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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Vida de Jesús - -Author: Ernesto Renán - -Translator: Federico de la Vega - -Release Date: April 26, 2021 [eBook #65165] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (This book was produced from - scanned images of public domain material from the Google Books - project.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE JESÚS *** - -NOTA DE TRANSCRIPCIÓN - - * Las cursivas se muestran entre _subrayados_, y las versalitas - se han convertido a MAYÚSCULAS. - - * Los errores de imprenta han sido corregidos. - - * La ortografía del original ha sido respetada, normalizándose - las variantes a la grafía más frecuente. - - * Se han añadido tildes a las mayúsculas que las necesitan. - - * El texto de las notas, citas y referencias se ha hecho - coincidir con el del original francés de la 12.ª edición. (Las - ediciones francesas, a partir de la 13.ª, tienen adiciones que no - están reflejadas en esta traducción.) - - * Las notas a pie de página procedentes del autor han sido - renumeradas y quedan colocadas al final del libro, como en el - original impreso. Las procedentes del editor o del traductor se - han colocado debajo del párrafo que contiene la llamada. - - * Las páginas en blanco han sido eliminadas. - - - - - VIDA - DE JESÚS - -- - HISTORIA - DE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO - -- - LIBRO PRIMERO - - - - - ERNESTO RENÁN - - —— - - VIDA - DE JESÚS - - NUEVA EDICION CON NOTAS - - —— - - MADRID - LIBRERÍA DE ALFONSO DURÁN - CARRERA DE S. GERÓNIMO, 2 - -- - 1869 - - - - -MADRID, 1869.--Imp. de Rivadeneyra, Duque de Osuna, 3. - - - - -AL ALMA PURA - -DE MI HERMANA ENRIQUETA - -MUERTA EN BIBLOS EL 24 DE SETIEMBRE DE 1861 - - -¿Te acuerdas, desde el seno de Dios, donde reposas, de aquellos largos -dias de Ghazir en que, solo contigo, escribia yo estas páginas, -inspiradas por los lugares que acabábamos de recorrer? Silenciosa á mi -lado, tú releias cada página y la copiabas apénas escrita, miéntras -que á nuestros piés se extendian el mar, las aldeas, los barrancos -y las montañas. Cuando á la sofocante luz de la tarde sucedia el -innumerable ejército de estrellas, tus preguntas finas y delicadas y -tus discretas dudas me hacian pensar en el objeto de nuestras comunes -investigaciones. Un dia me dijiste que tú amarias este libro, por -haber sido escrito en tu compañía, y porque te gustaba su espíritu. Y -si algunas veces temias que le fuese contrario el juicio del hombre -frívolo, siempre estuviste persuadida que al fin agradaria á las almas -verdaderamente religiosas. El ala de la muerte nos hirió á entrambos -en medio de aquellas dulces meditaciones; á la misma hora caimos en -febril letargo... ¡Yo me desperté solo!... Tú duermes ahora en la -tierra de Adónis, cerca de la santa Biblos y de las aguas sagradas, -donde iban á mezclar sus lágrimas las mujeres de los misterios -antiguos. Revélame ¡oh buen genio! á mí, á quien tanto amabas, esas -verdades que dominan la muerte, que impiden temerla y casi nos la hacen -amar. - - - - -INTRODUCCION - -EN DONDE PRINCIPALMENTE SE TRATA DE LAS FUENTES DE ESTA HISTORIA - - -Una historia de los «Orígenes del cristianismo» deberá abarcar todo el -período oscuro, subterráneo, si se me permite la frase, que se extiende -desde los primeros pasos de esta religion hasta el momento en que su -existencia vino á ser un hecho público, notorio, evidente á los ojos -de todo el mundo. Esta historia se compondrá de cuatro libros:--el -primero, que hoy ofrezco al público, trata del hecho mismo que sirvió -al nuevo culto de punto de partida, y le llena completamente la persona -sublime de su fundador. El segundo tratará de los apóstoles y de sus -discípulos inmediatos; mejor dicho, de las revoluciones que sufrió el -pensamiento religioso en las dos primeras generaciones cristianas. Le -cerraré hácia el año 100, época en que habian ya muerto los últimos -amigos de Jesús y en que se habian fijado todos los libros del Nuevo -Testamento en la forma que tienen hoy dia. En el tercer volúmen -expondré el estado del cristianismo bajo los Antoninos: verásele en -él desarrollarse lentamente y sostener una guerra casi constante -contra el imperio, el cual, habiendo llegado entónces al apogeo de la -perfeccion administrativa, y hallándose dirigido por filósofos, combate -en la secta naciente una sociedad secreta y teocrática que le niega -con obstinacion y le mina sin cesar. Este libro contendrá todo el -siglo segundo. En el tomo cuarto demostraré, por último, los progresos -decisivos que hace el cristianismo á partir de los emperadores sirios. -En él se verá el hundimiento de la sábia construccion de los Antoninos, -la decadencia de la civilizacion antigua hacerse irrevocable, el -cristianismo aprovechándose de su ruina, la Siria conquistando todo -el Occidente, y á Jesús, en compañía de los dioses y de los sabios -divinizados del Asia, tomar posesion de una sociedad á la cual no -bastaba ya la filosofía del Estado puramente civil. Entónces es cuando -las ideas religiosas de las razas agrupadas al rededor del Mediterráneo -se modifican profundamente; cuando los cultos orientales extienden -por todas partes su dominio; cuando el cristianismo, olvidando por -completo sus ensueños miliarios, rompe los últimos lazos que le ligaban -al judaismo y pasa entero al mundo greco-latino. Las luchas y el -trabajo literario del siglo tercero, que ya se presentan sin rebozo, -no se expondrán sino á rasgos generales. Más sumariamente referiré -aún las persecuciones del principio del siglo cuarto, último esfuerzo -del imperio por reivindicar sus antiguos principios, aquellos que no -concedian ningun puesto en el Estado á la sociedad religiosa. Por -último, me limitaré á presentir el cambio de política que invirtió los -papeles bajo el cetro de Constantino é hizo del más libre y espontáneo -movimiento religioso un culto oficial sujeto al Estado y perseguidor á -su vez. - -Ignoro si tendré vida y fuerzas suficientes para llenar un plan tan -vasto. Me daria por satisfecho si, despues de haber escrito la vida -de Jesús, pudiese referir, segun yo la comprendo, la historia de los -apóstoles, el estado de la conciencia cristiana durante las semanas que -siguieron á la muerte de Jesús, la formacion del ciclo legendario de la -resurreccion, los primeros actos de la iglesia de Jerusalen, la vida de -San Pablo, la crísis del tiempo de Neron, la aparicion del Apocalípsis, -la ruina de Jerusalen, la fundacion de las cristiandades hebráicas de -la Batanea, la redaccion de los evangelios y el orígen de las grandes -escuelas del Asia Menor derivadas de Juan. Todo palidece junto á ese -maravilloso primer siglo. Y por una singularidad rara en la historia, -vemos mucho más claramente lo que pasó en el mundo cristiano desde el -año 50 al 75 que desde el 100 al 150. - -El plan que he adoptado en esta historia me ha impedido introducir -en el texto largas disertaciones críticas sobre los puntos -controvertidos. Un sistema contínuo de notas permite al lector -comprobar por sí mismo en las fuentes que se citan, las proposiciones -de la obra[*]. En esas notas me he limitado estrictamente á las citas -de primera mano, esto es, á la indicacion de los pasajes originales, -sobre los cuales se apoya cada aserto ó cada conjetura. Comprendo -que para las personas poco iniciadas en esta clase de estudios, -serían indispensables explicaciones mucho más extensas. Pero no tengo -costumbre de retocar lo que está hecho y bien hecho. Para no citar sino -libros escritos en frances, aquellos que deseen profundizar la materia -pueden proporcionarse las obras siguientes: - - [*] Para no fatigar la atencion del lector con repetidas llamadas - bajo el texto, hemos creido oportuno trasladar las notas al fin - del volúmen. - -_Études critiques sur l’évangile de saint Matthieu_, par M. Albert -RÉVILLE, pasteur de l’Église wallonne de Rotterdam. - -_Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique_, par M. -REUSS, professeur à la Faculté de théologie et au séminaire protestant -de Strasbourg. - -_Des doctrines religieuses des Juifs pendant les deux siècles -antérieurs à l’ère chrétienne_, par M. Michel NICOLAS, professeur à la -Faculté de théologie protestante de Montauban. - -_Vie de Jésus_, par le Dr. STRAUSS, traduite par M. LITTRÉ, membre de -l’Institut. - -_Revue de théologie et de philosophie chrétienne_, publiée sous la -direction de M. COLANI, de 1850 à 1857.--_Nouvelle Revue de théologie_, -faisant suite à la précedente, depuis 1858. - -_Les Évangiles_, par M. Gustave d’EICHTHAL. Première partie: _Examen -critique et comparatif des trois premiers évangiles_. - -Los que quieran tomarse el trabajo de consultar estos excelentes -escritos, encontrarán en ellos la explicacion de multitud de -puntos sobre los cuales he tenido que ser muy conciso. En lo que -particularmente se refiere á los textos evangélicos, su crítica -detallada ha sido hecha por Strauss de un modo que deja muy poco -que desear. Y aunque Strauss se haya engañado en su teoría sobre la -redaccion de los evangelios[1], y aunque su libro tenga, en mi opinion, -el defecto de afirmarse en gran manera sobre el terreno teológico y muy -poco sobre el de la historia[2], preciso es, para apreciar los motivos -que me han guiado en una infinidad de detalles, seguir la discusion, -siempre juiciosa, aunque algo sutil en ocasiones, de la obra que tan -bien ha traducido mi sabio cofrade M. Littré. - -En materia de testimonios antiguos creo no haber descuidado ninguna -fuente de informaciones. Sin contar un sinnúmero de datos esparcidos -acá y allá, cinco grandes colecciones de escritos nos quedan respecto -á Jesús y al tiempo en que vivió:--1.ª los evangelios y en general los -escritos del Nuevo Testamento; 2.ª las composiciones llamadas apócrifas -del «Antiguo Testamento»; 3.ª las obras de Filon; 4.ª las de Josefo; -5.ª el Talmud. Los escritos de Filon tienen la inapreciable ventaja de -mostrarnos las ideas que, en tiempo de Jesús, fermentaban en las almas -ocupadas en las grandes cuestiones religiosas. Verdad es que Filon -vivia en otra provincia del judaismo, diferente de la en que habitaba -Jesús; pero tambien lo es que su carácter, como el del fundador del -cristianismo, estaba muy por encima de las pequeñeces que reinaban -en Jerusalen:--Filon es en este concepto el hermano mayor de Jesús. -Sesenta y dos años tenía cuando el profeta de Nazareth se hallaba en -el apogeo de su actividad, y le sobrevivió diez años, por lo ménos. -¡Lástima es que los azares de la vida no le llevasen á Galilea! ¡Cuánto -no nos habria enseñado! - -El estilo de Josefo, que particularmente escribia para los paganos, -no tiene la misma sinceridad. Sus escasas noticias sobre Jesús, Juan -Bautista y Júdas el Gaulonita, son áridas y sin color. Se conoce -á primera vista que trata de presentar aquellos movimientos, cuyo -carácter era tan profundamente judáico, bajo una forma inteligible -para los griegos y romanos. Sin embargo, tengo por auténtico el pasaje -que se refiere á Jesús, porque se halla en perfecta armonía con la -índole de Josefo; al mencionar este historiador á Jesús no debió -hacerlo de otro modo. No obstante, se conoce que una mano cristiana -ha retocado el pasaje añadiéndole algunas palabras, sin las cuales -habria sido casi blasfematorio[3], y suprimiéndole ó modificándole -algunas expresiones[4]. Preciso es tener presente que Josefo debe su -fama literaria á los cristianos, quienes adoptaron sus escritos como -documentos esenciales á su historia sagrada. Probablemente se hizo -de ellos en el siglo segundo una edicion corregida segun las ideas -cristianas[5]. De todos modos, lo que constituye el inmenso interes -de Josefo con relacion á nuestro asunto, es la viva luz que arroja -sobre los personajes de aquel tiempo. Gracias á él, Heródes, Herodías, -Antipas, Felipe, Anás, Caifás y Pilátos, son figuras históricas que -aparecen de relieve á nuestra vista con maravillosa exactitud. - -Los apócrifos del Antiguo Testamento, y en particular la parte judía -de los versos sibilinos y el Libro de Henoch, tienen, unidos al Libro -de Daniel, que tambien es un verdadero apócrifo, inmensa y capital -importancia para la historia del desarrollo de las teorías mesiánicas -y para la inteligencia de las concepciones de Jesús sobre el reino de -Dios. El Libro de Henoch, muy conocido de las personas que rodeaban -á Jesús[6], nos da, sobre todo, la clave de la expresion de «Hijo -del Hombre» y de las ideas que á ella se refieren. Gracias á los -trabajos de MM. Alexandre, Ewald, Dillmann y Reuss, la edad de estos -diferentes libros está ya fuera de duda. Todo el mundo conviene en -que la redaccion del más importante de entre ellos data de los siglos -segundo y primero ántes de Jesucristo. La fecha del Libro de Daniel -es más incierta. El carácter de las lenguas en que está escrito, el -uso de palabras griegas, el anuncio claro, determinado, preciso de -los acontecimientos que alcanzan hasta la época de Antíoco Epifáneo, -las falsas imágenes que en él se trazan de la antigua Babilonia, el -colorido general del libro, que en nada se parece á los escritos del -cautiverio, y que, al contrario, se armoniza por una infinidad de -analogías con las creencias, las costumbres y los giros de imaginacion -de la época de los Seléucidas, el sabor apocalíptico de las visiones, -el sitio del libro en el cánon hebreo fuera de la serie de los -profetas, la omision de Daniel en los panegíricos del capítulo XLIX del -_Eclesiástico_, donde se hallaba su rango como indicado, multitud de -otras pruebas que han sido cien veces deducidas, todo, en fin, induce á -creer que el Libro de Daniel fué producto de la grande exaltacion que -la persecucion de Antíoco ocasionó entre los judíos. Así, pues, no debe -clasificarse este libro entre la antigua literatura profética, sino más -bien al frente de la literatura apocalíptica, como primer modelo de un -género de composiciones entre las cuales debian figurar despues de él -los diversos poemas sibilinos, el Libro de Henoch, el Apocalípsis de -Juan, la Ascension de Isaías y el cuarto libro de Esdras. - -Mucho se ha descuidado hasta hoy el Talmud al tratarse de la historia -de los orígenes del cristianismo. Pero yo creo, con M. Geiger, que la -verdadera nocion de las circunstancias en que se produjo su fundador, -debe buscarse en esta rara compilacion, tan abundante de preciosas -noticias, que se mezclan y confunden con la más trivial escolástica. -Habiendo seguido la teología cristiana y la judáica dos caminos -paralelos en el fondo, no puede comprenderse bien la historia de la una -sin la de la otra. Por otra parte, innumerables detalles materiales de -los evangelios tienen su comentario en el Talmud. Ya las compilaciones -latinas de Lightfoot, de Schœttgen, de Buxtorf y de Otho contenian -á este respecto multitud de noticias. Por mi parte, me he impuesto -el deber de comprobar en el original cuantas citas he admitido, sin -exceptuar una sola. Y la colaboracion que en esta parte de mi trabajo -debo á M. Neubauer, sabio israelita muy versado en la literatura -talmúdica, me ha permitido ir más léjos y aclarar las partes más -delicadas de mi asunto con algunas nuevas comparaciones. Extendiéndose -la redaccion del Talmud desde el año 200 hasta el 500, próximamente, -la distincion de las épocas es aquí muy importante. Nosotros las hemos -examinado con todo el discernimiento que permite el estado actual -de esta clase de estudios. Entre algunas personas acostumbradas á -no conceder valor á un documento sino por la época misma en que fué -escrito, excitarán acaso algunos temores tan recientes fechas. Pero -semejantes escrúpulos estarian aquí fuera de lugar. La enseñanza de -los judíos desde la época asmonea hasta el siglo segundo fué oral -principalmente, y no debe juzgarse de aquella especie de estado -intelectual por las costumbres de un tiempo en que tanto se escribe. -Los Vedas y las antiguas poesías árabes se conservaron en la memoria -del pueblo durante siglos, y sin embargo, esas composiciones presentan -una forma decisiva y muy delicada. Por el contrario, la forma no tiene -en el Talmud ningun valor. Añadamos que ántes de la _Mischna_ de Júdas -el Santo, que hizo olvidar todas las otras, hubo ensayos de redaccion -cuyos principios se remontan acaso mucho más allá de lo que comunmente -se supone. El estilo del Talmud es el de los resúmenes compilativos: -probablemente los redactores no hicieron sino clasificar, bajo ciertos -títulos, el enorme fárrago de escrituras que por espacio de muchas -generaciones se habian acumulado en las diferentes escuelas. - -Réstanos hablar de los documentos que, presentándose como biografías -del fundador del cristianismo, deben ocupar naturalmente el primer -rango en una vida de Jesús. Un tratado completo sobre la redaccion -de los evangelios tendria que formar una obra aparte. Merced á los -hermosos trabajos de que ha sido objeto esta cuestion desde hace -treinta años, el problema que otras veces parecia inabordable, ha -llegado á una solucion que, si bien deja todavía paso á muchas -incertidumbres, satisface al ménos plenamente las necesidades de la -historia. Siendo la composicion de los evangelios uno de los hechos -más importantes para el porvenir del cristianismo, de cuantos en la -postrera mitad del primer siglo ocurrieron, ocasion tendrémos de volver -á examinarla en nuestro segundo libro. Aquí no tratarémos esta especie -sino bajo el punto de vista indispensable á la solidez de nuestro -relato. Sólo buscarémos, dejando aparte cuanto pertenece al cuadro de -los tiempos apostólicos, la medida en que deben emplearse los datos -que los evangelios nos ofrecen en una historia trazada con arreglo á -principios racionales[7]. - -Que los evangelios son en parte legendarios, es cosa evidente, puesto -que en ellos abundan los milagros y lo sobrenatural; pero hay leyenda -y leyenda. Nadie pone en duda, por ejemplo, los rasgos principales -de la vida de Francisco de Asís, sin embargo de hallarse en ella lo -sobrenatural muy frecuentemente. Por el contrario, ninguno da crédito -á la «Vida de Apolonio de Tiana.» ¿Por qué?--Porque fué escrita mucho -tiempo despues del héroe, y bajo las condiciones de pura novela. ¿En -qué época, por qué manos y en qué circunstancias fueron escritos los -evangelios? Hé aquí la cuestion capital de que depende el juicio que de -su autenticidad debemos formarnos. - -Sabido es que cada uno de los cuatro evangelios lleva al frente el -nombre de un personaje conocido, bien en la historia apostólica, bien -en la misma historia evangélica. Pero esos cuatro personajes no se nos -han presentado rigurosamente como sus autores. Segun la más antigua -opinion, las fórmulas «segun Matheo», «segun Márcos», «segun Lúcas», -«segun Juan», no implican que estos relatos fuesen escritos de extremo -á extremo por Juan, Lúcas, Márcos y Matheo[8]; esas fórmulas significan -únicamente que se apoyan en las tradiciones que provienen de cada -uno de aquellos apóstoles y que se escudan con su autoridad. Si esos -títulos son exactos, claro es que los evangelios, sin que dejen de ser -legendarios en parte, tienen sumo valor, puesto que nos llevan al medio -siglo que siguió á la muerte de Jesús, y en dos de ellos, hasta á los -testigos oculares de sus acciones. - -Por lo que á Lúcas respecta, la duda no es posible. El evangelio de -Lúcas es una composicion regular, fundada en documentos anteriores[9]; -es la obra de un hombre que elige, entresaca y combina. Indudablemente -el autor de este evangelio es el mismo que el de los «Hechos de los -Apóstoles»[10], el cual fué un compañero de San Pablo[11], título que -conviene perfectamente á Lúcas[12]. Sé que á este razonamiento puede -oponerse más de una objecion, pero al ménos una cosa está fuera de -duda, y es, que el autor del tercer evangelio y de los «Hechos» fué un -hombre de la segunda generacion apostólica, y esto basta á mi objeto. -Por otra parte, la fecha de este evangelio puede determinarse con mucha -precision por medio de consideraciones sacadas del libro mismo. El -capítulo XXI de Lúcas, inseparable del resto de la obra, se escribió, á -no dudarlo, despues del sitio de Jerusalen, pero poco despues[13]. Aquí -nos hallamos, pues, en un terreno sólido, porque se trata de una obra -escrita de un extremo á otro por la misma mano y en la cual resalta la -más perfecta unidad. - -Los evangelios de Matheo y Márcos no tienen, ni con mucho, el mismo -sello individual.--Son composiciones impersonales, en las cuales -desaparece totalmente el autor. Un nombre propio escrito al frente de -este género de obras dice muy poco. Pero si el evangelio de Lúcas se -halla fechado, tambien lo están el de Matheo y el de Márcos, puesto que -es indudable que el tercer evangelio es posterior á los dos primeros, -y que ofrece el carácter de una redaccion mucho más avanzada. Tenemos -sobre este punto, á mayor abundamiento, un testimonio capital que data -de la primera mitad del siglo segundo, cual es el de Papias, obispo -de Hierápolis, hombre grave, de tradicion, que empleó toda su vida en -recoger con particular esmero cuantas noticias se referian á la persona -de Jesús[14]. Papias, despues de haber declarado que en semejantes -materias prefiere la tradicion oral á los libros, menciona dos escritos -sobre los actos y las palabras de Cristo: 1.º, un escrito de Márcos, -intérprete del apóstol Pedro; escrito corto, incompleto, no clasificado -por órden cronológico, el cual comprende relatos y discursos (λεχθέντα -ἢ πραχθέντα), y fué compuesto en vista de los recuerdos y noticias -del apóstol Pedro; 2.º, una compilacion de sentencias (λόγια) escrita -por Matheo en lengua hebrea[15], «y que ha traducido cada uno como -ha podido.» Es indudable que estas dos descripciones se armonizan -bastante bien con la fisonomía general de los dos libros llamados ahora -«Evangelio segun Matheo» y «Evangelio segun Márcos», los cuales se -distinguen, uno por sus largos discursos, y otro por sus anécdotas, -en particular, por ser mucho más exacto que el primero en relatar los -acontecimientos de secundaria importancia, pobre en discursos, breve -hasta la aridez y por estar bastante mal pergeñado. Que sean estas dos -obras, tales como nosotros las leemos, absolutamente parecidas á las -que leia Papias, no es sostenible en buena lógica; primero, porque el -escrito de Matheo, segun Papias, se componia tan sólo de discursos en -hebreo, de los cuales circulaban traducciones bastante diferentes; -y segundo, porque la obra de Márcos y la de Matheo eran, para él, -profundamente distintas, no tenian en su redaccion ningun punto de -contacto, y á lo que parece, estaban escritas en diferente idioma. Esto -supuesto, y ofreciendo el «Evangelio segun Márcos» y el «Evangelio -segun Matheo», en el estado actual de sus textos, larguísimos trozos -paralelos perfectamente idénticos, preciso es suponer ó que el redactor -definitivo del primero tenía el segundo á la vista, ó que el del -segundo consultaba el primero, ó que ambos redactores copiaron el mismo -prototipo. Lo más verosímil es, que ni respecto á Márcos ni respecto -á Matheo, tenemos las redacciones del todo originales, y que nuestros -dos primeros evangelios son arreglos, en los cuales se trató de llenar, -con un texto, los vacíos del otro. Cada uno quiso, en efecto, poseer un -ejemplar completo: aquel que en el suyo no tenía sino discursos, deseó -tener relatos, y recíprocamente. Sólo así se explica que el «Evangelio -segun Matheo» comprenda casi todas las anécdotas de Márcos, y que el -«Evangelio segun Márcos» encierre hoy un sinnúmero de rasgos que emanan -de las _Logia_ de Matheo. Además, cada uno bebia abundantemente en el -manantial de la tradicion evangélica que continuaba manando en torno -suyo. Y tan léjos estuvo aquella tradicion de haber sido agotada por -los evangelios, que los «Hechos de los Apóstoles» y los Padres más -antiguos citan várias palabras de Jesús que parecen auténticas y que no -se hallan en los evangelios que poseemos. - -No cumple á nuestro objeto actual el delicado análisis de reconstruir, -hasta cierto punto, las _Logia_ originales de Matheo, por una parte, y, -por la otra, el relato primitivo tal como salió de la pluma de Márcos. -Sin duda las _Logia_ se nos representan como los grandes discursos -de Jesús, que llenan una parte considerable del primer evangelio. Y -efectivamente, estos discursos forman, cuando se separan del resto, -un todo bastante completo. En cuanto á los relatos del primero y del -segundo evangelio, parece que tienen una base comun, cuyo texto se -halla tan pronto en uno como en otro, y del cual no es el segundo -evangelio, tal cual le leemos hoy dia, sino una reproduccion poco -modificada. En otros términos, el sistema de la vida de Jesús reposa -entre los sinópticos en dos documentos originales: 1.º, los discursos -de Jesús, recogidos por el apóstol Matheo; 2.º, la compilacion de -anécdotas y de noticias originales que Márcos escribió en vista de los -recuerdos de Pedro. Y todavía puede decirse que en los dos evangelios -que, no sin razon, llevan el nombre de «Evangelio segun Matheo» y -de «Evangelio segun Márcos», tenemos esos documentos mezclados con -noticias de otra procedencia. - -De todos modos, es indudable que los discursos de Jesús se escribieron -en lengua aramea, así como tambien sus acciones notables. Pero aquéllos -no fueron los textos definitivos y dogmáticamente fijados. Además de -los evangelios que han llegado hasta nosotros, hay multitud de escritos -que pretenden representar la tradicion de testigos oculares[16]. Mas se -les da poca importancia, y los conservadores, como Papias, prefieren á -ellos la tradicion oral[17]. Como quiera que todavía se creia próximo -el fin del mundo, eran muy pocos los que se tomaban el trabajo de -componer libros para el porvenir, y sólo se trataba de grabar en el -corazon la imágen viva del que muy pronto habian de volver á ver en las -nubes. De ahí la poca autoridad de que gozaron los textos evangélicos -durante ciento cincuenta años. Nadie tenía escrúpulo en adicionarlos, -combinarlos diversamente y completar unos con otros. El pobre que no -poseia más que un libro, deseaba que contuviese todo cuanto interesaba -á su corazon. Prestábanse aquellos libretos, y cada uno trascribia al -márgen de su ejemplar las palabras y las parábolas que encontraba en -otra parte y que conmovian su ánimo[18]. Así es como la cosa más bella -del mundo salió de una elaboracion oscura y completamente popular. -Ninguna redaccion tenía valor absoluto. Justino, que recurrió con -frecuencia á lo que él llama «Memorias de los apóstoles»[19], tenía -á la vista un estado de los documentos evangélicos muy diferente del -que nosotros poseemos; de todos modos, no se tomó el trabajo de -entresacarlos textualmente. El mismo carácter presentan las citas en -los escritos seudo-clementinos, de orígen ebionita. La letra no se -tenía en nada, el espíritu lo era todo. Los textos que llevan el nombre -de los apóstoles no tuvieron autoridad decisiva ni fuerza de ley, sino -cuando la tradicion se debilitó en la postrera mitad del siglo segundo. - -¿Quién no conoce el valor de documentos que así se compusieron de -los tiernos recuerdos y de los cándidos relatos de las dos primeras -generaciones cristianas; de esos documentos llenos todavía de la fuerte -impresion que habia producido su ilustre fundador y que parece haberle -sobrevivido largo tiempo? Añadamos que los evangelios en cuestion -provienen, á lo que parece, de aquella rama de la familia cristiana -que estuvo más en contacto con Jesús. El último trabajo de redaccion, -al ménos del texto que lleva el nombre de Matheo, parece haberse hecho -en uno de los países situados al nordeste de Palestina, tales como -la Gaulonítida, el Hauran ó la Batanea, adonde se refugiaron muchos -cristianos en la época de la guerra con Roma, donde en el siglo segundo -existian aún parientes de Jesús[20], y en donde se conservó más tiempo -que en ninguna otra parte la primera direccion galilea. - -Hasta ahora no hemos hablado sino de los tres evangelios llamados -sinópticos:--réstanos hablar del cuarto, del que lleva el nombre de -Juan. Las dudas son aquí mucho más fundadas, y la cuestion se halla -más léjos de resolverse. Papias, que procede de la escuela de Juan, -y que si no fué su auditor, como pretende Ireneo, frecuentó mucho á -sus discípulos inmediatos, entre otros á Aristion y al que llamaban -_Presbyteros Joannes_; Papias, que compilaba con pasion los relatos -orales de aquel Aristion y de _Presbyteros Joannes_, no dice ni una -sola palabra de una «Vida de Jesús» escrita por Juan. Si tal mencion se -hubiese encontrado en su obra, la habria, sin duda, notado Eusebio, el -cual recoge todo cuanto sirve á formar la historia literaria del siglo -apostólico. No son ménos fuertes las dificultades intrínsecas deducidas -de la lectura del cuarto evangelio mismo. ¿Cómo se hallan, junto á -las noticias que tambien revelan al testigo ocular, esos discursos -completamente diferentes de los de Matheo? ¿Cómo existen, junto á un -plan de la vida de Jesús, que parece mucho más satisfactorio y completo -que el de los sinópticos, esos pasajes singulares en los cuales se -nota un interes dogmático, propio del redactor, esas ideas extrañas -del todo á Jesús, y á veces esos indicios que nos previenen contra la -buena fe del narrador? ¿Cómo, en fin, se ven, junto á las tendencias -más puras, más justas, más verdaderamente evangélicas, esas manchas que -parecen interpolaciones de un ardiente sectario? ¿Fué Juan, el hijo del -Zebedeo, el hermano de Santiago (á quien ni una sola vez se menciona -en el cuarto evangelio), el que escribió en griego esas lecciones de -metafísica abstracta, de la cual no ofrecen ejemplo ni los sinópticos -ni el Talmud? Todo esto es grave, y no seré yo quien se atreva á -asegurar que el cuarto evangelio fué escrito completamente por la -pluma de un antiguo pescador galileo. En suma, que el cuarto evangelio -haya ó no salido hácia fines del primer siglo de la grande escuela del -Asia Menor, que se derivaba de Juan; lo que se halla demostrado por -testimonios exteriores y por el exámen del documento mismo es, que él -nos representa una version de la vida del maestro muy digna de tenerse -en cuenta y de ser preferida frecuentemente. - -Desde luégo nadie pone en duda que hácia el año 150 existia ya -el cuarto evangelio y era atribuido á Juan. Textos formales de -San Justino[21], de Atenágoras[22], de Taziano[23], de Teófilo de -Antioquía[24], de Ireneo[25], señalan este evangelio, mezclado desde -entónces á todas las controversias y sirviendo de piedra angular al -desarrollo del dogma. Ireneo es hombre grave, Ireneo procedia de la -escuela de Juan, y entre él y el apóstol no habia sino Policarpo. -No es ménos decisivo el papel que desempeña nuestro evangelio en -el gnosticismo, en el sistema de Valentin[26] particularmente, en -el montanismo[27] y en la querella de los cuartodecimanos[28]. La -escuela de Juan es aquella cuya continuacion durante el siglo segundo -se distingue mejor, y esa escuela no puede explicarse á ménos de no -colocar el cuarto evangelio en su misma cuna. Añadamos que la primera -epístola atribuida á San Juan es, á no dudarlo, del mismo autor que -el cuarto evangelio[29], y que Policarpo[30], Papias[31] é Ireneo[32] -reconocen esa epístola como de Juan. - -Pero lo que por su naturaleza causa más impresion es, sobre todo, la -lectura de la obra. El autor habla siempre como testigo ocular y se -presenta como el apóstol Juan. Si esta obra no es verdaderamente del -apóstol, menester es admitir una superchería que el autor se confesaba -á sí mismo. Pues bien, aunque las ideas de aquel tiempo en materia de -buena fe literaria se diferenciasen mucho de las nuestras, el mundo -apostólico no ofrece ningun ejemplo de una falsedad de esa especie, -y el autor, no sólo pretende pasar por el apóstol Juan, sino que se -ve claramente que escribe en el interes de este apóstol. En cada -página traspira la intencion de fortificar su autoridad, de poner de -manifiesto que fué el preferido de Jesús[33], y que en la Cena, en el -Calvario, en el sepulcro, en todas las circunstancias solemnes tuvo -el primer rango entre los discípulos. Sus relaciones fraternales con -Pedro, si bien no exentas de cierta rivalidad[34], y su ódio contra -Júdas[35], ódio tal vez anterior á la traicion, parecen traslucirse -de cuando en cuando. Casi está uno tentado por creer que habiendo -Juan, ya anciano, leido los relatos evangélicos que circulaban, y -notado en ellos diferentes inexactitudes[36], se resintió de ver el -puesto secundario que se le concedia en la historia del Cristo, y que -entónces, con la intencion de manifestar que en muchos casos en que -no se habla sino de Pedro, habia figurado con él y ántes que él[37], -empezó á dictar multitud de cosas que sabía mejor que los demás. -Esos ligeros sentimientos de celos entre los hijos del Zebedeo y los -otros discípulos se habian manifestado ya en vida de Jesús. Al morir -su hermano Santiago, Juan quedó como único heredero de los recuerdos -íntimos de que estos dos apóstoles eran depositarios, segun la -confesion de todos. De ahí su perpétuo y especial cuidado en recordar -que él es el último sobreviviente de los testigos oculares[38], y su -placer en referir circunstancias que sólo él podia conocer. De ahí -tambien esa infinita minuciosidad de pequeños detalles que parecen -como escolios de un anotador: «Eran las seis», «era de noche»; «este -hombre se llamaba Malchus»; «habian encendido un brasero porque hacia -frio»; «esta túnica no tenía costura.» De ahí, en fin, el desórden -de la redaccion, la irregularidad de la marcha, la falta de trabazon -en los primeros capítulos; defectos que son otros tantos rasgos -inexplicables en la suposicion de que nuestro evangelio no fuese sino -una tésis teológica sin valor histórico, pero que, por el contrario, -se comprenden perfectamente si, conforme á la tradicion, se toman por -los recuerdos del anciano, de prodigiosa frescura algunas veces, otras -desfigurados por extrañas alteraciones. - -En efecto, en el evangelio de Juan debe hacerse una distincion -capital. Este evangelio presenta por un lado una trama de la vida de -Jesús que difiere esencialmente de la de los sinópticos. Por otro, pone -en boca de Jesús discursos cuyas doctrinas, tono, corte y estilo, no -tienen nada de comun con las _Logia_ de los sinópticos. La diferencia -es tal, bajo este segundo punto de vista, que no hay término medio y -es preciso elegir de una manera absoluta. Si Jesús hablaba como dice -Matheo, no pudo hablar como pretende Juan. Ningun crítico ha vacilado -ni vacilará entre las dos autoridades. El evangelio de Juan, á mil -leguas del tono sencillo, desinteresado, impersonal de los sinópticos, -manifiesta sin cesar las preocupaciones del apologista, la segunda -intencion del sectario, el propósito de probar una tésis y de convencer -á sus contradictores[39]. No fué, por cierto, con tiradas pretenciosas, -pesadas, mal escritas con lo que Jesús fundó su obra divina. Aunque -Papias no nos dijese que Matheo escribió en su lengua original las -sentencias de Jesús, la naturalidad, la inefable verdad, el encanto -sin igual de los discursos sinópticos, el corte profundamente hebráico -de esos discursos, las analogías que ofrecen con las sentencias de -los doctores judíos de la misma época, su perfecta armonía con la -naturaleza de Galilea; todos estos caractéres, comparados con la gnósis -oscura y con la perfilada metafísica en que abundan los discursos de -Juan, hablarian muy alto en favor de esta creencia. No quiere decir -esto que en los discursos de Juan no haya admirables destellos y rasgos -que verdaderamente emanan de Jesús[40]. Pero el tono místico de esos -discursos en nada corresponde al carácter de elocuencia del profeta -nazareno, tal como nos la figuramos al leer los sinópticos. Un nuevo -espíritu se introduce, ya la gnósis ha principiado, la era galilea del -reino de Dios ha concluido, aléjase la esperanza de la próxima venida -del Cristo, y se entra ya en las arideces de la metafísica, en las -tinieblas del dogma abstracto. El espíritu de Jesús no está ya aquí, y -si verdaderamente fué el hijo del Zebedeo el que trazó esas páginas, -¡mucho habia olvidado, al escribirlas, el lago de Genesareth y las -deliciosas pláticas que en sus márgenes escuchara! - -Hay además una circunstancia que prueba perfectamente que los discursos -trasmitidos por el cuarto evangelio no son piezas históricas, sino -composiciones destinadas á escudar, con la autoridad de Jesús, ciertas -doctrinas á las cuales se hallaba muy apegado el redactor; consiste -esa circunstancia en la perfecta armonía de los tales discursos con -el estado intelectual del Asia Menor en el momento en que fueron -escritos. El Asia Menor era entónces el teatro de un extraño movimiento -de filosofía sincrética, y ya existian allí todos los gérmenes del -gnosticismo. Juan, parece haber bebido en aquel manantial extranjero. -¿Quién sabe si, despues de la crísis del año 68 (fecha del Apocalípsis) -y del 70 (ruina de Jerusalen), habiendo perdido el alma ardiente y -móvil del viejo apóstol la esperanza de una próxima aparicion en las -nubes del Hijo del hombre, se inclinó hácia las ideas que surgian al -rededor suyo, algunas de las cuales se amalgamaban bastante bien con -ciertas doctrinas cristianas? Al prestar aquellas ideas á Jesús no -hizo sino obedecer á una propension bien natural. Nuestros recuerdos -se trasforman como todo lo demás;--el ideal de una persona que hemos -conocido, cambia con nosotros[41]. Considerando Juan á Jesús como la -encarnacion de la verdad, no podia ménos de atribuirle cuanto él mismo -habia llegado á tener por verdadero. - -Si hemos de decirlo todo, añadirémos que probablemente Juan tuvo -poquísima parte en ese cambio, y que, más bien que por él, se operó en -torno suyo. En ocasiones se inclina uno á creer que algunas preciosas -notas, procedentes del apóstol, fueron empleadas por sus discípulos en -un sentido muy diverso del primitivo espíritu evangélico. Y en efecto, -ciertas partes del cuarto evangelio, tales como todo el capítulo -XXI[42], en el cual parece haberse propuesto el autor rendir homenaje -al apóstol Pedro, despues de su muerte, y responder á las objeciones -que iban á deducirse ó que ya se deducian de la muerte del mismo Juan, -fueron añadidas más tarde. En otros varios sitios se distingue la -huella de raspaduras y correcciones[43]. - -Imposible es, á semejante distancia, encontrar la clave de todos esos -problemas singulares, y si nos fuera permitido penetrar los secretos -de aquella misteriosa escuela de Éfeso que se complugo en marchar por -vias oscuras, muchas sorpresas habriamos de tener á no dudarlo. Pero -puede hacerse una experiencia capital, y es la siguiente. Cualquiera -persona que se ponga á escribir la vida de Jesús sin teoría determinada -sobre el valor de los evangelios, y dejándose guiar únicamente por el -sentimiento del asunto, propenderá, en una porcion de casos, á preferir -la narracion de Juan á la de los sinópticos. Los últimos meses de -la vida de Jesús no se explican sino por Juan, y una infinidad de -rasgos de la pasion, ininteligibles en los sinópticos[44], adquieren -verosimilitud y posibilidad en el relato del cuarto evangelio. Por -el contrario, desafío á cualquiera á que componga una vida de Jesús -que tenga sentido comun, basándola en los discursos que Juan atribuye -al maestro. Esa manera de predicar de sí mismo y de evidenciarse -incesantemente, esa perpétua argumentacion, esa exornacion sin ninguna -sencillez, esos largos razonamientos con motivo de cada milagro, y -esos discursos áridos y tortuosos, cuyo tono es tan á menudo falso y -desigual[45], no pueden aceptarse por ningun hombre de mediano gusto y -discernimiento, junto á las sentencias deliciosas de los sinópticos. -Evidentemente son piezas artificiales[46] que nos representan las -predicaciones de Jesús como los diálogos de Platon nos representan -las pláticas de Sócrates: son en cierto modo las variaciones de un -músico que improvisa por su propia cuenta sobre un tema determinado. El -tema podrá no carecer de alguna autenticidad, pero en la ejecucion se -desborda el capricho del artista. El proceder facticio, la retórica, el -estudio, se distinguen á la legua. Añádase á esto que, en los trozos -de que hablamos, no aparece el vocabulario de Jesús. La expresion de -«reino de Dios», que tan familiar era al maestro[47], se encuentra en -ellos una vez solamente[48]. En cambio, el estilo de los discursos -que el cuarto evangelio atribuye á Jesús, ofrece completa semejanza -con el de las epístolas de San Juan; échase de ver que el autor, al -escribir los discursos, no seguia el hilo de sus recuerdos, sino el -movimiento bastante monótono de sus propias ideas. Desplégase en ellos -toda una lengua mística, de la que no tuvieron los sinópticos la menor -nocion («mundo», «verdad», «vida», «luz», «tinieblas», etc.). Si Jesús -se hubiese expresado en ese estilo, que nada tiene de hebreo, ni de -judáico, ni de talmúdico, si así puede decirse, ¿cómo habria guardado -tan bien el secreto solo uno de sus oyentes? - -La historia literaria ofrece, además, otro ejemplo que tiene grande -analogía con el fenómeno histórico que acabamos de exponer y que -servirá para explicarle. Sócrates, de igual modo que Jesús, nada -escribió; lo que de él conocemos nos lo trasmitieron dos de sus -discípulos, Xenofonte y Platon.--El primero se asemeja á los sinópticos -por su redaccion limpia, trasparente, impersonal; el segundo recuerda, -por su vigorosa individualidad, al autor del cuarto evangelio. ¿Deben -seguirse los «Diálogos» de Platon ó las «Pláticas» de Xenofonte, -para exponer la enseñanza socrática? La duda no es posible en tal -alternativa.--Todo el mundo se atiene á las «Pláticas» y no á los -«Diálogos.» Pero, ¿nada nos enseña Platon respecto á Sócrates? Al -escribir la biografía de este último, ¿sería juicioso, en buena -crítica, desdeñar los «Diálogos»? ¿Quién se atreveria á sostenerlo? Por -otra parte, la semejanza no es completa y la diferencia queda en favor -del cuarto evangelio, cuyo autor es, en efecto, el mejor biógrafo, de -igual modo que Platon, no obstante atribuir á su maestro ficticios -discursos, conocia respecto á su vida muchas cosas capitales que -Xenofonte ignoraba completamente. - -Nosotros, sin pronunciarnos sobre la cuestion material de saber qué -mano trazó el cuarto evangelio, é inclinándonos á creer que los -discursos, cuando ménos, no son del hijo del Zebedeo, admitimos que -ese escrito es el «Evangelio segun Juan» de igual manera y en el mismo -sentido que el primero y segundo son los evangelios «segun Matheo» y -«segun Márcos.» La trama histórica del cuarto evangelio es la vida de -Jesús, tal como en la escuela de Juan se conocia; es el relato que -Aristion y _Presbyteros Joannes_ hicieron á Papias sin decirle que -se hallaba escrito, particularidad á la que tal vez no daban ninguna -importancia. Añadiré que, á mi juicio, aquella escuela sabía las -circunstancias exteriores de la vida del fundador, mejor que el grupo -de cuyos recuerdos se formaron los evangelios sinópticos. Ella tenía -datos que los demás no poseyeron, sobre todo respecto á la permanencia -de Jesús en Jerusalen. Los afiliados de la escuela trataban á Márcos -de mediano biógrafo y habian imaginado un sistema para explicar las -lagunas de sus escritos. Ciertos pasajes de Lúcas, en los cuales hay -como un eco de las tradiciones joánicas[49], prueban además que esas -tradiciones no eran completamente desconocidas del resto de la familia -cristiana. - -Paréceme que bastarán estas explicaciones para que el lector conozca, -al seguir el relato, los motivos que me hayan impulsado á dar la -preferencia á tal ó cual cronista de los cuatro que tenemos para -la vida de Jesús. En resúmen, yo admito como auténticos los cuatro -evangelios canónicos. En mi opinion todos alcanzan al primer siglo -y son, próximamente, de los autores á quienes se les atribuye; pero -su valor histórico es muy diverso. Matheo merece, en cuanto á los -discursos, que se le conceda ilimitada confianza; ellos son las -_Logia_, las notas tomadas bajo la impresion del recuerdo claro y -palpitante de la enseñanza de Jesús. Una especie de destello, dulce -y terrible á la vez, y una fuerza divina, si se me permite la frase, -marcan esas palabras, y destacándolas del texto, permiten al crítico -reconocerlas fácilmente. Aquel que se haya tomado el trabajo de hacer -una composicion regular sobre la historia evangélica, posee, bajo -este supuesto, una excelente piedra de toque. Las verdaderas palabras -de Jesús se manifiestan por sí mismas, y no bien se las toca, vibran -en medio de ese cáos de tradiciones de autenticidad desigual; ellas -se traducen como espontáneamente y surgen del relato, conservando en -él extraordinario relieve. Las partes narrativas que en el primer -evangelio se agrupan al rededor de ese núcleo primitivo, no tienen -la misma autoridad. Hállanse en ellas muchas leyendas bastante -mal redondeadas, producto de la piedad de la segunda generacion -cristiana[50]. El evangelio de Márcos es mucho más firme, más preciso, -ménos sobrecargado de extemporáneos é interesados detalles. De los -tres sinópticos, él es el que ha conservado un sabor más antiguo, más -original, y el que ménos mezcla ofrece de elementos posteriores. En -Márcos, los detalles materiales son de una claridad que en vano se -buscaria en los otros evangelistas. Gústale recordar ciertas palabras -de Jesús en siro-caldeo[51], y las observaciones minuciosas en que -abunda, no pueden venir sino de un testigo ocular. Nada se opone á que -ese testigo ocular, que evidentemente siguió á Jesús, que le amó y le -vió de cerca, conservando de él viva imágen, fuese el apóstol Pedro, -segun lo pretende Papias. - -En cuanto á la obra de Lúcas, su valor histórico es mucho más -débil:--esa obra es un documento de segunda mano. La narracion tiene en -ella mayor madurez, y las palabras de Jesús son más redundantes, más -concertadas. Algunas sentencias se llevan hasta el exceso y adolecen -de falsedad[52]. Escribiendo fuera de Palestina y sin duda alguna -despues del sitio de Jerusalen[53], el autor no indica los lugares -con la misma exactitud que los otros dos sinópticos; tiene una falsa -idea del templo, figurándosele como un oratorio adonde va cada uno á -rezar sus devociones[54], trunca los detalles á fin de establecer una -concordancia entre los diferentes relatos, modera ciertos pasajes que -habian llegado á ser embarazosos bajo el punto de vista de una idea -más exaltada de la divinidad de Jesús[55], exagera lo maravilloso[56], -comete errores de cronología[57], omite las glosas hebráicas[58], -no cita ninguna palabra de Jesús en esta lengua, y nombra, en fin, -todas las localidades por sus nombres griegos. Adivínase fácilmente -el escritor que compila, que no vió por sí mismo los testigos y que -trabaja sobre los textos, permitiéndose violentarlos á fin de ponerlos -de acuerdo. Es muy probable que Lúcas tuviese á la vista la compilacion -biográfica de Márcos y las _Logia_ de Matheo. Pero no tiene escrúpulo -en tratar esos escritos con entera libertad:--unas veces reune dos -anécdotas ó dos parábolas para formar de ellas una sola; otras, -descompone una para hacer dos[59]. Lúcas interpreta los documentos con -arreglo á su particular juicio, y carece de la impasibilidad absoluta -de Matheo y de Márcos. Puede decirse que sus escritos reflejan algo -de sus gustos y de sus tendencias particulares:--Lúcas es un devoto -sumamente exacto; muestra singular empeño en presentarnos á Jesús como -estricto observador de los ritos judáicos[60], es demócrata y ebionita -exaltado, esto es, muy opuesto á la propiedad, y se halla persuadido -de que llegará el dia en que los pobres tengan su desquite[61]; es -aficionadísimo á las anécdotas, y se complace en poner de manifiesto -la conversion de los pecadores y la exaltacion de los humildes[62], -modificando las antiguas tradiciones á fin de darles este giro[63]. -En sus primeras páginas admite sobre la infancia de Jesús leyendas -que refiere con esas largas exageraciones, esos cánticos y esos -procedimientos de convencion que forman el carácter esencial de los -evangelios apócrifos. Por último, en el relato de los postreros años -de Jesús hay algunas circunstancias llenas de sentimiento y de ternura -y algunas bellísimas palabras[64], atribuidas al maestro, que no se -encuentran en los relatos de mayor autenticidad, en las cuales se deja -conocer el trabajo de la leyenda. Probablemente Lúcas las tomaba de una -compilacion más reciente, en la que se trataba, con preferencia, de -excitar los sentimientos piadosos. - -Á la vista de un documento de semejante naturaleza, la razon aconseja -hacer uso de él con la mayor mesura. Desdeñarle completamente sería -tan poco juicioso como emplearle sin discernimiento. Lúcas tuvo -á su disposicion originales que ya no existen, y más bien que un -evangelista, es un biógrafo de Jesús, un _armonista_, un corrector á -la manera de Marcion y de Taziano. Pero tambien es un biógrafo del -primer siglo, un artista divino que, además de las noticias que -recogió en los más antiguos manantiales, nos presenta el carácter del -fundador con una exactitud de parecido, una inspiracion de conjunto y -un relieve que no se encuentran en los otros dos sinópticos. La lectura -de su Evangelio es la que nos ofrece mayor atractivo, porque á la -incomparable belleza del fondo comun se une cierta parte de artificio -y de composicion que aumenta singularmente el efecto del retrato, sin -perjudicar de un modo grave á la verdad. - -En resúmen, puede decirse que la redaccion sinóptica ha tenido -tres gradaciones: 1.ª el estado documentario original (λόγια de -Matheo, λεχθέντα ἢ πραχθέντα de Márcos), redacciones primitivas -que ya no existen; 2.ª el estado de simple mezcla, en la que se -hallan amalgamados los documentos originales sin ningun esfuerzo de -composicion y sin que se eche de ver ninguna mira personal de parte de -sus autores (evangelios actuales de Matheo y de Márcos); 3.ª el estado -de combinacion ó de redaccion intencional, discurrida, en que se deja -conocer el esfuerzo que se ha hecho á fin de conciliar las diferentes -versiones (evangelio de Lúcas). En cuanto al evangelio de Juan, forma, -segun hemos dicho, una composicion de otro género y completamente -distinta. - -El lector notará que no hago uso ninguno de los evangelios apócrifos. -Estas composiciones no deben en manera alguna confundirse con los -evangelios canónicos, puesto que no son sino triviales y pueriles -amplificaciones basadas en aquellos, y nada añaden que sea digno de -aprecio. Por el contrario, he puesto suma atencion en recoger los -trozos que los Padres de la Iglesia nos han conservado de los antiguos -evangelios que otras veces existieron paralelamente á los canónicos, y -cuyo texto se ha perdido, tales como el Evangelio segun los hebreos, -el Evangelio segun los egipcios, y los Evangelios llamados de Justino, -de Marcion, de Taziano. Los dos primeros son de mucha importancia, por -cuanto á que se hallaban redactados en lengua aramea como las _Logia_ -de Matheo, constituian, segun parece, una variedad del evangelio de -este apóstol, y fueron el evangelio de los _ebionim_, esto es, de -aquellas reducidas cristiandades de Batanea que conservaron el uso del -siro-caldeo, y que, hasta cierto punto, siguieron la línea trazada por -Jesús. Pero menester es convenir en que esos evangelios, en el estado -en que han llegado hasta nosotros, son inferiores, por lo que hace á la -autoridad crítica, á la redaccion del evangelio que de Matheo poseemos. - -Paréceme que ya se comprenderá el género de valor histórico que -atribuyo á los evangelios. No son, á mi entender, ni biografías -como las de Suetonio, ni leyendas ficticias semejantes á las de -Filóstrato; son biografías legendarias. Yo las comparo á las leyendas -de santos, á las Vidas de Plotino, de Proclo, de Isidoro y á otros -escritos del mismo género, en que se combinan en diferentes grados -la verdad histórica y la intencion de presentar modelos de virtud. -En esos escritos se echa de ver la inexactitud de que adolecen todas -las composiciones populares. Supongamos que tres ó cuatro veteranos -del primer imperio se hubiesen puesto, hace diez ó doce años, á -escribir cada uno en particular una vida de Napoleon con arreglo á -sus propios recuerdos. Puede apostarse á que sus relatos ofrecerian -infinitos errores y graves discordancias. Uno colocaria á Wagram -ántes de Marengo; otro no vacilaria en escribir que Napoleon arrojó -de las Tullerías al gobierno de Robespierre; otro, en fin, omitiria -las expediciones de más importancia. Pero dos cosas claras, palmarias, -llenas de verdad saldrian de esos ingénuos relatos:--el carácter -del héroe y la impresion que produjo en torno suyo. Bajo este punto -de vista, semejantes historias populares tendrian más valor que una -historia solemne y oficial. Otro tanto puede decirse de los evangelios. -Los evangelistas, cuidándose únicamente de ensalzar la excelencia del -maestro, sus milagros, su enseñanza, se muestran indiferentes hácia -todo lo que no es el espíritu de Jesús. Las contradicciones sobre el -tiempo, los sitios y las personas se miraban como insignificantes; -porque cuanto más alto era el grado de inspiracion que se prestaba á la -palabra de Jesús, tanto menor era el que se concedia á los redactores. -Estos no se consideraban sino como discípulos escribas, y á una sola -cosa consagraban su atencion: á no omitir nada de cuanto sabian. - -Es incuestionable que á esos recuerdos debió mezclarse una parte -de ideas preconcebidas. Varios trozos, en parte de Lúcas, fueron -inventados para dar mayor realce á ciertos rasgos de la fisonomía -de Jesús. Áun esta misma fisonomía experimentaba á cada paso nuevas -alteraciones. Jesús sería un fenómeno único en la historia si, teniendo -en cuenta el papel que desempeñó, no hubiese sido transfigurado -inmediatamente. La leyenda de Alejandro estaba ya terminada ántes que -se extinguiese la generacion de sus compañeros de armas; la de San -Francisco de Asís principió en vida del santo. De igual manera se -operó durante los veinte ó treinta años que siguieron á la muerte de -Jesús, un rápido trabajo de metamórfosis que prestó á su biografía esos -giros absolutos de leyenda ideal. La muerte perfecciona áun al hombre -más perfecto y le mejora á los ojos de los que le amaron. Por otra -parte, al mismo tiempo que se queria retratar al maestro, se queria -tambien demostrarle. Muchas anécdotas fueron concebidas para probar -que las profecías consideradas como mesiánicas habian tenido en él su -cumplimiento. Pero este proceder, cuya importancia no debe negarse, -no basta á explicarlo todo. Ninguna obra judáica de la época nos -ofrece una serie de profecías, exactamente redactadas, que el Mesías -debió cumplir. Várias de las alusiones mesiánicas contenidas en los -evangelios son tan sutiles, tan indirectas, que no puede suponerse que -respondieran á una doctrina admitida generalmente. Unas veces se razona -de este modo:--«El Mesías debe hacer tal cosa; Jesús la ha hecho; -luego Jesús es el Mesías.» Otras se raciocina á la inversa:--«Tal cosa -ha sucedido á Jesús; esa misma cosa debia sucederle al Mesías; luego -Jesús es el Mesías»[65]. Cuando se trata de analizar el tejido de -esas profundas creaciones del sentimiento popular que, por su riqueza -y por su variedad infinita, echan por tierra todos los sistemas, las -explicaciones demasiado sencillas son siempre falsas. - -Compréndese fácilmente que para no ofrecer, con el auxilio de tales -documentos, sino aquello que no admita contradiccion, es menester -limitarse á las líneas generales. En casi todas las historias antiguas, -áun en aquellas que son ménos legendarias que los evangelios, los -detalles dan lugar á infinitas dudas. Áun poseyendo dos relatos sobre -un mismo hecho, es cosa extremadamente rara que los dos se hallen en -perfecta armonía. Siendo esto así, ¿no hay motivo para dudar cuando no -se tiene sino uno solo, y en él se notan las mismas contradicciones? -Puede asegurarse que entre los discursos, las anécdotas y las palabras -célebres referidas por los historiadores, no hay ni una siquiera de -rigurosa autenticidad. ¿Habia taquígrafos que fijaran aquellas rápidas -palabras? ¿Se hallaba siempre presente un analista que anotase los -gestos, los ademanes y los movimientos de los actores? Que se intente -depurar lo que hay de verdadero en el modo como se realizó tal ó -cual hecho contemporáneo, de seguro no se conseguirá. Dos relatos -de un mismo acontecimiento hechos por testigos oculares difieren -esencialmente. Mas ¿debe uno renunciar por eso al colorido de los -relatos y limitarse á lo que enuncia el conjunto? Esto sería suprimir -la historia. De buena gana concedo que, á excepcion de ciertos axiomas -cortos y casi mnemónicos, ninguno de los discursos referidos por Matheo -es textual; pero ¿lo son acaso nuestros resúmenes estenográficos? -Tambien admito que ese admirable relato de la pasion contiene multitud -de inexactitudes. Mas ¿podria escribirse la historia de Jesús haciendo -caso omiso de esas predicaciones que de tan viva manera nos pintan -el carácter de sus discursos, y limitándose á decir con Josefo y -Tácito, «que fué condenado á muerte por Pilátos á instigacion de los -sacerdotes?» Semejante proceder sería, en mi opinion, un género de -inexactitud peor que aquel á que uno se expone admitiendo los detalles -que los textos nos proporcionan. Esos detalles no son verdaderos al -pié de la letra, pero son de una verdad superior, más verídicos que -la misma verdad desnuda, por cuanto á que ellos constituyen la verdad -expresiva y parlante, elevada á la altura de una idea. - -Ruego á las personas que me tachen de conceder exagerada confianza -á relatos legendarios en gran parte, que se dignen tener en cuenta -la observacion que acabo de hacer. ¿Á qué se reduciria la vida de -Alejandro si nos limitásemos á lo que materialmente hay en ella de -cierto? Hasta las tradiciones, en parte erróneas, contienen una porcion -de verdad que la historia no debe mirar con indiferencia. Nadie ha -echado en cara á M. Sprenger el haber tenido en cuenta los _hadith_ -ó tradiciones orales sobre el profeta Mahoma, al escribir su vida, y -atribuido frecuentemente á su héroe palabras, á veces textuales, que no -se conocen sino en el citado escrito. Y sin embargo, las tradiciones -sobre Mahoma no tienen un carácter histórico superior al de los -discursos y relatos que componen los evangelios. Aquellas tradiciones -fueron escritas desde el año 50 al 140 de la hégira. Cuando se escriba -la historia de las escuelas judáicas pertenecientes á los siglos -que precedieron y siguieron inmediatamente el cristianismo, ningun -escrúpulo se tendrá en atribuir á Hillel, á Schammai y á Gamaliel las -máximas que les atribuyen la _Mischna_ y la _Gemara_, no obstante no -haberse redactado estas grandes compilaciones sino varios centenares de -años despues de los doctores en cuestion. - -Respecto á las personas que, por el contrario, crean que la historia -debe limitarse á reproducir sin comentarios los textos que han llegado -hasta nosotros, les haré observar que semejante sistema no es lícito -en el asunto de que se trata. Los cuatro principales documentos se -hallan en flagrante contradiccion unos con otros, y además Josefo -los rectifica algunas veces. Forzoso es elegir. Pretender que un -acontecimiento no pudo efectuarse á la vez de dos maneras diversas -ni de un modo imposible, no es imponer á la historia una filosofía -_à priori_. Porque existan várias versiones diferentes de un mismo -hecho, y porque á todas esas versiones haya mezclado la credulidad -circunstancias fabulosas, no debe el historiador rechazar el hecho -como falso; lo que debe hacer es, obrar con prudencia, discutir y -proceder por induccion. Hay particularmente una clase de relatos -respecto á los cuales se hace precisa la aplicacion de ese principio; -tales son los relatos sobrenaturales. Querer explicar esos relatos ó -reducirlos á leyendas no es mutilar los hechos en nombre de la teoría, -sino partir de su misma observacion. De cuantos milagros hormiguean -en las antiguas historias, ninguno pasó bajo condiciones científicas. -Pruébase por una experiencia constante, jamás desmentida, que los -milagros no suceden sino en los tiempos y en los países que creen -en ellos y ante personas dispuestas á darles fe. No hay milagro que -se haya producido ante una reunion de hombres capaces de comprobar -el carácter milagroso del hecho. En tal materia no son competentes -ni las personas del pueblo ni las de una clase más elevada: para -ello se necesitan grandes precauciones y estar muy acostumbrado á -las investigaciones científicas. ¿No se han visto en nuestros dias á -muchas personas inteligentes siendo víctimas de groseros prestigios -y pueriles ilusiones? Hechos maravillosos, que afirmaban ciudades -enteras, se convirtieron en hechos reprobados[66], gracias á una -informacion más severa y minuciosa. Pues bien, si se halla fuera de -duda que ningun milagro contemporáneo puede resistir al exámen, ¿no es -mucho más verosímil que los milagros de la antigüedad, ocurridos todos -en reuniones populares, tuviesen tambien su parte de ilusion, la cual -veriamos en ellos si nos fuese posible criticarlos detalladamente? - -Si nosotros desterramos de la historia los milagros, no es á nombre -de tal ó cual filosofía, sino á nombre de una constante experiencia. -Nosotros no decimos: «Los milagros son imposibles»; afirmamos: «Que -hasta hoy no ha habido un milagro comprobado.» Supongamos que se -presentase mañana un taumaturgo, ofreciendo garantías bastante formales -para ser discutibles, y que anunciase, por ejemplo, resucitar á un -muerto; ¿qué se haria entónces? Se nombraria una comision compuesta de -fisiólogos, físicos, químicos, de personas acostumbradas á la crítica -histórica. Esta comision elegiria el cadáver, se aseguraria de que -la muerte era real y verdadera, designaria el local en que debiera -hacerse la experiencia, y tomaria todas las precauciones necesarias á -fin de no dejar pretexto á ninguna duda. Si la resurreccion se operase -en tales condiciones, se habria adquirido una probabilidad casi igual -á la certidumbre. Sin embargo, como quiera que un experimento debe -ser siempre susceptible de repetirse; que lo que se hace una vez -puede hacerse dos ó veinte, y que en materia de milagros no puede ser -cuestion de fácil ó difícil, el taumaturgo sería invitado á reproducir, -en otras circunstancias, sobre otros cadáveres y en diferente medio, -su acto maravilloso. Pues bien, si á cada nueva prueba se repitiese el -milagro, dos cosas quedarian fuera de duda:--Primera, que en el mundo -suceden hechos sobrenaturales; segunda, que la facultad de producirlos -pertenece ó ha sido conferida á ciertas personas. Pero ¿quién no -conoce que los milagros no han sucedido nunca en tales condiciones; -que hasta hoy el taumaturgo ha elegido siempre el medio, el público y -el asunto de sus milagros; que frecuentemente es el pueblo mismo el -que, por esa invencible necesidad de ver en los grandes acontecimientos -y en los grandes hombres algo de divino, crea, mucho despues, las -leyendas maravillosas? Miéntras no se nos pruebe lo contrario, nosotros -mantendrémos estos principios de crítica histórica:--que un relato -sobrenatural no puede admitirse en tal concepto, porque implica siempre -credulidad ó impostura, y que el deber del historiador consiste en -desmenuzarle y en separar con esmero la parte verídica que en él se -halle mezclada con el error. - -Tales son las reglas que he seguido en la composicion de este escrito. -Á la lectura de los textos he podido añadir un gran manantial de -luz, consistente en la vista de los lugares donde pasaron los -acontecimientos. Teniendo por objeto la mision científica que dirigí -en 1860 y 1861 explorar la antigua Fenicia, tuve que residir en las -fronteras de Galilea y que viajar por ella frecuentemente. Entónces -atravesé en todos sentidos la provincia evangélica, visité á Jerusalen, -á Hebron y la Samaria, y no escapó á mi exámen casi ninguna localidad -importante de la historia de Jesús. Al recorrerlas, toda esa historia, -que á distancia parece flotar en las nubes de un mundo imaginario, -adquirió tal cuerpo y solidez, que no pudieron ménos de admirarme. La -sorprendente concordancia de los textos con los lugares, y la armonía -maravillosa del ideal evangélico con el país que le sirve de cuadro, -fueron para mí como una revelacion. Un quinto evangelio, lacerado, pero -todavía legible, apareció á mis ojos, y vi, á traves de los relatos -de Matheo y de Márcos, no ya un sér abstracto, cuya existencia parece -dudosa, sino una admirable figura humana llena de vida y de movimiento. -Durante el verano, habiéndome sido preciso, á fin de reposar un poco, -subir hasta Ghazir, en el Líbano, tracé á grandes rasgos la imágen -que se me habia aparecido, y de aquel bosquejo resultó esta historia. -Apénas me faltaban algunas páginas cuando una prueba cruel vino á -precipitar mi partida. De manera que el libro fué compuesto por entero -muy cerca de los mismos lugares en que nació y vivió Jesús. Despues -de mi regreso he trabajado incesantemente en verificar y comprobar, -detalle por detalle, el embrion que, sin más auxilio que cinco ó seis -volúmenes, escribí de prisa bajo el techo de una cabaña maronita. - -Quizás deploren algunos el giro biográfico de mi obra. Cuando por -la primera vez concebí el pensamiento de escribir una historia de -los orígenes del cristianismo, confieso que, en efecto, trataba de -hacer una historia de doctrinas, en la cual no hubiesen tenido los -hombres casi ningun lugar. Jesús mismo habria sido apénas mencionado, -consagrándome, como pensaba, á demostrar de qué modo germinaron y -cubrieron el mundo las ideas que se produjeron bajo su nombre. Pero -despues comprendí que la historia no es un simple juego de abstraccion -y que los hombres entran en ella por mucho más que las doctrinas. No -fué por cierto la teoría sobre la justificacion y la redencion la que -operó la Reforma, sino Lutero y Calvino. El parsismo, el helenismo, el -judaismo habrian podido combinarse bajo todas las formas; las doctrinas -de la resurreccion y del Verbo habrian podido desarrollarse por espacio -de siglos sin producir ese hecho fecundo, único, grandioso, que se -llama cristianismo. Ese hecho es la obra de Jesús, de San Pablo, de -San Juan. Escribir la historia de Jesús, de San Pablo, de San Juan, -es escribir la historia de los orígenes del cristianismo. En cuanto -á los movimientos anteriores, ellos pertenecen á nuestro asunto, por -cuanto á que sirven para explicar la existencia de aquellos hombres -extraordinarios, los cuales tuvieron necesariamente su lazo de union -con las cosas que los habian precedido. - -Al hacer semejante esfuerzo para reanimar las grandes almas del -pasado, debe permitirse una parte de adivinacion y de conjetura. -Una gran vida es un todo orgánico que no puede representarse por la -simple aglomeracion de hechos pequeños. Es menester que un sentimiento -profundo abarque el conjunto y haga la unidad. En semejante asunto -es un buen guía la razon del arte; el tacto exquisito de un Gœthe -encontraria en él motivo para ejercitarse. La condicion esencial -de las creaciones del arte estriba en formar un sistema viviente -cuyas partes se armonicen unas con otras. La señal infalible de -que, en las historias del género de ésta, se ha llegado á poseer -lo verdadero, consiste en haber conseguido combinar los textos de -manera que de su combinacion resulte un relato lógico, verosímil, -sin ninguna discordancia. Las leyes íntimas de la vida, de la marcha -de los productos orgánicos, de la gradacion de los matices, deben -consultarse á cada paso; porque no se trata aquí de volver á encontrar -la circunstancia material cuya prueba no es posible, sino el alma misma -de la historia; no es la insignificante certidumbre de las bagatelas -lo que se necesita buscar, sino la precision del sentimiento general, -la verdad del colorido. Cada rasgo que se aleje de las reglas de la -narracion clásica debe ser una advertencia de estar sobre aviso, porque -el hecho que se trata de referir fué palpitante, natural, armonioso. -Si no se consigue presentarle de esa manera, es porque de seguro no -se llegó á conocerle bien. Supongamos que al restaurar la Minerva de -Fidias con arreglo á los textos, se produjese un conjunto seco, duro, -artificial. ¿Qué deberia deducirse? Una sola cosa: que los textos -necesitan la interpretacion del buen gusto, siendo indispensable -examinarlos y cotejarlos minuciosamente hasta conseguir de ellos un -conjunto cuyos datos se armonicen y confundan sin ningun esfuerzo. ¿Se -tendria entónces la seguridad de poseer, línea por línea, la estatua -griega? No; pero, al ménos, no se poseeria la caricatura: se tendria el -espíritu general de la obra, uno de los modos como pudo existir. - -Nosotros no hemos vacilado en adoptar por guía en el arreglo general -del relato ese sentimiento de un organismo viviente. La lectura de -los evangelios basta para probar que sus redactores, sin embargo de -tener en la mente un plan exacto de la vida de Jesús, no se guiaron -por datos cronológicos bien rigurosos; Papias nos lo dice además -expresamente. Las frases: «En aquel tiempo... despues de lo cual... -entónces... sucedió que...», etc., no son sino simples transiciones -destinadas á enlazar entre sí los diferentes relatos. Escribir la -historia de Jesús dejando todas las noticias que nos suministran los -evangelios en el desórden en que la tradicion nos las presenta, sería -lo mismo que escribir la historia de un hombre célebre, ofreciendo en -confusa mescolanza las cartas y las anécdotas de su juventud, de su -vejez y de su edad viril. En el Coran, que tambien nos presenta en el -más completo desórden las piezas de las diferentes épocas de la vida de -Mahoma, una crítica ingeniosa ha concluido por hallar el secreto de su -confeccion; conócese ya de una manera casi cierta el órden cronológico -en que fueron compuestos aquellos escritos. Semejante sistema de -reconstitucion es mucho más difícil respecto á los evangelios, porque -la vida pública de Jesús fué más corta y ménos sobrecargada de -acontecimientos que la del fundador del Islam. Esto no obstante, creo -que no se calificará de sutileza gratuita la tentativa de encontrar -un hilo que sirva de guía en este dédalo. Suponer que un fundador -religioso empiece por adherirse á los aforismos morales que circulaban -ya en su tiempo, y á las prácticas más admitidas; que entrando despues -en plena posesion de su idea se complazca en un género de elocuencia -tranquila, poética, ajena á toda controversia, suave y libre como -el sentimiento puro; que poco á poco se anime y exalte al hallar -oposicion, y concluya por las polémicas y las fuertes invectivas; -suponer todo esto, no es ciertamente abusar de la hipótesis. Tales -son los períodos que en el Coran se distinguen de un modo claro. Una -marcha análoga supone el órden que los sinópticos adoptaron con tacto -exquisito. Léase atentamente á Matheo, y se hallará en la distribucion -de sus discursos una gradacion muy semejante á la que acabamos de -indicar. Por otra parte, se observará la reserva de los giros de frase -que empleamos cuando se trata de exponer el progreso de las ideas -de Jesús. En las divisiones adoptadas á este propósito puede no ver -el lector, si así lo prefiere, sino los córtes indispensables á la -exposicion metódica de un pensamiento profundo y complicado. - -Si el amor á un asunto puede servir á facilitarnos su inteligencia, -se me concederá que no me ha faltado esta condicion. Para escribir -la historia de una religion es indispensable, en primer lugar, haber -creido en ella (sin esto no podria comprenderse cómo ha podido -subyugar y satisfacer la conciencia humana); en segundo, no creer ya -de una manera absoluta; porque la fe absoluta es incompatible con la -sinceridad de la historia. Pero el amor existe sin la fe. Puede uno muy -bien no adherirse á ninguna de las formas que cautivan la adoracion -de los hombres, sin renunciar por eso á deleitarse con lo que ellas -contienen de bueno y de hermoso. Ninguna manifestacion pasajera agota -el manantial divino; Dios se habia revelado ántes de Jesús, Dios se -revelará despues de él. Profundamente desiguales y tanto más divinas -cuanto más grandes y espontáneas, las manifestaciones del Dios oculto -en el fondo de la conciencia humana son todas del mismo órden. Jesús -no pertenece únicamente á los que se dicen sus discípulos: él es la -honra comun de todo el que siente latir en su pecho un corazon de -hombre. No se le glorifica excluyéndole de la historia; ríndesele un -culto más verdadero demostrando que sin él la historia entera sería -incomprensible. - - - - - VIDA - DE JESÚS - -CAPÍTULO PRIMERO - -RANGO DE JESÚS EN LA HISTORIA DEL MUNDO - - -La revolucion por medio de la cual pasaron las más nobles porciones -de la humanidad, de las antiguas religiones comprendidas bajo el vago -nombre de paganismo, á una religion fundada sobre la unidad divina, -la trinidad y la encarnacion del Hijo de Dios, es el acontecimiento -capital de la historia del mundo. Esta conversion necesitó para -consumarse cerca de mil años. Lo ménos trescientos invirtió la nueva -religion sólo en formarse. Pero el orígen de la revolucion de que se -trata es un hecho que tuvo lugar bajo los reinados de Augusto y de -Tiberio. Entónces vivió una persona que, por su audaz iniciativa y por -el amor que supo inspirar, creó el objeto y afirmó la base de la futura -ley que debia regir á la humanidad. - -El hombre fué religioso desde el momento en que se distinguió del -animal; esto es, en que vió en la naturaleza algo más que la realidad, -y sintió en sí mismo alguna cosa que no concluia en el sepulcro. -Durante millares de años, este sentimiento se extravió del modo más -extraño;--en muchas razas, se limitó á la creencia en los hechiceros -bajo la grosera forma que la vemos todavía en algunas partes de la -Oceanía; en otras, el sentimiento religioso conducia á vergonzosas -y sangrientas escenas, tales como las que formaron el carácter -de la antigua religion de Méjico; en otras, y particularmente en -África, llegó á convertirse en puro fetichismo, esto es, á ceñirse -á la adoracion de un objeto material, al cual se atribuian poderes -sobrenaturales. Así como el instinto del amor, que á veces eleva -y ennoblece al hombre más vulgar, suele cambiarse en perversion y -ferocidad; de igual manera esta facultad divina de la religion pudo -trasformarse por largo tiempo en una especie de cáncer que era preciso -extirpar de la raza humana; en una causa de errores y de crímenes que -los sabios debian tratar de suprimir. - -Las brillantes civilizaciones que desde remotísima antigüedad se -desarrollaron en China, en Babilonia y en Egipto, imprimieron á la -religion cierto progreso. En China imperó desde muy temprano una -especie de mediano buen sentido que impidió á aquel pueblo caer en -los grandes extravíos de otras razas.--Allí no se conocieron ni las -ventajas ni los abusos del genio religioso. Pero por lo mismo no -ejerció, bajo este aspecto, ninguna influencia sobre la direccion de la -gran corriente de la humanidad. Las religiones de Babilonia y de Siria -conservaron siempre un fondo de extraño sensualismo; hasta su extincion -en los siglos cuarto y quinto de nuestra era, aquellas religiones -fueron escuelas de inmoralidad, de las cuales, por una especie de -intuicion poética, salian á veces algunos destellos del mundo divino. -Á traves de un fetichismo aparente, Egipto poseyó quizás desde muy -temprano dogmas metafísicos y un simbolismo revelado. Pero sus -interpretaciones de una teología refinada no eran sin duda primitivas. -Cuando el hombre posee una idea clara, no se entretiene jamás en -revestirla de símbolos; casi siempre que se buscan ideas bajo antiguas -imágenes misteriosas, cuyo significado se ha perdido, es á consecuencia -de prolongadas reflexiones y á causa de la imposibilidad en que se -halla el espíritu humano de resignarse con lo absurdo. Sin embargo, no -fué en Egipto donde surgió la fe de la humanidad. Los elementos que á -traves de mil trasformaciones pasaron de Siria y Egipto á la religion -cristiana, son formas exteriores de escasa trascendencia, ó bien -escorias semejantes á las que siempre existen en el fondo de los cultos -más depurados. El gran defecto de las religiones mencionadas era su -carácter esencialmente supersticioso; si de algo llenaron el mundo fué -de millones de amuletos y de abraxas. Ninguna grande idea moral podia -salir de razas abatidas por un despotismo secular y acostumbradas á -instituciones que hacian casi nulo el ejercicio de la libertad en los -individuos. - -La poesía del alma, la fe, la libertad, la honradez y la abnegacion, -aparecieron sobre la tierra con las dos grandes razas que hasta -cierto punto formaron la humanidad: con la raza indo-europea y la -raza semítica. Las primeras instituciones de la raza indo-europea -fueron esencialmente naturalistas; pero era un naturalismo profundo -y moral, un enlace amoroso de la naturaleza y el hombre, una poesía -deliciosa llena del sentimiento de lo infinito; un principio, en fin, -de lo que habia de constituir con el trascurso de los siglos el genio -céltico germánico, de lo que habian de expresar Gœthe y Shakspeare. -Aquello no era religion ni moral reflexionadas; sino melancolía, -ternura, imaginacion, y sobre todo, algo de grave y serio, cualidades -indispensables á la moral y á la religion. Sin embargo, la fe de la -humanidad no podia venir de allí, porque aquellos antiguos cultos se -desprendian trabajosamente del politeismo encarnado en ellos, y porque -no conducian á un símbolo bien claro. Si el bramanismo ha llegado hasta -nosotros, se debe sin duda al asombroso privilegio de conservacion que -la India parece poseer. El budismo fracasó en todas sus tentativas -por extenderse hácia el Oeste. El druidismo permaneció como forma -exclusivamente nacional y sin tendencias universales. Las tentativas -griegas de reforma, el orfismo y los misterios no bastaron para dar -á las almas un alimento sólido. Persia tan sólo llegó á formarse una -religion dogmática semi-monoteista y sábiamente organizada; pero es más -que posible que aquella misma organizacion no fuese sino una imitacion -ó un plagio. De cualquier modo, Persia se convirtió cuando en sus -fronteras vió aparecer el lábaro de la unidad divina proclamada por el -Islam. - -La gloria de haber formado la religion de la humanidad pertenece toda -entera á la raza semítica[67]. Bajo su tienda, no contagiada por los -desórdenes del mundo, ya corrompido, y mucho más allá de los confines -de la historia, el patriarca beduino preparaba la fe del género humano. -Una invencible antipatía hácia los cultos voluptuosos de Siria, una -gran sencillez en el ritual, ausencia completa de templos, y el ídolo -reducido á insignificantes _terafim_, hé aquí su superioridad. Entre -todas las tribus de semitas nómadas, la de los Beni-Israel estaba ya -señalada para el cumplimiento de inmensos destinos. Sus antiguas -relaciones con Egipto, de las que acaso resultaron algunas imitaciones -puramente materiales, no hicieron sino aumentar su aversion por la -idolatría. Una «ley» ó _thora_, escrita desde muy antiguo sobre tablas -de piedra, y cuyo orígen hacian remontar á su gran libertador Moisés, -era ya el código del monoteismo y contenia poderosos gérmenes de -igualdad social y de moralidad, comparada con las instituciones de -Egipto y de Caldea. Un cofre ó arca provista de dos anillos laterales -para poder trasportarla por medio de una palanca atravesada, constituia -todo el material religioso.--En ella estaban reunidos los objetos -sagrados de la nacion, sus reliquias, sus recuerdos, el «libro», en -fin, diario de la tribu siempre abierto, pero en el cual no se escribia -sino muy discretamente. Bien pronto la familia encargada del trasporte -y custodia de aquellos archivos portátiles adquirió grande importancia, -hallándose cerca del libro y disponiendo de él. Sin embargo, la -institucion que decidió del porvenir de la humanidad no vino de -allí; el sacerdote hebreo difiere muy poco de los otros sacerdotes -de la antigüedad. El carácter que esencialmente distingue á Israel -de los otros pueblos teocráticos consiste en que allí el sacerdocio -estuvo siempre subordinado á la iniciativa individual. Además de los -sacerdotes, cada tribu nómada tenía su _nabi_ ó profeta, especie de -oráculo viviente á quien se consultaba para la solucion de cuestiones -oscuras que exigian un alto grado de prevision. Los _nabis_ de -Israel, organizados en grupos ó escuelas, tuvieron gran superioridad. -Defensores del antiguo espíritu democrático, enemigos de los ricos y -opuestos á toda organizacion política y á cuanto pudiera encaminar -á Israel por la via de las naciones, ellos fueron los verdaderos -instrumentos de la supremacía religiosa del pueblo judío. Desde muy -temprano anunciaron esperanzas ilimitadas; y cuando el pueblo, víctima -hasta cierto punto de sus consejos impolíticos, fué subyugado por el -poder asirio, ellos proclamaron que le estaba reservado un reino sin -límites; que Jerusalen sería un dia la capital del mundo entero y que -el género humano se haria judío. Jerusalen y su templo se les aparecian -como una ciudad colocada en la cumbre de una montaña, hácia la cual se -dirigirian todos los pueblos de la tierra; como un oráculo de donde -debia salir la ley universal; como el centro de un reino ideal en donde -el género humano, pacificado por Israel, volveria á encontrar los goces -del Eden[68]. - -Para exaltar el martirio y celebrar el poder del «hombre de dolor», -déjanse ya oir acentos desconocidos. Á propósito de alguno de aquellos -sublimes pacientes que, á la manera de Jeremías, regaban con su sangre -las calles de Jerusalen, un inspirado compuso un cántico sobre los -sufrimientos y el triunfo del «servidor de Dios», cántico en el cual -parece reconcentrarse toda la fuerza profética del genio de Israel[69]. - - «Crecia como humilde planta y brotaba como una raíz en tierra - árida; no tenía aspecto bello ni esplendoroso. Despreciado y - desechado de los hombres, nadie hacia caso de él. Cubierto de - vergüenza y afrentado, era una nada. Es verdad que él mismo tomó - sobre sí nuestras dolencias y cargó con nuestras penalidades, - pero se le reputaba como un leproso y como hombre herido de la - mano de Dios y humillado. Por causa de nuestras iniquidades fué - él llagado y despedazado por nuestras maldades; de su castigo - debia nacer nuestra paz, y con sus cardenales fuimos nosotros - curados. Como ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros; - cada cual se desvió y á él sólo le ha cargado Jehová sobre las - espaldas la iniquidad de todos. Despreciado, humillado, no abrió - su boca, fué conducido á la muerte, como va la oveja al matadero; - como un corderito que está mudo delante del que le esquila, no - abrió la boca. Su sepulcro será como el sepulcro de un malvado, - su muerte como la muerte de un impío. Pero despues de sufrida - la opresion é inicua condena, verá levantarse una generacion - numerosa y los intereses de Jehová prosperarán entre sus manos.» - -Al mismo tiempo se operaron en la _Thora_ profundas modificaciones. -Produjéronse nuevos textos, como el Deuteronomio, que pretendian -representar la verdadera ley de Moisés, y en realidad ellos inauguraron -un espíritu muy diferente del de los antiguos nómadas. El carácter -dominante de aquel espíritu fué un gran fanatismo. Creyentes furibundos -provocaban contínuas violencias contra todo lo que se separaba del -culto de Jehová, y un código sanguinario, estableciendo la pena de -muerte por delitos religiosos, consigue abrirse camino. La piedad trae -consigo casi siempre singulares contrastes de vehemencia y de dulzura. -Aquel celo religioso, que no conoció la grosera sencillez del tiempo -de los Jueces, inspira entonaciones de conmovedora predicacion y de -uncion ternísima, tales como el mundo no las habia escuchado hasta -entónces. Déjase ya sentir una poderosa tendencia hácia las cuestiones -sociales, y las utopias, los ensueños de una sociedad perfecta penetran -en el seno del código. El Pentateuco, mezcla de moral patriarcal y -de ardiente devocion, de instituciones primitivas y de refinamientos -piadosos como los que llenaron el alma de un Ezequías, de un Josías ó -de un Jeremías, se fijó de esta manera en la forma en que le vemos, -y por espacio de siglos llegó á ser la regla absoluta del espíritu -nacional. - -Una vez creado aquel gran libro, la historia del pueblo judío se -desarrolla con irresistible rapidez. Los grandes imperios que se -sucedieron en el Asia occidental, arrebatándole toda esperanza de un -reino terrestre, le obligan á que se eche, con una especie de sombría -pasion, en brazos de los ensueños religiosos. No cuidándose entónces -de dinastía nacional ni de independencia política, acepta todos los -gobiernos, siempre que le dejen practicar libremente su culto y seguir -sus costumbres. En adelante Israel no tendrá otra direccion que la de -sus entusiastas religiosos, otros enemigos que los de la unidad divina, -ni otra patria que su ley. - -Y preciso es notarlo, aquella ley era toda ella social y moral; era la -obra de hombres penetrados de un elevado ideal de la vida presente, que -habian creido encontrar los mejores medios de realizarle. Todo el mundo -se halla convencido de que la _Thora_ bien observada no puede ménos de -conducir á la perfecta felicidad. En aquella _Thora_ nada hay de comun -con las «leyes» griegas ó romanas, las cuales, no teniendo presente más -que el derecho abstracto, penetran poco en las cuestiones de felicidad -y moralidad privadas. Conócese de antemano que los resultados que -saldrán de ella serán de órden social y no de órden político; que la -obra en que trabaja aquel pueblo es un reino de Dios y no una república -civil; una institucion universal, más bien que una nacionalidad ó una -patria. - -Israel, en medio de numerosos desfallecimientos y flaquezas, sostiene -admirablemente esta vocacion. Una serie de hombres piadosos abrasados -por el celo de la ley, tales como Esdras, Nehemías, Onías y los -Macabeos, se suceden en la defensa de las antiguas instituciones. -La idea de que Israel es un pueblo de santos, una tribu elegida por -Dios y ligada hácia él por medio de un contrato, echa hondas raíces, -que se hacen cada dia más sólidas y profundas. Una inmensa esperanza -llena las almas. Toda la antigüedad indo-europea habia colocado el -paraíso en el orígen; todos sus poetas habian llorado una edad de -oro desvanecida:--Israel coloca la edad de oro en el porvenir. Los -Salmos, esa eternal poesía de las almas religiosas, brotan con su -divina y melancólica armonía de este pietismo exaltado. Miéntras -que en torno suyo las religiones paganas se reducen más y más á un -charlatanismo oficial en Persia y Babilonia, á una grosera idolatría -en Siria y Egipto, y á vanos simulacros en el mundo griego y latino, -Israel llega á ser verdaderamente y por excelencia el pueblo de Dios. -Lo que los mártires cristianos hicieron en los primeros siglos de -nuestra era, lo que hasta nuestros tiempos han hecho las víctimas de la -ortodoxia perseguidora en el seno mismo del cristianismo, eso fué lo -que los judíos realizaron en los dos siglos que precedieron á la era -cristiana. Un movimiento extraordinario de ideas que iban á parar á -los más opuestos resultados hacia de ellos en aquella época el pueblo -más chocante y original del mundo. Su dispersion por todo el litoral -del Mediterráneo, y el uso de la lengua griega que adoptaron fuera de -Palestina prepararon el camino á una propaganda de que las antiguas -sociedades no habian ofrecido todavía ningun ejemplo, divididas como se -hallaban en pequeñas nacionalidades. - -Á pesar de su persistencia en anunciar que un dia llegaria á ser la -religion del género humano, el judaismo conservó hasta el tiempo de -los Macabeos el carácter de todos los otros cultos de la antigüedad, -ciñéndose á un culto de familia y de tribu. El israelita creia -que su culto era el mejor, y hablaba con desprecio de los dioses -extranjeros:--creia más, creia que el culto del verdadero Dios no se -habia hecho sino para él solo. El que ingresaba en el seno de una -familia judía, abrazaba el culto de Jehová, y á esto se reducia todo. -Por lo demás, ningun israelita pensaba en convertir al extranjero á -un culto que se creia patrimonio exclusivo de los hijos de Abraham. -El desarrollo del espíritu pietista que se produjo despues de Esdras -y de Nehemías, trajo consigo una concepcion mucho más firme y más -lógica. Desde entónces, el judaismo llegó á ser de un modo absoluto la -verdadera religion; concedíase á todo el mundo el derecho de ingresar -en él[70], y bien pronto fué una obra pía y meritoria conducir á sus -filas el mayor número posible[71]. Es indudable que aún no existia -el delicado sentimiento que elevó á Juan Bautista, á Jesús, á San -Pablo, sobre las mezquinas ideas de raza, puesto que, por una extraña -contradiccion, aquellos convertidos (prosélitos) eran mal vistos y -tratados con desden[72]. Pero la idea de una religion exclusiva, la -idea de que en este mundo hay algo superior á la patria, á la sangre, á -las leyes; esa idea que habrá de producir los apóstoles y los mártires -estaba ya cimentada. El sentimiento de todo el pueblo judío se resume -en adelante en una profunda piedad por los paganos, cualquiera que -sea el brillo de su fortuna mundana[73]. Los guías del pueblo tratan, -sobre todo, de inculcarle la idea de que la virtud consiste en una -adhesion fanática á determinadas instituciones religiosas, y para ello -se valen de un ciclo de leyendas destinadas á presentar modelos de -inquebrantable firmeza, tales como Daniel y sus compañeros, la madre -de los Macabeos y sus siete hijos[74], y la novela del Hipódromo de -Alejandría[75]. - -Las persecuciones de Antíoco Epifáneo convirtieron esta idea en -pasion, casi en frenesí, viéndose entónces algo de muy análogo á lo -que doscientos treinta años más tarde pasó bajo el imperio de Neron. -La desesperacion y la rabia arrojan á los creyentes en el mundo de -las visiones y de los ensueños. Aparece el primer apocalípsis, el -«Libro de Daniel», y con él renace el profetismo, pero bajo una forma -bien diferente de la antigua y un sentimiento mucho más ámplio de los -destinos del mundo. El libro de Daniel fué hasta cierto punto la última -expresion de las esperanzas mesiánicas. El Mesías no era ya un rey á -la manera de David y Salomon, ni un Ciro teocrático y mosaista; sino -un «hijo del hombre» apareciendo en las nubes[76], un sér sobrenatural -con apariencia humana, encargado de juzgar al mundo y de presidir la -edad de oro. Quizás proporcionó algunos rasgos á este nuevo ideal -el _Sosiosch_ de Persia, el gran profeta del porvenir que debia -preparar el reinado de Ormuzd[77]. De todos modos, es indudable que el -desconocido autor del Libro de Daniel ejerció una influencia decisiva -en el acontecimiento religioso que iba á trasformar el mundo:--él -proporcionó el aparato y los términos técnicos del nuevo mesianismo, y -sin duda pueden aplicársele aquellas palabras de Jesús respecto á Juan -Bautista: «Hasta él, los profetas; despues de él, el reino de Dios.» - -Sin embargo, no debe creerse que aquel movimiento, tan profundamente -religioso y apasionado, tuviera por móvil dogmas particulares, como -ha sucedido en todas las luchas que han estallado en el seno del -cristianismo. Los judíos de aquella época eran poco teólogos y no -especulaban sobre la esencia de la divinidad; sus creencias respecto -á los ángeles, á los fines del hombre, á las hipóstasis divinas, -cuyo primer gérmen se dejaba ya entrever, eran creencias libres, -meditaciones á las cuales se entregaba cada uno segun la índole de su -espíritu, pero de las que no tenian ni la más remota idea multitud -de personas. Los más ortodoxos eran los que más se alejaban de esas -imaginaciones particulares, ateniéndose á la sencillez del mosaismo. -Entónces no existia ningun poder dogmático semejante al que defirió á -la Iglesia el cristianismo ortodoxo. La fiebre de las definiciones, esa -fiebre que hace de la historia de la Iglesia la historia de una inmensa -controversia, no empezó sino cuando, á partir del siglo tercero, cayó -el cristianismo en manos de razas ergotistas, sedientas de dialéctica y -metafísica. Tambien entre los judíos se disputaba:--ardientes escuelas -combatian en buscar para todas las cuestiones que entónces se agitaban -opuestas soluciones; pero en aquellas luchas, de las cuales nos ha -trasmitido el Talmud los principales detalles, no habia ni una sola -palabra de teología especulativa. Observar y mantener la ley, porque -la ley es justa y porque bien observada conduce á la felicidad, hé -ahí á lo que se reducia el mosaismo. Ningun _Credo_, ningun símbolo -teórico. Moisés Maimonida, un discípulo de la filosofía árabe más -avanzada, llegó á ser oráculo de la sinagoga, porque era un canonista -muy ejercitado. - -La exaltacion creció más todavía durante los reinados de los últimos -Asmoneos y de Heródes, en cuya época tuvo lugar una serie no -interrumpida de movimientos religiosos. El pueblo judío, á medida -que el poder se secularizaba, pasando á manos incrédulas, vivia cada -vez ménos para los intereses terrenales y se absorbia más y más en -el extraño trabajo que se operaba en su seno. Distraido el mundo con -otros espectáculos, no tiene ningun conocimiento de lo que pasa en -aquel olvidado rincon de Oriente. Sin embargo, las almas superiores -y al corriente de la marcha de su siglo, ven con más claridad. El -tierno y previsor Virgilio parece responder, como un eco secreto, -al segundo Isaías:--el nacimiento de un niño le sumerge en ensueños -de palingenesia universal[78]. Estos ensueños eran muy comunes y -formaban como un género de literatura designado con el nombre de -Sibilas ó Sibilismo. La formacion reciente del imperio exaltaba las -imaginaciones: la grande era de paz que entónces empezaba, y esa -impresion de melancólica sensibilidad que experimentan las almas -despues de largos períodos de revolucion, hacian surgir en todas -partes esperanzas ilimitadas. - -En Judea la espectativa habia llegado al último límite. Santas -personas, entre las cuales figuran un anciano Simeon, quien, segun -la leyenda, tuvo á Jesús en sus brazos, y Ana, hija de Phanuel, -considerada como profetisa[79], pasaban su vida al rededor del templo, -orando y ayunando, á fin de que Dios les concediese bastante vida -para ver el cumplimiento de las esperanzas de Israel. Siéntese por -donde quiera una poderosa incubacion y como la proximidad de algo -extraordinario y desconocido. - -Aquella amalgama confusa de presentimientos y de ensueños, aquella -alternativa de decepciones y de esperanzas, aquellas aspiraciones -rechazadas incesantemente por la odiosa realidad, tuvieron, al fin, su -intérprete en el hombre incomparable á quien la conciencia universal ha -concedido, con justicia, el título de Hijo de Dios, puesto que él hizo -dar á la religion un paso, al cual no puede y no podrá probablemente -compararse ningun otro. - - - - -CAPÍTULO II - -INFANCIA Y JUVENTUD DE JESÚS -- SUS PRIMERAS IMPRESIONES - - -Jesús nació en Nazareth[80], pequeña ciudad de Galilea, la cual no tuvo -ántes de su nacimiento ninguna celebridad[81]. Durante toda su vida se -le designó con el nombre de «Nazareno»[82], y para hacerle nacer en -Bethlehem, como afirma su leyenda, ha sido indispensable recurrir á -un rodeo bastante embarazoso[83]. Luégo verémos[84] el motivo de esta -suposicion y de qué modo fué consecuencia obligada del mesiánico papel -concedido á Jesús[85]. Ignórase la fecha precisa de su nacimiento; pero -se sabe que tuvo lugar bajo el reinado de Augusto, hácia el año 750 de -Roma, y probablemente algunos ántes del primero de la era que todos -los pueblos civilizados cuentan desde el dia en que vino al mundo[86]. - -El nombre de _Jesús_, que le fué dado, es una alteracion de _Josué_, -que entónces era muy comun; pero, como es natural, buscáronse luégo -en él significaciones misteriosas y una alusion á su papel de -Salvador[87]. Quizás el mismo Jesús, como todos los místicos, llegó á -fortalecerse en esta creencia. Un nombre dado sin intencion á un niño -ha sido á veces causa de grandes vocaciones:--la historia nos ofrece -más de un ejemplo. Y es porque las naturalezas ardientes no pueden -resignarse nunca á ver la mano de la casualidad en todo aquello que -les concierne. Para ellas todo ha sido dispuesto por Dios, y hasta en -las circunstancias más insignificantes de la vida ven un signo de la -voluntad suprema. - -La poblacion de Galilea, segun indica el nombre mismo del país[88], se -hallaba muy mezclada. En tiempo de Jesús, aquella provincia contaba -entre sus habitantes muchos que no eran judíos (fenicios, sirios, -árabes y hasta griegos)[89]. Las conversiones al judaismo no escaseaban -en aquella especie de países mistos. Imposible sería establecer aquí -ninguna cuestion de raza, y no ménos difícil determinar la sangre que -circulaba en las venas del que más poderosamente ha contribuido á -borrar de la humanidad las distinciones de sangre. - -Jesús salió de las filas del pueblo[90]; su padre José y su madre -María eran personas de mediana condicion, artesanos que vivian de su -trabajo[91], y cuyo estado social consistia en ese término medio, tan -comun en Oriente, que no es ni la comodidad ni la miseria. La extremada -sencillez en semejantes comarcas impide conocer la necesidad de lo -_confortable_, hace casi inútil el privilegio del rico, y convierte á -todo el mundo en pobres voluntarios. Por otra parte, la falta total -de gusto por las artes y por todo lo que á la elegancia de la vida -material contribuye, presta al interior del hogar doméstico, áun de -aquellos que viven en la abundancia, cierto aspecto de pobreza y -desnudez. Á excepcion de lo que el aislamiento lleva consigo por do -quiera de sórdido y repugnante, la ciudad de Nazareth se diferenciaba -tal vez muy poco, en tiempo de Jesús, de lo que es hoy dia[92]. Las -calles donde jugó siendo niño las vemos todavía en aquellos senderos -pedregosos ó en aquellas encrucijadas que separan los edificios. -La casa de José era, sin duda, muy semejante á aquellas pobres -tiendas, alumbradas por la puerta, que sirven al mismo tiempo de -establecimiento, de cocina, y de alcoba, y que por todo mueblaje tienen -una estera, algunos cojines sobre el suelo, uno ó dos vasos de arcilla -y un cofre pintado. - -La familia, ya proviniese de un matrimonio ó de varios, era -numerosa:--Jesús tenía hermanos y hermanas[93], de los cuales parecia -ser el primogénito[94]. Pero todos permanecieron oscuros, porque los -cuatro personajes que se citan como hermanos suyos, y uno de los -cuales, Santiago, llegó á adquirir gran importancia en los primeros -años del cristianismo, eran, segun parece, primos carnales. En efecto, -María tenía una hermana, que tambien se llamaba María[95], la cual se -casó con un tal Alfeo ó Cleofás (estos dos nombres parecen designar -una misma persona)[96], y tuvo varios hijos que desempeñaron un papel -considerable entre los primeros discípulos de Jesús. Miéntras que sus -verdaderos hermanos le hacian la oposicion[97], estos primos carnales -se adhirieron al jóven maestro y tomaron el título de «hermanos del -Señor»[98]. Los verdaderos hermanos de Jesús, así como su madre, no -tuvieron importancia sino despues de la muerte del Salvador[99]. Y áun -entónces mismo no alcanzaron, á lo que parece, la misma consideracion -que sus primos, cuya conversion habia sido más espontánea, y en cuyo -carácter hubo, sin duda, más originalidad. Tan conocidos eran sus -nombres, que cuando el evangelista pone en boca de la gente de Nazareth -la enumeracion de los hermanos, segun la naturaleza, son los hijos de -Cleofás los primeros que se presentan á su memoria. - -Sus hermanas se casaron en Nazareth[100], en cuyo punto pasó él los -primeros años de su juventud. Era Nazareth una pequeña ciudad situada -en un repliegue del terreno que forma la ancha meseta del grupo de -montañas que limitan al norte la llanura de Esdrelon. Hoy dia la -poblacion es de tres á cuatro mil almas, y acaso no haya variado mucho -desde entónces[101]. El frio es agudo en el invierno y muy saludable el -clima. Como todos los villorrios judíos de aquella época, la ciudad era -un monton de casas construidas sin estilo, y probablemente ofreceria -ese aspecto árido y pobre que ofrecen las aldeas de los países -semíticos. Los edificios, segun es de inferir, tendrian gran semejanza -con esos cubos de piedra, sin elegancia exterior ni interior, que aún -se ven hoy en las comarcas más ricas del Líbano, y que, mezclados con -las viñas y las higueras, no dejan de ser agradables. Por otra parte, -los alrededores son deliciosos, y en ningun país del mundo se hallaria -un lugar más á propósito para alimentar y dar pábulo á los ensueños de -absoluta ventura. Nazareth es todavía un sitio delicioso y acaso el -único punto de Palestina en que el alma se siente aliviada del opresivo -afan que experimenta en medio de aquella desolacion sin igual. Los -naturales son agradables y risueños, frescos y llenos de verdura los -huertos y jardines. En el siglo sexto, Antonino Mártir hizo un cuadro -encantador de la fertilidad de sus alrededores, comparándolos con el -paraíso. Algunos valles del lado del oeste justifican plenamente su -descripcion. La fuente donde otras veces se reconcentraba la vida -y la alegría de la pequeña ciudad está ya destruida; de sus caños -desportillados no mana hoy sino un agua turbia. Pero la belleza de las -mujeres que allí se reunen durante la noche, aquella belleza notada -ya en el siglo sexto, y de la cual era una personificacion la Vírgen -María, se ha conservado de un modo admirable:--aquél es el tipo sirio -en toda su gracia llena de languidez. Es indudable que María fué allí -casi diariamente, y que á menudo, con el cántaro sobre el hombro, formó -entre la fila de sus ignoradas compatriotas. Antonino Mártir hace -notar que las mujeres judías, que en otras partes miraban con desden -á los cristianos, eran allí dulces y afables. Áun hoy dia los odios -religiosos no son en Nazareth tan exaltados como en otros puntos. - -El horizonte de la ciudad es reducido; pero cuando se asciende un -poco hasta llegar á la meseta que domina los edificios más elevados, -meseta que barren contínuas brisas, la perspectiva se agranda y -se hace espléndida. Al Oeste se extienden las hermosas líneas del -Carmelo, terminadas por una punta abrupta que parece sumergirse en el -mar. En seguida se desarrollan, la doble cima que domina á Mageddo, -las montañas del país de Sichem con sus lugares santos de la edad -patriarcal, el monte Gelboé, el pequeño y pintoresco grupo al cual -van unidos los recuerdos, risueños ó terribles, de Sulem y de Endor, -y el Tabor, con su bella forma esferoidal que los antiguos comparaban -á un seno. Por una depresion entre la montaña de Sulem y el Tabor, -se entrevén el valle del Jordan y las elevadas llanuras de la Perea, -que forman hácia el Este una línea continuada. Al norte las montañas -de Safed se inclinan hácia el mar, ocultando á San Juan de Acre, -pero dejan que la mirada se pierda en el golfo de Khaifa. Tal fué el -horizonte de Jesús. Aquel círculo encantado, cuna del reino de Dios, le -representó el mundo durante muchos años. Su vida entera salió muy poco -de aquellos límites familiares á su infancia. Porque más allá, por el -lado del norte y casi entre los flancos del Hermon, se descubre Cesárea -de Filipo, su punto más avanzado hácia el mundo de los gentiles, y -por la parte del sur, detrás de aquellas montañas de Samaria ya ménos -rientes, se adivina la triste Judea desecada por un viento abrasador de -abstraccion y de muerte. - -Si teniendo mejor nocion de lo que constituye el respeto á los -orígenes, el mundo permaneciese cristiano y quisiese reemplazar los -santuarios apócrifos y mezquinos, á que se adhirió la piedad de las -edades bárbaras, por auténticos lugares santos, en aquella altura -de Nazareth es donde construiria su templo. Allí, en el sitio donde -apareció el cristianismo, en el centro de accion de su fundador, -deberia elevarse la grande iglesia en que todos los cristianos pudiesen -orar. Allí tambien, en aquella tierra, bajo la cual duermen el -carpintero José y millares de olvidados nazarenos que no franquearon -jamás el horizonte de su valle nativo, se hallaria el filósofo mejor -colocado que en ningun sitio del mundo para contemplar el curso de -las cosas humanas, consolarse de su contingencia y tranquilizarse -respecto al fin divino que el mundo prosigue á traves de infinitos -desfallecimientos y no obstante la vanidad universal. - - - - -CAPÍTULO III - -EDUCACION DE JESÚS - - -Aquella naturaleza, á la vez risueña y grandiosa, constituyó toda la -educacion de Jesús. Sin duda aprendió á leer y á escribir[102] segun -el método de Oriente, el cual consistia en colocar entre las manos del -niño un libro cuyo texto repetia cadenciosamente, en union de sus -compañeros, hasta concluir por aprenderle de memoria[103]. Sin embargo, -es muy dudoso que comprendiera bien los escritos hebreos en su lengua -original. Sus biógrafos se los hacen citar como traducciones en lengua -aramea[104]: sus principios de exegésis, si hemos de juzgar por los -de sus discípulos, se parecian bastante á los que en aquella época se -hallaban en boga, los cuales forman el espíritu de los _Targums_ y de -los _Midraschim_[105]. - -En las pequeñas aldeas judías, el maestro de escuela era el _hazzan_ -ó lector de las sinagogas[106]. Jesús frecuentó poco las escuelas, -más elevadas, de los escribas ó _soferim_ (tal vez en Nazareth no -habia ninguna), y no poseyó ninguno de esos títulos que dan á los -ojos del vulgo derecho á la sabiduría[107]. Sin embargo, sería grave -error imaginarse que Jesús era lo que nosotros llamamos un ignorante. -Bajo el punto de vista del valor personal, se hace en nuestros dias -una distincion profunda entre los que han recibido una educacion -escolástica y los que de ella carecen. Pero en Oriente, y por regla -general en toda la buena época antigua, no sucedia lo mismo. El estado -de rudeza en que permanece entre nosotros, á consecuencia de nuestra -vida aislada y puramente individual, aquel que no ha frecuentado las -escuelas, se desconoce en esas sociedades en que la cultura moral, -y sobre todo, el espíritu general del tiempo se trasmiten por el -contacto contínuo de los hombres. Frecuentemente el árabe que no -ha tenido ningun maestro es sin embargo persona muy distinguida, y -consiste en que su tienda viene á ser una especie de escuela, siempre -abierta, de donde, gracias al constante roce de gente bien educada, -nace un gran movimiento intelectual y hasta literario. La delicadeza -de los modales y la finura del espíritu no tienen en Oriente nada de -comun con lo que nosotros llamamos educacion. Al contrario, allí los -hombres escolásticos son los que pasan por pedantes y mal educados. La -ignorancia, que entre nosotros condena al hombre á un rango inferior, -es en aquel estado social la condicion de las grandes cosas y de la -grande originalidad. - -Tampoco parece probable que supiese Jesús el griego. Á excepcion de -las clases que participaban del gobierno de las ciudades habitadas -por los paganos, como Cesárea, esta lengua estaba poco vulgarizada en -Judea[108]. El idioma de Jesús era el dialecto sirio con mezcla de -hebreo que entónces se hablaba en Palestina[109]. Con mucha más razon -debe suponerse que no tuvo ningun conocimiento de la cultura griega. -Aquella cultura se hallaba proscripta por los doctores palestinos, los -cuales envolvian en la misma maldicion «al que criaba puercos y al que -enseñaba á su hijo la ciencia helénica»[110]. De todos modos, aquella -ciencia no habia penetrado hasta las pequeñas ciudades como Nazareth, -si bien es verdad que, no obstante el anatema de los doctores, algunos -judíos habian adoptado aquella cultura. Sin contar la escuela judía -de Egipto, donde las tendencias para amalgamar el helenismo y el -judaismo se continuaban desde hacia cerca de doscientos años, un judío, -Nicolás de Damasco, llegó á ser por aquel tiempo uno de los hombres -más notables, instruidos y considerados de su época. Josefo debia -ofrecer bien pronto otro ejemplo de judío completamente helenizado. -Pero Nicolás no tenía de judío sino la sangre, Josefo declara ser una -excepcion entre sus contemporáneos[111], y toda la escuela cismática de -Egipto se separó de Jerusalen tan completamente, que ni en el Talmud ni -en la tradicion judía se encuentra el menor recuerdo. Lo que se halla -fuera de duda es que el griego se estudiaba muy poco en Jerusalen; -que los estudios helénicos se consideraban como peligrosos y hasta -serviles, creyéndose buenos, á lo sumo, para servir de adorno á las -mujeres[112]. Sólo el estudio de la ley pasaba por liberal y digno de -un hombre grave[113]. Un ilustrado rabino, á quien preguntaron cuándo -debia enseñarse á los niños la «sabiduría griega», respondió:--«Cuando -no sea ni de dia ni de noche, puesto que está escrito en la Ley: tú la -estudiarás dia y noche»[114]. - -Ningun elemento de cultura griega llegó, pues, á Jesús ni directa ni -indirectamente. Nada conoció fuera del judaismo, y su espíritu conservó -esa cándida franqueza que una cultura extensa y variada debilita -siempre. Áun en el seno mismo del judaismo permaneció extraño á muchos -esfuerzos frecuentemente paralelos á los suyos. Fuéronle desconocidos -el ascetismo de los Essenios ó Terapeutas[115] y los hermosos ensayos -de filosofía religiosa intentados por la escuela judáica de Alejandría, -de los cuales era ingenioso intérprete su contemporáneo Filon. Las -semejanzas que se encuentran á menudo entre él y Filon, esas excelentes -máximas de amor de Dios, de caridad, de confianza en el Eterno[116], -que vienen á ser como un eco entre el Evangelio y los escritos del -ilustre pensador alejandrino, proceden de las comunes tendencias que -las necesidades del tiempo inspiraban á todas las almas elevadas. - -Por fortuna suya, no conoció tampoco la rara escolástica que se -enseñaba en Jerusalen y que muy pronto debia constituir el Talmud. -Quizás algunos fariseos la habian llevado ya á Galilea, pero Jesús no -tuvo trato con ellos; y cuando vió de cerca aquella necia casuística, -no le inspiró sino profunda repugnancia. Sin embargo de lo dicho, debe -suponerse que los principios de Hillel no le fueron desconocidos. -Hillel habia pronunciado, cincuenta años ántes que él, aforismos que -tenian mucha semejanza con los suyos. Si fuese permitido hablar de -maestro cuando se trata de tan elevada originalidad, podia decirse -que Hillel, por su pobreza humildemente soportada, por la dulzura -de carácter y por la oposicion que hizo á los hipócritas y á los -sacerdotes, fué el verdadero maestro de Jesús[117]. - -Mayor impresion le produjo la lectura de los libros del Antiguo -Testamento. De dos partes principales se componia el Cánon de los -libros santos: de la Ley, esto es, del Pentateuco, y de los Profetas, -tales como hasta nosotros han llegado. Aplicábase á todos esos libros -una vasta exegésis, la cual trataba de deducir de ellos lo que en -realidad no existia, pero que se hallaba conforme con las aspiraciones -de la época. La Ley, que no representaba las antiguas leyes del -país, sino más bien las utopias, las leyes facticias y los fraudes -piadosos del tiempo de los reyes pietistas, habia llegado á ser un -tema inagotable de sutiles interpretaciones, desde que la nacion dejó -de gobernarse á sí misma. En cuanto á los profetas y á los salmos, la -persuasion general era que casi todos los rasgos un poco misteriosos -de aquellos libros se referian al Mesías, y de antemano se buscaba -en ellos el tipo del que habria de realizar las esperanzas de la -nacion. Jesús participaba de la opinion general respecto á aquellas -interpretaciones alegóricas. Sin embargo, la verdadera poesía de la -Biblia, que los pueriles exegetas de Jerusalen no comprendian, se -revelaba plenamente á su hermoso genio. La Ley no tuvo para él mucho -atractivo; sin duda tenía el convencimiento de poder realizar algo -mejor que aquello. Pero la poesía religiosa de los salmos se halló en -maravillosa consonancia con su alma lírica; los salmos son el alimento -y el apoyo de toda su vida. Los profetas, particularmente Isaías y -su continuador del tiempo de la cautividad, fueron sus verdaderos -maestros, con sus brillantes ensueños del porvenir, su impetuosa -elocuencia y sus invectivas mezcladas de cuadros encantadores. Sin -duda leyó tambien várias de las obras apócrifas, es decir, varios de -aquellos escritos modernos, cuyos autores se ocultaban tras el nombre -de los profetas y de los patriarcas, á fin de darles una importancia -y autoridad que no se concedian sino á los escritos muy antiguos. -Uno de aquellos libros le llamó entre todos la atencion: tal fué el -libro de Daniel. Escrito por un judío exaltado del tiempo de Antíoco -Epifáneo, y puesto bajo la egida de un antiguo sabio[118], aquel libro -era el resúmen del espíritu de las últimas épocas. Verdadero creador -de la filosofía de la historia, su autor es quien por la vez primera -se atrevió á mirar en el movimiento del mundo y en la sucesion de los -imperios una funcion subordinada á los destinos del pueblo judío. Jesús -llegó desde muy pronto á penetrarse de aquellas elevadas esperanzas. -Acaso leyó tambien los libros de Henoch, venerados entónces al igual -de los libros santos[119], y los demás escritos del mismo género que -mantenian en contínuo y vivo movimiento la imaginacion popular. El -advenimiento del Mesías con sus glorias y sus terrores, las naciones -derrumbándose unas sobre otras, el cataclismo del cielo y de la -tierra, tales fueron las ideas que formaban el alimento ordinario de -la imaginacion de Jesús; y como quiera que aquellas revoluciones se -anunciaban como próximas, y que muchas personas trataban de computar -el tiempo en que habrian de ocurrir, el órden sobrenatural á que nos -trasportan semejantes visiones le pareció en un principio la cosa más -natural y sencilla. - -De cada rasgo de sus más auténticos discursos resulta de un modo -claro que no tuvo ningun conocimiento del estado general del mundo. -Imaginábase que la tierra se hallaba todavía dividida en reinos que se -hacian la guerra, y parece ignorar la «paz romana» y el nuevo estado -social que inauguraba su siglo. Tampoco tuvo ninguna idea precisa -del poderío romano; la sola cosa que llega hasta él es el nombre de -«César.» Vió construir en Galilea y en sus inmediaciones á Tiberiade, -á Juliade, á Diocesárea, á Cesárea, obras pomposas de los Heródes, los -cuales trataban de probar con aquellas construcciones magníficas su -admiracion por la cultura romana y su adhesion á los miembros de la -familia de Augusto, cuyos nombres, extravagantemente alterados, sirven -ahora por un capricho de la suerte para designar miserables villorrios -de beduinos. Es probable que tambien viese á Sebaste, obra de Heródes -el Grande, ciudad de aparato cuyas ruinas dan lugar á suponer que fué -trasportada allí pieza á pieza como una máquina ya concluida que debia -montarse en lugar determinado. Aquella arquitectura de ostentacion -llevada á Judea por cargamentos, aquellos centenares de columnas, todas -del mismo diámetro, ornato de alguna insípida «calle de Rivoli[*]», hé -ahí lo que Jesús llamaba «los reinos del mundo y todas sus glorias.» -Pero aquel lujo de encargo y aquel arte administrativo y oficial le -causaban repugnancia. Sus aldeas galileas, mezcla confusa de cabañas, -de eras y de prensas talladas en la roca, de pozos, de sepulcros, de -higueras y de olivas, eso era lo que él amaba. Jesús permaneció siempre -cerca de la naturaleza. La córte de los reyes se le representaba -como un lugar en donde las personas llevan hermosos vestidos[120]. -Las deliciosas imposibilidades en que abundan sus parábolas siempre -que pone en escena á los reyes y á los poderosos[121] prueban que no -concibió nunca la sociedad aristocrática sino como un jóven aldeano que -ve el mundo por el prisma de su candidez. - - [*] Una de las más rectas, largas y uniformes que tiene París. - -Ménos aún conoció la idea nueva creada por la ciencia griega, esa -idea que sirve de base á toda filosofía, que la ciencia moderna ha -confirmado plenamente y que consiste en la exclusion de los dioses -caprichosos á quienes la sencilla credulidad de las antiguas edades -atribuia el gobierno del mundo. Cerca de un siglo ántes de él, Lucrecio -habia expresado ya de una manera admirable la inflexibilidad del -régimen general de la naturaleza. En las grandes escuelas de todos -los países que habian recibido la ciencia griega, la negacion del -milagro, deducida de la idea que en el mundo se produce todo por leyes -invariables, sin ninguna intervencion personal de seres superiores, era -ya un principio admitido. Quizás habia penetrado tambien en Babilonia -y Persia. Jesús no tuvo noticia de aquel progreso. No obstante haber -nacido en una época en que el principio de la ciencia positiva era ya -proclamado, vivió en pleno sobrenatural. Tal vez nunca se hallaron -los judíos tan sedientos como entónces de lo maravilloso. Filon, sin -embargo de vivir en un gran centro intelectual y de haber recibido -una educacion completísima, no poseia sino una ciencia quimérica y de -mala ley. Bajo este supuesto, Jesús no se diferenciaba en nada de -sus compatriotas. Creia en el diablo, al cual consideraba como una -especie de genio del mal[122], y, como todo el mundo, se imaginaba -que las enfermedades nerviosas eran producidas por los demonios, que -se apoderaban del paciente, agitándole de contínuo. Para él no era -lo maravilloso la excepcion, sino el estado normal. La nocion de lo -sobrenatural, con sus imposibilidades, no apareció sino con la ciencia -experimental de la naturaleza. El hombre ajeno á toda idea de física, -que cree por medio de las preces se puede cambiar la marcha de los -astros, detener las enfermedades y hasta la muerte misma, no encuentra -en lo milagroso nada de extraordinario, puesto que el curso entero -de las cosas es en su concepto el resultado de la voluntad libre de -la divinidad. Ese estado intelectual fué siempre el de Jesús, pero -semejante creencia producia en su grande alma efectos contrarios á -los que ocasionaba en el vulgo. Entre las almas vulgares, la fe en la -accion particular de Dios conducia á una credulidad simple y á los -engaños de los charlatanes. En la suya se elevaba á una nocion profunda -de las relaciones familiares entre el sér humano y Dios, y á una -creencia exagerada en el porvenir del hombre; bellos errores que fueron -el principio de su fuerza, porque, si bien ellos debian más tarde -evidenciar sus preocupaciones á los ojos del físico y del químico, le -dieron sobre sus contemporáneos un poder de que no hay ejemplo ántes ni -despues de él. - -Su carácter extraordinario se reveló desde muy temprano. La leyenda -se complace en mostrarle desde su infancia en rebelion contra la -autoridad paterna, y separándose de las vias comunes para seguir su -vocacion[123]. Lo que al ménos hay de seguro es, que tuvo en poca -cosa las relaciones de parentesco. Su familia no parece haberle -amado[124], y en ocasiones se le nota cierta dureza para con -ella[125]. Como todos los hombres verdaderamente preocupados de una -idea, Jesús llegó á tener en poco los lazos de la sangre. El único -que esa clase de naturalezas reconoce es el lazo de la idea: «Hé ahí -á mi madre y á mis hermanos--decia extendiendo las manos hácia sus -discípulos;--aquel que cumple la voluntad de mi Padre, ése es mi -hermano y mi hermana.» Las gentes sencillas no lo comprendian así, y un -dia, dicen que una mujer que pasaba cerca de él exclamó: «¡Dichoso el -vientre que te concibió y los pechos que te alimentaron!»--«¡Dichoso -más bien--respondió[126]--aquel que escucha la palabra de Dios y la -practica!» Su atrevida rebelion contra la naturaleza debia llevarle -pronto mucho más léjos, y no tardarémos en verle menospreciando la -sangre, el amor, la patria, cuanto constituye al hombre, para no -albergar en su alma y su corazon sino la idea que se le presentaba como -la forma absoluta del bien y de la verdad. - - - - -CAPÍTULO IV - -ÓRDEN DE IDEAS EN CUYO SENO CRECIÓ JESÚS - - -Así como la tierra ya enfriada por haberse apagado el fuego que la -penetraba no permite comprender los fenómenos de la creacion primitiva, -de igual modo las explicaciones discurridas dejan siempre algo que -desear cuando se trata de aplicar nuestros débiles medios de induccion -á las revoluciones de las épocas creadoras que decidieron la suerte -del género humano. Jesús vivió en uno de esos momentos en que la parte -de la vida pública se juega con franqueza, en que se centuplica la -apuesta de la actividad humana. Todo gran destino conduce entónces á la -muerte, porque tales movimientos suponen una libertad y una ausencia de -medidas preventivas que no pueden existir sin terribles contrapesos. -En nuestros dias, el hombre arriesga poco y gana poco:--en las épocas -heróicas de la actividad humana aventura el todo por el todo. Los -buenos y los malos, ó al ménos los que se creen y pasan por tales, -forman dos ejércitos opuestos. Llégase á la apoteósis por el camino -del cadalso, y los caractéres tienen facciones pronunciadas que los -graban como tipos eternales en la memoria de los hombres. Ningun medio -histórico, excepto el de la Revolucion francesa, fué tan á propósito -como aquel en que se formó Jesús para desarrollar esas fuerzas ocultas -que la humanidad tiene como en reserva y que no descubre sino en sus -dias de fiebre y de peligro. - -Si el gobierno del mundo fuese un problema especulativo, y si el más -gran filósofo fuese el hombre más apto para enseñar á sus semejantes -lo que deben creer, esas grandes reglas morales y dogmáticas que -se llaman religiones saldrian de la calma y de la reflexion. Pero -no sucede así. Los grandes fundadores religiosos, si se exceptúa -Sakia-Muni, no fueron metafísicos. El budismo, que salió de la idea -pura, conquistó la mitad del Asia por motivos puramente políticos -y morales. En cuanto á las religiones semíticas, son tan poco -filosóficas cuanto cabe en lo posible. Moisés y Mahoma no fueron -hombres especulativos: fueron hombres de accion, y proponiéndola á sus -compatriotas y á sus contemporáneos, consiguieron dominar la humanidad. -De igual manera, Jesús no fué ni un teólogo, ni un filósofo, ni tuvo -un sistema más ó ménos bien combinado. Para ser discípulo suyo no se -necesitaba firmar ningun formulario ni pronunciar ninguna profesion de -fe; bastaba una sola cosa: adherirse á él, amarle. Jesús no disputó -jamás sobre Dios, porque directamente le sentia en sí mismo. El escollo -de las sutilezas metafísicas, contra el cual tropezó el cristianismo -á partir del siglo tercero, no fué en manera alguna creado por el -fundador. Jesús no tuvo ni dogma ni sistema, sino una resolucion -personal fija que, sobrepujando en intensidad á toda otra voluntad -creada, dirige todavía en este momento los destinos de la humanidad. - -Desde el cautiverio de Babilonia hasta la edad media, el pueblo judío -tuvo la ventaja de hallarse constantemente en una situacion muy -crítica. De ahí el que los depositarios del espíritu de la nacion -escribiesen durante aquel largo período como bajo el dominio de una -fiebre intensa que los coloca, unas veces fuera de los límites de la -razon, otras demasiado dentro, casi nunca en el justo medio. Hasta -entónces, nunca el hombre se habia apoderado del problema del porvenir -y de su destino con un valor más desesperado, más resuelto á atropellar -por todo á fin de resolverle. Asimilando la suerte de la humanidad -con la de su pequeña raza, los pensadores judíos son los primeros que -se cuidan de una teoría general de la marcha de nuestra especie. La -Grecia, encerrada siempre en sí misma y atenta sólo á sus querellas -locales, tuvo admirables historiadores; pero en vano se buscaria en -ella ántes de la época romana un sistema general de filosofía de la -historia que abrace la humanidad entera. Por el contrario, el judío -hizo entrar la historia en la religion, merced á una especie de sentido -profético que á veces presta al semita maravillosa aptitud para -entrever las grandes líneas del porvenir. Quizás debe á la Persia una -parte de ese espíritu. La Persia, desde una época muy remota, concibió -la historia del mundo como una serie de revoluciones á cada una de las -cuales preside un profeta. Cada profeta tiene su _hazar_ ó reinado -de mil años (quiliasma), y de esas edades sucesivas, análogas á los -millones de siglos pertenecientes á cada buda de la India, se compone -la trama de los acontecimientos que preparan el reino de Ormuzd. Al fin -de los tiempos, cuando el círculo de los quiliasmas se haya agotado, -empezará el paraíso definitivo. Entónces los hombres vivirán dichosos, -la tierra será como una llanura, y no habrá sino una lengua, una ley y -un gobierno para todo el mundo. Pero terribles calamidades precederán á -este acontecimiento. Dahak (el Satanás de Persia) romperá los hierros -que le encadenan y se abatirá sobre la tierra. Dos profetas vendrán á -consolar á los hombres y á preparar el gran acontecimiento[127]. Estas -ideas recorrian entónces el mundo y penetraban hasta en Roma, donde -inspiraron un ciclo de poemas proféticos, cuyas ideas fundamentales -eran la division de la historia de la humanidad en períodos, la -sucesion de dioses correspondientes á esos períodos, una renovacion -completa del mundo y el acontecimiento final de una edad de oro[128]. -El libro de Daniel, el de Henoch y algunos de los libros sibilinos[129] -son expresiones judáicas de la misma teoría. Menester era que esas -ideas fuesen las de todos. En un principio no las abrazaron sino -algunas personas de imaginacion viva y aficionadas á las doctrinas -extranjeras. El árido y mezquino autor del libro de Ester no pensó -nunca en el resto del mundo, y si pensó, fué para menospreciarle y -zaherirle[130]. El epicúreo desengañado que escribió el _Eclesiastés_, -se cuida tan poco del porvenir, que hasta cree inútil trabajar para sus -hijos: á los ojos de aquel célebre egoista, la esencia de la sabiduría -consiste en no tener cuenta sino de sí mismo[131]. Pero en todos los -pueblos, la minoría es la que hace las grandes cosas. Y á pesar de sus -enormes defectos, á pesar de ser duro, burlon, mezquino en sus miras, -cruel, sofista y lleno de sutilezas, el pueblo judío es el autor del -más hermoso movimiento de entusiasmo desinteresado que menciona la -historia. La oposicion ocasiona siempre la gloria de un país:--los -más grandes hombres de una nacion son los que ella condena á muerte. -Sócrates fué la gloria de Aténas, y Aténas le dió á beber la cicuta. -Spinosa es el más grande de los judíos modernos, y la sinagoga le ha -excluido de su seno ignominiosamente. Jesús fué la gloria de Israel, y -murió crucificado. - -El pueblo judáico perseguia desde hacia siglos un gigantesco desvarío -que le rejuvenecia á cada paso en su decrepitud. Ajena á la teoría de -las recompensas individuales, propagada por la Grecia bajo el nombre de -inmortalidad del alma, la Judea habia reconcentrado toda su potencia -de amor y deseo en su porvenir nacional. Creyéndose posesora de las -promesas divinas de un porvenir sin límites, y siendo rechazada en sus -aspiraciones por la amarga realidad que á partir del siglo nono ántes -de nuestra era sometia más y más el destino del mundo al imperio de -la fuerza bruta, se arrojó en la via de absurdas amalgamas ideales y -ensayó las más extrañas contradicciones. Ántes del cautiverio, cuando -todo el porvenir terrestre se desvaneció al separarse las tribus del -Norte, la restauracion de la casa de David, la reconciliacion de las -dos fracciones del pueblo y el triunfo de la teocracia y del culto de -Jehová sobre los cultos idólatras, sirvieron de alimento al delirio -comun. En la época del cautiverio, un poeta lleno de armonía entrevió -el esplendor de una Jerusalen futura, de la cual eran tributarios los -pueblos y las islas lejanas; y la entrevé por un prisma de tan dulces -y suaves colores, que hubiérase dicho que un rayo de la mirada de -Jesús penetraba en su imaginacion á una distancia de seis siglos[132]. -La victoria de Ciro pareció realizar por algun tiempo todas aquellas -esperanzas. Los graves discípulos del _Avesta_ y los adoradores de -Jehová se creyeron hermanos. Al desterrar los _devas_ múltiples y al -trasformarlos en demonios, la Persia habia conseguido extraer de las -antiguas imaginaciones arianas, esencialmente naturalistas, una especie -de monoteismo. El tono profético de algunas enseñanzas de Iran tenía -mucha analogía con ciertas composiciones de Oseas y de Isaías. Israel -toma aliento bajo los Acheménidas[133], y durante la dominacion de -Jérjes (Asuero) se hace temer de los mismos Iranios. Pero la entrada -triunfante y á menudo brutal de la civilizacion griega y romana en -Asia, le arroja de nuevo en sus delirios. Entónces más que nunca invoca -al Mesías como al Juez vengador de los pueblos. Para satisfacer la -sed de venganza que le inspiraban el sentimiento de su superioridad -y el espectáculo de sus humillaciones, hacíale falta una renovacion -completa, una revolucion que abarcase el mundo y le conmoviera hasta en -sus cimientos[134]. - -Si Israel hubiese poseido la doctrina llamada espiritualista, esa -doctrina que divide al hombre en dos partes, cuerpo y alma, y que -encuentra la cosa más natural que el alma sobreviva miéntras el -cuerpo se corrompe, aquel acceso de rabia y de enérgica protesta no -habria tenido su razon de ser. Pero semejante doctrina, producto de -la filosofía griega, no se hallaba en las tradiciones del espíritu -judáico. Ninguna huella de remuneraciones ó de penas futuras contienen -los antiguos escritos hebreos. Miéntras existió la idea de la -solidaridad de la tribu, natural era que no se pensase en una estricta -retribucion segun los méritos de cada uno. Si un hombre piadoso tenía -la desgracia de venir al mundo en una época de impiedad y participaba -de las calamidades públicas originadas por la iniquidad comun, tanto -peor para él. Esta doctrina, trasmitida por los sabios de la época -patriarcal, conducia paso á paso á insostenibles contradicciones. Ya en -tiempo de Job habia recibido fuertes ataques; los ancianos de Theman -que la profesaban eran hombres atrasados, y el jóven Elihu, que fué á -disputar con ellos, se atrevió á emitir desde sus primeras palabras -este axioma revolucionario: ¡que la sabiduría no era ya patrimonio -de los ancianos![135]. Con las complicaciones ocurridas en el mundo -despues de Alejandro, el antiguo principio themanita y mosaista se -hizo todavía más intolerable[136]. Nunca Israel habia sido más fiel -observador de la Ley, y sin embargo sufrió la atroz persecucion de -Antíoco. Sólo un retórico pedante y acostumbrado á repetir vetustas -frases vacías de sentido podia atreverse á sostener que aquellas -desgracias eran hijas de las infidelidades del pueblo[137]. ¡Cómo! -¿esas víctimas que mueren por la fe, esa madre con sus siete hijos, -esos heróicos Macabeos serán olvidados eternamente por Jehová y -abandonados á la podredumbre de la fosa?[138]. Un saduceo incrédulo -y mundano podia muy bien admitir semejante consecuencia; un sabio -consumado, como Antígono de Soco[139], podia sostener que no debe -practicarse la virtud como el esclavo que aspira á una recompensa, sino -desinteresadamente y sin esperanza de premio. Pero la gran masa de la -nacion no se contentaba con eso. Unos se adherian al principio de la -inmortalidad filosófica y se figuraban á los justos viviendo en la -memoria de Dios, glorificados en el recuerdo de los hombres, juzgando -al impío que los persiguiera[140]. «Viven á los ojos de Dios;... Dios -los reconoce»[141], hé ahí su recompensa. Otros, y en particular -los fariseos, recurrian al dogma de la resurreccion[142]. Los justos -resucitarán para ser partícipes del reinado mesiánico. Resucitarán con -los mismos cuerpos que tuvieron para vivir en el mundo del cual serán -reyes y jueces, y asistirán al triunfo de sus ideas y á la humillacion -de sus enemigos. - -En el antiguo pueblo de Israel no se encuentran sino huellas muy -indecisas de este dogma fundamental. En realidad, el incrédulo saduceo, -al rechazarle, permanecia fiel á la antigua doctrina judáica, y el -verdadero innovador era el fariseo partidario de la resurreccion. Pero -en materia religiosa, el partido más exaltado es siempre el que innova, -el que avanza, el que deduce las consecuencias. Por otra parte, la -resurreccion, idea totalmente distinta de la inmortalidad del alma, se -desprendia sin esfuerzo de las doctrinas anteriores y de la situacion -del pueblo. Quizás la misma Persia proporcionó algunos principios -elementales[143]. De todos modos, formó, á no dudarlo, combinándose con -la creencia en el Mesías y con la doctrina de una próxima renovacion -del mundo, esas teorías apocalípticas que, sin ser artículos de fe (el -sanhedrin ortodoxo de Jerusalen no parece haberlas adoptado), llenaban -todas las imaginaciones y producian de un extremo á otro del mundo -judío extraordinaria fermentacion. La carencia total de rigor dogmático -permitia que nociones del todo contradictorias pudiesen admitirse al -mismo tiempo, áun tratándose de un punto tan capital. Unas veces el -justo debia esperar la resurreccion[144]; otras, era recibido en el -seno de Abraham desde el momento de su muerte[145]. Ya la resurreccion -era general[146], ya estaba reservada únicamente para los fieles[147]. -Aquí suponia un mundo renovado y una nueva Jerusalen; allá implicaba el -aniquilamiento prévio del universo. - -Desde que Jesús tuvo uso de razon, entró en la ardiente atmósfera que -formaban en Palestina las ideas que acabamos de exponer. Aquellas -ideas no se enseñaban en ninguna escuela; pero flotaban en el aire y -penetraron en su alma desde muy temprano, en su alma tranquila, que no -conoció nunca nuestra incertidumbre ni nuestras vacilaciones. En la -cima de la montaña de Nazareth, en aquella cima donde ningun hombre -moderno pone la planta sin experimentar cierta inquietud sobre su -destino, Jesús se sentó veinte veces sin que su corazon fuese combatido -por la sombra de una duda. Ajeno al egoismo, á ese manantial de -nuestras tristezas, que rudamente nos obliga á buscar por móvil de la -virtud un interes de ultratumba, no pensó sino en su obra, en su raza, -en el bien de la humanidad. Aquellas montañas, aquel mar, aquellas -elevadas llanuras que se extienden al horizonte, no fueron para él la -vision melancólica de un alma que interroga la naturaleza sobre su -destino; fueron el símbolo cierto, la sombra trasparente de un mundo -invisible y de un nuevo cielo. - -Jesús no dió nunca mucha importancia á los acontecimientos políticos -de su tiempo, los cuales no conocia probablemente muy á fondo. La -dinastía de los Heródes vivia en un mundo tan distinto del suyo, que -sin duda no la conoció más que de nombre. El gran Heródes murió en la -época misma en que él vino al mundo, dejando recuerdos imperecederos, -monumentos que debian obligar áun á la posteridad más prevenida en -contra suya á asociar su nombre al de Salomon; pero su obra quedó -inacabada, imposible de continuar. Aquel Idumeo astuto, profano -ambicioso extraviado en un dédalo de luchas religiosas, tuvo en -su favor la ventaja que dan la sangre fria y la razon, exentas de -moralidad, en medio de fanáticos apasionados. Pero aunque su idea de -un reino profano de Israel no hubiese sido un anacronismo en el estado -en que se hallaba el mundo cuando él la concibió, habria fracasado -contra las dificultades nacidas del carácter mismo del pueblo, como -fracasó el proyecto, muy parecido al suyo, concebido por Salomon. Los -tres hijos de Heródes no fueron sino lugartenientes de los romanos, -semejantes á los radjas de la India bajo la dominacion inglesa. Antíper -ó Antipas, tetrarca de Galilea y Perea, del cual fué súbdito Jesús -durante toda su vida, era un príncipe nulo y perezoso[148], favorito y -adulador de Tiberio[149], sometido casi siempre á la fatal influencia -de su segunda mujer Herodías[150]. Felipe, tetrarca de Gaulonítida y de -Batanea, á cuyos territorios hizo Jesús frecuentes viajes, era mucho -mejor soberano[151]. En cuanto á Arquelao, etnarca de Jerusalen, Jesús -no pudo conocerle, porque hacia cerca de diez años que aquel hombre -débil, sin carácter y violento en ocasiones, habia sido depuesto por -Augusto[152]. Así perdió Jerusalen hasta el último resto de autonomía. -Reunido desde entónces el territorio judáico al de Samaria y al de -Idumea, formó una especie de anexo de la provincia de Siria, de donde -era legado imperial el senador Publio Sulpicio Quirino, personaje -consular de gran nombradía[153]. Una serie de procuradores romanos, -sometidos en las grandes cuestiones al legado imperial de Siria, tales -como Coponius, Marcus Ambivius, Annius Rufus, Valerius Gratus y Pontius -Pilatus (año 26 de nuestra era) se suceden allí[154], ocupándose -incesantemente en apagar el volcan de la insurreccion que ardia bajo -sus piés. - -En efecto, durante toda aquella época, agitan á Jerusalen contínuas -sediciones provocadas por los celosos partidarios del mosaismo[155]. -Los sediciosos hallaban una muerte segura; pero cuando se trataba de -la integridad de la Ley, la muerte se buscaba con avidez. Derrocar las -águilas, destruir las obras de arte levantadas por los Heródes, en las -cuales no siempre se habian respetado los reglamentos mosaistas[156], -rebelarse contra los escudos votivos que elevaban los procuradores, -y cuyas inscripciones parecian contaminadas de idolatría[157], eran -tentaciones permanentes para hombres fanáticos que habian llegado á -ese grado de exaltacion en que se desprecia la vida. Júdas, hijo de -Sarifeo, y Matías, hijo de Margaloth, célebres doctores de la Ley -ambos á dos, formaron un partido de audaz agresion contra el órden -existente, partido que se continuó despues de su suplicio[158]. Un -movimiento análogo agitaba á los samaritanos[159]. Diríase que la Ley -no tuvo jamás sectarios tan apasionados como en el momento en que vivia -ya aquel que habia de abrogarla con la grandeza de su alma y con el -poder de su genio. Los «Zelotas» (_Kenaim_) ó «Sicarios», asesinos -piadosos que se imponian por deber matar á cualquiera que delante de -ellos quebrantase la Ley, asomaban al horizonte[160]. Á consecuencia -de la necesidad imperiosa de lo sobrenatural y extraordinario que -experimentaba el siglo, algunos taumaturgos y representantes de -otras ideas eran considerados como personas de especie divina[161] y -alcanzaban crédito entre la credulidad pública. - -Mayor influencia ejerció en el ánimo de Jesús el movimiento provocado -por Júdas el Gaulonita ó el Galileo. Entre todos los vejámenes que Roma -imponia á los países nuevamente conquistados, ninguno era tan impopular -como el censo[162]. Esta medida, que siempre extrañan los pueblos no -acostumbrados á las cargas de las grandes administraciones centrales, -era particularmente odiosa á los ojos de los judíos. Un empadronamiento -habia ya provocado en tiempo de David violentas recriminaciones y las -amenazas de los profetas[163]. En efecto, el censo era la base del -impuesto, y éste, con arreglo á las ideas de la teocracia pura, casi -una impiedad. Siendo Dios el único dueño que el hombre debe reconocer, -pagar el diezmo al soberano terrenal es deificarle hasta cierto -punto. La teocracia judía, completamente extraña á la idea de estado, -no hacia en esto sino deducir su última consecuencia, es decir, la -negacion de toda sociedad civil y de todo gobierno. El dinero de las -arcas públicas se miraba como dinero robado[164]. El empadronamiento -que ordenó Quirino (año 6 de nuestra era) despertó vigorosamente esas -ideas y produjo inmensa fermentacion, haciendo al fin estallar un -movimiento en las provincias del Norte. Un tal Júdas, natural de la -ciudad de Gamala, sobre la orilla oriental del lago de Tiberiade, y un -fariseo llamado Sadok, se atrajeron, negando el impuesto, numerosos -partidarios que bien pronto se declararon en abierta rebelion[165]. -Las máximas fundamentales de aquel partido consistian en que, siendo -Dios el único «dueño», no debia darse á nadie este título, y en que la -libertad es preferible á la vida. Probablemente Júdas profesaba otros -muchos principios, que Josefo, siempre cuidadoso de no comprometer -á sus correligionarios, omite con marcada intencion; porque, á la -verdad, no se comprende que por una idea tan sencilla le concediese el -historiador judío un rango elevado entre los filósofos de su nacion, -y le mirase como el fundador de una cuarta escuela paralela á las de -los Fariseos, Saduceos y Esenios. Júdas fué, á no dudarlo, el jefe de -una secta galilea, preocupada por el mesianismo, que acabó por llegar -á un movimiento político. El procurador Coponius domó la sedicion del -Gaulonita; pero la escuela subsistió y conservó sus jefes, como lo -prueba el encontrarla de nuevo, sumamente activa, tomando parte en las -últimas luchas de los judíos contra los romanos[166], capitaneada por -Manahem, hijo del fundador, y por un tal Eleazar, pariente del primero. -Quizás Jesús conoció á aquel Júdas que de tan diferente modo que él -concibió la revolucion judáica; por lo ménos conoció su escuela, y -probablemente el error del Gaulonita le inspiró el axioma de «dad al -César lo que es del César», etc. Léjos de toda sedicion, el prudente -Jesús se aprovechó de la falta de su predecesor, y soñó con otro reino -y con otro rescate. - -La Galilea era, pues, una vasta hornaza donde se hallaban en ebullicion -los más opuestos elementos[167]. La consecuencia de aquellas -agitaciones fué un extraordinario desprecio de la vida, ó mejor dicho, -una especie de afan por salir al encuentro de la muerte[168]. En los -grandes movimientos de fanatismo, las lecciones de la experiencia -sirven de poco ó nada. En Argelia, durante los primeros años de la -ocupacion francesa, inspirados que se decian invulnerables y enviados -por Dios para arrojar á los infieles, aparecian cada primavera: su -muerte se olvidaba apénas ocurrida, y el pueblo concedia la misma fe á -los nuevos fanáticos que se levantaban al año siguiente. La dominacion -romana, si bien rudísima bajo cierto aspecto, no era todavía muy -quisquillosa, y dejaba ancho campo á la libertad. Aquellas grandes -dominaciones brutales, terribles en la represion, estaban léjos de -ser tan recelosas como las potencias que tienen un dogma que guardar, -y abrian la mano hasta el momento en que creian oportuno emplear -el rigor. En su carrera vagabunda, Jesús no fué ni una sola vez -molestado por la policía. Aquella libertad, y sobre todo la ventaja -que tenía Galilea de hallarse mucho ménos ligada que el resto de la -Judea por los lazos del pedantismo farisáico, daban á aquella comarca -gran superioridad sobre Jerusalen. La revolucion, ó mejor dicho el -mesianismo, agitaba allí todos los corazones:--creíanse en vísperas -de la gran renovacion, y los textos de la Escritura, torturados en -diferentes sentidos, servian de pábulo á las más colosales esperanzas. -En cada línea de los sencillos escritos del Antiguo Testamento -imaginaban hallar la seguridad, y hasta cierto punto, el programa del -reino futuro que debia traer la paz á los justos y poner eterno sello á -la obra de Dios. - -Bajo el punto de vista del órden moral, aquella division en dos partes -opuestas, en interes y en espíritu, habia sido siempre un principio -fecundo para la nacion hebrea. Todo pueblo susceptible de grandes -destinos debe ser un mundo en miniatura, pero completo, encerrando en -su seno polos opuestos. Grecia tenía á algunas leguas de distancia -á Esparta y á Aténas, dos antípodas á los ojos del observador -superficial, pero en realidad hermanas rivales indispensables la una -á la otra. Lo mismo sucedia en Judea. El desarrollo del Norte, ménos -brillante bajo cierto aspecto que el de Jerusalen, fué mucho más -fecundo; las obras más notables del pueblo judío procedieron siempre -de allí. La ausencia completa del sentimiento de la naturaleza, que -conduce á la sequedad, al desabrimiento, á la barbarie, marcó todas -la obras puramente hierosolimitanas con un sello grandioso, pero -árido, triste, repugnante. Jerusalen, con sus doctores solemnes, -sus insípidos canonistas y sus devotos hipócritas y atrabiliarios, -no habria conquistado la humanidad. El Norte dió al mundo la cándida -Sulamita, la humilde Cananea, la apasionada Magdalena, el buen padre -adoptivo José, la Vírgen María. Sólo el Norte formó el cristianismo: -Jerusalen es, por el contrario, la verdadera patria del judaismo -obstinado que fundaron los fariseos, que el Talmud consagró y que, -atravesando la Edad Media, ha llegado hasta nosotros. - -Á formar aquel espíritu ménos austero, ménos ásperamente monoteista, -por decirlo así, contribuia el aspecto de una naturaleza riente y -deliciosa que imprimia á todos los sueños de Galilea un giro idílico -y encantador. En el mundo no hay quizás país más árido y triste que -los alrededores de Jerusalen. Por el contrario, la Galilea era una -comarca fértil, cubierta de verdura, umbrosa, risueña, el verdadero -país del Cántico de los cánticos y de las canciones del muy amado[169]. -Durante los meses de Marzo y Abril, la campiña se cubre de una -alfombra de flores de matices vivísimos y de incomparable hermosura. -Los animales son pequeños, pero sumamente mansos. Tórtolas esbeltas -y vivarachas, mirlos azules, de tan extremada ligereza, que se posan -sobre los tallos herbáceos sin hacerlos inclinar, empenachadas alondras -deslizándose casi entre los piés del viajero, galápagos de ojillos -vivos y cariñosos, y cigüeñas de aire púdico y grave se agitan aquí -y allá, deponiendo toda timidez y aproximándose tan cerca del hombre -que parecen llamarle. En ningun país del mundo ofrecen las montañas -líneas más armónicas ni inspiran tan elevados pensamientos. Jesús -parece haberlas amado particularmente. Los actos más importantes de -su carrera divina tienen lugar sobre las montañas; allí tenía mayor -inspiracion[170]; allí conversaba muda y misteriosamente con los -antiguos profetas, y allí se manifestaba ya transfigurado á los ojos de -sus discípulos[171]. Aquel hermoso país, hoy tan triste y melancólico, -á consecuencia del empobrecimiento que el islamismo ocasiona en la -vida humana, pero que todavía respira en todo aquello que el hombre -no ha podido destruir, deliciosa ternura y apacible encanto, rebosaba -en tiempo de Jesús de bienestar y de alegría. Los galileos pasaban -por enérgicos, valientes y laboriosos[172]. Á excepcion de Tiberiade, -ciudad de estilo romano[173], construida por Antipas en honor de -Tiberio (hácia el año 15), Galilea no tenía grandes poblaciones. Sin -embargo, el país estaba muy poblado; cubríanle pequeñas ciudades y -grandes aldeas, y todas sus comarcas se cultivaban con esmero. La -campiña debia ser deliciosa; abundaban en ella los manantiales y era -rica en toda especie de frutos; las viñas, las higueras, los naranjos, -los granados y los limoneros sombreaban las granjas y formaban con sus -ramas siempre verdes las aromáticas bóvedas de espaciosas huertas[174]. -Si se juzgase por el que los judíos cosechan todavía en Safed, el -vino era excelente y se hacia de él no pequeño consumo[175]. Aquella -vida sin cuidados y fácilmente satisfecha no conducia al grosero -materialismo de nuestros campesinos, á la rústica satisfaccion de un -normando, á la tosca alegría de un flamenco:--espiritualizábase en -ensueños etéreos, en una especie de poético misticismo que confundia -el cielo con la tierra. ¡Dejad que el austero Juan Bautista predique -la penitencia en su desierto de Judea, truene incesantemente, y se -alimente de langostas en compañía de los chacales! ¿Por qué razon -ayunarian los compañeros del esposo miéntras el esposo está con ellos? -¿No formará la alegría parte del reino de Dios? ¿No es ella la hija de -los humildes de corazon, de los hombres de buena voluntad? - -Toda la historia del cristianismo naciente llega á ser de ese modo una -pastoral deliciosa. Un Mesías en una comida de bodas, la cortesana y -el buen Zacheo convidados á sus festines, los fundadores del reino -del cielo como una comitiva de paraninfos: hé ahí á lo que se atrevió -Galilea, lo que legó al mundo haciéndoselo aceptar. La Grecia, por -medio de la escultura y de la poesía, trazó hermosos cuadros de la vida -humana; pero sin fondos fugaces, sin horizontes lejanos. Aquí faltan -el mármol, los obreros excelentes, el idioma exquisito y refinado. -Pero Galilea, con el solo auxilio de la imaginacion popular, creó el -ideal más sublime; porque detrás de su idilio se agita el destino de la -humanidad; porque la luz que ilumina su cuadro es el sol del reino de -Dios. - -Jesús vivia y crecia en aquel medio embriagador. Desde su infancia hizo -casi anualmente el viaje á Jerusalen por la época de las fiestas[176]. -Para los judíos provincianos aquella peregrinacion era una solemnidad -llena de atractivo. Series enteras de salmos estaban consagradas á -cantar las dulzuras de caminar en familia[177] durante algunos de los -primeros dias primaverales, á traves de los valles y de las colinas, -teniendo en perspectiva los esplendores de Jerusalen, los terrores -del sagrado pórtico, y el gozo de vivir juntos por algun tiempo[178]. -El camino que ordinariamente seguia Jesús en aquellos viajes era el -mismo que hoy se sigue por Ginæa y Sichem[179]. Desde este último punto -á Jerusalen la via es agreste en extremo. Pero las inmediaciones de -los antiguos santuarios de Silo y de Bethel, cerca de los cuales se -pasa, sorprenden el ánimo agradablemente. _Ain-el-Haramie_, la última -etapa[180], es un lugar melancólico y encantador: pocas impresiones -igualan á la que se experimenta cuando allí se pernocta. El valle es -estrecho y sombrío;--de entre las rocas, perforadas por los sepulcros, -mana un agua negruzca. Si no me engaño, aquél es el «Valle de las -lágrimas» ó de las aguas rezumantes, cantado como una de las estaciones -del camino en el delicioso salmo LXXXIV; valle que el dulce y triste -misticismo de la Edad Media convirtió en el emblema de la vida. Llégase -al dia siguiente á Jerusalen, y áun hoy dia la esperanza de arribar á -sus muros, sostiene á la caravana, acorta la noche de la víspera y hace -ligero el sueño. - -Aquellos viajes, durante los cuales la nacion reunida se comunicaba sus -ideas, viajes que eran casi siempre focos de grande agitacion, ponian -á Jesús en contacto con el alma de su pueblo, y sin duda le inspiraban -ya viva antipatía por los defectos de los representantes del judaismo. -Preténdese que el desierto fué para él desde muy temprano otra escuela -donde se formó su alma, y que permaneció allí largas temporadas[181]. -Pero el Dios que allí encontraba no era el suyo:--era cuando más el -Dios de Job, severo y terrible, sin piedad ni misericordia. Otras veces -era Satanás el que iba á tentarle. Entónces regresaba á su querida -Galilea y volvia á encontrar á su Padre celestial en medio de las -verdes colinas y de los arroyos trasparentes, en medio de aquellos -grupos de mujeres y niños que esperaban la salud de Israel, con la -alegría en el alma y el cántico de los ángeles en el corazon. - - - - -CAPÍTULO V - - PRIMEROS AFORISMOS DE JESÚS -- SUS IDEAS DE UN DIOS PADRE Y DE UNA - RELIGION PURA -- PRIMEROS DISCÍPULOS - -José murió ántes que su hijo entrase en la vida pública. Desde entónces -María quedó como jefe de la familia, y esta razon explica el por qué -llamaban á Jesús «hijo de María»[182] cuando querian distinguirle de -sus numerosos homónimos. Despues de la muerte de su marido, viniendo á -ser como forastera en Nazareth, se retiró á Caná[183], segun parece, -de cuyo punto era tal vez originaria. Caná[184] era una pequeña ciudad -situada en la falda de las montañas que limitan al norte la llanura -de Asochis[185], y á dos horas ó dos horas y media de Nazareth. La -vista, ménos grandiosa que en este punto, se extiende por toda la -llanura, terminándola al norte, del modo más pintoresco, las montañas -de Nazareth y las colinas de Seforis. Jesús parece haber fijado por -algun tiempo su residencia en aquel sitio, y probablemente allí pasó -una parte de su juventud y tuvieron lugar sus primeros destellos[186]. - -Jesús ejercia, como su padre, el oficio de carpintero[187], -circunstancia que nada tenía de extraordinario ni de humillante, en -razon á que, segun la costumbre judáica, todos los hombres consagrados -á los trabajos intelectuales ejercian una ocupacion material. Los más -célebres doctores tenian un oficio[188]; el mismo San Pablo, cuya -educacion habia sido tan esmerada, era fabricante de tiendas[189]. -Jesús no se casó: todo su amor se reconcentró en lo que él consideraba -como su vocacion celestial. El sentimiento de extremada delicadeza -que en él se nota respecto á las mujeres[190] se confundió siempre -con la decision exclusiva que á su idea consagraba. De igual modo que -Francisco de Asís y Francisco de Sáles, trató como á hermanas á las -mujeres que se prendaban de su misma obra. Como aquéllos tuvo tambien -sus santas Claras y sus Franciscas de Chantal; sólo que las de Jesús -probablemente amaban más al maestro que la doctrina que enseñaba; -de todos modos, es indudable que amó mucho ménos que fué amado. La -ternura de corazon se trasformaba en él, como en todas las naturalezas -elevadas, en infinita dulzura, en vaga poesía, en atractivo universal. -Sus relaciones íntimas y libres, pero de un órden completamente moral, -con mujeres de conducta equívoca, se explican de igual manera por la -pasion que consagraba á la gloria de su Padre; pasion que le inspiraba -una especie de celos por todas las bellas criaturas que podian servirle -para aumentarla[191]. - -¿Cuál fué la marcha del pensamiento de Jesús durante aquel oscuro -período de su vida? Nada se sabe, por haber llegado su historia hasta -nosotros en forma de relatos dispersos y sin cronología exacta. Pero -siendo el desarrollo de los productos humanos el mismo en todas partes, -de suponer es que el crecimiento de una personalidad como la de Jesús -obedeciese á leyes rigurosas. Una elevada nocion de la divinidad, -nocion que no debió al judaismo, sino más bien á las inspiraciones -y á la grandeza de su alma, fué en cierto modo el principio de su -fuerza. Menester es, tratándose de este punto, renunciar á las ideas -que nos son familiares y á esas discusiones en que se extravian los -espíritus mezquinos. Para comprender bien la piedad de Jesús, es -indispensable hacer abstraccion de cuanto ha venido á colocarse entre -el Evangelio y nosotros. Deismo y panteismo han llegado á ser los dos -polos de la teología. Las raquíticas discusiones de la escolástica, -la aridez de espíritu de Descártes, y la profunda irreligion del -siglo décimo octavo han ahogado en el seno del moderno racionalismo -todo sentimiento fecundo de la divinidad, al empequeñecer á Dios y al -limitarle hasta cierto punto con la exclusion de todo cuanto no es -Dios mismo. En efecto, si Dios es un sér determinado que existe fuera -de nosotros, la persona que cree tener relaciones particulares con -Dios es un «visionario»; y como las ciencias físicas y fisiológicas -nos enseñan que toda vision sobrenatural es una ilusion, el deista -un poco consecuente se halla en la imposibilidad de comprender las -grandes creencias del pasado. El panteismo, suprimiendo por su parte la -personalidad divina, se aleja cuanto es posible del Dios vivo de las -antiguas religiones. ¿En qué momentos de su agitada vida fueron deistas -ó panteistas los hombres que más elevadamente comprendieron á Dios, -tales como Sakia-Muni, Platon, San Pablo, San Francisco de Asís y San -Agustin? Semejante cuestion no tiene sentido. Las pruebas físicas y -metafísicas de la existencia de Dios hubieran sido para ellos del todo -indiferentes, sintiendo como sentian al ser divino en sí mismos.--Pues -bien, Jesús debe colocarse en el primer rango de esa gran familia de -verdaderos hijos de Dios. Jesús no tiene visiones, Dios no le habla -como si estuviese fuera de él; Dios está en él, siéntele dentro de sí, -y cuanto dice de su Padre brota de su corazon. Vive en el seno de Dios -y se halla con él en comunicacion constante; no le ve, pero le oye, sin -que para ello necesite de truenos ni de zarza ardiente, como Moisés, -ni de tempestad reveladora, como Job, ni de oráculo, como los antiguos -sabios griegos, ni de genio familiar, como Sócrates, ni de ángel -Gabriel, como Mahoma. La imaginacion y alucinacion de una Santa Teresa, -por ejemplo, no tienen nada que hacer aquí, ni tampoco la embriaguez -del sofí que se proclama idéntico á Dios. Jesús no enuncia ni por un -solo instante la idea sacrílega de que él sea Dios.--Créese en relacion -directa con Dios, hijo de Dios. El más elevado sentimiento de Dios que -haya existido en el seno de la humanidad fué sin duda el de Jesús. - -Por otra parte, se comprende que, partiendo de semejante disposicion de -ánimo, no fuese Jesús un filósofo especulativo como Sakia-Muni. Nada -hay tan léjos de la teología escolástica como el Evangelio[192]. Las -especulaciones de los Padres griegos proceden de otro espíritu. Dios -concebido inmediatamente como Padre; á esto se reduce toda la teología -de Jesús. Y esto no era en él un principio teórico, una doctrina más -ó ménos probada que pretendia inculcar á los demás; léjos de eso, -Jesús no hacia ningun razonamiento á sus discípulos[193], no exigia -de ellos ningun esfuerzo de atencion; no predicaba sus opiniones, -sino su sentimiento. Las almas grandes y desinteresadas presentan -frecuentemente, sin perjuicio de su mucha elevacion, ese carácter de -perpétua atencion de sí mismas y esa extremada susceptibilidad personal -que de ordinario son patrimonio de las mujeres[194]. Su persuasion -de que Dios está en ellas, de que las atiende constantemente, es tan -poderosa, que no vacilan en imponérsela á los demás: tales almas no -conocen nuestra reserva ni nuestro respeto por la opinion ajena, lazos -que en parte contribuyen á nuestra impotencia. Y sin embargo, esa -personalidad exaltada no es el egoismo, porque semejantes hombres, una -vez poseidos de su idea, no vacilan en sacrificarle su misma vida ni en -sellar su obra con su sangre; es la identificacion del yo con el objeto -que él abraza; identificacion llevada al último límite. Es el orgullo -para los que no ven en la aparicion nueva sino la idea personal del -fundador; es el dedo de Dios para los que observan sus resultados. En -este terreno, muchas veces se confunde el loco con el hombre inspirado; -pero el loco no deja en pos de sí nada estable. El extravío de la razon -no ha tenido hasta hoy ninguna influencia en la marcha del género -humano. - -De suponer es que Jesús no llegase desde un principio á esa elevada -afirmacion de sí propio; mas tambien es probable que desde sus primeros -pasos se considerase respecto á Dios en la relacion de un hijo respecto -á su padre. En esto consiste su grande acto de originalidad, y en esto -es en lo que nada se parece á los individuos de su raza[195]. Ni el -judío ni el musulman comprendieron jamás esa deliciosa teología de -amor. El Dios de Jesús no es ese dueño fatal que mata, condena ó salva, -segun mejor le acomoda; no, el Dios de Jesús es nuestro Padre, y cada -uno le siente al escuchar una voz misteriosa que grita en nosotros esta -dulcísima palabra: «Padre»[196]. El Dios de Jesús no es el déspota -parcial que eligió á Israel por su pueblo, protegiéndole contra todos -los otros; es el Dios de la humanidad. Jesús no será un patriota, como -los Macabeos, ni un teócrata, como Júdas el Gaulonita; pero, elevándose -audazmente sobre las preocupaciones de su nacion, fundará la universal -paternidad de Dios. El Gaulonita sostenia que se debe morir ántes que -dar á otro que no sea Dios el título de «amo»; Jesús prescinde de -ese título y reserva para Dios otro mucho más dulce. Concediendo á -los poderosos de la tierra, que son á sus ojos los representantes de -la fuerza, un respeto lleno de ironía, funda el supremo consuelo, el -recurso al Padre celestial, el verdadero reino de Dios que cada uno -lleva en su corazon. - -Ese nombre de «reino de Dios» ó de «reino del cielo»[197] fué el -término favorito de que se valia Jesús para expresar la revolucion -que su doctrina iba á operar en el mundo[198], y como casi todos los -términos mesiánicos, procedia del Libro de Daniel. Segun el autor de -este libro extraordinario, un quinto imperio, que sería el de los -Santos y duraria eternamente[199], sucederia á los cuatro imperios -profanos destinados á derrumbarse. Como es de suponer, ese reino de -Dios sobre la tierra se prestaba á infinitas interpretaciones. Para -la teología judáica, el «reino de Dios» no es sino el mismo judaismo, -la verdadera religion, el culto monoteista, la piedad[200]. Jesús -creyó en los últimos años de su vida que aquel reino iba á realizarse -materialmente por una brusca renovacion del mundo; pero sin duda no fué -ése su primer pensamiento[201]. La admirable moral que deduce de la -nocion de Dios Padre no es por cierto la de los ilusos que, creyendo -próximo el fin del mundo, se preparan por el ascetismo á una catástrofe -quimérica; es la de un mundo que vive y vivirá mucho tiempo. «El reino -de Dios está en vosotros»,--decia á los que buscaban con sutileza -signos exteriores[202].--La concepcion realista del acontecimiento -divino fué una sombra, un error pasajero, que la muerte hizo olvidar. -El Jesús que fundó el verdadero reino de Dios, el reino de los mansos -y de los humildes, ése fué el Jesús de los primeros dias[203], dias -castos y serenos en que la voz de su Padre celestial resonaba en su -corazon con timbre más puro. Hubo entónces algunos meses, tal vez un -año, durante los cuales habitó Dios verdaderamente sobre la tierra. La -voz del jóven carpintero adquirió de pronto extraordinaria dulzura, -un atractivo infinito se exhalaba de su persona, y los que ántes -le habian visto ya no le reconocian[204]. En aquella época aún no -tenía discípulos; el grupo que le rodeaba no era ni una secta ni una -escuela; pero animábale ya un espíritu comun y un no sé qué de dulce y -penetrante. El carácter amable de Jesús, y sin duda una de esas caras -maravillosas[205] que frecuentemente se ven en la raza judía, formaban -al rededor de él como un círculo de fascinacion, al cual no podian -sustraerse aquellas poblaciones benévolas y sencillas. - -Si las ideas del jóven maestro no hubiesen traspasado mucho ese nivel -de mediana bondad, más arriba del cual no ha podido elevarse hasta -hoy la especie humana, el paraíso habria sido en efecto trasportado -á la tierra. La fraternidad de los hombres, hijos de Dios, y las -consecuencias morales que de ella resultan, se deducian con exquisito -sentimiento. Jesús, como todos los rabinos de su época, era poco -aficionado á los razonamientos encadenados y encerraba su doctrina -en aforismos concisos y de una forma expresiva, á veces rara y -enigmática[206]. Algunas de aquellas máximas procedian de los libros -del Antiguo Testamento; otras eran pensamientos de sabios más modernos, -particularmente de Antígono de Soco, de Jesús, hijo de Sirach, y de -Hillel; máximas que habian llegado hasta él, no á consecuencia de -sabios estudios, sino como proverbios que circulaban entre el pueblo. -La sinagoga era rica en máximas de muy feliz expresion, las cuales -formaban una especie de literatura proverbial bastante conocida[207]. -Jesús adoptó casi toda aquella enseñanza oral, pero animándola de un -espíritu superior[208]. Encarecia de ordinario los deberes trazados por -la Ley y por los antiguos, pero aspirando á perfeccionarlos. Todas las -virtudes de humildad, de perdon, de caridad, de abnegacion, de rigidez -para consigo mismo, virtudes que se han llamado con razon cristianas, -si por ello se entiende que fueron predicadas por Cristo, se hallaban -en gérmen en aquella enseñanza. Respecto á la justicia, Jesús se -contentaba con repetir la máxima ya conocida: «Haced vosotros con los -demás hombres todo lo que deseais que hagan ellos con vosotros»[209]. -Pero esta máxima, todavía bastante egoista, no le bastaba. Pronto debia -llegar hasta el exceso: - - «Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele tambien la - otra. Y al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica, - alárgale tambien la capa[210]. - - »Si tu ojo derecho es para tí una ocasion de pecar, sácale y - arrójale fuera de tí[211]. - - »Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen, y - orad por los que os persiguen y calumnian[212]. - - »No juzgueis á los demás, si quereis no ser juzgados[213]. - Perdonad, y seréis perdonados[214]. Sed pues misericordiosos, así - como tambien vuestro Padre es misericordioso[215]. Mucho mayor - dicha es el dar que el recibir[216]. - - »Quien se ensalzáre será humillado, y quien se humilláre será - ensalzado»[217]. - -Respecto á la limosna, á la piedad, á las buenas obras, al amor de la -paz y al completo desinteres del corazon, habia poco que añadir á la -doctrina de la sinagoga[218]. Pero su acento, lleno de uncion, hacia -nuevos, por decirlo así, los aforismos conocidos de muy antiguo. La -moral no se compone de principios más ó ménos bien expresados. La -poesía del precepto es lo que hace amarle, y entra por más que el -precepto mismo considerado como verdad abstracta. Es innegable que -aquellas máximas que Jesús tomaba de sus predecesores producen en el -Evangelio distinto efecto que en la antigua Ley, en el _Pirké Aboth_ ó -en el Talmud. Ni el Talmud ni la antigua Ley han conquistado el mundo -ni cambiado su faz. La moral evangélica, poco original por sí misma, si -por ello se entiende que podria recomponerse toda entera con máximas -mucho más antiguas, no deja de ser por eso la más elevada creacion que -haya salido de la conciencia humana, el más hermoso código de la vida -perfecta que haya trazado ningun moralista. - -Jesús no hablaba contra la Ley mosáica, pero claramente se conoce -que la encontraba insuficiente, y á cada paso dejaba traslucir su -pensamiento. Repetia sin cesar que era preciso hacer más de lo que -habian dicho los antiguos sabios[219]; prohibia la menor palabra áspera -ó desabrida[220], así como el divorcio[221] y el juramento[222]; -condenaba la pena del talion[223]; vituperaba la usura[224]; -conceptuaba el deseo voluptuoso tan criminal como el adulterio[225], -y recomendaba, en fin, el perdon universal de las injurias[226]. El -motivo en que apoyaba estas máximas de elevada caridad, era siempre el -mismo: - - «Para que seais hijos de vuestro Padre celestial, el cual hace nacer - su sol sobre buenos y malos. Que si no amais sino á los que os aman, - ¿qué premio habeis de tener? ¿no lo hacen así áun los publicanos? - Y si no saludais á otros que á vuestros hermanos, ¿qué tiene eso - de particular? ¿por ventura no hacen esto tambien los paganos? - Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre celestial es - perfecto»[227]. - -Un culto puro, una religion sin sacerdotes y sin prácticas exteriores, -basándose toda ella en los sentimientos del corazon, en la imitacion -de Dios[228] y en la comunicacion inmediata de la conciencia con el -Padre celestial: tales eran las consecuencias de estos principios. -Jesús no retrocedió nunca ante esas atrevidas deducciones que hacian -de él un revolucionario de primer órden en el seno del judaismo. ¿Á -qué fin establecer intermediarios entre el hombre y su Padre? ¿Á -qué fin aquellas purificaciones, aquellas prácticas externas y del -todo corporales[229]; siendo así que Dios no ve sino el corazon? La -tradicion misma, tan respetable y santa para los judíos, es poca cosa -comparada con el sentimiento puro[230]. La hipocresía de los fariseos, -que al orar volvian la cabeza para ver si álguien los observaba, que -daban sus limosnas ostensiblemente y que ponian en sus vestidos señales -para que por ellas los reconociesen como personas piadosas, toda esa -mojigatería de la falsa devocion indignaban á Jesús. «En verdad os -digo que ya recibieron su recompensa,--decia;--mas tú, cuando des -limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que hace tu derecha, -para que tu limosna quede oculta, y tu Padre, que ve lo oculto, te -recompensará[231]. - -»Asimismo cuando orais no habeis de ser como los hipócritas que de -propósito se ponen á orar de pié en las sinagogas y en las esquinas de -las calles, para ser vistos de los hombres: en verdad os digo que ya -recibieron su recompensa. Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, -entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora en secreto á tu Padre, -y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. En la oracion no afecteis -hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser -oidos á fuerza de palabras; que bien sabe vuestro Padre lo que habeis -menester, ántes de pedírselo»[232]. - -Jesús no afectaba ningun signo exterior de ascetismo, contentándose -con orar, ó mejor dicho, con meditar en las montañas, ó en los lugares -solitarios, en esos sitios adonde siempre ha ido el hombre á buscar á -Dios[233]. Esa elevada nocion de la comunicacion entre el hombre y el -Sér divino, de la cual muy pocas almas han sido capaces, áun despues -de él, se resumia en la oracion que desde entónces enseñaba á sus -discípulos[234]: «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado -sea el tu nombre; venga el tu reino. Hágase tu voluntad como en el -cielo así tambien en la tierra. El pan nuestro de cada dia dánosle -hoy. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos á -nuestros deudores. Libranos del mal.» Insistia particularmente sobre el -pensamiento de que el Padre celestial sabe mejor que nosotros lo que -nos conviene, y de que es casi hacerle una ofensa el pedirle tal ó cual -cosa determinada[235]. - -En esto no hacia Jesús sino deducir las consecuencias de los grandes -principios que el judaismo habia poseido y que las clases oficiales de -la nacion tendian á desconocer más y más. Las plegarias de los griegos -y de los romanos fueron casi siempre una palabrería llena de egoismo. -Un alma pagana jamás habria dicho al creyente: - -«Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas que -tu hermano tiene alguna queja contra tí; deja allí mismo tu ofrenda -delante del altar y vé primero á reconciliarte con tu hermano, y -despues volverás á presentar tu ofrenda»[236]. - -En la antigüedad, únicamente los profetas judíos, y en particular -Isaías, por su antipatía contra el sacerdocio, entrevieron la verdadera -naturaleza del culto que el hombre debe á Dios. - -«¿De qué me sirve á mí la muchedumbre de vuestras víctimas? Ya me -tienen fastidiado. Yo no gusto de los holocaustos de carneros, ni de -la gordura de los pingües ni de la sangre de los becerros; abomino -el incienso, porque vuestras manos tienen sangre. Lavaos, pues, -purificaos, aprended á hacer bien, buscad lo que es justo, y entónces -venid»[237]. - -En los últimos tiempos, algunos doctores, tales como Simeon el -Justo[238], Jesús, hijo de Sirak[239], é Hillel[240], llegaron casi -á la misma doctrina, declarando que la Ley debia compendiarse. En -el mundo judeo-egipcio, Filon sustentaba al mismo tiempo que Jesús -doctrinas de elevada moral, cuya consecuencia era el abandono de las -prácticas legales[241]. Schemaia y Abtalion se mostraron asimismo en -más de una ocasion libérrimos casuistas[242]. Rabbi Iohanan iba pronto -á elevar las obras de misericordia sobre el estudio de la Ley[243]. -Pero sólo Jesús pronunció esas humanitarias máximas de una manera -eficaz. Ninguno ha sido tan poco aficionado como Jesús al sacerdocio -ni más enemigo de las formas que ahogan la religion so pretexto de -protegerla. Bajo el punto de vista de la sencillez de su doctrina, -todos somos sus discípulos y continuadores; con ella puso la piedra -fundamental de la religion verdadera, y, si la religion es la cosa -más esencial de la humanidad, por ella mereció el rango divino que se -le ha concedido. La idea de un culto fundado en la pureza del corazon -y en la fraternidad humana, idea que Jesús trajo al mundo, era tan -absolutamente nueva y de tal modo elevada, que la iglesia cristiana -debia sobre este punto desconocer por completo sus intenciones: áun en -nuestros dias, sólo algunas almas son capaces de adherirse á ella. - -Un sentimiento exquisito de la naturaleza proporcionaba á Jesús á cada -instante imágenes expresivas. Sus aforismos revelaban á veces notable -finura y hasta eso que nosotros llamamos ingenio; otras, su forma viva -se prestaba al oportuno empleo de proverbios populares. «¿Cómo dices á -tu hermano: deja que te quite esa pajita del ojo, siendo así que tienes -una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! quita primero la viga de tu ojo, y -entónces podrás sacar la mota del de tu hermano»[244]. - -Estas lecciones, contenidas largo tiempo en el corazon del jóven -maestro, atraian ya á algunos iniciados. El espíritu del tiempo tendia -marcadamente á la formacion de pequeñas iglesias: aquélla fué la época -de los Esenios ó Terapeutas. Por todas partes aparecian rabinos, -cada cual con diferente enseñanza, como Schemaia, Abtalion, Hillel, -Schammai, Júdas el Gaulonita, Gamaliel y otros muchos cuyas máximas -formaron el Talmud. Pero entónces se escribia poco; los doctores -judíos de aquel tiempo no componian libros; todo se reducia á pláticas -ó lecciones públicas, á las cuales se daba un giro sencillo á fin -de que pudieran retenerse fácilmente en la memoria[245]. El dia en -que el jóven carpintero de Nazareth principió á predicar aquellas -máximas--conocidas ya en su mayor parte, pero que sin embargo debian -regenerar el mundo--nadie lo tuvo por un acontecimiento. Fué un rabino -de más dedicado á la enseñanza (pero ciertamente el más embelesador de -todos), al rededor del cual se agrupaban algunos jóvenes deseosos de -oirle y amantes de la novedad. La atencion de los hombres necesita para -ser cautivada el auxilio del tiempo. Allí no habia todavía cristianos; -sin embargo, el cristianismo estaba ya fundado y nunca fué tan perfecto -como en aquel primer instante. Jesús no le añadirá ya nada que sea -permanente. Al contrario, le comprometerá hasta cierto punto, porque -toda idea llamada á tener éxito necesita de sacrificios; porque jamás -se sale inmaculado de la lucha de la vida. - -En efecto, no basta concebir el bien, es preciso popularizarlo, -hacérselo admitir á los hombres, y para ello hay que poner la planta en -vias ménos puras. Seguramente que el Evangelio sería más perfecto si -se limitara á algunos capítulos de Matheo y de Lúcas, y se prestaria -ménos á tantas objeciones; pero ¿habria, sin los milagros, conquistado -el mundo? Si Jesús hubiera muerto en aquel momento de su carrera, no -habria en la historia de su vida ciertas páginas que nos disgustan; -pero, aunque más grande á los ojos de Dios, habria permanecido ignorado -de los hombres:--su nombre se habria perdido entre la multitud de -grandes almas desconocidas, que son casi siempre las mejores de -todas; la verdad no habria sido promulgada, y el mundo no se habria -aprovechado de la inmensa superioridad moral que su Padre le habia -concedido. Jesús, hijo de Sirak, é Hillel, emitieron aforismos casi -tan elevados como los de Jesús. Y sin embargo, Hillel no pasará jamás -por ser el verdadero fundador del cristianismo. En la moral, así como -en el arte, el hablar no conduce á nada; el obrar conduce á todo. La -idea que se oculta bajo un cuadro de Rafael significa muy poco; el -valor está en el cuadro. Lo mismo sucede en la moral; la verdad no -tiene realce hasta que no pasa al estado de sentimiento y no adquiere -todo su brillo sino cuando se realiza en el mundo como hecho. Hombres -de mediana moralidad han escrito hermosas máximas; de igual manera -ha habido hombres muy virtuosos que no han hecho nada por continuar -en el mundo la tradicion de la virtud. El lauro pertenece, pues, al -que ha sido poderoso en palabras y obras, al que, sintiendo el bien, -le hizo triunfar sellándole con su sangre. Jesús no tiene rival bajo -este doble punto de vista; su gloria permanece entera y será renovada -constantemente. - - - - -CAPÍTULO VI - -JUAN BAUTISTA -- VIAJE DE JESÚS HÁCIA JUAN Y SU PERMANENCIA EN EL -DESIERTO DE JUDEA -- ADOPTA EL BAUTISMO DE JUAN - - -Por aquel tiempo apareció y se halló en relacion con Jesús un hombre -extraordinario, cuya vida, á causa de la escasez de documentos, es para -nosotros enigmática hasta cierto punto. Aquellas relaciones tendieron -en un principio á separar al jóven profeta de Nazareth del camino que -habia adoptado; pero tambien le sugirieron la idea de varios accesorios -importantes de su institucion religiosa, y proporcionaron á sus -discípulos gran autoridad para recomendar á su maestro á los ojos de -cierta clase de judíos. - -Hácia el año 28 de nuestra era (décimoquinto del reinado de Tiberio) -se extendió por toda Palestina la reputacion de un tal Iohanan ó Juan, -jóven asceta impetuoso y apasionado. Juan era de raza sacerdotal[246], -y á lo que parece habia nacido en Jutta, cerca de Hebron, ó acaso en -Hebron mismo[247]. Situada en las inmediaciones del desierto de Judea -y á algunas horas del gran desierto de Arabia, Hebron era entónces la -ciudad patriarcal por excelencia, y como hoy, uno de los baluartes -del espíritu semítico en su más austera forma. Juan fué _nazir_ desde -su infancia, esto es, que habia hecho voto de someterse á ciertas -abstinencias[248]. Desde muy temprano, el desierto, de que en cierto -modo se hallaba rodeado, ejerció sobre él poderosa atraccion[249]. -Vestido de pieles ó de telas groseras tejidas con pelos de camello, -hacia allí la vida de un _yogui_ de la India, alimentándose de -langostas y de miel silvestre[250]. Cierto número de discípulos, -agrupados en torno suyo, participaban de su género de vida y meditaban -sus máximas severas. Si algunos rasgos particulares no hubiesen -denunciado en aquel solitario al último descendiente de los grandes -profetas de Israel, se habria uno creido trasportado á las orillas del -Gánges. - -Desde que la nacion judáica se puso á reflexionar con desesperado -empeño sobre su futuro destino, la imaginacion del pueblo se complacia -en evocar las figuras de los antiguos profetas. De todos los personajes -del pasado, cuyo recuerdo venía, como las visiones de una noche -agitada, á despertar y conmover al pueblo, el más grande era el profeta -Elías. Aquel gigante de los profetas, que vivió entre las asperezas del -monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad de las bestias -feroces y habitando en las concavidades de las rocas, de donde salia -como el rayo para hundir y levantar reyes, se habia convertido por una -serie de trasformaciones sucesivas en una especie de sér sobrehumano, -unas veces visible, otras invisible, á quien la muerte respetaba. -Creíase generalmente que Elías iba á venir de nuevo á fin de restaurar -á Israel[251]. La vida austera que habia hecho en el desierto, los -recuerdos terribles que habia dejado, recuerdos, bajo cuya impresion -vive todavía el Oriente[252]; aquella sombría imágen que áun en -nuestros tiempos atemoriza; toda esa mitología, llena de venganza y -de terrores, influia vivamente en los ánimos y marcaba con su sello -todas las concepciones populares. Cualquiera que aspiraba á ejercer -grande influencia sobre el pueblo debia imitar á Elías; y como la vida -solitaria habia sido el rasgo característico de aquel profeta, habíase -adquirido la costumbre de no considerar al «hombre de Dios» sino como -un eremita. Creíase que todos los santos personajes habian tenido sus -dias de penitencia, de vida agreste, de ásperas austeridades[253]. -La permanencia en el desierto llegó á ser de este modo la condicion -indispensable y el preludio de altos destinos. - -Es indudable que esta idea de imitacion influyó muchísimo en -Juan[254]. La vida anacorética, tan opuesta al antiguo espíritu -judáico y con la cual nada tenian que ver los votos semejantes á los -de los _nazires_ y _rechabitas_, alcanzaba gran boga en Judea. Los -Esenios ó Terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan, -sobre las márgenes orientales del mar Muerto[255]. Imaginábase todo -el mundo que los jefes de secta debian ser eremitas ó solitarios y -tener sus reglas é institutos propios como los fundadores de órdenes -religiosas. Los maestros de la juventud eran tambien en ocasiones -una especie de anacoretas[256] bastante parecidos á los _gurus_ del -brahmanismo. ¿Se dejaba quizás sentir en esto la influencia más -ó ménos remota de los _munis_ de la India? ¿Habian llegado hasta -Judea, como llegaron indudablemente á Siria ó Babilonia, algunos de -aquellos vagabundos frailes budistas que recorrian la tierra en todas -direcciones predicando con su exterior edificante y convirtiendo á -personas que ni siquiera sabian su lengua, así como la recorrieron -despues los primeros franciscanos? Se ignora por completo. Desde -hacia algun tiempo, Babilonia habia llegado á ser un verdadero foco -de budismo; Budasp (Bodhisattva) tenía reputacion de ser un sabio -caldeo y se le consideraba como el fundador del _sabismo_. Y ¿qué era -el _sabismo_ en sí? Lo que indica su etimología[257]; el _baptismo_, -es decir, la religion de los bautismos multiplicados, el orígen de la -secta que todavía existe con el nombre de «cristianos de San Juan» -ó mendaistas, y á los cuales llaman los árabes _el-mogtasila_, esto -es, «los baptistas»[258]. No es empresa fácil desembrollar estas -vagas analogías. Las sectas que en los primeros siglos de nuestra -era[259] flotaban, allende el Jordan, entre el judaismo, el sabismo y -el cristianismo, ofrecen á la crítica, á causa de la confusion de las -noticias, el más singular é inextricable problema. De todos modos, -puede admitirse que várias de las prácticas exteriores de Juan, de -los Esenios[260], y de los preceptores espirituales judíos de aquella -época, procedian de una influencia reciente del alto Oriente. La -práctica fundamental que caracterizaba la secta de Juan, y que sin -duda motivó su nombre, tuvo siempre su centro en la baja Caldea, -constituyendo una religion que se ha perpetuado hasta nuestros dias. - -Aquella práctica era el bautismo ó la inmersion total. Las abluciones -estaban ya en uso entre los judíos como en todas las religiones de -Oriente[261]. Los Esenios le habian dado una extension particular. -El bautismo habia llegado á ser una ceremonia ordinaria al ingresar -los prosélitos en el seno de la religion judía; una especie de -iniciacion[262]. Sin embargo, ántes de nuestro Bautista no se habia -dado á la inmersion aquella importancia ni aquella forma. Juan habia -fijado el centro de su actividad en la parte del desierto de Judea -próxima al mar Muerto[263]. En las épocas en que administraba el -bautismo, se trasladaba á las márgenes del Jordan[264], cerca de -Bethania ó Bethabara[265], sobre la orilla oriental (probablemente -frente á Jericó), ó bien al sitio llamado Ænon ó «las Fuentes»[266], -no léjos de Salim, donde el agua era mucho más abundante[267]. -Considerable muchedumbre, en particular de la tribu de Judá, corria -hácia aquel paraje para recibir el bautismo[268] de manos del -anacoreta. Y tanto creció su fama, que en pocos meses llegó á ser uno -de los hombres más influyentes de la Judea. - -El pueblo le consideraba como un profeta[269], y várias personas -se imaginaban que era Elías resucitado[270]. La creencia en tales -resurrecciones era muy general[271]: creíase que Dios haria salir de -sus sepulcros á varios de los antiguos profetas para que sirvieran -de guía al pueblo de Israel y le condujeran hácia su destino. Otros -tomaban á Juan por el Mesías mismo, sin embargo de que él no manifestó -nunca semejante pretension[272]. Los sacerdotes y los escribas, -opuestos á aquel renacimiento de profetismo, y siempre enemigos de las -almas entusiastas, despreciaban al rígido eremita. Pero la popularidad -del Bautista les imponia respeto y no se atrevian á hablar en contra de -él[273], lo cual era una victoria que el sentimiento de la muchedumbre -alcanzaba sobre la aristocracia sacerdotal. Cuando se obligaba á los -jefes de los sacerdotes á que se explicáran claramente sobre este -punto, no sabian cómo hacerlo[274]. - -Pero el bautismo no era para Juan sino un signo destinado á causar -impresion y á preparar los ánimos á algun gran movimiento. Es indudable -que abrigaba en alto grado las esperanzas mesiánicas y que su accion -principal se dirigia en este sentido. «Haced penitencia, exclamaba, -porque se aproxima el reino de Dios»[275]. Anunciaba tambien una -«cólera suprema», esto es, terribles catástrofes que habrian de -realizarse[276], y declaraba que el hacha amenazaba ya la raíz del -árbol, el cual no tardaria en ser arrojado al fuego. Juan representaba -á su Mesías con una criba en la mano recogiendo el buen grano y -arrojando la paja á las llamas. Para el Bautista, la penitencia, -cuya forma consistia en el bautismo, la limosna y la enmienda de -las costumbres[277], eran los grandes medios de prepararse á los -acontecimientos que se hallaban próximos. No se sabe exactamente de -qué manera comprendia él esos acontecimientos; pero está fuera de duda -que predicaba con grande energía contra los mismos adversarios de -Jesús, tales como los fariseos, los sacerdotes ricos, los doctores, -en una palabra, contra el judaismo oficial; y que, así como á -Jesús, le acogian favorablemente las clases menospreciadas[278]. El -anacoreta de Judea daba poquísima importancia al título de hijo de -Abraham, y decia que Dios podia convertir en hijos de Abraham los -guijarros del camino[279]. La grande idea de una religion pura, idea -que fué el triunfo de Jesús, no parece haberla poseido ni áun en -gérmen; pero sustituyendo el rito privado á las ceremonias legales -rodeadas de sacerdotes, sirvió de poderoso auxiliar á aquella idea, -así como los Flagelantes de la edad media, arrebatando el monopolio -de los sacramentos y de la absolucion al clero oficial, sirvieron de -precursores á la Reforma. El tono general de los sermones del Bautista -era severo y áspero. Las expresiones que usaba contra sus adversarios -tenian, á lo que parece, el sello de extremada violencia[280]. Sus -discursos eran una ruda y contínua invectiva. Probablemente no -permaneció ajeno á la política; Josefo, que sin duda tuvo de él ámplias -noticias por medio de su maestro Banú, lo deja traslucir á medias -palabras[281], y así lo hace tambien suponer la catástrofe que puso fin -á sus dias. Sus discípulos hacian una vida muy austera[282], ayunaban -frecuentemente y afectaban un aire triste y receloso. Vése por momentos -asomar en aquel grupo la idea de la comunidad de bienes y la de que el -rico debe repartir lo que posee[283]. El pobre aparece ya figurando en -primera línea entre los que el reino de Dios debe colmar de beneficios. - -Aunque la Judea era el centro de accion de Juan, la fama de su nombre -llegó pronto á oidos de Jesús, el cual habia ya formado en torno suyo -un pequeño círculo de oyentes, atraidos por sus primeros discursos. -Jesús, no gozando todavía de mucha autoridad, y aguijado, sin duda, -por el deseo de ver á un maestro cuya enseñanza tenía tantos puntos -de contacto con sus propias ideas, salió de Galilea con su reducida -escuela y se dirigió hácia Juan[284]. Los recien llegados se hicieron -bautizar, como todo el mundo. Juan acogió bastante bien á aquel -enjambre de discípulos galileos y no le pesó que formasen en distintas -filas que los suyos. Los dos maestros eran jóvenes, y entre ellos -habia muchas ideas comunes; así es que no tardaron en amarse, dándose -públicamente repetidas muestras de deferencia y aprecio recíprocos. -Semejante hecho sorprende á primera vista, y casi está uno por negarle, -si se tiene en cuenta el carácter de Juan. La humildad no fué nunca -en el pueblo judío el rasgo característico de las almas fuertes, y -parece más probable que aquella voluntad de bronce, aquella especie de -Lamennais siempre irritado, fuese en extremo colérico, y no sufriese -ni rivalidad ni semi-adhesion. Pero esta manera de concebir las cosas -estriba en la falsa idea que se tiene respecto á Juan. Ordinariamente -nos le representamos como un anciano, cuando, por el contrario, era -de la misma edad de Jesús[285] y muy jóven, segun las ideas de la -época. En el órden espiritual, no fué el padre de Jesús, sino más bien -su hermano. Esto supuesto, ¿qué tiene de particular que siendo los -dos jóvenes entusiastas, y abrigando las mismas esperanzas, hicieran -causa comun y se apoyaran recíprocamente? Un maestro encanecido en -la enseñanza de su doctrina se habria indudablemente indignado al -ver que un jóven sin celebridad se llegaba á él con pretensiones de -independencia: no hay ejemplo de que un jefe de escuela acoja con -oficiosidad y cariño al que ha de sucederle. Pero la juventud es capaz -de todas las abnegaciones, y se comprende que Juan, reconociendo -en Jesús un espíritu semejante al suyo, le acogiera sin ninguna -prevencion. Aquellas buenas relaciones sirvieron despues á los -evangelistas de punto de partida para desarrollar todo un sistema -que consistió en dar por primera base á la mision divina de Jesús el -testimonio de Juan. Tal era el grado de autoridad que supo conquistar -el Bautista, que ninguna garantía pareció tan eficaz y á propósito -como la suya. Pero el anacoreta de Judea estuvo muy léjos de abdicar -ante Jesús; por el contrario, miéntras permaneció junto á él, Jesús -le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino muy -tímidamente. - -En efecto, no obstante su profunda originalidad, Jesús parece haber -sido el imitador de Juan, al ménos durante algunas semanas. Su vida -era todavía oscura en comparacion de la del Bautista. Además, en el -curso de su carrera, Jesús no dejó de plegarse muchas veces á la -corriente de la opinion, admitiendo algunas cosas que no entraban -en sus proyectos, sólo porque eran populares; pero esos accesorios -no perjudicaron nunca á su idea principal, y estuvieron siempre -subordinados á ella. Gracias á Juan, el bautismo habia llegado á -obtener gran boga; Jesús se creyó obligado á adoptarle; él y sus -discípulos bautizaron tambien desde entónces[286], y sin duda -acompañaban el bautismo de predicaciones parecidas á las de Juan. Así -es que las orillas del Jordan se cubrieron por doquiera de Baptistas, -cuyos discursos alcanzaban más ó ménos éxito. No tardó el discípulo en -igualar al maestro, siendo muy solicitado su bautismo. Un sentimiento -de rivalidad ó de celos se despertó entónces entre los partidarios -del anacoreta de Judea y del profeta de Nazareth[287]; los discípulos -de Juan se le quejaron del éxito creciente del jóven galileo, cuyo -bautismo iba muy pronto, segun decian, á oscurecer el suyo; pero -semejantes pequeñeces no ejercieron ninguna influencia en el ánimo de -los dos maestros. Por otra parte, la superioridad de Juan era demasiado -incontestable á los ojos de Jesús, apénas conocido, para que tratase -de combatirla. Deseaba únicamente crecer á su sombra, y á fin de ganar -terreno entre la muchedumbre, se creia obligado á emplear los medios -exteriores que dieron á Juan tan asombrosa fama. Cuando, despues de -la prision del Baptista, volvió Jesús á reanudar sus predicaciones, -las primeras palabras que se le atribuyen no son sino la repeticion de -una de las frases que tan familiares eran á aquél[288]. Otras muchas -expresiones de Juan se encuentran textualmente en sus discursos[289]. -Á lo que parece, las dos escuelas vivieron en buena inteligencia -durante mucho tiempo[290], y al ocurrir la muerte de Juan, Jesús, como -hermano confidente, fué uno de los primeros á quienes se notició aquel -acontecimiento[291]. - -Juan fué bien pronto detenido en su carrera profética. De igual modo -que los antiguos profetas judíos, dirigió frecuentemente filípicas -terribles contra los poderes establecidos[292]. La vivacidad y acritud -de sus palabras á este respecto, no podia ménos de ocasionarle graves -inconvenientes. En Judea, Juan no parece haber sido molestado por el -procurador Pilato; pero la Perea, al otro lado del Jordan, confinaba -con el territorio de Antipas, y el gérmen político que ocultaban las -predicaciones de Juan inquietó á aquel tirano. Las grandes reuniones de -hombres que el entusiasmo religioso y patriótico formaba al rededor -del Bautista tenian algo de sospechoso. Un agravio personal vino á -añadirse á aquellas razones de estado, haciendo inevitable la pérdida -del austero censor. - -Entre los caractéres más fuertemente acentuados de aquella trágica -familia de los Heródes, uno de ellos era Herodías, nieta de Heródes -el Grande. Violenta, ambiciosa y apasionada, Herodías aborrecia el -judaismo y despreciaba sus leyes. Habíase casado, probablemente contra -su voluntad, con su tio Heródes, hijo de Mariamno[293], á quien Heródes -el Grande habia desheredado[294] y el cual no desempeñó nunca ningun -papel público. La posicion humilde de su marido, respecto á los otros -miembros de la familia, era para ella motivo de profundo disgusto; -Herodías queria ser soberana á todo trance[295], é hizo de Antipas el -instrumento de su ambicion. Hallándose perdidamente enamorado de ella, -aquel hombre débil y sin carácter la prometió tomarla por esposa, -despues de repudiar á su primera mujer, la hija de Hareth, rey de Petra -y emir de las tribus fronterizas de la Perea. La princesa árabe llegó á -tener noticia del proyecto y determinó huir: disimulando su designio, -fingió un viaje á Machero, punto situado en las tierras de su padre, y -se hizo acompañar por los oficiales de Antipas[296]. - -Makor ó Machero era una fortaleza colosal, construida por Alejandro -Janeo, y restaurada despues por Heródes, la cual se alzaba en uno de -los sitios más escarpados de cuantos existen en la parte oriental -del mar Muerto[297]. Era aquél un país áspero, salvaje, poblado de -extravagantes leyendas y, segun la creencia general, frecuentado por -los demonios[298]. La fortaleza estaba justamente en el límite de -los estados de Hareth y de Antipas, y en aquel momento se hallaba en -posesion del primero[299]. Advertido Hareth, habia preparado cuanto era -indispensable á la fuga de su hija, la cual fué, de tribu en tribu, -conducida hasta Petra. - -Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas y de -Herodías[300]. Entre los judíos severos y la irreligiosa familia de los -Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio eran incesantemente una -piedra de escándalo[301]. Hallándose los miembros de aquella numerosa, -pero aislada, dinastía reducidos á casarse entre ellos, resultaban de -aquí frecuentes violaciones de los impedimentos que la ley establecia. -Juan se hizo el eco del sentimiento general y censuró enérgicamente la -conducta de Antipas[302]. No se necesitaba tanto para atizar el ódio de -aquél y decidirle á tomar medidas violentas: mandó prender al Bautista -y ordenó que se le encerrase en la fortaleza de Machero, de la cual se -habia, sin duda, apoderado despues de la fuga de la hija de Hareth[303]. - -Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de Juan, -porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular[304]. -Otros aseguran[305] que habia llegado á escuchar con placer las -doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido para -él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto es -que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de -su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en -correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle -en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la -próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los -movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos -favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba. - - - - -CAPÍTULO VII - -DESARROLLO DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO DE DIOS - - -Hasta el arresto de Juan, que aproximadamente le hacemos constar en el -verano del año 29, Jesús no se separó de las cercanías del mar Muerto -y del Jordan. La permanencia en el desierto de Judea era generalmente -considerada como el preparativo de grandes acontecimientos, como una -especie de «retiro» que precedia á los actos públicos. Jesús, á ejemplo -de los demás, se sometió á él, pasando cuarenta dias sin otra compañía -que la de las fieras y ayunando rigurosamente. La imaginacion de los -discípulos se ejercitó muchísimo respecto á aquel retiro. - -El desierto, segun las creencias vulgares, era considerado como la -residencia de los diablos[306]. - -Pocos sitios existen en el mundo más desiertos, más abandonados de -Dios, más inaccesibles á la vida que la cascajosa falda que forma la -orilla occidental del mar Muerto. Así pues, créese, que durante el -tiempo que Jesús permaneció en aquel horroroso país sufrió terribles -pruebas; que Satanás le aterrorizó con su falsa apariencia ó que le -acarició con embriagadoras promesas, y que despues los ángeles, para -premiarle por su triunfo, habian venido en su ayuda[307]. - -Probablemente al abandonar el desierto fué cuando Jesús supo el arresto -de Juan Bautista. - -No existian ya motivos para prolongar su permanencia en un país que -le era casi extraño. Quizás temia tambien verse envuelto en las -sospechas que se desplegaban acerca de Juan, y no queria exponerse en -un tiempo en que su muerte no hubiera podido servir de nada al progreso -de sus ideas, en vista de la poca celebridad que gozaba. Volvió á -Galilea[308], su verdadera patria, fortalecido por una importante -experiencia y habiendo adquirido con el contacto de un gran hombre, muy -diferente á él, el sentimiento de su propia originalidad. - -En suma, la influencia de Juan más bien habia sido desagradable que -útil á Jesús. Fué un dique para su desarrollo: todo conduce á creer -que tenía, cuando descendió al Jordan, ideas superiores á las de Juan, -y que por una especie de concesion se inclinó por un momento hácia el -bautismo. - -Quizás si el Bautista, á cuya autoridad le hubiera sido difícil -sustraerse, hubiese permanecido libre, no rechazara el yugo de los -ritos y de las prácticas exteriores, y entónces sin duda hubiera -permanecido un oscuro sectario judío, porque el mundo no hubiera -abandonado sus prácticas por otras nuevas. - -El cristianismo sedujo las almas elevadas por el atractivo de una -religion exenta de toda forma exterior. Una vez preso el Bautista, su -escuela disminuyó bastante, y Jesús cedió á su propio movimiento. Lo -único que debió á Juan fué, en parte, algunas lecciones de predicacion -y de accion popular. En efecto, desde este momento predica con más -ardor, imponiéndose á la muchedumbre con autoridad[309]. - -Tambien parece que su permanencia al lado de Juan, no tanto por -la accion del Bautista como por la marcha natural de sus propios -pensamientos, corroboró mucho sus ideas sobre «el reino del cielo.» -Su palabra favorita desde entónces es la «buena nueva», el anuncio -que el reino de Dios está cercano[310]. Jesús no será solamente un -moralista ingenioso, aspirando á encerrar en algunos aforismos cortos -y conmovedores lecciones sublimes; es el revolucionario trascendental, -que ensaya regenerar el mundo por sus mismas bases y poner en práctica -sobre la tierra el ideal que ha concebido. «Esperar el reino de Dios» -será sinónimo de ser discípulo de Jesús[311]. Esta frase de «reino de -Dios» ó «reino del cielo», como ya lo hemos dicho, era familiar á los -judíos hacia mucho tiempo. Pero Jesús la dió un sentido moral, una -importancia social que el mismo autor del Libro de Daniel no se atrevió -á entrever en su entusiasmo apocalíptico. - -En el mundo, tal como es, el mal impera. Satanás es «el rey de este -mundo»[312], y todo le obedece. Los reyes matan á los profetas. Los -sacerdotes y los doctores no ejecutan siempre lo que mandan hacer á los -otros. Los justos son perseguidos, y el único patrimonio de los buenos -es llorar. El «mundo» es así el enemigo de Dios y de sus santos[313]; -pero Dios se despertará y vengará á los suyos. El dia se acerca, porque -la abominacion llega á su término. Al reino del bien le tocará su vez. - -El advenimiento de ese reino del bien será una grande y súbita -revolucion. El mundo parecerá trasformado: siendo malo el estado -actual, para representarse el porvenir, basta sólo con idear, poco -más ó ménos, lo contrario de lo que existe. Los primeros serán los -últimos[314]. Un nuevo órden regirá á la humanidad. Al presente el -bien y el mal están mezclados como la miés y la cizaña en un campo. Su -dueño los deja crecer á la vez; pero la hora de la separacion violenta -llegará[315]. El reino de Dios será como una gran redada, que juntos -trae el pescado bueno y malo: el bueno se deposita en los cestos, -desembarazándose del resto[316]. - -El gérmen de esa gran revolucion será desde luégo desconocido. Será -como la simiente de la mostaza, la más pequeña de las simientes, pero -que una vez arrojada en tierra, se convierte en árbol, á la sombra -de cuyas hojas vienen los pájaros á descansar[317]; ó bien como la -levadura, que unida á la masa, hace que toda fermente[318]. Una serie -de parábolas, muchas veces oscuras, estaba destinada á manifestar la -sorpresa de ese súbito advenimiento, sus injusticias aparentes, su -carácter inevitable y definitivo[319]. - -¿Quién será el que establezca ese reino de Dios? Recordemos que la -primera idea de Jesús, idea tan profunda en él, que probablemente no -reconoció ningun orígen, fué que él era el hijo de Dios, el íntimo -de su padre, el ejecutor de su voluntad. La respuesta de Jesús á tal -cuestion no podia ser dudosa. La persuasion de que él haria reinar -á Dios se apoderó de su espíritu; se consideró como el reformador -universal de una manera absoluta. El cielo, la tierra, la naturaleza -en todas sus partes, la locura, la enfermedad y la muerte sólo son -instrumentos para él. En su heróico acceso de voluntad, se cree -todopoderoso. Si el mundo no se aviene á esta suprema transformacion, -el mundo será pulverizado, purificado por la llama y el aliento de -Dios. Se creará un nuevo cielo, y el mundo entero será poblado de -ángeles del Señor[320]. - -Una revolucion radical[321], abarcando hasta la misma naturaleza, tal -fué, pues, el pensamiento fundamental de Jesús. Desde entónces, sin -duda, habia renunciado á la política; el ejemplo de Júdas el Gaulonita -le habia demostrado la inutilidad de las sediciones populares. Jamás -pensó en sublevarse contra los romanos y los tetrarcas. El principio -anárquico y desenfrenado del Gaulonita no era el suyo. Su respeto á los -poderes establecidos, sarcástico en el fondo, era completo en la forma. -Pagaba el tributo al César por no llamar la atencion. La libertad y el -derecho no son de este mundo: ¿por qué, pues, turbar su vida por vanas -susceptibilidades? - -Despreciando el mundo y convencido de que el presente no merece que -se tenga zozobra por él, se refugió en su reino ideal: fundó esa gran -doctrina del desprecio trascendente[322], verdadera doctrina de la -libertad de las almas, que es la sola que proporciona la paz. Pero aún -no habia dicho: «Mi reino no es de este mundo.» Numerosas tinieblas se -presentaban á sus más rectas miras. Algunas veces extrañas tentaciones -cruzaban por su mente. En el desierto de Judea, Satanás le habia -brindado con el reino de la tierra. No conociendo el poder del imperio -romano, podia, con el fondo de entusiasmo que existia en Judea y que -poco tiempo despues vino á convertirse en una terrible resistencia -militar; podia, deciamos, abrigar la esperanza de fundar un reino por -la audacia y el número de sus partidarios. Muchas veces, quizás, asaltó -su imaginacion la cuestion suprema: ¿El reino de Dios se realizará por -la fuerza ó por la dulzura, por la rebelion ó por la paciencia? Cuentan -que un dia las sencillas gentes de Galilea quisieron levantarle y -hacerle rey[323]. - -Jesús huyó á la montaña, donde permaneció algun tiempo solo. Su -privilegiada naturaleza le preservó del error que hubiera hecho de él -un perturbador ó un jefe de rebeldes, un Theudas ó un Barkokebas. - -La revolucion que quiso hacer fué siempre una revolucion moral; pero -para ello, no era llegado el caso de emplear en su ejecucion los -ángeles y la trompeta final. Queria proceder sobre los hombres y por -los mismos hombres. Un visionario que no hubiera tenido otra idea -que la proximidad del juicio final, no se habria cuidado de mejorar -al hombre y no habria podido fundar la mejor enseñanza moral que la -humanidad ha recibido. Por su pensamiento cruzaba bastante de vago, y -un sentimiento noble, más bien que un designio determinado, le guiaba -en la obra sublime realizada á causa de él, aunque de otra manera bien -diferente á la que él se imaginaba. - -Ciertamente que era el reino de Dios, quiero decir el reino del -espíritu, el que fundaba en efecto; y si Jesús, desde el seno de su -Padre, ve fructificar su obra en la historia, puede decir en verdad: -Hé ahí lo que yo he querido. Lo que Jesús fundó, lo que eternamente -quedará de él, salvo las imperfecciones que lleva consigo toda cosa -realizada por la humanidad, es la doctrina de la libertad de las almas. -Ya la Grecia habia tenido acerca de esto magníficos pensamientos[324]. -Diferentes estóicos habian hallado el medio de ser libres bajo la -dominacion de un tirano. Pero, en general, el mundo antiguo se habia -figurado la libertad como sujeta á ciertas formas políticas: los más -libres se llamaban Harmodio y Aristógiton, Bruto y Casio. El verdadero -cristiano está más libre de toda traba: aquí abajo es un desterrado: -¿qué le importa el dueño pasajero de esta tierra, que no es su patria? -La libertad para él es la verdad[325]. Jesús no conocia bastante la -historia para comprender cuán á tiempo llegaba semejante doctrina, -en un momento en que la libertad republicana espiraba y en que las -pequeñas constituciones municipales de la antigüedad fallecian bajo -la unidad del imperio romano. Pero su admirable buen sentido y el -instinto verdaderamente profético que tenía de su mision, le guiaron -en esto con admirable seguridad. Por esta frase: «Dad al César lo -que es del César y á Dios lo que es de Dios», creó una cosa extraña -á la política, un refugio para las almas en medio del imperio de -la fuerza bruta. Seguramente que tal doctrina tenía sus peligros. -Establecer en principio que la señal para reconocer el poder legítimo -es mirar la moneda, proclamar que el hombre perfecto paga el impuesto -por desprecio y sin discutir, era destruir la república á la manera -antigua y favorecer todas las tiranías. El cristianismo, en este -sentido, ha contribuido no poco á debilitar el sentimiento de los -deberes del ciudadano y á exponer al mundo al poder absoluto de los -hechos consumados. Pero al constituir una numerosa asociacion libre, -que durante trescientos años supo vivir sin política, el cristianismo -compensó ámpliamente el perjuicio que ocasionara á las virtudes -cívicas. El poder del Estado quedó reducido á las cosas de la tierra; -libertó el espíritu, ó al ménos la terrible segur de la omnipotencia -romana quedó rota para siempre. - -Sobre todo, el hombre que se halla preocupado con los deberes de la -vida pública, no dispensa á los otros que pongan de su parte algo -por cima de las querellas de partido. Condena sobremanera á los que -subordinan á las cuestiones sociales las políticas, y siente por éstas -una especie de indiferencia; y en un sentido tiene razon, porque toda -direccion exclusiva es perjudicial al buen gobierno de las cosas -humanas. Pero los partidos, ¿qué progreso han hecho experimentar á la -moralidad general de nuestra especie? Si Jesús, en lugar de fundar -su reino celeste, hubiera ido á Roma á conspirar contra Tiberio, ó á -echar de ménos á Germánico, ¿en qué hubiera venido á parar el mundo? -Republicano austero, patriota celoso, no hubiera detenido el gran curso -de los negocios de su siglo, miéntras que, declarando insignificante la -política, reveló al mundo esta verdad: que la patria no es el todo, y -que el hombre es anterior y superior al ciudadano. - -Nuestros principios de la ciencia positiva se dan por agraviados de -la parte de ensueños que encerraba el programa de Jesús. Nosotros -conocemos la historia del globo; las revoluciones cósmicas como -la que esperaba Jesús no se producen sino por causas geológicas ó -astronómicas, de las que no se ha podido jamás probar el vínculo con -las cosas morales. Pero para ser justo con los grandes seres, no es -preciso examinar minuciosamente las preocupaciones de que han podido -participar. Colon descubrió la América partiendo de ideas sumamente -erróneas; Newton creia su loca explicacion del Apocalípsis tan cierta -como su sistema acerca del mundo. ¿Podrán colocar una mediana capacidad -por cima de un Francisco de Asís, de un San Bernardo, de una Juana -de Arco, de un Lutero, por hallarse exenta de los errores que éstos -profesaron? ¿Se querrá medir á los hombres por la rectitud de sus -ideas en física y por el conocimiento más ó ménos exacto que poseen del -verdadero sistema del mundo? Comprendamos mejor la posicion de Jesús -y lo que fué causa de su poder. El deismo del siglo diez y ocho y un -cierto protestantismo, nos han acostumbrado á considerar al fundador de -la fe cristiana como un gran moralista, un bienhechor de la humanidad. -No vemos en el evangelio sino buenas máximas, y corremos un prudente -velo sobre el extraño estado intelectual donde tuvo orígen. Tambien hay -personas que sienten que la revolucion francesa se separase más de una -vez de los principios y que no fuese realizada por hombres sabios y -prudentes. No impongamos nuestros pequeños programas de hombres comunes -y sensatos á esos extraordinarios movimientos tan elevados que están -muy por cima de nuestra talla. Continuemos admirando «la moral del -evangelio»; suprimamos en nuestras enseñanzas religiosas la quimera -que le dió el sér; pero no creamos que con las simples ideas de dicha -y de moralidad individual se conmueve el mundo. La idea de Jesús fué -más profunda; fué la idea más revolucionaria que jamás pudo concebir -cerebro humano; debe considerarse en general, y no con esas débiles -supresiones que justamente aminoran lo que la ha hecho eficaz para la -regeneracion de la humanidad. - -En el fondo, lo ideal es siempre una utopia. Cuando pretendemos hoy dia -representar el Cristo de la nueva conciencia, el consolador, el juez de -los tiempos modernos, ¿qué es lo que hacemos? Lo mismo que hizo Jesús -hace mil ochocientos treinta años. Suponemos las condiciones del mundo -real muy diferentes de las que son; representamos un libertador moral -rompiendo sin armas las cadenas del esclavo, aliviando la condicion del -proletario, librando las naciones oprimidas. No olvidemos que esto es -suponer el mundo trocado, modificados los climas de la Virginia y el -Congo, cambiada la sangre y la raza de millones de hombres, nuestras -complicaciones sociales llevadas á una sencillez quimérica, las -estratificaciones políticas de la Europa separadas del órden natural. -La «reforma de todas las cosas»[326] que Jesús queria no era más -difícil. Ese mundo nuevo, ese cielo nuevo, esa Jerusalen nueva que baja -del cielo; este grito: «¡Hé aquí que renuevo todas las cosas!»[327] -son rasgos comunes á todos los reformadores. Siempre el contraste que -resulta de lo ideal con la triste realidad producirá en la humanidad -esas resistencias contra la fria razon que las inteligencias limitadas -tratan de locura, hasta el dia en que triunfan y en que los mismos que -las han combatido son los primeros en reconocer su poderosa razon de -ser. - -No se tratará de negar que existió una contradiccion entre la creencia -de un próximo fin del mundo y la moral habitual de Jesús, concebida en -vista de un estado sólido de la humanidad, bastante análogo al que en -efecto existe[328]. Esa contradiccion fué justamente la que consolidó -la fortuna de su obra. El milenario sólo no hubiera hecho nada durable; -el moralista aislado no hubiera hecho nada robusto. El milenarismo dió -el impulso; la moral aseguró el porvenir. Así, pues, el cristianismo -reunió las dos condiciones de éxito completo en este mundo, un punto -de partida revolucionario y la posibilidad de existir. Todo lo que -se hace para lograr un éxito seguro debe corresponder á esas dos -necesidades; porque el mundo quiere á la vez variar y durar. Jesús, al -mismo tiempo que anunciaba un trastorno sin igual en las cosas humanas, -proclamaba los principios, sobre los cuales reposa la sociedad hace mil -ochocientos años. - -Lo que en efecto distingue á Jesús de los agitadores, no sólo de su -tiempo, sino de los de todos los siglos, es su perfecto idealismo. -Jesús, hasta cierto punto, es un anarquista, porque no tiene idea -alguna del gobierno civil. Este gobierno le parece pura y sencillamente -un abuso. Habla de él en términos vagos y como una persona del pueblo -que no tiene ninguna nocion de la política. Todo magistrado le parece -un enemigo de los hombres de Dios; anuncia á sus discípulos que tendrán -altercados con los agentes de la fuerza pública, sin pensar ni por -asomo que por ello habria por qué abochornarse[329]. Pero nunca la -idea de sustituirse á los fuertes y ricos se apodera de él. Quiere -confundir la riqueza y el poder, pero no apoderarse de ellos. Predice á -sus discípulos persecuciones y suplicios[330]; pero ni una vez siquiera -deja entrever el pensamiento de una resistencia violenta. La idea de -ser todopoderoso por el sufrimiento, y de que se triunfa de la fuerza -por la pureza del corazon, es ciertamente una idea propia de Jesús. -Jesús no es un espiritualista, porque todo conduce en él á una palpable -realidad; no tiene ni la más ligera nocion de un alma separada del -cuerpo. Pero es un completo idealista; la materia sólo es para él la -señal de la idea, y lo real la expresion cierta de aquello que no se -ve. - -¿Á quién dirigirse, con quién poder contar para fundar el reino de -Dios? El pensamiento de Jesús no vaciló en esto jamás. Lo que para -los hombres es elevado, es abominable á los ojos de Dios[331]. Los -fundadores del reino de Dios serán los cándidos. No los ricos, ni los -doctores, ni los sacerdotes; sí las mujeres, los hombres del pueblo, -los humildes, los niños[332]. La gran señal del Mesías es «la buena -nueva» anunciada á los pobres[333]. La naturaleza idílica y dulce de -Jesús se prestaba á ello maravillosamente. Su ensueño consistia en -una revolucion social en que los rangos serán invertidos, quedando -humillado cuanto en este mundo es oficial y grande. El mundo no -le creerá; el mundo le condenará á muerte. Pero sus discípulos no -pertenecerán al mundo[334]; ellos formarán un pequeño rebaño de -humildes y sencillos; rebaño que por su mansedumbre llegará á conseguir -el triunfo. El sentimiento que ha hecho del «mundano» la antítesis del -«cristiano» tiene en las ideas del maestro plena justificacion[335]. - - - - -CAPÍTULO VIII - -JESÚS EN CAPHARNAHUM - - -Poseido de una idea cada vez más imperiosa y exclusiva, Jesús marchará -en adelante con una especie de impasibilidad fatal por la senda que su -admirable genio y las circunstancias extraordinarias en que vivia le -trazaran. Hasta entónces no habia hecho sino comunicar sus pensamientos -al escaso número de personas atraidas secretamente hácia él; su -enseñanza será en lo sucesivo pública y continuada. Jesús contaba -entónces treinta años, poco más ó ménos[336]. Sin duda el pequeño grupo -de oyentes que le acompañaron cerca de Juan se habia ya aumentado, -y tal vez se le habian unido algunos discípulos del Bautista[337]. -Contando con este primer núcleo de iglesia, anuncia resueltamente la -«buena nueva del reino de Dios», tan pronto como regresa á Galilea. -Ese reino iba á venir, y era él, Jesús, aquel «Hijo del hombre» que -Daniel apercibió en su vision como el ministro divino de la última y -suprema revelacion. - -Es menester recordar aquí que las ideas judáicas, opuestas al arte y á -la mitología, consideraban la simple forma del hombre como superior á -la de los _cherubes_ y de los animales fantásticos que la imaginacion -del pueblo, á causa de la influencia asiria, suponia en torno de la -divina majestad. En Ezequiel[338], el gran revelador de las visiones -proféticas, el sér que se halla sentado en el trono supremo, dominando -los monstruos del carro misterioso, tiene ya la figura de un hombre. En -el Libro de Daniel, en medio de la vision de los imperios representados -por animales, y cuando principia el gran juicio y los libros se hallan -abiertos, un sér «parecido á un hijo del hombre» se adelanta hácia -el Antiquior de los dias, quien le confiere el poder de juzgar el -mundo y de gobernarle eternamente[339]. En las lenguas semíticas, y -en particular en los dialectos arameos, _hijo del hombre_ no es sino -un simple sinónimo de _hombre_. Pero aquel pasaje capital de Daniel -ejerció gran influencia en los ánimos; la palabra _hijo del hombre_ -llegó á ser, al ménos para ciertas escuelas[340], uno de los títulos -del Mesías, considerado como juez del mundo y como rey de la nueva era -que iba á comenzar[341]. Al aplicársele Jesús á sí mismo no hacia sino -proclamar su mesiazgo y afirmar la próxima catástrofe en que debia -figurar como juez investido de los plenos poderes delegados por el -Antiquior de los dias[342]. - -El éxito de la palabra del nuevo profeta fué entónces decisivo. Un -grupo de hombres y mujeres, con el alma llena de candor juvenil y de -ingenua inocencia, se adhieren á él y le dicen: «Tú eres el Mesías.» Y -como el Mesías debia ser hijo de David, le concedieron naturalmente ese -segundo título, que en rigor no era sino sinónimo del primero. Jesús -le aceptó con gusto, aunque, á decir verdad, érale algo embarazoso á -causa de lo humilde de su nacimiento. Pero el título que él preferia -era el de «Hijo del hombre», título modesto en apariencia, aunque muy -importante en el fondo, puesto que se relacionaba con las esperanzas -mesiánicas. Servíale esta palabra para designarse á sí mismo[343], -y tanto le servia, que, en su lenguaje, «el Hijo del hombre» era -equivalente al pronombre «yo», del cual evitaba hacer uso. Pero nunca -le apostrofaban de esa manera, porque, sin duda, el nombre de que -se trata no deberia convenirle plenamente sino el dia de su futura -aparicion. - -En aquella época de su vida, el centro de accion de Jesús fué la -pequeña ciudad de Capharnahum, situada á la orilla del lago de -Genesareth. El nombre de Capharnahum, en el cual entra la palabra -_caphar_, que quiere decir aldea, parece designar un burgo del antiguo -sistema, en oposicion á las grandes ciudades, como Tiberiade[344], -construidas al estilo romano. De todos modos, este nombre tenía -entónces tan poca importancia, que Josefo, en un pasaje de sus -escritos, le toma por el de una fuente cuya celebridad era sin duda -mayor que la del pueblo situado cerca de ella. Capharnahum, así como -Nazareth, carecia de renombre y no participó en nada del movimiento -profano que los Heródes habian favorecido. Jesús tomó cariño á aquella -poblacion, llegando á considerarla como una segunda patria[345]. Al -poco tiempo de su regreso, dirigió sobre Nazareth una tentativa que -no tuvo éxito ninguno[346]. Como dice con admirable candor uno de sus -biógrafos, no pudo hacer allí ningun milagro[347]. Indudablemente -perjudicaba á su autoridad el conocimiento que se tenía de su familia, -la cual no era muy considerada. ¿Cómo habian de tomar por hijo de -David á aquel cuyos hermanos, hermanas y cuñados veian todos los dias? -Además, debe notarse que su familia se le opuso vivamente, rehusando -creer en su mision[348]. Los nazarenos se le mostraron todavía más -agresivos, puesto que, segun dicen, quisieron matarle, precipitándole -de una cima escarpada[349]. Jesús hizo notar con mucho ingenio que -aquella aventura era propia de todos los grandes hombres, y se aplicó -el proverbio de «no hay profeta sin honra, sino en su patria y en su -propia casa.» - -Pero no le desanimó aquel contratiempo; volvió á Capharnahum[350], en -cuyo punto encontraba disposiciones mucho más benévolas, y desde allí -organizó una serie de misiones hácia las aldeas circunvecinas. Los -habitantes de aquel hermoso y fértil país no se reunian sino el sábado, -cuyo dia eligió Jesús para su enseñanza. Cada ciudad tenía entónces su -sinagoga ó lugar de reuniones, el cual era una sala rectangular, no muy -espaciosa, precedida de un pórtico, decorado segun el gusto griego. -Careciendo los judíos de arquitectura propia, no trataron nunca de -construir aquellos edificios con arreglo á un estilo original. Todavía -existen en Galilea los restos de algunas antiguas sinagogas[351]: -todas ellas están construidas con buenos y sólidos materiales; pero su -estilo es bastante mezquino, á causa de esa profusion de ornamentos -vegetales, de follajes, de espirales, que caracteriza los monumentos -judáicos[352]. Los accesorios del interior consistian en algunos -bancos, en una tribuna ó púlpito para las lecturas públicas y en un -armario destinado á encerrar los sagrados rollos[353]. En aquellos -edificios, que nada tenian de templo, se reconcentraba toda la vida -judía. En el dia del sábado se reunia allí todo el mundo para hacer -oracion y escuchar la lectura de la Ley y de los profetas. Como -quiera que en el judaismo, á excepcion de Jerusalen, no habia clero -propiamente dicho, las lecturas del dia (_parascha_ y _haphtara_) se -desempeñaban en las sinagogas por el primero que deseaba hacerlas, -quien añadia un _midrasch_ ó comentario de cosecha propia, en el cual -exponia el lector sus ideas particulares[354]. Aquél fué el orígen de -la «homilía», cuyo cumplido modelo encontramos en los trataditos de -Filon. El pueblo tenía derecho de oponer objeciones á los argumentos -del lector, y por consiguiente, la reunion degeneraba en una especie -de asamblea popular. En ella habia un presidente, «antiquiores», un -_hazzan_, lector ó ministro titular, «agentes» ó secretarios mensajeros -encargados de mantener la correspondencia entre dos ó más sinagogas, -y por último, un _schmmasch_ ó sacristan[355]. Las sinagogas venian á -ser de este modo pequeñas repúblicas independientes, cuya jurisdiccion -era muy extensa. Y á la manera de las corporaciones municipales, -que funcionaron hasta una época muy avanzada del imperio romano, -promulgaban decretos honoríficos, votaban resoluciones, que tenian -fuerza de ley para la comunidad, y pronunciaban penas corporales, cuyo -ejecutor era el _hazzan_ ordinariamente[356]. - -Á pesar de los rigores arbitrarios que entrañaba, semejante institucion -no podia ménos de dar lugar á discusiones animadísimas, máxime si -se tiene en cuenta la extremada actividad de espíritu que siempre -caracterizó al pueblo judío. Gracias á las sinagogas, el judaismo pudo -atravesar intacto diez y ocho siglos de persecucion. Ellas eran otros -tantos mundos en pequeño, donde se conservaba el espíritu nacional -y donde las luchas intestinas hallaban un terreno perfectamente -preparado. Las discusiones eran allí muy apasionadas, y no ménos vivas -las disputas de preeminencia. El premio de una elevada piedad, ó el -privilegio que más se codiciaba á la riqueza, consistia en tener un -puesto de honor en primera fila[357]. Por otra parte, la libertad de -poder constituirse en lector y comentador del texto sagrado facilitaba -maravillosamente la propagacion de nuevas doctrinas. Ella fué una de -las palancas más poderosas de Jesús y el medio habitual de que se -valió para fundar su enseñanza[358]. El profeta de Nazareth entraba -en la sinagoga y subia á la cátedra, el _hazzan_ le daba el libro, -desarrollábale, y despues de leer la _parascha_ ó la _haptara_ del dia, -pasaba á deducir de aquella lectura ciertos principios conformes con -sus ideas[359]. Como en Galilea habia muy pocos fariseos, las réplicas -que se le daban no tenian ese grado de pasion ni ese tono de acritud -que en otras partes, en Jerusalen, por ejemplo, le habrian detenido -desde sus primeros pasos. Aquellos buenos galileos no habian oido jamás -una palabra tan en armonía con su risueña imaginacion[360]; admiraban -al jóven profeta, creíanle, parecíales elocuente y encontraban sus -razonamientos dignos de fe. Jesús resolvia sin desconcertarse las -objeciones más difíciles, y el atractivo de su palabra y de su persona -cautivaba á aquellos pueblos sencillos, no contaminados por el -pedantismo de los doctores. - -La autoridad del jóven maestro crecia de dia en dia, y como es -natural, á medida que aumentaba su crédito para con los otros, más -confianza tenía en sí mismo. El círculo de su accion era entónces muy -limitado:--reducíase á los alrededores del lago de Tiberiade, y áun -en aquella comarca habia una region que preferia á las demás. El lago -tiene cinco ó seis leguas de longitud por tres ó cuatro de anchura, -y aunque ofrece la apariencia de un óvalo bastante perfecto, forma -desde Tiberiade hasta la entrada del Jordan una especie de golfo cuya -curva mide cerca de tres leguas. Tal fué el campo donde la semilla -arrojada por Jesús halló una tierra propicia á un rápido crecimiento. -Recorrámosle paso á paso, y tratemos de rasgar el sudario de aridez y -de luto en que le ha envuelto el demonio del islamismo. - -Al salir de Tiberiade, lo primero que se ofrece á la vista son rocas -escarpadas, una montaña que parece derrumbarse en el mar:--luégo, las -montañas se separan y se abre una llanura (_El-Ghueir_) casi al nivel -del lago; es un bosque delicioso de elevados arbustos que fecundan y -atraviesan en todos sentidos las abundantes aguas que salen de un -gran estanque circular de construccion antigua (_Ain-Medawara_). Á -la entrada de la llanura, ó sea del país de Genesareth propiamente -dicho, se encuentra la miserable aldea de _Medjdel_. Al otro extremo -(siguiendo siempre la orilla del mar) se hallan el sitio de una -poblacion (_Khan-Minyeh_), hermosas aguas y un buen camino estrecho y -profundo, tallado en la roca viva, camino que indudablemente recorrió -Jesús muy á menudo y que sirve de paso entre la llanura de Genesareth -y la escarpa septentrional del lago. Á cosa de un cuarto de legua se -atraviesa un arroyo de agua salada (_Ain-Tabiga_) que no léjos del lago -mana de la tierra por anchas aberturas y que va á perderse en medio -de espesos matorrales. Por último, á cuarenta minutos más allá, sobre -la árida cuesta que se extiende desde Ain-Tabiga á la desembocadura -del Jordan, se ven algunas cabañas y un conjunto de ruinas bastante -monumentales llamadas _Tell-Hum_. - -Cinco pequeñas ciudades, cuyos nombres permanecerán en la memoria del -género humano tal vez más tiempo que los de Roma y Aténas, se hallaban -en tiempo de Jesús diseminadas por el territorio comprendido entre -la aldea de Medjdel y Tell-Hum. De aquellas cinco ciudades--Magdala, -Dalmanutha, Capharnahum, Bethsaide y Chorazin[361]--solamente la -primera se encuentra hoy dia de un modo positivo: es indudable que -el nombre y el sitio de la repugnante aldea de Medjdel corresponden -al burgo donde nació la más fiel amiga de Jesús[362]. Dalmanutha se -hallaba probablemente cerca de allí[363], y no es imposible que se -alzase Chorazin en el mismo territorio hácia la parte del norte[364]. -En cuanto á Bethsaide y á Capharnahum, difícil es averiguar si -estuvieron en Tell-Hum, Am-et-Tin, Khan-Minyeh ó en Ain-Medawara[365], -y cuanto respecto á ello se asegure es aventurado. No parece sino que, -así en geografía como en historia, un designio misterioso se complugo -en borrar los vestigios del gran fundador. Creo que en aquel suelo, -profundamente devastado, nunca podrá conseguirse el fijar con exactitud -los sitios en que la humanidad desearia besar la huella que dejaron sus -piés. - -Todo lo que hoy nos resta de la reducida comarca de tres ó cuatro -leguas en que Jesús fundó su obra divina, se reduce al lago, al -horizonte, á los arbustos y á algunas pobres flores, resto de la -antigua fertilidad. Los árboles han desaparecido completamente. Y en -aquel país cuya vegetacion era tan rica otras veces, que á Josefo le -parecia casi milagrosa; en aquel país donde la naturaleza, segun el -historiador citado, habia reunido las plantas de los climas frios, las -producciones de las zonas ardientes y los árboles de las latitudes -templadas, cargados todo el año de flores y de frutos; en aquel país -que ántes parecia un eden, ahora se calcula con veinticuatro horas -de anticipacion el sitio donde podrá encontrar el viajero un asiento -de césped y un árbol cuya sombra proteja su desayuno. El lago se ha -convertido en un desierto. Una sola barca, medio desvencijada, surca -hoy aquellas linfas silenciosas, tan llenas de vida y de alegría en -otro tiempo. Sólo las aguas son todavía puras y trasparentes. Las -riberas, formadas de rocas ó de menudos guijarros, se parecen más bien -á las de un mar en miniatura que á las de un lago como el de Huleh: -son limpias, nada fangosas, y el cadencioso y ligero movimiento de las -olas las bate siempre en el mismo sitio. Vense acá y allá pequeños -promontorios cubiertos de laureles de Alejandría, de tamariscos y -de espinosos alcaparros: próximos á la salida del Jordan, junto á -Tiberiade y en la orilla formada por la llanura de Genesareth, hay -dos sitios poblados de embriagadores jardines, contra cuya alfombra -de yerbas y de flores va á espirar el apacible oleaje de las aguas. -El arroyo de Ain-Tabiga forma un pequeño estuario lleno de lindísimas -conchas. Nubes de pájaros nadadores cubren el lago. El horizonte ofusca -la vista á fuerza de ser luminoso. Las aguas, profundamente encajonadas -entre rocas abrasadoras, son de un hermoso color azul celeste, y cuando -se las observa desde la cumbre de las montañas de Safed, diríase que -ocupan el fondo de una copa de oro. Al norte los barrancos nevosos -del Hermon destacan sus líneas blancas sobre el cielo; al oeste, las -elevadas y undosas mesetas de la Gaulonítida y de la Perea, siempre -áridas y envueltas en una atmósfera de fuego, forman una montaña -compacta, ó por mejor decir, un inmenso y altísimo terraplen que á -partir de Cesárea de Filipo se prolonga indefinidamente hácia el sur. - -El calor es ahora muy sofocante en las orillas del lago, el cual ocupa -una depresion de doscientos metros bajo el nivel del Mediterráneo, -y por consiguiente participa de las condiciones tórridas del mar -Muerto[366]. Aquel ardor excesivo se hallaba otras veces templado por -una vegetacion abundante: la cuenca del lago se hace inhabitable apénas -concluye el mes de Mayo, y difícilmente se comprende hoy cómo pudo -semejante hornaza ser el teatro de tan prodigiosa actividad. Josefo -encontraba el país muy templado. Sin duda allí, como en la campiña -de Roma, hubo algun cambio de clima debido á causas históricas. El -islamismo, y sobre todo, la reaccion musulmana contra las cruzadas, -fueron los que asolaron como un viento de muerte la comarca favorita -de Jesús. Aquella hermosa tierra de Genesareth estaba muy léjos de -sospechar que su futuro destino habia de salir del cerebro del que -tan pacíficamente la paseaba. Peligroso compatriota, Jesús ha sido -un personaje fatal para el país que tuvo el formidable honor de -producirle. Codiciada la Galilea por dos fanatismos rivales, y habiendo -llegado á ser para todos un objeto de amor ó de ódio, debia alcanzar -por premio de su gloria el triste privilegio de ser trasformada en -un desierto. Pero ¿habria sido Jesús más dichoso si hubiese vivido -tranquilo y oscuro en el fondo de su aldea? Y ¿quién se acordaria hoy -de aquellos ingratos nazarenos si, á riesgo de comprometer el porvenir -de su modesto villorrio, no hubiese uno de los suyos reconocido á su -Padre y no se hubiese proclamado hijo de Dios? - -En la época á que hemos llegado de la vida de Jesús, todo su mundo se -reducia á cuatro ó cinco burgos de grande extension. No parece probable -que hubiese estado en Tiberiade, ciudad del todo profana, que los -paganos habitaban casi por completo y de la cual habia hecho Antipas -su residencia habitual. Sin embargo, algunas veces se alejaba de su -region favorita é iba embarcado á Gergesa[367], poblacion de la ribera -oriental. Otras iba hácia el norte, y se le ve en Paneas ó Cesárea -de Filipo[368], en la falda del Hermon. Por último, una vez dirige -sus pasos por la parte de Tiro y de Sidon[369], país que entónces -debia estar floreciente en sumo grado. En todas aquellas comarcas se -hallaba Jesús en pleno paganismo. En Cesárea vió la célebre gruta del -_Panium_, sitio donde se colocaban las fuentes del Jordan, y sobre el -cual referia la credulidad del pueblo extravagantes leyendas[370]; -cerca de allí pudo admirar el templo de mármol que Heródes levantó -en honor de Augusto[371], y probablemente vió tambien las numerosas -estatuas votivas á Pan, á las Ninfas y al Eco de la gruta que la piedad -amontonaba ya en aquel hermoso sitio. Un judío evemerista, acostumbrado -á no mirar en los dioses extranjeros sino hombres divinizados ó -demonios, debia considerar todas aquellas representaciones figuradas -como otros tantos ídolos. Las seducciones de los cultos naturalistas, -que embriagan á las razas más sensitivas, le hicieron poca impresion. -Sin duda no tuvo ningun conocimiento de lo que el antiguo santuario -de Melkarth, en Tiro, podia encerrar aún de un culto primitivo más -ó ménos análogo al judáico[372]. El paganismo, que en Fenicia habia -elevado sobre cada colina un templo y un bosque sagrado, toda aquella -apariencia de grandeza industrial y de riqueza profana[373] debió -sonreirle muy poco. El monoteismo priva al hombre de toda aptitud para -comprender las religiones paganas; un musulman trasladado á los países -politeistas mira sin ver lo que hay en torno suyo. Jesús no aprendió -nada en aquellos viajes, y de ellos regresaba impaciente á su querida -ribera de Genesareth: allí estaba el centro de sus pensamientos; allí -encontraba fe y amor. - - - - -CAPÍTULO IX - -LOS DISCÍPULOS DE JESÚS - - -En aquel paraíso terrenal, que hasta entónces no habia probado apénas -los efectos de las grandes revoluciones de la historia, vivia una -poblacion en perfecta armonía con el país, esto es, activa, honrada, -alegre y afectuosa. El lago de Tiberiade es acaso el más abundante -en peces de cuantos existen en el mundo[374]; en aquella época habia -establecidas pesquerías muy productivas, particularmente en Bethsaide y -en Capharnahum, las cuales permitian á los naturales vivir con cierta -comodidad. Aquellas familias de pescadores formaban una sociedad -dulce y apacible, que se extendia por toda la comarca del lago que -hemos descrito, gracias á numerosos lazos de parentesco. Sus escasas -ocupaciones les dejaban tiempo y libertad suficientes para ejercitar su -imaginacion: en aquellas reuniones de hombres sencillos y bondadosos, -las ideas sobre el reino de Dios encontraron más crédito y mejor -acogida que en ninguna otra parte. Nada de cuanto en sentido griego y -mundano se llamaba civilizacion, habia penetrado hasta ellos. Aunque -la bondad de aquellas poblaciones se hallase muchas veces más bien en -la superficie que en el fondo, sus costumbres eran tranquilas, y no -carecian de finura ni de inteligencia. Puede uno figurárselas como -semejantes hasta cierto punto á los mejores pueblos del Líbano, pero -con la ventaja de producir grandes hombres, la cual no tienen éstos. -Jesús encontró allí su verdadera familia. Instalóse en medio de ellos, -como si Capharnahum fuera su «ciudad natal»[375], y en aquel reducido -círculo que le adoraba, olvidó á sus escépticos hermanos, á la ingrata -Nazareth y su burlona incredulidad. - -Una familia de Capharnahum le ofreció, entre todas, un asilo agradable -y discípulos adictos. Componíanla dos hermanos, hijos de un tal Jonás, -que probablemente murió en la época en que Jesús fué á establecerse -á las márgenes del lago:--aquellos dos hermanos eran Simon, llamado -_Cephas_ ó _Pedro_, y Andrés. Nacidos ambos en Bethsaide[376], habian -ya trasladado su domicilio á Capharnahum cuando Jesús comenzó su -vida pública. Pedro estaba casado y tenía hijos; su suegra vivia -con él[377]. Jesús amaba á aquella familia y hacia de su morada su -residencia habitual[378]. Andrés parece haber sido discípulo de Juan -Bautista: quizás le conoció Jesús en las orillas del Jordan[379]. Los -dos hermanos continuaron siempre ejerciendo su oficio de pescadores -áun en la época en que se hallaban más unidos al maestro[380]. Jesús, -á quien no disgustaban los retruécanos, decia algunas veces que los -convertiria en pescadores de hombres[381]. Y efectivamente, no tuvo -discípulos más adictos ni más fieles que los dos hermanos. - -Tambien la familia de Zabdia ó de Zebedeo, pescador acomodado y patron -de várias barcas[382], dispensó á Jesús afectuosa acogida. Zebedeo -tenía dos hijos; Santiago, que era el mayor, y Juan, cuyo papel debia -ser tan importante y decisivo en la historia del cristianismo naciente. -Ambos eran discípulos celosos. La mujer del Zebedeo, María Salomé, -tuvo tambien gran afeccion á Jesús, y le acompañó hasta la hora de su -muerte[383]. - -En general, las mujeres le acogian con solicitud. Jesús poseia -esas maneras reservadas que permiten una dulcísima union de ideas -entre ambos sexos. Sin duda entónces, como hoy, la separacion de -hombres y mujeres que ha impedido en los pueblos semíticos todo -perfeccionamiento delicado, era ménos rigurosa en las campiñas y en -las aldeas que en las grandes poblaciones. Tres ó cuatro galileas de -las más adictas acompañaban siempre al jóven maestro, disputándose el -placer de cuidarle y de escuchar su palabra[384]. Aquellas mujeres -llevaban á la nueva secta un elemento de entusiasmo y de maravilloso, -cuya importancia se deja ya comprender. Una de ellas, María de Magdala, -que tan célebre debia hacer en el mundo el nombre de su pobre villorio, -fué á lo que parece persona muy exaltada. Segun el lenguaje del -tiempo, habia estado poseida de siete demonios[385], ó lo que es lo -mismo, habia padecido enfermedades nerviosas, cuya causa era entónces -inexplicable. La belleza, la bondad y la dulzura de Jesús, calmaron -aquella imaginacion desarreglada. La Magdalena le permaneció fiel hasta -en el Gólgota, y al dia siguiente al de su muerte desempeñó un papel -de primer órden; porque, segun verémos despues, su testimonio fué la -base principal sobre la que se estableció la fe en la resurreccion. -Juana, mujer de Kuza, uno de los intendentes de Antipas, Susana y otras -mujeres, cuyos nombres permanecen en el olvido, seguian sus pasos, -prestándole incesantes servicios[386]. Algunas de entre ellas eran -ricas, y los recursos que proporcionaban al jóven profeta, le permitian -vivir sin ejercer el oficio que hasta entónces habia profesado[387]. - -Otros muchos discípulos le seguian y le aclamaban por maestro, como -por ejemplo, un tal Felipe de Bethsaide, Nathanael, hijo de Talmai ó -Ptolomeo, natural de Caná, el cual perteneció tal vez á la primera -época[388], y Matheo, que probablemente era el mismo que habria de -convertirse despues en Xenofonte del cristianismo naciente. Matheo -habia sido publicano, y como tal, manejaba sin duda el _kalam_ con -más facilidad que sus compañeros. Quizás pensaba desde entónces en -escribir sus _Logia_[389]; las cuales sirven de base á todo cuanto -sabemos respecto á la enseñanza de Jesús. Cítanse tambien entre los -discípulos á Tomás ó Didymo[390], el cual fué, segun parece, hombre de -corazon y de generosos arranques[391], si bien algo incrédulo, á Lebeo -ó Tadeo, á Simon el Zelador ó el Cananeo[392], discípulo tal vez de -Júdas el Gaulonita, y perteneciente á aquel partido de los _Kenaim_, -que ya entónces existia, y que tan importante papel debia muy pronto -desempeñar en los movimientos del pueblo judío, y por último, á Júdas, -hijo de Simon, natural de Kerioth, que fué el único desleal entre -aquel grupo de fieles adeptos, y cuya traicion debia granjearle tan -triste renombre. Ménos Júdas, todos eran galileos. La ciudad de Kerioth -se hallaba situada en la extremidad Sur de la tribu de Judá[393], á -cosa de una jornada más allá de Hebron. - -Hemos dicho ántes que la familia de Jesús no le era, en general, muy -adicta[394]. Sin embargo, sus primos carnales, Santiago y Júdas, hijos -de María Cleophás, figuraban desde entónces entre sus discípulos, y -la misma María Cleophás se halló en el número de las personas que le -acompañaron y le siguieron al Calvario[395]. Su madre no aparece en -aquella época cerca de él: sólo despues de la muerte de Jesús fué -cuando María adquirió gran consideracion[396] y cuando los discípulos -trataron de atraerla hácia ellos[397]. Entónces fué tambien cuando, -bajo el título de «hermanos del Señor», formaron los miembros de la -familia del fundador un grupo influyente que por espacio de mucho -tiempo estuvo al frente de la Iglesia de Jerusalen, y que se refugió -despues en la Batanea, cuando la ciudad fué entrada á saco. Así como -las mujeres y las hijas de Mahoma, que ninguna importancia tuvieron en -vida del profeta, adquirieron despues de su muerte grande autoridad, de -igual manera el solo hecho de ser pariente de Jesús fué entónces una -recomendacion decisiva. - -Entre aquella muchedumbre amiga, Jesús tenía indudablemente sus -preferencias, y hasta cierto punto, su círculo de elegidos. Los dos -hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, parecen haber formado parte de -los últimos. Ambos eran vehementes y apasionados en extremo. Á causa -de su impetuosidad y de su celo excesivo, Jesús les aplicaba con -mucho ingenio el sobrenombre de «hijos del trueno», significándoles -que harian uso de los rayos si los tuvieran á su disposicion[398]. -Al parecer, Juan tenía con Jesús cierta familiaridad que los otros -no alcanzaron. Pero muy posible es que este discípulo, que escribió -despues sus recuerdos de una manera que deja conocer demasiado el -interes personal, exagerase el cariño que el maestro le profesaba[399]. -De todos modos, se comprende por la lectura de los evangelios -sinópticos, que Simon Barjona ó Pedro, Santiago, hijo del Zebedeo, y -su hermano Juan, formaban una especie de comité ó círculo íntimo, al -cual se dirigia Jesús en ciertas ocasiones en que dudaba de la fe y -de la inteligencia de los demás[400]. Por otra parte, se ve que los -tres se hallaban asociados en sus pesquerías[401]. La afeccion que -Pedro inspiraba á Jesús era profunda: su carácter sincero, recto, -decidido, franco y leal, gustaba mucho al maestro, á quien hacian -sonreir á veces sus movimientos irreflexivos. Pedro, poco místico de -suyo, le comunicaba sus dudas y sus debilidades humanas[402] con una -ingenuidad y una honrada franqueza que recuerdan las de Joinville -respecto á San Luis. Jesús le reprendia amistosamente, probándole con -aquellas afectuosas reprensiones su aprecio y su confianza. En cuanto -á Juan, su juventud[403], la ternura exquisita de su corazon[404] -y lo vivo de su inteligencia[405] debian tener mucho atractivo. La -personalidad de aquel hombre extraordinario, que tan vigoroso giro -imprimió al cristianismo naciente, no se desarrolló sino en edad más -avanzada. Era ya viejo cuando escribió respecto á su maestro ese -evangelio rarísimo[406] que tan preciosas noticias contiene, pero en -el cual, á nuestro juicio, se halla falseado el carácter de Jesús con -harta frecuencia. La naturaleza de Juan era demasiado impetuosa y -profunda para que pudiera amoldarse al tono impersonal de los primeros -evangelistas. De ahí el que hiciese una biografía de Jesús como la que -Platon hizo de Sócrates. Acostumbrado á remover sus recuerdos con la -agitacion febril de un alma exaltada, trasformó á su maestro al querer -pintarle, y su relato (á ménos que no le hayan alterado manos extrañas) -permite á veces sospechar que en la composicion de tan singular escrito -no siempre sirvió de norma al cronista una completa buena fe. - -En la secta naciente no habia ningun grado jerárquico propiamente -dicho: todos debian llamarse «hermanos», y Jesús prohibia de un modo -absoluto los títulos de superioridad, tales como _rabbí_, «maestro», -«padre», en razon á que él era el único maestro, y Dios el único -padre. El mayor debia ser el más humilde y servir á los demás[407]. -Sin embargo, Simon Barjona se distingue entre sus iguales por un grado -de particular importancia. Jesús habitaba en su domicilio, enseñaba en -su barca[408], y la casa de Simon era el centro de las predicaciones -evangélicas. El público le consideraba como el jefe del grupo, y á él -era á quien se dirigian los recaudadores del tributo en reclamacion -de los derechos que debia la comunidad[409]. Simon fué el primero -que reconoció á Jesús como al Mesías[410]. Preguntando Jesús á sus -discípulos en un momento de impopularidad: «¿Quereis tambien vosotros -retiraros?» Simon le respondió: «Señor, ¿á quién iriamos? tú tienes -palabras de vida eterna»[411]. En diferentes ocasiones Jesús le -confirió cierta supremacía[412] en su iglesia, y le dió el sobrenombre -siriaco de Kepha (piedra), como significándole que de él hacia la -piedra angular del edificio[413]. Tambien parece prometerle «las llaves -del reino de los cielos» y concederle el derecho de pronunciar sobre la -tierra decisiones que serían ratificadas en la eternidad[414]. - -La supremacía de Pedro excitó sin duda algunos celos entre sus -compañeros, celos que se aumentaban con la perspectiva de aquel reino -de Dios en que los discípulos habrian de sentarse en los tronos, á -derecha ó á izquierda del maestro, para juzgar á las doce tribus de -Israel[415]. Preguntábanse quién de entre ellos se hallaria entónces -más cerca del Hijo del hombre, siendo hasta cierto punto como su -primer ministro ó su asesor. Los dos hijos del Zebedeo aspiraban á -ese rango, y preocupados por tal pensamiento, recurrieron al influjo -de su madre Salomé, la cual llamó un dia aparte á Jesús y solicitó -de él que otorgase á sus hijos los dos puestos de honor[416]. Jesús -esquivó la demanda repitiendo su principio habitual de que el que se -exalta será humillado y que el reino de los cielos pertenecerá á los -pequeños. La noticia de semejante peticion ocasionó algunos rumores en -la comunidad y produjo gran descontento contra Juan y Santiago[417]. -La misma rivalidad se trasluce en el evangelio de Juan;--el cronista -declara á cada paso que él fué el «discípulo querido», á quien el -maestro confió su madre al morir, y trata sistemáticamente de colocarse -al nivel de Simon Pedro (y con frecuencia ántes que él) á propósito -de circunstancias importantes en que los evangelistas más antiguos ni -siquiera citan su nombre[418]. - -Todos los personajes que acabamos de enumerar, ó al ménos aquellos -de cuya vida se sabe algo, habian principiado por ser pescadores. -Ninguno de ellos pertenecia á una clase elevada de la sociedad. -Únicamente Matheo, ó Leví, hijo de Alpheo[419], habia sido publicano. -Pero aquellos á quienes en Judea se designaba con ese nombre, no eran -los recaudadores generales, personas de rango elevado (y siempre -caballeros romanos) que á orillas del Tíber llamaban _publicani_[420]; -sino agentes de esos arrendadores generales, empleados de baja -estofa, simples cobradores subalternos. En el gran camino de Acre á -Damasco, uno de los más antiguos del mundo, que atravesaba la Galilea -costeando el lago[421], habia considerable número de esa especie -de cobradores. Capharnahum, que quizás se hallaba situada sobre la -via, contaba tambien un numeroso personal[422]. Semejante profesion -no encontró nunca grandes simpatías en ningun país del mundo; pero -los judíos la miraban con particular ojeriza y tenian por criminales -á los que la ejercian. El impuesto, cosa nueva para ellos, era el -signo de su vasallaje; la escuela de Júdas el Gaulonita sostenia que -abonarle era cometer un acto de paganismo. Así es que todos los celosos -conservadores de la ley aborrecian de muerte á los aduaneros. Su nombre -iba siempre asociado al de los asesinos, ladrones y gentes de mala -vida[423]. Los judíos que tales funciones aceptaban eran excomulgados -y quedaban inhábiles para testar; considerábase su caja como maldita -de Dios, y los casuistas prohibian al público el que fuese á ella á -cambiar dinero[424]. Desterrados aquellos infelices del seno de la -sociedad, tenian que formar una sociedad aparte reuniéndose entre sí. -Jesús aceptó una comida que le ofreció Leví, en la cual habia, segun el -lenguaje de la época, «muchos aduaneros y pecadores»; el hecho produjo -gran escándalo[425]. La reputacion de aquellas casas era malísima, y -el que á ellas iba se arriesgaba á no encontrar muy buena compañía. -Pero frecuentemente verémos á Jesús cuidándose muy poco de las -preocupaciones que abrigaban las personas que se tenian por juiciosas, -tratando de ensalzar las clases humilladas por los ortodoxos, y -exponiéndose por ello á las amargas reconvenciones de los devotos. - -Jesús debia aquellas numerosas conquistas al atractivo irresistible de -su persona y de su palabra. Una frase conmovedora, una mirada dirigida -al fondo de alguna sencilla conciencia, dispuesta á entreabrirse al -soplo de la verdad, le bastaban para captarse un ardiente discípulo. -Jesús se valia en ocasiones de un artificio inocente que tambien -empleó Juana de Arco:--aparentaba saber algun secreto íntimo respecto -á la persona que deseaba atraer hácia sí, ó bien le recordaba -alguna circunstancia querida, propia á conmover su corazon. Así fué -como enterneció y se atrajo á Nathanael[426], á Pedro[427], á la -Samaritana[428]. Disimulando la verdadera causa de su fuerza, esto es, -su gigantesca superioridad sobre los demás, y á fin de satisfacer las -ideas de la época, ideas que por otra parte eran tambien las suyas, -dejaba creer que una revelacion de lo alto le descubria los secretos -y le permitia leer en los corazones. Nadie dudaba que viviese en una -esfera superior á la de la humanidad. Decíase que en la cumbre de las -montañas conversaba con Moisés y con Elías[429], y se creia que en -sus momentos de soledad bajaban los ángeles á rendirle homenaje y á -establecer un comercio sobrenatural entre el cielo y él[430]. - - - - -CAPÍTULO X - -PREDICACION DEL LAGO - - -Tal era el grupo que rodeaba á Jesús en las márgenes del lago de -Tiberiade. La aristocracia estaba representada por un aduanero ó -cobrador y por la mujer de un intendente;--el resto se componia de -pescadores y de gentes sencillas. Todos eran ignorantes en extremo, -débiles de espíritu y todos creian en los espectros y en las -apariciones[431]. En aquel primer cenáculo no habia penetrado ni un -solo elemento de cultura helénica, y áun la instruccion judáica era -en él bastante escasa; pero en cambio abundaban el sentimiento y la -buena voluntad. El hermoso clima de Galilea convertia la existencia -de aquellos honrados pescadores en delicioso y perpétuo encanto. -Sencillos, buenos, dichosos, blandamente mecidos por las cristalinas -olas de un mar en miniatura, ó bien arrullados por su oleaje miéntras -dormian sobre el césped de sus risueños bordes, aquellas familias -de pescadores preludiaban á no dudarlo el reino de Dios. Difícil es -figurarse la embriaguez de una vida que de ese modo se desliza á la -faz del cielo, el robusto y dulce entusiasmo que infunde en el alma el -contínuo contacto con la naturaleza, y los sueños de aquellas noches -pasadas bajo la inmensidad de la azulada bóveda al trémulo fulgor -de las estrellas. En una noche semejante fué cuando Jacob, apoyada -la cabeza sobre una piedra, leyó en los astros la promesa de una -posteridad innumerable y vió la escala misteriosa por la cual iban y -venian los _Elohim_ del cielo á la tierra. En la época de Jesús, el -cielo continuaba abierto y la tierra no se habia enfriado. Las nubes -se entreabrian aún sobre el hijo del hombre, y los ángeles subian y -bajaban, sirviéndole de mensajeros[432]; las visiones del reino de Dios -se hallaban en todas partes, puesto que el hombre las abrigaba en su -propio corazon. La mirada tranquila y dulce de aquellas almas sencillas -contemplaba al universo en su orígen ideal; quizás el mundo descubria -sus misterios á la conciencia divinamente lúcida de aquellos seres -dichosos, cuya pureza de corazon les mereció un dia ver á Dios. - -Jesús vivia casi siempre al aire libre rodeado de sus discípulos. -Unas veces subia á una barca y desde allí predicaba á la muchedumbre -estacionada en la orilla del lago[433]; otras, tomaba asiento sobre las -montañas de la ribera, allí donde el aire es tan puro y tan luminoso -el horizonte. El grupo de fieles adeptos iba de este modo, alegre y -vagabundo, recogiendo en sus primeros gérmenes las inspiraciones del -maestro. Si por casualidad surgia alguna ingenua duda, alguna pregunta -inocentemente escéptica, una sonrisa ó una mirada de Jesús bastaban -para desvanecer la objecion. Á cada momento creian notar las señales -del reino de Dios; en el paso de una nube, en la germinacion de un -grano, en la madurez de una espiga, en la cosa más insignificante: -imaginábanse que se hallaban en vísperas de ver á Dios, de ser los -dueños del mundo, y las lágrimas se cambiaban en gozo. Aquello era el -advenimiento á la tierra del consuelo universal: - - «Bienaventurados,--decia el maestro,--los pobres de espíritu, porque - de ellos es el reino de los cielos. - - »Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. - - »Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra. - - »Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque - ellos serán saciados. - - »Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán - misericordia. - - »Bienaventurados los que tienen puro su corazon, porque ellos verán á - Dios. - - »Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de - Dios. - - »Bienaventurados los que padecen persecucion por la justicia, porque - de ellos es el reino de los cielos»[434]. - -Su predicacion era dulce y suave, como las armonías de la naturaleza -y el perfume de los campos. Gustábanle las flores y servíanle de punto -de comparacion en sus más deliciosas lecciones. El mar, las montañas, -las aves del cielo, los bulliciosos é inocentes juegos de los niños, -todo entraba sucesivamente en las metáforas de su enseñanza. Su estilo -se separaba de la forma del período griego, y tenía mucha semejanza -con los giros de los parabolistas hebreos, y en particular con las -sentencias de los doctores judíos, contemporáneos suyos, tales como -las vemos en el _Pirké Aboth_. Sus disertaciones no formaban una -peroracion continuada y homogénea; eran sentencias cortas, parecidas á -las del Coran, las cuales compusieron despues, unidas entre sí, esos -largos discursos escritos por Matheo[435]. Ninguna transicion enlazaba -aquellas diferentes sentencias; sin embargo, una misma inspiracion -hace de ellas frecuentemente un todo compacto. Donde más sobresalia -el maestro era en la parábola:--en este género delicioso nada habia -en el judaismo que pudiera servirle de modelo[436]; por consiguiente, -él fué quien le inventó. Verdad es que en los libros búdicos se -encuentran parábolas cuyo tono y forma son exactamente iguales á los -de las evangélicas; pero no es admisible que una influencia búdica -llegase hasta Jesús. Estas analogías pueden explicarse por el espíritu -de mansedumbre y la profundidad del sentimiento que fueron comunes al -budismo y al cristianismo naciente. - -La consecuencia inmediata de la vida apacible y sencilla que se hacia -en Galilea era una indiferencia completa por el vano aparato del lujo y -de la comodidad, tristes é imperiosas necesidades en nuestros países. -Los climas frios, obligando al hombre á una lucha contínua contra las -intemperies, hacen que se dé grande importancia al lujo y al bienestar -material. Por el contrario, las comarcas favorecidas del cielo, donde -apénas hay necesidades que satisfacer, son el país del idealismo y -de la poesía. Los accesorios de la vida son allí insignificantes en -comparacion del placer de vivir. Permaneciendo casi siempre en el -campo, en las calles, el ornato interior de las habitaciones se hace -superfluo. El alimento fuerte y regular de los climas ménos favorecidos -pareceria pesado y desagradable. Y en cuanto al lujo en el vestir, -¿cómo rivalizar con el que Dios presta á la tierra y á las aves del -cielo? En esos climas, hasta el trabajo parece inútil:--su producto no -vale la molestia que ocasiona. Los animales de los campos, que nada -hacen, están mejor vestidos que el hombre más opulento. Ese desprecio -de los goces materiales, desprecio que da mucha elevacion á las almas -cuando no tiene su orígen en la pereza, inspiraba á Jesús lindísimos -apólogos: - - «No querais,--decia,--amontonar tesoros para vosotros en la tierra, - donde el orin y la polilla los consumen, y donde los ladrones los - desentierran y roban. Atesorad más bien para vosotros tesoros en el - cielo, donde no hay orin, ni polilla, ni ladrones. Donde está tu - tesoro, allí está tambien tu corazon. Ninguno puede servir á dos - señores, porque ó tendrá aversion al uno y amor al otro, ó si se - sujeta al primero, mirará con desden al segundo. No podeis servir - á Dios y á Mammon. En razon de esto os digo, no os acongojeis por - el cuidado de hallar que comer para sustentar vuestra vida, de - dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. ¡Qué! ¿no vale - más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las - aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros, y - vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valeis vosotros mucho - más que ellas? Y ¿quién de vosotros á fuerza de discursos puede - añadir un codo á su estatura? Y acerca del vestido, ¿á qué propósito - inquietaros? Contemplad los lirios del campo; ellos no labran, ni - tampoco hilan. Sin embargo, yo os digo, Salomon en toda su gloria - no se vistió como uno de estos lirios. Pues si una yerba del campo, - que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios así la viste, ¿cuánto - más á vosotros, hombres de poca fe? Así que no vayais diciendo - acongojados: ¿Dónde hallarémos qué comer y beber? ¿Dónde hallarémos - con qué vestirnos? Como hacen los paganos, los cuales andan tras - todas estas cosas, que bien sabe vuestro Padre la necesidad que - de ellas teneis. Así pues, buscad primero el reino de Dios, y su - justicia[437]; y todas las demás cosas se os darán por añadidura. No - andeis, pues, acongojados por el dia de mañana; que el dia de mañana - harto cuidado traerá por sí: bástale ya á cada dia su propio afan ó - tarea»[438]. - -Ese sentimiento, esencialmente galileo, tuvo sobre el destino de la -secta naciente una influencia decisiva. Confiando para la satisfaccion -de sus necesidades en el Padre celestial, el grupo feliz tenía por -regla de conducta considerar los cuidados de la vida como un mal que -sofoca en el hombre el gérmen de todo bien[439]. Cada dia pedian á -Dios el pan del dia siguiente[440]. ¿Á qué fin atesorar? ¿No iba á -venir el reino de Dios? «Vended lo que poseeis, y dad limosna,--decia -el maestro.--Haceos unas bolsas que no se echen á perder: un tesoro -en el cielo que jamás se agota, adonde no llegan los ladrones, ni roe -la polilla»[441]. ¿Qué cosa más insensata que acumular economías para -herederos que jamás se conocerán?[442]. Jesús se complacia en citar, -como ejemplo de la locura humana, el caso de un hombre que despues de -haber agrandado sus graneros y acumulado bienes terrenales para mucho -tiempo, murió ántes que pudiera disfrutarlos[443]. El bandolerismo, que -en aquella época se hallaba muy extendido en Galilea[444], contribuia -no poco á semejante manera de ver las cosas. El pobre, á quien ningunas -vejaciones ocasionaban aquellos latrocinios, debia considerarse como -favorecido de Dios, miéntras que el rico era el verdadero desheredado, -gracias á lo contingente é inseguro de aquello que poseia. En nuestras -sociedades, basadas sobre una idea rigurosísima de la propiedad, la -posicion del pobre es horrible; el infeliz no tiene bajo el sol ni -un palmo de tierra donde sentar la planta. Las flores, la sombra, el -banco de césped, hasta el aire que agita las ramas de los árboles, todo -pertenece al dueño de la tierra. En Oriente, esos dones de Dios no -pertenecen á nadie. El propietario no tiene sino un mínimo privilegio; -la naturaleza es el patrimonio de todos. - -Bien mirado, el cristianismo naciente no hacia en esto sino seguir las -huellas de los Esenios ó Terapeutas y de las sectas judías fundadas -en el sistema de vida cenobítica. Todas aquellas sectas entrañaban un -elemento de comunismo que ni los fariseos ni los saduceos miraban de -buen ojo. El mesianismo, idea completamente política entre los judíos -ortodoxos, se consideraba en ellas bajo un punto de vista del todo -social. Aquellas pequeñas iglesias creian inaugurar sobre la tierra -el reino de Dios por medio de una existencia tranquila, arreglada -y contemplativa, que dejaba al individuo su parte de libertad. Las -utopias de vida venturosa, que se cimentaban en la fraternidad de los -hombres y el culto puro del verdadero Dios, preocupaban á las almas -elevadas y producian por doquiera ensayos atrevidos, sinceros, pero de -escaso porvenir. - -Jesús, cuyas relaciones con los Esenios son muy difíciles de establecer -(porque en historia no siempre las semejanzas suponen hechos), era -en esto su verdadero hermano. La regla de la nueva sociedad fué -durante algun tiempo la comunidad de bienes[445]. La avaricia era el -pecado capital[446]; segun esto, menester es recordar que el pecado -de «avaricia», contra el cual se ha mostrado tan severa la moral -cristiana, consistia entónces en el simple apego á la propiedad. Para -ser discípulo de Jesús, la primera condicion era vender los bienes -y repartir su producto entre los pobres. Los que retrocedian ante -la idea de tal sacrificio no ingresaban en la comunidad[447]. Jesús -repetia frecuentemente que aquel que ha encontrado el reino de Dios -debe adquirirle con el precio de todo su caudal, y que áun así hace una -adquisicion ventajosa. «Es semejante el reino de los cielos,--decia,--á -un tesoro escondido en el campo, que si le halla un hombre vende todo -cuanto tiene y compra aquel campo. Es asimismo semejante á un mercader -que trata en perlas finas; y en viniéndole una de gran valor, va, y -vende cuanto tiene y la compra»[448]. Por desgracia, muy pronto habian -de experimentarse los inconvenientes de ese régimen. Necesitábase un -tesorero, y se eligió para este cargo á Júdas de Kerioth, á quien, con -razon ó sin ella, se le acusó de robar la caja comun[449]. Sea como -quiera, lo cierto es que el tal Júdas tuvo malísimo fin. - -Más versado en las cosas del cielo que en las de la tierra, el maestro -enseñaba algunas veces una economía política áun más singular. En -una curiosa parábola se alaba á un mayordomo por haberse granjeado -amigos entre los pobres á expensas de su amo, á fin de que los pobres -le introdujesen á su vez en el reino de Dios. Debiendo, en efecto, -ser los pobres los dispensadores de aquel reino, sólo recibirán en -él á los que los hubieren dado limosna. Por consiguiente, un hombre -prudente que piense en el porvenir debe tratar de tenerlos propicios. -«Estaban oyendo todo esto los fariseos, que eran avarientos,--dice el -evangelista,--y se burlaban de él»[450]. ¿Comprendieron, por ventura, -la terrible parábola siguiente? - -Hubo cierto hombre rico que se vestia de púrpura y de lino finísimo, y -tenía cada dia espléndidos banquetes; al mismo tiempo vivia un mendigo, -llamado Lázaro, el cual, cubierto de llagas, yacia á la puerta de -éste, deseando saciarse con las migajas que caian de la mesa del rico. -Y los perros venian y lamíanle las llagas. Sucedió, pues, que murió -el mendigo y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió -tambien el rico y fué sepultado[451]. Y cuando estaba en los tormentos, -levantando los ojos, vió á lo léjos á Abraham y á Lázaro en su seno y -exclamó diciendo: «Padre Abraham, compadécete de mí y envíame á Lázaro, -para que mojando la punta de su dedo con agua me refresque la lengua, -pues me abraso en estas llamas.» Respondióle Abraham: «Hijo, acuérdate -que recibistes bienes durante tu vida, y Lázaro, al contrario, males: -así éste ahora es consolado, y tú atormentado»[452]. - -¿Qué cosa más justa? Á esta parábola se le dió despues el nombre de -parábola del «mal rico.» Pero fué un nombre de convencion: ella es -pura y sencillamente la parábola «del rico.» Está en el infierno sólo -porque es rico, porque no da sus bienes á los pobres, porque se regala -miéntras que hay á sus puertas otros que padecen hambre. Por último, en -un momento en que Jesús, ménos exagerado, no presenta la obligacion de -vender sus bienes y repartirlos á los pobres sino como un consejo de -perfeccionamiento, hace todavía esta declaracion terrible: «Porque más -fácil es á un camello el pasar por el ojo de una aguja, que á un rico -el entrar en el reino de Dios»[453]. - -En todo esto, un sentimiento de admirable profundidad animó á Jesús, -así como tambien al grupo de alegres pescadores que le acompañaban, -é hizo de él por toda una eternidad el verdadero creador de la paz -del alma, el consolador de la vida. Desprendiendo al hombre de lo que -él llamaba los «afanes de este mundo», Jesús llegó tal vez hasta el -exceso, y socavó las condiciones esenciales de la sociedad humana; -pero al mismo tiempo fundó ese elevado espiritualismo, que durante -muchos siglos llenó las almas de alegría en su peregrinacion por este -valle de lágrimas. Jesús comprendió con perfecta exactitud que la -inadvertencia de los hombres y su falta de filosofía y de moralidad -provienen frecuentemente de las distracciones á que se entregan, de -los cuidados que los asaltan, cuidados que la civilizacion multiplica -al infinito[454]. Bajo este supuesto, el Evangelio ha sido el remedio -supremo de las penalidades de la vida vulgar, un perpétuo _sursum -corda_, una poderosa distraccion de los míseros cuidados terrenales, -un dulce llamamiento semejante al que Jesús hacia al oido de Marta: -«Marta, Marta, tú te inquietas por muchas cosas, siendo así que una -sola es necesaria.» Gracias á Jesús, la existencia más oscura, más -precaria, más agobiada bajo el peso de tristes ó humillantes deberes, -ha podido refugiarse en un rincon del cielo. El recuerdo de la vida -libre de Galilea ha sido para nuestras afanosas civilizaciones como -el perfume de otro mundo, como el fresco «rocío que desciende sobre -el monte Hermon[455],» y ha impedido á lo árido y lo vulgar invadir -completamente el campo de Dios. - - - - -CAPÍTULO XI - -EL REINO DE DIOS CONCEBIDO COMO EL ADVENIMIENTO DE LOS POBRES - - -Esas máximas, buenas en un país donde los elementos de la vida se -componian de aire y de luz, y ese dulce comunismo de un grupo de hijos -de Dios, que descansaban confiados en el seno de su padre, podian -convenir á una secta inocente que abrigaba á cada momento la persuasion -de que su utopia iba á realizarse; pero claro es que no podian -arrastrar en pos de sí á la sociedad entera. Muy pronto comprendió -Jesús que al mundo oficial de su época no satisfaria la perspectiva -de su reino. Mas tomó una resolucion atrevida, cual fué dirigirse á -los humildes, prescindiendo de todo aquel mundo de corazon seco y de -mezquinas preocupaciones. Una vasta sustitucion de raza tendrá lugar. -El reino de Dios se ha hecho: 1.º, para los niños y para aquellos que -se les asemejan; 2.º, para los desechados del mundo, víctimas del rigor -social que rechaza al hombre bueno cuando es humilde; 3.º, para los -heréticos y cismáticos, publicanos, samaritanos y paganos de Tiro y de -Sidon. Una parábola enérgica explicaba y legitimaba ese llamamiento -al pueblo[456]: «Un rey dispuso un gran banquete para celebrar las -bodas de su hijo, y envió á sus servidores á llamar á los convidados. -Mas éstos se excusaron, y áun algunos maltrataron á los mensajeros. -Irritado entónces el Rey, dijo á sus criados: Salid luégo á las plazas -y barrios de la ciudad, y traedme acá cuantos pobres, y lisiados, -y ciegos y cojos halláreis, á fin de que se llene mi casa. Pues os -prometo que ninguno de los que ántes fueron convidados probará mi -banquete.» - -El _ebionismo_ puro, es decir, la doctrina de que solamente los -pobres (_ebionim_) serán salvados, de que el reinado de los pobres -va á llegar, fué, pues, la doctrina de Jesús. «¡Ay de vosotros los -ricos!--decia,--porque ya teneis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros los -que andais hartos! porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los que -ahora reis! porque os lamentaréis y lloraréis»[457]. Y añadia: «Tú, -cuando des una comida, no convides á tus amigos, ni á tus hermanos, ni -á los parientes ó vecinos ricos; no sea que tambien ellos te inviten -á tí, y te sirva esto de recompensa; sino que cuando hagas un convite -has de convidar á los pobres, y á los tullidos, y á los cojos, y á los -ciegos, y serás afortunado, porque no pueden pagártelo, pues serás -recompensado en la resurreccion de los justos»[458]. Quizás en un -sentido análogo repetia con frecuencia estas palabras: «Sed buenos -banqueros»[459], esto es: «Haced buenas imposiciones para el reino -de Dios, dando vuestros bienes á los pobres, conforme al antiguo -proverbio: compadecerse del pobre es dar prestado á Dios»[460]. - -Bien mirado, esa doctrina no era completamente nueva. Un movimiento -democrático, el más exaltado que recuerda la historia (y el único -tambien que haya tenido éxito, porque sólo él ha permanecido en el -dominio de la idea pura), agitaba á la raza judáica desde hacia -mucho tiempo. En cada página de los escritos del Antiguo Testamento -se encuentra la idea de que Dios es el vengador del pobre y del -débil contra el rico y el poderoso. No hay sino abrir la historia -de Israel para ver en ella, más que en ninguna otra, al espíritu -popular dominando constantemente. Los profetas, verdaderos tribunos -(y tribunos de extraordinaria audacia, bajo cierto punto de vista), -habian anatematizado siempre á los grandes y establecido estrecha -relacion entre las palabras «rico», «impío», «violento», «malvado», de -una parte, y «pobre», «manso», «humilde», «piadoso», de la otra[461]. -La asociacion de tales ideas se robusteció considerablemente bajo -los Seleúcidas, en cuya época apostataron y abrazaron el helenismo -casi todos los aristócratas. El libro de Henoch contiene maldiciones -contra el mundo, los ricos y los poderosos, mucho más violentas que -las del Evangelio[462]. El lujo se considera en él como un crímen. -En ese original apocalípsis, el «Hijo del hombre» destrona los -reyes, los arranca de su voluptuosa existencia y los precipita en el -infierno[463]. La iniciacion de la Judea en los refinamientos de la -vida profana, y la reciente introduccion de un elemento de lujo y -bienestar mundanos, provocaban una furibunda reaccion en favor de la -sencillez patriarcal. «¡Ay de vosotros, los que despreciais la choza -y la heredad de vuestros padres! ¡Ay de vosotros los que construis -vuestros palacios con el sudor de los demás! Cada una de las piedras, -cada uno de los ladrillos que los componen es un pecado»[464]. El -nombre de «pobre» (_ebion_) habia llegado á ser sinónimo de «santo» y -de «amigo de Dios.» Ése era el nombre que los discípulos galileos de -Jesús se daban de preferencia; ése fué tambien durante mucho tiempo -el nombre de los cristianos judaizantes de la Batanea y del Hauran -(Nazarenos, Hebreos) que permanecieron fieles á la lengua y enseñanza -primitivas de Jesús y que se enorgullecian de poseer entre ellos á los -descendientes de su familia[465]. Aquellos pobres sectarios, ajenos al -gran movimiento que arrastró á las otras iglesias, fueron en el siglo -segundo calificados de heréticos (_ebionitas_), y hasta se inventó, á -fin de explicar su nombre, un pretendido heresiarca llamado Ebion[466]. - -Compréndese fácilmente que esa aficion exagerada á la pobreza no podia -ser durable: tal exageracion no era, en realidad, sino un elemento -de utopia semejante á los que se mezclan siempre á las grandes -creaciones, elementos que reduce á su verdadero valor el trascurso -del tiempo. El cristianismo, una vez trasportado á la vasta escena de -la sociedad, debia consentir facilísimamente en poseer riquezas, así -como el budismo, que en su orígen fué del todo monacal, se apresuró -despues á admitir á los seglares, tan pronto como las conversiones -se multiplicaron. Pero nunca desaparece por completo la señal de la -procedencia. El ebionismo, no obstante haber sido olvidado muy luégo, -dejó en toda la historia de las instituciones cristianas una levadura -que no debia perderse. La coleccion de las _Logia_ ó discursos de Jesús -se formó en el medio ebionita de la Batanea[467]. La «pobreza» continuó -siendo el ideal de los sinceros partidarios de Jesús, la carencia de -toda propiedad el verdadero estado evangélico, y la mendicidad una -virtud, un estado santo. El gran movimiento umbrío del siglo trece, -que entre todos los ensayos de fundacion religiosa es el que más -semejanza tiene con el movimiento galileo, se efectuó en nombre de la -pobreza. Francisco de Asís, el hombre del mundo que más se parece á -Jesús por su exquisita bondad y por su trato delicado y afectuoso, no -fué sino un pobre. Las órdenes mendicantes y las innumerables sectas -comunistas de la Edad media (pobres de Lyon, Begardos, Bongomilos, -Fratricellos, Humillados, pobres evangélicos, etc.), que se agrupaban -bajo la bandera del Evangelio eterno, pretendieron ser, y fueron en -efecto, los verdaderos discípulos de Jesús. Pero áun esta vez los -más imposibles sueños de la nueva religion quedaron infecundos. La -mendicidad, que tan sérias inquietudes causa á nuestras sociedades -industriales y administrativas, tuvo en su dia, y bajo el cielo que -le era favorable, poderoso atractivo; ella ofreció á una multitud de -almas dulces y contemplativas el único estado que podia convenirles. -Hacer de la pobreza un objeto de amor y de codicia, elevar al mendigo -sobre el altar, santificar el humilde traje del hombre del pueblo, es -un golpe maestro que tal vez no satisfaga á la economía política, pero -ante el cual no puede el verdadero moralista permanecer indiferente. -Para que la humanidad pueda soportar su pesada carga, necesita -abrigar la creencia de que su paga no consiste sólo en el precio de -su salario:--el mayor servicio que puede hacérsele es repetirle con -frecuencia que no vive únicamente del pedazo de pan que lleva á sus -labios. - -Jesús, como todos los grandes hombres, amaba al pobre y se complacia en -hallarse en contacto con él. En su pensamiento, el Evangelio es para -los pobres, para ellos trae el Mesías la buena nueva de salvacion[468]. -Sus elegidos eran todos los que el judaismo ortodoxo despreciaba. El -amor del pueblo, la piedad por su impotencia y el sentimiento del jefe -democrático que en sí mismo abriga el espíritu de la muchedumbre, y que -se reconoce como su intérprete natural, traspiran á cada instante en -sus actos y en sus discursos[469]. - -El grupo de elegidos ofrecia, en efecto, una mezcla de condiciones -cuyo carácter debia sorprender sobremanera á los rigoristas: en su -seno contaba personas que un judío que se respetase en algo no habria -querido tratar[470]. Y sin embargo, quizás encontraba Jesús en aquella -sociedad fuera de las reglas comunes, mejores sentimientos y más -nobleza de alma que entre las clases pedantes y formalistas, orgullosas -de su aparente moralidad. Á fuerza de exagerar las prescripciones -mosáicas, los fariseos habian llegado á creer que el trato con -personas ménos severas que ellos, bastaba para mancillarlos; en los -convites, casi se descendia á las pueriles distinciones de castas de -la India. Despreciando esas miserables aberraciones del sentimiento -religioso, Jesús se complacia en comer en casa de los párias de la -sociedad judáica[471], y tomaba asiento á la mesa junto á personas de -mal vivir, reputacion que tal vez tenía por orígen el solo hecho de -que no participaban de las ridiculeces de los devotos y mojigatos. -Los fariseos y los doctores se escandalizaban de semejante conducta: -¡Mirad con qué gentes come!--decian.--Jesús les daba entónces agudas -respuestas que exasperaban á los hipócritas: «No son los que están -sanos, sino los enfermos, los que necesitan de médico[472]»; ó bien: -«¿Quién de vosotros que teniendo cien ovejas y habiendo perdido una, -no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca de la -que ha perdido hasta encontrarla? En hallándola, se la pone sobre los -hombros muy gozoso[473]»; ó ya: «El hijo del hombre ha venido á salvar -lo que se habia perdido[474]»; ó ya, en fin: «Porque los pecadores son, -y no los justos, á quienes he venido yo á llamar[475]». Otras veces -respondia con esa hermosa parábola del hijo pródigo, en que se presenta -al que ha delinquido como acreedor á mayor compasion y cariño que el -que siempre fué justo. Sorprendidas de tanto atractivo y experimentando -por primera vez el dulce encanto de la virtud, mujeres débiles ó -culpables se aproximaban libre y confiadamente al jóven maestro. Los -hipócritas se admiraban de que no las rechazase. «¡Oh!--decian los -puritanos,--este hombre no es profeta, pues si lo fuese conoceria -que la mujer que le toca es una pecadora.» Jesús respondia con la -parábola de un acreedor que perdonó á dos de sus deudores las sumas -que le debian: la del uno era de quinientos denarios, la del otro de -cincuenta: ¿cuál de ellos le estará más agradecido? Sin duda aquel á -quien se le perdonó más[476]. Jesús apreciaba el estado del alma en -proporcion del amor que en ella se contenia. Las mujeres que por sus -faltas experimentaban sentimientos de humildad y le ofrecian un corazon -lleno de lágrimas, estaban más próximas á entrar en su reino que las -naturalezas medianas, las cuales tienen frecuentemente escaso mérito -en no haber delinquido. Por otra parte, encontrando aquellas almas -tiernas un medio de fácil rehabilitacion al convertirse á la secta, se -comprende que se adhiriesen á su doctrina con el mayor entusiasmo. - -Jesús, no sólo no trataba de acallar las murmuraciones que su desprecio -por las susceptibilidades sociales de la época producia entre los -hipócritas, sino que parece experimentar placer en excitarlas. Nadie -proclamó nunca tan audazmente ese desprecio del «mundo», condicion -indispensable de las grandes cosas y de la grande originalidad. No -perdonaba al rico, sino cuando el rico era á su vez la víctima del -desden social á consecuencia de alguna preocupacion[477]. Preferia -las personas de vida equívoca y de poca ó ninguna consideracion á los -judíos ortodoxos que aparentaban una conducta irreprochable, á los -cuales decia: «Publicanos y rameras os precederán en el reino de Dios. -Vino Juan: los publicanos y las rameras le creyeron; mas vosotros -ni con ver esto os movisteis á penitencia»[478]. Compréndese cuán -sangrienta debia ser, para los que afectaban gravedad y rigidez de -principios morales, la reconvencion de no haber seguido el buen ejemplo -de los hombres de mal vivir y de las mujeres de costumbres livianas. - -Jesús no aparentaba autoridad, ántes bien se complacia en tomar parte -en los festejos de casamientos: precisamente uno de sus milagros fué -hecho para amenizar una boda de aldea. En Oriente, las comidas de boda -tienen lugar por la noche; cada convidado lleva un farol ó lamparilla, -y aquel movimiento de luces que van y vienen produce un efecto muy -agradable. Á Jesús le gustaba ese aspecto alegre y animado, el cual -le proporcionaba motivo para deducir de él algunas parábolas[479]. -Semejante conducta, cuando la comparaban con la de Juan Bautista, -escandalizaba á los devotos[480]. Un dia en que los discípulos de Juan -y los fariseos guardaban el ayuno, le preguntaron: «¿Cómo es que los -discípulos de Juan ayunan á menudo, y oran, como tambien los de los -fariseos; al paso que los tuyos comen y beben?» Á lo que respondia -Jesús: «¿Por ventura podréis vosotros recabar de los compañeros del -esposo el que ayunen miéntras el esposo está con ellos? Tiempo vendrá -en que el esposo les será arrebatado y entónces ayunarán»[481]. Su -carácter dulce y alegre se manifestaba continuamente por medio de -reflexiones y bromas amables y festivas: «¿Á quién compararé yo esta -raza de hombres?--decia.--Es semejante á los muchachos sentados en -la plaza que dando voces á sus compañeros dicen: Os hemos entonado -cantares alegres, y no habeis bailado; cantares lúgubres, y no habeis -llorado. Así es que vino Juan, que no come, ni bebe, y dicen: Está -poseido del demonio. Ha venido el Hijo del hombre, que come, y bebe, y -dicen: Hé aquí un gloton y un vinoso, amigo de publicanos y de gente -de mala vida. Pero la sabiduría queda justificada por sus obras»[482]. - -De este modo recorria la Galilea en medio de una fiesta contínua. En -sus excursiones, Jesús se servia de una mula, animal que constituye -en Oriente buena y segura montura y cuyos negros ojos sombreados de -largas pestañas son de extremada melancolía. Los adeptos desplegaban -algunas veces en torno del maestro una pompa rústica, bien colocando -sus vestidos sobre la mula en que cabalgaba, ó bien extendiéndolos -ante sus pasos á guisa de alfombra[483]. Cuando entraba Jesús en -alguna casa, era su presencia motivo de regocijo y de bendicion: -deteníase de ordinario en las aldeas y en las granjas, donde hallaba -siempre afectuosa hospitalidad. En Oriente, basta que un extranjero -se detenga en una casa para que en seguida se convierta en un sitio -público:--toda la aldea se reune en ella, la invaden los muchachos, -y aunque traten de alejarlos, vuelven otra vez á la carga. Jesús no -podia tolerar que maltratasen á aquellos cándidos oyentes; atraíalos -hácia sí y los abrazaba con ternura[484]. Animadas las madres con -tal acogida, le presentaban sus niños de pecho para que los tocase -con sus manos[485]. Otras mujeres se acercaban á él y derramaban -aceite y perfumes sobre su cabeza y sobre sus piés. En ocasiones, sus -discípulos querian rechazarlas como importunas; pero Jesús, á quien -gustaban las costumbres antiguas y todo lo que indicaba sencillez de -corazon, reparaba cariñosamente la ofensa hecha por sus demasiado -celosos amigos. Protegiendo siempre á los que deseaban honrarle[486], -se convertia en el ídolo de los niños y de las mujeres. La reconvencion -que más frecuentemente le dirigian sus enemigos, era que trataba -de separar de sus familias aquellos seres delicados y fáciles de -seducir[487]. - -Así es que en cierto modo la religion naciente fué un movimiento de -mujeres y de niños. Estos últimos formaban al rededor de Jesús como una -guardia infantil en la inauguracion de su inocente reino; preparábanle -pequeñas ovaciones, que no dejaban de complacerle, llamábanle «hijo de -David», gritaban _Hosanna_[488], y llevaban palmas marchando en torno -de él. Quizás Jesús, como Savonarola, los dejaba servir de instrumento -á misiones piadosas; de todos modos, no se mostraba descontento de -que aquellos jóvenes apóstoles, que no le comprometian, marchasen de -vanguardia concediéndole títulos que él no osaba proclamar. Dejábalos, -pues, hacer, y cuando le preguntaban si los oia, respondia de un -modo evasivo, que la alabanza que sale de labios inocentes es la más -agradable á Dios[489]. - -Jesús no desperdiciaba ninguna ocasion de repetir que los niños deben -considerarse como seres sagrados[490]; que el reino de Dios pertenece -á los pequeñitos[491]; que para entrar en él es necesario ser como -un niño[492], pues como á tal han de recibirle[493], y que el Padre -celestial oculta sus designios á los ángeles y se los revela á los -pequeños[494]. La idea de sus discípulos se confunde casi en él con -la de los niños[495]. Un dia en que disputaban por cuestiones de -preeminencia, disputas que eran frecuentes entre los discípulos, Jesús, -llamando á sí á un niño, le colocó en medio de ellos y dijo: «aquí está -el mayor; cualquiera, pues, que se humilláre como este niño, ése será -el mayor en el reino de los cielos»[496]. - -Y en efecto, la infancia era la que en su divina espontaneidad, en su -cándida ofuscacion de gozo, se posesionaba de la tierra. Creíase á cada -instante que iba á amanecer el dia de un reino tan deseado, y cada -cual se veia ya sentado en un trono[497] junto al maestro. Repartíanse -los puestos[498] del futuro eden, y se trataba de computar el tiempo -que tardaria su inauguracion. Esto se llamaba la «Buena nueva»; la -doctrina no tenía otro nombre. La antigua palabra _paraíso_, que el -hebreo, como todas las lenguas de Oriente, habia tomado de la Persia, -y que en un principio sirvió para designar los parques de los reyes -aqueménidas, resumia el sueño de todos, la aspiracion universal; ¡el -paraíso! jardin delicioso, donde se continuaria para siempre una -vida llena de inefables encantos[499]. ¿Cuánto tiempo duró aquella -embriaguez? Se ignora. Durante el curso de aquella mágica aparicion, -nadie midió el tiempo, así como nadie mide la duracion de un éxtasis. -El vuelo de las horas quedó en suspenso; una semana fué como un siglo. -Pero ya durase años ó meses, aquel ensueño fué tan hermoso, que -despues de él la humanidad ha continuado viviendo de su recuerdo, y -todavía es su debilitado perfume nuestra suprema consolacion. Nunca -dilató el pecho humano un gozo tan puro ni tan inmenso. En aquel -esfuerzo, el más vigoroso que haya hecho la humanidad para elevarse -sobre el barro de nuestro planeta, hubo un momento en que olvidó los -lazos de plomo que la ligan á la tierra y las angustias de la vida. -¡Feliz el que entónces pudo ver la luz de aquella aurora divina, y -participar, siquiera por un dia, de aquella ilusion mágica y sin igual! -Pero ¡más dichoso todavía--nos diria Jesús--el que, libre de toda -ilusion, reproduzca en sí mismo la aparicion celestial, y sin ensueños -milenarios, sin paraíso quimérico, sin otro móvil que la rectitud de -su voluntad y la poesía del alma, sepa crear de nuevo en su corazon el -verdadero reino de Dios! - - - - -CAPÍTULO XII - -EMBAJADA DE JUAN Á JESÚS -- MUERTE DE JUAN -- CONEXION DE SU ESCUELA -CON LA DE JESÚS - - -Miéntras que la risueña Galilea celebraba con festejos la venida del -muy amado, el triste Juan se consumia de impaciencia y deseo en su -prision de Machero. Las doctrinas y el éxito que alcanzaba el jóven -maestro, á quien pocos meses ántes habia visto en las orillas del -Jordan, llegaron hasta él. Decíase que el Mesías anunciado por los -profetas, aquel que debia restaurar el reino de Israel, habia ya -venido, y que sus hechos maravillosos demostraban su presencia en -Galilea. Juan quiso cerciorarse de la veracidad de aquellos rumores, y -como comunicaba libremente con sus discípulos, eligió á dos de ellos -para que fuesen á ver á Jesús[500]. - -Los dos discípulos encontraron al profeta de Nazareth en el apogeo de -su reputacion, y causóles no poca sorpresa la alegría que reinaba en -derredor suyo. Acostumbrados á los ayunos, á la oracion, á una vida de -aspiraciones y de rigidez, se admiraron al hallarse de pronto en medio -de los regocijos de la bienaventuranza[501]. En cumplimiento de su -cometido, expusieron á Jesús la causa de su mensaje, diciéndole: «¿Eres -tú el que debia venir? ¿Debemos esperar á otro?» Jesús, que ya entónces -no vacilaba respecto á su papel de Mesías, les enumeró los hechos que -debian caracterizar el advenimiento del reino de Dios, tales como la -cura de las enfermedades y la buena nueva de salvacion anunciada á -los pobres, obras que él ejecutaba. «Dichoso, pues,--añadió,--aquel -que no dudáre de mí.» Ignórase si esta respuesta encontró vivo á -Juan Bautista, y el efecto que ella produjo en el ánimo del austero -asceta. ¿Murió consolado y con la seguridad de que vivia ya aquel que -él anunciára, ó conservó sus dudas respecto á la mision de Jesús? -Nada hay á este respecto que pueda sacarnos de incertidumbre. Sin -embargo, al notar que su escuela se continuó despues durante muchos -años paralelamente á las iglesias cristianas, se inclina uno á creer -que, no obstante su deferencia por Jesús, Juan no le consideró como -aquel que debia realizar las promesas divinas. La muerte vino, por otra -parte, á poner término á sus perplejidades. El martirio debia ser el -digno coronamiento de la carrera inquieta y agitada, y de la indomable -libertad del solitario. - -Las disposiciones indulgentes que Antipas manifestó en un principio -respecto á Juan, no fueron, á lo que parece, de mucha duracion. Segun -la tradicion cristiana, en las entrevistas que Juan tuvo con el -tetrarca, no cesaba de repetirle que su matrimonio era ilícito y que -debia rechazar léjos de sí á Herodías[502]. No es difícil imaginarse el -ódio inmenso que la nieta de Heródes el Grande debió concebir contra -aquel consejero importuno, y se comprende el afan con que acecharia la -ocasion de perderle. - -Su hija Salomé, fruto de su primer matrimonio, y tan ambiciosa y -disoluta como ella, fué el instrumento de sus designios. Antipas se -encontraba á la sazon (probablemente en el año 30 de la era cristiana) -en la fortaleza de Machero, y era dia del aniversario de su nacimiento. -Heródes el Grande habia construido en el interior de la fortaleza un -magnífico palacio[503], en el cual residia algunas veces el tetrarca. -Con el motivo indicado, preparó allí un gran festin, durante el cual -ejecutó Salomé una de esas danzas algo libres que en Siria no se -consideran como impropias de una persona distinguida. Encantado Antipas -de tanta gracia y soltura, preguntó á la bailarina lo que deseaba, -y ésta, obedeciendo á las instigaciones de su madre, respondió: «La -cabeza de Juan sobre esta fuente.» La exigencia no agradó mucho á -Antipas; mas no tuvo fuerza bastante para rehusar. Un guardia cogió la -fuente, fué á degollar al prisionero, y á los pocos instantes volvió á -entrar con la sangrienta cabeza del Bautista[504]. - -Los discípulos de éste obtuvieron su cuerpo y le colocaron en un -sepulcro. El descontento del pueblo fué grande. Seis años despues, -queriendo Hareth reconquistar á Machero y vengar el ultraje hecho -á su hija, atacó á Antipas y le derrotó completamente; el desastre -del tetrarca se consideró entónces como un castigo por la muerte de -Juan[505]. - -Los discípulos del Bautista llevaron á Jesús la noticia de su -suplicio[506]. El postrer mensaje que Juan envió á Jesús habia -concluido de establecer entre las dos escuelas estrecha intimidad. -Temiendo entónces Jesús que le alcanzase tambien el ódio de Antipas, -tomó algunas precauciones y se retiró al desierto[507]. Siguiéronle -allí muchas personas, y gracias á una extremada frugalidad, el santo -rebaño pudo vivir en aquellos eriales, circunstancia que despues se -tomó naturalmente por un milagro[508]. Á partir de aquel momento, Jesús -no habló de Juan sin manifestar profunda admiracion. Declaraba sin -vacilar[509] que el Bautista era más que un profeta; que la Ley, de -igual modo que los profetas antiguos, no habia tenido fuerza sino hasta -él[510]; que Juan los habia abrogado, pero que á su vez le abrogaria -el reino del cielo. Y en fin, le asignaba en la economía del misterio -cristiano un puesto de honor, convirtiéndole como en el lazo de union -entre el Antiguo Testamento y el advenimiento del nuevo reino. - -El profeta Malaquías, cuya opinion respecto á esto se realzó entónces -extraordinariamente[511], habia anunciado con grande insistencia -un precursor del Mesías, que debia preparar á los hombres al -acontecimiento final; una especie de mensajero enviado á la tierra para -facilitar el camino al elegido de Dios. Este mensajero no era otro que -el profeta Elías, quien, segun la creencia general, iba muy pronto -á descender del cielo, adonde habia subido, á fin de reconciliar á -Dios con su pueblo y de hacer que los hombres se preparasen al grande -acontecimiento por medio de la penitencia[512]. Al nombre de Elías -asociaban algunas veces el del patriarca Henoch, al cual se atribuia, -desde hacia uno ó dos siglos, alto grado de santidad, ó bien el de -Jeremías[513], á quien se consideraba como al genio protector del -pueblo, ocupado siempre en rogar por él ante el trono de Dios[514]. -La idea de que dos antiguos profetas deben resucitar para servir de -precursores al Mesías, se halla de una manera tan sorprendente en la -doctrina de los Parsis, que se inclina uno á admitir la hipótesis de -que los israelitas la tomaron de allí[515]. Sea como quiera, ella -formaba en la época de Jesús parte integrante de las teorías judáicas. -Todo el mundo creia que la aparicion de dos «testigos infieles», -_vestidos de hábitos de penitencia_, serviria de prólogo al gran drama -que iba á desarrollarse con asombro del universo[516]. - -Abrigando semejantes ideas, compréndese que Jesús y sus discípulos -no vacilasen respecto á la mision de Juan. Cuando los escribas les -objetaban que áun no podia tratarse de Mesías en razon á que Elías no -habia venido[517], les contestaban afirmativamente, diciendo que Elías -habia venido; que Juan era Elías resucitado[518]. En efecto, Juan, -por su género de vida, por su oposicion á los gobiernos políticos, -recordaba aquella figura original y terrible de la antigua historia de -Israel[519]. Jesús no cesaba de encarecer los méritos y la excelencia -de su precursor. Decia que entre los hijos de los hombres no habia -nacido uno más grande, y anatematizaba á los fariseos y á los doctores -por no haber aceptado su bautismo, por no haberse convertido á su -voz[520]. - -Los discípulos de Jesús permanecieron fieles á esos principios del -maestro. El respeto á Juan fué una tradicion constante en la primera -generacion cristiana[521]; supúsosele pariente de Jesús[522], y para -fundar la mision de éste sobre un testimonio de todos admitido, se dijo -que Juan, desde la primera entrevista con Jesús, le proclamó por el -Mesías; que se reconoció inferior á él é indigno de desatar las cintas -de sus sandalias; y que en un principio rehusó bautizarle, sosteniendo -que él debia ser bautizado por Jesús[523]. Tales exageraciones quedan -plenamente refutadas por la forma dubitativa del último mensaje -de Juan[524]. Sin embargo, en un sentido más general, el Bautista -permaneció en la leyenda cristiana siendo lo que en realidad fué, -esto es, el austero cenobita que prepara el camino á la nueva era, -el triste predicador de penitencias ántes de las alegrías que traerá -consigo la llegada del esposo, el profeta que anuncia el reino de -Dios y muere ántes de verle. Aquel gigante de los orígenes del -cristianismo, aquel comedor de langostas y de miel silvestre, aquel -rígido enderezador de entuertos, fué el ajenjo que preparó los labios -á las dulzuras del reino de Dios. La víctima de Herodías abrió la era -de los mártires cristianos, siendo el primer testimonio de la nueva -conciencia. Los mundanos reconocieron en él su verdadero enemigo y no -pudieron tolerar su vida: su cadáver mutilado y tendido sobre el umbral -del cristianismo, trazó la sangrienta via por donde tantos mártires -habrian de pasar despues de él. - -La escuela de Juan no se extinguió con la muerte de su fundador: -separada de la de Jesús, vivió algun tiempo, hallándose al principio -en buena armonía con la de aquél. Varios años despues de la muerte de -ambos maestros se practicaba todavía el bautismo juanista. Algunas -personas pertenecian simultáneamente á las dos escuelas, entre otras, -el célebre Apolos, el rival de San Pablo (hácia el año 50), y un gran -número de cristianos de Éfeso[525]. Josefo ingresó (año 53) en la -escuela de un asceta llamado Banú, que tiene gran semejanza con Juan -Bautista y que tal vez habia sido su discípulo. Aquel Banú[526] vivia -en el desierto, formaban su vestido hojas de árboles, alimentábase de -plantas ó de frutas silvestres, y lo mismo de dia que de noche, se -bautizaba frecuentemente, á fin de purificarse. Santiago, aquel á quien -se llamaba el «hermano del Señor» (quizás hay aquí alguna confusion -de homónimos), observaba tambien un ascetismo análogo[527]. Algunos -años despues (hácia el 80), el bautismo estuvo en lucha abierta con el -cristianismo, particularmente en el Asia Menor. Juan el Evangelista -le combate de una manera embozada[528]. Uno de los poemas sibilinos -proviene, á lo que parece, de aquella escuela. En cuanto á las sectas -de Hemerobatistas, Baptistas y Elcaitas (_Sabiens_, _Mogtasila_ de -los escritores árabes)[529], que se propagaron por Siria, Palestina -y Babilonia en el siglo segundo, y cuyos restos subsisten aún entre -los Mandeitas llamados «cristianos de San Juan», sin duda tuvieron el -mismo orígen que el movimiento del Bautista y no debe considerárselas -como la descendencia auténtica de Juan. La verdadera escuela de éste, -medio confundida con el cristianismo, llegó á mirarse como una herejía -cristiana y se extinguió oscuramente. Juan vió sin duda hácia qué -parte se inclinaba el porvenir. Si hubiese obedecido á una rivalidad -mezquina, su nombre yaceria hoy en el olvido entre la muchedumbre -de los sectarios de su época. Su abnegacion le condujo á la gloria, -dándole un puesto único en el panteon religioso de la humanidad. - - - - -CAPÍTULO XIII - -PRIMERAS TENTATIVAS SOBRE JERUSALEN - - -Jesús, casi todos los años iba á Jerusalen á la fiesta de la Pascua. -Los pormenores de cada uno de aquellos viajes son poco conocidos, -porque los sinópticos no hablan de ellos[530], y las notas del cuarto -evangelio son muy oscuras respecto á este particular[531]. Lo cierto -es, segun parece, que el año 35, y seguramente despues de la muerte -de Juan, fué cuando tuvo lugar la más importante de las residencias -de Jesús en la capital. Muchos discípulos le siguieron. Aunque -entónces Jesús daba poca importancia á la peregrinacion, se sometió á -ella por no lastimar la opinion judía, con la que no habia roto aún -abiertamente. Por otra parte, esos viajes entraban en sus proyectos; -porque comprendia ya que para representar un papel de primer órden era -preciso salir de Galilea y atacar el judaismo en su plaza fuerte, que -era Jerusalen. - -La pequeña comunidad de Galilea estaba bastante fuera de su centro en -la capital. Jerusalen, poco más ó ménos, era entónces lo mismo que es -hoy dia, una ciudad de pedantismo, de acrimonia, de disputas, de odios -y de nimiedades de ingenio. El fanatismo era allí extremado, y muy -frecuentes las sediciones religiosas. Los fariseos imperaban en ella; -el estudio de la Ley, llevado á las más insignificantes pequeñeces y -reducido á cuestiones de casuística, era la única enseñanza. Aquella -cultura exclusivamente teológica y canónica no contribuia en nada á -ilustrar los entendimientos. Tenía algo de semejante á la estéril -doctrina del faquir musulman, á esa ciencia fútil que se agita al -rededor de una mezquita, disipacion considerable de tiempo y de -dialéctica del todo vana, sin que la buena disciplina del entendimiento -se aproveche de ella. La educacion teológica del clero moderno, aunque -árida, no puede dar idea alguna de aquélla; porque el Renacimiento ha -introducido en todas nuestras enseñanzas, áun en las más rebeldes, -una parte de bellas letras y de buen método, que ha hecho que la -escolástica tome más ó ménos una tintura de humanidades. La ciencia -del doctor judío, del _sofer_ ó escriba, era puramente bárbara, -absurda sin compensacion, desprovista de todo elemento moral[532]. -Para colmo de desgracia, llenaba de un ridículo orgullo á todo el que -se empeñaba en abrazarla. Orgulloso del pretendido saber que tanto -trabajo le costára, el escriba judío sentia por la cultura griega el -mismo desprecio que el sabio musulman de nuestros dias experimenta por -la civilizacion europea, y que el antiguo teólogo católico tenía por el -saber de las gentes del mundo. Es propio de esas culturas escolásticas -el alejar el espíritu de todo lo delicado, el no apreciar sino las -difíciles nimiedades en cuya adquisicion se ha gastado la existencia, -considerándolas como la obligacion de las personas que hicieron -profesion de gravedad. - -Aquel mundo odioso no podia ménos de oprimir gravemente las almas -sensibles y delicadas del Norte. El desprecio de los Hierosolimitanos -hácia los Galileos hacia la separacion aún más inaccesible. En aquel -magnífico templo, objeto de todos sus deseos, no encontraban sino -afrenta. Un versículo del salmo de los peregrinos[533]: «He preferido -quedarme á la puerta de la casa de mi Dios» parece hecho exprofesamente -para ellos. Un sacerdote desdeñoso sonreia de su inocente devocion, -casi como en otro tiempo en Italia el clero, familiarizado con los -santuarios, presenciaba indiferente y burlon quizás, el fervor -del peregrino que de léjos habia venido. Los Galileos hablaban un -dialecto bastante corrompido: su pronunciacion viciosa, confundiendo -las diversas aspiraciones, hacia que resaltasen _quid pro quos_ que -excitaban no poco la hilaridad[534]. - -En religion se los tenía por ignorantes y poco ortodoxos: la frase -«simple Galileo» se habia hecho proverbial. Se creia (y no sin razon) -que la sangre judáica estaba entre ellos muy mezclada, y se tenía por -axioma que la Galilea no podia producir un profeta[535]. Llevados así -al último extremo del judaismo, y casi fuera de él, los pobres Galileos -no contaban con otra cosa para reanimar sus esperanzas, sino con un -pasaje de Isaías bastante mal interpretado[536]: - -«¡Tierra de Zabulon y tierra de Nefthalí, camino del mar, Galilea de -los gentiles! El pueblo que marchaba en la oscuridad ha visto una gran -luz; el sol se ha levantado para los que se hallaban sumidos en las -tinieblas.» - -La reputacion que gozaba la ciudad natalicia de Jesús era -particularmente detestable. Hubo un proverbio popular que decia: -«¿Acaso de Nazareth puede salir cosa buena?»[537]. - -La completa aridez de la naturaleza en los alrededores de Jerusalen -debia acabar de disgustar á Jesús. Sus valles no tienen agua; el suelo -es árido y pedregoso. Cuando se clava la vista en la depresion del mar -Muerto se experimenta algo de embriagador: fuera de ese lugar, todo es -monótono. Sólo la colina de Mizpa, con sus recuerdos de la más antigua -historia de Israel, atrae las miradas. La ciudad presentaba en tiempo -de Jesús casi el mismo aspecto que hoy dia. No poseia ni el más pequeño -monumento antiguo, porque hasta los Asmoneos, los judíos permanecieron -extraños á todas las artes: Juan Hircano comenzó á embellecerla, y -Heródes el Grande hizo de ella una de las más suntuosas ciudades de -Oriente. Las construcciones herodianas rivalizaban con las mejores de -la antigüedad por su carácter grandioso, lo perfecto de la ejecucion -y la belleza de los materiales. Un crecido número de sepulcros, de un -gusto original, se elevaba hácia el mismo tiempo en los alrededores -de Jerusalen[538]. El estilo de aquellos monumentos era el griego, -pero amoldado al uso de los judíos y notablemente modificado segun -sus principios. Los ornamentos de escultura viva, que los Heródes se -permitieron, con gran disgusto de los rigoristas, fueron desterrados, -reemplazándolos por una decoracion vegetal. El gusto de los antiguos -moradores de la Fenicia y de la Palestina por los monumentos monolitos -tallados en piedra viva parecia renacer en aquellos singulares -sepulcros abiertos en las rocas y en los que los órdenes griegos -están caprichosamente aplicados á una arquitectura de trogloditas. -Jesús, que consideraba las obras de arte como una pompa fútil de la -vanidad, vió todos aquellos monumentos con disgusto[539]. Su absurdo -espiritualismo y su opinion inmutable de que la figura del viejo mundo -debia desaparecer, le quitaron el gusto para todo lo que no tocaba al -corazon. - -El templo, en la época de Jesús, era todo nuevo, y sus obras exteriores -aún no se habian concluido. Heródes habia hecho que su reconstruccion -empezase el año 20 ó 21 ántes de la era cristiana, para ponerle al -nivel de sus otros edificios. La nave del templo se acabó en diez -y ocho meses, y los pórticos en ocho años[540]; pero las partes -accesorias continuaron poco á poco, no terminándose sino poco tiempo -ántes de la toma de Jerusalen[541]. Jesús vió trabajar probablemente -en él, no sin cierto disgusto interior. Aquellas esperanzas de un -porvenir durable eran una especie de insulto á su próximo advenimiento. -Más perspicaz que los incrédulos y fanáticos, comprendia que aquellas -magníficas construcciones estaban llamadas á gozar una corta -duracion[542]. - -Por lo demás, el templo formaba un conjunto maravillosamente -conmovedor, y cuyo _haram_ actual[543], á pesar de su belleza, puede -apénas dar una idea. Las galerías y pórticos que le cercaban servian -ordinariamente de punto de reunion á una muchedumbre considerable, y -aquel vasto sitio era á la vez el templo, el foro, el tribunal y la -universidad. Todas las discusiones religiosas de las escuelas judías, -todas las enseñanzas canónicas, hasta las mismas causas civiles -y criminales, en una palabra, toda la actividad de la nacion se -concentraba allí[544]. Aquél era un choque contínuo de argumentos, un -palenque de disputas, oyéndose por todas partes sofismas y cuestiones -sutiles. El templo tenía, pues, mucha semejanza con una mezquita -musulmana. Llenos de miramiento en aquella época hácia las religiones -extranjeras, cuando éstas permanecian en su propio territorio[545], los -romanos se prohibian la entrada en el santuario; inscripciones griegas -y latinas marcaban el punto hasta dónde era permitido llegar á los -no judíos[546]. Pero la torre Antonia, cuartel general de la fuerza -romana, dominaba todo el recinto, permitiendo observar lo que pasaba -allí[547]. - -El cuidado material del templo estaba á cargo de los judíos; un capitan -del templo tenía su mayordomía, haciendo abrir y cerrar las puertas é -impidiendo que se atravesara su circuito llevando baston en la mano, -con el calzado sucio ó con paquetes, ó pasar por él para acortar el -camino[548]. Se vigilaba sobre todo escrupulosamente para que nadie -entrase en los pórticos interiores en estado de impureza legal. Las -mujeres tenian una tribuna completamente separada. - -Allí fué donde Jesús pasaba sus dias durante el tiempo que permanecia -en Jerusalen. La época de las fiestas hacia concurrir á aquella -ciudad un inmenso gentío. Reunidos en una misma habitacion diez ó -veinte personas, los peregrinos lo invadian todo, viviendo en ese -hacinamiento desordenado, que tanto agrada en Oriente[549]. Jesús se -confundia entre la muchedumbre, y sus pobres galileos agrupados en su -derredor hacian poco efecto. Presentia, sin duda, que aquél era un -mundo hostil para él, que no lo acogeria sino con desprecio. Todo lo -que veia le disgustaba. El templo, como en general todos los parajes -de devocion demasiado frecuentados, ofrecia un aspecto poco edificante. -El servicio del culto llevaba consigo un número de detalles, sobre todo -operaciones mercantiles, á consecuencia de las cuales se establecieron -verdaderas tiendas en el sagrado circuito. Allí se vendian reses para -los sacrificios, y se encontraban mesas para facilitar el cambio de la -moneda: á veces se hubiera tomado aquello por un bazar. Los ínfimos -empleados del templo llenaban sin duda su mision con la vulgaridad -irreligiosa de los sacristanes de todas las edades. Aquel aire profano -é indiferente en el manejo de las cosas santas heria el sentimiento -religioso de Jesús, llevado, á veces, hasta el escrúpulo[550]. Decia -que de la casa del Señor habian hecho una cueva de ladrones. Un dia, -cuentan que se dejó llevar de la cólera, y que dió de latigazos á -aquellos mercaderes innobles, tirando por tierra sus mesas[551]. En -general, gustaba poco del templo: el culto que concibió por su Padre, -nada tenía que ver con las sangrientas escenas de los sacrificios. -Todas aquellas rancias instituciones judías le disgustaban, y sufria -al verse obligado á consentirlas. Así pues, el templo y su local -no inspiraron sentimientos piadosos, en el seno del cristianismo, -sino á los cristianos judaizantes. Los verdaderos hombres nuevos -sintieron aversion por aquel antiguo lugar sagrado. Constantino y los -primeros emperadores cristianos dejaron subsistir donde estaban las -construcciones paganas de Adriano[552]. Sólo fueron los enemigos del -cristianismo, como Juliano, los que pensaron en aquel paraje[553]. -Cuando Omar entró en Jerusalen, el lugar del templo fué profanado de -intento en ódio á los judíos[554]. - -El Islam, es decir, una especie de resurreccion del judaismo, en toda -su forma exclusivamente semítica, fué el que le devolvió sus honores. -Aquel lugar fué siempre anti-cristiano. - -El orgullo de los judíos acababa de descontentar á Jesús y de hacerle -penosa la permanencia en Jerusalen. Á medida que las grandes ideas -de Israel se fortalecian, el sacerdocio se humillaba. La institucion -de las sinagogas dió al intérprete de la Ley, al doctor, una grande -superioridad sobre el sacerdote. No existian sacerdotes sino en -Jerusalen, y áun allí mismo, limitados á las funciones simplemente -rituales, casi como nuestros sacerdotes de parroquia, excluidos de -la predicacion, estaban pospuestos al orador de la sinagoga, al -casuista, al _sofer_ ó escriba, por más lego que fuese este último. -Los hombres célebres del Talmud no son sacerdotes; son sabios segun -las ideas del tiempo. El alto sacerdocio de Jerusalen gozaba, en -verdad, de un rango muy elevado en la nacion, pero no estaba en manera -alguna á la cabeza del movimiento religioso. El sumo pontífice, cuya -autoridad habia sido ya deshonrada por Heródes[555], se convertia cada -vez más en un funcionario romano[556], que se mudaba frecuentemente -para que muchos se aprovechasen del empleo. En contraposicion de los -fariseos, celosos seglares muy exaltados, casi todos los sacerdotes -eran saduceos, es decir, miembros de aquella aristocracia incrédula que -se formó al rededor del templo, viviendo del altar y teniendo en él su -vanidad[557]. La casta sacerdotal se habia separado hasta tal punto -del sentimiento nacional y de la gran direccion religiosa que conducia -al pueblo, que el nombre de «saduceo» (_sadoki_), que designaba de -antemano solamente á un miembro de la familia sacerdotal de Sadok, vino -á ser sinónimo de «materialista» y de «epicúreo». - -Pero aún vino un elemento peor, despues del reinado de Heródes el -Grande, á corromper el alto sacerdocio. Habiéndose Heródes enamorado -de Mariana, hija de un tal Simon, hijo éste de Boethus de Alejandría, -y habiendo querido casarse con ella (hácia el año 28 ántes de J. -C.), no encontró otro medio para ennoblecer al padre de su futura y -elevarle hasta él, que hacerle gran sacerdote. Aquella intrigante -familia permaneció dueña del soberano pontificado durante treinta y -cinco años, casi sin interrupcion[558]. Estrechamente ligada á la -familia reinante, no se separó de él sino despues que fué depuesto -Arquelao, volviéndose á apoderar del pontificado (el año 42 de nuestra -era) despues que Heródes Agrippa rehizo por algun tiempo la obra de -Heródes el Grande. Bajo el nombre de _Boethusim_[559], se formó así -una nueva nobleza sacerdotal, muy mundana, muy poco devota, que casi -se confundió con los Sadokitas. Los _Boethusim_, en el Talmud y en los -escritos rabínicos, están presentados como dos especies de incrédulos, -y siempre cerca de los saduceos[560]. De todo esto resultó al rededor -del templo una especie de córte de Roma, viviendo de la política, poco -dada á los excesos de celo, áun esquivándolos, no queriendo oir hablar -de personajes santos, de innovadores, porque se aprovechaba de la -rutina establecida. Estos sacerdotes epicúreos no tenian la violencia -de los fariseos; sólo querian el reposo: su frivolidad moral y su fria -irreligion hacian sublevarse á Jesús; y aunque diferentes en sí, le -eran de igual modo antipáticos. Pero extranjero y sin crédito, debia -guardar para sí, durante bastante tiempo, su disgusto y no comunicar -sus sentimientos sino á la sociedad íntima que le acompañaba. Ántes de -la última residencia, más larga con mucho que todas las que permaneció -en Jerusalen, y que terminó por su muerte, Jesús ensayó, no obstante, -hacerse escuchar. Predicó; se habló de él; se ocuparon de ciertos -actos que consideraban como milagrosos. Pero de todo esto no resultó -ni el establecimiento de una iglesia en Jerusalen, ni un número de -discípulos hierosolimitanos. El elocuente doctor que perdonaba á todos -con tal que le amasen, no debia encontrar eco en un santuario de -disputas vanas y de sacrificios arraigados. Sólo consiguió con esto -algunas buenas relaciones, de las que más tarde recogió el fruto. No -es de suponer que entónces trabase conocimiento con la familia de -Bethania que le prodigó, en medio de las pruebas de sus últimos meses, -tantos consuelos. Pero desde el principio llamó la atencion de un -tal Nicodemo, rico fariseo, miembro del sanedrin, y muy considerado -en Jerusalen[561]. Ese hombre, que parecia honrado y de buena fe, se -sintió arrastrado hácia el jóven galileo. No queriendo comprometerse, -fué á verle de noche y tuvo con él una larga conferencia[562]. De ella -guardó, sin duda, una favorable impresion, porque más tarde defendió á -Jesús contra las prevenciones de sus cofrades[563], y, á la muerte de -Jesús, volvemos á hallarle prodigando piadosos cuidados al cadáver del -maestro[564]. Nicodemo no se hizo cristiano; creyó que su posicion se -lo impedia en un momento revolucionario, en que la religion no contaba -aún prosélitos ilustres. Pero evidentemente prodigó gran amistad á -Jesús dispensándole servicios, aunque sin poder arrancarle á una muerte -cuyo decreto, á la época en que llegamos, estaba como escrito. - -En cuanto á los doctores célebres de su tiempo, no parece que Jesús -tuviera relaciones con ellos. Hillel y Schammai habian muerto: la mayor -autoridad de la época era Gamaliel, nieto de Hillel, inteligencia clara -y hombre de mundo, dedicado á los estudios profanos, y acostumbrado -á la tolerancia por su comercio con la alta sociedad[565]. Al reves -de los fariseos, muy severos, que caminaban envueltos en un velo ó -con los ojos cerrados, él miraba á las mujeres, sin exceptuar á las -paganas[566]. La tradicion le excusó, así como haber sabido el griego, -porque le acercaba á la córte. Despues de la muerte de Jesús manifestó -sobre la nueva secta miras muy templadas[567]. San Pablo salió de su -escuela[568]. Pero es muy probable que Jesús jamás entró en ella. - -Un pensamiento al ménos que Jesús sacó de Jerusalen, y que desde -entónces parecia arraigarse en él, fué que no habia pacto posible -con el antiguo culto judío; la abolicion de los sacrificios, que -le causaron tanto disgusto; la supresion de un sacerdocio impío y -altanero, y hasta cierto punto la abrogacion de la ley, le parecieron -de absoluta necesidad. - -Á partir de ese momento, se coloca, no como reformador judío, sino como -destructor del judaismo. Algunos partidarios de las ideas mesiánicas -habian admitido ya que el Mesías sería el portador de una nueva Ley, -comun á toda la tierra[569]. Los Esenios, que apénas eran judíos, -parecian ser tambien indiferentes al templo y á las observancias -mosáicas. Pero sólo eran atrevimientos aislados y no consentidos. Jesús -fué el primero que se atrevió á decir que á partir de él, ó mejor á -partir de Juan[570], la Ley no existia ya. Si alguna vez empleaba -términos más discretos[571], era por no chocar abiertamente con las -preocupaciones admitidas. Cuando le ponian en el disparador, descorria -todos los velos y declaraba que la Ley no tenía ninguna fuerza. Á -propósito de esto, se valia de enérgicas comparaciones: «Nadie á un -vestido viejo echa un remiendo de paño nuevo; tampoco echa nadie vino -nuevo en cueros viejos»[572]. - -Hé ahí en la práctica, su acto de maestro y de creador. Aquel templo -excluyó de su seno los no judíos por medio de carteles afrentosos. -Jesús rechaza el templo. Aquella Ley estrecha, dura, sin caridad, -no se hizo sino para los hijos de Abraham. Jesús pretende que todo -hombre de buena voluntad, todo hombre que le acoja y le ame es hijo de -Abraham[573]. El orgullo de la sangre le parecia el enemigo capital -que debia combatir. Jesús, en otros términos, no es ya un judío. Es -revolucionario al más alto grado; llama á todos los hombres á un -culto fundado sobre su sola cualidad de hijos de Dios. Proclama los -derechos del hombre, no los derechos del judío; la religion del hombre, -no la religion del judío; la salvacion del hombre, no la salvacion -del judío[574]. ¡Ah, cuán léjos estamos de un Júdas Gaulonita, de un -Matías Margaloth, predicando la revolucion en nombre de la Ley! La -religion de la humanidad, establecida, no sobre la sangre, sino sobre -el corazon, queda fundada. Se ha ido más allá que Moisés; el templo no -tiene ya razon de ser, y es irrevocablemente condenado. - - - - -CAPÍTULO XIV - -RELACIONES DE JESÚS CON LOS GENTILES Y LOS SAMARITANOS - - -Consecuente á estos principios, Jesús despreciaba todo lo que no era -la religion del corazon. Las vanas prácticas de los devotos[575] y -el rigorismo exterior, que espera alcanzar la salvacion por medio de -mojigaterías, hallaban en él un enemigo mortal. Se cuidaba poco del -ayuno[576] y preferia el perdon de una ofensa á los sacrificios[577]. -El amor de Dios, la caridad, el perdon recíproco, hé ahí toda su -ley[578]; nada ménos sacerdotal que esto. El sacerdote, por su estado, -induce siempre al sacrificio público, del cual es el ministro obligado, -y disuade de la oracion privada, que es un medio de no necesitar -de él. En vano se buscará en el Evangelio una práctica religiosa -recomendada por Jesús. El bautismo sólo tiene para él una importancia -secundaria[579]; y en cuanto á la oracion, nada establece, sino que se -haga de corazon. - -Muchos, como sucede siempre, creyeron reemplazar por el buen deseo de -las almas débiles el verdadero amor del bien, y se imaginaron ganar -el reino del cielo diciéndole: «_Señor, Señor._» Jesús los rechazaba -proclamando que su religion era el hacer bien[580]. Frecuentemente -citaba el pasaje de Isaías: «Este pueblo me honra con sus labios, pero -su corazon está léjos de mí»[581]. - -El sábado era el punto capital sobre el que se elevaba el edificio -de los escrúpulos y de las sutilezas farisáicas. Aquella excelente -y antigua institucion vino á ser un pretexto de mezquinas disputas -de casuitas y una causa perenne de supersticiosas creencias[582]. Se -creia que la naturaleza guardaba su observancia; todos los manantiales -intermitentes pasaban por «sabáticos»[583]. Éste era tambien el -punto sobre que Jesús se complacia en retar á sus adversarios[584]. -Quebrantaba abiertamente el sábado, y no respondia á los cargos que -se le hacian, sino por medio de sátiras ingeniosas. Con mayor motivo -despreciaba una porcion de preceptos modernos, que la tradicion habia -añadido á la Ley, y que, por la misma razon, eran más apreciados de -los devotos. Las abluciones, las diferencias demasiado sutiles de las -cosas puras ó impuras no encontraban en él compasion ni misericordia. -«¿Podeis lavar vuestra alma de esa manera?--les decia:--No mancilla al -hombre lo que come, sino lo que sale de su corazon.» - -Los fariseos, propagadores de esas hipócritas nimiedades, eran el -blanco á que se dirigian todos sus tiros. Los acusaba de exagerar la -Ley, de inventar preceptos imposibles, á fin de crear á los hombres -ocasiones de pecar. «Ciegos, lazarillos de ciegos,--decia,--cuidado -con caer en el hoyo.»--«Raza de víboras,--añadia en secreto,--no -hablan sino del bien, pero en su interior son malvados; desmienten el -proverbio: “La boca no vierte sino lo que rebosa el corazon”[585].» -Jesús no conocia bastante á los gentiles para pensar establecer sobre -su conversion alguna cosa sólida. La Galilea contaba gran número de -paganos, pero no, á lo que parece, un culto organizado y público de -los falsos dioses[586]. Jesús pudo ver desplegarse este culto en todo -su esplendor en el país de Tyro y de Sidon, en Cesárea de Filipo y en -la Decápola. De todo eso hizo poco caso. Jamás se encuentra en él ese -pedantismo insoportable de los judíos de su época, esas declamaciones -contra la idolatría tan familiares á sus correligionarios, á partir -de Alejandro, y de que está lleno, por ejemplo, el libro de la -«Sabiduría»[587]. Lo que le chocaba en los paganos no era su idolatría, -sino su servilismo[588]. El jóven demócrata judío, hermano en esto de -Júdas el Gaulonita, no reconociendo por dueño sino á Dios, se agraviaba -de los honores que se tributaban á la persona de los soberanos y de -los títulos frecuentemente falaces que se les prodigaban. Excepto en -esto, en la mayor parte de las circunstancias en que se encontraba con -los paganos mostraba con ellos una gran indulgencia; á veces parecia -concebir más esperanzas sobre ellos que sobre los judíos[589]. El reino -de Dios les será transferido. «Cuando un propietario está descontento -de aquel á quien ha alquilado su viña, la arrienda á otros labradores -que le paguen los frutos á su tiempo»[590]. Jesús debia mantenerse -tanto más en esta opinion, cuanto que la conversion de los gentiles -era, segun las ideas judías, una de las señales más ciertas de la -venida del Mesías[591]. En su reino de Dios hace sentar al festin, al -lado de Abraham, de Isaac y de Jacob, hombres originarios de todas -partes, miéntras que rechaza á los herederos legítimos del reino[592]. -Cierto es que frecuentemente se cree hallar en las órdenes que da á sus -discípulos una tendencia del todo contraria: parece recomendarles que -no prediquen la salvacion sino solamente á los judíos ortodoxos[593], -y habla de los paganos de una manera conforme á las prevenciones de -los judíos[594]. Pero es necesario acordarse de que los discípulos, -cuyo escaso entendimiento no se avenia á esa gran indiferencia por la -cualidad de hijos de Abraham, pudieron muy bien hacer doblegar las -instituciones del maestro en el sentido de sus propias ideas. Por otra -parte, es muy posible que Jesús variase respecto á este punto de la -misma manera que Mahoma habla de los judíos en el Coran, tan pronto -del modo más conveniente como con una extrema dureza, segun espera ó -no atraerlos hácia sí. La tradicion, en efecto, concede á Jesús dos -reglas de proselitismo enteramente contrarias y que pudo practicar -sucesivamente: «Quien no es contrario vuestro, de vuestro partido -es;--el que no está por mí, contra mí está»[595]. Esta especie de -contradicciones ocasiona, casi necesariamente, una lucha apasionada. - -Lo cierto es, que entre sus discípulos contaba diferentes personas -de las que los judíos designaban con el nombre de «Helénicos»[596]. -Esta palabra tenía en Palestina muy diversas significaciones. Unas -veces se designaba con ella á los paganos, otras á los judíos que -hablaban griego y vivian entre aquéllos[597], otras á las personas de -orígen pagano convertidas al judaismo[598]. Lo probable es que Jesús -encontrase más simpatías en esta última clase de Helénicos[599]. -La afiliacion al judaismo tenía muchos grados, pero los prosélitos -permanecian siempre en un estado de inferioridad con respecto al judío -de nacimiento. Los que nos ocupan al presente eran llamados «prosélitos -de la puerta» ó «personas timoratas de Dios», que se sometian á los -preceptos de Noé, y no á los mosáicos[600]. Esa misma inferioridad -era sin duda alguna la causa que los acercaba á Jesús y les valia su -estimacion. - -De la misma manera obraba con los samaritanos. Cercada como un islote -entre las dos grandes provincias del judaismo (la Judea y la Galilea), -la Samaria formaba en Palestina una especie de territorio ó distrito, -donde se conservaba el antiguo culto del Garizim, hermano y rival del -de Jerusalen. Aquella pobre secta, que no tenía ni el genio ni la -sábia organizacion del judaismo propiamente dicho, era tratada por los -hierosolimitanos con extremada dureza[601]. Los que á ella pertenecian -eran considerados por el mismo prisma que los paganos, concediéndoles -un grado de mayor desprecio[602]. Jesús, por una especie de oposicion, -estaba animado en su favor. Muchas veces prefiere los samaritanos -á los judíos ortodoxos. Si en algunas ocasiones parece prohibir á -sus discípulos que vayan á predicarles, reservando su Evangelio -para los israelitas puros[603], es sin duda un precepto hijo de las -circunstancias, al cual los apóstoles dieron un sentido demasiado -absoluto. Algunas veces los samaritanos le recibian mal, suponiéndole -imbuido en las preocupaciones de sus correligionarios[604]; del mismo -modo que en nuestros dias, el europeo despreocupado es para los -musulmanes un enemigo á quien siempre se cree cristiano fanático. Jesús -sabía colocarse por cima de esos errores[605]. Tuvo muchos discípulos -en Sichem, donde pasó dos dias[606]. En cierta situacion, no encuentra -ni gratitud, ni verdadera piedad, sino en casa de un samaritano[607]. -Una de sus mejores parábolas es la del hombre herido en el camino de -Jericó. Un sacerdote pasa, le ve y prosigue su camino. Un levita pasa -y no se detiene. Un samaritano le compadece, se acerca á él, derrama -aceite en sus heridas y las venda[608]. Jesús deduce de esto que la -verdadera fraternidad se establece entre los hombres por la caridad y -no por la fe religiosa. - -El «prójimo», que en el judaismo era sobre todo el correligionario, es -para él el hombre que tiene piedad de sus semejantes, sin distincion de -sectas. La fraternidad humana en el sentido más lato rebosaba en todas -sus lecciones. - -Estos pensamientos, que asediaban á Jesús á su salida de Jerusalen, -encontraron su viva expresion en una anécdota que ha sido conservada -respecto á su regreso. El camino de Jerusalen, en Galilea, pasa á una -media hora de Sichem[609] delante de la explanada del valle que dominan -los montes Ebal y Garizim. Los peregrinos judíos evitaban en general -aquel camino, prefiriendo en sus viajes dar el gran rodeo de la Perea -más bien que exponerse á las vejaciones de los samaritanos ó á pedirles -alguna cosa. Estaba prohibido comer y beber con ellos[610]; el axioma -de algunos casuistas era «que un pedazo de pan de los samaritanos es -carne de puerco»[611]. Cuando se emprendia aquel camino, se hacian, -pues, de antemano las provisiones; y áun así raramente se evitaban las -pendencias y los malos tratamientos[612]. Jesús no participaba ni de -aquellos escrúpulos, ni de esos temores. Cuando hubo llegado al punto -del camino en que hácia la izquierda se abre el valle de Sichem, se -sintió fatigado y se detuvo cerca de un pozo. Los samaritanos tenian, -lo mismo entónces que hoy en dia, la costumbre de poner á todos los -parajes de sus valles, nombres sacados de los recuerdos patriarcales; -aquel pozo le miraban como dado á José por Jacob; probablemente era el -mismo que áun hoy dia se llama _Bir-Iakoub_. Los discípulos entraron en -el valle y fueron á la ciudad á comprar provisiones; Jesús se sentó en -el borde del pozo, teniendo á su vista á Garizim. - -Era mediodía próximamente. Una mujer de Sichem vino á sacar agua. Jesús -la pidió de beber, lo cual la asombró muchísimo, porque los judíos se -prohibian de ordinario todo comercio con los samaritanos. Subyugada por -la plática de Jesús, la mujer reconoció en él un profeta, y esperando -sin duda reconvenciones acerca de su culto, tomó la delantera, -diciendo: «Señor, nuestros padres adoraron sobre esta montaña, miéntras -que vosotros decís que en Jerusalen está el lugar donde se debe -adorar.»--«Mujer, créeme á mí, le respondió Jesús:--ya llega el tiempo -en que ni en este monte ni en Jerusalen adoraréis al Padre; ya llega el -tiempo en que los verdaderos adoradores le adorarán en espíritu y en -verdad»[613]. - -El dia en que pronunció esa frase fué verdaderamente hijo de Dios, -diciendo por vez primera la palabra sobre la cual descansará el -edificio de la religion eterna. Con ella fundó el culto puro, sin -fecha, sin patria; el culto que practicarán las almas elevadas hasta -el fin de los siglos. Desde aquel dia, no solamente su religion fué -la religion de la humanidad, sino la absoluta; y si en otros planetas -hay habitantes dotados de razon y de moralidad, su religion no puede -ser diferente de la que Jesús proclamó junto al pozo de Jacob. El -hombre no ha podido permanecer en ella, porque lo ideal no se alcanza -sino por un momento. La palabra de Jesús fué un relámpago en una -noche oscura; han sido necesarios mil ochocientos años para que los -ojos de la humanidad (es decir, de una parte sumamente ínfima de la -humanidad) se hayan habituado á ella. Pero el relámpago se convertirá -en luz permanente, y despues de haber recorrido todos los círculos de -los errores, la humanidad volverá á esa palabra, como á la expresion -inmortal de su fe y de sus esperanzas. - - - - -CAPÍTULO XV - -PRINCIPIO DE LA LEYENDA DE JESÚS -- IDEA QUE TIENE ÉL MISMO DE SU -MISION SOBRENATURAL - - -Cuando Jesús volvió á Galilea, no conservaba en su corazon ni un átomo -de fe judía, y entónces se le ve lleno de entusiasmo revolucionario, -expresando sus ideas con perfecta claridad. Los inocentes aforismos -de su primera edad profética, tomados en parte de la doctrina de -los rabinos anteriores á él, y las bellas predicaciones morales de -su segundo período, se han convertido en una política decisiva. La -Ley quedará abolida, y es él quien la abolirá[614]. El Mesías ha -venido, y no es otro que él, Jesús; el reino de Dios se revelará bien -pronto á los hombres, y es él quien habrá de revelarle. Jesús sabe -que será víctima de su atrevimiento; pero el reino de Dios no puede -ser conquistado sin violencia; debe establecerse por medio de las -conmociones y de las penalidades[615]. El «Hijo del hombre» vendrá -despues de su muerte, lleno de gloria y en compañía de legiones de -ángeles, á confundir á aquellos que le rechazaron. - -No debe sorprendernos la audacia de semejante concepcion. Desde hacia -mucho tiempo, Jesús se consideraba respecto á Dios, como un hijo -respecto á su padre. Lo que en otros habria sido vanidad insoportable, -no debe mirarse en él como un atentado. - -El primer título que aceptó fué el de «Hijo de David», y probablemente -le aceptó sin recurrir á los inocentes fraudes por medio de los cuales -se trató de asegurársele. Segun parece, la familia de David se habia -extinguido desde hacia mucho tiempo[616]; los Asmoneos no pretendieron -jamás atribuirse tal descendencia; y ni á Heródes ni á los romanos les -pasó por la mente el que existiese en torno de ellos un representante -de los derechos de la antigua dinastía. Pero desde el fin de los -Asmoneos, todas las imaginaciones deliraban con un descendiente -desconocido de los antiguos reyes, el cual vengaria á la nacion de sus -enemigos. La creencia general era que el Mesías sería hijo de David, y -que, como él, naceria en Bethlehem[617]. Sin duda no fué éste el primer -sentimiento de Jesús; el recuerdo de David, que preocupaba á la mayoría -del pueblo judío, nada tenía de comun con su reino celestial. Creíase -hijo de Dios y no de David; su reino y el rescate que meditaba, eran -de otra especie muy distinta. Pero respecto á esto, la opinion general -violentó hasta cierto punto sus intenciones. La consecuencia inmediata -de esta proposicion: «Jesús es el Mesías», era esta otra: «Jesús es -hijo de David.» Así, pues, dejóse dar un título, sin el cual no podia -prometerse éxito alguno, y concluyó, á lo que parece, por adoptarle con -el mayor gusto, puesto que se apresuraba á ejecutar los milagros que se -le pedian, interpelándole de ese modo[618]. Verdad es que en esto, como -en otras várias circunstancias de su vida, Jesús no hizo sino amoldarse -á las ideas que más boga alcanzaban en su tiempo, aunque aquellas -ideas no fuesen precisamente las suyas. Á su dogma del «reino de Dios» -asociaba todo cuanto podia contribuir á enardecer el corazon y la -imaginacion del pueblo. Así es como le hemos visto adoptar el bautismo -de Juan, ceremonia que en rigor no debia importarle gran cosa. - -Una grave dificultad se presentaba respecto al título mencionado, -cual era su nacimiento en Nazareth, circunstancia conocida de todo el -mundo. ¿Tuvo Jesús que luchar contra esta objecion? Se ignora. Quizás -este inconveniente no se presentó nunca en Galilea, en cuya comarca -no se hallaba muy extendida la idea de que el hijo de David habia de -ser un bethlehemmitano. Para el idealista galileo, el título de Hijo -de David estaba, por otra parte, suficientemente justificado con tal -de que aquel á quien se le concediese, realzase la gloria de su raza -é hiciera lucir dias de ventura en el oriente de Israel. ¿Autorizó -Jesús con su silencio las genealogías ficticias que sus partidarios -imaginaron para probar su régia estirpe?[619]. ¿Tuvo noticia de las -leyendas inventadas para hacerle nacer en Bethlehem, y en particular -del rodeo de que se valieron para relacionar su orígen bethlehemmitano -con el empadronamiento que se verificó por órden del legado imperial -Quirinus?[620]. Nada se sabe. La incertidumbre y las contradicciones -de las genealogías[621] hacen creer que fueron el resultado de un -trabajo popular que se operaba en diversos puntos, y que ninguna de -ellas fué sancionada por Jesús[622], el cual no se designa jamás como -hijo de David. Ménos ilustrados que él, sus discípulos exageraban á -menudo sus palabras, sin que Jesús tuviera muchas veces conocimiento de -aquellas exageraciones. Añadamos que, durante los tres primeros siglos -de nuestra era, considerables fracciones del cristianismo[623] negaron -con obstinacion la descendencia régia de Jesús y la autenticidad de las -tales genealogías. - -Su leyenda era, pues, el fruto de una gran conspiracion completamente -espontánea, y se elaboraba á su alrededor áun ántes de su muerte. Todos -los grandes acontecimientos de la historia han dado lugar á un ciclo -de fábulas más ó ménos inverosímiles, y aunque Jesús hubiese querido, -no le habria sido fácil sustraerse á esas creaciones populares. Una -vista un poco sagaz habria podido reconocer desde entónces el gérmen -de los relatos que debian atribuirle un nacimiento sobrenatural, bien -en virtud de la idea, muy general entre los antiguos, de que ningun -hombre extraordinario puede nacer de las relaciones comunes entre -ambos sexos; bien para responder á un capítulo mal interpretado de -Isaías[624], en el cual creian ver que el Mesías naceria de una vírgen; -bien, en fin, como consecuencia de la idea de que el «Hálito de Dios», -erigido ya en hipóstasis divina, es un principio de fecundidad[625]. -Tal vez circulaba ya respecto á su infancia más de una anécdota -concebida con la intencion de demostrar en su biografía el cumplimiento -del ideal mesiánico[626], ó, mejor dicho, de las profecías que la -exegésis alegórica de la época enlazaba con el Mesías. Otras veces -supónesele relacionado desde la cuna con hombres célebres, tales -como Juan Bautista, Heródes el Grande, astrólogos caldeos que, segun -dicen, hicieron por aquel tiempo un viaje á Jerusalen[627], y por -último, con dos ancianos, Simeon y Anna, que habian dejado recuerdos de -gran santidad[628]. Á todas esas combinaciones, fundadas en su mayor -parte sobre hechos verdaderos, aunque desfigurados[629], presidia una -cronología bastante tímida. Pero en todas esas fábulas resaltaba un -espíritu de dulzura y bondad y un sentimiento completamente popular, -que hacia de ellas como un suplemento de la predicacion[630]. Esos -relatos se propagaron de un modo extraordinario despues de la muerte -de Jesús; sin embargo, puede creerse que ya circulaban en vida del -maestro, no encontrando sino una piadosa credulidad y una cándida -admiracion. - -Lo que de todos modos se halla fuera de duda es, que Jesús no pensó -nunca en hacerse pasar por una encarnacion de Dios. Esta idea era -completamente extraña al espíritu judáico, y ningun indicio de ella -se encuentra en los evangelios de los sinópticos[631]; sólo se halla -indicada en algunas partes del evangelio de Juan, el cual no puede -aceptarse como el eco del pensamiento de Jesús. Y áun este mismo -evangelista parece tomar de cuando en cuando sus precauciones para -rechazar semejante doctrina[632]. La acusacion de que Jesús se proclama -Dios ó el igual de Dios se presenta, áun en el evangelio de Juan, -como una calumnia de los judíos[633]. En el último evangelio, Jesús -declara que es inferior á su Padre[634], y en otras partes confiesa -que su Padre no se lo ha revelado todo[635]. Cree, sí, que es algo -más que un hombre extraordinario, aunque separado de Dios por una -distancia inmensa. Jesús es hijo de Dios; pero todos los hombres lo -son ó pueden llegar á serlo en grados diferentes[636]. Dios es el -padre á quien debe llamarse con ese nombre cada dia, á cada momento, y -todos los resucitados serán hijos suyos[637]. La filiacion divina se -atribuia en el Antiguo Testamento á seres que de ningun modo se trataba -de igualar con Dios[638]. En los idiomas semíticos, así como en el -lenguaje del Nuevo Testamento, se da á la palabra «hijo» un sentido -sumamente lato[639]. Además, la idea que Jesús forma del hombre no es -esa idea humilde que introdujo despues un glacial deismo. En su poética -concepcion de la naturaleza, un hálito único penetra el universo; Dios -habita en el hombre, vive en él, de igual manera que el hombre habita -en Dios y vive en Dios[640]. El eminente idealismo de Jesús no le -permitió nunca tener una idea bien clara de su propia personalidad:--Él -es su Padre, y su Padre es él; vive en sus discípulos, está con ellos -en todas partes[641], y él y sus discípulos son uno, así como su Padre -y él no son sino una misma cosa[642]. Para él, la idea es el todo; el -cuerpo, que forma la distincion de las personas, no es nada. - -De este modo, el título de «Hijo de Dios», ó de «Hijo»[643] -sencillamente, llegó á ser para Jesús un título análogo al de «Hijo del -hombre», y, como éste, sinónimo de «Mesías»; pero con la diferencia de -que él se llamaba á sí mismo «Hijo del hombre» y de que nunca hizo uso, -á lo que parece, de la palabra «Hijo de Dios»[644]. El título de «Hijo -del hombre» expresaba su cualidad de juez; el de «Hijo de Dios» su -poder y su participacion en los supremos designios. Ese poder no tiene -límites; su Padre le ha conferido ámplias facultades para todo, hasta -para cambiar el sábado[645]. Nadie conoce al Padre sino por él[646]. -El Padre le ha trasmitido exclusivamente el derecho de juzgar[647]. La -naturaleza le obedece, pero tambien obedece á cualquiera que cree y -ora, porque la fe lo puede todo[648]. Es menester recordar que ni en -la mente de Jesús, ni en la de aquellos que le escuchaban, no habia -ninguna idea, respecto á las leyes de la naturaleza, capaz de marcar -el límite de lo imposible. Los testigos de sus milagros dan gracias á -Dios por haber concedido á los hombres semejante potestad[649]. Jesús -perdona los pecados[650], y es superior á David, á Abraham, á Salomon -y á los profetas[651]. Ignoramos bajo qué forma y de qué manera se -producian esas afirmaciones. Jesús no debe ser juzgado por la regla -de nuestras mezquinas conveniencias. La admiracion de sus discípulos -sacaba sus ideas fuera del cauce primitivo, y es evidente que ya no le -satisfacia el título de _rabbí_ con que en un principio se contentara; -áun el título mismo de profeta ó de enviado de Dios no respondia ya á -su pensamiento. Atribuíase la posicion de un sér sobrenatural y queria -que se le considerase respecto á Dios en una relacion más inmediata, -más íntima que los demás. Pero es necesario tener presente que las -palabras «sobrehumano» y «sobrenatural», tomadas de nuestra mezquina -fraseología, carecian de sentido en la elevada conciencia religiosa de -Jesús. La naturaleza y el desarrollo de la humanidad no eran para él -reinos limitados fuera de Dios, no eran ruines realidades sujetas á -las leyes de un desesperante empirismo. Para él no habia sobrenatural, -porque no habia naturaleza. Embriagado de amor infinito, olvidaba -la pesada cadena que retiene cautivo al espíritu, y franqueaba de un -solo salto el abismo, para muchos infranqueable, que la pobreza de las -facultades humanas traza entre el hombre y Dios. - -No puede negarse que en esas afirmaciones de Jesús se hallaba ya -el gérmen de la doctrina que debia luégo convertirle en hipóstasis -divina[652], identificándole con el Verbo, ó en «segundo Dios»[653], -ó en hijo mayor de Dios[654], ó en _ángel metatrono_[655], doctrina -que la teología judáica creaba tambien por su parte[656]. Á fin de -corregir el extremado rigor del antiguo monoteismo, aquella teología -experimentaba la necesidad de colocar cerca de Dios un asesor, en el -cual delegase el Padre eterno el gobierno del universo. La creencia de -que ciertos hombres eran encarnaciones de facultades ó de «potencias» -divinas se hallaba muy generalizada; por aquella misma época habia -entre los Samaritanos un taumaturgo, llamado Simon, á quien se -identificaba con la «gran virtud de Dios»[657]. Desde hacia casi -dos siglos, los entendimientos especulativos del judaismo tendian -á personificar ó, mejor dicho, á formar personas diferentes de los -atributos divinos y de ciertas expresiones que se relacionaban con la -divinidad. El «Hálito de Dios», de que frecuentemente se hace mérito -en el Antiguo Testamento, se consideraba como un sér aparte, llamado -_Espíritu Santo_. De igual manera la «Sabiduría de Dios» y la «palabra -de Dios» llegan á ser personas que existen por sí mismas. El gérmen del -procedimiento fué, pues, el que engendró los _Sephiroth_ de la cábala, -los _Æons_ del gnosticismo, las hipóstasis cristianas, toda esa árida -mitología que consiste en abstracciones personificadas, y á la cual -tiene que recurrir el monoteismo cuando quiere introducir en Dios la -multiplicidad. - -Jesús parece haber permanecido extraño á esos teológicos refinamientos, -que muy pronto debian llenar el mundo de estériles disputas. La teoría -metafísica del Verbo, tal como se encuentra en los escritos de su -contemporáneo Filon, en los _Targums_ caldeos, y hasta en el libro -de la «Sabiduría»[658], no traspira ni en las _Logia_ de Matheo, ni -en general en ninguno de los sinópticos, intérpretes tan auténticos -de las palabras de Jesús. En efecto, nada tenía de comun con el -mesianismo la doctrina del Verbo; ni el Verbo de Filon, ni el de los -Targums es el Mesías. Los que despues trataron de probar que Jesús -era el Verbo y crearon en este sentido toda una nueva teología, muy -diferente de la del reino de Dios, fueron Juan el evangelista ó los -discípulos de su escuela[659]. El papel esencial del Verbo es el de -creador y de providencia; esto supuesto, Jesús no pretendió jamás -haber creado el mundo, ni mucho ménos gobernarle. Su mision será -juzgarle, renovarle. El atributo esencial que Jesús se atribuye, el -que le conceden todos los primeros cristianos, es el de presidente del -juicio final del género humano[660]. Hasta entónces, permanece sentado -á la diestra de Dios como su _Metatrono_, como su primer ministro y -futuro vengador[661]. El Cristo de las bóvedas bizantinas, juez del -mundo, sentado en medio de apóstoles semejantes á él y superiores -á los ángeles, que no hacen sino asistir y servir, es la exacta -representacion figurada de esa concepcion del «Hijo del hombre», cuyos -primeros rasgos aparecen ya fuertemente indicados en el Libro de Daniel. - -De todos modos, el rigor de una escolástica discurrida no se hallaba en -semejante órden de cosas. El conjunto de ideas que acabamos de exponer -formaba en el ánimo de los discípulos un sistema tan inseguro, que -hacen obrar al Hijo de Dios, á esa especie de division de la divinidad, -como si fuera un hombre ni más ni ménos que los otros. Jesús es tentado -por el demonio, ignora muchas cosas y corrige ó rectifica sus propias -palabras[662]; se muestra abatido, desanimado, pide á su padre que le -evite la amargura de las pruebas, y se somete á la voluntad de Dios -como un hijo[663]. Él, que debe juzgar el mundo, no sabe cuándo llegará -el dia del juicio[664]. Vésele tambien tomar precauciones respecto á -su seguridad, amenazada por sus enemigos[665]. Poco tiempo despues de -su nacimiento, su familia se ve obligada á esconderle á fin de evitar -la persecucion de hombres poderosos, que quieren matarle[666]. En -los exorcismos, el diablo disputa con él y no abandona el cuerpo del -paciente á la primera intimacion[667]. Al operar los milagros, nótase -en él un penoso esfuerzo, como aquel que violenta su voluntad[668]. -Todo esto no es sino la obra de un enviado de Dios, de un hombre á -quien Dios protege y favorece[669]. Inútil sería buscar en semejante -exposicion de ideas lógica y consecuencia. La necesidad que tenía Jesús -de acreditarse, y el entusiasmo de sus discípulos, aglomeraban nociones -contradictorias. Para los mesianistas de la escuela milenaria, para -los apasionados lectores de los libros de Daniel y de Henoch, Jesús -era el «Hijo del hombre»; para los judíos de la creencia comun, para -los lectores de Isaías y de Miqueas, era el «Hijo de David»; para los -afiliados, era el «Hijo de Dios» ó simplemente el «Hijo». Otros, sin -que por ello merecieran la censura de los discípulos, le tomaban por -Juan Bautista resucitado, por Elías, ó por Jeremías, conforme á la -creencia popular de que los antiguos profetas vendrian á preparar la -época del Mesías[670]. - -El entusiasmo, produciendo la conviccion y alejando hasta la sombra de -una duda, servia de escudo á esas atrevidas afirmaciones. Á nosotros, -naturalezas frias y timoratas, no nos es fácil comprender cómo la -idea de que el hombre se hace apóstol puede llegar á poseerle hasta -ese extremo. La conviccion, con arreglo al prisma racional y severo á -traves del cual miran las acciones los individuos de nuestras razas -pensadoras, significa la sinceridad para consigo mismo. Pero en los -pueblos orientales, poco acostumbrados á las delicadezas del espíritu -crítico, la sinceridad para consigo mismo no significa gran cosa. Á -los ojos de nuestra rígida conciencia, la buena fe y la impostura -se rechazan entre sí como dos términos irreconciliables. En Oriente -no sucede lo mismo: entre uno y otro término caben innumerables -subterfugios y sutilezas. Los autores de los libros apócrifos (por -ejemplo, de Daniel y de Henoch), esos hombres tan ensalzados, cometian -en favor de su causa, y de seguro sin la menor sombra de escrúpulo, lo -que nosotros calificariamos de falsedad y fraude. Los orientales dan -poca importancia á la verdad material, y todo lo ven por el prisma de -sus ideas, de sus intereses y de sus pasiones. - -Si no se admiten respecto á la sinceridad diferentes grados, la -historia es imposible. El pueblo es el autor de todas las grandes -cosas, y siendo así, para conducirle es menester doblegarse á sus -ideas. El filósofo que sabiendo esto se aisla y encierra en la -integridad de carácter, sin duda merece los más sinceros elogios. Pero -no debe censurarse al que acepta la humanidad tal como es, con sus -ilusiones y sus delirios, y trata de obrar con ella y sobre ella. César -sabía perfectamente que no era hijo de Vénus; la Francia no sería lo -que es hoy, si no hubiese creido por espacio de mil años en la santa -ampolla[*] de Reims. Fácil nos es á nosotros, pobres impotentes, -calificar todo eso de impostura, y orgullosos de nuestra tímida -honradez, tratar desdeñosamente á los héroes que aceptaron la lucha -de la vida en otras condiciones. Pero cuando con nuestros escrúpulos -hayamos hecho lo que ellos hicieron con sus falsedades, entónces y sólo -entónces tendrémos derecho de tratarlos con severidad. Es preciso, -cuando ménos, establecer profunda distincion entre sociedades como -la nuestra, donde todo se pasa por el tamiz de la crítica y de la -reflexion, y sociedades crédulas y sencillas como aquellas en que -nacieron las creencias que han dominado los siglos. Todas las grandes -fundaciones descansan en alguna leyenda. Si hay en ello un culpable, es -sin duda la humanidad, que quiere ser engañada. - - [*] Vaso sagrado, en el cual se conservaba el óleo que servia - para ungir á los reyes. (N. del T.) - - - - -CAPÍTULO XVI - -MILAGROS - - -Segun los contemporáneos de Jesús, dos medios de prueba podian -solamente establecer una mision sobrenatural: tales eran los milagros -y el cumplimiento de las profecías. Jesús, y en particular sus -discípulos, emplearon con la mejor buena fe esos dos procedimientos de -demostracion. Jesús se hallaba convencido desde hacia mucho tiempo de -que los profetas habian escrito refiriéndose á él. Veia en sus oráculos -sagrados su propia figura, y se consideraba como el espejo en que todo -el espíritu profético de Israel habia leido el porvenir. Tal vez la -escuela cristiana trató de probar, áun en vida de su fundador, que -Jesús correspondia perfectamente á cuanto los profetas habian predicho -respecto al Mesías[671]. Pero, en muchos casos, las semejanzas eran del -todo exteriores y tan vagas, que nosotros apénas podemos apreciarlas. -Frecuentemente, circunstancias fortuitas ó insignificantes de la vida -del maestro, recordaban á los discípulos ciertos pasajes de los salmos -y de los profetas, en los cuales, gracias á su constante preocupacion, -creian ver imágenes relativas á Jesús[672]. Así, pues, casi toda la -exegésis de la época consistia en juegos de palabras, en citas traidas -por los cabellos, en inducciones artificiales y arbitrarias. La -sinagoga no tenía una lista oficial y segura de los pasajes referentes -al reino futuro. Las aplicaciones mesiánicas eran libres, y más bien -que una argumentacion importante y razonada, constituian artificios de -estilo. - -En cuanto á los milagros, ellos eran en aquella época el signo -indispensable de lo divino, el sello de las vocaciones proféticas. -En las leyendas de Elías y de Elíseo, hormigueaban los hechos -maravillosos, y todo el mundo estaba persuadido de que el Mesías -realizaria gran número de ellos[673]. Á algunas leguas del punto en -que vivia Jesús, en Samaria, un mago llamado Simon alcanzaba, merced á -sus prestigios, una reputacion casi divina[674]. Y andando el tiempo, -cuando se pretendió poner en boga al taumaturgo Apolonio de Tiana y -probar que su vida habia sido el viaje de un dios sobre la tierra, nada -se creyó tan á propósito para conseguirlo como inventar respecto á él -un vasto ciclo de milagros[675]. Los mismos filósofos de Alejandría, -Plotino y demás compañeros, tienen fama de haberlos hecho[676]. Jesús -se encontró, pues, en esta alternativa: ó renunciar á su mision, ó -convertirse tambien en taumaturgo. Es preciso tener presente que, á -excepcion de las grandes escuelas científicas de la Grecia y de sus -adeptos romanos, toda la antigüedad admitia los milagros, y que Jesús, -no solamente creia en ellos, sino que no tenía ni la más remota idea de -un órden natural sujeto á leyes invariables. Sus conocimientos sobre -este punto en nada eran superiores á los de sus contemporáneos. Léjos -de ello, puesto que una de las opiniones más profundamente arraigadas -en Jesús era, que la fe y la oracion dan al hombre ilimitado poder -sobre la naturaleza[677], la facultad de hacer milagros nada tenía -entónces de sorprendente, en razon á que se la consideraba como un -permiso en toda regla concedido por Dios á los hombres[678]. - -La diferencia de los tiempos y la distinta manera de apreciar las -cosas, hacen que nos disguste y ofenda aquello mismo que sirvió de -poderosa palanca al gran fundador; y si el culto de Jesús se debilita -alguna vez en la humanidad, será justamente á causa de los actos -que hicieron creer en él. Ante esa especie de fenómenos históricos, -la crítica no experimenta ninguna perplejidad. En nuestros dias un -taumaturgo, á ménos que no sea de una candidez extrema, como ciertas -estigmatizadas de Alemania, es un ente odioso, porque hace milagros -sin creer en ellos; es lo que se llama un charlatan. Pero la cuestion -cambia de aspecto, si aplicamos nuestro juicio á un Francisco de -Asís;--el ciclo milagroso del orígen de la órden de San Francisco, -léjos de chocarnos, nos causa un verdadero placer. Los fundadores del -cristianismo vivian en un estado de poética ignorancia, tan completo -como aquel en que vivió Santa Clara y los _tres socii_. Parecíales -la cosa más sencilla del mundo que su maestro tuviese entrevistas -con Moisés y Elías, curase los enfermos é hiciese que los elementos -obedecieran á su voz. Por otra parte, es menester no olvidar que todas -las ideas pierden algo de su primitiva pureza tan pronto como aspiran á -realizarse: no se llega á obtener éxito sin que la delicadeza del alma -saque algunas heridas de la lucha. Tal es la flaqueza del entendimiento -humano, que las mejores causas se ganan casi siempre con malas razones. -Las demostraciones de los primeros apologistas del cristianismo se -fundan en pobrísimos argumentos. Moisés, Cristóbal Colon, Mahoma y -tantos otros no triunfaron de los obstáculos, sino teniendo presente -á cada momento la debilidad de los hombres y ocultando con frecuencia -la verdad. Es muy probable que los milagros impresionasen más á las -personas que rodeaban á Jesús que las predicaciones tan profundamente -divinas del maestro. Añádase que ántes y despues de la muerte de Jesús -la fama exageró sin duda extraordinariamente el número de los hechos -sobrenaturales. Los tipos de los milagros evangélicos no ofrecen, en -efecto, mucha variedad; repítense á cada paso los mismos, y parecen -calcados sobre un reducido número de modelos, en armonía con las -exigencias y los gustos del país. - -Entre el cúmulo de relatos milagrosos, cuya fatigosa enumeracion -contienen los evangelios, es imposible distinguir los milagros que la -opinion atribuyó á Jesús de aquellos en que él se avino á desempeñar un -papel activo. Y es todavía más imposible el averiguar si esas chocantes -circunstancias de esfuerzos, estremecimientos y demás rasgos que tienen -cierto sabor de juglería[679] son históricas, ó si son fruto de la -creencia de los redactores, cuyas almas vivian en un mundo lleno de -preocupaciones teúrgicas, muy semejante al mundo en que viven nuestros -modernos _espiritistas_[680]. Casi todos los milagros que Jesús creyó -ejecutar parecen haber sido milagros de curacion. En aquella época, -la medicina era en Judea lo que es todavía en Oriente, esto es, nula -bajo el punto de vista científico, un arte rudimentario sometido -completamente á la inspiracion individual. La medicina científica, -fundada por los griegos desde hacia quinientos años, era en tiempo de -Jesús desconocida entre los judíos de la Palestina. En semejante estado -de ignorancia, la presencia de un hombre superior que trate al paciente -con dulzura y le dé, mediante algunos signos sensibles, la seguridad -de su restablecimiento, es con frecuencia un remedio decisivo. Nadie -negará que en muchos casos, exceptuando los de lesiones completamente -caracterizadas, los consuelos de una persona exquisita valen tanto -como los recursos de la farmacia. El placer de verla produce alivio; -y aunque no ofrezca al enfermo sino aquello que puede, esto es, una -sonrisa, una esperanza, sus dones no carecen de precio. - -Jesús, de igual manera que sus compatriotas, no tenía idea de una -ciencia médica racional; como todo el mundo, creia que la cura de las -enfermedades debia operarse por medio de las prácticas religiosas: -semejante creencia era en extremo lógica y consecuente. Considerándose -la enfermedad como el castigo de un pecado[681], como obra de los -demonios[682], y de ninguna manera como el resultado de causas físicas, -natural era que el mejor médico fuese el hombre santo, aquel que tenía -poder en el órden maravilloso. La cura de las enfermedades pasaba por -una cosa moral; Jesús, teniendo conciencia de su fuerza moral, debia, -pues, creerse especialmente dotado para practicarla. Convencido de -que el contacto de su túnica[683] y la imposicion de sus manos[684] -eran favorables á los enfermos, habria sido cruel si hubiese negado -á los que sufrian un alivio que tan fácilmente podia concederles. -Mirábase tambien la curacion de los enfermos como una de las señales -del reino de Dios, idea que iba siempre asociada á la emancipacion de -los pobres[685]. Ambas eran los signos de la gran revolucion que debia -conducir al alivio de todas las enfermedades. - -El exorcismo ó la expulsion de los demonios es uno de los géneros -de curacion que Jesús opera más frecuentemente. La creencia en los -demonios reinaba entónces en todos los ánimos; y tan general era esa -opinion, que no sólo en Judea, sino en el mundo entero, se creia que -los demonios se amparaban del cuerpo de ciertas personas, obligándolas -á obrar contra su voluntad. Un _div_ persa, _Aeschma-daeva_, «el div -de la concupiscencia», nombrado várias veces en el Avesta[686], y -adoptado por los judíos bajo el nombre de _Asmodeo_[687], llegó á ser -la causa de todas las perturbaciones histéricas de las mujeres[688]. La -misma explicacion se daba respecto á la epilepsia, á las enfermedades -mentales ó nerviosas[689], que ponen fuera de sí al paciente, y á -aquellas cuya causa no se echa de ver, como la sordera y la mudez[690]. -El admirable tratado «De la enfermedad sagrada», de Hipócrates, que -estableció sobre este punto, cuatro siglos y medio ántes de Jesús, -los verdaderos principios de la medicina, aún no habia desterrado -del mundo semejantes errores. Suponíase que para lanzar los demonios -habia procedimientos más ó ménos eficaces:--el estado de exorcista era -una profesion regular como la de médico[691]. Es indudable que Jesús -tenía fama de poseer los últimos secretos respecto á ese arte[692]. -En aquella época habia muchos locos en Judea, fenómeno producido -sin duda por la grande exaltacion de los ánimos. Aquellos locos se -dejaban en completa libertad, como sucede áun hoy dia en las regiones -de Siria, y habitaban las grutas sepulcrales ya abandonadas, las -cuales eran el retiro ordinario de los vagabundos. Jesús ejercia mucha -influencia sobre aquellos infelices[693]. Á propósito de esas curas se -referian mil singulares historias, en las que se daba rienda suelta -á la credulidad de la época. Pero tampoco en esto se deben exagerar -las dificultades. Los desórdenes que entónces se explicaban por la -posesion de los diablos, eran frecuentemente insignificantes. En Siria -se miran todavía, en pleno siglo décimo nono, como locos ó poseidos -del demonio (estas dos ideas se confunden en una, _medjnum_)[694] á -los que sólo adolecen de alguna extravagancia. En semejante caso, una -palabra dulce y cariñosa basta á veces para lanzar al demonio:--es más -que probable que Jesús no emplease otros medios. ¿No cabe tambien en lo -posible que su fama de exorcista se extendiera sin que él tuviese casi -conocimiento de ello? Las personas que residen en Oriente se quedan á -veces sorprendidas de encontrarse, al cabo de algun tiempo, con una -gran reputacion de médico, de hechicero ó de zahorí; reputacion que el -vulgo les cuelga sin que ellas puedan darse cuenta de los hechos que -hayan podido motivar esas extravagantes suposiciones. - -Hay, además, muchas circunstancias que indican que Jesús no -fué taumaturgo sino tarde y á su pesar. Á menudo no ejecuta sus -milagros sino á fuerza de súplicas, y los hace con una especie de -mal humor, y echando en cara á los que se los piden la rudeza de su -entendimiento[695]. Una rareza, en apariencia inexplicable, pero fácil -de comprender, es el cuidado que pone en hacer sus milagros de un modo -oculto, y sus recomendaciones á las personas curadas de que no digan -nada á nadie[696]. Cuando los demonios quieren proclamarle hijo de -Dios, les prohibe que despeguen los labios; si le reconocen, es á pesar -suyo[697]. Estos rasgos son muy característicos en Márcos, que es el -evangelista por excelencia de los milagros y de los exorcismos. No -parece sino que el discípulo que suministró las noticias fundamentales -del segundo evangelio importunaba á Jesús con su admiracion por -los prodigios, y que, aburrido el maestro de una reputacion que le -disgustaba, le recomendaba frecuentemente no hablar de ello. Esa -discordancia produce en una ocasion un destello singular[698], un -acceso de impaciencia que prueba el enojo que causaban á Jesús aquellas -contínuas é importunas peticiones de los espíritus débiles. Diríase -que su papel de taumaturgo le es algunas veces insoportable, y que -trata de dar la menor publicidad posible á las maravillas que en cierto -modo brotan bajo la huella de sus piés. Cuando sus enemigos le piden -un milagro, y en particular un prodigio celeste, un meteoro, rehusa -categórica y obstinadamente[699]. Permitido es, pues, creer que le -impusieron su reputacion de taumaturgo, que si no la rechazó, tampoco -hizo nada por consolidarla, y que de cualquier manera comprendia cuán -infundada y vana era la opinion respecto á esto. - -Dejarnos llevar demasiado de nuestras repugnancias, y por sustraernos -á las objeciones que puedan hacérsenos contra el carácter de Jesús, -prescindir de hechos que á los ojos de sus contemporáneos figuraron -en primera fila[700], sería faltar al buen método histórico. Decir -que ellos son adiciones de discípulos muy inferiores al maestro; que, -no pudiendo comprender su verdadera grandeza, trataron de realzarle -con prodigios indignos de él, sería sumamente cómodo. Pero es el caso -que los cuatro narradores de la vida de Jesús se hallan unánimes en -ensalzar sus milagros; uno de ellos, Márcos, intérprete del apóstol -Pedro[701], insiste de tal manera sobre este punto, que si para trazar -el carácter del Cristo no se tuviera presente más que su evangelio, -habria que representarle como un exorcista posesor de encantos y de -filtros de rara eficacia; como un poderoso y temible hechicero que -infunde temor, y del cual desea uno desembarazarse[702]. Nosotros -admitimos, pues, sin vacilar que en la vida de Jesús hubo muchos actos -que ahora se considerarian como otros tantos rasgos de ilusion ó de -locura. Pero ¿debe sacrificarse á esta faz ingrata la faz sublime -de semejante vida? ¡Guardémonos bien de ello! Un simple hechicero, -semejante á Simon el Mago, no habria realizado una revolucion moral -como la que realizó Jesús. Si el taumaturgo hubiera sobrepujado en -Jesús al moralista y al fundador religioso, no habria dejado en pos de -sí el cristianismo, sino una escuela de teurgia. - -Por otra parte, el problema se presenta de la misma manera respecto -á todos los santos y fundadores religiosos. Hechos que hoy se -hallan patentizados de morbosos, tales como la epilepsia y las -visiones, fueron otras veces un principio de poder y de grandeza. La -medicina conoce el nombre de la enfermedad que formó la reputacion -de Mahoma[703]. Casi hasta nuestros dias, los hombres que más han -contribuido al bien de la humanidad (sin excluir al excelente Vicente -de Paul), han pasado, con razon ó sin ella, por taumaturgos. Si -se parte del principio de que todo personaje histórico á quien se -atribuyan hechos que en el siglo décimo nono pasan por insensatos ó -charlatanescos fué un loco, la crítica es imposible, porque se falsea -por su base. La escuela de Alejandría fué una noble escuela, y sin -embargo, se entregó á las prácticas de una teurgia extravagante. -Sócrates y Pascal no estuvieron tampoco exentos de alucinaciones. Los -hechos deben, pues, explicarse por causas que les sean proporcionadas. -Las debilidades del espíritu humano no engendran sino debilidad; en la -naturaleza del hombre, las grandes cosas tienen siempre grandes causas, -por más que á menudo se produzcan escoltadas de multitud de pequeñeces -que ofuscan su grandeza á los ojos de los espíritus superficiales. - -Puede decirse con verdad que, generalmente hablando, Jesús no fué -taumaturgo y exorcista sino á pesar suyo. El milagro es á menudo obra -del público más bien que de aquel á quien se atribuye. Aunque Jesús se -hubiese obstinado constantemente en no hacer prodigios, la muchedumbre -los habria creado para reputárselos:--el milagro mayor de todos habria -sido el que no hubiese hecho ninguno; eso habria sido la completa -derogacion de las leyes de la historia y de la sicología popular. Los -milagros de Jesús fueron una violencia de su siglo, una concesion que -le arrancó la necesidad pasajera. Por eso el exorcista y el taumaturgo -se han desvanecido, miéntras que el fundador religioso vive y vivirá -eternamente. - -Hasta aquellos que no creian en Jesús se hallaban impresionados por -la fama de sus hechos, y trataban de presenciarlos[704]. Los gentiles -y las personas poco iniciadas experimentaban un sentimiento de temor -y hacian lo posible por alejarle de su territorio[705]. Tal vez -algunos pensaban en abusar de su nombre á fin de provocar movimientos -sediciosos[706]. Pero la direccion completamente moral y nada política -del carácter de Jesús, le salvó de aquellas seducciones. Su verdadero -reino consistia en el círculo de niños que una frescura de imaginacion -semejante á la suya y un mismo sentimiento del cielo agrupaban y -retenian á su alrededor. - - - - -CAPÍTULO XVII - -FORMA DEFINITIVA DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO DE DIOS - - -Suponemos que esa última fase de la actividad de Jesús duró -aproximadamente diez y ocho meses, desde su vuelta de la peregrinacion -de la Pascua del año 31, hasta su viaje á la fiesta de los Tabernáculos -en el año 32[707]. - -Durante ese espacio de tiempo el pensamiento de Jesús no parece -haberse enriquecido de ningun nuevo elemento; pero todas sus ideas se -desarrollaron y produjeron en un grado siempre creciente de poder y de -audacia. - -La idea fundamental de Jesús fué, desde un principio, el -establecimiento del reino de Dios, el cual, segun ya hemos dicho, -parece haberle entendido de diferentes modos. En ocasiones se le -podria tomar por un jefe democrático, queriendo simplemente el reino -de los pobres y de los desheredados. Otras veces el reino de Dios es -el cumplimiento literal de las visiones apocalípticas de Daniel y de -Henoch, y frecuentemente, por último, ese reino es el de las almas, -y el rescate próximo, es el rescate por el espíritu. La revolucion -deseada por Jesús es, en tal caso, la que en realidad tuvo lugar; el -establecimiento de un culto nuevo, más puro que el de Moisés.--Todos -esos pensamientos parecian haber existido á la vez en la conciencia de -Jesús. El primero, es decir, el de una revolucion temporal, no parece -haberle detenido demasiado. Jesús no reparó nunca ni en el mundo, ni -en los ricos, ni en el poder material como cosas dignas de llamar su -atencion. No tuvo ninguna ambicion exterior; algunas veces, por una -consecuencia natural, su grande importancia religiosa estaba á punto -de cambiarse en importancia social. Diferentes personas iban á pedirle -que se constituyese en juez y árbitro en cuestiones de intereses; -Jesús rechazaba esas proposiciones con orgullo, casi como si hubieran -sido injurias[708]. Poseido de su celeste ideal, no salia nunca de su -desdeñosa pobreza. Con respecto á las otras dos concepciones del reino -de Dios, Jesús parece haberlas conservado simultáneamente. Si él no -hubiese sido nada más que un entusiasta, alucinado por los apocalípsis -que servian de alimento á la imaginacion popular, habria permanecido -siendo un sectario oscuro, inferior á aquellos cuyas ideas imitaba. Si -sólo hubiera sido un puritano, una especie de Channing ó de «Vicario -saboyano», es indudable que no habria obtenido ningun triunfo. Las dos -partes de su sistema, ó por mejor decir, sus dos concepciones del reino -de Dios, están basadas la una en la otra, y este apoyo recíproco fué la -causa de su incomparable resultado. - -Los primeros cristianos son visionarios, viviendo en un círculo de -ideas que nosotros calificamos de sueños, pero al mismo tiempo ellos -son los héroes de la guerra social que produjo la franquicia de la -conciencia y el establecimiento de una religion, cuyo culto puro, -anunciado por el fundador, acabará, á la larga, por efectuarse. - -Las ideas apocalípticas de Jesús, en su forma más completa, pueden -resumirse de la manera siguiente: - -El órden actual de la humanidad toca á su término; este término será -una revolucion inmensa, «una agonía», semejante á los dolores del -parto; una _palingenesia_ ó «renacimiento» (segun la misma frase de -Jesús)[709], precedido de negras calamidades y anunciado por fenómenos -extraños[710]. En pleno dia, brillará en el cielo la señal del Hijo -del hombre; y será una vision ruidosa y luminosa como la del Sinaí, un -gran huracan rasgando la nube, un dardo de fuego cruzando en un abrir -y cerrar de ojos, de Oriente á Occidente. El Mesías aparecerá en las -nubes, revestido de gloria y de majestad, al sonido de las trompetas y -rodeado de ángeles. Sus discípulos se sentarán á su lado en los tronos. -Los muertos resucitarán entónces y el Mesías procederá al juicio[711]. - -En ese juicio, los hombres serán clasificados en dos categorías, -segun sus obras[712]. Los ángeles serán los ejecutores de las -sentencias[713]. Los elegidos entrarán en una mansion deliciosa -que les fué preparada desde el principio del mundo[714]; allí se -sentarán radiantes de luz, á un festin presidido por Abraham[715], -los patriarcas y los profetas. Este número de elegidos será el -menor[716]. Los otros irán á la _Gehenna_. La Gehenna era el valle -occidental de Jerusalen. Allí se habia ejercido en diversas épocas -el culto del fuego, y aquel lugar habia llegado á ser una especie de -cloaca. La Gehenna es, pues, en la imaginacion de Jesús, un valle -tenebroso, impuro, lleno de fuego. Los excluidos del reino serán -quemados allí y roidos de gusanos en compañía de Satanás y de los -ángeles rebeldes[717]; habrá tambien allí lágrimas y rechinamientos de -dientes[718]. El reino de Dios será como una sala cerrada, luminosa en -su interior, en medio de ese mundo de tinieblas y de tormentos[719]. - -Ese nuevo órden de cosas será eterno. El paraíso y la Gehenna no -tendrán fin. Un abismo inaccesible los separará uno del otro[720]. El -Hijo del hombre, sentado á la diestra de Dios, presidirá ese estado -definitivo del mundo y de la humanidad[721]. - -Que todo esto fué tomado al pié de la letra por los discípulos y hasta -por el mismo maestro, en ciertos momentos, es lo que salta á la vista -en los escritos de la época de una manera absoluta. Si la primera -generacion cristiana tiene una creencia profunda y constante, es sin -duda la de que el mundo está á punto de acabar[722], y que la gran -«revelacion»[723] de Cristo se va á cumplir bien pronto. Esa viva -proclamacion: «¡El tiempo está cerca!»[724], que comienza y acaba el -Apocalípsis; ese llamamiento repetido sin cesar: «¡Que todo aquel que -tenga oidos escuche!»[725], son gritos de esperanza y de reunion de -toda la edad apostólica. Una expresion siria, _Maran atha_, «¡Nuestro -Señor llega!»[726], se convirtió en una especie de santo y seña que los -creyentes se decian entre ellos para fortalecerse en su fe y en sus -esperanzas. El Apocalípsis escrito el año 68 de nuestra era[727], fija -el término á tres años y medio[728], y la «Ascension de Isaías»[729] -admite un cálculo muy aproximado á éste. - -Jesús nunca llegó á tal precision. Cuando se le preguntaba acerca del -tiempo de su advenimiento, siempre rehusaba responder; y una vez hasta -declara que la fecha de ese gran dia sólo es conocida del Padre, que -no se la ha confiado ni á los ángeles, ni al Hijo[730]. Jesús decia -que el momento en que se espiaria el reino de Dios con una curiosidad -impertinente, no sería precisamente en el que llegase[731]; y repetia -sin cesar, que sería una sorpresa como en los tiempos de Noé y de Lot; -que era preciso estar siempre prevenido á partir; que cada uno debia -tener encendida su lámpara como para un cortejo de bodas que llega -desprevenidamente[732]; que el Hijo del hombre vendria de la misma -manera que un ladron, esto es, á la hora en que no se le esperase[733], -y que apareceria como un rayo que recorre el horizonte de uno á otro -extremo[734]. Pero sus declaraciones acerca de la proximidad de la -catástrofe no daban lugar á equivocacion alguna[735]. «La generacion -presente, decia, no pasará sin que se realice todo esto. Muchos de -los que están aquí presentes no morirán sin haber visto al Hijo del -hombre venir á tomar posesion de su reinado»[736]. Vitupera á los que -creen que él no sabe leer los pronósticos del reino futuro. «Cuando -va llegando la noche decís: Hará buen tiempo, porque está el cielo -arrebolado. Y por la mañana: Tempestad habrá hoy, porque el cielo está -cubierto y encendido. ¿Cómo sabeis adivinar por el aspecto del cielo, y -no podeis conocer las señales de estos tiempos?»[737]. - -Gracias á una ilusion comun á todos los grandes reformadores, Jesús se -figuraba el fin mucho más próximo de lo que era en realidad; no tenía -en cuenta la lentitud de los movimientos de la humanidad: imaginábase -realizar en un dia lo que mil ochocientos años más tarde no debia estar -aún acabado. - -Esas declaraciones tan precisas preocuparon á la familia cristiana -casi por espacio de setenta años. Estaba admitido que algunos de sus -discípulos verian el dia de la revelacion final ántes de morir. Juan -en particular era considerado en este número[738], y muchos creian -que no moriria nunca. Quizás era esto una tardía opinion producida -hácia el fin del siglo primero, por la avanzada edad á que Juan parece -haber llegado, y que daba ocasion á creer que Dios queria conservarle -indefinidamente hasta el gran dia, á fin de realizar la palabra de -Jesús. Sea de ello lo que quiera, á su muerte la fe de muchos vaciló, -y sus discípulos dieron á la predicacion del Cristo un sentido más -moderado[739]. - -Al mismo tiempo que Jesús admitia plenamente las creencias -apocalípticas tales como se encuentran en los libros apócrifos de los -judíos, admitia el dogma, que es el complemento de ellas, ó más bien la -condicion de la resurreccion de los muertos. Tal doctrina, como ya lo -hemos dicho, era aún nueva en Israel; muchas personas no la conocian -ó no creian en ella[740]. Sin embargo, era de fe para los fariseos y -para los fervientes adeptos de las creencias mesiánicas[741]. Jesús -la aceptó sin reserva, pero siempre en el sentido más idealista. -Muchos se figuraban que en el mundo de los resucitados se comeria, -se beberia y se casarian. Jesús admite en su reino una nueva Pascua, -un festin y un vino nuevo[742]; pero excluye de él formalmente el -casamiento. Los saduceos tenian, respecto á esto, un argumento -grosero en la apariencia, pero bastante conforme en el fondo con la -antigua teología. Se acordaban de que, segun los sabios antiguos, -el hombre no sobrevivia sino en sus hijos. El código mosáico habia -consagrado esa teoría patriarcal por una institucion extravagante, el -_Levirat_, y los saduceos deducian de ahí sutiles consecuencias en -contra de la resurreccion. Jesús las evadia declarando formalmente -que en la vida eterna no existiria ya la diferencia de sexo y que el -hombre sería semejante á los ángeles[743]. Algunas veces parece que -no promete la resurreccion sino á los justos[744]; el castigo de los -impíos consistiria en morir enteramente y permanecer en la nada[745]. -Más frecuentemente, sin embargo, Jesús quiere que la resurreccion -se aplique á los malos para su eterna confusion[746]. Como se ve, -nada era completamente nuevo en esas teorías. Los evangelios y los -escritos de los apóstoles no contienen absolutamente, en punto á -doctrinas apocalípticas, sino lo que se encuentra ya en «Daniel»[747], -«Henoch»[748], y los «oráculos sibilinos»[749] de orígen judío. Jesús -aceptó esas ideas extendidas generalmente entre sus contemporáneos, -convirtiéndolas en base de su accion, ó por mejor decir, en uno de -sus puntos de apoyo; porque tenía un sentimiento demasiado profundo -de su verdadera obra para establecerla únicamente sobre principios -tan frágiles, tan expuestos á recibir de los hechos una fulminante -refutacion. - -Cierto es, en verdad, que una doctrina semejante, tomada por sí misma -de una manera literal, no tenía porvenir alguno. El mundo, obstinándose -en vivir, la hacia hundirse, y la edad que vive un hombre le estaba -reservada á lo sumo. La fe de la primera generacion cristiana se -explica, pero no así la de la segunda. Despues de la muerte de Juan, ó -del último superviviente, cualquiera que fuese, del grupo que vió al -maestro, la palabra de éste quedaba desmentida[750]. Si la doctrina -de Jesús sólo hubiese sido la creencia en un próximo fin del mundo, -ciertamente que hoy dormiria en el olvido. ¿Qué es, pues, lo que la -ha salvado? La gran latitud de las concepciones evangélicas, que ha -permitido encontrar en el mismo símbolo doctrinas apropiadas á estados -intelectuales muy diversos. El mundo no ha acabado, como Jesús lo -anunció y como sus discípulos lo creyeron, pero está renovado del modo -que Jesús deseaba. Si su pensamiento ha sido fecundo, débelo á su -doble fase. Su quimera no ha corrido la suerte de otras muchas que han -cruzado por el espíritu humano, gracias á que abrigaba un gérmen de -vida que, introducido, merced á una apariencia fabulosa, en el seno de -la humanidad, ha producido en él frutos eternos. - -Y no se diga que ésa es una benévola interpretacion, imaginada para -lavar el honor de nuestro gran maestro del cruel mentís dado á sus -sueños por la realidad. No, no; ese verdadero reino de Dios, ese reino -del espíritu que hace á cada uno rey y sacerdote; ese reino que, como -el grano de la simiente de mostaza, ha llegado á ser un árbol que -presta sombra al mundo, y bajo cuyas ramas los pájaros tienen sus -nidos, Jesús le comprendió, le quiso, le fundó. Al lado de la idea -falsa, fria, imposible, de un advenimiento de ostentacion, concibió -la verdadera ciudad de Dios, la «palingenesia» exacta, el sermon en -la montaña, la apoteósis del débil, el amor del pueblo, el gusto -del pobre, la rehabilitacion de todo lo que es humilde, verdadero é -inocente. Esa rehabilitacion la hizo, como artífice incomparable, por -rasgos que durarán eternamente. Cada uno de nosotros le debe lo que en -sí tiene de mejor. Perdonémosle su esperanza de un vano apocalípsis, -de una venida en gran triunfo sobre las nubes del cielo. Quizás ése -era el error de los demás más bien que el suyo; y si es cierto que él -participó de las ilusiones de los otros, ¿qué importa, una vez que su -sueño le hizo esforzado contra la muerte y le sostuvo en una lucha, en -la que sin eso tal vez habria sucumbido? - -Preciso es, pues, conservar diversos sentidos á la divina ciudad -concebida por Jesús. Si su único pensamiento hubiese sido que el fin -de los tiempos estaba cercano y que era necesario prepararse á él, no -habria ido más allá que Juan Bautista. Renunciar á un mundo próximo -á hundirse, desprenderse poco á poco de la vida presente, aspirar á -un reino que iba á llegar, tal hubiera sido la última frase de su -predicacion. La enseñanza de Jesús tuvo siempre por objeto miras más -elevadas. Se propuso crear un nuevo estado de la humanidad, y no -preparar sólo el fin del que existe. Elías ó Jeremías, volviendo á -aparecer para preparar á los hombres á las supremas crísis, no hubieran -predicado como él. Tan cierto es esto, que esa moral pretendida de los -últimos dias ha resultado ser la moral eterna, la que ha salvado á la -humanidad. El mismo Jesús, en muchas ocasiones, emplea modos de hablar -que no entran absolutamente en la teoría apocalíptica. Frecuentemente -declara que el reino de Dios ha comenzado; que todo hombre le lleva -consigo mismo, y puede, si de ello es digno, disfrutar de él; que -cada uno crea tácitamente ese reino por la verdera conversion del -corazon[751]. - -El reino de Dios no es entónces sino el bien[752], es un órden de cosas -mejor que el que existe, es el reino de la justicia, que el fiel, segun -sus fuerzas, debe contribuir á fundar, ó es áun la libertad del alma, -ó bien algo de análogo al «rescate» búdico, fruto de la desaficion. -Esas verdades, que para nosotros son puramente abstractas, para Jesús -eran vivas realidades. Todo en su pensamiento es concreto y sustancial: -Jesús es el hombre que más enérgicamente creyó en la realidad de lo -ideal. - -Al aceptar las utopias de su tiempo y de su raza, Jesús supo hacer de -ellas tambien grandes verdades, gracias á fecundos errores. Su reino -de Dios era, sin duda, el próximo apocalípsis que iba á desarrollarse -en el cielo. Pero, además de todo esto, probablemente era, sobre todo, -el reino del alma, creado por la libertad y por el sentimiento filial, -el que el hombre virtuoso experimenta en el seno de su padre. Aquélla -era la religion pura, sin prácticas, sin templo, sin sacerdotes; era -el juicio moral del mundo decretado á la conciencia del hombre justo y -al poder del pueblo. Hé ahí lo que estaba hecho para vivir, y hé ahí -lo que ha vivido. Cuando, al cabo de un siglo de aguardar en vano, -se apura la esperanza materialista de un próximo fin del mundo, el -verdadero reino de Dios aparece á ella. Lisonjeras explicaciones -echan un velo sobre el reino real que no acaba de llegar. Estando -el Apocalípsis de Juan, primer libro canónico del Nuevo Testamento, -demasiado sériamente plagado de la idea de una catástrofe inmediata, -queda pospuesto á segundo lugar y es tenido por ininteligible, -torturado de mil modos y casi rechazado. Al ménos, se aplaza el -dia de su cumplimiento para un porvenir indefinido. Algunos pobres -obstinados que guardan aún, en plena época de reflexion, las esperanzas -de los primeros discípulos, se convierten en heréticos (Ebionitas, -Milenarios), perdidos en las clases inferiores del cristianismo. La -humanidad creia en otro reino de Dios. La parte de verdad contenida en -la idea de Jesús habia triunfado de la quimera que la ofuscaba. - -No despreciemos, sin embargo, esa quimera, que ha sido la tosca corteza -del sagrado bulbo de que nosotros vivimos. - -Ese fantástico reino del cielo, ese perseguimiento sin fin de una -ciudad de Dios, que siempre ha preocupado al cristianismo en su -larga carrera, ha sido el principio del gran instinto de porvenir -que ha animado á todos los reformadores, discípulos obstinados del -Apocalípsis, desde Joaquin de Flora hasta el sectario protestante de -nuestros dias. Ese impotente esfuerzo por fundar una sociedad perfecta -ha sido la fuente de la tension extraordinaria que ha hecho del -verdadero cristiano un atleta en lucha contra el presente. La idea del -«reino de Dios» y el Apocalípsis, que en esto es la imágen completa, -son pues, en cierto modo, la expresion más grande y más poética del -progreso humano. Ciertamente que de ella debian salir grandes errores. -Suspendido sobre la humanidad como una constante amenaza, el fin del -mundo, por los horrores periódicos que causó durante muchos siglos, -perjudicó no poco á todo desarrollo profano. La sociedad, no estando -segura de su existencia, contrajo una especie de temor y aquellas -costumbres de baja humildad que presentan á la Edad media tan inferior -á los tiempos antiguos y á los modernos[753]. Por otra parte, se habia -producido un cambio radical en el modo de considerar la venida de -Cristo. La primera vez que se anunció á la humanidad que su planeta -iba á acabar, de la misma manera que el niño que acoge la muerte con -una sonrisa, experimentó el más vivo acceso de alegría que jamás pudo -sentir. Al envejecer, el mundo se habia apegado á la vida. El dia de -gracia, esperado tan largo tiempo por las almas puras de Galilea, -habia llegado á ser para aquellos siglos de hierro un dia de cólera: -_Dies iræ, dies illa!_ Pero áun en el mismo seno de la barbarie, la -idea del reino de Dios permaneció fecunda. Á pesar de la Iglesia -feudal, de las sectas, de las órdenes religiosas, santos personajes -continuaron protestando en nombre del Evangelio contra la iniquidad del -mundo. En nuestros mismos dias, dias confusos en que Jesús no tiene -continuadores más auténticos que aquellos que parecen repudiarle, -los sueños de organizacion ideal de la sociedad, que tanta analogía -tienen con las aspiraciones de las sectas cristianas primitivas, sólo -son, en cierto modo, el ensanche de la misma idea, una de las ramas -de ese árbol inmenso, donde germina toda idea de porvenir, y del cual -el «reino de Dios» será eternamente el tronco y la raíz. Todas las -revoluciones sociales de la humanidad serán ingertas en esa palabra, -pero infectadas de un tosco materialismo, aspirando á lo imposible, -es decir, á fundar la dicha universal sobre medidas políticas y -económicas, las tentativas «socialistas» de nuestra época permanecerán -infecundas, hasta que tomen por norma el verdadero espíritu de Jesús, -es decir, el idealismo absoluto, ese principio que consiste en que, -para poseer la tierra, es preciso renunciar á ella. - -La frase de «reino de Dios» expresa, por otro lado, muy felizmente, -la necesidad que siente el alma de un suplemento de destino, de una -compensacion de la vida actual. Aquellos que no se avienen á concebir -el hombre como un compuesto de dos sustancias y que hallan el dogma -deista de la inmortalidad del alma en contradiccion con la fisiología, -desean mantenerse en la esperanza de una reparacion final, que bajo una -forma desconocida, satisfará á las necesidades del corazon del hombre. -¡Quién sabe si el último término del progreso, dentro de millones de -siglos, traerá consigo la conciencia absoluta del universo, y en esa -conciencia el despertar de todo lo que ha vivido! Un sueño de un millon -de años no es más largo que el sueño de una hora. San Pablo en esta -hipótesis hubiera podido decir aún con razon: _In ictu oculi!_[754]. -Es indudable que la humanidad moral y virtuosa tendrá su desquite; que -un dia el sentimiento del pobre honrado juzgará el mundo, y que en ese -dia la figura ideal de Jesús será la confusion del hombre frívolo que -no creyó en la virtud, del hombre egoista que no supo alcanzarla. La -palabra favorita de Jesús permanece, pues, llena de un encanto perenne. -Una especie de adivinacion grandiosa parece haberla tenido en una -sublime vaguedad, abrazando á la vez diferentes órdenes de verdades. - - - - -CAPÍTULO XVIII - -INSTITUCIONES DE JESÚS - - -Lo que prueba, además, que esas ideas apocalípticas no absorbieron -nunca por completo á Jesús es que, al mismo tiempo en que más se -preocupaba de ellas, establecia con extraordinaria seguridad de miras -las bases de una iglesia destinada á larga duracion. Que entre sus -discípulos eligió los que por excelencia se llaman los «apóstoles» ó -los «doce», cosa es que está fuera de duda, puesto que poco despues -de su muerte se los encuentra formando un cuerpo y llenando por -eleccion las vacantes que se operaban en su seno[755]. Los doce eran -los dos hijos de Jonás, los dos hijos del Zebedeo, Santiago, hijo de -Cleofás, Felipe, Nathanael-bar-Talmai, Tomás, Leví, hijo de Alfeo ó -Matheo, Simon el Zelador, Tadeo ó Lebeo, y Júdas de Kerioth[756]. Es -muy posible que el pensamiento de las doce tribus de Israel no fuese -extraño á la eleccion de este número. De todos modos, los «doce» -formaban un grupo de discípulos privilegiados, entre los cuales -conservaba Pedro, á quien Jesús confió el cuidado de propagar su obra, -una supremacía completamente fraternal[757]. Nada habia entre ellos -que se pareciese á colegio sacerdotal organizado en regla[758]; las -listas de los «doce» que han llegado hasta nosotros ofrecen muchas -inexactitudes y contradicciones. Dos ó tres de los discípulos que en -ellas figuran permanecieron oscuros. Algunos, por lo ménos Pedro y -Felipe[759], estaban casados y tenian familia. - -Es evidente que Jesús confiaba á los doce secretos que prohibia -comunicasen á los demás[760]. En ocasiones parece que su plan era -rodear su persona de algun misterio, aplazar las grandes pruebas -para despues de su muerte, y no revelarse por completo sino á sus -discípulos, confiándoles el cuidado de demostrarle al mundo[761]. -«Lo que os digo de noche, decidlo á la luz del dia; y lo que os -digo al oido, predicadlo desde los terrados.» Así se evitaba las -declaraciones demasiado precisas y concluyentes, y creaba una especie -de intermediarios entre él y la opinion. Lo que está fuera de duda -es, que tenía para sus discípulos enseñanzas particulares y que les -explicaba el sentido de algunas parábolas, indeciso y oscuro para el -vulgo[762]. La enseñanza de los doctores de aquel tiempo, como se ve -por las sentencias del _Pirké Aboth_, adolecia de un giro enigmático -y algo raro en la trabazon de las ideas. Jesús explicaba á sus amigos -íntimos lo que en sus apotegmas ó en sus apólogos habia de singular, -presentándoles su enseñanza desnuda del lujo de las comparaciones que -algunas veces la oscurecian[763]. Muchas de aquellas explicaciones se -conservaron, al parecer, cuidadosamente[764]. - -Los apóstoles predicaron ya en vida de Jesús[765], pero sin separarse -mucho de la doctrina del maestro. Verdad es que su predicacion se -limitaba á anunciar la venida del reino de Dios[766]. Iban de pueblo -en pueblo recibiendo la hospitalidad, ó, mejor dicho, tomándola ellos -mismos, segun era uso y costumbre. El huésped tiene en Oriente grande -autoridad y es superior al dueño de la casa, al cual inspira la -confianza más absoluta. Esa predicacion á domicilio, en el seno del -hogar doméstico, es excelente para la propaganda de nuevas doctrinas. -Ella sirve de pago al beneficio que se recibe y, provocada por la -política y las buenas relaciones, facilita la emision de las ideas -y la conversion de las familias. Sin la hospitalidad de Oriente, la -rápida propaganda del cristianismo sería un hecho incomprensible. -Jesús, que tenía gran apego á las viejas costumbres, con tal de que -fuesen buenas, aconsejaba á sus discípulos que no tuviesen escrúpulo en -aprovecharse de aquel antiguo derecho público, que probablemente estaba -ya abolido en las grandes ciudades, á causa del establecimiento de las -hosterías[767]. Cuando los apóstoles se instalaban en casa de alguno, -debian permanecer allí, comiendo y bebiendo lo que les dieran, hasta -que no terminasen su mision. - -Jesús deseaba que los mensajeros de la buena nueva, tomando de él -ejemplo, hiciesen agradable su predicacion por medio de la amabilidad -y de la benevolencia. Queria que cuando entrasen en una casa diesen -al dueño el _selam_ ó salutacion de paz. Siendo el selam entónces en -Oriente lo que todavía es hoy, esto es, un signo de comunion religiosa -que no se cambia con las personas cuyas creencias no se conocen, -algunos vacilaban en seguir el mandato. «No temais nada, les decia -Jesús; si el amo de la casa no la merece, vuestra paz se volverá con -vosotros»[768]. Y en efecto, los apóstoles del reino de Dios eran á -veces mal recibidos y se quejaban de ello á Jesús, el cual trataba -siempre de calmarlos. Persuadidos como se hallaban de la omnipotencia -del maestro, algunos se mostraban disgustados de tamaña longanimidad: -los hijos del Zebedeo querian que hiciese llover el fuego del cielo -sobre las ciudades inhospitalarias[769]. Jesús acogia aquellos -trasportes de celo con fina ironía, y los calmaba diciéndoles: «No he -venido á perder las almas, sino á salvarlas.» - -El maestro trataba siempre de establecer el principio que sus apóstoles -eran él mismo[770] ó semejantes á él, y todos creian que les habia -comunicado sus maravillosas virtudes. Y en efecto, los discípulos -ahuyentaban los demonios, profetizaban y formaban una escuela de -renombrados exorcistas[771], si bien es verdad que muchas cosas eran -superiores á sus fuerzas[772]. Tambien curaban las enfermedades, -bien por la imposicion de las manos, ó bien por la uncion del -aceite[773]; éste es uno de los procedimientos fundamentales de la -medicina oriental. Por último, podian manosear las serpientes y beber -impunemente licores venenosos[774]. Á medida que uno se aleja de -Jesús, esa teurgia llega á ser cada vez más chocante. Pero no cabe -duda que ella fué de derecho comun en la Iglesia primitiva, y que los -contemporáneos le consagraron particular atencion[775]. Como sucede -casi siempre, no faltaron charlatanes que explotasen aquel movimiento -de credulidad. Ya en vida de Jesús, algunos, sin ser discípulos -suyos, lanzaban los demonios en su nombre; los verdaderos discípulos -se resentian de tal audacia y trataban de impedirla; pero Jesús, que -veia en la conducta de los intrusos un homenaje tributado á su fama, -no se mostraba muy severo con ellos[776]. Por otra parte, el poder ó -la facultad de exorcizar habia llegado en cierto modo á convertirse -en oficio. Ciertas personas, llevando hasta el extremo la lógica de -lo absurdo, lanzaban los demonios en nombre de Belzebú[777], príncipe -de los diablos. Figurábanse que, debiendo tener aquel soberano de -las legiones infernales autoridad absoluta sobre sus subordinados, -no podrian ménos de huir los espíritus intrusos, obrando en nombre -suyo[778]. Algunos hasta pretendian comprar á los discípulos de -Jesús el secreto de los poderes milagrosos que el maestro les habia -conferido[779]. - -Un gérmen de Iglesia empezaba ya á columbrarse. Esa idea fecunda del -poder de los hombres reunidos (_ecclesia_) parece haber pertenecido -á Jesús. Rebosando su corazon la doctrina idealista de que la union -por el amor es lo que constituye la presencia de las almas, declaraba -que siempre que algunos se reuniesen en nombre suyo, él estaria entre -ellos. Jesús confia á la Iglesia el derecho de atar y desatar (esto -es, de hacer que ciertas cosas sean lícitas ó ilícitas), de perdonar -los pecados, de reprender y amonestar con autoridad, y de rogar con -la certidumbre de que las preces sean atendidas favorablemente[780]. -Posible es que muchas de esas palabras hayan sido atribuidas al -maestro, á fin de que sirvieran de apoyo á la autoridad colectiva por -la cual se pretendió despues reemplazar la suya. De todos modos, las -iglesias particulares no se constituyeron sino despues de su muerte, y -áun aquella primera constitucion se hizo con arreglo al modelo de las -sinagogas. Varios de los personajes que habian amado entrañablemente -á Jesús y fundado en él grandes esperanzas, como José de Arimathea, -Lázaro, María de Magdala y Nicodemo, no formaron, á lo que parece, -parte de aquellas iglesias, y se atuvieron al tierno y respetuoso -recuerdo que de él habian conservado. - -Por lo demás, en la enseñanza de Jesús no hay ningun indicio de una -moral aplicada ni de un derecho canónico, siquiera sea poco definido. -Una sola vez se pronuncia de una manera clara respecto al casamiento, -prohibiendo el divorcio[781]. Tampoco se echa de ver ninguna teología -ni símbolo alguno. Sólo hace algunas vagas indicaciones referentes -al Padre, al Hijo y al Espíritu[782], de las que habrian de deducir -la Trinidad y la Encarnacion, pero que entónces permanecian aún en -estado de imágenes indeterminadas. Los últimos libros del cánon judáico -admitian ya al Espíritu Santo, especie de hipóstasis divina que algunas -veces se identificaba con la Sabiduría ó el Verbo[783]. Jesús insistió -sobre ese punto[784] y anunció á sus discípulos un bautismo por el -fuego y el espíritu[785] preferible al de Juan; bautismo que, despues -de la muerte del profeta de Nazareth, creyeron recibir bajo la forma -de un gran viento acompañado de lenguas de fuego[786]. El Espíritu -Santo enviado por el Padre les enseñará así la verdad, y al mismo -tiempo les dará testimonio de las que el mismo Jesús promulgara[787]. -Para designar ese Espíritu, Jesús empleaba el nombre de _Paráclito_, -nombre que el siro-caldeo habia tomado del griego (παράκλητος), y que -parece haber tenido en su mente la significacion de «abogado»[788], -«consejero»[789], y algunas veces la de «intérprete de las celestes -verdades», ó bien la de «doctor encargado de revelar á los hombres los -misterios todavía ocultos»[790]. Jesús mismo se consideraba respecto -á sus discípulos como un _paráclito_[791], y el Espíritu que vendrá -despues de su muerte no hará sino reemplazarle. Esta era una aplicacion -del procedimiento que la teología judáica y la teología cristiana -habrian de seguir por espacio de siglos, y que debia producir toda -una serie de asesores divinos, como el _Metatrono_, el _Sinadelfo_ -ó _Sandalfon_ y demás personificaciones de la Cábala. Pero con la -diferencia de que esas creaciones debian permanecer en el judaismo -siendo especulaciones particulares y libres, miéntras que en el -cristianismo constituyeron, á partir del siglo cuarto, la esencia de la -ortodoxia y del dogma universal. - -Paréceme inútil hacer observar que la idea de un libro religioso -que encerrase un código y artículos de fe estaba muy léjos del -pensamiento de Jesús. No sólo no escribió nunca el maestro, sino que -la produccion de libros sagrados era contraria al espíritu de la -secta naciente. Estaban persuadidos de que se hallaban en vísperas de -la gran catástrofe final, y de que el Mesías venía, no á promulgar -nuevos textos, sino á poner el sello á la Ley y á las palabras de los -profetas. Así, pues, á excepcion del Apocalípsis, único libro revelado -del cristianismo naciente, los demás escritos de la edad apostólica -son obras de circunstancia que de ningun modo tienen la pretension de -proporcionar un conjunto dogmático completo. Los evangelios no tuvieron -en un principio sino un carácter puramente privado y una autoridad bien -inferior á la tradicion[792]. - -Sin embargo, ¿no tenía la secta algun sacramento, algun rito, algun -signo de union y de mútuo reconocimiento? Sí, tenía uno que todas las -tradiciones hacen remontar hasta Jesús. Una de las ideas favoritas del -maestro, consistia en que él era el nuevo pan, superior al maná, de que -la humanidad viviria en adelante. Esa idea, gérmen de la Eucaristía, -adquiria á veces en boca de Jesús formas singularmente concretas. En -una ocasion obedeció en la sinagoga de Capharnahum á un movimiento -atrevido que le costó la pérdida de varios de sus discípulos. «En -verdad, en verdad os digo: Moisés no os dió pan del cielo; mi Padre -es quien os le da verdaderamente»[793]. Y añadió: «Yo soy el pan de -vida; el que viene á mí, no tendrá hambre; y el que cree en mí, no -tendrá sed jamás»[794]. Estas palabras excitaron un vivo murmullo. -«¿Qué entiende por esas palabras «yo soy el pan de vida?»--decian.--¿No -es éste aquel Jesús, hijo de José, cuyo padre y cuya madre conocemos? -¿Cómo dice entónces que ha descendido del cielo?» Y Jesús, insistiendo -con mayor energía, les replicaba: «Yo soy el pan de vida; vuestros -padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que -desciende del cielo, á fin de que quien comiere de él no muera. Yo soy -el pan vivo: quien comiere de este pan vivirá eternamente; y el pan que -yo daré es mi misma carne, para la vida del mundo»[795]. El escándalo -llegó á su colmo. «¿Cómo puede éste darnos á comer su carne?»--decian. -Y Jesús insistia aún: «En verdad, en verdad os digo que si no comiéreis -la carne del Hijo del hombre y no bebiéreis su sangre, no tendreis vida -en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, -y yo le resucitaré en el último dia. Porque mi carne verdaderamente -es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. Quien come mi carne -y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Así como el Padre que me ha -enviado vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come, tambien vivirá -por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, y no es como el maná -que vuestros padres comieron y que no les impidió morir; quien come -este pan vivirá eternamente.» Semejante obstinacion en la paradoja -sublevó la conciencia de varios de sus discípulos, que desde entónces -dejaron de seguirle. Jesús no se retractó; únicamente añadia: «El -espíritu es quien da la vida: la carne de nada sirve. Las palabras que -os he dicho, espíritu y vida son.» Á pesar de esa rara predicacion, -los doce permanecieron fieles, y ella dió motivo á Cephas ó Pedro para -demostrarle un afecto sin límites y para repetirle: «Tú eres el Cristo, -el Hijo de Dios.» - -Probablemente desde entónces se introdujo en las comidas de la -secta algun uso que se relacionaba con la predicacion que halló tan -mala acogida en la sinagoga de Capharnahum. Pero las tradiciones -apostólicas son respecto á esto muy divergentes y, quizás adrede, muy -incompletas. Los evangelios sinópticos suponen que un acto sacramental -único sirvió de base al rito misterioso, y señalan ese acto en la -última Cena. Juan, que es precisamente quien nos ha conservado el -incidente de la sinagoga de Capharnahum, no dice ni una palabra de -semejante hecho, sin embargo de referir muy al pormenor cuanto en -la última Cena tuvo lugar. Por otra parte, vemos que se reconocia -á Jesús en la manera de partir el pan[796], como si para aquellos -que le habian tratado hubiese sido esa accion la más característica -de su persona. Así que murió, la forma bajo la cual aparecia á los -piadosos recuerdos de sus discípulos era la de presidente de un místico -banquete, bendiciendo el pan y repartiéndole á los circunstantes[797]. -Es muy posible que ésta fuese una de sus costumbres, y esos momentos -aquellos en que más particularmente se mostraba amable y afectuoso. Una -circunstancia material, la presencia del pescado sobre la mesa (indicio -que prueba que el rito indicado tuvo orígen en las márgenes del lago de -Tiberiade)[798], fué tambien casi sacramental, y formó parte integrante -de las imágenes que los discípulos hicieron del sagrado festin[799]. - -En la naciente comunidad, los instantes consagrados á la comida -habian llegado á ser los más agradables. En aquellos momentos en que -todos se reunian al rededor de la misma mesa, el maestro hablaba -á cada uno y mantenia siempre una conversacion jovial y llena de -atractivo. Jesús amaba aquellos instantes y se complacia en ver en -torno suyo á su familia espiritual[800]. La participacion del mismo -pan era considerada como una especie de comunion, de lazo recíproco. -Los términos extremadamente enérgicos que el maestro usaba respecto -á este punto, se tomaron despues al pié de la letra de una manera -absoluta y lastimosa. Jesús era, al mismo tiempo, muy espiritualista -en las concepciones y muy materialista en la expresion. Queriendo -hacer palpable el pensamiento de que el creyente no vive sino de él, y -que él todo entero (cuerpo, sangre y alma) era la vida del verdadero -fiel, decia á sus discípulos:--«Yo soy vuestro alimento»; frase que -cambiada en estilo figurado, se convertia en esta otra: «Mi carne es -vuestro pan, mi sangre es vuestra bebida.» La costumbre de hacer uso -de un lenguaje sustancial en extremo le llevaba más léjos aún. En la -mesa decia á los discípulos, señalándoles el alimento: «Héme ahí»; y -repartiéndoles el pan: «Tomad, éste es mi cuerpo»; y alargándoles el -cáliz con vino: «Tomad, ésta es mi sangre»; maneras de hablar que eran -todas el equivalente de: «Yo soy vuestro alimento.» - -Ese rito misterioso alcanzó en vida de Jesús grande importancia; -probablemente se hallaba establecido mucho tiempo ántes del último -viaje á Jerusalen, siendo tambien posible que fuese el resultado -de una doctrina general más bien que de hecho determinado. Despues -de la muerte de Jesús, llegó á ser el gran símbolo de la comunion -cristiana[801], y se relacionó su orígen con el momento más solemne de -la vida del Salvador. Pretendíase entónces ver en la consagracion del -pan y del vino una memoria del adios que Jesús dió á sus discípulos -ántes de abandonar la vida[802], y se volvió á encontrar al mismo -Jesús en ese sacramento. La idea completamente espiritualista de la -presencia de las almas, idea que tan familiar era al maestro y que -le obligaba, por ejemplo, á decir á sus discípulos que cuando se -reunieran en su nombre estaria en persona en medio de ellos[803], hacia -la hipótesis admisible. Como ya hemos dicho, Jesús no tuvo nunca una -nocion fija de lo que constituye la individualidad. La idea, en el -grado de exaltacion á que habia llegado, tenía en él tal supremacía y -tan absoluto imperio, que el cuerpo no figuraba para nada. Dos seres -que se aman no forman sino uno, viven uno en otro;--¿cómo no habian de -ser uno él y sus discípulos?[804] Éstos adoptaron el mismo lenguaje. Y -los que por espacio de algunos años habian vivido de él, continuaron -viéndole siempre con el pan y el cáliz «entre sus manos santas y -venerables»[805] ofreciéndose á ellos. Á él fué, pues, á quien comieron -y bebieron, y él llegó á ser la verdadera Pascua, puesto que la antigua -quedó abolida por su sangre. Imposible es traducir á nuestro idioma -determinado, que tan profunda distincion exige entre el sentido propio -y el metafórico, esas costumbres de estilo cuyo carácter esencial -consiste en prestar á la metáfora, ó mejor dicho, á la idea, una forma -palpable y de exuberante realidad. - - - - -CAPÍTULO XIX - -PROGRESION CRECIENTE DE ENTUSIASMO Y DE EXALTACION - - -Es evidente que semejante sociedad religiosa, fundada sólo en la -esperanza del reino de Dios, debia ser muy incompleta por sí misma. -La primera generacion cristiana vivió toda ella de expectacion y de -ensueños. Creyéndose en vísperas del fin del mundo, se consideraba -como cosa inútil cuanto contribuye á continuarle. Prohibíase la -propiedad[806], y debian esquivarse todos los lazos que sujetan al -hombre á la tierra, todo cuanto le separa del cielo. Aunque algunos -discípulos estaban casados, se renunciaba, segun parece, al matrimonio -desde el momento en que se ingresaba en la secta[807]. Preferíase -abiertamente el celibato, y en el matrimonio mismo se recomendaba -la continencia[808]. Hay un momento en que el maestro parece dar su -aprobacion á los que se mutilasen con la esperanza de ser más dignos -del reino de Dios[809]. En lo cual era consecuente con su principio; -«Si tu mano ó tu pié te dan ocasion de escándalo ó pecado, córtalos -y arrójalos léjos de tí; pues más te vale entrar en la vida eterna -manco ó cojo, que con dos manos ó dos piés ser precipitado en el fuego -eterno. Y si tu ojo es para tí ocasion de pecado, sácale y tírale léjos -de tí:--mejor te es entrar en la vida eterna con un solo ojo, que tener -dos y ser arrojado al fuego del infierno»[810]. La falta de generacion -fué considerada frecuentemente como la señal y la condicion del reino -de Dios[811]. - -Segun se ve, aquella Iglesia primitiva no hubiera formado nunca una -sociedad durable, sin la gran variedad de gérmenes que Jesús depositó -en su enseñanza. Para que la verdadera Iglesia cristiana, la Iglesia -que convirtió al mundo, se desprenda de aquella pequeña secta de santos -y llegue á ser un cuadro aplicable á la sociedad entera, necesitará -todavía más de un siglo. Lo mismo sucedió con el budismo, cuya doctrina -fué en un principio fundada por frailes. Lo mismo habria tambien -sucedido con la órden de San Francisco, si la pretension de aquella -órden, que aspiraba á convertirse en regla de la sociedad humana, -hubiese tenido éxito. Nacidas en estado de utopias, y consiguiendo -abrirse camino á causa de su misma exageracion, las grandes fundaciones -que acabamos de mencionar no llenaron el mundo sino á condicion de -modificarse profundamente y de renunciar á sus excesos. Jesús no -traspasó ese primer período monacal en que el hombre se cree autorizado -á intentar lo imposible. Así es que predicó atrevidamente la guerra á -la naturaleza, la total ruptura de los lazos de la sangre: «En verdad, -en verdad os digo,--exclamaba,--ninguno hay que haya dejado casa, ó -padres, ó hermanos, ó esposa, ó hijos, por amor de Dios, el cual no -reciba mucho más en este siglo, y en el venidero la vida eterna»[812]. - -La misma exaltacion respiran las instrucciones que se suponen dadas por -Jesús á sus discípulos[813]. En efecto, él, que tan fácil y tolerante -se muestra para con los extraños, que á veces se contenta con débiles -afecciones[814], manifiesta para con los suyos extraordinario rigor. -No le satisfacen los términos medios. Diríase que su escuela era una -«órden» basada en las más austeras reglas. Jesús, fiel á su idea de -que los cuidados de la vida turban y empequeñecen al hombre, exige un -completo desprendimiento de la tierra, una adhesion absoluta por su -obra. Sus discípulos no deben llevar dinero, ni provisiones para el -camino, ni siquiera una alforja, ni una muda de ropa; deben practicar -la pobreza absoluta, vivir de las limosnas y de la hospitalidad -que les ofrezcan. «Dad graciosamente lo que graciosamente habeis -recibido»[815],--les decia en su hermoso lenguaje. Si los prenden, si -los llevan ante los jueces, no deben preparar su defensa; el abogado -celestial, el _Paráclito_, les inspirará lo que han de decir. El Padre -les enviará de lo alto su Espíritu, el cual llegará á ser el principio -de todas sus acciones, el director de sus pensamientos, su guía á -traves del mundo[816]. Cuando los echen de una ciudad, deben sacudir, -al abandonarla, el polvo de sus piés, aunque no sin notificarle la -proximidad del reino de Dios, á fin de que no pueda alegar ignorancia. -Y añadia: «No acabareis de recorrer las ciudades de Israel ántes que -venga el Hijo del hombre.» - -Un fuego extraño anima todos esos discursos, que tal vez sean en parte -creacion del entusiasmo de los discípulos[817]; pero áun así, provienen -directamente de Jesús, puesto que obra suya era ese entusiasmo. Jesús -anuncia á los que quieren seguirle grandes persecuciones y que serán -objeto del ódio del género humano. Envíalos como ovejas en medio de -lobos, y les dice que serán azotados en las sinagogas y conducidos á -las prisiones. El hermano será entregado por el hermano y el hijo por -su padre. Aconséjales que cuando los persigan en un país huyan á otro. -«El discípulo no es más que su maestro,--les decia,--ni el siervo -más que su amo. Nada temais á los que matan al cuerpo y no pueden -matar el alma. ¿No es así que dos pájaros se venden por un cuarto, -y no obstante, ninguno de ellos caerá en tierra sin que lo disponga -vuestro padre? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados; no -teneis, pues, que temer; valeis vosotros más que muchos pájaros»[818]. -Y añadia: «Todo aquel que me reconociere delante de los hombres, yo -tambien le reconoceré delante de mi Padre; mas á quien me negare -delante de los hombres, yo tambien le negaré delante de mi Padre que -está en los cielos»[819]. - -En esos accesos de rigor, Jesús se exaltaba hasta el extremo de -suprimir la carne. Sus exigencias no tenian ya límites. Desconociendo -la manera de ser de la naturaleza del hombre, quiere que no se viva -sino para él, que no se ame sino á él únicamente. «Si alguno de los que -me siguen,--decia,--no aborrece á su padre y madre, y á la mujer, y á -los hijos, y á los hermanos y hermanas, y áun á su vida misma, no puede -ser mi discípulo»[820].--«Cualquiera de vosotros que no renuncie á todo -lo que posea, no puede ser mi discípulo»[821]. Entónces se mezclaba á -sus palabras algo de extraño y sobrehumano; algo semejante á un fuego -devorador que agostaba las raíces de la vida, que lo convertia todo -en horrible desierto. El áspero y triste sentimiento de disgusto por -el mundo y de abnegacion ilimitada, que caracteriza la perfeccion -cristiana, tuvieron por fundador, no al ingenioso y jovial moralista -de los primeros dias, sino al sombrío gigante á quien una especie de -grandioso presentimiento arrojaba más y más fuera del género humano. -En aquellos momentos de guerra contra las necesidades más legítimas -del corazon, diríase que Jesús habia olvidado el placer de vivir, de -amar, de ser y de sentir. Y llevando su exaltacion hasta el extremo, -exclamaba: «Si alguno quiere ser mi discípulo, que renuncie á sí mismo -y me siga. Quien ama al padre ó á la madre más que á mí, no merece ser -mio; y quien ama al hijo ó á la hija más que á mí, tampoco merece ser -mio. Quien conserve su vida, la perderá; y quien perdiere su vida por -amor mio, la volverá á hallar. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo -el mundo si se pierde á sí mismo?»[822]. Dos anécdotas pertenecientes -al género de aquellas que no deben tomarse por históricas pintan -perfectamente, aunque exagerándole, ese reto lanzado por Jesús á la -naturaleza. «¡Sígueme!»--dijo el maestro á un hombre.--«Señor,--le -respondió--permíteme que ántes vaya á dar sepultura á mi padre.» Mas -Jesús replicó:--«Sígueme tú, y deja que los muertos entierren á sus -muertos; pero tú vé y anuncia el reino de Dios.»--Y otro le dijo: -«Señor, yo te seguiré; pero primero déjame ir á despedirme de mi casa.» -Respondióle Jesús: «Ninguno que despues de haber puesto su mano en -el arado vuelve los ojos atras, es apto para el reino de Dios»[823]. -Un extraordinario aplomo, y á veces un acento de singular dulzura, -hacian tolerables esas exageraciones: «Venid á mí--exclamaba--todos los -que andais agobiados de trabajos y cargas, que yo os aliviaré. Tomad -mi yugo sobre vosotros; aprended de mí, que soy manso y humilde de -corazon, y hallaréis el reposo para vuestras almas; porque suave es mi -yugo y ligero el peso mio»[824]. - -De esa moral exaltada, que se expresaba en un lenguaje hiperbólico -y espantosamente enérgico, debia resultar un gran peligro para el -porvenir. Á fuerza de desprender al hombre de la tierra, se atacaba -á la vida en sus mismas fuentes. En adelante, el cristiano que sea -mal hijo, mal padre, mal patriota, merecerá por ello elogios, si sus -atentados contra la patria y la familia reconocen por orígen el amor de -Cristo. La ciudad antigua, la república, madre de todos, el Estado, ley -comun de todos, quedan constituidos en hostilidad abierta con el reino -de Dios, sembrando en el mundo un gérmen fatal de teocracia. - -Otra consecuencia se deja tambien entrever desde entónces. Esa -moral, hecha para un momento de crísis, parecerá imposible cuando se -trasporte á un medio más tranquilo, al seno de una sociedad segura de -su duracion. El Evangelio queda así destinado á convertirse en una -utopia que muy pocos cristianos intentarian realizar. Para el mayor -número, esas fulminantes máximas deberán dormir en profundo olvido, con -el asentimiento del mismo clero; porque el hombre evangélico será un -hombre peligroso. El más interesado, el más orgulloso, el más déspota, -el más terrenal de todos los humanos, un Luis XIV, por ejemplo, debia -encontrar sacerdotes que le persuadiesen, á despecho del Evangelio, -de que era buen cristiano. Pero tambien debian encontrarse santos -que tomasen al pié de la letra las sublimes paradojas de Jesús. No -pudiendo alcanzarse la perfeccion dentro de las condiciones ordinarias -de la sociedad, ni practicarse completamente la vida evangélica sino -fuera del mundo, quedaba asentado de una manera tácita el principio -del ascetismo y del estado monacal. Las sociedades cristianas tendrán, -pues, dos reglas morales, una medianamente heróica, para la generalidad -de los hombres; otra exaltada hasta el exceso, para el hombre perfecto; -y este será el fraile sujeto á reglas que pretendan realizar el ideal -evangélico. Es indudable que ese ideal no podia ser de derecho comun, -puesto que implicaba la obligacion del celibato y de la pobreza. Bajo -este punto de vista, el fraile es en cierto modo el solo cristiano -verdadero. El sentido comun se revela contra semejantes excesos, -porque para él lo imposible es la señal de la debilidad y del error. -Pero, cuando se trata de grandes cosas, el sentido comun es malísimo -juez. Para obtener algo de la humanidad, necesario es pedirle mucho. -El inmenso progreso moral debido al Evangelio proviene de sus mismas -exageraciones. Bajo este supuesto, él ha sido, así como el estoicismo, -pero con muchísima más amplitud, un vivo argumento de las fuerzas -divinas que el hombre tiene en sí, un monumento elevado al poder de la -voluntad. - -Compréndese fácilmente que, en el momento á que hemos llegado de la -vida de Jesús, todo lo que no era el reino de Dios habia desaparecido -para él de un modo absoluto. Jesús se hallaba fuera de la naturaleza, -si así puede decirse; la familia, la amistad, la patria no tienen ya -para él valor alguno. Sin duda habia hecho desde entónces el sacrificio -de su vida. En ocasiones se inclina uno á creer que, viendo en su -propia muerte un medio de fundar su reino, concibió deliberadamente el -propósito de hacerse matar[825]. Otras veces, la muerte se presenta á -él como un sacrificio destinado á apaciguar á su Padre y á salvar á los -hombres[826], idea que despues habia de convertirse en dogma. Domínale -un gusto singular de persecucion y de suplicios[827], considera su -sangre como el agua de un segundo bautismo que debe recibir, y parece -poseido de una extraña precipitacion por salir al encuentro de ese -bautismo, único que puede calmar su sed[828]. - -Su grandeza de miras respecto al porvenir era á veces sorprendente. -Jesús no desconocia la terrible tempestad que iba á desencadenar sobre -el mundo. «No teneis que pensar--decia enérgica y atrevidamente--que -yo he venido á traer la paz á la tierra; no he venido á traer la paz, -sino la guerra. En una misma casa habrá cinco entre sí desunidos, -tres contra dos y dos contra tres. Pues he venido á separar al hijo -de su padre, á la hija de su madre, y á la nuera de su suegra. Y los -enemigos del hombre serán las personas de su misma casa»[829].--«Yo -he venido á poner fuego á la tierra; y ¿qué he de querer sino que -arda?»[830].--«Os echarán de las sinagogas--añadia--y va á venir tiempo -en que quien os matare se persuada hacer un obsequio á Dios[831]. Si el -mundo os aborrece, sabed que primero que á vosotros me aborreció á mí. -Acordaos de aquélla sentencia mia, que os dije: no es el siervo mayor -que su amo. Si me han perseguido á mí, tambien os han de perseguir á -vosotros»[832]. - -Arrastrado por esa espantosa progresion de entusiasmo y obedeciendo á -las necesidades de una predicacion cada vez más exaltada, Jesús no era -ya dueño de sí mismo, pertenecia á su papel y á la humanidad, hasta -cierto punto. Hubiérase dicho á veces que su razon se turbaba. Sentia -angustias y agitaciones interiores[833]. La gran vision del reino de -Dios que incesantemente brillaba ante sus ojos le producia vértigos. -Hubo momentos en que sus discípulos le creyeron loco[834], y en que -sus enemigos declararon que estaba poseido[835]. Su apasionadísimo -temperamento le llevaba á cada instante fuera de los límites de la -naturaleza humana. No siendo su obra una obra de razon, sino de -aquellas que burlan todas las clasificaciones del humano entendimiento, -lo que Jesús exigia más imperiosamente era la «fe»[836]. Esta palabra, -base de todos los movimientos populares, era la que más se repetia -en el pequeño cenáculo. Claro es que ninguno de esos movimientos -se realizaria, si fuese condicion indispensable que aquel que los -provoca conquistase uno á uno sus discípulos por medio de pruebas -lógicas y bien deducidas. La reflexion no conduce sino á la duda: si -los autores de la revolucion francesa, por ejemplo, hubiesen exigido -un convencimiento prévio, fruto de largas meditaciones, todos ellos -habrian llegado á la vejez sin haber hecho nada. Jesús de igual manera -aspiraba á seducir más bien que á convencer. Exigente, imperativo, -no sufria ninguna oposicion ni demora, era preciso convertirse. -Hasta su dulzura natural parecia haberle abandonado, y en ocasiones -se manifestaba rudo y extravagante[837]. Habia momentos en que sus -discípulos no le comprendian y en que les inspiraba una especie de -temor[838]. Su mal humor contra los obstáculos le hacia cometer á veces -actos inexplicables y absurdos en apariencia[839]. - -Y no es porque su virtud menguase, sino porque su lucha en nombre del -ideal contra la realidad llegaba á ser insostenible. La resistencia -le irritaba; el contacto de la tierra le exasperaba y le hacia daño. -Y su nocion de Hijo de Dios se turbaba y exageraba. La ley fatal que -condena á la idea á decaer y empobrecerse desde el momento en que trata -de convertir á los hombres, tenía en él su aplicacion. Al tocar los -hombres á Jesús, le rebajaban á nivel de ellos. La entonacion que habia -adoptado no podia ser mantenida sino por algunos meses; tiempo era ya -de que la muerte pusiese fin á una situacion tan violenta, y de que -viniera á sustraerle á las imposibilidades de un camino sin término, á -libertarle de una prueba demasiado prolongada, á introducirle impecable -y para siempre en su celestial serenidad. - - - - -CAPÍTULO XX - -OPOSICION CONTRA JESÚS - - -Jesús no encontró, á lo que parece, gran oposicion durante el primer -período de su carrera. Gracias á la extremada libertad de que se gozaba -en Galilea y al infinito número de maestros que aparecian en todas -partes, su predicacion no fué entónces conocida sino entre un círculo -de personas bastante reducido. Pero la tormenta empezó á rugir tan -pronto como puso la planta en una senda brillante de prodigios y de -éxito público. Más de una vez tuvo que huir y ocultarse por temor á -las persecuciones[840]. Sin embargo, Antipas no le molestó nunca, como -pudiera inferirse por la severidad con que Jesús se expresó algunas -veces respecto á él[841]. Tiberiade, residencia ordinaria del tetrarca, -no distaba sino una ó dos leguas del país que Jesús habia elegido por -centro de su actividad; Antipas oyó desde allí hablar de sus milagros, -que, sin duda, tomaba por rasgos de habilidad, y curioso, como lo -eran entónces todos los incrédulos, de aquella especie de prestigios, -deseó presenciarlos[842]. Pero Jesús, con su tacto ordinario, rehusó -satisfacer la curiosidad del tetrarca, guardándose muy bien de -extraviarse en un mundo irreligioso, que sólo pretendia verle para -disfrutar de un vano pasatiempo. No aspirando á ganar sino al pueblo, -guardó para las gentes sencillas medios que únicamente para ellas -podian ser eficaces. - -Hubo un momento en que se esparció el rumor de que Jesús no era otro -sino Juan Bautista, que habia resucitado de _entre_ los muertos. La -noticia inquietó un poco á Antipas[843], el cual empleó la astucia -á fin de alejar de sus dominios al nuevo profeta. So pretexto de -interesarse por Jesús, algunos fariseos fueron á decirle que Antipas -queria hacerle matar. Pero no obstante su gran sencillez, Jesús -conoció el lazo que se le tendia y no abandonó el país[844]. Su -carácter pacífico y su ninguna implicacion en las agitaciones populares -concluyeron por tranquilizar al tetrarca y por alejar el peligro. - -La acogida que se dispensó á la nueva doctrina en todas las ciudades -de Galilea no fué igualmente benévola. No sólo la incrédula Nazareth -continuaba rechazando al que debia darle inmarcesible gloria; no sólo -sus hermanos persistian en no creer en él[845], sino que algunas de -las ciudades del lago, que en general no le eran hostiles, se hallaban -muy léjos de estar completamente convertidas. Jesús se queja á menudo -de la incredulidad y de la dureza de corazon que encuentra á cada -paso; y aunque en tales reconvenciones haya gran parte de exageracion, -propia del predicador, y aunque en ellas se eche de ver esa especie de -_convicium seculi_, á que Jesús se mostraba aficionado, á imitacion -de Juan Bautista[846], conócese, no obstante, que no todo el país se -mostraba adicto al reino de Dios. - - «¡Ay de tí, Corazin!--exclamaba.--¡Ay de tí, Betsaida! que si en - Tyro y en Sidon se hubiesen hecho los milagros que se han obrado - en vosotras, tiempo há que habrian hecho penitencia, cubiertas de - ceniza y de cilicio. Por tanto os digo que Tyro y Sidon serán ménos - rigorosamente tratados en el dia del juicio que vosotras. Y tú, - Capharnahum, ¿piensas acaso levantarte hasta el cielo? Serás, sí, - abatida hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubiesen hecho los - milagros que en tí, Sodoma quizá subsistiera áun hoy dia. Por eso te - digo que el país de Sodoma en el dia del juicio será con ménos rigor - que tú castigado[847].» - - «La reina de Saba,--añadia,--hará de acusadora en el dia del juicio - contra esta raza de hombres, y la condenará; por cuanto vino de los - extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomon, y con - todo, aquí teneis quien es más que Salomon. Los naturales de Nínive - se levantarán en el dia del juicio contra esta raza de hombres, y la - condenarán; por cuanto ellos hicieron penitencia á la predicacion de - Jonás. Y con todo, el que está aquí es más que Jonás»[848]. - -Su vida errante y vagabunda, que en un principio se le presentaba llena -de atractivo, empezaba tambien á fatigarle. - - «Las raposas,--decia,--tienen sus madrigueras, y las aves del - cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene sobre qué reclinar - la cabeza»[849]. - -Su corazon destilaba en grado progresivo la reconvencion y la -amargura:--acusaba á los incrédulos de resistirse á la evidencia, y -decia que habia personas que, áun en el momento en que el Hijo del -hombre apareciese rodeado de gloria celestial, dudarian todavía de -él[850]. - -Jesús no podia, en efecto, acoger la oposicion con la calma del -filósofo que, comprendiendo la razon de la diversidad de opiniones que -se disputan el mundo, encuentra muy natural el que no todos adopten -sus principios. Uno de los principales defectos de la raza judía -es la acritud en la controversia y el tono injurioso que mezcla en -ella. Nunca hubo en el mundo tan acaloradas disputas como las que los -judíos tenian entre sí. Lo que hace al hombre político y moderado es -el sentimiento de la variedad de opinion. La falta de ese sentimiento -es uno de los rasgos que caracterizan el espíritu semítico. Las -obras delicadas, como, por ejemplo, los diálogos de Platon, son -completamente extrañas á esos pueblos. Jesús, no obstante hallarse -exento de casi todos los defectos de su raza, y sin embargo de ser -su cualidad predominante una delicadeza infinita, se vió obligado, -á pesar suyo, á usar en la polémica del estilo general[851]. De -igual manera que Juan Bautista[852], empleaba contra sus adversarios -términos durísimos. Su carácter, de exquisita mansedumbre para con los -humildes, se exasperaba ante la incredulidad ménos agresiva[853]. Ya -no era aquel apacible maestro del «Discurso sobre la montaña», que aún -no habia encontrado ni resistencia ni dificultades. La pasion, que -formaba el fondo de su naturaleza, le arrastraba al terreno de las más -violentas invectivas. Esa mezcla original de encontrados afectos no -debe causarnos sorpresa. Un hombre de nuestra época, M. de Lamennais, -ha ofrecido, con raro vigor, el mismo contraste. En su hermoso libro -«Palabras de un creyente», la cólera más desenfrenada y los giros -más suaves y delicados alternan á cada paso. Y ese hombre, que en el -trato comun de la vida era amable y bondadoso para con todo el mundo, -se hacia intratable y se exasperaba hasta la locura con aquellos que -disentian de sus opiniones. De igual manera, Jesús se aplicaba, no -sin razon, el pasaje del libro de Isaías[854]: «No contenderá con -nadie, no voceará, ni oirá ninguno su voz en las plazas; no quebrará -la caña cascada, ni acabará de apagar la mecha que aún humea»[855]. Y -sin embargo, várias de las recomendaciones que hace á sus discípulos -encierran el gérmen de un verdadero fanatismo[856], gérmen que la Edad -media debia desarrollar de una manera cruel. Pero ¿debe censurársele -por ello? Ninguna revolucion se ha cumplido sin algo de rudeza. Ni -la Reforma, ni la Revolucion francesa se habrian llevado á cabo si -Lutero y los actores del gran drama de 1789 hubiesen debido observar -los miramientos que exige la buena crianza. Felicitémonos, pues, de -que Jesús no encontrase una ley que castigara el ultraje hecho á una -clase de ciudadanos;--entónces los fariseos habrian sido inviolables. -Todos los grandes casos que registra la historia de la humanidad se -han efectuado en nombre de principios absolutos. Un filósofo crítico -hubiera dicho á sus discípulos: «Respetad la opinion ajena y creed -que, en este mundo, nadie posee completamente el tesoro de la verdad»; -pero la accion de Jesús no tiene nada de comun con las desinteresadas -especulaciones del filósofo. Para un alma ardiente, el pensamiento de -haber tocado por un instante el ideal y de haber sido detenida por la -maldad de los hombres, es de una amargura insoportable. ¿Qué no sería -para el fundador de un mundo nuevo? - -El obstáculo invencible que hallaban las ideas de Jesús procedia -del judaismo ortodoxo representado por los fariseos. Éstos eran los -verdaderos judíos, el nervio y la fuerza del judaismo, miéntras que -Jesús se alejaba cada vez más de la antigua Ley. Aunque el centro de -aquel partido se hallaba en Jerusalen, habia, sin embargo, algunos -adeptos en Galilea, establecidos en el país ó permaneciendo en él -accidentalmente[857]. Por regla general, eran hombres de limitado -entendimiento, de grande apego á las vanas exterioridades y de una -devocion desdeñosa, oficial y muy satisfecha de sí misma[858]. -Sus modales eran ridículos y hacian sonreir á los mismos que los -respetaban. Pruebas de ello son los satíricos apodos con que los -distinguia el pueblo. Habia el «fariseo patizambo» (_Nikfi_), que -marchaba por las calles arrastrando los piés y tropezando contra los -guijarros; el «fariseo frente-sangrienta» (_Kizai_), que á fuerza de -obstinarse en mirar al suelo por no ver á las mujeres se magullaba -la frente contra las esquinas, teniéndola siempre ensangrentada; el -«fariseo esteva» (_Medukia_), que permanecia plegado constantemente -como el mango de un arado; el «fariseo robusto de hombros» (_Sckimi_), -que andaba con la espalda encorvada como si todo el peso de la Ley -gravitase sobre sus hombros; el «fariseo _¿qué hay que hacer? aquí -estoy yo_», siempre á caza de un precepto que cumplir; y, por último, -el «fariseo barnizado», en el cual no eran las devotas exterioridades -sino un barniz de hipocresía[859]. Y en efecto, ese rigorismo no era -muchas veces sino vana apariencia que en el fondo ocultaba una gran -relajacion moral[860]. Sin embargo, la credulidad pública no sospechaba -todo lo que habia de falaz en aquellas mojigaterías. El pueblo, cuyo -instinto es siempre recto, hasta en aquellos instantes en que padece -mayores extravíos respecto á las cuestiones personales, se deja engañar -fácilmente por los falsos devotos. Lo que en ellos ama es sin duda -bueno y digno de ser amado; pero no tiene bastante penetracion para -discernir la apariencia de la realidad. - -No es difícil comprender la antipatía que, en un mundo tan apasionado -como aquél, debió estallar desde un principio entre Jesús y las -personas del carácter farisáico. Jesús no queria sino la religion -del corazon; la de los fariseos consistia, casi únicamente, en meras -fórmulas, en vanas observancias. Jesús atraia hácia su doctrina á los -humildes y abria los brazos á aquellos que la sociedad rechazaba; los -fariseos veian en ello un insulto á su religion de personas decentes. -Un fariseo era un hombre infalible é impecable, un pedante seguro de -tener siempre razon, que en la sinagoga ocupaba siempre el primer -sitio, que oraba en las calles y daba limosna á són de trompeta, y que -miraba si le dirigian un saludo. Jesús, por el contrario, sostenia -que cada uno debe esperar con temor y humildad el juicio de Dios. Sin -embargo, la mala direccion religiosa que el farisaismo representaba -no reinó exclusivamente. Ántes de Jesús, y áun en su misma época, -muchos hombres, tales como Jesús, hijo de Sirach, uno de los verdaderos -antepasados de Jesús de Nazareth, Gamaliel, Antígono de Soco, y sobre -todo, el tierno y noble Hillel, habian enseñado doctrinas mucho más -elevadas y casi evangélicas. Pero aquellas buenas semillas quedaron -sofocadas en gérmen. Las hermosas máximas de Hillel, que resumian toda -la Ley en la equidad[861], y las de Jesús, hijo de Sirach, que hacian -consistir el culto en la práctica del bien[862], fueron olvidadas ó -anatematizadas[863]. El espíritu mezquino y exclusivista de Schammai -habia obtenido sobre ellas el triunfo. Una masa enorme de «tradiciones» -habia llegado á desnaturalizar la Ley[864], so pretexto de protegerla -y de interpretarla. Esas medidas tuvieron sin duda su lado útil; debe -mirarse como un bien el que el pueblo judío haya amado su ley hasta el -frenesí, puesto que ese amor frenético fué el que salvó el mosaismo -bajo Antíoco Epifáneo y bajo Heródes, y el que nos conservó la levadura -de que más tarde debia salir la religion cristiana. Pero todas aquellas -antiguas precauciones, consideradas en sí mismas, no eran sino otras -tantas puerilidades. La sinagoga, entre cuyas manos estaba el sagrado -depósito, se habia convertido en fuente de errores. Su reinado habia -concluido; pero pedirle que abdicase era pedirle un imposible, porque -ningun poder establecido abdica, ni abdicará nunca voluntariamente. - -Las luchas de Jesús con la hipocresía oficial eran, pues, contínuas. -La táctica ordinaria de los reformadores que aparecian en el estado -religioso que acabamos de describir, estado que puede llamarse -«formalismo tradicional», consistia en oponer á las tradiciones el -«texto» de los libros sagrados. El celo religioso es siempre innovador, -áun en aquellos mismos momentos en que pretende ser esencialmente -conservador. Y así como los neo-católicos de nuestros dias se alejan -cada vez más del Evangelio, de igual modo se alejaban los fariseos á -cada instante de la Biblia. Hé ahí por qué el reformador puritano, -partiendo del texto inmutable para criticar la teología corriente, -que marcha de generacion en generacion, es casi siempre «bíblico» por -excelencia. Lo mismo hicieron despues los caraítas y los protestantes. -Jesús aplicó el hacha á la raíz con mayor energía. Verdad es que á -veces se le ve invocando los textos contra las falsas _Masoras_ ó -tradiciones de los fariseos[865]; pero, en general, se cuida poco de -exegésis y prefiere dirigir su llamamiento á la conciencia. Bajo su -segur innovadora caen al mismo tiempo texto y comentarios. Demuestra, -sí, á los fariseos que con sus tradiciones alteran gravemente el -mosaismo; pero no pretende de ningun modo volverse hácia Moisés, porque -su objeto se hallaba en el porvenir, y no en el pasado. Más bien que el -reformador de una antigua religion, Jesús era el creador de la religion -eterna de la humanidad. - -Las disputas estallaban casi siempre á causa de una infinidad de -prácticas exteriores que la tradicion habia introducido, y que ni -Jesús ni sus discípulos observaban[866]; cosa que escandalizaba á los -fariseos y por la cual le dirigian vivas reconvenciones. Cuando comia -en casa de ellos, hacian grandes aspavientos al ver que no se sujetaba -á las abluciones de costumbre. «Dad limosna,--les decia Jesús,--y todas -las cosas estarán limpias en órden á vosotros»[867]. Lo que lastimaba -en grado superlativo su tacto delicado era, el aire de seguridad que -los fariseos afectaban respecto á las cosas religiosas, y su mezquina -devocion, cuyo móvil consistia siempre en las preeminencias y en los -títulos, y nunca en el mejoramiento de los corazones. Jesús expresaba -esa idea, con gran exactitud y atractivo, en una admirable parábola: - - «Dos hombres subieron al templo á orar; el uno era fariseo y el otro - publicano. El fariseo puesto en pié oraba en su interior de esta - manera: «¡Oh Dios! yo te doy gracias de que no soy como los demás - hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como este - publicano; ayuno dos veces á la semana, pago los diezmos de todo lo - que poseo.» El publicano, al contrario, puesto allá léjos, ni áun - los ojos osaba levantar al cielo; sino que daba golpes de pecho, - diciendo: «Dios mio, ten misericordia de mí, que soy un pecador.» - Os declaro, pues, que éste volvió á su casa justificado, mas no el - otro»[868]. - -La consecuencia de aquellas luchas era un ódio que no podia -satisfacerse sino con la muerte. Juan Bautista habia provocado ya -enemistades del mismo género[869]. Pero la aristocracia de Jerusalen, -que le despreciaba, habia dejado que las personas sencillas le -tomasen por un profeta[870]. Mas esta vez la guerra era á muerte, -porque un espíritu nuevo aparecia en el mundo, marcando con el sello -de la proscripcion cuanto le habia precedido. Juan Bautista era -profundamente judío; Jesús lo era muy poco. Jesús se dirige siempre -á la delicadeza del sentimiento moral. No es ergotista sino cuando -argumenta contra los fariseos, cuando el adversario le obliga, como -sucede siempre, á adoptar su propio tono[871]. Su exquisita ironía, sus -malignas provocaciones iban siempre derechas al corazon. Estigmatos -eternos, ellos han permanecido coagulados en la llaga. Esa túnica -de Neso del ridículo, cuyos girones arrastra en pos de sí el judío -descendiente de los fariseos, desde hace diez y ocho siglos, es obra -de Jesús; él fué quien la tejió con artificio divino. Obra maestra de -elevada ironía, sus rasgos se han inscrito en líneas de fuego sobre la -piel del hipócrita y del falso devoto. ¡Rasgos incomparables, dignos de -un hijo de Dios! Porque sólo un Dios sabe matar de esa manera. Sócrates -y Molière no hacen sino arañar la epidérmis. Jesús introduce el hierro -candente hasta la médula de los huesos. - -Natural era que ese gran maestro en ironía pagase con la vida su -triunfo. Ya en Galilea los fariseos habian tratado de perderle -empleando contra él la maniobra que más tarde debia secundar en -Jerusalen sus proyectos siniestros, maniobra que consistia en -interesar en su querella á los partidarios del nuevo órden político -existente[872]. Las facilidades que Jesús tenía en Galilea para -ocultarse, y la debilidad del gobierno de Antipas hicieron abortar -aquellas tentativas. Pero él mismo fué bien pronto á ofrecerse al -peligro. Jesús conocia que permaneciendo confinado en Galilea, su -accion tendria que ser necesariamente muy limitada. La Judea era para -él un iman de irresistible atraccion; así, pues, quiso tentar un último -esfuerzo á fin de convertir la ciudad rebelde; no parece sino que se -empeñó en justificar el proverbio de «ningun profeta debe morir fuera -de Jerusalen»[873]. - - - - -CAPÍTULO XXI - -ÚLTIMO VIAJE DE JESÚS Á JERUSALEN - - -Hacia ya mucho tiempo que Jesús tenía conciencia de los peligros que le -rodeaban[874]. Durante un período que puede calcularse de diez y ocho -meses evitó ir en peregrinacion á Jerusalen[875]. Por la fiesta de los -Tabernáculos del año 32 (segun la hipótesis que hemos adoptado), sus -parientes, siempre incrédulos y nada bien dispuestos á su favor[876], -le excitaron á que emprendiese el viaje á la capital. El evangelista -Juan parece indicar que semejante excitacion ocultaba algun proyecto -malévolo. «Date á conocer al mundo--le decian--nadie hace las cosas -en secreto si quiere ser conocido. Véte á Judea para que vean allí -las obras que haces.» Sospechando alguna traicion, Jesús rehusó en un -principio; mas así que partió la caravana de peregrinos, se dirigió -tambien á Jerusalen, casi solo y como ocultándose de los demás[877]. -Aquel fué su último adios á Galilea. La fiesta de los Tabernáculos se -celebraba en el equinoccio de otoño; por consiguiente, aún faltaban -seis meses para el fatal desenlace. Pero durante ese intervalo, Jesús -no volvió á ver sus queridas provincias del norte. Ha pasado, pues, el -tiempo de las dulzuras, y menester es recorrer ahora paso á paso la -dolorosa via que terminará en las angustias de la muerte. - -Sus discípulos y las piadosas mujeres que le servian volvieron á -encontrarle en Judea[878]; pero ¡cuán trocadas estaban allí las cosas -para él! En Jerusalen, Jesús era un extranjero y conocia que una -muralla inexpugnable se alzaba en aquella ciudad ante sus pasos. La -malevolencia de los fariseos le perseguia constantemente, rodeándole -de asechanzas y de objeciones[879]. En vez de la credulidad ilimitada, -patrimonio feliz de las naturalezas vírgenes, que encontraba en -Galilea; en vez de esos pueblos buenos, afectuosos é incapaces de -objeciones (porque la objecion es siempre, en cierto modo, hija de -la perversidad y del orgullo), Jesús no hallaba en Jerusalen sino -una incredulidad obstinada, contra la cual iban á estrellarse los -medios de accion que tan buen éxito le habian ofrecido en el norte. -Sus discípulos eran allí despreciados por la sola cualidad de ser -galileos. Nicodemo, que habia tenido con él en uno de sus precedentes -viajes una entrevista nocturna, estuvo á pique de comprometerse por -haber querido defenderle en el sanedrin.--«¿Eres acaso tú, como él, -galileo?--le preguntaron.--Examina las escrituras y verás que un -profeta no puede venir de Galilea»[880]. - -Como ya hemos dicho, Jesús no gustaba de las grandes ciudades. Hasta -entónces habia evitado siempre los centros populosos, prefiriendo -desplegar su accion en las campiñas y en los burgos de mediana -importancia. Muchos de los preceptos que daba á sus apóstoles eran -absolutamente inaplicables á una sociedad ménos sencilla que la de una -aldea[881]. Acostumbrado á su amable comunismo galileo y no teniendo -ninguna idea de lo que era el mundo, aventuraba á cada instante -candideces que en Jerusalen debian parecer muy singulares[882]. Entre -aquellas murallas, su risueña imaginacion y su amor á la naturaleza -estaban fuera de su centro. La verdadera religion no debia salir del -tumulto de las ciudades, sino de la tranquila serenidad de los campos. - -Érale desagradable el átrio del templo á causa de la arrogancia de -los sacerdotes. Algunos de sus discípulos, que conocian mejor que -él á Jerusalen, quisieron un dia hacerle notar la belleza de las -construcciones del templo, la buena calidad de los materiales y las -riquezas de las ofrendas votivas que cubrian las paredes. «¿Veis -todos esos edificios?--les respondió--pues yo os digo de cierto que -no quedará de ellos piedra sobre piedra»[883]. Nada de todo aquello -excitó, pues, su admiracion; más que el templo se la excitó una pobre -viuda que pasaba en aquel instante y que depositó un óbolo en el arca -ó cepillo de las ofrendas: «En verdad os digo--exclamó--que esta -pobre viuda ha echado más en el arca que todos los otros. Por cuanto -los demás han echado algo de lo que les sobraba; pero ésta ha dado -de su misma pobreza todo lo que tenía»[884]. Esa manera de criticar -todo lo que se hacia en Jerusalen, de realzar al pobre que daba poco, -rebajando al rico que daba mucho[885]; de censurar al clero opulento -que nada hacia por el bien del pueblo, exasperó naturalmente la casta -sacerdotal. El templo, como el _haram_ musulman que le ha sucedido, -era el asiento de una aristocracia conservadora; y por consiguiente -el sitio ménos á propósito del mundo para proclamar con éxito ideas -revolucionarias. ¡Intentar semejante cosa era lo mismo que si un -innovador de nuestros dias predicase al rededor de la mezquita de Omar -la abrogacion del islamismo! Y sin embargo, allí se hallaba el centro -de la vida judáica, y en aquel punto era preciso vencer ó morir. En ese -calvario, donde seguramente sufrió Jesús mucho más que en el Gólgotha, -sus dias se deslizaban en medio de amargas disputas, de enojosas -controversias de derecho canónico y de exegésis, para las cuales, no -sólo no le daba ninguna ventaja su grande elevacion moral, sino que, -por el contrario, le hacia aparecer como inferior á sus contrincantes. - -El corazon sensible y bondadoso de Jesús halló, sin embargo, en medio -de aquella vida agitada, un apacible asilo en el cual él olvidaba sus -habituales amarguras. Despues de haber pasado el dia cuestionando en -el templo, Jesús descendia por la tarde al valle de Cedron, descansaba -un rato bajo la arboleda de un establecimiento agrícola (probablemente -algun molino de aceite), llamado _Gethsemaní_[886], el cual servia -de punto de recreo á los habitantes, é iba á pasar la noche sobre -el monte de los Olivos que termina al Oriente el horizonte de la -ciudad[887]. Aquél es el único sitio de los alrededores de Jerusalen -que ofrece un aspecto algo umbroso y risueño. Las plantaciones de -olivos, higueras y palmas, eran allí numerosas, y de ellas tomaban -nombre las aldeas, granjas ó cercados de Bethphage, Gethsemaní y -Bethania[888]. Sobre el monte de los Olivos habia dos grandes cedros, -cuyos recuerdos conservaron por espacio de mucho tiempo los judíos -dispersos; nubes de palomas iban á buscar asilo entre sus ramas, y bajo -su espléndido follaje habia establecidas algunas tiendas[889]. Aquellos -arrabales fueron, en cierto modo, el barrio favorito de Jesús y de sus -discípulos, y se echa de ver que le conocian palmo á palmo. - -Pero la aldea de Bethania[890], situada en la cumbre de la colina, -sobre la vertiente que mira hácia el Jordan y el mar Muerto, y distante -una hora de Jerusalen, era particularmente el lugar predilecto de -Jesús[891]. Allí entabló conocimiento con una familia compuesta de -tres personas, dos hermanas y un hermano, cuya amistad tuvo para él -mucho atractivo[892]. La una de las dos hermanas, llamada Martha, era -complaciente, buena, obsequiosa y solícita[893]; por el contrario, la -otra, llamada María, gustaba á Jesús por su languidez de carácter[894] -y por lo desarrollado de sus instintos especulativos. Muchas veces, -sentada á los piés de Jesús, olvidaba, escuchándole, los deberes -de la vida real. Entónces su hermana, sobre la cual recaia todo el -peso de las labores domésticas, se quejaba dulcemente: «Martha, -Martha--la decia Jesús--tú te afanas y acongojas por muchísimas cosas, -y á la verdad que una sola cosa es necesaria. María ha escogido la -mejor suerte, de que jamás será privada»[895]. Jesús amaba tambien -entrañablemente al hermano Eleazar ó Lázaro[896]. Por último, un tal -Simon el Leproso, propietario de la casa en que vivia la familia, -formaba, á lo que parece, parte de ésta[897]. Allí era donde Jesús -olvidaba en el seno de una piadosa amistad los disgustos de la vida -pública, y en aquel interior tranquilo se consolaba de los enredos que -los fariseos le suscitaban á cada paso. Jesús se sentaba con frecuencia -sobre el monte de los Olivos, frente al monte Moria[898], teniendo -á sus piés la espléndida perspectiva que ofrecian los terrados del -templo y sus techumbres cubiertas de láminas resplandecientes. Aquella -vista llenaba de admiracion á los extranjeros; sobre todo, al salir el -sol, la montaña sagrada deslumbraba los ojos como si fuese una masa -de oro y nieve. Pero aquel espectáculo, que tanto orgullo y alegría -causaba á los demás israelitas, inspiraba á Jesús un sentimiento de -profunda tristeza. «Jerusalen, Jerusalen, que matas á los profetas, y -apedreas á los que á tí son enviados,--exclamaba en sus momentos de -amargura--¡cuántas veces quise recoger á tus hijos, á la manera que el -ave cubre su nidada debajo de sus alas, y tú no has querido!»[899]. - -Y no porque allí, como en Galilea, no hubiese algunas almas -predispuestas á recibir el gérmen de la nueva doctrina; pero tal -era el influjo de la ortodoxia dominante, que muy pocos se atrevian -á abrazarla abiertamente. Confesar que seguian la escuela de un -galileo, hubiera sido, en su concepto, desacreditarse á los ojos de -los hierosolimitanos y exponerse á que los echaran de la sinagoga, -lo cual, en una sociedad mojigata y mezquina como aquélla, era el -baldon más afrentoso[900]. Además, la excomunion llevaba consigo la -pérdida de todos los bienes en provecho del fisco[901]. El que dejaba -de ser judío, no por eso se convertia en romano; sino que permanecia -sin defensa bajo la férula de una legislacion teocrática de la más -terrible severidad. Un dia, los ministros subalternos del templo -asistieron á uno de los discursos de Jesús, y quedaron maravillados de -escucharle; en seguida fueron á confiar sus dudas á los sacerdotes: -«¿Acaso alguno de los príncipes ó de los fariseos ha creido en -él?--les respondieron.--Sólo ese populacho, que no entiende la Ley, es -el maldito»[902]. Jesús continuaba siendo en Jerusalen un provinciano, -á quien admiraban los provincianos como él, pero rechazado por toda -la aristocracia de la nacion. Los jefes de escuela y de secta eran -demasiado numerosos para que nadie se conmoviera por la aparicion de -uno más. Su palabra tuvo, pues, muy escaso eco en Jerusalen, donde se -hallaban demasiado arraigadas las preocupaciones de raza y de secta, -esos enemigos capitales del espíritu evangélico. - -En aquel nuevo mundo, su enseñanza tuvo necesariamente que modificarse -no poco. Sus hermosas predicaciones, cuyo efecto se calculaba de -antemano cuando se dirigian á oyentes de cándida imaginacion y -de conciencia pura, se perdian allí como el rocío que cae sobre -calcinada arena. Y él, que tan dueño de sí mismo y tan desembarazado -se encontraba en las márgenes del risueño lago de Tiberiade, se -sentia incómodo y como fuera de su centro junto á aquellos pedantes. -Sus perpétuas afirmaciones de sí mismo llegaron á tener algo de -fastidioso[903], y, á su pesar, tuvo que hacerse controversista, -jurista, exegeta y teólogo. Su conversacion, tan llena de gracia -ordinariamente, llega á ser un fuego graneado de disputas[904], una -sucesion interminable de luchas escolásticas. Su armonioso genio se -gasta en insípidas argumentaciones sobre la Ley y los profetas[905], -en las cuales deseariamos no verle hacer algunas veces el papel de -agresor[906]. Con una condescendencia que nos disgusta, préstase á los -exámenes capciosos que le hacen sufrir ergotistas sin tacto[907]. Pero, -en general, su ingenio le sacaba en bien de aquellos apuros. Verdad -es que sus razonamientos eran con frecuencia sutiles; pero tambien lo -es que la sencillez de ingenio y la sutileza se dan la mano:--siempre -que las personas sencillas quieren razonar son un poco sofistas. -Algunas veces parecia buscar equívocos y empeñarse en prolongarlos á -propósito[908]. En resúmen, su argumentacion, juzgada segun las reglas -de la lógica aristotélica, es bastante débil. Pero cuando el atractivo -sin igual de su ingenio conseguia tomar vuelo, entónces el triunfo -era suyo. Un dia creyeron ponerle en grave apuro presentándole una -mujer adúltera y preguntándole cómo era preciso tratarla. Conocida es -la admirable respuesta de Jesús[909]. La fina ironía del hombre de -mundo, modificada por una bondad divina, no podia expresarse en un -rasgo más exquisito. Pero lo que más difícilmente perdonan los necios -es el ingenio unido á la grandeza moral. Con esta frase tan llena de -un sentimiento de pureza y justicia: «¡El que de vosotros se halle sin -pecado tire contra ella la primera piedra!», hirió Jesús en el corazon -á la hipocresía y firmó al mismo tiempo su sentencia de muerte. - -En efecto, sin la exasperacion causada por tantas amargas -reconvenciones, es muy posible que Jesús hubiese pasado desapercibido, -yendo á perderse en la espantosa tormenta que bien pronto habia -de arrastrar á toda la nacion judáica. El alto sacerdocio y los -saduceos sentian por él más bien desprecio que ódio. Las grandes -familias sacerdotales, los _Boethusim_, la familia de Annás, si de -algo se mostraban fanáticas, era de reposo. En cuanto á los saduceos, -rechazaban, como Jesús, las «tradiciones» farisáicas[910]. Por una rara -originalidad, aquellos incrédulos, que negaban la resurreccion, la -ley oral y la existencia de los ángeles, eran los verdaderos judíos; -en otros términos, no satisfaciendo ya la sencillez de la antigua Ley -las necesidades religiosas de la época, los que á ella se atenian -estrictamente rechazaban las invenciones modernas, pasaban á los -ojos de los devotos por impíos, ni más ni ménos que un protestante -evangélico pasa hoy por incrédulo en los países ortodoxos. De todos -modos, no era de aquel partido de donde podia venir una reaccion séria -contra Jesús. El sacerdocio oficial, con la vista fija en el poder -político, é íntimamente ligado á él, no comprendia tampoco gran cosa -de aquellos movimientos entusiastas. La doctrina del nuevo maestro -amenazaba particularmente las preocupaciones y los intereses de los -fariseos, de aquella innumerable clase de los _soferim_ ó escribas, -que vivian de la ciencia de las «tradiciones», y esa clase era la que -experimentaba graves inquietudes. - -Los fariseos hacian constantes esfuerzos por atraer á Jesús al terreno -de las cuestiones políticas, á fin de comprometerle en el partido de -Júdas el Gaulonita. La táctica era hábil, porque se necesitaba toda la -profunda ingenuidad de Jesús para no haber tenido todavía desavenencias -con la autoridad romana, sin perjuicio de su proclamacion del reino -de Dios. Queriendo rasgar el velo de ese equívoco y obligarle á -explicarse, cierto dia se acercó á él un grupo de fariseos y políticos, -llamados «herodianos» (probablemente de los _Boethusim_), y so pretexto -de celo piadoso: «Maestro,--le dijeron,--sabemos que eres veraz y que -enseñas el camino de Dios sin respeto á nadie. Dínos qué te parece de -esto:--¿es ó no lícito pagar el tributo á César?» Sin duda esperaban -una respuesta que les diese pretexto para entregarle á Pilato. Pero la -de Jesús fué admirable. Hizo que le enseñáran la efigie de la moneda, -y les dijo: «Dad á César lo que es de César y á Dios lo que es de -Dios»[911]. ¡Frase profunda que decidió el porvenir del cristianismo! -¡Frase espiritualista por excelencia y de maravillosa exactitud, que -fundó la separacion de lo espiritual y de lo temporal y asentó los -cimientos del verdadero liberalismo y de la verdadera civilizacion! - -Cuando Jesús se hallaba á solas con sus discípulos, su genio dulce -y penetrante le inspiraba acentos llenos de atractivo: «En verdad, -en verdad os digo, que quien no entra por la puerta en el aprisco de -las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es un ladron y un -salteador. Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. Las -ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre á las ovejas propias -y las saca fuera. Va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque -conocen su voz. El ladron no viene sino para robar y matar, y hacer -estrago. El mercenario de quien no son propias las ovejas, en viendo -venir al lobo, desampara las ovejas y huye. Yo soy el buen pastor y -conozco mis ovejas, y las ovejas mias me conocen á mí, y doy mi vida -para ellas»[912]. La idea de una próxima solucion de la crísis de la -humanidad volvia á asaltarle frecuentemente: «Cuando las ramas de la -higuera,--decia,--retoñecen y brotan hojas, conoceis que está cerca el -verano. Alzad vuestros ojos y ved el mundo;--la miés está ya blanca y á -punto de segarse»[913]. - -Su robusta elocuencia reaparecia cada vez que se trataba de combatir -á los hipócritas. - - «Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de Moisés. - Practicad, pues, y haced todo lo que os dijeren; pero no arregleis - vuestra conducta por la suya, porque ellos dicen y no hacen. El hecho - es que van liando cargas pesadas é insoportables, y las ponen en los - hombros de los demás, cuando ellos no quieren ni aplicar la punta del - dedo para moverlas. - - »Todas sus obras las hacen con el fin de ser vistos de los hombres; - por lo mismo llevan las filacterias[914] más anchas, y más largas las - franjas del vestido[915]. Aman tambien los primeros asientos en los - banquetes y las primeras sillas en las sinagogas y el ser saludados - en la plaza, y que los hombres les den el título de «Maestro». Pero - ¡ay de ellos!... - - »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que cerrais el - reino de los cielos[916] á los hombres; porque ni vosotros entrais, - ni dejais entrar á los que entrarian. - - »¡Ay de vosotros! que devorais las casas de las viudas con el - pretexto de hacer largas oraciones: por eso recibiréis sentencia - mucho más rigurosa. ¡Ay de vosotros! porque andais girando por mar y - tierra á trueque de convertir un gentil, y despues le haceis digno - del infierno. ¡Ay de vosotros! que sois como los sepulcros que están - cubiertos, y que son desconocidos á los hombres que pasan por encima - de ellos[917]. - - »¡Insensatos y ciegos! que pagais diezmo de la yerbabuena y del - eneldo y del comino, y habeis abandonado las cosas más esenciales de - la Ley, la justicia, la misericordia y la buena fe. Éstas debiérais - observar, sin omitir aquéllas. - - »¡Oh guías ciegos! que colais un mosquito y os tragais un camello. - - »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que limpiais - por fuera la copa y el plato[918] que por dentro están llenos - de rapacidad é inmundicia. ¡Fariseo ciego![919], limpia primero - por dentro la copa y el plato, si quieres que lo de afuera sea - limpio[920]. - - »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque sois - semejantes á los sepulcros blanqueados[921], los cuales por afuera - aparecen hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos, - de todo género de podredumbre. - - »¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que fabricais - los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los - justos, y decís: si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, - no hubiéramos sido sus cómplices en la muerte de los profetas. Con - lo que dais testimonio contra vosotros mismos de que sois hijos de - los que mataron á los profetas. Acabad, pues, de llenar la medida - de vuestros padres. Por eso dijo la sabiduría de Dios: yo voy á - enviaros profetas y sabios y escribas, y de ellos degollareis á unos, - crucificareis á otros, á otros azotareis en vuestras sinagogas, y - los andareis persiguiendo de ciudad en ciudad, para que recaiga - sobre vosotros toda la sangre inocente derramada sobre la tierra, - desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, hijo - de Baraquías[922], á quien matasteis entre el templo y el altar. - En verdad os digo que todas estas cosas vendrán á caer sobre la - generacion presente»[923]. - -Su dogma terrible de la sustitucion de los gentiles, esto es, la idea -de que el reino de Dios iba á ser transferido á otros, no habiéndole -querido aquéllos para quienes estaba destinado[924], era como una -amenaza sangrienta dirigida á la aristocracia; y su título de Hijo -de Dios, que Jesús confesaba abiertamente en fogosas parábolas[925], -en las cuales presentaba á sus enemigos desempeñando el papel de -verdugos de los enviados celestiales, era un reto al judaismo legal. El -audaz llamamiento dirigido á los humildes era todavía más sedicioso. -Declaraba que habia venido á dar vista á los ciegos y á cegar á los -que creian ver[926]. Su mal humor contra el templo le inspiró un dia -esta imprudente frase: «Yo destruiré este templo hecho de mano de los -hombres, y en tres dias fabricaré otro sin obra de mano alguna»[927]. -Se ignora, ó por lo ménos, no se sabe á punto fijo lo que Jesús quiso -decir con esas palabras, en las cuales buscaron sus discípulos forzadas -alegorías. Pero como sus enemigos no deseaban sino un pretexto para -perderle, tomaron inmediatamente acta de ellas. La frase debia figurar -luégo entre los considerandos de la sentencia de muerte y llegar hasta -los oidos de Jesús en medio de las últimas agonías del Gólgotha. Esas -irritantes discusiones concluian siempre por provocar alguna tormenta. -Los fariseos le arrojaban piedras[928], en lo cual no hacian sino -ejecutar un artículo de la Ley, que ordenaba apedrear, sin oirle, á -todo profeta, siquiera fuese taumaturgo, que intentara separar al -pueblo del antiguo culto[929]. Otras veces le llamaban loco, poseido -y samaritano[930], y trataban hasta de matarle[931]. Y por último, -tomaban acta de todas sus palabras, á fin de invocar contra él las -leyes de una teocracia intolerante, no abrogadas aún por la dominacion -romana[932]. - - - - -CAPÍTULO XXII - -MAQUINACIONES DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS - - -Jesús pasó el otoño y una parte del invierno en Jerusalen, en donde esa -estacion es bastante fria. El pórtico de Salomon, con sus corredores -cubiertos, era el sitio en que se paseaba de ordinario[933]. Aquel -pórtico se componia de dos galerías, formadas por tres órdenes de -columnas y cubiertas de una techumbre de madera tallada[934]. Dominaba -el valle de Cedron, que estaba sin duda ménos lleno de escombros que -hoy en dia. La vista, desde lo alto del pórtico, no alcanzaba al -fondo del barranco, y parecia, á consecuencia de la inclinacion de -los taludes, que se abria un abismo á pico bajo el muro. El otro lado -del valle poseia ya su adorno de suntuosas tumbas. Algunos de los -monumentos que se ven allí hoy dia, eran quizás aquellos cenotafios -en honor de los antiguos profetas[935] que Jesús mostraba con la -mano, cuando, sentado sobre el pórtico, fulminaba amenazas contra -las clases oficiales, que escudaban detrás de aquellas colosales -masas su hipocresía ó su vanidad[936]. Á fines del mes de Diciembre, -Jesús celebró en Jerusalen la fiesta establecida por Júdas Macabeo en -conmemoracion de la purificacion del templo, despues de los sacrilegios -de Antíoco Epifáneo[937]. Tambien se la llamaba la «Fiesta de las -candelas», porque durante los ocho dias de la funcion se tenian en -las casas las lámparas encendidas[938]. Jesús emprendió poco despues -un viaje á Perea y á las orillas del Jordan, es decir, al mismo país -que visitó algunos años ántes, cuando seguia la escuela de Juan[939] -y donde él mismo habia administrado el bautismo. Allí, y sobre todo -en Jericó, recibió, á lo que parece, algunos consuelos. En aquella -ciudad, bien como punto principal de caminos muy importantes, ó bien -á causa de sus perfumados jardines y de su rica cultura[940], habia -una aduana de bastante consideracion. El recaudador principal, Zacheo, -hombre rico, deseó ver á Jesús. Como era de estatura pequeña, se subió -sobre un sicomoro que se hallaba cerca del camino por donde debia -pasar la comitiva. Jesús se conmovió de tal inocencia en un personaje -de consideracion, y quiso entrar en casa de Zacheo, áun á riesgo -de producir un escándalo[941]. Se murmuró muchísimo, en efecto, de -verle honrar con su presencia la casa de un pecador. Al partir, Jesús -declaró que su huésped era buen hijo de Abraham; y como para aumentar -el despecho de los ortodoxos, Zacheo llegó á ser un santo; dió, segun -dicen, la mitad de sus bienes á los pobres y reparó con exceso los -males que pudo haber ocasionado. No fué ésta solamente la única alegría -de Jesús. Al salir de la ciudad, el mendigo Bartimeo[942] le produjo -gran placer al llamarle obstinadamente «hijo de David», aunque le -ordenaron callarse. El ciclo de los milagros galileos parece volver á -abrirse por un momento en aquel país que muchas analogías semejaban á -las provincias del norte. El delicioso oasis de Jericó, bien regado -entónces, debia ser uno de los parajes más hermosos de la Siria. Josefo -habla de él con la misma admiracion que de la Galilea, y le llama, como -á esta última provincia, un «país divino»[943]. - -Jesús, despues de haber llevado á cabo aquella especie de peregrinacion -á los lugares de su primera actividad profética, volvió á su querida -estancia de Betania, en donde acaeció un hecho singular que parece -tuvo consecuencias decisivas para el fin de su vida[944]. Cansados de -la mala acogida que el reino de Dios encontraba en la capital, los -amigos de Jesús deseaban un gran milagro que hiriese vivamente la -incredulidad hierosolimitana. La resurreccion de un hombre conocido -en Jerusalen debió parecer la cosa más convincente. Es necesario -recordar aquí que la condicion esencial de la verdadera crítica es -comprender la diversidad de las épocas y despojarse de las repugnancias -instintivas que son el fruto de una educacion puramente razonable. Es -necesario recordar tambien que, en aquella ciudad torpe é impura de -Jerusalen, Jesús no era ya el mismo. Su conciencia, por la falta de -los hombres, y no por la suya, habia perdido algo de su primordial -limpidez. Desesperado, llevado al último extremo, no era ya dueño de -sí. Su mision se le imponia y obedecia al torrente que le empujaba. -Como sucede siempre en todas las grandes carreras divinas, la opinion -era la que le imponia los milagros que hacia contra su voluntad. Á la -distancia en que nos encontramos de aquella época, y en presencia de un -solo texto, que ofrece señales evidentes de artificios de composicion, -es imposible decidir si, en el caso presente, es todo ficcion, ó si -un hecho real, sucedido en Betania, sirvió de base á los rumores -extendidos. Es necesario reconocer, sin embargo, que el giro de la -narracion de Juan tiene algo de enteramente diverso de los relatos de -los milagros, nacidos de la imaginacion popular, de que están llenos -los sinópticos. Añadamos que Juan es el solo evangelista que tiene -un conocimiento exacto de las relaciones de Jesús con la familia de -Betania, y que no se comprende que una creacion popular viniese á -tomar puesto en un círculo de recuerdos tan personales. Lo que parece -probable es que el prodigio de que se trata no fué uno de esos milagros -completamente legendarios y de los que nadie es responsable. En otros -términos, nosotros creemos que sucedió en Betania alguna cosa que fué -considerada como una resurreccion. - -La fama atribuia ya á Jesús dos ó tres hechos de esa naturaleza[945]. -La familia de Betania fué inducida, quizás sin saberlo, al hecho -importante que se deseaba. Jesús era allí adorado. Parece que Lázaro -estaba enfermo, y que á consecuencia de un mensaje de sus hermanas -alarmadas, Jesús abandonó la Perea[946]. La alegría de su llegada pudo -hacer volver á Lázaro á la vida. Quizás tambien el ardiente deseo -de tapar la boca á los que con ultraje negaban la mision divina de -su amigo, condujo á aquellas apasionadas personas más allá de todos -los límites. Quizás Lázaro, pálido aún á causa de su enfermedad, se -hizo cubrir de vendas como un muerto y encerrar en su sepulcro de -familia. Aquellos sepulcros eran espaciosas habitaciones talladas en -la roca, en las que se entraba por una abertura cuadrada que cerraba -una enorme baldosa. Marta y María acudieron delante de Jesús, y sin -dejarle entrar en Betania, le condujeron á la gruta. La emocion que -Jesús sintió al lado del sepulcro de su amigo, que creia muerto[947], -pudo ser considerada por los concurrentes como esa turbacion, ese -estremecimiento[948] que acompañaba á los milagros; la opinion -popular se empeñaba en que la virtud divina fuese en el hombre como -un principio epiléptico y convulsivo. Jesús (siempre en la hipótesis -enunciada más arriba) deseó ver aún una vez al que habia amado, y -habiendo sido separada la piedra, Lázaro salió envuelto en sus vendas -y cubierta la cabeza de un sudario. Esa aparicion debió mirarse -naturalmente por todos como una resurreccion. La fe no conoce otra -ley que el interes de aquello que cree positivo. Siendo para ello -enteramente santo el objeto que se propone, no tiene el menor escrúpulo -en invocar en favor de su tésis malos argumentos cuando con los buenos -no logra lo que desea. Si tal prueba no es sólida, ¡cuántas hay que -lo son!... Si tal prodigio no es verdadero, ¡cuántos otros lo han -sido!... Íntimamente persuadidos de que Jesús era taumaturgo, Lázaro y -sus dos hermanas pudieron ayudar á la ejecucion de uno de sus milagros, -como tantos hombres piadosos que, convencidos de la verdad de su -religion, han tratado de triunfar de la obstinacion de los hombres por -medios que consideraban bien débiles. El estado de su conciencia era el -de las estigmatizadas, el de las convulsionarias, de las poseidas de -los conventos arrastradas por la influencia del mundo en que vivian, y -por su propia creencia, á actos fingidos. En cuanto á Jesús, no era más -dueño que San Bernardo, que San Francisco de Asís de moderar la avidez -de la muchedumbre y la de sus propios discípulos por lo maravilloso. -La muerte, por otra parte, iba dentro de algunos dias á devolverle su -divina libertad, y á sustraerle á las necesidades fatales de un papel -que cada dia se hacia más exigente, más difícil de sostener. - -Todo hace creer, en efecto, que el milagro de Betania contribuyó -sensiblemente á acelerar el fin de Jesús[949]. Las personas que habian -sido testigos de él fueron á la ciudad y hablaron muchísimo de la -ocurrencia. Los discípulos contaron el hecho con detalles de aparato -combinados en vista de la argumentacion. Los otros milagros de Jesús -eran actos pasajeros, aceptados espontáneamente por la fe, aumentados -por la reputacion popular, y sobre los cuales, una vez sucedidos, no se -hablaba ya más. El de Betania era un verdadero acontecimiento que se -pretendia de pública notoriedad, y con el cual esperaban tapar la boca -á los fariseos[950]. Los enemigos de Jesús se irritaron sobremanera -á causa de aquellos rumores, y trataron, segun dicen, de matar á -Lázaro[951]. Lo que hay de cierto es, que desde aquella hora se formó -un consejo compuesto de los jefes de los sacerdotes[952], en el cual -fué presentada netamente la cuestion: «Jesús y el judaismo ¿pueden -vivir juntos?» Presentar la cuestion era resolverla, y sin necesidad de -ser profeta, como lo pretende el evangelista, el gran sacerdote pudo -muy bien pronunciar su sangriento axioma: «Es necesario que muera un -hombre por todo el pueblo.» - -El «gran sacerdote de aquel año», valiéndonos de una expresion -del cuarto evangelista, que da perfectamente cuenta del estado de -humillacion á que se encontraba reducido el sumo pontificado, era José -Caifás, nombrado por Valerio Grato y perteneciente en cuerpo y alma -á los romanos. Desde que Jerusalen dependia de los procuradores, el -cargo de gran sacerdote habia llegado á ser un destino amovible, y las -destituciones se sucedian casi todos los años[953]. - -Caifás, sin embargo, se mantuvo más tiempo que los demás. Habia sido -provisto de su empleo el año 25, y hasta el 36 no le perdió. Nada se -sabe acerca de su carácter, y muchas circunstancias inducen á creer que -su poder era sólo nominal. Á su lado, y por cima de él, vemos en efecto -otro personaje que parece haber ejercido en el momento decisivo que nos -ocupa un poder preponderante. - -Aquel personaje era el suegro de Caifás, Hanan ó Annás[954], hijo -de Seth, antiguo gran sacerdote depuesto, que, en medio de esa -instabilidad del pontificado, conservó en el fondo toda la autoridad. -Annás habia recibido el soberano sacerdocio del legado Quirinus el -año 7 de nuestra era, cesando en su cargo el año 14 al advenimiento -de Tiberio; pero permaneció muy considerado. Se continuó llamándole -«gran sacerdote», por más que él no tuviese ya el empleo[955], y -consultándole en todas las cuestiones graves. Durante cincuenta años, -el pontificado permaneció casi sin interrupcion en su familia; cinco -de sus hijos se revistieron sucesivamente de aquella dignidad[956], -sin contar Caifás, que era su yerno. Por eso se la llamaba la -«familia sacerdotal», como si el sacerdocio hubiera sido en ella -hereditario[957]. Casi todos los grandes cargos del templo estaban -entre sus manos[958]. Cierto es que otra familia alternaba en el -pontificado con la de Annás, cual era la de Boethus[959]. Pero los -_Boethusim_ que debian el orígen de su fortuna á una circunstancia muy -poco honrosa, eran ménos estimados de los fariseos piadosos. Annás -era, pues, en realidad el jefe del partido sacerdotal. Caifás no hacia -nada sin contar con él: se habian acostumbrado á asociar sus nombres, -y el de Annás se mencionaba siempre el primero[960]. Compréndese, -en efecto, que bajo aquel régimen de pontificado anual, trasmitido -alternativamente segun el capricho de los procuradores, debia ser -personaje muy importante un antiguo pontífice que habia conservado -el secreto de las tradiciones, visto derrumbarse muchas fortunas más -recientes que la suya, y guardado bastante crédito para hacer que por -su influencia delegasen el poder á personas que le estaban sometidas -completamente. Como toda la aristocracia del templo[961], Annás era -saduceo, «secta, dice Josefo, sumamente severa en los procedimientos.» -Todos sus hijos fueron tambien ardientes perseguidores[962]. Uno de -ellos, llamado Annás, como su padre, hizo apedrear á Santiago, hermano -del Señor, en circunstancias que tienen alguna analogía con la muerte -de Jesús. El carácter de la familia era audaz, altanero y cruel[963], -teniendo esa especie particular de maldad desdeñosa y solapada que -caracteriza la política judía. Así, pues, debe pesar sobre Annás y -los suyos, la responsabilidad de todos los actos que van á seguirse. -Annás fué (ó si se quiere, el partido que él representaba) el que dió -muerte á Jesús. Annás fué el actor principal de aquel terrible drama, -y áun más bien que Caifás y que Pilato deberia sufrir el peso de las -maldiciones de la humanidad. - -En boca de Caifás es donde el evangelista coloca las palabras decisivas -que acarrearon la sentencia de muerte de Jesús[964]. Se suponia que el -gran sacerdote poseia cierto dón profético; la frase llegó á ser, en -este supuesto, para la comunidad cristiana un oráculo lleno de profunda -significacion. Pero esas palabras, cualesquiera que ellas fuesen, -tradujeron el pensamiento de todo el partido sacerdotal. Ese partido -estaba muy expuesto á las sediciones populares, y trataba de detener á -los entusiastas religiosos, previendo con razon que, por su predicacion -exaltada, traeria la ruina total de la nacion. Bien que la agitacion -provocada por Jesús no tuviese nada de temporal, los sacerdotes vieron, -como última consecuencia de ella, un agravamiento del yugo romano y -la ruina del templo, fuente de sus riquezas y de sus honores[965]. -Pero las causas que debian traer, treinta y siete años más tarde, la -ruina de Jerusalen consistian en otra cosa que en el cristianismo -naciente; estaban en el mismo Jerusalen, y no en Galilea. Sin embargo, -no puede decirse que el motivo alegado en aquella circunstancia por -los sacerdotes, careciese de verosimilitud hasta el punto de no ver -en su procedimiento sino un acto de insigne mala fe. En cierto modo, -si Jesús conseguia su propósito, acarreaba realmente la ruina de la -nacion judía. Partiendo de principios admitidos como cosa corriente -por toda la antigua política, Annás y Caifás estaban en su derecho al -decir: «Vale más la muerte de un hombre que la ruina de un pueblo.» Ese -razonamiento es, á nuestro juicio, detestable; pero él ha sido el de -los partidos conservadores desde el orígen de las sociedades humanas. -El «partido del órden» (tomo esta frase en el sentido pobre y mezquino) -ha sido siempre el mismo. Creyendo que la última palabra del gobierno -consiste en impedir las emociones populares, imagina hacer acto de -patriotismo previniendo por la muerte jurídica la efusion tumultuosa de -sangre. Poco inquieto del porvenir, no conoce que declarando la guerra -á toda iniciativa, corre peligro de lastimar las ideas destinadas á -triunfar un dia. La muerte de Jesús fué una de las mil aplicaciones de -esa política. El movimiento que él dirigia era enteramente espiritual; -pero era un movimiento, y por consiguiente los hombres de órden, -persuadidos de que lo esencial para la humanidad es el reposo, debian -impedir que se desarrollase el nuevo espíritu. Nunca se vió ejemplo -más palpable de la ineficacia de semejante conducta, y del resultado -opuesto á que ella conduce. Dejado en libertad, Jesús se habria -consumido en una lucha desesperada contra lo imposible. El inteligente -ódio de sus enemigos decidió el éxito de su obra, poniendo el sello á -su divinidad. - -La muerte de Jesús fué, pues, resuelta á fines del mes de Febrero ó -á principios de Marzo[966]. Pero Jesús escapó aún por algun tiempo. -Se retiró á una ciudad poco conocida nombrada Efrain ó Efron, hácia -el lado de Betel, á una jornada escasa de Jerusalen[967]. Allí vivió -algunos dias con sus discípulos, dejando pasar la tempestad. Pero -se habia dado órden de prenderle tan pronto como se le viese en -Jerusalen[968]. La solemnidad de la Pascua se acercaba, y se presumia -que Jesús, segun su costumbre, iria á la capital á celebrar aquella -fiesta. - - - - -CAPÍTULO XXIII - -ÚLTIMA SEMANA DE JESÚS - - -Y en efecto, partió con sus discípulos para ver por última vez la -ciudad incrédula y rebelde. Las esperanzas de las personas que le -rodeaban habian llegado al último grado de exaltacion: al subir esta -vez á Jerusalen, todos creian que el reino de Dios iba á manifestarse -allí[969]. Habiendo llegado á su colmo la impiedad de los hombres, -esta circunstancia era, en su concepto, una señal evidente de que -la consumacion del esperado acontecimiento se hallaba cercana. Y -tal era la persuasion respecto á este punto, que hasta disputaban -acerca de la preeminencia que cada cual habria de tener en el futuro -reino[970]. Entónces fué, segun parece, cuando Salomé, la mujer -de Zebedeo, solicitó de Jesús que concediese á sus hijos los dos -puestos preferentes, á derecha é izquierda del Hijo del hombre[971]. -La imaginacion de Jesús se hallaba, por el contrario, acosada de -graves pensamientos. Á veces dejaba traslucir un profundo y sombrío -resentimiento hácia sus enemigos.--Referia la parábola de un hombre -noble que partió á un país lejano á tomar la investidura de un reino; -mas apénas volvió la espalda, sus conciudadanos se declararon en -contra suya. Á su regreso, el rey ordenó que condujesen delante de él -á los que no habian querido que volviese á reinar sobre ellos, y los -condenó á la última pena[972]. Otras veces se complacia en desvanecer -las ilusiones de sus discípulos. Cuando marchaban por los caminos -pedregosos del Norte de Jerusalen, Jesús iba pensativo á la cabeza de -sus compañeros.--Todos le miraban silenciosamente, experimentando un -sentimiento de temor y sin atreverse á interrogarle. Ya en diferentes -ocasiones les habia anunciado sus futuros padecimientos, cosa con la -cual no podian avenirse los discípulos[973]. Jesús tomó, por último, -la palabra, y no ocultándoles ya sus presentimientos, les habló de su -próximo fin[974], anuncio que fué acogido con muestras de profunda -tristeza. Los discípulos esperaban que pronto apareceria la señal en -las nubes, y ya resonaban en sus oidos los alegres acentos del grito -inaugural del reino de Dios: «Bendito sea el que viene en nombre -del Señor»[975]. Sin embargo, aquella sangrienta perspectiva los -llenaba de inquietud. En el espejismo de sus ensueños, el reino de -Dios se aproximaba ó retrocedia á cada paso que daban en el camino -fatal. En cuanto á Jesús, la idea de que iba á morir, pero de que su -muerte salvaria al mundo[976], se arraigaba más y más en su mente. La -equivocacion, ó sea la divergencia de miras, entre él y sus discípulos -se hacia cada vez más profunda. - -Era costumbre establecida el que los peregrinos fuesen á Jerusalen -algunos dias ántes de la Pascua á fin de prepararse para la fiesta. -Jesús llegó despues de los demás, y hubo un momento en que sus -enemigos perdieron la esperanza que habian concebido de apoderarse -de su persona[977]. El sexto dia ántes de la fiesta (sábado, 8 de -nisan--28 de Marzo)[978], Jesús entró por fin en Bethania, y como -de costumbre, fué á parar á casa de Lázaro, Marta y María, ó sea de -Simon el Leproso, donde le recibieron con grandes demostraciones de -regocijo. Simon el Leproso preparó con tal motivo una comida[979], á -la que asistieron multitud de personas atraidas por el deseo de ver á -Jesús, y tambien por el de ver á Lázaro, cuya milagrosa resurreccion -se comentaba de mil modos desde hacia algun tiempo. Lázaro se hallaba -sentado á la mesa y parecia ser el blanco de todas las miradas. La -hacendosa Marta desempeñaba el servicio, segun costumbre[980]. Á fin -de realzar la alta dignidad del huésped y de vencer la frialdad del -público, se pretendió, á lo que parece, dispensarle entónces mayores -muestras de respeto. Durante la comida, y con objeto de dar al banquete -más solemne apariencia, entró María con un vaso de perfumes que derramó -sobre los piés de Jesús. En seguida rompió el vaso, conforme á la -antigua costumbre, que ordenaba romper la vajilla que habia servido -para obsequiar á un huésped de distincion[981]. Por último, llevando -las demostraciones de su deferencia á un extremo no conocido hasta -entónces, se hincó de rodillas y enjugó con sus largos cabellos los -piés del maestro[982]. Los agradables efluvios de los perfumes llenaron -toda la casa, produciendo gran contentamiento en los circunstantes, -excepto en el avaro Júdas de Kerioth. Verdad es que en atencion á -las costumbres económicas de la comunidad, semejante conducta era un -verdadero despilfarro. El ávido tesorero calculó en seguida en cuánto -hubieran podido venderse los perfumes, y el producto que su venta -habria hecho ingresar en la caja de los pobres. Ese mezquino y poco -afectuoso sentimiento, que parecia demostrar más aprecio por el valor -de ciertas cosas que por su persona, disgustó sobremanera á Jesús, el -cual amaba los honores, porque ellos contribuian á sus propósitos y -afirmaban su título de hijo de David. Así es que cuando oyó hablar de -pobres, respondió con bastante viveza: «Los pobres los tendreis siempre -con vosotros; pero á mí no me tendreis siempre.» Y exaltándose más, -prometió la inmortalidad á la mujer que en aquel momento crítico le -daba tan relevante prueba de amor[983]. - -Al dia siguiente (domingo, 9 de nisan), Jesús descendió de Bethania á -Jerusalen[984]. Cuando al revolver un recodo del camino vió, desde la -cima del monte de los Olivos, extendida á sus piés la ciudad, dicen -que lloró sobre ella y que le dirigió un último llamamiento[985]. Al -llegar á la falda de la montaña, no léjos de la puerta que se abria en -el muro oriental de la ciudad sobre la zona llamada _Bethphage_, sin -duda á causa de las higueras que la poblaban[986], Jesús tuvo todavía -un instante de satisfaccion humana[987]. Habiéndose extendido la -noticia de su llegada, los galileos que se hallaban en Jerusalen con -motivo de la fiesta, salieron gozosos á su encuentro y le prepararon -una pequeña ovacion. Buscaron una jumenta, á la cual seguia un -jumentillo, segun costumbre, extendieron sobre su lomo sus más hermosos -vestidos, á guisa de gualdrapa, y le hicieron sentar sobre aquella -pobre montura. Otros extendian sus túnicas sobre el camino, mezclando -con ellas una alfombra de ramos verdes. La muchedumbre iba delante -y detrás de él, llevando palmas en la mano y exclamando: «¡Hosanna -al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre del Señor!» -Algunas personas le daban el título de rey de Israel[988]. «Rabbi,--le -decian los fariseos--diles que se callen.»--«Si éstos callan, las -piedras darán voces»,--respondió Jesús,--y en seguida entró en la -ciudad. Los hierosolimitanos, que apénas le conocian, preguntaban -que quién era: «Es Jesús, el profeta de Nazareth, en Galilea»,--les -respondieron.--Siendo Jerusalen una ciudad de cincuenta mil almas[989], -poco más ó ménos, un acontecimiento como la entrada de un forastero de -alguna celebridad, el concurso de provincianos ó un movimiento popular -en las avenidas de la poblacion debia en circunstancias ordinarias -propalarse rápidamente. Pero como la confusion era extremada en la -época de las fiestas[990], Jerusalen pertenecia en aquellos dias á los -forasteros:--así pues, la emocion parece haber sido más viva entre -estos últimos. Algunos prosélitos familiarizados con el idioma griego, -que habian ido á la fiesta de la Pascua, tuvieron curiosidad de ver á -Jesús, á cuyo efecto se dirigieron á sus discípulos[991];--se ignora lo -que resultó de aquella entrevista. En cuanto á Jesús, fué, como tenía -de costumbre, á pasar la noche á su querida aldea de Bethania[992], -volviendo igualmente á Jerusalen durante los tres dias sucesivos -(lúnes, martes y miércoles). Una vez puesto el sol, subia la colina de -Bethania, ó bien se dirigia á las granjas del flanco occidental del -monte de los Olivos, en las cuales habitaban muchos amigos suyos[993]. - -En sus últimos dias, una profunda tristeza parece dominar su alma, -de ordinario tan jovial y serena. Todos los relatos están de acuerdo -en atribuirle, ántes de su arresto, un instante de incertidumbre y de -vacilacion, una especie de agonía anticipada. Segun algunos, Jesús -exclamó de repente: «Mi alma se ha conturbado; ¡oh Padre mio! líbrame -de esta hora»[994]. En aquel momento creyeron que se habia dejado -oir una voz del cielo; otros decian que un ángel habia descendido á -confortarle[995]. El hecho, segun la version más autorizada, tuvo lugar -en el huerto de Gethsemaní. Miéntras dormian sus discípulos, Jesús -se alejó de ellos á distancia de un tiro de piedra, no conservando -á su lado sino á Cephas y á los dos hijos de Zebedeo. Entónces, -postrada la faz contra la tierra, se puso en oracion, y su alma -contristada experimentó angustias de muerte, pero al fin triunfó en -él la resignacion á la voluntad divina[996]. Á consecuencia del arte -instintivo que presidió á la redaccion de los sinópticos, arte que -á menudo les hace obedecer en el arreglo del relato á razones de -conveniencia ó de efecto, aquella escena fué colocada en la última -noche de Jesús, precediendo al momento de su arresto. Pero si esa -version fuese la verdadera, no se comprenderia que Juan, testigo íntimo -de tan conmovedor episodio, no dijese respecto á él ni una sola palabra -en el circunstanciadísimo relato que hace de la noche del juéves[997]. -Sea como quiera, lo cierto es que, durante los últimos dias gravitó -cruelmente sobre Jesús el peso enorme de la mision que habia aceptado. -La naturaleza humana se despertó por un momento; y ¡quién sabe si -entónces dudó de su obra! El error y la incertidumbre se apoderaron -de él, produciéndole un desfallecimiento más angustioso que la misma -muerte. El hombre que ha sacrificado á una grande idea su reposo y las -recompensas legítimas de la vida, experimenta siempre un instante de -infinita tristeza cuando por primera vez se le presenta la imágen de -la muerte, pretendiendo persuadirle de que todos sus sacrificios serán -en vano. Quizás cruzaron entónces por la imaginacion de Jesús algunos -de esos conmovedores recuerdos del pasado que se encarnan hasta en las -almas de mejor temple, atravesándolas con un agudo puñal. ¿Se aparecian -á su memoria las claras fuentes de la risueña Galilea, sus alfombras -de verdura, los viñedos y las higueras, á cuya sombra hubiera podido -vivir tranquilo, y las cándidas jóvenes que acaso hubieran consentido -en amarle? ¿Maldijo entónces la rudeza de su destino, que le privó de -los goces concedidos á los demás seres? ¿Se lamentó de su elevada -naturaleza, y víctima de su valor moral, sintió no haber permanecido -siendo un simple artesano en Nazareth? ¡Quién sabe!... Todas esas -turbaciones interiores fueron evidentemente un enigma para sus -discípulos, enigma del cual no comprendieron ni una palabra, tratando -por medio de cándidas conjeturas de suplir lo que para ellos habia de -oscuro é incomprensible en la grande alma de su maestro. Pero aquel -desfallecimiento fué momentáneo; es indudable que la naturaleza divina -de Jesús recobró pronto su acostumbrado imperio. Todavía estaba en su -mano evitar la muerte.--Mas no lo quiso; el amor de su obra triunfó -en él, y aceptó el cáliz decidido á apurarle hasta las heces. En -adelante Jesús aparece tal como es, y las sutilezas del polemista, la -credulidad del taumaturgo y del exorcista se borran por completo ante -la figura sublime del héroe incomparable de la Pasion, del fundador de -los derechos de la conciencia libre, del cumplido modelo cuyo ejemplo -servirá de confortacion y consuelo á todas las almas afligidas. - -El triunfo de Bethphage, aquella audacia de provincianos festejando á -su rey-mesías á las mismas puertas de Jerusalen, acabó de exasperar á -los fariseos y á la aristocracia del templo. Celebróse el miércoles -(12 de nisan) un nuevo consejo en casa de José Caifás[998], y en él -quedó resuelta la inmediata prision de Jesús. Á todas aquellas medidas -presidió un gran sentimiento de órden y de policía conservadora. -Como la fiesta de la Pascua, que aquel año empezaba el viérnes -por la noche, era siempre motivo propicio á los tumultos y á la -exaltacion, se resolvió avanzar el arresto algunos dias, á fin de -evitar el escándalo y las desgracias que acaso pudieran ocurrir. -Temíase que la popularidad de Jesús[999] ocasionase alguna asonada. -Por consiguiente, se determinó que en vez de apoderarse de él en el -templo, adonde iba todos los dias[1000], se espiasen sus costumbres á -fin de prenderle en algun lugar apartado. Con este objeto, los agentes -de los sacerdotes sonsacaron á sus discípulos, en la esperanza de -obtener de su debilidad ó de su sencillez algunas noticias útiles, cosa -que encontraron en Júdas de Kerioth. Aquel desgraciado, por motivos -imposibles de explicar, hizo traicion á su maestro, y no sólo dió todas -las indicaciones que se le pedian, sino que se encargó de conducir la -brigada ó patrulla que debia operar el arresto, aunque semejante exceso -de maldad parece casi increible. El recuerdo de horror que la necesidad -ó la infamia de aquel hombre dejó en la tradicion cristiana, ha debido -introducir sobre este punto alguna exageracion. Hasta entónces Júdas -habia sido un discípulo como los demás, tenía el título de apóstol y -hasta habia hecho milagros y lanzado los demonios. La leyenda, que -rechaza los términos medios, no ha podido admitir en el cenáculo sino -once santos y un réprobo. Pero la realidad no procede por categorías -tan absolutas. La avaricia, que los sinópticos señalan como el móvil -del crímen en cuestion, no basta á explicarle satisfactoriamente. -Sería por cierto bien extraño que un hombre que administraba el -fondo comun, y que sabía lo que iba á perder con la muerte del jefe, -hubiese cambiado los provechos de su empleo de tesorero[1001] por una -cantidad insignificante[1002]. ¿Se habia resentido el amor propio de -Júdas á causa de la reprimenda que recibió en el banquete de Bethania? -Tampoco esta razon parece suficiente. Juan se empeña en presentarle -desde un principio como un ladron y un incrédulo[1003], cosa que -es de todo punto inverosímil. Inclínase uno más bien á creer que -obedeciese á algun sentimiento de rivalidad, á la irritacion producida -por disensiones intestinas. El ódio particular que Juan manifiesta -contra Júdas[1004] confirma esta última hipótesis. De un corazon ménos -puro que los otros, Júdas pudo muy bien haberse dejado dominar, sin -apercibirse de ello, de los sentimientos propios de su cargo, y por un -sesgo sumamente comun en el ejercicio de las funciones activas, haber -llegado á dar más importancia á los intereses de la caja que á la -obra misma á que estaban destinados. El murmullo que se le escapa en -Bethania deja sospechar que la grandeza del apóstol habia sucumbido en -él ante la mezquindad del administrador, y que algunas veces le parecia -que el maestro costaba demasiado caro á su familia espiritual. Esa ruin -economía habia causado sin duda en la reducida sociedad algunos otros -disgustos. - -Sin negar que Júdas contribuyese á la prision de su maestro, nosotros -creemos que hay alguna injusticia en las maldiciones que sobre él -se lanzan. Quizás hubo en su conducta mayor parte de torpeza que de -perversidad. La conciencia moral del hombre del pueblo es viva y -justa, pero instable é inconsecuente, y no sabe resistir á un impulso -momentáneo. Las sociedades secretas del partido republicano abrigaban -en su seno profunda conviccion y gran sinceridad, y sin embargo, los -delatores eran en ellas numerosos. El más ligero despecho bastaba para -convertir un sectario en un traidor. Pero si el loco deseo de adquirir -algunas miserables monedas trastornó la cabeza del pobre Júdas, no -parece que hubiese perdido completamente el sentimiento moral, puesto -que, viendo las consecuencias de su falta, se arrepintió[1005], segun -dicen, y hasta se dió la muerte. - -Cada minuto de los que van á seguirse es un momento solemne y ha valido -por siglos enteros en la historia de la humanidad. Hemos llegado al -juéves 13 de nisan (3 de Abril). La fiesta de la Pascua empezaba el -dia siguiente por la noche, inaugurándose con el festin del cordero. -Luégo se continuaba por espacio de siete dias consecutivos, durante -los cuales se hacia uso de los panes ácimos. El primero y el último de -aquellos siete dias tenian un carácter de particular solemnidad. Los -discípulos se ocupaban ya en los preparativos de la fiesta[1006]:--en -cuanto á Jesús, todo parecia indicar que no le era desconocida la -traicion de Júdas y que no se hacia ilusiones respecto á la suerte -que le esperaba. Aquella noche celebró con sus discípulos su última -cena, la cual no era el festin ritual de la Pascua, segun despues se -supuso, cometiendo el error de un dia[1007]; pero la cena del juéves -fué para la Iglesia primitiva la verdadera Pascua, el sello de la nueva -alianza. Cada discípulo trasfirió á ella sus más caros recuerdos, y la -multitud de rasgos conmovedores que cada uno conservaba del maestro se -reconcentraron en aquella cena, la cual llegó á ser la piedra angular -de la piedad cristiana y el punto de partida de las más fecundas -instituciones. - -En efecto, en aquel momento solemne debió desbordarse el amor y la -ternura que abrigaba el corazon de Jesús por la reducida iglesia que -veia en torno suyo[1008]. Su alma, fuerte y serena, superior al peso -de las sombrías preocupaciones que la asaltaban, supo encontrar una -palabra de cariño para cada uno de sus amigos. Dos de entre ellos, Juan -y Pedro, fueron particularmente objeto de tiernas muestras de afeccion. -Juan (segun asegura él mismo) se hallaba recostado en el divan, cerca -de Jesús, con la cabeza reclinada sobre el pecho del maestro. Al -final de la comida, el secreto que oprimia el corazon de Jesús estuvo -á pique de escapársele: «En verdad os digo,--exclamó,--que uno de -vosotros me hará traicion»[1009]. Semejantes palabras produjeron en -aquellos hombres ingénuos y sencillos un momento de horrible angustia; -miráronse unos á otros, y cada uno se preguntó si sería él quien habria -de cometer tal felonía. Júdas se hallaba presente; quizás Jesús, que -desde hacia algun tiempo tenía motivos para desconfiar de él, trató con -aquellas palabras de sondar su corazon y de ver si en su continente -embarazado encontraba la certidumbre de su falta. Pero el discípulo -infiel permaneció impasible, y hasta dicen que se atrevió á preguntar, -como los demás: «¿Seré yo, maestro?» - -Sin embargo, el alma noble y recta de Pedro estaba como sobre ascuas, é -hizo seña á Juan para que tratara de saber á quién habia querido aludir -el maestro. Juan, que podia conversar con Jesús sin que los demás lo -oyeran, le suplicó por lo bajo que le diese la clave de aquel enigma. -Pero Jesús, que no tenía sino sospechas, no quiso pronunciar nombre -alguno; únicamente dijo á Juan que reparase en aquel á quien iba á -ofrecer el pan mojado en la salsa. Y al mismo tiempo ofreció una sopa -á Júdas. Por consiguiente, sólo Juan y Pedro tuvieron conocimiento del -hecho. Jesús dirigió á Júdas algunas palabras que envolvian una amarga -reconvencion; pero no fueron comprendidas de los circunstantes, los -cuales creyeron, al ver salir á Júdas en seguida, que Jesús le habia -dado alguna órden relativa á la fiesta del dia siguiente[1010]. - -Por el momento, aquella comida no llamó la atencion de nadie, y -exceptuando las aprensiones que el maestro confió á sus discípulos -y que no fueron comprendidas sino á medias, nada pasó en ella de -extraordinario. Pero, despues de la muerte de Jesús, se atribuyeron á -aquella noche solemnes significados, y la imaginacion de los creyentes -derramó sobre ella una tinta de suave y dulce misticismo. Los últimos -momentos de una persona querida son los que más profundamente se -graban en la memoria. Por una ilusion inevitable, se atribuyen á las -conversaciones que entónces se tuvieron con ella una significacion que -no habrian adquirido sin la muerte, y se aglomeran en el espacio de -algunas horas los recuerdos de años enteros. Despues de la cena de que -acabamos de hablar, la mayor parte de los discípulos no volvieron á ver -al maestro. Aquél fué, pues, el último adios, el banquete de despedida. -En aquella cena, de igual modo que en otras muchas colaciones, Jesús -practicó su rito misterioso del fraccionamiento del pan. Como quiera -que desde un principio se creyó que el citado banquete habia tenido -lugar el dia de Pascua, siendo, por consiguiente, el festin pascual, -natural fué que se concibiese la idea de haber quedado fundada en -aquel momento supremo la institucion de la Eucaristía. Partiendo de -la hipótesis de que Jesús conocia de antemano el momento preciso de su -muerte, los discípulos debian suponer que el maestro habia reservado -para sus últimos momentos una multitud de actos importantes. Y como -quiera que una de las ideas fundamentales de los primeros cristianos -consistia en que la muerte de Jesús habia sido un sacrificio destinado -á reemplazar todos los de la antigua Ley, la «Cena» (que por última -vez repetimos se suponia haberse celebrado en la víspera de la Pasion) -llegó á ser el sacrificio por excelencia, el acto constitutivo de la -nueva alianza, el signo de la sangre derramada por la salvacion de -todos[1011]. Así, pues, el pan y el vino, puestos en relacion con la -misma muerte, se convirtieron en la imágen del Nuevo Testamento, que -Jesús habia sellado con sus dolores, en la conmemoracion del sacrificio -de Cristo hasta su advenimiento[1012]. - -Ese misterio se fijó desde muy temprano en un pequeño relato -sacramental, que poseemos bajo cuatro formas muy análogas entre -sí[1013]. Y sin embargo, Juan, á quien tanto preocupan las ideas -eucarísticas[1014], que refiere con tanta prolijidad el último -banquete, relacionando con él tantas circunstancias y tantos -discursos[1015]; Juan, único entre los narradores evangélicos que tiene -sobre este punto el valor de un testigo ocular, no conoce el relato -en cuestion, lo cual prueba que no consideraba la institucion de la -Eucaristía como una particularidad de la Cena. En su concepto, el rito -de la Cena es el lavatorio de los piés, rito que probablemente obtuvo -entre ciertas familias del cristianismo primitivo una importancia que -perdió con el tiempo[1016]. Sin duda Jesús le habia practicado en -algunas ocasiones para dar á sus discípulos una leccion de humildad -fraternal. Pero se trasfirió á la víspera de su muerte, á causa de la -tendencia que despues hubo en agrupar al rededor de la Cena todas las -grandes recomendaciones morales y rituales de Jesús. - -Por lo demás, un elevado sentimiento de amor, de caridad, de concordia -y de mútua deferencia, animaba los recuerdos que los discípulos creian -conservar de las últimas horas de Jesús[1017]. El alma de los símbolos -y de los discursos, que la tradicion cristiana colocó en aquel sagrado -momento, es siempre la unidad de su Iglesia, constituida por él ó por -su espíritu: «Un nuevo mandamiento os doy--decia--que os ameis unos -á otros, y que del modo que yo os he amado á vosotros, así tambien -os ameis recíprocamente. Por aquí conocerán todos que sois mis -discípulos, si os teneis amor unos á otros. Ya no os llamaré siervos, -pues el siervo no es sabedor de lo que hace su amo. Mas á vosotros os -he llamado amigos; porque os he hecho saber cuantas cosas oí de mi -Padre. Lo que os mando es que os ameis unos á otros»[1018]. - -Algunas rivalidades, algunas luchas de preeminencia se produjeron -todavía en aquellos postreros momentos[1019]. Jesús hizo notar que -si él, que era el maestro, habia estado entre sus discípulos como su -servidor, con mayor motivo debian ellos subordinarse unos á otros. -Segun algunos, parece que les dijo al beber el vino: «Yo os declaro que -no beberé ya más desde ahora de este fruto de la vid, hasta el dia en -que beba con vosotros el nuevo en el reino de mi Padre»[1020]. Otros -afirman que les prometió para muy pronto un banquete celestial, en el -cual se hallarian sentados en tronos cerca de él[1021]. - -Hácia el fin de la velada, los presentimientos de Jesús se propagaron, -á lo que parece, al alma de sus discípulos. Todos sentian que se -hallaban cercanos á una crísis y que un grave peligro amenazaba -al maestro. Hubo un instante en que Jesús pensó en tomar algunas -precauciones:--habló de espadas, y como le dijeran que habia dos entre -los circunstantes, «basta»--respondió--[1022]. Pero desechó la idea y -no volvió á hablar de ello, comprendiendo sin duda que aquellos tímidos -provincianos no podrian oponer resistencia á la fuerza armada de los -grandes poderes de Jerusalen. Cephas, impulsado por su gran corazon y -lleno de confianza en sí mismo, juró que le acompañaria á la prision y -que moriria con él. Jesús le opuso algunas dudas con su acostumbrada -delicadeza de ingenio; y segun una tradicion, que probablemente se -remonta hasta el mismo Pedro, le emplazó para el canto del gallo[1023]. -Todos, á imitacion de Cephas, juraron que no le abandonarian. - - - - -CAPÍTULO XXIV - -ARRESTO Y CAUSA DE JESÚS - - -La noche habia cerrado ya completamente[1024] cuando salieron de la -sala[1025]. Segun su costumbre, Jesús atravesó el valle del Cedron, -y acompañado de sus discípulos se dirigió al huerto de Gethsemaní, -situado al pié del monte de los Olivos[1026]. Sentóse allí, y dominando -á sus discípulos con su inmensa superioridad, permanecia en vela y -en oracion miéntras ellos dormian. De pronto una patrulla armada y -provista de antorchas invade el huerto. Eran los agentes del templo, -especie de brigada de policía que se habia dejado á los sacerdotes: -iban armados de palos y escoltados de un destacamento de soldados -romanos con espadas. La órden del arresto emanaba del gran sacerdote y -del sanedrin[1027]. Conociendo Júdas las costumbres de Jesús, les habia -indicado que en aquel sitio podrian sorprenderle más fácilmente. Júdas, -segun la tradicion unánime de los primeros tiempos, acompañaba á la -patrulla[1028], y si hemos de creer lo que algunos afirman[1029], llevó -la infamia hasta el extremo de designar con un beso á la víctima de su -negra traicion. Sea como quiera, lo cierto es que hubo un principio -de resistencia de parte de los discípulos[1030]. Uno de ellos (Pedro, -segun testigos oculares)[1031] desenvainó la espada é hirió en una -oreja á uno de los servidores del gran sacerdote, llamado Malek. Jesús -detuvo aquel primer movimiento y se entregó voluntariamente á los -soldados. Los discípulos, débiles, é incapaces de obrar de concierto -contra autoridades que gozaban de tanto prestigio, huyeron cada cual -por su lado. Sólo Juan y Pedro siguieron desde léjos al maestro sin -perderle de vista. Otro jóven desconocido, cubierto de una ligera -túnica, le seguia tambien: los soldados quisieron prenderle, pero el -jóven huyó, dejando la túnica entre sus manos[1032]. - -La conducta que los sacerdotes habian resuelto observar contra -Jesús se hallaba en un todo conforme con el derecho establecido. El -procedimiento contra el «seductor» (_mesith_) que trata de atentar á -la pureza de la religion se explica en el Talmud con detalles cuya -ingenua impudencia hace sonreir. La asechanza, la alevosía, están en -él erigidas en parte esencial de la instrucción criminal. Cuando hay un -hombre acusado de «seduccion» se colocan dos testigos ocultos detrás -de un tabique, y se arreglan las cosas de un modo que el prevenido -éntre en una habitacion contigua, á fin de que los dos testigos en -cuestion puedan oirle sin que él lo sospeche. Á mayor abundamiento se -encienden dos luces junto á él para que los testigos ocultos puedan -declarar que «le han visto»[1033]. Preparadas las cosas de este modo, -se hace que repita su blasfemia, induciéndole á que se retracte. Si -persiste en ella, los testigos le conducen al tribunal y es apedreado. -El Talmud añade que de esta manera fué como se procedió con Jesús, que -fué condenado por las declaraciones de los consabidos testigos, y que, -además, el crímen de «seduccion» es el único para el cual se preparan -tan originales testimonios[1034]. - -En efecto, los discípulos de Jesús nos dicen que la «seduccion» era -el crímen de que acusaban á su maestro[1035], y, á excepcion de -algunas anotaciones, fruto de la imaginacion rabínica, el relato de -los evangelios concuerda rasgo por rasgo con el procedimiento que -describe el Talmud. El plan de los enemigos de Jesús era convencerle, -por informe testimonial y por su propia confesion, de blasfemia y -de atentado contra la religion mosáica, condenarle á muerte con -arreglo á la Ley y remitir despues la sentencia á Pilato para que -éste la confirmase. Como ya hemos visto, la autoridad sacerdotal -residia de hecho en manos de Annás. La órden de arresto procedia de -él probablemente, y á casa de aquel poderoso personaje fué adonde, en -un principio, condujeron á Jesús[1036]. Annás le interrogó acerca de -su doctrina y de sus discípulos; pero Jesús rehusó con noble altivez -entrar en largas explicaciones. Remitiéndose á su enseñanza, que habia -sido pública, declaró que jamás habia tenido doctrina secreta, y dijo -al gran sacerdote que interrogase á aquellos que le habian escuchado. -Nada más natural que esa respuesta; pero el exagerado respeto que -inspiraba el antiguo pontífice la hizo aparecer osada é irreverente, y -uno de los circunstantes replicó á ella--segun dicen--dando á Jesús un -bofeton. - -Pedro y Juan habian seguido al maestro hasta la morada de Annás: Juan, -que no era desconocido en la casa, penetró sin dificultad, mas su -compañero fué detenido á la entrada, y el hijo del Zebedeo tuvo que -suplicar á la portera que le dejase paso. - -La noche era fria. - -Pedro permaneció en la antecámara y se acercó á un brasero al rededor -del cual se calentaban algunos sirvientes, quienes no tardaron en -reconocerle como discípulo del preso. Denunciado por su acento galileo -y apremiado por las preguntas que le dirigian los lacayos, entre -los cuales se hallaba un pariente de Malek que le habia visto en -Gethsemaní, el desventurado aseguró por tres veces que jamás habia -tenido relacion alguna con Jesús. Pedro creia que el maestro no -podia oirle y estaba léjos de imaginar cuán digno de reprobacion era -aquel acto de disimulada cobardía. Pero su excelente naturaleza le -reveló bien pronto la falta que acababa de cometer. Una circunstancia -fortuita, el canto del gallo, vino á recordarle las palabras que le -habia dicho el maestro. Entónces se enterneció su corazon, salió afuera -y se echó á llorar amargamente[1037]. - -Aunque verdadero autor del homicidio jurídico que iba á consumarse, -Annás no tenía poderes para pronunciar la sentencia de Jesús; por eso -le remitió á su yerno Caifás, que era el posesor del título oficial. -Ciego instrumento de su suegro, Caifás debia naturalmente ratificar -en todo y por todo las insinuaciones de aquél. El sanedrin se hallaba -reunido en su casa[1038]. Empezóse la vista, y varios testigos, -preparados de antemano con arreglo al procedimiento inquisitorial -expuesto en el Talmud, comparecieron ante los jueces. La frase fatal -que Jesús habia realmente pronunciado: «Yo destruiré el templo de Dios -y le reconstruiré en tres dias», fué citada por dos testigos. Blasfemar -del templo de Dios era, segun la ley judáica, blasfemar de la misma -Divinidad[1039]. Jesús guardó silencio, rehusando explicar las palabras -que se le acriminaban. Si hemos de creer lo que dice un relato, el -gran sacerdote le conminó entónces que dijera si él era el Mesías. -Jesús respondió afirmativamente y proclamó ante los jueces el próximo -advenimiento de su reino celestial[1040]. Sin embargo, parécenos que el -valor de Jesús, decidido ya á morir, no exige semejante confesion: es -muy probable que en casa de Caifás, como en la de Annás, guardase ese -mismo silencio que fué su regla de conducta en los últimos instantes -de su vida. La sentencia estaba resuelta de antemano, y sólo se -buscaban pretextos para justificarla: conociéndolo Jesús, no trató -de emprender una defensa inútil. Bajo el punto de vista del judaismo -ortodoxo, Jesús era real y verdaderamente un blasfemo, un destructor -del culto establecido; esto supuesto, la ley castigaba con pena de -muerte semejantes crímenes[1041]. La asamblea le declaró por voto -unánime culpable de crímen capital. Los miembros del consejo que tenian -por él secretas simpatías, se hallaban ausentes ó no votaron[1042]. -La frivolidad propia de las aristocracias de antigua data no permitió -á los jueces reflexionar mucho tiempo sobre los resultados de la -sentencia que acababan de firmar. La vida de un hombre se sacrificaba -entónces con suma ligereza; de seguro no pensaron los miembros del -sanedrin en la terrible cuenta que de aquel decreto, pronunciado con -tan indolente desden, tendrian sus hijos que dar á la posteridad -irritada. - -El sanedrin no tenía derecho para hacer ejecutar una sentencia de -muerte[1043]. Pero, gracias á la confusion de poderes que entónces -reinaba en Judea, no por eso dejaba Jesús de hallarse condenado desde -aquel momento. Así es que permaneció el resto de la noche expuesto á -los insultos y malos tratamientos de la más ínfima chusma, la cual no -le escaseó ninguna afrenta[1044]. - -Á la siguiente mañana se reunieron de nuevo los ancianos y los jefes -de los sacerdotes[1045], para tratar de que Pilato aprobase la condena -pronunciada por el sanedrin, condena que no podia tener cumplido -efecto sin tal requisito, indispensable desde la ocupacion romana. -El procurador no se hallaba investido, como el legado imperial, del -derecho de vida y muerte; pero como Jesús no era ciudadano romano, -bastaba la autorizacion del gobierno para que se diera curso al decreto -pronunciado contra él. Los romanos, como sucede siempre que un pueblo -político somete á una nacion en la que se confunden la ley civil y la -religiosa, habian llegado á prestar una especie de apoyo oficial á -la ley judáica. El derecho romano no se aplicaba á los judíos; éstos -permanecian sometidos al derecho canónico que vemos consignado en el -Talmud, de igual manera que los árabes de Argelia se hallan todavía -regidos por el código del Islam. Aunque neutros en religion, los -romanos sancionaban con mucha frecuencia las penas que se imponian por -delitos religiosos. La situacion era, pues, muy semejante á la de las -ciudades santas de la India bajo la dominacion inglesa, ó más bien á la -en que se encontraria Damasco el dia en que la Siria fuese conquistada -por una potencia europea. Josefo pretende (aunque en ello cabe mucha -duda) que si un romano traspasaba las estelas en que se hallaban las -inscripciones que prohibian avanzar á los gentiles, los procuradores le -entregaban á los judíos para que le diesen muerte[1046]. - -Los agentes de los sacerdotes ataron á Jesús y le condujeron al -pretorio, antiguo palacio de Heródes[1047], inmediato á la torre -Antonia[1048]. Era la mañana del dia en que debia comerse el cordero -pascual (viérnes, 14 de nisan,--3 de Abril). Los judíos se habrian -mancillado entrando en el pretorio y no habrian podido celebrar el -festin sagrado; por esta razon permanecieron fuera[1049]. Noticioso -Pilato de su presencia, subió al _bima_[1050], ó tribunal, que se -hallaba situado al aire libre[1051], en el sitio que tenía por nombre -_Gabbatha_, en griego _Lithostrotos_, á causa del embaldosado que -recubria el suelo. - -Tan pronto como se le informó de la acusacion, Pilato manifestó el -disgusto que le causaba el tener que mezclarse en aquel asunto[1052]. -En seguida se encerró con Jesús en el pretorio. Los detalles precisos -de la entrevista que allí tuvo lugar, no habiendo podido ningun testigo -revelárselos á los discípulos, quedaron envueltos en el misterio; sin -embargo, Juan parece haberlos adivinado con bastante exactitud. Su -relato se halla en perfecta consonancia con lo que la historia nos -refiere respecto á la situacion recíproca de los dos interlocutores. - -El procurador Pontius, apellidado Pilatus, sin duda á causa del _pilum_ -ó dardo de honor con que fué condecorado[1053] él ó alguno de sus -progenitores, no habia tenido hasta entónces ninguna relacion con la -secta naciente. Indiferente á las querellas intestinas de los judíos, -no veia en todos aquellos movimientos de sectarios sino el efecto de -imaginaciones acaloradas y de cerebros extraviados. En general, los -judíos le inspiraban poquísimo cariño. Pero si el procurador detestaba -á los nietos de Moisés, éstos le pagaban con usura; encontrábanle duro, -violento, despreciativo, y le acusaban de crímenes increibles[1054]. -Jerusalen, como centro de una gran fermentacion popular, era una -poblacion sumamente sediciosa y un punto de residencia insoportable -para un extranjero. Los exaltados pretendian que el nuevo procurador -habia hecho propósito firme de abolir la ley[1055]. Su mezquino -fanatismo y sus odios religiosos no podian ménos de sublevar ese -ámplio sentimiento de justicia y de gobierno civil que el más incapaz -de los súbditos romanos llevaba consigo adonde quiera que iba. Todos -los actos que de Pilato conocemos nos le presentan como un buen -administrador[1056]. En el primer período del ejercicio de su cargo -habia tenido con sus administrados sérias dificultades, que zanjó de -una manera bastante brutal; pero áun entónces parece que la razon se -hallaba de su parte. Los judíos debian parecer al procurador Pontius, -gentes atrasadísimas, y sin duda le merecian el mismo juicio que á un -prefecto liberal merecieron en otro tiempo los Bajos-Bretones, los -cuales se insurreccionaban contra la apertura de un nuevo camino ó el -establecimiento de una nueva escuela. En sus mejores proyectos por el -bien del país, y con particularidad en todo cuanto se relacionaba con -las obras públicas, Pilato habia encontrado siempre la Ley como un -obstáculo insuperable. La Ley, en su espíritu absurdamente conservador, -restringia la vida hasta el extremo de oponerse á todo cambio y á toda -mejora. Las más útiles construcciones romanas eran para los judíos -celosos objeto de particular ojeriza[1057]. Dos escudos votivos con -inscripciones, que el procurador Pontius habia hecho colocar en su -palacio, el cual se hallaba contiguo al sagrado recinto, provocaron una -borrasca aún más violenta[1058]. Pilato hizo en un principio muy poco -caso de aquellas susceptibilidades; pero ellas le obligaron despues -á hacer uso de sangrientas represiones[1059], cuya severidad debia -más tarde ocasionar su destitucion[1060]. La experiencia de tantos -conflictos le habia, pues, hecho prudente en sus relaciones con aquel -pueblo intratable, que se vengaba de sus dominadores obligándolos -á usar con él de odiosas crueldades. El procurador experimentaba -supremo disgusto al verse obligado á desempeñar, por una ley que -detestaba[1061], un papel activo y abominable en aquel nuevo asunto. -Pilato sabía que el fanatismo religioso, así que ha obtenido alguna -violencia de los gobiernos civiles, es despues el primero en arrojar -sobre ellos la responsabilidad, y áun casi se permite dirigirles -amargas acusaciones. ¡Suprema injusticia, puesto que, en semejante -caso, el verdadero culpable es el instigador! - -Pilato, á quien acaso impresionó la actitud digna y tranquila del -acusado, deseaba, pues, salvar á Jesús, el cual, si hemos de dar -crédito á una tradicion[1062], encontró tambien apoyo en la propia -mujer del procurador. Quizás ésta habia visto al dulce galileo desde -alguna de las ventanas del pretorio que dominaban el pórtico del -templo, y ¡quién sabe si el espectáculo de la sangre de aquel hermoso -jóven, sangre inocente que iba á derramarse, le produjo alguna terrible -pesadilla! Sea como quiera, lo cierto es que Jesús encontró á Pilato -prevenido en su favor. El gobernador le interrogó bondadosamente, -demostrando el deseo de recurrir á cuantos medios le fuesen posibles á -fin de absolverle. - -El título de «rey de los judíos», que Jesús nunca se habia dado, pero -que sus enemigos dedujeron de su papel y de sus pretensiones, era -naturalmente el que más inquietudes debia causar á la autoridad romana. -Así, pues, se tuvo especial cuidado de acusarle en este sentido, -presentándole á los ojos del procurador como sedicioso y culpable de -crímen de estado. Y no obstante, nada era más injusto, puesto que Jesús -habia siempre reconocido la autoridad civil del imperio romano. Pero -sabido es que los partidos religiosos conservadores no tienen costumbre -de retroceder ante ninguna calumnia. Deducian á pesar suyo todas las -consecuencias de su doctrina, trasformábanle en discípulo de Júdas el -Gaulonita, y pretendian que vedaba pagar el tributo á César[1063]. -Pilato le preguntó si era efectivamente rey de los judíos[1064], y -Jesús respondió sin ocultarle su pensamiento. Pero el gran equívoco -que habia sido el orígen de su fuerza, y que debia constituir su -reino despues de su muerte, le perdió entónces. Jesús, el idealista -que no distinguia el espíritu de la materia, y cuya palabra, segun la -imágen del Apocalípsis, era una espada de dos filos, no supo nunca -tranquilizar completamente á las potencias de la tierra. Juan afirma -que Jesús confesó ante Pilato su dignidad real, pero que al mismo -tiempo añadió esta profunda frase: «Mi reino no es de este mundo.» -Y que despues explicó la naturaleza de su reino, el cual se resumia -completamente en la posesion y en la proclamacion de la verdad. Pilato -no comprendió una palabra de ese idealismo sublime[1065], y sin duda -Jesús le produjo el efecto de un soñador inofensivo. Los romanos de -aquella época, merced á su carencia de filosofía y de proselitismo -religioso, consideraban como una quimera el sacrificio por la verdad. -Semejantes debates les parecian fastidiosos y vacíos de sentido, y no -viendo el peligro que de esas nuevas especulaciones pudiera resultar al -imperio, natural era que no hallasen motivo ninguno para emplear contra -ellas la violencia. Todo su descontento recaia, pues, sobre los que, -por vanas sutilezas, iban á pedirles el suplicio de algun innovador. -Veinte años más tarde, Gallion se conducia todavía con los judíos de -la misma manera[1066]. La regla de conducta que siguieron los romanos -hasta la ruina de Jerusalen fué siempre la más absoluta indiferencia -respecto á esas querellas de sectarios[1067]. - -Para conciliar sus propios sentimientos con las exigencias de aquel -pueblo fanático, cuya presion habia sufrido tantas veces, un medio -plausible se presentó á la mente del gobernador. Con motivo de la -fiesta de la Pascua, era costumbre dar libertad á un criminal. -Conociendo Pilato que la prision de Jesús era debida al ódio y á -la envidia de los sacerdotes[1068], intentó hacerle participar del -beneficio de aquella costumbre. Al efecto, subió de nuevo al _bima_ -y propuso á la muchedumbre libertar «al rey de los judíos.» Hecha en -tales términos, la proposicion tenía cierto carácter de amplitud y -de ironía, propio á favorecer su intento. Los sacerdotes conocieron -el peligro. En consecuencia obraron prontamente[1069], y á fin de -combatirla, sugirieron á la muchedumbre el nombre de un preso que -gozaba en Jerusalen de gran popularidad. Por una singular coincidencia -se llamaba tambien Jesús[1070] y tenía por sobrenombre Bar-Abba ó -Bar-Rabbas[1071]. Este personaje era muy conocido[1072], y segun parece -habia sido preso por delito de homicidio y por haber tomado parte en -un motin[1073]. Al repetirles Pilato su propuesta, se elevó un clamor -general diciendo: «No á ése, sino á Jesús Bar-Rabbas.» Entónces Pilato -se vió en la precision de indultar el preso que le pedian. - -Sus apuros se aumentaban, y temia que le comprometiese la demasiada -indulgencia para con un acusado á quien daban el título de «rey de -los judíos.» Además, todos los poderes se ven siempre obligados á -transigir con el fanatismo. Pilato creyó que debia hacer algunas -concesiones; pero, vacilando todavía en derramar sangre para satisfacer -el deseo de personas que detestaba, trató de imprimir al negocio un -giro risible y mandó azotar á Jesús, aparentando burlarse del título -pomposo que le daban[1074]. La flagelacion era el preliminar ordinario -del suplicio de la cruz[1075]. Quizás Pilato quiso hacer creer que esa -condena estaba ya pronunciada, confiando en que el preliminar sería -suficiente. Entónces tuvo lugar, segun afirman todos los relatos, -una escena odiosa y repugnante. Los soldados cogieron á Jesús, le -desnudaron y le cubrieron con un manto de grana; luégo, tejiendo una -corona de espinas, se la pusieron en la cabeza, y una caña en la mano -derecha. Así adornado, le hicieron subir á la tribuna del pretorio, y -abofeteándole y escarneciéndole, se arrodillaban delante de él y le -decian: «Dios te salve, rey de los judíos»[1076]. Otros le escupian, -tomaban la caña y le herian en la cabeza. Difícil es comprender cómo -la gravedad romana pudo prestarse á tan vergonzosos actos. Verdad es -que, en su calidad de procurador, Pilato no tenía bajo sus órdenes sino -tropas auxiliares; los ciudadanos romanos que componian las legiones no -habrian descendido á semejante indignidad. - -¿Creyó Pilato poner á cubierto su responsabilidad con aquel infame -simulacro? ¿Esperaba separar el golpe que amenazaba á Jesús concediendo -alguna cosa al ódio de los judíos?[1077] ¿Se prometia evitar un -trágico desenlace con aquel entremes grotesco, haciendo ver en cierto -modo que el asunto no merecia otra solucion? Si tales fueron sus -intenciones, ningun éxito tuvieron. El tumulto crecia, amenazando -convertirse en verdadera sedicion: por todas partes resonaba el grito: -«¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» Adoptando un tono cada vez más exigente, -los sacerdotes declararon que peligraba la Ley si el seductor no era -condenado á muerte[1078]. Pilato conoció que para salvar á Jesús sería -indispensable sofocar un motin sangriento. Sin embargo trató de ganar -tiempo, y al entrar en el pretorio se informó de qué país era Jesús, á -fin de buscar un pretexto para declinar su propia competencia[1079]. -Y segun una tradicion, remitió el acusado á Antipas, quien, segun -parece, se hallaba accidentalmente en Jerusalen[1080]. Jesús se prestó -poco á secundar esos benévolos esfuerzos; como habia hecho en casa de -Caifás, se encerró en un silencio digno y grave, que llamó sobremanera -la atencion de Pilato. Los gritos del populacho se hacian cada vez más -amenazadores, y hasta se murmuraba ya del poco celo del funcionario, -acusándole de proteger á un enemigo de César. Los mayores adversarios -de la dominacion romana se trasformaron entónces en súbditos leales de -Tiberio, para tener derecho de acusar de lesa-majestad al demasiado -tolerante procurador. «Aquí no hay más rey que el emperador,--le -decian:--Si sueltas á ése no eres amigo de César; puesto que cualquiera -que se hace rey se declara contra César»[1081]. El débil Pilato, -temeroso del informe que sus enemigos enviarian á Roma, informe en -que se le acusaria de haber apoyado á un rival de Tiberio, dejó de -insistir. Ya en el asunto de los escudos votivos los judíos habian -escrito al Emperador y conseguido el objeto de su solicitud. El -procurador vió amenazado su destino, y por una condescendencia que -debia entregar su nombre á la execracion universal, cedió al fin, -dejando á los judíos,--segun dicen,--toda la responsabilidad de lo -que pudiera suceder. Los judíos la aceptaron plenamente, y á creer la -tradicion cristiana, respondieron: «Recaiga su sangre sobre nosotros y -sobre nuestros hijos»[1082]. - -¿Fueron pronunciadas, en efecto, esas palabras? Dudoso nos parece. -Pero, de todos modos, ellas son la expresion de una profunda verdad -histórica. Si se tiene en cuenta la actitud de los romanos en Judea, -se comprenderá que Pilato no pudo hacer sino lo que hizo. ¡Cuántas -sentencias de muerte no han sido dictadas y arrancadas al poder civil -por la intolerancia religiosa! El rey de España, que por complacer á un -clero fanático, entregaba á la hoguera centenares de súbditos, era mil -veces más censurable que Pilato, porque en él residia un poder mucho -más completo que el que los romanos tenian entónces establecido en -Jerusalen. Siempre que el poder civil, á instigacion del sacerdocio, se -convierte en perseguidor ó en quisquilloso, prueba con ello su falta de -energía. Pero si hay algun gobierno que sobre este punto se halle sin -pecado, que arroje á Pilato la primera piedra. El «brazo secular», tras -el cual se esconde la crueldad del clero, no es el culpable. ¿Podrá -alguno decir con justicia que tiene horror á la sangre, porque la hace -derramar por sus lacayos? - -Esto supuesto, ni Tiberio, ni Pilato, fueron los que condenaron á -Jesús; fué el antiguo partido judío, la ley mosáica. Segun nuestras -ideas modernas, el demérito moral no se trasmite de padre á hijo: ante -la justicia humana y divina, nadie es responsable sino de sus propias -faltas. Por consiguiente, el judío que sufre todavía por la muerte de -Jesús tiene derecho á quejarse, porque, si hubiese vivido entónces, -quizás habria sido un Simon Cirineo; quizás no se habria hallado -entre los que gritaron: «¡Crucifícale!» Pero las naciones, como los -individuos, tienen su responsabilidad, y segun esto, si en el mundo -hubo crímen cometido por una nacion entera, fué sin duda la muerte de -Jesús. La Ley mosáica, en su forma moderna, es verdad, pero aceptada, -pronunciaba pena de muerte contra toda tentativa hecha para cambiar el -culto establecido. Jesús atacaba el culto, á no dudarlo, y aspiraba á -destruirle. Los judíos dijeron á Pilato con una franqueza cuya verdad -y sencillez no pueden negarse: «Nosotros tenemos una Ley, y segun esta -Ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios»[1083]. La Ley era -detestable; pero ella era la Ley de la ferocidad antigua, y el héroe -llamado á abrogarla debia ante todo sufrir sus terribles decisiones. - -Para que la sangre que Jesús va á derramar produzca sus frutos serán -menester mil ochocientos años. Pensadores tan nobles como aquel mártir -sublime sufrirán en su nombre, durante muchos siglos, la tortura y -la muerte. Áun hoy dia, en países que se tienen por cristianos, se -castigan con penas severas los delitos religiosos[*]. Pero Jesús no es -responsable de esos extravíos: el mártir del Gólgota no podia prever -que el fanatismo de algunos pueblos habia de llegar á convertirle en -una especie de horrible Moloch, ávido de carne quemada. El cristianismo -ha sido intolerante; pero la intolerancia no es un hecho esencialmente -cristiano: es un hecho judío, por cuanto á que el judaismo fué el -primero que erigió la teoría de lo absoluto en materia religiosa; el -primero que asentó el principio de que todo innovador, aunque haya -milagros en apoyo de su doctrina, debe ser apedreado sin misericordia -y sin juicio prévio[1084]. Tambien el mundo pagano tuvo sus violencias -religiosas; pero, si hubiese estado regido por una ley semejante, ¿se -habria convertido á la religion cristiana? El Pentateuco fué, pues, -en el mundo, el primer código del terror religioso, y el judaismo el -primer ejemplo de un dogma inmutable, armado de la cuchilla. Si el -cristianismo, en vez de perseguir con ódio ciego á los judíos, hubiese -abolido el régimen que mató á su fundador, habria sido más consecuente -y sería mucho más acreedor á la gratitud del género humano. - - [*] No hace mucho tiempo que fueron condenados á presidio, por la - administracion O’Donnell, algunos propagandistas protestantes de - Granada. (N. del T.) - - - - -CAPÍTULO XXV - -MUERTE DE JESÚS - - -Aunque el verdadero motivo de la muerte de Jesús fué completamente -religioso, sus enemigos habian conseguido presentarle en el pretorio -como culpable de crímen de Estado; de otro modo, esto es, por crímen -de heterodoxia, no hubieran obtenido del escéptico Pilato la sancion -de la condena. Consecuentes con esta idea, los sacerdotes, valiéndose -de la muchedumbre, pidieron que se aplicase á Jesús el suplicio de -la cruz. Este suplicio no era de orígen judío.--Si la condenacion -de Jesús hubiera sido puramente mosáica, se le habria aplicado la -lapidacion[1085]. La cruz era un suplicio romano que se reservaba -para los esclavos y del cual se hacia uso cuando se pretendia agravar -la pena de muerte añadiéndole la ignominia. Al aplicarla á Jesús, se -le trataba, ni más ni ménos, como á un salteador de caminos, como á -un facineroso, ó como á esos enemigos de baja estofa á quienes no -concedian los romanos el honor de morir bajo la cuchilla[1086]. Así, -pues, se castigaba, no el dogma heterodoxo, sino la quimera de «rey -de los judíos.» Sabido es que, entre los romanos, los soldados, cuyo -oficio era matar, hacian las veces de verdugos. Jesús fué entregado á -una cohorte de soldados auxiliares, y se desplegó para su ejecucion -todo el odioso aparato de las crueles costumbres introducidas por los -nuevos conquistadores. - -Eran las doce del dia, aproximadamente[1087]. Volvieron á ponerle -los vestidos que le habian quitado para el simulacro de la tribuna, -y teniendo la cohorte dispuestos á dos ladrones que tambien debia -ejecutar, reunieron los tres condenados, y la comitiva se puso en -marcha hácia el lugar del suplicio. - -Aquel lugar era un sitio llamado _Gólgotha_, situado fuera de -Jerusalen, aunque no muy léjos de sus muros[1088]. El nombre de -_Gólgotha_ significa _cráneo_; corresponde, al parecer, á nuestra -palabra _Chaumont_[*] y probablemente designaba una colina escueta que -tenía la forma de un cráneo calvo. No se sabe con exactitud el sitio -donde se hallaba aquella colina; pero es indudable que estaba al Norte -ó al Nordeste de la ciudad en la elevada y desigual meseta que se -extiende entre los muros y los valles de Cedron y de Hinnom[1089], zona -bastante vulgar y que áun hoy dia conserva un aspecto triste á causa -de los repugnantes detalles que le presta su vecindad con una gran -poblacion. Difícil es colocar el Gólgotha en el sitio preciso en que, á -partir de Constantino, le ha venerado la cristiandad entera[1090]. Ese -sitio ocupa un punto demasiado céntrico en la ciudad, y es de suponer -que en la época de Jesús se hallase comprendido en el recinto de la -muralla[1091]. - - [*] La palabra francesa _chaumont_ es una contraccion de - _chauvemont_, esto es, monte-calvo. (N. del T.) - -El condenado á muerte debia llevar sobre sus hombros el instrumento de -su suplicio[1092]. Pero Jesús, teniendo una constitucion física más -débil que sus dos compañeros, no pudo soportar el peso del suyo. La -tropa encontró en el camino á un tal Simon de Cirene, que volvia del -campo, y los soldados, con esos brutales procederes de las guarniciones -extranjeras, le obligaron á llevar el árbol fatal. Al obrar de ese -modo, quizás usaban de un derecho reconocido, puesto que estaba -prohibido á los romanos cargar ellos mismos con el madero infame. Simon -perteneció despues, segun parece, á la comunidad cristiana, en la -cual eran muy conocidos sus dos hijos Alejandro y Rufo[1093]. Tal vez -refirió luégo, como testigo ocular, más de una circunstancia relativa -á aquellos últimos instantes. Ninguno de los discípulos se hallaba en -aquel momento cerca de Jesús[1094]. - -El lúgubre cortejo llegó, en fin, al sitio de las ejecuciones. Con -arreglo á la costumbre judía, inspirada por un sentimiento de piedad, -se daba á beber á los pacientes, á fin de aturdirlos, una bebida -embriagadora compuesta de cierto vino fuertemente aromatizado[1095]. -Parece ser que las mismas señoras de Jerusalen llevaban á los infelices -que conducian al suplicio aquel vino de gracia; cuando ninguna de -ellas le ofrecia, se compraba con los fondos del erario público[1096]. -Jesús, despues de haber acercado el vaso á los labios, rehusó beber -aquel brebaje[1097]. Ese triste alivio de los condenados vulgares no -se avenia con su elevada naturaleza:--prefirió abandonar la vida en -toda la plenitud de su razon y esperar con la conciencia lúcida y -serena la muerte que con tanto heroismo habia provocado. Entónces le -despojaron de sus vestidos[1098] y le ataron á la cruz, la cual se -componia de dos maderos enlazados en forma de T[1099]. La cruz tenía -de ordinario tan poca elevacion, que á veces los piés del condenado -tocaban al suelo. Empezábase por izar y fijar en tierra el madero[1100] -y en seguida se procedia á suspender al paciente, atravesándole las -manos con clavos;--los piés se enclavaban tambien algunas veces; otras, -se contentaban con atarlos[1101]. Una especie de tajo de madera, ó -más bien de pequeña antena fija hácia el medio del mástil de la cruz, -pasaba por entre las piernas del condenado, sirviéndole de punto de -apoyo[1102]. Sin esto las manos se habrian desgarrado y venido el -cuerpo á tierra. Otras veces, el punto de apoyo consistia en una -tableta que se fijaba á la altura de los piés. - -Jesús saboreó uno por uno todos los horrores de tan atroz suplicio. -Sentíase devorado por una sed abrasadora, que no es el menor de los -tormentos de la crucifixion[1103], y pidió de beber. Estaba cerca -de allí una vasija llena de la bebida ordinaria de los soldados -romanos, la cual consistia en una mezcla de vinagre y agua llamada -_posca_, bebida que los soldados debian llevar consigo en todas las -expediciones[1104], en cuyo número entraban tambien las ejecuciones -capitales. Un soldado tomó una esponja, la empapó en aquel brebaje, y, -poniéndola en la punta de una caña, se la dió á chupar á Jesús[1105]. -Á derecha é izquierda del profeta de Nazareth estaban crucificados los -dos ladrones. Los ejecutores, entre cuyas manos se abandonaban los -despojos (_pannicularia_) de los ajusticiados[1106], «repartieron entre -sí sus vestidos, echando suerte, y sentándose al pié de la cruz, le -guardaban»[1107]. Segun una tradicion, Jesús pronunció las siguientes -palabras, que, si no salieron de sus labios, estuvieron al ménos en su -corazon: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen»[1108]. - -Con arreglo á la costumbre romana, se colocó un rótulo en lo alto de la -cruz, con esta frase escrita en tres idiomas, hebreo, griego y latino: -EL REY DE LOS JUDÍOS. Semejante redaccion constituia una angustiosa -injuria dirigida al pueblo. Muchas personas de las que por allí pasaban -se resintieron al leerla, y los sacerdotes hicieron observar á Pilato -que debia escribirse el letrero de modo que explicase que Jesús habia -pretendido ser rey de los judíos. Pero el procurador, aburrido ya de -aquel asunto, se negó á complacerlos, contestando que lo escrito, -escrito se quedaba[1109]. - -Los discípulos de Jesús habian huido. Sin embargo, Juan declara -haber permanecido constantemente al pié de la cruz[1110]. Con mayor -certidumbre puede afirmarse que las que le acompañaron al Calvario sin -abandonarle fueron las fieles amigas de Galilea que le habian seguido -á Jerusalen. María Cleophás, María de Magdala, Juana, mujer de Kuza, -Salomé y algunas otras mujeres permanecian á cierta distancia[1111] -sin perderle de vista[1112]. De creer á Juan, María, madre de Jesús, -estaba tambien al pié de la cruz, y al ver el moribundo á su madre y á -su discípulo querido, dijo á éste: «Hé ahí á tu madre»; y á aquélla: -«Hé ahí á tu hijo»[1113]. Pero no se comprende cómo los sinópticos, que -en su relato mencionan á las otras mujeres, hubiesen hecho caso omiso -de María, cuya presencia era un rasgo tan interesante. Hasta la suprema -elevacion del carácter de Jesús hace tambien inverosímil semejante -enternecimiento personal en el momento en que, preocupado únicamente de -su obra, no existia ya sino para la humanidad[1114]. - -Á excepcion de aquel reducido grupo de mujeres que desde léjos le -consolaban con sus miradas, Jesús no veia en torno suyo sino el -espectáculo de la bajeza ó de la estupidez humana. Insultábanle los que -por allí pasaban, y oia á su alrededor necios sarcasmos que convertian -sus gritos de supremo dolor en odiosos juegos de palabras:--«Ahí está -el que se llamaba Hijo de Dios--decian,--¡que su padre venga ahora á -librarle!--Á otros ha salvado y no puede salvarse á sí mismo. Si es -el rey de Israel, baje ahora de la cruz y creerémos en él.--¡Hola! -añadian, tú que derribas el templo de Dios y en tres dias le -reedificas, sálvate á tí mismo:--¡si eres Hijo de Dios, desciende de la -cruz!»[1115].--Algunos, poco al corriente de sus ideas apocalípticas, -creyeron oirle llamar á Elías, y dijeron: «Veamos si viene Elías á -librarle.» Parece que los dos ladrones crucificados en su compañía le -insultaban tambien[1116]. - -El cielo estaba sombrío[1117], y la tierra tenía, como todos los -alrededores de Jerusalen, un aspecto árido y triste. Segun lo que -ciertos relatos refieren, el corazon de Jesús desfalleció por un -momento, ocultóle una nube la faz de su Padre, y entónces tuvo una -agonía de desesperacion mil veces más acerba que todos los tormentos. -No vió sino la ingratitud de los hombres, y, arrepintiéndose quizás -de sufrir por una raza abyecta, exclamó:--«Dios mio, Dios mio, ¿por -qué me has desamparado?» Pero su instinto divino volvió aún á recobrar -su imperio. Á medida que el hálito vital se extinguia, su alma se -serenaba y volvia otra vez á su celeste orígen. Experimentó de nuevo -el sentimiento de su mision, vió en su muerte la salvacion del mundo, -desapareció de su vista el repugnante espectáculo que se desarrollaba á -sus piés, y, profundamente unido á su Padre, empezó en el patíbulo la -vida divina que por siglos iba á gozar en el corazon de la humanidad. - -En el suplicio de la cruz, la particularidad más horrible era, que -la víctima podia vivir tres ó cuatro dias en aquel estado espantoso, -enclavado sobre aquel escabel de dolor[1118]. La hemorragia de las -manos cesaba pronto y no era mortal. La verdadera causa de la muerte -consistia en la posicion violenta del cuerpo, la cual ocasionaba un -completo desarreglo en la circulacion de la sangre, terribles dolores -de cabeza y de corazon, y, por último, la rigidez de los miembros. Los -crucificados de complexion robusta no morian sino de hambre[1119]. -La idea capital de aquel suplicio cruel no era matar directamente al -condenado por medio de lesiones determinadas; sino exponer al esclavo -enclavándole por las manos, de que no supo hacer buen uso, y dejarle -abandonado hasta que se pudriera sobre el madero. La organizacion -delicada de Jesús le preservó de esa lenta agonía. Todo induce á creer -que la ruptura de un vaso del corazon le produjo al cabo de tres horas -una muerte repentina. Algunos momentos ántes de espirar su voz era -todavía vigorosa[1120]. De pronto, lanzó un terrible grito[1121], -en el que algunos oyeron oir:--«¡Oh Padre, en tus manos encomiendo -mi espíritu!»; y otros, más preocupados por el cumplimiento de las -profecías, supusieron que dijo: «¡Todo está consumado!» Su cabeza se -inclinó sobre el pecho, y exhaló el último suspiro. - -Reposa en tu gloria, noble iniciador de la más sublime doctrina. Tu -obra se halla concluida; tu divinidad queda fundada. No temas ya que -una falta venga á echar por tierra el edificio debido á tus esfuerzos. -Léjos del alcance de la fragilidad humana, en adelante asistirás desde -el seno de la paz divina á las infinitas consecuencias de tus actos. Á -costa de algunas horas de sufrimientos, que ni siquiera pudieron abatir -la grandeza de tu alma, has conseguido la más completa inmortalidad. -¡Tu nombre, gloria y orgullo del mundo, va á exaltarte durante millares -de años! Lábaro de nuestras contradicciones, tú serás la bandera á -cuyo alrededor se librará la más ardiente de todas las batallas. Y mil -veces más vivo, más amado despues de tu muerte que miéntras cruzaste -por este valle de lágrimas, llegarás á ser de tal modo la piedra -angular de la humanidad, que borrar tu nombre de los anales del mundo -sería conmoverle hasta en sus cimientos. Entre Dios y tú ya no habrá -distincion ninguna. ¡Toma, pues, posesion de tu reino, sublime vencedor -de la muerte, de ese reino adonde te seguirán, por la ancha via que -trazaste, siglos de adoradores! - - - - -CAPÍTULO XXVI - -JESÚS EN EL SEPULCRO - - -Con arreglo á nuestra manera de contar[1122], eran las tres de la tarde -poco más ó ménos cuando Jesús espiró. Una ley judáica[1123] prohibia -que los cadáveres de los ajusticiados quedasen suspendidos al patíbulo -más allá de la noche del dia en que se verificaba la ejecucion. -Sin embargo, es muy probable que no se observase tal medida en las -ejecuciones hechas por los romanos. Pero como quiera que el siguiente -era sábado, y un sábado de extraordinaria solemnidad, los judíos -expresaron á la autoridad romana[1124] su deseo de que no mancillase -aquel santo dia con semejante espectáculo. Accedióse á la demanda, y se -dieron las órdenes oportunas para que se precipitase la muerte de los -ajusticiados, á fin de retirarlos cuanto ántes de la cruz. Los soldados -ejecutaron la consigna aplicando á los dos ladrones el _crurifragium_ -ó rompimiento de piernas[1125], segundo suplicio mucho más expeditivo -que el de la cruz, y que de ordinario se imponia á los esclavos y á -los prisioneros de guerra. En cuanto á Jesús, como los soldados le -encontraron muerto cuando fueron á ejecutar la órden, creyeron inútil -aplicar el _crurifragium_. No obstante, uno de ellos, á fin de evitar -toda incertidumbre respecto á la muerte del tercer crucificado, y de -acabarle, si algun resto de vida le quedaba, le dió una lanzada en el -costado. Vióse entónces salir de la herida sangre y agua, lo cual se -consideró como la señal de un completo fallecimiento. - -Juan, que pretende haber presenciado la escena[1126], insiste mucho -sobre este pormenor. Y en efecto, es evidente que surgió más de una -duda respecto á la realidad de la muerte de Jesús. Á las personas -acostumbradas á presenciar crucificamientos, algunas horas de -suspension en la cruz no les parecian suficientes para producir tal -resultado. Citábanse muchos casos de crucificados que, desprendidos -á tiempo, habian vuelto á la vida merced á curas enérgicas[1127]. -Orígenes creyó despues que un fin tan rápido debia considerarse como -un hecho milagroso. En el relato de Márcos se halla tambien el mismo -sentimiento de admiracion[1128]. Sin embargo, nosotros creemos que la -mejor garantía que puede tener el historiador, respecto á un hecho -de esta naturaleza, es el ódio receloso de los enemigos de Jesús. No -parece probable que los judíos abrigasen entónces el temor de que -hicieran pasar á Jesús por resucitado; pero de todos modos, lo natural -era que cuidasen de que estuviese muerto y bien muerto. Cualquiera que -haya sido en ciertas épocas la negligencia de los antiguos en todo -lo que se relacionaba con la comprobacion legal y con la estricta -inspeccion de los negocios, no es de creer que los interesados dejáran -de tomar algunas precauciones en el caso que nos ocupa[1129]. - -Segun la costumbre romana, el cadáver de Jesús deberia haber quedado -suspendido al patíbulo para que le devorasen las aves de rapiña[1130], -y con arreglo á la ley judáica, una vez descolgado durante la noche -debia depositarse en seguida en el sitio infame donde se enterraban los -ajusticiados[1131]. Éste habria sido el destino del cuerpo de Jesús, si -el maestro no hubiese tenido más discípulos que sus pobres galileos, -tímidos y sin crédito. Pero ya hemos visto que, á pesar del poco éxito -que Jesús obtuvo en Jerusalen, habia conseguido captarse las simpatías -de algunas personas considerables que esperaban el reino de Dios y -que, sin declararse abiertamente discípulos suyos, le eran en extremo -adictas. Entre aquellas personas figuraba un tal José, natural de la -pequeña ciudad de Arimathea (_Ha-ramathaim_)[1132], el cual fué aquella -noche á pedir el cuerpo al procurador Pilato[1133]. José era hombre -rico, muy notable en la ciudad y miembro del sanedrin. Además, en -aquella época la ley romana prescribia que se entregase el cadáver del -ajusticiado á la persona que lo reclamase[1134]. Pilato, que ignoraba -la circunstancia del _crurifragium_, se admiró de que Jesús hubiese -muerto tan pronto, é hizo venir al centurion que habia presidido la -ejecucion, para informarse de lo que habia sobre el particular, y -despues de haber escuchado las afirmaciones de aquel funcionario, -concedió á José el objeto de su solicitud. Probablemente habian -descendido ya el cuerpo de la cruz, y se lo entregaron al solicitante, -para que dispusiera de él como mejor le pareciera. - -Otro amigo secreto de Jesús, Nicodemo[1135], á quien ya hemos visto -más de una vez empleando su influencia en favor del maestro, apareció -tambien en aquel instante junto á la cruz, llevando consigo gran -provision de las sustancias necesarias al embalsamamiento. José y -Nicodemo amortajaron, pues, á Jesús con arreglo á la costumbre judáica, -esto es, envolviéndole en un sudario preparado con mirra y áloe. Las -mujeres galileas se hallaban presentes[1136], y sin duda acompañaban la -escena con lágrimas y agudos sollozos. - -Como ya era tarde, todos aquellos preparativos se hicieron de prisa. -Aún no se habia elegido el lugar en que habria de depositarse el -cuerpo definitivamente, y como quiera que el trasporte podria tal -vez prolongarse hasta una hora muy avanzada y ocasionar la violacion -del sábado, los discípulos, que todavía observaban escrupulosamente -las prescripciones de la ley judía, se decidieron á colocarle en una -sepultura provisional[1137]. En un huerto, no léjos de aquel sitio, -habia un sepulcro recien abierto en la roca, sepulcro que aún no -habia servido y que sin duda pertenecia á algun afiliado[1138]. Las -grutas funerarias destinadas á un solo cadáver se componian de un -pequeño compartimiento en cuyo fondo se hallaba abierto en la pared, -sostenido por un arco, el espacio ó séase el nicho donde se colocaba -el cuerpo[1139]. Como aquellas grutas estaban abiertas en el flanco de -rocas inclinadas, tenian la entrada á nivel del suelo y les servia de -puerta una pesada losa muy difícil de manejar. Depositaron, pues, el -cadáver de Jesús en aquel sepulcro provisional, adaptaron la piedra á -la abertura y convinieron en volver á fin de colocarle en una sepultura -definitiva. Pero siendo el siguiente dia un sábado solemne, se aplazó -la operacion para el domingo[1140]. - -Las mujeres se retiraron despues de haber notado minuciosamente la -manera como habia sido colocado el cuerpo, y pasaron el resto de la -noche en hacer nuevos preparativos para el embalsamamiento. El sábado -todo el mundo descansó[1141]. - -Apénas amaneció el domingo, las galileas se dirigieron al sepulcro; la -primera que llegó fué María de Magdala[1142]. Mas la losa habia sido -retirada de la abertura y el cuerpo no estaba ya en el sitio en que -le habian dejado. Los más extraños rumores circularon al mismo tiempo -entre la comunidad cristiana. El grito de «¡ha resucitado!» corrió con -la rapidez del rayo entre los discípulos, y, gracias al amor, semejante -creencia halló fácil acogida. ¿Qué habia tenido lugar en el sepulcro -de Jesús? Al tratar de la historia de los apóstoles examinarémos -este punto é investigarémos el orígen de las leyendas relativas á la -resurreccion. Para el historiador, la vida de Jesús concluye con su -último suspiro. Pero tan profunda era la huella que habia dejado en -el corazon de sus discípulos y de algunas amigas adictas, que por -espacio de várias semanas Jesús permaneció vivo, siendo el consolador -de aquellas almas. ¿Fué arrebatado su cuerpo del sepulcro[1143], ó -fué el entusiasmo, siempre crédulo, el que produjo mucho despues el -conjunto de relatos por medio de los cuales se pretendió establecer la -fe en la resurreccion? Hé aquí lo que siempre ignorarémos, por la falta -absoluta de documentos contradictorios. Digamos, sin embargo, que en -aquella circunstancia la exaltada imaginacion de María de Magdala[1144] -desempeñó un papel de primer órden[1145]. ¡Poder divino del amor! -¡Sagrados momentos aquellos en que la pasion de una alucinada dió al -mundo un Dios resucitado! - - - - -CAPÍTULO XXVII - -SUERTE DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS - - -La muerte de Jesús acaeció en el año 33 de nuestra era, segun el -cálculo que hemos adoptado[1146]. De todos modos, no pudo tener -lugar ántes del año 29, en razon á que la predicacion de Juan y -de Jesús principió el año 28[1147], ni despues del 35, puesto que -Pilato y Caifás perdieron ántes de la Pascua del año 36 sus cargos -respectivos[1148]. En la destitucion de aquellos funcionarios no -parece haber tenido ninguna influencia la muerte de Jesús[1149]. -Probablemente el procurador Pilato, al entrar en la vida privada, no -volvió á pensar en el olvidado episodio que debia trasmitir su triste -renombre á la más remota posteridad. En cuanto á Caifás, tuvo por -sucesor á Jonathan, cuñado suyo, é hijo de aquel mismo Annás, principal -motor del procedimiento contra Jesús. El pontificado continuó durante -mucho tiempo en manos de la familia saducea de los Annás, la cual, -más influyente y poderosa que nunca, siguió haciendo á los discípulos -y á los parientes de Jesús la encarnizada guerra que declarara al -fundador. El cristianismo le debió, no sólo el acto definitivo de su -fundacion, sino tambien sus primeros mártires. Annás fué conceptuado -como uno de los hombres más felices de su siglo[1150]; y el verdadero -culpable de la muerte de Jesús terminó su vida colmado de honores y de -consideraciones, sin sospechar ni por un instante el inmenso servicio -que habia hecho á la nacion. Sus hijos continuaron reinando en el -templo, á duras penas reprimidos por los procuradores romanos, de cuya -autoridad y beneplácito prescindian muchas veces á fin de satisfacer -sus instintos de dominacion y violencia. - -Antipas y Herodías desaparecieron tambien muy pronto de la escena -política. Habiendo Calígula elevado á Heródes Agrippa á la dignidad de -rey, la celosa Herodías juró que ella tambien sería reina. Antipas, -hostigado constantemente por aquella mujer ambiciosa, que le trataba -de cobarde porque toleraba que hubiera en su familia una persona -superior á él, venció su natural indolencia y se dirigió á Roma á -fin de solicitar el título que acababa de obtener su sobrino (año 39 -de nuestra era). Pero el negocio tuvo malísimo resultado. Heródes -Agrippa, ganándole por la mano, predispuso el ánimo del Emperador en -contra suya, y Antipas fué destituido, arrastrando despues su mísera -existencia de destierro en destierro, unas veces en Lyon y otras en -España. Herodías le acompañó en su mala fortuna[1151]. Ántes que el -nombre de su oscuro súbdito, convertido en Dios, volviese á recordar -sobre sus sepulcros en aquellas comarcas lejanas la muerte de Juan -Bautista, debian trascurrir todavía cien años. - -En cuanto al desgraciado Júdas de Kerioth, circularon terribles -leyendas respecto á su muerte. Pretendióse que con el precio de su -perfidia habia comprado un campo en las inmediaciones de Jerusalen. Y -en efecto, al sur del monte Sion habia un sitio llamado _Hacéldama_ -(campo de sangre)[1152], que supusieron ser la propiedad adquirida por -el traidor[1153] con el dinero de su infame venta. Segun una tradicion, -Júdas se dió la muerte[1154]. Otros afirman que dió una terrible caida -en su propiedad, de cuyas resultas quedaron sus entrañas esparcidas por -tierra[1155]. Otros suponen, por último, que murió de una especie de -hidropesía acompañada de circunstancias repugnantes que se consideraron -como un castigo del cielo[1156]. Quizás dió lugar á todas esas leyendas -el deseo de manifestar que se habian cumplido en Júdas las amenazas -que el Salmista pronuncia contra el amigo pérfido[1157]. Posible es -que Júdas pasase en su campo una vida tranquila y oscura, miéntras -que sus antiguos amigos conquistaban el mundo, propagando el rumor de -su infamia. Posible es tambien que el espantoso aborrecimiento que se -atrajo con su conducta le impulsase á cometer algun atentado contra -su propia vida, y que en ese acto se viera el castigo de la divina -justicia. - -Por lo demás, todavía se hallaba muy lejano el tiempo de las grandes -venganzas cristianas, y el cristianismo nada tuvo que ver con la -gran catástrofe que el pueblo judío sufrió poco despues. La sinagoga -no comprendió sino mucho más tarde los resultados á que se exponen -aquellos que aplican las leyes de la intolerancia. En cuanto al -imperio, se hallaba á mil leguas de sospechar que hubiese nacido su -futuro destructor; por espacio de cerca de trescientos años, siguió -su marcha sin echar de ver que á su lado crecian y se fortificaban -los principios que iban á trasformar al mundo. La idea sembrada por -Jesús, idea teocrática y democrática á la vez, fué unida á la invasion -de los germanos, la causa que más contribuyó á la ruina del edificio -de los Césares. Ella proclamaba el derecho de todos los hombres á -participar del reino de Dios, y establecia en lo sucesivo el principio -de una religion separada del Estado. Los derechos de la conciencia, -independientes de la ley política, llegan á constituir un nuevo poder, -el «poder espiritual.» Verdad es que ese poder ha renegado muchas veces -de su orígen; por espacio de siglos, los obispos han sido príncipes -y el papa rey; y el pretendido imperio de las almas, cambiándose -con frecuencia en horrible tiranía, ha recurrido para mantenerse al -tormento y á la hoguera. Pero llegará un dia en que la separacion de -lo humano y de lo divino produzca sus frutos; en que el dominio de las -cosas espirituales deje de llamarse «poder» para tomar el nombre de -«libertad». El cristianismo germinó en la conciencia de un hombre del -pueblo, creció en el seno del pueblo, y la clase popular fué la que -en un principio le consagró su cariño y admiracion; el sello impreso -á su carácter original no se borrará nunca. Él fué el primer triunfo -de la revolucion, la victoria del sentimiento popular, el advenimiento -de los sencillos de corazon, la inauguracion de lo bello, tal como el -pueblo lo comprende. La palabra de Jesús abrió, pues, en las sociedades -aristocráticas de la antigüedad, la brecha por donde habian de pasar -las futuras generaciones. - -El poder civil, aunque inocente de la muerte de Jesús (puesto que no -hizo sino poner el visto-bueno en la sentencia, y eso á pesar suyo), -debia sin embargo tener tambien una terrible responsabilidad. Al -presidir la escena del Calvario, el Estado se infirió á sí mismo una -herida gravísima. No tardó en prevalecer y en dar la vuelta al mundo -una leyenda llena de toda especie de irreverencias, leyenda en que las -autoridades constituidas desempeñan un papel odioso, y en la que el -acusado es inocente, homicidas los jueces, y la policía una falange -coligada contra la verdad. Sediciosa en el más alto grado, la historia -de la Pasion, propagándose por millares de imágenes populares, presentó -las águilas romanas sancionando el más inícuo de los suplicios, á un -gobernador expidiendo la órden para ejecutarle, y á los soldados del -imperio haciendo las veces de verdugos. ¡Qué terrible golpe recibieron -entónces los poderes establecidos! Nunca han podido reponerse de -él completamente. ¿Cómo adoptar un tono infalible respecto á los -subordinados, cuando se tiene sobre la conciencia el enorme error de -Gethsemaní?[1158]. - - - - -CAPÍTULO XXVIII - -CARÁCTER ESENCIAL DE LA OBRA DE JESÚS - - -Como se ve, la accion de Jesús no salió nunca del círculo judío. Aunque -sus simpatías por todos aquellos que la ortodoxia despreciaba le -impulsase á admitir á los paganos en el reino de Dios, y no obstante -haber residido más de una vez en tierra de gentiles y haberse hallado -en una ó dos ocasiones en relaciones benévolas con infieles[1159], -puede decirse que su vida entera se deslizó en el reducido mundo -en que sus ojos vieron la luz. En los países griegos y romanos, ni -siquiera oyeron hablar de él; su nombre no figura en los autores -profanos sino cien años despues, y de una manera indirecta; esto es, -á propósito de los movimientos sediciosos provocados por su doctrina -ó de las persecuciones de que eran objeto sus discípulos[1160]. Áun -en el mismo seno del judaismo no fué muy durable la impresion que -Jesús produjo. Filon, muerto en el año 50, ni siquiera sospecha su -existencia. Josefo, que nació en el año 37 y escribia hácia fines del -primer siglo, menciona su ejecucion en algunas líneas[1161], como si -fuera un acontecimiento de importancia secundaria, y en la enumeracion -de las sectas de su tiempo omite á los cristianos[1162]. Por su parte, -la _Mischna_ no ofrece ningun indicio de la nueva escuela; los pasajes -de las dos Gemaras en que se nombra al fundador del cristianismo no -alcanzan más allá del siglo cuarto ó quinto[1163]. La obra esencial -de Jesús consistió en crear al rededor suyo un círculo de discípulos -á quienes inspiró un afecto sin límites y en cuyo seno depositó el -gérmen de su nueva doctrina. Hacerse amar «hasta el extremo de no cesar -de amarle despues de su muerte», hé ahí la obra maestra de Jesús, la -que más admiracion causó á sus contemporáneos[1164]. Su doctrina era -tan poco dogmática, que jamás se le ocurrió escribirla ni mandar que -la escribiesen. Para ser discípulo de Jesús no se necesitaba creer -en tal ó cual cosa; lo que se necesitaba era adherirse á él, amarle -entrañablemente. Lo que despues de su muerte quedó de él, fueron -algunas sentencias que desde muy temprano se recogieron de memoria, y -sobre todo, su tipo moral y la impresion que habia producido. Jesús no -es un fundador de dogmas, ni un inventor de símbolos; es el iniciador -del nuevo espíritu llamado á regenerar al mundo. Los hombres ménos -cristianos de cuantos han pretendido merecer ese título, fueron los -doctores de la Iglesia griega que, á partir del siglo cuarto, empeñaron -el cristianismo en una senda de pueriles discusiones metafísicas, y -los escolásticos de la edad media latina, que quisieron deducir del -evangelio millares de artículos de una «Suma» colosal. Adherirse -á Jesús en la esperanza del reino de Dios:--tal fué lo que en un -principio se llamó ser cristiano. - -Así es como se comprende que, por una especie de destino excepcional, -se presente todavía el cristianismo puro, al cabo de diez y ocho -siglos, con el carácter de una religion universal y eterna. Y es -porque, en efecto, la religion de Jesús contiene en sí el gérmen de la -religion definitiva. El cristianismo, producto de un movimiento de las -almas perfectamente espontáneo, desprendido en su cuna de toda presion -dogmática, y habiendo luchado trescientos años por la libertad de la -conciencia, recoge todavía los frutos de su excelente orígen, á pesar -de las caidas que ha sufrido. Para renovarse no necesita sino volver al -Evangelio. El reino de Dios, tal como nosotros le concebimos, difiere -notablemente de la aparicion sobrenatural sobre las nubes que los -primeros cristianos esperaban; pero el sentimiento que Jesús introdujo -en el mundo es el nuestro, y su perfecto idealismo la más elevada norma -de la vida pura y virtuosa. Jesús creó el cielo de las almas puras, -ese refugio donde se halla lo que en vano se busca en la tierra; creó -la pureza absoluta, la total absolucion de la mancilla del mundo, y, -por último, la libertad que las sociedades excluyen de su seno, como -un imposible, y que no tiene entera amplitud sino en el dominio de la -idea. Para los que se refugian en ese ideal reino de Dios, Jesús es -todavía el gran maestro. Él fué el primero que proclamó la soberanía -del espíritu, el primero que dijo, dando ejemplo con sus hechos: «Mi -reino no es de este mundo.» El fundamento de la religion verdadera es, -pues, obra suya, y, despues de él, sólo falta fecundar y cultivar la -divina semilla que su mano arrojó al mundo. - -Y de tal manera es así, que la palabra «cristianismo» ha llegado casi -á ser sinónima de religion. Todo cuanto se practique prescindiendo de -esa grande y hermosa tradicion cristiana será estéril. Jesús fundó la -religion de la humanidad, así como Sócrates fundó la filosofía, como -Aristóteles fundó la ciencia. Ántes de Aristóteles y de Sócrates hubo -ciencia y filosofía:--despues de ellos, la filosofía y la ciencia han -hecho inmensos progresos; pero todos sus adelantos descansan en la -ancha base establecida por aquellos grandes hombres. De igual manera, -la idea religiosa habia atravesado ántes de Jesús muchas revoluciones; -despues de Jesús ha hecho grandes conquistas; pero ni se ha salido ni -podrá salirse nunca de la nocion creada por el mártir del Gólgotha, -porque él fué quien fijó para siempre la idea del culto puro. Bajo -este punto de vista, la religion de Jesús es ilimitada. La Iglesia -ha tenido sus épocas y sus diferentes fases; los símbolos en que -frecuentemente se ha encerrado fueron ó serán pasajeros:--Jesús fundó -la religion absoluta, religion que nada excluye, que nada determina -sino imágenes susceptibles de infinitas interpretaciones. En vano -se buscará en el Evangelio una proposicion teológica. Todas las -profesiones de fe desfiguran y falsean el pensamiento de Jesús, así -como la escolástica de la Edad media, al proclamar á Aristóteles único -maestro de una ciencia perfeccionada, falseaba el pensamiento de aquel -sabio. Si Aristóteles hubiera asistido á los debates de la escuela, de -seguro habria rechazado aquella raquítica doctrina y aplaudido á sus -contradictores, pasándose á las filas de los progresistas para combatir -á los rutinarios que se escudaban con su autoridad. De igual modo, si -Jesús volviese hoy al mundo recogeria por sus discípulos, no á los que -pretenden encerrarle completamente en algunas frases de catecismo, -sino á los que trabajan en continuar su obra. En todos los órdenes de -grandeza, la mayor gloria, la inmortal, consiste en poner la primera -piedra. Posible es que en la «Física» y en la «Meteorología» de las -ciencias modernas no se halle ni una sola palabra de los tratados de -Aristóteles que tienen ese mismo título; pero no por eso deja de ser -Aristóteles el fundador de la ciencia de la naturaleza. Cualesquiera -que sean las trasformaciones del dogma, Jesús permanecerá siendo en -religion el creador del sentimiento puro, y no habrá nada más allá del -Sermon sobre la montaña. Ninguna revolucion podrá impedir que sigamos -en materia religiosa la gran línea intelectual y moral á cuyo frente -brilla el nombre de Jesús. Bajo este concepto, somos cristianos áun -separándonos sobre casi todos los puntos de la tradicion que nos ha -precedido. - -Esa gran fundacion fué obra personal de Jesús. Para hacerse adorar -hasta ese punto menester es que fuese adorable. El amor no existe -sin un objeto digno de inspirarle; y aunque nada supiéramos respecto -á la vida de Jesús, la pasion que supo inspirar á las personas que -le rodearon nos bastaria para creer que fué grande y puro. La fe, el -entusiasmo y la constancia de la primera generacion cristiana no se -explican sino suponiendo en el orígen del movimiento un hombre de -proporciones colosales. Cuando se examinan las maravillosas creaciones -de las edades de fe, experimenta el ánimo dos impresiones igualmente -funestas á la buena crítica histórica. Por una parte, se inclina uno -á suponer esas creaciones demasiado impersonales, atribuyendo á una -accion colectiva lo que á menudo fué obra de una voluntad poderosa y -de un espíritu superior. Y por otra parte, cuesta trabajo imaginarse -que los autores de esos movimientos extraordinarios que han decidido -el destino de la humanidad fueron hombres como nosotros. Tengamos, -pues, un sentimiento más lato de los poderes que la naturaleza abriga -en su seno. En nuestras civilizaciones regidas por una minuciosa -policía no podemos tener idea de lo que valia el hombre en épocas en -que la originalidad de cada uno tenía un campo mucho más libre en que -desarrollar su accion. Supongamos por un momento que en las canteras -vecinas á nuestras capitales vive un solitario que de cuando en cuando -sale de su guarida para presentarse, forzando la consigna, en los -palacios de los reyes y anúnciales con voz de trueno revoluciones cuyo -promotor ha sido él. Esta sola idea nos hace sonreir. Pues sin embargo, -tal fué el profeta Elías. Hoy, Elías el Thesbita no podria franquear -ni la verja de las Tullerías. La predicacion de Jesús y su libre -actitud en Galilea se separan tambien completamente de las condiciones -sociales á que nos hallamos acostumbrados. Exentas de nuestras pulcras -invenciones y de la educacion uniforme, que al paso que nos pule, -disminuye en gran manera nuestra individualidad, aquellas almas llenas -de entereza demostraban en la accion sorprendente energía. Ellas se -nos aparecen, vistas á distancia, como gigantes de una edad heróica de -fabulosa existencia. ¡Profundo error! Aquellos hombres eran nuestros -hermanos, tuvieron nuestra talla y sintieron y pensaron como nosotros. -Pero el soplo de Dios se hallaba libre en ellos, miéntras que en -nosotros está encadenado por los férreos lazos de una sociedad mezquina -y condenada á irremisible medianía. - -Coloquemos, pues, la personalidad de Jesús en la cima de la grandeza -humana, sin dejarnos extraviar por exagerada desconfianza, hija de -una leyenda que nos tiene siempre en un mundo sobrehumano. Tambien -la vida de San Francisco de Asís es un tejido de milagros, y sin -embargo, ni su existencia ni el papel que desempeñó se han puesto -nunca en duda. Tampoco se diga que la gloria de la fundacion del -cristianismo pertenece á la primera generacion cristiana, y no á aquel -á quien deificó la leyenda. En Oriente, la desigualdad de los hombres -es mucho más notable que entre nosotros; con frecuencia descuellan -allí, en medio de una atmósfera general de malicia, caractéres cuya -grandeza nos causa admiracion. Jesús, léjos de haber sido creacion de -sus discípulos, aparece siempre superior á todos ellos. Exceptuando -á San Pablo y á San Juan, los otros apóstoles eran hombres vulgares, -sin genio y sin invencion. El mismo San Pablo no puede de ninguna -manera compararse con Jesús; y en cuanto á San Juan, en otro lugar -demostraré que su mision, aunque elevada en cierto modo, estuvo muy -léjos de ser irreprochable. De ahí la inmensa superioridad que tienen -los Evangelios sobre los demás escritos del Nuevo Testamento. De ahí el -penoso descenso que se experimenta al pasar de la historia de Jesús á -la de los apóstoles. Los mismos evangelistas que nos legaron la imágen -de Jesús son tan inferiores al maestro, que, no pudiendo comprender su -grandeza, le desfiguran á cada paso y le rebajan á su propio nivel. Sus -escritos están plagados de errores y de contrasentidos:--á cada línea -se echa de ver que los redactores, no pudiendo comprender la belleza -divina de ciertos discursos, los trasforman con arreglo á sus propias -ideas. En suma, el carácter de Jesús, léjos de haber sido embellecido -por sus biógrafos, aparece en ellos más inferior. Para volver á -encontrarle tal como fué, la crítica necesita prescindir de ciertos -errores originados de la medianía de los discípulos. Éstos le pintaron -tal como le concebian; pero, muchas veces, creyendo engrandecerle, no -hicieron sino rebajarle extraordinariamente. - -No se me oculta que esa leyenda, concebida para otra raza, bajo otro -cielo y en medio de otras necesidades sociales, tiene cosas que -lastiman á veces nuestras ideas modernas. Hay virtudes que, en cierto -modo, se hallan más en armonía con nuestros gustos. El honrado y suave -Marco-Aurelio y el humilde y dulce Spinosa, no habiendo creido en -los milagros, estuvieron exentos de algunos errores de que participó -Jesús. En su profunda oscuridad, el segundo de esos personajes tuvo -una ventaja que Jesús no solicitó. Por nuestra delicadeza extremada -en el empleo de los medios de conviccion, y por nuestra sinceridad -absoluta y nuestro amor desinteresado de la idea pura, todos los -que consagramos nuestra vida á la ciencia hemos fundado un nuevo -ideal de moralidad. Pero las apreciaciones de la historia no deben -encerrarse en consideraciones de mérito personal. Marco-Aurelio y sus -nobles maestros no ejercieron sobre el mundo una accion durable. -Marco-Aurelio dejó en pos de sí libros lindísimos, un hijo execrable, -un mundo que desaparecia:--Jesús continúa siendo para la humanidad un -principio inagotable de morales renacimientos. Para la gran mayoría -de las personas no basta la filosofía, es preciso que la acompañe la -santidad. Un Apolonio de Tiana debia alcanzar más éxito con su leyenda -milagrosa que un Sócrates con su fria razon. «Sócrates--decian--deja á -los hombres en la tierra, miéntras que Apolonio los trasporta al cielo; -Sócrates no es más que un sabio, Apolonio es un dios»[1165]. Hasta -hoy, la religion no ha podido existir sin una parte de ascetismo, de -piedad, de maravilloso. Cuando, despues de los Antoninos, se pretendió -establecer la religion de la filosofía, necesario fué trasformar á los -filósofos en santos, escribir la «Vida edificante» de Pitágoras y de -Plotino, arreglarles una leyenda, y concederles virtudes de abstinencia -y de contemplacion y poderes sobrenaturales, sin cuyos requisitos no -hubieran tenido ni crédito ni autoridad. - -¡Guardémonos, pues, de mutilar la historia para satisfacer nuestras -mezquinas susceptibilidades! ¿Quién de nosotros, miserables pigmeos, -podrá realizar lo que realizó el extravagante Francisco de Asís ó la -histérica Santa Teresa? ¿Qué importa que la medicina posea nombres para -explicar esos grandes extravíos de la naturaleza humana? ¿Qué importa -que sostenga que el genio es una enfermedad del cerebro, que no vea -en cierta delicadeza de moralidad sino un principio de tísis, y que -clasifique el entusiasmo y el amor entre los accidentes nerviosos? Las -palabras sano y enfermo son hasta cierto punto relativas. ¿Quién no -prefiere hallarse enfermo como Pascal á estar saludable como el vulgo? -Las mezquinas ideas que acerca de la locura se han propagado en nuestra -época extravian de una manera gravísima, en las cuestiones de este -género, nuestros juicios históricos. Hoy, el hombre que dijese cosas de -las cuales no tuviera conciencia, ó expusiera pensamientos sin que los -reglase la voluntad, se expondria á que le encerraran por alucinado en -alguna casa de orates. Pues bien, ese estado se llamaba en otro tiempo -inspiracion profética. Las más grandes cosas del mundo se han hecho -bajo el imperio de la fiebre; toda la creacion eminente implica en el -sér que la produce un estado violento, una ruptura de equilibrio. - -Tambien hay que tener presente, y nosotros lo reconocemos sin -dificultad, que el cristianismo es una obra demasiado compleja para -ser el hecho de un solo hombre. Puede decirse que, en cierto modo, la -humanidad entera ha colaborado en él. No hay en el mundo comarca, por -aislada que sea, que no reciba algunas impresiones del exterior. La -historia del espíritu humano está llena de extraños _sincronismos_, -los cuales patentizan que, muchas veces, diferentes fracciones de la -especie humana, situadas léjos una de otra y sin haber comunicado entre -sí, producen ideas casi idénticas y llegan á resultados semejantes. En -el siglo décimo tercero, y desde York á Samarkand, los Latinos, los -Griegos, los Siriacos, los Musulmanes y los Judíos se entregan con -pasion á disputas escolásticas, casi del mismo género; en el siglo -décimo cuarto, Italia, Persia, la India, todo el mundo se siente -acometido por la fiebre de la alegoría mística; en el décimo sexto se -desarrolla el arte de una manera análoga en Italia, en el Monte-Athos, -en la córte de los grandes Mogoles, y esto sin que entre Santo Tomás, -Barhebræus, los rabinos de Narbona y los _motecallemin_ de Bagdad -hubiese ninguna relacion, sin que Dante y Petrarca hubiesen visto -á ningun sofí, sin que ningun discípulo de las escuelas de Perusa -ó de Florencia hubiese pasado á Delhi. Diríase que, á la manera de -las epidemias, hay grandes influencias morales que recorren el mundo -de polo á polo, sin reparar en razas ni en fronteras. En la especie -humana, el comercio de las ideas no se opera únicamente por medio -de los libros y de la enseñanza directa. Jesús hasta ignoraba los -nombres de Budha, de Zoroastro y de Platon; no habia leido ningun libro -griego, ningun _sutra_ búdhico, y sin embargo, se hallan en él muchos -elementos que, sin que Jesús lo sospechase, procedian del budismo, -del parsismo y de la sabiduría griega. Esas corrientes se operan por -conductos misteriosos, por esa especie de simpatía que existe entre -las diferentes porciones de la humanidad. Los grandes hombres, si bien -dominan la época en que viven, tambien reflejan hasta cierto punto -las ideas que en ella circulan. Demostrar que la religion fundada por -Jesús fué la consecuencia natural de lo que ántes habia existido, no es -disminuir su excelencia, sino probar que tuvo su razon de ser, que fué -legítima, esto es, conforme con los instintos y con las necesidades del -corazon en un siglo determinado. - -¿Sería justo decir por eso que Jesús lo debe todo al judaismo y que -su grandeza no es sino la grandeza del pueblo judío? Yo soy el primero -en reconocer la grande elevacion de ese pueblo, único en la tierra, -cuyo dón particular parece haber sido contener en su seno los opuestos -gérmenes del bien y del mal. Jesús salió, sin duda, del judaismo; -pero salió de él como Sócrates salió de las escuelas de sofistas, -como Lutero de la Edad media, como Lamennais del catolicismo, como -Rousseau del siglo diez y ocho. El hombre pertenece á su siglo y á su -raza, aunque su accion se dirija contra su raza y contra su siglo. -Jesús, léjos de continuar el judaismo, representa, por el contrario, -la ruptura con el espíritu judío. Áun suponiendo que sobre este punto -pudiera su pensamiento prestarse á algun equívoco, la direccion general -del cristianismo no dejaria ninguna duda, puesto que le vemos desde -su cuna, alejándose más y más del judaismo. Su perfeccionamiento -consistirá en volver á Jesús, pero no al espíritu judáico. La grande -originalidad del fundador permanece, pues, entera, sin que su gloria -admita ningun participante legítimo. - -Es indudable que las circunstancias contribuyeron mucho al éxito de -esta maravillosa revolucion; pero tambien lo es que las circunstancias -no secundan sino lo que es justo y verdadero. Cada ramo del desarrollo -de la humanidad tiene una época determinada, en la cual, por una -especie de instinto espontáneo, llega sin violencia á adquirir su -mayor perfeccionamiento. Ningun trabajo de reflexion consigue producir -inmediatamente las obras maestras que en esos momentos de fiebre crea -la naturaleza por medio de genios inspirados. El siglo de Jesús fué -á la religion lo que fueron á las artes y á las letras profanas los -hermosos siglos de la Grecia. La sociedad judáica ofrecia entónces el -más extraordinario estado moral é intelectual que haya conocido jamás -la especie humana. Aquélla fué verdaderamente una de esas horas divinas -en que mil fuerzas ocultas conspiran á la produccion de lo grande y lo -sublime, en que brotan por doquiera raudales de admiracion y simpatía -para servir de apoyo á las almas elevadas. El mundo rescatado de la -menguada tiranía de las repúblicas municipales, gozaba entónces de -gran libertad. El despotismo romano no se dejó sentir de una manera -fatal sino mucho despues, y además, en aquellas lejanas provincias -fué siempre ménos abrumador que en el centro del imperio. Nuestras -mezquinas y suspicaces medidas preventivas (mucho más perjudiciales -para las cosas del espíritu que la misma muerte) no existian en aquella -época. La vida que Jesús hizo por espacio de tres años le habria -conducido veinte veces, en nuestra sociedad, ante los tribunales de -justicia. Sólo nuestras leyes sobre el ejercicio ilegal de la medicina -habrian bastado para detenerle al principio de su carrera. Por otra -parte, la incrédula dinastía de los Heródes miraba con indiferencia -los movimientos religiosos; bajo los Asmoneos es muy probable que -Jesús no hubiese ido más allá de sus primeras tentativas. En semejante -estado social, un innovador no arriesgaba sino la vida; mas ¿no es la -muerte la que facilita el camino á los que trabajan para el porvenir? -¡Que cualquiera se imagine á Jesús reducido á soportar hasta sesenta ó -setenta años el peso de su divinidad, perdiendo la celeste llama que -en él ardia y gastándose poco á poco bajo las necesidades de un papel -inaudito! Aquellos que nacen marcados con un sello de grandeza van á -la gloria por una especie de atraccion irresistible, de órden fatal, y -todo conspira á facilitarles el camino. - -Permitido es, pues, llamar divina á esa personalidad sublime que -todavía preside los destinos del mundo; mas no porque Jesús haya -absorbido en sí todo lo divino, ó (para emplear los términos de la -escolástica) porque le haya sido adecuado; sino porque él es el -individuo que ha hecho dar á su especie el paso más avanzado hácia -la divinal region. La humanidad, considerada en globo, ofrece un -conjunto de seres abyectos, egoistas, que son superiores al animal, -por cuanto á que su egoismo es más reflexionado. Pero en medio de esa -uniforme vulgaridad se elevan hácia el cielo columnas cuya celsitud -da testimonio de un destino más noble. De todas esas columnas que -enseñan al hombre de donde procede y á dónde debe dirigirse, Jesús es -la más elevada, la más grandiosa. En él se reconcentró cuanto de noble -y bueno se contiene en nuestra naturaleza. Jesús no fué impecable, -y tuvo que vencer las mismas pasiones que nosotros combatimos; si -algun ángel le confortó, fué el de su buena conciencia; si algun -Satanás se llegó á tentarle, fué el que cada uno abriga en su propio -corazon. Posible es que muchas de sus faltas hayan quedado ocultas, -así como ha desaparecido una parte de su grandeza á causa de la pobre -interpretacion de sus discípulos. Pero nadie como él supo durante -su vida someter las pequeñeces del amor propio al interes de la -humanidad. Consagrado sin reserva á su idea, se lo subordinó todo á -tal extremo, que, hácia el fin de su vida, el universo no existia ya -para él. Ese acceso de voluntad heróica fué el que le conquistó el -cielo. No ha habido ningun hombre (exceptuando quizás á Sakia-Muni) que -haya despreciado hasta ese punto los lazos de la familia, los goces del -mundo, todas las preocupaciones terrenales. Jesús no vivia sino para su -Padre y para la mision divina, cuyo íntimo convencimiento abrigaba. - -En cuanto á nosotros, niños sempiternos condenados á la impotencia; -nosotros, que trabajamos sin cosechar, y que no verémos nunca el fruto -de nuestra siembra, ¡inclinémonos con respeto ante la grandiosa figura -de esos semidioses! Ellos supieron lo que nosotros ignoramos, esto -es:--crear, afirmar, obrar. ¿Renacerá otra vez la grande originalidad, -ó se contentará el mundo en adelante con seguir marchando por las -vias que trazaron los audaces creadores de las antiguas edades? Lo -ignoramos; pero cualesquiera que sean los fenómenos que se produzcan -en el porvenir, nadie sobrepujará á Jesús. Su culto se rejuvenecerá -incesantemente; su leyenda provocará lágrimas sin cuento; su martirio -enternecerá los mejores corazones, y todos los siglos proclamarán -que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno que pueda -comparársele. - - -FIN DE LA VIDA DE JESÚS - - - - -NOTAS - - -NOTAS DE LA INTRODUCCION - -[1] Los grandes resultados obtenidos sobre este punto han sido -adquiridos solamente despues de la primera edicion del Sr. Strauss. El -eminente crítico, en sus ediciones sucesivas, los ha aprobado con una -entera buena fe. - -[2] No es necesario recordar que nada en el libro del Sr. Strauss -justifica la extraña y absurda calumnia con la cual se ha pretendido -desacreditar cerca de personas superficiales un libro cómodo, exacto, -ingenioso, concienzudo, aunque maleado en sus partes generales por un -sistema exclusivo. El Sr. Strauss nunca ha negado la existencia de -Jesús, pues cada página de su libro implica esa existencia. Lo que hay -de verdadero es, que el Sr. Strauss supone el carácter individual de -Jesús mucho más oscurecido para nosotros que no lo es en realidad. - -[3] Si puede llamársele «hombre.» - -[4] En lugar de Χριστὸς οὗτος ἦν seguramente se leia Χριστὸς οὗτος -ἐλέγετο. Cf. _Ant_., XX, IX, 1. - -[5] Eusebio (_Hist. eccl._, I, 11, y _Demonstr. Evang._, III, 5) cita -el pasaje sobre Jesús como le leemos ahora en Josefo. Orígenes (_Contra -Celso_, I, 47; II, 13) y Eusebio (_Hist. eccl._, II, 23) citan otra -interpolacion cristiana que no se halla en ninguno de los manuscritos -de Josefo llegados á nuestras manos. - -[6] Judæ epist., 14. - -[7] Las personas que deseen más ámplios detalles pueden leer, además -de la obra del Sr. Réville, los trabajos de los Sres. Reuss y Scherer -en la _Revue de théologie_, t. X, XI, XV, nouv. série, II, III, IV, y -tambien el de Nicolás en la _Revue germanique_, Set. y Dic. de 1862, -Abril y Junio de 1863. - -[8] Así se decia: «Evangelio segun los Hebreos», «Evangelio segun los -Egipcios.» - -[9] Luc., I, 1-4. - -[10] _Hech._, I, 1. Comp. Luc., I, 1-4. - -[11] Á partir de XVI, 10, el autor se da como testigo ocular. - -[12] II Tim., IV, 11; Philem., 24; Col., IV, 14. El nombre de Lúcas -(contraccion de Lucanus), siendo muy escaso, no hay que temer una -de esas homonimias que dejan tanta perplejidad en las cuestiones de -crítica relativas al Nuevo Testamento. - -[13] Vers. 9, 20, 24, 28, 32. Comp. XXII, 36. - -[14] En Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. No es posible abrigar ni una -duda sobre la autenticidad de este pasaje. En efecto, léjos de exagerar -la autoridad de Papias, Eusebio no sabe qué hacer de su ingenuidad y -su pobre miliarismo, y sale de apuros tratándole de ingenio menguado. -Comp. Ireneo, _Adv. hær._, III, 1. - -[15] Es decir, en dialecto semítico. - -[16] Luc., I, 1-2; Orígenes, _hom. in Luc._, I, init.; San Jerónimo, -_Comment. in Math._, prol. - -[17] Papias, en Eusebio, _H. E._, III, 39. Comp. Ireneo, _Adv. hær._, -III, II y III. - -[18] Así es como el hermoso relato de Juan, VIII, 1-11, ha estado -siempre vacilando sin encontrar su lugar fijo en el cuadro de los -evangelios admitidos. - -[19] Τὰ ἀπομνημονεύματα τῶν ἀποστόλων, ἃ καλεῖται εὐαγγέλια. Justino, -_Apol._, I, 33, 66, 67; _Dial. cum Tryph._, 10, 100, hasta 107. - -[20] Julio Africano, en Eusebio, _Hist. eccl._, I, 7. - -[21] _Apol._, I, 32, 61; _Dial. cum Tryph._, 88. - -[22] _Legatio pro christ._, 10. - -[23] _Adv. Græc._, 5, 7. Cf. Eusebio, _H. E._, IV, 29; Teodoreto, -_Hæretic. fabul._, I, 20. - -[24] _Ad Autolycum_, II, 22. - -[25] _Adv. hær._, II, XXII, 5; III, I. Cf. Eus., _H. E._, V, 8. - -[26] Iren., _Adv. hær._, I, III, 6; III, XI, 7; San Hipól., -_Philosophumena_, VI, II, 29 y sig. - -[27] Iren., _Adv. hær._, III, XI, 9. - -[28] Euseb., _Hist. eccl._, V, 24. - -[29] I Joann., I, 3, 5. En estilo, inversiones, giros, expresiones -favoritas, en todo, ofrecen las dos narraciones la más completa -identidad. - -[30] _Epist. ad Philip._, 7. - -[31] Euseb., _Hist. eccl._, III, 39. - -[32] _Adv. hær._, III, XVI, 5, 8. Cf. Euseb., _Hist. eccl._, V, 8. - -[33] Juan, XIII, 23; XIX, 26; XX, 2; XXI, 7, 20. - -[34] Juan, XVIII, 15-16; XX, 2-6; XXI, 15-19. - -[35] Juan, VI, 65; XII, 6; XIII, 21 y sig. - -[36] El modo como Aristion ó _Presbyteros Joannes_ se expresa respecto -al evangelio de Márcos en presencia de Papias, implica en efecto una -crítica benévola, ó mejor una excusa, que parece demostrar que los -discípulos de Juan concebian sobre la misma materia alguna cosa mejor. - -[37] Comp. Juan, XVIII, 15 y sig., con Math., XXVI, 58; Juan, XX, 2-6, -con Marc., XVI, 7. Véase tambien á Juan, XIII, 24-25. - -[38] Juan, I, 14; XIX, 35; XXI, 24 y sig. Comp. la 1.ª epist. de San -Juan, I, 3, 5. - -[39] Véase, por ejemplo, cap. IX y XI. Nótese el extraño efecto que -producen los trozos como los de Juan, XIX, 35; XX, 31; XXI, 20-23, -24, 25, cuando se los compara con la ausencia de toda reflexion que -distingue á los sinópticos. - -[40] Por ejemplo, IV, 1 y sig.; XX, 12 y sig. Muchas voces recordadas -por Juan vuelven á encontrarse en los sinópticos (XII, 16; XV, 20). - -[41] Así es que Napoleon vino á ser un liberal en los recuerdos de sus -compañeros de destierro, cuando estos últimos, despues de su regreso, -se hallaron en medio de la sociedad política del tiempo. - -[42] Los versículos XX, 30-31, son evidentemente la antigua conclusion. - -[43] Juan, VI, 2, 22; VII, 22. - -[44] Por ejemplo, lo que corresponde al anuncio de la traicion de Júdas. - -[45] Véase, por ejemplo, Juan, II, 25; III, 32-33, y las largas -disputas en los cap. VII, VIII, IX. - -[46] Muchas veces se conoce que el autor busca pretextos para colocar -algunos discursos. - -[47] Además de los sinópticos, véase Hech., Epístolas de San Pablo, -Apocal. - -[48] Juan, III, 3, 5. - -[49] Por ejemplo, el perdon de la mujer pecadora, el conocimiento que -tiene Lúcas de la familia de Bethania, su tipo del carácter de Martha -correspondiendo al διηκόνει de Juan (XII, 2), el hecho de la mujer que -enjugó con sus cabellos los piés de Jesús, una nocion oscura de los -viajes de Jesús á Jerusalen, la idea de que en la Pasion compareció -delante de tres autoridades, la opinion del autor al creer que algunos -discípulos asistian á la crucifixion, el conocimiento que tiene del -papel de Annás al lado de Caifás, la aparicion del ángel en la agonía. -(Comp. Juan, XII, 28, 29.) - -[50] Sobre todo, cap. I y II. Véase XXVII, 3 y sig.; XIX, 51-53, 60; -XXVIII, 2 y sig., compar. con Marc. - -[51] Marc., V, 41; VII, 34. Una sola vez ofrece Matheo esa -particularidad (XXVII, 46). - -[52] Luc., XIV, 26. Las reglas del apostolado (cap. X) tienen en ella -un carácter muy exaltado. - -[53] Luc., XIX, 41, 43-44; XXI, 9, 20; XXIII, 29. - -[54] Luc., II, 37; XVIII, 10 y sig.; XXIV, 53. - -[55] Luc., III, 23. Omite á Matheo, XXIV, 36. - -[56] Luc., IV, 14; XXII, 43, 44. - -[57] Por ejemplo, en lo que concierne á Quirinius, Lysanias, Theudas. - -[58] Comp. Luc., I, 31; con Math., I, 21. - -[59] La comida de Bethania le proporciona dos relatos (VII, 36-48, y X, -38-42). - -[60] Luc., II, 21, 22, 39, 41, 42. Es un rasgo ebionita. V. -_Philosophumena_, VII, VI, 34. - -[61] La parábola del rico y de Lázaro. Comp. VI, 20 y sig.; 24 y sig.; -XII, 13 y sig.; XVI entero; XXII, 35. Comp. _Hech._, II, 44, 45; V, 1 y -sig. - -[62] La mujer que unge los piés, Zacheo, el buen ladron, la parábola -del fariseo y del publicano, el hijo pródigo. - -[63] Por ejemplo, María de Bethania es para él una pecadora convertida. - -[64] Jesús llorando sobre Jerusalen, el sudor de sangre, el encuentro -de las santas matronas, el buen ladron, etc. Las palabras á las mujeres -de Jerusalen (XXIII, 28, 29) no pueden haber sido concebidas sino -despues del sitio del año 70. - -[65] Véase, por ejemplo, Juan XIX, 23-24. - -[66] _Gazette des Tribunaux_, 10 de Set. y 11 de Noviembre de 1851, 28 -de Mayo de 1857. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO PRIMERO - -[67] Esta palabra indica sencillamente los pueblos que hablan ó han -hablado una de las lenguas llamadas semíticas. Esa designacion es del -todo defectuosa, pero es uno de esos vocablos, como «arquitectura -gótica», «cifras árabes», que es preciso conservar para entenderse -mejor. - -[68] Isaías, II, 1-4, y sobre todo los cap. XL y sig.; LX y siguientes; -Miqueas, IV, 1 y sig. Es menester tener presente que la 2.ª parte del -libro de Isaías, á partir del capítulo XL, no es de Isaías. - -[69] Isa., LII, 13 y sig.; y LIII entero. - -[70] Ester, IX, 27. - -[71] Math., XXIII, 15; Josefo, _Vita_, 23; _B. J._, II, XVII, 10; VII, -III, 3; _Ant._, XX, II, 4; Horac., _Sat._, I, IV; Juv., XIV, 96 y sig.; -Tácito, _Ann._, II, 85; _Hist._, V, 5; Dion Cassius, XXXVII, 17. - -[72] Mischna, _Schebiit_, X, 9; Talmud de Babil., _Niddah_, fol. 13 -_b_; _Jebamoth_, 47 _b_; _Kidduschin_, 70 _b_; Midrasch, _Jalkut Ruth_, -fol. 163 _d_. - -[73] Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, _Cod. pseud. V. T._, II, -147 y sig. - -[74] II libro de los Macabeos, cap. VII, y _De Maccabæis_ atribuido á -Josefo. Epístola á los Hebreos, XI, 33 y sig. - -[75] III libro (apóc.) de los Macabeos; Rufino, sup. ad Jos., _Contra -Apionem_, II, 5. - -[76] Dan., VII, 13 y sig. - -[77] _Vendidad_, XIX, 18, 19; _Minokhired_, trozo publicado en la -_Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft_, I, 263; -_Boundehesch_, XXXI. La falta de cronología segura para los textos -zendo y pelvi deja mucha duda sobre estas semejanzas entre las -creencias judías y persas. - -[78] Virg., Egl., IV. El _Cumæum carmen_ (V, 4) era una especie de -apocalípsis sibilino empapado en la filosofía de la historia familiar -al Oriente. Ver á Servius sobre este verso, y _Carmina sibyllina_, III, -97-817. Tác., _Hist._, V, 13. - -[79] Luc., II, 25 y sig. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO II - -[80] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 1 y sig.; Juan, I, 45-46. - -[81] No se halla nombrada en los escritos del Antiguo Testamento, ni en -Josefo, ni en el Talmud. - -[82] Marc., I, 24; Luc., XVIII, 37; Juan, XIX, 19; _Hech._, II, 22; -III, 6. De ahí viene el nombre de _Nazarenos_ dado desde mucho tiempo -hace á los cristianos, y con el cual se los designa aún en todos los -países musulmanes. - -[83] El empadronamiento hecho por Quirino es posterior (diez años á -lo ménos) al año en que, segun Lúcas y Matheo, nació Jesús. Los dos -evangelios, en efecto, hacen nacer á Jesús bajo el reinado de Heródes -(Math., II, 1, 19, 22; Luc., I, 5). El empadronamiento de Quirino tuvo -lugar despues de la deposicion de Archelao, es decir, diez años despues -de la muerte de Heródes, el 37 de la era de Actio (Josefo, _Ant._, -XVII, XIII, 5; XVIII, I, 1; II, 1). La inscripcion por la cual se -pretendia otras veces establecer que Quirino hizo dos empadronamientos -se ha reconocido como falsa. En todo caso, el empadronamiento no se -habria aplicado sino á los territorios convertidos en provincia romana, -y no á las tetrarquías. Los textos por los cuales se pretende probar -que algunas de las operaciones de estadística y de catastro ordenadas -por Augusto se extendieron al dominio de los Heródes, ó no implican lo -que de ello se quiere deducir, ó son de autores cristianos que tomaron -este dato del evangelio de Lúcas. Lo que prueba que el viaje de la -familia de Jesús á Bethlehem no tiene nada de histórico, es el motivo -que se le atribuye. Jesús no era de la familia de David, y aunque lo -hubiese sido, no se puede comprender cómo sus parientes habrian sido -obligados, por una operacion puramente catastral y rentística, á venir -á inscribirse á un lugar abandonado por sus abuelos desde hacia más de -mil años. Imponer una obligacion de esta clase hubiera sido para la -autoridad romana sancionar pretensiones peligrosísimas. - -[84] Cap. XIV de la obra. - -[85] Math., II, 1 y sig.; Luc., II, 1 y sig. La omision de este relato -en Márcos y los dos trozos paralelos, Math., XIII, 54, y Marc., VI, -1, donde Nazareth figura como «la patria» de Jesús, prueban que -semejante leyenda faltaba en el texto primitivo que proporcionó la -trama narrativa de los evangelios actuales de Matheo y de Márcos. -Sin duda para contestar á numerosas y repetidas objeciones añadieron -al principio del evangelio de Matheo reservas cuya contradiccion con -el resto del texto no eran bastante flagrantes para creerse en la -obligacion de corregir las partes que ántes se habian escrito bajo -otro punto de vista. Por el contrario, Lúcas (IV, 16), escribiendo -con reflexion, ha empleado, á fin de ser consecuente, una expresion -más mitigada. Respecto á Juan, no sabe nada del viaje á Bethlehem; en -su concepto, Jesús es sencillamente «de Nazareth» ó «Galileo», y esto -en dos circunstancias donde hubiera sido de la más alta importancia -recordar su nacimiento en Bethlehem (I, 45, 46; VII, 41-42). - -[86] Sábese que el cálculo que sirve de base á la era vulgar fué hecho -en el siglo sexto por Dionisio el Menor. Ese cálculo implica ciertos -datos puramente hipotéticos. - -[87] Math., I, 21; Luc., I, 31. - -[88] _Gelil haggoyim_ «círculo de los gentiles.» - -[89] Strabon, XVI, II, 35; Jos., _Vita_, 12. - -[90] Luégo se explicará (cap. XIV) el orígen de las genealogías -destinadas á emparentarle con la raza de David.--Suprimidas por los -Ebionim (Epif., _Adv. hær._, XXX, 14). - -[91] Math., XIII, 55; Marc., VI, 3; Juan, VI, 42. - -[92] El rudo aspecto de las ruinas que cubren la Palestina prueba -que estaban muy mal construidas las ciudades que no habian sido -reedificadas segun el estilo romano. Respecto á la disposicion de las -casas, es en la Siria tan sencilla y tan adecuada al clima, que nunca -ha debido ser otra. - -[93] Math., XII, 46 y sig.; XIII, 55 y sig.; Marc., III, 31 y sig.; VI, -3; Luc., VIII, 19 y sig.; Juan, II, 12; VII, 3, 5, 10; _Hech._, I, 14. - -[94] Math., I, 25. - -[95] Esas dos hermanas del mismo nombre implican un hecho singular. -Probablemente hay en ello alguna inexactitud hija de la costumbre de -dar casi indistintamente á las galileas el nombre de María. - -[96] No son etimológicamente idénticos. Ἀλφαῖος es la transcripcion del -nombre siro-caldeo _Halphai_; Κλωπᾶς ó Κλεόπας es una forma abreviada -de Κλεόπατρος. Pero tal vez haya en esto una sustitucion artificial -de uno al otro; así como los José se hacian llamar «_Hegesipo_», los -Eliakim «_Alcimus_», etc. - -[97] Juan, VII, 3 y sig. - -[98] En efecto, los cuatro personajes indicados (Math., XIII, 55; -Marc., VI, 3) como hijos de María, madre de Jesús, Santiago, José, -Simon y Júdas, vuelven á aparecer como si fuesen hijos de María y -de Cleophás (Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; Gal., I, 19; _Epist. -Jac._, I, 1; _Epist. Judæ_, 1; Euseb., _Chron._, ad ann. R. DCCCX; -_Hist. eccl._, III, 11, 32; _Cons. apos._, VII, 46). La hipótesis -que proponemos puede únicamente resolver la enorme dificultad que -se encuentra en suponer dos hermanas teniendo tres ó cuatro hijos -con los mismos nombres, y en admitir que Santiago y Simon, los dos -primeros obispos de Jerusalen, calificados de «hermanos del Señor», -fuesen verdaderos hermanos de Jesús, los cuales empezaron por serle -hostiles para convertirse despues. El evangelista, oyendo llamar á -aquellos cuatro hijos de Cleophás «hermanos del Señor», pondria, por -equivocacion, sus nombres en el pasaje _Math._, XIII, 55 = _Marc._, VI, -3, en lugar del nombre de los verdaderos hermanos que permanecieron -en la oscuridad. Así se explica cómo el carácter de los personajes -llamados «hermanos del Señor», de Santiago por ejemplo, es tan -diferente del de los verdaderos hermanos de Jesús, tal como le traza -Juan, VII, 3 y sig. La expresion «hermanos del Señor» evidentemente -constituyó en la primitiva iglesia una especie de jerarquía paralela á -la de los apóstoles. (Véase _I Cor._, IX, 5.) - -[99] _Hech._, I, 14. - -[100] Marc., VI, 3. - -[101] Segun Josefo (_B. J._, III, III, 2), el más pequeño burgo -de Galilea tenía más de cinco mil habitantes. Probablemente hay -exageracion. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO III - -[102] Juan, VIII, 6. - -[103] _Testam. de los doce Patr._, Leví, 6. - -[104] Math. XXVII, 46; Marc. XV, 34. - -[105] Traducciones y comentarios judíos, de la época talmúdica. - -[106] Mischna, _Schabbath_, I, 3. - -[107] Math., XIII, 54 y sig.; Juan, VII, 15. - -[108] Mischna, _Schekalim_, III, 2; Talmud de Jerusalen, _Megilla_, -halaca XI, _Sota_, VII, 1; Talmud de Babilonia, _Baba Kama_, 83 _a_; -_Megilla_, 8 _b_ y sig. - -[109] Math. XXVII, 46; Marc. III, 17; V, 41; VII, 34; XIV, 36; XV, 34. -La expresion ἡ πάτριος φωνή, en los escritores de aquel tiempo, designa -siempre el dialecto semítico que se usaba en Palestina (II Macab., -VII, 21, 27; XII, 37; _Hech._, XXI, 37, 40; XXII, 2; XXVI, 14; Josefo, -_Ant._, XVIII, VI, 10; XX, sub. fin., etc.). Luégo demostrarémos que -algunos de los documentos que sirvieron de base á los evangelios -sinópticos fueron escritos en ese dialecto semítico. Lo mismo sucedió -respecto á algunos apócrifos (libro IV de los Macab., XVI, _ad -calcem_, etc.). Por último, la cristiandad directamente nacida del -primer movimiento galileo (Nazarenos, Ebionim, etc.), que se continuó -por mucho tiempo en la Batanea y en el Hauran, hablaba un dialecto -semítico. (Euseb., _De situ et nomin. loc. heb._ á la voz Χωβά; Epif., -_Adv. hær._, XXIX, 7, 9; XXX, 3; San Jerónimo, _in Matth._, VII, 13; -_Dial. adv. Pelag._, III, 2). - -[110] Mischna, _Sanhedrin_, XI, 1; Talmud de Babilonia, _Baba Kama_, -82 _b_ y 83 _a_; _Sota_, 49 _a_ y _b_; _Menachoth_, 64 _b_; Comp. II, -Macab. IV, 10 y sig. - -[111] Jos., _Ant._, XX, XI, 2. - -[112] Talmud de Jerusalen, _Peah_, I, 1. - -[113] Jos., _Ant._, loc. cit.; Oríg., _Contra Celsum_, II, 34. - -[114] Talmud de Jerusalen, _Peah_, I, 1; Talmud de Babilonia, -_Menachoth_, 99 _b_. - -[115] Los _Terapeutas_ de Filon son una rama de los Esenios. Ese nombre -parece ser la traduccion griega de Esenios (Ἐσσαῖοι, _asaya_, médicos). -Filon, _De vita contempl._, init. - -[116] Véanse sobre todo los tratados _Quis rerum divinarum hæres sit_ y -_De Philanthropia_, de Filon. - -[117] _Pirké Aboth_, cap. I y II; Talmud de Jerusalen, _Pesachim_, VI, -1; Talmud de Babilonia, _Pesachim_, 66 _a_; _Schabbath_, 30 _b_ y 31 -_a_; _Joma_, 35 _b_. - -[118] La leyenda de Daniel estaba ya formada en el siglo séptimo -ántes de J. C. (Ezequiel, XIV, 14 y sig.; XXVII, 3). Para satisfacer -las exigencias de la leyenda, se supuso que vivió en el tiempo de la -cautividad de Babilonia. - -[119] _Epist. Judæ_, 14 y sig., II Petri, II, 4, 11; _Testam. de los -doce Patr._, Simeon, 5; Leví, 14; Judá, 18; Zab., 3; Dan, 5; Nephtali, -4. El «Libro de Henoch» forma aún una parte integrante de la Biblia -etiópica. Tal como le conocemos por la version etiópica, está compuesto -con trozos de várias fechas, de los cuales los más antiguos son del año -130 ó 150 ántes de J. C. Algunos de esos trozos tienen analogía con los -discursos de Jesús. Compárense los cap. XCVI-XCIX con Lúcas, VI, 24 y -sig. - -[120] Math., XI, 8. - -[121] Math., XXII, 2 y sig. - -[122] Math., VI, 13. - -[123] Luc., II, 42 y sig. Los evangelios apócrifos están llenos de -semejantes historias extravagantes. - -[124] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig. - -[125] Math., XII, 48; Marc., III, 33; Luc., VIII, 21; Juan, II, 4; -Evangelio segun los Hebreos, en San Jerónimo, _Dial. adv. Pelag._, III, -2. - -[126] Luc., XI, 27 y sig. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO IV - -[127] _Yaçna_, XIII, 24; Teopompo. en Plut., _De Iside et Osiride_, -§ 47; _Minokhired_, trozo publicado en la _Zeitschrift der Deutschen -Morgenländischen Gesellschaft_, I, p. 263. - -[128] Virg., Egl. IV; Servius, sobre el verso 4 de la misma égloga; -Nigidius, citado por Servius, sobre el verso 10. - -[129] _Carm. sibyll._, libro III, 97-817. - -[130] VI, 13; VII, 10; VIII, 7, 11-17; IX, 1-22; y en las partes -apócrifas: IX, 10-11; XIV, 13 y sig.; XVI, 20, 24. - -[131] Eccl., I, 11; II, 16, 18-24; III, 19-22; IV, 8, 15-16; V, 17, 18; -VI, 3, 6; VIII, 15; IX, 9, 10. - -[132] Isaías, LX, etc. - -[133] El libro entero de Ester respira gran apego por aquella dinastía. - -[134] Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, _Cod. pseud. V. T._, II, -pág. 147 y sig. - -[135] Job, XXXIII, 9. - -[136] Es de notar que Jesús, hijo de Sirach, se mantiene estrictamente -en él (XVII, 26-28; XXII, 10-11; XXX, 4 y sig.; XLI, 1-2; XLIV, 9). El -autor de la _Sabiduría_ manifiesta un sentimiento del todo contrario -(IV, 1, texto griego). - -[137] Ester, XIV, 6-7 (apóc.). Epist. apóc. de Baruch. (Fabricius, -_Cod. pseud. V. T._, II, pág. 147 y sig.) - -[138] II Macab., VII. - -[139] _Pirké Aboth_, I, 3. - -[140] _Sabiduría_, II-VI; _De rationis imperio_, atribuido á Josefo, -8, 13, 16, 18. Es preciso notar que el autor de este último tratado no -hace valer sino en segundo órden el motivo de remuneracion personal. El -principal móvil de los mártires consiste en el amor puro de la Ley, en -las ventajas que reportarán al pueblo con su muerte y en la perspectiva -de la gloria que alcanzarán sus nombres. Comp. _Sabiduría_, IV, 1 y -sig.; _Eccl._, cap. XLIV y sig.; Jos., _B. J._, II, VIII, 10; III, -VIII, 5. - -[141] _Sabiduría_, IV, 1; _De rat. imp._, 16, 18. - -[142] II Macab., VII, 9, 14; XII, 43-44. - -[143] Teopompo, en Dióg. Laert. Proœm., 9.--_Boundehesch_, c. XXXI. Los -vestigios del dogma de la resurreccion son muy dudosos en el Avesta. - -[144] Juan, XI, 24. - -[145] Luc., XVI, 22. - -[146] Dan., XII, 2. - -[147] II Macab., VII, 14. - -[148] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1; VII, 1-2; Lúcas, III, 19. - -[149] Jos., _Ant._, XVIII, II, 3; IV, 5; V, 1. - -[150] Jos., _Ant._, XVIII, VII, 2. - -[151] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 6. - -[152] Jos., _Ant._, XVII, XII, 2 y _B. J._, II, VII, 3. - -[153] Orelli, _Inscr. lat._, n.º 3693; Henzen, _Suppl._, n.º 7041; -_Fasti prænestini_, 6 de Marzo y 28 de Abril (en el _Corpus inscr. -lat._, I, 314, 317); Borghesi, _Fastes consulaires_, año de 742; R. -Bergmann, _De inscr. lat. ad P. S. Quirinium_, ut videtur, referenda -(Berlín, 1854). Tác., _Ann._, II, 30; III, 48; Strabon, XII, VI, 5. - -[154] Jos., _Ant._, I, XVIII. - -[155] Jos., _Ant._, los libros XVII y XVIII enteros, y _B. J._, lib. I -y II. - -[156] Jos., _Ant._, XV, X, 4. Comp. el libro de Henoch, XCVII, 13-14. - -[157] Filon, _Leg. ad Caium_, § 38. - -[158] Jos., _Ant._, XVII, VI, 2 y sig.; _B. J._, I, XXXIII, 3 y sig. - -[159] Jos., _Ant._, XVIII, IV y sig. - -[160] Mischna, _Sanhedrin_, IX, 6; Juan, XVI, 2; Jos., _B. J._, libro -IV y sig. - -[161] _Hech._, VII, 9. El versículo 11 hace suponer que Simon el Mago -era ya célebre en el tiempo de Jesús. - -[162] Discursos de Claudio, en Lyon, tab. II, sub fin. De Boissieu, -_Inscr. ant. de Lyon_, p. 136. - -[163] II Sam., XXIV. - -[164] Talmud de Babilonia, _Baba Kama_, 113 _a_; _Schabbath_, 33 _b_. - -[165] Jos., _Ant._, XVIII, I, 1 y 6; _B. J._, II, VIII, 1; _Hech._, V, -37. Ántes de Júdas el Gaulonita, los _Hechos_ colocan á otro agitador, -Theudas; pero hay un anacronismo, el movimiento de Theudas tuvo lugar -en el año 44 de la era cristiana (Jos., _Ant._, XX, V, 1). - -[166] Jos., _B. J._, II, XVII, 8 y sig. - -[167] Luc., XIII, 1. El movimiento galileo de Júdas, hijo de Ezequías, -no parece haber tenido un carácter religioso; sin embargo, puede ser -que le haya disimulado Josefo (_Ant._, XVII, X, 5). - -[168] Jos., _Ant._, XVI, VI, 2, 3; XVIII, I, 1. - -[169] Jos., _B. J._, III, III, 1. El horrible estado á que se halla -reducido el país, sobre todo cerca del lago de Tiberiade, no puede dar -una idea de su antiguo esplendor. Aquellos países, hoy desolados, eran -en otro tiempo paraísos terrestres. Los baños de Tiberiade, hoy mansion -horrorosa, fueron el más hermoso sitio de la Galilea (Jos., _Ant._, -XVIII, II, 3). Josefo (_Bell. Jud._, III, X, 8) ensalza los bellos -árboles de la llanura de Genesareth, donde ya no se encuentra uno solo. -Antonino Mártir, hácia el año 600, es decir, cincuenta años ántes de -la invasion musulmana, aún halla á la Galilea cubierta de deliciosos -plantíos, y compara su fertilidad con la del Egipto (_Itin._, § 5). - -[170] Math., V, 1; XIV, 23; Luc., VI, 12. - -[171] Math., XVII, 1 y sig.; Marc., IX, 1 y sig.; Luc., IX, 28 y sig. - -[172] Jos., _B. J._, III, III, 2. - -[173] Jos., _Ant._, XVIII, II, 2; _B. J._, II, IX 1; _Vita_, 12, 13, 64. - -[174] Puede uno imaginárselos por algunas huertas de los alrededores de -Nazareth. _Cant. de cant._, II, 3, 5, 13; IV, 13; VI, 6, 10; VII, 8, -12; VIII, 2, 5; Anton. Mártir, _l. c._ Se ha conservado aún el aspecto -de las granjas en el sur del país de Tiro (antigua tribu de Aser); -á cada paso se encuentran los vestigios de la antigua agricultura -palestina, con sus útiles tallados en la roca (eras, prensas, silos, -pilas, muelas, etc.). - -[175] Math., IX, 17; XI, 19; Marc., II, 22; Luc., V, 37; VII, 34; Juan, -II, 3 y sig. - -[176] Luc., II, 41. - -[177] Luc., II, 42-44. - -[178] Véanse los salmos LXXXIV, CXXII, CXXXIII (Vulg. LXXXIII, CXXI, -CXXXII). - -[179] Luc., IX, 51-53; XVII, 11; Juan, IV, 4; Jos., _Ant._, XX, VI, -1; _B. J._, II, XII, 3; _Vita_, 52. Sin embargo, frecuentemente los -peregrinos iban por la Perea, para evitar la Samaria, algo peligrosa -(Math., XIX, 1; Marc., X, 1). - -[180] Segun Josefo (_Vita_, 52), se necesitaban tres dias para hacer el -viaje. Pero la etapa entre Sichem y Jerusalen se dividia casi siempre -en dos. - -[181] Luc., IV, 42; V, 16. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO V - -[182] Ésta es la expresion de Márcos, VI, 3. Cf. Math., XIII, 55. -Márcos no conoce á José; por el contrario, Juan y Lúcas prefieren la -expresion «hijo de José.» (Luc., III, 23; IV, 22; Juan, I, 45; IV, 42.) - -[183] Juan, II, 1; IV, 46. Sobre este punto sólo Juan tiene algunas -noticias. - -[184] Admito como probable la idea de identificar á Caná de Galilea con -_Kana el-Djelil_. Sin embargo, pueden aducirse argumentos en favor de -_Kefr-Kenna_, distante de Nazareth cosa de una hora ú hora y media, al -N.-N.-E. - -[185] Ahora _el-Buttauf_. - -[186] Juan, II, 11; IV, 46. Uno ó dos discípulos eran de Caná. Juan, -XXI, 2; Math., X, 4; Marc., III, 18. - -[187] Marc., VI, 3; Justino, _Dial. cum Tryph._, 88. - -[188] Por ejemplo, «Rabbi Johanan el zapatero, Rabbi Isaac el herrero.» - -[189] _Hech._, XVIII, 3. - -[190] Cap. IX de la obra. - -[191] Luc., VII, 37 y sig.; Juan, IV, 7 y sig.; VIII, 3 y sig. - -[192] Los discursos atribuidos á Jesús en el cuarto evangelio contienen -ya un gérmen de teología. Pero hallándose estos discursos enteramente -en contradiccion con los de los evangelios sinópticos, los cuales -representan sin duda las _Logia_ primitivas, deben figurar como -documentos de la historia apostólica, y no como elementos de la vida de -Jesús. - -[193] Math., IX, 9, y las otras narraciones análogas. - -[194] Juan, XXI, 15 y sig. - -[195] El alma sublime de Filon se encontró aquí, como en otros muchos -puntos, de acuerdo con la de Jesús (_De confus. ling._, § 14; _De mig. -Abr._, § 1; _De somniis_, II, § 41, etc.). - -[196] San Pablo, _ad Galatas_, IV, 6. - -[197] La palabra «cielo», en la lengua rabínica de aquel tiempo, es -sinónima del nombre de «Dios», cuya pronunciacion se evitaba. (Comp. -Math., XXI, 25; Luc., XX, 4.) - -[198] Aparece esta expresion en cada página de los evangelios -sinópticos, de los Hechos de los apóstoles, de San Pablo. Si no aparece -más que una vez en San Juan (III, 3 y 5) es porque los discursos que -se relatan en el cuarto evangelio están muy léjos de representar la -verdadera palabra de Jesús. - -[199] Dan., II, 44; VII, 13, 14, 22, 27. - -[200] Mischna, _Berakoth_, II, 1, 3; Talmud de Jerusalen, _Berakoth_, -II, 2; _Kidduschin_, I, 2; Talmud de Babil. _Berakoth_, 15 _a_; -_Mekilta_, 42 _b_; Siphra, 170 _b_; la expresion aparece frecuentemente -en los _Midraschim_. - -[201] Math., VI, 33; XII, 28; XIX, 12; Marc., XII, 34; Luc., XII, 31. - -[202] Luc., XVII, 20-21. - -[203] La grande teoría del apocalípsis del Hijo del hombre está en -efecto reservada, en los sinópticos, para los capítulos que preceden -la narracion de la pasion. En Matheo, las primeras predicaciones son -enteramente morales. - -[204] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 2 y sig.; Juan, VI, 42. - -[205] La tradicion sobre la fealdad de Jesús (Justino, _Dial. cum -Tryph._, 85, 88, 100) procede del deseo de ver realizado en él un -pretendido rasgo mesiánico (Is., LIII, 2). - -[206] Las _Logia_ de San Matheo reunen varios de aquellos axiomas para -despues formar con ellos largos discursos. Pero á traves de la forma -fragmentaria deja conocer las suturas. - -[207] _Pirké Aboth_ es el librito en el cual están coleccionadas las -sentencias de los doctores judíos de aquel tiempo. - -[208] Indicarémos las semejanzas á medida que se vayan presentando. -Por ser la redaccion del Talmud posterior á la de los Evangelios, se -ha supuesto que los compiladores judíos plagiaron la moral cristiana. -Pero esto no puede admitirse; existia un abismo de separacion entre la -iglesia y la sinagoga. Ántes del siglo décimo tercero la literatura -cristiana y la literatura judía tuvieron muy poca influencia una sobre -otra. - -[209] Math., VII, 12; Luc., VI, 31. Se encuentra ya este axioma en el -libro de _Tobías_, V, 16. Hillel usaba de él repetidas veces (Talm. -de Babil., _Schabbath_, 31 _a_), y como Jesús, decia que él era el -compendio de la Ley. - -[210] Math., V, 39 y sig.; Luc., VI, 29. Comp. Jeremías, _Lament._, -III, 30. - -[211] Math., V, 29-30; XVIII, 9; Marc., IX, 46. - -[212] Math., V, 44; Luc., VI, 27. Comp. Talm. de Babil., _Schabbath_, -88 _b_; _Joma_, 23 _a_. - -[213] Math., VII, 1; Luc., VI, 37. Comp. Talm. de Babil., _Kethuboth_, -105 _b_. - -[214] Luc., VI, 37. Comp. _Levit._, XIX, 18; _Prov._, XX, 22; Eccles., -XXVIII, 1 y sig. - -[215] Luc., VI, 36; Siphré, 51 _b_ (Sultzbach, 1802). - -[216] _Hech._, XX, 35. - -[217] Math., XXIII, 12; Luc., XIV, 11; XVIII, 14. Las sentencias -referidas por San Jerónimo con arreglo al «Evangelio segun los Hebreos» -respiran la misma moral (Comment. in _Epist. ad Ephes._, V, 4; in -Ezech., XVIII; _Dial. adv. Pelag._, III, 2). - -[218] Deuter., XXIV, XXV, XXVI, etc.; Is., LVIII, 7; Prov., XIX, 17; -_Pirké Aboth_, 1; Talm. de Jerus., _Peah_, I, 1; Talm. de Babil., -_Schabbath_, 63 _a_. - -[219] Math., V, 20 y sig. - -[220] Math., V, 22. - -[221] Math., V, 31 y sig. Comp. Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 22 _a_. - -[222] Math., V, 33 y sig. - -[223] Math., V, 38 y sig. - -[224] Math., V, 42. La prohibia la Ley, mas de un modo ménos formal, y -la autorizaba el uso (Deut., XV, 7-8; Luc., VII, 41 y sig.). - -[225] Math., XXVII, 28. Comp. Talmud, _Masseket Kalla_ (ed. Fürth, -1793), fol. 34 _b_. - -[226] Math., V, 23 y sig. - -[227] Math., V, 45 y sig. Comp. _Levit._, XI, 44; XIX, 2. - -[228] Comp. Filon, _De mig. Abr._, § 23 y 24; _De vita contemplativa_, -entero. - -[229] Math., XV, 11 y sig.; Marc., VII, 6 y sig. - -[230] Marc., VII, 6 y sig. - -[231] Math., VI, 1 y sig. Comp. _Eccles._, XVII, 18; XXIX, 15; Talm. de -Babil., _Chagiga_, 5 _a_; _Baba Bathra_, 9 _b_. - -[232] Math., VI, 5-8. - -[233] Math., XIV, 23; Luc., IV, 42; V, 16; VI, 12. - -[234] Math., VI, 9 y sig.; Luc., XI, 2 y sig. - -[235] Luc., XI, 5 y sig. - -[236] Math., V, 23-24. - -[237] Isa., I, 11 y sig.; LVIII, entero; Oseas, VI, 6; Malaquías, I, 10 -y sig. - -[238] _Pirké Aboth_, I, 2. - -[239] _Eccles._, XXXV y sig. - -[240] Talm. de Jerus., _Pesachim_, VI, 1; Talm. de Babil., _Pesachim_, -66 _a_; _Schabbath_, 31 _a_. - -[241] _Quod Deus immut._, § 1 et 2; _De Abrahamo_, § 22; _Quis rerum -divin. hæres_, § 13 y sig.; 55, 58 y sig.; _De profugis_, § 7 y 8; -_Quod omnis probus liber_, entero. _De vita contemplativa_, entero. - -[242] Talm. de Bab., _Pesachim_, 67 _b_. - -[243] Talm. de Jerus., _Peah_, I, 1. - -[244] Math., VII, 4-5. Comp. Talm. de Babil., _Baba Bathra_, 15 _b_; -_Erachin_, 16 _b_. - -[245] El Talmud, resúmen de aquel gran movimiento de escuelas, no se -empezó á escribir sino en el siglo segundo de nuestra era. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO VI - -[246] Luc., I, 5; pasaje del evangelio de los Ebionim, conservado por -Epifanio (_Adv. hær._, XXX, 13). - -[247] Luc., I, 39. Se ha supuesto, no sin alguna verosimilitud, que -«la ciudad de Judá» nombrada en este pasaje de Lúcas, era la ciudad de -_Jutta_. (Josué, XV, 55; XXI, 16.) Robinson (_Biblical Researches_, -I, 494; II, 206) ha vuelto á hallar esa _Jutta_ á dos horas al sur de -Hebron, llevando aún el mismo nombre. - -[248] Luc., I, 15. - -[249] Luc., I, 80. - -[250] Math., III, 4; Marc., I, 6; fragm. del evang. de los Ebionim, en -Epif., _Adv. hær._, XXX, 13. - -[251] Malaquías, III, 23-24 (IV, 5-6, segun la Vulg.); _Eccles._, -XLVIII, 10 y sig.; Math., XVI, 14; XVII, 10 y sig.; Marc., VI, 15; -VIII, 28; Luc., IX, 8, 19; Juan, I, 21, 25. - -[252] El feroz Abdallah, bajá de San Juan de Acre, por haberle visto en -sueño, de pié sobre la montaña, creyó morir de espanto. En los cuadros -de las iglesias cristianas se le presenta rodeado de cabezas cortadas; -de él tienen miedo los musulmanes. - -[253] _Ascension de Isaías_, II, 9-11. - -[254] Luc., I, 17. - -[255] Plinio, _Hist. nat._, V, 17; Epif., _Adv. hær._, XIX, 1 y 2. - -[256] Josefo, _Vita_, 2. - -[257] El verbo arameo _seba_, orígen del nombre de los _sabianos_, -corresponde á βαπτίζω. - -[258] Es de notar que los Elcaitas, secta sabiana ó bautista, habitaban -el mismo país que los Esenios (orilla oriental del mar Muerto) y que se -confundieron con ellos (Epif., _Adv. hær._, XIX, 1, 2, 4; XXX, 16, 17; -LIII, 1 y 2; _Philosophumena_, IX, III, 15 y 16; X, XX, 29). - -[259] Ver las noticias de Epifanio sobre Esenios, Hemerobatistas, -Nazarenistas, Ossenos, Nazorenos, Ebionitas, Sampseanos (_Adv. hær._, -lib. I y II), y las del autor de _Philosophumena_ sobre los Elcaitas -(Lib. IX y X). - -[260] Epif., _Adv. hær._, XIX, XXX, LIII. - -[261] Marc., VIII, 4; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2; Justino, _Dial. cum -Tryph._, 17, 29, 80; Epif., _Adv. hær._, XVII. - -[262] Mischna, _Pesachim_, VIII, 8; Talmud de Babil., _Jebamoth_, 46 -_b_; _Kerithuth_, 9 _a_; _Aboda Zara_, 57 _a_; _Masseket Gerim_ (ed. -Kirchheim, 1851), p. 38-40. - -[263] Math., III, 1; Marc., I, 4. - -[264] Luc., III, 3. - -[265] Juan, I, 28; III, 26. Todos los manuscritos dicen _Bethania_; -pero como no se conoce ninguna Bethania en aquellos parajes, Orígenes -(_Comment. in Joann._, VI, 24) propuso sustituir _Bethabara_, y -su correccion ha sido generalmente adoptada. Las dos voces tienen -significaciones análogas y parecen indicar un lugar donde habia una -barca para atravesar el rio. - -[266] _Ænon_ es el plural caldeo _Ænawan_, «fuentes». - -[267] Juan, III, 23. Es dudosa la situacion de aquel lugar. La -circunstancia que indica el evangelista, hace suponer que no se hallaba -muy cerca del Jordan. Sin embargo, los sinópticos están de acuerdo en -colocar toda la escena de los bautismos de Juan sobre la orilla de -aquel rio (Math., III, 6; Marc., I, 5; Luc., III, 3). La conformidad de -los versículos 22 y 23 del cap. III de Juan y de los versículos 3 y 4 -del cap. IV del mismo evangelio pudiera hacer creer que Salim estaba en -Judea, y por consiguiente en el oasis de Jericó, cerca de la embocadura -del Jordan, puesto que en el resto de la tribu de Judá se hallaria -difícilmente un solo estanque natural que pudiera servir á la inmersion -de una persona. San Jerónimo pretende colocar á Salim mucho más al -norte cerca de Beth-Schean ó Scythopolis. Pero Robinson (_Bib. Res._, -III, 333) no pudo hallar nada que justifique semejante alegacion. - -[268] Marc., I, 5; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2. - -[269] Math., XIV, 5; XXI, 26. - -[270] Math., XI, 14; Marc., VI, 15; Juan, I, 21. - -[271] Math., XIV, 2; Luc., IX, 8. - -[272] Luc., III, 15 y sig.; Juan, I, 20. - -[273] Math., XXI, 25 y sig.; Luc., VII, 30. - -[274] Math. ya citada. - -[275] Math., III, 2. - -[276] Math., III, 7. - -[277] Luc., III, 11-14; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2. - -[278] Math., XXI, 32; Luc., III, 12-14. - -[279] Math., III, 9. - -[280] Math., III, 7; Luc., III, 7. - -[281] Jos., _Ant._, XVIII, V, 2. Cuando Josefo expone las doctrinas -secretas, más ó ménos sediciosas, de sus compatriotas, omite lo que -tiene relacion con las creencias mesiánicas; y para no hacer sombra -á los romanos, extiende sobre esas doctrinas como un barniz de -trivialidad que da á todos los jefes de sectas judías el aspecto de -profesores de moral ó de estóicos. - -[282] Math., IX, 14. - -[283] Luc., III, 11. - -[284] Math., III, 13 y sig.; Marc., I, 9 y sig.; Luc., III, 21 y sig.; -Juan, I, 29 y sig.; III, 22 y sig. Los sinópticos hacen venir á Jesús -hácia Juan ántes de haber desempeñado un papel público. Pero, si Juan -reconoció á Jesús, como lo dicen, y le hizo una acogida afectuosa, -de suponer es que Jesús fuese un maestro ya renombrado. El cuarto -evangelio conduce por dos veces á Jesús hácia Juan, la primera cuando -todavía no era conocido, y la segunda con un grupo de discípulos. Sin -tocar aquí la cuestion de los itinerarios precisos de Jesús (cuestion -inestricable en razon de las contradicciones de los documentos y del -poco cuidado que tuvieron los evangelistas de ser exactos en semejante -materia), sin negar la posibilidad de un viaje de Jesús hácia Juan en -el tiempo en que no tenía mucha notoriedad, adoptamos el dato producido -por el cuarto evangelio (III, 22 y sig.), á saber, que Jesús, ántes de -bautizar como Juan, tenía ya una escuela organizada. Preciso es tambien -recordar que las primeras páginas del cuarto evangelio no son más que -notas puestas de extremo á extremo sin ningun órden cronológico. - -[285] Luc., I. Son legendarios todos los pormenores de la narracion, y -en particular los que se refieren al parentesco de Juan con Jesús. - -[286] Juan, III, 22-26; IV, 1-2. El paréntesis del versículo 2 parece -ser una glosa agregada, ó quizás un escrúpulo de Juan, corrigiéndose á -sí mismo. - -[287] Juan, III, 26, IV, 1. - -[288] Math., III, 2; IV, 17. - -[289] Math., III, 7; XII, 34; XXIII, 33. - -[290] Math., XI, 2-13. - -[291] Math., XIV, 12. - -[292] Luc., III, 19. - -[293] Matheo (XIV, 3 en el texto griego) y Márcos (VI, 17) pretenden -que fué con Felipe; pero es una inadvertencia. La esposa de Felipe era -Salomé, hija de Herodías. (V. Jos., _Ant._, XVIII, V, 1 y 4.) - -[294] Jos., _Ant._, IV, 2. - -[295] Jos., _Ant._, XVIII, VII, 1, 2; _B. J._, II, IX, 6. - -[296] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1. - -[297] Hoy dia, Mkaur, en el ouadi Zerka Main. Ese lugar no ha sido -visitado desde Seetzen. - -[298] Jos., _De Bell. Jud._, VII, VI, 1 y sig. - -[299] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1. - -[300] _Levit._, XVIII, 16. - -[301] Jos., _Ant._, XV, VII, 10. - -[302] Math., XIV, 4; Marc., VI, 19; Luc., III, 19. - -[303] Jos., _Ant._, XVIII, V, 2. - -[304] Math., XIV, 5. - -[305] Marc., VI, 20. Yo leo ἠπόρει, y no ἐποίει. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO VII - -[306] Tobías, VIII, 3; Luc., XI, 24. - -[307] Math., IV, 1 y sig.; Marc., I, 12, 13; Luc., IV, 1 y sig. La -semejanza sorprendente de estas narraciones con las leyendas análogas -del _Vendidad_ (frag. XIX) y del _Lalitavistara_ (cap. XVII, XVIII, -XXI) induce á no ver en todo ello sino un puro mito. Pero la narracion -pobre y concisa de Márcos, representando evidentemente la redaccion -primitiva, supone un hecho efectivo, que más tarde produjo el tema de -los desarrollos legendarios. - -[308] Math., IV, 12; Marc., I, 14; Luc., IV, 14; Juan, IV, 3. - -[309] Math., VII, 29; Marc., I, 22; Luc., IV, 32. - -[310] Marc., I, 14-15. - -[311] Marc., XV, 43. - -[312] Juan, XII, 31; XIV, 30; XVI, 11. Comp. II Cor., IV, 4; Eph., II, -2. - -[313] Juan, I, 10; VII, 7; XIV, 17, 22, 27; XV, 18 y sig.; XVI, 8, 20, -33; XVII, 9, 14, 16, 25. La significacion de la palabra «mundo» está -particularmente caracterizada en los escritos de Pablo y de Juan. - -[314] Math., XIX, 30; XX, 16; Marc., X, 31; Luc., XIII, 30. - -[315] Math., XIII, 24 y sig. - -[316] Math., XIII, 47 y sig. - -[317] Math., XIII, 31 y sig.; Marc., IV, 31 y sig.; Luc., XIII, 19 y -sig. - -[318] Math., XIII, 33; Luc., XIII, 21. - -[319] Math., XIII entero; XVIII, 23 y sig.; Luc., XIII, 18 y sig. - -[320] Math., XXII, 30. - -[321] Ἀποκατάστασις πάντων. _Hech._, III, 21. - -[322] Math., XVII, 23-26; XXII, 16-22. - -[323] Juan, VI, 15. - -[324] Stobeo, _Florilegium_, cap. LXII, LXXVII, LXXXVI y sig. - -[325] Juan, VIII, 32 y sig. - -[326] _Hech._, III, 21. - -[327] _Apocal._, XXI, 1, 2, 5. - -[328] Las sectas miliarias de Inglaterra ofrecen el mismo contraste, -esto es, la creencia en un próximo fin del mundo, y sin embargo, tienen -un raro buen sentido en la práctica de la vida, una inteligencia -extraordinaria para los negocios del comercio y de la industria. - -[329] Math., X, 17-18; Luc., XII, 11. - -[330] Math., V, 10 y sig.; X entero; Luc., VI, 22 y sig.; Juan, XV, 18 -y sig.; XVI, 2 y sig., 20, 23; XVII, 14. - -[331] Luc., XVI, 15. - -[332] Math., V, 3, 10; XVIII, 3; XIX, 14, 23-24; XXI, 31; XXII, 2 y -sig.; Marc., X, 14-15, 23-25; Luc., IV, 18 y sig.; VI, 20; XVIII, -16-17, 24-25. - -[333] Math., XI, 5. - -[334] Juan, XV, 19; XVII, 14, 16. - -[335] Véase el cap. XVII de San Juan, el cual expresa, si no un -discurso verdadero pronunciado por Jesús, al ménos un sentimiento -profundamente arraigado en sus discípulos, que sin duda procedia de -Jesús. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO VIII - -[336] Luc., III, 23; evangelio de los Ebionim, en Epif., _Adv. hær._ -XXX, 13. - -[337] Juan, I, 37 y sig. - -[338] Ezeq., I, 5, 26 y sig. - -[339] Daniel, VII, 13-14. Comp. VIII, 15; X, 16. - -[340] En Juan, XII, 34, los judíos no parecen al corriente del sentido -de esta palabra. - -[341] Libro de Henoch, XLVI, 1, 2, 3; XLVIII, 2, 3; LXII, 9, 14; LXX, -1 (division de Dillmann); Math., X, 23; XIII, 41; XVI, 27-28; XIX, 28; -XXIV, 27, 30, 37, 39, 44; XXV, 31; XXVI, 64; Marc. XIII, 26; XIV, 62; -Luc., XII, 40; XVII, 24, 26, 30; XXI, 27, 36; XXII, 69; _Hech._, VII, -55. Pero el pasaje más significativo es: Juan, V, 27; semejante al -_Apocal._, I, 13; XIV, 14. La expresion «Hijo de la mujer» en lugar de -Mesías se encuentra una vez en el libro de Henoch, LXII, 5. - -[342] Juan, V, 22, 27. - -[343] Esta denominacion aparece ochenta y tres veces en los evangelios, -y siempre en los discursos de Jesús. - -[344] Verdad es que Tell-Hum, que ordinariamente se identifica con -Capharnahum, ofrece algunos vestigios de hermosos monumentos. Pero esta -identificacion es dudosa, y dichos monumentos son del siglo segundo y -tercero despues de Jesús. - -[345] Math., IX, 1; Marc., II, 1. - -[346] Math., XIII, 54 y sig.; Marc., VI, 1 y sig.; Luc., IV, 16 y sig., -23 y 24; Juan, IV, 44. - -[347] Marc., VI, 5; Math., XII, 58; Luc., IV, 23. - -[348] Math., XIII, 57; Marc., VI, 4; Juan, VII, 3 y sig. - -[349] Luc. IV, 29. Probablemente se trata aquí de la roca á pico -que está muy cerca de Nazareth, encima de la iglesia actual de los -Maronitas, y no del pretendido _monte de la precipitacion_, distante -media legua de Nazareth. V. Robinson, II, 335 y sig. - -[350] Math., IV, 13; Luc., IV, 31. - -[351] En Tell-Hum, Irbid (Arbela), Meiron (Mero), Jisch (Giscala), -Kasyoun, Nabartein, dos en Kefr-Bereim. - -[352] No osaré aún decidir nada respecto á la edad de esos monumentos, -ni afirmar por consiguiente que Jesús enseñase en alguno de ellos. En -una hipótesis semejante, ¡cuán grande interes no ofreceria la sinagoga -de Tell-Hum! Me parece la más antigua de todas la gran sinagoga de -Kefr-Bereim, cuyo estilo es bastante puro. La de Kasyoun tiene una -inscripcion griega del tiempo de Séptimo Severo. La importancia del -judaismo en la alta Galilea, despues de la guerra de los romanos, hace -creer que muchos de esos edificios no se remontan más allá del siglo -tercero, época en la cual Tiberiade llegó á ser una especie de capital -del judaismo. - -[353] II Esdras, VIII, 4; Math., XXIII, 6; Epist. Sant., II, 3; -Mischna, _Megilla_, III, 1; _Rosch hasschana_, IV, 7, etc. Véase sobre -todo la curiosa descripcion de la sinagoga de Alejandría en el Talmud -de Babil., _Sukka_, 51 _b_. - -[354] Filon, citado en Eusebio, _Præp. evang._ VIII, 7, y _Quod omnis -probus liber_, § 12; Luc., IV, 16; _Hech._, XIII, 15; XV, 21; Mischna, -_Megilla_, III, 4 y sig. - -[355] Διάκονος. Marc., V, 22, 35 y sig.; Luc., IV, 20; VII, 3; VIII, -41, 49; XIII, 14; _Hech._, XIII, 15; XVIII, 8, 17; _Apoc._, II, 1; -Mischna, _Joma_, VII, 1; _Rosch hasschana_, IV, 9; Talm. de Jerus., -_Sanhedrin_, I, 7; Epif., _Adv. hær._, XXX, 4, 11. - -[356] Math., V, 25; X, 17; XXIII, 34; Marc., XIII, 9; Luc., XII, 11; -XXI, 12; _Hech._, XXII, 19; XXVI, 11; _II Cor._, XI, 24; Mischna, -_Maccoth_, III, 12; Talm. de Babil., _Megilla_, 7 _b_; Epif., _Adv. -hær._, XXX, 11. - -[357] Math., XXIII, 6; Epist. Sant., II, 3; Talm. de Babil., _Sukka_, -51 _b_. - -[358] Math., IV, 23; IX, 35; Marc., I, 21, 39; VI, 2; Luc., IV, 15, 16, -31, 44; XIII, 10; Juan, XVIII, 20. - -[359] Luc., IV, 16 y sig. Comp. Mischna, _Joma_, VII, 1. - -[360] Math., VII, 28; XIII, 54; Marc., I, 22; VI, 1; Luc., IV, 22, 32. - -[361] La antigua Kinnereth habia desaparecido ó cambiado de nombre. - -[362] Estaba muy cerca de Tiberiade, Talm. de Jerus., _Maasaroth_, III, -1; _Schebiit_, IX, 1; _Erubin_, V, 7. - -[363] Marc., VIII, 10. Comp. Math., XV, 39. - -[364] En el lugar nombrado _Khorazi_ ó _Bir-Kerazeh_, más allá de -Tell-Hum. - -[365] La antigua hipótesis que identificaba á Tell-Hum con Capharnahum, -tiene aún numerosos defensores. El mejor argumento en favor de ella -es el nombre mismo de _Tell-Hum_. _Tell_ entra en la composicion del -nombre de várias aldeas, y pudo muy bien reemplazar á _Caphar_. Por -otra parte, es imposible encontrar cerca de Tell-Hum una fuente que -corresponda á lo que dice Josefo (_B. J._, III, X, 8). La fuente de -Capharnahum parece ser Ain-Medawara; pero Ain-Medawara está á la -distancia de media legua del lago, miéntras que Capharnahum era una -ciudad de pescadores sobre la orilla misma del mar (Math., IV, 13; -Juan, VI, 17). Respecto á Bethsaida, la incertidumbre es todavía mayor; -porque la hipótesis muy generalmente admitida de dos Bethsaidas, una -sobre la orilla occidental, otra sobre la orilla oriental del lago, -distantes una de otra cosa de tres leguas, tiene algo de raro. - -[366] La depresion del mar Muerto es del doble. Evaluacion del capitan -Lynch, que concuerda con la del Sr. de Berton. - -[367] Adopto la opinion del Sr. Thompson (_The land and the Book_, II, -34 y sig.), segun la cual la Gergesa de Matheo (VIII, 28), idéntica á -la ciudad cananea de _Girgasch_ (_Gen._, X, 16; XV, 21; _Deut._, VII, -1; _Josué_, XXIV, 11), pudiera ser el sitio nombrado ahora _Kersa_ ó -_Gersa_, sobre la orilla oriental, casi en frente de Magdala. Márcos -(V, 1) y Lúcas (VIII, 26) nombran _Gadara_ ó _Gerasa_ en lugar de -_Gergesa_. _Gerasa_ es del todo imposible, puesto que los evangelistas -dicen que la ciudad citada estaba cerca del lago y en frente de la -Galilea. Respecto á Gadara, hoy dia _Om-Keis_, á una hora y media del -lago y del Jordan, las particularidades locales suministradas por -Márcos y Lúcas no convienen con ella. Se comprende fácilmente que -_Gergesa_ se haya cambiado en _Gerasa_, nombre mucho más conocido, y -que despues _Gadara_ haya sido adoptada en razon de las dificultades -topográficas que ofrecia esa última lectura.--Oríg., _Comment. in -Joann._, VI, 24; X, 10; Eusebio y San Jerónimo, _De situ et nomin. loc. -heb._, á las voces Γεργεσά, Γεργάσει. - -[368] Math., XVI, 13; Marc., VIII, 27. - -[369] Math., XV, 21; Marc., VII, 24, 31. - -[370] Jos., _Ant._, XV, X, 3; _B. J._, I, XXI, 3; III, X, 7; Benjamin -de Tudela, p. 46, ed. Asher. - -[371] Jos., _Ant._, XV, X, 3. - -[372] Lucianus (ut fertur), _De dea Syria_, 3. - -[373] Los vestigios de la rica civilizacion pagana de aquel tiempo -cubren aún todo el Beled-Bescharrah, y particularmente las montañas que -forman el cabo Blanco y el cabo Nakoura. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO IX - -[374] Math., IV, 18; Luc., V, 44 y sig.; Juan, I, 44; XXI, 1 y sig.; -Jos., _B. J._, III, X, 7; Jacques de Vitri, en el _Gesta Dei per -Francos_, I, p. 1075. - -[375] Math., IX, 1; Marc., II, 1-2. - -[376] Juan, I, 44. - -[377] Math., VIII, 14; Marc., I, 30; Luc., IV, 38; _I Cor._, IX, 5; _I -Petr._, V, 13; Clem. Alej., _Strom._, III, 6; VII, 11; Pseud. Clem., -_Recogn._, VII, 25; Eusebio, _H. E._, III, 30. - -[378] Math., VIII, 14; XVII, 24; Marc., I, 29-31; Luc., IV, 38. - -[379] Juan, I, 40 y sig. - -[380] Math., IV, 18; Marc., I, 16; Luc., V, 3; Juan, XXI, 3. - -[381] Math., IV, 19; Marc., I, 17; Luc., V, 10. - -[382] Marc., I, 20; Luc., V, 10; VIII, 3; Juan, XIX, 27. - -[383] Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; XVI, 1. - -[384] Math., XXVII, 56-56; Marc., XV, 40-41; Luc. VII, 2-3; XXIII, 49. - -[385] Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2; Cf. _Tobías_, III, 8; VI, 14. - -[386] Luc., VIII, 3; XXIV, 10. - -[387] Luc., VIII, 3. - -[388] Juan, I, 44 y sig.; XXI, 2. Admito la identificacion de Nathanael -y del apóstol que figura en las listas bajo el nombre de _Bar-Tolomé_. - -[389] Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. - -[390] Traduccion griega de Tomás. - -[391] Juan, XI, 16; XX, 24 y sig. - -[392] Math., X, 4; Marc., III, 18; Luc., VI, 15; _Hech._, I, 13; Evang. -de los Ebion., en Epif., _Adv. hær._, XXX, 13. - -[393] Hoy dia _Kuryetein_ ó _Kereitein_. - -[394] La circunstancia relatada por Juan, XIX, 25-27, parece suponer -que en ninguna época de la vida pública de Jesús se adhirieron á él sus -propios hermanos. - -[395] Math., XXVII, 56; Marc., XV, 40; Juan, XIX, 25. - -[396] _Hech._, I, 14. Comp. Luc., I, 28; II, 35, implican ya una gran -consideracion respecto á María. - -[397] Juan, XIX, 25 y sig. - -[398] Marc., III, 17; IX, 37 y sig.; X, 35 y sig.; Luc., IX, 49 y sig., -54 y sig. - -[399] Juan, XIII, 23; XVIII, 15 y sig.; XIX, 26-27; XX, 2, 4; XXI, 7, -20 y sig. - -[400] Math., XVII, 1; XXVI, 37; Marc., V, 37; IX, 1; XIII, 3; XIV, -33; Luc. IX, 28. La idea de que Jesús habia comunicado á esos tres -discípulos una gnósis ó doctrina secreta se entendió desde muy -temprano. Es cosa particular que Juan, en su evangelio, no haga mencion -ni una sola vez de Santiago, su hermano. - -[401] Math., IV, 18-22; Luc., V, 10; Juan, XXI, 2 y sig. - -[402] Math., XVI, 28; XIV, 22; Marc., VIII, 32 y sig. - -[403] Parece haber vivido hasta el año 100. Véase su evangelio, XXI, -15-23, y las antiguas autoridades recogidas por Eusebio, _H. E._, III, -20, 23. - -[404] Segun las epístolas, que seguramente emanan del autor del cuarto -evangelio. - -[405] No pretendemos, sin embargo, decidir si el Apocalípsis es de Juan. - -[406] La tradicion vulgar me parece bastante justificada sobre este -punto. Por lo demás, es indudable que la escuela de Juan retocó su -evangelio despues de él (véase todo el cap. XXI). - -[407] Math., XVIII, 4; XX, 25-26; XXIII, 8-12; Marc., IX, 34; X, 42-46. - -[408] Luc., V, 3. - -[409] Math., XVII, 23. - -[410] Math., XVI, 16-17. - -[411] Juan, VI, 68-70. - -[412] Math., X, 2; Luc., XXII, 32; Juan, XXI, 15 y sig.; _Hech._, I, -II, V, etc.; _Gal._, I, 18; II, 7-8. - -[413] Math., XVI, 18; Juan, I, 42. - -[414] Math., XVI, 19. Verdad es que tambien se concedió (Math. XVIII, -18) el mismo poder á todos los apóstoles. - -[415] Math., XVIII, 1 y sig.; Marc., IX, 33; Luc., IX, 46; XXII, 30. - -[416] Math., XX, 20 y sig.; Marc., X, 35 y sig. - -[417] Marc., X, 41. - -[418] Juan, XVIII, 15 y sig.; XIX, 26-27; XX, 2 y sig.; XXI, 7, 21. -Comp. I, 35 y sig., donde el discípulo innominado debe ser Juan. - -[419] Math., IX, 9; X, 3; Marc., II, 14; III, 18; Luc., V, 27; VI, 15; -_Hech._, I, 13. Evang. de los Ebionim, en Epif., _Adv. hær._, XXX, 13. -Preciso es suponer, aunque el caso parezca raro, que esos dos nombres -se aplicaron al mismo personaje. La narracion _Math._, IX, 9, concebida -segun el modelo frecuente de las leyendas de vocaciones de apóstol, -tiene, es verdad, algo de vago, y no pudo haber sido escrita por el -apóstol mismo de quien se trata. Necesario es recordar que, en el -evangelio actual de Matheo, la única parte que pertenece al apóstol son -los Discursos de Jesús. (V. Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39.) - -[420] Ciceron, _De provinc. consular._, 5; _Pro Plancio_, 9; Tác., -_Ann._, IV, 6; Plinio, _Hist. nat._, XII, 32; Apiano, _Bell. civ._, II, -13. - -[421] Fué célebre hasta la época de las Cruzadas bajo el nombre de _Via -maris_.--Isaías, IX, 1; Math., IV, 13-15; _Tobías_, I, 1. Creo que el -camino tallado en la roca, cerca de Ain-et-Tin, formaba parte de él, y -que desde allí se dirigia hácia el _puente de las hijas de Jacob_, como -sucede hoy dia. Una parte de la ruta desde Ain-et-Tin hasta el puente -es de construccion antigua. - -[422] Math., IX, 9 y sig. - -[423] Math., V, 46-47; IX, 10, 11; XI, 19; XVIII, 17; XXI, 31-32; -Marc., II, 15-16; Luc., V, 30; VII, 34; XV, 1; XVIII, 11; XIX, 7; -Luciano, _Necyomant._, II; Dio Chrys., orat. IV, p. 85; orat. XIV, p. -269; Mischna, _Nedarim_, III, 4. - -[424] Mischna, _Baba Kama_, X, 1; Talm. de Jerus., _Demai_, II, 3; -Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 25 _b_. - -[425] Luc., V, 29 y sig. - -[426] Juan, I, 48 y sig. - -[427] Juan, I, 42. - -[428] Juan, IV, 17 y sig. - -[429] Math., XVII, 3; Marc., IX, 3; Luc., IX, 30-31. - -[430] Math., IV, 11; Marc., I, 13. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO X - -[431] Math., XIV, 26; Marc., VI, 49; Luc., XXIV, 39; Juan, VI, 19. - -[432] Juan, I, 51. - -[433] Math., XIII, 1-2; Marc., III, 9; IV, 1; Luc., V, 3. - -[434] Math., V, 3-10; Luc., VI, 20-25. - -[435] Llamados las Λόγια κυριακά. Papias, en Euseb., _H. E._, III, 39. - -[436] El apólogo, tal cual le hallamos _Jueces_, IX, 8 y sig.; _II -Sam._, XII, 1 y sig., tiene solamente una semejanza de forma con -la parábola evangélica. La profunda originalidad de ésta nace del -sentimiento que la llena. - -[437] Segun la leccion de Lachmann y Tischendorf. - -[438] Math., VI, 19-21, 24-34; Luc., XII, 22-31, 33-34; XVI, 13. Comp. -los preceptos _Luc._, X, 7-8, llenos del mismo sentimiento ingenuo, con -Talm. de Babil., _Sota_, 48 _b_. - -[439] Math., XIII, 22; Marc., IV, 19; Luc., VIII, 14. - -[440] Math., VI, 11; Luc., XI, 3. Significacion de la palabra ἐπιούσιος. - -[441] Luc., XII, 33-34. - -[442] Luc., XII, 20. - -[443] Luc., XII, 16 y sig. - -[444] Jos., _Ant._ XVII, X, 4 y sig.; _Vita_, 11, etc. - -[445] _Hech._, IV, 32, 34-37; V, 1 y sig. - -[446] Math., XIII, 22; Luc., XII, 15 y sig. - -[447] Math., XIX, 21; Marc., X, 21 y sig., 29-30; Luc., XVIII, 22-23, -28. - -[448] Math., XIII, 44-46. - -[449] Juan, XII, 6. - -[450] Luc., XVI, 1-14. - -[451] Véase el texto griego. - -[452] Luc., XVI, 19-25. Lúcas tiene una tendencia de comunismo muy -marcada (Comp. VI, 20-21, 25-26), y yo creo que exageró ese pormenor de -la enseñanza de Jesús. Los rasgos de las Λόγια de Matheo son bastante -significativos. - -[453] Math., XIX, 24; Marc., X, 25; Luc., XVIII, 25. Esta locucion -proverbial vuelve á hallarse en Talmud (Babil., _Berakoth_, 55 _b_; -_Baba metsia_, 38 _b_) y en el Alcoran (Sur. VII, 38). Orígenes, así -como los intérpretes griegos, ignorando el proverbio semítico, tradujo -maroma (κάμιλος). - -[454] Math., XIII, 22. - -[455] Salm. CXXXII, 3. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XI - -[456] Math., XXII, 2 y sig.; Luc., XIV, 16 y sig.; Comp. Math., VIII, -11-12; XXI, 33 y sig. - -[457] Luc., VI, 24-25. - -[458] Luc., XIV, 12-14. - -[459] Palabra conservada por una tradicion muy antigua y muy usada. -Clem. de Alej., _Strom._, I, 28. Se encuentra de nuevo en Orígenes, San -Jerónimo y en un gran número de Padres de la Iglesia. - -[460] Prov., XIX, 17. - -[461] Véase particularmente á Amós, II, 6; Isa., LXIII, 9; Salm. XXV, -9; XXXVII, 11; LXIX, 33, y generalmente los diccionarios hebreos en las -voces: - - אביון, דל, עני, ענו, חסיד, עשיר, הוללים, עריץ. - -[462] _Henoch_, cap. LXII, LXIII, XCVII, C, CIV. - -[463] _Henoch_, cap. XLVI, 4-8. - -[464] _Henoch_, cap. XCIX, 13, 14. - -[465] Julio Afric. en Eusebio, _H. E._, I, 7; Eus., _De situ et nom. -loc. heb._, en la voz Χωβά; Oríg., _Contra Celso_, II, 1; V, 61; Epif., -_Adv. hær._, XXIX, 7, 9; XXX, 2, 18. - -[466] Orígenes, _Contra Celso_, II, 1; _De principiis_, IV, 22; -Comp. Epif., _Adv. hær._, XXX, 17. Ireneo, Orígenes, Eusebio, las -constituciones apostólicas ignoran la existencia de semejante -personaje. El autor de _Philosophumena_ parece estar incierto (VII, 34, -35; X, 22, 23). Tertuliano y Epifanio son los que propalaron la fábula -de un _Ebion_. Por lo demás, todos los padres están de acuerdo sobre la -etimología: Ἐβίων = πτωχός. - -[467] Epif., _Adv. hær._, XIX, XXIX, XXX, particularmente XXIX, 9. - -[468] Math., XI, 5; Luc., VI, 20-21. - -[469] Math., IX, 36; Marc., VI, 34. - -[470] Math., IX, 10 y sig.; Luc., XV, entero. - -[471] Math., IX, 11; Marc., II, 16; Luc., V, 30. - -[472] Math., IX, 12. - -[473] Luc., XV, 4 y sig. - -[474] Math., XVIII, 11; Luc., XIX, 10. - -[475] Math., IX, 13. - -[476] Luc., VII, 36 y sig. Lúcas, á quien gusta consignar todo lo que -tiene relacion con el perdon de pecadores (Comp. X, 30 y sig.; XV -entero; XVII, 16 y sig.; XIX, 2 y sig.; XXIII, 39-43), compuso esa -narracion con los rasgos de otra historia, la de la uncion de los -piés, que tuvo lugar en Bethania, algunos dias ántes de la muerte de -Jesús. Pero el perdon de la pecadora era ciertamente uno de los rasgos -esenciales de la vida anecdótica de Jesús.--Juan, VIII, 3 y sig.; -Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. - -[477] Luc., XIX, 2 y sig. - -[478] Math., XXI, 31-32. - -[479] Math., XXV, 1 y sig. - -[480] Marc., II, 18; Luc. V, 33. - -[481] Math., IX, 14 y sig.; Marc., II, 18 y sig.; Luc., V, 33 y sig. - -[482] Math., XI, 16 y sig.; Luc., VII, 34 y sig. Refran que significa: -«La opinion de los hombres es ciega. La sabiduría de las obras de Dios -se divulga por sí misma.» Leo ἔργων, como se halla en el manuscrito B. -del Vaticano, y no τέκνων. - -[483] Math., XXI, 7-8. - -[484] Math., XIX, 13 y sig.; Marc., IX, 35; X, 13 y sig.; Luc., XVII, -15-16. - -[485] _Ibid._ - -[486] Math., XXVI, 7 y sig.; Marc., XIV, 3 y sig.; Luc., VII, 37 y sig. - -[487] Evangelio de Marcion, adicion al v. 2 del cap. XXIII de Lúcas -(Epif., _Adv. hær._, XLII, 11). Si las supresiones de Marcion no tienen -valor crítico, no sucede lo mismo con sus adiciones cuando dimanan, no -de propósito fijo, sino del estado de los manuscritos de que hacia uso. - -[488] Grito proferido durante la procesion de la fiesta de los -Tabernáculos, agitando ramas de palmera. Mischna, _Sukka_, III, 9. Esta -costumbre existe todavía entre los Israelitas. - -[489] Math., XI, 15-16. - -[490] Math., XVIII, 5, 10, 14; Luc., XVII, 2. - -[491] Math., XIX, 14; Marc., X, 14; Luc., XVIII, 16. - -[492] Math., XVIII, 1 y sig.; Marc., IX, 33 y sig.; Luc., IX, 46. - -[493] Marc., X, 15. - -[494] Math., XXI, 25; Luc., X, 21. - -[495] Math., X, 42; XVIII, 5, 14; Marc., IX, 36; Luc., XVII, 2. - -[496] Math., XVIII, 4; Marc., IX, 33-36; Luc., IX, 46-48. - -[497] Luc., XXII, 30. - -[498] Marc., X, 37, 40-41. - -[499] Luc., XXIII, 43; _II Cor._, XII, 4. Comp. _Carm. Sibyll._, prœm., -76; Talm. de Babil., _Chagiga_, 14 _b_. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XII - -[500] Math., XI, 2 y sig.; Luc., VII, 18 y sig. - -[501] Math., IX, 14 y sig. - -[502] Math., XIV, 4 y sig.; Marc., VI, 18 y sig.; Luc., III, 19. - -[503] Jos., _De bello Jud._, VII, VI, 2. - -[504] Math., XIV, 3 y sig.; Marc., VI, 14-29; Jos., _Ant._, XVIII, V, 2. - -[505] Jos., _Ant._, XVIII, V, 1-2. - -[506] Math., XIV, 12. - -[507] Math., XIV, 13. - -[508] Math., XIV, 15 y sig.; Marc., VI, 35 y sig.; Luc., IX, 11; Juan, -VI, 2 y sig. - -[509] Math., XI, 7 y sig.; Luc., VII, 24 y sig. - -[510] Math., XI, 12-13; Luc., XVI, 16. - -[511] Malaquías, III y IV; _Eccles._, XLVIII, 10. - -[512] Math., XI, 14; XVII, 10; Marc., VI, 15; VIII, 28; IX, 10 y sig.; -Luc., IX, 8, 19. - -[513] Math., XVI, 14. - -[514] II Macab., XV, 13 y sig. - -[515] Textos citados por Anquetil-Duperron, _Zend-Avesta_, I, 2.ª -part., p. 46, rectificados por Spiegel, en la _Zeitschrift der -Deutschen Morgenländischen Gesellschaft_, I, 261 y sig.; extractos -del _Jamasp-Nameh_, en el _Avesta_ de Spiegel, I, p. 34. Ninguno de -los textos parsis que implican verdaderamente la idea de profetas -resucitados y precursores tienen antigüedad; pero las ideas contenidas -en esos textos parecen muy anteriores á la época de su redaccion. - -[516] _Apoc._, XI, 3 y sig. - -[517] Marc., IX, 10. - -[518] Math., XI, 14; XVII, 10-13; Marc., VI, 15; IX, 10-12; Luc., IX, -8; Juan, I, 21-25. - -[519] Luc., I, 17. - -[520] Math., XXI, 32; Luc., VI, 29-30. - -[521] _Hech._, XIX, 4. - -[522] Luc., I. - -[523] Math., III, 14 y sig.; Luc., III, 16; Juan, I, 15 y sig.; V, 32, -33. - -[524] Math., XI, 2 y sig.; Luc., VII, 18 y sig. - -[525] _Hech._, XVIII, 25; XIX, 1-5.--Epif., _Adv. hær._, XXX, 16. - -[526] ¿Sería pues el Bunai que el Talmud incluye (Bab., _Sanhedrin_, 43 -_a_) en el número de los discípulos de Jesús? - -[527] Hegesip., en Eusebio, _H. E._, II, 23. - -[528] _Evang._, I, 26, 33; IV, 2, _I Epist._, V, 6.--_Hech._, X, 47. - -[529] La palabra _Sabiens_ es el equivalente arameo de la palabra -«Bautistas.» _Mogtasila_ tiene en árabe el mismo significado. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XIII - -[530] Sin embargo, los sinópticos aluden vagamente á esos viajes -(Math., XXIII, 37; Luc., XIII, 34). Conocen tan bien como Juan la -relacion de Jesús con José de Arimathea. El mismo Lúcas (X, 38-42) -conoce la familia de Bethania. Lúcas (IX, 51-54) tiene un conocimiento -vago del sistema del cuarto evangelio respecto á los viajes de Jesús. -Algunos discursos contra los Fariseos y los Saduceos, colocados por -los sinópticos en Galilea, no pueden tener sentido si no se colocan en -Jerusalen. Por último, el espacio de ocho dias es demasiado corto para -explicar todo lo que pasó en aquella ciudad desde la llegada de Jesús -hasta su muerte. - -[531] Dos peregrinaciones están claramente designadas (Juan, II, 13; -V, 1), sin contar el último viaje (VII, 10), despues del cual Jesús -no volvió más á Galilea. El primero se habia efectuado cuando Juan -bautizaba aún. Por consiguiente, perteneceria á la pascua del año 29. -Pero las circunstancias que se refieren como de ese viaje son de una -época más avanzada (Comp. Juan, II, 14 y sig.; y Math., XXI, 12-13; -Marc., XI, 15-17; Luc., XIX, 45-46). Evidentemente hay trasposiciones -de fechas en estos capítulos de Juan, ó más bien habrá mezclado el -autor las circunstancias de distintos viajes. - -[532] Puede juzgarse por el del Talmud, eco de la escolástica judía de -aquel tiempo. - -[533] Salm. LXXXIV (vulg. LXXXIII), 11. - -[534] Math., XXVI, 73; Marc., XIV, 70; _Hech._, II, 7; Talm. de Babil., -_Erubin_, 53 _a_ y sig.; Bereschith rabba, 26 _c_. - -[535] Juan, VII, 52. - -[536] Isa., IX, 1-2; Math., IV, 13 y sig. - -[537] Juan, I, 46. - -[538] Sepulcros llamados de los Jueces, de los Reyes, de Absalon, de -Zacarías, de Josaphat, de Santiago. Comp. la descripcion del sepulcro -de los Macabeos en Modin (_I Mac._, XIII, 27 y sig.). - -[539] Math., XXIII, 27, 29; XXIV, 1 y sig.; Marc., XIII, 1 y sig.; -Luc., XIX, 44; XXI, 5 y sig. Comp. _Libro de Henoch_, XCVII, 13-14. -Talm. de Babil., _Schabbath_, 33 _b_. - -[540] Jos., _Ant._, XV, XI, 5, 6. - -[541] Jos., _Ant._, XX, IX, 7; Juan, II, 20. - -[542] Math. XXIV, 2; XXVI, 61; XXVII, 40; Marc., XIII, 2; XIV, 58; XV, -29; Luc., XXI, 6; Juan, II, 19-20. - -[543] Es indudable que el templo y su recinto ocuparon el sitio de la -Mezquita de Omar y del _haram_, ó Patio Sagrado que rodea la Mezquita. -El terraplen del haram en algunas de sus partes, y particularmente -donde van á llorar los judíos, forma el basamento del templo de Heródes. - -[544] Luc., II, 46 y sig.; Mischna, _Sanhedrin_, X, 2. - -[545] Suet., _Aug._, 93. - -[546] Filon, _Legatio ad Caium_, § 31; Jos., _B. J._, V, V, 2; VI, II, -4; _Hech._, XXI, 28. - -[547] Todavía se ven en la parte septentrional del haram vestigios -considerables de la torre Antonia. - -[548] Mischna, _Berakoth_, IX, 5; Talm. de Babil., _Jebamoth_, 6 _b_; -Marc., XI, 16. - -[549] Jos., _B. J._, II, XIV, 3; VI, XI, 3. Comp. Salm. CXXXIII (Vulg. -CXXXII). - -[550] Marc., XI, 16. - -[551] Math., XXI, 12 y sig.; Marc., XI, 15 y sig.; Luc., XIX, 45 y -sig.; Juan, II, 14 y sig. - -[552] _Itin. a Burdig. Hierus._, p. 152 (ed. Schott); San Jerónimo, en -Is. II, 8, y en Math., XXIV, IV, 15. - -[553] Ammiano Marcelino, XXIII, 1. - -[554] Eutiquio, _Ann._, II, 286 y sig. (Oxford, 1659). - -[555] Jos., _Ant._, XI, III, 1, 3. - -[556] Jos., _Ant._, XVIII, II. - -[557] _Hech._, IV, 1 y sig.; V, 17; Jos., _Ant._, XX, IX, 1; _Pirké -Aboth_, I, 10. - -[558] Jos., _Ant._, XV, IX, 3; XVII, VI, 4; XIII, 1; XVIII, I, 1; II, -1; XIX, VI, 2; VIII, 1. - -[559] Este nombre no se halla más que en los documentos judíos. Creo -que los «Herodianos» del evangelio han de ser los _Boethusim_. - -[560] Tratado _Aboth Nathan_, 5; _Soferim_, III, hal. 5; Mischna, -_Menachoth_, X, 3; Talm. de Babil., _Schabbath_, 118 _a_. El nombre de -los _Boethusim_ se cambia muchas veces en los libros talmúdicos con el -de saduceos, ó bien con la voz _Minim_ (heréticos). Comp. Thosiphta -_Joma_, 1, con el Talm. de Jer., igual tratado, I, 5, y Talm. de -Babil., igual tratado, 19 _b_; Thos. _Sukka_, III, con el Talm. de -Babil., igual tratado. Thos. _Menachoth_, X, con Mischna, X, 3, etc. - -[561] Parece que se trata de él en el Talmud. Talm. de Babil., -_Taanith_, 20 _a_; _Gittin_, 56 _a_; _Kethuboth_, 66 _b_; tratado -_Aboth Nathan_, VII; Midrasch rabba, _Eka_, 64 _a_. El pasaje _Taanith_ -le identifica con Bunai, el cual segun _Sanhedrin_ era discípulo de -Jesús. Pero si Bunai es el Banú de Josefo, esa semejanza no tiene valor -ninguno. - -[562] Juan, III, 1 y sig.; VII, 50. Es de creer que el texto mismo de -la plática no es más que una creacion de Juan. - -[563] Juan, VII, 50 y sig. - -[564] Juan, XIX, 39. - -[565] Mischna, _Baba metsia_, V, 8; Talm. de Babil., _Sota_, 49 _b_. - -[566] Talm. de Jer., _Berakoth_, IX, 2. - -[567] _Hech._, V, 34 y sig. - -[568] _Hech._, XXII, 3. - -[569] _Orac. sib._, I, III, 573 y sig.; 756-58. Comp. el Targum de -Jonathan, ls., XII, 3. - -[570] Luc., XVI, 16. El pasaje de Matheo, XI, 12-13, tiene ménos -claridad, mas no puede tomarse en otro sentido. - -[571] Math., V, 17-18 (Talm. de Babil., _Schabbath_, 116 _b_); no -es contradictorio este pasaje con aquellos en que está implicada la -abolicion de la Ley. Significa solamente que todas las imágenes del -Antiguo Testamento se cumplieron en Jesús.--Luc., XVI, 17. - -[572] Luc., V, 36 y sig. - -[573] Luc., XIX, 9. - -[574] Math., XXIV, 14; XXVIII, 19; Marc., XIII, 10; XVI, 15; Luc., -XXIV, 47. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XIV - -[575] Math., XV, 9. - -[576] Math., IX, 14; XI, 19. - -[577] Math., V, 23 y sig.; IX, 13; XII, 7. - -[578] Math., XXII, 37 y sig.; Marc., XII, 28 y sig.; Luc., X, 25 y sig. - -[579] Math., III, 15; _I Cor._, I, 17. - -[580] Math., VII, 21; Luc. VI, 46. - -[581] Math., XV, 8; Marc., VII, 6;--Isa., XXIX, 13. - -[582] Véase particularmente el tratado _Schabbath_ de la _Mischna_ y el -_libro de los Jubileos_ (traducido del etiope en los _Jahrbücher_ de -Ewald, años 2 y 3), C. L. - -[583] Jos., _B. J._, VII, V, 1; Plinio, _H. N._, XXXI, 18.--Thompson, -_The land and the Book_, I, 406 y sig. - -[584] Math., XII, 1-14; Marc., II, 23-28; Luc., VI, 1-5; XIII, 14 y -sig.; XIV, 1 y sig. - -[585] Math., XII, 34; XV, 1 y sig., 12 y sig.; XXIII entero; Marc., -VII, 1 y sig., 15 y sig.; Luc., VI, 45; XI, 39 y sig. - -[586] Creo que los paganos de Galilea se hallaban particularmente en -las fronteras, en Kadés, por ejemplo; pero que, á excepcion de la -ciudad de Tiberiade, todo el interior del país era judío. La línea -donde acaban las ruinas de templos y donde principian las ruinas de -sinagogas está hoy dia claramente marcada á la altura del lago Huleh -(Samachonitis). Los vestigios de escultura pagana que algunos han -creido hallar en Tell-Hum son dudosos. La costa, y en particular la -ciudad de Acre, no formaban parte de la Galilea. - -[587] _Sabiduría_, cap. 13 y sig. - -[588] Math., XX, 25; Marc., X, 42; Luc., XXII, 25. - -[589] Math., VIII, 5 y sig.; XV, 22 y sig.; Marc., VII, 25 y sig.; -Luc., IV, 25 y sig. - -[590] Math., XXI, 41; Marc., XII, 9; Luc., XX, 16. - -[591] Isa., II, 2 y sig.; LX; Amós, IX, 11 y sig.; Jerem., III, 17; -Malach., I, 11; _Tobías_, XIII, 13 y sig. _Orac. sibyl._, III, 715 y -sig. Comp. Math., XXIV, 14; _Hech._, XV, 15 y sig. - -[592] Math., VIII, 11-12; XXI, 33 y sig.; XXII, 1 y sig. - -[593] Math., VII, 6; X, 5-6; XV, 24; XXI, 43. - -[594] Math., V, 46; VI, 7, 32; XVIII, 17; Luc., VI, 32 y sig.; XII, 30. - -[595] Math., XII, 30; Marc., IX, 39; Luc., IX, 50; XI, 23. - -[596] Josefo lo afirma de una manera formal. (_Ant._, XVIII, III, 3). -Comp. Juan, VII, 35; XII, 20-21. - -[597] Talm. de Jer., _Sota_, VII, 1. - -[598] Véase particularmente Juan, VII, 35; XII, 20; _Hech._, XIV, 1; -XVII, 4; XVIII, 4; XXI, 28. - -[599] Juan, XII, 20; _Hech._, VIII, 27. - -[600] Mischna, _Baba metsia_, IX, 12; Talm. de Babil., _Sanh._ 56 _b_; -_Hech._, VIII, 27; X, 2, 22, 35; XIII, 16, 26, 43, 50; XVI, 14; XVII, -4, 17; XVIII, 7; _Galat._, II, 3; Jos., _Ant._, XIV, VII, 2. - -[601] _Eccles._, L, 27-28; Juan, VIII, 48; Jos., _Ant._, IX, XIV, 3; -XI, VIII, 6; XII, V, 5; Talm. de Jer., _Aboda zara_, V, 4; _Pesachim_, -I, 1. - -[602] Math., X, 5; Luc., XVII, 18. Comp. Talm. de Babil., _Cholin_, 6 -_a_. - -[603] Math., X, 5-6. - -[604] Luc., IX, 53. - -[605] Luc., IX, 56. - -[606] Juan, IV, 39-43. - -[607] Luc., XVII, 16 y sig. - -[608] Luc., X, 30 y sig. - -[609] Hoy dia Napluse. - -[610] Luc., IX, 53; Juan, IV, 9. - -[611] Mischna, _Schebiit_, VIII, 10. - -[612] Jos., _Ant._, XX, V, 1; _B. J._, II, XII, 3; _Vita_, 52. - -[613] Juan, IV, 21-23. El versículo 22, á lo ménos el último párrafo -que expresa un pensamiento opuesto al de los versículos 21 y 23, -parece haber sido interpolado. No se debe insistir demasiado sobre la -realidad histórica de semejante plática, en razon á que sólo Jesús ó su -interlocutora pudieron relatarla. Pero la anécdota del cap. IV de Juan -representa ciertamente uno de los pensamientos más íntimos de Jesús, y -muchas circunstancias de la narracion tienen un carácter peculiar de -verdad. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XV - -[614] Las indecisiones de los discípulos inmediatos de Jesús, de los -cuales una fraccion numerosa permaneció adicta al judaismo, pudieran -dar lugar á algunas objeciones. Pero el proceso de Jesús no deja -ninguna duda. Veremos que en él fué tratado como «corruptor.» El -Talmud da el procedimiento seguido contra él, como ejemplo del que -se debe seguir contra los «corruptores» que quieren derribar la Ley -de Moisés (Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XIV, 16; Talm. de Babil., -_Sanhedrin_, 43 _a_, 67 _a_). - -[615] Math., XI, 12; Luc., XVI, 16. - -[616] Es verdad que algunos doctores, como Hillel, Gamaliel, se nos -presentan como pertenecientes á la raza de David. Pero son alegaciones -muy dudosas. Si la familia de David formaba un grupo distinto de cierta -notoriedad, ¿cómo es que en las grandes luchas del tiempo no se la -ve nunca figurar al lado de los Sadokitas, de los Boethuses, de los -Asmoneos, de los Heródes? - -[617] Math., II, 5-6; XXII, 42; Luc., I, 32; Juan, VII, 41-42; _Hech._, -II, 30. - -[618] Math., IX, 27; XII, 23; XV, 22; XX, 30-31; Marc., X, 47, 57; -Luc., XVIII, 38. - -[619] Math., I, 1 y sig.; Luc., III, 23 y sig. - -[620] Math., II, 1 y sig.; Luc., II, 1 y sig. - -[621] Las dos genealogías no concuerdan entre sí y se hallan poco -conformes con las listas del Antiguo Testamento. La narracion de Lúcas -sobre el empadronamiento de Quirino implica un anacronismo (véase -la nota 83 del cap. II). Natural era que la leyenda se apoderase de -esa circunstancia. Los empadronamientos sorprendian á los judíos, -trastornaban sus ideas mezquinas, y el recuerdo les duraba mucho -tiempo.--_Hech._, V, 37. - -[622] Supone Julio el Africano (en Eusebio, _H. E._, I, 7) que fueron -los parientes de Jesús los que, refugiados en la Batanea, ensayaron -recomponer las genealogías. - -[623] Los _Ebionim_, los «Hebreos», los «Nazarenos», Taciano, -Marcion.--Epif., _Adv. hær._, XXIX, 9; XXX, 3, 14; XLVI, 1; Teodoreto, -_Hæret. fab._, I, 20; Isidoro de Pelusio, _Epist._, I, 371, ad -Pansophium. - -[624] Math., I, 22-23. - -[625] Génesis, I, 2. Respecto á la idea análoga entre los egipcios, -véase Herodoto, III, 28; Pomp. Mela, I, 9; Plutarco, _Quæst. symp._, -VIII, I, 3; _de Isid. et Osir._, 43. - -[626] Math., I, 15, 23; Isa., VII, 14 y sig. - -[627] Math., II, 1 y sig. - -[628] Luc., II, 25 y sig. - -[629] La leyenda de la Degollacion de los Inocentes se refiere -probablemente á alguna crueldad cometida por Heródes en las cercanías -de Bethlehem. Comp. Jos., _Ant._, XIV, IX, 4. - -[630] Math., I y II; Luc., I y II; S. Justin, _Dial. cum Tryph._, 78, -106; _Protevang. de Santiago_ (apóc.), 18 y sig. - -[631] Ciertos pasajes, como _Hech._, II, 22, la desechan completamente. - -[632] Math., XIX, 17; Marc., X, 18; Luc., XVIII, 19. - -[633] Juan, V, 18 y sig.; X, 33 y sig. - -[634] Juan, XIV, 28. - -[635] Marc., XIII, 35. - -[636] Math., V, 9, 45; Luc., III, 38; VI, 35; XX, 36; Juan, I, 12-13; -X, 34-35. Comp. _Hech._, XVII, 28-29; _Rom._, VIII, 14, 19, 21; IX, -26; _II Cor._, VI, 18; _Galat._, III, 26, y en el antiguo testamento, -_Deuter._, XIV, 1, y particularmente _Sabiduría_, II, 13, 18. - -[637] Luc., XX, 36. - -[638] _Gen._, VI, 2; _Job._, I, 6; II, 1; XXVIII, 7; Sal. II, 7; -LXXXII, 6; _II Sam._, VII, 14. - -[639] El hijo del diablo (Math., XIII, 38; _Hech._, XIII, 10); los -hijos de este siglo (Marc., III, 17; Luc., XVI, 8; XX, 34); los hijos -de la luz (Luc., XVI, 8; Juan, XII, 36); los hijos de la resurreccion -(Luc., XX, 36); los hijos del reino (Math., VIII, 12; XIII, 38); los -hijos del esposo (Math., IX, 15; Marc., II, 19; Luc., V, 34); los hijos -de la gehenna (Math., XXIII, 15); los hijos de la paz (Luc., X, 6); -recordemos que el Júpiter del paganismo es πατὴρ ἀνδρῶν τε θεῶν τε. - -[640] Comp. _Hech._, XVII, 28. - -[641] Math., XVIII, 20; XXVIII, 20. - -[642] Juan, X, 30; XVII, 21. Véanse en general los últimos discursos -de Juan (cap. XVII), que expresan muy bien la naturaleza del estado -psicológico de Jesús, aunque no deban considerarse como verdaderos -documentos históricos. - -[643] Los pasajes en apoyo de estos títulos son demasiado numerosos -para ser citados. - -[644] Solamente en el evangelio de Juan se sirve Jesús de la expresion -de «Hijo de Dios» ó de «Hijo», como sinónimo del pronombre _yo_. - -[645] Math., XII, 8; Luc., VI, 5. - -[646] Math., XI, 27. - -[647] Juan, V, 22. - -[648] Math., XVII, 18-19; Luc., XVII, 6. - -[649] Math., IX, 8. - -[650] Math., IX, 2 y sig.; Marc., II, 5 y sig.; Luc., V, 20; VII, 47-48. - -[651] Math., XII, 41-42; XXII, 43 y sig.; Juan, VIII, 52 y sig. - -[652] Véase Juan, XIV y sig.; pero es dudoso que tengamos aquí la -enseñanza auténtica de Jesús. - -[653] Filon, citado en Eusebio, _Præp. evang._, VII, 13. - -[654] Filon, _De mig. Abraham_, § 1; _Quod Deus immut._, § 6; _De -confus. ling._, §§ 14, 28; _De profugis_, § 20; _De somniis_, I, § 37; -_De agric. Noe_, § 12; _Quis rerum divin. hæres_, § 25 y sig., 48 y -sig., etc. - -[655] Μετάθρονος, es decir, partícipe del trono de Dios; especie de -secretario divino, que lleva cuenta y razon de los méritos y deméritos; -_Bereschith Rabba_, V, 6 _c_; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 38 _b_; -_Chagiga_, 15 _a_; Targum de Jonathan, _Gen._, V, 24. - -[656] La teoría del Λόγος no contiene elementos griegos. Las semejanzas -que han querido darle con el _Honover_ de los Parsis no tienen -tampoco fundamento. El _Minokhired_ ó «Inteligencia divina» tiene -alguna analogía con el Λόγος judío (véanse los fragmentos del libro -intitulado _Minokhired_ en Spiegel, _Parsi-Gramatik_, p. 161-162). Pero -el desarrollo de la doctrina _Minokhired_ entre los Parsis es moderno -y puede implicar una influencia extranjera. La «Inteligencia divina» -(_Mainyu-Khratû_) figura en los libros zendos, mas no sirve de base -á una teoría; entra solamente en algunas invocaciones. Pueden tener -algun valor las analogías ensayadas entre la teoría alejandrina del -Verbo y algunos puntos de la teología egipcia. Pero nada indica que, -en los siglos que precedieron la era cristiana, recibiese el judaismo -palestino algunos elementos de Egipto. - -[657] _Hech._, VIII, 10. - -[658] _Sabiduría_, IX, 1-2; XVII, 12; Comp. VII, 12; VIII, 5 y sig.; IX -y generalmente, IX-XI. Estas prosopopeyas de la Sabiduría personificada -se encuentran en libros mucho más antiguos. _Prov._, VIII, IX; _Job._, -XXVIII. - -[659] Juan, Evang., I, 1-14; I Epist., V, 7; _Apocal._, XIX, 13. Se -notará que, en el evangelio de Juan, la palabra «Verbo» no aparece sino -en el prólogo y que jamás el narrador la coloca en boca de Jesús. - -[660] _Hech._, X, 42. - -[661] Math., XXVI, 64; Marc., XVI, 19; Luc., XXII, 69; _Hech._, VII, -55. Véase la nota 655. - -[662] Math., X, 5. Comparado con XXVIII, 19. - -[663] Math., 26, 39; Juan, XII, 27. - -[664] Marc., XIII, 32. - -[665] Math., XII, 14-16; XIV, 13; Marc., III, 6-7; IX, 29-30; Juan, -VII, 1 y sig. - -[666] Math., II, 20. - -[667] Math., XVII, 20; Marc., IX, 25. - -[668] Luc., VIII, 45-46; Juan, XI, 33, 38. - -[669] _Hech._, II, 22. - -[670] Math., XIV, 2; XVI, 14; XVII, 3 y sig.; Marc., VI, 14-15; VIII, -28; Luc., IX, 8 y sig., 19. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XVI - -[671] Math., I, 22; II, 5-6, 15, 18; IV, 15. - -[672] Math., I, 23; IV, 6, 14; XXVI, 31, 54, 56; XXVII, 9, 35; Marc., -XIV, 27; XV, 28; Juan, XII, 14-15; XVIII, 9; XIX, 19, 24, 28, 36. - -[673] Juan, VII, 34; _IV Esdras_, XIII, 50. - -[674] _Hech._, VIII, 9 y sig. - -[675] Véase su biografía por Filóstrato. - -[676] Véanse las Vidas de los sofistas, por Eunapio; vida de Plotino, -por Porfirio; la de Proclo, por Marino; la de Isidoro, atribuida á -Damascio. - -[677] Math., XVII, 19; XXI, 21-22; Marc., XI, 23-24. - -[678] Math., IX, 8. - -[679] Luc., VIII, 45-46; Juan, 33, 38. - -[680] _Hech._, II, 2 y sig.; IV, 31; VIII, 15 y sig.; X, 44 y sig. -Durante cerca de un siglo los apóstoles y sus discípulos no sueñan -más que milagros. Véanse los _Hechos_, los escritos de San Pablo, los -extractos de Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39, etc. Comp. -Marc., III, 15; XVI, 17-18, 20. - -[681] Juan, V, 14; IX, 1 y sig., 34. - -[682] Math., IX, 32-33; XII, 22; Luc., XIII, 11, 16. - -[683] Luc., VIII, 45-46. - -[684] Luc., IV, 40. - -[685] Math., XI, 5; XV, 30-31; Luc. IX, 1-2, 6. - -[686] _Vendidad_, XI, 26; _Yaçna_, X, 18. - -[687] _Tobías_, III, 8; VI, 14; Talm. de Babil., _Gittin_, 68 _a_. - -[688] Comp. Marc., XVI, 9; Luc., VIII, 2; _Evangelio de la infancia_, -16, 33; Código siriaco publicado en las _Anecdota syriaca_ por el Sr. -Land, I, p. 152. - -[689] Jos., _Bell. jud._, VII, VI, 3; Luciano, _Philopseud._, 16; -Filóstrato, _Vida de Apol._, III, 38; IV, 20; Areteo, _De causis morb. -chron._, I, 4. - -[690] Math., IX, 33; XII, 22; Marc., IX, 16, 24; Luc., XI, 14. - -[691] _Tobías_, VIII, 2-3; Math., XII, 27; Marc., IX, 38; _Hech._, -XIX, 13; Jos., _Ant._, VIII, II, 5; Justino, _Dial. cum Tryph._, 85; -Luciano, Epigr. XXIII (XVII Dindorf). - -[692] Math., XVII, 20; Marc., IX, 24 y sig. - -[693] Math., VIII, 28; IX, 34; XII, 43 y sig.; XVII, 14 y sig., 20; -Marc., V, 1 y sig.; Luc., VIII, 27 y sig. - -[694] Esa frase, _Dæmonium habes_ (Math., XI, 18; Luc., VII, 33; Juan, -VII, 20; VIII, 48 y sig.; X, 20 y sig.), debe traducirse por «tú estás -loco», como se diria en árabe: _Medjnoun enté_. El verbo δαιμονᾷν -siempre tuvo en la antigüedad clásica la significacion de «estar loco.» - -[695] Math., XII, 39; XVI, 4; XVII, 16; Marc., VIII, 17; Luc., IX, 41. - -[696] Math., VIII, 4; IX, 30-31; XII, 16; Marc., I, 44; VII, 24 y sig.; -VIII, 26. - -[697] Marc., I, 24-25, 34; III, 12; Luc., IV, 41. - -[698] Math., XVII, 16; Marc., IX, 18; Luc., IX, 41. - -[699] Math., XII, 38 y sig.; XVI, 1 y sig.; Marc., VIII, 11. - -[700] Jos., _Ant._, XVIII, III, 3. - -[701] Papias en Eus., _Hist. eccl._, III, 39. - -[702] Marc., IV, 40; V, 15, 17, 33, 36; VI, 50; X, 32.--Math., VIII, -27, 34; IX, 8; XIV, 27; XVII, 6-7; XXVIII, 5, 10; Luc., IV, 36; V, 17; -VIII, 25, 35, 37; IX, 34. El evangelio apócrifo llamado de Tomás el -Israelita lleva este rasgo hasta el absurdo. Comp. los _Milagros de la -infancia_, en Thilo, _Cod. apocr. N. T._, p. CX, nota. - -[703] _Hysteria muscularis_ de Schönlein. - -[704] Math., XIV, 1; Marc., VI, 14; Luc., IX, 7; XXIII, 8. - -[705] Math., VIII, 34; Marc., V, 17; VIII, 37. - -[706] Juan, VI, 14-15. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XVII - -[707] Juan, V, 1; VII, 2. Adoptamos el sistema de Juan, segun el -cual la vida pública de Jesús duró tres años. Los sinópticos, por el -contrario, agrupan todos los hechos en el espacio de un año. - -[708] Luc., XII, 13-14. - -[709] Math., XIX, 28. - -[710] Math., XXIV, 3 y sig.; Marc., XIII, 4 y sig.; Luc., XVII, 22 y -sig.; XXI, 7 y sig. Es de notar que la pintura del fin de los tiempos -atribuida á Jesús por los sinópticos contiene muchos rasgos que se -refieren al sitio de Jerusalen. Lúcas escribia algun tiempo despues de -aquel sitio (XXI, 9, 20, 24). Por el contrario, la redaccion de Matheo -(XXVI, 15, 16, 22, 29) nos lleva exactamente al momento del sitio ó -muy poco despues. Sin embargo, es indudable que Jesús anunció grandes -terrores que debian preceder á su reaparicion. Esos terrores formaban -parte de todos los apocalípsis judíos. _Henoch_, XCIX-C, CII, CIII -(division de Dillmann); _Carm. sibyll._, III, 334 y sig.; 633 y sig.; -IV, 168 y sig.; V, 511 y sig. Segun Daniel, el reino de los santos -vendria despues que la desolacion hubiese llegado á su colmo (VII, 25; -VIII, 23; IX, 26-27; XII, 1). - -[711] Math., XVI, 27; XIX, 28; XX, 21; XXIV, 30 y sig.; XXV, 31 y sig.; -XXVI, 64; Marc., XIV, 62; Luc., XXII, 30; _I Cor._, XV, 52; _I Thes._, -IV, 15 y sig. - -[712] Math., XIII, 38 y sig.; XXV, 33. - -[713] Math., XIII, 39, 41, 49. - -[714] Math., XXV, 34. Comp. Juan, XIV, 2. - -[715] Math., VIII, 11; XIII, 43; XXVI, 29; Luc., XIII, 28; XVI, 22; -XXII, 30. - -[716] Luc., XIII, 23. - -[717] Math., XXV, 41. La idea de la caida de los ángeles, tan -desarrollada en el libro de Henoch, era universalmente admitida en el -círculo de Jesús. _Epist. de Jud._, 6 y sig.; _II.ª ep. atribuida á San -Pedro_, II, 4, 11; _Apoc._, XII, 9; Evang. de Juan, VIII, 44. - -[718] Math., V, 22; VIII, 12; X, 28; XIII, 40, 42, 50; XVIII, 8; XXIV, -51; XXV, 30; Marc., IX, 43. - -[719] Math., VIII, 12; XXII, 13; XXV, 30. Comp. Jos., _B. J._, III, -VIII, 5. - -[720] Luc., XVI, 28. - -[721] Marc., III, 29; Luc., XXII, 69; _Hech._, VII, 55. - -[722] _Hech._, II, 17; III, 19; _I Cor._, XV, 23-24, 52; _I Thess._, -III, 13; IV, 14; V, 23; _II Thess._, II, 8; _I Tim._, VI, 14; _II -Tim._, IV, 1; _Tit._, II, 13; _Epístola de Júdas_, 18; _II de Pedro_, -III entero. El Apocalípsis todo entero, y en particular I, 1; II, 5, -16; III, 11; XI, 14; XXII, 6, 7, 12, 20. Comp. IV.º libro de Esdras, -IV, 26. - -[723] Luc., XVII, 30; _I Cor._, I, 7-8; _II Thess._, I, 7; _I San -Pedro_, I, 7, 13; _Apoc._, I, 1. - -[724] _Apoc._, I, 3; XXII, 10. - -[725] Math., XI, 15; XIII, 9, 43; Marc., IV, 9, 23; VII, 16; Luc., -VIII, 8; XIV, 35; _Apoc._, II, 7, 11, 27, 29; III, 6, 13, 22; XIII, 9. - -[726] _I Cor._, XVI, 22. - -[727] _Apoc._, XVII, 9 y sig. El sexto emperador que el autor presenta -como reinando es Galba. El emperador muerto que debe volver es Neron, -cuyo nombre está escrito en cifras (XIII, 18). - -[728] _Apoc._, XI, 2-3; XII, 14. Comp. Daniel, VII, 25; XII, 7. - -[729] Cap. IV, v. 12 y 14. Comp. Cedrenus, p. 68 (París, 1647). - -[730] Math., XXIV, 36; Marc., VIII, 32. - -[731] Luc., XVII, 20; Comp. Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 97 _a_. - -[732] Math., XXIV, 36; Marc., XIII, 32; Luc., XI, 35 y sig.; XVII, 20. - -[733] Luc., XII, 40; _II Pedro_, III, 10. - -[734] Luc., XVII, 24. - -[735] Math., X, 23; XXIV-XXV enteros, y part. XXIV, 29, 34; Marc., -XIII, 30; Luc., XIII, 35; XXI, 28 y sig. - -[736] Math., XVI, 28; XXIII, 36, 39; XXIV, 34; Marc., VIII, 39; Luc., -IX, 27; XXI, 32. - -[737] Math., XVI, 2-4; Luc., XII, 54-56. - -[738] Juan, XXI, 22-23. - -[739] Juan, XXI, 22-23. El capítulo XXI del cuarto evangelio es una -añadidura, como lo prueba la cláusula final de la redaccion primitiva -que existe en el versículo 31 del cap. XX. Pero la adicion es casi -contemporánea de la publicacion misma de dicho evangelio. - -[740] Marc., IX, 9; Luc., XX, 27 y sig. - -[741] Dan., XII, 2; II Macab., VII entero; XII, 45-46; XIV, 46; -_Hech._, XXIII, 6, 8; Jos., _Ant._, XVIII, I, 3; _B. J._, II, VIII, 14; -III, VIII, 5. - -[742] Math., XXVI, 29; Luc., XXII, 30. - -[743] Math., XXII, 24; Luc., XX, 34-38. Evang. ebionita llamado de los -«Egipcios» en Clem. de Alej., _Strom._, II, 9, 13; Clem. Rom. _Epist._ -II, 12. - -[744] Luc. XIV, 14; XX, 35-36. Lo mismo opina San Pablo; I Cor. XV, 23; -I Thes. IV, 12. - -[745] Comp. el libro IV de Esdras, IX, 22. - -[746] Math., XXV, 32 y sig. - -[747] Particularmente los cap. II, VI-VIII, X-XIII. - -[748] Cap. I, XLV-LII, LXII, XCIII, 9 y sig. - -[749] Lib. III, 573 y sig.; 652 y sig.; 766 y sig.; 795 y sig. - -[750] Se traducen esas angustias de la conciencia cristiana con mucha -ingenuidad en la 2.ª Epist. atribuida á San Pedro, III, 8 y sig. - -[751] Math., VI, 10, 33; Marc., XII, 34; Luc., XI, 2; XII, 31; XVII, -20, 21. - -[752] Marc., XII, 34. - -[753] Véase, por ejemplo, el prólogo de Gregorio de Tours en su _Hist. -eclesiást. de los Francos_ y los numerosos hechos de la primera mitad -de la edad media que principian con la fórmula «á la aproximacion de la -noche del mundo...». - -[754] _I Cor._, XV, 52. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XVIII - -[755] _Hech._, I, 15; _I Cor._, XV, 5; _Gal._, I, 10. - -[756] Math., X, 2; Marc., III, 16; Luc., VI, 14 y sig.; _Hech._, I, 13; -Papias en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. - -[757] Math., XIX, 28; Luc., XXII, 30. - -[758] _Hech._, I, 15; II, 14; V, 2-3, 29; VIII, 19; XV, 7; _Gal._, I, -18. - -[759] Respecto á Pedro véase el cap. IX; respecto á Felipe véase -Papias, Policrates y Clem. de Alej., citados por Eusebio., _Hist. -eccl._, III, 30, 31, 39; V, 24. - -[760] Math., XVI, 20; XVII, 9; Marc., VIII, 30; IX, 8. - -[761] Math., X, 26, 27; Marc., IV, 21; Luc., VIII, 17; XII, 2 y sig.; -Juan, XIV, 22. - -[762] Math., XIII, 10 y sig., 34 y sig.; Marc., IV, 10 y sig., 33 y -sig.; Luc. VIII, 9 y sig.; XII, 41. - -[763] Math., XVI, 6 y sig.; Marc., VII, 17-23. - -[764] Math., XIII, 18 y sig.; Marc., VII, 18 y sig. - -[765] Luc., IX, 6. - -[766] Luc., X, 11. - -[767] En todas las lenguas del Oriente semítico, la palabra griega -πανδοκεῖον indicó siempre «hostería.» - -[768] Math., X, 11 y sig.; Marc., VI, 10 y sig.; Luc., X, 5 y sig. -Comp. 2.ª Epist. de Juan, 10-11. - -[769] Luc., IX, 52 y sig. - -[770] Math. X, 40-42; XXV, 35; Marc. IX, 40; Luc. X, 16; Juan, XIII, 20. - -[771] Math., VII, 22; X, 1; Marc., III, 15; VI, 13; Luc., X, 17. - -[772] Math., XVII, 18-19. - -[773] Marc., VI, 13; XVI, 18; Epist. Jacobi, V, 14. - -[774] Marc., XVI, 18; Luc., X, 19. - -[775] Marc., XVI, 20. - -[776] Marc., IX, 37-38; Luc., IX, 49-50. - -[777] Antiguo Dios de los Filisteos convertido en demonio por los -judíos. - -[778] Math., XII, 24 y sig. - -[779] _Hech._, VIII, 18 y sig. - -[780] Math., XVIII, 17 y sig.; Juan, XX, 23. - -[781] Math., XIX, 3 y sig. - -[782] Math., XXVIII, 19; Comp. Math., III, 16-17; Juan, XV, 26. - -[783] _Sap._, I, 7; VII, 7; IX, 17; XII, 1; _Eccl._, I, 9; XV, 5; XXIV, -27; XXXIX, 8; _Judit._, XVI, 17. - -[784] Math., X, 20; Luc., XII, 12; XXIV, 49; Juan, XIV, 26; XV, 26. - -[785] Math., III, 11; Marc., I, 8; Luc., III, 16; Juan, I, 26; III, 5; -_Hech._, I, 5, 8; X, 47. - -[786] _Hech._, II, 1-4; XI, 15; XIX, 6.--Juan, VII, 39. - -[787] Juan, XV, 26; XVI, 13. - -[788] _Katigor_ (κατήγορος), esto es, «acusador», era el espíritu -opuesto á _Paráclito_. - -[789] Juan, XIV, 16; _I Epist._ de Juan, II, 1. - -[790] Juan, XIV, 26; XV, 26; XVI, 7; Comp. Filon, _De mundi opificio_, -§ 6. - -[791] Juan, XIV, 16. - -[792] Papias, en Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39. - -[793] Juan, VI, 32 y sig. - -[794] Hállase un giro análogo, que provoca una equivocacion semejante, -en Juan, IV, 10. - -[795] Todos esos discursos tienen un carácter muy marcado del estilo -propio de Juan, para que sea permitido creerlos exactos. La anécdota -referida en el capítulo VI del cuarto evangelio no carece, sin embargo, -de realidad histórica. - -[796] Luc., XXIV, 30, 35. - -[797] Luc., _l. c._; Juan, XXI, 13. - -[798] Comp. Math., VII, 10; XIV, 17 y sig.; XV, 34 y sig.; Marc., VI, -38; Luc., IX, 13 y sig.; XI, 11; XXIV, 42; Juan, VI, 9 y sig.; XXI, 9 y -sig. La cuenca del lago de Tiberiade es el único punto de la Palestina -donde el pescado forma generalmente una parte de la alimentacion. - -[799] Juan, XXI, 13; Luc., XXIV, 42-43. Compárense las más antiguas -exposiciones de la Cena recibidas ó rectificadas por el señor de Rossi -en su disertacion sobre el ΙΧΘΥΣ (_Spicilegium Solesmense_ de dom -Pitra, t. III, p. 568 y sig.) El designio del anagrama que contiene la -palabra ΙΧΘΥΣ pudo combinarse con una tradicion más antigua sobre el -oficio del pescado en las comidas evangélicas. - -[800] Luc., XXII, 15. - -[801] _Hech._, II, 42, 46. - -[802] _I Cor._, XI, 20 y sig. - -[803] Math., XVIII, 20. - -[804] Juan, XII entero. - -[805] Cánon de las misas griegas y de la misa latina (muy antiguo). - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XIX - -[806] Luc., XIV, 33; _Hech._, IV, 32 y sig.; V, 1-11. - -[807] Math., XIX, 10 y sig.; Luc., XVIII, 29 y sig. - -[808] Doctrina constante de Pablo. Comp. _Apoc._, XIV, 4. - -[809] Math., XIX, 12. - -[810] Math., XVIII, 8-9.--Talm. de Babil., _Niddah_, 13 _b_. - -[811] Math., XXII, 30; Marc., XII, 25; Luc., XX, 35; Evang. ebionita -llamado de los «Egipcios» en Clem. de Alej., _Strom._, III, 9, 13 y -Clem. Rom., _Epist. II_, 12. - -[812] Luc., XVIII, 29-30. - -[813] Math., X entero; XXIV, 9; Marc., VI, 8 y sig.; IX, 40; XIII, 9, -13; Luc., IX, 3 y sig.; X, 1 y sig.; XII, 4 y sig.; XXI, 17; Juan, XV, -18 y sig.; XVII, 14. - -[814] Marc., IX, 38 y sig. - -[815] Math., X, 8. Comp. Midrasch Ialkout, _Deuteron._, sec. 824. - -[816] Math., X, 20; Juan, XIV, 16 y sig., 26; XV, 26; XVI, 7, 13. - -[817] Los rasgos Math., X, 38; XVI, 24; Marc., VIII, 34; Luc., XIV, 27, -no pueden haber sido concebidos sino despues de la muerte de Jesús. - -[818] Math., X, 24-31; Luc., XII, 4, 7. - -[819] Math., X, 32-33; Marc., VIII, 38; Luc., IX, 26; XII, 8-9. - -[820] Luc., XIV, 26; es preciso comprender el estilo exagerado de Lúcas. - -[821] Luc., XIV, 33. - -[822] Math., X, 37-39; XVI, 24-25; Luc., IX, 23-25; XIV, 26-27; XVII, -33; Juan, XII, 25. - -[823] Math., VIII, 21-22; Luc., IX, 59-62. - -[824] Math., XI, 28-30. - -[825] Math., XVI, 21-23; XVII, 12, 21-22. - -[826] Marc., X, 45. - -[827] Luc., VI, 22 y sig. - -[828] Luc., XII, 50. - -[829] Math., X, 34-36; Luc., XII, 51-53. Comp. Miqueas, VII, 5-6. - -[830] Luc., XII, 49. Véase el texto griego. - -[831] Juan, XVI, 2. - -[832] Juan, XV, 18-20. - -[833] Juan, XII, 27. - -[834] Marc., III, 21. - -[835] Math., III, 22; Juan, VII, 20; VIII, 48 y sig.; X, 20 y sig. - -[836] Math., VIII, 10; IX, 2, 22, 28-29; XVII, 19; Juan, VI, 29, etc. - -[837] Math., XVII, 16; Marc., III, 5; IX, 18; Luc., VIII, 45; IX, 41. - -[838] Rasgo muy marcado de Márcos, IV, 40; V, 15; IX, 31; X, 32. - -[839] Marc., XI, 12-14, 20 y sig. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XX - -[840] Math., XII, 14-16; Marc., III, 7; IX, 29-30. - -[841] Marc., VIII, 15; Luc., XIII, 32. - -[842] Luc., IX, 9; XXIII, 8. - -[843] Math., XIV, 1 y sig.; Marc., VI, 14 y sig.; Luc., IX, 7 y sig. - -[844] Luc., XIII, 31 y sig. - -[845] Juan, VII, 5. - -[846] Math., XII, 39, 45; XIII, 15; XVI, 4; Luc., XI, 29. - -[847] Math., XI, 21-24; Luc., X, 12-15. - -[848] Math., XII, 41-42; Luc., XI, 31-32. - -[849] Math., VIII, 20; Luc., IX, 58. - -[850] Luc., XVIII, 8. - -[851] Math., XII, 34; XV, 14; XXIII, 33. - -[852] Math., III, 7. - -[853] Math., XII, 30; Luc., XXI, 23. - -[854] Isa., XLII, 2-3. - -[855] Math., XII, 19-20. - -[856] Math., X, 14-15, 21 y sig., 34 y sig.; Luc., XIX, 27. - -[857] Marc., VII, 1; Luc., V, 17 y sig.; VII, 36. - -[858] Math., VI, 2, 5, 16; IX, 11, 14; XII, 2; XXIII, 5, 15, 23; Luc., -V, 30; VI, 2, 7; XI, 39 y sig.; XVIII, 12; Juan, IX, 16; _Pirké Aboth_, -I, 16; Jos., _Ant._, XVII, II, 4; XVIII, I, 3; _Vita_, 38; Talm. de -Babil., _Sota_, 22 _b_. - -[859] Talm. de Jerus., _Berakoth_, IX, sub fin.; _Sota_, V, 7; Talm. -de Babil., _Sota_, 22 _b_. Las dos redacciones de ese curioso pasaje -ofrecen diferencias notables. Generalmente hemos seguido la redaccion -de Babilonia, que parece la más natural.--V. S. Epif., _Adv. hær._, -XVI, 1. Los rasgos de Epifanio y muchos de los del Talmud pueden -referirse á una época posterior á Jesús, época en la que «fariseo» era -sinónimo de «devoto.» - -[860] Math., V, 20; XV, 4; XXIII, 3, 16; Juan, VIII, 7; Jos., _Ant._, -XII, IX, 1; XIII, X, 5. - -[861] Talm. de Babil., _Schabbath_, 31 _a_; _Joma_, 35 _b_. - -[862] Eccli., XVII, 21 y sig.; XXXV, 1 y sig. - -[863] Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XI, 1; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, -100 _b_. - -[864] Math., XV, 2. - -[865] Math., XV, 2 y sig.; Marc., VII, 2 y sig. - -[866] Math., XV, 2; Marc., VII, 4, 8; Luc., V, sub. fin., y VI, init.; -XI, 38 y sig. - -[867] Luc., XI, 41. - -[868] Luc., XVIII, 9-14; comp. _ibid._, XIV, 7-11. - -[869] Math., III, 7; XVII, 12-13. - -[870] Math., XIV, 5; XXI, 26; Marc., XI, 32; Luc., XX, 6. - -[871] Math., XII, 3-8; XXIII, 16 y sig. - -[872] Marc., III, 6. - -[873] Luc., XIII, 33. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXI - -[874] Math., XVI, 20-21; Marc., VIII, 30-31. - -[875] Juan, VII, 1. - -[876] Juan, VII, 5. - -[877] Juan, VII, 10. - -[878] Math., XXVII, 55; Marc., XV, 41; Luc., XXIII, 49, 55. - -[879] Juan, VII, 20, 25, 30, 32. - -[880] Juan, VII, 50 y sig. - -[881] Math., X, 11, 13; Marc., VI, 10; Luc., X, 5-8. - -[882] Math., XXI, 3; XXVI, 18; Marc., XI, 3; XIV, 13-14; Luc., XIX, 31; -XXII, 10-12. - -[883] Math., XXIV, 1-2; Marc., XIII, 1-2; Luc., XIX, 44; XXI, 5-6. Cf. -Marc., XI, 11. - -[884] Marc., XII, 41 y sig.; Luc., XXI, 1 y sig. - -[885] Marc., XII, 41. - -[886] Marc., XI, 19; Luc., XXII, 39; Juan, XVIII, 1-2. Ese vergel no -podia estar muy distante del sitio donde la piedad de los católicos ha -rodeado de una pared algunos viejos olivos. La palabra _Gethsemaní_ -parece significar «prensa de aceite.» - -[887] Luc., XXI, 37; XXII, 39; Juan, VIII, 1-2. - -[888] Talm. de Babil., _Pesachim_ 53 _a_. - -[889] Talm. de Jer., _Taanith_, IV, 8. - -[890] Hoy dia, _El Azirié_ (_El Azir_, nombre árabe de Lázaro); en los -textos cristianos de la edad media, _Lazarium_. - -[891] Math., XXI, 17-18; Marc., XI, 11-12. - -[892] Juan, XI, 5. - -[893] Luc., X, 38-42; Juan, XII, 2. - -[894] Juan, XI, 20. - -[895] Luc., X, 38 y sig. - -[896] Juan, XI, 35-36. - -[897] Math., XXVI, 6; Marc., XIV, 3; Luc., VII, 40-43; Juan, XII, 1 y -sig. - -[898] Marc., XIII, 3. - -[899] Math., XXIII, 37; Luc., XIII, 34. - -[900] Juan, VII, 13; XII, 42-43; XIX, 38. - -[901] I Esdras, X, 8; Epist. á los Hebr., X, 34; Talm. de Jer., _Moëd -katon_, III, 1. - -[902] Juan, VII, 45 y sig. - -[903] Juan, VIII, 13 y sig. - -[904] Math., XXI, 23-37. - -[905] Math., XXII, 23 y sig. - -[906] Math., XXII, 42 y sig. - -[907] Math., XXII, 36 y sig., 46. - -[908] Véanse los debates referidos por Juan, cap. VIII, por ejemplo; -verdad es que la autenticidad de semejantes trozos no es sino relativa. - -[909] Juan, VIII, 3 y sig. Ese pasaje no formaba parte en un principio -del evangelio de San Juan. Échase de ménos en los manuscritos más -antiguos, y el texto es muy indeciso. Sin embargo, es de tradicion -evangélica primitiva, como lo prueban las particularidades singulares -de los versículos 6 y 8, las cuales no se armonizan con las ideas -de Lúcas ni de los compiladores de segunda mano, quienes únicamente -exponen lo que se explica por sí mismo. Á lo que parece, esa historia -se hallaba en el evangelio segun los hebreos (Papias, citado por -Eusebio, _Hist. eccl._, III, 39). - -[910] Jos., _Ant._, XIII, X, 6; XVIII, I, 4. - -[911] Math., XXII, 15; Marc., XII, 13; Luc., XX, 20; Comp. Talm. de -Jer., _Sanhedrin_, II, 3. - -[912] Juan, X, 1-16. - -[913] Math., XXIV, 32; Marc., XIII, 28; Luc., XXI, 30; Juan, IV, 35. - -[914] _Totafôth_ ó _tefillin_, láminas de metal ó tiras de pergamino, -conteniendo pasajes de la Ley, que los judíos devotos llevaban en la -frente ó en el brazo izquierdo, en ejecucion literal de los pasajes -(_Éxodo_, XIII, 9; _Deuter._, VI, 8; XI, 18). - -[915] _Zizith_, orlas encarnadas que los judíos llevaban en la punta -del manto para distinguirse de los paganos, _Deuter._, XXII, 12. - -[916] Los fariseos excluyen á los hombres del reino de Dios por su -casuística escrupulosa que hace muy difícil la entrada en él, y -desanima á los sencillos. - -[917] Quedábase impuro por el contacto de los sepulcros. Así es que se -tenía cuidado de marcar sobre el suelo su periferia. Talm. de Bab., -_Baba Bathra_, 58 _a_; _Baba Metsia_, 45 _b_. La reprimenda dirigida -por Jesús á los fariseos consiste en haber inventado una porcion de -pequeños preceptos, siempre violados sin mala intencion, y que no -sirven sino para multiplicar las infracciones de la Ley. - -[918] La purificacion de la vajilla era entre los fariseos cosa sujeta -á reglas muy complicadas (Marc., VII, 4). - -[919] El epíteto «ciego» repetido muchas veces (Math., XXIII, 16, 17, -19, 24, 26), hace quizás alusion á la costumbre de algunos fariseos que -andaban con los ojos cerrados por afectacion devota (Véase capítulo XX). - -[920] Lúcas (XI, 37 y sig.) supone, y quizás no sin razon, que ese -versículo fué pronunciado durante una comida, en contestacion á vanos -escrúpulos de los fariseos. - -[921] Siendo impuros los sepulcros, se acostumbraba blanquearlos con -cal para dar aviso de no aproximarse á ellos. Véase nota 917; Mischna, -_Maasar scheni_, V, 1; Talm. de Jer., _Schekalim_, I, 1; _Maasar -scheni_, V, 1; _Moëd katon_, I, 2; _Sota_, IX, 1; Talm. de Babil., -_Moëd katon_, 5 _a_. Quizás hay en la comparacion hecha por Jesús una -alusion á los «fariseos barnizados» (Véase cap. XX). - -[922] Hay aquí una pequeña confusion, reproducida tambien en el targum -llamado de Jonathan (_Lament._, II, 20), entre Zacarías hijo de Joiadas -y Zacarías hijo de Baraquías, el profeta. Del primero es de quien se -trata (_II Paral._, XXIV, 21). El libro de los Paralipómenos, donde se -refiere el asesinato de Zacarías hijo de Joiadas, concluye el cánon -hebreo. Es el último homicidio en la lista de los homicidios de hombres -justos, segun el órden dado por la Biblia. El homicidio de Abel es el -primero. - -[923] Math., XXIII, 2-36; Marc., XII, 38-40; Luc., XI, 39-52; XX, 46, -47. - -[924] Math., VIII, 11-12; XX, 1 y sig.; XXI, 28 y sig., 33 y sig., 43; -XXII, 1 y sig.; Marc., XII, 1 y sig.; Luc., XX, 9 y sig. - -[925] Math., XXI, 37 y sig.; Juan, X, 36 y sig. - -[926] Juan, IX, 39. - -[927] La más auténtica forma de esa frase parece hallarse en Márcos, -XIV, 58; XV, 29.--Juan, II, 19; Math., XXVI, 61; XXVII, 40. - -[928] Juan, VIII, 39; X, 31; XI, 8. - -[929] _Deuter._, XIII, 1. Comp. Luc., XX, 6; Juan, X, 33; _II Cor._, -XI, 25. - -[930] Juan, X, 20. - -[931] Juan, V, 18; VII, 1, 20, 25, 30; VIII, 37, 40. - -[932] Luc., XI, 53-54. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXII - -[933] Juan, X, 23. - -[934] Jos., _B. J._, V, V, 2. Comp. _Ant._, XV, XI, 5; XX, IX, 7. - -[935] Es de suponer que los sepulcros llamados de Zacarías y de Absalon -fuesen monumentos de esa clase. - -[936] Math., XXIII, 29; Luc., XI, 47. - -[937] Juan, X, 22. Comp. I Math., IV, 52; II Math., X, 6. - -[938] Jos., _Ant._, XII, VII, 7. - -[939] Juan, X, 40.--Math., XIX, 1; Marc., X, 1. Viaje conocido por los -sinópticos; pero parecen creer que Jesús le hizo viniendo de Galilea á -Jerusalen por la Perea. - -[940] _Eccl._, XXIV, 18; Strabon, XVI, II, 41; Justin., XXXVI, 3; Jos., -_Ant._, IV, VI, 1; XIV, IV, 1, 1; XV, IV, 2. - -[941] Luc., XIX, 1. - -[942] Math., XX, 29; Marc., X, 46 y sig.; Luc., XVIII, 35. - -[943] _B. J._, IV, VIII, 3. Comp. el mismo, I, VI, 6; I, XVIII, 5, y -_Ant._, XV, IV, 2. - -[944] Juan, XI, 1 y sig. - -[945] Math., IX, 18 y sig.; Marc., V, 22 y sig.; Luc., VII, 11 y sig.; -VIII, 41 y sig. - -[946] Juan, XI, 3 y sig. - -[947] Juan, XI, 35 y sig. - -[948] Juan, XI, 33, 38. - -[949] Juan, XI, 46 y sig.; XII, 2, 9 y sig., 17 y sig. - -[950] Juan, XII, 9-10, 17-18. - -[951] Juan, XII, 10. - -[952] Juan, XI, 47 y sig. - -[953] Jos., _Ant._, XV, III, 1; XVIII, II, 2; V, 2; XX, IX, 1, 4. - -[954] _Ananus_ de Josefo. Así el nombre hebreo _Johanan_, venía á ser -en griego _Joannes_ ó _Joannas_. - -[955] Juan, XVIII, 15-23; _Hech._, IV, 6. - -[956] Jos., _Ant._, XX, IX, 1. - -[957] Jos., _Ant._, XV, III, 1; _B. J._, IV, V, 6, 7; _Hech._, IV, 6. - -[958] Jos., _Ant._, XX, IX, 3. - -[959] Jos., _Ant._, XV, IX, 3; XIX, VI, 2; VIII, 1. - -[960] Luc., III, 2. - -[961] _Hech._, V, 17. - -[962] Jos., _Ant._, XX, IX, 1. - -[963] Jos., _Ant._, XX, IX, 1. - -[964] Juan, XI, 49-50; XVIII, 14. - -[965] Juan, XI, 48. - -[966] Juan, XI, 53. - -[967] Juan, XI, 54.--_II Chron._, XIII, 19; Jos., _B. J._, IV, IX, 9; -Eus. y San Jerón., _De situ et nom. loc. hebr._, en las voces Ἐφρών y -Ἐφραΐμ. - -[968] Juan, XI, 55-56. Para el órden de los hechos, en toda esta parte -seguimos el sistema de Juan. Los sinópticos parecen muy poco instruidos -sobre el período de la vida de Jesús anterior á la Pasion. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXIII - -[969] Luc., XIX, 11. - -[970] Luc., XXII, 24 y sig. - -[971] Math., XX, 20 y sig.; Marc., X, 35 y sig. - -[972] Luc., XIX, 12-27. - -[973] Math., XVI, 21 y sig.; Marc., VIII, 31 y sig. - -[974] Math., XX, 17 y sig.; Marc., X, 31 y sig.; Luc., XVIII, 31 y sig. - -[975] Math., XXIII, 39; Luc., XIII, 35. - -[976] Math., XX, 28. - -[977] Juan, XI, 56. - -[978] Celebrábase la Pascua el 14 de Nisan. Esto supuesto en el año 33, -el 1.º de Nisan correspondia al sábado, 21 de Marzo. - -[979] Math., XXVI, 6; Marc., XIV, 3.--Luc., VII, 40, 43-44. - -[980] En el Oriente, siempre que una persona nos es adicta, por un lazo -de amistad ó bien de servidumbre, acostumbra acompañarnos y servirnos -cuando vamos á comer á una casa extraña. - -[981] Esa costumbre se practica aún en Sour. - -[982] Necesario es recordar que los piés de los convidados no estaban, -como entre nosotros, debajo de la mesa, sino extendidos á la altura del -cuerpo encima del divan ó _triclinium_. - -[983] Math., XXVI, 6 y sig.; Marc., XIV, 3 y sig.; Juan, XI, 2; XII, 2 -y sig. Comp. Luc., VII, 36 y sig. - -[984] Juan, XII, 12. - -[985] Luc., XIX, 41 y sig. - -[986] Mischna, _Menachoth_, XI, 2; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 14 -_b_; _Pesachim_, 63 _b_, 91 _a_; _Sota_, 45 _a_; _Baba metsia_, 85 _a_. -Segun lo que de esos pasajes resulta, Bethphage era una especie de -_pomœrium_ que se extendia al pié del basamento oriental del templo, -y que tenía su cercado propio. Los pasajes Math., XXI, 1; Marc., XI, -1; Luc., XIX, 29, no indican claramente que Bethphage fuese una aldea, -como la suponen Eusebio y S. Jerónimo. - -[987] Math., XXI, 1 y sig.; Marc., XI, 1 y sig.; Luc., XIX, 29 y sig.; -Juan, XII, 12 y sig. - -[988] Luc., XIX, 38; Juan, XII, 13. - -[989] La cifra de 120.000 que le atribuye Hecateo (en Josefo, _Cont. -Apion_, I, 22), nos parece exagerada. Ciceron habla de Jerusalen como -de una ciudad insignificante (_ad Atticum_, II, IX). Cualquiera que -sea el sistema adoptado, es indudable que el antiguo recinto no pudo -contener una poblacion cuádruple de la que hoy existe, la cual no llega -á 15.000 habitantes. V. Robinson, _Bib. Res._, I, 421, 422; Fergusson, -_Topogr. of Jerus._, p. 51; Forster, _Syria and Palestine_, p. 82. - -[990] Jos., _B. J._, II, XIV, 3; VI, IX, 3. - -[991] Juan, XII, 20 y sig. - -[992] Math., XXI, 17; Marc., XI, 11. - -[993] Math., XXI, 17-18; Marc., XI, 11, 12, 19; Luc., XXI, 37, 38. - -[994] Juan, XII, 27 y sig. El tono exaltado de Juan y su preocupacion -exclusiva del papel divino de Jesús han desterrado de la narracion las -circunstancias de debilidad natural referidas por los sinópticos. - -[995] Luc., XXII, 43; Juan, XII, 28-29. - -[996] Math., XVIII, 36 y sig.; Marc., XIV, 32 y sig.; Luc., XXII, 39 y -sig. - -[997] Esto se comprende tanto ménos cuanto que Juan pone mucha -afectacion en restablecer las circunstancias que le son personales y -de las que fué el único testigo (XIII, 23; XVIII, 15 y sig.; XIX, 26 y -sig., 35; XX, 2; XXI, 20 y sig.). - -[998] Math., XXVI, 1-5; Marc., XIV, 1-2; Luc., XXII, 1-2. - -[999] Math., XXI, 46. - -[1000] Math., XXVI, 55. - -[1001] Juan, XII, 6. - -[1002] Juan ni siquiera habla de una paga pecuniaria. - -[1003] Juan, VI, 65; XII, 6. - -[1004] Juan, VI, 65, 71-72; XII, 6; XIII, 2, 27. - -[1005] Math., XXVII, 3 y sig. - -[1006] Math., XXVI, 1 y sig.; Marc., XIV, 12; Luc., XXII, 7; Juan, -XIII, 29. - -[1007] Sistema de los sinópticos (Math., XXVI, 17 y sig.; Marc., XIV, -12 y sig.; Luc., XXII, 7 y sig., 15). Pero Juan, cuya narracion tiene -en esa parte una autoridad preponderante, supone que Jesús murió el -dia mismo en que se comia el cordero (XIII, 1-2, 29; XVIII, 28; XIX, -14, 31). El Talmud hace tambien morir á Jesús «la víspera de Pascua.» -(Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 43 _a_, 67 _a_.) - -[1008] Juan, XIII, 1. - -[1009] Math., XXVI, 21 y sig.; Marc., XIV, 18 y sig.; Luc., XX, 21 y -sig.; Juan, XIII, 21 y sig.; XXI, 20. - -[1010] Juan, XIII, 21 y sig., el cual desvanece la inverosimilitud de -la narracion de los sinópticos. - -[1011] Luc., XXII, 20. - -[1012] _I Cor._, XI, 26. - -[1013] Math., XXVI, 26-28; Marc., XIV, 22-24; Luc., XXII, 19-21; _I -Cor._, XI, 23-25. - -[1014] Cap. VI. - -[1015] Cap. XIII-XVII. - -[1016] Juan, XIII, 14-15.--Math., XX, 26 y sig.; Luc., XXII, 26 y sig. - -[1017] Juan, XIII, 1 y sig. Los discursos colocados por Juan á -continuacion del relato de la Cena no pueden considerarse como -históricos. Están llenos de giros y expresiones impropias del estilo -de los discursos de Jesús, y, por el contrario, establecen muy bien -el lenguaje habitual de Juan. Por ejemplo, la expresion «hijitos» en -vocativo (Juan, XIII, 33) es muy frecuente en la primera epístola de -Juan. Esa expresion no parece haber sido familiar á Jesús. - -[1018] Juan, XIII, 33-35; XV, 12-17. - -[1019] Luc., XXII, 24-27.--Juan, XIII, 4 y sig. - -[1020] Math., XXVI, 29; Marc., XIV, 25; Luc., XXII, 18. - -[1021] Luc., XXII, 29-30. - -[1022] Luc., XXII, 36-38. - -[1023] Math., XXVI, 31 y sig.; Marc., XIV, 29 y sig.; Luc., XXII, 33 y -sig.; Juan, XIII, 36 y sig. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXIV - -[1024] Juan, XIII, 30. - -[1025] La circunstancia de un canto religioso, referida por Math., -XXVI, 30, y Marc., XIV, 26, proviene de la opinion que tienen esos dos -evangelistas de que la última comida de Jesús fué la comida pascual. -Ántes y despues de la comida pascual se cantaban Salmos. Talm. de -Babilonia, _Pesachim_, cap. IX, 118 _a_. - -[1026] Math., XXVI, 36; Marc., XIV, 32; Luc., XXII, 39; Juan, XVIII, -1-2. - -[1027] Math., XXVI, 47; Marc., XIV, 43; Juan, XVIII, 3, 12. - -[1028] Math., XXVI, 47; Marc., XIV, 43; Luc., XXII, 47; Juan, XXVIII, -3; _Hech._, 1, 16. - -[1029] Tradicion de los sinópticos. En la narracion de Juan, Jesús se -nombra á sí mismo. - -[1030] Sobre este punto las dos tradiciones están de acuerdo. - -[1031] Juan, XVIII, 10. - -[1032] Marc., XIV, 51-52. - -[1033] En materia criminal no se admitian sino testigos oculares. -Mischna, _Sanhedrin_, IV, 5. - -[1034] Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XIV, 16; Talm. de Babil., mismo -trat., 43 _a_, 67 _a_.--_Schabbath_, 104 _b_. - -[1035] Math., XXVII, 63; Juan, VII, 12, 47. - -[1036] Juan, XVIII, 13 y sig. Ésta es la mejor prueba del valor -histórico del cuarto evangelio. Juan es el único que refiere esta -circunstancia. - -[1037] Math., XVI, 69 y sig.; Marc., XIV, 66 y sig.; Luc., XXII, 54 y -sig.; Juan, XVIII, 15 y sig., 25 y sig. - -[1038] Math., XVI, 57; Marc., XIV, 53; Luc., XXII, 66. - -[1039] Math., XXIII, 16 y sig. - -[1040] Math., XXVI, 64; Marc., XIV, 62; Luc., XXII, 69. Juan no sabe -una palabra de esa escena. - -[1041] _Levit._, XXIV, 14 y sig.; _Deuter._, XIII, 1 y sig. - -[1042] Luc., XXIII, 50-51. - -[1043] Juan, XVIII, 31; Jos., _Ant._, XX, IX, 1. - -[1044] Math., XXVI, 67-68; Marc., XIV, 65; Luc., XXII, 63-65. - -[1045] Math., XXVII, 1; Marc., XV, 1; Luc., XXII, 66; XXIII, 1; Juan, -XVIII, 28. - -[1046] Jos., _Ant._, XV, XI, 5; _B. J._, VI, II, 4. - -[1047] Filon, _Legatio ad Caium_, § 38. Jos., _B. J._, II, XIV, 8. - -[1048] En el lugar donde está hoy dia el serrallo del bajá de Jerusalen. - -[1049] Juan, XVIII, 28. - -[1050] La voz griega βῆμα habia pasado al siro-caldeo. - -[1051] Jos., _B. J._, II, IX, 3; XIV, 8; Math., XXVII, 27; Juan, XVIII, -33. - -[1052] Juan, XVIII, 29. - -[1053] Virg., _Æn._, XII, 121; Marcial, _Epig._, I, XXXII; X, XLVIII; -Plutarco, _Vida de Romulus_, 29. Comp. la _hasta pura_, condecoracion -militar. Orelli y Henzen, _Inscr. lat._, núms. 3.574, 6.852, etc. En -esta hipótesis, _Pilatus_ es una voz de la misma forma que _Torquatus_. - -[1054] Filon, _Leg. ad Caium_, § 38. - -[1055] Jos., _Ant._, XVIII, III, 1, init. - -[1056] Jos., _Ant._, XVIII, II-IV. - -[1057] Talm. de Babil., _Schabbath_, 33 _b_. - -[1058] Filon, _Leg. ad Caium_, § 38. - -[1059] Jos., _Ant._, XVIII, III, 1 y 2; _Bell. jud._, II, IX, 2 y sig.; -Luc., XIII, 1. - -[1060] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 1-2. - -[1061] Juan, XVIII, 35. - -[1062] Math., XXVII, 19. - -[1063] Luc., XXIII, 2, 5. - -[1064] Math., XXVII, 11; Marc., XV, 2; Luc., XXIII, 3; Juan, XVIII, 33. - -[1065] Juan, XVIII, 38. - -[1066] _Hech._, XVIII, 14-15. - -[1067] Tácito (_Anal._, XV, 44) presenta la muerte de Jesús como una -ejecucion política de Poncio Pilato. Pero cuando escribia Tácito, -la política romana respecto á los cristianos habia cambiado. Se los -miraba como culpables de liga secreta contra el Estado. Natural era -que el historiador latino creyese que Pilato habia hecho morir á Jesús -obedeciendo á razones de seguridad pública. Josefo es mucho más exacto -(_Ant._, XVIII, III, 3). - -[1068] Marc., XV, 10. - -[1069] Math., XXVII, 20; Marc., XV, 11. - -[1070] El nombre de Jesús ha desaparecido en muchos de los manuscritos. -Sin embargo, esta opinion tiene en su apoyo grandes autoridades. - -[1071] Math., XXVII, 16. - -[1072] S. Jerón., _In Math._, XXVII, 16. - -[1073] Marc., XV, 7; Luc., XXIII, 19; Juan (XVIII, 40), presentándole -como un ladron, parece ser aquí mucho ménos verídico que Márcos. - -[1074] Math., XXVII, 26; Marc., XV, 15; Juan, XIX, 1. - -[1075] Jos., _B. J._, II, XIV, 9; V, XI, 1; VII, VI, 4; Tito Livio, -XXXIII, 36; Quinto Curcio, VII, XI, 28. - -[1076] Math., XXVII, 27 y sig.; Marc., XV, 16 y sig.; Luc., XXIII, 11; -Juan, XIX, 2. - -[1077] Luc., XXIII, 16, 22. - -[1078] Juan, XIX, 7. - -[1079] Juan, XIX, 9; Luc., XXIII, 6 y sig. - -[1080] En esto hay probablemente una primera tentativa de «armonía de -los evangelios.» Lúcas habria tenido á la vista un relato en el cual -se atribuiria, por error, á Heródes la muerte de Jesús. Y para no -sacrificar por completo esa version, hizo uso de las dos tradiciones -con tanto mayor motivo, cuanto que acaso sabía vagamente que Jesús -(segun Juan nos lo afirma) compareció ante tres autoridades. Lúcas -parece tener, en otros muchos casos, un conocimiento remoto de los -hechos que figuran en la narracion de Juan. Por lo demás, el tercer -evangelio contiene, respecto á la historia de la crucifixion, una serie -de adiciones que sin duda tomó el autor de un documento más reciente, y -cuyo arreglo se hizo de modo que se echa de ver la marcada intencion de -edificar á los lectores. - -[1081] Juan, XIX, 12, 15.--Luc., XXIII, 2. Para apreciar mejor la -exactitud del colorido de este cuadro de los evangelistas, véase á -Filon, _Leg. ad Caium_, § 38. - -[1082] Math., XXII, 24-25. - -[1083] Juan, XIX, 7. - -[1084] _Deuter._, XIII, 1 y sig. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXV - -[1085] Jos., _Ant._, XX, IX, 1. El Talmud presenta la condena de Jesús -como puramente religiosa y pretende en efecto que fué apedreado, ó á lo -ménos que despues de haber sido crucificado fué apedreado, como sucedia -muchas veces (Mischna, _Sanhedrin_, VI, 4). Talm. de Jer., _Sanhedrin_, -XIV, 16; Talm. de Babil., _Sanhedrin_, 43 _a_, 67 _a_. - -[1086] Jos., _Ant._, XVII, X, 10; XX, VI, 2; _B. J._, V, XI, 1; -Apuleyo, _Metam._, III, 9; Suetonio, _Galba_, 9. Lampridio, _Alex. -Sev._, 23. - -[1087] Juan, XIX, 14. Segun Márcos, XV, 25, no eran sino las ocho de la -mañana, puesto que, segun este evangelista, crucificaron á Jesús á las -nueve. - -[1088] Math., XXVII, 33; Marc., XV, 22; Juan, XIX, 20; _Epist. ad -Hebr._, XIII, 18. - -[1089] _Gólgotha_, parece tener en efecto relacion con el collado de -_Gareb_ y el lugar de _Goatha_ mencionados en Jeremías, XXXI, 39. Esos -dos parajes parecen haber estado al Nord-oeste de la ciudad. Me inclino -á creer que el sitio en que Jesús fué crucificado se hallaba cerca del -ángulo extremo que forma la pared actual hácia el Oeste, ó bien sobre -los cerros que dominan el valle de Hinnom, encima de _Birket-Mamilla_. - -[1090] Carecen de solidez las pruebas por las cuales se ha pretendido -establecer que el Santo Sepulcro fué trasladado despues de Constantino. - -[1091] El señor de Vogüé ha descubierto, á 76 metros al Este del sitio -tradicional del Calvario, un lienzo de muralla judáica semejante á la -de Hebron, que, de haber pertenecido al recinto del tiempo de Jesús, -probaria que dicho sitio tradicional se hallaba fuera de la ciudad. -La existencia de una bóveda sepulcral (llamada «sepulcro de José de -Arimathea») bajo el muro de la cúpula del Santo Sepulcro deja tambien -suponer que el referido sitio estaba fuera de las murallas. Por otra -parte, pueden invocarse en favor de la tradicion dos consideraciones -históricas, una de las cuales es de mucho peso. Consiste la primera -en que sería sin duda muy original que los que, en la época de -Constantino, trataron de fijar la topografía evangélica, no se -hubiesen detenido ante la objecion que resulta de _Juan_, XIX, 20, y -de _Hebreos_, XIII, 12. En efecto, ¿cómo siendo libres en su eleccion -se habrian expuesto voluntariamente á tan grave dificultad? La segunda -consideracion es que en tiempo de Constantino podian todavía guiarse -por las ruinas de un edificio, erigido por Adriano, cual era el templo -de Vénus que se alzaba en el Gólgotha. Á veces se inclina uno á creer -que la obra de los topógrafos devotos de la época de Constantino fué -en cierto modo concienzuda, y que si no prescindieron completamente de -ciertos fraudes piadosos, trataron de guiarse por indicios y analogías. -De no haber seguido sino un vano capricho habrian colocado el Gólgotha -en un sitio más aparente, en la cumbre de alguna de las colinas -próximas á Jerusalen, conformándose en esto con las suposiciones -cristianas que desde muy temprano se empeñaron en que la muerte de -Jesús habia tenido lugar sobre una montaña. Pero la dificultad del -recinto es muy grave. Añadamos que la ereccion del templo de Vénus -no prueba gran cosa. Eusebio (_Vita Cons._, III, 21), Sócrates (_H. -E._, I, 17), Sozomeno (_H. E._, II, 1), San Jerónimo (_Epist._ XLIX, -ad Paulin.) dicen, en efecto, que habia un santuario de Vénus en el -sitio que ellos creen ser el del Santo Sepulcro; pero hay tres puntos -muy dudosos: 1.º que Adriano hubiese erigido aquel templo; 2.º que se -alzase en el sitio que entónces se llamaba Gólgotha; 3.º que tuviese la -intencion de edificarle en el lugar en que Jesús fué ajusticiado. - -[1092] Plutarco, _De sera num. vind._, 19; Artemidoro, _Onirocrit._, -II, 56. - -[1093] Marc., XV, 21. - -[1094] La circunstancia que refiere Luc., XXIII, 27-31, es de esas -en que se deja conocer el esfuerzo de una imaginacion piadosa y -enternecida. Las palabras que se atribuyen á Jesús no pudieron -escribirse sino despues del sitio de Jerusalen. - -[1095] Talm. de Babil., _Sanhedrin_, fol. 43 _a_. Comp. _Prov._, XXI, 6. - -[1096] Talm. de Babil., _Sanhedrin_, _l. c._ - -[1097] Marc., XV, 23; Math., XXVII, 34, desfiguran ese pormenor para -obtener una alusion mesiánica. - -[1098] Math., XXVII, 35; Marc., XV, 24; Juan, XIX, 23; Artemidoro, -_Oniroc._, II, 53. - -[1099] Luciano, _Jud. voc._, 12. Comp. el crucifijo grotesco delineado -en Roma sobre una muralla del monte Palatino. _Civiltà cattolica_, -fasc. CLXI, p. 529 y sig. - -[1100] Jos., _B. J._, VII, VII, 4; Cicer., _in Verrem_, V, 66; Xeno. -Eph., _Ephesiaca_, IV, 2. - -[1101] Luc., XXIV, 39; Juan, XX, 25-27; Plauto, _Mostellaria_, II, 1, -13; Lucano, _Phars._, VI, 543 y sig., 547; Justino, _Dial. cum Tryph._, -97; Tertul., _Adv. Marcionem_, III, 19. - -[1102] Ireneo, _Adv. hær._, II, 24; Justino, _Dial. cum Tryph._, 91. - -[1103] Véase el texto árabe publicado por Kosegarten, _Chrest. arab._, -p. 64. - -[1104] Sparziano, _Vida de Adriano_, 10; Vulcatius Gallicanus, _Vida de -Avidius Cassius_, 5. - -[1105] Math., XXVII, 48; Marc., XV, 36; Luc., XXIII, 36; Juan, XIX, -28-30. - -[1106] Dig., XLVII, XX, _De bonis damnat._, 6. Costumbre limitada por -Adriano. - -[1107] Math., XXVII, 36.--Petronio, _Satyr._, CXI, CXII. - -[1108] Luc., XXIII, 34. Generalmente las últimas palabras atribuidas -á Jesús, y sobre todo del modo que las refiere Lúcas, inducen á la -duda. Déjase conocer en ellas la intencion de edificar y demostrar -el cumplimiento de las profecías. En semejantes casos cada uno las -entiende á su manera. Las últimas palabras de los condenados célebres -siempre han sido recogidas de dos ó tres modos completamente diferentes -por los testigos más cercanos. - -[1109] Juan, XIX, 19-22. - -[1110] Juan, XIX, 25 y sig. - -[1111] Los sinópticos están de acuerdo en colocar el grupo fiel «léjos» -de la cruz. Juan dice: «al lado», incitado por el deseo de manifestar -que estuvo cerca de la cruz. - -[1112] Math., XXVII, 55-56; Marc., XV, 40-41; Luc., XXIII, 49, 55; -XXIV, 10; Juan, XIX, 25; Luc., XXIII, 27-31. - -[1113] Juan, XIX, 25 y sig. Lúcas, siempre intermediario entre los -dos primeros sinópticos y Juan, coloca tambien, pero á distancia, á -«todos sus amigos» (XXIII, 49). La diccion γνωστοί puede, es verdad, -atribuirse á los «parientes.» Sin embargo, Lúcas establece una -diferencia entre γνωστοί y συγγενεῖς. Los mejores manuscritos dicen οἱ -γνωστοὶ αὐτῷ y no οἱ γνωστοὶ αὐτοῦ. En los _Hechos_ (I, 14), María, -madre de Jesús, aparece tambien en compañía de las mujeres galileas; -en otra parte (_Evang._, II, 35) Lúcas la profetiza que una espada de -dolor atravesará su corazon. Pero no se explica cómo puede olvidarla -cerca de la cruz. - -[1114] Éste es, en mi concepto, uno de los rasgos en que se descubre la -personalidad de Juan y su deseo de darse importancia. Juan, despues de -la muerte de Jesús, parece en efecto haber recogido á la madre de su -maestro, y haberla adoptado (Juan, XIX, 27). La gran consideracion que -María tuvo en la iglesia naciente le incitó á pretender que Jesús, de -quien suponia haber sido el discípulo favorito, le habia recomendado -á la hora de su muerte la más querida de sus afecciones. La presencia -á su lado de este precioso depósito le aseguraba sobre los otros -apóstoles una especie de supremacía y prestaba á su doctrina grande -autoridad. - -[1115] Math., XXVII, 40; Marc., XV, 29 y sig. - -[1116] Math., XXVII, 44; Marc., XV, 32. Lúcas, en su manía por la -conversion de los pecadores, ha modificado aquí la tradicion. - -[1117] Math., XXVII, 45; Marc., XV, 33; Luc., XXIII, 44. - -[1118] Petronio, _Sat._, CXI y sig.; Orígenes, _In Math. Comment. -series_, 140; texto árabe publicado en Kosegarten, _op. cit._, p. 63. - -[1119] Eusebio, _Hist. eccl._, VIII, 8. - -[1120] Math., XXVII, 46; Marc., XV, 34. - -[1121] Math., XXVII, 50; Marc., XV, 37; Luc., XXIII, 46; Juan, XIX, 30. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXVI - -[1122] Math., XXVII, 46; Marc., XV, 37; Luc., XXIII, 44. Comp. Juan, -XIX, 14. - -[1123] _Deuter._, XXI, 22-23; Josué, VIII, 29; X, 26.--Jos., _B. J._, -IV, V, 2; Mischna, _Sanhedrin_, VI, 5. - -[1124] Juan dice: «á Pilato», pero eso no es posible, puesto que Márcos -asegura (XV, 44-45) que Pilato ignoraba todavía por la noche la muerte -de Jesús. - -[1125] No hay otro ejemplo de _crurifragium_ aplicado despues de la -crucifixion. Pues muchas veces sucedia que para concluir con los -tormentos del paciente se les daba el golpe de gracia. V. S. el -pasaje de Ibn-Hischam traducido en la _Zeitschrift für die Kunde des -Morgenlandes_, I, p. 99-100. - -[1126] Juan, XIX, 31-35. - -[1127] Herodoto, VII, 194; Jos., _Vita_, 75. - -[1128] Marc., XV, 44-45. - -[1129] Las necesidades de la argumentacion cristiana exageraron despues -esas precauciones, sobre todo, cuando los judíos adoptaron el sistema -de afirmar que el cuerpo de Jesús habia sido robado. Math., XXVII, 62 y -sig.; XXVIII, 11-15. - -[1130] Horacio, _Epist._, I, XVI, 48; Juvenal, XIV, 77; Luciano, VI, -544; Plauto, _Miles glor._, II, IV, 19; Artemidoro, _Onir._, II, 53; -Plinio, XXXVI, 24; Plutarco, _Vida de Cléomenes_, 39; Petronio, _Sat._, -CXI-CXII. - -[1131] Mischna, _Sanhedrin_, VI, 5. - -[1132] Idéntica á la antigua Rama de Samuel en la tribu de Efraim. - -[1133] Math., XXVII, 57 y sig.; Marc., XV, 42 y sig.; Luc., XXIII, 50 y -sig.; Juan, XIX, 38 y sig. - -[1134] Digesto, XLVIII, XXIV, _De cadaveribus punitorum_. - -[1135] Juan, XIX, 39 y sig. - -[1136] Math., XXVII, 61; Marc., XV, 47; Luc., XXIII, 55. - -[1137] Juan, XIX, 41-42. - -[1138] Segun una tradicion (Math., XXVII, 60), José de Arimathea era -propietario de la bóveda. - -[1139] La bóveda que en la época de Constantino fué considerada como -el sepulcro de Cristo, ofrecia esa forma, segun puede inferirse de -la descripcion de Arculfo (en Mabillon, _Acta SS. Ord. S. Bened._, -sect. III, pars II, p. 504) y de las tradiciones vagas que existen -en Jerusalen entre el clero griego, respecto al estado de la peña -actualmente oculta por parte del monumento del Santo Sepulcro. Fueron -débiles ó nulos los indicios (V. S. sobre todo á Sozomeno, _H. E._, -II, 1) sobre los cuales se apoyaron en tiempo de Constantino para -identificar el sepulcro de Jesús con esa bóveda. Áun admitiendo el -sitio del Gólgotha como casi exacto, el Santo Sepulcro no tendria -ningun carácter serio de autenticidad. En todo caso, el aspecto de los -lugares ha sido enteramente modificado. - -[1140] Luc., XXIII, 56. - -[1141] Luc., XXIII, 54-56. - -[1142] Math., XXVIII, 1; Marc., XVI, 1; Luc., XXIV, 1; Juan, XX, 1. - -[1143] V. S. Math., XXVIII, 15; Juan, XX, 2. - -[1144] Habia sido poseida por siete demonios (Marc., XVI, 9; Luc., -VIII, 2). - -[1145] Cosa que particularmente se deja conocer en los versículos 9 -y sig. del cap. XVI de Márcos. Esos versículos forman una conclusion -del segundo evangelio, diferente de la conclusion, XVI 1-8, la cual -sirvió de apoyo á muchos manuscritos. En el cuarto evangelio (XX, 1-2, -11, 18), María de Magdala es tambien el único testigo primitivo de la -resurreccion. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXVII - -[1146] El año 33 corresponde exactamente á uno de los datos del -problema, á saber, que el 14 de Nisan fué un viérnes. Para desechar -el año 33, y hallar un año que satisfaga esa condicion, preciso es -remontar lo ménos hasta el año 29 ó bajar hasta el año 36. - -[1147] Luc., III, 1. - -[1148] Jos., _Ant._, XVIII, IV, 2 y 3. - -[1149] La afirmacion contraria de Tertuliano y de Eusebio se origina -de un apócrifo sin valor (V. S. Thilo, _Cod. apóc. N. T._, p. 813 y -sig.). El suicidio de Pilato (Eusebio, _H. E._, II, 7; _Chron. ad. ann. -I Caii_) parece tambien originarse de hechos legendarios. - -[1150] Jos., _Ant._, XX, IX, 1. - -[1151] Jos., _Ant._, XVIII, VII, 1, 2; _B. J._, II, IX, 6. - -[1152] S. Jerón., _De situ et nom. loc. hebr._, en la palabra -_Acheldama_. Eusebio dice al norte. Pero los itinerarios sancionan -la opinion de San Jerónimo. La tradicion que llama _Hacéldama_ al -necrópolo situado en el fondo del valle de Hinnom remonta lo ménos á la -época de Constantino. - -[1153] _Hech._, I, 18-19. Matheo, ó más bien su interpolador, ha dado -un giro ménos satisfactorio á la tradicion de relacionar con ella la -circunstancia de un cementerio para los extranjeros, cementerio que se -hallaba cerca de aquel lugar. - -[1154] Math., XXVII, 5. - -[1155] _Hech._, _l. c._; Papias, en Œcumenius, _Enarr. in Act. apost._, -II, y en Münter, _Frag. Patrum græc._ (Hafniae, 1788), fasc. I, p. 17 y -sig.; Teofilacto, _In Math._, XXVII, 5. - -[1156] Papias, en Münter, _l. c._; Teofilacto, _l. c._ - -[1157] Salmos LXIX y CIX. - -[1158] Ese sentimiento popular existia aún en Bretaña, cuando yo era -niño. El gendarme se consideraba allí como en otras partes el judío, -esto es, con una especie de repulsion piadosa, por cuanto á que él fué -quien prendió á Jesús. - - -NOTAS DEL CAPÍTULO XXVIII - -[1159] Math., VIII, 5 y sig.; Luc., VII, 1 y sig.; Juan, XII, 20 y sig. -Comp. Jos., _Ant._, XVIII, III, 3. - -[1160] Tácito, _Ann._, XV, 45; Suetonio, _Claudio_, 25. - -[1161] _Ant._, XVIII, III, 3. Una mano cristiana ha alterado este -pasaje. - -[1162] _Ant._, XVIII, I; _B. J._, II, VIII; _Vita_, 2. - -[1163] Talm. de Jer., _Sanhedrin_, XIV, 16; _Aboda zara_, 2; -_Schabbath_, XIV, 4; Talm. de Babil., _Sanh._, 43 _a_, 67 _a_; -_Schabbath_, 104 _b_, 116 _b_. Comp. _Chagiga_, 4 _b_; _Gittin_, 57 -_a_, 90 _a_. Las dos Gemaras toman una gran parte de sus datos sobre -Jesús de una leyenda ridícula y obscena sin valor histórico, inventada -por los enemigos del cristianismo. - -[1164] Jos., _Ant._, XVIII, III, 3. - -[1165] Filóstrato, _Vida de Apolonio_, IV, 2; VII, 11; VIII, 7. -Eunapio, _Vida de los Sofistas_, p. 454, 500 (ed. Didot). - - -FIN DE LAS NOTAS DE LA VIDA DE JESÚS. - - - - -ÍNDICE DE MATERIAS. - - - PÁGS. - - DEDICATORIA. 1 - - INTRODUCCION, en la cual se trata principalmente de las fuentes - de esta historia. 3 - - CAPÍTULO I.--Rango de Jesús en la historia del mundo. 33 - - CAPÍTULO II.--Infancia y juventud de Jesús. -- Sus primeras - impresiones. 42 - - CAPÍTULO III.--Educacion de Jesús. 46 - - CAPÍTULO IV.--Órden de ideas en cuyo seno creció Jesús. 53 - - CAPÍTULO V.--Primeros aforismos de Jesús. -- Sus ideas de un - Dios padre y de una religion pura. -- Primeros discípulos. 66 - - CAPÍTULO VI.--Juan Bautista. -- Viaje de Jesús hácia Juan y su - permanencia en el desierto de Judea. -- Adopta el bautismo de - Juan. 76 - - CAPÍTULO VII.--Desarrollo de las ideas de Jesús sobre el reino - de Dios. 84 - - CAPÍTULO VIII.--Jesús en Capharnahum. 92 - - CAPÍTULO IX.--Los discípulos de Jesús. 100 - - CAPÍTULO X.--Predicacion del lago. 107 - - CAPÍTULO XI.--El reino de Dios concebido como el advenimiento - de los pobres. 114 - - CAPÍTULO XII.--Embajada de Juan á Jesús. -- Muerte de - Juan. -- Conexion de su escuela con la de Jesús. 122 - - CAPÍTULO XIII.--Primeras tentativas sobre Jerusalen. 127 - - CAPÍTULO XIV.--Relaciones de Jesús con los gentiles y los - samaritanos. 135 - - CAPÍTULO XV.--Principio de la leyenda de Jesús. -- Idea que - tiene él mismo de su mision sobrenatural. 140 - - CAPÍTULO XVI.--Milagros. 148 - - CAPÍTULO XVII.--Forma definitiva de las ideas de Jesús sobre el - reino de Dios. 155 - - CAPÍTULO XVIII.--Instituciones de Jesús. 164 - - CAPÍTULO XIX.--Progresion creciente de entusiasmo y de - exaltacion. 172 - - CAPÍTULO XX.--Oposicion contra Jesús. 178 - - CAPÍTULO XXI.--Último viaje de Jesús á Jerusalen. 186 - - CAPÍTULO XXII.--Maquinaciones de los enemigos de Jesús. 195 - - CAPÍTULO XXIII.--Última semana de Jesús. 201 - - CAPÍTULO XXIV.--Arresto y causa de Jesús. 212 - - CAPÍTULO XXV.--Muerte de Jesús. 223 - - CAPÍTULO XXVI.--Jesús en el sepulcro. 228 - - CAPÍTULO XXVII.--Suerte de los enemigos de Jesús. 231 - - CAPÍTULO XXVIII.--Carácter esencial de la obra de Jesús. 234 - - NOTAS. 245 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE JESÚS *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. - -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's -goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg-tm and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at -www.gutenberg.org - -Section 3. 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Information about Donations to the Project Gutenberg -Literary Archive Foundation - -Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without -widespread public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. - -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. 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(Las - ediciones francesas, a partir de la 13.ª, tienen adiciones que no - están reflejadas en esta traducción.)</li> - - <li>Las notas a pie de página procedentes del autor han sido - renumeradas y quedan colocadas al final del libro, como en el - original impreso. Las procedentes del editor o del traductor se - han colocado debajo del párrafo que contiene la llamada.</li> - - <li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li> - </ul> -</div> - - -<div class="screenonly x-ebookmaker-drop"> - <hr class="chap" /> - <div class="figcenter"> - <img class="thin" - style="width: 28em; height: auto;" - src="images/cover.jpg" - alt="Cubierta del libro" /> - </div> -</div> - - -<div class="tit pt6"> - <hr class="chap" /> - <p><span class="pagenum" id="Page_i">p. i</span></p> - <h1 class="lh150 g1 ws1"><small>VIDA</small><br /> - <big>DE JESÚS</big></h1> - <p class="mt-1">—</p> - <p class="fs90 g2 ws1 mt1">HISTORIA</p> - <p class="fs90 ws1 mt05"><b>DE LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO</b></p> - <p class="mt1">—</p> - <p class="fs90 ws1 mt1">LIBRO PRIMERO</p> - <hr class="chap" /> -</div> - - -<div class="tit"> - <p><span class="pagenum" id="Page_iii">p. iii</span></p> - <p class="fs140 g1 ws1">ERNESTO RENÁN</p> - <p class="mt1">——</p> - <p class="fs175 g2 mt1">VIDA</p> - <p class="fs300 g1 ws1 mt05">DE JESÚS</p> - <p class="fs75 ws1 mt3">NUEVA EDICION CON NOTAS</p> - - <p class="mt2">——</p> - - <p class="fs140 g1 mt15">MADRID</p> - <p class="g2 ws1 mt05">LIBRERÍA DE ALFONSO DURÁN</p> - <p class="fs75 ws1 mt1">CARRERA DE S. GERÓNIMO, 2</p> - <p>—</p> - <p class="fs110 g1">1869</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="tit pt6"> -<p class="pieimp">MADRID, 1869.—Imp. de Rivadeneyra, Duque de Osuna, 3.</p> -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_0"> - <p><span class="pagenum" id="Page_1">p. 1</span></p> - <p class="centra fs120 ws1">AL ALMA PURA</p> - <h2 class="nobreak" title="Dedicatoria">DE MI HERMANA ENRIQUETA</h2> - <p class="centra fs60 ws1 mt3">MUERTA EN BIBLOS EL 24 DE SETIEMBRE DE 1861</p> -</div> - -<div class="dedic"> - -<p>¿Te acuerdas, desde el seno de Dios, donde reposas, de aquellos -largos dias de Ghazir en que, solo contigo, escribia yo estas páginas, -inspiradas por los lugares que acabábamos de recorrer? Silenciosa á mi -lado, tú releias cada página y la copiabas apénas escrita, miéntras -que á nuestros piés se extendian el mar, las aldeas, los barrancos -y las montañas. Cuando á la sofocante luz de la tarde sucedia el -innumerable ejército de estrellas, tus preguntas finas y delicadas y -tus discretas dudas me hacian pensar en el objeto de nuestras comunes -investigaciones. Un dia me dijiste que tú amarias este libro, por -haber sido escrito en tu compañía, y porque te gustaba su espíritu. -Y si algunas veces temias que le fuese contrario el juicio del -hombre frívolo, siempre estuvis<span class="pagenum" id="Page_2">p. -2</span>te persuadida que al fin agradaria á las almas verdaderamente -religiosas. El ala de la muerte nos hirió á entrambos en medio de -aquellas dulces meditaciones; á la misma hora caimos en febril -letargo... ¡Yo me desperté solo!... Tú duermes ahora en la tierra de -Adónis, cerca de la santa Biblos y de las aguas sagradas, donde iban á -mezclar sus lágrimas las mujeres de los misterios antiguos. Revélame -¡oh buen genio! á mí, á quien tanto amabas, esas verdades que dominan -la muerte, que impiden temerla y casi nos la hacen amar.</p> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_00"> - <p><span class="pagenum" id="Page_3">p. 3</span></p> - <h2 class="nobreak">INTRODUCCION</h2> - <p class="subh2">EN DONDE PRINCIPALMENTE SE TRATA DE LAS FUENTES - DE ESTA HISTORIA</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<p>Una historia de los «Orígenes del cristianismo» deberá abarcar todo -el período oscuro, subterráneo, si se me permite la frase, que se -extiende desde los primeros pasos de esta religion hasta el momento en -que su existencia vino á ser un hecho público, notorio, evidente á los -ojos de todo el mundo. Esta historia se compondrá de cuatro libros:—el -primero, que hoy ofrezco al público, trata del hecho mismo que sirvió -al nuevo culto de punto de partida, y le llena completamente la persona -sublime de su fundador. El segundo tratará de los apóstoles y de sus -discípulos inmediatos; mejor dicho, de las revoluciones que sufrió el -pensamiento religioso en las dos primeras generaciones cristianas. Le -cerraré hácia el año 100, época en que habian ya muerto los últimos -amigos de Jesús y en que se habian fijado todos los libros del Nuevo -Testamento en la forma que tienen hoy dia. En el tercer volúmen -expondré el estado del cristianismo bajo los Antoninos: verásele en -él desarrollarse lentamente y sostener una guerra casi constante -contra el imperio, el cual, habiendo llegado entónces al apogeo de la -perfeccion administrativa, y hallándose dirigido por filósofos, combate -en la secta naciente<span class="pagenum" id="Page_4">p. 4</span> -una sociedad secreta y teocrática que le niega con obstinacion y le -mina sin cesar. Este libro contendrá todo el siglo segundo. En el -tomo cuarto demostraré, por último, los progresos decisivos que hace -el cristianismo á partir de los emperadores sirios. En él se verá el -hundimiento de la sábia construccion de los Antoninos, la decadencia -de la civilizacion antigua hacerse irrevocable, el cristianismo -aprovechándose de su ruina, la Siria conquistando todo el Occidente, -y á Jesús, en compañía de los dioses y de los sabios divinizados -del Asia, tomar posesion de una sociedad á la cual no bastaba ya la -filosofía del Estado puramente civil. Entónces es cuando las ideas -religiosas de las razas agrupadas al rededor del Mediterráneo se -modifican profundamente; cuando los cultos orientales extienden por -todas partes su dominio; cuando el cristianismo, olvidando por completo -sus ensueños miliarios, rompe los últimos lazos que le ligaban al -judaismo y pasa entero al mundo greco-latino. Las luchas y el trabajo -literario del siglo tercero, que ya se presentan sin rebozo, no se -expondrán sino á rasgos generales. Más sumariamente referiré aún las -persecuciones del principio del siglo cuarto, último esfuerzo del -imperio por reivindicar sus antiguos principios, aquellos que no -concedian ningun puesto en el Estado á la sociedad religiosa. Por -último, me limitaré á presentir el cambio de política que invirtió los -papeles bajo el cetro de Constantino é hizo del más libre y espontáneo -movimiento religioso un culto oficial sujeto al Estado y perseguidor á -su vez.</p> - -<p>Ignoro si tendré vida y fuerzas suficientes para llenar un plan tan -vasto. Me daria por satisfecho si, despues de haber escrito la vida -de Jesús, pudiese referir, segun yo la comprendo, la historia de los -apóstoles, el estado de la conciencia cristiana durante las semanas que -siguieron á la muerte de Jesús, la formacion del ciclo legendario de la -resurreccion, los primeros actos de la iglesia de Jerusalen, la vida de -San Pablo, la crísis del tiempo de Neron, la aparicion del Apocalípsis, -la ruina de Jerusalen, la fundacion de las cristiandades hebráicas de -la Batanea, la redaccion de los evangelios y el orígen de las grandes -escuelas del Asia Menor derivadas de Juan. Todo palidece junto á ese -maravilloso primer siglo. Y por una singularidad rara en la historia, -vemos mucho más claramente lo que pasó en el mundo cristiano desde el -año 50 al 75 que desde el 100 al 150.</p> - -<p>El plan que he adoptado en esta historia me ha impedido<span -class="pagenum" id="Page_5">p. 5</span> introducir en el texto largas -disertaciones críticas sobre los puntos controvertidos. Un sistema -contínuo de notas permite al lector comprobar por sí mismo en las -fuentes que se citan, las proposiciones de la obra<a id="FNanchor_1" -href="#Footnote_1" class="fnanchor">[*]</a>. En esas notas me he -limitado estrictamente á las citas de primera mano, esto es, á la -indicacion de los pasajes originales, sobre los cuales se apoya cada -aserto ó cada conjetura. Comprendo que para las personas poco iniciadas -en esta clase de estudios, serían indispensables explicaciones mucho -más extensas. Pero no tengo costumbre de retocar lo que está hecho y -bien hecho. Para no citar sino libros escritos en frances, aquellos -que deseen profundizar la materia pueden proporcionarse las obras -siguientes:</p> - -<div class="footnote2"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[*]</a> Para no -fatigar la atencion del lector con repetidas llamadas bajo el texto, -hemos creido oportuno trasladar las notas al fin del volúmen.</p> - -</div> - -<p><i>Études critiques sur l’évangile de saint Matthieu</i>, par M. -Albert <span class="smcap">Réville</span>, pasteur de l’Église wallonne -de Rotterdam.</p> - -<p><i>Histoire de la théologie chrétienne au siècle apostolique</i>, -par M. <span class="smcap">Reuss</span>, professeur à la Faculté de -théologie et au séminaire protestant de Strasbourg.</p> - -<p><i>Des doctrines religieuses des Juifs pendant les deux -siècles antérieurs à l’ère chrétienne</i>, par M. Michel <span -class="smcap">Nicolas</span>, professeur à la Faculté de théologie -protestante de Montauban.</p> - -<p><i>Vie de Jésus</i>, par le Dr. <span class="smcap">Strauss</span>, -traduite par M. <span class="smcap">Littré</span>, membre de -l’Institut.</p> - -<p><i>Revue de théologie et de philosophie chrétienne</i>, publiée -sous la direction de M. <span class="smcap">Colani</span>, de 1850 -à 1857.—<i>Nouvelle Revue de théologie</i>, faisant suite à la -précedente, depuis 1858.</p> - -<p><i>Les Évangiles</i>, par M. Gustave <span -class="smcap">d’Eichthal</span>. Première partie: <i>Examen critique et -comparatif des trois premiers évangiles</i>.</p> - -<p class="mt1">Los que quieran tomarse el trabajo de consultar estos -excelentes escritos, encontrarán en ellos la explicacion de multitud -de puntos sobre los cuales he tenido que ser muy conciso. En lo que -particularmente se refiere á los textos evangélicos, su crítica -detallada ha sido hecha por Strauss de un modo que deja muy poco -que desear. Y aunque Strauss se haya engañado en su teoría sobre la -redaccion de los evangelios<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" -class="fnanchor">[1]</a>, y aunque su libro tenga, en mi opinion, el -defecto de afirmarse en gran manera sobre el terreno teológico y muy -poco sobre el de la historia<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" -class="fnanchor">[2]</a>, preciso es, para apreciar<span -class="pagenum" id="Page_6">p. 6</span> los motivos que me han guiado -en una infinidad de detalles, seguir la discusion, siempre juiciosa, -aunque algo sutil en ocasiones, de la obra que tan bien ha traducido mi -sabio cofrade M. Littré.</p> - -<p>En materia de testimonios antiguos creo no haber descuidado ninguna -fuente de informaciones. Sin contar un sinnúmero de datos esparcidos -acá y allá, cinco grandes colecciones de escritos nos quedan respecto -á Jesús y al tiempo en que vivió:—1.ª los evangelios y en general los -escritos del Nuevo Testamento; 2.ª las composiciones llamadas apócrifas -del «Antiguo Testamento»; 3.ª las obras de Filon; 4.ª las de Josefo; -5.ª el Talmud. Los escritos de Filon tienen la inapreciable ventaja de -mostrarnos las ideas que, en tiempo de Jesús, fermentaban en las almas -ocupadas en las grandes cuestiones religiosas. Verdad es que Filon -vivia en otra provincia del judaismo, diferente de la en que habitaba -Jesús; pero tambien lo es que su carácter, como el del fundador del -cristianismo, estaba muy por encima de las pequeñeces que reinaban en -Jerusalen:—Filon es en este concepto el hermano mayor de Jesús. Sesenta -y dos años tenía cuando el profeta de Nazareth se hallaba en el apogeo -de su actividad, y le sobrevivió diez años, por lo ménos. ¡Lástima es -que los azares de la vida no le llevasen á Galilea! ¡Cuánto no nos -habria enseñado!</p> - -<p>El estilo de Josefo, que particularmente escribia para los paganos, -no tiene la misma sinceridad. Sus escasas noticias sobre Jesús, Juan -Bautista y Júdas el Gaulonita, son áridas y sin color. Se conoce -á primera vista que trata de presentar aquellos movimientos, cuyo -carácter era tan profundamente judáico, bajo una forma inteligible -para los griegos y romanos. Sin embargo, tengo por auténtico el -pasaje que se refiere á Jesús, porque se halla en perfecta armonía -con la índole de Josefo; al mencionar este historiador á Jesús no -debió hacerlo de otro modo. No obstante, se conoce que una mano -cristiana ha retocado el pasaje añadiéndole algunas palabras, -sin las cuales habria sido casi blasfematorio<a id="FNanchor_8" -href="#Footnote_8" class="fnanchor">[3]</a>, y suprimiéndole ó -modificándole algunas expresiones<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" -class="fnanchor">[4]</a>. Preciso es tener presente que Josefo debe -su fama literaria á los cristianos, quienes adoptaron sus escritos -como documentos esenciales á su historia sagrada. Probablemente -se hizo de ellos en el siglo segundo una edicion corregida segun -las ideas cristianas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" -class="fnanchor">[5]</a>. De todos modos, lo que constituye el inmenso -interes<span class="pagenum" id="Page_7">p. 7</span> de Josefo -con relacion á nuestro asunto, es la viva luz que arroja sobre los -personajes de aquel tiempo. Gracias á él, Heródes, Herodías, Antipas, -Felipe, Anás, Caifás y Pilátos, son figuras históricas que aparecen de -relieve á nuestra vista con maravillosa exactitud.</p> - -<p>Los apócrifos del Antiguo Testamento, y en particular la parte -judía de los versos sibilinos y el Libro de Henoch, tienen, unidos -al Libro de Daniel, que tambien es un verdadero apócrifo, inmensa y -capital importancia para la historia del desarrollo de las teorías -mesiánicas y para la inteligencia de las concepciones de Jesús -sobre el reino de Dios. El Libro de Henoch, muy conocido de las -personas que rodeaban á Jesús<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" -class="fnanchor">[6]</a>, nos da, sobre todo, la clave de la expresion -de «Hijo del Hombre» y de las ideas que á ella se refieren. Gracias -á los trabajos de MM. Alexandre, Ewald, Dillmann y Reuss, la edad de -estos diferentes libros está ya fuera de duda. Todo el mundo conviene -en que la redaccion del más importante de entre ellos data de los -siglos segundo y primero ántes de Jesucristo. La fecha del Libro -de Daniel es más incierta. El carácter de las lenguas en que está -escrito, el uso de palabras griegas, el anuncio claro, determinado, -preciso de los acontecimientos que alcanzan hasta la época de Antíoco -Epifáneo, las falsas imágenes que en él se trazan de la antigua -Babilonia, el colorido general del libro, que en nada se parece á los -escritos del cautiverio, y que, al contrario, se armoniza por una -infinidad de analogías con las creencias, las costumbres y los giros -de imaginacion de la época de los Seléucidas, el sabor apocalíptico de -las visiones, el sitio del libro en el cánon hebreo fuera de la serie -de los profetas, la omision de Daniel en los panegíricos del capítulo -<span class="asc">XLIX</span> del <i>Eclesiástico</i>, donde se -hallaba su rango como indicado, multitud de otras pruebas que han -sido cien veces deducidas, todo, en fin, induce á creer que el Libro -de Daniel fué producto de la grande exaltacion que la persecucion de -Antíoco ocasionó entre los judíos. Así, pues, no debe clasificarse -este libro entre la antigua literatura profética, sino más bien al -frente de la literatura apocalíptica, como primer modelo de un género -de composiciones entre las cuales debian figurar despues de él los -diversos poemas sibilinos, el Libro de Henoch, el Apocalípsis de Juan, -la Ascension de Isaías y el cuarto libro de Esdras.</p> - -<p>Mucho se ha descuidado hasta hoy el Talmud al tratarse<span -class="pagenum" id="Page_8">p. 8</span> de la historia de los orígenes -del cristianismo. Pero yo creo, con M. Geiger, que la verdadera nocion -de las circunstancias en que se produjo su fundador, debe buscarse en -esta rara compilacion, tan abundante de preciosas noticias, que se -mezclan y confunden con la más trivial escolástica. Habiendo seguido la -teología cristiana y la judáica dos caminos paralelos en el fondo, no -puede comprenderse bien la historia de la una sin la de la otra. Por -otra parte, innumerables detalles materiales de los evangelios tienen -su comentario en el Talmud. Ya las compilaciones latinas de Lightfoot, -de Schœttgen, de Buxtorf y de Otho contenian á este respecto multitud -de noticias. Por mi parte, me he impuesto el deber de comprobar en -el original cuantas citas he admitido, sin exceptuar una sola. Y la -colaboracion que en esta parte de mi trabajo debo á M. Neubauer, sabio -israelita muy versado en la literatura talmúdica, me ha permitido ir -más léjos y aclarar las partes más delicadas de mi asunto con algunas -nuevas comparaciones. Extendiéndose la redaccion del Talmud desde el -año 200 hasta el 500, próximamente, la distincion de las épocas es aquí -muy importante. Nosotros las hemos examinado con todo el discernimiento -que permite el estado actual de esta clase de estudios. Entre algunas -personas acostumbradas á no conceder valor á un documento sino por la -época misma en que fué escrito, excitarán acaso algunos temores tan -recientes fechas. Pero semejantes escrúpulos estarian aquí fuera de -lugar. La enseñanza de los judíos desde la época asmonea hasta el siglo -segundo fué oral principalmente, y no debe juzgarse de aquella especie -de estado intelectual por las costumbres de un tiempo en que tanto se -escribe. Los Vedas y las antiguas poesías árabes se conservaron en la -memoria del pueblo durante siglos, y sin embargo, esas composiciones -presentan una forma decisiva y muy delicada. Por el contrario, la -forma no tiene en el Talmud ningun valor. Añadamos que ántes de la -<i>Mischna</i> de Júdas el Santo, que hizo olvidar todas las otras, -hubo ensayos de redaccion cuyos principios se remontan acaso mucho más -allá de lo que comunmente se supone. El estilo del Talmud es el de -los resúmenes compilativos: probablemente los redactores no hicieron -sino clasificar, bajo ciertos títulos, el enorme fárrago de escrituras -que por espacio de muchas generaciones se habian acumulado en las -diferentes escuelas.</p> - -<p>Réstanos hablar de los documentos que, presentándose como<span -class="pagenum" id="Page_9">p. 9</span> biografías del fundador del -cristianismo, deben ocupar naturalmente el primer rango en una vida -de Jesús. Un tratado completo sobre la redaccion de los evangelios -tendria que formar una obra aparte. Merced á los hermosos trabajos de -que ha sido objeto esta cuestion desde hace treinta años, el problema -que otras veces parecia inabordable, ha llegado á una solucion que, -si bien deja todavía paso á muchas incertidumbres, satisface al ménos -plenamente las necesidades de la historia. Siendo la composicion de -los evangelios uno de los hechos más importantes para el porvenir -del cristianismo, de cuantos en la postrera mitad del primer siglo -ocurrieron, ocasion tendrémos de volver á examinarla en nuestro segundo -libro. Aquí no tratarémos esta especie sino bajo el punto de vista -indispensable á la solidez de nuestro relato. Sólo buscarémos, dejando -aparte cuanto pertenece al cuadro de los tiempos apostólicos, la medida -en que deben emplearse los datos que los evangelios nos ofrecen en una -historia trazada con arreglo á principios racionales<a id="FNanchor_12" -href="#Footnote_12" class="fnanchor">[7]</a>.</p> - -<p>Que los evangelios son en parte legendarios, es cosa evidente, -puesto que en ellos abundan los milagros y lo sobrenatural; pero -hay leyenda y leyenda. Nadie pone en duda, por ejemplo, los rasgos -principales de la vida de Francisco de Asís, sin embargo de hallarse en -ella lo sobrenatural muy frecuentemente. Por el contrario, ninguno da -crédito á la «Vida de Apolonio de Tiana.» ¿Por qué?—Porque fué escrita -mucho tiempo despues del héroe, y bajo las condiciones de pura novela. -¿En qué época, por qué manos y en qué circunstancias fueron escritos -los evangelios? Hé aquí la cuestion capital de que depende el juicio -que de su autenticidad debemos formarnos.</p> - -<p>Sabido es que cada uno de los cuatro evangelios lleva al frente -el nombre de un personaje conocido, bien en la historia apostólica, -bien en la misma historia evangélica. Pero esos cuatro personajes no -se nos han presentado rigurosamente como sus autores. Segun la más -antigua opinion, las fórmulas «segun Matheo», «segun Márcos», «segun -Lúcas», «segun Juan», no implican que estos relatos fuesen escritos de -extremo á extremo por Juan, Lúcas, Márcos y Matheo<a id="FNanchor_13" -href="#Footnote_13" class="fnanchor">[8]</a>; esas fórmulas significan -únicamente que se apoyan en las tradiciones que provienen de cada -uno de aquellos apóstoles y que se escudan con su autoridad. Si esos -títulos son exactos, claro es que los evangelios, sin que dejen de ser -legendarios en<span class="pagenum" id="Page_10">p. 10</span> parte, -tienen sumo valor, puesto que nos llevan al medio siglo que siguió á la -muerte de Jesús, y en dos de ellos, hasta á los testigos oculares de -sus acciones.</p> - -<p>Por lo que á Lúcas respecta, la duda no es posible. El evangelio de -Lúcas es una composicion regular, fundada en documentos anteriores<a -id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[9]</a>; es -la obra de un hombre que elige, entresaca y combina. Indudablemente -el autor de este evangelio es el mismo que el de los «Hechos -de los Apóstoles»<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15" -class="fnanchor">[10]</a>, el cual fué un compañero de San Pablo<a -id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" class="fnanchor">[11]</a>, -título que conviene perfectamente á Lúcas<a id="FNanchor_17" -href="#Footnote_17" class="fnanchor">[12]</a>. Sé que á este -razonamiento puede oponerse más de una objecion, pero al ménos una -cosa está fuera de duda, y es, que el autor del tercer evangelio y -de los «Hechos» fué un hombre de la segunda generacion apostólica, y -esto basta á mi objeto. Por otra parte, la fecha de este evangelio -puede determinarse con mucha precision por medio de consideraciones -sacadas del libro mismo. El capítulo XXI de Lúcas, inseparable del -resto de la obra, se escribió, á no dudarlo, despues del sitio de -Jerusalen, pero poco despues<a id="FNanchor_18" href="#Footnote_18" -class="fnanchor">[13]</a>. Aquí nos hallamos, pues, en un terreno -sólido, porque se trata de una obra escrita de un extremo á otro por la -misma mano y en la cual resalta la más perfecta unidad.</p> - -<p>Los evangelios de Matheo y Márcos no tienen, ni con mucho, el -mismo sello individual.—Son composiciones impersonales, en las cuales -desaparece totalmente el autor. Un nombre propio escrito al frente -de este género de obras dice muy poco. Pero si el evangelio de Lúcas -se halla fechado, tambien lo están el de Matheo y el de Márcos, -puesto que es indudable que el tercer evangelio es posterior á los -dos primeros, y que ofrece el carácter de una redaccion mucho más -avanzada. Tenemos sobre este punto, á mayor abundamiento, un testimonio -capital que data de la primera mitad del siglo segundo, cual es el de -Papias, obispo de Hierápolis, hombre grave, de tradicion, que empleó -toda su vida en recoger con particular esmero cuantas noticias se -referian á la persona de Jesús<a id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" -class="fnanchor">[14]</a>. Papias, despues de haber declarado que -en semejantes materias prefiere la tradicion oral á los libros, -menciona dos escritos sobre los actos y las palabras de Cristo: 1.º, -un escrito de Márcos, intérprete del apóstol Pedro; escrito corto, -incompleto, no clasificado por órden cronológico, el cual comprende -relatos y discursos (<span xml:lang="grc" lang="grc">λεχθέντα ἢ -πραχθέντα</span>), y fué compuesto en vista de los recuerdos y -noticias del apóstol Pedro; 2.º, una compilacion de sentencias (<span -xml:lang="grc" lang="grc">λόγια</span>) escrit<span class="pagenum" -id="Page_11">p. 11</span>a por Matheo en lengua hebrea<a -id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" class="fnanchor">[15]</a>, «y -que ha traducido cada uno como ha podido.» Es indudable que estas dos -descripciones se armonizan bastante bien con la fisonomía general de -los dos libros llamados ahora «Evangelio segun Matheo» y «Evangelio -segun Márcos», los cuales se distinguen, uno por sus largos discursos, -y otro por sus anécdotas, en particular, por ser mucho más exacto que -el primero en relatar los acontecimientos de secundaria importancia, -pobre en discursos, breve hasta la aridez y por estar bastante mal -pergeñado. Que sean estas dos obras, tales como nosotros las leemos, -absolutamente parecidas á las que leia Papias, no es sostenible en -buena lógica; primero, porque el escrito de Matheo, segun Papias, se -componia tan sólo de discursos en hebreo, de los cuales circulaban -traducciones bastante diferentes; y segundo, porque la obra de Márcos -y la de Matheo eran, para él, profundamente distintas, no tenian en su -redaccion ningun punto de contacto, y á lo que parece, estaban escritas -en diferente idioma. Esto supuesto, y ofreciendo el «Evangelio segun -Márcos» y el «Evangelio segun Matheo», en el estado actual de sus -textos, larguísimos trozos paralelos perfectamente idénticos, preciso -es suponer ó que el redactor definitivo del primero tenía el segundo -á la vista, ó que el del segundo consultaba el primero, ó que ambos -redactores copiaron el mismo prototipo. Lo más verosímil es, que ni -respecto á Márcos ni respecto á Matheo, tenemos las redacciones del -todo originales, y que nuestros dos primeros evangelios son arreglos, -en los cuales se trató de llenar, con un texto, los vacíos del otro. -Cada uno quiso, en efecto, poseer un ejemplar completo: aquel que en el -suyo no tenía sino discursos, deseó tener relatos, y recíprocamente. -Sólo así se explica que el «Evangelio segun Matheo» comprenda casi -todas las anécdotas de Márcos, y que el «Evangelio segun Márcos» -encierre hoy un sinnúmero de rasgos que emanan de las <i>Logia</i> de -Matheo. Además, cada uno bebia abundantemente en el manantial de la -tradicion evangélica que continuaba manando en torno suyo. Y tan léjos -estuvo aquella tradicion de haber sido agotada por los evangelios, que -los «Hechos de los Apóstoles» y los Padres más antiguos citan várias -palabras de Jesús que parecen auténticas y que no se hallan en los -evangelios que poseemos.</p> - -<p>No cumple á nuestro objeto actual el delicado análisis de -reconstruir, hasta cierto punto, las <i>Logia</i> originales de -Matheo, por una parte, y, por la otra, el relato primitivo tal<span -class="pagenum" id="Page_12">p. 12</span> como salió de la pluma -de Márcos. Sin duda las <i>Logia</i> se nos representan como los -grandes discursos de Jesús, que llenan una parte considerable del -primer evangelio. Y efectivamente, estos discursos forman, cuando -se separan del resto, un todo bastante completo. En cuanto á los -relatos del primero y del segundo evangelio, parece que tienen una -base comun, cuyo texto se halla tan pronto en uno como en otro, y del -cual no es el segundo evangelio, tal cual le leemos hoy dia, sino una -reproduccion poco modificada. En otros términos, el sistema de la vida -de Jesús reposa entre los sinópticos en dos documentos originales: -1.º, los discursos de Jesús, recogidos por el apóstol Matheo; 2.º, la -compilacion de anécdotas y de noticias originales que Márcos escribió -en vista de los recuerdos de Pedro. Y todavía puede decirse que en -los dos evangelios que, no sin razon, llevan el nombre de «Evangelio -segun Matheo» y de «Evangelio segun Márcos», tenemos esos documentos -mezclados con noticias de otra procedencia.</p> - -<p>De todos modos, es indudable que los discursos de Jesús se -escribieron en lengua aramea, así como tambien sus acciones notables. -Pero aquéllos no fueron los textos definitivos y dogmáticamente -fijados. Además de los evangelios que han llegado hasta nosotros, -hay multitud de escritos que pretenden representar la tradicion -de testigos oculares<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" -class="fnanchor">[16]</a>. Mas se les da poca importancia, y los -conservadores, como Papias, prefieren á ellos la tradicion oral<a -id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[17]</a>. Como -quiera que todavía se creia próximo el fin del mundo, eran muy pocos -los que se tomaban el trabajo de componer libros para el porvenir, y -sólo se trataba de grabar en el corazon la imágen viva del que muy -pronto habian de volver á ver en las nubes. De ahí la poca autoridad de -que gozaron los textos evangélicos durante ciento cincuenta años. Nadie -tenía escrúpulo en adicionarlos, combinarlos diversamente y completar -unos con otros. El pobre que no poseia más que un libro, deseaba que -contuviese todo cuanto interesaba á su corazon. Prestábanse aquellos -libretos, y cada uno trascribia al márgen de su ejemplar las palabras y -las parábolas que encontraba en otra parte y que conmovian su ánimo<a -id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" class="fnanchor">[18]</a>. -Así es como la cosa más bella del mundo salió de una elaboracion -oscura y completamente popular. Ninguna redaccion tenía valor -absoluto. Justino, que recurrió con frecuencia á lo que él llama -«Memorias de los apóstoles»<a id="FNanchor_24" href="#Footnote_24" -class="fnanchor">[19]</a>, tenía á la vista un estado de<span -class="pagenum" id="Page_13">p. 13</span> los documentos evangélicos -muy diferente del que nosotros poseemos; de todos modos, no se tomó el -trabajo de entresacarlos textualmente. El mismo carácter presentan las -citas en los escritos seudo-clementinos, de orígen ebionita. La letra -no se tenía en nada, el espíritu lo era todo. Los textos que llevan -el nombre de los apóstoles no tuvieron autoridad decisiva ni fuerza -de ley, sino cuando la tradicion se debilitó en la postrera mitad del -siglo segundo.</p> - -<p>¿Quién no conoce el valor de documentos que así se compusieron de -los tiernos recuerdos y de los cándidos relatos de las dos primeras -generaciones cristianas; de esos documentos llenos todavía de la fuerte -impresion que habia producido su ilustre fundador y que parece haberle -sobrevivido largo tiempo? Añadamos que los evangelios en cuestion -provienen, á lo que parece, de aquella rama de la familia cristiana -que estuvo más en contacto con Jesús. El último trabajo de redaccion, -al ménos del texto que lleva el nombre de Matheo, parece haberse hecho -en uno de los países situados al nordeste de Palestina, tales como -la Gaulonítida, el Hauran ó la Batanea, adonde se refugiaron muchos -cristianos en la época de la guerra con Roma, donde en el siglo segundo -existian aún parientes de Jesús<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" -class="fnanchor">[20]</a>, y en donde se conservó más tiempo que en -ninguna otra parte la primera direccion galilea.</p> - -<p>Hasta ahora no hemos hablado sino de los tres evangelios llamados -sinópticos:—réstanos hablar del cuarto, del que lleva el nombre de -Juan. Las dudas son aquí mucho más fundadas, y la cuestion se halla -más léjos de resolverse. Papias, que procede de la escuela de Juan, -y que si no fué su auditor, como pretende Ireneo, frecuentó mucho á -sus discípulos inmediatos, entre otros á Aristion y al que llamaban -<i>Presbyteros Joannes</i>; Papias, que compilaba con pasion los -relatos orales de aquel Aristion y de <i>Presbyteros Joannes</i>, no -dice ni una sola palabra de una «Vida de Jesús» escrita por Juan. Si -tal mencion se hubiese encontrado en su obra, la habria, sin duda, -notado Eusebio, el cual recoge todo cuanto sirve á formar la historia -literaria del siglo apostólico. No son ménos fuertes las dificultades -intrínsecas deducidas de la lectura del cuarto evangelio mismo. -¿Cómo se hallan, junto á las noticias que tambien revelan al testigo -ocular, esos discursos completamente diferentes de los de Matheo? -¿Cómo existen, junto á un plan de la vida de Jesús, que pare<span -class="pagenum" id="Page_14">p. 14</span>ce mucho más satisfactorio -y completo que el de los sinópticos, esos pasajes singulares en los -cuales se nota un interes dogmático, propio del redactor, esas ideas -extrañas del todo á Jesús, y á veces esos indicios que nos previenen -contra la buena fe del narrador? ¿Cómo, en fin, se ven, junto á las -tendencias más puras, más justas, más verdaderamente evangélicas, esas -manchas que parecen interpolaciones de un ardiente sectario? ¿Fué Juan, -el hijo del Zebedeo, el hermano de Santiago (á quien ni una sola vez -se menciona en el cuarto evangelio), el que escribió en griego esas -lecciones de metafísica abstracta, de la cual no ofrecen ejemplo ni -los sinópticos ni el Talmud? Todo esto es grave, y no seré yo quien se -atreva á asegurar que el cuarto evangelio fué escrito completamente -por la pluma de un antiguo pescador galileo. En suma, que el cuarto -evangelio haya ó no salido hácia fines del primer siglo de la grande -escuela del Asia Menor, que se derivaba de Juan; lo que se halla -demostrado por testimonios exteriores y por el exámen del documento -mismo es, que él nos representa una version de la vida del maestro muy -digna de tenerse en cuenta y de ser preferida frecuentemente.</p> - -<p>Desde luégo nadie pone en duda que hácia el año 150 -existia ya el cuarto evangelio y era atribuido á Juan. Textos -formales de San Justino<a id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" -class="fnanchor">[21]</a>, de Atenágoras<a id="FNanchor_27" -href="#Footnote_27" class="fnanchor">[22]</a>, de Taziano<a -id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" class="fnanchor">[23]</a>, -de Teófilo de Antioquía<a id="FNanchor_29" href="#Footnote_29" -class="fnanchor">[24]</a>, de Ireneo<a id="FNanchor_30" -href="#Footnote_30" class="fnanchor">[25]</a>, señalan este -evangelio, mezclado desde entónces á todas las controversias y -sirviendo de piedra angular al desarrollo del dogma. Ireneo es -hombre grave, Ireneo procedia de la escuela de Juan, y entre -él y el apóstol no habia sino Policarpo. No es ménos decisivo -el papel que desempeña nuestro evangelio en el gnosticismo, en -el sistema de Valentin<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" -class="fnanchor">[26]</a> particularmente, en el montanismo<a -id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[27]</a> y en la -querella de los cuartodecimanos<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" -class="fnanchor">[28]</a>. La escuela de Juan es aquella cuya -continuacion durante el siglo segundo se distingue mejor, y esa escuela -no puede explicarse á ménos de no colocar el cuarto evangelio en su -misma cuna. Añadamos que la primera epístola atribuida á San Juan es, á -no dudarlo, del mismo autor que el cuarto evangelio<a id="FNanchor_34" -href="#Footnote_34" class="fnanchor">[29]</a>, y que Policarpo<a -id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" class="fnanchor">[30]</a>, -Papias<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" class="fnanchor">[31]</a> -é Ireneo<a id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" -class="fnanchor">[32]</a> reconocen esa epístola como de Juan.</p> - -<p>Pero lo que por su naturaleza causa más impresion es, sobre -todo, la lectura de la obra. El autor habla siempre como testigo -ocular y se presenta como el apóstol Juan. Si esta obra no es -verdaderamente del apóstol, menester es admitir<span class="pagenum" -id="Page_15">p. 15</span> una superchería que el autor se confesaba -á sí mismo. Pues bien, aunque las ideas de aquel tiempo en materia -de buena fe literaria se diferenciasen mucho de las nuestras, el -mundo apostólico no ofrece ningun ejemplo de una falsedad de esa -especie, y el autor, no sólo pretende pasar por el apóstol Juan, -sino que se ve claramente que escribe en el interes de este apóstol. -En cada página traspira la intencion de fortificar su autoridad, de -poner de manifiesto que fué el preferido de Jesús<a id="FNanchor_38" -href="#Footnote_38" class="fnanchor">[33]</a>, y que en la Cena, en -el Calvario, en el sepulcro, en todas las circunstancias solemnes -tuvo el primer rango entre los discípulos. Sus relaciones fraternales -con Pedro, si bien no exentas de cierta rivalidad<a id="FNanchor_39" -href="#Footnote_39" class="fnanchor">[34]</a>, y su ódio contra Júdas<a -id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[35]</a>, -ódio tal vez anterior á la traicion, parecen traslucirse de cuando -en cuando. Casi está uno tentado por creer que habiendo Juan, ya -anciano, leido los relatos evangélicos que circulaban, y notado en -ellos diferentes inexactitudes<a id="FNanchor_41" href="#Footnote_41" -class="fnanchor">[36]</a>, se resintió de ver el puesto secundario -que se le concedia en la historia del Cristo, y que entónces, con la -intencion de manifestar que en muchos casos en que no se habla sino -de Pedro, habia figurado con él y ántes que él<a id="FNanchor_42" -href="#Footnote_42" class="fnanchor">[37]</a>, empezó á dictar multitud -de cosas que sabía mejor que los demás. Esos ligeros sentimientos de -celos entre los hijos del Zebedeo y los otros discípulos se habian -manifestado ya en vida de Jesús. Al morir su hermano Santiago, -Juan quedó como único heredero de los recuerdos íntimos de que -estos dos apóstoles eran depositarios, segun la confesion de todos. -De ahí su perpétuo y especial cuidado en recordar que él es el -último sobreviviente de los testigos oculares<a id="FNanchor_43" -href="#Footnote_43" class="fnanchor">[38]</a>, y su placer en referir -circunstancias que sólo él podia conocer. De ahí tambien esa infinita -minuciosidad de pequeños detalles que parecen como escolios de un -anotador: «Eran las seis», «era de noche»; «este hombre se llamaba -Malchus»; «habian encendido un brasero porque hacia frio»; «esta -túnica no tenía costura.» De ahí, en fin, el desórden de la redaccion, -la irregularidad de la marcha, la falta de trabazon en los primeros -capítulos; defectos que son otros tantos rasgos inexplicables en -la suposicion de que nuestro evangelio no fuese sino una tésis -teológica sin valor histórico, pero que, por el contrario, se -comprenden perfectamente si, conforme á la tradicion, se toman por los -recuerdos del anciano, de prodigiosa frescura algunas veces, otras -desfigurados por extrañas alteraciones.</p> <p><span class="pagenum" -id="Page_16">p. 16</span></p> <p>En efecto, en el evangelio de Juan -debe hacerse una distincion capital. Este evangelio presenta por un -lado una trama de la vida de Jesús que difiere esencialmente de la -de los sinópticos. Por otro, pone en boca de Jesús discursos cuyas -doctrinas, tono, corte y estilo, no tienen nada de comun con las -<i>Logia</i> de los sinópticos. La diferencia es tal, bajo este segundo -punto de vista, que no hay término medio y es preciso elegir de una -manera absoluta. Si Jesús hablaba como dice Matheo, no pudo hablar -como pretende Juan. Ningun crítico ha vacilado ni vacilará entre las -dos autoridades. El evangelio de Juan, á mil leguas del tono sencillo, -desinteresado, impersonal de los sinópticos, manifiesta sin cesar las -preocupaciones del apologista, la segunda intencion del sectario, el -propósito de probar una tésis y de convencer á sus contradictores<a -id="FNanchor_44" href="#Footnote_44" class="fnanchor">[39]</a>. No -fué, por cierto, con tiradas pretenciosas, pesadas, mal escritas con -lo que Jesús fundó su obra divina. Aunque Papias no nos dijese que -Matheo escribió en su lengua original las sentencias de Jesús, la -naturalidad, la inefable verdad, el encanto sin igual de los discursos -sinópticos, el corte profundamente hebráico de esos discursos, las -analogías que ofrecen con las sentencias de los doctores judíos de la -misma época, su perfecta armonía con la naturaleza de Galilea; todos -estos caractéres, comparados con la gnósis oscura y con la perfilada -metafísica en que abundan los discursos de Juan, hablarian muy alto en -favor de esta creencia. No quiere decir esto que en los discursos de -Juan no haya admirables destellos y rasgos que verdaderamente emanan de -Jesús<a id="FNanchor_45" href="#Footnote_45" class="fnanchor">[40]</a>. -Pero el tono místico de esos discursos en nada corresponde al carácter -de elocuencia del profeta nazareno, tal como nos la figuramos al -leer los sinópticos. Un nuevo espíritu se introduce, ya la gnósis ha -principiado, la era galilea del reino de Dios ha concluido, aléjase -la esperanza de la próxima venida del Cristo, y se entra ya en las -arideces de la metafísica, en las tinieblas del dogma abstracto. El -espíritu de Jesús no está ya aquí, y si verdaderamente fué el hijo -del Zebedeo el que trazó esas páginas, ¡mucho habia olvidado, al -escribirlas, el lago de Genesareth y las deliciosas pláticas que en sus -márgenes escuchara!</p> - -<p>Hay además una circunstancia que prueba perfectamente que los -discursos trasmitidos por el cuarto evangelio no son piezas históricas, -sino composiciones destinadas á escudar, con la autoridad de Jesús, -ciertas doctrinas á las cuales s<span class="pagenum" id="Page_17">p. -17</span>e hallaba muy apegado el redactor; consiste esa circunstancia -en la perfecta armonía de los tales discursos con el estado intelectual -del Asia Menor en el momento en que fueron escritos. El Asia Menor era -entónces el teatro de un extraño movimiento de filosofía sincrética, -y ya existian allí todos los gérmenes del gnosticismo. Juan, parece -haber bebido en aquel manantial extranjero. ¿Quién sabe si, despues -de la crísis del año 68 (fecha del Apocalípsis) y del 70 (ruina de -Jerusalen), habiendo perdido el alma ardiente y móvil del viejo -apóstol la esperanza de una próxima aparicion en las nubes del -Hijo del hombre, se inclinó hácia las ideas que surgian al rededor -suyo, algunas de las cuales se amalgamaban bastante bien con ciertas -doctrinas cristianas? Al prestar aquellas ideas á Jesús no hizo -sino obedecer á una propension bien natural. Nuestros recuerdos se -trasforman como todo lo demás;—el ideal de una persona que hemos -conocido, cambia con nosotros<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" -class="fnanchor">[41]</a>. Considerando Juan á Jesús como la -encarnacion de la verdad, no podia ménos de atribuirle cuanto él mismo -habia llegado á tener por verdadero.</p> - -<p>Si hemos de decirlo todo, añadirémos que probablemente Juan tuvo -poquísima parte en ese cambio, y que, más bien que por él, se operó en -torno suyo. En ocasiones se inclina uno á creer que algunas preciosas -notas, procedentes del apóstol, fueron empleadas por sus discípulos en -un sentido muy diverso del primitivo espíritu evangélico. Y en efecto, -ciertas partes del cuarto evangelio, tales como todo el capítulo <span -class="asc">XXI</span><a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" -class="fnanchor">[42]</a>, en el cual parece haberse propuesto el autor -rendir homenaje al apóstol Pedro, despues de su muerte, y responder á -las objeciones que iban á deducirse ó que ya se deducian de la muerte -del mismo Juan, fueron añadidas más tarde. En otros varios sitios se -distingue la huella de raspaduras y correcciones<a id="FNanchor_48" -href="#Footnote_48" class="fnanchor">[43]</a>.</p> - -<p>Imposible es, á semejante distancia, encontrar la clave de todos -esos problemas singulares, y si nos fuera permitido penetrar los -secretos de aquella misteriosa escuela de Éfeso que se complugo en -marchar por vias oscuras, muchas sorpresas habriamos de tener á no -dudarlo. Pero puede hacerse una experiencia capital, y es la siguiente. -Cualquiera persona que se ponga á escribir la vida de Jesús sin teoría -determinada sobre el valor de los evangelios, y dejándose guiar -únicamente por el sentimiento del asunto, propenderá, en una porcion -de casos, á preferir la narracion de Juan á la de los sinópticos<span -class="pagenum" id="Page_18">p. 18</span>. Los últimos meses de la -vida de Jesús no se explican sino por Juan, y una infinidad de rasgos -de la pasion, ininteligibles en los sinópticos<a id="FNanchor_49" -href="#Footnote_49" class="fnanchor">[44]</a>, adquieren verosimilitud -y posibilidad en el relato del cuarto evangelio. Por el contrario, -desafío á cualquiera á que componga una vida de Jesús que tenga sentido -comun, basándola en los discursos que Juan atribuye al maestro. Esa -manera de predicar de sí mismo y de evidenciarse incesantemente, esa -perpétua argumentacion, esa exornacion sin ninguna sencillez, esos -largos razonamientos con motivo de cada milagro, y esos discursos -áridos y tortuosos, cuyo tono es tan á menudo falso y desigual<a -id="FNanchor_50" href="#Footnote_50" class="fnanchor">[45]</a>, no -pueden aceptarse por ningun hombre de mediano gusto y discernimiento, -junto á las sentencias deliciosas de los sinópticos. Evidentemente -son piezas artificiales<a id="FNanchor_51" href="#Footnote_51" -class="fnanchor">[46]</a> que nos representan las predicaciones de -Jesús como los diálogos de Platon nos representan las pláticas de -Sócrates: son en cierto modo las variaciones de un músico que improvisa -por su propia cuenta sobre un tema determinado. El tema podrá no -carecer de alguna autenticidad, pero en la ejecucion se desborda el -capricho del artista. El proceder facticio, la retórica, el estudio, -se distinguen á la legua. Añádase á esto que, en los trozos de -que hablamos, no aparece el vocabulario de Jesús. La expresion de -«reino de Dios», que tan familiar era al maestro<a id="FNanchor_52" -href="#Footnote_52" class="fnanchor">[47]</a>, se encuentra en -ellos una vez solamente<a id="FNanchor_53" href="#Footnote_53" -class="fnanchor">[48]</a>. En cambio, el estilo de los discursos que -el cuarto evangelio atribuye á Jesús, ofrece completa semejanza con el -de las epístolas de San Juan; échase de ver que el autor, al escribir -los discursos, no seguia el hilo de sus recuerdos, sino el movimiento -bastante monótono de sus propias ideas. Desplégase en ellos toda una -lengua mística, de la que no tuvieron los sinópticos la menor nocion -(«mundo», «verdad», «vida», «luz», «tinieblas», etc.). Si Jesús se -hubiese expresado en ese estilo, que nada tiene de hebreo, ni de -judáico, ni de talmúdico, si así puede decirse, ¿cómo habria guardado -tan bien el secreto solo uno de sus oyentes?</p> - -<p>La historia literaria ofrece, además, otro ejemplo que tiene -grande analogía con el fenómeno histórico que acabamos de exponer -y que servirá para explicarle. Sócrates, de igual modo que Jesús, -nada escribió; lo que de él conocemos nos lo trasmitieron dos de -sus discípulos, Xenofonte y Platon.—El primero se asemeja á los -sinópticos por su redaccion limpia, trasparente, impersonal; el segundo -recuerda,<span class="pagenum" id="Page_19">p. 19</span> por su -vigorosa individualidad, al autor del cuarto evangelio. ¿Deben seguirse -los «Diálogos» de Platon ó las «Pláticas» de Xenofonte, para exponer -la enseñanza socrática? La duda no es posible en tal alternativa.—Todo -el mundo se atiene á las «Pláticas» y no á los «Diálogos.» Pero, ¿nada -nos enseña Platon respecto á Sócrates? Al escribir la biografía de este -último, ¿sería juicioso, en buena crítica, desdeñar los «Diálogos»? -¿Quién se atreveria á sostenerlo? Por otra parte, la semejanza no es -completa y la diferencia queda en favor del cuarto evangelio, cuyo -autor es, en efecto, el mejor biógrafo, de igual modo que Platon, no -obstante atribuir á su maestro ficticios discursos, conocia respecto á -su vida muchas cosas capitales que Xenofonte ignoraba completamente.</p> - -<p>Nosotros, sin pronunciarnos sobre la cuestion material de saber -qué mano trazó el cuarto evangelio, é inclinándonos á creer que los -discursos, cuando ménos, no son del hijo del Zebedeo, admitimos que -ese escrito es el «Evangelio segun Juan» de igual manera y en el mismo -sentido que el primero y segundo son los evangelios «segun Matheo» y -«segun Márcos.» La trama histórica del cuarto evangelio es la vida de -Jesús, tal como en la escuela de Juan se conocia; es el relato que -Aristion y <i>Presbyteros Joannes</i> hicieron á Papias sin decirle -que se hallaba escrito, particularidad á la que tal vez no daban -ninguna importancia. Añadiré que, á mi juicio, aquella escuela sabía -las circunstancias exteriores de la vida del fundador, mejor que el -grupo de cuyos recuerdos se formaron los evangelios sinópticos. Ella -tenía datos que los demás no poseyeron, sobre todo respecto á la -permanencia de Jesús en Jerusalen. Los afiliados de la escuela trataban -á Márcos de mediano biógrafo y habian imaginado un sistema para -explicar las lagunas de sus escritos. Ciertos pasajes de Lúcas, en los -cuales hay como un eco de las tradiciones joánicas<a id="FNanchor_54" -href="#Footnote_54" class="fnanchor">[49]</a>, prueban además que esas -tradiciones no eran completamente desconocidas del resto de la familia -cristiana.</p> - -<p>Paréceme que bastarán estas explicaciones para que el lector -conozca, al seguir el relato, los motivos que me hayan impulsado á dar -la preferencia á tal ó cual cronista de los cuatro que tenemos para -la vida de Jesús. En resúmen, yo admito como auténticos los cuatro -evangelios canónicos. En mi opinion todos alcanzan al primer siglo y -son, próximamente, de los autores á quienes se les atribuye; pero su -valor histórico es muy diverso. Matheo merece, en cuanto á los<span -class="pagenum" id="Page_20">p. 20</span> discursos, que se le conceda -ilimitada confianza; ellos son las <i>Logia</i>, las notas tomadas -bajo la impresion del recuerdo claro y palpitante de la enseñanza -de Jesús. Una especie de destello, dulce y terrible á la vez, y una -fuerza divina, si se me permite la frase, marcan esas palabras, y -destacándolas del texto, permiten al crítico reconocerlas fácilmente. -Aquel que se haya tomado el trabajo de hacer una composicion regular -sobre la historia evangélica, posee, bajo este supuesto, una excelente -piedra de toque. Las verdaderas palabras de Jesús se manifiestan -por sí mismas, y no bien se las toca, vibran en medio de ese cáos -de tradiciones de autenticidad desigual; ellas se traducen como -espontáneamente y surgen del relato, conservando en él extraordinario -relieve. Las partes narrativas que en el primer evangelio se agrupan -al rededor de ese núcleo primitivo, no tienen la misma autoridad. -Hállanse en ellas muchas leyendas bastante mal redondeadas, producto -de la piedad de la segunda generacion cristiana<a id="FNanchor_55" -href="#Footnote_55" class="fnanchor">[50]</a>. El evangelio de Márcos -es mucho más firme, más preciso, ménos sobrecargado de extemporáneos -é interesados detalles. De los tres sinópticos, él es el que ha -conservado un sabor más antiguo, más original, y el que ménos mezcla -ofrece de elementos posteriores. En Márcos, los detalles materiales -son de una claridad que en vano se buscaria en los otros evangelistas. -Gústale recordar ciertas palabras de Jesús en siro-caldeo<a -id="FNanchor_56" href="#Footnote_56" class="fnanchor">[51]</a>, y -las observaciones minuciosas en que abunda, no pueden venir sino -de un testigo ocular. Nada se opone á que ese testigo ocular, que -evidentemente siguió á Jesús, que le amó y le vió de cerca, conservando -de él viva imágen, fuese el apóstol Pedro, segun lo pretende Papias.</p> - -<p>En cuanto á la obra de Lúcas, su valor histórico es mucho más -débil:—esa obra es un documento de segunda mano. La narracion tiene -en ella mayor madurez, y las palabras de Jesús son más redundantes, -más concertadas. Algunas sentencias se llevan hasta el exceso -y adolecen de falsedad<a id="FNanchor_57" href="#Footnote_57" -class="fnanchor">[52]</a>. Escribiendo fuera de Palestina y sin -duda alguna despues del sitio de Jerusalen<a id="FNanchor_58" -href="#Footnote_58" class="fnanchor">[53]</a>, el autor no indica -los lugares con la misma exactitud que los otros dos sinópticos; -tiene una falsa idea del templo, figurándosele como un oratorio -adonde va cada uno á rezar sus devociones<a id="FNanchor_59" -href="#Footnote_59" class="fnanchor">[54]</a>, trunca los detalles -á fin de establecer una concordancia entre los diferentes relatos, -modera ciertos pasajes que habian llegado á ser embarazosos bajo el -punto de vista de una idea más exaltada de la<span class="pagenum" -id="Page_21">p. 21</span> divinidad de Jesús<a id="FNanchor_60" -href="#Footnote_60" class="fnanchor">[55]</a>, exagera lo maravilloso<a -id="FNanchor_61" href="#Footnote_61" class="fnanchor">[56]</a>, -comete errores de cronología<a id="FNanchor_62" href="#Footnote_62" -class="fnanchor">[57]</a>, omite las glosas hebráicas<a -id="FNanchor_63" href="#Footnote_63" class="fnanchor">[58]</a>, no cita -ninguna palabra de Jesús en esta lengua, y nombra, en fin, todas las -localidades por sus nombres griegos. Adivínase fácilmente el escritor -que compila, que no vió por sí mismo los testigos y que trabaja -sobre los textos, permitiéndose violentarlos á fin de ponerlos de -acuerdo. Es muy probable que Lúcas tuviese á la vista la compilacion -biográfica de Márcos y las <i>Logia</i> de Matheo. Pero no tiene -escrúpulo en tratar esos escritos con entera libertad:—unas veces reune -dos anécdotas ó dos parábolas para formar de ellas una sola; otras, -descompone una para hacer dos<a id="FNanchor_64" href="#Footnote_64" -class="fnanchor">[59]</a>. Lúcas interpreta los documentos con arreglo -á su particular juicio, y carece de la impasibilidad absoluta de Matheo -y de Márcos. Puede decirse que sus escritos reflejan algo de sus -gustos y de sus tendencias particulares:—Lúcas es un devoto sumamente -exacto; muestra singular empeño en presentarnos á Jesús como estricto -observador de los ritos judáicos<a id="FNanchor_65" href="#Footnote_65" -class="fnanchor">[60]</a>, es demócrata y ebionita exaltado, esto -es, muy opuesto á la propiedad, y se halla persuadido de que llegará -el dia en que los pobres tengan su desquite<a id="FNanchor_66" -href="#Footnote_66" class="fnanchor">[61]</a>; es aficionadísimo á -las anécdotas, y se complace en poner de manifiesto la conversion -de los pecadores y la exaltacion de los humildes<a id="FNanchor_67" -href="#Footnote_67" class="fnanchor">[62]</a>, modificando las -antiguas tradiciones á fin de darles este giro<a id="FNanchor_68" -href="#Footnote_68" class="fnanchor">[63]</a>. En sus primeras páginas -admite sobre la infancia de Jesús leyendas que refiere con esas largas -exageraciones, esos cánticos y esos procedimientos de convencion que -forman el carácter esencial de los evangelios apócrifos. Por último, -en el relato de los postreros años de Jesús hay algunas circunstancias -llenas de sentimiento y de ternura y algunas bellísimas palabras<a -id="FNanchor_69" href="#Footnote_69" class="fnanchor">[64]</a>, -atribuidas al maestro, que no se encuentran en los relatos de mayor -autenticidad, en las cuales se deja conocer el trabajo de la leyenda. -Probablemente Lúcas las tomaba de una compilacion más reciente, en -la que se trataba, con preferencia, de excitar los sentimientos -piadosos.</p> - -<p>Á la vista de un documento de semejante naturaleza, la razon -aconseja hacer uso de él con la mayor mesura. Desdeñarle completamente -sería tan poco juicioso como emplearle sin discernimiento. Lúcas tuvo -á su disposicion originales que ya no existen, y más bien que un -evangelista, es un biógrafo de Jesús, un <i>armonista</i>, un corrector -á la manera de Marcion y de Taziano. Pero tambien es un biógrafo del -pr<span class="pagenum" id="Page_22">p. 22</span>imer siglo, un -artista divino que, además de las noticias que recogió en los más -antiguos manantiales, nos presenta el carácter del fundador con una -exactitud de parecido, una inspiracion de conjunto y un relieve que no -se encuentran en los otros dos sinópticos. La lectura de su Evangelio -es la que nos ofrece mayor atractivo, porque á la incomparable belleza -del fondo comun se une cierta parte de artificio y de composicion que -aumenta singularmente el efecto del retrato, sin perjudicar de un modo -grave á la verdad.</p> - -<p>En resúmen, puede decirse que la redaccion sinóptica ha tenido -tres gradaciones: 1.ª el estado documentario original (<span -xml:lang="grc" lang="grc">λόγια</span> de Matheo, <span xml:lang="grc" -lang="grc">λεχθέντα ἢ πραχθέντα</span> de Márcos), redacciones -primitivas que ya no existen; 2.ª el estado de simple mezcla, en la que -se hallan amalgamados los documentos originales sin ningun esfuerzo de -composicion y sin que se eche de ver ninguna mira personal de parte de -sus autores (evangelios actuales de Matheo y de Márcos); 3.ª el estado -de combinacion ó de redaccion intencional, discurrida, en que se deja -conocer el esfuerzo que se ha hecho á fin de conciliar las diferentes -versiones (evangelio de Lúcas). En cuanto al evangelio de Juan, forma, -segun hemos dicho, una composicion de otro género y completamente -distinta.</p> - -<p>El lector notará que no hago uso ninguno de los evangelios -apócrifos. Estas composiciones no deben en manera alguna confundirse -con los evangelios canónicos, puesto que no son sino triviales y -pueriles amplificaciones basadas en aquellos, y nada añaden que -sea digno de aprecio. Por el contrario, he puesto suma atencion en -recoger los trozos que los Padres de la Iglesia nos han conservado -de los antiguos evangelios que otras veces existieron paralelamente -á los canónicos, y cuyo texto se ha perdido, tales como el Evangelio -segun los hebreos, el Evangelio segun los egipcios, y los Evangelios -llamados de Justino, de Marcion, de Taziano. Los dos primeros son de -mucha importancia, por cuanto á que se hallaban redactados en lengua -aramea como las <i>Logia</i> de Matheo, constituian, segun parece, una -variedad del evangelio de este apóstol, y fueron el evangelio de los -<i>ebionim</i>, esto es, de aquellas reducidas cristiandades de Batanea -que conservaron el uso del siro-caldeo, y que, hasta cierto punto, -siguieron la línea trazada por Jesús. Pero menester es convenir en que -esos evangelios, en el estado en que han llegado hasta nosotros, son -inferiores, por lo que hace á la <span class="pagenum" id="Page_23">p. -23</span>autoridad crítica, á la redaccion del evangelio que de Matheo -poseemos.</p> - -<p>Paréceme que ya se comprenderá el género de valor histórico que -atribuyo á los evangelios. No son, á mi entender, ni biografías -como las de Suetonio, ni leyendas ficticias semejantes á las de -Filóstrato; son biografías legendarias. Yo las comparo á las leyendas -de santos, á las Vidas de Plotino, de Proclo, de Isidoro y á otros -escritos del mismo género, en que se combinan en diferentes grados -la verdad histórica y la intencion de presentar modelos de virtud. -En esos escritos se echa de ver la inexactitud de que adolecen todas -las composiciones populares. Supongamos que tres ó cuatro veteranos -del primer imperio se hubiesen puesto, hace diez ó doce años, á -escribir cada uno en particular una vida de Napoleon con arreglo á -sus propios recuerdos. Puede apostarse á que sus relatos ofrecerian -infinitos errores y graves discordancias. Uno colocaria á Wagram -ántes de Marengo; otro no vacilaria en escribir que Napoleon arrojó -de las Tullerías al gobierno de Robespierre; otro, en fin, omitiria -las expediciones de más importancia. Pero dos cosas claras, palmarias, -llenas de verdad saldrian de esos ingénuos relatos:—el carácter del -héroe y la impresion que produjo en torno suyo. Bajo este punto de -vista, semejantes historias populares tendrian más valor que una -historia solemne y oficial. Otro tanto puede decirse de los evangelios. -Los evangelistas, cuidándose únicamente de ensalzar la excelencia del -maestro, sus milagros, su enseñanza, se muestran indiferentes hácia -todo lo que no es el espíritu de Jesús. Las contradicciones sobre el -tiempo, los sitios y las personas se miraban como insignificantes; -porque cuanto más alto era el grado de inspiracion que se prestaba á la -palabra de Jesús, tanto menor era el que se concedia á los redactores. -Estos no se consideraban sino como discípulos escribas, y á una sola -cosa consagraban su atencion: á no omitir nada de cuanto sabian.</p> - -<p>Es incuestionable que á esos recuerdos debió mezclarse una parte -de ideas preconcebidas. Varios trozos, en parte de Lúcas, fueron -inventados para dar mayor realce á ciertos rasgos de la fisonomía -de Jesús. Áun esta misma fisonomía experimentaba á cada paso nuevas -alteraciones. Jesús sería un fenómeno único en la historia si, teniendo -en cuenta el papel que desempeñó, no hubiese sido transfigurado -inmediatamente. La leyenda de Alejandro estaba ya terminada ántes -que se extinguiese la generacion de sus compañeros de armas<span -class="pagenum" id="Page_24">p. 24</span>; la de San Francisco de -Asís principió en vida del santo. De igual manera se operó durante -los veinte ó treinta años que siguieron á la muerte de Jesús, un -rápido trabajo de metamórfosis que prestó á su biografía esos giros -absolutos de leyenda ideal. La muerte perfecciona áun al hombre -más perfecto y le mejora á los ojos de los que le amaron. Por otra -parte, al mismo tiempo que se queria retratar al maestro, se queria -tambien demostrarle. Muchas anécdotas fueron concebidas para probar -que las profecías consideradas como mesiánicas habian tenido en él su -cumplimiento. Pero este proceder, cuya importancia no debe negarse, -no basta á explicarlo todo. Ninguna obra judáica de la época nos -ofrece una serie de profecías, exactamente redactadas, que el Mesías -debió cumplir. Várias de las alusiones mesiánicas contenidas en los -evangelios son tan sutiles, tan indirectas, que no puede suponerse -que respondieran á una doctrina admitida generalmente. Unas veces -se razona de este modo:—«El Mesías debe hacer tal cosa; Jesús la ha -hecho; luego Jesús es el Mesías.» Otras se raciocina á la inversa:—«Tal -cosa ha sucedido á Jesús; esa misma cosa debia sucederle al Mesías; -luego Jesús es el Mesías»<a id="FNanchor_70" href="#Footnote_70" -class="fnanchor">[65]</a>. Cuando se trata de analizar el tejido de -esas profundas creaciones del sentimiento popular que, por su riqueza -y por su variedad infinita, echan por tierra todos los sistemas, las -explicaciones demasiado sencillas son siempre falsas.</p> - -<p>Compréndese fácilmente que para no ofrecer, con el auxilio de tales -documentos, sino aquello que no admita contradiccion, es menester -limitarse á las líneas generales. En casi todas las historias antiguas, -áun en aquellas que son ménos legendarias que los evangelios, los -detalles dan lugar á infinitas dudas. Áun poseyendo dos relatos sobre -un mismo hecho, es cosa extremadamente rara que los dos se hallen en -perfecta armonía. Siendo esto así, ¿no hay motivo para dudar cuando no -se tiene sino uno solo, y en él se notan las mismas contradicciones? -Puede asegurarse que entre los discursos, las anécdotas y las palabras -célebres referidas por los historiadores, no hay ni una siquiera de -rigurosa autenticidad. ¿Habia taquígrafos que fijaran aquellas rápidas -palabras? ¿Se hallaba siempre presente un analista que anotase los -gestos, los ademanes y los movimientos de los actores? Que se intente -depurar lo que hay de verdadero en el modo como se realizó tal ó cual -hecho contemporáne<span class="pagenum" id="Page_25">p. 25</span>o, de -seguro no se conseguirá. Dos relatos de un mismo acontecimiento hechos -por testigos oculares difieren esencialmente. Mas ¿debe uno renunciar -por eso al colorido de los relatos y limitarse á lo que enuncia el -conjunto? Esto sería suprimir la historia. De buena gana concedo que, á -excepcion de ciertos axiomas cortos y casi mnemónicos, ninguno de los -discursos referidos por Matheo es textual; pero ¿lo son acaso nuestros -resúmenes estenográficos? Tambien admito que ese admirable relato de -la pasion contiene multitud de inexactitudes. Mas ¿podria escribirse -la historia de Jesús haciendo caso omiso de esas predicaciones que de -tan viva manera nos pintan el carácter de sus discursos, y limitándose -á decir con Josefo y Tácito, «que fué condenado á muerte por Pilátos -á instigacion de los sacerdotes?» Semejante proceder sería, en mi -opinion, un género de inexactitud peor que aquel á que uno se expone -admitiendo los detalles que los textos nos proporcionan. Esos detalles -no son verdaderos al pié de la letra, pero son de una verdad superior, -más verídicos que la misma verdad desnuda, por cuanto á que ellos -constituyen la verdad expresiva y parlante, elevada á la altura de una -idea.</p> - -<p>Ruego á las personas que me tachen de conceder exagerada confianza -á relatos legendarios en gran parte, que se dignen tener en cuenta -la observacion que acabo de hacer. ¿Á qué se reduciria la vida de -Alejandro si nos limitásemos á lo que materialmente hay en ella de -cierto? Hasta las tradiciones, en parte erróneas, contienen una -porcion de verdad que la historia no debe mirar con indiferencia. -Nadie ha echado en cara á M. Sprenger el haber tenido en cuenta -los <i>hadith</i> ó tradiciones orales sobre el profeta Mahoma, al -escribir su vida, y atribuido frecuentemente á su héroe palabras, á -veces textuales, que no se conocen sino en el citado escrito. Y sin -embargo, las tradiciones sobre Mahoma no tienen un carácter histórico -superior al de los discursos y relatos que componen los evangelios. -Aquellas tradiciones fueron escritas desde el año 50 al 140 de la -hégira. Cuando se escriba la historia de las escuelas judáicas -pertenecientes á los siglos que precedieron y siguieron inmediatamente -el cristianismo, ningun escrúpulo se tendrá en atribuir á Hillel, á -Schammai y á Gamaliel las máximas que les atribuyen la <i>Mischna</i> -y la <i>Gemara</i>, no obstante no haberse redactado estas grandes -compilaciones sino varios centenares de años despues de los doctores en -cuestion.</p> <p><span class="pagenum" id="Page_26">p. 26</span></p> -<p>Respecto á las personas que, por el contrario, crean que la historia -debe limitarse á reproducir sin comentarios los textos que han llegado -hasta nosotros, les haré observar que semejante sistema no es lícito -en el asunto de que se trata. Los cuatro principales documentos se -hallan en flagrante contradiccion unos con otros, y además Josefo -los rectifica algunas veces. Forzoso es elegir. Pretender que un -acontecimiento no pudo efectuarse á la vez de dos maneras diversas ni -de un modo imposible, no es imponer á la historia una filosofía <i>à -priori</i>. Porque existan várias versiones diferentes de un mismo -hecho, y porque á todas esas versiones haya mezclado la credulidad -circunstancias fabulosas, no debe el historiador rechazar el hecho -como falso; lo que debe hacer es, obrar con prudencia, discutir y -proceder por induccion. Hay particularmente una clase de relatos -respecto á los cuales se hace precisa la aplicacion de ese principio; -tales son los relatos sobrenaturales. Querer explicar esos relatos ó -reducirlos á leyendas no es mutilar los hechos en nombre de la teoría, -sino partir de su misma observacion. De cuantos milagros hormiguean -en las antiguas historias, ninguno pasó bajo condiciones científicas. -Pruébase por una experiencia constante, jamás desmentida, que los -milagros no suceden sino en los tiempos y en los países que creen -en ellos y ante personas dispuestas á darles fe. No hay milagro que -se haya producido ante una reunion de hombres capaces de comprobar -el carácter milagroso del hecho. En tal materia no son competentes -ni las personas del pueblo ni las de una clase más elevada: para -ello se necesitan grandes precauciones y estar muy acostumbrado á -las investigaciones científicas. ¿No se han visto en nuestros dias á -muchas personas inteligentes siendo víctimas de groseros prestigios -y pueriles ilusiones? Hechos maravillosos, que afirmaban ciudades -enteras, se convirtieron en hechos reprobados<a id="FNanchor_71" -href="#Footnote_71" class="fnanchor">[66]</a>, gracias á una -informacion más severa y minuciosa. Pues bien, si se halla fuera de -duda que ningun milagro contemporáneo puede resistir al exámen, ¿no es -mucho más verosímil que los milagros de la antigüedad, ocurridos todos -en reuniones populares, tuviesen tambien su parte de ilusion, la cual -veriamos en ellos si nos fuese posible criticarlos detalladamente?</p> - -<p>Si nosotros desterramos de la historia los milagros, no es á nombre -de tal ó cual filosofía, sino á nombre de una constante experiencia. -Nosotros no decimos: «Los milagros son<span class="pagenum" -id="Page_27">p. 27</span> imposibles»; afirmamos: «Que hasta hoy -no ha habido un milagro comprobado.» Supongamos que se presentase -mañana un taumaturgo, ofreciendo garantías bastante formales para ser -discutibles, y que anunciase, por ejemplo, resucitar á un muerto; ¿qué -se haria entónces? Se nombraria una comision compuesta de fisiólogos, -físicos, químicos, de personas acostumbradas á la crítica histórica. -Esta comision elegiria el cadáver, se aseguraria de que la muerte -era real y verdadera, designaria el local en que debiera hacerse la -experiencia, y tomaria todas las precauciones necesarias á fin de -no dejar pretexto á ninguna duda. Si la resurreccion se operase en -tales condiciones, se habria adquirido una probabilidad casi igual -á la certidumbre. Sin embargo, como quiera que un experimento debe -ser siempre susceptible de repetirse; que lo que se hace una vez -puede hacerse dos ó veinte, y que en materia de milagros no puede ser -cuestion de fácil ó difícil, el taumaturgo sería invitado á reproducir, -en otras circunstancias, sobre otros cadáveres y en diferente medio, -su acto maravilloso. Pues bien, si á cada nueva prueba se repitiese el -milagro, dos cosas quedarian fuera de duda:—Primera, que en el mundo -suceden hechos sobrenaturales; segunda, que la facultad de producirlos -pertenece ó ha sido conferida á ciertas personas. Pero ¿quién no -conoce que los milagros no han sucedido nunca en tales condiciones; -que hasta hoy el taumaturgo ha elegido siempre el medio, el público y -el asunto de sus milagros; que frecuentemente es el pueblo mismo el -que, por esa invencible necesidad de ver en los grandes acontecimientos -y en los grandes hombres algo de divino, crea, mucho despues, las -leyendas maravillosas? Miéntras no se nos pruebe lo contrario, nosotros -mantendrémos estos principios de crítica histórica:—que un relato -sobrenatural no puede admitirse en tal concepto, porque implica siempre -credulidad ó impostura, y que el deber del historiador consiste en -desmenuzarle y en separar con esmero la parte verídica que en él se -halle mezclada con el error.</p> - -<div class="section"> -<p>Tales son las reglas que he seguido en la composicion de este -escrito. Á la lectura de los textos he podido añadir un gran manantial -de luz, consistente en la vista de los lugares donde pasaron los -acontecimientos. Teniendo por objeto la mision científica que dirigí -en 1860 y 1861 explorar la antigua Fenicia, tuve que residir en las -fronteras de Galilea y que viajar por ella frecuentemente. Entónces -atravesé e<span class="pagenum" id="Page_28">p. 28</span>n todos -sentidos la provincia evangélica, visité á Jerusalen, á Hebron y la -Samaria, y no escapó á mi exámen casi ninguna localidad importante -de la historia de Jesús. Al recorrerlas, toda esa historia, que -á distancia parece flotar en las nubes de un mundo imaginario, -adquirió tal cuerpo y solidez, que no pudieron ménos de admirarme. La -sorprendente concordancia de los textos con los lugares, y la armonía -maravillosa del ideal evangélico con el país que le sirve de cuadro, -fueron para mí como una revelacion. Un quinto evangelio, lacerado, pero -todavía legible, apareció á mis ojos, y vi, á traves de los relatos -de Matheo y de Márcos, no ya un sér abstracto, cuya existencia parece -dudosa, sino una admirable figura humana llena de vida y de movimiento. -Durante el verano, habiéndome sido preciso, á fin de reposar un poco, -subir hasta Ghazir, en el Líbano, tracé á grandes rasgos la imágen -que se me habia aparecido, y de aquel bosquejo resultó esta historia. -Apénas me faltaban algunas páginas cuando una prueba cruel vino á -precipitar mi partida. De manera que el libro fué compuesto por entero -muy cerca de los mismos lugares en que nació y vivió Jesús. Despues -de mi regreso he trabajado incesantemente en verificar y comprobar, -detalle por detalle, el embrion que, sin más auxilio que cinco ó seis -volúmenes, escribí de prisa bajo el techo de una cabaña maronita.</p> -</div> - -<p>Quizás deploren algunos el giro biográfico de mi obra. Cuando por -la primera vez concebí el pensamiento de escribir una historia de -los orígenes del cristianismo, confieso que, en efecto, trataba de -hacer una historia de doctrinas, en la cual no hubiesen tenido los -hombres casi ningun lugar. Jesús mismo habria sido apénas mencionado, -consagrándome, como pensaba, á demostrar de qué modo germinaron y -cubrieron el mundo las ideas que se produjeron bajo su nombre. Pero -despues comprendí que la historia no es un simple juego de abstraccion -y que los hombres entran en ella por mucho más que las doctrinas. No -fué por cierto la teoría sobre la justificacion y la redencion la que -operó la Reforma, sino Lutero y Calvino. El parsismo, el helenismo, el -judaismo habrian podido combinarse bajo todas las formas; las doctrinas -de la resurreccion y del Verbo habrian podido desarrollarse por espacio -de siglos sin producir ese hecho fecundo, único, grandioso, que se -llama cristianismo. Ese hecho es la obra de Jesús, de San Pablo, de -San Juan. Escribir la historia de Jesús, de San<span class="pagenum" -id="Page_29">p. 29</span> Pablo, de San Juan, es escribir la historia -de los orígenes del cristianismo. En cuanto á los movimientos -anteriores, ellos pertenecen á nuestro asunto, por cuanto á que sirven -para explicar la existencia de aquellos hombres extraordinarios, los -cuales tuvieron necesariamente su lazo de union con las cosas que los -habian precedido.</p> - -<p>Al hacer semejante esfuerzo para reanimar las grandes almas del -pasado, debe permitirse una parte de adivinacion y de conjetura. -Una gran vida es un todo orgánico que no puede representarse por la -simple aglomeracion de hechos pequeños. Es menester que un sentimiento -profundo abarque el conjunto y haga la unidad. En semejante asunto -es un buen guía la razon del arte; el tacto exquisito de un Gœthe -encontraria en él motivo para ejercitarse. La condicion esencial -de las creaciones del arte estriba en formar un sistema viviente -cuyas partes se armonicen unas con otras. La señal infalible de -que, en las historias del género de ésta, se ha llegado á poseer -lo verdadero, consiste en haber conseguido combinar los textos de -manera que de su combinacion resulte un relato lógico, verosímil, -sin ninguna discordancia. Las leyes íntimas de la vida, de la marcha -de los productos orgánicos, de la gradacion de los matices, deben -consultarse á cada paso; porque no se trata aquí de volver á encontrar -la circunstancia material cuya prueba no es posible, sino el alma misma -de la historia; no es la insignificante certidumbre de las bagatelas -lo que se necesita buscar, sino la precision del sentimiento general, -la verdad del colorido. Cada rasgo que se aleje de las reglas de la -narracion clásica debe ser una advertencia de estar sobre aviso, porque -el hecho que se trata de referir fué palpitante, natural, armonioso. -Si no se consigue presentarle de esa manera, es porque de seguro no -se llegó á conocerle bien. Supongamos que al restaurar la Minerva de -Fidias con arreglo á los textos, se produjese un conjunto seco, duro, -artificial. ¿Qué deberia deducirse? Una sola cosa: que los textos -necesitan la interpretacion del buen gusto, siendo indispensable -examinarlos y cotejarlos minuciosamente hasta conseguir de ellos un -conjunto cuyos datos se armonicen y confundan sin ningun esfuerzo. ¿Se -tendria entónces la seguridad de poseer, línea por línea, la estatua -griega? No; pero, al ménos, no se poseeria la caricatura: se tendria el -espíritu general de la obra, uno de los modos como pudo existir.</p> - -<p>Nosotros no hemos vacilado en adoptar por guía en el <span -class="pagenum" id="Page_30">p. 30</span>arreglo general del relato -ese sentimiento de un organismo viviente. La lectura de los evangelios -basta para probar que sus redactores, sin embargo de tener en la -mente un plan exacto de la vida de Jesús, no se guiaron por datos -cronológicos bien rigurosos; Papias nos lo dice además expresamente. -Las frases: «En aquel tiempo... despues de lo cual... entónces... -sucedió que...», etc., no son sino simples transiciones destinadas -á enlazar entre sí los diferentes relatos. Escribir la historia de -Jesús dejando todas las noticias que nos suministran los evangelios -en el desórden en que la tradicion nos las presenta, sería lo mismo -que escribir la historia de un hombre célebre, ofreciendo en confusa -mescolanza las cartas y las anécdotas de su juventud, de su vejez y -de su edad viril. En el Coran, que tambien nos presenta en el más -completo desórden las piezas de las diferentes épocas de la vida de -Mahoma, una crítica ingeniosa ha concluido por hallar el secreto de su -confeccion; conócese ya de una manera casi cierta el órden cronológico -en que fueron compuestos aquellos escritos. Semejante sistema de -reconstitucion es mucho más difícil respecto á los evangelios, porque -la vida pública de Jesús fué más corta y ménos sobrecargada de -acontecimientos que la del fundador del Islam. Esto no obstante, creo -que no se calificará de sutileza gratuita la tentativa de encontrar -un hilo que sirva de guía en este dédalo. Suponer que un fundador -religioso empiece por adherirse á los aforismos morales que circulaban -ya en su tiempo, y á las prácticas más admitidas; que entrando despues -en plena posesion de su idea se complazca en un género de elocuencia -tranquila, poética, ajena á toda controversia, suave y libre como -el sentimiento puro; que poco á poco se anime y exalte al hallar -oposicion, y concluya por las polémicas y las fuertes invectivas; -suponer todo esto, no es ciertamente abusar de la hipótesis. Tales -son los períodos que en el Coran se distinguen de un modo claro. Una -marcha análoga supone el órden que los sinópticos adoptaron con tacto -exquisito. Léase atentamente á Matheo, y se hallará en la distribucion -de sus discursos una gradacion muy semejante á la que acabamos de -indicar. Por otra parte, se observará la reserva de los giros de -frase que empleamos cuando se trata de exponer el progreso de las -ideas de Jesús. En las divisiones adoptadas á este propósito puede no -ver el lector, si así lo prefiere, sino los córtes indispensables á -la exposicion metódica de un pensamiento profundo y complicado.</p> -<p><span class="pagenum" id="Page_31">p. 31</span></p> <p>Si el amor á -un asunto puede servir á facilitarnos su inteligencia, se me concederá -que no me ha faltado esta condicion. Para escribir la historia de una -religion es indispensable, en primer lugar, haber creido en ella (sin -esto no podria comprenderse cómo ha podido subyugar y satisfacer la -conciencia humana); en segundo, no creer ya de una manera absoluta; -porque la fe absoluta es incompatible con la sinceridad de la historia. -Pero el amor existe sin la fe. Puede uno muy bien no adherirse á -ninguna de las formas que cautivan la adoracion de los hombres, sin -renunciar por eso á deleitarse con lo que ellas contienen de bueno y -de hermoso. Ninguna manifestacion pasajera agota el manantial divino; -Dios se habia revelado ántes de Jesús, Dios se revelará despues de -él. Profundamente desiguales y tanto más divinas cuanto más grandes -y espontáneas, las manifestaciones del Dios oculto en el fondo de -la conciencia humana son todas del mismo órden. Jesús no pertenece -únicamente á los que se dicen sus discípulos: él es la honra comun de -todo el que siente latir en su pecho un corazon de hombre. No se le -glorifica excluyéndole de la historia; ríndesele un culto más verdadero -demostrando que sin él -la historia entera sería incomprensible.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_1"> - <p><span class="pagenum" id="Page_33">p. 33</span></p> - <p class="centra g0 fs150">VIDA</p> - <p class="centra fs200 g1 ws1">DE JESÚS</p> - <hr class="tir" /> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO PRIMERO</h2> - <p class="subh2">RANGO DE JESÚS EN LA HISTORIA DEL MUNDO</p> -</div> - -<p>La revolucion por medio de la cual pasaron las más nobles porciones -de la humanidad, de las antiguas religiones comprendidas bajo el vago -nombre de paganismo, á una religion fundada sobre la unidad divina, -la trinidad y la encarnacion del Hijo de Dios, es el acontecimiento -capital de la historia del mundo. Esta conversion necesitó para -consumarse cerca de mil años. Lo ménos trescientos invirtió la nueva -religion sólo en formarse. Pero el orígen de la revolucion de que se -trata es un hecho que tuvo lugar bajo los reinados de Augusto y de -Tiberio. Entónces vivió una persona que, por su audaz iniciativa y por -el amor que supo inspirar, creó el objeto y afirmó la base de la futura -ley que debia regir á la humanidad.</p> - -<p>El hombre fué religioso desde el momento en que se distinguió del -animal; esto es, en que vió en la naturaleza algo más que la realidad, -y sintió en sí mismo alguna cosa que no concluia en el sepulcro. -Durante millares de años, este sentimiento se extravió del modo más -extraño;—en muchas razas, se limitó á la creencia en los hechiceros -bajo la grosera forma que la vemos todavía en algunas partes de la -Oceanía;<span class="pagenum" id="Page_34">p. 34</span> en otras, el -sentimiento religioso conducia á vergonzosas y sangrientas escenas, -tales como las que formaron el carácter de la antigua religion de -Méjico; en otras, y particularmente en África, llegó á convertirse -en puro fetichismo, esto es, á ceñirse á la adoracion de un objeto -material, al cual se atribuian poderes sobrenaturales. Así como el -instinto del amor, que á veces eleva y ennoblece al hombre más vulgar, -suele cambiarse en perversion y ferocidad; de igual manera esta -facultad divina de la religion pudo trasformarse por largo tiempo en -una especie de cáncer que era preciso extirpar de la raza humana; en -una causa de errores y de crímenes que los sabios debian tratar de -suprimir.</p> - -<p>Las brillantes civilizaciones que desde remotísima antigüedad se -desarrollaron en China, en Babilonia y en Egipto, imprimieron á la -religion cierto progreso. En China imperó desde muy temprano una -especie de mediano buen sentido que impidió á aquel pueblo caer en -los grandes extravíos de otras razas.—Allí no se conocieron ni las -ventajas ni los abusos del genio religioso. Pero por lo mismo no -ejerció, bajo este aspecto, ninguna influencia sobre la direccion de la -gran corriente de la humanidad. Las religiones de Babilonia y de Siria -conservaron siempre un fondo de extraño sensualismo; hasta su extincion -en los siglos cuarto y quinto de nuestra era, aquellas religiones -fueron escuelas de inmoralidad, de las cuales, por una especie de -intuicion poética, salian á veces algunos destellos del mundo divino. -Á traves de un fetichismo aparente, Egipto poseyó quizás desde muy -temprano dogmas metafísicos y un simbolismo revelado. Pero sus -interpretaciones de una teología refinada no eran sin duda primitivas. -Cuando el hombre posee una idea clara, no se entretiene jamás en -revestirla de símbolos; casi siempre que se buscan ideas bajo antiguas -imágenes misteriosas, cuyo significado se ha perdido, es á consecuencia -de prolongadas reflexiones y á causa de la imposibilidad en que se -halla el espíritu humano de resignarse con lo absurdo. Sin embargo, no -fué en Egipto donde surgió la fe de la humanidad. Los elementos que á -traves de mil trasformaciones pasaron de Siria y Egipto á la religion -cristiana, son formas exteriores de escasa trascendencia, ó bien -escorias semejantes á las que siempre existen en el fondo de los cultos -más depurados. El gran defecto de las religiones mencionadas era su -carácter esencialmente supersticioso; si de algo llenaron el mundo fué -de millones de amulet<span class="pagenum" id="Page_35">p. 35</span>os -y de abraxas. Ninguna grande idea moral podia salir de razas abatidas -por un despotismo secular y acostumbradas á instituciones que hacian -casi nulo el ejercicio de la libertad en los individuos.</p> - -<p>La poesía del alma, la fe, la libertad, la honradez y la abnegacion, -aparecieron sobre la tierra con las dos grandes razas que hasta -cierto punto formaron la humanidad: con la raza indo-europea y la -raza semítica. Las primeras instituciones de la raza indo-europea -fueron esencialmente naturalistas; pero era un naturalismo profundo -y moral, un enlace amoroso de la naturaleza y el hombre, una poesía -deliciosa llena del sentimiento de lo infinito; un principio, en fin, -de lo que habia de constituir con el trascurso de los siglos el genio -céltico germánico, de lo que habian de expresar Gœthe y Shakspeare. -Aquello no era religion ni moral reflexionadas; sino melancolía, -ternura, imaginacion, y sobre todo, algo de grave y serio, cualidades -indispensables á la moral y á la religion. Sin embargo, la fe de la -humanidad no podia venir de allí, porque aquellos antiguos cultos se -desprendian trabajosamente del politeismo encarnado en ellos, y porque -no conducian á un símbolo bien claro. Si el bramanismo ha llegado hasta -nosotros, se debe sin duda al asombroso privilegio de conservacion que -la India parece poseer. El budismo fracasó en todas sus tentativas -por extenderse hácia el Oeste. El druidismo permaneció como forma -exclusivamente nacional y sin tendencias universales. Las tentativas -griegas de reforma, el orfismo y los misterios no bastaron para dar -á las almas un alimento sólido. Persia tan sólo llegó á formarse una -religion dogmática semi-monoteista y sábiamente organizada; pero es más -que posible que aquella misma organizacion no fuese sino una imitacion -ó un plagio. De cualquier modo, Persia se convirtió cuando en sus -fronteras vió aparecer el lábaro de la unidad divina proclamada por el -Islam.</p> - -<p>La gloria de haber formado la religion de la humanidad pertenece -toda entera á la raza semítica<a id="FNanchor_72" href="#Footnote_72" -class="fnanchor">[67]</a>. Bajo su tienda, no contagiada por los -desórdenes del mundo, ya corrompido, y mucho más allá de los confines -de la historia, el patriarca beduino preparaba la fe del género humano. -Una invencible antipatía hácia los cultos voluptuosos de Siria, una -gran sencillez en el ritual, ausencia completa de templos, y el ídolo -reducido á insignificantes <i>terafim</i>, hé aquí su superioridad. -Entre todas las tribus de semitas nómadas, la de los Beni-Israe<span -class="pagenum" id="Page_36">p. 36</span>l estaba ya señalada para el -cumplimiento de inmensos destinos. Sus antiguas relaciones con Egipto, -de las que acaso resultaron algunas imitaciones puramente materiales, -no hicieron sino aumentar su aversion por la idolatría. Una «ley» ó -<i>thora</i>, escrita desde muy antiguo sobre tablas de piedra, y cuyo -orígen hacian remontar á su gran libertador Moisés, era ya el código -del monoteismo y contenia poderosos gérmenes de igualdad social y de -moralidad, comparada con las instituciones de Egipto y de Caldea. Un -cofre ó arca provista de dos anillos laterales para poder trasportarla -por medio de una palanca atravesada, constituia todo el material -religioso.—En ella estaban reunidos los objetos sagrados de la nacion, -sus reliquias, sus recuerdos, el «libro», en fin, diario de la tribu -siempre abierto, pero en el cual no se escribia sino muy discretamente. -Bien pronto la familia encargada del trasporte y custodia de aquellos -archivos portátiles adquirió grande importancia, hallándose cerca del -libro y disponiendo de él. Sin embargo, la institucion que decidió del -porvenir de la humanidad no vino de allí; el sacerdote hebreo difiere -muy poco de los otros sacerdotes de la antigüedad. El carácter que -esencialmente distingue á Israel de los otros pueblos teocráticos -consiste en que allí el sacerdocio estuvo siempre subordinado á la -iniciativa individual. Además de los sacerdotes, cada tribu nómada -tenía su <i>nabi</i> ó profeta, especie de oráculo viviente á quien -se consultaba para la solucion de cuestiones oscuras que exigian un -alto grado de prevision. Los <i>nabis</i> de Israel, organizados -en grupos ó escuelas, tuvieron gran superioridad. Defensores del -antiguo espíritu democrático, enemigos de los ricos y opuestos á toda -organizacion política y á cuanto pudiera encaminar á Israel por la -via de las naciones, ellos fueron los verdaderos instrumentos de la -supremacía religiosa del pueblo judío. Desde muy temprano anunciaron -esperanzas ilimitadas; y cuando el pueblo, víctima hasta cierto punto -de sus consejos impolíticos, fué subyugado por el poder asirio, ellos -proclamaron que le estaba reservado un reino sin límites; que Jerusalen -sería un dia la capital del mundo entero y que el género humano se -haria judío. Jerusalen y su templo se les aparecian como una ciudad -colocada en la cumbre de una montaña, hácia la cual se dirigirian -todos los pueblos de la tierra; como un oráculo de donde debia salir -la ley universal; como el centro de un reino ideal en donde el género -humano, paci<span class="pagenum" id="Page_37">p. 37</span>ficado por -Israel, volveria á encontrar los goces del Eden<a id="FNanchor_73" -href="#Footnote_73" class="fnanchor">[68]</a>.</p> - -<p>Para exaltar el martirio y celebrar el poder del «hombre de dolor», -déjanse ya oir acentos desconocidos. Á propósito de alguno de aquellos -sublimes pacientes que, á la manera de Jeremías, regaban con su sangre -las calles de Jerusalen, un inspirado compuso un cántico sobre los -sufrimientos y el triunfo del «servidor de Dios», cántico en el cual -parece reconcentrarse toda la fuerza profética del genio de Israel<a -id="FNanchor_74" href="#Footnote_74" class="fnanchor">[69]</a>.</p> - -<blockquote> - - <p>«Crecia como humilde planta y brotaba como una raíz en tierra - árida; no tenía aspecto bello ni esplendoroso. Despreciado y - desechado de los hombres, nadie hacia caso de él. Cubierto de - vergüenza y afrentado, era una nada. Es verdad que él mismo tomó - sobre sí nuestras dolencias y cargó con nuestras penalidades, pero - se le reputaba como un leproso y como hombre herido de la mano de - Dios y humillado. Por causa de nuestras iniquidades fué él llagado - y despedazado por nuestras maldades; de su castigo debia nacer - nuestra paz, y con sus cardenales fuimos nosotros curados. Como - ovejas descarriadas hemos sido todos nosotros; cada cual se desvió - y á él sólo le ha cargado Jehová sobre las espaldas la iniquidad de - todos. Despreciado, humillado, no abrió su boca, fué conducido á la - muerte, como va la oveja al matadero; como un corderito que está mudo - delante del que le esquila, no abrió la boca. Su sepulcro será como - el sepulcro de un malvado, su muerte como la muerte de un impío. Pero - despues de sufrida la opresion é inicua condena, verá levantarse una - generacion numerosa y los intereses de Jehová prosperarán entre sus - manos.»</p> - -</blockquote> - -<p>Al mismo tiempo se operaron en la <i>Thora</i> profundas -modificaciones. Produjéronse nuevos textos, como el Deuteronomio, que -pretendian representar la verdadera ley de Moisés, y en realidad ellos -inauguraron un espíritu muy diferente del de los antiguos nómadas. El -carácter dominante de aquel espíritu fué un gran fanatismo. Creyentes -furibundos provocaban contínuas violencias contra todo lo que se -separaba del culto de Jehová, y un código sanguinario, estableciendo -la pena de muerte por delitos religiosos, consigue abrirse camino. -La piedad trae consigo casi siempre singulares contrastes de -vehemencia y de dulzura. Aquel celo religioso, que no conoció la -grosera sencillez del tiempo de los Jueces, inspira entonaciones de -conmovedora predicacion y de uncion ternísima, tales como el mundo no -las habia escuchado hasta entón<span class="pagenum" id="Page_38">p. -38</span>ces. Déjase ya sentir una poderosa tendencia hácia las -cuestiones sociales, y las utopias, los ensueños de una sociedad -perfecta penetran en el seno del código. El Pentateuco, mezcla de moral -patriarcal y de ardiente devocion, de instituciones primitivas y de -refinamientos piadosos como los que llenaron el alma de un Ezequías, -de un Josías ó de un Jeremías, se fijó de esta manera en la forma en -que le vemos, y por espacio de siglos llegó á ser la regla absoluta del -espíritu nacional.</p> - -<p>Una vez creado aquel gran libro, la historia del pueblo judío se -desarrolla con irresistible rapidez. Los grandes imperios que se -sucedieron en el Asia occidental, arrebatándole toda esperanza de un -reino terrestre, le obligan á que se eche, con una especie de sombría -pasion, en brazos de los ensueños religiosos. No cuidándose entónces -de dinastía nacional ni de independencia política, acepta todos los -gobiernos, siempre que le dejen practicar libremente su culto y seguir -sus costumbres. En adelante Israel no tendrá otra direccion que la de -sus entusiastas religiosos, otros enemigos que los de la unidad divina, -ni otra patria que su ley.</p> - -<p>Y preciso es notarlo, aquella ley era toda ella social y moral; era -la obra de hombres penetrados de un elevado ideal de la vida presente, -que habian creido encontrar los mejores medios de realizarle. Todo -el mundo se halla convencido de que la <i>Thora</i> bien observada -no puede ménos de conducir á la perfecta felicidad. En aquella -<i>Thora</i> nada hay de comun con las «leyes» griegas ó romanas, las -cuales, no teniendo presente más que el derecho abstracto, penetran -poco en las cuestiones de felicidad y moralidad privadas. Conócese de -antemano que los resultados que saldrán de ella serán de órden social -y no de órden político; que la obra en que trabaja aquel pueblo es un -reino de Dios y no una república civil; una institucion universal, más -bien que una nacionalidad ó una patria.</p> - -<p>Israel, en medio de numerosos desfallecimientos y flaquezas, -sostiene admirablemente esta vocacion. Una serie de hombres piadosos -abrasados por el celo de la ley, tales como Esdras, Nehemías, -Onías y los Macabeos, se suceden en la defensa de las antiguas -instituciones. La idea de que Israel es un pueblo de santos, una tribu -elegida por Dios y ligada hácia él por medio de un contrato, echa -hondas raíces, que se hacen cada dia más sólidas y profundas. Una -inmensa esperanza llena las almas. Toda la antigüedad indo-europea -habia<span class="pagenum" id="Page_39">p. 39</span> colocado el -paraíso en el orígen; todos sus poetas habian llorado una edad de oro -desvanecida:—Israel coloca la edad de oro en el porvenir. Los Salmos, -esa eternal poesía de las almas religiosas, brotan con su divina y -melancólica armonía de este pietismo exaltado. Miéntras que en torno -suyo las religiones paganas se reducen más y más á un charlatanismo -oficial en Persia y Babilonia, á una grosera idolatría en Siria y -Egipto, y á vanos simulacros en el mundo griego y latino, Israel -llega á ser verdaderamente y por excelencia el pueblo de Dios. Lo que -los mártires cristianos hicieron en los primeros siglos de nuestra -era, lo que hasta nuestros tiempos han hecho las víctimas de la -ortodoxia perseguidora en el seno mismo del cristianismo, eso fué lo -que los judíos realizaron en los dos siglos que precedieron á la era -cristiana. Un movimiento extraordinario de ideas que iban á parar á -los más opuestos resultados hacia de ellos en aquella época el pueblo -más chocante y original del mundo. Su dispersion por todo el litoral -del Mediterráneo, y el uso de la lengua griega que adoptaron fuera de -Palestina prepararon el camino á una propaganda de que las antiguas -sociedades no habian ofrecido todavía ningun ejemplo, divididas como se -hallaban en pequeñas nacionalidades.</p> - -<p>Á pesar de su persistencia en anunciar que un dia llegaria á -ser la religion del género humano, el judaismo conservó hasta el -tiempo de los Macabeos el carácter de todos los otros cultos de la -antigüedad, ciñéndose á un culto de familia y de tribu. El israelita -creia que su culto era el mejor, y hablaba con desprecio de los -dioses extranjeros:—creia más, creia que el culto del verdadero -Dios no se habia hecho sino para él solo. El que ingresaba en el -seno de una familia judía, abrazaba el culto de Jehová, y á esto se -reducia todo. Por lo demás, ningun israelita pensaba en convertir -al extranjero á un culto que se creia patrimonio exclusivo de los -hijos de Abraham. El desarrollo del espíritu pietista que se produjo -despues de Esdras y de Nehemías, trajo consigo una concepcion mucho -más firme y más lógica. Desde entónces, el judaismo llegó á ser de -un modo absoluto la verdadera religion; concedíase á todo el mundo -el derecho de ingresar en él<a id="FNanchor_75" href="#Footnote_75" -class="fnanchor">[70]</a>, y bien pronto fué una obra pía y meritoria -conducir á sus filas el mayor número posible<a id="FNanchor_76" -href="#Footnote_76" class="fnanchor">[71]</a>. Es indudable que -aún no existia el delicado sentimiento que elevó á Juan Bautista, -á Jesús, á San Pablo, sobre las mezquinas ideas de raza, puesto -que,<span class="pagenum" id="Page_40">p. 40</span> por una -extraña contradiccion, aquellos convertidos (prosélitos) eran mal -vistos y tratados con desden<a id="FNanchor_77" href="#Footnote_77" -class="fnanchor">[72]</a>. Pero la idea de una religion exclusiva, -la idea de que en este mundo hay algo superior á la patria, á la -sangre, á las leyes; esa idea que habrá de producir los apóstoles y -los mártires estaba ya cimentada. El sentimiento de todo el pueblo -judío se resume en adelante en una profunda piedad por los paganos, -cualquiera que sea el brillo de su fortuna mundana<a id="FNanchor_78" -href="#Footnote_78" class="fnanchor">[73]</a>. Los guías del pueblo -tratan, sobre todo, de inculcarle la idea de que la virtud consiste en -una adhesion fanática á determinadas instituciones religiosas, y para -ello se valen de un ciclo de leyendas destinadas á presentar modelos de -inquebrantable firmeza, tales como Daniel y sus compañeros, la madre de -los Macabeos y sus siete hijos<a id="FNanchor_79" href="#Footnote_79" -class="fnanchor">[74]</a>, y la novela del Hipódromo de Alejandría<a -id="FNanchor_80" href="#Footnote_80" class="fnanchor">[75]</a>.</p> - -<p>Las persecuciones de Antíoco Epifáneo convirtieron esta idea en -pasion, casi en frenesí, viéndose entónces algo de muy análogo á lo -que doscientos treinta años más tarde pasó bajo el imperio de Neron. -La desesperacion y la rabia arrojan á los creyentes en el mundo de -las visiones y de los ensueños. Aparece el primer apocalípsis, el -«Libro de Daniel», y con él renace el profetismo, pero bajo una forma -bien diferente de la antigua y un sentimiento mucho más ámplio de -los destinos del mundo. El libro de Daniel fué hasta cierto punto la -última expresion de las esperanzas mesiánicas. El Mesías no era ya un -rey á la manera de David y Salomon, ni un Ciro teocrático y mosaista; -sino un «hijo del hombre» apareciendo en las nubes<a id="FNanchor_81" -href="#Footnote_81" class="fnanchor">[76]</a>, un sér sobrenatural -con apariencia humana, encargado de juzgar al mundo y de presidir la -edad de oro. Quizás proporcionó algunos rasgos á este nuevo ideal el -<i>Sosiosch</i> de Persia, el gran profeta del porvenir que debia -preparar el reinado de Ormuzd<a id="FNanchor_82" href="#Footnote_82" -class="fnanchor">[77]</a>. De todos modos, es indudable que el -desconocido autor del Libro de Daniel ejerció una influencia decisiva -en el acontecimiento religioso que iba á trasformar el mundo:—él -proporcionó el aparato y los términos técnicos del nuevo mesianismo, y -sin duda pueden aplicársele aquellas palabras de Jesús respecto á Juan -Bautista: «Hasta él, los profetas; despues de él, el reino de Dios.»</p> - -<p>Sin embargo, no debe creerse que aquel movimiento, tan profundamente -religioso y apasionado, tuviera por móvil dogmas particulares, como -ha sucedido en todas las luchas que han estallado en el seno del -cristianismo. Los judíos de a<span class="pagenum" id="Page_41">p. -41</span>quella época eran poco teólogos y no especulaban sobre la -esencia de la divinidad; sus creencias respecto á los ángeles, á los -fines del hombre, á las hipóstasis divinas, cuyo primer gérmen se -dejaba ya entrever, eran creencias libres, meditaciones á las cuales se -entregaba cada uno segun la índole de su espíritu, pero de las que no -tenian ni la más remota idea multitud de personas. Los más ortodoxos -eran los que más se alejaban de esas imaginaciones particulares, -ateniéndose á la sencillez del mosaismo. Entónces no existia ningun -poder dogmático semejante al que defirió á la Iglesia el cristianismo -ortodoxo. La fiebre de las definiciones, esa fiebre que hace de la -historia de la Iglesia la historia de una inmensa controversia, no -empezó sino cuando, á partir del siglo tercero, cayó el cristianismo -en manos de razas ergotistas, sedientas de dialéctica y metafísica. -Tambien entre los judíos se disputaba:—ardientes escuelas combatian -en buscar para todas las cuestiones que entónces se agitaban opuestas -soluciones; pero en aquellas luchas, de las cuales nos ha trasmitido -el Talmud los principales detalles, no habia ni una sola palabra de -teología especulativa. Observar y mantener la ley, porque la ley es -justa y porque bien observada conduce á la felicidad, hé ahí á lo que -se reducia el mosaismo. Ningun <i>Credo</i>, ningun símbolo teórico. -Moisés Maimonida, un discípulo de la filosofía árabe más avanzada, -llegó á ser oráculo de la sinagoga, porque era un canonista muy -ejercitado.</p> - -<p>La exaltacion creció más todavía durante los reinados de los -últimos Asmoneos y de Heródes, en cuya época tuvo lugar una serie no -interrumpida de movimientos religiosos. El pueblo judío, á medida -que el poder se secularizaba, pasando á manos incrédulas, vivia cada -vez ménos para los intereses terrenales y se absorbia más y más en -el extraño trabajo que se operaba en su seno. Distraido el mundo con -otros espectáculos, no tiene ningun conocimiento de lo que pasa en -aquel olvidado rincon de Oriente. Sin embargo, las almas superiores -y al corriente de la marcha de su siglo, ven con más claridad. El -tierno y previsor Virgilio parece responder, como un eco secreto, -al segundo Isaías:—el nacimiento de un niño le sumerge en ensueños -de palingenesia universal<a id="FNanchor_83" href="#Footnote_83" -class="fnanchor">[78]</a>. Estos ensueños eran muy comunes y -formaban como un género de literatura designado con el nombre de -Sibilas ó Sibilismo. La formacion reciente del imperio exaltaba -las imaginaciones: la grande era de paz que entónces empezaba, y -esa impresio<span class="pagenum" id="Page_42">p. 42</span>n de -melancólica sensibilidad que experimentan las almas despues de largos -períodos de revolucion, hacian surgir en todas partes esperanzas -ilimitadas.</p> - -<p>En Judea la espectativa habia llegado al último límite. Santas -personas, entre las cuales figuran un anciano Simeon, quien, segun -la leyenda, tuvo á Jesús en sus brazos, y Ana, hija de Phanuel, -considerada como profetisa<a id="FNanchor_84" href="#Footnote_84" -class="fnanchor">[79]</a>, pasaban su vida al rededor del templo, -orando y ayunando, á fin de que Dios les concediese bastante vida -para ver el cumplimiento de las esperanzas de Israel. Siéntese por -donde quiera una poderosa incubacion y como la proximidad de algo -extraordinario y desconocido.</p> - -<p>Aquella amalgama confusa de presentimientos y de ensueños, aquella -alternativa de decepciones y de esperanzas, aquellas aspiraciones -rechazadas incesantemente por la odiosa realidad, tuvieron, al fin, su -intérprete en el hombre incomparable á quien la conciencia universal ha -concedido, con justicia, el título de Hijo de Dios, puesto que él hizo -dar á la religion un paso, al cual no puede y no podrá probablemente -compararse ningun otro.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_2"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO II</h2> - <p class="subh2">INFANCIA Y JUVENTUD DE JESÚS — SUS PRIMERAS - IMPRESIONES</p> -</div> - -<p>Jesús nació en Nazareth<a id="FNanchor_85" href="#Footnote_85" -class="fnanchor">[80]</a>, pequeña ciudad de Galilea, la cual no -tuvo ántes de su nacimiento ninguna celebridad<a id="FNanchor_86" -href="#Footnote_86" class="fnanchor">[81]</a>. Durante toda su -vida se le designó con el nombre de «Nazareno»<a id="FNanchor_87" -href="#Footnote_87" class="fnanchor">[82]</a>, y para hacerle nacer -en Bethlehem, como afirma su leyenda, ha sido indispensable recurrir -á un rodeo bastante embarazoso<a id="FNanchor_88" href="#Footnote_88" -class="fnanchor">[83]</a>. Luégo verémos<a id="FNanchor_89" -href="#Footnote_89" class="fnanchor">[84]</a> el motivo de esta -suposicion y de qué modo fué consecuencia obligada del mesiánico -papel concedido á Jesús<a id="FNanchor_90" href="#Footnote_90" -class="fnanchor">[85]</a>. Ignórase la fecha precisa de su -nacimiento; pero se sabe que tuvo lugar bajo el<span class="pagenum" -id="Page_43">p. 43</span> reinado de Augusto, hácia el año 750 de -Roma, y probablemente algunos ántes del primero de la era que todos -los pueblos civilizados cuentan desde el dia en que vino al mundo<a -id="FNanchor_91" href="#Footnote_91" class="fnanchor">[86]</a>.</p> - -<p>El nombre de <i>Jesús</i>, que le fué dado, es una alteracion de -<i>Josué</i>, que entónces era muy comun; pero, como es natural, -buscáronse luégo en él significaciones misteriosas y una alusion -á su papel de Salvador<a id="FNanchor_92" href="#Footnote_92" -class="fnanchor">[87]</a>. Quizás el mismo Jesús, como todos los -místicos, llegó á fortalecerse en esta creencia. Un nombre dado sin -intencion á un niño ha sido á veces causa de grandes vocaciones:—la -historia nos ofrece más de un ejemplo. Y es porque las naturalezas -ardientes no pueden resignarse nunca á ver la mano de la casualidad en -todo aquello que les concierne. Para ellas todo ha sido dispuesto por -Dios, y hasta en las circunstancias más insignificantes de la vida ven -un signo de la voluntad suprema.</p> - -<p>La poblacion de Galilea, segun indica el nombre mismo del país<a -id="FNanchor_93" href="#Footnote_93" class="fnanchor">[88]</a>, se -hallaba muy mezclada. En tiempo de Jesús, aquella provincia contaba -entre sus habitantes muchos que no eran judíos (fenicios, sirios, -árabes y hasta griegos)<a id="FNanchor_94" href="#Footnote_94" -class="fnanchor">[89]</a>. Las conversiones al judaismo no escaseaban -en aquella especie de países mistos. Imposible sería establecer aquí -ninguna cuestion de raza, y no ménos difícil determinar la sangre que -circulaba en las venas del que más poderosamente ha contribuido á -borrar de la humanidad las distinciones de sangre.</p> - -<p>Jesús salió de las filas del pueblo<a id="FNanchor_95" -href="#Footnote_95" class="fnanchor">[90]</a>; su padre José y -su madre María eran personas de mediana condicion, artesanos -que vivian de su trabajo<a id="FNanchor_96" href="#Footnote_96" -class="fnanchor">[91]</a>, y cuyo estado social consistia en ese -término medio, tan comun en Oriente, que no es ni la comodidad ni la -miseria. La extremada sencillez en semejantes comarcas impide conocer -la necesidad de lo <i>confortable</i>, hace casi inútil el privilegio -del rico, y convierte á todo el mundo en pobres voluntarios. Por otra -parte, la falta total de gusto por las artes y por todo lo que á la -elegancia de la vida material contribuye, presta al interior del hogar -doméstico, áun de aquellos que viven en la abundancia, cierto aspecto -de pobreza y desnudez. Á excepcion de lo que el aislamiento lleva -consigo por do quiera de sórdido y repugnante, la ciudad de Nazareth -se diferenciaba tal vez muy poco, en tiempo de Jesús, de lo que es hoy -dia<a id="FNanchor_97" href="#Footnote_97" class="fnanchor">[92]</a>. -Las calles donde jugó siendo niño las vemos todavía en aquellos -senderos pedregosos ó en aquellas encrucijadas que separan<span -class="pagenum" id="Page_44">p. 44</span> los edificios. La casa de -José era, sin duda, muy semejante á aquellas pobres tiendas, alumbradas -por la puerta, que sirven al mismo tiempo de establecimiento, de -cocina, y de alcoba, y que por todo mueblaje tienen una estera, -algunos cojines sobre el suelo, uno ó dos vasos de arcilla y un cofre -pintado.</p> - -<p>La familia, ya proviniese de un matrimonio ó de varios, era -numerosa:—Jesús tenía hermanos y hermanas<a id="FNanchor_98" -href="#Footnote_98" class="fnanchor">[93]</a>, de los cuales -parecia ser el primogénito<a id="FNanchor_99" href="#Footnote_99" -class="fnanchor">[94]</a>. Pero todos permanecieron oscuros, porque -los cuatro personajes que se citan como hermanos suyos, y uno de -los cuales, Santiago, llegó á adquirir gran importancia en los -primeros años del cristianismo, eran, segun parece, primos carnales. -En efecto, María tenía una hermana, que tambien se llamaba María<a -id="FNanchor_100" href="#Footnote_100" class="fnanchor">[95]</a>, la -cual se casó con un tal Alfeo ó Cleofás (estos dos nombres parecen -designar una misma persona)<a id="FNanchor_101" href="#Footnote_101" -class="fnanchor">[96]</a>, y tuvo varios hijos que desempeñaron -un papel considerable entre los primeros discípulos de Jesús. -Miéntras que sus verdaderos hermanos le hacian la oposicion<a -id="FNanchor_102" href="#Footnote_102" class="fnanchor">[97]</a>, -estos primos carnales se adhirieron al jóven maestro y tomaron el -título de «hermanos del Señor»<a id="FNanchor_103" href="#Footnote_103" -class="fnanchor">[98]</a>. Los verdaderos hermanos de Jesús, -así como su madre, no tuvieron importancia sino despues de la -muerte del Salvador<a id="FNanchor_104" href="#Footnote_104" -class="fnanchor">[99]</a>. Y áun entónces mismo no alcanzaron, á lo -que parece, la misma consideracion que sus primos, cuya conversion -habia sido más espontánea, y en cuyo carácter hubo, sin duda, más -originalidad. Tan conocidos eran sus nombres, que cuando el evangelista -pone en boca de la gente de Nazareth la enumeracion de los hermanos, -segun la naturaleza, son los hijos de Cleofás los primeros que se -presentan á su memoria.</p> - -<p>Sus hermanas se casaron en Nazareth<a id="FNanchor_105" -href="#Footnote_105" class="fnanchor">[100]</a>, en cuyo punto pasó -él los primeros años de su juventud. Era Nazareth una pequeña ciudad -situada en un repliegue del terreno que forma la ancha meseta del -grupo de montañas que limitan al norte la llanura de Esdrelon. Hoy -dia la poblacion es de tres á cuatro mil almas, y acaso no haya -variado mucho desde entónces<a id="FNanchor_106" href="#Footnote_106" -class="fnanchor">[101]</a>. El frio es agudo en el invierno y muy -saludable el clima. Como todos los villorrios judíos de aquella -época, la ciudad era un monton de casas construidas sin estilo, -y probablemente ofreceria ese aspecto árido y pobre que ofrecen -las aldeas de los países semíticos. Los edificios, segun es de -inferir, tendrian gran semejanza con esos cubos de piedra, sin<span -class="pagenum" id="Page_45">p. 45</span> elegancia exterior ni -interior, que aún se ven hoy en las comarcas más ricas del Líbano, -y que, mezclados con las viñas y las higueras, no dejan de ser -agradables. Por otra parte, los alrededores son deliciosos, y en ningun -país del mundo se hallaria un lugar más á propósito para alimentar y -dar pábulo á los ensueños de absoluta ventura. Nazareth es todavía un -sitio delicioso y acaso el único punto de Palestina en que el alma -se siente aliviada del opresivo afan que experimenta en medio de -aquella desolacion sin igual. Los naturales son agradables y risueños, -frescos y llenos de verdura los huertos y jardines. En el siglo sexto, -Antonino Mártir hizo un cuadro encantador de la fertilidad de sus -alrededores, comparándolos con el paraíso. Algunos valles del lado -del oeste justifican plenamente su descripcion. La fuente donde otras -veces se reconcentraba la vida y la alegría de la pequeña ciudad está -ya destruida; de sus caños desportillados no mana hoy sino un agua -turbia. Pero la belleza de las mujeres que allí se reunen durante -la noche, aquella belleza notada ya en el siglo sexto, y de la cual -era una personificacion la Vírgen María, se ha conservado de un modo -admirable:—aquél es el tipo sirio en toda su gracia llena de languidez. -Es indudable que María fué allí casi diariamente, y que á menudo, -con el cántaro sobre el hombro, formó entre la fila de sus ignoradas -compatriotas. Antonino Mártir hace notar que las mujeres judías, que -en otras partes miraban con desden á los cristianos, eran allí dulces -y afables. Áun hoy dia los odios religiosos no son en Nazareth tan -exaltados como en otros puntos.</p> - -<p>El horizonte de la ciudad es reducido; pero cuando se asciende un -poco hasta llegar á la meseta que domina los edificios más elevados, -meseta que barren contínuas brisas, la perspectiva se agranda y -se hace espléndida. Al Oeste se extienden las hermosas líneas del -Carmelo, terminadas por una punta abrupta que parece sumergirse en el -mar. En seguida se desarrollan, la doble cima que domina á Mageddo, -las montañas del país de Sichem con sus lugares santos de la edad -patriarcal, el monte Gelboé, el pequeño y pintoresco grupo al cual -van unidos los recuerdos, risueños ó terribles, de Sulem y de Endor, -y el Tabor, con su bella forma esferoidal que los antiguos comparaban -á un seno. Por una depresion entre la montaña de Sulem y el Tabor, -se entrevén el valle del Jordan y las elevadas llanuras de la Perea, -<span class="pagenum" id="Page_46">p. 46</span>que forman hácia el -Este una línea continuada. Al norte las montañas de Safed se inclinan -hácia el mar, ocultando á San Juan de Acre, pero dejan que la mirada -se pierda en el golfo de Khaifa. Tal fué el horizonte de Jesús. Aquel -círculo encantado, cuna del reino de Dios, le representó el mundo -durante muchos años. Su vida entera salió muy poco de aquellos límites -familiares á su infancia. Porque más allá, por el lado del norte y casi -entre los flancos del Hermon, se descubre Cesárea de Filipo, su punto -más avanzado hácia el mundo de los gentiles, y por la parte del sur, -detrás de aquellas montañas de Samaria ya ménos rientes, se adivina -la triste Judea desecada por un viento abrasador de abstraccion y de -muerte.</p> - -<p>Si teniendo mejor nocion de lo que constituye el respeto á los -orígenes, el mundo permaneciese cristiano y quisiese reemplazar los -santuarios apócrifos y mezquinos, á que se adhirió la piedad de las -edades bárbaras, por auténticos lugares santos, en aquella altura -de Nazareth es donde construiria su templo. Allí, en el sitio donde -apareció el cristianismo, en el centro de accion de su fundador, -deberia elevarse la grande iglesia en que todos los cristianos pudiesen -orar. Allí tambien, en aquella tierra, bajo la cual duermen el -carpintero José y millares de olvidados nazarenos que no franquearon -jamás el horizonte de su valle nativo, se hallaria el filósofo mejor -colocado que en ningun sitio del mundo para contemplar el curso de -las cosas humanas, consolarse de su contingencia y tranquilizarse -respecto al fin divino que el mundo prosigue á traves de infinitos -desfallecimientos y no obstante la vanidad universal.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_3"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO III</h2> - <p class="subh2 g1">EDUCACION DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Aquella naturaleza, á la vez risueña y grandiosa, constituyó -toda la educacion de Jesús. Sin duda aprendió á leer y á escribir<a -id="FNanchor_107" href="#Footnote_107" class="fnanchor">[102]</a> -segun el método de Oriente, el cual consistia <span class="pagenum" -id="Page_47">p. 47</span>en colocar entre las manos del niño un libro -cuyo texto repetia cadenciosamente, en union de sus compañeros, -hasta concluir por aprenderle de memoria<a id="FNanchor_108" -href="#Footnote_108" class="fnanchor">[103]</a>. Sin embargo, es -muy dudoso que comprendiera bien los escritos hebreos en su lengua -original. Sus biógrafos se los hacen citar como traducciones -en lengua aramea<a id="FNanchor_109" href="#Footnote_109" -class="fnanchor">[104]</a>: sus principios de exegésis, si hemos de -juzgar por los de sus discípulos, se parecian bastante á los que en -aquella época se hallaban en boga, los cuales forman el espíritu de -los <i>Targums</i> y de los <i>Midraschim</i><a id="FNanchor_110" -href="#Footnote_110" class="fnanchor">[105]</a>.</p> - -<p>En las pequeñas aldeas judías, el maestro de escuela era el -<i>hazzan</i> ó lector de las sinagogas<a id="FNanchor_111" -href="#Footnote_111" class="fnanchor">[106]</a>. Jesús frecuentó -poco las escuelas, más elevadas, de los escribas ó <i>soferim</i> -(tal vez en Nazareth no habia ninguna), y no poseyó ninguno de -esos títulos que dan á los ojos del vulgo derecho á la sabiduría<a -id="FNanchor_112" href="#Footnote_112" class="fnanchor">[107]</a>. Sin -embargo, sería grave error imaginarse que Jesús era lo que nosotros -llamamos un ignorante. Bajo el punto de vista del valor personal, -se hace en nuestros dias una distincion profunda entre los que han -recibido una educacion escolástica y los que de ella carecen. Pero -en Oriente, y por regla general en toda la buena época antigua, no -sucedia lo mismo. El estado de rudeza en que permanece entre nosotros, -á consecuencia de nuestra vida aislada y puramente individual, aquel -que no ha frecuentado las escuelas, se desconoce en esas sociedades -en que la cultura moral, y sobre todo, el espíritu general del tiempo -se trasmiten por el contacto contínuo de los hombres. Frecuentemente -el árabe que no ha tenido ningun maestro es sin embargo persona muy -distinguida, y consiste en que su tienda viene á ser una especie de -escuela, siempre abierta, de donde, gracias al constante roce de gente -bien educada, nace un gran movimiento intelectual y hasta literario. La -delicadeza de los modales y la finura del espíritu no tienen en Oriente -nada de comun con lo que nosotros llamamos educacion. Al contrario, -allí los hombres escolásticos son los que pasan por pedantes y mal -educados. La ignorancia, que entre nosotros condena al hombre á un -rango inferior, es en aquel estado social la condicion de las grandes -cosas y de la grande originalidad.</p> - -<p>Tampoco parece probable que supiese Jesús el griego. Á excepcion -de las clases que participaban del gobierno de las ciudades -habitadas por los paganos, como Cesárea, esta lengua estaba poco -vulgarizada en Judea<a id="FNanchor_113" href="#Footnote_113" -class="fnanchor">[108]</a>. El idioma de Jesús<span class="pagenum" -id="Page_48">p. 48</span> era el dialecto sirio con mezcla de -hebreo que entónces se hablaba en Palestina<a id="FNanchor_114" -href="#Footnote_114" class="fnanchor">[109]</a>. Con mucha más razon -debe suponerse que no tuvo ningun conocimiento de la cultura griega. -Aquella cultura se hallaba proscripta por los doctores palestinos, -los cuales envolvian en la misma maldicion «al que criaba puercos y -al que enseñaba á su hijo la ciencia helénica»<a id="FNanchor_115" -href="#Footnote_115" class="fnanchor">[110]</a>. De todos modos, -aquella ciencia no habia penetrado hasta las pequeñas ciudades como -Nazareth, si bien es verdad que, no obstante el anatema de los -doctores, algunos judíos habian adoptado aquella cultura. Sin contar -la escuela judía de Egipto, donde las tendencias para amalgamar -el helenismo y el judaismo se continuaban desde hacia cerca de -doscientos años, un judío, Nicolás de Damasco, llegó á ser por aquel -tiempo uno de los hombres más notables, instruidos y considerados -de su época. Josefo debia ofrecer bien pronto otro ejemplo de judío -completamente helenizado. Pero Nicolás no tenía de judío sino la -sangre, Josefo declara ser una excepcion entre sus contemporáneos<a -id="FNanchor_116" href="#Footnote_116" class="fnanchor">[111]</a>, -y toda la escuela cismática de Egipto se separó de Jerusalen tan -completamente, que ni en el Talmud ni en la tradicion judía se -encuentra el menor recuerdo. Lo que se halla fuera de duda es que el -griego se estudiaba muy poco en Jerusalen; que los estudios helénicos -se consideraban como peligrosos y hasta serviles, creyéndose buenos, -á lo sumo, para servir de adorno á las mujeres<a id="FNanchor_117" -href="#Footnote_117" class="fnanchor">[112]</a>. Sólo el estudio de la -ley pasaba por liberal y digno de un hombre grave<a id="FNanchor_118" -href="#Footnote_118" class="fnanchor">[113]</a>. Un ilustrado -rabino, á quien preguntaron cuándo debia enseñarse á los niños la -«sabiduría griega», respondió:—«Cuando no sea ni de dia ni de noche, -puesto que está escrito en la Ley: tú la estudiarás dia y noche»<a -id="FNanchor_119" href="#Footnote_119" class="fnanchor">[114]</a>.</p> - -<p>Ningun elemento de cultura griega llegó, pues, á Jesús ni directa ni -indirectamente. Nada conoció fuera del judaismo, y su espíritu conservó -esa cándida franqueza que una cultura extensa y variada debilita -siempre. Áun en el seno mismo del judaismo permaneció extraño á muchos -esfuerzos frecuentemente paralelos á los suyos. Fuéronle desconocidos -el ascetismo de los Essenios ó Terapeutas<a id="FNanchor_120" -href="#Footnote_120" class="fnanchor">[115]</a> y los hermosos ensayos -de filosofía religiosa intentados por la escuela judáica de Alejandría, -de los cuales era ingenioso intérprete su contemporáneo Filon. Las -semejanzas que se encuentran á menudo entre él y Filon, esas excelentes -máximas de amor de Dios, de caridad, de confianza en el Eterno<a -id="FNanchor_121" href="#Footnote_121" class="fnanchor">[116]</a>, que -vienen á ser com<span class="pagenum" id="Page_49">p. 49</span>o un -eco entre el Evangelio y los escritos del ilustre pensador alejandrino, -proceden de las comunes tendencias que las necesidades del tiempo -inspiraban á todas las almas elevadas.</p> - -<p>Por fortuna suya, no conoció tampoco la rara escolástica que se -enseñaba en Jerusalen y que muy pronto debia constituir el Talmud. -Quizás algunos fariseos la habian llevado ya á Galilea, pero Jesús no -tuvo trato con ellos; y cuando vió de cerca aquella necia casuística, -no le inspiró sino profunda repugnancia. Sin embargo de lo dicho, debe -suponerse que los principios de Hillel no le fueron desconocidos. -Hillel habia pronunciado, cincuenta años ántes que él, aforismos que -tenian mucha semejanza con los suyos. Si fuese permitido hablar de -maestro cuando se trata de tan elevada originalidad, podia decirse -que Hillel, por su pobreza humildemente soportada, por la dulzura -de carácter y por la oposicion que hizo á los hipócritas y á los -sacerdotes, fué el verdadero maestro de Jesús<a id="FNanchor_122" -href="#Footnote_122" class="fnanchor">[117]</a>.</p> - -<p>Mayor impresion le produjo la lectura de los libros del Antiguo -Testamento. De dos partes principales se componia el Cánon de los -libros santos: de la Ley, esto es, del Pentateuco, y de los Profetas, -tales como hasta nosotros han llegado. Aplicábase á todos esos libros -una vasta exegésis, la cual trataba de deducir de ellos lo que en -realidad no existia, pero que se hallaba conforme con las aspiraciones -de la época. La Ley, que no representaba las antiguas leyes del -país, sino más bien las utopias, las leyes facticias y los fraudes -piadosos del tiempo de los reyes pietistas, habia llegado á ser un -tema inagotable de sutiles interpretaciones, desde que la nacion dejó -de gobernarse á sí misma. En cuanto á los profetas y á los salmos, la -persuasion general era que casi todos los rasgos un poco misteriosos -de aquellos libros se referian al Mesías, y de antemano se buscaba -en ellos el tipo del que habria de realizar las esperanzas de la -nacion. Jesús participaba de la opinion general respecto á aquellas -interpretaciones alegóricas. Sin embargo, la verdadera poesía de la -Biblia, que los pueriles exegetas de Jerusalen no comprendian, se -revelaba plenamente á su hermoso genio. La Ley no tuvo para él mucho -atractivo; sin duda tenía el convencimiento de poder realizar algo -mejor que aquello. Pero la poesía religiosa de los salmos se halló en -maravillosa consonancia con su alma lírica; los salmos son el alimento -y el apoyo de toda su vida. Los profetas, particularmente Isaías -y su continuador del tiempo<span class="pagenum" id="Page_50">p. -50</span> de la cautividad, fueron sus verdaderos maestros, con sus -brillantes ensueños del porvenir, su impetuosa elocuencia y sus -invectivas mezcladas de cuadros encantadores. Sin duda leyó tambien -várias de las obras apócrifas, es decir, varios de aquellos escritos -modernos, cuyos autores se ocultaban tras el nombre de los profetas -y de los patriarcas, á fin de darles una importancia y autoridad que -no se concedian sino á los escritos muy antiguos. Uno de aquellos -libros le llamó entre todos la atencion: tal fué el libro de Daniel. -Escrito por un judío exaltado del tiempo de Antíoco Epifáneo, -y puesto bajo la egida de un antiguo sabio<a id="FNanchor_123" -href="#Footnote_123" class="fnanchor">[118]</a>, aquel libro era el -resúmen del espíritu de las últimas épocas. Verdadero creador de la -filosofía de la historia, su autor es quien por la vez primera se -atrevió á mirar en el movimiento del mundo y en la sucesion de los -imperios una funcion subordinada á los destinos del pueblo judío. Jesús -llegó desde muy pronto á penetrarse de aquellas elevadas esperanzas. -Acaso leyó tambien los libros de Henoch, venerados entónces al -igual de los libros santos<a id="FNanchor_124" href="#Footnote_124" -class="fnanchor">[119]</a>, y los demás escritos del mismo género que -mantenian en contínuo y vivo movimiento la imaginacion popular. El -advenimiento del Mesías con sus glorias y sus terrores, las naciones -derrumbándose unas sobre otras, el cataclismo del cielo y de la -tierra, tales fueron las ideas que formaban el alimento ordinario de -la imaginacion de Jesús; y como quiera que aquellas revoluciones se -anunciaban como próximas, y que muchas personas trataban de computar -el tiempo en que habrian de ocurrir, el órden sobrenatural á que nos -trasportan semejantes visiones le pareció en un principio la cosa más -natural y sencilla.</p> - -<p>De cada rasgo de sus más auténticos discursos resulta de un modo -claro que no tuvo ningun conocimiento del estado general del mundo. -Imaginábase que la tierra se hallaba todavía dividida en reinos que se -hacian la guerra, y parece ignorar la «paz romana» y el nuevo estado -social que inauguraba su siglo. Tampoco tuvo ninguna idea precisa -del poderío romano; la sola cosa que llega hasta él es el nombre de -«César.» Vió construir en Galilea y en sus inmediaciones á Tiberiade, -á Juliade, á Diocesárea, á Cesárea, obras pomposas de los Heródes, -los cuales trataban de probar con aquellas construcciones magníficas -su admiracion por la cultura romana y su adhesion á los miembros de -la familia de Augusto, cuyos nombres, extravagantemente alterados, -sirven ahora<span class="pagenum" id="Page_51">p. 51</span> por un -capricho de la suerte para designar miserables villorrios de beduinos. -Es probable que tambien viese á Sebaste, obra de Heródes el Grande, -ciudad de aparato cuyas ruinas dan lugar á suponer que fué trasportada -allí pieza á pieza como una máquina ya concluida que debia montarse -en lugar determinado. Aquella arquitectura de ostentacion llevada -á Judea por cargamentos, aquellos centenares de columnas, todas -del mismo diámetro, ornato de alguna insípida «calle de Rivoli<a -id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[*]</a>», hé ahí -lo que Jesús llamaba «los reinos del mundo y todas sus glorias.» Pero -aquel lujo de encargo y aquel arte administrativo y oficial le causaban -repugnancia. Sus aldeas galileas, mezcla confusa de cabañas, de eras y -de prensas talladas en la roca, de pozos, de sepulcros, de higueras y -de olivas, eso era lo que él amaba. Jesús permaneció siempre cerca de -la naturaleza. La córte de los reyes se le representaba como un lugar -en donde las personas llevan hermosos vestidos<a id="FNanchor_125" -href="#Footnote_125" class="fnanchor">[120]</a>. Las deliciosas -imposibilidades en que abundan sus parábolas siempre que pone en escena -á los reyes y á los poderosos<a id="FNanchor_126" href="#Footnote_126" -class="fnanchor">[121]</a> prueban que no concibió nunca la sociedad -aristocrática sino como un jóven aldeano que ve el mundo por el prisma -de su candidez.</p> - -<div class="footnote2"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[*]</a> Una de -las más rectas, largas y uniformes que tiene París.</p> - -</div> - -<p>Ménos aún conoció la idea nueva creada por la ciencia griega, esa -idea que sirve de base á toda filosofía, que la ciencia moderna ha -confirmado plenamente y que consiste en la exclusion de los dioses -caprichosos á quienes la sencilla credulidad de las antiguas edades -atribuia el gobierno del mundo. Cerca de un siglo ántes de él, Lucrecio -habia expresado ya de una manera admirable la inflexibilidad del -régimen general de la naturaleza. En las grandes escuelas de todos -los países que habian recibido la ciencia griega, la negacion del -milagro, deducida de la idea que en el mundo se produce todo por leyes -invariables, sin ninguna intervencion personal de seres superiores, era -ya un principio admitido. Quizás habia penetrado tambien en Babilonia -y Persia. Jesús no tuvo noticia de aquel progreso. No obstante haber -nacido en una época en que el principio de la ciencia positiva era ya -proclamado, vivió en pleno sobrenatural. Tal vez nunca se hallaron -los judíos tan sedientos como entónces de lo maravilloso. Filon, sin -embargo de vivir en un gran centro intelectual y de haber recibido -una educacion completísima, no poseia sino una <span class="pagenum" -id="Page_52">p. 52</span>ciencia quimérica y de mala ley. Bajo este -supuesto, Jesús no se diferenciaba en nada de sus compatriotas. Creia -en el diablo, al cual consideraba como una especie de genio del mal<a -id="FNanchor_127" href="#Footnote_127" class="fnanchor">[122]</a>, y, -como todo el mundo, se imaginaba que las enfermedades nerviosas eran -producidas por los demonios, que se apoderaban del paciente, agitándole -de contínuo. Para él no era lo maravilloso la excepcion, sino el estado -normal. La nocion de lo sobrenatural, con sus imposibilidades, no -apareció sino con la ciencia experimental de la naturaleza. El hombre -ajeno á toda idea de física, que cree por medio de las preces se puede -cambiar la marcha de los astros, detener las enfermedades y hasta la -muerte misma, no encuentra en lo milagroso nada de extraordinario, -puesto que el curso entero de las cosas es en su concepto el resultado -de la voluntad libre de la divinidad. Ese estado intelectual fué -siempre el de Jesús, pero semejante creencia producia en su grande -alma efectos contrarios á los que ocasionaba en el vulgo. Entre las -almas vulgares, la fe en la accion particular de Dios conducia á una -credulidad simple y á los engaños de los charlatanes. En la suya se -elevaba á una nocion profunda de las relaciones familiares entre el sér -humano y Dios, y á una creencia exagerada en el porvenir del hombre; -bellos errores que fueron el principio de su fuerza, porque, si bien -ellos debian más tarde evidenciar sus preocupaciones á los ojos del -físico y del químico, le dieron sobre sus contemporáneos un poder de -que no hay ejemplo ántes ni despues de él.</p> - -<p>Su carácter extraordinario se reveló desde muy temprano. La -leyenda se complace en mostrarle desde su infancia en rebelion -contra la autoridad paterna, y separándose de las vias comunes -para seguir su vocacion<a id="FNanchor_128" href="#Footnote_128" -class="fnanchor">[123]</a>. Lo que al ménos hay de seguro es, -que tuvo en poca cosa las relaciones de parentesco. Su familia -no parece haberle amado<a id="FNanchor_129" href="#Footnote_129" -class="fnanchor">[124]</a>, y en ocasiones se le nota cierta -dureza para con ella<a id="FNanchor_130" href="#Footnote_130" -class="fnanchor">[125]</a>. Como todos los hombres verdaderamente -preocupados de una idea, Jesús llegó á tener en poco los lazos de la -sangre. El único que esa clase de naturalezas reconoce es el lazo de la -idea: «Hé ahí á mi madre y á mis hermanos—decia extendiendo las manos -hácia sus discípulos;—aquel que cumple la voluntad de mi Padre, ése es -mi hermano y mi hermana.» Las gentes sencillas no lo comprendian así, y -un dia, dicen que una mujer que pasaba cerca de él exclamó: «¡Dichoso -el vientre que te concibió y los pechos que te alimentaron!»—«¡Dichoso -más<span class="pagenum" id="Page_53">p. 53</span> bien—respondió<a -id="FNanchor_131" href="#Footnote_131" class="fnanchor">[126]</a>—aquel -que escucha la palabra de Dios y la practica!» Su atrevida rebelion -contra la naturaleza debia llevarle pronto mucho más léjos, y no -tardarémos en verle menospreciando la sangre, el amor, la patria, -cuanto constituye al hombre, para no albergar en su alma y su corazon -sino la idea que se le presentaba como la forma absoluta del bien y de -la verdad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_4"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IV</h2> - <p class="subh2">ÓRDEN DE IDEAS EN CUYO SENO CRECIÓ JESÚS</p> -</div> - -<p>Así como la tierra ya enfriada por haberse apagado el fuego que la -penetraba no permite comprender los fenómenos de la creacion primitiva, -de igual modo las explicaciones discurridas dejan siempre algo que -desear cuando se trata de aplicar nuestros débiles medios de induccion -á las revoluciones de las épocas creadoras que decidieron la suerte -del género humano. Jesús vivió en uno de esos momentos en que la parte -de la vida pública se juega con franqueza, en que se centuplica la -apuesta de la actividad humana. Todo gran destino conduce entónces á la -muerte, porque tales movimientos suponen una libertad y una ausencia de -medidas preventivas que no pueden existir sin terribles contrapesos. -En nuestros dias, el hombre arriesga poco y gana poco:—en las épocas -heróicas de la actividad humana aventura el todo por el todo. Los -buenos y los malos, ó al ménos los que se creen y pasan por tales, -forman dos ejércitos opuestos. Llégase á la apoteósis por el camino -del cadalso, y los caractéres tienen facciones pronunciadas que los -graban como tipos eternales en la memoria de los hombres. Ningun medio -histórico, excepto el de la Revolucion francesa, fué tan á propósito -como aquel en que se formó Jesús para desarrollar esas fuerzas ocultas -que la humanidad tiene como en reserva y que no descubre sino en sus -dias de fiebre y de peligro.</p> - -<p>Si el gobierno del mundo fuese un problema especulativo,<span -class="pagenum" id="Page_54">p. 54</span> y si el más gran filósofo -fuese el hombre más apto para enseñar á sus semejantes lo que deben -creer, esas grandes reglas morales y dogmáticas que se llaman -religiones saldrian de la calma y de la reflexion. Pero no sucede -así. Los grandes fundadores religiosos, si se exceptúa Sakia-Muni, no -fueron metafísicos. El budismo, que salió de la idea pura, conquistó -la mitad del Asia por motivos puramente políticos y morales. En -cuanto á las religiones semíticas, son tan poco filosóficas cuanto -cabe en lo posible. Moisés y Mahoma no fueron hombres especulativos: -fueron hombres de accion, y proponiéndola á sus compatriotas y á sus -contemporáneos, consiguieron dominar la humanidad. De igual manera, -Jesús no fué ni un teólogo, ni un filósofo, ni tuvo un sistema más ó -ménos bien combinado. Para ser discípulo suyo no se necesitaba firmar -ningun formulario ni pronunciar ninguna profesion de fe; bastaba una -sola cosa: adherirse á él, amarle. Jesús no disputó jamás sobre Dios, -porque directamente le sentia en sí mismo. El escollo de las sutilezas -metafísicas, contra el cual tropezó el cristianismo á partir del -siglo tercero, no fué en manera alguna creado por el fundador. Jesús -no tuvo ni dogma ni sistema, sino una resolucion personal fija que, -sobrepujando en intensidad á toda otra voluntad creada, dirige todavía -en este momento los destinos de la humanidad.</p> - -<p>Desde el cautiverio de Babilonia hasta la edad media, el pueblo -judío tuvo la ventaja de hallarse constantemente en una situacion muy -crítica. De ahí el que los depositarios del espíritu de la nacion -escribiesen durante aquel largo período como bajo el dominio de una -fiebre intensa que los coloca, unas veces fuera de los límites de la -razon, otras demasiado dentro, casi nunca en el justo medio. Hasta -entónces, nunca el hombre se habia apoderado del problema del porvenir -y de su destino con un valor más desesperado, más resuelto á atropellar -por todo á fin de resolverle. Asimilando la suerte de la humanidad -con la de su pequeña raza, los pensadores judíos son los primeros que -se cuidan de una teoría general de la marcha de nuestra especie. La -Grecia, encerrada siempre en sí misma y atenta sólo á sus querellas -locales, tuvo admirables historiadores; pero en vano se buscaria en -ella ántes de la época romana un sistema general de filosofía de -la historia que abrace la humanidad entera. Por el contrario, el -judío hizo entrar la historia en la religion, merced á una especie -de sentido profético que á veces presta al semita maravi<span -class="pagenum" id="Page_55">p. 55</span>llosa aptitud para entrever -las grandes líneas del porvenir. Quizás debe á la Persia una parte -de ese espíritu. La Persia, desde una época muy remota, concibió -la historia del mundo como una serie de revoluciones á cada una de -las cuales preside un profeta. Cada profeta tiene su <i>hazar</i> ó -reinado de mil años (quiliasma), y de esas edades sucesivas, análogas -á los millones de siglos pertenecientes á cada buda de la India, se -compone la trama de los acontecimientos que preparan el reino de -Ormuzd. Al fin de los tiempos, cuando el círculo de los quiliasmas se -haya agotado, empezará el paraíso definitivo. Entónces los hombres -vivirán dichosos, la tierra será como una llanura, y no habrá sino -una lengua, una ley y un gobierno para todo el mundo. Pero terribles -calamidades precederán á este acontecimiento. Dahak (el Satanás de -Persia) romperá los hierros que le encadenan y se abatirá sobre la -tierra. Dos profetas vendrán á consolar á los hombres y á preparar -el gran acontecimiento<a id="FNanchor_132" href="#Footnote_132" -class="fnanchor">[127]</a>. Estas ideas recorrian entónces el mundo -y penetraban hasta en Roma, donde inspiraron un ciclo de poemas -proféticos, cuyas ideas fundamentales eran la division de la historia -de la humanidad en períodos, la sucesion de dioses correspondientes á -esos períodos, una renovacion completa del mundo y el acontecimiento -final de una edad de oro<a id="FNanchor_133" href="#Footnote_133" -class="fnanchor">[128]</a>. El libro de Daniel, el de Henoch y algunos -de los libros sibilinos<a id="FNanchor_134" href="#Footnote_134" -class="fnanchor">[129]</a> son expresiones judáicas de la misma teoría. -Menester era que esas ideas fuesen las de todos. En un principio no -las abrazaron sino algunas personas de imaginacion viva y aficionadas -á las doctrinas extranjeras. El árido y mezquino autor del libro de -Ester no pensó nunca en el resto del mundo, y si pensó, fué para -menospreciarle y zaherirle<a id="FNanchor_135" href="#Footnote_135" -class="fnanchor">[130]</a>. El epicúreo desengañado que escribió el -<i>Eclesiastés</i>, se cuida tan poco del porvenir, que hasta cree -inútil trabajar para sus hijos: á los ojos de aquel célebre egoista, la -esencia de la sabiduría consiste en no tener cuenta sino de sí mismo<a -id="FNanchor_136" href="#Footnote_136" class="fnanchor">[131]</a>. Pero -en todos los pueblos, la minoría es la que hace las grandes cosas. Y á -pesar de sus enormes defectos, á pesar de ser duro, burlon, mezquino -en sus miras, cruel, sofista y lleno de sutilezas, el pueblo judío es -el autor del más hermoso movimiento de entusiasmo desinteresado que -menciona la historia. La oposicion ocasiona siempre la gloria de un -país:—los más grandes hombres de una nacion son los que ella condena á -muerte. Sócrates fué la gloria de Aténas, y Aténas le dió á beber la -cicuta. Spinosa es el más grand<span class="pagenum" id="Page_56">p. -56</span>e de los judíos modernos, y la sinagoga le ha excluido de -su seno ignominiosamente. Jesús fué la gloria de Israel, y murió -crucificado.</p> - -<p>El pueblo judáico perseguia desde hacia siglos un gigantesco -desvarío que le rejuvenecia á cada paso en su decrepitud. Ajena á la -teoría de las recompensas individuales, propagada por la Grecia bajo el -nombre de inmortalidad del alma, la Judea habia reconcentrado toda su -potencia de amor y deseo en su porvenir nacional. Creyéndose posesora -de las promesas divinas de un porvenir sin límites, y siendo rechazada -en sus aspiraciones por la amarga realidad que á partir del siglo nono -ántes de nuestra era sometia más y más el destino del mundo al imperio -de la fuerza bruta, se arrojó en la via de absurdas amalgamas ideales y -ensayó las más extrañas contradicciones. Ántes del cautiverio, cuando -todo el porvenir terrestre se desvaneció al separarse las tribus del -Norte, la restauracion de la casa de David, la reconciliacion de las -dos fracciones del pueblo y el triunfo de la teocracia y del culto de -Jehová sobre los cultos idólatras, sirvieron de alimento al delirio -comun. En la época del cautiverio, un poeta lleno de armonía entrevió -el esplendor de una Jerusalen futura, de la cual eran tributarios los -pueblos y las islas lejanas; y la entrevé por un prisma de tan dulces -y suaves colores, que hubiérase dicho que un rayo de la mirada de -Jesús penetraba en su imaginacion á una distancia de seis siglos<a -id="FNanchor_137" href="#Footnote_137" class="fnanchor">[132]</a>. -La victoria de Ciro pareció realizar por algun tiempo todas aquellas -esperanzas. Los graves discípulos del <i>Avesta</i> y los adoradores de -Jehová se creyeron hermanos. Al desterrar los <i>devas</i> múltiples -y al trasformarlos en demonios, la Persia habia conseguido extraer -de las antiguas imaginaciones arianas, esencialmente naturalistas, -una especie de monoteismo. El tono profético de algunas enseñanzas -de Iran tenía mucha analogía con ciertas composiciones de Oseas y de -Isaías. Israel toma aliento bajo los Acheménidas<a id="FNanchor_138" -href="#Footnote_138" class="fnanchor">[133]</a>, y durante la -dominacion de Jérjes (Asuero) se hace temer de los mismos Iranios. -Pero la entrada triunfante y á menudo brutal de la civilizacion griega -y romana en Asia, le arroja de nuevo en sus delirios. Entónces más -que nunca invoca al Mesías como al Juez vengador de los pueblos. -Para satisfacer la sed de venganza que le inspiraban el sentimiento -de su superioridad y el espectáculo de sus humillaciones, hacíale -falta una renovacion completa, una revolucion que abarcase e<span -class="pagenum" id="Page_57">p. 57</span>l mundo y le conmoviera -hasta en sus cimientos<a id="FNanchor_139" href="#Footnote_139" -class="fnanchor">[134]</a>.</p> - -<p>Si Israel hubiese poseido la doctrina llamada espiritualista, -esa doctrina que divide al hombre en dos partes, cuerpo y alma, y -que encuentra la cosa más natural que el alma sobreviva miéntras el -cuerpo se corrompe, aquel acceso de rabia y de enérgica protesta no -habria tenido su razon de ser. Pero semejante doctrina, producto de -la filosofía griega, no se hallaba en las tradiciones del espíritu -judáico. Ninguna huella de remuneraciones ó de penas futuras contienen -los antiguos escritos hebreos. Miéntras existió la idea de la -solidaridad de la tribu, natural era que no se pensase en una estricta -retribucion segun los méritos de cada uno. Si un hombre piadoso tenía -la desgracia de venir al mundo en una época de impiedad y participaba -de las calamidades públicas originadas por la iniquidad comun, tanto -peor para él. Esta doctrina, trasmitida por los sabios de la época -patriarcal, conducia paso á paso á insostenibles contradicciones. -Ya en tiempo de Job habia recibido fuertes ataques; los ancianos de -Theman que la profesaban eran hombres atrasados, y el jóven Elihu, -que fué á disputar con ellos, se atrevió á emitir desde sus primeras -palabras este axioma revolucionario: ¡que la sabiduría no era ya -patrimonio de los ancianos!<a id="FNanchor_140" href="#Footnote_140" -class="fnanchor">[135]</a>. Con las complicaciones ocurridas en -el mundo despues de Alejandro, el antiguo principio themanita -y mosaista se hizo todavía más intolerable<a id="FNanchor_141" -href="#Footnote_141" class="fnanchor">[136]</a>. Nunca Israel habia -sido más fiel observador de la Ley, y sin embargo sufrió la atroz -persecucion de Antíoco. Sólo un retórico pedante y acostumbrado á -repetir vetustas frases vacías de sentido podia atreverse á sostener -que aquellas desgracias eran hijas de las infidelidades del pueblo<a -id="FNanchor_142" href="#Footnote_142" class="fnanchor">[137]</a>. -¡Cómo! ¿esas víctimas que mueren por la fe, esa madre con sus siete -hijos, esos heróicos Macabeos serán olvidados eternamente por Jehová -y abandonados á la podredumbre de la fosa?<a id="FNanchor_143" -href="#Footnote_143" class="fnanchor">[138]</a>. Un saduceo -incrédulo y mundano podia muy bien admitir semejante consecuencia; -un sabio consumado, como Antígono de Soco<a id="FNanchor_144" -href="#Footnote_144" class="fnanchor">[139]</a>, podia sostener que no -debe practicarse la virtud como el esclavo que aspira á una recompensa, -sino desinteresadamente y sin esperanza de premio. Pero la gran masa de -la nacion no se contentaba con eso. Unos se adherian al principio de -la inmortalidad filosófica y se figuraban á los justos viviendo en la -memoria de Dios, glorificados en el recuerdo de los hombres, juzgando -al impío que los persiguiera<a id="FNanchor_145" href="#Footnote_145" -class="fnanchor">[140]</a>. «Viven á los ojos de Di<span -class="pagenum" id="Page_58">p. 58</span>os;... Dios los reconoce»<a -id="FNanchor_146" href="#Footnote_146" class="fnanchor">[141]</a>, -hé ahí su recompensa. Otros, y en particular los fariseos, recurrian -al dogma de la resurreccion<a id="FNanchor_147" href="#Footnote_147" -class="fnanchor">[142]</a>. Los justos resucitarán para ser partícipes -del reinado mesiánico. Resucitarán con los mismos cuerpos que tuvieron -para vivir en el mundo del cual serán reyes y jueces, y asistirán al -triunfo de sus ideas y á la humillacion de sus enemigos.</p> - -<p>En el antiguo pueblo de Israel no se encuentran sino huellas muy -indecisas de este dogma fundamental. En realidad, el incrédulo saduceo, -al rechazarle, permanecia fiel á la antigua doctrina judáica, y el -verdadero innovador era el fariseo partidario de la resurreccion. -Pero en materia religiosa, el partido más exaltado es siempre el que -innova, el que avanza, el que deduce las consecuencias. Por otra -parte, la resurreccion, idea totalmente distinta de la inmortalidad -del alma, se desprendia sin esfuerzo de las doctrinas anteriores y de -la situacion del pueblo. Quizás la misma Persia proporcionó algunos -principios elementales<a id="FNanchor_148" href="#Footnote_148" -class="fnanchor">[143]</a>. De todos modos, formó, á no dudarlo, -combinándose con la creencia en el Mesías y con la doctrina de una -próxima renovacion del mundo, esas teorías apocalípticas que, sin ser -artículos de fe (el sanhedrin ortodoxo de Jerusalen no parece haberlas -adoptado), llenaban todas las imaginaciones y producian de un extremo á -otro del mundo judío extraordinaria fermentacion. La carencia total de -rigor dogmático permitia que nociones del todo contradictorias pudiesen -admitirse al mismo tiempo, áun tratándose de un punto tan capital. -Unas veces el justo debia esperar la resurreccion<a id="FNanchor_149" -href="#Footnote_149" class="fnanchor">[144]</a>; otras, era -recibido en el seno de Abraham desde el momento de su muerte<a -id="FNanchor_150" href="#Footnote_150" class="fnanchor">[145]</a>. Ya -la resurreccion era general<a id="FNanchor_151" href="#Footnote_151" -class="fnanchor">[146]</a>, ya estaba reservada únicamente -para los fieles<a id="FNanchor_152" href="#Footnote_152" -class="fnanchor">[147]</a>. Aquí suponia un mundo renovado y una nueva -Jerusalen; allá implicaba el aniquilamiento prévio del universo.</p> - -<p>Desde que Jesús tuvo uso de razon, entró en la ardiente atmósfera -que formaban en Palestina las ideas que acabamos de exponer. Aquellas -ideas no se enseñaban en ninguna escuela; pero flotaban en el aire -y penetraron en su alma desde muy temprano, en su alma tranquila, -que no conoció nunca nuestra incertidumbre ni nuestras vacilaciones. -En la cima de la montaña de Nazareth, en aquella cima donde ningun -hombre moderno pone la planta sin experimentar cierta inquietud sobre -su destino, Jesús se sentó veinte veces sin que su corazon fuese -combatido por la sombra de una duda. Ajeno al<span class="pagenum" -id="Page_59">p. 59</span> egoismo, á ese manantial de nuestras -tristezas, que rudamente nos obliga á buscar por móvil de la virtud -un interes de ultratumba, no pensó sino en su obra, en su raza, en el -bien de la humanidad. Aquellas montañas, aquel mar, aquellas elevadas -llanuras que se extienden al horizonte, no fueron para él la vision -melancólica de un alma que interroga la naturaleza sobre su destino; -fueron el símbolo cierto, la sombra trasparente de un mundo invisible y -de un nuevo cielo.</p> - -<p>Jesús no dió nunca mucha importancia á los acontecimientos -políticos de su tiempo, los cuales no conocia probablemente muy á -fondo. La dinastía de los Heródes vivia en un mundo tan distinto del -suyo, que sin duda no la conoció más que de nombre. El gran Heródes -murió en la época misma en que él vino al mundo, dejando recuerdos -imperecederos, monumentos que debian obligar áun á la posteridad más -prevenida en contra suya á asociar su nombre al de Salomon; pero su -obra quedó inacabada, imposible de continuar. Aquel Idumeo astuto, -profano ambicioso extraviado en un dédalo de luchas religiosas, tuvo -en su favor la ventaja que dan la sangre fria y la razon, exentas de -moralidad, en medio de fanáticos apasionados. Pero aunque su idea -de un reino profano de Israel no hubiese sido un anacronismo en el -estado en que se hallaba el mundo cuando él la concibió, habria -fracasado contra las dificultades nacidas del carácter mismo del -pueblo, como fracasó el proyecto, muy parecido al suyo, concebido por -Salomon. Los tres hijos de Heródes no fueron sino lugartenientes de -los romanos, semejantes á los radjas de la India bajo la dominacion -inglesa. Antíper ó Antipas, tetrarca de Galilea y Perea, del cual fué -súbdito Jesús durante toda su vida, era un príncipe nulo y perezoso<a -id="FNanchor_153" href="#Footnote_153" class="fnanchor">[148]</a>, -favorito y adulador de Tiberio<a id="FNanchor_154" href="#Footnote_154" -class="fnanchor">[149]</a>, sometido casi siempre á la fatal influencia -de su segunda mujer Herodías<a id="FNanchor_155" href="#Footnote_155" -class="fnanchor">[150]</a>. Felipe, tetrarca de Gaulonítida y de -Batanea, á cuyos territorios hizo Jesús frecuentes viajes, era -mucho mejor soberano<a id="FNanchor_156" href="#Footnote_156" -class="fnanchor">[151]</a>. En cuanto á Arquelao, etnarca de -Jerusalen, Jesús no pudo conocerle, porque hacia cerca de diez años -que aquel hombre débil, sin carácter y violento en ocasiones, habia -sido depuesto por Augusto<a id="FNanchor_157" href="#Footnote_157" -class="fnanchor">[152]</a>. Así perdió Jerusalen hasta el último -resto de autonomía. Reunido desde entónces el territorio judáico al -de Samaria y al de Idumea, formó una especie de anexo de la provincia -de Siria, de donde era legado imperial el senador Publio Sulpicio -Quirino, personaje consular de <span class="pagenum" id="Page_60">p. -60</span>gran nombradía<a id="FNanchor_158" href="#Footnote_158" -class="fnanchor">[153]</a>. Una serie de procuradores romanos, -sometidos en las grandes cuestiones al legado imperial de Siria, tales -como Coponius, Marcus Ambivius, Annius Rufus, Valerius Gratus y Pontius -Pilatus (año 26 de nuestra era) se suceden allí<a id="FNanchor_159" -href="#Footnote_159" class="fnanchor">[154]</a>, ocupándose -incesantemente en apagar el volcan de la insurreccion que ardia bajo -sus piés.</p> - -<p>En efecto, durante toda aquella época, agitan á Jerusalen contínuas -sediciones provocadas por los celosos partidarios del mosaismo<a -id="FNanchor_160" href="#Footnote_160" class="fnanchor">[155]</a>. Los -sediciosos hallaban una muerte segura; pero cuando se trataba de la -integridad de la Ley, la muerte se buscaba con avidez. Derrocar las -águilas, destruir las obras de arte levantadas por los Heródes, en -las cuales no siempre se habian respetado los reglamentos mosaistas<a -id="FNanchor_161" href="#Footnote_161" class="fnanchor">[156]</a>, -rebelarse contra los escudos votivos que elevaban los procuradores, -y cuyas inscripciones parecian contaminadas de idolatría<a -id="FNanchor_162" href="#Footnote_162" class="fnanchor">[157]</a>, -eran tentaciones permanentes para hombres fanáticos que habian llegado -á ese grado de exaltacion en que se desprecia la vida. Júdas, hijo de -Sarifeo, y Matías, hijo de Margaloth, célebres doctores de la Ley ambos -á dos, formaron un partido de audaz agresion contra el órden existente, -partido que se continuó despues de su suplicio<a id="FNanchor_163" -href="#Footnote_163" class="fnanchor">[158]</a>. Un movimiento análogo -agitaba á los samaritanos<a id="FNanchor_164" href="#Footnote_164" -class="fnanchor">[159]</a>. Diríase que la Ley no tuvo jamás sectarios -tan apasionados como en el momento en que vivia ya aquel que habia -de abrogarla con la grandeza de su alma y con el poder de su genio. -Los «Zelotas» (<i>Kenaim</i>) ó «Sicarios», asesinos piadosos que se -imponian por deber matar á cualquiera que delante de ellos quebrantase -la Ley, asomaban al horizonte<a id="FNanchor_165" href="#Footnote_165" -class="fnanchor">[160]</a>. Á consecuencia de la necesidad imperiosa de -lo sobrenatural y extraordinario que experimentaba el siglo, algunos -taumaturgos y representantes de otras ideas eran considerados como -personas de especie divina<a id="FNanchor_166" href="#Footnote_166" -class="fnanchor">[161]</a> y alcanzaban crédito entre la credulidad -pública.</p> - -<p>Mayor influencia ejerció en el ánimo de Jesús el movimiento -provocado por Júdas el Gaulonita ó el Galileo. Entre todos los -vejámenes que Roma imponia á los países nuevamente conquistados, -ninguno era tan impopular como el censo<a id="FNanchor_167" -href="#Footnote_167" class="fnanchor">[162]</a>. Esta medida, -que siempre extrañan los pueblos no acostumbrados á las cargas -de las grandes administraciones centrales, era particularmente -odiosa á los ojos de los judíos. Un empadronamiento habia ya -provocado en tiempo de David violentas recriminaciones y las -amenazas de los profetas<a id="FNanchor_168" href="#Footnote_168" -class="fnanchor">[163]</a>.<span class="pagenum" id="Page_61">p. -61</span> En efecto, el censo era la base del impuesto, y éste, con -arreglo á las ideas de la teocracia pura, casi una impiedad. Siendo -Dios el único dueño que el hombre debe reconocer, pagar el diezmo -al soberano terrenal es deificarle hasta cierto punto. La teocracia -judía, completamente extraña á la idea de estado, no hacia en esto -sino deducir su última consecuencia, es decir, la negacion de toda -sociedad civil y de todo gobierno. El dinero de las arcas públicas se -miraba como dinero robado<a id="FNanchor_169" href="#Footnote_169" -class="fnanchor">[164]</a>. El empadronamiento que ordenó Quirino -(año 6 de nuestra era) despertó vigorosamente esas ideas y produjo -inmensa fermentacion, haciendo al fin estallar un movimiento en las -provincias del Norte. Un tal Júdas, natural de la ciudad de Gamala, -sobre la orilla oriental del lago de Tiberiade, y un fariseo llamado -Sadok, se atrajeron, negando el impuesto, numerosos partidarios que -bien pronto se declararon en abierta rebelion<a id="FNanchor_170" -href="#Footnote_170" class="fnanchor">[165]</a>. Las máximas -fundamentales de aquel partido consistian en que, siendo Dios el único -«dueño», no debia darse á nadie este título, y en que la libertad -es preferible á la vida. Probablemente Júdas profesaba otros muchos -principios, que Josefo, siempre cuidadoso de no comprometer á sus -correligionarios, omite con marcada intencion; porque, á la verdad, -no se comprende que por una idea tan sencilla le concediese el -historiador judío un rango elevado entre los filósofos de su nacion, -y le mirase como el fundador de una cuarta escuela paralela á las de -los Fariseos, Saduceos y Esenios. Júdas fué, á no dudarlo, el jefe de -una secta galilea, preocupada por el mesianismo, que acabó por llegar -á un movimiento político. El procurador Coponius domó la sedicion del -Gaulonita; pero la escuela subsistió y conservó sus jefes, como lo -prueba el encontrarla de nuevo, sumamente activa, tomando parte en las -últimas luchas de los judíos contra los romanos<a id="FNanchor_171" -href="#Footnote_171" class="fnanchor">[166]</a>, capitaneada por -Manahem, hijo del fundador, y por un tal Eleazar, pariente del primero. -Quizás Jesús conoció á aquel Júdas que de tan diferente modo que él -concibió la revolucion judáica; por lo ménos conoció su escuela, y -probablemente el error del Gaulonita le inspiró el axioma de «dad al -César lo que es del César», etc. Léjos de toda sedicion, el prudente -Jesús se aprovechó de la falta de su predecesor, y soñó con otro reino -y con otro rescate.</p> - -<p>La Galilea era, pues, una vasta hornaza donde se hallaban -en ebullicion los más opuestos elementos<a id="FNanchor_172" -href="#Footnote_172" class="fnanchor">[167]</a>. La consecuencia -de aquellas agitaciones fué un extraordinario desprecio<span -class="pagenum" id="Page_62">p. 62</span> de la vida, ó mejor -dicho, una especie de afan por salir al encuentro de la muerte<a -id="FNanchor_173" href="#Footnote_173" class="fnanchor">[168]</a>. En -los grandes movimientos de fanatismo, las lecciones de la experiencia -sirven de poco ó nada. En Argelia, durante los primeros años de la -ocupacion francesa, inspirados que se decian invulnerables y enviados -por Dios para arrojar á los infieles, aparecian cada primavera: su -muerte se olvidaba apénas ocurrida, y el pueblo concedia la misma fe á -los nuevos fanáticos que se levantaban al año siguiente. La dominacion -romana, si bien rudísima bajo cierto aspecto, no era todavía muy -quisquillosa, y dejaba ancho campo á la libertad. Aquellas grandes -dominaciones brutales, terribles en la represion, estaban léjos de -ser tan recelosas como las potencias que tienen un dogma que guardar, -y abrian la mano hasta el momento en que creian oportuno emplear -el rigor. En su carrera vagabunda, Jesús no fué ni una sola vez -molestado por la policía. Aquella libertad, y sobre todo la ventaja -que tenía Galilea de hallarse mucho ménos ligada que el resto de la -Judea por los lazos del pedantismo farisáico, daban á aquella comarca -gran superioridad sobre Jerusalen. La revolucion, ó mejor dicho el -mesianismo, agitaba allí todos los corazones:—creíanse en vísperas -de la gran renovacion, y los textos de la Escritura, torturados en -diferentes sentidos, servian de pábulo á las más colosales esperanzas. -En cada línea de los sencillos escritos del Antiguo Testamento -imaginaban hallar la seguridad, y hasta cierto punto, el programa del -reino futuro que debia traer la paz á los justos y poner eterno sello á -la obra de Dios.</p> - -<p>Bajo el punto de vista del órden moral, aquella division en dos -partes opuestas, en interes y en espíritu, habia sido siempre un -principio fecundo para la nacion hebrea. Todo pueblo susceptible -de grandes destinos debe ser un mundo en miniatura, pero completo, -encerrando en su seno polos opuestos. Grecia tenía á algunas leguas de -distancia á Esparta y á Aténas, dos antípodas á los ojos del observador -superficial, pero en realidad hermanas rivales indispensables la una -á la otra. Lo mismo sucedia en Judea. El desarrollo del Norte, ménos -brillante bajo cierto aspecto que el de Jerusalen, fué mucho más -fecundo; las obras más notables del pueblo judío procedieron siempre -de allí. La ausencia completa del sentimiento de la naturaleza, -que conduce á la sequedad, al desabrimiento, á la barbarie, marcó -todas la obras puramente hierosolimitanas con un sello grandioso, -pero árido,<span class="pagenum" id="Page_63">p. 63</span> triste, -repugnante. Jerusalen, con sus doctores solemnes, sus insípidos -canonistas y sus devotos hipócritas y atrabiliarios, no habria -conquistado la humanidad. El Norte dió al mundo la cándida Sulamita, la -humilde Cananea, la apasionada Magdalena, el buen padre adoptivo José, -la Vírgen María. Sólo el Norte formó el cristianismo: Jerusalen es, por -el contrario, la verdadera patria del judaismo obstinado que fundaron -los fariseos, que el Talmud consagró y que, atravesando la Edad Media, -ha llegado hasta nosotros.</p> - -<p>Á formar aquel espíritu ménos austero, ménos ásperamente monoteista, -por decirlo así, contribuia el aspecto de una naturaleza riente y -deliciosa que imprimia á todos los sueños de Galilea un giro idílico -y encantador. En el mundo no hay quizás país más árido y triste que -los alrededores de Jerusalen. Por el contrario, la Galilea era una -comarca fértil, cubierta de verdura, umbrosa, risueña, el verdadero -país del Cántico de los cánticos y de las canciones del muy amado<a -id="FNanchor_174" href="#Footnote_174" class="fnanchor">[169]</a>. -Durante los meses de Marzo y Abril, la campiña se cubre de una -alfombra de flores de matices vivísimos y de incomparable hermosura. -Los animales son pequeños, pero sumamente mansos. Tórtolas esbeltas -y vivarachas, mirlos azules, de tan extremada ligereza, que se posan -sobre los tallos herbáceos sin hacerlos inclinar, empenachadas alondras -deslizándose casi entre los piés del viajero, galápagos de ojillos -vivos y cariñosos, y cigüeñas de aire púdico y grave se agitan aquí y -allá, deponiendo toda timidez y aproximándose tan cerca del hombre que -parecen llamarle. En ningun país del mundo ofrecen las montañas líneas -más armónicas ni inspiran tan elevados pensamientos. Jesús parece -haberlas amado particularmente. Los actos más importantes de su carrera -divina tienen lugar sobre las montañas; allí tenía mayor inspiracion<a -id="FNanchor_175" href="#Footnote_175" class="fnanchor">[170]</a>; -allí conversaba muda y misteriosamente con los antiguos profetas, y -allí se manifestaba ya transfigurado á los ojos de sus discípulos<a -id="FNanchor_176" href="#Footnote_176" class="fnanchor">[171]</a>. -Aquel hermoso país, hoy tan triste y melancólico, á consecuencia -del empobrecimiento que el islamismo ocasiona en la vida humana, -pero que todavía respira en todo aquello que el hombre no ha podido -destruir, deliciosa ternura y apacible encanto, rebosaba en tiempo de -Jesús de bienestar y de alegría. Los galileos pasaban por enérgicos, -valientes y laboriosos<a id="FNanchor_177" href="#Footnote_177" -class="fnanchor">[172]</a>. Á excepcion de Tiberiade, ciudad -de estilo romano<a id="FNanchor_178" href="#Footnote_178" -class="fnanchor">[173]</a>, construida por Antipas en honor de Tiberio -(hácia el año 15), Galilea no ten<span class="pagenum" id="Page_64">p. -64</span>ía grandes poblaciones. Sin embargo, el país estaba muy -poblado; cubríanle pequeñas ciudades y grandes aldeas, y todas sus -comarcas se cultivaban con esmero. La campiña debia ser deliciosa; -abundaban en ella los manantiales y era rica en toda especie de -frutos; las viñas, las higueras, los naranjos, los granados y los -limoneros sombreaban las granjas y formaban con sus ramas siempre -verdes las aromáticas bóvedas de espaciosas huertas<a id="FNanchor_179" -href="#Footnote_179" class="fnanchor">[174]</a>. Si se juzgase por el -que los judíos cosechan todavía en Safed, el vino era excelente y se -hacia de él no pequeño consumo<a id="FNanchor_180" href="#Footnote_180" -class="fnanchor">[175]</a>. Aquella vida sin cuidados y fácilmente -satisfecha no conducia al grosero materialismo de nuestros campesinos, -á la rústica satisfaccion de un normando, á la tosca alegría de un -flamenco:—espiritualizábase en ensueños etéreos, en una especie de -poético misticismo que confundia el cielo con la tierra. ¡Dejad que el -austero Juan Bautista predique la penitencia en su desierto de Judea, -truene incesantemente, y se alimente de langostas en compañía de los -chacales! ¿Por qué razon ayunarian los compañeros del esposo miéntras -el esposo está con ellos? ¿No formará la alegría parte del reino de -Dios? ¿No es ella la hija de los humildes de corazon, de los hombres de -buena voluntad?</p> - -<p>Toda la historia del cristianismo naciente llega á ser de ese modo -una pastoral deliciosa. Un Mesías en una comida de bodas, la cortesana -y el buen Zacheo convidados á sus festines, los fundadores del reino -del cielo como una comitiva de paraninfos: hé ahí á lo que se atrevió -Galilea, lo que legó al mundo haciéndoselo aceptar. La Grecia, por -medio de la escultura y de la poesía, trazó hermosos cuadros de la vida -humana; pero sin fondos fugaces, sin horizontes lejanos. Aquí faltan -el mármol, los obreros excelentes, el idioma exquisito y refinado. -Pero Galilea, con el solo auxilio de la imaginacion popular, creó el -ideal más sublime; porque detrás de su idilio se agita el destino de la -humanidad; porque la luz que ilumina su cuadro es el sol del reino de -Dios.</p> - -<p>Jesús vivia y crecia en aquel medio embriagador. Desde su infancia -hizo casi anualmente el viaje á Jerusalen por la época de las fiestas<a -id="FNanchor_181" href="#Footnote_181" class="fnanchor">[176]</a>. -Para los judíos provincianos aquella peregrinacion era una solemnidad -llena de atractivo. Series enteras de salmos estaban consagradas -á cantar las dulzuras de caminar en familia<a id="FNanchor_182" -href="#Footnote_182" class="fnanchor">[177]</a> durante algunos de -los primeros dias primaverales, á traves de los valles y de las -c<span class="pagenum" id="Page_65">p. 65</span>olinas, teniendo en -perspectiva los esplendores de Jerusalen, los terrores del sagrado -pórtico, y el gozo de vivir juntos por algun tiempo<a id="FNanchor_183" -href="#Footnote_183" class="fnanchor">[178]</a>. El camino que -ordinariamente seguia Jesús en aquellos viajes era el mismo que hoy -se sigue por Ginæa y Sichem<a id="FNanchor_184" href="#Footnote_184" -class="fnanchor">[179]</a>. Desde este último punto á Jerusalen la -via es agreste en extremo. Pero las inmediaciones de los antiguos -santuarios de Silo y de Bethel, cerca de los cuales se pasa, sorprenden -el ánimo agradablemente. <i>Ain-el-Haramie</i>, la última etapa<a -id="FNanchor_185" href="#Footnote_185" class="fnanchor">[180]</a>, -es un lugar melancólico y encantador: pocas impresiones igualan á la -que se experimenta cuando allí se pernocta. El valle es estrecho y -sombrío;—de entre las rocas, perforadas por los sepulcros, mana un agua -negruzca. Si no me engaño, aquél es el «Valle de las lágrimas» ó de -las aguas rezumantes, cantado como una de las estaciones del camino en -el delicioso salmo <span class="asc">LXXXIV</span>; valle que el dulce -y triste misticismo de la Edad Media convirtió en el emblema de la -vida. Llégase al dia siguiente á Jerusalen, y áun hoy dia la esperanza -de arribar á sus muros, sostiene á la caravana, acorta la noche de la -víspera y hace ligero el sueño.</p> - -<p>Aquellos viajes, durante los cuales la nacion reunida se comunicaba -sus ideas, viajes que eran casi siempre focos de grande agitacion, -ponian á Jesús en contacto con el alma de su pueblo, y sin duda le -inspiraban ya viva antipatía por los defectos de los representantes -del judaismo. Preténdese que el desierto fué para él desde muy -temprano otra escuela donde se formó su alma, y que permaneció -allí largas temporadas<a id="FNanchor_186" href="#Footnote_186" -class="fnanchor">[181]</a>. Pero el Dios que allí encontraba no era -el suyo:—era cuando más el Dios de Job, severo y terrible, sin piedad -ni misericordia. Otras veces era Satanás el que iba á tentarle. -Entónces regresaba á su querida Galilea y volvia á encontrar á su Padre -celestial en medio de las verdes colinas y de los arroyos trasparentes, -en medio de aquellos grupos de mujeres y niños que esperaban la salud -de Israel, con la alegría en el alma y el cántico de los ángeles en el -corazon.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_5"> - <p><span class="pagenum" id="Page_66">p. 66</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO V</h2> - <p class="subh2">PRIMEROS AFORISMOS DE JESÚS — SUS IDEAS DE UN DIOS - PADRE Y DE UNA RELIGION PURA — PRIMEROS DISCÍPULOS</p> -</div> - -<p>José murió ántes que su hijo entrase en la vida pública. Desde -entónces María quedó como jefe de la familia, y esta razon explica -el por qué llamaban á Jesús «hijo de María»<a id="FNanchor_187" -href="#Footnote_187" class="fnanchor">[182]</a> cuando querian -distinguirle de sus numerosos homónimos. Despues de la muerte de su -marido, viniendo á ser como forastera en Nazareth, se retiró á Caná<a -id="FNanchor_188" href="#Footnote_188" class="fnanchor">[183]</a>, -segun parece, de cuyo punto era tal vez originaria. Caná<a -id="FNanchor_189" href="#Footnote_189" class="fnanchor">[184]</a> era -una pequeña ciudad situada en la falda de las montañas que limitan al -norte la llanura de Asochis<a id="FNanchor_190" href="#Footnote_190" -class="fnanchor">[185]</a>, y á dos horas ó dos horas y media de -Nazareth. La vista, ménos grandiosa que en este punto, se extiende -por toda la llanura, terminándola al norte, del modo más pintoresco, -las montañas de Nazareth y las colinas de Seforis. Jesús parece -haber fijado por algun tiempo su residencia en aquel sitio, y -probablemente allí pasó una parte de su juventud y tuvieron lugar -sus primeros destellos<a id="FNanchor_191" href="#Footnote_191" -class="fnanchor">[186]</a>.</p> - -<p>Jesús ejercia, como su padre, el oficio de carpintero<a -id="FNanchor_192" href="#Footnote_192" class="fnanchor">[187]</a>, -circunstancia que nada tenía de extraordinario ni de humillante, en -razon á que, segun la costumbre judáica, todos los hombres consagrados -á los trabajos intelectuales ejercian una ocupacion material. -Los más célebres doctores tenian un oficio<a id="FNanchor_193" -href="#Footnote_193" class="fnanchor">[188]</a>; el mismo San Pablo, -cuya educacion habia sido tan esmerada, era fabricante de tiendas<a -id="FNanchor_194" href="#Footnote_194" class="fnanchor">[189]</a>. -Jesús no se casó: todo su amor se reconcentró en lo que él consideraba -como su vocacion celestial. El sentimiento de extremada delicadeza -que en él se nota respecto á las mujeres<a id="FNanchor_195" -href="#Footnote_195" class="fnanchor">[190]</a> se confundió siempre -con la decision exclusiva que á su idea consagraba. De igual modo que -Francisco de Asís y Francisco de Sáles, trató como á hermanas á las -mujeres que se prendaban de su misma obra. Como aquéllos tuvo tambien -sus santas Claras y sus Franciscas de Chantal; sólo que las de Jesús -<span class="pagenum" id="Page_67">p. 67</span>probablemente amaban -más al maestro que la doctrina que enseñaba; de todos modos, es -indudable que amó mucho ménos que fué amado. La ternura de corazon se -trasformaba en él, como en todas las naturalezas elevadas, en infinita -dulzura, en vaga poesía, en atractivo universal. Sus relaciones íntimas -y libres, pero de un órden completamente moral, con mujeres de conducta -equívoca, se explican de igual manera por la pasion que consagraba á -la gloria de su Padre; pasion que le inspiraba una especie de celos -por todas las bellas criaturas que podian servirle para aumentarla<a -id="FNanchor_196" href="#Footnote_196" class="fnanchor">[191]</a>.</p> - -<p>¿Cuál fué la marcha del pensamiento de Jesús durante aquel oscuro -período de su vida? Nada se sabe, por haber llegado su historia hasta -nosotros en forma de relatos dispersos y sin cronología exacta. Pero -siendo el desarrollo de los productos humanos el mismo en todas partes, -de suponer es que el crecimiento de una personalidad como la de Jesús -obedeciese á leyes rigurosas. Una elevada nocion de la divinidad, -nocion que no debió al judaismo, sino más bien á las inspiraciones -y á la grandeza de su alma, fué en cierto modo el principio de su -fuerza. Menester es, tratándose de este punto, renunciar á las ideas -que nos son familiares y á esas discusiones en que se extravian los -espíritus mezquinos. Para comprender bien la piedad de Jesús, es -indispensable hacer abstraccion de cuanto ha venido á colocarse entre -el Evangelio y nosotros. Deismo y panteismo han llegado á ser los dos -polos de la teología. Las raquíticas discusiones de la escolástica, -la aridez de espíritu de Descártes, y la profunda irreligion del -siglo décimo octavo han ahogado en el seno del moderno racionalismo -todo sentimiento fecundo de la divinidad, al empequeñecer á Dios y al -limitarle hasta cierto punto con la exclusion de todo cuanto no es -Dios mismo. En efecto, si Dios es un sér determinado que existe fuera -de nosotros, la persona que cree tener relaciones particulares con -Dios es un «visionario»; y como las ciencias físicas y fisiológicas -nos enseñan que toda vision sobrenatural es una ilusion, el deista -un poco consecuente se halla en la imposibilidad de comprender las -grandes creencias del pasado. El panteismo, suprimiendo por su parte -la personalidad divina, se aleja cuanto es posible del Dios vivo de -las antiguas religiones. ¿En qué momentos de su agitada vida fueron -deistas ó panteistas los hombres que más elevadamente comprendieron á -Dios, tales como Sakia-Muni, Platon, San Pablo, San Francisco de Asís y -San<span class="pagenum" id="Page_68">p. 68</span> Agustin? Semejante -cuestion no tiene sentido. Las pruebas físicas y metafísicas de la -existencia de Dios hubieran sido para ellos del todo indiferentes, -sintiendo como sentian al ser divino en sí mismos.—Pues bien, Jesús -debe colocarse en el primer rango de esa gran familia de verdaderos -hijos de Dios. Jesús no tiene visiones, Dios no le habla como si -estuviese fuera de él; Dios está en él, siéntele dentro de sí, y cuanto -dice de su Padre brota de su corazon. Vive en el seno de Dios y se -halla con él en comunicacion constante; no le ve, pero le oye, sin que -para ello necesite de truenos ni de zarza ardiente, como Moisés, ni de -tempestad reveladora, como Job, ni de oráculo, como los antiguos sabios -griegos, ni de genio familiar, como Sócrates, ni de ángel Gabriel, como -Mahoma. La imaginacion y alucinacion de una Santa Teresa, por ejemplo, -no tienen nada que hacer aquí, ni tampoco la embriaguez del sofí que se -proclama idéntico á Dios. Jesús no enuncia ni por un solo instante la -idea sacrílega de que él sea Dios.—Créese en relacion directa con Dios, -hijo de Dios. El más elevado sentimiento de Dios que haya existido en -el seno de la humanidad fué sin duda el de Jesús.</p> - -<p>Por otra parte, se comprende que, partiendo de semejante disposicion -de ánimo, no fuese Jesús un filósofo especulativo como Sakia-Muni. -Nada hay tan léjos de la teología escolástica como el Evangelio<a -id="FNanchor_197" href="#Footnote_197" class="fnanchor">[192]</a>. Las -especulaciones de los Padres griegos proceden de otro espíritu. Dios -concebido inmediatamente como Padre; á esto se reduce toda la teología -de Jesús. Y esto no era en él un principio teórico, una doctrina más ó -ménos probada que pretendia inculcar á los demás; léjos de eso, Jesús -no hacia ningun razonamiento á sus discípulos<a id="FNanchor_198" -href="#Footnote_198" class="fnanchor">[193]</a>, no exigia de -ellos ningun esfuerzo de atencion; no predicaba sus opiniones, -sino su sentimiento. Las almas grandes y desinteresadas presentan -frecuentemente, sin perjuicio de su mucha elevacion, ese carácter de -perpétua atencion de sí mismas y esa extremada susceptibilidad personal -que de ordinario son patrimonio de las mujeres<a id="FNanchor_199" -href="#Footnote_199" class="fnanchor">[194]</a>. Su persuasion de que -Dios está en ellas, de que las atiende constantemente, es tan poderosa, -que no vacilan en imponérsela á los demás: tales almas no conocen -nuestra reserva ni nuestro respeto por la opinion ajena, lazos que en -parte contribuyen á nuestra impotencia. Y sin embargo, esa personalidad -exaltada no es el egoismo, porque semejantes hombres, una vez poseidos -de su idea, no vacilan en sacrificarle su misma vida ni en sellar su -obra con<span class="pagenum" id="Page_69">p. 69</span> su sangre; es -la identificacion del yo con el objeto que él abraza; identificacion -llevada al último límite. Es el orgullo para los que no ven en la -aparicion nueva sino la idea personal del fundador; es el dedo de Dios -para los que observan sus resultados. En este terreno, muchas veces -se confunde el loco con el hombre inspirado; pero el loco no deja en -pos de sí nada estable. El extravío de la razon no ha tenido hasta hoy -ninguna influencia en la marcha del género humano.</p> - -<p>De suponer es que Jesús no llegase desde un principio á esa elevada -afirmacion de sí propio; mas tambien es probable que desde sus primeros -pasos se considerase respecto á Dios en la relacion de un hijo -respecto á su padre. En esto consiste su grande acto de originalidad, -y en esto es en lo que nada se parece á los individuos de su raza<a -id="FNanchor_200" href="#Footnote_200" class="fnanchor">[195]</a>. Ni -el judío ni el musulman comprendieron jamás esa deliciosa teología de -amor. El Dios de Jesús no es ese dueño fatal que mata, condena ó salva, -segun mejor le acomoda; no, el Dios de Jesús es nuestro Padre, y cada -uno le siente al escuchar una voz misteriosa que grita en nosotros esta -dulcísima palabra: «Padre»<a id="FNanchor_201" href="#Footnote_201" -class="fnanchor">[196]</a>. El Dios de Jesús no es el déspota parcial -que eligió á Israel por su pueblo, protegiéndole contra todos los -otros; es el Dios de la humanidad. Jesús no será un patriota, como los -Macabeos, ni un teócrata, como Júdas el Gaulonita; pero, elevándose -audazmente sobre las preocupaciones de su nacion, fundará la universal -paternidad de Dios. El Gaulonita sostenia que se debe morir ántes que -dar á otro que no sea Dios el título de «amo»; Jesús prescinde de -ese título y reserva para Dios otro mucho más dulce. Concediendo á -los poderosos de la tierra, que son á sus ojos los representantes de -la fuerza, un respeto lleno de ironía, funda el supremo consuelo, el -recurso al Padre celestial, el verdadero reino de Dios que cada uno -lleva en su corazon.</p> - -<p>Ese nombre de «reino de Dios» ó de «reino del cielo»<a -id="FNanchor_202" href="#Footnote_202" class="fnanchor">[197]</a> -fué el término favorito de que se valia Jesús para expresar la -revolucion que su doctrina iba á operar en el mundo<a id="FNanchor_203" -href="#Footnote_203" class="fnanchor">[198]</a>, y como casi todos -los términos mesiánicos, procedia del Libro de Daniel. Segun el autor -de este libro extraordinario, un quinto imperio, que sería el de los -Santos y duraria eternamente<a id="FNanchor_204" href="#Footnote_204" -class="fnanchor">[199]</a>, sucederia á los cuatro imperios profanos -destinados á derrumbarse. Como es de suponer, ese reino de Dios sobre -la tierra se prestaba á infinitas interpretaciones. Para la teología -judáica, el «reino de Dios» no es sino el mismo<span class="pagenum" -id="Page_70">p. 70</span> judaismo, la verdadera religion, el culto -monoteista, la piedad<a id="FNanchor_205" href="#Footnote_205" -class="fnanchor">[200]</a>. Jesús creyó en los últimos años de su -vida que aquel reino iba á realizarse materialmente por una brusca -renovacion del mundo; pero sin duda no fué ése su primer pensamiento<a -id="FNanchor_206" href="#Footnote_206" class="fnanchor">[201]</a>. -La admirable moral que deduce de la nocion de Dios Padre no es por -cierto la de los ilusos que, creyendo próximo el fin del mundo, se -preparan por el ascetismo á una catástrofe quimérica; es la de un -mundo que vive y vivirá mucho tiempo. «El reino de Dios está en -vosotros»,—decia á los que buscaban con sutileza signos exteriores<a -id="FNanchor_207" href="#Footnote_207" class="fnanchor">[202]</a>.—La -concepcion realista del acontecimiento divino fué una sombra, un error -pasajero, que la muerte hizo olvidar. El Jesús que fundó el verdadero -reino de Dios, el reino de los mansos y de los humildes, ése fué el -Jesús de los primeros dias<a id="FNanchor_208" href="#Footnote_208" -class="fnanchor">[203]</a>, dias castos y serenos en que la voz de -su Padre celestial resonaba en su corazon con timbre más puro. Hubo -entónces algunos meses, tal vez un año, durante los cuales habitó Dios -verdaderamente sobre la tierra. La voz del jóven carpintero adquirió -de pronto extraordinaria dulzura, un atractivo infinito se exhalaba -de su persona, y los que ántes le habian visto ya no le reconocian<a -id="FNanchor_209" href="#Footnote_209" class="fnanchor">[204]</a>. -En aquella época aún no tenía discípulos; el grupo que le rodeaba -no era ni una secta ni una escuela; pero animábale ya un espíritu -comun y un no sé qué de dulce y penetrante. El carácter amable de -Jesús, y sin duda una de esas caras maravillosas<a id="FNanchor_210" -href="#Footnote_210" class="fnanchor">[205]</a> que frecuentemente -se ven en la raza judía, formaban al rededor de él como un círculo -de fascinacion, al cual no podian sustraerse aquellas poblaciones -benévolas y sencillas.</p> - -<p>Si las ideas del jóven maestro no hubiesen traspasado mucho -ese nivel de mediana bondad, más arriba del cual no ha podido -elevarse hasta hoy la especie humana, el paraíso habria sido en -efecto trasportado á la tierra. La fraternidad de los hombres, -hijos de Dios, y las consecuencias morales que de ella resultan, -se deducian con exquisito sentimiento. Jesús, como todos los -rabinos de su época, era poco aficionado á los razonamientos -encadenados y encerraba su doctrina en aforismos concisos y de una -forma expresiva, á veces rara y enigmática<a id="FNanchor_211" -href="#Footnote_211" class="fnanchor">[206]</a>. Algunas de aquellas -máximas procedian de los libros del Antiguo Testamento; otras eran -pensamientos de sabios más modernos, particularmente de Antígono -de Soco, de Jesús, hijo de Sirach, y de Hillel; máximas que habian -llegado hasta él, no á consecuencia de sabios estudios, sin<span -class="pagenum" id="Page_71">p. 71</span>o como proverbios que -circulaban entre el pueblo. La sinagoga era rica en máximas de muy -feliz expresion, las cuales formaban una especie de literatura -proverbial bastante conocida<a id="FNanchor_212" href="#Footnote_212" -class="fnanchor">[207]</a>. Jesús adoptó casi toda aquella enseñanza -oral, pero animándola de un espíritu superior<a id="FNanchor_213" -href="#Footnote_213" class="fnanchor">[208]</a>. Encarecia de ordinario -los deberes trazados por la Ley y por los antiguos, pero aspirando -á perfeccionarlos. Todas las virtudes de humildad, de perdon, de -caridad, de abnegacion, de rigidez para consigo mismo, virtudes que se -han llamado con razon cristianas, si por ello se entiende que fueron -predicadas por Cristo, se hallaban en gérmen en aquella enseñanza. -Respecto á la justicia, Jesús se contentaba con repetir la máxima ya -conocida: «Haced vosotros con los demás hombres todo lo que deseais -que hagan ellos con vosotros»<a id="FNanchor_214" href="#Footnote_214" -class="fnanchor">[209]</a>. Pero esta máxima, todavía bastante egoista, -no le bastaba. Pronto debia llegar hasta el exceso:</p> - -<blockquote> - - <p>«Si alguno te hiriere en la mejilla derecha, vuélvele tambien - la otra. Y al que quiera armarte pleito para quitarte la túnica, - alárgale tambien la capa<a id="FNanchor_215" href="#Footnote_215" - class="fnanchor">[210]</a>.</p> - - <p>»Si tu ojo derecho es para tí una ocasion de pecar, sácale y - arrójale fuera de tí<a id="FNanchor_216" href="#Footnote_216" - class="fnanchor">[211]</a>.</p> - - <p>»Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen, - y orad por los que os persiguen y calumnian<a id="FNanchor_217" - href="#Footnote_217" class="fnanchor">[212]</a>.</p> - - <p>»No juzgueis á los demás, si quereis no ser juzgados<a - id="FNanchor_218" href="#Footnote_218" class="fnanchor">[213]</a>. - Perdonad, y seréis perdonados<a id="FNanchor_219" - href="#Footnote_219" class="fnanchor">[214]</a>. Sed pues - misericordiosos, así como tambien vuestro Padre es misericordioso<a - id="FNanchor_220" href="#Footnote_220" class="fnanchor">[215]</a>. - Mucho mayor dicha es el dar que el recibir<a id="FNanchor_221" - href="#Footnote_221" class="fnanchor">[216]</a>.</p> - - <p>»Quien se ensalzáre será humillado, y quien se humilláre - será ensalzado»<a id="FNanchor_222" href="#Footnote_222" - class="fnanchor">[217]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>Respecto á la limosna, á la piedad, á las buenas obras, al amor de -la paz y al completo desinteres del corazon, habia poco que añadir á -la doctrina de la sinagoga<a id="FNanchor_223" href="#Footnote_223" -class="fnanchor">[218]</a>. Pero su acento, lleno de uncion, hacia -nuevos, por decirlo así, los aforismos conocidos de muy antiguo. -La moral no se compone de principios más ó ménos bien expresados. -La poesía del precepto es lo que hace amarle, y entra por más que -el precepto mismo considerado como verdad abstracta. Es innegable -que aquellas máximas que Jesús tomaba de sus predecesores producen -en el Evangelio distinto efecto que en la antigua Ley, en el -<i>Pirké Aboth</i> ó en el Talmud. Ni el Talmud ni la antigua Ley -han conquistado el mundo ni cambiado su faz. La moral evangélica, -poco original por sí misma, si por ello se entiende que<span -class="pagenum" id="Page_72">p. 72</span> podria recomponerse toda -entera con máximas mucho más antiguas, no deja de ser por eso la -más elevada creacion que haya salido de la conciencia humana, el -más hermoso código de la vida perfecta que haya trazado ningun -moralista.</p> - -<p>Jesús no hablaba contra la Ley mosáica, pero claramente se -conoce que la encontraba insuficiente, y á cada paso dejaba -traslucir su pensamiento. Repetia sin cesar que era preciso hacer -más de lo que habian dicho los antiguos sabios<a id="FNanchor_224" -href="#Footnote_224" class="fnanchor">[219]</a>; prohibia la menor -palabra áspera ó desabrida<a id="FNanchor_225" href="#Footnote_225" -class="fnanchor">[220]</a>, así como el divorcio<a id="FNanchor_226" -href="#Footnote_226" class="fnanchor">[221]</a> y el juramento<a -id="FNanchor_227" href="#Footnote_227" class="fnanchor">[222]</a>; -condenaba la pena del talion<a id="FNanchor_228" href="#Footnote_228" -class="fnanchor">[223]</a>; vituperaba la usura<a id="FNanchor_229" -href="#Footnote_229" class="fnanchor">[224]</a>; conceptuaba el -deseo voluptuoso tan criminal como el adulterio<a id="FNanchor_230" -href="#Footnote_230" class="fnanchor">[225]</a>, y recomendaba, -en fin, el perdon universal de las injurias<a id="FNanchor_231" -href="#Footnote_231" class="fnanchor">[226]</a>. El motivo en que -apoyaba estas máximas de elevada caridad, era siempre el mismo:</p> - -<blockquote> - - <p>«Para que seais hijos de vuestro Padre celestial, el cual hace - nacer su sol sobre buenos y malos. Que si no amais sino á los que - os aman, ¿qué premio habeis de tener? ¿no lo hacen así áun los - publicanos? Y si no saludais á otros que á vuestros hermanos, - ¿qué tiene eso de particular? ¿por ventura no hacen esto tambien - los paganos? Sed pues vosotros perfectos, así como vuestro Padre - celestial es perfecto»<a id="FNanchor_232" href="#Footnote_232" - class="fnanchor">[227]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>Un culto puro, una religion sin sacerdotes y sin prácticas -exteriores, basándose toda ella en los sentimientos del corazon, -en la imitacion de Dios<a id="FNanchor_233" href="#Footnote_233" -class="fnanchor">[228]</a> y en la comunicacion inmediata de la -conciencia con el Padre celestial: tales eran las consecuencias de -estos principios. Jesús no retrocedió nunca ante esas atrevidas -deducciones que hacian de él un revolucionario de primer órden en el -seno del judaismo. ¿Á qué fin establecer intermediarios entre el hombre -y su Padre? ¿Á qué fin aquellas purificaciones, aquellas prácticas -externas y del todo corporales<a id="FNanchor_234" href="#Footnote_234" -class="fnanchor">[229]</a>; siendo así que Dios no ve sino el -corazon? La tradicion misma, tan respetable y santa para los judíos, -es poca cosa comparada con el sentimiento puro<a id="FNanchor_235" -href="#Footnote_235" class="fnanchor">[230]</a>. La hipocresía de -los fariseos, que al orar volvian la cabeza para ver si álguien los -observaba, que daban sus limosnas ostensiblemente y que ponian en sus -vestidos señales para que por ellas los reconociesen como personas -piadosas, toda esa mojigatería de la falsa devocion indignaban á -Jesús. «En verdad os digo que ya recibieron su recompensa,—decia;—mas -tú, cuando des limosna, haz que tu mano izquierda no perciba lo que -hace tu derecha, para que tu limosna quede<span class="pagenum" -id="Page_73">p. 73</span> oculta, y tu Padre, que ve lo oculto, -te recompensará<a id="FNanchor_236" href="#Footnote_236" -class="fnanchor">[231]</a>.</p> - -<p>»Asimismo cuando orais no habeis de ser como los hipócritas que de -propósito se ponen á orar de pié en las sinagogas y en las esquinas de -las calles, para ser vistos de los hombres: en verdad os digo que ya -recibieron su recompensa. Tú, al contrario, cuando hubieres de orar, -entra en tu aposento y, cerrada la puerta, ora en secreto á tu Padre, -y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. En la oracion no afecteis -hablar mucho, como hacen los gentiles, que se imaginan haber de ser -oidos á fuerza de palabras; que bien sabe vuestro Padre lo que habeis -menester, ántes de pedírselo»<a id="FNanchor_237" href="#Footnote_237" -class="fnanchor">[232]</a>.</p> - -<p>Jesús no afectaba ningun signo exterior de ascetismo, contentándose -con orar, ó mejor dicho, con meditar en las montañas, ó en los -lugares solitarios, en esos sitios adonde siempre ha ido el -hombre á buscar á Dios<a id="FNanchor_238" href="#Footnote_238" -class="fnanchor">[233]</a>. Esa elevada nocion de la comunicacion -entre el hombre y el Sér divino, de la cual muy pocas almas han sido -capaces, áun despues de él, se resumia en la oracion que desde entónces -enseñaba á sus discípulos<a id="FNanchor_239" href="#Footnote_239" -class="fnanchor">[234]</a>: «Padre nuestro que estás en los cielos, -santificado sea el tu nombre; venga el tu reino. Hágase tu voluntad -como en el cielo así tambien en la tierra. El pan nuestro de cada dia -dánosle hoy. Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos -á nuestros deudores. Libranos del mal.» Insistia particularmente sobre -el pensamiento de que el Padre celestial sabe mejor que nosotros lo -que nos conviene, y de que es casi hacerle una ofensa el pedirle tal -ó cual cosa determinada<a id="FNanchor_240" href="#Footnote_240" -class="fnanchor">[235]</a>.</p> - -<p>En esto no hacia Jesús sino deducir las consecuencias de los grandes -principios que el judaismo habia poseido y que las clases oficiales de -la nacion tendian á desconocer más y más. Las plegarias de los griegos -y de los romanos fueron casi siempre una palabrería llena de egoismo. -Un alma pagana jamás habria dicho al creyente:</p> - -<p>«Si al tiempo de presentar tu ofrenda en el altar, allí te acuerdas -que tu hermano tiene alguna queja contra tí; deja allí mismo tu -ofrenda delante del altar y vé primero á reconciliarte con tu hermano, -y despues volverás á presentar tu ofrenda»<a id="FNanchor_241" -href="#Footnote_241" class="fnanchor">[236]</a>.</p> - -<p>En la antigüedad, únicamente los profetas judíos, y en particular -Isaías, por su antipatía contra el sacerdocio, entrevieron la verdadera -naturaleza del culto que el hombre debe á Dios.</p> <p><span -class="pagenum" id="Page_74">p. 74</span></p> <p>«¿De qué me sirve á -mí la muchedumbre de vuestras víctimas? Ya me tienen fastidiado. Yo no -gusto de los holocaustos de carneros, ni de la gordura de los pingües -ni de la sangre de los becerros; abomino el incienso, porque vuestras -manos tienen sangre. Lavaos, pues, purificaos, aprended á hacer -bien, buscad lo que es justo, y entónces venid»<a id="FNanchor_242" -href="#Footnote_242" class="fnanchor">[237]</a>.</p> - -<p>En los últimos tiempos, algunos doctores, tales como -Simeon el Justo<a id="FNanchor_243" href="#Footnote_243" -class="fnanchor">[238]</a>, Jesús, hijo de Sirak<a id="FNanchor_244" -href="#Footnote_244" class="fnanchor">[239]</a>, é Hillel<a -id="FNanchor_245" href="#Footnote_245" class="fnanchor">[240]</a>, -llegaron casi á la misma doctrina, declarando que la Ley debia -compendiarse. En el mundo judeo-egipcio, Filon sustentaba al mismo -tiempo que Jesús doctrinas de elevada moral, cuya consecuencia -era el abandono de las prácticas legales<a id="FNanchor_246" -href="#Footnote_246" class="fnanchor">[241]</a>. Schemaia y Abtalion -se mostraron asimismo en más de una ocasion libérrimos casuistas<a -id="FNanchor_247" href="#Footnote_247" class="fnanchor">[242]</a>. -Rabbi Iohanan iba pronto á elevar las obras de misericordia sobre -el estudio de la Ley<a id="FNanchor_248" href="#Footnote_248" -class="fnanchor">[243]</a>. Pero sólo Jesús pronunció esas humanitarias -máximas de una manera eficaz. Ninguno ha sido tan poco aficionado como -Jesús al sacerdocio ni más enemigo de las formas que ahogan la religion -so pretexto de protegerla. Bajo el punto de vista de la sencillez de -su doctrina, todos somos sus discípulos y continuadores; con ella puso -la piedra fundamental de la religion verdadera, y, si la religion es -la cosa más esencial de la humanidad, por ella mereció el rango divino -que se le ha concedido. La idea de un culto fundado en la pureza del -corazon y en la fraternidad humana, idea que Jesús trajo al mundo, era -tan absolutamente nueva y de tal modo elevada, que la iglesia cristiana -debia sobre este punto desconocer por completo sus intenciones: áun en -nuestros dias, sólo algunas almas son capaces de adherirse á ella.</p> - -<p>Un sentimiento exquisito de la naturaleza proporcionaba á Jesús á -cada instante imágenes expresivas. Sus aforismos revelaban á veces -notable finura y hasta eso que nosotros llamamos ingenio; otras, su -forma viva se prestaba al oportuno empleo de proverbios populares. -«¿Cómo dices á tu hermano: deja que te quite esa pajita del ojo, siendo -así que tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! quita primero la -viga de tu ojo, y entónces podrás sacar la mota del de tu hermano»<a -id="FNanchor_249" href="#Footnote_249" class="fnanchor">[244]</a>.</p> - -<p>Estas lecciones, contenidas largo tiempo en el corazon del jóven -maestro, atraian ya á algunos iniciados. El espíritu del tiempo tendia -marcadamente á la formacion de pequeñas iglesias: aquélla fué la época -de los Esenios ó Terapeutas. Por<span class="pagenum" id="Page_75">p. -75</span> todas partes aparecian rabinos, cada cual con diferente -enseñanza, como Schemaia, Abtalion, Hillel, Schammai, Júdas el -Gaulonita, Gamaliel y otros muchos cuyas máximas formaron el Talmud. -Pero entónces se escribia poco; los doctores judíos de aquel tiempo -no componian libros; todo se reducia á pláticas ó lecciones públicas, -á las cuales se daba un giro sencillo á fin de que pudieran retenerse -fácilmente en la memoria<a id="FNanchor_250" href="#Footnote_250" -class="fnanchor">[245]</a>. El dia en que el jóven carpintero de -Nazareth principió á predicar aquellas máximas—conocidas ya en su mayor -parte, pero que sin embargo debian regenerar el mundo—nadie lo tuvo -por un acontecimiento. Fué un rabino de más dedicado á la enseñanza -(pero ciertamente el más embelesador de todos), al rededor del cual se -agrupaban algunos jóvenes deseosos de oirle y amantes de la novedad. -La atencion de los hombres necesita para ser cautivada el auxilio del -tiempo. Allí no habia todavía cristianos; sin embargo, el cristianismo -estaba ya fundado y nunca fué tan perfecto como en aquel primer -instante. Jesús no le añadirá ya nada que sea permanente. Al contrario, -le comprometerá hasta cierto punto, porque toda idea llamada á tener -éxito necesita de sacrificios; porque jamás se sale inmaculado de la -lucha de la vida.</p> - -<p>En efecto, no basta concebir el bien, es preciso popularizarlo, -hacérselo admitir á los hombres, y para ello hay que poner la planta en -vias ménos puras. Seguramente que el Evangelio sería más perfecto si -se limitara á algunos capítulos de Matheo y de Lúcas, y se prestaria -ménos á tantas objeciones; pero ¿habria, sin los milagros, conquistado -el mundo? Si Jesús hubiera muerto en aquel momento de su carrera, no -habria en la historia de su vida ciertas páginas que nos disgustan; -pero, aunque más grande á los ojos de Dios, habria permanecido -ignorado de los hombres:—su nombre se habria perdido entre la multitud -de grandes almas desconocidas, que son casi siempre las mejores de -todas; la verdad no habria sido promulgada, y el mundo no se habria -aprovechado de la inmensa superioridad moral que su Padre le habia -concedido. Jesús, hijo de Sirak, é Hillel, emitieron aforismos casi -tan elevados como los de Jesús. Y sin embargo, Hillel no pasará jamás -por ser el verdadero fundador del cristianismo. En la moral, así como -en el arte, el hablar no conduce á nada; el obrar conduce á todo. -La idea que se oculta bajo un cuadro de Rafael significa muy poco; -el valor está<span class="pagenum" id="Page_76">p. 76</span> en el -cuadro. Lo mismo sucede en la moral; la verdad no tiene realce hasta -que no pasa al estado de sentimiento y no adquiere todo su brillo sino -cuando se realiza en el mundo como hecho. Hombres de mediana moralidad -han escrito hermosas máximas; de igual manera ha habido hombres muy -virtuosos que no han hecho nada por continuar en el mundo la tradicion -de la virtud. El lauro pertenece, pues, al que ha sido poderoso -en palabras y obras, al que, sintiendo el bien, le hizo triunfar -sellándole con su sangre. Jesús no tiene rival bajo este doble punto de -vista; su gloria permanece entera y será renovada constantemente.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_6"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VI</h2> - <p class="subh2">JUAN BAUTISTA — VIAJE DE JESÚS HÁCIA JUAN Y - SU PERMANENCIA EN EL DESIERTO DE JUDEA — ADOPTA EL BAUTISMO DE - JUAN</p> -</div> - -<p>Por aquel tiempo apareció y se halló en relacion con Jesús un -hombre extraordinario, cuya vida, á causa de la escasez de documentos, -es para nosotros enigmática hasta cierto punto. Aquellas relaciones -tendieron en un principio á separar al jóven profeta de Nazareth del -camino que habia adoptado; pero tambien le sugirieron la idea de varios -accesorios importantes de su institucion religiosa, y proporcionaron á -sus discípulos gran autoridad para recomendar á su maestro á los ojos -de cierta clase de judíos.</p> - -<p>Hácia el año 28 de nuestra era (décimoquinto del reinado de Tiberio) -se extendió por toda Palestina la reputacion de un tal Iohanan ó Juan, -jóven asceta impetuoso y apasionado. Juan era de raza sacerdotal<a -id="FNanchor_251" href="#Footnote_251" class="fnanchor">[246]</a>, -y á lo que parece habia nacido en Jutta, cerca de Hebron, ó -acaso en Hebron mismo<a id="FNanchor_252" href="#Footnote_252" -class="fnanchor">[247]</a>. Situada en las inmediaciones del desierto -de Judea y á algunas horas del gran desierto de Arabia, Hebron era -entónces<span class="pagenum" id="Page_77">p. 77</span> la ciudad -patriarcal por excelencia, y como hoy, uno de los baluartes del -espíritu semítico en su más austera forma. Juan fué <i>nazir</i> -desde su infancia, esto es, que habia hecho voto de someterse á -ciertas abstinencias<a id="FNanchor_253" href="#Footnote_253" -class="fnanchor">[248]</a>. Desde muy temprano, el desierto, de que en -cierto modo se hallaba rodeado, ejerció sobre él poderosa atraccion<a -id="FNanchor_254" href="#Footnote_254" class="fnanchor">[249]</a>. -Vestido de pieles ó de telas groseras tejidas con pelos de camello, -hacia allí la vida de un <i>yogui</i> de la India, alimentándose de -langostas y de miel silvestre<a id="FNanchor_255" href="#Footnote_255" -class="fnanchor">[250]</a>. Cierto número de discípulos, agrupados en -torno suyo, participaban de su género de vida y meditaban sus máximas -severas. Si algunos rasgos particulares no hubiesen denunciado en aquel -solitario al último descendiente de los grandes profetas de Israel, se -habria uno creido trasportado á las orillas del Gánges.</p> - -<p>Desde que la nacion judáica se puso á reflexionar con desesperado -empeño sobre su futuro destino, la imaginacion del pueblo se complacia -en evocar las figuras de los antiguos profetas. De todos los personajes -del pasado, cuyo recuerdo venía, como las visiones de una noche -agitada, á despertar y conmover al pueblo, el más grande era el -profeta Elías. Aquel gigante de los profetas, que vivió entre las -asperezas del monte Carmelo, teniendo por toda compañía la vecindad -de las bestias feroces y habitando en las concavidades de las rocas, -de donde salia como el rayo para hundir y levantar reyes, se habia -convertido por una serie de trasformaciones sucesivas en una especie -de sér sobrehumano, unas veces visible, otras invisible, á quien la -muerte respetaba. Creíase generalmente que Elías iba á venir de nuevo -á fin de restaurar á Israel<a id="FNanchor_256" href="#Footnote_256" -class="fnanchor">[251]</a>. La vida austera que habia hecho en el -desierto, los recuerdos terribles que habia dejado, recuerdos, -bajo cuya impresion vive todavía el Oriente<a id="FNanchor_257" -href="#Footnote_257" class="fnanchor">[252]</a>; aquella sombría -imágen que áun en nuestros tiempos atemoriza; toda esa mitología, -llena de venganza y de terrores, influia vivamente en los ánimos y -marcaba con su sello todas las concepciones populares. Cualquiera que -aspiraba á ejercer grande influencia sobre el pueblo debia imitar á -Elías; y como la vida solitaria habia sido el rasgo característico -de aquel profeta, habíase adquirido la costumbre de no considerar al -«hombre de Dios» sino como un eremita. Creíase que todos los santos -personajes habian tenido sus dias de penitencia, de vida agreste, -de ásperas austeridades<a id="FNanchor_258" href="#Footnote_258" -class="fnanchor">[253]</a>. La permanencia en el desierto llegó á -ser de este m<span class="pagenum" id="Page_78">p. 78</span>odo la -condicion indispensable y el preludio de altos destinos.</p> - -<p>Es indudable que esta idea de imitacion influyó muchísimo en Juan<a -id="FNanchor_259" href="#Footnote_259" class="fnanchor">[254]</a>. -La vida anacorética, tan opuesta al antiguo espíritu judáico y -con la cual nada tenian que ver los votos semejantes á los de los -<i>nazires</i> y <i>rechabitas</i>, alcanzaba gran boga en Judea. Los -Esenios ó Terapeutas se hallaban agrupados cerca del país de Juan, -sobre las márgenes orientales del mar Muerto<a id="FNanchor_260" -href="#Footnote_260" class="fnanchor">[255]</a>. Imaginábase todo -el mundo que los jefes de secta debian ser eremitas ó solitarios y -tener sus reglas é institutos propios como los fundadores de órdenes -religiosas. Los maestros de la juventud eran tambien en ocasiones -una especie de anacoretas<a id="FNanchor_261" href="#Footnote_261" -class="fnanchor">[256]</a> bastante parecidos á los <i>gurus</i> del -brahmanismo. ¿Se dejaba quizás sentir en esto la influencia más ó -ménos remota de los <i>munis</i> de la India? ¿Habian llegado hasta -Judea, como llegaron indudablemente á Siria ó Babilonia, algunos de -aquellos vagabundos frailes budistas que recorrian la tierra en todas -direcciones predicando con su exterior edificante y convirtiendo á -personas que ni siquiera sabian su lengua, así como la recorrieron -despues los primeros franciscanos? Se ignora por completo. Desde hacia -algun tiempo, Babilonia habia llegado á ser un verdadero foco de -budismo; Budasp (Bodhisattva) tenía reputacion de ser un sabio caldeo -y se le consideraba como el fundador del <i>sabismo</i>. Y ¿qué era el -<i>sabismo</i> en sí? Lo que indica su etimología<a id="FNanchor_262" -href="#Footnote_262" class="fnanchor">[257]</a>; el <i>baptismo</i>, -es decir, la religion de los bautismos multiplicados, el orígen de la -secta que todavía existe con el nombre de «cristianos de San Juan» -ó mendaistas, y á los cuales llaman los árabes <i>el-mogtasila</i>, -esto es, «los baptistas»<a id="FNanchor_263" href="#Footnote_263" -class="fnanchor">[258]</a>. No es empresa fácil desembrollar estas -vagas analogías. Las sectas que en los primeros siglos de nuestra era<a -id="FNanchor_264" href="#Footnote_264" class="fnanchor">[259]</a> -flotaban, allende el Jordan, entre el judaismo, el sabismo y el -cristianismo, ofrecen á la crítica, á causa de la confusion de -las noticias, el más singular é inextricable problema. De todos -modos, puede admitirse que várias de las prácticas exteriores de -Juan, de los Esenios<a id="FNanchor_265" href="#Footnote_265" -class="fnanchor">[260]</a>, y de los preceptores espirituales judíos de -aquella época, procedian de una influencia reciente del alto Oriente. -La práctica fundamental que caracterizaba la secta de Juan, y que -sin duda motivó su nombre, tuvo siempre su centro en la baja Caldea, -constituyendo una religion que se ha perpetuado hasta nuestros dias.</p> - -<p>Aquella práctica era el bautismo ó la inmersion total. Las -abluciones estaban ya en uso entre los judíos como en toda<span -class="pagenum" id="Page_79">p. 79</span>s las religiones de Oriente<a -id="FNanchor_266" href="#Footnote_266" class="fnanchor">[261]</a>. Los -Esenios le habian dado una extension particular. El bautismo habia -llegado á ser una ceremonia ordinaria al ingresar los prosélitos -en el seno de la religion judía; una especie de iniciacion<a -id="FNanchor_267" href="#Footnote_267" class="fnanchor">[262]</a>. -Sin embargo, ántes de nuestro Bautista no se habia dado á la -inmersion aquella importancia ni aquella forma. Juan habia fijado -el centro de su actividad en la parte del desierto de Judea -próxima al mar Muerto<a id="FNanchor_268" href="#Footnote_268" -class="fnanchor">[263]</a>. En las épocas en que administraba el -bautismo, se trasladaba á las márgenes del Jordan<a id="FNanchor_269" -href="#Footnote_269" class="fnanchor">[264]</a>, cerca de -Bethania ó Bethabara<a id="FNanchor_270" href="#Footnote_270" -class="fnanchor">[265]</a>, sobre la orilla oriental (probablemente -frente á Jericó), ó bien al sitio llamado Ænon ó «las Fuentes»<a -id="FNanchor_271" href="#Footnote_271" class="fnanchor">[266]</a>, -no léjos de Salim, donde el agua era mucho más abundante<a -id="FNanchor_272" href="#Footnote_272" class="fnanchor">[267]</a>. -Considerable muchedumbre, en particular de la tribu de Judá, corria -hácia aquel paraje para recibir el bautismo<a id="FNanchor_273" -href="#Footnote_273" class="fnanchor">[268]</a> de manos del anacoreta. -Y tanto creció su fama, que en pocos meses llegó á ser uno de los -hombres más influyentes de la Judea.</p> - -<p>El pueblo le consideraba como un profeta<a id="FNanchor_274" -href="#Footnote_274" class="fnanchor">[269]</a>, y várias personas -se imaginaban que era Elías resucitado<a id="FNanchor_275" -href="#Footnote_275" class="fnanchor">[270]</a>. La creencia en tales -resurrecciones era muy general<a id="FNanchor_276" href="#Footnote_276" -class="fnanchor">[271]</a>: creíase que Dios haria salir de sus -sepulcros á varios de los antiguos profetas para que sirvieran de -guía al pueblo de Israel y le condujeran hácia su destino. Otros -tomaban á Juan por el Mesías mismo, sin embargo de que él no manifestó -nunca semejante pretension<a id="FNanchor_277" href="#Footnote_277" -class="fnanchor">[272]</a>. Los sacerdotes y los escribas, opuestos -á aquel renacimiento de profetismo, y siempre enemigos de las almas -entusiastas, despreciaban al rígido eremita. Pero la popularidad del -Bautista les imponia respeto y no se atrevian á hablar en contra de -él<a id="FNanchor_278" href="#Footnote_278" class="fnanchor">[273]</a>, -lo cual era una victoria que el sentimiento de la muchedumbre alcanzaba -sobre la aristocracia sacerdotal. Cuando se obligaba á los jefes -de los sacerdotes á que se explicáran claramente sobre este punto, -no sabian cómo hacerlo<a id="FNanchor_279" href="#Footnote_279" -class="fnanchor">[274]</a>.</p> - -<p>Pero el bautismo no era para Juan sino un signo destinado á -causar impresion y á preparar los ánimos á algun gran movimiento. -Es indudable que abrigaba en alto grado las esperanzas mesiánicas -y que su accion principal se dirigia en este sentido. «Haced -penitencia, exclamaba, porque se aproxima el reino de Dios»<a -id="FNanchor_280" href="#Footnote_280" class="fnanchor">[275]</a>. -Anunciaba tambien una «cólera suprema», esto es, terribles catástrofes -que habrian de realizarse<a id="FNanchor_281" href="#Footnote_281" -class="fnanchor">[276]</a>, y declaraba que el hacha amenazaba ya -la raíz del árbol, el cual no tardaria en ser arrojado al f<span -class="pagenum" id="Page_80">p. 80</span>uego. Juan representaba á su -Mesías con una criba en la mano recogiendo el buen grano y arrojando -la paja á las llamas. Para el Bautista, la penitencia, cuya forma -consistia en el bautismo, la limosna y la enmienda de las costumbres<a -id="FNanchor_282" href="#Footnote_282" class="fnanchor">[277]</a>, -eran los grandes medios de prepararse á los acontecimientos que se -hallaban próximos. No se sabe exactamente de qué manera comprendia -él esos acontecimientos; pero está fuera de duda que predicaba con -grande energía contra los mismos adversarios de Jesús, tales como -los fariseos, los sacerdotes ricos, los doctores, en una palabra, -contra el judaismo oficial; y que, así como á Jesús, le acogian -favorablemente las clases menospreciadas<a id="FNanchor_283" -href="#Footnote_283" class="fnanchor">[278]</a>. El anacoreta de Judea -daba poquísima importancia al título de hijo de Abraham, y decia que -Dios podia convertir en hijos de Abraham los guijarros del camino<a -id="FNanchor_284" href="#Footnote_284" class="fnanchor">[279]</a>. -La grande idea de una religion pura, idea que fué el triunfo de -Jesús, no parece haberla poseido ni áun en gérmen; pero sustituyendo -el rito privado á las ceremonias legales rodeadas de sacerdotes, -sirvió de poderoso auxiliar á aquella idea, así como los Flagelantes -de la edad media, arrebatando el monopolio de los sacramentos y -de la absolucion al clero oficial, sirvieron de precursores á la -Reforma. El tono general de los sermones del Bautista era severo y -áspero. Las expresiones que usaba contra sus adversarios tenian, á -lo que parece, el sello de extremada violencia<a id="FNanchor_285" -href="#Footnote_285" class="fnanchor">[280]</a>. Sus discursos eran -una ruda y contínua invectiva. Probablemente no permaneció ajeno á -la política; Josefo, que sin duda tuvo de él ámplias noticias por -medio de su maestro Banú, lo deja traslucir á medias palabras<a -id="FNanchor_286" href="#Footnote_286" class="fnanchor">[281]</a>, y -así lo hace tambien suponer la catástrofe que puso fin á sus dias. -Sus discípulos hacian una vida muy austera<a id="FNanchor_287" -href="#Footnote_287" class="fnanchor">[282]</a>, ayunaban -frecuentemente y afectaban un aire triste y receloso. Vése por -momentos asomar en aquel grupo la idea de la comunidad de bienes y -la de que el rico debe repartir lo que posee<a id="FNanchor_288" -href="#Footnote_288" class="fnanchor">[283]</a>. El pobre aparece ya -figurando en primera línea entre los que el reino de Dios debe colmar -de beneficios.</p> - -<p>Aunque la Judea era el centro de accion de Juan, la fama de su -nombre llegó pronto á oidos de Jesús, el cual habia ya formado en -torno suyo un pequeño círculo de oyentes, atraidos por sus primeros -discursos. Jesús, no gozando todavía de mucha autoridad, y aguijado, -sin duda, por el deseo de ver á un maestro cuya enseñanza tenía -tantos puntos de contacto con sus propias ideas, salió de Galilea con -s<span class="pagenum" id="Page_81">p. 81</span>u reducida escuela -y se dirigió hácia Juan<a id="FNanchor_289" href="#Footnote_289" -class="fnanchor">[284]</a>. Los recien llegados se hicieron bautizar, -como todo el mundo. Juan acogió bastante bien á aquel enjambre de -discípulos galileos y no le pesó que formasen en distintas filas que -los suyos. Los dos maestros eran jóvenes, y entre ellos habia muchas -ideas comunes; así es que no tardaron en amarse, dándose públicamente -repetidas muestras de deferencia y aprecio recíprocos. Semejante -hecho sorprende á primera vista, y casi está uno por negarle, si se -tiene en cuenta el carácter de Juan. La humildad no fué nunca en el -pueblo judío el rasgo característico de las almas fuertes, y parece -más probable que aquella voluntad de bronce, aquella especie de -Lamennais siempre irritado, fuese en extremo colérico, y no sufriese -ni rivalidad ni semi-adhesion. Pero esta manera de concebir las cosas -estriba en la falsa idea que se tiene respecto á Juan. Ordinariamente -nos le representamos como un anciano, cuando, por el contrario, era -de la misma edad de Jesús<a id="FNanchor_290" href="#Footnote_290" -class="fnanchor">[285]</a> y muy jóven, segun las ideas de la época. -En el órden espiritual, no fué el padre de Jesús, sino más bien su -hermano. Esto supuesto, ¿qué tiene de particular que siendo los dos -jóvenes entusiastas, y abrigando las mismas esperanzas, hicieran -causa comun y se apoyaran recíprocamente? Un maestro encanecido en -la enseñanza de su doctrina se habria indudablemente indignado al -ver que un jóven sin celebridad se llegaba á él con pretensiones de -independencia: no hay ejemplo de que un jefe de escuela acoja con -oficiosidad y cariño al que ha de sucederle. Pero la juventud es capaz -de todas las abnegaciones, y se comprende que Juan, reconociendo -en Jesús un espíritu semejante al suyo, le acogiera sin ninguna -prevencion. Aquellas buenas relaciones sirvieron despues á los -evangelistas de punto de partida para desarrollar todo un sistema -que consistió en dar por primera base á la mision divina de Jesús el -testimonio de Juan. Tal era el grado de autoridad que supo conquistar -el Bautista, que ninguna garantía pareció tan eficaz y á propósito -como la suya. Pero el anacoreta de Judea estuvo muy léjos de abdicar -ante Jesús; por el contrario, miéntras permaneció junto á él, Jesús -le reconoció como superior y no desarrolló su propio genio sino muy -tímidamente.</p> - -<p>En efecto, no obstante su profunda originalidad, Jesús parece -haber sido el imitador de Juan, al ménos durante algunas semanas. Su -vida era todavía oscura en comparacion de la<span class="pagenum" -id="Page_82">p. 82</span> del Bautista. Además, en el curso de su -carrera, Jesús no dejó de plegarse muchas veces á la corriente de la -opinion, admitiendo algunas cosas que no entraban en sus proyectos, -sólo porque eran populares; pero esos accesorios no perjudicaron -nunca á su idea principal, y estuvieron siempre subordinados á ella. -Gracias á Juan, el bautismo habia llegado á obtener gran boga; -Jesús se creyó obligado á adoptarle; él y sus discípulos bautizaron -tambien desde entónces<a id="FNanchor_291" href="#Footnote_291" -class="fnanchor">[286]</a>, y sin duda acompañaban el bautismo de -predicaciones parecidas á las de Juan. Así es que las orillas del -Jordan se cubrieron por doquiera de Baptistas, cuyos discursos -alcanzaban más ó ménos éxito. No tardó el discípulo en igualar -al maestro, siendo muy solicitado su bautismo. Un sentimiento de -rivalidad ó de celos se despertó entónces entre los partidarios del -anacoreta de Judea y del profeta de Nazareth<a id="FNanchor_292" -href="#Footnote_292" class="fnanchor">[287]</a>; los discípulos de Juan -se le quejaron del éxito creciente del jóven galileo, cuyo bautismo -iba muy pronto, segun decian, á oscurecer el suyo; pero semejantes -pequeñeces no ejercieron ninguna influencia en el ánimo de los dos -maestros. Por otra parte, la superioridad de Juan era demasiado -incontestable á los ojos de Jesús, apénas conocido, para que tratase -de combatirla. Deseaba únicamente crecer á su sombra, y á fin de ganar -terreno entre la muchedumbre, se creia obligado á emplear los medios -exteriores que dieron á Juan tan asombrosa fama. Cuando, despues de -la prision del Baptista, volvió Jesús á reanudar sus predicaciones, -las primeras palabras que se le atribuyen no son sino la repeticion de -una de las frases que tan familiares eran á aquél<a id="FNanchor_293" -href="#Footnote_293" class="fnanchor">[288]</a>. Otras muchas -expresiones de Juan se encuentran textualmente en sus discursos<a -id="FNanchor_294" href="#Footnote_294" class="fnanchor">[289]</a>. -Á lo que parece, las dos escuelas vivieron en buena inteligencia -durante mucho tiempo<a id="FNanchor_295" href="#Footnote_295" -class="fnanchor">[290]</a>, y al ocurrir la muerte de Juan, Jesús, -como hermano confidente, fué uno de los primeros á quienes se notició -aquel acontecimiento<a id="FNanchor_296" href="#Footnote_296" -class="fnanchor">[291]</a>.</p> - -<p>Juan fué bien pronto detenido en su carrera profética. De igual modo -que los antiguos profetas judíos, dirigió frecuentemente filípicas -terribles contra los poderes establecidos<a id="FNanchor_297" -href="#Footnote_297" class="fnanchor">[292]</a>. La vivacidad y acritud -de sus palabras á este respecto, no podia ménos de ocasionarle graves -inconvenientes. En Judea, Juan no parece haber sido molestado por el -procurador Pilato; pero la Perea, al otro lado del Jordan, confinaba -con el territorio de Antipas, y el gérmen político que ocultaban -las predicaciones de Juan inquietó á aquel ti<span class="pagenum" -id="Page_83">p. 83</span>rano. Las grandes reuniones de hombres que -el entusiasmo religioso y patriótico formaba al rededor del Bautista -tenian algo de sospechoso. Un agravio personal vino á añadirse á -aquellas razones de estado, haciendo inevitable la pérdida del austero -censor.</p> - -<p>Entre los caractéres más fuertemente acentuados de aquella trágica -familia de los Heródes, uno de ellos era Herodías, nieta de Heródes -el Grande. Violenta, ambiciosa y apasionada, Herodías aborrecia el -judaismo y despreciaba sus leyes. Habíase casado, probablemente contra -su voluntad, con su tio Heródes, hijo de Mariamno<a id="FNanchor_298" -href="#Footnote_298" class="fnanchor">[293]</a>, á quien Heródes el -Grande habia desheredado<a id="FNanchor_299" href="#Footnote_299" -class="fnanchor">[294]</a> y el cual no desempeñó nunca ningun papel -público. La posicion humilde de su marido, respecto á los otros -miembros de la familia, era para ella motivo de profundo disgusto; -Herodías queria ser soberana á todo trance<a id="FNanchor_300" -href="#Footnote_300" class="fnanchor">[295]</a>, é hizo de Antipas el -instrumento de su ambicion. Hallándose perdidamente enamorado de ella, -aquel hombre débil y sin carácter la prometió tomarla por esposa, -despues de repudiar á su primera mujer, la hija de Hareth, rey de Petra -y emir de las tribus fronterizas de la Perea. La princesa árabe llegó á -tener noticia del proyecto y determinó huir: disimulando su designio, -fingió un viaje á Machero, punto situado en las tierras de su padre, -y se hizo acompañar por los oficiales de Antipas<a id="FNanchor_301" -href="#Footnote_301" class="fnanchor">[296]</a>.</p> - -<p>Makor ó Machero era una fortaleza colosal, construida por -Alejandro Janeo, y restaurada despues por Heródes, la cual se alzaba -en uno de los sitios más escarpados de cuantos existen en la parte -oriental del mar Muerto<a id="FNanchor_302" href="#Footnote_302" -class="fnanchor">[297]</a>. Era aquél un país áspero, salvaje, -poblado de extravagantes leyendas y, segun la creencia general, -frecuentado por los demonios<a id="FNanchor_303" href="#Footnote_303" -class="fnanchor">[298]</a>. La fortaleza estaba justamente en el límite -de los estados de Hareth y de Antipas, y en aquel momento se hallaba -en posesion del primero<a id="FNanchor_304" href="#Footnote_304" -class="fnanchor">[299]</a>. Advertido Hareth, habia preparado cuanto -era indispensable á la fuga de su hija, la cual fué, de tribu en tribu, -conducida hasta Petra.</p> - -<p>Entónces tuvo lugar la union, casi incestuosa, de Antipas -y de Herodías<a id="FNanchor_305" href="#Footnote_305" -class="fnanchor">[300]</a>. Entre los judíos severos y la irreligiosa -familia de los Heródes, las leyes judáicas sobre el matrimonio -eran incesantemente una piedra de escándalo<a id="FNanchor_306" -href="#Footnote_306" class="fnanchor">[301]</a>. Hallándose los -miembros de aquella numerosa, pero aislada, dinastía reducidos á -casarse entre ellos, resultaban de aquí frecuentes violaciones de -los impedimentos que la ley<span class="pagenum" id="Page_84">p. -84</span> establecia. Juan se hizo el eco del sentimiento general -y censuró enérgicamente la conducta de Antipas<a id="FNanchor_307" -href="#Footnote_307" class="fnanchor">[302]</a>. No se necesitaba tanto -para atizar el ódio de aquél y decidirle á tomar medidas violentas: -mandó prender al Bautista y ordenó que se le encerrase en la fortaleza -de Machero, de la cual se habia, sin duda, apoderado despues de la -fuga de la hija de Hareth<a id="FNanchor_308" href="#Footnote_308" -class="fnanchor">[303]</a>.</p> - -<p>Antipas, más débil y cobarde que cruel, no deseaba la muerte de -Juan, porque, segun algunos, temia que produjese una sedicion popular<a -id="FNanchor_309" href="#Footnote_309" class="fnanchor">[304]</a>. -Otros aseguran<a id="FNanchor_310" href="#Footnote_310" -class="fnanchor">[305]</a> que habia llegado á escuchar con placer -las doctrinas del prisionero, y que las palabras de éste habian sido -para él motivos de grandes perplejidades. Sea como fuere, lo cierto -es que el cautiverio de Juan se prolongó, y que áun desde el fondo de -su encierro traspiraba su influjo al exterior. No sólo se hallaba en -correspondencia con sus discípulos, sino que volverémos á encontrarle -en relacion con el mismo Jesús. Afirmóse más y más su fe en la -próxima venida del Mesías, y desde su calabozo seguia atentamente los -movimientos exteriores, tratando de descubrir en ellos los signos -favorables al cumplimiento de las esperanzas que alimentaba.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_7"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VII</h2> - <p class="subh2">DESARROLLO DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL REINO - DE DIOS</p> -</div> - -<p>Hasta el arresto de Juan, que aproximadamente le hacemos constar -en el verano del año 29, Jesús no se separó de las cercanías del -mar Muerto y del Jordan. La permanencia en el desierto de Judea -era generalmente considerada como el preparativo de grandes -acontecimientos, como una especie de «retiro» que precedia á los actos -públicos. Jesús, á ejemplo de los demás, se sometió á él, pasando -cuarenta dias sin otra compañía que la de las fieras y ayunando -rigurosamente. La imaginacion <span class="pagenum" id="Page_85">p. -85</span>de los discípulos se ejercitó muchísimo respecto á aquel -retiro.</p> - -<p>El desierto, segun las creencias vulgares, era considerado como la -residencia de los diablos<a id="FNanchor_311" href="#Footnote_311" -class="fnanchor">[306]</a>.</p> - -<p>Pocos sitios existen en el mundo más desiertos, más abandonados de -Dios, más inaccesibles á la vida que la cascajosa falda que forma la -orilla occidental del mar Muerto. Así pues, créese, que durante el -tiempo que Jesús permaneció en aquel horroroso país sufrió terribles -pruebas; que Satanás le aterrorizó con su falsa apariencia ó que le -acarició con embriagadoras promesas, y que despues los ángeles, para -premiarle por su triunfo, habian venido en su ayuda<a id="FNanchor_312" -href="#Footnote_312" class="fnanchor">[307]</a>.</p> - -<p>Probablemente al abandonar el desierto fué cuando Jesús supo el -arresto de Juan Bautista.</p> - -<p>No existian ya motivos para prolongar su permanencia en un -país que le era casi extraño. Quizás temia tambien verse envuelto -en las sospechas que se desplegaban acerca de Juan, y no queria -exponerse en un tiempo en que su muerte no hubiera podido servir de -nada al progreso de sus ideas, en vista de la poca celebridad que -gozaba. Volvió á Galilea<a id="FNanchor_313" href="#Footnote_313" -class="fnanchor">[308]</a>, su verdadera patria, fortalecido por -una importante experiencia y habiendo adquirido con el contacto de -un gran hombre, muy diferente á él, el sentimiento de su propia -originalidad.</p> - -<p>En suma, la influencia de Juan más bien habia sido desagradable que -útil á Jesús. Fué un dique para su desarrollo: todo conduce á creer -que tenía, cuando descendió al Jordan, ideas superiores á las de Juan, -y que por una especie de concesion se inclinó por un momento hácia el -bautismo.</p> - -<p>Quizás si el Bautista, á cuya autoridad le hubiera sido difícil -sustraerse, hubiese permanecido libre, no rechazara el yugo de los -ritos y de las prácticas exteriores, y entónces sin duda hubiera -permanecido un oscuro sectario judío, porque el mundo no hubiera -abandonado sus prácticas por otras nuevas.</p> - -<p>El cristianismo sedujo las almas elevadas por el atractivo de una -religion exenta de toda forma exterior. Una vez preso el Bautista, su -escuela disminuyó bastante, y Jesús cedió á su propio movimiento. Lo -único que debió á Juan fué, en parte, algunas lecciones de predicacion -y de accion popular. En efecto, desde este momento predica con más -ardor, imponiéndose á la muchedumbre con autoridad<a id="FNanchor_314" -href="#Footnote_314" class="fnanchor">[309]</a>.</p> - -<p>Tambien parece que su permanencia al lado de Juan, no tanto por -la accion del Bautista como por la marcha natural de sus propios -pensamientos, corroboró mucho sus ideas s<span class="pagenum" -id="Page_86">p. 86</span>obre «el reino del cielo.» Su palabra -favorita desde entónces es la «buena nueva», el anuncio que el -reino de Dios está cercano<a id="FNanchor_315" href="#Footnote_315" -class="fnanchor">[310]</a>. Jesús no será solamente un moralista -ingenioso, aspirando á encerrar en algunos aforismos cortos y -conmovedores lecciones sublimes; es el revolucionario trascendental, -que ensaya regenerar el mundo por sus mismas bases y poner en práctica -sobre la tierra el ideal que ha concebido. «Esperar el reino de -Dios» será sinónimo de ser discípulo de Jesús<a id="FNanchor_316" -href="#Footnote_316" class="fnanchor">[311]</a>. Esta frase de «reino -de Dios» ó «reino del cielo», como ya lo hemos dicho, era familiar á -los judíos hacia mucho tiempo. Pero Jesús la dió un sentido moral, una -importancia social que el mismo autor del Libro de Daniel no se atrevió -á entrever en su entusiasmo apocalíptico.</p> - -<p>En el mundo, tal como es, el mal impera. Satanás es «el -rey de este mundo»<a id="FNanchor_317" href="#Footnote_317" -class="fnanchor">[312]</a>, y todo le obedece. Los reyes matan á los -profetas. Los sacerdotes y los doctores no ejecutan siempre lo que -mandan hacer á los otros. Los justos son perseguidos, y el único -patrimonio de los buenos es llorar. El «mundo» es así el enemigo -de Dios y de sus santos<a id="FNanchor_318" href="#Footnote_318" -class="fnanchor">[313]</a>; pero Dios se despertará y vengará á los -suyos. El dia se acerca, porque la abominacion llega á su término. Al -reino del bien le tocará su vez.</p> - -<p>El advenimiento de ese reino del bien será una grande y súbita -revolucion. El mundo parecerá trasformado: siendo malo el estado -actual, para representarse el porvenir, basta sólo con idear, -poco más ó ménos, lo contrario de lo que existe. Los primeros -serán los últimos<a id="FNanchor_319" href="#Footnote_319" -class="fnanchor">[314]</a>. Un nuevo órden regirá á la humanidad. Al -presente el bien y el mal están mezclados como la miés y la cizaña -en un campo. Su dueño los deja crecer á la vez; pero la hora de la -separacion violenta llegará<a id="FNanchor_320" href="#Footnote_320" -class="fnanchor">[315]</a>. El reino de Dios será como una gran -redada, que juntos trae el pescado bueno y malo: el bueno se deposita -en los cestos, desembarazándose del resto<a id="FNanchor_321" -href="#Footnote_321" class="fnanchor">[316]</a>.</p> - -<p>El gérmen de esa gran revolucion será desde luégo desconocido. -Será como la simiente de la mostaza, la más pequeña de las -simientes, pero que una vez arrojada en tierra, se convierte en -árbol, á la sombra de cuyas hojas vienen los pájaros á descansar<a -id="FNanchor_322" href="#Footnote_322" class="fnanchor">[317]</a>; ó -bien como la levadura, que unida á la masa, hace que toda fermente<a -id="FNanchor_323" href="#Footnote_323" class="fnanchor">[318]</a>. -Una serie de parábolas, muchas veces oscuras, estaba destinada á -manifestar la sorpresa de ese súbito advenimiento, sus injusticias -aparentes, su carácter inevitable y definitivo<a id="FNanchor_324" -href="#Footnote_324" class="fnanchor">[319]</a>.</p> <p><span -class="pagenum" id="Page_87">p. 87</span></p> <p>¿Quién será el que -establezca ese reino de Dios? Recordemos que la primera idea de Jesús, -idea tan profunda en él, que probablemente no reconoció ningun orígen, -fué que él era el hijo de Dios, el íntimo de su padre, el ejecutor de -su voluntad. La respuesta de Jesús á tal cuestion no podia ser dudosa. -La persuasion de que él haria reinar á Dios se apoderó de su espíritu; -se consideró como el reformador universal de una manera absoluta. El -cielo, la tierra, la naturaleza en todas sus partes, la locura, la -enfermedad y la muerte sólo son instrumentos para él. En su heróico -acceso de voluntad, se cree todopoderoso. Si el mundo no se aviene á -esta suprema transformacion, el mundo será pulverizado, purificado -por la llama y el aliento de Dios. Se creará un nuevo cielo, y el -mundo entero será poblado de ángeles del Señor<a id="FNanchor_325" -href="#Footnote_325" class="fnanchor">[320]</a>.</p> - -<p>Una revolucion radical<a id="FNanchor_326" href="#Footnote_326" -class="fnanchor">[321]</a>, abarcando hasta la misma naturaleza, tal -fué, pues, el pensamiento fundamental de Jesús. Desde entónces, sin -duda, habia renunciado á la política; el ejemplo de Júdas el Gaulonita -le habia demostrado la inutilidad de las sediciones populares. Jamás -pensó en sublevarse contra los romanos y los tetrarcas. El principio -anárquico y desenfrenado del Gaulonita no era el suyo. Su respeto á los -poderes establecidos, sarcástico en el fondo, era completo en la forma. -Pagaba el tributo al César por no llamar la atencion. La libertad y el -derecho no son de este mundo: ¿por qué, pues, turbar su vida por vanas -susceptibilidades?</p> - -<p>Despreciando el mundo y convencido de que el presente no merece -que se tenga zozobra por él, se refugió en su reino ideal: fundó -esa gran doctrina del desprecio trascendente<a id="FNanchor_327" -href="#Footnote_327" class="fnanchor">[322]</a>, verdadera doctrina -de la libertad de las almas, que es la sola que proporciona la paz. -Pero aún no habia dicho: «Mi reino no es de este mundo.» Numerosas -tinieblas se presentaban á sus más rectas miras. Algunas veces -extrañas tentaciones cruzaban por su mente. En el desierto de Judea, -Satanás le habia brindado con el reino de la tierra. No conociendo -el poder del imperio romano, podia, con el fondo de entusiasmo que -existia en Judea y que poco tiempo despues vino á convertirse en una -terrible resistencia militar; podia, deciamos, abrigar la esperanza -de fundar un reino por la audacia y el número de sus partidarios. -Muchas veces, quizás, asaltó su imaginacion la cuestion suprema: ¿El -reino de Dios se realizará por la fuerza ó por la dulzura, por la -rebelion ó por la paciencia? Cuentan que un dia las sencill<span -class="pagenum" id="Page_88">p. 88</span>as gentes de Galilea quisieron -levantarle y hacerle rey<a id="FNanchor_328" href="#Footnote_328" -class="fnanchor">[323]</a>.</p> - -<p>Jesús huyó á la montaña, donde permaneció algun tiempo solo. Su -privilegiada naturaleza le preservó del error que hubiera hecho de él -un perturbador ó un jefe de rebeldes, un Theudas ó un Barkokebas.</p> - -<p>La revolucion que quiso hacer fué siempre una revolucion moral; -pero para ello, no era llegado el caso de emplear en su ejecucion los -ángeles y la trompeta final. Queria proceder sobre los hombres y por -los mismos hombres. Un visionario que no hubiera tenido otra idea -que la proximidad del juicio final, no se habria cuidado de mejorar -al hombre y no habria podido fundar la mejor enseñanza moral que la -humanidad ha recibido. Por su pensamiento cruzaba bastante de vago, y -un sentimiento noble, más bien que un designio determinado, le guiaba -en la obra sublime realizada á causa de él, aunque de otra manera bien -diferente á la que él se imaginaba.</p> - -<p>Ciertamente que era el reino de Dios, quiero decir el reino del -espíritu, el que fundaba en efecto; y si Jesús, desde el seno de su -Padre, ve fructificar su obra en la historia, puede decir en verdad: -Hé ahí lo que yo he querido. Lo que Jesús fundó, lo que eternamente -quedará de él, salvo las imperfecciones que lleva consigo toda cosa -realizada por la humanidad, es la doctrina de la libertad de las almas. -Ya la Grecia habia tenido acerca de esto magníficos pensamientos<a -id="FNanchor_329" href="#Footnote_329" class="fnanchor">[324]</a>. -Diferentes estóicos habian hallado el medio de ser libres bajo la -dominacion de un tirano. Pero, en general, el mundo antiguo se habia -figurado la libertad como sujeta á ciertas formas políticas: los -más libres se llamaban Harmodio y Aristógiton, Bruto y Casio. El -verdadero cristiano está más libre de toda traba: aquí abajo es un -desterrado: ¿qué le importa el dueño pasajero de esta tierra, que no -es su patria? La libertad para él es la verdad<a id="FNanchor_330" -href="#Footnote_330" class="fnanchor">[325]</a>. Jesús no conocia -bastante la historia para comprender cuán á tiempo llegaba semejante -doctrina, en un momento en que la libertad republicana espiraba y en -que las pequeñas constituciones municipales de la antigüedad fallecian -bajo la unidad del imperio romano. Pero su admirable buen sentido y el -instinto verdaderamente profético que tenía de su mision, le guiaron -en esto con admirable seguridad. Por esta frase: «Dad al César lo que -es del César y á Dios lo que es de Dios», creó una cosa extraña á la -política, un refugio para las almas en medio del imperio de la fuerza -bruta. Seguramente que tal doctrina tenía sus peligros. Establecer -en<span class="pagenum" id="Page_89">p. 89</span> principio que la -señal para reconocer el poder legítimo es mirar la moneda, proclamar -que el hombre perfecto paga el impuesto por desprecio y sin discutir, -era destruir la república á la manera antigua y favorecer todas las -tiranías. El cristianismo, en este sentido, ha contribuido no poco á -debilitar el sentimiento de los deberes del ciudadano y á exponer al -mundo al poder absoluto de los hechos consumados. Pero al constituir -una numerosa asociacion libre, que durante trescientos años supo vivir -sin política, el cristianismo compensó ámpliamente el perjuicio que -ocasionara á las virtudes cívicas. El poder del Estado quedó reducido -á las cosas de la tierra; libertó el espíritu, ó al ménos la terrible -segur de la omnipotencia romana quedó rota para siempre.</p> - -<p>Sobre todo, el hombre que se halla preocupado con los deberes de -la vida pública, no dispensa á los otros que pongan de su parte algo -por cima de las querellas de partido. Condena sobremanera á los que -subordinan á las cuestiones sociales las políticas, y siente por éstas -una especie de indiferencia; y en un sentido tiene razon, porque toda -direccion exclusiva es perjudicial al buen gobierno de las cosas -humanas. Pero los partidos, ¿qué progreso han hecho experimentar á la -moralidad general de nuestra especie? Si Jesús, en lugar de fundar -su reino celeste, hubiera ido á Roma á conspirar contra Tiberio, ó á -echar de ménos á Germánico, ¿en qué hubiera venido á parar el mundo? -Republicano austero, patriota celoso, no hubiera detenido el gran curso -de los negocios de su siglo, miéntras que, declarando insignificante la -política, reveló al mundo esta verdad: que la patria no es el todo, y -que el hombre es anterior y superior al ciudadano.</p> - -<p>Nuestros principios de la ciencia positiva se dan por agraviados -de la parte de ensueños que encerraba el programa de Jesús. Nosotros -conocemos la historia del globo; las revoluciones cósmicas como -la que esperaba Jesús no se producen sino por causas geológicas ó -astronómicas, de las que no se ha podido jamás probar el vínculo con -las cosas morales. Pero para ser justo con los grandes seres, no es -preciso examinar minuciosamente las preocupaciones de que han podido -participar. Colon descubrió la América partiendo de ideas sumamente -erróneas; Newton creia su loca explicacion del Apocalípsis tan cierta -como su sistema acerca del mundo. ¿Podrán colocar una mediana capacidad -por cima de un Francisco de Asís, de un San Bernardo, de una Juana de -Arco, de un Lu<span class="pagenum" id="Page_90">p. 90</span>tero, -por hallarse exenta de los errores que éstos profesaron? ¿Se querrá -medir á los hombres por la rectitud de sus ideas en física y por el -conocimiento más ó ménos exacto que poseen del verdadero sistema del -mundo? Comprendamos mejor la posicion de Jesús y lo que fué causa de -su poder. El deismo del siglo diez y ocho y un cierto protestantismo, -nos han acostumbrado á considerar al fundador de la fe cristiana como -un gran moralista, un bienhechor de la humanidad. No vemos en el -evangelio sino buenas máximas, y corremos un prudente velo sobre el -extraño estado intelectual donde tuvo orígen. Tambien hay personas que -sienten que la revolucion francesa se separase más de una vez de los -principios y que no fuese realizada por hombres sabios y prudentes. No -impongamos nuestros pequeños programas de hombres comunes y sensatos á -esos extraordinarios movimientos tan elevados que están muy por cima -de nuestra talla. Continuemos admirando «la moral del evangelio»; -suprimamos en nuestras enseñanzas religiosas la quimera que le dió el -sér; pero no creamos que con las simples ideas de dicha y de moralidad -individual se conmueve el mundo. La idea de Jesús fué más profunda; -fué la idea más revolucionaria que jamás pudo concebir cerebro humano; -debe considerarse en general, y no con esas débiles supresiones que -justamente aminoran lo que la ha hecho eficaz para la regeneracion de -la humanidad.</p> - -<p>En el fondo, lo ideal es siempre una utopia. Cuando pretendemos hoy -dia representar el Cristo de la nueva conciencia, el consolador, el -juez de los tiempos modernos, ¿qué es lo que hacemos? Lo mismo que hizo -Jesús hace mil ochocientos treinta años. Suponemos las condiciones del -mundo real muy diferentes de las que son; representamos un libertador -moral rompiendo sin armas las cadenas del esclavo, aliviando la -condicion del proletario, librando las naciones oprimidas. No olvidemos -que esto es suponer el mundo trocado, modificados los climas de la -Virginia y el Congo, cambiada la sangre y la raza de millones de -hombres, nuestras complicaciones sociales llevadas á una sencillez -quimérica, las estratificaciones políticas de la Europa separadas del -órden natural. La «reforma de todas las cosas»<a id="FNanchor_331" -href="#Footnote_331" class="fnanchor">[326]</a> que Jesús queria no era -más difícil. Ese mundo nuevo, ese cielo nuevo, esa Jerusalen nueva que -baja del cielo; este grito: «¡Hé aquí que renuevo todas las cosas!»<a -id="FNanchor_332" href="#Footnote_332" class="fnanchor">[327]</a> -son rasgos comunes á todos los reformadores. Siempre el contraste -que resulta de lo ideal con la<span class="pagenum" id="Page_91">p. -91</span> triste realidad producirá en la humanidad esas resistencias -contra la fria razon que las inteligencias limitadas tratan de locura, -hasta el dia en que triunfan y en que los mismos que las han combatido -son los primeros en reconocer su poderosa razon de ser.</p> - -<p>No se tratará de negar que existió una contradiccion entre -la creencia de un próximo fin del mundo y la moral habitual de -Jesús, concebida en vista de un estado sólido de la humanidad, -bastante análogo al que en efecto existe<a id="FNanchor_333" -href="#Footnote_333" class="fnanchor">[328]</a>. Esa contradiccion fué -justamente la que consolidó la fortuna de su obra. El milenario sólo no -hubiera hecho nada durable; el moralista aislado no hubiera hecho nada -robusto. El milenarismo dió el impulso; la moral aseguró el porvenir. -Así, pues, el cristianismo reunió las dos condiciones de éxito completo -en este mundo, un punto de partida revolucionario y la posibilidad -de existir. Todo lo que se hace para lograr un éxito seguro debe -corresponder á esas dos necesidades; porque el mundo quiere á la vez -variar y durar. Jesús, al mismo tiempo que anunciaba un trastorno sin -igual en las cosas humanas, proclamaba los principios, sobre los cuales -reposa la sociedad hace mil ochocientos años.</p> - -<p>Lo que en efecto distingue á Jesús de los agitadores, no sólo -de su tiempo, sino de los de todos los siglos, es su perfecto -idealismo. Jesús, hasta cierto punto, es un anarquista, porque no -tiene idea alguna del gobierno civil. Este gobierno le parece pura -y sencillamente un abuso. Habla de él en términos vagos y como una -persona del pueblo que no tiene ninguna nocion de la política. Todo -magistrado le parece un enemigo de los hombres de Dios; anuncia á sus -discípulos que tendrán altercados con los agentes de la fuerza pública, -sin pensar ni por asomo que por ello habria por qué abochornarse<a -id="FNanchor_334" href="#Footnote_334" class="fnanchor">[329]</a>. Pero -nunca la idea de sustituirse á los fuertes y ricos se apodera de él. -Quiere confundir la riqueza y el poder, pero no apoderarse de ellos. -Predice á sus discípulos persecuciones y suplicios<a id="FNanchor_335" -href="#Footnote_335" class="fnanchor">[330]</a>; pero ni una vez -siquiera deja entrever el pensamiento de una resistencia violenta. La -idea de ser todopoderoso por el sufrimiento, y de que se triunfa de la -fuerza por la pureza del corazon, es ciertamente una idea propia de -Jesús. Jesús no es un espiritualista, porque todo conduce en él á una -palpable realidad; no tiene ni la más ligera nocion de un alma separada -del cuerpo. Pero es un completo idealista; la materia sólo es para él -la s<span class="pagenum" id="Page_92">p. 92</span>eñal de la idea, y -lo real la expresion cierta de aquello que no se ve.</p> - -<p>¿Á quién dirigirse, con quién poder contar para fundar el reino -de Dios? El pensamiento de Jesús no vaciló en esto jamás. Lo que -para los hombres es elevado, es abominable á los ojos de Dios<a -id="FNanchor_336" href="#Footnote_336" class="fnanchor">[331]</a>. Los -fundadores del reino de Dios serán los cándidos. No los ricos, ni los -doctores, ni los sacerdotes; sí las mujeres, los hombres del pueblo, -los humildes, los niños<a id="FNanchor_337" href="#Footnote_337" -class="fnanchor">[332]</a>. La gran señal del Mesías es «la buena -nueva» anunciada á los pobres<a id="FNanchor_338" href="#Footnote_338" -class="fnanchor">[333]</a>. La naturaleza idílica y dulce de Jesús -se prestaba á ello maravillosamente. Su ensueño consistia en una -revolucion social en que los rangos serán invertidos, quedando -humillado cuanto en este mundo es oficial y grande. El mundo no -le creerá; el mundo le condenará á muerte. Pero sus discípulos no -pertenecerán al mundo<a id="FNanchor_339" href="#Footnote_339" -class="fnanchor">[334]</a>; ellos formarán un pequeño rebaño de -humildes y sencillos; rebaño que por su mansedumbre llegará á conseguir -el triunfo. El sentimiento que ha hecho del «mundano» la antítesis -del «cristiano» tiene en las ideas del maestro plena justificacion<a -id="FNanchor_340" href="#Footnote_340" class="fnanchor">[335]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_8"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO VIII</h2> - <p class="subh2 g1">JESÚS EN CAPHARNAHUM</p> -</div> - -<p>Poseido de una idea cada vez más imperiosa y exclusiva, Jesús -marchará en adelante con una especie de impasibilidad fatal por la -senda que su admirable genio y las circunstancias extraordinarias -en que vivia le trazaran. Hasta entónces no habia hecho sino -comunicar sus pensamientos al escaso número de personas atraidas -secretamente hácia él; su enseñanza será en lo sucesivo pública y -continuada. Jesús contaba entónces treinta años, poco más ó ménos<a -id="FNanchor_341" href="#Footnote_341" class="fnanchor">[336]</a>. -Sin duda el pequeño grupo de oyentes que le acompañaron cerca de -Juan se habia ya aumentado, y tal vez se le habian unido algunos -discípulos del Bautista<a id="FNanchor_342" href="#Footnote_342" -class="fnanchor">[337]</a>. Contando con este primer núcleo de -iglesia, anuncia resueltamente la «buena nue<span class="pagenum" -id="Page_93">p. 93</span>va del reino de Dios», tan pronto como regresa -á Galilea. Ese reino iba á venir, y era él, Jesús, aquel «Hijo del -hombre» que Daniel apercibió en su vision como el ministro divino de la -última y suprema revelacion.</p> - -<p>Es menester recordar aquí que las ideas judáicas, opuestas al -arte y á la mitología, consideraban la simple forma del hombre como -superior á la de los <i>cherubes</i> y de los animales fantásticos que -la imaginacion del pueblo, á causa de la influencia asiria, suponia -en torno de la divina majestad. En Ezequiel<a id="FNanchor_343" -href="#Footnote_343" class="fnanchor">[338]</a>, el gran revelador -de las visiones proféticas, el sér que se halla sentado en el trono -supremo, dominando los monstruos del carro misterioso, tiene ya la -figura de un hombre. En el Libro de Daniel, en medio de la vision de -los imperios representados por animales, y cuando principia el gran -juicio y los libros se hallan abiertos, un sér «parecido á un hijo -del hombre» se adelanta hácia el Antiquior de los dias, quien le -confiere el poder de juzgar el mundo y de gobernarle eternamente<a -id="FNanchor_344" href="#Footnote_344" class="fnanchor">[339]</a>. -En las lenguas semíticas, y en particular en los dialectos arameos, -<i>hijo del hombre</i> no es sino un simple sinónimo de <i>hombre</i>. -Pero aquel pasaje capital de Daniel ejerció gran influencia en los -ánimos; la palabra <i>hijo del hombre</i> llegó á ser, al ménos -para ciertas escuelas<a id="FNanchor_345" href="#Footnote_345" -class="fnanchor">[340]</a>, uno de los títulos del Mesías, considerado -como juez del mundo y como rey de la nueva era que iba á comenzar<a -id="FNanchor_346" href="#Footnote_346" class="fnanchor">[341]</a>. Al -aplicársele Jesús á sí mismo no hacia sino proclamar su mesiazgo y -afirmar la próxima catástrofe en que debia figurar como juez investido -de los plenos poderes delegados por el Antiquior de los dias<a -id="FNanchor_347" href="#Footnote_347" class="fnanchor">[342]</a>.</p> - -<p>El éxito de la palabra del nuevo profeta fué entónces decisivo. Un -grupo de hombres y mujeres, con el alma llena de candor juvenil y de -ingenua inocencia, se adhieren á él y le dicen: «Tú eres el Mesías.» Y -como el Mesías debia ser hijo de David, le concedieron naturalmente ese -segundo título, que en rigor no era sino sinónimo del primero. Jesús -le aceptó con gusto, aunque, á decir verdad, érale algo embarazoso á -causa de lo humilde de su nacimiento. Pero el título que él preferia -era el de «Hijo del hombre», título modesto en apariencia, aunque muy -importante en el fondo, puesto que se relacionaba con las esperanzas -mesiánicas. Servíale esta palabra para designarse á sí mismo<a -id="FNanchor_348" href="#Footnote_348" class="fnanchor">[343]</a>, -y tanto le servia, que, en su lenguaje, «el Hijo del hombre» era -equivalente al pronombre «yo», del cual evitaba hacer uso. Pero -nunca<span class="pagenum" id="Page_94">p. 94</span> le apostrofaban -de esa manera, porque, sin duda, el nombre de que se trata no deberia -convenirle plenamente sino el dia de su futura aparicion.</p> - -<p>En aquella época de su vida, el centro de accion de Jesús fué -la pequeña ciudad de Capharnahum, situada á la orilla del lago de -Genesareth. El nombre de Capharnahum, en el cual entra la palabra -<i>caphar</i>, que quiere decir aldea, parece designar un burgo del -antiguo sistema, en oposicion á las grandes ciudades, como Tiberiade<a -id="FNanchor_349" href="#Footnote_349" class="fnanchor">[344]</a>, -construidas al estilo romano. De todos modos, este nombre tenía -entónces tan poca importancia, que Josefo, en un pasaje de sus -escritos, le toma por el de una fuente cuya celebridad era sin duda -mayor que la del pueblo situado cerca de ella. Capharnahum, así como -Nazareth, carecia de renombre y no participó en nada del movimiento -profano que los Heródes habian favorecido. Jesús tomó cariño á -aquella poblacion, llegando á considerarla como una segunda patria<a -id="FNanchor_350" href="#Footnote_350" class="fnanchor">[345]</a>. -Al poco tiempo de su regreso, dirigió sobre Nazareth una tentativa -que no tuvo éxito ninguno<a id="FNanchor_351" href="#Footnote_351" -class="fnanchor">[346]</a>. Como dice con admirable candor uno de -sus biógrafos, no pudo hacer allí ningun milagro<a id="FNanchor_352" -href="#Footnote_352" class="fnanchor">[347]</a>. Indudablemente -perjudicaba á su autoridad el conocimiento que se tenía de su familia, -la cual no era muy considerada. ¿Cómo habian de tomar por hijo de -David á aquel cuyos hermanos, hermanas y cuñados veian todos los -dias? Además, debe notarse que su familia se le opuso vivamente, -rehusando creer en su mision<a id="FNanchor_353" href="#Footnote_353" -class="fnanchor">[348]</a>. Los nazarenos se le mostraron todavía más -agresivos, puesto que, segun dicen, quisieron matarle, precipitándole -de una cima escarpada<a id="FNanchor_354" href="#Footnote_354" -class="fnanchor">[349]</a>. Jesús hizo notar con mucho ingenio que -aquella aventura era propia de todos los grandes hombres, y se aplicó -el proverbio de «no hay profeta sin honra, sino en su patria y en su -propia casa.»</p> - -<p>Pero no le desanimó aquel contratiempo; volvió á Capharnahum<a -id="FNanchor_355" href="#Footnote_355" class="fnanchor">[350]</a>, en -cuyo punto encontraba disposiciones mucho más benévolas, y desde allí -organizó una serie de misiones hácia las aldeas circunvecinas. Los -habitantes de aquel hermoso y fértil país no se reunian sino el sábado, -cuyo dia eligió Jesús para su enseñanza. Cada ciudad tenía entónces -su sinagoga ó lugar de reuniones, el cual era una sala rectangular, -no muy espaciosa, precedida de un pórtico, decorado segun el gusto -griego. Careciendo los judíos de arquitectura propia, no trataron -nunca de construir aquellos<span class="pagenum" id="Page_95">p. -95</span> edificios con arreglo á un estilo original. Todavía existen -en Galilea los restos de algunas antiguas sinagogas<a id="FNanchor_356" -href="#Footnote_356" class="fnanchor">[351]</a>: todas ellas están -construidas con buenos y sólidos materiales; pero su estilo es -bastante mezquino, á causa de esa profusion de ornamentos vegetales, -de follajes, de espirales, que caracteriza los monumentos judáicos<a -id="FNanchor_357" href="#Footnote_357" class="fnanchor">[352]</a>. Los -accesorios del interior consistian en algunos bancos, en una tribuna -ó púlpito para las lecturas públicas y en un armario destinado á -encerrar los sagrados rollos<a id="FNanchor_358" href="#Footnote_358" -class="fnanchor">[353]</a>. En aquellos edificios, que nada tenian -de templo, se reconcentraba toda la vida judía. En el dia del sábado -se reunia allí todo el mundo para hacer oracion y escuchar la -lectura de la Ley y de los profetas. Como quiera que en el judaismo, -á excepcion de Jerusalen, no habia clero propiamente dicho, las -lecturas del dia (<i>parascha</i> y <i>haphtara</i>) se desempeñaban -en las sinagogas por el primero que deseaba hacerlas, quien añadia un -<i>midrasch</i> ó comentario de cosecha propia, en el cual exponia el -lector sus ideas particulares<a id="FNanchor_359" href="#Footnote_359" -class="fnanchor">[354]</a>. Aquél fué el orígen de la «homilía», cuyo -cumplido modelo encontramos en los trataditos de Filon. El pueblo -tenía derecho de oponer objeciones á los argumentos del lector, y por -consiguiente, la reunion degeneraba en una especie de asamblea popular. -En ella habia un presidente, «antiquiores», un <i>hazzan</i>, lector -ó ministro titular, «agentes» ó secretarios mensajeros encargados de -mantener la correspondencia entre dos ó más sinagogas, y por último, un -<i>schmmasch</i> ó sacristan<a id="FNanchor_360" href="#Footnote_360" -class="fnanchor">[355]</a>. Las sinagogas venian á ser de este modo -pequeñas repúblicas independientes, cuya jurisdiccion era muy extensa. -Y á la manera de las corporaciones municipales, que funcionaron hasta -una época muy avanzada del imperio romano, promulgaban decretos -honoríficos, votaban resoluciones, que tenian fuerza de ley para la -comunidad, y pronunciaban penas corporales, cuyo ejecutor era el -<i>hazzan</i> ordinariamente<a id="FNanchor_361" href="#Footnote_361" -class="fnanchor">[356]</a>.</p> - -<p>Á pesar de los rigores arbitrarios que entrañaba, semejante -institucion no podia ménos de dar lugar á discusiones animadísimas, -máxime si se tiene en cuenta la extremada actividad de espíritu que -siempre caracterizó al pueblo judío. Gracias á las sinagogas, el -judaismo pudo atravesar intacto diez y ocho siglos de persecucion. -Ellas eran otros tantos mundos en pequeño, donde se conservaba -el espíritu nacional y donde las luchas intestinas hallaban un -terreno perfectamente preparado. Las discusiones eran allí muy -apasionadas,<span class="pagenum" id="Page_96">p. 96</span> y no -ménos vivas las disputas de preeminencia. El premio de una elevada -piedad, ó el privilegio que más se codiciaba á la riqueza, consistia -en tener un puesto de honor en primera fila<a id="FNanchor_362" -href="#Footnote_362" class="fnanchor">[357]</a>. Por otra parte, -la libertad de poder constituirse en lector y comentador del texto -sagrado facilitaba maravillosamente la propagacion de nuevas doctrinas. -Ella fué una de las palancas más poderosas de Jesús y el medio -habitual de que se valió para fundar su enseñanza<a id="FNanchor_363" -href="#Footnote_363" class="fnanchor">[358]</a>. El profeta de Nazareth -entraba en la sinagoga y subia á la cátedra, el <i>hazzan</i> le -daba el libro, desarrollábale, y despues de leer la <i>parascha</i> -ó la <i>haptara</i> del dia, pasaba á deducir de aquella lectura -ciertos principios conformes con sus ideas<a id="FNanchor_364" -href="#Footnote_364" class="fnanchor">[359]</a>. Como en Galilea habia -muy pocos fariseos, las réplicas que se le daban no tenian ese grado -de pasion ni ese tono de acritud que en otras partes, en Jerusalen, -por ejemplo, le habrian detenido desde sus primeros pasos. Aquellos -buenos galileos no habian oido jamás una palabra tan en armonía con -su risueña imaginacion<a id="FNanchor_365" href="#Footnote_365" -class="fnanchor">[360]</a>; admiraban al jóven profeta, creíanle, -parecíales elocuente y encontraban sus razonamientos dignos de fe. -Jesús resolvia sin desconcertarse las objeciones más difíciles, y el -atractivo de su palabra y de su persona cautivaba á aquellos pueblos -sencillos, no contaminados por el pedantismo de los doctores.</p> - -<p>La autoridad del jóven maestro crecia de dia en dia, y como es -natural, á medida que aumentaba su crédito para con los otros, más -confianza tenía en sí mismo. El círculo de su accion era entónces muy -limitado:—reducíase á los alrededores del lago de Tiberiade, y áun en -aquella comarca habia una region que preferia á las demás. El lago -tiene cinco ó seis leguas de longitud por tres ó cuatro de anchura, -y aunque ofrece la apariencia de un óvalo bastante perfecto, forma -desde Tiberiade hasta la entrada del Jordan una especie de golfo cuya -curva mide cerca de tres leguas. Tal fué el campo donde la semilla -arrojada por Jesús halló una tierra propicia á un rápido crecimiento. -Recorrámosle paso á paso, y tratemos de rasgar el sudario de aridez y -de luto en que le ha envuelto el demonio del islamismo.</p> - -<p>Al salir de Tiberiade, lo primero que se ofrece á la vista son -rocas escarpadas, una montaña que parece derrumbarse en el mar:—luégo, -las montañas se separan y se abre una llanura (<i>El-Ghueir</i>) casi -al nivel del lago; es un bosque delicioso de elevados arbustos que -fecundan y atraviesan en tod<span class="pagenum" id="Page_97">p. -97</span>os sentidos las abundantes aguas que salen de un gran -estanque circular de construccion antigua (<i>Ain-Medawara</i>). Á -la entrada de la llanura, ó sea del país de Genesareth propiamente -dicho, se encuentra la miserable aldea de <i>Medjdel</i>. Al otro -extremo (siguiendo siempre la orilla del mar) se hallan el sitio de -una poblacion (<i>Khan-Minyeh</i>), hermosas aguas y un buen camino -estrecho y profundo, tallado en la roca viva, camino que indudablemente -recorrió Jesús muy á menudo y que sirve de paso entre la llanura de -Genesareth y la escarpa septentrional del lago. Á cosa de un cuarto de -legua se atraviesa un arroyo de agua salada (<i>Ain-Tabiga</i>) que -no léjos del lago mana de la tierra por anchas aberturas y que va á -perderse en medio de espesos matorrales. Por último, á cuarenta minutos -más allá, sobre la árida cuesta que se extiende desde Ain-Tabiga á -la desembocadura del Jordan, se ven algunas cabañas y un conjunto de -ruinas bastante monumentales llamadas <i>Tell-Hum</i>.</p> - -<p>Cinco pequeñas ciudades, cuyos nombres permanecerán en la -memoria del género humano tal vez más tiempo que los de Roma -y Aténas, se hallaban en tiempo de Jesús diseminadas por el -territorio comprendido entre la aldea de Medjdel y Tell-Hum. -De aquellas cinco ciudades—Magdala, Dalmanutha, Capharnahum, -Bethsaide y Chorazin<a id="FNanchor_366" href="#Footnote_366" -class="fnanchor">[361]</a>—solamente la primera se encuentra hoy -dia de un modo positivo: es indudable que el nombre y el sitio de -la repugnante aldea de Medjdel corresponden al burgo donde nació la -más fiel amiga de Jesús<a id="FNanchor_367" href="#Footnote_367" -class="fnanchor">[362]</a>. Dalmanutha se hallaba probablemente -cerca de allí<a id="FNanchor_368" href="#Footnote_368" -class="fnanchor">[363]</a>, y no es imposible que se alzase Chorazin -en el mismo territorio hácia la parte del norte<a id="FNanchor_369" -href="#Footnote_369" class="fnanchor">[364]</a>. En cuanto á Bethsaide -y á Capharnahum, difícil es averiguar si estuvieron en Tell-Hum, -Am-et-Tin, Khan-Minyeh ó en Ain-Medawara<a id="FNanchor_370" -href="#Footnote_370" class="fnanchor">[365]</a>, y cuanto respecto á -ello se asegure es aventurado. No parece sino que, así en geografía -como en historia, un designio misterioso se complugo en borrar los -vestigios del gran fundador. Creo que en aquel suelo, profundamente -devastado, nunca podrá conseguirse el fijar con exactitud los sitios en -que la humanidad desearia besar la huella que dejaron sus piés.</p> - -<p>Todo lo que hoy nos resta de la reducida comarca de tres ó -cuatro leguas en que Jesús fundó su obra divina, se reduce al lago, -al horizonte, á los arbustos y á algunas pobres flores, resto de -la antigua fertilidad. Los árboles han de<span class="pagenum" -id="Page_98">p. 98</span>saparecido completamente. Y en aquel -país cuya vegetacion era tan rica otras veces, que á Josefo le -parecia casi milagrosa; en aquel país donde la naturaleza, segun el -historiador citado, habia reunido las plantas de los climas frios, las -producciones de las zonas ardientes y los árboles de las latitudes -templadas, cargados todo el año de flores y de frutos; en aquel país -que ántes parecia un eden, ahora se calcula con veinticuatro horas -de anticipacion el sitio donde podrá encontrar el viajero un asiento -de césped y un árbol cuya sombra proteja su desayuno. El lago se ha -convertido en un desierto. Una sola barca, medio desvencijada, surca -hoy aquellas linfas silenciosas, tan llenas de vida y de alegría en -otro tiempo. Sólo las aguas son todavía puras y trasparentes. Las -riberas, formadas de rocas ó de menudos guijarros, se parecen más bien -á las de un mar en miniatura que á las de un lago como el de Huleh: -son limpias, nada fangosas, y el cadencioso y ligero movimiento de las -olas las bate siempre en el mismo sitio. Vense acá y allá pequeños -promontorios cubiertos de laureles de Alejandría, de tamariscos y -de espinosos alcaparros: próximos á la salida del Jordan, junto á -Tiberiade y en la orilla formada por la llanura de Genesareth, hay -dos sitios poblados de embriagadores jardines, contra cuya alfombra -de yerbas y de flores va á espirar el apacible oleaje de las aguas. -El arroyo de Ain-Tabiga forma un pequeño estuario lleno de lindísimas -conchas. Nubes de pájaros nadadores cubren el lago. El horizonte ofusca -la vista á fuerza de ser luminoso. Las aguas, profundamente encajonadas -entre rocas abrasadoras, son de un hermoso color azul celeste, y cuando -se las observa desde la cumbre de las montañas de Safed, diríase que -ocupan el fondo de una copa de oro. Al norte los barrancos nevosos -del Hermon destacan sus líneas blancas sobre el cielo; al oeste, las -elevadas y undosas mesetas de la Gaulonítida y de la Perea, siempre -áridas y envueltas en una atmósfera de fuego, forman una montaña -compacta, ó por mejor decir, un inmenso y altísimo terraplen que á -partir de Cesárea de Filipo se prolonga indefinidamente hácia el -sur.</p> - -<p>El calor es ahora muy sofocante en las orillas del lago, el -cual ocupa una depresion de doscientos metros bajo el nivel del -Mediterráneo, y por consiguiente participa de las condiciones -tórridas del mar Muerto<a id="FNanchor_371" href="#Footnote_371" -class="fnanchor">[366]</a>. Aquel ardor excesivo se hallaba otras veces -templado por una vegetacion abundante: la cuenca del lago se hace -inhabitable apénas concluye <span class="pagenum" id="Page_99">p. -99</span>el mes de Mayo, y difícilmente se comprende hoy cómo pudo -semejante hornaza ser el teatro de tan prodigiosa actividad. Josefo -encontraba el país muy templado. Sin duda allí, como en la campiña -de Roma, hubo algun cambio de clima debido á causas históricas. El -islamismo, y sobre todo, la reaccion musulmana contra las cruzadas, -fueron los que asolaron como un viento de muerte la comarca favorita -de Jesús. Aquella hermosa tierra de Genesareth estaba muy léjos de -sospechar que su futuro destino habia de salir del cerebro del que -tan pacíficamente la paseaba. Peligroso compatriota, Jesús ha sido -un personaje fatal para el país que tuvo el formidable honor de -producirle. Codiciada la Galilea por dos fanatismos rivales, y habiendo -llegado á ser para todos un objeto de amor ó de ódio, debia alcanzar -por premio de su gloria el triste privilegio de ser trasformada en -un desierto. Pero ¿habria sido Jesús más dichoso si hubiese vivido -tranquilo y oscuro en el fondo de su aldea? Y ¿quién se acordaria hoy -de aquellos ingratos nazarenos si, á riesgo de comprometer el porvenir -de su modesto villorrio, no hubiese uno de los suyos reconocido á su -Padre y no se hubiese proclamado hijo de Dios?</p> - -<p>En la época á que hemos llegado de la vida de Jesús, todo su -mundo se reducia á cuatro ó cinco burgos de grande extension. No -parece probable que hubiese estado en Tiberiade, ciudad del todo -profana, que los paganos habitaban casi por completo y de la cual -habia hecho Antipas su residencia habitual. Sin embargo, algunas -veces se alejaba de su region favorita é iba embarcado á Gergesa<a -id="FNanchor_372" href="#Footnote_372" class="fnanchor">[367]</a>, -poblacion de la ribera oriental. Otras iba hácia el norte, y se le ve -en Paneas ó Cesárea de Filipo<a id="FNanchor_373" href="#Footnote_373" -class="fnanchor">[368]</a>, en la falda del Hermon. Por último, -una vez dirige sus pasos por la parte de Tiro y de Sidon<a -id="FNanchor_374" href="#Footnote_374" class="fnanchor">[369]</a>, -país que entónces debia estar floreciente en sumo grado. En todas -aquellas comarcas se hallaba Jesús en pleno paganismo. En Cesárea -vió la célebre gruta del <i>Panium</i>, sitio donde se colocaban las -fuentes del Jordan, y sobre el cual referia la credulidad del pueblo -extravagantes leyendas<a id="FNanchor_375" href="#Footnote_375" -class="fnanchor">[370]</a>; cerca de allí pudo admirar el templo de -mármol que Heródes levantó en honor de Augusto<a id="FNanchor_376" -href="#Footnote_376" class="fnanchor">[371]</a>, y probablemente vió -tambien las numerosas estatuas votivas á Pan, á las Ninfas y al Eco -de la gruta que la piedad amontonaba ya en aquel hermoso sitio. Un -judío evemerista, acostumbrado á no mirar en los dioses extranjeros -sino hombres divinizados ó demonios, debia considerar todas aquellas -representaciones figura<span class="pagenum" id="Page_100">p. -100</span>das como otros tantos ídolos. Las seducciones de los cultos -naturalistas, que embriagan á las razas más sensitivas, le hicieron -poca impresion. Sin duda no tuvo ningun conocimiento de lo que el -antiguo santuario de Melkarth, en Tiro, podia encerrar aún de un -culto primitivo más ó ménos análogo al judáico<a id="FNanchor_377" -href="#Footnote_377" class="fnanchor">[372]</a>. El paganismo, que en -Fenicia habia elevado sobre cada colina un templo y un bosque sagrado, -toda aquella apariencia de grandeza industrial y de riqueza profana<a -id="FNanchor_378" href="#Footnote_378" class="fnanchor">[373]</a> debió -sonreirle muy poco. El monoteismo priva al hombre de toda aptitud para -comprender las religiones paganas; un musulman trasladado á los países -politeistas mira sin ver lo que hay en torno suyo. Jesús no aprendió -nada en aquellos viajes, y de ellos regresaba impaciente á su querida -ribera de Genesareth: allí estaba el centro de sus pensamientos; allí -encontraba fe y amor.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_9"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO IX</h2> - <p class="subh2 g1">LOS DISCÍPULOS DE JESÚS</p> -</div> - -<p>En aquel paraíso terrenal, que hasta entónces no habia probado -apénas los efectos de las grandes revoluciones de la historia, vivia -una poblacion en perfecta armonía con el país, esto es, activa, -honrada, alegre y afectuosa. El lago de Tiberiade es acaso el más -abundante en peces de cuantos existen en el mundo<a id="FNanchor_379" -href="#Footnote_379" class="fnanchor">[374]</a>; en aquella época -habia establecidas pesquerías muy productivas, particularmente en -Bethsaide y en Capharnahum, las cuales permitian á los naturales vivir -con cierta comodidad. Aquellas familias de pescadores formaban una -sociedad dulce y apacible, que se extendia por toda la comarca del -lago que hemos descrito, gracias á numerosos lazos de parentesco. Sus -escasas ocupaciones les dejaban tiempo y libertad suficientes para -ejercitar su imaginacion: en aquellas reuniones de hombres sencillos y -bondadosos, las ideas sobre el reino de Dios encontraron más crédito -y mej<span class="pagenum" id="Page_101">p. 101</span>or acogida que -en ninguna otra parte. Nada de cuanto en sentido griego y mundano se -llamaba civilizacion, habia penetrado hasta ellos. Aunque la bondad de -aquellas poblaciones se hallase muchas veces más bien en la superficie -que en el fondo, sus costumbres eran tranquilas, y no carecian de -finura ni de inteligencia. Puede uno figurárselas como semejantes hasta -cierto punto á los mejores pueblos del Líbano, pero con la ventaja de -producir grandes hombres, la cual no tienen éstos. Jesús encontró allí -su verdadera familia. Instalóse en medio de ellos, como si Capharnahum -fuera su «ciudad natal»<a id="FNanchor_380" href="#Footnote_380" -class="fnanchor">[375]</a>, y en aquel reducido círculo que le adoraba, -olvidó á sus escépticos hermanos, á la ingrata Nazareth y su burlona -incredulidad.</p> - -<p>Una familia de Capharnahum le ofreció, entre todas, un asilo -agradable y discípulos adictos. Componíanla dos hermanos, hijos -de un tal Jonás, que probablemente murió en la época en que Jesús -fué á establecerse á las márgenes del lago:—aquellos dos hermanos -eran Simon, llamado <i>Cephas</i> ó <i>Pedro</i>, y Andrés. Nacidos -ambos en Bethsaide<a id="FNanchor_381" href="#Footnote_381" -class="fnanchor">[376]</a>, habian ya trasladado su domicilio á -Capharnahum cuando Jesús comenzó su vida pública. Pedro estaba -casado y tenía hijos; su suegra vivia con él<a id="FNanchor_382" -href="#Footnote_382" class="fnanchor">[377]</a>. Jesús amaba á -aquella familia y hacia de su morada su residencia habitual<a -id="FNanchor_383" href="#Footnote_383" class="fnanchor">[378]</a>. -Andrés parece haber sido discípulo de Juan Bautista: quizás le -conoció Jesús en las orillas del Jordan<a id="FNanchor_384" -href="#Footnote_384" class="fnanchor">[379]</a>. Los dos hermanos -continuaron siempre ejerciendo su oficio de pescadores áun en la -época en que se hallaban más unidos al maestro<a id="FNanchor_385" -href="#Footnote_385" class="fnanchor">[380]</a>. Jesús, á quien no -disgustaban los retruécanos, decia algunas veces que los convertiria -en pescadores de hombres<a id="FNanchor_386" href="#Footnote_386" -class="fnanchor">[381]</a>. Y efectivamente, no tuvo discípulos más -adictos ni más fieles que los dos hermanos.</p> - -<p>Tambien la familia de Zabdia ó de Zebedeo, pescador acomodado y -patron de várias barcas<a id="FNanchor_387" href="#Footnote_387" -class="fnanchor">[382]</a>, dispensó á Jesús afectuosa acogida. Zebedeo -tenía dos hijos; Santiago, que era el mayor, y Juan, cuyo papel -debia ser tan importante y decisivo en la historia del cristianismo -naciente. Ambos eran discípulos celosos. La mujer del Zebedeo, -María Salomé, tuvo tambien gran afeccion á Jesús, y le acompañó -hasta la hora de su muerte<a id="FNanchor_388" href="#Footnote_388" -class="fnanchor">[383]</a>.</p> - -<p>En general, las mujeres le acogian con solicitud. Jesús poseia -esas maneras reservadas que permiten una dulcísima union de ideas -entre ambos sexos. Sin duda entónces, como<span class="pagenum" -id="Page_102">p. 102</span> hoy, la separacion de hombres y mujeres que -ha impedido en los pueblos semíticos todo perfeccionamiento delicado, -era ménos rigurosa en las campiñas y en las aldeas que en las grandes -poblaciones. Tres ó cuatro galileas de las más adictas acompañaban -siempre al jóven maestro, disputándose el placer de cuidarle y -de escuchar su palabra<a id="FNanchor_389" href="#Footnote_389" -class="fnanchor">[384]</a>. Aquellas mujeres llevaban á la nueva secta -un elemento de entusiasmo y de maravilloso, cuya importancia se deja -ya comprender. Una de ellas, María de Magdala, que tan célebre debia -hacer en el mundo el nombre de su pobre villorio, fué á lo que parece -persona muy exaltada. Segun el lenguaje del tiempo, habia estado -poseida de siete demonios<a id="FNanchor_390" href="#Footnote_390" -class="fnanchor">[385]</a>, ó lo que es lo mismo, habia padecido -enfermedades nerviosas, cuya causa era entónces inexplicable. La -belleza, la bondad y la dulzura de Jesús, calmaron aquella imaginacion -desarreglada. La Magdalena le permaneció fiel hasta en el Gólgota, y -al dia siguiente al de su muerte desempeñó un papel de primer órden; -porque, segun verémos despues, su testimonio fué la base principal -sobre la que se estableció la fe en la resurreccion. Juana, mujer -de Kuza, uno de los intendentes de Antipas, Susana y otras mujeres, -cuyos nombres permanecen en el olvido, seguian sus pasos, prestándole -incesantes servicios<a id="FNanchor_391" href="#Footnote_391" -class="fnanchor">[386]</a>. Algunas de entre ellas eran ricas, y -los recursos que proporcionaban al jóven profeta, le permitian -vivir sin ejercer el oficio que hasta entónces habia profesado<a -id="FNanchor_392" href="#Footnote_392" class="fnanchor">[387]</a>.</p> - -<p>Otros muchos discípulos le seguian y le aclamaban por maestro, -como por ejemplo, un tal Felipe de Bethsaide, Nathanael, hijo -de Talmai ó Ptolomeo, natural de Caná, el cual perteneció tal -vez á la primera época<a id="FNanchor_393" href="#Footnote_393" -class="fnanchor">[388]</a>, y Matheo, que probablemente era el mismo -que habria de convertirse despues en Xenofonte del cristianismo -naciente. Matheo habia sido publicano, y como tal, manejaba sin duda -el <i>kalam</i> con más facilidad que sus compañeros. Quizás pensaba -desde entónces en escribir sus <i>Logia</i><a id="FNanchor_394" -href="#Footnote_394" class="fnanchor">[389]</a>; las cuales sirven de -base á todo cuanto sabemos respecto á la enseñanza de Jesús. Cítanse -tambien entre los discípulos á Tomás ó Didymo<a id="FNanchor_395" -href="#Footnote_395" class="fnanchor">[390]</a>, el cual fué, segun -parece, hombre de corazon y de generosos arranques<a id="FNanchor_396" -href="#Footnote_396" class="fnanchor">[391]</a>, si bien algo -incrédulo, á Lebeo ó Tadeo, á Simon el Zelador ó el Cananeo<a -id="FNanchor_397" href="#Footnote_397" class="fnanchor">[392]</a>, -discípulo tal vez de Júdas el Gaulonita, y perteneciente á aquel -partido de los <i>Kenaim</i>, que ya entónces existia, y que tan -importante papel debia muy pronto desempeñar en los movimientos del -pueblo<span class="pagenum" id="Page_103">p. 103</span> judío, y -por último, á Júdas, hijo de Simon, natural de Kerioth, que fué el -único desleal entre aquel grupo de fieles adeptos, y cuya traicion -debia granjearle tan triste renombre. Ménos Júdas, todos eran -galileos. La ciudad de Kerioth se hallaba situada en la extremidad -Sur de la tribu de Judá<a id="FNanchor_398" href="#Footnote_398" -class="fnanchor">[393]</a>, á cosa de una jornada más allá de -Hebron.</p> - -<p>Hemos dicho ántes que la familia de Jesús no le era, en -general, muy adicta<a id="FNanchor_399" href="#Footnote_399" -class="fnanchor">[394]</a>. Sin embargo, sus primos carnales, Santiago -y Júdas, hijos de María Cleophás, figuraban desde entónces entre -sus discípulos, y la misma María Cleophás se halló en el número -de las personas que le acompañaron y le siguieron al Calvario<a -id="FNanchor_400" href="#Footnote_400" class="fnanchor">[395]</a>. -Su madre no aparece en aquella época cerca de él: sólo despues de -la muerte de Jesús fué cuando María adquirió gran consideracion<a -id="FNanchor_401" href="#Footnote_401" class="fnanchor">[396]</a> -y cuando los discípulos trataron de atraerla hácia ellos<a -id="FNanchor_402" href="#Footnote_402" class="fnanchor">[397]</a>. -Entónces fué tambien cuando, bajo el título de «hermanos del Señor», -formaron los miembros de la familia del fundador un grupo influyente -que por espacio de mucho tiempo estuvo al frente de la Iglesia de -Jerusalen, y que se refugió despues en la Batanea, cuando la ciudad fué -entrada á saco. Así como las mujeres y las hijas de Mahoma, que ninguna -importancia tuvieron en vida del profeta, adquirieron despues de su -muerte grande autoridad, de igual manera el solo hecho de ser pariente -de Jesús fué entónces una recomendacion decisiva.</p> - -<p>Entre aquella muchedumbre amiga, Jesús tenía indudablemente sus -preferencias, y hasta cierto punto, su círculo de elegidos. Los dos -hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, parecen haber formado parte de -los últimos. Ambos eran vehementes y apasionados en extremo. Á causa -de su impetuosidad y de su celo excesivo, Jesús les aplicaba con -mucho ingenio el sobrenombre de «hijos del trueno», significándoles -que harian uso de los rayos si los tuvieran á su disposicion<a -id="FNanchor_403" href="#Footnote_403" class="fnanchor">[398]</a>. -Al parecer, Juan tenía con Jesús cierta familiaridad que los otros -no alcanzaron. Pero muy posible es que este discípulo, que escribió -despues sus recuerdos de una manera que deja conocer demasiado el -interes personal, exagerase el cariño que el maestro le profesaba<a -id="FNanchor_404" href="#Footnote_404" class="fnanchor">[399]</a>. -De todos modos, se comprende por la lectura de los evangelios -sinópticos, que Simon Barjona ó Pedro, Santiago, hijo del Zebedeo, -y su hermano Juan, formaban una especie de comité ó círculo íntimo, -al cual se dirigia Jesús en ciertas ocasiones en que dudaba de -la fe y de la inteligencia de los demás<a id="FNanchor_405" -href="#Footnote_405" class="fnanchor">[400]</a>. Por otra parte, -se ve que los<span class="pagenum" id="Page_104">p. 104</span> -tres se hallaban asociados en sus pesquerías<a id="FNanchor_406" -href="#Footnote_406" class="fnanchor">[401]</a>. La afeccion que -Pedro inspiraba á Jesús era profunda: su carácter sincero, recto, -decidido, franco y leal, gustaba mucho al maestro, á quien hacian -sonreir á veces sus movimientos irreflexivos. Pedro, poco místico -de suyo, le comunicaba sus dudas y sus debilidades humanas<a -id="FNanchor_407" href="#Footnote_407" class="fnanchor">[402]</a> con -una ingenuidad y una honrada franqueza que recuerdan las de Joinville -respecto á San Luis. Jesús le reprendia amistosamente, probándole -con aquellas afectuosas reprensiones su aprecio y su confianza. En -cuanto á Juan, su juventud<a id="FNanchor_408" href="#Footnote_408" -class="fnanchor">[403]</a>, la ternura exquisita de su corazon<a -id="FNanchor_409" href="#Footnote_409" class="fnanchor">[404]</a> y -lo vivo de su inteligencia<a id="FNanchor_410" href="#Footnote_410" -class="fnanchor">[405]</a> debian tener mucho atractivo. La -personalidad de aquel hombre extraordinario, que tan vigoroso giro -imprimió al cristianismo naciente, no se desarrolló sino en edad -más avanzada. Era ya viejo cuando escribió respecto á su maestro -ese evangelio rarísimo<a id="FNanchor_411" href="#Footnote_411" -class="fnanchor">[406]</a> que tan preciosas noticias contiene, pero -en el cual, á nuestro juicio, se halla falseado el carácter de Jesús -con harta frecuencia. La naturaleza de Juan era demasiado impetuosa y -profunda para que pudiera amoldarse al tono impersonal de los primeros -evangelistas. De ahí el que hiciese una biografía de Jesús como la que -Platon hizo de Sócrates. Acostumbrado á remover sus recuerdos con la -agitacion febril de un alma exaltada, trasformó á su maestro al querer -pintarle, y su relato (á ménos que no le hayan alterado manos extrañas) -permite á veces sospechar que en la composicion de tan singular escrito -no siempre sirvió de norma al cronista una completa buena fe.</p> - -<p>En la secta naciente no habia ningun grado jerárquico propiamente -dicho: todos debian llamarse «hermanos», y Jesús prohibia de un -modo absoluto los títulos de superioridad, tales como <i>rabbí</i>, -«maestro», «padre», en razon á que él era el único maestro, y Dios el -único padre. El mayor debia ser el más humilde y servir á los demás<a -id="FNanchor_412" href="#Footnote_412" class="fnanchor">[407]</a>. -Sin embargo, Simon Barjona se distingue entre sus iguales por un -grado de particular importancia. Jesús habitaba en su domicilio, -enseñaba en su barca<a id="FNanchor_413" href="#Footnote_413" -class="fnanchor">[408]</a>, y la casa de Simon era el centro de las -predicaciones evangélicas. El público le consideraba como el jefe del -grupo, y á él era á quien se dirigian los recaudadores del tributo en -reclamacion de los derechos que debia la comunidad<a id="FNanchor_414" -href="#Footnote_414" class="fnanchor">[409]</a>. Simon fué el -primero que reconoció á Jesús como al Mesías<a id="FNanchor_415" -href="#Footnote_415" class="fnanchor">[410]</a>. Preguntando -Jesús á sus discípulos en un momento de impopularidad: «¿Quereis -tambien vosotros retirar<span class="pagenum" id="Page_105">p. -105</span>os?» Simon le respondió: «Señor, ¿á quién iriamos? tú tienes -palabras de vida eterna»<a id="FNanchor_416" href="#Footnote_416" -class="fnanchor">[411]</a>. En diferentes ocasiones Jesús le -confirió cierta supremacía<a id="FNanchor_417" href="#Footnote_417" -class="fnanchor">[412]</a> en su iglesia, y le dió el sobrenombre -siriaco de Kepha (piedra), como significándole que de él hacia la -piedra angular del edificio<a id="FNanchor_418" href="#Footnote_418" -class="fnanchor">[413]</a>. Tambien parece prometerle «las llaves -del reino de los cielos» y concederle el derecho de pronunciar -sobre la tierra decisiones que serían ratificadas en la eternidad<a -id="FNanchor_419" href="#Footnote_419" class="fnanchor">[414]</a>.</p> - -<p>La supremacía de Pedro excitó sin duda algunos celos entre sus -compañeros, celos que se aumentaban con la perspectiva de aquel -reino de Dios en que los discípulos habrian de sentarse en los -tronos, á derecha ó á izquierda del maestro, para juzgar á las -doce tribus de Israel<a id="FNanchor_420" href="#Footnote_420" -class="fnanchor">[415]</a>. Preguntábanse quién de entre ellos se -hallaria entónces más cerca del Hijo del hombre, siendo hasta cierto -punto como su primer ministro ó su asesor. Los dos hijos del Zebedeo -aspiraban á ese rango, y preocupados por tal pensamiento, recurrieron -al influjo de su madre Salomé, la cual llamó un dia aparte á Jesús y -solicitó de él que otorgase á sus hijos los dos puestos de honor<a -id="FNanchor_421" href="#Footnote_421" class="fnanchor">[416]</a>. -Jesús esquivó la demanda repitiendo su principio habitual de que el que -se exalta será humillado y que el reino de los cielos pertenecerá á los -pequeños. La noticia de semejante peticion ocasionó algunos rumores -en la comunidad y produjo gran descontento contra Juan y Santiago<a -id="FNanchor_422" href="#Footnote_422" class="fnanchor">[417]</a>. -La misma rivalidad se trasluce en el evangelio de Juan;—el cronista -declara á cada paso que él fué el «discípulo querido», á quien el -maestro confió su madre al morir, y trata sistemáticamente de colocarse -al nivel de Simon Pedro (y con frecuencia ántes que él) á propósito -de circunstancias importantes en que los evangelistas más antiguos -ni siquiera citan su nombre<a id="FNanchor_423" href="#Footnote_423" -class="fnanchor">[418]</a>.</p> - -<p>Todos los personajes que acabamos de enumerar, ó al ménos aquellos -de cuya vida se sabe algo, habian principiado por ser pescadores. -Ninguno de ellos pertenecia á una clase elevada de la sociedad. -Únicamente Matheo, ó Leví, hijo de Alpheo<a id="FNanchor_424" -href="#Footnote_424" class="fnanchor">[419]</a>, habia sido publicano. -Pero aquellos á quienes en Judea se designaba con ese nombre, no eran -los recaudadores generales, personas de rango elevado (y siempre -caballeros romanos) que á orillas del Tíber llamaban <i>publicani</i><a -id="FNanchor_425" href="#Footnote_425" class="fnanchor">[420]</a>; -sino agentes de esos arrendadores generales, empleados de baja estofa, -simples cobradores subalternos. En el gran camino de Acre á Damasco, -uno de los más antiguos del<span class="pagenum" id="Page_106">p. -106</span> mundo, que atravesaba la Galilea costeando el lago<a -id="FNanchor_426" href="#Footnote_426" class="fnanchor">[421]</a>, -habia considerable número de esa especie de cobradores. Capharnahum, -que quizás se hallaba situada sobre la via, contaba tambien -un numeroso personal<a id="FNanchor_427" href="#Footnote_427" -class="fnanchor">[422]</a>. Semejante profesion no encontró nunca -grandes simpatías en ningun país del mundo; pero los judíos la miraban -con particular ojeriza y tenian por criminales á los que la ejercian. -El impuesto, cosa nueva para ellos, era el signo de su vasallaje; la -escuela de Júdas el Gaulonita sostenia que abonarle era cometer un acto -de paganismo. Así es que todos los celosos conservadores de la ley -aborrecian de muerte á los aduaneros. Su nombre iba siempre asociado -al de los asesinos, ladrones y gentes de mala vida<a id="FNanchor_428" -href="#Footnote_428" class="fnanchor">[423]</a>. Los judíos que tales -funciones aceptaban eran excomulgados y quedaban inhábiles para testar; -considerábase su caja como maldita de Dios, y los casuistas prohibian -al público el que fuese á ella á cambiar dinero<a id="FNanchor_429" -href="#Footnote_429" class="fnanchor">[424]</a>. Desterrados -aquellos infelices del seno de la sociedad, tenian que formar una -sociedad aparte reuniéndose entre sí. Jesús aceptó una comida que -le ofreció Leví, en la cual habia, segun el lenguaje de la época, -«muchos aduaneros y pecadores»; el hecho produjo gran escándalo<a -id="FNanchor_430" href="#Footnote_430" class="fnanchor">[425]</a>. -La reputacion de aquellas casas era malísima, y el que á ellas iba -se arriesgaba á no encontrar muy buena compañía. Pero frecuentemente -verémos á Jesús cuidándose muy poco de las preocupaciones que abrigaban -las personas que se tenian por juiciosas, tratando de ensalzar las -clases humilladas por los ortodoxos, y exponiéndose por ello á las -amargas reconvenciones de los devotos.</p> - -<p>Jesús debia aquellas numerosas conquistas al atractivo irresistible -de su persona y de su palabra. Una frase conmovedora, una mirada -dirigida al fondo de alguna sencilla conciencia, dispuesta á -entreabrirse al soplo de la verdad, le bastaban para captarse un -ardiente discípulo. Jesús se valia en ocasiones de un artificio -inocente que tambien empleó Juana de Arco:—aparentaba saber algun -secreto íntimo respecto á la persona que deseaba atraer hácia sí, ó -bien le recordaba alguna circunstancia querida, propia á conmover -su corazon. Así fué como enterneció y se atrajo á Nathanael<a -id="FNanchor_431" href="#Footnote_431" class="fnanchor">[426]</a>, -á Pedro<a id="FNanchor_432" href="#Footnote_432" -class="fnanchor">[427]</a>, á la Samaritana<a id="FNanchor_433" -href="#Footnote_433" class="fnanchor">[428]</a>. Disimulando la -verdadera causa de su fuerza, esto es, su gigantesca superioridad sobre -los demás, y á fin de satisfacer las ideas de la época, ideas que por -otra parte eran tambien las suyas, dejaba creer que una revelacion -de lo alto le descubria los secretos y l<span class="pagenum" -id="Page_107">p. 107</span>e permitia leer en los corazones. Nadie -dudaba que viviese en una esfera superior á la de la humanidad. Decíase -que en la cumbre de las montañas conversaba con Moisés y con Elías<a -id="FNanchor_434" href="#Footnote_434" class="fnanchor">[429]</a>, y -se creia que en sus momentos de soledad bajaban los ángeles á rendirle -homenaje y á establecer un comercio sobrenatural entre el cielo y él<a -id="FNanchor_435" href="#Footnote_435" class="fnanchor">[430]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_10"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO X</h2> - <p class="subh2 g1">PREDICACION DEL LAGO</p> -</div> - -<p>Tal era el grupo que rodeaba á Jesús en las márgenes del lago -de Tiberiade. La aristocracia estaba representada por un aduanero -ó cobrador y por la mujer de un intendente;—el resto se componia -de pescadores y de gentes sencillas. Todos eran ignorantes en -extremo, débiles de espíritu y todos creian en los espectros -y en las apariciones<a id="FNanchor_436" href="#Footnote_436" -class="fnanchor">[431]</a>. En aquel primer cenáculo no habia penetrado -ni un solo elemento de cultura helénica, y áun la instruccion judáica -era en él bastante escasa; pero en cambio abundaban el sentimiento -y la buena voluntad. El hermoso clima de Galilea convertia la -existencia de aquellos honrados pescadores en delicioso y perpétuo -encanto. Sencillos, buenos, dichosos, blandamente mecidos por las -cristalinas olas de un mar en miniatura, ó bien arrullados por su -oleaje miéntras dormian sobre el césped de sus risueños bordes, -aquellas familias de pescadores preludiaban á no dudarlo el reino -de Dios. Difícil es figurarse la embriaguez de una vida que de ese -modo se desliza á la faz del cielo, el robusto y dulce entusiasmo -que infunde en el alma el contínuo contacto con la naturaleza, y los -sueños de aquellas noches pasadas bajo la inmensidad de la azulada -bóveda al trémulo fulgor de las estrellas. En una noche semejante fué -cuando Jacob, apoyada la cabeza sobre una piedra, leyó en los astros -la promesa de una posteridad innumerable y vió la escala misteriosa -por la cual iban y venian los <i>Elohim</i> del cielo á la ti<span -class="pagenum" id="Page_108">p. 108</span>erra. En la época de -Jesús, el cielo continuaba abierto y la tierra no se habia enfriado. -Las nubes se entreabrian aún sobre el hijo del hombre, y los ángeles -subian y bajaban, sirviéndole de mensajeros<a id="FNanchor_437" -href="#Footnote_437" class="fnanchor">[432]</a>; las visiones del -reino de Dios se hallaban en todas partes, puesto que el hombre las -abrigaba en su propio corazon. La mirada tranquila y dulce de aquellas -almas sencillas contemplaba al universo en su orígen ideal; quizás el -mundo descubria sus misterios á la conciencia divinamente lúcida de -aquellos seres dichosos, cuya pureza de corazon les mereció un dia ver -á Dios.</p> - -<p>Jesús vivia casi siempre al aire libre rodeado de sus discípulos. -Unas veces subia á una barca y desde allí predicaba á la -muchedumbre estacionada en la orilla del lago<a id="FNanchor_438" -href="#Footnote_438" class="fnanchor">[433]</a>; otras, tomaba asiento -sobre las montañas de la ribera, allí donde el aire es tan puro y -tan luminoso el horizonte. El grupo de fieles adeptos iba de este -modo, alegre y vagabundo, recogiendo en sus primeros gérmenes las -inspiraciones del maestro. Si por casualidad surgia alguna ingenua -duda, alguna pregunta inocentemente escéptica, una sonrisa ó una mirada -de Jesús bastaban para desvanecer la objecion. Á cada momento creian -notar las señales del reino de Dios; en el paso de una nube, en la -germinacion de un grano, en la madurez de una espiga, en la cosa más -insignificante: imaginábanse que se hallaban en vísperas de ver á Dios, -de ser los dueños del mundo, y las lágrimas se cambiaban en gozo. -Aquello era el advenimiento á la tierra del consuelo universal:</p> - -<blockquote> - - <p>«Bienaventurados,—decia el maestro,—los pobres de espíritu, porque - de ellos es el reino de los cielos.</p> - - <p>»Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.</p> - - <p>»Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra.</p> - - <p>»Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque - ellos serán saciados.</p> - - <p>»Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán - misericordia.</p> - - <p>»Bienaventurados los que tienen puro su corazon, porque ellos - verán á Dios.</p> - - <p>»Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos - de Dios.</p> - - <p>»Bienaventurados los que padecen persecucion por la justicia, - porque de ellos es el reino de los cielos»<a id="FNanchor_439" - href="#Footnote_439" class="fnanchor">[434]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p><span class="pagenum" id="Page_109">p. 109</span>Su predicacion -era dulce y suave, como las armonías de la naturaleza y el perfume de -los campos. Gustábanle las flores y servíanle de punto de comparacion -en sus más deliciosas lecciones. El mar, las montañas, las aves del -cielo, los bulliciosos é inocentes juegos de los niños, todo entraba -sucesivamente en las metáforas de su enseñanza. Su estilo se separaba -de la forma del período griego, y tenía mucha semejanza con los giros -de los parabolistas hebreos, y en particular con las sentencias de -los doctores judíos, contemporáneos suyos, tales como las vemos en -el <i>Pirké Aboth</i>. Sus disertaciones no formaban una peroracion -continuada y homogénea; eran sentencias cortas, parecidas á las del -Coran, las cuales compusieron despues, unidas entre sí, esos largos -discursos escritos por Matheo<a id="FNanchor_440" href="#Footnote_440" -class="fnanchor">[435]</a>. Ninguna transicion enlazaba aquellas -diferentes sentencias; sin embargo, una misma inspiracion hace de ellas -frecuentemente un todo compacto. Donde más sobresalia el maestro era -en la parábola:—en este género delicioso nada habia en el judaismo que -pudiera servirle de modelo<a id="FNanchor_441" href="#Footnote_441" -class="fnanchor">[436]</a>; por consiguiente, él fué quien le -inventó. Verdad es que en los libros búdicos se encuentran parábolas -cuyo tono y forma son exactamente iguales á los de las evangélicas; -pero no es admisible que una influencia búdica llegase hasta Jesús. -Estas analogías pueden explicarse por el espíritu de mansedumbre y -la profundidad del sentimiento que fueron comunes al budismo y al -cristianismo naciente.</p> - -<p>La consecuencia inmediata de la vida apacible y sencilla que se -hacia en Galilea era una indiferencia completa por el vano aparato del -lujo y de la comodidad, tristes é imperiosas necesidades en nuestros -países. Los climas frios, obligando al hombre á una lucha contínua -contra las intemperies, hacen que se dé grande importancia al lujo -y al bienestar material. Por el contrario, las comarcas favorecidas -del cielo, donde apénas hay necesidades que satisfacer, son el país -del idealismo y de la poesía. Los accesorios de la vida son allí -insignificantes en comparacion del placer de vivir. Permaneciendo -casi siempre en el campo, en las calles, el ornato interior de las -habitaciones se hace superfluo. El alimento fuerte y regular de los -climas ménos favorecidos pareceria pesado y desagradable. Y en cuanto -al lujo en el vestir, ¿cómo rivalizar con el que Dios presta á la -tierra y á las aves del cielo? En esos climas, hasta el trabajo parece -inútil:—su producto no vale la molestia que ocasiona. Los animales de -los cam<span class="pagenum" id="Page_110">p. 110</span>pos, que nada -hacen, están mejor vestidos que el hombre más opulento. Ese desprecio -de los goces materiales, desprecio que da mucha elevacion á las almas -cuando no tiene su orígen en la pereza, inspiraba á Jesús lindísimos -apólogos:</p> - -<blockquote> - - <p>«No querais,—decia,—amontonar tesoros para vosotros en la tierra, - donde el orin y la polilla los consumen, y donde los ladrones los - desentierran y roban. Atesorad más bien para vosotros tesoros en el - cielo, donde no hay orin, ni polilla, ni ladrones. Donde está tu - tesoro, allí está tambien tu corazon. Ninguno puede servir á dos - señores, porque ó tendrá aversion al uno y amor al otro, ó si se - sujeta al primero, mirará con desden al segundo. No podeis servir - á Dios y á Mammon. En razon de esto os digo, no os acongojeis por - el cuidado de hallar que comer para sustentar vuestra vida, de - dónde sacaréis vestidos para cubrir vuestro cuerpo. ¡Qué! ¿no vale - más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad las - aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros, - y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valeis vosotros - mucho más que ellas? Y ¿quién de vosotros á fuerza de discursos - puede añadir un codo á su estatura? Y acerca del vestido, ¿á qué - propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo; ellos no - labran, ni tampoco hilan. Sin embargo, yo os digo, Salomon en toda - su gloria no se vistió como uno de estos lirios. Pues si una yerba - del campo, que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios así la - viste, ¿cuánto más á vosotros, hombres de poca fe? Así que no - vayais diciendo acongojados: ¿Dónde hallarémos qué comer y beber? - ¿Dónde hallarémos con qué vestirnos? Como hacen los paganos, los - cuales andan tras todas estas cosas, que bien sabe vuestro Padre la - necesidad que de ellas teneis. Así pues, buscad primero el reino - de Dios, y su justicia<a id="FNanchor_442" href="#Footnote_442" - class="fnanchor">[437]</a>; y todas las demás cosas se os darán por - añadidura. No andeis, pues, acongojados por el dia de mañana; que - el dia de mañana harto cuidado traerá por sí: bástale ya á cada dia - su propio afan ó tarea»<a id="FNanchor_443" href="#Footnote_443" - class="fnanchor">[438]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>Ese sentimiento, esencialmente galileo, tuvo sobre el destino de la -secta naciente una influencia decisiva. Confiando para la satisfaccion -de sus necesidades en el Padre celestial, el grupo feliz tenía por -regla de conducta considerar los cuidados de la vida como un mal -que sofoca en el hombre el gérmen de todo bien<a id="FNanchor_444" -href="#Footnote_444" class="fnanchor">[439]</a>. Cada dia pedian á -Dios el pan del dia siguiente<a id="FNanchor_445" href="#Footnote_445" -class="fnanchor">[440]</a>. ¿Á qué fin atesorar? ¿No iba á venir el -r<span class="pagenum" id="Page_111">p. 111</span>eino de Dios? -«Vended lo que poseeis, y dad limosna,—decia el maestro.—Haceos -unas bolsas que no se echen á perder: un tesoro en el cielo que -jamás se agota, adonde no llegan los ladrones, ni roe la polilla»<a -id="FNanchor_446" href="#Footnote_446" class="fnanchor">[441]</a>. -¿Qué cosa más insensata que acumular economías para herederos -que jamás se conocerán?<a id="FNanchor_447" href="#Footnote_447" -class="fnanchor">[442]</a>. Jesús se complacia en citar, como ejemplo -de la locura humana, el caso de un hombre que despues de haber -agrandado sus graneros y acumulado bienes terrenales para mucho -tiempo, murió ántes que pudiera disfrutarlos<a id="FNanchor_448" -href="#Footnote_448" class="fnanchor">[443]</a>. El bandolerismo, -que en aquella época se hallaba muy extendido en Galilea<a -id="FNanchor_449" href="#Footnote_449" class="fnanchor">[444]</a>, -contribuia no poco á semejante manera de ver las cosas. El pobre, á -quien ningunas vejaciones ocasionaban aquellos latrocinios, debia -considerarse como favorecido de Dios, miéntras que el rico era el -verdadero desheredado, gracias á lo contingente é inseguro de aquello -que poseia. En nuestras sociedades, basadas sobre una idea rigurosísima -de la propiedad, la posicion del pobre es horrible; el infeliz no tiene -bajo el sol ni un palmo de tierra donde sentar la planta. Las flores, -la sombra, el banco de césped, hasta el aire que agita las ramas de los -árboles, todo pertenece al dueño de la tierra. En Oriente, esos dones -de Dios no pertenecen á nadie. El propietario no tiene sino un mínimo -privilegio; la naturaleza es el patrimonio de todos.</p> - -<p>Bien mirado, el cristianismo naciente no hacia en esto sino seguir -las huellas de los Esenios ó Terapeutas y de las sectas judías fundadas -en el sistema de vida cenobítica. Todas aquellas sectas entrañaban un -elemento de comunismo que ni los fariseos ni los saduceos miraban de -buen ojo. El mesianismo, idea completamente política entre los judíos -ortodoxos, se consideraba en ellas bajo un punto de vista del todo -social. Aquellas pequeñas iglesias creian inaugurar sobre la tierra -el reino de Dios por medio de una existencia tranquila, arreglada -y contemplativa, que dejaba al individuo su parte de libertad. Las -utopias de vida venturosa, que se cimentaban en la fraternidad de los -hombres y el culto puro del verdadero Dios, preocupaban á las almas -elevadas y producian por doquiera ensayos atrevidos, sinceros, pero de -escaso porvenir.</p> - -<p>Jesús, cuyas relaciones con los Esenios son muy difíciles de -establecer (porque en historia no siempre las semejanzas suponen -hechos), era en esto su verdadero hermano. La regla de la nueva -sociedad fué durante algun tiempo la comunidad<span class="pagenum" -id="Page_112">p. 112</span> de bienes<a id="FNanchor_450" -href="#Footnote_450" class="fnanchor">[445]</a>. La avaricia -era el pecado capital<a id="FNanchor_451" href="#Footnote_451" -class="fnanchor">[446]</a>; segun esto, menester es recordar que el -pecado de «avaricia», contra el cual se ha mostrado tan severa la -moral cristiana, consistia entónces en el simple apego á la propiedad. -Para ser discípulo de Jesús, la primera condicion era vender los -bienes y repartir su producto entre los pobres. Los que retrocedian -ante la idea de tal sacrificio no ingresaban en la comunidad<a -id="FNanchor_452" href="#Footnote_452" class="fnanchor">[447]</a>. -Jesús repetia frecuentemente que aquel que ha encontrado el reino -de Dios debe adquirirle con el precio de todo su caudal, y que -áun así hace una adquisicion ventajosa. «Es semejante el reino de -los cielos,—decia,—á un tesoro escondido en el campo, que si le -halla un hombre vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. Es -asimismo semejante á un mercader que trata en perlas finas; y en -viniéndole una de gran valor, va, y vende cuanto tiene y la compra»<a -id="FNanchor_453" href="#Footnote_453" class="fnanchor">[448]</a>. -Por desgracia, muy pronto habian de experimentarse los inconvenientes -de ese régimen. Necesitábase un tesorero, y se eligió para este -cargo á Júdas de Kerioth, á quien, con razon ó sin ella, se le acusó -de robar la caja comun<a id="FNanchor_454" href="#Footnote_454" -class="fnanchor">[449]</a>. Sea como quiera, lo cierto es que el tal -Júdas tuvo malísimo fin.</p> - -<p>Más versado en las cosas del cielo que en las de la tierra, el -maestro enseñaba algunas veces una economía política áun más singular. -En una curiosa parábola se alaba á un mayordomo por haberse granjeado -amigos entre los pobres á expensas de su amo, á fin de que los pobres -le introdujesen á su vez en el reino de Dios. Debiendo, en efecto, -ser los pobres los dispensadores de aquel reino, sólo recibirán en -él á los que los hubieren dado limosna. Por consiguiente, un hombre -prudente que piense en el porvenir debe tratar de tenerlos propicios. -«Estaban oyendo todo esto los fariseos, que eran avarientos,—dice -el evangelista,—y se burlaban de él»<a id="FNanchor_455" -href="#Footnote_455" class="fnanchor">[450]</a>. ¿Comprendieron, por -ventura, la terrible parábola siguiente?</p> - -<p>Hubo cierto hombre rico que se vestia de púrpura y de lino finísimo, -y tenía cada dia espléndidos banquetes; al mismo tiempo vivia un -mendigo, llamado Lázaro, el cual, cubierto de llagas, yacia á la -puerta de éste, deseando saciarse con las migajas que caian de la -mesa del rico. Y los perros venian y lamíanle las llagas. Sucedió, -pues, que murió el mendigo y fué llevado por los ángeles al seno de -Abraham. Murió tambien el rico y fué sepultado<a id="FNanchor_456" -href="#Footnote_456" class="fnanchor">[451]</a>. Y cuando estaba en -los tormentos, levantando los ojos, vió á lo léjos á Abraham y á -Lázaro en su seno y exclamó diciendo: «Padre<span class="pagenum" -id="Page_113">p. 113</span> Abraham, compadécete de mí y envíame á -Lázaro, para que mojando la punta de su dedo con agua me refresque -la lengua, pues me abraso en estas llamas.» Respondióle Abraham: -«Hijo, acuérdate que recibistes bienes durante tu vida, y Lázaro, al -contrario, males: así éste ahora es consolado, y tú atormentado»<a -id="FNanchor_457" href="#Footnote_457" class="fnanchor">[452]</a>.</p> - -<p>¿Qué cosa más justa? Á esta parábola se le dió despues el nombre -de parábola del «mal rico.» Pero fué un nombre de convencion: ella es -pura y sencillamente la parábola «del rico.» Está en el infierno sólo -porque es rico, porque no da sus bienes á los pobres, porque se regala -miéntras que hay á sus puertas otros que padecen hambre. Por último, en -un momento en que Jesús, ménos exagerado, no presenta la obligacion de -vender sus bienes y repartirlos á los pobres sino como un consejo de -perfeccionamiento, hace todavía esta declaracion terrible: «Porque más -fácil es á un camello el pasar por el ojo de una aguja, que á un rico -el entrar en el reino de Dios»<a id="FNanchor_458" href="#Footnote_458" -class="fnanchor">[453]</a>.</p> - -<p>En todo esto, un sentimiento de admirable profundidad animó á Jesús, -así como tambien al grupo de alegres pescadores que le acompañaban, -é hizo de él por toda una eternidad el verdadero creador de la paz -del alma, el consolador de la vida. Desprendiendo al hombre de lo que -él llamaba los «afanes de este mundo», Jesús llegó tal vez hasta el -exceso, y socavó las condiciones esenciales de la sociedad humana; pero -al mismo tiempo fundó ese elevado espiritualismo, que durante muchos -siglos llenó las almas de alegría en su peregrinacion por este valle de -lágrimas. Jesús comprendió con perfecta exactitud que la inadvertencia -de los hombres y su falta de filosofía y de moralidad provienen -frecuentemente de las distracciones á que se entregan, de los cuidados -que los asaltan, cuidados que la civilizacion multiplica al infinito<a -id="FNanchor_459" href="#Footnote_459" class="fnanchor">[454]</a>. -Bajo este supuesto, el Evangelio ha sido el remedio supremo de las -penalidades de la vida vulgar, un perpétuo <i>sursum corda</i>, una -poderosa distraccion de los míseros cuidados terrenales, un dulce -llamamiento semejante al que Jesús hacia al oido de Marta: «Marta, -Marta, tú te inquietas por muchas cosas, siendo así que una sola es -necesaria.» Gracias á Jesús, la existencia más oscura, más precaria, -más agobiada bajo el peso de tristes ó humillantes deberes, ha podido -refugiarse en un rincon del cielo. El recuerdo de la vida libre de -Galilea ha sido para nuestras af<span class="pagenum" id="Page_114">p. -114</span>anosas civilizaciones como el perfume de otro mundo, como el -fresco «rocío que desciende sobre el monte Hermon<a id="FNanchor_460" -href="#Footnote_460" class="fnanchor">[455]</a>,» y ha impedido á lo -árido y lo vulgar invadir completamente el campo de Dios.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_11"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XI</h2> - <p class="subh2">EL REINO DE DIOS CONCEBIDO COMO EL ADVENIMIENTO - DE LOS POBRES</p> -</div> - -<p>Esas máximas, buenas en un país donde los elementos de la vida se -componian de aire y de luz, y ese dulce comunismo de un grupo de hijos -de Dios, que descansaban confiados en el seno de su padre, podian -convenir á una secta inocente que abrigaba á cada momento la persuasion -de que su utopia iba á realizarse; pero claro es que no podian -arrastrar en pos de sí á la sociedad entera. Muy pronto comprendió -Jesús que al mundo oficial de su época no satisfaria la perspectiva -de su reino. Mas tomó una resolucion atrevida, cual fué dirigirse á -los humildes, prescindiendo de todo aquel mundo de corazon seco y de -mezquinas preocupaciones. Una vasta sustitucion de raza tendrá lugar. -El reino de Dios se ha hecho: 1.º, para los niños y para aquellos -que se les asemejan; 2.º, para los desechados del mundo, víctimas -del rigor social que rechaza al hombre bueno cuando es humilde; 3.º, -para los heréticos y cismáticos, publicanos, samaritanos y paganos -de Tiro y de Sidon. Una parábola enérgica explicaba y legitimaba -ese llamamiento al pueblo<a id="FNanchor_461" href="#Footnote_461" -class="fnanchor">[456]</a>: «Un rey dispuso un gran banquete para -celebrar las bodas de su hijo, y envió á sus servidores á llamar á -los convidados. Mas éstos se excusaron, y áun algunos maltrataron á -los mensajeros. Irritado entónces el Rey, dijo á sus criados: Salid -luégo á las plazas y barrios de la ciudad, y traedme acá cuantos -pobres, y lisiados, y ciegos y cojos halláreis, á fin de que se llene -mi casa. Pues os prometo que n<span class="pagenum" id="Page_115">p. -115</span>inguno de los que ántes fueron convidados probará mi -banquete.»</p> - -<p>El <i>ebionismo</i> puro, es decir, la doctrina de que solamente -los pobres (<i>ebionim</i>) serán salvados, de que el reinado de los -pobres va á llegar, fué, pues, la doctrina de Jesús. «¡Ay de vosotros -los ricos!—decia,—porque ya teneis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros -los que andais hartos! porque sufriréis hambre. ¡Ay de vosotros los -que ahora reis! porque os lamentaréis y lloraréis»<a id="FNanchor_462" -href="#Footnote_462" class="fnanchor">[457]</a>. Y añadia: «Tú, cuando -des una comida, no convides á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á los -parientes ó vecinos ricos; no sea que tambien ellos te inviten á tí, -y te sirva esto de recompensa; sino que cuando hagas un convite has -de convidar á los pobres, y á los tullidos, y á los cojos, y á los -ciegos, y serás afortunado, porque no pueden pagártelo, pues serás -recompensado en la resurreccion de los justos»<a id="FNanchor_463" -href="#Footnote_463" class="fnanchor">[458]</a>. Quizás en un sentido -análogo repetia con frecuencia estas palabras: «Sed buenos banqueros»<a -id="FNanchor_464" href="#Footnote_464" class="fnanchor">[459]</a>, esto -es: «Haced buenas imposiciones para el reino de Dios, dando vuestros -bienes á los pobres, conforme al antiguo proverbio: compadecerse del -pobre es dar prestado á Dios»<a id="FNanchor_465" href="#Footnote_465" -class="fnanchor">[460]</a>.</p> - -<p>Bien mirado, esa doctrina no era completamente nueva. Un movimiento -democrático, el más exaltado que recuerda la historia (y el único -tambien que haya tenido éxito, porque sólo él ha permanecido en el -dominio de la idea pura), agitaba á la raza judáica desde hacia -mucho tiempo. En cada página de los escritos del Antiguo Testamento -se encuentra la idea de que Dios es el vengador del pobre y del -débil contra el rico y el poderoso. No hay sino abrir la historia -de Israel para ver en ella, más que en ninguna otra, al espíritu -popular dominando constantemente. Los profetas, verdaderos tribunos -(y tribunos de extraordinaria audacia, bajo cierto punto de vista), -habian anatematizado siempre á los grandes y establecido estrecha -relacion entre las palabras «rico», «impío», «violento», «malvado», -de una parte, y «pobre», «manso», «humilde», «piadoso», de la otra<a -id="FNanchor_466" href="#Footnote_466" class="fnanchor">[461]</a>. -La asociacion de tales ideas se robusteció considerablemente bajo -los Seleúcidas, en cuya época apostataron y abrazaron el helenismo -casi todos los aristócratas. El libro de Henoch contiene maldiciones -contra el mundo, los ricos y los poderosos, mucho más violentas -que las del Evangelio<a id="FNanchor_467" href="#Footnote_467" -class="fnanchor">[462]</a>. El lujo se considera en él como un -crímen. En ese original apocalípsis, el «Hijo del hombre» destrona -los reyes, los arranca de su<span class="pagenum" id="Page_116">p. -116</span> voluptuosa existencia y los precipita en el infierno<a -id="FNanchor_468" href="#Footnote_468" class="fnanchor">[463]</a>. La -iniciacion de la Judea en los refinamientos de la vida profana, y la -reciente introduccion de un elemento de lujo y bienestar mundanos, -provocaban una furibunda reaccion en favor de la sencillez patriarcal. -«¡Ay de vosotros, los que despreciais la choza y la heredad de -vuestros padres! ¡Ay de vosotros los que construis vuestros palacios -con el sudor de los demás! Cada una de las piedras, cada uno de -los ladrillos que los componen es un pecado»<a id="FNanchor_469" -href="#Footnote_469" class="fnanchor">[464]</a>. El nombre de -«pobre» (<i>ebion</i>) habia llegado á ser sinónimo de «santo» y -de «amigo de Dios.» Ése era el nombre que los discípulos galileos -de Jesús se daban de preferencia; ése fué tambien durante mucho -tiempo el nombre de los cristianos judaizantes de la Batanea y del -Hauran (Nazarenos, Hebreos) que permanecieron fieles á la lengua -y enseñanza primitivas de Jesús y que se enorgullecian de poseer -entre ellos á los descendientes de su familia<a id="FNanchor_470" -href="#Footnote_470" class="fnanchor">[465]</a>. Aquellos pobres -sectarios, ajenos al gran movimiento que arrastró á las otras iglesias, -fueron en el siglo segundo calificados de heréticos (<i>ebionitas</i>), -y hasta se inventó, á fin de explicar su nombre, un pretendido -heresiarca llamado Ebion<a id="FNanchor_471" href="#Footnote_471" -class="fnanchor">[466]</a>.</p> - -<p>Compréndese fácilmente que esa aficion exagerada á la pobreza -no podia ser durable: tal exageracion no era, en realidad, sino un -elemento de utopia semejante á los que se mezclan siempre á las grandes -creaciones, elementos que reduce á su verdadero valor el trascurso -del tiempo. El cristianismo, una vez trasportado á la vasta escena de -la sociedad, debia consentir facilísimamente en poseer riquezas, así -como el budismo, que en su orígen fué del todo monacal, se apresuró -despues á admitir á los seglares, tan pronto como las conversiones -se multiplicaron. Pero nunca desaparece por completo la señal de la -procedencia. El ebionismo, no obstante haber sido olvidado muy luégo, -dejó en toda la historia de las instituciones cristianas una levadura -que no debia perderse. La coleccion de las <i>Logia</i> ó discursos de -Jesús se formó en el medio ebionita de la Batanea<a id="FNanchor_472" -href="#Footnote_472" class="fnanchor">[467]</a>. La «pobreza» continuó -siendo el ideal de los sinceros partidarios de Jesús, la carencia de -toda propiedad el verdadero estado evangélico, y la mendicidad una -virtud, un estado santo. El gran movimiento umbrío del siglo trece, que -entre todos los ensayos de fundacion religiosa es el que más semejanza -tiene con el movimiento galileo, se efectuó en nombre de la pobreza. -Fra<span class="pagenum" id="Page_117">p. 117</span>ncisco de Asís, -el hombre del mundo que más se parece á Jesús por su exquisita bondad -y por su trato delicado y afectuoso, no fué sino un pobre. Las órdenes -mendicantes y las innumerables sectas comunistas de la Edad media -(pobres de Lyon, Begardos, Bongomilos, Fratricellos, Humillados, pobres -evangélicos, etc.), que se agrupaban bajo la bandera del Evangelio -eterno, pretendieron ser, y fueron en efecto, los verdaderos discípulos -de Jesús. Pero áun esta vez los más imposibles sueños de la nueva -religion quedaron infecundos. La mendicidad, que tan sérias inquietudes -causa á nuestras sociedades industriales y administrativas, tuvo en su -dia, y bajo el cielo que le era favorable, poderoso atractivo; ella -ofreció á una multitud de almas dulces y contemplativas el único estado -que podia convenirles. Hacer de la pobreza un objeto de amor y de -codicia, elevar al mendigo sobre el altar, santificar el humilde traje -del hombre del pueblo, es un golpe maestro que tal vez no satisfaga á -la economía política, pero ante el cual no puede el verdadero moralista -permanecer indiferente. Para que la humanidad pueda soportar su pesada -carga, necesita abrigar la creencia de que su paga no consiste sólo -en el precio de su salario:—el mayor servicio que puede hacérsele es -repetirle con frecuencia que no vive únicamente del pedazo de pan que -lleva á sus labios.</p> - -<p>Jesús, como todos los grandes hombres, amaba al pobre y se complacia -en hallarse en contacto con él. En su pensamiento, el Evangelio es para -los pobres, para ellos trae el Mesías la buena nueva de salvacion<a -id="FNanchor_473" href="#Footnote_473" class="fnanchor">[468]</a>. -Sus elegidos eran todos los que el judaismo ortodoxo despreciaba. El -amor del pueblo, la piedad por su impotencia y el sentimiento del jefe -democrático que en sí mismo abriga el espíritu de la muchedumbre, y que -se reconoce como su intérprete natural, traspiran á cada instante en -sus actos y en sus discursos<a id="FNanchor_474" href="#Footnote_474" -class="fnanchor">[469]</a>.</p> - -<p>El grupo de elegidos ofrecia, en efecto, una mezcla de condiciones -cuyo carácter debia sorprender sobremanera á los rigoristas: en -su seno contaba personas que un judío que se respetase en algo no -habria querido tratar<a id="FNanchor_475" href="#Footnote_475" -class="fnanchor">[470]</a>. Y sin embargo, quizás encontraba -Jesús en aquella sociedad fuera de las reglas comunes, mejores -sentimientos y más nobleza de alma que entre las clases pedantes -y formalistas, orgullosas de su aparente moralidad. Á fuerza de -exagerar las prescripciones mosáicas, los fariseos habian llegado -á creer que el trato con personas ménos severas que ellos, bastaba -para mancillarlos;<span class="pagenum" id="Page_118">p. 118</span> -en los convites, casi se descendia á las pueriles distinciones de -castas de la India. Despreciando esas miserables aberraciones del -sentimiento religioso, Jesús se complacia en comer en casa de los -párias de la sociedad judáica<a id="FNanchor_476" href="#Footnote_476" -class="fnanchor">[471]</a>, y tomaba asiento á la mesa junto á -personas de mal vivir, reputacion que tal vez tenía por orígen el -solo hecho de que no participaban de las ridiculeces de los devotos y -mojigatos. Los fariseos y los doctores se escandalizaban de semejante -conducta: ¡Mirad con qué gentes come!—decian.—Jesús les daba entónces -agudas respuestas que exasperaban á los hipócritas: «No son los -que están sanos, sino los enfermos, los que necesitan de médico<a -id="FNanchor_477" href="#Footnote_477" class="fnanchor">[472]</a>»; ó -bien: «¿Quién de vosotros que teniendo cien ovejas y habiendo perdido -una, no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca -de la que ha perdido hasta encontrarla? En hallándola, se la pone -sobre los hombros muy gozoso<a id="FNanchor_478" href="#Footnote_478" -class="fnanchor">[473]</a>»; ó ya: «El hijo del hombre ha venido á -salvar lo que se habia perdido<a id="FNanchor_479" href="#Footnote_479" -class="fnanchor">[474]</a>»; ó ya, en fin: «Porque los pecadores son, -y no los justos, á quienes he venido yo á llamar<a id="FNanchor_480" -href="#Footnote_480" class="fnanchor">[475]</a>». Otras veces respondia -con esa hermosa parábola del hijo pródigo, en que se presenta al que -ha delinquido como acreedor á mayor compasion y cariño que el que -siempre fué justo. Sorprendidas de tanto atractivo y experimentando por -primera vez el dulce encanto de la virtud, mujeres débiles ó culpables -se aproximaban libre y confiadamente al jóven maestro. Los hipócritas -se admiraban de que no las rechazase. «¡Oh!—decian los puritanos,—este -hombre no es profeta, pues si lo fuese conoceria que la mujer que le -toca es una pecadora.» Jesús respondia con la parábola de un acreedor -que perdonó á dos de sus deudores las sumas que le debian: la del uno -era de quinientos denarios, la del otro de cincuenta: ¿cuál de ellos -le estará más agradecido? Sin duda aquel á quien se le perdonó más<a -id="FNanchor_481" href="#Footnote_481" class="fnanchor">[476]</a>. -Jesús apreciaba el estado del alma en proporcion del amor que en ella -se contenia. Las mujeres que por sus faltas experimentaban sentimientos -de humildad y le ofrecian un corazon lleno de lágrimas, estaban más -próximas á entrar en su reino que las naturalezas medianas, las -cuales tienen frecuentemente escaso mérito en no haber delinquido. -Por otra parte, encontrando aquellas almas tiernas un medio de -fácil rehabilitacion al convertirse á la secta, se comprende que se -adhiriesen á su doctrina con el mayor entusiasmo.</p> - -<p>Jesús, no sólo no trataba de acallar las murmuraciones que<span -class="pagenum" id="Page_119">p. 119</span> su desprecio por las -susceptibilidades sociales de la época producia entre los hipócritas, -sino que parece experimentar placer en excitarlas. Nadie proclamó nunca -tan audazmente ese desprecio del «mundo», condicion indispensable -de las grandes cosas y de la grande originalidad. No perdonaba -al rico, sino cuando el rico era á su vez la víctima del desden -social á consecuencia de alguna preocupacion<a id="FNanchor_482" -href="#Footnote_482" class="fnanchor">[477]</a>. Preferia las personas -de vida equívoca y de poca ó ninguna consideracion á los judíos -ortodoxos que aparentaban una conducta irreprochable, á los cuales -decia: «Publicanos y rameras os precederán en el reino de Dios. -Vino Juan: los publicanos y las rameras le creyeron; mas vosotros -ni con ver esto os movisteis á penitencia»<a id="FNanchor_483" -href="#Footnote_483" class="fnanchor">[478]</a>. Compréndese cuán -sangrienta debia ser, para los que afectaban gravedad y rigidez de -principios morales, la reconvencion de no haber seguido el buen ejemplo -de los hombres de mal vivir y de las mujeres de costumbres livianas.</p> - -<p>Jesús no aparentaba autoridad, ántes bien se complacia en tomar -parte en los festejos de casamientos: precisamente uno de sus milagros -fué hecho para amenizar una boda de aldea. En Oriente, las comidas -de boda tienen lugar por la noche; cada convidado lleva un farol ó -lamparilla, y aquel movimiento de luces que van y vienen produce un -efecto muy agradable. Á Jesús le gustaba ese aspecto alegre y animado, -el cual le proporcionaba motivo para deducir de él algunas parábolas<a -id="FNanchor_484" href="#Footnote_484" class="fnanchor">[479]</a>. -Semejante conducta, cuando la comparaban con la de Juan Bautista, -escandalizaba á los devotos<a id="FNanchor_485" href="#Footnote_485" -class="fnanchor">[480]</a>. Un dia en que los discípulos de Juan y -los fariseos guardaban el ayuno, le preguntaron: «¿Cómo es que los -discípulos de Juan ayunan á menudo, y oran, como tambien los de los -fariseos; al paso que los tuyos comen y beben?» Á lo que respondia -Jesús: «¿Por ventura podréis vosotros recabar de los compañeros -del esposo el que ayunen miéntras el esposo está con ellos? Tiempo -vendrá en que el esposo les será arrebatado y entónces ayunarán»<a -id="FNanchor_486" href="#Footnote_486" class="fnanchor">[481]</a>. -Su carácter dulce y alegre se manifestaba continuamente por medio -de reflexiones y bromas amables y festivas: «¿Á quién compararé yo -esta raza de hombres?—decia.—Es semejante á los muchachos sentados en -la plaza que dando voces á sus compañeros dicen: Os hemos entonado -cantares alegres, y no habeis bailado; cantares lúgubres, y no habeis -llorado. Así es que vino Juan, que no come, ni bebe, y dicen: Está -poseido del demon<span class="pagenum" id="Page_120">p. 120</span>io. -Ha venido el Hijo del hombre, que come, y bebe, y dicen: Hé aquí un -gloton y un vinoso, amigo de publicanos y de gente de mala vida. Pero -la sabiduría queda justificada por sus obras»<a id="FNanchor_487" -href="#Footnote_487" class="fnanchor">[482]</a>.</p> - -<p>De este modo recorria la Galilea en medio de una fiesta contínua. -En sus excursiones, Jesús se servia de una mula, animal que constituye -en Oriente buena y segura montura y cuyos negros ojos sombreados de -largas pestañas son de extremada melancolía. Los adeptos desplegaban -algunas veces en torno del maestro una pompa rústica, bien colocando -sus vestidos sobre la mula en que cabalgaba, ó bien extendiéndolos ante -sus pasos á guisa de alfombra<a id="FNanchor_488" href="#Footnote_488" -class="fnanchor">[483]</a>. Cuando entraba Jesús en alguna casa, era -su presencia motivo de regocijo y de bendicion: deteníase de ordinario -en las aldeas y en las granjas, donde hallaba siempre afectuosa -hospitalidad. En Oriente, basta que un extranjero se detenga en una -casa para que en seguida se convierta en un sitio público:—toda la -aldea se reune en ella, la invaden los muchachos, y aunque traten -de alejarlos, vuelven otra vez á la carga. Jesús no podia tolerar -que maltratasen á aquellos cándidos oyentes; atraíalos hácia sí y -los abrazaba con ternura<a id="FNanchor_489" href="#Footnote_489" -class="fnanchor">[484]</a>. Animadas las madres con tal acogida, le -presentaban sus niños de pecho para que los tocase con sus manos<a -id="FNanchor_490" href="#Footnote_490" class="fnanchor">[485]</a>. -Otras mujeres se acercaban á él y derramaban aceite y perfumes -sobre su cabeza y sobre sus piés. En ocasiones, sus discípulos -querian rechazarlas como importunas; pero Jesús, á quien gustaban -las costumbres antiguas y todo lo que indicaba sencillez de -corazon, reparaba cariñosamente la ofensa hecha por sus demasiado -celosos amigos. Protegiendo siempre á los que deseaban honrarle<a -id="FNanchor_491" href="#Footnote_491" class="fnanchor">[486]</a>, se -convertia en el ídolo de los niños y de las mujeres. La reconvencion -que más frecuentemente le dirigian sus enemigos, era que trataba de -separar de sus familias aquellos seres delicados y fáciles de seducir<a -id="FNanchor_492" href="#Footnote_492" class="fnanchor">[487]</a>.</p> - -<p>Así es que en cierto modo la religion naciente fué un movimiento -de mujeres y de niños. Estos últimos formaban al rededor de Jesús -como una guardia infantil en la inauguracion de su inocente reino; -preparábanle pequeñas ovaciones, que no dejaban de complacerle, -llamábanle «hijo de David», gritaban <i>Hosanna</i><a id="FNanchor_493" -href="#Footnote_493" class="fnanchor">[488]</a>, y llevaban palmas -marchando en torno de él. Quizás Jesús, como Savonarola, los dejaba -servir de instrumento á misiones piadosas; de todos modos, no se -mostraba descontento de que aquellos jóvenes apóstoles, que no le<span -class="pagenum" id="Page_121">p. 121</span> comprometian, marchasen -de vanguardia concediéndole títulos que él no osaba proclamar. -Dejábalos, pues, hacer, y cuando le preguntaban si los oia, respondia -de un modo evasivo, que la alabanza que sale de labios inocentes es -la más agradable á Dios<a id="FNanchor_494" href="#Footnote_494" -class="fnanchor">[489]</a>.</p> - -<p>Jesús no desperdiciaba ninguna ocasion de repetir que los -niños deben considerarse como seres sagrados<a id="FNanchor_495" -href="#Footnote_495" class="fnanchor">[490]</a>; que el reino de Dios -pertenece á los pequeñitos<a id="FNanchor_496" href="#Footnote_496" -class="fnanchor">[491]</a>; que para entrar en él es necesario -ser como un niño<a id="FNanchor_497" href="#Footnote_497" -class="fnanchor">[492]</a>, pues como á tal han de recibirle<a -id="FNanchor_498" href="#Footnote_498" class="fnanchor">[493]</a>, -y que el Padre celestial oculta sus designios á los ángeles y se -los revela á los pequeños<a id="FNanchor_499" href="#Footnote_499" -class="fnanchor">[494]</a>. La idea de sus discípulos se confunde casi -en él con la de los niños<a id="FNanchor_500" href="#Footnote_500" -class="fnanchor">[495]</a>. Un dia en que disputaban por cuestiones -de preeminencia, disputas que eran frecuentes entre los discípulos, -Jesús, llamando á sí á un niño, le colocó en medio de ellos y dijo: -«aquí está el mayor; cualquiera, pues, que se humilláre como este -niño, ése será el mayor en el reino de los cielos»<a id="FNanchor_501" -href="#Footnote_501" class="fnanchor">[496]</a>.</p> - -<p>Y en efecto, la infancia era la que en su divina espontaneidad, en -su cándida ofuscacion de gozo, se posesionaba de la tierra. Creíase -á cada instante que iba á amanecer el dia de un reino tan deseado, -y cada cual se veia ya sentado en un trono<a id="FNanchor_502" -href="#Footnote_502" class="fnanchor">[497]</a> junto al maestro. -Repartíanse los puestos<a id="FNanchor_503" href="#Footnote_503" -class="fnanchor">[498]</a> del futuro eden, y se trataba de computar el -tiempo que tardaria su inauguracion. Esto se llamaba la «Buena nueva»; -la doctrina no tenía otro nombre. La antigua palabra <i>paraíso</i>, -que el hebreo, como todas las lenguas de Oriente, habia tomado de -la Persia, y que en un principio sirvió para designar los parques -de los reyes aqueménidas, resumia el sueño de todos, la aspiracion -universal; ¡el paraíso! jardin delicioso, donde se continuaria para -siempre una vida llena de inefables encantos<a id="FNanchor_504" -href="#Footnote_504" class="fnanchor">[499]</a>. ¿Cuánto tiempo duró -aquella embriaguez? Se ignora. Durante el curso de aquella mágica -aparicion, nadie midió el tiempo, así como nadie mide la duracion -de un éxtasis. El vuelo de las horas quedó en suspenso; una semana -fué como un siglo. Pero ya durase años ó meses, aquel ensueño fué -tan hermoso, que despues de él la humanidad ha continuado viviendo -de su recuerdo, y todavía es su debilitado perfume nuestra suprema -consolacion. Nunca dilató el pecho humano un gozo tan puro ni tan -inmenso. En aquel esfuerzo, el más vigoroso que haya hecho la humanidad -para elevarse sobre el barro de nuestro planeta, hubo un momento en -que olvidó los<span class="pagenum" id="Page_122">p. 122</span> -lazos de plomo que la ligan á la tierra y las angustias de la vida. -¡Feliz el que entónces pudo ver la luz de aquella aurora divina, y -participar, siquiera por un dia, de aquella ilusion mágica y sin -igual! Pero ¡más dichoso todavía—nos diria Jesús—el que, libre de toda -ilusion, reproduzca en sí mismo la aparicion celestial, y sin ensueños -milenarios, sin paraíso quimérico, sin otro móvil que la rectitud de -su voluntad y la poesía del alma, sepa crear de nuevo en su corazon el -verdadero reino de Dios!</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_12"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XII</h2> - <p class="subh2">EMBAJADA DE JUAN Á JESÚS — MUERTE DE JUAN — CONEXION - DE SU ESCUELA CON LA DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Miéntras que la risueña Galilea celebraba con festejos la venida -del muy amado, el triste Juan se consumia de impaciencia y deseo en -su prision de Machero. Las doctrinas y el éxito que alcanzaba el -jóven maestro, á quien pocos meses ántes habia visto en las orillas -del Jordan, llegaron hasta él. Decíase que el Mesías anunciado por -los profetas, aquel que debia restaurar el reino de Israel, habia ya -venido, y que sus hechos maravillosos demostraban su presencia en -Galilea. Juan quiso cerciorarse de la veracidad de aquellos rumores, y -como comunicaba libremente con sus discípulos, eligió á dos de ellos -para que fuesen á ver á Jesús<a id="FNanchor_505" href="#Footnote_505" -class="fnanchor">[500]</a>.</p> - -<p>Los dos discípulos encontraron al profeta de Nazareth en el apogeo -de su reputacion, y causóles no poca sorpresa la alegría que reinaba -en derredor suyo. Acostumbrados á los ayunos, á la oracion, á una -vida de aspiraciones y de rigidez, se admiraron al hallarse de pronto -en medio de los regocijos de la bienaventuranza<a id="FNanchor_506" -href="#Footnote_506" class="fnanchor">[501]</a>. En cumplimiento de -su cometido, expusieron á Jesús la causa de su mensaje, diciéndole: -«¿Eres tú el que debia venir? ¿Debemos esperar á otro?» Jesús, que -ya entónces no vacilaba respecto á su papel de Mesías, les<span -class="pagenum" id="Page_123">p. 123</span> enumeró los hechos que -debian caracterizar el advenimiento del reino de Dios, tales como -la cura de las enfermedades y la buena nueva de salvacion anunciada -á los pobres, obras que él ejecutaba. «Dichoso, pues,—añadió,—aquel -que no dudáre de mí.» Ignórase si esta respuesta encontró vivo á -Juan Bautista, y el efecto que ella produjo en el ánimo del austero -asceta. ¿Murió consolado y con la seguridad de que vivia ya aquel que -él anunciára, ó conservó sus dudas respecto á la mision de Jesús? -Nada hay á este respecto que pueda sacarnos de incertidumbre. Sin -embargo, al notar que su escuela se continuó despues durante muchos -años paralelamente á las iglesias cristianas, se inclina uno á creer -que, no obstante su deferencia por Jesús, Juan no le consideró como -aquel que debia realizar las promesas divinas. La muerte vino, por otra -parte, á poner término á sus perplejidades. El martirio debia ser el -digno coronamiento de la carrera inquieta y agitada, y de la indomable -libertad del solitario.</p> - -<p>Las disposiciones indulgentes que Antipas manifestó en un principio -respecto á Juan, no fueron, á lo que parece, de mucha duracion. -Segun la tradicion cristiana, en las entrevistas que Juan tuvo con -el tetrarca, no cesaba de repetirle que su matrimonio era ilícito -y que debia rechazar léjos de sí á Herodías<a id="FNanchor_507" -href="#Footnote_507" class="fnanchor">[502]</a>. No es difícil -imaginarse el ódio inmenso que la nieta de Heródes el Grande debió -concebir contra aquel consejero importuno, y se comprende el afan con -que acecharia la ocasion de perderle.</p> - -<p>Su hija Salomé, fruto de su primer matrimonio, y tan ambiciosa -y disoluta como ella, fué el instrumento de sus designios. Antipas -se encontraba á la sazon (probablemente en el año 30 de la era -cristiana) en la fortaleza de Machero, y era dia del aniversario de su -nacimiento. Heródes el Grande habia construido en el interior de la -fortaleza un magnífico palacio<a id="FNanchor_508" href="#Footnote_508" -class="fnanchor">[503]</a>, en el cual residia algunas veces el -tetrarca. Con el motivo indicado, preparó allí un gran festin, -durante el cual ejecutó Salomé una de esas danzas algo libres que en -Siria no se consideran como impropias de una persona distinguida. -Encantado Antipas de tanta gracia y soltura, preguntó á la bailarina -lo que deseaba, y ésta, obedeciendo á las instigaciones de su madre, -respondió: «La cabeza de Juan sobre esta fuente.» La exigencia no -agradó mucho á Antipas; mas no tuvo fuerza bastante para rehusar. Un -guardia cogió la fuente, fué á degollar al prisionero, y á los pocos -ins<span class="pagenum" id="Page_124">p. 124</span>tantes volvió -á entrar con la sangrienta cabeza del Bautista<a id="FNanchor_509" -href="#Footnote_509" class="fnanchor">[504]</a>.</p> - -<p>Los discípulos de éste obtuvieron su cuerpo y le colocaron en un -sepulcro. El descontento del pueblo fué grande. Seis años despues, -queriendo Hareth reconquistar á Machero y vengar el ultraje hecho á -su hija, atacó á Antipas y le derrotó completamente; el desastre del -tetrarca se consideró entónces como un castigo por la muerte de Juan<a -id="FNanchor_510" href="#Footnote_510" class="fnanchor">[505]</a>.</p> - -<p>Los discípulos del Bautista llevaron á Jesús la noticia -de su suplicio<a id="FNanchor_511" href="#Footnote_511" -class="fnanchor">[506]</a>. El postrer mensaje que Juan envió á -Jesús habia concluido de establecer entre las dos escuelas estrecha -intimidad. Temiendo entónces Jesús que le alcanzase tambien el ódio -de Antipas, tomó algunas precauciones y se retiró al desierto<a -id="FNanchor_512" href="#Footnote_512" class="fnanchor">[507]</a>. -Siguiéronle allí muchas personas, y gracias á una extremada frugalidad, -el santo rebaño pudo vivir en aquellos eriales, circunstancia que -despues se tomó naturalmente por un milagro<a id="FNanchor_513" -href="#Footnote_513" class="fnanchor">[508]</a>. Á partir de aquel -momento, Jesús no habló de Juan sin manifestar profunda admiracion. -Declaraba sin vacilar<a id="FNanchor_514" href="#Footnote_514" -class="fnanchor">[509]</a> que el Bautista era más que un profeta; -que la Ley, de igual modo que los profetas antiguos, no habia tenido -fuerza sino hasta él<a id="FNanchor_515" href="#Footnote_515" -class="fnanchor">[510]</a>; que Juan los habia abrogado, pero que á -su vez le abrogaria el reino del cielo. Y en fin, le asignaba en la -economía del misterio cristiano un puesto de honor, convirtiéndole como -en el lazo de union entre el Antiguo Testamento y el advenimiento del -nuevo reino.</p> - -<p>El profeta Malaquías, cuya opinion respecto á esto se realzó -entónces extraordinariamente<a id="FNanchor_516" href="#Footnote_516" -class="fnanchor">[511]</a>, habia anunciado con grande insistencia -un precursor del Mesías, que debia preparar á los hombres al -acontecimiento final; una especie de mensajero enviado á la tierra -para facilitar el camino al elegido de Dios. Este mensajero no -era otro que el profeta Elías, quien, segun la creencia general, -iba muy pronto á descender del cielo, adonde habia subido, á fin -de reconciliar á Dios con su pueblo y de hacer que los hombres se -preparasen al grande acontecimiento por medio de la penitencia<a -id="FNanchor_517" href="#Footnote_517" class="fnanchor">[512]</a>. -Al nombre de Elías asociaban algunas veces el del patriarca -Henoch, al cual se atribuia, desde hacia uno ó dos siglos, alto -grado de santidad, ó bien el de Jeremías<a id="FNanchor_518" -href="#Footnote_518" class="fnanchor">[513]</a>, á quien se consideraba -como al genio protector del pueblo, ocupado siempre en rogar por -él ante el trono de Dios<a id="FNanchor_519" href="#Footnote_519" -class="fnanchor">[514]</a>. La idea de que dos antiguos profetas -deben resucitar para servir de precursores al Mesías, se halla de una -manera tan sorprendente en la doctrina de los Parsis, que se inclina -uno á admitir la hipótesis<span class="pagenum" id="Page_125">p. -125</span> de que los israelitas la tomaron de allí<a id="FNanchor_520" -href="#Footnote_520" class="fnanchor">[515]</a>. Sea como quiera, ella -formaba en la época de Jesús parte integrante de las teorías judáicas. -Todo el mundo creia que la aparicion de dos «testigos infieles», -<i>vestidos de hábitos de penitencia</i>, serviria de prólogo al -gran drama que iba á desarrollarse con asombro del universo<a -id="FNanchor_521" href="#Footnote_521" class="fnanchor">[516]</a>.</p> - -<p>Abrigando semejantes ideas, compréndese que Jesús y sus discípulos -no vacilasen respecto á la mision de Juan. Cuando los escribas -les objetaban que áun no podia tratarse de Mesías en razon á que -Elías no habia venido<a id="FNanchor_522" href="#Footnote_522" -class="fnanchor">[517]</a>, les contestaban afirmativamente, -diciendo que Elías habia venido; que Juan era Elías resucitado<a -id="FNanchor_523" href="#Footnote_523" class="fnanchor">[518]</a>. -En efecto, Juan, por su género de vida, por su oposicion á los -gobiernos políticos, recordaba aquella figura original y terrible de -la antigua historia de Israel<a id="FNanchor_524" href="#Footnote_524" -class="fnanchor">[519]</a>. Jesús no cesaba de encarecer los méritos -y la excelencia de su precursor. Decia que entre los hijos de los -hombres no habia nacido uno más grande, y anatematizaba á los -fariseos y á los doctores por no haber aceptado su bautismo, por no -haberse convertido á su voz<a id="FNanchor_525" href="#Footnote_525" -class="fnanchor">[520]</a>.</p> - -<p>Los discípulos de Jesús permanecieron fieles á esos principios -del maestro. El respeto á Juan fué una tradicion constante en la -primera generacion cristiana<a id="FNanchor_526" href="#Footnote_526" -class="fnanchor">[521]</a>; supúsosele pariente de Jesús<a -id="FNanchor_527" href="#Footnote_527" class="fnanchor">[522]</a>, -y para fundar la mision de éste sobre un testimonio de todos -admitido, se dijo que Juan, desde la primera entrevista con Jesús, -le proclamó por el Mesías; que se reconoció inferior á él é indigno -de desatar las cintas de sus sandalias; y que en un principio rehusó -bautizarle, sosteniendo que él debia ser bautizado por Jesús<a -id="FNanchor_528" href="#Footnote_528" class="fnanchor">[523]</a>. -Tales exageraciones quedan plenamente refutadas por la forma dubitativa -del último mensaje de Juan<a id="FNanchor_529" href="#Footnote_529" -class="fnanchor">[524]</a>. Sin embargo, en un sentido más general, el -Bautista permaneció en la leyenda cristiana siendo lo que en realidad -fué, esto es, el austero cenobita que prepara el camino á la nueva -era, el triste predicador de penitencias ántes de las alegrías que -traerá consigo la llegada del esposo, el profeta que anuncia el reino -de Dios y muere ántes de verle. Aquel gigante de los orígenes del -cristianismo, aquel comedor de langostas y de miel silvestre, aquel -rígido enderezador de entuertos, fué el ajenjo que preparó los labios -á las dulzuras del reino de Dios. La víctima de Herodías abrió la era -de los mártires cristianos, siendo el primer testimonio de la nueva -conciencia. Los mundanos reconocieron en él su verdadero enemigo y -no pudieron tolerar su vida:<span class="pagenum" id="Page_126">p. -126</span> su cadáver mutilado y tendido sobre el umbral del -cristianismo, trazó la sangrienta via por donde tantos mártires habrian -de pasar despues de él.</p> - -<p>La escuela de Juan no se extinguió con la muerte de su fundador: -separada de la de Jesús, vivió algun tiempo, hallándose al principio -en buena armonía con la de aquél. Varios años despues de la muerte de -ambos maestros se practicaba todavía el bautismo juanista. Algunas -personas pertenecian simultáneamente á las dos escuelas, entre otras, -el célebre Apolos, el rival de San Pablo (hácia el año 50), y un gran -número de cristianos de Éfeso<a id="FNanchor_530" href="#Footnote_530" -class="fnanchor">[525]</a>. Josefo ingresó (año 53) en la escuela de -un asceta llamado Banú, que tiene gran semejanza con Juan Bautista y -que tal vez habia sido su discípulo. Aquel Banú<a id="FNanchor_531" -href="#Footnote_531" class="fnanchor">[526]</a> vivia en el desierto, -formaban su vestido hojas de árboles, alimentábase de plantas ó de -frutas silvestres, y lo mismo de dia que de noche, se bautizaba -frecuentemente, á fin de purificarse. Santiago, aquel á quien se -llamaba el «hermano del Señor» (quizás hay aquí alguna confusion de -homónimos), observaba tambien un ascetismo análogo<a id="FNanchor_532" -href="#Footnote_532" class="fnanchor">[527]</a>. Algunos años despues -(hácia el 80), el bautismo estuvo en lucha abierta con el cristianismo, -particularmente en el Asia Menor. Juan el Evangelista le combate -de una manera embozada<a id="FNanchor_533" href="#Footnote_533" -class="fnanchor">[528]</a>. Uno de los poemas sibilinos proviene, -á lo que parece, de aquella escuela. En cuanto á las sectas de -Hemerobatistas, Baptistas y Elcaitas (<i>Sabiens</i>, <i>Mogtasila</i> -de los escritores árabes)<a id="FNanchor_534" href="#Footnote_534" -class="fnanchor">[529]</a>, que se propagaron por Siria, Palestina -y Babilonia en el siglo segundo, y cuyos restos subsisten aún entre -los Mandeitas llamados «cristianos de San Juan», sin duda tuvieron el -mismo orígen que el movimiento del Bautista y no debe considerárselas -como la descendencia auténtica de Juan. La verdadera escuela de éste, -medio confundida con el cristianismo, llegó á mirarse como una herejía -cristiana y se extinguió oscuramente. Juan vió sin duda hácia qué -parte se inclinaba el porvenir. Si hubiese obedecido á una rivalidad -mezquina, su nombre yaceria hoy en el olvido entre la muchedumbre -de los sectarios de su época. Su abnegacion le condujo á la gloria, -dándole un puesto único en el panteon religioso de la humanidad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_13"> - <p><span class="pagenum" id="Page_127">p. 127</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIII</h2> - <p class="subh2">PRIMERAS TENTATIVAS SOBRE JERUSALEN</p> -</div> - -<p>Jesús, casi todos los años iba á Jerusalen á la fiesta de la -Pascua. Los pormenores de cada uno de aquellos viajes son poco -conocidos, porque los sinópticos no hablan de ellos<a id="FNanchor_535" -href="#Footnote_535" class="fnanchor">[530]</a>, y las notas del -cuarto evangelio son muy oscuras respecto á este particular<a -id="FNanchor_536" href="#Footnote_536" class="fnanchor">[531]</a>. -Lo cierto es, segun parece, que el año 35, y seguramente despues de -la muerte de Juan, fué cuando tuvo lugar la más importante de las -residencias de Jesús en la capital. Muchos discípulos le siguieron. -Aunque entónces Jesús daba poca importancia á la peregrinacion, se -sometió á ella por no lastimar la opinion judía, con la que no habia -roto aún abiertamente. Por otra parte, esos viajes entraban en sus -proyectos; porque comprendia ya que para representar un papel de primer -órden era preciso salir de Galilea y atacar el judaismo en su plaza -fuerte, que era Jerusalen.</p> - -<p>La pequeña comunidad de Galilea estaba bastante fuera de su centro -en la capital. Jerusalen, poco más ó ménos, era entónces lo mismo que -es hoy dia, una ciudad de pedantismo, de acrimonia, de disputas, de -odios y de nimiedades de ingenio. El fanatismo era allí extremado, -y muy frecuentes las sediciones religiosas. Los fariseos imperaban -en ella; el estudio de la Ley, llevado á las más insignificantes -pequeñeces y reducido á cuestiones de casuística, era la única -enseñanza. Aquella cultura exclusivamente teológica y canónica no -contribuia en nada á ilustrar los entendimientos. Tenía algo de -semejante á la estéril doctrina del faquir musulman, á esa ciencia -fútil que se agita al rededor de una mezquita, disipacion considerable -de tiempo y de dialéctica del todo vana, sin que la buena disciplina -del entendimiento se aproveche de ella. La educacion teológica del -clero moderno, aunque árida, no puede dar idea alguna de aquélla; -porque el Renacimiento ha introducido en todas nuestras enseñanzas, -áun en las más rebeldes, una parte de bellas letras y de buen método, -que ha hecho que la escolástica tome más ó ménos una tintura de<span -class="pagenum" id="Page_128">p. 128</span> humanidades. La ciencia -del doctor judío, del <i>sofer</i> ó escriba, era puramente bárbara, -absurda sin compensacion, desprovista de todo elemento moral<a -id="FNanchor_537" href="#Footnote_537" class="fnanchor">[532]</a>. -Para colmo de desgracia, llenaba de un ridículo orgullo á todo el que -se empeñaba en abrazarla. Orgulloso del pretendido saber que tanto -trabajo le costára, el escriba judío sentia por la cultura griega el -mismo desprecio que el sabio musulman de nuestros dias experimenta por -la civilizacion europea, y que el antiguo teólogo católico tenía por el -saber de las gentes del mundo. Es propio de esas culturas escolásticas -el alejar el espíritu de todo lo delicado, el no apreciar sino las -difíciles nimiedades en cuya adquisicion se ha gastado la existencia, -considerándolas como la obligacion de las personas que hicieron -profesion de gravedad.</p> - -<p>Aquel mundo odioso no podia ménos de oprimir gravemente las almas -sensibles y delicadas del Norte. El desprecio de los Hierosolimitanos -hácia los Galileos hacia la separacion aún más inaccesible. En aquel -magnífico templo, objeto de todos sus deseos, no encontraban sino -afrenta. Un versículo del salmo de los peregrinos<a id="FNanchor_538" -href="#Footnote_538" class="fnanchor">[533]</a>: «He preferido quedarme -á la puerta de la casa de mi Dios» parece hecho exprofesamente para -ellos. Un sacerdote desdeñoso sonreia de su inocente devocion, -casi como en otro tiempo en Italia el clero, familiarizado con los -santuarios, presenciaba indiferente y burlon quizás, el fervor del -peregrino que de léjos habia venido. Los Galileos hablaban un dialecto -bastante corrompido: su pronunciacion viciosa, confundiendo las -diversas aspiraciones, hacia que resaltasen <i>quid pro quos</i> que -excitaban no poco la hilaridad<a id="FNanchor_539" href="#Footnote_539" -class="fnanchor">[534]</a>.</p> - -<p>En religion se los tenía por ignorantes y poco ortodoxos: la frase -«simple Galileo» se habia hecho proverbial. Se creia (y no sin razon) -que la sangre judáica estaba entre ellos muy mezclada, y se tenía por -axioma que la Galilea no podia producir un profeta<a id="FNanchor_540" -href="#Footnote_540" class="fnanchor">[535]</a>. Llevados así al -último extremo del judaismo, y casi fuera de él, los pobres Galileos -no contaban con otra cosa para reanimar sus esperanzas, sino con -un pasaje de Isaías bastante mal interpretado<a id="FNanchor_541" -href="#Footnote_541" class="fnanchor">[536]</a>:</p> - -<p>«¡Tierra de Zabulon y tierra de Nefthalí, camino del mar, Galilea de -los gentiles! El pueblo que marchaba en la oscuridad ha visto una gran -luz; el sol se ha levantado para los que se hallaban sumidos en las -tinieblas.»</p> - -<p>La reputacion que gozaba la ciudad natalicia de Jesús era<span -class="pagenum" id="Page_129">p. 129</span> particularmente -detestable. Hubo un proverbio popular que decia: «¿Acaso de Nazareth -puede salir cosa buena?»<a id="FNanchor_542" href="#Footnote_542" -class="fnanchor">[537]</a>.</p> - -<p>La completa aridez de la naturaleza en los alrededores de Jerusalen -debia acabar de disgustar á Jesús. Sus valles no tienen agua; el suelo -es árido y pedregoso. Cuando se clava la vista en la depresion del -mar Muerto se experimenta algo de embriagador: fuera de ese lugar, -todo es monótono. Sólo la colina de Mizpa, con sus recuerdos de la más -antigua historia de Israel, atrae las miradas. La ciudad presentaba -en tiempo de Jesús casi el mismo aspecto que hoy dia. No poseia ni el -más pequeño monumento antiguo, porque hasta los Asmoneos, los judíos -permanecieron extraños á todas las artes: Juan Hircano comenzó á -embellecerla, y Heródes el Grande hizo de ella una de las más suntuosas -ciudades de Oriente. Las construcciones herodianas rivalizaban con -las mejores de la antigüedad por su carácter grandioso, lo perfecto -de la ejecucion y la belleza de los materiales. Un crecido número de -sepulcros, de un gusto original, se elevaba hácia el mismo tiempo en -los alrededores de Jerusalen<a id="FNanchor_543" href="#Footnote_543" -class="fnanchor">[538]</a>. El estilo de aquellos monumentos era el -griego, pero amoldado al uso de los judíos y notablemente modificado -segun sus principios. Los ornamentos de escultura viva, que los -Heródes se permitieron, con gran disgusto de los rigoristas, fueron -desterrados, reemplazándolos por una decoracion vegetal. El gusto -de los antiguos moradores de la Fenicia y de la Palestina por los -monumentos monolitos tallados en piedra viva parecia renacer en -aquellos singulares sepulcros abiertos en las rocas y en los que los -órdenes griegos están caprichosamente aplicados á una arquitectura de -trogloditas. Jesús, que consideraba las obras de arte como una pompa -fútil de la vanidad, vió todos aquellos monumentos con disgusto<a -id="FNanchor_544" href="#Footnote_544" class="fnanchor">[539]</a>. Su -absurdo espiritualismo y su opinion inmutable de que la figura del -viejo mundo debia desaparecer, le quitaron el gusto para todo lo que no -tocaba al corazon.</p> - -<p>El templo, en la época de Jesús, era todo nuevo, y sus obras -exteriores aún no se habian concluido. Heródes habia hecho que su -reconstruccion empezase el año 20 ó 21 ántes de la era cristiana, -para ponerle al nivel de sus otros edificios. La nave del templo -se acabó en diez y ocho meses, y los pórticos en ocho años<a -id="FNanchor_545" href="#Footnote_545" class="fnanchor">[540]</a>; -pero las partes accesorias continuaron poco á poco, no terminándose -sino poco tiempo ántes de la toma de Jerusalen<a id="FNanchor_546" -href="#Footnote_546" class="fnanchor">[541]</a>. Jesús vió trabajar -prob<span class="pagenum" id="Page_130">p. 130</span>ablemente en él, -no sin cierto disgusto interior. Aquellas esperanzas de un porvenir -durable eran una especie de insulto á su próximo advenimiento. Más -perspicaz que los incrédulos y fanáticos, comprendia que aquellas -magníficas construcciones estaban llamadas á gozar una corta duracion<a -id="FNanchor_547" href="#Footnote_547" class="fnanchor">[542]</a>.</p> - -<p>Por lo demás, el templo formaba un conjunto maravillosamente -conmovedor, y cuyo <i>haram</i> actual<a id="FNanchor_548" -href="#Footnote_548" class="fnanchor">[543]</a>, á pesar de su -belleza, puede apénas dar una idea. Las galerías y pórticos que le -cercaban servian ordinariamente de punto de reunion á una muchedumbre -considerable, y aquel vasto sitio era á la vez el templo, el foro, -el tribunal y la universidad. Todas las discusiones religiosas -de las escuelas judías, todas las enseñanzas canónicas, hasta -las mismas causas civiles y criminales, en una palabra, toda la -actividad de la nacion se concentraba allí<a id="FNanchor_549" -href="#Footnote_549" class="fnanchor">[544]</a>. Aquél era un choque -contínuo de argumentos, un palenque de disputas, oyéndose por todas -partes sofismas y cuestiones sutiles. El templo tenía, pues, mucha -semejanza con una mezquita musulmana. Llenos de miramiento en aquella -época hácia las religiones extranjeras, cuando éstas permanecian -en su propio territorio<a id="FNanchor_550" href="#Footnote_550" -class="fnanchor">[545]</a>, los romanos se prohibian la entrada en -el santuario; inscripciones griegas y latinas marcaban el punto -hasta dónde era permitido llegar á los no judíos<a id="FNanchor_551" -href="#Footnote_551" class="fnanchor">[546]</a>. Pero la torre -Antonia, cuartel general de la fuerza romana, dominaba todo el -recinto, permitiendo observar lo que pasaba allí<a id="FNanchor_552" -href="#Footnote_552" class="fnanchor">[547]</a>.</p> - -<p>El cuidado material del templo estaba á cargo de los judíos; un -capitan del templo tenía su mayordomía, haciendo abrir y cerrar las -puertas é impidiendo que se atravesara su circuito llevando baston -en la mano, con el calzado sucio ó con paquetes, ó pasar por él -para acortar el camino<a id="FNanchor_553" href="#Footnote_553" -class="fnanchor">[548]</a>. Se vigilaba sobre todo escrupulosamente -para que nadie entrase en los pórticos interiores en estado de impureza -legal. Las mujeres tenian una tribuna completamente separada.</p> - -<p>Allí fué donde Jesús pasaba sus dias durante el tiempo que -permanecia en Jerusalen. La época de las fiestas hacia concurrir á -aquella ciudad un inmenso gentío. Reunidos en una misma habitacion -diez ó veinte personas, los peregrinos lo invadian todo, viviendo -en ese hacinamiento desordenado, que tanto agrada en Oriente<a -id="FNanchor_554" href="#Footnote_554" class="fnanchor">[549]</a>. -Jesús se confundia entre la muchedumbre, y sus pobres galileos -agrupados en su derredor hacian poco efecto. Presentia, sin duda, -que aquél era un mundo hostil para él, que no lo acogeria si<span -class="pagenum" id="Page_131">p. 131</span>no con desprecio. Todo -lo que veia le disgustaba. El templo, como en general todos los -parajes de devocion demasiado frecuentados, ofrecia un aspecto poco -edificante. El servicio del culto llevaba consigo un número de -detalles, sobre todo operaciones mercantiles, á consecuencia de las -cuales se establecieron verdaderas tiendas en el sagrado circuito. -Allí se vendian reses para los sacrificios, y se encontraban mesas -para facilitar el cambio de la moneda: á veces se hubiera tomado -aquello por un bazar. Los ínfimos empleados del templo llenaban sin -duda su mision con la vulgaridad irreligiosa de los sacristanes de -todas las edades. Aquel aire profano é indiferente en el manejo de -las cosas santas heria el sentimiento religioso de Jesús, llevado, á -veces, hasta el escrúpulo<a id="FNanchor_555" href="#Footnote_555" -class="fnanchor">[550]</a>. Decia que de la casa del Señor habian -hecho una cueva de ladrones. Un dia, cuentan que se dejó llevar de -la cólera, y que dió de latigazos á aquellos mercaderes innobles, -tirando por tierra sus mesas<a id="FNanchor_556" href="#Footnote_556" -class="fnanchor">[551]</a>. En general, gustaba poco del templo: el -culto que concibió por su Padre, nada tenía que ver con las sangrientas -escenas de los sacrificios. Todas aquellas rancias instituciones -judías le disgustaban, y sufria al verse obligado á consentirlas. -Así pues, el templo y su local no inspiraron sentimientos piadosos, -en el seno del cristianismo, sino á los cristianos judaizantes. Los -verdaderos hombres nuevos sintieron aversion por aquel antiguo lugar -sagrado. Constantino y los primeros emperadores cristianos dejaron -subsistir donde estaban las construcciones paganas de Adriano<a -id="FNanchor_557" href="#Footnote_557" class="fnanchor">[552]</a>. -Sólo fueron los enemigos del cristianismo, como Juliano, los que -pensaron en aquel paraje<a id="FNanchor_558" href="#Footnote_558" -class="fnanchor">[553]</a>. Cuando Omar entró en Jerusalen, el -lugar del templo fué profanado de intento en ódio á los judíos<a -id="FNanchor_559" href="#Footnote_559" class="fnanchor">[554]</a>.</p> - -<p>El Islam, es decir, una especie de resurreccion del judaismo, en -toda su forma exclusivamente semítica, fué el que le devolvió sus -honores. Aquel lugar fué siempre anti-cristiano.</p> - -<p>El orgullo de los judíos acababa de descontentar á Jesús y de -hacerle penosa la permanencia en Jerusalen. Á medida que las grandes -ideas de Israel se fortalecian, el sacerdocio se humillaba. La -institucion de las sinagogas dió al intérprete de la Ley, al doctor, -una grande superioridad sobre el sacerdote. No existian sacerdotes -sino en Jerusalen, y áun allí mismo, limitados á las funciones -simplemente rituales, casi como nuestros sacerdotes de parroquia, -excluido<span class="pagenum" id="Page_132">p. 132</span>s de la -predicacion, estaban pospuestos al orador de la sinagoga, al casuista, -al <i>sofer</i> ó escriba, por más lego que fuese este último. Los -hombres célebres del Talmud no son sacerdotes; son sabios segun las -ideas del tiempo. El alto sacerdocio de Jerusalen gozaba, en verdad, -de un rango muy elevado en la nacion, pero no estaba en manera -alguna á la cabeza del movimiento religioso. El sumo pontífice, cuya -autoridad habia sido ya deshonrada por Heródes<a id="FNanchor_560" -href="#Footnote_560" class="fnanchor">[555]</a>, se convertia cada vez -más en un funcionario romano<a id="FNanchor_561" href="#Footnote_561" -class="fnanchor">[556]</a>, que se mudaba frecuentemente para -que muchos se aprovechasen del empleo. En contraposicion de -los fariseos, celosos seglares muy exaltados, casi todos los -sacerdotes eran saduceos, es decir, miembros de aquella aristocracia -incrédula que se formó al rededor del templo, viviendo del altar y -teniendo en él su vanidad<a id="FNanchor_562" href="#Footnote_562" -class="fnanchor">[557]</a>. La casta sacerdotal se habia separado hasta -tal punto del sentimiento nacional y de la gran direccion religiosa que -conducia al pueblo, que el nombre de «saduceo» (<i>sadoki</i>), que -designaba de antemano solamente á un miembro de la familia sacerdotal -de Sadok, vino á ser sinónimo de «materialista» y de «epicúreo».</p> - -<p>Pero aún vino un elemento peor, despues del reinado de Heródes el -Grande, á corromper el alto sacerdocio. Habiéndose Heródes enamorado -de Mariana, hija de un tal Simon, hijo éste de Boethus de Alejandría, -y habiendo querido casarse con ella (hácia el año 28 ántes de J. C.), -no encontró otro medio para ennoblecer al padre de su futura y elevarle -hasta él, que hacerle gran sacerdote. Aquella intrigante familia -permaneció dueña del soberano pontificado durante treinta y cinco -años, casi sin interrupcion<a id="FNanchor_563" href="#Footnote_563" -class="fnanchor">[558]</a>. Estrechamente ligada á la familia -reinante, no se separó de él sino despues que fué depuesto Arquelao, -volviéndose á apoderar del pontificado (el año 42 de nuestra era) -despues que Heródes Agrippa rehizo por algun tiempo la obra de Heródes -el Grande. Bajo el nombre de <i>Boethusim</i><a id="FNanchor_564" -href="#Footnote_564" class="fnanchor">[559]</a>, se formó así una -nueva nobleza sacerdotal, muy mundana, muy poco devota, que casi -se confundió con los Sadokitas. Los <i>Boethusim</i>, en el Talmud -y en los escritos rabínicos, están presentados como dos especies -de incrédulos, y siempre cerca de los saduceos<a id="FNanchor_565" -href="#Footnote_565" class="fnanchor">[560]</a>. De todo esto resultó -al rededor del templo una especie de córte de Roma, viviendo de la -política, poco dada á los excesos de celo, áun esquivándolos, no -queriendo oir hablar de personajes santos, de innovadores, porque -se apro<span class="pagenum" id="Page_133">p. 133</span>vechaba -de la rutina establecida. Estos sacerdotes epicúreos no tenian la -violencia de los fariseos; sólo querian el reposo: su frivolidad -moral y su fria irreligion hacian sublevarse á Jesús; y aunque -diferentes en sí, le eran de igual modo antipáticos. Pero extranjero -y sin crédito, debia guardar para sí, durante bastante tiempo, su -disgusto y no comunicar sus sentimientos sino á la sociedad íntima -que le acompañaba. Ántes de la última residencia, más larga con -mucho que todas las que permaneció en Jerusalen, y que terminó por -su muerte, Jesús ensayó, no obstante, hacerse escuchar. Predicó; -se habló de él; se ocuparon de ciertos actos que consideraban como -milagrosos. Pero de todo esto no resultó ni el establecimiento de una -iglesia en Jerusalen, ni un número de discípulos hierosolimitanos. -El elocuente doctor que perdonaba á todos con tal que le amasen, no -debia encontrar eco en un santuario de disputas vanas y de sacrificios -arraigados. Sólo consiguió con esto algunas buenas relaciones, de las -que más tarde recogió el fruto. No es de suponer que entónces trabase -conocimiento con la familia de Bethania que le prodigó, en medio de -las pruebas de sus últimos meses, tantos consuelos. Pero desde el -principio llamó la atencion de un tal Nicodemo, rico fariseo, miembro -del sanedrin, y muy considerado en Jerusalen<a id="FNanchor_566" -href="#Footnote_566" class="fnanchor">[561]</a>. Ese hombre, que -parecia honrado y de buena fe, se sintió arrastrado hácia el jóven -galileo. No queriendo comprometerse, fué á verle de noche y tuvo con -él una larga conferencia<a id="FNanchor_567" href="#Footnote_567" -class="fnanchor">[562]</a>. De ella guardó, sin duda, una -favorable impresion, porque más tarde defendió á Jesús contra las -prevenciones de sus cofrades<a id="FNanchor_568" href="#Footnote_568" -class="fnanchor">[563]</a>, y, á la muerte de Jesús, volvemos á -hallarle prodigando piadosos cuidados al cadáver del maestro<a -id="FNanchor_569" href="#Footnote_569" class="fnanchor">[564]</a>. -Nicodemo no se hizo cristiano; creyó que su posicion se lo impedia en -un momento revolucionario, en que la religion no contaba aún prosélitos -ilustres. Pero evidentemente prodigó gran amistad á Jesús dispensándole -servicios, aunque sin poder arrancarle á una muerte cuyo decreto, á la -época en que llegamos, estaba como escrito.</p> - -<p>En cuanto á los doctores célebres de su tiempo, no parece que Jesús -tuviera relaciones con ellos. Hillel y Schammai habian muerto: la mayor -autoridad de la época era Gamaliel, nieto de Hillel, inteligencia clara -y hombre de mundo, dedicado á los estudios profanos, y acostumbrado á -la tolerancia por su comercio con la alta sociedad<a id="FNanchor_570" -href="#Footnote_570" class="fnanchor">[565]</a>. Al reves de los -fariseos, muy severos, que caminaban envueltos en un velo ó<span -class="pagenum" id="Page_134">p. 134</span> con los ojos cerrados, él -miraba á las mujeres, sin exceptuar á las paganas<a id="FNanchor_571" -href="#Footnote_571" class="fnanchor">[566]</a>. La tradicion le -excusó, así como haber sabido el griego, porque le acercaba á la -córte. Despues de la muerte de Jesús manifestó sobre la nueva -secta miras muy templadas<a id="FNanchor_572" href="#Footnote_572" -class="fnanchor">[567]</a>. San Pablo salió de su escuela<a -id="FNanchor_573" href="#Footnote_573" class="fnanchor">[568]</a>. Pero -es muy probable que Jesús jamás entró en ella.</p> - -<p>Un pensamiento al ménos que Jesús sacó de Jerusalen, y que desde -entónces parecia arraigarse en él, fué que no habia pacto posible -con el antiguo culto judío; la abolicion de los sacrificios, que -le causaron tanto disgusto; la supresion de un sacerdocio impío y -altanero, y hasta cierto punto la abrogacion de la ley, le parecieron -de absoluta necesidad.</p> - -<p>Á partir de ese momento, se coloca, no como reformador judío, -sino como destructor del judaismo. Algunos partidarios de las ideas -mesiánicas habian admitido ya que el Mesías sería el portador -de una nueva Ley, comun á toda la tierra<a id="FNanchor_574" -href="#Footnote_574" class="fnanchor">[569]</a>. Los Esenios, que -apénas eran judíos, parecian ser tambien indiferentes al templo y -á las observancias mosáicas. Pero sólo eran atrevimientos aislados -y no consentidos. Jesús fué el primero que se atrevió á decir -que á partir de él, ó mejor á partir de Juan<a id="FNanchor_575" -href="#Footnote_575" class="fnanchor">[570]</a>, la Ley no existia -ya. Si alguna vez empleaba términos más discretos<a id="FNanchor_576" -href="#Footnote_576" class="fnanchor">[571]</a>, era por no chocar -abiertamente con las preocupaciones admitidas. Cuando le ponian -en el disparador, descorria todos los velos y declaraba que la -Ley no tenía ninguna fuerza. Á propósito de esto, se valia de -enérgicas comparaciones: «Nadie á un vestido viejo echa un remiendo -de paño nuevo; tampoco echa nadie vino nuevo en cueros viejos»<a -id="FNanchor_577" href="#Footnote_577" class="fnanchor">[572]</a>.</p> - -<p>Hé ahí en la práctica, su acto de maestro y de creador. Aquel templo -excluyó de su seno los no judíos por medio de carteles afrentosos. -Jesús rechaza el templo. Aquella Ley estrecha, dura, sin caridad, no se -hizo sino para los hijos de Abraham. Jesús pretende que todo hombre de -buena voluntad, todo hombre que le acoja y le ame es hijo de Abraham<a -id="FNanchor_578" href="#Footnote_578" class="fnanchor">[573]</a>. El -orgullo de la sangre le parecia el enemigo capital que debia combatir. -Jesús, en otros términos, no es ya un judío. Es revolucionario al -más alto grado; llama á todos los hombres á un culto fundado sobre -su sola cualidad de hijos de Dios. Proclama los derechos del hombre, -no los derechos del judío; la religion del hombre, no la religion -del judío; la salvacion del hombre, no la salvacion del judío<a -id="FNanchor_579" href="#Footnote_579" class="fnanchor">[574]</a>. ¡Ah, -cuán léjos estamos de un Júdas Gaulonita, de u<span class="pagenum" -id="Page_135">p. 135</span>n Matías Margaloth, predicando la revolucion -en nombre de la Ley! La religion de la humanidad, establecida, no sobre -la sangre, sino sobre el corazon, queda fundada. Se ha ido más allá -que Moisés; el templo no tiene ya razon de ser, y es irrevocablemente -condenado.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_14"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIV</h2> - <p class="subh2">RELACIONES DE JESÚS CON LOS GENTILES - Y LOS SAMARITANOS</p> -</div> - -<p>Consecuente á estos principios, Jesús despreciaba todo lo que no -era la religion del corazon. Las vanas prácticas de los devotos<a -id="FNanchor_580" href="#Footnote_580" class="fnanchor">[575]</a> -y el rigorismo exterior, que espera alcanzar la salvacion por -medio de mojigaterías, hallaban en él un enemigo mortal. Se -cuidaba poco del ayuno<a id="FNanchor_581" href="#Footnote_581" -class="fnanchor">[576]</a> y preferia el perdon de una ofensa -á los sacrificios<a id="FNanchor_582" href="#Footnote_582" -class="fnanchor">[577]</a>. El amor de Dios, la caridad, el perdon -recíproco, hé ahí toda su ley<a id="FNanchor_583" href="#Footnote_583" -class="fnanchor">[578]</a>; nada ménos sacerdotal que esto. El -sacerdote, por su estado, induce siempre al sacrificio público, del -cual es el ministro obligado, y disuade de la oracion privada, que es -un medio de no necesitar de él. En vano se buscará en el Evangelio una -práctica religiosa recomendada por Jesús. El bautismo sólo tiene para -él una importancia secundaria<a id="FNanchor_584" href="#Footnote_584" -class="fnanchor">[579]</a>; y en cuanto á la oracion, nada establece, -sino que se haga de corazon.</p> - -<p>Muchos, como sucede siempre, creyeron reemplazar por el buen deseo -de las almas débiles el verdadero amor del bien, y se imaginaron -ganar el reino del cielo diciéndole: «<i>Señor, Señor.</i>» Jesús -los rechazaba proclamando que su religion era el hacer bien<a -id="FNanchor_585" href="#Footnote_585" class="fnanchor">[580]</a>. -Frecuentemente citaba el pasaje de Isaías: «Este pueblo me honra con -sus labios, pero su corazon está léjos de mí»<a id="FNanchor_586" -href="#Footnote_586" class="fnanchor">[581]</a>.</p> - -<p>El sábado era el punto capital sobre el que se elevaba el<span -class="pagenum" id="Page_136">p. 136</span> edificio de los -escrúpulos y de las sutilezas farisáicas. Aquella excelente y antigua -institucion vino á ser un pretexto de mezquinas disputas de casuitas -y una causa perenne de supersticiosas creencias<a id="FNanchor_587" -href="#Footnote_587" class="fnanchor">[582]</a>. Se creia que la -naturaleza guardaba su observancia; todos los manantiales intermitentes -pasaban por «sabáticos»<a id="FNanchor_588" href="#Footnote_588" -class="fnanchor">[583]</a>. Éste era tambien el punto sobre que -Jesús se complacia en retar á sus adversarios<a id="FNanchor_589" -href="#Footnote_589" class="fnanchor">[584]</a>. Quebrantaba -abiertamente el sábado, y no respondia á los cargos que se le hacian, -sino por medio de sátiras ingeniosas. Con mayor motivo despreciaba una -porcion de preceptos modernos, que la tradicion habia añadido á la -Ley, y que, por la misma razon, eran más apreciados de los devotos. -Las abluciones, las diferencias demasiado sutiles de las cosas puras ó -impuras no encontraban en él compasion ni misericordia. «¿Podeis lavar -vuestra alma de esa manera?—les decia:—No mancilla al hombre lo que -come, sino lo que sale de su corazon.»</p> - -<p>Los fariseos, propagadores de esas hipócritas nimiedades, eran el -blanco á que se dirigian todos sus tiros. Los acusaba de exagerar la -Ley, de inventar preceptos imposibles, á fin de crear á los hombres -ocasiones de pecar. «Ciegos, lazarillos de ciegos,—decia,—cuidado con -caer en el hoyo.»—«Raza de víboras,—añadia en secreto,—no hablan sino -del bien, pero en su interior son malvados; desmienten el proverbio: -“La boca no vierte sino lo que rebosa el corazon”<a id="FNanchor_590" -href="#Footnote_590" class="fnanchor">[585]</a>.» Jesús no conocia -bastante á los gentiles para pensar establecer sobre su conversion -alguna cosa sólida. La Galilea contaba gran número de paganos, pero no, -á lo que parece, un culto organizado y público de los falsos dioses<a -id="FNanchor_591" href="#Footnote_591" class="fnanchor">[586]</a>. -Jesús pudo ver desplegarse este culto en todo su esplendor en el -país de Tyro y de Sidon, en Cesárea de Filipo y en la Decápola. De -todo eso hizo poco caso. Jamás se encuentra en él ese pedantismo -insoportable de los judíos de su época, esas declamaciones contra la -idolatría tan familiares á sus correligionarios, á partir de Alejandro, -y de que está lleno, por ejemplo, el libro de la «Sabiduría»<a -id="FNanchor_592" href="#Footnote_592" class="fnanchor">[587]</a>. Lo -que le chocaba en los paganos no era su idolatría, sino su servilismo<a -id="FNanchor_593" href="#Footnote_593" class="fnanchor">[588]</a>. -El jóven demócrata judío, hermano en esto de Júdas el Gaulonita, -no reconociendo por dueño sino á Dios, se agraviaba de los honores -que se tributaban á la persona de los soberanos y de los títulos -frecuentemente falaces que se les prodigaban. Excepto en esto, -en la mayor parte de las circunstancias<span class="pagenum" -id="Page_137">p. 137</span> en que se encontraba con los paganos -mostraba con ellos una gran indulgencia; á veces parecia concebir -más esperanzas sobre ellos que sobre los judíos<a id="FNanchor_594" -href="#Footnote_594" class="fnanchor">[589]</a>. El reino de Dios les -será transferido. «Cuando un propietario está descontento de aquel -á quien ha alquilado su viña, la arrienda á otros labradores que le -paguen los frutos á su tiempo»<a id="FNanchor_595" href="#Footnote_595" -class="fnanchor">[590]</a>. Jesús debia mantenerse tanto más en esta -opinion, cuanto que la conversion de los gentiles era, segun las ideas -judías, una de las señales más ciertas de la venida del Mesías<a -id="FNanchor_596" href="#Footnote_596" class="fnanchor">[591]</a>. -En su reino de Dios hace sentar al festin, al lado de Abraham, de -Isaac y de Jacob, hombres originarios de todas partes, miéntras que -rechaza á los herederos legítimos del reino<a id="FNanchor_597" -href="#Footnote_597" class="fnanchor">[592]</a>. Cierto es que -frecuentemente se cree hallar en las órdenes que da á sus discípulos -una tendencia del todo contraria: parece recomendarles que no prediquen -la salvacion sino solamente á los judíos ortodoxos<a id="FNanchor_598" -href="#Footnote_598" class="fnanchor">[593]</a>, y habla de los -paganos de una manera conforme á las prevenciones de los judíos<a -id="FNanchor_599" href="#Footnote_599" class="fnanchor">[594]</a>. -Pero es necesario acordarse de que los discípulos, cuyo escaso -entendimiento no se avenia á esa gran indiferencia por la cualidad de -hijos de Abraham, pudieron muy bien hacer doblegar las instituciones -del maestro en el sentido de sus propias ideas. Por otra parte, es muy -posible que Jesús variase respecto á este punto de la misma manera -que Mahoma habla de los judíos en el Coran, tan pronto del modo más -conveniente como con una extrema dureza, segun espera ó no atraerlos -hácia sí. La tradicion, en efecto, concede á Jesús dos reglas de -proselitismo enteramente contrarias y que pudo practicar sucesivamente: -«Quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es;—el que no está -por mí, contra mí está»<a id="FNanchor_600" href="#Footnote_600" -class="fnanchor">[595]</a>. Esta especie de contradicciones ocasiona, -casi necesariamente, una lucha apasionada.</p> - -<p>Lo cierto es, que entre sus discípulos contaba diferentes personas -de las que los judíos designaban con el nombre de «Helénicos»<a -id="FNanchor_601" href="#Footnote_601" class="fnanchor">[596]</a>. Esta -palabra tenía en Palestina muy diversas significaciones. Unas veces -se designaba con ella á los paganos, otras á los judíos que hablaban -griego y vivian entre aquéllos<a id="FNanchor_602" href="#Footnote_602" -class="fnanchor">[597]</a>, otras á las personas de orígen pagano -convertidas al judaismo<a id="FNanchor_603" href="#Footnote_603" -class="fnanchor">[598]</a>. Lo probable es que Jesús encontrase más -simpatías en esta última clase de Helénicos<a id="FNanchor_604" -href="#Footnote_604" class="fnanchor">[599]</a>. La afiliacion al -judaismo tenía muchos grados, pero los prosélitos permanecian siempre -en un estado de inferioridad con respecto al judío de nacimiento. Los -que nos ocupan al<span class="pagenum" id="Page_138">p. 138</span> -presente eran llamados «prosélitos de la puerta» ó «personas timoratas -de Dios», que se sometian á los preceptos de Noé, y no á los mosáicos<a -id="FNanchor_605" href="#Footnote_605" class="fnanchor">[600]</a>. Esa -misma inferioridad era sin duda alguna la causa que los acercaba á -Jesús y les valia su estimacion.</p> - -<p>De la misma manera obraba con los samaritanos. Cercada como un -islote entre las dos grandes provincias del judaismo (la Judea y la -Galilea), la Samaria formaba en Palestina una especie de territorio -ó distrito, donde se conservaba el antiguo culto del Garizim, -hermano y rival del de Jerusalen. Aquella pobre secta, que no tenía -ni el genio ni la sábia organizacion del judaismo propiamente -dicho, era tratada por los hierosolimitanos con extremada dureza<a -id="FNanchor_606" href="#Footnote_606" class="fnanchor">[601]</a>. -Los que á ella pertenecian eran considerados por el mismo prisma -que los paganos, concediéndoles un grado de mayor desprecio<a -id="FNanchor_607" href="#Footnote_607" class="fnanchor">[602]</a>. -Jesús, por una especie de oposicion, estaba animado en su favor. -Muchas veces prefiere los samaritanos á los judíos ortodoxos. Si -en algunas ocasiones parece prohibir á sus discípulos que vayan á -predicarles, reservando su Evangelio para los israelitas puros<a -id="FNanchor_608" href="#Footnote_608" class="fnanchor">[603]</a>, -es sin duda un precepto hijo de las circunstancias, al cual los -apóstoles dieron un sentido demasiado absoluto. Algunas veces los -samaritanos le recibian mal, suponiéndole imbuido en las preocupaciones -de sus correligionarios<a id="FNanchor_609" href="#Footnote_609" -class="fnanchor">[604]</a>; del mismo modo que en nuestros dias, -el europeo despreocupado es para los musulmanes un enemigo á -quien siempre se cree cristiano fanático. Jesús sabía colocarse -por cima de esos errores<a id="FNanchor_610" href="#Footnote_610" -class="fnanchor">[605]</a>. Tuvo muchos discípulos en Sichem, -donde pasó dos dias<a id="FNanchor_611" href="#Footnote_611" -class="fnanchor">[606]</a>. En cierta situacion, no encuentra ni -gratitud, ni verdadera piedad, sino en casa de un samaritano<a -id="FNanchor_612" href="#Footnote_612" class="fnanchor">[607]</a>. -Una de sus mejores parábolas es la del hombre herido en el camino -de Jericó. Un sacerdote pasa, le ve y prosigue su camino. Un levita -pasa y no se detiene. Un samaritano le compadece, se acerca á él, -derrama aceite en sus heridas y las venda<a id="FNanchor_613" -href="#Footnote_613" class="fnanchor">[608]</a>. Jesús deduce de esto -que la verdadera fraternidad se establece entre los hombres por la -caridad y no por la fe religiosa.</p> - -<p>El «prójimo», que en el judaismo era sobre todo el correligionario, -es para él el hombre que tiene piedad de sus semejantes, sin distincion -de sectas. La fraternidad humana en el sentido más lato rebosaba en -todas sus lecciones.</p> - -<p>Estos pensamientos, que asediaban á Jesús á su salida de Jerusalen, -encontraron su viva expresion en una anécdota qu<span class="pagenum" -id="Page_139">p. 139</span>e ha sido conservada respecto á su regreso. -El camino de Jerusalen, en Galilea, pasa á una media hora de Sichem<a -id="FNanchor_614" href="#Footnote_614" class="fnanchor">[609]</a> -delante de la explanada del valle que dominan los montes Ebal y -Garizim. Los peregrinos judíos evitaban en general aquel camino, -prefiriendo en sus viajes dar el gran rodeo de la Perea más bien que -exponerse á las vejaciones de los samaritanos ó á pedirles alguna -cosa. Estaba prohibido comer y beber con ellos<a id="FNanchor_615" -href="#Footnote_615" class="fnanchor">[610]</a>; el axioma de -algunos casuistas era «que un pedazo de pan de los samaritanos -es carne de puerco»<a id="FNanchor_616" href="#Footnote_616" -class="fnanchor">[611]</a>. Cuando se emprendia aquel camino, se -hacian, pues, de antemano las provisiones; y áun así raramente se -evitaban las pendencias y los malos tratamientos<a id="FNanchor_617" -href="#Footnote_617" class="fnanchor">[612]</a>. Jesús no participaba -ni de aquellos escrúpulos, ni de esos temores. Cuando hubo llegado al -punto del camino en que hácia la izquierda se abre el valle de Sichem, -se sintió fatigado y se detuvo cerca de un pozo. Los samaritanos -tenian, lo mismo entónces que hoy en dia, la costumbre de poner á -todos los parajes de sus valles, nombres sacados de los recuerdos -patriarcales; aquel pozo le miraban como dado á José por Jacob; -probablemente era el mismo que áun hoy dia se llama <i>Bir-Iakoub</i>. -Los discípulos entraron en el valle y fueron á la ciudad á comprar -provisiones; Jesús se sentó en el borde del pozo, teniendo á su vista á -Garizim.</p> - -<p>Era mediodía próximamente. Una mujer de Sichem vino á sacar agua. -Jesús la pidió de beber, lo cual la asombró muchísimo, porque los -judíos se prohibian de ordinario todo comercio con los samaritanos. -Subyugada por la plática de Jesús, la mujer reconoció en él un -profeta, y esperando sin duda reconvenciones acerca de su culto, tomó -la delantera, diciendo: «Señor, nuestros padres adoraron sobre esta -montaña, miéntras que vosotros decís que en Jerusalen está el lugar -donde se debe adorar.»—«Mujer, créeme á mí, le respondió Jesús:—ya -llega el tiempo en que ni en este monte ni en Jerusalen adoraréis al -Padre; ya llega el tiempo en que los verdaderos adoradores le adorarán -en espíritu y en verdad»<a id="FNanchor_618" href="#Footnote_618" -class="fnanchor">[613]</a>.</p> - -<p>El dia en que pronunció esa frase fué verdaderamente hijo de -Dios, diciendo por vez primera la palabra sobre la cual descansará -el edificio de la religion eterna. Con ella fundó el culto puro, sin -fecha, sin patria; el culto que practicarán las almas elevadas hasta -el fin de los siglos. Desde aquel dia, no solamente su religion fué -la religion de la humanidad, sino la absoluta; y si en otros planetas -hay habitantes dotados <span class="pagenum" id="Page_140">p. -140</span>de razon y de moralidad, su religion no puede ser diferente -de la que Jesús proclamó junto al pozo de Jacob. El hombre no ha -podido permanecer en ella, porque lo ideal no se alcanza sino por un -momento. La palabra de Jesús fué un relámpago en una noche oscura; han -sido necesarios mil ochocientos años para que los ojos de la humanidad -(es decir, de una parte sumamente ínfima de la humanidad) se hayan -habituado á ella. Pero el relámpago se convertirá en luz permanente, -y despues de haber recorrido todos los círculos de los errores, la -humanidad volverá á esa palabra, como á la expresion inmortal de su fe -y de sus esperanzas.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_15"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XV</h2> - <p class="subh2">PRINCIPIO DE LA LEYENDA DE JESÚS — IDEA QUE TIENE ÉL - MISMO DE SU MISION SOBRENATURAL</p> -</div> - -<p>Cuando Jesús volvió á Galilea, no conservaba en su corazon ni -un átomo de fe judía, y entónces se le ve lleno de entusiasmo -revolucionario, expresando sus ideas con perfecta claridad. Los -inocentes aforismos de su primera edad profética, tomados en -parte de la doctrina de los rabinos anteriores á él, y las bellas -predicaciones morales de su segundo período, se han convertido en una -política decisiva. La Ley quedará abolida, y es él quien la abolirá<a -id="FNanchor_619" href="#Footnote_619" class="fnanchor">[614]</a>. -El Mesías ha venido, y no es otro que él, Jesús; el reino de Dios se -revelará bien pronto á los hombres, y es él quien habrá de revelarle. -Jesús sabe que será víctima de su atrevimiento; pero el reino de -Dios no puede ser conquistado sin violencia; debe establecerse por -medio de las conmociones y de las penalidades<a id="FNanchor_620" -href="#Footnote_620" class="fnanchor">[615]</a>. El «Hijo del hombre» -vendrá despues de su muerte, lleno de gloria y en compañía de legiones -de ángeles, á confundir á aquellos que le rechazaron.</p> - -<p>No debe sorprendernos la audacia de semejante concepcion.<span -class="pagenum" id="Page_141">p. 141</span> Desde hacia mucho tiempo, -Jesús se consideraba respecto á Dios, como un hijo respecto á su padre. -Lo que en otros habria sido vanidad insoportable, no debe mirarse en él -como un atentado.</p> - -<p>El primer título que aceptó fué el de «Hijo de David», y -probablemente le aceptó sin recurrir á los inocentes fraudes por medio -de los cuales se trató de asegurársele. Segun parece, la familia de -David se habia extinguido desde hacia mucho tiempo<a id="FNanchor_621" -href="#Footnote_621" class="fnanchor">[616]</a>; los Asmoneos no -pretendieron jamás atribuirse tal descendencia; y ni á Heródes ni á -los romanos les pasó por la mente el que existiese en torno de ellos -un representante de los derechos de la antigua dinastía. Pero desde -el fin de los Asmoneos, todas las imaginaciones deliraban con un -descendiente desconocido de los antiguos reyes, el cual vengaria á la -nacion de sus enemigos. La creencia general era que el Mesías sería -hijo de David, y que, como él, naceria en Bethlehem<a id="FNanchor_622" -href="#Footnote_622" class="fnanchor">[617]</a>. Sin duda no fué éste -el primer sentimiento de Jesús; el recuerdo de David, que preocupaba -á la mayoría del pueblo judío, nada tenía de comun con su reino -celestial. Creíase hijo de Dios y no de David; su reino y el rescate -que meditaba, eran de otra especie muy distinta. Pero respecto á esto, -la opinion general violentó hasta cierto punto sus intenciones. La -consecuencia inmediata de esta proposicion: «Jesús es el Mesías», era -esta otra: «Jesús es hijo de David.» Así, pues, dejóse dar un título, -sin el cual no podia prometerse éxito alguno, y concluyó, á lo que -parece, por adoptarle con el mayor gusto, puesto que se apresuraba á -ejecutar los milagros que se le pedian, interpelándole de ese modo<a -id="FNanchor_623" href="#Footnote_623" class="fnanchor">[618]</a>. -Verdad es que en esto, como en otras várias circunstancias de su vida, -Jesús no hizo sino amoldarse á las ideas que más boga alcanzaban en -su tiempo, aunque aquellas ideas no fuesen precisamente las suyas. Á -su dogma del «reino de Dios» asociaba todo cuanto podia contribuir á -enardecer el corazon y la imaginacion del pueblo. Así es como le hemos -visto adoptar el bautismo de Juan, ceremonia que en rigor no debia -importarle gran cosa.</p> - -<p>Una grave dificultad se presentaba respecto al título mencionado, -cual era su nacimiento en Nazareth, circunstancia conocida de todo -el mundo. ¿Tuvo Jesús que luchar contra esta objecion? Se ignora. -Quizás este inconveniente no se presentó nunca en Galilea, en cuya -comarca no se hallaba muy extendida la idea de que el hijo de David -habia de<span class="pagenum" id="Page_142">p. 142</span> ser un -bethlehemmitano. Para el idealista galileo, el título de Hijo de -David estaba, por otra parte, suficientemente justificado con tal de -que aquel á quien se le concediese, realzase la gloria de su raza -é hiciera lucir dias de ventura en el oriente de Israel. ¿Autorizó -Jesús con su silencio las genealogías ficticias que sus partidarios -imaginaron para probar su régia estirpe?<a id="FNanchor_624" -href="#Footnote_624" class="fnanchor">[619]</a>. ¿Tuvo noticia -de las leyendas inventadas para hacerle nacer en Bethlehem, y en -particular del rodeo de que se valieron para relacionar su orígen -bethlehemmitano con el empadronamiento que se verificó por órden del -legado imperial Quirinus?<a id="FNanchor_625" href="#Footnote_625" -class="fnanchor">[620]</a>. Nada se sabe. La incertidumbre y -las contradicciones de las genealogías<a id="FNanchor_626" -href="#Footnote_626" class="fnanchor">[621]</a> hacen creer que -fueron el resultado de un trabajo popular que se operaba en -diversos puntos, y que ninguna de ellas fué sancionada por Jesús<a -id="FNanchor_627" href="#Footnote_627" class="fnanchor">[622]</a>, -el cual no se designa jamás como hijo de David. Ménos ilustrados que -él, sus discípulos exageraban á menudo sus palabras, sin que Jesús -tuviera muchas veces conocimiento de aquellas exageraciones. Añadamos -que, durante los tres primeros siglos de nuestra era, considerables -fracciones del cristianismo<a id="FNanchor_628" href="#Footnote_628" -class="fnanchor">[623]</a> negaron con obstinacion la descendencia -régia de Jesús y la autenticidad de las tales genealogías.</p> - -<p>Su leyenda era, pues, el fruto de una gran conspiracion -completamente espontánea, y se elaboraba á su alrededor áun ántes -de su muerte. Todos los grandes acontecimientos de la historia han -dado lugar á un ciclo de fábulas más ó ménos inverosímiles, y aunque -Jesús hubiese querido, no le habria sido fácil sustraerse á esas -creaciones populares. Una vista un poco sagaz habria podido reconocer -desde entónces el gérmen de los relatos que debian atribuirle un -nacimiento sobrenatural, bien en virtud de la idea, muy general entre -los antiguos, de que ningun hombre extraordinario puede nacer de las -relaciones comunes entre ambos sexos; bien para responder á un capítulo -mal interpretado de Isaías<a id="FNanchor_629" href="#Footnote_629" -class="fnanchor">[624]</a>, en el cual creian ver que el Mesías -naceria de una vírgen; bien, en fin, como consecuencia de la idea -de que el «Hálito de Dios», erigido ya en hipóstasis divina, es un -principio de fecundidad<a id="FNanchor_630" href="#Footnote_630" -class="fnanchor">[625]</a>. Tal vez circulaba ya respecto á su infancia -más de una anécdota concebida con la intencion de demostrar en su -biografía el cumplimiento del ideal mesiánico<a id="FNanchor_631" -href="#Footnote_631" class="fnanchor">[626]</a>, ó, mejor dicho, -de las profecías que la exegésis alegórica de la época enlazaba -con el Mesías. Otras veces supónesele relacionado desde la cuna -con hombres célebres, tales como Juan Bau<span class="pagenum" -id="Page_143">p. 143</span>tista, Heródes el Grande, astrólogos caldeos -que, segun dicen, hicieron por aquel tiempo un viaje á Jerusalen<a -id="FNanchor_632" href="#Footnote_632" class="fnanchor">[627]</a>, -y por último, con dos ancianos, Simeon y Anna, que habian dejado -recuerdos de gran santidad<a id="FNanchor_633" href="#Footnote_633" -class="fnanchor">[628]</a>. Á todas esas combinaciones, fundadas -en su mayor parte sobre hechos verdaderos, aunque desfigurados<a -id="FNanchor_634" href="#Footnote_634" class="fnanchor">[629]</a>, -presidia una cronología bastante tímida. Pero en todas esas -fábulas resaltaba un espíritu de dulzura y bondad y un sentimiento -completamente popular, que hacia de ellas como un suplemento -de la predicacion<a id="FNanchor_635" href="#Footnote_635" -class="fnanchor">[630]</a>. Esos relatos se propagaron de un modo -extraordinario despues de la muerte de Jesús; sin embargo, puede -creerse que ya circulaban en vida del maestro, no encontrando sino una -piadosa credulidad y una cándida admiracion.</p> - -<p>Lo que de todos modos se halla fuera de duda es, que Jesús no pensó -nunca en hacerse pasar por una encarnacion de Dios. Esta idea era -completamente extraña al espíritu judáico, y ningun indicio de ella -se encuentra en los evangelios de los sinópticos<a id="FNanchor_636" -href="#Footnote_636" class="fnanchor">[631]</a>; sólo se halla -indicada en algunas partes del evangelio de Juan, el cual no puede -aceptarse como el eco del pensamiento de Jesús. Y áun este mismo -evangelista parece tomar de cuando en cuando sus precauciones para -rechazar semejante doctrina<a id="FNanchor_637" href="#Footnote_637" -class="fnanchor">[632]</a>. La acusacion de que Jesús se proclama Dios -ó el igual de Dios se presenta, áun en el evangelio de Juan, como -una calumnia de los judíos<a id="FNanchor_638" href="#Footnote_638" -class="fnanchor">[633]</a>. En el último evangelio, Jesús declara -que es inferior á su Padre<a id="FNanchor_639" href="#Footnote_639" -class="fnanchor">[634]</a>, y en otras partes confiesa que su Padre -no se lo ha revelado todo<a id="FNanchor_640" href="#Footnote_640" -class="fnanchor">[635]</a>. Cree, sí, que es algo más que un -hombre extraordinario, aunque separado de Dios por una distancia -inmensa. Jesús es hijo de Dios; pero todos los hombres lo son ó -pueden llegar á serlo en grados diferentes<a id="FNanchor_641" -href="#Footnote_641" class="fnanchor">[636]</a>. Dios es el padre -á quien debe llamarse con ese nombre cada dia, á cada momento, -y todos los resucitados serán hijos suyos<a id="FNanchor_642" -href="#Footnote_642" class="fnanchor">[637]</a>. La filiacion divina -se atribuia en el Antiguo Testamento á seres que de ningun modo se -trataba de igualar con Dios<a id="FNanchor_643" href="#Footnote_643" -class="fnanchor">[638]</a>. En los idiomas semíticos, así como en -el lenguaje del Nuevo Testamento, se da á la palabra «hijo» un -sentido sumamente lato<a id="FNanchor_644" href="#Footnote_644" -class="fnanchor">[639]</a>. Además, la idea que Jesús forma del hombre -no es esa idea humilde que introdujo despues un glacial deismo. En -su poética concepcion de la naturaleza, un hálito único penetra el -universo; Dios habita en el hombre, vive en él, de igual manera -que el hombre habita en Dios y vive en Dios<a id="FNanchor_645" -href="#Footnote_645" class="fnanchor">[640]</a>. El eminente -idealismo de Jesús no le permitió nunca tene<span class="pagenum" -id="Page_144">p. 144</span>r una idea bien clara de su propia -personalidad:—Él es su Padre, y su Padre es él; vive en sus discípulos, -está con ellos en todas partes<a id="FNanchor_646" href="#Footnote_646" -class="fnanchor">[641]</a>, y él y sus discípulos son uno, así -como su Padre y él no son sino una misma cosa<a id="FNanchor_647" -href="#Footnote_647" class="fnanchor">[642]</a>. Para él, la idea es -el todo; el cuerpo, que forma la distincion de las personas, no es -nada.</p> - -<p>De este modo, el título de «Hijo de Dios», ó de «Hijo»<a -id="FNanchor_648" href="#Footnote_648" class="fnanchor">[643]</a> -sencillamente, llegó á ser para Jesús un título análogo al de «Hijo del -hombre», y, como éste, sinónimo de «Mesías»; pero con la diferencia -de que él se llamaba á sí mismo «Hijo del hombre» y de que nunca hizo -uso, á lo que parece, de la palabra «Hijo de Dios»<a id="FNanchor_649" -href="#Footnote_649" class="fnanchor">[644]</a>. El título de «Hijo -del hombre» expresaba su cualidad de juez; el de «Hijo de Dios» su -poder y su participacion en los supremos designios. Ese poder no -tiene límites; su Padre le ha conferido ámplias facultades para todo, -hasta para cambiar el sábado<a id="FNanchor_650" href="#Footnote_650" -class="fnanchor">[645]</a>. Nadie conoce al Padre sino por él<a -id="FNanchor_651" href="#Footnote_651" class="fnanchor">[646]</a>. -El Padre le ha trasmitido exclusivamente el derecho de juzgar<a -id="FNanchor_652" href="#Footnote_652" class="fnanchor">[647]</a>. -La naturaleza le obedece, pero tambien obedece á cualquiera -que cree y ora, porque la fe lo puede todo<a id="FNanchor_653" -href="#Footnote_653" class="fnanchor">[648]</a>. Es menester recordar -que ni en la mente de Jesús, ni en la de aquellos que le escuchaban, -no habia ninguna idea, respecto á las leyes de la naturaleza, capaz -de marcar el límite de lo imposible. Los testigos de sus milagros dan -gracias á Dios por haber concedido á los hombres semejante potestad<a -id="FNanchor_654" href="#Footnote_654" class="fnanchor">[649]</a>. -Jesús perdona los pecados<a id="FNanchor_655" href="#Footnote_655" -class="fnanchor">[650]</a>, y es superior á David, á Abraham, á -Salomon y á los profetas<a id="FNanchor_656" href="#Footnote_656" -class="fnanchor">[651]</a>. Ignoramos bajo qué forma y de qué manera -se producian esas afirmaciones. Jesús no debe ser juzgado por la regla -de nuestras mezquinas conveniencias. La admiracion de sus discípulos -sacaba sus ideas fuera del cauce primitivo, y es evidente que ya -no le satisfacia el título de <i>rabbí</i> con que en un principio -se contentara; áun el título mismo de profeta ó de enviado de Dios -no respondia ya á su pensamiento. Atribuíase la posicion de un sér -sobrenatural y queria que se le considerase respecto á Dios en una -relacion más inmediata, más íntima que los demás. Pero es necesario -tener presente que las palabras «sobrehumano» y «sobrenatural», -tomadas de nuestra mezquina fraseología, carecian de sentido en la -elevada conciencia religiosa de Jesús. La naturaleza y el desarrollo -de la humanidad no eran para él reinos limitados fuera de Dios, -no eran ruines realidades sujetas á las leyes de un desesperante -empirismo. Para él no habia sobrenatural, porque<span class="pagenum" -id="Page_145">p. 145</span> no habia naturaleza. Embriagado de amor -infinito, olvidaba la pesada cadena que retiene cautivo al espíritu, y -franqueaba de un solo salto el abismo, para muchos infranqueable, que -la pobreza de las facultades humanas traza entre el hombre y Dios.</p> - -<p>No puede negarse que en esas afirmaciones de Jesús se hallaba -ya el gérmen de la doctrina que debia luégo convertirle en -hipóstasis divina<a id="FNanchor_657" href="#Footnote_657" -class="fnanchor">[652]</a>, identificándole con el Verbo, ó -en «segundo Dios»<a id="FNanchor_658" href="#Footnote_658" -class="fnanchor">[653]</a>, ó en hijo mayor de Dios<a -id="FNanchor_659" href="#Footnote_659" class="fnanchor">[654]</a>, ó -en <i>ángel metatrono</i><a id="FNanchor_660" href="#Footnote_660" -class="fnanchor">[655]</a>, doctrina que la teología judáica creaba -tambien por su parte<a id="FNanchor_661" href="#Footnote_661" -class="fnanchor">[656]</a>. Á fin de corregir el extremado rigor del -antiguo monoteismo, aquella teología experimentaba la necesidad de -colocar cerca de Dios un asesor, en el cual delegase el Padre eterno -el gobierno del universo. La creencia de que ciertos hombres eran -encarnaciones de facultades ó de «potencias» divinas se hallaba muy -generalizada; por aquella misma época habia entre los Samaritanos -un taumaturgo, llamado Simon, á quien se identificaba con la -«gran virtud de Dios»<a id="FNanchor_662" href="#Footnote_662" -class="fnanchor">[657]</a>. Desde hacia casi dos siglos, los -entendimientos especulativos del judaismo tendian á personificar ó, -mejor dicho, á formar personas diferentes de los atributos divinos y de -ciertas expresiones que se relacionaban con la divinidad. El «Hálito de -Dios», de que frecuentemente se hace mérito en el Antiguo Testamento, -se consideraba como un sér aparte, llamado <i>Espíritu Santo</i>. De -igual manera la «Sabiduría de Dios» y la «palabra de Dios» llegan á -ser personas que existen por sí mismas. El gérmen del procedimiento -fué, pues, el que engendró los <i>Sephiroth</i> de la cábala, los -<i>Æons</i> del gnosticismo, las hipóstasis cristianas, toda esa árida -mitología que consiste en abstracciones personificadas, y á la cual -tiene que recurrir el monoteismo cuando quiere introducir en Dios la -multiplicidad.</p> - -<p>Jesús parece haber permanecido extraño á esos teológicos -refinamientos, que muy pronto debian llenar el mundo de estériles -disputas. La teoría metafísica del Verbo, tal como se encuentra -en los escritos de su contemporáneo Filon, en los <i>Targums</i> -caldeos, y hasta en el libro de la «Sabiduría»<a id="FNanchor_663" -href="#Footnote_663" class="fnanchor">[658]</a>, no traspira ni en las -<i>Logia</i> de Matheo, ni en general en ninguno de los sinópticos, -intérpretes tan auténticos de las palabras de Jesús. En efecto, nada -tenía de comun con el mesianismo la doctrina del Verbo; ni el Verbo -de Filon, ni el de los Targums es el Mesías. Los que despues trataron -de<span class="pagenum" id="Page_146">p. 146</span> probar que Jesús -era el Verbo y crearon en este sentido toda una nueva teología, muy -diferente de la del reino de Dios, fueron Juan el evangelista ó los -discípulos de su escuela<a id="FNanchor_664" href="#Footnote_664" -class="fnanchor">[659]</a>. El papel esencial del Verbo es el de -creador y de providencia; esto supuesto, Jesús no pretendió jamás -haber creado el mundo, ni mucho ménos gobernarle. Su mision será -juzgarle, renovarle. El atributo esencial que Jesús se atribuye, el -que le conceden todos los primeros cristianos, es el de presidente del -juicio final del género humano<a id="FNanchor_665" href="#Footnote_665" -class="fnanchor">[660]</a>. Hasta entónces, permanece sentado -á la diestra de Dios como su <i>Metatrono</i>, como su primer -ministro y futuro vengador<a id="FNanchor_666" href="#Footnote_666" -class="fnanchor">[661]</a>. El Cristo de las bóvedas bizantinas, juez -del mundo, sentado en medio de apóstoles semejantes á él y superiores -á los ángeles, que no hacen sino asistir y servir, es la exacta -representacion figurada de esa concepcion del «Hijo del hombre», cuyos -primeros rasgos aparecen ya fuertemente indicados en el Libro de -Daniel.</p> - -<p>De todos modos, el rigor de una escolástica discurrida no se -hallaba en semejante órden de cosas. El conjunto de ideas que -acabamos de exponer formaba en el ánimo de los discípulos un sistema -tan inseguro, que hacen obrar al Hijo de Dios, á esa especie de -division de la divinidad, como si fuera un hombre ni más ni ménos -que los otros. Jesús es tentado por el demonio, ignora muchas cosas -y corrige ó rectifica sus propias palabras<a id="FNanchor_667" -href="#Footnote_667" class="fnanchor">[662]</a>; se muestra abatido, -desanimado, pide á su padre que le evite la amargura de las pruebas, -y se somete á la voluntad de Dios como un hijo<a id="FNanchor_668" -href="#Footnote_668" class="fnanchor">[663]</a>. Él, que debe juzgar -el mundo, no sabe cuándo llegará el dia del juicio<a id="FNanchor_669" -href="#Footnote_669" class="fnanchor">[664]</a>. Vésele tambien tomar -precauciones respecto á su seguridad, amenazada por sus enemigos<a -id="FNanchor_670" href="#Footnote_670" class="fnanchor">[665]</a>. -Poco tiempo despues de su nacimiento, su familia se ve obligada á -esconderle á fin de evitar la persecucion de hombres poderosos, -que quieren matarle<a id="FNanchor_671" href="#Footnote_671" -class="fnanchor">[666]</a>. En los exorcismos, el diablo disputa con -él y no abandona el cuerpo del paciente á la primera intimacion<a -id="FNanchor_672" href="#Footnote_672" class="fnanchor">[667]</a>. -Al operar los milagros, nótase en él un penoso esfuerzo, como aquel -que violenta su voluntad<a id="FNanchor_673" href="#Footnote_673" -class="fnanchor">[668]</a>. Todo esto no es sino la obra de un -enviado de Dios, de un hombre á quien Dios protege y favorece<a -id="FNanchor_674" href="#Footnote_674" class="fnanchor">[669]</a>. -Inútil sería buscar en semejante exposicion de ideas lógica y -consecuencia. La necesidad que tenía Jesús de acreditarse, y el -entusiasmo de sus discípulos, aglomeraban nociones contradictorias. -Para los mesianistas de la escuela milenaria, para los apasionados -lectores d<span class="pagenum" id="Page_147">p. 147</span>e los -libros de Daniel y de Henoch, Jesús era el «Hijo del hombre»; para los -judíos de la creencia comun, para los lectores de Isaías y de Miqueas, -era el «Hijo de David»; para los afiliados, era el «Hijo de Dios» ó -simplemente el «Hijo». Otros, sin que por ello merecieran la censura -de los discípulos, le tomaban por Juan Bautista resucitado, por Elías, -ó por Jeremías, conforme á la creencia popular de que los antiguos -profetas vendrian á preparar la época del Mesías<a id="FNanchor_675" -href="#Footnote_675" class="fnanchor">[670]</a>.</p> - -<p>El entusiasmo, produciendo la conviccion y alejando hasta la -sombra de una duda, servia de escudo á esas atrevidas afirmaciones. Á -nosotros, naturalezas frias y timoratas, no nos es fácil comprender -cómo la idea de que el hombre se hace apóstol puede llegar á poseerle -hasta ese extremo. La conviccion, con arreglo al prisma racional y -severo á traves del cual miran las acciones los individuos de nuestras -razas pensadoras, significa la sinceridad para consigo mismo. Pero -en los pueblos orientales, poco acostumbrados á las delicadezas del -espíritu crítico, la sinceridad para consigo mismo no significa gran -cosa. Á los ojos de nuestra rígida conciencia, la buena fe y la -impostura se rechazan entre sí como dos términos irreconciliables. En -Oriente no sucede lo mismo: entre uno y otro término caben innumerables -subterfugios y sutilezas. Los autores de los libros apócrifos (por -ejemplo, de Daniel y de Henoch), esos hombres tan ensalzados, cometian -en favor de su causa, y de seguro sin la menor sombra de escrúpulo, lo -que nosotros calificariamos de falsedad y fraude. Los orientales dan -poca importancia á la verdad material, y todo lo ven por el prisma de -sus ideas, de sus intereses y de sus pasiones.</p> - -<p>Si no se admiten respecto á la sinceridad diferentes grados, la -historia es imposible. El pueblo es el autor de todas las grandes -cosas, y siendo así, para conducirle es menester doblegarse á sus -ideas. El filósofo que sabiendo esto se aisla y encierra en la -integridad de carácter, sin duda merece los más sinceros elogios. -Pero no debe censurarse al que acepta la humanidad tal como es, con -sus ilusiones y sus delirios, y trata de obrar con ella y sobre ella. -César sabía perfectamente que no era hijo de Vénus; la Francia no -sería lo que es hoy, si no hubiese creido por espacio de mil años en -la sa<span class="pagenum" id="Page_148">p. 148</span>nta ampolla<a -id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[*]</a> de -Reims. Fácil nos es á nosotros, pobres impotentes, calificar todo -eso de impostura, y orgullosos de nuestra tímida honradez, tratar -desdeñosamente á los héroes que aceptaron la lucha de la vida en -otras condiciones. Pero cuando con nuestros escrúpulos hayamos hecho -lo que ellos hicieron con sus falsedades, entónces y sólo entónces -tendrémos derecho de tratarlos con severidad. Es preciso, cuando ménos, -establecer profunda distincion entre sociedades como la nuestra, donde -todo se pasa por el tamiz de la crítica y de la reflexion, y sociedades -crédulas y sencillas como aquellas en que nacieron las creencias que -han dominado los siglos. Todas las grandes fundaciones descansan en -alguna leyenda. Si hay en ello un culpable, es sin duda la humanidad, -que quiere ser engañada.</p> - -<div class="footnote2"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[*]</a> Vaso -sagrado, en el cual se conservaba el óleo que servia para ungir á los -reyes. (N. del T.)</p> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_16"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVI</h2> - <p class="subh2 g1">MILAGROS</p> -</div> - -<p>Segun los contemporáneos de Jesús, dos medios de prueba podian -solamente establecer una mision sobrenatural: tales eran los milagros -y el cumplimiento de las profecías. Jesús, y en particular sus -discípulos, emplearon con la mejor buena fe esos dos procedimientos -de demostracion. Jesús se hallaba convencido desde hacia mucho tiempo -de que los profetas habian escrito refiriéndose á él. Veia en sus -oráculos sagrados su propia figura, y se consideraba como el espejo en -que todo el espíritu profético de Israel habia leido el porvenir. Tal -vez la escuela cristiana trató de probar, áun en vida de su fundador, -que Jesús correspondia perfectamente á cuanto los profetas habian -predicho respecto al Mesías<a id="FNanchor_676" href="#Footnote_676" -class="fnanchor">[671]</a>. Pero, en muchos casos, las semejanzas -eran del todo exteriores y tan vagas, que nosotros apénas podemos -apreciarlas. Frecuentemente, circunstancias fortuitas ó insignificantes -de la vida del maestro, recordaban á los discípulos ciertos pasajes de -los<span class="pagenum" id="Page_149">p. 149</span> salmos y de los -profetas, en los cuales, gracias á su constante preocupacion, creian -ver imágenes relativas á Jesús<a id="FNanchor_677" href="#Footnote_677" -class="fnanchor">[672]</a>. Así, pues, casi toda la exegésis de la -época consistia en juegos de palabras, en citas traidas por los -cabellos, en inducciones artificiales y arbitrarias. La sinagoga no -tenía una lista oficial y segura de los pasajes referentes al reino -futuro. Las aplicaciones mesiánicas eran libres, y más bien que -una argumentacion importante y razonada, constituian artificios de -estilo.</p> - -<p>En cuanto á los milagros, ellos eran en aquella época el -signo indispensable de lo divino, el sello de las vocaciones -proféticas. En las leyendas de Elías y de Elíseo, hormigueaban -los hechos maravillosos, y todo el mundo estaba persuadido de que -el Mesías realizaria gran número de ellos<a id="FNanchor_678" -href="#Footnote_678" class="fnanchor">[673]</a>. Á algunas leguas del -punto en que vivia Jesús, en Samaria, un mago llamado Simon alcanzaba, -merced á sus prestigios, una reputacion casi divina<a id="FNanchor_679" -href="#Footnote_679" class="fnanchor">[674]</a>. Y andando el tiempo, -cuando se pretendió poner en boga al taumaturgo Apolonio de Tiana y -probar que su vida habia sido el viaje de un dios sobre la tierra, nada -se creyó tan á propósito para conseguirlo como inventar respecto á él -un vasto ciclo de milagros<a id="FNanchor_680" href="#Footnote_680" -class="fnanchor">[675]</a>. Los mismos filósofos de Alejandría, Plotino -y demás compañeros, tienen fama de haberlos hecho<a id="FNanchor_681" -href="#Footnote_681" class="fnanchor">[676]</a>. Jesús se encontró, -pues, en esta alternativa: ó renunciar á su mision, ó convertirse -tambien en taumaturgo. Es preciso tener presente que, á excepcion -de las grandes escuelas científicas de la Grecia y de sus adeptos -romanos, toda la antigüedad admitia los milagros, y que Jesús, no -solamente creia en ellos, sino que no tenía ni la más remota idea -de un órden natural sujeto á leyes invariables. Sus conocimientos -sobre este punto en nada eran superiores á los de sus contemporáneos. -Léjos de ello, puesto que una de las opiniones más profundamente -arraigadas en Jesús era, que la fe y la oracion dan al hombre ilimitado -poder sobre la naturaleza<a id="FNanchor_682" href="#Footnote_682" -class="fnanchor">[677]</a>, la facultad de hacer milagros nada -tenía entónces de sorprendente, en razon á que se la consideraba -como un permiso en toda regla concedido por Dios á los hombres<a -id="FNanchor_683" href="#Footnote_683" class="fnanchor">[678]</a>.</p> - -<p>La diferencia de los tiempos y la distinta manera de apreciar las -cosas, hacen que nos disguste y ofenda aquello mismo que sirvió de -poderosa palanca al gran fundador; y si el culto de Jesús se debilita -alguna vez en la humanidad, será justamente á causa de los actos que -hicieron creer en él.<span class="pagenum" id="Page_150">p. 150</span> -Ante esa especie de fenómenos históricos, la crítica no experimenta -ninguna perplejidad. En nuestros dias un taumaturgo, á ménos que no sea -de una candidez extrema, como ciertas estigmatizadas de Alemania, es -un ente odioso, porque hace milagros sin creer en ellos; es lo que se -llama un charlatan. Pero la cuestion cambia de aspecto, si aplicamos -nuestro juicio á un Francisco de Asís;—el ciclo milagroso del orígen de -la órden de San Francisco, léjos de chocarnos, nos causa un verdadero -placer. Los fundadores del cristianismo vivian en un estado de poética -ignorancia, tan completo como aquel en que vivió Santa Clara y los -<i>tres socii</i>. Parecíales la cosa más sencilla del mundo que su -maestro tuviese entrevistas con Moisés y Elías, curase los enfermos -é hiciese que los elementos obedecieran á su voz. Por otra parte, es -menester no olvidar que todas las ideas pierden algo de su primitiva -pureza tan pronto como aspiran á realizarse: no se llega á obtener -éxito sin que la delicadeza del alma saque algunas heridas de la -lucha. Tal es la flaqueza del entendimiento humano, que las mejores -causas se ganan casi siempre con malas razones. Las demostraciones -de los primeros apologistas del cristianismo se fundan en pobrísimos -argumentos. Moisés, Cristóbal Colon, Mahoma y tantos otros no -triunfaron de los obstáculos, sino teniendo presente á cada momento la -debilidad de los hombres y ocultando con frecuencia la verdad. Es muy -probable que los milagros impresionasen más á las personas que rodeaban -á Jesús que las predicaciones tan profundamente divinas del maestro. -Añádase que ántes y despues de la muerte de Jesús la fama exageró -sin duda extraordinariamente el número de los hechos sobrenaturales. -Los tipos de los milagros evangélicos no ofrecen, en efecto, mucha -variedad; repítense á cada paso los mismos, y parecen calcados sobre un -reducido número de modelos, en armonía con las exigencias y los gustos -del país.</p> - -<p>Entre el cúmulo de relatos milagrosos, cuya fatigosa enumeracion -contienen los evangelios, es imposible distinguir los milagros -que la opinion atribuyó á Jesús de aquellos en que él se avino á -desempeñar un papel activo. Y es todavía más imposible el averiguar -si esas chocantes circunstancias de esfuerzos, estremecimientos y -demás rasgos que tienen cierto sabor de juglería<a id="FNanchor_684" -href="#Footnote_684" class="fnanchor">[679]</a> son históricas, ó si -son fruto de la creencia de los redactores, cuyas almas vivian en un -mundo lleno de preocupaciones teúrgicas, muy semejante al mundo en -que<span class="pagenum" id="Page_151">p. 151</span> viven nuestros -modernos <i>espiritistas</i><a id="FNanchor_685" href="#Footnote_685" -class="fnanchor">[680]</a>. Casi todos los milagros que Jesús creyó -ejecutar parecen haber sido milagros de curacion. En aquella época, -la medicina era en Judea lo que es todavía en Oriente, esto es, nula -bajo el punto de vista científico, un arte rudimentario sometido -completamente á la inspiracion individual. La medicina científica, -fundada por los griegos desde hacia quinientos años, era en tiempo de -Jesús desconocida entre los judíos de la Palestina. En semejante estado -de ignorancia, la presencia de un hombre superior que trate al paciente -con dulzura y le dé, mediante algunos signos sensibles, la seguridad -de su restablecimiento, es con frecuencia un remedio decisivo. Nadie -negará que en muchos casos, exceptuando los de lesiones completamente -caracterizadas, los consuelos de una persona exquisita valen tanto -como los recursos de la farmacia. El placer de verla produce alivio; -y aunque no ofrezca al enfermo sino aquello que puede, esto es, una -sonrisa, una esperanza, sus dones no carecen de precio.</p> - -<p>Jesús, de igual manera que sus compatriotas, no tenía idea de -una ciencia médica racional; como todo el mundo, creia que la cura -de las enfermedades debia operarse por medio de las prácticas -religiosas: semejante creencia era en extremo lógica y consecuente. -Considerándose la enfermedad como el castigo de un pecado<a -id="FNanchor_686" href="#Footnote_686" class="fnanchor">[681]</a>, -como obra de los demonios<a id="FNanchor_687" href="#Footnote_687" -class="fnanchor">[682]</a>, y de ninguna manera como el resultado -de causas físicas, natural era que el mejor médico fuese el hombre -santo, aquel que tenía poder en el órden maravilloso. La cura de las -enfermedades pasaba por una cosa moral; Jesús, teniendo conciencia -de su fuerza moral, debia, pues, creerse especialmente dotado -para practicarla. Convencido de que el contacto de su túnica<a -id="FNanchor_688" href="#Footnote_688" class="fnanchor">[683]</a> y -la imposicion de sus manos<a id="FNanchor_689" href="#Footnote_689" -class="fnanchor">[684]</a> eran favorables á los enfermos, habria sido -cruel si hubiese negado á los que sufrian un alivio que tan fácilmente -podia concederles. Mirábase tambien la curacion de los enfermos como -una de las señales del reino de Dios, idea que iba siempre asociada á -la emancipacion de los pobres<a id="FNanchor_690" href="#Footnote_690" -class="fnanchor">[685]</a>. Ambas eran los signos de la gran revolucion -que debia conducir al alivio de todas las enfermedades.</p> - -<p>El exorcismo ó la expulsion de los demonios es uno de los géneros -de curacion que Jesús opera más frecuentemente. La creencia en los -demonios reinaba entónces en todos los ánimos; y tan general era esa -opinion, que no sólo en Judea,<span class="pagenum" id="Page_152">p. -152</span> sino en el mundo entero, se creia que los demonios se -amparaban del cuerpo de ciertas personas, obligándolas á obrar contra -su voluntad. Un <i>div</i> persa, <i>Aeschma-daeva</i>, «el div de la -concupiscencia», nombrado várias veces en el Avesta<a id="FNanchor_691" -href="#Footnote_691" class="fnanchor">[686]</a>, y adoptado por -los judíos bajo el nombre de <i>Asmodeo</i><a id="FNanchor_692" -href="#Footnote_692" class="fnanchor">[687]</a>, llegó á ser la -causa de todas las perturbaciones histéricas de las mujeres<a -id="FNanchor_693" href="#Footnote_693" class="fnanchor">[688]</a>. La -misma explicacion se daba respecto á la epilepsia, á las enfermedades -mentales ó nerviosas<a id="FNanchor_694" href="#Footnote_694" -class="fnanchor">[689]</a>, que ponen fuera de sí al paciente, y á -aquellas cuya causa no se echa de ver, como la sordera y la mudez<a -id="FNanchor_695" href="#Footnote_695" class="fnanchor">[690]</a>. -El admirable tratado «De la enfermedad sagrada», de Hipócrates, que -estableció sobre este punto, cuatro siglos y medio ántes de Jesús, -los verdaderos principios de la medicina, aún no habia desterrado -del mundo semejantes errores. Suponíase que para lanzar los demonios -habia procedimientos más ó ménos eficaces:—el estado de exorcista -era una profesion regular como la de médico<a id="FNanchor_696" -href="#Footnote_696" class="fnanchor">[691]</a>. Es indudable que -Jesús tenía fama de poseer los últimos secretos respecto á ese arte<a -id="FNanchor_697" href="#Footnote_697" class="fnanchor">[692]</a>. En -aquella época habia muchos locos en Judea, fenómeno producido sin duda -por la grande exaltacion de los ánimos. Aquellos locos se dejaban en -completa libertad, como sucede áun hoy dia en las regiones de Siria, -y habitaban las grutas sepulcrales ya abandonadas, las cuales eran el -retiro ordinario de los vagabundos. Jesús ejercia mucha influencia -sobre aquellos infelices<a id="FNanchor_698" href="#Footnote_698" -class="fnanchor">[693]</a>. Á propósito de esas curas se referian -mil singulares historias, en las que se daba rienda suelta á la -credulidad de la época. Pero tampoco en esto se deben exagerar las -dificultades. Los desórdenes que entónces se explicaban por la posesion -de los diablos, eran frecuentemente insignificantes. En Siria se -miran todavía, en pleno siglo décimo nono, como locos ó poseidos -del demonio (estas dos ideas se confunden en una, <i>medjnum</i>)<a -id="FNanchor_699" href="#Footnote_699" class="fnanchor">[694]</a> á -los que sólo adolecen de alguna extravagancia. En semejante caso, una -palabra dulce y cariñosa basta á veces para lanzar al demonio:—es más -que probable que Jesús no emplease otros medios. ¿No cabe tambien en lo -posible que su fama de exorcista se extendiera sin que él tuviese casi -conocimiento de ello? Las personas que residen en Oriente se quedan á -veces sorprendidas de encontrarse, al cabo de algun tiempo, con una -gran reputacion de médico, de hechicero ó de zahorí; reputacion que el -vulgo les cuelga sin que ellas puedan darse cuenta de los hechos que -hayan podido motivar esas extravagantes suposiciones.</p> <p><span -class="pagenum" id="Page_153">p. 153</span></p> <p>Hay, además, muchas -circunstancias que indican que Jesús no fué taumaturgo sino tarde y á -su pesar. Á menudo no ejecuta sus milagros sino á fuerza de súplicas, -y los hace con una especie de mal humor, y echando en cara á los -que se los piden la rudeza de su entendimiento<a id="FNanchor_700" -href="#Footnote_700" class="fnanchor">[695]</a>. Una rareza, en -apariencia inexplicable, pero fácil de comprender, es el cuidado que -pone en hacer sus milagros de un modo oculto, y sus recomendaciones á -las personas curadas de que no digan nada á nadie<a id="FNanchor_701" -href="#Footnote_701" class="fnanchor">[696]</a>. Cuando los demonios -quieren proclamarle hijo de Dios, les prohibe que despeguen los -labios; si le reconocen, es á pesar suyo<a id="FNanchor_702" -href="#Footnote_702" class="fnanchor">[697]</a>. Estos rasgos son -muy característicos en Márcos, que es el evangelista por excelencia -de los milagros y de los exorcismos. No parece sino que el discípulo -que suministró las noticias fundamentales del segundo evangelio -importunaba á Jesús con su admiracion por los prodigios, y que, -aburrido el maestro de una reputacion que le disgustaba, le recomendaba -frecuentemente no hablar de ello. Esa discordancia produce en una -ocasion un destello singular<a id="FNanchor_703" href="#Footnote_703" -class="fnanchor">[698]</a>, un acceso de impaciencia que prueba el -enojo que causaban á Jesús aquellas contínuas é importunas peticiones -de los espíritus débiles. Diríase que su papel de taumaturgo le es -algunas veces insoportable, y que trata de dar la menor publicidad -posible á las maravillas que en cierto modo brotan bajo la huella de -sus piés. Cuando sus enemigos le piden un milagro, y en particular un -prodigio celeste, un meteoro, rehusa categórica y obstinadamente<a -id="FNanchor_704" href="#Footnote_704" class="fnanchor">[699]</a>. -Permitido es, pues, creer que le impusieron su reputacion de -taumaturgo, que si no la rechazó, tampoco hizo nada por consolidarla, y -que de cualquier manera comprendia cuán infundada y vana era la opinion -respecto á esto.</p> - -<p>Dejarnos llevar demasiado de nuestras repugnancias, y por -sustraernos á las objeciones que puedan hacérsenos contra el carácter -de Jesús, prescindir de hechos que á los ojos de sus contemporáneos -figuraron en primera fila<a id="FNanchor_705" href="#Footnote_705" -class="fnanchor">[700]</a>, sería faltar al buen método histórico. -Decir que ellos son adiciones de discípulos muy inferiores al -maestro; que, no pudiendo comprender su verdadera grandeza, trataron -de realzarle con prodigios indignos de él, sería sumamente cómodo. -Pero es el caso que los cuatro narradores de la vida de Jesús se -hallan unánimes en ensalzar sus milagros; uno de ellos, Márcos, -intérprete del apóstol Pedro<a id="FNanchor_706" href="#Footnote_706" -class="fnanchor">[701]</a>, insiste de tal manera sobre este punto, -que si para trazar el carácter del Cristo no se tuvier<span -class="pagenum" id="Page_154">p. 154</span>a presente más que su -evangelio, habria que representarle como un exorcista posesor de -encantos y de filtros de rara eficacia; como un poderoso y temible -hechicero que infunde temor, y del cual desea uno desembarazarse<a -id="FNanchor_707" href="#Footnote_707" class="fnanchor">[702]</a>. -Nosotros admitimos, pues, sin vacilar que en la vida de Jesús hubo -muchos actos que ahora se considerarian como otros tantos rasgos -de ilusion ó de locura. Pero ¿debe sacrificarse á esta faz ingrata -la faz sublime de semejante vida? ¡Guardémonos bien de ello! Un -simple hechicero, semejante á Simon el Mago, no habria realizado una -revolucion moral como la que realizó Jesús. Si el taumaturgo hubiera -sobrepujado en Jesús al moralista y al fundador religioso, no habria -dejado en pos de sí el cristianismo, sino una escuela de teurgia.</p> - -<p>Por otra parte, el problema se presenta de la misma manera respecto -á todos los santos y fundadores religiosos. Hechos que hoy se hallan -patentizados de morbosos, tales como la epilepsia y las visiones, -fueron otras veces un principio de poder y de grandeza. La medicina -conoce el nombre de la enfermedad que formó la reputacion de Mahoma<a -id="FNanchor_708" href="#Footnote_708" class="fnanchor">[703]</a>. Casi -hasta nuestros dias, los hombres que más han contribuido al bien de -la humanidad (sin excluir al excelente Vicente de Paul), han pasado, -con razon ó sin ella, por taumaturgos. Si se parte del principio de -que todo personaje histórico á quien se atribuyan hechos que en el -siglo décimo nono pasan por insensatos ó charlatanescos fué un loco, -la crítica es imposible, porque se falsea por su base. La escuela de -Alejandría fué una noble escuela, y sin embargo, se entregó á las -prácticas de una teurgia extravagante. Sócrates y Pascal no estuvieron -tampoco exentos de alucinaciones. Los hechos deben, pues, explicarse -por causas que les sean proporcionadas. Las debilidades del espíritu -humano no engendran sino debilidad; en la naturaleza del hombre, las -grandes cosas tienen siempre grandes causas, por más que á menudo se -produzcan escoltadas de multitud de pequeñeces que ofuscan su grandeza -á los ojos de los espíritus superficiales.</p> - -<p>Puede decirse con verdad que, generalmente hablando, Jesús no fué -taumaturgo y exorcista sino á pesar suyo. El milagro es á menudo -obra del público más bien que de aquel á quien se atribuye. Aunque -Jesús se hubiese obstinado constantemente en no hacer prodigios, la -muchedumbre los habria creado para reputárselos:—el milagro mayor -de todos habria sido el que no hubiese hecho ninguno; eso habria -sido la<span class="pagenum" id="Page_155">p. 155</span> completa -derogacion de las leyes de la historia y de la sicología popular. Los -milagros de Jesús fueron una violencia de su siglo, una concesion que -le arrancó la necesidad pasajera. Por eso el exorcista y el taumaturgo -se han desvanecido, miéntras que el fundador religioso vive y vivirá -eternamente.</p> - -<p>Hasta aquellos que no creian en Jesús se hallaban impresionados por -la fama de sus hechos, y trataban de presenciarlos<a id="FNanchor_709" -href="#Footnote_709" class="fnanchor">[704]</a>. Los gentiles -y las personas poco iniciadas experimentaban un sentimiento -de temor y hacian lo posible por alejarle de su territorio<a -id="FNanchor_710" href="#Footnote_710" class="fnanchor">[705]</a>. -Tal vez algunos pensaban en abusar de su nombre á fin de provocar -movimientos sediciosos<a id="FNanchor_711" href="#Footnote_711" -class="fnanchor">[706]</a>. Pero la direccion completamente moral y -nada política del carácter de Jesús, le salvó de aquellas seducciones. -Su verdadero reino consistia en el círculo de niños que una frescura -de imaginacion semejante á la suya y un mismo sentimiento del cielo -agrupaban y retenian á su alrededor.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_17"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVII</h2> - <p class="subh2">FORMA DEFINITIVA DE LAS IDEAS DE JESÚS SOBRE EL - REINO DE DIOS</p> -</div> - -<p>Suponemos que esa última fase de la actividad de Jesús duró -aproximadamente diez y ocho meses, desde su vuelta de la peregrinacion -de la Pascua del año 31, hasta su viaje á la fiesta de los -Tabernáculos en el año 32<a id="FNanchor_712" href="#Footnote_712" -class="fnanchor">[707]</a>.</p> - -<p>Durante ese espacio de tiempo el pensamiento de Jesús no parece -haberse enriquecido de ningun nuevo elemento; pero todas sus ideas se -desarrollaron y produjeron en un grado siempre creciente de poder y de -audacia.</p> - -<p>La idea fundamental de Jesús fué, desde un principio, el -establecimiento del reino de Dios, el cual, segun ya hemos dicho, -parece haberle entendido de diferentes modos. En ocasiones se le -podria tomar por un jefe democrático, queriendo simplemente el reino -de los pobres y de los desheredados. Otras veces el reino de Dios -es el cumplimiento literal d<span class="pagenum" id="Page_156">p. -156</span>e las visiones apocalípticas de Daniel y de Henoch, y -frecuentemente, por último, ese reino es el de las almas, y el -rescate próximo, es el rescate por el espíritu. La revolucion -deseada por Jesús es, en tal caso, la que en realidad tuvo lugar; el -establecimiento de un culto nuevo, más puro que el de Moisés.—Todos -esos pensamientos parecian haber existido á la vez en la conciencia -de Jesús. El primero, es decir, el de una revolucion temporal, no -parece haberle detenido demasiado. Jesús no reparó nunca ni en el -mundo, ni en los ricos, ni en el poder material como cosas dignas de -llamar su atencion. No tuvo ninguna ambicion exterior; algunas veces, -por una consecuencia natural, su grande importancia religiosa estaba -á punto de cambiarse en importancia social. Diferentes personas iban -á pedirle que se constituyese en juez y árbitro en cuestiones de -intereses; Jesús rechazaba esas proposiciones con orgullo, casi como -si hubieran sido injurias<a id="FNanchor_713" href="#Footnote_713" -class="fnanchor">[708]</a>. Poseido de su celeste ideal, no salia nunca -de su desdeñosa pobreza. Con respecto á las otras dos concepciones -del reino de Dios, Jesús parece haberlas conservado simultáneamente. -Si él no hubiese sido nada más que un entusiasta, alucinado por los -apocalípsis que servian de alimento á la imaginacion popular, habria -permanecido siendo un sectario oscuro, inferior á aquellos cuyas ideas -imitaba. Si sólo hubiera sido un puritano, una especie de Channing ó de -«Vicario saboyano», es indudable que no habria obtenido ningun triunfo. -Las dos partes de su sistema, ó por mejor decir, sus dos concepciones -del reino de Dios, están basadas la una en la otra, y este apoyo -recíproco fué la causa de su incomparable resultado.</p> - -<p>Los primeros cristianos son visionarios, viviendo en un círculo de -ideas que nosotros calificamos de sueños, pero al mismo tiempo ellos -son los héroes de la guerra social que produjo la franquicia de la -conciencia y el establecimiento de una religion, cuyo culto puro, -anunciado por el fundador, acabará, á la larga, por efectuarse.</p> - -<p>Las ideas apocalípticas de Jesús, en su forma más completa, pueden -resumirse de la manera siguiente:</p> - -<p>El órden actual de la humanidad toca á su término; este término -será una revolucion inmensa, «una agonía», semejante á los dolores -del parto; una <i>palingenesia</i> ó «renacimiento» (segun la -misma frase de Jesús)<a id="FNanchor_714" href="#Footnote_714" -class="fnanchor">[709]</a>, precedido de negras calamidades y anunciado -por fenómenos extraños<a id="FNanchor_715" href="#Footnote_715" -class="fnanchor">[710]</a>. En pleno dia, brillará en el cielo la -señal del Hijo del hombre; y<span class="pagenum" id="Page_157">p. -157</span> será una vision ruidosa y luminosa como la del Sinaí, un -gran huracan rasgando la nube, un dardo de fuego cruzando en un abrir -y cerrar de ojos, de Oriente á Occidente. El Mesías aparecerá en las -nubes, revestido de gloria y de majestad, al sonido de las trompetas y -rodeado de ángeles. Sus discípulos se sentarán á su lado en los tronos. -Los muertos resucitarán entónces y el Mesías procederá al juicio<a -id="FNanchor_716" href="#Footnote_716" class="fnanchor">[711]</a>.</p> - -<p>En ese juicio, los hombres serán clasificados en dos categorías, -segun sus obras<a id="FNanchor_717" href="#Footnote_717" -class="fnanchor">[712]</a>. Los ángeles serán los ejecutores -de las sentencias<a id="FNanchor_718" href="#Footnote_718" -class="fnanchor">[713]</a>. Los elegidos entrarán en una mansion -deliciosa que les fué preparada desde el principio del mundo<a -id="FNanchor_719" href="#Footnote_719" class="fnanchor">[714]</a>; -allí se sentarán radiantes de luz, á un festin presidido por Abraham<a -id="FNanchor_720" href="#Footnote_720" class="fnanchor">[715]</a>, los -patriarcas y los profetas. Este número de elegidos será el menor<a -id="FNanchor_721" href="#Footnote_721" class="fnanchor">[716]</a>. Los -otros irán á la <i>Gehenna</i>. La Gehenna era el valle occidental -de Jerusalen. Allí se habia ejercido en diversas épocas el culto del -fuego, y aquel lugar habia llegado á ser una especie de cloaca. La -Gehenna es, pues, en la imaginacion de Jesús, un valle tenebroso, -impuro, lleno de fuego. Los excluidos del reino serán quemados allí y -roidos de gusanos en compañía de Satanás y de los ángeles rebeldes<a -id="FNanchor_722" href="#Footnote_722" class="fnanchor">[717]</a>; -habrá tambien allí lágrimas y rechinamientos de dientes<a -id="FNanchor_723" href="#Footnote_723" class="fnanchor">[718]</a>. El -reino de Dios será como una sala cerrada, luminosa en su interior, en -medio de ese mundo de tinieblas y de tormentos<a id="FNanchor_724" -href="#Footnote_724" class="fnanchor">[719]</a>.</p> - -<p>Ese nuevo órden de cosas será eterno. El paraíso y la Gehenna -no tendrán fin. Un abismo inaccesible los separará uno del otro<a -id="FNanchor_725" href="#Footnote_725" class="fnanchor">[720]</a>. -El Hijo del hombre, sentado á la diestra de Dios, presidirá ese -estado definitivo del mundo y de la humanidad<a id="FNanchor_726" -href="#Footnote_726" class="fnanchor">[721]</a>.</p> - -<p>Que todo esto fué tomado al pié de la letra por los discípulos -y hasta por el mismo maestro, en ciertos momentos, es lo que salta -á la vista en los escritos de la época de una manera absoluta. -Si la primera generacion cristiana tiene una creencia profunda y -constante, es sin duda la de que el mundo está á punto de acabar<a -id="FNanchor_727" href="#Footnote_727" class="fnanchor">[722]</a>, -y que la gran «revelacion»<a id="FNanchor_728" href="#Footnote_728" -class="fnanchor">[723]</a> de Cristo se va á cumplir bien pronto. -Esa viva proclamacion: «¡El tiempo está cerca!»<a id="FNanchor_729" -href="#Footnote_729" class="fnanchor">[724]</a>, que comienza y acaba -el Apocalípsis; ese llamamiento repetido sin cesar: «¡Que todo aquel -que tenga oidos escuche!»<a id="FNanchor_730" href="#Footnote_730" -class="fnanchor">[725]</a>, son gritos de esperanza y de reunion de -toda la edad apostólica. Una expresion siria, <i>Maran atha</i>, -«¡Nuestro Señor llega!»<a id="FNanchor_731" href="#Footnote_731" -class="fnanchor">[726]</a>, se convirtió en una especie de santo y -seña que los creyentes se decian entre ello<span class="pagenum" -id="Page_158">p. 158</span>s para fortalecerse en su fe y en sus -esperanzas. El Apocalípsis escrito el año 68 de nuestra era<a -id="FNanchor_732" href="#Footnote_732" class="fnanchor">[727]</a>, fija -el término á tres años y medio<a id="FNanchor_733" href="#Footnote_733" -class="fnanchor">[728]</a>, y la «Ascension de Isaías»<a -id="FNanchor_734" href="#Footnote_734" class="fnanchor">[729]</a> -admite un cálculo muy aproximado á éste.</p> - -<p>Jesús nunca llegó á tal precision. Cuando se le preguntaba acerca -del tiempo de su advenimiento, siempre rehusaba responder; y una -vez hasta declara que la fecha de ese gran dia sólo es conocida -del Padre, que no se la ha confiado ni á los ángeles, ni al Hijo<a -id="FNanchor_735" href="#Footnote_735" class="fnanchor">[730]</a>. -Jesús decia que el momento en que se espiaria el reino de Dios con una -curiosidad impertinente, no sería precisamente en el que llegase<a -id="FNanchor_736" href="#Footnote_736" class="fnanchor">[731]</a>; y -repetia sin cesar, que sería una sorpresa como en los tiempos de Noé -y de Lot; que era preciso estar siempre prevenido á partir; que cada -uno debia tener encendida su lámpara como para un cortejo de bodas -que llega desprevenidamente<a id="FNanchor_737" href="#Footnote_737" -class="fnanchor">[732]</a>; que el Hijo del hombre vendria de la misma -manera que un ladron, esto es, á la hora en que no se le esperase<a -id="FNanchor_738" href="#Footnote_738" class="fnanchor">[733]</a>, -y que apareceria como un rayo que recorre el horizonte de -uno á otro extremo<a id="FNanchor_739" href="#Footnote_739" -class="fnanchor">[734]</a>. Pero sus declaraciones acerca de la -proximidad de la catástrofe no daban lugar á equivocacion alguna<a -id="FNanchor_740" href="#Footnote_740" class="fnanchor">[735]</a>. -«La generacion presente, decia, no pasará sin que se realice todo -esto. Muchos de los que están aquí presentes no morirán sin haber -visto al Hijo del hombre venir á tomar posesion de su reinado»<a -id="FNanchor_741" href="#Footnote_741" class="fnanchor">[736]</a>. -Vitupera á los que creen que él no sabe leer los pronósticos del reino -futuro. «Cuando va llegando la noche decís: Hará buen tiempo, porque -está el cielo arrebolado. Y por la mañana: Tempestad habrá hoy, porque -el cielo está cubierto y encendido. ¿Cómo sabeis adivinar por el -aspecto del cielo, y no podeis conocer las señales de estos tiempos?»<a -id="FNanchor_742" href="#Footnote_742" class="fnanchor">[737]</a>.</p> - -<p>Gracias á una ilusion comun á todos los grandes reformadores, -Jesús se figuraba el fin mucho más próximo de lo que era en realidad; -no tenía en cuenta la lentitud de los movimientos de la humanidad: -imaginábase realizar en un dia lo que mil ochocientos años más tarde no -debia estar aún acabado.</p> - -<p>Esas declaraciones tan precisas preocuparon á la familia cristiana -casi por espacio de setenta años. Estaba admitido que algunos de sus -discípulos verian el dia de la revelacion final ántes de morir. Juan -en particular era considerado en este número<a id="FNanchor_743" -href="#Footnote_743" class="fnanchor">[738]</a>, y muchos creian que -no moriria nunca. Quizás era esto una tardía opinion producida hácia -el fin del siglo primero, por la avanzada edad á que Juan parece -haber llegado, y que daba ocasion á creer que Dios queria con<span -class="pagenum" id="Page_159">p. 159</span>servarle indefinidamente -hasta el gran dia, á fin de realizar la palabra de Jesús. Sea de ello -lo que quiera, á su muerte la fe de muchos vaciló, y sus discípulos -dieron á la predicacion del Cristo un sentido más moderado<a -id="FNanchor_744" href="#Footnote_744" class="fnanchor">[739]</a>.</p> - -<p>Al mismo tiempo que Jesús admitia plenamente las creencias -apocalípticas tales como se encuentran en los libros apócrifos de los -judíos, admitia el dogma, que es el complemento de ellas, ó más bien -la condicion de la resurreccion de los muertos. Tal doctrina, como -ya lo hemos dicho, era aún nueva en Israel; muchas personas no la -conocian ó no creian en ella<a id="FNanchor_745" href="#Footnote_745" -class="fnanchor">[740]</a>. Sin embargo, era de fe para los fariseos -y para los fervientes adeptos de las creencias mesiánicas<a -id="FNanchor_746" href="#Footnote_746" class="fnanchor">[741]</a>. -Jesús la aceptó sin reserva, pero siempre en el sentido más idealista. -Muchos se figuraban que en el mundo de los resucitados se comeria, -se beberia y se casarian. Jesús admite en su reino una nueva Pascua, -un festin y un vino nuevo<a id="FNanchor_747" href="#Footnote_747" -class="fnanchor">[742]</a>; pero excluye de él formalmente el -casamiento. Los saduceos tenian, respecto á esto, un argumento grosero -en la apariencia, pero bastante conforme en el fondo con la antigua -teología. Se acordaban de que, segun los sabios antiguos, el hombre no -sobrevivia sino en sus hijos. El código mosáico habia consagrado esa -teoría patriarcal por una institucion extravagante, el <i>Levirat</i>, -y los saduceos deducian de ahí sutiles consecuencias en contra de la -resurreccion. Jesús las evadia declarando formalmente que en la vida -eterna no existiria ya la diferencia de sexo y que el hombre sería -semejante á los ángeles<a id="FNanchor_748" href="#Footnote_748" -class="fnanchor">[743]</a>. Algunas veces parece que no promete la -resurreccion sino á los justos<a id="FNanchor_749" href="#Footnote_749" -class="fnanchor">[744]</a>; el castigo de los impíos consistiria -en morir enteramente y permanecer en la nada<a id="FNanchor_750" -href="#Footnote_750" class="fnanchor">[745]</a>. Más frecuentemente, -sin embargo, Jesús quiere que la resurreccion se aplique á los malos -para su eterna confusion<a id="FNanchor_751" href="#Footnote_751" -class="fnanchor">[746]</a>. Como se ve, nada era completamente nuevo -en esas teorías. Los evangelios y los escritos de los apóstoles -no contienen absolutamente, en punto á doctrinas apocalípticas, -sino lo que se encuentra ya en «Daniel»<a id="FNanchor_752" -href="#Footnote_752" class="fnanchor">[747]</a>, «Henoch»<a -id="FNanchor_753" href="#Footnote_753" class="fnanchor">[748]</a>, -y los «oráculos sibilinos»<a id="FNanchor_754" href="#Footnote_754" -class="fnanchor">[749]</a> de orígen judío. Jesús aceptó esas ideas -extendidas generalmente entre sus contemporáneos, convirtiéndolas en -base de su accion, ó por mejor decir, en uno de sus puntos de apoyo; -porque tenía un sentimiento demasiado profundo de su verdadera obra -para establecerla únicamente sobre principios tan frágiles, tan -expuestos á recibir de los hechos una fulminante refutacion.</p> -<p><span class="pagenum" id="Page_160">p. 160</span></p> <p>Cierto -es, en verdad, que una doctrina semejante, tomada por sí misma de -una manera literal, no tenía porvenir alguno. El mundo, obstinándose -en vivir, la hacia hundirse, y la edad que vive un hombre le estaba -reservada á lo sumo. La fe de la primera generacion cristiana se -explica, pero no así la de la segunda. Despues de la muerte de Juan, -ó del último superviviente, cualquiera que fuese, del grupo que vió -al maestro, la palabra de éste quedaba desmentida<a id="FNanchor_755" -href="#Footnote_755" class="fnanchor">[750]</a>. Si la doctrina de -Jesús sólo hubiese sido la creencia en un próximo fin del mundo, -ciertamente que hoy dormiria en el olvido. ¿Qué es, pues, lo que la -ha salvado? La gran latitud de las concepciones evangélicas, que ha -permitido encontrar en el mismo símbolo doctrinas apropiadas á estados -intelectuales muy diversos. El mundo no ha acabado, como Jesús lo -anunció y como sus discípulos lo creyeron, pero está renovado del modo -que Jesús deseaba. Si su pensamiento ha sido fecundo, débelo á su -doble fase. Su quimera no ha corrido la suerte de otras muchas que han -cruzado por el espíritu humano, gracias á que abrigaba un gérmen de -vida que, introducido, merced á una apariencia fabulosa, en el seno de -la humanidad, ha producido en él frutos eternos.</p> - -<p>Y no se diga que ésa es una benévola interpretacion, imaginada -para lavar el honor de nuestro gran maestro del cruel mentís dado á -sus sueños por la realidad. No, no; ese verdadero reino de Dios, ese -reino del espíritu que hace á cada uno rey y sacerdote; ese reino que, -como el grano de la simiente de mostaza, ha llegado á ser un árbol -que presta sombra al mundo, y bajo cuyas ramas los pájaros tienen sus -nidos, Jesús le comprendió, le quiso, le fundó. Al lado de la idea -falsa, fria, imposible, de un advenimiento de ostentacion, concibió -la verdadera ciudad de Dios, la «palingenesia» exacta, el sermon en -la montaña, la apoteósis del débil, el amor del pueblo, el gusto -del pobre, la rehabilitacion de todo lo que es humilde, verdadero é -inocente. Esa rehabilitacion la hizo, como artífice incomparable, por -rasgos que durarán eternamente. Cada uno de nosotros le debe lo que en -sí tiene de mejor. Perdonémosle su esperanza de un vano apocalípsis, -de una venida en gran triunfo sobre las nubes del cielo. Quizás ése -era el error de los demás más bien que el suyo; y si es cierto que -él participó de las ilusiones de los otros, ¿qué importa, una vez -que su sueño le hizo esforzado contra la muerte y le sostu<span -class="pagenum" id="Page_161">p. 161</span>vo en una lucha, en la que -sin eso tal vez habria sucumbido?</p> - -<p>Preciso es, pues, conservar diversos sentidos á la divina ciudad -concebida por Jesús. Si su único pensamiento hubiese sido que el fin -de los tiempos estaba cercano y que era necesario prepararse á él, no -habria ido más allá que Juan Bautista. Renunciar á un mundo próximo -á hundirse, desprenderse poco á poco de la vida presente, aspirar á -un reino que iba á llegar, tal hubiera sido la última frase de su -predicacion. La enseñanza de Jesús tuvo siempre por objeto miras más -elevadas. Se propuso crear un nuevo estado de la humanidad, y no -preparar sólo el fin del que existe. Elías ó Jeremías, volviendo á -aparecer para preparar á los hombres á las supremas crísis, no hubieran -predicado como él. Tan cierto es esto, que esa moral pretendida de los -últimos dias ha resultado ser la moral eterna, la que ha salvado á la -humanidad. El mismo Jesús, en muchas ocasiones, emplea modos de hablar -que no entran absolutamente en la teoría apocalíptica. Frecuentemente -declara que el reino de Dios ha comenzado; que todo hombre le lleva -consigo mismo, y puede, si de ello es digno, disfrutar de él; que cada -uno crea tácitamente ese reino por la verdera conversion del corazon<a -id="FNanchor_756" href="#Footnote_756" class="fnanchor">[751]</a>.</p> - -<p>El reino de Dios no es entónces sino el bien<a id="FNanchor_757" -href="#Footnote_757" class="fnanchor">[752]</a>, es un órden de cosas -mejor que el que existe, es el reino de la justicia, que el fiel, segun -sus fuerzas, debe contribuir á fundar, ó es áun la libertad del alma, -ó bien algo de análogo al «rescate» búdico, fruto de la desaficion. -Esas verdades, que para nosotros son puramente abstractas, para Jesús -eran vivas realidades. Todo en su pensamiento es concreto y sustancial: -Jesús es el hombre que más enérgicamente creyó en la realidad de lo -ideal.</p> - -<p>Al aceptar las utopias de su tiempo y de su raza, Jesús supo hacer -de ellas tambien grandes verdades, gracias á fecundos errores. Su reino -de Dios era, sin duda, el próximo apocalípsis que iba á desarrollarse -en el cielo. Pero, además de todo esto, probablemente era, sobre todo, -el reino del alma, creado por la libertad y por el sentimiento filial, -el que el hombre virtuoso experimenta en el seno de su padre. Aquélla -era la religion pura, sin prácticas, sin templo, sin sacerdotes; era -el juicio moral del mundo decretado á la conciencia del hombre justo y -al poder del pueblo. Hé ahí lo que estaba hecho para vivir, y hé ahí -lo que ha vivido. Cuando, al cabo de un siglo de aguardar en vano, se -apura <span class="pagenum" id="Page_162">p. 162</span>la esperanza -materialista de un próximo fin del mundo, el verdadero reino de Dios -aparece á ella. Lisonjeras explicaciones echan un velo sobre el reino -real que no acaba de llegar. Estando el Apocalípsis de Juan, primer -libro canónico del Nuevo Testamento, demasiado sériamente plagado de -la idea de una catástrofe inmediata, queda pospuesto á segundo lugar y -es tenido por ininteligible, torturado de mil modos y casi rechazado. -Al ménos, se aplaza el dia de su cumplimiento para un porvenir -indefinido. Algunos pobres obstinados que guardan aún, en plena época -de reflexion, las esperanzas de los primeros discípulos, se convierten -en heréticos (Ebionitas, Milenarios), perdidos en las clases inferiores -del cristianismo. La humanidad creia en otro reino de Dios. La parte de -verdad contenida en la idea de Jesús habia triunfado de la quimera que -la ofuscaba.</p> - -<p>No despreciemos, sin embargo, esa quimera, que ha sido la tosca -corteza del sagrado bulbo de que nosotros vivimos.</p> - -<p>Ese fantástico reino del cielo, ese perseguimiento sin fin de -una ciudad de Dios, que siempre ha preocupado al cristianismo en su -larga carrera, ha sido el principio del gran instinto de porvenir -que ha animado á todos los reformadores, discípulos obstinados del -Apocalípsis, desde Joaquin de Flora hasta el sectario protestante de -nuestros dias. Ese impotente esfuerzo por fundar una sociedad perfecta -ha sido la fuente de la tension extraordinaria que ha hecho del -verdadero cristiano un atleta en lucha contra el presente. La idea del -«reino de Dios» y el Apocalípsis, que en esto es la imágen completa, -son pues, en cierto modo, la expresion más grande y más poética -del progreso humano. Ciertamente que de ella debian salir grandes -errores. Suspendido sobre la humanidad como una constante amenaza, el -fin del mundo, por los horrores periódicos que causó durante muchos -siglos, perjudicó no poco á todo desarrollo profano. La sociedad, -no estando segura de su existencia, contrajo una especie de temor y -aquellas costumbres de baja humildad que presentan á la Edad media tan -inferior á los tiempos antiguos y á los modernos<a id="FNanchor_758" -href="#Footnote_758" class="fnanchor">[753]</a>. Por otra parte, se -habia producido un cambio radical en el modo de considerar la venida -de Cristo. La primera vez que se anunció á la humanidad que su planeta -iba á acabar, de la misma manera que el niño que acoge la muerte con -una sonrisa, experimentó el más vivo acceso de alegría que jamás pudo -sentir. Al envejecer, el mundo s<span class="pagenum" id="Page_163">p. -163</span>e habia apegado á la vida. El dia de gracia, esperado tan -largo tiempo por las almas puras de Galilea, habia llegado á ser para -aquellos siglos de hierro un dia de cólera: <i>Dies iræ, dies illa!</i> -Pero áun en el mismo seno de la barbarie, la idea del reino de Dios -permaneció fecunda. Á pesar de la Iglesia feudal, de las sectas, de las -órdenes religiosas, santos personajes continuaron protestando en nombre -del Evangelio contra la iniquidad del mundo. En nuestros mismos dias, -dias confusos en que Jesús no tiene continuadores más auténticos que -aquellos que parecen repudiarle, los sueños de organizacion ideal de la -sociedad, que tanta analogía tienen con las aspiraciones de las sectas -cristianas primitivas, sólo son, en cierto modo, el ensanche de la -misma idea, una de las ramas de ese árbol inmenso, donde germina toda -idea de porvenir, y del cual el «reino de Dios» será eternamente el -tronco y la raíz. Todas las revoluciones sociales de la humanidad serán -ingertas en esa palabra, pero infectadas de un tosco materialismo, -aspirando á lo imposible, es decir, á fundar la dicha universal sobre -medidas políticas y económicas, las tentativas «socialistas» de nuestra -época permanecerán infecundas, hasta que tomen por norma el verdadero -espíritu de Jesús, es decir, el idealismo absoluto, ese principio que -consiste en que, para poseer la tierra, es preciso renunciar á ella.</p> - -<p>La frase de «reino de Dios» expresa, por otro lado, muy felizmente, -la necesidad que siente el alma de un suplemento de destino, de una -compensacion de la vida actual. Aquellos que no se avienen á concebir -el hombre como un compuesto de dos sustancias y que hallan el dogma -deista de la inmortalidad del alma en contradiccion con la fisiología, -desean mantenerse en la esperanza de una reparacion final, que bajo una -forma desconocida, satisfará á las necesidades del corazon del hombre. -¡Quién sabe si el último término del progreso, dentro de millones de -siglos, traerá consigo la conciencia absoluta del universo, y en esa -conciencia el despertar de todo lo que ha vivido! Un sueño de un millon -de años no es más largo que el sueño de una hora. San Pablo en esta -hipótesis hubiera podido decir aún con razon: <i>In ictu oculi!</i><a -id="FNanchor_759" href="#Footnote_759" class="fnanchor">[754]</a>. Es -indudable que la humanidad moral y virtuosa tendrá su desquite; que -un dia el sentimiento del pobre honrado juzgará el mundo, y que en -ese dia la figura ideal de Jesús será la confusion del hombre frívolo -que no<span class="pagenum" id="Page_164">p. 164</span> creyó en la -virtud, del hombre egoista que no supo alcanzarla. La palabra favorita -de Jesús permanece, pues, llena de un encanto perenne. Una especie de -adivinacion grandiosa parece haberla tenido en una sublime vaguedad, -abrazando á la vez diferentes órdenes de verdades.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_18"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XVIII</h2> - <p class="subh2 g1">INSTITUCIONES DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Lo que prueba, además, que esas ideas apocalípticas no absorbieron -nunca por completo á Jesús es que, al mismo tiempo en que más se -preocupaba de ellas, establecia con extraordinaria seguridad de miras -las bases de una iglesia destinada á larga duracion. Que entre sus -discípulos eligió los que por excelencia se llaman los «apóstoles» ó -los «doce», cosa es que está fuera de duda, puesto que poco despues -de su muerte se los encuentra formando un cuerpo y llenando por -eleccion las vacantes que se operaban en su seno<a id="FNanchor_760" -href="#Footnote_760" class="fnanchor">[755]</a>. Los doce eran los dos -hijos de Jonás, los dos hijos del Zebedeo, Santiago, hijo de Cleofás, -Felipe, Nathanael-bar-Talmai, Tomás, Leví, hijo de Alfeo ó Matheo, -Simon el Zelador, Tadeo ó Lebeo, y Júdas de Kerioth<a id="FNanchor_761" -href="#Footnote_761" class="fnanchor">[756]</a>. Es muy posible que -el pensamiento de las doce tribus de Israel no fuese extraño á la -eleccion de este número. De todos modos, los «doce» formaban un grupo -de discípulos privilegiados, entre los cuales conservaba Pedro, á -quien Jesús confió el cuidado de propagar su obra, una supremacía -completamente fraternal<a id="FNanchor_762" href="#Footnote_762" -class="fnanchor">[757]</a>. Nada habia entre ellos que se pareciese -á colegio sacerdotal organizado en regla<a id="FNanchor_763" -href="#Footnote_763" class="fnanchor">[758]</a>; las listas de los -«doce» que han llegado hasta nosotros ofrecen muchas inexactitudes y -contradicciones. Dos ó tres de los discípulos que en ellas figuran -permanecieron oscuros. Algunos, por lo ménos Pedro y Felipe<a -id="FNanchor_764" href="#Footnote_764" class="fnanchor">[759]</a>, -estaban casados y tenian familia.</p> - -<p>Es evidente que Jesús confiaba á los doce secretos -que<span class="pagenum" id="Page_165">p. 165</span> prohibia -comunicasen á los demás<a id="FNanchor_765" href="#Footnote_765" -class="fnanchor">[760]</a>. En ocasiones parece que su plan era rodear -su persona de algun misterio, aplazar las grandes pruebas para despues -de su muerte, y no revelarse por completo sino á sus discípulos, -confiándoles el cuidado de demostrarle al mundo<a id="FNanchor_766" -href="#Footnote_766" class="fnanchor">[761]</a>. «Lo que os digo de -noche, decidlo á la luz del dia; y lo que os digo al oido, predicadlo -desde los terrados.» Así se evitaba las declaraciones demasiado -precisas y concluyentes, y creaba una especie de intermediarios entre -él y la opinion. Lo que está fuera de duda es, que tenía para sus -discípulos enseñanzas particulares y que les explicaba el sentido de -algunas parábolas, indeciso y oscuro para el vulgo<a id="FNanchor_767" -href="#Footnote_767" class="fnanchor">[762]</a>. La enseñanza de los -doctores de aquel tiempo, como se ve por las sentencias del <i>Pirké -Aboth</i>, adolecia de un giro enigmático y algo raro en la trabazon de -las ideas. Jesús explicaba á sus amigos íntimos lo que en sus apotegmas -ó en sus apólogos habia de singular, presentándoles su enseñanza -desnuda del lujo de las comparaciones que algunas veces la oscurecian<a -id="FNanchor_768" href="#Footnote_768" class="fnanchor">[763]</a>. -Muchas de aquellas explicaciones se conservaron, al parecer, -cuidadosamente<a id="FNanchor_769" href="#Footnote_769" -class="fnanchor">[764]</a>.</p> - -<p>Los apóstoles predicaron ya en vida de Jesús<a id="FNanchor_770" -href="#Footnote_770" class="fnanchor">[765]</a>, pero sin separarse -mucho de la doctrina del maestro. Verdad es que su predicacion se -limitaba á anunciar la venida del reino de Dios<a id="FNanchor_771" -href="#Footnote_771" class="fnanchor">[766]</a>. Iban de pueblo en -pueblo recibiendo la hospitalidad, ó, mejor dicho, tomándola ellos -mismos, segun era uso y costumbre. El huésped tiene en Oriente grande -autoridad y es superior al dueño de la casa, al cual inspira la -confianza más absoluta. Esa predicacion á domicilio, en el seno del -hogar doméstico, es excelente para la propaganda de nuevas doctrinas. -Ella sirve de pago al beneficio que se recibe y, provocada por la -política y las buenas relaciones, facilita la emision de las ideas y la -conversion de las familias. Sin la hospitalidad de Oriente, la rápida -propaganda del cristianismo sería un hecho incomprensible. Jesús, que -tenía gran apego á las viejas costumbres, con tal de que fuesen buenas, -aconsejaba á sus discípulos que no tuviesen escrúpulo en aprovecharse -de aquel antiguo derecho público, que probablemente estaba ya abolido -en las grandes ciudades, á causa del establecimiento de las hosterías<a -id="FNanchor_772" href="#Footnote_772" class="fnanchor">[767]</a>. -Cuando los apóstoles se instalaban en casa de alguno, debian permanecer -allí, comiendo y bebiendo lo que les dieran, hasta que no terminasen su -mision.</p> - -<p>Jesús deseaba que los mensajeros de la buena nueva, <span -class="pagenum" id="Page_166">p. 166</span>tomando de él ejemplo, -hiciesen agradable su predicacion por medio de la amabilidad y de la -benevolencia. Queria que cuando entrasen en una casa diesen al dueño el -<i>selam</i> ó salutacion de paz. Siendo el selam entónces en Oriente -lo que todavía es hoy, esto es, un signo de comunion religiosa que -no se cambia con las personas cuyas creencias no se conocen, algunos -vacilaban en seguir el mandato. «No temais nada, les decia Jesús; si -el amo de la casa no la merece, vuestra paz se volverá con vosotros»<a -id="FNanchor_773" href="#Footnote_773" class="fnanchor">[768]</a>. Y -en efecto, los apóstoles del reino de Dios eran á veces mal recibidos -y se quejaban de ello á Jesús, el cual trataba siempre de calmarlos. -Persuadidos como se hallaban de la omnipotencia del maestro, algunos -se mostraban disgustados de tamaña longanimidad: los hijos del -Zebedeo querian que hiciese llover el fuego del cielo sobre las -ciudades inhospitalarias<a id="FNanchor_774" href="#Footnote_774" -class="fnanchor">[769]</a>. Jesús acogia aquellos trasportes de celo -con fina ironía, y los calmaba diciéndoles: «No he venido á perder las -almas, sino á salvarlas.»</p> - -<p>El maestro trataba siempre de establecer el principio que sus -apóstoles eran él mismo<a id="FNanchor_775" href="#Footnote_775" -class="fnanchor">[770]</a> ó semejantes á él, y todos creian que les -habia comunicado sus maravillosas virtudes. Y en efecto, los discípulos -ahuyentaban los demonios, profetizaban y formaban una escuela de -renombrados exorcistas<a id="FNanchor_776" href="#Footnote_776" -class="fnanchor">[771]</a>, si bien es verdad que muchas cosas eran -superiores á sus fuerzas<a id="FNanchor_777" href="#Footnote_777" -class="fnanchor">[772]</a>. Tambien curaban las enfermedades, bien -por la imposicion de las manos, ó bien por la uncion del aceite<a -id="FNanchor_778" href="#Footnote_778" class="fnanchor">[773]</a>; -éste es uno de los procedimientos fundamentales de la medicina -oriental. Por último, podian manosear las serpientes y beber -impunemente licores venenosos<a id="FNanchor_779" href="#Footnote_779" -class="fnanchor">[774]</a>. Á medida que uno se aleja de Jesús, -esa teurgia llega á ser cada vez más chocante. Pero no cabe duda -que ella fué de derecho comun en la Iglesia primitiva, y que los -contemporáneos le consagraron particular atencion<a id="FNanchor_780" -href="#Footnote_780" class="fnanchor">[775]</a>. Como sucede casi -siempre, no faltaron charlatanes que explotasen aquel movimiento de -credulidad. Ya en vida de Jesús, algunos, sin ser discípulos suyos, -lanzaban los demonios en su nombre; los verdaderos discípulos se -resentian de tal audacia y trataban de impedirla; pero Jesús, que veia -en la conducta de los intrusos un homenaje tributado á su fama, no se -mostraba muy severo con ellos<a id="FNanchor_781" href="#Footnote_781" -class="fnanchor">[776]</a>. Por otra parte, el poder ó la facultad -de exorcizar habia llegado en cierto modo á convertirse en oficio. -Ciertas personas, llevando hasta el extremo la lógica de lo absurdo, -lanzaban los demonios en nombre de Belzebú<a id="FNanchor_782" -href="#Footnote_782" class="fnanchor">[777]</a>,<span class="pagenum" -id="Page_167">p. 167</span> príncipe de los diablos. Figurábanse -que, debiendo tener aquel soberano de las legiones infernales -autoridad absoluta sobre sus subordinados, no podrian ménos de huir -los espíritus intrusos, obrando en nombre suyo<a id="FNanchor_783" -href="#Footnote_783" class="fnanchor">[778]</a>. Algunos hasta -pretendian comprar á los discípulos de Jesús el secreto de los poderes -milagrosos que el maestro les habia conferido<a id="FNanchor_784" -href="#Footnote_784" class="fnanchor">[779]</a>.</p> - -<p>Un gérmen de Iglesia empezaba ya á columbrarse. Esa idea fecunda -del poder de los hombres reunidos (<i>ecclesia</i>) parece haber -pertenecido á Jesús. Rebosando su corazon la doctrina idealista de -que la union por el amor es lo que constituye la presencia de las -almas, declaraba que siempre que algunos se reuniesen en nombre -suyo, él estaria entre ellos. Jesús confia á la Iglesia el derecho -de atar y desatar (esto es, de hacer que ciertas cosas sean lícitas -ó ilícitas), de perdonar los pecados, de reprender y amonestar con -autoridad, y de rogar con la certidumbre de que las preces sean -atendidas favorablemente<a id="FNanchor_785" href="#Footnote_785" -class="fnanchor">[780]</a>. Posible es que muchas de esas palabras -hayan sido atribuidas al maestro, á fin de que sirvieran de apoyo á -la autoridad colectiva por la cual se pretendió despues reemplazar la -suya. De todos modos, las iglesias particulares no se constituyeron -sino despues de su muerte, y áun aquella primera constitucion se hizo -con arreglo al modelo de las sinagogas. Varios de los personajes -que habian amado entrañablemente á Jesús y fundado en él grandes -esperanzas, como José de Arimathea, Lázaro, María de Magdala y -Nicodemo, no formaron, á lo que parece, parte de aquellas iglesias, -y se atuvieron al tierno y respetuoso recuerdo que de él habian -conservado.</p> - -<p>Por lo demás, en la enseñanza de Jesús no hay ningun indicio de una -moral aplicada ni de un derecho canónico, siquiera sea poco definido. -Una sola vez se pronuncia de una manera clara respecto al casamiento, -prohibiendo el divorcio<a id="FNanchor_786" href="#Footnote_786" -class="fnanchor">[781]</a>. Tampoco se echa de ver ninguna teología -ni símbolo alguno. Sólo hace algunas vagas indicaciones referentes al -Padre, al Hijo y al Espíritu<a id="FNanchor_787" href="#Footnote_787" -class="fnanchor">[782]</a>, de las que habrian de deducir la -Trinidad y la Encarnacion, pero que entónces permanecian aún en -estado de imágenes indeterminadas. Los últimos libros del cánon -judáico admitian ya al Espíritu Santo, especie de hipóstasis divina -que algunas veces se identificaba con la Sabiduría ó el Verbo<a -id="FNanchor_788" href="#Footnote_788" class="fnanchor">[783]</a>. -Jesús insistió sobre ese punto<a id="FNanchor_789" href="#Footnote_789" -class="fnanchor">[784]</a> y anunció á sus discípulos un bautismo -por el fuego y el espíritu<a id="FNanchor_790" href="#Footnote_790" -class="fnanchor">[785]</a> preferible al de Juan; bautismo que, despues -de la<span class="pagenum" id="Page_168">p. 168</span> muerte del -profeta de Nazareth, creyeron recibir bajo la forma de un gran viento -acompañado de lenguas de fuego<a id="FNanchor_791" href="#Footnote_791" -class="fnanchor">[786]</a>. El Espíritu Santo enviado por el Padre les -enseñará así la verdad, y al mismo tiempo les dará testimonio de las -que el mismo Jesús promulgara<a id="FNanchor_792" href="#Footnote_792" -class="fnanchor">[787]</a>. Para designar ese Espíritu, Jesús empleaba -el nombre de <i>Paráclito</i>, nombre que el siro-caldeo habia tomado -del griego (<span xml:lang="grc" lang="grc">παράκλητος</span>), y -que parece haber tenido en su mente la significacion de «abogado»<a -id="FNanchor_793" href="#Footnote_793" class="fnanchor">[788]</a>, -«consejero»<a id="FNanchor_794" href="#Footnote_794" -class="fnanchor">[789]</a>, y algunas veces la de «intérprete de -las celestes verdades», ó bien la de «doctor encargado de revelar -á los hombres los misterios todavía ocultos»<a id="FNanchor_795" -href="#Footnote_795" class="fnanchor">[790]</a>. Jesús mismo se -consideraba respecto á sus discípulos como un <i>paráclito</i><a -id="FNanchor_796" href="#Footnote_796" class="fnanchor">[791]</a>, y -el Espíritu que vendrá despues de su muerte no hará sino reemplazarle. -Esta era una aplicacion del procedimiento que la teología judáica y la -teología cristiana habrian de seguir por espacio de siglos, y que debia -producir toda una serie de asesores divinos, como el <i>Metatrono</i>, -el <i>Sinadelfo</i> ó <i>Sandalfon</i> y demás personificaciones de la -Cábala. Pero con la diferencia de que esas creaciones debian permanecer -en el judaismo siendo especulaciones particulares y libres, miéntras -que en el cristianismo constituyeron, á partir del siglo cuarto, la -esencia de la ortodoxia y del dogma universal.</p> - -<p>Paréceme inútil hacer observar que la idea de un libro religioso -que encerrase un código y artículos de fe estaba muy léjos del -pensamiento de Jesús. No sólo no escribió nunca el maestro, sino que -la produccion de libros sagrados era contraria al espíritu de la -secta naciente. Estaban persuadidos de que se hallaban en vísperas de -la gran catástrofe final, y de que el Mesías venía, no á promulgar -nuevos textos, sino á poner el sello á la Ley y á las palabras de los -profetas. Así, pues, á excepcion del Apocalípsis, único libro revelado -del cristianismo naciente, los demás escritos de la edad apostólica -son obras de circunstancia que de ningun modo tienen la pretension de -proporcionar un conjunto dogmático completo. Los evangelios no tuvieron -en un principio sino un carácter puramente privado y una autoridad -bien inferior á la tradicion<a id="FNanchor_797" href="#Footnote_797" -class="fnanchor">[792]</a>.</p> - -<p>Sin embargo, ¿no tenía la secta algun sacramento, algun rito, -algun signo de union y de mútuo reconocimiento? Sí, tenía uno que -todas las tradiciones hacen remontar hasta Jesús. Una de las ideas -favoritas del maestro, consistia en que<span class="pagenum" -id="Page_169">p. 169</span> él era el nuevo pan, superior al maná, -de que la humanidad viviria en adelante. Esa idea, gérmen de la -Eucaristía, adquiria á veces en boca de Jesús formas singularmente -concretas. En una ocasion obedeció en la sinagoga de Capharnahum -á un movimiento atrevido que le costó la pérdida de varios de sus -discípulos. «En verdad, en verdad os digo: Moisés no os dió pan del -cielo; mi Padre es quien os le da verdaderamente»<a id="FNanchor_798" -href="#Footnote_798" class="fnanchor">[793]</a>. Y añadió: «Yo soy -el pan de vida; el que viene á mí, no tendrá hambre; y el que cree -en mí, no tendrá sed jamás»<a id="FNanchor_799" href="#Footnote_799" -class="fnanchor">[794]</a>. Estas palabras excitaron un vivo murmullo. -«¿Qué entiende por esas palabras «yo soy el pan de vida?»—decian.—¿No -es éste aquel Jesús, hijo de José, cuyo padre y cuya madre conocemos? -¿Cómo dice entónces que ha descendido del cielo?» Y Jesús, insistiendo -con mayor energía, les replicaba: «Yo soy el pan de vida; vuestros -padres comieron el maná en el desierto y murieron; éste es el pan que -desciende del cielo, á fin de que quien comiere de él no muera. Yo soy -el pan vivo: quien comiere de este pan vivirá eternamente; y el pan que -yo daré es mi misma carne, para la vida del mundo»<a id="FNanchor_800" -href="#Footnote_800" class="fnanchor">[795]</a>. El escándalo llegó á -su colmo. «¿Cómo puede éste darnos á comer su carne?»—decian. Y Jesús -insistia aún: «En verdad, en verdad os digo que si no comiéreis la -carne del Hijo del hombre y no bebiéreis su sangre, no tendreis vida -en vosotros. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, -y yo le resucitaré en el último dia. Porque mi carne verdaderamente -es comida, y mi sangre es verdaderamente bebida. Quien come mi carne -y bebe mi sangre, en mí mora, y yo en él. Así como el Padre que me ha -enviado vive, y yo vivo por el Padre; así quien me come, tambien vivirá -por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo, y no es como el maná -que vuestros padres comieron y que no les impidió morir; quien come -este pan vivirá eternamente.» Semejante obstinacion en la paradoja -sublevó la conciencia de varios de sus discípulos, que desde entónces -dejaron de seguirle. Jesús no se retractó; únicamente añadia: «El -espíritu es quien da la vida: la carne de nada sirve. Las palabras que -os he dicho, espíritu y vida son.» Á pesar de esa rara predicacion, -los doce permanecieron fieles, y ella dió motivo á Cephas ó Pedro para -demostrarle un afecto sin límites y para repetirle: «Tú eres el Cristo, -el Hijo de Dios.»</p> - -<p>Probablemente desde entónces se introdujo en las comidas de la secta -algun uso que se relacionaba con la predicaci<span class="pagenum" -id="Page_170">p. 170</span>on que halló tan mala acogida en la sinagoga -de Capharnahum. Pero las tradiciones apostólicas son respecto á esto -muy divergentes y, quizás adrede, muy incompletas. Los evangelios -sinópticos suponen que un acto sacramental único sirvió de base al -rito misterioso, y señalan ese acto en la última Cena. Juan, que es -precisamente quien nos ha conservado el incidente de la sinagoga de -Capharnahum, no dice ni una palabra de semejante hecho, sin embargo de -referir muy al pormenor cuanto en la última Cena tuvo lugar. Por otra -parte, vemos que se reconocia á Jesús en la manera de partir el pan<a -id="FNanchor_801" href="#Footnote_801" class="fnanchor">[796]</a>, -como si para aquellos que le habian tratado hubiese sido esa accion -la más característica de su persona. Así que murió, la forma bajo la -cual aparecia á los piadosos recuerdos de sus discípulos era la de -presidente de un místico banquete, bendiciendo el pan y repartiéndole -á los circunstantes<a id="FNanchor_802" href="#Footnote_802" -class="fnanchor">[797]</a>. Es muy posible que ésta fuese una de -sus costumbres, y esos momentos aquellos en que más particularmente -se mostraba amable y afectuoso. Una circunstancia material, la -presencia del pescado sobre la mesa (indicio que prueba que el -rito indicado tuvo orígen en las márgenes del lago de Tiberiade)<a -id="FNanchor_803" href="#Footnote_803" class="fnanchor">[798]</a>, fué -tambien casi sacramental, y formó parte integrante de las imágenes -que los discípulos hicieron del sagrado festin<a id="FNanchor_804" -href="#Footnote_804" class="fnanchor">[799]</a>.</p> - -<p>En la naciente comunidad, los instantes consagrados á la comida -habian llegado á ser los más agradables. En aquellos momentos en que -todos se reunian al rededor de la misma mesa, el maestro hablaba á cada -uno y mantenia siempre una conversacion jovial y llena de atractivo. -Jesús amaba aquellos instantes y se complacia en ver en torno suyo -á su familia espiritual<a id="FNanchor_805" href="#Footnote_805" -class="fnanchor">[800]</a>. La participacion del mismo pan era -considerada como una especie de comunion, de lazo recíproco. Los -términos extremadamente enérgicos que el maestro usaba respecto á este -punto, se tomaron despues al pié de la letra de una manera absoluta -y lastimosa. Jesús era, al mismo tiempo, muy espiritualista en las -concepciones y muy materialista en la expresion. Queriendo hacer -palpable el pensamiento de que el creyente no vive sino de él, y que -él todo entero (cuerpo, sangre y alma) era la vida del verdadero -fiel, decia á sus discípulos:—«Yo soy vuestro alimento»; frase que -cambiada en estilo figurado, se convertia en esta otra: «Mi carne es -vuestro pan, mi sangre es vuestra bebida.» La costumbre de hacer uso -de un lenguaje sustancial en extremo le llevaba más léjos aún. En -la mesa decia á los discípul<span class="pagenum" id="Page_171">p. -171</span>os, señalándoles el alimento: «Héme ahí»; y repartiéndoles -el pan: «Tomad, éste es mi cuerpo»; y alargándoles el cáliz con vino: -«Tomad, ésta es mi sangre»; maneras de hablar que eran todas el -equivalente de: «Yo soy vuestro alimento.»</p> - -<p>Ese rito misterioso alcanzó en vida de Jesús grande importancia; -probablemente se hallaba establecido mucho tiempo ántes del último -viaje á Jerusalen, siendo tambien posible que fuese el resultado de -una doctrina general más bien que de hecho determinado. Despues de la -muerte de Jesús, llegó á ser el gran símbolo de la comunion cristiana<a -id="FNanchor_806" href="#Footnote_806" class="fnanchor">[801]</a>, -y se relacionó su orígen con el momento más solemne de la vida -del Salvador. Pretendíase entónces ver en la consagracion del pan -y del vino una memoria del adios que Jesús dió á sus discípulos -ántes de abandonar la vida<a id="FNanchor_807" href="#Footnote_807" -class="fnanchor">[802]</a>, y se volvió á encontrar al mismo Jesús en -ese sacramento. La idea completamente espiritualista de la presencia -de las almas, idea que tan familiar era al maestro y que le obligaba, -por ejemplo, á decir á sus discípulos que cuando se reunieran en -su nombre estaria en persona en medio de ellos<a id="FNanchor_808" -href="#Footnote_808" class="fnanchor">[803]</a>, hacia la hipótesis -admisible. Como ya hemos dicho, Jesús no tuvo nunca una nocion fija -de lo que constituye la individualidad. La idea, en el grado de -exaltacion á que habia llegado, tenía en él tal supremacía y tan -absoluto imperio, que el cuerpo no figuraba para nada. Dos seres que -se aman no forman sino uno, viven uno en otro;—¿cómo no habian de ser -uno él y sus discípulos?<a id="FNanchor_809" href="#Footnote_809" -class="fnanchor">[804]</a> Éstos adoptaron el mismo lenguaje. Y los que -por espacio de algunos años habian vivido de él, continuaron viéndole -siempre con el pan y el cáliz «entre sus manos santas y venerables»<a -id="FNanchor_810" href="#Footnote_810" class="fnanchor">[805]</a> -ofreciéndose á ellos. Á él fué, pues, á quien comieron y bebieron, y él -llegó á ser la verdadera Pascua, puesto que la antigua quedó abolida -por su sangre. Imposible es traducir á nuestro idioma determinado, que -tan profunda distincion exige entre el sentido propio y el metafórico, -esas costumbres de estilo cuyo carácter esencial consiste en prestar -á la metáfora, ó mejor dicho, á la idea, una forma palpable y de exuberante -realidad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_19"> - <p><span class="pagenum" id="Page_172">p. 172</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XIX</h2> - <p class="subh2">PROGRESION CRECIENTE DE ENTUSIASMO - Y DE EXALTACION</p> -</div> - -<p>Es evidente que semejante sociedad religiosa, fundada sólo en la -esperanza del reino de Dios, debia ser muy incompleta por sí misma. -La primera generacion cristiana vivió toda ella de expectacion y de -ensueños. Creyéndose en vísperas del fin del mundo, se consideraba como -cosa inútil cuanto contribuye á continuarle. Prohibíase la propiedad<a -id="FNanchor_811" href="#Footnote_811" class="fnanchor">[806]</a>, y -debian esquivarse todos los lazos que sujetan al hombre á la tierra, -todo cuanto le separa del cielo. Aunque algunos discípulos estaban -casados, se renunciaba, segun parece, al matrimonio desde el momento en -que se ingresaba en la secta<a id="FNanchor_812" href="#Footnote_812" -class="fnanchor">[807]</a>. Preferíase abiertamente el celibato, y en -el matrimonio mismo se recomendaba la continencia<a id="FNanchor_813" -href="#Footnote_813" class="fnanchor">[808]</a>. Hay un momento en -que el maestro parece dar su aprobacion á los que se mutilasen con -la esperanza de ser más dignos del reino de Dios<a id="FNanchor_814" -href="#Footnote_814" class="fnanchor">[809]</a>. En lo cual era -consecuente con su principio; «Si tu mano ó tu pié te dan ocasion -de escándalo ó pecado, córtalos y arrójalos léjos de tí; pues más -te vale entrar en la vida eterna manco ó cojo, que con dos manos ó -dos piés ser precipitado en el fuego eterno. Y si tu ojo es para tí -ocasion de pecado, sácale y tírale léjos de tí:—mejor te es entrar -en la vida eterna con un solo ojo, que tener dos y ser arrojado -al fuego del infierno»<a id="FNanchor_815" href="#Footnote_815" -class="fnanchor">[810]</a>. La falta de generacion fué considerada -frecuentemente como la señal y la condicion del reino de Dios<a -id="FNanchor_816" href="#Footnote_816" class="fnanchor">[811]</a>.</p> - -<p>Segun se ve, aquella Iglesia primitiva no hubiera formado nunca una -sociedad durable, sin la gran variedad de gérmenes que Jesús depositó -en su enseñanza. Para que la verdadera Iglesia cristiana, la Iglesia -que convirtió al mundo, se desprenda de aquella pequeña secta de santos -y llegue á ser un cuadro aplicable á la sociedad entera, necesitará -todavía más de un siglo. Lo mismo sucedió con el budismo, cuya doctrina -fué en un principio fundada por frailes. Lo mismo habria tambien -sucedido con la órden de San Francisco, si la pretension de aquella -órden, que aspiraba á convertirse en regla de<span class="pagenum" -id="Page_173">p. 173</span> la sociedad humana, hubiese tenido éxito. -Nacidas en estado de utopias, y consiguiendo abrirse camino á causa de -su misma exageracion, las grandes fundaciones que acabamos de mencionar -no llenaron el mundo sino á condicion de modificarse profundamente -y de renunciar á sus excesos. Jesús no traspasó ese primer período -monacal en que el hombre se cree autorizado á intentar lo imposible. -Así es que predicó atrevidamente la guerra á la naturaleza, la -total ruptura de los lazos de la sangre: «En verdad, en verdad os -digo,—exclamaba,—ninguno hay que haya dejado casa, ó padres, ó -hermanos, ó esposa, ó hijos, por amor de Dios, el cual no reciba mucho -más en este siglo, y en el venidero la vida eterna»<a id="FNanchor_817" -href="#Footnote_817" class="fnanchor">[812]</a>.</p> - -<p>La misma exaltacion respiran las instrucciones que se suponen dadas -por Jesús á sus discípulos<a id="FNanchor_818" href="#Footnote_818" -class="fnanchor">[813]</a>. En efecto, él, que tan fácil y -tolerante se muestra para con los extraños, que á veces se contenta -con débiles afecciones<a id="FNanchor_819" href="#Footnote_819" -class="fnanchor">[814]</a>, manifiesta para con los suyos -extraordinario rigor. No le satisfacen los términos medios. Diríase que -su escuela era una «órden» basada en las más austeras reglas. Jesús, -fiel á su idea de que los cuidados de la vida turban y empequeñecen -al hombre, exige un completo desprendimiento de la tierra, una -adhesion absoluta por su obra. Sus discípulos no deben llevar dinero, -ni provisiones para el camino, ni siquiera una alforja, ni una muda -de ropa; deben practicar la pobreza absoluta, vivir de las limosnas -y de la hospitalidad que les ofrezcan. «Dad graciosamente lo que -graciosamente habeis recibido»<a id="FNanchor_820" href="#Footnote_820" -class="fnanchor">[815]</a>,—les decia en su hermoso lenguaje. Si -los prenden, si los llevan ante los jueces, no deben preparar su -defensa; el abogado celestial, el <i>Paráclito</i>, les inspirará lo -que han de decir. El Padre les enviará de lo alto su Espíritu, el -cual llegará á ser el principio de todas sus acciones, el director -de sus pensamientos, su guía á traves del mundo<a id="FNanchor_821" -href="#Footnote_821" class="fnanchor">[816]</a>. Cuando los echen -de una ciudad, deben sacudir, al abandonarla, el polvo de sus piés, -aunque no sin notificarle la proximidad del reino de Dios, á fin de que -no pueda alegar ignorancia. Y añadia: «No acabareis de recorrer las -ciudades de Israel ántes que venga el Hijo del hombre.»</p> - -<p>Un fuego extraño anima todos esos discursos, que tal vez sean en -parte creacion del entusiasmo de los discípulos<a id="FNanchor_822" -href="#Footnote_822" class="fnanchor">[817]</a>; pero áun así, -provienen directamente de Jesús, puesto que obra suya era ese -entusiasmo. Jesús anuncia á los que quieren<span class="pagenum" -id="Page_174">p. 174</span> seguirle grandes persecuciones y que serán -objeto del ódio del género humano. Envíalos como ovejas en medio de -lobos, y les dice que serán azotados en las sinagogas y conducidos -á las prisiones. El hermano será entregado por el hermano y el hijo -por su padre. Aconséjales que cuando los persigan en un país huyan á -otro. «El discípulo no es más que su maestro,—les decia,—ni el siervo -más que su amo. Nada temais á los que matan al cuerpo y no pueden -matar el alma. ¿No es así que dos pájaros se venden por un cuarto, -y no obstante, ninguno de ellos caerá en tierra sin que lo disponga -vuestro padre? Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados; -no teneis, pues, que temer; valeis vosotros más que muchos pájaros»<a -id="FNanchor_823" href="#Footnote_823" class="fnanchor">[818]</a>. -Y añadia: «Todo aquel que me reconociere delante de los hombres, yo -tambien le reconoceré delante de mi Padre; mas á quien me negare -delante de los hombres, yo tambien le negaré delante de mi Padre -que está en los cielos»<a id="FNanchor_824" href="#Footnote_824" -class="fnanchor">[819]</a>.</p> - -<p>En esos accesos de rigor, Jesús se exaltaba hasta el extremo de -suprimir la carne. Sus exigencias no tenian ya límites. Desconociendo -la manera de ser de la naturaleza del hombre, quiere que no se viva -sino para él, que no se ame sino á él únicamente. «Si alguno de los -que me siguen,—decia,—no aborrece á su padre y madre, y á la mujer, -y á los hijos, y á los hermanos y hermanas, y áun á su vida misma, -no puede ser mi discípulo»<a id="FNanchor_825" href="#Footnote_825" -class="fnanchor">[820]</a>.—«Cualquiera de vosotros que no renuncie -á todo lo que posea, no puede ser mi discípulo»<a id="FNanchor_826" -href="#Footnote_826" class="fnanchor">[821]</a>. Entónces se mezclaba -á sus palabras algo de extraño y sobrehumano; algo semejante á un -fuego devorador que agostaba las raíces de la vida, que lo convertia -todo en horrible desierto. El áspero y triste sentimiento de disgusto -por el mundo y de abnegacion ilimitada, que caracteriza la perfeccion -cristiana, tuvieron por fundador, no al ingenioso y jovial moralista -de los primeros dias, sino al sombrío gigante á quien una especie de -grandioso presentimiento arrojaba más y más fuera del género humano. -En aquellos momentos de guerra contra las necesidades más legítimas -del corazon, diríase que Jesús habia olvidado el placer de vivir, de -amar, de ser y de sentir. Y llevando su exaltacion hasta el extremo, -exclamaba: «Si alguno quiere ser mi discípulo, que renuncie á sí mismo -y me siga. Quien ama al padre ó á la madre más que á mí, no merece -ser mio; y quien ama al hijo ó á la hija más que á mí, tampoco merece -ser mio. Quien conserve su vida, la perderá;<span class="pagenum" -id="Page_175">p. 175</span> y quien perdiere su vida por amor mio, -la volverá á hallar. ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo -si se pierde á sí mismo?»<a id="FNanchor_827" href="#Footnote_827" -class="fnanchor">[822]</a>. Dos anécdotas pertenecientes al género de -aquellas que no deben tomarse por históricas pintan perfectamente, -aunque exagerándole, ese reto lanzado por Jesús á la naturaleza. -«¡Sígueme!»—dijo el maestro á un hombre.—«Señor,—le respondió—permíteme -que ántes vaya á dar sepultura á mi padre.» Mas Jesús replicó:—«Sígueme -tú, y deja que los muertos entierren á sus muertos; pero tú vé y -anuncia el reino de Dios.»—Y otro le dijo: «Señor, yo te seguiré; pero -primero déjame ir á despedirme de mi casa.» Respondióle Jesús: «Ninguno -que despues de haber puesto su mano en el arado vuelve los ojos atras, -es apto para el reino de Dios»<a id="FNanchor_828" href="#Footnote_828" -class="fnanchor">[823]</a>. Un extraordinario aplomo, y á veces un -acento de singular dulzura, hacian tolerables esas exageraciones: -«Venid á mí—exclamaba—todos los que andais agobiados de trabajos y -cargas, que yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros; aprended -de mí, que soy manso y humilde de corazon, y hallaréis el reposo -para vuestras almas; porque suave es mi yugo y ligero el peso mio»<a -id="FNanchor_829" href="#Footnote_829" class="fnanchor">[824]</a>.</p> - -<p>De esa moral exaltada, que se expresaba en un lenguaje hiperbólico -y espantosamente enérgico, debia resultar un gran peligro para el -porvenir. Á fuerza de desprender al hombre de la tierra, se atacaba -á la vida en sus mismas fuentes. En adelante, el cristiano que sea -mal hijo, mal padre, mal patriota, merecerá por ello elogios, si sus -atentados contra la patria y la familia reconocen por orígen el amor de -Cristo. La ciudad antigua, la república, madre de todos, el Estado, ley -comun de todos, quedan constituidos en hostilidad abierta con el reino -de Dios, sembrando en el mundo un gérmen fatal de teocracia.</p> - -<p>Otra consecuencia se deja tambien entrever desde entónces. Esa -moral, hecha para un momento de crísis, parecerá imposible cuando se -trasporte á un medio más tranquilo, al seno de una sociedad segura de -su duracion. El Evangelio queda así destinado á convertirse en una -utopia que muy pocos cristianos intentarian realizar. Para el mayor -número, esas fulminantes máximas deberán dormir en profundo olvido, con -el asentimiento del mismo clero; porque el hombre evangélico será un -hombre peligroso. El más interesado, el más orgulloso, el más déspota, -el más terrenal de todos los humanos, un Luis XIV, por ejemplo, debia -encontrar sacerdotes que le<span class="pagenum" id="Page_176">p. -176</span> persuadiesen, á despecho del Evangelio, de que era buen -cristiano. Pero tambien debian encontrarse santos que tomasen al pié -de la letra las sublimes paradojas de Jesús. No pudiendo alcanzarse -la perfeccion dentro de las condiciones ordinarias de la sociedad, ni -practicarse completamente la vida evangélica sino fuera del mundo, -quedaba asentado de una manera tácita el principio del ascetismo y del -estado monacal. Las sociedades cristianas tendrán, pues, dos reglas -morales, una medianamente heróica, para la generalidad de los hombres; -otra exaltada hasta el exceso, para el hombre perfecto; y este será -el fraile sujeto á reglas que pretendan realizar el ideal evangélico. -Es indudable que ese ideal no podia ser de derecho comun, puesto que -implicaba la obligacion del celibato y de la pobreza. Bajo este punto -de vista, el fraile es en cierto modo el solo cristiano verdadero. El -sentido comun se revela contra semejantes excesos, porque para él lo -imposible es la señal de la debilidad y del error. Pero, cuando se -trata de grandes cosas, el sentido comun es malísimo juez. Para obtener -algo de la humanidad, necesario es pedirle mucho. El inmenso progreso -moral debido al Evangelio proviene de sus mismas exageraciones. Bajo -este supuesto, él ha sido, así como el estoicismo, pero con muchísima -más amplitud, un vivo argumento de las fuerzas divinas que el hombre -tiene en sí, un monumento elevado al poder de la voluntad.</p> - -<p>Compréndese fácilmente que, en el momento á que hemos llegado -de la vida de Jesús, todo lo que no era el reino de Dios habia -desaparecido para él de un modo absoluto. Jesús se hallaba fuera -de la naturaleza, si así puede decirse; la familia, la amistad, la -patria no tienen ya para él valor alguno. Sin duda habia hecho desde -entónces el sacrificio de su vida. En ocasiones se inclina uno á creer -que, viendo en su propia muerte un medio de fundar su reino, concibió -deliberadamente el propósito de hacerse matar<a id="FNanchor_830" -href="#Footnote_830" class="fnanchor">[825]</a>. Otras veces, la muerte -se presenta á él como un sacrificio destinado á apaciguar á su Padre -y á salvar á los hombres<a id="FNanchor_831" href="#Footnote_831" -class="fnanchor">[826]</a>, idea que despues habia de convertirse en -dogma. Domínale un gusto singular de persecucion y de suplicios<a -id="FNanchor_832" href="#Footnote_832" class="fnanchor">[827]</a>, -considera su sangre como el agua de un segundo bautismo que debe -recibir, y parece poseido de una extraña precipitacion por salir -al encuentro de ese bautismo, único que puede calmar su sed<a -id="FNanchor_833" href="#Footnote_833" class="fnanchor">[828]</a>.</p> - -<p>Su grandeza de miras respecto al porvenir era á veces sorprendente. -Jesús no desconocia la terrible tempestad que iba<span class="pagenum" -id="Page_177">p. 177</span> á desencadenar sobre el mundo. «No teneis -que pensar—decia enérgica y atrevidamente—que yo he venido á traer la -paz á la tierra; no he venido á traer la paz, sino la guerra. En una -misma casa habrá cinco entre sí desunidos, tres contra dos y dos contra -tres. Pues he venido á separar al hijo de su padre, á la hija de su -madre, y á la nuera de su suegra. Y los enemigos del hombre serán las -personas de su misma casa»<a id="FNanchor_834" href="#Footnote_834" -class="fnanchor">[829]</a>.—«Yo he venido á poner fuego á la -tierra; y ¿qué he de querer sino que arda?»<a id="FNanchor_835" -href="#Footnote_835" class="fnanchor">[830]</a>.—«Os echarán de las -sinagogas—añadia—y va á venir tiempo en que quien os matare se persuada -hacer un obsequio á Dios<a id="FNanchor_836" href="#Footnote_836" -class="fnanchor">[831]</a>. Si el mundo os aborrece, sabed que primero -que á vosotros me aborreció á mí. Acordaos de aquélla sentencia mia, -que os dije: no es el siervo mayor que su amo. Si me han perseguido -á mí, tambien os han de perseguir á vosotros»<a id="FNanchor_837" -href="#Footnote_837" class="fnanchor">[832]</a>.</p> - -<p>Arrastrado por esa espantosa progresion de entusiasmo y obedeciendo -á las necesidades de una predicacion cada vez más exaltada, Jesús no -era ya dueño de sí mismo, pertenecia á su papel y á la humanidad, -hasta cierto punto. Hubiérase dicho á veces que su razon se turbaba. -Sentia angustias y agitaciones interiores<a id="FNanchor_838" -href="#Footnote_838" class="fnanchor">[833]</a>. La gran vision del -reino de Dios que incesantemente brillaba ante sus ojos le producia -vértigos. Hubo momentos en que sus discípulos le creyeron loco<a -id="FNanchor_839" href="#Footnote_839" class="fnanchor">[834]</a>, y -en que sus enemigos declararon que estaba poseido<a id="FNanchor_840" -href="#Footnote_840" class="fnanchor">[835]</a>. Su apasionadísimo -temperamento le llevaba á cada instante fuera de los límites de la -naturaleza humana. No siendo su obra una obra de razon, sino de -aquellas que burlan todas las clasificaciones del humano entendimiento, -lo que Jesús exigia más imperiosamente era la «fe»<a id="FNanchor_841" -href="#Footnote_841" class="fnanchor">[836]</a>. Esta palabra, -base de todos los movimientos populares, era la que más se repetia -en el pequeño cenáculo. Claro es que ninguno de esos movimientos -se realizaria, si fuese condicion indispensable que aquel que los -provoca conquistase uno á uno sus discípulos por medio de pruebas -lógicas y bien deducidas. La reflexion no conduce sino á la duda: -si los autores de la revolucion francesa, por ejemplo, hubiesen -exigido un convencimiento prévio, fruto de largas meditaciones, todos -ellos habrian llegado á la vejez sin haber hecho nada. Jesús de -igual manera aspiraba á seducir más bien que á convencer. Exigente, -imperativo, no sufria ninguna oposicion ni demora, era preciso -convertirse. Hasta su dulzura natural parecia haberle abandonado, y -en ocasiones se manifestaba ru<span class="pagenum" id="Page_178">p. -178</span>do y extravagante<a id="FNanchor_842" href="#Footnote_842" -class="fnanchor">[837]</a>. Habia momentos en que sus discípulos -no le comprendian y en que les inspiraba una especie de temor<a -id="FNanchor_843" href="#Footnote_843" class="fnanchor">[838]</a>. -Su mal humor contra los obstáculos le hacia cometer á veces -actos inexplicables y absurdos en apariencia<a id="FNanchor_844" -href="#Footnote_844" class="fnanchor">[839]</a>.</p> - -<p>Y no es porque su virtud menguase, sino porque su lucha en nombre -del ideal contra la realidad llegaba á ser insostenible. La resistencia -le irritaba; el contacto de la tierra le exasperaba y le hacia daño. -Y su nocion de Hijo de Dios se turbaba y exageraba. La ley fatal que -condena á la idea á decaer y empobrecerse desde el momento en que trata -de convertir á los hombres, tenía en él su aplicacion. Al tocar los -hombres á Jesús, le rebajaban á nivel de ellos. La entonacion que habia -adoptado no podia ser mantenida sino por algunos meses; tiempo era ya -de que la muerte pusiese fin á una situacion tan violenta, y de que -viniera á sustraerle á las imposibilidades de un camino sin término, á -libertarle de una prueba demasiado prolongada, á introducirle impecable -y para siempre en su celestial serenidad.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_20"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XX</h2> - <p class="subh2 g1">OPOSICION CONTRA JESÚS</p> -</div> - -<p>Jesús no encontró, á lo que parece, gran oposicion durante el -primer período de su carrera. Gracias á la extremada libertad de que -se gozaba en Galilea y al infinito número de maestros que aparecian en -todas partes, su predicacion no fué entónces conocida sino entre un -círculo de personas bastante reducido. Pero la tormenta empezó á rugir -tan pronto como puso la planta en una senda brillante de prodigios -y de éxito público. Más de una vez tuvo que huir y ocultarse por -temor á las persecuciones<a id="FNanchor_845" href="#Footnote_845" -class="fnanchor">[840]</a>. Sin embargo, Antipas no le molestó nunca, -como pudiera inferirse por la severidad con que Jesús se expresó -algunas veces respecto á él<a id="FNanchor_846" href="#Footnote_846" -class="fnanchor">[841]</a>. Tiberiade, residencia ordinaria del -tetrarca, no distaba sino una<span class="pagenum" id="Page_179">p. -179</span> ó dos leguas del país que Jesús habia elegido por centro -de su actividad; Antipas oyó desde allí hablar de sus milagros, que, -sin duda, tomaba por rasgos de habilidad, y curioso, como lo eran -entónces todos los incrédulos, de aquella especie de prestigios, -deseó presenciarlos<a id="FNanchor_847" href="#Footnote_847" -class="fnanchor">[842]</a>. Pero Jesús, con su tacto ordinario, -rehusó satisfacer la curiosidad del tetrarca, guardándose muy bien de -extraviarse en un mundo irreligioso, que sólo pretendia verle para -disfrutar de un vano pasatiempo. No aspirando á ganar sino al pueblo, -guardó para las gentes sencillas medios que únicamente para ellas -podian ser eficaces.</p> - -<p>Hubo un momento en que se esparció el rumor de que Jesús no era -otro sino Juan Bautista, que habia resucitado de <i>entre</i> los -muertos. La noticia inquietó un poco á Antipas<a id="FNanchor_848" -href="#Footnote_848" class="fnanchor">[843]</a>, el cual empleó la -astucia á fin de alejar de sus dominios al nuevo profeta. So pretexto -de interesarse por Jesús, algunos fariseos fueron á decirle que Antipas -queria hacerle matar. Pero no obstante su gran sencillez, Jesús conoció -el lazo que se le tendia y no abandonó el país<a id="FNanchor_849" -href="#Footnote_849" class="fnanchor">[844]</a>. Su carácter pacífico -y su ninguna implicacion en las agitaciones populares concluyeron por -tranquilizar al tetrarca y por alejar el peligro.</p> - -<p>La acogida que se dispensó á la nueva doctrina en todas las ciudades -de Galilea no fué igualmente benévola. No sólo la incrédula Nazareth -continuaba rechazando al que debia darle inmarcesible gloria; no -sólo sus hermanos persistian en no creer en él<a id="FNanchor_850" -href="#Footnote_850" class="fnanchor">[845]</a>, sino que algunas -de las ciudades del lago, que en general no le eran hostiles, se -hallaban muy léjos de estar completamente convertidas. Jesús se -queja á menudo de la incredulidad y de la dureza de corazon que -encuentra á cada paso; y aunque en tales reconvenciones haya gran -parte de exageracion, propia del predicador, y aunque en ellas se -eche de ver esa especie de <i>convicium seculi</i>, á que Jesús se -mostraba aficionado, á imitacion de Juan Bautista<a id="FNanchor_851" -href="#Footnote_851" class="fnanchor">[846]</a>, conócese, no obstante, -que no todo el país se mostraba adicto al reino de Dios.</p> - -<blockquote> - - <p>«¡Ay de tí, Corazin!—exclamaba.—¡Ay de tí, Betsaida! que si en - Tyro y en Sidon se hubiesen hecho los milagros que se han obrado - en vosotras, tiempo há que habrian hecho penitencia, cubiertas - de ceniza y de cilicio. Por tanto os digo que Tyro y Sidon serán - ménos rigorosamente tratados en el dia del juicio que vosotras. Y - tú, Capharnahum, ¿piensas acaso levantarte<span class="pagenum" - id="Page_180">p. 180</span> hasta el cielo? Serás, sí, abatida - hasta el infierno; porque si en Sodoma se hubiesen hecho los - milagros que en tí, Sodoma quizá subsistiera áun hoy dia. Por eso - te digo que el país de Sodoma en el dia del juicio será con ménos - rigor que tú castigado<a id="FNanchor_852" href="#Footnote_852" - class="fnanchor">[847]</a>.»</p> - - <p>«La reina de Saba,—añadia,—hará de acusadora en el dia del juicio - contra esta raza de hombres, y la condenará; por cuanto vino de los - extremos de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomon, y con - todo, aquí teneis quien es más que Salomon. Los naturales de Nínive - se levantarán en el dia del juicio contra esta raza de hombres, y la - condenarán; por cuanto ellos hicieron penitencia á la predicacion - de Jonás. Y con todo, el que está aquí es más que Jonás»<a - id="FNanchor_853" href="#Footnote_853" class="fnanchor">[848]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>Su vida errante y vagabunda, que en un principio se le presentaba -llena de atractivo, empezaba tambien á fatigarle.</p> - -<blockquote> - - <p>«Las raposas,—decia,—tienen sus madrigueras, y las aves - del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene sobre qué - reclinar la cabeza»<a id="FNanchor_854" href="#Footnote_854" - class="fnanchor">[849]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>Su corazon destilaba en grado progresivo la reconvencion y la -amargura:—acusaba á los incrédulos de resistirse á la evidencia, y -decia que habia personas que, áun en el momento en que el Hijo del -hombre apareciese rodeado de gloria celestial, dudarian todavía de él<a -id="FNanchor_855" href="#Footnote_855" class="fnanchor">[850]</a>.</p> - -<p>Jesús no podia, en efecto, acoger la oposicion con la calma del -filósofo que, comprendiendo la razon de la diversidad de opiniones -que se disputan el mundo, encuentra muy natural el que no todos -adopten sus principios. Uno de los principales defectos de la raza -judía es la acritud en la controversia y el tono injurioso que mezcla -en ella. Nunca hubo en el mundo tan acaloradas disputas como las -que los judíos tenian entre sí. Lo que hace al hombre político y -moderado es el sentimiento de la variedad de opinion. La falta de -ese sentimiento es uno de los rasgos que caracterizan el espíritu -semítico. Las obras delicadas, como, por ejemplo, los diálogos de -Platon, son completamente extrañas á esos pueblos. Jesús, no obstante -hallarse exento de casi todos los defectos de su raza, y sin embargo -de ser su cualidad predominante una delicadeza infinita, se vió -obligado, á pesar suyo, á usar en la polémica del estilo general<a -id="FNanchor_856" href="#Footnote_856" class="fnanchor">[851]</a>. De -igual manera que Juan Bautista<a id="FNanchor_857" href="#Footnote_857" -class="fnanchor">[852]</a>, empleaba contra sus adversarios -términos durísimos. Su carácter, de exquisita mansedumbre para con -los humildes, se exasperaba ante la incredulidad ménos agresiva<a -id="FNanchor_858" href="#Footnote_858" class="fnanchor">[853]</a>. Ya -no era aquel apacible maestro del «Discurso sobre<span class="pagenum" -id="Page_181">p. 181</span> la montaña», que aún no habia encontrado -ni resistencia ni dificultades. La pasion, que formaba el fondo -de su naturaleza, le arrastraba al terreno de las más violentas -invectivas. Esa mezcla original de encontrados afectos no debe -causarnos sorpresa. Un hombre de nuestra época, M. de Lamennais, ha -ofrecido, con raro vigor, el mismo contraste. En su hermoso libro -«Palabras de un creyente», la cólera más desenfrenada y los giros -más suaves y delicados alternan á cada paso. Y ese hombre, que en el -trato comun de la vida era amable y bondadoso para con todo el mundo, -se hacia intratable y se exasperaba hasta la locura con aquellos -que disentian de sus opiniones. De igual manera, Jesús se aplicaba, -no sin razon, el pasaje del libro de Isaías<a id="FNanchor_859" -href="#Footnote_859" class="fnanchor">[854]</a>: «No contenderá con -nadie, no voceará, ni oirá ninguno su voz en las plazas; no quebrará -la caña cascada, ni acabará de apagar la mecha que aún humea»<a -id="FNanchor_860" href="#Footnote_860" class="fnanchor">[855]</a>. Y -sin embargo, várias de las recomendaciones que hace á sus discípulos -encierran el gérmen de un verdadero fanatismo<a id="FNanchor_861" -href="#Footnote_861" class="fnanchor">[856]</a>, gérmen que la Edad -media debia desarrollar de una manera cruel. Pero ¿debe censurársele -por ello? Ninguna revolucion se ha cumplido sin algo de rudeza. Ni -la Reforma, ni la Revolucion francesa se habrian llevado á cabo si -Lutero y los actores del gran drama de 1789 hubiesen debido observar -los miramientos que exige la buena crianza. Felicitémonos, pues, de -que Jesús no encontrase una ley que castigara el ultraje hecho á una -clase de ciudadanos;—entónces los fariseos habrian sido inviolables. -Todos los grandes casos que registra la historia de la humanidad se -han efectuado en nombre de principios absolutos. Un filósofo crítico -hubiera dicho á sus discípulos: «Respetad la opinion ajena y creed -que, en este mundo, nadie posee completamente el tesoro de la verdad»; -pero la accion de Jesús no tiene nada de comun con las desinteresadas -especulaciones del filósofo. Para un alma ardiente, el pensamiento de -haber tocado por un instante el ideal y de haber sido detenida por la -maldad de los hombres, es de una amargura insoportable. ¿Qué no sería -para el fundador de un mundo nuevo?</p> - -<p>El obstáculo invencible que hallaban las ideas de Jesús procedia -del judaismo ortodoxo representado por los fariseos. Éstos eran los -verdaderos judíos, el nervio y la fuerza del judaismo, miéntras que -Jesús se alejaba cada vez más de la antigua Ley. Aunque el centro de -aquel partido se hallaba en Jerusalen, habia, sin embargo, algunos -adeptos en Galilea,<span class="pagenum" id="Page_182">p. 182</span> -establecidos en el país ó permaneciendo en él accidentalmente<a -id="FNanchor_862" href="#Footnote_862" class="fnanchor">[857]</a>. -Por regla general, eran hombres de limitado entendimiento, de grande -apego á las vanas exterioridades y de una devocion desdeñosa, oficial -y muy satisfecha de sí misma<a id="FNanchor_863" href="#Footnote_863" -class="fnanchor">[858]</a>. Sus modales eran ridículos y hacian sonreir -á los mismos que los respetaban. Pruebas de ello son los satíricos -apodos con que los distinguia el pueblo. Habia el «fariseo patizambo» -(<i>Nikfi</i>), que marchaba por las calles arrastrando los piés -y tropezando contra los guijarros; el «fariseo frente-sangrienta» -(<i>Kizai</i>), que á fuerza de obstinarse en mirar al suelo por -no ver á las mujeres se magullaba la frente contra las esquinas, -teniéndola siempre ensangrentada; el «fariseo esteva» (<i>Medukia</i>), -que permanecia plegado constantemente como el mango de un arado; el -«fariseo robusto de hombros» (<i>Sckimi</i>), que andaba con la espalda -encorvada como si todo el peso de la Ley gravitase sobre sus hombros; -el «fariseo <i>¿qué hay que hacer? aquí estoy yo</i>», siempre á caza -de un precepto que cumplir; <span id="barniz">y</span>, por último, -el «fariseo barnizado», en el cual no eran las devotas exterioridades -sino un barniz de hipocresía<a id="FNanchor_864" href="#Footnote_864" -class="fnanchor">[859]</a>. Y en efecto, ese rigorismo no era -muchas veces sino vana apariencia que en el fondo ocultaba una -gran relajacion moral<a id="FNanchor_865" href="#Footnote_865" -class="fnanchor">[860]</a>. Sin embargo, la credulidad pública no -sospechaba todo lo que habia de falaz en aquellas mojigaterías. El -pueblo, cuyo instinto es siempre recto, hasta en aquellos instantes en -que padece mayores extravíos respecto á las cuestiones personales, se -deja engañar fácilmente por los falsos devotos. Lo que en ellos ama es -sin duda bueno y digno de ser amado; pero no tiene bastante penetracion -para discernir la apariencia de la realidad.</p> - -<p>No es difícil comprender la antipatía que, en un mundo tan -apasionado como aquél, debió estallar desde un principio entre Jesús y -las personas del carácter farisáico. Jesús no queria sino la religion -del corazon; la de los fariseos consistia, casi únicamente, en meras -fórmulas, en vanas observancias. Jesús atraia hácia su doctrina á los -humildes y abria los brazos á aquellos que la sociedad rechazaba; los -fariseos veian en ello un insulto á su religion de personas decentes. -Un fariseo era un hombre infalible é impecable, un pedante seguro de -tener siempre razon, que en la sinagoga ocupaba siempre el primer -sitio, que oraba en las calles y daba limosna á són de trompeta, y que -miraba si le dirigian un saludo. Jesús, por el contrario, sostenia que -cada uno debe esperar con temor<span class="pagenum" id="Page_183">p. -183</span> y humildad el juicio de Dios. Sin embargo, la mala direccion -religiosa que el farisaismo representaba no reinó exclusivamente. Ántes -de Jesús, y áun en su misma época, muchos hombres, tales como Jesús, -hijo de Sirach, uno de los verdaderos antepasados de Jesús de Nazareth, -Gamaliel, Antígono de Soco, y sobre todo, el tierno y noble Hillel, -habian enseñado doctrinas mucho más elevadas y casi evangélicas. -Pero aquellas buenas semillas quedaron sofocadas en gérmen. Las -hermosas máximas de Hillel, que resumian toda la Ley en la equidad<a -id="FNanchor_866" href="#Footnote_866" class="fnanchor">[861]</a>, -y las de Jesús, hijo de Sirach, que hacian consistir el culto en -la práctica del bien<a id="FNanchor_867" href="#Footnote_867" -class="fnanchor">[862]</a>, fueron olvidadas ó anatematizadas<a -id="FNanchor_868" href="#Footnote_868" class="fnanchor">[863]</a>. -El espíritu mezquino y exclusivista de Schammai habia obtenido sobre -ellas el triunfo. Una masa enorme de «tradiciones» habia llegado -á desnaturalizar la Ley<a id="FNanchor_869" href="#Footnote_869" -class="fnanchor">[864]</a>, so pretexto de protegerla y de -interpretarla. Esas medidas tuvieron sin duda su lado útil; debe -mirarse como un bien el que el pueblo judío haya amado su ley hasta el -frenesí, puesto que ese amor frenético fué el que salvó el mosaismo -bajo Antíoco Epifáneo y bajo Heródes, y el que nos conservó la levadura -de que más tarde debia salir la religion cristiana. Pero todas aquellas -antiguas precauciones, consideradas en sí mismas, no eran sino otras -tantas puerilidades. La sinagoga, entre cuyas manos estaba el sagrado -depósito, se habia convertido en fuente de errores. Su reinado habia -concluido; pero pedirle que abdicase era pedirle un imposible, porque -ningun poder establecido abdica, ni abdicará nunca voluntariamente.</p> - -<p>Las luchas de Jesús con la hipocresía oficial eran, pues, contínuas. -La táctica ordinaria de los reformadores que aparecian en el estado -religioso que acabamos de describir, estado que puede llamarse -«formalismo tradicional», consistia en oponer á las tradiciones el -«texto» de los libros sagrados. El celo religioso es siempre innovador, -áun en aquellos mismos momentos en que pretende ser esencialmente -conservador. Y así como los neo-católicos de nuestros dias se -alejan cada vez más del Evangelio, de igual modo se alejaban los -fariseos á cada instante de la Biblia. Hé ahí por qué el reformador -puritano, partiendo del texto inmutable para criticar la teología -corriente, que marcha de generacion en generacion, es casi siempre -«bíblico» por excelencia. Lo mismo hicieron despues los caraítas y -los protestantes. Jesús aplicó el hacha á la raíz con mayor energía. -Verdad es que á veces se le ve invocando<span class="pagenum" -id="Page_184">p. 184</span> los textos contra las falsas <i>Masoras</i> -ó tradiciones de los fariseos<a id="FNanchor_870" href="#Footnote_870" -class="fnanchor">[865]</a>; pero, en general, se cuida poco de exegésis -y prefiere dirigir su llamamiento á la conciencia. Bajo su segur -innovadora caen al mismo tiempo texto y comentarios. Demuestra, sí, á -los fariseos que con sus tradiciones alteran gravemente el mosaismo; -pero no pretende de ningun modo volverse hácia Moisés, porque su -objeto se hallaba en el porvenir, y no en el pasado. Más bien que el -reformador de una antigua religion, Jesús era el creador de la religion -eterna de la humanidad.</p> - -<p>Las disputas estallaban casi siempre á causa de una infinidad de -prácticas exteriores que la tradicion habia introducido, y que ni Jesús -ni sus discípulos observaban<a id="FNanchor_871" href="#Footnote_871" -class="fnanchor">[866]</a>; cosa que escandalizaba á los fariseos y -por la cual le dirigian vivas reconvenciones. Cuando comia en casa -de ellos, hacian grandes aspavientos al ver que no se sujetaba á -las abluciones de costumbre. «Dad limosna,—les decia Jesús,—y todas -las cosas estarán limpias en órden á vosotros»<a id="FNanchor_872" -href="#Footnote_872" class="fnanchor">[867]</a>. Lo que lastimaba en -grado superlativo su tacto delicado era, el aire de seguridad que los -fariseos afectaban respecto á las cosas religiosas, y su mezquina -devocion, cuyo móvil consistia siempre en las preeminencias y en los -títulos, y nunca en el mejoramiento de los corazones. Jesús expresaba -esa idea, con gran exactitud y atractivo, en una admirable parábola:</p> - -<blockquote> - - <p>«Dos hombres subieron al templo á orar; el uno era fariseo y el - otro publicano. El fariseo puesto en pié oraba en su interior de - esta manera: «¡Oh Dios! yo te doy gracias de que no soy como los - demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco - como este publicano; ayuno dos veces á la semana, pago los diezmos - de todo lo que poseo.» El publicano, al contrario, puesto allá - léjos, ni áun los ojos osaba levantar al cielo; sino que daba - golpes de pecho, diciendo: «Dios mio, ten misericordia de mí, - que soy un pecador.» Os declaro, pues, que éste volvió á su casa - justificado, mas no el otro»<a id="FNanchor_873" href="#Footnote_873" - class="fnanchor">[868]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>La consecuencia de aquellas luchas era un ódio que no podia -satisfacerse sino con la muerte. Juan Bautista habia provocado ya -enemistades del mismo género<a id="FNanchor_874" href="#Footnote_874" -class="fnanchor">[869]</a>. Pero la aristocracia de Jerusalen, -que le despreciaba, habia dejado que las personas sencillas le -tomasen por un profeta<a id="FNanchor_875" href="#Footnote_875" -class="fnanchor">[870]</a>. Mas esta vez la guerra era á muerte, -porque un espíritu nuevo aparecia en el mundo, marcando con el sello -de la pro<span class="pagenum" id="Page_185">p. 185</span>scripcion -cuanto le habia precedido. Juan Bautista era profundamente judío; -Jesús lo era muy poco. Jesús se dirige siempre á la delicadeza del -sentimiento moral. No es ergotista sino cuando argumenta contra -los fariseos, cuando el adversario le obliga, como sucede siempre, -á adoptar su propio tono<a id="FNanchor_876" href="#Footnote_876" -class="fnanchor">[871]</a>. Su exquisita ironía, sus malignas -provocaciones iban siempre derechas al corazon. Estigmatos eternos, -ellos han permanecido coagulados en la llaga. Esa túnica de Neso del -ridículo, cuyos girones arrastra en pos de sí el judío descendiente -de los fariseos, desde hace diez y ocho siglos, es obra de Jesús; -él fué quien la tejió con artificio divino. Obra maestra de elevada -ironía, sus rasgos se han inscrito en líneas de fuego sobre la piel -del hipócrita y del falso devoto. ¡Rasgos incomparables, dignos de un -hijo de Dios! Porque sólo un Dios sabe matar de esa manera. Sócrates y -Molière no hacen sino arañar la epidérmis. Jesús introduce el hierro -candente hasta la médula de los huesos.</p> - -<p>Natural era que ese gran maestro en ironía pagase con la vida -su triunfo. Ya en Galilea los fariseos habian tratado de perderle -empleando contra él la maniobra que más tarde debia secundar en -Jerusalen sus proyectos siniestros, maniobra que consistia en interesar -en su querella á los partidarios del nuevo órden político existente<a -id="FNanchor_877" href="#Footnote_877" class="fnanchor">[872]</a>. -Las facilidades que Jesús tenía en Galilea para ocultarse, y -la debilidad del gobierno de Antipas hicieron abortar aquellas -tentativas. Pero él mismo fué bien pronto á ofrecerse al peligro. -Jesús conocia que permaneciendo confinado en Galilea, su accion -tendria que ser necesariamente muy limitada. La Judea era para -él un iman de irresistible atraccion; así, pues, quiso tentar un -último esfuerzo á fin de convertir la ciudad rebelde; no parece sino -que se empeñó en justificar el proverbio de «ningun profeta debe -morir fuera de Jerusalen»<a id="FNanchor_878" href="#Footnote_878" -class="fnanchor">[873]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_21"> - <p><span class="pagenum" id="Page_186">p. 186</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXI</h2> - <p class="subh2">ÚLTIMO VIAJE DE JESÚS Á JERUSALEN</p> -</div> - -<p>Hacia ya mucho tiempo que Jesús tenía conciencia de los -peligros que le rodeaban<a id="FNanchor_879" href="#Footnote_879" -class="fnanchor">[874]</a>. Durante un período que puede calcularse -de diez y ocho meses evitó ir en peregrinacion á Jerusalen<a -id="FNanchor_880" href="#Footnote_880" class="fnanchor">[875]</a>. -Por la fiesta de los Tabernáculos del año 32 (segun la hipótesis -que hemos adoptado), sus parientes, siempre incrédulos y nada bien -dispuestos á su favor<a id="FNanchor_881" href="#Footnote_881" -class="fnanchor">[876]</a>, le excitaron á que emprendiese el viaje -á la capital. El evangelista Juan parece indicar que semejante -excitacion ocultaba algun proyecto malévolo. «Date á conocer al -mundo—le decian—nadie hace las cosas en secreto si quiere ser conocido. -Véte á Judea para que vean allí las obras que haces.» Sospechando -alguna traicion, Jesús rehusó en un principio; mas así que partió la -caravana de peregrinos, se dirigió tambien á Jerusalen, casi solo y -como ocultándose de los demás<a id="FNanchor_882" href="#Footnote_882" -class="fnanchor">[877]</a>. Aquel fué su último adios á Galilea. La -fiesta de los Tabernáculos se celebraba en el equinoccio de otoño; por -consiguiente, aún faltaban seis meses para el fatal desenlace. Pero -durante ese intervalo, Jesús no volvió á ver sus queridas provincias -del norte. Ha pasado, pues, el tiempo de las dulzuras, y menester -es recorrer ahora paso á paso la dolorosa via que terminará en las -angustias de la muerte.</p> - -<p>Sus discípulos y las piadosas mujeres que le servian volvieron -á encontrarle en Judea<a id="FNanchor_883" href="#Footnote_883" -class="fnanchor">[878]</a>; pero ¡cuán trocadas estaban allí las -cosas para él! En Jerusalen, Jesús era un extranjero y conocia -que una muralla inexpugnable se alzaba en aquella ciudad ante sus -pasos. La malevolencia de los fariseos le perseguia constantemente, -rodeándole de asechanzas y de objeciones<a id="FNanchor_884" -href="#Footnote_884" class="fnanchor">[879]</a>. En vez de la -credulidad ilimitada, patrimonio feliz de las naturalezas vírgenes, -que encontraba en Galilea; en vez de esos pueblos buenos, afectuosos -é incapaces de objeciones (porque la objecion es siempre, en cierto -modo, hija de la perversidad y del orgullo), Jesús no hallaba en -Jerusalen sino una incredulidad obstinada, contra la cual iban á -estrellarse los medios de accion que tan buen éxito le habian<span -class="pagenum" id="Page_187">p. 187</span> ofrecido en el norte. -Sus discípulos eran allí despreciados por la sola cualidad de ser -galileos. Nicodemo, que habia tenido con él en uno de sus precedentes -viajes una entrevista nocturna, estuvo á pique de comprometerse por -haber querido defenderle en el sanedrin.—«¿Eres acaso tú, como él, -galileo?—le preguntaron.—Examina las escrituras y verás que un profeta -no puede venir de Galilea»<a id="FNanchor_885" href="#Footnote_885" -class="fnanchor">[880]</a>.</p> - -<p>Como ya hemos dicho, Jesús no gustaba de las grandes ciudades. -Hasta entónces habia evitado siempre los centros populosos, -prefiriendo desplegar su accion en las campiñas y en los burgos -de mediana importancia. Muchos de los preceptos que daba á sus -apóstoles eran absolutamente inaplicables á una sociedad ménos -sencilla que la de una aldea<a id="FNanchor_886" href="#Footnote_886" -class="fnanchor">[881]</a>. Acostumbrado á su amable comunismo galileo -y no teniendo ninguna idea de lo que era el mundo, aventuraba á cada -instante candideces que en Jerusalen debian parecer muy singulares<a -id="FNanchor_887" href="#Footnote_887" class="fnanchor">[882]</a>. -Entre aquellas murallas, su risueña imaginacion y su amor á la -naturaleza estaban fuera de su centro. La verdadera religion no debia -salir del tumulto de las ciudades, sino de la tranquila serenidad de -los campos.</p> - -<p>Érale desagradable el átrio del templo á causa de la arrogancia -de los sacerdotes. Algunos de sus discípulos, que conocian mejor -que él á Jerusalen, quisieron un dia hacerle notar la belleza de -las construcciones del templo, la buena calidad de los materiales -y las riquezas de las ofrendas votivas que cubrian las paredes. -«¿Veis todos esos edificios?—les respondió—pues yo os digo de cierto -que no quedará de ellos piedra sobre piedra»<a id="FNanchor_888" -href="#Footnote_888" class="fnanchor">[883]</a>. Nada de todo aquello -excitó, pues, su admiracion; más que el templo se la excitó una -pobre viuda que pasaba en aquel instante y que depositó un óbolo en -el arca ó cepillo de las ofrendas: «En verdad os digo—exclamó—que -esta pobre viuda ha echado más en el arca que todos los otros. Por -cuanto los demás han echado algo de lo que les sobraba; pero ésta -ha dado de su misma pobreza todo lo que tenía»<a id="FNanchor_889" -href="#Footnote_889" class="fnanchor">[884]</a>. Esa manera de -criticar todo lo que se hacia en Jerusalen, de realzar al pobre que -daba poco, rebajando al rico que daba mucho<a id="FNanchor_890" -href="#Footnote_890" class="fnanchor">[885]</a>; de censurar al clero -opulento que nada hacia por el bien del pueblo, exasperó naturalmente -la casta sacerdotal. El templo, como el <i>haram</i> musulman que -le ha sucedido, era el asiento de una aristocracia conservadora; y -por consiguiente el sitio ménos á propósito del mundo para proclamar -con éxito ideas revolucionari<span class="pagenum" id="Page_188">p. -188</span>as. ¡Intentar semejante cosa era lo mismo que si un innovador -de nuestros dias predicase al rededor de la mezquita de Omar la -abrogacion del islamismo! Y sin embargo, allí se hallaba el centro -de la vida judáica, y en aquel punto era preciso vencer ó morir. En -ese calvario, donde seguramente sufrió Jesús mucho más que en el -Gólgotha, sus dias se deslizaban en medio de amargas disputas, de -enojosas controversias de derecho canónico y de exegésis, para las -cuales, no sólo no le daba ninguna ventaja su grande elevacion moral, -sino que, por el contrario, le hacia aparecer como inferior á sus -contrincantes.</p> - -<p>El corazon sensible y bondadoso de Jesús halló, sin embargo, -en medio de aquella vida agitada, un apacible asilo en el cual -él olvidaba sus habituales amarguras. Despues de haber pasado -el dia cuestionando en el templo, Jesús descendia por la tarde -al valle de Cedron, descansaba un rato bajo la arboleda de un -establecimiento agrícola (probablemente algun molino de aceite), -llamado <i>Gethsemaní</i><a id="FNanchor_891" href="#Footnote_891" -class="fnanchor">[886]</a>, el cual servia de punto de recreo á los -habitantes, é iba á pasar la noche sobre el monte de los Olivos que -termina al Oriente el horizonte de la ciudad<a id="FNanchor_892" -href="#Footnote_892" class="fnanchor">[887]</a>. Aquél es el único -sitio de los alrededores de Jerusalen que ofrece un aspecto algo -umbroso y risueño. Las plantaciones de olivos, higueras y palmas, -eran allí numerosas, y de ellas tomaban nombre las aldeas, granjas -ó cercados de Bethphage, Gethsemaní y Bethania<a id="FNanchor_893" -href="#Footnote_893" class="fnanchor">[888]</a>. Sobre el monte de -los Olivos habia dos grandes cedros, cuyos recuerdos conservaron por -espacio de mucho tiempo los judíos dispersos; nubes de palomas iban -á buscar asilo entre sus ramas, y bajo su espléndido follaje habia -establecidas algunas tiendas<a id="FNanchor_894" href="#Footnote_894" -class="fnanchor">[889]</a>. Aquellos arrabales fueron, en cierto modo, -el barrio favorito de Jesús y de sus discípulos, y se echa de ver que -le conocian palmo á palmo.</p> - -<p>Pero la aldea de Bethania<a id="FNanchor_895" href="#Footnote_895" -class="fnanchor">[890]</a>, situada en la cumbre de la colina, sobre -la vertiente que mira hácia el Jordan y el mar Muerto, y distante una -hora de Jerusalen, era particularmente el lugar predilecto de Jesús<a -id="FNanchor_896" href="#Footnote_896" class="fnanchor">[891]</a>. -Allí entabló conocimiento con una familia compuesta de tres personas, -dos hermanas y un hermano, cuya amistad tuvo para él mucho atractivo<a -id="FNanchor_897" href="#Footnote_897" class="fnanchor">[892]</a>. -La una de las dos hermanas, llamada Martha, era complaciente, buena, -obsequiosa y solícita<a id="FNanchor_898" href="#Footnote_898" -class="fnanchor">[893]</a>; por el contrario, la otra, llamada María, -gustaba á Jesús por su languidez de carácter<a id="FNanchor_899" -href="#Footnote_899" class="fnanchor">[894]</a> y por lo desarrollado -de sus instintos<span class="pagenum" id="Page_189">p. 189</span> -especulativos. Muchas veces, sentada á los piés de Jesús, olvidaba, -escuchándole, los deberes de la vida real. Entónces su hermana, sobre -la cual recaia todo el peso de las labores domésticas, se quejaba -dulcemente: «Martha, Martha—la decia Jesús—tú te afanas y acongojas -por muchísimas cosas, y á la verdad que una sola cosa es necesaria. -María ha escogido la mejor suerte, de que jamás será privada»<a -id="FNanchor_900" href="#Footnote_900" class="fnanchor">[895]</a>. -Jesús amaba tambien entrañablemente al hermano Eleazar ó Lázaro<a -id="FNanchor_901" href="#Footnote_901" class="fnanchor">[896]</a>. Por -último, un tal Simon el Leproso, propietario de la casa en que vivia la -familia, formaba, á lo que parece, parte de ésta<a id="FNanchor_902" -href="#Footnote_902" class="fnanchor">[897]</a>. Allí era donde Jesús -olvidaba en el seno de una piadosa amistad los disgustos de la vida -pública, y en aquel interior tranquilo se consolaba de los enredos que -los fariseos le suscitaban á cada paso. Jesús se sentaba con frecuencia -sobre el monte de los Olivos, frente al monte Moria<a id="FNanchor_903" -href="#Footnote_903" class="fnanchor">[898]</a>, teniendo á sus piés -la espléndida perspectiva que ofrecian los terrados del templo y -sus techumbres cubiertas de láminas resplandecientes. Aquella vista -llenaba de admiracion á los extranjeros; sobre todo, al salir el -sol, la montaña sagrada deslumbraba los ojos como si fuese una masa -de oro y nieve. Pero aquel espectáculo, que tanto orgullo y alegría -causaba á los demás israelitas, inspiraba á Jesús un sentimiento de -profunda tristeza. «Jerusalen, Jerusalen, que matas á los profetas, -y apedreas á los que á tí son enviados,—exclamaba en sus momentos de -amargura—¡cuántas veces quise recoger á tus hijos, á la manera que -el ave cubre su nidada debajo de sus alas, y tú no has querido!»<a -id="FNanchor_904" href="#Footnote_904" class="fnanchor">[899]</a>.</p> - -<p>Y no porque allí, como en Galilea, no hubiese algunas almas -predispuestas á recibir el gérmen de la nueva doctrina; pero tal -era el influjo de la ortodoxia dominante, que muy pocos se atrevian -á abrazarla abiertamente. Confesar que seguian la escuela de un -galileo, hubiera sido, en su concepto, desacreditarse á los ojos de -los hierosolimitanos y exponerse á que los echaran de la sinagoga, -lo cual, en una sociedad mojigata y mezquina como aquélla, era -el baldon más afrentoso<a id="FNanchor_905" href="#Footnote_905" -class="fnanchor">[900]</a>. Además, la excomunion llevaba consigo la -pérdida de todos los bienes en provecho del fisco<a id="FNanchor_906" -href="#Footnote_906" class="fnanchor">[901]</a>. El que dejaba de -ser judío, no por eso se convertia en romano; sino que permanecia -sin defensa bajo la férula de una legislacion teocrática de la más -terrible severidad. Un dia, los ministros subalternos del templo -asistieron á uno de los discursos de Jesús, y quedaron maravillados de -escucharle; en seguida fueron <span class="pagenum" id="Page_190">p. -190</span>á confiar sus dudas á los sacerdotes: «¿Acaso alguno de los -príncipes ó de los fariseos ha creido en él?—les respondieron.—Sólo ese -populacho, que no entiende la Ley, es el maldito»<a id="FNanchor_907" -href="#Footnote_907" class="fnanchor">[902]</a>. Jesús continuaba -siendo en Jerusalen un provinciano, á quien admiraban los provincianos -como él, pero rechazado por toda la aristocracia de la nacion. Los -jefes de escuela y de secta eran demasiado numerosos para que nadie -se conmoviera por la aparicion de uno más. Su palabra tuvo, pues, muy -escaso eco en Jerusalen, donde se hallaban demasiado arraigadas las -preocupaciones de raza y de secta, esos enemigos capitales del espíritu -evangélico.</p> - -<p>En aquel nuevo mundo, su enseñanza tuvo necesariamente que -modificarse no poco. Sus hermosas predicaciones, cuyo efecto se -calculaba de antemano cuando se dirigian á oyentes de cándida -imaginacion y de conciencia pura, se perdian allí como el rocío -que cae sobre calcinada arena. Y él, que tan dueño de sí mismo -y tan desembarazado se encontraba en las márgenes del risueño -lago de Tiberiade, se sentia incómodo y como fuera de su centro -junto á aquellos pedantes. Sus perpétuas afirmaciones de sí -mismo llegaron á tener algo de fastidioso<a id="FNanchor_908" -href="#Footnote_908" class="fnanchor">[903]</a>, y, á su pesar, -tuvo que hacerse controversista, jurista, exegeta y teólogo. Su -conversacion, tan llena de gracia ordinariamente, llega á ser un -fuego graneado de disputas<a id="FNanchor_909" href="#Footnote_909" -class="fnanchor">[904]</a>, una sucesion interminable de -luchas escolásticas. Su armonioso genio se gasta en insípidas -argumentaciones sobre la Ley y los profetas<a id="FNanchor_910" -href="#Footnote_910" class="fnanchor">[905]</a>, en las cuales -deseariamos no verle hacer algunas veces el papel de agresor<a -id="FNanchor_911" href="#Footnote_911" class="fnanchor">[906]</a>. -Con una condescendencia que nos disgusta, préstase á los exámenes -capciosos que le hacen sufrir ergotistas sin tacto<a id="FNanchor_912" -href="#Footnote_912" class="fnanchor">[907]</a>. Pero, en general, -su ingenio le sacaba en bien de aquellos apuros. Verdad es que sus -razonamientos eran con frecuencia sutiles; pero tambien lo es que la -sencillez de ingenio y la sutileza se dan la mano:—siempre que las -personas sencillas quieren razonar son un poco sofistas. Algunas veces -parecia buscar equívocos y empeñarse en prolongarlos á propósito<a -id="FNanchor_913" href="#Footnote_913" class="fnanchor">[908]</a>. -En resúmen, su argumentacion, juzgada segun las reglas de la lógica -aristotélica, es bastante débil. Pero cuando el atractivo sin igual -de su ingenio conseguia tomar vuelo, entónces el triunfo era suyo. -Un dia creyeron ponerle en grave apuro presentándole una mujer -adúltera y preguntándole cómo era preciso tratarla. Conocida es la -admirable respuesta de Jesús<a id="FNanchor_914" href="#Footnote_914" -class="fnanchor">[909]</a>. La fina ironía<span class="pagenum" -id="Page_191">p. 191</span> del hombre de mundo, modificada por una -bondad divina, no podia expresarse en un rasgo más exquisito. Pero -lo que más difícilmente perdonan los necios es el ingenio unido á la -grandeza moral. Con esta frase tan llena de un sentimiento de pureza y -justicia: «¡El que de vosotros se halle sin pecado tire contra ella la -primera piedra!», hirió Jesús en el corazon á la hipocresía y firmó al -mismo tiempo su sentencia de muerte.</p> - -<p>En efecto, sin la exasperacion causada por tantas amargas -reconvenciones, es muy posible que Jesús hubiese pasado desapercibido, -yendo á perderse en la espantosa tormenta que bien pronto habia -de arrastrar á toda la nacion judáica. El alto sacerdocio y los -saduceos sentian por él más bien desprecio que ódio. Las grandes -familias sacerdotales, los <i>Boethusim</i>, la familia de Annás, -si de algo se mostraban fanáticas, era de reposo. En cuanto á los -saduceos, rechazaban, como Jesús, las «tradiciones» farisáicas<a -id="FNanchor_915" href="#Footnote_915" class="fnanchor">[910]</a>. -Por una rara originalidad, aquellos incrédulos, que negaban la -resurreccion, la ley oral y la existencia de los ángeles, eran los -verdaderos judíos; en otros términos, no satisfaciendo ya la sencillez -de la antigua Ley las necesidades religiosas de la época, los que á -ella se atenian estrictamente rechazaban las invenciones modernas, -pasaban á los ojos de los devotos por impíos, ni más ni ménos que un -protestante evangélico pasa hoy por incrédulo en los países ortodoxos. -De todos modos, no era de aquel partido de donde podia venir una -reaccion séria contra Jesús. El sacerdocio oficial, con la vista fija -en el poder político, é íntimamente ligado á él, no comprendia tampoco -gran cosa de aquellos movimientos entusiastas. La doctrina del nuevo -maestro amenazaba particularmente las preocupaciones y los intereses -de los fariseos, de aquella innumerable clase de los <i>soferim</i> ó -escribas, que vivian de la ciencia de las «tradiciones», y esa clase -era la que experimentaba graves inquietudes.</p> - -<p>Los fariseos hacian constantes esfuerzos por atraer á Jesús al -terreno de las cuestiones políticas, á fin de comprometerle en el -partido de Júdas el Gaulonita. La táctica era hábil, porque se -necesitaba toda la profunda ingenuidad de Jesús para no haber tenido -todavía desavenencias con la autoridad romana, sin perjuicio de su -proclamacion del reino de Dios. Queriendo rasgar el velo de ese -equívoco y obligarle á explicarse, cierto dia se acercó á él un grupo -de fariseos y políticos, llamados «herodianos» (probablemente de los -<i>Boethu<span class="pagenum" id="Page_192">p. 192</span>sim</i>), -y so pretexto de celo piadoso: «Maestro,—le dijeron,—sabemos que eres -veraz y que enseñas el camino de Dios sin respeto á nadie. Dínos qué -te parece de esto:—¿es ó no lícito pagar el tributo á César?» Sin -duda esperaban una respuesta que les diese pretexto para entregarle -á Pilato. Pero la de Jesús fué admirable. Hizo que le enseñáran la -efigie de la moneda, y les dijo: «Dad á César lo que es de César y -á Dios lo que es de Dios»<a id="FNanchor_916" href="#Footnote_916" -class="fnanchor">[911]</a>. ¡Frase profunda que decidió el porvenir del -cristianismo! ¡Frase espiritualista por excelencia y de maravillosa -exactitud, que fundó la separacion de lo espiritual y de lo temporal -y asentó los cimientos del verdadero liberalismo y de la verdadera -civilizacion!</p> - -<p>Cuando Jesús se hallaba á solas con sus discípulos, su genio dulce -y penetrante le inspiraba acentos llenos de atractivo: «En verdad, -en verdad os digo, que quien no entra por la puerta en el aprisco de -las ovejas, sino que sube por otra parte, el tal es un ladron y un -salteador. Mas el que entra por la puerta, pastor es de las ovejas. -Las ovejas escuchan su voz, y él llama por su nombre á las ovejas -propias y las saca fuera. Va delante de ellas, y las ovejas le siguen, -porque conocen su voz. El ladron no viene sino para robar y matar, -y hacer estrago. El mercenario de quien no son propias las ovejas, -en viendo venir al lobo, desampara las ovejas y huye. Yo soy el buen -pastor y conozco mis ovejas, y las ovejas mias me conocen á mí, y -doy mi vida para ellas»<a id="FNanchor_917" href="#Footnote_917" -class="fnanchor">[912]</a>. La idea de una próxima solucion de la -crísis de la humanidad volvia á asaltarle frecuentemente: «Cuando las -ramas de la higuera,—decia,—retoñecen y brotan hojas, conoceis que está -cerca el verano. Alzad vuestros ojos y ved el mundo;—la miés está ya -blanca y á punto de segarse»<a id="FNanchor_918" href="#Footnote_918" -class="fnanchor">[913]</a>.</p> - -<p>Su robusta elocuencia reaparecia cada vez que se trataba de combatir -á los hipócritas.</p> - -<blockquote> - - <p>«Los escribas y los fariseos están sentados en la cátedra de - Moisés. Practicad, pues, y haced todo lo que os dijeren; pero no - arregleis vuestra conducta por la suya, porque ellos dicen y no - hacen. El hecho es que van liando cargas pesadas é insoportables, y - las ponen en los hombros de los demás, cuando ellos no quieren ni - aplicar la punta del dedo para moverlas.</p> - - <p>»Todas sus obras las hacen con el fin de ser vistos de los - hombres; por lo mismo llevan las filacterias<a id="FNanchor_919" - href="#Footnote_919" class="fnanchor">[914]</a> más anchas, - y más largas las franjas del vestido<a id="FNanchor_920" - href="#Footnote_920" class="fnanchor">[915]</a>. Aman tambi<span - class="pagenum" id="Page_193">p. 193</span>en los primeros asientos - en los banquetes y las primeras sillas en las sinagogas y el ser - saludados en la plaza, y que los hombres les den el título de - «Maestro». Pero ¡ay de ellos!...</p> - - <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que cerrais - el reino de los cielos<a id="FNanchor_921" href="#Footnote_921" - class="fnanchor">[916]</a> á los hombres; porque ni vosotros entrais, - ni dejais entrar á los que entrarian.</p> - - <p>»¡Ay de vosotros! que devorais las casas de las viudas con el - pretexto de hacer largas oraciones: por eso recibiréis sentencia - mucho más rigurosa. ¡Ay de vosotros! porque andais girando por mar - y tierra á trueque de convertir un gentil, y despues le haceis - digno del infierno. ¡Ay de vosotros! que sois como los sepulcros - que están cubiertos, y que son desconocidos á los hombres que - pasan por encima de ellos<a id="FNanchor_922" href="#Footnote_922" - class="fnanchor">[917]</a>.</p> - - <p>»¡Insensatos y ciegos! que pagais diezmo de la yerbabuena y del - eneldo y del comino, y habeis abandonado las cosas más esenciales de - la Ley, la justicia, la misericordia y la buena fe. Éstas debiérais - observar, sin omitir aquéllas.</p> - - <p>»¡Oh guías ciegos! que colais un mosquito y os tragais un - camello.</p> - - <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que limpiais por - fuera la copa y el plato<a id="FNanchor_923" href="#Footnote_923" - class="fnanchor">[918]</a> que por dentro están llenos de rapacidad é - inmundicia. ¡Fariseo ciego!<a id="FNanchor_924" href="#Footnote_924" - class="fnanchor">[919]</a>, limpia primero por dentro la copa y el - plato, si quieres que lo de afuera sea limpio<a id="FNanchor_925" - href="#Footnote_925" class="fnanchor">[920]</a>.</p> - - <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! porque - sois semejantes á los sepulcros blanqueados<a id="FNanchor_926" - href="#Footnote_926" class="fnanchor">[921]</a>, los cuales por - afuera aparecen hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de - muertos, de todo género de podredumbre.</p> - - <p>»¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas! que fabricais - los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los - justos, y decís: si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros - padres, no hubiéramos sido sus cómplices en la muerte de los - profetas. Con lo que dais testimonio contra vosotros mismos de que - sois hijos de los que mataron á los profetas. Acabad, pues, de - llenar la medida de vuestros padres. Por eso dijo la sabiduría de - Dios: yo voy á enviaros profetas y sabios y escribas, y de ellos - degollareis á unos, crucificareis á otros, á otros azotareis en - vuestras sinagogas, y los andareis persiguiendo de ciudad en ciudad, - para que recaiga sobre vosotros toda la sangre inocente<span - class="pagenum" id="Page_194">p. 194</span> derramada sobre la - tierra, desde la sangre del justo Abel hasta la sangre de Zacarías, - hijo de Baraquías<a id="FNanchor_927" href="#Footnote_927" - class="fnanchor">[922]</a>, á quien matasteis entre el templo y el - altar. En verdad os digo que todas estas cosas vendrán á caer sobre - la generacion presente»<a id="FNanchor_928" href="#Footnote_928" - class="fnanchor">[923]</a>.</p> - -</blockquote> - -<p>Su dogma terrible de la sustitucion de los gentiles, esto es, -la idea de que el reino de Dios iba á ser transferido á otros, -no habiéndole querido aquéllos para quienes estaba destinado<a -id="FNanchor_929" href="#Footnote_929" class="fnanchor">[924]</a>, era -como una amenaza sangrienta dirigida á la aristocracia; y su título de -Hijo de Dios, que Jesús confesaba abiertamente en fogosas parábolas<a -id="FNanchor_930" href="#Footnote_930" class="fnanchor">[925]</a>, -en las cuales presentaba á sus enemigos desempeñando el papel de -verdugos de los enviados celestiales, era un reto al judaismo -legal. El audaz llamamiento dirigido á los humildes era todavía más -sedicioso. Declaraba que habia venido á dar vista á los ciegos y á -cegar á los que creian ver<a id="FNanchor_931" href="#Footnote_931" -class="fnanchor">[926]</a>. Su mal humor contra el templo le inspiró un -dia esta imprudente frase: «Yo destruiré este templo hecho de mano de -los hombres, y en tres dias fabricaré otro sin obra de mano alguna»<a -id="FNanchor_932" href="#Footnote_932" class="fnanchor">[927]</a>. -Se ignora, ó por lo ménos, no se sabe á punto fijo lo que Jesús -quiso decir con esas palabras, en las cuales buscaron sus discípulos -forzadas alegorías. Pero como sus enemigos no deseaban sino un pretexto -para perderle, tomaron inmediatamente acta de ellas. La frase debia -figurar luégo entre los considerandos de la sentencia de muerte y -llegar hasta los oidos de Jesús en medio de las últimas agonías del -Gólgotha. Esas irritantes discusiones concluian siempre por provocar -alguna tormenta. Los fariseos le arrojaban piedras<a id="FNanchor_933" -href="#Footnote_933" class="fnanchor">[928]</a>, en lo cual no hacian -sino ejecutar un artículo de la Ley, que ordenaba apedrear, sin oirle, -á todo profeta, siquiera fuese taumaturgo, que intentara separar al -pueblo del antiguo culto<a id="FNanchor_934" href="#Footnote_934" -class="fnanchor">[929]</a>. Otras veces le llamaban loco, -poseido y samaritano<a id="FNanchor_935" href="#Footnote_935" -class="fnanchor">[930]</a>, y trataban hasta de matarle<a -id="FNanchor_936" href="#Footnote_936" class="fnanchor">[931]</a>. -Y por último, tomaban acta de todas sus palabras, á fin de invocar -contra él las leyes de una teocracia intolerante, no abrogadas aún -por la dominacion romana<a id="FNanchor_937" href="#Footnote_937" -class="fnanchor">[932]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_22"> - <p><span class="pagenum" id="Page_195">p. 195</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXII</h2> - <p class="subh2">MAQUINACIONES DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Jesús pasó el otoño y una parte del invierno en Jerusalen, en -donde esa estacion es bastante fria. El pórtico de Salomon, con sus -corredores cubiertos, era el sitio en que se paseaba de ordinario<a -id="FNanchor_938" href="#Footnote_938" class="fnanchor">[933]</a>. -Aquel pórtico se componia de dos galerías, formadas por tres órdenes -de columnas y cubiertas de una techumbre de madera tallada<a -id="FNanchor_939" href="#Footnote_939" class="fnanchor">[934]</a>. -Dominaba el valle de Cedron, que estaba sin duda ménos lleno de -escombros que hoy en dia. La vista, desde lo alto del pórtico, no -alcanzaba al fondo del barranco, y parecia, á consecuencia de la -inclinacion de los taludes, que se abria un abismo á pico bajo el -muro. El otro lado del valle poseia ya su adorno de suntuosas tumbas. -Algunos de los monumentos que se ven allí hoy dia, eran quizás aquellos -cenotafios en honor de los antiguos profetas<a id="FNanchor_940" -href="#Footnote_940" class="fnanchor">[935]</a> que Jesús mostraba -con la mano, cuando, sentado sobre el pórtico, fulminaba amenazas -contra las clases oficiales, que escudaban detrás de aquellas -colosales masas su hipocresía ó su vanidad<a id="FNanchor_941" -href="#Footnote_941" class="fnanchor">[936]</a>. Á fines del mes -de Diciembre, Jesús celebró en Jerusalen la fiesta establecida -por Júdas Macabeo en conmemoracion de la purificacion del templo, -despues de los sacrilegios de Antíoco Epifáneo<a id="FNanchor_942" -href="#Footnote_942" class="fnanchor">[937]</a>. Tambien se la llamaba -la «Fiesta de las candelas», porque durante los ocho dias de la funcion -se tenian en las casas las lámparas encendidas<a id="FNanchor_943" -href="#Footnote_943" class="fnanchor">[938]</a>. Jesús emprendió poco -despues un viaje á Perea y á las orillas del Jordan, es decir, al mismo -país que visitó algunos años ántes, cuando seguia la escuela de Juan<a -id="FNanchor_944" href="#Footnote_944" class="fnanchor">[939]</a> y -donde él mismo habia administrado el bautismo. Allí, y sobre todo en -Jericó, recibió, á lo que parece, algunos consuelos. En aquella ciudad, -bien como punto principal de caminos muy importantes, ó bien á causa -de sus perfumados jardines y de su rica cultura<a id="FNanchor_945" -href="#Footnote_945" class="fnanchor">[940]</a>, habia una aduana -de bastante consideracion. El recaudador principal, Zacheo, hombre -rico, deseó ver á Jesús. Como era de estatura pequeña, se subió sobre -un sicomoro que se hallaba cerca del camino por donde debia pasar -la comitiva. Jesús se conmovió de tal inocencia en un per<span -class="pagenum" id="Page_196">p. 196</span>sonaje de consideracion, y -quiso entrar en casa de Zacheo, áun á riesgo de producir un escándalo<a -id="FNanchor_946" href="#Footnote_946" class="fnanchor">[941]</a>. -Se murmuró muchísimo, en efecto, de verle honrar con su presencia la -casa de un pecador. Al partir, Jesús declaró que su huésped era buen -hijo de Abraham; y como para aumentar el despecho de los ortodoxos, -Zacheo llegó á ser un santo; dió, segun dicen, la mitad de sus bienes -á los pobres y reparó con exceso los males que pudo haber ocasionado. -No fué ésta solamente la única alegría de Jesús. Al salir de la -ciudad, el mendigo Bartimeo<a id="FNanchor_947" href="#Footnote_947" -class="fnanchor">[942]</a> le produjo gran placer al llamarle -obstinadamente «hijo de David», aunque le ordenaron callarse. El ciclo -de los milagros galileos parece volver á abrirse por un momento en -aquel país que muchas analogías semejaban á las provincias del norte. -El delicioso oasis de Jericó, bien regado entónces, debia ser uno -de los parajes más hermosos de la Siria. Josefo habla de él con la -misma admiracion que de la Galilea, y le llama, como á esta última -provincia, un «país divino»<a id="FNanchor_948" href="#Footnote_948" -class="fnanchor">[943]</a>.</p> - -<p>Jesús, despues de haber llevado á cabo aquella especie de -peregrinacion á los lugares de su primera actividad profética, volvió -á su querida estancia de Betania, en donde acaeció un hecho singular -que parece tuvo consecuencias decisivas para el fin de su vida<a -id="FNanchor_949" href="#Footnote_949" class="fnanchor">[944]</a>. -Cansados de la mala acogida que el reino de Dios encontraba en la -capital, los amigos de Jesús deseaban un gran milagro que hiriese -vivamente la incredulidad hierosolimitana. La resurreccion de un -hombre conocido en Jerusalen debió parecer la cosa más convincente. -Es necesario recordar aquí que la condicion esencial de la verdadera -crítica es comprender la diversidad de las épocas y despojarse de las -repugnancias instintivas que son el fruto de una educacion puramente -razonable. Es necesario recordar tambien que, en aquella ciudad torpe -é impura de Jerusalen, Jesús no era ya el mismo. Su conciencia, por -la falta de los hombres, y no por la suya, habia perdido algo de su -primordial limpidez. Desesperado, llevado al último extremo, no era -ya dueño de sí. Su mision se le imponia y obedecia al torrente que le -empujaba. Como sucede siempre en todas las grandes carreras divinas, -la opinion era la que le imponia los milagros que hacia contra su -voluntad. Á la distancia en que nos encontramos de aquella época, y en -presencia de un solo texto, que ofrece señales evidentes de artificios -de composicion, es imposible decidir si, en el caso presente, es todo -ficcion, ó si un hecho real, sucedido en Betania, sirvió de base á -los rumores extendidos. Es<span class="pagenum" id="Page_197">p. -197</span> necesario reconocer, sin embargo, que el giro de la -narracion de Juan tiene algo de enteramente diverso de los relatos de -los milagros, nacidos de la imaginacion popular, de que están llenos -los sinópticos. Añadamos que Juan es el solo evangelista que tiene -un conocimiento exacto de las relaciones de Jesús con la familia de -Betania, y que no se comprende que una creacion popular viniese á -tomar puesto en un círculo de recuerdos tan personales. Lo que parece -probable es que el prodigio de que se trata no fué uno de esos milagros -completamente legendarios y de los que nadie es responsable. En otros -términos, nosotros creemos que sucedió en Betania alguna cosa que fué -considerada como una resurreccion.</p> - -<p>La fama atribuia ya á Jesús dos ó tres hechos de esa naturaleza<a -id="FNanchor_950" href="#Footnote_950" class="fnanchor">[945]</a>. -La familia de Betania fué inducida, quizás sin saberlo, al hecho -importante que se deseaba. Jesús era allí adorado. Parece que -Lázaro estaba enfermo, y que á consecuencia de un mensaje de sus -hermanas alarmadas, Jesús abandonó la Perea<a id="FNanchor_951" -href="#Footnote_951" class="fnanchor">[946]</a>. La alegría de su -llegada pudo hacer volver á Lázaro á la vida. Quizás tambien el -ardiente deseo de tapar la boca á los que con ultraje negaban la mision -divina de su amigo, condujo á aquellas apasionadas personas más allá de -todos los límites. Quizás Lázaro, pálido aún á causa de su enfermedad, -se hizo cubrir de vendas como un muerto y encerrar en su sepulcro de -familia. Aquellos sepulcros eran espaciosas habitaciones talladas en -la roca, en las que se entraba por una abertura cuadrada que cerraba -una enorme baldosa. Marta y María acudieron delante de Jesús, y sin -dejarle entrar en Betania, le condujeron á la gruta. La emocion que -Jesús sintió al lado del sepulcro de su amigo, que creia muerto<a -id="FNanchor_952" href="#Footnote_952" class="fnanchor">[947]</a>, -pudo ser considerada por los concurrentes como esa turbacion, -ese estremecimiento<a id="FNanchor_953" href="#Footnote_953" -class="fnanchor">[948]</a> que acompañaba á los milagros; la opinion -popular se empeñaba en que la virtud divina fuese en el hombre como -un principio epiléptico y convulsivo. Jesús (siempre en la hipótesis -enunciada más arriba) deseó ver aún una vez al que habia amado, y -habiendo sido separada la piedra, Lázaro salió envuelto en sus vendas -y cubierta la cabeza de un sudario. Esa aparicion debió mirarse -naturalmente por todos como una resurreccion. La fe no conoce otra -ley que el interes de aquello que cree positivo. Siendo para ello -enteramente santo el objeto que se propone, no tiene el menor escrúpulo -en invocar en favor de su tésis malos argumentos cuando con los buenos -no logra lo que<span class="pagenum" id="Page_198">p. 198</span> -desea. Si tal prueba no es sólida, ¡cuántas hay que lo son!... Si tal -prodigio no es verdadero, ¡cuántos otros lo han sido!... Íntimamente -persuadidos de que Jesús era taumaturgo, Lázaro y sus dos hermanas -pudieron ayudar á la ejecucion de uno de sus milagros, como tantos -hombres piadosos que, convencidos de la verdad de su religion, han -tratado de triunfar de la obstinacion de los hombres por medios que -consideraban bien débiles. El estado de su conciencia era el de las -estigmatizadas, el de las convulsionarias, de las poseidas de los -conventos arrastradas por la influencia del mundo en que vivian, y por -su propia creencia, á actos fingidos. En cuanto á Jesús, no era más -dueño que San Bernardo, que San Francisco de Asís de moderar la avidez -de la muchedumbre y la de sus propios discípulos por lo maravilloso. -La muerte, por otra parte, iba dentro de algunos dias á devolverle su -divina libertad, y á sustraerle á las necesidades fatales de un papel -que cada dia se hacia más exigente, más difícil de sostener.</p> - -<p>Todo hace creer, en efecto, que el milagro de Betania contribuyó -sensiblemente á acelerar el fin de Jesús<a id="FNanchor_954" -href="#Footnote_954" class="fnanchor">[949]</a>. Las personas que -habian sido testigos de él fueron á la ciudad y hablaron muchísimo -de la ocurrencia. Los discípulos contaron el hecho con detalles de -aparato combinados en vista de la argumentacion. Los otros milagros -de Jesús eran actos pasajeros, aceptados espontáneamente por la fe, -aumentados por la reputacion popular, y sobre los cuales, una vez -sucedidos, no se hablaba ya más. El de Betania era un verdadero -acontecimiento que se pretendia de pública notoriedad, y con el -cual esperaban tapar la boca á los fariseos<a id="FNanchor_955" -href="#Footnote_955" class="fnanchor">[950]</a>. Los enemigos de Jesús -se irritaron sobremanera á causa de aquellos rumores, y trataron, segun -dicen, de matar á Lázaro<a id="FNanchor_956" href="#Footnote_956" -class="fnanchor">[951]</a>. Lo que hay de cierto es, que desde aquella -hora se formó un consejo compuesto de los jefes de los sacerdotes<a -id="FNanchor_957" href="#Footnote_957" class="fnanchor">[952]</a>, en -el cual fué presentada netamente la cuestion: «Jesús y el judaismo -¿pueden vivir juntos?» Presentar la cuestion era resolverla, y sin -necesidad de ser profeta, como lo pretende el evangelista, el gran -sacerdote pudo muy bien pronunciar su sangriento axioma: «Es necesario -que muera un hombre por todo el pueblo.»</p> - -<p>El «gran sacerdote de aquel año», valiéndonos de una expresion -del cuarto evangelista, que da perfectamente cuenta del estado de -humillacion á que se encontraba reducido el sumo pontificado, era José -Caifás, nombrado por Valerio G<span class="pagenum" id="Page_199">p. -199</span>rato y perteneciente en cuerpo y alma á los romanos. Desde -que Jerusalen dependia de los procuradores, el cargo de gran sacerdote -habia llegado á ser un destino amovible, y las destituciones se -sucedian casi todos los años<a id="FNanchor_958" href="#Footnote_958" -class="fnanchor">[953]</a>.</p> - -<p>Caifás, sin embargo, se mantuvo más tiempo que los demás. Habia sido -provisto de su empleo el año 25, y hasta el 36 no le perdió. Nada se -sabe acerca de su carácter, y muchas circunstancias inducen á creer que -su poder era sólo nominal. Á su lado, y por cima de él, vemos en efecto -otro personaje que parece haber ejercido en el momento decisivo que nos -ocupa un poder preponderante.</p> - -<p>Aquel personaje era el suegro de Caifás, Hanan ó Annás<a -id="FNanchor_959" href="#Footnote_959" class="fnanchor">[954]</a>, -hijo de Seth, antiguo gran sacerdote depuesto, que, en medio de -esa instabilidad del pontificado, conservó en el fondo toda la -autoridad. Annás habia recibido el soberano sacerdocio del legado -Quirinus el año 7 de nuestra era, cesando en su cargo el año 14 al -advenimiento de Tiberio; pero permaneció muy considerado. Se continuó -llamándole «gran sacerdote», por más que él no tuviese ya el empleo<a -id="FNanchor_960" href="#Footnote_960" class="fnanchor">[955]</a>, -y consultándole en todas las cuestiones graves. Durante cincuenta -años, el pontificado permaneció casi sin interrupcion en su familia; -cinco de sus hijos se revistieron sucesivamente de aquella dignidad<a -id="FNanchor_961" href="#Footnote_961" class="fnanchor">[956]</a>, sin -contar Caifás, que era su yerno. Por eso se la llamaba la «familia -sacerdotal», como si el sacerdocio hubiera sido en ella hereditario<a -id="FNanchor_962" href="#Footnote_962" class="fnanchor">[957]</a>. -Casi todos los grandes cargos del templo estaban entre sus manos<a -id="FNanchor_963" href="#Footnote_963" class="fnanchor">[958]</a>. -Cierto es que otra familia alternaba en el pontificado con la de -Annás, cual era la de Boethus<a id="FNanchor_964" href="#Footnote_964" -class="fnanchor">[959]</a>. Pero los <i>Boethusim</i> que debian el -orígen de su fortuna á una circunstancia muy poco honrosa, eran ménos -estimados de los fariseos piadosos. Annás era, pues, en realidad el -jefe del partido sacerdotal. Caifás no hacia nada sin contar con -él: se habian acostumbrado á asociar sus nombres, y el de Annás se -mencionaba siempre el primero<a id="FNanchor_965" href="#Footnote_965" -class="fnanchor">[960]</a>. Compréndese, en efecto, que bajo aquel -régimen de pontificado anual, trasmitido alternativamente segun el -capricho de los procuradores, debia ser personaje muy importante un -antiguo pontífice que habia conservado el secreto de las tradiciones, -visto derrumbarse muchas fortunas más recientes que la suya, y -guardado bastante crédito para hacer que por su influencia delegasen -el poder á personas que le estaban sometidas completamente. Como toda -la aristocracia del templo<a id="FNanchor_966" href="#Footnote_966" -class="fnanchor">[961]</a>, Annás era saduceo, «secta, dice -Josefo, sumamente severa<span class="pagenum" id="Page_200">p. -200</span> en los procedimientos.» Todos sus hijos fueron tambien -ardientes perseguidores<a id="FNanchor_967" href="#Footnote_967" -class="fnanchor">[962]</a>. Uno de ellos, llamado Annás, como su -padre, hizo apedrear á Santiago, hermano del Señor, en circunstancias -que tienen alguna analogía con la muerte de Jesús. El carácter -de la familia era audaz, altanero y cruel<a id="FNanchor_968" -href="#Footnote_968" class="fnanchor">[963]</a>, teniendo esa -especie particular de maldad desdeñosa y solapada que caracteriza la -política judía. Así, pues, debe pesar sobre Annás y los suyos, la -responsabilidad de todos los actos que van á seguirse. Annás fué (ó si -se quiere, el partido que él representaba) el que dió muerte á Jesús. -Annás fué el actor principal de aquel terrible drama, y áun más bien -que Caifás y que Pilato deberia sufrir el peso de las maldiciones de la -humanidad.</p> - -<p>En boca de Caifás es donde el evangelista coloca las palabras -decisivas que acarrearon la sentencia de muerte de Jesús<a -id="FNanchor_969" href="#Footnote_969" class="fnanchor">[964]</a>. -Se suponia que el gran sacerdote poseia cierto dón profético; la -frase llegó á ser, en este supuesto, para la comunidad cristiana -un oráculo lleno de profunda significacion. Pero esas palabras, -cualesquiera que ellas fuesen, tradujeron el pensamiento de todo el -partido sacerdotal. Ese partido estaba muy expuesto á las sediciones -populares, y trataba de detener á los entusiastas religiosos, previendo -con razon que, por su predicacion exaltada, traeria la ruina total de -la nacion. Bien que la agitacion provocada por Jesús no tuviese nada -de temporal, los sacerdotes vieron, como última consecuencia de ella, -un agravamiento del yugo romano y la ruina del templo, fuente de sus -riquezas y de sus honores<a id="FNanchor_970" href="#Footnote_970" -class="fnanchor">[965]</a>. Pero las causas que debian traer, treinta -y siete años más tarde, la ruina de Jerusalen consistian en otra cosa -que en el cristianismo naciente; estaban en el mismo Jerusalen, y no en -Galilea. Sin embargo, no puede decirse que el motivo alegado en aquella -circunstancia por los sacerdotes, careciese de verosimilitud hasta el -punto de no ver en su procedimiento sino un acto de insigne mala fe. En -cierto modo, si Jesús conseguia su propósito, acarreaba realmente la -ruina de la nacion judía. Partiendo de principios admitidos como cosa -corriente por toda la antigua política, Annás y Caifás estaban en su -derecho al decir: «Vale más la muerte de un hombre que la ruina de un -pueblo.» Ese razonamiento es, á nuestro juicio, detestable; pero él ha -sido el de los partidos conservadores desde el orígen de las sociedades -humanas. El «partido del órden» (tomo esta frase en el sentido pobre -y mezquino) ha sido<span class="pagenum" id="Page_201">p. 201</span> -siempre el mismo. Creyendo que la última palabra del gobierno consiste -en impedir las emociones populares, imagina hacer acto de patriotismo -previniendo por la muerte jurídica la efusion tumultuosa de sangre. -Poco inquieto del porvenir, no conoce que declarando la guerra á toda -iniciativa, corre peligro de lastimar las ideas destinadas á triunfar -un dia. La muerte de Jesús fué una de las mil aplicaciones de esa -política. El movimiento que él dirigia era enteramente espiritual; pero -era un movimiento, y por consiguiente los hombres de órden, persuadidos -de que lo esencial para la humanidad es el reposo, debian impedir que -se desarrollase el nuevo espíritu. Nunca se vió ejemplo más palpable de -la ineficacia de semejante conducta, y del resultado opuesto á que ella -conduce. Dejado en libertad, Jesús se habria consumido en una lucha -desesperada contra lo imposible. El inteligente ódio de sus enemigos -decidió el éxito de su obra, poniendo el sello á su divinidad.</p> - -<p>La muerte de Jesús fué, pues, resuelta á fines del mes de Febrero -ó á principios de Marzo<a id="FNanchor_971" href="#Footnote_971" -class="fnanchor">[966]</a>. Pero Jesús escapó aún por algun tiempo. Se -retiró á una ciudad poco conocida nombrada Efrain ó Efron, hácia el -lado de Betel, á una jornada escasa de Jerusalen<a id="FNanchor_972" -href="#Footnote_972" class="fnanchor">[967]</a>. Allí vivió algunos -dias con sus discípulos, dejando pasar la tempestad. Pero se habia -dado órden de prenderle tan pronto como se le viese en Jerusalen<a -id="FNanchor_973" href="#Footnote_973" class="fnanchor">[968]</a>. La -solemnidad de la Pascua se acercaba, y se presumia que Jesús, segun su -costumbre, iria á la capital á celebrar aquella fiesta.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_23"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXIII</h2> - <p class="subh2 g1">ÚLTIMA SEMANA DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Y en efecto, partió con sus discípulos para ver por última vez -la ciudad incrédula y rebelde. Las esperanzas de las personas -que le rodeaban habian llegado al último grado de exaltacion: al -subir esta vez á Jerusalen, todos creian que el reino de Dios -iba á manifestarse allí<a id="FNanchor_974" href="#Footnote_974" -class="fnanchor">[969]</a>. Habiendo llegado<span class="pagenum" -id="Page_202">p. 202</span> á su colmo la impiedad de los hombres, -esta circunstancia era, en su concepto, una señal evidente de que la -consumacion del esperado acontecimiento se hallaba cercana. Y tal era -la persuasion respecto á este punto, que hasta disputaban acerca de -la preeminencia que cada cual habria de tener en el futuro reino<a -id="FNanchor_975" href="#Footnote_975" class="fnanchor">[970]</a>. -Entónces fué, segun parece, cuando Salomé, la mujer de Zebedeo, -solicitó de Jesús que concediese á sus hijos los dos puestos -preferentes, á derecha é izquierda del Hijo del hombre<a -id="FNanchor_976" href="#Footnote_976" class="fnanchor">[971]</a>. -La imaginacion de Jesús se hallaba, por el contrario, acosada de -graves pensamientos. Á veces dejaba traslucir un profundo y sombrío -resentimiento hácia sus enemigos.—Referia la parábola de un hombre -noble que partió á un país lejano á tomar la investidura de un reino; -mas apénas volvió la espalda, sus conciudadanos se declararon en -contra suya. Á su regreso, el rey ordenó que condujesen delante de -él á los que no habian querido que volviese á reinar sobre ellos, y -los condenó á la última pena<a id="FNanchor_977" href="#Footnote_977" -class="fnanchor">[972]</a>. Otras veces se complacia en desvanecer -las ilusiones de sus discípulos. Cuando marchaban por los caminos -pedregosos del Norte de Jerusalen, Jesús iba pensativo á la cabeza -de sus compañeros.—Todos le miraban silenciosamente, experimentando -un sentimiento de temor y sin atreverse á interrogarle. Ya en -diferentes ocasiones les habia anunciado sus futuros padecimientos, -cosa con la cual no podian avenirse los discípulos<a id="FNanchor_978" -href="#Footnote_978" class="fnanchor">[973]</a>. Jesús tomó, por -último, la palabra, y no ocultándoles ya sus presentimientos, les -habló de su próximo fin<a id="FNanchor_979" href="#Footnote_979" -class="fnanchor">[974]</a>, anuncio que fué acogido con muestras de -profunda tristeza. Los discípulos esperaban que pronto apareceria -la señal en las nubes, y ya resonaban en sus oidos los alegres -acentos del grito inaugural del reino de Dios: «Bendito sea el que -viene en nombre del Señor»<a id="FNanchor_980" href="#Footnote_980" -class="fnanchor">[975]</a>. Sin embargo, aquella sangrienta perspectiva -los llenaba de inquietud. En el espejismo de sus ensueños, el reino de -Dios se aproximaba ó retrocedia á cada paso que daban en el camino -fatal. En cuanto á Jesús, la idea de que iba á morir, pero de que su -muerte salvaria al mundo<a id="FNanchor_981" href="#Footnote_981" -class="fnanchor">[976]</a>, se arraigaba más y más en su mente. La -equivocacion, ó sea la divergencia de miras, entre él y sus discípulos -se hacia cada vez más profunda.</p> - -<p>Era costumbre establecida el que los peregrinos fuesen á Jerusalen -algunos dias ántes de la Pascua á fin de prepararse para la fiesta. -Jesús llegó despues de los demás, y hubo un momento en que sus enemigos -perdieron la esperanza que h<span class="pagenum" id="Page_203">p. -203</span>abian concebido de apoderarse de su persona<a -id="FNanchor_982" href="#Footnote_982" class="fnanchor">[977]</a>. -El sexto dia ántes de la fiesta (sábado, 8 de nisan—28 de Marzo)<a -id="FNanchor_983" href="#Footnote_983" class="fnanchor">[978]</a>, -Jesús entró por fin en Bethania, y como de costumbre, fué á parar -á casa de Lázaro, Marta y María, ó sea de Simon el Leproso, donde -le recibieron con grandes demostraciones de regocijo. Simon el -Leproso preparó con tal motivo una comida<a id="FNanchor_984" -href="#Footnote_984" class="fnanchor">[979]</a>, á la que asistieron -multitud de personas atraidas por el deseo de ver á Jesús, y tambien -por el de ver á Lázaro, cuya milagrosa resurreccion se comentaba -de mil modos desde hacia algun tiempo. Lázaro se hallaba sentado á -la mesa y parecia ser el blanco de todas las miradas. La hacendosa -Marta desempeñaba el servicio, segun costumbre<a id="FNanchor_985" -href="#Footnote_985" class="fnanchor">[980]</a>. Á fin de realzar la -alta dignidad del huésped y de vencer la frialdad del público, se -pretendió, á lo que parece, dispensarle entónces mayores muestras -de respeto. Durante la comida, y con objeto de dar al banquete más -solemne apariencia, entró María con un vaso de perfumes que derramó -sobre los piés de Jesús. En seguida rompió el vaso, conforme á la -antigua costumbre, que ordenaba romper la vajilla que habia servido -para obsequiar á un huésped de distincion<a id="FNanchor_986" -href="#Footnote_986" class="fnanchor">[981]</a>. Por último, llevando -las demostraciones de su deferencia á un extremo no conocido hasta -entónces, se hincó de rodillas y enjugó con sus largos cabellos -los piés del maestro<a id="FNanchor_987" href="#Footnote_987" -class="fnanchor">[982]</a>. Los agradables efluvios de los perfumes -llenaron toda la casa, produciendo gran contentamiento en los -circunstantes, excepto en el avaro Júdas de Kerioth. Verdad es que -en atencion á las costumbres económicas de la comunidad, semejante -conducta era un verdadero despilfarro. El ávido tesorero calculó -en seguida en cuánto hubieran podido venderse los perfumes, y el -producto que su venta habria hecho ingresar en la caja de los pobres. -Ese mezquino y poco afectuoso sentimiento, que parecia demostrar -más aprecio por el valor de ciertas cosas que por su persona, -disgustó sobremanera á Jesús, el cual amaba los honores, porque ellos -contribuian á sus propósitos y afirmaban su título de hijo de David. -Así es que cuando oyó hablar de pobres, respondió con bastante viveza: -«Los pobres los tendreis siempre con vosotros; pero á mí no me tendreis -siempre.» Y exaltándose más, prometió la inmortalidad á la mujer -que en aquel momento crítico le daba tan relevante prueba de amor<a -id="FNanchor_988" href="#Footnote_988" class="fnanchor">[983]</a>.</p> - -<p>Al dia siguiente (domingo, 9 de nisan), Jesús descendió de -Bethania á Jerusalen<a id="FNanchor_989" href="#Footnote_989" -class="fnanchor">[984]</a>. Cuando al revolver un recodo de<span -class="pagenum" id="Page_204">p. 204</span>l camino vió, desde -la cima del monte de los Olivos, extendida á sus piés la ciudad, -dicen que lloró sobre ella y que le dirigió un último llamamiento<a -id="FNanchor_990" href="#Footnote_990" class="fnanchor">[985]</a>. Al -llegar á la falda de la montaña, no léjos de la puerta que se abria en -el muro oriental de la ciudad sobre la zona llamada <i>Bethphage</i>, -sin duda á causa de las higueras que la poblaban<a id="FNanchor_991" -href="#Footnote_991" class="fnanchor">[986]</a>, Jesús tuvo -todavía un instante de satisfaccion humana<a id="FNanchor_992" -href="#Footnote_992" class="fnanchor">[987]</a>. Habiéndose extendido -la noticia de su llegada, los galileos que se hallaban en Jerusalen -con motivo de la fiesta, salieron gozosos á su encuentro y le -prepararon una pequeña ovacion. Buscaron una jumenta, á la cual seguia -un jumentillo, segun costumbre, extendieron sobre su lomo sus más -hermosos vestidos, á guisa de gualdrapa, y le hicieron sentar sobre -aquella pobre montura. Otros extendian sus túnicas sobre el camino, -mezclando con ellas una alfombra de ramos verdes. La muchedumbre iba -delante y detrás de él, llevando palmas en la mano y exclamando: -«¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito sea el que viene en nombre -del Señor!» Algunas personas le daban el título de rey de Israel<a -id="FNanchor_993" href="#Footnote_993" class="fnanchor">[988]</a>. -«Rabbi,—le decian los fariseos—diles que se callen.»—«Si éstos callan, -las piedras darán voces»,—respondió Jesús,—y en seguida entró en la -ciudad. Los hierosolimitanos, que apénas le conocian, preguntaban -que quién era: «Es Jesús, el profeta de Nazareth, en Galilea»,—les -respondieron.—Siendo Jerusalen una ciudad de cincuenta mil almas<a -id="FNanchor_994" href="#Footnote_994" class="fnanchor">[989]</a>, -poco más ó ménos, un acontecimiento como la entrada de un forastero -de alguna celebridad, el concurso de provincianos ó un movimiento -popular en las avenidas de la poblacion debia en circunstancias -ordinarias propalarse rápidamente. Pero como la confusion era extremada -en la época de las fiestas<a id="FNanchor_995" href="#Footnote_995" -class="fnanchor">[990]</a>, Jerusalen pertenecia en aquellos dias á -los forasteros:—así pues, la emocion parece haber sido más viva entre -estos últimos. Algunos prosélitos familiarizados con el idioma griego, -que habian ido á la fiesta de la Pascua, tuvieron curiosidad de ver á -Jesús, á cuyo efecto se dirigieron á sus discípulos<a id="FNanchor_996" -href="#Footnote_996" class="fnanchor">[991]</a>;—se ignora lo que -resultó de aquella entrevista. En cuanto á Jesús, fué, como tenía -de costumbre, á pasar la noche á su querida aldea de Bethania<a -id="FNanchor_997" href="#Footnote_997" class="fnanchor">[992]</a>, -volviendo igualmente á Jerusalen durante los tres dias sucesivos -(lúnes, martes y miércoles). Una vez puesto el sol, subia la colina de -Bethania, ó bien se dirigia á las granjas del flanco occidental del -monte de los Olivos, en las cuales habitaban muchos amigos suyos<a -id="FNanchor_998" href="#Footnote_998" class="fnanchor">[993]</a>.</p> -<p><span class="pagenum" id="Page_205">p. 205</span></p> <p>En -sus últimos dias, una profunda tristeza parece dominar su alma, de -ordinario tan jovial y serena. Todos los relatos están de acuerdo -en atribuirle, ántes de su arresto, un instante de incertidumbre -y de vacilacion, una especie de agonía anticipada. Segun algunos, -Jesús exclamó de repente: «Mi alma se ha conturbado; ¡oh Padre mio! -líbrame de esta hora»<a id="FNanchor_999" href="#Footnote_999" -class="fnanchor">[994]</a>. En aquel momento creyeron que se habia -dejado oir una voz del cielo; otros decian que un ángel habia -descendido á confortarle<a id="FNanchor_1000" href="#Footnote_1000" -class="fnanchor">[995]</a>. El hecho, segun la version más autorizada, -tuvo lugar en el huerto de Gethsemaní. Miéntras dormian sus discípulos, -Jesús se alejó de ellos á distancia de un tiro de piedra, no -conservando á su lado sino á Cephas y á los dos hijos de Zebedeo. -Entónces, postrada la faz contra la tierra, se puso en oracion, y -su alma contristada experimentó angustias de muerte, pero al fin -triunfó en él la resignacion á la voluntad divina<a id="FNanchor_1001" -href="#Footnote_1001" class="fnanchor">[996]</a>. Á consecuencia del -arte instintivo que presidió á la redaccion de los sinópticos, arte -que á menudo les hace obedecer en el arreglo del relato á razones de -conveniencia ó de efecto, aquella escena fué colocada en la última -noche de Jesús, precediendo al momento de su arresto. Pero si esa -version fuese la verdadera, no se comprenderia que Juan, testigo íntimo -de tan conmovedor episodio, no dijese respecto á él ni una sola palabra -en el circunstanciadísimo relato que hace de la noche del juéves<a -id="FNanchor_1002" href="#Footnote_1002" class="fnanchor">[997]</a>. -Sea como quiera, lo cierto es que, durante los últimos dias gravitó -cruelmente sobre Jesús el peso enorme de la mision que habia aceptado. -La naturaleza humana se despertó por un momento; y ¡quién sabe si -entónces dudó de su obra! El error y la incertidumbre se apoderaron -de él, produciéndole un desfallecimiento más angustioso que la misma -muerte. El hombre que ha sacrificado á una grande idea su reposo y las -recompensas legítimas de la vida, experimenta siempre un instante de -infinita tristeza cuando por primera vez se le presenta la imágen de -la muerte, pretendiendo persuadirle de que todos sus sacrificios serán -en vano. Quizás cruzaron entónces por la imaginacion de Jesús algunos -de esos conmovedores recuerdos del pasado que se encarnan hasta en las -almas de mejor temple, atravesándolas con un agudo puñal. ¿Se aparecian -á su memoria las claras fuentes de la risueña Galilea, sus alfombras -de verdura, los viñedos y las higueras, á cuya sombra hubiera podido -vivir tranquilo, y las cándidas jóvenes que acaso hubieran consentido -en amarle? ¿Maldijo entónces la<span class="pagenum" id="Page_206">p. -206</span> rudeza de su destino, que le privó de los goces concedidos -á los demás seres? ¿Se lamentó de su elevada naturaleza, y víctima de -su valor moral, sintió no haber permanecido siendo un simple artesano -en Nazareth? ¡Quién sabe!... Todas esas turbaciones interiores fueron -evidentemente un enigma para sus discípulos, enigma del cual no -comprendieron ni una palabra, tratando por medio de cándidas conjeturas -de suplir lo que para ellos habia de oscuro é incomprensible en la -grande alma de su maestro. Pero aquel desfallecimiento fué momentáneo; -es indudable que la naturaleza divina de Jesús recobró pronto su -acostumbrado imperio. Todavía estaba en su mano evitar la muerte.—Mas -no lo quiso; el amor de su obra triunfó en él, y aceptó el cáliz -decidido á apurarle hasta las heces. En adelante Jesús aparece tal -como es, y las sutilezas del polemista, la credulidad del taumaturgo -y del exorcista se borran por completo ante la figura sublime del -héroe incomparable de la Pasion, del fundador de los derechos de -la conciencia libre, del cumplido modelo cuyo ejemplo servirá de -confortacion y consuelo á todas las almas afligidas.</p> - -<p>El triunfo de Bethphage, aquella audacia de provincianos festejando -á su rey-mesías á las mismas puertas de Jerusalen, acabó de exasperar á -los fariseos y á la aristocracia del templo. Celebróse el miércoles (12 -de nisan) un nuevo consejo en casa de José Caifás<a id="FNanchor_1003" -href="#Footnote_1003" class="fnanchor">[998]</a>, y en él quedó -resuelta la inmediata prision de Jesús. Á todas aquellas medidas -presidió un gran sentimiento de órden y de policía conservadora. Como -la fiesta de la Pascua, que aquel año empezaba el viérnes por la -noche, era siempre motivo propicio á los tumultos y á la exaltacion, -se resolvió avanzar el arresto algunos dias, á fin de evitar el -escándalo y las desgracias que acaso pudieran ocurrir. Temíase que -la popularidad de Jesús<a id="FNanchor_1004" href="#Footnote_1004" -class="fnanchor">[999]</a> ocasionase alguna asonada. Por consiguiente, -se determinó que en vez de apoderarse de él en el templo, adonde -iba todos los dias<a id="FNanchor_1005" href="#Footnote_1005" -class="fnanchor">[1000]</a>, se espiasen sus costumbres á fin de -prenderle en algun lugar apartado. Con este objeto, los agentes de los -sacerdotes sonsacaron á sus discípulos, en la esperanza de obtener -de su debilidad ó de su sencillez algunas noticias útiles, cosa que -encontraron en Júdas de Kerioth. Aquel desgraciado, por motivos -imposibles de explicar, hizo traicion á su maestro, y no sólo dió todas -las indicaciones que se le pedian, sino que se encargó de conducir la -brigada ó patrulla que debia operar el arresto, aunque semejante exceso -de maldad parece c<span class="pagenum" id="Page_207">p. 207</span>asi -increible. El recuerdo de horror que la necesidad ó la infamia de aquel -hombre dejó en la tradicion cristiana, ha debido introducir sobre este -punto alguna exageracion. Hasta entónces Júdas habia sido un discípulo -como los demás, tenía el título de apóstol y hasta habia hecho milagros -y lanzado los demonios. La leyenda, que rechaza los términos medios, -no ha podido admitir en el cenáculo sino once santos y un réprobo. -Pero la realidad no procede por categorías tan absolutas. La avaricia, -que los sinópticos señalan como el móvil del crímen en cuestion, no -basta á explicarle satisfactoriamente. Sería por cierto bien extraño -que un hombre que administraba el fondo comun, y que sabía lo que -iba á perder con la muerte del jefe, hubiese cambiado los provechos -de su empleo de tesorero<a id="FNanchor_1006" href="#Footnote_1006" -class="fnanchor">[1001]</a> por una cantidad insignificante<a -id="FNanchor_1007" href="#Footnote_1007" class="fnanchor">[1002]</a>. -¿Se habia resentido el amor propio de Júdas á causa de la reprimenda -que recibió en el banquete de Bethania? Tampoco esta razon parece -suficiente. Juan se empeña en presentarle desde un principio como -un ladron y un incrédulo<a id="FNanchor_1008" href="#Footnote_1008" -class="fnanchor">[1003]</a>, cosa que es de todo punto inverosímil. -Inclínase uno más bien á creer que obedeciese á algun sentimiento de -rivalidad, á la irritacion producida por disensiones intestinas. El -ódio particular que Juan manifiesta contra Júdas<a id="FNanchor_1009" -href="#Footnote_1009" class="fnanchor">[1004]</a> confirma esta última -hipótesis. De un corazon ménos puro que los otros, Júdas pudo muy bien -haberse dejado dominar, sin apercibirse de ello, de los sentimientos -propios de su cargo, y por un sesgo sumamente comun en el ejercicio -de las funciones activas, haber llegado á dar más importancia á los -intereses de la caja que á la obra misma á que estaban destinados. El -murmullo que se le escapa en Bethania deja sospechar que la grandeza -del apóstol habia sucumbido en él ante la mezquindad del administrador, -y que algunas veces le parecia que el maestro costaba demasiado caro á -su familia espiritual. Esa ruin economía habia causado sin duda en la -reducida sociedad algunos otros disgustos.</p> - -<p>Sin negar que Júdas contribuyese á la prision de su maestro, -nosotros creemos que hay alguna injusticia en las maldiciones que -sobre él se lanzan. Quizás hubo en su conducta mayor parte de torpeza -que de perversidad. La conciencia moral del hombre del pueblo es -viva y justa, pero instable é inconsecuente, y no sabe resistir á un -impulso momentáneo. Las sociedades secretas del partido republicano -abrigaban en su seno profunda conviccion y gran sinceridad, y sin -embargo, los delatores eran en ellas numerosos. El más ligero d<span -class="pagenum" id="Page_208">p. 208</span>especho bastaba para -convertir un sectario en un traidor. Pero si el loco deseo de adquirir -algunas miserables monedas trastornó la cabeza del pobre Júdas, -no parece que hubiese perdido completamente el sentimiento moral, -puesto que, viendo las consecuencias de su falta, se arrepintió<a -id="FNanchor_1010" href="#Footnote_1010" class="fnanchor">[1005]</a>, -segun dicen, y hasta se dió la muerte.</p> - -<p>Cada minuto de los que van á seguirse es un momento solemne -y ha valido por siglos enteros en la historia de la humanidad. -Hemos llegado al juéves 13 de nisan (3 de Abril). La fiesta de la -Pascua empezaba el dia siguiente por la noche, inaugurándose con el -festin del cordero. Luégo se continuaba por espacio de siete dias -consecutivos, durante los cuales se hacia uso de los panes ácimos. -El primero y el último de aquellos siete dias tenian un carácter -de particular solemnidad. Los discípulos se ocupaban ya en los -preparativos de la fiesta<a id="FNanchor_1011" href="#Footnote_1011" -class="fnanchor">[1006]</a>:—en cuanto á Jesús, todo parecia indicar -que no le era desconocida la traicion de Júdas y que no se hacia -ilusiones respecto á la suerte que le esperaba. Aquella noche celebró -con sus discípulos su última cena, la cual no era el festin ritual de -la Pascua, segun despues se supuso, cometiendo el error de un dia<a -id="FNanchor_1012" href="#Footnote_1012" class="fnanchor">[1007]</a>; -pero la cena del juéves fué para la Iglesia primitiva la verdadera -Pascua, el sello de la nueva alianza. Cada discípulo trasfirió á ella -sus más caros recuerdos, y la multitud de rasgos conmovedores que cada -uno conservaba del maestro se reconcentraron en aquella cena, la cual -llegó á ser la piedra angular de la piedad cristiana y el punto de -partida de las más fecundas instituciones.</p> - -<p>En efecto, en aquel momento solemne debió desbordarse el amor y -la ternura que abrigaba el corazon de Jesús por la reducida iglesia -que veia en torno suyo<a id="FNanchor_1013" href="#Footnote_1013" -class="fnanchor">[1008]</a>. Su alma, fuerte y serena, superior al peso -de las sombrías preocupaciones que la asaltaban, supo encontrar una -palabra de cariño para cada uno de sus amigos. Dos de entre ellos, Juan -y Pedro, fueron particularmente objeto de tiernas muestras de afeccion. -Juan (segun asegura él mismo) se hallaba recostado en el divan, -cerca de Jesús, con la cabeza reclinada sobre el pecho del maestro. -Al final de la comida, el secreto que oprimia el corazon de Jesús -estuvo á pique de escapársele: «En verdad os digo,—exclamó,—que uno de -vosotros me hará traicion»<a id="FNanchor_1014" href="#Footnote_1014" -class="fnanchor">[1009]</a>. Semejantes palabras produjeron en aquellos -hombres ingénuos y sencillos un momento de horrible angustia; miráronse -unos á otros, y cada uno se preguntó si sería él quien habria de<span -class="pagenum" id="Page_209">p. 209</span> cometer tal felonía. Júdas -se hallaba presente; quizás Jesús, que desde hacia algun tiempo tenía -motivos para desconfiar de él, trató con aquellas palabras de sondar -su corazon y de ver si en su continente embarazado encontraba la -certidumbre de su falta. Pero el discípulo infiel permaneció impasible, -y hasta dicen que se atrevió á preguntar, como los demás: «¿Seré yo, -maestro?»</p> - -<p>Sin embargo, el alma noble y recta de Pedro estaba como sobre -ascuas, é hizo seña á Juan para que tratara de saber á quién habia -querido aludir el maestro. Juan, que podia conversar con Jesús sin -que los demás lo oyeran, le suplicó por lo bajo que le diese la clave -de aquel enigma. Pero Jesús, que no tenía sino sospechas, no quiso -pronunciar nombre alguno; únicamente dijo á Juan que reparase en -aquel á quien iba á ofrecer el pan mojado en la salsa. Y al mismo -tiempo ofreció una sopa á Júdas. Por consiguiente, sólo Juan y Pedro -tuvieron conocimiento del hecho. Jesús dirigió á Júdas algunas palabras -que envolvian una amarga reconvencion; pero no fueron comprendidas -de los circunstantes, los cuales creyeron, al ver salir á Júdas -en seguida, que Jesús le habia dado alguna órden relativa á la -fiesta del dia siguiente<a id="FNanchor_1015" href="#Footnote_1015" -class="fnanchor">[1010]</a>.</p> - -<p>Por el momento, aquella comida no llamó la atencion de nadie, y -exceptuando las aprensiones que el maestro confió á sus discípulos -y que no fueron comprendidas sino á medias, nada pasó en ella de -extraordinario. Pero, despues de la muerte de Jesús, se atribuyeron á -aquella noche solemnes significados, y la imaginacion de los creyentes -derramó sobre ella una tinta de suave y dulce misticismo. Los últimos -momentos de una persona querida son los que más profundamente se -graban en la memoria. Por una ilusion inevitable, se atribuyen á las -conversaciones que entónces se tuvieron con ella una significacion que -no habrian adquirido sin la muerte, y se aglomeran en el espacio de -algunas horas los recuerdos de años enteros. Despues de la cena de que -acabamos de hablar, la mayor parte de los discípulos no volvieron á ver -al maestro. Aquél fué, pues, el último adios, el banquete de despedida. -En aquella cena, de igual modo que en otras muchas colaciones, Jesús -practicó su rito misterioso del fraccionamiento del pan. Como quiera -que desde un principio se creyó que el citado banquete habia tenido -lugar el dia de Pascua, siendo, por consiguiente, el festin pascual, -natural fué que se concibiese la idea de haber quedado fundada en -aque<span class="pagenum" id="Page_210">p. 210</span>l momento -supremo la institucion de la Eucaristía. Partiendo de la hipótesis de -que Jesús conocia de antemano el momento preciso de su muerte, los -discípulos debian suponer que el maestro habia reservado para sus -últimos momentos una multitud de actos importantes. Y como quiera que -una de las ideas fundamentales de los primeros cristianos consistia en -que la muerte de Jesús habia sido un sacrificio destinado á reemplazar -todos los de la antigua Ley, la «Cena» (que por última vez repetimos -se suponia haberse celebrado en la víspera de la Pasion) llegó á -ser el sacrificio por excelencia, el acto constitutivo de la nueva -alianza, el signo de la sangre derramada por la salvacion de todos<a -id="FNanchor_1016" href="#Footnote_1016" class="fnanchor">[1011]</a>. -Así, pues, el pan y el vino, puestos en relacion con la misma muerte, -se convirtieron en la imágen del Nuevo Testamento, que Jesús habia -sellado con sus dolores, en la conmemoracion del sacrificio de Cristo -hasta su advenimiento<a id="FNanchor_1017" href="#Footnote_1017" -class="fnanchor">[1012]</a>.</p> - -<p>Ese misterio se fijó desde muy temprano en un pequeño relato -sacramental, que poseemos bajo cuatro formas muy análogas entre sí<a -id="FNanchor_1018" href="#Footnote_1018" class="fnanchor">[1013]</a>. -Y sin embargo, Juan, á quien tanto preocupan las ideas eucarísticas<a -id="FNanchor_1019" href="#Footnote_1019" class="fnanchor">[1014]</a>, -que refiere con tanta prolijidad el último banquete, relacionando -con él tantas circunstancias y tantos discursos<a id="FNanchor_1020" -href="#Footnote_1020" class="fnanchor">[1015]</a>; Juan, único entre -los narradores evangélicos que tiene sobre este punto el valor de un -testigo ocular, no conoce el relato en cuestion, lo cual prueba que no -consideraba la institucion de la Eucaristía como una particularidad -de la Cena. En su concepto, el rito de la Cena es el lavatorio de -los piés, rito que probablemente obtuvo entre ciertas familias del -cristianismo primitivo una importancia que perdió con el tiempo<a -id="FNanchor_1021" href="#Footnote_1021" class="fnanchor">[1016]</a>. -Sin duda Jesús le habia practicado en algunas ocasiones para dar á -sus discípulos una leccion de humildad fraternal. Pero se trasfirió á -la víspera de su muerte, á causa de la tendencia que despues hubo en -agrupar al rededor de la Cena todas las grandes recomendaciones morales -y rituales de Jesús.</p> - -<p>Por lo demás, un elevado sentimiento de amor, de caridad, -de concordia y de mútua deferencia, animaba los recuerdos que -los discípulos creian conservar de las últimas horas de Jesús<a -id="FNanchor_1022" href="#Footnote_1022" class="fnanchor">[1017]</a>. -El alma de los símbolos y de los discursos, que la tradicion -cristiana colocó en aquel sagrado momento, es siempre la unidad -de su Iglesia, constituida por él ó por su espíritu: «Un nuevo -mandamiento os doy—decia—que os ameis unos á otros, y que del -modo que yo os he amado á<span class="pagenum" id="Page_211">p. -211</span> vosotros, así tambien os ameis recíprocamente. Por aquí -conocerán todos que sois mis discípulos, si os teneis amor unos á -otros. Ya no os llamaré siervos, pues el siervo no es sabedor de lo -que hace su amo. Mas á vosotros os he llamado amigos; porque os he -hecho saber cuantas cosas oí de mi Padre. Lo que os mando es que -os ameis unos á otros»<a id="FNanchor_1023" href="#Footnote_1023" -class="fnanchor">[1018]</a>.</p> - -<p>Algunas rivalidades, algunas luchas de preeminencia se produjeron -todavía en aquellos postreros momentos<a id="FNanchor_1024" -href="#Footnote_1024" class="fnanchor">[1019]</a>. Jesús hizo notar -que si él, que era el maestro, habia estado entre sus discípulos -como su servidor, con mayor motivo debian ellos subordinarse unos -á otros. Segun algunos, parece que les dijo al beber el vino: -«Yo os declaro que no beberé ya más desde ahora de este fruto -de la vid, hasta el dia en que beba con vosotros el nuevo en el -reino de mi Padre»<a id="FNanchor_1025" href="#Footnote_1025" -class="fnanchor">[1020]</a>. Otros afirman que les prometió para -muy pronto un banquete celestial, en el cual se hallarian sentados -en tronos cerca de él<a id="FNanchor_1026" href="#Footnote_1026" -class="fnanchor">[1021]</a>.</p> - -<p>Hácia el fin de la velada, los presentimientos de Jesús se -propagaron, á lo que parece, al alma de sus discípulos. Todos -sentian que se hallaban cercanos á una crísis y que un grave peligro -amenazaba al maestro. Hubo un instante en que Jesús pensó en tomar -algunas precauciones:—habló de espadas, y como le dijeran que habia -dos entre los circunstantes, «basta»—respondió—<a id="FNanchor_1027" -href="#Footnote_1027" class="fnanchor">[1022]</a>. Pero desechó la -idea y no volvió á hablar de ello, comprendiendo sin duda que aquellos -tímidos provincianos no podrian oponer resistencia á la fuerza armada -de los grandes poderes de Jerusalen. Cephas, impulsado por su gran -corazon y lleno de confianza en sí mismo, juró que le acompañaria -á la prision y que moriria con él. Jesús le opuso algunas dudas -con su acostumbrada delicadeza de ingenio; y segun una tradicion, -que probablemente se remonta hasta el mismo Pedro, le emplazó para -el canto del gallo<a id="FNanchor_1028" href="#Footnote_1028" -class="fnanchor">[1023]</a>. Todos, á imitacion de Cephas, juraron que -no le abandonarian.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_24"> - <p><span class="pagenum" id="Page_212">p. 212</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXIV</h2> - <p class="subh2 g1">ARRESTO Y CAUSA DE JESÚS</p> -</div> - -<p>La noche habia cerrado ya completamente<a id="FNanchor_1029" -href="#Footnote_1029" class="fnanchor">[1024]</a> cuando -salieron de la sala<a id="FNanchor_1030" href="#Footnote_1030" -class="fnanchor">[1025]</a>. Segun su costumbre, Jesús atravesó -el valle del Cedron, y acompañado de sus discípulos se dirigió al -huerto de Gethsemaní, situado al pié del monte de los Olivos<a -id="FNanchor_1031" href="#Footnote_1031" class="fnanchor">[1026]</a>. -Sentóse allí, y dominando á sus discípulos con su inmensa superioridad, -permanecia en vela y en oracion miéntras ellos dormian. De pronto -una patrulla armada y provista de antorchas invade el huerto. Eran -los agentes del templo, especie de brigada de policía que se habia -dejado á los sacerdotes: iban armados de palos y escoltados de un -destacamento de soldados romanos con espadas. La órden del arresto -emanaba del gran sacerdote y del sanedrin<a id="FNanchor_1032" -href="#Footnote_1032" class="fnanchor">[1027]</a>. Conociendo Júdas -las costumbres de Jesús, les habia indicado que en aquel sitio -podrian sorprenderle más fácilmente. Júdas, segun la tradicion -unánime de los primeros tiempos, acompañaba á la patrulla<a -id="FNanchor_1033" href="#Footnote_1033" class="fnanchor">[1028]</a>, -y si hemos de creer lo que algunos afirman<a id="FNanchor_1034" -href="#Footnote_1034" class="fnanchor">[1029]</a>, llevó la infamia -hasta el extremo de designar con un beso á la víctima de su negra -traicion. Sea como quiera, lo cierto es que hubo un principio -de resistencia de parte de los discípulos<a id="FNanchor_1035" -href="#Footnote_1035" class="fnanchor">[1030]</a>. Uno de ellos (Pedro, -segun testigos oculares)<a id="FNanchor_1036" href="#Footnote_1036" -class="fnanchor">[1031]</a> desenvainó la espada é hirió en una oreja -á uno de los servidores del gran sacerdote, llamado Malek. Jesús -detuvo aquel primer movimiento y se entregó voluntariamente á los -soldados. Los discípulos, débiles, é incapaces de obrar de concierto -contra autoridades que gozaban de tanto prestigio, huyeron cada cual -por su lado. Sólo Juan y Pedro siguieron desde léjos al maestro sin -perderle de vista. Otro jóven desconocido, cubierto de una ligera -túnica, le seguia tambien: los soldados quisieron prenderle, pero el -jóven huyó, dejando la túnica entre sus manos<a id="FNanchor_1037" -href="#Footnote_1037" class="fnanchor">[1032]</a>.</p> - -<p>La conducta que los sacerdotes habian resuelto observar contra -Jesús se hallaba en un todo conforme con el derecho establecido. -El procedimiento contra el «seductor» (<i>mesith</i>) que trata de -atentar á la pureza de la religion se expl<span class="pagenum" -id="Page_213">p. 213</span>ica en el Talmud con detalles cuya ingenua -impudencia hace sonreir. La asechanza, la alevosía, están en él -erigidas en parte esencial de la instrucción criminal. Cuando hay un -hombre acusado de «seduccion» se colocan dos testigos ocultos detrás -de un tabique, y se arreglan las cosas de un modo que el prevenido -éntre en una habitacion contigua, á fin de que los dos testigos en -cuestion puedan oirle sin que él lo sospeche. Á mayor abundamiento se -encienden dos luces junto á él para que los testigos ocultos puedan -declarar que «le han visto»<a id="FNanchor_1038" href="#Footnote_1038" -class="fnanchor">[1033]</a>. Preparadas las cosas de este modo, se hace -que repita su blasfemia, induciéndole á que se retracte. Si persiste -en ella, los testigos le conducen al tribunal y es apedreado. El -Talmud añade que de esta manera fué como se procedió con Jesús, que -fué condenado por las declaraciones de los consabidos testigos, y que, -además, el crímen de «seduccion» es el único para el cual se preparan -tan originales testimonios<a id="FNanchor_1039" href="#Footnote_1039" -class="fnanchor">[1034]</a>.</p> - -<p>En efecto, los discípulos de Jesús nos dicen que la «seduccion» -era el crímen de que acusaban á su maestro<a id="FNanchor_1040" -href="#Footnote_1040" class="fnanchor">[1035]</a>, y, á excepcion de -algunas anotaciones, fruto de la imaginacion rabínica, el relato de -los evangelios concuerda rasgo por rasgo con el procedimiento que -describe el Talmud. El plan de los enemigos de Jesús era convencerle, -por informe testimonial y por su propia confesion, de blasfemia y -de atentado contra la religion mosáica, condenarle á muerte con -arreglo á la Ley y remitir despues la sentencia á Pilato para que -éste la confirmase. Como ya hemos visto, la autoridad sacerdotal -residia de hecho en manos de Annás. La órden de arresto procedia -de él probablemente, y á casa de aquel poderoso personaje fué -adonde, en un principio, condujeron á Jesús<a id="FNanchor_1041" -href="#Footnote_1041" class="fnanchor">[1036]</a>. Annás le interrogó -acerca de su doctrina y de sus discípulos; pero Jesús rehusó con -noble altivez entrar en largas explicaciones. Remitiéndose á su -enseñanza, que habia sido pública, declaró que jamás habia tenido -doctrina secreta, y dijo al gran sacerdote que interrogase á aquellos -que le habian escuchado. Nada más natural que esa respuesta; pero el -exagerado respeto que inspiraba el antiguo pontífice la hizo aparecer -osada é irreverente, y uno de los circunstantes replicó á ella—segun -dicen—dando á Jesús un bofeton.</p> - -<p>Pedro y Juan habian seguido al maestro hasta la morada de Annás: -Juan, que no era desconocido en la casa, penetró<span class="pagenum" -id="Page_214">p. 214</span> sin dificultad, mas su compañero fué -detenido á la entrada, y el hijo del Zebedeo tuvo que suplicar á la -portera que le dejase paso.</p> - -<p>La noche era fria.</p> - -<p>Pedro permaneció en la antecámara y se acercó á un brasero al -rededor del cual se calentaban algunos sirvientes, quienes no tardaron -en reconocerle como discípulo del preso. Denunciado por su acento -galileo y apremiado por las preguntas que le dirigian los lacayos, -entre los cuales se hallaba un pariente de Malek que le habia visto -en Gethsemaní, el desventurado aseguró por tres veces que jamás habia -tenido relacion alguna con Jesús. Pedro creia que el maestro no -podia oirle y estaba léjos de imaginar cuán digno de reprobacion era -aquel acto de disimulada cobardía. Pero su excelente naturaleza le -reveló bien pronto la falta que acababa de cometer. Una circunstancia -fortuita, el canto del gallo, vino á recordarle las palabras que -le habia dicho el maestro. Entónces se enterneció su corazon, -salió afuera y se echó á llorar amargamente<a id="FNanchor_1042" -href="#Footnote_1042" class="fnanchor">[1037]</a>.</p> - -<p>Aunque verdadero autor del homicidio jurídico que iba á consumarse, -Annás no tenía poderes para pronunciar la sentencia de Jesús; por -eso le remitió á su yerno Caifás, que era el posesor del título -oficial. Ciego instrumento de su suegro, Caifás debia naturalmente -ratificar en todo y por todo las insinuaciones de aquél. El sanedrin se -hallaba reunido en su casa<a id="FNanchor_1043" href="#Footnote_1043" -class="fnanchor">[1038]</a>. Empezóse la vista, y varios testigos, -preparados de antemano con arreglo al procedimiento inquisitorial -expuesto en el Talmud, comparecieron ante los jueces. La frase fatal -que Jesús habia realmente pronunciado: «Yo destruiré el templo de -Dios y le reconstruiré en tres dias», fué citada por dos testigos. -Blasfemar del templo de Dios era, segun la ley judáica, blasfemar -de la misma Divinidad<a id="FNanchor_1044" href="#Footnote_1044" -class="fnanchor">[1039]</a>. Jesús guardó silencio, rehusando explicar -las palabras que se le acriminaban. Si hemos de creer lo que dice un -relato, el gran sacerdote le conminó entónces que dijera si él era el -Mesías. Jesús respondió afirmativamente y proclamó ante los jueces -el próximo advenimiento de su reino celestial<a id="FNanchor_1045" -href="#Footnote_1045" class="fnanchor">[1040]</a>. Sin embargo, -parécenos que el valor de Jesús, decidido ya á morir, no exige -semejante confesion: es muy probable que en casa de Caifás, como en -la de Annás, guardase ese mismo silencio que fué su regla de conducta -en los últimos instantes de su vida. La sentencia estaba resuelta de -antemano, y sólo<span class="pagenum" id="Page_215">p. 215</span> se -buscaban pretextos para justificarla: conociéndolo Jesús, no trató -de emprender una defensa inútil. Bajo el punto de vista del judaismo -ortodoxo, Jesús era real y verdaderamente un blasfemo, un destructor -del culto establecido; esto supuesto, la ley castigaba con pena de -muerte semejantes crímenes<a id="FNanchor_1046" href="#Footnote_1046" -class="fnanchor">[1041]</a>. La asamblea le declaró por voto unánime -culpable de crímen capital. Los miembros del consejo que tenian -por él secretas simpatías, se hallaban ausentes ó no votaron<a -id="FNanchor_1047" href="#Footnote_1047" class="fnanchor">[1042]</a>. -La frivolidad propia de las aristocracias de antigua data no permitió -á los jueces reflexionar mucho tiempo sobre los resultados de la -sentencia que acababan de firmar. La vida de un hombre se sacrificaba -entónces con suma ligereza; de seguro no pensaron los miembros del -sanedrin en la terrible cuenta que de aquel decreto, pronunciado con -tan indolente desden, tendrian sus hijos que dar á la posteridad -irritada.</p> - -<p>El sanedrin no tenía derecho para hacer ejecutar una -sentencia de muerte<a id="FNanchor_1048" href="#Footnote_1048" -class="fnanchor">[1043]</a>. Pero, gracias á la confusion de poderes -que entónces reinaba en Judea, no por eso dejaba Jesús de hallarse -condenado desde aquel momento. Así es que permaneció el resto de la -noche expuesto á los insultos y malos tratamientos de la más ínfima -chusma, la cual no le escaseó ninguna afrenta<a id="FNanchor_1049" -href="#Footnote_1049" class="fnanchor">[1044]</a>.</p> - -<p>Á la siguiente mañana se reunieron de nuevo los ancianos y los -jefes de los sacerdotes<a id="FNanchor_1050" href="#Footnote_1050" -class="fnanchor">[1045]</a>, para tratar de que Pilato aprobase la -condena pronunciada por el sanedrin, condena que no podia tener -cumplido efecto sin tal requisito, indispensable desde la ocupacion -romana. El procurador no se hallaba investido, como el legado imperial, -del derecho de vida y muerte; pero como Jesús no era ciudadano -romano, bastaba la autorizacion del gobierno para que se diera curso -al decreto pronunciado contra él. Los romanos, como sucede siempre -que un pueblo político somete á una nacion en la que se confunden la -ley civil y la religiosa, habian llegado á prestar una especie de -apoyo oficial á la ley judáica. El derecho romano no se aplicaba á -los judíos; éstos permanecian sometidos al derecho canónico que vemos -consignado en el Talmud, de igual manera que los árabes de Argelia -se hallan todavía regidos por el código del Islam. Aunque neutros en -religion, los romanos sancionaban con mucha frecuencia las penas que se -imponian por delitos religiosos. La situacion era, pues, muy semejante -á la de las ciudades santas de la India baj<span class="pagenum" -id="Page_216">p. 216</span>o la dominacion inglesa, ó más bien á la en -que se encontraria Damasco el dia en que la Siria fuese conquistada -por una potencia europea. Josefo pretende (aunque en ello cabe mucha -duda) que si un romano traspasaba las estelas en que se hallaban las -inscripciones que prohibian avanzar á los gentiles, los procuradores le -entregaban á los judíos para que le diesen muerte<a id="FNanchor_1051" -href="#Footnote_1051" class="fnanchor">[1046]</a>.</p> - -<p>Los agentes de los sacerdotes ataron á Jesús y le condujeron -al pretorio, antiguo palacio de Heródes<a id="FNanchor_1052" -href="#Footnote_1052" class="fnanchor">[1047]</a>, inmediato -á la torre Antonia<a id="FNanchor_1053" href="#Footnote_1053" -class="fnanchor">[1048]</a>. Era la mañana del dia en que debia comerse -el cordero pascual (viérnes, 14 de nisan,—3 de Abril). Los judíos -se habrian mancillado entrando en el pretorio y no habrian podido -celebrar el festin sagrado; por esta razon permanecieron fuera<a -id="FNanchor_1054" href="#Footnote_1054" class="fnanchor">[1049]</a>. -Noticioso Pilato de su presencia, subió al <i>bima</i><a -id="FNanchor_1055" href="#Footnote_1055" class="fnanchor">[1050]</a>, -ó tribunal, que se hallaba situado al aire libre<a id="FNanchor_1056" -href="#Footnote_1056" class="fnanchor">[1051]</a>, en el sitio que -tenía por nombre <i>Gabbatha</i>, en griego <i>Lithostrotos</i>, á -causa del embaldosado que recubria el suelo.</p> - -<p>Tan pronto como se le informó de la acusacion, Pilato manifestó -el disgusto que le causaba el tener que mezclarse en aquel asunto<a -id="FNanchor_1057" href="#Footnote_1057" class="fnanchor">[1052]</a>. -En seguida se encerró con Jesús en el pretorio. Los detalles precisos -de la entrevista que allí tuvo lugar, no habiendo podido ningun testigo -revelárselos á los discípulos, quedaron envueltos en el misterio; sin -embargo, Juan parece haberlos adivinado con bastante exactitud. Su -relato se halla en perfecta consonancia con lo que la historia nos -refiere respecto á la situacion recíproca de los dos interlocutores.</p> - -<p>El procurador Pontius, apellidado Pilatus, sin duda á causa -del <i>pilum</i> ó dardo de honor con que fué condecorado<a -id="FNanchor_1058" href="#Footnote_1058" class="fnanchor">[1053]</a> él -ó alguno de sus progenitores, no habia tenido hasta entónces ninguna -relacion con la secta naciente. Indiferente á las querellas intestinas -de los judíos, no veia en todos aquellos movimientos de sectarios -sino el efecto de imaginaciones acaloradas y de cerebros extraviados. -En general, los judíos le inspiraban poquísimo cariño. Pero si el -procurador detestaba á los nietos de Moisés, éstos le pagaban con -usura; encontrábanle duro, violento, despreciativo, y le acusaban -de crímenes increibles<a id="FNanchor_1059" href="#Footnote_1059" -class="fnanchor">[1054]</a>. Jerusalen, como centro de una gran -fermentacion popular, era una poblacion sumamente sediciosa y un punto -de residencia insoportable para un extranjero. Los exaltados pretendian -que el nuevo procurador habia hecho propósito firme de abolir la ley<a -id="FNanchor_1060" href="#Footnote_1060" class="fnanchor">[1055]</a>. -Su mezquino fanatismo<span class="pagenum" id="Page_217">p. -217</span> y sus odios religiosos no podian ménos de sublevar ese -ámplio sentimiento de justicia y de gobierno civil que el más -incapaz de los súbditos romanos llevaba consigo adonde quiera que -iba. Todos los actos que de Pilato conocemos nos le presentan como -un buen administrador<a id="FNanchor_1061" href="#Footnote_1061" -class="fnanchor">[1056]</a>. En el primer período del ejercicio de -su cargo habia tenido con sus administrados sérias dificultades, que -zanjó de una manera bastante brutal; pero áun entónces parece que la -razon se hallaba de su parte. Los judíos debian parecer al procurador -Pontius, gentes atrasadísimas, y sin duda le merecian el mismo juicio -que á un prefecto liberal merecieron en otro tiempo los Bajos-Bretones, -los cuales se insurreccionaban contra la apertura de un nuevo camino ó -el establecimiento de una nueva escuela. En sus mejores proyectos por -el bien del país, y con particularidad en todo cuanto se relacionaba -con las obras públicas, Pilato habia encontrado siempre la Ley -como un obstáculo insuperable. La Ley, en su espíritu absurdamente -conservador, restringia la vida hasta el extremo de oponerse á todo -cambio y á toda mejora. Las más útiles construcciones romanas eran para -los judíos celosos objeto de particular ojeriza<a id="FNanchor_1062" -href="#Footnote_1062" class="fnanchor">[1057]</a>. Dos escudos votivos -con inscripciones, que el procurador Pontius habia hecho colocar en su -palacio, el cual se hallaba contiguo al sagrado recinto, provocaron una -borrasca aún más violenta<a id="FNanchor_1063" href="#Footnote_1063" -class="fnanchor">[1058]</a>. Pilato hizo en un principio muy -poco caso de aquellas susceptibilidades; pero ellas le obligaron -despues á hacer uso de sangrientas represiones<a id="FNanchor_1064" -href="#Footnote_1064" class="fnanchor">[1059]</a>, cuya severidad -debia más tarde ocasionar su destitucion<a id="FNanchor_1065" -href="#Footnote_1065" class="fnanchor">[1060]</a>. La experiencia de -tantos conflictos le habia, pues, hecho prudente en sus relaciones -con aquel pueblo intratable, que se vengaba de sus dominadores -obligándolos á usar con él de odiosas crueldades. El procurador -experimentaba supremo disgusto al verse obligado á desempeñar, por -una ley que detestaba<a id="FNanchor_1066" href="#Footnote_1066" -class="fnanchor">[1061]</a>, un papel activo y abominable en aquel -nuevo asunto. Pilato sabía que el fanatismo religioso, así que ha -obtenido alguna violencia de los gobiernos civiles, es despues el -primero en arrojar sobre ellos la responsabilidad, y áun casi se -permite dirigirles amargas acusaciones. ¡Suprema injusticia, puesto -que, en semejante caso, el verdadero culpable es el instigador!</p> - -<p>Pilato, á quien acaso impresionó la actitud digna y tranquila del -acusado, deseaba, pues, salvar á Jesús, el cual, si hemos de dar -crédito á una tradicion<a id="FNanchor_1067" href="#Footnote_1067" -class="fnanchor">[1062]</a>, encontró tambien apoyo en la propia -mujer del procurador. Quizás ésta habia<span class="pagenum" -id="Page_218">p. 218</span> visto al dulce galileo desde alguna de las -ventanas del pretorio que dominaban el pórtico del templo, y ¡quién -sabe si el espectáculo de la sangre de aquel hermoso jóven, sangre -inocente que iba á derramarse, le produjo alguna terrible pesadilla! -Sea como quiera, lo cierto es que Jesús encontró á Pilato prevenido -en su favor. El gobernador le interrogó bondadosamente, demostrando -el deseo de recurrir á cuantos medios le fuesen posibles á fin de -absolverle.</p> - -<p>El título de «rey de los judíos», que Jesús nunca se habia dado, -pero que sus enemigos dedujeron de su papel y de sus pretensiones, era -naturalmente el que más inquietudes debia causar á la autoridad romana. -Así, pues, se tuvo especial cuidado de acusarle en este sentido, -presentándole á los ojos del procurador como sedicioso y culpable de -crímen de estado. Y no obstante, nada era más injusto, puesto que -Jesús habia siempre reconocido la autoridad civil del imperio romano. -Pero sabido es que los partidos religiosos conservadores no tienen -costumbre de retroceder ante ninguna calumnia. Deducian á pesar suyo -todas las consecuencias de su doctrina, trasformábanle en discípulo de -Júdas el Gaulonita, y pretendian que vedaba pagar el tributo á César<a -id="FNanchor_1068" href="#Footnote_1068" class="fnanchor">[1063]</a>. -Pilato le preguntó si era efectivamente rey de los judíos<a -id="FNanchor_1069" href="#Footnote_1069" class="fnanchor">[1064]</a>, -y Jesús respondió sin ocultarle su pensamiento. Pero el gran equívoco -que habia sido el orígen de su fuerza, y que debia constituir su -reino despues de su muerte, le perdió entónces. Jesús, el idealista -que no distinguia el espíritu de la materia, y cuya palabra, segun la -imágen del Apocalípsis, era una espada de dos filos, no supo nunca -tranquilizar completamente á las potencias de la tierra. Juan afirma -que Jesús confesó ante Pilato su dignidad real, pero que al mismo -tiempo añadió esta profunda frase: «Mi reino no es de este mundo.» -Y que despues explicó la naturaleza de su reino, el cual se resumia -completamente en la posesion y en la proclamacion de la verdad. Pilato -no comprendió una palabra de ese idealismo sublime<a id="FNanchor_1070" -href="#Footnote_1070" class="fnanchor">[1065]</a>, y sin duda Jesús -le produjo el efecto de un soñador inofensivo. Los romanos de aquella -época, merced á su carencia de filosofía y de proselitismo religioso, -consideraban como una quimera el sacrificio por la verdad. Semejantes -debates les parecian fastidiosos y vacíos de sentido, y no viendo -el peligro que de esas nuevas especulaciones pudiera resultar al -imperio, natural era que no hallasen motivo ninguno para emplear contra -ellas la violencia. Todo su descontento recaia, pues, sobre lo<span -class="pagenum" id="Page_219">p. 219</span>s que, por vanas sutilezas, -iban á pedirles el suplicio de algun innovador. Veinte años más tarde, -Gallion se conducia todavía con los judíos de la misma manera<a -id="FNanchor_1071" href="#Footnote_1071" class="fnanchor">[1066]</a>. -La regla de conducta que siguieron los romanos hasta la ruina de -Jerusalen fué siempre la más absoluta indiferencia respecto á esas -querellas de sectarios<a id="FNanchor_1072" href="#Footnote_1072" -class="fnanchor">[1067]</a>.</p> - -<p>Para conciliar sus propios sentimientos con las exigencias de -aquel pueblo fanático, cuya presion habia sufrido tantas veces, un -medio plausible se presentó á la mente del gobernador. Con motivo de -la fiesta de la Pascua, era costumbre dar libertad á un criminal. -Conociendo Pilato que la prision de Jesús era debida al ódio y á la -envidia de los sacerdotes<a id="FNanchor_1073" href="#Footnote_1073" -class="fnanchor">[1068]</a>, intentó hacerle participar del beneficio -de aquella costumbre. Al efecto, subió de nuevo al <i>bima</i> y -propuso á la muchedumbre libertar «al rey de los judíos.» Hecha en -tales términos, la proposicion tenía cierto carácter de amplitud y -de ironía, propio á favorecer su intento. Los sacerdotes conocieron -el peligro. En consecuencia obraron prontamente<a id="FNanchor_1074" -href="#Footnote_1074" class="fnanchor">[1069]</a>, y á fin de -combatirla, sugirieron á la muchedumbre el nombre de un preso que -gozaba en Jerusalen de gran popularidad. Por una singular coincidencia -se llamaba tambien Jesús<a id="FNanchor_1075" href="#Footnote_1075" -class="fnanchor">[1070]</a> y tenía por sobrenombre Bar-Abba -ó Bar-Rabbas<a id="FNanchor_1076" href="#Footnote_1076" -class="fnanchor">[1071]</a>. Este personaje era muy conocido<a -id="FNanchor_1077" href="#Footnote_1077" class="fnanchor">[1072]</a>, -y segun parece habia sido preso por delito de homicidio y por haber -tomado parte en un motin<a id="FNanchor_1078" href="#Footnote_1078" -class="fnanchor">[1073]</a>. Al repetirles Pilato su propuesta, se -elevó un clamor general diciendo: «No á ése, sino á Jesús Bar-Rabbas.» -Entónces Pilato se vió en la precision de indultar el preso que le -pedian.</p> - -<p>Sus apuros se aumentaban, y temia que le comprometiese la demasiada -indulgencia para con un acusado á quien daban el título de «rey de -los judíos.» Además, todos los poderes se ven siempre obligados á -transigir con el fanatismo. Pilato creyó que debia hacer algunas -concesiones; pero, vacilando todavía en derramar sangre para satisfacer -el deseo de personas que detestaba, trató de imprimir al negocio un -giro risible y mandó azotar á Jesús, aparentando burlarse del título -pomposo que le daban<a id="FNanchor_1079" href="#Footnote_1079" -class="fnanchor">[1074]</a>. La flagelacion era el preliminar ordinario -del suplicio de la cruz<a id="FNanchor_1080" href="#Footnote_1080" -class="fnanchor">[1075]</a>. Quizás Pilato quiso hacer creer que esa -condena estaba ya pronunciada, confiando en que el preliminar sería -suficiente. Entónces tuvo lugar, segun afirman todos los relatos, -una escena odiosa y repugnante. Los soldados cogieron á Jesús, le -desnudaron y le cubrier<span class="pagenum" id="Page_220">p. -220</span>on con un manto de grana; luégo, tejiendo una corona -de espinas, se la pusieron en la cabeza, y una caña en la mano -derecha. Así adornado, le hicieron subir á la tribuna del pretorio, -y abofeteándole y escarneciéndole, se arrodillaban delante de él y -le decian: «Dios te salve, rey de los judíos»<a id="FNanchor_1081" -href="#Footnote_1081" class="fnanchor">[1076]</a>. Otros le escupian, -tomaban la caña y le herian en la cabeza. Difícil es comprender cómo -la gravedad romana pudo prestarse á tan vergonzosos actos. Verdad es -que, en su calidad de procurador, Pilato no tenía bajo sus órdenes sino -tropas auxiliares; los ciudadanos romanos que componian las legiones no -habrian descendido á semejante indignidad.</p> - -<p>¿Creyó Pilato poner á cubierto su responsabilidad con aquel -infame simulacro? ¿Esperaba separar el golpe que amenazaba á Jesús -concediendo alguna cosa al ódio de los judíos?<a id="FNanchor_1082" -href="#Footnote_1082" class="fnanchor">[1077]</a> ¿Se prometia evitar -un trágico desenlace con aquel entremes grotesco, haciendo ver en -cierto modo que el asunto no merecia otra solucion? Si tales fueron -sus intenciones, ningun éxito tuvieron. El tumulto crecia, amenazando -convertirse en verdadera sedicion: por todas partes resonaba el grito: -«¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» Adoptando un tono cada vez más exigente, -los sacerdotes declararon que peligraba la Ley si el seductor no -era condenado á muerte<a id="FNanchor_1083" href="#Footnote_1083" -class="fnanchor">[1078]</a>. Pilato conoció que para salvar á -Jesús sería indispensable sofocar un motin sangriento. Sin embargo -trató de ganar tiempo, y al entrar en el pretorio se informó de -qué país era Jesús, á fin de buscar un pretexto para declinar su -propia competencia<a id="FNanchor_1084" href="#Footnote_1084" -class="fnanchor">[1079]</a>. Y segun una tradicion, remitió el -acusado á Antipas, quien, segun parece, se hallaba accidentalmente -en Jerusalen<a id="FNanchor_1085" href="#Footnote_1085" -class="fnanchor">[1080]</a>. Jesús se prestó poco á secundar esos -benévolos esfuerzos; como habia hecho en casa de Caifás, se encerró en -un silencio digno y grave, que llamó sobremanera la atencion de Pilato. -Los gritos del populacho se hacian cada vez más amenazadores, y hasta -se murmuraba ya del poco celo del funcionario, acusándole de proteger -á un enemigo de César. Los mayores adversarios de la dominacion romana -se trasformaron entónces en súbditos leales de Tiberio, para tener -derecho de acusar de lesa-majestad al demasiado tolerante procurador. -«Aquí no hay más rey que el emperador,—le decian:—Si sueltas á ése -no eres amigo de César; puesto que cualquiera que se hace rey se -declara contra César»<a id="FNanchor_1086" href="#Footnote_1086" -class="fnanchor">[1081]</a>. El débil Pilato, temeroso del informe -que sus enemigos enviarian á Roma, informe en que se le acusaria -de haber apoyado á un rival de Tiberio, dej<span class="pagenum" -id="Page_221">p. 221</span>ó de insistir. Ya en el asunto de los -escudos votivos los judíos habian escrito al Emperador y conseguido -el objeto de su solicitud. El procurador vió amenazado su destino, y -por una condescendencia que debia entregar su nombre á la execracion -universal, cedió al fin, dejando á los judíos,—segun dicen,—toda la -responsabilidad de lo que pudiera suceder. Los judíos la aceptaron -plenamente, y á creer la tradicion cristiana, respondieron: «Recaiga -su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos»<a id="FNanchor_1087" -href="#Footnote_1087" class="fnanchor">[1082]</a>.</p> - -<p>¿Fueron pronunciadas, en efecto, esas palabras? Dudoso nos parece. -Pero, de todos modos, ellas son la expresion de una profunda verdad -histórica. Si se tiene en cuenta la actitud de los romanos en Judea, -se comprenderá que Pilato no pudo hacer sino lo que hizo. ¡Cuántas -sentencias de muerte no han sido dictadas y arrancadas al poder civil -por la intolerancia religiosa! El rey de España, que por complacer á un -clero fanático, entregaba á la hoguera centenares de súbditos, era mil -veces más censurable que Pilato, porque en él residia un poder mucho -más completo que el que los romanos tenian entónces establecido en -Jerusalen. Siempre que el poder civil, á instigacion del sacerdocio, se -convierte en perseguidor ó en quisquilloso, prueba con ello su falta de -energía. Pero si hay algun gobierno que sobre este punto se halle sin -pecado, que arroje á Pilato la primera piedra. El «brazo secular», tras -el cual se esconde la crueldad del clero, no es el culpable. ¿Podrá -alguno decir con justicia que tiene horror á la sangre, porque la hace -derramar por sus lacayos?</p> - -<p>Esto supuesto, ni Tiberio, ni Pilato, fueron los que condenaron á -Jesús; fué el antiguo partido judío, la ley mosáica. Segun nuestras -ideas modernas, el demérito moral no se trasmite de padre á hijo: -ante la justicia humana y divina, nadie es responsable sino de sus -propias faltas. Por consiguiente, el judío que sufre todavía por la -muerte de Jesús tiene derecho á quejarse, porque, si hubiese vivido -entónces, quizás habria sido un Simon Cirineo; quizás no se habria -hallado entre los que gritaron: «¡Crucifícale!» Pero las naciones, -como los individuos, tienen su responsabilidad, y segun esto, si en -el mundo hubo crímen cometido por una nacion entera, fué sin duda la -muerte de Jesús. La Ley mosáica, en su forma moderna, es verdad, pero -aceptada, pronunciaba pena de muerte contra toda tentativa hecha para -cambiar el culto establecido. Jesús atacaba el culto, á no dudarlo, -y aspiraba á<span class="pagenum" id="Page_222">p. 222</span> -destruirle. Los judíos dijeron á Pilato con una franqueza cuya verdad -y sencillez no pueden negarse: «Nosotros tenemos una Ley, y segun esta -Ley debe morir, porque se ha hecho Hijo de Dios»<a id="FNanchor_1088" -href="#Footnote_1088" class="fnanchor">[1083]</a>. La Ley era -detestable; pero ella era la Ley de la ferocidad antigua, y el héroe -llamado á abrogarla debia ante todo sufrir sus terribles decisiones.</p> - -<p>Para que la sangre que Jesús va á derramar produzca sus frutos -serán menester mil ochocientos años. Pensadores tan nobles como -aquel mártir sublime sufrirán en su nombre, durante muchos siglos, -la tortura y la muerte. Áun hoy dia, en países que se tienen por -cristianos, se castigan con penas severas los delitos religiosos<a -id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[*]</a>. Pero -Jesús no es responsable de esos extravíos: el mártir del Gólgota no -podia prever que el fanatismo de algunos pueblos habia de llegar á -convertirle en una especie de horrible Moloch, ávido de carne quemada. -El cristianismo ha sido intolerante; pero la intolerancia no es un -hecho esencialmente cristiano: es un hecho judío, por cuanto á que -el judaismo fué el primero que erigió la teoría de lo absoluto en -materia religiosa; el primero que asentó el principio de que todo -innovador, aunque haya milagros en apoyo de su doctrina, debe ser -apedreado sin misericordia y sin juicio prévio<a id="FNanchor_1089" -href="#Footnote_1089" class="fnanchor">[1084]</a>. Tambien el mundo -pagano tuvo sus violencias religiosas; pero, si hubiese estado regido -por una ley semejante, ¿se habria convertido á la religion cristiana? -El Pentateuco fué, pues, en el mundo, el primer código del terror -religioso, y el judaismo el primer ejemplo de un dogma inmutable, -armado de la cuchilla. Si el cristianismo, en vez de perseguir con ódio -ciego á los judíos, hubiese abolido el régimen que mató á su fundador, -habria sido más consecuente y sería mucho más acreedor á la gratitud -del género humano.</p> - -<div class="footnote2"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[*]</a> No hace -mucho tiempo que fueron condenados á presidio, por la administracion -O’Donnell, algunos propagandistas protestantes de Granada. (N. del -T.)</p> - -</div> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_25"> - <p><span class="pagenum" id="Page_223">p. 223</span></p> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXV</h2> - <p class="subh2 g1">MUERTE DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Aunque el verdadero motivo de la muerte de Jesús fué completamente -religioso, sus enemigos habian conseguido presentarle en el pretorio -como culpable de crímen de Estado; de otro modo, esto es, por crímen -de heterodoxia, no hubieran obtenido del escéptico Pilato la sancion -de la condena. Consecuentes con esta idea, los sacerdotes, valiéndose -de la muchedumbre, pidieron que se aplicase á Jesús el suplicio de la -cruz. Este suplicio no era de orígen judío.—Si la condenacion de Jesús -hubiera sido puramente mosáica, se le habria aplicado la lapidacion<a -id="FNanchor_1090" href="#Footnote_1090" class="fnanchor">[1085]</a>. -La cruz era un suplicio romano que se reservaba para los esclavos y -del cual se hacia uso cuando se pretendia agravar la pena de muerte -añadiéndole la ignominia. Al aplicarla á Jesús, se le trataba, ni -más ni ménos, como á un salteador de caminos, como á un facineroso, -ó como á esos enemigos de baja estofa á quienes no concedian los -romanos el honor de morir bajo la cuchilla<a id="FNanchor_1091" -href="#Footnote_1091" class="fnanchor">[1086]</a>. Así, pues, se -castigaba, no el dogma heterodoxo, sino la quimera de «rey de los -judíos.» Sabido es que, entre los romanos, los soldados, cuyo oficio -era matar, hacian las veces de verdugos. Jesús fué entregado á una -cohorte de soldados auxiliares, y se desplegó para su ejecucion todo el -odioso aparato de las crueles costumbres introducidas por los nuevos -conquistadores.</p> - -<p>Eran las doce del dia, aproximadamente<a id="FNanchor_1092" -href="#Footnote_1092" class="fnanchor">[1087]</a>. Volvieron á ponerle -los vestidos que le habian quitado para el simulacro de la tribuna, -y teniendo la cohorte dispuestos á dos ladrones que tambien debia -ejecutar, reunieron los tres condenados, y la comitiva se puso en -marcha hácia el lugar del suplicio.</p> - -<p>Aquel lugar era un sitio llamado <i>Gólgotha</i>, situado fuera -de Jerusalen, aunque no muy léjos de sus muros<a id="FNanchor_1093" -href="#Footnote_1093" class="fnanchor">[1088]</a>. El nombre de -<i>Gólgotha</i> significa <i>cráneo</i>; corresponde, al parecer, á -nuestra palabra <i>Chaumont</i><a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" -class="fnanchor">[*]</a> y probablemente designaba una colina escueta -que tenía la forma de un cráneo calvo. No se<span class="pagenum" -id="Page_224">p. 224</span> sabe con exactitud el sitio donde se -hallaba aquella colina; pero es indudable que estaba al Norte ó -al Nordeste de la ciudad en la elevada y desigual meseta que se -extiende entre los muros y los valles de Cedron y de Hinnom<a -id="FNanchor_1094" href="#Footnote_1094" class="fnanchor">[1089]</a>, -zona bastante vulgar y que áun hoy dia conserva un aspecto triste á -causa de los repugnantes detalles que le presta su vecindad con una -gran poblacion. Difícil es colocar el Gólgotha en el sitio preciso en -que, á partir de Constantino, le ha venerado la cristiandad entera<a -id="FNanchor_1095" href="#Footnote_1095" class="fnanchor">[1090]</a>. -Ese sitio ocupa un punto demasiado céntrico en la ciudad, y es -de suponer que en la época de Jesús se hallase comprendido en el -recinto de la muralla<a id="FNanchor_1096" href="#Footnote_1096" -class="fnanchor">[1091]</a>.</p> - -<div class="footnote2"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[*]</a> -La palabra francesa <i>chaumont</i> es una contraccion de -<i>chauvemont</i>, esto es, monte-calvo. (N. del T.)</p> - -</div> - -<p>El condenado á muerte debia llevar sobre sus hombros el -instrumento de su suplicio<a id="FNanchor_1097" href="#Footnote_1097" -class="fnanchor">[1092]</a>. Pero Jesús, teniendo una constitucion -física más débil que sus dos compañeros, no pudo soportar el -peso del suyo. La tropa encontró en el camino á un tal Simon de -Cirene, que volvia del campo, y los soldados, con esos brutales -procederes de las guarniciones extranjeras, le obligaron á llevar -el árbol fatal. Al obrar de ese modo, quizás usaban de un derecho -reconocido, puesto que estaba prohibido á los romanos cargar ellos -mismos con el madero infame. Simon perteneció despues, segun parece, -á la comunidad cristiana, en la cual eran muy conocidos sus dos -hijos Alejandro y Rufo<a id="FNanchor_1098" href="#Footnote_1098" -class="fnanchor">[1093]</a>. Tal vez refirió luégo, como testigo -ocular, más de una circunstancia relativa á aquellos últimos -instantes. Ninguno de los discípulos se hallaba en aquel momento -cerca de Jesús<a id="FNanchor_1099" href="#Footnote_1099" -class="fnanchor">[1094]</a>.</p> - -<p>El lúgubre cortejo llegó, en fin, al sitio de las ejecuciones. -Con arreglo á la costumbre judía, inspirada por un sentimiento de -piedad, se daba á beber á los pacientes, á fin de aturdirlos, una -bebida embriagadora compuesta de cierto vino fuertemente aromatizado<a -id="FNanchor_1100" href="#Footnote_1100" class="fnanchor">[1095]</a>. -Parece ser que las mismas señoras de Jerusalen llevaban á los infelices -que conducian al suplicio aquel vino de gracia; cuando ninguna de -ellas le ofrecia, se compraba con los fondos del erario público<a -id="FNanchor_1101" href="#Footnote_1101" class="fnanchor">[1096]</a>. -Jesús, despues de haber acercado el vaso á los labios, rehusó -beber aquel brebaje<a id="FNanchor_1102" href="#Footnote_1102" -class="fnanchor">[1097]</a>. Ese triste alivio de los condenados -vulgares no se avenia con su elevada naturaleza:—prefirió abandonar -la vida en toda la plenitud de su razon y esperar con la conciencia -lúcida y serena la muerte que con tanto heroismo habia provocado. -Entónces le despojaron de sus vestidos<a id="FNanchor_1103" -href="#Footnote_1103" class="fnanchor">[1098]</a> y le ataron á la -cruz, la cual se componia de dos maderos enlazados en forma de T<a -id="FNanchor_1104" href="#Footnote_1104" class="fnanchor">[1099]</a>. -La cruz tenía<span class="pagenum" id="Page_225">p. 225</span> de -ordinario tan poca elevacion, que á veces los piés del condenado -tocaban al suelo. Empezábase por izar y fijar en tierra el madero<a -id="FNanchor_1105" href="#Footnote_1105" class="fnanchor">[1100]</a> -y en seguida se procedia á suspender al paciente, atravesándole las -manos con clavos;—los piés se enclavaban tambien algunas veces; otras, -se contentaban con atarlos<a id="FNanchor_1106" href="#Footnote_1106" -class="fnanchor">[1101]</a>. Una especie de tajo de madera, ó más bien -de pequeña antena fija hácia el medio del mástil de la cruz, pasaba -por entre las piernas del condenado, sirviéndole de punto de apoyo<a -id="FNanchor_1107" href="#Footnote_1107" class="fnanchor">[1102]</a>. -Sin esto las manos se habrian desgarrado y venido el cuerpo á tierra. -Otras veces, el punto de apoyo consistia en una tableta que se fijaba á -la altura de los piés.</p> - -<p>Jesús saboreó uno por uno todos los horrores de tan atroz suplicio. -Sentíase devorado por una sed abrasadora, que no es el menor de los -tormentos de la crucifixion<a id="FNanchor_1108" href="#Footnote_1108" -class="fnanchor">[1103]</a>, y pidió de beber. Estaba cerca de allí una -vasija llena de la bebida ordinaria de los soldados romanos, la cual -consistia en una mezcla de vinagre y agua llamada <i>posca</i>, bebida -que los soldados debian llevar consigo en todas las expediciones<a -id="FNanchor_1109" href="#Footnote_1109" class="fnanchor">[1104]</a>, -en cuyo número entraban tambien las ejecuciones capitales. Un soldado -tomó una esponja, la empapó en aquel brebaje, y, poniéndola en la -punta de una caña, se la dió á chupar á Jesús<a id="FNanchor_1110" -href="#Footnote_1110" class="fnanchor">[1105]</a>. Á derecha é -izquierda del profeta de Nazareth estaban crucificados los dos -ladrones. Los ejecutores, entre cuyas manos se abandonaban los despojos -(<i>pannicularia</i>) de los ajusticiados<a id="FNanchor_1111" -href="#Footnote_1111" class="fnanchor">[1106]</a>, «repartieron -entre sí sus vestidos, echando suerte, y sentándose al pié de la -cruz, le guardaban»<a id="FNanchor_1112" href="#Footnote_1112" -class="fnanchor">[1107]</a>. Segun una tradicion, Jesús pronunció -las siguientes palabras, que, si no salieron de sus labios, -estuvieron al ménos en su corazon: «Padre, perdónalos, porque no -saben lo que hacen»<a id="FNanchor_1113" href="#Footnote_1113" -class="fnanchor">[1108]</a>.</p> - -<p>Con arreglo á la costumbre romana, se colocó un rótulo en lo -alto de la cruz, con esta frase escrita en tres idiomas, hebreo, -griego y latino: <span class="asc">EL REY DE LOS JUDÍOS</span>. -Semejante redaccion constituia una angustiosa injuria dirigida al -pueblo. Muchas personas de las que por allí pasaban se resintieron -al leerla, y los sacerdotes hicieron observar á Pilato que debia -escribirse el letrero de modo que explicase que Jesús habia -pretendido ser rey de los judíos. Pero el procurador, aburrido ya de -aquel asunto, se negó á complacerlos, contestando que lo escrito, -escrito se quedaba<a id="FNanchor_1114" href="#Footnote_1114" -class="fnanchor">[1109]</a>.</p> - -<p>Los discípulos de Jesús habian huido. Sin embargo, Juan -declara haber permanecido constantemente al pié de la<span -class="pagenum" id="Page_226">p. 226</span> cruz<a id="FNanchor_1115" -href="#Footnote_1115" class="fnanchor">[1110]</a>. Con mayor -certidumbre puede afirmarse que las que le acompañaron al Calvario -sin abandonarle fueron las fieles amigas de Galilea que le habian -seguido á Jerusalen. María Cleophás, María de Magdala, Juana, mujer de -Kuza, Salomé y algunas otras mujeres permanecian á cierta distancia<a -id="FNanchor_1116" href="#Footnote_1116" class="fnanchor">[1111]</a> -sin perderle de vista<a id="FNanchor_1117" href="#Footnote_1117" -class="fnanchor">[1112]</a>. De creer á Juan, María, madre de -Jesús, estaba tambien al pié de la cruz, y al ver el moribundo -á su madre y á su discípulo querido, dijo á éste: «Hé ahí á tu -madre»; y á aquélla: «Hé ahí á tu hijo»<a id="FNanchor_1118" -href="#Footnote_1118" class="fnanchor">[1113]</a>. Pero no se -comprende cómo los sinópticos, que en su relato mencionan á las otras -mujeres, hubiesen hecho caso omiso de María, cuya presencia era un -rasgo tan interesante. Hasta la suprema elevacion del carácter de -Jesús hace tambien inverosímil semejante enternecimiento personal en -el momento en que, preocupado únicamente de su obra, no existia ya -sino para la humanidad<a id="FNanchor_1119" href="#Footnote_1119" -class="fnanchor">[1114]</a>.</p> - -<p>Á excepcion de aquel reducido grupo de mujeres que desde léjos -le consolaban con sus miradas, Jesús no veia en torno suyo sino el -espectáculo de la bajeza ó de la estupidez humana. Insultábanle -los que por allí pasaban, y oia á su alrededor necios sarcasmos -que convertian sus gritos de supremo dolor en odiosos juegos de -palabras:—«Ahí está el que se llamaba Hijo de Dios—decian,—¡que su -padre venga ahora á librarle!—Á otros ha salvado y no puede salvarse -á sí mismo. Si es el rey de Israel, baje ahora de la cruz y creerémos -en él.—¡Hola! añadian, tú que derribas el templo de Dios y en tres -dias le reedificas, sálvate á tí mismo:—¡si eres Hijo de Dios, -desciende de la cruz!»<a id="FNanchor_1120" href="#Footnote_1120" -class="fnanchor">[1115]</a>.—Algunos, poco al corriente de sus -ideas apocalípticas, creyeron oirle llamar á Elías, y dijeron: -«Veamos si viene Elías á librarle.» Parece que los dos ladrones -crucificados en su compañía le insultaban tambien<a id="FNanchor_1121" -href="#Footnote_1121" class="fnanchor">[1116]</a>.</p> - -<p>El cielo estaba sombrío<a id="FNanchor_1122" href="#Footnote_1122" -class="fnanchor">[1117]</a>, y la tierra tenía, como todos los -alrededores de Jerusalen, un aspecto árido y triste. Segun lo que -ciertos relatos refieren, el corazon de Jesús desfalleció por un -momento, ocultóle una nube la faz de su Padre, y entónces tuvo una -agonía de desesperacion mil veces más acerba que todos los tormentos. -No vió sino la ingratitud de los hombres, y, arrepintiéndose quizás de -sufrir por una raza abyecta, exclamó:—«Dios mio, Dios mio, ¿por qué -me has desamparado?» Pero su instinto divino volvió aún á recobrar -su imperio. Á medida que el hálito vital se extinguia, <span -class="pagenum" id="Page_227">p. 227</span>su alma se serenaba y volvia -otra vez á su celeste orígen. Experimentó de nuevo el sentimiento de -su mision, vió en su muerte la salvacion del mundo, desapareció de su -vista el repugnante espectáculo que se desarrollaba á sus piés, y, -profundamente unido á su Padre, empezó en el patíbulo la vida divina -que por siglos iba á gozar en el corazon de la humanidad.</p> - -<p>En el suplicio de la cruz, la particularidad más horrible era, -que la víctima podia vivir tres ó cuatro dias en aquel estado -espantoso, enclavado sobre aquel escabel de dolor<a id="FNanchor_1123" -href="#Footnote_1123" class="fnanchor">[1118]</a>. La hemorragia de las -manos cesaba pronto y no era mortal. La verdadera causa de la muerte -consistia en la posicion violenta del cuerpo, la cual ocasionaba un -completo desarreglo en la circulacion de la sangre, terribles dolores -de cabeza y de corazon, y, por último, la rigidez de los miembros. -Los crucificados de complexion robusta no morian sino de hambre<a -id="FNanchor_1124" href="#Footnote_1124" class="fnanchor">[1119]</a>. -La idea capital de aquel suplicio cruel no era matar directamente al -condenado por medio de lesiones determinadas; sino exponer al esclavo -enclavándole por las manos, de que no supo hacer buen uso, y dejarle -abandonado hasta que se pudriera sobre el madero. La organizacion -delicada de Jesús le preservó de esa lenta agonía. Todo induce á -creer que la ruptura de un vaso del corazon le produjo al cabo de -tres horas una muerte repentina. Algunos momentos ántes de espirar su -voz era todavía vigorosa<a id="FNanchor_1125" href="#Footnote_1125" -class="fnanchor">[1120]</a>. De pronto, lanzó un terrible grito<a -id="FNanchor_1126" href="#Footnote_1126" class="fnanchor">[1121]</a>, -en el que algunos oyeron oir:—«¡Oh Padre, en tus manos encomiendo -mi espíritu!»; y otros, más preocupados por el cumplimiento de las -profecías, supusieron que dijo: «¡Todo está consumado!» Su cabeza se -inclinó sobre el pecho, y exhaló el último suspiro.</p> - -<p>Reposa en tu gloria, noble iniciador de la más sublime doctrina. Tu -obra se halla concluida; tu divinidad queda fundada. No temas ya que -una falta venga á echar por tierra el edificio debido á tus esfuerzos. -Léjos del alcance de la fragilidad humana, en adelante asistirás desde -el seno de la paz divina á las infinitas consecuencias de tus actos. Á -costa de algunas horas de sufrimientos, que ni siquiera pudieron abatir -la grandeza de tu alma, has conseguido la más completa inmortalidad. -¡Tu nombre, gloria y orgullo del mundo, va á exaltarte durante millares -de años! Lábaro de nuestras contradicciones, tú serás la bandera á -cuyo alrededor se librará la más ardiente de todas las batallas. Y mil -veces más vivo<span class="pagenum" id="Page_228">p. 228</span>, más -amado despues de tu muerte que miéntras cruzaste por este valle de -lágrimas, llegarás á ser de tal modo la piedra angular de la humanidad, -que borrar tu nombre de los anales del mundo sería conmoverle hasta -en sus cimientos. Entre Dios y tú ya no habrá distincion ninguna. -¡Toma, pues, posesion de tu reino, sublime vencedor de la muerte, de -ese reino adonde te seguirán, por la ancha via que trazaste, siglos de -adoradores!</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_26"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXVI</h2> - <p class="subh2 g1">JESÚS EN EL SEPULCRO</p> -</div> - -<p>Con arreglo á nuestra manera de contar<a id="FNanchor_1127" -href="#Footnote_1127" class="fnanchor">[1122]</a>, eran las tres de -la tarde poco más ó ménos cuando Jesús espiró. Una ley judáica<a -id="FNanchor_1128" href="#Footnote_1128" class="fnanchor">[1123]</a> -prohibia que los cadáveres de los ajusticiados quedasen suspendidos -al patíbulo más allá de la noche del dia en que se verificaba la -ejecucion. Sin embargo, es muy probable que no se observase tal medida -en las ejecuciones hechas por los romanos. Pero como quiera que el -siguiente era sábado, y un sábado de extraordinaria solemnidad, -los judíos expresaron á la autoridad romana<a id="FNanchor_1129" -href="#Footnote_1129" class="fnanchor">[1124]</a> su deseo de que no -mancillase aquel santo dia con semejante espectáculo. Accedióse á la -demanda, y se dieron las órdenes oportunas para que se precipitase la -muerte de los ajusticiados, á fin de retirarlos cuanto ántes de la -cruz. Los soldados ejecutaron la consigna aplicando á los dos ladrones -el <i>crurifragium</i> ó rompimiento de piernas<a id="FNanchor_1130" -href="#Footnote_1130" class="fnanchor">[1125]</a>, segundo suplicio -mucho más expeditivo que el de la cruz, y que de ordinario se imponia -á los esclavos y á los prisioneros de guerra. En cuanto á Jesús, como -los soldados le encontraron muerto cuando fueron á ejecutar la órden, -creyeron inútil aplicar el <i>crurifragium</i>. No obstante, uno de -ellos, á fin de evitar toda incertidumbre respecto á la muerte del -tercer crucificado, y de acabarle, si algun resto de vida le quedaba, -le dió una lanzada en el costado. Vióse entónces salir de la herida -sangre y agua, lo cual se consideró como la señal de un completo -fallecimiento.</p> - -<p>Juan, que pretende haber presenciado la escena<a id="FNanchor_1131" -href="#Footnote_1131" class="fnanchor">[1126]</a>, i<span -class="pagenum" id="Page_229">p. 229</span>nsiste mucho sobre este -pormenor. Y en efecto, es evidente que surgió más de una duda respecto -á la realidad de la muerte de Jesús. Á las personas acostumbradas á -presenciar crucificamientos, algunas horas de suspension en la cruz -no les parecian suficientes para producir tal resultado. Citábanse -muchos casos de crucificados que, desprendidos á tiempo, habian -vuelto á la vida merced á curas enérgicas<a id="FNanchor_1132" -href="#Footnote_1132" class="fnanchor">[1127]</a>. Orígenes creyó -despues que un fin tan rápido debia considerarse como un hecho -milagroso. En el relato de Márcos se halla tambien el mismo -sentimiento de admiracion<a id="FNanchor_1133" href="#Footnote_1133" -class="fnanchor">[1128]</a>. Sin embargo, nosotros creemos que la mejor -garantía que puede tener el historiador, respecto á un hecho de esta -naturaleza, es el ódio receloso de los enemigos de Jesús. No parece -probable que los judíos abrigasen entónces el temor de que hicieran -pasar á Jesús por resucitado; pero de todos modos, lo natural era que -cuidasen de que estuviese muerto y bien muerto. Cualquiera que haya -sido en ciertas épocas la negligencia de los antiguos en todo lo que -se relacionaba con la comprobacion legal y con la estricta inspeccion -de los negocios, no es de creer que los interesados dejáran de tomar -algunas precauciones en el caso que nos ocupa<a id="FNanchor_1134" -href="#Footnote_1134" class="fnanchor">[1129]</a>.</p> - -<p>Segun la costumbre romana, el cadáver de Jesús deberia haber quedado -suspendido al patíbulo para que le devorasen las aves de rapiña<a -id="FNanchor_1135" href="#Footnote_1135" class="fnanchor">[1130]</a>, -y con arreglo á la ley judáica, una vez descolgado durante la noche -debia depositarse en seguida en el sitio infame donde se enterraban -los ajusticiados<a id="FNanchor_1136" href="#Footnote_1136" -class="fnanchor">[1131]</a>. Éste habria sido el destino del cuerpo de -Jesús, si el maestro no hubiese tenido más discípulos que sus pobres -galileos, tímidos y sin crédito. Pero ya hemos visto que, á pesar del -poco éxito que Jesús obtuvo en Jerusalen, habia conseguido captarse -las simpatías de algunas personas considerables que esperaban el reino -de Dios y que, sin declararse abiertamente discípulos suyos, le eran -en extremo adictas. Entre aquellas personas figuraba un tal José, -natural de la pequeña ciudad de Arimathea (<i>Ha-ramathaim</i>)<a -id="FNanchor_1137" href="#Footnote_1137" class="fnanchor">[1132]</a>, -el cual fué aquella noche á pedir el cuerpo al procurador Pilato<a -id="FNanchor_1138" href="#Footnote_1138" class="fnanchor">[1133]</a>. -José era hombre rico, muy notable en la ciudad y miembro del -sanedrin. Además, en aquella época la ley romana prescribia que se -entregase el cadáver del ajusticiado á la persona que lo reclamase<a -id="FNanchor_1139" href="#Footnote_1139" class="fnanchor">[1134]</a>. -Pilato, que ignoraba la circunstancia del <i>crurifragium</i>, se -admiró de que Jesús hubiese muerto tan pronto, é hizo venir al -centurion que habia presidid<span class="pagenum" id="Page_230">p. -230</span>o la ejecucion, para informarse de lo que habia sobre el -particular, y despues de haber escuchado las afirmaciones de aquel -funcionario, concedió á José el objeto de su solicitud. Probablemente -habian descendido ya el cuerpo de la cruz, y se lo entregaron al -solicitante, para que dispusiera de él como mejor le pareciera.</p> - -<p>Otro amigo secreto de Jesús, Nicodemo<a id="FNanchor_1140" -href="#Footnote_1140" class="fnanchor">[1135]</a>, á quien ya hemos -visto más de una vez empleando su influencia en favor del maestro, -apareció tambien en aquel instante junto á la cruz, llevando consigo -gran provision de las sustancias necesarias al embalsamamiento. José -y Nicodemo amortajaron, pues, á Jesús con arreglo á la costumbre -judáica, esto es, envolviéndole en un sudario preparado con mirra y -áloe. Las mujeres galileas se hallaban presentes<a id="FNanchor_1141" -href="#Footnote_1141" class="fnanchor">[1136]</a>, y sin duda -acompañaban la escena con lágrimas y agudos sollozos.</p> - -<p>Como ya era tarde, todos aquellos preparativos se hicieron de -prisa. Aún no se habia elegido el lugar en que habria de depositarse -el cuerpo definitivamente, y como quiera que el trasporte podria tal -vez prolongarse hasta una hora muy avanzada y ocasionar la violacion -del sábado, los discípulos, que todavía observaban escrupulosamente -las prescripciones de la ley judía, se decidieron á colocarle en una -sepultura provisional<a id="FNanchor_1142" href="#Footnote_1142" -class="fnanchor">[1137]</a>. En un huerto, no léjos de aquel sitio, -habia un sepulcro recien abierto en la roca, sepulcro que aún no habia -servido y que sin duda pertenecia á algun afiliado<a id="FNanchor_1143" -href="#Footnote_1143" class="fnanchor">[1138]</a>. Las grutas -funerarias destinadas á un solo cadáver se componian de un pequeño -compartimiento en cuyo fondo se hallaba abierto en la pared, sostenido -por un arco, el espacio ó séase el nicho donde se colocaba el cuerpo<a -id="FNanchor_1144" href="#Footnote_1144" class="fnanchor">[1139]</a>. -Como aquellas grutas estaban abiertas en el flanco de rocas inclinadas, -tenian la entrada á nivel del suelo y les servia de puerta una pesada -losa muy difícil de manejar. Depositaron, pues, el cadáver de Jesús -en aquel sepulcro provisional, adaptaron la piedra á la abertura y -convinieron en volver á fin de colocarle en una sepultura definitiva. -Pero siendo el siguiente dia un sábado solemne, se aplazó la -operacion para el domingo<a id="FNanchor_1145" href="#Footnote_1145" -class="fnanchor">[1140]</a>.</p> - -<p>Las mujeres se retiraron despues de haber notado minuciosamente la -manera como habia sido colocado el cuerpo, y pasaron el resto de la -noche en hacer nuevos preparativos para el embalsamamiento. El sábado -todo el mundo descansó<a id="FNanchor_1146" href="#Footnote_1146" -class="fnanchor">[1141]</a>.</p> <p><span class="pagenum" -id="Page_231">p. 231</span></p> <p>Apénas amaneció el domingo, -las galileas se dirigieron al sepulcro; la primera que llegó -fué María de Magdala<a id="FNanchor_1147" href="#Footnote_1147" -class="fnanchor">[1142]</a>. Mas la losa habia sido retirada de -la abertura y el cuerpo no estaba ya en el sitio en que le habian -dejado. Los más extraños rumores circularon al mismo tiempo entre -la comunidad cristiana. El grito de «¡ha resucitado!» corrió con la -rapidez del rayo entre los discípulos, y, gracias al amor, semejante -creencia halló fácil acogida. ¿Qué habia tenido lugar en el sepulcro -de Jesús? Al tratar de la historia de los apóstoles examinarémos -este punto é investigarémos el orígen de las leyendas relativas á -la resurreccion. Para el historiador, la vida de Jesús concluye -con su último suspiro. Pero tan profunda era la huella que habia -dejado en el corazon de sus discípulos y de algunas amigas adictas, -que por espacio de várias semanas Jesús permaneció vivo, siendo el -consolador de aquellas almas. ¿Fué arrebatado su cuerpo del sepulcro<a -id="FNanchor_1148" href="#Footnote_1148" class="fnanchor">[1143]</a>, -ó fué el entusiasmo, siempre crédulo, el que produjo mucho despues el -conjunto de relatos por medio de los cuales se pretendió establecer la -fe en la resurreccion? Hé aquí lo que siempre ignorarémos, por la falta -absoluta de documentos contradictorios. Digamos, sin embargo, que en -aquella circunstancia la exaltada imaginacion de María de Magdala<a -id="FNanchor_1149" href="#Footnote_1149" class="fnanchor">[1144]</a> -desempeñó un papel de primer órden<a id="FNanchor_1150" -href="#Footnote_1150" class="fnanchor">[1145]</a>. ¡Poder divino del -amor! ¡Sagrados momentos aquellos en que la pasion de una alucinada dió -al mundo un Dios resucitado!</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_27"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXVII</h2> - <p class="subh2">SUERTE DE LOS ENEMIGOS DE JESÚS</p> -</div> - -<p>La muerte de Jesús acaeció en el año 33 de nuestra era, segun el -cálculo que hemos adoptado<a id="FNanchor_1151" href="#Footnote_1151" -class="fnanchor">[1146]</a>. De todos modos, no pudo tener lugar -ántes del año 29, en razon á que la predicacion de Juan y de Jesús -principió el año 28<a id="FNanchor_1152" href="#Footnote_1152" -class="fnanchor">[1147]</a>, ni despues del 35, puesto que Pilato y -Caifás perdieron ántes de la Pascua del año 36 sus cargos respectivos<a -id="FNanchor_1153" href="#Footnote_1153" class="fnanchor">[1148]</a>. -En la destitucion<span class="pagenum" id="Page_232">p. 232</span> -de aquellos funcionarios no parece haber tenido ninguna influencia -la muerte de Jesús<a id="FNanchor_1154" href="#Footnote_1154" -class="fnanchor">[1149]</a>. Probablemente el procurador Pilato, al -entrar en la vida privada, no volvió á pensar en el olvidado episodio -que debia trasmitir su triste renombre á la más remota posteridad. -En cuanto á Caifás, tuvo por sucesor á Jonathan, cuñado suyo, é -hijo de aquel mismo Annás, principal motor del procedimiento contra -Jesús. El pontificado continuó durante mucho tiempo en manos de la -familia saducea de los Annás, la cual, más influyente y poderosa que -nunca, siguió haciendo á los discípulos y á los parientes de Jesús -la encarnizada guerra que declarara al fundador. El cristianismo le -debió, no sólo el acto definitivo de su fundacion, sino tambien sus -primeros mártires. Annás fué conceptuado como uno de los hombres -más felices de su siglo<a id="FNanchor_1155" href="#Footnote_1155" -class="fnanchor">[1150]</a>; y el verdadero culpable de la muerte -de Jesús terminó su vida colmado de honores y de consideraciones, -sin sospechar ni por un instante el inmenso servicio que habia hecho -á la nacion. Sus hijos continuaron reinando en el templo, á duras -penas reprimidos por los procuradores romanos, de cuya autoridad y -beneplácito prescindian muchas veces á fin de satisfacer sus instintos -de dominacion y violencia.</p> - -<p>Antipas y Herodías desaparecieron tambien muy pronto de la escena -política. Habiendo Calígula elevado á Heródes Agrippa á la dignidad de -rey, la celosa Herodías juró que ella tambien sería reina. Antipas, -hostigado constantemente por aquella mujer ambiciosa, que le trataba -de cobarde porque toleraba que hubiera en su familia una persona -superior á él, venció su natural indolencia y se dirigió á Roma á -fin de solicitar el título que acababa de obtener su sobrino (año 39 -de nuestra era). Pero el negocio tuvo malísimo resultado. Heródes -Agrippa, ganándole por la mano, predispuso el ánimo del Emperador en -contra suya, y Antipas fué destituido, arrastrando despues su mísera -existencia de destierro en destierro, unas veces en Lyon y otras en -España. Herodías le acompañó en su mala fortuna<a id="FNanchor_1156" -href="#Footnote_1156" class="fnanchor">[1151]</a>. Ántes que el nombre -de su oscuro súbdito, convertido en Dios, volviese á recordar sobre -sus sepulcros en aquellas comarcas lejanas la muerte de Juan Bautista, -debian trascurrir todavía cien años.</p> - -<p>En cuanto al desgraciado Júdas de Kerioth, circularon terribles -leyendas respecto á su muerte. Pretendióse que con el precio de su -perfidia habia comprado un campo en las inmediaciones de Jerusalen. Y -en efecto, al sur del monte Sion<span class="pagenum" id="Page_233">p. -233</span> habia un sitio llamado <i>Hacéldama</i> (campo de sangre)<a -id="FNanchor_1157" href="#Footnote_1157" class="fnanchor">[1152]</a>, -que supusieron ser la propiedad adquirida por el traidor<a -id="FNanchor_1158" href="#Footnote_1158" class="fnanchor">[1153]</a> -con el dinero de su infame venta. Segun una tradicion, Júdas -se dió la muerte<a id="FNanchor_1159" href="#Footnote_1159" -class="fnanchor">[1154]</a>. Otros afirman que dió una terrible -caida en su propiedad, de cuyas resultas quedaron sus entrañas -esparcidas por tierra<a id="FNanchor_1160" href="#Footnote_1160" -class="fnanchor">[1155]</a>. Otros suponen, por último, que murió de -una especie de hidropesía acompañada de circunstancias repugnantes -que se consideraron como un castigo del cielo<a id="FNanchor_1161" -href="#Footnote_1161" class="fnanchor">[1156]</a>. Quizás dió lugar á -todas esas leyendas el deseo de manifestar que se habian cumplido en -Júdas las amenazas que el Salmista pronuncia contra el amigo pérfido<a -id="FNanchor_1162" href="#Footnote_1162" class="fnanchor">[1157]</a>. -Posible es que Júdas pasase en su campo una vida tranquila y oscura, -miéntras que sus antiguos amigos conquistaban el mundo, propagando el -rumor de su infamia. Posible es tambien que el espantoso aborrecimiento -que se atrajo con su conducta le impulsase á cometer algun atentado -contra su propia vida, y que en ese acto se viera el castigo de la -divina justicia.</p> - -<p>Por lo demás, todavía se hallaba muy lejano el tiempo de las -grandes venganzas cristianas, y el cristianismo nada tuvo que ver -con la gran catástrofe que el pueblo judío sufrió poco despues. La -sinagoga no comprendió sino mucho más tarde los resultados á que se -exponen aquellos que aplican las leyes de la intolerancia. En cuanto -al imperio, se hallaba á mil leguas de sospechar que hubiese nacido su -futuro destructor; por espacio de cerca de trescientos años, siguió -su marcha sin echar de ver que á su lado crecian y se fortificaban -los principios que iban á trasformar al mundo. La idea sembrada por -Jesús, idea teocrática y democrática á la vez, fué unida á la invasion -de los germanos, la causa que más contribuyó á la ruina del edificio -de los Césares. Ella proclamaba el derecho de todos los hombres á -participar del reino de Dios, y establecia en lo sucesivo el principio -de una religion separada del Estado. Los derechos de la conciencia, -independientes de la ley política, llegan á constituir un nuevo -poder, el «poder espiritual.» Verdad es que ese poder ha renegado -muchas veces de su orígen; por espacio de siglos, los obispos han -sido príncipes y el papa rey; y el pretendido imperio de las almas, -cambiándose con frecuencia en horrible tiranía, ha recurrido para -mantenerse al tormento y á la hoguera. Pero llegará un dia en que la -separacion de lo humano y de lo divino produzca sus frutos; en que el -dominio de las cosas espirituales deje de llamarse «poder» para tomar -el nombre de «libertad». El cr<span class="pagenum" id="Page_234">p. -234</span>istianismo germinó en la conciencia de un hombre del pueblo, -creció en el seno del pueblo, y la clase popular fué la que en un -principio le consagró su cariño y admiracion; el sello impreso á su -carácter original no se borrará nunca. Él fué el primer triunfo de la -revolucion, la victoria del sentimiento popular, el advenimiento de -los sencillos de corazon, la inauguracion de lo bello, tal como el -pueblo lo comprende. La palabra de Jesús abrió, pues, en las sociedades -aristocráticas de la antigüedad, la brecha por donde habian de pasar -las futuras generaciones.</p> - -<p>El poder civil, aunque inocente de la muerte de Jesús (puesto que -no hizo sino poner el visto-bueno en la sentencia, y eso á pesar -suyo), debia sin embargo tener tambien una terrible responsabilidad. -Al presidir la escena del Calvario, el Estado se infirió á sí mismo -una herida gravísima. No tardó en prevalecer y en dar la vuelta al -mundo una leyenda llena de toda especie de irreverencias, leyenda en -que las autoridades constituidas desempeñan un papel odioso, y en la -que el acusado es inocente, homicidas los jueces, y la policía una -falange coligada contra la verdad. Sediciosa en el más alto grado, -la historia de la Pasion, propagándose por millares de imágenes -populares, presentó las águilas romanas sancionando el más inícuo de -los suplicios, á un gobernador expidiendo la órden para ejecutarle, -y á los soldados del imperio haciendo las veces de verdugos. ¡Qué -terrible golpe recibieron entónces los poderes establecidos! Nunca han -podido reponerse de él completamente. ¿Cómo adoptar un tono infalible -respecto á los subordinados, cuando se tiene sobre la conciencia el -enorme error de Gethsemaní?<a id="FNanchor_1163" href="#Footnote_1163" -class="fnanchor">[1158]</a>.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Ch_28"> - <h2 class="nobreak">CAPÍTULO XXVIII</h2> - <p class="subh2">CARÁCTER ESENCIAL DE LA OBRA DE JESÚS</p> -</div> - -<p>Como se ve, la accion de Jesús no salió nunca del círculo judío. -Aunque sus simpatías por todos aquellos que la <span class="pagenum" -id="Page_235">p. 235</span>ortodoxia despreciaba le impulsase á admitir -á los paganos en el reino de Dios, y no obstante haber residido más -de una vez en tierra de gentiles y haberse hallado en una ó dos -ocasiones en relaciones benévolas con infieles<a id="FNanchor_1164" -href="#Footnote_1164" class="fnanchor">[1159]</a>, puede decirse que -su vida entera se deslizó en el reducido mundo en que sus ojos vieron -la luz. En los países griegos y romanos, ni siquiera oyeron hablar de -él; su nombre no figura en los autores profanos sino cien años despues, -y de una manera indirecta; esto es, á propósito de los movimientos -sediciosos provocados por su doctrina ó de las persecuciones de que -eran objeto sus discípulos<a id="FNanchor_1165" href="#Footnote_1165" -class="fnanchor">[1160]</a>. Áun en el mismo seno del judaismo no -fué muy durable la impresion que Jesús produjo. Filon, muerto en -el año 50, ni siquiera sospecha su existencia. Josefo, que nació -en el año 37 y escribia hácia fines del primer siglo, menciona su -ejecucion en algunas líneas<a id="FNanchor_1166" href="#Footnote_1166" -class="fnanchor">[1161]</a>, como si fuera un acontecimiento de -importancia secundaria, y en la enumeracion de las sectas de su tiempo -omite á los cristianos<a id="FNanchor_1167" href="#Footnote_1167" -class="fnanchor">[1162]</a>. Por su parte, la <i>Mischna</i> no ofrece -ningun indicio de la nueva escuela; los pasajes de las dos Gemaras -en que se nombra al fundador del cristianismo no alcanzan más allá -del siglo cuarto ó quinto<a id="FNanchor_1168" href="#Footnote_1168" -class="fnanchor">[1163]</a>. La obra esencial de Jesús consistió en -crear al rededor suyo un círculo de discípulos á quienes inspiró un -afecto sin límites y en cuyo seno depositó el gérmen de su nueva -doctrina. Hacerse amar «hasta el extremo de no cesar de amarle despues -de su muerte», hé ahí la obra maestra de Jesús, la que más admiracion -causó á sus contemporáneos<a id="FNanchor_1169" href="#Footnote_1169" -class="fnanchor">[1164]</a>. Su doctrina era tan poco dogmática, que -jamás se le ocurrió escribirla ni mandar que la escribiesen. Para -ser discípulo de Jesús no se necesitaba creer en tal ó cual cosa; lo -que se necesitaba era adherirse á él, amarle entrañablemente. Lo que -despues de su muerte quedó de él, fueron algunas sentencias que desde -muy temprano se recogieron de memoria, y sobre todo, su tipo moral y -la impresion que habia producido. Jesús no es un fundador de dogmas, -ni un inventor de símbolos; es el iniciador del nuevo espíritu llamado -á regenerar al mundo. Los hombres ménos cristianos de cuantos han -pretendido merecer ese título, fueron los doctores de la Iglesia griega -que, á partir del siglo cuarto, empeñaron el cristianismo en una senda -de pueriles discusiones metafísicas, y los escolásticos de la edad -media latina, que quisieron deducir del evangelio millares de artículos -de una «Suma» colosal. Adherirse á Jesús en la esperanza del reino de -Dios<span class="pagenum" id="Page_236">p. 236</span>:—tal fué lo que -en un principio se llamó ser cristiano.</p> - -<p>Así es como se comprende que, por una especie de destino -excepcional, se presente todavía el cristianismo puro, al cabo de diez -y ocho siglos, con el carácter de una religion universal y eterna. Y es -porque, en efecto, la religion de Jesús contiene en sí el gérmen de la -religion definitiva. El cristianismo, producto de un movimiento de las -almas perfectamente espontáneo, desprendido en su cuna de toda presion -dogmática, y habiendo luchado trescientos años por la libertad de la -conciencia, recoge todavía los frutos de su excelente orígen, á pesar -de las caidas que ha sufrido. Para renovarse no necesita sino volver al -Evangelio. El reino de Dios, tal como nosotros le concebimos, difiere -notablemente de la aparicion sobrenatural sobre las nubes que los -primeros cristianos esperaban; pero el sentimiento que Jesús introdujo -en el mundo es el nuestro, y su perfecto idealismo la más elevada norma -de la vida pura y virtuosa. Jesús creó el cielo de las almas puras, -ese refugio donde se halla lo que en vano se busca en la tierra; creó -la pureza absoluta, la total absolucion de la mancilla del mundo, y, -por último, la libertad que las sociedades excluyen de su seno, como -un imposible, y que no tiene entera amplitud sino en el dominio de la -idea. Para los que se refugian en ese ideal reino de Dios, Jesús es -todavía el gran maestro. Él fué el primero que proclamó la soberanía -del espíritu, el primero que dijo, dando ejemplo con sus hechos: «Mi -reino no es de este mundo.» El fundamento de la religion verdadera es, -pues, obra suya, y, despues de él, sólo falta fecundar y cultivar la -divina semilla que su mano arrojó al mundo.</p> - -<p>Y de tal manera es así, que la palabra «cristianismo» ha llegado -casi á ser sinónima de religion. Todo cuanto se practique prescindiendo -de esa grande y hermosa tradicion cristiana será estéril. Jesús fundó -la religion de la humanidad, así como Sócrates fundó la filosofía, -como Aristóteles fundó la ciencia. Ántes de Aristóteles y de Sócrates -hubo ciencia y filosofía:—despues de ellos, la filosofía y la ciencia -han hecho inmensos progresos; pero todos sus adelantos descansan en la -ancha base establecida por aquellos grandes hombres. De igual manera, -la idea religiosa habia atravesado ántes de Jesús muchas revoluciones; -despues de Jesús ha hecho grandes conquistas; pero ni se ha salido ni -podrá salirse nunca de la nocion creada por el mártir del Gólgotha, -porque él fué<span class="pagenum" id="Page_237">p. 237</span> quien -fijó para siempre la idea del culto puro. Bajo este punto de vista, la -religion de Jesús es ilimitada. La Iglesia ha tenido sus épocas y sus -diferentes fases; los símbolos en que frecuentemente se ha encerrado -fueron ó serán pasajeros:—Jesús fundó la religion absoluta, religion -que nada excluye, que nada determina sino imágenes susceptibles de -infinitas interpretaciones. En vano se buscará en el Evangelio una -proposicion teológica. Todas las profesiones de fe desfiguran y falsean -el pensamiento de Jesús, así como la escolástica de la Edad media, al -proclamar á Aristóteles único maestro de una ciencia perfeccionada, -falseaba el pensamiento de aquel sabio. Si Aristóteles hubiera asistido -á los debates de la escuela, de seguro habria rechazado aquella -raquítica doctrina y aplaudido á sus contradictores, pasándose á -las filas de los progresistas para combatir á los rutinarios que se -escudaban con su autoridad. De igual modo, si Jesús volviese hoy al -mundo recogeria por sus discípulos, no á los que pretenden encerrarle -completamente en algunas frases de catecismo, sino á los que trabajan -en continuar su obra. En todos los órdenes de grandeza, la mayor -gloria, la inmortal, consiste en poner la primera piedra. Posible es -que en la «Física» y en la «Meteorología» de las ciencias modernas -no se halle ni una sola palabra de los tratados de Aristóteles que -tienen ese mismo título; pero no por eso deja de ser Aristóteles el -fundador de la ciencia de la naturaleza. Cualesquiera que sean las -trasformaciones del dogma, Jesús permanecerá siendo en religion el -creador del sentimiento puro, y no habrá nada más allá del Sermon sobre -la montaña. Ninguna revolucion podrá impedir que sigamos en materia -religiosa la gran línea intelectual y moral á cuyo frente brilla el -nombre de Jesús. Bajo este concepto, somos cristianos áun separándonos -sobre casi todos los puntos de la tradicion que nos ha precedido.</p> - -<p>Esa gran fundacion fué obra personal de Jesús. Para hacerse adorar -hasta ese punto menester es que fuese adorable. El amor no existe -sin un objeto digno de inspirarle; y aunque nada supiéramos respecto -á la vida de Jesús, la pasion que supo inspirar á las personas que -le rodearon nos bastaria para creer que fué grande y puro. La fe, -el entusiasmo y la constancia de la primera generacion cristiana no -se explican sino suponiendo en el orígen del movimiento un hombre -de proporciones colosales. Cuando se examinan las maravillosas -creaciones de las edades de fe, experimenta el án<span class="pagenum" -id="Page_238">p. 238</span>imo dos impresiones igualmente funestas á la -buena crítica histórica. Por una parte, se inclina uno á suponer esas -creaciones demasiado impersonales, atribuyendo á una accion colectiva -lo que á menudo fué obra de una voluntad poderosa y de un espíritu -superior. Y por otra parte, cuesta trabajo imaginarse que los autores -de esos movimientos extraordinarios que han decidido el destino de la -humanidad fueron hombres como nosotros. Tengamos, pues, un sentimiento -más lato de los poderes que la naturaleza abriga en su seno. En -nuestras civilizaciones regidas por una minuciosa policía no podemos -tener idea de lo que valia el hombre en épocas en que la originalidad -de cada uno tenía un campo mucho más libre en que desarrollar su -accion. Supongamos por un momento que en las canteras vecinas á -nuestras capitales vive un solitario que de cuando en cuando sale de -su guarida para presentarse, forzando la consigna, en los palacios de -los reyes y anúnciales con voz de trueno revoluciones cuyo promotor ha -sido él. Esta sola idea nos hace sonreir. Pues sin embargo, tal fué el -profeta Elías. Hoy, Elías el Thesbita no podria franquear ni la verja -de las Tullerías. La predicacion de Jesús y su libre actitud en Galilea -se separan tambien completamente de las condiciones sociales á que -nos hallamos acostumbrados. Exentas de nuestras pulcras invenciones -y de la educacion uniforme, que al paso que nos pule, disminuye en -gran manera nuestra individualidad, aquellas almas llenas de entereza -demostraban en la accion sorprendente energía. Ellas se nos aparecen, -vistas á distancia, como gigantes de una edad heróica de fabulosa -existencia. ¡Profundo error! Aquellos hombres eran nuestros hermanos, -tuvieron nuestra talla y sintieron y pensaron como nosotros. Pero el -soplo de Dios se hallaba libre en ellos, miéntras que en nosotros está -encadenado por los férreos lazos de una sociedad mezquina y condenada á -irremisible medianía.</p> - -<p>Coloquemos, pues, la personalidad de Jesús en la cima de la grandeza -humana, sin dejarnos extraviar por exagerada desconfianza, hija de -una leyenda que nos tiene siempre en un mundo sobrehumano. Tambien la -vida de San Francisco de Asís es un tejido de milagros, y sin embargo, -ni su existencia ni el papel que desempeñó se han puesto nunca en -duda. Tampoco se diga que la gloria de la fundacion del cristianismo -pertenece á la primera generacion cristiana, y no á aquel á quien -deificó la leyenda. En Oriente, la desigualdad d<span class="pagenum" -id="Page_239">p. 239</span>e los hombres es mucho más notable que entre -nosotros; con frecuencia descuellan allí, en medio de una atmósfera -general de malicia, caractéres cuya grandeza nos causa admiracion. -Jesús, léjos de haber sido creacion de sus discípulos, aparece siempre -superior á todos ellos. Exceptuando á San Pablo y á San Juan, los otros -apóstoles eran hombres vulgares, sin genio y sin invencion. El mismo -San Pablo no puede de ninguna manera compararse con Jesús; y en cuanto -á San Juan, en otro lugar demostraré que su mision, aunque elevada en -cierto modo, estuvo muy léjos de ser irreprochable. De ahí la inmensa -superioridad que tienen los Evangelios sobre los demás escritos del -Nuevo Testamento. De ahí el penoso descenso que se experimenta al pasar -de la historia de Jesús á la de los apóstoles. Los mismos evangelistas -que nos legaron la imágen de Jesús son tan inferiores al maestro, -que, no pudiendo comprender su grandeza, le desfiguran á cada paso y -le rebajan á su propio nivel. Sus escritos están plagados de errores -y de contrasentidos:—á cada línea se echa de ver que los redactores, -no pudiendo comprender la belleza divina de ciertos discursos, los -trasforman con arreglo á sus propias ideas. En suma, el carácter de -Jesús, léjos de haber sido embellecido por sus biógrafos, aparece en -ellos más inferior. Para volver á encontrarle tal como fué, la crítica -necesita prescindir de ciertos errores originados de la medianía -de los discípulos. Éstos le pintaron tal como le concebian; pero, -muchas veces, creyendo engrandecerle, no hicieron sino rebajarle -extraordinariamente.</p> - -<p>No se me oculta que esa leyenda, concebida para otra raza, bajo -otro cielo y en medio de otras necesidades sociales, tiene cosas que -lastiman á veces nuestras ideas modernas. Hay virtudes que, en cierto -modo, se hallan más en armonía con nuestros gustos. El honrado y suave -Marco-Aurelio y el humilde y dulce Spinosa, no habiendo creido en -los milagros, estuvieron exentos de algunos errores de que participó -Jesús. En su profunda oscuridad, el segundo de esos personajes tuvo -una ventaja que Jesús no solicitó. Por nuestra delicadeza extremada -en el empleo de los medios de conviccion, y por nuestra sinceridad -absoluta y nuestro amor desinteresado de la idea pura, todos los -que consagramos nuestra vida á la ciencia hemos fundado un nuevo -ideal de moralidad. Pero las apreciaciones de la historia no deben -encerrarse en consideraciones de mérito personal. Marco-Aurelio y -s<span class="pagenum" id="Page_240">p. 240</span>us nobles maestros -no ejercieron sobre el mundo una accion durable. Marco-Aurelio dejó -en pos de sí libros lindísimos, un hijo execrable, un mundo que -desaparecia:—Jesús continúa siendo para la humanidad un principio -inagotable de morales renacimientos. Para la gran mayoría de las -personas no basta la filosofía, es preciso que la acompañe la santidad. -Un Apolonio de Tiana debia alcanzar más éxito con su leyenda milagrosa -que un Sócrates con su fria razon. «Sócrates—decian—deja á los hombres -en la tierra, miéntras que Apolonio los trasporta al cielo; Sócrates -no es más que un sabio, Apolonio es un dios»<a id="FNanchor_1170" -href="#Footnote_1170" class="fnanchor">[1165]</a>. Hasta hoy, la -religion no ha podido existir sin una parte de ascetismo, de piedad, de -maravilloso. Cuando, despues de los Antoninos, se pretendió establecer -la religion de la filosofía, necesario fué trasformar á los filósofos -en santos, escribir la «Vida edificante» de Pitágoras y de Plotino, -arreglarles una leyenda, y concederles virtudes de abstinencia y -de contemplacion y poderes sobrenaturales, sin cuyos requisitos no -hubieran tenido ni crédito ni autoridad.</p> - -<p>¡Guardémonos, pues, de mutilar la historia para satisfacer nuestras -mezquinas susceptibilidades! ¿Quién de nosotros, miserables pigmeos, -podrá realizar lo que realizó el extravagante Francisco de Asís ó la -histérica Santa Teresa? ¿Qué importa que la medicina posea nombres para -explicar esos grandes extravíos de la naturaleza humana? ¿Qué importa -que sostenga que el genio es una enfermedad del cerebro, que no vea -en cierta delicadeza de moralidad sino un principio de tísis, y que -clasifique el entusiasmo y el amor entre los accidentes nerviosos? Las -palabras sano y enfermo son hasta cierto punto relativas. ¿Quién no -prefiere hallarse enfermo como Pascal á estar saludable como el vulgo? -Las mezquinas ideas que acerca de la locura se han propagado en nuestra -época extravian de una manera gravísima, en las cuestiones de este -género, nuestros juicios históricos. Hoy, el hombre que dijese cosas de -las cuales no tuviera conciencia, ó expusiera pensamientos sin que los -reglase la voluntad, se expondria á que le encerraran por alucinado en -alguna casa de orates. Pues bien, ese estado se llamaba en otro tiempo -inspiracion profética. Las más grandes cosas del mundo se han hecho -bajo el imperio de la fiebre; toda la creacion eminente implica en el -sér que la produce un estado violento, una ruptura de equilibrio.</p> -<p><span class="pagenum" id="Page_241">p. 241</span></p> <p>Tambien -hay que tener presente, y nosotros lo reconocemos sin dificultad, que -el cristianismo es una obra demasiado compleja para ser el hecho de un -solo hombre. Puede decirse que, en cierto modo, la humanidad entera -ha colaborado en él. No hay en el mundo comarca, por aislada que -sea, que no reciba algunas impresiones del exterior. La historia del -espíritu humano está llena de extraños <i>sincronismos</i>, los cuales -patentizan que, muchas veces, diferentes fracciones de la especie -humana, situadas léjos una de otra y sin haber comunicado entre sí, -producen ideas casi idénticas y llegan á resultados semejantes. En -el siglo décimo tercero, y desde York á Samarkand, los Latinos, los -Griegos, los Siriacos, los Musulmanes y los Judíos se entregan con -pasion á disputas escolásticas, casi del mismo género; en el siglo -décimo cuarto, Italia, Persia, la India, todo el mundo se siente -acometido por la fiebre de la alegoría mística; en el décimo sexto se -desarrolla el arte de una manera análoga en Italia, en el Monte-Athos, -en la córte de los grandes Mogoles, y esto sin que entre Santo Tomás, -Barhebræus, los rabinos de Narbona y los <i>motecallemin</i> de Bagdad -hubiese ninguna relacion, sin que Dante y Petrarca hubiesen visto -á ningun sofí, sin que ningun discípulo de las escuelas de Perusa -ó de Florencia hubiese pasado á Delhi. Diríase que, á la manera de -las epidemias, hay grandes influencias morales que recorren el mundo -de polo á polo, sin reparar en razas ni en fronteras. En la especie -humana, el comercio de las ideas no se opera únicamente por medio de -los libros y de la enseñanza directa. Jesús hasta ignoraba los nombres -de Budha, de Zoroastro y de Platon; no habia leido ningun libro griego, -ningun <i>sutra</i> búdhico, y sin embargo, se hallan en él muchos -elementos que, sin que Jesús lo sospechase, procedian del budismo, -del parsismo y de la sabiduría griega. Esas corrientes se operan por -conductos misteriosos, por esa especie de simpatía que existe entre -las diferentes porciones de la humanidad. Los grandes hombres, si bien -dominan la época en que viven, tambien reflejan hasta cierto punto -las ideas que en ella circulan. Demostrar que la religion fundada por -Jesús fué la consecuencia natural de lo que ántes habia existido, no -es disminuir su excelencia, sino probar que tuvo su razon de ser, que -fué legítima, esto es, conforme con los instintos y con las necesidades -del corazon en un siglo determinado.</p> <p><span class="pagenum" -id="Page_242">p. 242</span></p> <p>¿Sería justo decir por eso que Jesús -lo debe todo al judaismo y que su grandeza no es sino la grandeza del -pueblo judío? Yo soy el primero en reconocer la grande elevacion de -ese pueblo, único en la tierra, cuyo dón particular parece haber sido -contener en su seno los opuestos gérmenes del bien y del mal. Jesús -salió, sin duda, del judaismo; pero salió de él como Sócrates salió de -las escuelas de sofistas, como Lutero de la Edad media, como Lamennais -del catolicismo, como Rousseau del siglo diez y ocho. El hombre -pertenece á su siglo y á su raza, aunque su accion se dirija contra -su raza y contra su siglo. Jesús, léjos de continuar el judaismo, -representa, por el contrario, la ruptura con el espíritu judío. Áun -suponiendo que sobre este punto pudiera su pensamiento prestarse á -algun equívoco, la direccion general del cristianismo no dejaria -ninguna duda, puesto que le vemos desde su cuna, alejándose más y más -del judaismo. Su perfeccionamiento consistirá en volver á Jesús, pero -no al espíritu judáico. La grande originalidad del fundador permanece, -pues, entera, sin que su gloria admita ningun participante legítimo.</p> - -<p>Es indudable que las circunstancias contribuyeron mucho al éxito de -esta maravillosa revolucion; pero tambien lo es que las circunstancias -no secundan sino lo que es justo y verdadero. Cada ramo del desarrollo -de la humanidad tiene una época determinada, en la cual, por una -especie de instinto espontáneo, llega sin violencia á adquirir su -mayor perfeccionamiento. Ningun trabajo de reflexion consigue producir -inmediatamente las obras maestras que en esos momentos de fiebre crea -la naturaleza por medio de genios inspirados. El siglo de Jesús fué -á la religion lo que fueron á las artes y á las letras profanas los -hermosos siglos de la Grecia. La sociedad judáica ofrecia entónces -el más extraordinario estado moral é intelectual que haya conocido -jamás la especie humana. Aquélla fué verdaderamente una de esas -horas divinas en que mil fuerzas ocultas conspiran á la produccion -de lo grande y lo sublime, en que brotan por doquiera raudales de -admiracion y simpatía para servir de apoyo á las almas elevadas. El -mundo rescatado de la menguada tiranía de las repúblicas municipales, -gozaba entónces de gran libertad. El despotismo romano no se dejó -sentir de una manera fatal sino mucho despues, y además, en aquellas -lejanas provincias fué siempre ménos abrumador que en el centro del -imperio.<span class="pagenum" id="Page_243">p. 243</span> Nuestras -mezquinas y suspicaces medidas preventivas (mucho más perjudiciales -para las cosas del espíritu que la misma muerte) no existian en aquella -época. La vida que Jesús hizo por espacio de tres años le habria -conducido veinte veces, en nuestra sociedad, ante los tribunales de -justicia. Sólo nuestras leyes sobre el ejercicio ilegal de la medicina -habrian bastado para detenerle al principio de su carrera. Por otra -parte, la incrédula dinastía de los Heródes miraba con indiferencia -los movimientos religiosos; bajo los Asmoneos es muy probable que -Jesús no hubiese ido más allá de sus primeras tentativas. En semejante -estado social, un innovador no arriesgaba sino la vida; mas ¿no es la -muerte la que facilita el camino á los que trabajan para el porvenir? -¡Que cualquiera se imagine á Jesús reducido á soportar hasta sesenta ó -setenta años el peso de su divinidad, perdiendo la celeste llama que -en él ardia y gastándose poco á poco bajo las necesidades de un papel -inaudito! Aquellos que nacen marcados con un sello de grandeza van á -la gloria por una especie de atraccion irresistible, de órden fatal, y -todo conspira á facilitarles el camino.</p> - -<p>Permitido es, pues, llamar divina á esa personalidad sublime que -todavía preside los destinos del mundo; mas no porque Jesús haya -absorbido en sí todo lo divino, ó (para emplear los términos de la -escolástica) porque le haya sido adecuado; sino porque él es el -individuo que ha hecho dar á su especie el paso más avanzado hácia -la divinal region. La humanidad, considerada en globo, ofrece un -conjunto de seres abyectos, egoistas, que son superiores al animal, -por cuanto á que su egoismo es más reflexionado. Pero en medio de esa -uniforme vulgaridad se elevan hácia el cielo columnas cuya celsitud -da testimonio de un destino más noble. De todas esas columnas que -enseñan al hombre de donde procede y á dónde debe dirigirse, Jesús es -la más elevada, la más grandiosa. En él se reconcentró cuanto de noble -y bueno se contiene en nuestra naturaleza. Jesús no fué impecable, -y tuvo que vencer las mismas pasiones que nosotros combatimos; si -algun ángel le confortó, fué el de su buena conciencia; si algun -Satanás se llegó á tentarle, fué el que cada uno abriga en su propio -corazon. Posible es que muchas de sus faltas hayan quedado ocultas, -así como ha desaparecido una parte de su grandeza á causa de la pobre -interpretacion de sus discípulos. Pero nadie como él supo durante su -vida<span class="pagenum" id="Page_244">p. 244</span> someter las -pequeñeces del amor propio al interes de la humanidad. Consagrado sin -reserva á su idea, se lo subordinó todo á tal extremo, que, hácia -el fin de su vida, el universo no existia ya para él. Ese acceso de -voluntad heróica fué el que le conquistó el cielo. No ha habido ningun -hombre (exceptuando quizás á Sakia-Muni) que haya despreciado hasta -ese punto los lazos de la familia, los goces del mundo, todas las -preocupaciones terrenales. Jesús no vivia sino para su Padre y para la -mision divina, cuyo íntimo convencimiento abrigaba.</p> - -<p>En cuanto á nosotros, niños sempiternos condenados á la impotencia; -nosotros, que trabajamos sin cosechar, y que no verémos nunca el fruto -de nuestra siembra, ¡inclinémonos con respeto ante la grandiosa figura -de esos semidioses! Ellos supieron lo que nosotros ignoramos, esto -es:—crear, afirmar, obrar. ¿Renacerá otra vez la grande originalidad, -ó se contentará el mundo en adelante con seguir marchando por las -vias que trazaron los audaces creadores de las antiguas edades? Lo -ignoramos; pero cualesquiera que sean los fenómenos que se produzcan -en el porvenir, nadie sobrepujará á Jesús. Su culto se rejuvenecerá -incesantemente; su leyenda provocará lágrimas sin cuento; su martirio -enternecerá los mejores corazones, y todos los siglos proclamarán -que entre los hijos de los hombres no ha nacido ninguno que pueda -comparársele.</p> - - -<p class="centra fs90 ws1 mt3">FIN DE LA VIDA DE JESÚS</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="Notas"> - <p><span class="pagenum" id="Page_245">p. 245</span></p> - <h2 class="nobreak g1"><big>NOTAS</big></h2> - <hr class="tir" /> -</div> - - -<p class="centra ws1 mt3">NOTAS DE LA INTRODUCCION</p> -<hr class="tir" /> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[1]</a> Los -grandes resultados obtenidos sobre este punto han sido adquiridos -solamente despues de la primera edicion del Sr. Strauss. El eminente -crítico, en sus ediciones sucesivas, los ha aprobado con una entera -buena fe.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[2]</a> No es -necesario recordar que nada en el libro del Sr. Strauss justifica la -extraña y absurda calumnia con la cual se ha pretendido desacreditar -cerca de personas superficiales un libro cómodo, exacto, ingenioso, -concienzudo, aunque maleado en sus partes generales por un sistema -exclusivo. El Sr. Strauss nunca ha negado la existencia de Jesús, pues -cada página de su libro implica esa existencia. Lo que hay de verdadero -es, que el Sr. Strauss supone el carácter individual de Jesús mucho más -oscurecido para nosotros que no lo es en realidad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[3]</a> Si puede -llamársele «hombre.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[4]</a> En lugar -de <span xml:lang="grc" lang="grc">Χριστὸς οὗτος ἦν</span> seguramente -se leia <span xml:lang="grc" lang="grc">Χριστὸς οὗτος ἐλέγετο</span>. -Cf. <i>Ant</i>., XX, IX, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[5]</a> -Eusebio (<i>Hist. eccl.</i>, I, 11, y <i>Demonstr. Evang.</i>, III, -5) cita el pasaje sobre Jesús como le leemos ahora en Josefo. Orígenes -(<i>Contra Celso</i>, I, 47; II, 13) y Eusebio (<i>Hist. eccl.</i>, II, -23) citan otra interpolacion cristiana que no se halla en ninguno de -los manuscritos de Josefo llegados á nuestras manos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[6]</a> Judæ -epist., 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[7]</a> Las -personas que deseen más ámplios detalles pueden leer, además de la -obra del Sr. Réville, los trabajos de los Sres. Reuss y Scherer en -la <i>Revue de théologie</i>, t. X, XI, XV, nouv. série, II, III, -IV, y tambien el de Nicolas <span class="pagenum" id="Page_246">p. -246</span>en la <i>Revue germanique</i>, Set. y Dic. de 1862, Abril y -Junio de 1863.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[8]</a> -Así se decia: «Evangelio segun los Hebreos», «Evangelio segun los -Egipcios.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[9]</a> Luc., -<span class="asc">I</span>, 1-4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[10]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 1. Comp. Luc., <span -class="asc">I</span>, 1-4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[11]</a> Á -partir de <span class="asc">XVI</span>, 10, el autor se da como testigo -ocular.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[12]</a> -II Tim., <span class="asc">IV</span>, 11; Philem., 24; Col., <span -class="asc">IV</span>, 14. El nombre de Lúcas (contraccion de Lucanus), -siendo muy escaso, no hay que temer una de esas homonimias que dejan -tanta perplejidad en las cuestiones de crítica relativas al Nuevo -Testamento.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[13]</a> Vers. -9, 20, 24, 28, 32. Comp. <span class="asc">XXII</span>, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[14]</a> En -Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39. No es posible abrigar ni una duda -sobre la autenticidad de este pasaje. En efecto, léjos de exagerar la -autoridad de Papias, Eusebio no sabe qué hacer de su ingenuidad y su -pobre miliarismo, y sale de apuros tratándole de ingenio menguado. -Comp. Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, III, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[15]</a> Es -decir, en dialecto semítico.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[16]</a> Luc., -<span class="asc">I</span>, 1-2; Orígenes, <i>hom. in Luc.</i>, I, -init.; San Jerónimo, <i>Comment. in Math.</i>, prol.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[17]</a> -Papias, en Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 39. Comp. Ireneo, -<i>Adv. hær.</i>, III, <span class="asc">II</span> y <span -class="asc">III</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[18]</a> Así -es como el hermoso relato de Juan, <span class="asc">VIII</span>, 1-11, -ha estado siempre vacilando sin encontrar su lugar fijo en el cuadro de -los evangelios admitidos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[19]</a> <span -xml:lang="grc" lang="grc">Τὰ ἀπομνημονεύματα τῶν ἀποστόλων, ἃ καλεῖται -εὐαγγέλια</span>. Justino, <i>Apol.</i>, <span class="asc">I</span>, -33, 66, 67; <i>Dial. cum Tryph.</i>, 10, 100, hasta 107.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[20]</a> Julio -Africano, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, I, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[21]</a> -<i>Apol.</i>, I, 32, 61; <i>Dial. cum Tryph.</i>, 88.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[22]</a> -<i>Legatio pro christ.</i>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[23]</a> -<i>Adv. Græc.</i>, 5, 7. Cf. Eusebio, <i>H. E.</i>, IV, 29; Teodoreto, -<i>Hæretic. fabul.</i>, I, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[24]</a> <i>Ad -Autolycum</i>, II, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[25]</a> -<i>Adv. hær.</i>, II, <span class="asc">XXII</span>, 5; III, <span -class="asc">I</span>. Cf. Eus., <i>H. E.</i>, V, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[26]</a> -Iren., <i>Adv. hær.</i>, I, <span class="asc">III</span>, 6; III, <span -class="asc">XI</span>, 7; San Hipól., <i>Philosophumena</i>, VI, <span -class="asc">II</span>, 29 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[27]</a> -Iren., <i>Adv. hær.</i>, III, <span class="asc">XI</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[28]</a> -Euseb., <i>Hist. eccl.</i>, V, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[29]</a> I -Joann., I, 3, 5. En estilo, inversiones, giros, expresiones favoritas, -en todo, ofrecen las dos narraciones la más completa identidad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[30]</a> -<i>Epist. ad Philip.</i>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[31]</a> -Euseb., <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[32]</a> -<i>Adv. hær.</i>, III, <span class="asc">XVI</span>, 5, 8. Cf. Euseb., -<i>Hist. eccl.</i>, V, 8.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_247">p. 247</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[33]</a> Juan, -<span class="asc">XIII</span>, 23; <span class="asc">XIX</span>, 26; -<span class="asc">XX</span>, 2; <span class="asc">XXI</span>, 7, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[34]</a> Juan, -<span class="asc">XVIII</span>, 15-16; <span class="asc">XX</span>, -2-6; <span class="asc">XXI</span>, 15-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[35]</a> Juan, -<span class="asc">VI</span>, 65; <span class="asc">XII</span>, 6; <span -class="asc">XIII</span>, 21 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[36]</a> El -modo como Aristion ó <i>Presbyteros Joannes</i> se expresa respecto -al evangelio de Márcos en presencia de Papias, implica en efecto -una crítica benévola, ó mejor una excusa, que parece demostrar que -los discípulos de Juan concebian sobre la misma materia alguna cosa -mejor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[37]</a> Comp. -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15 y sig., con Math., <span -class="asc">XXVI</span>, 58; Juan, <span class="asc">XX</span>, 2-6, -con Marc., <span class="asc">XVI</span>, 7. Véase tambien á Juan, <span -class="asc">XIII</span>, 24-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[38]</a> Juan, -<span class="asc">I</span>, 14; <span class="asc">XIX</span>, 35; <span -class="asc">XXI</span>, 24 y sig. Comp. la 1.ª epist. de San Juan, -<span class="asc">I</span>, 3, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[39]</a> -Véase, por ejemplo, cap. <span class="asc">IX</span> y <span -class="asc">XI</span>. Nótese el extraño efecto que producen los -trozos como los de Juan, <span class="asc">XIX</span>, 35; <span -class="asc">XX</span>, 31; <span class="asc">XXI</span>, 20-23, 24, 25, -cuando se los compara con la ausencia de toda reflexion que distingue á -los sinópticos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[40]</a> -Por ejemplo, <span class="asc">IV</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">XX</span>, 12 y sig. Muchas voces recordadas por Juan -vuelven á encontrarse en los sinópticos (<span class="asc">XII</span>, -16; <span class="asc">XV</span>, 20).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[41]</a> -Así es que Napoleon vino á ser un liberal en los recuerdos de sus -compañeros de destierro, cuando estos últimos, despues de su regreso, -se hallaron en medio de la sociedad política del tiempo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[42]</a> Los -versículos <span class="asc">XX</span>, 30-31, son evidentemente la -antigua conclusion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[43]</a> Juan, -<span class="asc">VI</span>, 2, 22; <span class="asc">VII</span>, -22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[44]</a> Por -ejemplo, lo que corresponde al anuncio de la traicion de Júdas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[45]</a> -Véase, por ejemplo, Juan, <span class="asc">II</span>, 25; <span -class="asc">III</span>, 32-33, y las largas disputas en los cap. -<span class="asc">VII</span>, <span class="asc">VIII</span>, <span -class="asc">IX</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_51" href="#FNanchor_51" class="label">[46]</a> -Muchas veces se conoce que el autor busca pretextos para colocar -algunos discursos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_52" href="#FNanchor_52" class="label">[47]</a> -Además de los sinópticos, véase Hech., Epístolas de San Pablo, -Apocal.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_53" href="#FNanchor_53" class="label">[48]</a> Juan, -<span class="asc">III</span>, 3, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_54" href="#FNanchor_54" class="label">[49]</a> -Por ejemplo, el perdon de la mujer pecadora, el conocimiento que -tiene Lúcas de la familia de Bethania, su tipo del carácter de Martha -correspondiendo al <span xml:lang="grc" lang="grc">διηκόνει</span> de -Juan (<span class="asc">XII</span>, 2), el hecho de la mujer que enjugó -con sus cabellos los piés de Jesús, una nocion oscura de los viajes de -Jesús á Jerusalen, la idea de que en la Pasion compareció delante de -tres autoridades, la opinion del autor al creer que algunos discípulos -asistian á la crucifixion, el conocimiento que tiene del papel de Annás -al lado de Caifás, la aparicion del ángel en la agonía. (Comp. Juan, -<span class="asc">XII</span>, 28, 29.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_55" href="#FNanchor_55" class="label">[50]</a> Sobre -todo, cap. <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>. -Véase <span class="asc">XXVII</span>, 3 y sig.; <span -class="asc">XIX</span>, 51-53, 60; <span class="asc">XXVIII</span>, 2 y -sig., compar. con Marc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_56" href="#FNanchor_56" class="label">[51]</a> -Marc., <span class="pagenum" id="Page_248">p. 248</span><span -class="asc">V</span>, 41; <span class="asc">VII</span>, 34. Una sola -vez ofrece Matheo esa particularidad (<span class="asc">XXVII</span>, -46).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_57" href="#FNanchor_57" class="label">[52]</a> Luc., -<span class="asc">XIV</span>, 26. Las reglas del apostolado (cap. <span -class="asc">X</span>) tienen en ella un carácter muy exaltado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_58" href="#FNanchor_58" class="label">[53]</a> Luc., -<span class="asc">XIX</span>, 41, 43-44; <span class="asc">XXI</span>, -9, 20; <span class="asc">XXIII</span>, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_59" href="#FNanchor_59" class="label">[54]</a> Luc., -<span class="asc">II</span>, 37; <span class="asc">XVIII</span>, 10 y -sig.; <span class="asc">XXIV</span>, 53.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_60" href="#FNanchor_60" class="label">[55]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 23. Omite á Matheo, <span -class="asc">XXIV</span>, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_61" href="#FNanchor_61" class="label">[56]</a> Luc., -<span class="asc">IV</span>, 14; <span class="asc">XXII</span>, 43, -44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_62" href="#FNanchor_62" class="label">[57]</a> Por -ejemplo, en lo que concierne á Quirinius, Lysanias, Theudas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_63" href="#FNanchor_63" class="label">[58]</a> -Comp. Luc., <span class="asc">I</span>, 31; con Math., <span -class="asc">I</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_64" href="#FNanchor_64" class="label">[59]</a> -La comida de Bethania le proporciona dos relatos (<span -class="asc">VII</span>, 36-48, y <span class="asc">X</span>, 38-42).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_65" href="#FNanchor_65" class="label">[60]</a> Luc., -<span class="asc">II</span>, 21, 22, 39, 41, 42. Es un rasgo ebionita. -V. <i>Philosophumena</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_66" href="#FNanchor_66" class="label">[61]</a> La -parábola del rico y de Lázaro. Comp. <span class="asc">VI</span>, -20 y sig.; 24 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 13 y sig.; -<span class="asc">XVI</span> entero; <span class="asc">XXII</span>, -35. Comp. <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 44, 45; <span -class="asc">V</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_67" href="#FNanchor_67" class="label">[62]</a> -La mujer que unge los piés, Zacheo, el buen ladron, la parábola del -fariseo y del publicano, el hijo pródigo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_68" href="#FNanchor_68" class="label">[63]</a> Por -ejemplo, María de Bethania es para él una pecadora convertida.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_69" href="#FNanchor_69" class="label">[64]</a> Jesús -llorando sobre Jerusalen, el sudor de sangre, el encuentro de las -santas matronas, el buen ladron, etc. Las palabras á las mujeres de -Jerusalen (<span class="asc">XXIII</span>, 28, 29) no pueden haber sido -concebidas sino despues del sitio del año 70.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_70" href="#FNanchor_70" class="label">[65]</a> -Véase, por ejemplo, Juan <span class="asc">XIX</span>, 23-24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_71" href="#FNanchor_71" class="label">[66]</a> -<i>Gazette des Tribunaux</i>, 10 de Set. y 11 de Noviembre de 1851, 28 -de Mayo de 1857.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO PRIMERO</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_72" href="#FNanchor_72" class="label">[67]</a> Esta -palabra indica sencillamente los pueblos que hablan ó han hablado -una de las lenguas llamadas semíticas. Esa designacion es del todo -defectuosa, pero es uno de esos vocablos, como «arquitectura gótica», -«cifras árabes», que es preciso conservar para entenderse mejor.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_73" href="#FNanchor_73" class="label">[68]</a> -Isaías, <span class="asc">II</span>, 1-4, y sobre todo los cap. <span -class="asc">XL</span> y sig.; <span class="asc">LX</span> y siguientes; -Miqueas, <span class="asc">IV</span>, 1 y sig. Es menester tener -presente que la 2.ª parte del libro de Isaías, á partir del capítulo -<span class="asc">XL</span>, no es de Isaías.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_74" href="#FNanchor_74" class="label">[69]</a> -Isa., <span class="asc">LII</span>, 13 y sig.; y <span -class="asc">LIII</span> entero.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_249">p. 249</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_75" href="#FNanchor_75" class="label">[70]</a> -Ester, <span class="asc">IX</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_76" href="#FNanchor_76" class="label">[71]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 15; Josefo, <i>Vita</i>, -23; <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 10; -VII, <span class="asc">III</span>, 3; <i>Ant.</i>, XX, <span -class="asc">II</span>, 4; Horac., <i>Sat.</i>, I, <span -class="asc">IV</span>; Juv., <span class="asc">XIV</span>, 96 y sig.; -Tácito, <i>Ann.</i>, II, 85; <i>Hist.</i>, V, 5; Dion Cassius, <span -class="asc">XXXVII</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_77" href="#FNanchor_77" class="label">[72]</a> -Mischna, <i>Schebiit</i>, <span class="asc">X</span>, 9; Talmud de -Babil., <i>Niddah</i>, fol. 13 <i>b</i>; <i>Jebamoth</i>, 47 <i>b</i>; -<i>Kidduschin</i>, 70 <i>b</i>; Midrasch, <i>Jalkut Ruth</i>, fol. 163 -<i>d</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_78" href="#FNanchor_78" class="label">[73]</a> Carta -apócrifa de Baruch, en Fabricius, <i>Cod. pseud. V. T.</i>, II, 147 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_79" href="#FNanchor_79" class="label">[74]</a> II -libro de los Macabeos, cap. <span class="asc">VII</span>, y <i>De -Maccabæis</i> atribuido á Josefo. Epístola á los Hebreos, <span -class="asc">XI</span>, 33 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_80" href="#FNanchor_80" class="label">[75]</a> -III libro (apóc.) de los Macabeos; Rufino, sup. ad Jos., <i>Contra -Apionem</i>, <span class="asc">II</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_81" href="#FNanchor_81" class="label">[76]</a> Dan., -<span class="asc">VII</span>, 13 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_82" href="#FNanchor_82" class="label">[77]</a> -<i>Vendidad</i>, <span class="asc">XIX</span>, 18, 19; -<i>Minokhired</i>, trozo publicado en la <i>Zeitschrift der Deutschen -Morgenländischen Gesellschaft</i>, I, 263; <i>Boundehesch</i>, <span -class="asc">XXXI</span>. La falta de cronología segura para los -textos zendo y pelvi deja mucha duda sobre estas semejanzas entre las -creencias judías y persas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_83" href="#FNanchor_83" class="label">[78]</a> -Virg., Egl., <span class="asc">IV</span>. El <i>Cumæum carmen</i> -(<span class="asc">V</span>, 4) era una especie de apocalípsis -sibilino empapado en la filosofía de la historia familiar al Oriente. -Ver á Servius sobre este verso, y <i>Carmina sibyllina</i>, <span -class="asc">III</span>, 97-817. Tác., <i>Hist.</i>, V, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_84" href="#FNanchor_84" class="label">[79]</a> Luc., -<span class="asc">II</span>, 25 y sig.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO II</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_85" href="#FNanchor_85" class="label">[80]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 1 y sig.; Juan, <span class="asc">I</span>, -45-46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_86" href="#FNanchor_86" class="label">[81]</a> No se -halla nombrada en los escritos del Antiguo Testamento, ni en Josefo, ni -en el Talmud.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_87" href="#FNanchor_87" class="label">[82]</a> -Marc., <span class="asc">I</span>, 24; Luc., <span -class="asc">XVIII</span>, 37; Juan, <span class="asc">XIX</span>, -19; <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 22; <span -class="asc">III</span>, 6. De ahí viene el nombre de <i>Nazarenos</i> -dado desde mucho tiempo hace á los cristianos, y con el cual se los -designa aún en todos los países musulmanes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_88" href="#FNanchor_88" class="label">[83]</a> -El empadronamiento hecho por Quirino es posterior (diez años á -lo ménos) al año en que, segun Lúcas y Matheo, nació Jesús. Los -dos evangelios, en efecto, hacen nacer á Jesús bajo el reinado de -Heródes (Math., <span class="asc">II</span>, 1, 19, 22; Luc., <span -class="asc">I</span>, 5). El empadronamiento de Quirino tuvo lugar -despues de la deposicion de Archelao, es decir, diez años despues de la -muerte de Heródes, el 37 de la era de Actio (Josefo, <i>Ant.</i>, XVII, -<span class="asc">XIII</span>, 5; XVIII, <span class="asc">I</span>, -1; <span class="asc">II</span>, 1). La inscripcion por la cual se -pretendia otras veces establecer que Quirino hizo dos empadronamientos -se ha reconocido como falsa. En todo caso, el empadronamiento no se -habria aplicado sino á los territorios convertidos en provincia romana, -y no á las tetrarquías. Los textos por los cuales se pretende probar -que algunas de las operaciones de estadística y de catastro ordenadas -por Augusto se extendieron al dominio de los Heródes, ó no implican lo -que de ello se quiere deducir, ó son de autores cristianos que tomaron -este dato del evangelio de Lúcas. Lo que prueba que el viaje de la -familia de Jesús á Bethlehem no tiene nada de histórico, es el motivo -que se le atribuye. Jesús no era de la familia de David, y aunque -lo hubiese sido, no se puede comprender cómo sus parientes habrian -sido obligados, por una operacion puramente catastral y rentística, á -venir á inscribirse á un lugar abandonado por sus abuelos desde hacia -más de mil años. Imponer una obligacion de esta clase hubie<span -class="pagenum" id="Page_250">p. 250</span>ra sido para la autoridad -romana sancionar pretensiones peligrosísimas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_89" href="#FNanchor_89" class="label">[84]</a> Cap. -<span class="asc">XIV</span> de la obra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_90" href="#FNanchor_90" class="label">[85]</a> -Math., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.; Luc., <span -class="asc">II</span>, 1 y sig. La omision de este relato en Márcos y -los dos trozos paralelos, Math., <span class="asc">XIII</span>, 54, y -Marc., <span class="asc">VI</span>, 1, donde Nazareth figura como «la -patria» de Jesús, prueban que semejante leyenda faltaba en el texto -primitivo que proporcionó la trama narrativa de los evangelios actuales -de Matheo y de Márcos. Sin duda para contestar á numerosas y repetidas -objeciones añadieron al principio del evangelio de Matheo reservas -cuya contradiccion con el resto del texto no eran bastante flagrantes -para creerse en la obligacion de corregir las partes que ántes se -habian escrito bajo otro punto de vista. Por el contrario, Lúcas (<span -class="asc">IV</span>, 16), escribiendo con reflexion, ha empleado, á -fin de ser consecuente, una expresion más mitigada. Respecto á Juan, no -sabe nada del viaje á Bethlehem; en su concepto, Jesús es sencillamente -«de Nazareth» ó «Galileo», y esto en dos circunstancias donde hubiera -sido de la más alta importancia recordar su nacimiento en Bethlehem -(<span class="asc">I</span>, 45, 46; <span class="asc">VII</span>, -41-42).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_91" href="#FNanchor_91" class="label">[86]</a> -Sábese que el cálculo que sirve de base á la era vulgar fué hecho en el -siglo sexto por Dionisio el Menor. Ese cálculo implica ciertos datos -puramente hipotéticos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_92" href="#FNanchor_92" class="label">[87]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 21; Luc., <span -class="asc">I</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_93" href="#FNanchor_93" class="label">[88]</a> -<i>Gelil haggoyim</i> «círculo de los gentiles.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_94" href="#FNanchor_94" class="label">[89]</a> -Strabon, XVI, <span class="asc">II</span>, 35; Jos., <i>Vita</i>, -12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_95" href="#FNanchor_95" class="label">[90]</a> Luégo -se explicará (cap. <span class="asc">XIV</span>) el orígen de las -genealogías destinadas á emparentarle con la raza de David.—Suprimidas -por los Ebionim (Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XXX</span>, -14).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_96" href="#FNanchor_96" class="label">[91]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 55; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 3; Juan, <span class="asc">VI</span>, 42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_97" href="#FNanchor_97" class="label">[92]</a> El -rudo aspecto de las ruinas que cubren la Palestina prueba que estaban -muy mal construidas las ciudades que no habian sido reedificadas segun -el estilo romano. Respecto á la disposicion de las casas, es en la -Siri<span class="pagenum" id="Page_251">p. 251</span>a tan sencilla y -tan adecuada al clima, que nunca ha debido ser otra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_98" href="#FNanchor_98" class="label">[93]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 46 y sig.; <span -class="asc">XIII</span>, 55 y sig.; Marc., <span -class="asc">III</span>, 31 y sig.; <span class="asc">VI</span>, -3; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 19 y sig.; Juan, <span -class="asc">II</span>, 12; <span class="asc">VII</span>, 3, 5, 10; -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_99" href="#FNanchor_99" class="label">[94]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_100" href="#FNanchor_100" class="label">[95]</a> -Esas dos hermanas del mismo nombre implican un hecho singular. -Probablemente hay en ello alguna inexactitud hija de la costumbre de -dar casi indistintamente á las galileas el nombre de María.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_101" href="#FNanchor_101" class="label">[96]</a> -No son etimológicamente idénticos. <span xml:lang="grc" -lang="grc">Ἀλφαῖος</span> es la transcripcion del nombre siro-caldeo -<i>Halphai</i>; <span xml:lang="grc" lang="grc">Κλωπᾶς</span> ó <span -xml:lang="grc" lang="grc">Κλεόπας</span> es una forma abreviada de -<span xml:lang="grc" lang="grc">Κλεόπατρος</span>. Pero tal vez haya en -esto una sustitucion artificial de uno al otro; así como los José se -hacian llamar «<i>Hegesipo</i>», los Eliakim «<i>Alcimus</i>», etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_102" href="#FNanchor_102" class="label">[97]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_103" href="#FNanchor_103" class="label">[98]</a> -En efecto, los cuatro personajes indicados (Math., <span -class="asc">XIII</span>, 55; Marc., <span class="asc">VI</span>, 3) -como hijos de María, madre de Jesús, Santiago, José, Simon y Júdas, -vuelven á aparecer como si fuesen hijos de María y de Cleophás (Math., -<span class="asc">XXVII</span>, 56; Marc., <span class="asc">XV</span>, -40; Gal., <span class="asc">I</span>, 19; <i>Epist. Jac.</i>, <span -class="asc">I</span>, 1; <i>Epist. Judæ</i>, 1; Euseb., <i>Chron.</i>, -ad ann. R. <span class="asc">DCCCX</span>; <i>Hist. eccl.</i>, -<span class="asc">III</span>, 11, 32; <i>Cons. apos.</i>, <span -class="asc">VII</span>, 46). La hipótesis que proponemos puede -únicamente resolver la enorme dificultad que se encuentra en suponer -dos hermanas teniendo tres ó cuatro hijos con los mismos nombres, -y en admitir que Santiago y Simon, los dos primeros obispos de -Jerusalen, calificados de «hermanos del Señor», fuesen verdaderos -hermanos de Jesús, los cuales empezaron por serle hostiles para -convertirse despues. El evangelista, oyendo llamar á aquellos cuatro -hijos de Cleophás «hermanos del Señor», pondria, por equivocacion, sus -nombres en el pasaje <i>Math.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 55 -= <i>Marc.</i>, <span class="asc">VI</span>, 3, en lugar del nombre -de los verdaderos hermanos que permanecieron en la oscuridad. Así -se explica cómo el carácter de los personajes llamados «hermanos -del Señor», de Santiago por ejemplo, es tan diferente del de -los verdaderos hermanos de Jesús, tal como le traza Juan, <span -class="asc">VII</span>, 3 y sig. La expresion «hermanos del Señor» -evidentemente constituyó en la primitiva iglesia una especie de -jerarquía paralela á la de los apóstoles. (Véase <i>I Cor.</i>, <span -class="asc">IX</span>, 5.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_104" href="#FNanchor_104" class="label">[99]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_105" href="#FNanchor_105" class="label">[100]</a> -Marc., <span class="asc">VI</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_106" href="#FNanchor_106" class="label">[101]</a> -Segun Josefo (<i>B. J.</i>, III, <span class="asc">III</span>, 2), -<span class="pagenum" id="Page_252">p. 252</span>el más pequeño -burgo de Galilea tenía más de cinco mil habitantes. Probablemente hay -exageracion.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO III</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_107" href="#FNanchor_107" class="label">[102]</a> -Juan, <span class="asc">VIII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_108" href="#FNanchor_108" class="label">[103]</a> -<i>Testam. de los doce Patr.</i>, Leví, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_109" href="#FNanchor_109" class="label">[104]</a> -Math. <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc. <span -class="asc">XV</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_110" href="#FNanchor_110" class="label">[105]</a> -Traducciones y comentarios judíos, de la época talmúdica.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_111" href="#FNanchor_111" class="label">[106]</a> -Mischna, <i>Schabbath</i>, <span class="asc">I</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_112" href="#FNanchor_112" class="label">[107]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Juan, <span -class="asc">VII</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_113" href="#FNanchor_113" class="label">[108]</a> -Mischna, <i>Schekalim</i>, <span class="asc">III</span>, 2; Talmud -de Jerusalen, <i>Megilla</i>, halaca <span class="asc">XI</span>, -<i>Sota</i>, <span class="asc">VII</span>, 1; Talmud de Babilonia, -<i>Baba Kama</i>, 83 <i>a</i>; <i>Megilla</i>, 8 <i>b</i> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_114" href="#FNanchor_114" class="label">[109]</a> -Math. <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc. <span -class="asc">III</span>, 17; <span class="asc">V</span>, 41; -<span class="asc">VII</span>, 34; <span class="asc">XIV</span>, -36; <span class="asc">XV</span>, 34. La expresion <span -xml:lang="grc" lang="grc">ἡ πάτριος φωνή</span>, en los escritores -de aquel tiempo, designa siempre el dialecto semítico que se -usaba en Palestina (II Macab., <span class="asc">VII</span>, -21, 27; <span class="asc">XII</span>, 37; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">XXI</span>, 37, 40; <span class="asc">XXII</span>, 2; -<span class="asc">XXVI</span>, 14; Josefo, <i>Ant.</i>, XVIII, -<span class="asc">VI</span>, 10; XX, sub. fin., etc.). Luégo -demostrarémos que algunos de los documentos que sirvieron de -base á los evangelios sinópticos fueron escritos en ese dialecto -semítico. Lo mismo sucedió respecto á algunos apócrifos (libro IV -de los Macab., <span class="asc">XVI</span>, <i>ad calcem</i>, -etc.). Por último, la cristiandad directamente nacida del primer -movimiento galileo (Nazarenos, Ebionim, etc.), que se continuó por -mucho tiempo en la Batanea y en el Hauran, hablaba un dialecto -semítico. (Euseb., <i>De situ et nomin. loc. heb.</i> á la voz <span -xml:lang="grc" lang="grc">Χωβά</span>; Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span -class="asc">XXIX</span>, 7, 9; <span class="asc">XXX</span>, 3; San -Jerónimo, <i>in Matth.</i>, <span class="asc">VII</span>, 13; <i>Dial. -adv. Pelag.</i>, III, 2).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_115" href="#FNanchor_115" class="label">[110]</a> -Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XI</span>, 1; Talmud de -Babilonia, <i>Baba Kama</i>, 82 <i>b</i> y 83 <i>a</i>; <i>Sota</i>, 49 -<i>a</i> y <i>b</i>; <i>Menachoth</i>, 64 <i>b</i>; Comp. II, Macab. -<span class="asc">IV</span>, 10 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_116" href="#FNanchor_116" class="label">[111]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">XI</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_117" href="#FNanchor_117" class="label">[112]</a> -Talmud de Jerusalen, <i>Peah</i>, <span class="asc">I</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_118" href="#FNanchor_118" class="label">[113]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, loc. cit.; Oríg., <i>Contra Celsum</i>, <span -class="asc">II</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_119" href="#FNanchor_119" class="label">[114]</a> -Talmud de Jerusalen, <i>Peah</i>, <span class="asc">I</span>, 1; Talmud -de Babilonia, <i>Menachoth</i>, 99 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_120" href="#FNanchor_120" class="label">[115]</a> -Los <i>Terapeutas</i> de Filon son una rama de los Esenios. Ese nombre -parece ser la traduccion griega de Esenios (<span xml:lang="grc" -lang="grc">Ἐσσαῖοι</span>, <i>asaya</i>, médicos). Filon, <i>De vita -contempl.</i>, init.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_121" href="#FNanchor_121" class="label">[116]</a> -Véanse sobre todo los tratados <i>Quis rerum divinarum hæres sit</i> y -<i>De Philanthropia</i>, de Filon.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_122" href="#FNanchor_122" class="label">[117]</a> -<i>Pirké Aboth</i>, cap. <span class="asc">I</span> y <span -class="asc">II</span>; Talmud de Jerusalen, <i>Pesachim</i>, <span -class="asc">VI</span>, 1; Talmud de Babilonia,<span class="pagenum" -id="Page_253">p. 253</span> <i>Pesachim</i>, 66 <i>a</i>; -<i>Schabbath</i>, 30 <i>b</i> y 31 <i>a</i>; <i>Joma</i>, 35 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_123" href="#FNanchor_123" class="label">[118]</a> -La leyenda de Daniel estaba ya formada en el siglo séptimo ántes -de J. C. (Ezequiel, <span class="asc">XIV</span>, 14 y sig.; <span -class="asc">XXVII</span>, 3). Para satisfacer las exigencias de -la leyenda, se supuso que vivió en el tiempo de la cautividad de -Babilonia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_124" href="#FNanchor_124" class="label">[119]</a> -<i>Epist. Judæ</i>, 14 y sig., II Petri, <span class="asc">II</span>, -4, 11; <i>Testam. de los doce Patr.</i>, Simeon, 5; Leví, 14; Judá, -18; Zab., 3; Dan, 5; Nephtali, 4. El «Libro de Henoch» forma aún una -parte integrante de la Biblia etiópica. Tal como le conocemos por la -version etiópica, está compuesto con trozos de várias fechas, de los -cuales los más antiguos son del año 130 ó 150 ántes de J. C. Algunos -de esos trozos tienen analogía con los discursos de Jesús. Compárense -los cap. <span class="asc">XCVI-XCIX</span> con Lúcas, <span -class="asc">VI</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_125" href="#FNanchor_125" class="label">[120]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_126" href="#FNanchor_126" class="label">[121]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_127" href="#FNanchor_127" class="label">[122]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_128" href="#FNanchor_128" class="label">[123]</a> -Luc., <span class="asc">II</span>, 42 y sig. Los evangelios apócrifos -están llenos de semejantes historias extravagantes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_129" href="#FNanchor_129" class="label">[124]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 57; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 4; Juan, <span class="asc">VII</span>, 3 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_130" href="#FNanchor_130" class="label">[125]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 48; Marc., <span -class="asc">III</span>, 33; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 21; -Juan, <span class="asc">II</span>, 4; Evangelio segun los Hebreos, en -San Jerónimo, <i>Dial. adv. Pelag.</i>, <span class="asc">III</span>, -2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_131" href="#FNanchor_131" class="label">[126]</a> -Luc., <span class="asc">XI</span>, 27 y sig.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO IV</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_132" href="#FNanchor_132" class="label">[127]</a> -<i>Yaçna</i>, <span class="asc">XIII</span>, 24; Teopompo. en Plut., -<i>De Iside et Osiride</i>, § 47; <i>Minokhired</i>, trozo publicado en -la <i>Zeitschrift der Deutschen Morgenländischen Gesellschaft</i>, I, -p. 263.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_133" href="#FNanchor_133" class="label">[128]</a> -Virg., Egl. <span class="asc">IV</span>; Servius, sobre el verso 4 de -la misma égloga; Nigidius, citado por Servius, sobre el verso 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_134" href="#FNanchor_134" class="label">[129]</a> -<i>Carm. sibyll.</i>, libro III, 97-817.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_135" href="#FNanchor_135" class="label">[130]</a> -<span class="asc">VI</span>, 13; <span class="asc">VII</span>, 10; -<span class="asc">VIII</span>, 7, 11-17; <span class="asc">IX</span>, -1-22; y en las partes apócrifas: <span class="asc">IX</span>, 10-11; -<span class="asc">XIV</span>, 13 y sig.; <span class="asc">XVI</span>, -20, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_136" href="#FNanchor_136" class="label">[131]</a> -Eccl., <span class="asc">I</span>, 11; <span class="asc">II</span>, -16, 18-24; <span class="asc">III</span>, 19-22; <span -class="asc">IV</span>, 8, 15-16; <span class="asc">V</span>, 17, 18; -<span class="asc">VI</span>, 3, 6; <span class="asc">VIII</span>, 15; -<span class="asc">IX</span>, 9, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_137" href="#FNanchor_137" class="label">[132]</a> -Isaías, <span class="asc">LX</span>, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_138" href="#FNanchor_138" class="label">[133]</a> El -libro entero de Ester respira gran apego por aquella dinastía.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_139" href="#FNanchor_139" class="label">[134]</a> -Carta apócrifa de Baruch, en Fabricius, <i>Cod. pseud. V. T.</i>, II, -pág. 147 y sig.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_254">p. 254</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_140" href="#FNanchor_140" class="label">[135]</a> -Job, <span class="asc">XXXIII</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_141" href="#FNanchor_141" class="label">[136]</a> -Es de notar que Jesús, hijo de Sirach, se mantiene estrictamente en él -(<span class="asc">XVII</span>, 26-28; <span class="asc">XXII</span>, -10-11; <span class="asc">XXX</span>, 4 y sig.; <span -class="asc">XLI</span>, 1-2; <span class="asc">XLIV</span>, 9). El -autor de la <i>Sabiduría</i> manifiesta un sentimiento del todo -contrario (<span class="asc">IV</span>, 1, texto griego).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_142" href="#FNanchor_142" class="label">[137]</a> -Ester, <span class="asc">XIV</span>, 6-7 (apóc.). Epist. apóc. de -Baruch. (Fabricius, <i>Cod. pseud. V. T.</i>, II, pág. 147 y sig.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_143" href="#FNanchor_143" class="label">[138]</a> II -Macab., <span class="asc">VII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_144" href="#FNanchor_144" class="label">[139]</a> -<i>Pirké Aboth</i>, <span class="asc">I</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_145" href="#FNanchor_145" class="label">[140]</a> -<i>Sabiduría</i>, <span class="asc">II-VI</span>; <i>De rationis -imperio</i>, atribuido á Josefo, 8, 13, 16, 18. Es preciso notar que -el autor de este último tratado no hace valer sino en segundo órden el -motivo de remuneracion personal. El principal móvil de los mártires -consiste en el amor puro de la Ley, en las ventajas que reportarán al -pueblo con su muerte y en la perspectiva de la gloria que alcanzarán -sus nombres. Comp. <i>Sabiduría</i>, <span class="asc">IV</span>, -1 y sig.; <i>Eccl.</i>, cap. <span class="asc">XLIV</span> y sig.; -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">VIII</span>, 10; III, <span -class="asc">VIII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_146" href="#FNanchor_146" class="label">[141]</a> -<i>Sabiduría</i>, <span class="asc">IV</span>, 1; <i>De rat. imp.</i>, -16, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_147" href="#FNanchor_147" class="label">[142]</a> -II Macab., <span class="asc">VII</span>, 9, 14; <span -class="asc">XII</span>, 43-44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_148" href="#FNanchor_148" class="label">[143]</a> -Teopompo, en Dióg. Laert. Proœm., 9.—<i>Boundehesch</i>, c. <span -class="asc">XXXI</span>. Los vestigios del dogma de la resurreccion son -muy dudosos en el Avesta.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_149" href="#FNanchor_149" class="label">[144]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_150" href="#FNanchor_150" class="label">[145]</a> -Luc., <span class="asc">XVI</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_151" href="#FNanchor_151" class="label">[146]</a> -Dan., <span class="asc">XII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_152" href="#FNanchor_152" class="label">[147]</a> II -Macab., <span class="asc">VII</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_153" href="#FNanchor_153" class="label">[148]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1; <span -class="asc">VII</span>, 1-2; Lúcas, <span class="asc">III</span>, -19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_154" href="#FNanchor_154" class="label">[149]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>, 3; <span -class="asc">IV</span>, 5; <span class="asc">V</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_155" href="#FNanchor_155" class="label">[150]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_156" href="#FNanchor_156" class="label">[151]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_157" href="#FNanchor_157" class="label">[152]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">XII</span>, 2 y <i>B. -J.</i>, II, <span class="asc">VII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_158" href="#FNanchor_158" class="label">[153]</a> -Orelli, <i>Inscr. lat.</i>, n.º 3693; Henzen, <i>Suppl.</i>, n.º 7041; -<i>Fasti prænestini</i>, 6 de Marzo y 28 de Abril (en el <i>Corpus -inscr. lat.</i>, I, 314, 317); Borghesi, <i>Fastes consulaires</i>, -año de 742; R. Bergmann, <i>De inscr. lat. ad P. S. Quirinium</i>, ut -videtur, referenda (Berlín, 1854). Tác., <i>Ann.</i>, II, 30; III, 48; -Strabon, XII, <span class="asc">VI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_159" href="#FNanchor_159" class="label">[154]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, I, <span class="asc">XVIII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_160" href="#FNanchor_160" class="label">[155]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, los libros XVII y XVIII enteros, y <i>B. J.</i>, -lib. I y II.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_161" href="#FNanchor_161" class="label">[156]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">X</span>, 4. Comp. el libro de -Henoch, <span class="asc">XCVII</span>, 13-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_162" href="#FNanchor_162" class="label">[157]</a> -Filon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_163" href="#FNanchor_163" class="label">[158]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">VI</span>, 2 y sig.; <i>B. -J.</i>, I, <span class="asc">XXXIII</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_164" href="#FNanchor_164" class="label">[159]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_165" href="#FNanchor_165" class="label">[160]</a> -Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IX</span>, 6; Juan, <span -class="asc">XVI</span>, 2; Jos., <i>B. J.</i>, libro IV y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_166" href="#FNanchor_166" class="label">[161]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">VII<span class="pagenum" -id="Page_255">p. 255</span></span>, 9. El versículo 11 hace suponer que -Simon el Mago era ya célebre en el tiempo de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_167" href="#FNanchor_167" class="label">[162]</a> -Discursos de Claudio, en Lyon, tab. II, sub fin. De Boissieu, <i>Inscr. -ant. de Lyon</i>, p. 136.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_168" href="#FNanchor_168" class="label">[163]</a> II -Sam., <span class="asc">XXIV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_169" href="#FNanchor_169" class="label">[164]</a> -Talmud de Babilonia, <i>Baba Kama</i>, 113 <i>a</i>; <i>Schabbath</i>, -33 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_170" href="#FNanchor_170" class="label">[165]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">I</span>, 1 y 6; -<i>B. J.</i>, II, <span class="asc">VIII</span>, 1; <i>Hech.</i>, -<span class="asc">V</span>, 37. Ántes de Júdas el Gaulonita, -los <i>Hechos</i> colocan á otro agitador, Theudas; pero hay un -anacronismo, el movimiento de Theudas tuvo lugar en el año 44 de la era -cristiana (Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 1).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_171" href="#FNanchor_171" class="label">[166]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XVII</span>, 8 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_172" href="#FNanchor_172" class="label">[167]</a> -Luc., <span class="asc">XIII</span>, 1. El movimiento galileo de Júdas, -hijo de Ezequías, no parece haber tenido un carácter religioso; sin -embargo, puede ser que le haya disimulado Josefo (<i>Ant.</i>, XVII, -<span class="asc">X</span>, 5).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_173" href="#FNanchor_173" class="label">[168]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVI, <span class="asc">VI</span>, 2, 3; XVIII, <span -class="asc">I</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_174" href="#FNanchor_174" class="label">[169]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">III</span>, 1. El horrible -estado á que se halla reducido el país, sobre todo cerca del lago de -Tiberiade, no puede dar una idea de su antiguo esplendor. Aquellos -países, hoy desolados, eran en otro tiempo paraísos terrestres. Los -baños de Tiberiade, hoy mansion horrorosa, fueron el más hermoso sitio -de la Galilea (Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>, -3). Josefo (<i>Bell. Jud.</i>, III, <span class="asc">X</span>, 8) -ensalza los bellos árboles de la llanura de Genesareth, donde ya no -se encuentra uno solo. Antonino Mártir, hácia el año 600, es decir, -cincuenta años ántes de la invasion musulmana, aún halla á la Galilea -cubierta de deliciosos plantíos, y compara su fertilidad con la del -Egipto (<i>Itin.</i>, § 5).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_175" href="#FNanchor_175" class="label">[170]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 1; <span class="asc">XIV</span>, 23; -Luc., <span class="asc">VI</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_176" href="#FNanchor_176" class="label">[171]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>, 28 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_177" href="#FNanchor_177" class="label">[172]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, III, <span class="asc">III</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_178" href="#FNanchor_178" class="label">[173]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>, 2; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">IX</span> 1; <i>Vita</i>, 12, 13, 64.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_179" href="#FNanchor_179" class="label">[174]</a> -Puede uno imaginárselos por algunas huertas de los alrededores de -Nazareth. <i>Cant. de cant.</i>, <span class="asc">II</span>, 3, 5, 13; -<span class="asc">IV</span>, 13; <span class="asc">VI</span>, 6, 10; -<span class="asc">VII</span>, 8, 12; <span class="asc">VIII</span>, 2, -5; Anton. Mártir, <i>l. c.</i> Se ha conservado aún el aspecto de las -granjas en el sur del país de Tiro (antigua tribu de Aser); á cada paso -se encuentran los vestigios de la antigua agricultura palestina, con -sus útiles tallados en la roca (eras, prensas, silos, pilas, muelas, -etc.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_180" href="#FNanchor_180" class="label">[175]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 17; <span class="asc">XI</span>, -19; Marc., <span class="asc">II</span>, 22; Luc., <span -class="asc">V</span>, 37; <span class="asc">VII</span>, 34; Juan, <span -class="asc">II</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_181" href="#FNanchor_181" class="label">[176]</a> -Luc., <span class="asc">II</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_182" href="#FNanchor_182" class="label">[177]</a> -Luc., <span class="asc">II</span>, 42-44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_183" href="#FNanchor_183" class="label">[178]</a> -Véanse los salmos <span class="asc">LXXXIV</span>, <span -class="asc">CXXII</span>, <span class="asc">CXXXIII</span> (Vulg. -<span class="asc">LXXXIII</span>, <span class="asc">CXXI</span>, <span -class="asc">CXXXII</span>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_184" href="#FNanchor_184" class="label">[179]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 51-53; <span -class="asc">XVII</span>, 11; Juan, <span class="asc">IV</span>, 4; -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">VI</span>, 1; <i>B. J.</i>, -II, <span class="asc">XII</span>, 3; <i>Vita</i>, 52. Sin embargo, -frecuentemente los peregrinos iban por la Perea, para evitar la -Samaria, algo peligrosa (Math., <span class="asc">XIX</span>, 1; Marc., -<span class="asc">X</span>, 1).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_185" href="#FNanchor_185" class="label">[180]</a> -Segun Josefo (<i>Vita</i>, 52), se necesitaban tres dias para hacer el -viaje. P<span class="pagenum" id="Page_256">p. 256</span>ero la etapa -entre Sichem y Jerusalen se dividia casi siempre en dos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_186" href="#FNanchor_186" class="label">[181]</a> -Luc., <span class="asc">IV</span>, 42; <span class="asc">V</span>, -16.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO V</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_187" href="#FNanchor_187" class="label">[182]</a> -Ésta es la expresion de Márcos, <span class="asc">VI</span>, 3. Cf. -Math., <span class="asc">XIII</span>, 55. Márcos no conoce á José; -por el contrario, Juan y Lúcas prefieren la expresion «hijo de José.» -(Luc., <span class="asc">III</span>, 23; <span class="asc">IV</span>, -22; Juan, <span class="asc">I</span>, 45; <span class="asc">IV</span>, -42.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_188" href="#FNanchor_188" class="label">[183]</a> -Juan, <span class="asc">II</span>, 1; <span class="asc">IV</span>, 46. -Sobre este punto sólo Juan tiene algunas noticias.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_189" href="#FNanchor_189" class="label">[184]</a> -Admito como probable la idea de identificar á Caná de Galilea con -<i>Kana el-Djelil</i>. Sin embargo, pueden aducirse argumentos en favor -de <i>Kefr-Kenna</i>, distante de Nazareth cosa de una hora ú hora y -media, al N.-N.-E.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_190" href="#FNanchor_190" class="label">[185]</a> -Ahora <i>el-Buttauf</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_191" href="#FNanchor_191" class="label">[186]</a> -Juan, <span class="asc">II</span>, 11; <span class="asc">IV</span>, 46. -Uno ó dos discípulos eran de Caná. Juan, <span class="asc">XXI</span>, -2; Math., <span class="asc">X</span>, 4; Marc., <span -class="asc">III</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_192" href="#FNanchor_192" class="label">[187]</a> -Marc., <span class="asc">VI</span>, 3; Justino, <i>Dial. cum -Tryph.</i>, 88.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_193" href="#FNanchor_193" class="label">[188]</a> -Por ejemplo, «Rabbi Johanan el zapatero, Rabbi Isaac el herrero.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_194" href="#FNanchor_194" class="label">[189]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_195" href="#FNanchor_195" class="label">[190]</a> -Cap. <span class="asc">IX</span> de la obra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_196" href="#FNanchor_196" class="label">[191]</a> -Luc., <span class="asc">VII</span>, 37 y sig.; Juan, <span -class="asc">IV</span>, 7 y sig.; <span class="asc">VIII</span>, 3 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_197" href="#FNanchor_197" class="label">[192]</a> -Los discursos atribuidos á Jesús en el cuarto evangelio contienen ya -un gérmen de teología. Pero hallándose estos discursos enteramente -en contradiccion con los de los evangelios sinópticos, los cuales -representan sin duda las <i>Logia</i> primitivas, deben figurar como -documentos de la historia apostólica, y no como elementos de la vida de -Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_198" href="#FNanchor_198" class="label">[193]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 9, y las otras narraciones -análogas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_199" href="#FNanchor_199" class="label">[194]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_200" href="#FNanchor_200" class="label">[195]</a> El -alma sublime de Filon se encontró aquí, como en otros muchos puntos, -de acuerdo con la de Jesús (<i>De confus. ling.</i>, § 14; <i>De mig. -Abr.</i>, § 1; <i>De somniis</i>, II, § 41, etc.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_201" href="#FNanchor_201" class="label">[196]</a> -San Pablo, <i>ad Galatas</i>, <span class="asc">IV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_202" href="#FNanchor_202" class="label">[197]</a> -La palabra «cielo», en la lengua rabínica de aquel tiempo, es sinónima -del nombre de «Dios», cuya pronunciacio<span class="pagenum" -id="Page_257">p. 257</span>n se evitaba. (Comp. Math., <span -class="asc">XXI</span>, 25; Luc., <span class="asc">XX</span>, 4.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_203" href="#FNanchor_203" class="label">[198]</a> -Aparece esta expresion en cada página de los evangelios sinópticos, -de los Hechos de los apóstoles, de San Pablo. Si no aparece más que -una vez en San Juan (<span class="asc">III</span>, 3 y 5) es porque -los discursos que se relatan en el cuarto evangelio están muy léjos de -representar la verdadera palabra de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_204" href="#FNanchor_204" class="label">[199]</a> -Dan., <span class="asc">II</span>, 44; <span class="asc">VII</span>, -13, 14, 22, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_205" href="#FNanchor_205" class="label">[200]</a> -Mischna, <i>Berakoth</i>, <span class="asc">II</span>, 1, 3; -Talmud de Jerusalen, <i>Berakoth</i>, <span class="asc">II</span>, -2; <i>Kidduschin</i>, <span class="asc">I</span>, 2; Talmud de -Babil. <i>Berakoth</i>, 15 <i>a</i>; <i>Mekilta</i>, 42 <i>b</i>; -Siphra, 170 <i>b</i>; la expresion aparece frecuentemente en los -<i>Midraschim</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_206" href="#FNanchor_206" class="label">[201]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 33; <span class="asc">XII</span>, -28; <span class="asc">XIX</span>, 12; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 34; Luc., <span class="asc">XII</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_207" href="#FNanchor_207" class="label">[202]</a> -Luc., <span class="asc">XVII</span>, 20-21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_208" href="#FNanchor_208" class="label">[203]</a> -La grande teoría del apocalípsis del Hijo del hombre está en efecto -reservada, en los sinópticos, para los capítulos que preceden la -narracion de la pasion. En Matheo, las primeras predicaciones son -enteramente morales.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_209" href="#FNanchor_209" class="label">[204]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 2 y sig.; Juan, <span class="asc">VI</span>, -42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_210" href="#FNanchor_210" class="label">[205]</a> La -tradicion sobre la fealdad de Jesús (Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, -85, 88, 100) procede del deseo de ver realizado en él un pretendido -rasgo mesiánico (Is., <span class="asc">LIII</span>, 2).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_211" href="#FNanchor_211" class="label">[206]</a> -Las <i>Logia</i> de San Matheo reunen varios de aquellos axiomas para -despues formar con ellos largos discursos. Pero á traves de la forma -fragmentaria deja conocer las suturas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_212" href="#FNanchor_212" class="label">[207]</a> -<i>Pirké Aboth</i> es el librito en el cual están coleccionadas las -sentencias de los doctores judíos de aquel tiempo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_213" href="#FNanchor_213" class="label">[208]</a> -Indicarémos las semejanzas á medida que se vayan presentando. Por -ser la redaccion del Talmud posterior á la de los Evangelios, se ha -supuesto que los compiladores judíos plagiaron la moral cristiana. -Pero esto no puede admitirse; existia un abismo de separacion entre la -iglesia y la sinagoga. Ántes del siglo décimo tercero la literatura -cristiana y la literatura judía tuvieron muy poca influencia una sobre -otra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_214" href="#FNanchor_214" class="label">[209]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 12; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 31. Se encuentra ya este axioma en el libro -de <i>Tobías</i>, <span class="asc">V</span>, 16. Hillel usaba de él -repetidas veces (Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 31 <i>a</i>), y -como Jesús, decia que él era el compendio de la Ley.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_215" href="#FNanchor_215" class="label">[210]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 39 y sig.; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 29. Comp. Jeremías, <i>Lament.</i>, <span -class="asc">III</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_216" href="#FNanchor_216" class="label">[211]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 29-30; <span -class="asc">XVIII</span>, 9; Marc., <span class="asc">IX</span>, 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_217" href="#FNanchor_217" class="label">[212]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 44; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 27. Comp. Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 88 -<i>b</i>; <i>Joma</i>, 23 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_218" href="#FNanchor_218" class="label">[213]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 1; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 37. Comp. Talm. de Babil., <i>Kethuboth</i>, 105 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_258">p. 258</span></p><div -class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_219" href="#FNanchor_219" class="label">[214]</a> -Luc., <span class="asc">VI</span>, 37. Comp. <i>Levit.</i>, <span -class="asc">XIX</span>, 18; <i>Prov.</i>, <span class="asc">XX</span>, -22; Eccles., <span class="asc">XXVIII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_220" href="#FNanchor_220" class="label">[215]</a> -Luc., <span class="asc">VI</span>, 36; Siphré, 51 <i>b</i> (Sultzbach, -1802).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_221" href="#FNanchor_221" class="label">[216]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XX</span>, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_222" href="#FNanchor_222" class="label">[217]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 12; Luc., <span -class="asc">XIV</span>, 11; <span class="asc">XVIII</span>, -14. Las sentencias referidas por San Jerónimo con arreglo al -«Evangelio segun los Hebreos» respiran la misma moral (Comment. in -<i>Epist. ad Ephes.</i>, <span class="asc">V</span>, 4; in Ezech., -<span class="asc">XVIII</span>; <i>Dial. adv. Pelag.</i>, <span -class="asc">III</span>, 2).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_223" href="#FNanchor_223" class="label">[218]</a> -Deuter., <span class="asc">XXIV</span>, <span class="asc">XXV</span>, -<span class="asc">XXVI</span>, etc.; Is., <span -class="asc">LVIII</span>, 7; Prov., <span class="asc">XIX</span>, -17; <i>Pirké Aboth</i>, 1; Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, <span -class="asc">I</span>, 1; Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 63 -<i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_224" href="#FNanchor_224" class="label">[219]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_225" href="#FNanchor_225" class="label">[220]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_226" href="#FNanchor_226" class="label">[221]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 31 y sig. Comp. Talm. de Babil., -<i>Sanhedrin</i>, 22 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_227" href="#FNanchor_227" class="label">[222]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 33 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_228" href="#FNanchor_228" class="label">[223]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 38 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_229" href="#FNanchor_229" class="label">[224]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 42. La prohibia la Ley, mas -de un modo ménos formal, y la autorizaba el uso (Deut., <span -class="asc">XV</span>, 7-8; Luc., <span class="asc">VII</span>, 41 y -sig.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_230" href="#FNanchor_230" class="label">[225]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 28. Comp. Talmud, <i>Masseket -Kalla</i> (ed. Fürth, 1793), fol. 34 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_231" href="#FNanchor_231" class="label">[226]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 23 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_232" href="#FNanchor_232" class="label">[227]</a> -Math., V, 45 y sig. Comp. <i>Levit.</i>, <span class="asc">XI</span>, -44; <span class="asc">XIX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_233" href="#FNanchor_233" class="label">[228]</a> -Comp. Filon, <i>De mig. Abr.</i>, § 23 y 24; <i>De vita -contemplativa</i>, entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_234" href="#FNanchor_234" class="label">[229]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 11 y sig.; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 6 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_235" href="#FNanchor_235" class="label">[230]</a> -Marc., <span class="asc">VII</span>, 6 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_236" href="#FNanchor_236" class="label">[231]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 1 y sig. Comp. <i>Eccles.</i>, -<span class="asc">XVII</span>, 18; <span class="asc">XXIX</span>, 15; -Talm. de Babil., <i>Chagiga</i>, 5 <i>a</i>; <i>Baba Bathra</i>, 9 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_237" href="#FNanchor_237" class="label">[232]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 5-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_238" href="#FNanchor_238" class="label">[233]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 23; Luc., <span -class="asc">IV</span>, 42; <span class="asc">V</span>, 16; <span -class="asc">VI</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_239" href="#FNanchor_239" class="label">[234]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 9 y sig.; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_240" href="#FNanchor_240" class="label">[235]</a> -Luc., <span class="asc">XI</span>, 5 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_241" href="#FNanchor_241" class="label">[236]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 23-24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_242" href="#FNanchor_242" class="label">[237]</a> -Isa., <span class="asc">I</span>, 11 y sig.; <span -class="asc">LVIII</span>, entero; Oseas, <span class="asc">VI</span>, -6; Malaquías, <span class="asc">I</span>, 10 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_243" href="#FNanchor_243" class="label">[238]</a> -<i>Pirké Aboth</i>, <span class="asc">I</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_244" href="#FNanchor_244" class="label">[239]</a> -<i>Eccles.</i>, <span class="asc">XXXV</span> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_245" href="#FNanchor_245" class="label">[240]</a> -Talm. de Jerus., <i>Pesachim</i>, <span class="asc">VI</span>, 1; -Talm. de Babil., <i>Pesachim</i>, 66 <i>a</i>; <i>Schabbath</i>, 31 -<i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_246" href="#FNanchor_246" class="label">[241]</a> -<i>Quod Deus immut.</i>, § 1 et 2; <i>De Abrahamo</i>, § 22; <i>Quis -rerum divin. hæres</i>, § 13 y sig.; 55, 58 y sig.; <i>De profugis</i>, -§ 7 y 8; <i>Quod omnis probus liber</i>, entero. <i>De vita -contemplativa</i>, entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_247" href="#FNanchor_247" class="label">[242]</a> -Talm. de Bab., <i>Pesachim</i>, 67 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_248" href="#FNanchor_248" class="label">[243]</a> -Talm. de Jerus., <i>Peah</i>, <span class="asc">I</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_249" href="#FNanchor_249" class="label">[244]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 4-5. Comp. Talm. de Babil., -<i>Baba Bathra</i>, 15 <i>b</i>; <i>Erachin</i>, 16 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_250" href="#FNanchor_250" class="label">[245]</a> El -Talmud, resúmen de aquel gran movimiento de esc<span class="pagenum" -id="Page_259">p. 259</span>uelas, no se empezó á escribir sino en el -siglo segundo de nuestra era.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO VI</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_251" href="#FNanchor_251" class="label">[246]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 5; pasaje del evangelio de los -Ebionim, conservado por Epifanio (<i>Adv. hær.</i>, XXX, 13).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_252" href="#FNanchor_252" class="label">[247]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 39. Se ha supuesto, no sin -alguna verosimilitud, que «la ciudad de Judá» nombrada en este -pasaje de Lúcas, era la ciudad de <i>Jutta</i>. (Josué, <span -class="asc">XV</span>, 55; <span class="asc">XXI</span>, 16.) Robinson -(<i>Biblical Researches</i>, I, 494; II, 206) ha vuelto á hallar esa -<i>Jutta</i> á dos horas al sur de Hebron, llevando aún el mismo -nombre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_253" href="#FNanchor_253" class="label">[248]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_254" href="#FNanchor_254" class="label">[249]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 80.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_255" href="#FNanchor_255" class="label">[250]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 4; Marc., <span -class="asc">I</span>, 6; fragm. del evang. de los Ebionim, en Epif., -<i>Adv. hær.</i>, XXX, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_256" href="#FNanchor_256" class="label">[251]</a> -Malaquías, <span class="asc">III</span>, 23-24 (<span -class="asc">IV</span>, 5-6, segun la Vulg.); <i>Eccles.</i>, -<span class="asc">XLVIII</span>, 10 y sig.; Math., <span -class="asc">XVI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>, 10 y sig.; -Marc., <span class="asc">VI</span>, 15; <span class="asc">VIII</span>, -28; Luc., <span class="asc">IX</span>, 8, 19; Juan, <span -class="asc">I</span>, 21, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_257" href="#FNanchor_257" class="label">[252]</a> El -feroz Abdallah, bajá de San Juan de Acre, por haberle visto en sueño, -de pié sobre la montaña, creyó morir de espanto. En los cuadros de las -iglesias cristianas se le presenta rodeado de cabezas cortadas; de él -tienen miedo los musulmanes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_258" href="#FNanchor_258" class="label">[253]</a> -<i>Ascension de Isaías</i>, <span class="asc">II</span>, 9-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_259" href="#FNanchor_259" class="label">[254]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_260" href="#FNanchor_260" class="label">[255]</a> -Plinio, <i>Hist. nat.</i>, V, 17; Epif., <i>Adv. hær.</i>, XIX, 1 y -2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_261" href="#FNanchor_261" class="label">[256]</a> -Josefo, <i>Vita</i>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_262" href="#FNanchor_262" class="label">[257]</a> -El verbo arameo <i>seba</i>, orígen del nombre de los <i>sabianos</i>, -corresponde á <span xml:lang="grc" lang="grc">βαπτίζω</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_263" href="#FNanchor_263" class="label">[258]</a> -Es de notar que los Elcaitas, secta sabiana ó bautista, habitaban -el mismo país que los Esenios (orilla oriental del mar Muerto) y -que se confundieron con ellos (Epif., <i>Adv. hær.</i>, XIX, 1, -2, 4; XXX, 16, 17; LIII, 1 y 2; <i>Philosophumena</i>, IX, <span -class="asc">III</span>, 15 y 16; X, <span class="asc">XX</span>, -29).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_264" href="#FNanchor_264" class="label">[259]</a> -Ver las noticias de Epifanio sobre Esenios, Hemerobatistas, -Nazarenistas, Ossenos, Nazorenos, Ebionitas, Sampseanos (<i>Adv. -hær.</i>, lib. I y II), y las del autor de <i>Philosophumena</i> sobre -los Elcaitas (Lib. IX y X).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_265" href="#FNanchor_265" class="label">[260]</a> -Epif., <i>Adv. hær.</i>, XIX, XXX, LIII.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_266" href="#FNanchor_266" class="label">[261]</a> -Marc., <span class="asc">VIII</span>, 4; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, -<span class="asc">V</span>, 2; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, 17, -29, 80; Epif., <i>Adv. hær.</i>, XVII.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_267" href="#FNanchor_267" class="label">[262]</a> -Mischna, <i>Pesachim</i>, <span class="asc">VIII</span>, 8; Talmud de -Babil., <i>Jebamoth</i>, 46 <i>b</i>; <i>Kerithuth</i>, 9 <i>a</i>; -<i>Aboda Zara</i>, 57 <i>a</i>; <i>Masseket Gerim</i> (ed. Kirchheim, -1851), p. 38-40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_268" href="#FNanchor_268" class="label">[263]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 1; Marc., <span -class="asc">I</span>, 4.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_260">p. 260</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_269" href="#FNanchor_269" class="label">[264]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_270" href="#FNanchor_270" class="label">[265]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 28; <span class="asc">III</span>, -26. Todos los manuscritos dicen <i>Bethania</i>; pero como no se -conoce ninguna Bethania en aquellos parajes, Orígenes (<i>Comment. in -Joann.</i>, VI, 24) propuso sustituir <i>Bethabara</i>, y su correccion -ha sido generalmente adoptada. Las dos voces tienen significaciones -análogas y parecen indicar un lugar donde habia una barca para -atravesar el rio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_271" href="#FNanchor_271" class="label">[266]</a> -<i>Ænon</i> es el plural caldeo <i>Ænawan</i>, «fuentes».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_272" href="#FNanchor_272" class="label">[267]</a> -Juan, <span class="asc">III</span>, 23. Es dudosa la situacion de aquel -lugar. La circunstancia que indica el evangelista, hace suponer que no -se hallaba muy cerca del Jordan. Sin embargo, los sinópticos están de -acuerdo en colocar toda la escena de los bautismos de Juan sobre la -orilla de aquel rio (Math., <span class="asc">III</span>, 6; Marc., -<span class="asc">I</span>, 5; Luc., <span class="asc">III</span>, -3). La conformidad de los versículos 22 y 23 del cap. <span -class="asc">III</span> de Juan y de los versículos 3 y 4 del cap. <span -class="asc">IV</span> del mismo evangelio pudiera hacer creer que Salim -estaba en Judea, y por consiguiente en el oasis de Jericó, cerca de la -embocadura del Jordan, puesto que en el resto de la tribu de Judá se -hallaria difícilmente un solo estanque natural que pudiera servir á la -inmersion de una persona. San Jerónimo pretende colocar á Salim mucho -más al norte cerca de Beth-Schean ó Scythopolis. Pero Robinson (<i>Bib. -Res.</i>, III, 333) no pudo hallar nada que justifique semejante -alegacion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_273" href="#FNanchor_273" class="label">[268]</a> -Marc., <span class="asc">I</span>, 5; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_274" href="#FNanchor_274" class="label">[269]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 5; <span class="asc">XXI</span>, -26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_275" href="#FNanchor_275" class="label">[270]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 14; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 15; Juan, <span class="asc">I</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_276" href="#FNanchor_276" class="label">[271]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 2; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_277" href="#FNanchor_277" class="label">[272]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 15 y sig.; Juan, <span -class="asc">I</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_278" href="#FNanchor_278" class="label">[273]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 25 y sig.; Luc., <span -class="asc">VII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_279" href="#FNanchor_279" class="label">[274]</a> -Math. ya citada.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_280" href="#FNanchor_280" class="label">[275]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_281" href="#FNanchor_281" class="label">[276]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_282" href="#FNanchor_282" class="label">[277]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 11-14; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, -<span class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_283" href="#FNanchor_283" class="label">[278]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 32; Luc., <span -class="asc">III</span>, 12-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_284" href="#FNanchor_284" class="label">[279]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_285" href="#FNanchor_285" class="label">[280]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 7; Luc., <span -class="asc">III</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_286" href="#FNanchor_286" class="label">[281]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 2. Cuando -Josefo expone las doctrinas secretas, más ó ménos sediciosas, de sus -compatriotas, omite lo que tiene relacion con las creencias mesiánicas; -y para no hacer sombra á los romanos, extiende sobre esas doctrinas -como un barniz de trivialidad que da á todos los jefes de sectas judías -el aspecto de profesores de moral ó de estóicos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_287" href="#FNanchor_287" class="label">[282]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_288" href="#FNanchor_288" class="label">[283]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_289" href="#FNanchor_289" class="label">[284]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 13 y sig.; Marc., <span -class="asc">I</span>, 9 y sig.; Luc., <span class="asc">III</span>, -21 y sig.; Juan, <span class="asc">I</span>, 29 y sig.; <span -class="asc">III</span>, 22 y sig. Los sinópticos hacen venir á Jesús -hácia Juan ántes de haber desempeñado un papel público. Pero, si Juan -reconoció á Jesús, como lo dicen, y le hizo una acogida afectuosa, -de suponer es que Jesús fuese un maestro ya renombrado. El cuarto -evangelio conduce por dos veces á Jesús hácia Juan, la primera cuando -todavía no era conocido, y la segunda con un grupo de discípulos. Sin -tocar aquí la cuestion de los itinerarios precisos de Jesús (cuestion -inestricable en razon de las contradicciones de los documentos y del -poco cuidado que tuvieron los evangelistas de ser exactos en semejante -materia), sin negar la posibilidad de un viaje de Jesús hácia Juan -en el tiempo en que no tenía mucha notoriedad, adoptamos el dato -producido por el cuarto evangelio (<span class="asc">III</span>, 22 -y sig.), á saber, que Jesús, ántes de bautizar como Juan, tenía ya -una escuela organizada. Preciso es tambien recordar que las primeras -páginas del cuarto evangelio no son más que n<span class="pagenum" -id="Page_261">p. 261</span>otas puestas de extremo á extremo sin ningun -órden cronológico.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_290" href="#FNanchor_290" class="label">[285]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>. Son legendarios todos los pormenores -de la narracion, y en particular los que se refieren al parentesco de -Juan con Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_291" href="#FNanchor_291" class="label">[286]</a> -Juan, <span class="asc">III</span>, 22-26; <span class="asc">IV</span>, -1-2. El paréntesis del versículo 2 parece ser una glosa agregada, ó -quizás un escrúpulo de Juan, corrigiéndose á sí mismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_292" href="#FNanchor_292" class="label">[287]</a> -Juan, <span class="asc">III</span>, 26, <span class="asc">IV</span>, -1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_293" href="#FNanchor_293" class="label">[288]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 2; <span class="asc">IV</span>, -17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_294" href="#FNanchor_294" class="label">[289]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 7; <span class="asc">XII</span>, -34; <span class="asc">XXIII</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_295" href="#FNanchor_295" class="label">[290]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 2-13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_296" href="#FNanchor_296" class="label">[291]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_297" href="#FNanchor_297" class="label">[292]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_298" href="#FNanchor_298" class="label">[293]</a> -Matheo (<span class="asc">XIV</span>, 3 en el texto griego) y Márcos -(<span class="asc">VI</span>, 17) pretenden que fué con Felipe; pero es -una inadvertencia. La esposa de Felipe era Salomé, hija de Herodías. -(V. Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1 y 4.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_299" href="#FNanchor_299" class="label">[294]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, <span class="asc">IV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_300" href="#FNanchor_300" class="label">[295]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VII</span>, 1, 2; <i>B. -J.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_301" href="#FNanchor_301" class="label">[296]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_302" href="#FNanchor_302" class="label">[297]</a> -Hoy dia, Mkaur, en el ouadi Zerka Main. Ese lugar no ha sido visitado -desde Seetzen.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_303" href="#FNanchor_303" class="label">[298]</a> -Jos., <i>De Bell. Jud.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 1 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_304" href="#FNanchor_304" class="label">[299]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_305" href="#FNanchor_305" class="label">[300]</a> -<i>Levit.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_306" href="#FNanchor_306" class="label">[301]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">VII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_307" href="#FNanchor_307" class="label">[302]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 4; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 19; Luc., <span class="asc">III</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_308" href="#FNanchor_308" class="label">[303]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_309" href="#FNanchor_309" class="label">[304]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 5.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_262">p. 262</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_310" href="#FNanchor_310" class="label">[305]</a> -Marc., <span class="asc">VI</span>, 20. Yo leo <span -xml:lang="grc" lang="grc">ἠπόρει</span>, y no <span xml:lang="grc" -lang="grc">ἐποίει</span>.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO VII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_311" href="#FNanchor_311" class="label">[306]</a> -Tobías, <span class="asc">VIII</span>, 3; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_312" href="#FNanchor_312" class="label">[307]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">I</span>, 12, 13; Luc., <span class="asc">IV</span>, 1 y -sig. La semejanza sorprendente de estas narraciones con las leyendas -análogas del <i>Vendidad</i> (frag. <span class="asc">XIX</span>) y del -<i>Lalitavistara</i> (cap. <span class="asc">XVII, XVIII, XXI</span>) -induce á no ver en todo ello sino un puro mito. Pero la narracion -pobre y concisa de Márcos, representando evidentemente la redaccion -primitiva, supone un hecho efectivo, que más tarde produjo el tema de -los desarrollos legendarios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_313" href="#FNanchor_313" class="label">[308]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 12; Marc., <span -class="asc">I</span>, 14; Luc., <span class="asc">IV</span>, 14; Juan, -<span class="asc">IV</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_314" href="#FNanchor_314" class="label">[309]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 29; Marc., <span -class="asc">I</span>, 22; Luc., <span class="asc">IV</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_315" href="#FNanchor_315" class="label">[310]</a> -Marc., <span class="asc">I</span>, 14-15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_316" href="#FNanchor_316" class="label">[311]</a> -Marc., <span class="asc">XV</span>, 43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_317" href="#FNanchor_317" class="label">[312]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 31; <span class="asc">XIV</span>, -30; <span class="asc">XVI</span>, 11. Comp. II Cor., <span -class="asc">IV</span>, 4; Eph., <span class="asc">II</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_318" href="#FNanchor_318" class="label">[313]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 10; <span class="asc">VII</span>, 7; -<span class="asc">XIV</span>, 17, 22, 27; <span class="asc">XV</span>, -18 y sig.; <span class="asc">XVI</span>, 8, 20, 33; <span -class="asc">XVII</span>, 9, 14, 16, 25. La significacion de la palabra -«mundo» está particularmente caracterizada en los escritos de Pablo y -de Juan.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_319" href="#FNanchor_319" class="label">[314]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 30; <span class="asc">XX</span>, -16; Marc., <span class="asc">X</span>, 31; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_320" href="#FNanchor_320" class="label">[315]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_321" href="#FNanchor_321" class="label">[316]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 47 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_322" href="#FNanchor_322" class="label">[317]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 31 y sig.; Marc., <span -class="asc">IV</span>, 31 y sig.; Luc., <span class="asc">XIII</span>, -19 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_323" href="#FNanchor_323" class="label">[318]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 33; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_324" href="#FNanchor_324" -class="label">[319]</a> Math., <span class="asc">XIII</span> -entero; <span class="asc">XVIII</span>, 23 y sig.; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_325" href="#FNanchor_325" class="label">[320]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_326" href="#FNanchor_326" class="label">[321]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἀποκατάστασις πάντων</span>. -<i>Hech.</i>, <span class="asc">III</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_327" href="#FNanchor_327" class="label">[322]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 23-26; <span -class="asc">XXII</span>, 16-22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_328" href="#FNanchor_328" class="label">[323]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_329" href="#FNanchor_329" class="label">[324]</a> -Stobeo, <i>Florilegium</i>, cap. <span class="asc">LXII, LXXVII, -LXXXVI</span> y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_330" href="#FNanchor_330" class="label">[325]</a> -Juan, <span class="asc">VIII</span>, 32 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_331" href="#FNanchor_331" class="label">[326]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">III</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_332" href="#FNanchor_332" class="label">[327]</a> -<i>Apocal.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 1, 2, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_333" href="#FNanchor_333" class="label">[328]</a> -Las sectas miliarias de Inglaterra ofrecen el mismo contraste, esto es, -la creencia en un próximo fin del mundo, y sin embargo, tienen un raro -buen sentido en la práctica de la vida, una inteligencia extraordinaria -para los negocios del comercio y de la industria.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_334" href="#FNanchor_334" class="label">[329]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 17-18; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_335" href="#FNanchor_335" class="label">[330]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 10 y sig.; <span -class="asc">X</span> entero; Luc., <span class="asc">VI</span>, -22 y sig.; Juan, <span class="asc">XV</span>, 18 y sig.; -<span class="asc">XVI</span>, 2 y sig., 20, 23; <span -class="asc">XVII</span>, 14.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_263">p. 263</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_336" href="#FNanchor_336" class="label">[331]</a> -Luc., <span class="asc">XVI</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_337" href="#FNanchor_337" class="label">[332]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 3, 10; <span -class="asc">XVIII</span>, 3; <span class="asc">XIX</span>, 14, 23-24; -<span class="asc">XXI</span>, 31; <span class="asc">XXII</span>, 2 y -sig.; Marc., <span class="asc">X</span>, 14-15, 23-25; Luc., <span -class="asc">IV</span>, 18 y sig.; <span class="asc">VI</span>, 20; -<span class="asc">XVIII</span>, 16-17, 24-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_338" href="#FNanchor_338" class="label">[333]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_339" href="#FNanchor_339" class="label">[334]</a> -Juan, <span class="asc">XV</span>, 19; <span class="asc">XVII</span>, -14, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_340" href="#FNanchor_340" class="label">[335]</a> -Véase el cap. <span class="asc">XVII</span> de San Juan, el cual -expresa, si no un discurso verdadero pronunciado por Jesús, al ménos -un sentimiento profundamente arraigado en sus discípulos, que sin duda -procedia de Jesús.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO VIII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_341" href="#FNanchor_341" class="label">[336]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 23; evangelio de los Ebionim, en -Epif., <i>Adv. hær.</i> XXX, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_342" href="#FNanchor_342" class="label">[337]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 37 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_343" href="#FNanchor_343" class="label">[338]</a> -Ezeq., <span class="asc">I</span>, 5, 26 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_344" href="#FNanchor_344" class="label">[339]</a> -Daniel, <span class="asc">VII</span>, 13-14. Comp. <span -class="asc">VIII</span>, 15; <span class="asc">X</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_345" href="#FNanchor_345" class="label">[340]</a> -En Juan, <span class="asc">XII</span>, 34, los judíos no parecen al -corriente del sentido de esta palabra.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_346" href="#FNanchor_346" class="label">[341]</a> -Libro de Henoch, <span class="asc">XLVI</span>, 1, 2, 3; <span -class="asc">XLVIII</span>, 2, 3; <span class="asc">LXII</span>, 9, -14; <span class="asc">LXX</span>, 1 (division de Dillmann); Math., -<span class="asc">X</span>, 23; <span class="asc">XIII</span>, 41; -<span class="asc">XVI</span>, 27-28; <span class="asc">XIX</span>, -28; <span class="asc">XXIV</span>, 27, 30, 37, 39, 44; <span -class="asc">XXV</span>, 31; <span class="asc">XXVI</span>, 64; Marc. -<span class="asc">XIII</span>, 26; <span class="asc">XIV</span>, -62; Luc., <span class="asc">XII</span>, 40; <span -class="asc">XVII</span>, 24, 26, 30; <span class="asc">XXI</span>, -27, 36; <span class="asc">XXII</span>, 69; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">VII</span>, 55. Pero el pasaje más significativo es: -Juan, <span class="asc">V</span>, 27; semejante al <i>Apocal.</i>, -<span class="asc">I</span>, 13; <span class="asc">XIV</span>, 14. La -expresion «Hijo de la mujer» en lugar de Mesías se encuentra una vez en -el libro de Henoch, <span class="asc">LXII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_347" href="#FNanchor_347" class="label">[342]</a> -Juan, <span class="asc">V</span>, 22, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_348" href="#FNanchor_348" class="label">[343]</a> -Esta denominacion aparece ochenta y tres veces en los evangelios, y -siempre en los discursos de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_349" href="#FNanchor_349" class="label">[344]</a> -Verdad es que Tell-Hum, que ordinariamente se identifica con -Capharnahum, ofrece algunos vestigios de hermosos monumentos. Pero esta -identificacion es dudosa, y dichos monumentos son del siglo segundo y -tercero despues de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_350" href="#FNanchor_350" class="label">[345]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 1; Marc., <span -class="asc">II</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_351" href="#FNanchor_351" class="label">[346]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 54 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">IV</span>, 16 -y sig., 23 y 24; Juan, <span class="asc">IV</span>, 44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_352" href="#FNanchor_352" class="label">[347]</a> -Marc., <span class="asc">VI</span>, 5; Math., <span -class="asc">XII</span>, 58; Luc., <span class="asc">IV</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_353" href="#FNanchor_353" class="label">[348]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 57; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 4; Juan, <span class="asc">VII</span>, 3 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_354" href="#FNanchor_354" class="label">[349]</a> -Luc. <span class="asc">IV</span>, 29. Probablemente se trata aquí de la -roca á pico que está muy cerca de Nazareth, encima de la iglesia actual -de los Maronitas, y no del pretendido <i>monte de la precipitacio<span -class="pagenum" id="Page_264">p. 264</span>n</i>, distante media legua -de Nazareth. V. Robinson, II, 335 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_355" href="#FNanchor_355" class="label">[350]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 13; Luc., <span -class="asc">IV</span>, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_356" href="#FNanchor_356" class="label">[351]</a> -En Tell-Hum, Irbid (Arbela), Meiron (Mero), Jisch (Giscala), Kasyoun, -Nabartein, dos en Kefr-Bereim.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_357" href="#FNanchor_357" class="label">[352]</a> -No osaré aún decidir nada respecto á la edad de esos monumentos, ni -afirmar por consiguiente que Jesús enseñase en alguno de ellos. En una -hipótesis semejante, ¡cuán grande interes no ofreceria la sinagoga -de Tell-Hum! Me parece la más antigua de todas la gran sinagoga de -Kefr-Bereim, cuyo estilo es bastante puro. La de Kasyoun tiene una -inscripcion griega del tiempo de Séptimo Severo. La importancia del -judaismo en la alta Galilea, despues de la guerra de los romanos, hace -creer que muchos de esos edificios no se remontan más allá del siglo -tercero, época en la cual Tiberiade llegó á ser una especie de capital -del judaismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_358" href="#FNanchor_358" class="label">[353]</a> -II Esdras, <span class="asc">VIII</span>, 4; Math., <span -class="asc">XXIII</span>, 6; Epist. Sant., <span class="asc">II</span>, -3; Mischna, <i>Megilla</i>, <span class="asc">III</span>, 1; <i>Rosch -hasschana</i>, <span class="asc">IV</span>, 7, etc. Véase sobre todo -la curiosa descripcion de la sinagoga de Alejandría en el Talmud de -Babil., <i>Sukka</i>, 51 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_359" href="#FNanchor_359" class="label">[354]</a> -Filon, citado en Eusebio, <i>Præp. evang.</i> VIII, 7, y <i>Quod -omnis probus liber</i>, § 12; Luc., <span class="asc">IV</span>, -16; <i>Hech.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 15; <span -class="asc">XV</span>, 21; Mischna, <i>Megilla</i>, <span -class="asc">III</span>, 4 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_360" href="#FNanchor_360" class="label">[355]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Διάκονος</span>. Marc., <span -class="asc">V</span>, 22, 35 y sig.; Luc., <span class="asc">IV</span>, -20; <span class="asc">VII</span>, 3; <span class="asc">VIII</span>, -41, 49; <span class="asc">XIII</span>, 14; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">XIII</span>, 15; <span class="asc">XVIII</span>, 8, 17; -<i>Apoc.</i>, <span class="asc">II</span>, 1; Mischna, <i>Joma</i>, -<span class="asc">VII</span>, 1; <i>Rosch hasschana</i>, <span -class="asc">IV</span>, 9; Talm. de Jerus., <i>Sanhedrin</i>, -<span class="asc">I</span>, 7; Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span -class="asc">XXX</span>, 4, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_361" href="#FNanchor_361" class="label">[356]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 25; <span class="asc">X</span>, -17; <span class="asc">XXIII</span>, 34; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 9; Luc., <span class="asc">XII</span>, -11; <span class="asc">XXI</span>, 12; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">XXII</span>, 19; <span class="asc">XXVI</span>, 11; <i>II -Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 24; Mischna, <i>Maccoth</i>, -<span class="asc">III</span>, 12; Talm. de Babil., <i>Megilla</i>, 7 -<i>b</i>; Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_362" href="#FNanchor_362" class="label">[357]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 6; Epist. Sant., <span -class="asc">II</span>, 3; Talm. de Babil., <i>Sukka</i>, 51 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_363" href="#FNanchor_363" class="label">[358]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 23; <span class="asc">IX</span>, -35; Marc., <span class="asc">I</span>, 21, 39; <span -class="asc">VI</span>, 2; Luc., <span class="asc">IV</span>, -15, 16, 31, 44; <span class="asc">XIII</span>, 10; Juan, <span -class="asc">XVIII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_364" href="#FNanchor_364" class="label">[359]</a> -Luc., <span class="asc">IV</span>, 16 y sig. Comp. Mischna, -<i>Joma</i>, <span class="asc">VII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_365" href="#FNanchor_365" class="label">[360]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 28; <span class="asc">XIII</span>, -54; Marc., <span class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">VI</span>, -1; Luc., <span class="asc">IV</span>, 22, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_366" href="#FNanchor_366" class="label">[361]</a> La -antigua Kinnereth habia desaparecido ó cambiado de nombre.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_367" href="#FNanchor_367" class="label">[362]</a> -Estaba muy cerca de Tiberiade, Talm. de Jerus., <i>Maasaroth</i>, -<span class="asc">III</span>, 1; <i>Schebiit</i>, <span -class="asc">IX</span>, 1; <i>Erubin</i>, <span class="asc">V</span>, -7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_368" href="#FNanchor_368" class="label">[363]</a> -Marc., <span class="asc">VIII</span>, 10. Comp. Math., <span -class="asc">XV</span>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_369" href="#FNanchor_369" class="label">[364]</a> -En el lugar nombrado <i>Khorazi</i> ó <i>Bir-Kerazeh</i>, más allá de -Tell-Hum.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_370" href="#FNanchor_370" class="label">[365]</a> -La antigua hipótesis que identificaba á Tell-Hum con Capharnahum, -tiene aún numerosos defensores. El mejor argumento en favor de ella -es el nombre mismo de <i>Tell-Hum</i>. <i>Tell</i> entra en la -composicion del nombre de várias aldeas, y pudo muy bien reemplazar á -<i>Caphar</i>. Por otra parte, es imposible encontrar cerca de Tell-Hum -una fuente que corresponda á lo que dice Josefo (<i>B. J.</i>, III, -<span class="asc">X</span>, 8). La fuente de Capharnahum parece ser -Ain-Medawara; pero Ain-Medawara está á la distancia de media legua -del lago, miéntras que Capharnahum era una ciudad de pescadores -sobre la orilla misma del mar (Math., <span class="asc">IV</span>, -13; Juan, <span class="asc">VI</span>, 17). Respecto á Bethsaida, la -incertidumbre es todavía mayor; porque la hipótesis muy generalmente -admitida de dos Bethsaidas, una sobre la orilla occidental, otra sobre -la orilla oriental del la<span class="pagenum" id="Page_265">p. -265</span>go, distantes una de otra cosa de tres leguas, tiene algo de -raro.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_371" href="#FNanchor_371" class="label">[366]</a> La -depresion del mar Muerto es del doble. Evaluacion del capitan Lynch, -que concuerda con la del Sr. de Berton.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_372" href="#FNanchor_372" class="label">[367]</a> -Adopto la opinion del Sr. Thompson (<i>The land and the Book</i>, -II, 34 y sig.), segun la cual la Gergesa de Matheo (<span -class="asc">VIII</span>, 28), idéntica á la ciudad cananea de -<i>Girgasch</i> (<i>Gen.</i>, <span class="asc">X</span>, 16; <span -class="asc">XV</span>, 21; <i>Deut.</i>, <span class="asc">VII</span>, -1; <i>Josué</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 11), pudiera -ser el sitio nombrado ahora <i>Kersa</i> ó <i>Gersa</i>, sobre -la orilla oriental, casi en frente de Magdala. Márcos (<span -class="asc">V</span>, 1) y Lúcas (<span class="asc">VIII</span>, 26) -nombran <i>Gadara</i> ó <i>Gerasa</i> en lugar de <i>Gergesa</i>. -<i>Gerasa</i> es del todo imposible, puesto que los evangelistas -dicen que la ciudad citada estaba cerca del lago y en frente de -la Galilea. Respecto á Gadara, hoy dia <i>Om-Keis</i>, á una -hora y media del lago y del Jordan, las particularidades locales -suministradas por Márcos y Lúcas no convienen con ella. Se comprende -fácilmente que <i>Gergesa</i> se haya cambiado en <i>Gerasa</i>, -nombre mucho más conocido, y que despues <i>Gadara</i> haya sido -adoptada en razon de las dificultades topográficas que ofrecia -esa última lectura.—Oríg., <i>Comment. in Joann.</i>, <span -class="asc">VI</span>, 24; <span class="asc">X</span>, 10; Eusebio -y San Jerónimo, <i>De situ et nomin. loc. heb.</i>, á las voces -<span xml:lang="grc" lang="grc">Γεργεσά</span>, <span xml:lang="grc" -lang="grc">Γεργάσει</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_373" href="#FNanchor_373" class="label">[368]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 13; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_374" href="#FNanchor_374" class="label">[369]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 21; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 24, 31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_375" href="#FNanchor_375" class="label">[370]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">X</span>, 3; <i>B. J.</i>, I, -<span class="asc">XXI</span>, 3; III, <span class="asc">X</span>, 7; -Benjamin de Tudela, p. 46, ed. Asher.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_376" href="#FNanchor_376" class="label">[371]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">X</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_377" href="#FNanchor_377" class="label">[372]</a> -Lucianus (ut fertur), <i>De dea Syria</i>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_378" href="#FNanchor_378" class="label">[373]</a> -Los vestigios de la rica civilizacion pagana de aquel tiempo cubren -aún todo el Beled-Bescharrah, y partic<span class="pagenum" -id="Page_266">p. 266</span>ularmente las montañas que forman el cabo -Blanco y el cabo Nakoura.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO IX</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_379" href="#FNanchor_379" class="label">[374]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 18; Luc., <span -class="asc">V</span>, 44 y sig.; Juan, <span class="asc">I</span>, -44; <span class="asc">XXI</span>, 1 y sig.; Jos., <i>B. J.</i>, III, -<span class="asc">X</span>, 7; Jacques de Vitri, en el <i>Gesta Dei per -Francos</i>, I, p. 1075.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_380" href="#FNanchor_380" class="label">[375]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 1; Marc., <span -class="asc">II</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_381" href="#FNanchor_381" class="label">[376]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_382" href="#FNanchor_382" class="label">[377]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 14; Marc., <span -class="asc">I</span>, 30; Luc., <span class="asc">IV</span>, 38; -<i>I Cor.</i>, <span class="asc">IX</span>, 5; <i>I Petr.</i>, -<span class="asc">V</span>, 13; Clem. Alej., <i>Strom.</i>, <span -class="asc">III</span>, 6; <span class="asc">VII</span>, 11; Pseud. -Clem., <i>Recogn.</i>, <span class="asc">VII</span>, 25; Eusebio, <i>H. -E.</i>, III, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_383" href="#FNanchor_383" class="label">[378]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 14; <span -class="asc">XVII</span>, 24; Marc., <span class="asc">I</span>, 29-31; -Luc., <span class="asc">IV</span>, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_384" href="#FNanchor_384" class="label">[379]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 40 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_385" href="#FNanchor_385" class="label">[380]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 18; Marc., <span -class="asc">I</span>, 16; Luc., <span class="asc">V</span>, 3; Juan, -<span class="asc">XXI</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_386" href="#FNanchor_386" class="label">[381]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 19; Marc., <span -class="asc">I</span>, 17; Luc., <span class="asc">V</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_387" href="#FNanchor_387" class="label">[382]</a> -Marc., <span class="asc">I</span>, 20; Luc., <span -class="asc">V</span>, 10; <span class="asc">VIII</span>, 3; Juan, <span -class="asc">XIX</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_388" href="#FNanchor_388" class="label">[383]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 56; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 40; <span class="asc">XVI</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_389" href="#FNanchor_389" class="label">[384]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 56-56; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 40-41; Luc. <span class="asc">VII</span>, 2-3; -<span class="asc">XXIII</span>, 49.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_390" href="#FNanchor_390" class="label">[385]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span -class="asc">VIII</span>, 2; Cf. <i>Tobías</i>, <span -class="asc">III</span>, 8; <span class="asc">VI</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_391" href="#FNanchor_391" class="label">[386]</a> -Luc., <span class="asc">VIII</span>, 3; <span class="asc">XXIV</span>, -10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_392" href="#FNanchor_392" class="label">[387]</a> -Luc., <span class="asc">VIII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_393" href="#FNanchor_393" class="label">[388]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 44 y sig.; <span -class="asc">XXI</span>, 2. Admito la identificacion de Nathanael -y del apóstol que figura en las listas bajo el nombre de -<i>Bar-Tolomé</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_394" href="#FNanchor_394" class="label">[389]</a> -Papias, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_395" href="#FNanchor_395" class="label">[390]</a> -Traduccion griega de Tomás.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_396" href="#FNanchor_396" class="label">[391]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 16; <span class="asc">XX</span>, 24 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_397" href="#FNanchor_397" class="label">[392]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 4; Marc., <span -class="asc">III</span>, 18; Luc., <span class="asc">VI</span>, 15; -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 13; Evang. de los Ebion., en -Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_398" href="#FNanchor_398" class="label">[393]</a> -Hoy dia <i>Kuryetein</i> ó <i>Kereitein</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_399" href="#FNanchor_399" class="label">[394]</a> La -circunstancia relatada por Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25-27, -parece suponer que en ninguna época de la vida pública de Jesús se -adhirieron á él sus propios hermanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_400" href="#FNanchor_400" class="label">[395]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 56; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 40; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_401" href="#FNanchor_401" class="label">[396]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 14. Comp. Luc., <span -class="asc">I</span>, 28; <span class="asc">II</span>, 35, implican ya -una gran consideracion respecto á María.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_402" href="#FNanchor_402" class="label">[397]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_403" href="#FNanchor_403" class="label">[398]</a> -Marc., <span class="asc">III</span>, 17; <span class="asc">IX</span>, -37 y sig.; <span class="asc">X</span>, 35 y sig.; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 49 y sig., 54 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_404" href="#FNanchor_404" class="label">[399]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 23; <span -class="asc">XVIII</span>, 15 y sig.; <span class="asc">XIX</span>, -26-27; <span class="asc">XX</span>, 2, 4; <span class="asc">XXI</span>, -7, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_405" href="#FNanchor_405" class="label">[400]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 1; <span class="asc">XXVI</span>, -37; Marc., <span class="asc">V</span>, 37; <span class="asc">IX</span>, -1; <span class="asc">XIII</span>, 3; <span class="asc">XIV</span>, -33; Luc. <span class="asc">IX</span>, 28. La idea de que Jesús habia -comunicado á esos tres discípulos una gnósis ó doctrina secreta se -entendió desde muy temprano. Es cosa particular que Juan, en su -evange<span class="pagenum" id="Page_267">p. 267</span>lio, no haga -mencion ni una sola vez de Santiago, su hermano.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_406" href="#FNanchor_406" class="label">[401]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 18-22; Luc., <span -class="asc">V</span>, 10; Juan, <span class="asc">XXI</span>, 2 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_407" href="#FNanchor_407" class="label">[402]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 28; <span class="asc">XIV</span>, -22; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 32 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_408" href="#FNanchor_408" class="label">[403]</a> -Parece haber vivido hasta el año 100. Véase su evangelio, <span -class="asc">XXI</span>, 15-23, y las antiguas autoridades recogidas por -Eusebio, <i>H. E.</i>, III, 20, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_409" href="#FNanchor_409" class="label">[404]</a> -Segun las epístolas, que seguramente emanan del autor del cuarto -evangelio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_410" href="#FNanchor_410" class="label">[405]</a> No -pretendemos, sin embargo, decidir si el Apocalípsis es de Juan.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_411" href="#FNanchor_411" class="label">[406]</a> -La tradicion vulgar me parece bastante justificada sobre este punto. -Por lo demás, es indudable que la escuela de Juan retocó su evangelio -despues de él (véase todo el cap. <span class="asc">XXI</span>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_412" href="#FNanchor_412" class="label">[407]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 4; <span class="asc">XX</span>, -25-26; <span class="asc">XXIII</span>, 8-12; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 34; <span class="asc">X</span>, 42-46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_413" href="#FNanchor_413" class="label">[408]</a> -Luc., <span class="asc">V</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_414" href="#FNanchor_414" class="label">[409]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_415" href="#FNanchor_415" class="label">[410]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 16-17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_416" href="#FNanchor_416" class="label">[411]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 68-70.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_417" href="#FNanchor_417" class="label">[412]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 2; Luc., <span -class="asc">XXII</span>, 32; Juan, <span class="asc">XXI</span>, -15 y sig.; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, <span -class="asc">II</span>, <span class="asc">V</span>, etc.; <i>Gal.</i>, -<span class="asc">I</span>, 18; <span class="asc">II</span>, 7-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_418" href="#FNanchor_418" class="label">[413]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 18; Juan, <span -class="asc">I</span>, 42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_419" href="#FNanchor_419" class="label">[414]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 19. Verdad es que tambien se -concedió (Math. <span class="asc">XVIII</span>, 18) el mismo poder á -todos los apóstoles.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_420" href="#FNanchor_420" class="label">[415]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 33; Luc., <span class="asc">IX</span>, 46; <span -class="asc">XXII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_421" href="#FNanchor_421" class="label">[416]</a> -Math., <span class="asc">XX</span>, 20 y sig.; Marc., <span -class="asc">X</span>, 35 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_422" href="#FNanchor_422" class="label">[417]</a> -Marc., <span class="asc">X</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_423" href="#FNanchor_423" class="label">[418]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15 y sig.; <span -class="asc">XIX</span>, 26-27; <span class="asc">XX</span>, 2 y sig.; -<span class="asc">XXI</span>, 7, 21. Comp. <span class="asc">I</span>, -35 y sig., donde el discípulo innominado debe ser Juan.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_424" href="#FNanchor_424" class="label">[419]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 9; <span class="asc">X</span>, 3; -Marc., <span class="asc">II</span>, 14; <span class="asc">III</span>, -18; Luc., <span class="asc">V</span>, 27; <span class="asc">VI</span>, -15; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 13. Evang. de los -Ebionim, en Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 13. Preciso es suponer, -aunque el caso parezca raro, que esos dos nombres se aplicaron al mismo -personaje. La narracion <i>Math.</i>, <span class="asc">IX</span>, 9, -concebida segun el modelo frecuente de las leyendas de vocaciones de -apóstol, tiene, es verdad, algo de vago, y no pudo haber sido escrita -por el apóstol mismo de quien se trata. Necesario es recordar que, en -el evangelio actual de Matheo, la única parte que pertenece al apóstol -son los Discursos de Jesús. (V. Papias, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, -III, 39.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_425" href="#FNanchor_425" class="label">[420]</a> -Ciceron, <i>De provinc. consular.</i>, 5; <i>Pro Plancio</i>, 9; -Tác., <i>Ann.</i>, IV, 6; Plinio, <i>Hist. nat.</i>, XII, 32; Apiano, -<i>Bell. civ.</i>, <span class="asc">II</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_426" href="#FNanchor_426" class="label">[421]</a> -Fué célebre hasta la época de las Cruzadas bajo el nombre de -<i>Via maris</i>.—Isaías, <span class="asc">IX</span>, 1; -Math., <span class="asc">IV</span>, 13-15; <i>Tobías</i>, <span -class="asc">I</span>, 1. Creo que el camino tallado en la roca, cerca -de Ain-et-Tin, formaba parte de él, y que desde allí se dirigia hácia -el <i>puente de las hijas de Jacob</i>, como sucede hoy dia. Una parte -de<span class="pagenum" id="Page_268">p. 268</span> la ruta desde -Ain-et-Tin hasta el puente es de construccion antigua.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_427" href="#FNanchor_427" class="label">[422]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_428" href="#FNanchor_428" class="label">[423]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 46-47; <span -class="asc">IX</span>, 10, 11; <span class="asc">XI</span>, 19; -<span class="asc">XVIII</span>, 17; <span class="asc">XXI</span>, -31-32; Marc., <span class="asc">II</span>, 15-16; Luc., <span -class="asc">V</span>, 30; <span class="asc">VII</span>, 34; <span -class="asc">XV</span>, 1; <span class="asc">XVIII</span>, 11; -<span class="asc">XIX</span>, 7; Luciano, <i>Necyomant.</i>, <span -class="asc">II</span>; Dio Chrys., orat. <span class="asc">IV</span>, -p. 85; orat. <span class="asc">XIV</span>, p. 269; Mischna, -<i>Nedarim</i>, <span class="asc">III</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_429" href="#FNanchor_429" class="label">[424]</a> -Mischna, <i>Baba Kama</i>, <span class="asc">X</span>, 1; Talm. de -Jerus., <i>Demai</i>, <span class="asc">II</span>, 3; Talm. de Babil., -<i>Sanhedrin</i>, 25 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_430" href="#FNanchor_430" class="label">[425]</a> -Luc., <span class="asc">V</span>, 29 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_431" href="#FNanchor_431" class="label">[426]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 48 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_432" href="#FNanchor_432" class="label">[427]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_433" href="#FNanchor_433" class="label">[428]</a> -Juan, <span class="asc">IV</span>, 17 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_434" href="#FNanchor_434" class="label">[429]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 3; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 3; Luc., <span class="asc">IX</span>, 30-31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_435" href="#FNanchor_435" class="label">[430]</a> -Math., <span class="asc">IV</span>, 11; Marc., <span -class="asc">I</span>, 13.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO X</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_436" href="#FNanchor_436" class="label">[431]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 26; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 49; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 39; -Juan, <span class="asc">VI</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_437" href="#FNanchor_437" class="label">[432]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 51.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_438" href="#FNanchor_438" class="label">[433]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 1-2; Marc., <span -class="asc">III</span>, 9; <span class="asc">IV</span>, 1; Luc., <span -class="asc">V</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_439" href="#FNanchor_439" class="label">[434]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 3-10; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 20-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_440" href="#FNanchor_440" class="label">[435]</a> -Llamados las <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγια κυριακά</span>. -Papias, en Euseb., <i>H. E.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_441" href="#FNanchor_441" class="label">[436]</a> -El apólogo, tal cual le hallamos <i>Jueces</i>, <span -class="asc">IX</span>, 8 y sig.; <i>II Sam.</i>, <span -class="asc">XII</span>, 1 y sig., tiene solamente una semejanza de -forma con la parábola evangélica. La profunda originalidad de ésta nace -del sentimiento que la llena.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_442" href="#FNanchor_442" class="label">[437]</a> -Segun la leccion de Lachmann y Tischendorf.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_443" href="#FNanchor_443" class="label">[438]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 19-21, 24-34; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 22-31, 33-34; <span class="asc">XVI</span>, -13. Comp. los preceptos <i>Luc.</i>, <span class="asc">X</span>, 7-8, -llenos del mismo sentimiento ingenuo, con Talm. de Babil., <i>Sota</i>, -48 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_444" href="#FNanchor_444" class="label">[439]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 22; Marc., <span -class="asc">IV</span>, 19; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_445" href="#FNanchor_445" class="label">[440]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 11; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 3. Significacion de la palabra <span -xml:lang="grc" lang="grc">ἐπιούσιος</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_446" href="#FNanchor_446" class="label">[441]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 33-34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_447" href="#FNanchor_447" class="label">[442]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_448" href="#FNanchor_448" class="label">[443]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 16 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_449" href="#FNanchor_449" class="label">[444]</a> -Jos., <i>Ant.</i> XVII, <span class="asc">X</span>, 4 y sig.; -<i>Vita</i>, 11, etc.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_269">p. 269</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_450" href="#FNanchor_450" class="label">[445]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">IV</span>, 32, 34-37; <span -class="asc">V</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_451" href="#FNanchor_451" class="label">[446]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 22; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_452" href="#FNanchor_452" class="label">[447]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 21; Marc., <span -class="asc">X</span>, 21 y sig., 29-30; Luc., <span -class="asc">XVIII</span>, 22-23, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_453" href="#FNanchor_453" class="label">[448]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 44-46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_454" href="#FNanchor_454" class="label">[449]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_455" href="#FNanchor_455" class="label">[450]</a> -Luc., <span class="asc">XVI</span>, 1-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_456" href="#FNanchor_456" class="label">[451]</a> -Véase el texto griego.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_457" href="#FNanchor_457" class="label">[452]</a> -Luc., <span class="asc">XVI</span>, 19-25. Lúcas tiene una tendencia -de comunismo muy marcada (Comp. <span class="asc">VI</span>, 20-21, -25-26), y yo creo que exageró ese pormenor de la enseñanza de Jesús. -Los rasgos de las <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγια</span> de -Matheo son bastante significativos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_458" href="#FNanchor_458" class="label">[453]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 24; Marc., <span -class="asc">X</span>, 25; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, -25. Esta locucion proverbial vuelve á hallarse en Talmud (Babil., -<i>Berakoth</i>, 55 <i>b</i>; <i>Baba metsia</i>, 38 <i>b</i>) y en el -Alcoran (Sur. <span class="asc">VII</span>, 38). Orígenes, así como los -intérpretes griegos, ignorando el proverbio semítico, tradujo maroma -(<span xml:lang="grc" lang="grc">κάμιλος</span>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_459" href="#FNanchor_459" class="label">[454]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_460" href="#FNanchor_460" class="label">[455]</a> -Salm. <span class="asc">CXXXII</span>, 3.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XI</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_461" href="#FNanchor_461" class="label">[456]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 2 y sig.; Luc., <span -class="asc">XIV</span>, 16 y sig.; Comp. Math., <span -class="asc">VIII</span>, 11-12; <span class="asc">XXI</span>, 33 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_462" href="#FNanchor_462" class="label">[457]</a> -Luc., <span class="asc">VI</span>, 24-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_463" href="#FNanchor_463" class="label">[458]</a> -Luc., <span class="asc">XIV</span>, 12-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_464" href="#FNanchor_464" class="label">[459]</a> -Palabra conservada por una tradicion muy antigua y muy usada. Clem. de -Alej., <i>Strom.</i>, <span class="asc">I</span>, 28. Se encuentra de -nuevo en Orígenes, San Jerónimo y en un gran número de Padres de la -Iglesia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_465" href="#FNanchor_465" class="label">[460]</a> -Prov., <span class="asc">XIX</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_466" href="#FNanchor_466" class="label">[461]</a> -Véase particularmente á Amós, <span class="asc">II</span>, 6; Isa., -<span class="asc">LXIII</span>, 9; Salm. <span class="asc">XXV</span>, -9; <span class="asc">XXXVII</span>, 11; <span class="asc">LXIX</span>, -33, y generalmente los diccionarios hebreos en las voces:</p> - -<p class="dcha"><span xml:lang="hbo" lang="hbo">אביון, דל, עני, ענו, -חסיד, עשיר, הוללים, עריץ.</span></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_467" href="#FNanchor_467" class="label">[462]</a> -<i>Henoch</i>, cap. <span class="asc">LXII</span>, <span -class="asc">LXIII</span>, <span class="asc">XCVII</span>, <span -class="asc">C</span>, <span class="asc">CIV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_468" href="#FNanchor_468" class="label">[463]</a> -<i>Henoch</i>, cap. <span class="asc">XLVI</span>, 4-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_469" href="#FNanchor_469" class="label">[464]</a> -<i>Henoch</i>, cap. <span class="asc">XCIX</span>, 13, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_470" href="#FNanchor_470" class="label">[465]</a> -Julio Afric. en Eusebio, <i>H. E.</i>, I, 7; Eus., <i>De situ et nom. -loc. heb.</i>, en la voz <span xml:lang="grc" lang="grc">Χωβά</span>; -Oríg., <i>Contra Celso</i>, <span class="asc">II</span>, 1; -<span class="asc">V</span>, 61; Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span -class="asc">XXIX</span>, 7, 9; <span class="asc">XXX</span>, 2, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_471" href="#FNanchor_471" class="label">[466]</a> -Orígenes, <i>Contra Celso</i>, <span class="asc">II</span>, 1; -<i>De principiis</i>, <span class="asc">IV</span>, 22; Comp. -Epif., <i>Adv. hær.</i>, XXX, 17. Ireneo, Orígenes, Eusebio, las -constituciones apostólicas ignoran la existencia de semejante -personaje. El autor de <i>Philosophumena</i> parece estar incierto -(<span class="asc">VII</span>, 34, 35; <span class="asc">X</span>, -22, 23). Tertuliano y Epifanio son los que propalaron la fábula de un -<i>Ebion</i>. Por lo demás, todos los padres est<span class="pagenum" -id="Page_270">p. 270</span>án de acuerdo sobre la etimología: <span -xml:lang="grc" lang="grc">Ἐβίων</span> = <span xml:lang="grc" -lang="grc">πτωχός</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_472" href="#FNanchor_472" class="label">[467]</a> -Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XIX</span>, <span -class="asc">XXIX</span>, <span class="asc">XXX</span>, particularmente -<span class="asc">XXIX</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_473" href="#FNanchor_473" class="label">[468]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 5; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 20-21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_474" href="#FNanchor_474" class="label">[469]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 36; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_475" href="#FNanchor_475" class="label">[470]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 10 y sig.; Luc., <span -class="asc">XV</span>, entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_476" href="#FNanchor_476" class="label">[471]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 11; Marc., <span -class="asc">II</span>, 16; Luc., <span class="asc">V</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_477" href="#FNanchor_477" class="label">[472]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_478" href="#FNanchor_478" class="label">[473]</a> -Luc., <span class="asc">XV</span>, 4 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_479" href="#FNanchor_479" class="label">[474]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 11; Luc., <span -class="asc">XIX</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_480" href="#FNanchor_480" class="label">[475]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_481" href="#FNanchor_481" class="label">[476]</a> -Luc., <span class="asc">VII</span>, 36 y sig. Lúcas, á quien gusta -consignar todo lo que tiene relacion con el perdon de pecadores (Comp. -<span class="asc">X</span>, 30 y sig.; <span class="asc">XV</span> -entero; <span class="asc">XVII</span>, 16 y sig.; <span -class="asc">XIX</span>, 2 y sig.; <span class="asc">XXIII</span>, -39-43), compuso esa narracion con los rasgos de otra historia, la de -la uncion de los piés, que tuvo lugar en Bethania, algunos dias ántes -de la muerte de Jesús. Pero el perdon de la pecadora era ciertamente -uno de los rasgos esenciales de la vida anecdótica de Jesús.—Juan, -<span class="asc">VIII</span>, 3 y sig.; Papias, en Eusebio, <i>Hist. -eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_482" href="#FNanchor_482" class="label">[477]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_483" href="#FNanchor_483" class="label">[478]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 31-32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_484" href="#FNanchor_484" class="label">[479]</a> -Math., <span class="asc">XXV</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_485" href="#FNanchor_485" class="label">[480]</a> -Marc., <span class="asc">II</span>, 18; Luc. <span -class="asc">V</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_486" href="#FNanchor_486" class="label">[481]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 14 y sig.; Marc., <span -class="asc">II</span>, 18 y sig.; Luc., <span class="asc">V</span>, 33 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_487" href="#FNanchor_487" class="label">[482]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 16 y sig.; Luc., <span -class="asc">VII</span>, 34 y sig. Refran que significa: «La opinion -de los hombres es ciega. La sabiduría de las obras de Dios se divulga -por sí misma.» Leo <span xml:lang="grc" lang="grc">ἔργων</span>, como -se halla en el manuscrito B. del Vaticano, y no <span xml:lang="grc" -lang="grc">τέκνων</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_488" href="#FNanchor_488" class="label">[483]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 7-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_489" href="#FNanchor_489" class="label">[484]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 13 y sig.; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 35; <span class="asc">X</span>, 13 y sig.; Luc., -<span class="asc">XVII</span>, 15-16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_490" href="#FNanchor_490" class="label">[485]</a> -<i>Ibid.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_491" href="#FNanchor_491" class="label">[486]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 7 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 3 y sig.; Luc., <span class="asc">VII</span>, -37 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_492" href="#FNanchor_492" class="label">[487]</a> -Evangelio de Marcion, adicion al v. 2 del cap. <span -class="asc">XXIII</span> de Lúcas (Epif., <i>Adv. hær.</i>, XLII, 11). -Si las supresiones de Marcion no tienen valor crítico, no sucede lo -mismo con sus adiciones cuando dimanan, no de propósito fijo, sino del -estado de los manuscritos de que hacia uso.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_493" href="#FNanchor_493" class="label">[488]</a> -Grito proferido durante la procesion de la fiesta de los Tabernáculos, -agitando ramas de palmera. Mischna, <i>Sukka</i><span class="pagenum" -id="Page_271">p. 271</span>, <span class="asc">III</span>, 9. Esta -costumbre existe todavía entre los Israelitas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_494" href="#FNanchor_494" class="label">[489]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 15-16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_495" href="#FNanchor_495" class="label">[490]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 5, 10, 14; Luc., <span -class="asc">XVII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_496" href="#FNanchor_496" class="label">[491]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 14; Marc., <span -class="asc">X</span>, 14; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_497" href="#FNanchor_497" class="label">[492]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 33 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>, -46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_498" href="#FNanchor_498" class="label">[493]</a> -Marc., <span class="asc">X</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_499" href="#FNanchor_499" class="label">[494]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 25; Luc., <span -class="asc">X</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_500" href="#FNanchor_500" class="label">[495]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 42; <span class="asc">XVIII</span>, -5, 14; Marc., <span class="asc">IX</span>, 36; Luc., <span -class="asc">XVII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_501" href="#FNanchor_501" class="label">[496]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 4; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 33-36; Luc., <span class="asc">IX</span>, -46-48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_502" href="#FNanchor_502" class="label">[497]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_503" href="#FNanchor_503" class="label">[498]</a> -Marc., <span class="asc">X</span>, 37, 40-41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_504" href="#FNanchor_504" class="label">[499]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 43; <i>II Cor.</i>, <span -class="asc">XII</span>, 4. Comp. <i>Carm. Sibyll.</i>, prœm., 76; Talm. -de Babil., <i>Chagiga</i>, 14 <i>b</i>.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_505" href="#FNanchor_505" class="label">[500]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 2 y sig.; Luc., <span -class="asc">VII</span>, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_506" href="#FNanchor_506" class="label">[501]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 14 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_507" href="#FNanchor_507" class="label">[502]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 4 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 18 y sig.; Luc., <span class="asc">III</span>, -19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_508" href="#FNanchor_508" class="label">[503]</a> -Jos., <i>De bello Jud.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_509" href="#FNanchor_509" class="label">[504]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 3 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 14-29; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">V</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_510" href="#FNanchor_510" class="label">[505]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">V</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_511" href="#FNanchor_511" class="label">[506]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_512" href="#FNanchor_512" class="label">[507]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_513" href="#FNanchor_513" class="label">[508]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 15 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 35 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>, -11; Juan, <span class="asc">VI</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_514" href="#FNanchor_514" class="label">[509]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 7 y sig.; Luc., <span -class="asc">VII</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_515" href="#FNanchor_515" class="label">[510]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 12-13; Luc., <span -class="asc">XVI</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_516" href="#FNanchor_516" class="label">[511]</a> -Malaquías, <span class="asc">III</span> y <span class="asc">IV</span>; -<i>Eccles.</i>, <span class="asc">XLVIII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_517" href="#FNanchor_517" class="label">[512]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>, -10; Marc., <span class="asc">VI</span>, 15; <span -class="asc">VIII</span>, 28; <span class="asc">IX</span>, 10 y sig.; -Luc., <span class="asc">IX</span>, 8, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_518" href="#FNanchor_518" class="label">[513]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_519" href="#FNanchor_519" class="label">[514]</a> II -Macab., <span class="asc">XV</span>, 13 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_520" href="#FNanchor_520" class="label">[515]</a> -Textos citados por Anquetil-Duperron, <i>Zend-Avesta</i>, I, 2.ª part., -p. 46, rectificados por Spiegel, en la <i>Zeitschrift der Deutschen -Morgenländischen Gesellschaft</i>, I, 261 y sig.; extractos del -<i>Jamasp-Nameh</i>, en el <i>Avesta</i> de Spiegel, I, p. 34. Ninguno -de los textos parsis que implican verdaderamente la idea de profetas -resucitados y precursores tienen antigüedad; pero las ideas contenidas -en eso<span class="pagenum" id="Page_272">p. 272</span>s textos -parecen muy anteriores á la época de su redaccion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_521" href="#FNanchor_521" class="label">[516]</a> -<i>Apoc.</i>, <span class="asc">XI</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_522" href="#FNanchor_522" class="label">[517]</a> -Marc., <span class="asc">IX</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_523" href="#FNanchor_523" class="label">[518]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>, -10-13; Marc., <span class="asc">VI</span>, 15; <span -class="asc">IX</span>, 10-12; Luc., <span class="asc">IX</span>, 8; -Juan, <span class="asc">I</span>, 21-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_524" href="#FNanchor_524" class="label">[519]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_525" href="#FNanchor_525" class="label">[520]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 32; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 29-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_526" href="#FNanchor_526" class="label">[521]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XIX</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_527" href="#FNanchor_527" class="label">[522]</a> -Luc., <span class="asc">I</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_528" href="#FNanchor_528" class="label">[523]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 14 y sig.; Luc., <span -class="asc">III</span>, 16; Juan, <span class="asc">I</span>, 15 y -sig.; <span class="asc">V</span>, 32, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_529" href="#FNanchor_529" class="label">[524]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 2 y sig.; Luc., <span -class="asc">VII</span>, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_530" href="#FNanchor_530" class="label">[525]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 25; <span -class="asc">XIX</span>, 1-5.—Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span -class="asc">XXX</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_531" href="#FNanchor_531" class="label">[526]</a> -¿Sería pues el Bunai que el Talmud incluye (Bab., <i>Sanhedrin</i>, 43 -<i>a</i>) en el número de los discípulos de Jesús?</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_532" href="#FNanchor_532" class="label">[527]</a> -Hegesip., en Eusebio, <i>H. E.</i>, II, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_533" href="#FNanchor_533" class="label">[528]</a> -<i>Evang.</i>, <span class="asc">I</span>, 26, 33; <span -class="asc">IV</span>, 2, <i>I Epist.</i>, <span class="asc">V</span>, -6.—<i>Hech.</i>, <span class="asc">X</span>, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_534" href="#FNanchor_534" class="label">[529]</a> -La palabra <i>Sabiens</i> es el equivalente arameo de la palabra -«Bautistas.» <i>Mogtasila</i> tiene en árabe el mismo significado.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XIII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_535" href="#FNanchor_535" class="label">[530]</a> -Sin embargo, los sinópticos aluden vagamente á esos viajes -(Math., <span class="asc">XXIII</span>, 37; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 34). Conocen tan bien como Juan la -relacion de Jesús con José de Arimathea. El mismo Lúcas (<span -class="asc">X</span>, 38-42) conoce la familia de Bethania. Lúcas -(<span class="asc">IX</span>, 51-54) tiene un conocimiento vago del -sistema del cuarto evangelio respecto á los viajes de Jesús. Algunos -discursos contra los Fariseos y los Saduceos, colocados por los -sinópticos en Galilea, no pueden tener sentido si no se colocan en -Jerusalen. Por último, el espacio de ocho dias es demasiado corto para -explicar todo lo que pasó en aquella ciudad desde la llegada de Jesús -hasta su muerte.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_536" href="#FNanchor_536" class="label">[531]</a> -Dos peregrinaciones están claramente designadas (Juan, <span -class="asc">II</span>, 13; <span class="asc">V</span>, 1), sin contar -el último viaje (<span class="asc">VII</span>, 10), despues del cual -Jesús no volvió más á Galilea. El primero se habia efectuado cuando -Juan bautizaba aún. Por consiguiente, perteneceria á la pascua del -año 29. Pero las circunstancias que se refieren como de ese viaje son -de una época más avanzada (Comp. Juan, <span class="asc">II</span>, -14 y sig.; y Math., <span class="asc">XXI</span>, 12-13; Marc., <span -class="asc">XI</span>, 15-17; Luc., <span class="asc">XIX</span>, -45-46). Evidentemente hay trasposiciones de fechas en estos capítulos -de Juan, ó más bi<span class="pagenum" id="Page_273">p. 273</span>en -habrá mezclado el autor las circunstancias de distintos viajes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_537" href="#FNanchor_537" class="label">[532]</a> -Puede juzgarse por el del Talmud, eco de la escolástica judía de aquel -tiempo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_538" href="#FNanchor_538" class="label">[533]</a> -Salm. <span class="asc">LXXXIV</span> (vulg. <span -class="asc">LXXXIII</span>), 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_539" href="#FNanchor_539" class="label">[534]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 73; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 70; <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, -7; Talm. de Babil., <i>Erubin</i>, 53 <i>a</i> y sig.; Bereschith -rabba, 26 <i>c</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_540" href="#FNanchor_540" class="label">[535]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 52.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_541" href="#FNanchor_541" class="label">[536]</a> -Isa., <span class="asc">IX</span>, 1-2; Math., <span -class="asc">IV</span>, 13 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_542" href="#FNanchor_542" class="label">[537]</a> -Juan, <span class="asc">I</span>, 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_543" href="#FNanchor_543" class="label">[538]</a> -Sepulcros llamados de los Jueces, de los Reyes, de Absalon, de -Zacarías, de Josaphat, de Santiago. Comp. la descripcion del sepulcro -de los Macabeos en Modin (<i>I Mac.</i>, <span class="asc">XIII</span>, -27 y sig.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_544" href="#FNanchor_544" -class="label">[539]</a> Math., <span class="asc">XXIII</span>, -27, 29; <span class="asc">XXIV</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">XIX</span>, -44; <span class="asc">XXI</span>, 5 y sig. Comp. <i>Libro de -Henoch</i>, <span class="asc">XCVII</span>, 13-14. Talm. de Babil., -<i>Schabbath</i>, 33 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_545" href="#FNanchor_545" class="label">[540]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 5, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_546" href="#FNanchor_546" class="label">[541]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 7; Juan, <span -class="asc">II</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_547" href="#FNanchor_547" class="label">[542]</a> -Math. <span class="asc">XXIV</span>, 2; <span class="asc">XXVI</span>, -61; <span class="asc">XXVII</span>, 40; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 2; <span class="asc">XIV</span>, 58; <span -class="asc">XV</span>, 29; Luc., <span class="asc">XXI</span>, 6; Juan, -<span class="asc">II</span>, 19-20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_548" href="#FNanchor_548" class="label">[543]</a> Es -indudable que el templo y su recinto ocuparon el sitio de la Mezquita -de Omar y del <i>haram</i>, ó Patio Sagrado que rodea la Mezquita. El -terraplen del haram en algunas de sus partes, y particularmente donde -van á llorar los judíos, forma el basamento del templo de Heródes.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_549" href="#FNanchor_549" class="label">[544]</a> -Luc., <span class="asc">II</span>, 46 y sig.; Mischna, -<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">X</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_550" href="#FNanchor_550" class="label">[545]</a> -Suet., <i>Aug.</i>, 93.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_551" href="#FNanchor_551" class="label">[546]</a> -Filon, <i>Legatio ad Caium</i>, § 31; Jos., <i>B. J.</i>, V, <span -class="asc">V</span>, 2; VI, <span class="asc">II</span>, 4; -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_552" href="#FNanchor_552" class="label">[547]</a> -Todavía se ven en la parte septentrional del haram vestigios -considerables de la torre Antonia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_553" href="#FNanchor_553" class="label">[548]</a> -Mischna, <i>Berakoth</i>, <span class="asc">IX</span>, 5; -Talm. de Babil., <i>Jebamoth</i>, 6 <i>b</i>; Marc., <span -class="asc">XI</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_554" href="#FNanchor_554" class="label">[549]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIV</span>, 3; VI, <span -class="asc">XI</span>, 3. Comp. Salm. <span class="asc">CXXXIII</span> -(Vulg. <span class="asc">CXXXII</span>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_555" href="#FNanchor_555" class="label">[550]</a> -Marc., <span class="asc">XI</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_556" href="#FNanchor_556" class="label">[551]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 12 y sig.; Marc., <span -class="asc">XI</span>, 15 y sig.; Luc., <span class="asc">XIX</span>, -45 y sig.; Juan, <span class="asc">II</span>, 14 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_557" href="#FNanchor_557" class="label">[552]</a> -<i>Itin. a Burdig. Hierus.</i>, p. 152 (ed. Schott); San Jerónimo, -en Is. <span class="asc">II</span>, 8, y en Math., <span -class="asc">XXIV</span>, <span class="asc">IV</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_558" href="#FNanchor_558" class="label">[553]</a> -Ammiano Marcelino, <span class="asc">XXIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_559" href="#FNanchor_559" class="label">[554]</a> -Eutiquio, <i>Ann.</i>, <span class="asc">II</span>, 286 y sig. (Oxford, -1659).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_560" href="#FNanchor_560" class="label">[555]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XI, <span class="asc">III</span>, 1, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_561" href="#FNanchor_561" class="label">[556]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II</span>.</p> - -</div> - -<p><span class="pagenum" id="Page_274">p. 274</span></p><div -class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_562" href="#FNanchor_562" class="label">[557]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">IV</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">V</span>, 17; Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span -class="asc">IX</span>, 1; <i>Pirké Aboth</i>, I, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_563" href="#FNanchor_563" class="label">[558]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">IX</span>, 3; XVII, <span -class="asc">VI</span>, 4; <span class="asc">XIII</span>, 1; XVIII, -<span class="asc">I</span>, 1; <span class="asc">II</span>, 1; XIX, -<span class="asc">VI</span>, 2; <span class="asc">VIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_564" href="#FNanchor_564" class="label">[559]</a> -Este nombre no se halla más que en los documentos judíos. Creo que los -«Herodianos» del evangelio han de ser los <i>Boethusim</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_565" href="#FNanchor_565" class="label">[560]</a> -Tratado <i>Aboth Nathan</i>, 5; <i>Soferim</i>, <span -class="asc">III</span>, hal. 5; Mischna, <i>Menachoth</i>, <span -class="asc">X</span>, 3; Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 118 -<i>a</i>. El nombre de los <i>Boethusim</i> se cambia muchas veces -en los libros talmúdicos con el de saduceos, ó bien con la voz -<i>Minim</i> (heréticos). Comp. Thosiphta <i>Joma</i>, 1, con el -Talm. de Jer., igual tratado, <span class="asc">I</span>, 5, y Talm. -de Babil., igual tratado, 19 <i>b</i>; Thos. <i>Sukka</i>, <span -class="asc">III</span>, con el Talm. de Babil., igual tratado. Thos. -<i>Menachoth</i>, <span class="asc">X</span>, con Mischna, <span -class="asc">X</span>, 3, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_566" href="#FNanchor_566" class="label">[561]</a> -Parece que se trata de él en el Talmud. Talm. de Babil., -<i>Taanith</i>, 20 <i>a</i>; <i>Gittin</i>, 56 <i>a</i>; -<i>Kethuboth</i>, 66 <i>b</i>; tratado <i>Aboth Nathan</i>, <span -class="asc">VII</span>; Midrasch rabba, <i>Eka</i>, 64 <i>a</i>. -El pasaje <i>Taanith</i> le identifica con Bunai, el cual segun -<i>Sanhedrin</i> era discípulo de Jesús. Pero si Bunai es el Banú de -Josefo, esa semejanza no tiene valor ninguno.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_567" href="#FNanchor_567" class="label">[562]</a> -Juan, <span class="asc">III</span>, 1 y sig.; <span -class="asc">VII</span>, 50. Es de creer que el texto mismo de la -plática no es más que una creacion de Juan.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_568" href="#FNanchor_568" class="label">[563]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 50 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_569" href="#FNanchor_569" class="label">[564]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_570" href="#FNanchor_570" class="label">[565]</a> -Mischna, <i>Baba metsia</i>, <span class="asc">V</span>, 8; Talm. de -Babil., <i>Sota</i>, 49 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_571" href="#FNanchor_571" class="label">[566]</a> -Talm. de Jer., <i>Berakoth</i>, <span class="asc">IX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_572" href="#FNanchor_572" class="label">[567]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">V</span>, 34 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_573" href="#FNanchor_573" class="label">[568]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XXII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_574" href="#FNanchor_574" class="label">[569]</a> -<i>Orac. sib.</i>, I, III, 573 y sig.; 756-58. Comp. el Targum de -Jonathan, ls., <span class="asc">XII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_575" href="#FNanchor_575" class="label">[570]</a> -Luc., <span class="asc">XVI</span>, 16. El pasaje de Matheo, <span -class="asc">XI</span>, 12-13, tiene ménos claridad, mas no puede -tomarse en otro sentido.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_576" href="#FNanchor_576" class="label">[571]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 17-18 (Talm. de Babil., -<i>Schabbath</i>, 116 <i>b</i>); no es contradictorio este pasaje -con aquellos en que está implicada la abolicion de la Ley. Significa -solamente que todas las imágenes del Antiguo Testamento se cumplieron -en Jesús.—Luc., <span class="asc">XVI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_577" href="#FNanchor_577" class="label">[572]</a> -Luc., <span class="asc">V</span>, 36 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_578" href="#FNanchor_578" class="label">[573]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_579" href="#FNanchor_579" class="label">[574]</a> -Math<span class="pagenum" id="Page_275">p. 275</span>., <span -class="asc">XXIV</span>, 14; <span class="asc">XXVIII</span>, 19; -Marc., <span class="asc">XIII</span>, 10; <span class="asc">XVI</span>, -15; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 47.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XIV</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_580" href="#FNanchor_580" class="label">[575]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_581" href="#FNanchor_581" class="label">[576]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 14; <span class="asc">XI</span>, -19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_582" href="#FNanchor_582" class="label">[577]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 23 y sig.; <span -class="asc">IX</span>, 13; <span class="asc">XII</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_583" href="#FNanchor_583" class="label">[578]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 37 y sig.; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 28 y sig.; Luc., <span class="asc">X</span>, 25 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_584" href="#FNanchor_584" class="label">[579]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 15; <i>I Cor.</i>, <span -class="asc">I</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_585" href="#FNanchor_585" class="label">[580]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 21; Luc. <span -class="asc">VI</span>, 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_586" href="#FNanchor_586" class="label">[581]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 8; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 6;—Isa., <span class="asc">XXIX</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_587" href="#FNanchor_587" class="label">[582]</a> -Véase particularmente el tratado <i>Schabbath</i> de la <i>Mischna</i> -y el <i>libro de los Jubileos</i> (traducido del etiope en los -<i>Jahrbücher</i> de Ewald, años 2 y 3), <span class="asc">C. -L.</span></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_588" href="#FNanchor_588" class="label">[583]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">V</span>, 1; Plinio, <i>H. -N.</i>, XXXI, 18.—Thompson, <i>The land and the Book</i>, I, 406 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_589" href="#FNanchor_589" class="label">[584]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 1-14; Marc., <span -class="asc">II</span>, 23-28; Luc., <span class="asc">VI</span>, 1-5; -<span class="asc">XIII</span>, 14 y sig.; <span class="asc">XIV</span>, -1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_590" href="#FNanchor_590" class="label">[585]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 34; <span class="asc">XV</span>, -1 y sig., 12 y sig.; <span class="asc">XXIII</span> entero; Marc., -<span class="asc">VII</span>, 1 y sig., 15 y sig.; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 45; <span class="asc">XI</span>, 39 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_591" href="#FNanchor_591" class="label">[586]</a> -Creo que los paganos de Galilea se hallaban particularmente en las -fronteras, en Kadés, por ejemplo; pero que, á excepcion de la ciudad de -Tiberiade, todo el interior del país era judío. La línea donde acaban -las ruinas de templos y donde principian las ruinas de sinagogas está -hoy dia claramente marcada á la altura del lago Huleh (Samachonitis). -Los vestigios de escultura pagana que algunos han creido hallar en -Tell-Hum son dudosos. La costa, y en particular la ciudad de Acre, no -formaban parte de la Galilea.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_592" href="#FNanchor_592" class="label">[587]</a> -<i>Sabiduría</i>, cap. 13 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_593" href="#FNanchor_593" class="label">[588]</a> -Math., <span class="asc">XX</span>, 25; Marc., <span -class="asc">X</span>, 42; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_594" href="#FNanchor_594" class="label">[589]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.; <span -class="asc">XV</span>, 22 y sig.; Marc., <span class="asc">VII</span>, -25 y sig.; Luc., <span class="asc">IV</span>, 25 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_595" href="#FNanchor_595" class="label">[590]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 41; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 9; Luc., <span class="asc">XX</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_596" href="#FNanchor_596" class="label">[591]</a> -Isa., <span class="asc">II</span>, 2 y sig.; <span -class="asc">LX</span>; Amós, <span class="asc">IX</span>, 11 y -sig.; Jerem., <span class="asc">III</span>, 17; Malach., <span -class="asc">I</span>, 11; <i>Tobías</i>, <span class="asc">XIII</span>, -13 y sig. <i>Orac. sibyl.</i>, <span class="asc">III</span>, 715 y sig. -Comp. Math., <span class="asc">XXIV</span>, 14; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">XV</span>, 15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_597" href="#FNanchor_597" class="label">[592]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 11-12; <span -class="asc">XXI</span>, 33 y sig.; <span class="asc">XXII</span>, 1 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_598" href="#FNanchor_598" class="label">[593]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 6; <span class="asc">X</span>, -5-6; <span class="asc">XV</span>, 24; <span class="asc">XXI</span>, -43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_599" href="#FNanchor_599" class="label">[594]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 46; <span class="asc">VI</span>, -7, 32; <span class="asc">XVIII</span>, 17; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 32 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_600" href="#FNanchor_600" class="label">[595]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 30; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 39; Luc., <span class="asc">IX</span>, 50; <span -class="asc">XI</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_601" href="#FNanchor_601" class="label">[596]</a> -Josefo lo afirma de una manera formal. (<i>Ant.</i>, XVIII, <span -class="asc">III</span>, 3). Comp. Juan, <span class="asc">VII</span>, -35; <span class="asc">XII</span>, 20-21.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_276">p. 276</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_602" href="#FNanchor_602" class="label">[597]</a> -Talm. de Jer., <i>Sota</i>, <span class="asc">VII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_603" href="#FNanchor_603" class="label">[598]</a> -Véase particularmente Juan, <span class="asc">VII</span>, 35; <span -class="asc">XII</span>, 20; <i>Hech.</i>, <span class="asc">XIV</span>, -1; <span class="asc">XVII</span>, 4; <span class="asc">XVIII</span>, 4; -<span class="asc">XXI</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_604" href="#FNanchor_604" class="label">[599]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 20; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">VIII</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_605" href="#FNanchor_605" class="label">[600]</a> -Mischna, <i>Baba metsia</i>, <span class="asc">IX</span>, 12; -Talm. de Babil., <i>Sanh.</i> 56 <i>b</i>; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">VIII</span>, 27; <span class="asc">X</span>, 2, -22, 35; <span class="asc">XIII</span>, 16, 26, 43, 50; <span -class="asc">XVI</span>, 14; <span class="asc">XVII</span>, -4, 17; <span class="asc">XVIII</span>, 7; <i>Galat.</i>, -<span class="asc">II</span>, 3; Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span -class="asc">VII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_606" href="#FNanchor_606" class="label">[601]</a> -<i>Eccles.</i>, <span class="asc">L</span>, 27-28; Juan, <span -class="asc">VIII</span>, 48; Jos., <i>Ant.</i>, IX, <span -class="asc">XIV</span>, 3; XI, <span class="asc">VIII</span>, 6; XII, -<span class="asc">V</span>, 5; Talm. de Jer., <i>Aboda zara</i>, <span -class="asc">V</span>, 4; <i>Pesachim</i>, <span class="asc">I</span>, -1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_607" href="#FNanchor_607" class="label">[602]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 5; Luc., <span -class="asc">XVII</span>, 18. Comp. Talm. de Babil., <i>Cholin</i>, 6 -<i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_608" href="#FNanchor_608" class="label">[603]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 5-6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_609" href="#FNanchor_609" class="label">[604]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 53.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_610" href="#FNanchor_610" class="label">[605]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_611" href="#FNanchor_611" class="label">[606]</a> -Juan, <span class="asc">IV</span>, 39-43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_612" href="#FNanchor_612" class="label">[607]</a> -Luc., <span class="asc">XVII</span>, 16 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_613" href="#FNanchor_613" class="label">[608]</a> -Luc., <span class="asc">X</span>, 30 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_614" href="#FNanchor_614" class="label">[609]</a> -Hoy dia Napluse.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_615" href="#FNanchor_615" class="label">[610]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 53; Juan, <span -class="asc">IV</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_616" href="#FNanchor_616" class="label">[611]</a> -Mischna, <i>Schebiit</i>, <span class="asc">VIII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_617" href="#FNanchor_617" class="label">[612]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">V</span>, 1; <i>B. J.</i>, II, -<span class="asc">XII</span>, 3; <i>Vita</i>, 52.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_618" href="#FNanchor_618" class="label">[613]</a> -Juan, <span class="asc">IV</span>, 21-23. El versículo 22, á lo -ménos el último párrafo que expresa un pensamiento opuesto al de los -versículos 21 y 23, parece haber sido interpolado. No se debe insistir -demasiado sobre la realidad histórica de semejante plática, en razon á -que sólo Jesús ó su interlocutora pudieron relatarla. Pero la anécdota -del cap. <span class="asc">IV</span> de Juan representa ciertamente uno -de los pensamientos más íntimos de Jesús, y muchas circunstancias de la -narracion tienen un carácter peculiar de verdad.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XV</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_619" href="#FNanchor_619" class="label">[614]</a> -Las indecisiones de los discípulos inmediatos de Jesús, de los cuales -una fraccion numerosa permaneció adicta al judaismo, pudieran dar -lugar á algunas objeciones. Pero el proceso de Jesús no deja ninguna -duda. Veremos que en él fué tratado como «corruptor.» El Talmud da -el procedimiento seguido contra él, como ejemplo del que se debe -seguir contra los «corruptores» que quieren derribar la Ley de Moisés -(Talm. de Jer., <i>Sanhedrin<span class="pagenum" id="Page_277">p. -277</span></i>, <span class="asc">XIV</span>, 16; Talm. de Babil., -<i>Sanhedrin</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_620" href="#FNanchor_620" class="label">[615]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 12; Luc., <span -class="asc">XVI</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_621" href="#FNanchor_621" class="label">[616]</a> Es -verdad que algunos doctores, como Hillel, Gamaliel, se nos presentan -como pertenecientes á la raza de David. Pero son alegaciones muy -dudosas. Si la familia de David formaba un grupo distinto de cierta -notoriedad, ¿cómo es que en las grandes luchas del tiempo no se la -ve nunca figurar al lado de los Sadokitas, de los Boethuses, de los -Asmoneos, de los Heródes?</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_622" href="#FNanchor_622" class="label">[617]</a> -Math., <span class="asc">II</span>, 5-6; <span -class="asc">XXII</span>, 42; Luc., <span class="asc">I</span>, 32; -Juan, <span class="asc">VII</span>, 41-42; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">II</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_623" href="#FNanchor_623" class="label">[618]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 27; <span class="asc">XII</span>, -23; <span class="asc">XV</span>, 22; <span class="asc">XX</span>, -30-31; Marc., <span class="asc">X</span>, 47, 57; Luc., <span -class="asc">XVIII</span>, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_624" href="#FNanchor_624" class="label">[619]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 1 y sig.; Luc., <span -class="asc">III</span>, 23 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_625" href="#FNanchor_625" class="label">[620]</a> -Math., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.; Luc., <span -class="asc">II</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_626" href="#FNanchor_626" class="label">[621]</a> -Las dos genealogías no concuerdan entre sí y se hallan poco conformes -con las listas del Antiguo Testamento. La narracion de Lúcas sobre -el empadronamiento de Quirino implica un anacronismo (véase la <a -href="#Footnote_88">nota 83 del cap. <span class="asc">II</span></a>). -Natural era que la leyenda se apoderase de esa circunstancia. Los -empadronamientos sorprendian á los judíos, trastornaban sus ideas -mezquinas, y el recuerdo les duraba mucho tiempo.—<i>Hech.</i>, <span -class="asc">V</span>, 37.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_627" href="#FNanchor_627" class="label">[622]</a> -Supone Julio el Africano (en Eusebio, <i>H. E.</i>, I, 7) que fueron -los parientes de Jesús los que, refugiados en la Batanea, ensayaron -recomponer las genealogías.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_628" href="#FNanchor_628" class="label">[623]</a> -Los <i>Ebionim</i>, los «Hebreos», los «Nazarenos», Taciano, -Marcion.—Epif., <i>Adv. hær.</i>, <span class="asc">XXIX</span>, 9; -<span class="asc">XXX</span>, 3, 14; <span class="asc">XLVI</span>, -1; Teodoreto, <i>Hæret. fab.</i>, I, 20; Isidoro de Pelusio, -<i>Epist.</i>, I, 371, ad Pansophium.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_629" href="#FNanchor_629" class="label">[624]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 22-23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_630" href="#FNanchor_630" class="label">[625]</a> -Génesis, <span class="asc">I</span>, 2. Respecto á la idea análoga -entre los egipcios, véase Herodoto, III, 28; Pomp. Mela, I, 9; -Plutarco, <i>Quæst. symp.</i>, VIII, <span class="asc">I</span>, 3; -<i>de Isid. et Osir.</i>, 43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_631" href="#FNanchor_631" class="label">[626]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 15, 23; Isa., <span -class="asc">VII</span>, 14 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_632" href="#FNanchor_632" class="label">[627]</a> -Math., <span class="asc">II</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_633" href="#FNanchor_633" class="label">[628]</a> -Luc., <span class="asc">II</span>, 25 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_634" href="#FNanchor_634" class="label">[629]</a> -La leyenda de la Degollacion de los Inocentes se refiere probablemente -á alguna crueldad cometida por Heródes en las cercanías de Bethlehem. -Comp. Jos., <i>Ant.</i>, XIV, <span class="asc">IX</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_635" href="#FNanchor_635" class="label">[630]</a> -Math., <span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>; Luc., -<span class="asc">I</span> y <span class="asc">II</span>; S. Justin, -<i>Dial. cum Tryph.</i>, 78, 106; <i>Protevang. de Santiago</i> -(apóc.), 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_636" href="#FNanchor_636" class="label">[631]</a> -Ciertos pasajes, como <i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 22, la -desechan completamente.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_637" href="#FNanchor_637" class="label">[632]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 17; Marc., <span -class="asc">X</span>, 18; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_638" href="#FNanchor_638" class="label">[633]</a> -Juan, <span class="asc">V</span>, 18 y sig.; <span -class="asc">X</span>, 33 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_639" href="#FNanchor_639" class="label">[634]</a> -Juan, <span class="asc">XIV</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_640" href="#FNanchor_640" class="label">[635]</a> -Marc., <span class="asc">XIII</span>, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_641" href="#FNanchor_641" class="label">[636]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 9, 45; Luc., <span -class="asc">III</span>, 38; <span class="asc">VI</span>, 35; <span -class="asc">XX</span>, 36; Juan, <span class="asc">I</span>, -12-13; <span class="asc">X</span>, 34-35. Comp. <i>Hech.</i>, -<span class="asc">XVII</span>, 28-29; <i>Rom.</i>, <span -class="asc">VIII</span>, 14, 19, 21; <span class="asc">IX</span>, 26; -<i>II Cor.</i>, <span class="asc">VI</span>, 18; <i>Galat.</i>, <span -class="asc">III</span>, 26, <span class="pagenum" id="Page_278">p. -278</span>y en el antiguo testamento, <i>Deuter.</i>, <span -class="asc">XIV</span>, 1, y particularmente <i>Sabiduría</i>, <span -class="asc">II</span>, 13, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_642" href="#FNanchor_642" class="label">[637]</a> -Luc., <span class="asc">XX</span>, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_643" href="#FNanchor_643" class="label">[638]</a> -<i>Gen.</i>, <span class="asc">VI</span>, 2; <i>Job.</i>, <span -class="asc">I</span>, 6; <span class="asc">II</span>, 1; <span -class="asc">XXVIII</span>, 7; Sal. <span class="asc">II</span>, -7; <span class="asc">LXXXII</span>, 6; <i>II Sam.</i>, <span -class="asc">VII</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_644" href="#FNanchor_644" class="label">[639]</a> -El hijo del diablo (Math., <span class="asc">XIII</span>, 38; -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 10); los hijos de -este siglo (Marc., <span class="asc">III</span>, 17; Luc., <span -class="asc">XVI</span>, 8; <span class="asc">XX</span>, 34); los -hijos de la luz (Luc., <span class="asc">XVI</span>, 8; Juan, <span -class="asc">XII</span>, 36); los hijos de la resurreccion (Luc., -<span class="asc">XX</span>, 36); los hijos del reino (Math., <span -class="asc">VIII</span>, 12; <span class="asc">XIII</span>, 38); los -hijos del esposo (Math., <span class="asc">IX</span>, 15; Marc., <span -class="asc">II</span>, 19; Luc., <span class="asc">V</span>, 34); los -hijos de la gehenna (Math., <span class="asc">XXIII</span>, 15); los -hijos de la paz (Luc., <span class="asc">X</span>, 6); recordemos que -el Júpiter del paganismo es <span xml:lang="grc" lang="grc">πατὴρ -ἀνδρῶν τε θεῶν τε</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_645" href="#FNanchor_645" class="label">[640]</a> -Comp. <i>Hech.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_646" href="#FNanchor_646" class="label">[641]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 20; <span -class="asc">XXVIII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_647" href="#FNanchor_647" class="label">[642]</a> -Juan, <span class="asc">X</span>, 30; <span class="asc">XVII</span>, -21. Véanse en general los últimos discursos de Juan (cap. <span -class="asc">XVII</span>), que expresan muy bien la naturaleza del -estado psicológico de Jesús, aunque no deban considerarse como -verdaderos documentos históricos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_648" href="#FNanchor_648" class="label">[643]</a> -Los pasajes en apoyo de estos títulos son demasiado numerosos para ser -citados.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_649" href="#FNanchor_649" class="label">[644]</a> -Solamente en el evangelio de Juan se sirve Jesús de la expresion de -«Hijo de Dios» ó de «Hijo», como sinónimo del pronombre <i>yo</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_650" href="#FNanchor_650" class="label">[645]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 8; Luc., <span -class="asc">VI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_651" href="#FNanchor_651" class="label">[646]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_652" href="#FNanchor_652" class="label">[647]</a> -Juan, <span class="asc">V</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_653" href="#FNanchor_653" class="label">[648]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 18-19; Luc., <span -class="asc">XVII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_654" href="#FNanchor_654" class="label">[649]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_655" href="#FNanchor_655" class="label">[650]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 2 y sig.; Marc., <span -class="asc">II</span>, 5 y sig.; Luc., <span class="asc">V</span>, 20; -<span class="asc">VII</span>, 47-48.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_656" href="#FNanchor_656" -class="label">[651]</a> Math., <span class="asc">XII</span>, -41-42; <span class="asc">XXII</span>, 43 y sig.; Juan, <span -class="asc">VIII</span>, 52 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_657" href="#FNanchor_657" class="label">[652]</a> -Véase Juan, <span class="asc">XIV</span> y sig.; pero es dudoso que -tengamos aquí la enseñanza auténtica de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_658" href="#FNanchor_658" class="label">[653]</a> -Filon, citado en Eusebio, <i>Præp. evang.</i>, VII, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_659" href="#FNanchor_659" class="label">[654]</a> -Filon, <i>De mig. Abraham</i>, § 1; <i>Quod Deus immut.</i>, § 6; -<i>De confus. ling.</i>, §§ 14, 28; <i>De profugis</i>, § 20; <i>De -somniis</i>, <span class="asc">I</span>, § 37; <i>De agric. Noe</i>, § -12; <i>Quis rerum divin. hæres</i>, § 25 y sig., 48 y sig., etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_660" href="#FNanchor_660" class="label">[655]</a> -<span xml:lang="grc" lang="grc">Μετάθρονος</span>, es decir, partícipe -del trono de Dios; especie de secretario divino, que lleva cuenta -y razon de los méritos y deméritos; <i>Bereschith Rabba</i>, <span -class="asc">V</span>, 6 <i>c</i>; Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, 38 -<i>b</i>; <i>Chagiga</i>, 15 <i>a</i>; Targum de Jonathan, <i>Gen.</i>, -<span class="asc">V</span>, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_661" href="#FNanchor_661" class="label">[656]</a> -La teoría del <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγος</span> no -contiene elementos griegos. Las semejanzas que han querido darle -con el <i>Honover</i> de los Parsis no tienen tampoco fundamento. -El <i>Minokhired</i> ó «Inteligencia divina» tiene alguna analogía -con el <span xml:lang="grc" lang="grc">Λόγος</span> judío (véanse -los fragmentos del libro intitulado <i>Minokhired</i> en Spiegel, -<i>Parsi-Gramatik</i>, p. 161-162). Pero el desarrollo de la doctrina -<i>Minokhired</i> entre los Parsis es moderno y puede implicar una -influencia extranjera. La «Inteligencia divina» (<i>Mainyu-Khratû</i>) -figura en los libros zendos, mas no sirve de base á una teoría; entra -solamente en algunas invocaciones. Pueden tener algun valor las -analogías ensayadas entre la teoría alejandrina del Verbo y algunos -puntos de la teología egipcia. Pero nada indica que, en los siglos -que precedieron la era cr<span class="pagenum" id="Page_279">p. -279</span>istiana, recibiese el judaismo palestino algunos elementos de -Egipto.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_662" href="#FNanchor_662" class="label">[657]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_663" href="#FNanchor_663" class="label">[658]</a> -<i>Sabiduría</i>, <span class="asc">IX</span>, 1-2; <span -class="asc">XVII</span>, 12; Comp. <span class="asc">VII</span>, 12; -<span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.; <span class="asc">IX</span> -y generalmente, <span class="asc">IX-XI</span>. Estas prosopopeyas -de la Sabiduría personificada se encuentran en libros mucho más -antiguos. <i>Prov.</i>, <span class="asc">VIII</span>, <span -class="asc">IX</span>; <i>Job.</i>, <span class="asc">XXVIII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_664" href="#FNanchor_664" class="label">[659]</a> -Juan, Evang., <span class="asc">I</span>, 1-14; I Epist., <span -class="asc">V</span>, 7; <i>Apocal.</i>, <span class="asc">XIX</span>, -13. Se notará que, en el evangelio de Juan, la palabra «Verbo» no -aparece sino en el prólogo y que jamás el narrador la coloca en boca de -Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_665" href="#FNanchor_665" class="label">[660]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">X</span>, 42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_666" href="#FNanchor_666" class="label">[661]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 64; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 19; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -69; <i>Hech.</i>, <span class="asc">VII</span>, 55. Véase la <a -href="#Footnote_660">nota 655</a>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_667" href="#FNanchor_667" class="label">[662]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 5. Comparado con <span -class="asc">XXVIII</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_668" href="#FNanchor_668" class="label">[663]</a> -Math., 26, 39; Juan, <span class="asc">XII</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_669" href="#FNanchor_669" class="label">[664]</a> -Marc., <span class="asc">XIII</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_670" href="#FNanchor_670" class="label">[665]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 14-16; <span -class="asc">XIV</span>, 13; Marc., <span class="asc">III</span>, 6-7; -<span class="asc">IX</span>, 29-30; Juan, <span class="asc">VII</span>, -1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_671" href="#FNanchor_671" class="label">[666]</a> -Math., <span class="asc">II</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_672" href="#FNanchor_672" class="label">[667]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 20; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_673" href="#FNanchor_673" class="label">[668]</a> -Luc., <span class="asc">VIII</span>, 45-46; Juan, <span -class="asc">XI</span>, 33, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_674" href="#FNanchor_674" class="label">[669]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_675" href="#FNanchor_675" class="label">[670]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 2; <span class="asc">XVI</span>, -14; <span class="asc">XVII</span>, 3 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 14-15; <span class="asc">VIII</span>, 28; Luc., -<span class="asc">IX</span>, 8 y sig., 19.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XVI</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_676" href="#FNanchor_676" class="label">[671]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 22; <span class="asc">II</span>, -5-6, 15, 18; <span class="asc">IV</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_677" href="#FNanchor_677" class="label">[672]</a> -Math., <span class="asc">I</span>, 23; <span class="asc">IV</span>, -6, 14; <span class="asc">XXVI</span>, 31, 54, 56; <span -class="asc">XXVII</span>, 9, 35; Marc., <span class="asc">XIV</span>, -27; <span class="asc">XV</span>, 28; Juan, <span -class="asc">XII</span>, 14-15; <span class="asc">XVIII</span>, 9; <span -class="asc">XIX</span>, 19, 24, 28, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_678" href="#FNanchor_678" class="label">[673]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 34; <i>IV Esdras</i>, <span -class="asc">XIII</span>, 50.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_679" href="#FNanchor_679" class="label">[674]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 9 y sig.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_280">p. 280</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_680" href="#FNanchor_680" class="label">[675]</a> -Véase su biografía por Filóstrato.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_681" href="#FNanchor_681" class="label">[676]</a> -Véanse las Vidas de los sofistas, por Eunapio; vida de Plotino, -por Porfirio; la de Proclo, por Marino; la de Isidoro, atribuida á -Damascio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_682" href="#FNanchor_682" class="label">[677]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 19; <span class="asc">XXI</span>, -21-22; Marc., <span class="asc">XI</span>, 23-24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_683" href="#FNanchor_683" class="label">[678]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_684" href="#FNanchor_684" class="label">[679]</a> -Luc., <span class="asc">VIII</span>, 45-46; Juan, 33, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_685" href="#FNanchor_685" class="label">[680]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 2 y sig.; <span -class="asc">IV</span>, 31; <span class="asc">VIII</span>, 15 y sig.; -<span class="asc">X</span>, 44 y sig. Durante cerca de un siglo los -apóstoles y sus discípulos no sueñan más que milagros. Véanse los -<i>Hechos</i>, los escritos de San Pablo, los extractos de Papias, -en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39, etc. Comp. Marc., <span -class="asc">III</span>, 15; <span class="asc">XVI</span>, 17-18, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_686" href="#FNanchor_686" class="label">[681]</a> -Juan, <span class="asc">V</span>, 14; <span class="asc">IX</span>, 1 y -sig., 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_687" href="#FNanchor_687" class="label">[682]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 32-33; <span -class="asc">XII</span>, 22; Luc., <span class="asc">XIII</span>, 11, -16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_688" href="#FNanchor_688" class="label">[683]</a> -Luc., <span class="asc">VIII</span>, 45-46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_689" href="#FNanchor_689" class="label">[684]</a> -Luc., <span class="asc">IV</span>, 40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_690" href="#FNanchor_690" class="label">[685]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 5; <span class="asc">XV</span>, -30-31; Luc. <span class="asc">IX</span>, 1-2, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_691" href="#FNanchor_691" class="label">[686]</a> -<i>Vendidad</i>, <span class="asc">XI</span>, 26; <i>Yaçna</i>, <span -class="asc">X</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_692" href="#FNanchor_692" class="label">[687]</a> -<i>Tobías</i>, <span class="asc">III</span>, 8; <span -class="asc">VI</span>, 14; Talm. de Babil., <i>Gittin</i>, 68 -<i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_693" href="#FNanchor_693" class="label">[688]</a> -Comp. Marc., <span class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span -class="asc">VIII</span>, 2; <i>Evangelio de la infancia</i>, 16, 33; -Código siriaco publicado en las <i>Anecdota syriaca</i> por el Sr. -Land, I, p. 152.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_694" href="#FNanchor_694" class="label">[689]</a> -Jos., <i>Bell. jud.</i>, VII, <span class="asc">VI</span>, 3; Luciano, -<i>Philopseud.</i>, 16; Filóstrato, <i>Vida de Apol.</i>, III, 38; IV, -20; Areteo, <i>De causis morb. chron.</i>, I, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_695" href="#FNanchor_695" class="label">[690]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 33; <span class="asc">XII</span>, -22; Marc., <span class="asc">IX</span>, 16, 24; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_696" href="#FNanchor_696" class="label">[691]</a> -<i>Tobías</i>, <span class="asc">VIII</span>, 2-3; Math., <span -class="asc">XII</span>, 27; Marc., <span class="asc">IX</span>, 38; -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XIX</span>, 13; Jos., <i>Ant.</i>, -VIII, <span class="asc">II</span>, 5; Justino, <i>Dial. cum -Tryph.</i>, 85; Luciano, Epigr. <span class="asc">XXIII</span> (<span -class="asc">XVII</span> Dindorf).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_697" href="#FNanchor_697" class="label">[692]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 20; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_698" href="#FNanchor_698" class="label">[693]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 28; <span -class="asc">IX</span>, 34; <span class="asc">XII</span>, 43 y -sig.; <span class="asc">XVII</span>, 14 y sig., 20; Marc., <span -class="asc">V</span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 27 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_699" href="#FNanchor_699" class="label">[694]</a> -Esa frase, <i>Dæmonium habes</i> (Math., <span class="asc">XI</span>, -18; Luc., <span class="asc">VII</span>, 33; Juan, <span -class="asc">VII</span>, 20; <span class="asc">VIII</span>, 48 y sig.; -<span class="asc">X</span>, 20 y sig.), debe traducirse por «tú estás -loco», como se diria en árabe: <i>Medjnoun enté</i>. El verbo <span -xml:lang="grc" lang="grc">δαιμονᾷν</span> siempre tuvo en la antigüedad -clásica la significacion de «estar loco.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_700" href="#FNanchor_700" class="label">[695]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 39; <span class="asc">XVI</span>, -4; <span class="asc">XVII</span>, 16; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 17; Luc., <span class="asc">IX</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_701" href="#FNanchor_701" class="label">[696]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 4; <span class="asc">IX</span>, -30-31; <span class="asc">XII</span>, 16; Marc., <span -class="asc">I</span>, 44; <span class="asc">VII</span>, 24 y sig.; -<span class="asc">VIII</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_702" href="#FNanchor_702" class="label">[697]</a> -Marc., <span class="asc">I</span>, 24-25, 34; <span -class="asc">III</span>, 12; Luc., <span class="asc">IV</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_703" href="#FNanchor_703" class="label">[698]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 16; Marc., <span -class="asc">IX</span>, 18; Luc., <span class="asc">IX</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_704" href="#FNanchor_704" class="label">[699]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 38 y sig.; <span -class="asc">XVI</span>, 1 y sig.; Marc., <span class="asc">VIII</span>, -11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_705" href="#FNanchor_705" class="label">[700]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_706" href="#FNanchor_706" class="label">[701]</a> -Papias en Eus., <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_707" href="#FNanchor_707" class="label">[702]</a> -Marc., <span class="asc">IV</span>, 40; <span class="asc">V</span>, -15, 17, 33, 36; <span class="asc">VI</span>, 50; <span -class="asc">X</span>, 32.—Math., <span class="asc">VIII</span>, 27, 34; -<span class="asc">IX</span>, 8; <span class="asc">XIV</span>, 27; <span -class="asc">XVII</span>, 6-7; <span class="asc">XXVIII</span>, 5, 10; -Luc., <span class="asc">IV</span>, 36; <span class="asc">V</span>, 17; -<span class="asc">VIII</span>, 25, 35, 37; <span class="asc">IX</span>, -34. El evangelio apócrifo llamado de Tomás el Israelita lleva este -rasgo hasta el absurdo. Comp. los <i>Milagros de la infancia</i>, -en Thilo, <i>Cod. apocr. N. T.</i>, p. <span class="asc">CX</span>, -nota.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_281">p. 281</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_708" href="#FNanchor_708" class="label">[703]</a> -<i>Hysteria muscularis</i> de Schönlein.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_709" href="#FNanchor_709" class="label">[704]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 1; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 14; Luc., <span class="asc">IX</span>, 7; <span -class="asc">XXIII</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_710" href="#FNanchor_710" class="label">[705]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 34; Marc., <span -class="asc">V</span>, 17; <span class="asc">VIII</span>, 37.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_711" href="#FNanchor_711" class="label">[706]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 14-15.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XVII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_712" href="#FNanchor_712" class="label">[707]</a> -Juan, <span class="asc">V</span>, 1; <span class="asc">VII</span>, 2. -Adoptamos el sistema de Juan, segun el cual la vida pública de Jesús -duró tres años. Los sinópticos, por el contrario, agrupan todos los -hechos en el espacio de un año.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_713" href="#FNanchor_713" class="label">[708]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 13-14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_714" href="#FNanchor_714" class="label">[709]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_715" href="#FNanchor_715" class="label">[710]</a> -Math., <span class="asc">XXIV</span>, 3 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 4 y sig.; Luc., <span class="asc">XVII</span>, -22 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, 7 y sig. Es de notar -que la pintura del fin de los tiempos atribuida á Jesús por los -sinópticos contiene muchos rasgos que se refieren al sitio de -Jerusalen. Lúcas escribia algun tiempo despues de aquel sitio (<span -class="asc">XXI</span>, 9, 20, 24). Por el contrario, la redaccion -de Matheo (<span class="asc">XXVI</span>, 15, 16, 22, 29) nos lleva -exactamente al momento del sitio ó muy poco despues. Sin embargo, es -indudable que Jesús anunció grandes terrores que debian preceder á su -reaparicion. Esos terrores formaban parte de todos los apocalípsis -judíos. <i>Henoch</i>, <span class="asc">XCIX-C</span>, <span -class="asc">CII</span>, <span class="asc">CIII</span> (division de -Dillmann); <i>Carm. sibyll.</i>, <span class="asc">III</span>, 334 -y sig.; 633 y sig.; <span class="asc">IV</span>, 168 y sig.; <span -class="asc">V</span>, 511 y sig. Segun Daniel, el reino de los santos -vendria despues que la desolacion hubiese llegado á su colmo (<span -class="asc">VII</span>, 25; <span class="asc">VIII</span>, 23; <span -class="asc">IX</span>, 26-27; <span class="asc">XII</span>, 1).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_716" href="#FNanchor_716" class="label">[711]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 27; <span class="asc">XIX</span>, -28; <span class="asc">XX</span>, 21; <span class="asc">XXIV</span>, -30 y sig.; <span class="asc">XXV</span>, 31 y sig.; <span -class="asc">XXVI</span>, 64; Marc., <span class="asc">XIV</span>, -62; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 30; <i>I Cor.</i>, <span -class="asc">XV</span>, 52; <i>I Thes.</i>, <span class="asc">IV</span>, -15 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_717" href="#FNanchor_717" class="label">[712]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 38 y sig.; <span -class="asc">XXV</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_718" href="#FNanchor_718" class="label">[713]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 39, 41, 49.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_719" href="#FNanchor_719" class="label">[714]</a> -Math., <span class="asc">XXV</span>, 34. Comp. Juan, <span -class="asc">XIV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_720" href="#FNanchor_720" class="label">[715]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 11; <span -class="asc">XIII</span>, 43; <span class="asc">XXVI</span>, 29; Luc., -<span class="asc">XIII</span>, 28; <span class="asc">XVI</span>, 22; -<span class="asc">XXII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_721" href="#FNanchor_721" class="label">[716]</a> -Luc., <span class="asc">XIII</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_722" href="#FNanchor_722" class="label">[717]</a> -Math., <span class="asc">XXV</span>, 41. La idea de la caida de los -ángeles, tan desarrollada en el libro de Henoch, era universalmente -admitida en el círculo de Jesús. <i>Epist. de Jud.</i>, 6 y sig.; -<i>II.ª ep. atribuida á San Pedro</i>, <span class="asc">II</span>, -4, 11; <i>Apoc.</i>, <span class="asc">XII</span>, 9; Evang. de Juan, -<span class="asc">VIII</span>, 44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_723" href="#FNanchor_723" class="label">[718]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 22; <span class="asc">VIII</span>, -12; <span class="asc">X</span>, 28; <span class="asc">XIII</span>, -40, 42, 50; <span class="asc">XVIII</span>, 8; <span -class="asc">XXIV</span>, 51; <span class="asc">XXV</span>, 30; Marc., -<span class="asc">IX</span>, 43.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_724" href="#FNanchor_724" class="label">[719]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 12; <span class="asc">XXII<span -class="pagenum" id="Page_282">p. 282</span></span>, 13; <span -class="asc">XXV</span>, 30. Comp. Jos., <i>B. J.</i>, III, <span -class="asc">VIII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_725" href="#FNanchor_725" class="label">[720]</a> -Luc., <span class="asc">XVI</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_726" href="#FNanchor_726" class="label">[721]</a> -Marc., <span class="asc">III</span>, 29; Luc., <span -class="asc">XXII</span>, 69; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">VII</span>, 55.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_727" href="#FNanchor_727" class="label">[722]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 17; <span -class="asc">III</span>, 19; <i>I Cor.</i>, <span class="asc">XV</span>, -23-24, 52; <i>I Thess.</i>, <span class="asc">III</span>, 13; <span -class="asc">IV</span>, 14; <span class="asc">V</span>, 23; <i>II -Thess.</i>, <span class="asc">II</span>, 8; <i>I Tim.</i>, <span -class="asc">VI</span>, 14; <i>II Tim.</i>, <span class="asc">IV</span>, -1; <i>Tit.</i>, <span class="asc">II</span>, 13; <i>Epístola de -Júdas</i>, 18; <i>II de Pedro</i>, <span class="asc">III</span> entero. -El Apocalípsis todo entero, y en particular <span class="asc">I</span>, -1; <span class="asc">II</span>, 5, 16; <span class="asc">III</span>, -11; <span class="asc">XI</span>, 14; <span class="asc">XXII</span>, 6, -7, 12, 20. Comp. IV.º libro de Esdras, <span class="asc">IV</span>, -26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_728" href="#FNanchor_728" class="label">[723]</a> -Luc., <span class="asc">XVII</span>, 30; <i>I Cor.</i>, -<span class="asc">I</span>, 7-8; <i>II Thess.</i>, <span -class="asc">I</span>, 7; <i>I San Pedro</i>, <span -class="asc">I</span>, 7, 13; <i>Apoc.</i>, <span class="asc">I</span>, -1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_729" href="#FNanchor_729" class="label">[724]</a> -<i>Apoc.</i>, <span class="asc">I</span>, 3; <span -class="asc">XXII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_730" href="#FNanchor_730" class="label">[725]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 15; <span class="asc">XIII</span>, -9, 43; Marc., <span class="asc">IV</span>, 9, 23; <span -class="asc">VII</span>, 16; Luc., <span class="asc">VIII</span>, -8; <span class="asc">XIV</span>, 35; <i>Apoc.</i>, <span -class="asc">II</span>, 7, 11, 27, 29; <span class="asc">III</span>, 6, -13, 22; <span class="asc">XIII</span>, 9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_731" href="#FNanchor_731" class="label">[726]</a> -<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XVI</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_732" href="#FNanchor_732" class="label">[727]</a> -<i>Apoc.</i>, <span class="asc">XVII</span>, 9 y sig. El sexto -emperador que el autor presenta como reinando es Galba. El emperador -muerto que debe volver es Neron, cuyo nombre está escrito en cifras -(<span class="asc">XIII</span>, 18).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_733" href="#FNanchor_733" class="label">[728]</a> -<i>Apoc.</i>, <span class="asc">XI</span>, 2-3; <span -class="asc">XII</span>, 14. Comp. Daniel, <span class="asc">VII</span>, -25; <span class="asc">XII</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_734" href="#FNanchor_734" class="label">[729]</a> -Cap. <span class="asc">IV</span>, v. 12 y 14. Comp. Cedrenus, p. 68 -(París, 1647).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_735" href="#FNanchor_735" class="label">[730]</a> -Math., <span class="asc">XXIV</span>, 36; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_736" href="#FNanchor_736" class="label">[731]</a> -Luc., <span class="asc">XVII</span>, 20; Comp. Talm. de Babil., -<i>Sanhedrin</i>, 97 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_737" href="#FNanchor_737" class="label">[732]</a> -Math., <span class="asc">XXIV</span>, 36; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 32; Luc., <span class="asc">XI</span>, 35 y -sig.; <span class="asc">XVII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_738" href="#FNanchor_738" class="label">[733]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 40; <i>II Pedro</i>, <span -class="asc">III</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_739" href="#FNanchor_739" class="label">[734]</a> -Luc., <span class="asc">XVII</span>, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_740" href="#FNanchor_740" -class="label">[735]</a> Math., <span class="asc">X</span>, -23; <span class="asc">XXIV-XXV</span> enteros, y part. <span -class="asc">XXIV</span>, 29, 34; Marc., <span class="asc">XIII</span>, -30; Luc., <span class="asc">XIII</span>, 35; <span -class="asc">XXI</span>, 28 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_741" href="#FNanchor_741" class="label">[736]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 28; <span -class="asc">XXIII</span>, 36, 39; <span class="asc">XXIV</span>, -34; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 39; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 27; <span class="asc">XXI</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_742" href="#FNanchor_742" class="label">[737]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 2-4; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 54-56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_743" href="#FNanchor_743" class="label">[738]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 22-23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_744" href="#FNanchor_744" class="label">[739]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 22-23. El capítulo <span -class="asc">XXI</span> del cuarto evangelio es una añadidura, como lo -prueba la cláusula final de la redaccion primitiva que existe en el -versículo 31 del cap. <span class="asc">XX</span>. Pero la adicion es -casi contemporánea de la publicacion misma de dicho evangelio.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_745" href="#FNanchor_745" class="label">[740]</a> -Marc., <span class="asc">IX</span>, 9; Luc., <span -class="asc">XX</span>, 27 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_746" href="#FNanchor_746" class="label">[741]</a> -Dan., <span class="asc">XII</span>, 2; II Macab., <span -class="asc">VII</span> entero; <span class="asc">XII</span>, -45-46; <span class="asc">XIV</span>, 46; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">XXIII</span>, 6, 8; Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, -<span class="asc">I</span>, 3; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">VIII</span>, 14; III, <span class="asc">VIII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_747" href="#FNanchor_747" class="label">[742]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 29; Luc., <span -class="asc">XXII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_748" href="#FNanchor_748" class="label">[743]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 24; Luc., <span -class="asc">XX</span>, 34-38. Evang. ebionita llamado de los «Egipcios» -en Clem. de Alej., <i>Strom.</i>, II, 9, 13; Clem. Rom. <i>Epist.</i> -II, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_749" href="#FNanchor_749" class="label">[744]</a> -Luc. <span class="asc">XIV</span>, 14; <span class="asc">XX</span>, -35-36. Lo mismo opina San Pablo; I Cor. <span class="asc">XV</span>, -23; I Thes. <span class="asc">IV</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_750" href="#FNanchor_750" class="label">[745]</a> -Comp. el libro IV de Esdras, <span class="asc">IX</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_751" href="#FNanchor_751" class="label">[746]</a> -Math., <span class="asc">XXV</span>, 32 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_752" href="#FNanchor_752" class="label">[747]</a> -Particularmente los cap. <span class="asc">II, VI-VIII, -X-XIII</span>.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_283">p. 283</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_753" href="#FNanchor_753" class="label">[748]</a> -Cap. <span class="asc">I</span>, <span class="asc">XLV-LII, LXII, -XCIII</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_754" href="#FNanchor_754" class="label">[749]</a> -Lib. III, 573 y sig.; 652 y sig.; 766 y sig.; 795 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_755" href="#FNanchor_755" class="label">[750]</a> Se -traducen esas angustias de la conciencia cristiana con mucha ingenuidad -en la 2.ª Epist. atribuida á San Pedro, <span class="asc">III</span>, 8 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_756" href="#FNanchor_756" class="label">[751]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 10, 33; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 34; Luc., <span class="asc">XI</span>, 2; <span -class="asc">XII</span>, 31; <span class="asc">XVII</span>, 20, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_757" href="#FNanchor_757" class="label">[752]</a> -Marc., <span class="asc">XII</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_758" href="#FNanchor_758" class="label">[753]</a> -Véase, por ejemplo, el prólogo de Gregorio de Tours en su <i>Hist. -eclesiást. de los Francos</i> y los numerosos hechos de la primera -mitad de la edad media que principian con la fórmula «á la aproximacion -de la noche del mundo...».</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_759" href="#FNanchor_759" class="label">[754]</a> -<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XV</span>, 52.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XVIII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_760" href="#FNanchor_760" class="label">[755]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 15; <i>I Cor.</i>, <span -class="asc">XV</span>, 5; <i>Gal.</i>, <span class="asc">I</span>, -10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_761" href="#FNanchor_761" class="label">[756]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 2; Marc., <span -class="asc">III</span>, 16; Luc., <span class="asc">VI</span>, 14 y -sig.; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 13; Papias en Eusebio, -<i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_762" href="#FNanchor_762" class="label">[757]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 28; Luc., <span -class="asc">XXII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_763" href="#FNanchor_763" class="label">[758]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 15; <span -class="asc">II</span>, 14; <span class="asc">V</span>, 2-3, 29; -<span class="asc">VIII</span>, 19; <span class="asc">XV</span>, 7; -<i>Gal.</i>, <span class="asc">I</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_764" href="#FNanchor_764" class="label">[759]</a> -Respecto á Pedro véase el <a href="#Ch_9">cap. <span -class="asc">IX</span></a>; respecto á Felipe véase Papias, Policrates y -Clem. de Alej., citados por Eusebio., <i>Hist. eccl.</i>, III, 30, 31, -39; V, 24.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_765" href="#FNanchor_765" class="label">[760]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 20; <span class="asc">XVII</span>, -9; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 30; <span -class="asc">IX</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_766" href="#FNanchor_766" class="label">[761]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 26, 27; Marc., <span -class="asc">IV</span>, 21; Luc., <span class="asc">VIII</span>, -17; <span class="asc">XII</span>, 2 y sig.; Juan, <span -class="asc">XIV</span>, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_767" href="#FNanchor_767" class="label">[762]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 10 y sig., 34 y sig.; Marc., -<span class="asc">IV</span>, 10 y sig., 33 y sig.; Luc. <span -class="asc">VIII</span>, 9 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_768" href="#FNanchor_768" class="label">[763]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 6 y sig.; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 17-23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_769" href="#FNanchor_769" class="label">[764]</a> -Math., <span class="asc">XIII</span>, 18 y sig.; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_770" href="#FNanchor_770" class="label">[765]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_771" href="#FNanchor_771" class="label">[766]</a> -Luc., <span class="asc">X</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_772" href="#FNanchor_772" class="label">[767]</a> -En todas las lenguas del Oriente semítico, la palabra griega -<span xml:lang="grc" lang="grc">πανδοκεῖον</span> indicó siempre -«hostería.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_773" href="#FNanchor_773" class="label">[768]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 11 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 10 y sig.; Luc., <span class="asc">X</span>, 5 y -sig. Comp. 2.ª Epist. de Juan, 10-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_774" href="#FNanchor_774" class="label">[769]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 52 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_775" href="#FNanchor_775" class="label">[770]</a> -Math. <span class="asc">X</span>, 40-42; <span class="asc">XXV</span>, -35; Marc. <span class="asc">IX</span>, 40; Luc. <span -class="asc">X</span>, 16; Juan, <span class="asc">XIII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_776" href="#FNanchor_776" class="label">[771]</a> -Math., <span class="asc">VII</span>, 22; <span class="asc">X</span>, 1; -Marc., <span class="asc">III</span>, 15; <span class="asc">VI</span>, -13; Luc., <span class="asc">X</span>, 17.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_284">p. 284</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_777" href="#FNanchor_777" class="label">[772]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 18-19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_778" href="#FNanchor_778" class="label">[773]</a> -Marc., <span class="asc">VI</span>, 13; <span class="asc">XVI</span>, -18; Epist. Jacobi, <span class="asc">V</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_779" href="#FNanchor_779" class="label">[774]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 18; Luc., <span -class="asc">X</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_780" href="#FNanchor_780" class="label">[775]</a> -Marc., <span class="asc">XVI</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_781" href="#FNanchor_781" class="label">[776]</a> -Marc., <span class="asc">IX</span>, 37-38; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 49-50.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_782" href="#FNanchor_782" class="label">[777]</a> -Antiguo Dios de los Filisteos convertido en demonio por los judíos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_783" href="#FNanchor_783" class="label">[778]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_784" href="#FNanchor_784" class="label">[779]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 18 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_785" href="#FNanchor_785" class="label">[780]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 17 y sig.; Juan, <span -class="asc">XX</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_786" href="#FNanchor_786" class="label">[781]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_787" href="#FNanchor_787" class="label">[782]</a> -Math., <span class="asc">XXVIII</span>, 19; Comp. Math., <span -class="asc">III</span>, 16-17; Juan, <span class="asc">XV</span>, -26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_788" href="#FNanchor_788" class="label">[783]</a> -<i>Sap.</i>, <span class="asc">I</span>, 7; <span -class="asc">VII</span>, 7; <span class="asc">IX</span>, 17; <span -class="asc">XII</span>, 1; <i>Eccl.</i>, <span class="asc">I</span>, -9; <span class="asc">XV</span>, 5; <span class="asc">XXIV</span>, -27; <span class="asc">XXXIX</span>, 8; <i>Judit.</i>, <span -class="asc">XVI</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_789" href="#FNanchor_789" class="label">[784]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 20; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 12; <span class="asc">XXIV</span>, 49; Juan, -<span class="asc">XIV</span>, 26; <span class="asc">XV</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_790" href="#FNanchor_790" class="label">[785]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 11; Marc., <span -class="asc">I</span>, 8; Luc., <span class="asc">III</span>, 16; -Juan, <span class="asc">I</span>, 26; <span class="asc">III</span>, -5; <i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 5, 8; <span -class="asc">X</span>, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_791" href="#FNanchor_791" class="label">[786]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 1-4; <span -class="asc">XI</span>, 15; <span class="asc">XIX</span>, 6.—Juan, <span -class="asc">VII</span>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_792" href="#FNanchor_792" class="label">[787]</a> -Juan, <span class="asc">XV</span>, 26; <span class="asc">XVI</span>, -13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_793" href="#FNanchor_793" class="label">[788]</a> -<i>Katigor</i> (<span xml:lang="grc" lang="grc">κατήγορος</span>), esto -es, «acusador», era el espíritu opuesto á <i>Paráclito</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_794" href="#FNanchor_794" class="label">[789]</a> -Juan, <span class="asc">XIV</span>, 16; <i>I Epist.</i> de Juan, <span -class="asc">II</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_795" href="#FNanchor_795" class="label">[790]</a> -Juan, <span class="asc">XIV</span>, 26; <span class="asc">XV</span>, -26; <span class="asc">XVI</span>, 7; Comp. Filon, <i>De mundi -opificio</i>, § 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_796" href="#FNanchor_796" class="label">[791]</a> -Juan, <span class="asc">XIV</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_797" href="#FNanchor_797" class="label">[792]</a> -Papias, en Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_798" href="#FNanchor_798" class="label">[793]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 32 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_799" href="#FNanchor_799" class="label">[794]</a> -Hállase un giro análogo, que provoca una equivocacion semejante, en -Juan, <span class="asc">IV</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_800" href="#FNanchor_800" class="label">[795]</a> -Todos esos discursos tienen un carácter muy marcado del estilo propio -de Juan, para que sea permitido creerlos exactos. La anécdota referida -en el capítulo <span class="asc">VI</span> del cuarto evangelio no -carece, sin embargo, de realidad histórica.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_801" href="#FNanchor_801" class="label">[796]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 30, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_802" href="#FNanchor_802" class="label">[797]</a> -Luc., <i>l. c.</i>; Juan, <span class="asc">XXI</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_803" href="#FNanchor_803" class="label">[798]</a> -Comp. Math., <span class="asc">VII</span>, 10; <span -class="asc">XIV</span>, 17 y sig.; <span class="asc">XV</span>, -34 y sig.; Marc., <span class="asc">VI</span>, 38; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 13 y sig.; <span class="asc">XI</span>, 11; -<span class="asc">XXIV</span>, 42; Juan, <span class="asc">VI</span>, -9 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, 9 y sig. La cuenca del lago -de Tiberiade es el único punto de la Palestina donde el pescado forma -generalmente una parte de la alimentacion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_804" href="#FNanchor_804" class="label">[799]</a> -Juan, <span class="asc">XXI</span>, 13; Luc., <span -class="asc">XXIV</span>, 42-43. Compárense las más antiguas -exposiciones de la Cena recibidas ó rectificadas por el señor de Rossi -en su disertacion sobre el <span xml:lang="grc" lang="grc">ΙΧΘΥΣ</span> -(<i>Spicilegium Solesmense</i> de dom Pitra, t. III, p. 568 y sig.) -El designio del anagrama que contiene la palabra <span xml:lang="grc" -lang="grc">ΙΧΘΥΣ</span> pudo combinarse con una tradicion más antigua -sobre el oficio del pescado en las comidas evangélicas.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_285">p. 285</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_805" href="#FNanchor_805" class="label">[800]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_806" href="#FNanchor_806" class="label">[801]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">II</span>, 42, 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_807" href="#FNanchor_807" class="label">[802]</a> -<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_808" href="#FNanchor_808" class="label">[803]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_809" href="#FNanchor_809" class="label">[804]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span> entero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_810" href="#FNanchor_810" class="label">[805]</a> -Cánon de las misas griegas y de la misa latina (muy antiguo).</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XIX</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_811" href="#FNanchor_811" class="label">[806]</a> -Luc., <span class="asc">XIV</span>, 33; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">IV</span>, 32 y sig.; <span class="asc">V</span>, 1-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_812" href="#FNanchor_812" class="label">[807]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 10 y sig.; Luc., <span -class="asc">XVIII</span>, 29 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_813" href="#FNanchor_813" class="label">[808]</a> -Doctrina constante de Pablo. Comp. <i>Apoc.</i>, <span -class="asc">XIV</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_814" href="#FNanchor_814" class="label">[809]</a> -Math., <span class="asc">XIX</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_815" href="#FNanchor_815" class="label">[810]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 8-9.—Talm. de Babil., -<i>Niddah</i>, 13 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_816" href="#FNanchor_816" class="label">[811]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 30; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 25; Luc., <span class="asc">XX</span>, -35; Evang. ebionita llamado de los «Egipcios» en Clem. de Alej., -<i>Strom.</i>, <span class="asc">III</span>, 9, 13 y Clem. Rom., -<i>Epist. II</i>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_817" href="#FNanchor_817" class="label">[812]</a> -Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 29-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_818" href="#FNanchor_818" class="label">[813]</a> -Math., <span class="asc">X</span> entero; <span -class="asc">XXIV</span>, 9; Marc., <span class="asc">VI</span>, 8 y -sig.; <span class="asc">IX</span>, 40; <span class="asc">XIII</span>, -9, 13; Luc., <span class="asc">IX</span>, 3 y sig.; <span -class="asc">X</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XII</span>, 4 y sig.; -<span class="asc">XXI</span>, 17; Juan, <span class="asc">XV</span>, 18 -y sig.; <span class="asc">XVII</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_819" href="#FNanchor_819" class="label">[814]</a> -Marc., <span class="asc">IX</span>, 38 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_820" href="#FNanchor_820" class="label">[815]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 8. Comp. Midrasch Ialkout, -<i>Deuteron.</i>, sec. 824.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_821" href="#FNanchor_821" class="label">[816]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 20; Juan, <span -class="asc">XIV</span>, 16 y sig., 26; <span class="asc">XV</span>, 26; -<span class="asc">XVI</span>, 7, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_822" href="#FNanchor_822" class="label">[817]</a> -Los rasgos Math., <span class="asc">X</span>, 38; <span -class="asc">XVI</span>, 24; Marc., <span class="asc">VIII</span>, 34; -Luc., <span class="asc">XIV</span>, 27, no pueden haber sido concebidos -sino despues de la muerte de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_823" href="#FNanchor_823" class="label">[818]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 24-31; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 4, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_824" href="#FNanchor_824" class="label">[819]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 32-33; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 38; Luc., <span class="asc">IX</span>, 26; -<span class="asc">XII</span>, 8-9.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_825" href="#FNanchor_825" class="label">[820]</a> -Luc., <span class="asc">XIV</span>, 26; es preciso comprender el estilo -exagerado de Lúcas.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_826" href="#FNanchor_826" class="label">[821]</a> -Luc., <span class="asc">XIV</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_827" href="#FNanchor_827" class="label">[822]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 37-39; <span class="asc">XVI</span>, -24-25; Luc., <span class="asc">IX</span>, 23-25; <span -class="asc">XIV</span>, 26-27; <span class="asc">XVII</span>, 33; Juan, -<span class="asc">XII</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_828" href="#FNanchor_828" class="label">[823]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 21-22; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 59-62.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_829" href="#FNanchor_829" class="label">[824]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 28-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_830" href="#FNanchor_830" class="label">[825]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 21-23; <span -class="asc">XVII</span>, 12, 21-22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_831" href="#FNanchor_831" class="label">[826]</a> -Marc., <span class="asc">X</span>, 45.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_832" href="#FNanchor_832" class="label">[827]</a> -Luc., <span class="asc">VI</span>, 22 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_833" href="#FNanchor_833" class="label">[828]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 50.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_834" href="#FNanchor_834" class="label">[829]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 34-36; Luc., <span -class="asc">XII</span>, 51-53. Comp. Miqueas, <span -class="asc">VII</span>, 5-6.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_286">p. 286</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_835" href="#FNanchor_835" class="label">[830]</a> -Luc., <span class="asc">XII</span>, 49. Véase el texto griego.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_836" href="#FNanchor_836" class="label">[831]</a> -Juan, <span class="asc">XVI</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_837" href="#FNanchor_837" class="label">[832]</a> -Juan, <span class="asc">XV</span>, 18-20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_838" href="#FNanchor_838" class="label">[833]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_839" href="#FNanchor_839" class="label">[834]</a> -Marc., <span class="asc">III</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_840" href="#FNanchor_840" class="label">[835]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 22; Juan, <span -class="asc">VII</span>, 20; <span class="asc">VIII</span>, 48 y sig.; -<span class="asc">X</span>, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_841" href="#FNanchor_841" class="label">[836]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 10; <span class="asc">IX</span>, -2, 22, 28-29; <span class="asc">XVII</span>, 19; Juan, <span -class="asc">VI</span>, 29, etc.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_842" href="#FNanchor_842" class="label">[837]</a> -Math., <span class="asc">XVII</span>, 16; Marc., <span -class="asc">III</span>, 5; <span class="asc">IX</span>, 18; Luc., <span -class="asc">VIII</span>, 45; <span class="asc">IX</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_843" href="#FNanchor_843" class="label">[838]</a> -Rasgo muy marcado de Márcos, <span class="asc">IV</span>, 40; <span -class="asc">V</span>, 15; <span class="asc">IX</span>, 31; <span -class="asc">X</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_844" href="#FNanchor_844" class="label">[839]</a> -Marc., <span class="asc">XI</span>, 12-14, 20 y sig.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XX</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_845" href="#FNanchor_845" class="label">[840]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 14-16; Marc., <span -class="asc">III</span>, 7; <span class="asc">IX</span>, 29-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_846" href="#FNanchor_846" class="label">[841]</a> -Marc., <span class="asc">VIII</span>, 15; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_847" href="#FNanchor_847" class="label">[842]</a> -Luc., <span class="asc">IX</span>, 9; <span class="asc">XXIII</span>, -8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_848" href="#FNanchor_848" class="label">[843]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 14 y sig.; Luc., <span class="asc">IX</span>, 7 -y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_849" href="#FNanchor_849" class="label">[844]</a> -Luc., <span class="asc">XIII</span>, 31 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_850" href="#FNanchor_850" class="label">[845]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_851" href="#FNanchor_851" class="label">[846]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 39, 45; <span -class="asc">XIII</span>, 15; <span class="asc">XVI</span>, 4; Luc., -<span class="asc">XI</span>, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_852" href="#FNanchor_852" class="label">[847]</a> -Math., <span class="asc">XI</span>, 21-24; Luc., <span -class="asc">X</span>, 12-15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_853" href="#FNanchor_853" class="label">[848]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 41-42; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 31-32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_854" href="#FNanchor_854" class="label">[849]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 20; Luc., <span -class="asc">IX</span>, 58.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_855" href="#FNanchor_855" class="label">[850]</a> -Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_856" href="#FNanchor_856" class="label">[851]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 34; <span class="asc">XV</span>, -14; <span class="asc">XXIII</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_857" href="#FNanchor_857" class="label">[852]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_858" href="#FNanchor_858" class="label">[853]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 30; Luc., <span -class="asc">XXI</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_859" href="#FNanchor_859" class="label">[854]</a> -Isa., <span class="asc">XLII</span>, 2-3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_860" href="#FNanchor_860" class="label">[855]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 19-20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_861" href="#FNanchor_861" class="label">[856]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 14-15, 21 y sig., 34 y sig.; Luc., -<span class="asc">XIX</span>, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_862" href="#FNanchor_862" class="label">[857]</a> -Marc., <span class="asc">VII</span>, 1; Luc., <span -class="asc">V</span>, 17 y sig.; <span class="asc">VII</span>, 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_863" href="#FNanchor_863" class="label">[858]</a> -Math., <span class="asc">VI</span>, 2, 5, 16; <span -class="asc">IX</span>, 11, 14; <span class="asc">XII</span>, -2; <span class="asc">XXIII</span>, 5, 15, 23; Luc., <span -class="asc">V</span>, 30; <span class="asc">VI</span>, 2, 7; <span -class="asc">XI</span>, 39 y sig.; <span class="asc">XVIII</span>, 12; -Juan, <span class="asc">IX</span>, 16; <i>Pirké Aboth</i>, I, 16; -Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">II</span>, 4; XVIII, <span -class="asc">I</span>, 3; <i>Vita</i>, 38; Talm. de Babil., <i>Sota</i>, -22 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_864" href="#FNanchor_864" class="label">[859]</a> -Talm. de Jerus., <i>Berakoth</i>, <span class="asc">IX</span>, sub -fin.; <i>Sota</i>, <span class="asc">V</span>, 7; Talm. de Babil., -<i>Sota</i>, 22 <i>b</i>. Las dos redacciones de ese curioso pasaje -ofrecen diferencias notables. Generalmente hemos seguido la redaccion -de Babilonia, que parece la más natural.—V. S. Epif., <i>Adv. -hær.</i>, XVI, 1. Los rasgos de Epifanio y muchos de los del Talmud -pueden referirse á una época p<span class="pagenum" id="Page_287">p. -287</span>osterior á Jesús, época en la que «fariseo» era sinónimo de -«devoto.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_865" href="#FNanchor_865" class="label">[860]</a> -Math., <span class="asc">V</span>, 20; <span class="asc">XV</span>, -4; <span class="asc">XXIII</span>, 3, 16; Juan, <span -class="asc">VIII</span>, 7; Jos., <i>Ant.</i>, XII, <span -class="asc">IX</span>, 1; XIII, <span class="asc">X</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_866" href="#FNanchor_866" class="label">[861]</a> -Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 31 <i>a</i>; <i>Joma</i>, 35 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_867" href="#FNanchor_867" class="label">[862]</a> -Eccli., <span class="asc">XVII</span>, 21 y sig.; <span -class="asc">XXXV</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_868" href="#FNanchor_868" class="label">[863]</a> -Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XI</span>, 1; Talm. -de Babil., <i>Sanhedrin</i>, 100 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_869" href="#FNanchor_869" class="label">[864]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_870" href="#FNanchor_870" class="label">[865]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 2 y sig.; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 2 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_871" href="#FNanchor_871" class="label">[866]</a> -Math., <span class="asc">XV</span>, 2; Marc., <span -class="asc">VII</span>, 4, 8; Luc., <span class="asc">V</span>, -sub. fin., y <span class="asc">VI</span>, init.; <span -class="asc">XI</span>, 38 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_872" href="#FNanchor_872" class="label">[867]</a> -Luc., <span class="asc">XI</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_873" href="#FNanchor_873" class="label">[868]</a> -Luc., <span class="asc">XVIII</span>, 9-14; comp. <i>ibid.</i>, <span -class="asc">XIV</span>, 7-11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_874" href="#FNanchor_874" class="label">[869]</a> -Math., <span class="asc">III</span>, 7; <span class="asc">XVII</span>, -12-13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_875" href="#FNanchor_875" class="label">[870]</a> -Math., <span class="asc">XIV</span>, 5; <span class="asc">XXI</span>, -26; Marc., <span class="asc">XI</span>, 32; Luc., <span -class="asc">XX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_876" href="#FNanchor_876" class="label">[871]</a> -Math., <span class="asc">XII</span>, 3-8; <span -class="asc">XXIII</span>, 16 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_877" href="#FNanchor_877" class="label">[872]</a> -Marc., <span class="asc">III</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_878" href="#FNanchor_878" class="label">[873]</a> -Luc., <span class="asc">XIII</span>, 33.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXI</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_879" href="#FNanchor_879" class="label">[874]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 20-21; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 30-31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_880" href="#FNanchor_880" class="label">[875]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_881" href="#FNanchor_881" class="label">[876]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_882" href="#FNanchor_882" class="label">[877]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_883" href="#FNanchor_883" class="label">[878]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 55; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 41; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 49, -55.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_884" href="#FNanchor_884" class="label">[879]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 20, 25, 30, 32.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_885" href="#FNanchor_885" class="label">[880]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 50 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_886" href="#FNanchor_886" class="label">[881]</a> -Math., <span class="asc">X</span>, 11, 13; Marc., <span -class="asc">VI</span>, 10; Luc., <span class="asc">X</span>, 5-8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_887" href="#FNanchor_887" class="label">[882]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 3; <span class="asc">XXVI</span>, -18; Marc., <span class="asc">XI</span>, 3; <span -class="asc">XIV</span>, 13-14; Luc., <span class="asc">XIX</span>, 31; -<span class="asc">XXII</span>, 10-12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_888" href="#FNanchor_888" class="label">[883]</a> -Math., <span class="asc">XXIV</span>, 1-2; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 1-2; Luc., <span class="asc">XIX</span>, -44; <span class="asc">XXI</span>, 5-6. Cf. Marc., <span -class="asc">XI</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_889" href="#FNanchor_889" class="label">[884]</a> -Marc., <span class="asc">XII</span>, 41 y sig.; Luc., <span -class="asc">XXI</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_890" href="#FNanchor_890" class="label">[885]</a> -Marc., <span class="asc">XII</span>, 41.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_891" href="#FNanchor_891" class="label">[886]</a> -Marc., <span class="asc">XI</span>, 19; Luc., <span -class="asc">XXII</span>, 39; Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 1-2. -Ese vergel no podia estar muy distante del sitio donde la piedad de los -católicos ha rodeado de una pared algunos viejos olivos. La palabra -<i>Gethsemaní</i> parece significar «prensa de aceite.»</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_892" href="#FNanchor_892" class="label">[887]</a> -Luc., <span class="asc">XXI</span>, 37; <span class="asc">XXII</span>, -39; Juan, <span class="asc">VIII</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_893" href="#FNanchor_893" class="label">[888]</a> -Talm. de Babil., <i>Pesachim</i> 53 <i>a</i>.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_288">p. 288</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_894" href="#FNanchor_894" class="label">[889]</a> -Talm. de Jer., <i>Taanith</i>, <span class="asc">IV</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_895" href="#FNanchor_895" class="label">[890]</a> -Hoy dia, <i>El Azirié</i> (<i>El Azir</i>, nombre árabe de Lázaro); en -los textos cristianos de la edad media, <i>Lazarium</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_896" href="#FNanchor_896" class="label">[891]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 17-18; Marc., <span -class="asc">XI</span>, 11-12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_897" href="#FNanchor_897" class="label">[892]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_898" href="#FNanchor_898" class="label">[893]</a> -Luc., <span class="asc">X</span>, 38-42; Juan, <span -class="asc">XII</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_899" href="#FNanchor_899" class="label">[894]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_900" href="#FNanchor_900" class="label">[895]</a> -Luc., <span class="asc">X</span>, 38 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_901" href="#FNanchor_901" class="label">[896]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 35-36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_902" href="#FNanchor_902" class="label">[897]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 6; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 3; Luc., <span class="asc">VII</span>, 40-43; -Juan, <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_903" href="#FNanchor_903" class="label">[898]</a> -Marc., <span class="asc">XIII</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_904" href="#FNanchor_904" class="label">[899]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 37; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_905" href="#FNanchor_905" class="label">[900]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 13; <span class="asc">XII</span>, -42-43; <span class="asc">XIX</span>, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_906" href="#FNanchor_906" class="label">[901]</a> -I Esdras, <span class="asc">X</span>, 8; Epist. á los Hebr., <span -class="asc">X</span>, 34; Talm. de Jer., <i>Moëd katon</i>, <span -class="asc">III</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_907" href="#FNanchor_907" class="label">[902]</a> -Juan, <span class="asc">VII</span>, 45 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_908" href="#FNanchor_908" class="label">[903]</a> -Juan, <span class="asc">VIII</span>, 13 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_909" href="#FNanchor_909" class="label">[904]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 23-37.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_910" href="#FNanchor_910" class="label">[905]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 23 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_911" href="#FNanchor_911" class="label">[906]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 42 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_912" href="#FNanchor_912" class="label">[907]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 36 y sig., 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_913" href="#FNanchor_913" class="label">[908]</a> -Véanse los debates referidos por Juan, cap. <span -class="asc">VIII</span>, por ejemplo; verdad es que la autenticidad de -semejantes trozos no es sino relativa.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_914" href="#FNanchor_914" class="label">[909]</a> -Juan, <span class="asc">VIII</span>, 3 y sig. Ese pasaje no formaba -parte en un principio del evangelio de San Juan. Échase de ménos en los -manuscritos más antiguos, y el texto es muy indeciso. Sin embargo, es -de tradicion evangélica primitiva, como lo prueban las particularidades -singulares de los versículos 6 y 8, las cuales no se armonizan con -las ideas de Lúcas ni de los compiladores de segunda mano, quienes -únicamente exponen lo que se explica por sí mismo. Á lo que parece, esa -historia se hallaba en el evangelio segun los hebreos (Papias, citado -por Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, III, 39).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_915" href="#FNanchor_915" class="label">[910]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XIII, <span class="asc">X</span>, 6; XVIII, <span -class="asc">I</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_916" href="#FNanchor_916" class="label">[911]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 15; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 13; Luc., <span class="asc">XX</span>, 20; -Comp. Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">II</span>, -3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_917" href="#FNanchor_917" class="label">[912]</a> -Juan, <span class="asc">X</span>, 1-16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_918" href="#FNanchor_918" class="label">[913]</a> -Math., <span class="asc">XXIV</span>, 32; Marc., <span -class="asc">XIII</span>, 28; Luc., <span class="asc">XXI</span>, 30; -Juan, <span class="asc">IV</span>, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_919" href="#FNanchor_919" class="label">[914]</a> -<i>Totafôth</i> ó <i>tefillin</i>, láminas de metal ó tiras de -pergamino, conteniendo pasajes de la Ley, que los judíos devotos -llevaban en la frente ó en el brazo izquierdo, en ejecucion literal -de los pasajes (<i>Éxodo</i>, <span class="asc">XIII</span>, -9; <i>Deuter.</i>, <span class="asc">VI</span>, 8; <span -class="asc">XI</span>, 18).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_920" href="#FNanchor_920" class="label">[915]</a> -<i>Zizith</i>, orlas encarnadas que los judíos llevaban en la punta -del manto para distinguirse de los paganos, <i>Deuter.</i>, <span -class="asc">XXII</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_921" href="#FNanchor_921" class="label">[916]</a> -Los fariseos excluyen á los hombres del reino de Dios por su casuística -escrup<span class="pagenum" id="Page_289">p. 289</span>ulosa que hace -muy difícil la entrada en él, y desanima á los sencillos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_922" href="#FNanchor_922" class="label">[917]</a> -Quedábase impuro por el contacto de los sepulcros. Así es que se tenía -cuidado de marcar sobre el suelo su periferia. Talm. de Bab., <i>Baba -Bathra</i>, 58 <i>a</i>; <i>Baba Metsia</i>, 45 <i>b</i>. La reprimenda -dirigida por Jesús á los fariseos consiste en haber inventado una -porcion de pequeños preceptos, siempre violados sin mala intencion, y -que no sirven sino para multiplicar las infracciones de la Ley.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_923" href="#FNanchor_923" class="label">[918]</a> La -purificacion de la vajilla era entre los fariseos cosa sujeta á reglas -muy complicadas (Marc., <span class="asc">VII</span>, 4).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_924" href="#FNanchor_924" class="label">[919]</a> -El epíteto «ciego» repetido muchas veces (Math., <span -class="asc">XXIII</span>, 16, 17, 19, 24, 26), hace quizás alusion á -la costumbre de algunos fariseos que andaban con los ojos cerrados -por afectacion devota (Véase <a href="#Ch_20">capítulo <span -class="asc">XX</span></a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_925" href="#FNanchor_925" class="label">[920]</a> -Lúcas (<span class="asc">XI</span>, 37 y sig.) supone, y quizás no -sin razon, que ese versículo fué pronunciado durante una comida, en -contestacion á vanos escrúpulos de los fariseos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_926" href="#FNanchor_926" class="label">[921]</a> -Siendo impuros los sepulcros, se acostumbraba blanquearlos con cal para -dar aviso de no aproximarse á ellos. Véase <a href="#Footnote_922">nota -917</a>; Mischna, <i>Maasar scheni</i>, <span class="asc">V</span>, -1; Talm. de Jer., <i>Schekalim</i>, <span class="asc">I</span>, -1; <i>Maasar scheni</i>, <span class="asc">V</span>, 1; <i>Moëd -katon</i>, <span class="asc">I</span>, 2; <i>Sota</i>, <span -class="asc">IX</span>, 1; Talm. de Babil., <i>Moëd katon</i>, 5 -<i>a</i>. Quizás hay en la comparacion hecha por Jesús una alusion -á los «fariseos barnizados» (Véase <a href="#barniz">cap. <span -class="asc">XX</span></a>).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_927" href="#FNanchor_927" class="label">[922]</a> -Hay aquí una pequeña confusion, reproducida tambien en el targum -llamado de Jonathan (<i>Lament.</i>, <span class="asc">II</span>, -20), entre Zacarías hijo de Joiadas y Zacarías hijo de Baraquías, el -profeta. Del primero es de quien se trata (<i>II Paral.</i>, <span -class="asc">XXIV</span>, 21). El libro de los Paralipómenos, donde se -refiere el asesinato de Zacarías hijo de Joiadas, concluye el cánon -hebreo. Es el último homicidio en la lista de los homicidios de hombres -justos, segun el órden dado por la Biblia. El homicidio de Abel es el -primero.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_928" href="#FNanchor_928" class="label">[923]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 2-36; Marc., <span -class="asc">XII</span>, 38-40; Luc., <span class="asc">XI</span>, -39-52; <span class="asc">XX</span>, 46, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_929" href="#FNanchor_929" class="label">[924]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 11-12; <span -class="asc">XX</span>, 1 y sig.; <span class="asc">XXI</span>, -28 y sig., 33 y sig., 43; <span class="asc">XXII</span>, 1 y -sig.; Marc., <span class="asc">XII</span>, 1 y sig.; Luc., <span -class="asc">XX</span>, 9 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_930" href="#FNanchor_930" class="label">[925]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 37 y sig.; Juan, <span -class="asc">X</span>, 36 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_931" href="#FNanchor_931" class="label">[926]</a> -Juan, <span class="asc">IX</span>, 39.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_932" href="#FNanchor_932" class="label">[927]</a> -La más auténtica forma de esa frase parece hallarse en Márcos, <span -class="asc">XIV</span>, 58; <span class="asc">XV</span>, 29.—Juan, -<span class="asc">II</span>, 19; Math., <span class="asc">XXVI</span>, -61; <span class="asc">XXVII</span>, 40.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_933" href="#FNanchor_933" class="label">[928]</a> -Juan, <span class="asc">VIII</span>, 39; <span class="asc">X</span>, -31; <span class="asc">XI</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_934" href="#FNanchor_934" class="label">[929]</a> -<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1. Comp. Luc., <span -class="asc">XX</span>, 6; Juan, <span class="asc">X</span>, 33; <i>II -Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_935" href="#FNanchor_935" class="label">[930]</a> -Juan, <span class="asc">X</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_936" href="#FNanchor_936" class="label">[931]</a> -Juan, <span class="asc">V</span>, 18; <span class="asc">VII</span>, 1, -20, 25, 30; <span class="asc">VIII</span>, 37, 40.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_290">p. 290</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_937" href="#FNanchor_937" class="label">[932]</a> -Luc., <span class="asc">XI</span>, 53-54.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_938" href="#FNanchor_938" class="label">[933]</a> -Juan, <span class="asc">X</span>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_939" href="#FNanchor_939" class="label">[934]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, V, <span class="asc">V</span>, 2. Comp. -<i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 5; XX, <span -class="asc">IX</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_940" href="#FNanchor_940" class="label">[935]</a> Es -de suponer que los sepulcros llamados de Zacarías y de Absalon fuesen -monumentos de esa clase.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_941" href="#FNanchor_941" class="label">[936]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 29; Luc., <span -class="asc">XI</span>, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_942" href="#FNanchor_942" class="label">[937]</a> -Juan, <span class="asc">X</span>, 22. Comp. I Math., <span -class="asc">IV</span>, 52; II Math., <span class="asc">X</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_943" href="#FNanchor_943" class="label">[938]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XII, <span class="asc">VII</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_944" href="#FNanchor_944" class="label">[939]</a> -Juan, <span class="asc">X</span>, 40.—Math., <span -class="asc">XIX</span>, 1; Marc., <span class="asc">X</span>, 1. Viaje -conocido por los sinópticos; pero parecen creer que Jesús le hizo -viniendo de Galilea á Jerusalen por la Perea.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_945" href="#FNanchor_945" class="label">[940]</a> -<i>Eccl.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 18; Strabon, XVI, <span -class="asc">II</span>, 41; Justin., XXXVI, 3; Jos., <i>Ant.</i>, IV, -<span class="asc">VI</span>, 1; XIV, <span class="asc">IV</span>, 1, 1; -<span class="asc">XV</span>, <span class="asc">IV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_946" href="#FNanchor_946" class="label">[941]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_947" href="#FNanchor_947" class="label">[942]</a> -Math., <span class="asc">XX</span>, 29; Marc., <span -class="asc">X</span>, 46 y sig.; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, -35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_948" href="#FNanchor_948" class="label">[943]</a> -<i>B. J.</i>, IV, <span class="asc">VIII</span>, 3. Comp. el mismo, I, -<span class="asc">VI</span>, 6; I, <span class="asc">XVIII</span>, 5, y -<i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">IV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_949" href="#FNanchor_949" class="label">[944]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_950" href="#FNanchor_950" class="label">[945]</a> -Math., <span class="asc">IX</span>, 18 y sig.; Marc., <span -class="asc">V</span>, 22 y sig.; Luc., <span class="asc">VII</span>, 11 -y sig.; <span class="asc">VIII</span>, 41 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_951" href="#FNanchor_951" class="label">[946]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_952" href="#FNanchor_952" class="label">[947]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 35 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_953" href="#FNanchor_953" class="label">[948]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 33, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_954" href="#FNanchor_954" class="label">[949]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 46 y sig.; <span -class="asc">XII</span>, 2, 9 y sig., 17 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_955" href="#FNanchor_955" class="label">[950]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 9-10, 17-18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_956" href="#FNanchor_956" class="label">[951]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_957" href="#FNanchor_957" class="label">[952]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 47 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_958" href="#FNanchor_958" class="label">[953]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">III</span>, 1; XVIII, <span -class="asc">II</span>, 2; <span class="asc">V</span>, 2; XX, <span -class="asc">IX</span>, 1, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_959" href="#FNanchor_959" class="label">[954]</a> -<i>Ananus</i> de Josefo. Así el nombre hebreo <i>Johanan</i>, venía á -ser en griego <i>Joannes</i> ó <i>Joannas</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_960" href="#FNanchor_960" class="label">[955]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15-23; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">IV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_961" href="#FNanchor_961" class="label">[956]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_962" href="#FNanchor_962" class="label">[957]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">III</span>, 1; <i>B. -J.</i>, IV, <span class="asc">V</span>, 6, 7; <i>Hech.</i>, <span -class="asc">IV</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_963" href="#FNanchor_963" class="label">[958]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_964" href="#FNanchor_964" class="label">[959]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">IX</span>, 3; XIX, <span -class="asc">VI</span>, 2; <span class="asc">VIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_965" href="#FNanchor_965" class="label">[960]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_966" href="#FNanchor_966" class="label">[961]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">V</span>, 17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_967" href="#FNanchor_967" class="label">[962]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_968" href="#FNanchor_968" class="label">[963]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_969" href="#FNanchor_969" class="label">[964]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 49-50; <span -class="asc">XVIII</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_970" href="#FNanchor_970" class="label">[965]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 48.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_291">p. 291</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_971" href="#FNanchor_971" class="label">[966]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 53.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_972" href="#FNanchor_972" class="label">[967]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 54.—<i>II Chron.</i>, <span -class="asc">XIII</span>, 19; Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span -class="asc">IX</span>, 9; Eus. y San Jerón., <i>De situ et nom. loc. -hebr.</i>, en las voces <span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐφρών</span> y -<span xml:lang="grc" lang="grc">Ἐφραΐμ</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_973" href="#FNanchor_973" class="label">[968]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 55-56. Para el órden de los hechos, -en toda esta parte seguimos el sistema de Juan. Los sinópticos parecen -muy poco instruidos sobre el período de la vida de Jesús anterior á la -Pasion.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXIII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_974" href="#FNanchor_974" class="label">[969]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_975" href="#FNanchor_975" class="label">[970]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 24 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_976" href="#FNanchor_976" class="label">[971]</a> -Math., <span class="asc">XX</span>, 20 y sig.; Marc., <span -class="asc">X</span>, 35 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_977" href="#FNanchor_977" class="label">[972]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 12-27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_978" href="#FNanchor_978" class="label">[973]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 21 y sig.; Marc., <span -class="asc">VIII</span>, 31 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_979" href="#FNanchor_979" class="label">[974]</a> -Math., <span class="asc">XX</span>, 17 y sig.; Marc., <span -class="asc">X</span>, 31 y sig.; Luc., <span class="asc">XVIII</span>, -31 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_980" href="#FNanchor_980" class="label">[975]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 39; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_981" href="#FNanchor_981" class="label">[976]</a> -Math., <span class="asc">XX</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_982" href="#FNanchor_982" class="label">[977]</a> -Juan, <span class="asc">XI</span>, 56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_983" href="#FNanchor_983" class="label">[978]</a> -Celebrábase la Pascua el 14 de Nisan. Esto supuesto en el año 33, el -1.º de Nisan correspondia al sábado, 21 de Marzo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_984" href="#FNanchor_984" class="label">[979]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 6; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 3.—Luc., <span class="asc">VII</span>, 40, -43-44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_985" href="#FNanchor_985" class="label">[980]</a> -En el Oriente, siempre que una persona nos es adicta, por un lazo de -amistad ó bien de servidumbre, acostumbra acompañarnos y servirnos -cuando vamos á comer á una casa extraña.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_986" href="#FNanchor_986" class="label">[981]</a> -Esa costumbre se practica aún en Sour.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_987" href="#FNanchor_987" class="label">[982]</a> -Necesario es recordar que los piés de los convidados no estaban, como -entre nosotros, debajo de la mesa, sino extendidos á la altura del -cuerpo encima del divan ó <i>triclinium</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_988" href="#FNanchor_988" class="label">[983]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 6 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 3 y sig.; Juan, <span class="asc">XI</span>, -2; <span class="asc">XII</span>, 2 y sig. Comp. Luc., <span -class="asc">VII</span>, 36 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_989" href="#FNanchor_989" class="label">[984]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_990" href="#FNanchor_990" class="label">[985]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 41 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_991" href="#FNanchor_991" class="label">[986]</a> -Mischna, <i>Menachoth</i>, <span class="asc">XI</span>, 2; Talm. de -Babil., <i>Sanhedrin</i>, 14 <i>b</i>; <i>Pesachim</i>, 63 <i>b</i>, 91 -<i>a</i>; <i>Sota</i>, 45 <i>a</i>; <i>Baba metsia</i>, 85 <i>a</i>. -Segun lo que de esos pasajes resulta, Bethphage era una especie de -<i>pomœrium</i> que se extendia al pié del basamento oriental del -templo, y que tenía su cercado propio. Los pasajes Math., <span -class="asc">XXI</span>, 1; Marc., <span class="asc">XI</span>, 1; Luc., -<span class="asc">XIX</span>, 29, no indican claramente que Bethphage -fuese una aldea, como la suponen Eusebio y S. Jerónimo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_992" href="#FNanchor_992" class="label">[987]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">XI<span class="pagenum" id="Page_292">p. -292</span></span>, 1 y sig.; Luc., <span class="asc">XIX</span>, 29 y -sig.; Juan, <span class="asc">XII</span>, 12 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_993" href="#FNanchor_993" class="label">[988]</a> -Luc., <span class="asc">XIX</span>, 38; Juan, <span -class="asc">XII</span>, 13.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_994" href="#FNanchor_994" class="label">[989]</a> -La cifra de 120.000 que le atribuye Hecateo (en Josefo, <i>Cont. -Apion</i>, I, 22), nos parece exagerada. Ciceron habla de Jerusalen -como de una ciudad insignificante (<i>ad Atticum</i>, II, <span -class="asc">IX</span>). Cualquiera que sea el sistema adoptado, es -indudable que el antiguo recinto no pudo contener una poblacion -cuádruple de la que hoy existe, la cual no llega á 15.000 habitantes. -V. Robinson, <i>Bib. Res.</i>, I, 421, 422; Fergusson, <i>Topogr. of -Jerus.</i>, p. 51; Forster, <i>Syria and Palestine</i>, p. 82.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_995" href="#FNanchor_995" class="label">[990]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIV</span>, 3; VI, <span -class="asc">IX</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_996" href="#FNanchor_996" class="label">[991]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 20 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_997" href="#FNanchor_997" class="label">[992]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 17; Marc., <span -class="asc">XI</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_998" href="#FNanchor_998" class="label">[993]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 17-18; Marc., <span -class="asc">XI</span>, 11, 12, 19; Luc., <span class="asc">XXI</span>, -37, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_999" href="#FNanchor_999" class="label">[994]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 27 y sig. El tono exaltado de Juan -y su preocupacion exclusiva del papel divino de Jesús han desterrado de -la narracion las circunstancias de debilidad natural referidas por los -sinópticos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1000" href="#FNanchor_1000" class="label">[995]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 43; Juan, <span -class="asc">XII</span>, 28-29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1001" href="#FNanchor_1001" class="label">[996]</a> -Math., <span class="asc">XVIII</span>, 36 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 32 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -39 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1002" href="#FNanchor_1002" class="label">[997]</a> -Esto se comprende tanto ménos cuanto que Juan pone mucha afectacion -en restablecer las circunstancias que le son personales y de las -que fué el único testigo (<span class="asc">XIII</span>, 23; <span -class="asc">XVIII</span>, 15 y sig.; <span class="asc">XIX</span>, 26 y -sig., 35; <span class="asc">XX</span>, 2; <span class="asc">XXI</span>, -20 y sig.).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1003" href="#FNanchor_1003" class="label">[998]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 1-5; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 1-2; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1004" href="#FNanchor_1004" class="label">[999]</a> -Math., <span class="asc">XXI</span>, 46.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1005" href="#FNanchor_1005" class="label">[1000]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 55.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1006" href="#FNanchor_1006" class="label">[1001]</a> -Juan, <span class="asc">XII</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1007" href="#FNanchor_1007" class="label">[1002]</a> -Juan ni siquiera habla de una paga pecuniaria.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1008" href="#FNanchor_1008" class="label">[1003]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 65; <span class="asc">XII</span>, -6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1009" href="#FNanchor_1009" class="label">[1004]</a> -Juan, <span class="asc">VI</span>, 65, 71-72; <span -class="asc">XII</span>, 6; <span class="asc">XIII</span>, 2, 27.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1010" href="#FNanchor_1010" class="label">[1005]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 3 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1011" href="#FNanchor_1011" class="label">[1006]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 1 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 12; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 7; -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1012" href="#FNanchor_1012" class="label">[1007]</a> -Sistema de los sinópticos (Math., <span class="asc">XXVI</span>, 17 -y sig.; Marc., <span class="asc">XIV</span>, 12 y sig.; Luc., <span -class="asc">XXII</span>, 7 y sig., 15). Pero Juan, cuya narracion tiene -en esa parte una autoridad preponderante, supone que Jesús murió el dia -mismo en que se comia el cordero (<span class="asc">XIII</span>, 1-2, -29; <span class="asc">XVIII</span>, 28; <span class="asc">XIX</span>, -14, 31). El Talmud hace tambien morir á Jesús «la víspera de Pascua.» -(Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>.)</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1013" href="#FNanchor_1013" class="label">[1008]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1014" href="#FNanchor_1014" class="label">[1009]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 21 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 18 y sig.; Luc., <span class="asc">XX</span>, -21 y sig.; Juan, <span class="asc">XIII</span>, 21 y sig.; <span -class="asc">XXI</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1015" href="#FNanchor_1015" class="label">[1010]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 21 y sig., el cual desvanece la -inverosimilitud de la narracion de los sinópticos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1016" href="#FNanchor_1016" class="label">[1011]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 20.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1017" href="#FNanchor_1017" class="label">[1012]</a> -<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 26.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1018" href="#FNanchor_1018" class="label">[1013]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 26-28; Marc., <span -class="asc">XIV<span class="pagenum" id="Page_293">p. -293</span></span>, 22-24; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 19-21; -<i>I Cor.</i>, <span class="asc">XI</span>, 23-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1019" href="#FNanchor_1019" class="label">[1014]</a> -Cap. <span class="asc">VI</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1020" href="#FNanchor_1020" class="label">[1015]</a> -Cap. <span class="asc">XIII-XVII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1021" href="#FNanchor_1021" class="label">[1016]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 14-15.—Math., <span -class="asc">XX</span>, 26 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -26 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1022" href="#FNanchor_1022" class="label">[1017]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig. Los discursos colocados -por Juan á continuacion del relato de la Cena no pueden considerarse -como históricos. Están llenos de giros y expresiones impropias del -estilo de los discursos de Jesús, y, por el contrario, establecen muy -bien el lenguaje habitual de Juan. Por ejemplo, la expresion «hijitos» -en vocativo (Juan, <span class="asc">XIII</span>, 33) es muy frecuente -en la primera epístola de Juan. Esa expresion no parece haber sido -familiar á Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1023" href="#FNanchor_1023" class="label">[1018]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 33-35; <span -class="asc">XV</span>, 12-17.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1024" href="#FNanchor_1024" class="label">[1019]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 24-27.—Juan, <span -class="asc">XIII</span>, 4 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1025" href="#FNanchor_1025" class="label">[1020]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 29; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 25; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1026" href="#FNanchor_1026" class="label">[1021]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 29-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1027" href="#FNanchor_1027" class="label">[1022]</a> -Luc., <span class="asc">XXII</span>, 36-38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1028" href="#FNanchor_1028" class="label">[1023]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 31 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 29 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -33 y sig.; Juan, <span class="asc">XIII</span>, 36 y sig.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXIV</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1029" href="#FNanchor_1029" class="label">[1024]</a> -Juan, <span class="asc">XIII</span>, 30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1030" href="#FNanchor_1030" class="label">[1025]</a> -La circunstancia de un canto religioso, referida por Math., <span -class="asc">XXVI</span>, 30, y Marc., <span class="asc">XIV</span>, -26, proviene de la opinion que tienen esos dos evangelistas de que la -última comida de Jesús fué la comida pascual. Ántes y despues de la -comida pascual se cantaban Salmos. Talm. de Babilonia, <i>Pesachim</i>, -cap. <span class="asc">IX</span>, 118 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1031" href="#FNanchor_1031" class="label">[1026]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 36; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 32; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 39; -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1032" href="#FNanchor_1032" class="label">[1027]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 47; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 43; Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 3, -12.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1033" href="#FNanchor_1033" class="label">[1028]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 47; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 43; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 47; -Juan, <span class="asc">XXVIII</span>, 3; <i>Hech.</i>, 1, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1034" href="#FNanchor_1034" class="label">[1029]</a> -Tradicion de los sinópticos. En la narracion de Juan, Jesús se nombra á -sí mismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1035" href="#FNanchor_1035" class="label">[1030]</a> -Sobre este punto las dos tradiciones están de acuerdo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1036" href="#FNanchor_1036" class="label">[1031]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1037" href="#FNanchor_1037" class="label">[1032]</a> -Marc., <span class="asc">XIV</span>, 51-52.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1038" href="#FNanchor_1038" class="label">[1033]</a> -En materia criminal no se admitian sino testigos oculares. Mischna, -<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">IV</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1039" href="#FNanchor_1039" class="label">[1034]</a> -Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XIV</span>, -16;<span class="pagenum" id="Page_294">p. 294</span> Talm. de -Babil., mismo trat., 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>.—<i>Schabbath</i>, 104 -<i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1040" href="#FNanchor_1040" class="label">[1035]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 63; Juan, <span -class="asc">VII</span>, 12, 47.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1041" href="#FNanchor_1041" class="label">[1036]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 13 y sig. Ésta es la mejor prueba -del valor histórico del cuarto evangelio. Juan es el único que refiere -esta circunstancia.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1042" href="#FNanchor_1042" class="label">[1037]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 69 y sig.; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 66 y sig.; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -54 y sig.; Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 15 y sig., 25 y -sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1043" href="#FNanchor_1043" class="label">[1038]</a> -Math., <span class="asc">XVI</span>, 57; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 53; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 66.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1044" href="#FNanchor_1044" class="label">[1039]</a> -Math., <span class="asc">XXIII</span>, 16 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1045" href="#FNanchor_1045" class="label">[1040]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 64; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 62; Luc., <span class="asc">XXII</span>, 69. -Juan no sabe una palabra de esa escena.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1046" href="#FNanchor_1046" class="label">[1041]</a> -<i>Levit.</i>, <span class="asc">XXIV</span>, 14 y sig.; -<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1047" href="#FNanchor_1047" class="label">[1042]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 50-51.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1048" href="#FNanchor_1048" class="label">[1043]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 31; Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span -class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1049" href="#FNanchor_1049" class="label">[1044]</a> -Math., <span class="asc">XXVI</span>, 67-68; Marc., <span -class="asc">XIV</span>, 65; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -63-65.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1050" href="#FNanchor_1050" class="label">[1045]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 1; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 1; Luc., <span class="asc">XXII</span>, -66; <span class="asc">XXIII</span>, 1; Juan, <span -class="asc">XVIII</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1051" href="#FNanchor_1051" class="label">[1046]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XV, <span class="asc">XI</span>, 5; <i>B. J.</i>, -VI, <span class="asc">II</span>, 4.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1052" href="#FNanchor_1052" class="label">[1047]</a> -Filon, <i>Legatio ad Caium</i>, § 38. Jos., <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">XIV</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1053" href="#FNanchor_1053" class="label">[1048]</a> -En el lugar donde está hoy dia el serrallo del bajá de Jerusalen.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1054" href="#FNanchor_1054" class="label">[1049]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1055" href="#FNanchor_1055" class="label">[1050]</a> -La voz griega <span xml:lang="grc" lang="grc">βῆμα</span> habia pasado -al siro-caldeo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1056" href="#FNanchor_1056" class="label">[1051]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 3; <span -class="asc">XIV</span>, 8; Math., <span class="asc">XXVII</span>, 27; -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1057" href="#FNanchor_1057" class="label">[1052]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 29.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1058" href="#FNanchor_1058" class="label">[1053]</a> -Virg., <i>Æn.</i>, XII, 121; Marcial, <i>Epig.</i>, I, <span -class="asc">XXXII</span>; X, <span class="asc">XLVIII</span>; Plutarco, -<i>Vida de Romulus</i>, 29. Comp. la <i>hasta pura</i>, condecoracion -militar. Orelli y Henzen, <i>Inscr. lat.</i>, núms. 3.574, -6.852, etc. En esta hipótesis, <i>Pilatus</i> es una voz de la misma -forma que <i>Torquatus</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1059" href="#FNanchor_1059" class="label">[1054]</a> -Filon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1060" href="#FNanchor_1060" class="label">[1055]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 1, init.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1061" href="#FNanchor_1061" class="label">[1056]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">II-IV</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1062" href="#FNanchor_1062" class="label">[1057]</a> -Talm. de Babil., <i>Schabbath</i>, 33 <i>b</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1063" href="#FNanchor_1063" class="label">[1058]</a> -Filon, <i>Leg. ad Caium</i>, § 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1064" href="#FNanchor_1064" class="label">[1059]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 1 y 2; <i>Bell. -jud.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 2 y sig.; Luc., <span -class="asc">XIII</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1065" href="#FNanchor_1065" class="label">[1060]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 1-2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1066" href="#FNanchor_1066" class="label">[1061]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1067" href="#FNanchor_1067" class="label">[1062]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1068" href="#FNanchor_1068" class="label">[1063]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 2, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1069" href="#FNanchor_1069" class="label">[1064]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 11; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 2; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 3; -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 33.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1070" href="#FNanchor_1070" class="label">[1065]</a> -Juan, <span class="asc">XVIII</span>, 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1071" href="#FNanchor_1071" class="label">[1066]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">XVIII</span>, 14-15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1072" href="#FNanchor_1072" class="label">[1067]</a> -Tácito (<i>Anal.</i>, XV, 44) presenta la muerte de Jesús como una -ejecucion política de Poncio Pilato. Pero cuando escribia Tácito, -la política romana respecto á los cristianos habia cambiado. Se los -miraba como culpables de liga secreta contra el Estado. Natural era -que el historiador latino creyese que Pilato habia hecho morir á Jesús -obedeciendo á razones de seguridad pública. Jo<span class="pagenum" -id="Page_295">p. 295</span>sefo es mucho más exacto (<i>Ant.</i>, -XVIII, <span class="asc">III</span>, 3).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1073" href="#FNanchor_1073" class="label">[1068]</a> -Marc., <span class="asc">XV</span>, 10.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1074" href="#FNanchor_1074" class="label">[1069]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 20; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 11.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1075" href="#FNanchor_1075" class="label">[1070]</a> -El nombre de Jesús ha desaparecido en muchos de los manuscritos. Sin -embargo, esta opinion tiene en su apoyo grandes autoridades.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1076" href="#FNanchor_1076" class="label">[1071]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1077" href="#FNanchor_1077" class="label">[1072]</a> -S. Jerón., <i>In Math.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, 16.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1078" href="#FNanchor_1078" class="label">[1073]</a> -Marc., <span class="asc">XV</span>, 7; Luc., <span -class="asc">XXIII</span>, 19; Juan (<span class="asc">XVIII</span>, -40), presentándole como un ladron, parece ser aquí mucho ménos verídico -que Márcos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1079" href="#FNanchor_1079" class="label">[1074]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 26; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 15; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1080" href="#FNanchor_1080" class="label">[1075]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, II, <span class="asc">XIV</span>, 9; V, <span -class="asc">XI</span>, 1; VII, <span class="asc">VI</span>, 4; Tito -Livio, XXXIII, 36; Quinto Curcio, VII, <span class="asc">XI</span>, -28.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1081" href="#FNanchor_1081" class="label">[1076]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 27 y sig.; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 16 y sig.; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, -11; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1082" href="#FNanchor_1082" class="label">[1077]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 16, 22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1083" href="#FNanchor_1083" class="label">[1078]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 7.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1084" href="#FNanchor_1084" class="label">[1079]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 9; Luc., <span -class="asc">XXIII</span>, 6 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1085" href="#FNanchor_1085" class="label">[1080]</a> -En esto hay probablemente una primera tentativa de «armonía de los -evangelios.» Lúcas habria tenido á la vista un relato en el cual -se atribuiria, por error, á Heródes la muerte de Jesús. Y para no -sacrificar por completo esa version, hizo uso de las dos tradiciones -con tanto mayor motivo, cuanto que acaso sabía vagamente que Jesús -(segun Juan nos lo afirma) compareció ante tres autoridades. Lúcas -parece tener, en otros muchos casos, un conocimiento remoto de los -hechos que figuran en la narracion de Juan. Por lo demás, el tercer -evangelio contiene, respecto á la historia de la crucifixion, una serie -de adiciones que sin duda tomó el autor de un documento más reciente, y -cuyo arreglo se hizo de modo que se echa de ver la marcada intencion de -edificar á los lectores.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1086" href="#FNanchor_1086" class="label">[1081]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 12, 15.—Luc., <span -class="asc">XXIII</span>, 2. Para apreciar mejor la exactitud del -colorido de este cuadro de los evangelistas, véase á Filon, <i>Leg. ad -Caium</i>, § 38.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1087" href="#FNanchor_1087" class="label">[1082]</a> -Math., <span class="asc">XXII</span>, 24-25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1088" href="#FNanchor_1088" class="label">[1083]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 7.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_296">p. 296</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1089" href="#FNanchor_1089" class="label">[1084]</a> -<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 1 y sig.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXV</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1090" href="#FNanchor_1090" class="label">[1085]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1. El Talmud -presenta la condena de Jesús como puramente religiosa y pretende en -efecto que fué apedreado, ó á lo ménos que despues de haber sido -crucificado fué apedreado, como sucedia muchas veces (Mischna, -<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">VI</span>, 4). Talm. de Jer., -<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XIV</span>, 16; Talm. de Babil., -<i>Sanhedrin</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1091" href="#FNanchor_1091" class="label">[1086]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVII, <span class="asc">X</span>, 10; XX, <span -class="asc">VI</span>, 2; <i>B. J.</i>, V, <span class="asc">XI</span>, -1; Apuleyo, <i>Metam.</i>, III, 9; Suetonio, <i>Galba</i>, 9. -Lampridio, <i>Alex. Sev.</i>, 23.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1092" href="#FNanchor_1092" class="label">[1087]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 14. Segun Márcos, <span -class="asc">XV</span>, 25, no eran sino las ocho de la mañana, puesto -que, segun este evangelista, crucificaron á Jesús á las nueve.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1093" href="#FNanchor_1093" class="label">[1088]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 33; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 22; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 20; -<i>Epist. ad Hebr.</i>, <span class="asc">XIII</span>, 18.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1094" href="#FNanchor_1094" class="label">[1089]</a> -<i>Gólgotha</i>, parece tener en efecto relacion con el collado de -<i>Gareb</i> y el lugar de <i>Goatha</i> mencionados en Jeremías, <span -class="asc">XXXI</span>, 39. Esos dos parajes parecen haber estado al -Nord-oeste de la ciudad. Me inclino á creer que el sitio en que Jesús -fué crucificado se hallaba cerca del ángulo extremo que forma la pared -actual hácia el Oeste, ó bien sobre los cerros que dominan el valle de -Hinnom, encima de <i>Birket-Mamilla</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1095" href="#FNanchor_1095" class="label">[1090]</a> -Carecen de solidez las pruebas por las cuales se ha pretendido -establecer que el Santo Sepulcro fué trasladado despues de -Constantino.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1096" href="#FNanchor_1096" class="label">[1091]</a> -El señor de Vogüé ha descubierto, á 76 metros al Este del sitio -tradicional del Calvario, un lienzo de muralla judáica semejante á -la de Hebron, que, de haber pertenecido al recinto del tiempo de -Jesús, probaria que dicho sitio tradicional se hallaba fuera de la -ciudad. La existencia de una bóveda sepulcral (llamada «sepulcro de -José de Arimathea») bajo el muro de la cúpula del Santo Sepulcro -deja tambien suponer que el referido sitio estaba fuera de las -murallas. Por otra parte, pueden invocarse en favor de la tradicion -dos consideraciones históricas, una de las cuales es de mucho peso. -Consiste la primera en que sería sin duda muy original que los -que, en la época de Constantino, trataron de fijar la topografía -evangélica, no se hubiesen detenido ante la objecion que resulta de -<i>Juan</i>, <span class="asc">XIX</span>, 20, y de <i>Hebreos</i>, -<span class="asc">XIII</span>, 12. En efecto, ¿cómo siendo libres en su -eleccion se habrian expuesto voluntariamente á tan grave dificultad? La -segunda consideracion es que en tiempo de Constantino podian todavía -guiarse por las ruinas de un edificio, erigido por Adriano, cual era -el templo de Vénus que se alzaba en el Gólgotha. Á veces se inclina -uno á creer que la obra de los topógrafos devotos de la época de -Constantino fué en cierto modo concienzuda, y que si no prescindieron -completamente de ciertos fraudes piadosos, trataron de guiarse por -indicios y analogías. De no haber seguido sino un vano capricho -habrian colocado el Gólgotha en un sitio más aparente, en la cumbre -de alguna de las colinas próximas á Jerusalen, conformándose en esto -con las suposiciones cristianas que desde muy temprano se empeñaron -en que la muerte de Jesús habia tenido lugar sobre una montaña. Pero -la dificultad del recinto es muy grave. Añadamos que la ereccion del -templo de Vénus no prueba gran cosa. Eusebio (<i>Vita Cons.</i>, III, -21), Sócrates (<i>H. E.</i>, I, 17), Sozomeno (<i>H. E.</i>, II, 1), -San Jerónimo (<i>Epist.</i> <span class="asc">XLIX</span>, ad Paulin.) -dicen, en efecto, que habia un santuario de Vénus en el sitio que ellos -creen ser el del Santo Sepulcro; pero hay tres puntos muy dudosos: -1.º que Adriano hubiese erigido aquel templo; 2.º que se alzase en -el sitio que entónces se llamaba Gólgotha; 3.º que tuviese la<span -class="pagenum" id="Page_297">p. 297</span> intencion de edificarle en -el lugar en que Jesús fué ajusticiado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1097" href="#FNanchor_1097" class="label">[1092]</a> -Plutarco, <i>De sera num. vind.</i>, 19; Artemidoro, <i>Onirocrit.</i>, -<span class="asc">II</span>, 56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1098" href="#FNanchor_1098" class="label">[1093]</a> -Marc., <span class="asc">XV</span>, 21.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1099" href="#FNanchor_1099" class="label">[1094]</a> -La circunstancia que refiere Luc., <span class="asc">XXIII</span>, -27-31, es de esas en que se deja conocer el esfuerzo de una imaginacion -piadosa y enternecida. Las palabras que se atribuyen á Jesús no -pudieron escribirse sino despues del sitio de Jerusalen.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1100" href="#FNanchor_1100" class="label">[1095]</a> -Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, fol. 43 <i>a</i>. Comp. -<i>Prov.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1101" href="#FNanchor_1101" class="label">[1096]</a> -Talm. de Babil., <i>Sanhedrin</i>, <i>l. c.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1102" href="#FNanchor_1102" class="label">[1097]</a> -Marc., <span class="asc">XV</span>, 23; Math., <span -class="asc">XXVII</span>, 34, desfiguran ese pormenor para obtener una -alusion mesiánica.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1103" href="#FNanchor_1103" class="label">[1098]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 35; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 24; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 23; -Artemidoro, <i>Oniroc.</i>, <span class="asc">II</span>, 53.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1104" href="#FNanchor_1104" class="label">[1099]</a> -Luciano, <i>Jud. voc.</i>, 12. Comp. el crucifijo grotesco delineado en -Roma sobre una muralla del monte Palatino. <i>Civiltà cattolica</i>, -fasc. <span class="asc">CLXI</span>, p. 529 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1105" href="#FNanchor_1105" class="label">[1100]</a> -Jos., <i>B. J.</i>, VII, <span class="asc">VII</span>, 4; Cicer., -<i>in Verrem</i>, V, 66; Xeno. Eph., <i>Ephesiaca</i>, <span -class="asc">IV</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1106" href="#FNanchor_1106" class="label">[1101]</a> -Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 39; Juan, <span -class="asc">XX</span>, 25-27; Plauto, <i>Mostellaria</i>, II, 1, 13; -Lucano, <i>Phars.</i>, <span class="asc">VI</span>, 543 y sig., 547; -Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, 97; Tertul., <i>Adv. Marcionem</i>, -III, 19.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1107" href="#FNanchor_1107" class="label">[1102]</a> -Ireneo, <i>Adv. hær.</i>, II, 24; Justino, <i>Dial. cum Tryph.</i>, -91.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1108" href="#FNanchor_1108" class="label">[1103]</a> -Véase el texto árabe publicado por Kosegarten, <i>Chrest. arab.</i>, p. -64.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1109" href="#FNanchor_1109" class="label">[1104]</a> -Sparziano, <i>Vida de Adriano</i>, 10; Vulcatius Gallicanus, <i>Vida de -Avidius Cassius</i>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1110" href="#FNanchor_1110" class="label">[1105]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 48; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 36; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 36; -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 28-30.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1111" href="#FNanchor_1111" class="label">[1106]</a> -Dig., <span class="asc">XLVII</span>, <span class="asc">XX</span>, -<i>De bonis damnat.</i>, 6. Costumbre limitada por Adriano.</p> - -</div> <p><span class="pagenum" id="Page_298">p. 298</span></p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1112" href="#FNanchor_1112" class="label">[1107]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 36.—Petronio, <i>Satyr.</i>, -<span class="asc">CXI</span>, <span class="asc">CXII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1113" href="#FNanchor_1113" class="label">[1108]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 34. Generalmente las últimas -palabras atribuidas á Jesús, y sobre todo del modo que las refiere -Lúcas, inducen á la duda. Déjase conocer en ellas la intencion de -edificar y demostrar el cumplimiento de las profecías. En semejantes -casos cada uno las entiende á su manera. Las últimas palabras de los -condenados célebres siempre han sido recogidas de dos ó tres modos -completamente diferentes por los testigos más cercanos.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1114" href="#FNanchor_1114" class="label">[1109]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 19-22.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1115" href="#FNanchor_1115" class="label">[1110]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1116" href="#FNanchor_1116" class="label">[1111]</a> -Los sinópticos están de acuerdo en colocar el grupo fiel «léjos» de la -cruz. Juan dice: «al lado», incitado por el deseo de manifestar que -estuvo cerca de la cruz.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1117" href="#FNanchor_1117" class="label">[1112]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 55-56; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 40-41; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, -49, 55; <span class="asc">XXIV</span>, 10; Juan, <span -class="asc">XIX</span>, 25; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, -27-31.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1118" href="#FNanchor_1118" class="label">[1113]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 25 y sig. Lúcas, siempre -intermediario entre los dos primeros sinópticos y Juan, coloca tambien, -pero á distancia, á «todos sus amigos» (<span class="asc">XXIII</span>, -49). La diccion <span xml:lang="grc" lang="grc">γνωστοί</span> puede, -es verdad, atribuirse á los «parientes.» Sin embargo, Lúcas establece -una diferencia entre <span xml:lang="grc" lang="grc">γνωστοί</span> -y <span xml:lang="grc" lang="grc">συγγενεῖς</span>. Los mejores -manuscritos dicen <span xml:lang="grc" lang="grc">οἱ γνωστοὶ -αὐτῷ</span> y no <span xml:lang="grc" lang="grc">οἱ γνωστοὶ -αὐτοῦ</span>. En los <i>Hechos</i> (<span class="asc">I</span>, 14), -María, madre de Jesús, aparece tambien en compañía de las mujeres -galileas; en otra parte (<i>Evang.</i>, <span class="asc">II</span>, -35) Lúcas la profetiza que una espada de dolor atravesará su corazon. -Pero no se explica cómo puede olvidarla cerca de la cruz.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1119" href="#FNanchor_1119" class="label">[1114]</a> -Éste es, en mi concepto, uno de los rasgos en que se descubre la -personalidad de Juan y su deseo de darse importancia. Juan, despues -de la muerte de Jesús, parece en efecto haber recogido á la madre de -su maestro, y haberla adoptado (Juan, <span class="asc">XIX</span>, -27). La gran consideracion que María tuvo en la iglesia naciente le -incitó á pretender que Jesús, de quien suponia haber sido el discípulo -favorito, le habia recomendado á la hora de su muerte la más querida -de sus afecciones. La presencia á su lado de este precioso depósito -le aseguraba sobre los otros apóstoles una especie de supremacía y -prestaba á su doctrina grande autoridad.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1120" href="#FNanchor_1120" class="label">[1115]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 40; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 29 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1121" href="#FNanchor_1121" class="label">[1116]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 44; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 32. Lúcas, en su manía por la conversion de los -pecadores, ha modificado aquí la tradicion.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1122" href="#FNanchor_1122" class="label">[1117]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 45; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 33; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 44.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1123" href="#FNanchor_1123" class="label">[1118]</a> -Petronio, <i>Sat.</i>, <span class="asc">CXI</span> y sig.; Orígenes, -<i>In Math. Comment. series</i>, 140; texto árabe publicado en -Kosegarten, <i>op. cit.</i>, p. 63.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1124" href="#FNanchor_1124" class="label">[1119]</a> -Eusebio, <i>Hist. eccl.</i>, <span class="asc">VIII</span>, 8.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1125" href="#FNanchor_1125" class="label">[1120]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 34.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1126" href="#FNanchor_1126" class="label">[1121]</a> -Math., <span class="pagenum" id="Page_299">[Pg 299]</span><span -class="asc">XXVII</span>, 50; Marc., <span class="asc">XV</span>, -37; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 46; Juan, <span -class="asc">XIX</span>, 30.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXVI</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1127" href="#FNanchor_1127" class="label">[1122]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 46; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 37; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 44. -Comp. Juan, <span class="asc">XIX</span>, 14.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1128" href="#FNanchor_1128" class="label">[1123]</a> -<i>Deuter.</i>, <span class="asc">XXI</span>, 22-23; Josué, -<span class="asc">VIII</span>, 29; <span class="asc">X</span>, -26.—Jos., <i>B. J.</i>, IV, <span class="asc">V</span>, 2; Mischna, -<i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1129" href="#FNanchor_1129" class="label">[1124]</a> -Juan dice: «á Pilato», pero eso no es posible, puesto que Márcos -asegura (<span class="asc">XV</span>, 44-45) que Pilato ignoraba -todavía por la noche la muerte de Jesús.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1130" href="#FNanchor_1130" class="label">[1125]</a> -No hay otro ejemplo de <i>crurifragium</i> aplicado despues de la -crucifixion. Pues muchas veces sucedia que para concluir con los -tormentos del paciente se les daba el golpe de gracia. V. S. el pasaje -de Ibn-Hischam traducido en la <i>Zeitschrift für die Kunde des -Morgenlandes</i>, I, p. 99-100.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1131" href="#FNanchor_1131" class="label">[1126]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 31-35.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1132" href="#FNanchor_1132" class="label">[1127]</a> -Herodoto, <span class="asc">VII</span>, 194; Jos., <i>Vita</i>, 75.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1133" href="#FNanchor_1133" class="label">[1128]</a> -Marc., <span class="asc">XV</span>, 44-45.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1134" href="#FNanchor_1134" class="label">[1129]</a> -Las necesidades de la argumentacion cristiana exageraron despues esas -precauciones, sobre todo, cuando los judíos adoptaron el sistema -de afirmar que el cuerpo de Jesús habia sido robado. Math., <span -class="asc">XXVII</span>, 62 y sig.; <span class="asc">XXVIII</span>, -11-15.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1135" href="#FNanchor_1135" class="label">[1130]</a> -Horacio, <i>Epist.</i>, I, <span class="asc">XVI</span>, 48; Juvenal, -<span class="asc">XIV</span>, 77; Luciano, <span class="asc">VI</span>, -544; Plauto, <i>Miles glor.</i>, II, <span class="asc">IV</span>, -19; Artemidoro, <i>Onir.</i>, II, 53; Plinio, XXXVI, 24; Plutarco, -<i>Vida de Cléomenes</i>, 39; Petronio, <i>Sat.</i>, <span -class="asc">CXI-CXII</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1136" href="#FNanchor_1136" class="label">[1131]</a> -Mischna, <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">VI</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1137" href="#FNanchor_1137" class="label">[1132]</a> -Idéntica á la antigua Rama de Samuel en la tribu de Efraim.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1138" href="#FNanchor_1138" class="label">[1133]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 57 y sig.; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 42 y sig.; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, -50 y sig.; Juan, <span class="asc">XIX</span>, 38 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1139" href="#FNanchor_1139" class="label">[1134]</a> -Digesto, <span class="asc">XLVIII</span>, <span -class="asc">XXIV</span>, <i>De cadaveribus punitorum</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1140" href="#FNanchor_1140" class="label">[1135]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 39 y sig.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1141" href="#FNanchor_1141" class="label">[1136]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 61; Marc., <span -class="asc">XV</span>, 47; Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 55.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1142" href="#FNanchor_1142" class="label">[1137]</a> -Juan, <span class="asc">XIX</span>, 41-42.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1143" href="#FNanchor_1143" class="label">[1138]</a> -Segun una tradicion (Math., <span class="asc">XXVII</span>, 60), José -de Arimathea era propietario de la bóveda.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1144" href="#FNanchor_1144" class="label">[1139]</a> -La bóveda que en la época de Constantino fué considerada como el -sepulcro de Cristo, ofrecia esa forma, segun puede inferirse de la -descripcion de Arculfo (en Mabillon, <i>Acta SS. Ord. S. Bened.</i>, -sect. III, pars II, p. 504) y de las tradiciones vagas que existen -en Jerusalen entre el clero griego, respecto al estado de la peña -actualmente oculta por parte del monumento del Santo Sepulcro. Fueron -débiles ó nulos los indicios (V. S. sobre todo á Sozomeno, <i>H. -E.</i>, II, 1) sobre los cuales se apoyaron en tiempo de Constantino -para identificar el sepulcro de Jesús con esa bóveda. Áun admitiendo -el sitio del Gólgotha como casi exacto, el Santo Sepulcro no tendria -ningun carácter serio de autenticidad. En todo c<span class="pagenum" -id="Page_300">p. 300</span>aso, el aspecto de los lugares ha sido -enteramente modificado.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1145" href="#FNanchor_1145" class="label">[1140]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1146" href="#FNanchor_1146" class="label">[1141]</a> -Luc., <span class="asc">XXIII</span>, 54-56.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1147" href="#FNanchor_1147" class="label">[1142]</a> -Math., <span class="asc">XXVIII</span>, 1; Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 1; Luc., <span class="asc">XXIV</span>, 1; -Juan, <span class="asc">XX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1148" href="#FNanchor_1148" class="label">[1143]</a> -V. S. Math., <span class="asc">XXVIII</span>, 15; Juan, <span -class="asc">XX</span>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1149" href="#FNanchor_1149" class="label">[1144]</a> -Habia sido poseida por siete demonios (Marc., <span -class="asc">XVI</span>, 9; Luc., <span class="asc">VIII</span>, 2).</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1150" href="#FNanchor_1150" class="label">[1145]</a> -Cosa que particularmente se deja conocer en los versículos 9 y sig. del -cap. <span class="asc">XVI</span> de Márcos. Esos versículos forman -una conclusion del segundo evangelio, diferente de la conclusion, -<span class="asc">XVI</span> 1-8, la cual sirvió de apoyo á muchos -manuscritos. En el cuarto evangelio (<span class="asc">XX</span>, 1-2, -11, 18), María de Magdala es tambien el único testigo primitivo de la -resurreccion.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXVII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1151" href="#FNanchor_1151" class="label">[1146]</a> -El año 33 corresponde exactamente á uno de los datos del problema, á -saber, que el 14 de Nisan fué un viérnes. Para desechar el año 33, y -hallar un año que satisfaga esa condicion, preciso es remontar lo ménos -hasta el año 29 ó bajar hasta el año 36.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1152" href="#FNanchor_1152" class="label">[1147]</a> -Luc., <span class="asc">III</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1153" href="#FNanchor_1153" class="label">[1148]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">IV</span>, 2 y 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1154" href="#FNanchor_1154" class="label">[1149]</a> -La afirmacion contraria de Tertuliano y de Eusebio se origina de -un apócrifo sin valor (V. S. Thilo, <i>Cod. apóc. N. T.</i>, p. -813 y sig.). El suicidio de Pilato (Eusebio, <i>H. E.</i>, II, 7; -<i>Chron. ad. ann. I Caii</i>) parece tambien originarse de hechos -legendarios.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1155" href="#FNanchor_1155" class="label">[1150]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XX, <span class="asc">IX</span>, 1.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1156" href="#FNanchor_1156" class="label">[1151]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">VII</span>, 1, 2; <i>B. -J.</i>, II, <span class="asc">IX</span>, 6.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1157" href="#FNanchor_1157" class="label">[1152]</a> -S. Jerón., <i>De situ et nom. loc. hebr.</i>, en la palabra -<i>Acheldama</i>. Eusebio dice al norte. Pero los itinerarios sancionan -la opinion de San Jerónimo. La tradicion que llama <i>Hacéldama</i> al -necrópolo situado en el fondo del valle de Hinnom remonta lo ménos á la -época de Constantino.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1158" href="#FNanchor_1158" class="label">[1153]</a> -<i>Hech.</i>, <span class="asc">I</span>, 18-19. Matheo, ó más bien -su interpolador, ha dado un giro ménos satisfactorio á la tradicion -de relacionar con ella la circunstancia de un cementerio para los -extr<span class="pagenum" id="Page_301">p. 301</span>anjeros, -cementerio que se hallaba cerca de aquel lugar.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1159" href="#FNanchor_1159" class="label">[1154]</a> -Math., <span class="asc">XXVII</span>, 5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1160" href="#FNanchor_1160" class="label">[1155]</a> -<i>Hech.</i>, <i>l. c.</i>; Papias, en Œcumenius, <i>Enarr. in Act. -apost.</i>, <span class="asc">II</span>, y en Münter, <i>Frag. Patrum -græc.</i> (Hafniae, 1788), fasc. <span class="asc">I</span>, p. 17 y -sig.; Teofilacto, <i>In Math.</i>, <span class="asc">XXVII</span>, -5.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1161" href="#FNanchor_1161" class="label">[1156]</a> -Papias, en Münter, <i>l. c.</i>; Teofilacto, <i>l. c.</i></p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1162" href="#FNanchor_1162" class="label">[1157]</a> -Salmos <span class="asc">LXIX</span> y <span class="asc">CIX</span>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1163" href="#FNanchor_1163" class="label">[1158]</a> -Ese sentimiento popular existia aún en Bretaña, cuando yo era niño. El -gendarme se consideraba allí como en otras partes el judío, esto es, -con una especie de repulsion piadosa, por cuanto á que él fué quien -prendió á Jesús.</p> - -</div> - - -<div class="section"> - <p class="centra ws1 mt3">NOTAS DEL CAPÍTULO XXVIII</p> - <hr class="tir" /> -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1164" href="#FNanchor_1164" class="label">[1159]</a> -Math., <span class="asc">VIII</span>, 5 y sig.; Luc., <span -class="asc">VII</span>, 1 y sig.; Juan, <span class="asc">XII</span>, -20 y sig. Comp. Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, -3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1165" href="#FNanchor_1165" class="label">[1160]</a> -Tácito, <i>Ann.</i>, XV, 45; Suetonio, <i>Claudio</i>, 25.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1166" href="#FNanchor_1166" class="label">[1161]</a> -<i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3. Una mano cristiana -ha alterado este pasaje.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1167" href="#FNanchor_1167" class="label">[1162]</a> -<i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">I</span>; <i>B. J.</i>, II, <span -class="asc">VIII</span>; <i>Vita</i>, 2.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1168" href="#FNanchor_1168" class="label">[1163]</a> -Talm. de Jer., <i>Sanhedrin</i>, <span class="asc">XIV</span>, 16; -<i>Aboda zara</i>, 2; <i>Schabbath</i>, <span class="asc">XIV</span>, -4; Talm. de Babil., <i>Sanh.</i>, 43 <i>a</i>, 67 <i>a</i>; -<i>Schabbath</i>, 104 <i>b</i>, 116 <i>b</i>. Comp. <i>Chagiga</i>, -4 <i>b</i>; <i>Gittin</i>, 57 <i>a</i>, 90 <i>a</i>. Las dos Gemaras -toman una gran parte de sus datos sobre Jesús de una leyenda ridícula -y obscena sin valor histórico, inventada por los enemigos del -cristianismo.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1169" href="#FNanchor_1169" class="label">[1164]</a> -Jos., <i>Ant.</i>, XVIII, <span class="asc">III</span>, 3.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1170" href="#FNanchor_1170" class="label">[1165]</a> -Filóstrato, <i>Vida de Apolonio</i>, IV, 2; VII, 11; VIII, 7. Eunapio, -<i>Vida de los Sofistas</i>, p. 454, 500 (ed. Didot).</p> - -</div> - - -<p class="centra fs60 ws1 mt5">FIN DE LAS NOTAS DE LA VIDA DE JESÚS.</p> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<div class="chapter pt3" id="ToC"> - <p><span class="pagenum" id="Page_303">p. 303</span></p> - <h2 class="nobreak">ÍNDICE DE MATERIAS.</h2> - <hr class="tir" /> -</div> - -<table summary="Índice de contenidos"> - <tr> - <td> </td> - <td class="tdrb asc"><small>PÁGS.</small></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_0"><span - class="smcap">Dedicatoria</span></a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_1">1</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_00"><span - class="smcap">Introduccion</span></a>, en la cual se trata - principalmente de las fuentes de esta historia.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_3">3</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_1"><span - class="smcap">Capítulo I</span></a>.—Rango de Jesús en la historia del mundo.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_33">33</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_2"><span class="smcap">Capítulo - II</span></a>.—Infancia y juventud de Jesús. — Sus primeras - impresiones.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_42">42</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_3"><span class="smcap">Capítulo - III</span></a>.—Educacion de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_46">46</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_4"><span class="smcap">Capítulo - IV</span></a>.—Órden de ideas en cuyo seno creció Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_53">53</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_5"><span class="smcap">Capítulo - V</span></a>.—Primeros aforismos de Jesús. — Sus ideas de un Dios - padre y de una religion pura. — Primeros discípulos.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_66">66</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_6"><span class="smcap">Capítulo - VI</span></a>.—Juan Bautista. — Viaje de Jesús hácia Juan y su - permanencia en el desierto de Judea. — Adopta el bautismo de - Juan.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_76">76</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_7"><span class="smcap">Capítulo - VII</span></a>.—Desarrollo de las ideas de Jesús sobre el reino de - Dios.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_84">84</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_8"><span class="smcap">Capítulo - VIII</span></a>.—Jesús en Capharnahum.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_92">92</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_9"><span class="smcap">Capítulo - IX</span></a>.—Los discípulos de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_100">100</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_10"><span class="smcap">Capítulo - X</span></a>.—Predicacion del lago.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_107">107</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_11"><span class="smcap">Capítulo - XI</span></a>.—El reino de Dios concebido como el advenimiento de los - pobres.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_114">114</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_12"><span class="smcap">Capítulo - XII</span></a>.—Embajada de Juan á Jesús. — Muerte de Juan. — - Conexion de su escuela con la de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_122">122</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_13"><span class="smcap">Capítulo - XIII</span></a>.—Primeras tentativas sobre Jerusalen.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_127">127</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_14"><span class="smcap">Capítulo - XIV</span></a>.—Relaciones de Jesús con los gentiles y los - samaritanos.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_135">135</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_15"><span class="smcap">Capítulo - XV</span></a>.—Principio de la leyenda de Jesús. — Idea que tiene él - mismo de su mision sobrenatural.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_140">140</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_16"><span class="smcap">Capítulo - XVI</span></a>.—Milagros.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_148">148</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_17"><span class="smcap">Capítulo - XVII</span></a>.—Forma definitiva de las ideas de Jesús sobre el - reino de Dios.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_155">155</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_18"><span class="smcap">Capítulo - XVIII</span></a>.—Instituciones de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_164">164</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_19"><span class="smcap">Capítulo - XIX</span></a>.—Progresion creciente de entusiasmo y de - exaltacion.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_172">172</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_20"><span class="smcap">Capítulo - XX</span></a>.—Oposicion contra Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_178">178</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_21"><span class="smcap">Capítulo - XXI</span></a>.—Último viaje de Jesús á Jerusalen.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_186">186</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_22"><span class="smcap">Capítulo - XXII</span></a>.—Maquinaciones de los enemigos de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_195">195</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_23"><span class="smcap">Capítulo - XXIII</span></a>.—Última semana de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_201">201</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_24"><span class="smcap">Capítulo - XXIV</span></a>.—Arresto y causa de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_212">212</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_25"><span class="smcap">Capítulo - XXV</span></a>.—Muerte de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_223">223</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_26"><span class="smcap">Capítulo - XXVI</span></a>.—Jesús en el sepulcro.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_228">228</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_27"><span class="smcap">Capítulo - XXVII</span></a>.—Suerte de los enemigos de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_231">231</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Ch_28"><span class="smcap">Capítulo - XXVIII</span></a>.—Carácter esencial de la obra de Jesús.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_234">234</a></td> - </tr> - <tr> - <td class="tdlh"><a href="#Notas"><span class="smcap">Notas</span></a>.</td> - <td class="tdrb"><a href="#Page_245">245</a></td> - </tr> -</table> - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - - -<hr class="full" /> - -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK VIDA DE JESÚS ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> - -</body> -</html> diff --git a/old/65165-h/images/cover.jpg b/old/65165-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 475db92..0000000 --- a/old/65165-h/images/cover.jpg +++ /dev/null |
