hechos), era
-en esto su verdadero hermano. La regla de la nueva sociedad fué
-durante algun tiempo la comunidad de bienes[445]. La avaricia era el
-pecado capital[446]; segun esto, menester es recordar que el pecado
-de «avaricia», contra el cual se ha mostrado tan severa la moral
-cristiana, consistia entónces en el simple apego á la propiedad. Para
-ser discípulo de Jesús, la primera condicion era vender los bienes
-y repartir su producto entre los pobres. Los que retrocedian ante
-la idea de tal sacrificio no ingresaban en la comunidad[447]. Jesús
-repetia frecuentemente que aquel que ha encontrado el reino de Dios
-debe adquirirle con el precio de todo su caudal, y que áun así hace una
-adquisicion ventajosa. «Es semejante el reino de los cielos,--decia,--á
-un tesoro escondido en el campo, que si le halla un hombre vende todo
-cuanto tiene y compra aquel campo. Es asimismo semejante á un mercader
-que trata en perlas finas; y en viniéndole una de gran valor, va, y
-vende cuanto tiene y la compra»[448]. Por desgracia, muy pronto habian
-de experimentarse los inconvenientes de ese régimen. Necesitábase un
-tesorero, y se eligió para este cargo á Júdas de Kerioth, á quien, con
-razon ó sin ella, se le acusó de robar la caja comun[449]. Sea como
-quiera, lo cierto es que el tal Júdas tuvo malísimo fin.
-
-Más versado en las cosas del cielo que en las de la tierra, el maestro
-enseñaba algunas veces una economía política áun más singular. En
-una curiosa parábola se alaba á un mayordomo por haberse granjeado
-amigos entre los pobres á expensas de su amo, á fin de que los pobres
-le introdujesen á su vez en el reino de Dios. Debiendo, en efecto,
-ser los pobres los dispensadores de aquel reino, sólo recibirán en
-él á los que los hubieren dado limosna. Por consiguiente, un hombre
-prudente que piense en el porvenir debe tratar de tenerlos propicios.
-«Estaban oyendo todo esto los fariseos, que eran avarientos,--dice el
-evangelista,--y se burlaban de él»[450]. ¿Comprendieron, por ventura,
-la terrible parábola siguiente?
-
-Hubo cierto hombre rico que se vestia de púrpura y de lino finísimo, y
-tenía cada dia espléndidos banquetes; al mismo tiempo vivia un mendigo,
-llamado Lázaro, el cual, cubierto de llagas, yacia á la puerta de
-éste, deseando saciarse con las migajas que caian de la mesa del rico.
-Y los perros venian y lamíanle las llagas. Sucedió, pues, que murió
-el mendigo y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió
-tambien el rico y fué sepultado[451]. Y cuando estaba en los tormentos,
-levantando los ojos, vió á lo léjos á Abraham y á Lázaro en su seno y
-exclamó diciendo: «Padre Abraham, compadécete de mí y envíame á Lázaro,
-para que mojando la punta de su dedo con agua me refresque la lengua,
-pues me abraso en estas llamas.» Respondióle Abraham: «Hijo, acuérdate
-que recibistes bienes durante tu vida, y Lázaro, al contrario, males:
-así éste ahora es consolado, y tú atormentado»[452].
-
-¿Qué cosa más justa? Á esta parábola se le dió despues el nombre de
-parábola del «mal rico.» Pero fué un nombre de convencion: ella es
-pura y sencillamente la parábola «del rico.» Está en el infierno sólo
-porque es rico, porque no da sus bienes á los pobres, porque se regala
-miéntras que hay á sus puertas otros que padecen hambre. Por último, en
-un momento en que Jesús, ménos exagerado, no presenta la obligacion de
-vender sus bienes y repartirlos á los pobres sino como un consejo de
-perfeccionamiento, hace todavía esta declaracion terrible: «Porque más
-fácil es á un camello el pasar por el ojo de una aguja, que á un rico
-el entrar en el reino de Dios»[453].
-
-En todo esto, un sentimiento de admirable profundidad animó á Jesús,
-así como tambien al grupo de alegres pescadores que le acompañaban,
-é hizo de él por toda una eternidad el verdadero creador de la paz
-del alma, el consolador de la vida. Desprendiendo al hombre de lo que
-él llamaba los «afanes de este mundo», Jesús llegó tal vez hasta el
-exceso, y socavó las condiciones esenciales de la sociedad humana;
-pero al mismo tiempo fundó ese elevado espiritualismo, que durante
-muchos siglos llenó las almas de alegría en su peregrinacion por este
-valle de lágrimas. Jesús comprendió con perfecta exactitud que la
-inadvertencia de los hombres y su falta de filosofía y de moralidad
-provienen frecuentemente de las distracciones á que se entregan, de
-los cuidados que los asaltan, cuidados que la civilizacion multiplica
-al infinito[454]. Bajo este supuesto, el Evangelio ha sido el remedio
-supremo de las penalidades de la vida vulgar, un perpétuo _sursum
-corda_, una poderosa distraccion de los míseros cuidados terrenales,
-un dulce llamamiento semejante al que Jesús hacia al oido de Marta:
-«Marta, Marta, tú te inquietas por muchas cosas, siendo así que una
-sola es necesaria.» Gracias á Jesús, la existencia más oscura, más
-precaria, más agobiada bajo el peso de tristes ó humillantes deberes,
-ha podido refugiarse en un rincon del cielo. El recuerdo de la vida
-libre de Galilea ha sido para nuestras afanosas civilizaciones como
-el perfume de otro mundo, como el fresco «rocío que desciende sobre
-el monte Hermon[455],» y ha impedido á lo árido y lo vulgar invadir
-completamente el campo de Dios.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XI
-
-EL REINO DE DIOS CONCEBIDO COMO EL ADVENIMIENTO DE LOS POBRES
-
-
-Esas máximas, buenas en un país donde los elementos de la vida se
-componian de aire y de luz, y ese dulce comunismo de un grupo de hijos
-de Dios, que descansaban confiados en el seno de su padre, podian
-convenir á una secta inocente que abrigaba á cada momento la persuasion
-de que su utopia iba á realizarse; pero claro es que no podian
-arrastrar en pos de sí á la sociedad entera. Muy pronto comprendió
-Jesús que al mundo oficial de su época no satisfaria la perspectiva
-de su reino. Mas tomó una resolucion atrevida, cual fué dirigirse á
-los humildes, prescindiendo de todo aquel mundo de corazon seco y de
-mezquinas preocupaciones. Una vasta sustitucion de raza tendrá lugar.
-El reino de Dios se ha hecho: 1.º, para los niños y para aquellos que
-se les asemejan; 2.º, para los desechados del mundo, víctimas del rigor
-social que rechaza al hombre bueno cuando es humilde; 3.º, para los
-heréticos y cismáticos, publicanos, samaritanos y paganos de Tiro y de
-Sidon. Una parábola enérgica explicaba y legitimaba ese llamamiento
-al pueblo[456]: «Un rey dispuso un gran banquete para celebrar las
-bodas de su hijo, y envió á sus servidores á llamar á los convidados.
-Mas éstos se excusaron, y áun algunos maltrataron á los mensajeros.
-Irritado entónces el Rey, dijo á sus criados: Salid luégo á las plazas
-y barrios de la ciudad, y traedme acá cuantos pobres, y lisiados,
-y ciegos y cojos halláreis, á fin de que se llene mi casa. Pues os
-prometo que ninguno de los que ántes fueron convidados probará mi
-banquete.»
-
-El _ebionismo_ puro, es decir, la doctrina de que solamente los
-pobres (_ebionim_) serán salvados, de que el reinado de los pobres
-va á llegar, fué, pues, la doctrina de Jesús. «¡Ay de vosotros los
-ricos!--decia,--porque ya teneis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros los
-que andais hartos! porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los que
-ahora reis! porque os lamentaréis y lloraréis»[457]. Y añadia: «Tú,
-cuando des una comida, no convides á tus amigos, ni á tus hermanos, ni
-á los parientes ó vecinos ricos; no sea que tambien ellos te inviten
-á tí, y te sirva esto de recompensa; sino que cuando hagas un convite
-has de convidar á los pobres, y á los tullidos, y á los cojos, y á los
-ciegos, y serás afortunado, porque no pueden pagártelo, pues serás
-recompensado en la resurreccion de los justos»[458]. Quizás en un
-sentido análogo repetia con frecuencia estas palabras: «Sed buenos
-banqueros»[459], esto es: «Haced buenas imposiciones para el reino
-de Dios, dando vuestros bienes á los pobres, conforme al antiguo
-proverbio: compadecerse del pobre es dar prestado á Dios»[460].
-
-Bien mirado, esa doctrina no era completamente nueva. Un movimiento
-democrático, el más exaltado que recuerda la historia (y el único
-tambien que haya tenido éxito, porque sólo él ha permanecido en el
-dominio de la idea pura), agitaba á la raza judáica desde hacia
-mucho tiempo. En cada página de los escritos del Antiguo Testamento
-se encuentra la idea de que Dios es el vengador del pobre y del
-débil contra el rico y el poderoso. No hay sino abrir la historia
-de Israel para ver en ella, más que en ninguna otra, al espíritu
-popular dominando constantemente. Los profetas, verdaderos tribunos
-(y tribunos de extraordinaria audacia, bajo cierto punto de vista),
-habian anatematizado siempre á los grandes y establecido estrecha
-relacion entre las palabras «rico», «impío», «violento», «malvado», de
-una parte, y «pobre», «manso», «humilde», «piadoso», de la otra[461].
-La asociacion de tales ideas se robusteció considerablemente bajo
-los Seleúcidas, en cuya época apostataron y abrazaron el helenismo
-casi todos los aristócratas. El libro de Henoch contiene maldiciones
-contra el mundo, los ricos y los poderosos, mucho más violentas que
-las del Evangelio[462]. El lujo se considera en él como un crímen.
-En ese original apocalípsis, el «Hijo del hombre» destrona los
-reyes, los arranca de su voluptuosa existencia y los precipita en el
-infierno[463]. La iniciacion de la Judea en los refinamientos de la
-vida profana, y la reciente introduccion de un elemento de lujo y
-bienestar mundanos, provocaban una furibunda reaccion en favor de la
-sencillez patriarcal. «¡Ay de vosotros, los que despreciais la choza
-y la heredad de vuestros padres! ¡Ay de vosotros los que construis
-vuestros palacios con el sudor de los demás! Cada una de las piedras,
-cada uno de los ladrillos que los componen es un pecado»[464]. El
-nombre de «pobre» (_ebion_) habia llegado á ser sinónimo de «santo» y
-de «amigo de Dios.» Ése era el nombre que los discípulos galileos de
-Jesús se daban de preferencia; ése fué tambien durante mucho tiempo
-el nombre de los cristianos judaizantes de la Batanea y del Hauran
-(Nazarenos, Hebreos) que permanecieron fieles á la lengua y enseñanza
-primitivas de Jesús y que se enorgullecian de poseer entre ellos á los
-descendientes de su familia[465]. Aquellos pobres sectarios, ajenos al
-gran movimiento que arrastró á las otras iglesias, fueron en el siglo
-segundo calificados de heréticos (_ebionitas_), y hasta se inventó, á
-fin de explicar su nombre, un pretendido heresiarca llamado Ebion[466].
-
-Compréndese fácilmente que esa aficion exagerada á la pobreza no podia
-ser durable: tal exageracion no era, en realidad, sino un elemento
-de utopia semejante á los que se mezclan siempre á las grandes
-creaciones, elementos que reduce á su verdadero valor el trascurso
-del tiempo. El cristianismo, una vez trasportado á la vasta escena de
-la sociedad, debia consentir facilísimamente en poseer riquezas, así
-como el budismo, que en su orígen fué del todo monacal, se apresuró
-despues á admitir á los seglares, tan pronto como las conversiones
-se multiplicaron. Pero nunca desaparece por completo la señal de la
-procedencia. El ebionismo, no obstante haber sido olvidado muy luégo,
-dejó en toda la historia de las instituciones cristianas una levadura
-que no debia perderse. La coleccion de las _Logia_ ó discursos de Jesús
-se formó en el medio ebionita de la Batanea[467]. La «pobreza» continuó
-siendo el ideal de los sinceros partidarios de Jesús, la carencia de
-toda propiedad el verdadero estado evangélico, y la mendicidad una
-virtud, un estado santo. El gran movimiento umbrío del siglo trece,
-que entre todos los ensayos de fundacion religiosa es el que más
-semejanza tiene con el movimiento galileo, se efectuó en nombre de la
-pobreza. Francisco de Asís, el hombre del mundo que más se parece á
-Jesús por su exquisita bondad y por su trato delicado y afectuoso, no
-fué sino un pobre. Las órdenes mendicantes y las innumerables sectas
-comunistas de la Edad media (pobres de Lyon, Begardos, Bongomilos,
-Fratricellos, Humillados, pobres evangélicos, etc.), que se agrupaban
-bajo la bandera del Evangelio eterno, pretendieron ser, y fueron en
-efecto, los verdaderos discípulos de Jesús. Pero áun esta vez los
-más imposibles sueños de la nueva religion quedaron infecundos. La
-mendicidad, que tan sérias inquietudes causa á nuestras sociedades
-industriales y administrativas, tuvo en su dia, y bajo el cielo que
-le era favorable, poderoso atractivo; ella ofreció á una multitud de
-almas dulces y contemplativas el único estado que podia convenirles.
-Hacer de la pobreza un objeto de amor y de codicia, elevar al mendigo
-sobre el altar, santificar el humilde traje del hombre del pueblo, es
-un golpe maestro que tal vez no satisfaga á la economía política, pero
-ante el cual no puede el verdadero moralista permanecer indiferente.
-Para que la humanidad pueda soportar su pesada carga, necesita
-abrigar la creencia de que su paga no consiste sólo en el precio de
-su salario:--el mayor servicio que puede hacérsele es repetirle con
-frecuencia que no vive únicamente del pedazo de pan que lleva á sus
-labios.
-
-Jesús, como todos los grandes hombres, amaba al pobre y se complacia en
-hallarse en contacto con él. En su pensamiento, el Evangelio es para
-los pobres, para ellos trae el Mesías la buena nueva de salvacion[468].
-Sus elegidos eran todos los que el judaismo ortodoxo despreciaba. El
-amor del pueblo, la piedad por su impotencia y el sentimiento del jefe
-democrático que en sí mismo abriga el espíritu de la muchedumbre, y que
-se reconoce como su intérprete natural, traspiran á cada instante en
-sus actos y en sus discursos[469].
-
-El grupo de elegidos ofrecia, en efecto, una mezcla de condiciones
-cuyo carácter debia sorprender sobremanera á los rigoristas: en su
-seno contaba personas que un judío que se respetase en algo no habria
-querido tratar[470]. Y sin embargo, quizás encontraba Jesús en aquella
-sociedad fuera de las reglas comunes, mejores sentimientos y más
-nobleza de alma que entre las clases pedantes y formalistas, orgullosas
-de su aparente moralidad. Á fuerza de exagerar las prescripciones
-mosáicas, los fariseos habian llegado á creer que el trato con
-personas ménos severas que ellos, bastaba para mancillarlos; en los
-convites, casi se descendia á las pueriles distinciones de castas de
-la India. Despreciando esas miserables aberraciones del sentimiento
-religioso, Jesús se complacia en comer en casa de los párias de la
-sociedad judáica[471], y tomaba asiento á la mesa junto á personas de
-mal vivir, reputacion que tal vez tenía por orígen el solo hecho de
-que no participaban de las ridiculeces de los devotos y mojigatos.
-Los fariseos y los doctores se escandalizaban de semejante conducta:
-¡Mirad con qué gentes come!--decian.--Jesús les daba entónces agudas
-respuestas que exasperaban á los hipócritas: «No son los que están
-sanos, sino los enfermos, los que necesitan de médico[472]»; ó bien:
-«¿Quién de vosotros que teniendo cien ovejas y habiendo perdido una,
-no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca de la
-que ha perdido hasta encontrarla? En hallándola, se la pone sobre los
-hombros muy gozoso[473]»; ó ya: «El hijo del hombre ha venido á salvar
-lo que se habia perdido[474]»; ó ya, en fin: «Porque los pecadores son,
-y no los justos, á quienes he venido yo á llamar[475]». Otras veces
-respondia con esa hermosa parábola del hijo pródigo, en que se presenta
-al que ha delinquido como acreedor á mayor compasion y cariño que el
-que siempre fué justo. Sorprendidas de tanto atractivo y experimentando
-por primera vez el dulce encanto de la virtud, mujeres débiles ó
-culpables se aproximaban libre y confiadamente al jóven maestro. Los
-hipócritas se admiraban de que no las rechazase. «¡Oh!--decian los
-puritanos,--este hombre no es profeta, pues si lo fuese conoceria
-que la mujer que le toca es una pecadora.» Jesús respondia con la
-parábola de un acreedor que perdonó á dos de sus deudores las sumas
-que le debian: la del uno era de quinientos denarios, la del otro de
-cincuenta: ¿cuál de ellos le estará más agradecido? Sin duda aquel á
-quien se le perdonó más[476]. Jesús apreciaba el estado del alma en
-proporcion del amor que en ella se contenia. Las mujeres que por sus
-faltas experimentaban sentimientos de humildad y le ofrecian un corazon
-lleno de lágrimas, estaban más próximas á entrar en su reino que las
-naturalezas medianas, las cuales tienen frecuentemente escaso mérito
-en no haber delinquido. Por otra parte, encontrando aquellas almas
-tiernas un medio de fácil rehabilitacion al convertirse á la secta, se
-comprende que se adhiriesen á su doctrina con el mayor entusiasmo.
-
-Jesús, no sólo no trataba de acallar las murmuraciones que su desprecio
-por las susceptibilidades sociales de la época producia entre los
-hipócritas, sino que parece experimentar placer en excitarlas. Nadie
-proclamó nunca tan audazmente ese desprecio del «mundo», condicion
-indispensable de las grandes cosas y de la grande originalidad. No
-perdonaba al rico, sino cuando el rico era á su vez la víctima del
-desden social á consecuencia de alguna preocupacion[477]. Preferia
-las personas de vida equívoca y de poca ó ninguna consideracion á los
-judíos ortodoxos que aparentaban una conducta irreprochable, á los
-cuales decia: «Publicanos y rameras os precederán en el reino de Dios.
-Vino Juan: los publicanos y las rameras le creyeron; mas vosotros
-ni con ver esto os movisteis á penitencia»[478]. Compréndese cuán
-sangrienta debia ser, para los que afectaban gravedad y rigidez de
-principios morales, la reconvencion de no haber seguido el buen ejemplo
-de los hombres de mal vivir y de las mujeres de costumbres livianas.
-
-Jesús no aparentaba autoridad, ántes bien se complacia en tomar parte
-en los festejos de casamientos: precisamente uno de sus milagros fué
-hecho para amenizar una boda de aldea. En Oriente, las comidas de boda
-tienen lugar por la noche; cada convidado lleva un farol ó lamparilla,
-y aquel movimiento de luces que van y vienen produce un efecto muy
-agradable. Á Jesús le gustaba ese aspecto alegre y animado, el cual
-le proporcionaba motivo para deducir de él algunas parábolas[479].
-Semejante conducta, cuando la comparaban con la de Juan Bautista,
-escandalizaba á los devotos[480]. Un dia en que los discípulos de Juan
-y los fariseos guardaban el ayuno, le preguntaron: «¿Cómo es que los
-discípulos de Juan ayunan á menudo, y oran, como tambien los de los
-fariseos; al paso que los tuyos comen y beben?» Á lo que respondia
-Jesús: «¿Por ventura podréis vosotros recabar de los compañeros del
-esposo el que ayunen miéntras el esposo está con ellos? Tiempo vendrá
-en que el esposo les será arrebatado y entónces ayunarán»[481]. Su
-carácter dulce y alegre se manifestaba continuamente por medio de
-reflexiones y bromas amables y festivas: «¿Á quién compararé yo esta
-raza de hombres?--decia.--Es semejante á los muchachos sentados en
-la plaza que dando voces á sus compañeros dicen: Os hemos entonado
-cantares alegres, y no habeis bailado; cantares lúgubres, y no habeis
-llorado. Así es que vino Juan, que no come, ni bebe, y dicen: Está
-poseido del demonio. Ha venido el Hijo del hombre, que come, y bebe, y
-dicen: Hé aquí un gloton y un vinoso, amigo de publicanos y de gente
-de mala vida. Pero la sabiduría queda justificada por sus obras»[482].
-
-De este modo recorria la Galilea en medio de una fiesta contínua. En
-sus excursiones, Jesús se servia de una mula, animal que constituye
-en Oriente buena y segura montura y cuyos negros ojos sombreados de
-largas pestañas son de extremada melancolía. Los adeptos desplegaban
-algunas veces en torno del maestro una pompa rústica, bien colocando
-sus vestidos sobre la mula en que cabalgaba, ó bien extendiéndolos
-ante sus pasos á guisa de alfombra[483]. Cuando entraba Jesús en
-alguna casa, era su presencia motivo de regocijo y de bendicion:
-deteníase de ordinario en las aldeas y en las granjas, donde hallaba
-siempre afectuosa hospitalidad. En Oriente, basta que un extranjero
-se detenga en una casa para que en seguida se convierta en un sitio
-público:--toda la aldea se reune en ella, la invaden los muchachos,
-y aunque traten de alejarlos, vuelven otra vez á la carga. Jesús no
-podia tolerar que maltratasen á aquellos cándidos oyentes; atraíalos
-hácia sí y los abrazaba con ternura[484]. Animadas las madres con
-tal acogida, le presentaban sus niños de pecho para que los tocase
-con sus manos[485]. Otras mujeres se acercaban á él y derramaban
-aceite y perfumes sobre su cabeza y sobre sus piés. En ocasiones, sus
-discípulos querian rechazarlas como importunas; pero Jesús, á quien
-gustaban las costumbres antiguas y todo lo que indicaba sencillez de
-corazon, reparaba cariñosamente la ofensa hecha por sus demasiado
-celosos amigos. Protegiendo siempre á los que deseaban honrarle[486],
-se convertia en el ídolo de los niños y de las mujeres. La reconvencion
-que más frecuentemente le dirigian sus enemigos, era que trataba
-de separar de sus familias aquellos seres delicados y fáciles de
-seducir[487].
-
-Así es que en cierto modo la religion naciente fué un movimiento de
-mujeres y de niños. Estos últimos formaban al rededor de Jesús como una
-guardia infantil en la inauguracion de su inocente reino; preparábanle
-pequeñas ovaciones, que no dejaban de complacerle, llamábanle «hijo de
-David», gritaban _Hosanna_[488], y llevaban palmas marchando en torno
-de él. Quizás Jesús, como Savonarola, los dejaba servir de instrumento
-á misiones piadosas; de todos modos, no se mostraba descontento de
-que aquellos jóvenes apóstoles, que no le comprometian, marchasen de
-vanguardia concediéndole títulos que él no osaba proclamar. Dejábalos,
-pues, hacer, y cuando le preguntaban si los oia, respondia de un
-modo evasivo, que la alabanza que sale de labios inocentes es la más
-agradable á Dios[489].
-
-Jesús no desperdiciaba ninguna ocasion de repetir que los niños deben
-considerarse como seres sagrados[490]; que el reino de Dios pertenece
-á los pequeñitos[491]; que para entrar en él es necesario ser como
-un niño[492], pues como á tal han de recibirle[493], y que el Padre
-celestial oculta sus designios á los ángeles y se los revela á los
-pequeños[494]. La idea de sus discípulos se confunde casi en él con
-la de los niños[495]. Un dia en que disputaban por cuestiones de
-preeminencia, disputas que eran frecuentes entre los discípulos, Jesús,
-llamando á sí á un niño, le colocó en medio de ellos y dijo: «aquí está
-el mayor; cualquiera, pues, que se humilláre como este niño, ése será
-el mayor en el reino de los cielos»[496].
-
-Y en efecto, la infancia era la que en su divina espontaneidad, en su
-cándida ofuscacion de gozo, se posesionaba de la tierra. Creíase á cada
-instante que iba á amanecer el dia de un reino tan deseado, y cada
-cual se veia ya sentado en un trono[497] junto al maestro. Repartíanse
-los puestos[498] del futuro eden, y se trataba de computar el tiempo
-que tardaria su inauguracion. Esto se llamaba la «Buena nueva»; la
-doctrina no tenía otro nombre. La antigua palabra _paraíso_, que el
-hebreo, como todas las lenguas de Oriente, habia tomado de la Persia,
-y que en un principio sirvió para designar los parques de los reyes
-aqueménidas, resumia el sueño de todos, la aspiracion universal; ¡el
-paraíso! jardin delicioso, donde se continuaria para siempre una
-vida llena de inefables encantos[499]. ¿Cuánto tiempo duró aquella
-embriaguez? Se ignora. Durante el curso de aquella mágica aparicion,
-nadie midió el tiempo, así como nadie mide la duracion de un éxtasis.
-El vuelo de las horas quedó en suspenso; una semana fué como un siglo.
-Pero ya durase años ó meses, aquel ensueño fué tan hermoso, que
-despues de él la humanidad ha continuado viviendo de su recuerdo, y
-todavía es su debilitado perfume nuestra suprema consolacion. Nunca
-dilató el pecho humano un gozo tan puro ni tan inmenso. En aquel
-esfuerzo, el más vigoroso que haya hecho la humanidad para elevarse
-sobre el barro de nuestro planeta, hubo un momento en que olvidó los
-lazos de plomo que la ligan á la tierra y las angustias de la vida.
-¡Feliz el que entónces pudo ver la luz de aquella aurora divina, y
-participar, siquiera por un dia, de aquella ilusion mágica y sin igual!
-Pero ¡más dichoso todavía--nos diria Jesús--el que, libre de toda
-ilusion, reproduzca en sí mismo la aparicion celestial, y sin ensueños
-milenarios, sin paraíso quimérico, sin otro móvil que la rectitud de
-su voluntad y la poesía del alma, sepa crear de nuevo en su corazon el
-verdadero reino de Dios!
-
-
-
-
-CAPÍTULO XII
-
-EMBAJADA DE JUAN Á JESÚS -- MUERTE DE JUAN -- CONEXION DE SU ESCUELA
-CON LA DE JESÚS
-
-
-Miéntras que la risueña Galilea celebraba con festejos la venida del
-muy amado, el triste Juan se consumia de impaciencia y deseo en su
-prision de Machero. Las doctrinas y el éxito que alcanzaba el jóven
-maestro, á quien pocos meses ántes habia visto en las orillas del
-Jordan, llegaron hasta él. Decíase que el Mesías anunciado por los
-profetas, aquel que debia restaurar el reino de Israel, habia ya
-venido, y que sus hechos maravillosos demostraban su presencia en
-Galilea. Juan quiso cerciorarse de la veracidad de aquellos rumores, y
-como comunicaba libremente con sus discípulos, eligió á dos de ellos
-para que fuesen á ver á Jesús[500].
-
-Los dos discípulos encontraron al profeta de Nazareth en el apogeo de
-su reputacion, y causóles no poca sorpresa la alegría que reinaba en
-derredor suyo. Acostumbrados á los ayunos, á la oracion, á una vida de
-aspiraciones y de rigidez, se admiraron al hallarse de pronto en medio
-de los regocijos de la bienaventuranza[501]. En cumplimiento de su
-cometido, expusieron á Jesús la causa de su mensaje, diciéndole: «¿Eres
-tú el que debia venir? ¿Debemos esperar á otro?» Jesús, que ya entónces
-no vacilaba respecto á su papel de Mesías, les enumeró los hechos que
-debian caracterizar el advenimiento del reino de Dios, tales como la
-cura de las enfermedades y la buena nueva de salvacion anunciada á
-los pobres, obras que él ejecutaba. «Dichoso, pues,--añadió,--aquel
-que no dudáre de mí.» Ignórase si esta respuesta encontró vivo á
-Juan Bautista, y el efecto que ella produjo en el ánimo del austero
-asceta. ¿Murió consolado y con la seguridad de que vivia ya aquel que
-él anunciára, ó conservó sus dudas respecto á la mision de Jesús?
-Nada hay á este respecto que pueda sacarnos de incertidumbre. Sin
-embargo, al notar que su escuela se continuó despues durante muchos
-años paralelamente á las iglesias cristianas, se inclina uno á creer
-que, no obstante su deferencia por Jesús, Juan no le consideró como
-aquel que debia realizar las promesas divinas. La muerte vino, por otra
-parte, á poner término á sus perplejidades. El martirio debia ser el
-digno coronamiento de la carrera inquieta y agitada, y de la indomable
-libertad del solitario.
-
-Las disposiciones indulgentes que Antipas manifestó en un principio
-respecto á Juan, no fueron, á lo que parece, de mucha duracion. Segun
-la tradicion cristiana, en las entrevistas que Juan tuvo con el
-tetrarca, no cesaba de repetirle que su matrimonio era ilícito y que
-debia rechazar léjos de sí á Herodías[502]. No es difícil imaginarse el
-ódio inmenso que la nieta de Heródes el Grande debió concebir contra
-aquel consejero importuno, y se comprende el afan con que acecharia la
-ocasion de perderle.
-
-Su hija Salomé, fruto de su primer matrimonio, y tan ambiciosa y
-disoluta como ella, fué el instrumento de sus designios. Antipas se
-encontraba á la sazon (probablemente en el año 30 de la era cristiana)
-en la fortaleza de Machero, y era dia del aniversario de su nacimiento.
-Heródes el Grande habia construido en el interior de la fortaleza un
-magnífico palacio[503], en el cual residia algunas veces el tetrarca.
-Con el motivo indicado, preparó allí un gran festin, durante el cual
-ejecutó Salomé una de esas danzas algo libres que en Siria no se
-consideran como impropias de una persona distinguida. Encantado Antipas
-de tanta gracia y soltura, preguntó á la bailarina lo que deseaba,
-y ésta, obedeciendo á las instigaciones de su madre, respondió: «La
-cabeza de Juan sobre esta fuente.» La exigencia no agradó mucho á
-Antipas; mas no tuvo fuerza bastante para rehusar. Un guardia cogió la
-fuente, fué á degollar al prisionero, y á los pocos instantes volvió á
-entrar con la sangrienta cabeza del Bautista[504].
-
-Los discípulos de éste obtuvieron su cuerpo y le colocaron en un
-sepulcro. El descontento del pueblo fué grande. Seis años despues,
-queriendo Hareth reconquistar á Machero y vengar el ultraje hecho
-á su hija, atacó á Antipas y le derrotó completamente; el desastre
-del tetrarca se consideró entónces como un castigo por la muerte de
-Juan[505].
-
-Los discípulos del Bautista llevaron á Jesús la noticia de su
-suplicio[506]. El postrer mensaje que Juan envió á Jesús habia
-concluido de establecer entre las dos escuelas estrecha intimidad.
-Temiendo entónces Jesús que le alcanzase tambien el ódio de Antipas,
-tomó algunas precauciones y se retiró al desierto[507]. Siguiéronle
-allí muchas personas, y gracias á una extremada frugalidad, el santo
-rebaño pudo vivir en aquellos eriales, circunstancia que despues se
-tomó naturalmente por un milagro[508]. Á partir de aquel momento, Jesús
-no habló de Juan sin manifestar profunda admiracion. Declaraba sin
-vacilar[509] que el Bautista era más que un profeta; que la Ley, de
-igual modo que los profetas antiguos, no habia tenido fuerza sino hasta
-él[510]; que Juan los habia abrogado, pero que á su vez le abrogaria
-el reino del cielo. Y en fin, le asignaba en la economía del misterio
-cristiano un puesto de honor, convirtiéndole como en el lazo de union
-entre el Antiguo Testamento y el advenimiento del nuevo reino.
-
-El profeta Malaquías, cuya opinion respecto á esto se realzó entónces
-extraordinariamente[511], habia anunciado con grande insistencia
-un precursor del Mesías, que debia preparar á los hombres al
-acontecimiento final; una especie de mensajero enviado á la tierra para
-facilitar el camino al elegido de Dios. Este mensajero no era otro que
-el profeta Elías, quien, segun la creencia general, iba muy pronto
-á descender del cielo, adonde habia subido, á fin de reconciliar á
-Dios con su pueblo y de hacer que los hombres se preparasen al grande
-acontecimiento por medio de la penitencia[512]. Al nombre de Elías
-asociaban algunas veces el del patriarca Henoch, al cual se atribuia,
-desde hacia uno ó dos siglos, alto grado de santidad, ó bien el de
-Jeremías[513], á quien se consideraba como al genio protector del
-pueblo, ocupado siempre en rogar por él ante el trono de Dios[514].
-La idea de que dos antiguos profetas deben resucitar para servir de
-precursores al Mesías, se halla de una manera tan sorprendente en la
-doctrina de los Parsis, que se inclina uno á admitir la hipótesis de
-que los israelitas la tomaron de allí[515]. Sea como quiera, ella
-formaba en la época de Jesús parte integrante de las teorías judáicas.
-Todo el mundo creia que la aparicion de dos «testigos infieles»,
-_vestidos de hábitos de penitencia_, serviria de prólogo al gran drama
-que iba á desarrollarse con asombro del universo[516].
-
-Abrigando semejantes ideas, compréndese que Jesús y sus discípulos
-no vacilasen respecto á la mision de Juan. Cuando los escribas les
-objetaban que áun no podia tratarse de Mesías en razon á que Elías no
-habia venido[517], les contestaban afirmativamente, diciendo que Elías
-habia venido; que Juan era Elías resucitado[518]. En efecto, Juan,
-por su género de vida, por su oposicion á los gobiernos políticos,
-recordaba aquella figura original y terrible de la antigua historia de
-Israel[519]. Jesús no cesaba de encarecer los méritos y la excelencia
-de su precursor. Decia que entre los hijos de los hombres no habia
-nacido uno más grande, y anatematizaba á los fariseos y á los doctores
-por no haber aceptado su bautismo, por no haberse convertido á su
-voz[520].
-
-Los discípulos de Jesús permanecieron fieles á esos principios del
-maestro. El respeto á Juan fué una tradicion constante en la primera
-generacion cristiana[521]; supúsosele pariente de Jesús[522], y para
-fundar la mision de éste sobre un testimonio de todos admitido, se dijo
-que Juan, desde la primera entrevista con Jesús, le proclamó por el
-Mesías; que se reconoció inferior á él é indigno de desatar las cintas
-de sus sandalias; y que en un principio rehusó bautizarle, sosteniendo
-que él debia ser bautizado por Jesús[523]. Tales exageraciones quedan
-plenamente refutadas por la forma dubitativa del último mensaje
-de Juan[524]. Sin embargo, en un sentido más general, el Bautista
-permaneció en la leyenda cristiana siendo lo que en realidad fué,
-esto es, el austero cenobita que prepara el camino á la nueva era,
-el triste predicador de penitencias ántes de las alegrías que traerá
-consigo la llegada del esposo, el profeta que anuncia el reino de
-Dios y muere ántes de verle. Aquel gigante de los orígenes del
-cristianismo, aquel comedor de langostas y de miel silvestre, aquel
-rígido enderezador de entuertos, fué el ajenjo que preparó los labios
-á las dulzuras del reino de Dios. La víctima de Herodías abrió la era
-de los mártires cristianos, siendo el primer testimonio de la nueva
-conciencia. Los mundanos reconocieron en él su verdadero enemigo y no
-pudieron tolerar su vida: su cadáver mutilado y tendido sobre el umbral
-del cristianismo, trazó la sangrienta via por donde tantos mártires
-habrian de pasar despues de él.
-
-La escuela de Juan no se extinguió con la muerte de su fundador:
-separada de la de Jesús, vivió algun tiempo, hallándose al principio
-en buena armonía con la de aquél. Varios años despues de la muerte de
-ambos maestros se practicaba todavía el bautismo juanista. Algunas
-personas pertenecian simultáneamente á las dos escuelas, entre otras,
-el célebre Apolos, el rival de San Pablo (hácia el año 50), y un gran
-número de cristianos de Éfeso[525]. Josefo ingresó (año 53) en la
-escuela de un asceta llamado Banú, que tiene gran semejanza con Juan
-Bautista y que tal vez habia sido su discípulo. Aquel Banú[526] vivia
-en el desierto, formaban su vestido hojas de árboles, alimentábase de
-plantas ó de frutas silvestres, y lo mismo de dia que de noche, se
-bautizaba frecuentemente, á fin de purificarse. Santiago, aquel á quien
-se llamaba el «hermano del Señor» (quizás hay aquí alguna confusion
-de homónimos), observaba tambien un ascetismo análogo[527]. Algunos
-años despues (hácia el 80), el bautismo estuvo en lucha abierta con el
-cristianismo, particularmente en el Asia Menor. Juan el Evangelista
-le combate de una manera embozada[528]. Uno de los poemas sibilinos
-proviene, á lo que parece, de aquella escuela. En cuanto á las sectas
-de Hemerobatistas, Baptistas y Elcaitas (_Sabiens_, _Mogtasila_ de
-los escritores árabes)[529], que se propagaron por Siria, Palestina
-y Babilonia en el siglo segundo, y cuyos restos subsisten aún entre
-los Mandeitas llamados «cristianos de San Juan», sin duda tuvieron el
-mismo orígen que el movimiento del Bautista y no debe considerárselas
-como la descendencia auténtica de Juan. La verdadera escuela de éste,
-medio confundida con el cristianismo, llegó á mirarse como una herejía
-cristiana y se extinguió oscuramente. Juan vió sin duda hácia qué
-parte se inclinaba el porvenir. Si hubiese obedecido á una rivalidad
-mezquina, su nombre yaceria hoy en el olvido entre la muchedumbre
-de los sectarios de su época. Su abnegacion le condujo á la gloria,
-dándole un puesto único en el panteon religioso de la humanidad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIII
-
-PRIMERAS TENTATIVAS SOBRE JERUSALEN
-
-
-Jesús, casi todos los años iba á Jerusalen á la fiesta de la Pascua.
-Los pormenores de cada uno de aquellos viajes son poco conocidos,
-porque los sinópticos no hablan de ellos[530], y las notas del cuarto
-evangelio son muy oscuras respecto á este particular[531]. Lo cierto
-es, segun parece, que el año 35, y seguramente despues de la muerte
-de Juan, fué cuando tuvo lugar la más importante de las residencias
-de Jesús en la capital. Muchos discípulos le siguieron. Aunque
-entónces Jesús daba poca importancia á la peregrinacion, se sometió á
-ella por no lastimar la opinion judía, con la que no habia roto aún
-abiertamente. Por otra parte, esos viajes entraban en sus proyectos;
-porque comprendia ya que para representar un papel de primer órden era
-preciso salir de Galilea y atacar el judaismo en su plaza fuerte, que
-era Jerusalen.
-
-La pequeña comunidad de Galilea estaba bastante fuera de su centro en
-la capital. Jerusalen, poco más ó ménos, era entónces lo mismo que es
-hoy dia, una ciudad de pedantismo, de acrimonia, de disputas, de odios
-y de nimiedades de ingenio. El fanatismo era allí extremado, y muy
-frecuentes las sediciones religiosas. Los fariseos imperaban en ella;
-el estudio de la Ley, llevado á las más insignificantes pequeñeces y
-reducido á cuestiones de casuística, era la única enseñanza. Aquella
-cultura exclusivamente teológica y canónica no contribuia en nada á
-ilustrar los entendimientos. Tenía algo de semejante á la estéril
-doctrina del faquir musulman, á esa ciencia fútil que se agita al
-rededor de una mezquita, disipacion considerable de tiempo y de
-dialéctica del todo vana, sin que la buena disciplina del entendimiento
-se aproveche de ella. La educacion teológica del clero moderno, aunque
-árida, no puede dar idea alguna de aquélla; porque el Renacimiento ha
-introducido en todas nuestras enseñanzas, áun en las más rebeldes,
-una parte de bellas letras y de buen método, que ha hecho que la
-escolástica tome más ó ménos una tintura de humanidades. La ciencia
-del doctor judío, del _sofer_ ó escriba, era puramente bárbara,
-absurda sin compensacion, desprovista de todo elemento moral[532].
-Para colmo de desgracia, llenaba de un ridículo orgullo á todo el que
-se empeñaba en abrazarla. Orgulloso del pretendido saber que tanto
-trabajo le costára, el escriba judío sentia por la cultura griega el
-mismo desprecio que el sabio musulman de nuestros dias experimenta por
-la civilizacion europea, y que el antiguo teólogo católico tenía por el
-saber de las gentes del mundo. Es propio de esas culturas escolásticas
-el alejar el espíritu de todo lo delicado, el no apreciar sino las
-difíciles nimiedades en cuya adquisicion se ha gastado la existencia,
-considerándolas como la obligacion de las personas que hicieron
-profesion de gravedad.
-
-Aquel mundo odioso no podia ménos de oprimir gravemente las almas
-sensibles y delicadas del Norte. El desprecio de los Hierosolimitanos
-hácia los Galileos hacia la separacion aún más inaccesible. En aquel
-magnífico templo, objeto de todos sus deseos, no encontraban sino
-afrenta. Un versículo del salmo de los peregrinos[533]: «He preferido
-quedarme á la puerta de la casa de mi Dios» parece hecho exprofesamente
-para ellos. Un sacerdote desdeñoso sonreia de su inocente devocion,
-casi como en otro tiempo en Italia el clero, familiarizado con los
-santuarios, presenciaba indiferente y burlon quizás, el fervor
-del peregrino que de léjos habia venido. Los Galileos hablaban un
-dialecto bastante corrompido: su pronunciacion viciosa, confundiendo
-las diversas aspiraciones, hacia que resaltasen _quid pro quos_ que
-excitaban no poco la hilaridad[534].
-
-En religion se los tenía por ignorantes y poco ortodoxos: la frase
-«simple Galileo» se habia hecho proverbial. Se creia (y no sin razon)
-que la sangre judáica estaba entre ellos muy mezclada, y se tenía por
-axioma que la Galilea no podia producir un profeta[535]. Llevados así
-al último extremo del judaismo, y casi fuera de él, los pobres Galileos
-no contaban con otra cosa para reanimar sus esperanzas, sino con un
-pasaje de Isaías bastante mal interpretado[536]:
-
-«¡Tierra de Zabulon y tierra de Nefthalí, camino del mar, Galilea de
-los gentiles! El pueblo que marchaba en la oscuridad ha visto una gran
-luz; el sol se ha levantado para los que se hallaban sumidos en las
-tinieblas.»
-
-La reputacion que gozaba la ciudad natalicia de Jesús era
-particularmente detestable. Hubo un proverbio popular que decia:
-«¿Acaso de Nazareth puede salir cosa buena?»[537].
-
-La completa aridez de la naturaleza en los alrededores de Jerusalen
-debia acabar de disgustar á Jesús. Sus valles no tienen agua; el suelo
-es árido y pedregoso. Cuando se clava la vista en la depresion del mar
-Muerto se experimenta algo de embriagador: fuera de ese lugar, todo es
-monótono. Sólo la colina de Mizpa, con sus recuerdos de la más antigua
-historia de Israel, atrae las miradas. La ciudad presentaba en tiempo
-de Jesús casi el mismo aspecto que hoy dia. No poseia ni el más pequeño
-monumento antiguo, porque hasta los Asmoneos, los judíos permanecieron
-extraños á todas las artes: Juan Hircano comenzó á embellecerla, y
-Heródes el Grande hizo de ella una de las más suntuosas ciudades de
-Oriente. Las construcciones herodianas rivalizaban con las mejores de
-la antigüedad por su carácter grandioso, lo perfecto de la ejecucion
-y la belleza de los materiales. Un crecido número de sepulcros, de un
-gusto original, se elevaba hácia el mismo tiempo en los alrededores
-de Jerusalen[538]. El estilo de aquellos monumentos era el griego,
-pero amoldado al uso de los judíos y notablemente modificado segun
-sus principios. Los ornamentos de escultura viva, que los Heródes se
-permitieron, con gran disgusto de los rigoristas, fueron desterrados,
-reemplazándolos por una decoracion vegetal. El gusto de los antiguos
-moradores de la Fenicia y de la Palestina por los monumentos monolitos
-tallados en piedra viva parecia renacer en aquellos singulares
-sepulcros abiertos en las rocas y en los que los órdenes griegos
-están caprichosamente aplicados á una arquitectura de trogloditas.
-Jesús, que consideraba las obras de arte como una pompa fútil de la
-vanidad, vió todos aquellos monumentos con disgusto[539]. Su absurdo
-espiritualismo y su opinion inmutable de que la figura del viejo mundo
-debia desaparecer, le quitaron el gusto para todo lo que no tocaba al
-corazon.
-
-El templo, en la época de Jesús, era todo nuevo, y sus obras exteriores
-aún no se habian concluido. Heródes habia hecho que su reconstruccion
-empezase el año 20 ó 21 ántes de la era cristiana, para ponerle al
-nivel de sus otros edificios. La nave del templo se acabó en diez
-y ocho meses, y los pórticos en ocho años[540]; pero las partes
-accesorias continuaron poco á poco, no terminándose sino poco tiempo
-ántes de la toma de Jerusalen[541]. Jesús vió trabajar probablemente
-en él, no sin cierto disgusto interior. Aquellas esperanzas de un
-porvenir durable eran una especie de insulto á su próximo advenimiento.
-Más perspicaz que los incrédulos y fanáticos, comprendia que aquellas
-magníficas construcciones estaban llamadas á gozar una corta
-duracion[542].
-
-Por lo demás, el templo formaba un conjunto maravillosamente
-conmovedor, y cuyo _haram_ actual[543], á pesar de su belleza, puede
-apénas dar una idea. Las galerías y pórticos que le cercaban servian
-ordinariamente de punto de reunion á una muchedumbre considerable, y
-aquel vasto sitio era á la vez el templo, el foro, el tribunal y la
-universidad. Todas las discusiones religiosas de las escuelas judías,
-todas las enseñanzas canónicas, hasta las mismas causas civiles
-y criminales, en una palabra, toda la actividad de la nacion se
-concentraba allí[544]. Aquél era un choque contínuo de argumentos, un
-palenque de disputas, oyéndose por todas partes sofismas y cuestiones
-sutiles. El templo tenía, pues, mucha semejanza con una mezquita
-musulmana. Llenos de miramiento en aquella época hácia las religiones
-extranjeras, cuando éstas permanecian en su propio territorio[545], los
-romanos se prohibian la entrada en el santuario; inscripciones griegas
-y latinas marcaban el punto hasta dónde era permitido llegar á los
-no judíos[546]. Pero la torre Antonia, cuartel general de la fuerza
-romana, dominaba todo el recinto, permitiendo observar lo que pasaba
-allí[547].
-
-El cuidado material del templo estaba á cargo de los judíos; un capitan
-del templo tenía su mayordomía, haciendo abrir y cerrar las puertas é
-impidiendo que se atravesara su circuito llevando baston en la mano,
-con el calzado sucio ó con paquetes, ó pasar por él para acortar el
-camino[548]. Se vigilaba sobre todo escrupulosamente para que nadie
-entrase en los pórticos interiores en estado de impureza legal. Las
-mujeres tenian una tribuna completamente separada.
-
-Allí fué donde Jesús pasaba sus dias durante el tiempo que permanecia
-en Jerusalen. La época de las fiestas hacia concurrir á aquella
-ciudad un inmenso gentío. Reunidos en una misma habitacion diez ó
-veinte personas, los peregrinos lo invadian todo, viviendo en ese
-hacinamiento desordenado, que tanto agrada en Oriente[549]. Jesús se
-confundia entre la muchedumbre, y sus pobres galileos agrupados en su
-derredor hacian poco efecto. Presentia, sin duda, que aquél era un
-mundo hostil para él, que no lo acogeria sino con desprecio. Todo lo
-que veia le disgustaba. El templo, como en general todos los parajes
-de devocion demasiado frecuentados, ofrecia un aspecto poco edificante.
-El servicio del culto llevaba consigo un número de detalles, sobre todo
-operaciones mercantiles, á consecuencia de las cuales se establecieron
-verdaderas tiendas en el sagrado circuito. Allí se vendian reses para
-los sacrificios, y se encontraban mesas para facilitar el cambio de la
-moneda: á veces se hubiera tomado aquello por un bazar. Los ínfimos
-empleados del templo llenaban sin duda su mision con la vulgaridad
-irreligiosa de los sacristanes de todas las edades. Aquel aire profano
-é indiferente en el manejo de las cosas santas heria el sentimiento
-religioso de Jesús, llevado, á veces, hasta el escrúpulo[550]. Decia
-que de la casa del Señor habian hecho una cueva de ladrones. Un dia,
-cuentan que se dejó llevar de la cólera, y que dió de latigazos á
-aquellos mercaderes innobles, tirando por tierra sus mesas[551]. En
-general, gustaba poco del templo: el culto que concibió por su Padre,
-nada tenía que ver con las sangrientas escenas de los sacrificios.
-Todas aquellas rancias instituciones judías le disgustaban, y sufria
-al verse obligado á consentirlas. Así pues, el templo y su local
-no inspiraron sentimientos piadosos, en el seno del cristianismo,
-sino á los cristianos judaizantes. Los verdaderos hombres nuevos
-sintieron aversion por aquel antiguo lugar sagrado. Constantino y los
-primeros emperadores cristianos dejaron subsistir donde estaban las
-construcciones paganas de Adriano[552]. Sólo fueron los enemigos del
-cristianismo, como Juliano, los que pensaron en aquel paraje[553].
-Cuando Omar entró en Jerusalen, el lugar del templo fué profanado de
-intento en ódio á los judíos[554].
-
-El Islam, es decir, una especie de resurreccion del judaismo, en toda
-su forma exclusivamente semítica, fué el que le devolvió sus honores.
-Aquel lugar fué siempre anti-cristiano.
-
-El orgullo de los judíos acababa de descontentar á Jesús y de hacerle
-penosa la permanencia en Jerusalen. Á medida que las grandes ideas
-de Israel se fortalecian, el sacerdocio se humillaba. La institucion
-de las sinagogas dió al intérprete de la Ley, al doctor, una grande
-superioridad sobre el sacerdote. No existian sacerdotes sino en
-Jerusalen, y áun allí mismo, limitados á las funciones simplemente
-rituales, casi como nuestros sacerdotes de parroquia, excluidos de
-la predicacion, estaban pospuestos al orador de la sinagoga, al
-casuista, al _sofer_ ó escriba, por más lego que fuese este último.
-Los hombres célebres del Talmud no son sacerdotes; son sabios segun
-las ideas del tiempo. El alto sacerdocio de Jerusalen gozaba, en
-verdad, de un rango muy elevado en la nacion, pero no estaba en manera
-alguna á la cabeza del movimiento religioso. El sumo pontífice, cuya
-autoridad habia sido ya deshonrada por Heródes[555], se convertia cada
-vez más en un funcionario romano[556], que se mudaba frecuentemente
-para que muchos se aprovechasen del empleo. En contraposicion de los
-fariseos, celosos seglares muy exaltados, casi todos los sacerdotes
-eran saduceos, es decir, miembros de aquella aristocracia incrédula que
-se formó al rededor del templo, viviendo del altar y teniendo en él su
-vanidad[557]. La casta sacerdotal se habia separado hasta tal punto
-del sentimiento nacional y de la gran direccion religiosa que conducia
-al pueblo, que el nombre de «saduceo» (_sadoki_), que designaba de
-antemano solamente á un miembro de la familia sacerdotal de Sadok, vino
-á ser sinónimo de «materialista» y de «epicúreo».
-
-Pero aún vino un elemento peor, despues del reinado de Heródes el
-Grande, á corromper el alto sacerdocio. Habiéndose Heródes enamorado
-de Mariana, hija de un tal Simon, hijo éste de Boethus de Alejandría,
-y habiendo querido casarse con ella (hácia el año 28 ántes de J.
-C.), no encontró otro medio para ennoblecer al padre de su futura y
-elevarle hasta él, que hacerle gran sacerdote. Aquella intrigante
-familia permaneció dueña del soberano pontificado durante treinta y
-cinco años, casi sin interrupcion[558]. Estrechamente ligada á la
-familia reinante, no se separó de él sino despues que fué depuesto
-Arquelao, volviéndose á apoderar del pontificado (el año 42 de nuestra
-era) despues que Heródes Agrippa rehizo por algun tiempo la obra de
-Heródes el Grande. Bajo el nombre de _Boethusim_[559], se formó así
-una nueva nobleza sacerdotal, muy mundana, muy poco devota, que casi
-se confundió con los Sadokitas. Los _Boethusim_, en el Talmud y en los
-escritos rabínicos, están presentados como dos especies de incrédulos,
-y siempre cerca de los saduceos[560]. De todo esto resultó al rededor
-del templo una especie de córte de Roma, viviendo de la política, poco
-dada á los excesos de celo, áun esquivándolos, no queriendo oir hablar
-de personajes santos, de innovadores, porque se aprovechaba de la
-rutina establecida. Estos sacerdotes epicúreos no tenian la violencia
-de los fariseos; sólo querian el reposo: su frivolidad moral y su fria
-irreligion hacian sublevarse á Jesús; y aunque diferentes en sí, le
-eran de igual modo antipáticos. Pero extranjero y sin crédito, debia
-guardar para sí, durante bastante tiempo, su disgusto y no comunicar
-sus sentimientos sino á la sociedad íntima que le acompañaba. Ántes de
-la última residencia, más larga con mucho que todas las que permaneció
-en Jerusalen, y que terminó por su muerte, Jesús ensayó, no obstante,
-hacerse escuchar. Predicó; se habló de él; se ocuparon de ciertos
-actos que consideraban como milagrosos. Pero de todo esto no resultó
-ni el establecimiento de una iglesia en Jerusalen, ni un número de
-discípulos hierosolimitanos. El elocuente doctor que perdonaba á todos
-con tal que le amasen, no debia encontrar eco en un santuario de
-disputas vanas y de sacrificios arraigados. Sólo consiguió con esto
-algunas buenas relaciones, de las que más tarde recogió el fruto. No
-es de suponer que entónces trabase conocimiento con la familia de
-Bethania que le prodigó, en medio de las pruebas de sus últimos meses,
-tantos consuelos. Pero desde el principio llamó la atencion de un
-tal Nicodemo, rico fariseo, miembro del sanedrin, y muy considerado
-en Jerusalen[561]. Ese hombre, que parecia honrado y de buena fe, se
-sintió arrastrado hácia el jóven galileo. No queriendo comprometerse,
-fué á verle de noche y tuvo con él una larga conferencia[562]. De ella
-guardó, sin duda, una favorable impresion, porque más tarde defendió á
-Jesús contra las prevenciones de sus cofrades[563], y, á la muerte de
-Jesús, volvemos á hallarle prodigando piadosos cuidados al cadáver del
-maestro[564]. Nicodemo no se hizo cristiano; creyó que su posicion se
-lo impedia en un momento revolucionario, en que la religion no contaba
-aún prosélitos ilustres. Pero evidentemente prodigó gran amistad á
-Jesús dispensándole servicios, aunque sin poder arrancarle á una muerte
-cuyo decreto, á la época en que llegamos, estaba como escrito.
-
-En cuanto á los doctores célebres de su tiempo, no parece que Jesús
-tuviera relaciones con ellos. Hillel y Schammai habian muerto: la mayor
-autoridad de la época era Gamaliel, nieto de Hillel, inteligencia clara
-y hombre de mundo, dedicado á los estudios profanos, y acostumbrado
-á la tolerancia por su comercio con la alta sociedad[565]. Al reves
-de los fariseos, muy severos, que caminaban envueltos en un velo ó
-con los ojos cerrados, él miraba á las mujeres, sin exceptuar á las
-paganas[566]. La tradicion le excusó, así como haber sabido el griego,
-porque le acercaba á la córte. Despues de la muerte de Jesús manifestó
-sobre la nueva secta miras muy templadas[567]. San Pablo salió de su
-escuela[568]. Pero es muy probable que Jesús jamás entró en ella.
-
-Un pensamiento al ménos que Jesús sacó de Jerusalen, y que desde
-entónces parecia arraigarse en él, fué que no habia pacto posible
-con el antiguo culto judío; la abolicion de los sacrificios, que
-le causaron tanto disgusto; la supresion de un sacerdocio impío y
-altanero, y hasta cierto punto la abrogacion de la ley, le parecieron
-de absoluta necesidad.
-
-Á partir de ese momento, se coloca, no como reformador judío, sino como
-destructor del judaismo. Algunos partidarios de las ideas mesiánicas
-habian admitido ya que el Mesías sería el portador de una nueva Ley,
-comun á toda la tierra[569]. Los Esenios, que apénas eran judíos,
-parecian ser tambien indiferentes al templo y á las observancias
-mosáicas. Pero sólo eran atrevimientos aislados y no consentidos. Jesús
-fué el primero que se atrevió á decir que á partir de él, ó mejor á
-partir de Juan[570], la Ley no existia ya. Si alguna vez empleaba
-términos más discretos[571], era por no chocar abiertamente con las
-preocupaciones admitidas. Cuando le ponian en el disparador, descorria
-todos los velos y declaraba que la Ley no tenía ninguna fuerza. Á
-propósito de esto, se valia de enérgicas comparaciones: «Nadie á un
-vestido viejo echa un remiendo de paño nuevo; tampoco echa nadie vino
-nuevo en cueros viejos»[572].
-
-Hé ahí en la práctica, su acto de maestro y de creador. Aquel templo
-excluyó de su seno los no judíos por medio de carteles afrentosos.
-Jesús rechaza el templo. Aquella Ley estrecha, dura, sin caridad,
-no se hizo sino para los hijos de Abraham. Jesús pretende que todo
-hombre de buena voluntad, todo hombre que le acoja y le ame es hijo de
-Abraham[573]. El orgullo de la sangre le parecia el enemigo capital
-que debia combatir. Jesús, en otros términos, no es ya un judío. Es
-revolucionario al más alto grado; llama á todos los hombres á un
-culto fundado sobre su sola cualidad de hijos de Dios. Proclama los
-derechos del hombre, no los derechos del judío; la religion del hombre,
-no la religion del judío; la salvacion del hombre, no la salvacion
-del judío[574]. ¡Ah, cuán léjos estamos de un Júdas Gaulonita, de un
-Matías Margaloth, predicando la revolucion en nombre de la Ley! La
-religion de la humanidad, establecida, no sobre la sangre, sino sobre
-el corazon, queda fundada. Se ha ido más allá que Moisés; el templo no
-tiene ya razon de ser, y es irrevocablemente condenado.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIV
-
-RELACIONES DE JESÚS CON LOS GENTILES Y LOS SAMARITANOS
-
-
-Consecuente á estos principios, Jesús despreciaba todo lo que no era
-la religion del corazon. Las vanas prácticas de los devotos[575] y
-el rigorismo exterior, que espera alcanzar la salvacion por medio de
-mojigaterías, hallaban en él un enemigo mortal. Se cuidaba poco del
-ayuno[576] y preferia el perdon de una ofensa á los sacrificios[577].
-El amor de Dios, la caridad, el perdon recíproco, hé ahí toda su
-ley[578]; nada ménos sacerdotal que esto. El sacerdote, por su estado,
-induce siempre al sacrificio público, del cual es el ministro obligado,
-y disuade de la oracion privada, que es un medio de no necesitar
-de él. En vano se buscará en el Evangelio una práctica religiosa
-recomendada por Jesús. El bautismo sólo tiene para él una importancia
-secundaria[579]; y en cuanto á la oracion, nada establece, sino que se
-haga de corazon.
-
-Muchos, como sucede siempre, creyeron reemplazar por el buen deseo de
-las almas débiles el verdadero amor del bien, y se imaginaron ganar
-el reino del cielo diciéndole: «_Señor, Señor._» Jesús los rechazaba
-proclamando que su religion era el hacer bien[580]. Frecuentemente
-citaba el pasaje de Isaías: «Este pueblo me honra con sus labios, pero
-su corazon está léjos de mí»[581].
-
-El sábado era el punto capital sobre el que se elevaba el edificio
-de los escrúpulos y de las sutilezas farisáicas. Aquella excelente
-y antigua institucion vino á ser un pretexto de mezquinas disputas
-de casuitas y una causa perenne de supersticiosas creencias[582]. Se
-creia que la naturaleza guardaba su observancia; todos los manantiales
-intermitentes pasaban por «sabáticos»[583]. Éste era tambien el
-punto sobre que Jesús se complacia en retar á sus adversarios[584].
-Quebrantaba abiertamente el sábado, y no respondia á los cargos que
-se le hacian, sino por medio de sátiras ingeniosas. Con mayor motivo
-despreciaba una porcion de preceptos modernos, que la tradicion habia
-añadido á la Ley, y que, por la misma razon, eran más apreciados de
-los devotos. Las abluciones, las diferencias demasiado sutiles de las
-cosas puras ó impuras no encontraban en él compasion ni misericordia.
-«¿Podeis lavar vuestra alma de esa manera?--les decia:--No mancilla al
-hombre lo que come, sino lo que sale de su corazon.»
-
-Los fariseos, propagadores de esas hipócritas nimiedades, eran el
-blanco á que se dirigian todos sus tiros. Los acusaba de exagerar la
-Ley, de inventar preceptos imposibles, á fin de crear á los hombres
-ocasiones de pecar. «Ciegos, lazarillos de ciegos,--decia,--cuidado
-con caer en el hoyo.»--«Raza de víboras,--añadia en secreto,--no
-hablan sino del bien, pero en su interior son malvados; desmienten el
-proverbio: “La boca no vierte sino lo que rebosa el corazon”[585].»
-Jesús no conocia bastante á los gentiles para pensar establecer sobre
-su conversion alguna cosa sólida. La Galilea contaba gran número de
-paganos, pero no, á lo que parece, un culto organizado y público de
-los falsos dioses[586]. Jesús pudo ver desplegarse este culto en todo
-su esplendor en el país de Tyro y de Sidon, en Cesárea de Filipo y en
-la Decápola. De todo eso hizo poco caso. Jamás se encuentra en él ese
-pedantismo insoportable de los judíos de su época, esas declamaciones
-contra la idolatría tan familiares á sus correligionarios, á partir
-de Alejandro, y de que está lleno, por ejemplo, el libro de la
-«Sabiduría»[587]. Lo que le chocaba en los paganos no era su idolatría,
-sino su servilismo[588]. El jóven demócrata judío, hermano en esto de
-Júdas el Gaulonita, no reconociendo por dueño sino á Dios, se agraviaba
-de los honores que se tributaban á la persona de los soberanos y de
-los títulos frecuentemente falaces que se les prodigaban. Excepto en
-esto, en la mayor parte de las circunstancias en que se encontraba con
-los paganos mostraba con ellos una gran indulgencia; á veces parecia
-concebir más esperanzas sobre ellos que sobre los judíos[589]. El reino
-de Dios les será transferido. «Cuando un propietario está descontento
-de aquel á quien ha alquilado su viña, la arrienda á otros labradores
-que le paguen los frutos á su tiempo»[590]. Jesús debia mantenerse
-tanto más en esta opinion, cuanto que la conversion de los gentiles
-era, segun las ideas judías, una de las señales más ciertas de la
-venida del Mesías[591]. En su reino de Dios hace sentar al festin, al
-lado de Abraham, de Isaac y de Jacob, hombres originarios de todas
-partes, miéntras que rechaza á los herederos legítimos del reino[592].
-Cierto es que frecuentemente se cree hallar en las órdenes que da á sus
-discípulos una tendencia del todo contraria: parece recomendarles que
-no prediquen la salvacion sino solamente á los judíos ortodoxos[593],
-y habla de los paganos de una manera conforme á las prevenciones de
-los judíos[594]. Pero es necesario acordarse de que los discípulos,
-cuyo escaso entendimiento no se avenia á esa gran indiferencia por la
-cualidad de hijos de Abraham, pudieron muy bien hacer doblegar las
-instituciones del maestro en el sentido de sus propias ideas. Por otra
-parte, es muy posible que Jesús variase respecto á este punto de la
-misma manera que Mahoma habla de los judíos en el Coran, tan pronto
-del modo más conveniente como con una extrema dureza, segun espera ó
-no atraerlos hácia sí. La tradicion, en efecto, concede á Jesús dos
-reglas de proselitismo enteramente contrarias y que pudo practicar
-sucesivamente: «Quien no es contrario vuestro, de vuestro partido
-es;--el que no está por mí, contra mí está»[595]. Esta especie de
-contradicciones ocasiona, casi necesariamente, una lucha apasionada.
-
-Lo cierto es, que entre sus discípulos contaba diferentes personas
-de las que los judíos designaban con el nombre de «Helénicos»[596].
-Esta palabra tenía en Palestina muy diversas significaciones. Unas
-veces se designaba con ella á los paganos, otras á los judíos que
-hablaban griego y vivian entre aquéllos[597], otras á las personas de
-orígen pagano convertidas al judaismo[598]. Lo probable es que Jesús
-encontrase más simpatías en esta última clase de Helénicos[599].
-La afiliacion al judaismo tenía muchos grados, pero los prosélitos
-permanecian siempre en un estado de inferioridad con respecto al judío
-de nacimiento. Los que nos ocupan al presente eran llamados «prosélitos
-de la puerta» ó «personas timoratas de Dios», que se sometian á los
-preceptos de Noé, y no á los mosáicos[600]. Esa misma inferioridad
-era sin duda alguna la causa que los acercaba á Jesús y les valia su
-estimacion.
-
-De la misma manera obraba con los samaritanos. Cercada como un islote
-entre las dos grandes provincias del judaismo (la Judea y la Galilea),
-la Samaria formaba en Palestina una especie de territorio ó distrito,
-donde se conservaba el antiguo culto del Garizim, hermano y rival del
-de Jerusalen. Aquella pobre secta, que no tenía ni el genio ni la
-sábia organizacion del judaismo propiamente dicho, era tratada por los
-hierosolimitanos con extremada dureza[601]. Los que á ella pertenecian
-eran considerados por el mismo prisma que los paganos, concediéndoles
-un grado de mayor desprecio[602]. Jesús, por una especie de oposicion,
-estaba animado en su favor. Muchas veces prefiere los samaritanos
-á los judíos ortodoxos. Si en algunas ocasiones parece prohibir á
-sus discípulos que vayan á predicarles, reservando su Evangelio
-para los israelitas puros[603], es sin duda un precepto hijo de las
-circunstancias, al cual los apóstoles dieron un sentido demasiado
-absoluto. Algunas veces los samaritanos le recibian mal, suponiéndole
-imbuido en las preocupaciones de sus correligionarios[604]; del mismo
-modo que en nuestros dias, el europeo despreocupado es para los
-musulmanes un enemigo á quien siempre se cree cristiano fanático. Jesús
-sabía colocarse por cima de esos errores[605]. Tuvo muchos discípulos
-en Sichem, donde pasó dos dias[606]. En cierta situacion, no encuentra
-ni gratitud, ni verdadera piedad, sino en casa de un samaritano[607].
-Una de sus mejores parábolas es la del hombre herido en el camino de
-Jericó. Un sacerdote pasa, le ve y prosigue su camino. Un levita pasa
-y no se detiene. Un samaritano le compadece, se acerca á él, derrama
-aceite en sus heridas y las venda[608]. Jesús deduce de esto que la
-verdadera fraternidad se establece entre los hombres por la caridad y
-no por la fe religiosa.
-
-El «prójimo», que en el judaismo era sobre todo el correligionario, es
-para él el hombre que tiene piedad de sus semejantes, sin distincion de
-sectas. La fraternidad humana en el sentido más lato rebosaba en todas
-sus lecciones.
-
-Estos pensamientos, que asediaban á Jesús á su salida de Jerusalen,
-encontraron su viva expresion en una anécdota que ha sido conservada
-respecto á su regreso. El camino de Jerusalen, en Galilea, pasa á una
-media hora de Sichem[609] delante de la explanada del valle que dominan
-los montes Ebal y Garizim. Los peregrinos judíos evitaban en general
-aquel camino, prefiriendo en sus viajes dar el gran rodeo de la Perea
-más bien que exponerse á las vejaciones de los samaritanos ó á pedirles
-alguna cosa. Estaba prohibido comer y beber con ellos[610]; el axioma
-de algunos casuistas era «que un pedazo de pan de los samaritanos es
-carne de puerco»[611]. Cuando se emprendia aquel camino, se hacian,
-pues, de antemano las provisiones; y áun así raramente se evitaban las
-pendencias y los malos tratamientos[612]. Jesús no participaba ni de
-aquellos escrúpulos, ni de esos temores. Cuando hubo llegado al punto
-del camino en que hácia la izquierda se abre el valle de Sichem, se
-sintió fatigado y se detuvo cerca de un pozo. Los samaritanos tenian,
-lo mismo entónces que hoy en dia, la costumbre de poner á todos los
-parajes de sus valles, nombres sacados de los recuerdos patriarcales;
-aquel pozo le miraban como dado á José por Jacob; probablemente era el
-mismo que áun hoy dia se llama _Bir-Iakoub_. Los discípulos entraron en
-el valle y fueron á la ciudad á comprar provisiones; Jesús se sentó en
-el borde del pozo, teniendo á su vista á Garizim.
-
-Era mediodía próximamente. Una mujer de Sichem vino á sacar agua. Jesús
-la pidió de beber, lo cual la asombró muchísimo, porque los judíos se
-prohibian de ordinario todo comercio con los samaritanos. Subyugada por
-la plática de Jesús, la mujer reconoció en él un profeta, y esperando
-sin duda reconvenciones acerca de su culto, tomó la delantera,
-diciendo: «Señor, nuestros padres adoraron sobre esta montaña, miéntras
-que vosotros decís que en Jerusalen está el lugar donde se debe
-adorar.»--«Mujer, créeme á mí, le respondió Jesús:--ya llega el tiempo
-en que ni en este monte ni en Jerusalen adoraréis al Padre; ya llega el
-tiempo en que los verdaderos adoradores le adorarán en espíritu y en
-verdad»[613].
-
-El dia en que pronunció esa frase fué verdaderamente hijo de Dios,
-diciendo por vez primera la palabra sobre la cual descansará el
-edificio de la religion eterna. Con ella fundó el culto puro, sin
-fecha, sin patria; el culto que practicarán las almas elevadas hasta
-el fin de los siglos. Desde aquel dia, no solamente su religion fué
-la religion de la humanidad, sino la absoluta; y si en otros planetas
-hay habitantes dotados de razon y de moralidad, su religion no puede
-ser diferente de la que Jesús proclamó junto al pozo de Jacob. El
-hombre no ha podido permanecer en ella, porque lo ideal no se alcanza
-sino por un momento. La palabra de Jesús fué un relámpago en una
-noche oscura; han sido necesarios mil ochocientos años para que los
-ojos de la humanidad (es decir, de una parte sumamente ínfima de la
-humanidad) se hayan habituado á ella. Pero el relámpago se convertirá
-en luz permanente, y despues de haber recorrido todos los círculos de
-los errores, la humanidad volverá á esa palabra, como á la expresion
-inmortal de su fe y de sus esperanzas.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XV
-
-PRINCIPIO DE LA LEYENDA DE JESÚS -- IDEA QUE TIENE ÉL MISMO DE SU
-MISION SOBRENATURAL
-
-
-Cuando Jesús volvió á Galilea, no conservaba en su corazon ni un átomo
-de fe judía, y entónces se le ve lleno de entusiasmo revolucionario,
-expresando sus ideas con perfecta claridad. Los inocentes aforismos
-de su primera edad profética, tomados en parte de la doctrina de
-los rabinos anteriores á él, y las bellas predicaciones morales de
-su segundo período, se han convertido en una política decisiva. La
-Ley quedará abolida, y es él quien la abolirá[614]. El Mesías ha
-venido, y no es otro que él, Jesús; el reino de Dios se revelará bien
-pronto á los hombres, y es él quien habrá de revelarle. Jesús sabe
-que será víctima de su atrevimiento; pero el reino de Dios no puede
-ser conquistado sin violencia; debe establecerse por medio de las
-conmociones y de las penalidades[615]. El «Hijo del hombre» vendrá
-despues de su muerte, lleno de gloria y en compañía de legiones de
-ángeles, á confundir á aquellos que le rechazaron.
-
-No debe sorprendernos la audacia de semejante concepcion. Desde hacia
-mucho tiempo, Jesús se consideraba respecto á Dios, como un hijo
-respecto á su padre. Lo que en otros habria sido vanidad insoportable,
-no debe mirarse en él como un atentado.
-
-El primer título que aceptó fué el de «Hijo de David», y probablemente
-le aceptó sin recurrir á los inocentes fraudes por medio de los cuales
-se trató de asegurársele. Segun parece, la familia de David se habia
-extinguido desde hacia mucho tiempo[616]; los Asmoneos no pretendieron
-jamás atribuirse tal descendencia; y ni á Heródes ni á los romanos les
-pasó por la mente el que existiese en torno de ellos un representante
-de los derechos de la antigua dinastía. Pero desde el fin de los
-Asmoneos, todas las imaginaciones deliraban con un descendiente
-desconocido de los antiguos reyes, el cual vengaria á la nacion de sus
-enemigos. La creencia general era que el Mesías sería hijo de David, y
-que, como él, naceria en Bethlehem[617]. Sin duda no fué éste el primer
-sentimiento de Jesús; el recuerdo de David, que preocupaba á la mayoría
-del pueblo judío, nada tenía de comun con su reino celestial. Creíase
-hijo de Dios y no de David; su reino y el rescate que meditaba, eran
-de otra especie muy distinta. Pero respecto á esto, la opinion general
-violentó hasta cierto punto sus intenciones. La consecuencia inmediata
-de esta proposicion: «Jesús es el Mesías», era esta otra: «Jesús es
-hijo de David.» Así, pues, dejóse dar un título, sin el cual no podia
-prometerse éxito alguno, y concluyó, á lo que parece, por adoptarle con
-el mayor gusto, puesto que se apresuraba á ejecutar los milagros que se
-le pedian, interpelándole de ese modo[618]. Verdad es que en esto, como
-en otras várias circunstancias de su vida, Jesús no hizo sino amoldarse
-á las ideas que más boga alcanzaban en su tiempo, aunque aquellas
-ideas no fuesen precisamente las suyas. Á su dogma del «reino de Dios»
-asociaba todo cuanto podia contribuir á enardecer el corazon y la
-imaginacion del pueblo. Así es como le hemos visto adoptar el bautismo
-de Juan, ceremonia que en rigor no debia importarle gran cosa.
-
-Una grave dificultad se presentaba respecto al título mencionado,
-cual era su nacimiento en Nazareth, circunstancia conocida de todo el
-mundo. ¿Tuvo Jesús que luchar contra esta objecion? Se ignora. Quizás
-este inconveniente no se presentó nunca en Galilea, en cuya comarca
-no se hallaba muy extendida la idea de que el hijo de David habia de
-ser un bethlehemmitano. Para el idealista galileo, el título de Hijo
-de David estaba, por otra parte, suficientemente justificado con tal
-de que aquel á quien se le concediese, realzase la gloria de su raza
-é hiciera lucir dias de ventura en el oriente de Israel. ¿Autorizó
-Jesús con su silencio las genealogías ficticias que sus partidarios
-imaginaron para probar su régia estirpe?[619]. ¿Tuvo noticia de las
-leyendas inventadas para hacerle nacer en Bethlehem, y en particular
-del rodeo de que se valieron para relacionar su orígen bethlehemmitano
-con el empadronamiento que se verificó por órden del legado imperial
-Quirinus?[620]. Nada se sabe. La incertidumbre y las contradicciones
-de las genealogías[621] hacen creer que fueron el resultado de un
-trabajo popular que se operaba en diversos puntos, y que ninguna de
-ellas fué sancionada por Jesús[622], el cual no se designa jamás como
-hijo de David. Ménos ilustrados que él, sus discípulos exageraban á
-menudo sus palabras, sin que Jesús tuviera muchas veces conocimiento de
-aquellas exageraciones. Añadamos que, durante los tres primeros siglos
-de nuestra era, considerables fracciones del cristianismo[623] negaron
-con obstinacion la descendencia régia de Jesús y la autenticidad de las
-tales genealogías.
-
-Su leyenda era, pues, el fruto de una gran conspiracion completamente
-espontánea, y se elaboraba á su alrededor áun ántes de su muerte. Todos
-los grandes acontecimientos de la historia han dado lugar á un ciclo
-de fábulas más ó ménos inverosímiles, y aunque Jesús hubiese querido,
-no le habria sido fácil sustraerse á esas creaciones populares. Una
-vista un poco sagaz habria podido reconocer desde entónces el gérmen
-de los relatos que debian atribuirle un nacimiento sobrenatural, bien
-en virtud de la idea, muy general entre los antiguos, de que ningun
-hombre extraordinario puede nacer de las relaciones comunes entre
-ambos sexos; bien para responder á un capítulo mal interpretado de
-Isaías[624], en el cual creian ver que el Mesías naceria de una vírgen;
-bien, en fin, como consecuencia de la idea de que el «Hálito de Dios»,
-erigido ya en hipóstasis divina, es un principio de fecundidad[625].
-Tal vez circulaba ya respecto á su infancia más de una anécdota
-concebida con la intencion de demostrar en su biografía el cumplimiento
-del ideal mesiánico[626], ó, mejor dicho, de las profecías que la
-exegésis alegórica de la época enlazaba con el Mesías. Otras veces
-supónesele relacionado desde la cuna con hombres célebres, tales
-como Juan Bautista, Heródes el Grande, astrólogos caldeos que, segun
-dicen, hicieron por aquel tiempo un viaje á Jerusalen[627], y por
-último, con dos ancianos, Simeon y Anna, que habian dejado recuerdos de
-gran santidad[628]. Á todas esas combinaciones, fundadas en su mayor
-parte sobre hechos verdaderos, aunque desfigurados[629], presidia una
-cronología bastante tímida. Pero en todas esas fábulas resaltaba un
-espíritu de dulzura y bondad y un sentimiento completamente popular,
-que hacia de ellas como un suplemento de la predicacion[630]. Esos
-relatos se propagaron de un modo extraordinario despues de la muerte
-de Jesús; sin embargo, puede creerse que ya circulaban en vida del
-maestro, no encontrando sino una piadosa credulidad y una cándida
-admiracion.
-
-Lo que de todos modos se halla fuera de duda es, que Jesús no pensó
-nunca en hacerse pasar por una encarnacion de Dios. Esta idea era
-completamente extraña al espíritu judáico, y ningun indicio de ella
-se encuentra en los evangelios de los sinópticos[631]; sólo se halla
-indicada en algunas partes del evangelio de Juan, el cual no puede
-aceptarse como el eco del pensamiento de Jesús. Y áun este mismo
-evangelista parece tomar de cuando en cuando sus precauciones para
-rechazar semejante doctrina[632]. La acusacion de que Jesús se proclama
-Dios ó el igual de Dios se presenta, áun en el evangelio de Juan,
-como una calumnia de los judíos[633]. En el último evangelio, Jesús
-declara que es inferior á su Padre[634], y en otras partes confiesa
-que su Padre no se lo ha revelado todo[635]. Cree, sí, que es algo
-más que un hombre extraordinario, aunque separado de Dios por una
-distancia inmensa. Jesús es hijo de Dios; pero todos los hombres lo
-son ó pueden llegar á serlo en grados diferentes[636]. Dios es el
-padre á quien debe llamarse con ese nombre cada dia, á cada momento, y
-todos los resucitados serán hijos suyos[637]. La filiacion divina se
-atribuia en el Antiguo Testamento á seres que de ningun modo se trataba
-de igualar con Dios[638]. En los idiomas semíticos, así como en el
-lenguaje del Nuevo Testamento, se da á la palabra «hijo» un sentido
-sumamente lato[639]. Además, la idea que Jesús forma del hombre no es
-esa idea humilde que introdujo despues un glacial deismo. En su poética
-concepcion de la naturaleza, un hálito único penetra el universo; Dios
-habita en el hombre, vive en él, de igual manera que el hombre habita
-en Dios y vive en Dios[640]. El eminente idealismo de Jesús no le
-permitió nunca tener una idea bien clara de su propia personalidad:--Él
-es su Padre, y su Padre es él; vive en sus discípulos, está con ellos
-en todas partes[641], y él y sus discípulos son uno, así como su Padre
-y él no son sino una misma cosa[642]. Para él, la idea es el todo; el
-cuerpo, que forma la distincion de las personas, no es nada.
-
-De este modo, el título de «Hijo de Dios», ó de «Hijo»[643]
-sencillamente, llegó á ser para Jesús un título análogo al de «Hijo del
-hombre», y, como éste, sinónimo de «Mesías»; pero con la diferencia de
-que él se llamaba á sí mismo «Hijo del hombre» y de que nunca hizo uso,
-á lo que parece, de la palabra «Hijo de Dios»[644]. El título de «Hijo
-del hombre» expresaba su cualidad de juez; el de «Hijo de Dios» su
-poder y su participacion en los supremos designios. Ese poder no tiene
-límites; su Padre le ha conferido ámplias facultades para todo, hasta
-para cambiar el sábado[645]. Nadie conoce al Padre sino por él[646].
-El Padre le ha trasmitido exclusivamente el derecho de juzgar[647]. La
-naturaleza le obedece, pero tambien obedece á cualquiera que cree y
-ora, porque la fe lo puede todo[648]. Es menester recordar que ni en
-la mente de Jesús, ni en la de aquellos que le escuchaban, no habia
-ninguna idea, respecto á las leyes de la naturaleza, capaz de marcar
-el límite de lo imposible. Los testigos de sus milagros dan gracias á
-Dios por haber concedido á los hombres semejante potestad[649]. Jesús
-perdona los pecados[650], y es superior á David, á Abraham, á Salomon
-y á los profetas[651]. Ignoramos bajo qué forma y de qué manera se
-producian esas afirmaciones. Jesús no debe ser juzgado por la regla
-de nuestras mezquinas conveniencias. La admiracion de sus discípulos
-sacaba sus ideas fuera del cauce primitivo, y es evidente que ya no le
-satisfacia el título de _rabbí_ con que en un principio se contentara;
-áun el título mismo de profeta ó de enviado de Dios no respondia ya á
-su pensamiento. Atribuíase la posicion de un sér sobrenatural y queria
-que se le considerase respecto á Dios en una relacion más inmediata,
-más íntima que los demás. Pero es necesario tener presente que las
-palabras «sobrehumano» y «sobrenatural», tomadas de nuestra mezquina
-fraseología, carecian de sentido en la elevada conciencia religiosa de
-Jesús. La naturaleza y el desarrollo de la humanidad no eran para él
-reinos limitados fuera de Dios, no eran ruines realidades sujetas á
-las leyes de un desesperante empirismo. Para él no habia sobrenatural,
-porque no habia naturaleza. Embriagado de amor infinito, olvidaba
-la pesada cadena que retiene cautivo al espíritu, y franqueaba de un
-solo salto el abismo, para muchos infranqueable, que la pobreza de las
-facultades humanas traza entre el hombre y Dios.
-
-No puede negarse que en esas afirmaciones de Jesús se hallaba ya
-el gérmen de la doctrina que debia luégo convertirle en hipóstasis
-divina[652], identificándole con el Verbo, ó en «segundo Dios»[653],
-ó en hijo mayor de Dios[654], ó en _ángel metatrono_[655], doctrina
-que la teología judáica creaba tambien por su parte[656]. Á fin de
-corregir el extremado rigor del antiguo monoteismo, aquella teología
-experimentaba la necesidad de colocar cerca de Dios un asesor, en el
-cual delegase el Padre eterno el gobierno del universo. La creencia de
-que ciertos hombres eran encarnaciones de facultades ó de «potencias»
-divinas se hallaba muy generalizada; por aquella misma época habia
-entre los Samaritanos un taumaturgo, llamado Simon, á quien se
-identificaba con la «gran virtud de Dios»[657]. Desde hacia casi
-dos siglos, los entendimientos especulativos del judaismo tendian
-á personificar ó, mejor dicho, á formar personas diferentes de los
-atributos divinos y de ciertas expresiones que se relacionaban con la
-divinidad. El «Hálito de Dios», de que frecuentemente se hace mérito
-en el Antiguo Testamento, se consideraba como un sér aparte, llamado
-_Espíritu Santo_. De igual manera la «Sabiduría de Dios» y la «palabra
-de Dios» llegan á ser personas que existen por sí mismas. El gérmen del
-procedimiento fué, pues, el que engendró los _Sephiroth_ de la cábala,
-los _Æons_ del gnosticismo, las hipóstasis cristianas, toda esa árida
-mitología que consiste en abstracciones personificadas, y á la cual
-tiene que recurrir el monoteismo cuando quiere introducir en Dios la
-multiplicidad.
-
-Jesús parece haber permanecido extraño á esos teológicos refinamientos,
-que muy pronto debian llenar el mundo de estériles disputas. La teoría
-metafísica del Verbo, tal como se encuentra en los escritos de su
-contemporáneo Filon, en los _Targums_ caldeos, y hasta en el libro
-de la «Sabiduría»[658], no traspira ni en las _Logia_ de Matheo, ni
-en general en ninguno de los sinópticos, intérpretes tan auténticos
-de las palabras de Jesús. En efecto, nada tenía de comun con el
-mesianismo la doctrina del Verbo; ni el Verbo de Filon, ni el de los
-Targums es el Mesías. Los que despues trataron de probar que Jesús
-era el Verbo y crearon en este sentido toda una nueva teología, muy
-diferente de la del reino de Dios, fueron Juan el evangelista ó los
-discípulos de su escuela[659]. El papel esencial del Verbo es el de
-creador y de providencia; esto supuesto, Jesús no pretendió jamás
-haber creado el mundo, ni mucho ménos gobernarle. Su mision será
-juzgarle, renovarle. El atributo esencial que Jesús se atribuye, el
-que le conceden todos los primeros cristianos, es el de presidente del
-juicio final del género humano[660]. Hasta entónces, permanece sentado
-á la diestra de Dios como su _Metatrono_, como su primer ministro y
-futuro vengador[661]. El Cristo de las bóvedas bizantinas, juez del
-mundo, sentado en medio de apóstoles semejantes á él y superiores
-á los ángeles, que no hacen sino asistir y servir, es la exacta
-representacion figurada de esa concepcion del «Hijo del hombre», cuyos
-primeros rasgos aparecen ya fuertemente indicados en el Libro de Daniel.
-
-De todos modos, el rigor de una escolástica discurrida no se hallaba en
-semejante órden de cosas. El conjunto de ideas que acabamos de exponer
-formaba en el ánimo de los discípulos un sistema tan inseguro, que
-hacen obrar al Hijo de Dios, á esa especie de division de la divinidad,
-como si fuera un hombre ni más ni ménos que los otros. Jesús es tentado
-por el demonio, ignora muchas cosas y corrige ó rectifica sus propias
-palabras[662]; se muestra abatido, desanimado, pide á su padre que le
-evite la amargura de las pruebas, y se somete á la voluntad de Dios
-como un hijo[663]. Él, que debe juzgar el mundo, no sabe cuándo llegará
-el dia del juicio[664]. Vésele tambien tomar precauciones respecto á
-su seguridad, amenazada por sus enemigos[665]. Poco tiempo despues de
-su nacimiento, su familia se ve obligada á esconderle á fin de evitar
-la persecucion de hombres poderosos, que quieren matarle[666]. En
-los exorcismos, el diablo disputa con él y no abandona el cuerpo del
-paciente á la primera intimacion[667]. Al operar los milagros, nótase
-en él un penoso esfuerzo, como aquel que violenta su voluntad[668].
-Todo esto no es sino la obra de un enviado de Dios, de un hombre á
-quien Dios protege y favorece[669]. Inútil sería buscar en semejante
-exposicion de ideas lógica y consecuencia. La necesidad que tenía Jesús
-de acreditarse, y el entusiasmo de sus discípulos, aglomeraban nociones
-contradictorias. Para los mesianistas de la escuela milenaria, para
-los apasionados lectores de los libros de Daniel y de Henoch, Jesús
-era el «Hijo del hombre»; para los judíos de la creencia comun, para
-los lectores de Isaías y de Miqueas, era el «Hijo de David»; para los
-afiliados, era el «Hijo de Dios» ó simplemente el «Hijo». Otros, sin
-que por ello merecieran la censura de los discípulos, le tomaban por
-Juan Bautista resucitado, por Elías, ó por Jeremías, conforme á la
-creencia popular de que los antiguos profetas vendrian á preparar la
-época del Mesías[670].
-
-El entusiasmo, produciendo la conviccion y alejando hasta la sombra de
-una duda, servia de escudo á esas atrevidas afirmaciones. Á nosotros,
-naturalezas frias y timoratas, no nos es fácil comprender cómo la
-idea de que el hombre se hace apóstol puede llegar á poseerle hasta
-ese extremo. La conviccion, con arreglo al prisma racional y severo á
-traves del cual miran las acciones los individuos de nuestras razas
-pensadoras, significa la sinceridad para consigo mismo. Pero en los
-pueblos orientales, poco acostumbrados á las delicadezas del espíritu
-crítico, la sinceridad para consigo mismo no significa gran cosa. Á
-los ojos de nuestra rígida conciencia, la buena fe y la impostura
-se rechazan entre sí como dos términos irreconciliables. En Oriente
-no sucede lo mismo: entre uno y otro término caben innumerables
-subterfugios y sutilezas. Los autores de los libros apócrifos (por
-ejemplo, de Daniel y de Henoch), esos hombres tan ensalzados, cometian
-en favor de su causa, y de seguro sin la menor sombra de escrúpulo, lo
-que nosotros calificariamos de falsedad y fraude. Los orientales dan
-poca importancia á la verdad material, y todo lo ven por el prisma de
-sus ideas, de sus intereses y de sus pasiones.
-
-Si no se admiten respecto á la sinceridad diferentes grados, la
-historia es imposible. El pueblo es el autor de todas las grandes
-cosas, y siendo así, para conducirle es menester doblegarse á sus
-ideas. El filósofo que sabiendo esto se aisla y encierra en la
-integridad de carácter, sin duda merece los más sinceros elogios. Pero
-no debe censurarse al que acepta la humanidad tal como es, con sus
-ilusiones y sus delirios, y trata de obrar con ella y sobre ella. César
-sabía perfectamente que no era hijo de Vénus; la Francia no sería lo
-que es hoy, si no hubiese creido por espacio de mil años en la santa
-ampolla[*] de Reims. Fácil nos es á nosotros, pobres impotentes,
-calificar todo eso de impostura, y orgullosos de nuestra tímida
-honradez, tratar desdeñosamente á los héroes que aceptaron la lucha
-de la vida en otras condiciones. Pero cuando con nuestros escrúpulos
-hayamos hecho lo que ellos hicieron con sus falsedades, entónces y sólo
-entónces tendrémos derecho de tratarlos con severidad. Es preciso,
-cuando ménos, establecer profunda distincion entre sociedades como
-la nuestra, donde todo se pasa por el tamiz de la crítica y de la
-reflexion, y sociedades crédulas y sencillas como aquellas en que
-nacieron las creencias que han dominado los siglos. Todas las grandes
-fundaciones descansan en alguna leyenda. Si hay en ello un culpable, es
-sin duda la humanidad, que quiere ser engañada.
-
- [*] Vaso sagrado, en el cual se conservaba el óleo que servia
- para ungir á los reyes. (N. del T.)
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVI
-
-MILAGROS
-
-
-Segun los contemporáneos de Jesús, dos medios de prueba podian
-solamente establecer una mision sobrenatural: tales eran los milagros
-y el cumplimiento de las profecías. Jesús, y en particular sus
-discípulos, emplearon con la mejor buena fe esos dos procedimientos de
-demostracion. Jesús se hallaba convencido desde hacia mucho tiempo de
-que los profetas habian escrito refiriéndose á él. Veia en sus oráculos
-sagrados su propia figura, y se consideraba como el espejo en que todo
-el espíritu profético de Israel habia leido el porvenir. Tal vez la
-escuela cristiana trató de probar, áun en vida de su fundador, que
-Jesús correspondia perfectamente á cuanto los profetas habian predicho
-respecto al Mesías[671]. Pero, en muchos casos, las semejanzas eran del
-todo exteriores y tan vagas, que nosotros apénas podemos apreciarlas.
-Frecuentemente, circunstancias fortuitas ó insignificantes de la vida
-del maestro, recordaban á los discípulos ciertos pasajes de los salmos
-y de los profetas, en los cuales, gracias á su constante preocupacion,
-creian ver imágenes relativas á Jesús[672]. Así, pues, casi toda la
-exegésis de la época consistia en juegos de palabras, en citas traidas
-por los cabellos, en inducciones artificiales y arbitrarias. La
-sinagoga no tenía una lista oficial y segura de los pasajes referentes
-al reino futuro. Las aplicaciones mesiánicas eran libres, y más bien
-que una argumentacion importante y razonada, constituian artificios de
-estilo.
-
-En cuanto á los milagros, ellos eran en aquella época el signo
-indispensable de lo divino, el sello de las vocaciones proféticas.
-En las leyendas de Elías y de Elíseo, hormigueaban los hechos
-maravillosos, y todo el mundo estaba persuadido de que el Mesías
-realizaria gran número de ellos[673]. Á algunas leguas del punto en
-que vivia Jesús, en Samaria, un mago llamado Simon alcanzaba, merced á
-sus prestigios, una reputacion casi divina[674]. Y andando el tiempo,
-cuando se pretendió poner en boga al taumaturgo Apolonio de Tiana y
-probar que su vida habia sido el viaje de un dios sobre la tierra, nada
-se creyó tan á propósito para conseguirlo como inventar respecto á él
-un vasto ciclo de milagros[675]. Los mismos filósofos de Alejandría,
-Plotino y demás compañeros, tienen fama de haberlos hecho[676]. Jesús
-se encontró, pues, en esta alternativa: ó renunciar á su mision, ó
-convertirse tambien en taumaturgo. Es preciso tener presente que, á
-excepcion de las grandes escuelas científicas de la Grecia y de sus
-adeptos romanos, toda la antigüedad admitia los milagros, y que Jesús,
-no solamente creia en ellos, sino que no tenía ni la más remota idea de
-un órden natural sujeto á leyes invariables. Sus conocimientos sobre
-este punto en nada eran superiores á los de sus contemporáneos. Léjos
-de ello, puesto que una de las opiniones más profundamente arraigadas
-en Jesús era, que la fe y la oracion dan al hombre ilimitado poder
-sobre la naturaleza[677], la facultad de hacer milagros nada tenía
-entónces de sorprendente, en razon á que se la consideraba como un
-permiso en toda regla concedido por Dios á los hombres[678].
-
-La diferencia de los tiempos y la distinta manera de apreciar las
-cosas, hacen que nos disguste y ofenda aquello mismo que sirvió de
-poderosa palanca al gran fundador; y si el culto de Jesús se debilita
-alguna vez en la humanidad, será justamente á causa de los actos
-que hicieron creer en él. Ante esa especie de fenómenos históricos,
-la crítica no experimenta ninguna perplejidad. En nuestros dias un
-taumaturgo, á ménos que no sea de una candidez extrema, como ciertas
-estigmatizadas de Alemania, es un ente odioso, porque hace milagros
-sin creer en ellos; es lo que se llama un charlatan. Pero la cuestion
-cambia de aspecto, si aplicamos nuestro juicio á un Francisco de
-Asís;--el ciclo milagroso del orígen de la órden de San Francisco,
-léjos de chocarnos, nos causa un verdadero placer. Los fundadores del
-cristianismo vivian en un estado de poética ignorancia, tan completo
-como aquel en que vivió Santa Clara y los _tres socii_. Parecíales
-la cosa más sencilla del mundo que su maestro tuviese entrevistas
-con Moisés y Elías, curase los enfermos é hiciese que los elementos
-obedecieran á su voz. Por otra parte, es menester no olvidar que todas
-las ideas pierden algo de su primitiva pureza tan pronto como aspiran á
-realizarse: no se llega á obtener éxito sin que la delicadeza del alma
-saque algunas heridas de la lucha. Tal es la flaqueza del entendimiento
-humano, que las mejores causas se ganan casi siempre con malas razones.
-Las demostraciones de los primeros apologistas del cristianismo se
-fundan en pobrísimos argumentos. Moisés, Cristóbal Colon, Mahoma y
-tantos otros no triunfaron de los obstáculos, sino teniendo presente
-á cada momento la debilidad de los hombres y ocultando con frecuencia
-la verdad. Es muy probable que los milagros impresionasen más á las
-personas que rodeaban á Jesús que las predicaciones tan profundamente
-divinas del maestro. Añádase que ántes y despues de la muerte de Jesús
-la fama exageró sin duda extraordinariamente el número de los hechos
-sobrenaturales. Los tipos de los milagros evangélicos no ofrecen, en
-efecto, mucha variedad; repítense á cada paso los mismos, y parecen
-calcados sobre un reducido número de modelos, en armonía con las
-exigencias y los gustos del país.
-
-Entre el cúmulo de relatos milagrosos, cuya fatigosa enumeracion
-contienen los evangelios, es imposible distinguir los milagros que la
-opinion atribuyó á Jesús de aquellos en que él se avino á desempeñar un
-papel activo. Y es todavía más imposible el averiguar si esas chocantes
-circunstancias de esfuerzos, estremecimientos y demás rasgos que tienen
-cierto sabor de juglería[679] son históricas, ó si son fruto de la
-creencia de los redactores, cuyas almas vivian en un mundo lleno de
-preocupaciones teúrgicas, muy semejante al mundo en que viven nuestros
-modernos _espiritistas_[680]. Casi todos los milagros que Jesús creyó
-ejecutar parecen haber sido milagros de curacion. En aquella época,
-la medicina era en Judea lo que es todavía en Oriente, esto es, nula
-bajo el punto de vista científico, un arte rudimentario sometido
-completamente á la inspiracion individual. La medicina científica,
-fundada por los griegos desde hacia quinientos años, era en tiempo de
-Jesús desconocida entre los judíos de la Palestina. En semejante estado
-de ignorancia, la presencia de un hombre superior que trate al paciente
-con dulzura y le dé, mediante algunos signos sensibles, la seguridad
-de su restablecimiento, es con frecuencia un remedio decisivo. Nadie
-negará que en muchos casos, exceptuando los de lesiones completamente
-caracterizadas, los consuelos de una persona exquisita valen tanto
-como los recursos de la farmacia. El placer de verla produce alivio;
-y aunque no ofrezca al enfermo sino aquello que puede, esto es, una
-sonrisa, una esperanza, sus dones no carecen de precio.
-
-Jesús, de igual manera que sus compatriotas, no tenía idea de una
-ciencia médica racional; como todo el mundo, creia que la cura de las
-enfermedades debia operarse por medio de las prácticas religiosas:
-semejante creencia era en extremo lógica y consecuente. Considerándose
-la enfermedad como el castigo de un pecado[681], como obra de los
-demonios[682], y de ninguna manera como el resultado de causas físicas,
-natural era que el mejor médico fuese el hombre santo, aquel que tenía
-poder en el órden maravilloso. La cura de las enfermedades pasaba por
-una cosa moral; Jesús, teniendo conciencia de su fuerza moral, debia,
-pues, creerse especialmente dotado para practicarla. Convencido de
-que el contacto de su túnica[683] y la imposicion de sus manos[684]
-eran favorables á los enfermos, habria sido cruel si hubiese negado
-á los que sufrian un alivio que tan fácilmente podia concederles.
-Mirábase tambien la curacion de los enfermos como una de las señales
-del reino de Dios, idea que iba siempre asociada á la emancipacion de
-los pobres[685]. Ambas eran los signos de la gran revolucion que debia
-conducir al alivio de todas las enfermedades.
-
-El exorcismo ó la expulsion de los demonios es uno de los géneros
-de curacion que Jesús opera más frecuentemente. La creencia en los
-demonios reinaba entónces en todos los ánimos; y tan general era esa
-opinion, que no sólo en Judea, sino en el mundo entero, se creia que
-los demonios se amparaban del cuerpo de ciertas personas, obligándolas
-á obrar contra su voluntad. Un _div_ persa, _Aeschma-daeva_, «el div
-de la concupiscencia», nombrado várias veces en el Avesta[686], y
-adoptado por los judíos bajo el nombre de _Asmodeo_[687], llegó á ser
-la causa de todas las perturbaciones histéricas de las mujeres[688]. La
-misma explicacion se daba respecto á la epilepsia, á las enfermedades
-mentales ó nerviosas[689], que ponen fuera de sí al paciente, y á
-aquellas cuya causa no se echa de ver, como la sordera y la mudez[690].
-El admirable tratado «De la enfermedad sagrada», de Hipócrates, que
-estableció sobre este punto, cuatro siglos y medio ántes de Jesús,
-los verdaderos principios de la medicina, aún no habia desterrado
-del mundo semejantes errores. Suponíase que para lanzar los demonios
-habia procedimientos más ó ménos eficaces:--el estado de exorcista era
-una profesion regular como la de médico[691]. Es indudable que Jesús
-tenía fama de poseer los últimos secretos respecto á ese arte[692].
-En aquella época habia muchos locos en Judea, fenómeno producido
-sin duda por la grande exaltacion de los ánimos. Aquellos locos se
-dejaban en completa libertad, como sucede áun hoy dia en las regiones
-de Siria, y habitaban las grutas sepulcrales ya abandonadas, las
-cuales eran el retiro ordinario de los vagabundos. Jesús ejercia mucha
-influencia sobre aquellos infelices[693]. Á propósito de esas curas se
-referian mil singulares historias, en las que se daba rienda suelta
-á la credulidad de la época. Pero tampoco en esto se deben exagerar
-las dificultades. Los desórdenes que entónces se explicaban por la
-posesion de los diablos, eran frecuentemente insignificantes. En Siria
-se miran todavía, en pleno siglo décimo nono, como locos ó poseidos
-del demonio (estas dos ideas se confunden en una, _medjnum_)[694] á
-los que sólo adolecen de alguna extravagancia. En semejante caso, una
-palabra dulce y cariñosa basta á veces para lanzar al demonio:--es más
-que probable que Jesús no emplease otros medios. ¿No cabe tambien en lo
-posible que su fama de exorcista se extendiera sin que él tuviese casi
-conocimiento de ello? Las personas que residen en Oriente se quedan á
-veces sorprendidas de encontrarse, al cabo de algun tiempo, con una
-gran reputacion de médico, de hechicero ó de zahorí; reputacion que el
-vulgo les cuelga sin que ellas puedan darse cuenta de los hechos que
-hayan podido motivar esas extravagantes suposiciones.
-
-Hay, además, muchas circunstancias que indican que Jesús no
-fué taumaturgo sino tarde y á su pesar. Á menudo no ejecuta sus
-milagros sino á fuerza de súplicas, y los hace con una especie de
-mal humor, y echando en cara á los que se los piden la rudeza de su
-entendimiento[695]. Una rareza, en apariencia inexplicable, pero fácil
-de comprender, es el cuidado que pone en hacer sus milagros de un modo
-oculto, y sus recomendaciones á las personas curadas de que no digan
-nada á nadie[696]. Cuando los demonios quieren proclamarle hijo de
-Dios, les prohibe que despeguen los labios; si le reconocen, es á pesar
-suyo[697]. Estos rasgos son muy característicos en Márcos, que es el
-evangelista por excelencia de los milagros y de los exorcismos. No
-parece sino que el discípulo que suministró las noticias fundamentales
-del segundo evangelio importunaba á Jesús con su admiracion por
-los prodigios, y que, aburrido el maestro de una reputacion que le
-disgustaba, le recomendaba frecuentemente no hablar de ello. Esa
-discordancia produce en una ocasion un destello singular[698], un
-acceso de impaciencia que prueba el enojo que causaban á Jesús aquellas
-contínuas é importunas peticiones de los espíritus débiles. Diríase
-que su papel de taumaturgo le es algunas veces insoportable, y que
-trata de dar la menor publicidad posible á las maravillas que en cierto
-modo brotan bajo la huella de sus piés. Cuando sus enemigos le piden
-un milagro, y en particular un prodigio celeste, un meteoro, rehusa
-categórica y obstinadamente[699]. Permitido es, pues, creer que le
-impusieron su reputacion de taumaturgo, que si no la rechazó, tampoco
-hizo nada por consolidarla, y que de cualquier manera comprendia cuán
-infundada y vana era la opinion respecto á esto.
-
-Dejarnos llevar demasiado de nuestras repugnancias, y por sustraernos
-á las objeciones que puedan hacérsenos contra el carácter de Jesús,
-prescindir de hechos que á los ojos de sus contemporáneos figuraron
-en primera fila[700], sería faltar al buen método histórico. Decir
-que ellos son adiciones de discípulos muy inferiores al maestro; que,
-no pudiendo comprender su verdadera grandeza, trataron de realzarle
-con prodigios indignos de él, sería sumamente cómodo. Pero es el caso
-que los cuatro narradores de la vida de Jesús se hallan unánimes en
-ensalzar sus milagros; uno de ellos, Márcos, intérprete del apóstol
-Pedro[701], insiste de tal manera sobre este punto, que si para trazar
-el carácter del Cristo no se tuviera presente más que su evangelio,
-habria que representarle como un exorcista posesor de encantos y de
-filtros de rara eficacia; como un poderoso y temible hechicero que
-infunde temor, y del cual desea uno desembarazarse[702]. Nosotros
-admitimos, pues, sin vacilar que en la vida de Jesús hubo muchos actos
-que ahora se considerarian como otros tantos rasgos de ilusion ó de
-locura. Pero ¿debe sacrificarse á esta faz ingrata la faz sublime
-de semejante vida? ¡Guardémonos bien de ello! Un simple hechicero,
-semejante á Simon el Mago, no habria realizado una revolucion moral
-como la que realizó Jesús. Si el taumaturgo hubiera sobrepujado en
-Jesús al moralista y al fundador religioso, no habria dejado en pos de
-sí el cristianismo, sino una escuela de teurgia.
-
-Por otra parte, el problema se presenta de la misma manera respecto
-á todos los santos y fundadores religiosos. Hechos que hoy se
-hallan patentizados de morbosos, tales como la epilepsia y las
-visiones, fueron otras veces un principio de poder y de grandeza. La
-medicina conoce el nombre de la enfermedad que formó la reputacion
-de Mahoma[703]. Casi hasta nuestros dias, los hombres que más han
-contribuido al bien de la humanidad (sin excluir al excelente Vicente
-de Paul), han pasado, con razon ó sin ella, por taumaturgos. Si
-se parte del principio de que todo personaje histórico á quien se
-atribuyan hechos que en el siglo décimo nono pasan por insensatos ó
-charlatanescos fué un loco, la crítica es imposible, porque se falsea
-por su base. La escuela de Alejandría fué una noble escuela, y sin
-embargo, se entregó á las prácticas de una teurgia extravagante.
-Sócrates y Pascal no estuvieron tampoco exentos de alucinaciones. Los
-hechos deben, pues, explicarse por causas que les sean proporcionadas.
-Las debilidades del espíritu humano no engendran sino debilidad; en la
-naturaleza del hombre, las grandes cosas tienen siempre grandes causas,
-por más que á menudo se produzcan escoltadas de multitud de pequeñeces
-que ofuscan su grandeza á los ojos de los espíritus superficiales.
-
-Puede decirse con verdad que, generalmente hablando, Jesús no fué
-taumaturgo y exorcista sino á pesar suyo. El milagro es á menudo obra
-del público más bien que de aquel á quien se atribuye. Aunque Jesús se
-hubiese obstinado constantemente en no hacer prodigios, la muchedumbre
-los habria creado para reputárselos:--el milagro mayor de todos habria
-sido el que no hubiese hecho ninguno; eso habria sido la completa
-derogacion de las leyes de la historia y de la sicología popular. Los
-milagros de Jesús fueron una violencia de su siglo, una concesion que
-le arrancó la necesidad pasajera. Por eso el exorcista y el taumaturgo
-se han desvanecido, miéntras que el fundador religioso vive y vivirá
-eternamente.
-
-Hasta aquellos que no creian en Jesús se hallaban impresionados por
-la fama de sus hechos, y trataban de presenciarlos[704]. Los gentiles
-y las personas poco iniciadas experimentaban un sentimiento de temor
-y hacian lo posible por alejarle de su territorio[705]. Tal vez
-algunos pensaban en abusar de su nombre á fin de provocar movimientos
-sediciosos[706]. Pero la direccion completamente moral y nada política
-del carácter de Jesús, le salvó de aquellas seducciones. Su verdadero
-reino consistia en el círculo de niños que una frescura de imaginacion
-semejante á la suya y un mismo sentimiento del cielo agrupaban y
-retenian á su alrededor.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVII
-
-FORMA DEFINITIVA DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO DE DIOS
-
-
-Suponemos que esa última fase de la actividad de Jesús duró
-aproximadamente diez y ocho meses, desde su vuelta de la peregrinacion
-de la Pascua del año 31, hasta su viaje á la fiesta de los Tabernáculos
-en el año 32[707].
-
-Durante ese espacio de tiempo el pensamiento de Jesús no parece
-haberse enriquecido de ningun nuevo elemento; pero todas sus ideas se
-desarrollaron y produjeron en un grado siempre creciente de poder y de
-audacia.
-
-La idea fundamental de Jesús fué, desde un principio, el
-establecimiento del reino de Dios, el cual, segun ya hemos dicho,
-parece haberle entendido de diferentes modos. En ocasiones se le
-podria tomar por un jefe democrático, queriendo simplemente el reino
-de los pobres y de los desheredados. Otras veces el reino de Dios es
-el cumplimiento literal de las visiones apocalípticas de Daniel y de
-Henoch, y frecuentemente, por último, ese reino es el de las almas,
-y el rescate próximo, es el rescate por el espíritu. La revolucion
-deseada por Jesús es, en tal caso, la que en realidad tuvo lugar; el
-establecimiento de un culto nuevo, más puro que el de Moisés.--Todos
-esos pensamientos parecian haber existido á la vez en la conciencia de
-Jesús. El primero, es decir, el de una revolucion temporal, no parece
-haberle detenido demasiado. Jesús no reparó nunca ni en el mundo, ni
-en los ricos, ni en el poder material como cosas dignas de llamar su
-atencion. No tuvo ninguna ambicion exterior; algunas veces, por una
-consecuencia natural, su grande importancia religiosa estaba á punto
-de cambiarse en importancia social. Diferentes personas iban á pedirle
-que se constituyese en juez y árbitro en cuestiones de intereses;
-Jesús rechazaba esas proposiciones con orgullo, casi como si hubieran
-sido injurias[708]. Poseido de su celeste ideal, no salia nunca de su
-desdeñosa pobreza. Con respecto á las otras dos concepciones del reino
-de Dios, Jesús parece haberlas conservado simultáneamente. Si él no
-hubiese sido nada más que un entusiasta, alucinado por los apocalípsis
-que servian de alimento á la imaginacion popular, habria permanecido
-siendo un sectario oscuro, inferior á aquellos cuyas ideas imitaba. Si
-sólo hubiera sido un puritano, una especie de Channing ó de «Vicario
-saboyano», es indudable que no habria obtenido ningun triunfo. Las dos
-partes de su sistema, ó por mejor decir, sus dos concepciones del reino
-de Dios, están basadas la una en la otra, y este apoyo recíproco fué la
-causa de su incomparable resultado.
-
-Los primeros cristianos son visionarios, viviendo en un círculo de
-ideas que nosotros calificamos de sueños, pero al mismo tiempo ellos
-son los héroes de la guerra social que produjo la franquicia de la
-conciencia y el establecimiento de una religion, cuyo culto puro,
-anunciado por el fundador, acabará, á la larga, por efectuarse.
-
-Las ideas apocalípticas de Jesús, en su forma más completa, pueden
-resumirse de la manera siguiente:
-
-El órden actual de la humanidad toca á su término; este término será
-una revolucion inmensa, «una agonía», semejante á los dolores del
-parto; una _palingenesia_ ó «renacimiento» (segun la misma frase de
-Jesús)[709], precedido de negras calamidades y anunciado por fenómenos
-extraños[710]. En pleno dia, brillará en el cielo la señal del Hijo
-del hombre; y será una vision ruidosa y luminosa como la del Sinaí, un
-gran huracan rasgando la nube, un dardo de fuego cruzando en un abrir
-y cerrar de ojos, de Oriente á Occidente. El Mesías aparecerá en las
-nubes, revestido de gloria y de majestad, al sonido de las trompetas y
-rodeado de ángeles. Sus discípulos se sentarán á su lado en los tronos.
-Los muertos resucitarán entónces y el Mesías procederá al juicio[711].
-
-En ese juicio, los hombres serán clasificados en dos categorías,
-segun sus obras[712]. Los ángeles serán los ejecutores de las
-sentencias[713]. Los elegidos entrarán en una mansion deliciosa
-que les fué preparada desde el principio del mundo[714]; allí se
-sentarán radiantes de luz, á un festin presidido por Abraham[715],
-los patriarcas y los profetas. Este número de elegidos será el
-menor[716]. Los otros irán á la _Gehenna_. La Gehenna era el valle
-occidental de Jerusalen. Allí se habia ejercido en diversas épocas
-el culto del fuego, y aquel lugar habia llegado á ser una especie de
-cloaca. La Gehenna es, pues, en la imaginacion de Jesús, un valle
-tenebroso, impuro, lleno de fuego. Los excluidos del reino serán
-quemados allí y roidos de gusanos en compañía de Satanás y de los
-ángeles rebeldes[717]; habrá tambien allí lágrimas y rechinamientos de
-dientes[718]. El reino de Dios será como una sala cerrada, luminosa en
-su interior, en medio de ese mundo de tinieblas y de tormentos[719].
-
-Ese nuevo órden de cosas será eterno. El paraíso y la Gehenna no
-tendrán fin. Un abismo inaccesible los separará uno del otro[720]. El
-Hijo del hombre, sentado á la diestra de Dios, presidirá ese estado
-definitivo del mundo y de la humanidad[721].
-
-Que todo esto fué tomado al pié de la letra por los discípulos y hasta
-por el mismo maestro, en ciertos momentos, es lo que salta á la vista
-en los escritos de la época de una manera absoluta. Si la primera
-generacion cristiana tiene una creencia profunda y constante, es sin
-duda la de que el mundo está á punto de acabar[722], y que la gran
-«revelacion»[723] de Cristo se va á cumplir bien pronto. Esa viva
-proclamacion: «¡El tiempo está cerca!»[724], que comienza y acaba el
-Apocalípsis; ese llamamiento repetido sin cesar: «¡Que todo aquel que
-tenga oidos escuche!»[725], son gritos de esperanza y de reunion de
-toda la edad apostólica. Una expresion siria, _Maran atha_, «¡Nuestro
-Señor llega!»[726], se convirtió en una especie de santo y seña que los
-creyentes se decian entre ellos para fortalecerse en su fe y en sus
-esperanzas. El Apocalípsis escrito el año 68 de nuestra era[727], fija
-el término á tres años y medio[728], y la «Ascension de Isaías»[729]
-admite un cálculo muy aproximado á éste.
-
-Jesús nunca llegó á tal precision. Cuando se le preguntaba acerca del
-tiempo de su advenimiento, siempre rehusaba responder; y una vez hasta
-declara que la fecha de ese gran dia sólo es conocida del Padre, que
-no se la ha confiado ni á los ángeles, ni al Hijo[730]. Jesús decia
-que el momento en que se espiaria el reino de Dios con una curiosidad
-impertinente, no sería precisamente en el que llegase[731]; y repetia
-sin cesar, que sería una sorpresa como en los tiempos de Noé y de Lot;
-que era preciso estar siempre prevenido á partir; que cada uno debia
-tener encendida su lámpara como para un cortejo de bodas que llega
-desprevenidamente[732]; que el Hijo del hombre vendria de la misma
-manera que un ladron, esto es, á la hora en que no se le esperase[733],
-y que apareceria como un rayo que recorre el horizonte de uno á otro
-extremo[734]. Pero sus declaraciones acerca de la proximidad de la
-catástrofe no daban lugar á equivocacion alguna[735]. «La generacion
-presente, decia, no pasará sin que se realice todo esto. Muchos de
-los que están aquí presentes no morirán sin haber visto al Hijo del
-hombre venir á tomar posesion de su reinado»[736]. Vitupera á los que
-creen que él no sabe leer los pronósticos del reino futuro. «Cuando
-va llegando la noche decís: Hará buen tiempo, porque está el cielo
-arrebolado. Y por la mañana: Tempestad habrá hoy, porque el cielo está
-cubierto y encendido. ¿Cómo sabeis adivinar por el aspecto del cielo, y
-no podeis conocer las señales de estos tiempos?»[737].
-
-Gracias á una ilusion comun á todos los grandes reformadores, Jesús se
-figuraba el fin mucho más próximo de lo que era en realidad; no tenía
-en cuenta la lentitud de los movimientos de la humanidad: imaginábase
-realizar en un dia lo que mil ochocientos años más tarde no debia estar
-aún acabado.
-
-Esas declaraciones tan precisas preocuparon á la familia cristiana
-casi por espacio de setenta años. Estaba admitido que algunos de sus
-discípulos verian el dia de la revelacion final ántes de morir. Juan
-en particular era considerado en este número[738], y muchos creian
-que no moriria nunca. Quizás era esto una tardía opinion producida
-hácia el fin del siglo primero, por la avanzada edad á que Juan parece
-haber llegado, y que daba ocasion á creer que Dios queria conservarle
-indefinidamente hasta el gran dia, á fin de realizar la palabra de
-Jesús. Sea de ello lo que quiera, á su muerte la fe de muchos vaciló,
-y sus discípulos dieron á la predicacion del Cristo un sentido más
-moderado[739].
-
-Al mismo tiempo que Jesús admitia plenamente las creencias
-apocalípticas tales como se encuentran en los libros apócrifos de los
-judíos, admitia el dogma, que es el complemento de ellas, ó más bien la
-condicion de la resurreccion de los muertos. Tal doctrina, como ya lo
-hemos dicho, era aún nueva en Israel; muchas personas no la conocian
-ó no creian en ella[740]. Sin embargo, era de fe para los fariseos y
-para los fervientes adeptos de las creencias mesiánicas[741]. Jesús
-la aceptó sin reserva, pero siempre en el sentido más idealista.
-Muchos se figuraban que en el mundo de los resucitados se comeria,
-se beberia y se casarian. Jesús admite en su reino una nueva Pascua,
-un festin y un vino nuevo[742]; pero excluye de él formalmente el
-casamiento. Los saduceos tenian, respecto á esto, un argumento
-grosero en la apariencia, pero bastante conforme en el fondo con la
-antigua teología. Se acordaban de que, segun los sabios antiguos,
-el hombre no sobrevivia sino en sus hijos. El código mosáico habia
-consagrado esa teoría patriarcal por una institucion extravagante, el
-_Levirat_, y los saduceos deducian de ahí sutiles consecuencias en
-contra de la resurreccion. Jesús las evadia declarando formalmente
-que en la vida eterna no existiria ya la diferencia de sexo y que el
-hombre sería semejante á los ángeles[743]. Algunas veces parece que
-no promete la resurreccion sino á los justos[744]; el castigo de los
-impíos consistiria en morir enteramente y permanecer en la nada[745].
-Más frecuentemente, sin embargo, Jesús quiere que la resurreccion
-se aplique á los malos para su eterna confusion[746]. Como se ve,
-nada era completamente nuevo en esas teorías. Los evangelios y los
-escritos de los apóstoles no contienen absolutamente, en punto á
-doctrinas apocalípticas, sino lo que se encuentra ya en «Daniel»[747],
-«Henoch»[748], y los «oráculos sibilinos»[749] de orígen judío. Jesús
-aceptó esas ideas extendidas generalmente entre sus contemporáneos,
-convirtiéndolas en base de su accion, ó por mejor decir, en uno de
-sus puntos de apoyo; porque tenía un sentimiento demasiado profundo
-de su verdadera obra para establecerla únicamente sobre principios
-tan frágiles, tan expuestos á recibir de los hechos una fulminante
-refutacion.
-
-Cierto es, en verdad, que una doctrina semejante, tomada por sí misma
-de una manera literal, no tenía porvenir alguno. El mundo, obstinándose
-en vivir, la hacia hundirse, y la edad que vive un hombre le estaba
-reservada á lo sumo. La fe de la primera generacion cristiana se
-explica, pero no así la de la segunda. Despues de la muerte de Juan, ó
-del último superviviente, cualquiera que fuese, del grupo que vió al
-maestro, la palabra de éste quedaba desmentida[750]. Si la doctrina
-de Jesús sólo hubiese sido la creencia en un próximo fin del mundo,
-ciertamente que hoy dormiria en el olvido. ¿Qué es, pues, lo que la
-ha salvado? La gran latitud de las concepciones evangélicas, que ha
-permitido encontrar en el mismo símbolo doctrinas apropiadas á estados
-intelectuales muy diversos. El mundo no ha acabado, como Jesús lo
-anunció y como sus discípulos lo creyeron, pero está renovado del modo
-que Jesús deseaba. Si su pensamiento ha sido fecundo, débelo á su
-doble fase. Su quimera no ha corrido la suerte de otras muchas que han
-cruzado por el espíritu humano, gracias á que abrigaba un gérmen de
-vida que, introducido, merced á una apariencia fabulosa, en el seno de
-la humanidad, ha producido en él frutos eternos.
-
-Y no se diga que ésa es una benévola interpretacion, imaginada para
-lavar el honor de nuestro gran maestro del cruel mentís dado á sus
-sueños por la realidad. No, no; ese verdadero reino de Dios, ese reino
-del espíritu que hace á cada uno rey y sacerdote; ese reino que, como
-el grano de la simiente de mostaza, ha llegado á ser un árbol que
-presta sombra al mundo, y bajo cuyas ramas los pájaros tienen sus
-nidos, Jesús le comprendió, le quiso, le fundó. Al lado de la idea
-falsa, fria, imposible, de un advenimiento de ostentacion, concibió
-la verdadera ciudad de Dios, la «palingenesia» exacta, el sermon en
-la montaña, la apoteósis del débil, el amor del pueblo, el gusto
-del pobre, la rehabilitacion de todo lo que es humilde, verdadero é
-inocente. Esa rehabilitacion la hizo, como artífice incomparable, por
-rasgos que durarán eternamente. Cada uno de nosotros le debe lo que en
-sí tiene de mejor. Perdonémosle su esperanza de un vano apocalípsis,
-de una venida en gran triunfo sobre las nubes del cielo. Quizás ése
-era el error de los demás más bien que el suyo; y si es cierto que él
-participó de las ilusiones de los otros, ¿qué importa, una vez que su
-sueño le hizo esforzado contra la muerte y le sostuvo en una lucha, en
-la que sin eso tal vez habria sucumbido?
-
-Preciso es, pues, conservar diversos sentidos á la divina ciudad
-concebida por Jesús. Si su único pensamiento hubiese sido que el fin
-de los tiempos estaba cercano y que era necesario prepararse á él, no
-habria ido más allá que Juan Bautista. Renunciar á un mundo próximo
-á hundirse, desprenderse poco á poco de la vida presente, aspirar á
-un reino que iba á llegar, tal hubiera sido la última frase de su
-predicacion. La enseñanza de Jesús tuvo siempre por objeto miras más
-elevadas. Se propuso crear un nuevo estado de la humanidad, y no
-preparar sólo el fin del que existe. Elías ó Jeremías, volviendo á
-aparecer para preparar á los hombres á las supremas crísis, no hubieran
-predicado como él. Tan cierto es esto, que esa moral pretendida de los
-últimos dias ha resultado ser la moral eterna, la que ha salvado á la
-humanidad. El mismo Jesús, en muchas ocasiones, emplea modos de hablar
-que no entran absolutamente en la teoría apocalíptica. Frecuentemente
-declara que el reino de Dios ha comenzado; que todo hombre le lleva
-consigo mismo, y puede, si de ello es digno, disfrutar de él; que
-cada uno crea tácitamente ese reino por la verdera conversion del
-corazon[751].
-
-El reino de Dios no es entónces sino el bien[752], es un órden de cosas
-mejor que el que existe, es el reino de la justicia, que el fiel, segun
-sus fuerzas, debe contribuir á fundar, ó es áun la libertad del alma,
-ó bien algo de análogo al «rescate» búdico, fruto de la desaficion.
-Esas verdades, que para nosotros son puramente abstractas, para Jesús
-eran vivas realidades. Todo en su pensamiento es concreto y sustancial:
-Jesús es el hombre que más enérgicamente creyó en la realidad de lo
-ideal.
-
-Al aceptar las utopias de su tiempo y de su raza, Jesús supo hacer de
-ellas tambien grandes verdades, gracias á fecundos errores. Su reino
-de Dios era, sin duda, el próximo apocalípsis que iba á desarrollarse
-en el cielo. Pero, además de todo esto, probablemente era, sobre todo,
-el reino del alma, creado por la libertad y por el sentimiento filial,
-el que el hombre virtuoso experimenta en el seno de su padre. Aquélla
-era la religion pura, sin prácticas, sin templo, sin sacerdotes; era
-el juicio moral del mundo decretado á la conciencia del hombre justo y
-al poder del pueblo. Hé ahí lo que estaba hecho para vivir, y hé ahí
-lo que ha vivido. Cuando, al cabo de un siglo de aguardar en vano,
-se apura la esperanza materialista de un próximo fin del mundo, el
-verdadero reino de Dios aparece á ella. Lisonjeras explicaciones
-echan un velo sobre el reino real que no acaba de llegar. Estando
-el Apocalípsis de Juan, primer libro canónico del Nuevo Testamento,
-demasiado sériamente plagado de la idea de una catástrofe inmediata,
-queda pospuesto á segundo lugar y es tenido por ininteligible,
-torturado de mil modos y casi rechazado. Al ménos, se aplaza el
-dia de su cumplimiento para un porvenir indefinido. Algunos pobres
-obstinados que guardan aún, en plena época de reflexion, las esperanzas
-de los primeros discípulos, se convierten en heréticos (Ebionitas,
-Milenarios), perdidos en las clases inferiores del cristianismo. La
-humanidad creia en otro reino de Dios. La parte de verdad contenida en
-la idea de Jesús habia triunfado de la quimera que la ofuscaba.
-
-No despreciemos, sin embargo, esa quimera, que ha sido la tosca corteza
-del sagrado bulbo de que nosotros vivimos.
-
-Ese fantástico reino del cielo, ese perseguimiento sin fin de una
-ciudad de Dios, que siempre ha preocupado al cristianismo en su
-larga carrera, ha sido el principio del gran instinto de porvenir
-que ha animado á todos los reformadores, discípulos obstinados del
-Apocalípsis, desde Joaquin de Flora hasta el sectario protestante de
-nuestros dias. Ese impotente esfuerzo por fundar una sociedad perfecta
-ha sido la fuente de la tension extraordinaria que ha hecho del
-verdadero cristiano un atleta en lucha contra el presente. La idea del
-«reino de Dios» y el Apocalípsis, que en esto es la imágen completa,
-son pues, en cierto modo, la expresion más grande y más poética del
-progreso humano. Ciertamente que de ella debian salir grandes errores.
-Suspendido sobre la humanidad como una constante amenaza, el fin del
-mundo, por los horrores periódicos que causó durante muchos siglos,
-perjudicó no poco á todo desarrollo profano. La sociedad, no estando
-segura de su existencia, contrajo una especie de temor y aquellas
-costumbres de baja humildad que presentan á la Edad media tan inferior
-á los tiempos antiguos y á los modernos[753]. Por otra parte, se habia
-producido un cambio radical en el modo de considerar la venida de
-Cristo. La primera vez que se anunció á la humanidad que su planeta
-iba á acabar, de la misma manera que el niño que acoge la muerte con
-una sonrisa, experimentó el más vivo acceso de alegría que jamás pudo
-sentir. Al envejecer, el mundo se habia apegado á la vida. El dia de
-gracia, esperado tan largo tiempo por las almas puras de Galilea,
-habia llegado á ser para aquellos siglos de hierro un dia de cólera:
-_Dies iræ, dies illa!_ Pero áun en el mismo seno de la barbarie, la
-idea del reino de Dios permaneció fecunda. Á pesar de la Iglesia
-feudal, de las sectas, de las órdenes religiosas, santos personajes
-continuaron protestando en nombre del Evangelio contra la iniquidad del
-mundo. En nuestros mismos dias, dias confusos en que Jesús no tiene
-continuadores más auténticos que aquellos que parecen repudiarle,
-los sueños de organizacion ideal de la sociedad, que tanta analogía
-tienen con las aspiraciones de las sectas cristianas primitivas, sólo
-son, en cierto modo, el ensanche de la misma idea, una de las ramas
-de ese árbol inmenso, donde germina toda idea de porvenir, y del cual
-el «reino de Dios» será eternamente el tronco y la raíz. Todas las
-revoluciones sociales de la humanidad serán ingertas en esa palabra,
-pero infectadas de un tosco materialismo, aspirando á lo imposible,
-es decir, á fundar la dicha universal sobre medidas políticas y
-económicas, las tentativas «socialistas» de nuestra época permanecerán
-infecundas, hasta que tomen por norma el verdadero espíritu de Jesús,
-es decir, el idealismo absoluto, ese principio que consiste en que,
-para poseer la tierra, es preciso renunciar á ella.
-
-La frase de «reino de Dios» expresa, por otro lado, muy felizmente,
-la necesidad que siente el alma de un suplemento de destino, de una
-compensacion de la vida actual. Aquellos que no se avienen á concebir
-el hombre como un compuesto de dos sustancias y que hallan el dogma
-deista de la inmortalidad del alma en contradiccion con la fisiología,
-desean mantenerse en la esperanza de una reparacion final, que bajo una
-forma desconocida, satisfará á las necesidades del corazon del hombre.
-¡Quién sabe si el último término del progreso, dentro de millones de
-siglos, traerá consigo la conciencia absoluta del universo, y en esa
-conciencia el despertar de todo lo que ha vivido! Un sueño de un millon
-de años no es más largo que el sueño de una hora. San Pablo en esta
-hipótesis hubiera podido decir aún con razon: _In ictu oculi!_[754].
-Es indudable que la humanidad moral y virtuosa tendrá su desquite; que
-un dia el sentimiento del pobre honrado juzgará el mundo, y que en ese
-dia la figura ideal de Jesús será la confusion del hombre frívolo que
-no creyó en la virtud, del hombre egoista que no supo alcanzarla. La
-palabra favorita de Jesús permanece, pues, llena de un encanto perenne.
-Una especie de adivinacion grandiosa parece haberla tenido en una
-sublime vaguedad, abrazando á la vez diferentes órdenes de verdades.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XVIII
-
-INSTITUCIONES DE JESÚS
-
-
-Lo que prueba, además, que esas ideas apocalípticas no absorbieron
-nunca por completo á Jesús es que, al mismo tiempo en que más se
-preocupaba de ellas, establecia con extraordinaria seguridad de miras
-las bases de una iglesia destinada á larga duracion. Que entre sus
-discípulos eligió los que por excelencia se llaman los «apóstoles» ó
-los «doce», cosa es que está fuera de duda, puesto que poco despues
-de su muerte se los encuentra formando un cuerpo y llenando por
-eleccion las vacantes que se operaban en su seno[755]. Los doce eran
-los dos hijos de Jonás, los dos hijos del Zebedeo, Santiago, hijo de
-Cleofás, Felipe, Nathanael-bar-Talmai, Tomás, Leví, hijo de Alfeo ó
-Matheo, Simon el Zelador, Tadeo ó Lebeo, y Júdas de Kerioth[756]. Es
-muy posible que el pensamiento de las doce tribus de Israel no fuese
-extraño á la eleccion de este número. De todos modos, los «doce»
-formaban un grupo de discípulos privilegiados, entre los cuales
-conservaba Pedro, á quien Jesús confió el cuidado de propagar su obra,
-una supremacía completamente fraternal[757]. Nada habia entre ellos
-que se pareciese á colegio sacerdotal organizado en regla[758]; las
-listas de los «doce» que han llegado hasta nosotros ofrecen muchas
-inexactitudes y contradicciones. Dos ó tres de los discípulos que en
-ellas figuran permanecieron oscuros. Algunos, por lo ménos Pedro y
-Felipe[759], estaban casados y tenian familia.
-
-Es evidente que Jesús confiaba á los doce secretos que prohibia
-comunicasen á los demás[760]. En ocasiones parece que su plan era
-rodear su persona de algun misterio, aplazar las grandes pruebas
-para despues de su muerte, y no revelarse por completo sino á sus
-discípulos, confiándoles el cuidado de demostrarle al mundo[761].
-«Lo que os digo de noche, decidlo á la luz del dia; y lo que os
-digo al oido, predicadlo desde los terrados.» Así se evitaba las
-declaraciones demasiado precisas y concluyentes, y creaba una especie
-de intermediarios entre él y la opinion. Lo que está fuera de duda
-es, que tenía para sus discípulos enseñanzas particulares y que les
-explicaba el sentido de algunas parábolas, indeciso y oscuro para el
-vulgo[762]. La enseñanza de los doctores de aquel tiempo, como se ve
-por las sentencias del _Pirké Aboth_, adolecia de un giro enigmático
-y algo raro en la trabazon de las ideas. Jesús explicaba á sus amigos
-íntimos lo que en sus apotegmas ó en sus apólogos habia de singular,
-presentándoles su enseñanza desnuda del lujo de las comparaciones que
-algunas veces la oscurecian[763]. Muchas de aquellas explicaciones se
-conservaron, al parecer, cuidadosamente[764].
-
-Los apóstoles predicaron ya en vida de Jesús[765], pero sin separarse
-mucho de la doctrina del maestro. Verdad es que su predicacion se
-limitaba á anunciar la venida del reino de Dios[766]. Iban de pueblo
-en pueblo recibiendo la hospitalidad, ó, mejor dicho, tomándola ellos
-mismos, segun era uso y costumbre. El huésped tiene en Oriente grande
-autoridad y es superior al dueño de la casa, al cual inspira la
-confianza más absoluta. Esa predicacion á domicilio, en el seno del
-hogar doméstico, es excelente para la propaganda de nuevas doctrinas.
-Ella sirve de pago al beneficio que se recibe y, provocada por la
-política y las buenas relaciones, facilita la emision de las ideas
-y la conversion de las familias. Sin la hospitalidad de Oriente, la
-rápida propaganda del cristianismo sería un hecho incomprensible.
-Jesús, que tenía gran apego á las viejas costumbres, con tal de que
-fuesen buenas, aconsejaba á sus discípulos que no tuviesen escrúpulo en
-aprovecharse de aquel antiguo derecho público, que probablemente estaba
-ya abolido en las grandes ciudades, á causa del establecimiento de las
-hosterías[767]. Cuando los apóstoles se instalaban en casa de alguno,
-debian permanecer allí, comiendo y bebiendo lo que les dieran, hasta
-que no terminasen su mision.
-
-Jesús deseaba que los mensajeros de la buena nueva, tomando de él
-ejemplo, hiciesen agradable su predicacion por medio de la amabilidad
-y de la benevolencia. Queria que cuando entrasen en una casa diesen
-al dueño el _selam_ ó salutacion de paz. Siendo el selam entónces en
-Oriente lo que todavía es hoy, esto es, un signo de comunion religiosa
-que no se cambia con las personas cuyas creencias no se conocen,
-algunos vacilaban en seguir el mandato. «No temais nada, les decia
-Jesús; si el amo de la casa no la merece, vuestra paz se volverá con
-vosotros»[768]. Y en efecto, los apóstoles del reino de Dios eran á
-veces mal recibidos y se quejaban de ello á Jesús, el cual trataba
-siempre de calmarlos. Persuadidos como se hallaban de la omnipotencia
-del maestro, algunos se mostraban disgustados de tamaña longanimidad:
-los hijos del Zebedeo querian que hiciese llover el fuego del cielo
-sobre las ciudades inhospitalarias[769]. Jesús acogia aquellos
-trasportes de celo con fina ironía, y los calmaba diciéndoles: «No he
-venido á perder las almas, sino á salvarlas.»
-
-El maestro trataba siempre de establecer el principio que sus apóstoles
-eran él mismo[770] ó semejantes á él, y todos creian que les habia
-comunicado sus maravillosas virtudes. Y en efecto, los discípulos
-ahuyentaban los demonios, profetizaban y formaban una escuela de
-renombrados exorcistas[771], si bien es verdad que muchas cosas eran
-superiores á sus fuerzas[772]. Tambien curaban las enfermedades,
-bien por la imposicion de las manos, ó bien por la uncion del
-aceite[773]; éste es uno de los procedimientos fundamentales de la
-medicina oriental. Por último, podian manosear las serpientes y beber
-impunemente licores venenosos[774]. Á medida que uno se aleja de
-Jesús, esa teurgia llega á ser cada vez más chocante. Pero no cabe
-duda que ella fué de derecho comun en la Iglesia primitiva, y que los
-contemporáneos le consagraron particular atencion[775]. Como sucede
-casi siempre, no faltaron charlatanes que explotasen aquel movimiento
-de credulidad. Ya en vida de Jesús, algunos, sin ser discípulos
-suyos, lanzaban los demonios en su nombre; los verdaderos discípulos
-se resentian de tal audacia y trataban de impedirla; pero Jesús, que
-veia en la conducta de los intrusos un homenaje tributado á su fama,
-no se mostraba muy severo con ellos[776]. Por otra parte, el poder ó
-la facultad de exorcizar habia llegado en cierto modo á convertirse
-en oficio. Ciertas personas, llevando hasta el extremo la lógica de
-lo absurdo, lanzaban los demonios en nombre de Belzebú[777], príncipe
-de los diablos. Figurábanse que, debiendo tener aquel soberano de
-las legiones infernales autoridad absoluta sobre sus subordinados,
-no podrian ménos de huir los espíritus intrusos, obrando en nombre
-suyo[778]. Algunos hasta pretendian comprar á los discípulos de
-Jesús el secreto de los poderes milagrosos que el maestro les habia
-conferido[779].
-
-Un gérmen de Iglesia empezaba ya á columbrarse. Esa idea fecunda del
-poder de los hombres reunidos (_ecclesia_) parece haber pertenecido
-á Jesús. Rebosando su corazon la doctrina idealista de que la union
-por el amor es lo que constituye la presencia de las almas, declaraba
-que siempre que algunos se reuniesen en nombre suyo, él estaria entre
-ellos. Jesús confia á la Iglesia el derecho de atar y desatar (esto
-es, de hacer que ciertas cosas sean lícitas ó ilícitas), de perdonar
-los pecados, de reprender y amonestar con autoridad, y de rogar con
-la certidumbre de que las preces sean atendidas favorablemente[780].
-Posible es que muchas de esas palabras hayan sido atribuidas al
-maestro, á fin de que sirvieran de apoyo á la autoridad colectiva por
-la cual se pretendió despues reemplazar la suya. De todos modos, las
-iglesias particulares no se constituyeron sino despues de su muerte, y
-áun aquella primera constitucion se hizo con arreglo al modelo de las
-sinagogas. Varios de los personajes que habian amado entrañablemente
-á Jesús y fundado en él grandes esperanzas, como José de Arimathea,
-Lázaro, María de Magdala y Nicodemo, no formaron, á lo que parece,
-parte de aquellas iglesias, y se atuvieron al tierno y respetuoso
-recuerdo que de él habian conservado.
-
-Por lo demás, en la enseñanza de Jesús no hay ningun indicio de una
-moral aplicada ni de un derecho canónico, siquiera sea poco definido.
-Una sola vez se pronuncia de una manera clara respecto al casamiento,
-prohibiendo el divorcio[781]. Tampoco se echa de ver ninguna teología
-ni símbolo alguno. Sólo hace algunas vagas indicaciones referentes
-al Padre, al Hijo y al Espíritu[782], de las que habrian de deducir
-la Trinidad y la Encarnacion, pero que entónces permanecian aún en
-estado de imágenes indeterminadas. Los últimos libros del cánon judáico
-admitian ya al Espíritu Santo, especie de hipóstasis divina que algunas
-veces se identificaba con la Sabiduría ó el Verbo[783]. Jesús insistió
-sobre ese punto[784] y anunció á sus discípulos un bautismo por el
-fuego y el espíritu[785] preferible al de Juan; bautismo que, despues
-de la muerte del profeta de Nazareth, creyeron recibir bajo la forma
-de un gran viento acompañado de lenguas de fuego[786]. El Espíritu
-Santo enviado por el Padre les enseñará así la verdad, y al mismo
-tiempo les dará testimonio de las que el mismo Jesús promulgara[787].
-Para designar ese Espíritu, Jesús empleaba el nombre de _Paráclito_,
-nombre que el siro-caldeo habia tomado del griego (παράκλητος), y que
-parece haber tenido en su mente la significacion de «abogado»[788],
-«consejero»[789], y algunas veces la de «intérprete de las celestes
-verdades», ó bien la de «doctor encargado de revelar á los hombres los
-misterios todavía ocultos»[790]. Jesús mismo se consideraba respecto
-á sus discípulos como un _paráclito_[791], y el Espíritu que vendrá
-despues de su muerte no hará sino reemplazarle. Esta era una aplicacion
-del procedimiento que la teología judáica y la teología cristiana
-habrian de seguir por espacio de siglos, y que debia producir toda
-una serie de asesores divinos, como el _Metatrono_, el _Sinadelfo_
-ó _Sandalfon_ y demás personificaciones de la Cábala. Pero con la
-diferencia de que esas creaciones debian permanecer en el judaismo
-siendo especulaciones particulares y libres, miéntras que en el
-cristianismo constituyeron, á partir del siglo cuarto, la esencia de la
-ortodoxia y del dogma universal.
-
-Paréceme inútil hacer observar que la idea de un libro religioso
-que encerrase un código y artículos de fe estaba muy léjos del
-pensamiento de Jesús. No sólo no escribió nunca el maestro, sino que
-la produccion de libros sagrados era contraria al espíritu de la
-secta naciente. Estaban persuadidos de que se hallaban en vísperas de
-la gran catástrofe final, y de que el Mesías venía, no á promulgar
-nuevos textos, sino á poner el sello á la Ley y á las palabras de los
-profetas. Así, pues, á excepcion del Apocalípsis, único libro revelado
-del cristianismo naciente, los demás escritos de la edad apostólica
-son obras de circunstancia que de ningun modo tienen la pretension de
-proporcionar un conjunto dogmático completo. Los evangelios no tuvieron
-en un principio sino un carácter puramente privado y una autoridad bien
-inferior á la tradicion[792].
-
-Sin embargo, ¿no tenía la secta algun sacramento, algun rito, algun
-signo de union y de mútuo reconocimiento? Sí, tenía uno que todas las
-tradiciones hacen remontar hasta Jesús. Una de las ideas favoritas del
-maestro, consistia en que él era el nuevo pan, superior al maná, de que
-la humanidad viviria en adelante. Esa idea, gérmen de la Eucaristía,
-adquiria á veces en boca de Jesús formas singularmente concretas. En
-una ocasion obedeció en la sinagoga de Capharnahum á un movimiento
-atrevido que le costó la pérdida de varios de sus discípulos. «En
-verdad, en verdad os digo: Moisés no os dió pan del cielo; mi Padre
-es quien os le da verdaderamente»[793]. Y añadió: «Yo soy el pan de
-vida; el que viene á mí, no tendrá hambre; y el que cree en mí, no
-tendrá sed jamás»[794]. Estas palabras excitaron un vivo murmullo.
-«¿Qué entiende por esas palabras «yo soy el pan de vida?»--decian.--¿No
-es éste aquel Jesús, hijo de José, cuyo padre y cuya madre conocemos?
-¿Cómo dice entónces que ha descendido del cielo?» Y Jesús, insistiendo
-con mayor energía, les replicaba: «Yo soy el pan de vida; vuestros
-padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que
-desciende del cielo, á fin de que quien comiere de él no muera. Yo soy
-el pan vivo: quien comiere de este pan vivirá eternamente; y el pan que
-yo daré es mi misma carne, para la vida del mundo»[795]. El escándalo
-llegó á su colmo. «¿Cómo puede éste darnos á comer su carne?»--decian.
-Y Jesús insistia aún: «En verdad, en verdad os digo que si no comiéreis
-la carne del Hijo del hombre y no bebiéreis su sangre, no tendreis vida
-en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna,
-y yo le resucitaré en el último dia. Porque mi carne verdaderamente
-es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. Quien come mi carne
-y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Así como el Padre que me ha
-enviado vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come, tambien vivirá
-por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, y no es como el maná
-que vuestros padres comieron y que no les impidió morir; quien come
-este pan vivirá eternamente.» Semejante obstinacion en la paradoja
-sublevó la conciencia de varios de sus discípulos, que desde entónces
-dejaron de seguirle. Jesús no se retractó; únicamente añadia: «El
-espíritu es quien da la vida: la carne de nada sirve. Las palabras que
-os he dicho, espíritu y vida son.» Á pesar de esa rara predicacion,
-los doce permanecieron fieles, y ella dió motivo á Cephas ó Pedro para
-demostrarle un afecto sin límites y para repetirle: «Tú eres el Cristo,
-el Hijo de Dios.»
-
-Probablemente desde entónces se introdujo en las comidas de la
-secta algun uso que se relacionaba con la predicacion que halló tan
-mala acogida en la sinagoga de Capharnahum. Pero las tradiciones
-apostólicas son respecto á esto muy divergentes y, quizás adrede, muy
-incompletas. Los evangelios sinópticos suponen que un acto sacramental
-único sirvió de base al rito misterioso, y señalan ese acto en la
-última Cena. Juan, que es precisamente quien nos ha conservado el
-incidente de la sinagoga de Capharnahum, no dice ni una palabra de
-semejante hecho, sin embargo de referir muy al pormenor cuanto en
-la última Cena tuvo lugar. Por otra parte, vemos que se reconocia
-á Jesús en la manera de partir el pan[796], como si para aquellos
-que le habian tratado hubiese sido esa accion la más característica
-de su persona. Así que murió, la forma bajo la cual aparecia á los
-piadosos recuerdos de sus discípulos era la de presidente de un místico
-banquete, bendiciendo el pan y repartiéndole á los circunstantes[797].
-Es muy posible que ésta fuese una de sus costumbres, y esos momentos
-aquellos en que más particularmente se mostraba amable y afectuoso. Una
-circunstancia material, la presencia del pescado sobre la mesa (indicio
-que prueba que el rito indicado tuvo orígen en las márgenes del lago de
-Tiberiade)[798], fué tambien casi sacramental, y formó parte integrante
-de las imágenes que los discípulos hicieron del sagrado festin[799].
-
-En la naciente comunidad, los instantes consagrados á la comida
-habian llegado á ser los más agradables. En aquellos momentos en que
-todos se reunian al rededor de la misma mesa, el maestro hablaba
-á cada uno y mantenia siempre una conversacion jovial y llena de
-atractivo. Jesús amaba aquellos instantes y se complacia en ver en
-torno suyo á su familia espiritual[800]. La participacion del mismo
-pan era considerada como una especie de comunion, de lazo recíproco.
-Los términos extremadamente enérgicos que el maestro usaba respecto
-á este punto, se tomaron despues al pié de la letra de una manera
-absoluta y lastimosa. Jesús era, al mismo tiempo, muy espiritualista
-en las concepciones y muy materialista en la expresion. Queriendo
-hacer palpable el pensamiento de que el creyente no vive sino de él, y
-que él todo entero (cuerpo, sangre y alma) era la vida del verdadero
-fiel, decia á sus discípulos:--«Yo soy vuestro alimento»; frase que
-cambiada en estilo figurado, se convertia en esta otra: «Mi carne es
-vuestro pan, mi sangre es vuestra bebida.» La costumbre de hacer uso
-de un lenguaje sustancial en extremo le llevaba más léjos aún. En la
-mesa decia á los discípulos, señalándoles el alimento: «Héme ahí»; y
-repartiéndoles el pan: «Tomad, éste es mi cuerpo»; y alargándoles el
-cáliz con vino: «Tomad, ésta es mi sangre»; maneras de hablar que eran
-todas el equivalente de: «Yo soy vuestro alimento.»
-
-Ese rito misterioso alcanzó en vida de Jesús grande importancia;
-probablemente se hallaba establecido mucho tiempo ántes del último
-viaje á Jerusalen, siendo tambien posible que fuese el resultado
-de una doctrina general más bien que de hecho determinado. Despues
-de la muerte de Jesús, llegó á ser el gran símbolo de la comunion
-cristiana[801], y se relacionó su orígen con el momento más solemne de
-la vida del Salvador. Pretendíase entónces ver en la consagracion del
-pan y del vino una memoria del adios que Jesús dió á sus discípulos
-ántes de abandonar la vida[802], y se volvió á encontrar al mismo
-Jesús en ese sacramento. La idea completamente espiritualista de la
-presencia de las almas, idea que tan familiar era al maestro y que
-le obligaba, por ejemplo, á decir á sus discípulos que cuando se
-reunieran en su nombre estaria en persona en medio de ellos[803], hacia
-la hipótesis admisible. Como ya hemos dicho, Jesús no tuvo nunca una
-nocion fija de lo que constituye la individualidad. La idea, en el
-grado de exaltacion á que habia llegado, tenía en él tal supremacía y
-tan absoluto imperio, que el cuerpo no figuraba para nada. Dos seres
-que se aman no forman sino uno, viven uno en otro;--¿cómo no habian de
-ser uno él y sus discípulos?[804] Éstos adoptaron el mismo lenguaje. Y
-los que por espacio de algunos años habian vivido de él, continuaron
-viéndole siempre con el pan y el cáliz «entre sus manos santas y
-venerables»[805] ofreciéndose á ellos. Á él fué, pues, á quien comieron
-y bebieron, y él llegó á ser la verdadera Pascua, puesto que la antigua
-quedó abolida por su sangre. Imposible es traducir á nuestro idioma
-determinado, que tan profunda distincion exige entre el sentido propio
-y el metafórico, esas costumbres de estilo cuyo carácter esencial
-consiste en prestar á la metáfora, ó mejor dicho, á la idea, una forma
-palpable y de exuberante realidad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XIX
-
-PROGRESION CRECIENTE DE ENTUSIASMO Y DE EXALTACION
-
-
-Es evidente que semejante sociedad religiosa, fundada sólo en la
-esperanza del reino de Dios, debia ser muy incompleta por sí misma.
-La primera generacion cristiana vivió toda ella de expectacion y de
-ensueños. Creyéndose en vísperas del fin del mundo, se consideraba
-como cosa inútil cuanto contribuye á continuarle. Prohibíase la
-propiedad[806], y debian esquivarse todos los lazos que sujetan al
-hombre á la tierra, todo cuanto le separa del cielo. Aunque algunos
-discípulos estaban casados, se renunciaba, segun parece, al matrimonio
-desde el momento en que se ingresaba en la secta[807]. Preferíase
-abiertamente el celibato, y en el matrimonio mismo se recomendaba
-la continencia[808]. Hay un momento en que el maestro parece dar su
-aprobacion á los que se mutilasen con la esperanza de ser más dignos
-del reino de Dios[809]. En lo cual era consecuente con su principio;
-«Si tu mano ó tu pié te dan ocasion de escándalo ó pecado, córtalos
-y arrójalos léjos de tí; pues más te vale entrar en la vida eterna
-manco ó cojo, que con dos manos ó dos piés ser precipitado en el fuego
-eterno. Y si tu ojo es para tí ocasion de pecado, sácale y tírale léjos
-de tí:--mejor te es entrar en la vida eterna con un solo ojo, que tener
-dos y ser arrojado al fuego del infierno»[810]. La falta de generacion
-fué considerada frecuentemente como la señal y la condicion del reino
-de Dios[811].
-
-Segun se ve, aquella Iglesia primitiva no hubiera formado nunca una
-sociedad durable, sin la gran variedad de gérmenes que Jesús depositó
-en su enseñanza. Para que la verdadera Iglesia cristiana, la Iglesia
-que convirtió al mundo, se desprenda de aquella pequeña secta de santos
-y llegue á ser un cuadro aplicable á la sociedad entera, necesitará
-todavía más de un siglo. Lo mismo sucedió con el budismo, cuya doctrina
-fué en un principio fundada por frailes. Lo mismo habria tambien
-sucedido con la órden de San Francisco, si la pretension de aquella
-órden, que aspiraba á convertirse en regla de la sociedad humana,
-hubiese tenido éxito. Nacidas en estado de utopias, y consiguiendo
-abrirse camino á causa de su misma exageracion, las grandes fundaciones
-que acabamos de mencionar no llenaron el mundo sino á condicion de
-modificarse profundamente y de renunciar á sus excesos. Jesús no
-traspasó ese primer período monacal en que el hombre se cree autorizado
-á intentar lo imposible. Así es que predicó atrevidamente la guerra á
-la naturaleza, la total ruptura de los lazos de la sangre: «En verdad,
-en verdad os digo,--exclamaba,--ninguno hay que haya dejado casa, ó
-padres, ó hermanos, ó esposa, ó hijos, por amor de Dios, el cual no
-reciba mucho más en este siglo, y en el venidero la vida eterna»[812].
-
-La misma exaltacion respiran las instrucciones que se suponen dadas por
-Jesús á sus discípulos[813]. En efecto, él, que tan fácil y tolerante
-se muestra para con los extraños, que á veces se contenta con débiles
-afecciones[814], manifiesta para con los suyos extraordinario rigor.
-No le satisfacen los términos medios. Diríase que su escuela era una
-«órden» basada en las más austeras reglas. Jesús, fiel á su idea de
-que los cuidados de la vida turban y empequeñecen al hombre, exige un
-completo desprendimiento de la tierra, una adhesion absoluta por su
-obra. Sus discípulos no deben llevar dinero, ni provisiones para el
-camino, ni siquiera una alforja, ni una muda de ropa; deben practicar
-la pobreza absoluta, vivir de las limosnas y de la hospitalidad
-que les ofrezcan. «Dad graciosamente lo que graciosamente habeis
-recibido»[815],--les decia en su hermoso lenguaje. Si los prenden, si
-los llevan ante los jueces, no deben preparar su defensa; el abogado
-celestial, el _Paráclito_, les inspirará lo que han de decir. El Padre
-les enviará de lo alto su Espíritu, el cual llegará á ser el principio
-de todas sus acciones, el director de sus pensamientos, su guía á
-traves del mundo[816]. Cuando los echen de una ciudad, deben sacudir,
-al abandonarla, el polvo de sus piés, aunque no sin notificarle la
-proximidad del reino de Dios, á fin de que no pueda alegar ignorancia.
-Y añadia: «No acabareis de recorrer las ciudades de Israel ántes que
-venga el Hijo del hombre.»
-
-Un fuego extraño anima todos esos discursos, que tal vez sean en parte
-creacion del entusiasmo de los discípulos[817]; pero áun así, provienen
-directamente de Jesús, puesto que obra suya era ese entusiasmo. Jesús
-anuncia á los que quieren seguirle grandes persecuciones y que serán
-objeto del ódio del género humano. Envíalos como ovejas en medio de
-lobos, y les dice que serán azotados en las sinagogas y conducidos á
-las prisiones. El hermano será entregado por el hermano y el hijo por
-su padre. Aconséjales que cuando los persigan en un país huyan á otro.
-«El discípulo no es más que su maestro,--les decia,--ni el siervo
-más que su amo. Nada temais á los que matan al cuerpo y no pueden
-matar el alma. ¿No es así que dos pájaros se venden por un cuarto,
-y no obstante, ninguno de ellos caerá en tierra sin que lo disponga
-vuestro padre? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados; no
-teneis, pues, que temer; valeis vosotros más que muchos pájaros»[818].
-Y añadia: «Todo aquel que me reconociere delante de los hombres, yo
-tambien le reconoceré delante de mi Padre; mas á quien me negare
-delante de los hombres, yo tambien le negaré delante de mi Padre que
-está en los cielos»[819].
-
-En esos accesos de rigor, Jesús se exaltaba hasta el extremo de
-suprimir la carne. Sus exigencias no tenian ya límites. Desconociendo
-la manera de ser de la naturaleza del hombre, quiere que no se viva
-sino para él, que no se ame sino á él únicamente. «Si alguno de los que
-me siguen,--decia,--no aborrece á su padre y madre, y á la mujer, y á
-los hijos, y á los hermanos y hermanas, y áun á su vida misma, no puede
-ser mi discípulo»[820].--«Cualquiera de vosotros que no renuncie á todo
-lo que posea, no puede ser mi discípulo»[821]. Entónces se mezclaba á
-sus palabras algo de extraño y sobrehumano; algo semejante á un fuego
-devorador que agostaba las raíces de la vida, que lo convertia todo
-en horrible desierto. El áspero y triste sentimiento de disgusto por
-el mundo y de abnegacion ilimitada, que caracteriza la perfeccion
-cristiana, tuvieron por fundador, no al ingenioso y jovial moralista
-de los primeros dias, sino al sombrío gigante á quien una especie de
-grandioso presentimiento arrojaba más y más fuera del género humano.
-En aquellos momentos de guerra contra las necesidades más legítimas
-del corazon, diríase que Jesús habia olvidado el placer de vivir, de
-amar, de ser y de sentir. Y llevando su exaltacion hasta el extremo,
-exclamaba: «Si alguno quiere ser mi discípulo, que renuncie á sí mismo
-y me siga. Quien ama al padre ó á la madre más que á mí, no merece ser
-mio; y quien ama al hijo ó á la hija más que á mí, tampoco merece ser
-mio. Quien conserve su vida, la perderá; y quien perdiere su vida por
-amor mio, la volverá á hallar. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo
-el mundo si se pierde á sí mismo?»[822]. Dos anécdotas pertenecientes
-al género de aquellas que no deben tomarse por históricas pintan
-perfectamente, aunque exagerándole, ese reto lanzado por Jesús á la
-naturaleza. «¡Sígueme!»--dijo el maestro á un hombre.--«Señor,--le
-respondió--permíteme que ántes vaya á dar sepultura á mi padre.» Mas
-Jesús replicó:--«Sígueme tú, y deja que los muertos entierren á sus
-muertos; pero tú vé y anuncia el reino de Dios.»--Y otro le dijo:
-«Señor, yo te seguiré; pero primero déjame ir á despedirme de mi casa.»
-Respondióle Jesús: «Ninguno que despues de haber puesto su mano en
-el arado vuelve los ojos atras, es apto para el reino de Dios»[823].
-Un extraordinario aplomo, y á veces un acento de singular dulzura,
-hacian tolerables esas exageraciones: «Venid á mí--exclamaba--todos los
-que andais agobiados de trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Tomad
-mi yugo sobre vosotros; aprended de mí, que soy manso y humilde de
-corazon, y hallaréis el reposo para vuestras almas; porque suave es mi
-yugo y ligero el peso mio»[824].
-
-De esa moral exaltada, que se expresaba en un lenguaje hiperbólico
-y espantosamente enérgico, debia resultar un gran peligro para el
-porvenir. Á fuerza de desprender al hombre de la tierra, se atacaba
-á la vida en sus mismas fuentes. En adelante, el cristiano que sea
-mal hijo, mal padre, mal patriota, merecerá por ello elogios, si sus
-atentados contra la patria y la familia reconocen por orígen el amor de
-Cristo. La ciudad antigua, la república, madre de todos, el Estado, ley
-comun de todos, quedan constituidos en hostilidad abierta con el reino
-de Dios, sembrando en el mundo un gérmen fatal de teocracia.
-
-Otra consecuencia se deja tambien entrever desde entónces. Esa
-moral, hecha para un momento de crísis, parecerá imposible cuando se
-trasporte á un medio más tranquilo, al seno de una sociedad segura de
-su duracion. El Evangelio queda así destinado á convertirse en una
-utopia que muy pocos cristianos intentarian realizar. Para el mayor
-número, esas fulminantes máximas deberán dormir en profundo olvido, con
-el asentimiento del mismo clero; porque el hombre evangélico será un
-hombre peligroso. El más interesado, el más orgulloso, el más déspota,
-el más terrenal de todos los humanos, un Luis XIV, por ejemplo, debia
-encontrar sacerdotes que le persuadiesen, á despecho del Evangelio,
-de que era buen cristiano. Pero tambien debian encontrarse santos
-que tomasen al pié de la letra las sublimes paradojas de Jesús. No
-pudiendo alcanzarse la perfeccion dentro de las condiciones ordinarias
-de la sociedad, ni practicarse completamente la vida evangélica sino
-fuera del mundo, quedaba asentado de una manera tácita el principio
-del ascetismo y del estado monacal. Las sociedades cristianas tendrán,
-pues, dos reglas morales, una medianamente heróica, para la generalidad
-de los hombres; otra exaltada hasta el exceso, para el hombre perfecto;
-y este será el fraile sujeto á reglas que pretendan realizar el ideal
-evangélico. Es indudable que ese ideal no podia ser de derecho comun,
-puesto que implicaba la obligacion del celibato y de la pobreza. Bajo
-este punto de vista, el fraile es en cierto modo el solo cristiano
-verdadero. El sentido comun se revela contra semejantes excesos,
-porque para él lo imposible es la señal de la debilidad y del error.
-Pero, cuando se trata de grandes cosas, el sentido comun es malísimo
-juez. Para obtener algo de la humanidad, necesario es pedirle mucho.
-El inmenso progreso moral debido al Evangelio proviene de sus mismas
-exageraciones. Bajo este supuesto, él ha sido, así como el estoicismo,
-pero con muchísima más amplitud, un vivo argumento de las fuerzas
-divinas que el hombre tiene en sí, un monumento elevado al poder de la
-voluntad.
-
-Compréndese fácilmente que, en el momento á que hemos llegado de la
-vida de Jesús, todo lo que no era el reino de Dios habia desaparecido
-para él de un modo absoluto. Jesús se hallaba fuera de la naturaleza,
-si así puede decirse; la familia, la amistad, la patria no tienen ya
-para él valor alguno. Sin duda habia hecho desde entónces el sacrificio
-de su vida. En ocasiones se inclina uno á creer que, viendo en su
-propia muerte un medio de fundar su reino, concibió deliberadamente el
-propósito de hacerse matar[825]. Otras veces, la muerte se presenta á
-él como un sacrificio destinado á apaciguar á su Padre y á salvar á los
-hombres[826], idea que despues habia de convertirse en dogma. Domínale
-un gusto singular de persecucion y de suplicios[827], considera su
-sangre como el agua de un segundo bautismo que debe recibir, y parece
-poseido de una extraña precipitacion por salir al encuentro de ese
-bautismo, único que puede calmar su sed[828].
-
-Su grandeza de miras respecto al porvenir era á veces sorprendente.
-Jesús no desconocia la terrible tempestad que iba á desencadenar sobre
-el mundo. «No teneis que pensar--decia enérgica y atrevidamente--que
-yo he venido á traer la paz á la tierra; no he venido á traer la paz,
-sino la guerra. En una misma casa habrá cinco entre sí desunidos,
-tres contra dos y dos contra tres. Pues he venido á separar al hijo
-de su padre, á la hija de su madre, y á la nuera de su suegra. Y los
-enemigos del hombre serán las personas de su misma casa»[829].--«Yo
-he venido á poner fuego á la tierra; y ¿qué he de querer sino que
-arda?»[830].--«Os echarán de las sinagogas--añadia--y va á venir tiempo
-en que quien os matare se persuada hacer un obsequio á Dios[831]. Si el
-mundo os aborrece, sabed que primero que á vosotros me aborreció á mí.
-Acordaos de aquélla sentencia mia, que os dije: no es el siervo mayor
-que su amo. Si me han perseguido á mí, tambien os han de perseguir á
-vosotros»[832].
-
-Arrastrado por esa espantosa progresion de entusiasmo y obedeciendo á
-las necesidades de una predicacion cada vez más exaltada, Jesús no era
-ya dueño de sí mismo, pertenecia á su papel y á la humanidad, hasta
-cierto punto. Hubiérase dicho á veces que su razon se turbaba. Sentia
-angustias y agitaciones interiores[833]. La gran vision del reino de
-Dios que incesantemente brillaba ante sus ojos le producia vértigos.
-Hubo momentos en que sus discípulos le creyeron loco[834], y en que
-sus enemigos declararon que estaba poseido[835]. Su apasionadísimo
-temperamento le llevaba á cada instante fuera de los límites de la
-naturaleza humana. No siendo su obra una obra de razon, sino de
-aquellas que burlan todas las clasificaciones del humano entendimiento,
-lo que Jesús exigia más imperiosamente era la «fe»[836]. Esta palabra,
-base de todos los movimientos populares, era la que más se repetia
-en el pequeño cenáculo. Claro es que ninguno de esos movimientos
-se realizaria, si fuese condicion indispensable que aquel que los
-provoca conquistase uno á uno sus discípulos por medio de pruebas
-lógicas y bien deducidas. La reflexion no conduce sino á la duda: si
-los autores de la revolucion francesa, por ejemplo, hubiesen exigido
-un convencimiento prévio, fruto de largas meditaciones, todos ellos
-habrian llegado á la vejez sin haber hecho nada. Jesús de igual manera
-aspiraba á seducir más bien que á convencer. Exigente, imperativo,
-no sufria ninguna oposicion ni demora, era preciso convertirse.
-Hasta su dulzura natural parecia haberle abandonado, y en ocasiones
-se manifestaba rudo y extravagante[837]. Habia momentos en que sus
-discípulos no le comprendian y en que les inspiraba una especie de
-temor[838]. Su mal humor contra los obstáculos le hacia cometer á veces
-actos inexplicables y absurdos en apariencia[839].
-
-Y no es porque su virtud menguase, sino porque su lucha en nombre del
-ideal contra la realidad llegaba á ser insostenible. La resistencia
-le irritaba; el contacto de la tierra le exasperaba y le hacia daño.
-Y su nocion de Hijo de Dios se turbaba y exageraba. La ley fatal que
-condena á la idea á decaer y empobrecerse desde el momento en que trata
-de convertir á los hombres, tenía en él su aplicacion. Al tocar los
-hombres á Jesús, le rebajaban á nivel de ellos. La entonacion que habia
-adoptado no podia ser mantenida sino por algunos meses; tiempo era ya
-de que la muerte pusiese fin á una situacion tan violenta, y de que
-viniera á sustraerle á las imposibilidades de un camino sin término, á
-libertarle de una prueba demasiado prolongada, á introducirle impecable
-y para siempre en su celestial serenidad.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XX
-
-OPOSICION CONTRA JESÚS
-
-
-Jesús no encontró, á lo que parece, gran oposicion durante el primer
-período de su carrera. Gracias á la extremada libertad de que se gozaba
-en Galilea y al infinito número de maestros que aparecian en todas
-partes, su predicacion no fué entónces conocida sino entre un círculo
-de personas bastante reducido. Pero la tormenta empezó á rugir tan
-pronto como puso la planta en una senda brillante de prodigios y de
-éxito público. Más de una vez tuvo que huir y ocultarse por temor á
-las persecuciones[840]. Sin embargo, Antipas no le molestó nunca, como
-pudiera inferirse por la severidad con que Jesús se expresó algunas
-veces respecto á él[841]. Tiberiade, residencia ordinaria del tetrarca,
-no distaba sino una ó dos leguas del país que Jesús habia elegido por
-centro de su actividad; Antipas oyó desde allí hablar de sus milagros,
-que, sin duda, tomaba por rasgos de habilidad, y curioso, como lo
-eran entónces todos los incrédulos, de aquella especie de prestigios,
-deseó presenciarlos[842]. Pero Jesús, con su tacto ordinario, rehusó
-satisfacer la curiosidad del tetrarca, guardándose muy bien de
-extraviarse en un mundo irreligioso, que sólo pretendia verle para
-disfrutar de un vano pasatiempo. No aspirando á ganar sino al pueblo,
-guardó para las gentes sencillas medios que únicamente para ellas
-podian ser eficaces.
-
-Hubo un momento en que se esparció el rumor de que Jesús no era otro
-sino Juan Bautista, que habia resucitado de _entre_ los muertos. La
-noticia inquietó un poco á Antipas[843], el cual empleó la astucia
-á fin de alejar de sus dominios al nuevo profeta. So pretexto de
-interesarse por Jesús, algunos fariseos fueron á decirle que Antipas
-queria hacerle matar. Pero no obstante su gran sencillez, Jesús
-conoció el lazo que se le tendia y no abandonó el país[844]. Su
-carácter pacífico y su ninguna implicacion en las agitaciones populares
-concluyeron por tranquilizar al tetrarca y por alejar el peligro.
-
-La acogida que se dispensó á la nueva doctrina en todas las ciudades
-de Galilea no fué igualmente benévola. No sólo la incrédula Nazareth
-continuaba rechazando al que debia darle inmarcesible gloria; no sólo
-sus hermanos persistian en no creer en él[845], sino que algunas de
-las ciudades del lago, que en general no le eran hostiles, se hallaban
-muy léjos de estar completamente convertidas. Jesús se queja á menudo
-de la incredulidad y de la dureza de corazon que encuentra á cada
-paso; y aunque en tales reconvenciones haya gran parte de exageracion,
-propia del predicador, y aunque en ellas se eche de ver esa especie de
-_convicium seculi_, á que Jesús se mostraba aficionado, á imitacion
-de Juan Bautista[846], conócese, no obstante, que no todo el país se
-mostraba adicto al reino de Dios.
-
- «¡Ay de tí, Corazin!--exclamaba.--¡Ay de tí, Betsaida! que si en
- Tyro y en Sidon se hubiesen hecho los milagros que se han obrado
- en vosotras, tiempo há que habrian hecho penitencia, cubiertas de
- ceniza y de cilicio. Por tanto os digo que Tyro y Sidon serán ménos
- rigorosamente tratados en el dia del juicio que vosotras. Y tú,
- Capharnahum, ¿piensas acaso levantarte hasta el cielo? Serás, sí,
- abatida hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubiesen hecho los
- milagros que en tí, Sodoma quizá subsistiera áun hoy dia. Por eso te
- digo que el país de Sodoma en el dia del juicio será con ménos rigor
- que tú castigado[847].»
-
- «La reina de Saba,--añadia,--hará de acusadora en el dia del juicio
- contra esta raza de hombres, y la condenará; por cuanto vino de los
- extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomon, y con
- todo, aquí teneis quien es más que Salomon. Los naturales de Nínive
- se levantarán en el dia del juicio contra esta raza de hombres, y la
- condenarán; por cuanto ellos hicieron penitencia á la predicacion de
- Jonás. Y con todo, el que está aquí es más que Jonás»[848].
-
-Su vida errante y vagabunda, que en un principio se le presentaba llena
-de atractivo, empezaba tambien á fatigarle.
-
- «Las raposas,--decia,--tienen sus madrigueras, y las aves del
- cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene sobre qué reclinar
- la cabeza»[849].
-
-Su corazon destilaba en grado progresivo la reconvencion y la
-amargura:--acusaba á los incrédulos de resistirse á la evidencia, y
-decia que habia personas que, áun en el momento en que el Hijo del
-hombre apareciese rodeado de gloria celestial, dudarian todavía de
-él[850].
-
-Jesús no podia, en efecto, acoger la oposicion con la calma del
-filósofo que, comprendiendo la razon de la diversidad de opiniones que
-se disputan el mundo, encuentra muy natural el que no todos adopten
-sus principios. Uno de los principales defectos de la raza judía
-es la acritud en la controversia y el tono injurioso que mezcla en
-ella. Nunca hubo en el mundo tan acaloradas disputas como las que los
-judíos tenian entre sí. Lo que hace al hombre político y moderado es
-el sentimiento de la variedad de opinion. La falta de ese sentimiento
-es uno de los rasgos que caracterizan el espíritu semítico. Las
-obras delicadas, como, por ejemplo, los diálogos de Platon, son
-completamente extrañas á esos pueblos. Jesús, no obstante hallarse
-exento de casi todos los defectos de su raza, y sin embargo de ser
-su cualidad predominante una delicadeza infinita, se vió obligado,
-á pesar suyo, á usar en la polémica del estilo general[851]. De
-igual manera que Juan Bautista[852], empleaba contra sus adversarios
-términos durísimos. Su carácter, de exquisita mansedumbre para con los
-humildes, se exasperaba ante la incredulidad ménos agresiva[853]. Ya
-no era aquel apacible maestro del «Discurso sobre la montaña», que aún
-no habia encontrado ni resistencia ni dificultades. La pasion, que
-formaba el fondo de su naturaleza, le arrastraba al terreno de las más
-violentas invectivas. Esa mezcla original de encontrados afectos no
-debe causarnos sorpresa. Un hombre de nuestra época, M. de Lamennais,
-ha ofrecido, con raro vigor, el mismo contraste. En su hermoso libro
-«Palabras de un creyente», la cólera más desenfrenada y los giros
-más suaves y delicados alternan á cada paso. Y ese hombre, que en el
-trato comun de la vida era amable y bondadoso para con todo el mundo,
-se hacia intratable y se exasperaba hasta la locura con aquellos que
-disentian de sus opiniones. De igual manera, Jesús se aplicaba, no
-sin razon, el pasaje del libro de Isaías[854]: «No contenderá con
-nadie, no voceará, ni oirá ninguno su voz en las plazas; no quebrará
-la caña cascada, ni acabará de apagar la mecha que aún humea»[855]. Y
-sin embargo, várias de las recomendaciones que hace á sus discípulos
-encierran el gérmen de un verdadero fanatismo[856], gérmen que la Edad
-media debia desarrollar de una manera cruel. Pero ¿debe censurársele
-por ello? Ninguna revolucion se ha cumplido sin algo de rudeza. Ni
-la Reforma, ni la Revolucion francesa se habrian llevado á cabo si
-Lutero y los actores del gran drama de 1789 hubiesen debido observar
-los miramientos que exige la buena crianza. Felicitémonos, pues, de
-que Jesús no encontrase una ley que castigara el ultraje hecho á una
-clase de ciudadanos;--entónces los fariseos habrian sido inviolables.
-Todos los grandes casos que registra la historia de la humanidad se
-han efectuado en nombre de principios absolutos. Un filósofo crítico
-hubiera dicho á sus discípulos: «Respetad la opinion ajena y creed
-que, en este mundo, nadie posee completamente el tesoro de la verdad»;
-pero la accion de Jesús no tiene nada de comun con las desinteresadas
-especulaciones del filósofo. Para un alma ardiente, el pensamiento de
-haber tocado por un instante el ideal y de haber sido detenida por la
-maldad de los hombres, es de una amargura insoportable. ¿Qué no sería
-para el fundador de un mundo nuevo?
-
-El obstáculo invencible que hallaban las ideas de Jesús procedia
-del judaismo ortodoxo representado por los fariseos. Éstos eran los
-verdaderos judíos, el nervio y la fuerza del judaismo, miéntras que
-Jesús se alejaba cada vez más de la antigua Ley. Aunque el centro de
-aquel partido se hallaba en Jerusalen, habia, sin embargo, algunos
-adeptos en Galilea, establecidos en el país ó permaneciendo en él
-accidentalmente[857]. Por regla general, eran hombres de limitado
-entendimiento, de grande apego á las vanas exterioridades y de una
-devocion desdeñosa, oficial y muy satisfecha de sí misma[858].
-Sus modales eran ridículos y hacian sonreir á los mismos que los
-respetaban. Pruebas de ello son los satíricos apodos con que los
-distinguia el pueblo. Habia el «fariseo patizambo» (_Nikfi_), que
-marchaba por las calles arrastrando los piés y tropezando contra los
-guijarros; el «fariseo frente-sangrienta» (_Kizai_), que á fuerza de
-obstinarse en mirar al suelo por no ver á las mujeres se magullaba
-la frente contra las esquinas, teniéndola siempre ensangrentada; el
-«fariseo esteva» (_Medukia_), que permanecia plegado constantemente
-como el mango de un arado; el «fariseo robusto de hombros» (_Sckimi_),
-que andaba con la espalda encorvada como si todo el peso de la Ley
-gravitase sobre sus hombros; el «fariseo _¿qué hay que hacer? aquí
-estoy yo_», siempre á caza de un precepto que cumplir; y, por último,
-el «fariseo barnizado», en el cual no eran las devotas exterioridades
-sino un barniz de hipocresía[859]. Y en efecto, ese rigorismo no era
-muchas veces sino vana apariencia que en el fondo ocultaba una gran
-relajacion moral[860]. Sin embargo, la credulidad pública no sospechaba
-todo lo que habia de falaz en aquellas mojigaterías. El pueblo, cuyo
-instinto es siempre recto, hasta en aquellos instantes en que padece
-mayores extravíos respecto á las cuestiones personales, se deja engañar
-fácilmente por los falsos devotos. Lo que en ellos ama es sin duda
-bueno y digno de ser amado; pero no tiene bastante penetracion para
-discernir la apariencia de la realidad.
-
-No es difícil comprender la antipatía que, en un mundo tan apasionado
-como aquél, debió estallar desde un principio entre Jesús y las
-personas del carácter farisáico. Jesús no queria sino la religion
-del corazon; la de los fariseos consistia, casi únicamente, en meras
-fórmulas, en vanas observancias. Jesús atraia hácia su doctrina á los
-humildes y abria los brazos á aquellos que la sociedad rechazaba; los
-fariseos veian en ello un insulto á su religion de personas decentes.
-Un fariseo era un hombre infalible é impecable, un pedante seguro de
-tener siempre razon, que en la sinagoga ocupaba siempre el primer
-sitio, que oraba en las calles y daba limosna á són de trompeta, y que
-miraba si le dirigian un saludo. Jesús, por el contrario, sostenia
-que cada uno debe esperar con temor y humildad el juicio de Dios. Sin
-embargo, la mala direccion religiosa que el farisaismo representaba
-no reinó exclusivamente. Ántes de Jesús, y áun en su misma época,
-muchos hombres, tales como Jesús, hijo de Sirach, uno de los verdaderos
-antepasados de Jesús de Nazareth, Gamaliel, Antígono de Soco, y sobre
-todo, el tierno y noble Hillel, habian enseñado doctrinas mucho más
-elevadas y casi evangélicas. Pero aquellas buenas semillas quedaron
-sofocadas en gérmen. Las hermosas máximas de Hillel, que resumian toda
-la Ley en la equidad[861], y las de Jesús, hijo de Sirach, que hacian
-consistir el culto en la práctica del bien[862], fueron olvidadas ó
-anatematizadas[863]. El espíritu mezquino y exclusivista de Schammai
-habia obtenido sobre ellas el triunfo. Una masa enorme de «tradiciones»
-habia llegado á desnaturalizar la Ley[864], so pretexto de protegerla
-y de interpretarla. Esas medidas tuvieron sin duda su lado útil; debe
-mirarse como un bien el que el pueblo judío haya amado su ley hasta el
-frenesí, puesto que ese amor frenético fué el que salvó el mosaismo
-bajo Antíoco Epifáneo y bajo Heródes, y el que nos conservó la levadura
-de que más tarde debia salir la religion cristiana. Pero todas aquellas
-antiguas precauciones, consideradas en sí mismas, no eran sino otras
-tantas puerilidades. La sinagoga, entre cuyas manos estaba el sagrado
-depósito, se habia convertido en fuente de errores. Su reinado habia
-concluido; pero pedirle que abdicase era pedirle un imposible, porque
-ningun poder establecido abdica, ni abdicará nunca voluntariamente.
-
-Las luchas de Jesús con la hipocresía oficial eran, pues, contínuas.
-La táctica ordinaria de los reformadores que aparecian en el estado
-religioso que acabamos de describir, estado que puede llamarse
-«formalismo tradicional», consistia en oponer á las tradiciones el
-«texto» de los libros sagrados. El celo religioso es siempre innovador,
-áun en aquellos mismos momentos en que pretende ser esencialmente
-conservador. Y así como los neo-católicos de nuestros dias se alejan
-cada vez más del Evangelio, de igual modo se alejaban los fariseos á
-cada instante de la Biblia. Hé ahí por qué el reformador puritano,
-partiendo del texto inmutable para criticar la teología corriente,
-que marcha de generacion en generacion, es casi siempre «bíblico» por
-excelencia. Lo mismo hicieron despues los caraítas y los protestantes.
-Jesús aplicó el hacha á la raíz con mayor energía. Verdad es que á
-veces se le ve invocando los textos contra las falsas _Masoras_ ó
-tradiciones de los fariseos[865]; pero, en general, se cuida poco de
-exegésis y prefiere dirigir su llamamiento á la conciencia. Bajo su
-segur innovadora caen al mismo tiempo texto y comentarios. Demuestra,
-sí, á los fariseos que con sus tradiciones alteran gravemente el
-mosaismo; pero no pretende de ningun modo volverse hácia Moisés, porque
-su objeto se hallaba en el porvenir, y no en el pasado. Más bien que el
-reformador de una antigua religion, Jesús era el creador de la religion
-eterna de la humanidad.
-
-Las disputas estallaban casi siempre á causa de una infinidad de
-prácticas exteriores que la tradicion habia introducido, y que ni
-Jesús ni sus discípulos observaban[866]; cosa que escandalizaba á los
-fariseos y por la cual le dirigian vivas reconvenciones. Cuando comia
-en casa de ellos, hacian grandes aspavientos al ver que no se sujetaba
-á las abluciones de costumbre. «Dad limosna,--les decia Jesús,--y todas
-las cosas estarán limpias en órden á vosotros»[867]. Lo que lastimaba
-en grado superlativo su tacto delicado era, el aire de seguridad que
-los fariseos afectaban respecto á las cosas religiosas, y su mezquina
-devocion, cuyo móvil consistia siempre en las preeminencias y en los
-títulos, y nunca en el mejoramiento de los corazones. Jesús expresaba
-esa idea, con gran exactitud y atractivo, en una admirable parábola:
-
- «Dos hombres subieron al templo á orar; el uno era fariseo y el otro
- publicano. El fariseo puesto en pié oraba en su interior de esta
- manera: «¡Oh Dios! yo te doy gracias de que no soy como los demás
- hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como este
- publicano; ayuno dos veces á la semana, pago los diezmos de todo lo
- que poseo.» El publicano, al contrario, puesto allá léjos, ni áun
- los ojos osaba levantar al cielo; sino que daba golpes de pecho,
- diciendo: «Dios mio, ten misericordia de mí, que soy un pecador.»
- Os declaro, pues, que éste volvió á su casa justificado, mas no el
- otro»[868].
-
-La consecuencia de aquellas luchas era un ódio que no podia
-satisfacerse sino con la muerte. Juan Bautista habia provocado ya
-enemistades del mismo género[869]. Pero la aristocracia de Jerusalen,
-que le despreciaba, habia dejado que las personas sencillas le
-tomasen por un profeta[870]. Mas esta vez la guerra era á muerte,
-porque un espíritu nuevo aparecia en el mundo, marcando con el sello
-de la proscripcion cuanto le habia precedido. Juan Bautista era
-profundamente judío; Jesús lo era muy poco. Jesús se dirige siempre
-á la delicadeza del sentimiento moral. No es ergotista sino cuando
-argumenta contra los fariseos, cuando el adversario le obliga, como
-sucede siempre, á adoptar su propio tono[871]. Su exquisita ironía, sus
-malignas provocaciones iban siempre derechas al corazon. Estigmatos
-eternos, ellos han permanecido coagulados en la llaga. Esa túnica
-de Neso del ridículo, cuyos girones arrastra en pos de sí el judío
-descendiente de los fariseos, desde hace diez y ocho siglos, es obra
-de Jesús; él fué quien la tejió con artificio divino. Obra maestra de
-elevada ironía, sus rasgos se han inscrito en líneas de fuego sobre la
-piel del hipócrita y del falso devoto. ¡Rasgos incomparables, dignos de
-un hijo de Dios! Porque sólo un Dios sabe matar de esa manera. Sócrates
-y Molière no hacen sino arañar la epidérmis. Jesús introduce el hierro
-candente hasta la médula de los huesos.
-
-Natural era que ese gran maestro en ironía pagase con la vida su
-triunfo. Ya en Galilea los fariseos habian tratado de perderle
-empleando contra él la maniobra que más tarde debia secundar en
-Jerusalen sus proyectos siniestros, maniobra que consistia en
-interesar en su querella á los partidarios del nuevo órden político
-existente[872]. Las facilidades que Jesús tenía en Galilea para
-ocultarse, y la debilidad del gobierno de Antipas hicieron abortar
-aquellas tentativas. Pero él mismo fué bien pronto á ofrecerse al
-peligro. Jesús conocia que permaneciendo confinado en Galilea, su
-accion tendria que ser necesariamente muy limitada. La Judea era para
-él un iman de irresistible atraccion; así, pues, quiso tentar un último
-esfuerzo á fin de convertir la ciudad rebelde; no parece sino que se
-empeñó en justificar el proverbio de «ningun profeta debe morir fuera
-de Jerusalen»[873].
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXI
-
-ÚLTIMO VIAJE DE JESÚS Á JERUSALEN
-
-
-Hacia ya mucho tiempo que Jesús tenía conciencia de los peligros que le
-rodeaban[874]. Durante un período que puede calcularse de diez y ocho
-meses evitó ir en peregrinacion á Jerusalen[875]. Por la fiesta de los
-Tabernáculos del año 32 (segun la hipótesis que hemos adoptado), sus
-parientes, siempre incrédulos y nada bien dispuestos á su favor[876],
-le excitaron á que emprendiese el viaje á la capital. El evangelista
-Juan parece indicar que semejante excitacion ocultaba algun proyecto
-malévolo. «Date á conocer al mundo--le decian--nadie hace las cosas
-en secreto si quiere ser conocido. Véte á Judea para que vean allí
-las obras que haces.» Sospechando alguna traicion, Jesús rehusó en un
-principio; mas así que partió la caravana de peregrinos, se dirigió
-tambien á Jerusalen, casi solo y como ocultándose de los demás[877].
-Aquel fué su último adios á Galilea. La fiesta de los Tabernáculos se
-celebraba en el equinoccio de otoño; por consiguiente, aún faltaban
-seis meses para el fatal desenlace. Pero durante ese intervalo, Jesús
-no volvió á ver sus queridas provincias del norte. Ha pasado, pues, el
-tiempo de las dulzuras, y menester es recorrer ahora paso á paso la
-dolorosa via que terminará en las angustias de la muerte.
-
-Sus discípulos y las piadosas mujeres que le servian volvieron á
-encontrarle en Judea[878]; pero ¡cuán trocadas estaban allí las cosas
-para él! En Jerusalen, Jesús era un extranjero y conocia que una
-muralla inexpugnable se alzaba en aquella ciudad ante sus pasos. La
-malevolencia de los fariseos le perseguia constantemente, rodeándole
-de asechanzas y de objeciones[879]. En vez de la credulidad ilimitada,
-patrimonio feliz de las naturalezas vírgenes, que encontraba en
-Galilea; en vez de esos pueblos buenos, afectuosos é incapaces de
-objeciones (porque la objecion es siempre, en cierto modo, hija de
-la perversidad y del orgullo), Jesús no hallaba en Jerusalen sino
-una incredulidad obstinada, contra la cual iban á estrellarse los
-medios de accion que tan buen éxito le habian ofrecido en el norte.
-Sus discípulos eran allí despreciados por la sola cualidad de ser
-galileos. Nicodemo, que habia tenido con él en uno de sus precedentes
-viajes una entrevista nocturna, estuvo á pique de comprometerse por
-haber querido defenderle en el sanedrin.--«¿Eres acaso tú, como él,
-galileo?--le preguntaron.--Examina las escrituras y verás que un
-profeta no puede venir de Galilea»[880].
-
-Como ya hemos dicho, Jesús no gustaba de las grandes ciudades. Hasta
-entónces habia evitado siempre los centros populosos, prefiriendo
-desplegar su accion en las campiñas y en los burgos de mediana
-importancia. Muchos de los preceptos que daba á sus apóstoles eran
-absolutamente inaplicables á una sociedad ménos sencilla que la de una
-aldea[881]. Acostumbrado á su amable comunismo galileo y no teniendo
-ninguna idea de lo que era el mundo, aventuraba á cada instante
-candideces que en Jerusalen debian parecer muy singulares[882]. Entre
-aquellas murallas, su risueña imaginacion y su amor á la naturaleza
-estaban fuera de su centro. La verdadera religion no debia salir del
-tumulto de las ciudades, sino de la tranquila serenidad de los campos.
-
-Érale desagradable el átrio del templo á causa de la arrogancia de
-los sacerdotes. Algunos de sus discípulos, que conocian mejor que
-él á Jerusalen, quisieron un dia hacerle notar la belleza de las
-construcciones del templo, la buena calidad de los materiales y las
-riquezas de las ofrendas votivas que cubrian las paredes. «¿Veis
-todos esos edificios?--les respondió--pues yo os digo de cierto que
-no quedará de ellos piedra sobre piedra»[883]. Nada de todo aquello
-excitó, pues, su admiracion; más que el templo se la excitó una pobre
-viuda que pasaba en aquel instante y que depositó un óbolo en el arca
-ó cepillo de las ofrendas: «En verdad os digo--exclamó--que esta
-pobre viuda ha echado más en el arca que todos los otros. Por cuanto
-los demás han echado algo de lo que les sobraba; pero ésta ha dado
-de su misma pobreza todo lo que tenía»[884]. Esa manera de criticar
-todo lo que se hacia en Jerusalen, de realzar al pobre que daba poco,
-rebajando al rico que daba mucho[885]; de censurar al clero opulento
-que nada hacia por el bien del pueblo, exasperó naturalmente la casta
-sacerdotal. El templo, como el _haram_ musulman que le ha sucedido,
-era el asiento de una aristocracia conservadora; y por consiguiente
-el sitio ménos á propósito del mundo para proclamar con éxito ideas
-revolucionarias. ¡Intentar semejante cosa era lo mismo que si un
-innovador de nuestros dias predicase al rededor de la mezquita de Omar
-la abrogacion del islamismo! Y sin embargo, allí se hallaba el centro
-de la vida judáica, y en aquel punto era preciso vencer ó morir. En ese
-calvario, donde seguramente sufrió Jesús mucho más que en el Gólgotha,
-sus dias se deslizaban en medio de amargas disputas, de enojosas
-controversias de derecho canónico y de exegésis, para las cuales, no
-sólo no le daba ninguna ventaja su grande elevacion moral, sino que,
-por el contrario, le hacia aparecer como inferior á sus contrincantes.
-
-El corazon sensible y bondadoso de Jesús halló, sin embargo, en medio
-de aquella vida agitada, un apacible asilo en el cual él olvidaba sus
-habituales amarguras. Despues de haber pasado el dia cuestionando en
-el templo, Jesús descendia por la tarde al valle de Cedron, descansaba
-un rato bajo la arboleda de un establecimiento agrícola (probablemente
-algun molino de aceite), llamado _Gethsemaní_[886], el cual servia
-de punto de recreo á los habitantes, é iba á pasar la noche sobre
-el monte de los Olivos que termina al Oriente el horizonte de la
-ciudad[887]. Aquél es el único sitio de los alrededores de Jerusalen
-que ofrece un aspecto algo umbroso y risueño. Las plantaciones de
-olivos, higueras y palmas, eran allí numerosas, y de ellas tomaban
-nombre las aldeas, granjas ó cercados de Bethphage, Gethsemaní y
-Bethania[888]. Sobre el monte de los Olivos habia dos grandes cedros,
-cuyos recuerdos conservaron por espacio de mucho tiempo los judíos
-dispersos; nubes de palomas iban á buscar asilo entre sus ramas, y bajo
-su espléndido follaje habia establecidas algunas tiendas[889]. Aquellos
-arrabales fueron, en cierto modo, el barrio favorito de Jesús y de sus
-discípulos, y se echa de ver que le conocian palmo á palmo.
-
-Pero la aldea de Bethania[890], situada en la cumbre de la colina,
-sobre la vertiente que mira hácia el Jordan y el mar Muerto, y distante
-una hora de Jerusalen, era particularmente el lugar predilecto de
-Jesús[891]. Allí entabló conocimiento con una familia compuesta de
-tres personas, dos hermanas y un hermano, cuya amistad tuvo para él
-mucho atractivo[892]. La una de las dos hermanas, llamada Martha, era
-complaciente, buena, obsequiosa y solícita[893]; por el contrario, la
-otra, llamada María, gustaba á Jesús por su languidez de carácter[894]
-y por lo desarrollado de sus instintos especulativos. Muchas veces,
-sentada á los piés de Jesús, olvidaba, escuchándole, los deberes
-de la vida real. Entónces su hermana, sobre la cual recaia todo el
-peso de las labores domésticas, se quejaba dulcemente: «Martha,
-Martha--la decia Jesús--tú te afanas y acongojas por muchísimas cosas,
-y á la verdad que una sola cosa es necesaria. María ha escogido la
-mejor suerte, de que jamás será privada»[895]. Jesús amaba tambien
-entrañablemente al hermano Eleazar ó Lázaro[896]. Por último, un tal
-Simon el Leproso, propietario de la casa en que vivia la familia,
-formaba, á lo que parece, parte de ésta[897]. Allí era donde Jesús
-olvidaba en el seno de una piadosa amistad los disgustos de la vida
-pública, y en aquel interior tranquilo se consolaba de los enredos que
-los fariseos le suscitaban á cada paso. Jesús se sentaba con frecuencia
-sobre el monte de los Olivos, frente al monte Moria[898], teniendo
-á sus piés la espléndida perspectiva que ofrecian los terrados del
-templo y sus techumbres cubiertas de láminas resplandecientes. Aquella
-vista llenaba de admiracion á los extranjeros; sobre todo, al salir el
-sol, la montaña sagrada deslumbraba los ojos como si fuese una masa
-de oro y nieve. Pero aquel espectáculo, que tanto orgullo y alegría
-causaba á los demás israelitas, inspiraba á Jesús un sentimiento de
-profunda tristeza. «Jerusalen, Jerusalen, que matas á los profetas, y
-apedreas á los que á tí son enviados,--exclamaba en sus momentos de
-amargura--¡cuántas veces quise recoger á tus hijos, á la manera que el
-ave cubre su nidada debajo de sus alas, y tú no has querido!»[899].
-
-Y no porque allí, como en Galilea, no hubiese algunas almas
-predispuestas á recibir el gérmen de la nueva doctrina; pero tal
-era el influjo de la ortodoxia dominante, que muy pocos se atrevian
-á abrazarla abiertamente. Confesar que seguian la escuela de un
-galileo, hubiera sido, en su concepto, desacreditarse á los ojos de
-los hierosolimitanos y exponerse á que los echaran de la sinagoga,
-lo cual, en una sociedad mojigata y mezquina como aquélla, era el
-baldon más afrentoso[900]. Además, la excomunion llevaba consigo la
-pérdida de todos los bienes en provecho del fisco[901]. El que dejaba
-de ser judío, no por eso se convertia en romano; sino que permanecia
-sin defensa bajo la férula de una legislacion teocrática de la más
-terrible severidad. Un dia, los ministros subalternos del templo
-asistieron á uno de los discursos de Jesús, y quedaron maravillados de
-escucharle; en seguida fueron á confiar sus dudas á los sacerdotes:
-«¿Acaso alguno de los príncipes ó de los fariseos ha creido en
-él?--les respondieron.--Sólo ese populacho, que no entiende la Ley, es
-el maldito»[902]. Jesús continuaba siendo en Jerusalen un provinciano,
-á quien admiraban los provincianos como él, pero rechazado por toda
-la aristocracia de la nacion. Los jefes de escuela y de secta eran
-demasiado numerosos para que nadie se conmoviera por la aparicion de
-uno más. Su palabra tuvo, pues, muy escaso eco en Jerusalen, donde se
-hallaban demasiado arraigadas las preocupaciones de raza y de secta,
-esos enemigos capitales del espíritu evangélico.
-
-En aquel nuevo mundo, su enseñanza tuvo necesariamente que modificarse
-no poco. Sus hermosas predicaciones, cuyo efecto se calculaba de
-antemano cuando se dirigian á oyentes de cándida imaginacion y
-de conciencia pura, se perdian allí como el rocío que cae sobre
-calcinada arena. Y él, que tan dueño de sí mismo y tan desembarazado
-se encontraba en las márgenes del risueño lago de Tiberiade, se
-sentia incómodo y como fuera de su centro junto á aquellos pedantes.
-Sus perpétuas afirmaciones de sí mismo llegaron á tener algo de
-fastidioso[903], y, á su pesar, tuvo que hacerse controversista,
-jurista, exegeta y teólogo. Su conversacion, tan llena de gracia
-ordinariamente, llega á ser un fuego graneado de disputas[904], una
-sucesion interminable de luchas escolásticas. Su armonioso genio se
-gasta en insípidas argumentaciones sobre la Ley y los profetas[905],
-en las cuales deseariamos no verle hacer algunas veces el papel de
-agresor[906]. Con una condescendencia que nos disgusta, préstase á los
-exámenes capciosos que le hacen sufrir ergotistas sin tacto[907]. Pero,
-en general, su ingenio le sacaba en bien de aquellos apuros. Verdad
-es que sus razonamientos eran con frecuencia sutiles; pero tambien lo
-es que la sencillez de ingenio y la sutileza se dan la mano:--siempre
-que las personas sencillas quieren razonar son un poco sofistas.
-Algunas veces parecia buscar equívocos y empeñarse en prolongarlos á
-propósito[908]. En resúmen, su argumentacion, juzgada segun las reglas
-de la lógica aristotélica, es bastante débil. Pero cuando el atractivo
-sin igual de su ingenio conseguia tomar vuelo, entónces el triunfo
-era suyo. Un dia creyeron ponerle en grave apuro presentándole una
-mujer adúltera y preguntándole cómo era preciso tratarla. Conocida es
-la admirable respuesta de Jesús[909]. La fina ironía del hombre de
-mundo, modificada por una bondad divina, no podia expresarse en un
-rasgo más exquisito. Pero lo que más difícilmente perdonan los necios
-es el ingenio unido á la grandeza moral. Con esta frase tan llena de
-un sentimiento de pureza y justicia: «¡El que de vosotros se halle sin
-pecado tire contra ella la primera piedra!», hirió Jesús en el corazon
-á la hipocresía y firmó al mismo tiempo su sentencia de muerte.
-
-En efecto, sin la exasperacion causada por tantas amargas
-reconvenciones, es muy posible que Jesús hubiese pasado desapercibido,
-yendo á perderse en la espantosa tormenta que bien pronto habia
-de arrastrar á toda la nacion judáica. El alto sacerdocio y los
-saduceos sentian por él más bien desprecio que ódio. Las grandes
-familias sacerdotales, los _Boethusim_, la familia de Annás, si de
-algo se mostraban fanáticas, era de reposo. En cuanto á los saduceos,
-rechazaban, como Jesús, las «tradiciones» farisáicas[910]. Por una rara
-originalidad, aquellos incrédulos, que negaban la resurreccion, la
-ley oral y la existencia de los ángeles, eran los verdaderos judíos;
-en otros términos, no satisfaciendo ya la sencillez de la antigua Ley
-las necesidades religiosas de la época, los que á ella se atenian
-estrictamente rechazaban las invenciones modernas, pasaban á los
-ojos de los devotos por impíos, ni más ni ménos que un protestante
-evangélico pasa hoy por incrédulo en los países ortodoxos. De todos
-modos, no era de aquel partido de donde podia venir una reaccion séria
-contra Jesús. El sacerdocio oficial, con la vista fija en el poder
-político, é íntimamente ligado á él, no comprendia tampoco gran cosa
-de aquellos movimientos entusiastas. La doctrina del nuevo maestro
-amenazaba particularmente las preocupaciones y los intereses de los
-fariseos, de aquella innumerable clase de los _soferim_ ó escribas,
-que vivian de la ciencia de las «tradiciones», y esa clase era la que
-experimentaba graves inquietudes.
-
-Los fariseos hacian constantes esfuerzos por atraer á Jesús al terreno
-de las cuestiones políticas, á fin de comprometerle en el partido de
-Júdas el Gaulonita. La táctica era hábil, porque se necesitaba toda la
-profunda ingenuidad de Jesús para no haber tenido todavía desavenencias
-con la autoridad romana, sin perjuicio de su proclamacion del reino
-de Dios. Queriendo rasgar el velo de ese equívoco y obligarle á
-explicarse, cierto dia se acercó á él un grupo de fariseos y políticos,
-llamados «herodianos» (probablemente de los _Boethusim_), y so pretexto
-de celo piadoso: «Maestro,--le dijeron,--sabemos que eres veraz y que
-enseñas el camino de Dios sin respeto á nadie. Dínos qué te parece de
-esto:--¿es ó no lícito pagar el tributo á César?» Sin duda esperaban
-una respuesta que les diese pretexto para entregarle á Pilato. Pero la
-de Jesús fué admirable. Hizo que le enseñáran la efigie de la moneda,
-y les dijo: «Dad á César lo que es de César y á Dios lo que es de
-Dios»[911]. ¡Frase profunda que decidió el porvenir del cristianismo!
-¡Frase espiritualista por excelencia y de maravillosa exactitud, que
-fundó la separacion de lo espiritual y de lo temporal y asentó los
-cimientos del verdadero liberalismo y de la verdadera civilizacion!
-
-Cuando Jesús se hallaba á solas con sus discípulos, su genio dulce
-y penetrante le inspiraba acentos llenos de atractivo: «En verdad,
-en verdad os digo, que quien no entra por la puerta en el aprisco de
-las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es un ladron y un
-salteador. Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. Las
-ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre á las ovejas propias
-y las saca fuera. Va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque
-conocen su voz. El ladron no viene sino para robar y matar, y hacer
-estrago. El mercenario de quien no son propias las ovejas, en viendo
-venir al lobo, desampara las ovejas y huye. Yo soy el buen pastor y
-conozco mis ovejas, y las ovejas mias me conocen á mí, y doy mi vida
-para ellas»[912]. La idea de una próxima solucion de la crísis de la
-humanidad volvia á asaltarle frecuentemente: «Cuando las ramas de la
-higuera,--decia,--retoñecen y brotan hojas, conoceis que está cerca el
-verano. Alzad vuestros ojos y ved el mundo;--la miés está ya blanca y á
-punto de segarse»[913].
-
-Su robusta elocuencia reaparecia cada vez que se trataba de combatir
-á los hipócritas.
-
- «Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de Moisés.
- Practicad, pues, y haced todo lo que os dijeren; pero no arregleis
- vuestra conducta por la suya, porque ellos dicen y no hacen. El hecho
- es que van liando cargas pesadas é insoportables, y las ponen en los
- hombros de los demás, cuando ellos no quieren ni aplicar la punta del
- dedo para moverlas.
-
- »Todas sus obras las hacen con el fin de ser vistos de los hombres;
- por lo mismo llevan las filacterias[914] más anchas, y más largas las
- franjas del vestido[915]. Aman tambien los primeros asientos en los
- banquetes y las primeras sillas en las sinagogas y el ser saludados
- en la plaza, y que los hombres les den el título de «Maestro». Pero
- ¡ay de ellos!...
-
- »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que cerrais el
- reino de los cielos[916] á los hombres; porque ni vosotros entrais,
- ni dejais entrar á los que entrarian.
-
- »¡Ay de vosotros! que devorais las casas de las viudas con el
- pretexto de hacer largas oraciones: por eso recibiréis sentencia
- mucho más rigurosa. ¡Ay de vosotros! porque andais girando por mar y
- tierra á trueque de convertir un gentil, y despues le haceis digno
- del infierno. ¡Ay de vosotros! que sois como los sepulcros que están
- cubiertos, y que son desconocidos á los hombres que pasan por encima
- de ellos[917].
-
- »¡Insensatos y ciegos! que pagais diezmo de la yerbabuena y del
- eneldo y del comino, y habeis abandonado las cosas más esenciales de
- la Ley, la justicia, la misericordia y la buena fe. Éstas debiérais
- observar, sin omitir aquéllas.
-
- »¡Oh guías ciegos! que colais un mosquito y os tragais un camello.
-
- »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que limpiais
- por fuera la copa y el plato[918] que por dentro están llenos
- de rapacidad é inmundicia. ¡Fariseo ciego![919], limpia primero
- por dentro la copa y el plato, si quieres que lo de afuera sea
- limpio[920].
-
- »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque sois
- semejantes á los sepulcros blanqueados[921], los cuales por afuera
- aparecen hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos,
- de todo género de podredumbre.
-
- »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que fabricais
- los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los
- justos, y decís: si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres,
- no hubiéramos sido sus cómplices en la muerte de los profetas. Con
- lo que dais testimonio contra vosotros mismos de que sois hijos de
- los que mataron á los profetas. Acabad, pues, de llenar la medida
- de vuestros padres. Por eso dijo la sabiduría de Dios: yo voy á
- enviaros profetas y sabios y escribas, y de ellos degollareis á unos,
- crucificareis á otros, á otros azotareis en vuestras sinagogas, y
- los andareis persiguiendo de ciudad en ciudad, para que recaiga
- sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra,
- desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo
- de Baraquías[922], á quien matasteis entre el templo y el altar.
- En verdad os digo que todas estas cosas vendrán á caer sobre la
- generacion presente»[923].
-
-Su dogma terrible de la sustitucion de los gentiles, esto es, la idea
-de que el reino de Dios iba á ser transferido á otros, no habiéndole
-querido aquéllos para quienes estaba destinado[924], era como una
-amenaza sangrienta dirigida á la aristocracia; y su título de Hijo
-de Dios, que Jesús confesaba abiertamente en fogosas parábolas[925],
-en las cuales presentaba á sus enemigos desempeñando el papel de
-verdugos de los enviados celestiales, era un reto al judaismo legal. El
-audaz llamamiento dirigido á los humildes era todavía más sedicioso.
-Declaraba que habia venido á dar vista á los ciegos y á cegar á los
-que creian ver[926]. Su mal humor contra el templo le inspiró un dia
-esta imprudente frase: «Yo destruiré este templo hecho de mano de los
-hombres, y en tres dias fabricaré otro sin obra de mano alguna»[927].
-Se ignora, ó por lo ménos, no se sabe á punto fijo lo que Jesús quiso
-decir con esas palabras, en las cuales buscaron sus discípulos forzadas
-alegorías. Pero como sus enemigos no deseaban sino un pretexto para
-perderle, tomaron inmediatamente acta de ellas. La frase debia figurar
-luégo entre los considerandos de la sentencia de muerte y llegar hasta
-los oidos de Jesús en medio de las últimas agonías del Gólgotha. Esas
-irritantes discusiones concluian siempre por provocar alguna tormenta.
-Los fariseos le arrojaban piedras[928], en lo cual no hacian sino
-ejecutar un artículo de la Ley, que ordenaba apedrear, sin oirle, á
-todo profeta, siquiera fuese taumaturgo, que intentara separar al
-pueblo del antiguo culto[929]. Otras veces le llamaban loco, poseido
-y samaritano[930], y trataban hasta de matarle[931]. Y por último,
-tomaban acta de todas sus palabras, á fin de invocar contra él las
-leyes de una teocracia intolerante, no abrogadas aún por la dominacion
-romana[932].
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXII
-
-MAQUINACIONES DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS
-
-
-Jesús pasó el otoño y una parte del invierno en Jerusalen, en donde esa
-estacion es bastante fria. El pórtico de Salomon, con sus corredores
-cubiertos, era el sitio en que se paseaba de ordinario[933]. Aquel
-pórtico se componia de dos galerías, formadas por tres órdenes de
-columnas y cubiertas de una techumbre de madera tallada[934]. Dominaba
-el valle de Cedron, que estaba sin duda ménos lleno de escombros que
-hoy en dia. La vista, desde lo alto del pórtico, no alcanzaba al
-fondo del barranco, y parecia, á consecuencia de la inclinacion de
-los taludes, que se abria un abismo á pico bajo el muro. El otro lado
-del valle poseia ya su adorno de suntuosas tumbas. Algunos de los
-monumentos que se ven allí hoy dia, eran quizás aquellos cenotafios
-en honor de los antiguos profetas[935] que Jesús mostraba con la
-mano, cuando, sentado sobre el pórtico, fulminaba amenazas contra
-las clases oficiales, que escudaban detrás de aquellas colosales
-masas su hipocresía ó su vanidad[936]. Á fines del mes de Diciembre,
-Jesús celebró en Jerusalen la fiesta establecida por Júdas Macabeo en
-conmemoracion de la purificacion del templo, despues de los sacrilegios
-de Antíoco Epifáneo[937]. Tambien se la llamaba la «Fiesta de las
-candelas», porque durante los ocho dias de la funcion se tenian en
-las casas las lámparas encendidas[938]. Jesús emprendió poco despues
-un viaje á Perea y á las orillas del Jordan, es decir, al mismo país
-que visitó algunos años ántes, cuando seguia la escuela de Juan[939]
-y donde él mismo habia administrado el bautismo. Allí, y sobre todo
-en Jericó, recibió, á lo que parece, algunos consuelos. En aquella
-ciudad, bien como punto principal de caminos muy importantes, ó bien
-á causa de sus perfumados jardines y de su rica cultura[940], habia
-una aduana de bastante consideracion. El recaudador principal, Zacheo,
-hombre rico, deseó ver á Jesús. Como era de estatura pequeña, se subió
-sobre un sicomoro que se hallaba cerca del camino por donde debia
-pasar la comitiva. Jesús se conmovió de tal inocencia en un personaje
-de consideracion, y quiso entrar en casa de Zacheo, áun á riesgo
-de producir un escándalo[941]. Se murmuró muchísimo, en efecto, de
-verle honrar con su presencia la casa de un pecador. Al partir, Jesús
-declaró que su huésped era buen hijo de Abraham; y como para aumentar
-el despecho de los ortodoxos, Zacheo llegó á ser un santo; dió, segun
-dicen, la mitad de sus bienes á los pobres y reparó con exceso los
-males que pudo haber ocasionado. No fué ésta solamente la única alegría
-de Jesús. Al salir de la ciudad, el mendigo Bartimeo[942] le produjo
-gran placer al llamarle obstinadamente «hijo de David», aunque le
-ordenaron callarse. El ciclo de los milagros galileos parece volver á
-abrirse por un momento en aquel país que muchas analogías semejaban á
-las provincias del norte. El delicioso oasis de Jericó, bien regado
-entónces, debia ser uno de los parajes más hermosos de la Siria. Josefo
-habla de él con la misma admiracion que de la Galilea, y le llama, como
-á esta última provincia, un «país divino»[943].
-
-Jesús, despues de haber llevado á cabo aquella especie de peregrinacion
-á los lugares de su primera actividad profética, volvió á su querida
-estancia de Betania, en donde acaeció un hecho singular que parece
-tuvo consecuencias decisivas para el fin de su vida[944]. Cansados de
-la mala acogida que el reino de Dios encontraba en la capital, los
-amigos de Jesús deseaban un gran milagro que hiriese vivamente la
-incredulidad hierosolimitana. La resurreccion de un hombre conocido
-en Jerusalen debió parecer la cosa más convincente. Es necesario
-recordar aquí que la condicion esencial de la verdadera crítica es
-comprender la diversidad de las épocas y despojarse de las repugnancias
-instintivas que son el fruto de una educacion puramente razonable. Es
-necesario recordar tambien que, en aquella ciudad torpe é impura de
-Jerusalen, Jesús no era ya el mismo. Su conciencia, por la falta de
-los hombres, y no por la suya, habia perdido algo de su primordial
-limpidez. Desesperado, llevado al último extremo, no era ya dueño de
-sí. Su mision se le imponia y obedecia al torrente que le empujaba.
-Como sucede siempre en todas las grandes carreras divinas, la opinion
-era la que le imponia los milagros que hacia contra su voluntad. Á la
-distancia en que nos encontramos de aquella época, y en presencia de un
-solo texto, que ofrece señales evidentes de artificios de composicion,
-es imposible decidir si, en el caso presente, es todo ficcion, ó si
-un hecho real, sucedido en Betania, sirvió de base á los rumores
-extendidos. Es necesario reconocer, sin embargo, que el giro de la
-narracion de Juan tiene algo de enteramente diverso de los relatos de
-los milagros, nacidos de la imaginacion popular, de que están llenos
-los sinópticos. Añadamos que Juan es el solo evangelista que tiene
-un conocimiento exacto de las relaciones de Jesús con la familia de
-Betania, y que no se comprende que una creacion popular viniese á
-tomar puesto en un círculo de recuerdos tan personales. Lo que parece
-probable es que el prodigio de que se trata no fué uno de esos milagros
-completamente legendarios y de los que nadie es responsable. En otros
-términos, nosotros creemos que sucedió en Betania alguna cosa que fué
-considerada como una resurreccion.
-
-La fama atribuia ya á Jesús dos ó tres hechos de esa naturaleza[945].
-La familia de Betania fué inducida, quizás sin saberlo, al hecho
-importante que se deseaba. Jesús era allí adorado. Parece que Lázaro
-estaba enfermo, y que á consecuencia de un mensaje de sus hermanas
-alarmadas, Jesús abandonó la Perea[946]. La alegría de su llegada pudo
-hacer volver á Lázaro á la vida. Quizás tambien el ardiente deseo
-de tapar la boca á los que con ultraje negaban la mision divina de
-su amigo, condujo á aquellas apasionadas personas más allá de todos
-los límites. Quizás Lázaro, pálido aún á causa de su enfermedad, se
-hizo cubrir de vendas como un muerto y encerrar en su sepulcro de
-familia. Aquellos sepulcros eran espaciosas habitaciones talladas en
-la roca, en las que se entraba por una abertura cuadrada que cerraba
-una enorme baldosa. Marta y María acudieron delante de Jesús, y sin
-dejarle entrar en Betania, le condujeron á la gruta. La emocion que
-Jesús sintió al lado del sepulcro de su amigo, que creia muerto[947],
-pudo ser considerada por los concurrentes como esa turbacion, ese
-estremecimiento[948] que acompañaba á los milagros; la opinion
-popular se empeñaba en que la virtud divina fuese en el hombre como
-un principio epiléptico y convulsivo. Jesús (siempre en la hipótesis
-enunciada más arriba) deseó ver aún una vez al que habia amado, y
-habiendo sido separada la piedra, Lázaro salió envuelto en sus vendas
-y cubierta la cabeza de un sudario. Esa aparicion debió mirarse
-naturalmente por todos como una resurreccion. La fe no conoce otra
-ley que el interes de aquello que cree positivo. Siendo para ello
-enteramente santo el objeto que se propone, no tiene el menor escrúpulo
-en invocar en favor de su tésis malos argumentos cuando con los buenos
-no logra lo que desea. Si tal prueba no es sólida, ¡cuántas hay que
-lo son!... Si tal prodigio no es verdadero, ¡cuántos otros lo han
-sido!... Íntimamente persuadidos de que Jesús era taumaturgo, Lázaro y
-sus dos hermanas pudieron ayudar á la ejecucion de uno de sus milagros,
-como tantos hombres piadosos que, convencidos de la verdad de su
-religion, han tratado de triunfar de la obstinacion de los hombres por
-medios que consideraban bien débiles. El estado de su conciencia era el
-de las estigmatizadas, el de las convulsionarias, de las poseidas de
-los conventos arrastradas por la influencia del mundo en que vivian, y
-por su propia creencia, á actos fingidos. En cuanto á Jesús, no era más
-dueño que San Bernardo, que San Francisco de Asís de moderar la avidez
-de la muchedumbre y la de sus propios discípulos por lo maravilloso.
-La muerte, por otra parte, iba dentro de algunos dias á devolverle su
-divina libertad, y á sustraerle á las necesidades fatales de un papel
-que cada dia se hacia más exigente, más difícil de sostener.
-
-Todo hace creer, en efecto, que el milagro de Betania contribuyó
-sensiblemente á acelerar el fin de Jesús[949]. Las personas que habian
-sido testigos de él fueron á la ciudad y hablaron muchísimo de la
-ocurrencia. Los discípulos contaron el hecho con detalles de aparato
-combinados en vista de la argumentacion. Los otros milagros de Jesús
-eran actos pasajeros, aceptados espontáneamente por la fe, aumentados
-por la reputacion popular, y sobre los cuales, una vez sucedidos, no se
-hablaba ya más. El de Betania era un verdadero acontecimiento que se
-pretendia de pública notoriedad, y con el cual esperaban tapar la boca
-á los fariseos[950]. Los enemigos de Jesús se irritaron sobremanera
-á causa de aquellos rumores, y trataron, segun dicen, de matar á
-Lázaro[951]. Lo que hay de cierto es, que desde aquella hora se formó
-un consejo compuesto de los jefes de los sacerdotes[952], en el cual
-fué presentada netamente la cuestion: «Jesús y el judaismo ¿pueden
-vivir juntos?» Presentar la cuestion era resolverla, y sin necesidad de
-ser profeta, como lo pretende el evangelista, el gran sacerdote pudo
-muy bien pronunciar su sangriento axioma: «Es necesario que muera un
-hombre por todo el pueblo.»
-
-El «gran sacerdote de aquel año», valiéndonos de una expresion
-del cuarto evangelista, que da perfectamente cuenta del estado de
-humillacion á que se encontraba reducido el sumo pontificado, era José
-Caifás, nombrado por Valerio Grato y perteneciente en cuerpo y alma
-á los romanos. Desde que Jerusalen dependia de los procuradores, el
-cargo de gran sacerdote habia llegado á ser un destino amovible, y las
-destituciones se sucedian casi todos los años[953].
-
-Caifás, sin embargo, se mantuvo más tiempo que los demás. Habia sido
-provisto de su empleo el año 25, y hasta el 36 no le perdió. Nada se
-sabe acerca de su carácter, y muchas circunstancias inducen á creer que
-su poder era sólo nominal. Á su lado, y por cima de él, vemos en efecto
-otro personaje que parece haber ejercido en el momento decisivo que nos
-ocupa un poder preponderante.
-
-Aquel personaje era el suegro de Caifás, Hanan ó Annás[954], hijo
-de Seth, antiguo gran sacerdote depuesto, que, en medio de esa
-instabilidad del pontificado, conservó en el fondo toda la autoridad.
-Annás habia recibido el soberano sacerdocio del legado Quirinus el
-año 7 de nuestra era, cesando en su cargo el año 14 al advenimiento
-de Tiberio; pero permaneció muy considerado. Se continuó llamándole
-«gran sacerdote», por más que él no tuviese ya el empleo[955], y
-consultándole en todas las cuestiones graves. Durante cincuenta años,
-el pontificado permaneció casi sin interrupcion en su familia; cinco
-de sus hijos se revistieron sucesivamente de aquella dignidad[956],
-sin contar Caifás, que era su yerno. Por eso se la llamaba la
-«familia sacerdotal», como si el sacerdocio hubiera sido en ella
-hereditario[957]. Casi todos los grandes cargos del templo estaban
-entre sus manos[958]. Cierto es que otra familia alternaba en el
-pontificado con la de Annás, cual era la de Boethus[959]. Pero los
-_Boethusim_ que debian el orígen de su fortuna á una circunstancia muy
-poco honrosa, eran ménos estimados de los fariseos piadosos. Annás
-era, pues, en realidad el jefe del partido sacerdotal. Caifás no hacia
-nada sin contar con él: se habian acostumbrado á asociar sus nombres,
-y el de Annás se mencionaba siempre el primero[960]. Compréndese,
-en efecto, que bajo aquel régimen de pontificado anual, trasmitido
-alternativamente segun el capricho de los procuradores, debia ser
-personaje muy importante un antiguo pontífice que habia conservado
-el secreto de las tradiciones, visto derrumbarse muchas fortunas más
-recientes que la suya, y guardado bastante crédito para hacer que por
-su influencia delegasen el poder á personas que le estaban sometidas
-completamente. Como toda la aristocracia del templo[961], Annás era
-saduceo, «secta, dice Josefo, sumamente severa en los procedimientos.»
-Todos sus hijos fueron tambien ardientes perseguidores[962]. Uno de
-ellos, llamado Annás, como su padre, hizo apedrear á Santiago, hermano
-del Señor, en circunstancias que tienen alguna analogía con la muerte
-de Jesús. El carácter de la familia era audaz, altanero y cruel[963],
-teniendo esa especie particular de maldad desdeñosa y solapada que
-caracteriza la política judía. Así, pues, debe pesar sobre Annás y
-los suyos, la responsabilidad de todos los actos que van á seguirse.
-Annás fué (ó si se quiere, el partido que él representaba) el que dió
-muerte á Jesús. Annás fué el actor principal de aquel terrible drama,
-y áun más bien que Caifás y que Pilato deberia sufrir el peso de las
-maldiciones de la humanidad.
-
-En boca de Caifás es donde el evangelista coloca las palabras decisivas
-que acarrearon la sentencia de muerte de Jesús[964]. Se suponia que el
-gran sacerdote poseia cierto dón profético; la frase llegó á ser, en
-este supuesto, para la comunidad cristiana un oráculo lleno de profunda
-significacion. Pero esas palabras, cualesquiera que ellas fuesen,
-tradujeron el pensamiento de todo el partido sacerdotal. Ese partido
-estaba muy expuesto á las sediciones populares, y trataba de detener á
-los entusiastas religiosos, previendo con razon que, por su predicacion
-exaltada, traeria la ruina total de la nacion. Bien que la agitacion
-provocada por Jesús no tuviese nada de temporal, los sacerdotes vieron,
-como última consecuencia de ella, un agravamiento del yugo romano y
-la ruina del templo, fuente de sus riquezas y de sus honores[965].
-Pero las causas que debian traer, treinta y siete años más tarde, la
-ruina de Jerusalen consistian en otra cosa que en el cristianismo
-naciente; estaban en el mismo Jerusalen, y no en Galilea. Sin embargo,
-no puede decirse que el motivo alegado en aquella circunstancia por
-los sacerdotes, careciese de verosimilitud hasta el punto de no ver
-en su procedimiento sino un acto de insigne mala fe. En cierto modo,
-si Jesús conseguia su propósito, acarreaba realmente la ruina de la
-nacion judía. Partiendo de principios admitidos como cosa corriente
-por toda la antigua política, Annás y Caifás estaban en su derecho al
-decir: «Vale más la muerte de un hombre que la ruina de un pueblo.» Ese
-razonamiento es, á nuestro juicio, detestable; pero él ha sido el de
-los partidos conservadores desde el orígen de las sociedades humanas.
-El «partido del órden» (tomo esta frase en el sentido pobre y mezquino)
-ha sido siempre el mismo. Creyendo que la última palabra del gobierno
-consiste en impedir las emociones populares, imagina hacer acto de
-patriotismo previniendo por la muerte jurídica la efusion tumultuosa de
-sangre. Poco inquieto del porvenir, no conoce que declarando la guerra
-á toda iniciativa, corre peligro de lastimar las ideas destinadas á
-triunfar un dia. La muerte de Jesús fué una de las mil aplicaciones de
-esa política. El movimiento que él dirigia era enteramente espiritual;
-pero era un movimiento, y por consiguiente los hombres de órden,
-persuadidos de que lo esencial para la humanidad es el reposo, debian
-impedir que se desarrollase el nuevo espíritu. Nunca se vió ejemplo
-más palpable de la ineficacia de semejante conducta, y del resultado
-opuesto á que ella conduce. Dejado en libertad, Jesús se habria
-consumido en una lucha desesperada contra lo imposible. El inteligente
-ódio de sus enemigos decidió el éxito de su obra, poniendo el sello á
-su divinidad.
-
-La muerte de Jesús fué, pues, resuelta á fines del mes de Febrero ó
-á principios de Marzo[966]. Pero Jesús escapó aún por algun tiempo.
-Se retiró á una ciudad poco conocida nombrada Efrain ó Efron, hácia
-el lado de Betel, á una jornada escasa de Jerusalen[967]. Allí vivió
-algunos dias con sus discípulos, dejando pasar la tempestad. Pero
-se habia dado órden de prenderle tan pronto como se le viese en
-Jerusalen[968]. La solemnidad de la Pascua se acercaba, y se presumia
-que Jesús, segun su costumbre, iria á la capital á celebrar aquella
-fiesta.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXIII
-
-ÚLTIMA SEMANA DE JESÚS
-
-
-Y en efecto, partió con sus discípulos para ver por última vez la
-ciudad incrédula y rebelde. Las esperanzas de las personas que le
-rodeaban habian llegado al último grado de exaltacion: al subir esta
-vez á Jerusalen, todos creian que el reino de Dios iba á manifestarse
-allí[969]. Habiendo llegado á su colmo la impiedad de los hombres,
-esta circunstancia era, en su concepto, una señal evidente de que
-la consumacion del esperado acontecimiento se hallaba cercana. Y
-tal era la persuasion respecto á este punto, que hasta disputaban
-acerca de la preeminencia que cada cual habria de tener en el futuro
-reino[970]. Entónces fué, segun parece, cuando Salomé, la mujer
-de Zebedeo, solicitó de Jesús que concediese á sus hijos los dos
-puestos preferentes, á derecha é izquierda del Hijo del hombre[971].
-La imaginacion de Jesús se hallaba, por el contrario, acosada de
-graves pensamientos. Á veces dejaba traslucir un profundo y sombrío
-resentimiento hácia sus enemigos.--Referia la parábola de un hombre
-noble que partió á un país lejano á tomar la investidura de un reino;
-mas apénas volvió la espalda, sus conciudadanos se declararon en
-contra suya. Á su regreso, el rey ordenó que condujesen delante de él
-á los que no habian querido que volviese á reinar sobre ellos, y los
-condenó á la última pena[972]. Otras veces se complacia en desvanecer
-las ilusiones de sus discípulos. Cuando marchaban por los caminos
-pedregosos del Norte de Jerusalen, Jesús iba pensativo á la cabeza de
-sus compañeros.--Todos le miraban silenciosamente, experimentando un
-sentimiento de temor y sin atreverse á interrogarle. Ya en diferentes
-ocasiones les habia anunciado sus futuros padecimientos, cosa con la
-cual no podian avenirse los discípulos[973]. Jesús tomó, por último,
-la palabra, y no ocultándoles ya sus presentimientos, les habló de su
-próximo fin[974], anuncio que fué acogido con muestras de profunda
-tristeza. Los discípulos esperaban que pronto apareceria la señal en
-las nubes, y ya resonaban en sus oidos los alegres acentos del grito
-inaugural del reino de Dios: «Bendito sea el que viene en nombre
-del Señor»[975]. Sin embargo, aquella sangrienta perspectiva los
-llenaba de inquietud. En el espejismo de sus ensueños, el reino de
-Dios se aproximaba ó retrocedia á cada paso que daban en el camino
-fatal. En cuanto á Jesús, la idea de que iba á morir, pero de que su
-muerte salvaria al mundo[976], se arraigaba más y más en su mente. La
-equivocacion, ó sea la divergencia de miras, entre él y sus discípulos
-se hacia cada vez más profunda.
-
-Era costumbre establecida el que los peregrinos fuesen á Jerusalen
-algunos dias ántes de la Pascua á fin de prepararse para la fiesta.
-Jesús llegó despues de los demás, y hubo un momento en que sus
-enemigos perdieron la esperanza que habian concebido de apoderarse
-de su persona[977]. El sexto dia ántes de la fiesta (sábado, 8 de
-nisan--28 de Marzo)[978], Jesús entró por fin en Bethania, y como
-de costumbre, fué á parar á casa de Lázaro, Marta y María, ó sea de
-Simon el Leproso, donde le recibieron con grandes demostraciones de
-regocijo. Simon el Leproso preparó con tal motivo una comida[979], á
-la que asistieron multitud de personas atraidas por el deseo de ver á
-Jesús, y tambien por el de ver á Lázaro, cuya milagrosa resurreccion
-se comentaba de mil modos desde hacia algun tiempo. Lázaro se hallaba
-sentado á la mesa y parecia ser el blanco de todas las miradas. La
-hacendosa Marta desempeñaba el servicio, segun costumbre[980]. Á fin
-de realzar la alta dignidad del huésped y de vencer la frialdad del
-público, se pretendió, á lo que parece, dispensarle entónces mayores
-muestras de respeto. Durante la comida, y con objeto de dar al banquete
-más solemne apariencia, entró María con un vaso de perfumes que derramó
-sobre los piés de Jesús. En seguida rompió el vaso, conforme á la
-antigua costumbre, que ordenaba romper la vajilla que habia servido
-para obsequiar á un huésped de distincion[981]. Por último, llevando
-las demostraciones de su deferencia á un extremo no conocido hasta
-entónces, se hincó de rodillas y enjugó con sus largos cabellos los
-piés del maestro[982]. Los agradables efluvios de los perfumes llenaron
-toda la casa, produciendo gran contentamiento en los circunstantes,
-excepto en el avaro Júdas de Kerioth. Verdad es que en atencion á
-las costumbres económicas de la comunidad, semejante conducta era un
-verdadero despilfarro. El ávido tesorero calculó en seguida en cuánto
-hubieran podido venderse los perfumes, y el producto que su venta
-habria hecho ingresar en la caja de los pobres. Ese mezquino y poco
-afectuoso sentimiento, que parecia demostrar más aprecio por el valor
-de ciertas cosas que por su persona, disgustó sobremanera á Jesús, el
-cual amaba los honores, porque ellos contribuian á sus propósitos y
-afirmaban su título de hijo de David. Así es que cuando oyó hablar de
-pobres, respondió con bastante viveza: «Los pobres los tendreis siempre
-con vosotros; pero á mí no me tendreis siempre.» Y exaltándose más,
-prometió la inmortalidad á la mujer que en aquel momento crítico le
-daba tan relevante prueba de amor[983].
-
-Al dia siguiente (domingo, 9 de nisan), Jesús descendió de Bethania á
-Jerusalen[984]. Cuando al revolver un recodo del camino vió, desde la
-cima del monte de los Olivos, extendida á sus piés la ciudad, dicen
-que lloró sobre ella y que le dirigió un último llamamiento[985]. Al
-llegar á la falda de la montaña, no léjos de la puerta que se abria en
-el muro oriental de la ciudad sobre la zona llamada _Bethphage_, sin
-duda á causa de las higueras que la poblaban[986], Jesús tuvo todavía
-un instante de satisfaccion humana[987]. Habiéndose extendido la
-noticia de su llegada, los galileos que se hallaban en Jerusalen con
-motivo de la fiesta, salieron gozosos á su encuentro y le prepararon
-una pequeña ovacion. Buscaron una jumenta, á la cual seguia un
-jumentillo, segun costumbre, extendieron sobre su lomo sus más hermosos
-vestidos, á guisa de gualdrapa, y le hicieron sentar sobre aquella
-pobre montura. Otros extendian sus túnicas sobre el camino, mezclando
-con ellas una alfombra de ramos verdes. La muchedumbre iba delante
-y detrás de él, llevando palmas en la mano y exclamando: «¡Hosanna
-al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!»
-Algunas personas le daban el título de rey de Israel[988]. «Rabbi,--le
-decian los fariseos--diles que se callen.»--«Si éstos callan, las
-piedras darán voces»,--respondió Jesús,--y en seguida entró en la
-ciudad. Los hierosolimitanos, que apénas le conocian, preguntaban
-que quién era: «Es Jesús, el profeta de Nazareth, en Galilea»,--les
-respondieron.--Siendo Jerusalen una ciudad de cincuenta mil almas[989],
-poco más ó ménos, un acontecimiento como la entrada de un forastero de
-alguna celebridad, el concurso de provincianos ó un movimiento popular
-en las avenidas de la poblacion debia en circunstancias ordinarias
-propalarse rápidamente. Pero como la confusion era extremada en la
-época de las fiestas[990], Jerusalen pertenecia en aquellos dias á los
-forasteros:--así pues, la emocion parece haber sido más viva entre
-estos últimos. Algunos prosélitos familiarizados con el idioma griego,
-que habian ido á la fiesta de la Pascua, tuvieron curiosidad de ver á
-Jesús, á cuyo efecto se dirigieron á sus discípulos[991];--se ignora lo
-que resultó de aquella entrevista. En cuanto á Jesús, fué, como tenía
-de costumbre, á pasar la noche á su querida aldea de Bethania[992],
-volviendo igualmente á Jerusalen durante los tres dias sucesivos
-(lúnes, martes y miércoles). Una vez puesto el sol, subia la colina de
-Bethania, ó bien se dirigia á las granjas del flanco occidental del
-monte de los Olivos, en las cuales habitaban muchos amigos suyos[993].
-
-En sus últimos dias, una profunda tristeza parece dominar su alma,
-de ordinario tan jovial y serena. Todos los relatos están de acuerdo
-en atribuirle, ántes de su arresto, un instante de incertidumbre y de
-vacilacion, una especie de agonía anticipada. Segun algunos, Jesús
-exclamó de repente: «Mi alma se ha conturbado; ¡oh Padre mio! líbrame
-de esta hora»[994]. En aquel momento creyeron que se habia dejado
-oir una voz del cielo; otros decian que un ángel habia descendido á
-confortarle[995]. El hecho, segun la version más autorizada, tuvo lugar
-en el huerto de Gethsemaní. Miéntras dormian sus discípulos, Jesús
-se alejó de ellos á distancia de un tiro de piedra, no conservando
-á su lado sino á Cephas y á los dos hijos de Zebedeo. Entónces,
-postrada la faz contra la tierra, se puso en oracion, y su alma
-contristada experimentó angustias de muerte, pero al fin triunfó en
-él la resignacion á la voluntad divina[996]. Á consecuencia del arte
-instintivo que presidió á la redaccion de los sinópticos, arte que
-á menudo les hace obedecer en el arreglo del relato á razones de
-conveniencia ó de efecto, aquella escena fué colocada en la última
-noche de Jesús, precediendo al momento de su arresto. Pero si esa
-version fuese la verdadera, no se comprenderia que Juan, testigo íntimo
-de tan conmovedor episodio, no dijese respecto á él ni una sola palabra
-en el circunstanciadísimo relato que hace de la noche del juéves[997].
-Sea como quiera, lo cierto es que, durante los últimos dias gravitó
-cruelmente sobre Jesús el peso enorme de la mision que habia aceptado.
-La naturaleza humana se despertó por un momento; y ¡quién sabe si
-entónces dudó de su obra! El error y la incertidumbre se apoderaron
-de él, produciéndole un desfallecimiento más angustioso que la misma
-muerte. El hombre que ha sacrificado á una grande idea su reposo y las
-recompensas legítimas de la vida, experimenta siempre un instante de
-infinita tristeza cuando por primera vez se le presenta la imágen de
-la muerte, pretendiendo persuadirle de que todos sus sacrificios serán
-en vano. Quizás cruzaron entónces por la imaginacion de Jesús algunos
-de esos conmovedores recuerdos del pasado que se encarnan hasta en las
-almas de mejor temple, atravesándolas con un agudo puñal. ¿Se aparecian
-á su memoria las claras fuentes de la risueña Galilea, sus alfombras
-de verdura, los viñedos y las higueras, á cuya sombra hubiera podido
-vivir tranquilo, y las cándidas jóvenes que acaso hubieran consentido
-en amarle? ¿Maldijo entónces la rudeza de su destino, que le privó de
-los goces concedidos á los demás seres? ¿Se lamentó de su elevada
-naturaleza, y víctima de su valor moral, sintió no haber permanecido
-siendo un simple artesano en Nazareth? ¡Quién sabe!... Todas esas
-turbaciones interiores fueron evidentemente un enigma para sus
-discípulos, enigma del cual no comprendieron ni una palabra, tratando
-por medio de cándidas conjeturas de suplir lo que para ellos habia de
-oscuro é incomprensible en la grande alma de su maestro. Pero aquel
-desfallecimiento fué momentáneo; es indudable que la naturaleza divina
-de Jesús recobró pronto su acostumbrado imperio. Todavía estaba en su
-mano evitar la muerte.--Mas no lo quiso; el amor de su obra triunfó
-en él, y aceptó el cáliz decidido á apurarle hasta las heces. En
-adelante Jesús aparece tal como es, y las sutilezas del polemista, la
-credulidad del taumaturgo y del exorcista se borran por completo ante
-la figura sublime del héroe incomparable de la Pasion, del fundador de
-los derechos de la conciencia libre, del cumplido modelo cuyo ejemplo
-servirá de confortacion y consuelo á todas las almas afligidas.
-
-El triunfo de Bethphage, aquella audacia de provincianos festejando á
-su rey-mesías á las mismas puertas de Jerusalen, acabó de exasperar á
-los fariseos y á la aristocracia del templo. Celebróse el miércoles
-(12 de nisan) un nuevo consejo en casa de José Caifás[998], y en él
-quedó resuelta la inmediata prision de Jesús. Á todas aquellas medidas
-presidió un gran sentimiento de órden y de policía conservadora.
-Como la fiesta de la Pascua, que aquel año empezaba el viérnes
-por la noche, era siempre motivo propicio á los tumultos y á la
-exaltacion, se resolvió avanzar el arresto algunos dias, á fin de
-evitar el escándalo y las desgracias que acaso pudieran ocurrir.
-Temíase que la popularidad de Jesús[999] ocasionase alguna asonada.
-Por consiguiente, se determinó que en vez de apoderarse de él en el
-templo, adonde iba todos los dias[1000], se espiasen sus costumbres á
-fin de prenderle en algun lugar apartado. Con este objeto, los agentes
-de los sacerdotes sonsacaron á sus discípulos, en la esperanza de
-obtener de su debilidad ó de su sencillez algunas noticias útiles, cosa
-que encontraron en Júdas de Kerioth. Aquel desgraciado, por motivos
-imposibles de explicar, hizo traicion á su maestro, y no sólo dió todas
-las indicaciones que se le pedian, sino que se encargó de conducir la
-brigada ó patrulla que debia operar el arresto, aunque semejante exceso
-de maldad parece casi increible. El recuerdo de horror que la necesidad
-ó la infamia de aquel hombre dejó en la tradicion cristiana, ha debido
-introducir sobre este punto alguna exageracion. Hasta entónces Júdas
-habia sido un discípulo como los demás, tenía el título de apóstol y
-hasta habia hecho milagros y lanzado los demonios. La leyenda, que
-rechaza los términos medios, no ha podido admitir en el cenáculo sino
-once santos y un réprobo. Pero la realidad no procede por categorías
-tan absolutas. La avaricia, que los sinópticos señalan como el móvil
-del crímen en cuestion, no basta á explicarle satisfactoriamente.
-Sería por cierto bien extraño que un hombre que administraba el
-fondo comun, y que sabía lo que iba á perder con la muerte del jefe,
-hubiese cambiado los provechos de su empleo de tesorero[1001] por una
-cantidad insignificante[1002]. ¿Se habia resentido el amor propio de
-Júdas á causa de la reprimenda que recibió en el banquete de Bethania?
-Tampoco esta razon parece suficiente. Juan se empeña en presentarle
-desde un principio como un ladron y un incrédulo[1003], cosa que
-es de todo punto inverosímil. Inclínase uno más bien á creer que
-obedeciese á algun sentimiento de rivalidad, á la irritacion producida
-por disensiones intestinas. El ódio particular que Juan manifiesta
-contra Júdas[1004] confirma esta última hipótesis. De un corazon ménos
-puro que los otros, Júdas pudo muy bien haberse dejado dominar, sin
-apercibirse de ello, de los sentimientos propios de su cargo, y por un
-sesgo sumamente comun en el ejercicio de las funciones activas, haber
-llegado á dar más importancia á los intereses de la caja que á la
-obra misma á que estaban destinados. El murmullo que se le escapa en
-Bethania deja sospechar que la grandeza del apóstol habia sucumbido en
-él ante la mezquindad del administrador, y que algunas veces le parecia
-que el maestro costaba demasiado caro á su familia espiritual. Esa ruin
-economía habia causado sin duda en la reducida sociedad algunos otros
-disgustos.
-
-Sin negar que Júdas contribuyese á la prision de su maestro, nosotros
-creemos que hay alguna injusticia en las maldiciones que sobre él
-se lanzan. Quizás hubo en su conducta mayor parte de torpeza que de
-perversidad. La conciencia moral del hombre del pueblo es viva y
-justa, pero instable é inconsecuente, y no sabe resistir á un impulso
-momentáneo. Las sociedades secretas del partido republicano abrigaban
-en su seno profunda conviccion y gran sinceridad, y sin embargo, los
-delatores eran en ellas numerosos. El más ligero despecho bastaba para
-convertir un sectario en un traidor. Pero si el loco deseo de adquirir
-algunas miserables monedas trastornó la cabeza del pobre Júdas, no
-parece que hubiese perdido completamente el sentimiento moral, puesto
-que, viendo las consecuencias de su falta, se arrepintió[1005], segun
-dicen, y hasta se dió la muerte.
-
-Cada minuto de los que van á seguirse es un momento solemne y ha valido
-por siglos enteros en la historia de la humanidad. Hemos llegado al
-juéves 13 de nisan (3 de Abril). La fiesta de la Pascua empezaba el
-dia siguiente por la noche, inaugurándose con el festin del cordero.
-Luégo se continuaba por espacio de siete dias consecutivos, durante
-los cuales se hacia uso de los panes ácimos. El primero y el último de
-aquellos siete dias tenian un carácter de particular solemnidad. Los
-discípulos se ocupaban ya en los preparativos de la fiesta[1006]:--en
-cuanto á Jesús, todo parecia indicar que no le era desconocida la
-traicion de Júdas y que no se hacia ilusiones respecto á la suerte
-que le esperaba. Aquella noche celebró con sus discípulos su última
-cena, la cual no era el festin ritual de la Pascua, segun despues se
-supuso, cometiendo el error de un dia[1007]; pero la cena del juéves
-fué para la Iglesia primitiva la verdadera Pascua, el sello de la nueva
-alianza. Cada discípulo trasfirió á ella sus más caros recuerdos, y la
-multitud de rasgos conmovedores que cada uno conservaba del maestro se
-reconcentraron en aquella cena, la cual llegó á ser la piedra angular
-de la piedad cristiana y el punto de partida de las más fecundas
-instituciones.
-
-En efecto, en aquel momento solemne debió desbordarse el amor y la
-ternura que abrigaba el corazon de Jesús por la reducida iglesia que
-veia en torno suyo[1008]. Su alma, fuerte y serena, superior al peso
-de las sombrías preocupaciones que la asaltaban, supo encontrar una
-palabra de cariño para cada uno de sus amigos. Dos de entre ellos, Juan
-y Pedro, fueron particularmente objeto de tiernas muestras de afeccion.
-Juan (segun asegura él mismo) se hallaba recostado en el divan, cerca
-de Jesús, con la cabeza reclinada sobre el pecho del maestro. Al
-final de la comida, el secreto que oprimia el corazon de Jesús estuvo
-á pique de escapársele: «En verdad os digo,--exclamó,--que uno de
-vosotros me hará traicion»[1009]. Semejantes palabras produjeron en
-aquellos hombres ingénuos y sencillos un momento de horrible angustia;
-miráronse unos á otros, y cada uno se preguntó si sería él quien habria
-de cometer tal felonía. Júdas se hallaba presente; quizás Jesús, que
-desde hacia algun tiempo tenía motivos para desconfiar de él, trató con
-aquellas palabras de sondar su corazon y de ver si en su continente
-embarazado encontraba la certidumbre de su falta. Pero el discípulo
-infiel permaneció impasible, y hasta dicen que se atrevió á preguntar,
-como los demás: «¿Seré yo, maestro?»
-
-Sin embargo, el alma noble y recta de Pedro estaba como sobre ascuas, é
-hizo seña á Juan para que tratara de saber á quién habia querido aludir
-el maestro. Juan, que podia conversar con Jesús sin que los demás lo
-oyeran, le suplicó por lo bajo que le diese la clave de aquel enigma.
-Pero Jesús, que no tenía sino sospechas, no quiso pronunciar nombre
-alguno; únicamente dijo á Juan que reparase en aquel á quien iba á
-ofrecer el pan mojado en la salsa. Y al mismo tiempo ofreció una sopa
-á Júdas. Por consiguiente, sólo Juan y Pedro tuvieron conocimiento del
-hecho. Jesús dirigió á Júdas algunas palabras que envolvian una amarga
-reconvencion; pero no fueron comprendidas de los circunstantes, los
-cuales creyeron, al ver salir á Júdas en seguida, que Jesús le habia
-dado alguna órden relativa á la fiesta del dia siguiente[1010].
-
-Por el momento, aquella comida no llamó la atencion de nadie, y
-exceptuando las aprensiones que el maestro confió á sus discípulos
-y que no fueron comprendidas sino á medias, nada pasó en ella de
-extraordinario. Pero, despues de la muerte de Jesús, se atribuyeron á
-aquella noche solemnes significados, y la imaginacion de los creyentes
-derramó sobre ella una tinta de suave y dulce misticismo. Los últimos
-momentos de una persona querida son los que más profundamente se
-graban en la memoria. Por una ilusion inevitable, se atribuyen á las
-conversaciones que entónces se tuvieron con ella una significacion que
-no habrian adquirido sin la muerte, y se aglomeran en el espacio de
-algunas horas los recuerdos de años enteros. Despues de la cena de que
-acabamos de hablar, la mayor parte de los discípulos no volvieron á ver
-al maestro. Aquél fué, pues, el último adios, el banquete de despedida.
-En aquella cena, de igual modo que en otras muchas colaciones, Jesús
-practicó su rito misterioso del fraccionamiento del pan. Como quiera
-que desde un principio se creyó que el citado banquete habia tenido
-lugar el dia de Pascua, siendo, por consiguiente, el festin pascual,
-natural fué que se concibiese la idea de haber quedado fundada en
-aquel momento supremo la institucion de la Eucaristía. Partiendo de
-la hipótesis de que Jesús conocia de antemano el momento preciso de su
-muerte, los discípulos debian suponer que el maestro habia reservado
-para sus últimos momentos una multitud de actos importantes. Y como
-quiera que una de las ideas fundamentales de los primeros cristianos
-consistia en que la muerte de Jesús habia sido un sacrificio destinado
-á reemplazar todos los de la antigua Ley, la «Cena» (que por última
-vez repetimos se suponia haberse celebrado en la víspera de la Pasion)
-llegó á ser el sacrificio por excelencia, el acto constitutivo de la
-nueva alianza, el signo de la sangre derramada por la salvacion de
-todos[1011]. Así, pues, el pan y el vino, puestos en relacion con la
-misma muerte, se convirtieron en la imágen del Nuevo Testamento, que
-Jesús habia sellado con sus dolores, en la conmemoracion del sacrificio
-de Cristo hasta su advenimiento[1012].
-
-Ese misterio se fijó desde muy temprano en un pequeño relato
-sacramental, que poseemos bajo cuatro formas muy análogas entre
-sí[1013]. Y sin embargo, Juan, á quien tanto preocupan las ideas
-eucarísticas[1014], que refiere con tanta prolijidad el último
-banquete, relacionando con él tantas circunstancias y tantos
-discursos[1015]; Juan, único entre los narradores evangélicos que tiene
-sobre este punto el valor de un testigo ocular, no conoce el relato
-en cuestion, lo cual prueba que no consideraba la institucion de la
-Eucaristía como una particularidad de la Cena. En su concepto, el rito
-de la Cena es el lavatorio de los piés, rito que probablemente obtuvo
-entre ciertas familias del cristianismo primitivo una importancia que
-perdió con el tiempo[1016]. Sin duda Jesús le habia practicado en
-algunas ocasiones para dar á sus discípulos una leccion de humildad
-fraternal. Pero se trasfirió á la víspera de su muerte, á causa de la
-tendencia que despues hubo en agrupar al rededor de la Cena todas las
-grandes recomendaciones morales y rituales de Jesús.
-
-Por lo demás, un elevado sentimiento de amor, de caridad, de concordia
-y de mútua deferencia, animaba los recuerdos que los discípulos creian
-conservar de las últimas horas de Jesús[1017]. El alma de los símbolos
-y de los discursos, que la tradicion cristiana colocó en aquel sagrado
-momento, es siempre la unidad de su Iglesia, constituida por él ó por
-su espíritu: «Un nuevo mandamiento os doy--decia--que os ameis unos
-á otros, y que del modo que yo os he amado á vosotros, así tambien
-os ameis recíprocamente. Por aquí conocerán todos que sois mis
-discípulos, si os teneis amor unos á otros. Ya no os llamaré siervos,
-pues el siervo no es sabedor de lo que hace su amo. Mas á vosotros os
-he llamado amigos; porque os he hecho saber cuantas cosas oí de mi
-Padre. Lo que os mando es que os ameis unos á otros»[1018].
-
-Algunas rivalidades, algunas luchas de preeminencia se produjeron
-todavía en aquellos postreros momentos[1019]. Jesús hizo notar que
-si él, que era el maestro, habia estado entre sus discípulos como su
-servidor, con mayor motivo debian ellos subordinarse unos á otros.
-Segun algunos, parece que les dijo al beber el vino: «Yo os declaro que
-no beberé ya más desde ahora de este fruto de la vid, hasta el dia en
-que beba con vosotros el nuevo en el reino de mi Padre»[1020]. Otros
-afirman que les prometió para muy pronto un banquete celestial, en el
-cual se hallarian sentados en tronos cerca de él[1021].
-
-Hácia el fin de la velada, los presentimientos de Jesús se propagaron,
-á lo que parece, al alma de sus discípulos. Todos sentian que se
-hallaban cercanos á una crísis y que un grave peligro amenazaba
-al maestro. Hubo un instante en que Jesús pensó en tomar algunas
-precauciones:--habló de espadas, y como le dijeran que habia dos entre
-los circunstantes, «basta»--respondió--[1022]. Pero desechó la idea y
-no volvió á hablar de ello, comprendiendo sin duda que aquellos tímidos
-provincianos no podrian oponer resistencia á la fuerza armada de los
-grandes poderes de Jerusalen. Cephas, impulsado por su gran corazon y
-lleno de confianza en sí mismo, juró que le acompañaria á la prision y
-que moriria con él. Jesús le opuso algunas dudas con su acostumbrada
-delicadeza de ingenio; y segun una tradicion, que probablemente se
-remonta hasta el mismo Pedro, le emplazó para el canto del gallo[1023].
-Todos, á imitacion de Cephas, juraron que no le abandonarian.
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXIV
-
-ARRESTO Y CAUSA DE JESÚS
-
-
-La noche habia cerrado ya completamente[1024] cuando salieron de la
-sala[1025]. Segun su costumbre, Jesús atravesó el valle del Cedron,
-y acompañado de sus discípulos se dirigió al huerto de Gethsemaní,
-situado al pié del monte de los Olivos[1026]. Sentóse allí, y dominando
-á sus discípulos con su inmensa superioridad, permanecia en vela y
-en oracion miéntras ellos dormian. De pronto una patrulla armada y
-provista de antorchas invade el huerto. Eran los agentes del templo,
-especie de brigada de policía que se habia dejado á los sacerdotes:
-iban armados de palos y escoltados de un destacamento de soldados
-romanos con espadas. La órden del arresto emanaba del gran sacerdote y
-del sanedrin[1027]. Conociendo Júdas las costumbres de Jesús, les habia
-indicado que en aquel sitio podrian sorprenderle más fácilmente. Júdas,
-segun la tradicion unánime de los primeros tiempos, acompañaba á la
-patrulla[1028], y si hemos de creer lo que algunos afirman[1029], llevó
-la infamia hasta el extremo de designar con un beso á la víctima de su
-negra traicion. Sea como quiera, lo cierto es que hubo un principio
-de resistencia de parte de los discípulos[1030]. Uno de ellos (Pedro,
-segun testigos oculares)[1031] desenvainó la espada é hirió en una
-oreja á uno de los servidores del gran sacerdote, llamado Malek. Jesús
-detuvo aquel primer movimiento y se entregó voluntariamente á los
-soldados. Los discípulos, débiles, é incapaces de obrar de concierto
-contra autoridades que gozaban de tanto prestigio, huyeron cada cual
-por su lado. Sólo Juan y Pedro siguieron desde léjos al maestro sin
-perderle de vista. Otro jóven desconocido, cubierto de una ligera
-túnica, le seguia tambien: los soldados quisieron prenderle, pero el
-jóven huyó, dejando la túnica entre sus manos[1032].
-
-La conducta que los sacerdotes habian resuelto observar contra
-Jesús se hallaba en un todo conforme con el derecho establecido. El
-procedimiento contra el «seductor» (_mesith_) que trata de atentar á
-la pureza de la religion se explica en el Talmud con detalles cuya
-ingenua impudencia hace sonreir. La asechanza, la alevosía, están en
-él erigidas en parte esencial de la instrucción criminal. Cuando hay un
-hombre acusado de «seduccion» se colocan dos testigos ocultos detrás
-de un tabique, y se arreglan las cosas de un modo que el prevenido
-éntre en una habitacion contigua, á fin de que los dos testigos en
-cuestion puedan oirle sin que él lo sospeche. Á mayor abundamiento se
-encienden dos luces junto á él para que los testigos ocultos puedan
-declarar que «le han visto»[1033]. Preparadas las cosas de este modo,
-se hace que repita su blasfemia, induciéndole á que se retracte. Si
-persiste en ella, los testigos le conducen al tribunal y es apedreado.
-El Talmud añade que de esta manera fué como se procedió con Jesús, que
-fué condenado por las declaraciones de los consabidos testigos, y que,
-además, el crímen de «seduccion» es el único para el cual se preparan
-tan originales testimonios[1034].
-
-En efecto, los discípulos de Jesús nos dicen que la «seduccion» era
-el crímen de que acusaban á su maestro[1035], y, á excepcion de
-algunas anotaciones, fruto de la imaginacion rabínica, el relato de
-los evangelios concuerda rasgo por rasgo con el procedimiento que
-describe el Talmud. El plan de los enemigos de Jesús era convencerle,
-por informe testimonial y por su propia confesion, de blasfemia y
-de atentado contra la religion mosáica, condenarle á muerte con
-arreglo á la Ley y remitir despues la sentencia á Pilato para que
-éste la confirmase. Como ya hemos visto, la autoridad sacerdotal
-residia de hecho en manos de Annás. La órden de arresto procedia de
-él probablemente, y á casa de aquel poderoso personaje fué adonde, en
-un principio, condujeron á Jesús[1036]. Annás le interrogó acerca de
-su doctrina y de sus discípulos; pero Jesús rehusó con noble altivez
-entrar en largas explicaciones. Remitiéndose á su enseñanza, que habia
-sido pública, declaró que jamás habia tenido doctrina secreta, y dijo
-al gran sacerdote que interrogase á aquellos que le habian escuchado.
-Nada más natural que esa respuesta; pero el exagerado respeto que
-inspiraba el antiguo pontífice la hizo aparecer osada é irreverente, y
-uno de los circunstantes replicó á ella--segun dicen--dando á Jesús un
-bofeton.
-
-Pedro y Juan habian seguido al maestro hasta la morada de Annás: Juan,
-que no era desconocido en la casa, penetró sin dificultad, mas su
-compañero fué detenido á la entrada, y el hijo del Zebedeo tuvo que
-suplicar á la portera que le dejase paso.
-
-La noche era fria.
-
-Pedro permaneció en la antecámara y se acercó á un brasero al rededor
-del cual se calentaban algunos sirvientes, quienes no tardaron en
-reconocerle como discípulo del preso. Denunciado por su acento galileo
-y apremiado por las preguntas que le dirigian los lacayos, entre
-los cuales se hallaba un pariente de Malek que le habia visto en
-Gethsemaní, el desventurado aseguró por tres veces que jamás habia
-tenido relacion alguna con Jesús. Pedro creia que el maestro no
-podia oirle y estaba léjos de imaginar cuán digno de reprobacion era
-aquel acto de disimulada cobardía. Pero su excelente naturaleza le
-reveló bien pronto la falta que acababa de cometer. Una circunstancia
-fortuita, el canto del gallo, vino á recordarle las palabras que le
-habia dicho el maestro. Entónces se enterneció su corazon, salió afuera
-y se echó á llorar amargamente[1037].
-
-Aunque verdadero autor del homicidio jurídico que iba á consumarse,
-Annás no tenía poderes para pronunciar la sentencia de Jesús; por eso
-le remitió á su yerno Caifás, que era el posesor del título oficial.
-Ciego instrumento de su suegro, Caifás debia naturalmente ratificar
-en todo y por todo las insinuaciones de aquél. El sanedrin se hallaba
-reunido en su casa[1038]. Empezóse la vista, y varios testigos,
-preparados de antemano con arreglo al procedimiento inquisitorial
-expuesto en el Talmud, comparecieron ante los jueces. La frase fatal
-que Jesús habia realmente pronunciado: «Yo destruiré el templo de Dios
-y le reconstruiré en tres dias», fué citada por dos testigos. Blasfemar
-del templo de Dios era, segun la ley judáica, blasfemar de la misma
-Divinidad[1039]. Jesús guardó silencio, rehusando explicar las palabras
-que se le acriminaban. Si hemos de creer lo que dice un relato, el
-gran sacerdote le conminó entónces que dijera si él era el Mesías.
-Jesús respondió afirmativamente y proclamó ante los jueces el próximo
-advenimiento de su reino celestial[1040]. Sin embargo, parécenos que el
-valor de Jesús, decidido ya á morir, no exige semejante confesion: es
-muy probable que en casa de Caifás, como en la de Annás, guardase ese
-mismo silencio que fué su regla de conducta en los últimos instantes
-de su vida. La sentencia estaba resuelta de antemano, y sólo se
-buscaban pretextos para justificarla: conociéndolo Jesús, no trató
-de emprender una defensa inútil. Bajo el punto de vista del judaismo
-ortodoxo, Jesús era real y verdaderamente un blasfemo, un destructor
-del culto establecido; esto supuesto, la ley castigaba con pena de
-muerte semejantes crímenes[1041]. La asamblea le declaró por voto
-unánime culpable de crímen capital. Los miembros del consejo que tenian
-por él secretas simpatías, se hallaban ausentes ó no votaron[1042].
-La frivolidad propia de las aristocracias de antigua data no permitió
-á los jueces reflexionar mucho tiempo sobre los resultados de la
-sentencia que acababan de firmar. La vida de un hombre se sacrificaba
-entónces con suma ligereza; de seguro no pensaron los miembros del
-sanedrin en la terrible cuenta que de aquel decreto, pronunciado con
-tan indolente desden, tendrian sus hijos que dar á la posteridad
-irritada.
-
-El sanedrin no tenía derecho para hacer ejecutar una sentencia de
-muerte[1043]. Pero, gracias á la confusion de poderes que entónces
-reinaba en Judea, no por eso dejaba Jesús de hallarse condenado desde
-aquel momento. Así es que permaneció el resto de la noche expuesto á
-los insultos y malos tratamientos de la más ínfima chusma, la cual no
-le escaseó ninguna afrenta[1044].
-
-Á la siguiente mañana se reunieron de nuevo los ancianos y los jefes
-de los sacerdotes[1045], para tratar de que Pilato aprobase la condena
-pronunciada por el sanedrin, condena que no podia tener cumplido
-efecto sin tal requisito, indispensable desde la ocupacion romana.
-El procurador no se hallaba investido, como el legado imperial, del
-derecho de vida y muerte; pero como Jesús no era ciudadano romano,
-bastaba la autorizacion del gobierno para que se diera curso al decreto
-pronunciado contra él. Los romanos, como sucede siempre que un pueblo
-político somete á una nacion en la que se confunden la ley civil y la
-religiosa, habian llegado á prestar una especie de apoyo oficial á
-la ley judáica. El derecho romano no se aplicaba á los judíos; éstos
-permanecian sometidos al derecho canónico que vemos consignado en el
-Talmud, de igual manera que los árabes de Argelia se hallan todavía
-regidos por el código del Islam. Aunque neutros en religion, los
-romanos sancionaban con mucha frecuencia las penas que se imponian por
-delitos religiosos. La situacion era, pues, muy semejante á la de las
-ciudades santas de la India bajo la dominacion inglesa, ó más bien á la
-en que se encontraria Damasco el dia en que la Siria fuese conquistada
-por una potencia europea. Josefo pretende (aunque en ello cabe mucha
-duda) que si un romano traspasaba las estelas en que se hallaban las
-inscripciones que prohibian avanzar á los gentiles, los procuradores le
-entregaban á los judíos para que le diesen muerte[1046].
-
-Los agentes de los sacerdotes ataron á Jesús y le condujeron al
-pretorio, antiguo palacio de Heródes[1047], inmediato á la torre
-Antonia[1048]. Era la mañana del dia en que debia comerse el cordero
-pascual (viérnes, 14 de nisan,--3 de Abril). Los judíos se habrian
-mancillado entrando en el pretorio y no habrian podido celebrar el
-festin sagrado; por esta razon permanecieron fuera[1049]. Noticioso
-Pilato de su presencia, subió al _bima_[1050], ó tribunal, que se
-hallaba situado al aire libre[1051], en el sitio que tenía por nombre
-_Gabbatha_, en griego _Lithostrotos_, á causa del embaldosado que
-recubria el suelo.
-
-Tan pronto como se le informó de la acusacion, Pilato manifestó el
-disgusto que le causaba el tener que mezclarse en aquel asunto[1052].
-En seguida se encerró con Jesús en el pretorio. Los detalles precisos
-de la entrevista que allí tuvo lugar, no habiendo podido ningun testigo
-revelárselos á los discípulos, quedaron envueltos en el misterio; sin
-embargo, Juan parece haberlos adivinado con bastante exactitud. Su
-relato se halla en perfecta consonancia con lo que la historia nos
-refiere respecto á la situacion recíproca de los dos interlocutores.
-
-El procurador Pontius, apellidado Pilatus, sin duda á causa del _pilum_
-ó dardo de honor con que fué condecorado[1053] él ó alguno de sus
-progenitores, no habia tenido hasta entónces ninguna relacion con la
-secta naciente. Indiferente á las querellas intestinas de los judíos,
-no veia en todos aquellos movimientos de sectarios sino el efecto de
-imaginaciones acaloradas y de cerebros extraviados. En general, los
-judíos le inspiraban poquísimo cariño. Pero si el procurador detestaba
-á los nietos de Moisés, éstos le pagaban con usura; encontrábanle duro,
-violento, despreciativo, y le acusaban de crímenes increibles[1054].
-Jerusalen, como centro de una gran fermentacion popular, era una
-poblacion sumamente sediciosa y un punto de residencia insoportable
-para un extranjero. Los exaltados pretendian que el nuevo procurador
-habia hecho propósito firme de abolir la ley[1055]. Su mezquino
-fanatismo y sus odios religiosos no podian ménos de sublevar ese
-ámplio sentimiento de justicia y de gobierno civil que el más incapaz
-de los súbditos romanos llevaba consigo adonde quiera que iba. Todos
-los actos que de Pilato conocemos nos le presentan como un buen
-administrador[1056]. En el primer período del ejercicio de su cargo
-habia tenido con sus administrados sérias dificultades, que zanjó de
-una manera bastante brutal; pero áun entónces parece que la razon se
-hallaba de su parte. Los judíos debian parecer al procurador Pontius,
-gentes atrasadísimas, y sin duda le merecian el mismo juicio que á un
-prefecto liberal merecieron en otro tiempo los Bajos-Bretones, los
-cuales se insurreccionaban contra la apertura de un nuevo camino ó el
-establecimiento de una nueva escuela. En sus mejores proyectos por el
-bien del país, y con particularidad en todo cuanto se relacionaba con
-las obras públicas, Pilato habia encontrado siempre la Ley como un
-obstáculo insuperable. La Ley, en su espíritu absurdamente conservador,
-restringia la vida hasta el extremo de oponerse á todo cambio y á toda
-mejora. Las más útiles construcciones romanas eran para los judíos
-celosos objeto de particular ojeriza[1057]. Dos escudos votivos con
-inscripciones, que el procurador Pontius habia hecho colocar en su
-palacio, el cual se hallaba contiguo al sagrado recinto, provocaron una
-borrasca aún más violenta[1058]. Pilato hizo en un principio muy poco
-caso de aquellas susceptibilidades; pero ellas le obligaron despues
-á hacer uso de sangrientas represiones[1059], cuya severidad debia
-más tarde ocasionar su destitucion[1060]. La experiencia de tantos
-conflictos le habia, pues, hecho prudente en sus relaciones con aquel
-pueblo intratable, que se vengaba de sus dominadores obligándolos
-á usar con él de odiosas crueldades. El procurador experimentaba
-supremo disgusto al verse obligado á desempeñar, por una ley que
-detestaba[1061], un papel activo y abominable en aquel nuevo asunto.
-Pilato sabía que el fanatismo religioso, así que ha obtenido alguna
-violencia de los gobiernos civiles, es despues el primero en arrojar
-sobre ellos la responsabilidad, y áun casi se permite dirigirles
-amargas acusaciones. ¡Suprema injusticia, puesto que, en semejante
-caso, el verdadero culpable es el instigador!
-
-Pilato, á quien acaso impresionó la actitud digna y tranquila del
-acusado, deseaba, pues, salvar á Jesús, el cual, si hemos de dar
-crédito á una tradicion[1062], encontró tambien apoyo en la propia
-mujer del procurador. Quizás ésta habia visto al dulce galileo desde
-alguna de las ventanas del pretorio que dominaban el pórtico del
-templo, y ¡quién sabe si el espectáculo de la sangre de aquel hermoso
-jóven, sangre inocente que iba á derramarse, le produjo alguna terrible
-pesadilla! Sea como quiera, lo cierto es que Jesús encontró á Pilato
-prevenido en su favor. El gobernador le interrogó bondadosamente,
-demostrando el deseo de recurrir á cuantos medios le fuesen posibles á
-fin de absolverle.
-
-El título de «rey de los judíos», que Jesús nunca se habia dado, pero
-que sus enemigos dedujeron de su papel y de sus pretensiones, era
-naturalmente el que más inquietudes debia causar á la autoridad romana.
-Así, pues, se tuvo especial cuidado de acusarle en este sentido,
-presentándole á los ojos del procurador como sedicioso y culpable de
-crímen de estado. Y no obstante, nada era más injusto, puesto que Jesús
-habia siempre reconocido la autoridad civil del imperio romano. Pero
-sabido es que los partidos religiosos conservadores no tienen costumbre
-de retroceder ante ninguna calumnia. Deducian á pesar suyo todas las
-consecuencias de su doctrina, trasformábanle en discípulo de Júdas el
-Gaulonita, y pretendian que vedaba pagar el tributo á César[1063].
-Pilato le preguntó si era efectivamente rey de los judíos[1064], y
-Jesús respondió sin ocultarle su pensamiento. Pero el gran equívoco
-que habia sido el orígen de su fuerza, y que debia constituir su
-reino despues de su muerte, le perdió entónces. Jesús, el idealista
-que no distinguia el espíritu de la materia, y cuya palabra, segun la
-imágen del Apocalípsis, era una espada de dos filos, no supo nunca
-tranquilizar completamente á las potencias de la tierra. Juan afirma
-que Jesús confesó ante Pilato su dignidad real, pero que al mismo
-tiempo añadió esta profunda frase: «Mi reino no es de este mundo.»
-Y que despues explicó la naturaleza de su reino, el cual se resumia
-completamente en la posesion y en la proclamacion de la verdad. Pilato
-no comprendió una palabra de ese idealismo sublime[1065], y sin duda
-Jesús le produjo el efecto de un soñador inofensivo. Los romanos de
-aquella época, merced á su carencia de filosofía y de proselitismo
-religioso, consideraban como una quimera el sacrificio por la verdad.
-Semejantes debates les parecian fastidiosos y vacíos de sentido, y no
-viendo el peligro que de esas nuevas especulaciones pudiera resultar al
-imperio, natural era que no hallasen motivo ninguno para emplear contra
-ellas la violencia. Todo su descontento recaia, pues, sobre los que,
-por vanas sutilezas, iban á pedirles el suplicio de algun innovador.
-Veinte años más tarde, Gallion se conducia todavía con los judíos de
-la misma manera[1066]. La regla de conducta que siguieron los romanos
-hasta la ruina de Jerusalen fué siempre la más absoluta indiferencia
-respecto á esas querellas de sectarios[1067].
-
-Para conciliar sus propios sentimientos con las exigencias de aquel
-pueblo fanático, cuya presion habia sufrido tantas veces, un medio
-plausible se presentó á la mente del gobernador. Con motivo de la
-fiesta de la Pascua, era costumbre dar libertad á un criminal.
-Conociendo Pilato que la prision de Jesús era debida al ódio y á
-la envidia de los sacerdotes[1068], intentó hacerle participar del
-beneficio de aquella costumbre. Al efecto, subió de nuevo al _bima_
-y propuso á la muchedumbre libertar «al rey de los judíos.» Hecha en
-tales términos, la proposicion tenía cierto carácter de amplitud y
-de ironía, propio á favorecer su intento. Los sacerdotes conocieron
-el peligro. En consecuencia obraron prontamente[1069], y á fin de
-combatirla, sugirieron á la muchedumbre el nombre de un preso que
-gozaba en Jerusalen de gran popularidad. Por una singular coincidencia
-se llamaba tambien Jesús[1070] y tenía por sobrenombre Bar-Abba ó
-Bar-Rabbas[1071]. Este personaje era muy conocido[1072], y segun parece
-habia sido preso por delito de homicidio y por haber tomado parte en
-un motin[1073]. Al repetirles Pilato su propuesta, se elevó un clamor
-general diciendo: «No á ése, sino á Jesús Bar-Rabbas.» Entónces Pilato
-se vió en la precision de indultar el preso que le pedian.
-
-Sus apuros se aumentaban, y temia que le comprometiese la demasiada
-indulgencia para con un acusado á quien daban el título de «rey de
-los judíos.» Además, todos los poderes se ven siempre obligados á
-transigir con el fanatismo. Pilato creyó que debia hacer algunas
-concesiones; pero, vacilando todavía en derramar sangre para satisfacer
-el deseo de personas que detestaba, trató de imprimir al negocio un
-giro risible y mandó azotar á Jesús, aparentando burlarse del título
-pomposo que le daban[1074]. La flagelacion era el preliminar ordinario
-del suplicio de la cruz[1075]. Quizás Pilato quiso hacer creer que esa
-condena estaba ya pronunciada, confiando en que el preliminar sería
-suficiente. Entónces tuvo lugar, segun afirman todos los relatos,
-una escena odiosa y repugnante. Los soldados cogieron á Jesús, le
-desnudaron y le cubrieron con un manto de grana; luégo, tejiendo una
-corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y una caña en la mano
-derecha. Así adornado, le hicieron subir á la tribuna del pretorio, y
-abofeteándole y escarneciéndole, se arrodillaban delante de él y le
-decian: «Dios te salve, rey de los judíos»[1076]. Otros le escupian,
-tomaban la caña y le herian en la cabeza. Difícil es comprender cómo
-la gravedad romana pudo prestarse á tan vergonzosos actos. Verdad es
-que, en su calidad de procurador, Pilato no tenía bajo sus órdenes sino
-tropas auxiliares; los ciudadanos romanos que componian las legiones no
-habrian descendido á semejante indignidad.
-
-¿Creyó Pilato poner á cubierto su responsabilidad con aquel infame
-simulacro? ¿Esperaba separar el golpe que amenazaba á Jesús concediendo
-alguna cosa al ódio de los judíos?[1077] ¿Se prometia evitar un
-trágico desenlace con aquel entremes grotesco, haciendo ver en cierto
-modo que el asunto no merecia otra solucion? Si tales fueron sus
-intenciones, ningun éxito tuvieron. El tumulto crecia, amenazando
-convertirse en verdadera sedicion: por todas partes resonaba el grito:
-«¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» Adoptando un tono cada vez más exigente,
-los sacerdotes declararon que peligraba la Ley si el seductor no era
-condenado á muerte[1078]. Pilato conoció que para salvar á Jesús sería
-indispensable sofocar un motin sangriento. Sin embargo trató de ganar
-tiempo, y al entrar en el pretorio se informó de qué país era Jesús, á
-fin de buscar un pretexto para declinar su propia competencia[1079].
-Y segun una tradicion, remitió el acusado á Antipas, quien, segun
-parece, se hallaba accidentalmente en Jerusalen[1080]. Jesús se prestó
-poco á secundar esos benévolos esfuerzos; como habia hecho en casa de
-Caifás, se encerró en un silencio digno y grave, que llamó sobremanera
-la atencion de Pilato. Los gritos del populacho se hacian cada vez más
-amenazadores, y hasta se murmuraba ya del poco celo del funcionario,
-acusándole de proteger á un enemigo de César. Los mayores adversarios
-de la dominacion romana se trasformaron entónces en súbditos leales de
-Tiberio, para tener derecho de acusar de lesa-majestad al demasiado
-tolerante procurador. «Aquí no hay más rey que el emperador,--le
-decian:--Si sueltas á ése no eres amigo de César; puesto que cualquiera
-que se hace rey se declara contra César»[1081]. El débil Pilato,
-temeroso del informe que sus enemigos enviarian á Roma, informe en
-que se le acusaria de haber apoyado á un rival de Tiberio, dejó de
-insistir. Ya en el asunto de los escudos votivos los judíos habian
-escrito al Emperador y conseguido el objeto de su solicitud. El
-procurador vió amenazado su destino, y por una condescendencia que
-debia entregar su nombre á la execracion universal, cedió al fin,
-dejando á los judíos,--segun dicen,--toda la responsabilidad de lo
-que pudiera suceder. Los judíos la aceptaron plenamente, y á creer la
-tradicion cristiana, respondieron: «Recaiga su sangre sobre nosotros y
-sobre nuestros hijos»[1082].
-
-¿Fueron pronunciadas, en efecto, esas palabras? Dudoso nos parece.
-Pero, de todos modos, ellas son la expresion de una profunda verdad
-histórica. Si se tiene en cuenta la actitud de los romanos en Judea,
-se comprenderá que Pilato no pudo hacer sino lo que hizo. ¡Cuántas
-sentencias de muerte no han sido dictadas y arrancadas al poder civil
-por la intolerancia religiosa! El rey de España, que por complacer á un
-clero fanático, entregaba á la hoguera centenares de súbditos, era mil
-veces más censurable que Pilato, porque en él residia un poder mucho
-más completo que el que los romanos tenian entónces establecido en
-Jerusalen. Siempre que el poder civil, á instigacion del sacerdocio, se
-convierte en perseguidor ó en quisquilloso, prueba con ello su falta de
-energía. Pero si hay algun gobierno que sobre este punto se halle sin
-pecado, que arroje á Pilato la primera piedra. El «brazo secular», tras
-el cual se esconde la crueldad del clero, no es el culpable. ¿Podrá
-alguno decir con justicia que tiene horror á la sangre, porque la hace
-derramar por sus lacayos?
-
-Esto supuesto, ni Tiberio, ni Pilato, fueron los que condenaron á
-Jesús; fué el antiguo partido judío, la ley mosáica. Segun nuestras
-ideas modernas, el demérito moral no se trasmite de padre á hijo: ante
-la justicia humana y divina, nadie es responsable sino de sus propias
-faltas. Por consiguiente, el judío que sufre todavía por la muerte de
-Jesús tiene derecho á quejarse, porque, si hubiese vivido entónces,
-quizás habria sido un Simon Cirineo; quizás no se habria hallado
-entre los que gritaron: «¡Crucifícale!» Pero las naciones, como los
-individuos, tienen su responsabilidad, y segun esto, si en el mundo
-hubo crímen cometido por una nacion entera, fué sin duda la muerte de
-Jesús. La Ley mosáica, en su forma moderna, es verdad, pero aceptada,
-pronunciaba pena de muerte contra toda tentativa hecha para cambiar el
-culto establecido. Jesús atacaba el culto, á no dudarlo, y aspiraba á
-destruirle. Los judíos dijeron á Pilato con una franqueza cuya verdad
-y sencillez no pueden negarse: «Nosotros tenemos una Ley, y segun esta
-Ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios»[1083]. La Ley era
-detestable; pero ella era la Ley de la ferocidad antigua, y el héroe
-llamado á abrogarla debia ante todo sufrir sus terribles decisiones.
-
-Para que la sangre que Jesús va á derramar produzca sus frutos serán
-menester mil ochocientos años. Pensadores tan nobles como aquel mártir
-sublime sufrirán en su nombre, durante muchos siglos, la tortura y
-la muerte. Áun hoy dia, en países que se tienen por cristianos, se
-castigan con penas severas los delitos religiosos[*]. Pero Jesús no es
-responsable de esos extravíos: el mártir del Gólgota no podia prever
-que el fanatismo de algunos pueblos habia de llegar á convertirle en
-una especie de horrible Moloch, ávido de carne quemada. El cristianismo
-ha sido intolerante; pero la intolerancia no es un hecho esencialmente
-cristiano: es un hecho judío, por cuanto á que el judaismo fué el
-primero que erigió la teoría de lo absoluto en materia religiosa; el
-primero que asentó el principio de que todo innovador, aunque haya
-milagros en apoyo de su doctrina, debe ser apedreado sin misericordia
-y sin juicio prévio[1084]. Tambien el mundo pagano tuvo sus violencias
-religiosas; pero, si hubiese estado regido por una ley semejante, ¿se
-habria convertido á la religion cristiana? El Pentateuco fué, pues,
-en el mundo, el primer código del terror religioso, y el judaismo el
-primer ejemplo de un dogma inmutable, armado de la cuchilla. Si el
-cristianismo, en vez de perseguir con ódio ciego á los judíos, hubiese
-abolido el régimen que mató á su fundador, habria sido más consecuente
-y sería mucho más acreedor á la gratitud del género humano.
-
- [*] No hace mucho tiempo que fueron condenados á presidio, por la
- administracion O’Donnell, algunos propagandistas protestantes de
- Granada. (N. del T.)
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXV
-
-MUERTE DE JESÚS
-
-
-Aunque el verdadero motivo de la muerte de Jesús fué completamente
-religioso, sus enemigos habian conseguido presentarle en el pretorio
-como culpable de crímen de Estado; de otro modo, esto es, por crímen
-de heterodoxia, no hubieran obtenido del escéptico Pilato la sancion
-de la condena. Consecuentes con esta idea, los sacerdotes, valiéndose
-de la muchedumbre, pidieron que se aplicase á Jesús el suplicio de
-la cruz. Este suplicio no era de orígen judío.--Si la condenacion
-de Jesús hubiera sido puramente mosáica, se le habria aplicado la
-lapidacion[1085]. La cruz era un suplicio romano que se reservaba
-para los esclavos y del cual se hacia uso cuando se pretendia agravar
-la pena de muerte añadiéndole la ignominia. Al aplicarla á Jesús, se
-le trataba, ni más ni ménos, como á un salteador de caminos, como á
-un facineroso, ó como á esos enemigos de baja estofa á quienes no
-concedian los romanos el honor de morir bajo la cuchilla[1086]. Así,
-pues, se castigaba, no el dogma heterodoxo, sino la quimera de «rey
-de los judíos.» Sabido es que, entre los romanos, los soldados, cuyo
-oficio era matar, hacian las veces de verdugos. Jesús fué entregado á
-una cohorte de soldados auxiliares, y se desplegó para su ejecucion
-todo el odioso aparato de las crueles costumbres introducidas por los
-nuevos conquistadores.
-
-Eran las doce del dia, aproximadamente[1087]. Volvieron á ponerle
-los vestidos que le habian quitado para el simulacro de la tribuna,
-y teniendo la cohorte dispuestos á dos ladrones que tambien debia
-ejecutar, reunieron los tres condenados, y la comitiva se puso en
-marcha hácia el lugar del suplicio.
-
-Aquel lugar era un sitio llamado _Gólgotha_, situado fuera de
-Jerusalen, aunque no muy léjos de sus muros[1088]. El nombre de
-_Gólgotha_ significa _cráneo_; corresponde, al parecer, á nuestra
-palabra _Chaumont_[*] y probablemente designaba una colina escueta que
-tenía la forma de un cráneo calvo. No se sabe con exactitud el sitio
-donde se hallaba aquella colina; pero es indudable que estaba al Norte
-ó al Nordeste de la ciudad en la elevada y desigual meseta que se
-extiende entre los muros y los valles de Cedron y de Hinnom[1089], zona
-bastante vulgar y que áun hoy dia conserva un aspecto triste á causa
-de los repugnantes detalles que le presta su vecindad con una gran
-poblacion. Difícil es colocar el Gólgotha en el sitio preciso en que, á
-partir de Constantino, le ha venerado la cristiandad entera[1090]. Ese
-sitio ocupa un punto demasiado céntrico en la ciudad, y es de suponer
-que en la época de Jesús se hallase comprendido en el recinto de la
-muralla[1091].
-
- [*] La palabra francesa _chaumont_ es una contraccion de
- _chauvemont_, esto es, monte-calvo. (N. del T.)
-
-El condenado á muerte debia llevar sobre sus hombros el instrumento de
-su suplicio[1092]. Pero Jesús, teniendo una constitucion física más
-débil que sus dos compañeros, no pudo soportar el peso del suyo. La
-tropa encontró en el camino á un tal Simon de Cirene, que volvia del
-campo, y los soldados, con esos brutales procederes de las guarniciones
-extranjeras, le obligaron á llevar el árbol fatal. Al obrar de ese
-modo, quizás usaban de un derecho reconocido, puesto que estaba
-prohibido á los romanos cargar ellos mismos con el madero infame. Simon
-perteneció despues, segun parece, á la comunidad cristiana, en la
-cual eran muy conocidos sus dos hijos Alejandro y Rufo[1093]. Tal vez
-refirió luégo, como testigo ocular, más de una circunstancia relativa
-á aquellos últimos instantes. Ninguno de los discípulos se hallaba en
-aquel momento cerca de Jesús[1094].
-
-El lúgubre cortejo llegó, en fin, al sitio de las ejecuciones. Con
-arreglo á la costumbre judía, inspirada por un sentimiento de piedad,
-se daba á beber á los pacientes, á fin de aturdirlos, una bebida
-embriagadora compuesta de cierto vino fuertemente aromatizado[1095].
-Parece ser que las mismas señoras de Jerusalen llevaban á los infelices
-que conducian al suplicio aquel vino de gracia; cuando ninguna de
-ellas le ofrecia, se compraba con los fondos del erario público[1096].
-Jesús, despues de haber acercado el vaso á los labios, rehusó beber
-aquel brebaje[1097]. Ese triste alivio de los condenados vulgares no
-se avenia con su elevada naturaleza:--prefirió abandonar la vida en
-toda la plenitud de su razon y esperar con la conciencia lúcida y
-serena la muerte que con tanto heroismo habia provocado. Entónces le
-despojaron de sus vestidos[1098] y le ataron á la cruz, la cual se
-componia de dos maderos enlazados en forma de T[1099]. La cruz tenía
-de ordinario tan poca elevacion, que á veces los piés del condenado
-tocaban al suelo. Empezábase por izar y fijar en tierra el madero[1100]
-y en seguida se procedia á suspender al paciente, atravesándole las
-manos con clavos;--los piés se enclavaban tambien algunas veces; otras,
-se contentaban con atarlos[1101]. Una especie de tajo de madera, ó
-más bien de pequeña antena fija hácia el medio del mástil de la cruz,
-pasaba por entre las piernas del condenado, sirviéndole de punto de
-apoyo[1102]. Sin esto las manos se habrian desgarrado y venido el
-cuerpo á tierra. Otras veces, el punto de apoyo consistia en una
-tableta que se fijaba á la altura de los piés.
-
-Jesús saboreó uno por uno todos los horrores de tan atroz suplicio.
-Sentíase devorado por una sed abrasadora, que no es el menor de los
-tormentos de la crucifixion[1103], y pidió de beber. Estaba cerca
-de allí una vasija llena de la bebida ordinaria de los soldados
-romanos, la cual consistia en una mezcla de vinagre y agua llamada
-_posca_, bebida que los soldados debian llevar consigo en todas las
-expediciones[1104], en cuyo número entraban tambien las ejecuciones
-capitales. Un soldado tomó una esponja, la empapó en aquel brebaje, y,
-poniéndola en la punta de una caña, se la dió á chupar á Jesús[1105].
-Á derecha é izquierda del profeta de Nazareth estaban crucificados los
-dos ladrones. Los ejecutores, entre cuyas manos se abandonaban los
-despojos (_pannicularia_) de los ajusticiados[1106], «repartieron entre
-sí sus vestidos, echando suerte, y sentándose al pié de la cruz, le
-guardaban»[1107]. Segun una tradicion, Jesús pronunció las siguientes
-palabras, que, si no salieron de sus labios, estuvieron al ménos en su
-corazon: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»[1108].
-
-Con arreglo á la costumbre romana, se colocó un rótulo en lo alto de la
-cruz, con esta frase escrita en tres idiomas, hebreo, griego y latino:
-EL REY DE LOS JUDÍOS. Semejante redaccion constituia una angustiosa
-injuria dirigida al pueblo. Muchas personas de las que por allí pasaban
-se resintieron al leerla, y los sacerdotes hicieron observar á Pilato
-que debia escribirse el letrero de modo que explicase que Jesús habia
-pretendido ser rey de los judíos. Pero el procurador, aburrido ya de
-aquel asunto, se negó á complacerlos, contestando que lo escrito,
-escrito se quedaba[1109].
-
-Los discípulos de Jesús habian huido. Sin embargo, Juan declara
-haber permanecido constantemente al pié de la cruz[1110]. Con mayor
-certidumbre puede afirmarse que las que le acompañaron al Calvario sin
-abandonarle fueron las fieles amigas de Galilea que le habian seguido
-á Jerusalen. María Cleophás, María de Magdala, Juana, mujer de Kuza,
-Salomé y algunas otras mujeres permanecian á cierta distancia[1111]
-sin perderle de vista[1112]. De creer á Juan, María, madre de Jesús,
-estaba tambien al pié de la cruz, y al ver el moribundo á su madre y á
-su discípulo querido, dijo á éste: «Hé ahí á tu madre»; y á aquélla:
-«Hé ahí á tu hijo»[1113]. Pero no se comprende cómo los sinópticos, que
-en su relato mencionan á las otras mujeres, hubiesen hecho caso omiso
-de María, cuya presencia era un rasgo tan interesante. Hasta la suprema
-elevacion del carácter de Jesús hace tambien inverosímil semejante
-enternecimiento personal en el momento en que, preocupado únicamente de
-su obra, no existia ya sino para la humanidad[1114].
-
-Á excepcion de aquel reducido grupo de mujeres que desde léjos le
-consolaban con sus miradas, Jesús no veia en torno suyo sino el
-espectáculo de la bajeza ó de la estupidez humana. Insultábanle los que
-por allí pasaban, y oia á su alrededor necios sarcasmos que convertian
-sus gritos de supremo dolor en odiosos juegos de palabras:--«Ahí está
-el que se llamaba Hijo de Dios--decian,--¡que su padre venga ahora á
-librarle!--Á otros ha salvado y no puede salvarse á sí mismo. Si es
-el rey de Israel, baje ahora de la cruz y creerémos en él.--¡Hola!
-añadian, tú que derribas el templo de Dios y en tres dias le
-reedificas, sálvate á tí mismo:--¡si eres Hijo de Dios, desciende de la
-cruz!»[1115].--Algunos, poco al corriente de sus ideas apocalípticas,
-creyeron oirle llamar á Elías, y dijeron: «Veamos si viene Elías á
-librarle.» Parece que los dos ladrones crucificados en su compañía le
-insultaban tambien[1116].
-
-El cielo estaba sombrío[1117], y la tierra tenía, como todos los
-alrededores de Jerusalen, un aspecto árido y triste. Segun lo que
-ciertos relatos refieren, el corazon de Jesús desfalleció por un
-momento, ocultóle una nube la faz de su Padre, y entónces tuvo una
-agonía de desesperacion mil veces más acerba que todos los tormentos.
-No vió sino la ingratitud de los hombres, y, arrepintiéndose quizás
-de sufrir por una raza abyecta, exclamó:--«Dios mio, Dios mio, ¿por
-qué me has desamparado?» Pero su instinto divino volvió aún á recobrar
-su imperio. Á medida que el hálito vital se extinguia, su alma se
-serenaba y volvia otra vez á su celeste orígen. Experimentó de nuevo
-el sentimiento de su mision, vió en su muerte la salvacion del mundo,
-desapareció de su vista el repugnante espectáculo que se desarrollaba á
-sus piés, y, profundamente unido á su Padre, empezó en el patíbulo la
-vida divina que por siglos iba á gozar en el corazon de la humanidad.
-
-En el suplicio de la cruz, la particularidad más horrible era, que
-la víctima podia vivir tres ó cuatro dias en aquel estado espantoso,
-enclavado sobre aquel escabel de dolor[1118]. La hemorragia de las
-manos cesaba pronto y no era mortal. La verdadera causa de la muerte
-consistia en la posicion violenta del cuerpo, la cual ocasionaba un
-completo desarreglo en la circulacion de la sangre, terribles dolores
-de cabeza y de corazon, y, por último, la rigidez de los miembros. Los
-crucificados de complexion robusta no morian sino de hambre[1119].
-La idea capital de aquel suplicio cruel no era matar directamente al
-condenado por medio de lesiones determinadas; sino exponer al esclavo
-enclavándole por las manos, de que no supo hacer buen uso, y dejarle
-abandonado hasta que se pudriera sobre el madero. La organizacion
-delicada de Jesús le preservó de esa lenta agonía. Todo induce á creer
-que la ruptura de un vaso del corazon le produjo al cabo de tres horas
-una muerte repentina. Algunos momentos ántes de espirar su voz era
-todavía vigorosa[1120]. De pronto, lanzó un terrible grito[1121],
-en el que algunos oyeron oir:--«¡Oh Padre, en tus manos encomiendo
-mi espíritu!»; y otros, más preocupados por el cumplimiento de las
-profecías, supusieron que dijo: «¡Todo está consumado!» Su cabeza se
-inclinó sobre el pecho, y exhaló el último suspiro.
-
-Reposa en tu gloria, noble iniciador de la más sublime doctrina. Tu
-obra se halla concluida; tu divinidad queda fundada. No temas ya que
-una falta venga á echar por tierra el edificio debido á tus esfuerzos.
-Léjos del alcance de la fragilidad humana, en adelante asistirás desde
-el seno de la paz divina á las infinitas consecuencias de tus actos. Á
-costa de algunas horas de sufrimientos, que ni siquiera pudieron abatir
-la grandeza de tu alma, has conseguido la más completa inmortalidad.
-¡Tu nombre, gloria y orgullo del mundo, va á exaltarte durante millares
-de años! Lábaro de nuestras contradicciones, tú serás la bandera á
-cuyo alrededor se librará la más ardiente de todas las batallas. Y mil
-veces más vivo, más amado despues de tu muerte que miéntras cruzaste
-por este valle de lágrimas, llegarás á ser de tal modo la piedra
-angular de la humanidad, que borrar tu nombre de los anales del mundo
-sería conmoverle hasta en sus cimientos. Entre Dios y tú ya no habrá
-distincion ninguna. ¡Toma, pues, posesion de tu reino, sublime vencedor
-de la muerte, de ese reino adonde te seguirán, por la ancha via que
-trazaste, siglos de adoradores!
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXVI
-
-JESÚS EN EL SEPULCRO
-
-
-Con arreglo á nuestra manera de contar[1122], eran las tres de la tarde
-poco más ó ménos cuando Jesús espiró. Una ley judáica[1123] prohibia
-que los cadáveres de los ajusticiados quedasen suspendidos al patíbulo
-más allá de la noche del dia en que se verificaba la ejecucion.
-Sin embargo, es muy probable que no se observase tal medida en las
-ejecuciones hechas por los romanos. Pero como quiera que el siguiente
-era sábado, y un sábado de extraordinaria solemnidad, los judíos
-expresaron á la autoridad romana[1124] su deseo de que no mancillase
-aquel santo dia con semejante espectáculo. Accedióse á la demanda, y se
-dieron las órdenes oportunas para que se precipitase la muerte de los
-ajusticiados, á fin de retirarlos cuanto ántes de la cruz. Los soldados
-ejecutaron la consigna aplicando á los dos ladrones el _crurifragium_
-ó rompimiento de piernas[1125], segundo suplicio mucho más expeditivo
-que el de la cruz, y que de ordinario se imponia á los esclavos y á
-los prisioneros de guerra. En cuanto á Jesús, como los soldados le
-encontraron muerto cuando fueron á ejecutar la órden, creyeron inútil
-aplicar el _crurifragium_. No obstante, uno de ellos, á fin de evitar
-toda incertidumbre respecto á la muerte del tercer crucificado, y de
-acabarle, si algun resto de vida le quedaba, le dió una lanzada en el
-costado. Vióse entónces salir de la herida sangre y agua, lo cual se
-consideró como la señal de un completo fallecimiento.
-
-Juan, que pretende haber presenciado la escena[1126], insiste mucho
-sobre este pormenor. Y en efecto, es evidente que surgió más de una
-duda respecto á la realidad de la muerte de Jesús. Á las personas
-acostumbradas á presenciar crucificamientos, algunas horas de
-suspension en la cruz no les parecian suficientes para producir tal
-resultado. Citábanse muchos casos de crucificados que, desprendidos
-á tiempo, habian vuelto á la vida merced á curas enérgicas[1127].
-Orígenes creyó despues que un fin tan rápido debia considerarse como
-un hecho milagroso. En el relato de Márcos se halla tambien el mismo
-sentimiento de admiracion[1128]. Sin embargo, nosotros creemos que la
-mejor garantía que puede tener el historiador, respecto á un hecho
-de esta naturaleza, es el ódio receloso de los enemigos de Jesús. No
-parece probable que los judíos abrigasen entónces el temor de que
-hicieran pasar á Jesús por resucitado; pero de todos modos, lo natural
-era que cuidasen de que estuviese muerto y bien muerto. Cualquiera que
-haya sido en ciertas épocas la negligencia de los antiguos en todo
-lo que se relacionaba con la comprobacion legal y con la estricta
-inspeccion de los negocios, no es de creer que los interesados dejáran
-de tomar algunas precauciones en el caso que nos ocupa[1129].
-
-Segun la costumbre romana, el cadáver de Jesús deberia haber quedado
-suspendido al patíbulo para que le devorasen las aves de rapiña[1130],
-y con arreglo á la ley judáica, una vez descolgado durante la noche
-debia depositarse en seguida en el sitio infame donde se enterraban los
-ajusticiados[1131]. Éste habria sido el destino del cuerpo de Jesús, si
-el maestro no hubiese tenido más discípulos que sus pobres galileos,
-tímidos y sin crédito. Pero ya hemos visto que, á pesar del poco éxito
-que Jesús obtuvo en Jerusalen, habia conseguido captarse las simpatías
-de algunas personas considerables que esperaban el reino de Dios y
-que, sin declararse abiertamente discípulos suyos, le eran en extremo
-adictas. Entre aquellas personas figuraba un tal José, natural de la
-pequeña ciudad de Arimathea (_Ha-ramathaim_)[1132], el cual fué aquella
-noche á pedir el cuerpo al procurador Pilato[1133]. José era hombre
-rico, muy notable en la ciudad y miembro del sanedrin. Además, en
-aquella época la ley romana prescribia que se entregase el cadáver del
-ajusticiado á la persona que lo reclamase[1134]. Pilato, que ignoraba
-la circunstancia del _crurifragium_, se admiró de que Jesús hubiese
-muerto tan pronto, é hizo venir al centurion que habia presidido la
-ejecucion, para informarse de lo que habia sobre el particular, y
-despues de haber escuchado las afirmaciones de aquel funcionario,
-concedió á José el objeto de su solicitud. Probablemente habian
-descendido ya el cuerpo de la cruz, y se lo entregaron al solicitante,
-para que dispusiera de él como mejor le pareciera.
-
-Otro amigo secreto de Jesús, Nicodemo[1135], á quien ya hemos visto
-más de una vez empleando su influencia en favor del maestro, apareció
-tambien en aquel instante junto á la cruz, llevando consigo gran
-provision de las sustancias necesarias al embalsamamiento. José y
-Nicodemo amortajaron, pues, á Jesús con arreglo á la costumbre judáica,
-esto es, envolviéndole en un sudario preparado con mirra y áloe. Las
-mujeres galileas se hallaban presentes[1136], y sin duda acompañaban la
-escena con lágrimas y agudos sollozos.
-
-Como ya era tarde, todos aquellos preparativos se hicieron de prisa.
-Aún no se habia elegido el lugar en que habria de depositarse el
-cuerpo definitivamente, y como quiera que el trasporte podria tal
-vez prolongarse hasta una hora muy avanzada y ocasionar la violacion
-del sábado, los discípulos, que todavía observaban escrupulosamente
-las prescripciones de la ley judía, se decidieron á colocarle en una
-sepultura provisional[1137]. En un huerto, no léjos de aquel sitio,
-habia un sepulcro recien abierto en la roca, sepulcro que aún no
-habia servido y que sin duda pertenecia á algun afiliado[1138]. Las
-grutas funerarias destinadas á un solo cadáver se componian de un
-pequeño compartimiento en cuyo fondo se hallaba abierto en la pared,
-sostenido por un arco, el espacio ó séase el nicho donde se colocaba
-el cuerpo[1139]. Como aquellas grutas estaban abiertas en el flanco de
-rocas inclinadas, tenian la entrada á nivel del suelo y les servia de
-puerta una pesada losa muy difícil de manejar. Depositaron, pues, el
-cadáver de Jesús en aquel sepulcro provisional, adaptaron la piedra á
-la abertura y convinieron en volver á fin de colocarle en una sepultura
-definitiva. Pero siendo el siguiente dia un sábado solemne, se aplazó
-la operacion para el domingo[1140].
-
-Las mujeres se retiraron despues de haber notado minuciosamente la
-manera como habia sido colocado el cuerpo, y pasaron el resto de la
-noche en hacer nuevos preparativos para el embalsamamiento. El sábado
-todo el mundo descansó[1141].
-
-Apénas amaneció el domingo, las galileas se dirigieron al sepulcro; la
-primera que llegó fué María de Magdala[1142]. Mas la losa habia sido
-retirada de la abertura y el cuerpo no estaba ya en el sitio en que
-le habian dejado. Los más extraños rumores circularon al mismo tiempo
-entre la comunidad cristiana. El grito de «¡ha resucitado!» corrió con
-la rapidez del rayo entre los discípulos, y, gracias al amor, semejante
-creencia halló fácil acogida. ¿Qué habia tenido lugar en el sepulcro
-de Jesús? Al tratar de la historia de los apóstoles examinarémos
-este punto é investigarémos el orígen de las leyendas relativas á la
-resurreccion. Para el historiador, la vida de Jesús concluye con su
-último suspiro. Pero tan profunda era la huella que habia dejado en
-el corazon de sus discípulos y de algunas amigas adictas, que por
-espacio de várias semanas Jesús permaneció vivo, siendo el consolador
-de aquellas almas. ¿Fué arrebatado su cuerpo del sepulcro[1143], ó
-fué el entusiasmo, siempre crédulo, el que produjo mucho despues el
-conjunto de relatos por medio de los cuales se pretendió establecer la
-fe en la resurreccion? Hé aquí lo que siempre ignorarémos, por la falta
-absoluta de documentos contradictorios. Digamos, sin embargo, que en
-aquella circunstancia la exaltada imaginacion de María de Magdala[1144]
-desempeñó un papel de primer órden[1145]. ¡Poder divino del amor!
-¡Sagrados momentos aquellos en que la pasion de una alucinada dió al
-mundo un Dios resucitado!
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXVII
-
-SUERTE DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS
-
-
-La muerte de Jesús acaeció en el año 33 de nuestra era, segun el
-cálculo que hemos adoptado[1146]. De todos modos, no pudo tener
-lugar ántes del año 29, en razon á que la predicacion de Juan y
-de Jesús principió el año 28[1147], ni despues del 35, puesto que
-Pilato y Caifás perdieron ántes de la Pascua del año 36 sus cargos
-respectivos[1148]. En la destitucion de aquellos funcionarios no
-parece haber tenido ninguna influencia la muerte de Jesús[1149].
-Probablemente el procurador Pilato, al entrar en la vida privada, no
-volvió á pensar en el olvidado episodio que debia trasmitir su triste
-renombre á la más remota posteridad. En cuanto á Caifás, tuvo por
-sucesor á Jonathan, cuñado suyo, é hijo de aquel mismo Annás, principal
-motor del procedimiento contra Jesús. El pontificado continuó durante
-mucho tiempo en manos de la familia saducea de los Annás, la cual,
-más influyente y poderosa que nunca, siguió haciendo á los discípulos
-y á los parientes de Jesús la encarnizada guerra que declarara al
-fundador. El cristianismo le debió, no sólo el acto definitivo de su
-fundacion, sino tambien sus primeros mártires. Annás fué conceptuado
-como uno de los hombres más felices de su siglo[1150]; y el verdadero
-culpable de la muerte de Jesús terminó su vida colmado de honores y de
-consideraciones, sin sospechar ni por un instante el inmenso servicio
-que habia hecho á la nacion. Sus hijos continuaron reinando en el
-templo, á duras penas reprimidos por los procuradores romanos, de cuya
-autoridad y beneplácito prescindian muchas veces á fin de satisfacer
-sus instintos de dominacion y violencia.
-
-Antipas y Herodías desaparecieron tambien muy pronto de la escena
-política. Habiendo Calígula elevado á Heródes Agrippa á la dignidad de
-rey, la celosa Herodías juró que ella tambien sería reina. Antipas,
-hostigado constantemente por aquella mujer ambiciosa, que le trataba
-de cobarde porque toleraba que hubiera en su familia una persona
-superior á él, venció su natural indolencia y se dirigió á Roma á
-fin de solicitar el título que acababa de obtener su sobrino (año 39
-de nuestra era). Pero el negocio tuvo malísimo resultado. Heródes
-Agrippa, ganándole por la mano, predispuso el ánimo del Emperador en
-contra suya, y Antipas fué destituido, arrastrando despues su mísera
-existencia de destierro en destierro, unas veces en Lyon y otras en
-España. Herodías le acompañó en su mala fortuna[1151]. Ántes que el
-nombre de su oscuro súbdito, convertido en Dios, volviese á recordar
-sobre sus sepulcros en aquellas comarcas lejanas la muerte de Juan
-Bautista, debian trascurrir todavía cien años.
-
-En cuanto al desgraciado Júdas de Kerioth, circularon terribles
-leyendas respecto á su muerte. Pretendióse que con el precio de su
-perfidia habia comprado un campo en las inmediaciones de Jerusalen. Y
-en efecto, al sur del monte Sion habia un sitio llamado _Hacéldama_
-(campo de sangre)[1152], que supusieron ser la propiedad adquirida por
-el traidor[1153] con el dinero de su infame venta. Segun una tradicion,
-Júdas se dió la muerte[1154]. Otros afirman que dió una terrible caida
-en su propiedad, de cuyas resultas quedaron sus entrañas esparcidas por
-tierra[1155]. Otros suponen, por último, que murió de una especie de
-hidropesía acompañada de circunstancias repugnantes que se consideraron
-como un castigo del cielo[1156]. Quizás dió lugar á todas esas leyendas
-el deseo de manifestar que se habian cumplido en Júdas las amenazas
-que el Salmista pronuncia contra el amigo pérfido[1157]. Posible es
-que Júdas pasase en su campo una vida tranquila y oscura, miéntras
-que sus antiguos amigos conquistaban el mundo, propagando el rumor de
-su infamia. Posible es tambien que el espantoso aborrecimiento que se
-atrajo con su conducta le impulsase á cometer algun atentado contra
-su propia vida, y que en ese acto se viera el castigo de la divina
-justicia.
-
-Por lo demás, todavía se hallaba muy lejano el tiempo de las grandes
-venganzas cristianas, y el cristianismo nada tuvo que ver con la
-gran catástrofe que el pueblo judío sufrió poco despues. La sinagoga
-no comprendió sino mucho más tarde los resultados á que se exponen
-aquellos que aplican las leyes de la intolerancia. En cuanto al
-imperio, se hallaba á mil leguas de sospechar que hubiese nacido su
-futuro destructor; por espacio de cerca de trescientos años, siguió
-su marcha sin echar de ver que á su lado crecian y se fortificaban
-los principios que iban á trasformar al mundo. La idea sembrada por
-Jesús, idea teocrática y democrática á la vez, fué unida á la invasion
-de los germanos, la causa que más contribuyó á la ruina del edificio
-de los Césares. Ella proclamaba el derecho de todos los hombres á
-participar del reino de Dios, y establecia en lo sucesivo el principio
-de una religion separada del Estado. Los derechos de la conciencia,
-independientes de la ley política, llegan á constituir un nuevo poder,
-el «poder espiritual.» Verdad es que ese poder ha renegado muchas veces
-de su orígen; por espacio de siglos, los obispos han sido príncipes
-y el papa rey; y el pretendido imperio de las almas, cambiándose
-con frecuencia en horrible tiranía, ha recurrido para mantenerse al
-tormento y á la hoguera. Pero llegará un dia en que la separacion de
-lo humano y de lo divino produzca sus frutos; en que el dominio de las
-cosas espirituales deje de llamarse «poder» para tomar el nombre de
-«libertad». El cristianismo germinó en la conciencia de un hombre del
-pueblo, creció en el seno del pueblo, y la clase popular fué la que
-en un principio le consagró su cariño y admiracion; el sello impreso
-á su carácter original no se borrará nunca. Él fué el primer triunfo
-de la revolucion, la victoria del sentimiento popular, el advenimiento
-de los sencillos de corazon, la inauguracion de lo bello, tal como el
-pueblo lo comprende. La palabra de Jesús abrió, pues, en las sociedades
-aristocráticas de la antigüedad, la brecha por donde habian de pasar
-las futuras generaciones.
-
-El poder civil, aunque inocente de la muerte de Jesús (puesto que no
-hizo sino poner el visto-bueno en la sentencia, y eso á pesar suyo),
-debia sin embargo tener tambien una terrible responsabilidad. Al
-presidir la escena del Calvario, el Estado se infirió á sí mismo una
-herida gravísima. No tardó en prevalecer y en dar la vuelta al mundo
-una leyenda llena de toda especie de irreverencias, leyenda en que las
-autoridades constituidas desempeñan un papel odioso, y en la que el
-acusado es inocente, homicidas los jueces, y la policía una falange
-coligada contra la verdad. Sediciosa en el más alto grado, la historia
-de la Pasion, propagándose por millares de imágenes populares, presentó
-las águilas romanas sancionando el más inícuo de los suplicios, á un
-gobernador expidiendo la órden para ejecutarle, y á los soldados del
-imperio haciendo las veces de verdugos. ¡Qué terrible golpe recibieron
-entónces los poderes establecidos! Nunca han podido reponerse de
-él completamente. ¿Cómo adoptar un tono infalible respecto á los
-subordinados, cuando se tiene sobre la conciencia el enorme error de
-Gethsemaní?[1158].
-
-
-
-
-CAPÍTULO XXVIII
-
-CARÁCTER ESENCIAL DE LA OBRA DE JESÚS
-
-
-Como se ve, la accion de Jesús no salió nunca del círculo judío. Aunque
-sus simpatías por todos aquellos que la ortodoxia despreciaba le
-impulsase á admitir á los paganos en el reino de Dios, y no obstante
-haber residido más de una vez en tierra de gentiles y haberse hallado
-en una ó dos ocasiones en relaciones benévolas con infieles[1159],
-puede decirse que su vida entera se deslizó en el reducido mundo
-en que sus ojos vieron la luz. En los países griegos y romanos, ni
-siquiera oyeron hablar de él; su nombre no figura en los autores
-profanos sino cien años despues, y de una manera indirecta; esto es,
-á propósito de los movimientos sediciosos provocados por su doctrina
-ó de las persecuciones de que eran objeto sus discípulos[1160]. Áun
-en el mismo seno del judaismo no fué muy durable la impresion que
-Jesús produjo. Filon, muerto en el año 50, ni siquiera sospecha su
-existencia. Josefo, que nació en el año 37 y escribia hácia fines del
-primer siglo, menciona su ejecucion en algunas líneas[1161], como si
-fuera un acontecimiento de importancia secundaria, y en la enumeracion
-de las sectas de su tiempo omite á los cristianos[1162]. Por su parte,
-la _Mischna_ no ofrece ningun indicio de la nueva escuela; los pasajes
-de las dos Gemaras en que se nombra al fundador del cristianismo no
-alcanzan más allá del siglo cuarto ó quinto[1163]. La obra esencial
-de Jesús consistió en crear al rededor suyo un círculo de discípulos
-á quienes inspiró un afecto sin límites y en cuyo seno depositó el
-gérmen de su nueva doctrina. Hacerse amar «hasta el extremo de no cesar
-de amarle despues de su muerte», hé ahí la obra maestra de Jesús, la
-que más admiracion causó á sus contemporáneos[1164]. Su doctrina era
-tan poco dogmática, que jamás se le ocurrió escribirla ni mandar que
-la escribiesen. Para ser discípulo de Jesús no se necesitaba creer
-en tal ó cual cosa; lo que se necesitaba era adherirse á él, amarle
-entrañablemente. Lo que despues de su muerte quedó de él, fueron
-algunas sentencias que desde muy temprano se recogieron de memoria, y
-sobre todo, su tipo moral y la impresion que habia producido. Jesús no
-es un fundador de dogmas, ni un inventor de símbolos; es el iniciador
-del nuevo espíritu llamado á regenerar al mundo. Los hombres ménos
-cristianos de cuantos han pretendido merecer ese título, fueron los
-doctores de la Iglesia griega que, á partir del siglo cuarto, empeñaron
-el cristianismo en una senda de pueriles discusiones metafísicas, y
-los escolásticos de la edad media latina, que quisieron deducir del
-evangelio millares de artículos de una «Suma» colosal. Adherirse
-á Jesús en la esperanza del reino de Dios:--tal fué lo que en un
-principio se llamó ser cristiano.
-
-Así es como se comprende que, por una especie de destino excepcional,
-se presente todavía el cristianismo puro, al cabo de diez y ocho
-siglos, con el carácter de una religion universal y eterna. Y es
-porque, en efecto, la religion de Jesús contiene en sí el gérmen de la
-religion definitiva. El cristianismo, producto de un movimiento de las
-almas perfectamente espontáneo, desprendido en su cuna de toda presion
-dogmática, y habiendo luchado trescientos años por la libertad de la
-conciencia, recoge todavía los frutos de su excelente orígen, á pesar
-de las caidas que ha sufrido. Para renovarse no necesita sino volver al
-Evangelio. El reino de Dios, tal como nosotros le concebimos, difiere
-notablemente de la aparicion sobrenatural sobre las nubes que los
-primeros cristianos esperaban; pero el sentimiento que Jesús introdujo
-en el mundo es el nuestro, y su perfecto idealismo la más elevada norma
-de la vida pura y virtuosa. Jesús creó el cielo de las almas puras,
-ese refugio donde se halla lo que en vano se busca en la tierra; creó
-la pureza absoluta, la total absolucion de la mancilla del mundo, y,
-por último, la libertad que las sociedades excluyen de su seno, como
-un imposible, y que no tiene entera amplitud sino en el dominio de la
-idea. Para los que se refugian en ese ideal reino de Dios, Jesús es
-todavía el gran maestro. Él fué el primero que proclamó la soberanía
-del espíritu, el primero que dijo, dando ejemplo con sus hechos: «Mi
-reino no es de este mundo.» El fundamento de la religion verdadera es,
-pues, obra suya, y, despues de él, sólo falta fecundar y cultivar la
-divina semilla que su mano arrojó al mundo.
-
-Y de tal manera es así, que la palabra «cristianismo» ha llegado casi
-á ser sinónima de religion. Todo cuanto se practique prescindiendo de
-esa grande y hermosa tradicion cristiana será estéril. Jesús fundó la
-religion de la humanidad, así como Sócrates fundó la filosofía, como
-Aristóteles fundó la ciencia. Ántes de Aristóteles y de Sócrates hubo
-ciencia y filosofía:--despues de ellos, la filosofía y la ciencia han
-hecho inmensos progresos; pero todos sus adelantos descansan en la
-ancha base establecida por aquellos grandes hombres. De igual manera,
-la idea religiosa habia atravesado ántes de Jesús muchas revoluciones;
-despues de Jesús ha hecho grandes conquistas; pero ni se ha salido ni
-podrá salirse nunca de la nocion creada por el mártir del Gólgotha,
-porque él fué quien fijó para siempre la idea del culto puro. Bajo
-este punto de vista, la religion de Jesús es ilimitada. La Iglesia
-ha tenido sus épocas y sus diferentes fases; los símbolos en que
-frecuentemente se ha encerrado fueron ó serán pasajeros:--Jesús fundó
-la religion absoluta, religion que nada excluye, que nada determina
-sino imágenes susceptibles de infinitas interpretaciones. En vano
-se buscará en el Evangelio una proposicion teológica. Todas las
-profesiones de fe desfiguran y falsean el pensamiento de Jesús, así
-como la escolástica de la Edad media, al proclamar á Aristóteles único
-maestro de una ciencia perfeccionada, falseaba el pensamiento de aquel
-sabio. Si Aristóteles hubiera asistido á los debates de la escuela, de
-seguro habria rechazado aquella raquítica doctrina y aplaudido á sus
-contradictores, pasándose á las filas de los progresistas para combatir
-á los rutinarios que se escudaban con su autoridad. De igual modo, si
-Jesús volviese hoy al mundo recogeria por sus discípulos, no á los que
-pretenden encerrarle completamente en algunas frases de catecismo,
-sino á los que trabajan en continuar su obra. En todos los órdenes de
-grandeza, la mayor gloria, la inmortal, consiste en poner la primera
-piedra. Posible es que en la «Física» y en la «Meteorología» de las
-ciencias modernas no se halle ni una sola palabra de los tratados de
-Aristóteles que tienen ese mismo título; pero no por eso deja de ser
-Aristóteles el fundador de la ciencia de la naturaleza. Cualesquiera
-que sean las trasformaciones del dogma, Jesús permanecerá siendo en
-religion el creador del sentimiento puro, y no habrá nada más allá del
-Sermon sobre la montaña. Ninguna revolucion podrá impedir que sigamos
-en materia religiosa la gran línea intelectual y moral á cuyo frente
-brilla el nombre de Jesús. Bajo este concepto, somos cristianos áun
-separándonos sobre casi todos los puntos de la tradicion que nos ha
-precedido.
-
-Esa gran fundacion fué obra personal de Jesús. Para hacerse adorar
-hasta ese punto menester es que fuese adorable. El amor no existe
-sin un objeto digno de inspirarle; y aunque nada supiéramos respecto
-á la vida de Jesús, la pasion que supo inspirar á las personas que
-le rodearon nos bastaria para creer que fué grande y puro. La fe, el
-entusiasmo y la constancia de la primera generacion cristiana no se
-explican sino suponiendo en el orígen del movimiento un hombre de
-proporciones colosales. Cuando se examinan las maravillosas creaciones
-de las edades de fe, experimenta el ánimo dos impresiones igualmente
-funestas á la buena crítica histórica. Por una parte, se inclina uno
-á suponer esas creaciones demasiado impersonales, atribuyendo á una
-accion colectiva lo que á menudo fué obra de una voluntad poderosa y
-de un espíritu superior. Y por otra parte, cuesta trabajo imaginarse
-que los autores de esos movimientos extraordinarios que han decidido
-el destino de la humanidad fueron hombres como nosotros. Tengamos,
-pues, un sentimiento más lato de los poderes que la naturaleza abriga
-en su seno. En nuestras civilizaciones regidas por una minuciosa
-policía no podemos tener idea de lo que valia el hombre en épocas en
-que la originalidad de cada uno tenía un campo mucho más libre en que
-desarrollar su accion. Supongamos por un momento que en las canteras
-vecinas á nuestras capitales vive un solitario que de cuando en cuando
-sale de su guarida para presentarse, forzando la consigna, en los
-palacios de los reyes y anúnciales con voz de trueno revoluciones cuyo
-promotor ha sido él. Esta sola idea nos hace sonreir. Pues sin embargo,
-tal fué el profeta Elías. Hoy, Elías el Thesbita no podria franquear
-ni la verja de las Tullerías. La predicacion de Jesús y su libre
-actitud en Galilea se separan tambien completamente de las condiciones
-sociales á que nos hallamos acostumbrados. Exentas de nuestras pulcras
-invenciones y de la educacion uniforme, que al paso que nos pule,
-disminuye en gran manera nuestra individualidad, aquellas almas llenas
-de entereza demostraban en la accion sorprendente energía. Ellas se
-nos aparecen, vistas á distancia, como gigantes de una edad heróica de
-fabulosa existencia. ¡Profundo error! Aquellos hombres eran nuestros
-hermanos, tuvieron nuestra talla y sintieron y pensaron como nosotros.
-Pero el soplo de Dios se hallaba libre en ellos, miéntras que en
-nosotros está encadenado por los férreos lazos de una sociedad mezquina
-y condenada á irremisible medianía.
-
-Coloquemos, pues, la personalidad de Jesús en la cima de la grandeza
-humana, sin dejarnos extraviar por exagerada desconfianza, hija de
-una leyenda que nos tiene siempre en un mundo sobrehumano. Tambien
-la vida de San Francisco de Asís es un tejido de milagros, y sin
-embargo, ni su existencia ni el papel que desempeñó se han puesto
-nunca en duda. Tampoco se diga que la gloria de la fundacion del
-cristianismo pertenece á la primera generacion cristiana, y no á aquel
-á quien deificó la leyenda. En Oriente, la desigualdad de los hombres
-es mucho más notable que entre nosotros; con frecuencia descuellan
-allí, en medio de una atmósfera general de malicia, caractéres cuya
-grandeza nos causa admiracion. Jesús, léjos de haber sido creacion de
-sus discípulos, aparece siempre superior á todos ellos. Exceptuando
-á San Pablo y á San Juan, los otros apóstoles eran hombres vulgares,
-sin genio y sin invencion. El mismo San Pablo no puede de ninguna
-manera compararse con Jesús; y en cuanto á San Juan, en otro lugar
-demostraré que su mision, aunque elevada en cierto modo, estuvo muy
-léjos de ser irreprochable. De ahí la inmensa superioridad que tienen
-los Evangelios sobre los demás escritos del Nuevo Testamento. De ahí el
-penoso descenso que se experimenta al pasar de la historia de Jesús á
-la de los apóstoles. Los mismos evangelistas que nos legaron la imágen
-de Jesús son tan inferiores al maestro, que, no pudiendo comprender su
-grandeza, le desfiguran á cada paso y le rebajan á su propio nivel. Sus
-escritos están plagados de errores y de contrasentidos:--á cada línea
-se echa de ver que los redactores, no pudiendo comprender la belleza
-divina de ciertos discursos, los trasforman con arreglo á sus propias
-ideas. En suma, el carácter de Jesús, léjos de haber sido embellecido
-por sus biógrafos, aparece en ellos más inferior. Para volver á
-encontrarle tal como fué, la crítica necesita prescindir de ciertos
-errores originados de la medianía de los discípulos. Éstos le pintaron
-tal como le concebian; pero, muchas veces, creyendo engrandecerle, no
-hicieron sino rebajarle extraordinariamente.
-
-No se me oculta que esa leyenda, concebida para otra raza, bajo otro
-cielo y en medio de otras necesidades sociales, tiene cosas que
-lastiman á veces nuestras ideas modernas. Hay virtudes que, en cierto
-modo, se hallan más en armonía con nuestros gustos. El honrado y suave
-Marco-Aurelio y el humilde y dulce Spinosa, no habiendo creido en
-los milagros, estuvieron exentos de algunos errores de que participó
-Jesús. En su profunda oscuridad, el segundo de esos personajes tuvo
-una ventaja que Jesús no solicitó. Por nuestra delicadeza extremada
-en el empleo de los medios de conviccion, y por nuestra sinceridad
-absoluta y nuestro amor desinteresado de la idea pura, todos los
-que consagramos nuestra vida á la ciencia hemos fundado un nuevo
-ideal de moralidad. Pero las apreciaciones de la historia no deben
-encerrarse en consideraciones de mérito personal. Marco-Aurelio y sus
-nobles maestros no ejercieron sobre el mundo una accion durable.
-Marco-Aurelio dejó en pos de sí libros lindísimos, un hijo execrable,
-un mundo que desaparecia:--Jesús continúa siendo para la humanidad un
-principio inagotable de morales renacimientos. Para la gran mayoría
-de las personas no basta la filosofía, es preciso que la acompañe la
-santidad. Un Apolonio de Tiana debia alcanzar más éxito con su leyenda
-milagrosa que un Sócrates con su fria razon. «Sócrates--decian--deja á
-los hombres en la tierra, miéntras que Apolonio los trasporta al cielo;
-Sócrates no es más que un sabio, Apolonio es un dios»[1165]. Hasta
-hoy, la religion no ha podido existir sin una parte de ascetismo, de
-piedad, de maravilloso. Cuando, despues de los Antoninos, se pretendió
-establecer la religion de la filosofía, necesario fué trasformar á los
-filósofos en santos, escribir la «Vida edificante» de Pitágoras y de
-Plotino, arreglarles una leyenda, y concederles virtudes de abstinencia
-y de contemplacion y poderes sobrenaturales, sin cuyos requisitos no
-hubieran tenido ni crédito ni autoridad.
-
-¡Guardémonos, pues, de mutilar la historia para satisfacer nuestras
-mezquinas susceptibilidades! ¿Quién de nosotros, miserables pigmeos,
-podrá realizar lo que realizó el extravagante Francisco de Asís ó la
-histérica Santa Teresa? ¿Qué importa que la medicina posea nombres para
-explicar esos grandes extravíos de la naturaleza humana? ¿Qué importa
-que sostenga que el genio es una enfermedad del cerebro, que no vea
-en cierta delicadeza de moralidad sino un principio de tísis, y que
-clasifique el entusiasmo y el amor entre los accidentes nerviosos? Las
-palabras sano y enfermo son hasta cierto punto relativas. ¿Quién no
-prefiere hallarse enfermo como Pascal á estar saludable como el vulgo?
-Las mezquinas ideas que acerca de la locura se han propagado en nuestra
-época extravian de una manera gravísima, en las cuestiones de este
-género, nuestros juicios históricos. Hoy, el hombre que dijese cosas de
-las cuales no tuviera conciencia, ó expusiera pensamientos sin que los
-reglase la voluntad, se expondria á que le encerraran por alucinado en
-alguna casa de orates. Pues bien, ese estado se llamaba en otro tiempo
-inspiracion profética. Las más grandes cosas del mundo se han hecho
-bajo el imperio de la fiebre; toda la creacion eminente implica en el
-sér que la produce un estado violento, una ruptura de equilibrio.
-
-Tambien hay que tener presente, y nosotros lo reconocemos sin
-dificultad, que el cristianismo es una obra demasiado compleja para
-ser el hecho de un solo hombre. Puede decirse que, en cierto modo, la
-humanidad entera ha colaborado en él. No hay en el mundo comarca, por
-aislada que sea, que no reciba algunas impresiones del exterior. La
-historia del espíritu humano está llena de extraños _sincronismos_,
-los cuales patentizan que, muchas veces, diferentes fracciones de la
-especie humana, situadas léjos una de otra y sin haber comunicado entre
-sí, producen ideas casi idénticas y llegan á resultados semejantes. En
-el siglo décimo tercero, y desde York á Samarkand, los Latinos, los
-Griegos, los Siriacos, los Musulmanes y los Judíos se entregan con
-pasion á disputas escolásticas, casi del mismo género; en el siglo
-décimo cuarto, Italia, Persia, la India, todo el mundo se siente
-acometido por la fiebre de la alegoría mística; en el décimo sexto se
-desarrolla el arte de una manera análoga en Italia, en el Monte-Athos,
-en la córte de los grandes Mogoles, y esto sin que entre Santo Tomás,
-Barhebræus, los rabinos de Narbona y los _motecallemin_ de Bagdad
-hubiese ninguna relacion, sin que Dante y Petrarca hubiesen visto
-á ningun sofí, sin que ningun discípulo de las escuelas de Perusa
-ó de Florencia hubiese pasado á Delhi. Diríase que, á la manera de
-las epidemias, hay grandes influencias morales que recorren el mundo
-de polo á polo, sin reparar en razas ni en fronteras. En la especie
-humana, el comercio de las ideas no se opera únicamente por medio
-de los libros y de la enseñanza directa. Jesús hasta ignoraba los
-nombres de Budha, de Zoroastro y de Platon; no habia leido ningun libro
-griego, ningun _sutra_ búdhico, y sin embargo, se hallan en él muchos
-elementos que, sin que Jesús lo sospechase, procedian del budismo,
-del parsismo y de la sabiduría griega. Esas corrientes se operan por
-conductos misteriosos, por esa especie de simpatía que existe entre
-las diferentes porciones de la humanidad. Los grandes hombres, si bien
-dominan la época en que viven, tambien reflejan hasta cierto punto
-las ideas que en ella circulan. Demostrar que la religion fundada por
-Jesús fué la consecuencia natural de lo que ántes habia existido, no es
-disminuir su excelencia, sino probar que tuvo su razon de ser, que fué
-legítima, esto es, conforme con los instintos y con las necesidades del
-corazon en un siglo determinado.
-
-¿Sería justo decir por eso que Jesús lo debe todo al judaismo y que
-su grandeza no es sino la grandeza del pueblo judío? Yo soy el primero
-en reconocer la grande elevacion de ese pueblo, único en la tierra,
-cuyo dón particular parece haber sido contener en su seno los opuestos
-gérmenes del bien y del mal. Jesús salió, sin duda, del judaismo;
-pero salió de él como Sócrates salió de las escuelas de sofistas,
-como Lutero de la Edad media, como Lamennais del catolicismo, como
-Rousseau del siglo diez y ocho. El hombre pertenece á su siglo y á su
-raza, aunque su accion se dirija contra su raza y contra su siglo.
-Jesús, léjos de continuar el judaismo, representa, por el contrario,
-la ruptura con el espíritu judío. Áun suponiendo que sobre este punto
-pudiera su pensamiento prestarse á algun equívoco, la direccion general
-del cristianismo no dejaria ninguna duda, puesto que le vemos desde
-su cuna, alejándose más y más del judaismo. Su perfeccionamiento
-consistirá en volver á Jesús, pero no al espíritu judáico. La grande
-originalidad del fundador permanece, pues, entera, sin que su gloria
-admita ningun participante legítimo.
-
-Es indudable que las circunstancias contribuyeron mucho al éxito de
-esta maravillosa revolucion; pero tambien lo es que las circunstancias
-no secundan sino lo que es justo y verdadero. Cada ramo del desarrollo
-de la humanidad tiene una época determinada, en la cual, por una
-especie de instinto espontáneo, llega sin violencia á adquirir su
-mayor perfeccionamiento. Ningun trabajo de reflexion consigue producir
-inmediatamente las obras maestras que en esos momentos de fiebre crea
-la naturaleza por medio de genios inspirados. El siglo de Jesús fué
-á la religion lo que fueron á las artes y á las letras profanas los
-hermosos siglos de la Grecia. La sociedad judáica ofrecia entónces el
-más extraordinario estado moral é intelectual que haya conocido jamás
-la especie humana. Aquélla fué verdaderamente una de esas horas divinas
-en que mil fuerzas ocultas conspiran á la produccion de lo grande y lo
-sublime, en que brotan por doquiera raudales de admiracion y simpatía
-para servir de apoyo á las almas elevadas. El mundo rescatado de la
-menguada tiranía de las repúblicas municipales, gozaba entónces de
-gran libertad. El despotismo romano no se dejó sentir de una manera
-fatal sino mucho despues, y además, en aquellas lejanas provincias
-fué siempre ménos abrumador que en el centro del imperio. Nuestras
-mezquinas y suspicaces medidas preventivas (mucho más perjudiciales
-para las cosas del espíritu que la misma muerte) no existian en aquella
-época. La vida que Jesús hizo por espacio de tres años le habria
-conducido veinte veces, en nuestra sociedad, ante los tribunales de
-justicia. Sólo nuestras leyes sobre el ejercicio ilegal de la medicina
-habrian bastado para detenerle al principio de su carrera. Por otra
-parte, la incrédula dinastía de los Heródes miraba con indiferencia
-los movimientos religiosos; bajo los Asmoneos es muy probable que
-Jesús no hubiese ido más allá de sus primeras tentativas. En semejante
-estado social, un innovador no arriesgaba sino la vida; mas ¿no es la
-muerte la que facilita el camino á los que trabajan para el porvenir?
-¡Que cualquiera se imagine á Jesús reducido á soportar hasta sesenta ó
-setenta años el peso de su divinidad, perdiendo la celeste llama que
-en él ardia y gastándose poco á poco bajo las necesidades de un papel
-inaudito! Aquellos que nacen marcados con un sello de grandeza van á
-la gloria por una especie de atraccion irresistible, de órden fatal, y
-todo conspira á facilitarles el camino.
-
-Permitido es, pues, llamar divina á esa personalidad sublime que
-todavía preside los destinos del mundo; mas no porque Jesús haya
-absorbido en sí todo lo divino, ó (para emplear los términos de la
-escolástica) porque le haya sido adecuado; sino porque él es el
-individuo que ha hecho dar á su especie el paso más avanzado hácia
-la divinal region. La humanidad, considerada en globo, ofrece un
-conjunto de seres abyectos, egoistas, que son superiores al animal,
-por cuanto á que su egoismo es más reflexionado. Pero en medio de esa
-uniforme vulgaridad se elevan hácia el cielo columnas cuya celsitud
-da testimonio de un destino más noble. De todas esas columnas que
-enseñan al hombre de donde procede y á dónde debe dirigirse, Jesús es
-la más elevada, la más grandiosa. En él se reconcentró cuanto de noble
-y bueno se contiene en nuestra naturaleza. Jesús no fué impecable,
-y tuvo que vencer las mismas pasiones que nosotros combatimos; si
-algun ángel le confortó, fué el de su buena conciencia; si algun
-Satanás se llegó á tentarle, fué el que cada uno abriga en su propio
-corazon. Posible es que muchas de sus faltas hayan quedado ocultas,
-así como ha desaparecido una parte de su grandeza á causa de la pobre
-interpretacion de sus discípulos. Pero nadie como él supo durante
-su vida someter las pequeñeces del amor propio al interes de la
-humanidad. Consagrado sin reserva á su idea, se lo subordinó todo á
-tal extremo, que, hácia el fin de su vida, el universo no existia ya
-para él. Ese acceso de voluntad heróica fué el que le conquistó el
-cielo. No ha habido ningun hombre (exceptuando quizás á Sakia-Muni) que
-haya despreciado hasta ese punto los lazos de la familia, los goces del
-mundo, todas las preocupaciones terrenales. Jesús no vivia sino para su
-Padre y para la mision divina, cuyo íntimo convencimiento abrigaba.
-
-En cuanto á nosotros, niños sempiternos condenados á la impotencia;
-nosotros, que trabajamos sin cosechar, y que no verémos nunca el fruto
-de nuestra siembra, ¡inclinémonos con respeto ante la grandiosa figura
-de esos semidioses! Ellos supieron lo que nosotros ignoramos, esto
-es:--crear, afirmar, obrar. ¿Renacerá otra vez la grande originalidad,
-ó se contentará el mundo en adelante con seguir marchando por las
-vias que trazaron los audaces creadores de las antiguas edades? Lo
-ignoramos; pero cualesquiera que sean los fenómenos que se produzcan
-en el porvenir, nadie sobrepujará á Jesús. Su culto se rejuvenecerá
-incesantemente; su leyenda provocará lágrimas sin cuento; su martirio
-enternecerá los mejores corazones, y todos los siglos proclamarán
-que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno que pueda
-comparársele.
-
-
-FIN DE LA VIDA DE JESÚS
-
-
-
-
-NOTAS
-
-
-NOTAS DE LA INTRODUCCION
-
-[1] Los grandes resultados obtenidos sobre este punto han sido
-adquiridos solamente despues de la primera edicion del Sr. Strauss. El
-eminente crítico, en sus ediciones sucesivas, los ha aprobado con una
-entera buena fe.
-
-[2] No es necesario recordar que nada en el libro del Sr. Strauss
-justifica la extraña y absurda calumnia con la cual se ha pretendido
-desacreditar cerca de personas superficiales un libro cómodo, exacto,
-ingenioso, concienzudo, aunque maleado en sus partes generales por un
-sistema exclusivo. El Sr. Strauss nunca ha negado la existencia de
-Jesús, pues cada página de su libro implica esa existencia. Lo que hay
-de verdadero es, que el Sr. Strauss supone el carácter individual de
-Jesús mucho más oscurecido para nosotros que no lo es en realidad.
-
-[3] Si puede llamársele «hombre.»
-
-[4] En lugar de Χριστὸς οὗτος ἦν seguramente se leia Χριστὸς οὗτος
-ἐλέγετο. Cf. _Ant_., XX, IX, 1.
-
-[5] Eusebio (_Hist. eccl._, I, 11, y _Demonstr. Evang._, III, 5) cita
-el pasaje sobre Jesús como le leemos ahora en Josefo. Orígenes (_Contra
-Celso_, I, 47; II, 13) y Eusebio (_Hist. eccl._, II, 23) citan otra
-interpolacion cristiana que no se halla en ninguno de los manuscritos
-de Josefo llegados á nuestras manos.
-
-[6] Judæ epist., 14.
-
-[7] Las personas que deseen más ámplios detalles pueden leer, además
-de la obra del Sr. Réville, los trabajos de los Sres. Reuss y Scherer
-en la _Revue de théologie_, t. X, XI, XV, nouv. série, II, III, IV, y
-tambien el de Nicolás en la _Revue germanique_, Set. y Dic. de 1862,
-Abril y Junio de 1863.
-
-[8] Así se decia: «Evangelio segun los Hebreos», «Evangelio segun los
-Egipcios.»
-
-[9] Luc., I, 1-4.
-
-[10] _Hech._, I, 1. Comp. Luc., I, 1-4.
-
-[11] Á partir de XVI, 10, el autor se da como testigo ocular.
-
-[12] II Tim., IV, 11; Philem., 24; Col., IV, 14. El nombre de Lúcas
-(contraccion de Lucanus), siendo muy escaso, no hay que temer una
-de esas homonimias que dejan tanta perplejidad en las cuestiones de
-crítica relativas al Nuevo Testamento.
-
-[13] Vers. 9, 20, 24, 28, 32. Comp. XXII, 36.
-
-[14] En Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. No es posible abrigar ni una
-duda sobre la autenticidad de este pasaje. En efecto, léjos de exagerar
-la autoridad de Papias, Eusebio no sabe qué hacer de su ingenuidad y
-su pobre miliarismo, y sale de apuros tratándole de ingenio menguado.
-Comp. Ireneo, _Adv. hær._, III, 1.
-
-[15] Es decir, en dialecto semítico.
-
-[16] Luc., I, 1-2; Orígenes, _hom. in Luc._, I, init.; San Jerónimo,
-_Comment. in Math._, prol.
-
-[17] Papias, en Eusebio, _H. E._, III, 39. Comp. Ireneo, _Adv. hær._,
-III, II y III.
-
-[18] Así es como el hermoso relato de Juan, VIII, 1-11, ha estado
-siempre vacilando sin encontrar su lugar fijo en el cuadro de los
-evangelios admitidos.
-
-[19] Τὰ ἀπομνημονεύματα τῶν ἀποστόλων, ἃ καλεῖται εὐαγγέλια. Justino,
-_Apol._, I, 33, 66, 67; _Dial. cum Tryph._, 10, 100, hasta 107.
-
-[20] Julio Africano, en Eusebio, _Hist. eccl._, I, 7.
-
-[21] _Apol._, I, 32, 61; _Dial. cum Tryph._, 88.
-
-[22] _Legatio pro christ._, 10.
-
-[23] _Adv. Græc._, 5, 7. Cf. Eusebio, _H. E._, IV, 29; Teodoreto,
-_Hæretic. fabul._, I, 20.
-
-[24] _Ad Autolycum_, II, 22.
-
-[25] _Adv. hær._, II, XXII, 5; III, I. Cf. Eus., _H. E._, V, 8.
-
-[26] Iren., _Adv. hær._, I, III, 6; III, XI, 7; San Hipól.,
-_Philosophumena_, VI, II, 29 y sig.
-
-[27] Iren., _Adv. hær._, III, XI, 9.
-
-[28] Euseb., _Hist. eccl._, V, 24.
-
-[29] I Joann., I, 3, 5. En estilo, inversiones, giros, expresiones
-favoritas, en todo, ofrecen las dos narraciones la más completa
-identidad.
-
-[30] _Epist. ad Philip._, 7.
-
-[31] Euseb., _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[32] _Adv. hær._, III, XVI, 5, 8. Cf. Euseb., _Hist. eccl._, V, 8.
-
-[33] Juan, XIII, 23; XIX, 26; XX, 2; XXI, 7, 20.
-
-[34] Juan, XVIII, 15-16; XX, 2-6; XXI, 15-19.
-
-[35] Juan, VI, 65; XII, 6; XIII, 21 y sig.
-
-[36] El modo como Aristion ó _Presbyteros Joannes_ se expresa respecto
-al evangelio de Márcos en presencia de Papias, implica en efecto una
-crítica benévola, ó mejor una excusa, que parece demostrar que los
-discípulos de Juan concebian sobre la misma materia alguna cosa mejor.
-
-[37] Comp. Juan, XVIII, 15 y sig., con Math., XXVI, 58; Juan, XX, 2-6,
-con Marc., XVI, 7. Véase tambien á Juan, XIII, 24-25.
-
-[38] Juan, I, 14; XIX, 35; XXI, 24 y sig. Comp. la 1.ª epist. de San
-Juan, I, 3, 5.
-
-[39] Véase, por ejemplo, cap. IX y XI. Nótese el extraño efecto que
-producen los trozos como los de Juan, XIX, 35; XX, 31; XXI, 20-23,
-24, 25, cuando se los compara con la ausencia de toda reflexion que
-distingue á los sinópticos.
-
-[40] Por ejemplo, IV, 1 y sig.; XX, 12 y sig. Muchas voces recordadas
-por Juan vuelven á encontrarse en los sinópticos (XII, 16; XV, 20).
-
-[41] Así es que Napoleon vino á ser un liberal en los recuerdos de sus
-compañeros de destierro, cuando estos últimos, despues de su regreso,
-se hallaron en medio de la sociedad política del tiempo.
-
-[42] Los versículos XX, 30-31, son evidentemente la antigua conclusion.
-
-[43] Juan, VI, 2, 22; VII, 22.
-
-[44] Por ejemplo, lo que corresponde al anuncio de la traicion de Júdas.
-
-[45] Véase, por ejemplo, Juan, II, 25; III, 32-33, y las largas
-disputas en los cap. VII, VIII, IX.
-
-[46] Muchas veces se conoce que el autor busca pretextos para colocar
-algunos discursos.
-
-[47] Además de los sinópticos, véase Hech., Epístolas de San Pablo,
-Apocal.
-
-[48] Juan, III, 3, 5.
-
-[49] Por ejemplo, el perdon de la mujer pecadora, el conocimiento que
-tiene Lúcas de la familia de Bethania, su tipo del carácter de Martha
-correspondiendo al διηκόνει de Juan (XII, 2), el hecho de la mujer que
-enjugó con sus cabellos los piés de Jesús, una nocion oscura de los
-viajes de Jesús á Jerusalen, la idea de que en la Pasion compareció
-delante de tres autoridades, la opinion del autor al creer que algunos
-discípulos asistian á la crucifixion, el conocimiento que tiene del
-papel de Annás al lado de Caifás, la aparicion del ángel en la agonía.
-(Comp. Juan, XII, 28, 29.)
-
-[50] Sobre todo, cap. I y II. Véase XXVII, 3 y sig.; XIX, 51-53, 60;
-XXVIII, 2 y sig., compar. con Marc.
-
-[51] Marc., V, 41; VII, 34. Una sola vez ofrece Matheo esa
-particularidad (XXVII, 46).
-
-[52] Luc., XIV, 26. Las reglas del apostolado (cap. X) tienen en ella
-un carácter muy exaltado.
-
-[53] Luc., XIX, 41, 43-44; XXI, 9, 20; XXIII, 29.
-
-[54] Luc., II, 37; XVIII, 10 y sig.; XXIV, 53.
-
-[55] Luc., III, 23. Omite á Matheo, XXIV, 36.
-
-[56] Luc., IV, 14; XXII, 43, 44.
-
-[57] Por ejemplo, en lo que concierne á Quirinius, Lysanias, Theudas.
-
-[58] Comp. Luc., I, 31; con Math., I, 21.
-
-[59] La comida de Bethania le proporciona dos relatos (VII, 36-48, y X,
-38-42).
-
-[60] Luc., II, 21, 22, 39, 41, 42. Es un rasgo ebionita. V.
-_Philosophumena_, VII, VI, 34.
-
-[61] La parábola del rico y de Lázaro. Comp. VI, 20 y sig.; 24 y sig.;
-XII, 13 y sig.; XVI entero; XXII, 35. Comp. _Hech._, II, 44, 45; V, 1 y
-sig.
-
-[62] La mujer que unge los piés, Zacheo, el buen ladron, la parábola
-del fariseo y del publicano, el hijo pródigo.
-
-[63] Por ejemplo, María de Bethania es para él una pecadora convertida.
-
-[64] Jesús llorando sobre Jerusalen, el sudor de sangre, el encuentro
-de las santas matronas, el buen ladron, etc. Las palabras á las mujeres
-de Jerusalen (XXIII, 28, 29) no pueden haber sido concebidas sino
-despues del sitio del año 70.
-
-[65] Véase, por ejemplo, Juan XIX, 23-24.
-
-[66] _Gazette des Tribunaux_, 10 de Set. y 11 de Noviembre de 1851, 28
-de Mayo de 1857.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO PRIMERO
-
-[67] Esta palabra indica sencillamente los pueblos que hablan ó han
-hablado una de las lenguas llamadas semíticas. Esa designacion es del
-todo defectuosa, pero es uno de esos vocablos, como «arquitectura
-gótica», «cifras árabes», que es preciso conservar para entenderse
-mejor.
-
-[68] Isaías, II, 1-4, y sobre todo los cap. XL y sig.; LX y siguientes;
-Miqueas, IV, 1 y sig. Es menester tener presente que la 2.ª parte del
-libro de Isaías, á partir del capítulo XL, no es de Isaías.
-
-[69] Isa., LII, 13 y sig.; y LIII entero.
-
-[70] Ester, IX, 27.
-
-[71] Math., XXIII, 15; Josefo, _Vita_, 23; _B. J._, II, XVII, 10; VII,
-III, 3; _Ant._, XX, II, 4; Horac., _Sat._, I, IV; Juv., XIV, 96 y sig.;
-Tácito, _Ann._, II, 85; _Hist._, V, 5; Dion Cassius, XXXVII, 17.
-
-[72] Mischna, _Schebiit_, X, 9; Talmud de Babil., _Niddah_, fol. 13
-_b_; _Jebamoth_, 47 _b_; _Kidduschin_, 70 _b_; Midrasch, _Jalkut Ruth_,
-fol. 163 _d_.
-
-[73] Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, _Cod. pseud. V. T._, II,
-147 y sig.
-
-[74] II libro de los Macabeos, cap. VII, y _De Maccabæis_ atribuido á
-Josefo. Epístola á los Hebreos, XI, 33 y sig.
-
-[75] III libro (apóc.) de los Macabeos; Rufino, sup. ad Jos., _Contra
-Apionem_, II, 5.
-
-[76] Dan., VII, 13 y sig.
-
-[77] _Vendidad_, XIX, 18, 19; _Minokhired_, trozo publicado en la
-_Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft_, I, 263;
-_Boundehesch_, XXXI. La falta de cronología segura para los textos
-zendo y pelvi deja mucha duda sobre estas semejanzas entre las
-creencias judías y persas.
-
-[78] Virg., Egl., IV. El _Cumæum carmen_ (V, 4) era una especie de
-apocalípsis sibilino empapado en la filosofía de la historia familiar
-al Oriente. Ver á Servius sobre este verso, y _Carmina sibyllina_, III,
-97-817. Tác., _Hist._, V, 13.
-
-[79] Luc., II, 25 y sig.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO II
-
-[80] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 1 y sig.; Juan, I, 45-46.
-
-[81] No se halla nombrada en los escritos del Antiguo Testamento, ni en
-Josefo, ni en el Talmud.
-
-[82] Marc., I, 24; Luc., XVIII, 37; Juan, XIX, 19; _Hech._, II, 22;
-III, 6. De ahí viene el nombre de _Nazarenos_ dado desde mucho tiempo
-hace á los cristianos, y con el cual se los designa aún en todos los
-países musulmanes.
-
-[83] El empadronamiento hecho por Quirino es posterior (diez años á
-lo ménos) al año en que, segun Lúcas y Matheo, nació Jesús. Los dos
-evangelios, en efecto, hacen nacer á Jesús bajo el reinado de Heródes
-(Math., II, 1, 19, 22; Luc., I, 5). El empadronamiento de Quirino tuvo
-lugar despues de la deposicion de Archelao, es decir, diez años despues
-de la muerte de Heródes, el 37 de la era de Actio (Josefo, _Ant._,
-XVII, XIII, 5; XVIII, I, 1; II, 1). La inscripcion por la cual se
-pretendia otras veces establecer que Quirino hizo dos empadronamientos
-se ha reconocido como falsa. En todo caso, el empadronamiento no se
-habria aplicado sino á los territorios convertidos en provincia romana,
-y no á las tetrarquías. Los textos por los cuales se pretende probar
-que algunas de las operaciones de estadística y de catastro ordenadas
-por Augusto se extendieron al dominio de los Heródes, ó no implican lo
-que de ello se quiere deducir, ó son de autores cristianos que tomaron
-este dato del evangelio de Lúcas. Lo que prueba que el viaje de la
-familia de Jesús á Bethlehem no tiene nada de histórico, es el motivo
-que se le atribuye. Jesús no era de la familia de David, y aunque lo
-hubiese sido, no se puede comprender cómo sus parientes habrian sido
-obligados, por una operacion puramente catastral y rentística, á venir
-á inscribirse á un lugar abandonado por sus abuelos desde hacia más de
-mil años. Imponer una obligacion de esta clase hubiera sido para la
-autoridad romana sancionar pretensiones peligrosísimas.
-
-[84] Cap. XIV de la obra.
-
-[85] Math., II, 1 y sig.; Luc., II, 1 y sig. La omision de este relato
-en Márcos y los dos trozos paralelos, Math., XIII, 54, y Marc., VI,
-1, donde Nazareth figura como «la patria» de Jesús, prueban que
-semejante leyenda faltaba en el texto primitivo que proporcionó la
-trama narrativa de los evangelios actuales de Matheo y de Márcos.
-Sin duda para contestar á numerosas y repetidas objeciones añadieron
-al principio del evangelio de Matheo reservas cuya contradiccion con
-el resto del texto no eran bastante flagrantes para creerse en la
-obligacion de corregir las partes que ántes se habian escrito bajo
-otro punto de vista. Por el contrario, Lúcas (IV, 16), escribiendo
-con reflexion, ha empleado, á fin de ser consecuente, una expresion
-más mitigada. Respecto á Juan, no sabe nada del viaje á Bethlehem; en
-su concepto, Jesús es sencillamente «de Nazareth» ó «Galileo», y esto
-en dos circunstancias donde hubiera sido de la más alta importancia
-recordar su nacimiento en Bethlehem (I, 45, 46; VII, 41-42).
-
-[86] Sábese que el cálculo que sirve de base á la era vulgar fué hecho
-en el siglo sexto por Dionisio el Menor. Ese cálculo implica ciertos
-datos puramente hipotéticos.
-
-[87] Math., I, 21; Luc., I, 31.
-
-[88] _Gelil haggoyim_ «círculo de los gentiles.»
-
-[89] Strabon, XVI, II, 35; Jos., _Vita_, 12.
-
-[90] Luégo se explicará (cap. XIV) el orígen de las genealogías
-destinadas á emparentarle con la raza de David.--Suprimidas por los
-Ebionim (Epif., _Adv. hær._, XXX, 14).
-
-[91] Math., XIII, 55; Marc., VI, 3; Juan, VI, 42.
-
-[92] El rudo aspecto de las ruinas que cubren la Palestina prueba
-que estaban muy mal construidas las ciudades que no habian sido
-reedificadas segun el estilo romano. Respecto á la disposicion de las
-casas, es en la Siria tan sencilla y tan adecuada al clima, que nunca
-ha debido ser otra.
-
-[93] Math., XII, 46 y sig.; XIII, 55 y sig.; Marc., III, 31 y sig.; VI,
-3; Luc., VIII, 19 y sig.; Juan, II, 12; VII, 3, 5, 10; _Hech._, I, 14.
-
-[94] Math., I, 25.
-
-[95] Esas dos hermanas del mismo nombre implican un hecho singular.
-Probablemente hay en ello alguna inexactitud hija de la costumbre de
-dar casi indistintamente á las galileas el nombre de María.
-
-[96] No son etimológicamente idénticos. Ἀλφαῖος es la transcripcion del
-nombre siro-caldeo _Halphai_; Κλωπᾶς ó Κλεόπας es una forma abreviada
-de Κλεόπατρος. Pero tal vez haya en esto una sustitucion artificial
-de uno al otro; así como los José se hacian llamar «_Hegesipo_», los
-Eliakim «_Alcimus_», etc.
-
-[97] Juan, VII, 3 y sig.
-
-[98] En efecto, los cuatro personajes indicados (Math., XIII, 55;
-Marc., VI, 3) como hijos de María, madre de Jesús, Santiago, José,
-Simon y Júdas, vuelven á aparecer como si fuesen hijos de María y
-de Cleophás (Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; Gal., I, 19; _Epist.
-Jac._, I, 1; _Epist. Judæ_, 1; Euseb., _Chron._, ad ann. R. DCCCX;
-_Hist. eccl._, III, 11, 32; _Cons. apos._, VII, 46). La hipótesis
-que proponemos puede únicamente resolver la enorme dificultad que
-se encuentra en suponer dos hermanas teniendo tres ó cuatro hijos
-con los mismos nombres, y en admitir que Santiago y Simon, los dos
-primeros obispos de Jerusalen, calificados de «hermanos del Señor»,
-fuesen verdaderos hermanos de Jesús, los cuales empezaron por serle
-hostiles para convertirse despues. El evangelista, oyendo llamar á
-aquellos cuatro hijos de Cleophás «hermanos del Señor», pondria, por
-equivocacion, sus nombres en el pasaje _Math._, XIII, 55 = _Marc._, VI,
-3, en lugar del nombre de los verdaderos hermanos que permanecieron
-en la oscuridad. Así se explica cómo el carácter de los personajes
-llamados «hermanos del Señor», de Santiago por ejemplo, es tan
-diferente del de los verdaderos hermanos de Jesús, tal como le traza
-Juan, VII, 3 y sig. La expresion «hermanos del Señor» evidentemente
-constituyó en la primitiva iglesia una especie de jerarquía paralela á
-la de los apóstoles. (Véase _I Cor._, IX, 5.)
-
-[99] _Hech._, I, 14.
-
-[100] Marc., VI, 3.
-
-[101] Segun Josefo (_B. J._, III, III, 2), el más pequeño burgo
-de Galilea tenía más de cinco mil habitantes. Probablemente hay
-exageracion.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO III
-
-[102] Juan, VIII, 6.
-
-[103] _Testam. de los doce Patr._, Leví, 6.
-
-[104] Math. XXVII, 46; Marc. XV, 34.
-
-[105] Traducciones y comentarios judíos, de la época talmúdica.
-
-[106] Mischna, _Schabbath_, I, 3.
-
-[107] Math., XIII, 54 y sig.; Juan, VII, 15.
-
-[108] Mischna, _Schekalim_, III, 2; Talmud de Jerusalen, _Megilla_,
-halaca XI, _Sota_, VII, 1; Talmud de Babilonia, _Baba Kama_, 83 _a_;
-_Megilla_, 8 _b_ y sig.
-
-[109] Math. XXVII, 46; Marc. III, 17; V, 41; VII, 34; XIV, 36; XV, 34.
-La expresion ἡ πάτριος φωνή, en los escritores de aquel tiempo, designa
-siempre el dialecto semítico que se usaba en Palestina (II Macab.,
-VII, 21, 27; XII, 37; _Hech._, XXI, 37, 40; XXII, 2; XXVI, 14; Josefo,
-_Ant._, XVIII, VI, 10; XX, sub. fin., etc.). Luégo demostrarémos que
-algunos de los documentos que sirvieron de base á los evangelios
-sinópticos fueron escritos en ese dialecto semítico. Lo mismo sucedió
-respecto á algunos apócrifos (libro IV de los Macab., XVI, _ad
-calcem_, etc.). Por último, la cristiandad directamente nacida del
-primer movimiento galileo (Nazarenos, Ebionim, etc.), que se continuó
-por mucho tiempo en la Batanea y en el Hauran, hablaba un dialecto
-semítico. (Euseb., _De situ et nomin. loc. heb._ á la voz Χωβά; Epif.,
-_Adv. hær._, XXIX, 7, 9; XXX, 3; San Jerónimo, _in Matth._, VII, 13;
-_Dial. adv. Pelag._, III, 2).
-
-[110] Mischna, _Sanhedrin_, XI, 1; Talmud de Babilonia, _Baba Kama_,
-82 _b_ y 83 _a_; _Sota_, 49 _a_ y _b_; _Menachoth_, 64 _b_; Comp. II,
-Macab. IV, 10 y sig.
-
-[111] Jos., _Ant._, XX, XI, 2.
-
-[112] Talmud de Jerusalen, _Peah_, I, 1.
-
-[113] Jos., _Ant._, loc. cit.; Oríg., _Contra Celsum_, II, 34.
-
-[114] Talmud de Jerusalen, _Peah_, I, 1; Talmud de Babilonia,
-_Menachoth_, 99 _b_.
-
-[115] Los _Terapeutas_ de Filon son una rama de los Esenios. Ese nombre
-parece ser la traduccion griega de Esenios (Ἐσσαῖοι, _asaya_, médicos).
-Filon, _De vita contempl._, init.
-
-[116] Véanse sobre todo los tratados _Quis rerum divinarum hæres sit_ y
-_De Philanthropia_, de Filon.
-
-[117] _Pirké Aboth_, cap. I y II; Talmud de Jerusalen, _Pesachim_, VI,
-1; Talmud de Babilonia, _Pesachim_, 66 _a_; _Schabbath_, 30 _b_ y 31
-_a_; _Joma_, 35 _b_.
-
-[118] La leyenda de Daniel estaba ya formada en el siglo séptimo
-ántes de J. C. (Ezequiel, XIV, 14 y sig.; XXVII, 3). Para satisfacer
-las exigencias de la leyenda, se supuso que vivió en el tiempo de la
-cautividad de Babilonia.
-
-[119] _Epist. Judæ_, 14 y sig., II Petri, II, 4, 11; _Testam. de los
-doce Patr._, Simeon, 5; Leví, 14; Judá, 18; Zab., 3; Dan, 5; Nephtali,
-4. El «Libro de Henoch» forma aún una parte integrante de la Biblia
-etiópica. Tal como le conocemos por la version etiópica, está compuesto
-con trozos de várias fechas, de los cuales los más antiguos son del año
-130 ó 150 ántes de J. C. Algunos de esos trozos tienen analogía con los
-discursos de Jesús. Compárense los cap. XCVI-XCIX con Lúcas, VI, 24 y
-sig.
-
-[120] Math., XI, 8.
-
-[121] Math., XXII, 2 y sig.
-
-[122] Math., VI, 13.
-
-[123] Luc., II, 42 y sig. Los evangelios apócrifos están llenos de
-semejantes historias extravagantes.
-
-[124] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig.
-
-[125] Math., XII, 48; Marc., III, 33; Luc., VIII, 21; Juan, II, 4;
-Evangelio segun los Hebreos, en San Jerónimo, _Dial. adv. Pelag._, III,
-2.
-
-[126] Luc., XI, 27 y sig.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO IV
-
-[127] _Yaçna_, XIII, 24; Teopompo. en Plut., _De Iside et Osiride_,
-§ 47; _Minokhired_, trozo publicado en la _Zeitschrift der Deutschen
-Morgenländischen Gesellschaft_, I, p. 263.
-
-[128] Virg., Egl. IV; Servius, sobre el verso 4 de la misma égloga;
-Nigidius, citado por Servius, sobre el verso 10.
-
-[129] _Carm. sibyll._, libro III, 97-817.
-
-[130] VI, 13; VII, 10; VIII, 7, 11-17; IX, 1-22; y en las partes
-apócrifas: IX, 10-11; XIV, 13 y sig.; XVI, 20, 24.
-
-[131] Eccl., I, 11; II, 16, 18-24; III, 19-22; IV, 8, 15-16; V, 17, 18;
-VI, 3, 6; VIII, 15; IX, 9, 10.
-
-[132] Isaías, LX, etc.
-
-[133] El libro entero de Ester respira gran apego por aquella dinastía.
-
-[134] Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, _Cod. pseud. V. T._, II,
-pág. 147 y sig.
-
-[135] Job, XXXIII, 9.
-
-[136] Es de notar que Jesús, hijo de Sirach, se mantiene estrictamente
-en él (XVII, 26-28; XXII, 10-11; XXX, 4 y sig.; XLI, 1-2; XLIV, 9). El
-autor de la _Sabiduría_ manifiesta un sentimiento del todo contrario
-(IV, 1, texto griego).
-
-[137] Ester, XIV, 6-7 (apóc.). Epist. apóc. de Baruch. (Fabricius,
-_Cod. pseud. V. T._, II, pág. 147 y sig.)
-
-[138] II Macab., VII.
-
-[139] _Pirké Aboth_, I, 3.
-
-[140] _Sabiduría_, II-VI; _De rationis imperio_, atribuido á Josefo,
-8, 13, 16, 18. Es preciso notar que el autor de este último tratado no
-hace valer sino en segundo órden el motivo de remuneracion personal. El
-principal móvil de los mártires consiste en el amor puro de la Ley, en
-las ventajas que reportarán al pueblo con su muerte y en la perspectiva
-de la gloria que alcanzarán sus nombres. Comp. _Sabiduría_, IV, 1 y
-sig.; _Eccl._, cap. XLIV y sig.; Jos., _B. J._, II, VIII, 10; III,
-VIII, 5.
-
-[141] _Sabiduría_, IV, 1; _De rat. imp._, 16, 18.
-
-[142] II Macab., VII, 9, 14; XII, 43-44.
-
-[143] Teopompo, en Dióg. Laert. Proœm., 9.--_Boundehesch_, c. XXXI. Los
-vestigios del dogma de la resurreccion son muy dudosos en el Avesta.
-
-[144] Juan, XI, 24.
-
-[145] Luc., XVI, 22.
-
-[146] Dan., XII, 2.
-
-[147] II Macab., VII, 14.
-
-[148] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1; VII, 1-2; Lúcas, III, 19.
-
-[149] Jos., _Ant._, XVIII, II, 3; IV, 5; V, 1.
-
-[150] Jos., _Ant._, XVIII, VII, 2.
-
-[151] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 6.
-
-[152] Jos., _Ant._, XVII, XII, 2 y _B. J._, II, VII, 3.
-
-[153] Orelli, _Inscr. lat._, n.º 3693; Henzen, _Suppl._, n.º 7041;
-_Fasti prænestini_, 6 de Marzo y 28 de Abril (en el _Corpus inscr.
-lat._, I, 314, 317); Borghesi, _Fastes consulaires_, año de 742; R.
-Bergmann, _De inscr. lat. ad P. S. Quirinium_, ut videtur, referenda
-(Berlín, 1854). Tác., _Ann._, II, 30; III, 48; Strabon, XII, VI, 5.
-
-[154] Jos., _Ant._, I, XVIII.
-
-[155] Jos., _Ant._, los libros XVII y XVIII enteros, y _B. J._, lib. I
-y II.
-
-[156] Jos., _Ant._, XV, X, 4. Comp. el libro de Henoch, XCVII, 13-14.
-
-[157] Filon, _Leg. ad Caium_, § 38.
-
-[158] Jos., _Ant._, XVII, VI, 2 y sig.; _B. J._, I, XXXIII, 3 y sig.
-
-[159] Jos., _Ant._, XVIII, IV y sig.
-
-[160] Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., _B. J._, libro
-IV y sig.
-
-[161] _Hech._, VII, 9. El versículo 11 hace suponer que Simon el Mago
-era ya célebre en el tiempo de Jesús.
-
-[162] Discursos de Claudio, en Lyon, tab. II, sub fin. De Boissieu,
-_Inscr. ant. de Lyon_, p. 136.
-
-[163] II Sam., XXIV.
-
-[164] Talmud de Babilonia, _Baba Kama_, 113 _a_; _Schabbath_, 33 _b_.
-
-[165] Jos., _Ant._, XVIII, I, 1 y 6; _B. J._, II, VIII, 1; _Hech._, V,
-37. Ántes de Júdas el Gaulonita, los _Hechos_ colocan á otro agitador,
-Theudas; pero hay un anacronismo, el movimiento de Theudas tuvo lugar
-en el año 44 de la era cristiana (Jos., _Ant._, XX, V, 1).
-
-[166] Jos., _B. J._, II, XVII, 8 y sig.
-
-[167] Luc., XIII, 1. El movimiento galileo de Júdas, hijo de Ezequías,
-no parece haber tenido un carácter religioso; sin embargo, puede ser
-que le haya disimulado Josefo (_Ant._, XVII, X, 5).
-
-[168] Jos., _Ant._, XVI, VI, 2, 3; XVIII, I, 1.
-
-[169] Jos., _B. J._, III, III, 1. El horrible estado á que se halla
-reducido el país, sobre todo cerca del lago de Tiberiade, no puede dar
-una idea de su antiguo esplendor. Aquellos países, hoy desolados, eran
-en otro tiempo paraísos terrestres. Los baños de Tiberiade, hoy mansion
-horrorosa, fueron el más hermoso sitio de la Galilea (Jos., _Ant._,
-XVIII, II, 3). Josefo (_Bell. Jud._, III, X, 8) ensalza los bellos
-árboles de la llanura de Genesareth, donde ya no se encuentra uno solo.
-Antonino Mártir, hácia el año 600, es decir, cincuenta años ántes de
-la invasion musulmana, aún halla á la Galilea cubierta de deliciosos
-plantíos, y compara su fertilidad con la del Egipto (_Itin._, § 5).
-
-[170] Math., V, 1; XIV, 23; Luc., VI, 12.
-
-[171] Math., XVII, 1 y sig.; Marc., IX, 1 y sig.; Luc., IX, 28 y sig.
-
-[172] Jos., _B. J._, III, III, 2.
-
-[173] Jos., _Ant._, XVIII, II, 2; _B. J._, II, IX 1; _Vita_, 12, 13, 64.
-
-[174] Puede uno imaginárselos por algunas huertas de los alrededores de
-Nazareth. _Cant. de cant._, II, 3, 5, 13; IV, 13; VI, 6, 10; VII, 8,
-12; VIII, 2, 5; Anton. Mártir, _l. c._ Se ha conservado aún el aspecto
-de las granjas en el sur del país de Tiro (antigua tribu de Aser);
-á cada paso se encuentran los vestigios de la antigua agricultura
-palestina, con sus útiles tallados en la roca (eras, prensas, silos,
-pilas, muelas, etc.).
-
-[175] Math., IX, 17; XI, 19; Marc., II, 22; Luc., V, 37; VII, 34; Juan,
-II, 3 y sig.
-
-[176] Luc., II, 41.
-
-[177] Luc., II, 42-44.
-
-[178] Véanse los salmos LXXXIV, CXXII, CXXXIII (Vulg. LXXXIII, CXXI,
-CXXXII).
-
-[179] Luc., IX, 51-53; XVII, 11; Juan, IV, 4; Jos., _Ant._, XX, VI,
-1; _B. J._, II, XII, 3; _Vita_, 52. Sin embargo, frecuentemente los
-peregrinos iban por la Perea, para evitar la Samaria, algo peligrosa
-(Math., XIX, 1; Marc., X, 1).
-
-[180] Segun Josefo (_Vita_, 52), se necesitaban tres dias para hacer el
-viaje. Pero la etapa entre Sichem y Jerusalen se dividia casi siempre
-en dos.
-
-[181] Luc., IV, 42; V, 16.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO V
-
-[182] Ésta es la expresion de Márcos, VI, 3. Cf. Math., XIII, 55.
-Márcos no conoce á José; por el contrario, Juan y Lúcas prefieren la
-expresion «hijo de José.» (Luc., III, 23; IV, 22; Juan, I, 45; IV, 42.)
-
-[183] Juan, II, 1; IV, 46. Sobre este punto sólo Juan tiene algunas
-noticias.
-
-[184] Admito como probable la idea de identificar á Caná de Galilea con
-_Kana el-Djelil_. Sin embargo, pueden aducirse argumentos en favor de
-_Kefr-Kenna_, distante de Nazareth cosa de una hora ú hora y media, al
-N.-N.-E.
-
-[185] Ahora _el-Buttauf_.
-
-[186] Juan, II, 11; IV, 46. Uno ó dos discípulos eran de Caná. Juan,
-XXI, 2; Math., X, 4; Marc., III, 18.
-
-[187] Marc., VI, 3; Justino, _Dial. cum Tryph._, 88.
-
-[188] Por ejemplo, «Rabbi Johanan el zapatero, Rabbi Isaac el herrero.»
-
-[189] _Hech._, XVIII, 3.
-
-[190] Cap. IX de la obra.
-
-[191] Luc., VII, 37 y sig.; Juan, IV, 7 y sig.; VIII, 3 y sig.
-
-[192] Los discursos atribuidos á Jesús en el cuarto evangelio contienen
-ya un gérmen de teología. Pero hallándose estos discursos enteramente
-en contradiccion con los de los evangelios sinópticos, los cuales
-representan sin duda las _Logia_ primitivas, deben figurar como
-documentos de la historia apostólica, y no como elementos de la vida de
-Jesús.
-
-[193] Math., IX, 9, y las otras narraciones análogas.
-
-[194] Juan, XXI, 15 y sig.
-
-[195] El alma sublime de Filon se encontró aquí, como en otros muchos
-puntos, de acuerdo con la de Jesús (_De confus. ling._, § 14; _De mig.
-Abr._, § 1; _De somniis_, II, § 41, etc.).
-
-[196] San Pablo, _ad Galatas_, IV, 6.
-
-[197] La palabra «cielo», en la lengua rabínica de aquel tiempo, es
-sinónima del nombre de «Dios», cuya pronunciacion se evitaba. (Comp.
-Math., XXI, 25; Luc., XX, 4.)
-
-[198] Aparece esta expresion en cada página de los evangelios
-sinópticos, de los Hechos de los apóstoles, de San Pablo. Si no aparece
-más que una vez en San Juan (III, 3 y 5) es porque los discursos que
-se relatan en el cuarto evangelio están muy léjos de representar la
-verdadera palabra de Jesús.
-
-[199] Dan., II, 44; VII, 13, 14, 22, 27.
-
-[200] Mischna, _Berakoth_, II, 1, 3; Talmud de Jerusalen, _Berakoth_,
-II, 2; _Kidduschin_, I, 2; Talmud de Babil. _Berakoth_, 15 _a_;
-_Mekilta_, 42 _b_; Siphra, 170 _b_; la expresion aparece frecuentemente
-en los _Midraschim_.
-
-[201] Math., VI, 33; XII, 28; XIX, 12; Marc., XII, 34; Luc., XII, 31.
-
-[202] Luc., XVII, 20-21.
-
-[203] La grande teoría del apocalípsis del Hijo del hombre está en
-efecto reservada, en los sinópticos, para los capítulos que preceden
-la narracion de la pasion. En Matheo, las primeras predicaciones son
-enteramente morales.
-
-[204] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 2 y sig.; Juan, VI, 42.
-
-[205] La tradicion sobre la fealdad de Jesús (Justino, _Dial. cum
-Tryph._, 85, 88, 100) procede del deseo de ver realizado en él un
-pretendido rasgo mesiánico (Is., LIII, 2).
-
-[206] Las _Logia_ de San Matheo reunen varios de aquellos axiomas para
-despues formar con ellos largos discursos. Pero á traves de la forma
-fragmentaria deja conocer las suturas.
-
-[207] _Pirké Aboth_ es el librito en el cual están coleccionadas las
-sentencias de los doctores judíos de aquel tiempo.
-
-[208] Indicarémos las semejanzas á medida que se vayan presentando.
-Por ser la redaccion del Talmud posterior á la de los Evangelios, se
-ha supuesto que los compiladores judíos plagiaron la moral cristiana.
-Pero esto no puede admitirse; existia un abismo de separacion entre la
-iglesia y la sinagoga. Ántes del siglo décimo tercero la literatura
-cristiana y la literatura judía tuvieron muy poca influencia una sobre
-otra.
-
-[209] Math., VII, 12; Luc., VI, 31. Se encuentra ya este axioma en el
-libro de _Tobías_, V, 16. Hillel usaba de él repetidas veces (Talm.
-de Babil., _Schabbath_, 31 _a_), y como Jesús, decia que él era el
-compendio de la Ley.
-
-[210] Math., V, 39 y sig.; Luc., VI, 29. Comp. Jeremías, _Lament._,
-III, 30.
-
-[211] Math., V, 29-30; XVIII, 9; Marc., IX, 46.
-
-[212] Math., V, 44; Luc., VI, 27. Comp. Talm. de Babil., _Schabbath_,
-88 _b_; _Joma_, 23 _a_.
-
-[213] Math., VII, 1; Luc., VI, 37. Comp. Talm. de Babil., _Kethuboth_,
-105 _b_.
-
-[214] Luc., VI, 37. Comp. _Levit._, XIX, 18; _Prov._, XX, 22; Eccles.,
-XXVIII, 1 y sig.
-
-[215] Luc., VI, 36; Siphré, 51 _b_ (Sultzbach, 1802).
-
-[216] _Hech._, XX, 35.
-
-[217] Math., XXIII, 12; Luc., XIV, 11; XVIII, 14. Las sentencias
-referidas por San Jerónimo con arreglo al «Evangelio segun los Hebreos»
-respiran la misma moral (Comment. in _Epist. ad Ephes._, V, 4; in
-Ezech., XVIII; _Dial. adv. Pelag._, III, 2).
-
-[218] Deuter., XXIV, XXV, XXVI, etc.; Is., LVIII, 7; Prov., XIX, 17;
-_Pirké Aboth_, 1; Talm. de Jerus., _Peah_, I, 1; Talm. de Babil.,
-_Schabbath_, 63 _a_.
-
-[219] Math., V, 20 y sig.
-
-[220] Math., V, 22.
-
-[221] Math., V, 31 y sig. Comp. Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 22 _a_.
-
-[222] Math., V, 33 y sig.
-
-[223] Math., V, 38 y sig.
-
-[224] Math., V, 42. La prohibia la Ley, mas de un modo ménos formal, y
-la autorizaba el uso (Deut., XV, 7-8; Luc., VII, 41 y sig.).
-
-[225] Math., XXVII, 28. Comp. Talmud, _Masseket Kalla_ (ed. Fürth,
-1793), fol. 34 _b_.
-
-[226] Math., V, 23 y sig.
-
-[227] Math., V, 45 y sig. Comp. _Levit._, XI, 44; XIX, 2.
-
-[228] Comp. Filon, _De mig. Abr._, § 23 y 24; _De vita contemplativa_,
-entero.
-
-[229] Math., XV, 11 y sig.; Marc., VII, 6 y sig.
-
-[230] Marc., VII, 6 y sig.
-
-[231] Math., VI, 1 y sig. Comp. _Eccles._, XVII, 18; XXIX, 15; Talm. de
-Babil., _Chagiga_, 5 _a_; _Baba Bathra_, 9 _b_.
-
-[232] Math., VI, 5-8.
-
-[233] Math., XIV, 23; Luc., IV, 42; V, 16; VI, 12.
-
-[234] Math., VI, 9 y sig.; Luc., XI, 2 y sig.
-
-[235] Luc., XI, 5 y sig.
-
-[236] Math., V, 23-24.
-
-[237] Isa., I, 11 y sig.; LVIII, entero; Oseas, VI, 6; Malaquías, I, 10
-y sig.
-
-[238] _Pirké Aboth_, I, 2.
-
-[239] _Eccles._, XXXV y sig.
-
-[240] Talm. de Jerus., _Pesachim_, VI, 1; Talm. de Babil., _Pesachim_,
-66 _a_; _Schabbath_, 31 _a_.
-
-[241] _Quod Deus immut._, § 1 et 2; _De Abrahamo_, § 22; _Quis rerum
-divin. hæres_, § 13 y sig.; 55, 58 y sig.; _De profugis_, § 7 y 8;
-_Quod omnis probus liber_, entero. _De vita contemplativa_, entero.
-
-[242] Talm. de Bab., _Pesachim_, 67 _b_.
-
-[243] Talm. de Jerus., _Peah_, I, 1.
-
-[244] Math., VII, 4-5. Comp. Talm. de Babil., _Baba Bathra_, 15 _b_;
-_Erachin_, 16 _b_.
-
-[245] El Talmud, resúmen de aquel gran movimiento de escuelas, no se
-empezó á escribir sino en el siglo segundo de nuestra era.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO VI
-
-[246] Luc., I, 5; pasaje del evangelio de los Ebionim, conservado por
-Epifanio (_Adv. hær._, XXX, 13).
-
-[247] Luc., I, 39. Se ha supuesto, no sin alguna verosimilitud, que
-«la ciudad de Judá» nombrada en este pasaje de Lúcas, era la ciudad de
-_Jutta_. (Josué, XV, 55; XXI, 16.) Robinson (_Biblical Researches_,
-I, 494; II, 206) ha vuelto á hallar esa _Jutta_ á dos horas al sur de
-Hebron, llevando aún el mismo nombre.
-
-[248] Luc., I, 15.
-
-[249] Luc., I, 80.
-
-[250] Math., III, 4; Marc., I, 6; fragm. del evang. de los Ebionim, en
-Epif., _Adv. hær._, XXX, 13.
-
-[251] Malaquías, III, 23-24 (IV, 5-6, segun la Vulg.); _Eccles._,
-XLVIII, 10 y sig.; Math., XVI, 14; XVII, 10 y sig.; Marc., VI, 15;
-VIII, 28; Luc., IX, 8, 19; Juan, I, 21, 25.
-
-[252] El feroz Abdallah, bajá de San Juan de Acre, por haberle visto en
-sueño, de pié sobre la montaña, creyó morir de espanto. En los cuadros
-de las iglesias cristianas se le presenta rodeado de cabezas cortadas;
-de él tienen miedo los musulmanes.
-
-[253] _Ascension de Isaías_, II, 9-11.
-
-[254] Luc., I, 17.
-
-[255] Plinio, _Hist. nat._, V, 17; Epif., _Adv. hær._, XIX, 1 y 2.
-
-[256] Josefo, _Vita_, 2.
-
-[257] El verbo arameo _seba_, orígen del nombre de los _sabianos_,
-corresponde á βαπτίζω.
-
-[258] Es de notar que los Elcaitas, secta sabiana ó bautista, habitaban
-el mismo país que los Esenios (orilla oriental del mar Muerto) y que se
-confundieron con ellos (Epif., _Adv. hær._, XIX, 1, 2, 4; XXX, 16, 17;
-LIII, 1 y 2; _Philosophumena_, IX, III, 15 y 16; X, XX, 29).
-
-[259] Ver las noticias de Epifanio sobre Esenios, Hemerobatistas,
-Nazarenistas, Ossenos, Nazorenos, Ebionitas, Sampseanos (_Adv. hær._,
-lib. I y II), y las del autor de _Philosophumena_ sobre los Elcaitas
-(Lib. IX y X).
-
-[260] Epif., _Adv. hær._, XIX, XXX, LIII.
-
-[261] Marc., VIII, 4; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2; Justino, _Dial. cum
-Tryph._, 17, 29, 80; Epif., _Adv. hær._, XVII.
-
-[262] Mischna, _Pesachim_, VIII, 8; Talmud de Babil., _Jebamoth_, 46
-_b_; _Kerithuth_, 9 _a_; _Aboda Zara_, 57 _a_; _Masseket Gerim_ (ed.
-Kirchheim, 1851), p. 38-40.
-
-[263] Math., III, 1; Marc., I, 4.
-
-[264] Luc., III, 3.
-
-[265] Juan, I, 28; III, 26. Todos los manuscritos dicen _Bethania_;
-pero como no se conoce ninguna Bethania en aquellos parajes, Orígenes
-(_Comment. in Joann._, VI, 24) propuso sustituir _Bethabara_, y
-su correccion ha sido generalmente adoptada. Las dos voces tienen
-significaciones análogas y parecen indicar un lugar donde habia una
-barca para atravesar el rio.
-
-[266] _Ænon_ es el plural caldeo _Ænawan_, «fuentes».
-
-[267] Juan, III, 23. Es dudosa la situacion de aquel lugar. La
-circunstancia que indica el evangelista, hace suponer que no se hallaba
-muy cerca del Jordan. Sin embargo, los sinópticos están de acuerdo en
-colocar toda la escena de los bautismos de Juan sobre la orilla de
-aquel rio (Math., III, 6; Marc., I, 5; Luc., III, 3). La conformidad de
-los versículos 22 y 23 del cap. III de Juan y de los versículos 3 y 4
-del cap. IV del mismo evangelio pudiera hacer creer que Salim estaba en
-Judea, y por consiguiente en el oasis de Jericó, cerca de la embocadura
-del Jordan, puesto que en el resto de la tribu de Judá se hallaria
-difícilmente un solo estanque natural que pudiera servir á la inmersion
-de una persona. San Jerónimo pretende colocar á Salim mucho más al
-norte cerca de Beth-Schean ó Scythopolis. Pero Robinson (_Bib. Res._,
-III, 333) no pudo hallar nada que justifique semejante alegacion.
-
-[268] Marc., I, 5; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2.
-
-[269] Math., XIV, 5; XXI, 26.
-
-[270] Math., XI, 14; Marc., VI, 15; Juan, I, 21.
-
-[271] Math., XIV, 2; Luc., IX, 8.
-
-[272] Luc., III, 15 y sig.; Juan, I, 20.
-
-[273] Math., XXI, 25 y sig.; Luc., VII, 30.
-
-[274] Math. ya citada.
-
-[275] Math., III, 2.
-
-[276] Math., III, 7.
-
-[277] Luc., III, 11-14; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2.
-
-[278] Math., XXI, 32; Luc., III, 12-14.
-
-[279] Math., III, 9.
-
-[280] Math., III, 7; Luc., III, 7.
-
-[281] Jos., _Ant._, XVIII, V, 2. Cuando Josefo expone las doctrinas
-secretas, más ó ménos sediciosas, de sus compatriotas, omite lo que
-tiene relacion con las creencias mesiánicas; y para no hacer sombra
-á los romanos, extiende sobre esas doctrinas como un barniz de
-trivialidad que da á todos los jefes de sectas judías el aspecto de
-profesores de moral ó de estóicos.
-
-[282] Math., IX, 14.
-
-[283] Luc., III, 11.
-
-[284] Math., III, 13 y sig.; Marc., I, 9 y sig.; Luc., III, 21 y sig.;
-Juan, I, 29 y sig.; III, 22 y sig. Los sinópticos hacen venir á Jesús
-hácia Juan ántes de haber desempeñado un papel público. Pero, si Juan
-reconoció á Jesús, como lo dicen, y le hizo una acogida afectuosa,
-de suponer es que Jesús fuese un maestro ya renombrado. El cuarto
-evangelio conduce por dos veces á Jesús hácia Juan, la primera cuando
-todavía no era conocido, y la segunda con un grupo de discípulos. Sin
-tocar aquí la cuestion de los itinerarios precisos de Jesús (cuestion
-inestricable en razon de las contradicciones de los documentos y del
-poco cuidado que tuvieron los evangelistas de ser exactos en semejante
-materia), sin negar la posibilidad de un viaje de Jesús hácia Juan en
-el tiempo en que no tenía mucha notoriedad, adoptamos el dato producido
-por el cuarto evangelio (III, 22 y sig.), á saber, que Jesús, ántes de
-bautizar como Juan, tenía ya una escuela organizada. Preciso es tambien
-recordar que las primeras páginas del cuarto evangelio no son más que
-notas puestas de extremo á extremo sin ningun órden cronológico.
-
-[285] Luc., I. Son legendarios todos los pormenores de la narracion, y
-en particular los que se refieren al parentesco de Juan con Jesús.
-
-[286] Juan, III, 22-26; IV, 1-2. El paréntesis del versículo 2 parece
-ser una glosa agregada, ó quizás un escrúpulo de Juan, corrigiéndose á
-sí mismo.
-
-[287] Juan, III, 26, IV, 1.
-
-[288] Math., III, 2; IV, 17.
-
-[289] Math., III, 7; XII, 34; XXIII, 33.
-
-[290] Math., XI, 2-13.
-
-[291] Math., XIV, 12.
-
-[292] Luc., III, 19.
-
-[293] Matheo (XIV, 3 en el texto griego) y Márcos (VI, 17) pretenden
-que fué con Felipe; pero es una inadvertencia. La esposa de Felipe era
-Salomé, hija de Herodías. (V. Jos., _Ant._, XVIII, V, 1 y 4.)
-
-[294] Jos., _Ant._, IV, 2.
-
-[295] Jos., _Ant._, XVIII, VII, 1, 2; _B. J._, II, IX, 6.
-
-[296] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1.
-
-[297] Hoy dia, Mkaur, en el ouadi Zerka Main. Ese lugar no ha sido
-visitado desde Seetzen.
-
-[298] Jos., _De Bell. Jud._, VII, VI, 1 y sig.
-
-[299] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1.
-
-[300] _Levit._, XVIII, 16.
-
-[301] Jos., _Ant._, XV, VII, 10.
-
-[302] Math., XIV, 4; Marc., VI, 19; Luc., III, 19.
-
-[303] Jos., _Ant._, XVIII, V, 2.
-
-[304] Math., XIV, 5.
-
-[305] Marc., VI, 20. Yo leo ἠπόρει, y no ἐποίει.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO VII
-
-[306] Tobías, VIII, 3; Luc., XI, 24.
-
-[307] Math., IV, 1 y sig.; Marc., I, 12, 13; Luc., IV, 1 y sig. La
-semejanza sorprendente de estas narraciones con las leyendas análogas
-del _Vendidad_ (frag. XIX) y del _Lalitavistara_ (cap. XVII, XVIII,
-XXI) induce á no ver en todo ello sino un puro mito. Pero la narracion
-pobre y concisa de Márcos, representando evidentemente la redaccion
-primitiva, supone un hecho efectivo, que más tarde produjo el tema de
-los desarrollos legendarios.
-
-[308] Math., IV, 12; Marc., I, 14; Luc., IV, 14; Juan, IV, 3.
-
-[309] Math., VII, 29; Marc., I, 22; Luc., IV, 32.
-
-[310] Marc., I, 14-15.
-
-[311] Marc., XV, 43.
-
-[312] Juan, XII, 31; XIV, 30; XVI, 11. Comp. II Cor., IV, 4; Eph., II,
-2.
-
-[313] Juan, I, 10; VII, 7; XIV, 17, 22, 27; XV, 18 y sig.; XVI, 8, 20,
-33; XVII, 9, 14, 16, 25. La significacion de la palabra «mundo» está
-particularmente caracterizada en los escritos de Pablo y de Juan.
-
-[314] Math., XIX, 30; XX, 16; Marc., X, 31; Luc., XIII, 30.
-
-[315] Math., XIII, 24 y sig.
-
-[316] Math., XIII, 47 y sig.
-
-[317] Math., XIII, 31 y sig.; Marc., IV, 31 y sig.; Luc., XIII, 19 y
-sig.
-
-[318] Math., XIII, 33; Luc., XIII, 21.
-
-[319] Math., XIII entero; XVIII, 23 y sig.; Luc., XIII, 18 y sig.
-
-[320] Math., XXII, 30.
-
-[321] Ἀποκατάστασις πάντων. _Hech._, III, 21.
-
-[322] Math., XVII, 23-26; XXII, 16-22.
-
-[323] Juan, VI, 15.
-
-[324] Stobeo, _Florilegium_, cap. LXII, LXXVII, LXXXVI y sig.
-
-[325] Juan, VIII, 32 y sig.
-
-[326] _Hech._, III, 21.
-
-[327] _Apocal._, XXI, 1, 2, 5.
-
-[328] Las sectas miliarias de Inglaterra ofrecen el mismo contraste,
-esto es, la creencia en un próximo fin del mundo, y sin embargo, tienen
-un raro buen sentido en la práctica de la vida, una inteligencia
-extraordinaria para los negocios del comercio y de la industria.
-
-[329] Math., X, 17-18; Luc., XII, 11.
-
-[330] Math., V, 10 y sig.; X entero; Luc., VI, 22 y sig.; Juan, XV, 18
-y sig.; XVI, 2 y sig., 20, 23; XVII, 14.
-
-[331] Luc., XVI, 15.
-
-[332] Math., V, 3, 10; XVIII, 3; XIX, 14, 23-24; XXI, 31; XXII, 2 y
-sig.; Marc., X, 14-15, 23-25; Luc., IV, 18 y sig.; VI, 20; XVIII,
-16-17, 24-25.
-
-[333] Math., XI, 5.
-
-[334] Juan, XV, 19; XVII, 14, 16.
-
-[335] Véase el cap. XVII de San Juan, el cual expresa, si no un
-discurso verdadero pronunciado por Jesús, al ménos un sentimiento
-profundamente arraigado en sus discípulos, que sin duda procedia de
-Jesús.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO VIII
-
-[336] Luc., III, 23; evangelio de los Ebionim, en Epif., _Adv. hær._
-XXX, 13.
-
-[337] Juan, I, 37 y sig.
-
-[338] Ezeq., I, 5, 26 y sig.
-
-[339] Daniel, VII, 13-14. Comp. VIII, 15; X, 16.
-
-[340] En Juan, XII, 34, los judíos no parecen al corriente del sentido
-de esta palabra.
-
-[341] Libro de Henoch, XLVI, 1, 2, 3; XLVIII, 2, 3; LXII, 9, 14; LXX,
-1 (division de Dillmann); Math., X, 23; XIII, 41; XVI, 27-28; XIX, 28;
-XXIV, 27, 30, 37, 39, 44; XXV, 31; XXVI, 64; Marc. XIII, 26; XIV, 62;
-Luc., XII, 40; XVII, 24, 26, 30; XXI, 27, 36; XXII, 69; _Hech._, VII,
-55. Pero el pasaje más significativo es: Juan, V, 27; semejante al
-_Apocal._, I, 13; XIV, 14. La expresion «Hijo de la mujer» en lugar de
-Mesías se encuentra una vez en el libro de Henoch, LXII, 5.
-
-[342] Juan, V, 22, 27.
-
-[343] Esta denominacion aparece ochenta y tres veces en los evangelios,
-y siempre en los discursos de Jesús.
-
-[344] Verdad es que Tell-Hum, que ordinariamente se identifica con
-Capharnahum, ofrece algunos vestigios de hermosos monumentos. Pero esta
-identificacion es dudosa, y dichos monumentos son del siglo segundo y
-tercero despues de Jesús.
-
-[345] Math., IX, 1; Marc., II, 1.
-
-[346] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 1 y sig.; Luc., IV, 16 y sig.,
-23 y 24; Juan, IV, 44.
-
-[347] Marc., VI, 5; Math., XII, 58; Luc., IV, 23.
-
-[348] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig.
-
-[349] Luc. IV, 29. Probablemente se trata aquí de la roca á pico
-que está muy cerca de Nazareth, encima de la iglesia actual de los
-Maronitas, y no del pretendido _monte de la precipitacion_, distante
-media legua de Nazareth. V. Robinson, II, 335 y sig.
-
-[350] Math., IV, 13; Luc., IV, 31.
-
-[351] En Tell-Hum, Irbid (Arbela), Meiron (Mero), Jisch (Giscala),
-Kasyoun, Nabartein, dos en Kefr-Bereim.
-
-[352] No osaré aún decidir nada respecto á la edad de esos monumentos,
-ni afirmar por consiguiente que Jesús enseñase en alguno de ellos. En
-una hipótesis semejante, ¡cuán grande interes no ofreceria la sinagoga
-de Tell-Hum! Me parece la más antigua de todas la gran sinagoga de
-Kefr-Bereim, cuyo estilo es bastante puro. La de Kasyoun tiene una
-inscripcion griega del tiempo de Séptimo Severo. La importancia del
-judaismo en la alta Galilea, despues de la guerra de los romanos, hace
-creer que muchos de esos edificios no se remontan más allá del siglo
-tercero, época en la cual Tiberiade llegó á ser una especie de capital
-del judaismo.
-
-[353] II Esdras, VIII, 4; Math., XXIII, 6; Epist. Sant., II, 3;
-Mischna, _Megilla_, III, 1; _Rosch hasschana_, IV, 7, etc. Véase sobre
-todo la curiosa descripcion de la sinagoga de Alejandría en el Talmud
-de Babil., _Sukka_, 51 _b_.
-
-[354] Filon, citado en Eusebio, _Præp. evang._ VIII, 7, y _Quod omnis
-probus liber_, § 12; Luc., IV, 16; _Hech._, XIII, 15; XV, 21; Mischna,
-_Megilla_, III, 4 y sig.
-
-[355] Διάκονος. Marc., V, 22, 35 y sig.; Luc., IV, 20; VII, 3; VIII,
-41, 49; XIII, 14; _Hech._, XIII, 15; XVIII, 8, 17; _Apoc._, II, 1;
-Mischna, _Joma_, VII, 1; _Rosch hasschana_, IV, 9; Talm. de Jerus.,
-_Sanhedrin_, I, 7; Epif., _Adv. hær._, XXX, 4, 11.
-
-[356] Math., V, 25; X, 17; XXIII, 34; Marc., XIII, 9; Luc., XII, 11;
-XXI, 12; _Hech._, XXII, 19; XXVI, 11; _II Cor._, XI, 24; Mischna,
-_Maccoth_, III, 12; Talm. de Babil., _Megilla_, 7 _b_; Epif., _Adv.
-hær._, XXX, 11.
-
-[357] Math., XXIII, 6; Epist. Sant., II, 3; Talm. de Babil., _Sukka_,
-51 _b_.
-
-[358] Math., IV, 23; IX, 35; Marc., I, 21, 39; VI, 2; Luc., IV, 15, 16,
-31, 44; XIII, 10; Juan, XVIII, 20.
-
-[359] Luc., IV, 16 y sig. Comp. Mischna, _Joma_, VII, 1.
-
-[360] Math., VII, 28; XIII, 54; Marc., I, 22; VI, 1; Luc., IV, 22, 32.
-
-[361] La antigua Kinnereth habia desaparecido ó cambiado de nombre.
-
-[362] Estaba muy cerca de Tiberiade, Talm. de Jerus., _Maasaroth_, III,
-1; _Schebiit_, IX, 1; _Erubin_, V, 7.
-
-[363] Marc., VIII, 10. Comp. Math., XV, 39.
-
-[364] En el lugar nombrado _Khorazi_ ó _Bir-Kerazeh_, más allá de
-Tell-Hum.
-
-[365] La antigua hipótesis que identificaba á Tell-Hum con Capharnahum,
-tiene aún numerosos defensores. El mejor argumento en favor de ella
-es el nombre mismo de _Tell-Hum_. _Tell_ entra en la composicion del
-nombre de várias aldeas, y pudo muy bien reemplazar á _Caphar_. Por
-otra parte, es imposible encontrar cerca de Tell-Hum una fuente que
-corresponda á lo que dice Josefo (_B. J._, III, X, 8). La fuente de
-Capharnahum parece ser Ain-Medawara; pero Ain-Medawara está á la
-distancia de media legua del lago, miéntras que Capharnahum era una
-ciudad de pescadores sobre la orilla misma del mar (Math., IV, 13;
-Juan, VI, 17). Respecto á Bethsaida, la incertidumbre es todavía mayor;
-porque la hipótesis muy generalmente admitida de dos Bethsaidas, una
-sobre la orilla occidental, otra sobre la orilla oriental del lago,
-distantes una de otra cosa de tres leguas, tiene algo de raro.
-
-[366] La depresion del mar Muerto es del doble. Evaluacion del capitan
-Lynch, que concuerda con la del Sr. de Berton.
-
-[367] Adopto la opinion del Sr. Thompson (_The land and the Book_, II,
-34 y sig.), segun la cual la Gergesa de Matheo (VIII, 28), idéntica á
-la ciudad cananea de _Girgasch_ (_Gen._, X, 16; XV, 21; _Deut._, VII,
-1; _Josué_, XXIV, 11), pudiera ser el sitio nombrado ahora _Kersa_ ó
-_Gersa_, sobre la orilla oriental, casi en frente de Magdala. Márcos
-(V, 1) y Lúcas (VIII, 26) nombran _Gadara_ ó _Gerasa_ en lugar de
-_Gergesa_. _Gerasa_ es del todo imposible, puesto que los evangelistas
-dicen que la ciudad citada estaba cerca del lago y en frente de la
-Galilea. Respecto á Gadara, hoy dia _Om-Keis_, á una hora y media del
-lago y del Jordan, las particularidades locales suministradas por
-Márcos y Lúcas no convienen con ella. Se comprende fácilmente que
-_Gergesa_ se haya cambiado en _Gerasa_, nombre mucho más conocido, y
-que despues _Gadara_ haya sido adoptada en razon de las dificultades
-topográficas que ofrecia esa última lectura.--Oríg., _Comment. in
-Joann._, VI, 24; X, 10; Eusebio y San Jerónimo, _De situ et nomin. loc.
-heb._, á las voces Γεργεσά, Γεργάσει.
-
-[368] Math., XVI, 13; Marc., VIII, 27.
-
-[369] Math., XV, 21; Marc., VII, 24, 31.
-
-[370] Jos., _Ant._, XV, X, 3; _B. J._, I, XXI, 3; III, X, 7; Benjamin
-de Tudela, p. 46, ed. Asher.
-
-[371] Jos., _Ant._, XV, X, 3.
-
-[372] Lucianus (ut fertur), _De dea Syria_, 3.
-
-[373] Los vestigios de la rica civilizacion pagana de aquel tiempo
-cubren aún todo el Beled-Bescharrah, y particularmente las montañas que
-forman el cabo Blanco y el cabo Nakoura.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO IX
-
-[374] Math., IV, 18; Luc., V, 44 y sig.; Juan, I, 44; XXI, 1 y sig.;
-Jos., _B. J._, III, X, 7; Jacques de Vitri, en el _Gesta Dei per
-Francos_, I, p. 1075.
-
-[375] Math., IX, 1; Marc., II, 1-2.
-
-[376] Juan, I, 44.
-
-[377] Math., VIII, 14; Marc., I, 30; Luc., IV, 38; _I Cor._, IX, 5; _I
-Petr._, V, 13; Clem. Alej., _Strom._, III, 6; VII, 11; Pseud. Clem.,
-_Recogn._, VII, 25; Eusebio, _H. E._, III, 30.
-
-[378] Math., VIII, 14; XVII, 24; Marc., I, 29-31; Luc., IV, 38.
-
-[379] Juan, I, 40 y sig.
-
-[380] Math., IV, 18; Marc., I, 16; Luc., V, 3; Juan, XXI, 3.
-
-[381] Math., IV, 19; Marc., I, 17; Luc., V, 10.
-
-[382] Marc., I, 20; Luc., V, 10; VIII, 3; Juan, XIX, 27.
-
-[383] Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; XVI, 1.
-
-[384] Math., XXVII, 56-56; Marc., XV, 40-41; Luc. VII, 2-3; XXIII, 49.
-
-[385] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2; Cf. _Tobías_, III, 8; VI, 14.
-
-[386] Luc., VIII, 3; XXIV, 10.
-
-[387] Luc., VIII, 3.
-
-[388] Juan, I, 44 y sig.; XXI, 2. Admito la identificacion de Nathanael
-y del apóstol que figura en las listas bajo el nombre de _Bar-Tolomé_.
-
-[389] Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[390] Traduccion griega de Tomás.
-
-[391] Juan, XI, 16; XX, 24 y sig.
-
-[392] Math., X, 4; Marc., III, 18; Luc., VI, 15; _Hech._, I, 13; Evang.
-de los Ebion., en Epif., _Adv. hær._, XXX, 13.
-
-[393] Hoy dia _Kuryetein_ ó _Kereitein_.
-
-[394] La circunstancia relatada por Juan, XIX, 25-27, parece suponer
-que en ninguna época de la vida pública de Jesús se adhirieron á él sus
-propios hermanos.
-
-[395] Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; Juan, XIX, 25.
-
-[396] _Hech._, I, 14. Comp. Luc., I, 28; II, 35, implican ya una gran
-consideracion respecto á María.
-
-[397] Juan, XIX, 25 y sig.
-
-[398] Marc., III, 17; IX, 37 y sig.; X, 35 y sig.; Luc., IX, 49 y sig.,
-54 y sig.
-
-[399] Juan, XIII, 23; XVIII, 15 y sig.; XIX, 26-27; XX, 2, 4; XXI, 7,
-20 y sig.
-
-[400] Math., XVII, 1; XXVI, 37; Marc., V, 37; IX, 1; XIII, 3; XIV,
-33; Luc. IX, 28. La idea de que Jesús habia comunicado á esos tres
-discípulos una gnósis ó doctrina secreta se entendió desde muy
-temprano. Es cosa particular que Juan, en su evangelio, no haga mencion
-ni una sola vez de Santiago, su hermano.
-
-[401] Math., IV, 18-22; Luc., V, 10; Juan, XXI, 2 y sig.
-
-[402] Math., XVI, 28; XIV, 22; Marc., VIII, 32 y sig.
-
-[403] Parece haber vivido hasta el año 100. Véase su evangelio, XXI,
-15-23, y las antiguas autoridades recogidas por Eusebio, _H. E._, III,
-20, 23.
-
-[404] Segun las epístolas, que seguramente emanan del autor del cuarto
-evangelio.
-
-[405] No pretendemos, sin embargo, decidir si el Apocalípsis es de Juan.
-
-[406] La tradicion vulgar me parece bastante justificada sobre este
-punto. Por lo demás, es indudable que la escuela de Juan retocó su
-evangelio despues de él (véase todo el cap. XXI).
-
-[407] Math., XVIII, 4; XX, 25-26; XXIII, 8-12; Marc., IX, 34; X, 42-46.
-
-[408] Luc., V, 3.
-
-[409] Math., XVII, 23.
-
-[410] Math., XVI, 16-17.
-
-[411] Juan, VI, 68-70.
-
-[412] Math., X, 2; Luc., XXII, 32; Juan, XXI, 15 y sig.; _Hech._, I,
-II, V, etc.; _Gal._, I, 18; II, 7-8.
-
-[413] Math., XVI, 18; Juan, I, 42.
-
-[414] Math., XVI, 19. Verdad es que tambien se concedió (Math. XVIII,
-18) el mismo poder á todos los apóstoles.
-
-[415] Math., XVIII, 1 y sig.; Marc., IX, 33; Luc., IX, 46; XXII, 30.
-
-[416] Math., XX, 20 y sig.; Marc., X, 35 y sig.
-
-[417] Marc., X, 41.
-
-[418] Juan, XVIII, 15 y sig.; XIX, 26-27; XX, 2 y sig.; XXI, 7, 21.
-Comp. I, 35 y sig., donde el discípulo innominado debe ser Juan.
-
-[419] Math., IX, 9; X, 3; Marc., II, 14; III, 18; Luc., V, 27; VI, 15;
-_Hech._, I, 13. Evang. de los Ebionim, en Epif., _Adv. hær._, XXX, 13.
-Preciso es suponer, aunque el caso parezca raro, que esos dos nombres
-se aplicaron al mismo personaje. La narracion _Math._, IX, 9, concebida
-segun el modelo frecuente de las leyendas de vocaciones de apóstol,
-tiene, es verdad, algo de vago, y no pudo haber sido escrita por el
-apóstol mismo de quien se trata. Necesario es recordar que, en el
-evangelio actual de Matheo, la única parte que pertenece al apóstol son
-los Discursos de Jesús. (V. Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.)
-
-[420] Ciceron, _De provinc. consular._, 5; _Pro Plancio_, 9; Tác.,
-_Ann._, IV, 6; Plinio, _Hist. nat._, XII, 32; Apiano, _Bell. civ._, II,
-13.
-
-[421] Fué célebre hasta la época de las Cruzadas bajo el nombre de _Via
-maris_.--Isaías, IX, 1; Math., IV, 13-15; _Tobías_, I, 1. Creo que el
-camino tallado en la roca, cerca de Ain-et-Tin, formaba parte de él, y
-que desde allí se dirigia hácia el _puente de las hijas de Jacob_, como
-sucede hoy dia. Una parte de la ruta desde Ain-et-Tin hasta el puente
-es de construccion antigua.
-
-[422] Math., IX, 9 y sig.
-
-[423] Math., V, 46-47; IX, 10, 11; XI, 19; XVIII, 17; XXI, 31-32;
-Marc., II, 15-16; Luc., V, 30; VII, 34; XV, 1; XVIII, 11; XIX, 7;
-Luciano, _Necyomant._, II; Dio Chrys., orat. IV, p. 85; orat. XIV, p.
-269; Mischna, _Nedarim_, III, 4.
-
-[424] Mischna, _Baba Kama_, X, 1; Talm. de Jerus., _Demai_, II, 3;
-Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 25 _b_.
-
-[425] Luc., V, 29 y sig.
-
-[426] Juan, I, 48 y sig.
-
-[427] Juan, I, 42.
-
-[428] Juan, IV, 17 y sig.
-
-[429] Math., XVII, 3; Marc., IX, 3; Luc., IX, 30-31.
-
-[430] Math., IV, 11; Marc., I, 13.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO X
-
-[431] Math., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 39; Juan, VI, 19.
-
-[432] Juan, I, 51.
-
-[433] Math., XIII, 1-2; Marc., III, 9; IV, 1; Luc., V, 3.
-
-[434] Math., V, 3-10; Luc., VI, 20-25.
-
-[435] Llamados las Λόγια κυριακά. Papias, en Euseb., _H. E._, III, 39.
-
-[436] El apólogo, tal cual le hallamos _Jueces_, IX, 8 y sig.; _II
-Sam._, XII, 1 y sig., tiene solamente una semejanza de forma con
-la parábola evangélica. La profunda originalidad de ésta nace del
-sentimiento que la llena.
-
-[437] Segun la leccion de Lachmann y Tischendorf.
-
-[438] Math., VI, 19-21, 24-34; Luc., XII, 22-31, 33-34; XVI, 13. Comp.
-los preceptos _Luc._, X, 7-8, llenos del mismo sentimiento ingenuo, con
-Talm. de Babil., _Sota_, 48 _b_.
-
-[439] Math., XIII, 22; Marc., IV, 19; Luc., VIII, 14.
-
-[440] Math., VI, 11; Luc., XI, 3. Significacion de la palabra ἐπιούσιος.
-
-[441] Luc., XII, 33-34.
-
-[442] Luc., XII, 20.
-
-[443] Luc., XII, 16 y sig.
-
-[444] Jos., _Ant._ XVII, X, 4 y sig.; _Vita_, 11, etc.
-
-[445] _Hech._, IV, 32, 34-37; V, 1 y sig.
-
-[446] Math., XIII, 22; Luc., XII, 15 y sig.
-
-[447] Math., XIX, 21; Marc., X, 21 y sig., 29-30; Luc., XVIII, 22-23,
-28.
-
-[448] Math., XIII, 44-46.
-
-[449] Juan, XII, 6.
-
-[450] Luc., XVI, 1-14.
-
-[451] Véase el texto griego.
-
-[452] Luc., XVI, 19-25. Lúcas tiene una tendencia de comunismo muy
-marcada (Comp. VI, 20-21, 25-26), y yo creo que exageró ese pormenor de
-la enseñanza de Jesús. Los rasgos de las Λόγια de Matheo son bastante
-significativos.
-
-[453] Math., XIX, 24; Marc., X, 25; Luc., XVIII, 25. Esta locucion
-proverbial vuelve á hallarse en Talmud (Babil., _Berakoth_, 55 _b_;
-_Baba metsia_, 38 _b_) y en el Alcoran (Sur. VII, 38). Orígenes, así
-como los intérpretes griegos, ignorando el proverbio semítico, tradujo
-maroma (κάμιλος).
-
-[454] Math., XIII, 22.
-
-[455] Salm. CXXXII, 3.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XI
-
-[456] Math., XXII, 2 y sig.; Luc., XIV, 16 y sig.; Comp. Math., VIII,
-11-12; XXI, 33 y sig.
-
-[457] Luc., VI, 24-25.
-
-[458] Luc., XIV, 12-14.
-
-[459] Palabra conservada por una tradicion muy antigua y muy usada.
-Clem. de Alej., _Strom._, I, 28. Se encuentra de nuevo en Orígenes, San
-Jerónimo y en un gran número de Padres de la Iglesia.
-
-[460] Prov., XIX, 17.
-
-[461] Véase particularmente á Amós, II, 6; Isa., LXIII, 9; Salm. XXV,
-9; XXXVII, 11; LXIX, 33, y generalmente los diccionarios hebreos en las
-voces:
-
- אביון, דל, עני, ענו, חסיד, עשיר, הוללים, עריץ.‏‎
-
-[462] _Henoch_, cap. LXII, LXIII, XCVII, C, CIV.
-
-[463] _Henoch_, cap. XLVI, 4-8.
-
-[464] _Henoch_, cap. XCIX, 13, 14.
-
-[465] Julio Afric. en Eusebio, _H. E._, I, 7; Eus., _De situ et nom.
-loc. heb._, en la voz Χωβά; Oríg., _Contra Celso_, II, 1; V, 61; Epif.,
-_Adv. hær._, XXIX, 7, 9; XXX, 2, 18.
-
-[466] Orígenes, _Contra Celso_, II, 1; _De principiis_, IV, 22;
-Comp. Epif., _Adv. hær._, XXX, 17. Ireneo, Orígenes, Eusebio, las
-constituciones apostólicas ignoran la existencia de semejante
-personaje. El autor de _Philosophumena_ parece estar incierto (VII, 34,
-35; X, 22, 23). Tertuliano y Epifanio son los que propalaron la fábula
-de un _Ebion_. Por lo demás, todos los padres están de acuerdo sobre la
-etimología: Ἐβίων = πτωχός.
-
-[467] Epif., _Adv. hær._, XIX, XXIX, XXX, particularmente XXIX, 9.
-
-[468] Math., XI, 5; Luc., VI, 20-21.
-
-[469] Math., IX, 36; Marc., VI, 34.
-
-[470] Math., IX, 10 y sig.; Luc., XV, entero.
-
-[471] Math., IX, 11; Marc., II, 16; Luc., V, 30.
-
-[472] Math., IX, 12.
-
-[473] Luc., XV, 4 y sig.
-
-[474] Math., XVIII, 11; Luc., XIX, 10.
-
-[475] Math., IX, 13.
-
-[476] Luc., VII, 36 y sig. Lúcas, á quien gusta consignar todo lo que
-tiene relacion con el perdon de pecadores (Comp. X, 30 y sig.; XV
-entero; XVII, 16 y sig.; XIX, 2 y sig.; XXIII, 39-43), compuso esa
-narracion con los rasgos de otra historia, la de la uncion de los
-piés, que tuvo lugar en Bethania, algunos dias ántes de la muerte de
-Jesús. Pero el perdon de la pecadora era ciertamente uno de los rasgos
-esenciales de la vida anecdótica de Jesús.--Juan, VIII, 3 y sig.;
-Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[477] Luc., XIX, 2 y sig.
-
-[478] Math., XXI, 31-32.
-
-[479] Math., XXV, 1 y sig.
-
-[480] Marc., II, 18; Luc. V, 33.
-
-[481] Math., IX, 14 y sig.; Marc., II, 18 y sig.; Luc., V, 33 y sig.
-
-[482] Math., XI, 16 y sig.; Luc., VII, 34 y sig. Refran que significa:
-«La opinion de los hombres es ciega. La sabiduría de las obras de Dios
-se divulga por sí misma.» Leo ἔργων, como se halla en el manuscrito B.
-del Vaticano, y no τέκνων.
-
-[483] Math., XXI, 7-8.
-
-[484] Math., XIX, 13 y sig.; Marc., IX, 35; X, 13 y sig.; Luc., XVII,
-15-16.
-
-[485] _Ibid._
-
-[486] Math., XXVI, 7 y sig.; Marc., XIV, 3 y sig.; Luc., VII, 37 y sig.
-
-[487] Evangelio de Marcion, adicion al v. 2 del cap. XXIII de Lúcas
-(Epif., _Adv. hær._, XLII, 11). Si las supresiones de Marcion no tienen
-valor crítico, no sucede lo mismo con sus adiciones cuando dimanan, no
-de propósito fijo, sino del estado de los manuscritos de que hacia uso.
-
-[488] Grito proferido durante la procesion de la fiesta de los
-Tabernáculos, agitando ramas de palmera. Mischna, _Sukka_, III, 9. Esta
-costumbre existe todavía entre los Israelitas.
-
-[489] Math., XI, 15-16.
-
-[490] Math., XVIII, 5, 10, 14; Luc., XVII, 2.
-
-[491] Math., XIX, 14; Marc., X, 14; Luc., XVIII, 16.
-
-[492] Math., XVIII, 1 y sig.; Marc., IX, 33 y sig.; Luc., IX, 46.
-
-[493] Marc., X, 15.
-
-[494] Math., XXI, 25; Luc., X, 21.
-
-[495] Math., X, 42; XVIII, 5, 14; Marc., IX, 36; Luc., XVII, 2.
-
-[496] Math., XVIII, 4; Marc., IX, 33-36; Luc., IX, 46-48.
-
-[497] Luc., XXII, 30.
-
-[498] Marc., X, 37, 40-41.
-
-[499] Luc., XXIII, 43; _II Cor._, XII, 4. Comp. _Carm. Sibyll._, prœm.,
-76; Talm. de Babil., _Chagiga_, 14 _b_.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XII
-
-[500] Math., XI, 2 y sig.; Luc., VII, 18 y sig.
-
-[501] Math., IX, 14 y sig.
-
-[502] Math., XIV, 4 y sig.; Marc., VI, 18 y sig.; Luc., III, 19.
-
-[503] Jos., _De bello Jud._, VII, VI, 2.
-
-[504] Math., XIV, 3 y sig.; Marc., VI, 14-29; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2.
-
-[505] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1-2.
-
-[506] Math., XIV, 12.
-
-[507] Math., XIV, 13.
-
-[508] Math., XIV, 15 y sig.; Marc., VI, 35 y sig.; Luc., IX, 11; Juan,
-VI, 2 y sig.
-
-[509] Math., XI, 7 y sig.; Luc., VII, 24 y sig.
-
-[510] Math., XI, 12-13; Luc., XVI, 16.
-
-[511] Malaquías, III y IV; _Eccles._, XLVIII, 10.
-
-[512] Math., XI, 14; XVII, 10; Marc., VI, 15; VIII, 28; IX, 10 y sig.;
-Luc., IX, 8, 19.
-
-[513] Math., XVI, 14.
-
-[514] II Macab., XV, 13 y sig.
-
-[515] Textos citados por Anquetil-Duperron, _Zend-Avesta_, I, 2.ª
-part., p. 46, rectificados por Spiegel, en la _Zeitschrift der
-Deutschen Morgenländischen Gesellschaft_, I, 261 y sig.; extractos
-del _Jamasp-Nameh_, en el _Avesta_ de Spiegel, I, p. 34. Ninguno de
-los textos parsis que implican verdaderamente la idea de profetas
-resucitados y precursores tienen antigüedad; pero las ideas contenidas
-en esos textos parecen muy anteriores á la época de su redaccion.
-
-[516] _Apoc._, XI, 3 y sig.
-
-[517] Marc., IX, 10.
-
-[518] Math., XI, 14; XVII, 10-13; Marc., VI, 15; IX, 10-12; Luc., IX,
-8; Juan, I, 21-25.
-
-[519] Luc., I, 17.
-
-[520] Math., XXI, 32; Luc., VI, 29-30.
-
-[521] _Hech._, XIX, 4.
-
-[522] Luc., I.
-
-[523] Math., III, 14 y sig.; Luc., III, 16; Juan, I, 15 y sig.; V, 32,
-33.
-
-[524] Math., XI, 2 y sig.; Luc., VII, 18 y sig.
-
-[525] _Hech._, XVIII, 25; XIX, 1-5.--Epif., _Adv. hær._, XXX, 16.
-
-[526] ¿Sería pues el Bunai que el Talmud incluye (Bab., _Sanhedrin_, 43
-_a_) en el número de los discípulos de Jesús?
-
-[527] Hegesip., en Eusebio, _H. E._, II, 23.
-
-[528] _Evang._, I, 26, 33; IV, 2, _I Epist._, V, 6.--_Hech._, X, 47.
-
-[529] La palabra _Sabiens_ es el equivalente arameo de la palabra
-«Bautistas.» _Mogtasila_ tiene en árabe el mismo significado.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XIII
-
-[530] Sin embargo, los sinópticos aluden vagamente á esos viajes
-(Math., XXIII, 37; Luc., XIII, 34). Conocen tan bien como Juan la
-relacion de Jesús con José de Arimathea. El mismo Lúcas (X, 38-42)
-conoce la familia de Bethania. Lúcas (IX, 51-54) tiene un conocimiento
-vago del sistema del cuarto evangelio respecto á los viajes de Jesús.
-Algunos discursos contra los Fariseos y los Saduceos, colocados por
-los sinópticos en Galilea, no pueden tener sentido si no se colocan en
-Jerusalen. Por último, el espacio de ocho dias es demasiado corto para
-explicar todo lo que pasó en aquella ciudad desde la llegada de Jesús
-hasta su muerte.
-
-[531] Dos peregrinaciones están claramente designadas (Juan, II, 13;
-V, 1), sin contar el último viaje (VII, 10), despues del cual Jesús
-no volvió más á Galilea. El primero se habia efectuado cuando Juan
-bautizaba aún. Por consiguiente, perteneceria á la pascua del año 29.
-Pero las circunstancias que se refieren como de ese viaje son de una
-época más avanzada (Comp. Juan, II, 14 y sig.; y Math., XXI, 12-13;
-Marc., XI, 15-17; Luc., XIX, 45-46). Evidentemente hay trasposiciones
-de fechas en estos capítulos de Juan, ó más bien habrá mezclado el
-autor las circunstancias de distintos viajes.
-
-[532] Puede juzgarse por el del Talmud, eco de la escolástica judía de
-aquel tiempo.
-
-[533] Salm. LXXXIV (vulg. LXXXIII), 11.
-
-[534] Math., XXVI, 73; Marc., XIV, 70; _Hech._, II, 7; Talm. de Babil.,
-_Erubin_, 53 _a_ y sig.; Bereschith rabba, 26 _c_.
-
-[535] Juan, VII, 52.
-
-[536] Isa., IX, 1-2; Math., IV, 13 y sig.
-
-[537] Juan, I, 46.
-
-[538] Sepulcros llamados de los Jueces, de los Reyes, de Absalon, de
-Zacarías, de Josaphat, de Santiago. Comp. la descripcion del sepulcro
-de los Macabeos en Modin (_I Mac._, XIII, 27 y sig.).
-
-[539] Math., XXIII, 27, 29; XXIV, 1 y sig.; Marc., XIII, 1 y sig.;
-Luc., XIX, 44; XXI, 5 y sig. Comp. _Libro de Henoch_, XCVII, 13-14.
-Talm. de Babil., _Schabbath_, 33 _b_.
-
-[540] Jos., _Ant._, XV, XI, 5, 6.
-
-[541] Jos., _Ant._, XX, IX, 7; Juan, II, 20.
-
-[542] Math. XXIV, 2; XXVI, 61; XXVII, 40; Marc., XIII, 2; XIV, 58; XV,
-29; Luc., XXI, 6; Juan, II, 19-20.
-
-[543] Es indudable que el templo y su recinto ocuparon el sitio de la
-Mezquita de Omar y del _haram_, ó Patio Sagrado que rodea la Mezquita.
-El terraplen del haram en algunas de sus partes, y particularmente
-donde van á llorar los judíos, forma el basamento del templo de Heródes.
-
-[544] Luc., II, 46 y sig.; Mischna, _Sanhedrin_, X, 2.
-
-[545] Suet., _Aug._, 93.
-
-[546] Filon, _Legatio ad Caium_, § 31; Jos., _B. J._, V, V, 2; VI, II,
-4; _Hech._, XXI, 28.
-
-[547] Todavía se ven en la parte septentrional del haram vestigios
-considerables de la torre Antonia.
-
-[548] Mischna, _Berakoth_, IX, 5; Talm. de Babil., _Jebamoth_, 6 _b_;
-Marc., XI, 16.
-
-[549] Jos., _B. J._, II, XIV, 3; VI, XI, 3. Comp. Salm. CXXXIII (Vulg.
-CXXXII).
-
-[550] Marc., XI, 16.
-
-[551] Math., XXI, 12 y sig.; Marc., XI, 15 y sig.; Luc., XIX, 45 y
-sig.; Juan, II, 14 y sig.
-
-[552] _Itin. a Burdig. Hierus._, p. 152 (ed. Schott); San Jerónimo, en
-Is. II, 8, y en Math., XXIV, IV, 15.
-
-[553] Ammiano Marcelino, XXIII, 1.
-
-[554] Eutiquio, _Ann._, II, 286 y sig. (Oxford, 1659).
-
-[555] Jos., _Ant._, XI, III, 1, 3.
-
-[556] Jos., _Ant._, XVIII, II.
-
-[557] _Hech._, IV, 1 y sig.; V, 17; Jos., _Ant._, XX, IX, 1; _Pirké
-Aboth_, I, 10.
-
-[558] Jos., _Ant._, XV, IX, 3; XVII, VI, 4; XIII, 1; XVIII, I, 1; II,
-1; XIX, VI, 2; VIII, 1.
-
-[559] Este nombre no se halla más que en los documentos judíos. Creo
-que los «Herodianos» del evangelio han de ser los _Boethusim_.
-
-[560] Tratado _Aboth Nathan_, 5; _Soferim_, III, hal. 5; Mischna,
-_Menachoth_, X, 3; Talm. de Babil., _Schabbath_, 118 _a_. El nombre de
-los _Boethusim_ se cambia muchas veces en los libros talmúdicos con el
-de saduceos, ó bien con la voz _Minim_ (heréticos). Comp. Thosiphta
-_Joma_, 1, con el Talm. de Jer., igual tratado, I, 5, y Talm. de
-Babil., igual tratado, 19 _b_; Thos. _Sukka_, III, con el Talm. de
-Babil., igual tratado. Thos. _Menachoth_, X, con Mischna, X, 3, etc.
-
-[561] Parece que se trata de él en el Talmud. Talm. de Babil.,
-_Taanith_, 20 _a_; _Gittin_, 56 _a_; _Kethuboth_, 66 _b_; tratado
-_Aboth Nathan_, VII; Midrasch rabba, _Eka_, 64 _a_. El pasaje _Taanith_
-le identifica con Bunai, el cual segun _Sanhedrin_ era discípulo de
-Jesús. Pero si Bunai es el Banú de Josefo, esa semejanza no tiene valor
-ninguno.
-
-[562] Juan, III, 1 y sig.; VII, 50. Es de creer que el texto mismo de
-la plática no es más que una creacion de Juan.
-
-[563] Juan, VII, 50 y sig.
-
-[564] Juan, XIX, 39.
-
-[565] Mischna, _Baba metsia_, V, 8; Talm. de Babil., _Sota_, 49 _b_.
-
-[566] Talm. de Jer., _Berakoth_, IX, 2.
-
-[567] _Hech._, V, 34 y sig.
-
-[568] _Hech._, XXII, 3.
-
-[569] _Orac. sib._, I, III, 573 y sig.; 756-58. Comp. el Targum de
-Jonathan, ls., XII, 3.
-
-[570] Luc., XVI, 16. El pasaje de Matheo, XI, 12-13, tiene ménos
-claridad, mas no puede tomarse en otro sentido.
-
-[571] Math., V, 17-18 (Talm. de Babil., _Schabbath_, 116 _b_); no
-es contradictorio este pasaje con aquellos en que está implicada la
-abolicion de la Ley. Significa solamente que todas las imágenes del
-Antiguo Testamento se cumplieron en Jesús.--Luc., XVI, 17.
-
-[572] Luc., V, 36 y sig.
-
-[573] Luc., XIX, 9.
-
-[574] Math., XXIV, 14; XXVIII, 19; Marc., XIII, 10; XVI, 15; Luc.,
-XXIV, 47.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XIV
-
-[575] Math., XV, 9.
-
-[576] Math., IX, 14; XI, 19.
-
-[577] Math., V, 23 y sig.; IX, 13; XII, 7.
-
-[578] Math., XXII, 37 y sig.; Marc., XII, 28 y sig.; Luc., X, 25 y sig.
-
-[579] Math., III, 15; _I Cor._, I, 17.
-
-[580] Math., VII, 21; Luc. VI, 46.
-
-[581] Math., XV, 8; Marc., VII, 6;--Isa., XXIX, 13.
-
-[582] Véase particularmente el tratado _Schabbath_ de la _Mischna_ y el
-_libro de los Jubileos_ (traducido del etiope en los _Jahrbücher_ de
-Ewald, años 2 y 3), C. L.
-
-[583] Jos., _B. J._, VII, V, 1; Plinio, _H. N._, XXXI, 18.--Thompson,
-_The land and the Book_, I, 406 y sig.
-
-[584] Math., XII, 1-14; Marc., II, 23-28; Luc., VI, 1-5; XIII, 14 y
-sig.; XIV, 1 y sig.
-
-[585] Math., XII, 34; XV, 1 y sig., 12 y sig.; XXIII entero; Marc.,
-VII, 1 y sig., 15 y sig.; Luc., VI, 45; XI, 39 y sig.
-
-[586] Creo que los paganos de Galilea se hallaban particularmente en
-las fronteras, en Kadés, por ejemplo; pero que, á excepcion de la
-ciudad de Tiberiade, todo el interior del país era judío. La línea
-donde acaban las ruinas de templos y donde principian las ruinas de
-sinagogas está hoy dia claramente marcada á la altura del lago Huleh
-(Samachonitis). Los vestigios de escultura pagana que algunos han
-creido hallar en Tell-Hum son dudosos. La costa, y en particular la
-ciudad de Acre, no formaban parte de la Galilea.
-
-[587] _Sabiduría_, cap. 13 y sig.
-
-[588] Math., XX, 25; Marc., X, 42; Luc., XXII, 25.
-
-[589] Math., VIII, 5 y sig.; XV, 22 y sig.; Marc., VII, 25 y sig.;
-Luc., IV, 25 y sig.
-
-[590] Math., XXI, 41; Marc., XII, 9; Luc., XX, 16.
-
-[591] Isa., II, 2 y sig.; LX; Amós, IX, 11 y sig.; Jerem., III, 17;
-Malach., I, 11; _Tobías_, XIII, 13 y sig. _Orac. sibyl._, III, 715 y
-sig. Comp. Math., XXIV, 14; _Hech._, XV, 15 y sig.
-
-[592] Math., VIII, 11-12; XXI, 33 y sig.; XXII, 1 y sig.
-
-[593] Math., VII, 6; X, 5-6; XV, 24; XXI, 43.
-
-[594] Math., V, 46; VI, 7, 32; XVIII, 17; Luc., VI, 32 y sig.; XII, 30.
-
-[595] Math., XII, 30; Marc., IX, 39; Luc., IX, 50; XI, 23.
-
-[596] Josefo lo afirma de una manera formal. (_Ant._, XVIII, III, 3).
-Comp. Juan, VII, 35; XII, 20-21.
-
-[597] Talm. de Jer., _Sota_, VII, 1.
-
-[598] Véase particularmente Juan, VII, 35; XII, 20; _Hech._, XIV, 1;
-XVII, 4; XVIII, 4; XXI, 28.
-
-[599] Juan, XII, 20; _Hech._, VIII, 27.
-
-[600] Mischna, _Baba metsia_, IX, 12; Talm. de Babil., _Sanh._ 56 _b_;
-_Hech._, VIII, 27; X, 2, 22, 35; XIII, 16, 26, 43, 50; XVI, 14; XVII,
-4, 17; XVIII, 7; _Galat._, II, 3; Jos., _Ant._, XIV, VII, 2.
-
-[601] _Eccles._, L, 27-28; Juan, VIII, 48; Jos., _Ant._, IX, XIV, 3;
-XI, VIII, 6; XII, V, 5; Talm. de Jer., _Aboda zara_, V, 4; _Pesachim_,
-I, 1.
-
-[602] Math., X, 5; Luc., XVII, 18. Comp. Talm. de Babil., _Cholin_, 6
-_a_.
-
-[603] Math., X, 5-6.
-
-[604] Luc., IX, 53.
-
-[605] Luc., IX, 56.
-
-[606] Juan, IV, 39-43.
-
-[607] Luc., XVII, 16 y sig.
-
-[608] Luc., X, 30 y sig.
-
-[609] Hoy dia Napluse.
-
-[610] Luc., IX, 53; Juan, IV, 9.
-
-[611] Mischna, _Schebiit_, VIII, 10.
-
-[612] Jos., _Ant._, XX, V, 1; _B. J._, II, XII, 3; _Vita_, 52.
-
-[613] Juan, IV, 21-23. El versículo 22, á lo ménos el último párrafo
-que expresa un pensamiento opuesto al de los versículos 21 y 23,
-parece haber sido interpolado. No se debe insistir demasiado sobre la
-realidad histórica de semejante plática, en razon á que sólo Jesús ó su
-interlocutora pudieron relatarla. Pero la anécdota del cap. IV de Juan
-representa ciertamente uno de los pensamientos más íntimos de Jesús, y
-muchas circunstancias de la narracion tienen un carácter peculiar de
-verdad.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XV
-
-[614] Las indecisiones de los discípulos inmediatos de Jesús, de los
-cuales una fraccion numerosa permaneció adicta al judaismo, pudieran
-dar lugar á algunas objeciones. Pero el proceso de Jesús no deja
-ninguna duda. Veremos que en él fué tratado como «corruptor.» El
-Talmud da el procedimiento seguido contra él, como ejemplo del que
-se debe seguir contra los «corruptores» que quieren derribar la Ley
-de Moisés (Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XIV, 16; Talm. de Babil.,
-_Sanhedrin_, 43 _a_, 67 _a_).
-
-[615] Math., XI, 12; Luc., XVI, 16.
-
-[616] Es verdad que algunos doctores, como Hillel, Gamaliel, se nos
-presentan como pertenecientes á la raza de David. Pero son alegaciones
-muy dudosas. Si la familia de David formaba un grupo distinto de cierta
-notoriedad, ¿cómo es que en las grandes luchas del tiempo no se la
-ve nunca figurar al lado de los Sadokitas, de los Boethuses, de los
-Asmoneos, de los Heródes?
-
-[617] Math., II, 5-6; XXII, 42; Luc., I, 32; Juan, VII, 41-42; _Hech._,
-II, 30.
-
-[618] Math., IX, 27; XII, 23; XV, 22; XX, 30-31; Marc., X, 47, 57;
-Luc., XVIII, 38.
-
-[619] Math., I, 1 y sig.; Luc., III, 23 y sig.
-
-[620] Math., II, 1 y sig.; Luc., II, 1 y sig.
-
-[621] Las dos genealogías no concuerdan entre sí y se hallan poco
-conformes con las listas del Antiguo Testamento. La narracion de Lúcas
-sobre el empadronamiento de Quirino implica un anacronismo (véase
-la nota 83 del cap. II). Natural era que la leyenda se apoderase de
-esa circunstancia. Los empadronamientos sorprendian á los judíos,
-trastornaban sus ideas mezquinas, y el recuerdo les duraba mucho
-tiempo.--_Hech._, V, 37.
-
-[622] Supone Julio el Africano (en Eusebio, _H. E._, I, 7) que fueron
-los parientes de Jesús los que, refugiados en la Batanea, ensayaron
-recomponer las genealogías.
-
-[623] Los _Ebionim_, los «Hebreos», los «Nazarenos», Taciano,
-Marcion.--Epif., _Adv. hær._, XXIX, 9; XXX, 3, 14; XLVI, 1; Teodoreto,
-_Hæret. fab._, I, 20; Isidoro de Pelusio, _Epist._, I, 371, ad
-Pansophium.
-
-[624] Math., I, 22-23.
-
-[625] Génesis, I, 2. Respecto á la idea análoga entre los egipcios,
-véase Herodoto, III, 28; Pomp. Mela, I, 9; Plutarco, _Quæst. symp._,
-VIII, I, 3; _de Isid. et Osir._, 43.
-
-[626] Math., I, 15, 23; Isa., VII, 14 y sig.
-
-[627] Math., II, 1 y sig.
-
-[628] Luc., II, 25 y sig.
-
-[629] La leyenda de la Degollacion de los Inocentes se refiere
-probablemente á alguna crueldad cometida por Heródes en las cercanías
-de Bethlehem. Comp. Jos., _Ant._, XIV, IX, 4.
-
-[630] Math., I y II; Luc., I y II; S. Justin, _Dial. cum Tryph._, 78,
-106; _Protevang. de Santiago_ (apóc.), 18 y sig.
-
-[631] Ciertos pasajes, como _Hech._, II, 22, la desechan completamente.
-
-[632] Math., XIX, 17; Marc., X, 18; Luc., XVIII, 19.
-
-[633] Juan, V, 18 y sig.; X, 33 y sig.
-
-[634] Juan, XIV, 28.
-
-[635] Marc., XIII, 35.
-
-[636] Math., V, 9, 45; Luc., III, 38; VI, 35; XX, 36; Juan, I, 12-13;
-X, 34-35. Comp. _Hech._, XVII, 28-29; _Rom._, VIII, 14, 19, 21; IX,
-26; _II Cor._, VI, 18; _Galat._, III, 26, y en el antiguo testamento,
-_Deuter._, XIV, 1, y particularmente _Sabiduría_, II, 13, 18.
-
-[637] Luc., XX, 36.
-
-[638] _Gen._, VI, 2; _Job._, I, 6; II, 1; XXVIII, 7; Sal. II, 7;
-LXXXII, 6; _II Sam._, VII, 14.
-
-[639] El hijo del diablo (Math., XIII, 38; _Hech._, XIII, 10); los
-hijos de este siglo (Marc., III, 17; Luc., XVI, 8; XX, 34); los hijos
-de la luz (Luc., XVI, 8; Juan, XII, 36); los hijos de la resurreccion
-(Luc., XX, 36); los hijos del reino (Math., VIII, 12; XIII, 38); los
-hijos del esposo (Math., IX, 15; Marc., II, 19; Luc., V, 34); los hijos
-de la gehenna (Math., XXIII, 15); los hijos de la paz (Luc., X, 6);
-recordemos que el Júpiter del paganismo es πατὴρ ἀνδρῶν τε θεῶν τε.
-
-[640] Comp. _Hech._, XVII, 28.
-
-[641] Math., XVIII, 20; XXVIII, 20.
-
-[642] Juan, X, 30; XVII, 21. Véanse en general los últimos discursos
-de Juan (cap. XVII), que expresan muy bien la naturaleza del estado
-psicológico de Jesús, aunque no deban considerarse como verdaderos
-documentos históricos.
-
-[643] Los pasajes en apoyo de estos títulos son demasiado numerosos
-para ser citados.
-
-[644] Solamente en el evangelio de Juan se sirve Jesús de la expresion
-de «Hijo de Dios» ó de «Hijo», como sinónimo del pronombre _yo_.
-
-[645] Math., XII, 8; Luc., VI, 5.
-
-[646] Math., XI, 27.
-
-[647] Juan, V, 22.
-
-[648] Math., XVII, 18-19; Luc., XVII, 6.
-
-[649] Math., IX, 8.
-
-[650] Math., IX, 2 y sig.; Marc., II, 5 y sig.; Luc., V, 20; VII, 47-48.
-
-[651] Math., XII, 41-42; XXII, 43 y sig.; Juan, VIII, 52 y sig.
-
-[652] Véase Juan, XIV y sig.; pero es dudoso que tengamos aquí la
-enseñanza auténtica de Jesús.
-
-[653] Filon, citado en Eusebio, _Præp. evang._, VII, 13.
-
-[654] Filon, _De mig. Abraham_, § 1; _Quod Deus immut._, § 6; _De
-confus. ling._, §§ 14, 28; _De profugis_, § 20; _De somniis_, I, § 37;
-_De agric. Noe_, § 12; _Quis rerum divin. hæres_, § 25 y sig., 48 y
-sig., etc.
-
-[655] Μετάθρονος, es decir, partícipe del trono de Dios; especie de
-secretario divino, que lleva cuenta y razon de los méritos y deméritos;
-_Bereschith Rabba_, V, 6 _c_; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 38 _b_;
-_Chagiga_, 15 _a_; Targum de Jonathan, _Gen._, V, 24.
-
-[656] La teoría del Λόγος no contiene elementos griegos. Las semejanzas
-que han querido darle con el _Honover_ de los Parsis no tienen
-tampoco fundamento. El _Minokhired_ ó «Inteligencia divina» tiene
-alguna analogía con el Λόγος judío (véanse los fragmentos del libro
-intitulado _Minokhired_ en Spiegel, _Parsi-Gramatik_, p. 161-162). Pero
-el desarrollo de la doctrina _Minokhired_ entre los Parsis es moderno
-y puede implicar una influencia extranjera. La «Inteligencia divina»
-(_Mainyu-Khratû_) figura en los libros zendos, mas no sirve de base
-á una teoría; entra solamente en algunas invocaciones. Pueden tener
-algun valor las analogías ensayadas entre la teoría alejandrina del
-Verbo y algunos puntos de la teología egipcia. Pero nada indica que,
-en los siglos que precedieron la era cristiana, recibiese el judaismo
-palestino algunos elementos de Egipto.
-
-[657] _Hech._, VIII, 10.
-
-[658] _Sabiduría_, IX, 1-2; XVII, 12; Comp. VII, 12; VIII, 5 y sig.; IX
-y generalmente, IX-XI. Estas prosopopeyas de la Sabiduría personificada
-se encuentran en libros mucho más antiguos. _Prov._, VIII, IX; _Job._,
-XXVIII.
-
-[659] Juan, Evang., I, 1-14; I Epist., V, 7; _Apocal._, XIX, 13. Se
-notará que, en el evangelio de Juan, la palabra «Verbo» no aparece sino
-en el prólogo y que jamás el narrador la coloca en boca de Jesús.
-
-[660] _Hech._, X, 42.
-
-[661] Math., XXVI, 64; Marc., XVI, 19; Luc., XXII, 69; _Hech._, VII,
-55. Véase la nota 655.
-
-[662] Math., X, 5. Comparado con XXVIII, 19.
-
-[663] Math., 26, 39; Juan, XII, 27.
-
-[664] Marc., XIII, 32.
-
-[665] Math., XII, 14-16; XIV, 13; Marc., III, 6-7; IX, 29-30; Juan,
-VII, 1 y sig.
-
-[666] Math., II, 20.
-
-[667] Math., XVII, 20; Marc., IX, 25.
-
-[668] Luc., VIII, 45-46; Juan, XI, 33, 38.
-
-[669] _Hech._, II, 22.
-
-[670] Math., XIV, 2; XVI, 14; XVII, 3 y sig.; Marc., VI, 14-15; VIII,
-28; Luc., IX, 8 y sig., 19.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XVI
-
-[671] Math., I, 22; II, 5-6, 15, 18; IV, 15.
-
-[672] Math., I, 23; IV, 6, 14; XXVI, 31, 54, 56; XXVII, 9, 35; Marc.,
-XIV, 27; XV, 28; Juan, XII, 14-15; XVIII, 9; XIX, 19, 24, 28, 36.
-
-[673] Juan, VII, 34; _IV Esdras_, XIII, 50.
-
-[674] _Hech._, VIII, 9 y sig.
-
-[675] Véase su biografía por Filóstrato.
-
-[676] Véanse las Vidas de los sofistas, por Eunapio; vida de Plotino,
-por Porfirio; la de Proclo, por Marino; la de Isidoro, atribuida á
-Damascio.
-
-[677] Math., XVII, 19; XXI, 21-22; Marc., XI, 23-24.
-
-[678] Math., IX, 8.
-
-[679] Luc., VIII, 45-46; Juan, 33, 38.
-
-[680] _Hech._, II, 2 y sig.; IV, 31; VIII, 15 y sig.; X, 44 y sig.
-Durante cerca de un siglo los apóstoles y sus discípulos no sueñan
-más que milagros. Véanse los _Hechos_, los escritos de San Pablo, los
-extractos de Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39, etc. Comp.
-Marc., III, 15; XVI, 17-18, 20.
-
-[681] Juan, V, 14; IX, 1 y sig., 34.
-
-[682] Math., IX, 32-33; XII, 22; Luc., XIII, 11, 16.
-
-[683] Luc., VIII, 45-46.
-
-[684] Luc., IV, 40.
-
-[685] Math., XI, 5; XV, 30-31; Luc. IX, 1-2, 6.
-
-[686] _Vendidad_, XI, 26; _Yaçna_, X, 18.
-
-[687] _Tobías_, III, 8; VI, 14; Talm. de Babil., _Gittin_, 68 _a_.
-
-[688] Comp. Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2; _Evangelio de la infancia_,
-16, 33; Código siriaco publicado en las _Anecdota syriaca_ por el Sr.
-Land, I, p. 152.
-
-[689] Jos., _Bell. jud._, VII, VI, 3; Luciano, _Philopseud._, 16;
-Filóstrato, _Vida de Apol._, III, 38; IV, 20; Areteo, _De causis morb.
-chron._, I, 4.
-
-[690] Math., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16, 24; Luc., XI, 14.
-
-[691] _Tobías_, VIII, 2-3; Math., XII, 27; Marc., IX, 38; _Hech._,
-XIX, 13; Jos., _Ant._, VIII, II, 5; Justino, _Dial. cum Tryph._, 85;
-Luciano, Epigr. XXIII (XVII Dindorf).
-
-[692] Math., XVII, 20; Marc., IX, 24 y sig.
-
-[693] Math., VIII, 28; IX, 34; XII, 43 y sig.; XVII, 14 y sig., 20;
-Marc., V, 1 y sig.; Luc., VIII, 27 y sig.
-
-[694] Esa frase, _Dæmonium habes_ (Math., XI, 18; Luc., VII, 33; Juan,
-VII, 20; VIII, 48 y sig.; X, 20 y sig.), debe traducirse por «tú estás
-loco», como se diria en árabe: _Medjnoun enté_. El verbo δαιμονᾷν
-siempre tuvo en la antigüedad clásica la significacion de «estar loco.»
-
-[695] Math., XII, 39; XVI, 4; XVII, 16; Marc., VIII, 17; Luc., IX, 41.
-
-[696] Math., VIII, 4; IX, 30-31; XII, 16; Marc., I, 44; VII, 24 y sig.;
-VIII, 26.
-
-[697] Marc., I, 24-25, 34; III, 12; Luc., IV, 41.
-
-[698] Math., XVII, 16; Marc., IX, 18; Luc., IX, 41.
-
-[699] Math., XII, 38 y sig.; XVI, 1 y sig.; Marc., VIII, 11.
-
-[700] Jos., _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[701] Papias en Eus., _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[702] Marc., IV, 40; V, 15, 17, 33, 36; VI, 50; X, 32.--Math., VIII,
-27, 34; IX, 8; XIV, 27; XVII, 6-7; XXVIII, 5, 10; Luc., IV, 36; V, 17;
-VIII, 25, 35, 37; IX, 34. El evangelio apócrifo llamado de Tomás el
-Israelita lleva este rasgo hasta el absurdo. Comp. los _Milagros de la
-infancia_, en Thilo, _Cod. apocr. N. T._, p. CX, nota.
-
-[703] _Hysteria muscularis_ de Schönlein.
-
-[704] Math., XIV, 1; Marc., VI, 14; Luc., IX, 7; XXIII, 8.
-
-[705] Math., VIII, 34; Marc., V, 17; VIII, 37.
-
-[706] Juan, VI, 14-15.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XVII
-
-[707] Juan, V, 1; VII, 2. Adoptamos el sistema de Juan, segun el
-cual la vida pública de Jesús duró tres años. Los sinópticos, por el
-contrario, agrupan todos los hechos en el espacio de un año.
-
-[708] Luc., XII, 13-14.
-
-[709] Math., XIX, 28.
-
-[710] Math., XXIV, 3 y sig.; Marc., XIII, 4 y sig.; Luc., XVII, 22 y
-sig.; XXI, 7 y sig. Es de notar que la pintura del fin de los tiempos
-atribuida á Jesús por los sinópticos contiene muchos rasgos que se
-refieren al sitio de Jerusalen. Lúcas escribia algun tiempo despues de
-aquel sitio (XXI, 9, 20, 24). Por el contrario, la redaccion de Matheo
-(XXVI, 15, 16, 22, 29) nos lleva exactamente al momento del sitio ó
-muy poco despues. Sin embargo, es indudable que Jesús anunció grandes
-terrores que debian preceder á su reaparicion. Esos terrores formaban
-parte de todos los apocalípsis judíos. _Henoch_, XCIX-C, CII, CIII
-(division de Dillmann); _Carm. sibyll._, III, 334 y sig.; 633 y sig.;
-IV, 168 y sig.; V, 511 y sig. Segun Daniel, el reino de los santos
-vendria despues que la desolacion hubiese llegado á su colmo (VII, 25;
-VIII, 23; IX, 26-27; XII, 1).
-
-[711] Math., XVI, 27; XIX, 28; XX, 21; XXIV, 30 y sig.; XXV, 31 y sig.;
-XXVI, 64; Marc., XIV, 62; Luc., XXII, 30; _I Cor._, XV, 52; _I Thes._,
-IV, 15 y sig.
-
-[712] Math., XIII, 38 y sig.; XXV, 33.
-
-[713] Math., XIII, 39, 41, 49.
-
-[714] Math., XXV, 34. Comp. Juan, XIV, 2.
-
-[715] Math., VIII, 11; XIII, 43; XXVI, 29; Luc., XIII, 28; XVI, 22;
-XXII, 30.
-
-[716] Luc., XIII, 23.
-
-[717] Math., XXV, 41. La idea de la caida de los ángeles, tan
-desarrollada en el libro de Henoch, era universalmente admitida en el
-círculo de Jesús. _Epist. de Jud._, 6 y sig.; _II.ª ep. atribuida á San
-Pedro_, II, 4, 11; _Apoc._, XII, 9; Evang. de Juan, VIII, 44.
-
-[718] Math., V, 22; VIII, 12; X, 28; XIII, 40, 42, 50; XVIII, 8; XXIV,
-51; XXV, 30; Marc., IX, 43.
-
-[719] Math., VIII, 12; XXII, 13; XXV, 30. Comp. Jos., _B. J._, III,
-VIII, 5.
-
-[720] Luc., XVI, 28.
-
-[721] Marc., III, 29; Luc., XXII, 69; _Hech._, VII, 55.
-
-[722] _Hech._, II, 17; III, 19; _I Cor._, XV, 23-24, 52; _I Thess._,
-III, 13; IV, 14; V, 23; _II Thess._, II, 8; _I Tim._, VI, 14; _II
-Tim._, IV, 1; _Tit._, II, 13; _Epístola de Júdas_, 18; _II de Pedro_,
-III entero. El Apocalípsis todo entero, y en particular I, 1; II, 5,
-16; III, 11; XI, 14; XXII, 6, 7, 12, 20. Comp. IV.º libro de Esdras,
-IV, 26.
-
-[723] Luc., XVII, 30; _I Cor._, I, 7-8; _II Thess._, I, 7; _I San
-Pedro_, I, 7, 13; _Apoc._, I, 1.
-
-[724] _Apoc._, I, 3; XXII, 10.
-
-[725] Math., XI, 15; XIII, 9, 43; Marc., IV, 9, 23; VII, 16; Luc.,
-VIII, 8; XIV, 35; _Apoc._, II, 7, 11, 27, 29; III, 6, 13, 22; XIII, 9.
-
-[726] _I Cor._, XVI, 22.
-
-[727] _Apoc._, XVII, 9 y sig. El sexto emperador que el autor presenta
-como reinando es Galba. El emperador muerto que debe volver es Neron,
-cuyo nombre está escrito en cifras (XIII, 18).
-
-[728] _Apoc._, XI, 2-3; XII, 14. Comp. Daniel, VII, 25; XII, 7.
-
-[729] Cap. IV, v. 12 y 14. Comp. Cedrenus, p. 68 (París, 1647).
-
-[730] Math., XXIV, 36; Marc., VIII, 32.
-
-[731] Luc., XVII, 20; Comp. Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 97 _a_.
-
-[732] Math., XXIV, 36; Marc., XIII, 32; Luc., XI, 35 y sig.; XVII, 20.
-
-[733] Luc., XII, 40; _II Pedro_, III, 10.
-
-[734] Luc., XVII, 24.
-
-[735] Math., X, 23; XXIV-XXV enteros, y part. XXIV, 29, 34; Marc.,
-XIII, 30; Luc., XIII, 35; XXI, 28 y sig.
-
-[736] Math., XVI, 28; XXIII, 36, 39; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; Luc.,
-IX, 27; XXI, 32.
-
-[737] Math., XVI, 2-4; Luc., XII, 54-56.
-
-[738] Juan, XXI, 22-23.
-
-[739] Juan, XXI, 22-23. El capítulo XXI del cuarto evangelio es una
-añadidura, como lo prueba la cláusula final de la redaccion primitiva
-que existe en el versículo 31 del cap. XX. Pero la adicion es casi
-contemporánea de la publicacion misma de dicho evangelio.
-
-[740] Marc., IX, 9; Luc., XX, 27 y sig.
-
-[741] Dan., XII, 2; II Macab., VII entero; XII, 45-46; XIV, 46;
-_Hech._, XXIII, 6, 8; Jos., _Ant._, XVIII, I, 3; _B. J._, II, VIII, 14;
-III, VIII, 5.
-
-[742] Math., XXVI, 29; Luc., XXII, 30.
-
-[743] Math., XXII, 24; Luc., XX, 34-38. Evang. ebionita llamado de los
-«Egipcios» en Clem. de Alej., _Strom._, II, 9, 13; Clem. Rom. _Epist._
-II, 12.
-
-[744] Luc. XIV, 14; XX, 35-36. Lo mismo opina San Pablo; I Cor. XV, 23;
-I Thes. IV, 12.
-
-[745] Comp. el libro IV de Esdras, IX, 22.
-
-[746] Math., XXV, 32 y sig.
-
-[747] Particularmente los cap. II, VI-VIII, X-XIII.
-
-[748] Cap. I, XLV-LII, LXII, XCIII, 9 y sig.
-
-[749] Lib. III, 573 y sig.; 652 y sig.; 766 y sig.; 795 y sig.
-
-[750] Se traducen esas angustias de la conciencia cristiana con mucha
-ingenuidad en la 2.ª Epist. atribuida á San Pedro, III, 8 y sig.
-
-[751] Math., VI, 10, 33; Marc., XII, 34; Luc., XI, 2; XII, 31; XVII,
-20, 21.
-
-[752] Marc., XII, 34.
-
-[753] Véase, por ejemplo, el prólogo de Gregorio de Tours en su _Hist.
-eclesiást. de los Francos_ y los numerosos hechos de la primera mitad
-de la edad media que principian con la fórmula «á la aproximacion de la
-noche del mundo...».
-
-[754] _I Cor._, XV, 52.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XVIII
-
-[755] _Hech._, I, 15; _I Cor._, XV, 5; _Gal._, I, 10.
-
-[756] Math., X, 2; Marc., III, 16; Luc., VI, 14 y sig.; _Hech._, I, 13;
-Papias en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[757] Math., XIX, 28; Luc., XXII, 30.
-
-[758] _Hech._, I, 15; II, 14; V, 2-3, 29; VIII, 19; XV, 7; _Gal._, I,
-18.
-
-[759] Respecto á Pedro véase el cap. IX; respecto á Felipe véase
-Papias, Policrates y Clem. de Alej., citados por Eusebio., _Hist.
-eccl._, III, 30, 31, 39; V, 24.
-
-[760] Math., XVI, 20; XVII, 9; Marc., VIII, 30; IX, 8.
-
-[761] Math., X, 26, 27; Marc., IV, 21; Luc., VIII, 17; XII, 2 y sig.;
-Juan, XIV, 22.
-
-[762] Math., XIII, 10 y sig., 34 y sig.; Marc., IV, 10 y sig., 33 y
-sig.; Luc. VIII, 9 y sig.; XII, 41.
-
-[763] Math., XVI, 6 y sig.; Marc., VII, 17-23.
-
-[764] Math., XIII, 18 y sig.; Marc., VII, 18 y sig.
-
-[765] Luc., IX, 6.
-
-[766] Luc., X, 11.
-
-[767] En todas las lenguas del Oriente semítico, la palabra griega
-πανδοκεῖον indicó siempre «hostería.»
-
-[768] Math., X, 11 y sig.; Marc., VI, 10 y sig.; Luc., X, 5 y sig.
-Comp. 2.ª Epist. de Juan, 10-11.
-
-[769] Luc., IX, 52 y sig.
-
-[770] Math. X, 40-42; XXV, 35; Marc. IX, 40; Luc. X, 16; Juan, XIII, 20.
-
-[771] Math., VII, 22; X, 1; Marc., III, 15; VI, 13; Luc., X, 17.
-
-[772] Math., XVII, 18-19.
-
-[773] Marc., VI, 13; XVI, 18; Epist. Jacobi, V, 14.
-
-[774] Marc., XVI, 18; Luc., X, 19.
-
-[775] Marc., XVI, 20.
-
-[776] Marc., IX, 37-38; Luc., IX, 49-50.
-
-[777] Antiguo Dios de los Filisteos convertido en demonio por los
-judíos.
-
-[778] Math., XII, 24 y sig.
-
-[779] _Hech._, VIII, 18 y sig.
-
-[780] Math., XVIII, 17 y sig.; Juan, XX, 23.
-
-[781] Math., XIX, 3 y sig.
-
-[782] Math., XXVIII, 19; Comp. Math., III, 16-17; Juan, XV, 26.
-
-[783] _Sap._, I, 7; VII, 7; IX, 17; XII, 1; _Eccl._, I, 9; XV, 5; XXIV,
-27; XXXIX, 8; _Judit._, XVI, 17.
-
-[784] Math., X, 20; Luc., XII, 12; XXIV, 49; Juan, XIV, 26; XV, 26.
-
-[785] Math., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; III, 5;
-_Hech._, I, 5, 8; X, 47.
-
-[786] _Hech._, II, 1-4; XI, 15; XIX, 6.--Juan, VII, 39.
-
-[787] Juan, XV, 26; XVI, 13.
-
-[788] _Katigor_ (κατήγορος), esto es, «acusador», era el espíritu
-opuesto á _Paráclito_.
-
-[789] Juan, XIV, 16; _I Epist._ de Juan, II, 1.
-
-[790] Juan, XIV, 26; XV, 26; XVI, 7; Comp. Filon, _De mundi opificio_,
-§ 6.
-
-[791] Juan, XIV, 16.
-
-[792] Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.
-
-[793] Juan, VI, 32 y sig.
-
-[794] Hállase un giro análogo, que provoca una equivocacion semejante,
-en Juan, IV, 10.
-
-[795] Todos esos discursos tienen un carácter muy marcado del estilo
-propio de Juan, para que sea permitido creerlos exactos. La anécdota
-referida en el capítulo VI del cuarto evangelio no carece, sin embargo,
-de realidad histórica.
-
-[796] Luc., XXIV, 30, 35.
-
-[797] Luc., _l. c._; Juan, XXI, 13.
-
-[798] Comp. Math., VII, 10; XIV, 17 y sig.; XV, 34 y sig.; Marc., VI,
-38; Luc., IX, 13 y sig.; XI, 11; XXIV, 42; Juan, VI, 9 y sig.; XXI, 9 y
-sig. La cuenca del lago de Tiberiade es el único punto de la Palestina
-donde el pescado forma generalmente una parte de la alimentacion.
-
-[799] Juan, XXI, 13; Luc., XXIV, 42-43. Compárense las más antiguas
-exposiciones de la Cena recibidas ó rectificadas por el señor de Rossi
-en su disertacion sobre el ΙΧΘΥΣ (_Spicilegium Solesmense_ de dom
-Pitra, t. III, p. 568 y sig.) El designio del anagrama que contiene la
-palabra ΙΧΘΥΣ pudo combinarse con una tradicion más antigua sobre el
-oficio del pescado en las comidas evangélicas.
-
-[800] Luc., XXII, 15.
-
-[801] _Hech._, II, 42, 46.
-
-[802] _I Cor._, XI, 20 y sig.
-
-[803] Math., XVIII, 20.
-
-[804] Juan, XII entero.
-
-[805] Cánon de las misas griegas y de la misa latina (muy antiguo).
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XIX
-
-[806] Luc., XIV, 33; _Hech._, IV, 32 y sig.; V, 1-11.
-
-[807] Math., XIX, 10 y sig.; Luc., XVIII, 29 y sig.
-
-[808] Doctrina constante de Pablo. Comp. _Apoc._, XIV, 4.
-
-[809] Math., XIX, 12.
-
-[810] Math., XVIII, 8-9.--Talm. de Babil., _Niddah_, 13 _b_.
-
-[811] Math., XXII, 30; Marc., XII, 25; Luc., XX, 35; Evang. ebionita
-llamado de los «Egipcios» en Clem. de Alej., _Strom._, III, 9, 13 y
-Clem. Rom., _Epist. II_, 12.
-
-[812] Luc., XVIII, 29-30.
-
-[813] Math., X entero; XXIV, 9; Marc., VI, 8 y sig.; IX, 40; XIII, 9,
-13; Luc., IX, 3 y sig.; X, 1 y sig.; XII, 4 y sig.; XXI, 17; Juan, XV,
-18 y sig.; XVII, 14.
-
-[814] Marc., IX, 38 y sig.
-
-[815] Math., X, 8. Comp. Midrasch Ialkout, _Deuteron._, sec. 824.
-
-[816] Math., X, 20; Juan, XIV, 16 y sig., 26; XV, 26; XVI, 7, 13.
-
-[817] Los rasgos Math., X, 38; XVI, 24; Marc., VIII, 34; Luc., XIV, 27,
-no pueden haber sido concebidos sino despues de la muerte de Jesús.
-
-[818] Math., X, 24-31; Luc., XII, 4, 7.
-
-[819] Math., X, 32-33; Marc., VIII, 38; Luc., IX, 26; XII, 8-9.
-
-[820] Luc., XIV, 26; es preciso comprender el estilo exagerado de Lúcas.
-
-[821] Luc., XIV, 33.
-
-[822] Math., X, 37-39; XVI, 24-25; Luc., IX, 23-25; XIV, 26-27; XVII,
-33; Juan, XII, 25.
-
-[823] Math., VIII, 21-22; Luc., IX, 59-62.
-
-[824] Math., XI, 28-30.
-
-[825] Math., XVI, 21-23; XVII, 12, 21-22.
-
-[826] Marc., X, 45.
-
-[827] Luc., VI, 22 y sig.
-
-[828] Luc., XII, 50.
-
-[829] Math., X, 34-36; Luc., XII, 51-53. Comp. Miqueas, VII, 5-6.
-
-[830] Luc., XII, 49. Véase el texto griego.
-
-[831] Juan, XVI, 2.
-
-[832] Juan, XV, 18-20.
-
-[833] Juan, XII, 27.
-
-[834] Marc., III, 21.
-
-[835] Math., III, 22; Juan, VII, 20; VIII, 48 y sig.; X, 20 y sig.
-
-[836] Math., VIII, 10; IX, 2, 22, 28-29; XVII, 19; Juan, VI, 29, etc.
-
-[837] Math., XVII, 16; Marc., III, 5; IX, 18; Luc., VIII, 45; IX, 41.
-
-[838] Rasgo muy marcado de Márcos, IV, 40; V, 15; IX, 31; X, 32.
-
-[839] Marc., XI, 12-14, 20 y sig.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XX
-
-[840] Math., XII, 14-16; Marc., III, 7; IX, 29-30.
-
-[841] Marc., VIII, 15; Luc., XIII, 32.
-
-[842] Luc., IX, 9; XXIII, 8.
-
-[843] Math., XIV, 1 y sig.; Marc., VI, 14 y sig.; Luc., IX, 7 y sig.
-
-[844] Luc., XIII, 31 y sig.
-
-[845] Juan, VII, 5.
-
-[846] Math., XII, 39, 45; XIII, 15; XVI, 4; Luc., XI, 29.
-
-[847] Math., XI, 21-24; Luc., X, 12-15.
-
-[848] Math., XII, 41-42; Luc., XI, 31-32.
-
-[849] Math., VIII, 20; Luc., IX, 58.
-
-[850] Luc., XVIII, 8.
-
-[851] Math., XII, 34; XV, 14; XXIII, 33.
-
-[852] Math., III, 7.
-
-[853] Math., XII, 30; Luc., XXI, 23.
-
-[854] Isa., XLII, 2-3.
-
-[855] Math., XII, 19-20.
-
-[856] Math., X, 14-15, 21 y sig., 34 y sig.; Luc., XIX, 27.
-
-[857] Marc., VII, 1; Luc., V, 17 y sig.; VII, 36.
-
-[858] Math., VI, 2, 5, 16; IX, 11, 14; XII, 2; XXIII, 5, 15, 23; Luc.,
-V, 30; VI, 2, 7; XI, 39 y sig.; XVIII, 12; Juan, IX, 16; _Pirké Aboth_,
-I, 16; Jos., _Ant._, XVII, II, 4; XVIII, I, 3; _Vita_, 38; Talm. de
-Babil., _Sota_, 22 _b_.
-
-[859] Talm. de Jerus., _Berakoth_, IX, sub fin.; _Sota_, V, 7; Talm.
-de Babil., _Sota_, 22 _b_. Las dos redacciones de ese curioso pasaje
-ofrecen diferencias notables. Generalmente hemos seguido la redaccion
-de Babilonia, que parece la más natural.--V. S. Epif., _Adv. hær._,
-XVI, 1. Los rasgos de Epifanio y muchos de los del Talmud pueden
-referirse á una época posterior á Jesús, época en la que «fariseo» era
-sinónimo de «devoto.»
-
-[860] Math., V, 20; XV, 4; XXIII, 3, 16; Juan, VIII, 7; Jos., _Ant._,
-XII, IX, 1; XIII, X, 5.
-
-[861] Talm. de Babil., _Schabbath_, 31 _a_; _Joma_, 35 _b_.
-
-[862] Eccli., XVII, 21 y sig.; XXXV, 1 y sig.
-
-[863] Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XI, 1; Talm. de Babil., _Sanhedrin_,
-100 _b_.
-
-[864] Math., XV, 2.
-
-[865] Math., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 2 y sig.
-
-[866] Math., XV, 2; Marc., VII, 4, 8; Luc., V, sub. fin., y VI, init.;
-XI, 38 y sig.
-
-[867] Luc., XI, 41.
-
-[868] Luc., XVIII, 9-14; comp. _ibid._, XIV, 7-11.
-
-[869] Math., III, 7; XVII, 12-13.
-
-[870] Math., XIV, 5; XXI, 26; Marc., XI, 32; Luc., XX, 6.
-
-[871] Math., XII, 3-8; XXIII, 16 y sig.
-
-[872] Marc., III, 6.
-
-[873] Luc., XIII, 33.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXI
-
-[874] Math., XVI, 20-21; Marc., VIII, 30-31.
-
-[875] Juan, VII, 1.
-
-[876] Juan, VII, 5.
-
-[877] Juan, VII, 10.
-
-[878] Math., XXVII, 55; Marc., XV, 41; Luc., XXIII, 49, 55.
-
-[879] Juan, VII, 20, 25, 30, 32.
-
-[880] Juan, VII, 50 y sig.
-
-[881] Math., X, 11, 13; Marc., VI, 10; Luc., X, 5-8.
-
-[882] Math., XXI, 3; XXVI, 18; Marc., XI, 3; XIV, 13-14; Luc., XIX, 31;
-XXII, 10-12.
-
-[883] Math., XXIV, 1-2; Marc., XIII, 1-2; Luc., XIX, 44; XXI, 5-6. Cf.
-Marc., XI, 11.
-
-[884] Marc., XII, 41 y sig.; Luc., XXI, 1 y sig.
-
-[885] Marc., XII, 41.
-
-[886] Marc., XI, 19; Luc., XXII, 39; Juan, XVIII, 1-2. Ese vergel no
-podia estar muy distante del sitio donde la piedad de los católicos ha
-rodeado de una pared algunos viejos olivos. La palabra _Gethsemaní_
-parece significar «prensa de aceite.»
-
-[887] Luc., XXI, 37; XXII, 39; Juan, VIII, 1-2.
-
-[888] Talm. de Babil., _Pesachim_ 53 _a_.
-
-[889] Talm. de Jer., _Taanith_, IV, 8.
-
-[890] Hoy dia, _El Azirié_ (_El Azir_, nombre árabe de Lázaro); en los
-textos cristianos de la edad media, _Lazarium_.
-
-[891] Math., XXI, 17-18; Marc., XI, 11-12.
-
-[892] Juan, XI, 5.
-
-[893] Luc., X, 38-42; Juan, XII, 2.
-
-[894] Juan, XI, 20.
-
-[895] Luc., X, 38 y sig.
-
-[896] Juan, XI, 35-36.
-
-[897] Math., XXVI, 6; Marc., XIV, 3; Luc., VII, 40-43; Juan, XII, 1 y
-sig.
-
-[898] Marc., XIII, 3.
-
-[899] Math., XXIII, 37; Luc., XIII, 34.
-
-[900] Juan, VII, 13; XII, 42-43; XIX, 38.
-
-[901] I Esdras, X, 8; Epist. á los Hebr., X, 34; Talm. de Jer., _Moëd
-katon_, III, 1.
-
-[902] Juan, VII, 45 y sig.
-
-[903] Juan, VIII, 13 y sig.
-
-[904] Math., XXI, 23-37.
-
-[905] Math., XXII, 23 y sig.
-
-[906] Math., XXII, 42 y sig.
-
-[907] Math., XXII, 36 y sig., 46.
-
-[908] Véanse los debates referidos por Juan, cap. VIII, por ejemplo;
-verdad es que la autenticidad de semejantes trozos no es sino relativa.
-
-[909] Juan, VIII, 3 y sig. Ese pasaje no formaba parte en un principio
-del evangelio de San Juan. Échase de ménos en los manuscritos más
-antiguos, y el texto es muy indeciso. Sin embargo, es de tradicion
-evangélica primitiva, como lo prueban las particularidades singulares
-de los versículos 6 y 8, las cuales no se armonizan con las ideas
-de Lúcas ni de los compiladores de segunda mano, quienes únicamente
-exponen lo que se explica por sí mismo. Á lo que parece, esa historia
-se hallaba en el evangelio segun los hebreos (Papias, citado por
-Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39).
-
-[910] Jos., _Ant._, XIII, X, 6; XVIII, I, 4.
-
-[911] Math., XXII, 15; Marc., XII, 13; Luc., XX, 20; Comp. Talm. de
-Jer., _Sanhedrin_, II, 3.
-
-[912] Juan, X, 1-16.
-
-[913] Math., XXIV, 32; Marc., XIII, 28; Luc., XXI, 30; Juan, IV, 35.
-
-[914] _Totafôth_ ó _tefillin_, láminas de metal ó tiras de pergamino,
-conteniendo pasajes de la Ley, que los judíos devotos llevaban en la
-frente ó en el brazo izquierdo, en ejecucion literal de los pasajes
-(_Éxodo_, XIII, 9; _Deuter._, VI, 8; XI, 18).
-
-[915] _Zizith_, orlas encarnadas que los judíos llevaban en la punta
-del manto para distinguirse de los paganos, _Deuter._, XXII, 12.
-
-[916] Los fariseos excluyen á los hombres del reino de Dios por su
-casuística escrupulosa que hace muy difícil la entrada en él, y
-desanima á los sencillos.
-
-[917] Quedábase impuro por el contacto de los sepulcros. Así es que se
-tenía cuidado de marcar sobre el suelo su periferia. Talm. de Bab.,
-_Baba Bathra_, 58 _a_; _Baba Metsia_, 45 _b_. La reprimenda dirigida
-por Jesús á los fariseos consiste en haber inventado una porcion de
-pequeños preceptos, siempre violados sin mala intencion, y que no
-sirven sino para multiplicar las infracciones de la Ley.
-
-[918] La purificacion de la vajilla era entre los fariseos cosa sujeta
-á reglas muy complicadas (Marc., VII, 4).
-
-[919] El epíteto «ciego» repetido muchas veces (Math., XXIII, 16, 17,
-19, 24, 26), hace quizás alusion á la costumbre de algunos fariseos que
-andaban con los ojos cerrados por afectacion devota (Véase capítulo XX).
-
-[920] Lúcas (XI, 37 y sig.) supone, y quizás no sin razon, que ese
-versículo fué pronunciado durante una comida, en contestacion á vanos
-escrúpulos de los fariseos.
-
-[921] Siendo impuros los sepulcros, se acostumbraba blanquearlos con
-cal para dar aviso de no aproximarse á ellos. Véase nota 917; Mischna,
-_Maasar scheni_, V, 1; Talm. de Jer., _Schekalim_, I, 1; _Maasar
-scheni_, V, 1; _Moëd katon_, I, 2; _Sota_, IX, 1; Talm. de Babil.,
-_Moëd katon_, 5 _a_. Quizás hay en la comparacion hecha por Jesús una
-alusion á los «fariseos barnizados» (Véase cap. XX).
-
-[922] Hay aquí una pequeña confusion, reproducida tambien en el targum
-llamado de Jonathan (_Lament._, II, 20), entre Zacarías hijo de Joiadas
-y Zacarías hijo de Baraquías, el profeta. Del primero es de quien se
-trata (_II Paral._, XXIV, 21). El libro de los Paralipómenos, donde se
-refiere el asesinato de Zacarías hijo de Joiadas, concluye el cánon
-hebreo. Es el último homicidio en la lista de los homicidios de hombres
-justos, segun el órden dado por la Biblia. El homicidio de Abel es el
-primero.
-
-[923] Math., XXIII, 2-36; Marc., XII, 38-40; Luc., XI, 39-52; XX, 46,
-47.
-
-[924] Math., VIII, 11-12; XX, 1 y sig.; XXI, 28 y sig., 33 y sig., 43;
-XXII, 1 y sig.; Marc., XII, 1 y sig.; Luc., XX, 9 y sig.
-
-[925] Math., XXI, 37 y sig.; Juan, X, 36 y sig.
-
-[926] Juan, IX, 39.
-
-[927] La más auténtica forma de esa frase parece hallarse en Márcos,
-XIV, 58; XV, 29.--Juan, II, 19; Math., XXVI, 61; XXVII, 40.
-
-[928] Juan, VIII, 39; X, 31; XI, 8.
-
-[929] _Deuter._, XIII, 1. Comp. Luc., XX, 6; Juan, X, 33; _II Cor._,
-XI, 25.
-
-[930] Juan, X, 20.
-
-[931] Juan, V, 18; VII, 1, 20, 25, 30; VIII, 37, 40.
-
-[932] Luc., XI, 53-54.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXII
-
-[933] Juan, X, 23.
-
-[934] Jos., _B. J._, V, V, 2. Comp. _Ant._, XV, XI, 5; XX, IX, 7.
-
-[935] Es de suponer que los sepulcros llamados de Zacarías y de Absalon
-fuesen monumentos de esa clase.
-
-[936] Math., XXIII, 29; Luc., XI, 47.
-
-[937] Juan, X, 22. Comp. I Math., IV, 52; II Math., X, 6.
-
-[938] Jos., _Ant._, XII, VII, 7.
-
-[939] Juan, X, 40.--Math., XIX, 1; Marc., X, 1. Viaje conocido por los
-sinópticos; pero parecen creer que Jesús le hizo viniendo de Galilea á
-Jerusalen por la Perea.
-
-[940] _Eccl._, XXIV, 18; Strabon, XVI, II, 41; Justin., XXXVI, 3; Jos.,
-_Ant._, IV, VI, 1; XIV, IV, 1, 1; XV, IV, 2.
-
-[941] Luc., XIX, 1.
-
-[942] Math., XX, 29; Marc., X, 46 y sig.; Luc., XVIII, 35.
-
-[943] _B. J._, IV, VIII, 3. Comp. el mismo, I, VI, 6; I, XVIII, 5, y
-_Ant._, XV, IV, 2.
-
-[944] Juan, XI, 1 y sig.
-
-[945] Math., IX, 18 y sig.; Marc., V, 22 y sig.; Luc., VII, 11 y sig.;
-VIII, 41 y sig.
-
-[946] Juan, XI, 3 y sig.
-
-[947] Juan, XI, 35 y sig.
-
-[948] Juan, XI, 33, 38.
-
-[949] Juan, XI, 46 y sig.; XII, 2, 9 y sig., 17 y sig.
-
-[950] Juan, XII, 9-10, 17-18.
-
-[951] Juan, XII, 10.
-
-[952] Juan, XI, 47 y sig.
-
-[953] Jos., _Ant._, XV, III, 1; XVIII, II, 2; V, 2; XX, IX, 1, 4.
-
-[954] _Ananus_ de Josefo. Así el nombre hebreo _Johanan_, venía á ser
-en griego _Joannes_ ó _Joannas_.
-
-[955] Juan, XVIII, 15-23; _Hech._, IV, 6.
-
-[956] Jos., _Ant._, XX, IX, 1.
-
-[957] Jos., _Ant._, XV, III, 1; _B. J._, IV, V, 6, 7; _Hech._, IV, 6.
-
-[958] Jos., _Ant._, XX, IX, 3.
-
-[959] Jos., _Ant._, XV, IX, 3; XIX, VI, 2; VIII, 1.
-
-[960] Luc., III, 2.
-
-[961] _Hech._, V, 17.
-
-[962] Jos., _Ant._, XX, IX, 1.
-
-[963] Jos., _Ant._, XX, IX, 1.
-
-[964] Juan, XI, 49-50; XVIII, 14.
-
-[965] Juan, XI, 48.
-
-[966] Juan, XI, 53.
-
-[967] Juan, XI, 54.--_II Chron._, XIII, 19; Jos., _B. J._, IV, IX, 9;
-Eus. y San Jerón., _De situ et nom. loc. hebr._, en las voces Ἐφρών y
-Ἐφραΐμ.
-
-[968] Juan, XI, 55-56. Para el órden de los hechos, en toda esta parte
-seguimos el sistema de Juan. Los sinópticos parecen muy poco instruidos
-sobre el período de la vida de Jesús anterior á la Pasion.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXIII
-
-[969] Luc., XIX, 11.
-
-[970] Luc., XXII, 24 y sig.
-
-[971] Math., XX, 20 y sig.; Marc., X, 35 y sig.
-
-[972] Luc., XIX, 12-27.
-
-[973] Math., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig.
-
-[974] Math., XX, 17 y sig.; Marc., X, 31 y sig.; Luc., XVIII, 31 y sig.
-
-[975] Math., XXIII, 39; Luc., XIII, 35.
-
-[976] Math., XX, 28.
-
-[977] Juan, XI, 56.
-
-[978] Celebrábase la Pascua el 14 de Nisan. Esto supuesto en el año 33,
-el 1.º de Nisan correspondia al sábado, 21 de Marzo.
-
-[979] Math., XXVI, 6; Marc., XIV, 3.--Luc., VII, 40, 43-44.
-
-[980] En el Oriente, siempre que una persona nos es adicta, por un lazo
-de amistad ó bien de servidumbre, acostumbra acompañarnos y servirnos
-cuando vamos á comer á una casa extraña.
-
-[981] Esa costumbre se practica aún en Sour.
-
-[982] Necesario es recordar que los piés de los convidados no estaban,
-como entre nosotros, debajo de la mesa, sino extendidos á la altura del
-cuerpo encima del divan ó _triclinium_.
-
-[983] Math., XXVI, 6 y sig.; Marc., XIV, 3 y sig.; Juan, XI, 2; XII, 2
-y sig. Comp. Luc., VII, 36 y sig.
-
-[984] Juan, XII, 12.
-
-[985] Luc., XIX, 41 y sig.
-
-[986] Mischna, _Menachoth_, XI, 2; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 14
-_b_; _Pesachim_, 63 _b_, 91 _a_; _Sota_, 45 _a_; _Baba metsia_, 85 _a_.
-Segun lo que de esos pasajes resulta, Bethphage era una especie de
-_pomœrium_ que se extendia al pié del basamento oriental del templo,
-y que tenía su cercado propio. Los pasajes Math., XXI, 1; Marc., XI,
-1; Luc., XIX, 29, no indican claramente que Bethphage fuese una aldea,
-como la suponen Eusebio y S. Jerónimo.
-
-[987] Math., XXI, 1 y sig.; Marc., XI, 1 y sig.; Luc., XIX, 29 y sig.;
-Juan, XII, 12 y sig.
-
-[988] Luc., XIX, 38; Juan, XII, 13.
-
-[989] La cifra de 120.000 que le atribuye Hecateo (en Josefo, _Cont.
-Apion_, I, 22), nos parece exagerada. Ciceron habla de Jerusalen como
-de una ciudad insignificante (_ad Atticum_, II, IX). Cualquiera que
-sea el sistema adoptado, es indudable que el antiguo recinto no pudo
-contener una poblacion cuádruple de la que hoy existe, la cual no llega
-á 15.000 habitantes. V. Robinson, _Bib. Res._, I, 421, 422; Fergusson,
-_Topogr. of Jerus._, p. 51; Forster, _Syria and Palestine_, p. 82.
-
-[990] Jos., _B. J._, II, XIV, 3; VI, IX, 3.
-
-[991] Juan, XII, 20 y sig.
-
-[992] Math., XXI, 17; Marc., XI, 11.
-
-[993] Math., XXI, 17-18; Marc., XI, 11, 12, 19; Luc., XXI, 37, 38.
-
-[994] Juan, XII, 27 y sig. El tono exaltado de Juan y su preocupacion
-exclusiva del papel divino de Jesús han desterrado de la narracion las
-circunstancias de debilidad natural referidas por los sinópticos.
-
-[995] Luc., XXII, 43; Juan, XII, 28-29.
-
-[996] Math., XVIII, 36 y sig.; Marc., XIV, 32 y sig.; Luc., XXII, 39 y
-sig.
-
-[997] Esto se comprende tanto ménos cuanto que Juan pone mucha
-afectacion en restablecer las circunstancias que le son personales y
-de las que fué el único testigo (XIII, 23; XVIII, 15 y sig.; XIX, 26 y
-sig., 35; XX, 2; XXI, 20 y sig.).
-
-[998] Math., XXVI, 1-5; Marc., XIV, 1-2; Luc., XXII, 1-2.
-
-[999] Math., XXI, 46.
-
-[1000] Math., XXVI, 55.
-
-[1001] Juan, XII, 6.
-
-[1002] Juan ni siquiera habla de una paga pecuniaria.
-
-[1003] Juan, VI, 65; XII, 6.
-
-[1004] Juan, VI, 65, 71-72; XII, 6; XIII, 2, 27.
-
-[1005] Math., XXVII, 3 y sig.
-
-[1006] Math., XXVI, 1 y sig.; Marc., XIV, 12; Luc., XXII, 7; Juan,
-XIII, 29.
-
-[1007] Sistema de los sinópticos (Math., XXVI, 17 y sig.; Marc., XIV,
-12 y sig.; Luc., XXII, 7 y sig., 15). Pero Juan, cuya narracion tiene
-en esa parte una autoridad preponderante, supone que Jesús murió el
-dia mismo en que se comia el cordero (XIII, 1-2, 29; XVIII, 28; XIX,
-14, 31). El Talmud hace tambien morir á Jesús «la víspera de Pascua.»
-(Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 43 _a_, 67 _a_.)
-
-[1008] Juan, XIII, 1.
-
-[1009] Math., XXVI, 21 y sig.; Marc., XIV, 18 y sig.; Luc., XX, 21 y
-sig.; Juan, XIII, 21 y sig.; XXI, 20.
-
-[1010] Juan, XIII, 21 y sig., el cual desvanece la inverosimilitud de
-la narracion de los sinópticos.
-
-[1011] Luc., XXII, 20.
-
-[1012] _I Cor._, XI, 26.
-
-[1013] Math., XXVI, 26-28; Marc., XIV, 22-24; Luc., XXII, 19-21; _I
-Cor._, XI, 23-25.
-
-[1014] Cap. VI.
-
-[1015] Cap. XIII-XVII.
-
-[1016] Juan, XIII, 14-15.--Math., XX, 26 y sig.; Luc., XXII, 26 y sig.
-
-[1017] Juan, XIII, 1 y sig. Los discursos colocados por Juan á
-continuacion del relato de la Cena no pueden considerarse como
-históricos. Están llenos de giros y expresiones impropias del estilo
-de los discursos de Jesús, y, por el contrario, establecen muy bien
-el lenguaje habitual de Juan. Por ejemplo, la expresion «hijitos» en
-vocativo (Juan, XIII, 33) es muy frecuente en la primera epístola de
-Juan. Esa expresion no parece haber sido familiar á Jesús.
-
-[1018] Juan, XIII, 33-35; XV, 12-17.
-
-[1019] Luc., XXII, 24-27.--Juan, XIII, 4 y sig.
-
-[1020] Math., XXVI, 29; Marc., XIV, 25; Luc., XXII, 18.
-
-[1021] Luc., XXII, 29-30.
-
-[1022] Luc., XXII, 36-38.
-
-[1023] Math., XXVI, 31 y sig.; Marc., XIV, 29 y sig.; Luc., XXII, 33 y
-sig.; Juan, XIII, 36 y sig.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXIV
-
-[1024] Juan, XIII, 30.
-
-[1025] La circunstancia de un canto religioso, referida por Math.,
-XXVI, 30, y Marc., XIV, 26, proviene de la opinion que tienen esos dos
-evangelistas de que la última comida de Jesús fué la comida pascual.
-Ántes y despues de la comida pascual se cantaban Salmos. Talm. de
-Babilonia, _Pesachim_, cap. IX, 118 _a_.
-
-[1026] Math., XXVI, 36; Marc., XIV, 32; Luc., XXII, 39; Juan, XVIII,
-1-2.
-
-[1027] Math., XXVI, 47; Marc., XIV, 43; Juan, XVIII, 3, 12.
-
-[1028] Math., XXVI, 47; Marc., XIV, 43; Luc., XXII, 47; Juan, XXVIII,
-3; _Hech._, 1, 16.
-
-[1029] Tradicion de los sinópticos. En la narracion de Juan, Jesús se
-nombra á sí mismo.
-
-[1030] Sobre este punto las dos tradiciones están de acuerdo.
-
-[1031] Juan, XVIII, 10.
-
-[1032] Marc., XIV, 51-52.
-
-[1033] En materia criminal no se admitian sino testigos oculares.
-Mischna, _Sanhedrin_, IV, 5.
-
-[1034] Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XIV, 16; Talm. de Babil., mismo
-trat., 43 _a_, 67 _a_.--_Schabbath_, 104 _b_.
-
-[1035] Math., XXVII, 63; Juan, VII, 12, 47.
-
-[1036] Juan, XVIII, 13 y sig. Ésta es la mejor prueba del valor
-histórico del cuarto evangelio. Juan es el único que refiere esta
-circunstancia.
-
-[1037] Math., XVI, 69 y sig.; Marc., XIV, 66 y sig.; Luc., XXII, 54 y
-sig.; Juan, XVIII, 15 y sig., 25 y sig.
-
-[1038] Math., XVI, 57; Marc., XIV, 53; Luc., XXII, 66.
-
-[1039] Math., XXIII, 16 y sig.
-
-[1040] Math., XXVI, 64; Marc., XIV, 62; Luc., XXII, 69. Juan no sabe
-una palabra de esa escena.
-
-[1041] _Levit._, XXIV, 14 y sig.; _Deuter._, XIII, 1 y sig.
-
-[1042] Luc., XXIII, 50-51.
-
-[1043] Juan, XVIII, 31; Jos., _Ant._, XX, IX, 1.
-
-[1044] Math., XXVI, 67-68; Marc., XIV, 65; Luc., XXII, 63-65.
-
-[1045] Math., XXVII, 1; Marc., XV, 1; Luc., XXII, 66; XXIII, 1; Juan,
-XVIII, 28.
-
-[1046] Jos., _Ant._, XV, XI, 5; _B. J._, VI, II, 4.
-
-[1047] Filon, _Legatio ad Caium_, § 38. Jos., _B. J._, II, XIV, 8.
-
-[1048] En el lugar donde está hoy dia el serrallo del bajá de Jerusalen.
-
-[1049] Juan, XVIII, 28.
-
-[1050] La voz griega βῆμα habia pasado al siro-caldeo.
-
-[1051] Jos., _B. J._, II, IX, 3; XIV, 8; Math., XXVII, 27; Juan, XVIII,
-33.
-
-[1052] Juan, XVIII, 29.
-
-[1053] Virg., _Æn._, XII, 121; Marcial, _Epig._, I, XXXII; X, XLVIII;
-Plutarco, _Vida de Romulus_, 29. Comp. la _hasta pura_, condecoracion
-militar. Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, núms. 3.574, 6.852, etc. En
-esta hipótesis, _Pilatus_ es una voz de la misma forma que _Torquatus_.
-
-[1054] Filon, _Leg. ad Caium_, § 38.
-
-[1055] Jos., _Ant._, XVIII, III, 1, init.
-
-[1056] Jos., _Ant._, XVIII, II-IV.
-
-[1057] Talm. de Babil., _Schabbath_, 33 _b_.
-
-[1058] Filon, _Leg. ad Caium_, § 38.
-
-[1059] Jos., _Ant._, XVIII, III, 1 y 2; _Bell. jud._, II, IX, 2 y sig.;
-Luc., XIII, 1.
-
-[1060] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1-2.
-
-[1061] Juan, XVIII, 35.
-
-[1062] Math., XXVII, 19.
-
-[1063] Luc., XXIII, 2, 5.
-
-[1064] Math., XXVII, 11; Marc., XV, 2; Luc., XXIII, 3; Juan, XVIII, 33.
-
-[1065] Juan, XVIII, 38.
-
-[1066] _Hech._, XVIII, 14-15.
-
-[1067] Tácito (_Anal._, XV, 44) presenta la muerte de Jesús como una
-ejecucion política de Poncio Pilato. Pero cuando escribia Tácito,
-la política romana respecto á los cristianos habia cambiado. Se los
-miraba como culpables de liga secreta contra el Estado. Natural era
-que el historiador latino creyese que Pilato habia hecho morir á Jesús
-obedeciendo á razones de seguridad pública. Josefo es mucho más exacto
-(_Ant._, XVIII, III, 3).
-
-[1068] Marc., XV, 10.
-
-[1069] Math., XXVII, 20; Marc., XV, 11.
-
-[1070] El nombre de Jesús ha desaparecido en muchos de los manuscritos.
-Sin embargo, esta opinion tiene en su apoyo grandes autoridades.
-
-[1071] Math., XXVII, 16.
-
-[1072] S. Jerón., _In Math._, XXVII, 16.
-
-[1073] Marc., XV, 7; Luc., XXIII, 19; Juan (XVIII, 40), presentándole
-como un ladron, parece ser aquí mucho ménos verídico que Márcos.
-
-[1074] Math., XXVII, 26; Marc., XV, 15; Juan, XIX, 1.
-
-[1075] Jos., _B. J._, II, XIV, 9; V, XI, 1; VII, VI, 4; Tito Livio,
-XXXIII, 36; Quinto Curcio, VII, XI, 28.
-
-[1076] Math., XXVII, 27 y sig.; Marc., XV, 16 y sig.; Luc., XXIII, 11;
-Juan, XIX, 2.
-
-[1077] Luc., XXIII, 16, 22.
-
-[1078] Juan, XIX, 7.
-
-[1079] Juan, XIX, 9; Luc., XXIII, 6 y sig.
-
-[1080] En esto hay probablemente una primera tentativa de «armonía de
-los evangelios.» Lúcas habria tenido á la vista un relato en el cual
-se atribuiria, por error, á Heródes la muerte de Jesús. Y para no
-sacrificar por completo esa version, hizo uso de las dos tradiciones
-con tanto mayor motivo, cuanto que acaso sabía vagamente que Jesús
-(segun Juan nos lo afirma) compareció ante tres autoridades. Lúcas
-parece tener, en otros muchos casos, un conocimiento remoto de los
-hechos que figuran en la narracion de Juan. Por lo demás, el tercer
-evangelio contiene, respecto á la historia de la crucifixion, una serie
-de adiciones que sin duda tomó el autor de un documento más reciente, y
-cuyo arreglo se hizo de modo que se echa de ver la marcada intencion de
-edificar á los lectores.
-
-[1081] Juan, XIX, 12, 15.--Luc., XXIII, 2. Para apreciar mejor la
-exactitud del colorido de este cuadro de los evangelistas, véase á
-Filon, _Leg. ad Caium_, § 38.
-
-[1082] Math., XXII, 24-25.
-
-[1083] Juan, XIX, 7.
-
-[1084] _Deuter._, XIII, 1 y sig.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXV
-
-[1085] Jos., _Ant._, XX, IX, 1. El Talmud presenta la condena de Jesús
-como puramente religiosa y pretende en efecto que fué apedreado, ó á lo
-ménos que despues de haber sido crucificado fué apedreado, como sucedia
-muchas veces (Mischna, _Sanhedrin_, VI, 4). Talm. de Jer., _Sanhedrin_,
-XIV, 16; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 43 _a_, 67 _a_.
-
-[1086] Jos., _Ant._, XVII, X, 10; XX, VI, 2; _B. J._, V, XI, 1;
-Apuleyo, _Metam._, III, 9; Suetonio, _Galba_, 9. Lampridio, _Alex.
-Sev._, 23.
-
-[1087] Juan, XIX, 14. Segun Márcos, XV, 25, no eran sino las ocho de la
-mañana, puesto que, segun este evangelista, crucificaron á Jesús á las
-nueve.
-
-[1088] Math., XXVII, 33; Marc., XV, 22; Juan, XIX, 20; _Epist. ad
-Hebr._, XIII, 18.
-
-[1089] _Gólgotha_, parece tener en efecto relacion con el collado de
-_Gareb_ y el lugar de _Goatha_ mencionados en Jeremías, XXXI, 39. Esos
-dos parajes parecen haber estado al Nord-oeste de la ciudad. Me inclino
-á creer que el sitio en que Jesús fué crucificado se hallaba cerca del
-ángulo extremo que forma la pared actual hácia el Oeste, ó bien sobre
-los cerros que dominan el valle de Hinnom, encima de _Birket-Mamilla_.
-
-[1090] Carecen de solidez las pruebas por las cuales se ha pretendido
-establecer que el Santo Sepulcro fué trasladado despues de Constantino.
-
-[1091] El señor de Vogüé ha descubierto, á 76 metros al Este del sitio
-tradicional del Calvario, un lienzo de muralla judáica semejante á la
-de Hebron, que, de haber pertenecido al recinto del tiempo de Jesús,
-probaria que dicho sitio tradicional se hallaba fuera de la ciudad.
-La existencia de una bóveda sepulcral (llamada «sepulcro de José de
-Arimathea») bajo el muro de la cúpula del Santo Sepulcro deja tambien
-suponer que el referido sitio estaba fuera de las murallas. Por otra
-parte, pueden invocarse en favor de la tradicion dos consideraciones
-históricas, una de las cuales es de mucho peso. Consiste la primera
-en que sería sin duda muy original que los que, en la época de
-Constantino, trataron de fijar la topografía evangélica, no se
-hubiesen detenido ante la objecion que resulta de _Juan_, XIX, 20, y
-de _Hebreos_, XIII, 12. En efecto, ¿cómo siendo libres en su eleccion
-se habrian expuesto voluntariamente á tan grave dificultad? La segunda
-consideracion es que en tiempo de Constantino podian todavía guiarse
-por las ruinas de un edificio, erigido por Adriano, cual era el templo
-de Vénus que se alzaba en el Gólgotha. Á veces se inclina uno á creer
-que la obra de los topógrafos devotos de la época de Constantino fué
-en cierto modo concienzuda, y que si no prescindieron completamente de
-ciertos fraudes piadosos, trataron de guiarse por indicios y analogías.
-De no haber seguido sino un vano capricho habrian colocado el Gólgotha
-en un sitio más aparente, en la cumbre de alguna de las colinas
-próximas á Jerusalen, conformándose en esto con las suposiciones
-cristianas que desde muy temprano se empeñaron en que la muerte de
-Jesús habia tenido lugar sobre una montaña. Pero la dificultad del
-recinto es muy grave. Añadamos que la ereccion del templo de Vénus
-no prueba gran cosa. Eusebio (_Vita Cons._, III, 21), Sócrates (_H.
-E._, I, 17), Sozomeno (_H. E._, II, 1), San Jerónimo (_Epist._ XLIX,
-ad Paulin.) dicen, en efecto, que habia un santuario de Vénus en el
-sitio que ellos creen ser el del Santo Sepulcro; pero hay tres puntos
-muy dudosos: 1.º que Adriano hubiese erigido aquel templo; 2.º que se
-alzase en el sitio que entónces se llamaba Gólgotha; 3.º que tuviese la
-intencion de edificarle en el lugar en que Jesús fué ajusticiado.
-
-[1092] Plutarco, _De sera num. vind._, 19; Artemidoro, _Onirocrit._,
-II, 56.
-
-[1093] Marc., XV, 21.
-
-[1094] La circunstancia que refiere Luc., XXIII, 27-31, es de esas
-en que se deja conocer el esfuerzo de una imaginacion piadosa y
-enternecida. Las palabras que se atribuyen á Jesús no pudieron
-escribirse sino despues del sitio de Jerusalen.
-
-[1095] Talm. de Babil., _Sanhedrin_, fol. 43 _a_. Comp. _Prov._, XXI, 6.
-
-[1096] Talm. de Babil., _Sanhedrin_, _l. c._
-
-[1097] Marc., XV, 23; Math., XXVII, 34, desfiguran ese pormenor para
-obtener una alusion mesiánica.
-
-[1098] Math., XXVII, 35; Marc., XV, 24; Juan, XIX, 23; Artemidoro,
-_Oniroc._, II, 53.
-
-[1099] Luciano, _Jud. voc._, 12. Comp. el crucifijo grotesco delineado
-en Roma sobre una muralla del monte Palatino. _Civiltà cattolica_,
-fasc. CLXI, p. 529 y sig.
-
-[1100] Jos., _B. J._, VII, VII, 4; Cicer., _in Verrem_, V, 66; Xeno.
-Eph., _Ephesiaca_, IV, 2.
-
-[1101] Luc., XXIV, 39; Juan, XX, 25-27; Plauto, _Mostellaria_, II, 1,
-13; Lucano, _Phars._, VI, 543 y sig., 547; Justino, _Dial. cum Tryph._,
-97; Tertul., _Adv. Marcionem_, III, 19.
-
-[1102] Ireneo, _Adv. hær._, II, 24; Justino, _Dial. cum Tryph._, 91.
-
-[1103] Véase el texto árabe publicado por Kosegarten, _Chrest. arab._,
-p. 64.
-
-[1104] Sparziano, _Vida de Adriano_, 10; Vulcatius Gallicanus, _Vida de
-Avidius Cassius_, 5.
-
-[1105] Math., XXVII, 48; Marc., XV, 36; Luc., XXIII, 36; Juan, XIX,
-28-30.
-
-[1106] Dig., XLVII, XX, _De bonis damnat._, 6. Costumbre limitada por
-Adriano.
-
-[1107] Math., XXVII, 36.--Petronio, _Satyr._, CXI, CXII.
-
-[1108] Luc., XXIII, 34. Generalmente las últimas palabras atribuidas
-á Jesús, y sobre todo del modo que las refiere Lúcas, inducen á la
-duda. Déjase conocer en ellas la intencion de edificar y demostrar
-el cumplimiento de las profecías. En semejantes casos cada uno las
-entiende á su manera. Las últimas palabras de los condenados célebres
-siempre han sido recogidas de dos ó tres modos completamente diferentes
-por los testigos más cercanos.
-
-[1109] Juan, XIX, 19-22.
-
-[1110] Juan, XIX, 25 y sig.
-
-[1111] Los sinópticos están de acuerdo en colocar el grupo fiel «léjos»
-de la cruz. Juan dice: «al lado», incitado por el deseo de manifestar
-que estuvo cerca de la cruz.
-
-[1112] Math., XXVII, 55-56; Marc., XV, 40-41; Luc., XXIII, 49, 55;
-XXIV, 10; Juan, XIX, 25; Luc., XXIII, 27-31.
-
-[1113] Juan, XIX, 25 y sig. Lúcas, siempre intermediario entre los
-dos primeros sinópticos y Juan, coloca tambien, pero á distancia, á
-«todos sus amigos» (XXIII, 49). La diccion γνωστοί puede, es verdad,
-atribuirse á los «parientes.» Sin embargo, Lúcas establece una
-diferencia entre γνωστοί y συγγενεῖς. Los mejores manuscritos dicen οἱ
-γνωστοὶ αὐτῷ y no οἱ γνωστοὶ αὐτοῦ. En los _Hechos_ (I, 14), María,
-madre de Jesús, aparece tambien en compañía de las mujeres galileas;
-en otra parte (_Evang._, II, 35) Lúcas la profetiza que una espada de
-dolor atravesará su corazon. Pero no se explica cómo puede olvidarla
-cerca de la cruz.
-
-[1114] Éste es, en mi concepto, uno de los rasgos en que se descubre la
-personalidad de Juan y su deseo de darse importancia. Juan, despues de
-la muerte de Jesús, parece en efecto haber recogido á la madre de su
-maestro, y haberla adoptado (Juan, XIX, 27). La gran consideracion que
-María tuvo en la iglesia naciente le incitó á pretender que Jesús, de
-quien suponia haber sido el discípulo favorito, le habia recomendado
-á la hora de su muerte la más querida de sus afecciones. La presencia
-á su lado de este precioso depósito le aseguraba sobre los otros
-apóstoles una especie de supremacía y prestaba á su doctrina grande
-autoridad.
-
-[1115] Math., XXVII, 40; Marc., XV, 29 y sig.
-
-[1116] Math., XXVII, 44; Marc., XV, 32. Lúcas, en su manía por la
-conversion de los pecadores, ha modificado aquí la tradicion.
-
-[1117] Math., XXVII, 45; Marc., XV, 33; Luc., XXIII, 44.
-
-[1118] Petronio, _Sat._, CXI y sig.; Orígenes, _In Math. Comment.
-series_, 140; texto árabe publicado en Kosegarten, _op. cit._, p. 63.
-
-[1119] Eusebio, _Hist. eccl._, VIII, 8.
-
-[1120] Math., XXVII, 46; Marc., XV, 34.
-
-[1121] Math., XXVII, 50; Marc., XV, 37; Luc., XXIII, 46; Juan, XIX, 30.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXVI
-
-[1122] Math., XXVII, 46; Marc., XV, 37; Luc., XXIII, 44. Comp. Juan,
-XIX, 14.
-
-[1123] _Deuter._, XXI, 22-23; Josué, VIII, 29; X, 26.--Jos., _B. J._,
-IV, V, 2; Mischna, _Sanhedrin_, VI, 5.
-
-[1124] Juan dice: «á Pilato», pero eso no es posible, puesto que Márcos
-asegura (XV, 44-45) que Pilato ignoraba todavía por la noche la muerte
-de Jesús.
-
-[1125] No hay otro ejemplo de _crurifragium_ aplicado despues de la
-crucifixion. Pues muchas veces sucedia que para concluir con los
-tormentos del paciente se les daba el golpe de gracia. V. S. el
-pasaje de Ibn-Hischam traducido en la _Zeitschrift für die Kunde des
-Morgenlandes_, I, p. 99-100.
-
-[1126] Juan, XIX, 31-35.
-
-[1127] Herodoto, VII, 194; Jos., _Vita_, 75.
-
-[1128] Marc., XV, 44-45.
-
-[1129] Las necesidades de la argumentacion cristiana exageraron despues
-esas precauciones, sobre todo, cuando los judíos adoptaron el sistema
-de afirmar que el cuerpo de Jesús habia sido robado. Math., XXVII, 62 y
-sig.; XXVIII, 11-15.
-
-[1130] Horacio, _Epist._, I, XVI, 48; Juvenal, XIV, 77; Luciano, VI,
-544; Plauto, _Miles glor._, II, IV, 19; Artemidoro, _Onir._, II, 53;
-Plinio, XXXVI, 24; Plutarco, _Vida de Cléomenes_, 39; Petronio, _Sat._,
-CXI-CXII.
-
-[1131] Mischna, _Sanhedrin_, VI, 5.
-
-[1132] Idéntica á la antigua Rama de Samuel en la tribu de Efraim.
-
-[1133] Math., XXVII, 57 y sig.; Marc., XV, 42 y sig.; Luc., XXIII, 50 y
-sig.; Juan, XIX, 38 y sig.
-
-[1134] Digesto, XLVIII, XXIV, _De cadaveribus punitorum_.
-
-[1135] Juan, XIX, 39 y sig.
-
-[1136] Math., XXVII, 61; Marc., XV, 47; Luc., XXIII, 55.
-
-[1137] Juan, XIX, 41-42.
-
-[1138] Segun una tradicion (Math., XXVII, 60), José de Arimathea era
-propietario de la bóveda.
-
-[1139] La bóveda que en la época de Constantino fué considerada como
-el sepulcro de Cristo, ofrecia esa forma, segun puede inferirse de
-la descripcion de Arculfo (en Mabillon, _Acta SS. Ord. S. Bened._,
-sect. III, pars II, p. 504) y de las tradiciones vagas que existen
-en Jerusalen entre el clero griego, respecto al estado de la peña
-actualmente oculta por parte del monumento del Santo Sepulcro. Fueron
-débiles ó nulos los indicios (V. S. sobre todo á Sozomeno, _H. E._,
-II, 1) sobre los cuales se apoyaron en tiempo de Constantino para
-identificar el sepulcro de Jesús con esa bóveda. Áun admitiendo el
-sitio del Gólgotha como casi exacto, el Santo Sepulcro no tendria
-ningun carácter serio de autenticidad. En todo caso, el aspecto de los
-lugares ha sido enteramente modificado.
-
-[1140] Luc., XXIII, 56.
-
-[1141] Luc., XXIII, 54-56.
-
-[1142] Math., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1.
-
-[1143] V. S. Math., XXVIII, 15; Juan, XX, 2.
-
-[1144] Habia sido poseida por siete demonios (Marc., XVI, 9; Luc.,
-VIII, 2).
-
-[1145] Cosa que particularmente se deja conocer en los versículos 9
-y sig. del cap. XVI de Márcos. Esos versículos forman una conclusion
-del segundo evangelio, diferente de la conclusion, XVI 1-8, la cual
-sirvió de apoyo á muchos manuscritos. En el cuarto evangelio (XX, 1-2,
-11, 18), María de Magdala es tambien el único testigo primitivo de la
-resurreccion.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXVII
-
-[1146] El año 33 corresponde exactamente á uno de los datos del
-problema, á saber, que el 14 de Nisan fué un viérnes. Para desechar
-el año 33, y hallar un año que satisfaga esa condicion, preciso es
-remontar lo ménos hasta el año 29 ó bajar hasta el año 36.
-
-[1147] Luc., III, 1.
-
-[1148] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 2 y 3.
-
-[1149] La afirmacion contraria de Tertuliano y de Eusebio se origina
-de un apócrifo sin valor (V. S. Thilo, _Cod. apóc. N. T._, p. 813 y
-sig.). El suicidio de Pilato (Eusebio, _H. E._, II, 7; _Chron. ad. ann.
-I Caii_) parece tambien originarse de hechos legendarios.
-
-[1150] Jos., _Ant._, XX, IX, 1.
-
-[1151] Jos., _Ant._, XVIII, VII, 1, 2; _B. J._, II, IX, 6.
-
-[1152] S. Jerón., _De situ et nom. loc. hebr._, en la palabra
-_Acheldama_. Eusebio dice al norte. Pero los itinerarios sancionan
-la opinion de San Jerónimo. La tradicion que llama _Hacéldama_ al
-necrópolo situado en el fondo del valle de Hinnom remonta lo ménos á la
-época de Constantino.
-
-[1153] _Hech._, I, 18-19. Matheo, ó más bien su interpolador, ha dado
-un giro ménos satisfactorio á la tradicion de relacionar con ella la
-circunstancia de un cementerio para los extranjeros, cementerio que se
-hallaba cerca de aquel lugar.
-
-[1154] Math., XXVII, 5.
-
-[1155] _Hech._, _l. c._; Papias, en Œcumenius, _Enarr. in Act. apost._,
-II, y en Münter, _Frag. Patrum græc._ (Hafniae, 1788), fasc. I, p. 17 y
-sig.; Teofilacto, _In Math._, XXVII, 5.
-
-[1156] Papias, en Münter, _l. c._; Teofilacto, _l. c._
-
-[1157] Salmos LXIX y CIX.
-
-[1158] Ese sentimiento popular existia aún en Bretaña, cuando yo era
-niño. El gendarme se consideraba allí como en otras partes el judío,
-esto es, con una especie de repulsion piadosa, por cuanto á que él fué
-quien prendió á Jesús.
-
-
-NOTAS DEL CAPÍTULO XXVIII
-
-[1159] Math., VIII, 5 y sig.; Luc., VII, 1 y sig.; Juan, XII, 20 y sig.
-Comp. Jos., _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[1160] Tácito, _Ann._, XV, 45; Suetonio, _Claudio_, 25.
-
-[1161] _Ant._, XVIII, III, 3. Una mano cristiana ha alterado este
-pasaje.
-
-[1162] _Ant._, XVIII, I; _B. J._, II, VIII; _Vita_, 2.
-
-[1163] Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XIV, 16; _Aboda zara_, 2;
-_Schabbath_, XIV, 4; Talm. de Babil., _Sanh._, 43 _a_, 67 _a_;
-_Schabbath_, 104 _b_, 116 _b_. Comp. _Chagiga_, 4 _b_; _Gittin_, 57
-_a_, 90 _a_. Las dos Gemaras toman una gran parte de sus datos sobre
-Jesús de una leyenda ridícula y obscena sin valor histórico, inventada
-por los enemigos del cristianismo.
-
-[1164] Jos., _Ant._, XVIII, III, 3.
-
-[1165] Filóstrato, _Vida de Apolonio_, IV, 2; VII, 11; VIII, 7.
-Eunapio, _Vida de los Sofistas_, p. 454, 500 (ed. Didot).
-
-
-FIN DE LAS NOTAS DE LA VIDA DE JESÚS.
-
-
-
-
-ÍNDICE DE MATERIAS.
-
-
- PÁGS.
-
- DEDICATORIA. 1
-
- INTRODUCCION, en la cual se trata principalmente de las fuentes
- de esta historia. 3
-
- CAPÍTULO I.--Rango de Jesús en la historia del mundo. 33
-
- CAPÍTULO II.--Infancia y juventud de Jesús. -- Sus primeras
- impresiones. 42
-
- CAPÍTULO III.--Educacion de Jesús. 46
-
- CAPÍTULO IV.--Órden de ideas en cuyo seno creció Jesús. 53
-
- CAPÍTULO V.--Primeros aforismos de Jesús. -- Sus ideas de un
- Dios padre y de una religion pura. -- Primeros discípulos. 66
-
- CAPÍTULO VI.--Juan Bautista. -- Viaje de Jesús hácia Juan y su
- permanencia en el desierto de Judea. -- Adopta el bautismo de
- Juan. 76
-
- CAPÍTULO VII.--Desarrollo de las ideas de Jesús sobre el reino
- de Dios. 84
-
- CAPÍTULO VIII.--Jesús en Capharnahum. 92
-
- CAPÍTULO IX.--Los discípulos de Jesús. 100
-
- CAPÍTULO X.--Predicacion del lago. 107
-
- CAPÍTULO XI.--El reino de Dios concebido como el advenimiento
- de los pobres. 114
-
- CAPÍTULO XII.--Embajada de Juan á Jesús. -- Muerte de
- Juan. -- Conexion de su escuela con la de Jesús. 122
-
- CAPÍTULO XIII.--Primeras tentativas sobre Jerusalen. 127
-
- CAPÍTULO XIV.--Relaciones de Jesús con los gentiles y los
- samaritanos. 135
-
- CAPÍTULO XV.--Principio de la leyenda de Jesús. -- Idea que
- tiene él mismo de su mision sobrenatural. 140
-
- CAPÍTULO XVI.--Milagros. 148
-
- CAPÍTULO XVII.--Forma definitiva de las ideas de Jesús sobre el
- reino de Dios. 155
-
- CAPÍTULO XVIII.--Instituciones de Jesús. 164
-
- CAPÍTULO XIX.--Progresion creciente de entusiasmo y de
- exaltacion. 172
-
- CAPÍTULO XX.--Oposicion contra Jesús. 178
-
- CAPÍTULO XXI.--Último viaje de Jesús á Jerusalen. 186
-
- CAPÍTULO XXII.--Maquinaciones de los enemigos de Jesús. 195
-
- CAPÍTULO XXIII.--Última semana de Jesús. 201
-
- CAPÍTULO XXIV.--Arresto y causa de Jesús. 212
-
- CAPÍTULO XXV.--Muerte de Jesús. 223
-
- CAPÍTULO XXVI.--Jesús en el sepulcro. 228
-
- CAPÍTULO XXVII.--Suerte de los enemigos de Jesús. 231
-
- CAPÍTULO XXVIII.--Carácter esencial de la obra de Jesús. 234
-
- NOTAS. 245
-
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-
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-
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- </head>
-<body class="formato">
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Vida de Jesús, by Ernesto Renán</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Vida de Jesús</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Ernesto Renán</div>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Translator: Federico de la Vega</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: April 26, 2021 [eBook #65165]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This book was produced from scanned images of public domain material from the Google Books project.)</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE JESÚS ***</div>
-
-<div class="front">
- <hr class="full" />
- <p><a href="#Notas">Notas</a></p>
- <p><a href="#ToC">Índice</a></p>
-</div>
-
-<div class="transnote" id="tnote">
- <p class="tnotetit">Nota de transcripción</p>
- <ul>
- <li>Los errores de imprenta han sido corregidos.</li>
-
- <li>La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose
- las variantes a la grafía más frecuente.</li>
-
- <li>Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan.</li>
-
- <li>El texto de las notas, citas y referencias se ha hecho
- coincidir con el del original francés de la 12.ª edición. (Las
- ediciones francesas, a partir de la 13.ª, tienen adiciones que no
- están reflejadas en esta traducción.)</li>
-
- <li>Las notas a pie de página procedentes del autor han sido
- renumeradas y quedan colocadas al final del libro, como en el
- original impreso. Las procedentes del editor o del traductor se
- han colocado debajo del párrafo que contiene la llamada.</li>
-
- <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
- </ul>
-</div>
-
-
-<div class="screenonly x-ebookmaker-drop">
- <hr class="chap" />
- <div class="figcenter">
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- </div>
-</div>
-
-
-<div class="tit pt6">
- <hr class="chap" />
- <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p>
- <h1 class="lh150 g1 ws1"><small>VIDA</small><br />
- <big>DE JESÚS</big></h1>
- <p class="mt-1">—</p>
- <p class="fs90 g2 ws1 mt1">HISTORIA</p>
- <p class="fs90 ws1 mt05"><b>DE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO</b></p>
- <p class="mt1">—</p>
- <p class="fs90 ws1 mt1">LIBRO PRIMERO</p>
- <hr class="chap" />
-</div>
-
-
-<div class="tit">
- <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p>
- <p class="fs140 g1 ws1">ERNESTO RENÁN</p>
- <p class="mt1">——</p>
- <p class="fs175 g2 mt1">VIDA</p>
- <p class="fs300 g1 ws1 mt05">DE JESÚS</p>
- <p class="fs75 ws1 mt3">NUEVA EDICION CON NOTAS</p>
-
- <p class="mt2">——</p>
-
- <p class="fs140 g1 mt15">MADRID</p>
- <p class="g2 ws1 mt05">LIBRERÍA DE ALFONSO DURÁN</p>
- <p class="fs75 ws1 mt1">CARRERA DE S. GERÓNIMO, 2</p>
- <p>—</p>
- <p class="fs110 g1">1869</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="tit pt6">
-<p class="pieimp">MADRID, 1869.—Imp. de Rivadeneyra, Duque de Osuna, 3.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_0">
- <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p>
- <p class="centra fs120 ws1">AL ALMA PURA</p>
- <h2 class="nobreak" title="Dedicatoria">DE MI HERMANA ENRIQUETA</h2>
- <p class="centra fs60 ws1 mt3">MUERTA EN BIBLOS EL 24 DE SETIEMBRE DE 1861</p>
-</div>
-
-<div class="dedic">
-
-<p>¿Te acuerdas, desde el seno de Dios, donde reposas, de aquellos
-largos dias de Ghazir en que, solo contigo, escribia yo estas páginas,
-inspiradas por los lugares que acabábamos de recorrer? Silenciosa á mi
-lado, tú releias cada página y la copiabas apénas escrita, miéntras
-que á nuestros piés se extendian el mar, las aldeas, los barrancos
-y las montañas. Cuando á la sofocante luz de la tarde sucedia el
-innumerable ejército de estrellas, tus preguntas finas y delicadas y
-tus discretas dudas me hacian pensar en el objeto de nuestras comunes
-investigaciones. Un dia me dijiste que tú amarias este libro, por
-haber sido escrito en tu compañía, y porque te gustaba su espíritu.
-Y si algunas veces temias que le fuese contrario el juicio del
-hombre frívolo, siempre estuvis<span class="pagenum" id="Page_2">p.
-2</span>te persuadida que al fin agradaria á las almas verdaderamente
-religiosas. El ala de la muerte nos hirió á entrambos en medio de
-aquellas dulces meditaciones; á la misma hora caimos en febril
-letargo... ¡Yo me desperté solo!... Tú duermes ahora en la tierra de
-Adónis, cerca de la santa Biblos y de las aguas sagradas, donde iban á
-mezclar sus lágrimas las mujeres de los misterios antiguos. Revélame
-¡oh buen genio! á mí, á quien tanto amabas, esas verdades que dominan
-la muerte, que impiden temerla y casi nos la hacen amar.</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_00">
- <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p>
- <h2 class="nobreak">INTRODUCCION</h2>
- <p class="subh2">EN DONDE PRINCIPALMENTE SE TRATA DE LAS FUENTES
- DE&nbsp;ESTA&nbsp;HISTORIA</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<p>Una historia de los «Orígenes del cristianismo» deberá abarcar todo
-el período oscuro, subterráneo, si se me permite la frase, que se
-extiende desde los primeros pasos de esta religion hasta el momento en
-que su existencia vino á ser un hecho público, notorio, evidente á los
-ojos de todo el mundo. Esta historia se compondrá de cuatro libros:—el
-primero, que hoy ofrezco al público, trata del hecho mismo que sirvió
-al nuevo culto de punto de partida, y le llena completamente la persona
-sublime de su fundador. El segundo tratará de los apóstoles y de sus
-discípulos inmediatos; mejor dicho, de las revoluciones que sufrió el
-pensamiento religioso en las dos primeras generaciones cristianas. Le
-cerraré hácia el año 100, época en que habian ya muerto los últimos
-amigos de Jesús y en que se habian fijado todos los libros del Nuevo
-Testamento en la forma que tienen hoy dia. En el tercer volúmen
-expondré el estado del cristianismo bajo los Antoninos: verásele en
-él desarrollarse lentamente y sostener una guerra casi constante
-contra el imperio, el cual, habiendo llegado entónces al apogeo de la
-perfeccion administrativa, y hallándose dirigido por filósofos, combate
-en la secta naciente<span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span>
-una sociedad secreta y teocrática que le niega con obstinacion y le
-mina sin cesar. Este libro contendrá todo el siglo segundo. En el
-tomo cuarto demostraré, por último, los progresos decisivos que hace
-el cristianismo á partir de los emperadores sirios. En él se verá el
-hundimiento de la sábia construccion de los Antoninos, la decadencia
-de la civilizacion antigua hacerse irrevocable, el cristianismo
-aprovechándose de su ruina, la Siria conquistando todo el Occidente,
-y á Jesús, en compañía de los dioses y de los sabios divinizados
-del Asia, tomar posesion de una sociedad á la cual no bastaba ya la
-filosofía del Estado puramente civil. Entónces es cuando las ideas
-religiosas de las razas agrupadas al rededor del Mediterráneo se
-modifican profundamente; cuando los cultos orientales extienden por
-todas partes su dominio; cuando el cristianismo, olvidando por completo
-sus ensueños miliarios, rompe los últimos lazos que le ligaban al
-judaismo y pasa entero al mundo greco-latino. Las luchas y el trabajo
-literario del siglo tercero, que ya se presentan sin rebozo, no se
-expondrán sino á rasgos generales. Más sumariamente referiré aún las
-persecuciones del principio del siglo cuarto, último esfuerzo del
-imperio por reivindicar sus antiguos principios, aquellos que no
-concedian ningun puesto en el Estado á la sociedad religiosa. Por
-último, me limitaré á presentir el cambio de política que invirtió los
-papeles bajo el cetro de Constantino é hizo del más libre y espontáneo
-movimiento religioso un culto oficial sujeto al Estado y perseguidor á
-su vez.</p>
-
-<p>Ignoro si tendré vida y fuerzas suficientes para llenar un plan tan
-vasto. Me daria por satisfecho si, despues de haber escrito la vida
-de Jesús, pudiese referir, segun yo la comprendo, la historia de los
-apóstoles, el estado de la conciencia cristiana durante las semanas que
-siguieron á la muerte de Jesús, la formacion del ciclo legendario de la
-resurreccion, los primeros actos de la iglesia de Jerusalen, la vida de
-San Pablo, la crísis del tiempo de Neron, la aparicion del Apocalípsis,
-la ruina de Jerusalen, la fundacion de las cristiandades hebráicas de
-la Batanea, la redaccion de los evangelios y el orígen de las grandes
-escuelas del Asia Menor derivadas de Juan. Todo palidece junto á ese
-maravilloso primer siglo. Y por una singularidad rara en la historia,
-vemos mucho más claramente lo que pasó en el mundo cristiano desde el
-año 50 al 75 que desde el 100 al 150.</p>
-
-<p>El plan que he adoptado en esta historia me ha impedido<span
-class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span> introducir en el texto largas
-disertaciones críticas sobre los puntos controvertidos. Un sistema
-contínuo de notas permite al lector comprobar por sí mismo en las
-fuentes que se citan, las proposiciones de la obra<a id="FNanchor_1"
-href="#Footnote_1" class="fnanchor">[*]</a>. En esas notas me he
-limitado estrictamente á las citas de primera mano, esto es, á la
-indicacion de los pasajes originales, sobre los cuales se apoya cada
-aserto ó cada conjetura. Comprendo que para las personas poco iniciadas
-en esta clase de estudios, serían indispensables explicaciones mucho
-más extensas. Pero no tengo costumbre de retocar lo que está hecho y
-bien hecho. Para no citar sino libros escritos en frances, aquellos
-que deseen profundizar la materia pueden proporcionarse las obras
-siguientes:</p>
-
-<div class="footnote2">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[*]</a> Para no
-fatigar la atencion del lector con repetidas llamadas bajo el texto,
-hemos creido oportuno trasladar las notas al fin del volúmen.</p>
-
-</div>
-
-<p><i>Études critiques sur l’évangile de saint Matthieu</i>, par M.
-Albert <span class="smcap">Réville</span>, pasteur de l’Église wallonne
-de Rotterdam.</p>
-
-<p><i>Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique</i>,
-par M. <span class="smcap">Reuss</span>, professeur à la Faculté de
-théologie et au séminaire protestant de Strasbourg.</p>
-
-<p><i>Des doctrines religieuses des Juifs pendant les deux
-siècles antérieurs à l’ère chrétienne</i>, par M. Michel <span
-class="smcap">Nicolas</span>, professeur à la Faculté de théologie
-protestante de Montauban.</p>
-
-<p><i>Vie de Jésus</i>, par le Dr. <span class="smcap">Strauss</span>,
-traduite par M. <span class="smcap">Littré</span>, membre de
-l’Institut.</p>
-
-<p><i>Revue de théologie et de philosophie chrétienne</i>, publiée
-sous la direction de M. <span class="smcap">Colani</span>, de 1850
-à 1857.—<i>Nouvelle Revue de théologie</i>, faisant suite à la
-précedente, depuis 1858.</p>
-
-<p><i>Les Évangiles</i>, par M. Gustave <span
-class="smcap">d’Eichthal</span>. Première partie: <i>Examen critique et
-comparatif des trois premiers évangiles</i>.</p>
-
-<p class="mt1">Los que quieran tomarse el trabajo de consultar estos
-excelentes escritos, encontrarán en ellos la explicacion de multitud
-de puntos sobre los cuales he tenido que ser muy conciso. En lo que
-particularmente se refiere á los textos evangélicos, su crítica
-detallada ha sido hecha por Strauss de un modo que deja muy poco
-que desear. Y aunque Strauss se haya engañado en su teoría sobre la
-redaccion de los evangelios<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6"
-class="fnanchor">[1]</a>, y aunque su libro tenga, en mi opinion, el
-defecto de afirmarse en gran manera sobre el terreno teológico y muy
-poco sobre el de la historia<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7"
-class="fnanchor">[2]</a>, preciso es, para apreciar<span
-class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> los motivos que me han guiado
-en una infinidad de detalles, seguir la discusion, siempre juiciosa,
-aunque algo sutil en ocasiones, de la obra que tan bien ha traducido mi
-sabio cofrade M. Littré.</p>
-
-<p>En materia de testimonios antiguos creo no haber descuidado ninguna
-fuente de informaciones. Sin contar un sinnúmero de datos esparcidos
-acá y allá, cinco grandes colecciones de escritos nos quedan respecto
-á Jesús y al tiempo en que vivió:—1.ª los evangelios y en general los
-escritos del Nuevo Testamento; 2.ª las composiciones llamadas apócrifas
-del «Antiguo Testamento»; 3.ª las obras de Filon; 4.ª las de Josefo;
-5.ª el Talmud. Los escritos de Filon tienen la inapreciable ventaja de
-mostrarnos las ideas que, en tiempo de Jesús, fermentaban en las almas
-ocupadas en las grandes cuestiones religiosas. Verdad es que Filon
-vivia en otra provincia del judaismo, diferente de la en que habitaba
-Jesús; pero tambien lo es que su carácter, como el del fundador del
-cristianismo, estaba muy por encima de las pequeñeces que reinaban en
-Jerusalen:—Filon es en este concepto el hermano mayor de Jesús. Sesenta
-y dos años tenía cuando el profeta de Nazareth se hallaba en el apogeo
-de su actividad, y le sobrevivió diez años, por lo ménos. ¡Lástima es
-que los azares de la vida no le llevasen á Galilea! ¡Cuánto no nos
-habria enseñado!</p>
-
-<p>El estilo de Josefo, que particularmente escribia para los paganos,
-no tiene la misma sinceridad. Sus escasas noticias sobre Jesús, Juan
-Bautista y Júdas el Gaulonita, son áridas y sin color. Se conoce
-á primera vista que trata de presentar aquellos movimientos, cuyo
-carácter era tan profundamente judáico, bajo una forma inteligible
-para los griegos y romanos. Sin embargo, tengo por auténtico el
-pasaje que se refiere á Jesús, porque se halla en perfecta armonía
-con la índole de Josefo; al mencionar este historiador á Jesús no
-debió hacerlo de otro modo. No obstante, se conoce que una mano
-cristiana ha retocado el pasaje añadiéndole algunas palabras,
-sin las cuales habria sido casi blasfematorio<a id="FNanchor_8"
-href="#Footnote_8" class="fnanchor">[3]</a>, y suprimiéndole ó
-modificándole algunas expresiones<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9"
-class="fnanchor">[4]</a>. Preciso es tener presente que Josefo debe
-su fama literaria á los cristianos, quienes adoptaron sus escritos
-como documentos esenciales á su historia sagrada. Probablemente
-se hizo de ellos en el siglo segundo una edicion corregida segun
-las ideas cristianas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10"
-class="fnanchor">[5]</a>. De todos modos, lo que constituye el inmenso
-interes<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> de Josefo
-con relacion á nuestro asunto, es la viva luz que arroja sobre los
-personajes de aquel tiempo. Gracias á él, Heródes, Herodías, Antipas,
-Felipe, Anás, Caifás y Pilátos, son figuras históricas que aparecen de
-relieve á nuestra vista con maravillosa exactitud.</p>
-
-<p>Los apócrifos del Antiguo Testamento, y en particular la parte
-judía de los versos sibilinos y el Libro de Henoch, tienen, unidos
-al Libro de Daniel, que tambien es un verdadero apócrifo, inmensa y
-capital importancia para la historia del desarrollo de las teorías
-mesiánicas y para la inteligencia de las concepciones de Jesús
-sobre el reino de Dios. El Libro de Henoch, muy conocido de las
-personas que rodeaban á Jesús<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11"
-class="fnanchor">[6]</a>, nos da, sobre todo, la clave de la expresion
-de «Hijo del Hombre» y de las ideas que á ella se refieren. Gracias
-á los trabajos de MM. Alexandre, Ewald, Dillmann y Reuss, la edad de
-estos diferentes libros está ya fuera de duda. Todo el mundo conviene
-en que la redaccion del más importante de entre ellos data de los
-siglos segundo y primero ántes de Jesucristo. La fecha del Libro
-de Daniel es más incierta. El carácter de las lenguas en que está
-escrito, el uso de palabras griegas, el anuncio claro, determinado,
-preciso de los acontecimientos que alcanzan hasta la época de Antíoco
-Epifáneo, las falsas imágenes que en él se trazan de la antigua
-Babilonia, el colorido general del libro, que en nada se parece á los
-escritos del cautiverio, y que, al contrario, se armoniza por una
-infinidad de analogías con las creencias, las costumbres y los giros
-de imaginacion de la época de los Seléucidas, el sabor apocalíptico de
-las visiones, el sitio del libro en el cánon hebreo fuera de la serie
-de los profetas, la omision de Daniel en los panegíricos del capítulo
-<span class="asc">XLIX</span> del <i>Eclesiástico</i>, donde se
-hallaba su rango como indicado, multitud de otras pruebas que han
-sido cien veces deducidas, todo, en fin, induce á creer que el Libro
-de Daniel fué producto de la grande exaltacion que la persecucion de
-Antíoco ocasionó entre los judíos. Así, pues, no debe clasificarse
-este libro entre la antigua literatura profética, sino más bien al
-frente de la literatura apocalíptica, como primer modelo de un género
-de composiciones entre las cuales debian figurar despues de él los
-diversos poemas sibilinos, el Libro de Henoch, el Apocalípsis de Juan,
-la Ascension de Isaías y el cuarto libro de Esdras.</p>
-
-<p>Mucho se ha descuidado hasta hoy el Talmud al tratarse<span
-class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span> de la historia de los orígenes
-del cristianismo. Pero yo creo, con M. Geiger, que la verdadera nocion
-de las circunstancias en que se produjo su fundador, debe buscarse en
-esta rara compilacion, tan abundante de preciosas noticias, que se
-mezclan y confunden con la más trivial escolástica. Habiendo seguido la
-teología cristiana y la judáica dos caminos paralelos en el fondo, no
-puede comprenderse bien la historia de la una sin la de la otra. Por
-otra parte, innumerables detalles materiales de los evangelios tienen
-su comentario en el Talmud. Ya las compilaciones latinas de Lightfoot,
-de Schœttgen, de Buxtorf y de Otho contenian á este respecto multitud
-de noticias. Por mi parte, me he impuesto el deber de comprobar en
-el original cuantas citas he admitido, sin exceptuar una sola. Y la
-colaboracion que en esta parte de mi trabajo debo á M. Neubauer, sabio
-israelita muy versado en la literatura talmúdica, me ha permitido ir
-más léjos y aclarar las partes más delicadas de mi asunto con algunas
-nuevas comparaciones. Extendiéndose la redaccion del Talmud desde el
-año 200 hasta el 500, próximamente, la distincion de las épocas es aquí
-muy importante. Nosotros las hemos examinado con todo el discernimiento
-que permite el estado actual de esta clase de estudios. Entre algunas
-personas acostumbradas á no conceder valor á un documento sino por la
-época misma en que fué escrito, excitarán acaso algunos temores tan
-recientes fechas. Pero semejantes escrúpulos estarian aquí fuera de
-lugar. La enseñanza de los judíos desde la época asmonea hasta el siglo
-segundo fué oral principalmente, y no debe juzgarse de aquella especie
-de estado intelectual por las costumbres de un tiempo en que tanto se
-escribe. Los Vedas y las antiguas poesías árabes se conservaron en la
-memoria del pueblo durante siglos, y sin embargo, esas composiciones
-presentan una forma decisiva y muy delicada. Por el contrario, la
-forma no tiene en el Talmud ningun valor. Añadamos que ántes de la
-<i>Mischna</i> de Júdas el Santo, que hizo olvidar todas las otras,
-hubo ensayos de redaccion cuyos principios se remontan acaso mucho más
-allá de lo que comunmente se supone. El estilo del Talmud es el de
-los resúmenes compilativos: probablemente los redactores no hicieron
-sino clasificar, bajo ciertos títulos, el enorme fárrago de escrituras
-que por espacio de muchas generaciones se habian acumulado en las
-diferentes escuelas.</p>
-
-<p>Réstanos hablar de los documentos que, presentándose como<span
-class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> biografías del fundador del
-cristianismo, deben ocupar naturalmente el primer rango en una vida
-de Jesús. Un tratado completo sobre la redaccion de los evangelios
-tendria que formar una obra aparte. Merced á los hermosos trabajos de
-que ha sido objeto esta cuestion desde hace treinta años, el problema
-que otras veces parecia inabordable, ha llegado á una solucion que,
-si bien deja todavía paso á muchas incertidumbres, satisface al ménos
-plenamente las necesidades de la historia. Siendo la composicion de
-los evangelios uno de los hechos más importantes para el porvenir
-del cristianismo, de cuantos en la postrera mitad del primer siglo
-ocurrieron, ocasion tendrémos de volver á examinarla en nuestro segundo
-libro. Aquí no tratarémos esta especie sino bajo el punto de vista
-indispensable á la solidez de nuestro relato. Sólo buscarémos, dejando
-aparte cuanto pertenece al cuadro de los tiempos apostólicos, la medida
-en que deben emplearse los datos que los evangelios nos ofrecen en una
-historia trazada con arreglo á principios racionales<a id="FNanchor_12"
-href="#Footnote_12" class="fnanchor">[7]</a>.</p>
-
-<p>Que los evangelios son en parte legendarios, es cosa evidente,
-puesto que en ellos abundan los milagros y lo sobrenatural; pero
-hay leyenda y leyenda. Nadie pone en duda, por ejemplo, los rasgos
-principales de la vida de Francisco de Asís, sin embargo de hallarse en
-ella lo sobrenatural muy frecuentemente. Por el contrario, ninguno da
-crédito á la «Vida de Apolonio de Tiana.» ¿Por qué?—Porque fué escrita
-mucho tiempo despues del héroe, y bajo las condiciones de pura novela.
-¿En qué época, por qué manos y en qué circunstancias fueron escritos
-los evangelios? Hé aquí la cuestion capital de que depende el juicio
-que de su autenticidad debemos formarnos.</p>
-
-<p>Sabido es que cada uno de los cuatro evangelios lleva al frente
-el nombre de un personaje conocido, bien en la historia apostólica,
-bien en la misma historia evangélica. Pero esos cuatro personajes no
-se nos han presentado rigurosamente como sus autores. Segun la más
-antigua opinion, las fórmulas «segun Matheo», «segun Márcos», «segun
-Lúcas», «segun Juan», no implican que estos relatos fuesen escritos de
-extremo á extremo por Juan, Lúcas, Márcos y Matheo<a id="FNanchor_13"
-href="#Footnote_13" class="fnanchor">[8]</a>; esas fórmulas significan
-únicamente que se apoyan en las tradiciones que provienen de cada
-uno de aquellos apóstoles y que se escudan con su autoridad. Si esos
-títulos son exactos, claro es que los evangelios, sin que dejen de ser
-legendarios en<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> parte,
-tienen sumo valor, puesto que nos llevan al medio siglo que siguió á la
-muerte de Jesús, y en dos de ellos, hasta á los testigos oculares de
-sus acciones.</p>
-
-<p>Por lo que á Lúcas respecta, la duda no es posible. El evangelio de
-Lúcas es una composicion regular, fundada en documentos anteriores<a
-id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[9]</a>; es
-la obra de un hombre que elige, entresaca y combina. Indudablemente
-el autor de este evangelio es el mismo que el de los «Hechos
-de los Apóstoles»<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15"
-class="fnanchor">[10]</a>, el cual fué un compañero de San Pablo<a
-id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" class="fnanchor">[11]</a>,
-título que conviene perfectamente á Lúcas<a id="FNanchor_17"
-href="#Footnote_17" class="fnanchor">[12]</a>. Sé que á este
-razonamiento puede oponerse más de una objecion, pero al ménos una
-cosa está fuera de duda, y es, que el autor del tercer evangelio y
-de los «Hechos» fué un hombre de la segunda generacion apostólica, y
-esto basta á mi objeto. Por otra parte, la fecha de este evangelio
-puede determinarse con mucha precision por medio de consideraciones
-sacadas del libro mismo. El capítulo XXI de Lúcas, inseparable del
-resto de la obra, se escribió, á no dudarlo, despues del sitio de
-Jerusalen, pero poco despues<a id="FNanchor_18" href="#Footnote_18"
-class="fnanchor">[13]</a>. Aquí nos hallamos, pues, en un terreno
-sólido, porque se trata de una obra escrita de un extremo á otro por la
-misma mano y en la cual resalta la más perfecta unidad.</p>
-
-<p>Los evangelios de Matheo y Márcos no tienen, ni con mucho, el
-mismo sello individual.—Son composiciones impersonales, en las cuales
-desaparece totalmente el autor. Un nombre propio escrito al frente
-de este género de obras dice muy poco. Pero si el evangelio de Lúcas
-se halla fechado, tambien lo están el de Matheo y el de Márcos,
-puesto que es indudable que el tercer evangelio es posterior á los
-dos primeros, y que ofrece el carácter de una redaccion mucho más
-avanzada. Tenemos sobre este punto, á mayor abundamiento, un testimonio
-capital que data de la primera mitad del siglo segundo, cual es el de
-Papias, obispo de Hierápolis, hombre grave, de tradicion, que empleó
-toda su vida en recoger con particular esmero cuantas noticias se
-referian á la persona de Jesús<a id="FNanchor_19" href="#Footnote_19"
-class="fnanchor">[14]</a>. Papias, despues de haber declarado que
-en semejantes materias prefiere la tradicion oral á los libros,
-menciona dos escritos sobre los actos y las palabras de Cristo: 1.º,
-un escrito de Márcos, intérprete del apóstol Pedro; escrito corto,
-incompleto, no clasificado por órden cronológico, el cual comprende
-relatos y discursos (<span xml:lang="grc" lang="grc">λεχθέντα ἢ
-πραχθέντα</span>), y fué compuesto en vista de los recuerdos y
-noticias del apóstol Pedro; 2.º, una compilacion de sentencias (<span
-xml:lang="grc" lang="grc">λόγια</span>) escrit<span class="pagenum"
-id="Page_11">p. 11</span>a por Matheo en lengua hebrea<a
-id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" class="fnanchor">[15]</a>, «y
-que ha traducido cada uno como ha podido.» Es indudable que estas dos
-descripciones se armonizan bastante bien con la fisonomía general de
-los dos libros llamados ahora «Evangelio segun Matheo» y «Evangelio
-segun Márcos», los cuales se distinguen, uno por sus largos discursos,
-y otro por sus anécdotas, en particular, por ser mucho más exacto que
-el primero en relatar los acontecimientos de secundaria importancia,
-pobre en discursos, breve hasta la aridez y por estar bastante mal
-pergeñado. Que sean estas dos obras, tales como nosotros las leemos,
-absolutamente parecidas á las que leia Papias, no es sostenible en
-buena lógica; primero, porque el escrito de Matheo, segun Papias, se
-componia tan sólo de discursos en hebreo, de los cuales circulaban
-traducciones bastante diferentes; y segundo, porque la obra de Márcos
-y la de Matheo eran, para él, profundamente distintas, no tenian en su
-redaccion ningun punto de contacto, y á lo que parece, estaban escritas
-en diferente idioma. Esto supuesto, y ofreciendo el «Evangelio segun
-Márcos» y el «Evangelio segun Matheo», en el estado actual de sus
-textos, larguísimos trozos paralelos perfectamente idénticos, preciso
-es suponer ó que el redactor definitivo del primero tenía el segundo
-á la vista, ó que el del segundo consultaba el primero, ó que ambos
-redactores copiaron el mismo prototipo. Lo más verosímil es, que ni
-respecto á Márcos ni respecto á Matheo, tenemos las redacciones del
-todo originales, y que nuestros dos primeros evangelios son arreglos,
-en los cuales se trató de llenar, con un texto, los vacíos del otro.
-Cada uno quiso, en efecto, poseer un ejemplar completo: aquel que en el
-suyo no tenía sino discursos, deseó tener relatos, y recíprocamente.
-Sólo así se explica que el «Evangelio segun Matheo» comprenda casi
-todas las anécdotas de Márcos, y que el «Evangelio segun Márcos»
-encierre hoy un sinnúmero de rasgos que emanan de las <i>Logia</i> de
-Matheo. Además, cada uno bebia abundantemente en el manantial de la
-tradicion evangélica que continuaba manando en torno suyo. Y tan léjos
-estuvo aquella tradicion de haber sido agotada por los evangelios, que
-los «Hechos de los Apóstoles» y los Padres más antiguos citan várias
-palabras de Jesús que parecen auténticas y que no se hallan en los
-evangelios que poseemos.</p>
-
-<p>No cumple á nuestro objeto actual el delicado análisis de
-reconstruir, hasta cierto punto, las <i>Logia</i> originales de
-Matheo, por una parte, y, por la otra, el relato primitivo tal<span
-class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> como salió de la pluma
-de Márcos. Sin duda las <i>Logia</i> se nos representan como los
-grandes discursos de Jesús, que llenan una parte considerable del
-primer evangelio. Y efectivamente, estos discursos forman, cuando
-se separan del resto, un todo bastante completo. En cuanto á los
-relatos del primero y del segundo evangelio, parece que tienen una
-base comun, cuyo texto se halla tan pronto en uno como en otro, y del
-cual no es el segundo evangelio, tal cual le leemos hoy dia, sino una
-reproduccion poco modificada. En otros términos, el sistema de la vida
-de Jesús reposa entre los sinópticos en dos documentos originales:
-1.º, los discursos de Jesús, recogidos por el apóstol Matheo; 2.º, la
-compilacion de anécdotas y de noticias originales que Márcos escribió
-en vista de los recuerdos de Pedro. Y todavía puede decirse que en
-los dos evangelios que, no sin razon, llevan el nombre de «Evangelio
-segun Matheo» y de «Evangelio segun Márcos», tenemos esos documentos
-mezclados con noticias de otra procedencia.</p>
-
-<p>De todos modos, es indudable que los discursos de Jesús se
-escribieron en lengua aramea, así como tambien sus acciones notables.
-Pero aquéllos no fueron los textos definitivos y dogmáticamente
-fijados. Además de los evangelios que han llegado hasta nosotros,
-hay multitud de escritos que pretenden representar la tradicion
-de testigos oculares<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21"
-class="fnanchor">[16]</a>. Mas se les da poca importancia, y los
-conservadores, como Papias, prefieren á ellos la tradicion oral<a
-id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[17]</a>. Como
-quiera que todavía se creia próximo el fin del mundo, eran muy pocos
-los que se tomaban el trabajo de componer libros para el porvenir, y
-sólo se trataba de grabar en el corazon la imágen viva del que muy
-pronto habian de volver á ver en las nubes. De ahí la poca autoridad de
-que gozaron los textos evangélicos durante ciento cincuenta años. Nadie
-tenía escrúpulo en adicionarlos, combinarlos diversamente y completar
-unos con otros. El pobre que no poseia más que un libro, deseaba que
-contuviese todo cuanto interesaba á su corazon. Prestábanse aquellos
-libretos, y cada uno trascribia al márgen de su ejemplar las palabras y
-las parábolas que encontraba en otra parte y que conmovian su ánimo<a
-id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" class="fnanchor">[18]</a>.
-Así es como la cosa más bella del mundo salió de una elaboracion
-oscura y completamente popular. Ninguna redaccion tenía valor
-absoluto. Justino, que recurrió con frecuencia á lo que él llama
-«Memorias de los apóstoles»<a id="FNanchor_24" href="#Footnote_24"
-class="fnanchor">[19]</a>, tenía á la vista un estado de<span
-class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span> los documentos evangélicos
-muy diferente del que nosotros poseemos; de todos modos, no se tomó el
-trabajo de entresacarlos textualmente. El mismo carácter presentan las
-citas en los escritos seudo-clementinos, de orígen ebionita. La letra
-no se tenía en nada, el espíritu lo era todo. Los textos que llevan
-el nombre de los apóstoles no tuvieron autoridad decisiva ni fuerza
-de ley, sino cuando la tradicion se debilitó en la postrera mitad del
-siglo segundo.</p>
-
-<p>¿Quién no conoce el valor de documentos que así se compusieron de
-los tiernos recuerdos y de los cándidos relatos de las dos primeras
-generaciones cristianas; de esos documentos llenos todavía de la fuerte
-impresion que habia producido su ilustre fundador y que parece haberle
-sobrevivido largo tiempo? Añadamos que los evangelios en cuestion
-provienen, á lo que parece, de aquella rama de la familia cristiana
-que estuvo más en contacto con Jesús. El último trabajo de redaccion,
-al ménos del texto que lleva el nombre de Matheo, parece haberse hecho
-en uno de los países situados al nordeste de Palestina, tales como
-la Gaulonítida, el Hauran ó la Batanea, adonde se refugiaron muchos
-cristianos en la época de la guerra con Roma, donde en el siglo segundo
-existian aún parientes de Jesús<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25"
-class="fnanchor">[20]</a>, y en donde se conservó más tiempo que en
-ninguna otra parte la primera direccion galilea.</p>
-
-<p>Hasta ahora no hemos hablado sino de los tres evangelios llamados
-sinópticos:—réstanos hablar del cuarto, del que lleva el nombre de
-Juan. Las dudas son aquí mucho más fundadas, y la cuestion se halla
-más léjos de resolverse. Papias, que procede de la escuela de Juan,
-y que si no fué su auditor, como pretende Ireneo, frecuentó mucho á
-sus discípulos inmediatos, entre otros á Aristion y al que llamaban
-<i>Presbyteros Joannes</i>; Papias, que compilaba con pasion los
-relatos orales de aquel Aristion y de <i>Presbyteros Joannes</i>, no
-dice ni una sola palabra de una «Vida de Jesús» escrita por Juan. Si
-tal mencion se hubiese encontrado en su obra, la habria, sin duda,
-notado Eusebio, el cual recoge todo cuanto sirve á formar la historia
-literaria del siglo apostólico. No son ménos fuertes las dificultades
-intrínsecas deducidas de la lectura del cuarto evangelio mismo.
-¿Cómo se hallan, junto á las noticias que tambien revelan al testigo
-ocular, esos discursos completamente diferentes de los de Matheo?
-¿Cómo existen, junto á un plan de la vida de Jesús, que pare<span
-class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>ce mucho más satisfactorio
-y completo que el de los sinópticos, esos pasajes singulares en los
-cuales se nota un interes dogmático, propio del redactor, esas ideas
-extrañas del todo á Jesús, y á veces esos indicios que nos previenen
-contra la buena fe del narrador? ¿Cómo, en fin, se ven, junto á las
-tendencias más puras, más justas, más verdaderamente evangélicas, esas
-manchas que parecen interpolaciones de un ardiente sectario? ¿Fué Juan,
-el hijo del Zebedeo, el hermano de Santiago (á quien ni una sola vez
-se menciona en el cuarto evangelio), el que escribió en griego esas
-lecciones de metafísica abstracta, de la cual no ofrecen ejemplo ni
-los sinópticos ni el Talmud? Todo esto es grave, y no seré yo quien se
-atreva á asegurar que el cuarto evangelio fué escrito completamente
-por la pluma de un antiguo pescador galileo. En suma, que el cuarto
-evangelio haya ó no salido hácia fines del primer siglo de la grande
-escuela del Asia Menor, que se derivaba de Juan; lo que se halla
-demostrado por testimonios exteriores y por el exámen del documento
-mismo es, que él nos representa una version de la vida del maestro muy
-digna de tenerse en cuenta y de ser preferida frecuentemente.</p>
-
-<p>Desde luégo nadie pone en duda que hácia el año 150
-existia ya el cuarto evangelio y era atribuido á Juan. Textos
-formales de San Justino<a id="FNanchor_26" href="#Footnote_26"
-class="fnanchor">[21]</a>, de Atenágoras<a id="FNanchor_27"
-href="#Footnote_27" class="fnanchor">[22]</a>, de Taziano<a
-id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" class="fnanchor">[23]</a>,
-de Teófilo de Antioquía<a id="FNanchor_29" href="#Footnote_29"
-class="fnanchor">[24]</a>, de Ireneo<a id="FNanchor_30"
-href="#Footnote_30" class="fnanchor">[25]</a>, señalan este
-evangelio, mezclado desde entónces á todas las controversias y
-sirviendo de piedra angular al desarrollo del dogma. Ireneo es
-hombre grave, Ireneo procedia de la escuela de Juan, y entre
-él y el apóstol no habia sino Policarpo. No es ménos decisivo
-el papel que desempeña nuestro evangelio en el gnosticismo, en
-el sistema de Valentin<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31"
-class="fnanchor">[26]</a> particularmente, en el montanismo<a
-id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[27]</a> y en la
-querella de los cuartodecimanos<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33"
-class="fnanchor">[28]</a>. La escuela de Juan es aquella cuya
-continuacion durante el siglo segundo se distingue mejor, y esa escuela
-no puede explicarse á ménos de no colocar el cuarto evangelio en su
-misma cuna. Añadamos que la primera epístola atribuida á San Juan es, á
-no dudarlo, del mismo autor que el cuarto evangelio<a id="FNanchor_34"
-href="#Footnote_34" class="fnanchor">[29]</a>, y que Policarpo<a
-id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" class="fnanchor">[30]</a>,
-Papias<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" class="fnanchor">[31]</a>
-é Ireneo<a id="FNanchor_37" href="#Footnote_37"
-class="fnanchor">[32]</a> reconocen esa epístola como de Juan.</p>
-
-<p>Pero lo que por su naturaleza causa más impresion es, sobre
-todo, la lectura de la obra. El autor habla siempre como testigo
-ocular y se presenta como el apóstol Juan. Si esta obra no es
-verdaderamente del apóstol, menester es admitir<span class="pagenum"
-id="Page_15">p. 15</span> una superchería que el autor se confesaba
-á sí mismo. Pues bien, aunque las ideas de aquel tiempo en materia
-de buena fe literaria se diferenciasen mucho de las nuestras, el
-mundo apostólico no ofrece ningun ejemplo de una falsedad de esa
-especie, y el autor, no sólo pretende pasar por el apóstol Juan,
-sino que se ve claramente que escribe en el interes de este apóstol.
-En cada página traspira la intencion de fortificar su autoridad, de
-poner de manifiesto que fué el preferido de Jesús<a id="FNanchor_38"
-href="#Footnote_38" class="fnanchor">[33]</a>, y que en la Cena, en
-el Calvario, en el sepulcro, en todas las circunstancias solemnes
-tuvo el primer rango entre los discípulos. Sus relaciones fraternales
-con Pedro, si bien no exentas de cierta rivalidad<a id="FNanchor_39"
-href="#Footnote_39" class="fnanchor">[34]</a>, y su ódio contra Júdas<a
-id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[35]</a>,
-ódio tal vez anterior á la traicion, parecen traslucirse de cuando
-en cuando. Casi está uno tentado por creer que habiendo Juan, ya
-anciano, leido los relatos evangélicos que circulaban, y notado en
-ellos diferentes inexactitudes<a id="FNanchor_41" href="#Footnote_41"
-class="fnanchor">[36]</a>, se resintió de ver el puesto secundario
-que se le concedia en la historia del Cristo, y que entónces, con la
-intencion de manifestar que en muchos casos en que no se habla sino
-de Pedro, habia figurado con él y ántes que él<a id="FNanchor_42"
-href="#Footnote_42" class="fnanchor">[37]</a>, empezó á dictar multitud
-de cosas que sabía mejor que los demás. Esos ligeros sentimientos de
-celos entre los hijos del Zebedeo y los otros discípulos se habian
-manifestado ya en vida de Jesús. Al morir su hermano Santiago,
-Juan quedó como único heredero de los recuerdos íntimos de que
-estos dos apóstoles eran depositarios, segun la confesion de todos.
-De ahí su perpétuo y especial cuidado en recordar que él es el
-último sobreviviente de los testigos oculares<a id="FNanchor_43"
-href="#Footnote_43" class="fnanchor">[38]</a>, y su placer en referir
-circunstancias que sólo él podia conocer. De ahí tambien esa infinita
-minuciosidad de pequeños detalles que parecen como escolios de un
-anotador: «Eran las seis», «era de noche»; «este hombre se llamaba
-Malchus»; «habian encendido un brasero porque hacia frio»; «esta
-túnica no tenía costura.» De ahí, en fin, el desórden de la redaccion,
-la irregularidad de la marcha, la falta de trabazon en los primeros
-capítulos; defectos que son otros tantos rasgos inexplicables en
-la suposicion de que nuestro evangelio no fuese sino una tésis
-teológica sin valor histórico, pero que, por el contrario, se
-comprenden perfectamente si, conforme á la tradicion, se toman por los
-recuerdos del anciano, de prodigiosa frescura algunas veces, otras
-desfigurados por extrañas alteraciones.</p> <p><span class="pagenum"
-id="Page_16">p. 16</span></p> <p>En efecto, en el evangelio de Juan
-debe hacerse una distincion capital. Este evangelio presenta por un
-lado una trama de la vida de Jesús que difiere esencialmente de la
-de los sinópticos. Por otro, pone en boca de Jesús discursos cuyas
-doctrinas, tono, corte y estilo, no tienen nada de comun con las
-<i>Logia</i> de los sinópticos. La diferencia es tal, bajo este segundo
-punto de vista, que no hay término medio y es preciso elegir de una
-manera absoluta. Si Jesús hablaba como dice Matheo, no pudo hablar
-como pretende Juan. Ningun crítico ha vacilado ni vacilará entre las
-dos autoridades. El evangelio de Juan, á mil leguas del tono sencillo,
-desinteresado, impersonal de los sinópticos, manifiesta sin cesar las
-preocupaciones del apologista, la segunda intencion del sectario, el
-propósito de probar una tésis y de convencer á sus contradictores<a
-id="FNanchor_44" href="#Footnote_44" class="fnanchor">[39]</a>. No
-fué, por cierto, con tiradas pretenciosas, pesadas, mal escritas con
-lo que Jesús fundó su obra divina. Aunque Papias no nos dijese que
-Matheo escribió en su lengua original las sentencias de Jesús, la
-naturalidad, la inefable verdad, el encanto sin igual de los discursos
-sinópticos, el corte profundamente hebráico de esos discursos, las
-analogías que ofrecen con las sentencias de los doctores judíos de la
-misma época, su perfecta armonía con la naturaleza de Galilea; todos
-estos caractéres, comparados con la gnósis oscura y con la perfilada
-metafísica en que abundan los discursos de Juan, hablarian muy alto en
-favor de esta creencia. No quiere decir esto que en los discursos de
-Juan no haya admirables destellos y rasgos que verdaderamente emanan de
-Jesús<a id="FNanchor_45" href="#Footnote_45" class="fnanchor">[40]</a>.
-Pero el tono místico de esos discursos en nada corresponde al carácter
-de elocuencia del profeta nazareno, tal como nos la figuramos al
-leer los sinópticos. Un nuevo espíritu se introduce, ya la gnósis ha
-principiado, la era galilea del reino de Dios ha concluido, aléjase
-la esperanza de la próxima venida del Cristo, y se entra ya en las
-arideces de la metafísica, en las tinieblas del dogma abstracto. El
-espíritu de Jesús no está ya aquí, y si verdaderamente fué el hijo
-del Zebedeo el que trazó esas páginas, ¡mucho habia olvidado, al
-escribirlas, el lago de Genesareth y las deliciosas pláticas que en sus
-márgenes escuchara!</p>
-
-<p>Hay además una circunstancia que prueba perfectamente que los
-discursos trasmitidos por el cuarto evangelio no son piezas históricas,
-sino composiciones destinadas á escudar, con la autoridad de Jesús,
-ciertas doctrinas á las cuales s<span class="pagenum" id="Page_17">p.
-17</span>e hallaba muy apegado el redactor; consiste esa circunstancia
-en la perfecta armonía de los tales discursos con el estado intelectual
-del Asia Menor en el momento en que fueron escritos. El Asia Menor era
-entónces el teatro de un extraño movimiento de filosofía sincrética,
-y ya existian allí todos los gérmenes del gnosticismo. Juan, parece
-haber bebido en aquel manantial extranjero. ¿Quién sabe si, despues
-de la crísis del año 68 (fecha del Apocalípsis) y del 70 (ruina de
-Jerusalen), habiendo perdido el alma ardiente y móvil del viejo
-apóstol la esperanza de una próxima aparicion en las nubes del
-Hijo del hombre, se inclinó hácia las ideas que surgian al rededor
-suyo, algunas de las cuales se amalgamaban bastante bien con ciertas
-doctrinas cristianas? Al prestar aquellas ideas á Jesús no hizo
-sino obedecer á una propension bien natural. Nuestros recuerdos se
-trasforman como todo lo demás;—el ideal de una persona que hemos
-conocido, cambia con nosotros<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46"
-class="fnanchor">[41]</a>. Considerando Juan á Jesús como la
-encarnacion de la verdad, no podia ménos de atribuirle cuanto él mismo
-habia llegado á tener por verdadero.</p>
-
-<p>Si hemos de decirlo todo, añadirémos que probablemente Juan tuvo
-poquísima parte en ese cambio, y que, más bien que por él, se operó en
-torno suyo. En ocasiones se inclina uno á creer que algunas preciosas
-notas, procedentes del apóstol, fueron empleadas por sus discípulos en
-un sentido muy diverso del primitivo espíritu evangélico. Y en efecto,
-ciertas partes del cuarto evangelio, tales como todo el capítulo <span
-class="asc">XXI</span><a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47"
-class="fnanchor">[42]</a>, en el cual parece haberse propuesto el autor
-rendir homenaje al apóstol Pedro, despues de su muerte, y responder á
-las objeciones que iban á deducirse ó que ya se deducian de la muerte
-del mismo Juan, fueron añadidas más tarde. En otros varios sitios se
-distingue la huella de raspaduras y correcciones<a id="FNanchor_48"
-href="#Footnote_48" class="fnanchor">[43]</a>.</p>
-
-<p>Imposible es, á semejante distancia, encontrar la clave de todos
-esos problemas singulares, y si nos fuera permitido penetrar los
-secretos de aquella misteriosa escuela de Éfeso que se complugo en
-marchar por vias oscuras, muchas sorpresas habriamos de tener á no
-dudarlo. Pero puede hacerse una experiencia capital, y es la siguiente.
-Cualquiera persona que se ponga á escribir la vida de Jesús sin teoría
-determinada sobre el valor de los evangelios, y dejándose guiar
-únicamente por el sentimiento del asunto, propenderá, en una porcion
-de casos, á preferir la narracion de Juan á la de los sinópticos<span
-class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>. Los últimos meses de la
-vida de Jesús no se explican sino por Juan, y una infinidad de rasgos
-de la pasion, ininteligibles en los sinópticos<a id="FNanchor_49"
-href="#Footnote_49" class="fnanchor">[44]</a>, adquieren verosimilitud
-y posibilidad en el relato del cuarto evangelio. Por el contrario,
-desafío á cualquiera á que componga una vida de Jesús que tenga sentido
-comun, basándola en los discursos que Juan atribuye al maestro. Esa
-manera de predicar de sí mismo y de evidenciarse incesantemente, esa
-perpétua argumentacion, esa exornacion sin ninguna sencillez, esos
-largos razonamientos con motivo de cada milagro, y esos discursos
-áridos y tortuosos, cuyo tono es tan á menudo falso y desigual<a
-id="FNanchor_50" href="#Footnote_50" class="fnanchor">[45]</a>, no
-pueden aceptarse por ningun hombre de mediano gusto y discernimiento,
-junto á las sentencias deliciosas de los sinópticos. Evidentemente
-son piezas artificiales<a id="FNanchor_51" href="#Footnote_51"
-class="fnanchor">[46]</a> que nos representan las predicaciones de
-Jesús como los diálogos de Platon nos representan las pláticas de
-Sócrates: son en cierto modo las variaciones de un músico que improvisa
-por su propia cuenta sobre un tema determinado. El tema podrá no
-carecer de alguna autenticidad, pero en la ejecucion se desborda el
-capricho del artista. El proceder facticio, la retórica, el estudio,
-se distinguen á la legua. Añádase á esto que, en los trozos de
-que hablamos, no aparece el vocabulario de Jesús. La expresion de
-«reino de Dios», que tan familiar era al maestro<a id="FNanchor_52"
-href="#Footnote_52" class="fnanchor">[47]</a>, se encuentra en
-ellos una vez solamente<a id="FNanchor_53" href="#Footnote_53"
-class="fnanchor">[48]</a>. En cambio, el estilo de los discursos que
-el cuarto evangelio atribuye á Jesús, ofrece completa semejanza con el
-de las epístolas de San Juan; échase de ver que el autor, al escribir
-los discursos, no seguia el hilo de sus recuerdos, sino el movimiento
-bastante monótono de sus propias ideas. Desplégase en ellos toda una
-lengua mística, de la que no tuvieron los sinópticos la menor nocion
-(«mundo», «verdad», «vida», «luz», «tinieblas», etc.). Si Jesús se
-hubiese expresado en ese estilo, que nada tiene de hebreo, ni de
-judáico, ni de talmúdico, si así puede decirse, ¿cómo habria guardado
-tan bien el secreto solo uno de sus oyentes?</p>
-
-<p>La historia literaria ofrece, además, otro ejemplo que tiene
-grande analogía con el fenómeno histórico que acabamos de exponer
-y que servirá para explicarle. Sócrates, de igual modo que Jesús,
-nada escribió; lo que de él conocemos nos lo trasmitieron dos de
-sus discípulos, Xenofonte y Platon.—El primero se asemeja á los
-sinópticos por su redaccion limpia, trasparente, impersonal; el segundo
-recuerda,<span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> por su
-vigorosa individualidad, al autor del cuarto evangelio. ¿Deben seguirse
-los «Diálogos» de Platon ó las «Pláticas» de Xenofonte, para exponer
-la enseñanza socrática? La duda no es posible en tal alternativa.—Todo
-el mundo se atiene á las «Pláticas» y no á los «Diálogos.» Pero, ¿nada
-nos enseña Platon respecto á Sócrates? Al escribir la biografía de este
-último, ¿sería juicioso, en buena crítica, desdeñar los «Diálogos»?
-¿Quién se atreveria á sostenerlo? Por otra parte, la semejanza no es
-completa y la diferencia queda en favor del cuarto evangelio, cuyo
-autor es, en efecto, el mejor biógrafo, de igual modo que Platon, no
-obstante atribuir á su maestro ficticios discursos, conocia respecto á
-su vida muchas cosas capitales que Xenofonte ignoraba completamente.</p>
-
-<p>Nosotros, sin pronunciarnos sobre la cuestion material de saber
-qué mano trazó el cuarto evangelio, é inclinándonos á creer que los
-discursos, cuando ménos, no son del hijo del Zebedeo, admitimos que
-ese escrito es el «Evangelio segun Juan» de igual manera y en el mismo
-sentido que el primero y segundo son los evangelios «segun Matheo» y
-«segun Márcos.» La trama histórica del cuarto evangelio es la vida de
-Jesús, tal como en la escuela de Juan se conocia; es el relato que
-Aristion y <i>Presbyteros Joannes</i> hicieron á Papias sin decirle
-que se hallaba escrito, particularidad á la que tal vez no daban
-ninguna importancia. Añadiré que, á mi juicio, aquella escuela sabía
-las circunstancias exteriores de la vida del fundador, mejor que el
-grupo de cuyos recuerdos se formaron los evangelios sinópticos. Ella
-tenía datos que los demás no poseyeron, sobre todo respecto á la
-permanencia de Jesús en Jerusalen. Los afiliados de la escuela trataban
-á Márcos de mediano biógrafo y habian imaginado un sistema para
-explicar las lagunas de sus escritos. Ciertos pasajes de Lúcas, en los
-cuales hay como un eco de las tradiciones joánicas<a id="FNanchor_54"
-href="#Footnote_54" class="fnanchor">[49]</a>, prueban además que esas
-tradiciones no eran completamente desconocidas del resto de la familia
-cristiana.</p>
-
-<p>Paréceme que bastarán estas explicaciones para que el lector
-conozca, al seguir el relato, los motivos que me hayan impulsado á dar
-la preferencia á tal ó cual cronista de los cuatro que tenemos para
-la vida de Jesús. En resúmen, yo admito como auténticos los cuatro
-evangelios canónicos. En mi opinion todos alcanzan al primer siglo y
-son, próximamente, de los autores á quienes se les atribuye; pero su
-valor histórico es muy diverso. Matheo merece, en cuanto á los<span
-class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> discursos, que se le conceda
-ilimitada confianza; ellos son las <i>Logia</i>, las notas tomadas
-bajo la impresion del recuerdo claro y palpitante de la enseñanza
-de Jesús. Una especie de destello, dulce y terrible á la vez, y una
-fuerza divina, si se me permite la frase, marcan esas palabras, y
-destacándolas del texto, permiten al crítico reconocerlas fácilmente.
-Aquel que se haya tomado el trabajo de hacer una composicion regular
-sobre la historia evangélica, posee, bajo este supuesto, una excelente
-piedra de toque. Las verdaderas palabras de Jesús se manifiestan
-por sí mismas, y no bien se las toca, vibran en medio de ese cáos
-de tradiciones de autenticidad desigual; ellas se traducen como
-espontáneamente y surgen del relato, conservando en él extraordinario
-relieve. Las partes narrativas que en el primer evangelio se agrupan
-al rededor de ese núcleo primitivo, no tienen la misma autoridad.
-Hállanse en ellas muchas leyendas bastante mal redondeadas, producto
-de la piedad de la segunda generacion cristiana<a id="FNanchor_55"
-href="#Footnote_55" class="fnanchor">[50]</a>. El evangelio de Márcos
-es mucho más firme, más preciso, ménos sobrecargado de extemporáneos
-é interesados detalles. De los tres sinópticos, él es el que ha
-conservado un sabor más antiguo, más original, y el que ménos mezcla
-ofrece de elementos posteriores. En Márcos, los detalles materiales
-son de una claridad que en vano se buscaria en los otros evangelistas.
-Gústale recordar ciertas palabras de Jesús en siro-caldeo<a
-id="FNanchor_56" href="#Footnote_56" class="fnanchor">[51]</a>, y
-las observaciones minuciosas en que abunda, no pueden venir sino
-de un testigo ocular. Nada se opone á que ese testigo ocular, que
-evidentemente siguió á Jesús, que le amó y le vió de cerca, conservando
-de él viva imágen, fuese el apóstol Pedro, segun lo pretende Papias.</p>
-
-<p>En cuanto á la obra de Lúcas, su valor histórico es mucho más
-débil:—esa obra es un documento de segunda mano. La narracion tiene
-en ella mayor madurez, y las palabras de Jesús son más redundantes,
-más concertadas. Algunas sentencias se llevan hasta el exceso
-y adolecen de falsedad<a id="FNanchor_57" href="#Footnote_57"
-class="fnanchor">[52]</a>. Escribiendo fuera de Palestina y sin
-duda alguna despues del sitio de Jerusalen<a id="FNanchor_58"
-href="#Footnote_58" class="fnanchor">[53]</a>, el autor no indica
-los lugares con la misma exactitud que los otros dos sinópticos;
-tiene una falsa idea del templo, figurándosele como un oratorio
-adonde va cada uno á rezar sus devociones<a id="FNanchor_59"
-href="#Footnote_59" class="fnanchor">[54]</a>, trunca los detalles
-á fin de establecer una concordancia entre los diferentes relatos,
-modera ciertos pasajes que habian llegado á ser embarazosos bajo el
-punto de vista de una idea más exaltada de la<span class="pagenum"
-id="Page_21">p. 21</span> divinidad de Jesús<a id="FNanchor_60"
-href="#Footnote_60" class="fnanchor">[55]</a>, exagera lo maravilloso<a
-id="FNanchor_61" href="#Footnote_61" class="fnanchor">[56]</a>,
-comete errores de cronología<a id="FNanchor_62" href="#Footnote_62"
-class="fnanchor">[57]</a>, omite las glosas hebráicas<a
-id="FNanchor_63" href="#Footnote_63" class="fnanchor">[58]</a>, no cita
-ninguna palabra de Jesús en esta lengua, y nombra, en fin, todas las
-localidades por sus nombres griegos. Adivínase fácilmente el escritor
-que compila, que no vió por sí mismo los testigos y que trabaja
-sobre los textos, permitiéndose violentarlos á fin de ponerlos de
-acuerdo. Es muy probable que Lúcas tuviese á la vista la compilacion
-biográfica de Márcos y las <i>Logia</i> de Matheo. Pero no tiene
-escrúpulo en tratar esos escritos con entera libertad:—unas veces reune
-dos anécdotas ó dos parábolas para formar de ellas una sola; otras,
-descompone una para hacer dos<a id="FNanchor_64" href="#Footnote_64"
-class="fnanchor">[59]</a>. Lúcas interpreta los documentos con arreglo
-á su particular juicio, y carece de la impasibilidad absoluta de Matheo
-y de Márcos. Puede decirse que sus escritos reflejan algo de sus
-gustos y de sus tendencias particulares:—Lúcas es un devoto sumamente
-exacto; muestra singular empeño en presentarnos á Jesús como estricto
-observador de los ritos judáicos<a id="FNanchor_65" href="#Footnote_65"
-class="fnanchor">[60]</a>, es demócrata y ebionita exaltado, esto
-es, muy opuesto á la propiedad, y se halla persuadido de que llegará
-el dia en que los pobres tengan su desquite<a id="FNanchor_66"
-href="#Footnote_66" class="fnanchor">[61]</a>; es aficionadísimo á
-las anécdotas, y se complace en poner de manifiesto la conversion
-de los pecadores y la exaltacion de los humildes<a id="FNanchor_67"
-href="#Footnote_67" class="fnanchor">[62]</a>, modificando las
-antiguas tradiciones á fin de darles este giro<a id="FNanchor_68"
-href="#Footnote_68" class="fnanchor">[63]</a>. En sus primeras páginas
-admite sobre la infancia de Jesús leyendas que refiere con esas largas
-exageraciones, esos cánticos y esos procedimientos de convencion que
-forman el carácter esencial de los evangelios apócrifos. Por último,
-en el relato de los postreros años de Jesús hay algunas circunstancias
-llenas de sentimiento y de ternura y algunas bellísimas palabras<a
-id="FNanchor_69" href="#Footnote_69" class="fnanchor">[64]</a>,
-atribuidas al maestro, que no se encuentran en los relatos de mayor
-autenticidad, en las cuales se deja conocer el trabajo de la leyenda.
-Probablemente Lúcas las tomaba de una compilacion más reciente, en
-la que se trataba, con preferencia, de excitar los sentimientos
-piadosos.</p>
-
-<p>Á la vista de un documento de semejante naturaleza, la razon
-aconseja hacer uso de él con la mayor mesura. Desdeñarle completamente
-sería tan poco juicioso como emplearle sin discernimiento. Lúcas tuvo
-á su disposicion originales que ya no existen, y más bien que un
-evangelista, es un biógrafo de Jesús, un <i>armonista</i>, un corrector
-á la manera de Marcion y de Taziano. Pero tambien es un biógrafo del
-pr<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>imer siglo, un
-artista divino que, además de las noticias que recogió en los más
-antiguos manantiales, nos presenta el carácter del fundador con una
-exactitud de parecido, una inspiracion de conjunto y un relieve que no
-se encuentran en los otros dos sinópticos. La lectura de su Evangelio
-es la que nos ofrece mayor atractivo, porque á la incomparable belleza
-del fondo comun se une cierta parte de artificio y de composicion que
-aumenta singularmente el efecto del retrato, sin perjudicar de un modo
-grave á la verdad.</p>
-
-<p>En resúmen, puede decirse que la redaccion sinóptica ha tenido
-tres gradaciones: 1.ª el estado documentario original (<span
-xml:lang="grc" lang="grc">λόγια</span> de Matheo, <span xml:lang="grc"
-lang="grc">λεχθέντα ἢ πραχθέντα</span> de Márcos), redacciones
-primitivas que ya no existen; 2.ª el estado de simple mezcla, en la que
-se hallan amalgamados los documentos originales sin ningun esfuerzo de
-composicion y sin que se eche de ver ninguna mira personal de parte de
-sus autores (evangelios actuales de Matheo y de Márcos); 3.ª el estado
-de combinacion ó de redaccion intencional, discurrida, en que se deja
-conocer el esfuerzo que se ha hecho á fin de conciliar las diferentes
-versiones (evangelio de Lúcas). En cuanto al evangelio de Juan, forma,
-segun hemos dicho, una composicion de otro género y completamente
-distinta.</p>
-
-<p>El lector notará que no hago uso ninguno de los evangelios
-apócrifos. Estas composiciones no deben en manera alguna confundirse
-con los evangelios canónicos, puesto que no son sino triviales y
-pueriles amplificaciones basadas en aquellos, y nada añaden que
-sea digno de aprecio. Por el contrario, he puesto suma atencion en
-recoger los trozos que los Padres de la Iglesia nos han conservado
-de los antiguos evangelios que otras veces existieron paralelamente
-á los canónicos, y cuyo texto se ha perdido, tales como el Evangelio
-segun los hebreos, el Evangelio segun los egipcios, y los Evangelios
-llamados de Justino, de Marcion, de Taziano. Los dos primeros son de
-mucha importancia, por cuanto á que se hallaban redactados en lengua
-aramea como las <i>Logia</i> de Matheo, constituian, segun parece, una
-variedad del evangelio de este apóstol, y fueron el evangelio de los
-<i>ebionim</i>, esto es, de aquellas reducidas cristiandades de Batanea
-que conservaron el uso del siro-caldeo, y que, hasta cierto punto,
-siguieron la línea trazada por Jesús. Pero menester es convenir en que
-esos evangelios, en el estado en que han llegado hasta nosotros, son
-inferiores, por lo que hace á la <span class="pagenum" id="Page_23">p.
-23</span>autoridad crítica, á la redaccion del evangelio que de Matheo
-poseemos.</p>
-
-<p>Paréceme que ya se comprenderá el género de valor histórico que
-atribuyo á los evangelios. No son, á mi entender, ni biografías
-como las de Suetonio, ni leyendas ficticias semejantes á las de
-Filóstrato; son biografías legendarias. Yo las comparo á las leyendas
-de santos, á las Vidas de Plotino, de Proclo, de Isidoro y á otros
-escritos del mismo género, en que se combinan en diferentes grados
-la verdad histórica y la intencion de presentar modelos de virtud.
-En esos escritos se echa de ver la inexactitud de que adolecen todas
-las composiciones populares. Supongamos que tres ó cuatro veteranos
-del primer imperio se hubiesen puesto, hace diez ó doce años, á
-escribir cada uno en particular una vida de Napoleon con arreglo á
-sus propios recuerdos. Puede apostarse á que sus relatos ofrecerian
-infinitos errores y graves discordancias. Uno colocaria á Wagram
-ántes de Marengo; otro no vacilaria en escribir que Napoleon arrojó
-de las Tullerías al gobierno de Robespierre; otro, en fin, omitiria
-las expediciones de más importancia. Pero dos cosas claras, palmarias,
-llenas de verdad saldrian de esos ingénuos relatos:—el carácter del
-héroe y la impresion que produjo en torno suyo. Bajo este punto de
-vista, semejantes historias populares tendrian más valor que una
-historia solemne y oficial. Otro tanto puede decirse de los evangelios.
-Los evangelistas, cuidándose únicamente de ensalzar la excelencia del
-maestro, sus milagros, su enseñanza, se muestran indiferentes hácia
-todo lo que no es el espíritu de Jesús. Las contradicciones sobre el
-tiempo, los sitios y las personas se miraban como insignificantes;
-porque cuanto más alto era el grado de inspiracion que se prestaba á la
-palabra de Jesús, tanto menor era el que se concedia á los redactores.
-Estos no se consideraban sino como discípulos escribas, y á una sola
-cosa consagraban su atencion: á no omitir nada de cuanto sabian.</p>
-
-<p>Es incuestionable que á esos recuerdos debió mezclarse una parte
-de ideas preconcebidas. Varios trozos, en parte de Lúcas, fueron
-inventados para dar mayor realce á ciertos rasgos de la fisonomía
-de Jesús. Áun esta misma fisonomía experimentaba á cada paso nuevas
-alteraciones. Jesús sería un fenómeno único en la historia si, teniendo
-en cuenta el papel que desempeñó, no hubiese sido transfigurado
-inmediatamente. La leyenda de Alejandro estaba ya terminada ántes
-que se extinguiese la generacion de sus compañeros de armas<span
-class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>; la de San Francisco de
-Asís principió en vida del santo. De igual manera se operó durante
-los veinte ó treinta años que siguieron á la muerte de Jesús, un
-rápido trabajo de metamórfosis que prestó á su biografía esos giros
-absolutos de leyenda ideal. La muerte perfecciona áun al hombre
-más perfecto y le mejora á los ojos de los que le amaron. Por otra
-parte, al mismo tiempo que se queria retratar al maestro, se queria
-tambien demostrarle. Muchas anécdotas fueron concebidas para probar
-que las profecías consideradas como mesiánicas habian tenido en él su
-cumplimiento. Pero este proceder, cuya importancia no debe negarse,
-no basta á explicarlo todo. Ninguna obra judáica de la época nos
-ofrece una serie de profecías, exactamente redactadas, que el Mesías
-debió cumplir. Várias de las alusiones mesiánicas contenidas en los
-evangelios son tan sutiles, tan indirectas, que no puede suponerse
-que respondieran á una doctrina admitida generalmente. Unas veces
-se razona de este modo:—«El Mesías debe hacer tal cosa; Jesús la ha
-hecho; luego Jesús es el Mesías.» Otras se raciocina á la inversa:—«Tal
-cosa ha sucedido á Jesús; esa misma cosa debia sucederle al Mesías;
-luego Jesús es el Mesías»<a id="FNanchor_70" href="#Footnote_70"
-class="fnanchor">[65]</a>. Cuando se trata de analizar el tejido de
-esas profundas creaciones del sentimiento popular que, por su riqueza
-y por su variedad infinita, echan por tierra todos los sistemas, las
-explicaciones demasiado sencillas son siempre falsas.</p>
-
-<p>Compréndese fácilmente que para no ofrecer, con el auxilio de tales
-documentos, sino aquello que no admita contradiccion, es menester
-limitarse á las líneas generales. En casi todas las historias antiguas,
-áun en aquellas que son ménos legendarias que los evangelios, los
-detalles dan lugar á infinitas dudas. Áun poseyendo dos relatos sobre
-un mismo hecho, es cosa extremadamente rara que los dos se hallen en
-perfecta armonía. Siendo esto así, ¿no hay motivo para dudar cuando no
-se tiene sino uno solo, y en él se notan las mismas contradicciones?
-Puede asegurarse que entre los discursos, las anécdotas y las palabras
-célebres referidas por los historiadores, no hay ni una siquiera de
-rigurosa autenticidad. ¿Habia taquígrafos que fijaran aquellas rápidas
-palabras? ¿Se hallaba siempre presente un analista que anotase los
-gestos, los ademanes y los movimientos de los actores? Que se intente
-depurar lo que hay de verdadero en el modo como se realizó tal ó cual
-hecho contemporáne<span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span>o, de
-seguro no se conseguirá. Dos relatos de un mismo acontecimiento hechos
-por testigos oculares difieren esencialmente. Mas ¿debe uno renunciar
-por eso al colorido de los relatos y limitarse á lo que enuncia el
-conjunto? Esto sería suprimir la historia. De buena gana concedo que, á
-excepcion de ciertos axiomas cortos y casi mnemónicos, ninguno de los
-discursos referidos por Matheo es textual; pero ¿lo son acaso nuestros
-resúmenes estenográficos? Tambien admito que ese admirable relato de
-la pasion contiene multitud de inexactitudes. Mas ¿podria escribirse
-la historia de Jesús haciendo caso omiso de esas predicaciones que de
-tan viva manera nos pintan el carácter de sus discursos, y limitándose
-á decir con Josefo y Tácito, «que fué condenado á muerte por Pilátos
-á instigacion de los sacerdotes?» Semejante proceder sería, en mi
-opinion, un género de inexactitud peor que aquel á que uno se expone
-admitiendo los detalles que los textos nos proporcionan. Esos detalles
-no son verdaderos al pié de la letra, pero son de una verdad superior,
-más verídicos que la misma verdad desnuda, por cuanto á que ellos
-constituyen la verdad expresiva y parlante, elevada á la altura de una
-idea.</p>
-
-<p>Ruego á las personas que me tachen de conceder exagerada confianza
-á relatos legendarios en gran parte, que se dignen tener en cuenta
-la observacion que acabo de hacer. ¿Á qué se reduciria la vida de
-Alejandro si nos limitásemos á lo que materialmente hay en ella de
-cierto? Hasta las tradiciones, en parte erróneas, contienen una
-porcion de verdad que la historia no debe mirar con indiferencia.
-Nadie ha echado en cara á M. Sprenger el haber tenido en cuenta
-los <i>hadith</i> ó tradiciones orales sobre el profeta Mahoma, al
-escribir su vida, y atribuido frecuentemente á su héroe palabras, á
-veces textuales, que no se conocen sino en el citado escrito. Y sin
-embargo, las tradiciones sobre Mahoma no tienen un carácter histórico
-superior al de los discursos y relatos que componen los evangelios.
-Aquellas tradiciones fueron escritas desde el año 50 al 140 de la
-hégira. Cuando se escriba la historia de las escuelas judáicas
-pertenecientes á los siglos que precedieron y siguieron inmediatamente
-el cristianismo, ningun escrúpulo se tendrá en atribuir á Hillel, á
-Schammai y á Gamaliel las máximas que les atribuyen la <i>Mischna</i>
-y la <i>Gemara</i>, no obstante no haberse redactado estas grandes
-compilaciones sino varios centenares de años despues de los doctores en
-cuestion.</p> <p><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span></p>
-<p>Respecto á las personas que, por el contrario, crean que la historia
-debe limitarse á reproducir sin comentarios los textos que han llegado
-hasta nosotros, les haré observar que semejante sistema no es lícito
-en el asunto de que se trata. Los cuatro principales documentos se
-hallan en flagrante contradiccion unos con otros, y además Josefo
-los rectifica algunas veces. Forzoso es elegir. Pretender que un
-acontecimiento no pudo efectuarse á la vez de dos maneras diversas ni
-de un modo imposible, no es imponer á la historia una filosofía <i>à
-priori</i>. Porque existan várias versiones diferentes de un mismo
-hecho, y porque á todas esas versiones haya mezclado la credulidad
-circunstancias fabulosas, no debe el historiador rechazar el hecho
-como falso; lo que debe hacer es, obrar con prudencia, discutir y
-proceder por induccion. Hay particularmente una clase de relatos
-respecto á los cuales se hace precisa la aplicacion de ese principio;
-tales son los relatos sobrenaturales. Querer explicar esos relatos ó
-reducirlos á leyendas no es mutilar los hechos en nombre de la teoría,
-sino partir de su misma observacion. De cuantos milagros hormiguean
-en las antiguas historias, ninguno pasó bajo condiciones científicas.
-Pruébase por una experiencia constante, jamás desmentida, que los
-milagros no suceden sino en los tiempos y en los países que creen
-en ellos y ante personas dispuestas á darles fe. No hay milagro que
-se haya producido ante una reunion de hombres capaces de comprobar
-el carácter milagroso del hecho. En tal materia no son competentes
-ni las personas del pueblo ni las de una clase más elevada: para
-ello se necesitan grandes precauciones y estar muy acostumbrado á
-las investigaciones científicas. ¿No se han visto en nuestros dias á
-muchas personas inteligentes siendo víctimas de groseros prestigios
-y pueriles ilusiones? Hechos maravillosos, que afirmaban ciudades
-enteras, se convirtieron en hechos reprobados<a id="FNanchor_71"
-href="#Footnote_71" class="fnanchor">[66]</a>, gracias á una
-informacion más severa y minuciosa. Pues bien, si se halla fuera de
-duda que ningun milagro contemporáneo puede resistir al exámen, ¿no es
-mucho más verosímil que los milagros de la antigüedad, ocurridos todos
-en reuniones populares, tuviesen tambien su parte de ilusion, la cual
-veriamos en ellos si nos fuese posible criticarlos detalladamente?</p>
-
-<p>Si nosotros desterramos de la historia los milagros, no es á nombre
-de tal ó cual filosofía, sino á nombre de una constante experiencia.
-Nosotros no decimos: «Los milagros son<span class="pagenum"
-id="Page_27">p. 27</span> imposibles»; afirmamos: «Que hasta hoy
-no ha habido un milagro comprobado.» Supongamos que se presentase
-mañana un taumaturgo, ofreciendo garantías bastante formales para ser
-discutibles, y que anunciase, por ejemplo, resucitar á un muerto; ¿qué
-se haria entónces? Se nombraria una comision compuesta de fisiólogos,
-físicos, químicos, de personas acostumbradas á la crítica histórica.
-Esta comision elegiria el cadáver, se aseguraria de que la muerte
-era real y verdadera, designaria el local en que debiera hacerse la
-experiencia, y tomaria todas las precauciones necesarias á fin de
-no dejar pretexto á ninguna duda. Si la resurreccion se operase en
-tales condiciones, se habria adquirido una probabilidad casi igual
-á la certidumbre. Sin embargo, como quiera que un experimento debe
-ser siempre susceptible de repetirse; que lo que se hace una vez
-puede hacerse dos ó veinte, y que en materia de milagros no puede ser
-cuestion de fácil ó difícil, el taumaturgo sería invitado á reproducir,
-en otras circunstancias, sobre otros cadáveres y en diferente medio,
-su acto maravilloso. Pues bien, si á cada nueva prueba se repitiese el
-milagro, dos cosas quedarian fuera de duda:—Primera, que en el mundo
-suceden hechos sobrenaturales; segunda, que la facultad de producirlos
-pertenece ó ha sido conferida á ciertas personas. Pero ¿quién no
-conoce que los milagros no han sucedido nunca en tales condiciones;
-que hasta hoy el taumaturgo ha elegido siempre el medio, el público y
-el asunto de sus milagros; que frecuentemente es el pueblo mismo el
-que, por esa invencible necesidad de ver en los grandes acontecimientos
-y en los grandes hombres algo de divino, crea, mucho despues, las
-leyendas maravillosas? Miéntras no se nos pruebe lo contrario, nosotros
-mantendrémos estos principios de crítica histórica:—que un relato
-sobrenatural no puede admitirse en tal concepto, porque implica siempre
-credulidad ó impostura, y que el deber del historiador consiste en
-desmenuzarle y en separar con esmero la parte verídica que en él se
-halle mezclada con el error.</p>
-
-<div class="section">
-<p>Tales son las reglas que he seguido en la composicion de este
-escrito. Á la lectura de los textos he podido añadir un gran manantial
-de luz, consistente en la vista de los lugares donde pasaron los
-acontecimientos. Teniendo por objeto la mision científica que dirigí
-en 1860 y 1861 explorar la antigua Fenicia, tuve que residir en las
-fronteras de Galilea y que viajar por ella frecuentemente. Entónces
-atravesé e<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>n todos
-sentidos la provincia evangélica, visité á Jerusalen, á Hebron y la
-Samaria, y no escapó á mi exámen casi ninguna localidad importante
-de la historia de Jesús. Al recorrerlas, toda esa historia, que
-á distancia parece flotar en las nubes de un mundo imaginario,
-adquirió tal cuerpo y solidez, que no pudieron ménos de admirarme. La
-sorprendente concordancia de los textos con los lugares, y la armonía
-maravillosa del ideal evangélico con el país que le sirve de cuadro,
-fueron para mí como una revelacion. Un quinto evangelio, lacerado, pero
-todavía legible, apareció á mis ojos, y vi, á traves de los relatos
-de Matheo y de Márcos, no ya un sér abstracto, cuya existencia parece
-dudosa, sino una admirable figura humana llena de vida y de movimiento.
-Durante el verano, habiéndome sido preciso, á fin de reposar un poco,
-subir hasta Ghazir, en el Líbano, tracé á grandes rasgos la imágen
-que se me habia aparecido, y de aquel bosquejo resultó esta historia.
-Apénas me faltaban algunas páginas cuando una prueba cruel vino á
-precipitar mi partida. De manera que el libro fué compuesto por entero
-muy cerca de los mismos lugares en que nació y vivió Jesús. Despues
-de mi regreso he trabajado incesantemente en verificar y comprobar,
-detalle por detalle, el embrion que, sin más auxilio que cinco ó seis
-volúmenes, escribí de prisa bajo el techo de una cabaña maronita.</p>
-</div>
-
-<p>Quizás deploren algunos el giro biográfico de mi obra. Cuando por
-la primera vez concebí el pensamiento de escribir una historia de
-los orígenes del cristianismo, confieso que, en efecto, trataba de
-hacer una historia de doctrinas, en la cual no hubiesen tenido los
-hombres casi ningun lugar. Jesús mismo habria sido apénas mencionado,
-consagrándome, como pensaba, á demostrar de qué modo germinaron y
-cubrieron el mundo las ideas que se produjeron bajo su nombre. Pero
-despues comprendí que la historia no es un simple juego de abstraccion
-y que los hombres entran en ella por mucho más que las doctrinas. No
-fué por cierto la teoría sobre la justificacion y la redencion la que
-operó la Reforma, sino Lutero y Calvino. El parsismo, el helenismo, el
-judaismo habrian podido combinarse bajo todas las formas; las doctrinas
-de la resurreccion y del Verbo habrian podido desarrollarse por espacio
-de siglos sin producir ese hecho fecundo, único, grandioso, que se
-llama cristianismo. Ese hecho es la obra de Jesús, de San Pablo, de
-San Juan. Escribir la historia de Jesús, de San<span class="pagenum"
-id="Page_29">p. 29</span> Pablo, de San Juan, es escribir la historia
-de los orígenes del cristianismo. En cuanto á los movimientos
-anteriores, ellos pertenecen á nuestro asunto, por cuanto á que sirven
-para explicar la existencia de aquellos hombres extraordinarios, los
-cuales tuvieron necesariamente su lazo de union con las cosas que los
-habian precedido.</p>
-
-<p>Al hacer semejante esfuerzo para reanimar las grandes almas del
-pasado, debe permitirse una parte de adivinacion y de conjetura.
-Una gran vida es un todo orgánico que no puede representarse por la
-simple aglomeracion de hechos pequeños. Es menester que un sentimiento
-profundo abarque el conjunto y haga la unidad. En semejante asunto
-es un buen guía la razon del arte; el tacto exquisito de un Gœthe
-encontraria en él motivo para ejercitarse. La condicion esencial
-de las creaciones del arte estriba en formar un sistema viviente
-cuyas partes se armonicen unas con otras. La señal infalible de
-que, en las historias del género de ésta, se ha llegado á poseer
-lo verdadero, consiste en haber conseguido combinar los textos de
-manera que de su combinacion resulte un relato lógico, verosímil,
-sin ninguna discordancia. Las leyes íntimas de la vida, de la marcha
-de los productos orgánicos, de la gradacion de los matices, deben
-consultarse á cada paso; porque no se trata aquí de volver á encontrar
-la circunstancia material cuya prueba no es posible, sino el alma misma
-de la historia; no es la insignificante certidumbre de las bagatelas
-lo que se necesita buscar, sino la precision del sentimiento general,
-la verdad del colorido. Cada rasgo que se aleje de las reglas de la
-narracion clásica debe ser una advertencia de estar sobre aviso, porque
-el hecho que se trata de referir fué palpitante, natural, armonioso.
-Si no se consigue presentarle de esa manera, es porque de seguro no
-se llegó á conocerle bien. Supongamos que al restaurar la Minerva de
-Fidias con arreglo á los textos, se produjese un conjunto seco, duro,
-artificial. ¿Qué deberia deducirse? Una sola cosa: que los textos
-necesitan la interpretacion del buen gusto, siendo indispensable
-examinarlos y cotejarlos minuciosamente hasta conseguir de ellos un
-conjunto cuyos datos se armonicen y confundan sin ningun esfuerzo. ¿Se
-tendria entónces la seguridad de poseer, línea por línea, la estatua
-griega? No; pero, al ménos, no se poseeria la caricatura: se tendria el
-espíritu general de la obra, uno de los modos como pudo existir.</p>
-
-<p>Nosotros no hemos vacilado en adoptar por guía en el <span
-class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span>arreglo general del relato
-ese sentimiento de un organismo viviente. La lectura de los evangelios
-basta para probar que sus redactores, sin embargo de tener en la
-mente un plan exacto de la vida de Jesús, no se guiaron por datos
-cronológicos bien rigurosos; Papias nos lo dice además expresamente.
-Las frases: «En aquel tiempo... despues de lo cual... entónces...
-sucedió que...», etc., no son sino simples transiciones destinadas
-á enlazar entre sí los diferentes relatos. Escribir la historia de
-Jesús dejando todas las noticias que nos suministran los evangelios
-en el desórden en que la tradicion nos las presenta, sería lo mismo
-que escribir la historia de un hombre célebre, ofreciendo en confusa
-mescolanza las cartas y las anécdotas de su juventud, de su vejez y
-de su edad viril. En el Coran, que tambien nos presenta en el más
-completo desórden las piezas de las diferentes épocas de la vida de
-Mahoma, una crítica ingeniosa ha concluido por hallar el secreto de su
-confeccion; conócese ya de una manera casi cierta el órden cronológico
-en que fueron compuestos aquellos escritos. Semejante sistema de
-reconstitucion es mucho más difícil respecto á los evangelios, porque
-la vida pública de Jesús fué más corta y ménos sobrecargada de
-acontecimientos que la del fundador del Islam. Esto no obstante, creo
-que no se calificará de sutileza gratuita la tentativa de encontrar
-un hilo que sirva de guía en este dédalo. Suponer que un fundador
-religioso empiece por adherirse á los aforismos morales que circulaban
-ya en su tiempo, y á las prácticas más admitidas; que entrando despues
-en plena posesion de su idea se complazca en un género de elocuencia
-tranquila, poética, ajena á toda controversia, suave y libre como
-el sentimiento puro; que poco á poco se anime y exalte al hallar
-oposicion, y concluya por las polémicas y las fuertes invectivas;
-suponer todo esto, no es ciertamente abusar de la hipótesis. Tales
-son los períodos que en el Coran se distinguen de un modo claro. Una
-marcha análoga supone el órden que los sinópticos adoptaron con tacto
-exquisito. Léase atentamente á Matheo, y se hallará en la distribucion
-de sus discursos una gradacion muy semejante á la que acabamos de
-indicar. Por otra parte, se observará la reserva de los giros de
-frase que empleamos cuando se trata de exponer el progreso de las
-ideas de Jesús. En las divisiones adoptadas á este propósito puede no
-ver el lector, si así lo prefiere, sino los córtes indispensables á
-la exposicion metódica de un pensamiento profundo y complicado.</p>
-<p><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span></p> <p>Si el amor á
-un asunto puede servir á facilitarnos su inteligencia, se me concederá
-que no me ha faltado esta condicion. Para escribir la historia de una
-religion es indispensable, en primer lugar, haber creido en ella (sin
-esto no podria comprenderse cómo ha podido subyugar y satisfacer la
-conciencia humana); en segundo, no creer ya de una manera absoluta;
-porque la fe absoluta es incompatible con la sinceridad de la historia.
-Pero el amor existe sin la fe. Puede uno muy bien no adherirse á
-ninguna de las formas que cautivan la adoracion de los hombres, sin
-renunciar por eso á deleitarse con lo que ellas contienen de bueno y
-de hermoso. Ninguna manifestacion pasajera agota el manantial divino;
-Dios se habia revelado ántes de Jesús, Dios se revelará despues de
-él. Profundamente desiguales y tanto más divinas cuanto más grandes
-y espontáneas, las manifestaciones del Dios oculto en el fondo de
-la conciencia humana son todas del mismo órden. Jesús no pertenece
-únicamente á los que se dicen sus discípulos: él es la honra comun de
-todo el que siente latir en su pecho un corazon de hombre. No se le
-glorifica excluyéndole de la historia; ríndesele un culto más verdadero
-demostrando que sin él
-la historia entera sería incomprensible.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_1">
- <p><span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span></p>
- <p class="centra g0 fs150">VIDA</p>
- <p class="centra fs200 g1 ws1">DE JESÚS</p>
- <hr class="tir" />
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO PRIMERO</h2>
- <p class="subh2">RANGO DE JESÚS EN LA HISTORIA DEL MUNDO</p>
-</div>
-
-<p>La revolucion por medio de la cual pasaron las más nobles porciones
-de la humanidad, de las antiguas religiones comprendidas bajo el vago
-nombre de paganismo, á una religion fundada sobre la unidad divina,
-la trinidad y la encarnacion del Hijo de Dios, es el acontecimiento
-capital de la historia del mundo. Esta conversion necesitó para
-consumarse cerca de mil años. Lo ménos trescientos invirtió la nueva
-religion sólo en formarse. Pero el orígen de la revolucion de que se
-trata es un hecho que tuvo lugar bajo los reinados de Augusto y de
-Tiberio. Entónces vivió una persona que, por su audaz iniciativa y por
-el amor que supo inspirar, creó el objeto y afirmó la base de la futura
-ley que debia regir á la humanidad.</p>
-
-<p>El hombre fué religioso desde el momento en que se distinguió del
-animal; esto es, en que vió en la naturaleza algo más que la realidad,
-y sintió en sí mismo alguna cosa que no concluia en el sepulcro.
-Durante millares de años, este sentimiento se extravió del modo más
-extraño;—en muchas razas, se limitó á la creencia en los hechiceros
-bajo la grosera forma que la vemos todavía en algunas partes de la
-Oceanía;<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> en otras, el
-sentimiento religioso conducia á vergonzosas y sangrientas escenas,
-tales como las que formaron el carácter de la antigua religion de
-Méjico; en otras, y particularmente en África, llegó á convertirse
-en puro fetichismo, esto es, á ceñirse á la adoracion de un objeto
-material, al cual se atribuian poderes sobrenaturales. Así como el
-instinto del amor, que á veces eleva y ennoblece al hombre más vulgar,
-suele cambiarse en perversion y ferocidad; de igual manera esta
-facultad divina de la religion pudo trasformarse por largo tiempo en
-una especie de cáncer que era preciso extirpar de la raza humana; en
-una causa de errores y de crímenes que los sabios debian tratar de
-suprimir.</p>
-
-<p>Las brillantes civilizaciones que desde remotísima antigüedad se
-desarrollaron en China, en Babilonia y en Egipto, imprimieron á la
-religion cierto progreso. En China imperó desde muy temprano una
-especie de mediano buen sentido que impidió á aquel pueblo caer en
-los grandes extravíos de otras razas.—Allí no se conocieron ni las
-ventajas ni los abusos del genio religioso. Pero por lo mismo no
-ejerció, bajo este aspecto, ninguna influencia sobre la direccion de la
-gran corriente de la humanidad. Las religiones de Babilonia y de Siria
-conservaron siempre un fondo de extraño sensualismo; hasta su extincion
-en los siglos cuarto y quinto de nuestra era, aquellas religiones
-fueron escuelas de inmoralidad, de las cuales, por una especie de
-intuicion poética, salian á veces algunos destellos del mundo divino.
-Á traves de un fetichismo aparente, Egipto poseyó quizás desde muy
-temprano dogmas metafísicos y un simbolismo revelado. Pero sus
-interpretaciones de una teología refinada no eran sin duda primitivas.
-Cuando el hombre posee una idea clara, no se entretiene jamás en
-revestirla de símbolos; casi siempre que se buscan ideas bajo antiguas
-imágenes misteriosas, cuyo significado se ha perdido, es á consecuencia
-de prolongadas reflexiones y á causa de la imposibilidad en que se
-halla el espíritu humano de resignarse con lo absurdo. Sin embargo, no
-fué en Egipto donde surgió la fe de la humanidad. Los elementos que á
-traves de mil trasformaciones pasaron de Siria y Egipto á la religion
-cristiana, son formas exteriores de escasa trascendencia, ó bien
-escorias semejantes á las que siempre existen en el fondo de los cultos
-más depurados. El gran defecto de las religiones mencionadas era su
-carácter esencialmente supersticioso; si de algo llenaron el mundo fué
-de millones de amulet<span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>os
-y de abraxas. Ninguna grande idea moral podia salir de razas abatidas
-por un despotismo secular y acostumbradas á instituciones que hacian
-casi nulo el ejercicio de la libertad en los individuos.</p>
-
-<p>La poesía del alma, la fe, la libertad, la honradez y la abnegacion,
-aparecieron sobre la tierra con las dos grandes razas que hasta
-cierto punto formaron la humanidad: con la raza indo-europea y la
-raza semítica. Las primeras instituciones de la raza indo-europea
-fueron esencialmente naturalistas; pero era un naturalismo profundo
-y moral, un enlace amoroso de la naturaleza y el hombre, una poesía
-deliciosa llena del sentimiento de lo infinito; un principio, en fin,
-de lo que habia de constituir con el trascurso de los siglos el genio
-céltico germánico, de lo que habian de expresar Gœthe y Shakspeare.
-Aquello no era religion ni moral reflexionadas; sino melancolía,
-ternura, imaginacion, y sobre todo, algo de grave y serio, cualidades
-indispensables á la moral y á la religion. Sin embargo, la fe de la
-humanidad no podia venir de allí, porque aquellos antiguos cultos se
-desprendian trabajosamente del politeismo encarnado en ellos, y porque
-no conducian á un símbolo bien claro. Si el bramanismo ha llegado hasta
-nosotros, se debe sin duda al asombroso privilegio de conservacion que
-la India parece poseer. El budismo fracasó en todas sus tentativas
-por extenderse hácia el Oeste. El druidismo permaneció como forma
-exclusivamente nacional y sin tendencias universales. Las tentativas
-griegas de reforma, el orfismo y los misterios no bastaron para dar
-á las almas un alimento sólido. Persia tan sólo llegó á formarse una
-religion dogmática semi-monoteista y sábiamente organizada; pero es más
-que posible que aquella misma organizacion no fuese sino una imitacion
-ó un plagio. De cualquier modo, Persia se convirtió cuando en sus
-fronteras vió aparecer el lábaro de la unidad divina proclamada por el
-Islam.</p>
-
-<p>La gloria de haber formado la religion de la humanidad pertenece
-toda entera á la raza semítica<a id="FNanchor_72" href="#Footnote_72"
-class="fnanchor">[67]</a>. Bajo su tienda, no contagiada por los
-desórdenes del mundo, ya corrompido, y mucho más allá de los confines
-de la historia, el patriarca beduino preparaba la fe del género humano.
-Una invencible antipatía hácia los cultos voluptuosos de Siria, una
-gran sencillez en el ritual, ausencia completa de templos, y el ídolo
-reducido á insignificantes <i>terafim</i>, hé aquí su superioridad.
-Entre todas las tribus de semitas nómadas, la de los Beni-Israe<span
-class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span>l estaba ya señalada para el
-cumplimiento de inmensos destinos. Sus antiguas relaciones con Egipto,
-de las que acaso resultaron algunas imitaciones puramente materiales,
-no hicieron sino aumentar su aversion por la idolatría. Una «ley» ó
-<i>thora</i>, escrita desde muy antiguo sobre tablas de piedra, y cuyo
-orígen hacian remontar á su gran libertador Moisés, era ya el código
-del monoteismo y contenia poderosos gérmenes de igualdad social y de
-moralidad, comparada con las instituciones de Egipto y de Caldea. Un
-cofre ó arca provista de dos anillos laterales para poder trasportarla
-por medio de una palanca atravesada, constituia todo el material
-religioso.—En ella estaban reunidos los objetos sagrados de la nacion,
-sus reliquias, sus recuerdos, el «libro», en fin, diario de la tribu
-siempre abierto, pero en el cual no se escribia sino muy discretamente.
-Bien pronto la familia encargada del trasporte y custodia de aquellos
-archivos portátiles adquirió grande importancia, hallándose cerca del
-libro y disponiendo de él. Sin embargo, la institucion que decidió del
-porvenir de la humanidad no vino de allí; el sacerdote hebreo difiere
-muy poco de los otros sacerdotes de la antigüedad. El carácter que
-esencialmente distingue á Israel de los otros pueblos teocráticos
-consiste en que allí el sacerdocio estuvo siempre subordinado á la
-iniciativa individual. Además de los sacerdotes, cada tribu nómada
-tenía su <i>nabi</i> ó profeta, especie de oráculo viviente á quien
-se consultaba para la solucion de cuestiones oscuras que exigian un
-alto grado de prevision. Los <i>nabis</i> de Israel, organizados
-en grupos ó escuelas, tuvieron gran superioridad. Defensores del
-antiguo espíritu democrático, enemigos de los ricos y opuestos á toda
-organizacion política y á cuanto pudiera encaminar á Israel por la
-via de las naciones, ellos fueron los verdaderos instrumentos de la
-supremacía religiosa del pueblo judío. Desde muy temprano anunciaron
-esperanzas ilimitadas; y cuando el pueblo, víctima hasta cierto punto
-de sus consejos impolíticos, fué subyugado por el poder asirio, ellos
-proclamaron que le estaba reservado un reino sin límites; que Jerusalen
-sería un dia la capital del mundo entero y que el género humano se
-haria judío. Jerusalen y su templo se les aparecian como una ciudad
-colocada en la cumbre de una montaña, hácia la cual se dirigirian
-todos los pueblos de la tierra; como un oráculo de donde debia salir
-la ley universal; como el centro de un reino ideal en donde el género
-humano, paci<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>ficado por
-Israel, volveria á encontrar los goces del Eden<a id="FNanchor_73"
-href="#Footnote_73" class="fnanchor">[68]</a>.</p>
-
-<p>Para exaltar el martirio y celebrar el poder del «hombre de dolor»,
-déjanse ya oir acentos desconocidos. Á propósito de alguno de aquellos
-sublimes pacientes que, á la manera de Jeremías, regaban con su sangre
-las calles de Jerusalen, un inspirado compuso un cántico sobre los
-sufrimientos y el triunfo del «servidor de Dios», cántico en el cual
-parece reconcentrarse toda la fuerza profética del genio de Israel<a
-id="FNanchor_74" href="#Footnote_74" class="fnanchor">[69]</a>.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Crecia como humilde planta y brotaba como una raíz en tierra
- árida; no tenía aspecto bello ni esplendoroso. Despreciado y
- desechado de los hombres, nadie hacia caso de él. Cubierto de
- vergüenza y afrentado, era una nada. Es verdad que él mismo tomó
- sobre sí nuestras dolencias y cargó con nuestras penalidades, pero
- se le reputaba como un leproso y como hombre herido de la mano de
- Dios y humillado. Por causa de nuestras iniquidades fué él llagado
- y despedazado por nuestras maldades; de su castigo debia nacer
- nuestra paz, y con sus cardenales fuimos nosotros curados. Como
- ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros; cada cual se desvió
- y á él sólo le ha cargado Jehová sobre las espaldas la iniquidad de
- todos. Despreciado, humillado, no abrió su boca, fué conducido á la
- muerte, como va la oveja al matadero; como un corderito que está mudo
- delante del que le esquila, no abrió la boca. Su sepulcro será como
- el sepulcro de un malvado, su muerte como la muerte de un impío. Pero
- despues de sufrida la opresion é inicua condena, verá levantarse una
- generacion numerosa y los intereses de Jehová prosperarán entre sus
- manos.»</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Al mismo tiempo se operaron en la <i>Thora</i> profundas
-modificaciones. Produjéronse nuevos textos, como el Deuteronomio, que
-pretendian representar la verdadera ley de Moisés, y en realidad ellos
-inauguraron un espíritu muy diferente del de los antiguos nómadas. El
-carácter dominante de aquel espíritu fué un gran fanatismo. Creyentes
-furibundos provocaban contínuas violencias contra todo lo que se
-separaba del culto de Jehová, y un código sanguinario, estableciendo
-la pena de muerte por delitos religiosos, consigue abrirse camino.
-La piedad trae consigo casi siempre singulares contrastes de
-vehemencia y de dulzura. Aquel celo religioso, que no conoció la
-grosera sencillez del tiempo de los Jueces, inspira entonaciones de
-conmovedora predicacion y de uncion ternísima, tales como el mundo no
-las habia escuchado hasta entón<span class="pagenum" id="Page_38">p.
-38</span>ces. Déjase ya sentir una poderosa tendencia hácia las
-cuestiones sociales, y las utopias, los ensueños de una sociedad
-perfecta penetran en el seno del código. El Pentateuco, mezcla de moral
-patriarcal y de ardiente devocion, de instituciones primitivas y de
-refinamientos piadosos como los que llenaron el alma de un Ezequías,
-de un Josías ó de un Jeremías, se fijó de esta manera en la forma en
-que le vemos, y por espacio de siglos llegó á ser la regla absoluta del
-espíritu nacional.</p>
-
-<p>Una vez creado aquel gran libro, la historia del pueblo judío se
-desarrolla con irresistible rapidez. Los grandes imperios que se
-sucedieron en el Asia occidental, arrebatándole toda esperanza de un
-reino terrestre, le obligan á que se eche, con una especie de sombría
-pasion, en brazos de los ensueños religiosos. No cuidándose entónces
-de dinastía nacional ni de independencia política, acepta todos los
-gobiernos, siempre que le dejen practicar libremente su culto y seguir
-sus costumbres. En adelante Israel no tendrá otra direccion que la de
-sus entusiastas religiosos, otros enemigos que los de la unidad divina,
-ni otra patria que su ley.</p>
-
-<p>Y preciso es notarlo, aquella ley era toda ella social y moral; era
-la obra de hombres penetrados de un elevado ideal de la vida presente,
-que habian creido encontrar los mejores medios de realizarle. Todo
-el mundo se halla convencido de que la <i>Thora</i> bien observada
-no puede ménos de conducir á la perfecta felicidad. En aquella
-<i>Thora</i> nada hay de comun con las «leyes» griegas ó romanas, las
-cuales, no teniendo presente más que el derecho abstracto, penetran
-poco en las cuestiones de felicidad y moralidad privadas. Conócese de
-antemano que los resultados que saldrán de ella serán de órden social
-y no de órden político; que la obra en que trabaja aquel pueblo es un
-reino de Dios y no una república civil; una institucion universal, más
-bien que una nacionalidad ó una patria.</p>
-
-<p>Israel, en medio de numerosos desfallecimientos y flaquezas,
-sostiene admirablemente esta vocacion. Una serie de hombres piadosos
-abrasados por el celo de la ley, tales como Esdras, Nehemías,
-Onías y los Macabeos, se suceden en la defensa de las antiguas
-instituciones. La idea de que Israel es un pueblo de santos, una tribu
-elegida por Dios y ligada hácia él por medio de un contrato, echa
-hondas raíces, que se hacen cada dia más sólidas y profundas. Una
-inmensa esperanza llena las almas. Toda la antigüedad indo-europea
-habia<span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> colocado el
-paraíso en el orígen; todos sus poetas habian llorado una edad de oro
-desvanecida:—Israel coloca la edad de oro en el porvenir. Los Salmos,
-esa eternal poesía de las almas religiosas, brotan con su divina y
-melancólica armonía de este pietismo exaltado. Miéntras que en torno
-suyo las religiones paganas se reducen más y más á un charlatanismo
-oficial en Persia y Babilonia, á una grosera idolatría en Siria y
-Egipto, y á vanos simulacros en el mundo griego y latino, Israel
-llega á ser verdaderamente y por excelencia el pueblo de Dios. Lo que
-los mártires cristianos hicieron en los primeros siglos de nuestra
-era, lo que hasta nuestros tiempos han hecho las víctimas de la
-ortodoxia perseguidora en el seno mismo del cristianismo, eso fué lo
-que los judíos realizaron en los dos siglos que precedieron á la era
-cristiana. Un movimiento extraordinario de ideas que iban á parar á
-los más opuestos resultados hacia de ellos en aquella época el pueblo
-más chocante y original del mundo. Su dispersion por todo el litoral
-del Mediterráneo, y el uso de la lengua griega que adoptaron fuera de
-Palestina prepararon el camino á una propaganda de que las antiguas
-sociedades no habian ofrecido todavía ningun ejemplo, divididas como se
-hallaban en pequeñas nacionalidades.</p>
-
-<p>Á pesar de su persistencia en anunciar que un dia llegaria á
-ser la religion del género humano, el judaismo conservó hasta el
-tiempo de los Macabeos el carácter de todos los otros cultos de la
-antigüedad, ciñéndose á un culto de familia y de tribu. El israelita
-creia que su culto era el mejor, y hablaba con desprecio de los
-dioses extranjeros:—creia más, creia que el culto del verdadero
-Dios no se habia hecho sino para él solo. El que ingresaba en el
-seno de una familia judía, abrazaba el culto de Jehová, y á esto se
-reducia todo. Por lo demás, ningun israelita pensaba en convertir
-al extranjero á un culto que se creia patrimonio exclusivo de los
-hijos de Abraham. El desarrollo del espíritu pietista que se produjo
-despues de Esdras y de Nehemías, trajo consigo una concepcion mucho
-más firme y más lógica. Desde entónces, el judaismo llegó á ser de
-un modo absoluto la verdadera religion; concedíase á todo el mundo
-el derecho de ingresar en él<a id="FNanchor_75" href="#Footnote_75"
-class="fnanchor">[70]</a>, y bien pronto fué una obra pía y meritoria
-conducir á sus filas el mayor número posible<a id="FNanchor_76"
-href="#Footnote_76" class="fnanchor">[71]</a>. Es indudable que
-aún no existia el delicado sentimiento que elevó á Juan Bautista,
-á Jesús, á San Pablo, sobre las mezquinas ideas de raza, puesto
-que,<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> por una
-extraña contradiccion, aquellos convertidos (prosélitos) eran mal
-vistos y tratados con desden<a id="FNanchor_77" href="#Footnote_77"
-class="fnanchor">[72]</a>. Pero la idea de una religion exclusiva,
-la idea de que en este mundo hay algo superior á la patria, á la
-sangre, á las leyes; esa idea que habrá de producir los apóstoles y
-los mártires estaba ya cimentada. El sentimiento de todo el pueblo
-judío se resume en adelante en una profunda piedad por los paganos,
-cualquiera que sea el brillo de su fortuna mundana<a id="FNanchor_78"
-href="#Footnote_78" class="fnanchor">[73]</a>. Los guías del pueblo
-tratan, sobre todo, de inculcarle la idea de que la virtud consiste en
-una adhesion fanática á determinadas instituciones religiosas, y para
-ello se valen de un ciclo de leyendas destinadas á presentar modelos de
-inquebrantable firmeza, tales como Daniel y sus compañeros, la madre de
-los Macabeos y sus siete hijos<a id="FNanchor_79" href="#Footnote_79"
-class="fnanchor">[74]</a>, y la novela del Hipódromo de Alejandría<a
-id="FNanchor_80" href="#Footnote_80" class="fnanchor">[75]</a>.</p>
-
-<p>Las persecuciones de Antíoco Epifáneo convirtieron esta idea en
-pasion, casi en frenesí, viéndose entónces algo de muy análogo á lo
-que doscientos treinta años más tarde pasó bajo el imperio de Neron.
-La desesperacion y la rabia arrojan á los creyentes en el mundo de
-las visiones y de los ensueños. Aparece el primer apocalípsis, el
-«Libro de Daniel», y con él renace el profetismo, pero bajo una forma
-bien diferente de la antigua y un sentimiento mucho más ámplio de
-los destinos del mundo. El libro de Daniel fué hasta cierto punto la
-última expresion de las esperanzas mesiánicas. El Mesías no era ya un
-rey á la manera de David y Salomon, ni un Ciro teocrático y mosaista;
-sino un «hijo del hombre» apareciendo en las nubes<a id="FNanchor_81"
-href="#Footnote_81" class="fnanchor">[76]</a>, un sér sobrenatural
-con apariencia humana, encargado de juzgar al mundo y de presidir la
-edad de oro. Quizás proporcionó algunos rasgos á este nuevo ideal el
-<i>Sosiosch</i> de Persia, el gran profeta del porvenir que debia
-preparar el reinado de Ormuzd<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82"
-class="fnanchor">[77]</a>. De todos modos, es indudable que el
-desconocido autor del Libro de Daniel ejerció una influencia decisiva
-en el acontecimiento religioso que iba á trasformar el mundo:—él
-proporcionó el aparato y los términos técnicos del nuevo mesianismo, y
-sin duda pueden aplicársele aquellas palabras de Jesús respecto á Juan
-Bautista: «Hasta él, los profetas; despues de él, el reino de Dios.»</p>
-
-<p>Sin embargo, no debe creerse que aquel movimiento, tan profundamente
-religioso y apasionado, tuviera por móvil dogmas particulares, como
-ha sucedido en todas las luchas que han estallado en el seno del
-cristianismo. Los judíos de a<span class="pagenum" id="Page_41">p.
-41</span>quella época eran poco teólogos y no especulaban sobre la
-esencia de la divinidad; sus creencias respecto á los ángeles, á los
-fines del hombre, á las hipóstasis divinas, cuyo primer gérmen se
-dejaba ya entrever, eran creencias libres, meditaciones á las cuales se
-entregaba cada uno segun la índole de su espíritu, pero de las que no
-tenian ni la más remota idea multitud de personas. Los más ortodoxos
-eran los que más se alejaban de esas imaginaciones particulares,
-ateniéndose á la sencillez del mosaismo. Entónces no existia ningun
-poder dogmático semejante al que defirió á la Iglesia el cristianismo
-ortodoxo. La fiebre de las definiciones, esa fiebre que hace de la
-historia de la Iglesia la historia de una inmensa controversia, no
-empezó sino cuando, á partir del siglo tercero, cayó el cristianismo
-en manos de razas ergotistas, sedientas de dialéctica y metafísica.
-Tambien entre los judíos se disputaba:—ardientes escuelas combatian
-en buscar para todas las cuestiones que entónces se agitaban opuestas
-soluciones; pero en aquellas luchas, de las cuales nos ha trasmitido
-el Talmud los principales detalles, no habia ni una sola palabra de
-teología especulativa. Observar y mantener la ley, porque la ley es
-justa y porque bien observada conduce á la felicidad, hé ahí á lo que
-se reducia el mosaismo. Ningun <i>Credo</i>, ningun símbolo teórico.
-Moisés Maimonida, un discípulo de la filosofía árabe más avanzada,
-llegó á ser oráculo de la sinagoga, porque era un canonista muy
-ejercitado.</p>
-
-<p>La exaltacion creció más todavía durante los reinados de los
-últimos Asmoneos y de Heródes, en cuya época tuvo lugar una serie no
-interrumpida de movimientos religiosos. El pueblo judío, á medida
-que el poder se secularizaba, pasando á manos incrédulas, vivia cada
-vez ménos para los intereses terrenales y se absorbia más y más en
-el extraño trabajo que se operaba en su seno. Distraido el mundo con
-otros espectáculos, no tiene ningun conocimiento de lo que pasa en
-aquel olvidado rincon de Oriente. Sin embargo, las almas superiores
-y al corriente de la marcha de su siglo, ven con más claridad. El
-tierno y previsor Virgilio parece responder, como un eco secreto,
-al segundo Isaías:—el nacimiento de un niño le sumerge en ensueños
-de palingenesia universal<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83"
-class="fnanchor">[78]</a>. Estos ensueños eran muy comunes y
-formaban como un género de literatura designado con el nombre de
-Sibilas ó Sibilismo. La formacion reciente del imperio exaltaba
-las imaginaciones: la grande era de paz que entónces empezaba, y
-esa impresio<span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span>n de
-melancólica sensibilidad que experimentan las almas despues de largos
-períodos de revolucion, hacian surgir en todas partes esperanzas
-ilimitadas.</p>
-
-<p>En Judea la espectativa habia llegado al último límite. Santas
-personas, entre las cuales figuran un anciano Simeon, quien, segun
-la leyenda, tuvo á Jesús en sus brazos, y Ana, hija de Phanuel,
-considerada como profetisa<a id="FNanchor_84" href="#Footnote_84"
-class="fnanchor">[79]</a>, pasaban su vida al rededor del templo,
-orando y ayunando, á fin de que Dios les concediese bastante vida
-para ver el cumplimiento de las esperanzas de Israel. Siéntese por
-donde quiera una poderosa incubacion y como la proximidad de algo
-extraordinario y desconocido.</p>
-
-<p>Aquella amalgama confusa de presentimientos y de ensueños, aquella
-alternativa de decepciones y de esperanzas, aquellas aspiraciones
-rechazadas incesantemente por la odiosa realidad, tuvieron, al fin, su
-intérprete en el hombre incomparable á quien la conciencia universal ha
-concedido, con justicia, el título de Hijo de Dios, puesto que él hizo
-dar á la religion un paso, al cual no puede y no podrá probablemente
-compararse ningun otro.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_2">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO II</h2>
- <p class="subh2">INFANCIA Y JUVENTUD DE JESÚS — SUS PRIMERAS
- IMPRESIONES</p>
-</div>
-
-<p>Jesús nació en Nazareth<a id="FNanchor_85" href="#Footnote_85"
-class="fnanchor">[80]</a>, pequeña ciudad de Galilea, la cual no
-tuvo ántes de su nacimiento ninguna celebridad<a id="FNanchor_86"
-href="#Footnote_86" class="fnanchor">[81]</a>. Durante toda su
-vida se le designó con el nombre de «Nazareno»<a id="FNanchor_87"
-href="#Footnote_87" class="fnanchor">[82]</a>, y para hacerle nacer
-en Bethlehem, como afirma su leyenda, ha sido indispensable recurrir
-á un rodeo bastante embarazoso<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88"
-class="fnanchor">[83]</a>. Luégo verémos<a id="FNanchor_89"
-href="#Footnote_89" class="fnanchor">[84]</a> el motivo de esta
-suposicion y de qué modo fué consecuencia obligada del mesiánico
-papel concedido á Jesús<a id="FNanchor_90" href="#Footnote_90"
-class="fnanchor">[85]</a>. Ignórase la fecha precisa de su
-nacimiento; pero se sabe que tuvo lugar bajo el<span class="pagenum"
-id="Page_43">p. 43</span> reinado de Augusto, hácia el año 750 de
-Roma, y probablemente algunos ántes del primero de la era que todos
-los pueblos civilizados cuentan desde el dia en que vino al mundo<a
-id="FNanchor_91" href="#Footnote_91" class="fnanchor">[86]</a>.</p>
-
-<p>El nombre de <i>Jesús</i>, que le fué dado, es una alteracion de
-<i>Josué</i>, que entónces era muy comun; pero, como es natural,
-buscáronse luégo en él significaciones misteriosas y una alusion
-á su papel de Salvador<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92"
-class="fnanchor">[87]</a>. Quizás el mismo Jesús, como todos los
-místicos, llegó á fortalecerse en esta creencia. Un nombre dado sin
-intencion á un niño ha sido á veces causa de grandes vocaciones:—la
-historia nos ofrece más de un ejemplo. Y es porque las naturalezas
-ardientes no pueden resignarse nunca á ver la mano de la casualidad en
-todo aquello que les concierne. Para ellas todo ha sido dispuesto por
-Dios, y hasta en las circunstancias más insignificantes de la vida ven
-un signo de la voluntad suprema.</p>
-
-<p>La poblacion de Galilea, segun indica el nombre mismo del país<a
-id="FNanchor_93" href="#Footnote_93" class="fnanchor">[88]</a>, se
-hallaba muy mezclada. En tiempo de Jesús, aquella provincia contaba
-entre sus habitantes muchos que no eran judíos (fenicios, sirios,
-árabes y hasta griegos)<a id="FNanchor_94" href="#Footnote_94"
-class="fnanchor">[89]</a>. Las conversiones al judaismo no escaseaban
-en aquella especie de países mistos. Imposible sería establecer aquí
-ninguna cuestion de raza, y no ménos difícil determinar la sangre que
-circulaba en las venas del que más poderosamente ha contribuido á
-borrar de la humanidad las distinciones de sangre.</p>
-
-<p>Jesús salió de las filas del pueblo<a id="FNanchor_95"
-href="#Footnote_95" class="fnanchor">[90]</a>; su padre José y
-su madre María eran personas de mediana condicion, artesanos
-que vivian de su trabajo<a id="FNanchor_96" href="#Footnote_96"
-class="fnanchor">[91]</a>, y cuyo estado social consistia en ese
-término medio, tan comun en Oriente, que no es ni la comodidad ni la
-miseria. La extremada sencillez en semejantes comarcas impide conocer
-la necesidad de lo <i>confortable</i>, hace casi inútil el privilegio
-del rico, y convierte á todo el mundo en pobres voluntarios. Por otra
-parte, la falta total de gusto por las artes y por todo lo que á la
-elegancia de la vida material contribuye, presta al interior del hogar
-doméstico, áun de aquellos que viven en la abundancia, cierto aspecto
-de pobreza y desnudez. Á excepcion de lo que el aislamiento lleva
-consigo por do quiera de sórdido y repugnante, la ciudad de Nazareth
-se diferenciaba tal vez muy poco, en tiempo de Jesús, de lo que es hoy
-dia<a id="FNanchor_97" href="#Footnote_97" class="fnanchor">[92]</a>.
-Las calles donde jugó siendo niño las vemos todavía en aquellos
-senderos pedregosos ó en aquellas encrucijadas que separan<span
-class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> los edificios. La casa de
-José era, sin duda, muy semejante á aquellas pobres tiendas, alumbradas
-por la puerta, que sirven al mismo tiempo de establecimiento, de
-cocina, y de alcoba, y que por todo mueblaje tienen una estera,
-algunos cojines sobre el suelo, uno ó dos vasos de arcilla y un cofre
-pintado.</p>
-
-<p>La familia, ya proviniese de un matrimonio ó de varios, era
-numerosa:—Jesús tenía hermanos y hermanas<a id="FNanchor_98"
-href="#Footnote_98" class="fnanchor">[93]</a>, de los cuales
-parecia ser el primogénito<a id="FNanchor_99" href="#Footnote_99"
-class="fnanchor">[94]</a>. Pero todos permanecieron oscuros, porque
-los cuatro personajes que se citan como hermanos suyos, y uno de
-los cuales, Santiago, llegó á adquirir gran importancia en los
-primeros años del cristianismo, eran, segun parece, primos carnales.
-En efecto, María tenía una hermana, que tambien se llamaba María<a
-id="FNanchor_100" href="#Footnote_100" class="fnanchor">[95]</a>, la
-cual se casó con un tal Alfeo ó Cleofás (estos dos nombres parecen
-designar una misma persona)<a id="FNanchor_101" href="#Footnote_101"
-class="fnanchor">[96]</a>, y tuvo varios hijos que desempeñaron
-un papel considerable entre los primeros discípulos de Jesús.
-Miéntras que sus verdaderos hermanos le hacian la oposicion<a
-id="FNanchor_102" href="#Footnote_102" class="fnanchor">[97]</a>,
-estos primos carnales se adhirieron al jóven maestro y tomaron el
-título de «hermanos del Señor»<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103"
-class="fnanchor">[98]</a>. Los verdaderos hermanos de Jesús,
-así como su madre, no tuvieron importancia sino despues de la
-muerte del Salvador<a id="FNanchor_104" href="#Footnote_104"
-class="fnanchor">[99]</a>. Y áun entónces mismo no alcanzaron, á lo
-que parece, la misma consideracion que sus primos, cuya conversion
-habia sido más espontánea, y en cuyo carácter hubo, sin duda, más
-originalidad. Tan conocidos eran sus nombres, que cuando el evangelista
-pone en boca de la gente de Nazareth la enumeracion de los hermanos,
-segun la naturaleza, son los hijos de Cleofás los primeros que se
-presentan á su memoria.</p>
-
-<p>Sus hermanas se casaron en Nazareth<a id="FNanchor_105"
-href="#Footnote_105" class="fnanchor">[100]</a>, en cuyo punto pasó
-él los primeros años de su juventud. Era Nazareth una pequeña ciudad
-situada en un repliegue del terreno que forma la ancha meseta del
-grupo de montañas que limitan al norte la llanura de Esdrelon. Hoy
-dia la poblacion es de tres á cuatro mil almas, y acaso no haya
-variado mucho desde entónces<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106"
-class="fnanchor">[101]</a>. El frio es agudo en el invierno y muy
-saludable el clima. Como todos los villorrios judíos de aquella
-época, la ciudad era un monton de casas construidas sin estilo,
-y probablemente ofreceria ese aspecto árido y pobre que ofrecen
-las aldeas de los países semíticos. Los edificios, segun es de
-inferir, tendrian gran semejanza con esos cubos de piedra, sin<span
-class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> elegancia exterior ni
-interior, que aún se ven hoy en las comarcas más ricas del Líbano,
-y que, mezclados con las viñas y las higueras, no dejan de ser
-agradables. Por otra parte, los alrededores son deliciosos, y en ningun
-país del mundo se hallaria un lugar más á propósito para alimentar y
-dar pábulo á los ensueños de absoluta ventura. Nazareth es todavía un
-sitio delicioso y acaso el único punto de Palestina en que el alma
-se siente aliviada del opresivo afan que experimenta en medio de
-aquella desolacion sin igual. Los naturales son agradables y risueños,
-frescos y llenos de verdura los huertos y jardines. En el siglo sexto,
-Antonino Mártir hizo un cuadro encantador de la fertilidad de sus
-alrededores, comparándolos con el paraíso. Algunos valles del lado
-del oeste justifican plenamente su descripcion. La fuente donde otras
-veces se reconcentraba la vida y la alegría de la pequeña ciudad está
-ya destruida; de sus caños desportillados no mana hoy sino un agua
-turbia. Pero la belleza de las mujeres que allí se reunen durante
-la noche, aquella belleza notada ya en el siglo sexto, y de la cual
-era una personificacion la Vírgen María, se ha conservado de un modo
-admirable:—aquél es el tipo sirio en toda su gracia llena de languidez.
-Es indudable que María fué allí casi diariamente, y que á menudo,
-con el cántaro sobre el hombro, formó entre la fila de sus ignoradas
-compatriotas. Antonino Mártir hace notar que las mujeres judías, que
-en otras partes miraban con desden á los cristianos, eran allí dulces
-y afables. Áun hoy dia los odios religiosos no son en Nazareth tan
-exaltados como en otros puntos.</p>
-
-<p>El horizonte de la ciudad es reducido; pero cuando se asciende un
-poco hasta llegar á la meseta que domina los edificios más elevados,
-meseta que barren contínuas brisas, la perspectiva se agranda y
-se hace espléndida. Al Oeste se extienden las hermosas líneas del
-Carmelo, terminadas por una punta abrupta que parece sumergirse en el
-mar. En seguida se desarrollan, la doble cima que domina á Mageddo,
-las montañas del país de Sichem con sus lugares santos de la edad
-patriarcal, el monte Gelboé, el pequeño y pintoresco grupo al cual
-van unidos los recuerdos, risueños ó terribles, de Sulem y de Endor,
-y el Tabor, con su bella forma esferoidal que los antiguos comparaban
-á un seno. Por una depresion entre la montaña de Sulem y el Tabor,
-se entrevén el valle del Jordan y las elevadas llanuras de la Perea,
-<span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>que forman hácia el
-Este una línea continuada. Al norte las montañas de Safed se inclinan
-hácia el mar, ocultando á San Juan de Acre, pero dejan que la mirada
-se pierda en el golfo de Khaifa. Tal fué el horizonte de Jesús. Aquel
-círculo encantado, cuna del reino de Dios, le representó el mundo
-durante muchos años. Su vida entera salió muy poco de aquellos límites
-familiares á su infancia. Porque más allá, por el lado del norte y casi
-entre los flancos del Hermon, se descubre Cesárea de Filipo, su punto
-más avanzado hácia el mundo de los gentiles, y por la parte del sur,
-detrás de aquellas montañas de Samaria ya ménos rientes, se adivina
-la triste Judea desecada por un viento abrasador de abstraccion y de
-muerte.</p>
-
-<p>Si teniendo mejor nocion de lo que constituye el respeto á los
-orígenes, el mundo permaneciese cristiano y quisiese reemplazar los
-santuarios apócrifos y mezquinos, á que se adhirió la piedad de las
-edades bárbaras, por auténticos lugares santos, en aquella altura
-de Nazareth es donde construiria su templo. Allí, en el sitio donde
-apareció el cristianismo, en el centro de accion de su fundador,
-deberia elevarse la grande iglesia en que todos los cristianos pudiesen
-orar. Allí tambien, en aquella tierra, bajo la cual duermen el
-carpintero José y millares de olvidados nazarenos que no franquearon
-jamás el horizonte de su valle nativo, se hallaria el filósofo mejor
-colocado que en ningun sitio del mundo para contemplar el curso de
-las cosas humanas, consolarse de su contingencia y tranquilizarse
-respecto al fin divino que el mundo prosigue á traves de infinitos
-desfallecimientos y no obstante la vanidad universal.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_3">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO III</h2>
- <p class="subh2 g1">EDUCACION DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Aquella naturaleza, á la vez risueña y grandiosa, constituyó
-toda la educacion de Jesús. Sin duda aprendió á leer y á escribir<a
-id="FNanchor_107" href="#Footnote_107" class="fnanchor">[102]</a>
-segun el método de Oriente, el cual consistia <span class="pagenum"
-id="Page_47">p. 47</span>en colocar entre las manos del niño un libro
-cuyo texto repetia cadenciosamente, en union de sus compañeros,
-hasta concluir por aprenderle de memoria<a id="FNanchor_108"
-href="#Footnote_108" class="fnanchor">[103]</a>. Sin embargo, es
-muy dudoso que comprendiera bien los escritos hebreos en su lengua
-original. Sus biógrafos se los hacen citar como traducciones
-en lengua aramea<a id="FNanchor_109" href="#Footnote_109"
-class="fnanchor">[104]</a>: sus principios de exegésis, si hemos de
-juzgar por los de sus discípulos, se parecian bastante á los que en
-aquella época se hallaban en boga, los cuales forman el espíritu de
-los <i>Targums</i> y de los <i>Midraschim</i><a id="FNanchor_110"
-href="#Footnote_110" class="fnanchor">[105]</a>.</p>
-
-<p>En las pequeñas aldeas judías, el maestro de escuela era el
-<i>hazzan</i> ó lector de las sinagogas<a id="FNanchor_111"
-href="#Footnote_111" class="fnanchor">[106]</a>. Jesús frecuentó
-poco las escuelas, más elevadas, de los escribas ó <i>soferim</i>
-(tal vez en Nazareth no habia ninguna), y no poseyó ninguno de
-esos títulos que dan á los ojos del vulgo derecho á la sabiduría<a
-id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" class="fnanchor">[107]</a>. Sin
-embargo, sería grave error imaginarse que Jesús era lo que nosotros
-llamamos un ignorante. Bajo el punto de vista del valor personal,
-se hace en nuestros dias una distincion profunda entre los que han
-recibido una educacion escolástica y los que de ella carecen. Pero
-en Oriente, y por regla general en toda la buena época antigua, no
-sucedia lo mismo. El estado de rudeza en que permanece entre nosotros,
-á consecuencia de nuestra vida aislada y puramente individual, aquel
-que no ha frecuentado las escuelas, se desconoce en esas sociedades
-en que la cultura moral, y sobre todo, el espíritu general del tiempo
-se trasmiten por el contacto contínuo de los hombres. Frecuentemente
-el árabe que no ha tenido ningun maestro es sin embargo persona muy
-distinguida, y consiste en que su tienda viene á ser una especie de
-escuela, siempre abierta, de donde, gracias al constante roce de gente
-bien educada, nace un gran movimiento intelectual y hasta literario. La
-delicadeza de los modales y la finura del espíritu no tienen en Oriente
-nada de comun con lo que nosotros llamamos educacion. Al contrario,
-allí los hombres escolásticos son los que pasan por pedantes y mal
-educados. La ignorancia, que entre nosotros condena al hombre á un
-rango inferior, es en aquel estado social la condicion de las grandes
-cosas y de la grande originalidad.</p>
-
-<p>Tampoco parece probable que supiese Jesús el griego. Á excepcion
-de las clases que participaban del gobierno de las ciudades
-habitadas por los paganos, como Cesárea, esta lengua estaba poco
-vulgarizada en Judea<a id="FNanchor_113" href="#Footnote_113"
-class="fnanchor">[108]</a>. El idioma de Jesús<span class="pagenum"
-id="Page_48">p. 48</span> era el dialecto sirio con mezcla de
-hebreo que entónces se hablaba en Palestina<a id="FNanchor_114"
-href="#Footnote_114" class="fnanchor">[109]</a>. Con mucha más razon
-debe suponerse que no tuvo ningun conocimiento de la cultura griega.
-Aquella cultura se hallaba proscripta por los doctores palestinos,
-los cuales envolvian en la misma maldicion «al que criaba puercos y
-al que enseñaba á su hijo la ciencia helénica»<a id="FNanchor_115"
-href="#Footnote_115" class="fnanchor">[110]</a>. De todos modos,
-aquella ciencia no habia penetrado hasta las pequeñas ciudades como
-Nazareth, si bien es verdad que, no obstante el anatema de los
-doctores, algunos judíos habian adoptado aquella cultura. Sin contar
-la escuela judía de Egipto, donde las tendencias para amalgamar
-el helenismo y el judaismo se continuaban desde hacia cerca de
-doscientos años, un judío, Nicolás de Damasco, llegó á ser por aquel
-tiempo uno de los hombres más notables, instruidos y considerados
-de su época. Josefo debia ofrecer bien pronto otro ejemplo de judío
-completamente helenizado. Pero Nicolás no tenía de judío sino la
-sangre, Josefo declara ser una excepcion entre sus contemporáneos<a
-id="FNanchor_116" href="#Footnote_116" class="fnanchor">[111]</a>,
-y toda la escuela cismática de Egipto se separó de Jerusalen tan
-completamente, que ni en el Talmud ni en la tradicion judía se
-encuentra el menor recuerdo. Lo que se halla fuera de duda es que el
-griego se estudiaba muy poco en Jerusalen; que los estudios helénicos
-se consideraban como peligrosos y hasta serviles, creyéndose buenos,
-á lo sumo, para servir de adorno á las mujeres<a id="FNanchor_117"
-href="#Footnote_117" class="fnanchor">[112]</a>. Sólo el estudio de la
-ley pasaba por liberal y digno de un hombre grave<a id="FNanchor_118"
-href="#Footnote_118" class="fnanchor">[113]</a>. Un ilustrado
-rabino, á quien preguntaron cuándo debia enseñarse á los niños la
-«sabiduría griega», respondió:—«Cuando no sea ni de dia ni de noche,
-puesto que está escrito en la Ley: tú la estudiarás dia y noche»<a
-id="FNanchor_119" href="#Footnote_119" class="fnanchor">[114]</a>.</p>
-
-<p>Ningun elemento de cultura griega llegó, pues, á Jesús ni directa ni
-indirectamente. Nada conoció fuera del judaismo, y su espíritu conservó
-esa cándida franqueza que una cultura extensa y variada debilita
-siempre. Áun en el seno mismo del judaismo permaneció extraño á muchos
-esfuerzos frecuentemente paralelos á los suyos. Fuéronle desconocidos
-el ascetismo de los Essenios ó Terapeutas<a id="FNanchor_120"
-href="#Footnote_120" class="fnanchor">[115]</a> y los hermosos ensayos
-de filosofía religiosa intentados por la escuela judáica de Alejandría,
-de los cuales era ingenioso intérprete su contemporáneo Filon. Las
-semejanzas que se encuentran á menudo entre él y Filon, esas excelentes
-máximas de amor de Dios, de caridad, de confianza en el Eterno<a
-id="FNanchor_121" href="#Footnote_121" class="fnanchor">[116]</a>, que
-vienen á ser com<span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>o un
-eco entre el Evangelio y los escritos del ilustre pensador alejandrino,
-proceden de las comunes tendencias que las necesidades del tiempo
-inspiraban á todas las almas elevadas.</p>
-
-<p>Por fortuna suya, no conoció tampoco la rara escolástica que se
-enseñaba en Jerusalen y que muy pronto debia constituir el Talmud.
-Quizás algunos fariseos la habian llevado ya á Galilea, pero Jesús no
-tuvo trato con ellos; y cuando vió de cerca aquella necia casuística,
-no le inspiró sino profunda repugnancia. Sin embargo de lo dicho, debe
-suponerse que los principios de Hillel no le fueron desconocidos.
-Hillel habia pronunciado, cincuenta años ántes que él, aforismos que
-tenian mucha semejanza con los suyos. Si fuese permitido hablar de
-maestro cuando se trata de tan elevada originalidad, podia decirse
-que Hillel, por su pobreza humildemente soportada, por la dulzura
-de carácter y por la oposicion que hizo á los hipócritas y á los
-sacerdotes, fué el verdadero maestro de Jesús<a id="FNanchor_122"
-href="#Footnote_122" class="fnanchor">[117]</a>.</p>
-
-<p>Mayor impresion le produjo la lectura de los libros del Antiguo
-Testamento. De dos partes principales se componia el Cánon de los
-libros santos: de la Ley, esto es, del Pentateuco, y de los Profetas,
-tales como hasta nosotros han llegado. Aplicábase á todos esos libros
-una vasta exegésis, la cual trataba de deducir de ellos lo que en
-realidad no existia, pero que se hallaba conforme con las aspiraciones
-de la época. La Ley, que no representaba las antiguas leyes del
-país, sino más bien las utopias, las leyes facticias y los fraudes
-piadosos del tiempo de los reyes pietistas, habia llegado á ser un
-tema inagotable de sutiles interpretaciones, desde que la nacion dejó
-de gobernarse á sí misma. En cuanto á los profetas y á los salmos, la
-persuasion general era que casi todos los rasgos un poco misteriosos
-de aquellos libros se referian al Mesías, y de antemano se buscaba
-en ellos el tipo del que habria de realizar las esperanzas de la
-nacion. Jesús participaba de la opinion general respecto á aquellas
-interpretaciones alegóricas. Sin embargo, la verdadera poesía de la
-Biblia, que los pueriles exegetas de Jerusalen no comprendian, se
-revelaba plenamente á su hermoso genio. La Ley no tuvo para él mucho
-atractivo; sin duda tenía el convencimiento de poder realizar algo
-mejor que aquello. Pero la poesía religiosa de los salmos se halló en
-maravillosa consonancia con su alma lírica; los salmos son el alimento
-y el apoyo de toda su vida. Los profetas, particularmente Isaías
-y su continuador del tiempo<span class="pagenum" id="Page_50">p.
-50</span> de la cautividad, fueron sus verdaderos maestros, con sus
-brillantes ensueños del porvenir, su impetuosa elocuencia y sus
-invectivas mezcladas de cuadros encantadores. Sin duda leyó tambien
-várias de las obras apócrifas, es decir, varios de aquellos escritos
-modernos, cuyos autores se ocultaban tras el nombre de los profetas
-y de los patriarcas, á fin de darles una importancia y autoridad que
-no se concedian sino á los escritos muy antiguos. Uno de aquellos
-libros le llamó entre todos la atencion: tal fué el libro de Daniel.
-Escrito por un judío exaltado del tiempo de Antíoco Epifáneo,
-y puesto bajo la egida de un antiguo sabio<a id="FNanchor_123"
-href="#Footnote_123" class="fnanchor">[118]</a>, aquel libro era el
-resúmen del espíritu de las últimas épocas. Verdadero creador de la
-filosofía de la historia, su autor es quien por la vez primera se
-atrevió á mirar en el movimiento del mundo y en la sucesion de los
-imperios una funcion subordinada á los destinos del pueblo judío. Jesús
-llegó desde muy pronto á penetrarse de aquellas elevadas esperanzas.
-Acaso leyó tambien los libros de Henoch, venerados entónces al
-igual de los libros santos<a id="FNanchor_124" href="#Footnote_124"
-class="fnanchor">[119]</a>, y los demás escritos del mismo género que
-mantenian en contínuo y vivo movimiento la imaginacion popular. El
-advenimiento del Mesías con sus glorias y sus terrores, las naciones
-derrumbándose unas sobre otras, el cataclismo del cielo y de la
-tierra, tales fueron las ideas que formaban el alimento ordinario de
-la imaginacion de Jesús; y como quiera que aquellas revoluciones se
-anunciaban como próximas, y que muchas personas trataban de computar
-el tiempo en que habrian de ocurrir, el órden sobrenatural á que nos
-trasportan semejantes visiones le pareció en un principio la cosa más
-natural y sencilla.</p>
-
-<p>De cada rasgo de sus más auténticos discursos resulta de un modo
-claro que no tuvo ningun conocimiento del estado general del mundo.
-Imaginábase que la tierra se hallaba todavía dividida en reinos que se
-hacian la guerra, y parece ignorar la «paz romana» y el nuevo estado
-social que inauguraba su siglo. Tampoco tuvo ninguna idea precisa
-del poderío romano; la sola cosa que llega hasta él es el nombre de
-«César.» Vió construir en Galilea y en sus inmediaciones á Tiberiade,
-á Juliade, á Diocesárea, á Cesárea, obras pomposas de los Heródes,
-los cuales trataban de probar con aquellas construcciones magníficas
-su admiracion por la cultura romana y su adhesion á los miembros de
-la familia de Augusto, cuyos nombres, extravagantemente alterados,
-sirven ahora<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> por un
-capricho de la suerte para designar miserables villorrios de beduinos.
-Es probable que tambien viese á Sebaste, obra de Heródes el Grande,
-ciudad de aparato cuyas ruinas dan lugar á suponer que fué trasportada
-allí pieza á pieza como una máquina ya concluida que debia montarse
-en lugar determinado. Aquella arquitectura de ostentacion llevada
-á Judea por cargamentos, aquellos centenares de columnas, todas
-del mismo diámetro, ornato de alguna insípida «calle de Rivoli<a
-id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[*]</a>», hé ahí
-lo que Jesús llamaba «los reinos del mundo y todas sus glorias.» Pero
-aquel lujo de encargo y aquel arte administrativo y oficial le causaban
-repugnancia. Sus aldeas galileas, mezcla confusa de cabañas, de eras y
-de prensas talladas en la roca, de pozos, de sepulcros, de higueras y
-de olivas, eso era lo que él amaba. Jesús permaneció siempre cerca de
-la naturaleza. La córte de los reyes se le representaba como un lugar
-en donde las personas llevan hermosos vestidos<a id="FNanchor_125"
-href="#Footnote_125" class="fnanchor">[120]</a>. Las deliciosas
-imposibilidades en que abundan sus parábolas siempre que pone en escena
-á los reyes y á los poderosos<a id="FNanchor_126" href="#Footnote_126"
-class="fnanchor">[121]</a> prueban que no concibió nunca la sociedad
-aristocrática sino como un jóven aldeano que ve el mundo por el prisma
-de su candidez.</p>
-
-<div class="footnote2">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[*]</a> Una de
-las más rectas, largas y uniformes que tiene París.</p>
-
-</div>
-
-<p>Ménos aún conoció la idea nueva creada por la ciencia griega, esa
-idea que sirve de base á toda filosofía, que la ciencia moderna ha
-confirmado plenamente y que consiste en la exclusion de los dioses
-caprichosos á quienes la sencilla credulidad de las antiguas edades
-atribuia el gobierno del mundo. Cerca de un siglo ántes de él, Lucrecio
-habia expresado ya de una manera admirable la inflexibilidad del
-régimen general de la naturaleza. En las grandes escuelas de todos
-los países que habian recibido la ciencia griega, la negacion del
-milagro, deducida de la idea que en el mundo se produce todo por leyes
-invariables, sin ninguna intervencion personal de seres superiores, era
-ya un principio admitido. Quizás habia penetrado tambien en Babilonia
-y Persia. Jesús no tuvo noticia de aquel progreso. No obstante haber
-nacido en una época en que el principio de la ciencia positiva era ya
-proclamado, vivió en pleno sobrenatural. Tal vez nunca se hallaron
-los judíos tan sedientos como entónces de lo maravilloso. Filon, sin
-embargo de vivir en un gran centro intelectual y de haber recibido
-una educacion completísima, no poseia sino una <span class="pagenum"
-id="Page_52">p. 52</span>ciencia quimérica y de mala ley. Bajo este
-supuesto, Jesús no se diferenciaba en nada de sus compatriotas. Creia
-en el diablo, al cual consideraba como una especie de genio del mal<a
-id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" class="fnanchor">[122]</a>, y,
-como todo el mundo, se imaginaba que las enfermedades nerviosas eran
-producidas por los demonios, que se apoderaban del paciente, agitándole
-de contínuo. Para él no era lo maravilloso la excepcion, sino el estado
-normal. La nocion de lo sobrenatural, con sus imposibilidades, no
-apareció sino con la ciencia experimental de la naturaleza. El hombre
-ajeno á toda idea de física, que cree por medio de las preces se puede
-cambiar la marcha de los astros, detener las enfermedades y hasta la
-muerte misma, no encuentra en lo milagroso nada de extraordinario,
-puesto que el curso entero de las cosas es en su concepto el resultado
-de la voluntad libre de la divinidad. Ese estado intelectual fué
-siempre el de Jesús, pero semejante creencia producia en su grande
-alma efectos contrarios á los que ocasionaba en el vulgo. Entre las
-almas vulgares, la fe en la accion particular de Dios conducia á una
-credulidad simple y á los engaños de los charlatanes. En la suya se
-elevaba á una nocion profunda de las relaciones familiares entre el sér
-humano y Dios, y á una creencia exagerada en el porvenir del hombre;
-bellos errores que fueron el principio de su fuerza, porque, si bien
-ellos debian más tarde evidenciar sus preocupaciones á los ojos del
-físico y del químico, le dieron sobre sus contemporáneos un poder de
-que no hay ejemplo ántes ni despues de él.</p>
-
-<p>Su carácter extraordinario se reveló desde muy temprano. La
-leyenda se complace en mostrarle desde su infancia en rebelion
-contra la autoridad paterna, y separándose de las vias comunes
-para seguir su vocacion<a id="FNanchor_128" href="#Footnote_128"
-class="fnanchor">[123]</a>. Lo que al ménos hay de seguro es,
-que tuvo en poca cosa las relaciones de parentesco. Su familia
-no parece haberle amado<a id="FNanchor_129" href="#Footnote_129"
-class="fnanchor">[124]</a>, y en ocasiones se le nota cierta
-dureza para con ella<a id="FNanchor_130" href="#Footnote_130"
-class="fnanchor">[125]</a>. Como todos los hombres verdaderamente
-preocupados de una idea, Jesús llegó á tener en poco los lazos de la
-sangre. El único que esa clase de naturalezas reconoce es el lazo de la
-idea: «Hé ahí á mi madre y á mis hermanos—decia extendiendo las manos
-hácia sus discípulos;—aquel que cumple la voluntad de mi Padre, ése es
-mi hermano y mi hermana.» Las gentes sencillas no lo comprendian así, y
-un dia, dicen que una mujer que pasaba cerca de él exclamó: «¡Dichoso
-el vientre que te concibió y los pechos que te alimentaron!»—«¡Dichoso
-más<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> bien—respondió<a
-id="FNanchor_131" href="#Footnote_131" class="fnanchor">[126]</a>—aquel
-que escucha la palabra de Dios y la practica!» Su atrevida rebelion
-contra la naturaleza debia llevarle pronto mucho más léjos, y no
-tardarémos en verle menospreciando la sangre, el amor, la patria,
-cuanto constituye al hombre, para no albergar en su alma y su corazon
-sino la idea que se le presentaba como la forma absoluta del bien y de
-la verdad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_4">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IV</h2>
- <p class="subh2">ÓRDEN DE IDEAS EN CUYO SENO CRECIÓ JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Así como la tierra ya enfriada por haberse apagado el fuego que la
-penetraba no permite comprender los fenómenos de la creacion primitiva,
-de igual modo las explicaciones discurridas dejan siempre algo que
-desear cuando se trata de aplicar nuestros débiles medios de induccion
-á las revoluciones de las épocas creadoras que decidieron la suerte
-del género humano. Jesús vivió en uno de esos momentos en que la parte
-de la vida pública se juega con franqueza, en que se centuplica la
-apuesta de la actividad humana. Todo gran destino conduce entónces á la
-muerte, porque tales movimientos suponen una libertad y una ausencia de
-medidas preventivas que no pueden existir sin terribles contrapesos.
-En nuestros dias, el hombre arriesga poco y gana poco:—en las épocas
-heróicas de la actividad humana aventura el todo por el todo. Los
-buenos y los malos, ó al ménos los que se creen y pasan por tales,
-forman dos ejércitos opuestos. Llégase á la apoteósis por el camino
-del cadalso, y los caractéres tienen facciones pronunciadas que los
-graban como tipos eternales en la memoria de los hombres. Ningun medio
-histórico, excepto el de la Revolucion francesa, fué tan á propósito
-como aquel en que se formó Jesús para desarrollar esas fuerzas ocultas
-que la humanidad tiene como en reserva y que no descubre sino en sus
-dias de fiebre y de peligro.</p>
-
-<p>Si el gobierno del mundo fuese un problema especulativo,<span
-class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> y si el más gran filósofo
-fuese el hombre más apto para enseñar á sus semejantes lo que deben
-creer, esas grandes reglas morales y dogmáticas que se llaman
-religiones saldrian de la calma y de la reflexion. Pero no sucede
-así. Los grandes fundadores religiosos, si se exceptúa Sakia-Muni, no
-fueron metafísicos. El budismo, que salió de la idea pura, conquistó
-la mitad del Asia por motivos puramente políticos y morales. En
-cuanto á las religiones semíticas, son tan poco filosóficas cuanto
-cabe en lo posible. Moisés y Mahoma no fueron hombres especulativos:
-fueron hombres de accion, y proponiéndola á sus compatriotas y á sus
-contemporáneos, consiguieron dominar la humanidad. De igual manera,
-Jesús no fué ni un teólogo, ni un filósofo, ni tuvo un sistema más ó
-ménos bien combinado. Para ser discípulo suyo no se necesitaba firmar
-ningun formulario ni pronunciar ninguna profesion de fe; bastaba una
-sola cosa: adherirse á él, amarle. Jesús no disputó jamás sobre Dios,
-porque directamente le sentia en sí mismo. El escollo de las sutilezas
-metafísicas, contra el cual tropezó el cristianismo á partir del
-siglo tercero, no fué en manera alguna creado por el fundador. Jesús
-no tuvo ni dogma ni sistema, sino una resolucion personal fija que,
-sobrepujando en intensidad á toda otra voluntad creada, dirige todavía
-en este momento los destinos de la humanidad.</p>
-
-<p>Desde el cautiverio de Babilonia hasta la edad media, el pueblo
-judío tuvo la ventaja de hallarse constantemente en una situacion muy
-crítica. De ahí el que los depositarios del espíritu de la nacion
-escribiesen durante aquel largo período como bajo el dominio de una
-fiebre intensa que los coloca, unas veces fuera de los límites de la
-razon, otras demasiado dentro, casi nunca en el justo medio. Hasta
-entónces, nunca el hombre se habia apoderado del problema del porvenir
-y de su destino con un valor más desesperado, más resuelto á atropellar
-por todo á fin de resolverle. Asimilando la suerte de la humanidad
-con la de su pequeña raza, los pensadores judíos son los primeros que
-se cuidan de una teoría general de la marcha de nuestra especie. La
-Grecia, encerrada siempre en sí misma y atenta sólo á sus querellas
-locales, tuvo admirables historiadores; pero en vano se buscaria en
-ella ántes de la época romana un sistema general de filosofía de
-la historia que abrace la humanidad entera. Por el contrario, el
-judío hizo entrar la historia en la religion, merced á una especie
-de sentido profético que á veces presta al semita maravi<span
-class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>llosa aptitud para entrever
-las grandes líneas del porvenir. Quizás debe á la Persia una parte
-de ese espíritu. La Persia, desde una época muy remota, concibió
-la historia del mundo como una serie de revoluciones á cada una de
-las cuales preside un profeta. Cada profeta tiene su <i>hazar</i> ó
-reinado de mil años (quiliasma), y de esas edades sucesivas, análogas
-á los millones de siglos pertenecientes á cada buda de la India, se
-compone la trama de los acontecimientos que preparan el reino de
-Ormuzd. Al fin de los tiempos, cuando el círculo de los quiliasmas se
-haya agotado, empezará el paraíso definitivo. Entónces los hombres
-vivirán dichosos, la tierra será como una llanura, y no habrá sino
-una lengua, una ley y un gobierno para todo el mundo. Pero terribles
-calamidades precederán á este acontecimiento. Dahak (el Satanás de
-Persia) romperá los hierros que le encadenan y se abatirá sobre la
-tierra. Dos profetas vendrán á consolar á los hombres y á preparar
-el gran acontecimiento<a id="FNanchor_132" href="#Footnote_132"
-class="fnanchor">[127]</a>. Estas ideas recorrian entónces el mundo
-y penetraban hasta en Roma, donde inspiraron un ciclo de poemas
-proféticos, cuyas ideas fundamentales eran la division de la historia
-de la humanidad en períodos, la sucesion de dioses correspondientes á
-esos períodos, una renovacion completa del mundo y el acontecimiento
-final de una edad de oro<a id="FNanchor_133" href="#Footnote_133"
-class="fnanchor">[128]</a>. El libro de Daniel, el de Henoch y algunos
-de los libros sibilinos<a id="FNanchor_134" href="#Footnote_134"
-class="fnanchor">[129]</a> son expresiones judáicas de la misma teoría.
-Menester era que esas ideas fuesen las de todos. En un principio no
-las abrazaron sino algunas personas de imaginacion viva y aficionadas
-á las doctrinas extranjeras. El árido y mezquino autor del libro de
-Ester no pensó nunca en el resto del mundo, y si pensó, fué para
-menospreciarle y zaherirle<a id="FNanchor_135" href="#Footnote_135"
-class="fnanchor">[130]</a>. El epicúreo desengañado que escribió el
-<i>Eclesiastés</i>, se cuida tan poco del porvenir, que hasta cree
-inútil trabajar para sus hijos: á los ojos de aquel célebre egoista, la
-esencia de la sabiduría consiste en no tener cuenta sino de sí mismo<a
-id="FNanchor_136" href="#Footnote_136" class="fnanchor">[131]</a>. Pero
-en todos los pueblos, la minoría es la que hace las grandes cosas. Y á
-pesar de sus enormes defectos, á pesar de ser duro, burlon, mezquino
-en sus miras, cruel, sofista y lleno de sutilezas, el pueblo judío es
-el autor del más hermoso movimiento de entusiasmo desinteresado que
-menciona la historia. La oposicion ocasiona siempre la gloria de un
-país:—los más grandes hombres de una nacion son los que ella condena á
-muerte. Sócrates fué la gloria de Aténas, y Aténas le dió á beber la
-cicuta. Spinosa es el más grand<span class="pagenum" id="Page_56">p.
-56</span>e de los judíos modernos, y la sinagoga le ha excluido de
-su seno ignominiosamente. Jesús fué la gloria de Israel, y murió
-crucificado.</p>
-
-<p>El pueblo judáico perseguia desde hacia siglos un gigantesco
-desvarío que le rejuvenecia á cada paso en su decrepitud. Ajena á la
-teoría de las recompensas individuales, propagada por la Grecia bajo el
-nombre de inmortalidad del alma, la Judea habia reconcentrado toda su
-potencia de amor y deseo en su porvenir nacional. Creyéndose posesora
-de las promesas divinas de un porvenir sin límites, y siendo rechazada
-en sus aspiraciones por la amarga realidad que á partir del siglo nono
-ántes de nuestra era sometia más y más el destino del mundo al imperio
-de la fuerza bruta, se arrojó en la via de absurdas amalgamas ideales y
-ensayó las más extrañas contradicciones. Ántes del cautiverio, cuando
-todo el porvenir terrestre se desvaneció al separarse las tribus del
-Norte, la restauracion de la casa de David, la reconciliacion de las
-dos fracciones del pueblo y el triunfo de la teocracia y del culto de
-Jehová sobre los cultos idólatras, sirvieron de alimento al delirio
-comun. En la época del cautiverio, un poeta lleno de armonía entrevió
-el esplendor de una Jerusalen futura, de la cual eran tributarios los
-pueblos y las islas lejanas; y la entrevé por un prisma de tan dulces
-y suaves colores, que hubiérase dicho que un rayo de la mirada de
-Jesús penetraba en su imaginacion á una distancia de seis siglos<a
-id="FNanchor_137" href="#Footnote_137" class="fnanchor">[132]</a>.
-La victoria de Ciro pareció realizar por algun tiempo todas aquellas
-esperanzas. Los graves discípulos del <i>Avesta</i> y los adoradores de
-Jehová se creyeron hermanos. Al desterrar los <i>devas</i> múltiples
-y al trasformarlos en demonios, la Persia habia conseguido extraer
-de las antiguas imaginaciones arianas, esencialmente naturalistas,
-una especie de monoteismo. El tono profético de algunas enseñanzas
-de Iran tenía mucha analogía con ciertas composiciones de Oseas y de
-Isaías. Israel toma aliento bajo los Acheménidas<a id="FNanchor_138"
-href="#Footnote_138" class="fnanchor">[133]</a>, y durante la
-dominacion de Jérjes (Asuero) se hace temer de los mismos Iranios.
-Pero la entrada triunfante y á menudo brutal de la civilizacion griega
-y romana en Asia, le arroja de nuevo en sus delirios. Entónces más
-que nunca invoca al Mesías como al Juez vengador de los pueblos.
-Para satisfacer la sed de venganza que le inspiraban el sentimiento
-de su superioridad y el espectáculo de sus humillaciones, hacíale
-falta una renovacion completa, una revolucion que abarcase e<span
-class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>l mundo y le conmoviera
-hasta en sus cimientos<a id="FNanchor_139" href="#Footnote_139"
-class="fnanchor">[134]</a>.</p>
-
-<p>Si Israel hubiese poseido la doctrina llamada espiritualista,
-esa doctrina que divide al hombre en dos partes, cuerpo y alma, y
-que encuentra la cosa más natural que el alma sobreviva miéntras el
-cuerpo se corrompe, aquel acceso de rabia y de enérgica protesta no
-habria tenido su razon de ser. Pero semejante doctrina, producto de
-la filosofía griega, no se hallaba en las tradiciones del espíritu
-judáico. Ninguna huella de remuneraciones ó de penas futuras contienen
-los antiguos escritos hebreos. Miéntras existió la idea de la
-solidaridad de la tribu, natural era que no se pensase en una estricta
-retribucion segun los méritos de cada uno. Si un hombre piadoso tenía
-la desgracia de venir al mundo en una época de impiedad y participaba
-de las calamidades públicas originadas por la iniquidad comun, tanto
-peor para él. Esta doctrina, trasmitida por los sabios de la época
-patriarcal, conducia paso á paso á insostenibles contradicciones.
-Ya en tiempo de Job habia recibido fuertes ataques; los ancianos de
-Theman que la profesaban eran hombres atrasados, y el jóven Elihu,
-que fué á disputar con ellos, se atrevió á emitir desde sus primeras
-palabras este axioma revolucionario: ¡que la sabiduría no era ya
-patrimonio de los ancianos!<a id="FNanchor_140" href="#Footnote_140"
-class="fnanchor">[135]</a>. Con las complicaciones ocurridas en
-el mundo despues de Alejandro, el antiguo principio themanita
-y mosaista se hizo todavía más intolerable<a id="FNanchor_141"
-href="#Footnote_141" class="fnanchor">[136]</a>. Nunca Israel habia
-sido más fiel observador de la Ley, y sin embargo sufrió la atroz
-persecucion de Antíoco. Sólo un retórico pedante y acostumbrado á
-repetir vetustas frases vacías de sentido podia atreverse á sostener
-que aquellas desgracias eran hijas de las infidelidades del pueblo<a
-id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" class="fnanchor">[137]</a>.
-¡Cómo! ¿esas víctimas que mueren por la fe, esa madre con sus siete
-hijos, esos heróicos Macabeos serán olvidados eternamente por Jehová
-y abandonados á la podredumbre de la fosa?<a id="FNanchor_143"
-href="#Footnote_143" class="fnanchor">[138]</a>. Un saduceo
-incrédulo y mundano podia muy bien admitir semejante consecuencia;
-un sabio consumado, como Antígono de Soco<a id="FNanchor_144"
-href="#Footnote_144" class="fnanchor">[139]</a>, podia sostener que no
-debe practicarse la virtud como el esclavo que aspira á una recompensa,
-sino desinteresadamente y sin esperanza de premio. Pero la gran masa de
-la nacion no se contentaba con eso. Unos se adherian al principio de
-la inmortalidad filosófica y se figuraban á los justos viviendo en la
-memoria de Dios, glorificados en el recuerdo de los hombres, juzgando
-al impío que los persiguiera<a id="FNanchor_145" href="#Footnote_145"
-class="fnanchor">[140]</a>. «Viven á los ojos de Di<span
-class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>os;... Dios los reconoce»<a
-id="FNanchor_146" href="#Footnote_146" class="fnanchor">[141]</a>,
-hé ahí su recompensa. Otros, y en particular los fariseos, recurrian
-al dogma de la resurreccion<a id="FNanchor_147" href="#Footnote_147"
-class="fnanchor">[142]</a>. Los justos resucitarán para ser partícipes
-del reinado mesiánico. Resucitarán con los mismos cuerpos que tuvieron
-para vivir en el mundo del cual serán reyes y jueces, y asistirán al
-triunfo de sus ideas y á la humillacion de sus enemigos.</p>
-
-<p>En el antiguo pueblo de Israel no se encuentran sino huellas muy
-indecisas de este dogma fundamental. En realidad, el incrédulo saduceo,
-al rechazarle, permanecia fiel á la antigua doctrina judáica, y el
-verdadero innovador era el fariseo partidario de la resurreccion.
-Pero en materia religiosa, el partido más exaltado es siempre el que
-innova, el que avanza, el que deduce las consecuencias. Por otra
-parte, la resurreccion, idea totalmente distinta de la inmortalidad
-del alma, se desprendia sin esfuerzo de las doctrinas anteriores y de
-la situacion del pueblo. Quizás la misma Persia proporcionó algunos
-principios elementales<a id="FNanchor_148" href="#Footnote_148"
-class="fnanchor">[143]</a>. De todos modos, formó, á no dudarlo,
-combinándose con la creencia en el Mesías y con la doctrina de una
-próxima renovacion del mundo, esas teorías apocalípticas que, sin ser
-artículos de fe (el sanhedrin ortodoxo de Jerusalen no parece haberlas
-adoptado), llenaban todas las imaginaciones y producian de un extremo á
-otro del mundo judío extraordinaria fermentacion. La carencia total de
-rigor dogmático permitia que nociones del todo contradictorias pudiesen
-admitirse al mismo tiempo, áun tratándose de un punto tan capital.
-Unas veces el justo debia esperar la resurreccion<a id="FNanchor_149"
-href="#Footnote_149" class="fnanchor">[144]</a>; otras, era
-recibido en el seno de Abraham desde el momento de su muerte<a
-id="FNanchor_150" href="#Footnote_150" class="fnanchor">[145]</a>. Ya
-la resurreccion era general<a id="FNanchor_151" href="#Footnote_151"
-class="fnanchor">[146]</a>, ya estaba reservada únicamente
-para los fieles<a id="FNanchor_152" href="#Footnote_152"
-class="fnanchor">[147]</a>. Aquí suponia un mundo renovado y una nueva
-Jerusalen; allá implicaba el aniquilamiento prévio del universo.</p>
-
-<p>Desde que Jesús tuvo uso de razon, entró en la ardiente atmósfera
-que formaban en Palestina las ideas que acabamos de exponer. Aquellas
-ideas no se enseñaban en ninguna escuela; pero flotaban en el aire
-y penetraron en su alma desde muy temprano, en su alma tranquila,
-que no conoció nunca nuestra incertidumbre ni nuestras vacilaciones.
-En la cima de la montaña de Nazareth, en aquella cima donde ningun
-hombre moderno pone la planta sin experimentar cierta inquietud sobre
-su destino, Jesús se sentó veinte veces sin que su corazon fuese
-combatido por la sombra de una duda. Ajeno al<span class="pagenum"
-id="Page_59">p. 59</span> egoismo, á ese manantial de nuestras
-tristezas, que rudamente nos obliga á buscar por móvil de la virtud
-un interes de ultratumba, no pensó sino en su obra, en su raza, en el
-bien de la humanidad. Aquellas montañas, aquel mar, aquellas elevadas
-llanuras que se extienden al horizonte, no fueron para él la vision
-melancólica de un alma que interroga la naturaleza sobre su destino;
-fueron el símbolo cierto, la sombra trasparente de un mundo invisible y
-de un nuevo cielo.</p>
-
-<p>Jesús no dió nunca mucha importancia á los acontecimientos
-políticos de su tiempo, los cuales no conocia probablemente muy á
-fondo. La dinastía de los Heródes vivia en un mundo tan distinto del
-suyo, que sin duda no la conoció más que de nombre. El gran Heródes
-murió en la época misma en que él vino al mundo, dejando recuerdos
-imperecederos, monumentos que debian obligar áun á la posteridad más
-prevenida en contra suya á asociar su nombre al de Salomon; pero su
-obra quedó inacabada, imposible de continuar. Aquel Idumeo astuto,
-profano ambicioso extraviado en un dédalo de luchas religiosas, tuvo
-en su favor la ventaja que dan la sangre fria y la razon, exentas de
-moralidad, en medio de fanáticos apasionados. Pero aunque su idea
-de un reino profano de Israel no hubiese sido un anacronismo en el
-estado en que se hallaba el mundo cuando él la concibió, habria
-fracasado contra las dificultades nacidas del carácter mismo del
-pueblo, como fracasó el proyecto, muy parecido al suyo, concebido por
-Salomon. Los tres hijos de Heródes no fueron sino lugartenientes de
-los romanos, semejantes á los radjas de la India bajo la dominacion
-inglesa. Antíper ó Antipas, tetrarca de Galilea y Perea, del cual fué
-súbdito Jesús durante toda su vida, era un príncipe nulo y perezoso<a
-id="FNanchor_153" href="#Footnote_153" class="fnanchor">[148]</a>,
-favorito y adulador de Tiberio<a id="FNanchor_154" href="#Footnote_154"
-class="fnanchor">[149]</a>, sometido casi siempre á la fatal influencia
-de su segunda mujer Herodías<a id="FNanchor_155" href="#Footnote_155"
-class="fnanchor">[150]</a>. Felipe, tetrarca de Gaulonítida y de
-Batanea, á cuyos territorios hizo Jesús frecuentes viajes, era
-mucho mejor soberano<a id="FNanchor_156" href="#Footnote_156"
-class="fnanchor">[151]</a>. En cuanto á Arquelao, etnarca de
-Jerusalen, Jesús no pudo conocerle, porque hacia cerca de diez años
-que aquel hombre débil, sin carácter y violento en ocasiones, habia
-sido depuesto por Augusto<a id="FNanchor_157" href="#Footnote_157"
-class="fnanchor">[152]</a>. Así perdió Jerusalen hasta el último
-resto de autonomía. Reunido desde entónces el territorio judáico al
-de Samaria y al de Idumea, formó una especie de anexo de la provincia
-de Siria, de donde era legado imperial el senador Publio Sulpicio
-Quirino, personaje consular de <span class="pagenum" id="Page_60">p.
-60</span>gran nombradía<a id="FNanchor_158" href="#Footnote_158"
-class="fnanchor">[153]</a>. Una serie de procuradores romanos,
-sometidos en las grandes cuestiones al legado imperial de Siria, tales
-como Coponius, Marcus Ambivius, Annius Rufus, Valerius Gratus y Pontius
-Pilatus (año 26 de nuestra era) se suceden allí<a id="FNanchor_159"
-href="#Footnote_159" class="fnanchor">[154]</a>, ocupándose
-incesantemente en apagar el volcan de la insurreccion que ardia bajo
-sus piés.</p>
-
-<p>En efecto, durante toda aquella época, agitan á Jerusalen contínuas
-sediciones provocadas por los celosos partidarios del mosaismo<a
-id="FNanchor_160" href="#Footnote_160" class="fnanchor">[155]</a>. Los
-sediciosos hallaban una muerte segura; pero cuando se trataba de la
-integridad de la Ley, la muerte se buscaba con avidez. Derrocar las
-águilas, destruir las obras de arte levantadas por los Heródes, en
-las cuales no siempre se habian respetado los reglamentos mosaistas<a
-id="FNanchor_161" href="#Footnote_161" class="fnanchor">[156]</a>,
-rebelarse contra los escudos votivos que elevaban los procuradores,
-y cuyas inscripciones parecian contaminadas de idolatría<a
-id="FNanchor_162" href="#Footnote_162" class="fnanchor">[157]</a>,
-eran tentaciones permanentes para hombres fanáticos que habian llegado
-á ese grado de exaltacion en que se desprecia la vida. Júdas, hijo de
-Sarifeo, y Matías, hijo de Margaloth, célebres doctores de la Ley ambos
-á dos, formaron un partido de audaz agresion contra el órden existente,
-partido que se continuó despues de su suplicio<a id="FNanchor_163"
-href="#Footnote_163" class="fnanchor">[158]</a>. Un movimiento análogo
-agitaba á los samaritanos<a id="FNanchor_164" href="#Footnote_164"
-class="fnanchor">[159]</a>. Diríase que la Ley no tuvo jamás sectarios
-tan apasionados como en el momento en que vivia ya aquel que habia
-de abrogarla con la grandeza de su alma y con el poder de su genio.
-Los «Zelotas» (<i>Kenaim</i>) ó «Sicarios», asesinos piadosos que se
-imponian por deber matar á cualquiera que delante de ellos quebrantase
-la Ley, asomaban al horizonte<a id="FNanchor_165" href="#Footnote_165"
-class="fnanchor">[160]</a>. Á consecuencia de la necesidad imperiosa de
-lo sobrenatural y extraordinario que experimentaba el siglo, algunos
-taumaturgos y representantes de otras ideas eran considerados como
-personas de especie divina<a id="FNanchor_166" href="#Footnote_166"
-class="fnanchor">[161]</a> y alcanzaban crédito entre la credulidad
-pública.</p>
-
-<p>Mayor influencia ejerció en el ánimo de Jesús el movimiento
-provocado por Júdas el Gaulonita ó el Galileo. Entre todos los
-vejámenes que Roma imponia á los países nuevamente conquistados,
-ninguno era tan impopular como el censo<a id="FNanchor_167"
-href="#Footnote_167" class="fnanchor">[162]</a>. Esta medida,
-que siempre extrañan los pueblos no acostumbrados á las cargas
-de las grandes administraciones centrales, era particularmente
-odiosa á los ojos de los judíos. Un empadronamiento habia ya
-provocado en tiempo de David violentas recriminaciones y las
-amenazas de los profetas<a id="FNanchor_168" href="#Footnote_168"
-class="fnanchor">[163]</a>.<span class="pagenum" id="Page_61">p.
-61</span> En efecto, el censo era la base del impuesto, y éste, con
-arreglo á las ideas de la teocracia pura, casi una impiedad. Siendo
-Dios el único dueño que el hombre debe reconocer, pagar el diezmo
-al soberano terrenal es deificarle hasta cierto punto. La teocracia
-judía, completamente extraña á la idea de estado, no hacia en esto
-sino deducir su última consecuencia, es decir, la negacion de toda
-sociedad civil y de todo gobierno. El dinero de las arcas públicas se
-miraba como dinero robado<a id="FNanchor_169" href="#Footnote_169"
-class="fnanchor">[164]</a>. El empadronamiento que ordenó Quirino
-(año 6 de nuestra era) despertó vigorosamente esas ideas y produjo
-inmensa fermentacion, haciendo al fin estallar un movimiento en las
-provincias del Norte. Un tal Júdas, natural de la ciudad de Gamala,
-sobre la orilla oriental del lago de Tiberiade, y un fariseo llamado
-Sadok, se atrajeron, negando el impuesto, numerosos partidarios que
-bien pronto se declararon en abierta rebelion<a id="FNanchor_170"
-href="#Footnote_170" class="fnanchor">[165]</a>. Las máximas
-fundamentales de aquel partido consistian en que, siendo Dios el único
-«dueño», no debia darse á nadie este título, y en que la libertad
-es preferible á la vida. Probablemente Júdas profesaba otros muchos
-principios, que Josefo, siempre cuidadoso de no comprometer á sus
-correligionarios, omite con marcada intencion; porque, á la verdad,
-no se comprende que por una idea tan sencilla le concediese el
-historiador judío un rango elevado entre los filósofos de su nacion,
-y le mirase como el fundador de una cuarta escuela paralela á las de
-los Fariseos, Saduceos y Esenios. Júdas fué, á no dudarlo, el jefe de
-una secta galilea, preocupada por el mesianismo, que acabó por llegar
-á un movimiento político. El procurador Coponius domó la sedicion del
-Gaulonita; pero la escuela subsistió y conservó sus jefes, como lo
-prueba el encontrarla de nuevo, sumamente activa, tomando parte en las
-últimas luchas de los judíos contra los romanos<a id="FNanchor_171"
-href="#Footnote_171" class="fnanchor">[166]</a>, capitaneada por
-Manahem, hijo del fundador, y por un tal Eleazar, pariente del primero.
-Quizás Jesús conoció á aquel Júdas que de tan diferente modo que él
-concibió la revolucion judáica; por lo ménos conoció su escuela, y
-probablemente el error del Gaulonita le inspiró el axioma de «dad al
-César lo que es del César», etc. Léjos de toda sedicion, el prudente
-Jesús se aprovechó de la falta de su predecesor, y soñó con otro reino
-y con otro rescate.</p>
-
-<p>La Galilea era, pues, una vasta hornaza donde se hallaban
-en ebullicion los más opuestos elementos<a id="FNanchor_172"
-href="#Footnote_172" class="fnanchor">[167]</a>. La consecuencia
-de aquellas agitaciones fué un extraordinario desprecio<span
-class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> de la vida, ó mejor
-dicho, una especie de afan por salir al encuentro de la muerte<a
-id="FNanchor_173" href="#Footnote_173" class="fnanchor">[168]</a>. En
-los grandes movimientos de fanatismo, las lecciones de la experiencia
-sirven de poco ó nada. En Argelia, durante los primeros años de la
-ocupacion francesa, inspirados que se decian invulnerables y enviados
-por Dios para arrojar á los infieles, aparecian cada primavera: su
-muerte se olvidaba apénas ocurrida, y el pueblo concedia la misma fe á
-los nuevos fanáticos que se levantaban al año siguiente. La dominacion
-romana, si bien rudísima bajo cierto aspecto, no era todavía muy
-quisquillosa, y dejaba ancho campo á la libertad. Aquellas grandes
-dominaciones brutales, terribles en la represion, estaban léjos de
-ser tan recelosas como las potencias que tienen un dogma que guardar,
-y abrian la mano hasta el momento en que creian oportuno emplear
-el rigor. En su carrera vagabunda, Jesús no fué ni una sola vez
-molestado por la policía. Aquella libertad, y sobre todo la ventaja
-que tenía Galilea de hallarse mucho ménos ligada que el resto de la
-Judea por los lazos del pedantismo farisáico, daban á aquella comarca
-gran superioridad sobre Jerusalen. La revolucion, ó mejor dicho el
-mesianismo, agitaba allí todos los corazones:—creíanse en vísperas
-de la gran renovacion, y los textos de la Escritura, torturados en
-diferentes sentidos, servian de pábulo á las más colosales esperanzas.
-En cada línea de los sencillos escritos del Antiguo Testamento
-imaginaban hallar la seguridad, y hasta cierto punto, el programa del
-reino futuro que debia traer la paz á los justos y poner eterno sello á
-la obra de Dios.</p>
-
-<p>Bajo el punto de vista del órden moral, aquella division en dos
-partes opuestas, en interes y en espíritu, habia sido siempre un
-principio fecundo para la nacion hebrea. Todo pueblo susceptible
-de grandes destinos debe ser un mundo en miniatura, pero completo,
-encerrando en su seno polos opuestos. Grecia tenía á algunas leguas de
-distancia á Esparta y á Aténas, dos antípodas á los ojos del observador
-superficial, pero en realidad hermanas rivales indispensables la una
-á la otra. Lo mismo sucedia en Judea. El desarrollo del Norte, ménos
-brillante bajo cierto aspecto que el de Jerusalen, fué mucho más
-fecundo; las obras más notables del pueblo judío procedieron siempre
-de allí. La ausencia completa del sentimiento de la naturaleza,
-que conduce á la sequedad, al desabrimiento, á la barbarie, marcó
-todas la obras puramente hierosolimitanas con un sello grandioso,
-pero árido,<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> triste,
-repugnante. Jerusalen, con sus doctores solemnes, sus insípidos
-canonistas y sus devotos hipócritas y atrabiliarios, no habria
-conquistado la humanidad. El Norte dió al mundo la cándida Sulamita, la
-humilde Cananea, la apasionada Magdalena, el buen padre adoptivo José,
-la Vírgen María. Sólo el Norte formó el cristianismo: Jerusalen es, por
-el contrario, la verdadera patria del judaismo obstinado que fundaron
-los fariseos, que el Talmud consagró y que, atravesando la Edad Media,
-ha llegado hasta nosotros.</p>
-
-<p>Á formar aquel espíritu ménos austero, ménos ásperamente monoteista,
-por decirlo así, contribuia el aspecto de una naturaleza riente y
-deliciosa que imprimia á todos los sueños de Galilea un giro idílico
-y encantador. En el mundo no hay quizás país más árido y triste que
-los alrededores de Jerusalen. Por el contrario, la Galilea era una
-comarca fértil, cubierta de verdura, umbrosa, risueña, el verdadero
-país del Cántico de los cánticos y de las canciones del muy amado<a
-id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" class="fnanchor">[169]</a>.
-Durante los meses de Marzo y Abril, la campiña se cubre de una
-alfombra de flores de matices vivísimos y de incomparable hermosura.
-Los animales son pequeños, pero sumamente mansos. Tórtolas esbeltas
-y vivarachas, mirlos azules, de tan extremada ligereza, que se posan
-sobre los tallos herbáceos sin hacerlos inclinar, empenachadas alondras
-deslizándose casi entre los piés del viajero, galápagos de ojillos
-vivos y cariñosos, y cigüeñas de aire púdico y grave se agitan aquí y
-allá, deponiendo toda timidez y aproximándose tan cerca del hombre que
-parecen llamarle. En ningun país del mundo ofrecen las montañas líneas
-más armónicas ni inspiran tan elevados pensamientos. Jesús parece
-haberlas amado particularmente. Los actos más importantes de su carrera
-divina tienen lugar sobre las montañas; allí tenía mayor inspiracion<a
-id="FNanchor_175" href="#Footnote_175" class="fnanchor">[170]</a>;
-allí conversaba muda y misteriosamente con los antiguos profetas, y
-allí se manifestaba ya transfigurado á los ojos de sus discípulos<a
-id="FNanchor_176" href="#Footnote_176" class="fnanchor">[171]</a>.
-Aquel hermoso país, hoy tan triste y melancólico, á consecuencia
-del empobrecimiento que el islamismo ocasiona en la vida humana,
-pero que todavía respira en todo aquello que el hombre no ha podido
-destruir, deliciosa ternura y apacible encanto, rebosaba en tiempo de
-Jesús de bienestar y de alegría. Los galileos pasaban por enérgicos,
-valientes y laboriosos<a id="FNanchor_177" href="#Footnote_177"
-class="fnanchor">[172]</a>. Á excepcion de Tiberiade, ciudad
-de estilo romano<a id="FNanchor_178" href="#Footnote_178"
-class="fnanchor">[173]</a>, construida por Antipas en honor de Tiberio
-(hácia el año 15), Galilea no ten<span class="pagenum" id="Page_64">p.
-64</span>ía grandes poblaciones. Sin embargo, el país estaba muy
-poblado; cubríanle pequeñas ciudades y grandes aldeas, y todas sus
-comarcas se cultivaban con esmero. La campiña debia ser deliciosa;
-abundaban en ella los manantiales y era rica en toda especie de
-frutos; las viñas, las higueras, los naranjos, los granados y los
-limoneros sombreaban las granjas y formaban con sus ramas siempre
-verdes las aromáticas bóvedas de espaciosas huertas<a id="FNanchor_179"
-href="#Footnote_179" class="fnanchor">[174]</a>. Si se juzgase por el
-que los judíos cosechan todavía en Safed, el vino era excelente y se
-hacia de él no pequeño consumo<a id="FNanchor_180" href="#Footnote_180"
-class="fnanchor">[175]</a>. Aquella vida sin cuidados y fácilmente
-satisfecha no conducia al grosero materialismo de nuestros campesinos,
-á la rústica satisfaccion de un normando, á la tosca alegría de un
-flamenco:—espiritualizábase en ensueños etéreos, en una especie de
-poético misticismo que confundia el cielo con la tierra. ¡Dejad que el
-austero Juan Bautista predique la penitencia en su desierto de Judea,
-truene incesantemente, y se alimente de langostas en compañía de los
-chacales! ¿Por qué razon ayunarian los compañeros del esposo miéntras
-el esposo está con ellos? ¿No formará la alegría parte del reino de
-Dios? ¿No es ella la hija de los humildes de corazon, de los hombres de
-buena voluntad?</p>
-
-<p>Toda la historia del cristianismo naciente llega á ser de ese modo
-una pastoral deliciosa. Un Mesías en una comida de bodas, la cortesana
-y el buen Zacheo convidados á sus festines, los fundadores del reino
-del cielo como una comitiva de paraninfos: hé ahí á lo que se atrevió
-Galilea, lo que legó al mundo haciéndoselo aceptar. La Grecia, por
-medio de la escultura y de la poesía, trazó hermosos cuadros de la vida
-humana; pero sin fondos fugaces, sin horizontes lejanos. Aquí faltan
-el mármol, los obreros excelentes, el idioma exquisito y refinado.
-Pero Galilea, con el solo auxilio de la imaginacion popular, creó el
-ideal más sublime; porque detrás de su idilio se agita el destino de la
-humanidad; porque la luz que ilumina su cuadro es el sol del reino de
-Dios.</p>
-
-<p>Jesús vivia y crecia en aquel medio embriagador. Desde su infancia
-hizo casi anualmente el viaje á Jerusalen por la época de las fiestas<a
-id="FNanchor_181" href="#Footnote_181" class="fnanchor">[176]</a>.
-Para los judíos provincianos aquella peregrinacion era una solemnidad
-llena de atractivo. Series enteras de salmos estaban consagradas
-á cantar las dulzuras de caminar en familia<a id="FNanchor_182"
-href="#Footnote_182" class="fnanchor">[177]</a> durante algunos de
-los primeros dias primaverales, á traves de los valles y de las
-c<span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>olinas, teniendo en
-perspectiva los esplendores de Jerusalen, los terrores del sagrado
-pórtico, y el gozo de vivir juntos por algun tiempo<a id="FNanchor_183"
-href="#Footnote_183" class="fnanchor">[178]</a>. El camino que
-ordinariamente seguia Jesús en aquellos viajes era el mismo que hoy
-se sigue por Ginæa y Sichem<a id="FNanchor_184" href="#Footnote_184"
-class="fnanchor">[179]</a>. Desde este último punto á Jerusalen la
-via es agreste en extremo. Pero las inmediaciones de los antiguos
-santuarios de Silo y de Bethel, cerca de los cuales se pasa, sorprenden
-el ánimo agradablemente. <i>Ain-el-Haramie</i>, la última etapa<a
-id="FNanchor_185" href="#Footnote_185" class="fnanchor">[180]</a>,
-es un lugar melancólico y encantador: pocas impresiones igualan á la
-que se experimenta cuando allí se pernocta. El valle es estrecho y
-sombrío;—de entre las rocas, perforadas por los sepulcros, mana un agua
-negruzca. Si no me engaño, aquél es el «Valle de las lágrimas» ó de
-las aguas rezumantes, cantado como una de las estaciones del camino en
-el delicioso salmo <span class="asc">LXXXIV</span>; valle que el dulce
-y triste misticismo de la Edad Media convirtió en el emblema de la
-vida. Llégase al dia siguiente á Jerusalen, y áun hoy dia la esperanza
-de arribar á sus muros, sostiene á la caravana, acorta la noche de la
-víspera y hace ligero el sueño.</p>
-
-<p>Aquellos viajes, durante los cuales la nacion reunida se comunicaba
-sus ideas, viajes que eran casi siempre focos de grande agitacion,
-ponian á Jesús en contacto con el alma de su pueblo, y sin duda le
-inspiraban ya viva antipatía por los defectos de los representantes
-del judaismo. Preténdese que el desierto fué para él desde muy
-temprano otra escuela donde se formó su alma, y que permaneció
-allí largas temporadas<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186"
-class="fnanchor">[181]</a>. Pero el Dios que allí encontraba no era
-el suyo:—era cuando más el Dios de Job, severo y terrible, sin piedad
-ni misericordia. Otras veces era Satanás el que iba á tentarle.
-Entónces regresaba á su querida Galilea y volvia á encontrar á su Padre
-celestial en medio de las verdes colinas y de los arroyos trasparentes,
-en medio de aquellos grupos de mujeres y niños que esperaban la salud
-de Israel, con la alegría en el alma y el cántico de los ángeles en el
-corazon.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_5">
- <p><span class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO V</h2>
- <p class="subh2">PRIMEROS AFORISMOS DE JESÚS — SUS IDEAS DE UN DIOS
- PADRE Y DE UNA RELIGION PURA — PRIMEROS DISCÍPULOS</p>
-</div>
-
-<p>José murió ántes que su hijo entrase en la vida pública. Desde
-entónces María quedó como jefe de la familia, y esta razon explica
-el por qué llamaban á Jesús «hijo de María»<a id="FNanchor_187"
-href="#Footnote_187" class="fnanchor">[182]</a> cuando querian
-distinguirle de sus numerosos homónimos. Despues de la muerte de su
-marido, viniendo á ser como forastera en Nazareth, se retiró á Caná<a
-id="FNanchor_188" href="#Footnote_188" class="fnanchor">[183]</a>,
-segun parece, de cuyo punto era tal vez originaria. Caná<a
-id="FNanchor_189" href="#Footnote_189" class="fnanchor">[184]</a> era
-una pequeña ciudad situada en la falda de las montañas que limitan al
-norte la llanura de Asochis<a id="FNanchor_190" href="#Footnote_190"
-class="fnanchor">[185]</a>, y á dos horas ó dos horas y media de
-Nazareth. La vista, ménos grandiosa que en este punto, se extiende
-por toda la llanura, terminándola al norte, del modo más pintoresco,
-las montañas de Nazareth y las colinas de Seforis. Jesús parece
-haber fijado por algun tiempo su residencia en aquel sitio, y
-probablemente allí pasó una parte de su juventud y tuvieron lugar
-sus primeros destellos<a id="FNanchor_191" href="#Footnote_191"
-class="fnanchor">[186]</a>.</p>
-
-<p>Jesús ejercia, como su padre, el oficio de carpintero<a
-id="FNanchor_192" href="#Footnote_192" class="fnanchor">[187]</a>,
-circunstancia que nada tenía de extraordinario ni de humillante, en
-razon á que, segun la costumbre judáica, todos los hombres consagrados
-á los trabajos intelectuales ejercian una ocupacion material.
-Los más célebres doctores tenian un oficio<a id="FNanchor_193"
-href="#Footnote_193" class="fnanchor">[188]</a>; el mismo San Pablo,
-cuya educacion habia sido tan esmerada, era fabricante de tiendas<a
-id="FNanchor_194" href="#Footnote_194" class="fnanchor">[189]</a>.
-Jesús no se casó: todo su amor se reconcentró en lo que él consideraba
-como su vocacion celestial. El sentimiento de extremada delicadeza
-que en él se nota respecto á las mujeres<a id="FNanchor_195"
-href="#Footnote_195" class="fnanchor">[190]</a> se confundió siempre
-con la decision exclusiva que á su idea consagraba. De igual modo que
-Francisco de Asís y Francisco de Sáles, trató como á hermanas á las
-mujeres que se prendaban de su misma obra. Como aquéllos tuvo tambien
-sus santas Claras y sus Franciscas de Chantal; sólo que las de Jesús
-<span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>probablemente amaban
-más al maestro que la doctrina que enseñaba; de todos modos, es
-indudable que amó mucho ménos que fué amado. La ternura de corazon se
-trasformaba en él, como en todas las naturalezas elevadas, en infinita
-dulzura, en vaga poesía, en atractivo universal. Sus relaciones íntimas
-y libres, pero de un órden completamente moral, con mujeres de conducta
-equívoca, se explican de igual manera por la pasion que consagraba á
-la gloria de su Padre; pasion que le inspiraba una especie de celos
-por todas las bellas criaturas que podian servirle para aumentarla<a
-id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" class="fnanchor">[191]</a>.</p>
-
-<p>¿Cuál fué la marcha del pensamiento de Jesús durante aquel oscuro
-período de su vida? Nada se sabe, por haber llegado su historia hasta
-nosotros en forma de relatos dispersos y sin cronología exacta. Pero
-siendo el desarrollo de los productos humanos el mismo en todas partes,
-de suponer es que el crecimiento de una personalidad como la de Jesús
-obedeciese á leyes rigurosas. Una elevada nocion de la divinidad,
-nocion que no debió al judaismo, sino más bien á las inspiraciones
-y á la grandeza de su alma, fué en cierto modo el principio de su
-fuerza. Menester es, tratándose de este punto, renunciar á las ideas
-que nos son familiares y á esas discusiones en que se extravian los
-espíritus mezquinos. Para comprender bien la piedad de Jesús, es
-indispensable hacer abstraccion de cuanto ha venido á colocarse entre
-el Evangelio y nosotros. Deismo y panteismo han llegado á ser los dos
-polos de la teología. Las raquíticas discusiones de la escolástica,
-la aridez de espíritu de Descártes, y la profunda irreligion del
-siglo décimo octavo han ahogado en el seno del moderno racionalismo
-todo sentimiento fecundo de la divinidad, al empequeñecer á Dios y al
-limitarle hasta cierto punto con la exclusion de todo cuanto no es
-Dios mismo. En efecto, si Dios es un sér determinado que existe fuera
-de nosotros, la persona que cree tener relaciones particulares con
-Dios es un «visionario»; y como las ciencias físicas y fisiológicas
-nos enseñan que toda vision sobrenatural es una ilusion, el deista
-un poco consecuente se halla en la imposibilidad de comprender las
-grandes creencias del pasado. El panteismo, suprimiendo por su parte
-la personalidad divina, se aleja cuanto es posible del Dios vivo de
-las antiguas religiones. ¿En qué momentos de su agitada vida fueron
-deistas ó panteistas los hombres que más elevadamente comprendieron á
-Dios, tales como Sakia-Muni, Platon, San Pablo, San Francisco de Asís y
-San<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span> Agustin? Semejante
-cuestion no tiene sentido. Las pruebas físicas y metafísicas de la
-existencia de Dios hubieran sido para ellos del todo indiferentes,
-sintiendo como sentian al ser divino en sí mismos.—Pues bien, Jesús
-debe colocarse en el primer rango de esa gran familia de verdaderos
-hijos de Dios. Jesús no tiene visiones, Dios no le habla como si
-estuviese fuera de él; Dios está en él, siéntele dentro de sí, y cuanto
-dice de su Padre brota de su corazon. Vive en el seno de Dios y se
-halla con él en comunicacion constante; no le ve, pero le oye, sin que
-para ello necesite de truenos ni de zarza ardiente, como Moisés, ni de
-tempestad reveladora, como Job, ni de oráculo, como los antiguos sabios
-griegos, ni de genio familiar, como Sócrates, ni de ángel Gabriel, como
-Mahoma. La imaginacion y alucinacion de una Santa Teresa, por ejemplo,
-no tienen nada que hacer aquí, ni tampoco la embriaguez del sofí que se
-proclama idéntico á Dios. Jesús no enuncia ni por un solo instante la
-idea sacrílega de que él sea Dios.—Créese en relacion directa con Dios,
-hijo de Dios. El más elevado sentimiento de Dios que haya existido en
-el seno de la humanidad fué sin duda el de Jesús.</p>
-
-<p>Por otra parte, se comprende que, partiendo de semejante disposicion
-de ánimo, no fuese Jesús un filósofo especulativo como Sakia-Muni.
-Nada hay tan léjos de la teología escolástica como el Evangelio<a
-id="FNanchor_197" href="#Footnote_197" class="fnanchor">[192]</a>. Las
-especulaciones de los Padres griegos proceden de otro espíritu. Dios
-concebido inmediatamente como Padre; á esto se reduce toda la teología
-de Jesús. Y esto no era en él un principio teórico, una doctrina más ó
-ménos probada que pretendia inculcar á los demás; léjos de eso, Jesús
-no hacia ningun razonamiento á sus discípulos<a id="FNanchor_198"
-href="#Footnote_198" class="fnanchor">[193]</a>, no exigia de
-ellos ningun esfuerzo de atencion; no predicaba sus opiniones,
-sino su sentimiento. Las almas grandes y desinteresadas presentan
-frecuentemente, sin perjuicio de su mucha elevacion, ese carácter de
-perpétua atencion de sí mismas y esa extremada susceptibilidad personal
-que de ordinario son patrimonio de las mujeres<a id="FNanchor_199"
-href="#Footnote_199" class="fnanchor">[194]</a>. Su persuasion de que
-Dios está en ellas, de que las atiende constantemente, es tan poderosa,
-que no vacilan en imponérsela á los demás: tales almas no conocen
-nuestra reserva ni nuestro respeto por la opinion ajena, lazos que en
-parte contribuyen á nuestra impotencia. Y sin embargo, esa personalidad
-exaltada no es el egoismo, porque semejantes hombres, una vez poseidos
-de su idea, no vacilan en sacrificarle su misma vida ni en sellar su
-obra con<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span> su sangre; es
-la identificacion del yo con el objeto que él abraza; identificacion
-llevada al último límite. Es el orgullo para los que no ven en la
-aparicion nueva sino la idea personal del fundador; es el dedo de Dios
-para los que observan sus resultados. En este terreno, muchas veces
-se confunde el loco con el hombre inspirado; pero el loco no deja en
-pos de sí nada estable. El extravío de la razon no ha tenido hasta hoy
-ninguna influencia en la marcha del género humano.</p>
-
-<p>De suponer es que Jesús no llegase desde un principio á esa elevada
-afirmacion de sí propio; mas tambien es probable que desde sus primeros
-pasos se considerase respecto á Dios en la relacion de un hijo
-respecto á su padre. En esto consiste su grande acto de originalidad,
-y en esto es en lo que nada se parece á los individuos de su raza<a
-id="FNanchor_200" href="#Footnote_200" class="fnanchor">[195]</a>. Ni
-el judío ni el musulman comprendieron jamás esa deliciosa teología de
-amor. El Dios de Jesús no es ese dueño fatal que mata, condena ó salva,
-segun mejor le acomoda; no, el Dios de Jesús es nuestro Padre, y cada
-uno le siente al escuchar una voz misteriosa que grita en nosotros esta
-dulcísima palabra: «Padre»<a id="FNanchor_201" href="#Footnote_201"
-class="fnanchor">[196]</a>. El Dios de Jesús no es el déspota parcial
-que eligió á Israel por su pueblo, protegiéndole contra todos los
-otros; es el Dios de la humanidad. Jesús no será un patriota, como los
-Macabeos, ni un teócrata, como Júdas el Gaulonita; pero, elevándose
-audazmente sobre las preocupaciones de su nacion, fundará la universal
-paternidad de Dios. El Gaulonita sostenia que se debe morir ántes que
-dar á otro que no sea Dios el título de «amo»; Jesús prescinde de
-ese título y reserva para Dios otro mucho más dulce. Concediendo á
-los poderosos de la tierra, que son á sus ojos los representantes de
-la fuerza, un respeto lleno de ironía, funda el supremo consuelo, el
-recurso al Padre celestial, el verdadero reino de Dios que cada uno
-lleva en su corazon.</p>
-
-<p>Ese nombre de «reino de Dios» ó de «reino del cielo»<a
-id="FNanchor_202" href="#Footnote_202" class="fnanchor">[197]</a>
-fué el término favorito de que se valia Jesús para expresar la
-revolucion que su doctrina iba á operar en el mundo<a id="FNanchor_203"
-href="#Footnote_203" class="fnanchor">[198]</a>, y como casi todos
-los términos mesiánicos, procedia del Libro de Daniel. Segun el autor
-de este libro extraordinario, un quinto imperio, que sería el de los
-Santos y duraria eternamente<a id="FNanchor_204" href="#Footnote_204"
-class="fnanchor">[199]</a>, sucederia á los cuatro imperios profanos
-destinados á derrumbarse. Como es de suponer, ese reino de Dios sobre
-la tierra se prestaba á infinitas interpretaciones. Para la teología
-judáica, el «reino de Dios» no es sino el mismo<span class="pagenum"
-id="Page_70">p. 70</span> judaismo, la verdadera religion, el culto
-monoteista, la piedad<a id="FNanchor_205" href="#Footnote_205"
-class="fnanchor">[200]</a>. Jesús creyó en los últimos años de su
-vida que aquel reino iba á realizarse materialmente por una brusca
-renovacion del mundo; pero sin duda no fué ése su primer pensamiento<a
-id="FNanchor_206" href="#Footnote_206" class="fnanchor">[201]</a>.
-La admirable moral que deduce de la nocion de Dios Padre no es por
-cierto la de los ilusos que, creyendo próximo el fin del mundo, se
-preparan por el ascetismo á una catástrofe quimérica; es la de un
-mundo que vive y vivirá mucho tiempo. «El reino de Dios está en
-vosotros»,—decia á los que buscaban con sutileza signos exteriores<a
-id="FNanchor_207" href="#Footnote_207" class="fnanchor">[202]</a>.—La
-concepcion realista del acontecimiento divino fué una sombra, un error
-pasajero, que la muerte hizo olvidar. El Jesús que fundó el verdadero
-reino de Dios, el reino de los mansos y de los humildes, ése fué el
-Jesús de los primeros dias<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208"
-class="fnanchor">[203]</a>, dias castos y serenos en que la voz de
-su Padre celestial resonaba en su corazon con timbre más puro. Hubo
-entónces algunos meses, tal vez un año, durante los cuales habitó Dios
-verdaderamente sobre la tierra. La voz del jóven carpintero adquirió
-de pronto extraordinaria dulzura, un atractivo infinito se exhalaba
-de su persona, y los que ántes le habian visto ya no le reconocian<a
-id="FNanchor_209" href="#Footnote_209" class="fnanchor">[204]</a>.
-En aquella época aún no tenía discípulos; el grupo que le rodeaba
-no era ni una secta ni una escuela; pero animábale ya un espíritu
-comun y un no sé qué de dulce y penetrante. El carácter amable de
-Jesús, y sin duda una de esas caras maravillosas<a id="FNanchor_210"
-href="#Footnote_210" class="fnanchor">[205]</a> que frecuentemente
-se ven en la raza judía, formaban al rededor de él como un círculo
-de fascinacion, al cual no podian sustraerse aquellas poblaciones
-benévolas y sencillas.</p>
-
-<p>Si las ideas del jóven maestro no hubiesen traspasado mucho
-ese nivel de mediana bondad, más arriba del cual no ha podido
-elevarse hasta hoy la especie humana, el paraíso habria sido en
-efecto trasportado á la tierra. La fraternidad de los hombres,
-hijos de Dios, y las consecuencias morales que de ella resultan,
-se deducian con exquisito sentimiento. Jesús, como todos los
-rabinos de su época, era poco aficionado á los razonamientos
-encadenados y encerraba su doctrina en aforismos concisos y de una
-forma expresiva, á veces rara y enigmática<a id="FNanchor_211"
-href="#Footnote_211" class="fnanchor">[206]</a>. Algunas de aquellas
-máximas procedian de los libros del Antiguo Testamento; otras eran
-pensamientos de sabios más modernos, particularmente de Antígono
-de Soco, de Jesús, hijo de Sirach, y de Hillel; máximas que habian
-llegado hasta él, no á consecuencia de sabios estudios, sin<span
-class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span>o como proverbios que
-circulaban entre el pueblo. La sinagoga era rica en máximas de muy
-feliz expresion, las cuales formaban una especie de literatura
-proverbial bastante conocida<a id="FNanchor_212" href="#Footnote_212"
-class="fnanchor">[207]</a>. Jesús adoptó casi toda aquella enseñanza
-oral, pero animándola de un espíritu superior<a id="FNanchor_213"
-href="#Footnote_213" class="fnanchor">[208]</a>. Encarecia de ordinario
-los deberes trazados por la Ley y por los antiguos, pero aspirando
-á perfeccionarlos. Todas las virtudes de humildad, de perdon, de
-caridad, de abnegacion, de rigidez para consigo mismo, virtudes que se
-han llamado con razon cristianas, si por ello se entiende que fueron
-predicadas por Cristo, se hallaban en gérmen en aquella enseñanza.
-Respecto á la justicia, Jesús se contentaba con repetir la máxima ya
-conocida: «Haced vosotros con los demás hombres todo lo que deseais
-que hagan ellos con vosotros»<a id="FNanchor_214" href="#Footnote_214"
-class="fnanchor">[209]</a>. Pero esta máxima, todavía bastante egoista,
-no le bastaba. Pronto debia llegar hasta el exceso:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele tambien
- la otra. Y al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica,
- alárgale tambien la capa<a id="FNanchor_215" href="#Footnote_215"
- class="fnanchor">[210]</a>.</p>
-
- <p>»Si tu ojo derecho es para tí una ocasion de pecar, sácale y
- arrójale fuera de tí<a id="FNanchor_216" href="#Footnote_216"
- class="fnanchor">[211]</a>.</p>
-
- <p>»Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen,
- y orad por los que os persiguen y calumnian<a id="FNanchor_217"
- href="#Footnote_217" class="fnanchor">[212]</a>.</p>
-
- <p>»No juzgueis á los demás, si quereis no ser juzgados<a
- id="FNanchor_218" href="#Footnote_218" class="fnanchor">[213]</a>.
- Perdonad, y seréis perdonados<a id="FNanchor_219"
- href="#Footnote_219" class="fnanchor">[214]</a>. Sed pues
- misericordiosos, así como tambien vuestro Padre es misericordioso<a
- id="FNanchor_220" href="#Footnote_220" class="fnanchor">[215]</a>.
- Mucho mayor dicha es el dar que el recibir<a id="FNanchor_221"
- href="#Footnote_221" class="fnanchor">[216]</a>.</p>
-
- <p>»Quien se ensalzáre será humillado, y quien se humilláre
- será ensalzado»<a id="FNanchor_222" href="#Footnote_222"
- class="fnanchor">[217]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Respecto á la limosna, á la piedad, á las buenas obras, al amor de
-la paz y al completo desinteres del corazon, habia poco que añadir á
-la doctrina de la sinagoga<a id="FNanchor_223" href="#Footnote_223"
-class="fnanchor">[218]</a>. Pero su acento, lleno de uncion, hacia
-nuevos, por decirlo así, los aforismos conocidos de muy antiguo.
-La moral no se compone de principios más ó ménos bien expresados.
-La poesía del precepto es lo que hace amarle, y entra por más que
-el precepto mismo considerado como verdad abstracta. Es innegable
-que aquellas máximas que Jesús tomaba de sus predecesores producen
-en el Evangelio distinto efecto que en la antigua Ley, en el
-<i>Pirké Aboth</i> ó en el Talmud. Ni el Talmud ni la antigua Ley
-han conquistado el mundo ni cambiado su faz. La moral evangélica,
-poco original por sí misma, si por ello se entiende que<span
-class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> podria recomponerse toda
-entera con máximas mucho más antiguas, no deja de ser por eso la
-más elevada creacion que haya salido de la conciencia humana, el
-más hermoso código de la vida perfecta que haya trazado ningun
-moralista.</p>
-
-<p>Jesús no hablaba contra la Ley mosáica, pero claramente se
-conoce que la encontraba insuficiente, y á cada paso dejaba
-traslucir su pensamiento. Repetia sin cesar que era preciso hacer
-más de lo que habian dicho los antiguos sabios<a id="FNanchor_224"
-href="#Footnote_224" class="fnanchor">[219]</a>; prohibia la menor
-palabra áspera ó desabrida<a id="FNanchor_225" href="#Footnote_225"
-class="fnanchor">[220]</a>, así como el divorcio<a id="FNanchor_226"
-href="#Footnote_226" class="fnanchor">[221]</a> y el juramento<a
-id="FNanchor_227" href="#Footnote_227" class="fnanchor">[222]</a>;
-condenaba la pena del talion<a id="FNanchor_228" href="#Footnote_228"
-class="fnanchor">[223]</a>; vituperaba la usura<a id="FNanchor_229"
-href="#Footnote_229" class="fnanchor">[224]</a>; conceptuaba el
-deseo voluptuoso tan criminal como el adulterio<a id="FNanchor_230"
-href="#Footnote_230" class="fnanchor">[225]</a>, y recomendaba,
-en fin, el perdon universal de las injurias<a id="FNanchor_231"
-href="#Footnote_231" class="fnanchor">[226]</a>. El motivo en que
-apoyaba estas máximas de elevada caridad, era siempre el mismo:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Para que seais hijos de vuestro Padre celestial, el cual hace
- nacer su sol sobre buenos y malos. Que si no amais sino á los que
- os aman, ¿qué premio habeis de tener? ¿no lo hacen así áun los
- publicanos? Y si no saludais á otros que á vuestros hermanos,
- ¿qué tiene eso de particular? ¿por ventura no hacen esto tambien
- los paganos? Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre
- celestial es perfecto»<a id="FNanchor_232" href="#Footnote_232"
- class="fnanchor">[227]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Un culto puro, una religion sin sacerdotes y sin prácticas
-exteriores, basándose toda ella en los sentimientos del corazon,
-en la imitacion de Dios<a id="FNanchor_233" href="#Footnote_233"
-class="fnanchor">[228]</a> y en la comunicacion inmediata de la
-conciencia con el Padre celestial: tales eran las consecuencias de
-estos principios. Jesús no retrocedió nunca ante esas atrevidas
-deducciones que hacian de él un revolucionario de primer órden en el
-seno del judaismo. ¿Á qué fin establecer intermediarios entre el hombre
-y su Padre? ¿Á qué fin aquellas purificaciones, aquellas prácticas
-externas y del todo corporales<a id="FNanchor_234" href="#Footnote_234"
-class="fnanchor">[229]</a>; siendo así que Dios no ve sino el
-corazon? La tradicion misma, tan respetable y santa para los judíos,
-es poca cosa comparada con el sentimiento puro<a id="FNanchor_235"
-href="#Footnote_235" class="fnanchor">[230]</a>. La hipocresía de
-los fariseos, que al orar volvian la cabeza para ver si álguien los
-observaba, que daban sus limosnas ostensiblemente y que ponian en sus
-vestidos señales para que por ellas los reconociesen como personas
-piadosas, toda esa mojigatería de la falsa devocion indignaban á
-Jesús. «En verdad os digo que ya recibieron su recompensa,—decia;—mas
-tú, cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que
-hace tu derecha, para que tu limosna quede<span class="pagenum"
-id="Page_73">p. 73</span> oculta, y tu Padre, que ve lo oculto,
-te recompensará<a id="FNanchor_236" href="#Footnote_236"
-class="fnanchor">[231]</a>.</p>
-
-<p>»Asimismo cuando orais no habeis de ser como los hipócritas que de
-propósito se ponen á orar de pié en las sinagogas y en las esquinas de
-las calles, para ser vistos de los hombres: en verdad os digo que ya
-recibieron su recompensa. Tú, al contrario, cuando hubieres de orar,
-entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora en secreto á tu Padre,
-y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. En la oracion no afecteis
-hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser
-oidos á fuerza de palabras; que bien sabe vuestro Padre lo que habeis
-menester, ántes de pedírselo»<a id="FNanchor_237" href="#Footnote_237"
-class="fnanchor">[232]</a>.</p>
-
-<p>Jesús no afectaba ningun signo exterior de ascetismo, contentándose
-con orar, ó mejor dicho, con meditar en las montañas, ó en los
-lugares solitarios, en esos sitios adonde siempre ha ido el
-hombre á buscar á Dios<a id="FNanchor_238" href="#Footnote_238"
-class="fnanchor">[233]</a>. Esa elevada nocion de la comunicacion
-entre el hombre y el Sér divino, de la cual muy pocas almas han sido
-capaces, áun despues de él, se resumia en la oracion que desde entónces
-enseñaba á sus discípulos<a id="FNanchor_239" href="#Footnote_239"
-class="fnanchor">[234]</a>: «Padre nuestro que estás en los cielos,
-santificado sea el tu nombre; venga el tu reino. Hágase tu voluntad
-como en el cielo así tambien en la tierra. El pan nuestro de cada dia
-dánosle hoy. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos
-á nuestros deudores. Libranos del mal.» Insistia particularmente sobre
-el pensamiento de que el Padre celestial sabe mejor que nosotros lo
-que nos conviene, y de que es casi hacerle una ofensa el pedirle tal
-ó cual cosa determinada<a id="FNanchor_240" href="#Footnote_240"
-class="fnanchor">[235]</a>.</p>
-
-<p>En esto no hacia Jesús sino deducir las consecuencias de los grandes
-principios que el judaismo habia poseido y que las clases oficiales de
-la nacion tendian á desconocer más y más. Las plegarias de los griegos
-y de los romanos fueron casi siempre una palabrería llena de egoismo.
-Un alma pagana jamás habria dicho al creyente:</p>
-
-<p>«Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas
-que tu hermano tiene alguna queja contra tí; deja allí mismo tu
-ofrenda delante del altar y vé primero á reconciliarte con tu hermano,
-y despues volverás á presentar tu ofrenda»<a id="FNanchor_241"
-href="#Footnote_241" class="fnanchor">[236]</a>.</p>
-
-<p>En la antigüedad, únicamente los profetas judíos, y en particular
-Isaías, por su antipatía contra el sacerdocio, entrevieron la verdadera
-naturaleza del culto que el hombre debe á Dios.</p> <p><span
-class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span></p> <p>«¿De qué me sirve á
-mí la muchedumbre de vuestras víctimas? Ya me tienen fastidiado. Yo no
-gusto de los holocaustos de carneros, ni de la gordura de los pingües
-ni de la sangre de los becerros; abomino el incienso, porque vuestras
-manos tienen sangre. Lavaos, pues, purificaos, aprended á hacer
-bien, buscad lo que es justo, y entónces venid»<a id="FNanchor_242"
-href="#Footnote_242" class="fnanchor">[237]</a>.</p>
-
-<p>En los últimos tiempos, algunos doctores, tales como
-Simeon el Justo<a id="FNanchor_243" href="#Footnote_243"
-class="fnanchor">[238]</a>, Jesús, hijo de Sirak<a id="FNanchor_244"
-href="#Footnote_244" class="fnanchor">[239]</a>, é Hillel<a
-id="FNanchor_245" href="#Footnote_245" class="fnanchor">[240]</a>,
-llegaron casi á la misma doctrina, declarando que la Ley debia
-compendiarse. En el mundo judeo-egipcio, Filon sustentaba al mismo
-tiempo que Jesús doctrinas de elevada moral, cuya consecuencia
-era el abandono de las prácticas legales<a id="FNanchor_246"
-href="#Footnote_246" class="fnanchor">[241]</a>. Schemaia y Abtalion
-se mostraron asimismo en más de una ocasion libérrimos casuistas<a
-id="FNanchor_247" href="#Footnote_247" class="fnanchor">[242]</a>.
-Rabbi Iohanan iba pronto á elevar las obras de misericordia sobre
-el estudio de la Ley<a id="FNanchor_248" href="#Footnote_248"
-class="fnanchor">[243]</a>. Pero sólo Jesús pronunció esas humanitarias
-máximas de una manera eficaz. Ninguno ha sido tan poco aficionado como
-Jesús al sacerdocio ni más enemigo de las formas que ahogan la religion
-so pretexto de protegerla. Bajo el punto de vista de la sencillez de
-su doctrina, todos somos sus discípulos y continuadores; con ella puso
-la piedra fundamental de la religion verdadera, y, si la religion es
-la cosa más esencial de la humanidad, por ella mereció el rango divino
-que se le ha concedido. La idea de un culto fundado en la pureza del
-corazon y en la fraternidad humana, idea que Jesús trajo al mundo, era
-tan absolutamente nueva y de tal modo elevada, que la iglesia cristiana
-debia sobre este punto desconocer por completo sus intenciones: áun en
-nuestros dias, sólo algunas almas son capaces de adherirse á ella.</p>
-
-<p>Un sentimiento exquisito de la naturaleza proporcionaba á Jesús á
-cada instante imágenes expresivas. Sus aforismos revelaban á veces
-notable finura y hasta eso que nosotros llamamos ingenio; otras, su
-forma viva se prestaba al oportuno empleo de proverbios populares.
-«¿Cómo dices á tu hermano: deja que te quite esa pajita del ojo, siendo
-así que tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! quita primero la
-viga de tu ojo, y entónces podrás sacar la mota del de tu hermano»<a
-id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" class="fnanchor">[244]</a>.</p>
-
-<p>Estas lecciones, contenidas largo tiempo en el corazon del jóven
-maestro, atraian ya á algunos iniciados. El espíritu del tiempo tendia
-marcadamente á la formacion de pequeñas iglesias: aquélla fué la época
-de los Esenios ó Terapeutas. Por<span class="pagenum" id="Page_75">p.
-75</span> todas partes aparecian rabinos, cada cual con diferente
-enseñanza, como Schemaia, Abtalion, Hillel, Schammai, Júdas el
-Gaulonita, Gamaliel y otros muchos cuyas máximas formaron el Talmud.
-Pero entónces se escribia poco; los doctores judíos de aquel tiempo
-no componian libros; todo se reducia á pláticas ó lecciones públicas,
-á las cuales se daba un giro sencillo á fin de que pudieran retenerse
-fácilmente en la memoria<a id="FNanchor_250" href="#Footnote_250"
-class="fnanchor">[245]</a>. El dia en que el jóven carpintero de
-Nazareth principió á predicar aquellas máximas—conocidas ya en su mayor
-parte, pero que sin embargo debian regenerar el mundo—nadie lo tuvo
-por un acontecimiento. Fué un rabino de más dedicado á la enseñanza
-(pero ciertamente el más embelesador de todos), al rededor del cual se
-agrupaban algunos jóvenes deseosos de oirle y amantes de la novedad.
-La atencion de los hombres necesita para ser cautivada el auxilio del
-tiempo. Allí no habia todavía cristianos; sin embargo, el cristianismo
-estaba ya fundado y nunca fué tan perfecto como en aquel primer
-instante. Jesús no le añadirá ya nada que sea permanente. Al contrario,
-le comprometerá hasta cierto punto, porque toda idea llamada á tener
-éxito necesita de sacrificios; porque jamás se sale inmaculado de la
-lucha de la vida.</p>
-
-<p>En efecto, no basta concebir el bien, es preciso popularizarlo,
-hacérselo admitir á los hombres, y para ello hay que poner la planta en
-vias ménos puras. Seguramente que el Evangelio sería más perfecto si
-se limitara á algunos capítulos de Matheo y de Lúcas, y se prestaria
-ménos á tantas objeciones; pero ¿habria, sin los milagros, conquistado
-el mundo? Si Jesús hubiera muerto en aquel momento de su carrera, no
-habria en la historia de su vida ciertas páginas que nos disgustan;
-pero, aunque más grande á los ojos de Dios, habria permanecido
-ignorado de los hombres:—su nombre se habria perdido entre la multitud
-de grandes almas desconocidas, que son casi siempre las mejores de
-todas; la verdad no habria sido promulgada, y el mundo no se habria
-aprovechado de la inmensa superioridad moral que su Padre le habia
-concedido. Jesús, hijo de Sirak, é Hillel, emitieron aforismos casi
-tan elevados como los de Jesús. Y sin embargo, Hillel no pasará jamás
-por ser el verdadero fundador del cristianismo. En la moral, así como
-en el arte, el hablar no conduce á nada; el obrar conduce á todo.
-La idea que se oculta bajo un cuadro de Rafael significa muy poco;
-el valor está<span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span> en el
-cuadro. Lo mismo sucede en la moral; la verdad no tiene realce hasta
-que no pasa al estado de sentimiento y no adquiere todo su brillo sino
-cuando se realiza en el mundo como hecho. Hombres de mediana moralidad
-han escrito hermosas máximas; de igual manera ha habido hombres muy
-virtuosos que no han hecho nada por continuar en el mundo la tradicion
-de la virtud. El lauro pertenece, pues, al que ha sido poderoso
-en palabras y obras, al que, sintiendo el bien, le hizo triunfar
-sellándole con su sangre. Jesús no tiene rival bajo este doble punto de
-vista; su gloria permanece entera y será renovada constantemente.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_6">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VI</h2>
- <p class="subh2">JUAN BAUTISTA — VIAJE DE JESÚS HÁCIA JUAN Y
- SU PERMANENCIA EN EL DESIERTO DE JUDEA — ADOPTA EL BAUTISMO DE
- JUAN</p>
-</div>
-
-<p>Por aquel tiempo apareció y se halló en relacion con Jesús un
-hombre extraordinario, cuya vida, á causa de la escasez de documentos,
-es para nosotros enigmática hasta cierto punto. Aquellas relaciones
-tendieron en un principio á separar al jóven profeta de Nazareth del
-camino que habia adoptado; pero tambien le sugirieron la idea de varios
-accesorios importantes de su institucion religiosa, y proporcionaron á
-sus discípulos gran autoridad para recomendar á su maestro á los ojos
-de cierta clase de judíos.</p>
-
-<p>Hácia el año 28 de nuestra era (décimoquinto del reinado de Tiberio)
-se extendió por toda Palestina la reputacion de un tal Iohanan ó Juan,
-jóven asceta impetuoso y apasionado. Juan era de raza sacerdotal<a
-id="FNanchor_251" href="#Footnote_251" class="fnanchor">[246]</a>,
-y á lo que parece habia nacido en Jutta, cerca de Hebron, ó
-acaso en Hebron mismo<a id="FNanchor_252" href="#Footnote_252"
-class="fnanchor">[247]</a>. Situada en las inmediaciones del desierto
-de Judea y á algunas horas del gran desierto de Arabia, Hebron era
-entónces<span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> la ciudad
-patriarcal por excelencia, y como hoy, uno de los baluartes del
-espíritu semítico en su más austera forma. Juan fué <i>nazir</i>
-desde su infancia, esto es, que habia hecho voto de someterse á
-ciertas abstinencias<a id="FNanchor_253" href="#Footnote_253"
-class="fnanchor">[248]</a>. Desde muy temprano, el desierto, de que en
-cierto modo se hallaba rodeado, ejerció sobre él poderosa atraccion<a
-id="FNanchor_254" href="#Footnote_254" class="fnanchor">[249]</a>.
-Vestido de pieles ó de telas groseras tejidas con pelos de camello,
-hacia allí la vida de un <i>yogui</i> de la India, alimentándose de
-langostas y de miel silvestre<a id="FNanchor_255" href="#Footnote_255"
-class="fnanchor">[250]</a>. Cierto número de discípulos, agrupados en
-torno suyo, participaban de su género de vida y meditaban sus máximas
-severas. Si algunos rasgos particulares no hubiesen denunciado en aquel
-solitario al último descendiente de los grandes profetas de Israel, se
-habria uno creido trasportado á las orillas del Gánges.</p>
-
-<p>Desde que la nacion judáica se puso á reflexionar con desesperado
-empeño sobre su futuro destino, la imaginacion del pueblo se complacia
-en evocar las figuras de los antiguos profetas. De todos los personajes
-del pasado, cuyo recuerdo venía, como las visiones de una noche
-agitada, á despertar y conmover al pueblo, el más grande era el
-profeta Elías. Aquel gigante de los profetas, que vivió entre las
-asperezas del monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad
-de las bestias feroces y habitando en las concavidades de las rocas,
-de donde salia como el rayo para hundir y levantar reyes, se habia
-convertido por una serie de trasformaciones sucesivas en una especie
-de sér sobrehumano, unas veces visible, otras invisible, á quien la
-muerte respetaba. Creíase generalmente que Elías iba á venir de nuevo
-á fin de restaurar á Israel<a id="FNanchor_256" href="#Footnote_256"
-class="fnanchor">[251]</a>. La vida austera que habia hecho en el
-desierto, los recuerdos terribles que habia dejado, recuerdos,
-bajo cuya impresion vive todavía el Oriente<a id="FNanchor_257"
-href="#Footnote_257" class="fnanchor">[252]</a>; aquella sombría
-imágen que áun en nuestros tiempos atemoriza; toda esa mitología,
-llena de venganza y de terrores, influia vivamente en los ánimos y
-marcaba con su sello todas las concepciones populares. Cualquiera que
-aspiraba á ejercer grande influencia sobre el pueblo debia imitar á
-Elías; y como la vida solitaria habia sido el rasgo característico
-de aquel profeta, habíase adquirido la costumbre de no considerar al
-«hombre de Dios» sino como un eremita. Creíase que todos los santos
-personajes habian tenido sus dias de penitencia, de vida agreste,
-de ásperas austeridades<a id="FNanchor_258" href="#Footnote_258"
-class="fnanchor">[253]</a>. La permanencia en el desierto llegó á
-ser de este m<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>odo la
-condicion indispensable y el preludio de altos destinos.</p>
-
-<p>Es indudable que esta idea de imitacion influyó muchísimo en Juan<a
-id="FNanchor_259" href="#Footnote_259" class="fnanchor">[254]</a>.
-La vida anacorética, tan opuesta al antiguo espíritu judáico y
-con la cual nada tenian que ver los votos semejantes á los de los
-<i>nazires</i> y <i>rechabitas</i>, alcanzaba gran boga en Judea. Los
-Esenios ó Terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan,
-sobre las márgenes orientales del mar Muerto<a id="FNanchor_260"
-href="#Footnote_260" class="fnanchor">[255]</a>. Imaginábase todo
-el mundo que los jefes de secta debian ser eremitas ó solitarios y
-tener sus reglas é institutos propios como los fundadores de órdenes
-religiosas. Los maestros de la juventud eran tambien en ocasiones
-una especie de anacoretas<a id="FNanchor_261" href="#Footnote_261"
-class="fnanchor">[256]</a> bastante parecidos á los <i>gurus</i> del
-brahmanismo. ¿Se dejaba quizás sentir en esto la influencia más ó
-ménos remota de los <i>munis</i> de la India? ¿Habian llegado hasta
-Judea, como llegaron indudablemente á Siria ó Babilonia, algunos de
-aquellos vagabundos frailes budistas que recorrian la tierra en todas
-direcciones predicando con su exterior edificante y convirtiendo á
-personas que ni siquiera sabian su lengua, así como la recorrieron
-despues los primeros franciscanos? Se ignora por completo. Desde hacia
-algun tiempo, Babilonia habia llegado á ser un verdadero foco de
-budismo; Budasp (Bodhisattva) tenía reputacion de ser un sabio caldeo
-y se le consideraba como el fundador del <i>sabismo</i>. Y ¿qué era el
-<i>sabismo</i> en sí? Lo que indica su etimología<a id="FNanchor_262"
-href="#Footnote_262" class="fnanchor">[257]</a>; el <i>baptismo</i>,
-es decir, la religion de los bautismos multiplicados, el orígen de la
-secta que todavía existe con el nombre de «cristianos de San Juan»
-ó mendaistas, y á los cuales llaman los árabes <i>el-mogtasila</i>,
-esto es, «los baptistas»<a id="FNanchor_263" href="#Footnote_263"
-class="fnanchor">[258]</a>. No es empresa fácil desembrollar estas
-vagas analogías. Las sectas que en los primeros siglos de nuestra era<a
-id="FNanchor_264" href="#Footnote_264" class="fnanchor">[259]</a>
-flotaban, allende el Jordan, entre el judaismo, el sabismo y el
-cristianismo, ofrecen á la crítica, á causa de la confusion de
-las noticias, el más singular é inextricable problema. De todos
-modos, puede admitirse que várias de las prácticas exteriores de
-Juan, de los Esenios<a id="FNanchor_265" href="#Footnote_265"
-class="fnanchor">[260]</a>, y de los preceptores espirituales judíos de
-aquella época, procedian de una influencia reciente del alto Oriente.
-La práctica fundamental que caracterizaba la secta de Juan, y que
-sin duda motivó su nombre, tuvo siempre su centro en la baja Caldea,
-constituyendo una religion que se ha perpetuado hasta nuestros dias.</p>
-
-<p>Aquella práctica era el bautismo ó la inmersion total. Las
-abluciones estaban ya en uso entre los judíos como en toda<span
-class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>s las religiones de Oriente<a
-id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" class="fnanchor">[261]</a>. Los
-Esenios le habian dado una extension particular. El bautismo habia
-llegado á ser una ceremonia ordinaria al ingresar los prosélitos
-en el seno de la religion judía; una especie de iniciacion<a
-id="FNanchor_267" href="#Footnote_267" class="fnanchor">[262]</a>.
-Sin embargo, ántes de nuestro Bautista no se habia dado á la
-inmersion aquella importancia ni aquella forma. Juan habia fijado
-el centro de su actividad en la parte del desierto de Judea
-próxima al mar Muerto<a id="FNanchor_268" href="#Footnote_268"
-class="fnanchor">[263]</a>. En las épocas en que administraba el
-bautismo, se trasladaba á las márgenes del Jordan<a id="FNanchor_269"
-href="#Footnote_269" class="fnanchor">[264]</a>, cerca de
-Bethania ó Bethabara<a id="FNanchor_270" href="#Footnote_270"
-class="fnanchor">[265]</a>, sobre la orilla oriental (probablemente
-frente á Jericó), ó bien al sitio llamado Ænon ó «las Fuentes»<a
-id="FNanchor_271" href="#Footnote_271" class="fnanchor">[266]</a>,
-no léjos de Salim, donde el agua era mucho más abundante<a
-id="FNanchor_272" href="#Footnote_272" class="fnanchor">[267]</a>.
-Considerable muchedumbre, en particular de la tribu de Judá, corria
-hácia aquel paraje para recibir el bautismo<a id="FNanchor_273"
-href="#Footnote_273" class="fnanchor">[268]</a> de manos del anacoreta.
-Y tanto creció su fama, que en pocos meses llegó á ser uno de los
-hombres más influyentes de la Judea.</p>
-
-<p>El pueblo le consideraba como un profeta<a id="FNanchor_274"
-href="#Footnote_274" class="fnanchor">[269]</a>, y várias personas
-se imaginaban que era Elías resucitado<a id="FNanchor_275"
-href="#Footnote_275" class="fnanchor">[270]</a>. La creencia en tales
-resurrecciones era muy general<a id="FNanchor_276" href="#Footnote_276"
-class="fnanchor">[271]</a>: creíase que Dios haria salir de sus
-sepulcros á varios de los antiguos profetas para que sirvieran de
-guía al pueblo de Israel y le condujeran hácia su destino. Otros
-tomaban á Juan por el Mesías mismo, sin embargo de que él no manifestó
-nunca semejante pretension<a id="FNanchor_277" href="#Footnote_277"
-class="fnanchor">[272]</a>. Los sacerdotes y los escribas, opuestos
-á aquel renacimiento de profetismo, y siempre enemigos de las almas
-entusiastas, despreciaban al rígido eremita. Pero la popularidad del
-Bautista les imponia respeto y no se atrevian á hablar en contra de
-él<a id="FNanchor_278" href="#Footnote_278" class="fnanchor">[273]</a>,
-lo cual era una victoria que el sentimiento de la muchedumbre alcanzaba
-sobre la aristocracia sacerdotal. Cuando se obligaba á los jefes
-de los sacerdotes á que se explicáran claramente sobre este punto,
-no sabian cómo hacerlo<a id="FNanchor_279" href="#Footnote_279"
-class="fnanchor">[274]</a>.</p>
-
-<p>Pero el bautismo no era para Juan sino un signo destinado á
-causar impresion y á preparar los ánimos á algun gran movimiento.
-Es indudable que abrigaba en alto grado las esperanzas mesiánicas
-y que su accion principal se dirigia en este sentido. «Haced
-penitencia, exclamaba, porque se aproxima el reino de Dios»<a
-id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" class="fnanchor">[275]</a>.
-Anunciaba tambien una «cólera suprema», esto es, terribles catástrofes
-que habrian de realizarse<a id="FNanchor_281" href="#Footnote_281"
-class="fnanchor">[276]</a>, y declaraba que el hacha amenazaba ya
-la raíz del árbol, el cual no tardaria en ser arrojado al f<span
-class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span>uego. Juan representaba á su
-Mesías con una criba en la mano recogiendo el buen grano y arrojando
-la paja á las llamas. Para el Bautista, la penitencia, cuya forma
-consistia en el bautismo, la limosna y la enmienda de las costumbres<a
-id="FNanchor_282" href="#Footnote_282" class="fnanchor">[277]</a>,
-eran los grandes medios de prepararse á los acontecimientos que se
-hallaban próximos. No se sabe exactamente de qué manera comprendia
-él esos acontecimientos; pero está fuera de duda que predicaba con
-grande energía contra los mismos adversarios de Jesús, tales como
-los fariseos, los sacerdotes ricos, los doctores, en una palabra,
-contra el judaismo oficial; y que, así como á Jesús, le acogian
-favorablemente las clases menospreciadas<a id="FNanchor_283"
-href="#Footnote_283" class="fnanchor">[278]</a>. El anacoreta de Judea
-daba poquísima importancia al título de hijo de Abraham, y decia que
-Dios podia convertir en hijos de Abraham los guijarros del camino<a
-id="FNanchor_284" href="#Footnote_284" class="fnanchor">[279]</a>.
-La grande idea de una religion pura, idea que fué el triunfo de
-Jesús, no parece haberla poseido ni áun en gérmen; pero sustituyendo
-el rito privado á las ceremonias legales rodeadas de sacerdotes,
-sirvió de poderoso auxiliar á aquella idea, así como los Flagelantes
-de la edad media, arrebatando el monopolio de los sacramentos y
-de la absolucion al clero oficial, sirvieron de precursores á la
-Reforma. El tono general de los sermones del Bautista era severo y
-áspero. Las expresiones que usaba contra sus adversarios tenian, á
-lo que parece, el sello de extremada violencia<a id="FNanchor_285"
-href="#Footnote_285" class="fnanchor">[280]</a>. Sus discursos eran
-una ruda y contínua invectiva. Probablemente no permaneció ajeno á
-la política; Josefo, que sin duda tuvo de él ámplias noticias por
-medio de su maestro Banú, lo deja traslucir á medias palabras<a
-id="FNanchor_286" href="#Footnote_286" class="fnanchor">[281]</a>, y
-así lo hace tambien suponer la catástrofe que puso fin á sus dias.
-Sus discípulos hacian una vida muy austera<a id="FNanchor_287"
-href="#Footnote_287" class="fnanchor">[282]</a>, ayunaban
-frecuentemente y afectaban un aire triste y receloso. Vése por
-momentos asomar en aquel grupo la idea de la comunidad de bienes y
-la de que el rico debe repartir lo que posee<a id="FNanchor_288"
-href="#Footnote_288" class="fnanchor">[283]</a>. El pobre aparece ya
-figurando en primera línea entre los que el reino de Dios debe colmar
-de beneficios.</p>
-
-<p>Aunque la Judea era el centro de accion de Juan, la fama de su
-nombre llegó pronto á oidos de Jesús, el cual habia ya formado en
-torno suyo un pequeño círculo de oyentes, atraidos por sus primeros
-discursos. Jesús, no gozando todavía de mucha autoridad, y aguijado,
-sin duda, por el deseo de ver á un maestro cuya enseñanza tenía
-tantos puntos de contacto con sus propias ideas, salió de Galilea con
-s<span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>u reducida escuela
-y se dirigió hácia Juan<a id="FNanchor_289" href="#Footnote_289"
-class="fnanchor">[284]</a>. Los recien llegados se hicieron bautizar,
-como todo el mundo. Juan acogió bastante bien á aquel enjambre de
-discípulos galileos y no le pesó que formasen en distintas filas que
-los suyos. Los dos maestros eran jóvenes, y entre ellos habia muchas
-ideas comunes; así es que no tardaron en amarse, dándose públicamente
-repetidas muestras de deferencia y aprecio recíprocos. Semejante
-hecho sorprende á primera vista, y casi está uno por negarle, si se
-tiene en cuenta el carácter de Juan. La humildad no fué nunca en el
-pueblo judío el rasgo característico de las almas fuertes, y parece
-más probable que aquella voluntad de bronce, aquella especie de
-Lamennais siempre irritado, fuese en extremo colérico, y no sufriese
-ni rivalidad ni semi-adhesion. Pero esta manera de concebir las cosas
-estriba en la falsa idea que se tiene respecto á Juan. Ordinariamente
-nos le representamos como un anciano, cuando, por el contrario, era
-de la misma edad de Jesús<a id="FNanchor_290" href="#Footnote_290"
-class="fnanchor">[285]</a> y muy jóven, segun las ideas de la época.
-En el órden espiritual, no fué el padre de Jesús, sino más bien su
-hermano. Esto supuesto, ¿qué tiene de particular que siendo los dos
-jóvenes entusiastas, y abrigando las mismas esperanzas, hicieran
-causa comun y se apoyaran recíprocamente? Un maestro encanecido en
-la enseñanza de su doctrina se habria indudablemente indignado al
-ver que un jóven sin celebridad se llegaba á él con pretensiones de
-independencia: no hay ejemplo de que un jefe de escuela acoja con
-oficiosidad y cariño al que ha de sucederle. Pero la juventud es capaz
-de todas las abnegaciones, y se comprende que Juan, reconociendo
-en Jesús un espíritu semejante al suyo, le acogiera sin ninguna
-prevencion. Aquellas buenas relaciones sirvieron despues á los
-evangelistas de punto de partida para desarrollar todo un sistema
-que consistió en dar por primera base á la mision divina de Jesús el
-testimonio de Juan. Tal era el grado de autoridad que supo conquistar
-el Bautista, que ninguna garantía pareció tan eficaz y á propósito
-como la suya. Pero el anacoreta de Judea estuvo muy léjos de abdicar
-ante Jesús; por el contrario, miéntras permaneció junto á él, Jesús
-le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino muy
-tímidamente.</p>
-
-<p>En efecto, no obstante su profunda originalidad, Jesús parece
-haber sido el imitador de Juan, al ménos durante algunas semanas. Su
-vida era todavía oscura en comparacion de la<span class="pagenum"
-id="Page_82">p. 82</span> del Bautista. Además, en el curso de su
-carrera, Jesús no dejó de plegarse muchas veces á la corriente de la
-opinion, admitiendo algunas cosas que no entraban en sus proyectos,
-sólo porque eran populares; pero esos accesorios no perjudicaron
-nunca á su idea principal, y estuvieron siempre subordinados á ella.
-Gracias á Juan, el bautismo habia llegado á obtener gran boga;
-Jesús se creyó obligado á adoptarle; él y sus discípulos bautizaron
-tambien desde entónces<a id="FNanchor_291" href="#Footnote_291"
-class="fnanchor">[286]</a>, y sin duda acompañaban el bautismo de
-predicaciones parecidas á las de Juan. Así es que las orillas del
-Jordan se cubrieron por doquiera de Baptistas, cuyos discursos
-alcanzaban más ó ménos éxito. No tardó el discípulo en igualar
-al maestro, siendo muy solicitado su bautismo. Un sentimiento de
-rivalidad ó de celos se despertó entónces entre los partidarios del
-anacoreta de Judea y del profeta de Nazareth<a id="FNanchor_292"
-href="#Footnote_292" class="fnanchor">[287]</a>; los discípulos de Juan
-se le quejaron del éxito creciente del jóven galileo, cuyo bautismo
-iba muy pronto, segun decian, á oscurecer el suyo; pero semejantes
-pequeñeces no ejercieron ninguna influencia en el ánimo de los dos
-maestros. Por otra parte, la superioridad de Juan era demasiado
-incontestable á los ojos de Jesús, apénas conocido, para que tratase
-de combatirla. Deseaba únicamente crecer á su sombra, y á fin de ganar
-terreno entre la muchedumbre, se creia obligado á emplear los medios
-exteriores que dieron á Juan tan asombrosa fama. Cuando, despues de
-la prision del Baptista, volvió Jesús á reanudar sus predicaciones,
-las primeras palabras que se le atribuyen no son sino la repeticion de
-una de las frases que tan familiares eran á aquél<a id="FNanchor_293"
-href="#Footnote_293" class="fnanchor">[288]</a>. Otras muchas
-expresiones de Juan se encuentran textualmente en sus discursos<a
-id="FNanchor_294" href="#Footnote_294" class="fnanchor">[289]</a>.
-Á lo que parece, las dos escuelas vivieron en buena inteligencia
-durante mucho tiempo<a id="FNanchor_295" href="#Footnote_295"
-class="fnanchor">[290]</a>, y al ocurrir la muerte de Juan, Jesús,
-como hermano confidente, fué uno de los primeros á quienes se notició
-aquel acontecimiento<a id="FNanchor_296" href="#Footnote_296"
-class="fnanchor">[291]</a>.</p>
-
-<p>Juan fué bien pronto detenido en su carrera profética. De igual modo
-que los antiguos profetas judíos, dirigió frecuentemente filípicas
-terribles contra los poderes establecidos<a id="FNanchor_297"
-href="#Footnote_297" class="fnanchor">[292]</a>. La vivacidad y acritud
-de sus palabras á este respecto, no podia ménos de ocasionarle graves
-inconvenientes. En Judea, Juan no parece haber sido molestado por el
-procurador Pilato; pero la Perea, al otro lado del Jordan, confinaba
-con el territorio de Antipas, y el gérmen político que ocultaban
-las predicaciones de Juan inquietó á aquel ti<span class="pagenum"
-id="Page_83">p. 83</span>rano. Las grandes reuniones de hombres que
-el entusiasmo religioso y patriótico formaba al rededor del Bautista
-tenian algo de sospechoso. Un agravio personal vino á añadirse á
-aquellas razones de estado, haciendo inevitable la pérdida del austero
-censor.</p>
-
-<p>Entre los caractéres más fuertemente acentuados de aquella trágica
-familia de los Heródes, uno de ellos era Herodías, nieta de Heródes
-el Grande. Violenta, ambiciosa y apasionada, Herodías aborrecia el
-judaismo y despreciaba sus leyes. Habíase casado, probablemente contra
-su voluntad, con su tio Heródes, hijo de Mariamno<a id="FNanchor_298"
-href="#Footnote_298" class="fnanchor">[293]</a>, á quien Heródes el
-Grande habia desheredado<a id="FNanchor_299" href="#Footnote_299"
-class="fnanchor">[294]</a> y el cual no desempeñó nunca ningun papel
-público. La posicion humilde de su marido, respecto á los otros
-miembros de la familia, era para ella motivo de profundo disgusto;
-Herodías queria ser soberana á todo trance<a id="FNanchor_300"
-href="#Footnote_300" class="fnanchor">[295]</a>, é hizo de Antipas el
-instrumento de su ambicion. Hallándose perdidamente enamorado de ella,
-aquel hombre débil y sin carácter la prometió tomarla por esposa,
-despues de repudiar á su primera mujer, la hija de Hareth, rey de Petra
-y emir de las tribus fronterizas de la Perea. La princesa árabe llegó á
-tener noticia del proyecto y determinó huir: disimulando su designio,
-fingió un viaje á Machero, punto situado en las tierras de su padre,
-y se hizo acompañar por los oficiales de Antipas<a id="FNanchor_301"
-href="#Footnote_301" class="fnanchor">[296]</a>.</p>
-
-<p>Makor ó Machero era una fortaleza colosal, construida por
-Alejandro Janeo, y restaurada despues por Heródes, la cual se alzaba
-en uno de los sitios más escarpados de cuantos existen en la parte
-oriental del mar Muerto<a id="FNanchor_302" href="#Footnote_302"
-class="fnanchor">[297]</a>. Era aquél un país áspero, salvaje,
-poblado de extravagantes leyendas y, segun la creencia general,
-frecuentado por los demonios<a id="FNanchor_303" href="#Footnote_303"
-class="fnanchor">[298]</a>. La fortaleza estaba justamente en el límite
-de los estados de Hareth y de Antipas, y en aquel momento se hallaba
-en posesion del primero<a id="FNanchor_304" href="#Footnote_304"
-class="fnanchor">[299]</a>. Advertido Hareth, habia preparado cuanto
-era indispensable á la fuga de su hija, la cual fué, de tribu en tribu,
-conducida hasta Petra.</p>
-
-<p>Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas
-y de Herodías<a id="FNanchor_305" href="#Footnote_305"
-class="fnanchor">[300]</a>. Entre los judíos severos y la irreligiosa
-familia de los Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio
-eran incesantemente una piedra de escándalo<a id="FNanchor_306"
-href="#Footnote_306" class="fnanchor">[301]</a>. Hallándose los
-miembros de aquella numerosa, pero aislada, dinastía reducidos á
-casarse entre ellos, resultaban de aquí frecuentes violaciones de
-los impedimentos que la ley<span class="pagenum" id="Page_84">p.
-84</span> establecia. Juan se hizo el eco del sentimiento general
-y censuró enérgicamente la conducta de Antipas<a id="FNanchor_307"
-href="#Footnote_307" class="fnanchor">[302]</a>. No se necesitaba tanto
-para atizar el ódio de aquél y decidirle á tomar medidas violentas:
-mandó prender al Bautista y ordenó que se le encerrase en la fortaleza
-de Machero, de la cual se habia, sin duda, apoderado despues de la
-fuga de la hija de Hareth<a id="FNanchor_308" href="#Footnote_308"
-class="fnanchor">[303]</a>.</p>
-
-<p>Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de
-Juan, porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular<a
-id="FNanchor_309" href="#Footnote_309" class="fnanchor">[304]</a>.
-Otros aseguran<a id="FNanchor_310" href="#Footnote_310"
-class="fnanchor">[305]</a> que habia llegado á escuchar con placer
-las doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido
-para él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto
-es que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de
-su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en
-correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle
-en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la
-próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los
-movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos
-favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_7">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VII</h2>
- <p class="subh2">DESARROLLO DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO
- DE&nbsp;DIOS</p>
-</div>
-
-<p>Hasta el arresto de Juan, que aproximadamente le hacemos constar
-en el verano del año 29, Jesús no se separó de las cercanías del
-mar Muerto y del Jordan. La permanencia en el desierto de Judea
-era generalmente considerada como el preparativo de grandes
-acontecimientos, como una especie de «retiro» que precedia á los actos
-públicos. Jesús, á ejemplo de los demás, se sometió á él, pasando
-cuarenta dias sin otra compañía que la de las fieras y ayunando
-rigurosamente. La imaginacion <span class="pagenum" id="Page_85">p.
-85</span>de los discípulos se ejercitó muchísimo respecto á aquel
-retiro.</p>
-
-<p>El desierto, segun las creencias vulgares, era considerado como la
-residencia de los diablos<a id="FNanchor_311" href="#Footnote_311"
-class="fnanchor">[306]</a>.</p>
-
-<p>Pocos sitios existen en el mundo más desiertos, más abandonados de
-Dios, más inaccesibles á la vida que la cascajosa falda que forma la
-orilla occidental del mar Muerto. Así pues, créese, que durante el
-tiempo que Jesús permaneció en aquel horroroso país sufrió terribles
-pruebas; que Satanás le aterrorizó con su falsa apariencia ó que le
-acarició con embriagadoras promesas, y que despues los ángeles, para
-premiarle por su triunfo, habian venido en su ayuda<a id="FNanchor_312"
-href="#Footnote_312" class="fnanchor">[307]</a>.</p>
-
-<p>Probablemente al abandonar el desierto fué cuando Jesús supo el
-arresto de Juan Bautista.</p>
-
-<p>No existian ya motivos para prolongar su permanencia en un
-país que le era casi extraño. Quizás temia tambien verse envuelto
-en las sospechas que se desplegaban acerca de Juan, y no queria
-exponerse en un tiempo en que su muerte no hubiera podido servir de
-nada al progreso de sus ideas, en vista de la poca celebridad que
-gozaba. Volvió á Galilea<a id="FNanchor_313" href="#Footnote_313"
-class="fnanchor">[308]</a>, su verdadera patria, fortalecido por
-una importante experiencia y habiendo adquirido con el contacto de
-un gran hombre, muy diferente á él, el sentimiento de su propia
-originalidad.</p>
-
-<p>En suma, la influencia de Juan más bien habia sido desagradable que
-útil á Jesús. Fué un dique para su desarrollo: todo conduce á creer
-que tenía, cuando descendió al Jordan, ideas superiores á las de Juan,
-y que por una especie de concesion se inclinó por un momento hácia el
-bautismo.</p>
-
-<p>Quizás si el Bautista, á cuya autoridad le hubiera sido difícil
-sustraerse, hubiese permanecido libre, no rechazara el yugo de los
-ritos y de las prácticas exteriores, y entónces sin duda hubiera
-permanecido un oscuro sectario judío, porque el mundo no hubiera
-abandonado sus prácticas por otras nuevas.</p>
-
-<p>El cristianismo sedujo las almas elevadas por el atractivo de una
-religion exenta de toda forma exterior. Una vez preso el Bautista, su
-escuela disminuyó bastante, y Jesús cedió á su propio movimiento. Lo
-único que debió á Juan fué, en parte, algunas lecciones de predicacion
-y de accion popular. En efecto, desde este momento predica con más
-ardor, imponiéndose á la muchedumbre con autoridad<a id="FNanchor_314"
-href="#Footnote_314" class="fnanchor">[309]</a>.</p>
-
-<p>Tambien parece que su permanencia al lado de Juan, no tanto por
-la accion del Bautista como por la marcha natural de sus propios
-pensamientos, corroboró mucho sus ideas s<span class="pagenum"
-id="Page_86">p. 86</span>obre «el reino del cielo.» Su palabra
-favorita desde entónces es la «buena nueva», el anuncio que el
-reino de Dios está cercano<a id="FNanchor_315" href="#Footnote_315"
-class="fnanchor">[310]</a>. Jesús no será solamente un moralista
-ingenioso, aspirando á encerrar en algunos aforismos cortos y
-conmovedores lecciones sublimes; es el revolucionario trascendental,
-que ensaya regenerar el mundo por sus mismas bases y poner en práctica
-sobre la tierra el ideal que ha concebido. «Esperar el reino de
-Dios» será sinónimo de ser discípulo de Jesús<a id="FNanchor_316"
-href="#Footnote_316" class="fnanchor">[311]</a>. Esta frase de «reino
-de Dios» ó «reino del cielo», como ya lo hemos dicho, era familiar á
-los judíos hacia mucho tiempo. Pero Jesús la dió un sentido moral, una
-importancia social que el mismo autor del Libro de Daniel no se atrevió
-á entrever en su entusiasmo apocalíptico.</p>
-
-<p>En el mundo, tal como es, el mal impera. Satanás es «el
-rey de este mundo»<a id="FNanchor_317" href="#Footnote_317"
-class="fnanchor">[312]</a>, y todo le obedece. Los reyes matan á los
-profetas. Los sacerdotes y los doctores no ejecutan siempre lo que
-mandan hacer á los otros. Los justos son perseguidos, y el único
-patrimonio de los buenos es llorar. El «mundo» es así el enemigo
-de Dios y de sus santos<a id="FNanchor_318" href="#Footnote_318"
-class="fnanchor">[313]</a>; pero Dios se despertará y vengará á los
-suyos. El dia se acerca, porque la abominacion llega á su término. Al
-reino del bien le tocará su vez.</p>
-
-<p>El advenimiento de ese reino del bien será una grande y súbita
-revolucion. El mundo parecerá trasformado: siendo malo el estado
-actual, para representarse el porvenir, basta sólo con idear,
-poco más ó ménos, lo contrario de lo que existe. Los primeros
-serán los últimos<a id="FNanchor_319" href="#Footnote_319"
-class="fnanchor">[314]</a>. Un nuevo órden regirá á la humanidad. Al
-presente el bien y el mal están mezclados como la miés y la cizaña
-en un campo. Su dueño los deja crecer á la vez; pero la hora de la
-separacion violenta llegará<a id="FNanchor_320" href="#Footnote_320"
-class="fnanchor">[315]</a>. El reino de Dios será como una gran
-redada, que juntos trae el pescado bueno y malo: el bueno se deposita
-en los cestos, desembarazándose del resto<a id="FNanchor_321"
-href="#Footnote_321" class="fnanchor">[316]</a>.</p>
-
-<p>El gérmen de esa gran revolucion será desde luégo desconocido.
-Será como la simiente de la mostaza, la más pequeña de las
-simientes, pero que una vez arrojada en tierra, se convierte en
-árbol, á la sombra de cuyas hojas vienen los pájaros á descansar<a
-id="FNanchor_322" href="#Footnote_322" class="fnanchor">[317]</a>; ó
-bien como la levadura, que unida á la masa, hace que toda fermente<a
-id="FNanchor_323" href="#Footnote_323" class="fnanchor">[318]</a>.
-Una serie de parábolas, muchas veces oscuras, estaba destinada á
-manifestar la sorpresa de ese súbito advenimiento, sus injusticias
-aparentes, su carácter inevitable y definitivo<a id="FNanchor_324"
-href="#Footnote_324" class="fnanchor">[319]</a>.</p> <p><span
-class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span></p> <p>¿Quién será el que
-establezca ese reino de Dios? Recordemos que la primera idea de Jesús,
-idea tan profunda en él, que probablemente no reconoció ningun orígen,
-fué que él era el hijo de Dios, el íntimo de su padre, el ejecutor de
-su voluntad. La respuesta de Jesús á tal cuestion no podia ser dudosa.
-La persuasion de que él haria reinar á Dios se apoderó de su espíritu;
-se consideró como el reformador universal de una manera absoluta. El
-cielo, la tierra, la naturaleza en todas sus partes, la locura, la
-enfermedad y la muerte sólo son instrumentos para él. En su heróico
-acceso de voluntad, se cree todopoderoso. Si el mundo no se aviene á
-esta suprema transformacion, el mundo será pulverizado, purificado
-por la llama y el aliento de Dios. Se creará un nuevo cielo, y el
-mundo entero será poblado de ángeles del Señor<a id="FNanchor_325"
-href="#Footnote_325" class="fnanchor">[320]</a>.</p>
-
-<p>Una revolucion radical<a id="FNanchor_326" href="#Footnote_326"
-class="fnanchor">[321]</a>, abarcando hasta la misma naturaleza, tal
-fué, pues, el pensamiento fundamental de Jesús. Desde entónces, sin
-duda, habia renunciado á la política; el ejemplo de Júdas el Gaulonita
-le habia demostrado la inutilidad de las sediciones populares. Jamás
-pensó en sublevarse contra los romanos y los tetrarcas. El principio
-anárquico y desenfrenado del Gaulonita no era el suyo. Su respeto á los
-poderes establecidos, sarcástico en el fondo, era completo en la forma.
-Pagaba el tributo al César por no llamar la atencion. La libertad y el
-derecho no son de este mundo: ¿por qué, pues, turbar su vida por vanas
-susceptibilidades?</p>
-
-<p>Despreciando el mundo y convencido de que el presente no merece
-que se tenga zozobra por él, se refugió en su reino ideal: fundó
-esa gran doctrina del desprecio trascendente<a id="FNanchor_327"
-href="#Footnote_327" class="fnanchor">[322]</a>, verdadera doctrina
-de la libertad de las almas, que es la sola que proporciona la paz.
-Pero aún no habia dicho: «Mi reino no es de este mundo.» Numerosas
-tinieblas se presentaban á sus más rectas miras. Algunas veces
-extrañas tentaciones cruzaban por su mente. En el desierto de Judea,
-Satanás le habia brindado con el reino de la tierra. No conociendo
-el poder del imperio romano, podia, con el fondo de entusiasmo que
-existia en Judea y que poco tiempo despues vino á convertirse en una
-terrible resistencia militar; podia, deciamos, abrigar la esperanza
-de fundar un reino por la audacia y el número de sus partidarios.
-Muchas veces, quizás, asaltó su imaginacion la cuestion suprema: ¿El
-reino de Dios se realizará por la fuerza ó por la dulzura, por la
-rebelion ó por la paciencia? Cuentan que un dia las sencill<span
-class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span>as gentes de Galilea quisieron
-levantarle y hacerle rey<a id="FNanchor_328" href="#Footnote_328"
-class="fnanchor">[323]</a>.</p>
-
-<p>Jesús huyó á la montaña, donde permaneció algun tiempo solo. Su
-privilegiada naturaleza le preservó del error que hubiera hecho de él
-un perturbador ó un jefe de rebeldes, un Theudas ó un Barkokebas.</p>
-
-<p>La revolucion que quiso hacer fué siempre una revolucion moral;
-pero para ello, no era llegado el caso de emplear en su ejecucion los
-ángeles y la trompeta final. Queria proceder sobre los hombres y por
-los mismos hombres. Un visionario que no hubiera tenido otra idea
-que la proximidad del juicio final, no se habria cuidado de mejorar
-al hombre y no habria podido fundar la mejor enseñanza moral que la
-humanidad ha recibido. Por su pensamiento cruzaba bastante de vago, y
-un sentimiento noble, más bien que un designio determinado, le guiaba
-en la obra sublime realizada á causa de él, aunque de otra manera bien
-diferente á la que él se imaginaba.</p>
-
-<p>Ciertamente que era el reino de Dios, quiero decir el reino del
-espíritu, el que fundaba en efecto; y si Jesús, desde el seno de su
-Padre, ve fructificar su obra en la historia, puede decir en verdad:
-Hé ahí lo que yo he querido. Lo que Jesús fundó, lo que eternamente
-quedará de él, salvo las imperfecciones que lleva consigo toda cosa
-realizada por la humanidad, es la doctrina de la libertad de las almas.
-Ya la Grecia habia tenido acerca de esto magníficos pensamientos<a
-id="FNanchor_329" href="#Footnote_329" class="fnanchor">[324]</a>.
-Diferentes estóicos habian hallado el medio de ser libres bajo la
-dominacion de un tirano. Pero, en general, el mundo antiguo se habia
-figurado la libertad como sujeta á ciertas formas políticas: los
-más libres se llamaban Harmodio y Aristógiton, Bruto y Casio. El
-verdadero cristiano está más libre de toda traba: aquí abajo es un
-desterrado: ¿qué le importa el dueño pasajero de esta tierra, que no
-es su patria? La libertad para él es la verdad<a id="FNanchor_330"
-href="#Footnote_330" class="fnanchor">[325]</a>. Jesús no conocia
-bastante la historia para comprender cuán á tiempo llegaba semejante
-doctrina, en un momento en que la libertad republicana espiraba y en
-que las pequeñas constituciones municipales de la antigüedad fallecian
-bajo la unidad del imperio romano. Pero su admirable buen sentido y el
-instinto verdaderamente profético que tenía de su mision, le guiaron
-en esto con admirable seguridad. Por esta frase: «Dad al César lo que
-es del César y á Dios lo que es de Dios», creó una cosa extraña á la
-política, un refugio para las almas en medio del imperio de la fuerza
-bruta. Seguramente que tal doctrina tenía sus peligros. Establecer
-en<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> principio que la
-señal para reconocer el poder legítimo es mirar la moneda, proclamar
-que el hombre perfecto paga el impuesto por desprecio y sin discutir,
-era destruir la república á la manera antigua y favorecer todas las
-tiranías. El cristianismo, en este sentido, ha contribuido no poco á
-debilitar el sentimiento de los deberes del ciudadano y á exponer al
-mundo al poder absoluto de los hechos consumados. Pero al constituir
-una numerosa asociacion libre, que durante trescientos años supo vivir
-sin política, el cristianismo compensó ámpliamente el perjuicio que
-ocasionara á las virtudes cívicas. El poder del Estado quedó reducido
-á las cosas de la tierra; libertó el espíritu, ó al ménos la terrible
-segur de la omnipotencia romana quedó rota para siempre.</p>
-
-<p>Sobre todo, el hombre que se halla preocupado con los deberes de
-la vida pública, no dispensa á los otros que pongan de su parte algo
-por cima de las querellas de partido. Condena sobremanera á los que
-subordinan á las cuestiones sociales las políticas, y siente por éstas
-una especie de indiferencia; y en un sentido tiene razon, porque toda
-direccion exclusiva es perjudicial al buen gobierno de las cosas
-humanas. Pero los partidos, ¿qué progreso han hecho experimentar á la
-moralidad general de nuestra especie? Si Jesús, en lugar de fundar
-su reino celeste, hubiera ido á Roma á conspirar contra Tiberio, ó á
-echar de ménos á Germánico, ¿en qué hubiera venido á parar el mundo?
-Republicano austero, patriota celoso, no hubiera detenido el gran curso
-de los negocios de su siglo, miéntras que, declarando insignificante la
-política, reveló al mundo esta verdad: que la patria no es el todo, y
-que el hombre es anterior y superior al ciudadano.</p>
-
-<p>Nuestros principios de la ciencia positiva se dan por agraviados
-de la parte de ensueños que encerraba el programa de Jesús. Nosotros
-conocemos la historia del globo; las revoluciones cósmicas como
-la que esperaba Jesús no se producen sino por causas geológicas ó
-astronómicas, de las que no se ha podido jamás probar el vínculo con
-las cosas morales. Pero para ser justo con los grandes seres, no es
-preciso examinar minuciosamente las preocupaciones de que han podido
-participar. Colon descubrió la América partiendo de ideas sumamente
-erróneas; Newton creia su loca explicacion del Apocalípsis tan cierta
-como su sistema acerca del mundo. ¿Podrán colocar una mediana capacidad
-por cima de un Francisco de Asís, de un San Bernardo, de una Juana de
-Arco, de un Lu<span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>tero,
-por hallarse exenta de los errores que éstos profesaron? ¿Se querrá
-medir á los hombres por la rectitud de sus ideas en física y por el
-conocimiento más ó ménos exacto que poseen del verdadero sistema del
-mundo? Comprendamos mejor la posicion de Jesús y lo que fué causa de
-su poder. El deismo del siglo diez y ocho y un cierto protestantismo,
-nos han acostumbrado á considerar al fundador de la fe cristiana como
-un gran moralista, un bienhechor de la humanidad. No vemos en el
-evangelio sino buenas máximas, y corremos un prudente velo sobre el
-extraño estado intelectual donde tuvo orígen. Tambien hay personas que
-sienten que la revolucion francesa se separase más de una vez de los
-principios y que no fuese realizada por hombres sabios y prudentes. No
-impongamos nuestros pequeños programas de hombres comunes y sensatos á
-esos extraordinarios movimientos tan elevados que están muy por cima
-de nuestra talla. Continuemos admirando «la moral del evangelio»;
-suprimamos en nuestras enseñanzas religiosas la quimera que le dió el
-sér; pero no creamos que con las simples ideas de dicha y de moralidad
-individual se conmueve el mundo. La idea de Jesús fué más profunda;
-fué la idea más revolucionaria que jamás pudo concebir cerebro humano;
-debe considerarse en general, y no con esas débiles supresiones que
-justamente aminoran lo que la ha hecho eficaz para la regeneracion de
-la humanidad.</p>
-
-<p>En el fondo, lo ideal es siempre una utopia. Cuando pretendemos hoy
-dia representar el Cristo de la nueva conciencia, el consolador, el
-juez de los tiempos modernos, ¿qué es lo que hacemos? Lo mismo que hizo
-Jesús hace mil ochocientos treinta años. Suponemos las condiciones del
-mundo real muy diferentes de las que son; representamos un libertador
-moral rompiendo sin armas las cadenas del esclavo, aliviando la
-condicion del proletario, librando las naciones oprimidas. No olvidemos
-que esto es suponer el mundo trocado, modificados los climas de la
-Virginia y el Congo, cambiada la sangre y la raza de millones de
-hombres, nuestras complicaciones sociales llevadas á una sencillez
-quimérica, las estratificaciones políticas de la Europa separadas del
-órden natural. La «reforma de todas las cosas»<a id="FNanchor_331"
-href="#Footnote_331" class="fnanchor">[326]</a> que Jesús queria no era
-más difícil. Ese mundo nuevo, ese cielo nuevo, esa Jerusalen nueva que
-baja del cielo; este grito: «¡Hé aquí que renuevo todas las cosas!»<a
-id="FNanchor_332" href="#Footnote_332" class="fnanchor">[327]</a>
-son rasgos comunes á todos los reformadores. Siempre el contraste
-que resulta de lo ideal con la<span class="pagenum" id="Page_91">p.
-91</span> triste realidad producirá en la humanidad esas resistencias
-contra la fria razon que las inteligencias limitadas tratan de locura,
-hasta el dia en que triunfan y en que los mismos que las han combatido
-son los primeros en reconocer su poderosa razon de ser.</p>
-
-<p>No se tratará de negar que existió una contradiccion entre
-la creencia de un próximo fin del mundo y la moral habitual de
-Jesús, concebida en vista de un estado sólido de la humanidad,
-bastante análogo al que en efecto existe<a id="FNanchor_333"
-href="#Footnote_333" class="fnanchor">[328]</a>. Esa contradiccion fué
-justamente la que consolidó la fortuna de su obra. El milenario sólo no
-hubiera hecho nada durable; el moralista aislado no hubiera hecho nada
-robusto. El milenarismo dió el impulso; la moral aseguró el porvenir.
-Así, pues, el cristianismo reunió las dos condiciones de éxito completo
-en este mundo, un punto de partida revolucionario y la posibilidad
-de existir. Todo lo que se hace para lograr un éxito seguro debe
-corresponder á esas dos necesidades; porque el mundo quiere á la vez
-variar y durar. Jesús, al mismo tiempo que anunciaba un trastorno sin
-igual en las cosas humanas, proclamaba los principios, sobre los cuales
-reposa la sociedad hace mil ochocientos años.</p>
-
-<p>Lo que en efecto distingue á Jesús de los agitadores, no sólo
-de su tiempo, sino de los de todos los siglos, es su perfecto
-idealismo. Jesús, hasta cierto punto, es un anarquista, porque no
-tiene idea alguna del gobierno civil. Este gobierno le parece pura
-y sencillamente un abuso. Habla de él en términos vagos y como una
-persona del pueblo que no tiene ninguna nocion de la política. Todo
-magistrado le parece un enemigo de los hombres de Dios; anuncia á sus
-discípulos que tendrán altercados con los agentes de la fuerza pública,
-sin pensar ni por asomo que por ello habria por qué abochornarse<a
-id="FNanchor_334" href="#Footnote_334" class="fnanchor">[329]</a>. Pero
-nunca la idea de sustituirse á los fuertes y ricos se apodera de él.
-Quiere confundir la riqueza y el poder, pero no apoderarse de ellos.
-Predice á sus discípulos persecuciones y suplicios<a id="FNanchor_335"
-href="#Footnote_335" class="fnanchor">[330]</a>; pero ni una vez
-siquiera deja entrever el pensamiento de una resistencia violenta. La
-idea de ser todopoderoso por el sufrimiento, y de que se triunfa de la
-fuerza por la pureza del corazon, es ciertamente una idea propia de
-Jesús. Jesús no es un espiritualista, porque todo conduce en él á una
-palpable realidad; no tiene ni la más ligera nocion de un alma separada
-del cuerpo. Pero es un completo idealista; la materia sólo es para él
-la s<span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>eñal de la idea, y
-lo real la expresion cierta de aquello que no se ve.</p>
-
-<p>¿Á quién dirigirse, con quién poder contar para fundar el reino
-de Dios? El pensamiento de Jesús no vaciló en esto jamás. Lo que
-para los hombres es elevado, es abominable á los ojos de Dios<a
-id="FNanchor_336" href="#Footnote_336" class="fnanchor">[331]</a>. Los
-fundadores del reino de Dios serán los cándidos. No los ricos, ni los
-doctores, ni los sacerdotes; sí las mujeres, los hombres del pueblo,
-los humildes, los niños<a id="FNanchor_337" href="#Footnote_337"
-class="fnanchor">[332]</a>. La gran señal del Mesías es «la buena
-nueva» anunciada á los pobres<a id="FNanchor_338" href="#Footnote_338"
-class="fnanchor">[333]</a>. La naturaleza idílica y dulce de Jesús
-se prestaba á ello maravillosamente. Su ensueño consistia en una
-revolucion social en que los rangos serán invertidos, quedando
-humillado cuanto en este mundo es oficial y grande. El mundo no
-le creerá; el mundo le condenará á muerte. Pero sus discípulos no
-pertenecerán al mundo<a id="FNanchor_339" href="#Footnote_339"
-class="fnanchor">[334]</a>; ellos formarán un pequeño rebaño de
-humildes y sencillos; rebaño que por su mansedumbre llegará á conseguir
-el triunfo. El sentimiento que ha hecho del «mundano» la antítesis
-del «cristiano» tiene en las ideas del maestro plena justificacion<a
-id="FNanchor_340" href="#Footnote_340" class="fnanchor">[335]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_8">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VIII</h2>
- <p class="subh2 g1">JESÚS EN CAPHARNAHUM</p>
-</div>
-
-<p>Poseido de una idea cada vez más imperiosa y exclusiva, Jesús
-marchará en adelante con una especie de impasibilidad fatal por la
-senda que su admirable genio y las circunstancias extraordinarias
-en que vivia le trazaran. Hasta entónces no habia hecho sino
-comunicar sus pensamientos al escaso número de personas atraidas
-secretamente hácia él; su enseñanza será en lo sucesivo pública y
-continuada. Jesús contaba entónces treinta años, poco más ó ménos<a
-id="FNanchor_341" href="#Footnote_341" class="fnanchor">[336]</a>.
-Sin duda el pequeño grupo de oyentes que le acompañaron cerca de
-Juan se habia ya aumentado, y tal vez se le habian unido algunos
-discípulos del Bautista<a id="FNanchor_342" href="#Footnote_342"
-class="fnanchor">[337]</a>. Contando con este primer núcleo de
-iglesia, anuncia resueltamente la «buena nue<span class="pagenum"
-id="Page_93">p. 93</span>va del reino de Dios», tan pronto como regresa
-á Galilea. Ese reino iba á venir, y era él, Jesús, aquel «Hijo del
-hombre» que Daniel apercibió en su vision como el ministro divino de la
-última y suprema revelacion.</p>
-
-<p>Es menester recordar aquí que las ideas judáicas, opuestas al
-arte y á la mitología, consideraban la simple forma del hombre como
-superior á la de los <i>cherubes</i> y de los animales fantásticos que
-la imaginacion del pueblo, á causa de la influencia asiria, suponia
-en torno de la divina majestad. En Ezequiel<a id="FNanchor_343"
-href="#Footnote_343" class="fnanchor">[338]</a>, el gran revelador
-de las visiones proféticas, el sér que se halla sentado en el trono
-supremo, dominando los monstruos del carro misterioso, tiene ya la
-figura de un hombre. En el Libro de Daniel, en medio de la vision de
-los imperios representados por animales, y cuando principia el gran
-juicio y los libros se hallan abiertos, un sér «parecido á un hijo
-del hombre» se adelanta hácia el Antiquior de los dias, quien le
-confiere el poder de juzgar el mundo y de gobernarle eternamente<a
-id="FNanchor_344" href="#Footnote_344" class="fnanchor">[339]</a>.
-En las lenguas semíticas, y en particular en los dialectos arameos,
-<i>hijo del hombre</i> no es sino un simple sinónimo de <i>hombre</i>.
-Pero aquel pasaje capital de Daniel ejerció gran influencia en los
-ánimos; la palabra <i>hijo del hombre</i> llegó á ser, al ménos
-para ciertas escuelas<a id="FNanchor_345" href="#Footnote_345"
-class="fnanchor">[340]</a>, uno de los títulos del Mesías, considerado
-como juez del mundo y como rey de la nueva era que iba á comenzar<a
-id="FNanchor_346" href="#Footnote_346" class="fnanchor">[341]</a>. Al
-aplicársele Jesús á sí mismo no hacia sino proclamar su mesiazgo y
-afirmar la próxima catástrofe en que debia figurar como juez investido
-de los plenos poderes delegados por el Antiquior de los dias<a
-id="FNanchor_347" href="#Footnote_347" class="fnanchor">[342]</a>.</p>
-
-<p>El éxito de la palabra del nuevo profeta fué entónces decisivo. Un
-grupo de hombres y mujeres, con el alma llena de candor juvenil y de
-ingenua inocencia, se adhieren á él y le dicen: «Tú eres el Mesías.» Y
-como el Mesías debia ser hijo de David, le concedieron naturalmente ese
-segundo título, que en rigor no era sino sinónimo del primero. Jesús
-le aceptó con gusto, aunque, á decir verdad, érale algo embarazoso á
-causa de lo humilde de su nacimiento. Pero el título que él preferia
-era el de «Hijo del hombre», título modesto en apariencia, aunque muy
-importante en el fondo, puesto que se relacionaba con las esperanzas
-mesiánicas. Servíale esta palabra para designarse á sí mismo<a
-id="FNanchor_348" href="#Footnote_348" class="fnanchor">[343]</a>,
-y tanto le servia, que, en su lenguaje, «el Hijo del hombre» era
-equivalente al pronombre «yo», del cual evitaba hacer uso. Pero
-nunca<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> le apostrofaban
-de esa manera, porque, sin duda, el nombre de que se trata no deberia
-convenirle plenamente sino el dia de su futura aparicion.</p>
-
-<p>En aquella época de su vida, el centro de accion de Jesús fué
-la pequeña ciudad de Capharnahum, situada á la orilla del lago de
-Genesareth. El nombre de Capharnahum, en el cual entra la palabra
-<i>caphar</i>, que quiere decir aldea, parece designar un burgo del
-antiguo sistema, en oposicion á las grandes ciudades, como Tiberiade<a
-id="FNanchor_349" href="#Footnote_349" class="fnanchor">[344]</a>,
-construidas al estilo romano. De todos modos, este nombre tenía
-entónces tan poca importancia, que Josefo, en un pasaje de sus
-escritos, le toma por el de una fuente cuya celebridad era sin duda
-mayor que la del pueblo situado cerca de ella. Capharnahum, así como
-Nazareth, carecia de renombre y no participó en nada del movimiento
-profano que los Heródes habian favorecido. Jesús tomó cariño á
-aquella poblacion, llegando á considerarla como una segunda patria<a
-id="FNanchor_350" href="#Footnote_350" class="fnanchor">[345]</a>.
-Al poco tiempo de su regreso, dirigió sobre Nazareth una tentativa
-que no tuvo éxito ninguno<a id="FNanchor_351" href="#Footnote_351"
-class="fnanchor">[346]</a>. Como dice con admirable candor uno de
-sus biógrafos, no pudo hacer allí ningun milagro<a id="FNanchor_352"
-href="#Footnote_352" class="fnanchor">[347]</a>. Indudablemente
-perjudicaba á su autoridad el conocimiento que se tenía de su familia,
-la cual no era muy considerada. ¿Cómo habian de tomar por hijo de
-David á aquel cuyos hermanos, hermanas y cuñados veian todos los
-dias? Además, debe notarse que su familia se le opuso vivamente,
-rehusando creer en su mision<a id="FNanchor_353" href="#Footnote_353"
-class="fnanchor">[348]</a>. Los nazarenos se le mostraron todavía más
-agresivos, puesto que, segun dicen, quisieron matarle, precipitándole
-de una cima escarpada<a id="FNanchor_354" href="#Footnote_354"
-class="fnanchor">[349]</a>. Jesús hizo notar con mucho ingenio que
-aquella aventura era propia de todos los grandes hombres, y se aplicó
-el proverbio de «no hay profeta sin honra, sino en su patria y en su
-propia casa.»</p>
-
-<p>Pero no le desanimó aquel contratiempo; volvió á Capharnahum<a
-id="FNanchor_355" href="#Footnote_355" class="fnanchor">[350]</a>, en
-cuyo punto encontraba disposiciones mucho más benévolas, y desde allí
-organizó una serie de misiones hácia las aldeas circunvecinas. Los
-habitantes de aquel hermoso y fértil país no se reunian sino el sábado,
-cuyo dia eligió Jesús para su enseñanza. Cada ciudad tenía entónces
-su sinagoga ó lugar de reuniones, el cual era una sala rectangular,
-no muy espaciosa, precedida de un pórtico, decorado segun el gusto
-griego. Careciendo los judíos de arquitectura propia, no trataron
-nunca de construir aquellos<span class="pagenum" id="Page_95">p.
-95</span> edificios con arreglo á un estilo original. Todavía existen
-en Galilea los restos de algunas antiguas sinagogas<a id="FNanchor_356"
-href="#Footnote_356" class="fnanchor">[351]</a>: todas ellas están
-construidas con buenos y sólidos materiales; pero su estilo es
-bastante mezquino, á causa de esa profusion de ornamentos vegetales,
-de follajes, de espirales, que caracteriza los monumentos judáicos<a
-id="FNanchor_357" href="#Footnote_357" class="fnanchor">[352]</a>. Los
-accesorios del interior consistian en algunos bancos, en una tribuna
-ó púlpito para las lecturas públicas y en un armario destinado á
-encerrar los sagrados rollos<a id="FNanchor_358" href="#Footnote_358"
-class="fnanchor">[353]</a>. En aquellos edificios, que nada tenian
-de templo, se reconcentraba toda la vida judía. En el dia del sábado
-se reunia allí todo el mundo para hacer oracion y escuchar la
-lectura de la Ley y de los profetas. Como quiera que en el judaismo,
-á excepcion de Jerusalen, no habia clero propiamente dicho, las
-lecturas del dia (<i>parascha</i> y <i>haphtara</i>) se desempeñaban
-en las sinagogas por el primero que deseaba hacerlas, quien añadia un
-<i>midrasch</i> ó comentario de cosecha propia, en el cual exponia el
-lector sus ideas particulares<a id="FNanchor_359" href="#Footnote_359"
-class="fnanchor">[354]</a>. Aquél fué el orígen de la «homilía», cuyo
-cumplido modelo encontramos en los trataditos de Filon. El pueblo
-tenía derecho de oponer objeciones á los argumentos del lector, y por
-consiguiente, la reunion degeneraba en una especie de asamblea popular.
-En ella habia un presidente, «antiquiores», un <i>hazzan</i>, lector
-ó ministro titular, «agentes» ó secretarios mensajeros encargados de
-mantener la correspondencia entre dos ó más sinagogas, y por último, un
-<i>schmmasch</i> ó sacristan<a id="FNanchor_360" href="#Footnote_360"
-class="fnanchor">[355]</a>. Las sinagogas venian á ser de este modo
-pequeñas repúblicas independientes, cuya jurisdiccion era muy extensa.
-Y á la manera de las corporaciones municipales, que funcionaron hasta
-una época muy avanzada del imperio romano, promulgaban decretos
-honoríficos, votaban resoluciones, que tenian fuerza de ley para la
-comunidad, y pronunciaban penas corporales, cuyo ejecutor era el
-<i>hazzan</i> ordinariamente<a id="FNanchor_361" href="#Footnote_361"
-class="fnanchor">[356]</a>.</p>
-
-<p>Á pesar de los rigores arbitrarios que entrañaba, semejante
-institucion no podia ménos de dar lugar á discusiones animadísimas,
-máxime si se tiene en cuenta la extremada actividad de espíritu que
-siempre caracterizó al pueblo judío. Gracias á las sinagogas, el
-judaismo pudo atravesar intacto diez y ocho siglos de persecucion.
-Ellas eran otros tantos mundos en pequeño, donde se conservaba
-el espíritu nacional y donde las luchas intestinas hallaban un
-terreno perfectamente preparado. Las discusiones eran allí muy
-apasionadas,<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> y no
-ménos vivas las disputas de preeminencia. El premio de una elevada
-piedad, ó el privilegio que más se codiciaba á la riqueza, consistia
-en tener un puesto de honor en primera fila<a id="FNanchor_362"
-href="#Footnote_362" class="fnanchor">[357]</a>. Por otra parte,
-la libertad de poder constituirse en lector y comentador del texto
-sagrado facilitaba maravillosamente la propagacion de nuevas doctrinas.
-Ella fué una de las palancas más poderosas de Jesús y el medio
-habitual de que se valió para fundar su enseñanza<a id="FNanchor_363"
-href="#Footnote_363" class="fnanchor">[358]</a>. El profeta de Nazareth
-entraba en la sinagoga y subia á la cátedra, el <i>hazzan</i> le
-daba el libro, desarrollábale, y despues de leer la <i>parascha</i>
-ó la <i>haptara</i> del dia, pasaba á deducir de aquella lectura
-ciertos principios conformes con sus ideas<a id="FNanchor_364"
-href="#Footnote_364" class="fnanchor">[359]</a>. Como en Galilea habia
-muy pocos fariseos, las réplicas que se le daban no tenian ese grado
-de pasion ni ese tono de acritud que en otras partes, en Jerusalen,
-por ejemplo, le habrian detenido desde sus primeros pasos. Aquellos
-buenos galileos no habian oido jamás una palabra tan en armonía con
-su risueña imaginacion<a id="FNanchor_365" href="#Footnote_365"
-class="fnanchor">[360]</a>; admiraban al jóven profeta, creíanle,
-parecíales elocuente y encontraban sus razonamientos dignos de fe.
-Jesús resolvia sin desconcertarse las objeciones más difíciles, y el
-atractivo de su palabra y de su persona cautivaba á aquellos pueblos
-sencillos, no contaminados por el pedantismo de los doctores.</p>
-
-<p>La autoridad del jóven maestro crecia de dia en dia, y como es
-natural, á medida que aumentaba su crédito para con los otros, más
-confianza tenía en sí mismo. El círculo de su accion era entónces muy
-limitado:—reducíase á los alrededores del lago de Tiberiade, y áun en
-aquella comarca habia una region que preferia á las demás. El lago
-tiene cinco ó seis leguas de longitud por tres ó cuatro de anchura,
-y aunque ofrece la apariencia de un óvalo bastante perfecto, forma
-desde Tiberiade hasta la entrada del Jordan una especie de golfo cuya
-curva mide cerca de tres leguas. Tal fué el campo donde la semilla
-arrojada por Jesús halló una tierra propicia á un rápido crecimiento.
-Recorrámosle paso á paso, y tratemos de rasgar el sudario de aridez y
-de luto en que le ha envuelto el demonio del islamismo.</p>
-
-<p>Al salir de Tiberiade, lo primero que se ofrece á la vista son
-rocas escarpadas, una montaña que parece derrumbarse en el mar:—luégo,
-las montañas se separan y se abre una llanura (<i>El-Ghueir</i>) casi
-al nivel del lago; es un bosque delicioso de elevados arbustos que
-fecundan y atraviesan en tod<span class="pagenum" id="Page_97">p.
-97</span>os sentidos las abundantes aguas que salen de un gran
-estanque circular de construccion antigua (<i>Ain-Medawara</i>). Á
-la entrada de la llanura, ó sea del país de Genesareth propiamente
-dicho, se encuentra la miserable aldea de <i>Medjdel</i>. Al otro
-extremo (siguiendo siempre la orilla del mar) se hallan el sitio de
-una poblacion (<i>Khan-Minyeh</i>), hermosas aguas y un buen camino
-estrecho y profundo, tallado en la roca viva, camino que indudablemente
-recorrió Jesús muy á menudo y que sirve de paso entre la llanura de
-Genesareth y la escarpa septentrional del lago. Á cosa de un cuarto de
-legua se atraviesa un arroyo de agua salada (<i>Ain-Tabiga</i>) que
-no léjos del lago mana de la tierra por anchas aberturas y que va á
-perderse en medio de espesos matorrales. Por último, á cuarenta minutos
-más allá, sobre la árida cuesta que se extiende desde Ain-Tabiga á
-la desembocadura del Jordan, se ven algunas cabañas y un conjunto de
-ruinas bastante monumentales llamadas <i>Tell-Hum</i>.</p>
-
-<p>Cinco pequeñas ciudades, cuyos nombres permanecerán en la
-memoria del género humano tal vez más tiempo que los de Roma
-y Aténas, se hallaban en tiempo de Jesús diseminadas por el
-territorio comprendido entre la aldea de Medjdel y Tell-Hum.
-De aquellas cinco ciudades—Magdala, Dalmanutha, Capharnahum,
-Bethsaide y Chorazin<a id="FNanchor_366" href="#Footnote_366"
-class="fnanchor">[361]</a>—solamente la primera se encuentra hoy
-dia de un modo positivo: es indudable que el nombre y el sitio de
-la repugnante aldea de Medjdel corresponden al burgo donde nació la
-más fiel amiga de Jesús<a id="FNanchor_367" href="#Footnote_367"
-class="fnanchor">[362]</a>. Dalmanutha se hallaba probablemente
-cerca de allí<a id="FNanchor_368" href="#Footnote_368"
-class="fnanchor">[363]</a>, y no es imposible que se alzase Chorazin
-en el mismo territorio hácia la parte del norte<a id="FNanchor_369"
-href="#Footnote_369" class="fnanchor">[364]</a>. En cuanto á Bethsaide
-y á Capharnahum, difícil es averiguar si estuvieron en Tell-Hum,
-Am-et-Tin, Khan-Minyeh ó en Ain-Medawara<a id="FNanchor_370"
-href="#Footnote_370" class="fnanchor">[365]</a>, y cuanto respecto á
-ello se asegure es aventurado. No parece sino que, así en geografía
-como en historia, un designio misterioso se complugo en borrar los
-vestigios del gran fundador. Creo que en aquel suelo, profundamente
-devastado, nunca podrá conseguirse el fijar con exactitud los sitios en
-que la humanidad desearia besar la huella que dejaron sus piés.</p>
-
-<p>Todo lo que hoy nos resta de la reducida comarca de tres ó
-cuatro leguas en que Jesús fundó su obra divina, se reduce al lago,
-al horizonte, á los arbustos y á algunas pobres flores, resto de
-la antigua fertilidad. Los árboles han de<span class="pagenum"
-id="Page_98">p. 98</span>saparecido completamente. Y en aquel
-país cuya vegetacion era tan rica otras veces, que á Josefo le
-parecia casi milagrosa; en aquel país donde la naturaleza, segun el
-historiador citado, habia reunido las plantas de los climas frios, las
-producciones de las zonas ardientes y los árboles de las latitudes
-templadas, cargados todo el año de flores y de frutos; en aquel país
-que ántes parecia un eden, ahora se calcula con veinticuatro horas
-de anticipacion el sitio donde podrá encontrar el viajero un asiento
-de césped y un árbol cuya sombra proteja su desayuno. El lago se ha
-convertido en un desierto. Una sola barca, medio desvencijada, surca
-hoy aquellas linfas silenciosas, tan llenas de vida y de alegría en
-otro tiempo. Sólo las aguas son todavía puras y trasparentes. Las
-riberas, formadas de rocas ó de menudos guijarros, se parecen más bien
-á las de un mar en miniatura que á las de un lago como el de Huleh:
-son limpias, nada fangosas, y el cadencioso y ligero movimiento de las
-olas las bate siempre en el mismo sitio. Vense acá y allá pequeños
-promontorios cubiertos de laureles de Alejandría, de tamariscos y
-de espinosos alcaparros: próximos á la salida del Jordan, junto á
-Tiberiade y en la orilla formada por la llanura de Genesareth, hay
-dos sitios poblados de embriagadores jardines, contra cuya alfombra
-de yerbas y de flores va á espirar el apacible oleaje de las aguas.
-El arroyo de Ain-Tabiga forma un pequeño estuario lleno de lindísimas
-conchas. Nubes de pájaros nadadores cubren el lago. El horizonte ofusca
-la vista á fuerza de ser luminoso. Las aguas, profundamente encajonadas
-entre rocas abrasadoras, son de un hermoso color azul celeste, y cuando
-se las observa desde la cumbre de las montañas de Safed, diríase que
-ocupan el fondo de una copa de oro. Al norte los barrancos nevosos
-del Hermon destacan sus líneas blancas sobre el cielo; al oeste, las
-elevadas y undosas mesetas de la Gaulonítida y de la Perea, siempre
-áridas y envueltas en una atmósfera de fuego, forman una montaña
-compacta, ó por mejor decir, un inmenso y altísimo terraplen que á
-partir de Cesárea de Filipo se prolonga indefinidamente hácia el
-sur.</p>
-
-<p>El calor es ahora muy sofocante en las orillas del lago, el
-cual ocupa una depresion de doscientos metros bajo el nivel del
-Mediterráneo, y por consiguiente participa de las condiciones
-tórridas del mar Muerto<a id="FNanchor_371" href="#Footnote_371"
-class="fnanchor">[366]</a>. Aquel ardor excesivo se hallaba otras veces
-templado por una vegetacion abundante: la cuenca del lago se hace
-inhabitable apénas concluye <span class="pagenum" id="Page_99">p.
-99</span>el mes de Mayo, y difícilmente se comprende hoy cómo pudo
-semejante hornaza ser el teatro de tan prodigiosa actividad. Josefo
-encontraba el país muy templado. Sin duda allí, como en la campiña
-de Roma, hubo algun cambio de clima debido á causas históricas. El
-islamismo, y sobre todo, la reaccion musulmana contra las cruzadas,
-fueron los que asolaron como un viento de muerte la comarca favorita
-de Jesús. Aquella hermosa tierra de Genesareth estaba muy léjos de
-sospechar que su futuro destino habia de salir del cerebro del que
-tan pacíficamente la paseaba. Peligroso compatriota, Jesús ha sido
-un personaje fatal para el país que tuvo el formidable honor de
-producirle. Codiciada la Galilea por dos fanatismos rivales, y habiendo
-llegado á ser para todos un objeto de amor ó de ódio, debia alcanzar
-por premio de su gloria el triste privilegio de ser trasformada en
-un desierto. Pero ¿habria sido Jesús más dichoso si hubiese vivido
-tranquilo y oscuro en el fondo de su aldea? Y ¿quién se acordaria hoy
-de aquellos ingratos nazarenos si, á riesgo de comprometer el porvenir
-de su modesto villorrio, no hubiese uno de los suyos reconocido á su
-Padre y no se hubiese proclamado hijo de Dios?</p>
-
-<p>En la época á que hemos llegado de la vida de Jesús, todo su
-mundo se reducia á cuatro ó cinco burgos de grande extension. No
-parece probable que hubiese estado en Tiberiade, ciudad del todo
-profana, que los paganos habitaban casi por completo y de la cual
-habia hecho Antipas su residencia habitual. Sin embargo, algunas
-veces se alejaba de su region favorita é iba embarcado á Gergesa<a
-id="FNanchor_372" href="#Footnote_372" class="fnanchor">[367]</a>,
-poblacion de la ribera oriental. Otras iba hácia el norte, y se le ve
-en Paneas ó Cesárea de Filipo<a id="FNanchor_373" href="#Footnote_373"
-class="fnanchor">[368]</a>, en la falda del Hermon. Por último,
-una vez dirige sus pasos por la parte de Tiro y de Sidon<a
-id="FNanchor_374" href="#Footnote_374" class="fnanchor">[369]</a>,
-país que entónces debia estar floreciente en sumo grado. En todas
-aquellas comarcas se hallaba Jesús en pleno paganismo. En Cesárea
-vió la célebre gruta del <i>Panium</i>, sitio donde se colocaban las
-fuentes del Jordan, y sobre el cual referia la credulidad del pueblo
-extravagantes leyendas<a id="FNanchor_375" href="#Footnote_375"
-class="fnanchor">[370]</a>; cerca de allí pudo admirar el templo de
-mármol que Heródes levantó en honor de Augusto<a id="FNanchor_376"
-href="#Footnote_376" class="fnanchor">[371]</a>, y probablemente vió
-tambien las numerosas estatuas votivas á Pan, á las Ninfas y al Eco
-de la gruta que la piedad amontonaba ya en aquel hermoso sitio. Un
-judío evemerista, acostumbrado á no mirar en los dioses extranjeros
-sino hombres divinizados ó demonios, debia considerar todas aquellas
-representaciones figura<span class="pagenum" id="Page_100">p.
-100</span>das como otros tantos ídolos. Las seducciones de los cultos
-naturalistas, que embriagan á las razas más sensitivas, le hicieron
-poca impresion. Sin duda no tuvo ningun conocimiento de lo que el
-antiguo santuario de Melkarth, en Tiro, podia encerrar aún de un
-culto primitivo más ó ménos análogo al judáico<a id="FNanchor_377"
-href="#Footnote_377" class="fnanchor">[372]</a>. El paganismo, que en
-Fenicia habia elevado sobre cada colina un templo y un bosque sagrado,
-toda aquella apariencia de grandeza industrial y de riqueza profana<a
-id="FNanchor_378" href="#Footnote_378" class="fnanchor">[373]</a> debió
-sonreirle muy poco. El monoteismo priva al hombre de toda aptitud para
-comprender las religiones paganas; un musulman trasladado á los países
-politeistas mira sin ver lo que hay en torno suyo. Jesús no aprendió
-nada en aquellos viajes, y de ellos regresaba impaciente á su querida
-ribera de Genesareth: allí estaba el centro de sus pensamientos; allí
-encontraba fe y amor.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_9">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IX</h2>
- <p class="subh2 g1">LOS DISCÍPULOS DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>En aquel paraíso terrenal, que hasta entónces no habia probado
-apénas los efectos de las grandes revoluciones de la historia, vivia
-una poblacion en perfecta armonía con el país, esto es, activa,
-honrada, alegre y afectuosa. El lago de Tiberiade es acaso el más
-abundante en peces de cuantos existen en el mundo<a id="FNanchor_379"
-href="#Footnote_379" class="fnanchor">[374]</a>; en aquella época
-habia establecidas pesquerías muy productivas, particularmente en
-Bethsaide y en Capharnahum, las cuales permitian á los naturales vivir
-con cierta comodidad. Aquellas familias de pescadores formaban una
-sociedad dulce y apacible, que se extendia por toda la comarca del
-lago que hemos descrito, gracias á numerosos lazos de parentesco. Sus
-escasas ocupaciones les dejaban tiempo y libertad suficientes para
-ejercitar su imaginacion: en aquellas reuniones de hombres sencillos y
-bondadosos, las ideas sobre el reino de Dios encontraron más crédito
-y mej<span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>or acogida que
-en ninguna otra parte. Nada de cuanto en sentido griego y mundano se
-llamaba civilizacion, habia penetrado hasta ellos. Aunque la bondad de
-aquellas poblaciones se hallase muchas veces más bien en la superficie
-que en el fondo, sus costumbres eran tranquilas, y no carecian de
-finura ni de inteligencia. Puede uno figurárselas como semejantes hasta
-cierto punto á los mejores pueblos del Líbano, pero con la ventaja de
-producir grandes hombres, la cual no tienen éstos. Jesús encontró allí
-su verdadera familia. Instalóse en medio de ellos, como si Capharnahum
-fuera su «ciudad natal»<a id="FNanchor_380" href="#Footnote_380"
-class="fnanchor">[375]</a>, y en aquel reducido círculo que le adoraba,
-olvidó á sus escépticos hermanos, á la ingrata Nazareth y su burlona
-incredulidad.</p>
-
-<p>Una familia de Capharnahum le ofreció, entre todas, un asilo
-agradable y discípulos adictos. Componíanla dos hermanos, hijos
-de un tal Jonás, que probablemente murió en la época en que Jesús
-fué á establecerse á las márgenes del lago:—aquellos dos hermanos
-eran Simon, llamado <i>Cephas</i> ó <i>Pedro</i>, y Andrés. Nacidos
-ambos en Bethsaide<a id="FNanchor_381" href="#Footnote_381"
-class="fnanchor">[376]</a>, habian ya trasladado su domicilio á
-Capharnahum cuando Jesús comenzó su vida pública. Pedro estaba
-casado y tenía hijos; su suegra vivia con él<a id="FNanchor_382"
-href="#Footnote_382" class="fnanchor">[377]</a>. Jesús amaba á
-aquella familia y hacia de su morada su residencia habitual<a
-id="FNanchor_383" href="#Footnote_383" class="fnanchor">[378]</a>.
-Andrés parece haber sido discípulo de Juan Bautista: quizás le
-conoció Jesús en las orillas del Jordan<a id="FNanchor_384"
-href="#Footnote_384" class="fnanchor">[379]</a>. Los dos hermanos
-continuaron siempre ejerciendo su oficio de pescadores áun en la
-época en que se hallaban más unidos al maestro<a id="FNanchor_385"
-href="#Footnote_385" class="fnanchor">[380]</a>. Jesús, á quien no
-disgustaban los retruécanos, decia algunas veces que los convertiria
-en pescadores de hombres<a id="FNanchor_386" href="#Footnote_386"
-class="fnanchor">[381]</a>. Y efectivamente, no tuvo discípulos más
-adictos ni más fieles que los dos hermanos.</p>
-
-<p>Tambien la familia de Zabdia ó de Zebedeo, pescador acomodado y
-patron de várias barcas<a id="FNanchor_387" href="#Footnote_387"
-class="fnanchor">[382]</a>, dispensó á Jesús afectuosa acogida. Zebedeo
-tenía dos hijos; Santiago, que era el mayor, y Juan, cuyo papel
-debia ser tan importante y decisivo en la historia del cristianismo
-naciente. Ambos eran discípulos celosos. La mujer del Zebedeo,
-María Salomé, tuvo tambien gran afeccion á Jesús, y le acompañó
-hasta la hora de su muerte<a id="FNanchor_388" href="#Footnote_388"
-class="fnanchor">[383]</a>.</p>
-
-<p>En general, las mujeres le acogian con solicitud. Jesús poseia
-esas maneras reservadas que permiten una dulcísima union de ideas
-entre ambos sexos. Sin duda entónces, como<span class="pagenum"
-id="Page_102">p. 102</span> hoy, la separacion de hombres y mujeres que
-ha impedido en los pueblos semíticos todo perfeccionamiento delicado,
-era ménos rigurosa en las campiñas y en las aldeas que en las grandes
-poblaciones. Tres ó cuatro galileas de las más adictas acompañaban
-siempre al jóven maestro, disputándose el placer de cuidarle y
-de escuchar su palabra<a id="FNanchor_389" href="#Footnote_389"
-class="fnanchor">[384]</a>. Aquellas mujeres llevaban á la nueva secta
-un elemento de entusiasmo y de maravilloso, cuya importancia se deja
-ya comprender. Una de ellas, María de Magdala, que tan célebre debia
-hacer en el mundo el nombre de su pobre villorio, fué á lo que parece
-persona muy exaltada. Segun el lenguaje del tiempo, habia estado
-poseida de siete demonios<a id="FNanchor_390" href="#Footnote_390"
-class="fnanchor">[385]</a>, ó lo que es lo mismo, habia padecido
-enfermedades nerviosas, cuya causa era entónces inexplicable. La
-belleza, la bondad y la dulzura de Jesús, calmaron aquella imaginacion
-desarreglada. La Magdalena le permaneció fiel hasta en el Gólgota, y
-al dia siguiente al de su muerte desempeñó un papel de primer órden;
-porque, segun verémos despues, su testimonio fué la base principal
-sobre la que se estableció la fe en la resurreccion. Juana, mujer
-de Kuza, uno de los intendentes de Antipas, Susana y otras mujeres,
-cuyos nombres permanecen en el olvido, seguian sus pasos, prestándole
-incesantes servicios<a id="FNanchor_391" href="#Footnote_391"
-class="fnanchor">[386]</a>. Algunas de entre ellas eran ricas, y
-los recursos que proporcionaban al jóven profeta, le permitian
-vivir sin ejercer el oficio que hasta entónces habia profesado<a
-id="FNanchor_392" href="#Footnote_392" class="fnanchor">[387]</a>.</p>
-
-<p>Otros muchos discípulos le seguian y le aclamaban por maestro,
-como por ejemplo, un tal Felipe de Bethsaide, Nathanael, hijo
-de Talmai ó Ptolomeo, natural de Caná, el cual perteneció tal
-vez á la primera época<a id="FNanchor_393" href="#Footnote_393"
-class="fnanchor">[388]</a>, y Matheo, que probablemente era el mismo
-que habria de convertirse despues en Xenofonte del cristianismo
-naciente. Matheo habia sido publicano, y como tal, manejaba sin duda
-el <i>kalam</i> con más facilidad que sus compañeros. Quizás pensaba
-desde entónces en escribir sus <i>Logia</i><a id="FNanchor_394"
-href="#Footnote_394" class="fnanchor">[389]</a>; las cuales sirven de
-base á todo cuanto sabemos respecto á la enseñanza de Jesús. Cítanse
-tambien entre los discípulos á Tomás ó Didymo<a id="FNanchor_395"
-href="#Footnote_395" class="fnanchor">[390]</a>, el cual fué, segun
-parece, hombre de corazon y de generosos arranques<a id="FNanchor_396"
-href="#Footnote_396" class="fnanchor">[391]</a>, si bien algo
-incrédulo, á Lebeo ó Tadeo, á Simon el Zelador ó el Cananeo<a
-id="FNanchor_397" href="#Footnote_397" class="fnanchor">[392]</a>,
-discípulo tal vez de Júdas el Gaulonita, y perteneciente á aquel
-partido de los <i>Kenaim</i>, que ya entónces existia, y que tan
-importante papel debia muy pronto desempeñar en los movimientos del
-pueblo<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span> judío, y
-por último, á Júdas, hijo de Simon, natural de Kerioth, que fué el
-único desleal entre aquel grupo de fieles adeptos, y cuya traicion
-debia granjearle tan triste renombre. Ménos Júdas, todos eran
-galileos. La ciudad de Kerioth se hallaba situada en la extremidad
-Sur de la tribu de Judá<a id="FNanchor_398" href="#Footnote_398"
-class="fnanchor">[393]</a>, á cosa de una jornada más allá de
-Hebron.</p>
-
-<p>Hemos dicho ántes que la familia de Jesús no le era, en
-general, muy adicta<a id="FNanchor_399" href="#Footnote_399"
-class="fnanchor">[394]</a>. Sin embargo, sus primos carnales, Santiago
-y Júdas, hijos de María Cleophás, figuraban desde entónces entre
-sus discípulos, y la misma María Cleophás se halló en el número
-de las personas que le acompañaron y le siguieron al Calvario<a
-id="FNanchor_400" href="#Footnote_400" class="fnanchor">[395]</a>.
-Su madre no aparece en aquella época cerca de él: sólo despues de
-la muerte de Jesús fué cuando María adquirió gran consideracion<a
-id="FNanchor_401" href="#Footnote_401" class="fnanchor">[396]</a>
-y cuando los discípulos trataron de atraerla hácia ellos<a
-id="FNanchor_402" href="#Footnote_402" class="fnanchor">[397]</a>.
-Entónces fué tambien cuando, bajo el título de «hermanos del Señor»,
-formaron los miembros de la familia del fundador un grupo influyente
-que por espacio de mucho tiempo estuvo al frente de la Iglesia de
-Jerusalen, y que se refugió despues en la Batanea, cuando la ciudad fué
-entrada á saco. Así como las mujeres y las hijas de Mahoma, que ninguna
-importancia tuvieron en vida del profeta, adquirieron despues de su
-muerte grande autoridad, de igual manera el solo hecho de ser pariente
-de Jesús fué entónces una recomendacion decisiva.</p>
-
-<p>Entre aquella muchedumbre amiga, Jesús tenía indudablemente sus
-preferencias, y hasta cierto punto, su círculo de elegidos. Los dos
-hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, parecen haber formado parte de
-los últimos. Ambos eran vehementes y apasionados en extremo. Á causa
-de su impetuosidad y de su celo excesivo, Jesús les aplicaba con
-mucho ingenio el sobrenombre de «hijos del trueno», significándoles
-que harian uso de los rayos si los tuvieran á su disposicion<a
-id="FNanchor_403" href="#Footnote_403" class="fnanchor">[398]</a>.
-Al parecer, Juan tenía con Jesús cierta familiaridad que los otros
-no alcanzaron. Pero muy posible es que este discípulo, que escribió
-despues sus recuerdos de una manera que deja conocer demasiado el
-interes personal, exagerase el cariño que el maestro le profesaba<a
-id="FNanchor_404" href="#Footnote_404" class="fnanchor">[399]</a>.
-De todos modos, se comprende por la lectura de los evangelios
-sinópticos, que Simon Barjona ó Pedro, Santiago, hijo del Zebedeo,
-y su hermano Juan, formaban una especie de comité ó círculo íntimo,
-al cual se dirigia Jesús en ciertas ocasiones en que dudaba de
-la fe y de la inteligencia de los demás<a id="FNanchor_405"
-href="#Footnote_405" class="fnanchor">[400]</a>. Por otra parte,
-se ve que los<span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span>
-tres se hallaban asociados en sus pesquerías<a id="FNanchor_406"
-href="#Footnote_406" class="fnanchor">[401]</a>. La afeccion que
-Pedro inspiraba á Jesús era profunda: su carácter sincero, recto,
-decidido, franco y leal, gustaba mucho al maestro, á quien hacian
-sonreir á veces sus movimientos irreflexivos. Pedro, poco místico
-de suyo, le comunicaba sus dudas y sus debilidades humanas<a
-id="FNanchor_407" href="#Footnote_407" class="fnanchor">[402]</a> con
-una ingenuidad y una honrada franqueza que recuerdan las de Joinville
-respecto á San Luis. Jesús le reprendia amistosamente, probándole
-con aquellas afectuosas reprensiones su aprecio y su confianza. En
-cuanto á Juan, su juventud<a id="FNanchor_408" href="#Footnote_408"
-class="fnanchor">[403]</a>, la ternura exquisita de su corazon<a
-id="FNanchor_409" href="#Footnote_409" class="fnanchor">[404]</a> y
-lo vivo de su inteligencia<a id="FNanchor_410" href="#Footnote_410"
-class="fnanchor">[405]</a> debian tener mucho atractivo. La
-personalidad de aquel hombre extraordinario, que tan vigoroso giro
-imprimió al cristianismo naciente, no se desarrolló sino en edad
-más avanzada. Era ya viejo cuando escribió respecto á su maestro
-ese evangelio rarísimo<a id="FNanchor_411" href="#Footnote_411"
-class="fnanchor">[406]</a> que tan preciosas noticias contiene, pero
-en el cual, á nuestro juicio, se halla falseado el carácter de Jesús
-con harta frecuencia. La naturaleza de Juan era demasiado impetuosa y
-profunda para que pudiera amoldarse al tono impersonal de los primeros
-evangelistas. De ahí el que hiciese una biografía de Jesús como la que
-Platon hizo de Sócrates. Acostumbrado á remover sus recuerdos con la
-agitacion febril de un alma exaltada, trasformó á su maestro al querer
-pintarle, y su relato (á ménos que no le hayan alterado manos extrañas)
-permite á veces sospechar que en la composicion de tan singular escrito
-no siempre sirvió de norma al cronista una completa buena fe.</p>
-
-<p>En la secta naciente no habia ningun grado jerárquico propiamente
-dicho: todos debian llamarse «hermanos», y Jesús prohibia de un
-modo absoluto los títulos de superioridad, tales como <i>rabbí</i>,
-«maestro», «padre», en razon á que él era el único maestro, y Dios el
-único padre. El mayor debia ser el más humilde y servir á los demás<a
-id="FNanchor_412" href="#Footnote_412" class="fnanchor">[407]</a>.
-Sin embargo, Simon Barjona se distingue entre sus iguales por un
-grado de particular importancia. Jesús habitaba en su domicilio,
-enseñaba en su barca<a id="FNanchor_413" href="#Footnote_413"
-class="fnanchor">[408]</a>, y la casa de Simon era el centro de las
-predicaciones evangélicas. El público le consideraba como el jefe del
-grupo, y á él era á quien se dirigian los recaudadores del tributo en
-reclamacion de los derechos que debia la comunidad<a id="FNanchor_414"
-href="#Footnote_414" class="fnanchor">[409]</a>. Simon fué el
-primero que reconoció á Jesús como al Mesías<a id="FNanchor_415"
-href="#Footnote_415" class="fnanchor">[410]</a>. Preguntando
-Jesús á sus discípulos en un momento de impopularidad: «¿Quereis
-tambien vosotros retirar<span class="pagenum" id="Page_105">p.
-105</span>os?» Simon le respondió: «Señor, ¿á quién iriamos? tú tienes
-palabras de vida eterna»<a id="FNanchor_416" href="#Footnote_416"
-class="fnanchor">[411]</a>. En diferentes ocasiones Jesús le
-confirió cierta supremacía<a id="FNanchor_417" href="#Footnote_417"
-class="fnanchor">[412]</a> en su iglesia, y le dió el sobrenombre
-siriaco de Kepha (piedra), como significándole que de él hacia la
-piedra angular del edificio<a id="FNanchor_418" href="#Footnote_418"
-class="fnanchor">[413]</a>. Tambien parece prometerle «las llaves
-del reino de los cielos» y concederle el derecho de pronunciar
-sobre la tierra decisiones que serían ratificadas en la eternidad<a
-id="FNanchor_419" href="#Footnote_419" class="fnanchor">[414]</a>.</p>
-
-<p>La supremacía de Pedro excitó sin duda algunos celos entre sus
-compañeros, celos que se aumentaban con la perspectiva de aquel
-reino de Dios en que los discípulos habrian de sentarse en los
-tronos, á derecha ó á izquierda del maestro, para juzgar á las
-doce tribus de Israel<a id="FNanchor_420" href="#Footnote_420"
-class="fnanchor">[415]</a>. Preguntábanse quién de entre ellos se
-hallaria entónces más cerca del Hijo del hombre, siendo hasta cierto
-punto como su primer ministro ó su asesor. Los dos hijos del Zebedeo
-aspiraban á ese rango, y preocupados por tal pensamiento, recurrieron
-al influjo de su madre Salomé, la cual llamó un dia aparte á Jesús y
-solicitó de él que otorgase á sus hijos los dos puestos de honor<a
-id="FNanchor_421" href="#Footnote_421" class="fnanchor">[416]</a>.
-Jesús esquivó la demanda repitiendo su principio habitual de que el que
-se exalta será humillado y que el reino de los cielos pertenecerá á los
-pequeños. La noticia de semejante peticion ocasionó algunos rumores
-en la comunidad y produjo gran descontento contra Juan y Santiago<a
-id="FNanchor_422" href="#Footnote_422" class="fnanchor">[417]</a>.
-La misma rivalidad se trasluce en el evangelio de Juan;—el cronista
-declara á cada paso que él fué el «discípulo querido», á quien el
-maestro confió su madre al morir, y trata sistemáticamente de colocarse
-al nivel de Simon Pedro (y con frecuencia ántes que él) á propósito
-de circunstancias importantes en que los evangelistas más antiguos
-ni siquiera citan su nombre<a id="FNanchor_423" href="#Footnote_423"
-class="fnanchor">[418]</a>.</p>
-
-<p>Todos los personajes que acabamos de enumerar, ó al ménos aquellos
-de cuya vida se sabe algo, habian principiado por ser pescadores.
-Ninguno de ellos pertenecia á una clase elevada de la sociedad.
-Únicamente Matheo, ó Leví, hijo de Alpheo<a id="FNanchor_424"
-href="#Footnote_424" class="fnanchor">[419]</a>, habia sido publicano.
-Pero aquellos á quienes en Judea se designaba con ese nombre, no eran
-los recaudadores generales, personas de rango elevado (y siempre
-caballeros romanos) que á orillas del Tíber llamaban <i>publicani</i><a
-id="FNanchor_425" href="#Footnote_425" class="fnanchor">[420]</a>;
-sino agentes de esos arrendadores generales, empleados de baja estofa,
-simples cobradores subalternos. En el gran camino de Acre á Damasco,
-uno de los más antiguos del<span class="pagenum" id="Page_106">p.
-106</span> mundo, que atravesaba la Galilea costeando el lago<a
-id="FNanchor_426" href="#Footnote_426" class="fnanchor">[421]</a>,
-habia considerable número de esa especie de cobradores. Capharnahum,
-que quizás se hallaba situada sobre la via, contaba tambien
-un numeroso personal<a id="FNanchor_427" href="#Footnote_427"
-class="fnanchor">[422]</a>. Semejante profesion no encontró nunca
-grandes simpatías en ningun país del mundo; pero los judíos la miraban
-con particular ojeriza y tenian por criminales á los que la ejercian.
-El impuesto, cosa nueva para ellos, era el signo de su vasallaje; la
-escuela de Júdas el Gaulonita sostenia que abonarle era cometer un acto
-de paganismo. Así es que todos los celosos conservadores de la ley
-aborrecian de muerte á los aduaneros. Su nombre iba siempre asociado
-al de los asesinos, ladrones y gentes de mala vida<a id="FNanchor_428"
-href="#Footnote_428" class="fnanchor">[423]</a>. Los judíos que tales
-funciones aceptaban eran excomulgados y quedaban inhábiles para testar;
-considerábase su caja como maldita de Dios, y los casuistas prohibian
-al público el que fuese á ella á cambiar dinero<a id="FNanchor_429"
-href="#Footnote_429" class="fnanchor">[424]</a>. Desterrados
-aquellos infelices del seno de la sociedad, tenian que formar una
-sociedad aparte reuniéndose entre sí. Jesús aceptó una comida que
-le ofreció Leví, en la cual habia, segun el lenguaje de la época,
-«muchos aduaneros y pecadores»; el hecho produjo gran escándalo<a
-id="FNanchor_430" href="#Footnote_430" class="fnanchor">[425]</a>.
-La reputacion de aquellas casas era malísima, y el que á ellas iba
-se arriesgaba á no encontrar muy buena compañía. Pero frecuentemente
-verémos á Jesús cuidándose muy poco de las preocupaciones que abrigaban
-las personas que se tenian por juiciosas, tratando de ensalzar las
-clases humilladas por los ortodoxos, y exponiéndose por ello á las
-amargas reconvenciones de los devotos.</p>
-
-<p>Jesús debia aquellas numerosas conquistas al atractivo irresistible
-de su persona y de su palabra. Una frase conmovedora, una mirada
-dirigida al fondo de alguna sencilla conciencia, dispuesta á
-entreabrirse al soplo de la verdad, le bastaban para captarse un
-ardiente discípulo. Jesús se valia en ocasiones de un artificio
-inocente que tambien empleó Juana de Arco:—aparentaba saber algun
-secreto íntimo respecto á la persona que deseaba atraer hácia sí, ó
-bien le recordaba alguna circunstancia querida, propia á conmover
-su corazon. Así fué como enterneció y se atrajo á Nathanael<a
-id="FNanchor_431" href="#Footnote_431" class="fnanchor">[426]</a>,
-á Pedro<a id="FNanchor_432" href="#Footnote_432"
-class="fnanchor">[427]</a>, á la Samaritana<a id="FNanchor_433"
-href="#Footnote_433" class="fnanchor">[428]</a>. Disimulando la
-verdadera causa de su fuerza, esto es, su gigantesca superioridad sobre
-los demás, y á fin de satisfacer las ideas de la época, ideas que por
-otra parte eran tambien las suyas, dejaba creer que una revelacion
-de lo alto le descubria los secretos y l<span class="pagenum"
-id="Page_107">p. 107</span>e permitia leer en los corazones. Nadie
-dudaba que viviese en una esfera superior á la de la humanidad. Decíase
-que en la cumbre de las montañas conversaba con Moisés y con Elías<a
-id="FNanchor_434" href="#Footnote_434" class="fnanchor">[429]</a>, y
-se creia que en sus momentos de soledad bajaban los ángeles á rendirle
-homenaje y á establecer un comercio sobrenatural entre el cielo y él<a
-id="FNanchor_435" href="#Footnote_435" class="fnanchor">[430]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_10">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO X</h2>
- <p class="subh2 g1">PREDICACION DEL LAGO</p>
-</div>
-
-<p>Tal era el grupo que rodeaba á Jesús en las márgenes del lago
-de Tiberiade. La aristocracia estaba representada por un aduanero
-ó cobrador y por la mujer de un intendente;—el resto se componia
-de pescadores y de gentes sencillas. Todos eran ignorantes en
-extremo, débiles de espíritu y todos creian en los espectros
-y en las apariciones<a id="FNanchor_436" href="#Footnote_436"
-class="fnanchor">[431]</a>. En aquel primer cenáculo no habia penetrado
-ni un solo elemento de cultura helénica, y áun la instruccion judáica
-era en él bastante escasa; pero en cambio abundaban el sentimiento
-y la buena voluntad. El hermoso clima de Galilea convertia la
-existencia de aquellos honrados pescadores en delicioso y perpétuo
-encanto. Sencillos, buenos, dichosos, blandamente mecidos por las
-cristalinas olas de un mar en miniatura, ó bien arrullados por su
-oleaje miéntras dormian sobre el césped de sus risueños bordes,
-aquellas familias de pescadores preludiaban á no dudarlo el reino
-de Dios. Difícil es figurarse la embriaguez de una vida que de ese
-modo se desliza á la faz del cielo, el robusto y dulce entusiasmo
-que infunde en el alma el contínuo contacto con la naturaleza, y los
-sueños de aquellas noches pasadas bajo la inmensidad de la azulada
-bóveda al trémulo fulgor de las estrellas. En una noche semejante fué
-cuando Jacob, apoyada la cabeza sobre una piedra, leyó en los astros
-la promesa de una posteridad innumerable y vió la escala misteriosa
-por la cual iban y venian los <i>Elohim</i> del cielo á la ti<span
-class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span>erra. En la época de
-Jesús, el cielo continuaba abierto y la tierra no se habia enfriado.
-Las nubes se entreabrian aún sobre el hijo del hombre, y los ángeles
-subian y bajaban, sirviéndole de mensajeros<a id="FNanchor_437"
-href="#Footnote_437" class="fnanchor">[432]</a>; las visiones del
-reino de Dios se hallaban en todas partes, puesto que el hombre las
-abrigaba en su propio corazon. La mirada tranquila y dulce de aquellas
-almas sencillas contemplaba al universo en su orígen ideal; quizás el
-mundo descubria sus misterios á la conciencia divinamente lúcida de
-aquellos seres dichosos, cuya pureza de corazon les mereció un dia ver
-á Dios.</p>
-
-<p>Jesús vivia casi siempre al aire libre rodeado de sus discípulos.
-Unas veces subia á una barca y desde allí predicaba á la
-muchedumbre estacionada en la orilla del lago<a id="FNanchor_438"
-href="#Footnote_438" class="fnanchor">[433]</a>; otras, tomaba asiento
-sobre las montañas de la ribera, allí donde el aire es tan puro y
-tan luminoso el horizonte. El grupo de fieles adeptos iba de este
-modo, alegre y vagabundo, recogiendo en sus primeros gérmenes las
-inspiraciones del maestro. Si por casualidad surgia alguna ingenua
-duda, alguna pregunta inocentemente escéptica, una sonrisa ó una mirada
-de Jesús bastaban para desvanecer la objecion. Á cada momento creian
-notar las señales del reino de Dios; en el paso de una nube, en la
-germinacion de un grano, en la madurez de una espiga, en la cosa más
-insignificante: imaginábanse que se hallaban en vísperas de ver á Dios,
-de ser los dueños del mundo, y las lágrimas se cambiaban en gozo.
-Aquello era el advenimiento á la tierra del consuelo universal:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Bienaventurados,—decia el maestro,—los pobres de espíritu, porque
- de ellos es el reino de los cielos.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
- ellos serán saciados.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
- misericordia.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los que tienen puro su corazon, porque ellos
- verán á Dios.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos
- de Dios.</p>
-
- <p>»Bienaventurados los que padecen persecucion por la justicia,
- porque de ellos es el reino de los cielos»<a id="FNanchor_439"
- href="#Footnote_439" class="fnanchor">[434]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>Su predicacion
-era dulce y suave, como las armonías de la naturaleza y el perfume de
-los campos. Gustábanle las flores y servíanle de punto de comparacion
-en sus más deliciosas lecciones. El mar, las montañas, las aves del
-cielo, los bulliciosos é inocentes juegos de los niños, todo entraba
-sucesivamente en las metáforas de su enseñanza. Su estilo se separaba
-de la forma del período griego, y tenía mucha semejanza con los giros
-de los parabolistas hebreos, y en particular con las sentencias de
-los doctores judíos, contemporáneos suyos, tales como las vemos en
-el <i>Pirké Aboth</i>. Sus disertaciones no formaban una peroracion
-continuada y homogénea; eran sentencias cortas, parecidas á las del
-Coran, las cuales compusieron despues, unidas entre sí, esos largos
-discursos escritos por Matheo<a id="FNanchor_440" href="#Footnote_440"
-class="fnanchor">[435]</a>. Ninguna transicion enlazaba aquellas
-diferentes sentencias; sin embargo, una misma inspiracion hace de ellas
-frecuentemente un todo compacto. Donde más sobresalia el maestro era
-en la parábola:—en este género delicioso nada habia en el judaismo que
-pudiera servirle de modelo<a id="FNanchor_441" href="#Footnote_441"
-class="fnanchor">[436]</a>; por consiguiente, él fué quien le
-inventó. Verdad es que en los libros búdicos se encuentran parábolas
-cuyo tono y forma son exactamente iguales á los de las evangélicas;
-pero no es admisible que una influencia búdica llegase hasta Jesús.
-Estas analogías pueden explicarse por el espíritu de mansedumbre y
-la profundidad del sentimiento que fueron comunes al budismo y al
-cristianismo naciente.</p>
-
-<p>La consecuencia inmediata de la vida apacible y sencilla que se
-hacia en Galilea era una indiferencia completa por el vano aparato del
-lujo y de la comodidad, tristes é imperiosas necesidades en nuestros
-países. Los climas frios, obligando al hombre á una lucha contínua
-contra las intemperies, hacen que se dé grande importancia al lujo
-y al bienestar material. Por el contrario, las comarcas favorecidas
-del cielo, donde apénas hay necesidades que satisfacer, son el país
-del idealismo y de la poesía. Los accesorios de la vida son allí
-insignificantes en comparacion del placer de vivir. Permaneciendo
-casi siempre en el campo, en las calles, el ornato interior de las
-habitaciones se hace superfluo. El alimento fuerte y regular de los
-climas ménos favorecidos pareceria pesado y desagradable. Y en cuanto
-al lujo en el vestir, ¿cómo rivalizar con el que Dios presta á la
-tierra y á las aves del cielo? En esos climas, hasta el trabajo parece
-inútil:—su producto no vale la molestia que ocasiona. Los animales de
-los cam<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>pos, que nada
-hacen, están mejor vestidos que el hombre más opulento. Ese desprecio
-de los goces materiales, desprecio que da mucha elevacion á las almas
-cuando no tiene su orígen en la pereza, inspiraba á Jesús lindísimos
-apólogos:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«No querais,—decia,—amontonar tesoros para vosotros en la tierra,
- donde el orin y la polilla los consumen, y donde los ladrones los
- desentierran y roban. Atesorad más bien para vosotros tesoros en el
- cielo, donde no hay orin, ni polilla, ni ladrones. Donde está tu
- tesoro, allí está tambien tu corazon. Ninguno puede servir á dos
- señores, porque ó tendrá aversion al uno y amor al otro, ó si se
- sujeta al primero, mirará con desden al segundo. No podeis servir
- á Dios y á Mammon. En razon de esto os digo, no os acongojeis por
- el cuidado de hallar que comer para sustentar vuestra vida, de
- dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. ¡Qué! ¿no vale
- más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las
- aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros,
- y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valeis vosotros
- mucho más que ellas? Y ¿quién de vosotros á fuerza de discursos
- puede añadir un codo á su estatura? Y acerca del vestido, ¿á qué
- propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo; ellos no
- labran, ni tampoco hilan. Sin embargo, yo os digo, Salomon en toda
- su gloria no se vistió como uno de estos lirios. Pues si una yerba
- del campo, que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios así la
- viste, ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe? Así que no
- vayais diciendo acongojados: ¿Dónde hallarémos qué comer y beber?
- ¿Dónde hallarémos con qué vestirnos? Como hacen los paganos, los
- cuales andan tras todas estas cosas, que bien sabe vuestro Padre la
- necesidad que de ellas teneis. Así pues, buscad primero el reino
- de Dios, y su justicia<a id="FNanchor_442" href="#Footnote_442"
- class="fnanchor">[437]</a>; y todas las demás cosas se os darán por
- añadidura. No andeis, pues, acongojados por el dia de mañana; que
- el dia de mañana harto cuidado traerá por sí: bástale ya á cada dia
- su propio afan ó tarea»<a id="FNanchor_443" href="#Footnote_443"
- class="fnanchor">[438]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Ese sentimiento, esencialmente galileo, tuvo sobre el destino de la
-secta naciente una influencia decisiva. Confiando para la satisfaccion
-de sus necesidades en el Padre celestial, el grupo feliz tenía por
-regla de conducta considerar los cuidados de la vida como un mal
-que sofoca en el hombre el gérmen de todo bien<a id="FNanchor_444"
-href="#Footnote_444" class="fnanchor">[439]</a>. Cada dia pedian á
-Dios el pan del dia siguiente<a id="FNanchor_445" href="#Footnote_445"
-class="fnanchor">[440]</a>. ¿Á qué fin atesorar? ¿No iba á venir el
-r<span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>eino de Dios?
-«Vended lo que poseeis, y dad limosna,—decia el maestro.—Haceos
-unas bolsas que no se echen á perder: un tesoro en el cielo que
-jamás se agota, adonde no llegan los ladrones, ni roe la polilla»<a
-id="FNanchor_446" href="#Footnote_446" class="fnanchor">[441]</a>.
-¿Qué cosa más insensata que acumular economías para herederos
-que jamás se conocerán?<a id="FNanchor_447" href="#Footnote_447"
-class="fnanchor">[442]</a>. Jesús se complacia en citar, como ejemplo
-de la locura humana, el caso de un hombre que despues de haber
-agrandado sus graneros y acumulado bienes terrenales para mucho
-tiempo, murió ántes que pudiera disfrutarlos<a id="FNanchor_448"
-href="#Footnote_448" class="fnanchor">[443]</a>. El bandolerismo,
-que en aquella época se hallaba muy extendido en Galilea<a
-id="FNanchor_449" href="#Footnote_449" class="fnanchor">[444]</a>,
-contribuia no poco á semejante manera de ver las cosas. El pobre, á
-quien ningunas vejaciones ocasionaban aquellos latrocinios, debia
-considerarse como favorecido de Dios, miéntras que el rico era el
-verdadero desheredado, gracias á lo contingente é inseguro de aquello
-que poseia. En nuestras sociedades, basadas sobre una idea rigurosísima
-de la propiedad, la posicion del pobre es horrible; el infeliz no tiene
-bajo el sol ni un palmo de tierra donde sentar la planta. Las flores,
-la sombra, el banco de césped, hasta el aire que agita las ramas de los
-árboles, todo pertenece al dueño de la tierra. En Oriente, esos dones
-de Dios no pertenecen á nadie. El propietario no tiene sino un mínimo
-privilegio; la naturaleza es el patrimonio de todos.</p>
-
-<p>Bien mirado, el cristianismo naciente no hacia en esto sino seguir
-las huellas de los Esenios ó Terapeutas y de las sectas judías fundadas
-en el sistema de vida cenobítica. Todas aquellas sectas entrañaban un
-elemento de comunismo que ni los fariseos ni los saduceos miraban de
-buen ojo. El mesianismo, idea completamente política entre los judíos
-ortodoxos, se consideraba en ellas bajo un punto de vista del todo
-social. Aquellas pequeñas iglesias creian inaugurar sobre la tierra
-el reino de Dios por medio de una existencia tranquila, arreglada
-y contemplativa, que dejaba al individuo su parte de libertad. Las
-utopias de vida venturosa, que se cimentaban en la fraternidad de los
-hombres y el culto puro del verdadero Dios, preocupaban á las almas
-elevadas y producian por doquiera ensayos atrevidos, sinceros, pero de
-escaso porvenir.</p>
-
-<p>Jesús, cuyas relaciones con los Esenios son muy difíciles de
-establecer (porque en historia no siempre las semejanzas suponen
-hechos), era en esto su verdadero hermano. La regla de la nueva
-sociedad fué durante algun tiempo la comunidad<span class="pagenum"
-id="Page_112">p. 112</span> de bienes<a id="FNanchor_450"
-href="#Footnote_450" class="fnanchor">[445]</a>. La avaricia
-era el pecado capital<a id="FNanchor_451" href="#Footnote_451"
-class="fnanchor">[446]</a>; segun esto, menester es recordar que el
-pecado de «avaricia», contra el cual se ha mostrado tan severa la
-moral cristiana, consistia entónces en el simple apego á la propiedad.
-Para ser discípulo de Jesús, la primera condicion era vender los
-bienes y repartir su producto entre los pobres. Los que retrocedian
-ante la idea de tal sacrificio no ingresaban en la comunidad<a
-id="FNanchor_452" href="#Footnote_452" class="fnanchor">[447]</a>.
-Jesús repetia frecuentemente que aquel que ha encontrado el reino
-de Dios debe adquirirle con el precio de todo su caudal, y que
-áun así hace una adquisicion ventajosa. «Es semejante el reino de
-los cielos,—decia,—á un tesoro escondido en el campo, que si le
-halla un hombre vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. Es
-asimismo semejante á un mercader que trata en perlas finas; y en
-viniéndole una de gran valor, va, y vende cuanto tiene y la compra»<a
-id="FNanchor_453" href="#Footnote_453" class="fnanchor">[448]</a>.
-Por desgracia, muy pronto habian de experimentarse los inconvenientes
-de ese régimen. Necesitábase un tesorero, y se eligió para este
-cargo á Júdas de Kerioth, á quien, con razon ó sin ella, se le acusó
-de robar la caja comun<a id="FNanchor_454" href="#Footnote_454"
-class="fnanchor">[449]</a>. Sea como quiera, lo cierto es que el tal
-Júdas tuvo malísimo fin.</p>
-
-<p>Más versado en las cosas del cielo que en las de la tierra, el
-maestro enseñaba algunas veces una economía política áun más singular.
-En una curiosa parábola se alaba á un mayordomo por haberse granjeado
-amigos entre los pobres á expensas de su amo, á fin de que los pobres
-le introdujesen á su vez en el reino de Dios. Debiendo, en efecto,
-ser los pobres los dispensadores de aquel reino, sólo recibirán en
-él á los que los hubieren dado limosna. Por consiguiente, un hombre
-prudente que piense en el porvenir debe tratar de tenerlos propicios.
-«Estaban oyendo todo esto los fariseos, que eran avarientos,—dice
-el evangelista,—y se burlaban de él»<a id="FNanchor_455"
-href="#Footnote_455" class="fnanchor">[450]</a>. ¿Comprendieron, por
-ventura, la terrible parábola siguiente?</p>
-
-<p>Hubo cierto hombre rico que se vestia de púrpura y de lino finísimo,
-y tenía cada dia espléndidos banquetes; al mismo tiempo vivia un
-mendigo, llamado Lázaro, el cual, cubierto de llagas, yacia á la
-puerta de éste, deseando saciarse con las migajas que caian de la
-mesa del rico. Y los perros venian y lamíanle las llagas. Sucedió,
-pues, que murió el mendigo y fué llevado por los ángeles al seno de
-Abraham. Murió tambien el rico y fué sepultado<a id="FNanchor_456"
-href="#Footnote_456" class="fnanchor">[451]</a>. Y cuando estaba en
-los tormentos, levantando los ojos, vió á lo léjos á Abraham y á
-Lázaro en su seno y exclamó diciendo: «Padre<span class="pagenum"
-id="Page_113">p. 113</span> Abraham, compadécete de mí y envíame á
-Lázaro, para que mojando la punta de su dedo con agua me refresque
-la lengua, pues me abraso en estas llamas.» Respondióle Abraham:
-«Hijo, acuérdate que recibistes bienes durante tu vida, y Lázaro, al
-contrario, males: así éste ahora es consolado, y tú atormentado»<a
-id="FNanchor_457" href="#Footnote_457" class="fnanchor">[452]</a>.</p>
-
-<p>¿Qué cosa más justa? Á esta parábola se le dió despues el nombre
-de parábola del «mal rico.» Pero fué un nombre de convencion: ella es
-pura y sencillamente la parábola «del rico.» Está en el infierno sólo
-porque es rico, porque no da sus bienes á los pobres, porque se regala
-miéntras que hay á sus puertas otros que padecen hambre. Por último, en
-un momento en que Jesús, ménos exagerado, no presenta la obligacion de
-vender sus bienes y repartirlos á los pobres sino como un consejo de
-perfeccionamiento, hace todavía esta declaracion terrible: «Porque más
-fácil es á un camello el pasar por el ojo de una aguja, que á un rico
-el entrar en el reino de Dios»<a id="FNanchor_458" href="#Footnote_458"
-class="fnanchor">[453]</a>.</p>
-
-<p>En todo esto, un sentimiento de admirable profundidad animó á Jesús,
-así como tambien al grupo de alegres pescadores que le acompañaban,
-é hizo de él por toda una eternidad el verdadero creador de la paz
-del alma, el consolador de la vida. Desprendiendo al hombre de lo que
-él llamaba los «afanes de este mundo», Jesús llegó tal vez hasta el
-exceso, y socavó las condiciones esenciales de la sociedad humana; pero
-al mismo tiempo fundó ese elevado espiritualismo, que durante muchos
-siglos llenó las almas de alegría en su peregrinacion por este valle de
-lágrimas. Jesús comprendió con perfecta exactitud que la inadvertencia
-de los hombres y su falta de filosofía y de moralidad provienen
-frecuentemente de las distracciones á que se entregan, de los cuidados
-que los asaltan, cuidados que la civilizacion multiplica al infinito<a
-id="FNanchor_459" href="#Footnote_459" class="fnanchor">[454]</a>.
-Bajo este supuesto, el Evangelio ha sido el remedio supremo de las
-penalidades de la vida vulgar, un perpétuo <i>sursum corda</i>, una
-poderosa distraccion de los míseros cuidados terrenales, un dulce
-llamamiento semejante al que Jesús hacia al oido de Marta: «Marta,
-Marta, tú te inquietas por muchas cosas, siendo así que una sola es
-necesaria.» Gracias á Jesús, la existencia más oscura, más precaria,
-más agobiada bajo el peso de tristes ó humillantes deberes, ha podido
-refugiarse en un rincon del cielo. El recuerdo de la vida libre de
-Galilea ha sido para nuestras af<span class="pagenum" id="Page_114">p.
-114</span>anosas civilizaciones como el perfume de otro mundo, como el
-fresco «rocío que desciende sobre el monte Hermon<a id="FNanchor_460"
-href="#Footnote_460" class="fnanchor">[455]</a>,» y ha impedido á lo
-árido y lo vulgar invadir completamente el campo de Dios.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_11">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XI</h2>
- <p class="subh2">EL REINO DE DIOS CONCEBIDO COMO EL ADVENIMIENTO
- DE&nbsp;LOS&nbsp;POBRES</p>
-</div>
-
-<p>Esas máximas, buenas en un país donde los elementos de la vida se
-componian de aire y de luz, y ese dulce comunismo de un grupo de hijos
-de Dios, que descansaban confiados en el seno de su padre, podian
-convenir á una secta inocente que abrigaba á cada momento la persuasion
-de que su utopia iba á realizarse; pero claro es que no podian
-arrastrar en pos de sí á la sociedad entera. Muy pronto comprendió
-Jesús que al mundo oficial de su época no satisfaria la perspectiva
-de su reino. Mas tomó una resolucion atrevida, cual fué dirigirse á
-los humildes, prescindiendo de todo aquel mundo de corazon seco y de
-mezquinas preocupaciones. Una vasta sustitucion de raza tendrá lugar.
-El reino de Dios se ha hecho: 1.º, para los niños y para aquellos
-que se les asemejan; 2.º, para los desechados del mundo, víctimas
-del rigor social que rechaza al hombre bueno cuando es humilde; 3.º,
-para los heréticos y cismáticos, publicanos, samaritanos y paganos
-de Tiro y de Sidon. Una parábola enérgica explicaba y legitimaba
-ese llamamiento al pueblo<a id="FNanchor_461" href="#Footnote_461"
-class="fnanchor">[456]</a>: «Un rey dispuso un gran banquete para
-celebrar las bodas de su hijo, y envió á sus servidores á llamar á
-los convidados. Mas éstos se excusaron, y áun algunos maltrataron á
-los mensajeros. Irritado entónces el Rey, dijo á sus criados: Salid
-luégo á las plazas y barrios de la ciudad, y traedme acá cuantos
-pobres, y lisiados, y ciegos y cojos halláreis, á fin de que se llene
-mi casa. Pues os prometo que n<span class="pagenum" id="Page_115">p.
-115</span>inguno de los que ántes fueron convidados probará mi
-banquete.»</p>
-
-<p>El <i>ebionismo</i> puro, es decir, la doctrina de que solamente
-los pobres (<i>ebionim</i>) serán salvados, de que el reinado de los
-pobres va á llegar, fué, pues, la doctrina de Jesús. «¡Ay de vosotros
-los ricos!—decia,—porque ya teneis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros
-los que andais hartos! porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los
-que ahora reis! porque os lamentaréis y lloraréis»<a id="FNanchor_462"
-href="#Footnote_462" class="fnanchor">[457]</a>. Y añadia: «Tú, cuando
-des una comida, no convides á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á los
-parientes ó vecinos ricos; no sea que tambien ellos te inviten á tí,
-y te sirva esto de recompensa; sino que cuando hagas un convite has
-de convidar á los pobres, y á los tullidos, y á los cojos, y á los
-ciegos, y serás afortunado, porque no pueden pagártelo, pues serás
-recompensado en la resurreccion de los justos»<a id="FNanchor_463"
-href="#Footnote_463" class="fnanchor">[458]</a>. Quizás en un sentido
-análogo repetia con frecuencia estas palabras: «Sed buenos banqueros»<a
-id="FNanchor_464" href="#Footnote_464" class="fnanchor">[459]</a>, esto
-es: «Haced buenas imposiciones para el reino de Dios, dando vuestros
-bienes á los pobres, conforme al antiguo proverbio: compadecerse del
-pobre es dar prestado á Dios»<a id="FNanchor_465" href="#Footnote_465"
-class="fnanchor">[460]</a>.</p>
-
-<p>Bien mirado, esa doctrina no era completamente nueva. Un movimiento
-democrático, el más exaltado que recuerda la historia (y el único
-tambien que haya tenido éxito, porque sólo él ha permanecido en el
-dominio de la idea pura), agitaba á la raza judáica desde hacia
-mucho tiempo. En cada página de los escritos del Antiguo Testamento
-se encuentra la idea de que Dios es el vengador del pobre y del
-débil contra el rico y el poderoso. No hay sino abrir la historia
-de Israel para ver en ella, más que en ninguna otra, al espíritu
-popular dominando constantemente. Los profetas, verdaderos tribunos
-(y tribunos de extraordinaria audacia, bajo cierto punto de vista),
-habian anatematizado siempre á los grandes y establecido estrecha
-relacion entre las palabras «rico», «impío», «violento», «malvado»,
-de una parte, y «pobre», «manso», «humilde», «piadoso», de la otra<a
-id="FNanchor_466" href="#Footnote_466" class="fnanchor">[461]</a>.
-La asociacion de tales ideas se robusteció considerablemente bajo
-los Seleúcidas, en cuya época apostataron y abrazaron el helenismo
-casi todos los aristócratas. El libro de Henoch contiene maldiciones
-contra el mundo, los ricos y los poderosos, mucho más violentas
-que las del Evangelio<a id="FNanchor_467" href="#Footnote_467"
-class="fnanchor">[462]</a>. El lujo se considera en él como un
-crímen. En ese original apocalípsis, el «Hijo del hombre» destrona
-los reyes, los arranca de su<span class="pagenum" id="Page_116">p.
-116</span> voluptuosa existencia y los precipita en el infierno<a
-id="FNanchor_468" href="#Footnote_468" class="fnanchor">[463]</a>. La
-iniciacion de la Judea en los refinamientos de la vida profana, y la
-reciente introduccion de un elemento de lujo y bienestar mundanos,
-provocaban una furibunda reaccion en favor de la sencillez patriarcal.
-«¡Ay de vosotros, los que despreciais la choza y la heredad de
-vuestros padres! ¡Ay de vosotros los que construis vuestros palacios
-con el sudor de los demás! Cada una de las piedras, cada uno de
-los ladrillos que los componen es un pecado»<a id="FNanchor_469"
-href="#Footnote_469" class="fnanchor">[464]</a>. El nombre de
-«pobre» (<i>ebion</i>) habia llegado á ser sinónimo de «santo» y
-de «amigo de Dios.» Ése era el nombre que los discípulos galileos
-de Jesús se daban de preferencia; ése fué tambien durante mucho
-tiempo el nombre de los cristianos judaizantes de la Batanea y del
-Hauran (Nazarenos, Hebreos) que permanecieron fieles á la lengua
-y enseñanza primitivas de Jesús y que se enorgullecian de poseer
-entre ellos á los descendientes de su familia<a id="FNanchor_470"
-href="#Footnote_470" class="fnanchor">[465]</a>. Aquellos pobres
-sectarios, ajenos al gran movimiento que arrastró á las otras iglesias,
-fueron en el siglo segundo calificados de heréticos (<i>ebionitas</i>),
-y hasta se inventó, á fin de explicar su nombre, un pretendido
-heresiarca llamado Ebion<a id="FNanchor_471" href="#Footnote_471"
-class="fnanchor">[466]</a>.</p>
-
-<p>Compréndese fácilmente que esa aficion exagerada á la pobreza
-no podia ser durable: tal exageracion no era, en realidad, sino un
-elemento de utopia semejante á los que se mezclan siempre á las grandes
-creaciones, elementos que reduce á su verdadero valor el trascurso
-del tiempo. El cristianismo, una vez trasportado á la vasta escena de
-la sociedad, debia consentir facilísimamente en poseer riquezas, así
-como el budismo, que en su orígen fué del todo monacal, se apresuró
-despues á admitir á los seglares, tan pronto como las conversiones
-se multiplicaron. Pero nunca desaparece por completo la señal de la
-procedencia. El ebionismo, no obstante haber sido olvidado muy luégo,
-dejó en toda la historia de las instituciones cristianas una levadura
-que no debia perderse. La coleccion de las <i>Logia</i> ó discursos de
-Jesús se formó en el medio ebionita de la Batanea<a id="FNanchor_472"
-href="#Footnote_472" class="fnanchor">[467]</a>. La «pobreza» continuó
-siendo el ideal de los sinceros partidarios de Jesús, la carencia de
-toda propiedad el verdadero estado evangélico, y la mendicidad una
-virtud, un estado santo. El gran movimiento umbrío del siglo trece, que
-entre todos los ensayos de fundacion religiosa es el que más semejanza
-tiene con el movimiento galileo, se efectuó en nombre de la pobreza.
-Fra<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>ncisco de Asís,
-el hombre del mundo que más se parece á Jesús por su exquisita bondad
-y por su trato delicado y afectuoso, no fué sino un pobre. Las órdenes
-mendicantes y las innumerables sectas comunistas de la Edad media
-(pobres de Lyon, Begardos, Bongomilos, Fratricellos, Humillados, pobres
-evangélicos, etc.), que se agrupaban bajo la bandera del Evangelio
-eterno, pretendieron ser, y fueron en efecto, los verdaderos discípulos
-de Jesús. Pero áun esta vez los más imposibles sueños de la nueva
-religion quedaron infecundos. La mendicidad, que tan sérias inquietudes
-causa á nuestras sociedades industriales y administrativas, tuvo en su
-dia, y bajo el cielo que le era favorable, poderoso atractivo; ella
-ofreció á una multitud de almas dulces y contemplativas el único estado
-que podia convenirles. Hacer de la pobreza un objeto de amor y de
-codicia, elevar al mendigo sobre el altar, santificar el humilde traje
-del hombre del pueblo, es un golpe maestro que tal vez no satisfaga á
-la economía política, pero ante el cual no puede el verdadero moralista
-permanecer indiferente. Para que la humanidad pueda soportar su pesada
-carga, necesita abrigar la creencia de que su paga no consiste sólo
-en el precio de su salario:—el mayor servicio que puede hacérsele es
-repetirle con frecuencia que no vive únicamente del pedazo de pan que
-lleva á sus labios.</p>
-
-<p>Jesús, como todos los grandes hombres, amaba al pobre y se complacia
-en hallarse en contacto con él. En su pensamiento, el Evangelio es para
-los pobres, para ellos trae el Mesías la buena nueva de salvacion<a
-id="FNanchor_473" href="#Footnote_473" class="fnanchor">[468]</a>.
-Sus elegidos eran todos los que el judaismo ortodoxo despreciaba. El
-amor del pueblo, la piedad por su impotencia y el sentimiento del jefe
-democrático que en sí mismo abriga el espíritu de la muchedumbre, y que
-se reconoce como su intérprete natural, traspiran á cada instante en
-sus actos y en sus discursos<a id="FNanchor_474" href="#Footnote_474"
-class="fnanchor">[469]</a>.</p>
-
-<p>El grupo de elegidos ofrecia, en efecto, una mezcla de condiciones
-cuyo carácter debia sorprender sobremanera á los rigoristas: en
-su seno contaba personas que un judío que se respetase en algo no
-habria querido tratar<a id="FNanchor_475" href="#Footnote_475"
-class="fnanchor">[470]</a>. Y sin embargo, quizás encontraba
-Jesús en aquella sociedad fuera de las reglas comunes, mejores
-sentimientos y más nobleza de alma que entre las clases pedantes
-y formalistas, orgullosas de su aparente moralidad. Á fuerza de
-exagerar las prescripciones mosáicas, los fariseos habian llegado
-á creer que el trato con personas ménos severas que ellos, bastaba
-para mancillarlos;<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span>
-en los convites, casi se descendia á las pueriles distinciones de
-castas de la India. Despreciando esas miserables aberraciones del
-sentimiento religioso, Jesús se complacia en comer en casa de los
-párias de la sociedad judáica<a id="FNanchor_476" href="#Footnote_476"
-class="fnanchor">[471]</a>, y tomaba asiento á la mesa junto á
-personas de mal vivir, reputacion que tal vez tenía por orígen el
-solo hecho de que no participaban de las ridiculeces de los devotos y
-mojigatos. Los fariseos y los doctores se escandalizaban de semejante
-conducta: ¡Mirad con qué gentes come!—decian.—Jesús les daba entónces
-agudas respuestas que exasperaban á los hipócritas: «No son los
-que están sanos, sino los enfermos, los que necesitan de médico<a
-id="FNanchor_477" href="#Footnote_477" class="fnanchor">[472]</a>»; ó
-bien: «¿Quién de vosotros que teniendo cien ovejas y habiendo perdido
-una, no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca
-de la que ha perdido hasta encontrarla? En hallándola, se la pone
-sobre los hombros muy gozoso<a id="FNanchor_478" href="#Footnote_478"
-class="fnanchor">[473]</a>»; ó ya: «El hijo del hombre ha venido á
-salvar lo que se habia perdido<a id="FNanchor_479" href="#Footnote_479"
-class="fnanchor">[474]</a>»; ó ya, en fin: «Porque los pecadores son,
-y no los justos, á quienes he venido yo á llamar<a id="FNanchor_480"
-href="#Footnote_480" class="fnanchor">[475]</a>». Otras veces respondia
-con esa hermosa parábola del hijo pródigo, en que se presenta al que
-ha delinquido como acreedor á mayor compasion y cariño que el que
-siempre fué justo. Sorprendidas de tanto atractivo y experimentando por
-primera vez el dulce encanto de la virtud, mujeres débiles ó culpables
-se aproximaban libre y confiadamente al jóven maestro. Los hipócritas
-se admiraban de que no las rechazase. «¡Oh!—decian los puritanos,—este
-hombre no es profeta, pues si lo fuese conoceria que la mujer que le
-toca es una pecadora.» Jesús respondia con la parábola de un acreedor
-que perdonó á dos de sus deudores las sumas que le debian: la del uno
-era de quinientos denarios, la del otro de cincuenta: ¿cuál de ellos
-le estará más agradecido? Sin duda aquel á quien se le perdonó más<a
-id="FNanchor_481" href="#Footnote_481" class="fnanchor">[476]</a>.
-Jesús apreciaba el estado del alma en proporcion del amor que en ella
-se contenia. Las mujeres que por sus faltas experimentaban sentimientos
-de humildad y le ofrecian un corazon lleno de lágrimas, estaban más
-próximas á entrar en su reino que las naturalezas medianas, las
-cuales tienen frecuentemente escaso mérito en no haber delinquido.
-Por otra parte, encontrando aquellas almas tiernas un medio de
-fácil rehabilitacion al convertirse á la secta, se comprende que se
-adhiriesen á su doctrina con el mayor entusiasmo.</p>
-
-<p>Jesús, no sólo no trataba de acallar las murmuraciones que<span
-class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> su desprecio por las
-susceptibilidades sociales de la época producia entre los hipócritas,
-sino que parece experimentar placer en excitarlas. Nadie proclamó nunca
-tan audazmente ese desprecio del «mundo», condicion indispensable
-de las grandes cosas y de la grande originalidad. No perdonaba
-al rico, sino cuando el rico era á su vez la víctima del desden
-social á consecuencia de alguna preocupacion<a id="FNanchor_482"
-href="#Footnote_482" class="fnanchor">[477]</a>. Preferia las personas
-de vida equívoca y de poca ó ninguna consideracion á los judíos
-ortodoxos que aparentaban una conducta irreprochable, á los cuales
-decia: «Publicanos y rameras os precederán en el reino de Dios.
-Vino Juan: los publicanos y las rameras le creyeron; mas vosotros
-ni con ver esto os movisteis á penitencia»<a id="FNanchor_483"
-href="#Footnote_483" class="fnanchor">[478]</a>. Compréndese cuán
-sangrienta debia ser, para los que afectaban gravedad y rigidez de
-principios morales, la reconvencion de no haber seguido el buen ejemplo
-de los hombres de mal vivir y de las mujeres de costumbres livianas.</p>
-
-<p>Jesús no aparentaba autoridad, ántes bien se complacia en tomar
-parte en los festejos de casamientos: precisamente uno de sus milagros
-fué hecho para amenizar una boda de aldea. En Oriente, las comidas
-de boda tienen lugar por la noche; cada convidado lleva un farol ó
-lamparilla, y aquel movimiento de luces que van y vienen produce un
-efecto muy agradable. Á Jesús le gustaba ese aspecto alegre y animado,
-el cual le proporcionaba motivo para deducir de él algunas parábolas<a
-id="FNanchor_484" href="#Footnote_484" class="fnanchor">[479]</a>.
-Semejante conducta, cuando la comparaban con la de Juan Bautista,
-escandalizaba á los devotos<a id="FNanchor_485" href="#Footnote_485"
-class="fnanchor">[480]</a>. Un dia en que los discípulos de Juan y
-los fariseos guardaban el ayuno, le preguntaron: «¿Cómo es que los
-discípulos de Juan ayunan á menudo, y oran, como tambien los de los
-fariseos; al paso que los tuyos comen y beben?» Á lo que respondia
-Jesús: «¿Por ventura podréis vosotros recabar de los compañeros
-del esposo el que ayunen miéntras el esposo está con ellos? Tiempo
-vendrá en que el esposo les será arrebatado y entónces ayunarán»<a
-id="FNanchor_486" href="#Footnote_486" class="fnanchor">[481]</a>.
-Su carácter dulce y alegre se manifestaba continuamente por medio
-de reflexiones y bromas amables y festivas: «¿Á quién compararé yo
-esta raza de hombres?—decia.—Es semejante á los muchachos sentados en
-la plaza que dando voces á sus compañeros dicen: Os hemos entonado
-cantares alegres, y no habeis bailado; cantares lúgubres, y no habeis
-llorado. Así es que vino Juan, que no come, ni bebe, y dicen: Está
-poseido del demon<span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>io.
-Ha venido el Hijo del hombre, que come, y bebe, y dicen: Hé aquí un
-gloton y un vinoso, amigo de publicanos y de gente de mala vida. Pero
-la sabiduría queda justificada por sus obras»<a id="FNanchor_487"
-href="#Footnote_487" class="fnanchor">[482]</a>.</p>
-
-<p>De este modo recorria la Galilea en medio de una fiesta contínua.
-En sus excursiones, Jesús se servia de una mula, animal que constituye
-en Oriente buena y segura montura y cuyos negros ojos sombreados de
-largas pestañas son de extremada melancolía. Los adeptos desplegaban
-algunas veces en torno del maestro una pompa rústica, bien colocando
-sus vestidos sobre la mula en que cabalgaba, ó bien extendiéndolos ante
-sus pasos á guisa de alfombra<a id="FNanchor_488" href="#Footnote_488"
-class="fnanchor">[483]</a>. Cuando entraba Jesús en alguna casa, era
-su presencia motivo de regocijo y de bendicion: deteníase de ordinario
-en las aldeas y en las granjas, donde hallaba siempre afectuosa
-hospitalidad. En Oriente, basta que un extranjero se detenga en una
-casa para que en seguida se convierta en un sitio público:—toda la
-aldea se reune en ella, la invaden los muchachos, y aunque traten
-de alejarlos, vuelven otra vez á la carga. Jesús no podia tolerar
-que maltratasen á aquellos cándidos oyentes; atraíalos hácia sí y
-los abrazaba con ternura<a id="FNanchor_489" href="#Footnote_489"
-class="fnanchor">[484]</a>. Animadas las madres con tal acogida, le
-presentaban sus niños de pecho para que los tocase con sus manos<a
-id="FNanchor_490" href="#Footnote_490" class="fnanchor">[485]</a>.
-Otras mujeres se acercaban á él y derramaban aceite y perfumes
-sobre su cabeza y sobre sus piés. En ocasiones, sus discípulos
-querian rechazarlas como importunas; pero Jesús, á quien gustaban
-las costumbres antiguas y todo lo que indicaba sencillez de
-corazon, reparaba cariñosamente la ofensa hecha por sus demasiado
-celosos amigos. Protegiendo siempre á los que deseaban honrarle<a
-id="FNanchor_491" href="#Footnote_491" class="fnanchor">[486]</a>, se
-convertia en el ídolo de los niños y de las mujeres. La reconvencion
-que más frecuentemente le dirigian sus enemigos, era que trataba de
-separar de sus familias aquellos seres delicados y fáciles de seducir<a
-id="FNanchor_492" href="#Footnote_492" class="fnanchor">[487]</a>.</p>
-
-<p>Así es que en cierto modo la religion naciente fué un movimiento
-de mujeres y de niños. Estos últimos formaban al rededor de Jesús
-como una guardia infantil en la inauguracion de su inocente reino;
-preparábanle pequeñas ovaciones, que no dejaban de complacerle,
-llamábanle «hijo de David», gritaban <i>Hosanna</i><a id="FNanchor_493"
-href="#Footnote_493" class="fnanchor">[488]</a>, y llevaban palmas
-marchando en torno de él. Quizás Jesús, como Savonarola, los dejaba
-servir de instrumento á misiones piadosas; de todos modos, no se
-mostraba descontento de que aquellos jóvenes apóstoles, que no le<span
-class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> comprometian, marchasen
-de vanguardia concediéndole títulos que él no osaba proclamar.
-Dejábalos, pues, hacer, y cuando le preguntaban si los oia, respondia
-de un modo evasivo, que la alabanza que sale de labios inocentes es
-la más agradable á Dios<a id="FNanchor_494" href="#Footnote_494"
-class="fnanchor">[489]</a>.</p>
-
-<p>Jesús no desperdiciaba ninguna ocasion de repetir que los
-niños deben considerarse como seres sagrados<a id="FNanchor_495"
-href="#Footnote_495" class="fnanchor">[490]</a>; que el reino de Dios
-pertenece á los pequeñitos<a id="FNanchor_496" href="#Footnote_496"
-class="fnanchor">[491]</a>; que para entrar en él es necesario
-ser como un niño<a id="FNanchor_497" href="#Footnote_497"
-class="fnanchor">[492]</a>, pues como á tal han de recibirle<a
-id="FNanchor_498" href="#Footnote_498" class="fnanchor">[493]</a>,
-y que el Padre celestial oculta sus designios á los ángeles y se
-los revela á los pequeños<a id="FNanchor_499" href="#Footnote_499"
-class="fnanchor">[494]</a>. La idea de sus discípulos se confunde casi
-en él con la de los niños<a id="FNanchor_500" href="#Footnote_500"
-class="fnanchor">[495]</a>. Un dia en que disputaban por cuestiones
-de preeminencia, disputas que eran frecuentes entre los discípulos,
-Jesús, llamando á sí á un niño, le colocó en medio de ellos y dijo:
-«aquí está el mayor; cualquiera, pues, que se humilláre como este
-niño, ése será el mayor en el reino de los cielos»<a id="FNanchor_501"
-href="#Footnote_501" class="fnanchor">[496]</a>.</p>
-
-<p>Y en efecto, la infancia era la que en su divina espontaneidad, en
-su cándida ofuscacion de gozo, se posesionaba de la tierra. Creíase
-á cada instante que iba á amanecer el dia de un reino tan deseado,
-y cada cual se veia ya sentado en un trono<a id="FNanchor_502"
-href="#Footnote_502" class="fnanchor">[497]</a> junto al maestro.
-Repartíanse los puestos<a id="FNanchor_503" href="#Footnote_503"
-class="fnanchor">[498]</a> del futuro eden, y se trataba de computar el
-tiempo que tardaria su inauguracion. Esto se llamaba la «Buena nueva»;
-la doctrina no tenía otro nombre. La antigua palabra <i>paraíso</i>,
-que el hebreo, como todas las lenguas de Oriente, habia tomado de
-la Persia, y que en un principio sirvió para designar los parques
-de los reyes aqueménidas, resumia el sueño de todos, la aspiracion
-universal; ¡el paraíso! jardin delicioso, donde se continuaria para
-siempre una vida llena de inefables encantos<a id="FNanchor_504"
-href="#Footnote_504" class="fnanchor">[499]</a>. ¿Cuánto tiempo duró
-aquella embriaguez? Se ignora. Durante el curso de aquella mágica
-aparicion, nadie midió el tiempo, así como nadie mide la duracion
-de un éxtasis. El vuelo de las horas quedó en suspenso; una semana
-fué como un siglo. Pero ya durase años ó meses, aquel ensueño fué
-tan hermoso, que despues de él la humanidad ha continuado viviendo
-de su recuerdo, y todavía es su debilitado perfume nuestra suprema
-consolacion. Nunca dilató el pecho humano un gozo tan puro ni tan
-inmenso. En aquel esfuerzo, el más vigoroso que haya hecho la humanidad
-para elevarse sobre el barro de nuestro planeta, hubo un momento en
-que olvidó los<span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span>
-lazos de plomo que la ligan á la tierra y las angustias de la vida.
-¡Feliz el que entónces pudo ver la luz de aquella aurora divina, y
-participar, siquiera por un dia, de aquella ilusion mágica y sin
-igual! Pero ¡más dichoso todavía—nos diria Jesús—el que, libre de toda
-ilusion, reproduzca en sí mismo la aparicion celestial, y sin ensueños
-milenarios, sin paraíso quimérico, sin otro móvil que la rectitud de
-su voluntad y la poesía del alma, sepa crear de nuevo en su corazon el
-verdadero reino de Dios!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_12">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XII</h2>
- <p class="subh2">EMBAJADA DE JUAN Á JESÚS — MUERTE DE JUAN — CONEXION
- DE SU ESCUELA CON LA DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Miéntras que la risueña Galilea celebraba con festejos la venida
-del muy amado, el triste Juan se consumia de impaciencia y deseo en
-su prision de Machero. Las doctrinas y el éxito que alcanzaba el
-jóven maestro, á quien pocos meses ántes habia visto en las orillas
-del Jordan, llegaron hasta él. Decíase que el Mesías anunciado por
-los profetas, aquel que debia restaurar el reino de Israel, habia ya
-venido, y que sus hechos maravillosos demostraban su presencia en
-Galilea. Juan quiso cerciorarse de la veracidad de aquellos rumores, y
-como comunicaba libremente con sus discípulos, eligió á dos de ellos
-para que fuesen á ver á Jesús<a id="FNanchor_505" href="#Footnote_505"
-class="fnanchor">[500]</a>.</p>
-
-<p>Los dos discípulos encontraron al profeta de Nazareth en el apogeo
-de su reputacion, y causóles no poca sorpresa la alegría que reinaba
-en derredor suyo. Acostumbrados á los ayunos, á la oracion, á una
-vida de aspiraciones y de rigidez, se admiraron al hallarse de pronto
-en medio de los regocijos de la bienaventuranza<a id="FNanchor_506"
-href="#Footnote_506" class="fnanchor">[501]</a>. En cumplimiento de
-su cometido, expusieron á Jesús la causa de su mensaje, diciéndole:
-«¿Eres tú el que debia venir? ¿Debemos esperar á otro?» Jesús, que
-ya entónces no vacilaba respecto á su papel de Mesías, les<span
-class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> enumeró los hechos que
-debian caracterizar el advenimiento del reino de Dios, tales como
-la cura de las enfermedades y la buena nueva de salvacion anunciada
-á los pobres, obras que él ejecutaba. «Dichoso, pues,—añadió,—aquel
-que no dudáre de mí.» Ignórase si esta respuesta encontró vivo á
-Juan Bautista, y el efecto que ella produjo en el ánimo del austero
-asceta. ¿Murió consolado y con la seguridad de que vivia ya aquel que
-él anunciára, ó conservó sus dudas respecto á la mision de Jesús?
-Nada hay á este respecto que pueda sacarnos de incertidumbre. Sin
-embargo, al notar que su escuela se continuó despues durante muchos
-años paralelamente á las iglesias cristianas, se inclina uno á creer
-que, no obstante su deferencia por Jesús, Juan no le consideró como
-aquel que debia realizar las promesas divinas. La muerte vino, por otra
-parte, á poner término á sus perplejidades. El martirio debia ser el
-digno coronamiento de la carrera inquieta y agitada, y de la indomable
-libertad del solitario.</p>
-
-<p>Las disposiciones indulgentes que Antipas manifestó en un principio
-respecto á Juan, no fueron, á lo que parece, de mucha duracion.
-Segun la tradicion cristiana, en las entrevistas que Juan tuvo con
-el tetrarca, no cesaba de repetirle que su matrimonio era ilícito
-y que debia rechazar léjos de sí á Herodías<a id="FNanchor_507"
-href="#Footnote_507" class="fnanchor">[502]</a>. No es difícil
-imaginarse el ódio inmenso que la nieta de Heródes el Grande debió
-concebir contra aquel consejero importuno, y se comprende el afan con
-que acecharia la ocasion de perderle.</p>
-
-<p>Su hija Salomé, fruto de su primer matrimonio, y tan ambiciosa
-y disoluta como ella, fué el instrumento de sus designios. Antipas
-se encontraba á la sazon (probablemente en el año 30 de la era
-cristiana) en la fortaleza de Machero, y era dia del aniversario de su
-nacimiento. Heródes el Grande habia construido en el interior de la
-fortaleza un magnífico palacio<a id="FNanchor_508" href="#Footnote_508"
-class="fnanchor">[503]</a>, en el cual residia algunas veces el
-tetrarca. Con el motivo indicado, preparó allí un gran festin,
-durante el cual ejecutó Salomé una de esas danzas algo libres que en
-Siria no se consideran como impropias de una persona distinguida.
-Encantado Antipas de tanta gracia y soltura, preguntó á la bailarina
-lo que deseaba, y ésta, obedeciendo á las instigaciones de su madre,
-respondió: «La cabeza de Juan sobre esta fuente.» La exigencia no
-agradó mucho á Antipas; mas no tuvo fuerza bastante para rehusar. Un
-guardia cogió la fuente, fué á degollar al prisionero, y á los pocos
-ins<span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>tantes volvió
-á entrar con la sangrienta cabeza del Bautista<a id="FNanchor_509"
-href="#Footnote_509" class="fnanchor">[504]</a>.</p>
-
-<p>Los discípulos de éste obtuvieron su cuerpo y le colocaron en un
-sepulcro. El descontento del pueblo fué grande. Seis años despues,
-queriendo Hareth reconquistar á Machero y vengar el ultraje hecho á
-su hija, atacó á Antipas y le derrotó completamente; el desastre del
-tetrarca se consideró entónces como un castigo por la muerte de Juan<a
-id="FNanchor_510" href="#Footnote_510" class="fnanchor">[505]</a>.</p>
-
-<p>Los discípulos del Bautista llevaron á Jesús la noticia
-de su suplicio<a id="FNanchor_511" href="#Footnote_511"
-class="fnanchor">[506]</a>. El postrer mensaje que Juan envió á
-Jesús habia concluido de establecer entre las dos escuelas estrecha
-intimidad. Temiendo entónces Jesús que le alcanzase tambien el ódio
-de Antipas, tomó algunas precauciones y se retiró al desierto<a
-id="FNanchor_512" href="#Footnote_512" class="fnanchor">[507]</a>.
-Siguiéronle allí muchas personas, y gracias á una extremada frugalidad,
-el santo rebaño pudo vivir en aquellos eriales, circunstancia que
-despues se tomó naturalmente por un milagro<a id="FNanchor_513"
-href="#Footnote_513" class="fnanchor">[508]</a>. Á partir de aquel
-momento, Jesús no habló de Juan sin manifestar profunda admiracion.
-Declaraba sin vacilar<a id="FNanchor_514" href="#Footnote_514"
-class="fnanchor">[509]</a> que el Bautista era más que un profeta;
-que la Ley, de igual modo que los profetas antiguos, no habia tenido
-fuerza sino hasta él<a id="FNanchor_515" href="#Footnote_515"
-class="fnanchor">[510]</a>; que Juan los habia abrogado, pero que á
-su vez le abrogaria el reino del cielo. Y en fin, le asignaba en la
-economía del misterio cristiano un puesto de honor, convirtiéndole como
-en el lazo de union entre el Antiguo Testamento y el advenimiento del
-nuevo reino.</p>
-
-<p>El profeta Malaquías, cuya opinion respecto á esto se realzó
-entónces extraordinariamente<a id="FNanchor_516" href="#Footnote_516"
-class="fnanchor">[511]</a>, habia anunciado con grande insistencia
-un precursor del Mesías, que debia preparar á los hombres al
-acontecimiento final; una especie de mensajero enviado á la tierra
-para facilitar el camino al elegido de Dios. Este mensajero no
-era otro que el profeta Elías, quien, segun la creencia general,
-iba muy pronto á descender del cielo, adonde habia subido, á fin
-de reconciliar á Dios con su pueblo y de hacer que los hombres se
-preparasen al grande acontecimiento por medio de la penitencia<a
-id="FNanchor_517" href="#Footnote_517" class="fnanchor">[512]</a>.
-Al nombre de Elías asociaban algunas veces el del patriarca
-Henoch, al cual se atribuia, desde hacia uno ó dos siglos, alto
-grado de santidad, ó bien el de Jeremías<a id="FNanchor_518"
-href="#Footnote_518" class="fnanchor">[513]</a>, á quien se consideraba
-como al genio protector del pueblo, ocupado siempre en rogar por
-él ante el trono de Dios<a id="FNanchor_519" href="#Footnote_519"
-class="fnanchor">[514]</a>. La idea de que dos antiguos profetas
-deben resucitar para servir de precursores al Mesías, se halla de una
-manera tan sorprendente en la doctrina de los Parsis, que se inclina
-uno á admitir la hipótesis<span class="pagenum" id="Page_125">p.
-125</span> de que los israelitas la tomaron de allí<a id="FNanchor_520"
-href="#Footnote_520" class="fnanchor">[515]</a>. Sea como quiera, ella
-formaba en la época de Jesús parte integrante de las teorías judáicas.
-Todo el mundo creia que la aparicion de dos «testigos infieles»,
-<i>vestidos de hábitos de penitencia</i>, serviria de prólogo al
-gran drama que iba á desarrollarse con asombro del universo<a
-id="FNanchor_521" href="#Footnote_521" class="fnanchor">[516]</a>.</p>
-
-<p>Abrigando semejantes ideas, compréndese que Jesús y sus discípulos
-no vacilasen respecto á la mision de Juan. Cuando los escribas
-les objetaban que áun no podia tratarse de Mesías en razon á que
-Elías no habia venido<a id="FNanchor_522" href="#Footnote_522"
-class="fnanchor">[517]</a>, les contestaban afirmativamente,
-diciendo que Elías habia venido; que Juan era Elías resucitado<a
-id="FNanchor_523" href="#Footnote_523" class="fnanchor">[518]</a>.
-En efecto, Juan, por su género de vida, por su oposicion á los
-gobiernos políticos, recordaba aquella figura original y terrible de
-la antigua historia de Israel<a id="FNanchor_524" href="#Footnote_524"
-class="fnanchor">[519]</a>. Jesús no cesaba de encarecer los méritos
-y la excelencia de su precursor. Decia que entre los hijos de los
-hombres no habia nacido uno más grande, y anatematizaba á los
-fariseos y á los doctores por no haber aceptado su bautismo, por no
-haberse convertido á su voz<a id="FNanchor_525" href="#Footnote_525"
-class="fnanchor">[520]</a>.</p>
-
-<p>Los discípulos de Jesús permanecieron fieles á esos principios
-del maestro. El respeto á Juan fué una tradicion constante en la
-primera generacion cristiana<a id="FNanchor_526" href="#Footnote_526"
-class="fnanchor">[521]</a>; supúsosele pariente de Jesús<a
-id="FNanchor_527" href="#Footnote_527" class="fnanchor">[522]</a>,
-y para fundar la mision de éste sobre un testimonio de todos
-admitido, se dijo que Juan, desde la primera entrevista con Jesús,
-le proclamó por el Mesías; que se reconoció inferior á él é indigno
-de desatar las cintas de sus sandalias; y que en un principio rehusó
-bautizarle, sosteniendo que él debia ser bautizado por Jesús<a
-id="FNanchor_528" href="#Footnote_528" class="fnanchor">[523]</a>.
-Tales exageraciones quedan plenamente refutadas por la forma dubitativa
-del último mensaje de Juan<a id="FNanchor_529" href="#Footnote_529"
-class="fnanchor">[524]</a>. Sin embargo, en un sentido más general, el
-Bautista permaneció en la leyenda cristiana siendo lo que en realidad
-fué, esto es, el austero cenobita que prepara el camino á la nueva
-era, el triste predicador de penitencias ántes de las alegrías que
-traerá consigo la llegada del esposo, el profeta que anuncia el reino
-de Dios y muere ántes de verle. Aquel gigante de los orígenes del
-cristianismo, aquel comedor de langostas y de miel silvestre, aquel
-rígido enderezador de entuertos, fué el ajenjo que preparó los labios
-á las dulzuras del reino de Dios. La víctima de Herodías abrió la era
-de los mártires cristianos, siendo el primer testimonio de la nueva
-conciencia. Los mundanos reconocieron en él su verdadero enemigo y
-no pudieron tolerar su vida:<span class="pagenum" id="Page_126">p.
-126</span> su cadáver mutilado y tendido sobre el umbral del
-cristianismo, trazó la sangrienta via por donde tantos mártires habrian
-de pasar despues de él.</p>
-
-<p>La escuela de Juan no se extinguió con la muerte de su fundador:
-separada de la de Jesús, vivió algun tiempo, hallándose al principio
-en buena armonía con la de aquél. Varios años despues de la muerte de
-ambos maestros se practicaba todavía el bautismo juanista. Algunas
-personas pertenecian simultáneamente á las dos escuelas, entre otras,
-el célebre Apolos, el rival de San Pablo (hácia el año 50), y un gran
-número de cristianos de Éfeso<a id="FNanchor_530" href="#Footnote_530"
-class="fnanchor">[525]</a>. Josefo ingresó (año 53) en la escuela de
-un asceta llamado Banú, que tiene gran semejanza con Juan Bautista y
-que tal vez habia sido su discípulo. Aquel Banú<a id="FNanchor_531"
-href="#Footnote_531" class="fnanchor">[526]</a> vivia en el desierto,
-formaban su vestido hojas de árboles, alimentábase de plantas ó de
-frutas silvestres, y lo mismo de dia que de noche, se bautizaba
-frecuentemente, á fin de purificarse. Santiago, aquel á quien se
-llamaba el «hermano del Señor» (quizás hay aquí alguna confusion de
-homónimos), observaba tambien un ascetismo análogo<a id="FNanchor_532"
-href="#Footnote_532" class="fnanchor">[527]</a>. Algunos años despues
-(hácia el 80), el bautismo estuvo en lucha abierta con el cristianismo,
-particularmente en el Asia Menor. Juan el Evangelista le combate
-de una manera embozada<a id="FNanchor_533" href="#Footnote_533"
-class="fnanchor">[528]</a>. Uno de los poemas sibilinos proviene,
-á lo que parece, de aquella escuela. En cuanto á las sectas de
-Hemerobatistas, Baptistas y Elcaitas (<i>Sabiens</i>, <i>Mogtasila</i>
-de los escritores árabes)<a id="FNanchor_534" href="#Footnote_534"
-class="fnanchor">[529]</a>, que se propagaron por Siria, Palestina
-y Babilonia en el siglo segundo, y cuyos restos subsisten aún entre
-los Mandeitas llamados «cristianos de San Juan», sin duda tuvieron el
-mismo orígen que el movimiento del Bautista y no debe considerárselas
-como la descendencia auténtica de Juan. La verdadera escuela de éste,
-medio confundida con el cristianismo, llegó á mirarse como una herejía
-cristiana y se extinguió oscuramente. Juan vió sin duda hácia qué
-parte se inclinaba el porvenir. Si hubiese obedecido á una rivalidad
-mezquina, su nombre yaceria hoy en el olvido entre la muchedumbre
-de los sectarios de su época. Su abnegacion le condujo á la gloria,
-dándole un puesto único en el panteon religioso de la humanidad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_13">
- <p><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIII</h2>
- <p class="subh2">PRIMERAS TENTATIVAS SOBRE JERUSALEN</p>
-</div>
-
-<p>Jesús, casi todos los años iba á Jerusalen á la fiesta de la
-Pascua. Los pormenores de cada uno de aquellos viajes son poco
-conocidos, porque los sinópticos no hablan de ellos<a id="FNanchor_535"
-href="#Footnote_535" class="fnanchor">[530]</a>, y las notas del
-cuarto evangelio son muy oscuras respecto á este particular<a
-id="FNanchor_536" href="#Footnote_536" class="fnanchor">[531]</a>.
-Lo cierto es, segun parece, que el año 35, y seguramente despues de
-la muerte de Juan, fué cuando tuvo lugar la más importante de las
-residencias de Jesús en la capital. Muchos discípulos le siguieron.
-Aunque entónces Jesús daba poca importancia á la peregrinacion, se
-sometió á ella por no lastimar la opinion judía, con la que no habia
-roto aún abiertamente. Por otra parte, esos viajes entraban en sus
-proyectos; porque comprendia ya que para representar un papel de primer
-órden era preciso salir de Galilea y atacar el judaismo en su plaza
-fuerte, que era Jerusalen.</p>
-
-<p>La pequeña comunidad de Galilea estaba bastante fuera de su centro
-en la capital. Jerusalen, poco más ó ménos, era entónces lo mismo que
-es hoy dia, una ciudad de pedantismo, de acrimonia, de disputas, de
-odios y de nimiedades de ingenio. El fanatismo era allí extremado,
-y muy frecuentes las sediciones religiosas. Los fariseos imperaban
-en ella; el estudio de la Ley, llevado á las más insignificantes
-pequeñeces y reducido á cuestiones de casuística, era la única
-enseñanza. Aquella cultura exclusivamente teológica y canónica no
-contribuia en nada á ilustrar los entendimientos. Tenía algo de
-semejante á la estéril doctrina del faquir musulman, á esa ciencia
-fútil que se agita al rededor de una mezquita, disipacion considerable
-de tiempo y de dialéctica del todo vana, sin que la buena disciplina
-del entendimiento se aproveche de ella. La educacion teológica del
-clero moderno, aunque árida, no puede dar idea alguna de aquélla;
-porque el Renacimiento ha introducido en todas nuestras enseñanzas,
-áun en las más rebeldes, una parte de bellas letras y de buen método,
-que ha hecho que la escolástica tome más ó ménos una tintura de<span
-class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> humanidades. La ciencia
-del doctor judío, del <i>sofer</i> ó escriba, era puramente bárbara,
-absurda sin compensacion, desprovista de todo elemento moral<a
-id="FNanchor_537" href="#Footnote_537" class="fnanchor">[532]</a>.
-Para colmo de desgracia, llenaba de un ridículo orgullo á todo el que
-se empeñaba en abrazarla. Orgulloso del pretendido saber que tanto
-trabajo le costára, el escriba judío sentia por la cultura griega el
-mismo desprecio que el sabio musulman de nuestros dias experimenta por
-la civilizacion europea, y que el antiguo teólogo católico tenía por el
-saber de las gentes del mundo. Es propio de esas culturas escolásticas
-el alejar el espíritu de todo lo delicado, el no apreciar sino las
-difíciles nimiedades en cuya adquisicion se ha gastado la existencia,
-considerándolas como la obligacion de las personas que hicieron
-profesion de gravedad.</p>
-
-<p>Aquel mundo odioso no podia ménos de oprimir gravemente las almas
-sensibles y delicadas del Norte. El desprecio de los Hierosolimitanos
-hácia los Galileos hacia la separacion aún más inaccesible. En aquel
-magnífico templo, objeto de todos sus deseos, no encontraban sino
-afrenta. Un versículo del salmo de los peregrinos<a id="FNanchor_538"
-href="#Footnote_538" class="fnanchor">[533]</a>: «He preferido quedarme
-á la puerta de la casa de mi Dios» parece hecho exprofesamente para
-ellos. Un sacerdote desdeñoso sonreia de su inocente devocion,
-casi como en otro tiempo en Italia el clero, familiarizado con los
-santuarios, presenciaba indiferente y burlon quizás, el fervor del
-peregrino que de léjos habia venido. Los Galileos hablaban un dialecto
-bastante corrompido: su pronunciacion viciosa, confundiendo las
-diversas aspiraciones, hacia que resaltasen <i>quid pro quos</i> que
-excitaban no poco la hilaridad<a id="FNanchor_539" href="#Footnote_539"
-class="fnanchor">[534]</a>.</p>
-
-<p>En religion se los tenía por ignorantes y poco ortodoxos: la frase
-«simple Galileo» se habia hecho proverbial. Se creia (y no sin razon)
-que la sangre judáica estaba entre ellos muy mezclada, y se tenía por
-axioma que la Galilea no podia producir un profeta<a id="FNanchor_540"
-href="#Footnote_540" class="fnanchor">[535]</a>. Llevados así al
-último extremo del judaismo, y casi fuera de él, los pobres Galileos
-no contaban con otra cosa para reanimar sus esperanzas, sino con
-un pasaje de Isaías bastante mal interpretado<a id="FNanchor_541"
-href="#Footnote_541" class="fnanchor">[536]</a>:</p>
-
-<p>«¡Tierra de Zabulon y tierra de Nefthalí, camino del mar, Galilea de
-los gentiles! El pueblo que marchaba en la oscuridad ha visto una gran
-luz; el sol se ha levantado para los que se hallaban sumidos en las
-tinieblas.»</p>
-
-<p>La reputacion que gozaba la ciudad natalicia de Jesús era<span
-class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> particularmente
-detestable. Hubo un proverbio popular que decia: «¿Acaso de Nazareth
-puede salir cosa buena?»<a id="FNanchor_542" href="#Footnote_542"
-class="fnanchor">[537]</a>.</p>
-
-<p>La completa aridez de la naturaleza en los alrededores de Jerusalen
-debia acabar de disgustar á Jesús. Sus valles no tienen agua; el suelo
-es árido y pedregoso. Cuando se clava la vista en la depresion del
-mar Muerto se experimenta algo de embriagador: fuera de ese lugar,
-todo es monótono. Sólo la colina de Mizpa, con sus recuerdos de la más
-antigua historia de Israel, atrae las miradas. La ciudad presentaba
-en tiempo de Jesús casi el mismo aspecto que hoy dia. No poseia ni el
-más pequeño monumento antiguo, porque hasta los Asmoneos, los judíos
-permanecieron extraños á todas las artes: Juan Hircano comenzó á
-embellecerla, y Heródes el Grande hizo de ella una de las más suntuosas
-ciudades de Oriente. Las construcciones herodianas rivalizaban con
-las mejores de la antigüedad por su carácter grandioso, lo perfecto
-de la ejecucion y la belleza de los materiales. Un crecido número de
-sepulcros, de un gusto original, se elevaba hácia el mismo tiempo en
-los alrededores de Jerusalen<a id="FNanchor_543" href="#Footnote_543"
-class="fnanchor">[538]</a>. El estilo de aquellos monumentos era el
-griego, pero amoldado al uso de los judíos y notablemente modificado
-segun sus principios. Los ornamentos de escultura viva, que los
-Heródes se permitieron, con gran disgusto de los rigoristas, fueron
-desterrados, reemplazándolos por una decoracion vegetal. El gusto
-de los antiguos moradores de la Fenicia y de la Palestina por los
-monumentos monolitos tallados en piedra viva parecia renacer en
-aquellos singulares sepulcros abiertos en las rocas y en los que los
-órdenes griegos están caprichosamente aplicados á una arquitectura de
-trogloditas. Jesús, que consideraba las obras de arte como una pompa
-fútil de la vanidad, vió todos aquellos monumentos con disgusto<a
-id="FNanchor_544" href="#Footnote_544" class="fnanchor">[539]</a>. Su
-absurdo espiritualismo y su opinion inmutable de que la figura del
-viejo mundo debia desaparecer, le quitaron el gusto para todo lo que no
-tocaba al corazon.</p>
-
-<p>El templo, en la época de Jesús, era todo nuevo, y sus obras
-exteriores aún no se habian concluido. Heródes habia hecho que su
-reconstruccion empezase el año 20 ó 21 ántes de la era cristiana,
-para ponerle al nivel de sus otros edificios. La nave del templo
-se acabó en diez y ocho meses, y los pórticos en ocho años<a
-id="FNanchor_545" href="#Footnote_545" class="fnanchor">[540]</a>;
-pero las partes accesorias continuaron poco á poco, no terminándose
-sino poco tiempo ántes de la toma de Jerusalen<a id="FNanchor_546"
-href="#Footnote_546" class="fnanchor">[541]</a>. Jesús vió trabajar
-prob<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span>ablemente en él,
-no sin cierto disgusto interior. Aquellas esperanzas de un porvenir
-durable eran una especie de insulto á su próximo advenimiento. Más
-perspicaz que los incrédulos y fanáticos, comprendia que aquellas
-magníficas construcciones estaban llamadas á gozar una corta duracion<a
-id="FNanchor_547" href="#Footnote_547" class="fnanchor">[542]</a>.</p>
-
-<p>Por lo demás, el templo formaba un conjunto maravillosamente
-conmovedor, y cuyo <i>haram</i> actual<a id="FNanchor_548"
-href="#Footnote_548" class="fnanchor">[543]</a>, á pesar de su
-belleza, puede apénas dar una idea. Las galerías y pórticos que le
-cercaban servian ordinariamente de punto de reunion á una muchedumbre
-considerable, y aquel vasto sitio era á la vez el templo, el foro,
-el tribunal y la universidad. Todas las discusiones religiosas
-de las escuelas judías, todas las enseñanzas canónicas, hasta
-las mismas causas civiles y criminales, en una palabra, toda la
-actividad de la nacion se concentraba allí<a id="FNanchor_549"
-href="#Footnote_549" class="fnanchor">[544]</a>. Aquél era un choque
-contínuo de argumentos, un palenque de disputas, oyéndose por todas
-partes sofismas y cuestiones sutiles. El templo tenía, pues, mucha
-semejanza con una mezquita musulmana. Llenos de miramiento en aquella
-época hácia las religiones extranjeras, cuando éstas permanecian
-en su propio territorio<a id="FNanchor_550" href="#Footnote_550"
-class="fnanchor">[545]</a>, los romanos se prohibian la entrada en
-el santuario; inscripciones griegas y latinas marcaban el punto
-hasta dónde era permitido llegar á los no judíos<a id="FNanchor_551"
-href="#Footnote_551" class="fnanchor">[546]</a>. Pero la torre
-Antonia, cuartel general de la fuerza romana, dominaba todo el
-recinto, permitiendo observar lo que pasaba allí<a id="FNanchor_552"
-href="#Footnote_552" class="fnanchor">[547]</a>.</p>
-
-<p>El cuidado material del templo estaba á cargo de los judíos; un
-capitan del templo tenía su mayordomía, haciendo abrir y cerrar las
-puertas é impidiendo que se atravesara su circuito llevando baston
-en la mano, con el calzado sucio ó con paquetes, ó pasar por él
-para acortar el camino<a id="FNanchor_553" href="#Footnote_553"
-class="fnanchor">[548]</a>. Se vigilaba sobre todo escrupulosamente
-para que nadie entrase en los pórticos interiores en estado de impureza
-legal. Las mujeres tenian una tribuna completamente separada.</p>
-
-<p>Allí fué donde Jesús pasaba sus dias durante el tiempo que
-permanecia en Jerusalen. La época de las fiestas hacia concurrir á
-aquella ciudad un inmenso gentío. Reunidos en una misma habitacion
-diez ó veinte personas, los peregrinos lo invadian todo, viviendo
-en ese hacinamiento desordenado, que tanto agrada en Oriente<a
-id="FNanchor_554" href="#Footnote_554" class="fnanchor">[549]</a>.
-Jesús se confundia entre la muchedumbre, y sus pobres galileos
-agrupados en su derredor hacian poco efecto. Presentia, sin duda,
-que aquél era un mundo hostil para él, que no lo acogeria si<span
-class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span>no con desprecio. Todo
-lo que veia le disgustaba. El templo, como en general todos los
-parajes de devocion demasiado frecuentados, ofrecia un aspecto poco
-edificante. El servicio del culto llevaba consigo un número de
-detalles, sobre todo operaciones mercantiles, á consecuencia de las
-cuales se establecieron verdaderas tiendas en el sagrado circuito.
-Allí se vendian reses para los sacrificios, y se encontraban mesas
-para facilitar el cambio de la moneda: á veces se hubiera tomado
-aquello por un bazar. Los ínfimos empleados del templo llenaban sin
-duda su mision con la vulgaridad irreligiosa de los sacristanes de
-todas las edades. Aquel aire profano é indiferente en el manejo de
-las cosas santas heria el sentimiento religioso de Jesús, llevado, á
-veces, hasta el escrúpulo<a id="FNanchor_555" href="#Footnote_555"
-class="fnanchor">[550]</a>. Decia que de la casa del Señor habian
-hecho una cueva de ladrones. Un dia, cuentan que se dejó llevar de
-la cólera, y que dió de latigazos á aquellos mercaderes innobles,
-tirando por tierra sus mesas<a id="FNanchor_556" href="#Footnote_556"
-class="fnanchor">[551]</a>. En general, gustaba poco del templo: el
-culto que concibió por su Padre, nada tenía que ver con las sangrientas
-escenas de los sacrificios. Todas aquellas rancias instituciones
-judías le disgustaban, y sufria al verse obligado á consentirlas.
-Así pues, el templo y su local no inspiraron sentimientos piadosos,
-en el seno del cristianismo, sino á los cristianos judaizantes. Los
-verdaderos hombres nuevos sintieron aversion por aquel antiguo lugar
-sagrado. Constantino y los primeros emperadores cristianos dejaron
-subsistir donde estaban las construcciones paganas de Adriano<a
-id="FNanchor_557" href="#Footnote_557" class="fnanchor">[552]</a>.
-Sólo fueron los enemigos del cristianismo, como Juliano, los que
-pensaron en aquel paraje<a id="FNanchor_558" href="#Footnote_558"
-class="fnanchor">[553]</a>. Cuando Omar entró en Jerusalen, el
-lugar del templo fué profanado de intento en ódio á los judíos<a
-id="FNanchor_559" href="#Footnote_559" class="fnanchor">[554]</a>.</p>
-
-<p>El Islam, es decir, una especie de resurreccion del judaismo, en
-toda su forma exclusivamente semítica, fué el que le devolvió sus
-honores. Aquel lugar fué siempre anti-cristiano.</p>
-
-<p>El orgullo de los judíos acababa de descontentar á Jesús y de
-hacerle penosa la permanencia en Jerusalen. Á medida que las grandes
-ideas de Israel se fortalecian, el sacerdocio se humillaba. La
-institucion de las sinagogas dió al intérprete de la Ley, al doctor,
-una grande superioridad sobre el sacerdote. No existian sacerdotes
-sino en Jerusalen, y áun allí mismo, limitados á las funciones
-simplemente rituales, casi como nuestros sacerdotes de parroquia,
-excluido<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span>s de la
-predicacion, estaban pospuestos al orador de la sinagoga, al casuista,
-al <i>sofer</i> ó escriba, por más lego que fuese este último. Los
-hombres célebres del Talmud no son sacerdotes; son sabios segun las
-ideas del tiempo. El alto sacerdocio de Jerusalen gozaba, en verdad,
-de un rango muy elevado en la nacion, pero no estaba en manera
-alguna á la cabeza del movimiento religioso. El sumo pontífice, cuya
-autoridad habia sido ya deshonrada por Heródes<a id="FNanchor_560"
-href="#Footnote_560" class="fnanchor">[555]</a>, se convertia cada vez
-más en un funcionario romano<a id="FNanchor_561" href="#Footnote_561"
-class="fnanchor">[556]</a>, que se mudaba frecuentemente para
-que muchos se aprovechasen del empleo. En contraposicion de
-los fariseos, celosos seglares muy exaltados, casi todos los
-sacerdotes eran saduceos, es decir, miembros de aquella aristocracia
-incrédula que se formó al rededor del templo, viviendo del altar y
-teniendo en él su vanidad<a id="FNanchor_562" href="#Footnote_562"
-class="fnanchor">[557]</a>. La casta sacerdotal se habia separado hasta
-tal punto del sentimiento nacional y de la gran direccion religiosa que
-conducia al pueblo, que el nombre de «saduceo» (<i>sadoki</i>), que
-designaba de antemano solamente á un miembro de la familia sacerdotal
-de Sadok, vino á ser sinónimo de «materialista» y de «epicúreo».</p>
-
-<p>Pero aún vino un elemento peor, despues del reinado de Heródes el
-Grande, á corromper el alto sacerdocio. Habiéndose Heródes enamorado
-de Mariana, hija de un tal Simon, hijo éste de Boethus de Alejandría,
-y habiendo querido casarse con ella (hácia el año 28 ántes de J. C.),
-no encontró otro medio para ennoblecer al padre de su futura y elevarle
-hasta él, que hacerle gran sacerdote. Aquella intrigante familia
-permaneció dueña del soberano pontificado durante treinta y cinco
-años, casi sin interrupcion<a id="FNanchor_563" href="#Footnote_563"
-class="fnanchor">[558]</a>. Estrechamente ligada á la familia
-reinante, no se separó de él sino despues que fué depuesto Arquelao,
-volviéndose á apoderar del pontificado (el año 42 de nuestra era)
-despues que Heródes Agrippa rehizo por algun tiempo la obra de Heródes
-el Grande. Bajo el nombre de <i>Boethusim</i><a id="FNanchor_564"
-href="#Footnote_564" class="fnanchor">[559]</a>, se formó así una
-nueva nobleza sacerdotal, muy mundana, muy poco devota, que casi
-se confundió con los Sadokitas. Los <i>Boethusim</i>, en el Talmud
-y en los escritos rabínicos, están presentados como dos especies
-de incrédulos, y siempre cerca de los saduceos<a id="FNanchor_565"
-href="#Footnote_565" class="fnanchor">[560]</a>. De todo esto resultó
-al rededor del templo una especie de córte de Roma, viviendo de la
-política, poco dada á los excesos de celo, áun esquivándolos, no
-queriendo oir hablar de personajes santos, de innovadores, porque
-se apro<span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span>vechaba
-de la rutina establecida. Estos sacerdotes epicúreos no tenian la
-violencia de los fariseos; sólo querian el reposo: su frivolidad
-moral y su fria irreligion hacian sublevarse á Jesús; y aunque
-diferentes en sí, le eran de igual modo antipáticos. Pero extranjero
-y sin crédito, debia guardar para sí, durante bastante tiempo, su
-disgusto y no comunicar sus sentimientos sino á la sociedad íntima
-que le acompañaba. Ántes de la última residencia, más larga con
-mucho que todas las que permaneció en Jerusalen, y que terminó por
-su muerte, Jesús ensayó, no obstante, hacerse escuchar. Predicó;
-se habló de él; se ocuparon de ciertos actos que consideraban como
-milagrosos. Pero de todo esto no resultó ni el establecimiento de una
-iglesia en Jerusalen, ni un número de discípulos hierosolimitanos.
-El elocuente doctor que perdonaba á todos con tal que le amasen, no
-debia encontrar eco en un santuario de disputas vanas y de sacrificios
-arraigados. Sólo consiguió con esto algunas buenas relaciones, de las
-que más tarde recogió el fruto. No es de suponer que entónces trabase
-conocimiento con la familia de Bethania que le prodigó, en medio de
-las pruebas de sus últimos meses, tantos consuelos. Pero desde el
-principio llamó la atencion de un tal Nicodemo, rico fariseo, miembro
-del sanedrin, y muy considerado en Jerusalen<a id="FNanchor_566"
-href="#Footnote_566" class="fnanchor">[561]</a>. Ese hombre, que
-parecia honrado y de buena fe, se sintió arrastrado hácia el jóven
-galileo. No queriendo comprometerse, fué á verle de noche y tuvo con
-él una larga conferencia<a id="FNanchor_567" href="#Footnote_567"
-class="fnanchor">[562]</a>. De ella guardó, sin duda, una
-favorable impresion, porque más tarde defendió á Jesús contra las
-prevenciones de sus cofrades<a id="FNanchor_568" href="#Footnote_568"
-class="fnanchor">[563]</a>, y, á la muerte de Jesús, volvemos á
-hallarle prodigando piadosos cuidados al cadáver del maestro<a
-id="FNanchor_569" href="#Footnote_569" class="fnanchor">[564]</a>.
-Nicodemo no se hizo cristiano; creyó que su posicion se lo impedia en
-un momento revolucionario, en que la religion no contaba aún prosélitos
-ilustres. Pero evidentemente prodigó gran amistad á Jesús dispensándole
-servicios, aunque sin poder arrancarle á una muerte cuyo decreto, á la
-época en que llegamos, estaba como escrito.</p>
-
-<p>En cuanto á los doctores célebres de su tiempo, no parece que Jesús
-tuviera relaciones con ellos. Hillel y Schammai habian muerto: la mayor
-autoridad de la época era Gamaliel, nieto de Hillel, inteligencia clara
-y hombre de mundo, dedicado á los estudios profanos, y acostumbrado á
-la tolerancia por su comercio con la alta sociedad<a id="FNanchor_570"
-href="#Footnote_570" class="fnanchor">[565]</a>. Al reves de los
-fariseos, muy severos, que caminaban envueltos en un velo ó<span
-class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> con los ojos cerrados, él
-miraba á las mujeres, sin exceptuar á las paganas<a id="FNanchor_571"
-href="#Footnote_571" class="fnanchor">[566]</a>. La tradicion le
-excusó, así como haber sabido el griego, porque le acercaba á la
-córte. Despues de la muerte de Jesús manifestó sobre la nueva
-secta miras muy templadas<a id="FNanchor_572" href="#Footnote_572"
-class="fnanchor">[567]</a>. San Pablo salió de su escuela<a
-id="FNanchor_573" href="#Footnote_573" class="fnanchor">[568]</a>. Pero
-es muy probable que Jesús jamás entró en ella.</p>
-
-<p>Un pensamiento al ménos que Jesús sacó de Jerusalen, y que desde
-entónces parecia arraigarse en él, fué que no habia pacto posible
-con el antiguo culto judío; la abolicion de los sacrificios, que
-le causaron tanto disgusto; la supresion de un sacerdocio impío y
-altanero, y hasta cierto punto la abrogacion de la ley, le parecieron
-de absoluta necesidad.</p>
-
-<p>Á partir de ese momento, se coloca, no como reformador judío,
-sino como destructor del judaismo. Algunos partidarios de las ideas
-mesiánicas habian admitido ya que el Mesías sería el portador
-de una nueva Ley, comun á toda la tierra<a id="FNanchor_574"
-href="#Footnote_574" class="fnanchor">[569]</a>. Los Esenios, que
-apénas eran judíos, parecian ser tambien indiferentes al templo y
-á las observancias mosáicas. Pero sólo eran atrevimientos aislados
-y no consentidos. Jesús fué el primero que se atrevió á decir
-que á partir de él, ó mejor á partir de Juan<a id="FNanchor_575"
-href="#Footnote_575" class="fnanchor">[570]</a>, la Ley no existia
-ya. Si alguna vez empleaba términos más discretos<a id="FNanchor_576"
-href="#Footnote_576" class="fnanchor">[571]</a>, era por no chocar
-abiertamente con las preocupaciones admitidas. Cuando le ponian
-en el disparador, descorria todos los velos y declaraba que la
-Ley no tenía ninguna fuerza. Á propósito de esto, se valia de
-enérgicas comparaciones: «Nadie á un vestido viejo echa un remiendo
-de paño nuevo; tampoco echa nadie vino nuevo en cueros viejos»<a
-id="FNanchor_577" href="#Footnote_577" class="fnanchor">[572]</a>.</p>
-
-<p>Hé ahí en la práctica, su acto de maestro y de creador. Aquel templo
-excluyó de su seno los no judíos por medio de carteles afrentosos.
-Jesús rechaza el templo. Aquella Ley estrecha, dura, sin caridad, no se
-hizo sino para los hijos de Abraham. Jesús pretende que todo hombre de
-buena voluntad, todo hombre que le acoja y le ame es hijo de Abraham<a
-id="FNanchor_578" href="#Footnote_578" class="fnanchor">[573]</a>. El
-orgullo de la sangre le parecia el enemigo capital que debia combatir.
-Jesús, en otros términos, no es ya un judío. Es revolucionario al
-más alto grado; llama á todos los hombres á un culto fundado sobre
-su sola cualidad de hijos de Dios. Proclama los derechos del hombre,
-no los derechos del judío; la religion del hombre, no la religion
-del judío; la salvacion del hombre, no la salvacion del judío<a
-id="FNanchor_579" href="#Footnote_579" class="fnanchor">[574]</a>. ¡Ah,
-cuán léjos estamos de un Júdas Gaulonita, de u<span class="pagenum"
-id="Page_135">p. 135</span>n Matías Margaloth, predicando la revolucion
-en nombre de la Ley! La religion de la humanidad, establecida, no sobre
-la sangre, sino sobre el corazon, queda fundada. Se ha ido más allá
-que Moisés; el templo no tiene ya razon de ser, y es irrevocablemente
-condenado.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_14">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIV</h2>
- <p class="subh2">RELACIONES DE JESÚS CON LOS GENTILES
- Y&nbsp;LOS&nbsp;SAMARITANOS</p>
-</div>
-
-<p>Consecuente á estos principios, Jesús despreciaba todo lo que no
-era la religion del corazon. Las vanas prácticas de los devotos<a
-id="FNanchor_580" href="#Footnote_580" class="fnanchor">[575]</a>
-y el rigorismo exterior, que espera alcanzar la salvacion por
-medio de mojigaterías, hallaban en él un enemigo mortal. Se
-cuidaba poco del ayuno<a id="FNanchor_581" href="#Footnote_581"
-class="fnanchor">[576]</a> y preferia el perdon de una ofensa
-á los sacrificios<a id="FNanchor_582" href="#Footnote_582"
-class="fnanchor">[577]</a>. El amor de Dios, la caridad, el perdon
-recíproco, hé ahí toda su ley<a id="FNanchor_583" href="#Footnote_583"
-class="fnanchor">[578]</a>; nada ménos sacerdotal que esto. El
-sacerdote, por su estado, induce siempre al sacrificio público, del
-cual es el ministro obligado, y disuade de la oracion privada, que es
-un medio de no necesitar de él. En vano se buscará en el Evangelio una
-práctica religiosa recomendada por Jesús. El bautismo sólo tiene para
-él una importancia secundaria<a id="FNanchor_584" href="#Footnote_584"
-class="fnanchor">[579]</a>; y en cuanto á la oracion, nada establece,
-sino que se haga de corazon.</p>
-
-<p>Muchos, como sucede siempre, creyeron reemplazar por el buen deseo
-de las almas débiles el verdadero amor del bien, y se imaginaron
-ganar el reino del cielo diciéndole: «<i>Señor, Señor.</i>» Jesús
-los rechazaba proclamando que su religion era el hacer bien<a
-id="FNanchor_585" href="#Footnote_585" class="fnanchor">[580]</a>.
-Frecuentemente citaba el pasaje de Isaías: «Este pueblo me honra con
-sus labios, pero su corazon está léjos de mí»<a id="FNanchor_586"
-href="#Footnote_586" class="fnanchor">[581]</a>.</p>
-
-<p>El sábado era el punto capital sobre el que se elevaba el<span
-class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> edificio de los
-escrúpulos y de las sutilezas farisáicas. Aquella excelente y antigua
-institucion vino á ser un pretexto de mezquinas disputas de casuitas
-y una causa perenne de supersticiosas creencias<a id="FNanchor_587"
-href="#Footnote_587" class="fnanchor">[582]</a>. Se creia que la
-naturaleza guardaba su observancia; todos los manantiales intermitentes
-pasaban por «sabáticos»<a id="FNanchor_588" href="#Footnote_588"
-class="fnanchor">[583]</a>. Éste era tambien el punto sobre que
-Jesús se complacia en retar á sus adversarios<a id="FNanchor_589"
-href="#Footnote_589" class="fnanchor">[584]</a>. Quebrantaba
-abiertamente el sábado, y no respondia á los cargos que se le hacian,
-sino por medio de sátiras ingeniosas. Con mayor motivo despreciaba una
-porcion de preceptos modernos, que la tradicion habia añadido á la
-Ley, y que, por la misma razon, eran más apreciados de los devotos.
-Las abluciones, las diferencias demasiado sutiles de las cosas puras ó
-impuras no encontraban en él compasion ni misericordia. «¿Podeis lavar
-vuestra alma de esa manera?—les decia:—No mancilla al hombre lo que
-come, sino lo que sale de su corazon.»</p>
-
-<p>Los fariseos, propagadores de esas hipócritas nimiedades, eran el
-blanco á que se dirigian todos sus tiros. Los acusaba de exagerar la
-Ley, de inventar preceptos imposibles, á fin de crear á los hombres
-ocasiones de pecar. «Ciegos, lazarillos de ciegos,—decia,—cuidado con
-caer en el hoyo.»—«Raza de víboras,—añadia en secreto,—no hablan sino
-del bien, pero en su interior son malvados; desmienten el proverbio:
-“La boca no vierte sino lo que rebosa el corazon”<a id="FNanchor_590"
-href="#Footnote_590" class="fnanchor">[585]</a>.» Jesús no conocia
-bastante á los gentiles para pensar establecer sobre su conversion
-alguna cosa sólida. La Galilea contaba gran número de paganos, pero no,
-á lo que parece, un culto organizado y público de los falsos dioses<a
-id="FNanchor_591" href="#Footnote_591" class="fnanchor">[586]</a>.
-Jesús pudo ver desplegarse este culto en todo su esplendor en el
-país de Tyro y de Sidon, en Cesárea de Filipo y en la Decápola. De
-todo eso hizo poco caso. Jamás se encuentra en él ese pedantismo
-insoportable de los judíos de su época, esas declamaciones contra la
-idolatría tan familiares á sus correligionarios, á partir de Alejandro,
-y de que está lleno, por ejemplo, el libro de la «Sabiduría»<a
-id="FNanchor_592" href="#Footnote_592" class="fnanchor">[587]</a>. Lo
-que le chocaba en los paganos no era su idolatría, sino su servilismo<a
-id="FNanchor_593" href="#Footnote_593" class="fnanchor">[588]</a>.
-El jóven demócrata judío, hermano en esto de Júdas el Gaulonita,
-no reconociendo por dueño sino á Dios, se agraviaba de los honores
-que se tributaban á la persona de los soberanos y de los títulos
-frecuentemente falaces que se les prodigaban. Excepto en esto,
-en la mayor parte de las circunstancias<span class="pagenum"
-id="Page_137">p. 137</span> en que se encontraba con los paganos
-mostraba con ellos una gran indulgencia; á veces parecia concebir
-más esperanzas sobre ellos que sobre los judíos<a id="FNanchor_594"
-href="#Footnote_594" class="fnanchor">[589]</a>. El reino de Dios les
-será transferido. «Cuando un propietario está descontento de aquel
-á quien ha alquilado su viña, la arrienda á otros labradores que le
-paguen los frutos á su tiempo»<a id="FNanchor_595" href="#Footnote_595"
-class="fnanchor">[590]</a>. Jesús debia mantenerse tanto más en esta
-opinion, cuanto que la conversion de los gentiles era, segun las ideas
-judías, una de las señales más ciertas de la venida del Mesías<a
-id="FNanchor_596" href="#Footnote_596" class="fnanchor">[591]</a>.
-En su reino de Dios hace sentar al festin, al lado de Abraham, de
-Isaac y de Jacob, hombres originarios de todas partes, miéntras que
-rechaza á los herederos legítimos del reino<a id="FNanchor_597"
-href="#Footnote_597" class="fnanchor">[592]</a>. Cierto es que
-frecuentemente se cree hallar en las órdenes que da á sus discípulos
-una tendencia del todo contraria: parece recomendarles que no prediquen
-la salvacion sino solamente á los judíos ortodoxos<a id="FNanchor_598"
-href="#Footnote_598" class="fnanchor">[593]</a>, y habla de los
-paganos de una manera conforme á las prevenciones de los judíos<a
-id="FNanchor_599" href="#Footnote_599" class="fnanchor">[594]</a>.
-Pero es necesario acordarse de que los discípulos, cuyo escaso
-entendimiento no se avenia á esa gran indiferencia por la cualidad de
-hijos de Abraham, pudieron muy bien hacer doblegar las instituciones
-del maestro en el sentido de sus propias ideas. Por otra parte, es muy
-posible que Jesús variase respecto á este punto de la misma manera
-que Mahoma habla de los judíos en el Coran, tan pronto del modo más
-conveniente como con una extrema dureza, segun espera ó no atraerlos
-hácia sí. La tradicion, en efecto, concede á Jesús dos reglas de
-proselitismo enteramente contrarias y que pudo practicar sucesivamente:
-«Quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es;—el que no está
-por mí, contra mí está»<a id="FNanchor_600" href="#Footnote_600"
-class="fnanchor">[595]</a>. Esta especie de contradicciones ocasiona,
-casi necesariamente, una lucha apasionada.</p>
-
-<p>Lo cierto es, que entre sus discípulos contaba diferentes personas
-de las que los judíos designaban con el nombre de «Helénicos»<a
-id="FNanchor_601" href="#Footnote_601" class="fnanchor">[596]</a>. Esta
-palabra tenía en Palestina muy diversas significaciones. Unas veces
-se designaba con ella á los paganos, otras á los judíos que hablaban
-griego y vivian entre aquéllos<a id="FNanchor_602" href="#Footnote_602"
-class="fnanchor">[597]</a>, otras á las personas de orígen pagano
-convertidas al judaismo<a id="FNanchor_603" href="#Footnote_603"
-class="fnanchor">[598]</a>. Lo probable es que Jesús encontrase más
-simpatías en esta última clase de Helénicos<a id="FNanchor_604"
-href="#Footnote_604" class="fnanchor">[599]</a>. La afiliacion al
-judaismo tenía muchos grados, pero los prosélitos permanecian siempre
-en un estado de inferioridad con respecto al judío de nacimiento. Los
-que nos ocupan al<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span>
-presente eran llamados «prosélitos de la puerta» ó «personas timoratas
-de Dios», que se sometian á los preceptos de Noé, y no á los mosáicos<a
-id="FNanchor_605" href="#Footnote_605" class="fnanchor">[600]</a>. Esa
-misma inferioridad era sin duda alguna la causa que los acercaba á
-Jesús y les valia su estimacion.</p>
-
-<p>De la misma manera obraba con los samaritanos. Cercada como un
-islote entre las dos grandes provincias del judaismo (la Judea y la
-Galilea), la Samaria formaba en Palestina una especie de territorio
-ó distrito, donde se conservaba el antiguo culto del Garizim,
-hermano y rival del de Jerusalen. Aquella pobre secta, que no tenía
-ni el genio ni la sábia organizacion del judaismo propiamente
-dicho, era tratada por los hierosolimitanos con extremada dureza<a
-id="FNanchor_606" href="#Footnote_606" class="fnanchor">[601]</a>.
-Los que á ella pertenecian eran considerados por el mismo prisma
-que los paganos, concediéndoles un grado de mayor desprecio<a
-id="FNanchor_607" href="#Footnote_607" class="fnanchor">[602]</a>.
-Jesús, por una especie de oposicion, estaba animado en su favor.
-Muchas veces prefiere los samaritanos á los judíos ortodoxos. Si
-en algunas ocasiones parece prohibir á sus discípulos que vayan á
-predicarles, reservando su Evangelio para los israelitas puros<a
-id="FNanchor_608" href="#Footnote_608" class="fnanchor">[603]</a>,
-es sin duda un precepto hijo de las circunstancias, al cual los
-apóstoles dieron un sentido demasiado absoluto. Algunas veces los
-samaritanos le recibian mal, suponiéndole imbuido en las preocupaciones
-de sus correligionarios<a id="FNanchor_609" href="#Footnote_609"
-class="fnanchor">[604]</a>; del mismo modo que en nuestros dias,
-el europeo despreocupado es para los musulmanes un enemigo á
-quien siempre se cree cristiano fanático. Jesús sabía colocarse
-por cima de esos errores<a id="FNanchor_610" href="#Footnote_610"
-class="fnanchor">[605]</a>. Tuvo muchos discípulos en Sichem,
-donde pasó dos dias<a id="FNanchor_611" href="#Footnote_611"
-class="fnanchor">[606]</a>. En cierta situacion, no encuentra ni
-gratitud, ni verdadera piedad, sino en casa de un samaritano<a
-id="FNanchor_612" href="#Footnote_612" class="fnanchor">[607]</a>.
-Una de sus mejores parábolas es la del hombre herido en el camino
-de Jericó. Un sacerdote pasa, le ve y prosigue su camino. Un levita
-pasa y no se detiene. Un samaritano le compadece, se acerca á él,
-derrama aceite en sus heridas y las venda<a id="FNanchor_613"
-href="#Footnote_613" class="fnanchor">[608]</a>. Jesús deduce de esto
-que la verdadera fraternidad se establece entre los hombres por la
-caridad y no por la fe religiosa.</p>
-
-<p>El «prójimo», que en el judaismo era sobre todo el correligionario,
-es para él el hombre que tiene piedad de sus semejantes, sin distincion
-de sectas. La fraternidad humana en el sentido más lato rebosaba en
-todas sus lecciones.</p>
-
-<p>Estos pensamientos, que asediaban á Jesús á su salida de Jerusalen,
-encontraron su viva expresion en una anécdota qu<span class="pagenum"
-id="Page_139">p. 139</span>e ha sido conservada respecto á su regreso.
-El camino de Jerusalen, en Galilea, pasa á una media hora de Sichem<a
-id="FNanchor_614" href="#Footnote_614" class="fnanchor">[609]</a>
-delante de la explanada del valle que dominan los montes Ebal y
-Garizim. Los peregrinos judíos evitaban en general aquel camino,
-prefiriendo en sus viajes dar el gran rodeo de la Perea más bien que
-exponerse á las vejaciones de los samaritanos ó á pedirles alguna
-cosa. Estaba prohibido comer y beber con ellos<a id="FNanchor_615"
-href="#Footnote_615" class="fnanchor">[610]</a>; el axioma de
-algunos casuistas era «que un pedazo de pan de los samaritanos
-es carne de puerco»<a id="FNanchor_616" href="#Footnote_616"
-class="fnanchor">[611]</a>. Cuando se emprendia aquel camino, se
-hacian, pues, de antemano las provisiones; y áun así raramente se
-evitaban las pendencias y los malos tratamientos<a id="FNanchor_617"
-href="#Footnote_617" class="fnanchor">[612]</a>. Jesús no participaba
-ni de aquellos escrúpulos, ni de esos temores. Cuando hubo llegado al
-punto del camino en que hácia la izquierda se abre el valle de Sichem,
-se sintió fatigado y se detuvo cerca de un pozo. Los samaritanos
-tenian, lo mismo entónces que hoy en dia, la costumbre de poner á
-todos los parajes de sus valles, nombres sacados de los recuerdos
-patriarcales; aquel pozo le miraban como dado á José por Jacob;
-probablemente era el mismo que áun hoy dia se llama <i>Bir-Iakoub</i>.
-Los discípulos entraron en el valle y fueron á la ciudad á comprar
-provisiones; Jesús se sentó en el borde del pozo, teniendo á su vista á
-Garizim.</p>
-
-<p>Era mediodía próximamente. Una mujer de Sichem vino á sacar agua.
-Jesús la pidió de beber, lo cual la asombró muchísimo, porque los
-judíos se prohibian de ordinario todo comercio con los samaritanos.
-Subyugada por la plática de Jesús, la mujer reconoció en él un
-profeta, y esperando sin duda reconvenciones acerca de su culto, tomó
-la delantera, diciendo: «Señor, nuestros padres adoraron sobre esta
-montaña, miéntras que vosotros decís que en Jerusalen está el lugar
-donde se debe adorar.»—«Mujer, créeme á mí, le respondió Jesús:—ya
-llega el tiempo en que ni en este monte ni en Jerusalen adoraréis al
-Padre; ya llega el tiempo en que los verdaderos adoradores le adorarán
-en espíritu y en verdad»<a id="FNanchor_618" href="#Footnote_618"
-class="fnanchor">[613]</a>.</p>
-
-<p>El dia en que pronunció esa frase fué verdaderamente hijo de
-Dios, diciendo por vez primera la palabra sobre la cual descansará
-el edificio de la religion eterna. Con ella fundó el culto puro, sin
-fecha, sin patria; el culto que practicarán las almas elevadas hasta
-el fin de los siglos. Desde aquel dia, no solamente su religion fué
-la religion de la humanidad, sino la absoluta; y si en otros planetas
-hay habitantes dotados <span class="pagenum" id="Page_140">p.
-140</span>de razon y de moralidad, su religion no puede ser diferente
-de la que Jesús proclamó junto al pozo de Jacob. El hombre no ha
-podido permanecer en ella, porque lo ideal no se alcanza sino por un
-momento. La palabra de Jesús fué un relámpago en una noche oscura; han
-sido necesarios mil ochocientos años para que los ojos de la humanidad
-(es decir, de una parte sumamente ínfima de la humanidad) se hayan
-habituado á ella. Pero el relámpago se convertirá en luz permanente,
-y despues de haber recorrido todos los círculos de los errores, la
-humanidad volverá á esa palabra, como á la expresion inmortal de su fe
-y de sus esperanzas.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_15">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XV</h2>
- <p class="subh2">PRINCIPIO DE LA LEYENDA DE JESÚS — IDEA QUE TIENE ÉL
- MISMO DE SU MISION SOBRENATURAL</p>
-</div>
-
-<p>Cuando Jesús volvió á Galilea, no conservaba en su corazon ni
-un átomo de fe judía, y entónces se le ve lleno de entusiasmo
-revolucionario, expresando sus ideas con perfecta claridad. Los
-inocentes aforismos de su primera edad profética, tomados en
-parte de la doctrina de los rabinos anteriores á él, y las bellas
-predicaciones morales de su segundo período, se han convertido en una
-política decisiva. La Ley quedará abolida, y es él quien la abolirá<a
-id="FNanchor_619" href="#Footnote_619" class="fnanchor">[614]</a>.
-El Mesías ha venido, y no es otro que él, Jesús; el reino de Dios se
-revelará bien pronto á los hombres, y es él quien habrá de revelarle.
-Jesús sabe que será víctima de su atrevimiento; pero el reino de
-Dios no puede ser conquistado sin violencia; debe establecerse por
-medio de las conmociones y de las penalidades<a id="FNanchor_620"
-href="#Footnote_620" class="fnanchor">[615]</a>. El «Hijo del hombre»
-vendrá despues de su muerte, lleno de gloria y en compañía de legiones
-de ángeles, á confundir á aquellos que le rechazaron.</p>
-
-<p>No debe sorprendernos la audacia de semejante concepcion.<span
-class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> Desde hacia mucho tiempo,
-Jesús se consideraba respecto á Dios, como un hijo respecto á su padre.
-Lo que en otros habria sido vanidad insoportable, no debe mirarse en él
-como un atentado.</p>
-
-<p>El primer título que aceptó fué el de «Hijo de David», y
-probablemente le aceptó sin recurrir á los inocentes fraudes por medio
-de los cuales se trató de asegurársele. Segun parece, la familia de
-David se habia extinguido desde hacia mucho tiempo<a id="FNanchor_621"
-href="#Footnote_621" class="fnanchor">[616]</a>; los Asmoneos no
-pretendieron jamás atribuirse tal descendencia; y ni á Heródes ni á
-los romanos les pasó por la mente el que existiese en torno de ellos
-un representante de los derechos de la antigua dinastía. Pero desde
-el fin de los Asmoneos, todas las imaginaciones deliraban con un
-descendiente desconocido de los antiguos reyes, el cual vengaria á la
-nacion de sus enemigos. La creencia general era que el Mesías sería
-hijo de David, y que, como él, naceria en Bethlehem<a id="FNanchor_622"
-href="#Footnote_622" class="fnanchor">[617]</a>. Sin duda no fué éste
-el primer sentimiento de Jesús; el recuerdo de David, que preocupaba
-á la mayoría del pueblo judío, nada tenía de comun con su reino
-celestial. Creíase hijo de Dios y no de David; su reino y el rescate
-que meditaba, eran de otra especie muy distinta. Pero respecto á esto,
-la opinion general violentó hasta cierto punto sus intenciones. La
-consecuencia inmediata de esta proposicion: «Jesús es el Mesías», era
-esta otra: «Jesús es hijo de David.» Así, pues, dejóse dar un título,
-sin el cual no podia prometerse éxito alguno, y concluyó, á lo que
-parece, por adoptarle con el mayor gusto, puesto que se apresuraba á
-ejecutar los milagros que se le pedian, interpelándole de ese modo<a
-id="FNanchor_623" href="#Footnote_623" class="fnanchor">[618]</a>.
-Verdad es que en esto, como en otras várias circunstancias de su vida,
-Jesús no hizo sino amoldarse á las ideas que más boga alcanzaban en
-su tiempo, aunque aquellas ideas no fuesen precisamente las suyas. Á
-su dogma del «reino de Dios» asociaba todo cuanto podia contribuir á
-enardecer el corazon y la imaginacion del pueblo. Así es como le hemos
-visto adoptar el bautismo de Juan, ceremonia que en rigor no debia
-importarle gran cosa.</p>
-
-<p>Una grave dificultad se presentaba respecto al título mencionado,
-cual era su nacimiento en Nazareth, circunstancia conocida de todo
-el mundo. ¿Tuvo Jesús que luchar contra esta objecion? Se ignora.
-Quizás este inconveniente no se presentó nunca en Galilea, en cuya
-comarca no se hallaba muy extendida la idea de que el hijo de David
-habia de<span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> ser un
-bethlehemmitano. Para el idealista galileo, el título de Hijo de
-David estaba, por otra parte, suficientemente justificado con tal de
-que aquel á quien se le concediese, realzase la gloria de su raza
-é hiciera lucir dias de ventura en el oriente de Israel. ¿Autorizó
-Jesús con su silencio las genealogías ficticias que sus partidarios
-imaginaron para probar su régia estirpe?<a id="FNanchor_624"
-href="#Footnote_624" class="fnanchor">[619]</a>. ¿Tuvo noticia
-de las leyendas inventadas para hacerle nacer en Bethlehem, y en
-particular del rodeo de que se valieron para relacionar su orígen
-bethlehemmitano con el empadronamiento que se verificó por órden del
-legado imperial Quirinus?<a id="FNanchor_625" href="#Footnote_625"
-class="fnanchor">[620]</a>. Nada se sabe. La incertidumbre y
-las contradicciones de las genealogías<a id="FNanchor_626"
-href="#Footnote_626" class="fnanchor">[621]</a> hacen creer que
-fueron el resultado de un trabajo popular que se operaba en
-diversos puntos, y que ninguna de ellas fué sancionada por Jesús<a
-id="FNanchor_627" href="#Footnote_627" class="fnanchor">[622]</a>,
-el cual no se designa jamás como hijo de David. Ménos ilustrados que
-él, sus discípulos exageraban á menudo sus palabras, sin que Jesús
-tuviera muchas veces conocimiento de aquellas exageraciones. Añadamos
-que, durante los tres primeros siglos de nuestra era, considerables
-fracciones del cristianismo<a id="FNanchor_628" href="#Footnote_628"
-class="fnanchor">[623]</a> negaron con obstinacion la descendencia
-régia de Jesús y la autenticidad de las tales genealogías.</p>
-
-<p>Su leyenda era, pues, el fruto de una gran conspiracion
-completamente espontánea, y se elaboraba á su alrededor áun ántes
-de su muerte. Todos los grandes acontecimientos de la historia han
-dado lugar á un ciclo de fábulas más ó ménos inverosímiles, y aunque
-Jesús hubiese querido, no le habria sido fácil sustraerse á esas
-creaciones populares. Una vista un poco sagaz habria podido reconocer
-desde entónces el gérmen de los relatos que debian atribuirle un
-nacimiento sobrenatural, bien en virtud de la idea, muy general entre
-los antiguos, de que ningun hombre extraordinario puede nacer de las
-relaciones comunes entre ambos sexos; bien para responder á un capítulo
-mal interpretado de Isaías<a id="FNanchor_629" href="#Footnote_629"
-class="fnanchor">[624]</a>, en el cual creian ver que el Mesías
-naceria de una vírgen; bien, en fin, como consecuencia de la idea
-de que el «Hálito de Dios», erigido ya en hipóstasis divina, es un
-principio de fecundidad<a id="FNanchor_630" href="#Footnote_630"
-class="fnanchor">[625]</a>. Tal vez circulaba ya respecto á su infancia
-más de una anécdota concebida con la intencion de demostrar en su
-biografía el cumplimiento del ideal mesiánico<a id="FNanchor_631"
-href="#Footnote_631" class="fnanchor">[626]</a>, ó, mejor dicho,
-de las profecías que la exegésis alegórica de la época enlazaba
-con el Mesías. Otras veces supónesele relacionado desde la cuna
-con hombres célebres, tales como Juan Bau<span class="pagenum"
-id="Page_143">p. 143</span>tista, Heródes el Grande, astrólogos caldeos
-que, segun dicen, hicieron por aquel tiempo un viaje á Jerusalen<a
-id="FNanchor_632" href="#Footnote_632" class="fnanchor">[627]</a>,
-y por último, con dos ancianos, Simeon y Anna, que habian dejado
-recuerdos de gran santidad<a id="FNanchor_633" href="#Footnote_633"
-class="fnanchor">[628]</a>. Á todas esas combinaciones, fundadas
-en su mayor parte sobre hechos verdaderos, aunque desfigurados<a
-id="FNanchor_634" href="#Footnote_634" class="fnanchor">[629]</a>,
-presidia una cronología bastante tímida. Pero en todas esas
-fábulas resaltaba un espíritu de dulzura y bondad y un sentimiento
-completamente popular, que hacia de ellas como un suplemento
-de la predicacion<a id="FNanchor_635" href="#Footnote_635"
-class="fnanchor">[630]</a>. Esos relatos se propagaron de un modo
-extraordinario despues de la muerte de Jesús; sin embargo, puede
-creerse que ya circulaban en vida del maestro, no encontrando sino una
-piadosa credulidad y una cándida admiracion.</p>
-
-<p>Lo que de todos modos se halla fuera de duda es, que Jesús no pensó
-nunca en hacerse pasar por una encarnacion de Dios. Esta idea era
-completamente extraña al espíritu judáico, y ningun indicio de ella
-se encuentra en los evangelios de los sinópticos<a id="FNanchor_636"
-href="#Footnote_636" class="fnanchor">[631]</a>; sólo se halla
-indicada en algunas partes del evangelio de Juan, el cual no puede
-aceptarse como el eco del pensamiento de Jesús. Y áun este mismo
-evangelista parece tomar de cuando en cuando sus precauciones para
-rechazar semejante doctrina<a id="FNanchor_637" href="#Footnote_637"
-class="fnanchor">[632]</a>. La acusacion de que Jesús se proclama Dios
-ó el igual de Dios se presenta, áun en el evangelio de Juan, como
-una calumnia de los judíos<a id="FNanchor_638" href="#Footnote_638"
-class="fnanchor">[633]</a>. En el último evangelio, Jesús declara
-que es inferior á su Padre<a id="FNanchor_639" href="#Footnote_639"
-class="fnanchor">[634]</a>, y en otras partes confiesa que su Padre
-no se lo ha revelado todo<a id="FNanchor_640" href="#Footnote_640"
-class="fnanchor">[635]</a>. Cree, sí, que es algo más que un
-hombre extraordinario, aunque separado de Dios por una distancia
-inmensa. Jesús es hijo de Dios; pero todos los hombres lo son ó
-pueden llegar á serlo en grados diferentes<a id="FNanchor_641"
-href="#Footnote_641" class="fnanchor">[636]</a>. Dios es el padre
-á quien debe llamarse con ese nombre cada dia, á cada momento,
-y todos los resucitados serán hijos suyos<a id="FNanchor_642"
-href="#Footnote_642" class="fnanchor">[637]</a>. La filiacion divina
-se atribuia en el Antiguo Testamento á seres que de ningun modo se
-trataba de igualar con Dios<a id="FNanchor_643" href="#Footnote_643"
-class="fnanchor">[638]</a>. En los idiomas semíticos, así como en
-el lenguaje del Nuevo Testamento, se da á la palabra «hijo» un
-sentido sumamente lato<a id="FNanchor_644" href="#Footnote_644"
-class="fnanchor">[639]</a>. Además, la idea que Jesús forma del hombre
-no es esa idea humilde que introdujo despues un glacial deismo. En
-su poética concepcion de la naturaleza, un hálito único penetra el
-universo; Dios habita en el hombre, vive en él, de igual manera
-que el hombre habita en Dios y vive en Dios<a id="FNanchor_645"
-href="#Footnote_645" class="fnanchor">[640]</a>. El eminente
-idealismo de Jesús no le permitió nunca tene<span class="pagenum"
-id="Page_144">p. 144</span>r una idea bien clara de su propia
-personalidad:—Él es su Padre, y su Padre es él; vive en sus discípulos,
-está con ellos en todas partes<a id="FNanchor_646" href="#Footnote_646"
-class="fnanchor">[641]</a>, y él y sus discípulos son uno, así
-como su Padre y él no son sino una misma cosa<a id="FNanchor_647"
-href="#Footnote_647" class="fnanchor">[642]</a>. Para él, la idea es
-el todo; el cuerpo, que forma la distincion de las personas, no es
-nada.</p>
-
-<p>De este modo, el título de «Hijo de Dios», ó de «Hijo»<a
-id="FNanchor_648" href="#Footnote_648" class="fnanchor">[643]</a>
-sencillamente, llegó á ser para Jesús un título análogo al de «Hijo del
-hombre», y, como éste, sinónimo de «Mesías»; pero con la diferencia
-de que él se llamaba á sí mismo «Hijo del hombre» y de que nunca hizo
-uso, á lo que parece, de la palabra «Hijo de Dios»<a id="FNanchor_649"
-href="#Footnote_649" class="fnanchor">[644]</a>. El título de «Hijo
-del hombre» expresaba su cualidad de juez; el de «Hijo de Dios» su
-poder y su participacion en los supremos designios. Ese poder no
-tiene límites; su Padre le ha conferido ámplias facultades para todo,
-hasta para cambiar el sábado<a id="FNanchor_650" href="#Footnote_650"
-class="fnanchor">[645]</a>. Nadie conoce al Padre sino por él<a
-id="FNanchor_651" href="#Footnote_651" class="fnanchor">[646]</a>.
-El Padre le ha trasmitido exclusivamente el derecho de juzgar<a
-id="FNanchor_652" href="#Footnote_652" class="fnanchor">[647]</a>.
-La naturaleza le obedece, pero tambien obedece á cualquiera
-que cree y ora, porque la fe lo puede todo<a id="FNanchor_653"
-href="#Footnote_653" class="fnanchor">[648]</a>. Es menester recordar
-que ni en la mente de Jesús, ni en la de aquellos que le escuchaban,
-no habia ninguna idea, respecto á las leyes de la naturaleza, capaz
-de marcar el límite de lo imposible. Los testigos de sus milagros dan
-gracias á Dios por haber concedido á los hombres semejante potestad<a
-id="FNanchor_654" href="#Footnote_654" class="fnanchor">[649]</a>.
-Jesús perdona los pecados<a id="FNanchor_655" href="#Footnote_655"
-class="fnanchor">[650]</a>, y es superior á David, á Abraham, á
-Salomon y á los profetas<a id="FNanchor_656" href="#Footnote_656"
-class="fnanchor">[651]</a>. Ignoramos bajo qué forma y de qué manera
-se producian esas afirmaciones. Jesús no debe ser juzgado por la regla
-de nuestras mezquinas conveniencias. La admiracion de sus discípulos
-sacaba sus ideas fuera del cauce primitivo, y es evidente que ya
-no le satisfacia el título de <i>rabbí</i> con que en un principio
-se contentara; áun el título mismo de profeta ó de enviado de Dios
-no respondia ya á su pensamiento. Atribuíase la posicion de un sér
-sobrenatural y queria que se le considerase respecto á Dios en una
-relacion más inmediata, más íntima que los demás. Pero es necesario
-tener presente que las palabras «sobrehumano» y «sobrenatural»,
-tomadas de nuestra mezquina fraseología, carecian de sentido en la
-elevada conciencia religiosa de Jesús. La naturaleza y el desarrollo
-de la humanidad no eran para él reinos limitados fuera de Dios,
-no eran ruines realidades sujetas á las leyes de un desesperante
-empirismo. Para él no habia sobrenatural, porque<span class="pagenum"
-id="Page_145">p. 145</span> no habia naturaleza. Embriagado de amor
-infinito, olvidaba la pesada cadena que retiene cautivo al espíritu, y
-franqueaba de un solo salto el abismo, para muchos infranqueable, que
-la pobreza de las facultades humanas traza entre el hombre y Dios.</p>
-
-<p>No puede negarse que en esas afirmaciones de Jesús se hallaba
-ya el gérmen de la doctrina que debia luégo convertirle en
-hipóstasis divina<a id="FNanchor_657" href="#Footnote_657"
-class="fnanchor">[652]</a>, identificándole con el Verbo, ó
-en «segundo Dios»<a id="FNanchor_658" href="#Footnote_658"
-class="fnanchor">[653]</a>, ó en hijo mayor de Dios<a
-id="FNanchor_659" href="#Footnote_659" class="fnanchor">[654]</a>, ó
-en <i>ángel metatrono</i><a id="FNanchor_660" href="#Footnote_660"
-class="fnanchor">[655]</a>, doctrina que la teología judáica creaba
-tambien por su parte<a id="FNanchor_661" href="#Footnote_661"
-class="fnanchor">[656]</a>. Á fin de corregir el extremado rigor del
-antiguo monoteismo, aquella teología experimentaba la necesidad de
-colocar cerca de Dios un asesor, en el cual delegase el Padre eterno
-el gobierno del universo. La creencia de que ciertos hombres eran
-encarnaciones de facultades ó de «potencias» divinas se hallaba muy
-generalizada; por aquella misma época habia entre los Samaritanos
-un taumaturgo, llamado Simon, á quien se identificaba con la
-«gran virtud de Dios»<a id="FNanchor_662" href="#Footnote_662"
-class="fnanchor">[657]</a>. Desde hacia casi dos siglos, los
-entendimientos especulativos del judaismo tendian á personificar ó,
-mejor dicho, á formar personas diferentes de los atributos divinos y de
-ciertas expresiones que se relacionaban con la divinidad. El «Hálito de
-Dios», de que frecuentemente se hace mérito en el Antiguo Testamento,
-se consideraba como un sér aparte, llamado <i>Espíritu Santo</i>. De
-igual manera la «Sabiduría de Dios» y la «palabra de Dios» llegan á
-ser personas que existen por sí mismas. El gérmen del procedimiento
-fué, pues, el que engendró los <i>Sephiroth</i> de la cábala, los
-<i>Æons</i> del gnosticismo, las hipóstasis cristianas, toda esa árida
-mitología que consiste en abstracciones personificadas, y á la cual
-tiene que recurrir el monoteismo cuando quiere introducir en Dios la
-multiplicidad.</p>
-
-<p>Jesús parece haber permanecido extraño á esos teológicos
-refinamientos, que muy pronto debian llenar el mundo de estériles
-disputas. La teoría metafísica del Verbo, tal como se encuentra
-en los escritos de su contemporáneo Filon, en los <i>Targums</i>
-caldeos, y hasta en el libro de la «Sabiduría»<a id="FNanchor_663"
-href="#Footnote_663" class="fnanchor">[658]</a>, no traspira ni en las
-<i>Logia</i> de Matheo, ni en general en ninguno de los sinópticos,
-intérpretes tan auténticos de las palabras de Jesús. En efecto, nada
-tenía de comun con el mesianismo la doctrina del Verbo; ni el Verbo
-de Filon, ni el de los Targums es el Mesías. Los que despues trataron
-de<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> probar que Jesús
-era el Verbo y crearon en este sentido toda una nueva teología, muy
-diferente de la del reino de Dios, fueron Juan el evangelista ó los
-discípulos de su escuela<a id="FNanchor_664" href="#Footnote_664"
-class="fnanchor">[659]</a>. El papel esencial del Verbo es el de
-creador y de providencia; esto supuesto, Jesús no pretendió jamás
-haber creado el mundo, ni mucho ménos gobernarle. Su mision será
-juzgarle, renovarle. El atributo esencial que Jesús se atribuye, el
-que le conceden todos los primeros cristianos, es el de presidente del
-juicio final del género humano<a id="FNanchor_665" href="#Footnote_665"
-class="fnanchor">[660]</a>. Hasta entónces, permanece sentado
-á la diestra de Dios como su <i>Metatrono</i>, como su primer
-ministro y futuro vengador<a id="FNanchor_666" href="#Footnote_666"
-class="fnanchor">[661]</a>. El Cristo de las bóvedas bizantinas, juez
-del mundo, sentado en medio de apóstoles semejantes á él y superiores
-á los ángeles, que no hacen sino asistir y servir, es la exacta
-representacion figurada de esa concepcion del «Hijo del hombre», cuyos
-primeros rasgos aparecen ya fuertemente indicados en el Libro de
-Daniel.</p>
-
-<p>De todos modos, el rigor de una escolástica discurrida no se
-hallaba en semejante órden de cosas. El conjunto de ideas que
-acabamos de exponer formaba en el ánimo de los discípulos un sistema
-tan inseguro, que hacen obrar al Hijo de Dios, á esa especie de
-division de la divinidad, como si fuera un hombre ni más ni ménos
-que los otros. Jesús es tentado por el demonio, ignora muchas cosas
-y corrige ó rectifica sus propias palabras<a id="FNanchor_667"
-href="#Footnote_667" class="fnanchor">[662]</a>; se muestra abatido,
-desanimado, pide á su padre que le evite la amargura de las pruebas,
-y se somete á la voluntad de Dios como un hijo<a id="FNanchor_668"
-href="#Footnote_668" class="fnanchor">[663]</a>. Él, que debe juzgar
-el mundo, no sabe cuándo llegará el dia del juicio<a id="FNanchor_669"
-href="#Footnote_669" class="fnanchor">[664]</a>. Vésele tambien tomar
-precauciones respecto á su seguridad, amenazada por sus enemigos<a
-id="FNanchor_670" href="#Footnote_670" class="fnanchor">[665]</a>.
-Poco tiempo despues de su nacimiento, su familia se ve obligada á
-esconderle á fin de evitar la persecucion de hombres poderosos,
-que quieren matarle<a id="FNanchor_671" href="#Footnote_671"
-class="fnanchor">[666]</a>. En los exorcismos, el diablo disputa con
-él y no abandona el cuerpo del paciente á la primera intimacion<a
-id="FNanchor_672" href="#Footnote_672" class="fnanchor">[667]</a>.
-Al operar los milagros, nótase en él un penoso esfuerzo, como aquel
-que violenta su voluntad<a id="FNanchor_673" href="#Footnote_673"
-class="fnanchor">[668]</a>. Todo esto no es sino la obra de un
-enviado de Dios, de un hombre á quien Dios protege y favorece<a
-id="FNanchor_674" href="#Footnote_674" class="fnanchor">[669]</a>.
-Inútil sería buscar en semejante exposicion de ideas lógica y
-consecuencia. La necesidad que tenía Jesús de acreditarse, y el
-entusiasmo de sus discípulos, aglomeraban nociones contradictorias.
-Para los mesianistas de la escuela milenaria, para los apasionados
-lectores d<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span>e los
-libros de Daniel y de Henoch, Jesús era el «Hijo del hombre»; para los
-judíos de la creencia comun, para los lectores de Isaías y de Miqueas,
-era el «Hijo de David»; para los afiliados, era el «Hijo de Dios» ó
-simplemente el «Hijo». Otros, sin que por ello merecieran la censura
-de los discípulos, le tomaban por Juan Bautista resucitado, por Elías,
-ó por Jeremías, conforme á la creencia popular de que los antiguos
-profetas vendrian á preparar la época del Mesías<a id="FNanchor_675"
-href="#Footnote_675" class="fnanchor">[670]</a>.</p>
-
-<p>El entusiasmo, produciendo la conviccion y alejando hasta la
-sombra de una duda, servia de escudo á esas atrevidas afirmaciones. Á
-nosotros, naturalezas frias y timoratas, no nos es fácil comprender
-cómo la idea de que el hombre se hace apóstol puede llegar á poseerle
-hasta ese extremo. La conviccion, con arreglo al prisma racional y
-severo á traves del cual miran las acciones los individuos de nuestras
-razas pensadoras, significa la sinceridad para consigo mismo. Pero
-en los pueblos orientales, poco acostumbrados á las delicadezas del
-espíritu crítico, la sinceridad para consigo mismo no significa gran
-cosa. Á los ojos de nuestra rígida conciencia, la buena fe y la
-impostura se rechazan entre sí como dos términos irreconciliables. En
-Oriente no sucede lo mismo: entre uno y otro término caben innumerables
-subterfugios y sutilezas. Los autores de los libros apócrifos (por
-ejemplo, de Daniel y de Henoch), esos hombres tan ensalzados, cometian
-en favor de su causa, y de seguro sin la menor sombra de escrúpulo, lo
-que nosotros calificariamos de falsedad y fraude. Los orientales dan
-poca importancia á la verdad material, y todo lo ven por el prisma de
-sus ideas, de sus intereses y de sus pasiones.</p>
-
-<p>Si no se admiten respecto á la sinceridad diferentes grados, la
-historia es imposible. El pueblo es el autor de todas las grandes
-cosas, y siendo así, para conducirle es menester doblegarse á sus
-ideas. El filósofo que sabiendo esto se aisla y encierra en la
-integridad de carácter, sin duda merece los más sinceros elogios.
-Pero no debe censurarse al que acepta la humanidad tal como es, con
-sus ilusiones y sus delirios, y trata de obrar con ella y sobre ella.
-César sabía perfectamente que no era hijo de Vénus; la Francia no
-sería lo que es hoy, si no hubiese creido por espacio de mil años en
-la sa<span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>nta ampolla<a
-id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[*]</a> de
-Reims. Fácil nos es á nosotros, pobres impotentes, calificar todo
-eso de impostura, y orgullosos de nuestra tímida honradez, tratar
-desdeñosamente á los héroes que aceptaron la lucha de la vida en
-otras condiciones. Pero cuando con nuestros escrúpulos hayamos hecho
-lo que ellos hicieron con sus falsedades, entónces y sólo entónces
-tendrémos derecho de tratarlos con severidad. Es preciso, cuando ménos,
-establecer profunda distincion entre sociedades como la nuestra, donde
-todo se pasa por el tamiz de la crítica y de la reflexion, y sociedades
-crédulas y sencillas como aquellas en que nacieron las creencias que
-han dominado los siglos. Todas las grandes fundaciones descansan en
-alguna leyenda. Si hay en ello un culpable, es sin duda la humanidad,
-que quiere ser engañada.</p>
-
-<div class="footnote2">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[*]</a> Vaso
-sagrado, en el cual se conservaba el óleo que servia para ungir á los
-reyes. (N. del T.)</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_16">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVI</h2>
- <p class="subh2 g1">MILAGROS</p>
-</div>
-
-<p>Segun los contemporáneos de Jesús, dos medios de prueba podian
-solamente establecer una mision sobrenatural: tales eran los milagros
-y el cumplimiento de las profecías. Jesús, y en particular sus
-discípulos, emplearon con la mejor buena fe esos dos procedimientos
-de demostracion. Jesús se hallaba convencido desde hacia mucho tiempo
-de que los profetas habian escrito refiriéndose á él. Veia en sus
-oráculos sagrados su propia figura, y se consideraba como el espejo en
-que todo el espíritu profético de Israel habia leido el porvenir. Tal
-vez la escuela cristiana trató de probar, áun en vida de su fundador,
-que Jesús correspondia perfectamente á cuanto los profetas habian
-predicho respecto al Mesías<a id="FNanchor_676" href="#Footnote_676"
-class="fnanchor">[671]</a>. Pero, en muchos casos, las semejanzas
-eran del todo exteriores y tan vagas, que nosotros apénas podemos
-apreciarlas. Frecuentemente, circunstancias fortuitas ó insignificantes
-de la vida del maestro, recordaban á los discípulos ciertos pasajes de
-los<span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span> salmos y de los
-profetas, en los cuales, gracias á su constante preocupacion, creian
-ver imágenes relativas á Jesús<a id="FNanchor_677" href="#Footnote_677"
-class="fnanchor">[672]</a>. Así, pues, casi toda la exegésis de la
-época consistia en juegos de palabras, en citas traidas por los
-cabellos, en inducciones artificiales y arbitrarias. La sinagoga no
-tenía una lista oficial y segura de los pasajes referentes al reino
-futuro. Las aplicaciones mesiánicas eran libres, y más bien que
-una argumentacion importante y razonada, constituian artificios de
-estilo.</p>
-
-<p>En cuanto á los milagros, ellos eran en aquella época el
-signo indispensable de lo divino, el sello de las vocaciones
-proféticas. En las leyendas de Elías y de Elíseo, hormigueaban
-los hechos maravillosos, y todo el mundo estaba persuadido de que
-el Mesías realizaria gran número de ellos<a id="FNanchor_678"
-href="#Footnote_678" class="fnanchor">[673]</a>. Á algunas leguas del
-punto en que vivia Jesús, en Samaria, un mago llamado Simon alcanzaba,
-merced á sus prestigios, una reputacion casi divina<a id="FNanchor_679"
-href="#Footnote_679" class="fnanchor">[674]</a>. Y andando el tiempo,
-cuando se pretendió poner en boga al taumaturgo Apolonio de Tiana y
-probar que su vida habia sido el viaje de un dios sobre la tierra, nada
-se creyó tan á propósito para conseguirlo como inventar respecto á él
-un vasto ciclo de milagros<a id="FNanchor_680" href="#Footnote_680"
-class="fnanchor">[675]</a>. Los mismos filósofos de Alejandría, Plotino
-y demás compañeros, tienen fama de haberlos hecho<a id="FNanchor_681"
-href="#Footnote_681" class="fnanchor">[676]</a>. Jesús se encontró,
-pues, en esta alternativa: ó renunciar á su mision, ó convertirse
-tambien en taumaturgo. Es preciso tener presente que, á excepcion
-de las grandes escuelas científicas de la Grecia y de sus adeptos
-romanos, toda la antigüedad admitia los milagros, y que Jesús, no
-solamente creia en ellos, sino que no tenía ni la más remota idea
-de un órden natural sujeto á leyes invariables. Sus conocimientos
-sobre este punto en nada eran superiores á los de sus contemporáneos.
-Léjos de ello, puesto que una de las opiniones más profundamente
-arraigadas en Jesús era, que la fe y la oracion dan al hombre ilimitado
-poder sobre la naturaleza<a id="FNanchor_682" href="#Footnote_682"
-class="fnanchor">[677]</a>, la facultad de hacer milagros nada
-tenía entónces de sorprendente, en razon á que se la consideraba
-como un permiso en toda regla concedido por Dios á los hombres<a
-id="FNanchor_683" href="#Footnote_683" class="fnanchor">[678]</a>.</p>
-
-<p>La diferencia de los tiempos y la distinta manera de apreciar las
-cosas, hacen que nos disguste y ofenda aquello mismo que sirvió de
-poderosa palanca al gran fundador; y si el culto de Jesús se debilita
-alguna vez en la humanidad, será justamente á causa de los actos que
-hicieron creer en él.<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span>
-Ante esa especie de fenómenos históricos, la crítica no experimenta
-ninguna perplejidad. En nuestros dias un taumaturgo, á ménos que no sea
-de una candidez extrema, como ciertas estigmatizadas de Alemania, es
-un ente odioso, porque hace milagros sin creer en ellos; es lo que se
-llama un charlatan. Pero la cuestion cambia de aspecto, si aplicamos
-nuestro juicio á un Francisco de Asís;—el ciclo milagroso del orígen de
-la órden de San Francisco, léjos de chocarnos, nos causa un verdadero
-placer. Los fundadores del cristianismo vivian en un estado de poética
-ignorancia, tan completo como aquel en que vivió Santa Clara y los
-<i>tres socii</i>. Parecíales la cosa más sencilla del mundo que su
-maestro tuviese entrevistas con Moisés y Elías, curase los enfermos
-é hiciese que los elementos obedecieran á su voz. Por otra parte, es
-menester no olvidar que todas las ideas pierden algo de su primitiva
-pureza tan pronto como aspiran á realizarse: no se llega á obtener
-éxito sin que la delicadeza del alma saque algunas heridas de la
-lucha. Tal es la flaqueza del entendimiento humano, que las mejores
-causas se ganan casi siempre con malas razones. Las demostraciones
-de los primeros apologistas del cristianismo se fundan en pobrísimos
-argumentos. Moisés, Cristóbal Colon, Mahoma y tantos otros no
-triunfaron de los obstáculos, sino teniendo presente á cada momento la
-debilidad de los hombres y ocultando con frecuencia la verdad. Es muy
-probable que los milagros impresionasen más á las personas que rodeaban
-á Jesús que las predicaciones tan profundamente divinas del maestro.
-Añádase que ántes y despues de la muerte de Jesús la fama exageró
-sin duda extraordinariamente el número de los hechos sobrenaturales.
-Los tipos de los milagros evangélicos no ofrecen, en efecto, mucha
-variedad; repítense á cada paso los mismos, y parecen calcados sobre un
-reducido número de modelos, en armonía con las exigencias y los gustos
-del país.</p>
-
-<p>Entre el cúmulo de relatos milagrosos, cuya fatigosa enumeracion
-contienen los evangelios, es imposible distinguir los milagros
-que la opinion atribuyó á Jesús de aquellos en que él se avino á
-desempeñar un papel activo. Y es todavía más imposible el averiguar
-si esas chocantes circunstancias de esfuerzos, estremecimientos y
-demás rasgos que tienen cierto sabor de juglería<a id="FNanchor_684"
-href="#Footnote_684" class="fnanchor">[679]</a> son históricas, ó si
-son fruto de la creencia de los redactores, cuyas almas vivian en un
-mundo lleno de preocupaciones teúrgicas, muy semejante al mundo en
-que<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span> viven nuestros
-modernos <i>espiritistas</i><a id="FNanchor_685" href="#Footnote_685"
-class="fnanchor">[680]</a>. Casi todos los milagros que Jesús creyó
-ejecutar parecen haber sido milagros de curacion. En aquella época,
-la medicina era en Judea lo que es todavía en Oriente, esto es, nula
-bajo el punto de vista científico, un arte rudimentario sometido
-completamente á la inspiracion individual. La medicina científica,
-fundada por los griegos desde hacia quinientos años, era en tiempo de
-Jesús desconocida entre los judíos de la Palestina. En semejante estado
-de ignorancia, la presencia de un hombre superior que trate al paciente
-con dulzura y le dé, mediante algunos signos sensibles, la seguridad
-de su restablecimiento, es con frecuencia un remedio decisivo. Nadie
-negará que en muchos casos, exceptuando los de lesiones completamente
-caracterizadas, los consuelos de una persona exquisita valen tanto
-como los recursos de la farmacia. El placer de verla produce alivio;
-y aunque no ofrezca al enfermo sino aquello que puede, esto es, una
-sonrisa, una esperanza, sus dones no carecen de precio.</p>
-
-<p>Jesús, de igual manera que sus compatriotas, no tenía idea de
-una ciencia médica racional; como todo el mundo, creia que la cura
-de las enfermedades debia operarse por medio de las prácticas
-religiosas: semejante creencia era en extremo lógica y consecuente.
-Considerándose la enfermedad como el castigo de un pecado<a
-id="FNanchor_686" href="#Footnote_686" class="fnanchor">[681]</a>,
-como obra de los demonios<a id="FNanchor_687" href="#Footnote_687"
-class="fnanchor">[682]</a>, y de ninguna manera como el resultado
-de causas físicas, natural era que el mejor médico fuese el hombre
-santo, aquel que tenía poder en el órden maravilloso. La cura de las
-enfermedades pasaba por una cosa moral; Jesús, teniendo conciencia
-de su fuerza moral, debia, pues, creerse especialmente dotado
-para practicarla. Convencido de que el contacto de su túnica<a
-id="FNanchor_688" href="#Footnote_688" class="fnanchor">[683]</a> y
-la imposicion de sus manos<a id="FNanchor_689" href="#Footnote_689"
-class="fnanchor">[684]</a> eran favorables á los enfermos, habria sido
-cruel si hubiese negado á los que sufrian un alivio que tan fácilmente
-podia concederles. Mirábase tambien la curacion de los enfermos como
-una de las señales del reino de Dios, idea que iba siempre asociada á
-la emancipacion de los pobres<a id="FNanchor_690" href="#Footnote_690"
-class="fnanchor">[685]</a>. Ambas eran los signos de la gran revolucion
-que debia conducir al alivio de todas las enfermedades.</p>
-
-<p>El exorcismo ó la expulsion de los demonios es uno de los géneros
-de curacion que Jesús opera más frecuentemente. La creencia en los
-demonios reinaba entónces en todos los ánimos; y tan general era esa
-opinion, que no sólo en Judea,<span class="pagenum" id="Page_152">p.
-152</span> sino en el mundo entero, se creia que los demonios se
-amparaban del cuerpo de ciertas personas, obligándolas á obrar contra
-su voluntad. Un <i>div</i> persa, <i>Aeschma-daeva</i>, «el div de la
-concupiscencia», nombrado várias veces en el Avesta<a id="FNanchor_691"
-href="#Footnote_691" class="fnanchor">[686]</a>, y adoptado por
-los judíos bajo el nombre de <i>Asmodeo</i><a id="FNanchor_692"
-href="#Footnote_692" class="fnanchor">[687]</a>, llegó á ser la
-causa de todas las perturbaciones histéricas de las mujeres<a
-id="FNanchor_693" href="#Footnote_693" class="fnanchor">[688]</a>. La
-misma explicacion se daba respecto á la epilepsia, á las enfermedades
-mentales ó nerviosas<a id="FNanchor_694" href="#Footnote_694"
-class="fnanchor">[689]</a>, que ponen fuera de sí al paciente, y á
-aquellas cuya causa no se echa de ver, como la sordera y la mudez<a
-id="FNanchor_695" href="#Footnote_695" class="fnanchor">[690]</a>.
-El admirable tratado «De la enfermedad sagrada», de Hipócrates, que
-estableció sobre este punto, cuatro siglos y medio ántes de Jesús,
-los verdaderos principios de la medicina, aún no habia desterrado
-del mundo semejantes errores. Suponíase que para lanzar los demonios
-habia procedimientos más ó ménos eficaces:—el estado de exorcista
-era una profesion regular como la de médico<a id="FNanchor_696"
-href="#Footnote_696" class="fnanchor">[691]</a>. Es indudable que
-Jesús tenía fama de poseer los últimos secretos respecto á ese arte<a
-id="FNanchor_697" href="#Footnote_697" class="fnanchor">[692]</a>. En
-aquella época habia muchos locos en Judea, fenómeno producido sin duda
-por la grande exaltacion de los ánimos. Aquellos locos se dejaban en
-completa libertad, como sucede áun hoy dia en las regiones de Siria,
-y habitaban las grutas sepulcrales ya abandonadas, las cuales eran el
-retiro ordinario de los vagabundos. Jesús ejercia mucha influencia
-sobre aquellos infelices<a id="FNanchor_698" href="#Footnote_698"
-class="fnanchor">[693]</a>. Á propósito de esas curas se referian
-mil singulares historias, en las que se daba rienda suelta á la
-credulidad de la época. Pero tampoco en esto se deben exagerar las
-dificultades. Los desórdenes que entónces se explicaban por la posesion
-de los diablos, eran frecuentemente insignificantes. En Siria se
-miran todavía, en pleno siglo décimo nono, como locos ó poseidos
-del demonio (estas dos ideas se confunden en una, <i>medjnum</i>)<a
-id="FNanchor_699" href="#Footnote_699" class="fnanchor">[694]</a> á
-los que sólo adolecen de alguna extravagancia. En semejante caso, una
-palabra dulce y cariñosa basta á veces para lanzar al demonio:—es más
-que probable que Jesús no emplease otros medios. ¿No cabe tambien en lo
-posible que su fama de exorcista se extendiera sin que él tuviese casi
-conocimiento de ello? Las personas que residen en Oriente se quedan á
-veces sorprendidas de encontrarse, al cabo de algun tiempo, con una
-gran reputacion de médico, de hechicero ó de zahorí; reputacion que el
-vulgo les cuelga sin que ellas puedan darse cuenta de los hechos que
-hayan podido motivar esas extravagantes suposiciones.</p> <p><span
-class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span></p> <p>Hay, además, muchas
-circunstancias que indican que Jesús no fué taumaturgo sino tarde y á
-su pesar. Á menudo no ejecuta sus milagros sino á fuerza de súplicas,
-y los hace con una especie de mal humor, y echando en cara á los
-que se los piden la rudeza de su entendimiento<a id="FNanchor_700"
-href="#Footnote_700" class="fnanchor">[695]</a>. Una rareza, en
-apariencia inexplicable, pero fácil de comprender, es el cuidado que
-pone en hacer sus milagros de un modo oculto, y sus recomendaciones á
-las personas curadas de que no digan nada á nadie<a id="FNanchor_701"
-href="#Footnote_701" class="fnanchor">[696]</a>. Cuando los demonios
-quieren proclamarle hijo de Dios, les prohibe que despeguen los
-labios; si le reconocen, es á pesar suyo<a id="FNanchor_702"
-href="#Footnote_702" class="fnanchor">[697]</a>. Estos rasgos son
-muy característicos en Márcos, que es el evangelista por excelencia
-de los milagros y de los exorcismos. No parece sino que el discípulo
-que suministró las noticias fundamentales del segundo evangelio
-importunaba á Jesús con su admiracion por los prodigios, y que,
-aburrido el maestro de una reputacion que le disgustaba, le recomendaba
-frecuentemente no hablar de ello. Esa discordancia produce en una
-ocasion un destello singular<a id="FNanchor_703" href="#Footnote_703"
-class="fnanchor">[698]</a>, un acceso de impaciencia que prueba el
-enojo que causaban á Jesús aquellas contínuas é importunas peticiones
-de los espíritus débiles. Diríase que su papel de taumaturgo le es
-algunas veces insoportable, y que trata de dar la menor publicidad
-posible á las maravillas que en cierto modo brotan bajo la huella de
-sus piés. Cuando sus enemigos le piden un milagro, y en particular un
-prodigio celeste, un meteoro, rehusa categórica y obstinadamente<a
-id="FNanchor_704" href="#Footnote_704" class="fnanchor">[699]</a>.
-Permitido es, pues, creer que le impusieron su reputacion de
-taumaturgo, que si no la rechazó, tampoco hizo nada por consolidarla, y
-que de cualquier manera comprendia cuán infundada y vana era la opinion
-respecto á esto.</p>
-
-<p>Dejarnos llevar demasiado de nuestras repugnancias, y por
-sustraernos á las objeciones que puedan hacérsenos contra el carácter
-de Jesús, prescindir de hechos que á los ojos de sus contemporáneos
-figuraron en primera fila<a id="FNanchor_705" href="#Footnote_705"
-class="fnanchor">[700]</a>, sería faltar al buen método histórico.
-Decir que ellos son adiciones de discípulos muy inferiores al
-maestro; que, no pudiendo comprender su verdadera grandeza, trataron
-de realzarle con prodigios indignos de él, sería sumamente cómodo.
-Pero es el caso que los cuatro narradores de la vida de Jesús se
-hallan unánimes en ensalzar sus milagros; uno de ellos, Márcos,
-intérprete del apóstol Pedro<a id="FNanchor_706" href="#Footnote_706"
-class="fnanchor">[701]</a>, insiste de tal manera sobre este punto,
-que si para trazar el carácter del Cristo no se tuvier<span
-class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span>a presente más que su
-evangelio, habria que representarle como un exorcista posesor de
-encantos y de filtros de rara eficacia; como un poderoso y temible
-hechicero que infunde temor, y del cual desea uno desembarazarse<a
-id="FNanchor_707" href="#Footnote_707" class="fnanchor">[702]</a>.
-Nosotros admitimos, pues, sin vacilar que en la vida de Jesús hubo
-muchos actos que ahora se considerarian como otros tantos rasgos
-de ilusion ó de locura. Pero ¿debe sacrificarse á esta faz ingrata
-la faz sublime de semejante vida? ¡Guardémonos bien de ello! Un
-simple hechicero, semejante á Simon el Mago, no habria realizado una
-revolucion moral como la que realizó Jesús. Si el taumaturgo hubiera
-sobrepujado en Jesús al moralista y al fundador religioso, no habria
-dejado en pos de sí el cristianismo, sino una escuela de teurgia.</p>
-
-<p>Por otra parte, el problema se presenta de la misma manera respecto
-á todos los santos y fundadores religiosos. Hechos que hoy se hallan
-patentizados de morbosos, tales como la epilepsia y las visiones,
-fueron otras veces un principio de poder y de grandeza. La medicina
-conoce el nombre de la enfermedad que formó la reputacion de Mahoma<a
-id="FNanchor_708" href="#Footnote_708" class="fnanchor">[703]</a>. Casi
-hasta nuestros dias, los hombres que más han contribuido al bien de
-la humanidad (sin excluir al excelente Vicente de Paul), han pasado,
-con razon ó sin ella, por taumaturgos. Si se parte del principio de
-que todo personaje histórico á quien se atribuyan hechos que en el
-siglo décimo nono pasan por insensatos ó charlatanescos fué un loco,
-la crítica es imposible, porque se falsea por su base. La escuela de
-Alejandría fué una noble escuela, y sin embargo, se entregó á las
-prácticas de una teurgia extravagante. Sócrates y Pascal no estuvieron
-tampoco exentos de alucinaciones. Los hechos deben, pues, explicarse
-por causas que les sean proporcionadas. Las debilidades del espíritu
-humano no engendran sino debilidad; en la naturaleza del hombre, las
-grandes cosas tienen siempre grandes causas, por más que á menudo se
-produzcan escoltadas de multitud de pequeñeces que ofuscan su grandeza
-á los ojos de los espíritus superficiales.</p>
-
-<p>Puede decirse con verdad que, generalmente hablando, Jesús no fué
-taumaturgo y exorcista sino á pesar suyo. El milagro es á menudo
-obra del público más bien que de aquel á quien se atribuye. Aunque
-Jesús se hubiese obstinado constantemente en no hacer prodigios, la
-muchedumbre los habria creado para reputárselos:—el milagro mayor
-de todos habria sido el que no hubiese hecho ninguno; eso habria
-sido la<span class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span> completa
-derogacion de las leyes de la historia y de la sicología popular. Los
-milagros de Jesús fueron una violencia de su siglo, una concesion que
-le arrancó la necesidad pasajera. Por eso el exorcista y el taumaturgo
-se han desvanecido, miéntras que el fundador religioso vive y vivirá
-eternamente.</p>
-
-<p>Hasta aquellos que no creian en Jesús se hallaban impresionados por
-la fama de sus hechos, y trataban de presenciarlos<a id="FNanchor_709"
-href="#Footnote_709" class="fnanchor">[704]</a>. Los gentiles
-y las personas poco iniciadas experimentaban un sentimiento
-de temor y hacian lo posible por alejarle de su territorio<a
-id="FNanchor_710" href="#Footnote_710" class="fnanchor">[705]</a>.
-Tal vez algunos pensaban en abusar de su nombre á fin de provocar
-movimientos sediciosos<a id="FNanchor_711" href="#Footnote_711"
-class="fnanchor">[706]</a>. Pero la direccion completamente moral y
-nada política del carácter de Jesús, le salvó de aquellas seducciones.
-Su verdadero reino consistia en el círculo de niños que una frescura
-de imaginacion semejante á la suya y un mismo sentimiento del cielo
-agrupaban y retenian á su alrededor.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_17">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVII</h2>
- <p class="subh2">FORMA DEFINITIVA DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL
- REINO DE&nbsp;DIOS</p>
-</div>
-
-<p>Suponemos que esa última fase de la actividad de Jesús duró
-aproximadamente diez y ocho meses, desde su vuelta de la peregrinacion
-de la Pascua del año 31, hasta su viaje á la fiesta de los
-Tabernáculos en el año 32<a id="FNanchor_712" href="#Footnote_712"
-class="fnanchor">[707]</a>.</p>
-
-<p>Durante ese espacio de tiempo el pensamiento de Jesús no parece
-haberse enriquecido de ningun nuevo elemento; pero todas sus ideas se
-desarrollaron y produjeron en un grado siempre creciente de poder y de
-audacia.</p>
-
-<p>La idea fundamental de Jesús fué, desde un principio, el
-establecimiento del reino de Dios, el cual, segun ya hemos dicho,
-parece haberle entendido de diferentes modos. En ocasiones se le
-podria tomar por un jefe democrático, queriendo simplemente el reino
-de los pobres y de los desheredados. Otras veces el reino de Dios
-es el cumplimiento literal d<span class="pagenum" id="Page_156">p.
-156</span>e las visiones apocalípticas de Daniel y de Henoch, y
-frecuentemente, por último, ese reino es el de las almas, y el
-rescate próximo, es el rescate por el espíritu. La revolucion
-deseada por Jesús es, en tal caso, la que en realidad tuvo lugar; el
-establecimiento de un culto nuevo, más puro que el de Moisés.—Todos
-esos pensamientos parecian haber existido á la vez en la conciencia
-de Jesús. El primero, es decir, el de una revolucion temporal, no
-parece haberle detenido demasiado. Jesús no reparó nunca ni en el
-mundo, ni en los ricos, ni en el poder material como cosas dignas de
-llamar su atencion. No tuvo ninguna ambicion exterior; algunas veces,
-por una consecuencia natural, su grande importancia religiosa estaba
-á punto de cambiarse en importancia social. Diferentes personas iban
-á pedirle que se constituyese en juez y árbitro en cuestiones de
-intereses; Jesús rechazaba esas proposiciones con orgullo, casi como
-si hubieran sido injurias<a id="FNanchor_713" href="#Footnote_713"
-class="fnanchor">[708]</a>. Poseido de su celeste ideal, no salia nunca
-de su desdeñosa pobreza. Con respecto á las otras dos concepciones
-del reino de Dios, Jesús parece haberlas conservado simultáneamente.
-Si él no hubiese sido nada más que un entusiasta, alucinado por los
-apocalípsis que servian de alimento á la imaginacion popular, habria
-permanecido siendo un sectario oscuro, inferior á aquellos cuyas ideas
-imitaba. Si sólo hubiera sido un puritano, una especie de Channing ó de
-«Vicario saboyano», es indudable que no habria obtenido ningun triunfo.
-Las dos partes de su sistema, ó por mejor decir, sus dos concepciones
-del reino de Dios, están basadas la una en la otra, y este apoyo
-recíproco fué la causa de su incomparable resultado.</p>
-
-<p>Los primeros cristianos son visionarios, viviendo en un círculo de
-ideas que nosotros calificamos de sueños, pero al mismo tiempo ellos
-son los héroes de la guerra social que produjo la franquicia de la
-conciencia y el establecimiento de una religion, cuyo culto puro,
-anunciado por el fundador, acabará, á la larga, por efectuarse.</p>
-
-<p>Las ideas apocalípticas de Jesús, en su forma más completa, pueden
-resumirse de la manera siguiente:</p>
-
-<p>El órden actual de la humanidad toca á su término; este término
-será una revolucion inmensa, «una agonía», semejante á los dolores
-del parto; una <i>palingenesia</i> ó «renacimiento» (segun la
-misma frase de Jesús)<a id="FNanchor_714" href="#Footnote_714"
-class="fnanchor">[709]</a>, precedido de negras calamidades y anunciado
-por fenómenos extraños<a id="FNanchor_715" href="#Footnote_715"
-class="fnanchor">[710]</a>. En pleno dia, brillará en el cielo la
-señal del Hijo del hombre; y<span class="pagenum" id="Page_157">p.
-157</span> será una vision ruidosa y luminosa como la del Sinaí, un
-gran huracan rasgando la nube, un dardo de fuego cruzando en un abrir
-y cerrar de ojos, de Oriente á Occidente. El Mesías aparecerá en las
-nubes, revestido de gloria y de majestad, al sonido de las trompetas y
-rodeado de ángeles. Sus discípulos se sentarán á su lado en los tronos.
-Los muertos resucitarán entónces y el Mesías procederá al juicio<a
-id="FNanchor_716" href="#Footnote_716" class="fnanchor">[711]</a>.</p>
-
-<p>En ese juicio, los hombres serán clasificados en dos categorías,
-segun sus obras<a id="FNanchor_717" href="#Footnote_717"
-class="fnanchor">[712]</a>. Los ángeles serán los ejecutores
-de las sentencias<a id="FNanchor_718" href="#Footnote_718"
-class="fnanchor">[713]</a>. Los elegidos entrarán en una mansion
-deliciosa que les fué preparada desde el principio del mundo<a
-id="FNanchor_719" href="#Footnote_719" class="fnanchor">[714]</a>;
-allí se sentarán radiantes de luz, á un festin presidido por Abraham<a
-id="FNanchor_720" href="#Footnote_720" class="fnanchor">[715]</a>, los
-patriarcas y los profetas. Este número de elegidos será el menor<a
-id="FNanchor_721" href="#Footnote_721" class="fnanchor">[716]</a>. Los
-otros irán á la <i>Gehenna</i>. La Gehenna era el valle occidental
-de Jerusalen. Allí se habia ejercido en diversas épocas el culto del
-fuego, y aquel lugar habia llegado á ser una especie de cloaca. La
-Gehenna es, pues, en la imaginacion de Jesús, un valle tenebroso,
-impuro, lleno de fuego. Los excluidos del reino serán quemados allí y
-roidos de gusanos en compañía de Satanás y de los ángeles rebeldes<a
-id="FNanchor_722" href="#Footnote_722" class="fnanchor">[717]</a>;
-habrá tambien allí lágrimas y rechinamientos de dientes<a
-id="FNanchor_723" href="#Footnote_723" class="fnanchor">[718]</a>. El
-reino de Dios será como una sala cerrada, luminosa en su interior, en
-medio de ese mundo de tinieblas y de tormentos<a id="FNanchor_724"
-href="#Footnote_724" class="fnanchor">[719]</a>.</p>
-
-<p>Ese nuevo órden de cosas será eterno. El paraíso y la Gehenna
-no tendrán fin. Un abismo inaccesible los separará uno del otro<a
-id="FNanchor_725" href="#Footnote_725" class="fnanchor">[720]</a>.
-El Hijo del hombre, sentado á la diestra de Dios, presidirá ese
-estado definitivo del mundo y de la humanidad<a id="FNanchor_726"
-href="#Footnote_726" class="fnanchor">[721]</a>.</p>
-
-<p>Que todo esto fué tomado al pié de la letra por los discípulos
-y hasta por el mismo maestro, en ciertos momentos, es lo que salta
-á la vista en los escritos de la época de una manera absoluta.
-Si la primera generacion cristiana tiene una creencia profunda y
-constante, es sin duda la de que el mundo está á punto de acabar<a
-id="FNanchor_727" href="#Footnote_727" class="fnanchor">[722]</a>,
-y que la gran «revelacion»<a id="FNanchor_728" href="#Footnote_728"
-class="fnanchor">[723]</a> de Cristo se va á cumplir bien pronto.
-Esa viva proclamacion: «¡El tiempo está cerca!»<a id="FNanchor_729"
-href="#Footnote_729" class="fnanchor">[724]</a>, que comienza y acaba
-el Apocalípsis; ese llamamiento repetido sin cesar: «¡Que todo aquel
-que tenga oidos escuche!»<a id="FNanchor_730" href="#Footnote_730"
-class="fnanchor">[725]</a>, son gritos de esperanza y de reunion de
-toda la edad apostólica. Una expresion siria, <i>Maran atha</i>,
-«¡Nuestro Señor llega!»<a id="FNanchor_731" href="#Footnote_731"
-class="fnanchor">[726]</a>, se convirtió en una especie de santo y
-seña que los creyentes se decian entre ello<span class="pagenum"
-id="Page_158">p. 158</span>s para fortalecerse en su fe y en sus
-esperanzas. El Apocalípsis escrito el año 68 de nuestra era<a
-id="FNanchor_732" href="#Footnote_732" class="fnanchor">[727]</a>, fija
-el término á tres años y medio<a id="FNanchor_733" href="#Footnote_733"
-class="fnanchor">[728]</a>, y la «Ascension de Isaías»<a
-id="FNanchor_734" href="#Footnote_734" class="fnanchor">[729]</a>
-admite un cálculo muy aproximado á éste.</p>
-
-<p>Jesús nunca llegó á tal precision. Cuando se le preguntaba acerca
-del tiempo de su advenimiento, siempre rehusaba responder; y una
-vez hasta declara que la fecha de ese gran dia sólo es conocida
-del Padre, que no se la ha confiado ni á los ángeles, ni al Hijo<a
-id="FNanchor_735" href="#Footnote_735" class="fnanchor">[730]</a>.
-Jesús decia que el momento en que se espiaria el reino de Dios con una
-curiosidad impertinente, no sería precisamente en el que llegase<a
-id="FNanchor_736" href="#Footnote_736" class="fnanchor">[731]</a>; y
-repetia sin cesar, que sería una sorpresa como en los tiempos de Noé
-y de Lot; que era preciso estar siempre prevenido á partir; que cada
-uno debia tener encendida su lámpara como para un cortejo de bodas
-que llega desprevenidamente<a id="FNanchor_737" href="#Footnote_737"
-class="fnanchor">[732]</a>; que el Hijo del hombre vendria de la misma
-manera que un ladron, esto es, á la hora en que no se le esperase<a
-id="FNanchor_738" href="#Footnote_738" class="fnanchor">[733]</a>,
-y que apareceria como un rayo que recorre el horizonte de
-uno á otro extremo<a id="FNanchor_739" href="#Footnote_739"
-class="fnanchor">[734]</a>. Pero sus declaraciones acerca de la
-proximidad de la catástrofe no daban lugar á equivocacion alguna<a
-id="FNanchor_740" href="#Footnote_740" class="fnanchor">[735]</a>.
-«La generacion presente, decia, no pasará sin que se realice todo
-esto. Muchos de los que están aquí presentes no morirán sin haber
-visto al Hijo del hombre venir á tomar posesion de su reinado»<a
-id="FNanchor_741" href="#Footnote_741" class="fnanchor">[736]</a>.
-Vitupera á los que creen que él no sabe leer los pronósticos del reino
-futuro. «Cuando va llegando la noche decís: Hará buen tiempo, porque
-está el cielo arrebolado. Y por la mañana: Tempestad habrá hoy, porque
-el cielo está cubierto y encendido. ¿Cómo sabeis adivinar por el
-aspecto del cielo, y no podeis conocer las señales de estos tiempos?»<a
-id="FNanchor_742" href="#Footnote_742" class="fnanchor">[737]</a>.</p>
-
-<p>Gracias á una ilusion comun á todos los grandes reformadores,
-Jesús se figuraba el fin mucho más próximo de lo que era en realidad;
-no tenía en cuenta la lentitud de los movimientos de la humanidad:
-imaginábase realizar en un dia lo que mil ochocientos años más tarde no
-debia estar aún acabado.</p>
-
-<p>Esas declaraciones tan precisas preocuparon á la familia cristiana
-casi por espacio de setenta años. Estaba admitido que algunos de sus
-discípulos verian el dia de la revelacion final ántes de morir. Juan
-en particular era considerado en este número<a id="FNanchor_743"
-href="#Footnote_743" class="fnanchor">[738]</a>, y muchos creian que
-no moriria nunca. Quizás era esto una tardía opinion producida hácia
-el fin del siglo primero, por la avanzada edad á que Juan parece
-haber llegado, y que daba ocasion á creer que Dios queria con<span
-class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>servarle indefinidamente
-hasta el gran dia, á fin de realizar la palabra de Jesús. Sea de ello
-lo que quiera, á su muerte la fe de muchos vaciló, y sus discípulos
-dieron á la predicacion del Cristo un sentido más moderado<a
-id="FNanchor_744" href="#Footnote_744" class="fnanchor">[739]</a>.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo que Jesús admitia plenamente las creencias
-apocalípticas tales como se encuentran en los libros apócrifos de los
-judíos, admitia el dogma, que es el complemento de ellas, ó más bien
-la condicion de la resurreccion de los muertos. Tal doctrina, como
-ya lo hemos dicho, era aún nueva en Israel; muchas personas no la
-conocian ó no creian en ella<a id="FNanchor_745" href="#Footnote_745"
-class="fnanchor">[740]</a>. Sin embargo, era de fe para los fariseos
-y para los fervientes adeptos de las creencias mesiánicas<a
-id="FNanchor_746" href="#Footnote_746" class="fnanchor">[741]</a>.
-Jesús la aceptó sin reserva, pero siempre en el sentido más idealista.
-Muchos se figuraban que en el mundo de los resucitados se comeria,
-se beberia y se casarian. Jesús admite en su reino una nueva Pascua,
-un festin y un vino nuevo<a id="FNanchor_747" href="#Footnote_747"
-class="fnanchor">[742]</a>; pero excluye de él formalmente el
-casamiento. Los saduceos tenian, respecto á esto, un argumento grosero
-en la apariencia, pero bastante conforme en el fondo con la antigua
-teología. Se acordaban de que, segun los sabios antiguos, el hombre no
-sobrevivia sino en sus hijos. El código mosáico habia consagrado esa
-teoría patriarcal por una institucion extravagante, el <i>Levirat</i>,
-y los saduceos deducian de ahí sutiles consecuencias en contra de la
-resurreccion. Jesús las evadia declarando formalmente que en la vida
-eterna no existiria ya la diferencia de sexo y que el hombre sería
-semejante á los ángeles<a id="FNanchor_748" href="#Footnote_748"
-class="fnanchor">[743]</a>. Algunas veces parece que no promete la
-resurreccion sino á los justos<a id="FNanchor_749" href="#Footnote_749"
-class="fnanchor">[744]</a>; el castigo de los impíos consistiria
-en morir enteramente y permanecer en la nada<a id="FNanchor_750"
-href="#Footnote_750" class="fnanchor">[745]</a>. Más frecuentemente,
-sin embargo, Jesús quiere que la resurreccion se aplique á los malos
-para su eterna confusion<a id="FNanchor_751" href="#Footnote_751"
-class="fnanchor">[746]</a>. Como se ve, nada era completamente nuevo
-en esas teorías. Los evangelios y los escritos de los apóstoles
-no contienen absolutamente, en punto á doctrinas apocalípticas,
-sino lo que se encuentra ya en «Daniel»<a id="FNanchor_752"
-href="#Footnote_752" class="fnanchor">[747]</a>, «Henoch»<a
-id="FNanchor_753" href="#Footnote_753" class="fnanchor">[748]</a>,
-y los «oráculos sibilinos»<a id="FNanchor_754" href="#Footnote_754"
-class="fnanchor">[749]</a> de orígen judío. Jesús aceptó esas ideas
-extendidas generalmente entre sus contemporáneos, convirtiéndolas en
-base de su accion, ó por mejor decir, en uno de sus puntos de apoyo;
-porque tenía un sentimiento demasiado profundo de su verdadera obra
-para establecerla únicamente sobre principios tan frágiles, tan
-expuestos á recibir de los hechos una fulminante refutacion.</p>
-<p><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span></p> <p>Cierto
-es, en verdad, que una doctrina semejante, tomada por sí misma de
-una manera literal, no tenía porvenir alguno. El mundo, obstinándose
-en vivir, la hacia hundirse, y la edad que vive un hombre le estaba
-reservada á lo sumo. La fe de la primera generacion cristiana se
-explica, pero no así la de la segunda. Despues de la muerte de Juan,
-ó del último superviviente, cualquiera que fuese, del grupo que vió
-al maestro, la palabra de éste quedaba desmentida<a id="FNanchor_755"
-href="#Footnote_755" class="fnanchor">[750]</a>. Si la doctrina de
-Jesús sólo hubiese sido la creencia en un próximo fin del mundo,
-ciertamente que hoy dormiria en el olvido. ¿Qué es, pues, lo que la
-ha salvado? La gran latitud de las concepciones evangélicas, que ha
-permitido encontrar en el mismo símbolo doctrinas apropiadas á estados
-intelectuales muy diversos. El mundo no ha acabado, como Jesús lo
-anunció y como sus discípulos lo creyeron, pero está renovado del modo
-que Jesús deseaba. Si su pensamiento ha sido fecundo, débelo á su
-doble fase. Su quimera no ha corrido la suerte de otras muchas que han
-cruzado por el espíritu humano, gracias á que abrigaba un gérmen de
-vida que, introducido, merced á una apariencia fabulosa, en el seno de
-la humanidad, ha producido en él frutos eternos.</p>
-
-<p>Y no se diga que ésa es una benévola interpretacion, imaginada
-para lavar el honor de nuestro gran maestro del cruel mentís dado á
-sus sueños por la realidad. No, no; ese verdadero reino de Dios, ese
-reino del espíritu que hace á cada uno rey y sacerdote; ese reino que,
-como el grano de la simiente de mostaza, ha llegado á ser un árbol
-que presta sombra al mundo, y bajo cuyas ramas los pájaros tienen sus
-nidos, Jesús le comprendió, le quiso, le fundó. Al lado de la idea
-falsa, fria, imposible, de un advenimiento de ostentacion, concibió
-la verdadera ciudad de Dios, la «palingenesia» exacta, el sermon en
-la montaña, la apoteósis del débil, el amor del pueblo, el gusto
-del pobre, la rehabilitacion de todo lo que es humilde, verdadero é
-inocente. Esa rehabilitacion la hizo, como artífice incomparable, por
-rasgos que durarán eternamente. Cada uno de nosotros le debe lo que en
-sí tiene de mejor. Perdonémosle su esperanza de un vano apocalípsis,
-de una venida en gran triunfo sobre las nubes del cielo. Quizás ése
-era el error de los demás más bien que el suyo; y si es cierto que
-él participó de las ilusiones de los otros, ¿qué importa, una vez
-que su sueño le hizo esforzado contra la muerte y le sostu<span
-class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span>vo en una lucha, en la que
-sin eso tal vez habria sucumbido?</p>
-
-<p>Preciso es, pues, conservar diversos sentidos á la divina ciudad
-concebida por Jesús. Si su único pensamiento hubiese sido que el fin
-de los tiempos estaba cercano y que era necesario prepararse á él, no
-habria ido más allá que Juan Bautista. Renunciar á un mundo próximo
-á hundirse, desprenderse poco á poco de la vida presente, aspirar á
-un reino que iba á llegar, tal hubiera sido la última frase de su
-predicacion. La enseñanza de Jesús tuvo siempre por objeto miras más
-elevadas. Se propuso crear un nuevo estado de la humanidad, y no
-preparar sólo el fin del que existe. Elías ó Jeremías, volviendo á
-aparecer para preparar á los hombres á las supremas crísis, no hubieran
-predicado como él. Tan cierto es esto, que esa moral pretendida de los
-últimos dias ha resultado ser la moral eterna, la que ha salvado á la
-humanidad. El mismo Jesús, en muchas ocasiones, emplea modos de hablar
-que no entran absolutamente en la teoría apocalíptica. Frecuentemente
-declara que el reino de Dios ha comenzado; que todo hombre le lleva
-consigo mismo, y puede, si de ello es digno, disfrutar de él; que cada
-uno crea tácitamente ese reino por la verdera conversion del corazon<a
-id="FNanchor_756" href="#Footnote_756" class="fnanchor">[751]</a>.</p>
-
-<p>El reino de Dios no es entónces sino el bien<a id="FNanchor_757"
-href="#Footnote_757" class="fnanchor">[752]</a>, es un órden de cosas
-mejor que el que existe, es el reino de la justicia, que el fiel, segun
-sus fuerzas, debe contribuir á fundar, ó es áun la libertad del alma,
-ó bien algo de análogo al «rescate» búdico, fruto de la desaficion.
-Esas verdades, que para nosotros son puramente abstractas, para Jesús
-eran vivas realidades. Todo en su pensamiento es concreto y sustancial:
-Jesús es el hombre que más enérgicamente creyó en la realidad de lo
-ideal.</p>
-
-<p>Al aceptar las utopias de su tiempo y de su raza, Jesús supo hacer
-de ellas tambien grandes verdades, gracias á fecundos errores. Su reino
-de Dios era, sin duda, el próximo apocalípsis que iba á desarrollarse
-en el cielo. Pero, además de todo esto, probablemente era, sobre todo,
-el reino del alma, creado por la libertad y por el sentimiento filial,
-el que el hombre virtuoso experimenta en el seno de su padre. Aquélla
-era la religion pura, sin prácticas, sin templo, sin sacerdotes; era
-el juicio moral del mundo decretado á la conciencia del hombre justo y
-al poder del pueblo. Hé ahí lo que estaba hecho para vivir, y hé ahí
-lo que ha vivido. Cuando, al cabo de un siglo de aguardar en vano, se
-apura <span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>la esperanza
-materialista de un próximo fin del mundo, el verdadero reino de Dios
-aparece á ella. Lisonjeras explicaciones echan un velo sobre el reino
-real que no acaba de llegar. Estando el Apocalípsis de Juan, primer
-libro canónico del Nuevo Testamento, demasiado sériamente plagado de
-la idea de una catástrofe inmediata, queda pospuesto á segundo lugar y
-es tenido por ininteligible, torturado de mil modos y casi rechazado.
-Al ménos, se aplaza el dia de su cumplimiento para un porvenir
-indefinido. Algunos pobres obstinados que guardan aún, en plena época
-de reflexion, las esperanzas de los primeros discípulos, se convierten
-en heréticos (Ebionitas, Milenarios), perdidos en las clases inferiores
-del cristianismo. La humanidad creia en otro reino de Dios. La parte de
-verdad contenida en la idea de Jesús habia triunfado de la quimera que
-la ofuscaba.</p>
-
-<p>No despreciemos, sin embargo, esa quimera, que ha sido la tosca
-corteza del sagrado bulbo de que nosotros vivimos.</p>
-
-<p>Ese fantástico reino del cielo, ese perseguimiento sin fin de
-una ciudad de Dios, que siempre ha preocupado al cristianismo en su
-larga carrera, ha sido el principio del gran instinto de porvenir
-que ha animado á todos los reformadores, discípulos obstinados del
-Apocalípsis, desde Joaquin de Flora hasta el sectario protestante de
-nuestros dias. Ese impotente esfuerzo por fundar una sociedad perfecta
-ha sido la fuente de la tension extraordinaria que ha hecho del
-verdadero cristiano un atleta en lucha contra el presente. La idea del
-«reino de Dios» y el Apocalípsis, que en esto es la imágen completa,
-son pues, en cierto modo, la expresion más grande y más poética
-del progreso humano. Ciertamente que de ella debian salir grandes
-errores. Suspendido sobre la humanidad como una constante amenaza, el
-fin del mundo, por los horrores periódicos que causó durante muchos
-siglos, perjudicó no poco á todo desarrollo profano. La sociedad,
-no estando segura de su existencia, contrajo una especie de temor y
-aquellas costumbres de baja humildad que presentan á la Edad media tan
-inferior á los tiempos antiguos y á los modernos<a id="FNanchor_758"
-href="#Footnote_758" class="fnanchor">[753]</a>. Por otra parte, se
-habia producido un cambio radical en el modo de considerar la venida
-de Cristo. La primera vez que se anunció á la humanidad que su planeta
-iba á acabar, de la misma manera que el niño que acoge la muerte con
-una sonrisa, experimentó el más vivo acceso de alegría que jamás pudo
-sentir. Al envejecer, el mundo s<span class="pagenum" id="Page_163">p.
-163</span>e habia apegado á la vida. El dia de gracia, esperado tan
-largo tiempo por las almas puras de Galilea, habia llegado á ser para
-aquellos siglos de hierro un dia de cólera: <i>Dies iræ, dies illa!</i>
-Pero áun en el mismo seno de la barbarie, la idea del reino de Dios
-permaneció fecunda. Á pesar de la Iglesia feudal, de las sectas, de las
-órdenes religiosas, santos personajes continuaron protestando en nombre
-del Evangelio contra la iniquidad del mundo. En nuestros mismos dias,
-dias confusos en que Jesús no tiene continuadores más auténticos que
-aquellos que parecen repudiarle, los sueños de organizacion ideal de la
-sociedad, que tanta analogía tienen con las aspiraciones de las sectas
-cristianas primitivas, sólo son, en cierto modo, el ensanche de la
-misma idea, una de las ramas de ese árbol inmenso, donde germina toda
-idea de porvenir, y del cual el «reino de Dios» será eternamente el
-tronco y la raíz. Todas las revoluciones sociales de la humanidad serán
-ingertas en esa palabra, pero infectadas de un tosco materialismo,
-aspirando á lo imposible, es decir, á fundar la dicha universal sobre
-medidas políticas y económicas, las tentativas «socialistas» de nuestra
-época permanecerán infecundas, hasta que tomen por norma el verdadero
-espíritu de Jesús, es decir, el idealismo absoluto, ese principio que
-consiste en que, para poseer la tierra, es preciso renunciar á ella.</p>
-
-<p>La frase de «reino de Dios» expresa, por otro lado, muy felizmente,
-la necesidad que siente el alma de un suplemento de destino, de una
-compensacion de la vida actual. Aquellos que no se avienen á concebir
-el hombre como un compuesto de dos sustancias y que hallan el dogma
-deista de la inmortalidad del alma en contradiccion con la fisiología,
-desean mantenerse en la esperanza de una reparacion final, que bajo una
-forma desconocida, satisfará á las necesidades del corazon del hombre.
-¡Quién sabe si el último término del progreso, dentro de millones de
-siglos, traerá consigo la conciencia absoluta del universo, y en esa
-conciencia el despertar de todo lo que ha vivido! Un sueño de un millon
-de años no es más largo que el sueño de una hora. San Pablo en esta
-hipótesis hubiera podido decir aún con razon: <i>In ictu oculi!</i><a
-id="FNanchor_759" href="#Footnote_759" class="fnanchor">[754]</a>. Es
-indudable que la humanidad moral y virtuosa tendrá su desquite; que
-un dia el sentimiento del pobre honrado juzgará el mundo, y que en
-ese dia la figura ideal de Jesús será la confusion del hombre frívolo
-que no<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> creyó en la
-virtud, del hombre egoista que no supo alcanzarla. La palabra favorita
-de Jesús permanece, pues, llena de un encanto perenne. Una especie de
-adivinacion grandiosa parece haberla tenido en una sublime vaguedad,
-abrazando á la vez diferentes órdenes de verdades.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_18">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVIII</h2>
- <p class="subh2 g1">INSTITUCIONES DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Lo que prueba, además, que esas ideas apocalípticas no absorbieron
-nunca por completo á Jesús es que, al mismo tiempo en que más se
-preocupaba de ellas, establecia con extraordinaria seguridad de miras
-las bases de una iglesia destinada á larga duracion. Que entre sus
-discípulos eligió los que por excelencia se llaman los «apóstoles» ó
-los «doce», cosa es que está fuera de duda, puesto que poco despues
-de su muerte se los encuentra formando un cuerpo y llenando por
-eleccion las vacantes que se operaban en su seno<a id="FNanchor_760"
-href="#Footnote_760" class="fnanchor">[755]</a>. Los doce eran los dos
-hijos de Jonás, los dos hijos del Zebedeo, Santiago, hijo de Cleofás,
-Felipe, Nathanael-bar-Talmai, Tomás, Leví, hijo de Alfeo ó Matheo,
-Simon el Zelador, Tadeo ó Lebeo, y Júdas de Kerioth<a id="FNanchor_761"
-href="#Footnote_761" class="fnanchor">[756]</a>. Es muy posible que
-el pensamiento de las doce tribus de Israel no fuese extraño á la
-eleccion de este número. De todos modos, los «doce» formaban un grupo
-de discípulos privilegiados, entre los cuales conservaba Pedro, á
-quien Jesús confió el cuidado de propagar su obra, una supremacía
-completamente fraternal<a id="FNanchor_762" href="#Footnote_762"
-class="fnanchor">[757]</a>. Nada habia entre ellos que se pareciese
-á colegio sacerdotal organizado en regla<a id="FNanchor_763"
-href="#Footnote_763" class="fnanchor">[758]</a>; las listas de los
-«doce» que han llegado hasta nosotros ofrecen muchas inexactitudes y
-contradicciones. Dos ó tres de los discípulos que en ellas figuran
-permanecieron oscuros. Algunos, por lo ménos Pedro y Felipe<a
-id="FNanchor_764" href="#Footnote_764" class="fnanchor">[759]</a>,
-estaban casados y tenian familia.</p>
-
-<p>Es evidente que Jesús confiaba á los doce secretos
-que<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> prohibia
-comunicasen á los demás<a id="FNanchor_765" href="#Footnote_765"
-class="fnanchor">[760]</a>. En ocasiones parece que su plan era rodear
-su persona de algun misterio, aplazar las grandes pruebas para despues
-de su muerte, y no revelarse por completo sino á sus discípulos,
-confiándoles el cuidado de demostrarle al mundo<a id="FNanchor_766"
-href="#Footnote_766" class="fnanchor">[761]</a>. «Lo que os digo de
-noche, decidlo á la luz del dia; y lo que os digo al oido, predicadlo
-desde los terrados.» Así se evitaba las declaraciones demasiado
-precisas y concluyentes, y creaba una especie de intermediarios entre
-él y la opinion. Lo que está fuera de duda es, que tenía para sus
-discípulos enseñanzas particulares y que les explicaba el sentido de
-algunas parábolas, indeciso y oscuro para el vulgo<a id="FNanchor_767"
-href="#Footnote_767" class="fnanchor">[762]</a>. La enseñanza de los
-doctores de aquel tiempo, como se ve por las sentencias del <i>Pirké
-Aboth</i>, adolecia de un giro enigmático y algo raro en la trabazon de
-las ideas. Jesús explicaba á sus amigos íntimos lo que en sus apotegmas
-ó en sus apólogos habia de singular, presentándoles su enseñanza
-desnuda del lujo de las comparaciones que algunas veces la oscurecian<a
-id="FNanchor_768" href="#Footnote_768" class="fnanchor">[763]</a>.
-Muchas de aquellas explicaciones se conservaron, al parecer,
-cuidadosamente<a id="FNanchor_769" href="#Footnote_769"
-class="fnanchor">[764]</a>.</p>
-
-<p>Los apóstoles predicaron ya en vida de Jesús<a id="FNanchor_770"
-href="#Footnote_770" class="fnanchor">[765]</a>, pero sin separarse
-mucho de la doctrina del maestro. Verdad es que su predicacion se
-limitaba á anunciar la venida del reino de Dios<a id="FNanchor_771"
-href="#Footnote_771" class="fnanchor">[766]</a>. Iban de pueblo en
-pueblo recibiendo la hospitalidad, ó, mejor dicho, tomándola ellos
-mismos, segun era uso y costumbre. El huésped tiene en Oriente grande
-autoridad y es superior al dueño de la casa, al cual inspira la
-confianza más absoluta. Esa predicacion á domicilio, en el seno del
-hogar doméstico, es excelente para la propaganda de nuevas doctrinas.
-Ella sirve de pago al beneficio que se recibe y, provocada por la
-política y las buenas relaciones, facilita la emision de las ideas y la
-conversion de las familias. Sin la hospitalidad de Oriente, la rápida
-propaganda del cristianismo sería un hecho incomprensible. Jesús, que
-tenía gran apego á las viejas costumbres, con tal de que fuesen buenas,
-aconsejaba á sus discípulos que no tuviesen escrúpulo en aprovecharse
-de aquel antiguo derecho público, que probablemente estaba ya abolido
-en las grandes ciudades, á causa del establecimiento de las hosterías<a
-id="FNanchor_772" href="#Footnote_772" class="fnanchor">[767]</a>.
-Cuando los apóstoles se instalaban en casa de alguno, debian permanecer
-allí, comiendo y bebiendo lo que les dieran, hasta que no terminasen su
-mision.</p>
-
-<p>Jesús deseaba que los mensajeros de la buena nueva, <span
-class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span>tomando de él ejemplo,
-hiciesen agradable su predicacion por medio de la amabilidad y de la
-benevolencia. Queria que cuando entrasen en una casa diesen al dueño el
-<i>selam</i> ó salutacion de paz. Siendo el selam entónces en Oriente
-lo que todavía es hoy, esto es, un signo de comunion religiosa que
-no se cambia con las personas cuyas creencias no se conocen, algunos
-vacilaban en seguir el mandato. «No temais nada, les decia Jesús; si
-el amo de la casa no la merece, vuestra paz se volverá con vosotros»<a
-id="FNanchor_773" href="#Footnote_773" class="fnanchor">[768]</a>. Y
-en efecto, los apóstoles del reino de Dios eran á veces mal recibidos
-y se quejaban de ello á Jesús, el cual trataba siempre de calmarlos.
-Persuadidos como se hallaban de la omnipotencia del maestro, algunos
-se mostraban disgustados de tamaña longanimidad: los hijos del
-Zebedeo querian que hiciese llover el fuego del cielo sobre las
-ciudades inhospitalarias<a id="FNanchor_774" href="#Footnote_774"
-class="fnanchor">[769]</a>. Jesús acogia aquellos trasportes de celo
-con fina ironía, y los calmaba diciéndoles: «No he venido á perder las
-almas, sino á salvarlas.»</p>
-
-<p>El maestro trataba siempre de establecer el principio que sus
-apóstoles eran él mismo<a id="FNanchor_775" href="#Footnote_775"
-class="fnanchor">[770]</a> ó semejantes á él, y todos creian que les
-habia comunicado sus maravillosas virtudes. Y en efecto, los discípulos
-ahuyentaban los demonios, profetizaban y formaban una escuela de
-renombrados exorcistas<a id="FNanchor_776" href="#Footnote_776"
-class="fnanchor">[771]</a>, si bien es verdad que muchas cosas eran
-superiores á sus fuerzas<a id="FNanchor_777" href="#Footnote_777"
-class="fnanchor">[772]</a>. Tambien curaban las enfermedades, bien
-por la imposicion de las manos, ó bien por la uncion del aceite<a
-id="FNanchor_778" href="#Footnote_778" class="fnanchor">[773]</a>;
-éste es uno de los procedimientos fundamentales de la medicina
-oriental. Por último, podian manosear las serpientes y beber
-impunemente licores venenosos<a id="FNanchor_779" href="#Footnote_779"
-class="fnanchor">[774]</a>. Á medida que uno se aleja de Jesús,
-esa teurgia llega á ser cada vez más chocante. Pero no cabe duda
-que ella fué de derecho comun en la Iglesia primitiva, y que los
-contemporáneos le consagraron particular atencion<a id="FNanchor_780"
-href="#Footnote_780" class="fnanchor">[775]</a>. Como sucede casi
-siempre, no faltaron charlatanes que explotasen aquel movimiento de
-credulidad. Ya en vida de Jesús, algunos, sin ser discípulos suyos,
-lanzaban los demonios en su nombre; los verdaderos discípulos se
-resentian de tal audacia y trataban de impedirla; pero Jesús, que veia
-en la conducta de los intrusos un homenaje tributado á su fama, no se
-mostraba muy severo con ellos<a id="FNanchor_781" href="#Footnote_781"
-class="fnanchor">[776]</a>. Por otra parte, el poder ó la facultad
-de exorcizar habia llegado en cierto modo á convertirse en oficio.
-Ciertas personas, llevando hasta el extremo la lógica de lo absurdo,
-lanzaban los demonios en nombre de Belzebú<a id="FNanchor_782"
-href="#Footnote_782" class="fnanchor">[777]</a>,<span class="pagenum"
-id="Page_167">p. 167</span> príncipe de los diablos. Figurábanse
-que, debiendo tener aquel soberano de las legiones infernales
-autoridad absoluta sobre sus subordinados, no podrian ménos de huir
-los espíritus intrusos, obrando en nombre suyo<a id="FNanchor_783"
-href="#Footnote_783" class="fnanchor">[778]</a>. Algunos hasta
-pretendian comprar á los discípulos de Jesús el secreto de los poderes
-milagrosos que el maestro les habia conferido<a id="FNanchor_784"
-href="#Footnote_784" class="fnanchor">[779]</a>.</p>
-
-<p>Un gérmen de Iglesia empezaba ya á columbrarse. Esa idea fecunda
-del poder de los hombres reunidos (<i>ecclesia</i>) parece haber
-pertenecido á Jesús. Rebosando su corazon la doctrina idealista de
-que la union por el amor es lo que constituye la presencia de las
-almas, declaraba que siempre que algunos se reuniesen en nombre
-suyo, él estaria entre ellos. Jesús confia á la Iglesia el derecho
-de atar y desatar (esto es, de hacer que ciertas cosas sean lícitas
-ó ilícitas), de perdonar los pecados, de reprender y amonestar con
-autoridad, y de rogar con la certidumbre de que las preces sean
-atendidas favorablemente<a id="FNanchor_785" href="#Footnote_785"
-class="fnanchor">[780]</a>. Posible es que muchas de esas palabras
-hayan sido atribuidas al maestro, á fin de que sirvieran de apoyo á
-la autoridad colectiva por la cual se pretendió despues reemplazar la
-suya. De todos modos, las iglesias particulares no se constituyeron
-sino despues de su muerte, y áun aquella primera constitucion se hizo
-con arreglo al modelo de las sinagogas. Varios de los personajes
-que habian amado entrañablemente á Jesús y fundado en él grandes
-esperanzas, como José de Arimathea, Lázaro, María de Magdala y
-Nicodemo, no formaron, á lo que parece, parte de aquellas iglesias,
-y se atuvieron al tierno y respetuoso recuerdo que de él habian
-conservado.</p>
-
-<p>Por lo demás, en la enseñanza de Jesús no hay ningun indicio de una
-moral aplicada ni de un derecho canónico, siquiera sea poco definido.
-Una sola vez se pronuncia de una manera clara respecto al casamiento,
-prohibiendo el divorcio<a id="FNanchor_786" href="#Footnote_786"
-class="fnanchor">[781]</a>. Tampoco se echa de ver ninguna teología
-ni símbolo alguno. Sólo hace algunas vagas indicaciones referentes al
-Padre, al Hijo y al Espíritu<a id="FNanchor_787" href="#Footnote_787"
-class="fnanchor">[782]</a>, de las que habrian de deducir la
-Trinidad y la Encarnacion, pero que entónces permanecian aún en
-estado de imágenes indeterminadas. Los últimos libros del cánon
-judáico admitian ya al Espíritu Santo, especie de hipóstasis divina
-que algunas veces se identificaba con la Sabiduría ó el Verbo<a
-id="FNanchor_788" href="#Footnote_788" class="fnanchor">[783]</a>.
-Jesús insistió sobre ese punto<a id="FNanchor_789" href="#Footnote_789"
-class="fnanchor">[784]</a> y anunció á sus discípulos un bautismo
-por el fuego y el espíritu<a id="FNanchor_790" href="#Footnote_790"
-class="fnanchor">[785]</a> preferible al de Juan; bautismo que, despues
-de la<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> muerte del
-profeta de Nazareth, creyeron recibir bajo la forma de un gran viento
-acompañado de lenguas de fuego<a id="FNanchor_791" href="#Footnote_791"
-class="fnanchor">[786]</a>. El Espíritu Santo enviado por el Padre les
-enseñará así la verdad, y al mismo tiempo les dará testimonio de las
-que el mismo Jesús promulgara<a id="FNanchor_792" href="#Footnote_792"
-class="fnanchor">[787]</a>. Para designar ese Espíritu, Jesús empleaba
-el nombre de <i>Paráclito</i>, nombre que el siro-caldeo habia tomado
-del griego (<span xml:lang="grc" lang="grc">παράκλητος</span>), y
-que parece haber tenido en su mente la significacion de «abogado»<a
-id="FNanchor_793" href="#Footnote_793" class="fnanchor">[788]</a>,
-«consejero»<a id="FNanchor_794" href="#Footnote_794"
-class="fnanchor">[789]</a>, y algunas veces la de «intérprete de
-las celestes verdades», ó bien la de «doctor encargado de revelar
-á los hombres los misterios todavía ocultos»<a id="FNanchor_795"
-href="#Footnote_795" class="fnanchor">[790]</a>. Jesús mismo se
-consideraba respecto á sus discípulos como un <i>paráclito</i><a
-id="FNanchor_796" href="#Footnote_796" class="fnanchor">[791]</a>, y
-el Espíritu que vendrá despues de su muerte no hará sino reemplazarle.
-Esta era una aplicacion del procedimiento que la teología judáica y la
-teología cristiana habrian de seguir por espacio de siglos, y que debia
-producir toda una serie de asesores divinos, como el <i>Metatrono</i>,
-el <i>Sinadelfo</i> ó <i>Sandalfon</i> y demás personificaciones de la
-Cábala. Pero con la diferencia de que esas creaciones debian permanecer
-en el judaismo siendo especulaciones particulares y libres, miéntras
-que en el cristianismo constituyeron, á partir del siglo cuarto, la
-esencia de la ortodoxia y del dogma universal.</p>
-
-<p>Paréceme inútil hacer observar que la idea de un libro religioso
-que encerrase un código y artículos de fe estaba muy léjos del
-pensamiento de Jesús. No sólo no escribió nunca el maestro, sino que
-la produccion de libros sagrados era contraria al espíritu de la
-secta naciente. Estaban persuadidos de que se hallaban en vísperas de
-la gran catástrofe final, y de que el Mesías venía, no á promulgar
-nuevos textos, sino á poner el sello á la Ley y á las palabras de los
-profetas. Así, pues, á excepcion del Apocalípsis, único libro revelado
-del cristianismo naciente, los demás escritos de la edad apostólica
-son obras de circunstancia que de ningun modo tienen la pretension de
-proporcionar un conjunto dogmático completo. Los evangelios no tuvieron
-en un principio sino un carácter puramente privado y una autoridad
-bien inferior á la tradicion<a id="FNanchor_797" href="#Footnote_797"
-class="fnanchor">[792]</a>.</p>
-
-<p>Sin embargo, ¿no tenía la secta algun sacramento, algun rito,
-algun signo de union y de mútuo reconocimiento? Sí, tenía uno que
-todas las tradiciones hacen remontar hasta Jesús. Una de las ideas
-favoritas del maestro, consistia en que<span class="pagenum"
-id="Page_169">p. 169</span> él era el nuevo pan, superior al maná,
-de que la humanidad viviria en adelante. Esa idea, gérmen de la
-Eucaristía, adquiria á veces en boca de Jesús formas singularmente
-concretas. En una ocasion obedeció en la sinagoga de Capharnahum
-á un movimiento atrevido que le costó la pérdida de varios de sus
-discípulos. «En verdad, en verdad os digo: Moisés no os dió pan del
-cielo; mi Padre es quien os le da verdaderamente»<a id="FNanchor_798"
-href="#Footnote_798" class="fnanchor">[793]</a>. Y añadió: «Yo soy
-el pan de vida; el que viene á mí, no tendrá hambre; y el que cree
-en mí, no tendrá sed jamás»<a id="FNanchor_799" href="#Footnote_799"
-class="fnanchor">[794]</a>. Estas palabras excitaron un vivo murmullo.
-«¿Qué entiende por esas palabras «yo soy el pan de vida?»—decian.—¿No
-es éste aquel Jesús, hijo de José, cuyo padre y cuya madre conocemos?
-¿Cómo dice entónces que ha descendido del cielo?» Y Jesús, insistiendo
-con mayor energía, les replicaba: «Yo soy el pan de vida; vuestros
-padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que
-desciende del cielo, á fin de que quien comiere de él no muera. Yo soy
-el pan vivo: quien comiere de este pan vivirá eternamente; y el pan que
-yo daré es mi misma carne, para la vida del mundo»<a id="FNanchor_800"
-href="#Footnote_800" class="fnanchor">[795]</a>. El escándalo llegó á
-su colmo. «¿Cómo puede éste darnos á comer su carne?»—decian. Y Jesús
-insistia aún: «En verdad, en verdad os digo que si no comiéreis la
-carne del Hijo del hombre y no bebiéreis su sangre, no tendreis vida
-en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna,
-y yo le resucitaré en el último dia. Porque mi carne verdaderamente
-es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. Quien come mi carne
-y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Así como el Padre que me ha
-enviado vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come, tambien vivirá
-por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, y no es como el maná
-que vuestros padres comieron y que no les impidió morir; quien come
-este pan vivirá eternamente.» Semejante obstinacion en la paradoja
-sublevó la conciencia de varios de sus discípulos, que desde entónces
-dejaron de seguirle. Jesús no se retractó; únicamente añadia: «El
-espíritu es quien da la vida: la carne de nada sirve. Las palabras que
-os he dicho, espíritu y vida son.» Á pesar de esa rara predicacion,
-los doce permanecieron fieles, y ella dió motivo á Cephas ó Pedro para
-demostrarle un afecto sin límites y para repetirle: «Tú eres el Cristo,
-el Hijo de Dios.»</p>
-
-<p>Probablemente desde entónces se introdujo en las comidas de la secta
-algun uso que se relacionaba con la predicaci<span class="pagenum"
-id="Page_170">p. 170</span>on que halló tan mala acogida en la sinagoga
-de Capharnahum. Pero las tradiciones apostólicas son respecto á esto
-muy divergentes y, quizás adrede, muy incompletas. Los evangelios
-sinópticos suponen que un acto sacramental único sirvió de base al
-rito misterioso, y señalan ese acto en la última Cena. Juan, que es
-precisamente quien nos ha conservado el incidente de la sinagoga de
-Capharnahum, no dice ni una palabra de semejante hecho, sin embargo de
-referir muy al pormenor cuanto en la última Cena tuvo lugar. Por otra
-parte, vemos que se reconocia á Jesús en la manera de partir el pan<a
-id="FNanchor_801" href="#Footnote_801" class="fnanchor">[796]</a>,
-como si para aquellos que le habian tratado hubiese sido esa accion
-la más característica de su persona. Así que murió, la forma bajo la
-cual aparecia á los piadosos recuerdos de sus discípulos era la de
-presidente de un místico banquete, bendiciendo el pan y repartiéndole
-á los circunstantes<a id="FNanchor_802" href="#Footnote_802"
-class="fnanchor">[797]</a>. Es muy posible que ésta fuese una de
-sus costumbres, y esos momentos aquellos en que más particularmente
-se mostraba amable y afectuoso. Una circunstancia material, la
-presencia del pescado sobre la mesa (indicio que prueba que el
-rito indicado tuvo orígen en las márgenes del lago de Tiberiade)<a
-id="FNanchor_803" href="#Footnote_803" class="fnanchor">[798]</a>, fué
-tambien casi sacramental, y formó parte integrante de las imágenes
-que los discípulos hicieron del sagrado festin<a id="FNanchor_804"
-href="#Footnote_804" class="fnanchor">[799]</a>.</p>
-
-<p>En la naciente comunidad, los instantes consagrados á la comida
-habian llegado á ser los más agradables. En aquellos momentos en que
-todos se reunian al rededor de la misma mesa, el maestro hablaba á cada
-uno y mantenia siempre una conversacion jovial y llena de atractivo.
-Jesús amaba aquellos instantes y se complacia en ver en torno suyo
-á su familia espiritual<a id="FNanchor_805" href="#Footnote_805"
-class="fnanchor">[800]</a>. La participacion del mismo pan era
-considerada como una especie de comunion, de lazo recíproco. Los
-términos extremadamente enérgicos que el maestro usaba respecto á este
-punto, se tomaron despues al pié de la letra de una manera absoluta
-y lastimosa. Jesús era, al mismo tiempo, muy espiritualista en las
-concepciones y muy materialista en la expresion. Queriendo hacer
-palpable el pensamiento de que el creyente no vive sino de él, y que
-él todo entero (cuerpo, sangre y alma) era la vida del verdadero
-fiel, decia á sus discípulos:—«Yo soy vuestro alimento»; frase que
-cambiada en estilo figurado, se convertia en esta otra: «Mi carne es
-vuestro pan, mi sangre es vuestra bebida.» La costumbre de hacer uso
-de un lenguaje sustancial en extremo le llevaba más léjos aún. En
-la mesa decia á los discípul<span class="pagenum" id="Page_171">p.
-171</span>os, señalándoles el alimento: «Héme ahí»; y repartiéndoles
-el pan: «Tomad, éste es mi cuerpo»; y alargándoles el cáliz con vino:
-«Tomad, ésta es mi sangre»; maneras de hablar que eran todas el
-equivalente de: «Yo soy vuestro alimento.»</p>
-
-<p>Ese rito misterioso alcanzó en vida de Jesús grande importancia;
-probablemente se hallaba establecido mucho tiempo ántes del último
-viaje á Jerusalen, siendo tambien posible que fuese el resultado de
-una doctrina general más bien que de hecho determinado. Despues de la
-muerte de Jesús, llegó á ser el gran símbolo de la comunion cristiana<a
-id="FNanchor_806" href="#Footnote_806" class="fnanchor">[801]</a>,
-y se relacionó su orígen con el momento más solemne de la vida
-del Salvador. Pretendíase entónces ver en la consagracion del pan
-y del vino una memoria del adios que Jesús dió á sus discípulos
-ántes de abandonar la vida<a id="FNanchor_807" href="#Footnote_807"
-class="fnanchor">[802]</a>, y se volvió á encontrar al mismo Jesús en
-ese sacramento. La idea completamente espiritualista de la presencia
-de las almas, idea que tan familiar era al maestro y que le obligaba,
-por ejemplo, á decir á sus discípulos que cuando se reunieran en
-su nombre estaria en persona en medio de ellos<a id="FNanchor_808"
-href="#Footnote_808" class="fnanchor">[803]</a>, hacia la hipótesis
-admisible. Como ya hemos dicho, Jesús no tuvo nunca una nocion fija
-de lo que constituye la individualidad. La idea, en el grado de
-exaltacion á que habia llegado, tenía en él tal supremacía y tan
-absoluto imperio, que el cuerpo no figuraba para nada. Dos seres que
-se aman no forman sino uno, viven uno en otro;—¿cómo no habian de ser
-uno él y sus discípulos?<a id="FNanchor_809" href="#Footnote_809"
-class="fnanchor">[804]</a> Éstos adoptaron el mismo lenguaje. Y los que
-por espacio de algunos años habian vivido de él, continuaron viéndole
-siempre con el pan y el cáliz «entre sus manos santas y venerables»<a
-id="FNanchor_810" href="#Footnote_810" class="fnanchor">[805]</a>
-ofreciéndose á ellos. Á él fué, pues, á quien comieron y bebieron, y él
-llegó á ser la verdadera Pascua, puesto que la antigua quedó abolida
-por su sangre. Imposible es traducir á nuestro idioma determinado, que
-tan profunda distincion exige entre el sentido propio y el metafórico,
-esas costumbres de estilo cuyo carácter esencial consiste en prestar
-á la metáfora, ó mejor dicho, á la idea, una forma palpable y de exuberante
-realidad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_19">
- <p><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIX</h2>
- <p class="subh2">PROGRESION CRECIENTE DE ENTUSIASMO
- Y&nbsp;DE&nbsp;EXALTACION</p>
-</div>
-
-<p>Es evidente que semejante sociedad religiosa, fundada sólo en la
-esperanza del reino de Dios, debia ser muy incompleta por sí misma.
-La primera generacion cristiana vivió toda ella de expectacion y de
-ensueños. Creyéndose en vísperas del fin del mundo, se consideraba como
-cosa inútil cuanto contribuye á continuarle. Prohibíase la propiedad<a
-id="FNanchor_811" href="#Footnote_811" class="fnanchor">[806]</a>, y
-debian esquivarse todos los lazos que sujetan al hombre á la tierra,
-todo cuanto le separa del cielo. Aunque algunos discípulos estaban
-casados, se renunciaba, segun parece, al matrimonio desde el momento en
-que se ingresaba en la secta<a id="FNanchor_812" href="#Footnote_812"
-class="fnanchor">[807]</a>. Preferíase abiertamente el celibato, y en
-el matrimonio mismo se recomendaba la continencia<a id="FNanchor_813"
-href="#Footnote_813" class="fnanchor">[808]</a>. Hay un momento en
-que el maestro parece dar su aprobacion á los que se mutilasen con
-la esperanza de ser más dignos del reino de Dios<a id="FNanchor_814"
-href="#Footnote_814" class="fnanchor">[809]</a>. En lo cual era
-consecuente con su principio; «Si tu mano ó tu pié te dan ocasion
-de escándalo ó pecado, córtalos y arrójalos léjos de tí; pues más
-te vale entrar en la vida eterna manco ó cojo, que con dos manos ó
-dos piés ser precipitado en el fuego eterno. Y si tu ojo es para tí
-ocasion de pecado, sácale y tírale léjos de tí:—mejor te es entrar
-en la vida eterna con un solo ojo, que tener dos y ser arrojado
-al fuego del infierno»<a id="FNanchor_815" href="#Footnote_815"
-class="fnanchor">[810]</a>. La falta de generacion fué considerada
-frecuentemente como la señal y la condicion del reino de Dios<a
-id="FNanchor_816" href="#Footnote_816" class="fnanchor">[811]</a>.</p>
-
-<p>Segun se ve, aquella Iglesia primitiva no hubiera formado nunca una
-sociedad durable, sin la gran variedad de gérmenes que Jesús depositó
-en su enseñanza. Para que la verdadera Iglesia cristiana, la Iglesia
-que convirtió al mundo, se desprenda de aquella pequeña secta de santos
-y llegue á ser un cuadro aplicable á la sociedad entera, necesitará
-todavía más de un siglo. Lo mismo sucedió con el budismo, cuya doctrina
-fué en un principio fundada por frailes. Lo mismo habria tambien
-sucedido con la órden de San Francisco, si la pretension de aquella
-órden, que aspiraba á convertirse en regla de<span class="pagenum"
-id="Page_173">p. 173</span> la sociedad humana, hubiese tenido éxito.
-Nacidas en estado de utopias, y consiguiendo abrirse camino á causa de
-su misma exageracion, las grandes fundaciones que acabamos de mencionar
-no llenaron el mundo sino á condicion de modificarse profundamente
-y de renunciar á sus excesos. Jesús no traspasó ese primer período
-monacal en que el hombre se cree autorizado á intentar lo imposible.
-Así es que predicó atrevidamente la guerra á la naturaleza, la
-total ruptura de los lazos de la sangre: «En verdad, en verdad os
-digo,—exclamaba,—ninguno hay que haya dejado casa, ó padres, ó
-hermanos, ó esposa, ó hijos, por amor de Dios, el cual no reciba mucho
-más en este siglo, y en el venidero la vida eterna»<a id="FNanchor_817"
-href="#Footnote_817" class="fnanchor">[812]</a>.</p>
-
-<p>La misma exaltacion respiran las instrucciones que se suponen dadas
-por Jesús á sus discípulos<a id="FNanchor_818" href="#Footnote_818"
-class="fnanchor">[813]</a>. En efecto, él, que tan fácil y
-tolerante se muestra para con los extraños, que á veces se contenta
-con débiles afecciones<a id="FNanchor_819" href="#Footnote_819"
-class="fnanchor">[814]</a>, manifiesta para con los suyos
-extraordinario rigor. No le satisfacen los términos medios. Diríase que
-su escuela era una «órden» basada en las más austeras reglas. Jesús,
-fiel á su idea de que los cuidados de la vida turban y empequeñecen
-al hombre, exige un completo desprendimiento de la tierra, una
-adhesion absoluta por su obra. Sus discípulos no deben llevar dinero,
-ni provisiones para el camino, ni siquiera una alforja, ni una muda
-de ropa; deben practicar la pobreza absoluta, vivir de las limosnas
-y de la hospitalidad que les ofrezcan. «Dad graciosamente lo que
-graciosamente habeis recibido»<a id="FNanchor_820" href="#Footnote_820"
-class="fnanchor">[815]</a>,—les decia en su hermoso lenguaje. Si
-los prenden, si los llevan ante los jueces, no deben preparar su
-defensa; el abogado celestial, el <i>Paráclito</i>, les inspirará lo
-que han de decir. El Padre les enviará de lo alto su Espíritu, el
-cual llegará á ser el principio de todas sus acciones, el director
-de sus pensamientos, su guía á traves del mundo<a id="FNanchor_821"
-href="#Footnote_821" class="fnanchor">[816]</a>. Cuando los echen
-de una ciudad, deben sacudir, al abandonarla, el polvo de sus piés,
-aunque no sin notificarle la proximidad del reino de Dios, á fin de que
-no pueda alegar ignorancia. Y añadia: «No acabareis de recorrer las
-ciudades de Israel ántes que venga el Hijo del hombre.»</p>
-
-<p>Un fuego extraño anima todos esos discursos, que tal vez sean en
-parte creacion del entusiasmo de los discípulos<a id="FNanchor_822"
-href="#Footnote_822" class="fnanchor">[817]</a>; pero áun así,
-provienen directamente de Jesús, puesto que obra suya era ese
-entusiasmo. Jesús anuncia á los que quieren<span class="pagenum"
-id="Page_174">p. 174</span> seguirle grandes persecuciones y que serán
-objeto del ódio del género humano. Envíalos como ovejas en medio de
-lobos, y les dice que serán azotados en las sinagogas y conducidos
-á las prisiones. El hermano será entregado por el hermano y el hijo
-por su padre. Aconséjales que cuando los persigan en un país huyan á
-otro. «El discípulo no es más que su maestro,—les decia,—ni el siervo
-más que su amo. Nada temais á los que matan al cuerpo y no pueden
-matar el alma. ¿No es así que dos pájaros se venden por un cuarto,
-y no obstante, ninguno de ellos caerá en tierra sin que lo disponga
-vuestro padre? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados;
-no teneis, pues, que temer; valeis vosotros más que muchos pájaros»<a
-id="FNanchor_823" href="#Footnote_823" class="fnanchor">[818]</a>.
-Y añadia: «Todo aquel que me reconociere delante de los hombres, yo
-tambien le reconoceré delante de mi Padre; mas á quien me negare
-delante de los hombres, yo tambien le negaré delante de mi Padre
-que está en los cielos»<a id="FNanchor_824" href="#Footnote_824"
-class="fnanchor">[819]</a>.</p>
-
-<p>En esos accesos de rigor, Jesús se exaltaba hasta el extremo de
-suprimir la carne. Sus exigencias no tenian ya límites. Desconociendo
-la manera de ser de la naturaleza del hombre, quiere que no se viva
-sino para él, que no se ame sino á él únicamente. «Si alguno de los
-que me siguen,—decia,—no aborrece á su padre y madre, y á la mujer,
-y á los hijos, y á los hermanos y hermanas, y áun á su vida misma,
-no puede ser mi discípulo»<a id="FNanchor_825" href="#Footnote_825"
-class="fnanchor">[820]</a>.—«Cualquiera de vosotros que no renuncie
-á todo lo que posea, no puede ser mi discípulo»<a id="FNanchor_826"
-href="#Footnote_826" class="fnanchor">[821]</a>. Entónces se mezclaba
-á sus palabras algo de extraño y sobrehumano; algo semejante á un
-fuego devorador que agostaba las raíces de la vida, que lo convertia
-todo en horrible desierto. El áspero y triste sentimiento de disgusto
-por el mundo y de abnegacion ilimitada, que caracteriza la perfeccion
-cristiana, tuvieron por fundador, no al ingenioso y jovial moralista
-de los primeros dias, sino al sombrío gigante á quien una especie de
-grandioso presentimiento arrojaba más y más fuera del género humano.
-En aquellos momentos de guerra contra las necesidades más legítimas
-del corazon, diríase que Jesús habia olvidado el placer de vivir, de
-amar, de ser y de sentir. Y llevando su exaltacion hasta el extremo,
-exclamaba: «Si alguno quiere ser mi discípulo, que renuncie á sí mismo
-y me siga. Quien ama al padre ó á la madre más que á mí, no merece
-ser mio; y quien ama al hijo ó á la hija más que á mí, tampoco merece
-ser mio. Quien conserve su vida, la perderá;<span class="pagenum"
-id="Page_175">p. 175</span> y quien perdiere su vida por amor mio,
-la volverá á hallar. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo
-si se pierde á sí mismo?»<a id="FNanchor_827" href="#Footnote_827"
-class="fnanchor">[822]</a>. Dos anécdotas pertenecientes al género de
-aquellas que no deben tomarse por históricas pintan perfectamente,
-aunque exagerándole, ese reto lanzado por Jesús á la naturaleza.
-«¡Sígueme!»—dijo el maestro á un hombre.—«Señor,—le respondió—permíteme
-que ántes vaya á dar sepultura á mi padre.» Mas Jesús replicó:—«Sígueme
-tú, y deja que los muertos entierren á sus muertos; pero tú vé y
-anuncia el reino de Dios.»—Y otro le dijo: «Señor, yo te seguiré; pero
-primero déjame ir á despedirme de mi casa.» Respondióle Jesús: «Ninguno
-que despues de haber puesto su mano en el arado vuelve los ojos atras,
-es apto para el reino de Dios»<a id="FNanchor_828" href="#Footnote_828"
-class="fnanchor">[823]</a>. Un extraordinario aplomo, y á veces un
-acento de singular dulzura, hacian tolerables esas exageraciones:
-«Venid á mí—exclamaba—todos los que andais agobiados de trabajos y
-cargas, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros; aprended
-de mí, que soy manso y humilde de corazon, y hallaréis el reposo
-para vuestras almas; porque suave es mi yugo y ligero el peso mio»<a
-id="FNanchor_829" href="#Footnote_829" class="fnanchor">[824]</a>.</p>
-
-<p>De esa moral exaltada, que se expresaba en un lenguaje hiperbólico
-y espantosamente enérgico, debia resultar un gran peligro para el
-porvenir. Á fuerza de desprender al hombre de la tierra, se atacaba
-á la vida en sus mismas fuentes. En adelante, el cristiano que sea
-mal hijo, mal padre, mal patriota, merecerá por ello elogios, si sus
-atentados contra la patria y la familia reconocen por orígen el amor de
-Cristo. La ciudad antigua, la república, madre de todos, el Estado, ley
-comun de todos, quedan constituidos en hostilidad abierta con el reino
-de Dios, sembrando en el mundo un gérmen fatal de teocracia.</p>
-
-<p>Otra consecuencia se deja tambien entrever desde entónces. Esa
-moral, hecha para un momento de crísis, parecerá imposible cuando se
-trasporte á un medio más tranquilo, al seno de una sociedad segura de
-su duracion. El Evangelio queda así destinado á convertirse en una
-utopia que muy pocos cristianos intentarian realizar. Para el mayor
-número, esas fulminantes máximas deberán dormir en profundo olvido, con
-el asentimiento del mismo clero; porque el hombre evangélico será un
-hombre peligroso. El más interesado, el más orgulloso, el más déspota,
-el más terrenal de todos los humanos, un Luis XIV, por ejemplo, debia
-encontrar sacerdotes que le<span class="pagenum" id="Page_176">p.
-176</span> persuadiesen, á despecho del Evangelio, de que era buen
-cristiano. Pero tambien debian encontrarse santos que tomasen al pié
-de la letra las sublimes paradojas de Jesús. No pudiendo alcanzarse
-la perfeccion dentro de las condiciones ordinarias de la sociedad, ni
-practicarse completamente la vida evangélica sino fuera del mundo,
-quedaba asentado de una manera tácita el principio del ascetismo y del
-estado monacal. Las sociedades cristianas tendrán, pues, dos reglas
-morales, una medianamente heróica, para la generalidad de los hombres;
-otra exaltada hasta el exceso, para el hombre perfecto; y este será
-el fraile sujeto á reglas que pretendan realizar el ideal evangélico.
-Es indudable que ese ideal no podia ser de derecho comun, puesto que
-implicaba la obligacion del celibato y de la pobreza. Bajo este punto
-de vista, el fraile es en cierto modo el solo cristiano verdadero. El
-sentido comun se revela contra semejantes excesos, porque para él lo
-imposible es la señal de la debilidad y del error. Pero, cuando se
-trata de grandes cosas, el sentido comun es malísimo juez. Para obtener
-algo de la humanidad, necesario es pedirle mucho. El inmenso progreso
-moral debido al Evangelio proviene de sus mismas exageraciones. Bajo
-este supuesto, él ha sido, así como el estoicismo, pero con muchísima
-más amplitud, un vivo argumento de las fuerzas divinas que el hombre
-tiene en sí, un monumento elevado al poder de la voluntad.</p>
-
-<p>Compréndese fácilmente que, en el momento á que hemos llegado
-de la vida de Jesús, todo lo que no era el reino de Dios habia
-desaparecido para él de un modo absoluto. Jesús se hallaba fuera
-de la naturaleza, si así puede decirse; la familia, la amistad, la
-patria no tienen ya para él valor alguno. Sin duda habia hecho desde
-entónces el sacrificio de su vida. En ocasiones se inclina uno á creer
-que, viendo en su propia muerte un medio de fundar su reino, concibió
-deliberadamente el propósito de hacerse matar<a id="FNanchor_830"
-href="#Footnote_830" class="fnanchor">[825]</a>. Otras veces, la muerte
-se presenta á él como un sacrificio destinado á apaciguar á su Padre
-y á salvar á los hombres<a id="FNanchor_831" href="#Footnote_831"
-class="fnanchor">[826]</a>, idea que despues habia de convertirse en
-dogma. Domínale un gusto singular de persecucion y de suplicios<a
-id="FNanchor_832" href="#Footnote_832" class="fnanchor">[827]</a>,
-considera su sangre como el agua de un segundo bautismo que debe
-recibir, y parece poseido de una extraña precipitacion por salir
-al encuentro de ese bautismo, único que puede calmar su sed<a
-id="FNanchor_833" href="#Footnote_833" class="fnanchor">[828]</a>.</p>
-
-<p>Su grandeza de miras respecto al porvenir era á veces sorprendente.
-Jesús no desconocia la terrible tempestad que iba<span class="pagenum"
-id="Page_177">p. 177</span> á desencadenar sobre el mundo. «No teneis
-que pensar—decia enérgica y atrevidamente—que yo he venido á traer la
-paz á la tierra; no he venido á traer la paz, sino la guerra. En una
-misma casa habrá cinco entre sí desunidos, tres contra dos y dos contra
-tres. Pues he venido á separar al hijo de su padre, á la hija de su
-madre, y á la nuera de su suegra. Y los enemigos del hombre serán las
-personas de su misma casa»<a id="FNanchor_834" href="#Footnote_834"
-class="fnanchor">[829]</a>.—«Yo he venido á poner fuego á la
-tierra; y ¿qué he de querer sino que arda?»<a id="FNanchor_835"
-href="#Footnote_835" class="fnanchor">[830]</a>.—«Os echarán de las
-sinagogas—añadia—y va á venir tiempo en que quien os matare se persuada
-hacer un obsequio á Dios<a id="FNanchor_836" href="#Footnote_836"
-class="fnanchor">[831]</a>. Si el mundo os aborrece, sabed que primero
-que á vosotros me aborreció á mí. Acordaos de aquélla sentencia mia,
-que os dije: no es el siervo mayor que su amo. Si me han perseguido
-á mí, tambien os han de perseguir á vosotros»<a id="FNanchor_837"
-href="#Footnote_837" class="fnanchor">[832]</a>.</p>
-
-<p>Arrastrado por esa espantosa progresion de entusiasmo y obedeciendo
-á las necesidades de una predicacion cada vez más exaltada, Jesús no
-era ya dueño de sí mismo, pertenecia á su papel y á la humanidad,
-hasta cierto punto. Hubiérase dicho á veces que su razon se turbaba.
-Sentia angustias y agitaciones interiores<a id="FNanchor_838"
-href="#Footnote_838" class="fnanchor">[833]</a>. La gran vision del
-reino de Dios que incesantemente brillaba ante sus ojos le producia
-vértigos. Hubo momentos en que sus discípulos le creyeron loco<a
-id="FNanchor_839" href="#Footnote_839" class="fnanchor">[834]</a>, y
-en que sus enemigos declararon que estaba poseido<a id="FNanchor_840"
-href="#Footnote_840" class="fnanchor">[835]</a>. Su apasionadísimo
-temperamento le llevaba á cada instante fuera de los límites de la
-naturaleza humana. No siendo su obra una obra de razon, sino de
-aquellas que burlan todas las clasificaciones del humano entendimiento,
-lo que Jesús exigia más imperiosamente era la «fe»<a id="FNanchor_841"
-href="#Footnote_841" class="fnanchor">[836]</a>. Esta palabra,
-base de todos los movimientos populares, era la que más se repetia
-en el pequeño cenáculo. Claro es que ninguno de esos movimientos
-se realizaria, si fuese condicion indispensable que aquel que los
-provoca conquistase uno á uno sus discípulos por medio de pruebas
-lógicas y bien deducidas. La reflexion no conduce sino á la duda:
-si los autores de la revolucion francesa, por ejemplo, hubiesen
-exigido un convencimiento prévio, fruto de largas meditaciones, todos
-ellos habrian llegado á la vejez sin haber hecho nada. Jesús de
-igual manera aspiraba á seducir más bien que á convencer. Exigente,
-imperativo, no sufria ninguna oposicion ni demora, era preciso
-convertirse. Hasta su dulzura natural parecia haberle abandonado, y
-en ocasiones se manifestaba ru<span class="pagenum" id="Page_178">p.
-178</span>do y extravagante<a id="FNanchor_842" href="#Footnote_842"
-class="fnanchor">[837]</a>. Habia momentos en que sus discípulos
-no le comprendian y en que les inspiraba una especie de temor<a
-id="FNanchor_843" href="#Footnote_843" class="fnanchor">[838]</a>.
-Su mal humor contra los obstáculos le hacia cometer á veces
-actos inexplicables y absurdos en apariencia<a id="FNanchor_844"
-href="#Footnote_844" class="fnanchor">[839]</a>.</p>
-
-<p>Y no es porque su virtud menguase, sino porque su lucha en nombre
-del ideal contra la realidad llegaba á ser insostenible. La resistencia
-le irritaba; el contacto de la tierra le exasperaba y le hacia daño.
-Y su nocion de Hijo de Dios se turbaba y exageraba. La ley fatal que
-condena á la idea á decaer y empobrecerse desde el momento en que trata
-de convertir á los hombres, tenía en él su aplicacion. Al tocar los
-hombres á Jesús, le rebajaban á nivel de ellos. La entonacion que habia
-adoptado no podia ser mantenida sino por algunos meses; tiempo era ya
-de que la muerte pusiese fin á una situacion tan violenta, y de que
-viniera á sustraerle á las imposibilidades de un camino sin término, á
-libertarle de una prueba demasiado prolongada, á introducirle impecable
-y para siempre en su celestial serenidad.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_20">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XX</h2>
- <p class="subh2 g1">OPOSICION CONTRA JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Jesús no encontró, á lo que parece, gran oposicion durante el
-primer período de su carrera. Gracias á la extremada libertad de que
-se gozaba en Galilea y al infinito número de maestros que aparecian en
-todas partes, su predicacion no fué entónces conocida sino entre un
-círculo de personas bastante reducido. Pero la tormenta empezó á rugir
-tan pronto como puso la planta en una senda brillante de prodigios
-y de éxito público. Más de una vez tuvo que huir y ocultarse por
-temor á las persecuciones<a id="FNanchor_845" href="#Footnote_845"
-class="fnanchor">[840]</a>. Sin embargo, Antipas no le molestó nunca,
-como pudiera inferirse por la severidad con que Jesús se expresó
-algunas veces respecto á él<a id="FNanchor_846" href="#Footnote_846"
-class="fnanchor">[841]</a>. Tiberiade, residencia ordinaria del
-tetrarca, no distaba sino una<span class="pagenum" id="Page_179">p.
-179</span> ó dos leguas del país que Jesús habia elegido por centro
-de su actividad; Antipas oyó desde allí hablar de sus milagros, que,
-sin duda, tomaba por rasgos de habilidad, y curioso, como lo eran
-entónces todos los incrédulos, de aquella especie de prestigios,
-deseó presenciarlos<a id="FNanchor_847" href="#Footnote_847"
-class="fnanchor">[842]</a>. Pero Jesús, con su tacto ordinario,
-rehusó satisfacer la curiosidad del tetrarca, guardándose muy bien de
-extraviarse en un mundo irreligioso, que sólo pretendia verle para
-disfrutar de un vano pasatiempo. No aspirando á ganar sino al pueblo,
-guardó para las gentes sencillas medios que únicamente para ellas
-podian ser eficaces.</p>
-
-<p>Hubo un momento en que se esparció el rumor de que Jesús no era
-otro sino Juan Bautista, que habia resucitado de <i>entre</i> los
-muertos. La noticia inquietó un poco á Antipas<a id="FNanchor_848"
-href="#Footnote_848" class="fnanchor">[843]</a>, el cual empleó la
-astucia á fin de alejar de sus dominios al nuevo profeta. So pretexto
-de interesarse por Jesús, algunos fariseos fueron á decirle que Antipas
-queria hacerle matar. Pero no obstante su gran sencillez, Jesús conoció
-el lazo que se le tendia y no abandonó el país<a id="FNanchor_849"
-href="#Footnote_849" class="fnanchor">[844]</a>. Su carácter pacífico
-y su ninguna implicacion en las agitaciones populares concluyeron por
-tranquilizar al tetrarca y por alejar el peligro.</p>
-
-<p>La acogida que se dispensó á la nueva doctrina en todas las ciudades
-de Galilea no fué igualmente benévola. No sólo la incrédula Nazareth
-continuaba rechazando al que debia darle inmarcesible gloria; no
-sólo sus hermanos persistian en no creer en él<a id="FNanchor_850"
-href="#Footnote_850" class="fnanchor">[845]</a>, sino que algunas
-de las ciudades del lago, que en general no le eran hostiles, se
-hallaban muy léjos de estar completamente convertidas. Jesús se
-queja á menudo de la incredulidad y de la dureza de corazon que
-encuentra á cada paso; y aunque en tales reconvenciones haya gran
-parte de exageracion, propia del predicador, y aunque en ellas se
-eche de ver esa especie de <i>convicium seculi</i>, á que Jesús se
-mostraba aficionado, á imitacion de Juan Bautista<a id="FNanchor_851"
-href="#Footnote_851" class="fnanchor">[846]</a>, conócese, no obstante,
-que no todo el país se mostraba adicto al reino de Dios.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«¡Ay de tí, Corazin!—exclamaba.—¡Ay de tí, Betsaida! que si en
- Tyro y en Sidon se hubiesen hecho los milagros que se han obrado
- en vosotras, tiempo há que habrian hecho penitencia, cubiertas
- de ceniza y de cilicio. Por tanto os digo que Tyro y Sidon serán
- ménos rigorosamente tratados en el dia del juicio que vosotras. Y
- tú, Capharnahum, ¿piensas acaso levantarte<span class="pagenum"
- id="Page_180">p. 180</span> hasta el cielo? Serás, sí, abatida
- hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubiesen hecho los
- milagros que en tí, Sodoma quizá subsistiera áun hoy dia. Por eso
- te digo que el país de Sodoma en el dia del juicio será con ménos
- rigor que tú castigado<a id="FNanchor_852" href="#Footnote_852"
- class="fnanchor">[847]</a>.»</p>
-
- <p>«La reina de Saba,—añadia,—hará de acusadora en el dia del juicio
- contra esta raza de hombres, y la condenará; por cuanto vino de los
- extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomon, y con
- todo, aquí teneis quien es más que Salomon. Los naturales de Nínive
- se levantarán en el dia del juicio contra esta raza de hombres, y la
- condenarán; por cuanto ellos hicieron penitencia á la predicacion
- de Jonás. Y con todo, el que está aquí es más que Jonás»<a
- id="FNanchor_853" href="#Footnote_853" class="fnanchor">[848]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Su vida errante y vagabunda, que en un principio se le presentaba
-llena de atractivo, empezaba tambien á fatigarle.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Las raposas,—decia,—tienen sus madrigueras, y las aves
- del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene sobre qué
- reclinar la cabeza»<a id="FNanchor_854" href="#Footnote_854"
- class="fnanchor">[849]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Su corazon destilaba en grado progresivo la reconvencion y la
-amargura:—acusaba á los incrédulos de resistirse á la evidencia, y
-decia que habia personas que, áun en el momento en que el Hijo del
-hombre apareciese rodeado de gloria celestial, dudarian todavía de él<a
-id="FNanchor_855" href="#Footnote_855" class="fnanchor">[850]</a>.</p>
-
-<p>Jesús no podia, en efecto, acoger la oposicion con la calma del
-filósofo que, comprendiendo la razon de la diversidad de opiniones
-que se disputan el mundo, encuentra muy natural el que no todos
-adopten sus principios. Uno de los principales defectos de la raza
-judía es la acritud en la controversia y el tono injurioso que mezcla
-en ella. Nunca hubo en el mundo tan acaloradas disputas como las
-que los judíos tenian entre sí. Lo que hace al hombre político y
-moderado es el sentimiento de la variedad de opinion. La falta de
-ese sentimiento es uno de los rasgos que caracterizan el espíritu
-semítico. Las obras delicadas, como, por ejemplo, los diálogos de
-Platon, son completamente extrañas á esos pueblos. Jesús, no obstante
-hallarse exento de casi todos los defectos de su raza, y sin embargo
-de ser su cualidad predominante una delicadeza infinita, se vió
-obligado, á pesar suyo, á usar en la polémica del estilo general<a
-id="FNanchor_856" href="#Footnote_856" class="fnanchor">[851]</a>. De
-igual manera que Juan Bautista<a id="FNanchor_857" href="#Footnote_857"
-class="fnanchor">[852]</a>, empleaba contra sus adversarios
-términos durísimos. Su carácter, de exquisita mansedumbre para con
-los humildes, se exasperaba ante la incredulidad ménos agresiva<a
-id="FNanchor_858" href="#Footnote_858" class="fnanchor">[853]</a>. Ya
-no era aquel apacible maestro del «Discurso sobre<span class="pagenum"
-id="Page_181">p. 181</span> la montaña», que aún no habia encontrado
-ni resistencia ni dificultades. La pasion, que formaba el fondo
-de su naturaleza, le arrastraba al terreno de las más violentas
-invectivas. Esa mezcla original de encontrados afectos no debe
-causarnos sorpresa. Un hombre de nuestra época, M. de Lamennais, ha
-ofrecido, con raro vigor, el mismo contraste. En su hermoso libro
-«Palabras de un creyente», la cólera más desenfrenada y los giros
-más suaves y delicados alternan á cada paso. Y ese hombre, que en el
-trato comun de la vida era amable y bondadoso para con todo el mundo,
-se hacia intratable y se exasperaba hasta la locura con aquellos
-que disentian de sus opiniones. De igual manera, Jesús se aplicaba,
-no sin razon, el pasaje del libro de Isaías<a id="FNanchor_859"
-href="#Footnote_859" class="fnanchor">[854]</a>: «No contenderá con
-nadie, no voceará, ni oirá ninguno su voz en las plazas; no quebrará
-la caña cascada, ni acabará de apagar la mecha que aún humea»<a
-id="FNanchor_860" href="#Footnote_860" class="fnanchor">[855]</a>. Y
-sin embargo, várias de las recomendaciones que hace á sus discípulos
-encierran el gérmen de un verdadero fanatismo<a id="FNanchor_861"
-href="#Footnote_861" class="fnanchor">[856]</a>, gérmen que la Edad
-media debia desarrollar de una manera cruel. Pero ¿debe censurársele
-por ello? Ninguna revolucion se ha cumplido sin algo de rudeza. Ni
-la Reforma, ni la Revolucion francesa se habrian llevado á cabo si
-Lutero y los actores del gran drama de 1789 hubiesen debido observar
-los miramientos que exige la buena crianza. Felicitémonos, pues, de
-que Jesús no encontrase una ley que castigara el ultraje hecho á una
-clase de ciudadanos;—entónces los fariseos habrian sido inviolables.
-Todos los grandes casos que registra la historia de la humanidad se
-han efectuado en nombre de principios absolutos. Un filósofo crítico
-hubiera dicho á sus discípulos: «Respetad la opinion ajena y creed
-que, en este mundo, nadie posee completamente el tesoro de la verdad»;
-pero la accion de Jesús no tiene nada de comun con las desinteresadas
-especulaciones del filósofo. Para un alma ardiente, el pensamiento de
-haber tocado por un instante el ideal y de haber sido detenida por la
-maldad de los hombres, es de una amargura insoportable. ¿Qué no sería
-para el fundador de un mundo nuevo?</p>
-
-<p>El obstáculo invencible que hallaban las ideas de Jesús procedia
-del judaismo ortodoxo representado por los fariseos. Éstos eran los
-verdaderos judíos, el nervio y la fuerza del judaismo, miéntras que
-Jesús se alejaba cada vez más de la antigua Ley. Aunque el centro de
-aquel partido se hallaba en Jerusalen, habia, sin embargo, algunos
-adeptos en Galilea,<span class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span>
-establecidos en el país ó permaneciendo en él accidentalmente<a
-id="FNanchor_862" href="#Footnote_862" class="fnanchor">[857]</a>.
-Por regla general, eran hombres de limitado entendimiento, de grande
-apego á las vanas exterioridades y de una devocion desdeñosa, oficial
-y muy satisfecha de sí misma<a id="FNanchor_863" href="#Footnote_863"
-class="fnanchor">[858]</a>. Sus modales eran ridículos y hacian sonreir
-á los mismos que los respetaban. Pruebas de ello son los satíricos
-apodos con que los distinguia el pueblo. Habia el «fariseo patizambo»
-(<i>Nikfi</i>), que marchaba por las calles arrastrando los piés
-y tropezando contra los guijarros; el «fariseo frente-sangrienta»
-(<i>Kizai</i>), que á fuerza de obstinarse en mirar al suelo por
-no ver á las mujeres se magullaba la frente contra las esquinas,
-teniéndola siempre ensangrentada; el «fariseo esteva» (<i>Medukia</i>),
-que permanecia plegado constantemente como el mango de un arado; el
-«fariseo robusto de hombros» (<i>Sckimi</i>), que andaba con la espalda
-encorvada como si todo el peso de la Ley gravitase sobre sus hombros;
-el «fariseo <i>¿qué hay que hacer? aquí estoy yo</i>», siempre á caza
-de un precepto que cumplir; <span id="barniz">y</span>, por último,
-el «fariseo barnizado», en el cual no eran las devotas exterioridades
-sino un barniz de hipocresía<a id="FNanchor_864" href="#Footnote_864"
-class="fnanchor">[859]</a>. Y en efecto, ese rigorismo no era
-muchas veces sino vana apariencia que en el fondo ocultaba una
-gran relajacion moral<a id="FNanchor_865" href="#Footnote_865"
-class="fnanchor">[860]</a>. Sin embargo, la credulidad pública no
-sospechaba todo lo que habia de falaz en aquellas mojigaterías. El
-pueblo, cuyo instinto es siempre recto, hasta en aquellos instantes en
-que padece mayores extravíos respecto á las cuestiones personales, se
-deja engañar fácilmente por los falsos devotos. Lo que en ellos ama es
-sin duda bueno y digno de ser amado; pero no tiene bastante penetracion
-para discernir la apariencia de la realidad.</p>
-
-<p>No es difícil comprender la antipatía que, en un mundo tan
-apasionado como aquél, debió estallar desde un principio entre Jesús y
-las personas del carácter farisáico. Jesús no queria sino la religion
-del corazon; la de los fariseos consistia, casi únicamente, en meras
-fórmulas, en vanas observancias. Jesús atraia hácia su doctrina á los
-humildes y abria los brazos á aquellos que la sociedad rechazaba; los
-fariseos veian en ello un insulto á su religion de personas decentes.
-Un fariseo era un hombre infalible é impecable, un pedante seguro de
-tener siempre razon, que en la sinagoga ocupaba siempre el primer
-sitio, que oraba en las calles y daba limosna á són de trompeta, y que
-miraba si le dirigian un saludo. Jesús, por el contrario, sostenia que
-cada uno debe esperar con temor<span class="pagenum" id="Page_183">p.
-183</span> y humildad el juicio de Dios. Sin embargo, la mala direccion
-religiosa que el farisaismo representaba no reinó exclusivamente. Ántes
-de Jesús, y áun en su misma época, muchos hombres, tales como Jesús,
-hijo de Sirach, uno de los verdaderos antepasados de Jesús de Nazareth,
-Gamaliel, Antígono de Soco, y sobre todo, el tierno y noble Hillel,
-habian enseñado doctrinas mucho más elevadas y casi evangélicas.
-Pero aquellas buenas semillas quedaron sofocadas en gérmen. Las
-hermosas máximas de Hillel, que resumian toda la Ley en la equidad<a
-id="FNanchor_866" href="#Footnote_866" class="fnanchor">[861]</a>,
-y las de Jesús, hijo de Sirach, que hacian consistir el culto en
-la práctica del bien<a id="FNanchor_867" href="#Footnote_867"
-class="fnanchor">[862]</a>, fueron olvidadas ó anatematizadas<a
-id="FNanchor_868" href="#Footnote_868" class="fnanchor">[863]</a>.
-El espíritu mezquino y exclusivista de Schammai habia obtenido sobre
-ellas el triunfo. Una masa enorme de «tradiciones» habia llegado
-á desnaturalizar la Ley<a id="FNanchor_869" href="#Footnote_869"
-class="fnanchor">[864]</a>, so pretexto de protegerla y de
-interpretarla. Esas medidas tuvieron sin duda su lado útil; debe
-mirarse como un bien el que el pueblo judío haya amado su ley hasta el
-frenesí, puesto que ese amor frenético fué el que salvó el mosaismo
-bajo Antíoco Epifáneo y bajo Heródes, y el que nos conservó la levadura
-de que más tarde debia salir la religion cristiana. Pero todas aquellas
-antiguas precauciones, consideradas en sí mismas, no eran sino otras
-tantas puerilidades. La sinagoga, entre cuyas manos estaba el sagrado
-depósito, se habia convertido en fuente de errores. Su reinado habia
-concluido; pero pedirle que abdicase era pedirle un imposible, porque
-ningun poder establecido abdica, ni abdicará nunca voluntariamente.</p>
-
-<p>Las luchas de Jesús con la hipocresía oficial eran, pues, contínuas.
-La táctica ordinaria de los reformadores que aparecian en el estado
-religioso que acabamos de describir, estado que puede llamarse
-«formalismo tradicional», consistia en oponer á las tradiciones el
-«texto» de los libros sagrados. El celo religioso es siempre innovador,
-áun en aquellos mismos momentos en que pretende ser esencialmente
-conservador. Y así como los neo-católicos de nuestros dias se
-alejan cada vez más del Evangelio, de igual modo se alejaban los
-fariseos á cada instante de la Biblia. Hé ahí por qué el reformador
-puritano, partiendo del texto inmutable para criticar la teología
-corriente, que marcha de generacion en generacion, es casi siempre
-«bíblico» por excelencia. Lo mismo hicieron despues los caraítas y
-los protestantes. Jesús aplicó el hacha á la raíz con mayor energía.
-Verdad es que á veces se le ve invocando<span class="pagenum"
-id="Page_184">p. 184</span> los textos contra las falsas <i>Masoras</i>
-ó tradiciones de los fariseos<a id="FNanchor_870" href="#Footnote_870"
-class="fnanchor">[865]</a>; pero, en general, se cuida poco de exegésis
-y prefiere dirigir su llamamiento á la conciencia. Bajo su segur
-innovadora caen al mismo tiempo texto y comentarios. Demuestra, sí, á
-los fariseos que con sus tradiciones alteran gravemente el mosaismo;
-pero no pretende de ningun modo volverse hácia Moisés, porque su
-objeto se hallaba en el porvenir, y no en el pasado. Más bien que el
-reformador de una antigua religion, Jesús era el creador de la religion
-eterna de la humanidad.</p>
-
-<p>Las disputas estallaban casi siempre á causa de una infinidad de
-prácticas exteriores que la tradicion habia introducido, y que ni Jesús
-ni sus discípulos observaban<a id="FNanchor_871" href="#Footnote_871"
-class="fnanchor">[866]</a>; cosa que escandalizaba á los fariseos y
-por la cual le dirigian vivas reconvenciones. Cuando comia en casa
-de ellos, hacian grandes aspavientos al ver que no se sujetaba á
-las abluciones de costumbre. «Dad limosna,—les decia Jesús,—y todas
-las cosas estarán limpias en órden á vosotros»<a id="FNanchor_872"
-href="#Footnote_872" class="fnanchor">[867]</a>. Lo que lastimaba en
-grado superlativo su tacto delicado era, el aire de seguridad que los
-fariseos afectaban respecto á las cosas religiosas, y su mezquina
-devocion, cuyo móvil consistia siempre en las preeminencias y en los
-títulos, y nunca en el mejoramiento de los corazones. Jesús expresaba
-esa idea, con gran exactitud y atractivo, en una admirable parábola:</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Dos hombres subieron al templo á orar; el uno era fariseo y el
- otro publicano. El fariseo puesto en pié oraba en su interior de
- esta manera: «¡Oh Dios! yo te doy gracias de que no soy como los
- demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco
- como este publicano; ayuno dos veces á la semana, pago los diezmos
- de todo lo que poseo.» El publicano, al contrario, puesto allá
- léjos, ni áun los ojos osaba levantar al cielo; sino que daba
- golpes de pecho, diciendo: «Dios mio, ten misericordia de mí,
- que soy un pecador.» Os declaro, pues, que éste volvió á su casa
- justificado, mas no el otro»<a id="FNanchor_873" href="#Footnote_873"
- class="fnanchor">[868]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>La consecuencia de aquellas luchas era un ódio que no podia
-satisfacerse sino con la muerte. Juan Bautista habia provocado ya
-enemistades del mismo género<a id="FNanchor_874" href="#Footnote_874"
-class="fnanchor">[869]</a>. Pero la aristocracia de Jerusalen,
-que le despreciaba, habia dejado que las personas sencillas le
-tomasen por un profeta<a id="FNanchor_875" href="#Footnote_875"
-class="fnanchor">[870]</a>. Mas esta vez la guerra era á muerte,
-porque un espíritu nuevo aparecia en el mundo, marcando con el sello
-de la pro<span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>scripcion
-cuanto le habia precedido. Juan Bautista era profundamente judío;
-Jesús lo era muy poco. Jesús se dirige siempre á la delicadeza del
-sentimiento moral. No es ergotista sino cuando argumenta contra
-los fariseos, cuando el adversario le obliga, como sucede siempre,
-á adoptar su propio tono<a id="FNanchor_876" href="#Footnote_876"
-class="fnanchor">[871]</a>. Su exquisita ironía, sus malignas
-provocaciones iban siempre derechas al corazon. Estigmatos eternos,
-ellos han permanecido coagulados en la llaga. Esa túnica de Neso del
-ridículo, cuyos girones arrastra en pos de sí el judío descendiente
-de los fariseos, desde hace diez y ocho siglos, es obra de Jesús;
-él fué quien la tejió con artificio divino. Obra maestra de elevada
-ironía, sus rasgos se han inscrito en líneas de fuego sobre la piel
-del hipócrita y del falso devoto. ¡Rasgos incomparables, dignos de un
-hijo de Dios! Porque sólo un Dios sabe matar de esa manera. Sócrates y
-Molière no hacen sino arañar la epidérmis. Jesús introduce el hierro
-candente hasta la médula de los huesos.</p>
-
-<p>Natural era que ese gran maestro en ironía pagase con la vida
-su triunfo. Ya en Galilea los fariseos habian tratado de perderle
-empleando contra él la maniobra que más tarde debia secundar en
-Jerusalen sus proyectos siniestros, maniobra que consistia en interesar
-en su querella á los partidarios del nuevo órden político existente<a
-id="FNanchor_877" href="#Footnote_877" class="fnanchor">[872]</a>.
-Las facilidades que Jesús tenía en Galilea para ocultarse, y
-la debilidad del gobierno de Antipas hicieron abortar aquellas
-tentativas. Pero él mismo fué bien pronto á ofrecerse al peligro.
-Jesús conocia que permaneciendo confinado en Galilea, su accion
-tendria que ser necesariamente muy limitada. La Judea era para
-él un iman de irresistible atraccion; así, pues, quiso tentar un
-último esfuerzo á fin de convertir la ciudad rebelde; no parece sino
-que se empeñó en justificar el proverbio de «ningun profeta debe
-morir fuera de Jerusalen»<a id="FNanchor_878" href="#Footnote_878"
-class="fnanchor">[873]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_21">
- <p><span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXI</h2>
- <p class="subh2">ÚLTIMO VIAJE DE JESÚS Á JERUSALEN</p>
-</div>
-
-<p>Hacia ya mucho tiempo que Jesús tenía conciencia de los
-peligros que le rodeaban<a id="FNanchor_879" href="#Footnote_879"
-class="fnanchor">[874]</a>. Durante un período que puede calcularse
-de diez y ocho meses evitó ir en peregrinacion á Jerusalen<a
-id="FNanchor_880" href="#Footnote_880" class="fnanchor">[875]</a>.
-Por la fiesta de los Tabernáculos del año 32 (segun la hipótesis
-que hemos adoptado), sus parientes, siempre incrédulos y nada bien
-dispuestos á su favor<a id="FNanchor_881" href="#Footnote_881"
-class="fnanchor">[876]</a>, le excitaron á que emprendiese el viaje
-á la capital. El evangelista Juan parece indicar que semejante
-excitacion ocultaba algun proyecto malévolo. «Date á conocer al
-mundo—le decian—nadie hace las cosas en secreto si quiere ser conocido.
-Véte á Judea para que vean allí las obras que haces.» Sospechando
-alguna traicion, Jesús rehusó en un principio; mas así que partió la
-caravana de peregrinos, se dirigió tambien á Jerusalen, casi solo y
-como ocultándose de los demás<a id="FNanchor_882" href="#Footnote_882"
-class="fnanchor">[877]</a>. Aquel fué su último adios á Galilea. La
-fiesta de los Tabernáculos se celebraba en el equinoccio de otoño; por
-consiguiente, aún faltaban seis meses para el fatal desenlace. Pero
-durante ese intervalo, Jesús no volvió á ver sus queridas provincias
-del norte. Ha pasado, pues, el tiempo de las dulzuras, y menester
-es recorrer ahora paso á paso la dolorosa via que terminará en las
-angustias de la muerte.</p>
-
-<p>Sus discípulos y las piadosas mujeres que le servian volvieron
-á encontrarle en Judea<a id="FNanchor_883" href="#Footnote_883"
-class="fnanchor">[878]</a>; pero ¡cuán trocadas estaban allí las
-cosas para él! En Jerusalen, Jesús era un extranjero y conocia
-que una muralla inexpugnable se alzaba en aquella ciudad ante sus
-pasos. La malevolencia de los fariseos le perseguia constantemente,
-rodeándole de asechanzas y de objeciones<a id="FNanchor_884"
-href="#Footnote_884" class="fnanchor">[879]</a>. En vez de la
-credulidad ilimitada, patrimonio feliz de las naturalezas vírgenes,
-que encontraba en Galilea; en vez de esos pueblos buenos, afectuosos
-é incapaces de objeciones (porque la objecion es siempre, en cierto
-modo, hija de la perversidad y del orgullo), Jesús no hallaba en
-Jerusalen sino una incredulidad obstinada, contra la cual iban á
-estrellarse los medios de accion que tan buen éxito le habian<span
-class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> ofrecido en el norte.
-Sus discípulos eran allí despreciados por la sola cualidad de ser
-galileos. Nicodemo, que habia tenido con él en uno de sus precedentes
-viajes una entrevista nocturna, estuvo á pique de comprometerse por
-haber querido defenderle en el sanedrin.—«¿Eres acaso tú, como él,
-galileo?—le preguntaron.—Examina las escrituras y verás que un profeta
-no puede venir de Galilea»<a id="FNanchor_885" href="#Footnote_885"
-class="fnanchor">[880]</a>.</p>
-
-<p>Como ya hemos dicho, Jesús no gustaba de las grandes ciudades.
-Hasta entónces habia evitado siempre los centros populosos,
-prefiriendo desplegar su accion en las campiñas y en los burgos
-de mediana importancia. Muchos de los preceptos que daba á sus
-apóstoles eran absolutamente inaplicables á una sociedad ménos
-sencilla que la de una aldea<a id="FNanchor_886" href="#Footnote_886"
-class="fnanchor">[881]</a>. Acostumbrado á su amable comunismo galileo
-y no teniendo ninguna idea de lo que era el mundo, aventuraba á cada
-instante candideces que en Jerusalen debian parecer muy singulares<a
-id="FNanchor_887" href="#Footnote_887" class="fnanchor">[882]</a>.
-Entre aquellas murallas, su risueña imaginacion y su amor á la
-naturaleza estaban fuera de su centro. La verdadera religion no debia
-salir del tumulto de las ciudades, sino de la tranquila serenidad de
-los campos.</p>
-
-<p>Érale desagradable el átrio del templo á causa de la arrogancia
-de los sacerdotes. Algunos de sus discípulos, que conocian mejor
-que él á Jerusalen, quisieron un dia hacerle notar la belleza de
-las construcciones del templo, la buena calidad de los materiales
-y las riquezas de las ofrendas votivas que cubrian las paredes.
-«¿Veis todos esos edificios?—les respondió—pues yo os digo de cierto
-que no quedará de ellos piedra sobre piedra»<a id="FNanchor_888"
-href="#Footnote_888" class="fnanchor">[883]</a>. Nada de todo aquello
-excitó, pues, su admiracion; más que el templo se la excitó una
-pobre viuda que pasaba en aquel instante y que depositó un óbolo en
-el arca ó cepillo de las ofrendas: «En verdad os digo—exclamó—que
-esta pobre viuda ha echado más en el arca que todos los otros. Por
-cuanto los demás han echado algo de lo que les sobraba; pero ésta
-ha dado de su misma pobreza todo lo que tenía»<a id="FNanchor_889"
-href="#Footnote_889" class="fnanchor">[884]</a>. Esa manera de
-criticar todo lo que se hacia en Jerusalen, de realzar al pobre que
-daba poco, rebajando al rico que daba mucho<a id="FNanchor_890"
-href="#Footnote_890" class="fnanchor">[885]</a>; de censurar al clero
-opulento que nada hacia por el bien del pueblo, exasperó naturalmente
-la casta sacerdotal. El templo, como el <i>haram</i> musulman que
-le ha sucedido, era el asiento de una aristocracia conservadora; y
-por consiguiente el sitio ménos á propósito del mundo para proclamar
-con éxito ideas revolucionari<span class="pagenum" id="Page_188">p.
-188</span>as. ¡Intentar semejante cosa era lo mismo que si un innovador
-de nuestros dias predicase al rededor de la mezquita de Omar la
-abrogacion del islamismo! Y sin embargo, allí se hallaba el centro
-de la vida judáica, y en aquel punto era preciso vencer ó morir. En
-ese calvario, donde seguramente sufrió Jesús mucho más que en el
-Gólgotha, sus dias se deslizaban en medio de amargas disputas, de
-enojosas controversias de derecho canónico y de exegésis, para las
-cuales, no sólo no le daba ninguna ventaja su grande elevacion moral,
-sino que, por el contrario, le hacia aparecer como inferior á sus
-contrincantes.</p>
-
-<p>El corazon sensible y bondadoso de Jesús halló, sin embargo,
-en medio de aquella vida agitada, un apacible asilo en el cual
-él olvidaba sus habituales amarguras. Despues de haber pasado
-el dia cuestionando en el templo, Jesús descendia por la tarde
-al valle de Cedron, descansaba un rato bajo la arboleda de un
-establecimiento agrícola (probablemente algun molino de aceite),
-llamado <i>Gethsemaní</i><a id="FNanchor_891" href="#Footnote_891"
-class="fnanchor">[886]</a>, el cual servia de punto de recreo á los
-habitantes, é iba á pasar la noche sobre el monte de los Olivos que
-termina al Oriente el horizonte de la ciudad<a id="FNanchor_892"
-href="#Footnote_892" class="fnanchor">[887]</a>. Aquél es el único
-sitio de los alrededores de Jerusalen que ofrece un aspecto algo
-umbroso y risueño. Las plantaciones de olivos, higueras y palmas,
-eran allí numerosas, y de ellas tomaban nombre las aldeas, granjas
-ó cercados de Bethphage, Gethsemaní y Bethania<a id="FNanchor_893"
-href="#Footnote_893" class="fnanchor">[888]</a>. Sobre el monte de
-los Olivos habia dos grandes cedros, cuyos recuerdos conservaron por
-espacio de mucho tiempo los judíos dispersos; nubes de palomas iban
-á buscar asilo entre sus ramas, y bajo su espléndido follaje habia
-establecidas algunas tiendas<a id="FNanchor_894" href="#Footnote_894"
-class="fnanchor">[889]</a>. Aquellos arrabales fueron, en cierto modo,
-el barrio favorito de Jesús y de sus discípulos, y se echa de ver que
-le conocian palmo á palmo.</p>
-
-<p>Pero la aldea de Bethania<a id="FNanchor_895" href="#Footnote_895"
-class="fnanchor">[890]</a>, situada en la cumbre de la colina, sobre
-la vertiente que mira hácia el Jordan y el mar Muerto, y distante una
-hora de Jerusalen, era particularmente el lugar predilecto de Jesús<a
-id="FNanchor_896" href="#Footnote_896" class="fnanchor">[891]</a>.
-Allí entabló conocimiento con una familia compuesta de tres personas,
-dos hermanas y un hermano, cuya amistad tuvo para él mucho atractivo<a
-id="FNanchor_897" href="#Footnote_897" class="fnanchor">[892]</a>.
-La una de las dos hermanas, llamada Martha, era complaciente, buena,
-obsequiosa y solícita<a id="FNanchor_898" href="#Footnote_898"
-class="fnanchor">[893]</a>; por el contrario, la otra, llamada María,
-gustaba á Jesús por su languidez de carácter<a id="FNanchor_899"
-href="#Footnote_899" class="fnanchor">[894]</a> y por lo desarrollado
-de sus instintos<span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span>
-especulativos. Muchas veces, sentada á los piés de Jesús, olvidaba,
-escuchándole, los deberes de la vida real. Entónces su hermana, sobre
-la cual recaia todo el peso de las labores domésticas, se quejaba
-dulcemente: «Martha, Martha—la decia Jesús—tú te afanas y acongojas
-por muchísimas cosas, y á la verdad que una sola cosa es necesaria.
-María ha escogido la mejor suerte, de que jamás será privada»<a
-id="FNanchor_900" href="#Footnote_900" class="fnanchor">[895]</a>.
-Jesús amaba tambien entrañablemente al hermano Eleazar ó Lázaro<a
-id="FNanchor_901" href="#Footnote_901" class="fnanchor">[896]</a>. Por
-último, un tal Simon el Leproso, propietario de la casa en que vivia la
-familia, formaba, á lo que parece, parte de ésta<a id="FNanchor_902"
-href="#Footnote_902" class="fnanchor">[897]</a>. Allí era donde Jesús
-olvidaba en el seno de una piadosa amistad los disgustos de la vida
-pública, y en aquel interior tranquilo se consolaba de los enredos que
-los fariseos le suscitaban á cada paso. Jesús se sentaba con frecuencia
-sobre el monte de los Olivos, frente al monte Moria<a id="FNanchor_903"
-href="#Footnote_903" class="fnanchor">[898]</a>, teniendo á sus piés
-la espléndida perspectiva que ofrecian los terrados del templo y
-sus techumbres cubiertas de láminas resplandecientes. Aquella vista
-llenaba de admiracion á los extranjeros; sobre todo, al salir el
-sol, la montaña sagrada deslumbraba los ojos como si fuese una masa
-de oro y nieve. Pero aquel espectáculo, que tanto orgullo y alegría
-causaba á los demás israelitas, inspiraba á Jesús un sentimiento de
-profunda tristeza. «Jerusalen, Jerusalen, que matas á los profetas,
-y apedreas á los que á tí son enviados,—exclamaba en sus momentos de
-amargura—¡cuántas veces quise recoger á tus hijos, á la manera que
-el ave cubre su nidada debajo de sus alas, y tú no has querido!»<a
-id="FNanchor_904" href="#Footnote_904" class="fnanchor">[899]</a>.</p>
-
-<p>Y no porque allí, como en Galilea, no hubiese algunas almas
-predispuestas á recibir el gérmen de la nueva doctrina; pero tal
-era el influjo de la ortodoxia dominante, que muy pocos se atrevian
-á abrazarla abiertamente. Confesar que seguian la escuela de un
-galileo, hubiera sido, en su concepto, desacreditarse á los ojos de
-los hierosolimitanos y exponerse á que los echaran de la sinagoga,
-lo cual, en una sociedad mojigata y mezquina como aquélla, era
-el baldon más afrentoso<a id="FNanchor_905" href="#Footnote_905"
-class="fnanchor">[900]</a>. Además, la excomunion llevaba consigo la
-pérdida de todos los bienes en provecho del fisco<a id="FNanchor_906"
-href="#Footnote_906" class="fnanchor">[901]</a>. El que dejaba de
-ser judío, no por eso se convertia en romano; sino que permanecia
-sin defensa bajo la férula de una legislacion teocrática de la más
-terrible severidad. Un dia, los ministros subalternos del templo
-asistieron á uno de los discursos de Jesús, y quedaron maravillados de
-escucharle; en seguida fueron <span class="pagenum" id="Page_190">p.
-190</span>á confiar sus dudas á los sacerdotes: «¿Acaso alguno de los
-príncipes ó de los fariseos ha creido en él?—les respondieron.—Sólo ese
-populacho, que no entiende la Ley, es el maldito»<a id="FNanchor_907"
-href="#Footnote_907" class="fnanchor">[902]</a>. Jesús continuaba
-siendo en Jerusalen un provinciano, á quien admiraban los provincianos
-como él, pero rechazado por toda la aristocracia de la nacion. Los
-jefes de escuela y de secta eran demasiado numerosos para que nadie
-se conmoviera por la aparicion de uno más. Su palabra tuvo, pues, muy
-escaso eco en Jerusalen, donde se hallaban demasiado arraigadas las
-preocupaciones de raza y de secta, esos enemigos capitales del espíritu
-evangélico.</p>
-
-<p>En aquel nuevo mundo, su enseñanza tuvo necesariamente que
-modificarse no poco. Sus hermosas predicaciones, cuyo efecto se
-calculaba de antemano cuando se dirigian á oyentes de cándida
-imaginacion y de conciencia pura, se perdian allí como el rocío
-que cae sobre calcinada arena. Y él, que tan dueño de sí mismo
-y tan desembarazado se encontraba en las márgenes del risueño
-lago de Tiberiade, se sentia incómodo y como fuera de su centro
-junto á aquellos pedantes. Sus perpétuas afirmaciones de sí
-mismo llegaron á tener algo de fastidioso<a id="FNanchor_908"
-href="#Footnote_908" class="fnanchor">[903]</a>, y, á su pesar,
-tuvo que hacerse controversista, jurista, exegeta y teólogo. Su
-conversacion, tan llena de gracia ordinariamente, llega á ser un
-fuego graneado de disputas<a id="FNanchor_909" href="#Footnote_909"
-class="fnanchor">[904]</a>, una sucesion interminable de
-luchas escolásticas. Su armonioso genio se gasta en insípidas
-argumentaciones sobre la Ley y los profetas<a id="FNanchor_910"
-href="#Footnote_910" class="fnanchor">[905]</a>, en las cuales
-deseariamos no verle hacer algunas veces el papel de agresor<a
-id="FNanchor_911" href="#Footnote_911" class="fnanchor">[906]</a>.
-Con una condescendencia que nos disgusta, préstase á los exámenes
-capciosos que le hacen sufrir ergotistas sin tacto<a id="FNanchor_912"
-href="#Footnote_912" class="fnanchor">[907]</a>. Pero, en general,
-su ingenio le sacaba en bien de aquellos apuros. Verdad es que sus
-razonamientos eran con frecuencia sutiles; pero tambien lo es que la
-sencillez de ingenio y la sutileza se dan la mano:—siempre que las
-personas sencillas quieren razonar son un poco sofistas. Algunas veces
-parecia buscar equívocos y empeñarse en prolongarlos á propósito<a
-id="FNanchor_913" href="#Footnote_913" class="fnanchor">[908]</a>.
-En resúmen, su argumentacion, juzgada segun las reglas de la lógica
-aristotélica, es bastante débil. Pero cuando el atractivo sin igual
-de su ingenio conseguia tomar vuelo, entónces el triunfo era suyo.
-Un dia creyeron ponerle en grave apuro presentándole una mujer
-adúltera y preguntándole cómo era preciso tratarla. Conocida es la
-admirable respuesta de Jesús<a id="FNanchor_914" href="#Footnote_914"
-class="fnanchor">[909]</a>. La fina ironía<span class="pagenum"
-id="Page_191">p. 191</span> del hombre de mundo, modificada por una
-bondad divina, no podia expresarse en un rasgo más exquisito. Pero
-lo que más difícilmente perdonan los necios es el ingenio unido á la
-grandeza moral. Con esta frase tan llena de un sentimiento de pureza y
-justicia: «¡El que de vosotros se halle sin pecado tire contra ella la
-primera piedra!», hirió Jesús en el corazon á la hipocresía y firmó al
-mismo tiempo su sentencia de muerte.</p>
-
-<p>En efecto, sin la exasperacion causada por tantas amargas
-reconvenciones, es muy posible que Jesús hubiese pasado desapercibido,
-yendo á perderse en la espantosa tormenta que bien pronto habia
-de arrastrar á toda la nacion judáica. El alto sacerdocio y los
-saduceos sentian por él más bien desprecio que ódio. Las grandes
-familias sacerdotales, los <i>Boethusim</i>, la familia de Annás,
-si de algo se mostraban fanáticas, era de reposo. En cuanto á los
-saduceos, rechazaban, como Jesús, las «tradiciones» farisáicas<a
-id="FNanchor_915" href="#Footnote_915" class="fnanchor">[910]</a>.
-Por una rara originalidad, aquellos incrédulos, que negaban la
-resurreccion, la ley oral y la existencia de los ángeles, eran los
-verdaderos judíos; en otros términos, no satisfaciendo ya la sencillez
-de la antigua Ley las necesidades religiosas de la época, los que á
-ella se atenian estrictamente rechazaban las invenciones modernas,
-pasaban á los ojos de los devotos por impíos, ni más ni ménos que un
-protestante evangélico pasa hoy por incrédulo en los países ortodoxos.
-De todos modos, no era de aquel partido de donde podia venir una
-reaccion séria contra Jesús. El sacerdocio oficial, con la vista fija
-en el poder político, é íntimamente ligado á él, no comprendia tampoco
-gran cosa de aquellos movimientos entusiastas. La doctrina del nuevo
-maestro amenazaba particularmente las preocupaciones y los intereses
-de los fariseos, de aquella innumerable clase de los <i>soferim</i> ó
-escribas, que vivian de la ciencia de las «tradiciones», y esa clase
-era la que experimentaba graves inquietudes.</p>
-
-<p>Los fariseos hacian constantes esfuerzos por atraer á Jesús al
-terreno de las cuestiones políticas, á fin de comprometerle en el
-partido de Júdas el Gaulonita. La táctica era hábil, porque se
-necesitaba toda la profunda ingenuidad de Jesús para no haber tenido
-todavía desavenencias con la autoridad romana, sin perjuicio de su
-proclamacion del reino de Dios. Queriendo rasgar el velo de ese
-equívoco y obligarle á explicarse, cierto dia se acercó á él un grupo
-de fariseos y políticos, llamados «herodianos» (probablemente de los
-<i>Boethu<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>sim</i>),
-y so pretexto de celo piadoso: «Maestro,—le dijeron,—sabemos que eres
-veraz y que enseñas el camino de Dios sin respeto á nadie. Dínos qué
-te parece de esto:—¿es ó no lícito pagar el tributo á César?» Sin
-duda esperaban una respuesta que les diese pretexto para entregarle
-á Pilato. Pero la de Jesús fué admirable. Hizo que le enseñáran la
-efigie de la moneda, y les dijo: «Dad á César lo que es de César y
-á Dios lo que es de Dios»<a id="FNanchor_916" href="#Footnote_916"
-class="fnanchor">[911]</a>. ¡Frase profunda que decidió el porvenir del
-cristianismo! ¡Frase espiritualista por excelencia y de maravillosa
-exactitud, que fundó la separacion de lo espiritual y de lo temporal
-y asentó los cimientos del verdadero liberalismo y de la verdadera
-civilizacion!</p>
-
-<p>Cuando Jesús se hallaba á solas con sus discípulos, su genio dulce
-y penetrante le inspiraba acentos llenos de atractivo: «En verdad,
-en verdad os digo, que quien no entra por la puerta en el aprisco de
-las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es un ladron y un
-salteador. Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas.
-Las ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre á las ovejas
-propias y las saca fuera. Va delante de ellas, y las ovejas le siguen,
-porque conocen su voz. El ladron no viene sino para robar y matar,
-y hacer estrago. El mercenario de quien no son propias las ovejas,
-en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye. Yo soy el buen
-pastor y conozco mis ovejas, y las ovejas mias me conocen á mí, y
-doy mi vida para ellas»<a id="FNanchor_917" href="#Footnote_917"
-class="fnanchor">[912]</a>. La idea de una próxima solucion de la
-crísis de la humanidad volvia á asaltarle frecuentemente: «Cuando las
-ramas de la higuera,—decia,—retoñecen y brotan hojas, conoceis que está
-cerca el verano. Alzad vuestros ojos y ved el mundo;—la miés está ya
-blanca y á punto de segarse»<a id="FNanchor_918" href="#Footnote_918"
-class="fnanchor">[913]</a>.</p>
-
-<p>Su robusta elocuencia reaparecia cada vez que se trataba de combatir
-á los hipócritas.</p>
-
-<blockquote>
-
- <p>«Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de
- Moisés. Practicad, pues, y haced todo lo que os dijeren; pero no
- arregleis vuestra conducta por la suya, porque ellos dicen y no
- hacen. El hecho es que van liando cargas pesadas é insoportables, y
- las ponen en los hombros de los demás, cuando ellos no quieren ni
- aplicar la punta del dedo para moverlas.</p>
-
- <p>»Todas sus obras las hacen con el fin de ser vistos de los
- hombres; por lo mismo llevan las filacterias<a id="FNanchor_919"
- href="#Footnote_919" class="fnanchor">[914]</a> más anchas,
- y más largas las franjas del vestido<a id="FNanchor_920"
- href="#Footnote_920" class="fnanchor">[915]</a>. Aman tambi<span
- class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span>en los primeros asientos
- en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas y el ser
- saludados en la plaza, y que los hombres les den el título de
- «Maestro». Pero ¡ay de ellos!...</p>
-
- <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que cerrais
- el reino de los cielos<a id="FNanchor_921" href="#Footnote_921"
- class="fnanchor">[916]</a> á los hombres; porque ni vosotros entrais,
- ni dejais entrar á los que entrarian.</p>
-
- <p>»¡Ay de vosotros! que devorais las casas de las viudas con el
- pretexto de hacer largas oraciones: por eso recibiréis sentencia
- mucho más rigurosa. ¡Ay de vosotros! porque andais girando por mar
- y tierra á trueque de convertir un gentil, y despues le haceis
- digno del infierno. ¡Ay de vosotros! que sois como los sepulcros
- que están cubiertos, y que son desconocidos á los hombres que
- pasan por encima de ellos<a id="FNanchor_922" href="#Footnote_922"
- class="fnanchor">[917]</a>.</p>
-
- <p>»¡Insensatos y ciegos! que pagais diezmo de la yerbabuena y del
- eneldo y del comino, y habeis abandonado las cosas más esenciales de
- la Ley, la justicia, la misericordia y la buena fe. Éstas debiérais
- observar, sin omitir aquéllas.</p>
-
- <p>»¡Oh guías ciegos! que colais un mosquito y os tragais un
- camello.</p>
-
- <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que limpiais por
- fuera la copa y el plato<a id="FNanchor_923" href="#Footnote_923"
- class="fnanchor">[918]</a> que por dentro están llenos de rapacidad é
- inmundicia. ¡Fariseo ciego!<a id="FNanchor_924" href="#Footnote_924"
- class="fnanchor">[919]</a>, limpia primero por dentro la copa y el
- plato, si quieres que lo de afuera sea limpio<a id="FNanchor_925"
- href="#Footnote_925" class="fnanchor">[920]</a>.</p>
-
- <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque
- sois semejantes á los sepulcros blanqueados<a id="FNanchor_926"
- href="#Footnote_926" class="fnanchor">[921]</a>, los cuales por
- afuera aparecen hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de
- muertos, de todo género de podredumbre.</p>
-
- <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que fabricais
- los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los
- justos, y decís: si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros
- padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la muerte de los
- profetas. Con lo que dais testimonio contra vosotros mismos de que
- sois hijos de los que mataron á los profetas. Acabad, pues, de
- llenar la medida de vuestros padres. Por eso dijo la sabiduría de
- Dios: yo voy á enviaros profetas y sabios y escribas, y de ellos
- degollareis á unos, crucificareis á otros, á otros azotareis en
- vuestras sinagogas, y los andareis persiguiendo de ciudad en ciudad,
- para que recaiga sobre vosotros toda la sangre inocente<span
- class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> derramada sobre la
- tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías,
- hijo de Baraquías<a id="FNanchor_927" href="#Footnote_927"
- class="fnanchor">[922]</a>, á quien matasteis entre el templo y el
- altar. En verdad os digo que todas estas cosas vendrán á caer sobre
- la generacion presente»<a id="FNanchor_928" href="#Footnote_928"
- class="fnanchor">[923]</a>.</p>
-
-</blockquote>
-
-<p>Su dogma terrible de la sustitucion de los gentiles, esto es,
-la idea de que el reino de Dios iba á ser transferido á otros,
-no habiéndole querido aquéllos para quienes estaba destinado<a
-id="FNanchor_929" href="#Footnote_929" class="fnanchor">[924]</a>, era
-como una amenaza sangrienta dirigida á la aristocracia; y su título de
-Hijo de Dios, que Jesús confesaba abiertamente en fogosas parábolas<a
-id="FNanchor_930" href="#Footnote_930" class="fnanchor">[925]</a>,
-en las cuales presentaba á sus enemigos desempeñando el papel de
-verdugos de los enviados celestiales, era un reto al judaismo
-legal. El audaz llamamiento dirigido á los humildes era todavía más
-sedicioso. Declaraba que habia venido á dar vista á los ciegos y á
-cegar á los que creian ver<a id="FNanchor_931" href="#Footnote_931"
-class="fnanchor">[926]</a>. Su mal humor contra el templo le inspiró un
-dia esta imprudente frase: «Yo destruiré este templo hecho de mano de
-los hombres, y en tres dias fabricaré otro sin obra de mano alguna»<a
-id="FNanchor_932" href="#Footnote_932" class="fnanchor">[927]</a>.
-Se ignora, ó por lo ménos, no se sabe á punto fijo lo que Jesús
-quiso decir con esas palabras, en las cuales buscaron sus discípulos
-forzadas alegorías. Pero como sus enemigos no deseaban sino un pretexto
-para perderle, tomaron inmediatamente acta de ellas. La frase debia
-figurar luégo entre los considerandos de la sentencia de muerte y
-llegar hasta los oidos de Jesús en medio de las últimas agonías del
-Gólgotha. Esas irritantes discusiones concluian siempre por provocar
-alguna tormenta. Los fariseos le arrojaban piedras<a id="FNanchor_933"
-href="#Footnote_933" class="fnanchor">[928]</a>, en lo cual no hacian
-sino ejecutar un artículo de la Ley, que ordenaba apedrear, sin oirle,
-á todo profeta, siquiera fuese taumaturgo, que intentara separar al
-pueblo del antiguo culto<a id="FNanchor_934" href="#Footnote_934"
-class="fnanchor">[929]</a>. Otras veces le llamaban loco,
-poseido y samaritano<a id="FNanchor_935" href="#Footnote_935"
-class="fnanchor">[930]</a>, y trataban hasta de matarle<a
-id="FNanchor_936" href="#Footnote_936" class="fnanchor">[931]</a>.
-Y por último, tomaban acta de todas sus palabras, á fin de invocar
-contra él las leyes de una teocracia intolerante, no abrogadas aún
-por la dominacion romana<a id="FNanchor_937" href="#Footnote_937"
-class="fnanchor">[932]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_22">
- <p><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXII</h2>
- <p class="subh2">MAQUINACIONES DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Jesús pasó el otoño y una parte del invierno en Jerusalen, en
-donde esa estacion es bastante fria. El pórtico de Salomon, con sus
-corredores cubiertos, era el sitio en que se paseaba de ordinario<a
-id="FNanchor_938" href="#Footnote_938" class="fnanchor">[933]</a>.
-Aquel pórtico se componia de dos galerías, formadas por tres órdenes
-de columnas y cubiertas de una techumbre de madera tallada<a
-id="FNanchor_939" href="#Footnote_939" class="fnanchor">[934]</a>.
-Dominaba el valle de Cedron, que estaba sin duda ménos lleno de
-escombros que hoy en dia. La vista, desde lo alto del pórtico, no
-alcanzaba al fondo del barranco, y parecia, á consecuencia de la
-inclinacion de los taludes, que se abria un abismo á pico bajo el
-muro. El otro lado del valle poseia ya su adorno de suntuosas tumbas.
-Algunos de los monumentos que se ven allí hoy dia, eran quizás aquellos
-cenotafios en honor de los antiguos profetas<a id="FNanchor_940"
-href="#Footnote_940" class="fnanchor">[935]</a> que Jesús mostraba
-con la mano, cuando, sentado sobre el pórtico, fulminaba amenazas
-contra las clases oficiales, que escudaban detrás de aquellas
-colosales masas su hipocresía ó su vanidad<a id="FNanchor_941"
-href="#Footnote_941" class="fnanchor">[936]</a>. Á fines del mes
-de Diciembre, Jesús celebró en Jerusalen la fiesta establecida
-por Júdas Macabeo en conmemoracion de la purificacion del templo,
-despues de los sacrilegios de Antíoco Epifáneo<a id="FNanchor_942"
-href="#Footnote_942" class="fnanchor">[937]</a>. Tambien se la llamaba
-la «Fiesta de las candelas», porque durante los ocho dias de la funcion
-se tenian en las casas las lámparas encendidas<a id="FNanchor_943"
-href="#Footnote_943" class="fnanchor">[938]</a>. Jesús emprendió poco
-despues un viaje á Perea y á las orillas del Jordan, es decir, al mismo
-país que visitó algunos años ántes, cuando seguia la escuela de Juan<a
-id="FNanchor_944" href="#Footnote_944" class="fnanchor">[939]</a> y
-donde él mismo habia administrado el bautismo. Allí, y sobre todo en
-Jericó, recibió, á lo que parece, algunos consuelos. En aquella ciudad,
-bien como punto principal de caminos muy importantes, ó bien á causa
-de sus perfumados jardines y de su rica cultura<a id="FNanchor_945"
-href="#Footnote_945" class="fnanchor">[940]</a>, habia una aduana
-de bastante consideracion. El recaudador principal, Zacheo, hombre
-rico, deseó ver á Jesús. Como era de estatura pequeña, se subió sobre
-un sicomoro que se hallaba cerca del camino por donde debia pasar
-la comitiva. Jesús se conmovió de tal inocencia en un per<span
-class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>sonaje de consideracion, y
-quiso entrar en casa de Zacheo, áun á riesgo de producir un escándalo<a
-id="FNanchor_946" href="#Footnote_946" class="fnanchor">[941]</a>.
-Se murmuró muchísimo, en efecto, de verle honrar con su presencia la
-casa de un pecador. Al partir, Jesús declaró que su huésped era buen
-hijo de Abraham; y como para aumentar el despecho de los ortodoxos,
-Zacheo llegó á ser un santo; dió, segun dicen, la mitad de sus bienes
-á los pobres y reparó con exceso los males que pudo haber ocasionado.
-No fué ésta solamente la única alegría de Jesús. Al salir de la
-ciudad, el mendigo Bartimeo<a id="FNanchor_947" href="#Footnote_947"
-class="fnanchor">[942]</a> le produjo gran placer al llamarle
-obstinadamente «hijo de David», aunque le ordenaron callarse. El ciclo
-de los milagros galileos parece volver á abrirse por un momento en
-aquel país que muchas analogías semejaban á las provincias del norte.
-El delicioso oasis de Jericó, bien regado entónces, debia ser uno
-de los parajes más hermosos de la Siria. Josefo habla de él con la
-misma admiracion que de la Galilea, y le llama, como á esta última
-provincia, un «país divino»<a id="FNanchor_948" href="#Footnote_948"
-class="fnanchor">[943]</a>.</p>
-
-<p>Jesús, despues de haber llevado á cabo aquella especie de
-peregrinacion á los lugares de su primera actividad profética, volvió
-á su querida estancia de Betania, en donde acaeció un hecho singular
-que parece tuvo consecuencias decisivas para el fin de su vida<a
-id="FNanchor_949" href="#Footnote_949" class="fnanchor">[944]</a>.
-Cansados de la mala acogida que el reino de Dios encontraba en la
-capital, los amigos de Jesús deseaban un gran milagro que hiriese
-vivamente la incredulidad hierosolimitana. La resurreccion de un
-hombre conocido en Jerusalen debió parecer la cosa más convincente.
-Es necesario recordar aquí que la condicion esencial de la verdadera
-crítica es comprender la diversidad de las épocas y despojarse de las
-repugnancias instintivas que son el fruto de una educacion puramente
-razonable. Es necesario recordar tambien que, en aquella ciudad torpe
-é impura de Jerusalen, Jesús no era ya el mismo. Su conciencia, por
-la falta de los hombres, y no por la suya, habia perdido algo de su
-primordial limpidez. Desesperado, llevado al último extremo, no era
-ya dueño de sí. Su mision se le imponia y obedecia al torrente que le
-empujaba. Como sucede siempre en todas las grandes carreras divinas,
-la opinion era la que le imponia los milagros que hacia contra su
-voluntad. Á la distancia en que nos encontramos de aquella época, y en
-presencia de un solo texto, que ofrece señales evidentes de artificios
-de composicion, es imposible decidir si, en el caso presente, es todo
-ficcion, ó si un hecho real, sucedido en Betania, sirvió de base á
-los rumores extendidos. Es<span class="pagenum" id="Page_197">p.
-197</span> necesario reconocer, sin embargo, que el giro de la
-narracion de Juan tiene algo de enteramente diverso de los relatos de
-los milagros, nacidos de la imaginacion popular, de que están llenos
-los sinópticos. Añadamos que Juan es el solo evangelista que tiene
-un conocimiento exacto de las relaciones de Jesús con la familia de
-Betania, y que no se comprende que una creacion popular viniese á
-tomar puesto en un círculo de recuerdos tan personales. Lo que parece
-probable es que el prodigio de que se trata no fué uno de esos milagros
-completamente legendarios y de los que nadie es responsable. En otros
-términos, nosotros creemos que sucedió en Betania alguna cosa que fué
-considerada como una resurreccion.</p>
-
-<p>La fama atribuia ya á Jesús dos ó tres hechos de esa naturaleza<a
-id="FNanchor_950" href="#Footnote_950" class="fnanchor">[945]</a>.
-La familia de Betania fué inducida, quizás sin saberlo, al hecho
-importante que se deseaba. Jesús era allí adorado. Parece que
-Lázaro estaba enfermo, y que á consecuencia de un mensaje de sus
-hermanas alarmadas, Jesús abandonó la Perea<a id="FNanchor_951"
-href="#Footnote_951" class="fnanchor">[946]</a>. La alegría de su
-llegada pudo hacer volver á Lázaro á la vida. Quizás tambien el
-ardiente deseo de tapar la boca á los que con ultraje negaban la mision
-divina de su amigo, condujo á aquellas apasionadas personas más allá de
-todos los límites. Quizás Lázaro, pálido aún á causa de su enfermedad,
-se hizo cubrir de vendas como un muerto y encerrar en su sepulcro de
-familia. Aquellos sepulcros eran espaciosas habitaciones talladas en
-la roca, en las que se entraba por una abertura cuadrada que cerraba
-una enorme baldosa. Marta y María acudieron delante de Jesús, y sin
-dejarle entrar en Betania, le condujeron á la gruta. La emocion que
-Jesús sintió al lado del sepulcro de su amigo, que creia muerto<a
-id="FNanchor_952" href="#Footnote_952" class="fnanchor">[947]</a>,
-pudo ser considerada por los concurrentes como esa turbacion,
-ese estremecimiento<a id="FNanchor_953" href="#Footnote_953"
-class="fnanchor">[948]</a> que acompañaba á los milagros; la opinion
-popular se empeñaba en que la virtud divina fuese en el hombre como
-un principio epiléptico y convulsivo. Jesús (siempre en la hipótesis
-enunciada más arriba) deseó ver aún una vez al que habia amado, y
-habiendo sido separada la piedra, Lázaro salió envuelto en sus vendas
-y cubierta la cabeza de un sudario. Esa aparicion debió mirarse
-naturalmente por todos como una resurreccion. La fe no conoce otra
-ley que el interes de aquello que cree positivo. Siendo para ello
-enteramente santo el objeto que se propone, no tiene el menor escrúpulo
-en invocar en favor de su tésis malos argumentos cuando con los buenos
-no logra lo que<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span>
-desea. Si tal prueba no es sólida, ¡cuántas hay que lo son!... Si tal
-prodigio no es verdadero, ¡cuántos otros lo han sido!... Íntimamente
-persuadidos de que Jesús era taumaturgo, Lázaro y sus dos hermanas
-pudieron ayudar á la ejecucion de uno de sus milagros, como tantos
-hombres piadosos que, convencidos de la verdad de su religion, han
-tratado de triunfar de la obstinacion de los hombres por medios que
-consideraban bien débiles. El estado de su conciencia era el de las
-estigmatizadas, el de las convulsionarias, de las poseidas de los
-conventos arrastradas por la influencia del mundo en que vivian, y por
-su propia creencia, á actos fingidos. En cuanto á Jesús, no era más
-dueño que San Bernardo, que San Francisco de Asís de moderar la avidez
-de la muchedumbre y la de sus propios discípulos por lo maravilloso.
-La muerte, por otra parte, iba dentro de algunos dias á devolverle su
-divina libertad, y á sustraerle á las necesidades fatales de un papel
-que cada dia se hacia más exigente, más difícil de sostener.</p>
-
-<p>Todo hace creer, en efecto, que el milagro de Betania contribuyó
-sensiblemente á acelerar el fin de Jesús<a id="FNanchor_954"
-href="#Footnote_954" class="fnanchor">[949]</a>. Las personas que
-habian sido testigos de él fueron á la ciudad y hablaron muchísimo
-de la ocurrencia. Los discípulos contaron el hecho con detalles de
-aparato combinados en vista de la argumentacion. Los otros milagros
-de Jesús eran actos pasajeros, aceptados espontáneamente por la fe,
-aumentados por la reputacion popular, y sobre los cuales, una vez
-sucedidos, no se hablaba ya más. El de Betania era un verdadero
-acontecimiento que se pretendia de pública notoriedad, y con el
-cual esperaban tapar la boca á los fariseos<a id="FNanchor_955"
-href="#Footnote_955" class="fnanchor">[950]</a>. Los enemigos de Jesús
-se irritaron sobremanera á causa de aquellos rumores, y trataron, segun
-dicen, de matar á Lázaro<a id="FNanchor_956" href="#Footnote_956"
-class="fnanchor">[951]</a>. Lo que hay de cierto es, que desde aquella
-hora se formó un consejo compuesto de los jefes de los sacerdotes<a
-id="FNanchor_957" href="#Footnote_957" class="fnanchor">[952]</a>, en
-el cual fué presentada netamente la cuestion: «Jesús y el judaismo
-¿pueden vivir juntos?» Presentar la cuestion era resolverla, y sin
-necesidad de ser profeta, como lo pretende el evangelista, el gran
-sacerdote pudo muy bien pronunciar su sangriento axioma: «Es necesario
-que muera un hombre por todo el pueblo.»</p>
-
-<p>El «gran sacerdote de aquel año», valiéndonos de una expresion
-del cuarto evangelista, que da perfectamente cuenta del estado de
-humillacion á que se encontraba reducido el sumo pontificado, era José
-Caifás, nombrado por Valerio G<span class="pagenum" id="Page_199">p.
-199</span>rato y perteneciente en cuerpo y alma á los romanos. Desde
-que Jerusalen dependia de los procuradores, el cargo de gran sacerdote
-habia llegado á ser un destino amovible, y las destituciones se
-sucedian casi todos los años<a id="FNanchor_958" href="#Footnote_958"
-class="fnanchor">[953]</a>.</p>
-
-<p>Caifás, sin embargo, se mantuvo más tiempo que los demás. Habia sido
-provisto de su empleo el año 25, y hasta el 36 no le perdió. Nada se
-sabe acerca de su carácter, y muchas circunstancias inducen á creer que
-su poder era sólo nominal. Á su lado, y por cima de él, vemos en efecto
-otro personaje que parece haber ejercido en el momento decisivo que nos
-ocupa un poder preponderante.</p>
-
-<p>Aquel personaje era el suegro de Caifás, Hanan ó Annás<a
-id="FNanchor_959" href="#Footnote_959" class="fnanchor">[954]</a>,
-hijo de Seth, antiguo gran sacerdote depuesto, que, en medio de
-esa instabilidad del pontificado, conservó en el fondo toda la
-autoridad. Annás habia recibido el soberano sacerdocio del legado
-Quirinus el año 7 de nuestra era, cesando en su cargo el año 14 al
-advenimiento de Tiberio; pero permaneció muy considerado. Se continuó
-llamándole «gran sacerdote», por más que él no tuviese ya el empleo<a
-id="FNanchor_960" href="#Footnote_960" class="fnanchor">[955]</a>,
-y consultándole en todas las cuestiones graves. Durante cincuenta
-años, el pontificado permaneció casi sin interrupcion en su familia;
-cinco de sus hijos se revistieron sucesivamente de aquella dignidad<a
-id="FNanchor_961" href="#Footnote_961" class="fnanchor">[956]</a>, sin
-contar Caifás, que era su yerno. Por eso se la llamaba la «familia
-sacerdotal», como si el sacerdocio hubiera sido en ella hereditario<a
-id="FNanchor_962" href="#Footnote_962" class="fnanchor">[957]</a>.
-Casi todos los grandes cargos del templo estaban entre sus manos<a
-id="FNanchor_963" href="#Footnote_963" class="fnanchor">[958]</a>.
-Cierto es que otra familia alternaba en el pontificado con la de
-Annás, cual era la de Boethus<a id="FNanchor_964" href="#Footnote_964"
-class="fnanchor">[959]</a>. Pero los <i>Boethusim</i> que debian el
-orígen de su fortuna á una circunstancia muy poco honrosa, eran ménos
-estimados de los fariseos piadosos. Annás era, pues, en realidad el
-jefe del partido sacerdotal. Caifás no hacia nada sin contar con
-él: se habian acostumbrado á asociar sus nombres, y el de Annás se
-mencionaba siempre el primero<a id="FNanchor_965" href="#Footnote_965"
-class="fnanchor">[960]</a>. Compréndese, en efecto, que bajo aquel
-régimen de pontificado anual, trasmitido alternativamente segun el
-capricho de los procuradores, debia ser personaje muy importante un
-antiguo pontífice que habia conservado el secreto de las tradiciones,
-visto derrumbarse muchas fortunas más recientes que la suya, y
-guardado bastante crédito para hacer que por su influencia delegasen
-el poder á personas que le estaban sometidas completamente. Como toda
-la aristocracia del templo<a id="FNanchor_966" href="#Footnote_966"
-class="fnanchor">[961]</a>, Annás era saduceo, «secta, dice
-Josefo, sumamente severa<span class="pagenum" id="Page_200">p.
-200</span> en los procedimientos.» Todos sus hijos fueron tambien
-ardientes perseguidores<a id="FNanchor_967" href="#Footnote_967"
-class="fnanchor">[962]</a>. Uno de ellos, llamado Annás, como su
-padre, hizo apedrear á Santiago, hermano del Señor, en circunstancias
-que tienen alguna analogía con la muerte de Jesús. El carácter
-de la familia era audaz, altanero y cruel<a id="FNanchor_968"
-href="#Footnote_968" class="fnanchor">[963]</a>, teniendo esa
-especie particular de maldad desdeñosa y solapada que caracteriza la
-política judía. Así, pues, debe pesar sobre Annás y los suyos, la
-responsabilidad de todos los actos que van á seguirse. Annás fué (ó si
-se quiere, el partido que él representaba) el que dió muerte á Jesús.
-Annás fué el actor principal de aquel terrible drama, y áun más bien
-que Caifás y que Pilato deberia sufrir el peso de las maldiciones de la
-humanidad.</p>
-
-<p>En boca de Caifás es donde el evangelista coloca las palabras
-decisivas que acarrearon la sentencia de muerte de Jesús<a
-id="FNanchor_969" href="#Footnote_969" class="fnanchor">[964]</a>.
-Se suponia que el gran sacerdote poseia cierto dón profético; la
-frase llegó á ser, en este supuesto, para la comunidad cristiana
-un oráculo lleno de profunda significacion. Pero esas palabras,
-cualesquiera que ellas fuesen, tradujeron el pensamiento de todo el
-partido sacerdotal. Ese partido estaba muy expuesto á las sediciones
-populares, y trataba de detener á los entusiastas religiosos, previendo
-con razon que, por su predicacion exaltada, traeria la ruina total de
-la nacion. Bien que la agitacion provocada por Jesús no tuviese nada
-de temporal, los sacerdotes vieron, como última consecuencia de ella,
-un agravamiento del yugo romano y la ruina del templo, fuente de sus
-riquezas y de sus honores<a id="FNanchor_970" href="#Footnote_970"
-class="fnanchor">[965]</a>. Pero las causas que debian traer, treinta
-y siete años más tarde, la ruina de Jerusalen consistian en otra cosa
-que en el cristianismo naciente; estaban en el mismo Jerusalen, y no en
-Galilea. Sin embargo, no puede decirse que el motivo alegado en aquella
-circunstancia por los sacerdotes, careciese de verosimilitud hasta el
-punto de no ver en su procedimiento sino un acto de insigne mala fe. En
-cierto modo, si Jesús conseguia su propósito, acarreaba realmente la
-ruina de la nacion judía. Partiendo de principios admitidos como cosa
-corriente por toda la antigua política, Annás y Caifás estaban en su
-derecho al decir: «Vale más la muerte de un hombre que la ruina de un
-pueblo.» Ese razonamiento es, á nuestro juicio, detestable; pero él ha
-sido el de los partidos conservadores desde el orígen de las sociedades
-humanas. El «partido del órden» (tomo esta frase en el sentido pobre
-y mezquino) ha sido<span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span>
-siempre el mismo. Creyendo que la última palabra del gobierno consiste
-en impedir las emociones populares, imagina hacer acto de patriotismo
-previniendo por la muerte jurídica la efusion tumultuosa de sangre.
-Poco inquieto del porvenir, no conoce que declarando la guerra á toda
-iniciativa, corre peligro de lastimar las ideas destinadas á triunfar
-un dia. La muerte de Jesús fué una de las mil aplicaciones de esa
-política. El movimiento que él dirigia era enteramente espiritual; pero
-era un movimiento, y por consiguiente los hombres de órden, persuadidos
-de que lo esencial para la humanidad es el reposo, debian impedir que
-se desarrollase el nuevo espíritu. Nunca se vió ejemplo más palpable de
-la ineficacia de semejante conducta, y del resultado opuesto á que ella
-conduce. Dejado en libertad, Jesús se habria consumido en una lucha
-desesperada contra lo imposible. El inteligente ódio de sus enemigos
-decidió el éxito de su obra, poniendo el sello á su divinidad.</p>
-
-<p>La muerte de Jesús fué, pues, resuelta á fines del mes de Febrero
-ó á principios de Marzo<a id="FNanchor_971" href="#Footnote_971"
-class="fnanchor">[966]</a>. Pero Jesús escapó aún por algun tiempo. Se
-retiró á una ciudad poco conocida nombrada Efrain ó Efron, hácia el
-lado de Betel, á una jornada escasa de Jerusalen<a id="FNanchor_972"
-href="#Footnote_972" class="fnanchor">[967]</a>. Allí vivió algunos
-dias con sus discípulos, dejando pasar la tempestad. Pero se habia
-dado órden de prenderle tan pronto como se le viese en Jerusalen<a
-id="FNanchor_973" href="#Footnote_973" class="fnanchor">[968]</a>. La
-solemnidad de la Pascua se acercaba, y se presumia que Jesús, segun su
-costumbre, iria á la capital á celebrar aquella fiesta.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_23">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXIII</h2>
- <p class="subh2 g1">ÚLTIMA SEMANA DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Y en efecto, partió con sus discípulos para ver por última vez
-la ciudad incrédula y rebelde. Las esperanzas de las personas
-que le rodeaban habian llegado al último grado de exaltacion: al
-subir esta vez á Jerusalen, todos creian que el reino de Dios
-iba á manifestarse allí<a id="FNanchor_974" href="#Footnote_974"
-class="fnanchor">[969]</a>. Habiendo llegado<span class="pagenum"
-id="Page_202">p. 202</span> á su colmo la impiedad de los hombres,
-esta circunstancia era, en su concepto, una señal evidente de que la
-consumacion del esperado acontecimiento se hallaba cercana. Y tal era
-la persuasion respecto á este punto, que hasta disputaban acerca de
-la preeminencia que cada cual habria de tener en el futuro reino<a
-id="FNanchor_975" href="#Footnote_975" class="fnanchor">[970]</a>.
-Entónces fué, segun parece, cuando Salomé, la mujer de Zebedeo,
-solicitó de Jesús que concediese á sus hijos los dos puestos
-preferentes, á derecha é izquierda del Hijo del hombre<a
-id="FNanchor_976" href="#Footnote_976" class="fnanchor">[971]</a>.
-La imaginacion de Jesús se hallaba, por el contrario, acosada de
-graves pensamientos. Á veces dejaba traslucir un profundo y sombrío
-resentimiento hácia sus enemigos.—Referia la parábola de un hombre
-noble que partió á un país lejano á tomar la investidura de un reino;
-mas apénas volvió la espalda, sus conciudadanos se declararon en
-contra suya. Á su regreso, el rey ordenó que condujesen delante de
-él á los que no habian querido que volviese á reinar sobre ellos, y
-los condenó á la última pena<a id="FNanchor_977" href="#Footnote_977"
-class="fnanchor">[972]</a>. Otras veces se complacia en desvanecer
-las ilusiones de sus discípulos. Cuando marchaban por los caminos
-pedregosos del Norte de Jerusalen, Jesús iba pensativo á la cabeza
-de sus compañeros.—Todos le miraban silenciosamente, experimentando
-un sentimiento de temor y sin atreverse á interrogarle. Ya en
-diferentes ocasiones les habia anunciado sus futuros padecimientos,
-cosa con la cual no podian avenirse los discípulos<a id="FNanchor_978"
-href="#Footnote_978" class="fnanchor">[973]</a>. Jesús tomó, por
-último, la palabra, y no ocultándoles ya sus presentimientos, les
-habló de su próximo fin<a id="FNanchor_979" href="#Footnote_979"
-class="fnanchor">[974]</a>, anuncio que fué acogido con muestras de
-profunda tristeza. Los discípulos esperaban que pronto apareceria
-la señal en las nubes, y ya resonaban en sus oidos los alegres
-acentos del grito inaugural del reino de Dios: «Bendito sea el que
-viene en nombre del Señor»<a id="FNanchor_980" href="#Footnote_980"
-class="fnanchor">[975]</a>. Sin embargo, aquella sangrienta perspectiva
-los llenaba de inquietud. En el espejismo de sus ensueños, el reino de
-Dios se aproximaba ó retrocedia á cada paso que daban en el camino
-fatal. En cuanto á Jesús, la idea de que iba á morir, pero de que su
-muerte salvaria al mundo<a id="FNanchor_981" href="#Footnote_981"
-class="fnanchor">[976]</a>, se arraigaba más y más en su mente. La
-equivocacion, ó sea la divergencia de miras, entre él y sus discípulos
-se hacia cada vez más profunda.</p>
-
-<p>Era costumbre establecida el que los peregrinos fuesen á Jerusalen
-algunos dias ántes de la Pascua á fin de prepararse para la fiesta.
-Jesús llegó despues de los demás, y hubo un momento en que sus enemigos
-perdieron la esperanza que h<span class="pagenum" id="Page_203">p.
-203</span>abian concebido de apoderarse de su persona<a
-id="FNanchor_982" href="#Footnote_982" class="fnanchor">[977]</a>.
-El sexto dia ántes de la fiesta (sábado, 8 de nisan—28 de Marzo)<a
-id="FNanchor_983" href="#Footnote_983" class="fnanchor">[978]</a>,
-Jesús entró por fin en Bethania, y como de costumbre, fué á parar
-á casa de Lázaro, Marta y María, ó sea de Simon el Leproso, donde
-le recibieron con grandes demostraciones de regocijo. Simon el
-Leproso preparó con tal motivo una comida<a id="FNanchor_984"
-href="#Footnote_984" class="fnanchor">[979]</a>, á la que asistieron
-multitud de personas atraidas por el deseo de ver á Jesús, y tambien
-por el de ver á Lázaro, cuya milagrosa resurreccion se comentaba
-de mil modos desde hacia algun tiempo. Lázaro se hallaba sentado á
-la mesa y parecia ser el blanco de todas las miradas. La hacendosa
-Marta desempeñaba el servicio, segun costumbre<a id="FNanchor_985"
-href="#Footnote_985" class="fnanchor">[980]</a>. Á fin de realzar la
-alta dignidad del huésped y de vencer la frialdad del público, se
-pretendió, á lo que parece, dispensarle entónces mayores muestras
-de respeto. Durante la comida, y con objeto de dar al banquete más
-solemne apariencia, entró María con un vaso de perfumes que derramó
-sobre los piés de Jesús. En seguida rompió el vaso, conforme á la
-antigua costumbre, que ordenaba romper la vajilla que habia servido
-para obsequiar á un huésped de distincion<a id="FNanchor_986"
-href="#Footnote_986" class="fnanchor">[981]</a>. Por último, llevando
-las demostraciones de su deferencia á un extremo no conocido hasta
-entónces, se hincó de rodillas y enjugó con sus largos cabellos
-los piés del maestro<a id="FNanchor_987" href="#Footnote_987"
-class="fnanchor">[982]</a>. Los agradables efluvios de los perfumes
-llenaron toda la casa, produciendo gran contentamiento en los
-circunstantes, excepto en el avaro Júdas de Kerioth. Verdad es que
-en atencion á las costumbres económicas de la comunidad, semejante
-conducta era un verdadero despilfarro. El ávido tesorero calculó
-en seguida en cuánto hubieran podido venderse los perfumes, y el
-producto que su venta habria hecho ingresar en la caja de los pobres.
-Ese mezquino y poco afectuoso sentimiento, que parecia demostrar
-más aprecio por el valor de ciertas cosas que por su persona,
-disgustó sobremanera á Jesús, el cual amaba los honores, porque ellos
-contribuian á sus propósitos y afirmaban su título de hijo de David.
-Así es que cuando oyó hablar de pobres, respondió con bastante viveza:
-«Los pobres los tendreis siempre con vosotros; pero á mí no me tendreis
-siempre.» Y exaltándose más, prometió la inmortalidad á la mujer
-que en aquel momento crítico le daba tan relevante prueba de amor<a
-id="FNanchor_988" href="#Footnote_988" class="fnanchor">[983]</a>.</p>
-
-<p>Al dia siguiente (domingo, 9 de nisan), Jesús descendió de
-Bethania á Jerusalen<a id="FNanchor_989" href="#Footnote_989"
-class="fnanchor">[984]</a>. Cuando al revolver un recodo de<span
-class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>l camino vió, desde
-la cima del monte de los Olivos, extendida á sus piés la ciudad,
-dicen que lloró sobre ella y que le dirigió un último llamamiento<a
-id="FNanchor_990" href="#Footnote_990" class="fnanchor">[985]</a>. Al
-llegar á la falda de la montaña, no léjos de la puerta que se abria en
-el muro oriental de la ciudad sobre la zona llamada <i>Bethphage</i>,
-sin duda á causa de las higueras que la poblaban<a id="FNanchor_991"
-href="#Footnote_991" class="fnanchor">[986]</a>, Jesús tuvo
-todavía un instante de satisfaccion humana<a id="FNanchor_992"
-href="#Footnote_992" class="fnanchor">[987]</a>. Habiéndose extendido
-la noticia de su llegada, los galileos que se hallaban en Jerusalen
-con motivo de la fiesta, salieron gozosos á su encuentro y le
-prepararon una pequeña ovacion. Buscaron una jumenta, á la cual seguia
-un jumentillo, segun costumbre, extendieron sobre su lomo sus más
-hermosos vestidos, á guisa de gualdrapa, y le hicieron sentar sobre
-aquella pobre montura. Otros extendian sus túnicas sobre el camino,
-mezclando con ellas una alfombra de ramos verdes. La muchedumbre iba
-delante y detrás de él, llevando palmas en la mano y exclamando:
-«¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre
-del Señor!» Algunas personas le daban el título de rey de Israel<a
-id="FNanchor_993" href="#Footnote_993" class="fnanchor">[988]</a>.
-«Rabbi,—le decian los fariseos—diles que se callen.»—«Si éstos callan,
-las piedras darán voces»,—respondió Jesús,—y en seguida entró en la
-ciudad. Los hierosolimitanos, que apénas le conocian, preguntaban
-que quién era: «Es Jesús, el profeta de Nazareth, en Galilea»,—les
-respondieron.—Siendo Jerusalen una ciudad de cincuenta mil almas<a
-id="FNanchor_994" href="#Footnote_994" class="fnanchor">[989]</a>,
-poco más ó ménos, un acontecimiento como la entrada de un forastero
-de alguna celebridad, el concurso de provincianos ó un movimiento
-popular en las avenidas de la poblacion debia en circunstancias
-ordinarias propalarse rápidamente. Pero como la confusion era extremada
-en la época de las fiestas<a id="FNanchor_995" href="#Footnote_995"
-class="fnanchor">[990]</a>, Jerusalen pertenecia en aquellos dias á
-los forasteros:—así pues, la emocion parece haber sido más viva entre
-estos últimos. Algunos prosélitos familiarizados con el idioma griego,
-que habian ido á la fiesta de la Pascua, tuvieron curiosidad de ver á
-Jesús, á cuyo efecto se dirigieron á sus discípulos<a id="FNanchor_996"
-href="#Footnote_996" class="fnanchor">[991]</a>;—se ignora lo que
-resultó de aquella entrevista. En cuanto á Jesús, fué, como tenía
-de costumbre, á pasar la noche á su querida aldea de Bethania<a
-id="FNanchor_997" href="#Footnote_997" class="fnanchor">[992]</a>,
-volviendo igualmente á Jerusalen durante los tres dias sucesivos
-(lúnes, martes y miércoles). Una vez puesto el sol, subia la colina de
-Bethania, ó bien se dirigia á las granjas del flanco occidental del
-monte de los Olivos, en las cuales habitaban muchos amigos suyos<a
-id="FNanchor_998" href="#Footnote_998" class="fnanchor">[993]</a>.</p>
-<p><span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span></p> <p>En
-sus últimos dias, una profunda tristeza parece dominar su alma, de
-ordinario tan jovial y serena. Todos los relatos están de acuerdo
-en atribuirle, ántes de su arresto, un instante de incertidumbre
-y de vacilacion, una especie de agonía anticipada. Segun algunos,
-Jesús exclamó de repente: «Mi alma se ha conturbado; ¡oh Padre mio!
-líbrame de esta hora»<a id="FNanchor_999" href="#Footnote_999"
-class="fnanchor">[994]</a>. En aquel momento creyeron que se habia
-dejado oir una voz del cielo; otros decian que un ángel habia
-descendido á confortarle<a id="FNanchor_1000" href="#Footnote_1000"
-class="fnanchor">[995]</a>. El hecho, segun la version más autorizada,
-tuvo lugar en el huerto de Gethsemaní. Miéntras dormian sus discípulos,
-Jesús se alejó de ellos á distancia de un tiro de piedra, no
-conservando á su lado sino á Cephas y á los dos hijos de Zebedeo.
-Entónces, postrada la faz contra la tierra, se puso en oracion, y
-su alma contristada experimentó angustias de muerte, pero al fin
-triunfó en él la resignacion á la voluntad divina<a id="FNanchor_1001"
-href="#Footnote_1001" class="fnanchor">[996]</a>. Á consecuencia del
-arte instintivo que presidió á la redaccion de los sinópticos, arte
-que á menudo les hace obedecer en el arreglo del relato á razones de
-conveniencia ó de efecto, aquella escena fué colocada en la última
-noche de Jesús, precediendo al momento de su arresto. Pero si esa
-version fuese la verdadera, no se comprenderia que Juan, testigo íntimo
-de tan conmovedor episodio, no dijese respecto á él ni una sola palabra
-en el circunstanciadísimo relato que hace de la noche del juéves<a
-id="FNanchor_1002" href="#Footnote_1002" class="fnanchor">[997]</a>.
-Sea como quiera, lo cierto es que, durante los últimos dias gravitó
-cruelmente sobre Jesús el peso enorme de la mision que habia aceptado.
-La naturaleza humana se despertó por un momento; y ¡quién sabe si
-entónces dudó de su obra! El error y la incertidumbre se apoderaron
-de él, produciéndole un desfallecimiento más angustioso que la misma
-muerte. El hombre que ha sacrificado á una grande idea su reposo y las
-recompensas legítimas de la vida, experimenta siempre un instante de
-infinita tristeza cuando por primera vez se le presenta la imágen de
-la muerte, pretendiendo persuadirle de que todos sus sacrificios serán
-en vano. Quizás cruzaron entónces por la imaginacion de Jesús algunos
-de esos conmovedores recuerdos del pasado que se encarnan hasta en las
-almas de mejor temple, atravesándolas con un agudo puñal. ¿Se aparecian
-á su memoria las claras fuentes de la risueña Galilea, sus alfombras
-de verdura, los viñedos y las higueras, á cuya sombra hubiera podido
-vivir tranquilo, y las cándidas jóvenes que acaso hubieran consentido
-en amarle? ¿Maldijo entónces la<span class="pagenum" id="Page_206">p.
-206</span> rudeza de su destino, que le privó de los goces concedidos
-á los demás seres? ¿Se lamentó de su elevada naturaleza, y víctima de
-su valor moral, sintió no haber permanecido siendo un simple artesano
-en Nazareth? ¡Quién sabe!... Todas esas turbaciones interiores fueron
-evidentemente un enigma para sus discípulos, enigma del cual no
-comprendieron ni una palabra, tratando por medio de cándidas conjeturas
-de suplir lo que para ellos habia de oscuro é incomprensible en la
-grande alma de su maestro. Pero aquel desfallecimiento fué momentáneo;
-es indudable que la naturaleza divina de Jesús recobró pronto su
-acostumbrado imperio. Todavía estaba en su mano evitar la muerte.—Mas
-no lo quiso; el amor de su obra triunfó en él, y aceptó el cáliz
-decidido á apurarle hasta las heces. En adelante Jesús aparece tal
-como es, y las sutilezas del polemista, la credulidad del taumaturgo
-y del exorcista se borran por completo ante la figura sublime del
-héroe incomparable de la Pasion, del fundador de los derechos de
-la conciencia libre, del cumplido modelo cuyo ejemplo servirá de
-confortacion y consuelo á todas las almas afligidas.</p>
-
-<p>El triunfo de Bethphage, aquella audacia de provincianos festejando
-á su rey-mesías á las mismas puertas de Jerusalen, acabó de exasperar á
-los fariseos y á la aristocracia del templo. Celebróse el miércoles (12
-de nisan) un nuevo consejo en casa de José Caifás<a id="FNanchor_1003"
-href="#Footnote_1003" class="fnanchor">[998]</a>, y en él quedó
-resuelta la inmediata prision de Jesús. Á todas aquellas medidas
-presidió un gran sentimiento de órden y de policía conservadora. Como
-la fiesta de la Pascua, que aquel año empezaba el viérnes por la
-noche, era siempre motivo propicio á los tumultos y á la exaltacion,
-se resolvió avanzar el arresto algunos dias, á fin de evitar el
-escándalo y las desgracias que acaso pudieran ocurrir. Temíase que
-la popularidad de Jesús<a id="FNanchor_1004" href="#Footnote_1004"
-class="fnanchor">[999]</a> ocasionase alguna asonada. Por consiguiente,
-se determinó que en vez de apoderarse de él en el templo, adonde
-iba todos los dias<a id="FNanchor_1005" href="#Footnote_1005"
-class="fnanchor">[1000]</a>, se espiasen sus costumbres á fin de
-prenderle en algun lugar apartado. Con este objeto, los agentes de los
-sacerdotes sonsacaron á sus discípulos, en la esperanza de obtener
-de su debilidad ó de su sencillez algunas noticias útiles, cosa que
-encontraron en Júdas de Kerioth. Aquel desgraciado, por motivos
-imposibles de explicar, hizo traicion á su maestro, y no sólo dió todas
-las indicaciones que se le pedian, sino que se encargó de conducir la
-brigada ó patrulla que debia operar el arresto, aunque semejante exceso
-de maldad parece c<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span>asi
-increible. El recuerdo de horror que la necesidad ó la infamia de aquel
-hombre dejó en la tradicion cristiana, ha debido introducir sobre este
-punto alguna exageracion. Hasta entónces Júdas habia sido un discípulo
-como los demás, tenía el título de apóstol y hasta habia hecho milagros
-y lanzado los demonios. La leyenda, que rechaza los términos medios,
-no ha podido admitir en el cenáculo sino once santos y un réprobo.
-Pero la realidad no procede por categorías tan absolutas. La avaricia,
-que los sinópticos señalan como el móvil del crímen en cuestion, no
-basta á explicarle satisfactoriamente. Sería por cierto bien extraño
-que un hombre que administraba el fondo comun, y que sabía lo que
-iba á perder con la muerte del jefe, hubiese cambiado los provechos
-de su empleo de tesorero<a id="FNanchor_1006" href="#Footnote_1006"
-class="fnanchor">[1001]</a> por una cantidad insignificante<a
-id="FNanchor_1007" href="#Footnote_1007" class="fnanchor">[1002]</a>.
-¿Se habia resentido el amor propio de Júdas á causa de la reprimenda
-que recibió en el banquete de Bethania? Tampoco esta razon parece
-suficiente. Juan se empeña en presentarle desde un principio como
-un ladron y un incrédulo<a id="FNanchor_1008" href="#Footnote_1008"
-class="fnanchor">[1003]</a>, cosa que es de todo punto inverosímil.
-Inclínase uno más bien á creer que obedeciese á algun sentimiento de
-rivalidad, á la irritacion producida por disensiones intestinas. El
-ódio particular que Juan manifiesta contra Júdas<a id="FNanchor_1009"
-href="#Footnote_1009" class="fnanchor">[1004]</a> confirma esta última
-hipótesis. De un corazon ménos puro que los otros, Júdas pudo muy bien
-haberse dejado dominar, sin apercibirse de ello, de los sentimientos
-propios de su cargo, y por un sesgo sumamente comun en el ejercicio
-de las funciones activas, haber llegado á dar más importancia á los
-intereses de la caja que á la obra misma á que estaban destinados. El
-murmullo que se le escapa en Bethania deja sospechar que la grandeza
-del apóstol habia sucumbido en él ante la mezquindad del administrador,
-y que algunas veces le parecia que el maestro costaba demasiado caro á
-su familia espiritual. Esa ruin economía habia causado sin duda en la
-reducida sociedad algunos otros disgustos.</p>
-
-<p>Sin negar que Júdas contribuyese á la prision de su maestro,
-nosotros creemos que hay alguna injusticia en las maldiciones que
-sobre él se lanzan. Quizás hubo en su conducta mayor parte de torpeza
-que de perversidad. La conciencia moral del hombre del pueblo es
-viva y justa, pero instable é inconsecuente, y no sabe resistir á un
-impulso momentáneo. Las sociedades secretas del partido republicano
-abrigaban en su seno profunda conviccion y gran sinceridad, y sin
-embargo, los delatores eran en ellas numerosos. El más ligero d<span
-class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>especho bastaba para
-convertir un sectario en un traidor. Pero si el loco deseo de adquirir
-algunas miserables monedas trastornó la cabeza del pobre Júdas,
-no parece que hubiese perdido completamente el sentimiento moral,
-puesto que, viendo las consecuencias de su falta, se arrepintió<a
-id="FNanchor_1010" href="#Footnote_1010" class="fnanchor">[1005]</a>,
-segun dicen, y hasta se dió la muerte.</p>
-
-<p>Cada minuto de los que van á seguirse es un momento solemne
-y ha valido por siglos enteros en la historia de la humanidad.
-Hemos llegado al juéves 13 de nisan (3 de Abril). La fiesta de la
-Pascua empezaba el dia siguiente por la noche, inaugurándose con el
-festin del cordero. Luégo se continuaba por espacio de siete dias
-consecutivos, durante los cuales se hacia uso de los panes ácimos.
-El primero y el último de aquellos siete dias tenian un carácter
-de particular solemnidad. Los discípulos se ocupaban ya en los
-preparativos de la fiesta<a id="FNanchor_1011" href="#Footnote_1011"
-class="fnanchor">[1006]</a>:—en cuanto á Jesús, todo parecia indicar
-que no le era desconocida la traicion de Júdas y que no se hacia
-ilusiones respecto á la suerte que le esperaba. Aquella noche celebró
-con sus discípulos su última cena, la cual no era el festin ritual de
-la Pascua, segun despues se supuso, cometiendo el error de un dia<a
-id="FNanchor_1012" href="#Footnote_1012" class="fnanchor">[1007]</a>;
-pero la cena del juéves fué para la Iglesia primitiva la verdadera
-Pascua, el sello de la nueva alianza. Cada discípulo trasfirió á ella
-sus más caros recuerdos, y la multitud de rasgos conmovedores que cada
-uno conservaba del maestro se reconcentraron en aquella cena, la cual
-llegó á ser la piedra angular de la piedad cristiana y el punto de
-partida de las más fecundas instituciones.</p>
-
-<p>En efecto, en aquel momento solemne debió desbordarse el amor y
-la ternura que abrigaba el corazon de Jesús por la reducida iglesia
-que veia en torno suyo<a id="FNanchor_1013" href="#Footnote_1013"
-class="fnanchor">[1008]</a>. Su alma, fuerte y serena, superior al peso
-de las sombrías preocupaciones que la asaltaban, supo encontrar una
-palabra de cariño para cada uno de sus amigos. Dos de entre ellos, Juan
-y Pedro, fueron particularmente objeto de tiernas muestras de afeccion.
-Juan (segun asegura él mismo) se hallaba recostado en el divan,
-cerca de Jesús, con la cabeza reclinada sobre el pecho del maestro.
-Al final de la comida, el secreto que oprimia el corazon de Jesús
-estuvo á pique de escapársele: «En verdad os digo,—exclamó,—que uno de
-vosotros me hará traicion»<a id="FNanchor_1014" href="#Footnote_1014"
-class="fnanchor">[1009]</a>. Semejantes palabras produjeron en aquellos
-hombres ingénuos y sencillos un momento de horrible angustia; miráronse
-unos á otros, y cada uno se preguntó si sería él quien habria de<span
-class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> cometer tal felonía. Júdas
-se hallaba presente; quizás Jesús, que desde hacia algun tiempo tenía
-motivos para desconfiar de él, trató con aquellas palabras de sondar
-su corazon y de ver si en su continente embarazado encontraba la
-certidumbre de su falta. Pero el discípulo infiel permaneció impasible,
-y hasta dicen que se atrevió á preguntar, como los demás: «¿Seré yo,
-maestro?»</p>
-
-<p>Sin embargo, el alma noble y recta de Pedro estaba como sobre
-ascuas, é hizo seña á Juan para que tratara de saber á quién habia
-querido aludir el maestro. Juan, que podia conversar con Jesús sin
-que los demás lo oyeran, le suplicó por lo bajo que le diese la clave
-de aquel enigma. Pero Jesús, que no tenía sino sospechas, no quiso
-pronunciar nombre alguno; únicamente dijo á Juan que reparase en
-aquel á quien iba á ofrecer el pan mojado en la salsa. Y al mismo
-tiempo ofreció una sopa á Júdas. Por consiguiente, sólo Juan y Pedro
-tuvieron conocimiento del hecho. Jesús dirigió á Júdas algunas palabras
-que envolvian una amarga reconvencion; pero no fueron comprendidas
-de los circunstantes, los cuales creyeron, al ver salir á Júdas
-en seguida, que Jesús le habia dado alguna órden relativa á la
-fiesta del dia siguiente<a id="FNanchor_1015" href="#Footnote_1015"
-class="fnanchor">[1010]</a>.</p>
-
-<p>Por el momento, aquella comida no llamó la atencion de nadie, y
-exceptuando las aprensiones que el maestro confió á sus discípulos
-y que no fueron comprendidas sino á medias, nada pasó en ella de
-extraordinario. Pero, despues de la muerte de Jesús, se atribuyeron á
-aquella noche solemnes significados, y la imaginacion de los creyentes
-derramó sobre ella una tinta de suave y dulce misticismo. Los últimos
-momentos de una persona querida son los que más profundamente se
-graban en la memoria. Por una ilusion inevitable, se atribuyen á las
-conversaciones que entónces se tuvieron con ella una significacion que
-no habrian adquirido sin la muerte, y se aglomeran en el espacio de
-algunas horas los recuerdos de años enteros. Despues de la cena de que
-acabamos de hablar, la mayor parte de los discípulos no volvieron á ver
-al maestro. Aquél fué, pues, el último adios, el banquete de despedida.
-En aquella cena, de igual modo que en otras muchas colaciones, Jesús
-practicó su rito misterioso del fraccionamiento del pan. Como quiera
-que desde un principio se creyó que el citado banquete habia tenido
-lugar el dia de Pascua, siendo, por consiguiente, el festin pascual,
-natural fué que se concibiese la idea de haber quedado fundada en
-aque<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>l momento
-supremo la institucion de la Eucaristía. Partiendo de la hipótesis de
-que Jesús conocia de antemano el momento preciso de su muerte, los
-discípulos debian suponer que el maestro habia reservado para sus
-últimos momentos una multitud de actos importantes. Y como quiera que
-una de las ideas fundamentales de los primeros cristianos consistia en
-que la muerte de Jesús habia sido un sacrificio destinado á reemplazar
-todos los de la antigua Ley, la «Cena» (que por última vez repetimos
-se suponia haberse celebrado en la víspera de la Pasion) llegó á
-ser el sacrificio por excelencia, el acto constitutivo de la nueva
-alianza, el signo de la sangre derramada por la salvacion de todos<a
-id="FNanchor_1016" href="#Footnote_1016" class="fnanchor">[1011]</a>.
-Así, pues, el pan y el vino, puestos en relacion con la misma muerte,
-se convirtieron en la imágen del Nuevo Testamento, que Jesús habia
-sellado con sus dolores, en la conmemoracion del sacrificio de Cristo
-hasta su advenimiento<a id="FNanchor_1017" href="#Footnote_1017"
-class="fnanchor">[1012]</a>.</p>
-
-<p>Ese misterio se fijó desde muy temprano en un pequeño relato
-sacramental, que poseemos bajo cuatro formas muy análogas entre sí<a
-id="FNanchor_1018" href="#Footnote_1018" class="fnanchor">[1013]</a>.
-Y sin embargo, Juan, á quien tanto preocupan las ideas eucarísticas<a
-id="FNanchor_1019" href="#Footnote_1019" class="fnanchor">[1014]</a>,
-que refiere con tanta prolijidad el último banquete, relacionando
-con él tantas circunstancias y tantos discursos<a id="FNanchor_1020"
-href="#Footnote_1020" class="fnanchor">[1015]</a>; Juan, único entre
-los narradores evangélicos que tiene sobre este punto el valor de un
-testigo ocular, no conoce el relato en cuestion, lo cual prueba que no
-consideraba la institucion de la Eucaristía como una particularidad
-de la Cena. En su concepto, el rito de la Cena es el lavatorio de
-los piés, rito que probablemente obtuvo entre ciertas familias del
-cristianismo primitivo una importancia que perdió con el tiempo<a
-id="FNanchor_1021" href="#Footnote_1021" class="fnanchor">[1016]</a>.
-Sin duda Jesús le habia practicado en algunas ocasiones para dar á
-sus discípulos una leccion de humildad fraternal. Pero se trasfirió á
-la víspera de su muerte, á causa de la tendencia que despues hubo en
-agrupar al rededor de la Cena todas las grandes recomendaciones morales
-y rituales de Jesús.</p>
-
-<p>Por lo demás, un elevado sentimiento de amor, de caridad,
-de concordia y de mútua deferencia, animaba los recuerdos que
-los discípulos creian conservar de las últimas horas de Jesús<a
-id="FNanchor_1022" href="#Footnote_1022" class="fnanchor">[1017]</a>.
-El alma de los símbolos y de los discursos, que la tradicion
-cristiana colocó en aquel sagrado momento, es siempre la unidad
-de su Iglesia, constituida por él ó por su espíritu: «Un nuevo
-mandamiento os doy—decia—que os ameis unos á otros, y que del
-modo que yo os he amado á<span class="pagenum" id="Page_211">p.
-211</span> vosotros, así tambien os ameis recíprocamente. Por aquí
-conocerán todos que sois mis discípulos, si os teneis amor unos á
-otros. Ya no os llamaré siervos, pues el siervo no es sabedor de lo
-que hace su amo. Mas á vosotros os he llamado amigos; porque os he
-hecho saber cuantas cosas oí de mi Padre. Lo que os mando es que
-os ameis unos á otros»<a id="FNanchor_1023" href="#Footnote_1023"
-class="fnanchor">[1018]</a>.</p>
-
-<p>Algunas rivalidades, algunas luchas de preeminencia se produjeron
-todavía en aquellos postreros momentos<a id="FNanchor_1024"
-href="#Footnote_1024" class="fnanchor">[1019]</a>. Jesús hizo notar
-que si él, que era el maestro, habia estado entre sus discípulos
-como su servidor, con mayor motivo debian ellos subordinarse unos
-á otros. Segun algunos, parece que les dijo al beber el vino:
-«Yo os declaro que no beberé ya más desde ahora de este fruto
-de la vid, hasta el dia en que beba con vosotros el nuevo en el
-reino de mi Padre»<a id="FNanchor_1025" href="#Footnote_1025"
-class="fnanchor">[1020]</a>. Otros afirman que les prometió para
-muy pronto un banquete celestial, en el cual se hallarian sentados
-en tronos cerca de él<a id="FNanchor_1026" href="#Footnote_1026"
-class="fnanchor">[1021]</a>.</p>
-
-<p>Hácia el fin de la velada, los presentimientos de Jesús se
-propagaron, á lo que parece, al alma de sus discípulos. Todos
-sentian que se hallaban cercanos á una crísis y que un grave peligro
-amenazaba al maestro. Hubo un instante en que Jesús pensó en tomar
-algunas precauciones:—habló de espadas, y como le dijeran que habia
-dos entre los circunstantes, «basta»—respondió—<a id="FNanchor_1027"
-href="#Footnote_1027" class="fnanchor">[1022]</a>. Pero desechó la
-idea y no volvió á hablar de ello, comprendiendo sin duda que aquellos
-tímidos provincianos no podrian oponer resistencia á la fuerza armada
-de los grandes poderes de Jerusalen. Cephas, impulsado por su gran
-corazon y lleno de confianza en sí mismo, juró que le acompañaria
-á la prision y que moriria con él. Jesús le opuso algunas dudas
-con su acostumbrada delicadeza de ingenio; y segun una tradicion,
-que probablemente se remonta hasta el mismo Pedro, le emplazó para
-el canto del gallo<a id="FNanchor_1028" href="#Footnote_1028"
-class="fnanchor">[1023]</a>. Todos, á imitacion de Cephas, juraron que
-no le abandonarian.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_24">
- <p><span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXIV</h2>
- <p class="subh2 g1">ARRESTO Y CAUSA DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>La noche habia cerrado ya completamente<a id="FNanchor_1029"
-href="#Footnote_1029" class="fnanchor">[1024]</a> cuando
-salieron de la sala<a id="FNanchor_1030" href="#Footnote_1030"
-class="fnanchor">[1025]</a>. Segun su costumbre, Jesús atravesó
-el valle del Cedron, y acompañado de sus discípulos se dirigió al
-huerto de Gethsemaní, situado al pié del monte de los Olivos<a
-id="FNanchor_1031" href="#Footnote_1031" class="fnanchor">[1026]</a>.
-Sentóse allí, y dominando á sus discípulos con su inmensa superioridad,
-permanecia en vela y en oracion miéntras ellos dormian. De pronto
-una patrulla armada y provista de antorchas invade el huerto. Eran
-los agentes del templo, especie de brigada de policía que se habia
-dejado á los sacerdotes: iban armados de palos y escoltados de un
-destacamento de soldados romanos con espadas. La órden del arresto
-emanaba del gran sacerdote y del sanedrin<a id="FNanchor_1032"
-href="#Footnote_1032" class="fnanchor">[1027]</a>. Conociendo Júdas
-las costumbres de Jesús, les habia indicado que en aquel sitio
-podrian sorprenderle más fácilmente. Júdas, segun la tradicion
-unánime de los primeros tiempos, acompañaba á la patrulla<a
-id="FNanchor_1033" href="#Footnote_1033" class="fnanchor">[1028]</a>,
-y si hemos de creer lo que algunos afirman<a id="FNanchor_1034"
-href="#Footnote_1034" class="fnanchor">[1029]</a>, llevó la infamia
-hasta el extremo de designar con un beso á la víctima de su negra
-traicion. Sea como quiera, lo cierto es que hubo un principio
-de resistencia de parte de los discípulos<a id="FNanchor_1035"
-href="#Footnote_1035" class="fnanchor">[1030]</a>. Uno de ellos (Pedro,
-segun testigos oculares)<a id="FNanchor_1036" href="#Footnote_1036"
-class="fnanchor">[1031]</a> desenvainó la espada é hirió en una oreja
-á uno de los servidores del gran sacerdote, llamado Malek. Jesús
-detuvo aquel primer movimiento y se entregó voluntariamente á los
-soldados. Los discípulos, débiles, é incapaces de obrar de concierto
-contra autoridades que gozaban de tanto prestigio, huyeron cada cual
-por su lado. Sólo Juan y Pedro siguieron desde léjos al maestro sin
-perderle de vista. Otro jóven desconocido, cubierto de una ligera
-túnica, le seguia tambien: los soldados quisieron prenderle, pero el
-jóven huyó, dejando la túnica entre sus manos<a id="FNanchor_1037"
-href="#Footnote_1037" class="fnanchor">[1032]</a>.</p>
-
-<p>La conducta que los sacerdotes habian resuelto observar contra
-Jesús se hallaba en un todo conforme con el derecho establecido.
-El procedimiento contra el «seductor» (<i>mesith</i>) que trata de
-atentar á la pureza de la religion se expl<span class="pagenum"
-id="Page_213">p. 213</span>ica en el Talmud con detalles cuya ingenua
-impudencia hace sonreir. La asechanza, la alevosía, están en él
-erigidas en parte esencial de la instrucción criminal. Cuando hay un
-hombre acusado de «seduccion» se colocan dos testigos ocultos detrás
-de un tabique, y se arreglan las cosas de un modo que el prevenido
-éntre en una habitacion contigua, á fin de que los dos testigos en
-cuestion puedan oirle sin que él lo sospeche. Á mayor abundamiento se
-encienden dos luces junto á él para que los testigos ocultos puedan
-declarar que «le han visto»<a id="FNanchor_1038" href="#Footnote_1038"
-class="fnanchor">[1033]</a>. Preparadas las cosas de este modo, se hace
-que repita su blasfemia, induciéndole á que se retracte. Si persiste
-en ella, los testigos le conducen al tribunal y es apedreado. El
-Talmud añade que de esta manera fué como se procedió con Jesús, que
-fué condenado por las declaraciones de los consabidos testigos, y que,
-además, el crímen de «seduccion» es el único para el cual se preparan
-tan originales testimonios<a id="FNanchor_1039" href="#Footnote_1039"
-class="fnanchor">[1034]</a>.</p>
-
-<p>En efecto, los discípulos de Jesús nos dicen que la «seduccion»
-era el crímen de que acusaban á su maestro<a id="FNanchor_1040"
-href="#Footnote_1040" class="fnanchor">[1035]</a>, y, á excepcion de
-algunas anotaciones, fruto de la imaginacion rabínica, el relato de
-los evangelios concuerda rasgo por rasgo con el procedimiento que
-describe el Talmud. El plan de los enemigos de Jesús era convencerle,
-por informe testimonial y por su propia confesion, de blasfemia y
-de atentado contra la religion mosáica, condenarle á muerte con
-arreglo á la Ley y remitir despues la sentencia á Pilato para que
-éste la confirmase. Como ya hemos visto, la autoridad sacerdotal
-residia de hecho en manos de Annás. La órden de arresto procedia
-de él probablemente, y á casa de aquel poderoso personaje fué
-adonde, en un principio, condujeron á Jesús<a id="FNanchor_1041"
-href="#Footnote_1041" class="fnanchor">[1036]</a>. Annás le interrogó
-acerca de su doctrina y de sus discípulos; pero Jesús rehusó con
-noble altivez entrar en largas explicaciones. Remitiéndose á su
-enseñanza, que habia sido pública, declaró que jamás habia tenido
-doctrina secreta, y dijo al gran sacerdote que interrogase á aquellos
-que le habian escuchado. Nada más natural que esa respuesta; pero el
-exagerado respeto que inspiraba el antiguo pontífice la hizo aparecer
-osada é irreverente, y uno de los circunstantes replicó á ella—segun
-dicen—dando á Jesús un bofeton.</p>
-
-<p>Pedro y Juan habian seguido al maestro hasta la morada de Annás:
-Juan, que no era desconocido en la casa, penetró<span class="pagenum"
-id="Page_214">p. 214</span> sin dificultad, mas su compañero fué
-detenido á la entrada, y el hijo del Zebedeo tuvo que suplicar á la
-portera que le dejase paso.</p>
-
-<p>La noche era fria.</p>
-
-<p>Pedro permaneció en la antecámara y se acercó á un brasero al
-rededor del cual se calentaban algunos sirvientes, quienes no tardaron
-en reconocerle como discípulo del preso. Denunciado por su acento
-galileo y apremiado por las preguntas que le dirigian los lacayos,
-entre los cuales se hallaba un pariente de Malek que le habia visto
-en Gethsemaní, el desventurado aseguró por tres veces que jamás habia
-tenido relacion alguna con Jesús. Pedro creia que el maestro no
-podia oirle y estaba léjos de imaginar cuán digno de reprobacion era
-aquel acto de disimulada cobardía. Pero su excelente naturaleza le
-reveló bien pronto la falta que acababa de cometer. Una circunstancia
-fortuita, el canto del gallo, vino á recordarle las palabras que
-le habia dicho el maestro. Entónces se enterneció su corazon,
-salió afuera y se echó á llorar amargamente<a id="FNanchor_1042"
-href="#Footnote_1042" class="fnanchor">[1037]</a>.</p>
-
-<p>Aunque verdadero autor del homicidio jurídico que iba á consumarse,
-Annás no tenía poderes para pronunciar la sentencia de Jesús; por
-eso le remitió á su yerno Caifás, que era el posesor del título
-oficial. Ciego instrumento de su suegro, Caifás debia naturalmente
-ratificar en todo y por todo las insinuaciones de aquél. El sanedrin se
-hallaba reunido en su casa<a id="FNanchor_1043" href="#Footnote_1043"
-class="fnanchor">[1038]</a>. Empezóse la vista, y varios testigos,
-preparados de antemano con arreglo al procedimiento inquisitorial
-expuesto en el Talmud, comparecieron ante los jueces. La frase fatal
-que Jesús habia realmente pronunciado: «Yo destruiré el templo de
-Dios y le reconstruiré en tres dias», fué citada por dos testigos.
-Blasfemar del templo de Dios era, segun la ley judáica, blasfemar
-de la misma Divinidad<a id="FNanchor_1044" href="#Footnote_1044"
-class="fnanchor">[1039]</a>. Jesús guardó silencio, rehusando explicar
-las palabras que se le acriminaban. Si hemos de creer lo que dice un
-relato, el gran sacerdote le conminó entónces que dijera si él era el
-Mesías. Jesús respondió afirmativamente y proclamó ante los jueces
-el próximo advenimiento de su reino celestial<a id="FNanchor_1045"
-href="#Footnote_1045" class="fnanchor">[1040]</a>. Sin embargo,
-parécenos que el valor de Jesús, decidido ya á morir, no exige
-semejante confesion: es muy probable que en casa de Caifás, como en
-la de Annás, guardase ese mismo silencio que fué su regla de conducta
-en los últimos instantes de su vida. La sentencia estaba resuelta de
-antemano, y sólo<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span> se
-buscaban pretextos para justificarla: conociéndolo Jesús, no trató
-de emprender una defensa inútil. Bajo el punto de vista del judaismo
-ortodoxo, Jesús era real y verdaderamente un blasfemo, un destructor
-del culto establecido; esto supuesto, la ley castigaba con pena de
-muerte semejantes crímenes<a id="FNanchor_1046" href="#Footnote_1046"
-class="fnanchor">[1041]</a>. La asamblea le declaró por voto unánime
-culpable de crímen capital. Los miembros del consejo que tenian
-por él secretas simpatías, se hallaban ausentes ó no votaron<a
-id="FNanchor_1047" href="#Footnote_1047" class="fnanchor">[1042]</a>.
-La frivolidad propia de las aristocracias de antigua data no permitió
-á los jueces reflexionar mucho tiempo sobre los resultados de la
-sentencia que acababan de firmar. La vida de un hombre se sacrificaba
-entónces con suma ligereza; de seguro no pensaron los miembros del
-sanedrin en la terrible cuenta que de aquel decreto, pronunciado con
-tan indolente desden, tendrian sus hijos que dar á la posteridad
-irritada.</p>
-
-<p>El sanedrin no tenía derecho para hacer ejecutar una
-sentencia de muerte<a id="FNanchor_1048" href="#Footnote_1048"
-class="fnanchor">[1043]</a>. Pero, gracias á la confusion de poderes
-que entónces reinaba en Judea, no por eso dejaba Jesús de hallarse
-condenado desde aquel momento. Así es que permaneció el resto de la
-noche expuesto á los insultos y malos tratamientos de la más ínfima
-chusma, la cual no le escaseó ninguna afrenta<a id="FNanchor_1049"
-href="#Footnote_1049" class="fnanchor">[1044]</a>.</p>
-
-<p>Á la siguiente mañana se reunieron de nuevo los ancianos y los
-jefes de los sacerdotes<a id="FNanchor_1050" href="#Footnote_1050"
-class="fnanchor">[1045]</a>, para tratar de que Pilato aprobase la
-condena pronunciada por el sanedrin, condena que no podia tener
-cumplido efecto sin tal requisito, indispensable desde la ocupacion
-romana. El procurador no se hallaba investido, como el legado imperial,
-del derecho de vida y muerte; pero como Jesús no era ciudadano
-romano, bastaba la autorizacion del gobierno para que se diera curso
-al decreto pronunciado contra él. Los romanos, como sucede siempre
-que un pueblo político somete á una nacion en la que se confunden la
-ley civil y la religiosa, habian llegado á prestar una especie de
-apoyo oficial á la ley judáica. El derecho romano no se aplicaba á
-los judíos; éstos permanecian sometidos al derecho canónico que vemos
-consignado en el Talmud, de igual manera que los árabes de Argelia
-se hallan todavía regidos por el código del Islam. Aunque neutros en
-religion, los romanos sancionaban con mucha frecuencia las penas que se
-imponian por delitos religiosos. La situacion era, pues, muy semejante
-á la de las ciudades santas de la India baj<span class="pagenum"
-id="Page_216">p. 216</span>o la dominacion inglesa, ó más bien á la en
-que se encontraria Damasco el dia en que la Siria fuese conquistada
-por una potencia europea. Josefo pretende (aunque en ello cabe mucha
-duda) que si un romano traspasaba las estelas en que se hallaban las
-inscripciones que prohibian avanzar á los gentiles, los procuradores le
-entregaban á los judíos para que le diesen muerte<a id="FNanchor_1051"
-href="#Footnote_1051" class="fnanchor">[1046]</a>.</p>
-
-<p>Los agentes de los sacerdotes ataron á Jesús y le condujeron
-al pretorio, antiguo palacio de Heródes<a id="FNanchor_1052"
-href="#Footnote_1052" class="fnanchor">[1047]</a>, inmediato
-á la torre Antonia<a id="FNanchor_1053" href="#Footnote_1053"
-class="fnanchor">[1048]</a>. Era la mañana del dia en que debia comerse
-el cordero pascual (viérnes, 14 de nisan,—3 de Abril). Los judíos
-se habrian mancillado entrando en el pretorio y no habrian podido
-celebrar el festin sagrado; por esta razon permanecieron fuera<a
-id="FNanchor_1054" href="#Footnote_1054" class="fnanchor">[1049]</a>.
-Noticioso Pilato de su presencia, subió al <i>bima</i><a
-id="FNanchor_1055" href="#Footnote_1055" class="fnanchor">[1050]</a>,
-ó tribunal, que se hallaba situado al aire libre<a id="FNanchor_1056"
-href="#Footnote_1056" class="fnanchor">[1051]</a>, en el sitio que
-tenía por nombre <i>Gabbatha</i>, en griego <i>Lithostrotos</i>, á
-causa del embaldosado que recubria el suelo.</p>
-
-<p>Tan pronto como se le informó de la acusacion, Pilato manifestó
-el disgusto que le causaba el tener que mezclarse en aquel asunto<a
-id="FNanchor_1057" href="#Footnote_1057" class="fnanchor">[1052]</a>.
-En seguida se encerró con Jesús en el pretorio. Los detalles precisos
-de la entrevista que allí tuvo lugar, no habiendo podido ningun testigo
-revelárselos á los discípulos, quedaron envueltos en el misterio; sin
-embargo, Juan parece haberlos adivinado con bastante exactitud. Su
-relato se halla en perfecta consonancia con lo que la historia nos
-refiere respecto á la situacion recíproca de los dos interlocutores.</p>
-
-<p>El procurador Pontius, apellidado Pilatus, sin duda á causa
-del <i>pilum</i> ó dardo de honor con que fué condecorado<a
-id="FNanchor_1058" href="#Footnote_1058" class="fnanchor">[1053]</a> él
-ó alguno de sus progenitores, no habia tenido hasta entónces ninguna
-relacion con la secta naciente. Indiferente á las querellas intestinas
-de los judíos, no veia en todos aquellos movimientos de sectarios
-sino el efecto de imaginaciones acaloradas y de cerebros extraviados.
-En general, los judíos le inspiraban poquísimo cariño. Pero si el
-procurador detestaba á los nietos de Moisés, éstos le pagaban con
-usura; encontrábanle duro, violento, despreciativo, y le acusaban
-de crímenes increibles<a id="FNanchor_1059" href="#Footnote_1059"
-class="fnanchor">[1054]</a>. Jerusalen, como centro de una gran
-fermentacion popular, era una poblacion sumamente sediciosa y un punto
-de residencia insoportable para un extranjero. Los exaltados pretendian
-que el nuevo procurador habia hecho propósito firme de abolir la ley<a
-id="FNanchor_1060" href="#Footnote_1060" class="fnanchor">[1055]</a>.
-Su mezquino fanatismo<span class="pagenum" id="Page_217">p.
-217</span> y sus odios religiosos no podian ménos de sublevar ese
-ámplio sentimiento de justicia y de gobierno civil que el más
-incapaz de los súbditos romanos llevaba consigo adonde quiera que
-iba. Todos los actos que de Pilato conocemos nos le presentan como
-un buen administrador<a id="FNanchor_1061" href="#Footnote_1061"
-class="fnanchor">[1056]</a>. En el primer período del ejercicio de
-su cargo habia tenido con sus administrados sérias dificultades, que
-zanjó de una manera bastante brutal; pero áun entónces parece que la
-razon se hallaba de su parte. Los judíos debian parecer al procurador
-Pontius, gentes atrasadísimas, y sin duda le merecian el mismo juicio
-que á un prefecto liberal merecieron en otro tiempo los Bajos-Bretones,
-los cuales se insurreccionaban contra la apertura de un nuevo camino ó
-el establecimiento de una nueva escuela. En sus mejores proyectos por
-el bien del país, y con particularidad en todo cuanto se relacionaba
-con las obras públicas, Pilato habia encontrado siempre la Ley
-como un obstáculo insuperable. La Ley, en su espíritu absurdamente
-conservador, restringia la vida hasta el extremo de oponerse á todo
-cambio y á toda mejora. Las más útiles construcciones romanas eran para
-los judíos celosos objeto de particular ojeriza<a id="FNanchor_1062"
-href="#Footnote_1062" class="fnanchor">[1057]</a>. Dos escudos votivos
-con inscripciones, que el procurador Pontius habia hecho colocar en su
-palacio, el cual se hallaba contiguo al sagrado recinto, provocaron una
-borrasca aún más violenta<a id="FNanchor_1063" href="#Footnote_1063"
-class="fnanchor">[1058]</a>. Pilato hizo en un principio muy
-poco caso de aquellas susceptibilidades; pero ellas le obligaron
-despues á hacer uso de sangrientas represiones<a id="FNanchor_1064"
-href="#Footnote_1064" class="fnanchor">[1059]</a>, cuya severidad
-debia más tarde ocasionar su destitucion<a id="FNanchor_1065"
-href="#Footnote_1065" class="fnanchor">[1060]</a>. La experiencia de
-tantos conflictos le habia, pues, hecho prudente en sus relaciones
-con aquel pueblo intratable, que se vengaba de sus dominadores
-obligándolos á usar con él de odiosas crueldades. El procurador
-experimentaba supremo disgusto al verse obligado á desempeñar, por
-una ley que detestaba<a id="FNanchor_1066" href="#Footnote_1066"
-class="fnanchor">[1061]</a>, un papel activo y abominable en aquel
-nuevo asunto. Pilato sabía que el fanatismo religioso, así que ha
-obtenido alguna violencia de los gobiernos civiles, es despues el
-primero en arrojar sobre ellos la responsabilidad, y áun casi se
-permite dirigirles amargas acusaciones. ¡Suprema injusticia, puesto
-que, en semejante caso, el verdadero culpable es el instigador!</p>
-
-<p>Pilato, á quien acaso impresionó la actitud digna y tranquila del
-acusado, deseaba, pues, salvar á Jesús, el cual, si hemos de dar
-crédito á una tradicion<a id="FNanchor_1067" href="#Footnote_1067"
-class="fnanchor">[1062]</a>, encontró tambien apoyo en la propia
-mujer del procurador. Quizás ésta habia<span class="pagenum"
-id="Page_218">p. 218</span> visto al dulce galileo desde alguna de las
-ventanas del pretorio que dominaban el pórtico del templo, y ¡quién
-sabe si el espectáculo de la sangre de aquel hermoso jóven, sangre
-inocente que iba á derramarse, le produjo alguna terrible pesadilla!
-Sea como quiera, lo cierto es que Jesús encontró á Pilato prevenido
-en su favor. El gobernador le interrogó bondadosamente, demostrando
-el deseo de recurrir á cuantos medios le fuesen posibles á fin de
-absolverle.</p>
-
-<p>El título de «rey de los judíos», que Jesús nunca se habia dado,
-pero que sus enemigos dedujeron de su papel y de sus pretensiones, era
-naturalmente el que más inquietudes debia causar á la autoridad romana.
-Así, pues, se tuvo especial cuidado de acusarle en este sentido,
-presentándole á los ojos del procurador como sedicioso y culpable de
-crímen de estado. Y no obstante, nada era más injusto, puesto que
-Jesús habia siempre reconocido la autoridad civil del imperio romano.
-Pero sabido es que los partidos religiosos conservadores no tienen
-costumbre de retroceder ante ninguna calumnia. Deducian á pesar suyo
-todas las consecuencias de su doctrina, trasformábanle en discípulo de
-Júdas el Gaulonita, y pretendian que vedaba pagar el tributo á César<a
-id="FNanchor_1068" href="#Footnote_1068" class="fnanchor">[1063]</a>.
-Pilato le preguntó si era efectivamente rey de los judíos<a
-id="FNanchor_1069" href="#Footnote_1069" class="fnanchor">[1064]</a>,
-y Jesús respondió sin ocultarle su pensamiento. Pero el gran equívoco
-que habia sido el orígen de su fuerza, y que debia constituir su
-reino despues de su muerte, le perdió entónces. Jesús, el idealista
-que no distinguia el espíritu de la materia, y cuya palabra, segun la
-imágen del Apocalípsis, era una espada de dos filos, no supo nunca
-tranquilizar completamente á las potencias de la tierra. Juan afirma
-que Jesús confesó ante Pilato su dignidad real, pero que al mismo
-tiempo añadió esta profunda frase: «Mi reino no es de este mundo.»
-Y que despues explicó la naturaleza de su reino, el cual se resumia
-completamente en la posesion y en la proclamacion de la verdad. Pilato
-no comprendió una palabra de ese idealismo sublime<a id="FNanchor_1070"
-href="#Footnote_1070" class="fnanchor">[1065]</a>, y sin duda Jesús
-le produjo el efecto de un soñador inofensivo. Los romanos de aquella
-época, merced á su carencia de filosofía y de proselitismo religioso,
-consideraban como una quimera el sacrificio por la verdad. Semejantes
-debates les parecian fastidiosos y vacíos de sentido, y no viendo
-el peligro que de esas nuevas especulaciones pudiera resultar al
-imperio, natural era que no hallasen motivo ninguno para emplear contra
-ellas la violencia. Todo su descontento recaia, pues, sobre lo<span
-class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span>s que, por vanas sutilezas,
-iban á pedirles el suplicio de algun innovador. Veinte años más tarde,
-Gallion se conducia todavía con los judíos de la misma manera<a
-id="FNanchor_1071" href="#Footnote_1071" class="fnanchor">[1066]</a>.
-La regla de conducta que siguieron los romanos hasta la ruina de
-Jerusalen fué siempre la más absoluta indiferencia respecto á esas
-querellas de sectarios<a id="FNanchor_1072" href="#Footnote_1072"
-class="fnanchor">[1067]</a>.</p>
-
-<p>Para conciliar sus propios sentimientos con las exigencias de
-aquel pueblo fanático, cuya presion habia sufrido tantas veces, un
-medio plausible se presentó á la mente del gobernador. Con motivo de
-la fiesta de la Pascua, era costumbre dar libertad á un criminal.
-Conociendo Pilato que la prision de Jesús era debida al ódio y á la
-envidia de los sacerdotes<a id="FNanchor_1073" href="#Footnote_1073"
-class="fnanchor">[1068]</a>, intentó hacerle participar del beneficio
-de aquella costumbre. Al efecto, subió de nuevo al <i>bima</i> y
-propuso á la muchedumbre libertar «al rey de los judíos.» Hecha en
-tales términos, la proposicion tenía cierto carácter de amplitud y
-de ironía, propio á favorecer su intento. Los sacerdotes conocieron
-el peligro. En consecuencia obraron prontamente<a id="FNanchor_1074"
-href="#Footnote_1074" class="fnanchor">[1069]</a>, y á fin de
-combatirla, sugirieron á la muchedumbre el nombre de un preso que
-gozaba en Jerusalen de gran popularidad. Por una singular coincidencia
-se llamaba tambien Jesús<a id="FNanchor_1075" href="#Footnote_1075"
-class="fnanchor">[1070]</a> y tenía por sobrenombre Bar-Abba
-ó Bar-Rabbas<a id="FNanchor_1076" href="#Footnote_1076"
-class="fnanchor">[1071]</a>. Este personaje era muy conocido<a
-id="FNanchor_1077" href="#Footnote_1077" class="fnanchor">[1072]</a>,
-y segun parece habia sido preso por delito de homicidio y por haber
-tomado parte en un motin<a id="FNanchor_1078" href="#Footnote_1078"
-class="fnanchor">[1073]</a>. Al repetirles Pilato su propuesta, se
-elevó un clamor general diciendo: «No á ése, sino á Jesús Bar-Rabbas.»
-Entónces Pilato se vió en la precision de indultar el preso que le
-pedian.</p>
-
-<p>Sus apuros se aumentaban, y temia que le comprometiese la demasiada
-indulgencia para con un acusado á quien daban el título de «rey de
-los judíos.» Además, todos los poderes se ven siempre obligados á
-transigir con el fanatismo. Pilato creyó que debia hacer algunas
-concesiones; pero, vacilando todavía en derramar sangre para satisfacer
-el deseo de personas que detestaba, trató de imprimir al negocio un
-giro risible y mandó azotar á Jesús, aparentando burlarse del título
-pomposo que le daban<a id="FNanchor_1079" href="#Footnote_1079"
-class="fnanchor">[1074]</a>. La flagelacion era el preliminar ordinario
-del suplicio de la cruz<a id="FNanchor_1080" href="#Footnote_1080"
-class="fnanchor">[1075]</a>. Quizás Pilato quiso hacer creer que esa
-condena estaba ya pronunciada, confiando en que el preliminar sería
-suficiente. Entónces tuvo lugar, segun afirman todos los relatos,
-una escena odiosa y repugnante. Los soldados cogieron á Jesús, le
-desnudaron y le cubrier<span class="pagenum" id="Page_220">p.
-220</span>on con un manto de grana; luégo, tejiendo una corona
-de espinas, se la pusieron en la cabeza, y una caña en la mano
-derecha. Así adornado, le hicieron subir á la tribuna del pretorio,
-y abofeteándole y escarneciéndole, se arrodillaban delante de él y
-le decian: «Dios te salve, rey de los judíos»<a id="FNanchor_1081"
-href="#Footnote_1081" class="fnanchor">[1076]</a>. Otros le escupian,
-tomaban la caña y le herian en la cabeza. Difícil es comprender cómo
-la gravedad romana pudo prestarse á tan vergonzosos actos. Verdad es
-que, en su calidad de procurador, Pilato no tenía bajo sus órdenes sino
-tropas auxiliares; los ciudadanos romanos que componian las legiones no
-habrian descendido á semejante indignidad.</p>
-
-<p>¿Creyó Pilato poner á cubierto su responsabilidad con aquel
-infame simulacro? ¿Esperaba separar el golpe que amenazaba á Jesús
-concediendo alguna cosa al ódio de los judíos?<a id="FNanchor_1082"
-href="#Footnote_1082" class="fnanchor">[1077]</a> ¿Se prometia evitar
-un trágico desenlace con aquel entremes grotesco, haciendo ver en
-cierto modo que el asunto no merecia otra solucion? Si tales fueron
-sus intenciones, ningun éxito tuvieron. El tumulto crecia, amenazando
-convertirse en verdadera sedicion: por todas partes resonaba el grito:
-«¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» Adoptando un tono cada vez más exigente,
-los sacerdotes declararon que peligraba la Ley si el seductor no
-era condenado á muerte<a id="FNanchor_1083" href="#Footnote_1083"
-class="fnanchor">[1078]</a>. Pilato conoció que para salvar á
-Jesús sería indispensable sofocar un motin sangriento. Sin embargo
-trató de ganar tiempo, y al entrar en el pretorio se informó de
-qué país era Jesús, á fin de buscar un pretexto para declinar su
-propia competencia<a id="FNanchor_1084" href="#Footnote_1084"
-class="fnanchor">[1079]</a>. Y segun una tradicion, remitió el
-acusado á Antipas, quien, segun parece, se hallaba accidentalmente
-en Jerusalen<a id="FNanchor_1085" href="#Footnote_1085"
-class="fnanchor">[1080]</a>. Jesús se prestó poco á secundar esos
-benévolos esfuerzos; como habia hecho en casa de Caifás, se encerró en
-un silencio digno y grave, que llamó sobremanera la atencion de Pilato.
-Los gritos del populacho se hacian cada vez más amenazadores, y hasta
-se murmuraba ya del poco celo del funcionario, acusándole de proteger
-á un enemigo de César. Los mayores adversarios de la dominacion romana
-se trasformaron entónces en súbditos leales de Tiberio, para tener
-derecho de acusar de lesa-majestad al demasiado tolerante procurador.
-«Aquí no hay más rey que el emperador,—le decian:—Si sueltas á ése
-no eres amigo de César; puesto que cualquiera que se hace rey se
-declara contra César»<a id="FNanchor_1086" href="#Footnote_1086"
-class="fnanchor">[1081]</a>. El débil Pilato, temeroso del informe
-que sus enemigos enviarian á Roma, informe en que se le acusaria
-de haber apoyado á un rival de Tiberio, dej<span class="pagenum"
-id="Page_221">p. 221</span>ó de insistir. Ya en el asunto de los
-escudos votivos los judíos habian escrito al Emperador y conseguido
-el objeto de su solicitud. El procurador vió amenazado su destino, y
-por una condescendencia que debia entregar su nombre á la execracion
-universal, cedió al fin, dejando á los judíos,—segun dicen,—toda la
-responsabilidad de lo que pudiera suceder. Los judíos la aceptaron
-plenamente, y á creer la tradicion cristiana, respondieron: «Recaiga
-su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos»<a id="FNanchor_1087"
-href="#Footnote_1087" class="fnanchor">[1082]</a>.</p>
-
-<p>¿Fueron pronunciadas, en efecto, esas palabras? Dudoso nos parece.
-Pero, de todos modos, ellas son la expresion de una profunda verdad
-histórica. Si se tiene en cuenta la actitud de los romanos en Judea,
-se comprenderá que Pilato no pudo hacer sino lo que hizo. ¡Cuántas
-sentencias de muerte no han sido dictadas y arrancadas al poder civil
-por la intolerancia religiosa! El rey de España, que por complacer á un
-clero fanático, entregaba á la hoguera centenares de súbditos, era mil
-veces más censurable que Pilato, porque en él residia un poder mucho
-más completo que el que los romanos tenian entónces establecido en
-Jerusalen. Siempre que el poder civil, á instigacion del sacerdocio, se
-convierte en perseguidor ó en quisquilloso, prueba con ello su falta de
-energía. Pero si hay algun gobierno que sobre este punto se halle sin
-pecado, que arroje á Pilato la primera piedra. El «brazo secular», tras
-el cual se esconde la crueldad del clero, no es el culpable. ¿Podrá
-alguno decir con justicia que tiene horror á la sangre, porque la hace
-derramar por sus lacayos?</p>
-
-<p>Esto supuesto, ni Tiberio, ni Pilato, fueron los que condenaron á
-Jesús; fué el antiguo partido judío, la ley mosáica. Segun nuestras
-ideas modernas, el demérito moral no se trasmite de padre á hijo:
-ante la justicia humana y divina, nadie es responsable sino de sus
-propias faltas. Por consiguiente, el judío que sufre todavía por la
-muerte de Jesús tiene derecho á quejarse, porque, si hubiese vivido
-entónces, quizás habria sido un Simon Cirineo; quizás no se habria
-hallado entre los que gritaron: «¡Crucifícale!» Pero las naciones,
-como los individuos, tienen su responsabilidad, y segun esto, si en
-el mundo hubo crímen cometido por una nacion entera, fué sin duda la
-muerte de Jesús. La Ley mosáica, en su forma moderna, es verdad, pero
-aceptada, pronunciaba pena de muerte contra toda tentativa hecha para
-cambiar el culto establecido. Jesús atacaba el culto, á no dudarlo,
-y aspiraba á<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span>
-destruirle. Los judíos dijeron á Pilato con una franqueza cuya verdad
-y sencillez no pueden negarse: «Nosotros tenemos una Ley, y segun esta
-Ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios»<a id="FNanchor_1088"
-href="#Footnote_1088" class="fnanchor">[1083]</a>. La Ley era
-detestable; pero ella era la Ley de la ferocidad antigua, y el héroe
-llamado á abrogarla debia ante todo sufrir sus terribles decisiones.</p>
-
-<p>Para que la sangre que Jesús va á derramar produzca sus frutos
-serán menester mil ochocientos años. Pensadores tan nobles como
-aquel mártir sublime sufrirán en su nombre, durante muchos siglos,
-la tortura y la muerte. Áun hoy dia, en países que se tienen por
-cristianos, se castigan con penas severas los delitos religiosos<a
-id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[*]</a>. Pero
-Jesús no es responsable de esos extravíos: el mártir del Gólgota no
-podia prever que el fanatismo de algunos pueblos habia de llegar á
-convertirle en una especie de horrible Moloch, ávido de carne quemada.
-El cristianismo ha sido intolerante; pero la intolerancia no es un
-hecho esencialmente cristiano: es un hecho judío, por cuanto á que
-el judaismo fué el primero que erigió la teoría de lo absoluto en
-materia religiosa; el primero que asentó el principio de que todo
-innovador, aunque haya milagros en apoyo de su doctrina, debe ser
-apedreado sin misericordia y sin juicio prévio<a id="FNanchor_1089"
-href="#Footnote_1089" class="fnanchor">[1084]</a>. Tambien el mundo
-pagano tuvo sus violencias religiosas; pero, si hubiese estado regido
-por una ley semejante, ¿se habria convertido á la religion cristiana?
-El Pentateuco fué, pues, en el mundo, el primer código del terror
-religioso, y el judaismo el primer ejemplo de un dogma inmutable,
-armado de la cuchilla. Si el cristianismo, en vez de perseguir con ódio
-ciego á los judíos, hubiese abolido el régimen que mató á su fundador,
-habria sido más consecuente y sería mucho más acreedor á la gratitud
-del género humano.</p>
-
-<div class="footnote2">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[*]</a> No hace
-mucho tiempo que fueron condenados á presidio, por la administracion
-O’Donnell, algunos propagandistas protestantes de Granada. (N. del
-T.)</p>
-
-</div>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_25">
- <p><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span></p>
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXV</h2>
- <p class="subh2 g1">MUERTE DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Aunque el verdadero motivo de la muerte de Jesús fué completamente
-religioso, sus enemigos habian conseguido presentarle en el pretorio
-como culpable de crímen de Estado; de otro modo, esto es, por crímen
-de heterodoxia, no hubieran obtenido del escéptico Pilato la sancion
-de la condena. Consecuentes con esta idea, los sacerdotes, valiéndose
-de la muchedumbre, pidieron que se aplicase á Jesús el suplicio de la
-cruz. Este suplicio no era de orígen judío.—Si la condenacion de Jesús
-hubiera sido puramente mosáica, se le habria aplicado la lapidacion<a
-id="FNanchor_1090" href="#Footnote_1090" class="fnanchor">[1085]</a>.
-La cruz era un suplicio romano que se reservaba para los esclavos y
-del cual se hacia uso cuando se pretendia agravar la pena de muerte
-añadiéndole la ignominia. Al aplicarla á Jesús, se le trataba, ni
-más ni ménos, como á un salteador de caminos, como á un facineroso,
-ó como á esos enemigos de baja estofa á quienes no concedian los
-romanos el honor de morir bajo la cuchilla<a id="FNanchor_1091"
-href="#Footnote_1091" class="fnanchor">[1086]</a>. Así, pues, se
-castigaba, no el dogma heterodoxo, sino la quimera de «rey de los
-judíos.» Sabido es que, entre los romanos, los soldados, cuyo oficio
-era matar, hacian las veces de verdugos. Jesús fué entregado á una
-cohorte de soldados auxiliares, y se desplegó para su ejecucion todo el
-odioso aparato de las crueles costumbres introducidas por los nuevos
-conquistadores.</p>
-
-<p>Eran las doce del dia, aproximadamente<a id="FNanchor_1092"
-href="#Footnote_1092" class="fnanchor">[1087]</a>. Volvieron á ponerle
-los vestidos que le habian quitado para el simulacro de la tribuna,
-y teniendo la cohorte dispuestos á dos ladrones que tambien debia
-ejecutar, reunieron los tres condenados, y la comitiva se puso en
-marcha hácia el lugar del suplicio.</p>
-
-<p>Aquel lugar era un sitio llamado <i>Gólgotha</i>, situado fuera
-de Jerusalen, aunque no muy léjos de sus muros<a id="FNanchor_1093"
-href="#Footnote_1093" class="fnanchor">[1088]</a>. El nombre de
-<i>Gólgotha</i> significa <i>cráneo</i>; corresponde, al parecer, á
-nuestra palabra <i>Chaumont</i><a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5"
-class="fnanchor">[*]</a> y probablemente designaba una colina escueta
-que tenía la forma de un cráneo calvo. No se<span class="pagenum"
-id="Page_224">p. 224</span> sabe con exactitud el sitio donde se
-hallaba aquella colina; pero es indudable que estaba al Norte ó
-al Nordeste de la ciudad en la elevada y desigual meseta que se
-extiende entre los muros y los valles de Cedron y de Hinnom<a
-id="FNanchor_1094" href="#Footnote_1094" class="fnanchor">[1089]</a>,
-zona bastante vulgar y que áun hoy dia conserva un aspecto triste á
-causa de los repugnantes detalles que le presta su vecindad con una
-gran poblacion. Difícil es colocar el Gólgotha en el sitio preciso en
-que, á partir de Constantino, le ha venerado la cristiandad entera<a
-id="FNanchor_1095" href="#Footnote_1095" class="fnanchor">[1090]</a>.
-Ese sitio ocupa un punto demasiado céntrico en la ciudad, y es
-de suponer que en la época de Jesús se hallase comprendido en el
-recinto de la muralla<a id="FNanchor_1096" href="#Footnote_1096"
-class="fnanchor">[1091]</a>.</p>
-
-<div class="footnote2">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[*]</a>
-La palabra francesa <i>chaumont</i> es una contraccion de
-<i>chauvemont</i>, esto es, monte-calvo. (N. del T.)</p>
-
-</div>
-
-<p>El condenado á muerte debia llevar sobre sus hombros el
-instrumento de su suplicio<a id="FNanchor_1097" href="#Footnote_1097"
-class="fnanchor">[1092]</a>. Pero Jesús, teniendo una constitucion
-física más débil que sus dos compañeros, no pudo soportar el
-peso del suyo. La tropa encontró en el camino á un tal Simon de
-Cirene, que volvia del campo, y los soldados, con esos brutales
-procederes de las guarniciones extranjeras, le obligaron á llevar
-el árbol fatal. Al obrar de ese modo, quizás usaban de un derecho
-reconocido, puesto que estaba prohibido á los romanos cargar ellos
-mismos con el madero infame. Simon perteneció despues, segun parece,
-á la comunidad cristiana, en la cual eran muy conocidos sus dos
-hijos Alejandro y Rufo<a id="FNanchor_1098" href="#Footnote_1098"
-class="fnanchor">[1093]</a>. Tal vez refirió luégo, como testigo
-ocular, más de una circunstancia relativa á aquellos últimos
-instantes. Ninguno de los discípulos se hallaba en aquel momento
-cerca de Jesús<a id="FNanchor_1099" href="#Footnote_1099"
-class="fnanchor">[1094]</a>.</p>
-
-<p>El lúgubre cortejo llegó, en fin, al sitio de las ejecuciones.
-Con arreglo á la costumbre judía, inspirada por un sentimiento de
-piedad, se daba á beber á los pacientes, á fin de aturdirlos, una
-bebida embriagadora compuesta de cierto vino fuertemente aromatizado<a
-id="FNanchor_1100" href="#Footnote_1100" class="fnanchor">[1095]</a>.
-Parece ser que las mismas señoras de Jerusalen llevaban á los infelices
-que conducian al suplicio aquel vino de gracia; cuando ninguna de
-ellas le ofrecia, se compraba con los fondos del erario público<a
-id="FNanchor_1101" href="#Footnote_1101" class="fnanchor">[1096]</a>.
-Jesús, despues de haber acercado el vaso á los labios, rehusó
-beber aquel brebaje<a id="FNanchor_1102" href="#Footnote_1102"
-class="fnanchor">[1097]</a>. Ese triste alivio de los condenados
-vulgares no se avenia con su elevada naturaleza:—prefirió abandonar
-la vida en toda la plenitud de su razon y esperar con la conciencia
-lúcida y serena la muerte que con tanto heroismo habia provocado.
-Entónces le despojaron de sus vestidos<a id="FNanchor_1103"
-href="#Footnote_1103" class="fnanchor">[1098]</a> y le ataron á la
-cruz, la cual se componia de dos maderos enlazados en forma de T<a
-id="FNanchor_1104" href="#Footnote_1104" class="fnanchor">[1099]</a>.
-La cruz tenía<span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span> de
-ordinario tan poca elevacion, que á veces los piés del condenado
-tocaban al suelo. Empezábase por izar y fijar en tierra el madero<a
-id="FNanchor_1105" href="#Footnote_1105" class="fnanchor">[1100]</a>
-y en seguida se procedia á suspender al paciente, atravesándole las
-manos con clavos;—los piés se enclavaban tambien algunas veces; otras,
-se contentaban con atarlos<a id="FNanchor_1106" href="#Footnote_1106"
-class="fnanchor">[1101]</a>. Una especie de tajo de madera, ó más bien
-de pequeña antena fija hácia el medio del mástil de la cruz, pasaba
-por entre las piernas del condenado, sirviéndole de punto de apoyo<a
-id="FNanchor_1107" href="#Footnote_1107" class="fnanchor">[1102]</a>.
-Sin esto las manos se habrian desgarrado y venido el cuerpo á tierra.
-Otras veces, el punto de apoyo consistia en una tableta que se fijaba á
-la altura de los piés.</p>
-
-<p>Jesús saboreó uno por uno todos los horrores de tan atroz suplicio.
-Sentíase devorado por una sed abrasadora, que no es el menor de los
-tormentos de la crucifixion<a id="FNanchor_1108" href="#Footnote_1108"
-class="fnanchor">[1103]</a>, y pidió de beber. Estaba cerca de allí una
-vasija llena de la bebida ordinaria de los soldados romanos, la cual
-consistia en una mezcla de vinagre y agua llamada <i>posca</i>, bebida
-que los soldados debian llevar consigo en todas las expediciones<a
-id="FNanchor_1109" href="#Footnote_1109" class="fnanchor">[1104]</a>,
-en cuyo número entraban tambien las ejecuciones capitales. Un soldado
-tomó una esponja, la empapó en aquel brebaje, y, poniéndola en la
-punta de una caña, se la dió á chupar á Jesús<a id="FNanchor_1110"
-href="#Footnote_1110" class="fnanchor">[1105]</a>. Á derecha é
-izquierda del profeta de Nazareth estaban crucificados los dos
-ladrones. Los ejecutores, entre cuyas manos se abandonaban los despojos
-(<i>pannicularia</i>) de los ajusticiados<a id="FNanchor_1111"
-href="#Footnote_1111" class="fnanchor">[1106]</a>, «repartieron
-entre sí sus vestidos, echando suerte, y sentándose al pié de la
-cruz, le guardaban»<a id="FNanchor_1112" href="#Footnote_1112"
-class="fnanchor">[1107]</a>. Segun una tradicion, Jesús pronunció
-las siguientes palabras, que, si no salieron de sus labios,
-estuvieron al ménos en su corazon: «Padre, perdónalos, porque no
-saben lo que hacen»<a id="FNanchor_1113" href="#Footnote_1113"
-class="fnanchor">[1108]</a>.</p>
-
-<p>Con arreglo á la costumbre romana, se colocó un rótulo en lo
-alto de la cruz, con esta frase escrita en tres idiomas, hebreo,
-griego y latino: <span class="asc">EL REY DE LOS JUDÍOS</span>.
-Semejante redaccion constituia una angustiosa injuria dirigida al
-pueblo. Muchas personas de las que por allí pasaban se resintieron
-al leerla, y los sacerdotes hicieron observar á Pilato que debia
-escribirse el letrero de modo que explicase que Jesús habia
-pretendido ser rey de los judíos. Pero el procurador, aburrido ya de
-aquel asunto, se negó á complacerlos, contestando que lo escrito,
-escrito se quedaba<a id="FNanchor_1114" href="#Footnote_1114"
-class="fnanchor">[1109]</a>.</p>
-
-<p>Los discípulos de Jesús habian huido. Sin embargo, Juan
-declara haber permanecido constantemente al pié de la<span
-class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span> cruz<a id="FNanchor_1115"
-href="#Footnote_1115" class="fnanchor">[1110]</a>. Con mayor
-certidumbre puede afirmarse que las que le acompañaron al Calvario
-sin abandonarle fueron las fieles amigas de Galilea que le habian
-seguido á Jerusalen. María Cleophás, María de Magdala, Juana, mujer de
-Kuza, Salomé y algunas otras mujeres permanecian á cierta distancia<a
-id="FNanchor_1116" href="#Footnote_1116" class="fnanchor">[1111]</a>
-sin perderle de vista<a id="FNanchor_1117" href="#Footnote_1117"
-class="fnanchor">[1112]</a>. De creer á Juan, María, madre de
-Jesús, estaba tambien al pié de la cruz, y al ver el moribundo
-á su madre y á su discípulo querido, dijo á éste: «Hé ahí á tu
-madre»; y á aquélla: «Hé ahí á tu hijo»<a id="FNanchor_1118"
-href="#Footnote_1118" class="fnanchor">[1113]</a>. Pero no se
-comprende cómo los sinópticos, que en su relato mencionan á las otras
-mujeres, hubiesen hecho caso omiso de María, cuya presencia era un
-rasgo tan interesante. Hasta la suprema elevacion del carácter de
-Jesús hace tambien inverosímil semejante enternecimiento personal en
-el momento en que, preocupado únicamente de su obra, no existia ya
-sino para la humanidad<a id="FNanchor_1119" href="#Footnote_1119"
-class="fnanchor">[1114]</a>.</p>
-
-<p>Á excepcion de aquel reducido grupo de mujeres que desde léjos
-le consolaban con sus miradas, Jesús no veia en torno suyo sino el
-espectáculo de la bajeza ó de la estupidez humana. Insultábanle
-los que por allí pasaban, y oia á su alrededor necios sarcasmos
-que convertian sus gritos de supremo dolor en odiosos juegos de
-palabras:—«Ahí está el que se llamaba Hijo de Dios—decian,—¡que su
-padre venga ahora á librarle!—Á otros ha salvado y no puede salvarse
-á sí mismo. Si es el rey de Israel, baje ahora de la cruz y creerémos
-en él.—¡Hola! añadian, tú que derribas el templo de Dios y en tres
-dias le reedificas, sálvate á tí mismo:—¡si eres Hijo de Dios,
-desciende de la cruz!»<a id="FNanchor_1120" href="#Footnote_1120"
-class="fnanchor">[1115]</a>.—Algunos, poco al corriente de sus
-ideas apocalípticas, creyeron oirle llamar á Elías, y dijeron:
-«Veamos si viene Elías á librarle.» Parece que los dos ladrones
-crucificados en su compañía le insultaban tambien<a id="FNanchor_1121"
-href="#Footnote_1121" class="fnanchor">[1116]</a>.</p>
-
-<p>El cielo estaba sombrío<a id="FNanchor_1122" href="#Footnote_1122"
-class="fnanchor">[1117]</a>, y la tierra tenía, como todos los
-alrededores de Jerusalen, un aspecto árido y triste. Segun lo que
-ciertos relatos refieren, el corazon de Jesús desfalleció por un
-momento, ocultóle una nube la faz de su Padre, y entónces tuvo una
-agonía de desesperacion mil veces más acerba que todos los tormentos.
-No vió sino la ingratitud de los hombres, y, arrepintiéndose quizás de
-sufrir por una raza abyecta, exclamó:—«Dios mio, Dios mio, ¿por qué
-me has desamparado?» Pero su instinto divino volvió aún á recobrar
-su imperio. Á medida que el hálito vital se extinguia, <span
-class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span>su alma se serenaba y volvia
-otra vez á su celeste orígen. Experimentó de nuevo el sentimiento de
-su mision, vió en su muerte la salvacion del mundo, desapareció de su
-vista el repugnante espectáculo que se desarrollaba á sus piés, y,
-profundamente unido á su Padre, empezó en el patíbulo la vida divina
-que por siglos iba á gozar en el corazon de la humanidad.</p>
-
-<p>En el suplicio de la cruz, la particularidad más horrible era,
-que la víctima podia vivir tres ó cuatro dias en aquel estado
-espantoso, enclavado sobre aquel escabel de dolor<a id="FNanchor_1123"
-href="#Footnote_1123" class="fnanchor">[1118]</a>. La hemorragia de las
-manos cesaba pronto y no era mortal. La verdadera causa de la muerte
-consistia en la posicion violenta del cuerpo, la cual ocasionaba un
-completo desarreglo en la circulacion de la sangre, terribles dolores
-de cabeza y de corazon, y, por último, la rigidez de los miembros.
-Los crucificados de complexion robusta no morian sino de hambre<a
-id="FNanchor_1124" href="#Footnote_1124" class="fnanchor">[1119]</a>.
-La idea capital de aquel suplicio cruel no era matar directamente al
-condenado por medio de lesiones determinadas; sino exponer al esclavo
-enclavándole por las manos, de que no supo hacer buen uso, y dejarle
-abandonado hasta que se pudriera sobre el madero. La organizacion
-delicada de Jesús le preservó de esa lenta agonía. Todo induce á
-creer que la ruptura de un vaso del corazon le produjo al cabo de
-tres horas una muerte repentina. Algunos momentos ántes de espirar su
-voz era todavía vigorosa<a id="FNanchor_1125" href="#Footnote_1125"
-class="fnanchor">[1120]</a>. De pronto, lanzó un terrible grito<a
-id="FNanchor_1126" href="#Footnote_1126" class="fnanchor">[1121]</a>,
-en el que algunos oyeron oir:—«¡Oh Padre, en tus manos encomiendo
-mi espíritu!»; y otros, más preocupados por el cumplimiento de las
-profecías, supusieron que dijo: «¡Todo está consumado!» Su cabeza se
-inclinó sobre el pecho, y exhaló el último suspiro.</p>
-
-<p>Reposa en tu gloria, noble iniciador de la más sublime doctrina. Tu
-obra se halla concluida; tu divinidad queda fundada. No temas ya que
-una falta venga á echar por tierra el edificio debido á tus esfuerzos.
-Léjos del alcance de la fragilidad humana, en adelante asistirás desde
-el seno de la paz divina á las infinitas consecuencias de tus actos. Á
-costa de algunas horas de sufrimientos, que ni siquiera pudieron abatir
-la grandeza de tu alma, has conseguido la más completa inmortalidad.
-¡Tu nombre, gloria y orgullo del mundo, va á exaltarte durante millares
-de años! Lábaro de nuestras contradicciones, tú serás la bandera á
-cuyo alrededor se librará la más ardiente de todas las batallas. Y mil
-veces más vivo<span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span>, más
-amado despues de tu muerte que miéntras cruzaste por este valle de
-lágrimas, llegarás á ser de tal modo la piedra angular de la humanidad,
-que borrar tu nombre de los anales del mundo sería conmoverle hasta
-en sus cimientos. Entre Dios y tú ya no habrá distincion ninguna.
-¡Toma, pues, posesion de tu reino, sublime vencedor de la muerte, de
-ese reino adonde te seguirán, por la ancha via que trazaste, siglos de
-adoradores!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_26">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXVI</h2>
- <p class="subh2 g1">JESÚS EN EL SEPULCRO</p>
-</div>
-
-<p>Con arreglo á nuestra manera de contar<a id="FNanchor_1127"
-href="#Footnote_1127" class="fnanchor">[1122]</a>, eran las tres de
-la tarde poco más ó ménos cuando Jesús espiró. Una ley judáica<a
-id="FNanchor_1128" href="#Footnote_1128" class="fnanchor">[1123]</a>
-prohibia que los cadáveres de los ajusticiados quedasen suspendidos
-al patíbulo más allá de la noche del dia en que se verificaba la
-ejecucion. Sin embargo, es muy probable que no se observase tal medida
-en las ejecuciones hechas por los romanos. Pero como quiera que el
-siguiente era sábado, y un sábado de extraordinaria solemnidad,
-los judíos expresaron á la autoridad romana<a id="FNanchor_1129"
-href="#Footnote_1129" class="fnanchor">[1124]</a> su deseo de que no
-mancillase aquel santo dia con semejante espectáculo. Accedióse á la
-demanda, y se dieron las órdenes oportunas para que se precipitase la
-muerte de los ajusticiados, á fin de retirarlos cuanto ántes de la
-cruz. Los soldados ejecutaron la consigna aplicando á los dos ladrones
-el <i>crurifragium</i> ó rompimiento de piernas<a id="FNanchor_1130"
-href="#Footnote_1130" class="fnanchor">[1125]</a>, segundo suplicio
-mucho más expeditivo que el de la cruz, y que de ordinario se imponia
-á los esclavos y á los prisioneros de guerra. En cuanto á Jesús, como
-los soldados le encontraron muerto cuando fueron á ejecutar la órden,
-creyeron inútil aplicar el <i>crurifragium</i>. No obstante, uno de
-ellos, á fin de evitar toda incertidumbre respecto á la muerte del
-tercer crucificado, y de acabarle, si algun resto de vida le quedaba,
-le dió una lanzada en el costado. Vióse entónces salir de la herida
-sangre y agua, lo cual se consideró como la señal de un completo
-fallecimiento.</p>
-
-<p>Juan, que pretende haber presenciado la escena<a id="FNanchor_1131"
-href="#Footnote_1131" class="fnanchor">[1126]</a>, i<span
-class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>nsiste mucho sobre este
-pormenor. Y en efecto, es evidente que surgió más de una duda respecto
-á la realidad de la muerte de Jesús. Á las personas acostumbradas á
-presenciar crucificamientos, algunas horas de suspension en la cruz
-no les parecian suficientes para producir tal resultado. Citábanse
-muchos casos de crucificados que, desprendidos á tiempo, habian
-vuelto á la vida merced á curas enérgicas<a id="FNanchor_1132"
-href="#Footnote_1132" class="fnanchor">[1127]</a>. Orígenes creyó
-despues que un fin tan rápido debia considerarse como un hecho
-milagroso. En el relato de Márcos se halla tambien el mismo
-sentimiento de admiracion<a id="FNanchor_1133" href="#Footnote_1133"
-class="fnanchor">[1128]</a>. Sin embargo, nosotros creemos que la mejor
-garantía que puede tener el historiador, respecto á un hecho de esta
-naturaleza, es el ódio receloso de los enemigos de Jesús. No parece
-probable que los judíos abrigasen entónces el temor de que hicieran
-pasar á Jesús por resucitado; pero de todos modos, lo natural era que
-cuidasen de que estuviese muerto y bien muerto. Cualquiera que haya
-sido en ciertas épocas la negligencia de los antiguos en todo lo que
-se relacionaba con la comprobacion legal y con la estricta inspeccion
-de los negocios, no es de creer que los interesados dejáran de tomar
-algunas precauciones en el caso que nos ocupa<a id="FNanchor_1134"
-href="#Footnote_1134" class="fnanchor">[1129]</a>.</p>
-
-<p>Segun la costumbre romana, el cadáver de Jesús deberia haber quedado
-suspendido al patíbulo para que le devorasen las aves de rapiña<a
-id="FNanchor_1135" href="#Footnote_1135" class="fnanchor">[1130]</a>,
-y con arreglo á la ley judáica, una vez descolgado durante la noche
-debia depositarse en seguida en el sitio infame donde se enterraban
-los ajusticiados<a id="FNanchor_1136" href="#Footnote_1136"
-class="fnanchor">[1131]</a>. Éste habria sido el destino del cuerpo de
-Jesús, si el maestro no hubiese tenido más discípulos que sus pobres
-galileos, tímidos y sin crédito. Pero ya hemos visto que, á pesar del
-poco éxito que Jesús obtuvo en Jerusalen, habia conseguido captarse
-las simpatías de algunas personas considerables que esperaban el reino
-de Dios y que, sin declararse abiertamente discípulos suyos, le eran
-en extremo adictas. Entre aquellas personas figuraba un tal José,
-natural de la pequeña ciudad de Arimathea (<i>Ha-ramathaim</i>)<a
-id="FNanchor_1137" href="#Footnote_1137" class="fnanchor">[1132]</a>,
-el cual fué aquella noche á pedir el cuerpo al procurador Pilato<a
-id="FNanchor_1138" href="#Footnote_1138" class="fnanchor">[1133]</a>.
-José era hombre rico, muy notable en la ciudad y miembro del
-sanedrin. Además, en aquella época la ley romana prescribia que se
-entregase el cadáver del ajusticiado á la persona que lo reclamase<a
-id="FNanchor_1139" href="#Footnote_1139" class="fnanchor">[1134]</a>.
-Pilato, que ignoraba la circunstancia del <i>crurifragium</i>, se
-admiró de que Jesús hubiese muerto tan pronto, é hizo venir al
-centurion que habia presidid<span class="pagenum" id="Page_230">p.
-230</span>o la ejecucion, para informarse de lo que habia sobre el
-particular, y despues de haber escuchado las afirmaciones de aquel
-funcionario, concedió á José el objeto de su solicitud. Probablemente
-habian descendido ya el cuerpo de la cruz, y se lo entregaron al
-solicitante, para que dispusiera de él como mejor le pareciera.</p>
-
-<p>Otro amigo secreto de Jesús, Nicodemo<a id="FNanchor_1140"
-href="#Footnote_1140" class="fnanchor">[1135]</a>, á quien ya hemos
-visto más de una vez empleando su influencia en favor del maestro,
-apareció tambien en aquel instante junto á la cruz, llevando consigo
-gran provision de las sustancias necesarias al embalsamamiento. José
-y Nicodemo amortajaron, pues, á Jesús con arreglo á la costumbre
-judáica, esto es, envolviéndole en un sudario preparado con mirra y
-áloe. Las mujeres galileas se hallaban presentes<a id="FNanchor_1141"
-href="#Footnote_1141" class="fnanchor">[1136]</a>, y sin duda
-acompañaban la escena con lágrimas y agudos sollozos.</p>
-
-<p>Como ya era tarde, todos aquellos preparativos se hicieron de
-prisa. Aún no se habia elegido el lugar en que habria de depositarse
-el cuerpo definitivamente, y como quiera que el trasporte podria tal
-vez prolongarse hasta una hora muy avanzada y ocasionar la violacion
-del sábado, los discípulos, que todavía observaban escrupulosamente
-las prescripciones de la ley judía, se decidieron á colocarle en una
-sepultura provisional<a id="FNanchor_1142" href="#Footnote_1142"
-class="fnanchor">[1137]</a>. En un huerto, no léjos de aquel sitio,
-habia un sepulcro recien abierto en la roca, sepulcro que aún no habia
-servido y que sin duda pertenecia á algun afiliado<a id="FNanchor_1143"
-href="#Footnote_1143" class="fnanchor">[1138]</a>. Las grutas
-funerarias destinadas á un solo cadáver se componian de un pequeño
-compartimiento en cuyo fondo se hallaba abierto en la pared, sostenido
-por un arco, el espacio ó séase el nicho donde se colocaba el cuerpo<a
-id="FNanchor_1144" href="#Footnote_1144" class="fnanchor">[1139]</a>.
-Como aquellas grutas estaban abiertas en el flanco de rocas inclinadas,
-tenian la entrada á nivel del suelo y les servia de puerta una pesada
-losa muy difícil de manejar. Depositaron, pues, el cadáver de Jesús
-en aquel sepulcro provisional, adaptaron la piedra á la abertura y
-convinieron en volver á fin de colocarle en una sepultura definitiva.
-Pero siendo el siguiente dia un sábado solemne, se aplazó la
-operacion para el domingo<a id="FNanchor_1145" href="#Footnote_1145"
-class="fnanchor">[1140]</a>.</p>
-
-<p>Las mujeres se retiraron despues de haber notado minuciosamente la
-manera como habia sido colocado el cuerpo, y pasaron el resto de la
-noche en hacer nuevos preparativos para el embalsamamiento. El sábado
-todo el mundo descansó<a id="FNanchor_1146" href="#Footnote_1146"
-class="fnanchor">[1141]</a>.</p> <p><span class="pagenum"
-id="Page_231">p. 231</span></p> <p>Apénas amaneció el domingo,
-las galileas se dirigieron al sepulcro; la primera que llegó
-fué María de Magdala<a id="FNanchor_1147" href="#Footnote_1147"
-class="fnanchor">[1142]</a>. Mas la losa habia sido retirada de
-la abertura y el cuerpo no estaba ya en el sitio en que le habian
-dejado. Los más extraños rumores circularon al mismo tiempo entre
-la comunidad cristiana. El grito de «¡ha resucitado!» corrió con la
-rapidez del rayo entre los discípulos, y, gracias al amor, semejante
-creencia halló fácil acogida. ¿Qué habia tenido lugar en el sepulcro
-de Jesús? Al tratar de la historia de los apóstoles examinarémos
-este punto é investigarémos el orígen de las leyendas relativas á
-la resurreccion. Para el historiador, la vida de Jesús concluye
-con su último suspiro. Pero tan profunda era la huella que habia
-dejado en el corazon de sus discípulos y de algunas amigas adictas,
-que por espacio de várias semanas Jesús permaneció vivo, siendo el
-consolador de aquellas almas. ¿Fué arrebatado su cuerpo del sepulcro<a
-id="FNanchor_1148" href="#Footnote_1148" class="fnanchor">[1143]</a>,
-ó fué el entusiasmo, siempre crédulo, el que produjo mucho despues el
-conjunto de relatos por medio de los cuales se pretendió establecer la
-fe en la resurreccion? Hé aquí lo que siempre ignorarémos, por la falta
-absoluta de documentos contradictorios. Digamos, sin embargo, que en
-aquella circunstancia la exaltada imaginacion de María de Magdala<a
-id="FNanchor_1149" href="#Footnote_1149" class="fnanchor">[1144]</a>
-desempeñó un papel de primer órden<a id="FNanchor_1150"
-href="#Footnote_1150" class="fnanchor">[1145]</a>. ¡Poder divino del
-amor! ¡Sagrados momentos aquellos en que la pasion de una alucinada dió
-al mundo un Dios resucitado!</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_27">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXVII</h2>
- <p class="subh2">SUERTE DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>La muerte de Jesús acaeció en el año 33 de nuestra era, segun el
-cálculo que hemos adoptado<a id="FNanchor_1151" href="#Footnote_1151"
-class="fnanchor">[1146]</a>. De todos modos, no pudo tener lugar
-ántes del año 29, en razon á que la predicacion de Juan y de Jesús
-principió el año 28<a id="FNanchor_1152" href="#Footnote_1152"
-class="fnanchor">[1147]</a>, ni despues del 35, puesto que Pilato y
-Caifás perdieron ántes de la Pascua del año 36 sus cargos respectivos<a
-id="FNanchor_1153" href="#Footnote_1153" class="fnanchor">[1148]</a>.
-En la destitucion<span class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span>
-de aquellos funcionarios no parece haber tenido ninguna influencia
-la muerte de Jesús<a id="FNanchor_1154" href="#Footnote_1154"
-class="fnanchor">[1149]</a>. Probablemente el procurador Pilato, al
-entrar en la vida privada, no volvió á pensar en el olvidado episodio
-que debia trasmitir su triste renombre á la más remota posteridad.
-En cuanto á Caifás, tuvo por sucesor á Jonathan, cuñado suyo, é
-hijo de aquel mismo Annás, principal motor del procedimiento contra
-Jesús. El pontificado continuó durante mucho tiempo en manos de la
-familia saducea de los Annás, la cual, más influyente y poderosa que
-nunca, siguió haciendo á los discípulos y á los parientes de Jesús
-la encarnizada guerra que declarara al fundador. El cristianismo le
-debió, no sólo el acto definitivo de su fundacion, sino tambien sus
-primeros mártires. Annás fué conceptuado como uno de los hombres
-más felices de su siglo<a id="FNanchor_1155" href="#Footnote_1155"
-class="fnanchor">[1150]</a>; y el verdadero culpable de la muerte
-de Jesús terminó su vida colmado de honores y de consideraciones,
-sin sospechar ni por un instante el inmenso servicio que habia hecho
-á la nacion. Sus hijos continuaron reinando en el templo, á duras
-penas reprimidos por los procuradores romanos, de cuya autoridad y
-beneplácito prescindian muchas veces á fin de satisfacer sus instintos
-de dominacion y violencia.</p>
-
-<p>Antipas y Herodías desaparecieron tambien muy pronto de la escena
-política. Habiendo Calígula elevado á Heródes Agrippa á la dignidad de
-rey, la celosa Herodías juró que ella tambien sería reina. Antipas,
-hostigado constantemente por aquella mujer ambiciosa, que le trataba
-de cobarde porque toleraba que hubiera en su familia una persona
-superior á él, venció su natural indolencia y se dirigió á Roma á
-fin de solicitar el título que acababa de obtener su sobrino (año 39
-de nuestra era). Pero el negocio tuvo malísimo resultado. Heródes
-Agrippa, ganándole por la mano, predispuso el ánimo del Emperador en
-contra suya, y Antipas fué destituido, arrastrando despues su mísera
-existencia de destierro en destierro, unas veces en Lyon y otras en
-España. Herodías le acompañó en su mala fortuna<a id="FNanchor_1156"
-href="#Footnote_1156" class="fnanchor">[1151]</a>. Ántes que el nombre
-de su oscuro súbdito, convertido en Dios, volviese á recordar sobre
-sus sepulcros en aquellas comarcas lejanas la muerte de Juan Bautista,
-debian trascurrir todavía cien años.</p>
-
-<p>En cuanto al desgraciado Júdas de Kerioth, circularon terribles
-leyendas respecto á su muerte. Pretendióse que con el precio de su
-perfidia habia comprado un campo en las inmediaciones de Jerusalen. Y
-en efecto, al sur del monte Sion<span class="pagenum" id="Page_233">p.
-233</span> habia un sitio llamado <i>Hacéldama</i> (campo de sangre)<a
-id="FNanchor_1157" href="#Footnote_1157" class="fnanchor">[1152]</a>,
-que supusieron ser la propiedad adquirida por el traidor<a
-id="FNanchor_1158" href="#Footnote_1158" class="fnanchor">[1153]</a>
-con el dinero de su infame venta. Segun una tradicion, Júdas
-se dió la muerte<a id="FNanchor_1159" href="#Footnote_1159"
-class="fnanchor">[1154]</a>. Otros afirman que dió una terrible
-caida en su propiedad, de cuyas resultas quedaron sus entrañas
-esparcidas por tierra<a id="FNanchor_1160" href="#Footnote_1160"
-class="fnanchor">[1155]</a>. Otros suponen, por último, que murió de
-una especie de hidropesía acompañada de circunstancias repugnantes
-que se consideraron como un castigo del cielo<a id="FNanchor_1161"
-href="#Footnote_1161" class="fnanchor">[1156]</a>. Quizás dió lugar á
-todas esas leyendas el deseo de manifestar que se habian cumplido en
-Júdas las amenazas que el Salmista pronuncia contra el amigo pérfido<a
-id="FNanchor_1162" href="#Footnote_1162" class="fnanchor">[1157]</a>.
-Posible es que Júdas pasase en su campo una vida tranquila y oscura,
-miéntras que sus antiguos amigos conquistaban el mundo, propagando el
-rumor de su infamia. Posible es tambien que el espantoso aborrecimiento
-que se atrajo con su conducta le impulsase á cometer algun atentado
-contra su propia vida, y que en ese acto se viera el castigo de la
-divina justicia.</p>
-
-<p>Por lo demás, todavía se hallaba muy lejano el tiempo de las
-grandes venganzas cristianas, y el cristianismo nada tuvo que ver
-con la gran catástrofe que el pueblo judío sufrió poco despues. La
-sinagoga no comprendió sino mucho más tarde los resultados á que se
-exponen aquellos que aplican las leyes de la intolerancia. En cuanto
-al imperio, se hallaba á mil leguas de sospechar que hubiese nacido su
-futuro destructor; por espacio de cerca de trescientos años, siguió
-su marcha sin echar de ver que á su lado crecian y se fortificaban
-los principios que iban á trasformar al mundo. La idea sembrada por
-Jesús, idea teocrática y democrática á la vez, fué unida á la invasion
-de los germanos, la causa que más contribuyó á la ruina del edificio
-de los Césares. Ella proclamaba el derecho de todos los hombres á
-participar del reino de Dios, y establecia en lo sucesivo el principio
-de una religion separada del Estado. Los derechos de la conciencia,
-independientes de la ley política, llegan á constituir un nuevo
-poder, el «poder espiritual.» Verdad es que ese poder ha renegado
-muchas veces de su orígen; por espacio de siglos, los obispos han
-sido príncipes y el papa rey; y el pretendido imperio de las almas,
-cambiándose con frecuencia en horrible tiranía, ha recurrido para
-mantenerse al tormento y á la hoguera. Pero llegará un dia en que la
-separacion de lo humano y de lo divino produzca sus frutos; en que el
-dominio de las cosas espirituales deje de llamarse «poder» para tomar
-el nombre de «libertad». El cr<span class="pagenum" id="Page_234">p.
-234</span>istianismo germinó en la conciencia de un hombre del pueblo,
-creció en el seno del pueblo, y la clase popular fué la que en un
-principio le consagró su cariño y admiracion; el sello impreso á su
-carácter original no se borrará nunca. Él fué el primer triunfo de la
-revolucion, la victoria del sentimiento popular, el advenimiento de
-los sencillos de corazon, la inauguracion de lo bello, tal como el
-pueblo lo comprende. La palabra de Jesús abrió, pues, en las sociedades
-aristocráticas de la antigüedad, la brecha por donde habian de pasar
-las futuras generaciones.</p>
-
-<p>El poder civil, aunque inocente de la muerte de Jesús (puesto que
-no hizo sino poner el visto-bueno en la sentencia, y eso á pesar
-suyo), debia sin embargo tener tambien una terrible responsabilidad.
-Al presidir la escena del Calvario, el Estado se infirió á sí mismo
-una herida gravísima. No tardó en prevalecer y en dar la vuelta al
-mundo una leyenda llena de toda especie de irreverencias, leyenda en
-que las autoridades constituidas desempeñan un papel odioso, y en la
-que el acusado es inocente, homicidas los jueces, y la policía una
-falange coligada contra la verdad. Sediciosa en el más alto grado,
-la historia de la Pasion, propagándose por millares de imágenes
-populares, presentó las águilas romanas sancionando el más inícuo de
-los suplicios, á un gobernador expidiendo la órden para ejecutarle,
-y á los soldados del imperio haciendo las veces de verdugos. ¡Qué
-terrible golpe recibieron entónces los poderes establecidos! Nunca han
-podido reponerse de él completamente. ¿Cómo adoptar un tono infalible
-respecto á los subordinados, cuando se tiene sobre la conciencia el
-enorme error de Gethsemaní?<a id="FNanchor_1163" href="#Footnote_1163"
-class="fnanchor">[1158]</a>.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Ch_28">
- <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXVIII</h2>
- <p class="subh2">CARÁCTER ESENCIAL DE LA OBRA DE JESÚS</p>
-</div>
-
-<p>Como se ve, la accion de Jesús no salió nunca del círculo judío.
-Aunque sus simpatías por todos aquellos que la <span class="pagenum"
-id="Page_235">p. 235</span>ortodoxia despreciaba le impulsase á admitir
-á los paganos en el reino de Dios, y no obstante haber residido más
-de una vez en tierra de gentiles y haberse hallado en una ó dos
-ocasiones en relaciones benévolas con infieles<a id="FNanchor_1164"
-href="#Footnote_1164" class="fnanchor">[1159]</a>, puede decirse que
-su vida entera se deslizó en el reducido mundo en que sus ojos vieron
-la luz. En los países griegos y romanos, ni siquiera oyeron hablar de
-él; su nombre no figura en los autores profanos sino cien años despues,
-y de una manera indirecta; esto es, á propósito de los movimientos
-sediciosos provocados por su doctrina ó de las persecuciones de que
-eran objeto sus discípulos<a id="FNanchor_1165" href="#Footnote_1165"
-class="fnanchor">[1160]</a>. Áun en el mismo seno del judaismo no
-fué muy durable la impresion que Jesús produjo. Filon, muerto en
-el año 50, ni siquiera sospecha su existencia. Josefo, que nació
-en el año 37 y escribia hácia fines del primer siglo, menciona su
-ejecucion en algunas líneas<a id="FNanchor_1166" href="#Footnote_1166"
-class="fnanchor">[1161]</a>, como si fuera un acontecimiento de
-importancia secundaria, y en la enumeracion de las sectas de su tiempo
-omite á los cristianos<a id="FNanchor_1167" href="#Footnote_1167"
-class="fnanchor">[1162]</a>. Por su parte, la <i>Mischna</i> no ofrece
-ningun indicio de la nueva escuela; los pasajes de las dos Gemaras
-en que se nombra al fundador del cristianismo no alcanzan más allá
-del siglo cuarto ó quinto<a id="FNanchor_1168" href="#Footnote_1168"
-class="fnanchor">[1163]</a>. La obra esencial de Jesús consistió en
-crear al rededor suyo un círculo de discípulos á quienes inspiró un
-afecto sin límites y en cuyo seno depositó el gérmen de su nueva
-doctrina. Hacerse amar «hasta el extremo de no cesar de amarle despues
-de su muerte», hé ahí la obra maestra de Jesús, la que más admiracion
-causó á sus contemporáneos<a id="FNanchor_1169" href="#Footnote_1169"
-class="fnanchor">[1164]</a>. Su doctrina era tan poco dogmática, que
-jamás se le ocurrió escribirla ni mandar que la escribiesen. Para
-ser discípulo de Jesús no se necesitaba creer en tal ó cual cosa; lo
-que se necesitaba era adherirse á él, amarle entrañablemente. Lo que
-despues de su muerte quedó de él, fueron algunas sentencias que desde
-muy temprano se recogieron de memoria, y sobre todo, su tipo moral y
-la impresion que habia producido. Jesús no es un fundador de dogmas,
-ni un inventor de símbolos; es el iniciador del nuevo espíritu llamado
-á regenerar al mundo. Los hombres ménos cristianos de cuantos han
-pretendido merecer ese título, fueron los doctores de la Iglesia griega
-que, á partir del siglo cuarto, empeñaron el cristianismo en una senda
-de pueriles discusiones metafísicas, y los escolásticos de la edad
-media latina, que quisieron deducir del evangelio millares de artículos
-de una «Suma» colosal. Adherirse á Jesús en la esperanza del reino de
-Dios<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>:—tal fué lo que
-en un principio se llamó ser cristiano.</p>
-
-<p>Así es como se comprende que, por una especie de destino
-excepcional, se presente todavía el cristianismo puro, al cabo de diez
-y ocho siglos, con el carácter de una religion universal y eterna. Y es
-porque, en efecto, la religion de Jesús contiene en sí el gérmen de la
-religion definitiva. El cristianismo, producto de un movimiento de las
-almas perfectamente espontáneo, desprendido en su cuna de toda presion
-dogmática, y habiendo luchado trescientos años por la libertad de la
-conciencia, recoge todavía los frutos de su excelente orígen, á pesar
-de las caidas que ha sufrido. Para renovarse no necesita sino volver al
-Evangelio. El reino de Dios, tal como nosotros le concebimos, difiere
-notablemente de la aparicion sobrenatural sobre las nubes que los
-primeros cristianos esperaban; pero el sentimiento que Jesús introdujo
-en el mundo es el nuestro, y su perfecto idealismo la más elevada norma
-de la vida pura y virtuosa. Jesús creó el cielo de las almas puras,
-ese refugio donde se halla lo que en vano se busca en la tierra; creó
-la pureza absoluta, la total absolucion de la mancilla del mundo, y,
-por último, la libertad que las sociedades excluyen de su seno, como
-un imposible, y que no tiene entera amplitud sino en el dominio de la
-idea. Para los que se refugian en ese ideal reino de Dios, Jesús es
-todavía el gran maestro. Él fué el primero que proclamó la soberanía
-del espíritu, el primero que dijo, dando ejemplo con sus hechos: «Mi
-reino no es de este mundo.» El fundamento de la religion verdadera es,
-pues, obra suya, y, despues de él, sólo falta fecundar y cultivar la
-divina semilla que su mano arrojó al mundo.</p>
-
-<p>Y de tal manera es así, que la palabra «cristianismo» ha llegado
-casi á ser sinónima de religion. Todo cuanto se practique prescindiendo
-de esa grande y hermosa tradicion cristiana será estéril. Jesús fundó
-la religion de la humanidad, así como Sócrates fundó la filosofía,
-como Aristóteles fundó la ciencia. Ántes de Aristóteles y de Sócrates
-hubo ciencia y filosofía:—despues de ellos, la filosofía y la ciencia
-han hecho inmensos progresos; pero todos sus adelantos descansan en la
-ancha base establecida por aquellos grandes hombres. De igual manera,
-la idea religiosa habia atravesado ántes de Jesús muchas revoluciones;
-despues de Jesús ha hecho grandes conquistas; pero ni se ha salido ni
-podrá salirse nunca de la nocion creada por el mártir del Gólgotha,
-porque él fué<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> quien
-fijó para siempre la idea del culto puro. Bajo este punto de vista, la
-religion de Jesús es ilimitada. La Iglesia ha tenido sus épocas y sus
-diferentes fases; los símbolos en que frecuentemente se ha encerrado
-fueron ó serán pasajeros:—Jesús fundó la religion absoluta, religion
-que nada excluye, que nada determina sino imágenes susceptibles de
-infinitas interpretaciones. En vano se buscará en el Evangelio una
-proposicion teológica. Todas las profesiones de fe desfiguran y falsean
-el pensamiento de Jesús, así como la escolástica de la Edad media, al
-proclamar á Aristóteles único maestro de una ciencia perfeccionada,
-falseaba el pensamiento de aquel sabio. Si Aristóteles hubiera asistido
-á los debates de la escuela, de seguro habria rechazado aquella
-raquítica doctrina y aplaudido á sus contradictores, pasándose á
-las filas de los progresistas para combatir á los rutinarios que se
-escudaban con su autoridad. De igual modo, si Jesús volviese hoy al
-mundo recogeria por sus discípulos, no á los que pretenden encerrarle
-completamente en algunas frases de catecismo, sino á los que trabajan
-en continuar su obra. En todos los órdenes de grandeza, la mayor
-gloria, la inmortal, consiste en poner la primera piedra. Posible es
-que en la «Física» y en la «Meteorología» de las ciencias modernas
-no se halle ni una sola palabra de los tratados de Aristóteles que
-tienen ese mismo título; pero no por eso deja de ser Aristóteles el
-fundador de la ciencia de la naturaleza. Cualesquiera que sean las
-trasformaciones del dogma, Jesús permanecerá siendo en religion el
-creador del sentimiento puro, y no habrá nada más allá del Sermon sobre
-la montaña. Ninguna revolucion podrá impedir que sigamos en materia
-religiosa la gran línea intelectual y moral á cuyo frente brilla el
-nombre de Jesús. Bajo este concepto, somos cristianos áun separándonos
-sobre casi todos los puntos de la tradicion que nos ha precedido.</p>
-
-<p>Esa gran fundacion fué obra personal de Jesús. Para hacerse adorar
-hasta ese punto menester es que fuese adorable. El amor no existe
-sin un objeto digno de inspirarle; y aunque nada supiéramos respecto
-á la vida de Jesús, la pasion que supo inspirar á las personas que
-le rodearon nos bastaria para creer que fué grande y puro. La fe,
-el entusiasmo y la constancia de la primera generacion cristiana no
-se explican sino suponiendo en el orígen del movimiento un hombre
-de proporciones colosales. Cuando se examinan las maravillosas
-creaciones de las edades de fe, experimenta el án<span class="pagenum"
-id="Page_238">p. 238</span>imo dos impresiones igualmente funestas á la
-buena crítica histórica. Por una parte, se inclina uno á suponer esas
-creaciones demasiado impersonales, atribuyendo á una accion colectiva
-lo que á menudo fué obra de una voluntad poderosa y de un espíritu
-superior. Y por otra parte, cuesta trabajo imaginarse que los autores
-de esos movimientos extraordinarios que han decidido el destino de la
-humanidad fueron hombres como nosotros. Tengamos, pues, un sentimiento
-más lato de los poderes que la naturaleza abriga en su seno. En
-nuestras civilizaciones regidas por una minuciosa policía no podemos
-tener idea de lo que valia el hombre en épocas en que la originalidad
-de cada uno tenía un campo mucho más libre en que desarrollar su
-accion. Supongamos por un momento que en las canteras vecinas á
-nuestras capitales vive un solitario que de cuando en cuando sale de
-su guarida para presentarse, forzando la consigna, en los palacios de
-los reyes y anúnciales con voz de trueno revoluciones cuyo promotor ha
-sido él. Esta sola idea nos hace sonreir. Pues sin embargo, tal fué el
-profeta Elías. Hoy, Elías el Thesbita no podria franquear ni la verja
-de las Tullerías. La predicacion de Jesús y su libre actitud en Galilea
-se separan tambien completamente de las condiciones sociales á que
-nos hallamos acostumbrados. Exentas de nuestras pulcras invenciones
-y de la educacion uniforme, que al paso que nos pule, disminuye en
-gran manera nuestra individualidad, aquellas almas llenas de entereza
-demostraban en la accion sorprendente energía. Ellas se nos aparecen,
-vistas á distancia, como gigantes de una edad heróica de fabulosa
-existencia. ¡Profundo error! Aquellos hombres eran nuestros hermanos,
-tuvieron nuestra talla y sintieron y pensaron como nosotros. Pero el
-soplo de Dios se hallaba libre en ellos, miéntras que en nosotros está
-encadenado por los férreos lazos de una sociedad mezquina y condenada á
-irremisible medianía.</p>
-
-<p>Coloquemos, pues, la personalidad de Jesús en la cima de la grandeza
-humana, sin dejarnos extraviar por exagerada desconfianza, hija de
-una leyenda que nos tiene siempre en un mundo sobrehumano. Tambien la
-vida de San Francisco de Asís es un tejido de milagros, y sin embargo,
-ni su existencia ni el papel que desempeñó se han puesto nunca en
-duda. Tampoco se diga que la gloria de la fundacion del cristianismo
-pertenece á la primera generacion cristiana, y no á aquel á quien
-deificó la leyenda. En Oriente, la desigualdad d<span class="pagenum"
-id="Page_239">p. 239</span>e los hombres es mucho más notable que entre
-nosotros; con frecuencia descuellan allí, en medio de una atmósfera
-general de malicia, caractéres cuya grandeza nos causa admiracion.
-Jesús, léjos de haber sido creacion de sus discípulos, aparece siempre
-superior á todos ellos. Exceptuando á San Pablo y á San Juan, los otros
-apóstoles eran hombres vulgares, sin genio y sin invencion. El mismo
-San Pablo no puede de ninguna manera compararse con Jesús; y en cuanto
-á San Juan, en otro lugar demostraré que su mision, aunque elevada en
-cierto modo, estuvo muy léjos de ser irreprochable. De ahí la inmensa
-superioridad que tienen los Evangelios sobre los demás escritos del
-Nuevo Testamento. De ahí el penoso descenso que se experimenta al pasar
-de la historia de Jesús á la de los apóstoles. Los mismos evangelistas
-que nos legaron la imágen de Jesús son tan inferiores al maestro,
-que, no pudiendo comprender su grandeza, le desfiguran á cada paso y
-le rebajan á su propio nivel. Sus escritos están plagados de errores
-y de contrasentidos:—á cada línea se echa de ver que los redactores,
-no pudiendo comprender la belleza divina de ciertos discursos, los
-trasforman con arreglo á sus propias ideas. En suma, el carácter de
-Jesús, léjos de haber sido embellecido por sus biógrafos, aparece en
-ellos más inferior. Para volver á encontrarle tal como fué, la crítica
-necesita prescindir de ciertos errores originados de la medianía
-de los discípulos. Éstos le pintaron tal como le concebian; pero,
-muchas veces, creyendo engrandecerle, no hicieron sino rebajarle
-extraordinariamente.</p>
-
-<p>No se me oculta que esa leyenda, concebida para otra raza, bajo
-otro cielo y en medio de otras necesidades sociales, tiene cosas que
-lastiman á veces nuestras ideas modernas. Hay virtudes que, en cierto
-modo, se hallan más en armonía con nuestros gustos. El honrado y suave
-Marco-Aurelio y el humilde y dulce Spinosa, no habiendo creido en
-los milagros, estuvieron exentos de algunos errores de que participó
-Jesús. En su profunda oscuridad, el segundo de esos personajes tuvo
-una ventaja que Jesús no solicitó. Por nuestra delicadeza extremada
-en el empleo de los medios de conviccion, y por nuestra sinceridad
-absoluta y nuestro amor desinteresado de la idea pura, todos los
-que consagramos nuestra vida á la ciencia hemos fundado un nuevo
-ideal de moralidad. Pero las apreciaciones de la historia no deben
-encerrarse en consideraciones de mérito personal. Marco-Aurelio y
-s<span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>us nobles maestros
-no ejercieron sobre el mundo una accion durable. Marco-Aurelio dejó
-en pos de sí libros lindísimos, un hijo execrable, un mundo que
-desaparecia:—Jesús continúa siendo para la humanidad un principio
-inagotable de morales renacimientos. Para la gran mayoría de las
-personas no basta la filosofía, es preciso que la acompañe la santidad.
-Un Apolonio de Tiana debia alcanzar más éxito con su leyenda milagrosa
-que un Sócrates con su fria razon. «Sócrates—decian—deja á los hombres
-en la tierra, miéntras que Apolonio los trasporta al cielo; Sócrates
-no es más que un sabio, Apolonio es un dios»<a id="FNanchor_1170"
-href="#Footnote_1170" class="fnanchor">[1165]</a>. Hasta hoy, la
-religion no ha podido existir sin una parte de ascetismo, de piedad, de
-maravilloso. Cuando, despues de los Antoninos, se pretendió establecer
-la religion de la filosofía, necesario fué trasformar á los filósofos
-en santos, escribir la «Vida edificante» de Pitágoras y de Plotino,
-arreglarles una leyenda, y concederles virtudes de abstinencia y
-de contemplacion y poderes sobrenaturales, sin cuyos requisitos no
-hubieran tenido ni crédito ni autoridad.</p>
-
-<p>¡Guardémonos, pues, de mutilar la historia para satisfacer nuestras
-mezquinas susceptibilidades! ¿Quién de nosotros, miserables pigmeos,
-podrá realizar lo que realizó el extravagante Francisco de Asís ó la
-histérica Santa Teresa? ¿Qué importa que la medicina posea nombres para
-explicar esos grandes extravíos de la naturaleza humana? ¿Qué importa
-que sostenga que el genio es una enfermedad del cerebro, que no vea
-en cierta delicadeza de moralidad sino un principio de tísis, y que
-clasifique el entusiasmo y el amor entre los accidentes nerviosos? Las
-palabras sano y enfermo son hasta cierto punto relativas. ¿Quién no
-prefiere hallarse enfermo como Pascal á estar saludable como el vulgo?
-Las mezquinas ideas que acerca de la locura se han propagado en nuestra
-época extravian de una manera gravísima, en las cuestiones de este
-género, nuestros juicios históricos. Hoy, el hombre que dijese cosas de
-las cuales no tuviera conciencia, ó expusiera pensamientos sin que los
-reglase la voluntad, se expondria á que le encerraran por alucinado en
-alguna casa de orates. Pues bien, ese estado se llamaba en otro tiempo
-inspiracion profética. Las más grandes cosas del mundo se han hecho
-bajo el imperio de la fiebre; toda la creacion eminente implica en el
-sér que la produce un estado violento, una ruptura de equilibrio.</p>
-<p><span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span></p> <p>Tambien
-hay que tener presente, y nosotros lo reconocemos sin dificultad, que
-el cristianismo es una obra demasiado compleja para ser el hecho de un
-solo hombre. Puede decirse que, en cierto modo, la humanidad entera
-ha colaborado en él. No hay en el mundo comarca, por aislada que
-sea, que no reciba algunas impresiones del exterior. La historia del
-espíritu humano está llena de extraños <i>sincronismos</i>, los cuales
-patentizan que, muchas veces, diferentes fracciones de la especie
-humana, situadas léjos una de otra y sin haber comunicado entre sí,
-producen ideas casi idénticas y llegan á resultados semejantes. En
-el siglo décimo tercero, y desde York á Samarkand, los Latinos, los
-Griegos, los Siriacos, los Musulmanes y los Judíos se entregan con
-pasion á disputas escolásticas, casi del mismo género; en el siglo
-décimo cuarto, Italia, Persia, la India, todo el mundo se siente
-acometido por la fiebre de la alegoría mística; en el décimo sexto se
-desarrolla el arte de una manera análoga en Italia, en el Monte-Athos,
-en la córte de los grandes Mogoles, y esto sin que entre Santo Tomás,
-Barhebræus, los rabinos de Narbona y los <i>motecallemin</i> de Bagdad
-hubiese ninguna relacion, sin que Dante y Petrarca hubiesen visto
-á ningun sofí, sin que ningun discípulo de las escuelas de Perusa
-ó de Florencia hubiese pasado á Delhi. Diríase que, á la manera de
-las epidemias, hay grandes influencias morales que recorren el mundo
-de polo á polo, sin reparar en razas ni en fronteras. En la especie
-humana, el comercio de las ideas no se opera únicamente por medio de
-los libros y de la enseñanza directa. Jesús hasta ignoraba los nombres
-de Budha, de Zoroastro y de Platon; no habia leido ningun libro griego,
-ningun <i>sutra</i> búdhico, y sin embargo, se hallan en él muchos
-elementos que, sin que Jesús lo sospechase, procedian del budismo,
-del parsismo y de la sabiduría griega. Esas corrientes se operan por
-conductos misteriosos, por esa especie de simpatía que existe entre
-las diferentes porciones de la humanidad. Los grandes hombres, si bien
-dominan la época en que viven, tambien reflejan hasta cierto punto
-las ideas que en ella circulan. Demostrar que la religion fundada por
-Jesús fué la consecuencia natural de lo que ántes habia existido, no
-es disminuir su excelencia, sino probar que tuvo su razon de ser, que
-fué legítima, esto es, conforme con los instintos y con las necesidades
-del corazon en un siglo determinado.</p> <p><span class="pagenum"
-id="Page_242">p. 242</span></p> <p>¿Sería justo decir por eso que Jesús
-lo debe todo al judaismo y que su grandeza no es sino la grandeza del
-pueblo judío? Yo soy el primero en reconocer la grande elevacion de
-ese pueblo, único en la tierra, cuyo dón particular parece haber sido
-contener en su seno los opuestos gérmenes del bien y del mal. Jesús
-salió, sin duda, del judaismo; pero salió de él como Sócrates salió de
-las escuelas de sofistas, como Lutero de la Edad media, como Lamennais
-del catolicismo, como Rousseau del siglo diez y ocho. El hombre
-pertenece á su siglo y á su raza, aunque su accion se dirija contra
-su raza y contra su siglo. Jesús, léjos de continuar el judaismo,
-representa, por el contrario, la ruptura con el espíritu judío. Áun
-suponiendo que sobre este punto pudiera su pensamiento prestarse á
-algun equívoco, la direccion general del cristianismo no dejaria
-ninguna duda, puesto que le vemos desde su cuna, alejándose más y más
-del judaismo. Su perfeccionamiento consistirá en volver á Jesús, pero
-no al espíritu judáico. La grande originalidad del fundador permanece,
-pues, entera, sin que su gloria admita ningun participante legítimo.</p>
-
-<p>Es indudable que las circunstancias contribuyeron mucho al éxito de
-esta maravillosa revolucion; pero tambien lo es que las circunstancias
-no secundan sino lo que es justo y verdadero. Cada ramo del desarrollo
-de la humanidad tiene una época determinada, en la cual, por una
-especie de instinto espontáneo, llega sin violencia á adquirir su
-mayor perfeccionamiento. Ningun trabajo de reflexion consigue producir
-inmediatamente las obras maestras que en esos momentos de fiebre crea
-la naturaleza por medio de genios inspirados. El siglo de Jesús fué
-á la religion lo que fueron á las artes y á las letras profanas los
-hermosos siglos de la Grecia. La sociedad judáica ofrecia entónces
-el más extraordinario estado moral é intelectual que haya conocido
-jamás la especie humana. Aquélla fué verdaderamente una de esas
-horas divinas en que mil fuerzas ocultas conspiran á la produccion
-de lo grande y lo sublime, en que brotan por doquiera raudales de
-admiracion y simpatía para servir de apoyo á las almas elevadas. El
-mundo rescatado de la menguada tiranía de las repúblicas municipales,
-gozaba entónces de gran libertad. El despotismo romano no se dejó
-sentir de una manera fatal sino mucho despues, y además, en aquellas
-lejanas provincias fué siempre ménos abrumador que en el centro del
-imperio.<span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span> Nuestras
-mezquinas y suspicaces medidas preventivas (mucho más perjudiciales
-para las cosas del espíritu que la misma muerte) no existian en aquella
-época. La vida que Jesús hizo por espacio de tres años le habria
-conducido veinte veces, en nuestra sociedad, ante los tribunales de
-justicia. Sólo nuestras leyes sobre el ejercicio ilegal de la medicina
-habrian bastado para detenerle al principio de su carrera. Por otra
-parte, la incrédula dinastía de los Heródes miraba con indiferencia
-los movimientos religiosos; bajo los Asmoneos es muy probable que
-Jesús no hubiese ido más allá de sus primeras tentativas. En semejante
-estado social, un innovador no arriesgaba sino la vida; mas ¿no es la
-muerte la que facilita el camino á los que trabajan para el porvenir?
-¡Que cualquiera se imagine á Jesús reducido á soportar hasta sesenta ó
-setenta años el peso de su divinidad, perdiendo la celeste llama que
-en él ardia y gastándose poco á poco bajo las necesidades de un papel
-inaudito! Aquellos que nacen marcados con un sello de grandeza van á
-la gloria por una especie de atraccion irresistible, de órden fatal, y
-todo conspira á facilitarles el camino.</p>
-
-<p>Permitido es, pues, llamar divina á esa personalidad sublime que
-todavía preside los destinos del mundo; mas no porque Jesús haya
-absorbido en sí todo lo divino, ó (para emplear los términos de la
-escolástica) porque le haya sido adecuado; sino porque él es el
-individuo que ha hecho dar á su especie el paso más avanzado hácia
-la divinal region. La humanidad, considerada en globo, ofrece un
-conjunto de seres abyectos, egoistas, que son superiores al animal,
-por cuanto á que su egoismo es más reflexionado. Pero en medio de esa
-uniforme vulgaridad se elevan hácia el cielo columnas cuya celsitud
-da testimonio de un destino más noble. De todas esas columnas que
-enseñan al hombre de donde procede y á dónde debe dirigirse, Jesús es
-la más elevada, la más grandiosa. En él se reconcentró cuanto de noble
-y bueno se contiene en nuestra naturaleza. Jesús no fué impecable,
-y tuvo que vencer las mismas pasiones que nosotros combatimos; si
-algun ángel le confortó, fué el de su buena conciencia; si algun
-Satanás se llegó á tentarle, fué el que cada uno abriga en su propio
-corazon. Posible es que muchas de sus faltas hayan quedado ocultas,
-así como ha desaparecido una parte de su grandeza á causa de la pobre
-interpretacion de sus discípulos. Pero nadie como él supo durante su
-vida<span class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> someter las
-pequeñeces del amor propio al interes de la humanidad. Consagrado sin
-reserva á su idea, se lo subordinó todo á tal extremo, que, hácia
-el fin de su vida, el universo no existia ya para él. Ese acceso de
-voluntad heróica fué el que le conquistó el cielo. No ha habido ningun
-hombre (exceptuando quizás á Sakia-Muni) que haya despreciado hasta
-ese punto los lazos de la familia, los goces del mundo, todas las
-preocupaciones terrenales. Jesús no vivia sino para su Padre y para la
-mision divina, cuyo íntimo convencimiento abrigaba.</p>
-
-<p>En cuanto á nosotros, niños sempiternos condenados á la impotencia;
-nosotros, que trabajamos sin cosechar, y que no verémos nunca el fruto
-de nuestra siembra, ¡inclinémonos con respeto ante la grandiosa figura
-de esos semidioses! Ellos supieron lo que nosotros ignoramos, esto
-es:—crear, afirmar, obrar. ¿Renacerá otra vez la grande originalidad,
-ó se contentará el mundo en adelante con seguir marchando por las
-vias que trazaron los audaces creadores de las antiguas edades? Lo
-ignoramos; pero cualesquiera que sean los fenómenos que se produzcan
-en el porvenir, nadie sobrepujará á Jesús. Su culto se rejuvenecerá
-incesantemente; su leyenda provocará lágrimas sin cuento; su martirio
-enternecerá los mejores corazones, y todos los siglos proclamarán
-que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno que pueda
-comparársele.</p>
-
-
-<p class="centra fs90 ws1 mt3">FIN DE LA VIDA DE JESÚS</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="Notas">
- <p><span class="pagenum" id="Page_245">p. 245</span></p>
- <h2 class="nobreak g1"><big>NOTAS</big></h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-
-<p class="centra ws1 mt3">NOTAS DE LA INTRODUCCION</p>
-<hr class="tir" />
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[1]</a> Los
-grandes resultados obtenidos sobre este punto han sido adquiridos
-solamente despues de la primera edicion del Sr. Strauss. El eminente
-crítico, en sus ediciones sucesivas, los ha aprobado con una entera
-buena fe.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[2]</a> No es
-necesario recordar que nada en el libro del Sr. Strauss justifica la
-extraña y absurda calumnia con la cual se ha pretendido desacreditar
-cerca de personas superficiales un libro cómodo, exacto, ingenioso,
-concienzudo, aunque maleado en sus partes generales por un sistema
-exclusivo. El Sr. Strauss nunca ha negado la existencia de Jesús, pues
-cada página de su libro implica esa existencia. Lo que hay de verdadero
-es, que el Sr. Strauss supone el carácter individual de Jesús mucho más
-oscurecido para nosotros que no lo es en realidad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[3]</a> Si puede
-llamársele «hombre.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[4]</a> En lugar
-de <span xml:lang="grc" lang="grc">Χριστὸς οὗτος ἦν</span> seguramente
-se leia <span xml:lang="grc" lang="grc">Χριστὸς οὗτος ἐλέγετο</span>.
-Cf. <i>Ant</i>., XX, IX, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[5]</a>
-Eusebio (<i>Hist. eccl.</i>, I, 11, y <i>Demonstr. Evang.</i>, III,
-5) cita el pasaje sobre Jesús como le leemos ahora en Josefo. Orígenes
-(<i>Contra Celso</i>, I, 47; II, 13) y Eusebio (<i>Hist. eccl.</i>, II,
-23) citan otra interpolacion cristiana que no se halla en ninguno de
-los manuscritos de Josefo llegados á nuestras manos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[6]</a> Judæ
-epist., 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[7]</a> Las
-personas que deseen más ámplios detalles pueden leer, además de la
-obra del Sr. Réville, los trabajos de los Sres. Reuss y Scherer en
-la <i>Revue de théologie</i>, t. X, XI, XV, nouv. série, II, III,
-IV, y tambien el de Nicolas <span class="pagenum" id="Page_246">p.
-246</span>en la <i>Revue germanique</i>, Set. y Dic. de 1862, Abril y
-Junio de 1863.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[8]</a>
-Así se decia: «Evangelio segun los Hebreos», «Evangelio segun los
-Egipcios.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[9]</a> Luc.,
-<span class="asc">I</span>, 1-4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[10]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 1. Comp. Luc., <span
-class="asc">I</span>, 1-4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[11]</a> Á
-partir de <span class="asc">XVI</span>, 10, el autor se da como testigo
-ocular.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[12]</a>
-II Tim., <span class="asc">IV</span>, 11; Philem., 24; Col., <span
-class="asc">IV</span>, 14. El nombre de Lúcas (contraccion de Lucanus),
-siendo muy escaso, no hay que temer una de esas homonimias que dejan
-tanta perplejidad en las cuestiones de crítica relativas al Nuevo
-Testamento.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[13]</a> Vers.
-9, 20, 24, 28, 32. Comp. <span class="asc">XXII</span>, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[14]</a> En
-Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39. No es posible abrigar ni una duda
-sobre la autenticidad de este pasaje. En efecto, léjos de exagerar la
-autoridad de Papias, Eusebio no sabe qué hacer de su ingenuidad y su
-pobre miliarismo, y sale de apuros tratándole de ingenio menguado.
-Comp. Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, III, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[15]</a> Es
-decir, en dialecto semítico.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[16]</a> Luc.,
-<span class="asc">I</span>, 1-2; Orígenes, <i>hom. in Luc.</i>, I,
-init.; San Jerónimo, <i>Comment. in Math.</i>, prol.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[17]</a>
-Papias, en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39. Comp. Ireneo,
-<i>Adv. hær.</i>, III, <span class="asc">II</span> y <span
-class="asc">III</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[18]</a> Así
-es como el hermoso relato de Juan, <span class="asc">VIII</span>, 1-11,
-ha estado siempre vacilando sin encontrar su lugar fijo en el cuadro de
-los evangelios admitidos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[19]</a> <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Τὰ ἀπομνημονεύματα τῶν ἀποστόλων, ἃ καλεῖται
-εὐαγγέλια</span>. Justino, <i>Apol.</i>, <span class="asc">I</span>,
-33, 66, 67; <i>Dial. cum Tryph.</i>, 10, 100, hasta 107.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[20]</a> Julio
-Africano, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, I, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[21]</a>
-<i>Apol.</i>, I, 32, 61; <i>Dial. cum Tryph.</i>, 88.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[22]</a>
-<i>Legatio pro christ.</i>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[23]</a>
-<i>Adv. Græc.</i>, 5, 7. Cf. Eusebio, <i>H. E.</i>, IV, 29; Teodoreto,
-<i>Hæretic. fabul.</i>, I, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[24]</a> <i>Ad
-Autolycum</i>, II, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[25]</a>
-<i>Adv. hær.</i>, II, <span class="asc">XXII</span>, 5; III, <span
-class="asc">I</span>. Cf. Eus., <i>H. E.</i>, V, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[26]</a>
-Iren., <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">III</span>, 6; III, <span
-class="asc">XI</span>, 7; San Hipól., <i>Philosophumena</i>, VI, <span
-class="asc">II</span>, 29 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[27]</a>
-Iren., <i>Adv. hær.</i>, III, <span class="asc">XI</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[28]</a>
-Euseb., <i>Hist. eccl.</i>, V, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[29]</a> I
-Joann., I, 3, 5. En estilo, inversiones, giros, expresiones favoritas,
-en todo, ofrecen las dos narraciones la más completa identidad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[30]</a>
-<i>Epist. ad Philip.</i>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[31]</a>
-Euseb., <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[32]</a>
-<i>Adv. hær.</i>, III, <span class="asc">XVI</span>, 5, 8. Cf. Euseb.,
-<i>Hist. eccl.</i>, V, 8.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[33]</a> Juan,
-<span class="asc">XIII</span>, 23; <span class="asc">XIX</span>, 26;
-<span class="asc">XX</span>, 2; <span class="asc">XXI</span>, 7, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[34]</a> Juan,
-<span class="asc">XVIII</span>, 15-16; <span class="asc">XX</span>,
-2-6; <span class="asc">XXI</span>, 15-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[35]</a> Juan,
-<span class="asc">VI</span>, 65; <span class="asc">XII</span>, 6; <span
-class="asc">XIII</span>, 21 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[36]</a> El
-modo como Aristion ó <i>Presbyteros Joannes</i> se expresa respecto
-al evangelio de Márcos en presencia de Papias, implica en efecto
-una crítica benévola, ó mejor una excusa, que parece demostrar que
-los discípulos de Juan concebian sobre la misma materia alguna cosa
-mejor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[37]</a> Comp.
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15 y sig., con Math., <span
-class="asc">XXVI</span>, 58; Juan, <span class="asc">XX</span>, 2-6,
-con Marc., <span class="asc">XVI</span>, 7. Véase tambien á Juan, <span
-class="asc">XIII</span>, 24-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[38]</a> Juan,
-<span class="asc">I</span>, 14; <span class="asc">XIX</span>, 35; <span
-class="asc">XXI</span>, 24 y sig. Comp. la 1.ª epist. de San Juan,
-<span class="asc">I</span>, 3, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[39]</a>
-Véase, por ejemplo, cap. <span class="asc">IX</span> y <span
-class="asc">XI</span>. Nótese el extraño efecto que producen los
-trozos como los de Juan, <span class="asc">XIX</span>, 35; <span
-class="asc">XX</span>, 31; <span class="asc">XXI</span>, 20-23, 24, 25,
-cuando se los compara con la ausencia de toda reflexion que distingue á
-los sinópticos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[40]</a>
-Por ejemplo, <span class="asc">IV</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">XX</span>, 12 y sig. Muchas voces recordadas por Juan
-vuelven á encontrarse en los sinópticos (<span class="asc">XII</span>,
-16; <span class="asc">XV</span>, 20).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[41]</a>
-Así es que Napoleon vino á ser un liberal en los recuerdos de sus
-compañeros de destierro, cuando estos últimos, despues de su regreso,
-se hallaron en medio de la sociedad política del tiempo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[42]</a> Los
-versículos <span class="asc">XX</span>, 30-31, son evidentemente la
-antigua conclusion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[43]</a> Juan,
-<span class="asc">VI</span>, 2, 22; <span class="asc">VII</span>,
-22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[44]</a> Por
-ejemplo, lo que corresponde al anuncio de la traicion de Júdas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[45]</a>
-Véase, por ejemplo, Juan, <span class="asc">II</span>, 25; <span
-class="asc">III</span>, 32-33, y las largas disputas en los cap.
-<span class="asc">VII</span>, <span class="asc">VIII</span>, <span
-class="asc">IX</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_51" href="#FNanchor_51" class="label">[46]</a>
-Muchas veces se conoce que el autor busca pretextos para colocar
-algunos discursos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_52" href="#FNanchor_52" class="label">[47]</a>
-Además de los sinópticos, véase Hech., Epístolas de San Pablo,
-Apocal.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_53" href="#FNanchor_53" class="label">[48]</a> Juan,
-<span class="asc">III</span>, 3, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_54" href="#FNanchor_54" class="label">[49]</a>
-Por ejemplo, el perdon de la mujer pecadora, el conocimiento que
-tiene Lúcas de la familia de Bethania, su tipo del carácter de Martha
-correspondiendo al <span xml:lang="grc" lang="grc">διηκόνει</span> de
-Juan (<span class="asc">XII</span>, 2), el hecho de la mujer que enjugó
-con sus cabellos los piés de Jesús, una nocion oscura de los viajes de
-Jesús á Jerusalen, la idea de que en la Pasion compareció delante de
-tres autoridades, la opinion del autor al creer que algunos discípulos
-asistian á la crucifixion, el conocimiento que tiene del papel de Annás
-al lado de Caifás, la aparicion del ángel en la agonía. (Comp. Juan,
-<span class="asc">XII</span>, 28, 29.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_55" href="#FNanchor_55" class="label">[50]</a> Sobre
-todo, cap. <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>.
-Véase <span class="asc">XXVII</span>, 3 y sig.; <span
-class="asc">XIX</span>, 51-53, 60; <span class="asc">XXVIII</span>, 2 y
-sig., compar. con Marc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_56" href="#FNanchor_56" class="label">[51]</a>
-Marc., <span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span><span
-class="asc">V</span>, 41; <span class="asc">VII</span>, 34. Una sola
-vez ofrece Matheo esa particularidad (<span class="asc">XXVII</span>,
-46).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_57" href="#FNanchor_57" class="label">[52]</a> Luc.,
-<span class="asc">XIV</span>, 26. Las reglas del apostolado (cap. <span
-class="asc">X</span>) tienen en ella un carácter muy exaltado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_58" href="#FNanchor_58" class="label">[53]</a> Luc.,
-<span class="asc">XIX</span>, 41, 43-44; <span class="asc">XXI</span>,
-9, 20; <span class="asc">XXIII</span>, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_59" href="#FNanchor_59" class="label">[54]</a> Luc.,
-<span class="asc">II</span>, 37; <span class="asc">XVIII</span>, 10 y
-sig.; <span class="asc">XXIV</span>, 53.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_60" href="#FNanchor_60" class="label">[55]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 23. Omite á Matheo, <span
-class="asc">XXIV</span>, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_61" href="#FNanchor_61" class="label">[56]</a> Luc.,
-<span class="asc">IV</span>, 14; <span class="asc">XXII</span>, 43,
-44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_62" href="#FNanchor_62" class="label">[57]</a> Por
-ejemplo, en lo que concierne á Quirinius, Lysanias, Theudas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_63" href="#FNanchor_63" class="label">[58]</a>
-Comp. Luc., <span class="asc">I</span>, 31; con Math., <span
-class="asc">I</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_64" href="#FNanchor_64" class="label">[59]</a>
-La comida de Bethania le proporciona dos relatos (<span
-class="asc">VII</span>, 36-48, y <span class="asc">X</span>, 38-42).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_65" href="#FNanchor_65" class="label">[60]</a> Luc.,
-<span class="asc">II</span>, 21, 22, 39, 41, 42. Es un rasgo ebionita.
-V. <i>Philosophumena</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_66" href="#FNanchor_66" class="label">[61]</a> La
-parábola del rico y de Lázaro. Comp. <span class="asc">VI</span>,
-20 y sig.; 24 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 13 y sig.;
-<span class="asc">XVI</span> entero; <span class="asc">XXII</span>,
-35. Comp. <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 44, 45; <span
-class="asc">V</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_67" href="#FNanchor_67" class="label">[62]</a>
-La mujer que unge los piés, Zacheo, el buen ladron, la parábola del
-fariseo y del publicano, el hijo pródigo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_68" href="#FNanchor_68" class="label">[63]</a> Por
-ejemplo, María de Bethania es para él una pecadora convertida.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_69" href="#FNanchor_69" class="label">[64]</a> Jesús
-llorando sobre Jerusalen, el sudor de sangre, el encuentro de las
-santas matronas, el buen ladron, etc. Las palabras á las mujeres de
-Jerusalen (<span class="asc">XXIII</span>, 28, 29) no pueden haber sido
-concebidas sino despues del sitio del año 70.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_70" href="#FNanchor_70" class="label">[65]</a>
-Véase, por ejemplo, Juan <span class="asc">XIX</span>, 23-24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_71" href="#FNanchor_71" class="label">[66]</a>
-<i>Gazette des Tribunaux</i>, 10 de Set. y 11 de Noviembre de 1851, 28
-de Mayo de 1857.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO PRIMERO</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_72" href="#FNanchor_72" class="label">[67]</a> Esta
-palabra indica sencillamente los pueblos que hablan ó han hablado
-una de las lenguas llamadas semíticas. Esa designacion es del todo
-defectuosa, pero es uno de esos vocablos, como «arquitectura gótica»,
-«cifras árabes», que es preciso conservar para entenderse mejor.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_73" href="#FNanchor_73" class="label">[68]</a>
-Isaías, <span class="asc">II</span>, 1-4, y sobre todo los cap. <span
-class="asc">XL</span> y sig.; <span class="asc">LX</span> y siguientes;
-Miqueas, <span class="asc">IV</span>, 1 y sig. Es menester tener
-presente que la 2.ª parte del libro de Isaías, á partir del capítulo
-<span class="asc">XL</span>, no es de Isaías.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_74" href="#FNanchor_74" class="label">[69]</a>
-Isa., <span class="asc">LII</span>, 13 y sig.; y <span
-class="asc">LIII</span> entero.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_75" href="#FNanchor_75" class="label">[70]</a>
-Ester, <span class="asc">IX</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_76" href="#FNanchor_76" class="label">[71]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 15; Josefo, <i>Vita</i>,
-23; <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 10;
-VII, <span class="asc">III</span>, 3; <i>Ant.</i>, XX, <span
-class="asc">II</span>, 4; Horac., <i>Sat.</i>, I, <span
-class="asc">IV</span>; Juv., <span class="asc">XIV</span>, 96 y sig.;
-Tácito, <i>Ann.</i>, II, 85; <i>Hist.</i>, V, 5; Dion Cassius, <span
-class="asc">XXXVII</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_77" href="#FNanchor_77" class="label">[72]</a>
-Mischna, <i>Schebiit</i>, <span class="asc">X</span>, 9; Talmud de
-Babil., <i>Niddah</i>, fol. 13 <i>b</i>; <i>Jebamoth</i>, 47 <i>b</i>;
-<i>Kidduschin</i>, 70 <i>b</i>; Midrasch, <i>Jalkut Ruth</i>, fol. 163
-<i>d</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_78" href="#FNanchor_78" class="label">[73]</a> Carta
-apócrifa de Baruch, en Fabricius, <i>Cod. pseud. V. T.</i>, II, 147 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_79" href="#FNanchor_79" class="label">[74]</a> II
-libro de los Macabeos, cap. <span class="asc">VII</span>, y <i>De
-Maccabæis</i> atribuido á Josefo. Epístola á los Hebreos, <span
-class="asc">XI</span>, 33 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_80" href="#FNanchor_80" class="label">[75]</a>
-III libro (apóc.) de los Macabeos; Rufino, sup. ad Jos., <i>Contra
-Apionem</i>, <span class="asc">II</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_81" href="#FNanchor_81" class="label">[76]</a> Dan.,
-<span class="asc">VII</span>, 13 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_82" href="#FNanchor_82" class="label">[77]</a>
-<i>Vendidad</i>, <span class="asc">XIX</span>, 18, 19;
-<i>Minokhired</i>, trozo publicado en la <i>Zeitschrift der Deutschen
-Morgenländischen Gesellschaft</i>, I, 263; <i>Boundehesch</i>, <span
-class="asc">XXXI</span>. La falta de cronología segura para los
-textos zendo y pelvi deja mucha duda sobre estas semejanzas entre las
-creencias judías y persas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_83" href="#FNanchor_83" class="label">[78]</a>
-Virg., Egl., <span class="asc">IV</span>. El <i>Cumæum carmen</i>
-(<span class="asc">V</span>, 4) era una especie de apocalípsis
-sibilino empapado en la filosofía de la historia familiar al Oriente.
-Ver á Servius sobre este verso, y <i>Carmina sibyllina</i>, <span
-class="asc">III</span>, 97-817. Tác., <i>Hist.</i>, V, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_84" href="#FNanchor_84" class="label">[79]</a> Luc.,
-<span class="asc">II</span>, 25 y sig.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO II</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_85" href="#FNanchor_85" class="label">[80]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 1 y sig.; Juan, <span class="asc">I</span>,
-45-46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_86" href="#FNanchor_86" class="label">[81]</a> No se
-halla nombrada en los escritos del Antiguo Testamento, ni en Josefo, ni
-en el Talmud.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_87" href="#FNanchor_87" class="label">[82]</a>
-Marc., <span class="asc">I</span>, 24; Luc., <span
-class="asc">XVIII</span>, 37; Juan, <span class="asc">XIX</span>,
-19; <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 22; <span
-class="asc">III</span>, 6. De ahí viene el nombre de <i>Nazarenos</i>
-dado desde mucho tiempo hace á los cristianos, y con el cual se los
-designa aún en todos los países musulmanes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_88" href="#FNanchor_88" class="label">[83]</a>
-El empadronamiento hecho por Quirino es posterior (diez años á
-lo ménos) al año en que, segun Lúcas y Matheo, nació Jesús. Los
-dos evangelios, en efecto, hacen nacer á Jesús bajo el reinado de
-Heródes (Math., <span class="asc">II</span>, 1, 19, 22; Luc., <span
-class="asc">I</span>, 5). El empadronamiento de Quirino tuvo lugar
-despues de la deposicion de Archelao, es decir, diez años despues de la
-muerte de Heródes, el 37 de la era de Actio (Josefo, <i>Ant.</i>, XVII,
-<span class="asc">XIII</span>, 5; XVIII, <span class="asc">I</span>,
-1; <span class="asc">II</span>, 1). La inscripcion por la cual se
-pretendia otras veces establecer que Quirino hizo dos empadronamientos
-se ha reconocido como falsa. En todo caso, el empadronamiento no se
-habria aplicado sino á los territorios convertidos en provincia romana,
-y no á las tetrarquías. Los textos por los cuales se pretende probar
-que algunas de las operaciones de estadística y de catastro ordenadas
-por Augusto se extendieron al dominio de los Heródes, ó no implican lo
-que de ello se quiere deducir, ó son de autores cristianos que tomaron
-este dato del evangelio de Lúcas. Lo que prueba que el viaje de la
-familia de Jesús á Bethlehem no tiene nada de histórico, es el motivo
-que se le atribuye. Jesús no era de la familia de David, y aunque
-lo hubiese sido, no se puede comprender cómo sus parientes habrian
-sido obligados, por una operacion puramente catastral y rentística, á
-venir á inscribirse á un lugar abandonado por sus abuelos desde hacia
-más de mil años. Imponer una obligacion de esta clase hubie<span
-class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span>ra sido para la autoridad
-romana sancionar pretensiones peligrosísimas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_89" href="#FNanchor_89" class="label">[84]</a> Cap.
-<span class="asc">XIV</span> de la obra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_90" href="#FNanchor_90" class="label">[85]</a>
-Math., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.; Luc., <span
-class="asc">II</span>, 1 y sig. La omision de este relato en Márcos y
-los dos trozos paralelos, Math., <span class="asc">XIII</span>, 54, y
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 1, donde Nazareth figura como «la
-patria» de Jesús, prueban que semejante leyenda faltaba en el texto
-primitivo que proporcionó la trama narrativa de los evangelios actuales
-de Matheo y de Márcos. Sin duda para contestar á numerosas y repetidas
-objeciones añadieron al principio del evangelio de Matheo reservas
-cuya contradiccion con el resto del texto no eran bastante flagrantes
-para creerse en la obligacion de corregir las partes que ántes se
-habian escrito bajo otro punto de vista. Por el contrario, Lúcas (<span
-class="asc">IV</span>, 16), escribiendo con reflexion, ha empleado, á
-fin de ser consecuente, una expresion más mitigada. Respecto á Juan, no
-sabe nada del viaje á Bethlehem; en su concepto, Jesús es sencillamente
-«de Nazareth» ó «Galileo», y esto en dos circunstancias donde hubiera
-sido de la más alta importancia recordar su nacimiento en Bethlehem
-(<span class="asc">I</span>, 45, 46; <span class="asc">VII</span>,
-41-42).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_91" href="#FNanchor_91" class="label">[86]</a>
-Sábese que el cálculo que sirve de base á la era vulgar fué hecho en el
-siglo sexto por Dionisio el Menor. Ese cálculo implica ciertos datos
-puramente hipotéticos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_92" href="#FNanchor_92" class="label">[87]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 21; Luc., <span
-class="asc">I</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_93" href="#FNanchor_93" class="label">[88]</a>
-<i>Gelil haggoyim</i> «círculo de los gentiles.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_94" href="#FNanchor_94" class="label">[89]</a>
-Strabon, XVI, <span class="asc">II</span>, 35; Jos., <i>Vita</i>,
-12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_95" href="#FNanchor_95" class="label">[90]</a> Luégo
-se explicará (cap. <span class="asc">XIV</span>) el orígen de las
-genealogías destinadas á emparentarle con la raza de David.—Suprimidas
-por los Ebionim (Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XXX</span>,
-14).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_96" href="#FNanchor_96" class="label">[91]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 55; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 3; Juan, <span class="asc">VI</span>, 42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_97" href="#FNanchor_97" class="label">[92]</a> El
-rudo aspecto de las ruinas que cubren la Palestina prueba que estaban
-muy mal construidas las ciudades que no habian sido reedificadas segun
-el estilo romano. Respecto á la disposicion de las casas, es en la
-Siri<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span>a tan sencilla y
-tan adecuada al clima, que nunca ha debido ser otra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_98" href="#FNanchor_98" class="label">[93]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 46 y sig.; <span
-class="asc">XIII</span>, 55 y sig.; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 31 y sig.; <span class="asc">VI</span>,
-3; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 19 y sig.; Juan, <span
-class="asc">II</span>, 12; <span class="asc">VII</span>, 3, 5, 10;
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_99" href="#FNanchor_99" class="label">[94]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_100" href="#FNanchor_100" class="label">[95]</a>
-Esas dos hermanas del mismo nombre implican un hecho singular.
-Probablemente hay en ello alguna inexactitud hija de la costumbre de
-dar casi indistintamente á las galileas el nombre de María.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_101" href="#FNanchor_101" class="label">[96]</a>
-No son etimológicamente idénticos. <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Ἀλφαῖος</span> es la transcripcion del nombre siro-caldeo
-<i>Halphai</i>; <span xml:lang="grc" lang="grc">Κλωπᾶς</span> ó <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Κλεόπας</span> es una forma abreviada de
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Κλεόπατρος</span>. Pero tal vez haya en
-esto una sustitucion artificial de uno al otro; así como los José se
-hacian llamar «<i>Hegesipo</i>», los Eliakim «<i>Alcimus</i>», etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_102" href="#FNanchor_102" class="label">[97]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_103" href="#FNanchor_103" class="label">[98]</a>
-En efecto, los cuatro personajes indicados (Math., <span
-class="asc">XIII</span>, 55; Marc., <span class="asc">VI</span>, 3)
-como hijos de María, madre de Jesús, Santiago, José, Simon y Júdas,
-vuelven á aparecer como si fuesen hijos de María y de Cleophás (Math.,
-<span class="asc">XXVII</span>, 56; Marc., <span class="asc">XV</span>,
-40; Gal., <span class="asc">I</span>, 19; <i>Epist. Jac.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 1; <i>Epist. Judæ</i>, 1; Euseb., <i>Chron.</i>,
-ad ann. R. <span class="asc">DCCCX</span>; <i>Hist. eccl.</i>,
-<span class="asc">III</span>, 11, 32; <i>Cons. apos.</i>, <span
-class="asc">VII</span>, 46). La hipótesis que proponemos puede
-únicamente resolver la enorme dificultad que se encuentra en suponer
-dos hermanas teniendo tres ó cuatro hijos con los mismos nombres,
-y en admitir que Santiago y Simon, los dos primeros obispos de
-Jerusalen, calificados de «hermanos del Señor», fuesen verdaderos
-hermanos de Jesús, los cuales empezaron por serle hostiles para
-convertirse despues. El evangelista, oyendo llamar á aquellos cuatro
-hijos de Cleophás «hermanos del Señor», pondria, por equivocacion, sus
-nombres en el pasaje <i>Math.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 55
-= <i>Marc.</i>, <span class="asc">VI</span>, 3, en lugar del nombre
-de los verdaderos hermanos que permanecieron en la oscuridad. Así
-se explica cómo el carácter de los personajes llamados «hermanos
-del Señor», de Santiago por ejemplo, es tan diferente del de
-los verdaderos hermanos de Jesús, tal como le traza Juan, <span
-class="asc">VII</span>, 3 y sig. La expresion «hermanos del Señor»
-evidentemente constituyó en la primitiva iglesia una especie de
-jerarquía paralela á la de los apóstoles. (Véase <i>I Cor.</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 5.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_104" href="#FNanchor_104" class="label">[99]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_105" href="#FNanchor_105" class="label">[100]</a>
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_106" href="#FNanchor_106" class="label">[101]</a>
-Segun Josefo (<i>B. J.</i>, III, <span class="asc">III</span>, 2),
-<span class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span>el más pequeño
-burgo de Galilea tenía más de cinco mil habitantes. Probablemente hay
-exageracion.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO III</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_107" href="#FNanchor_107" class="label">[102]</a>
-Juan, <span class="asc">VIII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_108" href="#FNanchor_108" class="label">[103]</a>
-<i>Testam. de los doce Patr.</i>, Leví, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_109" href="#FNanchor_109" class="label">[104]</a>
-Math. <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc. <span
-class="asc">XV</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_110" href="#FNanchor_110" class="label">[105]</a>
-Traducciones y comentarios judíos, de la época talmúdica.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_111" href="#FNanchor_111" class="label">[106]</a>
-Mischna, <i>Schabbath</i>, <span class="asc">I</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_112" href="#FNanchor_112" class="label">[107]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Juan, <span
-class="asc">VII</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_113" href="#FNanchor_113" class="label">[108]</a>
-Mischna, <i>Schekalim</i>, <span class="asc">III</span>, 2; Talmud
-de Jerusalen, <i>Megilla</i>, halaca <span class="asc">XI</span>,
-<i>Sota</i>, <span class="asc">VII</span>, 1; Talmud de Babilonia,
-<i>Baba Kama</i>, 83 <i>a</i>; <i>Megilla</i>, 8 <i>b</i> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_114" href="#FNanchor_114" class="label">[109]</a>
-Math. <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc. <span
-class="asc">III</span>, 17; <span class="asc">V</span>, 41;
-<span class="asc">VII</span>, 34; <span class="asc">XIV</span>,
-36; <span class="asc">XV</span>, 34. La expresion <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ἡ πάτριος φωνή</span>, en los escritores
-de aquel tiempo, designa siempre el dialecto semítico que se
-usaba en Palestina (II Macab., <span class="asc">VII</span>,
-21, 27; <span class="asc">XII</span>, 37; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">XXI</span>, 37, 40; <span class="asc">XXII</span>, 2;
-<span class="asc">XXVI</span>, 14; Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII,
-<span class="asc">VI</span>, 10; XX, sub. fin., etc.). Luégo
-demostrarémos que algunos de los documentos que sirvieron de
-base á los evangelios sinópticos fueron escritos en ese dialecto
-semítico. Lo mismo sucedió respecto á algunos apócrifos (libro IV
-de los Macab., <span class="asc">XVI</span>, <i>ad calcem</i>,
-etc.). Por último, la cristiandad directamente nacida del primer
-movimiento galileo (Nazarenos, Ebionim, etc.), que se continuó por
-mucho tiempo en la Batanea y en el Hauran, hablaba un dialecto
-semítico. (Euseb., <i>De situ et nomin. loc. heb.</i> á la voz <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Χωβά</span>; Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span
-class="asc">XXIX</span>, 7, 9; <span class="asc">XXX</span>, 3; San
-Jerónimo, <i>in Matth.</i>, <span class="asc">VII</span>, 13; <i>Dial.
-adv. Pelag.</i>, III, 2).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_115" href="#FNanchor_115" class="label">[110]</a>
-Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XI</span>, 1; Talmud de
-Babilonia, <i>Baba Kama</i>, 82 <i>b</i> y 83 <i>a</i>; <i>Sota</i>, 49
-<i>a</i> y <i>b</i>; <i>Menachoth</i>, 64 <i>b</i>; Comp. II, Macab.
-<span class="asc">IV</span>, 10 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_116" href="#FNanchor_116" class="label">[111]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">XI</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_117" href="#FNanchor_117" class="label">[112]</a>
-Talmud de Jerusalen, <i>Peah</i>, <span class="asc">I</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_118" href="#FNanchor_118" class="label">[113]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, loc. cit.; Oríg., <i>Contra Celsum</i>, <span
-class="asc">II</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_119" href="#FNanchor_119" class="label">[114]</a>
-Talmud de Jerusalen, <i>Peah</i>, <span class="asc">I</span>, 1; Talmud
-de Babilonia, <i>Menachoth</i>, 99 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_120" href="#FNanchor_120" class="label">[115]</a>
-Los <i>Terapeutas</i> de Filon son una rama de los Esenios. Ese nombre
-parece ser la traduccion griega de Esenios (<span xml:lang="grc"
-lang="grc">Ἐσσαῖοι</span>, <i>asaya</i>, médicos). Filon, <i>De vita
-contempl.</i>, init.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_121" href="#FNanchor_121" class="label">[116]</a>
-Véanse sobre todo los tratados <i>Quis rerum divinarum hæres sit</i> y
-<i>De Philanthropia</i>, de Filon.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_122" href="#FNanchor_122" class="label">[117]</a>
-<i>Pirké Aboth</i>, cap. <span class="asc">I</span> y <span
-class="asc">II</span>; Talmud de Jerusalen, <i>Pesachim</i>, <span
-class="asc">VI</span>, 1; Talmud de Babilonia,<span class="pagenum"
-id="Page_253">p. 253</span> <i>Pesachim</i>, 66 <i>a</i>;
-<i>Schabbath</i>, 30 <i>b</i> y 31 <i>a</i>; <i>Joma</i>, 35
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_123" href="#FNanchor_123" class="label">[118]</a>
-La leyenda de Daniel estaba ya formada en el siglo séptimo ántes
-de J. C. (Ezequiel, <span class="asc">XIV</span>, 14 y sig.; <span
-class="asc">XXVII</span>, 3). Para satisfacer las exigencias de
-la leyenda, se supuso que vivió en el tiempo de la cautividad de
-Babilonia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_124" href="#FNanchor_124" class="label">[119]</a>
-<i>Epist. Judæ</i>, 14 y sig., II Petri, <span class="asc">II</span>,
-4, 11; <i>Testam. de los doce Patr.</i>, Simeon, 5; Leví, 14; Judá,
-18; Zab., 3; Dan, 5; Nephtali, 4. El «Libro de Henoch» forma aún una
-parte integrante de la Biblia etiópica. Tal como le conocemos por la
-version etiópica, está compuesto con trozos de várias fechas, de los
-cuales los más antiguos son del año 130 ó 150 ántes de J. C. Algunos
-de esos trozos tienen analogía con los discursos de Jesús. Compárense
-los cap. <span class="asc">XCVI-XCIX</span> con Lúcas, <span
-class="asc">VI</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_125" href="#FNanchor_125" class="label">[120]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_126" href="#FNanchor_126" class="label">[121]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_127" href="#FNanchor_127" class="label">[122]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_128" href="#FNanchor_128" class="label">[123]</a>
-Luc., <span class="asc">II</span>, 42 y sig. Los evangelios apócrifos
-están llenos de semejantes historias extravagantes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_129" href="#FNanchor_129" class="label">[124]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 57; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 4; Juan, <span class="asc">VII</span>, 3 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_130" href="#FNanchor_130" class="label">[125]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 48; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 33; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 21;
-Juan, <span class="asc">II</span>, 4; Evangelio segun los Hebreos, en
-San Jerónimo, <i>Dial. adv. Pelag.</i>, <span class="asc">III</span>,
-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_131" href="#FNanchor_131" class="label">[126]</a>
-Luc., <span class="asc">XI</span>, 27 y sig.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO IV</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_132" href="#FNanchor_132" class="label">[127]</a>
-<i>Yaçna</i>, <span class="asc">XIII</span>, 24; Teopompo. en Plut.,
-<i>De Iside et Osiride</i>, § 47; <i>Minokhired</i>, trozo publicado en
-la <i>Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft</i>, I,
-p. 263.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_133" href="#FNanchor_133" class="label">[128]</a>
-Virg., Egl. <span class="asc">IV</span>; Servius, sobre el verso 4 de
-la misma égloga; Nigidius, citado por Servius, sobre el verso 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_134" href="#FNanchor_134" class="label">[129]</a>
-<i>Carm. sibyll.</i>, libro III, 97-817.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_135" href="#FNanchor_135" class="label">[130]</a>
-<span class="asc">VI</span>, 13; <span class="asc">VII</span>, 10;
-<span class="asc">VIII</span>, 7, 11-17; <span class="asc">IX</span>,
-1-22; y en las partes apócrifas: <span class="asc">IX</span>, 10-11;
-<span class="asc">XIV</span>, 13 y sig.; <span class="asc">XVI</span>,
-20, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_136" href="#FNanchor_136" class="label">[131]</a>
-Eccl., <span class="asc">I</span>, 11; <span class="asc">II</span>,
-16, 18-24; <span class="asc">III</span>, 19-22; <span
-class="asc">IV</span>, 8, 15-16; <span class="asc">V</span>, 17, 18;
-<span class="asc">VI</span>, 3, 6; <span class="asc">VIII</span>, 15;
-<span class="asc">IX</span>, 9, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_137" href="#FNanchor_137" class="label">[132]</a>
-Isaías, <span class="asc">LX</span>, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_138" href="#FNanchor_138" class="label">[133]</a> El
-libro entero de Ester respira gran apego por aquella dinastía.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_139" href="#FNanchor_139" class="label">[134]</a>
-Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, <i>Cod. pseud. V. T.</i>, II,
-pág. 147 y sig.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_140" href="#FNanchor_140" class="label">[135]</a>
-Job, <span class="asc">XXXIII</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_141" href="#FNanchor_141" class="label">[136]</a>
-Es de notar que Jesús, hijo de Sirach, se mantiene estrictamente en él
-(<span class="asc">XVII</span>, 26-28; <span class="asc">XXII</span>,
-10-11; <span class="asc">XXX</span>, 4 y sig.; <span
-class="asc">XLI</span>, 1-2; <span class="asc">XLIV</span>, 9). El
-autor de la <i>Sabiduría</i> manifiesta un sentimiento del todo
-contrario (<span class="asc">IV</span>, 1, texto griego).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_142" href="#FNanchor_142" class="label">[137]</a>
-Ester, <span class="asc">XIV</span>, 6-7 (apóc.). Epist. apóc. de
-Baruch. (Fabricius, <i>Cod. pseud. V. T.</i>, II, pág. 147 y sig.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_143" href="#FNanchor_143" class="label">[138]</a> II
-Macab., <span class="asc">VII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_144" href="#FNanchor_144" class="label">[139]</a>
-<i>Pirké Aboth</i>, <span class="asc">I</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_145" href="#FNanchor_145" class="label">[140]</a>
-<i>Sabiduría</i>, <span class="asc">II-VI</span>; <i>De rationis
-imperio</i>, atribuido á Josefo, 8, 13, 16, 18. Es preciso notar que
-el autor de este último tratado no hace valer sino en segundo órden el
-motivo de remuneracion personal. El principal móvil de los mártires
-consiste en el amor puro de la Ley, en las ventajas que reportarán al
-pueblo con su muerte y en la perspectiva de la gloria que alcanzarán
-sus nombres. Comp. <i>Sabiduría</i>, <span class="asc">IV</span>,
-1 y sig.; <i>Eccl.</i>, cap. <span class="asc">XLIV</span> y sig.;
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">VIII</span>, 10; III, <span
-class="asc">VIII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_146" href="#FNanchor_146" class="label">[141]</a>
-<i>Sabiduría</i>, <span class="asc">IV</span>, 1; <i>De rat. imp.</i>,
-16, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_147" href="#FNanchor_147" class="label">[142]</a>
-II Macab., <span class="asc">VII</span>, 9, 14; <span
-class="asc">XII</span>, 43-44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_148" href="#FNanchor_148" class="label">[143]</a>
-Teopompo, en Dióg. Laert. Proœm., 9.—<i>Boundehesch</i>, c. <span
-class="asc">XXXI</span>. Los vestigios del dogma de la resurreccion son
-muy dudosos en el Avesta.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_149" href="#FNanchor_149" class="label">[144]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_150" href="#FNanchor_150" class="label">[145]</a>
-Luc., <span class="asc">XVI</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_151" href="#FNanchor_151" class="label">[146]</a>
-Dan., <span class="asc">XII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_152" href="#FNanchor_152" class="label">[147]</a> II
-Macab., <span class="asc">VII</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_153" href="#FNanchor_153" class="label">[148]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1; <span
-class="asc">VII</span>, 1-2; Lúcas, <span class="asc">III</span>,
-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_154" href="#FNanchor_154" class="label">[149]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>, 3; <span
-class="asc">IV</span>, 5; <span class="asc">V</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_155" href="#FNanchor_155" class="label">[150]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_156" href="#FNanchor_156" class="label">[151]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_157" href="#FNanchor_157" class="label">[152]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">XII</span>, 2 y <i>B.
-J.</i>, II, <span class="asc">VII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_158" href="#FNanchor_158" class="label">[153]</a>
-Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, n.º 3693; Henzen, <i>Suppl.</i>, n.º 7041;
-<i>Fasti prænestini</i>, 6 de Marzo y 28 de Abril (en el <i>Corpus
-inscr. lat.</i>, I, 314, 317); Borghesi, <i>Fastes consulaires</i>,
-año de 742; R. Bergmann, <i>De inscr. lat. ad P. S. Quirinium</i>, ut
-videtur, referenda (Berlín, 1854). Tác., <i>Ann.</i>, II, 30; III, 48;
-Strabon, XII, <span class="asc">VI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_159" href="#FNanchor_159" class="label">[154]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, I, <span class="asc">XVIII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_160" href="#FNanchor_160" class="label">[155]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, los libros XVII y XVIII enteros, y <i>B. J.</i>,
-lib. I y II.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_161" href="#FNanchor_161" class="label">[156]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">X</span>, 4. Comp. el libro de
-Henoch, <span class="asc">XCVII</span>, 13-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_162" href="#FNanchor_162" class="label">[157]</a>
-Filon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_163" href="#FNanchor_163" class="label">[158]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">VI</span>, 2 y sig.; <i>B.
-J.</i>, I, <span class="asc">XXXIII</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_164" href="#FNanchor_164" class="label">[159]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_165" href="#FNanchor_165" class="label">[160]</a>
-Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IX</span>, 6; Juan, <span
-class="asc">XVI</span>, 2; Jos., <i>B. J.</i>, libro IV y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_166" href="#FNanchor_166" class="label">[161]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">VII<span class="pagenum"
-id="Page_255">p. 255</span></span>, 9. El versículo 11 hace suponer que
-Simon el Mago era ya célebre en el tiempo de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_167" href="#FNanchor_167" class="label">[162]</a>
-Discursos de Claudio, en Lyon, tab. II, sub fin. De Boissieu, <i>Inscr.
-ant. de Lyon</i>, p. 136.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_168" href="#FNanchor_168" class="label">[163]</a> II
-Sam., <span class="asc">XXIV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_169" href="#FNanchor_169" class="label">[164]</a>
-Talmud de Babilonia, <i>Baba Kama</i>, 113 <i>a</i>; <i>Schabbath</i>,
-33 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_170" href="#FNanchor_170" class="label">[165]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">I</span>, 1 y 6;
-<i>B. J.</i>, II, <span class="asc">VIII</span>, 1; <i>Hech.</i>,
-<span class="asc">V</span>, 37. Ántes de Júdas el Gaulonita,
-los <i>Hechos</i> colocan á otro agitador, Theudas; pero hay un
-anacronismo, el movimiento de Theudas tuvo lugar en el año 44 de la era
-cristiana (Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 1).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_171" href="#FNanchor_171" class="label">[166]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 8 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_172" href="#FNanchor_172" class="label">[167]</a>
-Luc., <span class="asc">XIII</span>, 1. El movimiento galileo de Júdas,
-hijo de Ezequías, no parece haber tenido un carácter religioso; sin
-embargo, puede ser que le haya disimulado Josefo (<i>Ant.</i>, XVII,
-<span class="asc">X</span>, 5).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_173" href="#FNanchor_173" class="label">[168]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVI, <span class="asc">VI</span>, 2, 3; XVIII, <span
-class="asc">I</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_174" href="#FNanchor_174" class="label">[169]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">III</span>, 1. El horrible
-estado á que se halla reducido el país, sobre todo cerca del lago de
-Tiberiade, no puede dar una idea de su antiguo esplendor. Aquellos
-países, hoy desolados, eran en otro tiempo paraísos terrestres. Los
-baños de Tiberiade, hoy mansion horrorosa, fueron el más hermoso sitio
-de la Galilea (Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>,
-3). Josefo (<i>Bell. Jud.</i>, III, <span class="asc">X</span>, 8)
-ensalza los bellos árboles de la llanura de Genesareth, donde ya no
-se encuentra uno solo. Antonino Mártir, hácia el año 600, es decir,
-cincuenta años ántes de la invasion musulmana, aún halla á la Galilea
-cubierta de deliciosos plantíos, y compara su fertilidad con la del
-Egipto (<i>Itin.</i>, § 5).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_175" href="#FNanchor_175" class="label">[170]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 1; <span class="asc">XIV</span>, 23;
-Luc., <span class="asc">VI</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_176" href="#FNanchor_176" class="label">[171]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>, 28
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_177" href="#FNanchor_177" class="label">[172]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">III</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_178" href="#FNanchor_178" class="label">[173]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>, 2; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">IX</span> 1; <i>Vita</i>, 12, 13, 64.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_179" href="#FNanchor_179" class="label">[174]</a>
-Puede uno imaginárselos por algunas huertas de los alrededores de
-Nazareth. <i>Cant. de cant.</i>, <span class="asc">II</span>, 3, 5, 13;
-<span class="asc">IV</span>, 13; <span class="asc">VI</span>, 6, 10;
-<span class="asc">VII</span>, 8, 12; <span class="asc">VIII</span>, 2,
-5; Anton. Mártir, <i>l. c.</i> Se ha conservado aún el aspecto de las
-granjas en el sur del país de Tiro (antigua tribu de Aser); á cada paso
-se encuentran los vestigios de la antigua agricultura palestina, con
-sus útiles tallados en la roca (eras, prensas, silos, pilas, muelas,
-etc.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_180" href="#FNanchor_180" class="label">[175]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 17; <span class="asc">XI</span>,
-19; Marc., <span class="asc">II</span>, 22; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 37; <span class="asc">VII</span>, 34; Juan, <span
-class="asc">II</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_181" href="#FNanchor_181" class="label">[176]</a>
-Luc., <span class="asc">II</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_182" href="#FNanchor_182" class="label">[177]</a>
-Luc., <span class="asc">II</span>, 42-44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_183" href="#FNanchor_183" class="label">[178]</a>
-Véanse los salmos <span class="asc">LXXXIV</span>, <span
-class="asc">CXXII</span>, <span class="asc">CXXXIII</span> (Vulg.
-<span class="asc">LXXXIII</span>, <span class="asc">CXXI</span>, <span
-class="asc">CXXXII</span>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_184" href="#FNanchor_184" class="label">[179]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 51-53; <span
-class="asc">XVII</span>, 11; Juan, <span class="asc">IV</span>, 4;
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VI</span>, 1; <i>B. J.</i>,
-II, <span class="asc">XII</span>, 3; <i>Vita</i>, 52. Sin embargo,
-frecuentemente los peregrinos iban por la Perea, para evitar la
-Samaria, algo peligrosa (Math., <span class="asc">XIX</span>, 1; Marc.,
-<span class="asc">X</span>, 1).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_185" href="#FNanchor_185" class="label">[180]</a>
-Segun Josefo (<i>Vita</i>, 52), se necesitaban tres dias para hacer el
-viaje. P<span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span>ero la etapa
-entre Sichem y Jerusalen se dividia casi siempre en dos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_186" href="#FNanchor_186" class="label">[181]</a>
-Luc., <span class="asc">IV</span>, 42; <span class="asc">V</span>,
-16.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO V</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_187" href="#FNanchor_187" class="label">[182]</a>
-Ésta es la expresion de Márcos, <span class="asc">VI</span>, 3. Cf.
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 55. Márcos no conoce á José;
-por el contrario, Juan y Lúcas prefieren la expresion «hijo de José.»
-(Luc., <span class="asc">III</span>, 23; <span class="asc">IV</span>,
-22; Juan, <span class="asc">I</span>, 45; <span class="asc">IV</span>,
-42.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_188" href="#FNanchor_188" class="label">[183]</a>
-Juan, <span class="asc">II</span>, 1; <span class="asc">IV</span>, 46.
-Sobre este punto sólo Juan tiene algunas noticias.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_189" href="#FNanchor_189" class="label">[184]</a>
-Admito como probable la idea de identificar á Caná de Galilea con
-<i>Kana el-Djelil</i>. Sin embargo, pueden aducirse argumentos en favor
-de <i>Kefr-Kenna</i>, distante de Nazareth cosa de una hora ú hora y
-media, al N.-N.-E.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_190" href="#FNanchor_190" class="label">[185]</a>
-Ahora <i>el-Buttauf</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_191" href="#FNanchor_191" class="label">[186]</a>
-Juan, <span class="asc">II</span>, 11; <span class="asc">IV</span>, 46.
-Uno ó dos discípulos eran de Caná. Juan, <span class="asc">XXI</span>,
-2; Math., <span class="asc">X</span>, 4; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_192" href="#FNanchor_192" class="label">[187]</a>
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 3; Justino, <i>Dial. cum
-Tryph.</i>, 88.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_193" href="#FNanchor_193" class="label">[188]</a>
-Por ejemplo, «Rabbi Johanan el zapatero, Rabbi Isaac el herrero.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_194" href="#FNanchor_194" class="label">[189]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_195" href="#FNanchor_195" class="label">[190]</a>
-Cap. <span class="asc">IX</span> de la obra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_196" href="#FNanchor_196" class="label">[191]</a>
-Luc., <span class="asc">VII</span>, 37 y sig.; Juan, <span
-class="asc">IV</span>, 7 y sig.; <span class="asc">VIII</span>, 3 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_197" href="#FNanchor_197" class="label">[192]</a>
-Los discursos atribuidos á Jesús en el cuarto evangelio contienen ya
-un gérmen de teología. Pero hallándose estos discursos enteramente
-en contradiccion con los de los evangelios sinópticos, los cuales
-representan sin duda las <i>Logia</i> primitivas, deben figurar como
-documentos de la historia apostólica, y no como elementos de la vida de
-Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_198" href="#FNanchor_198" class="label">[193]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 9, y las otras narraciones
-análogas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_199" href="#FNanchor_199" class="label">[194]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_200" href="#FNanchor_200" class="label">[195]</a> El
-alma sublime de Filon se encontró aquí, como en otros muchos puntos,
-de acuerdo con la de Jesús (<i>De confus. ling.</i>, § 14; <i>De mig.
-Abr.</i>, § 1; <i>De somniis</i>, II, § 41, etc.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_201" href="#FNanchor_201" class="label">[196]</a>
-San Pablo, <i>ad Galatas</i>, <span class="asc">IV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_202" href="#FNanchor_202" class="label">[197]</a>
-La palabra «cielo», en la lengua rabínica de aquel tiempo, es sinónima
-del nombre de «Dios», cuya pronunciacio<span class="pagenum"
-id="Page_257">p. 257</span>n se evitaba. (Comp. Math., <span
-class="asc">XXI</span>, 25; Luc., <span class="asc">XX</span>, 4.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_203" href="#FNanchor_203" class="label">[198]</a>
-Aparece esta expresion en cada página de los evangelios sinópticos,
-de los Hechos de los apóstoles, de San Pablo. Si no aparece más que
-una vez en San Juan (<span class="asc">III</span>, 3 y 5) es porque
-los discursos que se relatan en el cuarto evangelio están muy léjos de
-representar la verdadera palabra de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_204" href="#FNanchor_204" class="label">[199]</a>
-Dan., <span class="asc">II</span>, 44; <span class="asc">VII</span>,
-13, 14, 22, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_205" href="#FNanchor_205" class="label">[200]</a>
-Mischna, <i>Berakoth</i>, <span class="asc">II</span>, 1, 3;
-Talmud de Jerusalen, <i>Berakoth</i>, <span class="asc">II</span>,
-2; <i>Kidduschin</i>, <span class="asc">I</span>, 2; Talmud de
-Babil. <i>Berakoth</i>, 15 <i>a</i>; <i>Mekilta</i>, 42 <i>b</i>;
-Siphra, 170 <i>b</i>; la expresion aparece frecuentemente en los
-<i>Midraschim</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_206" href="#FNanchor_206" class="label">[201]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 33; <span class="asc">XII</span>,
-28; <span class="asc">XIX</span>, 12; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 34; Luc., <span class="asc">XII</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_207" href="#FNanchor_207" class="label">[202]</a>
-Luc., <span class="asc">XVII</span>, 20-21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_208" href="#FNanchor_208" class="label">[203]</a>
-La grande teoría del apocalípsis del Hijo del hombre está en efecto
-reservada, en los sinópticos, para los capítulos que preceden la
-narracion de la pasion. En Matheo, las primeras predicaciones son
-enteramente morales.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_209" href="#FNanchor_209" class="label">[204]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 2 y sig.; Juan, <span class="asc">VI</span>,
-42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_210" href="#FNanchor_210" class="label">[205]</a> La
-tradicion sobre la fealdad de Jesús (Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>,
-85, 88, 100) procede del deseo de ver realizado en él un pretendido
-rasgo mesiánico (Is., <span class="asc">LIII</span>, 2).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_211" href="#FNanchor_211" class="label">[206]</a>
-Las <i>Logia</i> de San Matheo reunen varios de aquellos axiomas para
-despues formar con ellos largos discursos. Pero á traves de la forma
-fragmentaria deja conocer las suturas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_212" href="#FNanchor_212" class="label">[207]</a>
-<i>Pirké Aboth</i> es el librito en el cual están coleccionadas las
-sentencias de los doctores judíos de aquel tiempo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_213" href="#FNanchor_213" class="label">[208]</a>
-Indicarémos las semejanzas á medida que se vayan presentando. Por
-ser la redaccion del Talmud posterior á la de los Evangelios, se ha
-supuesto que los compiladores judíos plagiaron la moral cristiana.
-Pero esto no puede admitirse; existia un abismo de separacion entre la
-iglesia y la sinagoga. Ántes del siglo décimo tercero la literatura
-cristiana y la literatura judía tuvieron muy poca influencia una sobre
-otra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_214" href="#FNanchor_214" class="label">[209]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 12; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 31. Se encuentra ya este axioma en el libro
-de <i>Tobías</i>, <span class="asc">V</span>, 16. Hillel usaba de él
-repetidas veces (Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 31 <i>a</i>), y
-como Jesús, decia que él era el compendio de la Ley.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_215" href="#FNanchor_215" class="label">[210]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 39 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 29. Comp. Jeremías, <i>Lament.</i>, <span
-class="asc">III</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_216" href="#FNanchor_216" class="label">[211]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 29-30; <span
-class="asc">XVIII</span>, 9; Marc., <span class="asc">IX</span>, 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_217" href="#FNanchor_217" class="label">[212]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 44; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 27. Comp. Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 88
-<i>b</i>; <i>Joma</i>, 23 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_218" href="#FNanchor_218" class="label">[213]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 1; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 37. Comp. Talm. de Babil., <i>Kethuboth</i>, 105
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span></p><div
-class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_219" href="#FNanchor_219" class="label">[214]</a>
-Luc., <span class="asc">VI</span>, 37. Comp. <i>Levit.</i>, <span
-class="asc">XIX</span>, 18; <i>Prov.</i>, <span class="asc">XX</span>,
-22; Eccles., <span class="asc">XXVIII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_220" href="#FNanchor_220" class="label">[215]</a>
-Luc., <span class="asc">VI</span>, 36; Siphré, 51 <i>b</i> (Sultzbach,
-1802).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_221" href="#FNanchor_221" class="label">[216]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XX</span>, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_222" href="#FNanchor_222" class="label">[217]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 12; Luc., <span
-class="asc">XIV</span>, 11; <span class="asc">XVIII</span>,
-14. Las sentencias referidas por San Jerónimo con arreglo al
-«Evangelio segun los Hebreos» respiran la misma moral (Comment. in
-<i>Epist. ad Ephes.</i>, <span class="asc">V</span>, 4; in Ezech.,
-<span class="asc">XVIII</span>; <i>Dial. adv. Pelag.</i>, <span
-class="asc">III</span>, 2).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_223" href="#FNanchor_223" class="label">[218]</a>
-Deuter., <span class="asc">XXIV</span>, <span class="asc">XXV</span>,
-<span class="asc">XXVI</span>, etc.; Is., <span
-class="asc">LVIII</span>, 7; Prov., <span class="asc">XIX</span>,
-17; <i>Pirké Aboth</i>, 1; Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, <span
-class="asc">I</span>, 1; Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 63
-<i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_224" href="#FNanchor_224" class="label">[219]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_225" href="#FNanchor_225" class="label">[220]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_226" href="#FNanchor_226" class="label">[221]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 31 y sig. Comp. Talm. de Babil.,
-<i>Sanhedrin</i>, 22 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_227" href="#FNanchor_227" class="label">[222]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 33 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_228" href="#FNanchor_228" class="label">[223]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 38 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_229" href="#FNanchor_229" class="label">[224]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 42. La prohibia la Ley, mas
-de un modo ménos formal, y la autorizaba el uso (Deut., <span
-class="asc">XV</span>, 7-8; Luc., <span class="asc">VII</span>, 41 y
-sig.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_230" href="#FNanchor_230" class="label">[225]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 28. Comp. Talmud, <i>Masseket
-Kalla</i> (ed. Fürth, 1793), fol. 34 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_231" href="#FNanchor_231" class="label">[226]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 23 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_232" href="#FNanchor_232" class="label">[227]</a>
-Math., V, 45 y sig. Comp. <i>Levit.</i>, <span class="asc">XI</span>,
-44; <span class="asc">XIX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_233" href="#FNanchor_233" class="label">[228]</a>
-Comp. Filon, <i>De mig. Abr.</i>, § 23 y 24; <i>De vita
-contemplativa</i>, entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_234" href="#FNanchor_234" class="label">[229]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 11 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 6 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_235" href="#FNanchor_235" class="label">[230]</a>
-Marc., <span class="asc">VII</span>, 6 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_236" href="#FNanchor_236" class="label">[231]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 1 y sig. Comp. <i>Eccles.</i>,
-<span class="asc">XVII</span>, 18; <span class="asc">XXIX</span>, 15;
-Talm. de Babil., <i>Chagiga</i>, 5 <i>a</i>; <i>Baba Bathra</i>, 9
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_237" href="#FNanchor_237" class="label">[232]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 5-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_238" href="#FNanchor_238" class="label">[233]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 23; Luc., <span
-class="asc">IV</span>, 42; <span class="asc">V</span>, 16; <span
-class="asc">VI</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_239" href="#FNanchor_239" class="label">[234]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 9 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_240" href="#FNanchor_240" class="label">[235]</a>
-Luc., <span class="asc">XI</span>, 5 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_241" href="#FNanchor_241" class="label">[236]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 23-24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_242" href="#FNanchor_242" class="label">[237]</a>
-Isa., <span class="asc">I</span>, 11 y sig.; <span
-class="asc">LVIII</span>, entero; Oseas, <span class="asc">VI</span>,
-6; Malaquías, <span class="asc">I</span>, 10 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_243" href="#FNanchor_243" class="label">[238]</a>
-<i>Pirké Aboth</i>, <span class="asc">I</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_244" href="#FNanchor_244" class="label">[239]</a>
-<i>Eccles.</i>, <span class="asc">XXXV</span> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_245" href="#FNanchor_245" class="label">[240]</a>
-Talm. de Jerus., <i>Pesachim</i>, <span class="asc">VI</span>, 1;
-Talm. de Babil., <i>Pesachim</i>, 66 <i>a</i>; <i>Schabbath</i>, 31
-<i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_246" href="#FNanchor_246" class="label">[241]</a>
-<i>Quod Deus immut.</i>, § 1 et 2; <i>De Abrahamo</i>, § 22; <i>Quis
-rerum divin. hæres</i>, § 13 y sig.; 55, 58 y sig.; <i>De profugis</i>,
-§ 7 y 8; <i>Quod omnis probus liber</i>, entero. <i>De vita
-contemplativa</i>, entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_247" href="#FNanchor_247" class="label">[242]</a>
-Talm. de Bab., <i>Pesachim</i>, 67 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_248" href="#FNanchor_248" class="label">[243]</a>
-Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, <span class="asc">I</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_249" href="#FNanchor_249" class="label">[244]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 4-5. Comp. Talm. de Babil.,
-<i>Baba Bathra</i>, 15 <i>b</i>; <i>Erachin</i>, 16 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_250" href="#FNanchor_250" class="label">[245]</a> El
-Talmud, resúmen de aquel gran movimiento de esc<span class="pagenum"
-id="Page_259">p. 259</span>uelas, no se empezó á escribir sino en el
-siglo segundo de nuestra era.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO VI</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_251" href="#FNanchor_251" class="label">[246]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 5; pasaje del evangelio de los
-Ebionim, conservado por Epifanio (<i>Adv. hær.</i>, XXX, 13).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_252" href="#FNanchor_252" class="label">[247]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 39. Se ha supuesto, no sin
-alguna verosimilitud, que «la ciudad de Judá» nombrada en este
-pasaje de Lúcas, era la ciudad de <i>Jutta</i>. (Josué, <span
-class="asc">XV</span>, 55; <span class="asc">XXI</span>, 16.) Robinson
-(<i>Biblical Researches</i>, I, 494; II, 206) ha vuelto á hallar esa
-<i>Jutta</i> á dos horas al sur de Hebron, llevando aún el mismo
-nombre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_253" href="#FNanchor_253" class="label">[248]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_254" href="#FNanchor_254" class="label">[249]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 80.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_255" href="#FNanchor_255" class="label">[250]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 4; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 6; fragm. del evang. de los Ebionim, en Epif.,
-<i>Adv. hær.</i>, XXX, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_256" href="#FNanchor_256" class="label">[251]</a>
-Malaquías, <span class="asc">III</span>, 23-24 (<span
-class="asc">IV</span>, 5-6, segun la Vulg.); <i>Eccles.</i>,
-<span class="asc">XLVIII</span>, 10 y sig.; Math., <span
-class="asc">XVI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>, 10 y sig.;
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 15; <span class="asc">VIII</span>,
-28; Luc., <span class="asc">IX</span>, 8, 19; Juan, <span
-class="asc">I</span>, 21, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_257" href="#FNanchor_257" class="label">[252]</a> El
-feroz Abdallah, bajá de San Juan de Acre, por haberle visto en sueño,
-de pié sobre la montaña, creyó morir de espanto. En los cuadros de las
-iglesias cristianas se le presenta rodeado de cabezas cortadas; de él
-tienen miedo los musulmanes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_258" href="#FNanchor_258" class="label">[253]</a>
-<i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">II</span>, 9-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_259" href="#FNanchor_259" class="label">[254]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_260" href="#FNanchor_260" class="label">[255]</a>
-Plinio, <i>Hist. nat.</i>, V, 17; Epif., <i>Adv. hær.</i>, XIX, 1 y
-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_261" href="#FNanchor_261" class="label">[256]</a>
-Josefo, <i>Vita</i>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_262" href="#FNanchor_262" class="label">[257]</a>
-El verbo arameo <i>seba</i>, orígen del nombre de los <i>sabianos</i>,
-corresponde á <span xml:lang="grc" lang="grc">βαπτίζω</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_263" href="#FNanchor_263" class="label">[258]</a>
-Es de notar que los Elcaitas, secta sabiana ó bautista, habitaban
-el mismo país que los Esenios (orilla oriental del mar Muerto) y
-que se confundieron con ellos (Epif., <i>Adv. hær.</i>, XIX, 1,
-2, 4; XXX, 16, 17; LIII, 1 y 2; <i>Philosophumena</i>, IX, <span
-class="asc">III</span>, 15 y 16; X, <span class="asc">XX</span>,
-29).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_264" href="#FNanchor_264" class="label">[259]</a>
-Ver las noticias de Epifanio sobre Esenios, Hemerobatistas,
-Nazarenistas, Ossenos, Nazorenos, Ebionitas, Sampseanos (<i>Adv.
-hær.</i>, lib. I y II), y las del autor de <i>Philosophumena</i> sobre
-los Elcaitas (Lib. IX y X).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_265" href="#FNanchor_265" class="label">[260]</a>
-Epif., <i>Adv. hær.</i>, XIX, XXX, LIII.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_266" href="#FNanchor_266" class="label">[261]</a>
-Marc., <span class="asc">VIII</span>, 4; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII,
-<span class="asc">V</span>, 2; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, 17,
-29, 80; Epif., <i>Adv. hær.</i>, XVII.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_267" href="#FNanchor_267" class="label">[262]</a>
-Mischna, <i>Pesachim</i>, <span class="asc">VIII</span>, 8; Talmud de
-Babil., <i>Jebamoth</i>, 46 <i>b</i>; <i>Kerithuth</i>, 9 <i>a</i>;
-<i>Aboda Zara</i>, 57 <i>a</i>; <i>Masseket Gerim</i> (ed. Kirchheim,
-1851), p. 38-40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_268" href="#FNanchor_268" class="label">[263]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 4.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_260">p. 260</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_269" href="#FNanchor_269" class="label">[264]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_270" href="#FNanchor_270" class="label">[265]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 28; <span class="asc">III</span>,
-26. Todos los manuscritos dicen <i>Bethania</i>; pero como no se
-conoce ninguna Bethania en aquellos parajes, Orígenes (<i>Comment. in
-Joann.</i>, VI, 24) propuso sustituir <i>Bethabara</i>, y su correccion
-ha sido generalmente adoptada. Las dos voces tienen significaciones
-análogas y parecen indicar un lugar donde habia una barca para
-atravesar el rio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_271" href="#FNanchor_271" class="label">[266]</a>
-<i>Ænon</i> es el plural caldeo <i>Ænawan</i>, «fuentes».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_272" href="#FNanchor_272" class="label">[267]</a>
-Juan, <span class="asc">III</span>, 23. Es dudosa la situacion de aquel
-lugar. La circunstancia que indica el evangelista, hace suponer que no
-se hallaba muy cerca del Jordan. Sin embargo, los sinópticos están de
-acuerdo en colocar toda la escena de los bautismos de Juan sobre la
-orilla de aquel rio (Math., <span class="asc">III</span>, 6; Marc.,
-<span class="asc">I</span>, 5; Luc., <span class="asc">III</span>,
-3). La conformidad de los versículos 22 y 23 del cap. <span
-class="asc">III</span> de Juan y de los versículos 3 y 4 del cap. <span
-class="asc">IV</span> del mismo evangelio pudiera hacer creer que Salim
-estaba en Judea, y por consiguiente en el oasis de Jericó, cerca de la
-embocadura del Jordan, puesto que en el resto de la tribu de Judá se
-hallaria difícilmente un solo estanque natural que pudiera servir á la
-inmersion de una persona. San Jerónimo pretende colocar á Salim mucho
-más al norte cerca de Beth-Schean ó Scythopolis. Pero Robinson (<i>Bib.
-Res.</i>, III, 333) no pudo hallar nada que justifique semejante
-alegacion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_273" href="#FNanchor_273" class="label">[268]</a>
-Marc., <span class="asc">I</span>, 5; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_274" href="#FNanchor_274" class="label">[269]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 5; <span class="asc">XXI</span>,
-26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_275" href="#FNanchor_275" class="label">[270]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 14; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 15; Juan, <span class="asc">I</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_276" href="#FNanchor_276" class="label">[271]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 2; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_277" href="#FNanchor_277" class="label">[272]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 15 y sig.; Juan, <span
-class="asc">I</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_278" href="#FNanchor_278" class="label">[273]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 25 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_279" href="#FNanchor_279" class="label">[274]</a>
-Math. ya citada.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_280" href="#FNanchor_280" class="label">[275]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_281" href="#FNanchor_281" class="label">[276]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_282" href="#FNanchor_282" class="label">[277]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 11-14; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII,
-<span class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_283" href="#FNanchor_283" class="label">[278]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 32; Luc., <span
-class="asc">III</span>, 12-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_284" href="#FNanchor_284" class="label">[279]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_285" href="#FNanchor_285" class="label">[280]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 7; Luc., <span
-class="asc">III</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_286" href="#FNanchor_286" class="label">[281]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 2. Cuando
-Josefo expone las doctrinas secretas, más ó ménos sediciosas, de sus
-compatriotas, omite lo que tiene relacion con las creencias mesiánicas;
-y para no hacer sombra á los romanos, extiende sobre esas doctrinas
-como un barniz de trivialidad que da á todos los jefes de sectas judías
-el aspecto de profesores de moral ó de estóicos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_287" href="#FNanchor_287" class="label">[282]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_288" href="#FNanchor_288" class="label">[283]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_289" href="#FNanchor_289" class="label">[284]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 13 y sig.; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 9 y sig.; Luc., <span class="asc">III</span>,
-21 y sig.; Juan, <span class="asc">I</span>, 29 y sig.; <span
-class="asc">III</span>, 22 y sig. Los sinópticos hacen venir á Jesús
-hácia Juan ántes de haber desempeñado un papel público. Pero, si Juan
-reconoció á Jesús, como lo dicen, y le hizo una acogida afectuosa,
-de suponer es que Jesús fuese un maestro ya renombrado. El cuarto
-evangelio conduce por dos veces á Jesús hácia Juan, la primera cuando
-todavía no era conocido, y la segunda con un grupo de discípulos. Sin
-tocar aquí la cuestion de los itinerarios precisos de Jesús (cuestion
-inestricable en razon de las contradicciones de los documentos y del
-poco cuidado que tuvieron los evangelistas de ser exactos en semejante
-materia), sin negar la posibilidad de un viaje de Jesús hácia Juan
-en el tiempo en que no tenía mucha notoriedad, adoptamos el dato
-producido por el cuarto evangelio (<span class="asc">III</span>, 22
-y sig.), á saber, que Jesús, ántes de bautizar como Juan, tenía ya
-una escuela organizada. Preciso es tambien recordar que las primeras
-páginas del cuarto evangelio no son más que n<span class="pagenum"
-id="Page_261">p. 261</span>otas puestas de extremo á extremo sin ningun
-órden cronológico.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_290" href="#FNanchor_290" class="label">[285]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>. Son legendarios todos los pormenores
-de la narracion, y en particular los que se refieren al parentesco de
-Juan con Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_291" href="#FNanchor_291" class="label">[286]</a>
-Juan, <span class="asc">III</span>, 22-26; <span class="asc">IV</span>,
-1-2. El paréntesis del versículo 2 parece ser una glosa agregada, ó
-quizás un escrúpulo de Juan, corrigiéndose á sí mismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_292" href="#FNanchor_292" class="label">[287]</a>
-Juan, <span class="asc">III</span>, 26, <span class="asc">IV</span>,
-1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_293" href="#FNanchor_293" class="label">[288]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 2; <span class="asc">IV</span>,
-17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_294" href="#FNanchor_294" class="label">[289]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 7; <span class="asc">XII</span>,
-34; <span class="asc">XXIII</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_295" href="#FNanchor_295" class="label">[290]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 2-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_296" href="#FNanchor_296" class="label">[291]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_297" href="#FNanchor_297" class="label">[292]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_298" href="#FNanchor_298" class="label">[293]</a>
-Matheo (<span class="asc">XIV</span>, 3 en el texto griego) y Márcos
-(<span class="asc">VI</span>, 17) pretenden que fué con Felipe; pero es
-una inadvertencia. La esposa de Felipe era Salomé, hija de Herodías.
-(V. Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1 y 4.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_299" href="#FNanchor_299" class="label">[294]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, <span class="asc">IV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_300" href="#FNanchor_300" class="label">[295]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VII</span>, 1, 2; <i>B.
-J.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_301" href="#FNanchor_301" class="label">[296]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_302" href="#FNanchor_302" class="label">[297]</a>
-Hoy dia, Mkaur, en el ouadi Zerka Main. Ese lugar no ha sido visitado
-desde Seetzen.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_303" href="#FNanchor_303" class="label">[298]</a>
-Jos., <i>De Bell. Jud.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 1 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_304" href="#FNanchor_304" class="label">[299]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_305" href="#FNanchor_305" class="label">[300]</a>
-<i>Levit.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_306" href="#FNanchor_306" class="label">[301]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">VII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_307" href="#FNanchor_307" class="label">[302]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 4; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 19; Luc., <span class="asc">III</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_308" href="#FNanchor_308" class="label">[303]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_309" href="#FNanchor_309" class="label">[304]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 5.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_310" href="#FNanchor_310" class="label">[305]</a>
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 20. Yo leo <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ἠπόρει</span>, y no <span xml:lang="grc"
-lang="grc">ἐποίει</span>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO VII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_311" href="#FNanchor_311" class="label">[306]</a>
-Tobías, <span class="asc">VIII</span>, 3; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_312" href="#FNanchor_312" class="label">[307]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 12, 13; Luc., <span class="asc">IV</span>, 1 y
-sig. La semejanza sorprendente de estas narraciones con las leyendas
-análogas del <i>Vendidad</i> (frag. <span class="asc">XIX</span>) y del
-<i>Lalitavistara</i> (cap. <span class="asc">XVII, XVIII, XXI</span>)
-induce á no ver en todo ello sino un puro mito. Pero la narracion
-pobre y concisa de Márcos, representando evidentemente la redaccion
-primitiva, supone un hecho efectivo, que más tarde produjo el tema de
-los desarrollos legendarios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_313" href="#FNanchor_313" class="label">[308]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 12; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 14; Luc., <span class="asc">IV</span>, 14; Juan,
-<span class="asc">IV</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_314" href="#FNanchor_314" class="label">[309]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 29; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 22; Luc., <span class="asc">IV</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_315" href="#FNanchor_315" class="label">[310]</a>
-Marc., <span class="asc">I</span>, 14-15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_316" href="#FNanchor_316" class="label">[311]</a>
-Marc., <span class="asc">XV</span>, 43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_317" href="#FNanchor_317" class="label">[312]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 31; <span class="asc">XIV</span>,
-30; <span class="asc">XVI</span>, 11. Comp. II Cor., <span
-class="asc">IV</span>, 4; Eph., <span class="asc">II</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_318" href="#FNanchor_318" class="label">[313]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 10; <span class="asc">VII</span>, 7;
-<span class="asc">XIV</span>, 17, 22, 27; <span class="asc">XV</span>,
-18 y sig.; <span class="asc">XVI</span>, 8, 20, 33; <span
-class="asc">XVII</span>, 9, 14, 16, 25. La significacion de la palabra
-«mundo» está particularmente caracterizada en los escritos de Pablo y
-de Juan.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_319" href="#FNanchor_319" class="label">[314]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 30; <span class="asc">XX</span>,
-16; Marc., <span class="asc">X</span>, 31; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_320" href="#FNanchor_320" class="label">[315]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_321" href="#FNanchor_321" class="label">[316]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 47 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_322" href="#FNanchor_322" class="label">[317]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 31 y sig.; Marc., <span
-class="asc">IV</span>, 31 y sig.; Luc., <span class="asc">XIII</span>,
-19 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_323" href="#FNanchor_323" class="label">[318]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 33; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_324" href="#FNanchor_324"
-class="label">[319]</a> Math., <span class="asc">XIII</span>
-entero; <span class="asc">XVIII</span>, 23 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_325" href="#FNanchor_325" class="label">[320]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_326" href="#FNanchor_326" class="label">[321]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀποκατάστασις πάντων</span>.
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">III</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_327" href="#FNanchor_327" class="label">[322]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 23-26; <span
-class="asc">XXII</span>, 16-22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_328" href="#FNanchor_328" class="label">[323]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_329" href="#FNanchor_329" class="label">[324]</a>
-Stobeo, <i>Florilegium</i>, cap. <span class="asc">LXII, LXXVII,
-LXXXVI</span> y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_330" href="#FNanchor_330" class="label">[325]</a>
-Juan, <span class="asc">VIII</span>, 32 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_331" href="#FNanchor_331" class="label">[326]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">III</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_332" href="#FNanchor_332" class="label">[327]</a>
-<i>Apocal.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 1, 2, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_333" href="#FNanchor_333" class="label">[328]</a>
-Las sectas miliarias de Inglaterra ofrecen el mismo contraste, esto es,
-la creencia en un próximo fin del mundo, y sin embargo, tienen un raro
-buen sentido en la práctica de la vida, una inteligencia extraordinaria
-para los negocios del comercio y de la industria.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_334" href="#FNanchor_334" class="label">[329]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 17-18; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_335" href="#FNanchor_335" class="label">[330]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 10 y sig.; <span
-class="asc">X</span> entero; Luc., <span class="asc">VI</span>,
-22 y sig.; Juan, <span class="asc">XV</span>, 18 y sig.;
-<span class="asc">XVI</span>, 2 y sig., 20, 23; <span
-class="asc">XVII</span>, 14.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_336" href="#FNanchor_336" class="label">[331]</a>
-Luc., <span class="asc">XVI</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_337" href="#FNanchor_337" class="label">[332]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 3, 10; <span
-class="asc">XVIII</span>, 3; <span class="asc">XIX</span>, 14, 23-24;
-<span class="asc">XXI</span>, 31; <span class="asc">XXII</span>, 2 y
-sig.; Marc., <span class="asc">X</span>, 14-15, 23-25; Luc., <span
-class="asc">IV</span>, 18 y sig.; <span class="asc">VI</span>, 20;
-<span class="asc">XVIII</span>, 16-17, 24-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_338" href="#FNanchor_338" class="label">[333]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_339" href="#FNanchor_339" class="label">[334]</a>
-Juan, <span class="asc">XV</span>, 19; <span class="asc">XVII</span>,
-14, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_340" href="#FNanchor_340" class="label">[335]</a>
-Véase el cap. <span class="asc">XVII</span> de San Juan, el cual
-expresa, si no un discurso verdadero pronunciado por Jesús, al ménos
-un sentimiento profundamente arraigado en sus discípulos, que sin duda
-procedia de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO VIII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_341" href="#FNanchor_341" class="label">[336]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 23; evangelio de los Ebionim, en
-Epif., <i>Adv. hær.</i> XXX, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_342" href="#FNanchor_342" class="label">[337]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 37 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_343" href="#FNanchor_343" class="label">[338]</a>
-Ezeq., <span class="asc">I</span>, 5, 26 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_344" href="#FNanchor_344" class="label">[339]</a>
-Daniel, <span class="asc">VII</span>, 13-14. Comp. <span
-class="asc">VIII</span>, 15; <span class="asc">X</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_345" href="#FNanchor_345" class="label">[340]</a>
-En Juan, <span class="asc">XII</span>, 34, los judíos no parecen al
-corriente del sentido de esta palabra.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_346" href="#FNanchor_346" class="label">[341]</a>
-Libro de Henoch, <span class="asc">XLVI</span>, 1, 2, 3; <span
-class="asc">XLVIII</span>, 2, 3; <span class="asc">LXII</span>, 9,
-14; <span class="asc">LXX</span>, 1 (division de Dillmann); Math.,
-<span class="asc">X</span>, 23; <span class="asc">XIII</span>, 41;
-<span class="asc">XVI</span>, 27-28; <span class="asc">XIX</span>,
-28; <span class="asc">XXIV</span>, 27, 30, 37, 39, 44; <span
-class="asc">XXV</span>, 31; <span class="asc">XXVI</span>, 64; Marc.
-<span class="asc">XIII</span>, 26; <span class="asc">XIV</span>,
-62; Luc., <span class="asc">XII</span>, 40; <span
-class="asc">XVII</span>, 24, 26, 30; <span class="asc">XXI</span>,
-27, 36; <span class="asc">XXII</span>, 69; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">VII</span>, 55. Pero el pasaje más significativo es:
-Juan, <span class="asc">V</span>, 27; semejante al <i>Apocal.</i>,
-<span class="asc">I</span>, 13; <span class="asc">XIV</span>, 14. La
-expresion «Hijo de la mujer» en lugar de Mesías se encuentra una vez en
-el libro de Henoch, <span class="asc">LXII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_347" href="#FNanchor_347" class="label">[342]</a>
-Juan, <span class="asc">V</span>, 22, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_348" href="#FNanchor_348" class="label">[343]</a>
-Esta denominacion aparece ochenta y tres veces en los evangelios, y
-siempre en los discursos de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_349" href="#FNanchor_349" class="label">[344]</a>
-Verdad es que Tell-Hum, que ordinariamente se identifica con
-Capharnahum, ofrece algunos vestigios de hermosos monumentos. Pero esta
-identificacion es dudosa, y dichos monumentos son del siglo segundo y
-tercero despues de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_350" href="#FNanchor_350" class="label">[345]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_351" href="#FNanchor_351" class="label">[346]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">IV</span>, 16
-y sig., 23 y 24; Juan, <span class="asc">IV</span>, 44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_352" href="#FNanchor_352" class="label">[347]</a>
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 5; Math., <span
-class="asc">XII</span>, 58; Luc., <span class="asc">IV</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_353" href="#FNanchor_353" class="label">[348]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 57; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 4; Juan, <span class="asc">VII</span>, 3 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_354" href="#FNanchor_354" class="label">[349]</a>
-Luc. <span class="asc">IV</span>, 29. Probablemente se trata aquí de la
-roca á pico que está muy cerca de Nazareth, encima de la iglesia actual
-de los Maronitas, y no del pretendido <i>monte de la precipitacio<span
-class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>n</i>, distante media legua
-de Nazareth. V. Robinson, II, 335 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_355" href="#FNanchor_355" class="label">[350]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 13; Luc., <span
-class="asc">IV</span>, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_356" href="#FNanchor_356" class="label">[351]</a>
-En Tell-Hum, Irbid (Arbela), Meiron (Mero), Jisch (Giscala), Kasyoun,
-Nabartein, dos en Kefr-Bereim.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_357" href="#FNanchor_357" class="label">[352]</a>
-No osaré aún decidir nada respecto á la edad de esos monumentos, ni
-afirmar por consiguiente que Jesús enseñase en alguno de ellos. En una
-hipótesis semejante, ¡cuán grande interes no ofreceria la sinagoga
-de Tell-Hum! Me parece la más antigua de todas la gran sinagoga de
-Kefr-Bereim, cuyo estilo es bastante puro. La de Kasyoun tiene una
-inscripcion griega del tiempo de Séptimo Severo. La importancia del
-judaismo en la alta Galilea, despues de la guerra de los romanos, hace
-creer que muchos de esos edificios no se remontan más allá del siglo
-tercero, época en la cual Tiberiade llegó á ser una especie de capital
-del judaismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_358" href="#FNanchor_358" class="label">[353]</a>
-II Esdras, <span class="asc">VIII</span>, 4; Math., <span
-class="asc">XXIII</span>, 6; Epist. Sant., <span class="asc">II</span>,
-3; Mischna, <i>Megilla</i>, <span class="asc">III</span>, 1; <i>Rosch
-hasschana</i>, <span class="asc">IV</span>, 7, etc. Véase sobre todo
-la curiosa descripcion de la sinagoga de Alejandría en el Talmud de
-Babil., <i>Sukka</i>, 51 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_359" href="#FNanchor_359" class="label">[354]</a>
-Filon, citado en Eusebio, <i>Præp. evang.</i> VIII, 7, y <i>Quod
-omnis probus liber</i>, § 12; Luc., <span class="asc">IV</span>,
-16; <i>Hech.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 15; <span
-class="asc">XV</span>, 21; Mischna, <i>Megilla</i>, <span
-class="asc">III</span>, 4 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_360" href="#FNanchor_360" class="label">[355]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Διάκονος</span>. Marc., <span
-class="asc">V</span>, 22, 35 y sig.; Luc., <span class="asc">IV</span>,
-20; <span class="asc">VII</span>, 3; <span class="asc">VIII</span>,
-41, 49; <span class="asc">XIII</span>, 14; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">XIII</span>, 15; <span class="asc">XVIII</span>, 8, 17;
-<i>Apoc.</i>, <span class="asc">II</span>, 1; Mischna, <i>Joma</i>,
-<span class="asc">VII</span>, 1; <i>Rosch hasschana</i>, <span
-class="asc">IV</span>, 9; Talm. de Jerus., <i>Sanhedrin</i>,
-<span class="asc">I</span>, 7; Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span
-class="asc">XXX</span>, 4, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_361" href="#FNanchor_361" class="label">[356]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 25; <span class="asc">X</span>,
-17; <span class="asc">XXIII</span>, 34; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 9; Luc., <span class="asc">XII</span>,
-11; <span class="asc">XXI</span>, 12; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">XXII</span>, 19; <span class="asc">XXVI</span>, 11; <i>II
-Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 24; Mischna, <i>Maccoth</i>,
-<span class="asc">III</span>, 12; Talm. de Babil., <i>Megilla</i>, 7
-<i>b</i>; Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_362" href="#FNanchor_362" class="label">[357]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 6; Epist. Sant., <span
-class="asc">II</span>, 3; Talm. de Babil., <i>Sukka</i>, 51
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_363" href="#FNanchor_363" class="label">[358]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 23; <span class="asc">IX</span>,
-35; Marc., <span class="asc">I</span>, 21, 39; <span
-class="asc">VI</span>, 2; Luc., <span class="asc">IV</span>,
-15, 16, 31, 44; <span class="asc">XIII</span>, 10; Juan, <span
-class="asc">XVIII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_364" href="#FNanchor_364" class="label">[359]</a>
-Luc., <span class="asc">IV</span>, 16 y sig. Comp. Mischna,
-<i>Joma</i>, <span class="asc">VII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_365" href="#FNanchor_365" class="label">[360]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 28; <span class="asc">XIII</span>,
-54; Marc., <span class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">VI</span>,
-1; Luc., <span class="asc">IV</span>, 22, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_366" href="#FNanchor_366" class="label">[361]</a> La
-antigua Kinnereth habia desaparecido ó cambiado de nombre.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_367" href="#FNanchor_367" class="label">[362]</a>
-Estaba muy cerca de Tiberiade, Talm. de Jerus., <i>Maasaroth</i>,
-<span class="asc">III</span>, 1; <i>Schebiit</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 1; <i>Erubin</i>, <span class="asc">V</span>,
-7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_368" href="#FNanchor_368" class="label">[363]</a>
-Marc., <span class="asc">VIII</span>, 10. Comp. Math., <span
-class="asc">XV</span>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_369" href="#FNanchor_369" class="label">[364]</a>
-En el lugar nombrado <i>Khorazi</i> ó <i>Bir-Kerazeh</i>, más allá de
-Tell-Hum.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_370" href="#FNanchor_370" class="label">[365]</a>
-La antigua hipótesis que identificaba á Tell-Hum con Capharnahum,
-tiene aún numerosos defensores. El mejor argumento en favor de ella
-es el nombre mismo de <i>Tell-Hum</i>. <i>Tell</i> entra en la
-composicion del nombre de várias aldeas, y pudo muy bien reemplazar á
-<i>Caphar</i>. Por otra parte, es imposible encontrar cerca de Tell-Hum
-una fuente que corresponda á lo que dice Josefo (<i>B. J.</i>, III,
-<span class="asc">X</span>, 8). La fuente de Capharnahum parece ser
-Ain-Medawara; pero Ain-Medawara está á la distancia de media legua
-del lago, miéntras que Capharnahum era una ciudad de pescadores
-sobre la orilla misma del mar (Math., <span class="asc">IV</span>,
-13; Juan, <span class="asc">VI</span>, 17). Respecto á Bethsaida, la
-incertidumbre es todavía mayor; porque la hipótesis muy generalmente
-admitida de dos Bethsaidas, una sobre la orilla occidental, otra sobre
-la orilla oriental del la<span class="pagenum" id="Page_265">p.
-265</span>go, distantes una de otra cosa de tres leguas, tiene algo de
-raro.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_371" href="#FNanchor_371" class="label">[366]</a> La
-depresion del mar Muerto es del doble. Evaluacion del capitan Lynch,
-que concuerda con la del Sr. de Berton.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_372" href="#FNanchor_372" class="label">[367]</a>
-Adopto la opinion del Sr. Thompson (<i>The land and the Book</i>,
-II, 34 y sig.), segun la cual la Gergesa de Matheo (<span
-class="asc">VIII</span>, 28), idéntica á la ciudad cananea de
-<i>Girgasch</i> (<i>Gen.</i>, <span class="asc">X</span>, 16; <span
-class="asc">XV</span>, 21; <i>Deut.</i>, <span class="asc">VII</span>,
-1; <i>Josué</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 11), pudiera
-ser el sitio nombrado ahora <i>Kersa</i> ó <i>Gersa</i>, sobre
-la orilla oriental, casi en frente de Magdala. Márcos (<span
-class="asc">V</span>, 1) y Lúcas (<span class="asc">VIII</span>, 26)
-nombran <i>Gadara</i> ó <i>Gerasa</i> en lugar de <i>Gergesa</i>.
-<i>Gerasa</i> es del todo imposible, puesto que los evangelistas
-dicen que la ciudad citada estaba cerca del lago y en frente de
-la Galilea. Respecto á Gadara, hoy dia <i>Om-Keis</i>, á una
-hora y media del lago y del Jordan, las particularidades locales
-suministradas por Márcos y Lúcas no convienen con ella. Se comprende
-fácilmente que <i>Gergesa</i> se haya cambiado en <i>Gerasa</i>,
-nombre mucho más conocido, y que despues <i>Gadara</i> haya sido
-adoptada en razon de las dificultades topográficas que ofrecia
-esa última lectura.—Oríg., <i>Comment. in Joann.</i>, <span
-class="asc">VI</span>, 24; <span class="asc">X</span>, 10; Eusebio
-y San Jerónimo, <i>De situ et nomin. loc. heb.</i>, á las voces
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Γεργεσά</span>, <span xml:lang="grc"
-lang="grc">Γεργάσει</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_373" href="#FNanchor_373" class="label">[368]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 13; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_374" href="#FNanchor_374" class="label">[369]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 21; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 24, 31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_375" href="#FNanchor_375" class="label">[370]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">X</span>, 3; <i>B. J.</i>, I,
-<span class="asc">XXI</span>, 3; III, <span class="asc">X</span>, 7;
-Benjamin de Tudela, p. 46, ed. Asher.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_376" href="#FNanchor_376" class="label">[371]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">X</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_377" href="#FNanchor_377" class="label">[372]</a>
-Lucianus (ut fertur), <i>De dea Syria</i>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_378" href="#FNanchor_378" class="label">[373]</a>
-Los vestigios de la rica civilizacion pagana de aquel tiempo cubren
-aún todo el Beled-Bescharrah, y partic<span class="pagenum"
-id="Page_266">p. 266</span>ularmente las montañas que forman el cabo
-Blanco y el cabo Nakoura.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO IX</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_379" href="#FNanchor_379" class="label">[374]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 18; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 44 y sig.; Juan, <span class="asc">I</span>,
-44; <span class="asc">XXI</span>, 1 y sig.; Jos., <i>B. J.</i>, III,
-<span class="asc">X</span>, 7; Jacques de Vitri, en el <i>Gesta Dei per
-Francos</i>, I, p. 1075.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_380" href="#FNanchor_380" class="label">[375]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_381" href="#FNanchor_381" class="label">[376]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_382" href="#FNanchor_382" class="label">[377]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 14; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 30; Luc., <span class="asc">IV</span>, 38;
-<i>I Cor.</i>, <span class="asc">IX</span>, 5; <i>I Petr.</i>,
-<span class="asc">V</span>, 13; Clem. Alej., <i>Strom.</i>, <span
-class="asc">III</span>, 6; <span class="asc">VII</span>, 11; Pseud.
-Clem., <i>Recogn.</i>, <span class="asc">VII</span>, 25; Eusebio, <i>H.
-E.</i>, III, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_383" href="#FNanchor_383" class="label">[378]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 14; <span
-class="asc">XVII</span>, 24; Marc., <span class="asc">I</span>, 29-31;
-Luc., <span class="asc">IV</span>, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_384" href="#FNanchor_384" class="label">[379]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 40 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_385" href="#FNanchor_385" class="label">[380]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 18; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 16; Luc., <span class="asc">V</span>, 3; Juan,
-<span class="asc">XXI</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_386" href="#FNanchor_386" class="label">[381]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 19; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 17; Luc., <span class="asc">V</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_387" href="#FNanchor_387" class="label">[382]</a>
-Marc., <span class="asc">I</span>, 20; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 10; <span class="asc">VIII</span>, 3; Juan, <span
-class="asc">XIX</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_388" href="#FNanchor_388" class="label">[383]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 56; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 40; <span class="asc">XVI</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_389" href="#FNanchor_389" class="label">[384]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 56-56; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 40-41; Luc. <span class="asc">VII</span>, 2-3;
-<span class="asc">XXIII</span>, 49.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_390" href="#FNanchor_390" class="label">[385]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">VIII</span>, 2; Cf. <i>Tobías</i>, <span
-class="asc">III</span>, 8; <span class="asc">VI</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_391" href="#FNanchor_391" class="label">[386]</a>
-Luc., <span class="asc">VIII</span>, 3; <span class="asc">XXIV</span>,
-10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_392" href="#FNanchor_392" class="label">[387]</a>
-Luc., <span class="asc">VIII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_393" href="#FNanchor_393" class="label">[388]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 44 y sig.; <span
-class="asc">XXI</span>, 2. Admito la identificacion de Nathanael
-y del apóstol que figura en las listas bajo el nombre de
-<i>Bar-Tolomé</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_394" href="#FNanchor_394" class="label">[389]</a>
-Papias, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_395" href="#FNanchor_395" class="label">[390]</a>
-Traduccion griega de Tomás.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_396" href="#FNanchor_396" class="label">[391]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 16; <span class="asc">XX</span>, 24
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_397" href="#FNanchor_397" class="label">[392]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 4; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 18; Luc., <span class="asc">VI</span>, 15;
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 13; Evang. de los Ebion., en
-Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_398" href="#FNanchor_398" class="label">[393]</a>
-Hoy dia <i>Kuryetein</i> ó <i>Kereitein</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_399" href="#FNanchor_399" class="label">[394]</a> La
-circunstancia relatada por Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25-27,
-parece suponer que en ninguna época de la vida pública de Jesús se
-adhirieron á él sus propios hermanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_400" href="#FNanchor_400" class="label">[395]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 56; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 40; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_401" href="#FNanchor_401" class="label">[396]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 14. Comp. Luc., <span
-class="asc">I</span>, 28; <span class="asc">II</span>, 35, implican ya
-una gran consideracion respecto á María.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_402" href="#FNanchor_402" class="label">[397]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_403" href="#FNanchor_403" class="label">[398]</a>
-Marc., <span class="asc">III</span>, 17; <span class="asc">IX</span>,
-37 y sig.; <span class="asc">X</span>, 35 y sig.; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 49 y sig., 54 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_404" href="#FNanchor_404" class="label">[399]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 23; <span
-class="asc">XVIII</span>, 15 y sig.; <span class="asc">XIX</span>,
-26-27; <span class="asc">XX</span>, 2, 4; <span class="asc">XXI</span>,
-7, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_405" href="#FNanchor_405" class="label">[400]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 1; <span class="asc">XXVI</span>,
-37; Marc., <span class="asc">V</span>, 37; <span class="asc">IX</span>,
-1; <span class="asc">XIII</span>, 3; <span class="asc">XIV</span>,
-33; Luc. <span class="asc">IX</span>, 28. La idea de que Jesús habia
-comunicado á esos tres discípulos una gnósis ó doctrina secreta se
-entendió desde muy temprano. Es cosa particular que Juan, en su
-evange<span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span>lio, no haga
-mencion ni una sola vez de Santiago, su hermano.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_406" href="#FNanchor_406" class="label">[401]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 18-22; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 10; Juan, <span class="asc">XXI</span>, 2 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_407" href="#FNanchor_407" class="label">[402]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 28; <span class="asc">XIV</span>,
-22; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 32 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_408" href="#FNanchor_408" class="label">[403]</a>
-Parece haber vivido hasta el año 100. Véase su evangelio, <span
-class="asc">XXI</span>, 15-23, y las antiguas autoridades recogidas por
-Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 20, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_409" href="#FNanchor_409" class="label">[404]</a>
-Segun las epístolas, que seguramente emanan del autor del cuarto
-evangelio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_410" href="#FNanchor_410" class="label">[405]</a> No
-pretendemos, sin embargo, decidir si el Apocalípsis es de Juan.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_411" href="#FNanchor_411" class="label">[406]</a>
-La tradicion vulgar me parece bastante justificada sobre este punto.
-Por lo demás, es indudable que la escuela de Juan retocó su evangelio
-despues de él (véase todo el cap. <span class="asc">XXI</span>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_412" href="#FNanchor_412" class="label">[407]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 4; <span class="asc">XX</span>,
-25-26; <span class="asc">XXIII</span>, 8-12; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 34; <span class="asc">X</span>, 42-46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_413" href="#FNanchor_413" class="label">[408]</a>
-Luc., <span class="asc">V</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_414" href="#FNanchor_414" class="label">[409]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_415" href="#FNanchor_415" class="label">[410]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 16-17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_416" href="#FNanchor_416" class="label">[411]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 68-70.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_417" href="#FNanchor_417" class="label">[412]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 2; Luc., <span
-class="asc">XXII</span>, 32; Juan, <span class="asc">XXI</span>,
-15 y sig.; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, <span
-class="asc">II</span>, <span class="asc">V</span>, etc.; <i>Gal.</i>,
-<span class="asc">I</span>, 18; <span class="asc">II</span>, 7-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_418" href="#FNanchor_418" class="label">[413]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 18; Juan, <span
-class="asc">I</span>, 42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_419" href="#FNanchor_419" class="label">[414]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 19. Verdad es que tambien se
-concedió (Math. <span class="asc">XVIII</span>, 18) el mismo poder á
-todos los apóstoles.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_420" href="#FNanchor_420" class="label">[415]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 33; Luc., <span class="asc">IX</span>, 46; <span
-class="asc">XXII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_421" href="#FNanchor_421" class="label">[416]</a>
-Math., <span class="asc">XX</span>, 20 y sig.; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 35 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_422" href="#FNanchor_422" class="label">[417]</a>
-Marc., <span class="asc">X</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_423" href="#FNanchor_423" class="label">[418]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15 y sig.; <span
-class="asc">XIX</span>, 26-27; <span class="asc">XX</span>, 2 y sig.;
-<span class="asc">XXI</span>, 7, 21. Comp. <span class="asc">I</span>,
-35 y sig., donde el discípulo innominado debe ser Juan.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_424" href="#FNanchor_424" class="label">[419]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 9; <span class="asc">X</span>, 3;
-Marc., <span class="asc">II</span>, 14; <span class="asc">III</span>,
-18; Luc., <span class="asc">V</span>, 27; <span class="asc">VI</span>,
-15; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 13. Evang. de los
-Ebionim, en Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 13. Preciso es suponer,
-aunque el caso parezca raro, que esos dos nombres se aplicaron al mismo
-personaje. La narracion <i>Math.</i>, <span class="asc">IX</span>, 9,
-concebida segun el modelo frecuente de las leyendas de vocaciones de
-apóstol, tiene, es verdad, algo de vago, y no pudo haber sido escrita
-por el apóstol mismo de quien se trata. Necesario es recordar que, en
-el evangelio actual de Matheo, la única parte que pertenece al apóstol
-son los Discursos de Jesús. (V. Papias, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>,
-III, 39.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_425" href="#FNanchor_425" class="label">[420]</a>
-Ciceron, <i>De provinc. consular.</i>, 5; <i>Pro Plancio</i>, 9;
-Tác., <i>Ann.</i>, IV, 6; Plinio, <i>Hist. nat.</i>, XII, 32; Apiano,
-<i>Bell. civ.</i>, <span class="asc">II</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_426" href="#FNanchor_426" class="label">[421]</a>
-Fué célebre hasta la época de las Cruzadas bajo el nombre de
-<i>Via maris</i>.—Isaías, <span class="asc">IX</span>, 1;
-Math., <span class="asc">IV</span>, 13-15; <i>Tobías</i>, <span
-class="asc">I</span>, 1. Creo que el camino tallado en la roca, cerca
-de Ain-et-Tin, formaba parte de él, y que desde allí se dirigia hácia
-el <i>puente de las hijas de Jacob</i>, como sucede hoy dia. Una parte
-de<span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span> la ruta desde
-Ain-et-Tin hasta el puente es de construccion antigua.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_427" href="#FNanchor_427" class="label">[422]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_428" href="#FNanchor_428" class="label">[423]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 46-47; <span
-class="asc">IX</span>, 10, 11; <span class="asc">XI</span>, 19;
-<span class="asc">XVIII</span>, 17; <span class="asc">XXI</span>,
-31-32; Marc., <span class="asc">II</span>, 15-16; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 30; <span class="asc">VII</span>, 34; <span
-class="asc">XV</span>, 1; <span class="asc">XVIII</span>, 11;
-<span class="asc">XIX</span>, 7; Luciano, <i>Necyomant.</i>, <span
-class="asc">II</span>; Dio Chrys., orat. <span class="asc">IV</span>,
-p. 85; orat. <span class="asc">XIV</span>, p. 269; Mischna,
-<i>Nedarim</i>, <span class="asc">III</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_429" href="#FNanchor_429" class="label">[424]</a>
-Mischna, <i>Baba Kama</i>, <span class="asc">X</span>, 1; Talm. de
-Jerus., <i>Demai</i>, <span class="asc">II</span>, 3; Talm. de Babil.,
-<i>Sanhedrin</i>, 25 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_430" href="#FNanchor_430" class="label">[425]</a>
-Luc., <span class="asc">V</span>, 29 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_431" href="#FNanchor_431" class="label">[426]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 48 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_432" href="#FNanchor_432" class="label">[427]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_433" href="#FNanchor_433" class="label">[428]</a>
-Juan, <span class="asc">IV</span>, 17 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_434" href="#FNanchor_434" class="label">[429]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 3; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 3; Luc., <span class="asc">IX</span>, 30-31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_435" href="#FNanchor_435" class="label">[430]</a>
-Math., <span class="asc">IV</span>, 11; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO X</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_436" href="#FNanchor_436" class="label">[431]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 26; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 49; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 39;
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_437" href="#FNanchor_437" class="label">[432]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 51.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_438" href="#FNanchor_438" class="label">[433]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 1-2; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 9; <span class="asc">IV</span>, 1; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_439" href="#FNanchor_439" class="label">[434]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 3-10; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 20-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_440" href="#FNanchor_440" class="label">[435]</a>
-Llamados las <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγια κυριακά</span>.
-Papias, en Euseb., <i>H. E.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_441" href="#FNanchor_441" class="label">[436]</a>
-El apólogo, tal cual le hallamos <i>Jueces</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 8 y sig.; <i>II Sam.</i>, <span
-class="asc">XII</span>, 1 y sig., tiene solamente una semejanza de
-forma con la parábola evangélica. La profunda originalidad de ésta nace
-del sentimiento que la llena.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_442" href="#FNanchor_442" class="label">[437]</a>
-Segun la leccion de Lachmann y Tischendorf.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_443" href="#FNanchor_443" class="label">[438]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 19-21, 24-34; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 22-31, 33-34; <span class="asc">XVI</span>,
-13. Comp. los preceptos <i>Luc.</i>, <span class="asc">X</span>, 7-8,
-llenos del mismo sentimiento ingenuo, con Talm. de Babil., <i>Sota</i>,
-48 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_444" href="#FNanchor_444" class="label">[439]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 22; Marc., <span
-class="asc">IV</span>, 19; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_445" href="#FNanchor_445" class="label">[440]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 11; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 3. Significacion de la palabra <span
-xml:lang="grc" lang="grc">ἐπιούσιος</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_446" href="#FNanchor_446" class="label">[441]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 33-34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_447" href="#FNanchor_447" class="label">[442]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_448" href="#FNanchor_448" class="label">[443]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 16 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_449" href="#FNanchor_449" class="label">[444]</a>
-Jos., <i>Ant.</i> XVII, <span class="asc">X</span>, 4 y sig.;
-<i>Vita</i>, 11, etc.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_450" href="#FNanchor_450" class="label">[445]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">IV</span>, 32, 34-37; <span
-class="asc">V</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_451" href="#FNanchor_451" class="label">[446]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 22; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_452" href="#FNanchor_452" class="label">[447]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 21; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 21 y sig., 29-30; Luc., <span
-class="asc">XVIII</span>, 22-23, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_453" href="#FNanchor_453" class="label">[448]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 44-46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_454" href="#FNanchor_454" class="label">[449]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_455" href="#FNanchor_455" class="label">[450]</a>
-Luc., <span class="asc">XVI</span>, 1-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_456" href="#FNanchor_456" class="label">[451]</a>
-Véase el texto griego.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_457" href="#FNanchor_457" class="label">[452]</a>
-Luc., <span class="asc">XVI</span>, 19-25. Lúcas tiene una tendencia
-de comunismo muy marcada (Comp. <span class="asc">VI</span>, 20-21,
-25-26), y yo creo que exageró ese pormenor de la enseñanza de Jesús.
-Los rasgos de las <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγια</span> de
-Matheo son bastante significativos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_458" href="#FNanchor_458" class="label">[453]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 24; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 25; Luc., <span class="asc">XVIII</span>,
-25. Esta locucion proverbial vuelve á hallarse en Talmud (Babil.,
-<i>Berakoth</i>, 55 <i>b</i>; <i>Baba metsia</i>, 38 <i>b</i>) y en el
-Alcoran (Sur. <span class="asc">VII</span>, 38). Orígenes, así como los
-intérpretes griegos, ignorando el proverbio semítico, tradujo maroma
-(<span xml:lang="grc" lang="grc">κάμιλος</span>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_459" href="#FNanchor_459" class="label">[454]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_460" href="#FNanchor_460" class="label">[455]</a>
-Salm. <span class="asc">CXXXII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XI</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_461" href="#FNanchor_461" class="label">[456]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 2 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XIV</span>, 16 y sig.; Comp. Math., <span
-class="asc">VIII</span>, 11-12; <span class="asc">XXI</span>, 33 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_462" href="#FNanchor_462" class="label">[457]</a>
-Luc., <span class="asc">VI</span>, 24-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_463" href="#FNanchor_463" class="label">[458]</a>
-Luc., <span class="asc">XIV</span>, 12-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_464" href="#FNanchor_464" class="label">[459]</a>
-Palabra conservada por una tradicion muy antigua y muy usada. Clem. de
-Alej., <i>Strom.</i>, <span class="asc">I</span>, 28. Se encuentra de
-nuevo en Orígenes, San Jerónimo y en un gran número de Padres de la
-Iglesia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_465" href="#FNanchor_465" class="label">[460]</a>
-Prov., <span class="asc">XIX</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_466" href="#FNanchor_466" class="label">[461]</a>
-Véase particularmente á Amós, <span class="asc">II</span>, 6; Isa.,
-<span class="asc">LXIII</span>, 9; Salm. <span class="asc">XXV</span>,
-9; <span class="asc">XXXVII</span>, 11; <span class="asc">LXIX</span>,
-33, y generalmente los diccionarios hebreos en las voces:</p>
-
-<p class="dcha"><span xml:lang="hbo" lang="hbo">אביון, דל, עני, ענו,
-חסיד, עשיר, הוללים, עריץ.‏‎</span></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_467" href="#FNanchor_467" class="label">[462]</a>
-<i>Henoch</i>, cap. <span class="asc">LXII</span>, <span
-class="asc">LXIII</span>, <span class="asc">XCVII</span>, <span
-class="asc">C</span>, <span class="asc">CIV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_468" href="#FNanchor_468" class="label">[463]</a>
-<i>Henoch</i>, cap. <span class="asc">XLVI</span>, 4-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_469" href="#FNanchor_469" class="label">[464]</a>
-<i>Henoch</i>, cap. <span class="asc">XCIX</span>, 13, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_470" href="#FNanchor_470" class="label">[465]</a>
-Julio Afric. en Eusebio, <i>H. E.</i>, I, 7; Eus., <i>De situ et nom.
-loc. heb.</i>, en la voz <span xml:lang="grc" lang="grc">Χωβά</span>;
-Oríg., <i>Contra Celso</i>, <span class="asc">II</span>, 1;
-<span class="asc">V</span>, 61; Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span
-class="asc">XXIX</span>, 7, 9; <span class="asc">XXX</span>, 2, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_471" href="#FNanchor_471" class="label">[466]</a>
-Orígenes, <i>Contra Celso</i>, <span class="asc">II</span>, 1;
-<i>De principiis</i>, <span class="asc">IV</span>, 22; Comp.
-Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 17. Ireneo, Orígenes, Eusebio, las
-constituciones apostólicas ignoran la existencia de semejante
-personaje. El autor de <i>Philosophumena</i> parece estar incierto
-(<span class="asc">VII</span>, 34, 35; <span class="asc">X</span>,
-22, 23). Tertuliano y Epifanio son los que propalaron la fábula de un
-<i>Ebion</i>. Por lo demás, todos los padres est<span class="pagenum"
-id="Page_270">p. 270</span>án de acuerdo sobre la etimología: <span
-xml:lang="grc" lang="grc">Ἐβίων</span> = <span xml:lang="grc"
-lang="grc">πτωχός</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_472" href="#FNanchor_472" class="label">[467]</a>
-Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XIX</span>, <span
-class="asc">XXIX</span>, <span class="asc">XXX</span>, particularmente
-<span class="asc">XXIX</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_473" href="#FNanchor_473" class="label">[468]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 5; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 20-21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_474" href="#FNanchor_474" class="label">[469]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 36; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_475" href="#FNanchor_475" class="label">[470]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 10 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XV</span>, entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_476" href="#FNanchor_476" class="label">[471]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 11; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 16; Luc., <span class="asc">V</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_477" href="#FNanchor_477" class="label">[472]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_478" href="#FNanchor_478" class="label">[473]</a>
-Luc., <span class="asc">XV</span>, 4 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_479" href="#FNanchor_479" class="label">[474]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 11; Luc., <span
-class="asc">XIX</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_480" href="#FNanchor_480" class="label">[475]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_481" href="#FNanchor_481" class="label">[476]</a>
-Luc., <span class="asc">VII</span>, 36 y sig. Lúcas, á quien gusta
-consignar todo lo que tiene relacion con el perdon de pecadores (Comp.
-<span class="asc">X</span>, 30 y sig.; <span class="asc">XV</span>
-entero; <span class="asc">XVII</span>, 16 y sig.; <span
-class="asc">XIX</span>, 2 y sig.; <span class="asc">XXIII</span>,
-39-43), compuso esa narracion con los rasgos de otra historia, la de
-la uncion de los piés, que tuvo lugar en Bethania, algunos dias ántes
-de la muerte de Jesús. Pero el perdon de la pecadora era ciertamente
-uno de los rasgos esenciales de la vida anecdótica de Jesús.—Juan,
-<span class="asc">VIII</span>, 3 y sig.; Papias, en Eusebio, <i>Hist.
-eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_482" href="#FNanchor_482" class="label">[477]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_483" href="#FNanchor_483" class="label">[478]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 31-32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_484" href="#FNanchor_484" class="label">[479]</a>
-Math., <span class="asc">XXV</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_485" href="#FNanchor_485" class="label">[480]</a>
-Marc., <span class="asc">II</span>, 18; Luc. <span
-class="asc">V</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_486" href="#FNanchor_486" class="label">[481]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 14 y sig.; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 18 y sig.; Luc., <span class="asc">V</span>, 33
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_487" href="#FNanchor_487" class="label">[482]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 16 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 34 y sig. Refran que significa: «La opinion
-de los hombres es ciega. La sabiduría de las obras de Dios se divulga
-por sí misma.» Leo <span xml:lang="grc" lang="grc">ἔργων</span>, como
-se halla en el manuscrito B. del Vaticano, y no <span xml:lang="grc"
-lang="grc">τέκνων</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_488" href="#FNanchor_488" class="label">[483]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 7-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_489" href="#FNanchor_489" class="label">[484]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 13 y sig.; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 35; <span class="asc">X</span>, 13 y sig.; Luc.,
-<span class="asc">XVII</span>, 15-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_490" href="#FNanchor_490" class="label">[485]</a>
-<i>Ibid.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_491" href="#FNanchor_491" class="label">[486]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 7 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 3 y sig.; Luc., <span class="asc">VII</span>,
-37 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_492" href="#FNanchor_492" class="label">[487]</a>
-Evangelio de Marcion, adicion al v. 2 del cap. <span
-class="asc">XXIII</span> de Lúcas (Epif., <i>Adv. hær.</i>, XLII, 11).
-Si las supresiones de Marcion no tienen valor crítico, no sucede lo
-mismo con sus adiciones cuando dimanan, no de propósito fijo, sino del
-estado de los manuscritos de que hacia uso.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_493" href="#FNanchor_493" class="label">[488]</a>
-Grito proferido durante la procesion de la fiesta de los Tabernáculos,
-agitando ramas de palmera. Mischna, <i>Sukka</i><span class="pagenum"
-id="Page_271">p. 271</span>, <span class="asc">III</span>, 9. Esta
-costumbre existe todavía entre los Israelitas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_494" href="#FNanchor_494" class="label">[489]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 15-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_495" href="#FNanchor_495" class="label">[490]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 5, 10, 14; Luc., <span
-class="asc">XVII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_496" href="#FNanchor_496" class="label">[491]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 14; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 14; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_497" href="#FNanchor_497" class="label">[492]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 33 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>,
-46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_498" href="#FNanchor_498" class="label">[493]</a>
-Marc., <span class="asc">X</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_499" href="#FNanchor_499" class="label">[494]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 25; Luc., <span
-class="asc">X</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_500" href="#FNanchor_500" class="label">[495]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 42; <span class="asc">XVIII</span>,
-5, 14; Marc., <span class="asc">IX</span>, 36; Luc., <span
-class="asc">XVII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_501" href="#FNanchor_501" class="label">[496]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 4; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 33-36; Luc., <span class="asc">IX</span>,
-46-48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_502" href="#FNanchor_502" class="label">[497]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_503" href="#FNanchor_503" class="label">[498]</a>
-Marc., <span class="asc">X</span>, 37, 40-41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_504" href="#FNanchor_504" class="label">[499]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 43; <i>II Cor.</i>, <span
-class="asc">XII</span>, 4. Comp. <i>Carm. Sibyll.</i>, prœm., 76; Talm.
-de Babil., <i>Chagiga</i>, 14 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_505" href="#FNanchor_505" class="label">[500]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 2 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_506" href="#FNanchor_506" class="label">[501]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 14 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_507" href="#FNanchor_507" class="label">[502]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 4 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 18 y sig.; Luc., <span class="asc">III</span>,
-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_508" href="#FNanchor_508" class="label">[503]</a>
-Jos., <i>De bello Jud.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_509" href="#FNanchor_509" class="label">[504]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 3 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 14-29; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">V</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_510" href="#FNanchor_510" class="label">[505]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_511" href="#FNanchor_511" class="label">[506]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_512" href="#FNanchor_512" class="label">[507]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_513" href="#FNanchor_513" class="label">[508]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 15 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 35 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>,
-11; Juan, <span class="asc">VI</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_514" href="#FNanchor_514" class="label">[509]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 7 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_515" href="#FNanchor_515" class="label">[510]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 12-13; Luc., <span
-class="asc">XVI</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_516" href="#FNanchor_516" class="label">[511]</a>
-Malaquías, <span class="asc">III</span> y <span class="asc">IV</span>;
-<i>Eccles.</i>, <span class="asc">XLVIII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_517" href="#FNanchor_517" class="label">[512]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>,
-10; Marc., <span class="asc">VI</span>, 15; <span
-class="asc">VIII</span>, 28; <span class="asc">IX</span>, 10 y sig.;
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 8, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_518" href="#FNanchor_518" class="label">[513]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_519" href="#FNanchor_519" class="label">[514]</a> II
-Macab., <span class="asc">XV</span>, 13 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_520" href="#FNanchor_520" class="label">[515]</a>
-Textos citados por Anquetil-Duperron, <i>Zend-Avesta</i>, I, 2.ª part.,
-p. 46, rectificados por Spiegel, en la <i>Zeitschrift der Deutschen
-Morgenländischen Gesellschaft</i>, I, 261 y sig.; extractos del
-<i>Jamasp-Nameh</i>, en el <i>Avesta</i> de Spiegel, I, p. 34. Ninguno
-de los textos parsis que implican verdaderamente la idea de profetas
-resucitados y precursores tienen antigüedad; pero las ideas contenidas
-en eso<span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span>s textos
-parecen muy anteriores á la época de su redaccion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_521" href="#FNanchor_521" class="label">[516]</a>
-<i>Apoc.</i>, <span class="asc">XI</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_522" href="#FNanchor_522" class="label">[517]</a>
-Marc., <span class="asc">IX</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_523" href="#FNanchor_523" class="label">[518]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>,
-10-13; Marc., <span class="asc">VI</span>, 15; <span
-class="asc">IX</span>, 10-12; Luc., <span class="asc">IX</span>, 8;
-Juan, <span class="asc">I</span>, 21-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_524" href="#FNanchor_524" class="label">[519]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_525" href="#FNanchor_525" class="label">[520]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 32; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 29-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_526" href="#FNanchor_526" class="label">[521]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XIX</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_527" href="#FNanchor_527" class="label">[522]</a>
-Luc., <span class="asc">I</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_528" href="#FNanchor_528" class="label">[523]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 14 y sig.; Luc., <span
-class="asc">III</span>, 16; Juan, <span class="asc">I</span>, 15 y
-sig.; <span class="asc">V</span>, 32, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_529" href="#FNanchor_529" class="label">[524]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 2 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_530" href="#FNanchor_530" class="label">[525]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 25; <span
-class="asc">XIX</span>, 1-5.—Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span
-class="asc">XXX</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_531" href="#FNanchor_531" class="label">[526]</a>
-¿Sería pues el Bunai que el Talmud incluye (Bab., <i>Sanhedrin</i>, 43
-<i>a</i>) en el número de los discípulos de Jesús?</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_532" href="#FNanchor_532" class="label">[527]</a>
-Hegesip., en Eusebio, <i>H. E.</i>, II, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_533" href="#FNanchor_533" class="label">[528]</a>
-<i>Evang.</i>, <span class="asc">I</span>, 26, 33; <span
-class="asc">IV</span>, 2, <i>I Epist.</i>, <span class="asc">V</span>,
-6.—<i>Hech.</i>, <span class="asc">X</span>, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_534" href="#FNanchor_534" class="label">[529]</a>
-La palabra <i>Sabiens</i> es el equivalente arameo de la palabra
-«Bautistas.» <i>Mogtasila</i> tiene en árabe el mismo significado.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XIII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_535" href="#FNanchor_535" class="label">[530]</a>
-Sin embargo, los sinópticos aluden vagamente á esos viajes
-(Math., <span class="asc">XXIII</span>, 37; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 34). Conocen tan bien como Juan la
-relacion de Jesús con José de Arimathea. El mismo Lúcas (<span
-class="asc">X</span>, 38-42) conoce la familia de Bethania. Lúcas
-(<span class="asc">IX</span>, 51-54) tiene un conocimiento vago del
-sistema del cuarto evangelio respecto á los viajes de Jesús. Algunos
-discursos contra los Fariseos y los Saduceos, colocados por los
-sinópticos en Galilea, no pueden tener sentido si no se colocan en
-Jerusalen. Por último, el espacio de ocho dias es demasiado corto para
-explicar todo lo que pasó en aquella ciudad desde la llegada de Jesús
-hasta su muerte.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_536" href="#FNanchor_536" class="label">[531]</a>
-Dos peregrinaciones están claramente designadas (Juan, <span
-class="asc">II</span>, 13; <span class="asc">V</span>, 1), sin contar
-el último viaje (<span class="asc">VII</span>, 10), despues del cual
-Jesús no volvió más á Galilea. El primero se habia efectuado cuando
-Juan bautizaba aún. Por consiguiente, perteneceria á la pascua del
-año 29. Pero las circunstancias que se refieren como de ese viaje son
-de una época más avanzada (Comp. Juan, <span class="asc">II</span>,
-14 y sig.; y Math., <span class="asc">XXI</span>, 12-13; Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 15-17; Luc., <span class="asc">XIX</span>,
-45-46). Evidentemente hay trasposiciones de fechas en estos capítulos
-de Juan, ó más bi<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>en
-habrá mezclado el autor las circunstancias de distintos viajes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_537" href="#FNanchor_537" class="label">[532]</a>
-Puede juzgarse por el del Talmud, eco de la escolástica judía de aquel
-tiempo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_538" href="#FNanchor_538" class="label">[533]</a>
-Salm. <span class="asc">LXXXIV</span> (vulg. <span
-class="asc">LXXXIII</span>), 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_539" href="#FNanchor_539" class="label">[534]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 73; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 70; <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>,
-7; Talm. de Babil., <i>Erubin</i>, 53 <i>a</i> y sig.; Bereschith
-rabba, 26 <i>c</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_540" href="#FNanchor_540" class="label">[535]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 52.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_541" href="#FNanchor_541" class="label">[536]</a>
-Isa., <span class="asc">IX</span>, 1-2; Math., <span
-class="asc">IV</span>, 13 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_542" href="#FNanchor_542" class="label">[537]</a>
-Juan, <span class="asc">I</span>, 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_543" href="#FNanchor_543" class="label">[538]</a>
-Sepulcros llamados de los Jueces, de los Reyes, de Absalon, de
-Zacarías, de Josaphat, de Santiago. Comp. la descripcion del sepulcro
-de los Macabeos en Modin (<i>I Mac.</i>, <span class="asc">XIII</span>,
-27 y sig.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_544" href="#FNanchor_544"
-class="label">[539]</a> Math., <span class="asc">XXIII</span>,
-27, 29; <span class="asc">XXIV</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">XIX</span>,
-44; <span class="asc">XXI</span>, 5 y sig. Comp. <i>Libro de
-Henoch</i>, <span class="asc">XCVII</span>, 13-14. Talm. de Babil.,
-<i>Schabbath</i>, 33 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_545" href="#FNanchor_545" class="label">[540]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 5, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_546" href="#FNanchor_546" class="label">[541]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 7; Juan, <span
-class="asc">II</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_547" href="#FNanchor_547" class="label">[542]</a>
-Math. <span class="asc">XXIV</span>, 2; <span class="asc">XXVI</span>,
-61; <span class="asc">XXVII</span>, 40; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 2; <span class="asc">XIV</span>, 58; <span
-class="asc">XV</span>, 29; Luc., <span class="asc">XXI</span>, 6; Juan,
-<span class="asc">II</span>, 19-20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_548" href="#FNanchor_548" class="label">[543]</a> Es
-indudable que el templo y su recinto ocuparon el sitio de la Mezquita
-de Omar y del <i>haram</i>, ó Patio Sagrado que rodea la Mezquita. El
-terraplen del haram en algunas de sus partes, y particularmente donde
-van á llorar los judíos, forma el basamento del templo de Heródes.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_549" href="#FNanchor_549" class="label">[544]</a>
-Luc., <span class="asc">II</span>, 46 y sig.; Mischna,
-<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">X</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_550" href="#FNanchor_550" class="label">[545]</a>
-Suet., <i>Aug.</i>, 93.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_551" href="#FNanchor_551" class="label">[546]</a>
-Filon, <i>Legatio ad Caium</i>, § 31; Jos., <i>B. J.</i>, V, <span
-class="asc">V</span>, 2; VI, <span class="asc">II</span>, 4;
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_552" href="#FNanchor_552" class="label">[547]</a>
-Todavía se ven en la parte septentrional del haram vestigios
-considerables de la torre Antonia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_553" href="#FNanchor_553" class="label">[548]</a>
-Mischna, <i>Berakoth</i>, <span class="asc">IX</span>, 5;
-Talm. de Babil., <i>Jebamoth</i>, 6 <i>b</i>; Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_554" href="#FNanchor_554" class="label">[549]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIV</span>, 3; VI, <span
-class="asc">XI</span>, 3. Comp. Salm. <span class="asc">CXXXIII</span>
-(Vulg. <span class="asc">CXXXII</span>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_555" href="#FNanchor_555" class="label">[550]</a>
-Marc., <span class="asc">XI</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_556" href="#FNanchor_556" class="label">[551]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 12 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 15 y sig.; Luc., <span class="asc">XIX</span>,
-45 y sig.; Juan, <span class="asc">II</span>, 14 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_557" href="#FNanchor_557" class="label">[552]</a>
-<i>Itin. a Burdig. Hierus.</i>, p. 152 (ed. Schott); San Jerónimo,
-en Is. <span class="asc">II</span>, 8, y en Math., <span
-class="asc">XXIV</span>, <span class="asc">IV</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_558" href="#FNanchor_558" class="label">[553]</a>
-Ammiano Marcelino, <span class="asc">XXIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_559" href="#FNanchor_559" class="label">[554]</a>
-Eutiquio, <i>Ann.</i>, <span class="asc">II</span>, 286 y sig. (Oxford,
-1659).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_560" href="#FNanchor_560" class="label">[555]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XI, <span class="asc">III</span>, 1, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_561" href="#FNanchor_561" class="label">[556]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>.</p>
-
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p><div
-class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_562" href="#FNanchor_562" class="label">[557]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">IV</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">V</span>, 17; Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span
-class="asc">IX</span>, 1; <i>Pirké Aboth</i>, I, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_563" href="#FNanchor_563" class="label">[558]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">IX</span>, 3; XVII, <span
-class="asc">VI</span>, 4; <span class="asc">XIII</span>, 1; XVIII,
-<span class="asc">I</span>, 1; <span class="asc">II</span>, 1; XIX,
-<span class="asc">VI</span>, 2; <span class="asc">VIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_564" href="#FNanchor_564" class="label">[559]</a>
-Este nombre no se halla más que en los documentos judíos. Creo que los
-«Herodianos» del evangelio han de ser los <i>Boethusim</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_565" href="#FNanchor_565" class="label">[560]</a>
-Tratado <i>Aboth Nathan</i>, 5; <i>Soferim</i>, <span
-class="asc">III</span>, hal. 5; Mischna, <i>Menachoth</i>, <span
-class="asc">X</span>, 3; Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 118
-<i>a</i>. El nombre de los <i>Boethusim</i> se cambia muchas veces
-en los libros talmúdicos con el de saduceos, ó bien con la voz
-<i>Minim</i> (heréticos). Comp. Thosiphta <i>Joma</i>, 1, con el
-Talm. de Jer., igual tratado, <span class="asc">I</span>, 5, y Talm.
-de Babil., igual tratado, 19 <i>b</i>; Thos. <i>Sukka</i>, <span
-class="asc">III</span>, con el Talm. de Babil., igual tratado. Thos.
-<i>Menachoth</i>, <span class="asc">X</span>, con Mischna, <span
-class="asc">X</span>, 3, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_566" href="#FNanchor_566" class="label">[561]</a>
-Parece que se trata de él en el Talmud. Talm. de Babil.,
-<i>Taanith</i>, 20 <i>a</i>; <i>Gittin</i>, 56 <i>a</i>;
-<i>Kethuboth</i>, 66 <i>b</i>; tratado <i>Aboth Nathan</i>, <span
-class="asc">VII</span>; Midrasch rabba, <i>Eka</i>, 64 <i>a</i>.
-El pasaje <i>Taanith</i> le identifica con Bunai, el cual segun
-<i>Sanhedrin</i> era discípulo de Jesús. Pero si Bunai es el Banú de
-Josefo, esa semejanza no tiene valor ninguno.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_567" href="#FNanchor_567" class="label">[562]</a>
-Juan, <span class="asc">III</span>, 1 y sig.; <span
-class="asc">VII</span>, 50. Es de creer que el texto mismo de la
-plática no es más que una creacion de Juan.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_568" href="#FNanchor_568" class="label">[563]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 50 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_569" href="#FNanchor_569" class="label">[564]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_570" href="#FNanchor_570" class="label">[565]</a>
-Mischna, <i>Baba metsia</i>, <span class="asc">V</span>, 8; Talm. de
-Babil., <i>Sota</i>, 49 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_571" href="#FNanchor_571" class="label">[566]</a>
-Talm. de Jer., <i>Berakoth</i>, <span class="asc">IX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_572" href="#FNanchor_572" class="label">[567]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">V</span>, 34 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_573" href="#FNanchor_573" class="label">[568]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_574" href="#FNanchor_574" class="label">[569]</a>
-<i>Orac. sib.</i>, I, III, 573 y sig.; 756-58. Comp. el Targum de
-Jonathan, ls., <span class="asc">XII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_575" href="#FNanchor_575" class="label">[570]</a>
-Luc., <span class="asc">XVI</span>, 16. El pasaje de Matheo, <span
-class="asc">XI</span>, 12-13, tiene ménos claridad, mas no puede
-tomarse en otro sentido.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_576" href="#FNanchor_576" class="label">[571]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 17-18 (Talm. de Babil.,
-<i>Schabbath</i>, 116 <i>b</i>); no es contradictorio este pasaje
-con aquellos en que está implicada la abolicion de la Ley. Significa
-solamente que todas las imágenes del Antiguo Testamento se cumplieron
-en Jesús.—Luc., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_577" href="#FNanchor_577" class="label">[572]</a>
-Luc., <span class="asc">V</span>, 36 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_578" href="#FNanchor_578" class="label">[573]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_579" href="#FNanchor_579" class="label">[574]</a>
-Math<span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>., <span
-class="asc">XXIV</span>, 14; <span class="asc">XXVIII</span>, 19;
-Marc., <span class="asc">XIII</span>, 10; <span class="asc">XVI</span>,
-15; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 47.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XIV</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_580" href="#FNanchor_580" class="label">[575]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_581" href="#FNanchor_581" class="label">[576]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 14; <span class="asc">XI</span>,
-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_582" href="#FNanchor_582" class="label">[577]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 23 y sig.; <span
-class="asc">IX</span>, 13; <span class="asc">XII</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_583" href="#FNanchor_583" class="label">[578]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 37 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 28 y sig.; Luc., <span class="asc">X</span>, 25
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_584" href="#FNanchor_584" class="label">[579]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 15; <i>I Cor.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_585" href="#FNanchor_585" class="label">[580]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 21; Luc. <span
-class="asc">VI</span>, 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_586" href="#FNanchor_586" class="label">[581]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 8; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 6;—Isa., <span class="asc">XXIX</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_587" href="#FNanchor_587" class="label">[582]</a>
-Véase particularmente el tratado <i>Schabbath</i> de la <i>Mischna</i>
-y el <i>libro de los Jubileos</i> (traducido del etiope en los
-<i>Jahrbücher</i> de Ewald, años 2 y 3), <span class="asc">C.
-L.</span></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_588" href="#FNanchor_588" class="label">[583]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">V</span>, 1; Plinio, <i>H.
-N.</i>, XXXI, 18.—Thompson, <i>The land and the Book</i>, I, 406 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_589" href="#FNanchor_589" class="label">[584]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 1-14; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 23-28; Luc., <span class="asc">VI</span>, 1-5;
-<span class="asc">XIII</span>, 14 y sig.; <span class="asc">XIV</span>,
-1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_590" href="#FNanchor_590" class="label">[585]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 34; <span class="asc">XV</span>,
-1 y sig., 12 y sig.; <span class="asc">XXIII</span> entero; Marc.,
-<span class="asc">VII</span>, 1 y sig., 15 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 45; <span class="asc">XI</span>, 39 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_591" href="#FNanchor_591" class="label">[586]</a>
-Creo que los paganos de Galilea se hallaban particularmente en las
-fronteras, en Kadés, por ejemplo; pero que, á excepcion de la ciudad de
-Tiberiade, todo el interior del país era judío. La línea donde acaban
-las ruinas de templos y donde principian las ruinas de sinagogas está
-hoy dia claramente marcada á la altura del lago Huleh (Samachonitis).
-Los vestigios de escultura pagana que algunos han creido hallar en
-Tell-Hum son dudosos. La costa, y en particular la ciudad de Acre, no
-formaban parte de la Galilea.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_592" href="#FNanchor_592" class="label">[587]</a>
-<i>Sabiduría</i>, cap. 13 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_593" href="#FNanchor_593" class="label">[588]</a>
-Math., <span class="asc">XX</span>, 25; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 42; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_594" href="#FNanchor_594" class="label">[589]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.; <span
-class="asc">XV</span>, 22 y sig.; Marc., <span class="asc">VII</span>,
-25 y sig.; Luc., <span class="asc">IV</span>, 25 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_595" href="#FNanchor_595" class="label">[590]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 41; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 9; Luc., <span class="asc">XX</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_596" href="#FNanchor_596" class="label">[591]</a>
-Isa., <span class="asc">II</span>, 2 y sig.; <span
-class="asc">LX</span>; Amós, <span class="asc">IX</span>, 11 y
-sig.; Jerem., <span class="asc">III</span>, 17; Malach., <span
-class="asc">I</span>, 11; <i>Tobías</i>, <span class="asc">XIII</span>,
-13 y sig. <i>Orac. sibyl.</i>, <span class="asc">III</span>, 715 y sig.
-Comp. Math., <span class="asc">XXIV</span>, 14; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">XV</span>, 15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_597" href="#FNanchor_597" class="label">[592]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 11-12; <span
-class="asc">XXI</span>, 33 y sig.; <span class="asc">XXII</span>, 1 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_598" href="#FNanchor_598" class="label">[593]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 6; <span class="asc">X</span>,
-5-6; <span class="asc">XV</span>, 24; <span class="asc">XXI</span>,
-43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_599" href="#FNanchor_599" class="label">[594]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 46; <span class="asc">VI</span>,
-7, 32; <span class="asc">XVIII</span>, 17; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 32 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_600" href="#FNanchor_600" class="label">[595]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 30; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 39; Luc., <span class="asc">IX</span>, 50; <span
-class="asc">XI</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_601" href="#FNanchor_601" class="label">[596]</a>
-Josefo lo afirma de una manera formal. (<i>Ant.</i>, XVIII, <span
-class="asc">III</span>, 3). Comp. Juan, <span class="asc">VII</span>,
-35; <span class="asc">XII</span>, 20-21.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_602" href="#FNanchor_602" class="label">[597]</a>
-Talm. de Jer., <i>Sota</i>, <span class="asc">VII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_603" href="#FNanchor_603" class="label">[598]</a>
-Véase particularmente Juan, <span class="asc">VII</span>, 35; <span
-class="asc">XII</span>, 20; <i>Hech.</i>, <span class="asc">XIV</span>,
-1; <span class="asc">XVII</span>, 4; <span class="asc">XVIII</span>, 4;
-<span class="asc">XXI</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_604" href="#FNanchor_604" class="label">[599]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 20; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">VIII</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_605" href="#FNanchor_605" class="label">[600]</a>
-Mischna, <i>Baba metsia</i>, <span class="asc">IX</span>, 12;
-Talm. de Babil., <i>Sanh.</i> 56 <i>b</i>; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">VIII</span>, 27; <span class="asc">X</span>, 2,
-22, 35; <span class="asc">XIII</span>, 16, 26, 43, 50; <span
-class="asc">XVI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>,
-4, 17; <span class="asc">XVIII</span>, 7; <i>Galat.</i>,
-<span class="asc">II</span>, 3; Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span
-class="asc">VII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_606" href="#FNanchor_606" class="label">[601]</a>
-<i>Eccles.</i>, <span class="asc">L</span>, 27-28; Juan, <span
-class="asc">VIII</span>, 48; Jos., <i>Ant.</i>, IX, <span
-class="asc">XIV</span>, 3; XI, <span class="asc">VIII</span>, 6; XII,
-<span class="asc">V</span>, 5; Talm. de Jer., <i>Aboda zara</i>, <span
-class="asc">V</span>, 4; <i>Pesachim</i>, <span class="asc">I</span>,
-1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_607" href="#FNanchor_607" class="label">[602]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 5; Luc., <span
-class="asc">XVII</span>, 18. Comp. Talm. de Babil., <i>Cholin</i>, 6
-<i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_608" href="#FNanchor_608" class="label">[603]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 5-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_609" href="#FNanchor_609" class="label">[604]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 53.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_610" href="#FNanchor_610" class="label">[605]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_611" href="#FNanchor_611" class="label">[606]</a>
-Juan, <span class="asc">IV</span>, 39-43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_612" href="#FNanchor_612" class="label">[607]</a>
-Luc., <span class="asc">XVII</span>, 16 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_613" href="#FNanchor_613" class="label">[608]</a>
-Luc., <span class="asc">X</span>, 30 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_614" href="#FNanchor_614" class="label">[609]</a>
-Hoy dia Napluse.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_615" href="#FNanchor_615" class="label">[610]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 53; Juan, <span
-class="asc">IV</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_616" href="#FNanchor_616" class="label">[611]</a>
-Mischna, <i>Schebiit</i>, <span class="asc">VIII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_617" href="#FNanchor_617" class="label">[612]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 1; <i>B. J.</i>, II,
-<span class="asc">XII</span>, 3; <i>Vita</i>, 52.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_618" href="#FNanchor_618" class="label">[613]</a>
-Juan, <span class="asc">IV</span>, 21-23. El versículo 22, á lo
-ménos el último párrafo que expresa un pensamiento opuesto al de los
-versículos 21 y 23, parece haber sido interpolado. No se debe insistir
-demasiado sobre la realidad histórica de semejante plática, en razon á
-que sólo Jesús ó su interlocutora pudieron relatarla. Pero la anécdota
-del cap. <span class="asc">IV</span> de Juan representa ciertamente uno
-de los pensamientos más íntimos de Jesús, y muchas circunstancias de la
-narracion tienen un carácter peculiar de verdad.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XV</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_619" href="#FNanchor_619" class="label">[614]</a>
-Las indecisiones de los discípulos inmediatos de Jesús, de los cuales
-una fraccion numerosa permaneció adicta al judaismo, pudieran dar
-lugar á algunas objeciones. Pero el proceso de Jesús no deja ninguna
-duda. Veremos que en él fué tratado como «corruptor.» El Talmud da
-el procedimiento seguido contra él, como ejemplo del que se debe
-seguir contra los «corruptores» que quieren derribar la Ley de Moisés
-(Talm. de Jer., <i>Sanhedrin<span class="pagenum" id="Page_277">p.
-277</span></i>, <span class="asc">XIV</span>, 16; Talm. de Babil.,
-<i>Sanhedrin</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_620" href="#FNanchor_620" class="label">[615]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 12; Luc., <span
-class="asc">XVI</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_621" href="#FNanchor_621" class="label">[616]</a> Es
-verdad que algunos doctores, como Hillel, Gamaliel, se nos presentan
-como pertenecientes á la raza de David. Pero son alegaciones muy
-dudosas. Si la familia de David formaba un grupo distinto de cierta
-notoriedad, ¿cómo es que en las grandes luchas del tiempo no se la
-ve nunca figurar al lado de los Sadokitas, de los Boethuses, de los
-Asmoneos, de los Heródes?</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_622" href="#FNanchor_622" class="label">[617]</a>
-Math., <span class="asc">II</span>, 5-6; <span
-class="asc">XXII</span>, 42; Luc., <span class="asc">I</span>, 32;
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 41-42; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">II</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_623" href="#FNanchor_623" class="label">[618]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 27; <span class="asc">XII</span>,
-23; <span class="asc">XV</span>, 22; <span class="asc">XX</span>,
-30-31; Marc., <span class="asc">X</span>, 47, 57; Luc., <span
-class="asc">XVIII</span>, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_624" href="#FNanchor_624" class="label">[619]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 1 y sig.; Luc., <span
-class="asc">III</span>, 23 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_625" href="#FNanchor_625" class="label">[620]</a>
-Math., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.; Luc., <span
-class="asc">II</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_626" href="#FNanchor_626" class="label">[621]</a>
-Las dos genealogías no concuerdan entre sí y se hallan poco conformes
-con las listas del Antiguo Testamento. La narracion de Lúcas sobre
-el empadronamiento de Quirino implica un anacronismo (véase la <a
-href="#Footnote_88">nota 83 del cap. <span class="asc">II</span></a>).
-Natural era que la leyenda se apoderase de esa circunstancia. Los
-empadronamientos sorprendian á los judíos, trastornaban sus ideas
-mezquinas, y el recuerdo les duraba mucho tiempo.—<i>Hech.</i>, <span
-class="asc">V</span>, 37.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_627" href="#FNanchor_627" class="label">[622]</a>
-Supone Julio el Africano (en Eusebio, <i>H. E.</i>, I, 7) que fueron
-los parientes de Jesús los que, refugiados en la Batanea, ensayaron
-recomponer las genealogías.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_628" href="#FNanchor_628" class="label">[623]</a>
-Los <i>Ebionim</i>, los «Hebreos», los «Nazarenos», Taciano,
-Marcion.—Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XXIX</span>, 9;
-<span class="asc">XXX</span>, 3, 14; <span class="asc">XLVI</span>,
-1; Teodoreto, <i>Hæret. fab.</i>, I, 20; Isidoro de Pelusio,
-<i>Epist.</i>, I, 371, ad Pansophium.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_629" href="#FNanchor_629" class="label">[624]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 22-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_630" href="#FNanchor_630" class="label">[625]</a>
-Génesis, <span class="asc">I</span>, 2. Respecto á la idea análoga
-entre los egipcios, véase Herodoto, III, 28; Pomp. Mela, I, 9;
-Plutarco, <i>Quæst. symp.</i>, VIII, <span class="asc">I</span>, 3;
-<i>de Isid. et Osir.</i>, 43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_631" href="#FNanchor_631" class="label">[626]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 15, 23; Isa., <span
-class="asc">VII</span>, 14 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_632" href="#FNanchor_632" class="label">[627]</a>
-Math., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_633" href="#FNanchor_633" class="label">[628]</a>
-Luc., <span class="asc">II</span>, 25 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_634" href="#FNanchor_634" class="label">[629]</a>
-La leyenda de la Degollacion de los Inocentes se refiere probablemente
-á alguna crueldad cometida por Heródes en las cercanías de Bethlehem.
-Comp. Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">IX</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_635" href="#FNanchor_635" class="label">[630]</a>
-Math., <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>; Luc.,
-<span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>; S. Justin,
-<i>Dial. cum Tryph.</i>, 78, 106; <i>Protevang. de Santiago</i>
-(apóc.), 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_636" href="#FNanchor_636" class="label">[631]</a>
-Ciertos pasajes, como <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 22, la
-desechan completamente.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_637" href="#FNanchor_637" class="label">[632]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 17; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 18; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_638" href="#FNanchor_638" class="label">[633]</a>
-Juan, <span class="asc">V</span>, 18 y sig.; <span
-class="asc">X</span>, 33 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_639" href="#FNanchor_639" class="label">[634]</a>
-Juan, <span class="asc">XIV</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_640" href="#FNanchor_640" class="label">[635]</a>
-Marc., <span class="asc">XIII</span>, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_641" href="#FNanchor_641" class="label">[636]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 9, 45; Luc., <span
-class="asc">III</span>, 38; <span class="asc">VI</span>, 35; <span
-class="asc">XX</span>, 36; Juan, <span class="asc">I</span>,
-12-13; <span class="asc">X</span>, 34-35. Comp. <i>Hech.</i>,
-<span class="asc">XVII</span>, 28-29; <i>Rom.</i>, <span
-class="asc">VIII</span>, 14, 19, 21; <span class="asc">IX</span>, 26;
-<i>II Cor.</i>, <span class="asc">VI</span>, 18; <i>Galat.</i>, <span
-class="asc">III</span>, 26, <span class="pagenum" id="Page_278">p.
-278</span>y en el antiguo testamento, <i>Deuter.</i>, <span
-class="asc">XIV</span>, 1, y particularmente <i>Sabiduría</i>, <span
-class="asc">II</span>, 13, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_642" href="#FNanchor_642" class="label">[637]</a>
-Luc., <span class="asc">XX</span>, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_643" href="#FNanchor_643" class="label">[638]</a>
-<i>Gen.</i>, <span class="asc">VI</span>, 2; <i>Job.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 6; <span class="asc">II</span>, 1; <span
-class="asc">XXVIII</span>, 7; Sal. <span class="asc">II</span>,
-7; <span class="asc">LXXXII</span>, 6; <i>II Sam.</i>, <span
-class="asc">VII</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_644" href="#FNanchor_644" class="label">[639]</a>
-El hijo del diablo (Math., <span class="asc">XIII</span>, 38;
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 10); los hijos de
-este siglo (Marc., <span class="asc">III</span>, 17; Luc., <span
-class="asc">XVI</span>, 8; <span class="asc">XX</span>, 34); los
-hijos de la luz (Luc., <span class="asc">XVI</span>, 8; Juan, <span
-class="asc">XII</span>, 36); los hijos de la resurreccion (Luc.,
-<span class="asc">XX</span>, 36); los hijos del reino (Math., <span
-class="asc">VIII</span>, 12; <span class="asc">XIII</span>, 38); los
-hijos del esposo (Math., <span class="asc">IX</span>, 15; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 19; Luc., <span class="asc">V</span>, 34); los
-hijos de la gehenna (Math., <span class="asc">XXIII</span>, 15); los
-hijos de la paz (Luc., <span class="asc">X</span>, 6); recordemos que
-el Júpiter del paganismo es <span xml:lang="grc" lang="grc">πατὴρ
-ἀνδρῶν τε θεῶν τε</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_645" href="#FNanchor_645" class="label">[640]</a>
-Comp. <i>Hech.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_646" href="#FNanchor_646" class="label">[641]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 20; <span
-class="asc">XXVIII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_647" href="#FNanchor_647" class="label">[642]</a>
-Juan, <span class="asc">X</span>, 30; <span class="asc">XVII</span>,
-21. Véanse en general los últimos discursos de Juan (cap. <span
-class="asc">XVII</span>), que expresan muy bien la naturaleza del
-estado psicológico de Jesús, aunque no deban considerarse como
-verdaderos documentos históricos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_648" href="#FNanchor_648" class="label">[643]</a>
-Los pasajes en apoyo de estos títulos son demasiado numerosos para ser
-citados.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_649" href="#FNanchor_649" class="label">[644]</a>
-Solamente en el evangelio de Juan se sirve Jesús de la expresion de
-«Hijo de Dios» ó de «Hijo», como sinónimo del pronombre <i>yo</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_650" href="#FNanchor_650" class="label">[645]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 8; Luc., <span
-class="asc">VI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_651" href="#FNanchor_651" class="label">[646]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_652" href="#FNanchor_652" class="label">[647]</a>
-Juan, <span class="asc">V</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_653" href="#FNanchor_653" class="label">[648]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 18-19; Luc., <span
-class="asc">XVII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_654" href="#FNanchor_654" class="label">[649]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_655" href="#FNanchor_655" class="label">[650]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 2 y sig.; Marc., <span
-class="asc">II</span>, 5 y sig.; Luc., <span class="asc">V</span>, 20;
-<span class="asc">VII</span>, 47-48.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_656" href="#FNanchor_656"
-class="label">[651]</a> Math., <span class="asc">XII</span>,
-41-42; <span class="asc">XXII</span>, 43 y sig.; Juan, <span
-class="asc">VIII</span>, 52 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_657" href="#FNanchor_657" class="label">[652]</a>
-Véase Juan, <span class="asc">XIV</span> y sig.; pero es dudoso que
-tengamos aquí la enseñanza auténtica de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_658" href="#FNanchor_658" class="label">[653]</a>
-Filon, citado en Eusebio, <i>Præp. evang.</i>, VII, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_659" href="#FNanchor_659" class="label">[654]</a>
-Filon, <i>De mig. Abraham</i>, § 1; <i>Quod Deus immut.</i>, § 6;
-<i>De confus. ling.</i>, §§ 14, 28; <i>De profugis</i>, § 20; <i>De
-somniis</i>, <span class="asc">I</span>, § 37; <i>De agric. Noe</i>, §
-12; <i>Quis rerum divin. hæres</i>, § 25 y sig., 48 y sig., etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_660" href="#FNanchor_660" class="label">[655]</a>
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Μετάθρονος</span>, es decir, partícipe
-del trono de Dios; especie de secretario divino, que lleva cuenta
-y razon de los méritos y deméritos; <i>Bereschith Rabba</i>, <span
-class="asc">V</span>, 6 <i>c</i>; Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, 38
-<i>b</i>; <i>Chagiga</i>, 15 <i>a</i>; Targum de Jonathan, <i>Gen.</i>,
-<span class="asc">V</span>, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_661" href="#FNanchor_661" class="label">[656]</a>
-La teoría del <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγος</span> no
-contiene elementos griegos. Las semejanzas que han querido darle
-con el <i>Honover</i> de los Parsis no tienen tampoco fundamento.
-El <i>Minokhired</i> ó «Inteligencia divina» tiene alguna analogía
-con el <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγος</span> judío (véanse
-los fragmentos del libro intitulado <i>Minokhired</i> en Spiegel,
-<i>Parsi-Gramatik</i>, p. 161-162). Pero el desarrollo de la doctrina
-<i>Minokhired</i> entre los Parsis es moderno y puede implicar una
-influencia extranjera. La «Inteligencia divina» (<i>Mainyu-Khratû</i>)
-figura en los libros zendos, mas no sirve de base á una teoría; entra
-solamente en algunas invocaciones. Pueden tener algun valor las
-analogías ensayadas entre la teoría alejandrina del Verbo y algunos
-puntos de la teología egipcia. Pero nada indica que, en los siglos
-que precedieron la era cr<span class="pagenum" id="Page_279">p.
-279</span>istiana, recibiese el judaismo palestino algunos elementos de
-Egipto.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_662" href="#FNanchor_662" class="label">[657]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_663" href="#FNanchor_663" class="label">[658]</a>
-<i>Sabiduría</i>, <span class="asc">IX</span>, 1-2; <span
-class="asc">XVII</span>, 12; Comp. <span class="asc">VII</span>, 12;
-<span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.; <span class="asc">IX</span>
-y generalmente, <span class="asc">IX-XI</span>. Estas prosopopeyas
-de la Sabiduría personificada se encuentran en libros mucho más
-antiguos. <i>Prov.</i>, <span class="asc">VIII</span>, <span
-class="asc">IX</span>; <i>Job.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_664" href="#FNanchor_664" class="label">[659]</a>
-Juan, Evang., <span class="asc">I</span>, 1-14; I Epist., <span
-class="asc">V</span>, 7; <i>Apocal.</i>, <span class="asc">XIX</span>,
-13. Se notará que, en el evangelio de Juan, la palabra «Verbo» no
-aparece sino en el prólogo y que jamás el narrador la coloca en boca de
-Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_665" href="#FNanchor_665" class="label">[660]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">X</span>, 42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_666" href="#FNanchor_666" class="label">[661]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 64; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 19; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-69; <i>Hech.</i>, <span class="asc">VII</span>, 55. Véase la <a
-href="#Footnote_660">nota 655</a>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_667" href="#FNanchor_667" class="label">[662]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 5. Comparado con <span
-class="asc">XXVIII</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_668" href="#FNanchor_668" class="label">[663]</a>
-Math., 26, 39; Juan, <span class="asc">XII</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_669" href="#FNanchor_669" class="label">[664]</a>
-Marc., <span class="asc">XIII</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_670" href="#FNanchor_670" class="label">[665]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 14-16; <span
-class="asc">XIV</span>, 13; Marc., <span class="asc">III</span>, 6-7;
-<span class="asc">IX</span>, 29-30; Juan, <span class="asc">VII</span>,
-1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_671" href="#FNanchor_671" class="label">[666]</a>
-Math., <span class="asc">II</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_672" href="#FNanchor_672" class="label">[667]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 20; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_673" href="#FNanchor_673" class="label">[668]</a>
-Luc., <span class="asc">VIII</span>, 45-46; Juan, <span
-class="asc">XI</span>, 33, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_674" href="#FNanchor_674" class="label">[669]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_675" href="#FNanchor_675" class="label">[670]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 2; <span class="asc">XVI</span>,
-14; <span class="asc">XVII</span>, 3 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 14-15; <span class="asc">VIII</span>, 28; Luc.,
-<span class="asc">IX</span>, 8 y sig., 19.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XVI</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_676" href="#FNanchor_676" class="label">[671]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">II</span>,
-5-6, 15, 18; <span class="asc">IV</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_677" href="#FNanchor_677" class="label">[672]</a>
-Math., <span class="asc">I</span>, 23; <span class="asc">IV</span>,
-6, 14; <span class="asc">XXVI</span>, 31, 54, 56; <span
-class="asc">XXVII</span>, 9, 35; Marc., <span class="asc">XIV</span>,
-27; <span class="asc">XV</span>, 28; Juan, <span
-class="asc">XII</span>, 14-15; <span class="asc">XVIII</span>, 9; <span
-class="asc">XIX</span>, 19, 24, 28, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_678" href="#FNanchor_678" class="label">[673]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 34; <i>IV Esdras</i>, <span
-class="asc">XIII</span>, 50.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_679" href="#FNanchor_679" class="label">[674]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_680" href="#FNanchor_680" class="label">[675]</a>
-Véase su biografía por Filóstrato.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_681" href="#FNanchor_681" class="label">[676]</a>
-Véanse las Vidas de los sofistas, por Eunapio; vida de Plotino,
-por Porfirio; la de Proclo, por Marino; la de Isidoro, atribuida á
-Damascio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_682" href="#FNanchor_682" class="label">[677]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 19; <span class="asc">XXI</span>,
-21-22; Marc., <span class="asc">XI</span>, 23-24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_683" href="#FNanchor_683" class="label">[678]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_684" href="#FNanchor_684" class="label">[679]</a>
-Luc., <span class="asc">VIII</span>, 45-46; Juan, 33, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_685" href="#FNanchor_685" class="label">[680]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 2 y sig.; <span
-class="asc">IV</span>, 31; <span class="asc">VIII</span>, 15 y sig.;
-<span class="asc">X</span>, 44 y sig. Durante cerca de un siglo los
-apóstoles y sus discípulos no sueñan más que milagros. Véanse los
-<i>Hechos</i>, los escritos de San Pablo, los extractos de Papias,
-en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39, etc. Comp. Marc., <span
-class="asc">III</span>, 15; <span class="asc">XVI</span>, 17-18, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_686" href="#FNanchor_686" class="label">[681]</a>
-Juan, <span class="asc">V</span>, 14; <span class="asc">IX</span>, 1 y
-sig., 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_687" href="#FNanchor_687" class="label">[682]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 32-33; <span
-class="asc">XII</span>, 22; Luc., <span class="asc">XIII</span>, 11,
-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_688" href="#FNanchor_688" class="label">[683]</a>
-Luc., <span class="asc">VIII</span>, 45-46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_689" href="#FNanchor_689" class="label">[684]</a>
-Luc., <span class="asc">IV</span>, 40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_690" href="#FNanchor_690" class="label">[685]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 5; <span class="asc">XV</span>,
-30-31; Luc. <span class="asc">IX</span>, 1-2, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_691" href="#FNanchor_691" class="label">[686]</a>
-<i>Vendidad</i>, <span class="asc">XI</span>, 26; <i>Yaçna</i>, <span
-class="asc">X</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_692" href="#FNanchor_692" class="label">[687]</a>
-<i>Tobías</i>, <span class="asc">III</span>, 8; <span
-class="asc">VI</span>, 14; Talm. de Babil., <i>Gittin</i>, 68
-<i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_693" href="#FNanchor_693" class="label">[688]</a>
-Comp. Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">VIII</span>, 2; <i>Evangelio de la infancia</i>, 16, 33;
-Código siriaco publicado en las <i>Anecdota syriaca</i> por el Sr.
-Land, I, p. 152.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_694" href="#FNanchor_694" class="label">[689]</a>
-Jos., <i>Bell. jud.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 3; Luciano,
-<i>Philopseud.</i>, 16; Filóstrato, <i>Vida de Apol.</i>, III, 38; IV,
-20; Areteo, <i>De causis morb. chron.</i>, I, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_695" href="#FNanchor_695" class="label">[690]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 33; <span class="asc">XII</span>,
-22; Marc., <span class="asc">IX</span>, 16, 24; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_696" href="#FNanchor_696" class="label">[691]</a>
-<i>Tobías</i>, <span class="asc">VIII</span>, 2-3; Math., <span
-class="asc">XII</span>, 27; Marc., <span class="asc">IX</span>, 38;
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XIX</span>, 13; Jos., <i>Ant.</i>,
-VIII, <span class="asc">II</span>, 5; Justino, <i>Dial. cum
-Tryph.</i>, 85; Luciano, Epigr. <span class="asc">XXIII</span> (<span
-class="asc">XVII</span> Dindorf).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_697" href="#FNanchor_697" class="label">[692]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 20; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_698" href="#FNanchor_698" class="label">[693]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 28; <span
-class="asc">IX</span>, 34; <span class="asc">XII</span>, 43 y
-sig.; <span class="asc">XVII</span>, 14 y sig., 20; Marc., <span
-class="asc">V</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 27
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_699" href="#FNanchor_699" class="label">[694]</a>
-Esa frase, <i>Dæmonium habes</i> (Math., <span class="asc">XI</span>,
-18; Luc., <span class="asc">VII</span>, 33; Juan, <span
-class="asc">VII</span>, 20; <span class="asc">VIII</span>, 48 y sig.;
-<span class="asc">X</span>, 20 y sig.), debe traducirse por «tú estás
-loco», como se diria en árabe: <i>Medjnoun enté</i>. El verbo <span
-xml:lang="grc" lang="grc">δαιμονᾷν</span> siempre tuvo en la antigüedad
-clásica la significacion de «estar loco.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_700" href="#FNanchor_700" class="label">[695]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 39; <span class="asc">XVI</span>,
-4; <span class="asc">XVII</span>, 16; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 17; Luc., <span class="asc">IX</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_701" href="#FNanchor_701" class="label">[696]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 4; <span class="asc">IX</span>,
-30-31; <span class="asc">XII</span>, 16; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 44; <span class="asc">VII</span>, 24 y sig.;
-<span class="asc">VIII</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_702" href="#FNanchor_702" class="label">[697]</a>
-Marc., <span class="asc">I</span>, 24-25, 34; <span
-class="asc">III</span>, 12; Luc., <span class="asc">IV</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_703" href="#FNanchor_703" class="label">[698]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 16; Marc., <span
-class="asc">IX</span>, 18; Luc., <span class="asc">IX</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_704" href="#FNanchor_704" class="label">[699]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 38 y sig.; <span
-class="asc">XVI</span>, 1 y sig.; Marc., <span class="asc">VIII</span>,
-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_705" href="#FNanchor_705" class="label">[700]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_706" href="#FNanchor_706" class="label">[701]</a>
-Papias en Eus., <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_707" href="#FNanchor_707" class="label">[702]</a>
-Marc., <span class="asc">IV</span>, 40; <span class="asc">V</span>,
-15, 17, 33, 36; <span class="asc">VI</span>, 50; <span
-class="asc">X</span>, 32.—Math., <span class="asc">VIII</span>, 27, 34;
-<span class="asc">IX</span>, 8; <span class="asc">XIV</span>, 27; <span
-class="asc">XVII</span>, 6-7; <span class="asc">XXVIII</span>, 5, 10;
-Luc., <span class="asc">IV</span>, 36; <span class="asc">V</span>, 17;
-<span class="asc">VIII</span>, 25, 35, 37; <span class="asc">IX</span>,
-34. El evangelio apócrifo llamado de Tomás el Israelita lleva este
-rasgo hasta el absurdo. Comp. los <i>Milagros de la infancia</i>,
-en Thilo, <i>Cod. apocr. N. T.</i>, p. <span class="asc">CX</span>,
-nota.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_708" href="#FNanchor_708" class="label">[703]</a>
-<i>Hysteria muscularis</i> de Schönlein.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_709" href="#FNanchor_709" class="label">[704]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 14; Luc., <span class="asc">IX</span>, 7; <span
-class="asc">XXIII</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_710" href="#FNanchor_710" class="label">[705]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 34; Marc., <span
-class="asc">V</span>, 17; <span class="asc">VIII</span>, 37.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_711" href="#FNanchor_711" class="label">[706]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 14-15.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XVII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_712" href="#FNanchor_712" class="label">[707]</a>
-Juan, <span class="asc">V</span>, 1; <span class="asc">VII</span>, 2.
-Adoptamos el sistema de Juan, segun el cual la vida pública de Jesús
-duró tres años. Los sinópticos, por el contrario, agrupan todos los
-hechos en el espacio de un año.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_713" href="#FNanchor_713" class="label">[708]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 13-14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_714" href="#FNanchor_714" class="label">[709]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_715" href="#FNanchor_715" class="label">[710]</a>
-Math., <span class="asc">XXIV</span>, 3 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 4 y sig.; Luc., <span class="asc">XVII</span>,
-22 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, 7 y sig. Es de notar
-que la pintura del fin de los tiempos atribuida á Jesús por los
-sinópticos contiene muchos rasgos que se refieren al sitio de
-Jerusalen. Lúcas escribia algun tiempo despues de aquel sitio (<span
-class="asc">XXI</span>, 9, 20, 24). Por el contrario, la redaccion
-de Matheo (<span class="asc">XXVI</span>, 15, 16, 22, 29) nos lleva
-exactamente al momento del sitio ó muy poco despues. Sin embargo, es
-indudable que Jesús anunció grandes terrores que debian preceder á su
-reaparicion. Esos terrores formaban parte de todos los apocalípsis
-judíos. <i>Henoch</i>, <span class="asc">XCIX-C</span>, <span
-class="asc">CII</span>, <span class="asc">CIII</span> (division de
-Dillmann); <i>Carm. sibyll.</i>, <span class="asc">III</span>, 334
-y sig.; 633 y sig.; <span class="asc">IV</span>, 168 y sig.; <span
-class="asc">V</span>, 511 y sig. Segun Daniel, el reino de los santos
-vendria despues que la desolacion hubiese llegado á su colmo (<span
-class="asc">VII</span>, 25; <span class="asc">VIII</span>, 23; <span
-class="asc">IX</span>, 26-27; <span class="asc">XII</span>, 1).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_716" href="#FNanchor_716" class="label">[711]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 27; <span class="asc">XIX</span>,
-28; <span class="asc">XX</span>, 21; <span class="asc">XXIV</span>,
-30 y sig.; <span class="asc">XXV</span>, 31 y sig.; <span
-class="asc">XXVI</span>, 64; Marc., <span class="asc">XIV</span>,
-62; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 30; <i>I Cor.</i>, <span
-class="asc">XV</span>, 52; <i>I Thes.</i>, <span class="asc">IV</span>,
-15 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_717" href="#FNanchor_717" class="label">[712]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 38 y sig.; <span
-class="asc">XXV</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_718" href="#FNanchor_718" class="label">[713]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 39, 41, 49.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_719" href="#FNanchor_719" class="label">[714]</a>
-Math., <span class="asc">XXV</span>, 34. Comp. Juan, <span
-class="asc">XIV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_720" href="#FNanchor_720" class="label">[715]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 11; <span
-class="asc">XIII</span>, 43; <span class="asc">XXVI</span>, 29; Luc.,
-<span class="asc">XIII</span>, 28; <span class="asc">XVI</span>, 22;
-<span class="asc">XXII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_721" href="#FNanchor_721" class="label">[716]</a>
-Luc., <span class="asc">XIII</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_722" href="#FNanchor_722" class="label">[717]</a>
-Math., <span class="asc">XXV</span>, 41. La idea de la caida de los
-ángeles, tan desarrollada en el libro de Henoch, era universalmente
-admitida en el círculo de Jesús. <i>Epist. de Jud.</i>, 6 y sig.;
-<i>II.ª ep. atribuida á San Pedro</i>, <span class="asc">II</span>,
-4, 11; <i>Apoc.</i>, <span class="asc">XII</span>, 9; Evang. de Juan,
-<span class="asc">VIII</span>, 44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_723" href="#FNanchor_723" class="label">[718]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 22; <span class="asc">VIII</span>,
-12; <span class="asc">X</span>, 28; <span class="asc">XIII</span>,
-40, 42, 50; <span class="asc">XVIII</span>, 8; <span
-class="asc">XXIV</span>, 51; <span class="asc">XXV</span>, 30; Marc.,
-<span class="asc">IX</span>, 43.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_724" href="#FNanchor_724" class="label">[719]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 12; <span class="asc">XXII<span
-class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span></span>, 13; <span
-class="asc">XXV</span>, 30. Comp. Jos., <i>B. J.</i>, III, <span
-class="asc">VIII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_725" href="#FNanchor_725" class="label">[720]</a>
-Luc., <span class="asc">XVI</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_726" href="#FNanchor_726" class="label">[721]</a>
-Marc., <span class="asc">III</span>, 29; Luc., <span
-class="asc">XXII</span>, 69; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">VII</span>, 55.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_727" href="#FNanchor_727" class="label">[722]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 17; <span
-class="asc">III</span>, 19; <i>I Cor.</i>, <span class="asc">XV</span>,
-23-24, 52; <i>I Thess.</i>, <span class="asc">III</span>, 13; <span
-class="asc">IV</span>, 14; <span class="asc">V</span>, 23; <i>II
-Thess.</i>, <span class="asc">II</span>, 8; <i>I Tim.</i>, <span
-class="asc">VI</span>, 14; <i>II Tim.</i>, <span class="asc">IV</span>,
-1; <i>Tit.</i>, <span class="asc">II</span>, 13; <i>Epístola de
-Júdas</i>, 18; <i>II de Pedro</i>, <span class="asc">III</span> entero.
-El Apocalípsis todo entero, y en particular <span class="asc">I</span>,
-1; <span class="asc">II</span>, 5, 16; <span class="asc">III</span>,
-11; <span class="asc">XI</span>, 14; <span class="asc">XXII</span>, 6,
-7, 12, 20. Comp. IV.º libro de Esdras, <span class="asc">IV</span>,
-26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_728" href="#FNanchor_728" class="label">[723]</a>
-Luc., <span class="asc">XVII</span>, 30; <i>I Cor.</i>,
-<span class="asc">I</span>, 7-8; <i>II Thess.</i>, <span
-class="asc">I</span>, 7; <i>I San Pedro</i>, <span
-class="asc">I</span>, 7, 13; <i>Apoc.</i>, <span class="asc">I</span>,
-1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_729" href="#FNanchor_729" class="label">[724]</a>
-<i>Apoc.</i>, <span class="asc">I</span>, 3; <span
-class="asc">XXII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_730" href="#FNanchor_730" class="label">[725]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 15; <span class="asc">XIII</span>,
-9, 43; Marc., <span class="asc">IV</span>, 9, 23; <span
-class="asc">VII</span>, 16; Luc., <span class="asc">VIII</span>,
-8; <span class="asc">XIV</span>, 35; <i>Apoc.</i>, <span
-class="asc">II</span>, 7, 11, 27, 29; <span class="asc">III</span>, 6,
-13, 22; <span class="asc">XIII</span>, 9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_731" href="#FNanchor_731" class="label">[726]</a>
-<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_732" href="#FNanchor_732" class="label">[727]</a>
-<i>Apoc.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 9 y sig. El sexto
-emperador que el autor presenta como reinando es Galba. El emperador
-muerto que debe volver es Neron, cuyo nombre está escrito en cifras
-(<span class="asc">XIII</span>, 18).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_733" href="#FNanchor_733" class="label">[728]</a>
-<i>Apoc.</i>, <span class="asc">XI</span>, 2-3; <span
-class="asc">XII</span>, 14. Comp. Daniel, <span class="asc">VII</span>,
-25; <span class="asc">XII</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_734" href="#FNanchor_734" class="label">[729]</a>
-Cap. <span class="asc">IV</span>, v. 12 y 14. Comp. Cedrenus, p. 68
-(París, 1647).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_735" href="#FNanchor_735" class="label">[730]</a>
-Math., <span class="asc">XXIV</span>, 36; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_736" href="#FNanchor_736" class="label">[731]</a>
-Luc., <span class="asc">XVII</span>, 20; Comp. Talm. de Babil.,
-<i>Sanhedrin</i>, 97 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_737" href="#FNanchor_737" class="label">[732]</a>
-Math., <span class="asc">XXIV</span>, 36; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 32; Luc., <span class="asc">XI</span>, 35 y
-sig.; <span class="asc">XVII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_738" href="#FNanchor_738" class="label">[733]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 40; <i>II Pedro</i>, <span
-class="asc">III</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_739" href="#FNanchor_739" class="label">[734]</a>
-Luc., <span class="asc">XVII</span>, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_740" href="#FNanchor_740"
-class="label">[735]</a> Math., <span class="asc">X</span>,
-23; <span class="asc">XXIV-XXV</span> enteros, y part. <span
-class="asc">XXIV</span>, 29, 34; Marc., <span class="asc">XIII</span>,
-30; Luc., <span class="asc">XIII</span>, 35; <span
-class="asc">XXI</span>, 28 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_741" href="#FNanchor_741" class="label">[736]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 28; <span
-class="asc">XXIII</span>, 36, 39; <span class="asc">XXIV</span>,
-34; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 39; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 27; <span class="asc">XXI</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_742" href="#FNanchor_742" class="label">[737]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 2-4; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 54-56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_743" href="#FNanchor_743" class="label">[738]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 22-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_744" href="#FNanchor_744" class="label">[739]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 22-23. El capítulo <span
-class="asc">XXI</span> del cuarto evangelio es una añadidura, como lo
-prueba la cláusula final de la redaccion primitiva que existe en el
-versículo 31 del cap. <span class="asc">XX</span>. Pero la adicion es
-casi contemporánea de la publicacion misma de dicho evangelio.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_745" href="#FNanchor_745" class="label">[740]</a>
-Marc., <span class="asc">IX</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">XX</span>, 27 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_746" href="#FNanchor_746" class="label">[741]</a>
-Dan., <span class="asc">XII</span>, 2; II Macab., <span
-class="asc">VII</span> entero; <span class="asc">XII</span>,
-45-46; <span class="asc">XIV</span>, 46; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">XXIII</span>, 6, 8; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII,
-<span class="asc">I</span>, 3; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">VIII</span>, 14; III, <span class="asc">VIII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_747" href="#FNanchor_747" class="label">[742]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 29; Luc., <span
-class="asc">XXII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_748" href="#FNanchor_748" class="label">[743]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 24; Luc., <span
-class="asc">XX</span>, 34-38. Evang. ebionita llamado de los «Egipcios»
-en Clem. de Alej., <i>Strom.</i>, II, 9, 13; Clem. Rom. <i>Epist.</i>
-II, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_749" href="#FNanchor_749" class="label">[744]</a>
-Luc. <span class="asc">XIV</span>, 14; <span class="asc">XX</span>,
-35-36. Lo mismo opina San Pablo; I Cor. <span class="asc">XV</span>,
-23; I Thes. <span class="asc">IV</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_750" href="#FNanchor_750" class="label">[745]</a>
-Comp. el libro IV de Esdras, <span class="asc">IX</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_751" href="#FNanchor_751" class="label">[746]</a>
-Math., <span class="asc">XXV</span>, 32 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_752" href="#FNanchor_752" class="label">[747]</a>
-Particularmente los cap. <span class="asc">II, VI-VIII,
-X-XIII</span>.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_753" href="#FNanchor_753" class="label">[748]</a>
-Cap. <span class="asc">I</span>, <span class="asc">XLV-LII, LXII,
-XCIII</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_754" href="#FNanchor_754" class="label">[749]</a>
-Lib. III, 573 y sig.; 652 y sig.; 766 y sig.; 795 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_755" href="#FNanchor_755" class="label">[750]</a> Se
-traducen esas angustias de la conciencia cristiana con mucha ingenuidad
-en la 2.ª Epist. atribuida á San Pedro, <span class="asc">III</span>, 8
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_756" href="#FNanchor_756" class="label">[751]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 10, 33; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 34; Luc., <span class="asc">XI</span>, 2; <span
-class="asc">XII</span>, 31; <span class="asc">XVII</span>, 20, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_757" href="#FNanchor_757" class="label">[752]</a>
-Marc., <span class="asc">XII</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_758" href="#FNanchor_758" class="label">[753]</a>
-Véase, por ejemplo, el prólogo de Gregorio de Tours en su <i>Hist.
-eclesiást. de los Francos</i> y los numerosos hechos de la primera
-mitad de la edad media que principian con la fórmula «á la aproximacion
-de la noche del mundo...».</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_759" href="#FNanchor_759" class="label">[754]</a>
-<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XV</span>, 52.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XVIII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_760" href="#FNanchor_760" class="label">[755]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 15; <i>I Cor.</i>, <span
-class="asc">XV</span>, 5; <i>Gal.</i>, <span class="asc">I</span>,
-10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_761" href="#FNanchor_761" class="label">[756]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 2; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 16; Luc., <span class="asc">VI</span>, 14 y
-sig.; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 13; Papias en Eusebio,
-<i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_762" href="#FNanchor_762" class="label">[757]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 28; Luc., <span
-class="asc">XXII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_763" href="#FNanchor_763" class="label">[758]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 15; <span
-class="asc">II</span>, 14; <span class="asc">V</span>, 2-3, 29;
-<span class="asc">VIII</span>, 19; <span class="asc">XV</span>, 7;
-<i>Gal.</i>, <span class="asc">I</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_764" href="#FNanchor_764" class="label">[759]</a>
-Respecto á Pedro véase el <a href="#Ch_9">cap. <span
-class="asc">IX</span></a>; respecto á Felipe véase Papias, Policrates y
-Clem. de Alej., citados por Eusebio., <i>Hist. eccl.</i>, III, 30, 31,
-39; V, 24.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_765" href="#FNanchor_765" class="label">[760]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 20; <span class="asc">XVII</span>,
-9; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 30; <span
-class="asc">IX</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_766" href="#FNanchor_766" class="label">[761]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 26, 27; Marc., <span
-class="asc">IV</span>, 21; Luc., <span class="asc">VIII</span>,
-17; <span class="asc">XII</span>, 2 y sig.; Juan, <span
-class="asc">XIV</span>, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_767" href="#FNanchor_767" class="label">[762]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 10 y sig., 34 y sig.; Marc.,
-<span class="asc">IV</span>, 10 y sig., 33 y sig.; Luc. <span
-class="asc">VIII</span>, 9 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_768" href="#FNanchor_768" class="label">[763]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 6 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 17-23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_769" href="#FNanchor_769" class="label">[764]</a>
-Math., <span class="asc">XIII</span>, 18 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_770" href="#FNanchor_770" class="label">[765]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_771" href="#FNanchor_771" class="label">[766]</a>
-Luc., <span class="asc">X</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_772" href="#FNanchor_772" class="label">[767]</a>
-En todas las lenguas del Oriente semítico, la palabra griega
-<span xml:lang="grc" lang="grc">πανδοκεῖον</span> indicó siempre
-«hostería.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_773" href="#FNanchor_773" class="label">[768]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 11 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 10 y sig.; Luc., <span class="asc">X</span>, 5 y
-sig. Comp. 2.ª Epist. de Juan, 10-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_774" href="#FNanchor_774" class="label">[769]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 52 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_775" href="#FNanchor_775" class="label">[770]</a>
-Math. <span class="asc">X</span>, 40-42; <span class="asc">XXV</span>,
-35; Marc. <span class="asc">IX</span>, 40; Luc. <span
-class="asc">X</span>, 16; Juan, <span class="asc">XIII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_776" href="#FNanchor_776" class="label">[771]</a>
-Math., <span class="asc">VII</span>, 22; <span class="asc">X</span>, 1;
-Marc., <span class="asc">III</span>, 15; <span class="asc">VI</span>,
-13; Luc., <span class="asc">X</span>, 17.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_777" href="#FNanchor_777" class="label">[772]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 18-19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_778" href="#FNanchor_778" class="label">[773]</a>
-Marc., <span class="asc">VI</span>, 13; <span class="asc">XVI</span>,
-18; Epist. Jacobi, <span class="asc">V</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_779" href="#FNanchor_779" class="label">[774]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 18; Luc., <span
-class="asc">X</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_780" href="#FNanchor_780" class="label">[775]</a>
-Marc., <span class="asc">XVI</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_781" href="#FNanchor_781" class="label">[776]</a>
-Marc., <span class="asc">IX</span>, 37-38; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 49-50.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_782" href="#FNanchor_782" class="label">[777]</a>
-Antiguo Dios de los Filisteos convertido en demonio por los judíos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_783" href="#FNanchor_783" class="label">[778]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_784" href="#FNanchor_784" class="label">[779]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 18 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_785" href="#FNanchor_785" class="label">[780]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 17 y sig.; Juan, <span
-class="asc">XX</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_786" href="#FNanchor_786" class="label">[781]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_787" href="#FNanchor_787" class="label">[782]</a>
-Math., <span class="asc">XXVIII</span>, 19; Comp. Math., <span
-class="asc">III</span>, 16-17; Juan, <span class="asc">XV</span>,
-26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_788" href="#FNanchor_788" class="label">[783]</a>
-<i>Sap.</i>, <span class="asc">I</span>, 7; <span
-class="asc">VII</span>, 7; <span class="asc">IX</span>, 17; <span
-class="asc">XII</span>, 1; <i>Eccl.</i>, <span class="asc">I</span>,
-9; <span class="asc">XV</span>, 5; <span class="asc">XXIV</span>,
-27; <span class="asc">XXXIX</span>, 8; <i>Judit.</i>, <span
-class="asc">XVI</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_789" href="#FNanchor_789" class="label">[784]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 20; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 12; <span class="asc">XXIV</span>, 49; Juan,
-<span class="asc">XIV</span>, 26; <span class="asc">XV</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_790" href="#FNanchor_790" class="label">[785]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 11; Marc., <span
-class="asc">I</span>, 8; Luc., <span class="asc">III</span>, 16;
-Juan, <span class="asc">I</span>, 26; <span class="asc">III</span>,
-5; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 5, 8; <span
-class="asc">X</span>, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_791" href="#FNanchor_791" class="label">[786]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 1-4; <span
-class="asc">XI</span>, 15; <span class="asc">XIX</span>, 6.—Juan, <span
-class="asc">VII</span>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_792" href="#FNanchor_792" class="label">[787]</a>
-Juan, <span class="asc">XV</span>, 26; <span class="asc">XVI</span>,
-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_793" href="#FNanchor_793" class="label">[788]</a>
-<i>Katigor</i> (<span xml:lang="grc" lang="grc">κατήγορος</span>), esto
-es, «acusador», era el espíritu opuesto á <i>Paráclito</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_794" href="#FNanchor_794" class="label">[789]</a>
-Juan, <span class="asc">XIV</span>, 16; <i>I Epist.</i> de Juan, <span
-class="asc">II</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_795" href="#FNanchor_795" class="label">[790]</a>
-Juan, <span class="asc">XIV</span>, 26; <span class="asc">XV</span>,
-26; <span class="asc">XVI</span>, 7; Comp. Filon, <i>De mundi
-opificio</i>, § 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_796" href="#FNanchor_796" class="label">[791]</a>
-Juan, <span class="asc">XIV</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_797" href="#FNanchor_797" class="label">[792]</a>
-Papias, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_798" href="#FNanchor_798" class="label">[793]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 32 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_799" href="#FNanchor_799" class="label">[794]</a>
-Hállase un giro análogo, que provoca una equivocacion semejante, en
-Juan, <span class="asc">IV</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_800" href="#FNanchor_800" class="label">[795]</a>
-Todos esos discursos tienen un carácter muy marcado del estilo propio
-de Juan, para que sea permitido creerlos exactos. La anécdota referida
-en el capítulo <span class="asc">VI</span> del cuarto evangelio no
-carece, sin embargo, de realidad histórica.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_801" href="#FNanchor_801" class="label">[796]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 30, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_802" href="#FNanchor_802" class="label">[797]</a>
-Luc., <i>l. c.</i>; Juan, <span class="asc">XXI</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_803" href="#FNanchor_803" class="label">[798]</a>
-Comp. Math., <span class="asc">VII</span>, 10; <span
-class="asc">XIV</span>, 17 y sig.; <span class="asc">XV</span>,
-34 y sig.; Marc., <span class="asc">VI</span>, 38; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 13 y sig.; <span class="asc">XI</span>, 11;
-<span class="asc">XXIV</span>, 42; Juan, <span class="asc">VI</span>,
-9 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, 9 y sig. La cuenca del lago
-de Tiberiade es el único punto de la Palestina donde el pescado forma
-generalmente una parte de la alimentacion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_804" href="#FNanchor_804" class="label">[799]</a>
-Juan, <span class="asc">XXI</span>, 13; Luc., <span
-class="asc">XXIV</span>, 42-43. Compárense las más antiguas
-exposiciones de la Cena recibidas ó rectificadas por el señor de Rossi
-en su disertacion sobre el <span xml:lang="grc" lang="grc">ΙΧΘΥΣ</span>
-(<i>Spicilegium Solesmense</i> de dom Pitra, t. III, p. 568 y sig.)
-El designio del anagrama que contiene la palabra <span xml:lang="grc"
-lang="grc">ΙΧΘΥΣ</span> pudo combinarse con una tradicion más antigua
-sobre el oficio del pescado en las comidas evangélicas.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_805" href="#FNanchor_805" class="label">[800]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_806" href="#FNanchor_806" class="label">[801]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 42, 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_807" href="#FNanchor_807" class="label">[802]</a>
-<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_808" href="#FNanchor_808" class="label">[803]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_809" href="#FNanchor_809" class="label">[804]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span> entero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_810" href="#FNanchor_810" class="label">[805]</a>
-Cánon de las misas griegas y de la misa latina (muy antiguo).</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XIX</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_811" href="#FNanchor_811" class="label">[806]</a>
-Luc., <span class="asc">XIV</span>, 33; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">IV</span>, 32 y sig.; <span class="asc">V</span>, 1-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_812" href="#FNanchor_812" class="label">[807]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 10 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XVIII</span>, 29 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_813" href="#FNanchor_813" class="label">[808]</a>
-Doctrina constante de Pablo. Comp. <i>Apoc.</i>, <span
-class="asc">XIV</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_814" href="#FNanchor_814" class="label">[809]</a>
-Math., <span class="asc">XIX</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_815" href="#FNanchor_815" class="label">[810]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 8-9.—Talm. de Babil.,
-<i>Niddah</i>, 13 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_816" href="#FNanchor_816" class="label">[811]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 30; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 25; Luc., <span class="asc">XX</span>,
-35; Evang. ebionita llamado de los «Egipcios» en Clem. de Alej.,
-<i>Strom.</i>, <span class="asc">III</span>, 9, 13 y Clem. Rom.,
-<i>Epist. II</i>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_817" href="#FNanchor_817" class="label">[812]</a>
-Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 29-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_818" href="#FNanchor_818" class="label">[813]</a>
-Math., <span class="asc">X</span> entero; <span
-class="asc">XXIV</span>, 9; Marc., <span class="asc">VI</span>, 8 y
-sig.; <span class="asc">IX</span>, 40; <span class="asc">XIII</span>,
-9, 13; Luc., <span class="asc">IX</span>, 3 y sig.; <span
-class="asc">X</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 4 y sig.;
-<span class="asc">XXI</span>, 17; Juan, <span class="asc">XV</span>, 18
-y sig.; <span class="asc">XVII</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_819" href="#FNanchor_819" class="label">[814]</a>
-Marc., <span class="asc">IX</span>, 38 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_820" href="#FNanchor_820" class="label">[815]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 8. Comp. Midrasch Ialkout,
-<i>Deuteron.</i>, sec. 824.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_821" href="#FNanchor_821" class="label">[816]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 20; Juan, <span
-class="asc">XIV</span>, 16 y sig., 26; <span class="asc">XV</span>, 26;
-<span class="asc">XVI</span>, 7, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_822" href="#FNanchor_822" class="label">[817]</a>
-Los rasgos Math., <span class="asc">X</span>, 38; <span
-class="asc">XVI</span>, 24; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 34;
-Luc., <span class="asc">XIV</span>, 27, no pueden haber sido concebidos
-sino despues de la muerte de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_823" href="#FNanchor_823" class="label">[818]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 24-31; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 4, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_824" href="#FNanchor_824" class="label">[819]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 32-33; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 38; Luc., <span class="asc">IX</span>, 26;
-<span class="asc">XII</span>, 8-9.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_825" href="#FNanchor_825" class="label">[820]</a>
-Luc., <span class="asc">XIV</span>, 26; es preciso comprender el estilo
-exagerado de Lúcas.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_826" href="#FNanchor_826" class="label">[821]</a>
-Luc., <span class="asc">XIV</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_827" href="#FNanchor_827" class="label">[822]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 37-39; <span class="asc">XVI</span>,
-24-25; Luc., <span class="asc">IX</span>, 23-25; <span
-class="asc">XIV</span>, 26-27; <span class="asc">XVII</span>, 33; Juan,
-<span class="asc">XII</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_828" href="#FNanchor_828" class="label">[823]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 21-22; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 59-62.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_829" href="#FNanchor_829" class="label">[824]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 28-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_830" href="#FNanchor_830" class="label">[825]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 21-23; <span
-class="asc">XVII</span>, 12, 21-22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_831" href="#FNanchor_831" class="label">[826]</a>
-Marc., <span class="asc">X</span>, 45.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_832" href="#FNanchor_832" class="label">[827]</a>
-Luc., <span class="asc">VI</span>, 22 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_833" href="#FNanchor_833" class="label">[828]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 50.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_834" href="#FNanchor_834" class="label">[829]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 34-36; Luc., <span
-class="asc">XII</span>, 51-53. Comp. Miqueas, <span
-class="asc">VII</span>, 5-6.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_835" href="#FNanchor_835" class="label">[830]</a>
-Luc., <span class="asc">XII</span>, 49. Véase el texto griego.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_836" href="#FNanchor_836" class="label">[831]</a>
-Juan, <span class="asc">XVI</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_837" href="#FNanchor_837" class="label">[832]</a>
-Juan, <span class="asc">XV</span>, 18-20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_838" href="#FNanchor_838" class="label">[833]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_839" href="#FNanchor_839" class="label">[834]</a>
-Marc., <span class="asc">III</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_840" href="#FNanchor_840" class="label">[835]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 22; Juan, <span
-class="asc">VII</span>, 20; <span class="asc">VIII</span>, 48 y sig.;
-<span class="asc">X</span>, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_841" href="#FNanchor_841" class="label">[836]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 10; <span class="asc">IX</span>,
-2, 22, 28-29; <span class="asc">XVII</span>, 19; Juan, <span
-class="asc">VI</span>, 29, etc.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_842" href="#FNanchor_842" class="label">[837]</a>
-Math., <span class="asc">XVII</span>, 16; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 5; <span class="asc">IX</span>, 18; Luc., <span
-class="asc">VIII</span>, 45; <span class="asc">IX</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_843" href="#FNanchor_843" class="label">[838]</a>
-Rasgo muy marcado de Márcos, <span class="asc">IV</span>, 40; <span
-class="asc">V</span>, 15; <span class="asc">IX</span>, 31; <span
-class="asc">X</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_844" href="#FNanchor_844" class="label">[839]</a>
-Marc., <span class="asc">XI</span>, 12-14, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XX</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_845" href="#FNanchor_845" class="label">[840]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 14-16; Marc., <span
-class="asc">III</span>, 7; <span class="asc">IX</span>, 29-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_846" href="#FNanchor_846" class="label">[841]</a>
-Marc., <span class="asc">VIII</span>, 15; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_847" href="#FNanchor_847" class="label">[842]</a>
-Luc., <span class="asc">IX</span>, 9; <span class="asc">XXIII</span>,
-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_848" href="#FNanchor_848" class="label">[843]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 14 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>, 7
-y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_849" href="#FNanchor_849" class="label">[844]</a>
-Luc., <span class="asc">XIII</span>, 31 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_850" href="#FNanchor_850" class="label">[845]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_851" href="#FNanchor_851" class="label">[846]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 39, 45; <span
-class="asc">XIII</span>, 15; <span class="asc">XVI</span>, 4; Luc.,
-<span class="asc">XI</span>, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_852" href="#FNanchor_852" class="label">[847]</a>
-Math., <span class="asc">XI</span>, 21-24; Luc., <span
-class="asc">X</span>, 12-15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_853" href="#FNanchor_853" class="label">[848]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 41-42; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 31-32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_854" href="#FNanchor_854" class="label">[849]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 20; Luc., <span
-class="asc">IX</span>, 58.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_855" href="#FNanchor_855" class="label">[850]</a>
-Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_856" href="#FNanchor_856" class="label">[851]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 34; <span class="asc">XV</span>,
-14; <span class="asc">XXIII</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_857" href="#FNanchor_857" class="label">[852]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_858" href="#FNanchor_858" class="label">[853]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 30; Luc., <span
-class="asc">XXI</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_859" href="#FNanchor_859" class="label">[854]</a>
-Isa., <span class="asc">XLII</span>, 2-3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_860" href="#FNanchor_860" class="label">[855]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 19-20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_861" href="#FNanchor_861" class="label">[856]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 14-15, 21 y sig., 34 y sig.; Luc.,
-<span class="asc">XIX</span>, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_862" href="#FNanchor_862" class="label">[857]</a>
-Marc., <span class="asc">VII</span>, 1; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 17 y sig.; <span class="asc">VII</span>, 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_863" href="#FNanchor_863" class="label">[858]</a>
-Math., <span class="asc">VI</span>, 2, 5, 16; <span
-class="asc">IX</span>, 11, 14; <span class="asc">XII</span>,
-2; <span class="asc">XXIII</span>, 5, 15, 23; Luc., <span
-class="asc">V</span>, 30; <span class="asc">VI</span>, 2, 7; <span
-class="asc">XI</span>, 39 y sig.; <span class="asc">XVIII</span>, 12;
-Juan, <span class="asc">IX</span>, 16; <i>Pirké Aboth</i>, I, 16;
-Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">II</span>, 4; XVIII, <span
-class="asc">I</span>, 3; <i>Vita</i>, 38; Talm. de Babil., <i>Sota</i>,
-22 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_864" href="#FNanchor_864" class="label">[859]</a>
-Talm. de Jerus., <i>Berakoth</i>, <span class="asc">IX</span>, sub
-fin.; <i>Sota</i>, <span class="asc">V</span>, 7; Talm. de Babil.,
-<i>Sota</i>, 22 <i>b</i>. Las dos redacciones de ese curioso pasaje
-ofrecen diferencias notables. Generalmente hemos seguido la redaccion
-de Babilonia, que parece la más natural.—V. S. Epif., <i>Adv.
-hær.</i>, XVI, 1. Los rasgos de Epifanio y muchos de los del Talmud
-pueden referirse á una época p<span class="pagenum" id="Page_287">p.
-287</span>osterior á Jesús, época en la que «fariseo» era sinónimo de
-«devoto.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_865" href="#FNanchor_865" class="label">[860]</a>
-Math., <span class="asc">V</span>, 20; <span class="asc">XV</span>,
-4; <span class="asc">XXIII</span>, 3, 16; Juan, <span
-class="asc">VIII</span>, 7; Jos., <i>Ant.</i>, XII, <span
-class="asc">IX</span>, 1; XIII, <span class="asc">X</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_866" href="#FNanchor_866" class="label">[861]</a>
-Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 31 <i>a</i>; <i>Joma</i>, 35
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_867" href="#FNanchor_867" class="label">[862]</a>
-Eccli., <span class="asc">XVII</span>, 21 y sig.; <span
-class="asc">XXXV</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_868" href="#FNanchor_868" class="label">[863]</a>
-Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XI</span>, 1; Talm.
-de Babil., <i>Sanhedrin</i>, 100 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_869" href="#FNanchor_869" class="label">[864]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_870" href="#FNanchor_870" class="label">[865]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 2 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 2 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_871" href="#FNanchor_871" class="label">[866]</a>
-Math., <span class="asc">XV</span>, 2; Marc., <span
-class="asc">VII</span>, 4, 8; Luc., <span class="asc">V</span>,
-sub. fin., y <span class="asc">VI</span>, init.; <span
-class="asc">XI</span>, 38 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_872" href="#FNanchor_872" class="label">[867]</a>
-Luc., <span class="asc">XI</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_873" href="#FNanchor_873" class="label">[868]</a>
-Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 9-14; comp. <i>ibid.</i>, <span
-class="asc">XIV</span>, 7-11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_874" href="#FNanchor_874" class="label">[869]</a>
-Math., <span class="asc">III</span>, 7; <span class="asc">XVII</span>,
-12-13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_875" href="#FNanchor_875" class="label">[870]</a>
-Math., <span class="asc">XIV</span>, 5; <span class="asc">XXI</span>,
-26; Marc., <span class="asc">XI</span>, 32; Luc., <span
-class="asc">XX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_876" href="#FNanchor_876" class="label">[871]</a>
-Math., <span class="asc">XII</span>, 3-8; <span
-class="asc">XXIII</span>, 16 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_877" href="#FNanchor_877" class="label">[872]</a>
-Marc., <span class="asc">III</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_878" href="#FNanchor_878" class="label">[873]</a>
-Luc., <span class="asc">XIII</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXI</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_879" href="#FNanchor_879" class="label">[874]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 20-21; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 30-31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_880" href="#FNanchor_880" class="label">[875]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_881" href="#FNanchor_881" class="label">[876]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_882" href="#FNanchor_882" class="label">[877]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_883" href="#FNanchor_883" class="label">[878]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 55; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 41; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 49,
-55.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_884" href="#FNanchor_884" class="label">[879]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 20, 25, 30, 32.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_885" href="#FNanchor_885" class="label">[880]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 50 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_886" href="#FNanchor_886" class="label">[881]</a>
-Math., <span class="asc">X</span>, 11, 13; Marc., <span
-class="asc">VI</span>, 10; Luc., <span class="asc">X</span>, 5-8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_887" href="#FNanchor_887" class="label">[882]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 3; <span class="asc">XXVI</span>,
-18; Marc., <span class="asc">XI</span>, 3; <span
-class="asc">XIV</span>, 13-14; Luc., <span class="asc">XIX</span>, 31;
-<span class="asc">XXII</span>, 10-12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_888" href="#FNanchor_888" class="label">[883]</a>
-Math., <span class="asc">XXIV</span>, 1-2; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 1-2; Luc., <span class="asc">XIX</span>,
-44; <span class="asc">XXI</span>, 5-6. Cf. Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_889" href="#FNanchor_889" class="label">[884]</a>
-Marc., <span class="asc">XII</span>, 41 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XXI</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_890" href="#FNanchor_890" class="label">[885]</a>
-Marc., <span class="asc">XII</span>, 41.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_891" href="#FNanchor_891" class="label">[886]</a>
-Marc., <span class="asc">XI</span>, 19; Luc., <span
-class="asc">XXII</span>, 39; Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 1-2.
-Ese vergel no podia estar muy distante del sitio donde la piedad de los
-católicos ha rodeado de una pared algunos viejos olivos. La palabra
-<i>Gethsemaní</i> parece significar «prensa de aceite.»</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_892" href="#FNanchor_892" class="label">[887]</a>
-Luc., <span class="asc">XXI</span>, 37; <span class="asc">XXII</span>,
-39; Juan, <span class="asc">VIII</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_893" href="#FNanchor_893" class="label">[888]</a>
-Talm. de Babil., <i>Pesachim</i> 53 <i>a</i>.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_894" href="#FNanchor_894" class="label">[889]</a>
-Talm. de Jer., <i>Taanith</i>, <span class="asc">IV</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_895" href="#FNanchor_895" class="label">[890]</a>
-Hoy dia, <i>El Azirié</i> (<i>El Azir</i>, nombre árabe de Lázaro); en
-los textos cristianos de la edad media, <i>Lazarium</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_896" href="#FNanchor_896" class="label">[891]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 17-18; Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 11-12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_897" href="#FNanchor_897" class="label">[892]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_898" href="#FNanchor_898" class="label">[893]</a>
-Luc., <span class="asc">X</span>, 38-42; Juan, <span
-class="asc">XII</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_899" href="#FNanchor_899" class="label">[894]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_900" href="#FNanchor_900" class="label">[895]</a>
-Luc., <span class="asc">X</span>, 38 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_901" href="#FNanchor_901" class="label">[896]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 35-36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_902" href="#FNanchor_902" class="label">[897]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 6; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 3; Luc., <span class="asc">VII</span>, 40-43;
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_903" href="#FNanchor_903" class="label">[898]</a>
-Marc., <span class="asc">XIII</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_904" href="#FNanchor_904" class="label">[899]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 37; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_905" href="#FNanchor_905" class="label">[900]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 13; <span class="asc">XII</span>,
-42-43; <span class="asc">XIX</span>, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_906" href="#FNanchor_906" class="label">[901]</a>
-I Esdras, <span class="asc">X</span>, 8; Epist. á los Hebr., <span
-class="asc">X</span>, 34; Talm. de Jer., <i>Moëd katon</i>, <span
-class="asc">III</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_907" href="#FNanchor_907" class="label">[902]</a>
-Juan, <span class="asc">VII</span>, 45 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_908" href="#FNanchor_908" class="label">[903]</a>
-Juan, <span class="asc">VIII</span>, 13 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_909" href="#FNanchor_909" class="label">[904]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 23-37.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_910" href="#FNanchor_910" class="label">[905]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 23 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_911" href="#FNanchor_911" class="label">[906]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 42 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_912" href="#FNanchor_912" class="label">[907]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 36 y sig., 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_913" href="#FNanchor_913" class="label">[908]</a>
-Véanse los debates referidos por Juan, cap. <span
-class="asc">VIII</span>, por ejemplo; verdad es que la autenticidad de
-semejantes trozos no es sino relativa.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_914" href="#FNanchor_914" class="label">[909]</a>
-Juan, <span class="asc">VIII</span>, 3 y sig. Ese pasaje no formaba
-parte en un principio del evangelio de San Juan. Échase de ménos en los
-manuscritos más antiguos, y el texto es muy indeciso. Sin embargo, es
-de tradicion evangélica primitiva, como lo prueban las particularidades
-singulares de los versículos 6 y 8, las cuales no se armonizan con
-las ideas de Lúcas ni de los compiladores de segunda mano, quienes
-únicamente exponen lo que se explica por sí mismo. Á lo que parece, esa
-historia se hallaba en el evangelio segun los hebreos (Papias, citado
-por Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_915" href="#FNanchor_915" class="label">[910]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span class="asc">X</span>, 6; XVIII, <span
-class="asc">I</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_916" href="#FNanchor_916" class="label">[911]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 15; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 13; Luc., <span class="asc">XX</span>, 20;
-Comp. Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">II</span>,
-3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_917" href="#FNanchor_917" class="label">[912]</a>
-Juan, <span class="asc">X</span>, 1-16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_918" href="#FNanchor_918" class="label">[913]</a>
-Math., <span class="asc">XXIV</span>, 32; Marc., <span
-class="asc">XIII</span>, 28; Luc., <span class="asc">XXI</span>, 30;
-Juan, <span class="asc">IV</span>, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_919" href="#FNanchor_919" class="label">[914]</a>
-<i>Totafôth</i> ó <i>tefillin</i>, láminas de metal ó tiras de
-pergamino, conteniendo pasajes de la Ley, que los judíos devotos
-llevaban en la frente ó en el brazo izquierdo, en ejecucion literal
-de los pasajes (<i>Éxodo</i>, <span class="asc">XIII</span>,
-9; <i>Deuter.</i>, <span class="asc">VI</span>, 8; <span
-class="asc">XI</span>, 18).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_920" href="#FNanchor_920" class="label">[915]</a>
-<i>Zizith</i>, orlas encarnadas que los judíos llevaban en la punta
-del manto para distinguirse de los paganos, <i>Deuter.</i>, <span
-class="asc">XXII</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_921" href="#FNanchor_921" class="label">[916]</a>
-Los fariseos excluyen á los hombres del reino de Dios por su casuística
-escrup<span class="pagenum" id="Page_289">p. 289</span>ulosa que hace
-muy difícil la entrada en él, y desanima á los sencillos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_922" href="#FNanchor_922" class="label">[917]</a>
-Quedábase impuro por el contacto de los sepulcros. Así es que se tenía
-cuidado de marcar sobre el suelo su periferia. Talm. de Bab., <i>Baba
-Bathra</i>, 58 <i>a</i>; <i>Baba Metsia</i>, 45 <i>b</i>. La reprimenda
-dirigida por Jesús á los fariseos consiste en haber inventado una
-porcion de pequeños preceptos, siempre violados sin mala intencion, y
-que no sirven sino para multiplicar las infracciones de la Ley.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_923" href="#FNanchor_923" class="label">[918]</a> La
-purificacion de la vajilla era entre los fariseos cosa sujeta á reglas
-muy complicadas (Marc., <span class="asc">VII</span>, 4).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_924" href="#FNanchor_924" class="label">[919]</a>
-El epíteto «ciego» repetido muchas veces (Math., <span
-class="asc">XXIII</span>, 16, 17, 19, 24, 26), hace quizás alusion á
-la costumbre de algunos fariseos que andaban con los ojos cerrados
-por afectacion devota (Véase <a href="#Ch_20">capítulo <span
-class="asc">XX</span></a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_925" href="#FNanchor_925" class="label">[920]</a>
-Lúcas (<span class="asc">XI</span>, 37 y sig.) supone, y quizás no
-sin razon, que ese versículo fué pronunciado durante una comida, en
-contestacion á vanos escrúpulos de los fariseos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_926" href="#FNanchor_926" class="label">[921]</a>
-Siendo impuros los sepulcros, se acostumbraba blanquearlos con cal para
-dar aviso de no aproximarse á ellos. Véase <a href="#Footnote_922">nota
-917</a>; Mischna, <i>Maasar scheni</i>, <span class="asc">V</span>,
-1; Talm. de Jer., <i>Schekalim</i>, <span class="asc">I</span>,
-1; <i>Maasar scheni</i>, <span class="asc">V</span>, 1; <i>Moëd
-katon</i>, <span class="asc">I</span>, 2; <i>Sota</i>, <span
-class="asc">IX</span>, 1; Talm. de Babil., <i>Moëd katon</i>, 5
-<i>a</i>. Quizás hay en la comparacion hecha por Jesús una alusion
-á los «fariseos barnizados» (Véase <a href="#barniz">cap. <span
-class="asc">XX</span></a>).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_927" href="#FNanchor_927" class="label">[922]</a>
-Hay aquí una pequeña confusion, reproducida tambien en el targum
-llamado de Jonathan (<i>Lament.</i>, <span class="asc">II</span>,
-20), entre Zacarías hijo de Joiadas y Zacarías hijo de Baraquías, el
-profeta. Del primero es de quien se trata (<i>II Paral.</i>, <span
-class="asc">XXIV</span>, 21). El libro de los Paralipómenos, donde se
-refiere el asesinato de Zacarías hijo de Joiadas, concluye el cánon
-hebreo. Es el último homicidio en la lista de los homicidios de hombres
-justos, segun el órden dado por la Biblia. El homicidio de Abel es el
-primero.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_928" href="#FNanchor_928" class="label">[923]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 2-36; Marc., <span
-class="asc">XII</span>, 38-40; Luc., <span class="asc">XI</span>,
-39-52; <span class="asc">XX</span>, 46, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_929" href="#FNanchor_929" class="label">[924]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 11-12; <span
-class="asc">XX</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XXI</span>,
-28 y sig., 33 y sig., 43; <span class="asc">XXII</span>, 1 y
-sig.; Marc., <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XX</span>, 9 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_930" href="#FNanchor_930" class="label">[925]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 37 y sig.; Juan, <span
-class="asc">X</span>, 36 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_931" href="#FNanchor_931" class="label">[926]</a>
-Juan, <span class="asc">IX</span>, 39.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_932" href="#FNanchor_932" class="label">[927]</a>
-La más auténtica forma de esa frase parece hallarse en Márcos, <span
-class="asc">XIV</span>, 58; <span class="asc">XV</span>, 29.—Juan,
-<span class="asc">II</span>, 19; Math., <span class="asc">XXVI</span>,
-61; <span class="asc">XXVII</span>, 40.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_933" href="#FNanchor_933" class="label">[928]</a>
-Juan, <span class="asc">VIII</span>, 39; <span class="asc">X</span>,
-31; <span class="asc">XI</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_934" href="#FNanchor_934" class="label">[929]</a>
-<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1. Comp. Luc., <span
-class="asc">XX</span>, 6; Juan, <span class="asc">X</span>, 33; <i>II
-Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_935" href="#FNanchor_935" class="label">[930]</a>
-Juan, <span class="asc">X</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_936" href="#FNanchor_936" class="label">[931]</a>
-Juan, <span class="asc">V</span>, 18; <span class="asc">VII</span>, 1,
-20, 25, 30; <span class="asc">VIII</span>, 37, 40.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_937" href="#FNanchor_937" class="label">[932]</a>
-Luc., <span class="asc">XI</span>, 53-54.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_938" href="#FNanchor_938" class="label">[933]</a>
-Juan, <span class="asc">X</span>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_939" href="#FNanchor_939" class="label">[934]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, V, <span class="asc">V</span>, 2. Comp.
-<i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 5; XX, <span
-class="asc">IX</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_940" href="#FNanchor_940" class="label">[935]</a> Es
-de suponer que los sepulcros llamados de Zacarías y de Absalon fuesen
-monumentos de esa clase.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_941" href="#FNanchor_941" class="label">[936]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 29; Luc., <span
-class="asc">XI</span>, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_942" href="#FNanchor_942" class="label">[937]</a>
-Juan, <span class="asc">X</span>, 22. Comp. I Math., <span
-class="asc">IV</span>, 52; II Math., <span class="asc">X</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_943" href="#FNanchor_943" class="label">[938]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XII, <span class="asc">VII</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_944" href="#FNanchor_944" class="label">[939]</a>
-Juan, <span class="asc">X</span>, 40.—Math., <span
-class="asc">XIX</span>, 1; Marc., <span class="asc">X</span>, 1. Viaje
-conocido por los sinópticos; pero parecen creer que Jesús le hizo
-viniendo de Galilea á Jerusalen por la Perea.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_945" href="#FNanchor_945" class="label">[940]</a>
-<i>Eccl.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 18; Strabon, XVI, <span
-class="asc">II</span>, 41; Justin., XXXVI, 3; Jos., <i>Ant.</i>, IV,
-<span class="asc">VI</span>, 1; XIV, <span class="asc">IV</span>, 1, 1;
-<span class="asc">XV</span>, <span class="asc">IV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_946" href="#FNanchor_946" class="label">[941]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_947" href="#FNanchor_947" class="label">[942]</a>
-Math., <span class="asc">XX</span>, 29; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 46 y sig.; Luc., <span class="asc">XVIII</span>,
-35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_948" href="#FNanchor_948" class="label">[943]</a>
-<i>B. J.</i>, IV, <span class="asc">VIII</span>, 3. Comp. el mismo, I,
-<span class="asc">VI</span>, 6; I, <span class="asc">XVIII</span>, 5, y
-<i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">IV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_949" href="#FNanchor_949" class="label">[944]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_950" href="#FNanchor_950" class="label">[945]</a>
-Math., <span class="asc">IX</span>, 18 y sig.; Marc., <span
-class="asc">V</span>, 22 y sig.; Luc., <span class="asc">VII</span>, 11
-y sig.; <span class="asc">VIII</span>, 41 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_951" href="#FNanchor_951" class="label">[946]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_952" href="#FNanchor_952" class="label">[947]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 35 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_953" href="#FNanchor_953" class="label">[948]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 33, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_954" href="#FNanchor_954" class="label">[949]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 46 y sig.; <span
-class="asc">XII</span>, 2, 9 y sig., 17 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_955" href="#FNanchor_955" class="label">[950]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 9-10, 17-18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_956" href="#FNanchor_956" class="label">[951]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_957" href="#FNanchor_957" class="label">[952]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 47 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_958" href="#FNanchor_958" class="label">[953]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">III</span>, 1; XVIII, <span
-class="asc">II</span>, 2; <span class="asc">V</span>, 2; XX, <span
-class="asc">IX</span>, 1, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_959" href="#FNanchor_959" class="label">[954]</a>
-<i>Ananus</i> de Josefo. Así el nombre hebreo <i>Johanan</i>, venía á
-ser en griego <i>Joannes</i> ó <i>Joannas</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_960" href="#FNanchor_960" class="label">[955]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15-23; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">IV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_961" href="#FNanchor_961" class="label">[956]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_962" href="#FNanchor_962" class="label">[957]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">III</span>, 1; <i>B.
-J.</i>, IV, <span class="asc">V</span>, 6, 7; <i>Hech.</i>, <span
-class="asc">IV</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_963" href="#FNanchor_963" class="label">[958]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_964" href="#FNanchor_964" class="label">[959]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">IX</span>, 3; XIX, <span
-class="asc">VI</span>, 2; <span class="asc">VIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_965" href="#FNanchor_965" class="label">[960]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_966" href="#FNanchor_966" class="label">[961]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">V</span>, 17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_967" href="#FNanchor_967" class="label">[962]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_968" href="#FNanchor_968" class="label">[963]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_969" href="#FNanchor_969" class="label">[964]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 49-50; <span
-class="asc">XVIII</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_970" href="#FNanchor_970" class="label">[965]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 48.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_971" href="#FNanchor_971" class="label">[966]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 53.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_972" href="#FNanchor_972" class="label">[967]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 54.—<i>II Chron.</i>, <span
-class="asc">XIII</span>, 19; Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span
-class="asc">IX</span>, 9; Eus. y San Jerón., <i>De situ et nom. loc.
-hebr.</i>, en las voces <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐφρών</span> y
-<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐφραΐμ</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_973" href="#FNanchor_973" class="label">[968]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 55-56. Para el órden de los hechos,
-en toda esta parte seguimos el sistema de Juan. Los sinópticos parecen
-muy poco instruidos sobre el período de la vida de Jesús anterior á la
-Pasion.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXIII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_974" href="#FNanchor_974" class="label">[969]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_975" href="#FNanchor_975" class="label">[970]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 24 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_976" href="#FNanchor_976" class="label">[971]</a>
-Math., <span class="asc">XX</span>, 20 y sig.; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 35 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_977" href="#FNanchor_977" class="label">[972]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 12-27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_978" href="#FNanchor_978" class="label">[973]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 21 y sig.; Marc., <span
-class="asc">VIII</span>, 31 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_979" href="#FNanchor_979" class="label">[974]</a>
-Math., <span class="asc">XX</span>, 17 y sig.; Marc., <span
-class="asc">X</span>, 31 y sig.; Luc., <span class="asc">XVIII</span>,
-31 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_980" href="#FNanchor_980" class="label">[975]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 39; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_981" href="#FNanchor_981" class="label">[976]</a>
-Math., <span class="asc">XX</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_982" href="#FNanchor_982" class="label">[977]</a>
-Juan, <span class="asc">XI</span>, 56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_983" href="#FNanchor_983" class="label">[978]</a>
-Celebrábase la Pascua el 14 de Nisan. Esto supuesto en el año 33, el
-1.º de Nisan correspondia al sábado, 21 de Marzo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_984" href="#FNanchor_984" class="label">[979]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 6; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 3.—Luc., <span class="asc">VII</span>, 40,
-43-44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_985" href="#FNanchor_985" class="label">[980]</a>
-En el Oriente, siempre que una persona nos es adicta, por un lazo de
-amistad ó bien de servidumbre, acostumbra acompañarnos y servirnos
-cuando vamos á comer á una casa extraña.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_986" href="#FNanchor_986" class="label">[981]</a>
-Esa costumbre se practica aún en Sour.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_987" href="#FNanchor_987" class="label">[982]</a>
-Necesario es recordar que los piés de los convidados no estaban, como
-entre nosotros, debajo de la mesa, sino extendidos á la altura del
-cuerpo encima del divan ó <i>triclinium</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_988" href="#FNanchor_988" class="label">[983]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 6 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 3 y sig.; Juan, <span class="asc">XI</span>,
-2; <span class="asc">XII</span>, 2 y sig. Comp. Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 36 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_989" href="#FNanchor_989" class="label">[984]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_990" href="#FNanchor_990" class="label">[985]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 41 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_991" href="#FNanchor_991" class="label">[986]</a>
-Mischna, <i>Menachoth</i>, <span class="asc">XI</span>, 2; Talm. de
-Babil., <i>Sanhedrin</i>, 14 <i>b</i>; <i>Pesachim</i>, 63 <i>b</i>, 91
-<i>a</i>; <i>Sota</i>, 45 <i>a</i>; <i>Baba metsia</i>, 85 <i>a</i>.
-Segun lo que de esos pasajes resulta, Bethphage era una especie de
-<i>pomœrium</i> que se extendia al pié del basamento oriental del
-templo, y que tenía su cercado propio. Los pasajes Math., <span
-class="asc">XXI</span>, 1; Marc., <span class="asc">XI</span>, 1; Luc.,
-<span class="asc">XIX</span>, 29, no indican claramente que Bethphage
-fuese una aldea, como la suponen Eusebio y S. Jerónimo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_992" href="#FNanchor_992" class="label">[987]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XI<span class="pagenum" id="Page_292">p.
-292</span></span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">XIX</span>, 29 y
-sig.; Juan, <span class="asc">XII</span>, 12 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_993" href="#FNanchor_993" class="label">[988]</a>
-Luc., <span class="asc">XIX</span>, 38; Juan, <span
-class="asc">XII</span>, 13.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_994" href="#FNanchor_994" class="label">[989]</a>
-La cifra de 120.000 que le atribuye Hecateo (en Josefo, <i>Cont.
-Apion</i>, I, 22), nos parece exagerada. Ciceron habla de Jerusalen
-como de una ciudad insignificante (<i>ad Atticum</i>, II, <span
-class="asc">IX</span>). Cualquiera que sea el sistema adoptado, es
-indudable que el antiguo recinto no pudo contener una poblacion
-cuádruple de la que hoy existe, la cual no llega á 15.000 habitantes.
-V. Robinson, <i>Bib. Res.</i>, I, 421, 422; Fergusson, <i>Topogr. of
-Jerus.</i>, p. 51; Forster, <i>Syria and Palestine</i>, p. 82.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_995" href="#FNanchor_995" class="label">[990]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIV</span>, 3; VI, <span
-class="asc">IX</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_996" href="#FNanchor_996" class="label">[991]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 20 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_997" href="#FNanchor_997" class="label">[992]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 17; Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_998" href="#FNanchor_998" class="label">[993]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 17-18; Marc., <span
-class="asc">XI</span>, 11, 12, 19; Luc., <span class="asc">XXI</span>,
-37, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_999" href="#FNanchor_999" class="label">[994]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 27 y sig. El tono exaltado de Juan
-y su preocupacion exclusiva del papel divino de Jesús han desterrado de
-la narracion las circunstancias de debilidad natural referidas por los
-sinópticos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1000" href="#FNanchor_1000" class="label">[995]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 43; Juan, <span
-class="asc">XII</span>, 28-29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1001" href="#FNanchor_1001" class="label">[996]</a>
-Math., <span class="asc">XVIII</span>, 36 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 32 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-39 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1002" href="#FNanchor_1002" class="label">[997]</a>
-Esto se comprende tanto ménos cuanto que Juan pone mucha afectacion
-en restablecer las circunstancias que le son personales y de las
-que fué el único testigo (<span class="asc">XIII</span>, 23; <span
-class="asc">XVIII</span>, 15 y sig.; <span class="asc">XIX</span>, 26 y
-sig., 35; <span class="asc">XX</span>, 2; <span class="asc">XXI</span>,
-20 y sig.).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1003" href="#FNanchor_1003" class="label">[998]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 1-5; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 1-2; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1004" href="#FNanchor_1004" class="label">[999]</a>
-Math., <span class="asc">XXI</span>, 46.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1005" href="#FNanchor_1005" class="label">[1000]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 55.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1006" href="#FNanchor_1006" class="label">[1001]</a>
-Juan, <span class="asc">XII</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1007" href="#FNanchor_1007" class="label">[1002]</a>
-Juan ni siquiera habla de una paga pecuniaria.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1008" href="#FNanchor_1008" class="label">[1003]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 65; <span class="asc">XII</span>,
-6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1009" href="#FNanchor_1009" class="label">[1004]</a>
-Juan, <span class="asc">VI</span>, 65, 71-72; <span
-class="asc">XII</span>, 6; <span class="asc">XIII</span>, 2, 27.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1010" href="#FNanchor_1010" class="label">[1005]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 3 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1011" href="#FNanchor_1011" class="label">[1006]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 1 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 12; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 7;
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1012" href="#FNanchor_1012" class="label">[1007]</a>
-Sistema de los sinópticos (Math., <span class="asc">XXVI</span>, 17
-y sig.; Marc., <span class="asc">XIV</span>, 12 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XXII</span>, 7 y sig., 15). Pero Juan, cuya narracion tiene
-en esa parte una autoridad preponderante, supone que Jesús murió el dia
-mismo en que se comia el cordero (<span class="asc">XIII</span>, 1-2,
-29; <span class="asc">XVIII</span>, 28; <span class="asc">XIX</span>,
-14, 31). El Talmud hace tambien morir á Jesús «la víspera de Pascua.»
-(Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>.)</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1013" href="#FNanchor_1013" class="label">[1008]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1014" href="#FNanchor_1014" class="label">[1009]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 21 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 18 y sig.; Luc., <span class="asc">XX</span>,
-21 y sig.; Juan, <span class="asc">XIII</span>, 21 y sig.; <span
-class="asc">XXI</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1015" href="#FNanchor_1015" class="label">[1010]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 21 y sig., el cual desvanece la
-inverosimilitud de la narracion de los sinópticos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1016" href="#FNanchor_1016" class="label">[1011]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 20.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1017" href="#FNanchor_1017" class="label">[1012]</a>
-<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 26.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1018" href="#FNanchor_1018" class="label">[1013]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 26-28; Marc., <span
-class="asc">XIV<span class="pagenum" id="Page_293">p.
-293</span></span>, 22-24; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 19-21;
-<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 23-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1019" href="#FNanchor_1019" class="label">[1014]</a>
-Cap. <span class="asc">VI</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1020" href="#FNanchor_1020" class="label">[1015]</a>
-Cap. <span class="asc">XIII-XVII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1021" href="#FNanchor_1021" class="label">[1016]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 14-15.—Math., <span
-class="asc">XX</span>, 26 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-26 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1022" href="#FNanchor_1022" class="label">[1017]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig. Los discursos colocados
-por Juan á continuacion del relato de la Cena no pueden considerarse
-como históricos. Están llenos de giros y expresiones impropias del
-estilo de los discursos de Jesús, y, por el contrario, establecen muy
-bien el lenguaje habitual de Juan. Por ejemplo, la expresion «hijitos»
-en vocativo (Juan, <span class="asc">XIII</span>, 33) es muy frecuente
-en la primera epístola de Juan. Esa expresion no parece haber sido
-familiar á Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1023" href="#FNanchor_1023" class="label">[1018]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 33-35; <span
-class="asc">XV</span>, 12-17.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1024" href="#FNanchor_1024" class="label">[1019]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 24-27.—Juan, <span
-class="asc">XIII</span>, 4 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1025" href="#FNanchor_1025" class="label">[1020]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 29; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 25; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1026" href="#FNanchor_1026" class="label">[1021]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 29-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1027" href="#FNanchor_1027" class="label">[1022]</a>
-Luc., <span class="asc">XXII</span>, 36-38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1028" href="#FNanchor_1028" class="label">[1023]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 31 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 29 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-33 y sig.; Juan, <span class="asc">XIII</span>, 36 y sig.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXIV</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1029" href="#FNanchor_1029" class="label">[1024]</a>
-Juan, <span class="asc">XIII</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1030" href="#FNanchor_1030" class="label">[1025]</a>
-La circunstancia de un canto religioso, referida por Math., <span
-class="asc">XXVI</span>, 30, y Marc., <span class="asc">XIV</span>,
-26, proviene de la opinion que tienen esos dos evangelistas de que la
-última comida de Jesús fué la comida pascual. Ántes y despues de la
-comida pascual se cantaban Salmos. Talm. de Babilonia, <i>Pesachim</i>,
-cap. <span class="asc">IX</span>, 118 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1031" href="#FNanchor_1031" class="label">[1026]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 36; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 32; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 39;
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1032" href="#FNanchor_1032" class="label">[1027]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 47; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 43; Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 3,
-12.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1033" href="#FNanchor_1033" class="label">[1028]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 47; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 43; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 47;
-Juan, <span class="asc">XXVIII</span>, 3; <i>Hech.</i>, 1, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1034" href="#FNanchor_1034" class="label">[1029]</a>
-Tradicion de los sinópticos. En la narracion de Juan, Jesús se nombra á
-sí mismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1035" href="#FNanchor_1035" class="label">[1030]</a>
-Sobre este punto las dos tradiciones están de acuerdo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1036" href="#FNanchor_1036" class="label">[1031]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1037" href="#FNanchor_1037" class="label">[1032]</a>
-Marc., <span class="asc">XIV</span>, 51-52.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1038" href="#FNanchor_1038" class="label">[1033]</a>
-En materia criminal no se admitian sino testigos oculares. Mischna,
-<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IV</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1039" href="#FNanchor_1039" class="label">[1034]</a>
-Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XIV</span>,
-16;<span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> Talm. de
-Babil., mismo trat., 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>.—<i>Schabbath</i>, 104
-<i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1040" href="#FNanchor_1040" class="label">[1035]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 63; Juan, <span
-class="asc">VII</span>, 12, 47.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1041" href="#FNanchor_1041" class="label">[1036]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 13 y sig. Ésta es la mejor prueba
-del valor histórico del cuarto evangelio. Juan es el único que refiere
-esta circunstancia.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1042" href="#FNanchor_1042" class="label">[1037]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 69 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 66 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-54 y sig.; Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15 y sig., 25 y
-sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1043" href="#FNanchor_1043" class="label">[1038]</a>
-Math., <span class="asc">XVI</span>, 57; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 53; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 66.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1044" href="#FNanchor_1044" class="label">[1039]</a>
-Math., <span class="asc">XXIII</span>, 16 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1045" href="#FNanchor_1045" class="label">[1040]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 64; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 62; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 69.
-Juan no sabe una palabra de esa escena.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1046" href="#FNanchor_1046" class="label">[1041]</a>
-<i>Levit.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 14 y sig.;
-<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1047" href="#FNanchor_1047" class="label">[1042]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 50-51.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1048" href="#FNanchor_1048" class="label">[1043]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 31; Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span
-class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1049" href="#FNanchor_1049" class="label">[1044]</a>
-Math., <span class="asc">XXVI</span>, 67-68; Marc., <span
-class="asc">XIV</span>, 65; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-63-65.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1050" href="#FNanchor_1050" class="label">[1045]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 1; Luc., <span class="asc">XXII</span>,
-66; <span class="asc">XXIII</span>, 1; Juan, <span
-class="asc">XVIII</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1051" href="#FNanchor_1051" class="label">[1046]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 5; <i>B. J.</i>,
-VI, <span class="asc">II</span>, 4.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1052" href="#FNanchor_1052" class="label">[1047]</a>
-Filon, <i>Legatio ad Caium</i>, § 38. Jos., <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">XIV</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1053" href="#FNanchor_1053" class="label">[1048]</a>
-En el lugar donde está hoy dia el serrallo del bajá de Jerusalen.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1054" href="#FNanchor_1054" class="label">[1049]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1055" href="#FNanchor_1055" class="label">[1050]</a>
-La voz griega <span xml:lang="grc" lang="grc">βῆμα</span> habia pasado
-al siro-caldeo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1056" href="#FNanchor_1056" class="label">[1051]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 3; <span
-class="asc">XIV</span>, 8; Math., <span class="asc">XXVII</span>, 27;
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1057" href="#FNanchor_1057" class="label">[1052]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 29.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1058" href="#FNanchor_1058" class="label">[1053]</a>
-Virg., <i>Æn.</i>, XII, 121; Marcial, <i>Epig.</i>, I, <span
-class="asc">XXXII</span>; X, <span class="asc">XLVIII</span>; Plutarco,
-<i>Vida de Romulus</i>, 29. Comp. la <i>hasta pura</i>, condecoracion
-militar. Orelli y Henzen, <i>Inscr. lat.</i>, núms. 3.574,
-6.852, etc. En esta hipótesis, <i>Pilatus</i> es una voz de la misma
-forma que <i>Torquatus</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1059" href="#FNanchor_1059" class="label">[1054]</a>
-Filon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1060" href="#FNanchor_1060" class="label">[1055]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 1, init.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1061" href="#FNanchor_1061" class="label">[1056]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II-IV</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1062" href="#FNanchor_1062" class="label">[1057]</a>
-Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 33 <i>b</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1063" href="#FNanchor_1063" class="label">[1058]</a>
-Filon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1064" href="#FNanchor_1064" class="label">[1059]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 1 y 2; <i>Bell.
-jud.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 2 y sig.; Luc., <span
-class="asc">XIII</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1065" href="#FNanchor_1065" class="label">[1060]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 1-2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1066" href="#FNanchor_1066" class="label">[1061]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1067" href="#FNanchor_1067" class="label">[1062]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1068" href="#FNanchor_1068" class="label">[1063]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 2, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1069" href="#FNanchor_1069" class="label">[1064]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 11; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 2; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 3;
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 33.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1070" href="#FNanchor_1070" class="label">[1065]</a>
-Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1071" href="#FNanchor_1071" class="label">[1066]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 14-15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1072" href="#FNanchor_1072" class="label">[1067]</a>
-Tácito (<i>Anal.</i>, XV, 44) presenta la muerte de Jesús como una
-ejecucion política de Poncio Pilato. Pero cuando escribia Tácito,
-la política romana respecto á los cristianos habia cambiado. Se los
-miraba como culpables de liga secreta contra el Estado. Natural era
-que el historiador latino creyese que Pilato habia hecho morir á Jesús
-obedeciendo á razones de seguridad pública. Jo<span class="pagenum"
-id="Page_295">p. 295</span>sefo es mucho más exacto (<i>Ant.</i>,
-XVIII, <span class="asc">III</span>, 3).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1073" href="#FNanchor_1073" class="label">[1068]</a>
-Marc., <span class="asc">XV</span>, 10.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1074" href="#FNanchor_1074" class="label">[1069]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 20; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 11.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1075" href="#FNanchor_1075" class="label">[1070]</a>
-El nombre de Jesús ha desaparecido en muchos de los manuscritos. Sin
-embargo, esta opinion tiene en su apoyo grandes autoridades.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1076" href="#FNanchor_1076" class="label">[1071]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1077" href="#FNanchor_1077" class="label">[1072]</a>
-S. Jerón., <i>In Math.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, 16.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1078" href="#FNanchor_1078" class="label">[1073]</a>
-Marc., <span class="asc">XV</span>, 7; Luc., <span
-class="asc">XXIII</span>, 19; Juan (<span class="asc">XVIII</span>,
-40), presentándole como un ladron, parece ser aquí mucho ménos verídico
-que Márcos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1079" href="#FNanchor_1079" class="label">[1074]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 26; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 15; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1080" href="#FNanchor_1080" class="label">[1075]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIV</span>, 9; V, <span
-class="asc">XI</span>, 1; VII, <span class="asc">VI</span>, 4; Tito
-Livio, XXXIII, 36; Quinto Curcio, VII, <span class="asc">XI</span>,
-28.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1081" href="#FNanchor_1081" class="label">[1076]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 27 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 16 y sig.; Luc., <span class="asc">XXIII</span>,
-11; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1082" href="#FNanchor_1082" class="label">[1077]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 16, 22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1083" href="#FNanchor_1083" class="label">[1078]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 7.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1084" href="#FNanchor_1084" class="label">[1079]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 9; Luc., <span
-class="asc">XXIII</span>, 6 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1085" href="#FNanchor_1085" class="label">[1080]</a>
-En esto hay probablemente una primera tentativa de «armonía de los
-evangelios.» Lúcas habria tenido á la vista un relato en el cual
-se atribuiria, por error, á Heródes la muerte de Jesús. Y para no
-sacrificar por completo esa version, hizo uso de las dos tradiciones
-con tanto mayor motivo, cuanto que acaso sabía vagamente que Jesús
-(segun Juan nos lo afirma) compareció ante tres autoridades. Lúcas
-parece tener, en otros muchos casos, un conocimiento remoto de los
-hechos que figuran en la narracion de Juan. Por lo demás, el tercer
-evangelio contiene, respecto á la historia de la crucifixion, una serie
-de adiciones que sin duda tomó el autor de un documento más reciente, y
-cuyo arreglo se hizo de modo que se echa de ver la marcada intencion de
-edificar á los lectores.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1086" href="#FNanchor_1086" class="label">[1081]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 12, 15.—Luc., <span
-class="asc">XXIII</span>, 2. Para apreciar mejor la exactitud del
-colorido de este cuadro de los evangelistas, véase á Filon, <i>Leg. ad
-Caium</i>, § 38.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1087" href="#FNanchor_1087" class="label">[1082]</a>
-Math., <span class="asc">XXII</span>, 24-25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1088" href="#FNanchor_1088" class="label">[1083]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 7.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1089" href="#FNanchor_1089" class="label">[1084]</a>
-<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXV</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1090" href="#FNanchor_1090" class="label">[1085]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1. El Talmud
-presenta la condena de Jesús como puramente religiosa y pretende en
-efecto que fué apedreado, ó á lo ménos que despues de haber sido
-crucificado fué apedreado, como sucedia muchas veces (Mischna,
-<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">VI</span>, 4). Talm. de Jer.,
-<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XIV</span>, 16; Talm. de Babil.,
-<i>Sanhedrin</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1091" href="#FNanchor_1091" class="label">[1086]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">X</span>, 10; XX, <span
-class="asc">VI</span>, 2; <i>B. J.</i>, V, <span class="asc">XI</span>,
-1; Apuleyo, <i>Metam.</i>, III, 9; Suetonio, <i>Galba</i>, 9.
-Lampridio, <i>Alex. Sev.</i>, 23.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1092" href="#FNanchor_1092" class="label">[1087]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 14. Segun Márcos, <span
-class="asc">XV</span>, 25, no eran sino las ocho de la mañana, puesto
-que, segun este evangelista, crucificaron á Jesús á las nueve.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1093" href="#FNanchor_1093" class="label">[1088]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 33; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 22; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 20;
-<i>Epist. ad Hebr.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 18.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1094" href="#FNanchor_1094" class="label">[1089]</a>
-<i>Gólgotha</i>, parece tener en efecto relacion con el collado de
-<i>Gareb</i> y el lugar de <i>Goatha</i> mencionados en Jeremías, <span
-class="asc">XXXI</span>, 39. Esos dos parajes parecen haber estado al
-Nord-oeste de la ciudad. Me inclino á creer que el sitio en que Jesús
-fué crucificado se hallaba cerca del ángulo extremo que forma la pared
-actual hácia el Oeste, ó bien sobre los cerros que dominan el valle de
-Hinnom, encima de <i>Birket-Mamilla</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1095" href="#FNanchor_1095" class="label">[1090]</a>
-Carecen de solidez las pruebas por las cuales se ha pretendido
-establecer que el Santo Sepulcro fué trasladado despues de
-Constantino.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1096" href="#FNanchor_1096" class="label">[1091]</a>
-El señor de Vogüé ha descubierto, á 76 metros al Este del sitio
-tradicional del Calvario, un lienzo de muralla judáica semejante á
-la de Hebron, que, de haber pertenecido al recinto del tiempo de
-Jesús, probaria que dicho sitio tradicional se hallaba fuera de la
-ciudad. La existencia de una bóveda sepulcral (llamada «sepulcro de
-José de Arimathea») bajo el muro de la cúpula del Santo Sepulcro
-deja tambien suponer que el referido sitio estaba fuera de las
-murallas. Por otra parte, pueden invocarse en favor de la tradicion
-dos consideraciones históricas, una de las cuales es de mucho peso.
-Consiste la primera en que sería sin duda muy original que los
-que, en la época de Constantino, trataron de fijar la topografía
-evangélica, no se hubiesen detenido ante la objecion que resulta de
-<i>Juan</i>, <span class="asc">XIX</span>, 20, y de <i>Hebreos</i>,
-<span class="asc">XIII</span>, 12. En efecto, ¿cómo siendo libres en su
-eleccion se habrian expuesto voluntariamente á tan grave dificultad? La
-segunda consideracion es que en tiempo de Constantino podian todavía
-guiarse por las ruinas de un edificio, erigido por Adriano, cual era
-el templo de Vénus que se alzaba en el Gólgotha. Á veces se inclina
-uno á creer que la obra de los topógrafos devotos de la época de
-Constantino fué en cierto modo concienzuda, y que si no prescindieron
-completamente de ciertos fraudes piadosos, trataron de guiarse por
-indicios y analogías. De no haber seguido sino un vano capricho
-habrian colocado el Gólgotha en un sitio más aparente, en la cumbre
-de alguna de las colinas próximas á Jerusalen, conformándose en esto
-con las suposiciones cristianas que desde muy temprano se empeñaron
-en que la muerte de Jesús habia tenido lugar sobre una montaña. Pero
-la dificultad del recinto es muy grave. Añadamos que la ereccion del
-templo de Vénus no prueba gran cosa. Eusebio (<i>Vita Cons.</i>, III,
-21), Sócrates (<i>H. E.</i>, I, 17), Sozomeno (<i>H. E.</i>, II, 1),
-San Jerónimo (<i>Epist.</i> <span class="asc">XLIX</span>, ad Paulin.)
-dicen, en efecto, que habia un santuario de Vénus en el sitio que ellos
-creen ser el del Santo Sepulcro; pero hay tres puntos muy dudosos:
-1.º que Adriano hubiese erigido aquel templo; 2.º que se alzase en
-el sitio que entónces se llamaba Gólgotha; 3.º que tuviese la<span
-class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span> intencion de edificarle en
-el lugar en que Jesús fué ajusticiado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1097" href="#FNanchor_1097" class="label">[1092]</a>
-Plutarco, <i>De sera num. vind.</i>, 19; Artemidoro, <i>Onirocrit.</i>,
-<span class="asc">II</span>, 56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1098" href="#FNanchor_1098" class="label">[1093]</a>
-Marc., <span class="asc">XV</span>, 21.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1099" href="#FNanchor_1099" class="label">[1094]</a>
-La circunstancia que refiere Luc., <span class="asc">XXIII</span>,
-27-31, es de esas en que se deja conocer el esfuerzo de una imaginacion
-piadosa y enternecida. Las palabras que se atribuyen á Jesús no
-pudieron escribirse sino despues del sitio de Jerusalen.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1100" href="#FNanchor_1100" class="label">[1095]</a>
-Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, fol. 43 <i>a</i>. Comp.
-<i>Prov.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1101" href="#FNanchor_1101" class="label">[1096]</a>
-Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, <i>l. c.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1102" href="#FNanchor_1102" class="label">[1097]</a>
-Marc., <span class="asc">XV</span>, 23; Math., <span
-class="asc">XXVII</span>, 34, desfiguran ese pormenor para obtener una
-alusion mesiánica.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1103" href="#FNanchor_1103" class="label">[1098]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 35; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 24; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 23;
-Artemidoro, <i>Oniroc.</i>, <span class="asc">II</span>, 53.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1104" href="#FNanchor_1104" class="label">[1099]</a>
-Luciano, <i>Jud. voc.</i>, 12. Comp. el crucifijo grotesco delineado en
-Roma sobre una muralla del monte Palatino. <i>Civiltà cattolica</i>,
-fasc. <span class="asc">CLXI</span>, p. 529 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1105" href="#FNanchor_1105" class="label">[1100]</a>
-Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">VII</span>, 4; Cicer.,
-<i>in Verrem</i>, V, 66; Xeno. Eph., <i>Ephesiaca</i>, <span
-class="asc">IV</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1106" href="#FNanchor_1106" class="label">[1101]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 39; Juan, <span
-class="asc">XX</span>, 25-27; Plauto, <i>Mostellaria</i>, II, 1, 13;
-Lucano, <i>Phars.</i>, <span class="asc">VI</span>, 543 y sig., 547;
-Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, 97; Tertul., <i>Adv. Marcionem</i>,
-III, 19.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1107" href="#FNanchor_1107" class="label">[1102]</a>
-Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, II, 24; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>,
-91.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1108" href="#FNanchor_1108" class="label">[1103]</a>
-Véase el texto árabe publicado por Kosegarten, <i>Chrest. arab.</i>, p.
-64.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1109" href="#FNanchor_1109" class="label">[1104]</a>
-Sparziano, <i>Vida de Adriano</i>, 10; Vulcatius Gallicanus, <i>Vida de
-Avidius Cassius</i>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1110" href="#FNanchor_1110" class="label">[1105]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 48; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 36; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 36;
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 28-30.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1111" href="#FNanchor_1111" class="label">[1106]</a>
-Dig., <span class="asc">XLVII</span>, <span class="asc">XX</span>,
-<i>De bonis damnat.</i>, 6. Costumbre limitada por Adriano.</p>
-
-</div> <p><span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span></p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1112" href="#FNanchor_1112" class="label">[1107]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 36.—Petronio, <i>Satyr.</i>,
-<span class="asc">CXI</span>, <span class="asc">CXII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1113" href="#FNanchor_1113" class="label">[1108]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 34. Generalmente las últimas
-palabras atribuidas á Jesús, y sobre todo del modo que las refiere
-Lúcas, inducen á la duda. Déjase conocer en ellas la intencion de
-edificar y demostrar el cumplimiento de las profecías. En semejantes
-casos cada uno las entiende á su manera. Las últimas palabras de los
-condenados célebres siempre han sido recogidas de dos ó tres modos
-completamente diferentes por los testigos más cercanos.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1114" href="#FNanchor_1114" class="label">[1109]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 19-22.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1115" href="#FNanchor_1115" class="label">[1110]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1116" href="#FNanchor_1116" class="label">[1111]</a>
-Los sinópticos están de acuerdo en colocar el grupo fiel «léjos» de la
-cruz. Juan dice: «al lado», incitado por el deseo de manifestar que
-estuvo cerca de la cruz.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1117" href="#FNanchor_1117" class="label">[1112]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 55-56; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 40-41; Luc., <span class="asc">XXIII</span>,
-49, 55; <span class="asc">XXIV</span>, 10; Juan, <span
-class="asc">XIX</span>, 25; Luc., <span class="asc">XXIII</span>,
-27-31.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1118" href="#FNanchor_1118" class="label">[1113]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25 y sig. Lúcas, siempre
-intermediario entre los dos primeros sinópticos y Juan, coloca tambien,
-pero á distancia, á «todos sus amigos» (<span class="asc">XXIII</span>,
-49). La diccion <span xml:lang="grc" lang="grc">γνωστοί</span> puede,
-es verdad, atribuirse á los «parientes.» Sin embargo, Lúcas establece
-una diferencia entre <span xml:lang="grc" lang="grc">γνωστοί</span>
-y <span xml:lang="grc" lang="grc">συγγενεῖς</span>. Los mejores
-manuscritos dicen <span xml:lang="grc" lang="grc">οἱ γνωστοὶ
-αὐτῷ</span> y no <span xml:lang="grc" lang="grc">οἱ γνωστοὶ
-αὐτοῦ</span>. En los <i>Hechos</i> (<span class="asc">I</span>, 14),
-María, madre de Jesús, aparece tambien en compañía de las mujeres
-galileas; en otra parte (<i>Evang.</i>, <span class="asc">II</span>,
-35) Lúcas la profetiza que una espada de dolor atravesará su corazon.
-Pero no se explica cómo puede olvidarla cerca de la cruz.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1119" href="#FNanchor_1119" class="label">[1114]</a>
-Éste es, en mi concepto, uno de los rasgos en que se descubre la
-personalidad de Juan y su deseo de darse importancia. Juan, despues
-de la muerte de Jesús, parece en efecto haber recogido á la madre de
-su maestro, y haberla adoptado (Juan, <span class="asc">XIX</span>,
-27). La gran consideracion que María tuvo en la iglesia naciente le
-incitó á pretender que Jesús, de quien suponia haber sido el discípulo
-favorito, le habia recomendado á la hora de su muerte la más querida
-de sus afecciones. La presencia á su lado de este precioso depósito
-le aseguraba sobre los otros apóstoles una especie de supremacía y
-prestaba á su doctrina grande autoridad.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1120" href="#FNanchor_1120" class="label">[1115]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 40; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 29 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1121" href="#FNanchor_1121" class="label">[1116]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 44; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 32. Lúcas, en su manía por la conversion de los
-pecadores, ha modificado aquí la tradicion.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1122" href="#FNanchor_1122" class="label">[1117]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 45; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 33; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 44.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1123" href="#FNanchor_1123" class="label">[1118]</a>
-Petronio, <i>Sat.</i>, <span class="asc">CXI</span> y sig.; Orígenes,
-<i>In Math. Comment. series</i>, 140; texto árabe publicado en
-Kosegarten, <i>op. cit.</i>, p. 63.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1124" href="#FNanchor_1124" class="label">[1119]</a>
-Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 8.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1125" href="#FNanchor_1125" class="label">[1120]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 34.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1126" href="#FNanchor_1126" class="label">[1121]</a>
-Math., <span class="pagenum" id="Page_299">[Pg 299]</span><span
-class="asc">XXVII</span>, 50; Marc., <span class="asc">XV</span>,
-37; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 46; Juan, <span
-class="asc">XIX</span>, 30.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXVI</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1127" href="#FNanchor_1127" class="label">[1122]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 37; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 44.
-Comp. Juan, <span class="asc">XIX</span>, 14.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1128" href="#FNanchor_1128" class="label">[1123]</a>
-<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 22-23; Josué,
-<span class="asc">VIII</span>, 29; <span class="asc">X</span>,
-26.—Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span class="asc">V</span>, 2; Mischna,
-<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1129" href="#FNanchor_1129" class="label">[1124]</a>
-Juan dice: «á Pilato», pero eso no es posible, puesto que Márcos
-asegura (<span class="asc">XV</span>, 44-45) que Pilato ignoraba
-todavía por la noche la muerte de Jesús.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1130" href="#FNanchor_1130" class="label">[1125]</a>
-No hay otro ejemplo de <i>crurifragium</i> aplicado despues de la
-crucifixion. Pues muchas veces sucedia que para concluir con los
-tormentos del paciente se les daba el golpe de gracia. V. S. el pasaje
-de Ibn-Hischam traducido en la <i>Zeitschrift für die Kunde des
-Morgenlandes</i>, I, p. 99-100.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1131" href="#FNanchor_1131" class="label">[1126]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 31-35.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1132" href="#FNanchor_1132" class="label">[1127]</a>
-Herodoto, <span class="asc">VII</span>, 194; Jos., <i>Vita</i>, 75.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1133" href="#FNanchor_1133" class="label">[1128]</a>
-Marc., <span class="asc">XV</span>, 44-45.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1134" href="#FNanchor_1134" class="label">[1129]</a>
-Las necesidades de la argumentacion cristiana exageraron despues esas
-precauciones, sobre todo, cuando los judíos adoptaron el sistema
-de afirmar que el cuerpo de Jesús habia sido robado. Math., <span
-class="asc">XXVII</span>, 62 y sig.; <span class="asc">XXVIII</span>,
-11-15.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1135" href="#FNanchor_1135" class="label">[1130]</a>
-Horacio, <i>Epist.</i>, I, <span class="asc">XVI</span>, 48; Juvenal,
-<span class="asc">XIV</span>, 77; Luciano, <span class="asc">VI</span>,
-544; Plauto, <i>Miles glor.</i>, II, <span class="asc">IV</span>,
-19; Artemidoro, <i>Onir.</i>, II, 53; Plinio, XXXVI, 24; Plutarco,
-<i>Vida de Cléomenes</i>, 39; Petronio, <i>Sat.</i>, <span
-class="asc">CXI-CXII</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1136" href="#FNanchor_1136" class="label">[1131]</a>
-Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1137" href="#FNanchor_1137" class="label">[1132]</a>
-Idéntica á la antigua Rama de Samuel en la tribu de Efraim.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1138" href="#FNanchor_1138" class="label">[1133]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 57 y sig.; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 42 y sig.; Luc., <span class="asc">XXIII</span>,
-50 y sig.; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 38 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1139" href="#FNanchor_1139" class="label">[1134]</a>
-Digesto, <span class="asc">XLVIII</span>, <span
-class="asc">XXIV</span>, <i>De cadaveribus punitorum</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1140" href="#FNanchor_1140" class="label">[1135]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 39 y sig.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1141" href="#FNanchor_1141" class="label">[1136]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 61; Marc., <span
-class="asc">XV</span>, 47; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 55.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1142" href="#FNanchor_1142" class="label">[1137]</a>
-Juan, <span class="asc">XIX</span>, 41-42.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1143" href="#FNanchor_1143" class="label">[1138]</a>
-Segun una tradicion (Math., <span class="asc">XXVII</span>, 60), José
-de Arimathea era propietario de la bóveda.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1144" href="#FNanchor_1144" class="label">[1139]</a>
-La bóveda que en la época de Constantino fué considerada como el
-sepulcro de Cristo, ofrecia esa forma, segun puede inferirse de la
-descripcion de Arculfo (en Mabillon, <i>Acta SS. Ord. S. Bened.</i>,
-sect. III, pars II, p. 504) y de las tradiciones vagas que existen
-en Jerusalen entre el clero griego, respecto al estado de la peña
-actualmente oculta por parte del monumento del Santo Sepulcro. Fueron
-débiles ó nulos los indicios (V. S. sobre todo á Sozomeno, <i>H.
-E.</i>, II, 1) sobre los cuales se apoyaron en tiempo de Constantino
-para identificar el sepulcro de Jesús con esa bóveda. Áun admitiendo
-el sitio del Gólgotha como casi exacto, el Santo Sepulcro no tendria
-ningun carácter serio de autenticidad. En todo c<span class="pagenum"
-id="Page_300">p. 300</span>aso, el aspecto de los lugares ha sido
-enteramente modificado.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1145" href="#FNanchor_1145" class="label">[1140]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1146" href="#FNanchor_1146" class="label">[1141]</a>
-Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 54-56.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1147" href="#FNanchor_1147" class="label">[1142]</a>
-Math., <span class="asc">XXVIII</span>, 1; Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 1; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 1;
-Juan, <span class="asc">XX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1148" href="#FNanchor_1148" class="label">[1143]</a>
-V. S. Math., <span class="asc">XXVIII</span>, 15; Juan, <span
-class="asc">XX</span>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1149" href="#FNanchor_1149" class="label">[1144]</a>
-Habia sido poseida por siete demonios (Marc., <span
-class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 2).</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1150" href="#FNanchor_1150" class="label">[1145]</a>
-Cosa que particularmente se deja conocer en los versículos 9 y sig. del
-cap. <span class="asc">XVI</span> de Márcos. Esos versículos forman
-una conclusion del segundo evangelio, diferente de la conclusion,
-<span class="asc">XVI</span> 1-8, la cual sirvió de apoyo á muchos
-manuscritos. En el cuarto evangelio (<span class="asc">XX</span>, 1-2,
-11, 18), María de Magdala es tambien el único testigo primitivo de la
-resurreccion.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXVII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1151" href="#FNanchor_1151" class="label">[1146]</a>
-El año 33 corresponde exactamente á uno de los datos del problema, á
-saber, que el 14 de Nisan fué un viérnes. Para desechar el año 33, y
-hallar un año que satisfaga esa condicion, preciso es remontar lo ménos
-hasta el año 29 ó bajar hasta el año 36.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1152" href="#FNanchor_1152" class="label">[1147]</a>
-Luc., <span class="asc">III</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1153" href="#FNanchor_1153" class="label">[1148]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 2 y 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1154" href="#FNanchor_1154" class="label">[1149]</a>
-La afirmacion contraria de Tertuliano y de Eusebio se origina de
-un apócrifo sin valor (V. S. Thilo, <i>Cod. apóc. N. T.</i>, p.
-813 y sig.). El suicidio de Pilato (Eusebio, <i>H. E.</i>, II, 7;
-<i>Chron. ad. ann. I Caii</i>) parece tambien originarse de hechos
-legendarios.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1155" href="#FNanchor_1155" class="label">[1150]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1156" href="#FNanchor_1156" class="label">[1151]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VII</span>, 1, 2; <i>B.
-J.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 6.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1157" href="#FNanchor_1157" class="label">[1152]</a>
-S. Jerón., <i>De situ et nom. loc. hebr.</i>, en la palabra
-<i>Acheldama</i>. Eusebio dice al norte. Pero los itinerarios sancionan
-la opinion de San Jerónimo. La tradicion que llama <i>Hacéldama</i> al
-necrópolo situado en el fondo del valle de Hinnom remonta lo ménos á la
-época de Constantino.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1158" href="#FNanchor_1158" class="label">[1153]</a>
-<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 18-19. Matheo, ó más bien
-su interpolador, ha dado un giro ménos satisfactorio á la tradicion
-de relacionar con ella la circunstancia de un cementerio para los
-extr<span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span>anjeros,
-cementerio que se hallaba cerca de aquel lugar.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1159" href="#FNanchor_1159" class="label">[1154]</a>
-Math., <span class="asc">XXVII</span>, 5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1160" href="#FNanchor_1160" class="label">[1155]</a>
-<i>Hech.</i>, <i>l. c.</i>; Papias, en Œcumenius, <i>Enarr. in Act.
-apost.</i>, <span class="asc">II</span>, y en Münter, <i>Frag. Patrum
-græc.</i> (Hafniae, 1788), fasc. <span class="asc">I</span>, p. 17 y
-sig.; Teofilacto, <i>In Math.</i>, <span class="asc">XXVII</span>,
-5.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1161" href="#FNanchor_1161" class="label">[1156]</a>
-Papias, en Münter, <i>l. c.</i>; Teofilacto, <i>l. c.</i></p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1162" href="#FNanchor_1162" class="label">[1157]</a>
-Salmos <span class="asc">LXIX</span> y <span class="asc">CIX</span>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1163" href="#FNanchor_1163" class="label">[1158]</a>
-Ese sentimiento popular existia aún en Bretaña, cuando yo era niño. El
-gendarme se consideraba allí como en otras partes el judío, esto es,
-con una especie de repulsion piadosa, por cuanto á que él fué quien
-prendió á Jesús.</p>
-
-</div>
-
-
-<div class="section">
- <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXVIII</p>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1164" href="#FNanchor_1164" class="label">[1159]</a>
-Math., <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.; Luc., <span
-class="asc">VII</span>, 1 y sig.; Juan, <span class="asc">XII</span>,
-20 y sig. Comp. Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>,
-3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1165" href="#FNanchor_1165" class="label">[1160]</a>
-Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 45; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1166" href="#FNanchor_1166" class="label">[1161]</a>
-<i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3. Una mano cristiana
-ha alterado este pasaje.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1167" href="#FNanchor_1167" class="label">[1162]</a>
-<i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">I</span>; <i>B. J.</i>, II, <span
-class="asc">VIII</span>; <i>Vita</i>, 2.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1168" href="#FNanchor_1168" class="label">[1163]</a>
-Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XIV</span>, 16;
-<i>Aboda zara</i>, 2; <i>Schabbath</i>, <span class="asc">XIV</span>,
-4; Talm. de Babil., <i>Sanh.</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>;
-<i>Schabbath</i>, 104 <i>b</i>, 116 <i>b</i>. Comp. <i>Chagiga</i>,
-4 <i>b</i>; <i>Gittin</i>, 57 <i>a</i>, 90 <i>a</i>. Las dos Gemaras
-toman una gran parte de sus datos sobre Jesús de una leyenda ridícula
-y obscena sin valor histórico, inventada por los enemigos del
-cristianismo.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1169" href="#FNanchor_1169" class="label">[1164]</a>
-Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1170" href="#FNanchor_1170" class="label">[1165]</a>
-Filóstrato, <i>Vida de Apolonio</i>, IV, 2; VII, 11; VIII, 7. Eunapio,
-<i>Vida de los Sofistas</i>, p. 454, 500 (ed. Didot).</p>
-
-</div>
-
-
-<p class="centra fs60 ws1 mt5">FIN DE LAS NOTAS DE LA VIDA DE JESÚS.</p>
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-
-<div class="chapter pt3" id="ToC">
- <p><span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span></p>
- <h2 class="nobreak">ÍNDICE DE MATERIAS.</h2>
- <hr class="tir" />
-</div>
-
-<table summary="Índice de contenidos">
- <tr>
- <td>&nbsp;</td>
- <td class="tdrb asc"><small>PÁGS.</small></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_0"><span
- class="smcap">Dedicatoria</span></a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_1">1</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_00"><span
- class="smcap">Introduccion</span></a>, en la cual se trata
- principalmente de las fuentes de esta historia.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_3">3</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_1"><span
- class="smcap">Capítulo I</span></a>.—Rango de Jesús en la historia del mundo.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_33">33</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_2"><span class="smcap">Capítulo
- II</span></a>.—Infancia y juventud de Jesús. — Sus primeras
- impresiones.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_42">42</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_3"><span class="smcap">Capítulo
- III</span></a>.—Educacion de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_46">46</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_4"><span class="smcap">Capítulo
- IV</span></a>.—Órden de ideas en cuyo seno creció Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_53">53</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_5"><span class="smcap">Capítulo
- V</span></a>.—Primeros aforismos de Jesús. — Sus ideas de un Dios
- padre y de una religion pura. — Primeros discípulos.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_66">66</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_6"><span class="smcap">Capítulo
- VI</span></a>.—Juan Bautista. — Viaje de Jesús hácia Juan y su
- permanencia en el desierto de Judea. — Adopta el bautismo de
- Juan.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_76">76</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_7"><span class="smcap">Capítulo
- VII</span></a>.—Desarrollo de las ideas de Jesús sobre el reino de
- Dios.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_84">84</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_8"><span class="smcap">Capítulo
- VIII</span></a>.—Jesús en Capharnahum.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_92">92</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_9"><span class="smcap">Capítulo
- IX</span></a>.—Los discípulos de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_100">100</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_10"><span class="smcap">Capítulo
- X</span></a>.—Predicacion del lago.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_107">107</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_11"><span class="smcap">Capítulo
- XI</span></a>.—El reino de Dios concebido como el advenimiento de los
- pobres.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_114">114</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_12"><span class="smcap">Capítulo
- XII</span></a>.—Embajada de Juan á Jesús. — Muerte de Juan. —
- Conexion de su escuela con la de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_122">122</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_13"><span class="smcap">Capítulo
- XIII</span></a>.—Primeras tentativas sobre Jerusalen.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_127">127</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_14"><span class="smcap">Capítulo
- XIV</span></a>.—Relaciones de Jesús con los gentiles y los
- samaritanos.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_135">135</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_15"><span class="smcap">Capítulo
- XV</span></a>.—Principio de la leyenda de Jesús. — Idea que tiene él
- mismo de su mision sobrenatural.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_140">140</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_16"><span class="smcap">Capítulo
- XVI</span></a>.—Milagros.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_148">148</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_17"><span class="smcap">Capítulo
- XVII</span></a>.—Forma definitiva de las ideas de Jesús sobre el
- reino de Dios.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_155">155</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_18"><span class="smcap">Capítulo
- XVIII</span></a>.—Instituciones de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_164">164</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_19"><span class="smcap">Capítulo
- XIX</span></a>.—Progresion creciente de entusiasmo y de
- exaltacion.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_172">172</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_20"><span class="smcap">Capítulo
- XX</span></a>.—Oposicion contra Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_178">178</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_21"><span class="smcap">Capítulo
- XXI</span></a>.—Último viaje de Jesús á Jerusalen.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_186">186</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_22"><span class="smcap">Capítulo
- XXII</span></a>.—Maquinaciones de los enemigos de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_195">195</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_23"><span class="smcap">Capítulo
- XXIII</span></a>.—Última semana de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_201">201</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_24"><span class="smcap">Capítulo
- XXIV</span></a>.—Arresto y causa de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_212">212</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_25"><span class="smcap">Capítulo
- XXV</span></a>.—Muerte de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_223">223</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_26"><span class="smcap">Capítulo
- XXVI</span></a>.—Jesús en el sepulcro.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_228">228</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_27"><span class="smcap">Capítulo
- XXVII</span></a>.—Suerte de los enemigos de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_231">231</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Ch_28"><span class="smcap">Capítulo
- XXVIII</span></a>.—Carácter esencial de la obra de Jesús.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_234">234</a></td>
- </tr>
- <tr>
- <td class="tdlh"><a href="#Notas"><span class="smcap">Notas</span></a>.</td>
- <td class="tdrb"><a href="#Page_245">245</a></td>
- </tr>
-</table>
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-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
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-<hr class="full" />
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-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE JESÚS ***</div>
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-</div>
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-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
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-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
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-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
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-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
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-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
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-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
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-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
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-</div>
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-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
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-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
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