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-The Project Gutenberg eBook of Las Fuerzas Extrañas, by Leopoldo Lugones
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Las Fuerzas Extrañas
-
-Author: Leopoldo Lugones
-
-Release Date: June 25, 2021 [eBook #65689]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Delphine Lettau, Andrés V. Galia and the Distributed
- Proofreaders Canada team (http://www.pgdpcanada.net)with
- images obtained from
- https://archive.org/details/LasFuerzasExtraas
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***
-
-
- NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
-
-En la versión de texto sin formato, el texto en cursiva se indica con
-_guiones bajos_. El signo ^ representa un superíndice; así e^ representa
-la letra _e_ minúscula escrita como superíndice inmediatamente después
-del carácter precedente. Del mismo modo _{4} representa al subíndice 4.
-
-Se han corregido errores de puntuación obvios y otros errores de
-impresión.
-
-El Índice con el contenido ha sido movido del final al principio de la
-obra.
-
-El esquema presentado por el autor en el relato "Ensayo de una
-cosmogonía en diez lecciones", en la versión de texto sin formato
-ha sido modificado de su diseño original para evitar un formato de
-exhibición no admitido por los programas de lectura de textos. El
-diseño original de ese esquema está disponible en las versiones HTML,
-EPUB y MOBI, donde se han incluido como imagen.
-
-La portada del libro ha sido modificada por el transcriptor y se
-incluye en el dominio público.
-
-
- * * * * *
-
-
- LAS FUERZAS EXTRAÑAS
-
-
- DEL AUTOR
-
- LAS MONTAÑAS DEL ORO; poema (agotado).
- LA REFORMA EDUCACIONAL; polémica (agotado).
- EL IMPERIO JESUÍTICO; ensayo histórico (agotado).
- LOS CREPÚSCULOS DEL JARDÍN; versos.
- LA GUERRA GAUCHA (agotado).
-
-
- Imprenta de Coni Hermanos, Perú 684
-
-
- LEOPOLDO LUGONES
-
-
-
-
- LAS FUERZAS EXTRAÑAS
-
-
- BUENOS AIRES
- ARNOLDO MOEN Y HERMANO, EDITORES
- Florida 323
-
- 1906
-
-
- [Ilustración: Leopoldo Lugones]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- La fuerza Omega 5
-
- La lluvia de fuego 27
-
- Un fenómeno inexplicable 47
-
- El milagro de san Wilfrido 63
-
- El escuerzo 77
-
- La metamúsica 87
-
- El origen del diluvio 109
-
- Los caballos de Abdera 123
-
- Viola acherontia 137
-
- Yzur 151
-
- La estatua de sal 169
-
- El psychon 181
-
- Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones 201
-
- Proemio 203
- I.--El origen del universo 206
- II.--El origen de la forma 212
- III.--El espacio y el tiempo 216
- IV.--Los átomos 220
- V.--Nuestra teoría ante la ciencia 228
- VI.--La vida de la materia 237
- VII.--Los elementos terrestres 243
- VIII.--La vida orgánica 247
- IX.--La inteligencia en el universo 253
- X.--El hombre 265
-
- Epílogo 275
-
-
-
-
- LA FUERZA OMEGA
-
-
- LA FUERZA OMEGA
-
-No éramos sino tres amigos. Los dos de la confidencia, en cuyo par me
-contaba, y el descubridor de la espantosa fuerza que, sin embargo del
-secreto, preocupaba ya á la gente.
-
-El sencillo sabio ante quien nos hallábamos, no procedía de ninguna
-academia y estaba asaz distante de la celebridad. Había pasado la vida
-concertando al azar de la pobreza pequeños inventos industriales, desde
-tintas baratas y molinillos de café, hasta máquinas controladoras para
-boletos de tranvía.
-
-Nunca quiso patentar sus descubrimientos, muy ingeniosos algunos,
-vendiéndolos por poco menos que nada á comerciantes de segundo orden.
-Presintiéndose quizá algo de genial, que disimulaba con modestia casi
-fosca, tenía el más profundo desdén por aquellos pequeños triunfos.
-Si se le hablaba de ellos, concomíase con displicencia ó sonreía con
-amargura.
-
---Eso es para comer, decía sencillamente.
-
-Me había hecho su amigo por la casualidad de cierta conversación en
-que se trató de ciencias ocultas; pues mereciendo el tema la aflictiva
-piedad del público, aquéllos á quienes interesa suelen disimular su
-predilección, no hablando de ella sino con sus semejantes.
-
-Fué precisamente lo que pasó, y mi despreocupación por el qué dirán
-debió de agradar á aquel desdeñoso, pues desde entonces intimamos.
-Nuestras pláticas sobre el asunto favorito, fueron largas. Mi amigo se
-inspiraba al tratarlo, con aquel silencioso ardor que caracterizaba su
-entusiasmo y que sólo se traslucía en el brillo de sus ojos.
-
-Todavía le veo pasearse por su cuarto, recio, casi cuadrado, con su
-carota pálida y lampiña, sus ojos pardos de mirada tan singular, sus
-manos callosas de gañán y de químico á la vez.
-
-“Anda por ahí á flor de tierra, solía decirme, más de una fuerza
-tremenda cuyo descubrimiento se aproxima. De esas fuerzas interetéreas
-que acaban de modificar los más sólidos conceptos de la ciencia, y que
-justificando las afirmaciones de la sabiduría oculta, dependen cada vez
-más del intelecto humano.”
-
-La identidad de la mente con las fuerzas directrices del
-cosmos--concluía en ocasiones filosofando--es cada vez más clara;
-y día llegará en que aquélla sabrá regirlas sin las máquinas
-intermediarias, que en realidad deben de ser un estorbo. Cuando
-uno piensa que las máquinas no son sino aditamentos con que el ser
-humano se completa, llevándolas potencialmente en sí, según lo
-prueba al concebirlas y ejecutarlas, los tales aparatos resultan en
-substancia, simples modificaciones de la caña con que se prolonga
-el brazo para alcanzar un fruto. Ya la memoria suprime los dos
-conceptos fundamentales, los más fundamentales como realidad y como
-obstáculo--el espacio y el tiempo--al evocar instantáneamente un
-lugar que se vió hace diez años y que se encuentra á mil leguas; para
-no hablar de ciertos casos de bilocación telepática, que demuestran
-mejor la teoría. Si estuviera en ésta la verdad, el esfuerzo humano
-debería tender á la abolición de todo intermediario entre la mente
-y las fuerzas originales, á suprimir en lo posible la materia--otro
-axioma de filosofía oculta; mas para esto hay que poner el organismo
-en condiciones especiales, activar la mente, acostumbrarla á la
-comunicación directa con dichas fuerzas. Caso de magia. Caso que
-solamente los miopes no perciben en toda su luminosa sencillez.
-Habíamos hablado de la memoria. El cálculo demuestra también una
-relación directa; pues si calculando se llega á determinar la
-posición de un astro desconocido, en un punto del espacio, es porque
-hay identidad entre las leyes que rigen al pensamiento humano y al
-universo. Hay más todavía: es la determinación de un hecho material por
-medio de una ley intelectual. El astro tiene que estar ahí, porque así
-lo determina mi razón matemática, y esta sanción imperativa equivale
-casi á una creación.
-
-Entiendo, Dios me perdone, que mi amigo no se limitaba á teorizar
-el ocultismo, y que su régimen alimenticio, tanto como su severa
-continencia, implicaban un entrenamiento; pero nunca se franqueó sobre
-este punto y yo fuí discreto á mi vez.
-
-Habíase relacionado con nosotros, poco antes de los sucesos que voy á
-narrar, un joven médico á quien sólo faltan sus exámenes generales, que
-quizá nunca llegue á dar pues se ha dedicado á la filosofía; y éste era
-el otro confidente que debía escuchar la revelación.
-
-Fué á la vuelta de unas largas vacaciones que nos habían separado
-del descubridor. Encontrámosle algo más nervioso, pero radiante con
-una singular inspiración, y su primera frase fué para invitarnos á
-una especie de tertulia filosófica--tales sus palabras--donde debía
-exponernos el descubrimiento.
-
-En el laboratorio habitual, que presentaba al mismo tiempo un vago
-aspecto de cerrajería, y en cuya atmósfera flotaba un dejo de cloro,
-empezó la conferencia.
-
-Con su voz clara de siempre, su aspecto negligente, sus manos
-extendidas sobre la mesa como durante los discursos psíquicos, nuestro
-amigo enunció esta cosa sorprendente:
-
---He descubierto la potencia mecánica del sonido.
-
-“Saben ustedes,--agregó, sin preocuparse mayormente del efecto
-causado por su revelación--saben ustedes bastante de estas cosas para
-comprender que no se trata de nada sobrenatural. Es un gran hallazgo,
-ciertamente, pero no superior á la onda hertziana ó al rayo Roentgen.
-Á propósito--yo he puesto también un nombre á mi fuerza. Y como ella
-es la última en la síntesis vibratoria cuyos otros componentes son el
-calor, la luz y la electricidad--la he llamado la fuerza Omega”.
-
---¿Pero el sonido no es cosa distinta?, preguntó el médico.
-
---No, desde que la electricidad y la luz están consideradas ahora como
-materia. Falta todavía el calor; pero la analogía nos lleva rápidamente
-á conjeturar la identidad de su naturaleza, y veo cercano el día
-en que se demuestre este postulado para mí evidente: que si los
-cuerpos se dilatan al calentarse, ó en otros términos, si sus espacios
-intermoleculares aumentan, es porque entre ellos se ha introducido algo
-y que este algo es el calor. De lo contrario, habría que recurrir al
-vacío aborrecido por la naturaleza y por la razón.
-
-“El sonido es materia para mí, pero esto resultará mejor de la propia
-exposición de mi descubrimiento.”
-
-“La idea, vaga aunque intensa hasta el deslumbramiento, me vino--cosa
-singular--la primera vez que vi afinar una campana. Claro es que no se
-puede determinar de antemano la nota precisa de una campana, pues la
-fundición cambiaría el tono. Una vez fundida, es menester recortarla al
-torno para lo cual hay dos reglas: si se quiere bajar el tono, hay que
-disminuir la línea media llamada ”falseadura“; si subirlo, es menester
-recortar la ”pata“ ó sea el reborde, y la afinación se practica al oído
-como la de un piano. Puede bajarse hasta un tono, pero no subirse sino
-medio; pues cortando mucho la pata, el instrumento pierde su sonoridad.”
-
-“Al pensar que si la pierde no es porque deje de vibrar, me vino esta
-idea, base de todo el invento: la vibración sonora se vuelve fuerza
-mecánica y por esto deja de ser sonido; pero la cosa se precisó durante
-las vacaciones, mientras ustedes veraneaban, lo cual aumentó, con la
-soledad, mi concentración.”
-
-“Ocupábame de modificar discos de fonógrafo, y aquello me traía
-involuntariamente al tema. Había pensado construir una especie de
-diapasón para destacar, y percibir directamente por lo tanto, las
-armónicas de la voz humana, lo que no es posible sino por medio de un
-piano, y siempre con gran imperfección; cuando de repente, con claridad
-tal que en dos noches de trabajo concebí toda la teoría, el hecho se
-produjo.”
-
-“Cuando se hace vibrar un diapasón que está al mismo tono con otro,
-éste vibra también por influencia al cabo de poco tiempo, lo que
-prueba que la onda sonora, ó en otros términos el aire agitado, tiene
-fuerza suficiente para poner en movimiento el metal. Dada la relación
-que existe entre el peso, densidad y tenacidad de éste con los del
-aire, esa fuerza tiene que ser enorme; y sin embargo, no es capaz de
-mover una hebra de paja que un soplo humano aventaría, siendo á su vez
-impotente para hacer vibrar en forma perceptible el metal. La onda
-sonora es, pues, más y menos poderosa que el soplo de nuestro ejemplo.
-Esto depende de las circunstancias, y en el caso de los diapasones, la
-circunstancia debe de ser una relación molecular, puesto que si ellos
-no están al unísono, el fenómeno marra. Había, pues, que aplicar la
-fuerza sonora, á fenómenos intermoleculares.”
-
-“No creo que la concepción de la _fuerza sonora_ necesite mucho
-ingenio. Cualquiera ha sentido las pulsaciones del aire en los sonidos
-muy bajos, los que produce el nasardo de un órgano, por ejemplo. Parece
-que las dieciséis vibraciones por segundo que engendra un tubo de
-treinta y dos pies, marcan el límite inferior del sonido perceptible
-que no es ya sino un zumbido. Con menos vibraciones, el movimiento
-se vuelve un soplo de aire; el soplo que movería la brizna, pero que
-no afectaría el diapasón. Esas vibraciones bajas, verdadero viento
-melodioso, son las que hacen trepidar las vidrieras de las catedrales;
-pero no forman ya notas, propiamente hablando, y sólo sirven para
-reforzar las octavas inmediatamente superiores.”
-
-“Cuanto más alto es el sonido, más se aleja de su semejanza con
-el viento y más disminuye la longitud de su onda; pero si ha de
-considerársela como fuerza intermolecular, ella es enorme todavía
-en los sonidos más altos de los instrumentos; pues el del piano con
-el do séptimo, que corresponde á un máximum de 4200 vibraciones por
-segundo, tiene una onda de tres pulgadas. La flauta, que llega á 4700
-vibraciones, da una onda gigantesca todavía.”
-
-“La longitud de la onda depende, pues, de la altura del sonido,
-que deja ya de ser musical poco más allá de las 4700 vibraciones
-mencionadas. Despretz ha podido percibir un do, que vendría á ser el
-décimo, con 32.770 vibraciones producidas por el frote de un arco sobre
-un pequeñísimo diapasón. Yo percibo sonido aún, pero sin determinación
-musical posible, en las 45.000 vibraciones del diapasón que he
-inventado.”
-
---¡45.000 vibraciones, dije; eso es prodigioso!
-
---Pronto vas á verlo, prosiguió el inventor. Ten paciencia un instante
-todavía.
-
-Y después de ofrecernos té, que rehusamos:
-
-“La vibración sonora, se vuelve casi recta con estas altísimas
-frecuencias, y tiende igualmente á perder su forma curvilínea,
-tornándose más bien un zig-zag á medida que el sonido se exaspera. Esto
-se ha experimentado prácticamente cerdeando un violín. Hasta aquí no
-salimos de lo conocido, bien que no sea vulgar.”
-
-“Pero ya he dicho que me proponía estudiar el sonido como fuerza. He
-aquí mi teoría, que la experiencia ha confirmado.”
-
-“Cuanto más bajo es el sonido, más superficiales son sus efectos sobre
-los cuerpos. Después de lo que sabemos, esto es bien sencillo. La
-fuerza penetrante del sonido, depende, pues, de su altura; y como
-á ésta corresponde, según dije, una menor ondulación, resulta que mi
-onda sonora de 45.000 vibraciones por segundo, es casi una flecha
-ligerísimamente ondulada. Por pequeña que sea esta ondulación, siempre
-es excesiva molecularmente hablando; y como mis diapasones no pueden
-reducirse más, era menester ingeniarse de otro modo.”
-
-“Había, además, otro inconveniente. Las curvas de la onda sonora están
-relacionadas con su propagación, de tal modo que su ampliación progresa
-con gran velocidad hasta anularla como sonido, imposibilitando á la
-vez su desarrollo como fuerza; pero tanto este inconveniente, como
-el que resulta de la ondulación en sí, desaparecerían multiplicando
-la velocidad de traslación. De ésta depende que la onda no pierda
-la rectitud, que como toda curva tiene al comenzar, y al logro de
-semejante propósito concurrió una ley científica.”
-
-“Fourier, el célebre matemático francés, ha enunciado un principio
-aplicable á las ondas simples--las de mi problema--que puede traducirse
-vulgarmente así:
-
-“Cualquiera forma de onda, puede estar compuesta por cierto número de
-ondas simples de longitudes diferentes.”
-
-“Siendo ello así, si yo pudiera lanzar sucesivamente un número
-cualquiera de ondas en progresión proporcional, la velocidad de la
-primera sería la suma de las velocidades de todas juntas; la proporción
-entre las ondulaciones de aquélla y su traslación, quedaba rota con
-ventaja, y libertada por lo tanto la potencia mecánica del sonido.”
-
-“Mi aparato va á demostrarles que todo esto se puede; pero aún no les
-he dicho lo que me proponía hacer.”
-
-“Yo considero que el sonido es materia, desprendida en partículas
-infinitesimales del cuerpo sonoro, y dinamizada en tal forma, que da la
-sensación de sonido, como las partículas odoríferas dan la sensación
-del olor. Esa materia se desprende en la forma ondulatoria comprobada
-por la ciencia y que yo me proponía modificar, engendrando la onda
-aérea conocida por nosotros, del propio modo que la ondulación de una
-anguila bajo el agua, es repetida por ésta en su superficie.”
-
-“Cuando la doble onda choca con un cuerpo, la parte aérea se refleja
-contra su superficie; la etérea penetra produciendo la vibración
-del cuerpo y sin ninguna otra consecuencia, pues el éter de cuerpo
-supuesto, se dinamiza armónicamente con el de la onda, difundido en él;
-y ésta es la explicación, que se da por primera vez, de las vibraciones
-al unísono.” “Una vez rota la relación entre las ondulaciones y su
-propagación, el éter sonoro no se difunde en la masa del cuerpo, sino
-que la perfora, ya completamente, ya hasta cierta profundidad. Y aquí
-viene la explicación misma de los fenómenos que produzco.”
-
-“Todo cuerpo tiene un centro formado por la gravitación de moléculas
-que constituye su cohesión, y que representa el peso total de dichas
-moléculas. No necesito advertir que ese centro puede encontrarse en
-cualquier punto del cuerpo. Las moléculas representan aquí, lo que las
-masas planetarias en el espacio.”
-
-“Claro es que el más mínimo desplazamiento del centro en cuestión,
-ocasionará instantáneamente la desintegración del cuerpo; pero no es
-menos cierto que para efectuarlo, venciendo la cohesión molecular, se
-necesitaría una fuerza enorme, algo de que la mecánica actual no tiene
-idea, y que yo he descubierto, sin embargo.”
-
-“Tyndall ha dicho en un ejemplo gráfico, que la fuerza del puñado de
-nieve contenido en la mano de un niño, bastaría para hacer volar en
-pedazos una montaña. Calculen ustedes lo que se necesitará para vencer
-esa fuerza. Y yo desintegro bloques de granito de un metro cúbico...”
-
-Decía aquello sencillamente, como la cosa más natural, sin ocuparse
-de nuestra aquiescencia. Nosotros, aunque vagamente, íbamonos turbando
-con la inminencia de un gran revelación; pero acostumbrados al tono
-autoritario de nuestro amigo, nada replicábamos. Nuestros ojos, eso sí,
-buscaban al descuido por el taller, los misteriosos aparatos. Á no ser
-un volante de eje solidísimo, nada había que no nos fuese familiar.
-
-“Llegamos, prosiguió el descubridor, al final de la exposición. Había
-dicho que necesitaba ondas sonoras susceptibles de ser lanzadas en
-progresión proporcional, y á vuelta de muchos tanteos, que no es
-menester describrir, di con ellas.”
-
-“Eran el _do, fa, sol, do_, que según la tradición antigua constituían
-la lira de Orfeo, y que contienen los intervalos más importantes de la
-declamación, es decir, el secreto musical de la voz humana. La relación
-de estas ondas es matemáticamente 1, 4/3, 3/2, 2; y arrancadas de la
-naturaleza, sin un agregado ó deformación que las altere, son también
-una fuerza original. Ya ven ustedes que la lógica de los hechos, iba
-paralela con la de la teoría.”
-
-“Procedí entonces á construir mi aparato; mas para llegar al que usted
-en ven aquí, dijo sacando de su bolsillo un disco harto semejante á un
-reloj de níquel, ensayé diversas máquinas.”
-
-Confieso que el aparato aquél nos defraudó. La relación de magnitudes
-forma de tal modo la esencia del criterio humano, que al oir hablar de
-fuerzas enormes habíamos presentido máquinas grandiosas. Aquella cajita
-redonda, con un botón saliente en su borde y á la parte opuesta una
-boquilla, parecía cualquier cosa menos un generador de éter vibratorio.
-
-“Primero, continuó el otro sonriendo ante nuestra perplejidad, pensé
-en cosas complicadas, análogas á las sirenas de Koenig. Luego fuí
-simplificando de acuerdo con mis ideas sobre la deficiencia de las
-máquinas, hasta llegar á esto que no es sino una solución transitoria.”
-
-“La delicadeza del aparato no permite abrirlo á cada momento; pero
-ustedes deben conocerlo, añadió destornillando su tapa.”
-
-Contenía cuatro diapasoncillos, poco menos finos que cerdas,
-implantados á intervalos desiguales sobre un diafragma de madera que
-constituía el fondo de la caja. Un sutilísimo alambre se tendía y
-distendía rozándolos, bajo la acción del botón que sobresalía; y la
-boquilla de que antes hablé, era una bocina microfónica.
-
-“Los intervalos entre diapasón y diapasón, tanto como el espacio
-necesario para el juego de la cuerda que los roza, imponían al
-aparato este tamaño mínimo. Cuando ellos suenan, la cuádruple onda
-transformada en una, sale por la bocina microfónica como un verdadero
-proyectil etéreo. La descarga se repite cuantas veces aprieto el botón,
-pudiendo salir las ondas sin solución de continuidad apreciable, es
-decir mucho más próximas que las balas de una ametralladora, y formar
-un verdadero chorro de éter dinámico cuya potencia es incalculable.”
-
-“Si la onda va al centro molecular del cuerpo, éste se desintegra en
-partículas impalpables. Si no, lo perfora con un agujerillo enteramente
-imperceptible. En cuanto al roce tangencial, van á ver ustedes sus
-efectos sobre aquel volante...”
-
---...¿Qué pesa?... interrumpí.
-
---Trescientos kilogramos.
-
-El botón comenzó á actuar con ruidecito intermitente y seco, ante
-nuestra curiosidad todavía incrédula; y como el silencio era grande,
-percibimos apenas una aguda estridencia, análoga al zumbido de un
-insecto.
-
-No tardó mucho en ponerse en movimiento la mole, y ésta fué
-acelerándose de tal modo, que pronto vibró la casa entera como al
-empuje de un huracán. La maciza rueda no era más que una sombra vaga
-semejante al ala de un colibrí en suspensión, y el aire desplazado
-por ella provocaba un torbellino dentro del cuarto. El descubridor
-suspendió muy luego los efectos de su aparato, pues ningún eje habría
-aguantado mucho tiempo semejante trabajo.
-
-Mirábamonos suspensos, con una mezcla de admiración y pavor, trocada
-muy luego en desmedida curiosidad.
-
-El médico quiso repetir el experimento; pero por más que abocó la
-cajita hacia el volante, nada consiguió. Yo intenté lo propio con igual
-desventura.
-
-Creíamos ya en una broma de nuestro amigo, cuando éste dijo, poniéndose
-tan grave que casi daba en taciturno:
-
-“Es que aquí está el misterio de mi fuerza. Nadie, sino yo, puede
-usarla. Y yo mismo no sé cómo sucede.”
-
-“Defino, sí, lo que por mí pasa, como una facultad análoga á la
-puntería. Sin verlo, sin percibirlo en ninguna forma material, yo _sé_
-dónde está el centro del cuerpo que deseo desintegrar, y en la misma
-forma proyecto mi éter contra el volante.”
-
-“Prueben ustedes cuanto quieran. Quizá al fin...”
-
-Todo fué en vano. La onda etérea se dispersaba inútil. En cambio, bajo
-la dirección de su amo, llamémosle así, ejecutó prodigios.
-
-Un adoquín que calzaba la puerta rebelde, se desintegró á nuestra
-vista, convirtiéndose con leve sacudida en un montón de polvo
-impalpable. Varios trozos de hierro sufrieron la misma suerte. Y
-resultaba en verdad de un efecto mágico aquella transformación de la
-materia, sin un esfuerzo perceptible, sin un ruido, como no fuera la
-leve estridencia que cualquier rumor ahogaba.
-
-El médico, entusiasmado, quería escribir un artículo.
-
---No, dijo nuestro amigo; detesto la notoriedad, aunque no he podido
-evitarla del todo, pues los vecinos comienzan á enterarse. Además, temo
-los daños que puede causar esto...
-
---En efecto, dije; como arma sería espantoso.
-
---¿No lo has ensayado sobre algún animal? preguntó el médico.
-
---Ya sabes, respondió nuestro amigo con grave mansedumbre, que jamás
-causo dolor á ningún ser viviente.
-
-Y con esto terminó la sesión.
-
-Los días siguientes transcurrieron entre maravillas; y recuerdo como
-particularmente notable la desintegración de un vaso de agua, que
-desapareció de súbito cubriendo de rocío toda la habitación.
-
-“El vaso permanece, explicaba el sabio, porque no forma un bloque
-con el agua á causa de que no hay entre ésta y el cristal adherencia
-perfecta. Lo mismo sucedería si estuviera herméticamente cerrado. El
-líquido, convertido en partículas etéreas, sería proyectado á través de
-los poros del metal...”
-
-Así marchábamos de asombro en asombro; mas el secreto no podía
-prolongarse, y es imposible valorar lo que se perdió en el triste
-suceso cuyo relato finalizará esta historia.
-
-Lo cierto es--para qué entretenerse en cosas tristes--que una de esas
-mañanas encontramos á nuestro amigo, muerto, con la cabeza recostada en
-el respaldo de su silla.
-
-Fácil es imaginar nuestra consternación. El aparato maravilloso estaba
-ante él y nada anormal se notaba en el laboratorio.
-
-Mirábamonos sorprendidos, sin conjeturar ni lejanamente la causa de
-aquel desastre, cuando noté de pronto que la pared á la cual casi
-tocaba la cabeza del muerto, se hallaba cubierta de una capa grasosa,
-una especie de manteca.
-
-Casi al mismo tiempo mi compañero lo advirtió también, y raspando con
-su dedo sobre aquella mixtura, exclamó sorprendido:
-
---¡Esto es substancia cerebral!
-
-La autopsia confirmó su dicho certificando una nueva maravilla del
-portentoso aparato. Efectivamente, la cabeza de nuestro pobre amigo
-estaba vacía, sin un átomo de sesos. El proyectil etéreo, quién sabe
-por qué rareza de dirección ó por qué descuido, habíale desintegrado
-el cerebro, proyectándolo en explosión atómica á través de los poros
-de su cráneo. Ni un rastro exterior denunciaba la catástrofe, y aquel
-fenómeno, con todo su horror, era, á fe mía, el más estupendo de
-cuantos habíamos presenciado.
-
-Sobre mi mesa de trabajo, aquí mismo, en tanto que finalizo esta
-historia, el aparato en cuestión brilla, diríase siniestramente, al
-alcance de mi mano.
-
-Funciona perfectamente; pero el éter formidable, la substancia
-prodigiosa y homicida de la cual tengo ¡ay! tan desgraciada prueba, se
-pierde sin rumbo en el espacio, á pesar de todas mis vanas tentativas.
-En el instituto Lutz y Schultz han ensayado también sin éxito.
-
-
-
-
- LA LLUVIA DE FUEGO
-
-
- LA LLUVIA DE FUEGO
-
-
- EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOMORRA
-
-
-Recuerdo que era un día de sol hermoso, lleno del hormigueo popular
-en las calles atronadas de vehículos. Un día asaz cálido y de tersura
-perfecta.
-
-Desde mi terraza dominaba una vasta confusión de techos, vergeles
-salteados, un trozo de bahía punzado de mástiles, la recta gris de una
-avenida...
-
-Á eso de las once cayeron las primeras chispas. Una aquí, otra
-allá--partículas de cobre semejantes á las morcellas de un pábilo;
-partículas de cobre incandescente que daban en el suelo con un
-ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; el rumor urbano
-no decrecía. Únicamente los pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.
-
-Casualmente lo había advertido, mirando hacia el horizonte en un
-momento de abstracción. Primero creí en una ilusión óptica causada por
-mi miopía. Tuve que esperar largo rato para ver caer otra chispa, pues
-la luz solar anegábalas bastante; pero el cobre ardía de tal modo, que
-se destacaban asimismo. Una rapidísima vírgula de fuego, y el golpecito
-en la tierra. Así, á largos intervalos.
-
-Debo confesar que al comprobarlo, experimenté un vago terror. Exploré
-el cielo en una ansiosa ojeada. Persistía la limpidez. ¿De dónde venía
-aquel extraño granizo? ¿Aquel cobre? ¿Era cobre?...
-
-Acababa de caer una chispa en mi terraza, á pocos pasos. Extendí la
-mano; era, á no caber duda, un gránulo de cobre que tardó mucho en
-enfriarse. Por fortuna la brisa se levantaba, inclinando aquella lluvia
-singular hacia el lado opuesto de mi terraza. Las chispas eran harto
-ralas, además. Podía creerse por momentos que aquello había ya cesado.
-No cesaba. Uno que otro, eso sí, pero caían siempre los temibles
-gránulos.
-
-En fin, aquello no había de impedirme almorzar, pues era el mediodía.
-Bajé al comedor atravesando el jardín, no sin cierto miedo de las
-chispas. Verdad es que el toldo, corrido para evitar el sol, me
-resguardaba...
-
-...¿Me resguardaba? Alcé los ojos; pero un toldo tiene tantos poros,
-que nada pude descubrir.
-
-En el comedor me esperaba un almuerzo admirable; pues mi afortunado
-celibato sabía dos cosas sobre todo: leer y comer. Excepto la
-biblioteca, el comedor era mi orgullo. Ahito de mujeres y un poco
-gotoso, en punto á vicios amables nada podía esperar ya sino de la
-gula. Comía solo, mientras un esclavo me leía narraciones geográficas.
-Nunca había podido comprender las comidas en compañía; y si las mujeres
-me hastiaban, como he dicho, ya comprenderéis que aborrecía á los
-hombres.
-
-¡Diez años me separaban de mi última orgía! Desde entonces, entregado á
-mis jardines, á mis peces, á mis pájaros, faltábame tiempo para salir.
-Alguna vez, en las tardes muy calurosas, un paseo á la orilla del lago.
-Me gustaba verlo, escamado de luna al anochecer, pero esto era todo y
-pasaba meses sin frecuentarlo.
-
-La vasta ciudad libertina, era para mí un desierto donde se refugiaban
-mis placeres. Escasos amigos; breves visitas; largas horas de mesa;
-lecturas; mis peces; mis pájaros; una que otra noche tal cual orquesta
-de flautistas, y dos ó tres ataques de gota por año...
-
-Tenía el honor de ser consultado para los banquetes, y por ahí
-figuraban, no sin elogio, dos ó tres salsas de mi invención. Esto me
-daba derecho--lo digo sin orgullo--á un busto municipal, con tanta
-razón como á la compatriota que acababa de inventar un nuevo beso.
-
-Entre tanto, mi esclavo leía. Leía narraciones de mar y de nieve,
-que comentaban admirablemente, en la ya entrada siesta, el generoso
-frescor de las ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá, pues la
-servidumbre no daba muestras de notarla.
-
-De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín con un nuevo plato, no
-pudo reprimir un grito. Llegó, no obstante, á la mesa; pero acusando
-con su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda espalda un
-agujerillo, en cuyo fondo sentíase chirriar aún la chispa voraz que lo
-había abierto. Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin que
-pudiera contener sus ayes.
-
-Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí probando los platos para
-no desmoralizar á la servidumbre, aquélla se apresuró á corresponderme.
-El incidente me había desconcertado.
-
-Promediaba la siesta cuando subí nuevamente á la terraza. El suelo
-estaba ya sembrado de gránulos de cobre; mas no parecía que la lluvia
-aumentara. Comenzaba á tranquilizarme, cuando una nueva inquietud me
-sobrecogió. El silencio era absoluto. El tráfico estaba paralizado
-á causa del fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciudad. Sólo, de
-cuando en cuando, un vago murmullo de viento sobre los árboles. Era
-también alarmante la actitud de los pájaros. Habíanse apelotonado en un
-rincón, casi unos sobre otros. Me dieron compasión y decidí abrirles la
-puerta. No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados aún.
-Entonces comenzó á intimidarme la idea de un cataclismo.
-
-Sin ser grande mi erudición científica, sabía que nadie mencionó jamás
-esas lluvias de cobre incandescente. ¡Lluvias de cobre! En el aire
-no hay minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo, no dejaba
-conjeturar su procedencia. Y lo alarmante del fenómeno era esto.
-Las chispas venían de todas partes y de ninguna. Era la inmensidad
-desmenuzándose invisiblemente en fuego. Caía del firmamento el terrible
-cobre--pero el firmamento permanecía impasible en su azul. Ganábame
-poco á poco una extraña congoja; pero, cosa rara: hasta entonces
-no había pensado en huir. Esta idea se mezcló con desagradables
-interrogaciones. ¡Huir! ¿Y mi mesa, mis libros, mis pájaros, mis peces
-que acababan precisamente de estrenar un vivero, mis jardines ya
-ennoblecidos de antigüedad--mis cincuenta años de placidez, en la dicha
-del presente, en el descuido del mañana?...
-
-¿Huir...? Y pensé con horror en mis posesiones (que no conocía) del
-otro lado del desierto, con sus camelleros viviendo en tiendas de lana
-negra y tomando por todo alimento leche cuajada, trigo tostado, miel
-agria...
-
-Quedaba una fuga por el lago, corta fuga después de todo, si en el lago
-como en el desierto, según era lógico, llovía cobre también; pues no
-viniendo aquello de ningún foco visible, debía ser general.
-
-No obstante el vago terror que me alarmaba, decíame todo eso
-claramente, lo discutía conmigo mismo, un poco enervado á la verdad por
-el letargo digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y después de todo,
-algo me decía que el fenómeno no iba á pasar de allí. Sin embargo, nada
-se perdía con hacer armar el carro.
-
-En ese momento llenó el aire una vasta vibración de campanas. Y casi
-junto con ella, advertí una cosa: ya no llovía cobre. El repique era
-una acción de gracias, coreada casi acto continuo por el murmullo
-habitual de la ciudad. Ésta despertaba de su fugaz atonía, doblemente
-gárrula. En algunos barrios hasta quemaban petardos.
-
-Acodado al parapeto de la terraza, miraba con un desconocido bienestar
-solidario, la animación vespertina que era toda amor y lujo. El cielo
-seguía purísimo. Muchachos afanosos, recogían en escudillas la granalla
-de cobre, que los caldereros habían empezado á comprar. Era todo lo
-que quedaba de la gran amenaza celeste.
-
-Más numerosa que nunca, la gente de placer coloreaba las calles; y
-aún recuerdo que sonreí vagamente á un equívoco mancebo, cuya túnica
-recogida hasta las caderas en un salto de bocacalle, dejó ver sus
-piernas glabras, jaqueladas de cintas. Las cortesanas, con el seno
-desnudo según la nueva moda, y apuntalado en deslumbrante coselete,
-paseaban su indolencia sudando perfumes. Un viejo lenón, erguido
-en su carro, manejaba como si fuese una vela una hoja de estaño,
-que con apropiadas pinturas anunciaba amores monstruosos de fieras:
-ayuntamientos de lagartos con cisnes; un mono y una foca; una doncella
-cubierta por la delirante pedrería de un pavo real. Bello cartel, á fe
-mía; y garantida la autenticidad de las piezas. Animales amaestrados
-por no sé qué hechicería bárbara, y desequilibrados con opio y con
-asafétida.
-
-Seguido por tres jóvenes enmascaradas pasó un negro amabilísimo, que
-dibujaba en los patios, con polvos de colores derramados al ritmo de
-una danza, escenas secretas. También depilaba al oropimente y sabía
-dorarlas uñas.
-
-Un personaje fofo, cuya condición de eunuco se adivinaba en su
-morbidez, pregonaba al son de crótalos de bronce, cobertores de un
-tejido singular que producía el insomnio y el deseo. Cobertores cuya
-abolición habían pedido infructuosamente los ciudadanos honrados. Pues
-mi ciudad sabía gozar, sabía vivir.
-
-Al anochecer recibí dos visitas que cenaron conmigo. Un condiscípulo
-jovial, matemático cuya vida desarreglada era el escándalo de la
-ciencia, y un agricultor enriquecido. La gente sentía necesidad de
-visitarse después de aquellas chispas de cobre. De visitarse y de
-beber, pues ambos se retiraron completamente borrachos. Yo hice una
-rápida salida. La ciudad, caprichosamente iluminada, había aprovechado
-la coyuntura para decretarse una noche de fiesta. En algunas cornisas,
-alumbraban perfumando, lámparas de incienso. Desde sus balcones, las
-jóvenes burguesas, excesivamente ataviadas, se divertían en proyectar
-de un soplo á las narices de los transeúntes distraídos, tripas
-pintarrajeadas y crepitantes de cascabeles. En cada esquina se bailaba.
-De balcón á balcón cambiábanse flores y gatitos de dulce. El césped de
-los parques, palpitaba de parejas...
-
-Regresé temprano y rendido. Nunca me acogí al lecho con más grata
-pesadez de sueño.
-
-Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la garganta reseca. Había
-afuera un rumor de lluvia. Buscando algo, me apoyé en la pared, y por
-mi cuerpo corrió como un latigazo el escalofrío del miedo. La pared
-estaba caliente y conmovida por una sorda vibración. Casi no necesité
-abrir la ventana para darme cuenta de lo que ocurría.
-
-La lluvia de cobre había vuelto, pero esta vez nutrida y compacta. Un
-caliginoso vaho sofocaba la ciudad; un olor entre fosfatado y urinoso
-apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada de galerías y
-aquella lluvia no alcanzaba á las puertas.
-
-Abrí la que daba al jardín. Los árboles estaban negros, ya sin follaje;
-el piso, cubierto de hojas carbonizadas. El aire, rayado de vírgulas
-de fuego, era de una paralización mortal; y por entre aquéllas, se
-divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre celeste.
-
-Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos famularios. La
-servidumbre se había ido. Envueltas las piernas en un corbertor de
-biso, acorazándome espaldas y cabeza con una bañadera de metal que
-me aplastaba horriblemente, pude llegar hasta las caballerizas. Los
-caballos habían deaparecido también. Y con una tranquilidad que hacía
-honor á mis nervios, me di cuenta de que estaba perdido.
-
-Afortunadamente el comedor se encontraba lleno de provisiones; su
-sótano, atestado de vinos. Bajé á él. Conservaba todavía su frescura;
-hasta su fondo no llegaba la vibración de la pesada lluvia, el eco de
-su grave crepitación. Bebí una botella, y luego extraje de la alacena
-secreta el pomo de vino envenenado. Todos los que teníamos bodega
-poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni tuviéramos convidados cargosos.
-Era un licor claro é insípido, de efectos instantáneos.
-
-Reanimado por el vino, examiné mi situación. Era asaz sencilla. No
-pudiendo huir, la muerte me esperaba; pero con el veneno aquél, la
-muerte me pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible, pues era, á no
-dudarlo, un espectáculo singular. ¡Una lluvia de cobre incandescente!
-¡La ciudad en llamas! Valía la pena.
-
-Subí á la terraza, pero no pude pasar de la puerta que daba acceso á
-ella. Veía desde allí lo bastante, sin embargo. Veía y escuchaba. La
-soledad era absoluta. La crepitación no se interrumpía sino por uno que
-otro ululato de perro, ó explosión anormal. El ambiente estaba rojo,
-y á su través, troncos, chimeneas, casas, blanqueaban con una lividez
-tristísima. Los pocos árboles que conservaban follaje retorcíanse,
-negros, de un negro de estaño. La luz había decrecido un poco, no
-obstante de persistir la limpidez celeste. El horizonte estaba, esto
-sí, mucho más cerca, y como ahogado en cenizas. Sobre el lago flotaba
-un denso vapor, que algo prevenía la extraordinaria sequedad del aire.
-
-Percibíase claramente la combustible lluvia, en trazos de cobre que
-vibraban como el cordaje innumerable de un arpa, y de cuando en cuando
-mezclábanse con ella ligeras flámulas. Humaredas negras anunciaban
-incendios aquí y allá.
-
-Mis pájaros comenzaban á morir de sed y hube de bajar hasta el aljibe
-para llevarles agua. El sótano comunicaba con aquel depósito, vasta
-cisterna que podía resistir mucho al fuego celeste; mas por los
-conductos que del techo y de los patios desembocaban allá, habíase
-deslizado algún cobre y el agua tenía un gusto particular, entre natrón
-y orina, con tendencia á salarse. Bastóme levantar las trampillas
-de mosaico que cerraban aquellas vías, para cortar á mi agua toda
-comunicación con el exterior.
-
-Esa tarde y toda la noche fué horrendo el espectáculo de la ciudad.
-Quemada en sus domicilios, la gente huía despavorida para arderse
-en las calles, en la campiña desolada; y la población agonizó
-bárbaramente, con ayes y clamores de una amplitud, de un horror, de
-una variedad estupendas. No hay nada tan sublime como la voz humana.
-El derrumbe de los edificios, la combustión de tantas mercancías y
-efectos diversos, y más que todo la incineración de tantos cuerpos,
-acabaron por agregar al cataclismo el tormento de su hedor infernal. Al
-declinar el sol, el aire estaba casi negro de humo y de polvaredas. Las
-flámulas que danzaban por la mañana entre el cobre pluvial, eran ahora
-llamaradas siniestras. Empezó á soplar un viento ardentísimo, denso,
-como alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un inmenso horno
-sombrío. Cielo, tierra, aire, todo acababa. No había más que tinieblas
-y fuego. ¡Ah, el horror de aquellas tinieblas que todo el fuego, el
-enorme fuego de la ciudad ardida no alcanzaba á dominar; y aquel hedor
-de pingajos, de azufre, de grasa cadavérica en el aire seco que hacía
-escupir sangre; y aquellos clamores que no sé cómo no acababan nunca,
-aquellos clamores que cubrían el rumor del incendio, más vasto que un
-huracán, aquellos clamores en que aullaban, gemían, bramaban todas las
-bestias con un inefable pavor de eternidad!...
-
-Mi casa empezaba á arder.
-
-Bajé á la cisterna, sin haber perdido hasta entonces mi presencia de
-ánimo, pero enteramente erizado con todo aquel horror; y al verme de
-pronto en esa obscuridad amiga, al amparo de la frescura, ante el
-silencio del agua subterránea, me acometió de pronto un miedo que no
-sentía--estoy seguro--desde cuarenta años atrás, el miedo infantil de
-una presencia enemiga y difusa; y me eché á llorar, á llorar como un
-loco, á llorar de miedo, allá en un rincón, sin rubor alguno.
-
-No fué sino muy tarde, cuando al escuchar el derrumbe de un techo, se
-me ocurrió apuntalar la puerta del sótano. Hícelo así con su propia
-escalera y algunos barrotes de la estantería, devolviéndome aquella
-defensa alguna tranquilidad; no porque hubiera de salvarme, sino por la
-benéfica influencia de la acción. Cayendo á cada instante en modorras
-que entrecortaban funestas pesadillas, pasé las horas. Continuamente
-oía derrumbes allá cerca. Había encendido dos lámparas que traje
-conmigo, para darme valor, pues la cisterna era asaz lóbrega. Hasta
-llegué á comer, bien que sin apetito, los restos de un pastel. En
-cambio bebí mucha agua.
-
-De repente mis lámparas empezaron á amortiguarse, y junto con eso
-el terror, el terror paralizante esta vez, me asaltó. Había gastado
-sin advertirlo toda mi luz, pues no tenía sino aquellas lámparas. No
-advertí, al descender esa tarde, en traerlas todas conmigo.
-
-Las luces decrecieron y se apagaron. Entonces advertí que la cisterna
-empezaba á llenarse con el hedor del incendio. No quedaba otro
-remedio que salir; y luego, todo, todo era preferible á morir asfixiado
-como una alimaña en su cueva.
-
-Á duras penas conseguí alzar la tapa del sótano que los escombros del
-comedor cubrían...
-
-...Por segunda vez había cesado la lluvia infernal. Pero la ciudad ya
-no existía. Techos, puertas, gran cantidad de muros, todas las torres,
-yacían en ruinas. El silencio era colosal, un verdadero silencio de
-catástrofe. Cinco ó seis grandes humaredas empinaban aún sus penachos;
-y bajo el cielo que no se había enturbiado un momento, un cielo cuya
-crudeza azul certificaba indiferencias eternas, la pobre ciudad, mi
-pobre ciudad, muerta, muerta para siempre, hedía como un verdadero
-cadáver.
-
-La singularidad de la situación, lo enorme del fenómeno, y sin duda
-también el regocijo de haberme salvado, único entre todos, cohibían mi
-dolor reemplazándolo por una curiosidad sombría. El arco de mi zaguán
-había quedado en pie, y asiéndome de las adarajas pude llegar á su cima.
-
-No quedaba un solo resto combustible y aquello se parecía mucho á un
-escorial volcánico. Á trechos, en los parajes que la ceniza no cubría,
-brillaba con un bermejor de fuego, el metal llovido. Hacia el lado del
-desierto, resplandecía hasta perderse de vista un arenal de cobre.
-En las montañas, á la otra margen del lago, las aguas evaporadas de
-éste condensábanse en una tormenta. Eran ellas las que habían mantenido
-respirable el aire durante el cataclismo. El sol brillaba inmenso, y
-aquella soledad empezaba á agobiarme con una honda desolación, cuando
-hacia el lado del puerto percibí un bulto que vagaba entre las ruinas.
-Era un hombre, y habíame percibido ciertamente, pues se dirigía á mí.
-
-No hicimos ademán alguno de extrañeza cuando llegó, y trepando por el
-arco vino á sentarse conmigo. Tratábase de un piloto, salvado como yo
-en una bodega, pero apuñaleando á su propietario. Acababa de agotársele
-el agua y por ello salía.
-
-Asegurado á este respecto, empecé á interrogarle. Todos los barcos
-ardieron, los muelles, los depósitos; y el lago habíase vuelto amargo.
-Aunque advertí que hablábamos en voz baja, no me atreví--ignoro por
-qué--á levantar la mía.
-
-Ofrecíle mi bodega donde quedaban aún dos docenas de jamones, algunos
-quesos, todo el vino...
-
-De repente notamos una polvareda hacia el lado del desierto. La
-polvareda de una carrera. Alguna partida que enviaban, quizá, en
-socorro, los compatriotas de Adama ó de Seboim. Pronto hubimos
-de sustituir esta esperanza por un espectáculo tan desolador como
-peligroso.
-
-Era un tropel de leones, las fieras sobrevivientes del desierto, que
-acudían á la ciudad como á un oasis, furiosos de sed, enloquecidos de
-cataclismo.
-
-La sed y no el hambre era lo que los enfurecía, pues pasaron junto á
-nosotros sin advertirnos. ¡Y en qué estado venían! Nada como ellos
-demostraba tan lúgubremente la catástrofe.
-
-Pelados como gatos sarnosos, reducida á escasos chicharrones la crin,
-secos los ijares, en una desproporción de cómicos á medio vestir con la
-fiera cabezota, el rabo agudo y crispado como el de una rata que huye,
-las garras pustulosas, chorreando sangre--todo aquello decía á las
-claras sus tres días de horror bajo el azote celeste, al azar de las
-inseguras cavernas que no habían conseguido ampararlos.
-
-Rondaban los surtidores secos con un desvarío humano en sus ojos, y
-bruscamente reemprendían su carrera en busca de otro depósito, agotado
-también; hasta que sentándose por último en torno del postrero, con
-el calcinado hocico en alto, la mirada vagorosa de desolación y de
-eternidad, quejándose al cielo, estoy seguro, pusiéronse á rugir.
-
-¡Ah!... nada, ni el cataclismo con sus horrores, ni el clamor de
-la ciudad moribunda era tan horroroso como ese llanto de bestia
-sobre las ruinas. Aquellos rugidos tenían una evidencia de palabra.
-Lloraban quién sabe qué dolores de inconsciencia y de desierto á
-alguna divinidad obscura. El alma sucinta de la bestia agregaba á sus
-terrores de muerte, el pavor de lo incomprensible. Si todo estaba lo
-mismo, el sol cotidiano, el cielo eterno, el desierto familiar--¿por
-qué se ardían y por qué no había agua?... Y careciendo de toda idea
-de relación con los fenómenos, su horror era ciego, es decir, más
-espantoso. El transporte de su dolor elevábalos á cierta vaga noción de
-proveniencia, ante aquel cielo de donde había estado cayendo la lluvia
-infernal, y sus rugidos preguntaban ciertamente algo á la cosa tremenda
-que causaba su padecer. ¡Ah!... esos rugidos, lo único de grandioso
-que conservaban aún aquellas fieras disminuidas: cuál comentaban el
-horrendo secreto de la catástrofe; cómo interpretaban en su dolor
-irremediable la eterna soledad, el eterno silencio, la eterna sed...
-
-Aquello no debía durar mucho. El metal candente empezó á llover de
-nuevo, más compacto, más pesado que nunca.
-
-En nuestro súbito descenso, alcanzamos á ver que las fieras se
-desbandaban buscando abrigo bajo los escombros.
-
-Llegamos á la bodega, no sin que nos alcanzaran algunas chispas, y
-comprendiendo que aquel nuevo chaparrón iba á consumar la ruina, me
-dispuse á concluir.
-
-Mientras mi compañero abusaba de la bodega--por primera y última vez,
-á buen seguro--decidí aprovechar el agua de la cisterna en mi baño
-fúnebre; y después de buscar inútilmente un trozo de jabón, descendí á
-ella por la escalinata que servía para efectuar su limpieza.
-
-Llevaba conmigo el pomo de veneno, que me causaba un gran bienestar,
-apenas turbado por la curiosidad de la muerte.
-
-El agua fresca y la obscuridad, me devolvieron á las voluptuosidades de
-mi existencia de rico que acababa de concluir. Hundido hasta el cuello,
-el regocijo de la limpieza y una dulce impresión de domesticidad,
-acabaron de serenarme.
-
-Oía afuera el huracán de fuego. Comenzaban otra vez á caer escombros.
-De la bodega no llegaba un solo rumor. Percibí en eso un reflejo de
-llamas que entraban por la puerta del sótano, el característico tufo
-urinoso... Llevé el pomo á mis labios, y...
-
-
-
-
- UN FENÓMENO INEXPLICABLE
-
-
- UN FENÓMENO INEXPLICABLE
-
-
-Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola que se
-dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las
-recomendaciones indispensables para escapar á las horribles posadas
-de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los
-invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre,
-exigía fundamentales refacciones. Mi última peregrinación debía
-efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie sabía indicarme un
-albergue en la población hacia donde iba á dirigirme. Sin embargo,
-las circunstancias apremiaban, cuando el juez de paz que me profesaba
-cierta simpatía, vino en mi auxilio.
-
---Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo y solo. Posee una casa,
-lo mejor de la colonia, y varios terrenos de no escaso valor. Algunos
-servicios que mi cargo me puso en situación de prestarle, serán buen
-pretexto para la recomendación que usted desea, y que si es eficaz
-le proporcionará excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi
-hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele tener su luna en
-ciertas ocasiones, siendo, además, extraordinariamente reservado. Nadie
-ha podido penetrar en su casa más allá del dormitorio donde recibe
-á sus huéspedes, muy escasos por otra parte. Todo esto quiere decir
-que va usted en condiciones nada ventajosas, pero es cuanto puedo
-suministrarle. El éxito es puramente casual. Con todo, si usted quiere
-una carta de recomendación...
-
-Acepté y emprendí acto continuo mi viaje llegando al punto de destino
-horas después.
-
-Nada tenía de atrayente el lugar. La estación con su techo de tejas
-coloradas; su andén crujiente de carbonilla; su semáforo á la derecha,
-su pozo á la izquierda. En la doble vía del frente, media docena de
-vagones que aguardaban la cosecha. Más allá el galpón, bloqueado
-por bolsas de trigo. Á raíz del terraplén, la pampa con su color
-amarillento como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque diseminadas
-á lo lejos, cada una con su parva al costado; sobre el horizonte el
-festón de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica enormidad
-entonando el color rural del paisaje.
-
-Aquello era vulgarmente simétrico como todas las fundaciones recientes.
-Notábase rayas de mensura en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos
-colonos llegaban á la estafeta en busca de cartas. Pregunté á uno por
-la casa consabida, obteniendo inmediatamente las señas. Noté en el modo
-de referirse á mi huésped, que se le tenía por hombre considerable.
-
-No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras más allá, hacía el
-oeste, al extremo de un camino polvoroso que con la tarde tomaba
-coloraciones lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa,
-de cierta gallardía exótica entre las viviendas circunstantes; su
-jardín al frente; el patio interior rodeado por una pared tras la cual
-sobresalían ramas de duraznero. El conjunto era agradable y fresco;
-pero todo parecía deshabitado. En el silencio de la tarde, allá sobre
-la campiña desierta, aquella casita, no obstante sus rasgos de _chalet_
-industrioso, tenía una especie de triste dulzura, algo de sepulcro
-nuevo en el emplazamiento de un antiguo cementerio.
-
-Cuando llegué á la verja, noté que en el jardín había rosas, rosas de
-otoño cuyo perfume aliviaba como una caridad la fatigosa exhalación de
-las trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con la mano, crecía
-libremente la hierba; y una pala cubierta de óxido yacía contra la
-pared, con su cabo enteramente liado por la guía de una enredadera.
-Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y no sin cierta impresión
-vaga de temor fuí á golpear la puerta interna. Pasaron minutos. El
-viento se puso á silbar en una rendija, agravando la soledad. Á un
-segundo llamado, sentí pasos; y poco después la puerta se abría con un
-ruido de madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome.
-
-Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarle á mis anchas. Cabeza
-elevada y calva; rostro afeitado de _clergyman_; labios generosos,
-nariz austera. Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias
-superciliares, equilibraban con una recta expresión de tendencias
-impulsivas, el desdén imperioso de su mentón. Definido por sus
-inclinaciones profesionales, aquel hombre podía ser lo mismo un militar
-que un misionero. Hubiera deseado mirar sus manos para completar mi
-impresión, mas sólo podía verlas por el dorso.
-
-Enterado de la carta, me invitó á pasar, y todo el resto de mi
-permanencia, hasta la hora de comer, fué dedicado á mis arreglos
-personales. En la mesa fué donde empecé á notar algo extraño.
-
-Mientras comíamos, advertí que no obstante su perfecta cortesía, algo
-preocupaba á mi interlocutor. Su mirada invariablemente dirigida hacia
-un ángulo de la habitación, manifestaba cierta angustia; pero como
-su sombra daba precisamente en ese punto, mis miradas furtivas nada
-pudieron descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello sino una
-distracción habitual.
-
-La conversación seguía en tono bastante animado, sin embargo. Tratábase
-del cólera que por entonces azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped
-era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por haber encontrado en
-mí uno del gremio. Á este propósito, una frase del diálogo hizo variar
-su tendencia. La acción de las dosis reducidas acababa de sugerirme un
-argumento que me apresuré á exponer.
-
---La influencia que sobre el péndulo de Rutter, dije concluyendo una
-frase, ejerce la proximidad de cualquier substancia, no depende de la
-cantidad. Un glóbulo homeopático determina oscilaciones iguales á las
-que produciría una dosis quinientas ó mil veces mayor.
-
-Advertí al momento, que acababa de interesar con mi observación. El
-dueño de casa me miraba ahora.
-
---Sin embargo, respondió, Reichenbach ha contestado negativamente esa
-prueba. Supongo que ha leído usted á Reichenbach.
-
---Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he ensayado, y mi aparato,
-confirmando á Rutter, me ha demostrado que el error procedía
-del sabio alemán, no del inglés. La causa de semejante error es
-sencillísima, tanto que me sorprende cómo no dió con ella el ilustre
-descubridor de la parafina y de la creosota.
-
-Aquí, sonrisa de mi huésped; prueba terminante de que nos entendíamos.
-
---¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, ó el perfeccionado por el
-doctor Leger?
-
---El segundo, respondí.
-
---Es mejor; ¿y cuál sería, según sus investigaciones, la causa del
-error de Reichenbach?
-
---Ésta: los sensitivos con que operaba, influían sobre el aparato,
-sugestionándose por la cantidad del cuerpo estudiado. Si la oscilación
-provocada por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba una
-amplitud de cuatro líneas, las ideas corrientes sobre la relación entre
-causa y efecto _exigían_ que la oscilación aumentara en proporción con
-la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los sensitivos del barón, eran
-individuos nada versados por lo común en especulaciones científicas; y
-quienes practican experiencias así, saben cuán poderosamente influyen
-sobre tales personas las ideas tenidas por verdaderas, sobre todo
-cuando son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El péndulo
-no obedece á la cantidad, sino á la naturaleza del cuerpo estudiado
-solamente; pero cuando el sensitivo _cree_ que la cantidad influye,
-aumenta el efecto, pues toda creencia es una volición. Un péndulo,
-ante el cual el sujeto opera sin conocer las variaciones de cantidad,
-confirma á Rutter. Desaparecida la alucinación...
-
---Oh, ya tenemos aquí la alucinación, dijo mi interlocutor con
-manifiesto desagrado.
-
---No soy de los que explican todo por la alucinación, á lo menos
-confundiéndola con la subjetividad, como frecuentemente ocurre. La
-alucinación es para mí una fuerza más que un estado de ánimo, y así
-considerada, se explica por medio de ella buena porción de fenómenos.
-Creo que es la doctrina justa.
-
---Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí á Home, el
-médium, en Londres, allá por 1872. Seguí luego con vivo interés las
-experiencias de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista;
-pero la evidencia se me impuso con motivo de los fenómenos del 74.
-La alucinación no basta para explicarlo todo. Créame usted, las
-apariciones son autónomas...
-
---Permítame una pequeña digresión, interrumpí--encontrando en aquellos
-recuerdos una oportunidad para comprobar mis deducciones sobre el
-personaje; quiero hacerle una pregunta, que no exige desde luego
-contestación, si es indiscreta: ¿Ha sido usted militar?...
-
---Poco tiempo; llegué á subteniente del ejército de la India.
-
---Por cierto, la India sería para usted un campo de curiosos estudios.
-
---No; la guerra cerraba el camino del Tibet á donde hubiese querido
-llegar. Fuí hasta Cawnpore, nada más. Por motivos de salud regresé muy
-luego á Inglaterra; de Inglaterra pasé á Chile en 1879; y por último á
-este país en 1888.
-
---¿Enfermó usted en la India?
-
---Sí, respondió con tristeza el antiguo militar, clavando nuevamente
-sus ojos en el rincón del aposento.
-
---¿El cólera? insistí.
-
-Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró por sobre mí vagamente.
-Su pulgar comenzó á moverse entre los ralos cabellos de la nuca.
-Comprendí que iba á hacerme una confidencia de la cual eran prólogo
-aquellos ademanes, y esperé. Afuera chirriaba un grillo en la
-obscuridad.
-
---Fué algo peor todavía, comenzó mi huésped. Fué el misterio. Pronto
-hará cuarenta años y nadie lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué
-decirlo? No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo menos. No
-soy un triste, soy un desesperado. Mi mujer falleció hace ocho años,
-ignorando el mal que me devoraba, y afortunadamente no he tenido hijos.
-Encuentro en usted por primera vez un hombre capaz de comprenderme.
-
-Me incliné agradecido.
-
---¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, sin capilla y sin
-academia! Y no obstante, está usted todavía en los umbrales. Los
-fluidos ódicos de Reichenbach no son más que el prólogo. El caso que va
-usted á conocer, le revelará hasta dónde puede llegarse.
-
-El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas á su castellano un
-tanto gramatical. Los incisos adquirían una tendencia imperiosa, una
-plenitud rítmica extraña en aquel acento extranjero.
-
---En febrero de 1858, continuó, fué cuando perdí toda mi alegría.
-Habrá usted oído hablar de los _yoghis_, esos singulares mendigos cuya
-vida se comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los viajeros han
-popularizado sus hazañas, que sería inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué
-consiste la base de sus poderes?
-
---Creo que en la facultad de producir cuando quieren, el
-autosonambulismo, volviéndose de tal modo insensibles, videntes, etc.
-
---Es exacto. Pues bien, yo vi operar á los _yoghis_ en condiciones
-que imposibilitaban toda superchería. Llegué hasta fotografiar las
-escenas, y la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto. La
-alucinación resultaba así, imposible, pues los ingredientes químicos no
-se alucinan... Entonces quise desarrollar idénticos poderes. He sido
-siempre audaz, y luego no estaba entonces en situación de apreciar las
-consecuencias. Puse, pues, manos á la obra.
-
---¿Por cuál método?
-
-Sin responderme, continuó:
-
---Los resultados fueron sorprendentes. En poco tiempo llegué á dormir.
-Al cabo de dos años producía la traslación consciente. Pero aquellas
-prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud. Me sentía
-espantosamente desamparado, y con la seguridad de una cosa adversa
-mezclada á mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame la
-curiosidad. Estaba en la pendiente y ya no podía detenerme. Por una
-continua tensión de voluntad conseguía salvar las apariencias ante
-el mundo. Mas poco á poco, el poder despertado en mí se volvía más
-rebelde. Una distracción prolongada, ocasionaba un desdoblamiento.
-Sentía mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía á ser algo así como
-una afirmación del _no yo_, diré expresando concretamente aquel estado.
-Como las impresiones se avivaban, produciéndome angustiosa lucidez,
-resolví una noche ver mi doble. _Ver qué era lo que salía de mí, siendo
-yo mismo_, durante el sueño extático.
-
---¿Y pudo conseguirlo?
-
---Fué una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento se produjo con
-la facilidad acostumbrada. Cuando recobré la conciencia, ante mí, en
-un rincón del aposento, había una forma. Y esta forma era un mono, un
-horrible animal que me miraba fijamente.­­Desde entonces no se aparta
-de mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. Á donde quiera que _él_ va,
-_voy conmigo_, con _él_. Está siempre ahí. Me mira constantemente, pero
-no se _le_ acerca jamás, no _se_ mueve jamás, no _me_ muevo jamás...
-
-Subrayo los pronombres trocados en la última frase, tal como la oí. Una
-sincera aflicción me embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una
-sugestión atroz.
-
---Cálmese usted, le dije, aparentando confianza. La reintegración no es
-imposible.
-
---¡Oh, sí! respondió con amargura. Esto es ya viejo. Figúrese usted,
-he perdido el concepto de la unidad. Sé quedos y dos son cuatro,
-por recuerdo; pero ya no creo en ello. El más sencillo problema de
-aritmética carece de sentido para mí, pues me falta la convicción de
-la cantidad. Y todavía sufro cosas más raras. Cuando me tomo una
-mano con la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta, como si
-perteneciera á una persona que no soy yo. Á veces veo las cosas dobles,
-porque cada ojo procede sin relación con el otro...
-
-Era, á no dudarlo, un caso curioso de locura, que no excluía el más
-perfecto raciocinio.
-
---Pero en fin, ¿ese mono?... pregunté para agotar el asunto.
-
---Es negro como mi propia sombra, y melancólico al modo de un hombre.
-La descripción es exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su
-estatura es mediana, su cara como todas las caras de mono. Pero siento,
-no obstante, que se parece á mí. Hablo con entero dominio de mí mismo.
-¡Ese animal se parece á mí!
-
-Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin embargo, la idea de
-una cara simiesca formaba tan violento contraste con su rostro de
-aventajado ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta, que la
-incredulidad se imponía por esta circunstancia, más aún que por lo
-absurdo de la alucinación.
-
-Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie como adoptando una
-resolución definitiva:
-
---Voy á caminar por este cuarto, para que usted lo vea. Observe mi
-sombra, se lo ruego.
-
-Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa hasta un extremo del
-comedor y comenzó á pasearse. Entonces, la más grande de las sorpresas
-me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se movía! Proyectada sobre el
-rincón, de la cintura arriba, y con la parte inferior sobre el piso de
-madera clara, parecía una membrana alargándose y acortándose según la
-mayor ó menor proximidad de su dueño. No podía yo notar desplazamiento
-alguno bajo las incidencias de luz en que á cada momento se encontraba
-el hombre.
-
-Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura, resolví
-desimpresionarme y ver si hacía algo parecido con mi huésped, por medio
-de un experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener su silueta
-pasando un lápiz sobre el perfil de la sombra.
-
-Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro migas de pan mojado
-hasta conseguir la más perfecta adherencia posible á la pared, y de
-manera que la sombra del rostro quedase en el centro mismo de la hoja.
-Quería, como se ve, probar por la identidad del perfil entre la cara
-y su sombra (esto saltaba á la vista, pero el alucinado sostenía lo
-contrario) el origen de dicha sombra, con intención de explicar luego
-su inmovilidad teniendo asegurada una base exacta.
-
-Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron un poco al posarse en
-la mancha sombría, que por lo demás imitaba perfectamente el perfil
-de mi interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el pulso no me
-falló en el trazado. Hice la línea sin levantar la mano, con un lápiz
-Hardtmuth azul, y no despegué la hoja, concluido que hube, hasta no
-hallarme convencido por una escrupulosa observación, de que mi trazo
-coincidía perfectamente con el perfil de la sombra, y éste con el de la
-cara del alucinado.
-
-Mi huésped seguía la experiencia con inmenso interés. Cuando me
-aproximé á la mesa, vi temblar sus manos de emoción contenida. El
-corazón me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace.
-
---No mire usted, dije.
-
---¡Miraré! me respondió con un acento tan imperioso, que á pesar mío
-puse el papel ante la luz.
-
-Ambos palidecimos de una manera horrible. Allí ante nuestros ojos, la
-raya de lápiz trazaba una frente deprimida, una nariz chata, un hocico
-bestial. ¡El mono! ¡La cosa maldita!
-
-Y conste que yo no sé dibujar.
-
-
-
-
- EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO
-
-
- EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO
-
-
-El 15 de junio de 1099, cuarto día de la tercera semana, un crepúsculo
-en nimbos de sangre había visto por vigésima quinta vez al campamento
-cruzado, desplegarse como una larga línea de silencios y de tiendas
-pardas alrededor de Jerusalén, desde la puerta de Damasco hasta donde
-el Cedrón penetra en el valle de Sové que los latinos llaman valle de
-Josafat.
-
-Sobre la llanura que se extendía entre el campamento y la ciudad,
-algunos bultos denunciaban cadáveres: restos de la jornada del 13 que
-los francos libraron sobre la antemuralla.
-
-El monte Moria, alzábase frente de la puerta Esterquilinaria, al
-mediodía. Por el norte levantaban sus cumbres desoladas el Olivete y
-el monte del Escándalo donde Salomón idolatró. Entre estas cumbres,
-el valle maldito, el valle donde imperara la herejía de Belphegor y
-de Moloch; donde gimieron David y Jeremías; donde Jesucristo empezó
-su pasión; donde Joel dijo su memorable profecía: _congregabo omnes
-gentes_, etc.; donde duermen Zacarías y Absalón; el valle adonde los
-judíos van á morir de todas las partes del mundo, se abría lleno de
-sombra y de viñas negras...
-
-Las murallas de la ciudad, altas de cien palmos, escondían á la
-vista las montañas de Judea que el rey Sabio hizo poblar de cedros.
-El recinto quedaba oculto, y sólo se divisaba por sobre la línea de
-bastiones, la cumbre rojiza del Acra, la monstruosa cúpula de cobre de
-la mezquita _Gameat-el-Sakhra_ levantada por Ornar á indicación del
-patriarca Sofronio, sobre las ruinas del templo de Salomón--y algunas
-palmeras.
-
-Una agonía sedienta consumía á los soldados de la cruz. Las fuentes
-de Siloé y de Rogel estaban exhaustas. El viento salado apenas dejaba
-aproximarse las nubes hasta Jericó. Y aquello estaba tan seco, tan
-calcinado, que las mismas tumbas antiguas parecían clamar de sed.
-
-Sobre las tiendas de las huestes sitiadoras, ondeaban multicolores
-estandartes, en cuyo trapo, al impulso de la devoción y del heroísmo,
-iban germinando como futuros emblemas de gloria, las trece coronas
-y las treinta y seis cruces principales de la heráldica, desde la
-sencilla cruz patente hasta las embrolladísimas dobles y contra
-potenzadas, que llegarían luego á su máxima complicación en el bizarro
-jeroglífico de la familia Squarciafichi.
-
-Estaban allí Godofredo, Eustaquio y Balduino; los señores de Tolosa,
-de Foix, de Flandes, de Orange, de Rosellón, de San Pol, de l’Estoile,
-de Flandes y de Normandía. Ya eran todos ilustres. Guicher había
-hendido en dos un león; Godofredo había partido por la mitad un gigante
-sarraceno en el puente de Antíoco...
-
-Una tienda rasa se alzaba entre las otras. En aquella tienda un monje
-flaco y viejo que tenía un báculo de olivo, vivía mojando en lágrimas
-toda la longitud de su barba. Era Pedro el Ermitaño.
-
-Aquel monje sabía que la ciudad ilustre fundada en el 2023 año del
-mundo, era una mártir.
-
-Desde los hijos de Jebus, hasta Sesac; desde Joas hasta Manasés, hasta
-Nabucodonosor, hasta Tolomeo Lago, hasta los dos Antíocos el Grande y
-el Epifanio, hasta Pompeyo, hasta Craso, hasta Antígono, hasta Herodes,
-hasta Tito, hasta Adriano, hasta Cosroes, hasta Omar--cuánta sangre
-había manchado sus piedras, cuánta desolación había caído sobre la
-reina glorificada por la salutación de Tobías: _¡Jerusalem, civitas
-Dei, luce splendida fulgebis!_ Pedro había podido observar, como san
-Jerónimo, que en aquella ciudad no se veía un solo pájaro.
-
- * * * * *
-
-Esa tarde, un correo expedido de Kaloni, comunicó á Godofredo que en el
-puerto de Jafa acababan de anclar varias naves pisanas y genovesas, en
-las cuales venían los marineros esperados para construír las máquinas
-de guerra diseñadas por Raymundo de Foix.
-
-Acababa de hundirse el sol, cuando tomaron el camino de Arimatea cuatro
-caballeros enviados para guardar las naves recién llegadas á Jafa. Eran
-Raimundo Pileto, Acardo de Mommellou, Guillermo de Sabran y Wilfrido de
-Hohenstein á quien llamaban el caballero del blanco yelmo.
-
-Era él rubio y fuerte como un arcángel. Sobre su tarja germana, sin
-divisa como todos los escudos de aquel tiempo, se destacaba formando
-blasón pleno un lirio de estaño en campo verde. Aquel lirio en forma de
-alabarda, era el único abierto de toda la flora heráldica; pues el de
-Francia permanecía aún en botón.
-
-Pero lo extraordinario en la armadura del caballero, era su casco de
-metal blanquísimo, cuyo esplendor no velaba entre los demás la cimera
-de que carecían los yelmos de los cruzados. El nasal de aquel casco,
-dividiéndole exageradamente el entrecejo y bajando por entre sus ojos
-como un pico, daba á su faz una expresión de gerifalte.
-
-Contábase á propósito de aquella prenda, una rara historia. Decíase
-que casado su dueño á los veinte años, antes de uno mató á la esposa
-en un arrebato de celos. Descubierta luego la inocencia de la víctima,
-el señor de Ilohenstein fué en demanda de perdón á Pedro el Ermitaño,
-quien le puso en el pecho la cruz de los peregrinos.
-
-Antes de partir, quiso orar el joven en la tumba de su esposa. Sobre
-aquel sepulcro, había crecido un lirio que él decidió llevarse como
-recuerdo; mas al cortarla, la flor se transformó en un casco de plata,
-dando origen al sobrenombre del caballero. Poseídos aún del milagro que
-hizo llover lirios sobre la cabeza de Clodoveo, no tenían los camaradas
-del héroe por qué dudar de su aventura, mucho más cuando él la abonaba
-con su valentía y con un voto de castidad.
-
-La noche estaba ya densa sobre los montes. Los caballeros cruzaron al
-trote de sus cabalgaduras, como cuatro sombras en rumor de hierro, la
-garganta estéril que une á Jerusalén con Sichem y Neápolis; el torrente
-donde David tomó las cinco piedras para combatir al gigante; el valle
-del Terebinto, el de Jeremías, dolorosa entrada de los montes de
-Judea poblados de jabalíes; los arrabales de Arimatea, los de Lydia
-sembrados de aquellas palmas idumeas bajo las cuales curó Pedro al
-paralítico; y al llegar al pozo de la virgen, la llanura de Sarón,
-cubierta de alelíes y tulipanes se desplegó ante ellos desde Gaza
-hasta el Carmelo, y desde los montes de Judea hasta los de Samaría,
-denunciándose en la obscuridad con el aroma de sus flores. Tal iban
-evocando los pasajes de la sacra historia por los mismos lugares de su
-tránsito, aquellos ilustres guerreros.
-
-Wilfrido habíase rezagado un tanto. Los otros tres mantenían su piadosa
-conversación; y el señor de Sabran refirió á sus compañeros la historia
-de la ciudad adonde se dirigían.
-
-Jafa está, decía, en la heredad de Dan y es más antigua que el
-diluvio. En ella murió Noé; á ella venían las flotas de Hiram cargadas
-de cedro; en ella se embarcó Jonás para cruzar el mar, aquel _Gran
-Mar_ “que vió á Dios y retrocedió”, dice el Salmista; ella sufrió el
-peso de cinco invasiones y fué incendiada por Judas Macabeo. Allí
-resucitó Pedro á Tabita; allí Cestio y Vespasiano repletaron de oro
-sus legiones; y en su ciudadela manda ahora en nombre del Soldán,
-el feroz Abu-Djezzar-Mohamed ibn-el-Thayybel-Achary, á quien llaman
-familiarmente Abu-Djezzar, y cuyos sicarios recorren estos parajes
-buscando el rastro de los guerreros de Cristo.
-
-El señor de Mommellou añadió á su vez que Jafa había sido teatro de
-las fábulas del paganismo. Su nombre era el de una hija de Eolo; y
-San Jerónimo cuenta que le enseñaron allí la roca y el anillo en que
-Andrómeda fué entregada al monstruo de Neptuno. Plinio añade que
-Escauro llevó á Roma los huesos de dicho animal, y Pausanias refiere
-que existe todavía la fuente donde Perseo se lavó las manos cubiertas
-por la sangre del combate.
-
-Y todo lo contaron los caballeros Acardo de Mommellou y Guillermo de
-Sabran, porque sabían muchas letras de historia aprendidas en los
-pergaminos de los monasterios.
-
-De repente, al llegar junto á las ruinas de una cisterna seca,
-advirtieron que Wilfrido no iba ya con ellos. Era indudable que se
-había extraviado en tan peligroso sitio, pero no podían buscarle, pues
-de las naves que iban á custodiar dependía la toma de la ciudad santa.
-Y por si era tiempo aún, galoparon soplando sus cuernos hacia las
-murallas próximas.
-
- * * * * *
-
-Abu-Djezzar gobernaba la ciudadela. La fortaleza se levantaba,
-dominando el mar, entre un bosquecillo de nopales y de granados. Mil
-musulmanes defendíanse allí esperando auxilios de Cesárea ó de Solima.
-Los fosos estaban llenos de agua y levantados los rastrillos, que
-apenas dejaban paso á las partidas de merodeadores.
-
-Wilfrido de Ilohenstein, despojado de sus armas, fué traído ante el
-señor de la ciudadela. Era éste un musulmán de ojos aguileños y perfil
-enérgico como un hachazo.
-
---Perro, le dijo apenas le tuvo á su alcance; ya sabemos la situación
-de vuestros soldados que mueren de sed bajo los muros de Solima. Dime,
-pues lo sabes, si los cristianos abrigan todavía esperanzas.
-
-Una sonrisa heroica iluminó la juventud del caballero.
-
---Sarraceno, replicó; los condes de Flandes y de Normandía acampan al
-norte, allá mismo donde fué apedreado san Esteban; Godofredo y Tancredo
-están al Occidente; el conde de Saint-Gilles al sur, sobre el monte
-Sión. Ya sabes dónde se hallan nuestras tropas, y también que los
-soldados de Cristo no retroceden. Pues bien, óyelo Sarraceno: Antes de
-un mes, los soldados de Cristo entrarán en Jerusalén por el norte, por
-el occidente y por el mediodía.
-
-Abu-Djezzar rugió de rabia.
-
---Cortad maderos, gritó á sus soldados; haced una cruz y clavad en
-ella á este perro. ¡Que muera como su Dios!
-
-Tres horas después, los soldados venían en grupos á contemplar el
-mártir. Wilfrido de Hohenstein, clavado en una cruz muy baja, parecía
-estar muerto en pie. Desnudo enteramente, cruzado su cuerpo de rayas
-rojas, la cabeza doblada, los cabellos rubios cubriéndole los ojos,
-las manos y los pies como envueltos en púrpura, semejaba una efigie de
-altar. La muerte no conseguía ajar su juventud, realzándola más bien
-como una escarcha fina sobre un mármol artístico. El patíbulo daba al
-mar, sobre la ciudad ruinosa, desamparado bajo el cielo. Y los soldados
-admiraban en voz baja, con palabras bárbaramente desgarradas en vómitos
-guturales, aquella juventud enemiga, tan viril bajo los cabellos rubios
-ceñidos ya por una gloria de apogeos.
-
-El cuerpo de Wilfrido de Hohenstein no era ya sino un despojo. Estaba
-muy blanco, casi transparente, como un vaso de alabastro que ha dejado
-correr todo su vino; y bajo sus párpados entreabiertos, se vislumbraba
-una minúscula estrella azul.
-
-Un buitre sirio, á inmensa altura, mecíase entre los cenitales
-esplendores. Los soldados lo vieron y entonces recordaron. Aunque la
-agonía del caballero fué larga, era indudable que ya estaba muerto.
-El agá se aproximó y levantó uno de los párpados. La estrellita azul
-se había apagado en el fondo de la órbita. De la comisura labial,
-desprendíase un hilo de sangre.
-
-Nadie se atrevió á abofetearle, á pesar de que era la costumbre, porque
-su sueño apaciguaba con su inmensa blancura. Tendieron simplemente la
-cruz y empezaron á desclavarle. Pero la mano derecha resistía tanto,
-que el agá la cortó con su gumía dejándola clavada en el poste. Y como
-la cruz aquella podía servir para ajusticiar otros perros, resolvieron
-conservarla en la armería.
-
-La mano permaneció así durante un mes. Nadie se acordaba ya de aquello,
-cuando el 12 de julio de 1099, un emisario sarraceno vino en su caballo
-moribundo á decir á Abu-Djezzar que los cristianos arrojando escalas
-sobre los muros de Solima, al rayar la aurora, y encerrados en fuertes
-ingenios de madera, hacían llover sobre los fieles del Profeta un
-aguacero de aceite y pez hirviendo.
-
-Abu-Djezzar mandó afilar los alfanjes y descendió á la armería para
-inspeccionar los arneses de peones y caballeros.
-
-Lucían los hierros en la penumbra de la sala. Había allí lorigas de
-Egipto, yataganes de Damasco; lanzas españolas, largas de diez palmos;
-adargas de cuero de hipopótamo, tomadas á los nubios; estribos tajantes
-al uso berberisco y puñales bizantinos que parecían de agua.
-
-El musulmán recorría con ojo satisfecho aquel arsenal provisto por
-el califa, de tantas y tan hermosas armas. Sus babuchas sonaban en
-las lozas de la galería, y soberbiamente envuelto en su albornoz,
-examinábalo todo.
-
-Habíase quitado el turbante, y su cabeza afeitada ostentaba en el
-occipucio el penacho de cabellos por donde el ángel Gabriel le
-conduciría al Paraíso el día del juicio. Nadaban en sus ojos dos
-chispas, y bajo su labio crispado, la dentadura fijaba un brillo
-siniestro.
-
-Desde su sitio percibía la cruz disimulada en la sombra donde
-amarilleaba la mano del mártir. Y andando, andando, se encontró debajo
-de ella con la mirada fija en una de las perchas de la armería.
-
-En ese momento eran las tres de la tarde. El caballero de l’Estoile
-acababa de saltar sobre las murallas de Jerusalén.
-
-Y como el agá apareciera en la puerta, Abu-Djezzar le increpó:
-
---¡Alá los extermine! ¡Malditos perros!...
-
-No pudo concluir. La mano, espantosamente viva, se había abierto como
-una garra, retorciéndose en su clavo y enredando entre sus dedos los
-cabellos del infiel.
-
-El agá, loco de horror, huyó á lo alto de la ciudadela. Los soldados
-acudieron, mas nadie se atrevió á tocar aquella formidable reliquia que
-mantenía invenciblemente agarrada la presa enemiga.
-
-Abu-Djezzar yacía muerto al pie de la cruz, con la lengua apretada
-entre los dientes y tendidos los brazos que descuartizaba una
-convulsión.
-
-Esa misma tarde el agá hizo arrojar por sobre las murallas el siniestro
-crucifijo, sin que la mano volviera á abrirse desde entonces. Y los
-cristianos de Jafa, sabederos del hecho por un prisionero de la
-ciudadela tomado pocos días después, condujeron en procesión aquel
-trofeo erigiendo un altar al caballero del blanco yelmo, que padeció
-muerte de cruz entre los infieles el 16 de junio del año 1099 de Cristo.
-
- * * * * *
-
-Ahora, en el convento de los franciscanos de Jafa, puede verse bajo una
-urna de cristal, clavada en su trozo de madera y asiendo un puñado de
-cabellos, todavía fresca como para consolar la décima séptima agonía de
-Jerusalén, la mano blanca de san Wilfrido de Hohenstein.
-
-
-
-
- EL ESCUERZO
-
-
- EL ESCUERZO
-
-
-Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba
-la familia, me di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus
-congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis
-pedradas. Tenía horror á los sapos y era mi diversión aplastar cuantos
-podía. Así es que el pequeño y entonado batracio no tardó en sucumbir
-á los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos criados en la
-vida semi-campestre de nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio
-en lagartos y sapos. Además, la casa está situada cerca de un arroyo
-que cruza por la ciudad, lo cual contribuía á aumentar la frecuencia
-de mis relaciones con tales reptiles. Entro en estos detalles, para
-que se comprenda bien cómo me sorprendí al notar que el atrabiliario
-sapito me era enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, pues.
-Y tomando mi víctima con toda la precaución del caso, fuí á preguntar
-por ella á la vieja criada, confidente mía en las primeras empresas
-de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. El asunto había, pues,
-de interesarnos á ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre,
-sentada á la puerta de la cocina, y yo esperaba ver acogido mi relato
-con la acostumbrada benevolencia, cuando apenas hube empezado, la vi
-levantarse apresuradamente y arrebatarme de las manos el despanzurrado
-animalito.
-
---¡Gracias á Dios que no lo hayas dejado! exclamó con muestras de la
-mayor alegría. En este mismo instante vamos á quemarlo.
-
---¿Quemarlo? dije yo; ¿pero qué va á hacer, si ya está muerto?
-
---No sabes que es un escuerzo--replicó en tono misterioso mi
-interlocutora--¿y que este animalito resucita sino se quema? ¿Quién te
-mandó matarlo? ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas! Ahora voy
-á contarte lo que le pasó al hijo de mi amiga la finada Antonia, que en
-paz descanse.
-
-Mientras hablaba, había recogido y encendido algunas astillas sobre las
-cuales puso el cadáver del escuerzo.
-
-¡Un escuerzo! decía yo, aterrado bajo mi piel de muchacho travieso; ¡un
-escuerzo! Y sacudía los dedos como si el frío del sapo se me hubiera
-pegado á ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle la médula á un
-hombre de barba entera.
-
---¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquia? interrumpió
-aquí Julia con el amable desenfado de su coquetería de treinta años.
-
---De ningún modo, señorita. Es una historia _que ha pasado_.
-
-Julia sonrió.
-
---No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla...
-
---Será usted complacida, tanto más cuanto que tengo la pretensión de
-vengarme con ella de su sonrisa. Así, pues, proseguí; mientras se asaba
-mi fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su narración que es
-como sigue:
-
-Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía con el hijo único
-que había tenido de él, en una casita muy pobre, distante de toda
-población. El muchacho trabajaba para ambos, cortando madera en el
-vecino bosque, y así pasaban año tras año, haciendo á pie la jornada
-de la vida. Un día volvió, como de costumbre, por la tarde, para tomar
-su mate, alegre, sano, vigoroso, con su hacha al hombro. Y mientras lo
-hacían, refirió á su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo
-había encontrado un escuerzo, al cual no le valieron hinchazones para
-quedar hecho una tortilla bajo el ojo de su hacha.
-
-La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharle, pidiéndole que por
-favor la acompañara al sitio para quemar el cadáver del animal.
-
---Has de saber, le dijo, que el escuerzo no perdona jamás al que lo
-ofende. Si no lo queman, resucita, sigue el rastro de su matador y no
-descansa hasta que puede hacer con él otro tanto.
-
-El buen muchacho rió grandemente del cuento, intentando convencer á la
-pobre vieja de que aquello era una paparrucha buena para asustar chicos
-molestos, pero indigna de preocupar á una persona de cierta reflexión.
-Ella insistió, sin embargo, en que la acompañara á quemar los restos
-del animal.
-
-Inútil fué toda broma, toda indicación sobre lo distante del sitio,
-sobre el daño que podía causarle, siendo ya tan vieja, el sereno
-de aquella tarde de noviembre. Á toda costa quiso ir y él tuvo que
-decidirse á acompañarla.
-
-No era tan distante; unas seis cuadras á lo más. Fácilmente dieron con
-el árbol recién cortado, pero por más que hurgaron entre las astillas y
-las ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no apareció.
-
---¿No te dije? exclamó ella echándose á llorar; ya se ha ido; ahora
-ya no tiene remedio esto. ¡Mi padre San Antonio te ampare!
-
---Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán llevado las hormigas ó
-lo comería algún zorro hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar
-por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene anocheciendo y la humedad
-de los pastos es dañosa.
-
-Regresaron, pues, á la casita, ella siempre llorosa, él procurando
-distraerla con detalles sobre el maizal que prometía buena cosecha
-si seguía lloviendo; hasta volver de nuevo á las bromas y risas en
-presencia de su obstinada tristeza. Era casi de noche cuando llegaron.
-Después de un registro minucioso por todos los rincones, que excitó
-de nuevo la risa del muchacho, comieron en el patio, silenciosamente,
-á la luz de la luna, y ya se disponía él á tenderse sobre su apero
-para dormir, cuando Antonia le suplicó que por aquella noche siquiera,
-consintiese en encerrarse dentro de una caja de madera que poseía y
-dormir allí.
-
-La protesta contra semejante petición fué viva. Estaba chocha, la
-pobre, no había duda. ¡Á quién se le ocurría pensar en hacerle dormir
-con aquel calor, dentro de una caja que seguramente estaría llena de
-sabandijas!
-
-Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que como el muchacho la
-quería tanto, decidió acceder á semejante capricho. La caja era grande,
-y aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. Con gran solicitud
-fué arreglada en el fondo la cama, metióse él adentro, y la triste
-viuda tomó asiento al lado del mueble, decidida á pasar la noche en
-vela para cerrarlo apenas hubiera la menor señal de peligro.
-
-Calcula ella que sería la medianoche, pues la luna muy baja empezaba
-á bañar con su luz el aposento, cuando de repente un bultito negro,
-casi imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta que no se había
-cerrado por efecto del gran calor. Antonia se estremeció de angustia.
-
-Allí estaba, por fin, el vengativo animal, sentado sobre las patas
-traseras, como meditando un plan. ¡Qué mal había hecho el joven en
-reírse! Aquella figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna,
-se agrandaba extraordinariamente, tomaba proporciones de monstruo.
-¿Pero, si no era más que uno de los tantos sapos familiares que
-entraban cada noche á la casa en busca de insectos? Un momento respiró,
-sostenida por esta idea. Mas el escuerzo dió de pronto un saltito,
-después otro, en dirección de la caja. Su intención era manifiesta. No
-se apresuraba, como si estuviera seguro de su presa. Antonia miró con
-indecible expresión de terror á su hijo; dormía, vencido por el sueño,
-respirando acompasadamente.
-
-Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer ruido la tapa del
-pesado mueble. El animal no se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al
-pie de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en uno de los ángulos,
-y de súbito, con un salto increíble en su pequeña talla, se plantó
-sobre la tapa.
-
-Antonia no se atrevió á hacer el menor movimiento. Toda su vida se
-había concentrado en sus ojos. La luna bañaba ahora enteramente la
-pieza. Y he aquí lo que sucedió: El sapo comenzó á hincharse por
-grados, aumentó, aumentó de una manera prodigiosa, hasta triplicar
-su volumen. Permaneció así durante un minuto, en que la pobre mujer
-sintió pasar por su corazón todos los ahogos de la muerte. Después fué
-reduciéndose, reduciéndose hasta recobrar su primitiva forma, saltó
-á tierra, se dirigió á la puerta y atravesando el patio acabó por
-perderse entre las hierbas.
-
-Entonces se atrevió Antonia á levantarse, toda temblorosa. Con un
-violento ademán abrió de par en par la caja. Lo que sintió fué de tal
-modo horrible, que á los pocos meses murió víctima del espanto que le
-produjo.
-
-Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho estaba helado
-y rígido bajo la triste luz en que la luna amortajaba aquel despojo
-sepulcral, hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.
-
-
-
-
- LA METAMÚSICA
-
-
- LA METAMÚSICA
-
-
-Como hiciera varias semanas que no le veía, al encontrarle le
-interrogué:
-
---¿Estás enfermo?
-
---No; mejor que nunca y alegre como unas pascuas. ¡Si supieras lo que
-me ha tenido absorto durante estos dos meses de encierro!
-
-Pues hacía efectivamente dos meses que se le extrañaba en su círculo
-literario, en los cafés familiares y hasta en el paraíso de la Ópera,
-su predilección.
-
-El pobre Juan tenía una debilidad: la música. En sus buenos tiempos,
-cuando el padre opulento y respetado compraba palco, Juan podía
-entregarse á su pasión favorita con toda comodidad. Después acaeció
-un derrumbe--títulos bajos, hipotecas, remates... El viejo murió de
-disgusto y Juan se encontró solo en esa singular autonomía de la
-orfandad, que toca por un extremo al tugurio y por el otro á la fonda
-de dos platos, sin vino.
-
-Por no ser huésped de cárcel, se hizo empleado que cuesta más y
-produce menos; pero hay seres timoratos en medio de su fuerza, que
-temen á la vida lo bastante para respetarla, acabando por acostarse con
-sus legítimas después de haber pensado en veinte queridas.
-
-La existencia de Juan se volvió entonces acabadamente monótona. Su
-oficina, sus libros y su banqueta del paraíso, fueron para él la
-obligación y el regalo. Estudió mucho, convirtiéndose en un teorizador
-formidable. Analogías de condición y de opiniones nos acercaron, nos
-amistaron y concluyeron por unirnos en sincera afección. Lo único
-que nos separaba era la música, pues jamás entendí una palabra de
-sus disertaciones, ó mejor dicho nunca pude conmoverme con ellas,
-pareciéndome falso en la práctica lo que por raciocinio encontraba
-evidente; y como en arte la comprensión está íntimamente ligada á la
-emoción sentida, al no sentir yo nada con la música, claro está que no
-la entendía.
-
-Esto desesperaba á mi amigo cuya elocuencia crecía en proporción á mi
-incapacidad para gozar con lo que, siendo para él emoción superior,
-sólo me resultaba confusa algarabía.
-
-Conservaba de su pasado bienestar un piano, magnífico instrumento cuyos
-acordes solían comentar sus ideas cuando mi rebelde emoción fracasaba
-en la prueba.
-
---Comprendo que la palabra no alcance á expresarlo, decía, pero
-escucha; abre bien las puertas de tu espíritu; es imposible que dejes
-de entender. Y sus dedos recorrían el teclado en una especie de mística
-exaltación.
-
-Así discutíamos los sábados por la noche, alternando las disertaciones
-líricas con temas científicos en los que Juan era muy fuerte, y
-recitando versos. Las tres de la mañana siguiente era la hora habitual
-de despedirnos. Júzguese si nuestra conversación sería prolongada
-después de ocho semanas de separación.
-
---¿Y la música, Juan?
-
---Querido, he hecho descubrimientos importantes.
-
-Su fisonomía tomó tal carácter de seriedad, que le creí acto continuo.
-Pero una idea me ocurrió de pronto.
-
---¿Compones?
-
-Los ojos le fulguraron.
-
---Mejor que eso, mucho mejor que eso. Tú eres un amigo del alma y
-puedes saberlo. El sábado por la noche, como siempre, ya sabes; en
-casa; pero no lo digas á nadie, ¿eh? ¡Á nadie! añadió casi terrible.
-
-Calló un instante; luego me pellizcó confidencialmente la punta de la
-oreja, mientras una sonrisa maliciosa entreabría sus febriles labios.
-
---Allá comprenderás por fin, allá verás. Hasta el sábado, ¿no?...
-
-Y como le mirara interrogativo, añadió lanzándose sobre el estribo de
-un tranvía, pero de modo que sólo yo pudiese oirle:
-
---...¡Los colores de la música!...
-
-Era un miércoles. Me era menester esperar tres días para conocer el
-sentido de aquella prosa. ¡Los colores de la música! me decía. ¿Será
-un fenómeno de audición coloreada? ¡Imposible! Juan es un muchacho muy
-equilibrado para caer en eso. Parece excitado, pero nada revela una
-alucinación en sus facultades. Después de todo, ¿por qué no ha de ser
-verdad su descubrimiento?... Sabe mucho, es ingenioso, perseverante,
-inteligente... La música no le impide cultivar á fondo las matemáticas,
-y éstas son la sal del espíritu. En fin, esperemos.
-
-Pero no obstante mi resignación, una intensa curiosidad me embargaba;
-y el pretexto ingenuamente hipócrita de este género de situaciones, no
-tardó en presentarse.
-
-Juan está enfermo, á no dudarlo. Abandonarle en tal situación, sería
-poco discreto. Lo mejor es verle, hablarle, hacer cuanto pueda para
-impedir algo peor. Iré esta noche. Y esa misma noche fuí, aunque
-reconociendo en mi intento más curiosidad de lo que hubiese querido.
-
-Daban las nueve cuando llegué á la casa. La puerta estaba cerrada. Una
-sirvienta desconocida vino á abrirme. Pensé que sería mejor darme por
-amigo de confianza, y después de expresar las buenas noches con mi
-entonación más confidencial:
-
---¿Está Juan? pregunté.
-
---No, señor; ha salido.
-
---¿Volverá pronto?
-
---No ha dicho nada.
-
---Porque si volviera pronto, añadí insistiendo, le pediría permiso para
-esperarle en su cuarto. Soy su amigo íntimo y tengo algo urgente que
-comunicarle.
-
---Á veces no vuelve en toda la noche.
-
-Esta evasiva me reveló que se trataba de una consigna, y decidí
-retirarme sin insistir. Volví el jueves, el viernes, con igual
-resultado. Juan no quería recibirme, y esto, francamente, me
-exasperaba. El sábado me tendría fuerte, vencería mi curiosidad,
-no iría. El sábado á las nueve de la noche había dominado aquella
-puerilidad. Juan en persona me abrió.
-
---Perdona; sé que me has buscado; no estaba; tenía que salir todas las
-noches.
-
---Sí; te has convertido en personaje misterioso.
-
---Veo que mi descubrimiento te interesa de veras.
-
---No mucho, mira; pero francamente, al oirte hablar de los colores
-de la música, temí lo que hay que temer, y ahí tienes la causa de mi
-insistencia.
-
---Gracias, quiero creerte, y me apresuro á asegurarte que no estoy
-loco. Tu duda lastima mi amor propio de inventor, pero somos demasiado
-amigos para no prometerte una venganza.
-
-Mientras, habíamos atravesado un patio lleno de plantas. Pasamos bajo
-un zaguán, doblamos á la derecha, y Juan abriendo una puerta dijo:
-
---Entra; voy á pedir el café.
-
-Era el cuarto habitual, con su escritorio, su ropero, su armario de
-libros, su catre de hierro. Noté que faltaba el piano. Juan volvía en
-ese momento.
-
---¿Y el piano?
-
---Está en la pieza inmediata. Ahora soy rico; tengo dos “salones”.
-
---¡Qué opulencia!
-
-Y esto nos endilgó en el asunto.
-
-Juan, que paladeaba con deleite su café, empezó tranquilamente:
-
---Hablemos en serio. Vas á ver una cosa interesante. _'Vas á ver_,
-óyelo bien. No se trata de teorías. Las notas poseen cada cual su
-color, no arbitrario, sino real. Alucinaciones y chifladuras nada
-tienen que ver con esto. Los aparatos no mienten, y mi aparato hace
-perceptibles los colores de la música. Tres años antes de conocerte,
-emprendí las experiencias coronadas hoy por el éxito. Nadie lo sabía
-en casa, donde, por otra parte, la independencia era grande, como
-recordarás. Casa de viudo con hijos mayores... Dicho esto en forma de
-disculpa por mi reserva, que espero no atribuyas á desconfianza, quiero
-hacerte una descripción de mis procedimientos, antes de empezar mi
-pequeña fiesta científica.
-
-Encendimos los cigarrillos y Juan continuó.
-
---Sabemos por la teoría de la unidad de la fuerza, que el movimiento
-es, según los casos, luz, calor, sonido, etc.; dependiendo estas
-diferencias--que esencialmente no existen, pues son únicamente modos
-de percepción de nuestro sistema nervioso--del mayor ó menor número de
-vibraciones de la onda etérea.
-
-“Así, pues, en todo sonido hay luz, calor, electricidad latentes,
-como en toda luz hay á su vez electricidad, calor y sonido. El ultra
-violeta del espectro, señala el limite de la luz y es ya calor, que
-cuando llegue á cierto grado se convertirá en luz... Y la electricidad
-igualmente. ¿Por qué no ocurriría lo mismo con el sonido? me dije; y
-desde aquel momento quedó planteado mi problema.”
-
-“La escala musical está representada por una serie de números cuya
-proporción, tomando al do como unidad, es bien conocida; pues la
-armonía se halla constituida por proporciones de número, ó en otros
-términos se compone de la relación de las vibraciones aéreas por un
-acorde de movimientos desemejantes.”
-
-“En todas las músicas sucede lo mismo, cualquiera que sea su
-desarrollo. Los griegos que no conocían sino tres de las consonancias
-de la escala, llegaban á idénticas proporciones: 1 á 2, 3 á 2, 4 á
-3. Es, como observas, matemático. Entre las ondulaciones de la luz
-tiene que haber una relación igual, y es ya vieja la comparación. El
-1 del do, está representado por las vibraciones de 369 millonésimas
-de milímetro que engendran el violado, y el 2 de la octava por el
-duplo; es decir, por las de 738 que producen el rojo. Las demás notas,
-corresponden cada una á un color.”
-
-“Ahora bien, mi raciocinio se efectuaba de este modo.”
-
-“Cuando oímos un sonido, no miramos la luz, no palpamos el calor, no
-sentimos la electricidad que produce, porque las ondas caloríficas,
-luminosas y eléctricas son imperceptibles por su propia amplitud. Por
-la misma razón no oímos cantar la luz, aunque la luz canta real y
-verdaderamente, cuando sus vibraciones que constituyen los colores,
-forman proporciones armónicas. Cada percepción tiene un límite de
-intensidad, pasado el cual se convierte en impercepción para nosotros.
-Estos límites no son coincidentes en la mayoría de los casos, lo
-cual obedece al progresivo trabajo de diferenciación efectuado por
-los sentidos en los organismos superiores; de tal modo que si al
-producirse una vibración, no percibimos más que uno de los movimientos
-engendrados, es porque los otros, ó han pasado el limite máximo, ó no
-han alcanzado el límite mínimo de la percepción. Á veces se consigue,
-sin embargo, la simultaneidad. Así, vemos el color de una luz, palpamos
-su calor y medimos su electricidad...”
-
-Todo esto era lógico; pero en cuanto al sonido, tenía una objeción muy
-sencilla que hacer y la hice:
-
---Es claro; y si con el sonido no sucede así, es porque se trata de
-una vibración aérea, mientras que las otras son vibraciones etéreas.
-
---Perfectamente; pero la onda aérea provoca vibraciones etéreas,
-puesto que al propagarse conmueve al éter intermedio entre molécula
-y molécula de aire. ¿_Qué es_ esta segunda vibración? Yo he llegado á
-demostrar que es luz. ¿Quién sabe si mañana un termómetro ultrasensible
-no averiguará las temperaturas del sonido?
-
-“Un sabio injustamente olvidado, Louis Lucas, dice lo que voy á leer,
-en su _Chimie Nouvelle_:”
-
-“Si se estudia con cuidado las propiedades del monocordio, se nota que
-en toda jerarquía sonora no existen, en realidad, más que tres puntos
-de primera importancia: la tónica, la quinta y la tercia, siendo la
-octava reproducción de ellas á diversa altura, y permaneciendo en
-las tres resonancias la tónica como punto de apoyo; la quinta es su
-antagonista y la tercia un punto indiferente, pronto á seguir á aquél
-de los dos contrarios que adquiera superioridad.”
-
-“Esto es también lo que hallamos en tres cuerpos simples, cuya
-importancia relativa no hay necesidad de recordar: el hidrógeno, el
-ázoe y el oxígeno. El primero por su negativismo absoluto en presencia
-de los otros metaloides, por sus propiedades esencialmente básicas,
-toma el sitio de la tónica ó reposo relativo; el oxígeno, por sus
-propiedades antagónicas, ocupa el lugar de la quinta; y por fin, la
-indiferencia bien conocida del ázoe, le asigna el rol de la tercia.”
-“Ya ves que no estoy solo en mis conjeturas, y que ni siquiera voy tan
-lejos; mas lleguemos cuanto antes á la narración de la experiencia.”
-
-“Ante todo, tenía tres caminos: ó colar el sonido á través de
-algún cuerpo que lo absorbiera, no dejando pasar sino las ondas
-luminosas--algo semejante al carbón animal para los colorantes
-químicos; ó construir cuerdas tan poderosas, que sus vibraciones
-pudieran contarse, no por miles sino por millones de millones en cada
-segundo, para producir mi música en luz; ó reducir la expansión de
-la onda luminosa, invisible en el sonido, contenerla en su marcha,
-reflejarla, reforzarla hasta hacerla alcanzar un límite de percepción,
-y verla sobre una pantalla convenientemente dispuesta.”
-
-“De los tres métodos probables, excuso decirte que he adoptado el
-último; pues los dos primeros requerirían un descubrimiento previo cada
-uno, mientras que el tercero es una aplicación de aparatos conocidos.”
-
-_¡Age dum!_ prosiguió evocando su latín, mientras abría la puerta
-del segundo aposento. Aquí tienes mi aparato, añadió, al paso que me
-enseñaba sobre un caballete una caja como de dos metros de largo,
-enteramente parecida á un féretro. Por uno de sus extremos sobresalía
-el pabellón paraboloide de una especie de clarín. En la tapa, cerca de
-la otra extremidad, resaltaba un trozo de cristal que me pareció la
-faceta de un prisma. Una pantalla blanca coronaba el misterioso cajón,
-sobre un soporte de metal colocado hacia la mitad de la tapa.
-
-Juan se apoyó sobre el aparato y yo me senté en la banqueta del piano.
-
---Oye con atención.
-
---Ya te imaginas.
-
---El pabellón que aquí ves, recoge las ondas sonoras. Este pabellón
-toca al extremo de un tubo de vidrio negro, de dobles paredes, en el
-cual se ha llevado el vacío á una millonésima de atmósfera. La doble
-pared del tubo está destinada á contener una capa de agua. El sonido
-muere en él y en el denso almohadillado que lo rodea. Queda sólo la
-onda luminosa cuya expansión debo reducir para que no alcance la
-amplitud suprasensible. El vidrio negro lo consigue; y ayudado por la
-refracción del agua, se llega á una reducción casi completa. Además el
-agua tiene por objeto absorber el calor que resulta.
-
---¿Y por qué el vidrio negro?
-
---Porque la luz negra tiene una vibración superior á la de todas las
-otras, y como por consiguiente el espacio entre movimiento y movimiento
-se restringe, las demás no pueden pasar por los intersticios y se
-reflejan. Es exactamente análogo á una trinchera de trompos que
-bailan conservando distancias proporcionales á su tamaño. Un trompo
-mayor, aunque animado de menor velocidad, intenta pasar; pero se
-produce un choque que lo obliga á volver sobre sí mismo.
-
---Y los otros, ¿no retroceden también?
-
---Ése es el percance que el agua está encargada de prevenir.
-
---Muy bien; continúa.
-
---Reducida la onda luminosa, se encuentra al extremo del tubo con un
-disco de mercurio engarzado á aquél, cuyo disco la detiene en su marcha.
-
---Ah, el inevitable mercurio.
-
---Sí, el mercurio. Cuando el profesor Lippmann lo empleó para
-corregir las interferencias de la onda luminosa en su descubrimiento
-de la fotografía de los colores, aproveché el dato; y el éxito no
-tardó en coronar mis previsiones. Así, pues, mi disco de mercurio
-contiene la onda en marcha por el tubo, y la refleja hacia arriba
-por medio de otro acodado. En este segundo tubo, hay dispuestos tres
-prismas _infrangibles_, que refuerzan la onda luminosa hasta el grado
-requerido para percibirla como sensación óptica. El número de prismas
-está determinado por tanteo, á ojo, y el último de ellos, cerrando
-el extremo del tubo, es el que ves sobresalir aquí. Tenemos, pues,
-suprimida la vibración sonora, reducida la amplitud de la onda
-luminosa, contenida su marcha y reforzada su acción. No nos queda más
-que verla.
-
---¿Y se ve?
-
---Se ve, querido; se ve sobre esta pantalla; pero falta algo aún. Este
-algo es mi piano cuyo teclado he debido transformar en series de siete
-blancas y siete negras, para conservar la relación verdadera de las
-transposiciones de una nota tónica á otra; relación que se establece
-multiplicando la nota por el intervalo del semitono menor.
-
-“Mi piano queda convertido, así, en un instrumento exacto, bien que
-de dominio mucho más difícil. Los pianos comunes, construidos sobre
-el principio de la gama temperada que luego recordaré, suprimen la
-diferencia entre los tonos y los semitonos mayores y menores, de suerte
-que todos los sones de la octava se reducen á doce, cuando son catorce
-en realidad. El mío es un instrumento exacto y completo.”
-
-“Ahora bien, esta reforma, equivale á abolir la gama temperada de uso
-corriente, bien que sea, como dije, inexacta; y á la cual se debe en
-justicia el enorme progreso alcanzado por la música instrumental desde
-Sebastián Bach, quien le consagró cuarenta y ocho composiciones. Es
-claro, ¿no?”
-
---¡Qué sé yo de todo eso! Lo que estoy viendo es que me has elegido
-como se elige una pared para rebotar la pelota.
-
---Creo ocioso recordarte que uno no se apoya sino sobre lo que resiste.
-
-Callamos sonriendo, hasta que Juan me dijo:
-
---¿Sigues creyendo, entonces, que la música no expresa nada?
-
-Ante esta insólita pregunta que desviaba á mil leguas el argumento de
-la conversación, le pregunté á mi vez:
-
---¿Has leído á Hanslick?
-
---Sí, ¿por qué?
-
---Porque Hanslick, cuya competencia critica no me negarás, sostiene que
-la música no expresa nada, que sólo evoca sentimientos.
-
---¿Eso dice Hanslick? Pues bien, yo sostengo sin ser ningún critico
-alemán, que la música es la expresión matemática del alma.
-
---Palabras...
-
---No, hechos perfectamente demostrables. Si multiplicas el semidiámetro
-del mundo por 36, obtienes las cinco escalas musicales de Platón,
-correspondientes á los cinco sentidos.
-
---¿Y por qué 36?
-
---Hay dos razones; una matemática, la otra psíquica. Según la primera,
-se necesita treinta y seis números para llenar los intervalos de las
-octavas, las cuartas y las quintas hasta 27, con números armónicos.
-
---¿Y por qué 27?
-
---Porque 27 es la suma de los números cubos 1 y 8; de los lineales 2
-y 3; y de los planos 4 y 9--es decir, de las bases matemáticas del
-universo. La razón psíquica consiste en que ese número 36, total de los
-números armónicos, representa, además, el de las emociones humanas.
-
---¿Cómo?
-
---El veneciano Gozzi, Gœthe y Schiller, afirmaban que no deben existir
-sino treinta y seis emociones dramáticas. Un erudito, J. Polti,
-demostró el año 94, si no me equivoco, que la cantidad era exacta y que
-el número de emociones humanas no pasaba de treinta y seis.
-
---¡Es curioso!
-
---En efecto; y más curioso si se tiene en cuenta mis propias
-observaciones. La suma ó valor absoluto de las cifras de 36, es 9,
-número irreductible; pues todos sus múltiplos lo repiten si se efectúa
-con ellos la misma operación. El 1 y el 9 son los únicos números
-absolutos ó permanentes; y de este modo, tanto 27 como 36, iguales á 9
-por el valor absoluto de sus cifras, son números de la misma categoría.
-Esto da origen, además, á una proporción, 27, ó sea el total de las
-bases geométricas, es á 36, total de las emociones humanas, como x, el
-alma, es al absoluto 9. Practicada la operación, se averigua que el
-término desconocido es 6. Seis, fíjate bien; el doble ternario que en
-la simbología sagrada de los antiguos, significaba el equilibrio del
-universo. ¿Qué me dices?
-
-Su mirada se había puesto luminosa y extraña.
-
---El universo es música, prosiguió animándose. Pitágoras tenía razón,
-y desde Timeo hasta Kepler todos los pensadores han presentido esta
-armonía. Eratóstenes llegó á determinar la escala celeste, los tonos
-y semitonos entre astro y astro. Yo creo tener algo mejor; pues
-habiendo dado con las notas fundamentales de la música de las esferas,
-¡reproduzco en colores geométricamente combinados, el esquema del
-Cosmos!...
-
-¿Qué estaba diciendo aquel alucinado? ¿Qué torbellino de extravagancias
-se revolvía en su cerebro...? Casi no tuve tiempo de advertirlo, cuando
-el piano empezó á sonar.
-
-Juan volvió á ser el inspirado de otro tiempo en cuanto sus dedos
-acariciaron las teclas.
-
---Mi música, iba diciendo, se halla formada por los acordes de tercia
-menor introducidos en el siglo XVII y que Mozart mismo consideraba
-imperfectos, á pesar de que es todo lo contrario; pero su recurso
-fundamental está constituido por aquellos acordes inversos que hicieron
-calificar de música de los ángeles la música de Palestina...
-
-En verdad, hasta mi naturaleza refractaria se conmovía con aquellos
-sones. Nada tenían de común con las armonías habituales, y aun podía
-decirse que no eran música en realidad; pero lo cierto es que sumergían
-el espíritu en un éxtasis sereno, como quien dice formado de antigüedad
-y de distancia.
-
-Juan continuaba:
-
---Observa en la pantalla la distribución de colores que acompaña á la
-emisión musical. Lo que estás escuchando es una armonía en la cual
-entran las notas específicas de cada planeta del sistema, y este
-sencillo conjunto termina con la sublime octava del sol, que nunca
-me he atrevido á tocar, pues temo producir influencias excesivamente
-poderosas. ¿No sientes algo extraño?
-
-Sentía, en efecto, como si la atmósfera de la habitación estuviese
-conmovida por presencias invisibles. Ráfagas sordas cruzaban su ámbito.
-Y entre la beatitud que me regalaba la grave dulzura de aquella
-armonía, una especie de aura eléctrica iba helándome de pavor. Pero
-no distinguía sobre la pantalla otra cosa que una vaga fosforescencia
-y como esbozos de figuras... De pronto comprendí. En la común
-exaltación, habíasenos olvidado apagar la lámpara.
-
-Iba á hacerlo, cuando Juan gritó enteramente arrebatado, entre un son
-estupendo del instrumento:
-
---¡Mira ahora!
-
-Yo también lancé un grito, pues acababa de suceder algo terrible.
-
-Una llama deslumbradora brotó del foco de la pantalla. Juan, con
-el pelo erizado, se puso de pie, espantoso. Sus ojos acababan de
-evaporarse como dos gotas de agua bajo aquel haz de dardos flamígeros,
-y él, insensible al dolor, radiante de locura, exclamaba tendiéndome
-los brazos:
-
---¡La octava del sol, muchacho, la octava del sol!
-
-
-
-
- EL ORIGEN DEL DILUVIO
-
-
- EL ORIGEN DEL DILUVIO
-
-
- NARRACIÓN DE UN ESPÍRITU
-
-
-...La Tierra acababa de experimentar su primera incrustación sólida
-y hallábase todavía en una obscura incandescencia. Mares de ácido
-carbónico batían sus continentes de litio y de aluminio, pues éstos
-fueron los primeros sólidos que formaron la costra terrestre. El azufre
-y el boro figuraban también en débiles vetas.
-
-Así el globo entero brillaba como una monstruosa bola de plata. La
-atmósfera era de fósforo con vestigios de flúor y de cloro. Llamas de
-sodio, de silicio, de magnesio, constituían la luminosa progenie de
-los metales. Aquella atmósfera relumbraba tanto como una estrella,
-presentando un espesor de muchos millares de kilómetros.
-
-Sobre esos continentes y en semejantes mares, había ya vida organizada,
-bien que bajo formas inconcebibles ahora; pues no existiendo aún
-el fosfato de cal, dichos seres carecían de huesos. El oxígeno y el
-nitrógeno, que con algunos rastros de berilo entraban en la composición
-de tales vidas, completaban los únicos catorce cuerpos constituyentes
-del planeta. Así, todo era en él extremadamente sencillo.
-
-La actividad de los seres que poseían inteligencia, no era menos
-intensa que ahora, sin embargo, si bien de mucho menor amplitud; y
-no obstante su constitución de moluscos, vivían, obraban, sentían,
-de un modo análogo al de la humanidad presente. Habían llegado, por
-ejemplo, á construír enormes viviendas con rocas de litio; y el sudor
-de sus cuerpos oxidaba el aluminio en copos semejantes al amianto
-incandescente.
-
-Su estructura blanda, era una consecuencia del medio poco sólido en que
-tomaron origen, así como de la ligereza específica de los continentes
-que habitaban. Poseían también la aptitud anfibia; pero como debían
-resistir aquellas temperaturas, y mantenerse en formas definidas bajo
-la presión de la profunda atmósfera, su estructura manteníase recia en
-su misma fluidez.
-
-Esbozos de hombres, más bien que hombres propiamente dichos, ó especie
-de monos gigantescos y huecos, tenían la facilidad de reabsorberse en
-esferas de gelatina ó la de expandirse como fantasmas hasta volverse
-casi una niebla. Esto último constituía su tacto, pues necesitaban
-incorporar los objetos á su ser, envolviéndolos enteramente para
-sentirlos. En cambio poseían la doble vista de los sonámbulos actuales.
-Carecían de olfato, gusto y oído. Eran perversos y formidables, los
-peores monstruos de aquella primitiva creación. Sabían emanar de sus
-fluidos organismos, seres cuya vida era breve pero dañina, semejantes
-á las carroñas que dan vida á los gusanos. Fueron los gigantes de que
-hablan las leyendas.
-
-Construían sus ciudades como los caracoles sus conchas, de modo que
-cada vivienda era una especie de caparazón exudada por su habitante.
-Así, las casas resultaban grupos de bóvedas y las ciudades parecían
-cúmulos de nubes brillantes. Eran tan altas como éstas, pero no se
-destacaban en el cielo azul, pues el azul no existía entonces, porque
-faltaba el aire. La atmósfera sólo se coloreaba de anaranjado y de rojo.
-
-Apenas dos ó tres especies de aves cuyas alas no tenían plumas, sino
-escamas como las de las mariposas, y cuyo tornasol preludiaba el oro
-inexistente, remontaban su vuelo por la atmósfera fosfórica.
-
-Era ésta tan elevada, y el vuelo tan vasto, que las llevaba cerca
-de la luna. El arrebato magnético del astro, solía embriagarlas; y
-como éste poseía entonces una atmósfera en contacto con la terrestre,
-afrontábanla en ímpetu temerario yendo á caer exánimes sobre sus campos
-de hielo.
-
-Una vegetación de hongos y de líquenes gigantes arraigaba en las aún
-mal seguras tierras; y no lejanos todavía del animal, en la primitiva
-confusión de los orígenes, algunos sabían trasladarse por medio de
-tentáculos; tenían otros, á guisa de espinas, picos de ave, que estaban
-abriéndose y cerrándose; otros fosforecían á cualquier roce; otros
-frutaban verdaderas arañas que se iban caminando y producían huevos de
-los cuales brotaba otra vez el vegetal progenitor. Eran singularmente
-peligrosos los cactus eléctricos que sabían proyectar sus espinas.
-
-Los elementos terrestres se encontraban en perpetua instabilidad.
-Surgían y fracasaban por momentos, disparatadas alotropías. La presión
-enorme apenas dejaba solidificarse escasos cuerpos. Las rocas actuales
-dormían el sueño de la inexistencia. Las piedras preciosas no eran sino
-colores en las fajas del espectro.
-
-Así las cosas, sobrevino la catástrofe que los hombres llamaron después
-diluvio; pero ella no fué una inundación acuosa, si bien la causó una
-invasión del elemento líquido. El agua tuvo intervención de otro modo.
-
-Ahora bien, es sabido que los cuerpos, bajo ciertas circunstancias,
-pueden variar sus caracteres específicos hasta perderlos casi todos con
-excepción del peso; y esto es lo que recibe el nombre de alotropía.
-El ejemplo clásico del fósforo rojo y del fósforo blanco, debe ser
-recordado aquí: el blanco es ávido de oxígeno, tóxico y funde á los
-44°; el rojo es casi indiferente al oxígeno, inofensivo é infusible,
-sin contar otros caracteres que acentúan la diferencia. Sin embargo,
-son el mismo cuerpo. Podría citarse además el diamante y el carbón,
-para no hablar de las diversas especies de hierro, de plata, que son
-también estados alotrópicos.
-
-Nadie ignora, por otra parte, que el calor multiplica las afinidades de
-la materia, haciendo posibles, por ejemplo, las combinaciones del ázoe
-y del carbono con otros cuerpos, cosa que no sucede á la temperatura
-ordinaria; y conviene recordar además, que basta la presencia en un
-cuerpo de partículas pertenecientes á algunos otros, para cambiar sus
-propiedades ó comunicarles nuevas--siendo particularmente interesante á
-este respecto lo que sucede al aluminio puesto en contacto por choque,
-con el mercurio; pues basta eso para que se oxide en seco, descomponga
-el agua y sea atacado por los ácidos nítrico y sulfúrico, al revés
-exactamente de lo que le pasa cuando no existe tal contacto.
-
-Á estas causas de variabilidad de los cuerpos, es menester añadir la
-presión, capaz por sí sola de disgregar los sólidos hasta licuarlos,
-cualquiera que sea su maleabilidad, y sin exceptuar al mismo acero,
-pues nada más que con la presión se ha llegado á convertirlo en una
-masa blanduzca, trabajándolo con entera comodidad.
-
-Mencionaremos, por último, una extraña propiedad que los químicos
-llaman acción catalítica, ó en términos vulgares, acción de presencia,
-y por medio de la cual ciertos cuerpos provocan combinaciones de otros,
-sin tomar parte en las mismas. Entre éstos, uno de los más activos, y
-el que interviene en mayor número de casos, es el vapor de agua. Los
-datos que anteceden, nos ponen ya en situación de explicar el fenómeno
-al cual están dedicadas estas líneas.
-
-Sucedió por entonces que la atmósfera terrestre, condensándose en torno
-al globo, empezó á ejercer una atracción progresiva sobre la atmósfera
-de la luna. Al cabo de cierto tiempo, esta atmósfera no pudo resistir á
-aquella atracción, y empezó á incorporar con la nuestra sus elementos
-más ligeros. La falta de presión causada por este fenómeno, vaporizó
-los mares de la luna que estaban helados hacía muchos siglos; y una
-niebla fría, á muchos grados bajo nuestro cero termométrico, rodeó al
-astro muerto como un sudario.
-
-Cierto día el vapor acuoso se precipitó en la atmósfera terrestre, y
-ésta vió aumentado su peso en varios miles de millones de toneladas.
-Á tal fenómeno, unióse la acción catalítica del vapor, y entonces fué
-cuando empezaron á disgregarse los sólidos terrestres.
-
-Un ablandamiento progresivo, dió á todos la consistencia del yeso;
-pero cuando el fénomeno siguió, deleznándose aquéllos en una especie
-de lodo, empezó la catástrofe. Las montañas fueron aplastándose por su
-propio peso, hasta degenerar en médanos que el viento arrasaba. Las
-mansiones de los gigantes volviéronse polvo á su vez, y pronto hubo de
-observarse con horror que el elemento líquido cambiaba de estado en la
-forma más extraordinaria; secábase sin desaparecer, volviéndose también
-polvo por la disgregación de sus moléculas, y se confundía con el otro
-en un solo cuerpo, seco y fluido á la vez--sin olor, sin color y sin
-temperatura.
-
-Lo malo era que el fenómeno no se efectuaba al mismo tiempo en la
-materia organizada. Ésta resistía mejor, sin duda por su condición
-semi-líquida; pero semejante diferencia implicaba la muerte violenta
-en aquella disgregación. Poco después no hubo en el globo otra
-existencia que la flotante sobre esa especie de arenas cósmicas; mas
-ya la mayor parte de los seres animados había muerto de inanición;
-pues aunque no comían como nosotros, absorbían del aire sus principios
-vitales, y el aire estaba cambiado por los elementos de la luna.
-
-Apenas uno que otro gran molusco se revolvía sobre le universal
-fluidez sin olas, bajo el horror de la atmósfera gigantesca, preñada
-de tósigos mortales, donde se operaba la futura organización. Tampoco
-pudieron ellos resistir á esas combustiones, ni adaptarse al estado
-de disgregación; y, por otra parte, éste los afectaba á su vez. Ellos
-fueron también disolviéndose hasta desaparecer; y entonces, sobre el
-ámbito del planeta, fué la soledad y la negra noche.
-
-Millares de años después, los elementos empezaron á recomponerse.
-
-Formidables tempestades químicas conmovieron el estado crítico de la
-masa, y los catorce cuerpos primitivos revivieron engendrando nuevas
-combinaciones.
-
-El litio se triplicó en potasio, rubidio y cesio; el fósforo en
-arsénico, antimonio y bismuto; el carbono engendró titanio y
-zirconio; el azufre, selenio y telurio...
-
-Los océanos fueron ya de agua, el agua de la luna periódicamente
-exaltada hacia su origen por la armónica dilatación de las mareas. La
-atmósfera se había vuelto de aire semejante al nuestro, aunque saturado
-de ácido carbónico.
-
-Ningún ser vivo quedaba de la anterior creación. Hasta sus huellas
-habían sido destruidas. Pero los vapores de la luna trajeron consigo
-gérmenes vivificantes, que el nuevo estado de la Tierra fué llamando
-lentamente á la existencia.
-
-El mar se cubrió de vidas rudimentarias. La costra sólida pululó de
-hierbas, y el dominio de éstas duró una edad.
-
-Pero yo no sabría repetir el enorme proceso. Réstame decir que los
-primeros seres humanos fueron organismos del agua; monstruos hermosos,
-mitad pez, mitad mujer, llamados después sirenas en las mitologías.
-Ellos dominaban el secreto de la armonía original, y trajeron al
-planeta las melodías de la luna que encerraban el secreto de la muerte.
-
-Fueron blancos de carne como el astro materno; y el sodio primitivo
-que saturaba su nuevo elemento de existencia, al engendrar de sí los
-metales nobles, hizo vegetar en sus cabelleras el oro hasta entonces
-desconocido...
-
-...He aquí lo que mi memoria millonaria de años, evoca con un sentido
-humano, y he aquí lo que he venido á deciros descendiendo de mi
-región--el cono de sombra de la Tierra. Os añadiré que estoy condenado
-á permanecer en él durante toda la edad del planeta.
-
- * * * * *
-
-La médium calló, recostando fatigosamente su cabeza sobre el respaldo
-del sofá. Y Mr. Skinner, una de las ocho personas que asistían á la
-sesión, no pudo menos de exclamar en las tinieblas:
-
---¡El cono de sombra! ¡El diluvio! ... ¡Disparatada superchería!
-
-Nada pudimos replicarle, pues un estertor de la médium nos distrajo.
-
-De su costado izquierdo desprendíase rápidamente una masa tenebrosa,
-asaz perceptible en la penumbra. Creció como un globo, proyectó de su
-seno largos tentáculos, y acabó por desprenderse á modo de una araña
-gigantesca. Siguió dilatándose hasta llenar el aposento, envolviéndonos
-como un mucílago y jadeando con un rumor de queja. No tenía forma
-definida en la obscuridad espesada por su presencia; pero si el horror
-se objetiva de algún modo, aquello era el horror.
-
-Nadie intentaba moverse, ante el espantoso hormigueo de tentáculos de
-sombra que se sentía alrededor, y no sé cómo hubiera acabado eso, si la
-médium no implora con voz desfallecida:
-
---¡Luz, luz Dios mío!
-
-Tuve fuerzas para saltar hasta la llave de la luz eléctrica; y junto
-con su rayo, la masa de sombra estalló sin ruido, en una especie de
-suspiro enorme.
-
-Mirámonos en silencio.
-
-Algo como un lodo heladísimo nos cubría enteramente, y aquello habría
-bastado para prodigio, si al acudir á su lavatorio, Skinner no realiza
-un hallazgo más asombroso.
-
-En el fondo de la palangana, yacía no más grande que un ratón, pero
-acabada de formas y de hermosura, irradiando mortalmente su blancor,
-una pequeña sirena muerta.
-
-
-
-
- LOS CABALLOS DE ABDERA
-
-
- LOS CABALLOS DE ABDERA
-
-
-Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no
-debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.
-
-Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella descollaba
-hasta ser única. Los habitantes todos tenían á gala la educación de
-tan noble animal, y esta pasión cultivada á porfía durante largos
-años, hasta formar parte de las tradiciones fundamentales, había
-producido efectos maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de fama
-excepcional, y todas las poblaciones tracias, desde los cicones hasta
-los bisaltos, eran tributarios en esto de los bistones, pobladores de
-la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria, uniendo
-el provecho á la satisfacción, ocupaba desde el rey hasta el último
-ciudadano.
-
-Estas circunstancias habían contribuido también á intimar las
-relaciones entre el bruto y sus dueños, mucho más de lo que era y es
-habitual para el resto de las naciones; llegando á considerarse las
-caballerizas como un ensanche del hogar, y extremándose las naturales
-exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa.
-
-Eran verdaderamente notables corceles, pero bestias al fin. Otros
-dormían en cobertores de biso; algunos pesebres tenían frescos
-sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico
-de la raza caballar, y el cementerio equino ostentaba entre pompas
-burguesas, ciertamente recargadas, dos ó tres obras maestras. El
-templo más hermoso de la ciudad estaba consagrado á Arión, el caballo
-que Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y
-creo que la moda de rematar las proas en cabezas de caballo, tenga
-igual proveniencia; siendo seguro en todo caso, que los bajos relieves
-hípicos fueron el ornamento más común de toda aquella arquitectura. El
-monarca era quien se mostraba más decidido por los corceles, llegando
-hasta tolerar á los suyos verdaderos crímenes que los volvieron
-singularmente bravíos; de tal modo que los nombres de Podargos y de
-Lampon figuraban en fábulas sombrías; pues es del caso decir que los
-caballos tenían nombres como personas.
-
-Tan amaestrados estaban aquellos animales, que las bridas eran
-innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciadas
-desde luego por los mismos caballos. La palabra era el medio usual
-de comunicación con ellos; observándose que la libertad favorecía
-el desarrollo de sus buenas condiciones, dejábanlos todo el tiempo
-no requerido por la albarda ó el arnés, en libertad de cruzar á sus
-anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, á la orilla del
-Kossínites, para su recreo y alimentación.
-
-Á son de trompa los convocaban cuando era menester, y así para el
-trabajo como para el pienso eran exactísimos. Rayaba en lo increíble
-su habilidad para toda clase de juegos de circo y hasta de salón, su
-bravura en los combates, su discreción en las ceremonias solemnes.
-Así, el hipódromo de Abdera tanto como sus compañías de volatines;
-su caballería acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado
-tal renombre, que de todas partes acudía gente á admirarlos: mérito
-compartido por igual entre domadores y corceles.
-
-Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue de condiciones,
-y para decirlo todo en una palabra, aquella _humanización_ de la raza
-equina, iban engendrando un fenómeno que los bistones festejaban como
-otra gloria nacional. La inteligencia de los caballos comenzaba á
-desarrollarse pareja con su conciencia, produciendo cosas anormales
-que daban pábulo al comentario general.
-
-Una yegua había exigido espejos en su pesebre, arrancándolos con los
-dientes de la propia alcoba patronal y destruyendo á coces los de tres
-paineles cuando no le hicieron el gusto. Concedido el capricho, daba
-muestras de coquetería perfectamente visible.
-
-Balios, el más bello potro de la comarca, un blanco elegante y
-sentimental que tenía dos campañas militares y manifestaba regocijo
-ante el recitado de hexámetros heroicos, acababa de morir de amor por
-una dama. Era la mujer de un general, dueño del enamorado bruto, y por
-cierto no ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad,
-siendo esto muy natural por otra parte en la ecuestre metrópoli.
-
-Señalábase igualmente casos de infanticidio, que aumentando en forma
-alarmante, fué necesario corregir con la presencia de viejas mulas
-adoptivas; un gusto creciente por el pescado y por el cáñamo cuyas
-plantaciones saqueaban los animales; y varias rebeliones aisladas que
-hubo de corregirse, siendo insuficiente el látigo, por medio del hierro
-candente. Esto último fué en aumento, pues el instinto de rebelión
-progresaba á pesar de todo.
-
-Los bistones, más encantados cada vez con sus caballos, no paraban
-mientes en eso. Otros hechos más significativos produjerónse de allí á
-poco. Dos ó tres atalajes habían hecho causa común contra un carretero
-que azotaba su yegua rebelde. Los caballos resistíanse cada vez más al
-enganche y al yugo, de tal modo que empezó á preferirse el asno. Había
-animales que no aceptaban determinado apero; mas como pertenecían á los
-ricos, se defería á su rebelión comentándola mimosamente á título de
-capricho.
-
-Un día los caballos no vinieron al son de la trompa, y fué menester
-constreñirlos por la fuerza; pero los subsiguientes, no se reprodujo la
-rebelión.
-
-Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea cubrió la playa de
-pescado muerto como solía suceder. Los caballos se hartaron de eso, y
-se los vió regresar al campo suburbano con lentitud sombría.
-
-Medianoche era cuando estalló el singular conflicto.
-
-De pronto un trueno sordo y persistente conmovió el ámbito de la
-ciudad. Era que todos los caballos se habían puesto en movimiento á la
-vez para asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al principio
-en la sombra de la noche y la sorpresa de lo inesperado.
-
-Como las praderas de pastoreo quedaban entre las murallas, nada pudo
-contener la agresión; y añadido á esto el conocimiento minucioso que
-los animales tenían de los domicilios, ambas cosas acrecentaron la
-catástrofe.
-
-Noche memorable entre todas, sus horrores sólo aparecieron cuando el
-día vino á ponerlos en evidencia, multiplicándolos aún.
-
-Las puertas reventadas á coces yacían por el suelo, dando paso á
-feroces manadas que se sucedían casi sin interrupción. Había corrido
-sangre, pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco y los
-dientes de la banda en cuyas filas causaron estragos también las armas
-humanas.
-
-Conmovida de tropeles, la ciudad obscurecíase con la polvareda que
-engendraban; y un extraño tumulto formado por gritos de cólera ó de
-dolor, relinchos variados como palabras á los cuales mezclábase uno
-que otro doloroso rebuzno, y estampidos de coces sobre las puertas
-atacadas, unía su espanto al pavor visible de la catástrofe. Una
-especie de terremoto incesante hacía vibrar el suelo con el trote de la
-masa rebelde, exaltado á ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos
-tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado todos los
-plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que codiciaban aquellos
-corceles pervertidos por los refinamientos de la mesa, grupos de
-animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. Y por el lado del
-mar era imposible huir. Los caballos, conociendo la misión de las
-naves, cerraban el acceso del puerto.
-
-Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase á organizar en ella
-la resistencia. Por lo pronto se cubría de dardos á todo caballo que
-cruzaba por allí, y cuando caía cerca era arrastrado al interior como
-vitualla.
-
-Entre los vecinos refugiados circulaban los más extraños rumores.
-El primer ataque no fué sino un saqueo. Derribadas las puertas,
-las manadas introducíanse en las habitaciones, atentas sólo á las
-colgaduras suntuosas con que intentaban revestirse, á las joyas y
-objetos brillantes. La oposición á sus designios fué lo que suscitó su
-furia.
-
-Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas
-en sus propios lechos con ímpetu bestial; y hasta se señalaba una
-noble doncella que sollozando narraba entre dos crisis su percance: el
-despertar en la alcoba á la media luz de la lámpara, rozados sus labios
-por la innoble jeta de un potro negro que respingaba de placer el belfo
-enseñando su dentadura asquerosa; su grito de pavor ante aquella bestia
-convertida en fiera, con el resplandor humano y malévolo de sus ojos
-incendiados de lubricidad; el mar de sangre con que la inundara al caer
-atravesado por la espada de un servidor...
-
-Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían divertido
-con saña femenil, despachurrando á mordiscos las víctimas. Los asnos
-habían sido exterminados, y las mulas subleváronse también, pero con
-torpeza inconsciente, destruyendo por destruir, y particularmente
-encarnizadas contra los perros.
-
-El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la ciudad, y el
-fragor de los derrumbes iba aumentando. Era urgente organizar una
-salida, por más que el número y la fuerza de los asaltantes la hiciera
-singularmente peligrosa, si no se quería abandonar la ciudad á la más
-insensata destrucción.
-
-Los hombres empezaron á armarse; mas pasado el primer momento de
-licencia, los caballos habíanse decidido á atacar también.
-
-Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la fortaleza distinguían
-el terrible ejército que se congregaba, no sin trabajo, en el
-hipódromo. Aquello tardó varias horas, pues cuando todo parecía
-dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos relinchos cuya causa era
-imposible discernir, desordenaban profundamente las filas. El sol
-declinaba ya, cuando se produjo la primera carga. No fué, si se permite
-la frase, más que una demostración, pues los animales se limitaron á
-pasar corriendo frente á la fortaleza. En cambio quedaron acribillados
-por las saetas de los defensores.
-
-Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse otra vez, y
-su choque contra las defensas fué formidable. La fortaleza retumbó
-entera bajo aquella tempestad de cascos, y sus recias murallas dóricas
-quedaron, á decir verdad, profundamente trabajadas.
-
-Sobrevino un rechazo, al cual sucedió muy luego un nuevo ataque.
-
-Los que demolían eran caballos y mulos herrados que caían á docenas;
-pero sus filas cerrábanse con encarnizamiento furioso, sin que la masa
-pareciera disminuir. Lo peor era que algunos habían conseguido vestir
-sus bardas de combate en cuya malla de acero se embotaban los dardos.
-Otros llevaban jirones de tela vistosa, otros collares; y pueriles en
-su mismo furor, ensayaban inesperados retozos.
-
-De las murallas los conocían. ¡Dinos, Aethon, Ameteo, Xanthos! Y ellos
-saludaban, relinchaban gozosamente, enarcaban la cola, cargando en
-seguida con fogosos respingos. Uno, un jefe ciertamente, irguióse
-sobre sus corvejones, caminó así un trecho manoteando gallardamente
-al aire como si danzara un marcial balisteo, contorneando el cuello
-con serpentina elegancia, hasta que un dardo se le clavó en medio del
-pecho...
-
-Entretanto, el ataque iba triunfando. Las murallas empezaban á ceder.
-
-Súbitamente una alarma paralizó á las bestias. Unas sobre otras,
-apoyándose en ancas y lomos, alargaron sus cuellos hacia la alameda que
-bordeaba la margen del Kossinites; y los defensores volviéndose hacia
-la misma dirección, contemplaron un tremendo espectáculo.
-
-Dominando la arboleda negra, espantosa sobre el cielo de la tarde, una
-colosal cabeza de león miraba hacia la ciudad. Era una de esas fieras
-antediluvianas cuyos ejemplares, cada vez más raros, devastaban de
-tiempo en tiempo los montes Ródopes. Mas nunca se había visto nada
-tan monstruoso, pues aquella cabeza dominaba los más altos árboles,
-mezclando á las hojas teñidas de crepúsculo las greñas de su melena.
-
-Brillaban claramente sus enormes colmillos, percibíase sus ojos
-fruncidos ante la luz, llegaba en el hálito de la brisa su olor bravío.
-Inmóvil entre la palpitación del follaje, herrumbrada por el sol casi
-hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase ante el horizonte como
-uno de esos bloques en que el pelasgo, contemporáneo de las montañas,
-esculpió sus bárbaras divinidades.
-
-Y de repente empezó á andar, lento como el océano. Oíase el rumor de la
-fronda que su pecho apartaba, su aliento de fragua que iba sin duda á
-estremecer la ciudad cambiándose en rugido.
-
-Á pesar de su fuerza prodigiosa y de su número, los caballos sublevados
-no resistieron semejante aproximación. Un sólo ímpetu los arrastró por
-la playa, en dirección á la Macedonia, levantando un verdadero huracán
-de arena y de espuma, pues no pocos disparábanse á través de las olas.
-
-En la fortaleza reinaba el pánico. ¿Qué podrían contra semejante
-enemigo? ¿Qué gozne de bronce resistiría á sus mandíbulas? ¿Qué muro á
-sus garras?...
-
-Comenzaban ya á preferir el pasado riesgo (al fin era una lucha contra
-bestias civilizadas) sin alientos ni para enflechar sus arcos, cuando
-el monstruo salió de la alameda.
-
-No fué un rugido lo que brotó de sus fauces, sino un grito de guerra
-humano--el bélico _¡alalé!_ de los combates, al que respondieron con
-regocijo triunfal los _hoyohei_ y los _hoyotoho_ de la fortaleza.
-
-¡Glorioso prodigio!
-
-Bajo la cabeza del felino, irradiaba luz superior el rostro de un
-numen; y mezclados soberbiamente con la flava piel, resaltaban su pecho
-marmóreo, sus brazos de encina, sus muslos estupendos.
-
-Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento, de orgullo,
-llenó la tarde:
-
---¡Hércules, es Hércules que llega!
-
-
-
-
- VIOLA ACHERONTIA
-
-
- VIOLA ACHERONTIA
-
-
-Lo que deseaba aquel extraño jardinero, era crear la flor de la muerte.
-Sus tentativas remontaban á diez años, con éxito negativo siempre,
-porque considerando al vegetal sin alma, ateníase exclusivamente á
-la plástica. Injertos, combinaciones, de todo había ensayado. La
-producción de la rosa negra ocupóle un tiempo; pero nada sacó de
-sus investigaciones. Después le interesaron las pasionarias y los
-tulipanes, con el único resultado de dos ó tres ejemplares monstruosos,
-hasta que Bernardin de Saint-Pierre le puso en el buen camino,
-enseñándole cómo puede haber analogías entre la flor y la mujer
-encinta, supuestas ambas capaces de recibir por “antojo” imágenes de
-los objetos deseados.
-
-Aceptar este audaz postulado, equivalía á suponer en la planta un
-mental suficientemente elevado para recibir, concretar y conservar una
-impresión; en una palabra, para sugestionarse con intensidad parecida
-á la de un organismo inferior. Esto era, precisamente, lo que había
-llegado á comprobar nuestro jardinero.
-
-Según él, la marcha de los vástagos en las enredaderas, obedecía á una
-deliberación seguida por resoluciones que daban origen á una serie de
-tanteos. De aquí las curvas y acodamientos, caprichosos al parecer, las
-diversas orientaciones y adaptaciones á diferentes planos, que ejecutan
-las guías, los gajos, las raíces. Un sencillo sistema nervioso presidía
-esas obscuras funciones. Había también en cada planta su bulbo cerebral
-y su corazón rudimentario, situados respectivamente en el cuello de
-la raíz y en el tronco. La semilla, es decir el ser resumido para la
-procreación, lo dejaba ver con toda claridad. El embrión de una nuez
-tiene la misma forma del corazón, siendo asaz parecida al cerebro la
-de los cotiledones. Las dos hojas rudimentarias que salen de dicho
-embrión, recuerdan con bastante claridad dos ramas bronquiales cuyo
-oficio desempeñan en la germinación.
-
-Las analogías morfológicas, suponen casi siempre otras de fondo;
-y por esto la sugestión ejerce una influencia más vasta de lo que
-se cree sobre la forma de los seres. Algunos clarovidentes de la
-historia natural, como Michelet y Fries, presintieron esta verdad que
-la experiencia va confirmando. El mundo de los insectos, pruébalo
-enteramente. Los pájaros ostentan colores más brillantes en los países
-cuyo cielo es siempre puro (Gould). Los gatos blancos y de ojos azules,
-son comúnmente sordos (Darwin). Hay peces que llevan fotografiadas en
-la gelatina de su dorso, las olas del mar (Strindberg). El girasol mira
-constantemente al astro del día, y reproduce con fidelidad su núcleo,
-sus rayos y sus manchas (Saint-Pierre).
-
-He aquí un punto de partida. Bacon en su _Novum organum_ establece que
-el canelero y otros odoríferos colocados cerca de lugares fétidos,
-retienen obstinadamente el aroma, rehusando su emisión, para impedir
-que se mezcle con las exhalaciones hediondas...
-
-Lo que ensayaba el extraordinario jardinero con quien iba á verme, era
-una sugestión sobre las violetas. Habíalas encontrado singularmente
-nerviosas, lo cual demuestra, agregaba, la afección y el horror siempre
-exagerados que les profesan las histéricas, y quería llegar á hacerlas
-emitir un tósigo mortal sin olor alguno; una ponzoña fulminante é
-imperceptible. Qué se proponía con ello, si no era puramente una
-extravagancia, permaneció siempre misterioso para mí.
-
-Encontré un anciano de porte sencillo, que me recibió con cortesías
-casi humildes. Estaba enterado de mis pretensiones, por lo cual
-entablamos acto continuo la conversación sobre el tema que nos acercaba.
-
-Quería sus flores como un padre, manifestando fanática adoración
-por ellas. Las hipótesis y datos consignados más arriba, fueron la
-introducción de nuestro diálogo; y como el hombre hallara en mí un
-conocedor, se encontró más á sus anchas.
-
-Después de haberme expuesto sus teorías con rara precisión, me invitó á
-conocer sus violetas.
-
---He procurado, decía mientras íbamos, llevarlas á la producción del
-veneno que deben exhalar, por una evolución de su propia naturaleza; y
-aunque el resultado ha sido otro, él comporta una verdadera maravilla;
-sin contar con que no desespero de obtener la exhalación mortífera.
-Pero ya hemos llegado; véalas usted.
-
-Estaban al extremo del jardín, en una especie de plazoleta rodeada de
-plantas extrañas. Entre las hojas habituales, sobresalían sus corolas
-que al pronto tomé por pensamientos, pues eran negras.
-
---¡Violetas negras! exclamé.
-
---Sí, pues; había que empezar por el color, para que _la idea_ fúnebre
-se grabara mejor en ellas. El negro es, salvo alguna fantasía china, el
-color natural del luto, puesto que lo es de la noche--vale decir de la
-tristeza, de la diminución vital y del sueño, hermano de la muerte.
-Además estas flores no tienen perfume, conforme á mi propósito, y éste
-es otro resultado producido por un efecto de correlación. El color
-negro parece ser, en efecto, adverso al perfume; y así tiene usted que
-sobre mil ciento noventa y tres especies de flores blancas, hay ciento
-setenta y cinco perfumadas y doce fétidas; mientras que sobre dieciocho
-especies de flores negras, hay diecisiete inodoras y una fétida. Pero
-esto no es lo interesante del asunto. Lo maravilloso está en otro
-detalle, que requiere, desgraciadamente, una larga explicación...
-
---No tema usted, respondí; mis deseos de aprender son todavía mayores
-que mi curiosidad.
-
---Oiga usted, entonces, cómo he procedido.
-
-Primeramente, debí proporcionar á mis flores un medio favorable para el
-desarrollo de la idea fúnebre; luego, sugerirles esta idea por medio de
-una sucesión de fenómenos; después poner su sistema nervioso en estado
-de recibir la imagen y fijarla; por último llegar á la producción
-del veneno, combinando en su ambiente y en su savia diversos tósigos
-vegetales. La herencia se encargaría del resto.
-
-Las violetas que usted ve, pertenecen á una familia cultivada bajo ese
-régimen durante diez años. Algunos cruzamientos, indispensables para
-prevenir la degeneración, han debido retardar un tanto el éxito final
-de mi tentativa. Y digo éxito final, porque conseguir la violeta negra
-é inodora, es ya un resultado.
-
-Sin embargo, ello no es difícil: se reduce á una serie de
-manipulaciones en las que entra por base el carbono con el objeto
-de obtener una variedad de anilina. Suprimo el detalle de las
-investigaciones á que debí entregarme sobre las toluidinas y los
-xilenos, cuyas enormes series me llevarían muy lejos, vendiendo por
-otra parte mi secreto. Puedo darle, no obstante, un indicio: el origen
-de los colores que llamamos anilinas, es una combinación de hidrógeno
-y carbono; el trabajo químico posterior, se reduce á fijar oxígeno
-y nitrógeno, produciendo los álcalis artificiales cuyo tipo es la
-anilina, y obteniendo derivados después. Algo semejante he hecho yo.
-Usted sabe que la clorofila es muy sensible, y á esto se debe más de
-un resultado sorprendente. Exponiendo matas de hiedra á la luz solar,
-en un sitio donde ésta entraba por aberturas romboidales solamente, he
-llegado á alterar la forma de su hoja, tan persistente sin embargo, que
-es el tipo geométrico de la curva cisoides; y luego, es fácil observar
-que las hierbas rastreras de un bosque, se desarrollan imitando los
-arabescos de la luz á través del ramaje...
-
-Llegamos ahora al procedimiento capital. La sugestión que ensayo sobre
-mis flores es muy difícil de efectuar, pues las plantas tienen su
-cerebro debajo de tierra; son seres invertidos. Por esto me he fijado
-más en la influencia del medio como elemento fundamental. Obtenido el
-color negro de las violetas, estaba conseguida la primera nota fúnebre.
-Planté luego en torno, los vegetales que usted ve: estramonio, jazmín y
-belladona. Mis violetas quedaban, así, sometidas á influencias química
-y fisiológicamente fúnebres. La solarina es, en efecto, un veneno
-narcótico; así como la daturina contiene hioscyamina y atropina, dos
-alcaloides dilatadores de la pupila que producen la megalopsia, ó sea
-el agrandamiento de los objetos. Tenía, pues, los elementos del sueño
-y de la alucinación, es decir, dos productores de pesadillas; de modo
-que á los efectos específicos del color negro, del sueño y de las
-alucinaciones, se unía el miedo. Debo añadirle que para redoblar las
-impresiones alucinantes, planté además el beleño, cuyo veneno radical
-es precisamente la hioscyamina.
-
---¿Y de qué sirve, puesto que la flor no tiene ojos? pregunté.
-
---Ah, señor; no se ve únicamente con los ojos, replicó el anciano. Los
-sonámbulos ven con los dedos de la mano y con la planta de los pies.
-No olvide usted que aquí se trata de una sugestión.
-
-Mis labios rebosaban de objeciones; pero callé, por ver hasta dónde iba
-á llevarnos el desarrollo de tan singular teoría.
-
---La solanina y la daturina, prosiguió mi interlocutor, se aproximan
-mucho á los venenos cadavéricos--ptomaínas y leucomainas--que exhalan
-olores de jazmín y de rosa. Si la belladonna y el estramonio me dan
-aquellos cuerpos, el olor está suministrado por el jazminero y por ese
-rosal cuyo perfume aumento, conforme á una observación de de Candolle,
-sembrando cebollas en sus cercanías. El cultivo de las rosas está ahora
-muy adelantado, pues los injertos han hecho prodigios; en tiempo de
-Shakespeare se injertó recién las primeras rosas en Inglaterra...
-
-Aquel recuerdo que tendía á halagar visiblemente mis inclinaciones
-literarias, me conmovió.
-
---Permítame, dije, que admire de paso su memoria verdaderamente juvenil.
-
---Para extremar aún la influencia sobre mis flores, continuó él
-sonriendo vagamente, he mezclado á los narcóticos plantas cadavéricas.
-Algunos arum y orchis, una stapelia aquí y allá, pues sus olores
-y colores recuerdan los de la carne corrompida. Las violetas
-sobrexcitadas por su excitación amorosa natural, dado que la flor
-es un órgano de reproducción, aspiran el perfume de los venenos
-cadavéricos añadido al olor del cadáver mismo; sufren la influencia
-soporífica de los narcóticos que las predisponen á la hipnosis, y la
-megalopsia alucinante de los venenos dilatadores de la pupila. La
-sugestión fúnebre comienza así á efectuarse con toda intensidad; pero
-todavía aumento la sensibilidad anormal en que la flor se encuentra por
-la inmediación de esas potencias vegetales, aproximándole de tiempo en
-tiempo una mata de valeriana y de espuelas de caballero cuyo cianuro
-la irrita notablemente. El etileno de la rosa colabora también en este
-sentido.
-
-Llegamos ahora al punto culminante del experimento, pero antes deseo
-hacerle esta advertencia: el _¡ay!_ humano es un grito de la naturaleza.
-
-Al oir este brusco aparte, la locura de mi personaje se me presentó
-evidente; pero él, sin darme tiempo á pensarlo bien siquiera, prosiguió:
-
---El ¡ay! es, en efecto, una interjección de todos los tiempos. El
-hombre se ha quejado siempre lo mismo. Pero lo curioso es que entre los
-animales sucede también así. Desde el perro, un vertebrado superior,
-hasta la esfinge calavera, una mariposa, el ¡ay! es una manifestación
-de dolor y de miedo. Precisamente el extraño insecto que acabo de
-nombrar, y cuyo nombre proviene de que lleva dibujada una calavera
-en el coselete, recuerda bien la fauna lúgubre en la cual el ¡ay! es
-común. Fuera inútil recordar á los búhos; pero sí debe mencionarse á
-ese extraviado de las selvas primitivas, el perezoso, que parece llevar
-el dolor de su decadencia en el ¡ay! específico al cual debe uno de sus
-nombres...
-
-Y bien; exasperado por mis diez años de esfuerzos, decidí realizar ante
-las flores escenas crueles que las impresionaran más aún, sin éxito
-también; hasta que un día...
-
-...Pero aproxímese, juzgue por usted mismo.
-
-Su cara tocaba las negras flores, y casi obligado hice lo propio.
-Entonces--cosa inaudita--me pareció percibir débiles quejidos. Pronto
-hube de convencerme. Aquellas flores se quejaban en efecto, y de sus
-corolas obscuras, surgía una pululación de pequeños ayes muy semejantes
-á los de un niño. La sugestión habíase operado en forma completamente
-imprevista, y aquellas flores, durante toda su breve existencia, no
-hacían sino llorar.
-
-Mi estupefacción había llegado al colmo, cuando de repente una idea
-terrible me asaltó. Recordé que al decir de las leyendas de hechicería,
-la mandrágora llora también cuando se la ha regado con la sangre de
-un niño; y con una sospecha que me hizo palidecer horriblemente, me
-incorporé.
-
---Como las mandrágoras, dije.
-
---Como las mandrágoras, repitió él palideciendo aún más que yo.
-
-Y nunca hemos vuelto á vernos. Pero mi convicción de ahora es que
-se trata de un verdadero bandido, de un perfecto hechicero de otros
-tiempos, con sus venenos y sus flores de crimen. ¿Llegará á producir la
-violeta mortífera que se propone? ¿Debo entregar su nombre maldito á la
-publicidad?...
-
-
-
-
-YZUR
-
-
-YZUR
-
-
-Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado.
-
-La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia á cuyo relato
-están dedicadas estas líneas, fué una tarde, leyendo no sé dónde, que
-los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los
-monos á la abstención, no á la incapacidad. “No hablan, decían, para
-que no los hagan trabajar.”
-
-Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta
-convertirse en este postulado antropológico:
-
-Los monos fueron hombres que por una ú otra razón dejaron de hablar. El
-hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y de los centros
-cerebrales del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla la relación
-entre unos y otros, fijando el idioma de la especie en el grito
-inarticulado, y el humano primitivo descendió á ser animal.
-
-Claro es que si llegara á demostrarse esto quedarían explicadas desde
-luego todas las anomalías que hacen del mono un ser tan singular;
-pero esto no tendría sino una demostración posible: volver el mono al
-lenguaje.
-
-Entre tanto había corrido el mundo con el mío, vinculándolo cada vez
-más por medio de peripecias y aventuras. En Europa llamó la atención, y
-de haberlo querido, llego á darle la celebridad de un Cónsul; pero mi
-seriedad de hombre de negocios, mal se avenía con tales payasadas.
-
-Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los monos, agoté toda la
-bibliografía concerniente al problema, sin ningún resultado apreciable.
-Sabía únicamente, con entera seguridad, _que no hay ninguna razón
-científica para que el mono no hable_. Esto llevaba cinco años de
-meditaciones.
-
-Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir, pues lo ignoraba
-igualmente su anterior patrón) Yzur era ciertamente un animal notable.
-La educación del circo, bien que reducida casi enteramente al
-mimetismo, había desarrollado mucho sus facultades; y esto era lo que
-me incitaba más á ensayar sobre él mi en apariencia disparatada teoría.
-
-Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur lo era) es entre los
-monos el mejor provisto de cerebro y uno de los más dóciles, lo cual
-aumentaba mis probabilidades. Cada vez que lo veía avanzar en dos
-pies, con las manos á la espalda para conservar el equilibrio, y su
-aspecto de marinero borracho, la convicción de su humanidad detenida se
-vigorizaba en mí.
-
-No hay á la verdad razón alguna para que el mono no articule
-absolutamente. Su lenguaje natural, es decir, el conjunto de gritos
-con que se comunica á sus semejantes, es asaz variado; su laringe,
-por más distinta que resulte de la humana, nunca lo es tanto como la
-del loro, que habla sin embargo; y en cuanto á su cerebro, fuera de
-que la comparación con el de este último animal desvanece toda duda,
-basta recordar que el del idiota es también rudimentario, á pesar de
-lo cual hay cretinos que pronuncian algunas palabras. Por lo que hace
-á la circunvolución de Broca, depende, es claro, del desarrollo total
-del cerebro; fuera de que no está probado que ella sea _fatalmente_ el
-sitio de localización del lenguaje. Si es el caso de localización mejor
-establecido en anatomía, los hechos contradictorios son desde luego
-incontestables.
-
-Felizmente los monos tienen, entre sus muchas malas condiciones, el
-gusto por aprender, como lo demuestra su tendencia imitativa; la
-memoria feliz, la reflexión que llega hasta una profunda facultad de
-disimulo, y la atención comparativamente más desarrollada que en el
-niño. Es, pues, un sujeto pedagógico de los más favorables.
-
-El mío era joven además, y es sabido que la juventud constituye
-la época más intelectual del mono, parecido en esto al negro. La
-dificultad estribaba solamente en el método que se emplearía para
-comunicarle la palabra.
-
-Conocía todas las infructuosas tentativas de mis antecesores; y está de
-más decir, que ante la competencia de algunos de ellos y la nulidad de
-todos sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una vez, cuando el
-tanto pensar sobre aquel tema, fué llevándome á esta conclusión:
-
-_Lo primero consiste en desarrollar el aparato de fonación del mono._
-
-Así es, en efecto, cómo se procede con los sordomudos antes de
-llevarlos á la articulación; y no bien hube reflexionado sobre esto,
-cuando las analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon en mi
-espíritu.
-
-Primero de todo, su extraordinaria movilidad mímica que compensa
-al lenguaje articulado, demostrando que no por dejar de hablar
-se deja de pensar, así haya diminución de esta facultad por la
-paralización de aquélla. Después otros caracteres más peculiares por
-ser más específicos: la diligencia en el trabajo, la fidelidad, el
-coraje, aumentados hasta la certidumbre por estas dos condiciones
-cuya comunidad es verdaderamente reveladora: la facilidad para los
-ejercicios de equilibrio y la resistencia al mareo.
-
-Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera gimnasia de
-los labios y de la lengua de mi mono, tratándolo en esto como á un
-sordomudo. En lo restante, me favorecería el oído para establecer
-comunicaciones directas de palabra, sin necesidad de apelar al tacto.
-El lector verá que en esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo.
-
-Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes monos el que tiene
-labios más movibles; y en el caso particular, habiendo padecido Yzur de
-anginas, sabía abrir la boca para que se la examinaran.
-
-La primera inspección confirmó en parte mis sospechas. La lengua
-permanecía en el fondo de su boca, como una masa inerte, sin otros
-movimientos que los de la deglución. La gimnasia produjo luego su
-efecto, pues á los dos meses ya sabía sacar la lengua para burlar. Ésta
-fué la primera relación que conoció entre el movimiento de su lengua y
-una idea; una relación perfectamente acorde con su naturaleza, por otra
-parte.
-
-Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo que estirárselos con
-pinzas; pero apreciaba--quizá por mi expresión--la importancia de
-aquella tarea anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba
-los movimientos labiales que debía imitar, permanecía sentado,
-rascándose la grupa con su brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una
-concentración dubitativa, ó alisándose las patillas con todo el aire de
-un hombre que armoniza sus ideas por medio de ademanes rítmicos. Al fin
-aprendió á mover los labios.
-
-Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil, como lo prueban
-los largos balbuceos del niño, que lo llevan, paralelamente con su
-desarrollo intelectual, á la adquisición del hábito. Está demostrado,
-en efecto, que el centro propio de las inervaciones vocales, se halla
-asociado con el de la palabra en forma tal, que el desarrollo normal de
-ambos, depende de su ejercicio armónico; y esto ya lo había presentido
-en 1785 Heinicke, el inventor del método oral para la enseñanza de
-los sordomudos, como una consecuencia filosófica. Hablaba de una
-“concatenación dinámica de las ideas”, frase cuya profunda claridad
-honraría á más de un psicólogo contemporáneo.
-
-Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la misma situación del
-niño que antes de hablar entiende ya muchas palabras; pero era mucho
-más apto para asociar los juicios que debía poseer sobre las cosas,
-por su mayor experiencia de la vida.
-
-Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión, sino también
-inquisitivos y disquisitivos, á juzgar por el carácter diferencial que
-asumían, lo cual supone un raciocinio abstracto, le daban un grado
-superior de inteligencia muy favorable por cierto á mi propósito.
-
-Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta con reflexionar que el
-silogismo, ó sea el argumento lógico fundamental, no es extraño á la
-mente de muchos animales. Como que el silogismo es originariamente una
-comparación entre dos sensaciones. Si no, ¿por qué los animales, que
-conocen al hombre huyen de él, y no los que nunca le conocieron?...
-
-Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.
-
-Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, para llevarlo
-progresivamente á la palabra sensata.
-
-Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando esto de ventaja al
-sordomudo, con más ciertas articulaciones rudimentarias,--tratábase de
-enseñarle las modificaciones de aquélla, que constituyen los fonemas y
-su articulación, llamada por los maestros estática ó dinámica, según
-que se refiera á las vocales ó á las consonantes.
-
-Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto un método empleado
-por Heinicke con los sordomudos, decidí asociar cada vocal con una
-golosina: _a_ con papa; _e_ con leche; _i_ con vino; _o_ con coco; _u_
-con azúcar--haciendo de modo que la vocal estuviese contenida en el
-nombre de la golosina, ora con dominio único y repetido como en _papa_,
-_coco_, _leche_, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, es
-decir como sonido fundamental: _vino, azúcar_.
-
-Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, ó sea los sonidos
-que se forma con la boca abierta. Yzur los aprendió en quince días.
-Sólo que á veces, el aire contenido en sus abazones les daba una
-rotundidad de trueno. La _u_ fué lo que más le costó pronunciar.
-
-Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, y á poco hube de
-comprender que nunca llegaría á pronunciar aquéllas en cuya formación
-entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos y sus abazones,
-lo estorbaban enteramente.
-
-El vocabulario quedaba reducido, entonces, á las cinco vocales; la
-_b_, la _k_, la _m_, la _g_, la _f_ y la _c_, es decir todas aquellas
-consonantes en cuya formación no intervienen sino el paladar y la
-lengua.
-
-Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir al tacto como con
-un sordomudo, apoyando su mano en mi pecho y luego en el suyo para que
-sintiera las vibraciones del sonido.
-
-Y pasaron tres años, sin conseguir que formara palabra alguna. Tendía
-á dar á las cosas, como nombre propio, el de la letra cuyo sonido
-predominaba en ellas. Esto era todo.
-
-En el circo había aprendido á ladrar, como los perros sus compañeros
-de tareas; y cuando me veía desesperar ante las vanas tentativas para
-arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como dándome todo lo que
-sabía. Pronunciaba aisladamente las vocales y consonantes, pero no
-podía asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición vertiginosa
-de _pes_ y de _emes_.
-
-Por despacio que fuera, se había operado un gran cambio en su carácter.
-Tenía menos movilidad en las facciones, la mirada más profunda, y
-adoptaba posturas meditativas. Había adquirido, por ejemplo, la
-costumbre de contemplar las estrellas. Su sensibilidad se desarrollaba
-igualmente; íbasele notando una gran facilidad de lágrimas.
-
-Las lecciones continuaban con inquebrantable tesón, aunque sin mayor
-éxito. Aquello había llegado á convertirse en una obsesión dolorosa,
-y poco á poco sentíame inclinado á emplear la fuerza. Mi carácter iba
-agriándose con el fracaso, hasta asumir una sorda animosidad contra
-Yzur. Éste se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo
-rebelde, y empezaba á convencerme de que nunca lo sacaría de allí,
-cuando supe de golpe que no hablaba porque no quería.
-
-El cocinero, horrorizado, vino á decirme una noche que había
-sorprendido al mono “hablando verdaderas palabras”. Estaba, según su
-narración, acurrucado junto á una higuera de la huerta; pero el terror
-le impedía recordar lo esencial de esto, es decir, las palabras. Sólo
-creía retener dos: _cama_ y _pipa_. Casi le doy de puntapiés por su
-imbecilidad.
-
-No necesito decir que pasé la noche poseído de una gran emoción; y lo
-que en tres años no había cometido, el error que todo lo echó á perder,
-provino del enervamiento de aquel desvelo, tanto como de mi excesiva
-curiosidad.
-
-En vez de dejar que el mono llegara naturalmente á la manifestación del
-lenguaje, llaméle al día siguiente y procuré imponérsela por obediencia.
-
-No conseguí sino las _pes_ y las _emes_ con que me tenía harto, las
-guiñadas hipócritas y--Dios me perdone--una cierta vislumbre de ironía
-en la azogada ubicuidad de sus muecas.
-
-Me encolericé, y sin consideración alguna, le di de azotes. Lo único
-que logré fué su llanto y un silencio absoluto que excluía hasta los
-gemidos.
-
-Á los tres días cayó enfermo, en una especie de sombría demencia
-complicada con síntomas de meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías,
-purgantes, revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia, bromuro--toda
-la terapéutica del espantoso mal le fué aplicada. Luché con desesperado
-brío, á impulsos de un remordimiento y de un temor. Aquél por creer á
-la bestia una víctima de mi crueldad; éste por la suerte del secreto
-que quizá se llevaba á la tumba.
-
-Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no obstante, tan débil,
-que no podía moverse de la cama. La proximidad de la muerte habíalo
-ennoblecido y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud, no se separaban
-de mí, siguiéndome por toda la habitación como dos bolas giratorias,
-aunque estuviese detrás de él; su mano buscaba las mías en una
-intimidad de convalecencia. En mi gran soledad, iba adquiriendo
-rápidamente la importancia de una persona.
-
-El demonio del análisis, que no es sino una forma del espíritu de
-perversidad, impulsábame, sin embargo, á renovar mis experiencias. En
-realidad el mono había hablado. Aquello no podía quedar así.
-
-Comencé muy despacio, pidiéndole las letras que sabía pronunciar.
-¡Nada! Dejélo solo durante horas, espiándolo por un agujerillo del
-tabique. ¡Nada! Habléle con oraciones breves, procurando tocar su
-fidelidad ó su glotonería. ¡Nada! Cuando aquéllas eran patéticas, los
-ojos se le hinchaban de llanto. Cuando le decía una frase habitual,
-como el “yo soy tu amo” con que empezaba todas mis lecciones, ó el “tú
-eres mi mono” con que completaba mi anterior afirmación, para llevar á
-su espíritu la certidumbre de una verdad total, él asentía cerrando los
-párpados; pero no producía un sonido, ni siquiera llegaba á mover los
-labios.
-
-Había vuelto á la gesticulación como único medio de comunicarse
-conmigo; y este detalle, unido á sus analogías con los sordomudos,
-hacía redoblar mis precauciones, pues nadie ignora la gran
-predisposición de estos últimos á las enfermedades mentales. Por
-momentos deseaba que se volviera loco, á ver si el delirio rompía al
-fin su silencio.
-
-Su convalecencia seguía estacionaria. La misma flacura, la misma
-tristeza. Era evidente que estaba enfermo de inteligencia y de dolor.
-Su unidad orgánica habíase roto al impulso de una cerebración anormal,
-y día más, día menos, aquél era caso perdido.
-
-Mas, á pesar de la mansedumbre que el progreso de la enfermedad
-aumentaba en él, su silencio, aquel desesperante silencio provocado
-por mi exasperación, no cedía. Desde un obscuro fondo de tradición
-petrificada en instinto, la raza imponía su milenario mutismo al
-animal, fortaleciéndose de voluntad atávica en las raíces mismas de su
-ser. Los antiguos hombres de la selva, que forzó al silencio, es decir,
-al suicidio intelectual, quién sabe qué bárbara injusticia, mantenían
-su secreto formado por misterios de bosque y abismos de prehistoria, en
-aquella decisión ya inconsciente, pero formidable con la inmensidad de
-su tiempo.
-
-Infortunios del antropoide retrasado en la evolución cuya delantera
-tomaba el humano con un despotismo de sombría barbarie, habían, sin
-duda, destronado á las grandes familias cuadrumanas del dominio arbóreo
-de sus primitivos edenes, raleando sus filas, cautivando sus hembras
-para organizar la esclavitud desde el propio vientre materno, hasta
-infundir á su impotencia de vencidas el acto de dignidad mortal que
-las llevaba á romper con el enemigo el vínculo superior también, pero
-infausto de la palabra, refugiándose como salvación suprema en la noche
-de la animalidad.
-
-Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían cometido los
-vencedores con la semibestia en trance de evolución, para que ésta,
-después de haber gustado el encanto intelectual que es el fruto
-paradisíaco de las biblias, se resignara á aquella claudicación
-de su extirpe en la degradante igualdad de los inferiores; á aquel
-retroceso que cristalizaba por siempre su inteligencia en los gestos
-de un automatismo de acróbata; á aquella gran cobardía de la vida que
-encorvaría eternamente, como en distintivo bestial, sus espaldas de
-dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento que permanece en el
-fondo de su caricatura.
-
-He aquí lo que al borde mismo del éxito, había despertado mi malhumor
-en el fondo del limbo atávico. Á través del millón de años, la palabra,
-con su conjuro, removía la antigua alma simiana; pero contra esa
-tentación que iba á violar las tinieblas de la animalidad protectora,
-la memoria ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo
-horror, oponía también edad sobre edad como una muralla.
-
-Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento. Una dulce agonía á
-ojos cerrados, con respiración débil, pulso vago, quietud absoluta,
-que sólo interrumpía para volver de cuando en cuando hacia mí, con una
-desgarradora expresión de eternidad, su cara de viejo mulato triste.
-Y la última tarde, la tarde de su muerte, fué cuando ocurrió la cosa
-extraordinaria que me ha decidido á emprender esta narración.
-
-Habíame dormitado á su cabecera, vencido por el calor y la quietud del
-crepúsculo que empezaba, cuando sentí de pronto que me asían por la
-muñeca.
-
-Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos muy abiertos, se moría
-definitivamente aquella vez, y su expresión era tan humana, que
-me infundió horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con tanta
-elocuencia hacia él, que hube de inclinarme inmediato á su rostro;
-y entonces, con su último suspiro, el último suspiro que coronaba y
-desvanecía á la vez mi esperanza, brotaron--estoy seguro--brotaron en
-un murmullo (¿cómo explicar el tono de una voz que ha permanecido sin
-hablar diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad reconciliaba las
-especies:
-
---AMO, AGUA. AMO, MI AMO...
-
-
-
-
- LA ESTATUA DE SAL
-
-
- LA ESTATUA DE SAL
-
-
-He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje
-Sosistrato:
-
---Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio de San Sabas, diga
-que no conoce la desolación. Imaginaos un antiquísimo edificio situado
-sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se
-deslizan ya casi agotadas hacia el Mar Muerto, por entre bosquecillos
-de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay
-más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio.
-Una soledad infinita, sólo turbada de tarde en tarde por el paso de
-algunos nómades que trasladan sus rebaños; un silencio colosal que
-parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte.
-Cuando sopla el viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando
-el viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El
-ocaso y la aurora se confunden en una misma tristeza. Sólo aquéllos
-que deben expiar grandes crímenes, arrostran semejantes soledades. En
-el convento se puede oir misa y comulgar. Los monjes que no son ya más
-que cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen al peregrino
-una modesta colación de dátiles fritos, uvas, agua del río y algunas
-veces vino de palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las tribus
-vecinas los respetan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno,
-le sepultan en las cuevas que hay debajo á la orilla del río, entre
-las rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas azules,
-amigas del convento; antes, hace ya muchos años, habitaron en ellas los
-primeros anacoretas, uno de los cuales fué el monje Sosistrato cuya
-historia he prometido contaros. Ayúdeme Nuestra Señora del Carmelo
-y vosotros escuchad con atención. Lo que vais á oir, me lo refirió
-palabra por palabra el hermano Porfirio, que ahora está sepultado en
-una de las cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida á los ochenta
-años en la virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su gracia.
-Amén.
-
- * * * * *
-
-Sosistrato era un monje armenio, que había resuelto pasar su vida en la
-soledad con varios jóvenes compañeros suyos de vida mundana, recién
-convertidos á la religión del crucificado. Pertenecía, pues, á la
-fuerte raza de los estilitas. Después de largo vagar por el desierto,
-encontraron un día las cavernas de que os he hablado y se instalaron
-en ellas. El agua del Jordán, los frutos de una pequeña hortaliza que
-cultivaban en común, bastaban para llenar sus necesidades. Pasaban
-los días orando y meditando. De aquellas grutas surgían columnas de
-plegarias, que contenían con su esfuerzo la vacilante bóveda de los
-cielos próxima á desplomarse sobre los pecados del mundo. El sacrificio
-de aquellos desterrados, que ofrecían diariamente la maceración de sus
-carnes y la pena de sus ayunos á la justa ira de Dios, para aplacarla,
-evitaron muchas pestes, guerras y terremotos. Esto no lo saben los
-impíos que ríen con ligereza de las penitencias de los cenobitas. Y sin
-embargo, los sacrificios y oraciones de los justos son las claves del
-techo del universo.
-
-Al cabo de treinta años de austeridad y silencio, Sosistrato y sus
-compañeros habían alcanzado la santidad. El demonio, vencido, aullaba
-de impotencia bajo el pie de los santos monjes. Éstos fueron acabando
-sus vidas uno tras otro, hasta que al fin Sosistrato se quedó solo.
-Estaba muy viejo, muy pequeñito. Se había vuelto casi transparente.
-Oraba arrodillado quince horas diarias, y tenía revelaciones. Dos
-palomas amigas, traíanle cada tarde algunos granos de granada y se los
-daban á comer con el pico. Nada más que de eso vivía; en cambio olía
-bien como un jazminero por la tarde. Cada año, el viernes doloroso,
-encontraba al despertar, en la cabecera de su lecho de ramas, una
-copa de oro llena de vino y un pan con cuyas especies comulgaba
-absorbiéndose en éxtasis inefables. Jamás se le ocurrió pensar de
-dónde vendría aquello, pues bien sabía que el señor Jesús puede
-hacerlo. Y aguardando con unción perfecta el día de su ascención á la
-bienaventuranza, continuaba soportando sus años. Desde hacía más de
-cincuenta, ningún caminante había pasado por allí.
-
-Pero una mañana, mientras el monje rezaba con sus palomas, éstas,
-asustadas de pronto, echaron á volar abandonándole. Un peregrino
-acababa de llegar á la entrada de la caverna. Sosistrato, después
-de saludarle con santas palabras, le invitó á reposar indicándole
-un cántaro de agua fresca. El desconocido bebió con ansia como si
-estuviese anonadado de fatiga; y después de consumir un puñado de
-frutas secas que extrajo de su alforja, oró en compañía del monje.
-
-Transcurrieron siete días. El caminante refirió su peregrinación desde
-Cesárea á las orillas del Mar Muerto, terminando la narración con una
-historia que preocupó á Sosistrato.
-
---He visto los cadáveres de las ciudades malditas, dijo una noche á su
-huésped; he mirado humear el mar como una hornalla, y he contemplado
-lleno de espanto á la mujer de sal, la castigada esposa de Lot. La
-mujer está viva, hermano mío, y yo la he escuchado gemir y la he visto
-sudar al sol del mediodía.
-
---Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado _De Sodoma_, dijo en voz
-baja Sosistrato.
-
---Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino. Algo más definitivo
-hay en él todavía; y de ello resulta que la esposa de Lot ha seguido
-siendo fisiológicamente mujer. Yo he pensado que sería obra de caridad
-libertarla de su condena...
-
---Es la justicia de Dios, exclamó el solitario
-
---¿No vino Cristo á redimir también con su sacrificio los pecados del
-antiguo mundo?--replicó suavemente el viajero que parecía docto en
-letras sagradas. ¿Acaso el bautismo no lava igualmente el pecado contra
-la Ley que el pecado contra el Evangelio?...
-
-Después de estas palabras, ambos se entregaron al sueño. Fué aquélla
-la última noche que pasaron juntos. Al siguiente día el desconocido
-partió, llevando consigo la bendición de Sosistrato, y no necesito
-deciros que, á pesar de sus buenas apariencias, aquel fingido peregrino
-era Satanás en persona.
-
-El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación tenaz asaltó
-desde aquella noche el espíritu del santo. ¡Bautizar la estatua de
-sal, libertar de su suplicio aquel espíritu encadenado! La caridad lo
-exigía, la razón argumentaba. En esta lacha transcurrieron meses, hasta
-que por fin el monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en sueños
-y le ordenó ejecutar el acto.
-
-Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana del cuarto, apoyándose
-en su bordón de acacia, tomó, costeando el Jordán, la senda del Mar
-Muerto. La jornada no era larga, pero sus piernas cansadas apenas
-podían sostenerle. Así marchó durante dos días. Las fieles palomas
-continuaban alimentándole como de ordinario, y él rezaba mucho,
-profundamente, pues aquella resolución afligíale en extremo. Por fin,
-cuando sus pies iban á faltarle, las montañas se abrieron y el lago
-apareció.
-
-Los esqueletos de las ciudades destruidas iban poco á poco
-desvaneciéndose. Algunas piedras quemadas, era todo lo que restaba ya:
-trozos de arcos, hileras de adobes carcomidos por la sal y cimentados
-en betún... El monje reparó apenas en semejantes restos; que procuró
-evitar á fin de que sus pies no se manchasen á su contacto. De repente,
-todo su viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir hacia el sud, fuera ya
-de los escombros, en un recodo de las montañas desde el cual apenas se
-los percibía, la silueta de la estatua.
-
-Bajo su manto petrificado que el tiempo había roído, era larga y
-fina como un fantasma. El sol brillaba con límpida incandescencia,
-calcinando las rocas, haciendo espejear la capa salobre que cubría
-las hojas de los terebintos. Aquellos arbustos, bajo la reverberación
-meridiana, parecían de plata. En el cielo no había una sola nube. Las
-aguas amargas dormían en su característica inmovilidad. Cuando el
-viento soplaba, podía escucharse en ellas, decían los peregrinos, cómo
-se lamentaban los espectros de las ciudades.
-
-Sosistrato se aproximó á la estatua. El viajero había dicho verdad.
-Una humedad tibia cubría su rostro. Aquellos ojos blancos, aquellos
-labios blancos, estaban completamente inmóviles bajo la invasión de
-la piedra, en el sueño de sus siglos. Ni un indicio de vida salía de
-aquella roca. El sol la quemaba con tenacidad implacable, siempre igual
-desde hacía miles de años, y sin embargo, ¡esa efigie estaba viva
-puesto que sudaba! Semejante sueño resumía el misterio de los espantos
-bíblicos. La cólera de Jehová había pasado sobre aquel ser, espantosa
-amalgama de carne y de peñasco. ¿No era temeridad el intento de turbar
-ese sueño? ¿No caería el pecado de la mujer maldita sobre el insensato
-que procuraba redimirla? Despertar el misterio es una locura criminal,
-tal vez una tentación del infierno. Sosistrato, lleno de congoja, se
-arrodilló á orar en la sombra de un bosquecillo...
-
-Cómo se verificó el acto, no os lo voy á decir. Sabed únicamente que
-cuando el agua sacramental cayó sobre la estatua, la sal se disolvió
-lentamente, y á los ojos del solitario apareció una mujer, vieja como
-la eternidad, envuelta en andrajos terribles, de una lividez de ceniza,
-flaca y temblorosa, llena de siglos. El monje que había visto al
-demonio sin miedo, sintió el pavor de aquella aparición. Era el pueblo
-réprobo lo que se levantaba en ella. Esos ojos vieron la combustión de
-los azufres llovidos por la cólera divina sobre la ignominia de las
-ciudades; esos andrajos estaban tejidos con el pelo de los camellos
-de Lot; ¡esos pies hollaron las cenizas del incendio del Eterno! Y la
-espantosa mujer le habló con su voz antigua.
-
-Ya no recordaba nada. Sólo una vaga visión del incendio, una sensación
-tenebrosa despertada á la vista de aquel mar. Su alma estaba vestida
-de confusión. Había dormido mucho, un sueño negro como el sepulcro.
-Sufría sin saber por qué, en aquella sumersión de pesadilla. Ese
-monje acababa de salvarla. Lo sentía. Era lo único claro en su visión
-reciente. Y el mar... el incendio... la catástrofe... las ciudades
-ardidas... todo aquello se desvanecía en una clarovidente visión de
-muerte. Iba á morir. Estaba salvada, pues. ¡Y era el monje quien la
-había salvado!
-
-Sosistrato temblaba, formidable. Una llama roja incendiaba sus
-pupilas. El pasado acababa de desvanecerse en él, como si el viento
-de fuego hubiera barrido su alma. Y sólo este convencimiento ocupaba
-su conciencia: _¡la mujer de Lot estaba allí!_ El sol descendía
-hacia las montañas. Púrpuras de incendio manchaban el horizonte. Los
-días trágicos revivían en aquel aparato de llamaradas. Era como una
-resurrección del castigo, reflejándose por segunda vez sobre las aguas
-del lago amargo. Sosistrato acababa de retroceder en los siglos.
-Recordaba. Había sido actor en la catástrofe. Y esa mujer... ¡esa mujer
-le era conocida!
-
-Entonces un ansia espantosa le quemó las carnes. Su lengua habló,
-dirigiéndose á la espectral resucitada:
-
---Mujer, respóndeme una sola palabra.
-
---Habla... pregunta...
-
---¿Responderás?
-
---¡Sí, habla; me has salvado!
-
-Los ojos del anacoreta brillaron, como si en ellos se concentrase el
-resplandor que incendiaba las montañas.
-
---_Mujer, dime qué viste cuando tu rostro se volvió para mirar._
-
-Una voz anudada de angustia, le respondió:
-
---Oh, no... Por Elohim, ¡no quieras saberlo!
-
---¡Dime qué viste!
-
---No... no... ¡Sería el abismo!
-
---Yo quiero el abismo.
-
---Es la muerte...
-
---¡Dime qué viste!
-
---No puedo... ¡no quiero!
-
---Yo te he salvado.
-
---No... no....
-
-El sol acababa de ponerse.
-
---¡Habla!
-
-La mujer se aproximó. Su voz parecía cubierta de polvo; se apagaba, se
-crepusculizaba, agonizando.
-
---¡Por las cenizas de tus padres!...
-
---¡Habla!
-
-Entonces aquel espectro aproximó su boca al oído del cenobita, y dijo
-una palabra. Y Sosistrato, fulminado, anonadado, sin arrojar un grito,
-cayó muerto. Roguemos á Dios por su alma.
-
-
-
-
- EL PSYCHON
-
-
- EL PSYCHON
-
-
-El doctor Paulin, ventajosamente conocido en el mundo científico por el
-descubrimiento del telectróscopo, el electroide y el espejo negro, de
-los cuales hablaremos algún día, llegó á esta capital hará próximamente
-ocho años, de incógnito, para evitar manifestaciones que su modestia
-repudiaba. Nuestros médicos y hombres de ciencia leerán correctamente
-el nombre del personaje, que disimuló bajo un patronímico supuesto,
-tanto por carecer de autorización para publicarlo, cuanto porque el
-desenlace de este relato ocasionaría polémicas, que mi ignorancia no
-sabría sostener en campo científico.
-
-Un reumatismo vulgar, aunque rebelde á todo tratamiento, me hizo
-conocer al doctor Paulin cuando todavía era aquí un forastero. Cierto
-amigo, miembro de una sociedad de estudios psíquicos á quien venía
-recomendado desde Australia el doctor, nos puso en relaciones. Mi
-reumatismo desapareció mediante un tratamiento helioterápico original
-del médico; y la gratitud hacia él, tanto como el interés que sus
-experiencias me causaban, convirtió nuestra aproximación en amistad,
-desarrollando un sincero afecto.
-
-Una ojeada preliminar sobre las mencionadas experiencias, servirá de
-introducción explicativa, necesaria para la mejor comprensión de lo que
-sigue.
-
-El doctor Paulin era, ante todo, un físico distinguido. Discípulo
-de Wroblewski en la universidad de Cracovia, habíase dedicado con
-preferencia al estudio de la licuación de los gases, problema que
-planteado imaginativamente por Lavoisier, debía quedar resuelto luego
-por Faraday, Cagniard-Latour y Thilorier. Pero no era éste el único
-género de investigaciones en que sobresalía el doctor. Su profesión se
-especializaba en el mal conocido terreno de la terapéutica sugestiva,
-siendo digno émulo de los Charcot, los Dumontpallier, los Landolt, los
-Luys; y aparte el sistema helioterápico citado más arriba, mereció ser
-consultado por Guimbail y por Branly repetidas veces, sobre temas tan
-delicados como la conductibilidad de los neurones, cuya ley recién
-determinada entonces por ambos sabios, era el caso palpitante de la
-ciencia.
-
-Forzoso es confesar, no obstante, que el doctor Paulin adolecía
-de un defecto grave. Era espiritualista, teniendo, para mayor pena,
-la franqueza de confesarlo. Siempre recordaré á este respecto el
-final de una carta que dirigió en julio del 98, al profesor Elmer
-Gates, de Washington, contestando otra en la cual éste le comunicaba
-particularmente sus experiencias sobre la sugestión en los perros y
-sobre la “dirigación”, ósea la acción modificadora ejercida por la
-voluntad sobre determinadas partes del organismo.
-
-“Y bien, sí, decía el doctor; tenéis razón para vuestras conclusiones,
-que acabo de ver publicadas junto con el relato de vuestras
-experiencias, en el _New York Medical Times_. El espíritu es quien rige
-los tejidos orgánicos y las funciones fisiológicas, porque es él quien
-crea esos tejidos y asegura su facultad vital. Ya sabéis si me siento
-inclinado á compartir vuestra opinión”, etc.
-
-Así, el doctor Paulin era mirado de reojo por las academias. Como á
-Crookes, como á de Rochas, le aceptaban con agudas sospechas. Sólo
-faltaba la estampilla materialista para que le expidieran su diploma de
-sabio.
-
-¿Por qué estaba en Buenos Aires el doctor Paulin? Parece que á causa
-de una expedición científica con la que procuraba coronar una serie
-de estudios botánicos aplicados á la medicina. Algunas plantas que
-por mi intermedio consiguió, entre otras la jarilla cuyas propiedades
-emenagogas habíale yo descripto, dieron pie para una súplica á que su
-amabilidad defirió de buen grado. Le pedí autorización para asistir á
-sus experimentos, siendo testigo de ellos desde entonces.
-
-Tenía el doctor, en el pasaje X, un laboratorio al cual se llegaba
-por la sala de consultas. Todos cuantos le conocieron, recordarán
-perfectamente éste y otros detalles, pues nuestro hombre era tan sabio
-como franco y no hacia misterio de su existencia. En aquel laboratorio
-fué donde una noche, hablando con el doctor sobre las prescripciones
-rituales que afectan á los cleros de todo el mundo, obtuve una
-explicación singular de cierto hecho que me traía muy atareado.
-
-Comentábamos la tonsura, cuya explicación yo no hallaba, cuando el
-doctor me lanzó de pronto este argumento que no pretendo discutir:
-
---Sabe usted que las exhalaciones fluídicas del hombre, son percibidas
-por los sensitivos en forma de resplandores, rojos los que emergen
-del lado derecho, azulados los que se desprenden del izquierdo. Esta
-ley es constante, excepto en los zurdos cuya polaridad se trueca,
-naturalmente, lo mismo para el sensitivo que para el imán. Poco
-antes de conocerle, experimentando sobre ese hecho con Antonia,
-la sonámbula que nos sirvió para ensayar el electroide, me hallé en
-presencia de un hecho que llamó extraordinariamente mi atención.
-La sensitiva veía desprenderse de mi occipucio una llama amarilla,
-que ondulaba alargándose hasta treinta centímetros de altura. La
-persistencia con que la muchacha afirmaba este hecho, me llenó de
-asombro. No podía siquiera presumir una sugestión involuntaria, pues
-en este género de investigaciones empleo el método del doctor Luys,
-hipnotizando solamente las retinas para dejar libre la facultad
-racional.
-
-El doctor se levantó de su asiento y empezó á pasearse por la
-habitación.
-
---Con el interés que se explica ante un fenómeno tan inesperado,
-ensayé al otro día una experiencia con cinco muchachos pagados al
-efecto. Antonia no vió en ninguno la misteriosa llama, aunque sí las
-aureolas ordinarias; mas cuál no sería mi sorpresa, al oírla exclamar
-en presencia del portero don Francisco, usted sabe, llamado por mí como
-último recurso: “El señor sí la tiene, clarita pero menos brillante”.
-Cavilé dos días sobre aquel fenómeno; hasta que de pronto, por ese
-hábito de no desperdiciar detalle adquirido en semejantes estudios,
-me ocurrió una idea que, ligeramente ridicula primero, no tardó en
-volverse aceptable. Chupó vigorosamente su cigarro y continuó:
-
---Tengo la costumbre de operar llevando puesto mi fez casero; la
-calvicie me obliga á esta incorrección... Cuando Antonia vió sobre mi
-cabeza el fulgor amarillo, estaba sin gorro, habiéndomelo quitado por
-el excesivo calor. ¿No habría sido el cabello de los muchachos lo que
-impidió la emisión de la llama? Según Fugairon, la capa córnea que
-constituye la epidermis, es mal conductor de la electricidad animal; de
-modo que el pelo, substancia córnea también, posee idéntica propiedad.
-Además, don Francisco es calvo como yo, y la coincidencia del fenómeno
-en ambos, autorizaba una presunción atendible. Mis investigaciones
-posteriores la confirmaron plenamente; y ahora comprenderá usted la
-razón de ser de la tonsura. Los sacerdotes primitivos, observarían
-sobre la cabeza de algunos apóstoles _electrógenos_, diremos, aceptando
-un término de reciente creación, el resplandor que Antonia percibía en
-las nuestras. El hecho, de Moisés acá, no es raro en las cronologías
-legendarias. Luego se notaría el obstáculo que presentaba el cabello,
-y se establecería el hábito de rapar aquel punto del cráneo por
-donde surgía el fulgor, á fin de que este fenómeno, cuyo prestigio
-se infiere, pudiera manifestarse con toda intensidad. ¿Le parece
-convincente mi explicación?
-
---Me parece, por lo menos; tan ingeniosa como la de Volney, para quien
-la tonsura es el símbolo del sol...
-
-Tenía la costumbre de contradecirle así, indirectamente, para que
-llegase hasta el fin en sus explicaciones.
-
---Podría usted citar asimismo, la de Brillat-Savarin, según el cual se
-ha prescripto la tonsura á los monjes para que tengan fresca la cabeza,
-replicó el doctor entre picado y sonriente.
-
-No obstante, hay algo más, prosiguió animándose. Desde mucho tiempo
-antes, proyectaba una experiencia sobre esas emanaciones fluídicas,
-sobre la _lohé_, para usar la expresión de Reichenbach, su descubridor:
-quería obtener el espectro de esos fulgores. Lo intenté, haciéndome
-describir por la sensitiva, minuciosamente, todos los fenómenos...
-
---...¿Y qué resulta? pregunté entusiasmado.
-
---Resulta una raya verde en el índigo para la coloración roja, y dos
-negras en el verde para la coloración azul. En cuanto á la amarilla
-descubierta por mí, el resultado es extraordinario. Antonia dice ver en
-el rojo una raya violeta claro.
-
---¡Absurdo!
-
---Lo que usted quiera; pero ya la he presentado un espectro, y ella me
-ha indicado en él la posición de la raya que ve ó cree ver. Según
-estos datos, y con todas las suposiciones de error posible, creo que
-esa raya es la número 5567. De ser así, habría una identidad curiosa;
-pues la raya 5567, coincidiría exactamente con la hermosa raya número 4
-de la aurora boreal...
-
---¡Pero doctor, todo esto es fantasía pura! exclamé alarmado por
-aquellas ideas vertiginosas.
-
---No, amigo mío. ¡Esto significaría sencillamente que el polo es algo
-así como la coronilla del planeta!
-
-Poco después de la conversación que he referido y cuya última frase
-concluyó entre la más afable sonrisa del doctor Paulin, éste me leyó
-una tarde entusiasmado, las primeras noticias sobre la licuación
-del hidrógeno efectuada por Dewar en mayo de aquel año, y sobre el
-descubrimiento hecho algunos días después por Travers y Ramsay, de tres
-elementos nuevos en el aire: el _kryptón_, el _neón_ y el _metargón_,
-aplicando precisamente el procedimiento de licuación de los gases; y á
-propósito de estos hechos, recuerdo aún su frase de labor y de combate.
-
---No; no es posible que yo muera sin ligar mi nombre á uno de estos
-descubrimientos que son la gloria de una vida. Mañana mismo continuaré
-mis experiencias.
-
-Desde el siguiente día, púsose á trabajaren efecto con ardor febril; y
-aunque yo debía estar curado de asombro ante sus éxitos, no pude menos
-de estremecerme cuando una tarde me dijo con voz tranquila:
-
---¿Creerá usted que he visto con mis propios ojos _esa_ raya en el
-espectro del neón?
-
---¿De veras? dije con evidente descortesía.
-
---De veras. Creo que la tal raya me ha puesto en buen camino. Pero á
-fin de satisfacer su curiosidad, me es menester hablarle de ciertas
-indagaciones que he mantenido reservadas.
-
-Agradecí calurosamente y me dispuse á oir con avidez.
-
-El doctor empezó:
-
---Aunque las noticias sobre la licuación del hidrógeno eran harto
-breves, mis conocimientos en la materia me permitieron completarlas,
-bastándome modificar el aparato de Olzewski, que uso en la preparación
-del aire líquido. Aplicando después el principio de la destilación
-fraccionada, obtuve como Travers y Ramsay los espectros del kryptón,
-el neón y el metargón. Dispuse luego extraer estos cuerpos, por si
-aparecía algún espectro nuevo en el residuo, y efectivamente, cuando ya
-no quedó más, vi aparecer la raya mencionada.
-
---¿Y cómo se opera la extracción?
-
---Haciendo evaporar lentamente el aire líquido, y recogiendo en un
-recipiente el gas desprendido por esa evaporación. Si tuviera aquí una
-máquina Linde que me suministraría sesenta kilogramos de aire líquido
-por hora, podría operar en grande escala; pero he debido contentarme
-con una producción de ochocientos centímetros cúbicos.
-
-Obtenido el gas en el recipiente, lo trato por el cobre calentado para
-retirar el oxígeno, y por una mezcla de cal con magnesio para absorber
-el ázoe. Queda, pues, aislado el argón; y entonces es cuando aparece la
-doble raya verde del kryptón, descubierta por Ramsay. Licuando el argón
-aislado, y sometiéndolo á una evaporación lenta, los productos de la
-destilación suministran en el tubo de Geissler una luz rojo-anaranjada,
-con nuevas rayas, que por la interposición de una botella de Leyden
-aumentan, caracterizando el espectro del neón. Si la destilación
-prosigue, se obtiene un producto sólido de evaporación muy lenta, cuyo
-espectro se caracteriza por dos líneas, una verde y la otra amarilla,
-denunciando la existencia del metargón ó _eosium_, según propone
-Berthelot. Hasta aquí, es todo lo que se sabe.
-
---¿Y la raya violeta?
-
---Vamos á verla dentro de algunos instantes. Sepa usted entretanto,
-que para llegar á resultados iguales yo procedo de otro modo. Retiro
-el oxígeno y el ázoe por medio de las substancias indicadas; luego el
-argón y el metargón con hiposulfito de soda; el kryptón en seguida con
-fosfuro de cinc, y por último el neón con ferrocianuro de potasio.
-Este método es empírico. Queda todavía en el recipiente un residuo
-comparable á la escarcha, que se evapora con suma lentitud. El gas
-resultante, es mi descubrimiento.
-
-Me incliné ante aquellas palabras solemnes.
-
---He estudiado sus constantes físicas llegando á determinar algunas.
-Su densidad es de 25,03, siendo la del oxígeno de 16 como es sabido.
-He determinado también la longitud de la onda sonora en ese fluido, y
-el número encontrado, permitiéndome evaluar la relación de los calores
-específicos, me ha indicado que es monoatómico. Pero el resultado
-sorprendente está en su espectro, caracterizado por una raya violeta en
-el rojo, la raya 5567 coincidente con la número 4 de la aurora boreal,
-la misma que presentaba el fulgor amarillo percibido por Antonia sobre
-mi cabeza.
-
-Ante tal afirmación, dejé escapar esta pregunta inocente:
-
---¿Y qué será ese cuerpo, doctor?
-
-Con gran sorpresa mía, el sabio sonrió satisfecho.
-
---Ese cuerpo... ¡hum! Ese cuerpo bien podría ser pensamiento
-volatilizado.
-
-Di un salto en la silla, pero el doctor me impuso silencio con un
-ademán.
-
---¿Por qué no? siguió diciendo. El cerebro irradia pensamiento en forma
-de fuerza mecánica, habiendo grandes probabilidades de que lo haga
-también en forma fluídica. La llama amarilla no sería en este caso más
-que el producto de la combustión cerebral, y la analogía de su espectro
-con el de la substancia descubierta por mí, me hace creer que sean algo
-idéntico. Figúrese por el consumo diario de pensamiento, la enorme
-irradiación que debe producirse. ¿Qué se harían, efectivamente, los
-pensamientos inútiles ó extraños, las creaciones de los imaginativos,
-los éxtasis de los místicos, los ensueños de los histéricos, los
-proyectos de los ilógicos, todas esas fuerzas cuya acción no se
-manifiesta por falta de aplicación inmediata? Los astrólogos decían
-que los pensamientos _viven_ en la luz astral, como fuerzas latentes
-susceptibles de actuar en determinadas condiciones. ¿No sería esto una
-intuición del fenómeno que la ciencia está en camino de descubrir? Por
-lo demás, el pensamiento como entidad psíquica es inmaterial; pero
-sus manifestaciones deben ser fluídicas, y esto es quizás lo que he
-llegado á obtener como un producto de laboratorio. Á horcajadas
-en su teoría, el doctor lanzábase audazmente por aquellas regiones,
-desarrollando una temible lógica á la que yo intentaba resistir en vano.
-
---He dado á mi cuerpo el nombre de _Psychon_, concluyó; ya comprende
-por qué. Mañana intentaremos una experiencia: licuaremos el
-pensamiento. (El doctor me agregaba, como se ve, á sus experimentos, y
-me guardé bien de rehusar). Después calcularemos si es posible realizar
-su oclusión en algún metal, y acuñaremos medallas psíquicas. Medallas
-de genio, de poesía, de audacia, de tristeza... Luego determinaremos
-su sitio en la atmósfera, llamando “psicósfera”, si se permite la
-expresión, la capa correspondiente... Hasta mañana á las dos, entonces,
-y veremos lo que resulta de todo esto.
-
-Á las dos en punto estábamos en obra.
-
-El doctor me enseñó su nuevo aparato. Consistía en tres espirales
-concéntricos formados por tubos de cobre y comunicados entre sí.
-El gas desembocaba en la espiral exterior, bajo una presión de
-seiscientas cuarenta y tres atmósferas, y una temperatura de -136°
-obtenida por la evaporación del etileno según el sistema circulatorio
-de Pictet; recorriendo las otras dos serpentinas, iba á distenderse
-en la extremidad inferior de la espiral interna, y atravesando
-sucesivamente los compartimientos anulares en que se encontraban
-aquéllas, desembocaba cerca de su punto de partida en el extremo
-superior de la segunda. El aparato medía en conjunto 0,70m de altura
-por 0,175m de diámetro. La distensión del fluido compresionado,
-ocasionaba el descenso de temperatura requerido para su licuación, por
-el método llamado de la cascada, también perteneciente al profesor
-Pictet.
-
-La experiencia comenzó, previos los trámites del caso que sólo
-interesarían á los profesionales, siendo por ello suprimidos.
-
-Mientras el doctor operaba, yo me disponía á escribir los resultados
-que me dictase, en un formulario. Doy á continuación esas anotaciones
-tal como las redactó, en gracia de la precisión indispensable.
-
-Decía el doctor:
-
-“Cuando la distensión llega á cuatrocientas atmósferas, se obtiene
-una temperatura de -237°3 y el fluido desemboca en un vaso de doble
-paredes separadas por un espacio vacío de aire; la pared interior
-está plateada, para impedir aportes de calor por convección ó por
-irradiación.”
-
-“El producto es un líquido transparente é incoloro que presenta cierta
-analogía con el alcohol.”
-
-“Las constantes críticas del psychon, son, pues, cuatrocientas
-atmósferas y -237°3.” “Un hilo de platino cuya resistencia es de
-5038 ohms en el hielo fundente, no presenta más que una de 0,119 en el
-psychon hirviendo. La ley de variación de la resistencia de este hilo
-con la temperatura, me permite fijar la de la ebullición del psychon en
--265°.”
-
---¿Sabe usted lo que quiere decir esto? me preguntó suspendiendo
-bruscamente el dictado.
-
-No le respondí; la situación era demasiado grave.
-
---Esto quiere decir, prosiguió como hablando consigo mismo, que ya no
-estaríamos más que á ocho grados del cero absoluto.
-
-Yo me había levantado, y con la ansiedad que es de suponer, examinaba
-el líquido cuyo menisco se destacaba claramente en el vaso. ¡El
-pensamiento!... ¡El cero absoluto!... Vagaba con cierta lúcida
-embriaguez en el mundo de las temperaturas imposibles.
-
-Si pudiera traducirse, pensaba, ¿_qué diría_ este poco de agua clara
-que tengo ante mis ojos? ¿Qué oración pura de niño, qué intento
-criminal, qué proyectos estarán encerrados en este recipiente? ¿O quizá
-alguna malograda creación de arte, algún descubrimiento perdido en las
-obscuridades del ilogismo?...
-
-El doctor, entre tanto, presa de una emoción que en vano intentaba
-reprimir, medía el aposento á grandes pasos. Por fin se aproximó al
-aparato diciendo:
-
---El experimento está concluido. Rompamos ahora el recipiente para que
-este líquido pueda escapar evaporándose. Quién sabe si al retenerlo no
-causamos la congoja de algún alma...
-
-Practicóse un agujero en la pared superior del vaso, y el líquido
-empezó á descender, mientras el ruido mate de un escape se percibía
-distintamente.
-
-De pronto noté en la cara del doctor una expresión sardónica
-enteramente fuera de las circunstancias; y casi al mismo tiempo, la
-idea de que sería una inconveniencia estúpida saltar por encima de
-la mesa, acudió á mi espíritu; mas apenas lo hube pensado, cuando ya
-el mueble pasó bajo mis piernas, no sin darme tiempo para ver que el
-doctor arrojaba al aire como una pelota su gato, un siamés legítimo,
-verdadera niña de sus ojos. El cuaderno fué á parar con una gran
-carcajada en las narices del doctor, provocando por parte de éste una
-pirueta formidable en honor mío. Lo cierto es que durante una hora,
-estuvimos cometiendo las mayores extravagancias, con gran estupefacción
-de los vecinos á quienes atrajo el tumulto y que no sabían cómo
-explicarse la cosa. Yo recuerdo apenas, que en medio de la risa,
-me asaltaban ideas de crimen entre una vertiginosa enunciación de
-problemas matemáticos. El gato mismo se mezclaba á nuestras cabriolas
-con un ardor extraño á su apatía tropical, y aquello no cesó sino
-cuando los espectadores abrieron de par en par las puertas; pues el
-pensamiento puro que habíamos absorbido, era seguramente el elíxir de
-la locura.
-
-El doctor Paulin desapareció al día siguiente, sin que por mucho tiempo
-me fuese dado averiguar su paradero.
-
-Ayer, por primera vez, me llegó una noticia exacta. Parece que ha
-repetido su experimento, pues se encuentra ahora en Alemania en una
-casa de salud.
-
-
-
-
- ENSAYO
- DE
- UNA COSMOGONÍA
- EN DIEZ LECCIONES
-
-
- ENSAYO DE UNA COSMOGONÍA EN DIEZ LECCIONES
-
-
-
-
- PROEMIO
-
-Hallándome cierta vez en un paso de la cordillera de los Andes, hice
-conocimiento con un caballero que allí moraba desde poco tiempo atrás,
-por cuenta de cierto sindicato para el cual estaba efectuando una
-mensura.
-
-Era un hombre alto, moreno, en cuyo tipo resaltaba ante todo una gran
-distinción, á poco acentuada por el encanto de su lenguaje.
-
-Un accidente montañés, que inutilizó por varios días á mi peón de mano,
-me obligó á compartir su real de agrimensor con cierto exceso quizá;
-pero mi hombre merecía aquel corto sacrificio de tiempo, y yo, además,
-no llevaba prisa.
-
-Arrobado verdaderamente por su conversación, confieso que las horas
-se me iban sin sentirlo, así las ideas expresadas por aquellos labios
-fuesen de las más extraordinarias; pero entre ellas y su autor, había
-cierta correlación de singularidad que las hacía enteramente aceptables
-mientras él hablaba.
-
-En el hombre aquél, el tipo era tan indefinible como la edad, bien
-que á primera vista se le atribuyera una vigorosa juventud y una
-procedencia americana; pero éstas pueden ser ocurrencias mías en las
-cuales ruego al lector que no insista.
-
-Nuestras pláticas--sus conferencias mejor dicho--dejaron en mi ánimo
-una gran impresión á la cual contribuirían ciertamente la soledad
-inspiradora de las noches andinas, la comunión de naturaleza que
-sugería su serenidad, y el silencio divino de las estrellas; pero cuyo
-mérito intrínseco bien merecía el estupor de un mortal.
-
-Una de aquellas noches, cerca del fuego medio apagado, mientras los
-peones reparaban en el sueño las fatigas del día, escuché la revelación
-que procuraré transmitir tan fielmente como me sea posible, ya que
-no se me exigió secreto alguno. Por mucho que difiera de las ideas
-científicas dominantes, el lector apreciará su concepción profunda, su
-lógica perfecta, y comprenderá que explica bastantes cosas con mayor
-claridad aún. He meditado bien antes de decidirme á publicarla, pero
-dos circunstancias me han impulsado sobre todo. La primera es que, á
-pesar de las más prolijas indagaciones, no he podido encontrar indicio
-alguno de aquel casual interlocutor, pues todas las señas que me dió á
-su respecto han resultado inciertas; la segunda es la facilidad con que
-me hizo el confidente de sus revelaciones. Estas dos circunstancias, me
-hacen creer que yo fuí tomado como agente para comunicar tales ideas,
-papel que acepto desde luego con la más perfecta humildad.
-
-La ocultación del revelador podría infundir sospechas; pero el lector
-verá que ella era innecesaria dada la naturaleza de sus enseñanzas,
-y que, en todo caso, responde á la decisión de no decir más, ó á la
-modestia. Ambas cosas respetables.
-
-Para no caer en conjeturas, lo mejor será abordar cuanto antes el
-asunto.
-
-
-
-
- PRIMERA LECCIÓN
-
- EL ORIGEN DEL UNIVERSO
-
-La vida, que es la eterna conversión de las cosas en otras distintas,
-abarca con su ley primordial el universo entero. Todas las cosas
-que son dejarán de ser, y vienen de otras que ya han dejado de
-ser. Tan universal como la vida misma, es esta periodicidad de sus
-manifestaciones.
-
-El día y la noche, el trabajo y el reposo, la vigilia y el sueño, son
-como quien dice los polos de la manifestación de la vida. Engendrándose
-unos á otros y permutándose, es como engendran los fenómenos. Toda
-fuerza será inercia y toda inercia será fuerza. Siendo ambas _vida_ en
-su esencia, su identidad radical es lo que produce sus permutaciones.
-
-Su diferencia aparente, la contradicción en que parecen hallarse, es
-sencillamente una diferencia de magnitudes: _la noche es menos día_, y
-así en lo demás.
-
-Ahora bien, toda magnitud es una progresión y de esto depende que no
-haya brusquedad en los cambios de estado de las cosas. Así es como la
-continuidad de la vida se mantiene en la periodicidad.
-
-Vivir es estar continuamente viniendo á ser y dejando de ser. Cada
-uno de los focos donde esto se opera--átomo ó planeta, célula ú
-organismo--es una vida. Ese equilibrio infinitamente instable, sin
-duración puesto que la más mínima permanencia en uno ú otro de los
-estados que lo forman, lo anularía ya; y sin tiempo, puesto que es una
-coincidencia de ser y de no ser--ese equilibrio es lo que se llama la
-existencia. Dejar de existir es acabarse ese equilibrio; entrar el ser
-á un estado inconcebible. En nuestro universo, _lo que viene á ser_
-se llama _materia_, y _lo que deja de ser_ se llama _energía_, pero
-claro está que estas cosas figuran aquí como entidades abstractas. No
-obstante, como las manifestaciones polares de la vida se permutan,
-lo que viene á ser, es decir, la materia, proviene de la energía y
-vice-versa.
-
-Si toda magnitud es una progresión, su crecimiento y su decrecimiento
-deben tener una duración equivalente, y éste es otro carácter de la
-periodicidad en las manifestaciones de la vida. El isocronismo de las
-oscilaciones pendulares, materializa en forma visible tal ley.
-
-Estas consideraciones que en nada afectan á las ideas científicas y
-filosóficas de nuestra época, son necesarias para que se comprenda
-mejor la exposición del sistema cosmogónico.
-
-Un universo que nace, es el producto de un universo que fué, y basta
-para demostrarlo, que ese universo haya nacido: _ex nihilo nihil_.
-
-Los universos acaban como manifestación material, convirtiéndose en
-energía pura según la ley fundamental de la vida, y en este último
-estado permanecen por una duración equivalente á la que tuvieron como
-materia. Esta duración, que respecto á la materia es un reposo absoluto
-en el cual no hay tiempo ni ninguna otra idea proveniente de la
-relación de magnitudes, pues al no existir la materia no hay magnitud
-de ningún género--esta duración es la eternidad. Eternidad significa,
-como es sabido, ausencia de tiempo.
-
-Semejante estado, que es el no existir de que hablábamos más arriba,
-es un estado inconcebible como decíamos también. Hay, pues, una
-imposibilidad absoluta para especular á su respecto. Sólo podemos saber
-que es energía incondicionada.
-
-Los antiguos decían que las tinieblas son luz absoluta; y siendo la luz
-una forma de energía, la forma más elevada mejor dicho para nuestra
-percepción, luz pura, es decir, energía pura, equivale á aquel estado
-inconcebible, ó sea á las tinieblas: luz absoluta. La ciencia habla
-ahora de _luz negra_, exactamente como el _Zohar_, libro hebreo más
-antiguo que la Biblia; y esta luz negra parece ser la forma más sutil
-del éter, teniendo una absoluta fuerza de penetración. Resulta superior
-á la otra luz, bien que sea invisible[1].
-
-Transcurrida la duración de un universo como energía pura, la ley de
-periodicidad lo llama de nuevo á la existencia material; pero esta
-nueva existencia no será, naturalmente, una repetición de la antigua.
-Constituirá, por el contrario, una continuación de las actividades
-que cesaron al dejar de existir ese universo, y que han permanecido
-latentes en el seno de la absoluta energía[2]. De otro modo se volvería
-atrás, y la naturaleza nunca vuelve atrás.
-
-¿Pero qué habrá podido ser, supongamos, el universo anterior al
-nuestro; aquél de que el nuestro procede?
-
-Siendo una en realidad la ley que rige las manifestaciones de la vida
-bajo determinadas formas, la más simple desviación de ella implica el
-cambio de todas estas formas. Así, por ejemplo, nuestro universo tiene
-por base la curva; todo la presupone en él; todas nuestras percepciones
-dependen de este acomodo fundamental. Supongamos que en vez de ser la
-curva fuese la recta. El universo se convertiría en algo enteramente
-imperceptible para nosotros, y hasta podría coexistir con nuestro
-universo actual, sin la más mínima sospecha de nuestra parte. Ahora,
-si conjeturamos--lo que es bien posible--otros conceptos geométricos y
-otras formas de universos, el problema se simplifica más aún. Quizá el
-“mundo invisible” que nos rodea y se comunica á veces con nosotros bajo
-formas tan extrañas, no sea sino esto; y con una existencia tan real,
-tan material como el nuestro, nos resulta del todo imperceptible.
-
-El universo antecesor del nuestro, había regresado, pues, á su estado
-de éter puro, de pura energía al concluir un ciclo de evolución bajo
-determinadas formas, cuyo desarrollo al entrar de nuevo en el período
-material, engendraría nuestro universo curvilíneo.
-
-Este determinismo cósmico, nada tiene de violento para nuestros
-conceptos científicos; y quizá más pronto de lo que se cree, las
-especulaciones sobre la cuarta dimensión del espacio puedan darnos un
-esquema del origen de nuestra geometría.
-
-Pero lo interesante es describir el proceso de la organización de la
-materia tal como la conocemos.
-
-
-
-
- SEGUNDA LECCIÓN
-
- EL ORIGEN DE LA FORMA
-
-Cuando el éter puro en que se disolvió un universo, ha tenido una
-duración equivalente á la de éste, ocurre en él un cambio de estado. La
-vida, ya lo hemos dicho, es un eterno cambiar de estado.
-
-La primera manifestación de esto en el éter del cual nuestro universo
-procede, fué un movimiento. Sabemos que las diversas manifestaciones
-de la electricidad, son cambios de estado por el movimiento; de tal
-modo que basta mover con velocidad uniforme un cuerpo cargado de
-electricidad estática, para que ésta se vuelva corriente voltaica; y
-que basta con variar esa velocidad, para producir la inducción, es
-decir, tres electricidades distintas.
-
-Ahora bien, los primeros fenómenos del éter que va á organizarse en
-materia, presentan una gran analogía con estos cambios de estado, pues
-la primera manifestación del éter es, en efecto, electricidad.
-
-Para seguir con la analogía, conviene recordar que la electricidad
-en el vacío produce los rayos catódicos y los rayos _x_. La ciencia
-acaba, de descubrir los rayos _γ_, más poderosos aún, pues atraviesan
-todos los obstáculos y no hay fuerza que pueda desviarlos. Este
-estado, todavía mal conocido de la electricidad, esta “luz” invisible
-que sólo presenta una analogía lejana con la luz habitual, es la
-primera manifestación material del éter. Es electricidad puramente
-dinámica en una forma que no podemos concebir ahora, según lo prueba
-su indiferencia ante todos los obstáculos y todas las fuerzas. Es
-el primer ser del universo, el universo mismo, puesto que todas las
-formas que han de componerlo, serán sus desdoblamientos; y he aquí por
-qué la antigua sabiduría llamaba á la electricidad _alma del mundo_.
-Representa el mundo de una sola dimensión, el mundo de la longitud
-absoluta, inconcebible para nosotros á no ser como una mera abstracción.
-
-La propagación de este rayo es rectilínea, pero su forma es
-ondulada; y á medida que se propaga, van agrandándose naturalmente
-sus ondulaciones. Como el absoluto dinamismo posee una tendencia á
-convertirse en electricidad[3] estática, pues á esto se debe su
-manifestación en forma de “luz” _γ_, llega un momento en que las
-ondulaciones dividen el rayo en trozos venciendo su cohesión; y como
-estas ondulaciones son arcos de círculo, sus extremos, libres de toda
-solicitación por otras fuerzas, se buscan, se unen y forman ruedas en
-el espacio.
-
-La ondulación, levísima al principio en el rayo _γ_, empieza siendo una
-tendencia hacia la segunda dimensión, la latitud; pero ésta no alcanza
-manifestación real sino al formarse los primeros círculos. El mundo de
-la longitud absoluta, el mundo de una dimensión, era, como es claro, el
-mundo de lo uniforme; un simple movimiento sin puntos de referencia,
-tan abstracto para nosotros como una idea, pero con existencia real. La
-transformación de la electricidad puramente estática en electricidad
-dinámica, es, pues, lo que engendra la segunda dimensión--la latitud--y
-con ella la superficie, es decir la forma.
-
-Esta tendencia de la energía á permanecer, cambiando su movimiento
-absoluto en equilibrio, ó sea engendrando el principio de inercia,
-constituye la fuerza original en el nacimiento y organización de
-la materia; sin serlo todavía en nuestro supuesto universo de
-dos dimensiones, aunque en él existan ya la forma y la magnitud.
-Predomina en él todavía el dinamismo, pues la materia, es decir
-el equilibrio de fuerzas que conocemos bajo semejante nombre, no es
-posible sino en el espacio de tres dimensiones; cuando el equilibrio
-entre la electricidad estática y la dinámica, engendra la tercera
-dimensión.
-
-Sábese, en efecto, que el único carácter constante de la materia, el
-que permanece bajo los diversos estados que ella puede asumir, es el
-peso; y el peso no puede existir sin volumen, ó lo que es lo mismo, sin
-la tercera dimensión.
-
-Así, pues, las ruedas formadas por la división del rayo original,
-son simples manchas de luz en el espacio, pero carecen de volumen.
-Tienen magnitud y forma, pero no son materia aún, pues la forma y la
-magnitud _anteceden_ á la materia. Por absurdo que esto pueda parecer,
-basta recordar la mancha de luz producida por la reflexión solar en un
-espejo. Tiene forma y magnitud; pero, ¿es materia?...[4].
-
-
-
-
- TERCERA LECCIÓN
-
- EL ESPACIO Y EL TIEMPO
-
-Entre tanto, el espacio ha nacido con la manifestación de la vida, pues
-el dinamismo absoluto del éter puro excluye el espacio. El mundo de una
-dimensión, que supone un espacio de una dimensión también, da á éste
-su propio carácter inconcebible á no ser como abstracción. Conviene
-recordar que el concepto del espacio, nace para nuestra mente por
-comparación entre magnitudes de materia y de movimiento; y que siendo
-así, son éste y aquélla los que engendran el espacio.
-
-Por incomprensible que sea el espacio, su objetividad es evidente,
-pues siempre lo concebiremos como un cuerpo, aunque sea ilimitado é
-inmaterial. El hecho de que es _algo_, prueba su objetividad, y desde
-este punto de vista su materialidad también[5]. Spencer ha demostrado
-en los _Primeros_ _Principios_, que científicamente equivale á un
-sólido perfecto, pues si se le supusiera la más mínima solución de
-continuidad, la transmisión de la luz sería imposible, por ejemplo;
-pero como no es un sólido, y como los sólidos tampoco poseen la
-continuidad perfecta que excluiría, por otra parte, toda vibración,
-debe ser algo homogéneo é inmaterial á la vez, desde el punto de vista
-de la materia ponderable: el mundo de una dimensión, es decir, la
-primera manifestación de la vida, que está eternamente convirtiéndose
-en los otros estados más complejos.
-
-Precisamente al convertirse en el segundo estado, adquiere el espacio
-la extensión, si bien continua siendo inconcebible para nuestra mente.
-Necesita llegar á la tercera para ser el espacio concebible, el
-objeto ilimitadamente hueco donde todo se mueve; pues ésta es nuestra
-concepción del espacio.
-
-El tiempo es lo mismo que el espacio esencialmente, si bien no existe
-en el mundo de una dimensión. Es también una relación de magnitudes,
-pero con referencia á la duración de los seres, mientras que el espacio
-no necesita de ella para existir. Ahora bien, el rayo absolutamente
-longitudinal del primer mundo, es eterno como manifestación vital,
-puesto que sólo puede concluir en un estado negativo donde no hay
-espacio ni abstracciones siquiera: la energía absoluta de donde
-procede; pero las manchas luminosas del segundo estado de vida, pueden
-morir, es decir transformarse, y aquí cabe ya el tiempo. Por lo demás,
-el rayo primordial es unidad absoluta como manifestación vital[6],
-mientras las manchas son varios seres; cabe ya entre ellas la relación
-de existencia á que debe la suya el tiempo, pues una puede morir
-mientras las otras permanecen, engendrando así la relación.
-
-Tenemos, entonces, que en el mundo de dos dimensiones, poblado
-únicamente por esas vastas y sencillas existencias cósmicas que son las
-manchas de luz, existe ya el espacio como _magnitud_, si bien no como
-_extensión_[7] todavía; y el tiempo en su concepto actual.
-
-Podrá objetarse que siendo el tiempo y el espacio estados de
-conciencia, nuestras consideraciones son pura dialéctica; pero nosotros
-replicamos--y muy luego se verá el desarrollo de esto--que todas
-esas manifestaciones de la vida, de las cuales proceden el espacio y
-el tiempo, son estados de conciencia, _puesto que son pensamiento_.
-Así, pues, seguiremos la descripción del proceso vital de nuestro
-planeta[8].
-
-
-
-
-
- CUARTA LECCIÓN
-
- LOS ÁTOMOS
-
-Las ruedas de luz continúan moviéndose en el espacio con la velocidad
-del rayo de que proceden; pero esta velocidad que era infinita en la
-longitud absoluta, lo cual da un carácter más abstracto aún á ese
-primer mundo de una dimensión, se convierte en rotatoria por la forma
-circular de las manchas. Éstas, seres unitarios como formas, si bien
-como vidas[9] son ya compuestas por el equilibrio de dos fuerzas,
-constituyen toda la población del espacio.
-
-Sin embargo, la luz no era uniforme en todos los puntos de su
-superficie, pues se debilitaba hacia el centro; y sucedió que los
-puntos de mayor intensidad fueron los vértices de otros tantos
-polígonos regulares, primeras formas en la rueda luminosa que era la
-única hasta entonces.
-
-Nuestra electricidad reproduce ahora este fenómeno; pues es sabido que
-en el fluido eléctrico acumulado sobre la superficie de un cuerpo, se
-provoca la formación de polígonos regulares por la proximidad de varios
-mecheros que ionizan[10] la electricidad. Esta propiedad de engendrar
-en su seno formas geométricas por acciones análogas, es común á todos
-los fluidos, así sean líquidos dispuestos en capas delgadas, ó metales
-en fusión bruscamente enfriados; y es ella la que, constituyendo una
-ley primordial como acaba de verse, engendra la tendencia hacia la
-cristalización, que todos los sólidos manifiestan. Pero ya veremos esto
-mejor en la parte relativa al origen de la vida orgánica.
-
-Dichos polígonos son las primeras diferenciaciones individuales de la
-energía absoluta, consistiendo su tarea vital en marchar armónica y
-proporcionalmente con la rotación y la traslación de la mancha luminosa
-donde toman origen, y en el mismo sentido que ella. No existe, pues,
-para ellos, _adelante_ ni _atrás_, conservando desde este punto de
-vista la tendencia del rayo primordial hacia el movimiento en un solo
-sentido. Disminuidas ó aceleradas sus velocidades, la línea que los
-forma se rompe y el ser perece: reingresa en el no ser, que es para él
-el ser absoluto, el infinito. Éste es el concepto superior de la muerte.
-
-Semejantes seres, son lo que en nuestro lenguaje se llama “espíritus”,
-es decir existencias incorpóreas, bien que limitadas y dinámicas; y
-así es cómo procediendo la materia, de la energía pura localizada en
-movimiento, en forma, en extensión, el espiritualismo resulta una
-consecuencia lógica de la organización universal, y la inmortalidad
-del alma un fenómeno natural en el universo. Más adelante veremos que
-esas fuerzas primordiales tienen que ser inteligencias y voluntades en
-acción, si la ciencia positiva no quiere caer en el mismo contrasentido
-que las religiones, asignando al hombre un papel extranatural.
-
-La vida que para esos seres rectilíneos es moverse en una sola
-dirección, dinamiza á su paso la luz amorfa incorporándola á cada
-uno de ellos, pero sin conservarla en él. En realidad lo único
-que permanece _es la idea de la figura_, una existencia puramente
-espiritual[11], como que es una idea solamente, y á la vez
-inmaterial, sin emociones y sin desgaste. Rotos los polígonos, se
-desvanecen en un ángulo infinito, pues son organismos unitarios en su
-esencia, bien que ya poseen forma, magnitud y movimiento. Su tarea es
-preparar la luz amorfa para la futura atomización, pues estas formas
-geométricas superficiales son los esbozos de los átomos.
-
-Las ruedas luminosas han seguido, entre tanto, su curso por el
-infinito; pero como proceden de muchos puntos á la vez, y como su
-traslación se verifica en sentido rectilíneo bajo el impulso del rayo
-primordial, hay entre ellas acercamientos y conflictos. Éstos no son
-otra cosa que la absorción de unas ruedas por otras de mayor magnitud
-ó velocidad, es decir, nuevos cambios de estado equivalentes á nuevas
-formas de vida.
-
-Pero las fuerzas tangenciales que estos choques engendran[12], unidas
-á una menor actividad central de las ruedas, por efecto de su propia
-forma, inicia en éstas un principio de expansión que las convierte en
-lentejas, originando la tercera dimensión y por consiguiente nuestro
-espacio. Esta fuerza obra de dentro hacia afuera, hasta convertir
-las lentejas en esferas huecas, existiendo en nuestro mundo una
-analogía sencillísima para objetivar el procedimiento. Nos referimos
-á las pompas de jabón, que la fuerza del soplo originario agranda,
-engendrando á la vez un rapidísimo movimiento rotatorio de sus
-partículas, perceptible claramente á simple vista[13].
-
-Esta fuerza expansiva transforma los polígonos absolutamente
-superficiales, en poliedros; es decir, divide la luz dentro de la
-cual eran formas lineales, en partículas poliédricas. Ahora bien, si
-las ruedas de luz conservaban la velocidad del rayo primordial, y los
-polígonos formados en ellas marchaban con la misma velocidad según
-hemos visto; como en cada punto donde se hallaban dichas figuras
-dinamizaban la luz amorfa, geometrizándola[14] á la vez en otros tantos
-polígonos, y como aquella velocidad era prácticamente infinita, resulta
-que no había punto de la rueda que no estuviera contenido en una de
-dichas formas. Al convertirse éstas en poliédricas por electo de
-la expansión de toda la masa, que adquirió así la tercera dimensión,
-dicha masa quedó formada por poliedros innumerables, que constituyeron
-los átomos. Las masas fueron lo que conocemos astronómicamente por
-nebulosas.
-
-Ahora, una explicación más detallada del fenómeno:
-
-Cualquiera entiende que el número de puntos en que puede dividirse una
-superficie (las ruedas de luz) es infinito; y si es infinita también la
-velocidad de la fuerza divisora, quiere decir que la masa, en cualquier
-momento, se encuentra dividida en infinito número de puntos. No
-pudiendo éstos ser materiales por causa de su divisibilidad infinita,
-deben ser simples centros de fuerza, y la expansión de ésta tiene que
-resultar poliédrica para que todos sus planos de desarrollo puedan
-coincidir y no queden huecos en la masa.
-
-Esto fué lo que sucedió, según hemos visto[15].
-
-Así, pues, tenemos que la primera manifestación de la energía absoluta
-en que se resolvió, al concluir su ciclo de existencia, el universo
-predecesor del nuestro, fué un movimiento de desarrollo absolutamente
-longitudinal, un rayo _γ_; y que este movimiento engendró el espacio.
-El rayo en cuestión llevaba en su propio curso la segunda dimensión,
-puesto que serpenteaba; y sus ondulaciones al acentuarse, concluyeron
-por dividirlo en arcos cuyos extremos, faltos de toda solicitud hacia
-una ú otra parte, por no haber en el infinito más existencias, se
-unieron formando ruedas y engendrando el espacio de segunda dimensión.
-
-En el ámbito de estas ruedas formáronse (ya vimos cómo) polígonos que
-fueron los primeros seres, con una existencia análoga á la de los que
-conocemos, y que constituyeron los prototipos lineales de los átomos.
-
-Las ruedas luminosas se atrajeron, y al chocar ó absorberse según
-sus magnitudes, se desarrolló en ellas el volumen á que tendían,
-transformándolas en lentejas, en ovoides y en esferoides, y engendrando
-por consecuencia el espacio de tercera dimensión, nuestro espacio,
-al par que la rotación planetaria. Los polígonos se convirtieron
-en poliedros y nacieron los átomos, que son centros de fuerza
-individualizada.
-
-Naturalmente, esto no es más que un desarrollo esquemático del proceso
-cósmico.
-
-
-
-
- QUINTA LECCIÓN
-
- NUESTRA TEORÍA ANTE LA CIENCIA
-
-Fácilmente se echa de ver que estas ideas nada tienen de semejante con
-el sistema de Laplace, hoy en vigencia; pero intentemos demostrar que
-no son anticientíficas.
-
-El sistema de Laplace, empieza suponiendo una nebulosa ígnea surgida
-del espacio _ex nihilo_, ó al impulso del azar que es la misma
-cosa[16]. Cualquiera nota la inferioridad de este comienzo, así como
-la consiguiente embrolla en la organización de los movimientos que
-impulsan á la nebulosa en cuestión, haciéndola girar, aplastarse,
-desprender anillos, dividirlos y reunirlos en esferoides; si bien
-existe con nuestra teoría un punto común: los arcos procedentes de
-la división de los anillos en que se descompone la nebulosa, tienden
-á unirse por sus extremos engendrando los esferoides, así como los
-provenientes de la división de nuestro rayo primordial, lo hacen para
-formar las ruedas luminosas. La diferencia está en que el sistema de
-Laplace, supone la existencia previa del espacio y de la materia tal
-como los conocemos, para describir la vida de su nebulosa; mientras el
-nuestro acomete radicalmente el problema de los orígenes El positivismo
-nada quiere saber de esto, y le daríamos razón, si no empezara por
-faltar á su propio método construyendo á su vez hipótesis como ésta de
-Laplace; pero cuando él lo hace, el mismo derecho nos asiste y usaremos
-ampliamente de él.
-
-Ahora bien, como la ciencia quiere hechos y el método positivo
-afirma que teoría es “hipótesis verificada”, diremos que de todas
-las nebulosas conocidas, ninguna confirma la hipótesis de Laplace.
-Algunas se hallan en un estado de homogeneidad muy primitivo, pues su
-espectro sólo manifiesta la raya del hidrógeno, lo cual hace suponer
-que están formadas de este gas exclusivamente; pero ninguna presenta
-uno solo de los supuestos anillos. Adoptan las más variadas formas,
-bajo un aspecto común de masas profundamente atormentadas, y algunas
-han cambiado de forma, imposibilitando así el argumento de que si no
-se las ve anillarse, es debido á la gran lentitud de su evolución. Las
-más regulares, las que afectan precisamente una forma lenticular, han
-resultado no ser nebulosas sino sistemas de estrellas, vías lácteas
-semejantes á la nuestra[17]. Ya veremos de dónde resulta esa forma
-atormentada de las nebulosas.
-
-Falta, entonces, el testimonio de los hechos; á no ser que se quiera
-darle por confirmación, harto lejana ciertamente, la subordinación
-planetaria al sol de nuestro sistema; pero como la ciencia admite que
-esta subordinación puede ser ejercida por los soles sobre los cometas,
-no queda ya mucho para la teoría.
-
-No hemos olvidado, naturalmente, á Saturno, que con sus anillos
-parece presentar un testimonio, bien que ellos estén considerados
-sólidos lo cual es un obstáculo sobremanera grave; pero una excepción
-evidente entre los astros, no puede servir para verificar una
-hipótesis, con mayor razón cuando ella se refiere á las nebulosas donde
-no hay nada parecido, y cuando de conformidad á su enunciado, los
-astros sólidos _no debieran_ presentar esa conformación[18].
-
-Saturno es realmente un defectuoso del espacio, y de aquí que la
-astrología lo considerara el planeta de las malas influencias; pero
-esto puede ser desdeñado por el lector, sin más trámite.
-
-Otra cosa que la hipótesis de Laplace no explica, es el origen del
-movimiento rotatorio, ya muy complicado, de su supuesta nebulosa
-originaria, que como todas las masas esferoidales del espacio giraba
-sobre sí misma y se trasladaba á la vez; para no hablar de los
-movimientos secundarios engendrados por los dos anteriores. La nebulosa
-en cuestión era un organismo bastante complejo, según se ve, y por
-templada que sea la curiosidad positivista, ha de sentir tentaciones de
-buscar más simples antecedentes.
-
-Pero cuando la hipótesis pierde todo su valor, quedando reducida á un
-mero juego de gabinete, es cuando se considera que una masa rotatoria
-debe forzosamente trasladarse en una órbita espiral, tal como se acepta
-actualmente. Suprimidas entonces las curvas cerradas, vale decir las
-elipses perfectas de la hipótesis, los supuestos anillos desprendidos
-de la nebulosa serían largas espirales de materia cósmica difusa, que
-tenderían á concretarse en cometas, no en planetas concéntricos. El
-experimento de Plateau falla, entonces, por su base, y los anillos de
-Saturno se desvanecen definitivamente esta vez[19].
-
-Al experimento de Plateau, que empieza por suponer la nebulosa
-originaria parada en el espacio (la gota de aceite en el seno del agua
-alcoholizada) nosotros oponemos nuestra modesta pompa de jabón, que le
-lleva de ventaja su sencillez, siendo ésta, como es sabido, un atributo
-de la verdad; y consecutivamente alegamos contra la hipótesis, la
-falta completa de hechos confirmatorios[20].
-
-Tampoco es admisible la nebulosa infinita que supondría esa supuesta
-falta de movimiento traslaticio, necesario para que el experimento
-de Plateau se realice; pues con sólo tener en cuenta la aparición en
-ella de focos que serán los futuros soles centrales, y sus diversas
-magnitudes, la suposición se vuelve insostenible.
-
-Por otra parte, la astronomía se aleja cada vez más de la suposición de
-un universo infinito, ó siquiera de ilimitadas dimensiones; pues piensa
-que si ello fuera así, los rayos de las estrellas infinitas llenarían
-todo el espacio (dado que el rayo de luz no se pierde por razones de
-distancia, según enseña la física); no habría punto del espacio sin un
-rayo de luz, y por consiguiente no existiría la noche.
-
-Newcomb supone, basándose sobre las paralajes de las estrellas y por
-medio de complicados cálculos cuyo resumen es imposible sin confusión,
-que nuestro universo es una esfera de _siete mil millones de millones_
-de leguas de radio[21]. Sin aceptar especialmente ningún cálculo,
-opinamos que nuestro universo es limitado en efecto, es decir un
-organismo en evolución por enorme que se lo considere; si bien esto no
-supone que rechacemos la eterna actividad del cosmos en el infinito[22].
-
-Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo por hechos científicos,
-desde el rayo primordial hasta la generación de los átomos;
-consistiendo su diferencia con el criterio positivista, en que no hace
-distinción fundamental entre fuerza y materia, ó considera pues los
-elementos permutables y provenientes de una sola causa: la energía
-absoluta. Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando la
-identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose más á nuestra
-definición: materia es todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La
-electricidad y el radium le imponen esta conclusión.
-
-Los estados de la materia y de la conciencia, así como la generación
-de unos elementos por otros, puesto que la vida, como hemos dicho, es
-un perpetuo cambiar de estado, explican mejor la evolución total del
-universo que la hipótesis cosmogónica de la ciencia, sin subordinarla
-exclusivamente á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes
-conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos y dando á
-su producción inicial un carácter determinista; todo lo cual es, por
-cierto, mucho más filosófico y aceptable.
-
-Expresaremos, para concluir este capítulo, algo que acentúa aun el
-carácter científico de la teoría.
-
-Apenas la luz primordial se individualiza, comienza ya en el espacio la
-lucha por la vida (la absorción de unas ruedas por otras) que acarrea
-de consiguiente la supervivencia de los más aptos, principio progresivo
-de toda evolución; lo que está lejos de suceder en la demasiado
-perfecta maquinaria de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la vida, ya
-lo hemos dicho, son las mismas para el insecto que para la nebulosa.
-
-El lector está ya lo bastante informado para elegir entre esa
-hipótesis ó la nuestra; entre el proceso puramente material, ó el
-cambio de estado de la absoluta energía, que al volverse materia
-engendra simultáneamente al tiempo y al espacio, ó mejor dicho la
-extensión por el movimiento; la magnitud, la forma, el átomo, es decir
-los fundamentos del universo bajo sus múltiples aspectos de ideación,
-de conciencia, de número y de objetividad.
-
-Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de ese universo.
-
-
-
-
- SEXTA LECCIÓN
-
- LA VIDA DE LA MATERIA
-
-Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se hacen perceptibles
-bajo la forma de copos de luz blanca, pues mientras fueron simples
-cambios de estado de la energía, tuvieron una existencia tan invisible
-como la de las “luces” α, β, γ que la ciencia conoce ahora. Entonces es
-cuando empieza á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse
-fenómenos más familiares para nosotros.
-
-El primero de ellos (y en relación con la materia ponderable, el
-primordial) es el calor, ó sea la electricidad bajo este aspecto,
-resultante de la fricción de los átomos[23].
-
-Átomos dotados de una velocidad casi infinita, producen al chocar entre
-sí una incandescencia enorme, cuyo primer efecto es consumir á muchos,
-ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando así la materia al
-revés de lo que el calor hace ahora. Los átomos sobrevivientes de esa
-verdadera lucha por la existencia, representan, pues, sumas colosales
-de energía en equilibrio, explicándose así la proveniencia de esta
-energía que tiene perpleja á la ciencia. La armonía vibratoria formada
-por proporciones numéricas, que resulta de este acomodo tanto como
-de la estructura poliédrica de los átomos, es el prototipo de las
-vibraciones armónicas que llamamos música, y que explica á la vez la
-“música de las esferas” de Pitágoras y el poder constructor de la lira
-de Amphion; pues siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente
-fuerza creadora[24].
-
-El calor se manifiesta al mismo tiempo que la luz roja, la luz más
-caliente como es sabido; del propio modo que la electricidad fría de
-los anteriores estados, había coincidido con los rayos ultravioletas
-excitadores de la fosforescencia y de la fluorescencia, manifestaciones
-á su vez de la radioactividad de la materia.
-
-De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido material) de
-magnitud y de tiempo respectivamente. Basta con reflexionar que
-la más pequeña llama puede encender los fuegos de toda la Tierra
-sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz, según queda
-enunciado más arriba, no se pierde por razones de distancia, viajando
-incesantemente. No era necesario el radium, como se ve, para hacer
-perceptible la infinitud de la energía, pues bastaba observar la más
-mísera candela como fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere
-también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos que el olor es también
-una forma de radioactividad, como lo prueba el ejemplo bien conocido
-de la partícula de almizcle que perfuma durante un siglo sin variar de
-peso. Ya veremos todo el alcance de estas consideraciones[25].
-
-La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor tendencia hacia la
-inercia; y para valernos de una analogía gráfica, que encierra una
-verdad, por otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había
-transformado en gravedad, identificándose con el volumen. La materia
-es, si se tiene esto en cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha
-transformado en gravedad[26].
-
-Pero, qué era esta materia? Esta materia era el hidrógeno, cuya raya
-figura _única_ en el espectro de las nebulosas propiamente dichas.
-El hidrógeno es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus
-cualidades características. Todos los gases son formas alotrópicas del
-hidrógeno, provienen de su átomo; pero este átomo, que es el hexaedro
-primordial antes mencionado, desarrolla al girar un torbellino formado
-por espirales concéntricos, según resulta de su forma en rotación,
-y este torbellino constituye como quien dice su cuerpo. Así, cuando
-la ciencia vea los átomos, no ha de ser bajo la forma de menudas
-chispas[27], sino de torbellinos espiraloides enteramente análogos á
-los sistemas solares.
-
-Los tres estados que la energía debió asumir á convertirse en
-materia, son inapreciables para nosotros mientras no llegan al perfecto
-equilibrio y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He aquí por qué
-en los ochos grupos del sistema de los elementos, los compuestos
-hidrogenados primordiales no tienen clasificación sino á contar desde
-el cuarto (MH_{4}); los tres restantes son materia radioactiva pura.
-
-Esas masas de gas incandescente, sufren diversos percances: explosiones
-que las destruyen, absorciones, divisiones en regueros espirales que
-se convierten en cometas, y desplazamientos que las arrojan al espacio
-con movimiento parabólico, bajo forma de cometas igualmente[28]. Este
-desplazamiento eterno de las masas estelares, va dejando el sitio
-necesario para nuevas formaciones, y así es como vive el infinito,
-convirtiéndose perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos que
-semejantes movimientos suponen, y que explican la forma atormentada de
-las nebulosas.
-
-La lucha por la vida es activísima entre esos errantes del espacio.
-Unos son devorados por los que ya se convirtieron en soles; otros se
-conjugan y forman seres mixtos; otros se organizan en sistemas; pero
-al cabo de cierto tiempo, ninguno es simple ya, sino una suma de otros,
-exactamente como el animal que incorpora á su organismo los de diversos
-seres; y su vida se vuelve singularmente compleja. Menester es que aquí
-dejemos al astro hipotético, para seguir la evolución de la vida en
-nuestro planeta.
-
-Antes de pasar á otro capítulo conviene tener presente, sin embargo,
-que las leyes primordiales de la vida son comunes á todos los astros
-y á todos aplicables por analogía; así como que dichos astros nunca
-pierden su relación substancial, continuando ésta bajo comunicaciones
-luminosas, magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo el
-prototipo de cada ser, tanto en el insecto como en la estrella.
-
-
-
-
- SÉPTIMA LECCIÓN
-
- LOS ELEMENTOS TERRESTRES
-
-Á cada uno de los cambios de estado del movimiento que engendra el
-espacio de tres dimensiones, corresponde, como hemos visto, una clase
-de electricidad, una clase de formas, una clase de luz. En la Tierra
-corresponde también á cada uno un elemento.
-
-En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo primordial; en el
-líquido, la expansión horizontal del segundo estado; en el sólido,
-el equilibrio del tercero que es la tensión eléctrica convertida en
-gravedad--la electricidad neutra.
-
-Prototipo de todos los líquidos, el agua es una permutación del
-hidrógeno, cuyo nombre significa, como es sabido, generador del agua.
-El agua viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno
-es electricidad gaseosa[29]. Á esto se debe que las leyes de
-distribución de la electricidad y de los líquidos, sean las mismas;
-aunque éstos se hallen sometidos á la gravedad y aquélla no; pero
-tensión y gravedad son una misma cosa como hemos visto. Lo líquido es,
-pues, dado nuestro punto de vista, más vivo, es decir más próximo al
-estado de energía pura ó éter, y por esto el agua es la fuente de la
-vida orgánica. Los alquimistas decían que el mercurio es el más vivo de
-los metales (en francés _vif argent_) y debe notarse que los vehículos
-esenciales de la vida orgánica,--sangre, savia, leche--son líquidos.
-
-Tanto en el estado gaseoso como en el líquido, la forma poliédrica
-de los átomos continúa siendo el prototipo, y esto se encuentra asaz
-bien demostrado por las fórmulas químicas, para que debamos insistir;
-no obstante, en el estado líquido, los poliedros son ya cristales
-prototípicos de los futuros sólidos en que se manifestará el máximum de
-inercia de la materia.
-
-La Tierra era una especie de océano esferoidal, denso y glutinoso,
-en el cual los átomos se agruparon bajo formas cristalinas, es decir
-poliédricas, según su modelo fundamental. La ciencia produce cristales
-semifluidos en el seno de un líquido, por medio del calor y de la
-electricidad, y estos cristales se portan como seres vivos, no sólo
-por su estructura semejante á la de las células, sino porque poseen
-propiedades tan notables como la de reparar sus mutilaciones. Esto
-bastará, según creemos, para demostrar que el estado líquido no es un
-estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente derivar de él.
-De aquí la tendencia de todos los sólidos á cristalizar, es decir á
-modelarse bajo el patrón originario.
-
-Cuando un planeta[30] ha organizado toda su materia en los tres
-costados, ó en términos más generales: cuando la materia de un
-planeta ha alcanzado su máximum de estabilidad, comienza el proceso
-de desintegración de esta materia. Ella se ha de efectuar en un
-tiempo equivalente al que empleó para formarse, conforme á la ley de
-periodicidad, y en estados semejantes, bien que inversos[31].
-
-La función vital preponderante, que era condensar éter, es reemplazada
-por la de “eterizar” la materia, aunque esto no quiere decir que haya
-sustitución completa de un proceso por otro. El equilibrio entre ambos
-persiste por mucho tiempo, exactamente como ahora lo vemos en nuestro
-mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia progresiva
-hacia la eterización. Á esto último responde la aparición de los seres
-orgánicos.
-
-
- NOTAS:
-
-[1] “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente á _sombra_, es
-decir á una diminución de luz. Son la “no-luz” en absoluto.
-
-[2] Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida, tiene un
-símbolo admirable en el paganismo. Queremos hablar del destino (ó sea
-el determinismo de las causas anteriores) que era superior á todos los
-dioses, sin ser él mismo un dios.
-
-[3] Conviene tener presente siempre que esta electricidad es la del
-rayo _γ_, y no la que conocemos habitualmente.
-
-[4] La ciencia empieza á considerar como materia á la luz y á la
-electricidad, porque está obligada á suponerlas atómicas. Nosotros
-también; pero si son materia porque son objetivas y ésta es la
-verdadera definición carecen de la propiedad substancial _única_ de la
-materia: el peso. No sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces,
-diferencia substancial entre la materia y la energía: pero la lógica
-obliga á esta conclusión.
-
-[5] Recuérdese nuestra definición de la materia en la nota anterior:
-materia es todo lo objetivo.
-
-[6] La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; por eso
-decimos que el rayo es unidad absoluta _como manifestación vital_.
-
-[7] No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, pues parece en
-realidad que la extensión debiera preceder á la magnitud; pero creemos
-haber demostrado en el caso de la mancha de luz, que ésta puede tener
-magnitud sin tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El
-valor convencional que damos á las palabras, resulta de la novedad de
-las ideas.
-
-[8] Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo (que de
-ninguna manera se nos representa como un tipo semejante al humano) á
-través de la materia y de la fuerza, sin necesidad de negarlas, antes
-refundiéndolas en su propio ser una de cuyas manifestaciones las
-consideramos. De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida
-absoluta (Dios) por estados de conciencia.
-
-[9] Recuérdese nuestra definición de la vida.
-
-[10] Es decir que producen iones. Los iones surgidos de los mecheros,
-son los productores del fenómeno. En las manchas de luz primordial, los
-puntos más luminosos vienen á ser las fuentes de ionización.
-
-[11] Las analogías entre estas vidas con los fenómenos del mundo
-actual, no implican identidades. Los fenómenos de aquéllas, son los
-prototipos de nuestros fenómenos; son parecidos, pero no iguales.
-
-[12] Como siempre que hay choque de dos magnitudes de forma circular.
-
-[13] El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene achatamiento
-polar alguno, como una pompa de jabón, aunque su densidad sea sólo
-una cuarta parte de la terrestre, y su fuerza centrífuga cuatro veces
-mayor. Á su tiempo recordaremos esta singularidad solar.
-
-[14] El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía Platón que
-sabía á qué atenerse.
-
-[15] Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única forma material
-perceptible que realice estas condiciones, si bien un agregado de
-hexaedros nunca puede componer un todo perfecto, estando limitado
-siempre por ángulos abiertos. Es lo que ocurre con la materia en eterno
-trabajo de desintegración que la pone en contacto con la absoluta
-energía, como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro conjunto
-de hexaedros.
-
-[16] En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale á los
-dioses de las religiones positivas, cuyo carácter más saliente y común
-es la arbitrariedad.
-
-[17] La astronomía moderna se inclina á creer que todo el universo
-estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea se halla próxima
-á su centro; pues el número de estrellas de dos puntos opuestos del
-cielo, ya estén situados en la vía misma ó en sus polos, es casi
-igual. Siendo esto así, el universo estelar presentaría la forma de
-una lenteja ó esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía
-láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al plano de
-ésta (las zonas 1^a y 9^a abarcarían sus polos) resulta la siguiente
-relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; 3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6,
-6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual establece el rango central de la
-vía láctea (5, 8, 2), así como la forma del universo estelar. Nuestras
-_lentejas_ no son, pues, pura fantasía.
-
-[18] Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la materia
-gaseosa de los anillos en materia sólida, esta última es inexplicable.
-En efecto, si es del mismo peso y densidad que la del planeta, no ha
-podido condensarse sin romperse; y si no es del mismo peso y de la
-misma densidad, ¿cómo gira armónicamente con él?
-
-[19] Los cambios de conformación de algunas nebulosas, manifiestan
-tendencia á definirse en torbellinos espirales. El capítulo siguiente
-expresará en detalle estos movimientos.
-
-[20] En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos son los más
-notables: la densidad de Venus, menor que la de la Tierra, no obstante
-su mayor proximidad al sol; la de Urano mayor que la de Saturno, á
-pesar de hallarse más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter
-mucho mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites
-de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento polar del sol, antes
-mencionada; la depresión polar de Mercurio, diez veces mayor que la
-de la Tierra, á pesar de que su rotación equivale apenas á un tercio
-de la de ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan sólo;
-las depresiones polares igualmente desproporcionadas de Saturno y de
-Júpiter...
-
-[21] Es curioso que el número 7, el número sagrado por excelencia,
-reaparezca como cifra inicial de este resultado; pero lo es más aún
-el que la _docena_ y la _decena_, también números sagrados, estén
-significados en la población de ciento veinte millones (diez docenas de
-millones) de estrellas que los mismos cálculos asignan al universo.
-
-[22] Del propio modo que no se niega la continuidad de la vida, porque
-los organismos individuales acaben.
-
-[23] En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor.
-
-[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.
-
-[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de
-la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento
-perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.
-
-[26] No damos á la palabra _gravedad_, su acepción corriente. Para
-nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto
-pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas
-é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta
-ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes,
-existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola
-(materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son
-atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la
-gravedad tiene contradicciones harto serias.
-
-[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en
-presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio
-milímetro.
-
-[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de
-las nebulosas.
-
-[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que
-conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas
-alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos
-gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se
-encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial
-cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una
-especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua
-primordiales, eran estados generales de materia: _lo_ gaseoso y _lo_
-líquido.
-
-[30] Como el nuestro.
-
-[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos,
-¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una
-composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas
-de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso
-(gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en
-hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.
-
-
-
-
- OCTAVA LECCIÓN
-
- LA VIDA ORGÁNICA
-
-En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad,
-puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por
-lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la
-sensibilidad se hizo posible en la materia.
-
-Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de
-la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura;
-y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento
-de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad.
-
-La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta
-ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N,
-la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas,
-la vida de los cristales--han demostrado ya hasta la evidencia que
-la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada
-orgánica.
-
-Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las
-moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es
-un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía
-vagas--mas no por ello menos prodigiosas--de los metales coloidales tan
-semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]--todo
-eso está indicando cómo debió producirse _grosso modo_ el fenómeno. La
-generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á
-épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo
-depende de las condiciones en que se halle el átomo.
-
-Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los
-cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es--ya lo hemos dicho--la
-radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del
-contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo
-reservorio de electricidad.
-
-Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que
-la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria,
-desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los
-conocidos procedimientos de generación,--fisiparidad, ovulación,
-hermafrodismo--hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de
-materialización.
-
-Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas
-asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico,
-debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.
-
-El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era
-naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido,
-y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino
-futuro.
-
-De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas
-filosofías como la “gran madre” (_mater-ia_) personificada en el agua,
-pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se
-manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su
-cuarto estado.
-
-Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía
-absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo
-estudiado.
-
-Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo
-de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el
-signo de la actividad ó masculino.
-
-El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir
-el universo su ciclo de manifestación material--será los dos elementos
-á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como
-de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento
-femenino: auto engendra.
-
-Previa esta explicación, véase el esquema:
-
-
- Septenario de la manifestación
- ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲
- Ternario de la ideación Cuaternario de la realización
- ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲
- _Energía absoluta_ − Estado atómico
- (materia difusa)
-
- + Rayo primordial + Gas
- (primera dimensión) (materia expansiva)
-
- − Magnitud sin volumen − Líquido
- (segunda dimensión) (equilibrio material)
-
- + Extensión + Sólido
- (tercera dimensión) (materia cohesiva)
-
-Estas propiedades lo son _por excelencia_ de los diversos estados de
-materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero
-no son exclusivas.
-
-Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la
-situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones
-materiales, justifica su símbolo[34].
-
-La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino,
-y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase
-hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores
-razones.
-
-Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas,
-verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del
-globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el
-radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas
-debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente
-la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el _od_ de
-Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de
-Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.
-
-La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la
-Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía
-darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que
-resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían
-sometidos.
-
-El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el
-tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula
-gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose
-como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en
-los seres que de su masa engendraba.
-
-
-
-
- NOVENA LECCIÓN
-
- LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO
-
-Lo que acabamos de expresar es de tal modo extraño á las ideas
-corrientes, que requiere una explicación de los fenómenos estudiados,
-bajo un aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual del
-universo, ó mejor dicho el universo como manifestación inteligente.
-
-Si el pensamiento es un producto de las combinaciones físico-químicas
-del organismo humano, donde quiera que haya análogas combinaciones,
-existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos efectos.
-
-Ahora, cuando se piensa que la vida obedece á leyes muy simples en su
-comienzo, y que no hay realmente diferencia entre la materia orgánica
-y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, parece que no es ya
-tan absurdo buscar pensamiento en toda manifestación de la vida.
-Atribuirlo solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo
-del ser singular creado ex profeso por los dioses de las religiones
-positivas; decir que es una actividad peculiar á su organismo, es negar
-la perfecta analogía é identidad substancial de éste con los del resto
-del mundo animal, sin excluir á los insectos cuya inteligencia es tan
-notable; limitarlo á los seres vivos, es volver á la separación de
-materias que no existe en realidad.
-
-¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse como el único ser
-inteligente del universo, si apenas es superior en su pequeño mundo?
-
-¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior á él es el mineral en
-estabilidad; el vegetal en duración como ser vivo; el animal en muchas
-facultades. Víctima de la bacteria microscópica durante edades, hace
-muy poco que ha empezado contra ella una lucha desigual en la que,
-hasta ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido la víctima de
-los más ínfimos del reino animal.
-
-Esto para los materialistas. Los espiritualistas, especialmente los
-fieles de las religiones positivas, creen en entidades espirituales
-ó inteligencias superiores al hombre, conforme lo manifiestan sus
-complicadas angelologías, y en otras inferiores á él según sus
-demonologías más complicadas aún. Con éstos nos bastará ponernos de
-acuerdo sobre el _modus operandi_ de semejantes inteligencias.
-
-Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar el asunto.
-
-El pensamiento, nadie puede negarlo, es una forma de la energía,
-si bien no presenta identidad con ninguna de las otras. No es luz,
-calor, electricidad, aroma ó sonido; pero es lo que percibe de un modo
-consciente esas formas de energía, puesto que las estudia é investiga
-sus leyes. El pensamiento es la energía absoluta de que todo procede
-y á la que todo regresa, lo que en sí lleva potencialmente todas las
-formas de energía, sin tener sus cualidades, como es natural, pues no
-es ninguna de ellas parcialmente considerada. Él es realmente el ser
-absoluto cuya primera manifestación consiste en electricidad puramente
-dinámica, como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente lineal
-é inconcebible. Sabe todo el mundo que la actividad cerebral produce
-fenómenos eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, dicen
-que durante dicho trabajo ven á las células cerebrales relumbrar como
-estrellas. Más recientemente aún, se ha observado que la actividad
-nerviosa aumenta la producción de rayos N.
-
-Como energía sensible, el pensamiento es imponderable y no objetivo á
-la vez: no es materia absolutamente. Su indiferencia á la distancia
-y al tiempo, puesto que se traslada con prescindencia de ambos y sin
-que ambos le estorben, prueba su superioridad sobre ellos; así como
-demuestra al concebirlos que los contiene y que puede crearlos. Las
-consecuencias de su lógica, anteriores al conocimiento de los hechos,
-puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la
-identidad de sus leyes con las que rigen el universo. Maxwell encontró
-como un resultado matemático, la onda eléctrica que Hertz hizo
-perceptible, sin realizar ninguna experiencia y bastante tiempo antes
-que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.
-
-Todas las manifestaciones de la vida son formas de pensamiento,
-puesto que lo son de la energía absoluta en su eterno doble trabajo
-de integrarse y desintegrarse; pero entonces también, las fuerzas son
-seres inteligentes en proporción con su mayor vecindad á la energía de
-donde proceden.
-
-Así el primer movimiento en sentido lineal, ó bien la electricidad
-puramente dinámica, sería la primera idea, el primer ser que
-en su simple unidad lleva potencialmente todo el universo por
-desarrollarse--un dios verdaderamente; pero no la unidad neutra y
-extra-cósmica de las religiones, sino la síntesis de todas las
-energías, que hasta su tercer estado no es materia en realidad.
-
-Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero los estados sucesivos
-no tienen lugar por disminución ó desaparición del primero, según lo
-prueba nuestro pensamiento en acción, pues coexiste con todo ellos y
-nunca deja de estar convirtiéndose. Así se explica que los universos
-acaben y vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, no como un nuevo
-proceso de repetición, sino como una continuación del que lo precediera.
-
-No siendo esa energía una magnitud, no puede disminuir, lo que explica
-su permanencia; y así está eternamente convirtiéndose y siendo la misma.
-
-Las ruedas de luz en que luego se divide, forman la primera hueste
-de seres, multiplicados en los polígonos inscriptos en ellos, y
-sucesivamente en los poliedros del primer estado atómico; pero como
-estos seres no son materia de la nuestra, digamos así, es forzoso
-considerarlos entidades incorpóreas, ó sea espíritus[35].
-
-Unitarios en un principio, como que no son sino formas, se convierten
-en hermafroditas al volverse átomos, no por razones de sexo
-naturalmente, sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye
-su existencia, la materia y la fuerza bajo el estado potencial. El
-átomo es así un espíritu puro, y su conversión al estado de materia y
-de fuerza ya definido, su caída.
-
-Entre tanto, los seres que fueron las primeras ruedas, y que como
-estados de energía no han dejado de existir, van dirigiendo su propio
-fraccionamiento evolucionario, por actos de conciencia y de voluntad;
-pues se recordará que no siendo nada material, resultan forzosamente
-espíritus: pensamiento en acción.
-
-¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento es una
-individualidad? Cuando leemos un pensamiento, no necesitamos recordar
-á su autor, ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con éste, pues
-de ninguna manera es necesario conocer al autor de un pensamiento, ni
-saber nada sobre él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento es
-una individualidad con vida propia; y si esto sucede en la humanidad,
-cualquiera advierte la importancia que revestirá cuando se trata de
-seres cósmicos.
-
-La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee esta individualidad,
-y he aquí otra demostración de que son cosas distintas, así sea toda
-fuerza una manifestación de pensamiento, como son cosas distintas el
-rastro y la planta que lo imprimió.
-
-Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer una potencia
-prodigiosa, dadas su libertad y la asimilación de energías que
-constituía su ser; pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia
-ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto humano. Los
-fracasos de mundos estallados en asteroides ó consumidos en las
-hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que
-convivieron con otras aún existentes, prueban errores de criterio y de
-procedimiento en esas inteligencias primordiales[36].
-
-Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron sino cuando hubo
-materia voluminosa y extensión, correspondiendo entonces al calor su
-rango de primer numen[37]; pero el catálogo de las existencias cósmicas
-no tendría interés para el lector, sino como una nomenclatura estéril
-de personajes fantásticos.
-
-Lo que sí interesa saber, es que todas estas manifestaciones son
-atómicas y susceptibles de transformarse en otras, es decir de
-_crear_, si ha de darse á este verbo su único sentido aceptable[38].
-Son atómicas, como el hombre es celular, sin que su unidad de ser
-individual se resienta; y si están sujetas á la evolución que hemos
-descripto como una serie de consecuencias, este determinismo es el
-resultado de las causas desconocidas que actuaron sobre ellas en el
-universo anterior; pero ellas _sabían lo que les pasaba_, y ayudaban á
-la evolución dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien no
-sin conflictos, es decir sin errores, como lo prueban los cataclismos
-cósmicos[39]. Si hubiera un Creador omniciente y omnipotente, el
-universo sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo posible.
-
-Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos á cada momento su
-inteligencia. Todos los fenómenos naturales nos revelan operaciones
-complicadísimas, ejecutadas con una precisión, con una economía tal de
-esfuerzo, con una adaptación tan perfecta á su objeto, que revelan
-direcciones muy superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo que
-ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante de esos
-fenómenos, y se tendrá la relación entre ella y las fuerzas directoras
-de éstos.
-
-La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad de las formas,
-que la ciencia llama “inclinación natural” de la materia, ¿qué son sino
-deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, comparación entre dos
-términos? Todavía si el universo fuera de una estabilidad perfecta,
-se explicaría esa precisión como un equilibrio resultante de largas
-oscilaciones; pero cuando todo cambia incesantemente, las fuerzas
-ciegas son inexplicables.
-
-Al no asignar inteligencia sino al hombre, la ciencia cae en el error
-antropocéntrico de las religiones, ó está obligada á suponerla en toda
-manifestación físico-química, en todo fenómeno cuya dirección tenga
-analogía con un raciocinio, una comparación, una modalidad intelectual
-en una palabra; mucho más cuando esa modalidad resulte, como hemos
-visto, superior á las suyas. Efectos análogos, suponen causas
-semejantes.
-
-¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre con el planeta que
-habita, y cuyas manifestaciones físico-químicas mucho más poderosas y
-complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una
-inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó
-el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?
-
-¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el
-planeta--el ser enorme--en el cual aquél no es sino una célula?...[40].
-
-Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto.
-
-Si la radioactividad de la materia en forma de luz, calor,
-electricidad, olor, sonido, es un trabajo de regreso hacia la energía
-absoluta, percibir esas manifestaciones por medio de los sentidos es
-incorporarlas á dicha energía, es decir al pensamiento. Esto explica á
-la vez la percepción y la naturaleza etérea (radioactividad absoluta)
-del pensamiento. De aquí que el mejor aparato para apoderarse de la
-energía etérea, sea el hombre, que al llevarla en sí está en ella y es
-ella, como entidad espiritual naturalmente.
-
-Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo fenómeno olfatorio
-ó gustativo, son trabajos de desintegración de la materia, y toda
-percepción inteligente de estos fenómenos es reintegración de materia
-á la energía absoluta.
-
-Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, y que resuelve uno
-de los más obscuros problemas filosóficos.
-
-Sábese, en efecto, que el espacio como extensión infinita é incorpórea,
-vale decir el movimiento absoluto, puesto que es el movimiento lo que
-engendra al espacio--es á un tiempo inconcebible é imprescindible
-para nuestra mente. Si el pensamiento es la energía absoluta, nuestro
-pensamiento y el espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito
-é incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; resultando así
-inconcebible como sensación, bien que imprescindible porque constituye
-nuestro propio ser. Los términos al parecer antagónicos, se hallan así
-conciliados.
-
-He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del alma como soluciones
-racionales de una concepción cosmogónica, es decir aceptables sin
-conflicto con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, bien
-que sólo por razones de distancia, entre el materialismo y el
-super-naturalismo, la nuestra considera todos los fenómenos como
-naturales, pero no los deriva totalmente de la materia; y lejos de
-someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un dios _ex nihilo_,
-los considera determinados por una existencia anterior. Todas
-las consecuencias que se derivan del espiritualismo así concebido:
-solidaridad humana, inmortalidad, causalidad del destino humano, son
-consecuencias racionales.
-
-
- NOTAS:
-
-[32] Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías
-sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos obran sobre
-ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas
-de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos
-cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí
-resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de
-estado para producirlos á todos.
-
-[33] Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad;
-y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más
-simple expresión.
-
-[34] Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en
-todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que
-cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia
-tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la
-cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que
-la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma
-líquida, y ésta era otra razón.
-
-[35] He aquí por qué llamamos _ideación_ al ternario superior de
-nuestro esquema.
-
-[36] Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía
-primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son pensamiento, es
-decir seres inteligentes.
-
-[37] El calor, como se recordará, es una forma de la electricidad, que
-en estado puramente dinámico, es pensamiento.
-
-[38] Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.
-
-[39] El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias de su
-acción. Por otra parte, no hay evolución posible sin errores; es decir
-progreso, causalidad, fenómenos. La absoluta perfección, ó sea el Dios
-de las religiones, implica la absoluta esterilidad.
-
-[40] El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.
-
-
-
-
- DÉCIMA LECCIÓN
-
- EL HOMBRE
-
-Cuando vuelve á la vida un universo, los seres que lo poblaron
-vuelven también á la acción por orden de importancia; es decir que
-las fuerzas superiores, las más poderosas y activas, son las primeras
-en reaparecer. Esto explica la formación de los mundos como entidades
-primordiales, y todo el proceso de conversión de la energía en
-materia, hasta que ésta alcanza su máximum de estabilidad en el estado
-sólido. Á partir de este punto, se inicia el proceso inverso, ó de
-desintegración, y los seres van tendiendo á convertirse en focos de
-eterización cada vez más activa. Siendo éstos los seres vivos, según
-se expresó, y figurando entre ellos el hombre como el más activo de
-todos, alcanzar el estado humano viene á ser para los seres de la
-Tierra la suprema perfección en este mundo. Conociendo este proceso, la
-Kábala había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: “La piedra
-se convierte en árbol, el árbol en animal, el animal en hombre y el
-hombre en espíritu puro”--dando á las cosas un alcance bien superior
-como se ve.
-
-Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra la vida animal, su
-primer representante ha tenido que ser el hombre; y ya hemos visto que
-vida animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la Tierra desde que
-ésta entró al estado líquido, bajo formas fluídicas, pero no menos
-reales por ello.
-
-Antes del proceso cristalino y del vegetativo, en el cual la ciencia
-va encontrando ya las células poliédricas primordiales, así como los
-rudimentos de un sistema nervioso[41], el espíritu del hombre existía
-ya, pero no dividido todavía en seres humanos, sino como una entidad
-sintética que dirigía la evolución todavía poco diferenciada de su
-planeta. Era un habitante de la nebulosa ígnea que constituía la
-Tierra entonces, y engendraba por acción mental, es decir pensaba su
-descendencia.
-
-Cuando el planeta entró al estado líquido, aparecieron en su seno
-los cristales blandos, los rudimentos de existencias filamentosas
-que constituirían la vegetación, y las primeras células animales.
-El ser planetario se había dividido en existencias. De éstas, las
-destinadas á formar el reino animal, eran inteligencias, es decir
-hombres, según correspondía, dado que el hombre era la fuerza superior
-en la animalidad, y debía, por lo tanto, aparecer primero. Todas las
-formas animales son derivados de aquellas células, ideaciones suyas,
-y la escala darwiniana se encuentra así totalmente invertida[42]. El
-hombre es, pues, el progenitor del reino animal, explicando esto por
-qué repite las características de la serie zoológica durante su vida
-intrauterina; argumento el más poderoso del darwinismo para demostrar
-que es la síntesis inversa de toda esa serie.
-
-Pero Darwin, urgido por imperativos teológicos, habló del hombre como
-del “coronamiento de la escala animal”. La lógica anuló bien pronto
-esa capitulación con la Biblia; pues si el hombre no era más que un
-peldaño, no había razón para que fuese el superior y el último, sino
-uno de tantos. Así, pues, el mono antecesor se ha convertido en un
-primo, lo cual ya es algo.
-
-Sin embargo, hay un hecho bastante significativo; y es que el
-esqueleto ó los rastros del hombre, coexisten con todas las formas de
-vertebrados extinguidos y en todas las épocas geológicas, sin mostrar
-alteraciones muy sensibles en su estructura y en su tamaño, lo cual
-revela, cuando menos, una estabilidad superior como especie; y teniendo
-en cuenta que semejante estabilidad no puede provenir sino de una
-organización superior á la de los coetáneos ya desaparecidos, así como
-que se requiere una antigüedad muy grande para fijar los caracteres de
-una especie cuanto más complejos son[43], parece que la misma ciencia
-va demostrando la situación _anterior_ del hombre en el reino animal.
-
-La división que hemos debido establecer entre el hombre como espíritu
-de la tierra y como ser material, requiere también una explicación.
-
-En efecto, como espíritu de la tierra, ó sea en su carácter de fuerza
-sintética animadora, el hombre es el progenitor de todos los reinos;
-pero como ser material, es decir dividido en mónadas[44] activas, se
-circunscribe al reino animal. Eso sí, como la ley de vida es una
-sola, al constituir el hombre la fuerza superior de la animalidad,
-aparece primero.
-
-Teniendo en cuenta, sin embargo, que la vida de los planetas concluye
-dentro del ciclo de todo el universo, del propio modo que la del hombre
-dentro de la vida del planeta, muchas de esas mónadas quedan detenidas
-en su evolución hacia la espiritualidad, cuando el planeta sucumbe.
-¿Qué sucede entonces?
-
-Hemos dicho que los astros de un sistema conservan relaciones
-magnéticas y luminosas, pudiendo agregar ahora que dichas relaciones
-son influencias evidentes, pues la ciencia dice que basta la incidencia
-de un rayo de luz sobre un punto para provocar múltiples fenómenos.
-
-Siendo ello así, la energía de esas mónadas pasa á otros astros que se
-encuentran en evolución correlativa, para seguir su ciclo en ellos, y
-de aquí que el pretendido absurdo de la astrología sea sostenido por
-talentos superiores.
-
-Callaremos, no obstante, lo que pasa, para limitarnos á decir lo que
-pasó, continuando así nuestras descripciones.
-
-Al entrar la Tierra en el estado líquido, la vida orgánica de la luna
-había concluido su ciclo de manifestación, y las mónadas de sus seres
-inteligentes debieron pasar á incorporarse en las nuestras. No lo
-hicieron como puras energías, sino también como agregados de materia
-sutil que se infiltró en la masa de la gigantesca célula humana á modo
-de influencia magnética, comunicándole nuevas propiedades, de la manera
-que el imán al acero. De aquí las relaciones magnéticas que el estado
-líquido conserva con la luna bajo la forma de mareas.
-
-El vehículo de que esos espíritus lunares se valieron para venir á la
-Tierra, fué el cono de sombra que ésta proyecta sobre la luna, y que
-durante los eclipses nos trae exhalaciones maléficas de aquel astro;
-pues siendo él un cadáver, no ha de exhalar vida naturalmente. Esto
-explica la tradición en cuya virtud los chinos y muchas otras gentes,
-alborotan durante los eclipses “para ahuyentar á los malos espíritus”.
-
-El cono de sombra es tan objetivo para esas formas sutiles, como
-un chorro de agua ó una columna de humo; pues siendo la luz el más
-poderoso agente de eterización de la materia, donde ella falta, es
-decir donde hay sombra, la materia es más densa y puede servir de
-vehículo. Cuando se dice que la luz ahuyenta á los espectros, se
-expresa una verdad más grande de lo que parece; y cuando los “bárbaros”
-hacen ruido para producir un efecto igual, por estar la luna oculta,
-echan mano de un agente (el sonido) que según se ha visto es una fuerza
-primordial, pues es la que ordena los átomos en series armónicas. La
-luz y la música, son enemigas de la muerte.
-
-Muchos errores había cometido el hombre, espíritu puro sin conciencia,
-en sus engendros de la animalidad, así como en los tanteos para adoptar
-su propia forma; y de este modo, sobre el glutinoso mar primitivo, iban
-formándose los monstruos (fracasos) cuya descendencia estudia nuestra
-paleontología.
-
-Sobre un coágulo de temblorosa albúmina, aparecía de pronto un inmenso
-ojo azul; una pulida mano, que al carecer de huesos[45] era más tierna
-aún, surgía de la antena de un molusco monstruoso; peces con cara
-humana, copos de nácar fluido en cuyo centro latían con intermitente
-fosforescencia glándulas pineales; serpientes engendradas por el simple
-movimiento de las olas coloidales, y aniquiladas de pronto en una
-multitud de cabecitas de pájaro; membranas de colores esbozando en su
-tornasol complicaciones intestinales y vesículas natatorias...
-
-Los espíritus de la luna trajeron al hombre su experiencia, es decir
-le dieron la percepción mental que puso orden en aquella confusión;
-pero esto no bastaba; requeríase aún la conciencia y la memoria
-para que aquel espíritu tuviera responsabilidad, ó sea para que se
-individualizara del todo, aprendiendo á causar su propio destino.
-
-Entonces los espíritus solares se esparcieron por el planeta.
-
-Iban á ayudar al hermano inferior en su obra, que la simple ley
-evolucionaría habría llevado á término; pero que por este acto, se
-adelantaba hacia la perfección, economizando edades[46]. Éste era un
-deber (como lo es todo acto caritativo) un deber de los espíritus
-solares; pero muchos de ellos no quisieron llenarlo, por no descender
-de su rango superior. Llegó un momento, sin embargo, en que la ley
-evolucionaría los impelió á cumplir como fatalidad lo que habían
-rehusado como deber[47]; y entonces debieron encarnarse en las
-mónadas que les tocaba animar; pero éstas, mientras tanto, habían
-seguido cometiendo errores, que refluyeron sobre los que habrían debido
-impedirlos animándolas, y es así cómo esas mónadas se encontraron
-retrasadas en su evolución.
-
-Comprendiendo, entonces, que durante la vida de este globo no pueden
-alcanzar la perfección de los otros, continúan entregadas á la
-fatalidad, que es la transgresión del deber, es decir _haciendo mal_.
-El bien y el mal, las diferencias de calidad, de inteligencia, etc., en
-los hombres, quedan así explicados en carácter de fenómenos lógicos y
-productos de la conciencia espiritual. Así es cómo, únicamente, el mal
-no viene á ser una forma del bien, según el conocido sofisma deísta;
-y cómo el dualismo de Dios y de Satanás, no es tampoco un imperativo
-categórico. Hay condenados por su culpa (por no haber animado
-voluntariamente las mónadas) pero su condenación no es eterna, sino
-respecto al ciclo de evolución de este planeta. Los que han preferido
-obrar como fuerza ciega, son las víctimas de la fatalidad[48].
-
-Sólo falta por agregar ahora, que así como después de reingresar en la
-energía absoluta, el universo vuelve á ser materia, mundos y hombres
-hacen lo propio en ciclos equivalentes á la duración de sus vidas; y
-que de tal modo, la reencarnación humana resulta una ley racional y
-necesaria[49]. Necesaria sobre todo, si á los actos de su corta vida no
-han de corresponder, contra toda razón y toda justicia, _eternidades_
-de gloria ó de tormento. Una sola es la ley de la vida, lo mismo para
-el insecto que para la estrella[50].
-
-
- NOTAS:
-
-[41] Porque el vegetal es un reino intermedio entre los otros dos y
-participa de la naturaleza de ambos.
-
-[42] Esto explica por qué en el Génesis, Adán “da nombre” ó lo que es
-igual especifica á los animales que ya estaban creados por Dios; es
-decir que existían como meras potencialidades sin objetividad alguna,
-en la mente del espíritu director del planeta.
-
-[43] Ésta es la respuesta á los que objetan que ciertos insectos viven
-también con su forma adquirida, desde remotas edades geológicas, por
-más que ninguno alcance á la antigüedad del hombre.
-
-[44] Usamos el término como una semejanza, y advirtiendo que estas
-mónadas tienen la misma existencia incorpórea de los átomos, ya
-descripta en otro lugar, siendo substancialmente idénticas á los
-átomos minerales ó vegetales, pero en otro estado de vida, según los
-antecedentes del ser que las engendra.
-
-[45] No se olvide que el estado sólido no existía aún, y téngase
-presente que aun después de existir, el fosfato de cal un producto de
-los moluscos primitivos fué de los últimos en aparecer.
-
-[46] Éste es el origen del mito de Prometeo, un numen que roba fuego
-para los hombres. Cuando se sabe que Prometeo viene _de pro-methis_,
-“premeditación”, el mito resulta enteramente claro.
-
-[47] Cumplir un deber indicado por la razón, es adelantarse á la
-ley fatal, activando la vida consciente, ó sea produciendo un acto
-meritorio; pues siendo la razón un ser superior al hombre, si bien
-encarnado en él--el espíritu solar mismo--ella es realmente la guía del
-hombre. Así se explica satisfactoriamente el bien y la superioridad en
-apariencia paradógica de la razón humana, que, estando en el hombre, es
-superior al hombre y da leyes á su existencia.
-
-[48] Éste es el concepto del pecado cuando se lo considera
-individualmente. Pecado es ignorancia, es decir fuerza ciega, según la
-propia definición teológica.
-
-[49] Conviene no olvidar que la razón de estos regresos á la vida, está
-en la ley de causalidad puesta en acción por el mismo ser que sufre sus
-consecuencias.
-
-[50] Repetimos que toda esta cosmogonía es sólo un esquema. La
-evolución de las razas humanas, así como la explicación detallada de
-las relaciones interplanetarias, excederían de su objeto; pero algo
-me dice que he de volver á encontrar un día las huellas de mi augusto
-revelador.
-
-
- EPÍLOGO
-
-Y mi extraño interlocutor calló durante una hora cuyo silencio no me
-atreví á turbar.
-
-Sobre nuestras cabezas palpitaba de astros la inmensidad transparente y
-obscura. Su antigüedad formada por el transcurso de todos los tiempos,
-era, no obstante, ligera como un aroma; su profundidad estaba serena
-como un sueño en paz.
-
-En el silencio de aquella noche, ante la cordillera ahí erguida como
-una presencia superior, tenía realmente la elevación de una idea.
-Estrellas y sombra, infinito y eternidad, componían para mi mente en
-comunión con ellos, esa armonía del silencio que presta alas al éxtasis.
-
-Pero semejante grandeza no me anonadaba. Era grata por el contrario á
-mi pequeñez, y experimentaba ante ella, como ante una madre, la dulce
-seguridad de un niño desnudo.
-
-Los misterios cuya exposición había oído, eran poca cosa ante aquél
-mucho más grande de todos los astros del firmamento, concentrando
-sus rayos en mi pobre ojo humano, inconcebiblemente pequeño ante el
-universo, y subordinados por la mísera chispa de mi cerebro al imperio
-de una ley; pues á través del frágil cristal de mi ojo, el universo
-entero estaba en mí, y todos sus astros brillaban en mí como si yo
-hubiera sido el infinito.
-
-Música de las esferas que el iniciado heleno concibió en su sistema:
-¿qué necesidad tenía de oirte con mis orejas, si tu transporte
-comunicaba á mi ser la beatitud inefable? Espectáculo de la bóveda
-estrellada, siempre el mismo y nunca monótono para el humano en
-meditación: ¿qué mérito mayor podía atribuirte que el de consolar mis
-tristezas? Condición humana, dulcemente grata en tu pequeñez, puesto
-que á ella debes la dicha de adorar; vida del hombre, preciosa en su
-fugacidad de soplo, ya que ésta misma te acerca á la inmortalidad:
-nunca como aquella noche comprendí vuestro destino, uno con el infinito
-y siendo el infinito mismo, á la manera del rayo solar que tamizado por
-el más pequeño poro, lleva no obstante á la pupila la sensación de todo
-el sol.
-
-Mi interlocutor hizo un movimiento como si despertara, y alzando su
-mano señaló el cielo del sur.
-
-Las nubes magallánicas rozaban el horizonte con sus lejanos tules,
-evocando recuerdos de navegación y de noches antiguas.
-
-Eso, dijo el sabio, aquellas manchas negras, sombra de la sombra, que
-la astronomía llama sacos de carbón, son sitios de futuros universos,
-abismos de pensamiento eterno donde reposa la eterna vida.
-
-¿Qué fueron, qué son, qué serán? Un silencio más hondo que la muerte,
-el silencio mismo del no ser, guarda ese secreto. Los rayos de todos
-los astros son impotentes para penetrar esa sombra cuya existencia es
-tan real como la de la luz, puesto que se destaca sobre la otra sombra
-que es diminución de luz, siendo tinieblas existentes por sí mismas.
-
-¿Cómo explica la ciencia la impenetrabilidad de esas sombras al rayo
-estelar? No lo explica. ¿Qué conjetura sobre su naturaleza? Nada
-conjetura. Ante esos abismos donde piensa la eternidad y no existe el
-tiempo; donde el sol más flamígero se apagaría como un candil en una
-cueva; donde el silencio mismo no existe, donde la extensión misma no
-es concebible--el pavor de lo absoluto paraliza aun al rayo de luz que
-la inmensidad no detiene.
-
-Pero un día, cuando nuestro universo esté quizá disuelto en una
-nubecilla atómica, el seno de esas tinieblas se estremecerá
-al impulso del rayo inicial, y los abismos estelares volverán á
-transformarse en soles. Quizá nosotros mismos seamos los animadores de
-esa vida, y así como ahora pensamos ideas, pensemos entonces espíritus
-vivientes.
-
-Pero nuestras ideas son también espíritus, espíritus que aspiran á
-realizar, como los astros en el cielo y las flores sobre la Tierra, no
-la sombría _struggle for life_ de la ciencia, sino la divina _struggle
-for light_ de los seres superiores...
-
-Su estatura parecía haber crecido hasta sobrepasar la vecina montaña;
-no era ya más que una larga niebla confundiéndose con la vía láctea en
-el fondo del horizonte. Y fuese ilusión de mi mente sobrexcitada, ó
-maravillosa realidad, es lo cierto que sin darme cuenta del prodigio,
-estaba viendo, desde hacía un rato, emblanquecer su rostro entre las
-estrellas.
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***
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-<body>
-
-<div style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of Las Fuerzas Extrañas, by Leopoldo Lugones</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Las Fuerzas Extrañas</p>
-
-<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Leopoldo Lugones</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: June 25, 2021 [eBook #65689]</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div>
-
-<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Delphine Lettau, Andrés V. Galia and the Distributed Proofreaders Canada team (http://www.pgdpcanada.net)with images obtained from https://archive.org/details/LasFuerzasExtraas</div>
-
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***</div>
-
-<div class="figcenter illowp48" id="cover" style="max-width: 61.1875em;">
- <img class="w100" src="images/cover.jpg" alt="cover" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<div class="tnote">
- <p class="center big1 p4">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p>
-
-<p>En la versión de texto sin formato, el texto en cursiva se indica con
-_guiones bajos_. El signo ^ representa un superíndice; así e^ representa
-la letra _e_ minúscula escrita como superíndice inmediatamente después
-del carácter precedente. Del mismo modo _{4} representa al subíndice 4.</p>
-
-<p>Se han corregido errores de puntuación obvios y otros errores de
-impresión.</p>
-
-<p>El Índice con el contenido ha sido movido del final al principio de la
-obra.</p>
-
-<p>El esquema presentado por el autor en el relato "Ensayo de una
-cosmogonía en diez lecciones", en la versión de texto sin formato
-ha sido modificado de su diseño original para evitar un formato de
-exhibición no admitido por los programas de lectura de textos. El
-diseño original de ese esquema está disponible en las versiones HTML,
-EPUB y MOBI, donde se han incluido como imagen.</p>
-
-<p>La portada del libro ha sido modificada por el transcriptor y se
-incluye en el dominio público.</p>
-</div>
-
-<hr class="chap" />
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<p class="half-title">LAS FUERZAS EXTRAÑAS</p>
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<p class="p2 big2 center">DEL AUTOR</p>
-</div>
-
-<hr class="r5" />
-
-<p class="indent10"><span class="smcap">Las Montañas del Oro</span>; poema (agotado).</p>
-<p class="indent10"><span class="smcap">La Reforma Educacional</span>; polémica (agotado).</p>
-<p class="indent10"><span class="smcap">El Imperio Jesuítico</span>; ensayo histórico (agotado).</p>
-<p class="indent10"><span class="smcap">Los Crepúsculos del Jardín</span>; versos.</p>
-<p class="indent10"><span class="smcap">La Guerra Gaucha</span> (agotado).</p>
-
-<hr class="full" />
-<p class="center">Imprenta de Coni Hermanos, Perú 684</p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p class="p2 big3 center">LEOPOLDO LUGONES</p>
-</div>
-
-<h1>Las Fuerzas Extrañas</h1>
-
-<p class="center">BUENOS AIRES<br />
-ARNOLDO MOEN Y HERMANO, EDITORES<br />
-Florida 323<br />
-1906</p>
-
-
-<div class="figcenter chapter illowp62" id="foto-leopoldo-lugones" style="max-width: 41.4375em;">
- <img class="w100" src="images/foto-leopoldo-lugones.jpg" alt="" />
- <div class="caption"><p>Leopoldo Lugones</p></div>
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<p class="p4 center big2">ÍNDICE</p>
-</div>
-
-
-<table class="autotable" border="0" summary="índice">
-<tr>
-<td class="tdl">La fuerza Omega</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_5">5</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">La lluvia de fuego</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_27">27</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Un fenómeno inexplicable</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_47">47</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">El milagro de san Wilfrido</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_63">63</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">El escuerzo</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_77">77</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">La metamúsica</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_87">87</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">El origen del diluvio</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_109">109</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Los caballos de Abdera</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_123">123</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Viola acherontia</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_137">137</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Yzur</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_151">151</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">La estatua de sal</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_169">169</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">El psychon</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_181">181</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl">Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones</td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_201">201</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2em;">Proemio</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_203">203</a> </td>
-</tr>
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 3.5em;">I.&mdash;El origen del universo</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_206">206</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 3em;">II.&mdash;El origen de la forma</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_212">212</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.8em;">III.&mdash;El espacio y el tiempo</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_216">216</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.72em;">IV.&mdash;Los átomos</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_220">220</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 3.2em;">V.&mdash;Nuestra teoría ante la ciencia</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_228">228</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.7em;">VI.&mdash;La vida de la materia</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_237">237</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.4em;">VII.&mdash;Los elementos terrestres</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_243">243</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.0em;">VIII.&mdash;La vida orgánica</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_247">247</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.7em;">IX.&mdash;La inteligencia en el universo</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_253">253</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.88em;">X.&mdash;El hombre</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_265">265</a> </td>
-</tr>
-
-<tr>
-<td class="tdl"><span style="padding-left: 2em;">Epílogo</span></td>
-<td class="tdr"><a href="#Page_275">275</a> </td>
-</tr>
-</table>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_6"></a>[Pg 5]</span></p>
-</div>
-
-<p class="half-title">LA FUERZA OMEGA</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_5"></a>[Pg 6]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_7"></a>[Pg 7]</span></p>
-<h2 class="nobreak">LA FUERZA OMEGA</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">No éramos sino tres amigos. Los dos de la confidencia,
-en cuyo par me contaba, y el descubridor
-de la espantosa fuerza que, sin embargo del secreto,
-preocupaba ya á la gente.</p>
-
-<p>El sencillo sabio ante quien nos hallábamos, no
-procedía de ninguna academia y estaba asaz distante
-de la celebridad. Había pasado la vida concertando
-al azar de la pobreza pequeños inventos
-industriales, desde tintas baratas y molinillos de
-café, hasta máquinas controladoras para boletos
-de tranvía.</p>
-
-<p>Nunca quiso patentar sus descubrimientos, muy
-ingeniosos algunos, vendiéndolos por poco menos
-que nada á comerciantes de segundo orden. Presintiéndose
-quizá algo de genial, que disimulaba
-con modestia casi fosca, tenía el más profundo
-desdén por aquellos pequeños triunfos. Si se le
-hablaba de ellos, concomíase con displicencia ó sonreía
-con amargura.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_8"></a>[Pg 8]</span></p>
-
-<p>&mdash;Eso es para comer, decía sencillamente.</p>
-
-<p>Me había hecho su amigo por la casualidad de
-cierta conversación en que se trató de ciencias ocultas;
-pues mereciendo el tema la aflictiva piedad
-del público, aquéllos á quienes interesa suelen disimular
-su predilección, no hablando de ella sino
-con sus semejantes.</p>
-
-<p>Fué precisamente lo que pasó, y mi despreocupación
-por el qué dirán debió de agradar á aquel desdeñoso,
-pues desde entonces intimamos. Nuestras
-pláticas sobre el asunto favorito, fueron largas. Mi
-amigo se inspiraba al tratarlo, con aquel silencioso
-ardor que caracterizaba su entusiasmo y que sólo
-se traslucía en el brillo de sus ojos.</p>
-
-<p>Todavía le veo pasearse por su cuarto, recio,
-casi cuadrado, con su carota pálida y lampiña, sus
-ojos pardos de mirada tan singular, sus manos callosas
-de gañán y de químico á la vez.</p>
-
-<p>“Anda por ahí á flor de tierra, solía decirme, más
-de una fuerza tremenda cuyo descubrimiento se
-aproxima. De esas fuerzas interetéreas que acaban
-de modificar los más sólidos conceptos de la ciencia,
-y que justificando las afirmaciones de la sabiduría
-oculta, dependen cada vez más del intelecto
-humano.”</p>
-
-<p>La identidad de la mente con las fuerzas directrices
-del cosmos&mdash;concluía en ocasiones filosofan<span class="pagenum"><a id="Page_9"></a>[Pg 9]</span>do&mdash;es
-cada vez más clara; y día llegará en que
-aquélla sabrá regirlas sin las máquinas intermediarias,
-que en realidad deben de ser un estorbo.
-Cuando uno piensa que las máquinas no son sino
-aditamentos con que el ser humano se completa,
-llevándolas potencialmente en sí, según lo prueba al
-concebirlas y ejecutarlas, los tales aparatos resultan
-en substancia, simples modificaciones de la caña
-con que se prolonga el brazo para alcanzar un fruto.
-Ya la memoria suprime los dos conceptos fundamentales,
-los más fundamentales como realidad
-y como obstáculo&mdash;el espacio y el tiempo&mdash;al
-evocar instantáneamente un lugar que se vió hace
-diez años y que se encuentra á mil leguas; para no
-hablar de ciertos casos de bilocación telepática,
-que demuestran mejor la teoría. Si estuviera
-en ésta la verdad, el esfuerzo humano debería
-tender á la abolición de todo intermediario entre
-la mente y las fuerzas originales, á suprimir
-en lo posible la materia&mdash;otro axioma de filosofía
-oculta; mas para esto hay que poner el organismo
-en condiciones especiales, activar la mente, acostumbrarla
-á la comunicación directa con dichas
-fuerzas. Caso de magia. Caso que solamente los
-miopes no perciben en toda su luminosa sencillez.
-Habíamos hablado de la memoria. El cálculo demuestra
-también una relación directa; pues si cal<span class="pagenum"><a id="Page_10"></a>[Pg 10]</span>culando
-se llega á determinar la posición de un astro
-desconocido, en un punto del espacio, es porque
-hay identidad entre las leyes que rigen al pensamiento
-humano y al universo. Hay más todavía:
-es la determinación de un hecho material por medio
-de una ley intelectual. El astro tiene que estar
-ahí, porque así lo determina mi razón matemática,
-y esta sanción imperativa equivale casi á una creación.</p>
-
-<p>Entiendo, Dios me perdone, que mi amigo no se
-limitaba á teorizar el ocultismo, y que su régimen
-alimenticio, tanto como su severa continencia, implicaban
-un entrenamiento; pero nunca se franqueó
-sobre este punto y yo fuí discreto á mi vez.</p>
-
-<p>Habíase relacionado con nosotros, poco antes de
-los sucesos que voy á narrar, un joven médico á
-quien sólo faltan sus exámenes generales, que quizá
-nunca llegue á dar pues se ha dedicado á la filosofía;
-y éste era el otro confidente que debía escuchar la
-revelación.</p>
-
-<p>Fué á la vuelta de unas largas vacaciones que
-nos habían separado del descubridor. Encontrámosle
-algo más nervioso, pero radiante con una
-singular inspiración, y su primera frase fué para
-invitarnos á una especie de tertulia filosófica&mdash;tales
-sus palabras&mdash;donde debía exponernos el descubrimiento.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_11"></a>[Pg 11]</span></p>
-
-<p>En el laboratorio habitual, que presentaba al mismo
-tiempo un vago aspecto de cerrajería, y en
-cuya atmósfera flotaba un dejo de cloro, empezó la
-conferencia.</p>
-
-<p>Con su voz clara de siempre, su aspecto negligente,
-sus manos extendidas sobre la mesa como
-durante los discursos psíquicos, nuestro amigo
-enunció esta cosa sorprendente:</p>
-
-<p>&mdash;He descubierto la potencia mecánica del sonido.</p>
-
-<p>“Saben ustedes,&mdash;agregó, sin preocuparse mayormente
-del efecto causado por su revelación&mdash;saben
-ustedes bastante de estas cosas para comprender
-que no se trata de nada sobrenatural. Es
-un gran hallazgo, ciertamente, pero no superior á
-la onda hertziana ó al rayo Roentgen. Á propósito&mdash;yo
-he puesto también un nombre á mi fuerza. Y
-como ella es la última en la síntesis vibratoria cuyos
-otros componentes son el calor, la luz y la electricidad&mdash;la
-he llamado la fuerza Omega”.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero el sonido no es cosa distinta?, preguntó
-el médico.</p>
-
-<p>&mdash;No, desde que la electricidad y la luz están
-consideradas ahora como materia. Falta todavía el
-calor; pero la analogía nos lleva rápidamente á
-conjeturar la identidad de su naturaleza, y veo cercano
-el día en que se demuestre este postulado<span class="pagenum"><a id="Page_12"></a>[Pg 12]</span>
-para mí evidente: que si los cuerpos se dilatan al
-calentarse, ó en otros términos, si sus espacios
-intermoleculares aumentan, es porque entre ellos
-se ha introducido algo y que este algo es el calor.
-De lo contrario, habría que recurrir al vacío aborrecido
-por la naturaleza y por la razón.</p>
-
-<p>“El sonido es materia para mí, pero esto resultará
-mejor de la propia exposición de mi descubrimiento.”</p>
-
-<p>“La idea, vaga aunque intensa hasta el deslumbramiento,
-me vino&mdash;cosa singular&mdash;la primera
-vez que vi afinar una campana. Claro es que no se
-puede determinar de antemano la nota precisa de
-una campana, pues la fundición cambiaría el tono.
-Una vez fundida, es menester recortarla al torno
-para lo cual hay dos reglas: si se quiere bajar el tono,
-hay que disminuir la línea media llamada ”falseadura“;
-si subirlo, es menester recortar la ”pata“
-ó sea el reborde, y la afinación se practica al oído
-como la de un piano. Puede bajarse hasta un tono,
-pero no subirse sino medio; pues cortando mucho
-la pata, el instrumento pierde su sonoridad.”</p>
-
-<p>“Al pensar que si la pierde no es porque deje de
-vibrar, me vino esta idea, base de todo el invento:
-la vibración sonora se vuelve fuerza mecánica y por
-esto deja de ser sonido; pero la cosa se precisó
-durante las vacaciones, mientras ustedes veranea<span class="pagenum"><a id="Page_13"></a>[Pg 13]</span>ban,
-lo cual aumentó, con la soledad, mi concentración.”</p>
-
-<p>“Ocupábame de modificar discos de fonógrafo, y
-aquello me traía involuntariamente al tema. Había
-pensado construir una especie de diapasón para
-destacar, y percibir directamente por lo tanto, las
-armónicas de la voz humana, lo que no es posible
-sino por medio de un piano, y siempre con gran
-imperfección; cuando de repente, con claridad tal
-que en dos noches de trabajo concebí toda la teoría,
-el hecho se produjo.”</p>
-
-<p>“Cuando se hace vibrar un diapasón que está al
-mismo tono con otro, éste vibra también por influencia
-al cabo de poco tiempo, lo que prueba que
-la onda sonora, ó en otros términos el aire agitado,
-tiene fuerza suficiente para poner en movimiento
-el metal. Dada la relación que existe entre el peso,
-densidad y tenacidad de éste con los del aire, esa
-fuerza tiene que ser enorme; y sin embargo, no es
-capaz de mover una hebra de paja que un soplo humano
-aventaría, siendo á su vez impotente para hacer
-vibrar en forma perceptible el metal. La onda
-sonora es, pues, más y menos poderosa que el
-soplo de nuestro ejemplo. Esto depende de las
-circunstancias, y en el caso de los diapasones, la
-circunstancia debe de ser una relación molecular,
-puesto que si ellos no están al unísono, el fenó<span class="pagenum"><a id="Page_14"></a>[Pg 14]</span>meno
-marra. Había, pues, que aplicar la fuerza sonora,
-á fenómenos intermoleculares.”</p>
-
-<p>“No creo que la concepción de la <em>fuerza sonora</em>
-necesite mucho ingenio. Cualquiera ha sentido las
-pulsaciones del aire en los sonidos muy bajos, los
-que produce el nasardo de un órgano, por ejemplo.
-Parece que las dieciséis vibraciones por segundo
-que engendra un tubo de treinta y dos pies, marcan
-el límite inferior del sonido perceptible que no es
-ya sino un zumbido. Con menos vibraciones, el movimiento
-se vuelve un soplo de aire; el soplo que
-movería la brizna, pero que no afectaría el diapasón.
-Esas vibraciones bajas, verdadero viento
-melodioso, son las que hacen trepidar las vidrieras
-de las catedrales; pero no forman ya notas, propiamente
-hablando, y sólo sirven para reforzar las
-octavas inmediatamente superiores.”</p>
-
-<p>“Cuanto más alto es el sonido, más se aleja de
-su semejanza con el viento y más disminuye la
-longitud de su onda; pero si ha de considerársela
-como fuerza intermolecular, ella es enorme todavía
-en los sonidos más altos de los instrumentos;
-pues el del piano con el do séptimo, que corresponde
-á un máximum de 4200 vibraciones por segundo,
-tiene una onda de tres pulgadas. La flauta, que llega
-á 4700 vibraciones, da una onda gigantesca
-todavía.”</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_15"></a>[Pg 15]</span></p>
-
-<p>“La longitud de la onda depende, pues, de la altura
-del sonido, que deja ya de ser musical poco
-más allá de las 4700 vibraciones mencionadas. Despretz
-ha podido percibir un do, que vendría á ser
-el décimo, con 32.770 vibraciones producidas por
-el frote de un arco sobre un pequeñísimo diapasón.
-Yo percibo sonido aún, pero sin determinación
-musical posible, en las 45.000 vibraciones del diapasón
-que he inventado.”</p>
-
-<p>&mdash;¡45.000 vibraciones, dije; eso es prodigioso!</p>
-
-<p>&mdash;Pronto vas á verlo, prosiguió el inventor. Ten
-paciencia un instante todavía.</p>
-
-<p>Y después de ofrecernos té, que rehusamos:</p>
-
-<p>“La vibración sonora, se vuelve casi recta con estas
-altísimas frecuencias, y tiende igualmente á
-perder su forma curvilínea, tornándose más bien
-un zig-zag á medida que el sonido se exaspera. Esto
-se ha experimentado prácticamente cerdeando un
-violín. Hasta aquí no salimos de lo conocido, bien
-que no sea vulgar.”</p>
-
-<p>“Pero ya he dicho que me proponía estudiar el
-sonido como fuerza. He aquí mi teoría, que la experiencia
-ha confirmado.”</p>
-
-<p>“Cuanto más bajo es el sonido, más superficiales
-son sus efectos sobre los cuerpos. Después de lo
-que sabemos, esto es bien sencillo. La fuerza penetrante
-del sonido, depende, pues, de su altura;<span class="pagenum"><a id="Page_16"></a>[Pg 16]</span>
-y como á ésta corresponde, según dije, una menor
-ondulación, resulta que mi onda sonora de
-45.000 vibraciones por segundo, es casi una flecha
-ligerísimamente ondulada. Por pequeña que sea
-esta ondulación, siempre es excesiva molecularmente
-hablando; y como mis diapasones no pueden
-reducirse más, era menester ingeniarse de otro
-modo.”</p>
-
-<p>“Había, además, otro inconveniente. Las curvas
-de la onda sonora están relacionadas con su propagación,
-de tal modo que su ampliación progresa
-con gran velocidad hasta anularla como sonido,
-imposibilitando á la vez su desarrollo como fuerza;
-pero tanto este inconveniente, como el que resulta
-de la ondulación en sí, desaparecerían multiplicando
-la velocidad de traslación. De ésta depende que
-la onda no pierda la rectitud, que como toda curva
-tiene al comenzar, y al logro de semejante propósito
-concurrió una ley científica.”</p>
-
-<p>“Fourier, el célebre matemático francés, ha enunciado
-un principio aplicable á las ondas simples&mdash;las
-de mi problema&mdash;que puede traducirse
-vulgarmente así:</p>
-
-<p>“Cualquiera forma de onda, puede estar compuesta
-por cierto número de ondas simples de
-longitudes diferentes.”</p>
-
-<p>“Siendo ello así, si yo pudiera lanzar sucesiva<span class="pagenum"><a id="Page_17"></a>[Pg 17]</span>mente
-un número cualquiera de ondas en progresión
-proporcional, la velocidad de la primera sería
-la suma de las velocidades de todas juntas; la proporción
-entre las ondulaciones de aquélla y su traslación,
-quedaba rota con ventaja, y libertada por lo
-tanto la potencia mecánica del sonido.”</p>
-
-<p>“Mi aparato va á demostrarles que todo esto se
-puede; pero aún no les he dicho lo que me proponía
-hacer.”</p>
-
-<p>“Yo considero que el sonido es materia, desprendida
-en partículas infinitesimales del cuerpo sonoro,
-y dinamizada en tal forma, que da la sensación
-de sonido, como las partículas odoríferas dan
-la sensación del olor. Esa materia se desprende en
-la forma ondulatoria comprobada por la ciencia y
-que yo me proponía modificar, engendrando la
-onda aérea conocida por nosotros, del propio modo
-que la ondulación de una anguila bajo el agua, es
-repetida por ésta en su superficie.”</p>
-
-<p>“Cuando la doble onda choca con un cuerpo, la
-parte aérea se refleja contra su superficie; la etérea
-penetra produciendo la vibración del cuerpo y
-sin ninguna otra consecuencia, pues el éter de
-cuerpo supuesto, se dinamiza armónicamente con
-el de la onda, difundido en él; y ésta es la explicación,
-que se da por primera vez, de las vibraciones
-al unísono.”<span class="pagenum"><a id="Page_18"></a>[Pg 18]</span>
-
-“Una vez rota la relación entre las ondulaciones
-y su propagación, el éter sonoro no se difunde
-en la masa del cuerpo, sino que la perfora, ya
-completamente, ya hasta cierta profundidad. Y
-aquí viene la explicación misma de los fenómenos
-que produzco.”</p>
-
-<p>“Todo cuerpo tiene un centro formado por la
-gravitación de moléculas que constituye su cohesión,
-y que representa el peso total de dichas moléculas.
-No necesito advertir que ese centro puede
-encontrarse en cualquier punto del cuerpo. Las
-moléculas representan aquí, lo que las masas planetarias
-en el espacio.”</p>
-
-<p>“Claro es que el más mínimo desplazamiento del
-centro en cuestión, ocasionará instantáneamente la
-desintegración del cuerpo; pero no es menos cierto
-que para efectuarlo, venciendo la cohesión molecular,
-se necesitaría una fuerza enorme, algo de
-que la mecánica actual no tiene idea, y que yo he
-descubierto, sin embargo.”</p>
-
-<p>“Tyndall ha dicho en un ejemplo gráfico, que
-la fuerza del puñado de nieve contenido en la
-mano de un niño, bastaría para hacer volar en pedazos
-una montaña. Calculen ustedes lo que se
-necesitará para vencer esa fuerza. Y yo desintegro
-bloques de granito de un metro cúbico...”</p>
-
-<p>Decía aquello sencillamente, como la cosa más<span class="pagenum"><a id="Page_19"></a>[Pg 19]</span>
-natural, sin ocuparse de nuestra aquiescencia. Nosotros,
-aunque vagamente, íbamonos turbando con
-la inminencia de un gran revelación; pero acostumbrados
-al tono autoritario de nuestro amigo,
-nada replicábamos. Nuestros ojos, eso sí, buscaban
-al descuido por el taller, los misteriosos aparatos.
-Á no ser un volante de eje solidísimo, nada había
-que no nos fuese familiar.</p>
-
-<p>“Llegamos, prosiguió el descubridor, al final de
-la exposición. Había dicho que necesitaba ondas
-sonoras susceptibles de ser lanzadas en progresión
-proporcional, y á vuelta de muchos tanteos, que
-no es menester describrir, di con ellas.”</p>
-
-<p>“Eran el <em>do, fa, sol, do</em>, que según la tradición
-antigua constituían la lira de Orfeo, y que contienen
-los intervalos más importantes de la declamación,
-es decir, el secreto musical de la voz humana.
-La relación de estas ondas es matemáticamente
-1, 4/3, 3/2, 2; y arrancadas de la naturaleza, sin
-un agregado ó deformación que las altere, son también
-una fuerza original. Ya ven ustedes que la lógica
-de los hechos, iba paralela con la de la teoría.”</p>
-
-<p>“Procedí entonces á construir mi aparato; mas
-para llegar al que usted en ven aquí, dijo sacando
-de su bolsillo un disco harto semejante á un reloj
-de níquel, ensayé diversas máquinas.”</p>
-
-<p>Confieso que el aparato aquél nos defraudó.<span class="pagenum"><a id="Page_20"></a>[Pg 20]</span>
-La relación de magnitudes forma de tal modo la
-esencia del criterio humano, que al oir hablar de
-fuerzas enormes habíamos presentido máquinas
-grandiosas. Aquella cajita redonda, con un botón
-saliente en su borde y á la parte opuesta una boquilla,
-parecía cualquier cosa menos un generador
-de éter vibratorio.</p>
-
-<p>“Primero, continuó el otro sonriendo ante nuestra
-perplejidad, pensé en cosas complicadas, análogas
-á las sirenas de Koenig. Luego fuí simplificando
-de acuerdo con mis ideas sobre la deficiencia
-de las máquinas, hasta llegar á esto que
-no es sino una solución transitoria.”</p>
-
-<p>“La delicadeza del aparato no permite abrirlo á
-cada momento; pero ustedes deben conocerlo,
-añadió destornillando su tapa.”</p>
-
-<p>Contenía cuatro diapasoncillos, poco menos finos
-que cerdas, implantados á intervalos desiguales
-sobre un diafragma de madera que constituía el
-fondo de la caja. Un sutilísimo alambre se tendía
-y distendía rozándolos, bajo la acción del botón que
-sobresalía; y la boquilla de que antes hablé, era
-una bocina microfónica.</p>
-
-<p>“Los intervalos entre diapasón y diapasón, tanto
-como el espacio necesario para el juego de la
-cuerda que los roza, imponían al aparato este
-tamaño mínimo. Cuando ellos suenan, la cuádru<span class="pagenum"><a id="Page_21"></a>[Pg 21]</span>ple
-onda transformada en una, sale por la bocina
-microfónica como un verdadero proyectil etéreo. La
-descarga se repite cuantas veces aprieto el botón,
-pudiendo salir las ondas sin solución de continuidad
-apreciable, es decir mucho más próximas que las
-balas de una ametralladora, y formar un verdadero
-chorro de éter dinámico cuya potencia es incalculable.”</p>
-
-<p>“Si la onda va al centro molecular del cuerpo,
-éste se desintegra en partículas impalpables. Si no,
-lo perfora con un agujerillo enteramente imperceptible.
-En cuanto al roce tangencial, van á ver ustedes
-sus efectos sobre aquel volante...”</p>
-
-<p>&mdash;...¿Qué pesa?... interrumpí.</p>
-
-<p>&mdash;Trescientos kilogramos.</p>
-
-<p>El botón comenzó á actuar con ruidecito intermitente
-y seco, ante nuestra curiosidad todavía incrédula;
-y como el silencio era grande, percibimos
-apenas una aguda estridencia, análoga al zumbido
-de un insecto.</p>
-
-<p>No tardó mucho en ponerse en movimiento la
-mole, y ésta fué acelerándose de tal modo, que
-pronto vibró la casa entera como al empuje de un
-huracán. La maciza rueda no era más que una sombra
-vaga semejante al ala de un colibrí en suspensión,
-y el aire desplazado por ella provocaba un
-torbellino dentro del cuarto.<span class="pagenum"><a id="Page_22"></a>[Pg 22]</span>
-
-El descubridor suspendió muy luego los efectos
-de su aparato, pues ningún eje habría aguantado
-mucho tiempo semejante trabajo.</p>
-
-<p>Mirábamonos suspensos, con una mezcla de admiración
-y pavor, trocada muy luego en desmedida
-curiosidad.</p>
-
-<p>El médico quiso repetir el experimento; pero
-por más que abocó la cajita hacia el volante, nada
-consiguió. Yo intenté lo propio con igual desventura.</p>
-
-<p>Creíamos ya en una broma de nuestro amigo,
-cuando éste dijo, poniéndose tan grave que casi
-daba en taciturno:</p>
-
-<p>“Es que aquí está el misterio de mi fuerza. Nadie,
-sino yo, puede usarla. Y yo mismo no sé cómo
-sucede.”</p>
-
-<p>“Defino, sí, lo que por mí pasa, como una facultad
-análoga á la puntería. Sin verlo, sin percibirlo
-en ninguna forma material, yo <em>sé</em> dónde está
-el centro del cuerpo que deseo desintegrar, y en
-la misma forma proyecto mi éter contra el volante.”</p>
-
-<p>“Prueben ustedes cuanto quieran. Quizá al fin...”</p>
-
-<p>Todo fué en vano. La onda etérea se dispersaba
-inútil. En cambio, bajo la dirección de su amo,
-llamémosle así, ejecutó prodigios.</p>
-
-<p>Un adoquín que calzaba la puerta rebelde, se
-desintegró á nuestra vista, convirtiéndose con leve<span class="pagenum"><a id="Page_23"></a>[Pg 23]</span>
-sacudida en un montón de polvo impalpable. Varios
-trozos de hierro sufrieron la misma suerte. Y
-resultaba en verdad de un efecto mágico aquella
-transformación de la materia, sin un esfuerzo perceptible,
-sin un ruido, como no fuera la leve estridencia
-que cualquier rumor ahogaba.</p>
-
-<p>El médico, entusiasmado, quería escribir un artículo.</p>
-
-<p>&mdash;No, dijo nuestro amigo; detesto la notoriedad,
-aunque no he podido evitarla del todo, pues los
-vecinos comienzan á enterarse. Además, temo los
-daños que puede causar esto...</p>
-
-<p>&mdash;En efecto, dije; como arma sería espantoso.</p>
-
-<p>&mdash;¿No lo has ensayado sobre algún animal? preguntó
-el médico.</p>
-
-<p>&mdash;Ya sabes, respondió nuestro amigo con grave
-mansedumbre, que jamás causo dolor á ningún
-ser viviente.</p>
-
-<p>Y con esto terminó la sesión.</p>
-
-<p>Los días siguientes transcurrieron entre maravillas;
-y recuerdo como particularmente notable
-la desintegración de un vaso de agua, que desapareció
-de súbito cubriendo de rocío toda la habitación.</p>
-
-<p>“El vaso permanece, explicaba el sabio, porque
-no forma un bloque con el agua á causa de que no
-hay entre ésta y el cristal adherencia perfecta. Lo<span class="pagenum"><a id="Page_24"></a>[Pg 24]</span>
-mismo sucedería si estuviera herméticamente cerrado.
-El líquido, convertido en partículas etéreas,
-sería proyectado á través de los poros del metal...”</p>
-
-<p>Así marchábamos de asombro en asombro; mas
-el secreto no podía prolongarse, y es imposible valorar
-lo que se perdió en el triste suceso cuyo relato
-finalizará esta historia.</p>
-
-<p>Lo cierto es&mdash;para qué entretenerse en cosas
-tristes&mdash;que una de esas mañanas encontramos á
-nuestro amigo, muerto, con la cabeza recostada en
-el respaldo de su silla.</p>
-
-<p>Fácil es imaginar nuestra consternación. El aparato
-maravilloso estaba ante él y nada anormal se
-notaba en el laboratorio.</p>
-
-<p>Mirábamonos sorprendidos, sin conjeturar ni
-lejanamente la causa de aquel desastre, cuando
-noté de pronto que la pared á la cual casi tocaba
-la cabeza del muerto, se hallaba cubierta de una
-capa grasosa, una especie de manteca.</p>
-
-<p>Casi al mismo tiempo mi compañero lo advirtió
-también, y raspando con su dedo sobre aquella
-mixtura, exclamó sorprendido:</p>
-
-<p>&mdash;¡Esto es substancia cerebral!</p>
-
-<p>La autopsia confirmó su dicho certificando una
-nueva maravilla del portentoso aparato. Efectivamente,
-la cabeza de nuestro pobre amigo estaba
-vacía, sin un átomo de sesos. El proyectil etéreo,<span class="pagenum"><a id="Page_25"></a>[Pg 25]</span>
-quién sabe por qué rareza de dirección ó por qué
-descuido, habíale desintegrado el cerebro, proyectándolo
-en explosión atómica á través de los poros
-de su cráneo. Ni un rastro exterior denunciaba la
-catástrofe, y aquel fenómeno, con todo su horror,
-era, á fe mía, el más estupendo de cuantos habíamos
-presenciado.</p>
-
-<p>Sobre mi mesa de trabajo, aquí mismo, en tanto
-que finalizo esta historia, el aparato en cuestión
-brilla, diríase siniestramente, al alcance de mi
-mano.</p>
-
-<p>Funciona perfectamente; pero el éter formidable,
-la substancia prodigiosa y homicida de la cual
-tengo ¡ay! tan desgraciada prueba, se pierde sin
-rumbo en el espacio, á pesar de todas mis vanas
-tentativas. En el instituto Lutz y Schultz han ensayado
-también sin éxito.</p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_26"></a>[Pg 26]<br /><a id="Page_27"></a>[Pg 27]</span></p>
-<p class="half-title">LA LLUVIA DE FUEGO</p>
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_28"></a>[Pg 28]<br /><a id="Page_29"></a>[Pg 29]</span></p>
-<h2 class="nobreak">LA LLUVIA DE FUEGO</h2>
-</div>
-
-<h3>EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOMORRA</h3>
-
-
-<p class="p1">Recuerdo que era un día de sol hermoso, lleno
-del hormigueo popular en las calles atronadas de
-vehículos. Un día asaz cálido y de tersura perfecta.</p>
-
-<p>Desde mi terraza dominaba una vasta confusión
-de techos, vergeles salteados, un trozo de bahía
-punzado de mástiles, la recta gris de una avenida...</p>
-
-<p>Á eso de las once cayeron las primeras chispas.
-Una aquí, otra allá&mdash;partículas de cobre semejantes
-á las morcellas de un pábilo; partículas de cobre
-incandescente que daban en el suelo con un
-ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez;
-el rumor urbano no decrecía. Únicamente
-los pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.</p>
-
-<p>Casualmente lo había advertido, mirando hacia<span class="pagenum"><a id="Page_30"></a>[Pg 30]</span>
-el horizonte en un momento de abstracción. Primero
-creí en una ilusión óptica causada por mi
-miopía. Tuve que esperar largo rato para ver caer
-otra chispa, pues la luz solar anegábalas bastante;
-pero el cobre ardía de tal modo, que se destacaban
-asimismo. Una rapidísima vírgula de fuego,
-y el golpecito en la tierra. Así, á largos intervalos.</p>
-
-<p>Debo confesar que al comprobarlo, experimenté
-un vago terror. Exploré el cielo en una ansiosa
-ojeada. Persistía la limpidez. ¿De dónde venía
-aquel extraño granizo? ¿Aquel cobre? ¿Era cobre?...</p>
-
-<p>Acababa de caer una chispa en mi terraza, á pocos
-pasos. Extendí la mano; era, á no caber duda,
-un gránulo de cobre que tardó mucho en enfriarse.
-Por fortuna la brisa se levantaba, inclinando aquella
-lluvia singular hacia el lado opuesto de mi terraza.
-Las chispas eran harto ralas, además. Podía
-creerse por momentos que aquello había ya cesado.
-No cesaba. Uno que otro, eso sí, pero caían
-siempre los temibles gránulos.</p>
-
-<p>En fin, aquello no había de impedirme almorzar,
-pues era el mediodía. Bajé al comedor atravesando
-el jardín, no sin cierto miedo de las chispas.
-Verdad es que el toldo, corrido para evitar el sol,
-me resguardaba...</p>
-
-<p>...¿Me resguardaba? Alcé los ojos; pero un toldo
-tiene tantos poros, que nada pude descubrir.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_31"></a>[Pg 31]</span></p>
-
-<p>En el comedor me esperaba un almuerzo admirable;
-pues mi afortunado celibato sabía dos cosas
-sobre todo: leer y comer. Excepto la biblioteca,
-el comedor era mi orgullo. Ahito de mujeres y un
-poco gotoso, en punto á vicios amables nada podía
-esperar ya sino de la gula. Comía solo, mientras
-un esclavo me leía narraciones geográficas.
-Nunca había podido comprender las comidas en
-compañía; y si las mujeres me hastiaban, como he
-dicho, ya comprenderéis que aborrecía á los hombres.</p>
-
-<p>¡Diez años me separaban de mi última orgía!
-Desde entonces, entregado á mis jardines, á mis
-peces, á mis pájaros, faltábame tiempo para salir.
-Alguna vez, en las tardes muy calurosas, un paseo
-á la orilla del lago. Me gustaba verlo, escamado
-de luna al anochecer, pero esto era todo y pasaba
-meses sin frecuentarlo.</p>
-
-<p>La vasta ciudad libertina, era para mí un desierto
-donde se refugiaban mis placeres. Escasos amigos;
-breves visitas; largas horas de mesa;
-lecturas; mis peces; mis pájaros; una que otra
-noche tal cual orquesta de flautistas, y dos ó tres
-ataques de gota por año...</p>
-
-<p>Tenía el honor de ser consultado para los banquetes,
-y por ahí figuraban, no sin elogio, dos ó
-tres salsas de mi invención. Esto me daba dere<span class="pagenum"><a id="Page_32"></a>[Pg 32]</span>cho&mdash;lo
-digo sin orgullo&mdash;á un busto municipal,
-con tanta razón como á la compatriota que acababa
-de inventar un nuevo beso.</p>
-
-<p>Entre tanto, mi esclavo leía. Leía narraciones de
-mar y de nieve, que comentaban admirablemente,
-en la ya entrada siesta, el generoso frescor de
-las ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá,
-pues la servidumbre no daba muestras de notarla.</p>
-
-<p>De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín
-con un nuevo plato, no pudo reprimir un grito.
-Llegó, no obstante, á la mesa; pero acusando con
-su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda
-espalda un agujerillo, en cuyo fondo sentíase chirriar
-aún la chispa voraz que lo había abierto.
-Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin
-que pudiera contener sus ayes.</p>
-
-<p>Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí
-probando los platos para no desmoralizar á la servidumbre,
-aquélla se apresuró á corresponderme.
-El incidente me había desconcertado.</p>
-
-<p>Promediaba la siesta cuando subí nuevamente
-á la terraza. El suelo estaba ya sembrado de gránulos
-de cobre; mas no parecía que la lluvia aumentara.
-Comenzaba á tranquilizarme, cuando
-una nueva inquietud me sobrecogió. El silencio
-era absoluto. El tráfico estaba paralizado á causa
-del fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciu<span class="pagenum"><a id="Page_33"></a>[Pg 33]</span>dad.
-Sólo, de cuando en cuando, un vago murmullo
-de viento sobre los árboles. Era también
-alarmante la actitud de los pájaros. Habíanse
-apelotonado en un rincón, casi unos sobre otros.
-Me dieron compasión y decidí abrirles la puerta.
-No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados
-aún. Entonces comenzó á intimidarme la
-idea de un cataclismo.</p>
-
-<p>Sin ser grande mi erudición científica, sabía
-que nadie mencionó jamás esas lluvias de cobre
-incandescente. ¡Lluvias de cobre! En el aire no hay
-minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo,
-no dejaba conjeturar su procedencia. Y lo alarmante
-del fenómeno era esto. Las chispas venían
-de todas partes y de ninguna. Era la inmensidad
-desmenuzándose invisiblemente en fuego. Caía
-del firmamento el terrible cobre&mdash;pero el firmamento
-permanecía impasible en su azul. Ganábame
-poco á poco una extraña congoja; pero, cosa
-rara: hasta entonces no había pensado en huir.
-Esta idea se mezcló con desagradables interrogaciones.
-¡Huir! ¿Y mi mesa, mis libros, mis pájaros,
-mis peces que acababan precisamente de estrenar
-un vivero, mis jardines ya ennoblecidos de antigüedad&mdash;mis
-cincuenta años de placidez, en la
-dicha del presente, en el descuido del mañana?...</p>
-
-<p>¿Huir...? Y pensé con horror en mis posesiones<span class="pagenum"><a id="Page_34"></a>[Pg 34]</span>
-(que no conocía) del otro lado del desierto, con sus
-camelleros viviendo en tiendas de lana negra y
-tomando por todo alimento leche cuajada, trigo
-tostado, miel agria...</p>
-
-<p>Quedaba una fuga por el lago, corta fuga después
-de todo, si en el lago como en el desierto, según
-era lógico, llovía cobre también; pues no viniendo
-aquello de ningún foco visible, debía ser general.</p>
-
-<p>No obstante el vago terror que me alarmaba,
-decíame todo eso claramente, lo discutía conmigo
-mismo, un poco enervado á la verdad por el letargo
-digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y después
-de todo, algo me decía que el fenómeno no
-iba á pasar de allí. Sin embargo, nada se perdía
-con hacer armar el carro.</p>
-
-<p>En ese momento llenó el aire una vasta vibración
-de campanas. Y casi junto con ella, advertí una
-cosa: ya no llovía cobre. El repique era una acción
-de gracias, coreada casi acto continuo por el murmullo
-habitual de la ciudad. Ésta despertaba de su
-fugaz atonía, doblemente gárrula. En algunos barrios
-hasta quemaban petardos.</p>
-
-<p>Acodado al parapeto de la terraza, miraba con
-un desconocido bienestar solidario, la animación
-vespertina que era toda amor y lujo. El cielo seguía
-purísimo. Muchachos afanosos, recogían en
-escudillas la granalla de cobre, que los caldereros<span class="pagenum"><a id="Page_35"></a>[Pg 35]</span>
-habían empezado á comprar. Era todo lo que quedaba
-de la gran amenaza celeste.</p>
-
-<p>Más numerosa que nunca, la gente de placer coloreaba
-las calles; y aún recuerdo que sonreí vagamente
-á un equívoco mancebo, cuya túnica recogida
-hasta las caderas en un salto de bocacalle,
-dejó ver sus piernas glabras, jaqueladas de cintas.
-Las cortesanas, con el seno desnudo según la nueva
-moda, y apuntalado en deslumbrante coselete,
-paseaban su indolencia sudando perfumes. Un
-viejo lenón, erguido en su carro, manejaba como
-si fuese una vela una hoja de estaño, que con apropiadas
-pinturas anunciaba amores monstruosos
-de fieras: ayuntamientos de lagartos con cisnes;
-un mono y una foca; una doncella cubierta por la
-delirante pedrería de un pavo real. Bello cartel, á
-fe mía; y garantida la autenticidad de las piezas.
-Animales amaestrados por no sé qué hechicería
-bárbara, y desequilibrados con opio y con asafétida.</p>
-
-<p>Seguido por tres jóvenes enmascaradas pasó un
-negro amabilísimo, que dibujaba en los patios, con
-polvos de colores derramados al ritmo de una
-danza, escenas secretas. También depilaba al oropimente
-y sabía dorarlas uñas.</p>
-
-<p>Un personaje fofo, cuya condición de eunuco se
-adivinaba en su morbidez, pregonaba al son de<span class="pagenum"><a id="Page_36"></a>[Pg 36]</span>
-crótalos de bronce, cobertores de un tejido singular
-que producía el insomnio y el deseo. Cobertores
-cuya abolición habían pedido infructuosamente los
-ciudadanos honrados. Pues mi ciudad sabía gozar,
-sabía vivir.</p>
-
-<p>Al anochecer recibí dos visitas que cenaron conmigo.
-Un condiscípulo jovial, matemático cuya
-vida desarreglada era el escándalo de la ciencia, y
-un agricultor enriquecido. La gente sentía necesidad
-de visitarse después de aquellas chispas de
-cobre. De visitarse y de beber, pues ambos se retiraron
-completamente borrachos. Yo hice una rápida
-salida. La ciudad, caprichosamente iluminada,
-había aprovechado la coyuntura para decretarse
-una noche de fiesta. En algunas cornisas, alumbraban
-perfumando, lámparas de incienso. Desde
-sus balcones, las jóvenes burguesas, excesivamente
-ataviadas, se divertían en proyectar de un soplo á
-las narices de los transeúntes distraídos, tripas
-pintarrajeadas y crepitantes de cascabeles. En
-cada esquina se bailaba. De balcón á balcón cambiábanse
-flores y gatitos de dulce. El césped de los
-parques, palpitaba de parejas...</p>
-
-<p>Regresé temprano y rendido. Nunca me acogí
-al lecho con más grata pesadez de sueño.</p>
-
-<p>Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la
-garganta reseca. Había afuera un rumor de lluvia.<span class="pagenum"><a id="Page_37"></a>[Pg 37]</span>
-Buscando algo, me apoyé en la pared, y por mi
-cuerpo corrió como un latigazo el escalofrío del
-miedo. La pared estaba caliente y conmovida por
-una sorda vibración. Casi no necesité abrir la
-ventana para darme cuenta de lo que ocurría.</p>
-
-<p>La lluvia de cobre había vuelto, pero esta vez
-nutrida y compacta. Un caliginoso vaho sofocaba
-la ciudad; un olor entre fosfatado y urinoso
-apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada
-de galerías y aquella lluvia no alcanzaba á
-las puertas.</p>
-
-<p>Abrí la que daba al jardín. Los árboles estaban
-negros, ya sin follaje; el piso, cubierto de hojas carbonizadas.
-El aire, rayado de vírgulas de fuego, era
-de una paralización mortal; y por entre aquéllas,
-se divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre
-celeste.</p>
-
-<p>Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos
-famularios. La servidumbre se había ido. Envueltas
-las piernas en un corbertor de biso, acorazándome
-espaldas y cabeza con una bañadera de
-metal que me aplastaba horriblemente, pude llegar
-hasta las caballerizas. Los caballos habían deaparecido
-también. Y con una tranquilidad que
-hacía honor á mis nervios, me di cuenta de que estaba
-perdido.</p>
-
-<p>Afortunadamente el comedor se encontraba lle<span class="pagenum"><a id="Page_38"></a>[Pg 38]</span>no
-<span style="margin-left: 0.5em;">de provisiones; su sótano, atestado de vinos.</span><br />
-Bajé á él. Conservaba todavía su frescura; hasta
-su fondo no llegaba la vibración de la pesada
-lluvia, el eco de su grave crepitación. Bebí una botella,
-y luego extraje de la alacena secreta el pomo
-de vino envenenado. Todos los que teníamos bodega
-poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni
-tuviéramos convidados cargosos. Era un licor claro
-é insípido, de efectos instantáneos.</p>
-
-<p>Reanimado por el vino, examiné mi situación.
-Era asaz sencilla. No pudiendo huir, la muerte me
-esperaba; pero con el veneno aquél, la muerte me
-pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible, pues
-era, á no dudarlo, un espectáculo singular. ¡Una
-lluvia de cobre incandescente! ¡La ciudad en llamas!
-Valía la pena.</p>
-
-<p>Subí á la terraza, pero no pude pasar de la puerta
-que daba acceso á ella. Veía desde allí lo bastante,
-sin embargo. Veía y escuchaba. La soledad era absoluta.
-La crepitación no se interrumpía sino por
-uno que otro ululato de perro, ó explosión anormal.
-El ambiente estaba rojo, y á su través, troncos, chimeneas,
-casas, blanqueaban con una lividez tristísima.
-Los pocos árboles que conservaban follaje
-retorcíanse, negros, de un negro de estaño. La luz
-había decrecido un poco, no obstante de persistir
-la limpidez celeste. El horizonte estaba, esto sí,<span class="pagenum"><a id="Page_39"></a>[Pg 39]</span>
-mucho más cerca, y como ahogado en cenizas.
-Sobre el lago flotaba un denso vapor, que algo
-prevenía la extraordinaria sequedad del aire.</p>
-
-<p>Percibíase claramente la combustible lluvia, en
-trazos de cobre que vibraban como el cordaje innumerable
-de un arpa, y de cuando en cuando
-mezclábanse con ella ligeras flámulas. Humaredas
-negras anunciaban incendios aquí y allá.</p>
-
-<p>Mis pájaros comenzaban á morir de sed y hube
-de bajar hasta el aljibe para llevarles agua. El
-sótano comunicaba con aquel depósito, vasta cisterna
-que podía resistir mucho al fuego celeste;
-mas por los conductos que del techo y de los patios
-desembocaban allá, habíase deslizado algún
-cobre y el agua tenía un gusto particular, entre
-natrón y orina, con tendencia á salarse. Bastóme
-levantar las trampillas de mosaico que cerraban
-aquellas vías, para cortar á mi agua toda comunicación
-con el exterior.</p>
-
-<p>Esa tarde y toda la noche fué horrendo el espectáculo
-de la ciudad. Quemada en sus domicilios,
-la gente huía despavorida para arderse en
-las calles, en la campiña desolada; y la población
-agonizó bárbaramente, con ayes y clamores de
-una amplitud, de un horror, de una variedad estupendas.
-No hay nada tan sublime como la voz
-humana. El derrumbe de los edificios, la combus<span class="pagenum"><a id="Page_40"></a>[Pg 40]</span>tión
-<span style="margin-left: 0.5em;">de tantas mercancías y efectos diversos, y</span><br />
-más que todo la incineración de tantos cuerpos,
-acabaron por agregar al cataclismo el tormento
-de su hedor infernal. Al declinar el sol, el aire estaba
-casi negro de humo y de polvaredas. Las flámulas
-que danzaban por la mañana entre el cobre
-pluvial, eran ahora llamaradas siniestras. Empezó
-á soplar un viento ardentísimo, denso, como
-alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un
-inmenso horno sombrío. Cielo, tierra, aire, todo
-acababa. No había más que tinieblas y fuego. ¡Ah,
-el horror de aquellas tinieblas que todo el fuego,
-el enorme fuego de la ciudad ardida no alcanzaba
-á dominar; y aquel hedor de pingajos, de azufre,
-de grasa cadavérica en el aire seco que hacía escupir
-sangre; y aquellos clamores que no sé cómo
-no acababan nunca, aquellos clamores que cubrían
-el rumor del incendio, más vasto que un huracán,
-aquellos clamores en que aullaban, gemían, bramaban
-todas las bestias con un inefable pavor de
-eternidad!...</p>
-
-<p>Mi casa empezaba á arder.</p>
-
-<p>Bajé á la cisterna, sin haber perdido hasta entonces
-mi presencia de ánimo, pero enteramente
-erizado con todo aquel horror; y al verme de
-pronto en esa obscuridad amiga, al amparo de la
-frescura, ante el silencio del agua subterránea, me<span class="pagenum"><a id="Page_41"></a>[Pg 41]</span>
-acometió de pronto un miedo que no sentía&mdash;estoy
-seguro&mdash;desde cuarenta años atrás, el miedo
-infantil de una presencia enemiga y difusa; y me
-eché á llorar, á llorar como un loco, á llorar de
-miedo, allá en un rincón, sin rubor alguno.</p>
-
-<p>No fué sino muy tarde, cuando al escuchar el
-derrumbe de un techo, se me ocurrió apuntalar
-la puerta del sótano. Hícelo así con su propia escalera
-y algunos barrotes de la estantería, devolviéndome
-aquella defensa alguna tranquilidad; no
-porque hubiera de salvarme, sino por la benéfica
-influencia de la acción. Cayendo á cada instante
-en modorras que entrecortaban funestas pesadillas,
-pasé las horas. Continuamente oía derrumbes
-allá cerca. Había encendido dos lámparas que
-traje conmigo, para darme valor, pues la cisterna
-era asaz lóbrega. Hasta llegué á comer, bien que
-sin apetito, los restos de un pastel. En cambio bebí
-mucha agua.</p>
-
-<p>De repente mis lámparas empezaron á amortiguarse,
-y junto con eso el terror, el terror paralizante
-esta vez, me asaltó. Había gastado sin advertirlo
-toda mi luz, pues no tenía sino aquellas
-lámparas. No advertí, al descender esa tarde, en
-traerlas todas conmigo.</p>
-
-<p>Las luces decrecieron y se apagaron. Entonces
-advertí que la cisterna empezaba á llenarse con el<span class="pagenum"><a id="Page_42"></a>[Pg 42]</span>
-hedor del incendio. No quedaba otro remedio que
-salir; y luego, todo, todo era preferible á morir
-asfixiado como una alimaña en su cueva.</p>
-
-<p>Á duras penas conseguí alzar la tapa del sótano
-que los escombros del comedor cubrían...</p>
-
-<p>...Por segunda vez había cesado la lluvia infernal.
-Pero la ciudad ya no existía. Techos, puertas,
-gran cantidad de muros, todas las torres, yacían
-en ruinas. El silencio era colosal, un verdadero
-silencio de catástrofe. Cinco ó seis grandes humaredas
-empinaban aún sus penachos; y bajo el cielo
-que no se había enturbiado un momento, un cielo
-cuya crudeza azul certificaba indiferencias eternas,
-la pobre ciudad, mi pobre ciudad, muerta, muerta
-para siempre, hedía como un verdadero cadáver.</p>
-
-<p>La singularidad de la situación, lo enorme del
-fenómeno, y sin duda también el regocijo de haberme
-salvado, único entre todos, cohibían mi dolor
-reemplazándolo por una curiosidad sombría. El
-arco de mi zaguán había quedado en pie, y asiéndome
-de las adarajas pude llegar á su cima.</p>
-
-<p>No quedaba un solo resto combustible y aquello
-se parecía mucho á un escorial volcánico. Á trechos,
-en los parajes que la ceniza no cubría, brillaba
-con un bermejor de fuego, el metal llovido.
-Hacia el lado del desierto, resplandecía hasta per<span class="pagenum"><a id="Page_43"></a>[Pg 43]</span>derse
-de vista un arenal de cobre. En las montañas,
-á la otra margen del lago, las aguas evaporadas
-de éste condensábanse en una tormenta. Eran
-ellas las que habían mantenido respirable el aire
-durante el cataclismo. El sol brillaba inmenso, y
-aquella soledad empezaba á agobiarme con una
-honda desolación, cuando hacia el lado del puerto
-percibí un bulto que vagaba entre las ruinas. Era
-un hombre, y habíame percibido ciertamente, pues
-se dirigía á mí.</p>
-
-<p>No hicimos ademán alguno de extrañeza cuando
-llegó, y trepando por el arco vino á sentarse conmigo.
-Tratábase de un piloto, salvado como yo
-en una bodega, pero apuñaleando á su propietario.
-Acababa de agotársele el agua y por ello salía.</p>
-
-<p>Asegurado á este respecto, empecé á interrogarle.
-Todos los barcos ardieron, los muelles, los depósitos;
-y el lago habíase vuelto amargo. Aunque
-advertí que hablábamos en voz baja, no me atreví&mdash;ignoro
-por qué&mdash;á levantar la mía.</p>
-
-<p>Ofrecíle mi bodega donde quedaban aún dos
-docenas de jamones, algunos quesos, todo el
-vino...</p>
-
-<p>De repente notamos una polvareda hacia el lado
-del desierto. La polvareda de una carrera. Alguna
-partida que enviaban, quizá, en socorro, los compatriotas
-de Adama ó de Seboim.<span class="pagenum"><a id="Page_44"></a>[Pg 44]</span>
-
-Pronto hubimos de sustituir esta esperanza
-por un espectáculo tan desolador como peligroso.</p>
-
-<p>Era un tropel de leones, las fieras sobrevivientes
-del desierto, que acudían á la ciudad como á
-un oasis, furiosos de sed, enloquecidos de cataclismo.</p>
-
-<p>La sed y no el hambre era lo que los enfurecía,
-pues pasaron junto á nosotros sin advertirnos.
-¡Y en qué estado venían! Nada como ellos demostraba
-tan lúgubremente la catástrofe.</p>
-
-<p>Pelados como gatos sarnosos, reducida á escasos
-chicharrones la crin, secos los ijares, en una
-desproporción de cómicos á medio vestir con la
-fiera cabezota, el rabo agudo y crispado como el
-de una rata que huye, las garras pustulosas, chorreando
-sangre&mdash;todo aquello decía á las claras
-sus tres días de horror bajo el azote celeste, al
-azar de las inseguras cavernas que no habían conseguido
-ampararlos.</p>
-
-<p>Rondaban los surtidores secos con un desvarío
-humano en sus ojos, y bruscamente reemprendían
-su carrera en busca de otro depósito, agotado también;
-hasta que sentándose por último en torno
-del postrero, con el calcinado hocico en alto, la
-mirada vagorosa de desolación y de eternidad,
-quejándose al cielo, estoy seguro, pusiéronse á
-rugir.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_45"></a>[Pg 45]</span></p>
-
-<p>¡Ah!... nada, ni el cataclismo con sus horrores,
-ni el clamor de la ciudad moribunda era tan horroroso
-como ese llanto de bestia sobre las ruinas.
-Aquellos rugidos tenían una evidencia de palabra.
-Lloraban quién sabe qué dolores de inconsciencia
-y de desierto á alguna divinidad obscura. El alma
-sucinta de la bestia agregaba á sus terrores de
-muerte, el pavor de lo incomprensible. Si todo estaba
-lo mismo, el sol cotidiano, el cielo eterno,
-el desierto familiar&mdash;¿por qué se ardían y por qué
-no había agua?... Y careciendo de toda idea de
-relación con los fenómenos, su horror era ciego,
-es decir, más espantoso. El transporte de su dolor
-elevábalos á cierta vaga noción de proveniencia, ante
-aquel cielo de donde había estado cayendo la
-lluvia infernal, y sus rugidos preguntaban ciertamente
-algo á la cosa tremenda que causaba
-su padecer. ¡Ah!... esos rugidos, lo único de grandioso
-que conservaban aún aquellas fieras disminuidas:
-cuál comentaban el horrendo secreto de
-la catástrofe; cómo interpretaban en su dolor irremediable
-la eterna soledad, el eterno silencio, la
-eterna sed...</p>
-
-<p>Aquello no debía durar mucho. El metal candente
-empezó á llover de nuevo, más compacto,
-más pesado que nunca.</p>
-
-<p>En nuestro súbito descenso, alcanzamos á ver<span class="pagenum"><a id="Page_46"></a>[Pg 46]</span>
-que las fieras se desbandaban buscando abrigo
-bajo los escombros.</p>
-
-<p>Llegamos á la bodega, no sin que nos alcanzaran
-algunas chispas, y comprendiendo que aquel nuevo
-chaparrón iba á consumar la ruina, me dispuse
-á concluir.</p>
-
-<p>Mientras mi compañero abusaba de la bodega&mdash;por
-primera y última vez, á buen seguro&mdash;decidí
-aprovechar el agua de la cisterna en mi baño
-fúnebre; y después de buscar inútilmente un trozo
-de jabón, descendí á ella por la escalinata que servía
-para efectuar su limpieza.</p>
-
-<p>Llevaba conmigo el pomo de veneno, que me causaba
-un gran bienestar, apenas turbado por la
-curiosidad de la muerte.</p>
-
-<p>El agua fresca y la obscuridad, me devolvieron á
-las voluptuosidades de mi existencia de rico que
-acababa de concluir. Hundido hasta el cuello, el
-regocijo de la limpieza y una dulce impresión de
-domesticidad, acabaron de serenarme.</p>
-
-<p>Oía afuera el huracán de fuego. Comenzaban
-otra vez á caer escombros. De la bodega no llegaba
-un solo rumor. Percibí en eso un reflejo de llamas
-que entraban por la puerta del sótano, el
-característico tufo urinoso... Llevé el pomo á mis
-labios, y...</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_47"></a>[Pg 47]</span></p>
-
-<p class="half-title">UN FENÓMENO INEXPLICABLE</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_48"></a>[Pg 48]<br /><a id="Page_49"></a>[Pg 49]</span></p>
-<h2 class="nobreak">UN FENÓMENO INEXPLICABLE</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">Hace de esto once años. Viajaba por la región
-agrícola que se dividen las provincias de Córdoba
-y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones
-indispensables para escapar á las horribles posadas
-de aquellas colonias en formación. Mi estómago,
-derrotado por los invariables salpicones con
-hinojo y las fatales nueces del postre, exigía fundamentales
-refacciones. Mi última peregrinación
-debía efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie
-sabía indicarme un albergue en la población hacia
-donde iba á dirigirme. Sin embargo, las circunstancias
-apremiaban, cuando el juez de paz que me
-profesaba cierta simpatía, vino en mi auxilio.</p>
-
-<p>&mdash;Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo
-y solo. Posee una casa, lo mejor de la colonia, y
-varios terrenos de no escaso valor. Algunos servicios
-que mi cargo me puso en situación de prestarle,
-serán buen pretexto para la recomendación
-que usted desea, y que si es eficaz le proporcionará<span class="pagenum"><a id="Page_50"></a>[Pg 50]</span>
-excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi
-hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele
-tener su luna en ciertas ocasiones, siendo, además,
-extraordinariamente reservado. Nadie ha podido
-penetrar en su casa más allá del dormitorio donde
-recibe á sus huéspedes, muy escasos por otra parte.
-Todo esto quiere decir que va usted en condiciones
-nada ventajosas, pero es cuanto puedo suministrarle.
-El éxito es puramente casual. Con todo,
-si usted quiere una carta de recomendación...</p>
-
-<p>Acepté y emprendí acto continuo mi viaje llegando
-al punto de destino horas después.</p>
-
-<p>Nada tenía de atrayente el lugar. La estación
-con su techo de tejas coloradas; su andén crujiente
-de carbonilla; su semáforo á la derecha, su pozo
-á la izquierda. En la doble vía del frente, media
-docena de vagones que aguardaban la cosecha.
-Más allá el galpón, bloqueado por bolsas de trigo.
-Á raíz del terraplén, la pampa con su color amarillento
-como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque
-diseminadas á lo lejos, cada una con su
-parva al costado; sobre el horizonte el festón
-de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica
-enormidad entonando el color rural del paisaje.</p>
-
-<p>Aquello era vulgarmente simétrico como todas
-las fundaciones recientes. Notábase rayas de men<span class="pagenum"><a id="Page_51"></a>[Pg 51]</span>sura
-en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos
-colonos llegaban á la estafeta en busca de cartas.
-Pregunté á uno por la casa consabida, obteniendo
-inmediatamente las señas. Noté en el modo de referirse
-á mi huésped, que se le tenía por hombre
-considerable.</p>
-
-<p>No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras
-más allá, hacía el oeste, al extremo de un camino
-polvoroso que con la tarde tomaba coloraciones
-lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa,
-de cierta gallardía exótica entre las viviendas
-circunstantes; su jardín al frente; el patio
-interior rodeado por una pared tras la cual sobresalían
-ramas de duraznero. El conjunto era agradable
-y fresco; pero todo parecía deshabitado. En
-el silencio de la tarde, allá sobre la campiña desierta,
-aquella casita, no obstante sus rasgos de
-<i lang="fr" xml:lang="fr">chalet</i> industrioso, tenía una especie de triste dulzura,
-algo de sepulcro nuevo en el emplazamiento
-de un antiguo cementerio.</p>
-
-<p>Cuando llegué á la verja, noté que en el jardín
-había rosas, rosas de otoño cuyo perfume aliviaba
-como una caridad la fatigosa exhalación de las
-trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con
-la mano, crecía libremente la hierba; y una pala
-cubierta de óxido yacía contra la pared, con su cabo
-enteramente liado por la guía de una enredadera.<span class="pagenum"><a id="Page_52"></a>[Pg 52]</span>
-
-Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y
-no sin cierta impresión vaga de temor fuí á golpear
-la puerta interna. Pasaron minutos. El viento
-se puso á silbar en una rendija, agravando la soledad.
-Á un segundo llamado, sentí pasos; y poco
-después la puerta se abría con un ruido de
-madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome.</p>
-
-<p>Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarle
-á mis anchas. Cabeza elevada y calva; rostro
-afeitado de <i lang="en" xml:lang="en">clergyman</i>; labios generosos, nariz austera.
-Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias
-superciliares, equilibraban con una recta
-expresión de tendencias impulsivas, el desdén
-imperioso de su mentón. Definido por sus inclinaciones
-profesionales, aquel hombre podía ser lo
-mismo un militar que un misionero. Hubiera deseado
-mirar sus manos para completar mi impresión,
-mas sólo podía verlas por el dorso.</p>
-
-<p>Enterado de la carta, me invitó á pasar, y todo
-el resto de mi permanencia, hasta la hora de comer,
-fué dedicado á mis arreglos personales. En la
-mesa fué donde empecé á notar algo extraño.</p>
-
-<p>Mientras comíamos, advertí que no obstante su
-perfecta cortesía, algo preocupaba á mi interlocutor.
-Su mirada invariablemente dirigida hacia un
-ángulo de la habitación, manifestaba cierta angus<span class="pagenum"><a id="Page_53"></a>[Pg 53]</span>tia;
-pero como su sombra daba precisamente en
-ese punto, mis miradas furtivas nada pudieron
-descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello
-sino una distracción habitual.</p>
-
-<p>La conversación seguía en tono bastante animado,
-sin embargo. Tratábase del cólera que por entonces
-azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped
-era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por
-haber encontrado en mí uno del gremio. Á este
-propósito, una frase del diálogo hizo variar su tendencia.
-La acción de las dosis reducidas acababa
-de sugerirme un argumento que me apresuré á exponer.</p>
-
-<p>&mdash;La influencia que sobre el péndulo de Rutter,
-dije concluyendo una frase, ejerce la proximidad
-de cualquier substancia, no depende de la cantidad.
-Un glóbulo homeopático determina oscilaciones
-iguales á las que produciría una dosis quinientas
-ó mil veces mayor.</p>
-
-<p>Advertí al momento, que acababa de interesar
-con mi observación. El dueño de casa me miraba
-ahora.</p>
-
-<p>&mdash;Sin embargo, respondió, Reichenbach ha contestado
-negativamente esa prueba. Supongo que
-ha leído usted á Reichenbach.</p>
-
-<p>&mdash;Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he
-ensayado, y mi aparato, confirmando á Rutter, me<span class="pagenum"><a id="Page_54"></a>[Pg 54]</span>
-ha demostrado que el error procedía del sabio alemán,
-no del inglés. La causa de semejante error es
-sencillísima, tanto que me sorprende cómo no
-dió con ella el ilustre descubridor de la parafina y
-de la creosota.</p>
-
-<p>Aquí, sonrisa de mi huésped; prueba terminante
-de que nos entendíamos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, ó
-el perfeccionado por el doctor Leger?</p>
-
-<p>&mdash;El segundo, respondí.</p>
-
-<p>&mdash;Es mejor; ¿y cuál sería, según sus investigaciones,
-la causa del error de Reichenbach?</p>
-
-<p>&mdash;Ésta: los sensitivos con que operaba, influían
-sobre el aparato, sugestionándose por la cantidad
-del cuerpo estudiado. Si la oscilación provocada
-por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba
-una amplitud de cuatro líneas, las ideas
-corrientes sobre la relación entre causa y efecto
-<em>exigían</em> que la oscilación aumentara en proporción
-con la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los
-sensitivos del barón, eran individuos nada versados
-por lo común en especulaciones científicas; y
-quienes practican experiencias así, saben cuán
-poderosamente influyen sobre tales personas las
-ideas tenidas por verdaderas, sobre todo cuando
-son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El
-péndulo no obedece á la cantidad, sino á la natu<span class="pagenum"><a id="Page_55"></a>[Pg 55]</span>raleza
-del cuerpo estudiado solamente; pero cuando
-el sensitivo <em>cree</em> que la cantidad influye,
-aumenta el efecto, pues toda creencia es una volición.
-Un péndulo, ante el cual el sujeto opera sin
-conocer las variaciones de cantidad, confirma á
-Rutter. Desaparecida la alucinación...</p>
-
-<p>&mdash;Oh, ya tenemos aquí la alucinación, dijo mi
-interlocutor con manifiesto desagrado.</p>
-
-<p>&mdash;No soy de los que explican todo por la alucinación,
-á lo menos confundiéndola con la subjetividad,
-como frecuentemente ocurre. La alucinación
-es para mí una fuerza más que un estado de
-ánimo, y así considerada, se explica por medio de
-ella buena porción de fenómenos. Creo que es la
-doctrina justa.</p>
-
-<p>&mdash;Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí
-á Home, el médium, en Londres, allá por
-1872. Seguí luego con vivo interés las experiencias
-de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista;
-pero la evidencia se me impuso con motivo
-de los fenómenos del 74. La alucinación no basta
-para explicarlo todo. Créame usted, las apariciones
-son autónomas...</p>
-
-<p>&mdash;Permítame una pequeña digresión, interrumpí&mdash;encontrando
-en aquellos recuerdos una oportunidad
-para comprobar mis deducciones sobre el
-personaje; quiero hacerle una pregunta, que no<span class="pagenum"><a id="Page_56"></a>[Pg 56]</span>
-exige desde luego contestación, si es indiscreta:
-¿Ha sido usted militar?...</p>
-
-<p>&mdash;Poco tiempo; llegué á subteniente del ejército
-de la India.</p>
-
-<p>&mdash;Por cierto, la India sería para usted un campo
-de curiosos estudios.</p>
-
-<p>&mdash;No; la guerra cerraba el camino del Tibet á
-donde hubiese querido llegar. Fuí hasta Cawnpore,
-nada más. Por motivos de salud regresé muy
-luego á Inglaterra; de Inglaterra pasé á Chile en
-1879; y por último á este país en 1888.</p>
-
-<p>&mdash;¿Enfermó usted en la India?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, respondió con tristeza el antiguo militar,
-clavando nuevamente sus ojos en el rincón del
-aposento.</p>
-
-<p>&mdash;¿El cólera? insistí.</p>
-
-<p>Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró
-por sobre mí vagamente. Su pulgar comenzó á moverse
-entre los ralos cabellos de la nuca. Comprendí
-que iba á hacerme una confidencia de la cual
-eran prólogo aquellos ademanes, y esperé. Afuera
-chirriaba un grillo en la obscuridad.</p>
-
-<p>&mdash;Fué algo peor todavía, comenzó mi huésped.
-Fué el misterio. Pronto hará cuarenta años y nadie
-lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué decirlo?
-No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo
-menos. No soy un triste, soy un desesperado. Mi<span class="pagenum"><a id="Page_57"></a>[Pg 57]</span>
-mujer falleció hace ocho años, ignorando el mal
-que me devoraba, y afortunadamente no he tenido
-hijos. Encuentro en usted por primera vez un
-hombre capaz de comprenderme.</p>
-
-<p>Me incliné agradecido.</p>
-
-<p>&mdash;¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre,
-sin capilla y sin academia! Y no obstante, está
-usted todavía en los umbrales. Los fluidos ódicos
-de Reichenbach no son más que el prólogo. El
-caso que va usted á conocer, le revelará hasta dónde
-puede llegarse.</p>
-
-<p>El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas
-á su castellano un tanto gramatical. Los incisos
-adquirían una tendencia imperiosa, una plenitud
-rítmica extraña en aquel acento extranjero.</p>
-
-<p>&mdash;En febrero de 1858, continuó, fué cuando perdí
-toda mi alegría. Habrá usted oído hablar de los
-<em>yoghis</em>, esos singulares mendigos cuya vida se
-comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los
-viajeros han popularizado sus hazañas, que sería
-inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué consiste la base
-de sus poderes?</p>
-
-<p>&mdash;Creo que en la facultad de producir cuando
-quieren, el autosonambulismo, volviéndose de
-tal modo insensibles, videntes, etc.</p>
-
-<p>&mdash;Es exacto. Pues bien, yo vi operar á los <em>yoghis</em>
-en condiciones que imposibilitaban toda su<span class="pagenum"><a id="Page_58"></a>[Pg 58]</span>perchería.
-Llegué hasta fotografiar las escenas, y
-la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto.
-La alucinación resultaba así, imposible, pues los
-ingredientes químicos no se alucinan... Entonces
-quise desarrollar idénticos poderes. He sido siempre
-audaz, y luego no estaba entonces en situación
-de apreciar las consecuencias. Puse, pues,
-manos á la obra.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por cuál método?</p>
-
-<p>Sin responderme, continuó:</p>
-
-<p>&mdash;Los resultados fueron sorprendentes. En
-poco tiempo llegué á dormir. Al cabo de dos años
-producía la traslación consciente. Pero aquellas
-prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud.
-Me sentía espantosamente desamparado, y
-con la seguridad de una cosa adversa mezclada
-á mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame
-la curiosidad. Estaba en la pendiente y
-ya no podía detenerme. Por una continua tensión
-de voluntad conseguía salvar las apariencias ante
-el mundo. Mas poco á poco, el poder despertado
-en mí se volvía más rebelde. Una distracción prolongada,
-ocasionaba un desdoblamiento. Sentía
-mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía á
-ser algo así como una afirmación del <em>no yo</em>, diré
-expresando concretamente aquel estado. Como
-las impresiones se avivaban, produciéndome an<span class="pagenum"><a id="Page_59"></a>[Pg 59]</span>gustiosa
-<span style="margin-left: 0.5em;">lucidez, resolví una noche ver mi doble.</span><br />
-<em>Ver qué era lo que salía de mí, siendo yo mismo</em>, durante
-el sueño extático.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y pudo conseguirlo?</p>
-
-<p>&mdash;Fué una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento
-se produjo con la facilidad acostumbrada.
-Cuando recobré la conciencia, ante mí, en un
-rincón del aposento, había una forma. Y esta forma
-era un mono, un horrible animal que me miraba
-fijamente.­­Desde entonces no se aparta de
-mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. Á donde
-quiera que <em>él</em> va, <em>voy conmigo</em>, con <em>él</em>. Está
-siempre ahí. Me mira constantemente, pero no
-se <em>le</em> acerca jamás, no <em>se</em> mueve jamás, no <em>me</em> muevo
-jamás...</p>
-
-<p>Subrayo los pronombres trocados en la última
-frase, tal como la oí. Una sincera aflicción me
-embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una
-sugestión atroz.</p>
-
-<p>&mdash;Cálmese usted, le dije, aparentando confianza.
-La reintegración no es imposible.</p>
-
-<p>&mdash;¡Oh, sí! respondió con amargura. Esto es ya
-viejo. Figúrese usted, he perdido el concepto de la
-unidad. Sé quedos y dos son cuatro, por recuerdo;
-pero ya no creo en ello. El más sencillo problema
-de aritmética carece de sentido para mí, pues me
-falta la convicción de la cantidad. Y todavía sufro<span class="pagenum"><a id="Page_60"></a>[Pg 60]</span>
-cosas más raras. Cuando me tomo una mano con
-la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta,
-como si perteneciera á una persona que no soy
-yo. Á veces veo las cosas dobles, porque cada ojo
-procede sin relación con el otro...</p>
-
-<p>Era, á no dudarlo, un caso curioso de locura,
-que no excluía el más perfecto raciocinio.</p>
-
-<p>&mdash;Pero en fin, ¿ese mono?... pregunté para agotar
-el asunto.</p>
-
-<p>&mdash;Es negro como mi propia sombra, y melancólico
-al modo de un hombre. La descripción es
-exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su
-estatura es mediana, su cara como todas las caras
-de mono. Pero siento, no obstante, que se parece
-á mí. Hablo con entero dominio de mí mismo.
-¡Ese animal se parece á mí!</p>
-
-<p>Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin
-embargo, la idea de una cara simiesca formaba tan
-violento contraste con su rostro de aventajado
-ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta,
-que la incredulidad se imponía por esta circunstancia,
-más aún que por lo absurdo de la alucinación.</p>
-
-<p>Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie
-como adoptando una resolución definitiva:</p>
-
-<p>&mdash;Voy á caminar por este cuarto, para que usted
-lo vea. Observe mi sombra, se lo ruego.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_61"></a>[Pg 61]</span></p>
-
-<p>Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa
-hasta un extremo del comedor y comenzó á pasearse.
-Entonces, la más grande de las sorpresas
-me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se
-movía! Proyectada sobre el rincón, de la cintura
-arriba, y con la parte inferior sobre el piso de madera
-clara, parecía una membrana alargándose y
-acortándose según la mayor ó menor proximidad
-de su dueño. No podía yo notar desplazamiento
-alguno bajo las incidencias de luz en que á cada
-momento se encontraba el hombre.</p>
-
-<p>Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura,
-resolví desimpresionarme y ver si hacía
-algo parecido con mi huésped, por medio de un
-experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener
-su silueta pasando un lápiz sobre el perfil de
-la sombra.</p>
-
-<p>Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro
-migas de pan mojado hasta conseguir la más perfecta
-adherencia posible á la pared, y de manera
-que la sombra del rostro quedase en el centro
-mismo de la hoja. Quería, como se ve, probar por
-la identidad del perfil entre la cara y su sombra
-(esto saltaba á la vista, pero el alucinado sostenía
-lo contrario) el origen de dicha sombra, con intención
-de explicar luego su inmovilidad teniendo
-asegurada una base exacta.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_62"></a>[Pg 62]</span></p>
-
-<p>Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron
-un poco al posarse en la mancha sombría, que por
-lo demás imitaba perfectamente el perfil de mi
-interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el
-pulso no me falló en el trazado. Hice la línea sin
-levantar la mano, con un lápiz Hardtmuth azul, y
-no despegué la hoja, concluido que hube, hasta
-no hallarme convencido por una escrupulosa observación,
-de que mi trazo coincidía perfectamente
-con el perfil de la sombra, y éste con el de la
-cara del alucinado.</p>
-
-<p>Mi huésped seguía la experiencia con inmenso
-interés. Cuando me aproximé á la mesa, vi temblar
-sus manos de emoción contenida. El corazón
-me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace.</p>
-
-<p>&mdash;No mire usted, dije.</p>
-
-<p>&mdash;¡Miraré! me respondió con un acento tan imperioso,
-que á pesar mío puse el papel ante la luz.</p>
-
-<p>Ambos palidecimos de una manera horrible.
-Allí ante nuestros ojos, la raya de lápiz trazaba una
-frente deprimida, una nariz chata, un hocico bestial.
-¡El mono! ¡La cosa maldita!</p>
-
-<p>Y conste que yo no sé dibujar.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_63"></a>[Pg 63]</span></p>
-
-<p class="half-title">EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_64"></a>[Pg 64]<br /><a id="Page_65"></a>[Pg 65]</span></p>
-<h2 class="nobreak">EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">El 15 de junio de 1099, cuarto día de la tercera
-semana, un crepúsculo en nimbos de sangre había
-visto por vigésima quinta vez al campamento
-cruzado, desplegarse como una larga línea de silencios
-y de tiendas pardas alrededor de Jerusalén,
-desde la puerta de Damasco hasta donde el
-Cedrón penetra en el valle de Sové que los latinos
-llaman valle de Josafat.</p>
-
-<p>Sobre la llanura que se extendía entre el campamento
-y la ciudad, algunos bultos denunciaban
-cadáveres: restos de la jornada del 13 que los francos
-libraron sobre la antemuralla.</p>
-
-<p>El monte Moria, alzábase frente de la puerta Esterquilinaria,
-al mediodía. Por el norte levantaban
-sus cumbres desoladas el Olivete y el monte del
-Escándalo donde Salomón idolatró. Entre estas
-cumbres, el valle maldito, el valle donde imperara
-la herejía de Belphegor y de Moloch; donde gimieron
-David y Jeremías; donde Jesucristo empezó<span class="pagenum"><a id="Page_66"></a>[Pg 66]</span>
-su pasión; donde Joel dijo su memorable profecía:
-<em>congregabo omnes gentes</em>, etc.; donde duermen Zacarías
-y Absalón; el valle adonde los judíos van á
-morir de todas las partes del mundo, se abría lleno
-de sombra y de viñas negras...</p>
-
-<p>Las murallas de la ciudad, altas de cien palmos,
-escondían á la vista las montañas de Judea que el
-rey Sabio hizo poblar de cedros. El recinto quedaba
-oculto, y sólo se divisaba por sobre la línea de
-bastiones, la cumbre rojiza del Acra, la monstruosa
-cúpula de cobre de la mezquita <em>Gameat-el-Sakhra</em>
-levantada por Ornar á indicación del patriarca Sofronio,
-sobre las ruinas del templo de Salomón&mdash;y
-algunas palmeras.</p>
-
-<p>Una agonía sedienta consumía á los soldados de
-la cruz. Las fuentes de Siloé y de Rogel estaban exhaustas.
-El viento salado apenas dejaba aproximarse
-las nubes hasta Jericó. Y aquello estaba tan seco,
-tan calcinado, que las mismas tumbas antiguas
-parecían clamar de sed.</p>
-
-<p>Sobre las tiendas de las huestes sitiadoras, ondeaban
-multicolores estandartes, en cuyo trapo,
-al impulso de la devoción y del heroísmo, iban
-germinando como futuros emblemas de gloria,
-las trece coronas y las treinta y seis cruces principales
-de la heráldica, desde la sencilla cruz patente
-hasta las embrolladísimas dobles y contra<span class="pagenum"><a id="Page_67"></a>[Pg 67]</span>
-potenzadas, que llegarían luego á su máxima complicación
-en el bizarro jeroglífico de la familia
-Squarciafichi.</p>
-
-<p>Estaban allí Godofredo, Eustaquio y Balduino;
-los señores de Tolosa, de Foix, de Flandes, de
-Orange, de Rosellón, de San Pol, de l’Estoile, de
-Flandes y de Normandía. Ya eran todos ilustres.
-Guicher había hendido en dos un león; Godofredo
-había partido por la mitad un gigante sarraceno
-en el puente de Antíoco...</p>
-
-<p>Una tienda rasa se alzaba entre las otras. En
-aquella tienda un monje flaco y viejo que tenía
-un báculo de olivo, vivía mojando en lágrimas
-toda la longitud de su barba. Era Pedro el Ermitaño.</p>
-
-<p>Aquel monje sabía que la ciudad ilustre fundada
-en el 2023 año del mundo, era una mártir.</p>
-
-<p>Desde los hijos de Jebus, hasta Sesac; desde
-Joas hasta Manasés, hasta Nabucodonosor, hasta
-Tolomeo Lago, hasta los dos Antíocos el Grande y
-el Epifanio, hasta Pompeyo, hasta Craso, hasta
-Antígono, hasta Herodes, hasta Tito, hasta Adriano,
-hasta Cosroes, hasta Omar&mdash;cuánta sangre había
-manchado sus piedras, cuánta desolación había
-caído sobre la reina glorificada por la salutación
-de Tobías: <i lang="la" xml:lang="la">¡Jerusalem, civitas Dei, luce splendida
-fulgebis!</i> Pedro había podido observar, como san<span class="pagenum"><a id="Page_68"></a>[Pg 68]</span>
-Jerónimo, que en aquella ciudad no se veía un
-solo pájaro.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Esa tarde, un correo expedido de Kaloni, comunicó
-á Godofredo que en el puerto de Jafa acababan
-de anclar varias naves pisanas y genovesas,
-en las cuales venían los marineros esperados para
-construír las máquinas de guerra diseñadas por
-Raymundo de Foix.</p>
-
-<p>Acababa de hundirse el sol, cuando tomaron el
-camino de Arimatea cuatro caballeros enviados
-para guardar las naves recién llegadas á Jafa.
-Eran Raimundo Pileto, Acardo de Mommellou,
-Guillermo de Sabran y Wilfrido de Hohenstein á
-quien llamaban el caballero del blanco yelmo.</p>
-
-<p>Era él rubio y fuerte como un arcángel. Sobre su
-tarja germana, sin divisa como todos los escudos
-de aquel tiempo, se destacaba formando blasón
-pleno un lirio de estaño en campo verde. Aquel
-lirio en forma de alabarda, era el único abierto de
-toda la flora heráldica; pues el de Francia permanecía
-aún en botón.</p>
-
-<p>Pero lo extraordinario en la armadura del caballero,
-era su casco de metal blanquísimo, cuyo esplendor
-no velaba entre los demás la cimera de
-que carecían los yelmos de los cruzados. El nasal<span class="pagenum"><a id="Page_69"></a>[Pg 69]</span>
-de aquel casco, dividiéndole exageradamente el entrecejo
-y bajando por entre sus ojos como un pico,
-daba á su faz una expresión de gerifalte.</p>
-
-<p>Contábase á propósito de aquella prenda, una
-rara historia. Decíase que casado su dueño á los
-veinte años, antes de uno mató á la esposa en un
-arrebato de celos. Descubierta luego la inocencia
-de la víctima, el señor de Ilohenstein fué en demanda
-de perdón á Pedro el Ermitaño, quien le
-puso en el pecho la cruz de los peregrinos.</p>
-
-<p>Antes de partir, quiso orar el joven en la tumba
-de su esposa. Sobre aquel sepulcro, había crecido
-un lirio que él decidió llevarse como recuerdo;
-mas al cortarla, la flor se transformó en un casco
-de plata, dando origen al sobrenombre del caballero.
-Poseídos aún del milagro que hizo llover
-lirios sobre la cabeza de Clodoveo, no tenían los
-camaradas del héroe por qué dudar de su aventura,
-mucho más cuando él la abonaba con su valentía
-y con un voto de castidad.</p>
-
-<p>La noche estaba ya densa sobre los montes. Los
-caballeros cruzaron al trote de sus cabalgaduras,
-como cuatro sombras en rumor de hierro, la garganta
-estéril que une á Jerusalén con Sichem y
-Neápolis; el torrente donde David tomó las cinco
-piedras para combatir al gigante; el valle del Terebinto,
-el de Jeremías, dolorosa entrada de los<span class="pagenum"><a id="Page_70"></a>[Pg 70]</span>
-montes de Judea poblados de jabalíes; los arrabales
-de Arimatea, los de Lydia sembrados de aquellas
-palmas idumeas bajo las cuales curó Pedro al
-paralítico; y al llegar al pozo de la virgen, la llanura
-de Sarón, cubierta de alelíes y tulipanes se
-desplegó ante ellos desde Gaza hasta el Carmelo,
-y desde los montes de Judea hasta los de Samaría,
-denunciándose en la obscuridad con el aroma de
-sus flores. Tal iban evocando los pasajes de la sacra
-historia por los mismos lugares de su tránsito,
-aquellos ilustres guerreros.</p>
-
-<p>Wilfrido habíase rezagado un tanto. Los otros
-tres mantenían su piadosa conversación; y el señor
-de Sabran refirió á sus compañeros la historia
-de la ciudad adonde se dirigían.</p>
-
-<p>Jafa está, decía, en la heredad de Dan y es más
-antigua que el diluvio. En ella murió Noé; á ella
-venían las flotas de Hiram cargadas de cedro; en
-ella se embarcó Jonás para cruzar el mar, aquel
-<em>Gran Mar</em> “que vió á Dios y retrocedió”, dice el
-Salmista; ella sufrió el peso de cinco invasiones y
-fué incendiada por Judas Macabeo. Allí resucitó
-Pedro á Tabita; allí Cestio y Vespasiano repletaron
-de oro sus legiones; y en su ciudadela manda
-ahora en nombre del Soldán, el feroz Abu-Djezzar-Mohamed
-ibn-el-Thayybel-Achary, á quien llaman
-familiarmente Abu-Djezzar, y cuyos sicarios re<span class="pagenum"><a id="Page_71"></a>[Pg 71]</span>corren
-estos parajes buscando el rastro de los
-guerreros de Cristo.</p>
-
-<p>El señor de Mommellou añadió á su vez que
-Jafa había sido teatro de las fábulas del paganismo.
-Su nombre era el de una hija de Eolo; y
-San Jerónimo cuenta que le enseñaron allí la roca
-y el anillo en que Andrómeda fué entregada al
-monstruo de Neptuno. Plinio añade que Escauro
-llevó á Roma los huesos de dicho animal, y Pausanias
-refiere que existe todavía la fuente donde
-Perseo se lavó las manos cubiertas por la sangre
-del combate.</p>
-
-<p>Y todo lo contaron los caballeros Acardo de Mommellou
-y Guillermo de Sabran, porque sabían muchas
-letras de historia aprendidas en los pergaminos
-de los monasterios.</p>
-
-<p>De repente, al llegar junto á las ruinas de una
-cisterna seca, advirtieron que Wilfrido no iba ya
-con ellos. Era indudable que se había extraviado
-en tan peligroso sitio, pero no podían buscarle,
-pues de las naves que iban á custodiar dependía
-la toma de la ciudad santa. Y por si era tiempo
-aún, galoparon soplando sus cuernos hacia las
-murallas próximas.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Abu-Djezzar gobernaba la ciudadela. La fortaleza
-se levantaba, dominando el mar, entre un bos<span class="pagenum"><a id="Page_72"></a>[Pg 72]</span>quecillo
-de nopales y de granados. Mil musulmanes
-defendíanse allí esperando auxilios de Cesárea
-ó de Solima. Los fosos estaban llenos de agua y
-levantados los rastrillos, que apenas dejaban paso
-á las partidas de merodeadores.</p>
-
-<p>Wilfrido de Ilohenstein, despojado de sus armas,
-fué traído ante el señor de la ciudadela. Era
-éste un musulmán de ojos aguileños y perfil enérgico
-como un hachazo.</p>
-
-<p>&mdash;Perro, le dijo apenas le tuvo á su alcance; ya
-sabemos la situación de vuestros soldados que
-mueren de sed bajo los muros de Solima. Dime,
-pues lo sabes, si los cristianos abrigan todavía esperanzas.</p>
-
-<p>Una sonrisa heroica iluminó la juventud del caballero.</p>
-
-<p>&mdash;Sarraceno, replicó; los condes de Flandes y
-de Normandía acampan al norte, allá mismo donde
-fué apedreado san Esteban; Godofredo y Tancredo
-están al Occidente; el conde de Saint-Gilles
-al sur, sobre el monte Sión. Ya sabes dónde se
-hallan nuestras tropas, y también que los soldados
-de Cristo no retroceden. Pues bien, óyelo Sarraceno:
-Antes de un mes, los soldados de Cristo
-entrarán en Jerusalén por el norte, por el occidente
-y por el mediodía.</p>
-
-<p>Abu-Djezzar rugió de rabia.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_73"></a>[Pg 73]</span></p>
-
-<p>&mdash;Cortad maderos, gritó á sus soldados; haced
-una cruz y clavad en ella á este perro. ¡Que muera
-como su Dios!</p>
-
-<p>Tres horas después, los soldados venían en grupos
-á contemplar el mártir. Wilfrido de Hohenstein,
-clavado en una cruz muy baja, parecía estar
-muerto en pie. Desnudo enteramente, cruzado su
-cuerpo de rayas rojas, la cabeza doblada, los cabellos
-rubios cubriéndole los ojos, las manos y los
-pies como envueltos en púrpura, semejaba una efigie
-de altar. La muerte no conseguía ajar su juventud,
-realzándola más bien como una escarcha
-fina sobre un mármol artístico. El patíbulo daba
-al mar, sobre la ciudad ruinosa, desamparado bajo
-el cielo. Y los soldados admiraban en voz baja, con
-palabras bárbaramente desgarradas en vómitos
-guturales, aquella juventud enemiga, tan viril
-bajo los cabellos rubios ceñidos ya por una gloria
-de apogeos.</p>
-
-<p>El cuerpo de Wilfrido de Hohenstein no era ya
-sino un despojo. Estaba muy blanco, casi transparente,
-como un vaso de alabastro que ha dejado
-correr todo su vino; y bajo sus párpados entreabiertos,
-se vislumbraba una minúscula estrella
-azul.</p>
-
-<p>Un buitre sirio, á inmensa altura, mecíase entre
-los cenitales esplendores. Los soldados lo vieron<span class="pagenum"><a id="Page_74"></a>[Pg 74]</span>
-y entonces recordaron. Aunque la agonía del caballero
-fué larga, era indudable que ya estaba
-muerto. El agá se aproximó y levantó uno de los
-párpados. La estrellita azul se había apagado en
-el fondo de la órbita. De la comisura labial, desprendíase
-un hilo de sangre.</p>
-
-<p>Nadie se atrevió á abofetearle, á pesar de que
-era la costumbre, porque su sueño apaciguaba con
-su inmensa blancura. Tendieron simplemente la
-cruz y empezaron á desclavarle. Pero la mano derecha
-resistía tanto, que el agá la cortó con su
-gumía dejándola clavada en el poste. Y como la
-cruz aquella podía servir para ajusticiar otros perros,
-resolvieron conservarla en la armería.</p>
-
-<p>La mano permaneció así durante un mes. Nadie
-se acordaba ya de aquello, cuando el 12 de julio
-de 1099, un emisario sarraceno vino en su
-caballo moribundo á decir á Abu-Djezzar que los
-cristianos arrojando escalas sobre los muros de
-Solima, al rayar la aurora, y encerrados en fuertes
-ingenios de madera, hacían llover sobre los fieles
-del Profeta un aguacero de aceite y pez hirviendo.</p>
-
-<p>Abu-Djezzar mandó afilar los alfanjes y descendió
-á la armería para inspeccionar los arneses de
-peones y caballeros.</p>
-
-<p>Lucían los hierros en la penumbra de la sala.
-Había allí lorigas de Egipto, yataganes de Damas<span class="pagenum"><a id="Page_75"></a>[Pg 75]</span>co;
-lanzas españolas, largas de diez palmos; adargas
-de cuero de hipopótamo, tomadas á los nubios;
-estribos tajantes al uso berberisco y puñales
-bizantinos que parecían de agua.</p>
-
-<p>El musulmán recorría con ojo satisfecho aquel
-arsenal provisto por el califa, de tantas y tan hermosas
-armas. Sus babuchas sonaban en las lozas
-de la galería, y soberbiamente envuelto en su albornoz,
-examinábalo todo.</p>
-
-<p>Habíase quitado el turbante, y su cabeza afeitada
-ostentaba en el occipucio el penacho de cabellos
-por donde el ángel Gabriel le conduciría al Paraíso
-el día del juicio. Nadaban en sus ojos dos chispas,
-y bajo su labio crispado, la dentadura fijaba un
-brillo siniestro.</p>
-
-<p>Desde su sitio percibía la cruz disimulada en la
-sombra donde amarilleaba la mano del mártir. Y
-andando, andando, se encontró debajo de ella con
-la mirada fija en una de las perchas de la armería.</p>
-
-<p>En ese momento eran las tres de la tarde. El caballero
-de l’Estoile acababa de saltar sobre las murallas
-de Jerusalén.</p>
-
-<p>Y como el agá apareciera en la puerta, Abu-Djezzar
-le increpó:</p>
-
-<p>&mdash;¡Alá los extermine! ¡Malditos perros!...</p>
-
-<p>No pudo concluir. La mano, espantosamente viva,
-se había abierto como una garra, retorciéndose<span class="pagenum"><a id="Page_76"></a>[Pg 76]</span>
-en su clavo y enredando entre sus dedos los cabellos
-del infiel.</p>
-
-<p>El agá, loco de horror, huyó á lo alto de la ciudadela.
-Los soldados acudieron, mas nadie se
-atrevió á tocar aquella formidable reliquia que
-mantenía invenciblemente agarrada la presa enemiga.</p>
-
-<p>Abu-Djezzar yacía muerto al pie de la cruz, con
-la lengua apretada entre los dientes y tendidos los
-brazos que descuartizaba una convulsión.</p>
-
-<p>Esa misma tarde el agá hizo arrojar por sobre
-las murallas el siniestro crucifijo, sin que la mano
-volviera á abrirse desde entonces. Y los cristianos
-de Jafa, sabederos del hecho por un prisionero de
-la ciudadela tomado pocos días después, condujeron
-en procesión aquel trofeo erigiendo un altar al
-caballero del blanco yelmo, que padeció muerte
-de cruz entre los infieles el 16 de junio del año 1099
-de Cristo.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Ahora, en el convento de los franciscanos de Jafa,
-puede verse bajo una urna de cristal, clavada
-en su trozo de madera y asiendo un puñado de
-cabellos, todavía fresca como para consolar la décima
-séptima agonía de Jerusalén, la mano blanca
-de san Wilfrido de Hohenstein.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_77"></a>[Pg 77]</span></p>
-
-<p class="half-title">EL ESCUERZO</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_78"></a>[Pg 78]<br /><a id="Page_79"></a>[Pg 79]</span></p>
-<h2 class="nobreak">EL ESCUERZO</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa
-donde habitaba la familia, me di con un pequeño
-sapo que, en vez de huir como sus congéneres más
-corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo
-mis pedradas. Tenía horror á los sapos y era mi
-diversión aplastar cuantos podía. Así es que el
-pequeño y entonado batracio no tardó en sucumbir
-á los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos
-criados en la vida semi-campestre de
-nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio
-en lagartos y sapos. Además, la casa está situada
-cerca de un arroyo que cruza por la ciudad, lo
-cual contribuía á aumentar la frecuencia de mis
-relaciones con tales reptiles. Entro en estos detalles,
-para que se comprenda bien cómo me sorprendí
-al notar que el atrabiliario sapito me era
-enteramente desconocido. Circunstancia de consulta,
-pues. Y tomando mi víctima con toda la<span class="pagenum"><a id="Page_80"></a>[Pg 80]</span>
-precaución del caso, fuí á preguntar por ella á la
-vieja criada, confidente mía en las primeras empresas
-de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta.
-El asunto había, pues, de interesarnos á
-ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre,
-sentada á la puerta de la cocina, y yo esperaba
-ver acogido mi relato con la acostumbrada
-benevolencia, cuando apenas hube empezado, la
-vi levantarse apresuradamente y arrebatarme de
-las manos el despanzurrado animalito.</p>
-
-<p>&mdash;¡Gracias á Dios que no lo hayas dejado! exclamó
-con muestras de la mayor alegría. En este
-mismo instante vamos á quemarlo.</p>
-
-<p>&mdash;¿Quemarlo? dije yo; ¿pero qué va á hacer, si ya
-está muerto?</p>
-
-<p>&mdash;No sabes que es un escuerzo&mdash;replicó en
-tono misterioso mi interlocutora&mdash;¿y que este animalito
-resucita sino se quema? ¿Quién te mandó
-matarlo? ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas!
-Ahora voy á contarte lo que le pasó al
-hijo de mi amiga la finada Antonia, que en paz
-descanse.</p>
-
-<p>Mientras hablaba, había recogido y encendido
-algunas astillas sobre las cuales puso el cadáver
-del escuerzo.</p>
-
-<p>¡Un escuerzo! decía yo, aterrado bajo mi piel de
-muchacho travieso; ¡un escuerzo! Y sacudía los<span class="pagenum"><a id="Page_81"></a>[Pg 81]</span>
-dedos como si el frío del sapo se me hubiera
-pegado á ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle
-la médula á un hombre de barba entera.</p>
-
-<p>&mdash;¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquia?
-interrumpió aquí Julia con el
-amable desenfado de su coquetería de treinta años.</p>
-
-<p>&mdash;De ningún modo, señorita. Es una historia
-<em>que ha pasado</em>.</p>
-
-<p>Julia sonrió.</p>
-
-<p>&mdash;No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla...</p>
-
-<p>&mdash;Será usted complacida, tanto más cuanto que
-tengo la pretensión de vengarme con ella de su
-sonrisa. Así, pues, proseguí; mientras se asaba mi
-fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su
-narración que es como sigue:</p>
-
-<p>Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía
-con el hijo único que había tenido de él, en una
-casita muy pobre, distante de toda población. El
-muchacho trabajaba para ambos, cortando madera
-en el vecino bosque, y así pasaban año tras
-año, haciendo á pie la jornada de la vida. Un día
-volvió, como de costumbre, por la tarde, para
-tomar su mate, alegre, sano, vigoroso, con su
-hacha al hombro. Y mientras lo hacían, refirió á
-su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo
-había encontrado un escuerzo, al cual no le valie<span class="pagenum"><a id="Page_82"></a>[Pg 82]</span>ron
-hinchazones para quedar hecho una tortilla
-bajo el ojo de su hacha.</p>
-
-<p>La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharle,
-pidiéndole que por favor la acompañara al
-sitio para quemar el cadáver del animal.</p>
-
-<p>&mdash;Has de saber, le dijo, que el escuerzo no perdona
-jamás al que lo ofende. Si no lo queman,
-resucita, sigue el rastro de su matador y no descansa
-hasta que puede hacer con él otro tanto.</p>
-
-<p>El buen muchacho rió grandemente del cuento,
-intentando convencer á la pobre vieja de que aquello
-era una paparrucha buena para asustar chicos
-molestos, pero indigna de preocupar á una persona
-de cierta reflexión. Ella insistió, sin embargo,
-en que la acompañara á quemar los restos del
-animal.</p>
-
-<p>Inútil fué toda broma, toda indicación sobre lo
-distante del sitio, sobre el daño que podía causarle,
-siendo ya tan vieja, el sereno de aquella tarde
-de noviembre. Á toda costa quiso ir y él tuvo que
-decidirse á acompañarla.</p>
-
-<p>No era tan distante; unas seis cuadras á lo más.
-Fácilmente dieron con el árbol recién cortado, pero
-por más que hurgaron entre las astillas y las
-ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no
-apareció.</p>
-
-<p>&mdash;¿No te dije? exclamó ella echándose á llorar;<span class="pagenum"><a id="Page_83"></a>[Pg 83]</span>
-ya se ha ido; ahora ya no tiene remedio esto. ¡Mi
-padre San Antonio te ampare!</p>
-
-<p>&mdash;Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán
-llevado las hormigas ó lo comería algún zorro
-hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar
-por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene
-anocheciendo y la humedad de los pastos es dañosa.</p>
-
-<p>Regresaron, pues, á la casita, ella siempre llorosa,
-él procurando distraerla con detalles sobre el
-maizal que prometía buena cosecha si seguía lloviendo;
-hasta volver de nuevo á las bromas y
-risas en presencia de su obstinada tristeza. Era
-casi de noche cuando llegaron. Después de un registro
-minucioso por todos los rincones, que excitó
-de nuevo la risa del muchacho, comieron en
-el patio, silenciosamente, á la luz de la luna, y ya
-se disponía él á tenderse sobre su apero para dormir,
-cuando Antonia le suplicó que por aquella
-noche siquiera, consintiese en encerrarse dentro
-de una caja de madera que poseía y dormir
-allí.</p>
-
-<p>La protesta contra semejante petición fué viva.
-Estaba chocha, la pobre, no había duda. ¡Á quién
-se le ocurría pensar en hacerle dormir con aquel
-calor, dentro de una caja que seguramente estaría
-llena de sabandijas!</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_84"></a>[Pg 84]</span></p>
-
-<p>Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que
-como el muchacho la quería tanto, decidió acceder
-á semejante capricho. La caja era grande, y
-aunque un poco encogido, no estaría del todo mal.
-Con gran solicitud fué arreglada en el fondo la cama,
-metióse él adentro, y la triste viuda tomó
-asiento al lado del mueble, decidida á pasar la noche
-en vela para cerrarlo apenas hubiera la menor
-señal de peligro.</p>
-
-<p>Calcula ella que sería la medianoche, pues la
-luna muy baja empezaba á bañar con su luz el
-aposento, cuando de repente un bultito negro, casi
-imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta
-que no se había cerrado por efecto del gran calor.
-Antonia se estremeció de angustia.</p>
-
-<p>Allí estaba, por fin, el vengativo animal, sentado
-sobre las patas traseras, como meditando un plan.
-¡Qué mal había hecho el joven en reírse! Aquella
-figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna,
-se agrandaba extraordinariamente, tomaba
-proporciones de monstruo. ¿Pero, si no era más
-que uno de los tantos sapos familiares que entraban
-cada noche á la casa en busca de insectos?
-Un momento respiró, sostenida por esta idea. Mas
-el escuerzo dió de pronto un saltito, después otro,
-en dirección de la caja. Su intención era manifiesta.
-No se apresuraba, como si estuviera seguro de<span class="pagenum"><a id="Page_85"></a>[Pg 85]</span>
-su presa. Antonia miró con indecible expresión de
-terror á su hijo; dormía, vencido por el sueño,
-respirando acompasadamente.</p>
-
-<p>Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer
-ruido la tapa del pesado mueble. El animal no
-se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al pie
-de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en
-uno de los ángulos, y de súbito, con un salto
-increíble en su pequeña talla, se plantó sobre la
-tapa.</p>
-
-<p>Antonia no se atrevió á hacer el menor movimiento.
-Toda su vida se había concentrado en sus
-ojos. La luna bañaba ahora enteramente la pieza.
-Y he aquí lo que sucedió: El sapo comenzó á hincharse
-por grados, aumentó, aumentó de una manera
-prodigiosa, hasta triplicar su volumen. Permaneció
-así durante un minuto, en que la pobre
-mujer sintió pasar por su corazón todos los ahogos
-de la muerte. Después fué reduciéndose, reduciéndose
-hasta recobrar su primitiva forma, saltó á
-tierra, se dirigió á la puerta y atravesando el patio
-acabó por perderse entre las hierbas.</p>
-
-<p>Entonces se atrevió Antonia á levantarse, toda
-temblorosa. Con un violento ademán abrió de par
-en par la caja. Lo que sintió fué de tal modo horrible,
-que á los pocos meses murió víctima del
-espanto que le produjo.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_86"></a>[Pg 86]</span></p>
-
-<p>Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho
-estaba helado y rígido bajo la triste luz en
-que la luna amortajaba aquel despojo sepulcral,
-hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_87"></a>[Pg 87]</span></p>
-
-<p class="half-title">LA METAMÚSICA</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_88"></a>[Pg 88]<br /><a id="Page_89"></a>[Pg 89]</span></p>
-<h2 class="nobreak">LA METAMÚSICA</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">Como hiciera varias semanas que no le veía, al
-encontrarle le interrogué:</p>
-
-<p>&mdash;¿Estás enfermo?</p>
-
-<p>&mdash;No; mejor que nunca y alegre como unas pascuas.
-¡Si supieras lo que me ha tenido absorto durante
-estos dos meses de encierro!</p>
-
-<p>Pues hacía efectivamente dos meses que se le
-extrañaba en su círculo literario, en los cafés familiares
-y hasta en el paraíso de la Ópera, su predilección.</p>
-
-<p>El pobre Juan tenía una debilidad: la música.
-En sus buenos tiempos, cuando el padre opulento
-y respetado compraba palco, Juan podía entregarse
-á su pasión favorita con toda comodidad. Después
-acaeció un derrumbe&mdash;títulos bajos, hipotecas,
-remates... El viejo murió de disgusto y Juan
-se encontró solo en esa singular autonomía de la
-orfandad, que toca por un extremo al tugurio y
-por el otro á la fonda de dos platos, sin vino.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_90"></a>[Pg 90]</span></p>
-
-<p>Por no ser huésped de cárcel, se hizo empleado
-que cuesta más y produce menos; pero hay seres
-timoratos en medio de su fuerza, que temen á la
-vida lo bastante para respetarla, acabando por
-acostarse con sus legítimas después de haber pensado
-en veinte queridas.</p>
-
-<p>La existencia de Juan se volvió entonces acabadamente
-monótona. Su oficina, sus libros y su
-banqueta del paraíso, fueron para él la obligación
-y el regalo. Estudió mucho, convirtiéndose en un
-teorizador formidable. Analogías de condición y
-de opiniones nos acercaron, nos amistaron y concluyeron
-por unirnos en sincera afección. Lo único
-que nos separaba era la música, pues jamás
-entendí una palabra de sus disertaciones, ó mejor
-dicho nunca pude conmoverme con ellas, pareciéndome
-falso en la práctica lo que por raciocinio
-encontraba evidente; y como en arte la comprensión
-está íntimamente ligada á la emoción sentida,
-al no sentir yo nada con la música, claro está
-que no la entendía.</p>
-
-<p>Esto desesperaba á mi amigo cuya elocuencia
-crecía en proporción á mi incapacidad para gozar
-con lo que, siendo para él emoción superior, sólo
-me resultaba confusa algarabía.</p>
-
-<p>Conservaba de su pasado bienestar un piano,
-magnífico instrumento cuyos acordes solían co<span class="pagenum"><a id="Page_91"></a>[Pg 91]</span>mentar
-sus ideas cuando mi rebelde emoción fracasaba
-en la prueba.</p>
-
-<p>&mdash;Comprendo que la palabra no alcance á expresarlo,
-decía, pero escucha; abre bien las puertas
-de tu espíritu; es imposible que dejes de entender.
-Y sus dedos recorrían el teclado en una
-especie de mística exaltación.</p>
-
-<p>Así discutíamos los sábados por la noche, alternando
-las disertaciones líricas con temas científicos
-en los que Juan era muy fuerte, y recitando
-versos. Las tres de la mañana siguiente era la hora
-habitual de despedirnos. Júzguese si nuestra conversación
-sería prolongada después de ocho semanas
-de separación.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y la música, Juan?</p>
-
-<p>&mdash;Querido, he hecho descubrimientos importantes.</p>
-
-<p>Su fisonomía tomó tal carácter de seriedad, que
-le creí acto continuo. Pero una idea me ocurrió de
-pronto.</p>
-
-<p>&mdash;¿Compones?</p>
-
-<p>Los ojos le fulguraron.</p>
-
-<p>&mdash;Mejor que eso, mucho mejor que eso. Tú eres
-un amigo del alma y puedes saberlo. El sábado
-por la noche, como siempre, ya sabes; en casa;
-pero no lo digas á nadie, ¿eh? ¡Á nadie! añadió
-casi terrible.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_92"></a>[Pg 92]</span></p>
-
-<p>Calló un instante; luego me pellizcó confidencialmente
-la punta de la oreja, mientras una sonrisa
-maliciosa entreabría sus febriles labios.</p>
-
-<p>&mdash;Allá comprenderás por fin, allá verás. Hasta
-el sábado, ¿no?...</p>
-
-<p>Y como le mirara interrogativo, añadió lanzándose
-sobre el estribo de un tranvía, pero de modo
-que sólo yo pudiese oirle:</p>
-
-<p>&mdash;...¡Los colores de la música!...</p>
-
-<p>Era un miércoles. Me era menester esperar tres
-días para conocer el sentido de aquella prosa. ¡Los
-colores de la música! me decía. ¿Será un fenómeno
-de audición coloreada? ¡Imposible! Juan es un
-muchacho muy equilibrado para caer en eso. Parece
-excitado, pero nada revela una alucinación en
-sus facultades. Después de todo, ¿por qué no ha de
-ser verdad su descubrimiento?... Sabe mucho, es
-ingenioso, perseverante, inteligente... La música
-no le impide cultivar á fondo las matemáticas, y
-éstas son la sal del espíritu. En fin, esperemos.</p>
-
-<p>Pero no obstante mi resignación, una intensa curiosidad
-me embargaba; y el pretexto ingenuamente
-hipócrita de este género de situaciones, no tardó
-en presentarse.</p>
-
-<p>Juan está enfermo, á no dudarlo. Abandonarle en
-tal situación, sería poco discreto. Lo mejor es verle,
-hablarle, hacer cuanto pueda para impedir algo<span class="pagenum"><a id="Page_93"></a>[Pg 93]</span>
-peor. Iré esta noche. Y esa misma noche fuí, aunque
-reconociendo en mi intento más curiosidad
-de lo que hubiese querido.</p>
-
-<p>Daban las nueve cuando llegué á la casa. La
-puerta estaba cerrada. Una sirvienta desconocida
-vino á abrirme. Pensé que sería mejor darme por
-amigo de confianza, y después de expresar las buenas
-noches con mi entonación más confidencial:</p>
-
-<p>&mdash;¿Está Juan? pregunté.</p>
-
-<p>&mdash;No, señor; ha salido.</p>
-
-<p>&mdash;¿Volverá pronto?</p>
-
-<p>&mdash;No ha dicho nada.</p>
-
-<p>&mdash;Porque si volviera pronto, añadí insistiendo,
-le pediría permiso para esperarle en su cuarto.
-Soy su amigo íntimo y tengo algo urgente que
-comunicarle.</p>
-
-<p>&mdash;Á veces no vuelve en toda la noche.</p>
-
-<p>Esta evasiva me reveló que se trataba de una
-consigna, y decidí retirarme sin insistir. Volví el
-jueves, el viernes, con igual resultado. Juan no
-quería recibirme, y esto, francamente, me exasperaba.
-El sábado me tendría fuerte, vencería mi curiosidad,
-no iría. El sábado á las nueve de la noche
-había dominado aquella puerilidad. Juan en
-persona me abrió.</p>
-
-<p>&mdash;Perdona; sé que me has buscado; no estaba;
-tenía que salir todas las noches.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_94"></a>[Pg 94]</span></p>
-
-<p>&mdash;Sí; te has convertido en personaje misterioso.</p>
-
-<p>&mdash;Veo que mi descubrimiento te interesa de
-veras.</p>
-
-<p>&mdash;No mucho, mira; pero francamente, al oirte
-hablar de los colores de la música, temí lo que
-hay que temer, y ahí tienes la causa de mi insistencia.</p>
-
-<p>&mdash;Gracias, quiero creerte, y me apresuro á
-asegurarte que no estoy loco. Tu duda lastima mi
-amor propio de inventor, pero somos demasiado
-amigos para no prometerte una venganza.</p>
-
-<p>Mientras, habíamos atravesado un patio lleno
-de plantas. Pasamos bajo un zaguán, doblamos á
-la derecha, y Juan abriendo una puerta dijo:</p>
-
-<p>&mdash;Entra; voy á pedir el café.</p>
-
-<p>Era el cuarto habitual, con su escritorio, su ropero,
-su armario de libros, su catre de hierro.
-Noté que faltaba el piano. Juan volvía en ese momento.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y el piano?</p>
-
-<p>&mdash;Está en la pieza inmediata. Ahora soy rico;
-tengo dos “salones”.</p>
-
-<p>&mdash;¡Qué opulencia!</p>
-
-<p>Y esto nos endilgó en el asunto.</p>
-
-<p>Juan, que paladeaba con deleite su café, empezó
-tranquilamente:</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_95"></a>[Pg 95]</span></p>
-
-<p>&mdash;Hablemos en serio. Vas á ver una cosa interesante.
-<em>'Vas á ver</em>, óyelo bien. No se trata de teorías.
-Las notas poseen cada cual su color, no arbitrario,
-sino real. Alucinaciones y chifladuras nada
-tienen que ver con esto. Los aparatos no mienten,
-y mi aparato hace perceptibles los colores de la
-música. Tres años antes de conocerte, emprendí
-las experiencias coronadas hoy por el éxito. Nadie
-lo sabía en casa, donde, por otra parte, la independencia
-era grande, como recordarás. Casa
-de viudo con hijos mayores... Dicho esto en forma
-de disculpa por mi reserva, que espero no atribuyas
-á desconfianza, quiero hacerte una descripción
-de mis procedimientos, antes de empezar mi pequeña
-fiesta científica.</p>
-
-<p>Encendimos los cigarrillos y Juan continuó.</p>
-
-<p>&mdash;Sabemos por la teoría de la unidad de la fuerza,
-que el movimiento es, según los casos, luz, calor,
-sonido, etc.; dependiendo estas diferencias&mdash;que
-esencialmente no existen, pues son únicamente
-modos de percepción de nuestro sistema nervioso&mdash;del
-mayor ó menor número de vibraciones de
-la onda etérea.</p>
-
-<p>“Así, pues, en todo sonido hay luz, calor, electricidad
-latentes, como en toda luz hay á su vez
-electricidad, calor y sonido. El ultra violeta del
-espectro, señala el limite de la luz y es ya calor,<span class="pagenum"><a id="Page_96"></a>[Pg 96]</span>
-que cuando llegue á cierto grado se convertirá en
-luz... Y la electricidad igualmente. ¿Por qué no
-ocurriría lo mismo con el sonido? me dije; y
-desde aquel momento quedó planteado mi problema.”</p>
-
-<p>“La escala musical está representada por una
-serie de números cuya proporción, tomando al do
-como unidad, es bien conocida; pues la armonía
-se halla constituida por proporciones de número,
-ó en otros términos se compone de la relación de
-las vibraciones aéreas por un acorde de movimientos
-desemejantes.”</p>
-
-<p>“En todas las músicas sucede lo mismo, cualquiera
-que sea su desarrollo. Los griegos que no
-conocían sino tres de las consonancias de la escala,
-llegaban á idénticas proporciones: 1 á 2, 3 á 2, 4 á 3.
-Es, como observas, matemático. Entre las ondulaciones
-de la luz tiene que haber una relación
-igual, y es ya vieja la comparación. El 1 del do,
-está representado por las vibraciones de 369 millonésimas
-de milímetro que engendran el violado, y
-el 2 de la octava por el duplo; es decir, por las de
-738 que producen el rojo. Las demás notas, corresponden
-cada una á un color.”</p>
-
-<p>“Ahora bien, mi raciocinio se efectuaba de este
-modo.”</p>
-
-<p>“Cuando oímos un sonido, no miramos la luz,<span class="pagenum"><a id="Page_97"></a>[Pg 97]</span>
-no palpamos el calor, no sentimos la electricidad
-que produce, porque las ondas caloríficas, luminosas
-y eléctricas son imperceptibles por su propia
-amplitud. Por la misma razón no oímos cantar
-la luz, aunque la luz canta real y verdaderamente,
-cuando sus vibraciones que constituyen los colores,
-forman proporciones armónicas. Cada percepción
-tiene un límite de intensidad, pasado el
-cual se convierte en impercepción para nosotros.
-Estos límites no son coincidentes en la mayoría
-de los casos, lo cual obedece al progresivo trabajo
-de diferenciación efectuado por los sentidos en los
-organismos superiores; de tal modo que si al producirse
-una vibración, no percibimos más que uno
-de los movimientos engendrados, es porque los
-otros, ó han pasado el limite máximo, ó no han alcanzado
-el límite mínimo de la percepción. Á veces
-se consigue, sin embargo, la simultaneidad. Así,
-vemos el color de una luz, palpamos su calor y medimos
-su electricidad...”</p>
-
-<p>Todo esto era lógico; pero en cuanto al sonido,
-tenía una objeción muy sencilla que hacer y la hice:</p>
-
-<p>&mdash;Es claro; y si con el sonido no sucede así, es
-porque se trata de una vibración aérea, mientras
-que las otras son vibraciones etéreas.</p>
-
-<p>&mdash;Perfectamente; pero la onda aérea provoca
-vibraciones etéreas, puesto que al propagarse con<span class="pagenum"><a id="Page_98"></a>[Pg 98]</span>mueve
-al éter intermedio entre molécula y molécula
-de aire. ¿<em>Qué es</em> esta segunda vibración? Yo he
-llegado á demostrar que es luz. ¿Quién sabe si mañana
-un termómetro ultrasensible no averiguará
-las temperaturas del sonido?</p>
-
-<p>“Un sabio injustamente olvidado, Louis Lucas,
-dice lo que voy á leer, en su <cite>Chimie Nouvelle</cite>:”</p>
-
-<p>“Si se estudia con cuidado las propiedades del
-monocordio, se nota que en toda jerarquía sonora
-no existen, en realidad, más que tres puntos de primera
-importancia: la tónica, la quinta y la tercia,
-siendo la octava reproducción de ellas á diversa
-altura, y permaneciendo en las tres resonancias la
-tónica como punto de apoyo; la quinta es su antagonista
-y la tercia un punto indiferente, pronto á
-seguir á aquél de los dos contrarios que adquiera
-superioridad.”</p>
-
-<p>“Esto es también lo que hallamos en tres cuerpos
-simples, cuya importancia relativa no hay necesidad
-de recordar: el hidrógeno, el ázoe y el oxígeno.
-El primero por su negativismo absoluto en
-presencia de los otros metaloides, por sus propiedades
-esencialmente básicas, toma el sitio de la
-tónica ó reposo relativo; el oxígeno, por sus propiedades
-antagónicas, ocupa el lugar de la quinta;
-y por fin, la indiferencia bien conocida del ázoe, le
-asigna el rol de la tercia<span class="pagenum"><a id="Page_99"></a>[Pg 99]</span>.”
-
-“Ya ves que no estoy solo en mis conjeturas, y
-que ni siquiera voy tan lejos; mas lleguemos cuanto
-antes á la narración de la experiencia.”</p>
-
-<p>“Ante todo, tenía tres caminos: ó colar el sonido
-á través de algún cuerpo que lo absorbiera, no
-dejando pasar sino las ondas luminosas&mdash;algo semejante
-al carbón animal para los colorantes químicos;
-ó construir cuerdas tan poderosas, que sus
-vibraciones pudieran contarse, no por miles sino
-por millones de millones en cada segundo, para
-producir mi música en luz; ó reducir la expansión
-de la onda luminosa, invisible en el sonido,
-contenerla en su marcha, reflejarla, reforzarla hasta
-hacerla alcanzar un límite de percepción, y verla
-sobre una pantalla convenientemente dispuesta.”</p>
-
-<p>“De los tres métodos probables, excuso decirte
-que he adoptado el último; pues los dos primeros
-requerirían un descubrimiento previo cada uno,
-mientras que el tercero es una aplicación de aparatos
-conocidos.”</p>
-
-<p><i lang="la" xml:lang="la">¡Age dum!</i> prosiguió evocando su latín, mientras
-abría la puerta del segundo aposento. Aquí tienes
-mi aparato, añadió, al paso que me enseñaba sobre
-un caballete una caja como de dos metros de
-largo, enteramente parecida á un féretro. Por uno
-de sus extremos sobresalía el pabellón paraboloide
-de una especie de clarín. En la tapa, cerca de la<span class="pagenum"><a id="Page_100"></a>[Pg 100]</span>
-otra extremidad, resaltaba un trozo de cristal que
-me pareció la faceta de un prisma. Una pantalla
-blanca coronaba el misterioso cajón, sobre un soporte
-de metal colocado hacia la mitad de la tapa.</p>
-
-<p>Juan se apoyó sobre el aparato y yo me senté en
-la banqueta del piano.</p>
-
-<p>&mdash;Oye con atención.</p>
-
-<p>&mdash;Ya te imaginas.</p>
-
-<p>&mdash;El pabellón que aquí ves, recoge las ondas sonoras.
-Este pabellón toca al extremo de un tubo
-de vidrio negro, de dobles paredes, en el cual se
-ha llevado el vacío á una millonésima de atmósfera.
-La doble pared del tubo está destinada á contener
-una capa de agua. El sonido muere en él y
-en el denso almohadillado que lo rodea. Queda sólo
-la onda luminosa cuya expansión debo reducir
-para que no alcance la amplitud suprasensible. El
-vidrio negro lo consigue; y ayudado por la refracción
-del agua, se llega á una reducción casi completa.
-Además el agua tiene por objeto absorber el
-calor que resulta.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué el vidrio negro?</p>
-
-<p>&mdash;Porque la luz negra tiene una vibración superior
-á la de todas las otras, y como por consiguiente
-el espacio entre movimiento y movimiento se
-restringe, las demás no pueden pasar por los intersticios
-y se reflejan. Es exactamente análogo á<span class="pagenum"><a id="Page_101"></a>[Pg 101]</span>
-una trinchera de trompos que bailan conservando
-distancias proporcionales á su tamaño. Un trompo
-mayor, aunque animado de menor velocidad, intenta
-pasar; pero se produce un choque que lo
-obliga á volver sobre sí mismo.</p>
-
-<p>&mdash;Y los otros, ¿no retroceden también?</p>
-
-<p>&mdash;Ése es el percance que el agua está encargada
-de prevenir.</p>
-
-<p>&mdash;Muy bien; continúa.</p>
-
-<p>&mdash;Reducida la onda luminosa, se encuentra al extremo
-del tubo con un disco de mercurio engarzado
-á aquél, cuyo disco la detiene en su marcha.</p>
-
-<p>&mdash;Ah, el inevitable mercurio.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, el mercurio. Cuando el profesor Lippmann
-lo empleó para corregir las interferencias de la
-onda luminosa en su descubrimiento de la fotografía
-de los colores, aproveché el dato; y el éxito
-no tardó en coronar mis previsiones. Así, pues,
-mi disco de mercurio contiene la onda en marcha
-por el tubo, y la refleja hacia arriba por medio de
-otro acodado. En este segundo tubo, hay dispuestos
-tres prismas <em>infrangibles</em>, que refuerzan la onda
-luminosa hasta el grado requerido para percibirla
-como sensación óptica. El número de prismas está
-determinado por tanteo, á ojo, y el último de ellos,
-cerrando el extremo del tubo, es el que ves sobresalir
-aquí. Tenemos, pues, suprimida la vibra<span class="pagenum"><a id="Page_102"></a>[Pg 102]</span>ción
-sonora, reducida la amplitud de la onda luminosa,
-contenida su marcha y reforzada su acción.
-No nos queda más que verla.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y se ve?</p>
-
-<p>&mdash;Se ve, querido; se ve sobre esta pantalla; pero
-falta algo aún. Este algo es mi piano cuyo teclado
-he debido transformar en series de siete
-blancas y siete negras, para conservar la relación
-verdadera de las transposiciones de una nota tónica
-á otra; relación que se establece multiplicando la
-nota por el intervalo del semitono menor.</p>
-
-<p>“Mi piano queda convertido, así, en un instrumento
-exacto, bien que de dominio mucho más
-difícil. Los pianos comunes, construidos sobre el
-principio de la gama temperada que luego recordaré,
-suprimen la diferencia entre los tonos y los
-semitonos mayores y menores, de suerte que todos
-los sones de la octava se reducen á doce,
-cuando son catorce en realidad. El mío es un instrumento
-exacto y completo.”</p>
-
-<p>“Ahora bien, esta reforma, equivale á abolir la
-gama temperada de uso corriente, bien que sea,
-como dije, inexacta; y á la cual se debe en justicia
-el enorme progreso alcanzado por la música instrumental
-desde Sebastián Bach, quien le consagró
-cuarenta y ocho composiciones. Es claro,
-¿no?<span class="pagenum"><a id="Page_103"></a>[Pg 103]</span>”
-
-&mdash;¡Qué sé yo de todo eso! Lo que estoy viendo es
-que me has elegido como se elige una pared para
-rebotar la pelota.</p>
-
-<p>&mdash;Creo ocioso recordarte que uno no se apoya
-sino sobre lo que resiste.</p>
-
-<p>Callamos sonriendo, hasta que Juan me dijo:</p>
-
-<p>&mdash;¿Sigues creyendo, entonces, que la música no
-expresa nada?</p>
-
-<p>Ante esta insólita pregunta que desviaba á mil
-leguas el argumento de la conversación, le pregunté
-á mi vez:</p>
-
-<p>&mdash;¿Has leído á Hanslick?</p>
-
-<p>&mdash;Sí, ¿por qué?</p>
-
-<p>&mdash;Porque Hanslick, cuya competencia critica no
-me negarás, sostiene que la música no expresa
-nada, que sólo evoca sentimientos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Eso dice Hanslick? Pues bien, yo sostengo sin
-ser ningún critico alemán, que la música es la
-expresión matemática del alma.</p>
-
-<p>&mdash;Palabras...</p>
-
-<p>&mdash;No, hechos perfectamente demostrables. Si
-multiplicas el semidiámetro del mundo por 36,
-obtienes las cinco escalas musicales de Platón,
-correspondientes á los cinco sentidos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué 36?</p>
-
-<p>&mdash;Hay dos razones; una matemática, la otra
-psíquica. Según la primera, se necesita treinta y<span class="pagenum"><a id="Page_104"></a>[Pg 104]</span>
-seis números para llenar los intervalos de las octavas,
-las cuartas y las quintas hasta 27, con números
-armónicos.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y por qué 27?</p>
-
-<p>&mdash;Porque 27 es la suma de los números cubos 1
-y 8; de los lineales 2 y 3; y de los planos 4 y 9&mdash;es
-decir, de las bases matemáticas del universo.
-La razón psíquica consiste en que ese número 36,
-total de los números armónicos, representa, además,
-el de las emociones humanas.</p>
-
-<p>&mdash;¿Cómo?</p>
-
-<p>&mdash;El veneciano Gozzi, Gœthe y Schiller, afirmaban
-que no deben existir sino treinta y seis emociones
-dramáticas. Un erudito, J. Polti, demostró
-el año 94, si no me equivoco, que la cantidad era
-exacta y que el número de emociones humanas
-no pasaba de treinta y seis.</p>
-
-<p>&mdash;¡Es curioso!</p>
-
-<p>&mdash;En efecto; y más curioso si se tiene en cuenta
-mis propias observaciones. La suma ó valor absoluto
-de las cifras de 36, es 9, número irreductible;
-pues todos sus múltiplos lo repiten si se efectúa
-con ellos la misma operación. El 1 y el 9 son los únicos
-números absolutos ó permanentes; y de este
-modo, tanto 27 como 36, iguales á 9 por el valor
-absoluto de sus cifras, son números de la misma
-categoría. Esto da origen, además, á una propor<span class="pagenum"><a id="Page_105"></a>[Pg 105]</span>ción,
-27, ó sea el total de las bases geométricas,
-es á 36, total de las emociones humanas, como x, el
-alma, es al absoluto 9. Practicada la operación, se
-averigua que el término desconocido es 6. Seis,
-fíjate bien; el doble ternario que en la simbología
-sagrada de los antiguos, significaba el equilibrio
-del universo. ¿Qué me dices?</p>
-
-<p>Su mirada se había puesto luminosa y extraña.</p>
-
-<p>&mdash;El universo es música, prosiguió animándose.
-Pitágoras tenía razón, y desde Timeo hasta
-Kepler todos los pensadores han presentido esta
-armonía. Eratóstenes llegó á determinar la escala
-celeste, los tonos y semitonos entre astro y astro.
-Yo creo tener algo mejor; pues habiendo dado
-con las notas fundamentales de la música de las
-esferas, ¡reproduzco en colores geométricamente
-combinados, el esquema del Cosmos!...</p>
-
-<p>¿Qué estaba diciendo aquel alucinado? ¿Qué torbellino
-de extravagancias se revolvía en su cerebro...?
-Casi no tuve tiempo de advertirlo, cuando
-el piano empezó á sonar.</p>
-
-<p>Juan volvió á ser el inspirado de otro tiempo en
-cuanto sus dedos acariciaron las teclas.</p>
-
-<p>&mdash;Mi música, iba diciendo, se halla formada por
-los acordes de tercia menor introducidos en el siglo
-<span class="smcap">xvii</span> y que Mozart mismo consideraba imperfectos,
-á pesar de que es todo lo contrario; pero su<span class="pagenum"><a id="Page_106"></a>[Pg 106]</span>
-recurso fundamental está constituido por aquellos
-acordes inversos que hicieron calificar de música
-de los ángeles la música de Palestina...</p>
-
-<p>En verdad, hasta mi naturaleza refractaria se
-conmovía con aquellos sones. Nada tenían de común
-con las armonías habituales, y aun podía
-decirse que no eran música en realidad; pero lo
-cierto es que sumergían el espíritu en un éxtasis
-sereno, como quien dice formado de antigüedad y
-de distancia.</p>
-
-<p>Juan continuaba:</p>
-
-<p>&mdash;Observa en la pantalla la distribución de colores
-que acompaña á la emisión musical. Lo que
-estás escuchando es una armonía en la cual entran
-las notas específicas de cada planeta del sistema, y
-este sencillo conjunto termina con la sublime
-octava del sol, que nunca me he atrevido á tocar,
-pues temo producir influencias excesivamente
-poderosas. ¿No sientes algo extraño?</p>
-
-<p>Sentía, en efecto, como si la atmósfera de la habitación
-estuviese conmovida por presencias invisibles.
-Ráfagas sordas cruzaban su ámbito. Y
-entre la beatitud que me regalaba la grave dulzura
-de aquella armonía, una especie de aura eléctrica
-iba helándome de pavor. Pero no distinguía sobre
-la pantalla otra cosa que una vaga fosforescencia y
-como esbozos de figuras...<span class="pagenum"><a id="Page_107"></a>[Pg 107]</span>
-
-De pronto comprendí. En la común exaltación,
-habíasenos olvidado apagar la lámpara.</p>
-
-<p>Iba á hacerlo, cuando Juan gritó enteramente
-arrebatado, entre un son estupendo del instrumento:</p>
-
-<p>&mdash;¡Mira ahora!</p>
-
-<p>Yo también lancé un grito, pues acababa de suceder
-algo terrible.</p>
-
-<p>Una llama deslumbradora brotó del foco de la
-pantalla. Juan, con el pelo erizado, se puso de pie,
-espantoso. Sus ojos acababan de evaporarse como
-dos gotas de agua bajo aquel haz de dardos flamígeros,
-y él, insensible al dolor, radiante de locura,
-exclamaba tendiéndome los brazos:</p>
-
-<p>&mdash;¡La octava del sol, muchacho, la octava del
-sol!</p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_108"></a>[Pg 108]<br /><a id="Page_109"></a>[Pg 109]</span></p>
-<p class="half-title">EL ORIGEN DEL DILUVIO</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_110"></a>[Pg 110]<br /><a id="Page_111"></a>[Pg 111]</span></p>
-<h2 class="nobreak">EL ORIGEN DEL DILUVIO</h2>
-</div>
-
-<h3>NARRACIÓN DE UN ESPÍRITU</h3>
-
-
-<p class="p1">...La Tierra acababa de experimentar su primera
-incrustación sólida y hallábase todavía en una
-obscura incandescencia. Mares de ácido carbónico
-batían sus continentes de litio y de aluminio, pues
-éstos fueron los primeros sólidos que formaron la
-costra terrestre. El azufre y el boro figuraban también
-en débiles vetas.</p>
-
-<p>Así el globo entero brillaba como una monstruosa
-bola de plata. La atmósfera era de fósforo con
-vestigios de flúor y de cloro. Llamas de sodio, de
-silicio, de magnesio, constituían la luminosa progenie
-de los metales. Aquella atmósfera relumbraba
-tanto como una estrella, presentando un espesor
-de muchos millares de kilómetros.</p>
-
-<p>Sobre esos continentes y en semejantes mares,
-había ya vida organizada, bien que bajo formas<span class="pagenum"><a id="Page_112"></a>[Pg 112]</span>
-inconcebibles ahora; pues no existiendo aún el
-fosfato de cal, dichos seres carecían de huesos. El
-oxígeno y el nitrógeno, que con algunos rastros de
-berilo entraban en la composición de tales vidas,
-completaban los únicos catorce cuerpos constituyentes
-del planeta. Así, todo era en él extremadamente
-sencillo.</p>
-
-<p>La actividad de los seres que poseían inteligencia,
-no era menos intensa que ahora, sin embargo,
-si bien de mucho menor amplitud; y no obstante
-su constitución de moluscos, vivían, obraban, sentían,
-de un modo análogo al de la humanidad presente.
-Habían llegado, por ejemplo, á construír
-enormes viviendas con rocas de litio; y el sudor
-de sus cuerpos oxidaba el aluminio en copos semejantes
-al amianto incandescente.</p>
-
-<p>Su estructura blanda, era una consecuencia del
-medio poco sólido en que tomaron origen, así como
-de la ligereza específica de los continentes que
-habitaban. Poseían también la aptitud anfibia;
-pero como debían resistir aquellas temperaturas,
-y mantenerse en formas definidas bajo la presión
-de la profunda atmósfera, su estructura manteníase
-recia en su misma fluidez.</p>
-
-<p>Esbozos de hombres, más bien que hombres
-propiamente dichos, ó especie de monos gigantescos
-y huecos, tenían la facilidad de reabsorberse<span class="pagenum"><a id="Page_113"></a>[Pg 113]</span>
-en esferas de gelatina ó la de expandirse como
-fantasmas hasta volverse casi una niebla. Esto último
-constituía su tacto, pues necesitaban incorporar
-los objetos á su ser, envolviéndolos enteramente
-para sentirlos. En cambio poseían la doble
-vista de los sonámbulos actuales. Carecían de olfato,
-gusto y oído. Eran perversos y formidables,
-los peores monstruos de aquella primitiva creación.
-Sabían emanar de sus fluidos organismos,
-seres cuya vida era breve pero dañina, semejantes
-á las carroñas que dan vida á los gusanos. Fueron
-los gigantes de que hablan las leyendas.</p>
-
-<p>Construían sus ciudades como los caracoles sus
-conchas, de modo que cada vivienda era una especie
-de caparazón exudada por su habitante. Así,
-las casas resultaban grupos de bóvedas y las ciudades
-parecían cúmulos de nubes brillantes. Eran
-tan altas como éstas, pero no se destacaban en el
-cielo azul, pues el azul no existía entonces, porque
-faltaba el aire. La atmósfera sólo se coloreaba de
-anaranjado y de rojo.</p>
-
-<p>Apenas dos ó tres especies de aves cuyas alas
-no tenían plumas, sino escamas como las de las
-mariposas, y cuyo tornasol preludiaba el oro
-inexistente, remontaban su vuelo por la atmósfera
-fosfórica.</p>
-
-<p>Era ésta tan elevada, y el vuelo tan vasto, que<span class="pagenum"><a id="Page_114"></a>[Pg 114]</span>
-las llevaba cerca de la luna. El arrebato magnético
-del astro, solía embriagarlas; y como éste poseía
-entonces una atmósfera en contacto con la terrestre,
-afrontábanla en ímpetu temerario yendo á
-caer exánimes sobre sus campos de hielo.</p>
-
-<p>Una vegetación de hongos y de líquenes gigantes
-arraigaba en las aún mal seguras tierras;
-y no lejanos todavía del animal, en la primitiva
-confusión de los orígenes, algunos sabían trasladarse
-por medio de tentáculos; tenían otros, á guisa
-de espinas, picos de ave, que estaban abriéndose
-y cerrándose; otros fosforecían á cualquier roce;
-otros frutaban verdaderas arañas que se iban caminando
-y producían huevos de los cuales brotaba
-otra vez el vegetal progenitor. Eran singularmente
-peligrosos los cactus eléctricos que sabían proyectar
-sus espinas.</p>
-
-<p>Los elementos terrestres se encontraban en perpetua
-instabilidad. Surgían y fracasaban por momentos,
-disparatadas alotropías. La presión enorme
-apenas dejaba solidificarse escasos cuerpos.
-Las rocas actuales dormían el sueño de la inexistencia.
-Las piedras preciosas no eran sino colores
-en las fajas del espectro.</p>
-
-<p>Así las cosas, sobrevino la catástrofe que los
-hombres llamaron después diluvio; pero ella no
-fué una inundación acuosa, si bien la causó una<span class="pagenum"><a id="Page_115"></a>[Pg 115]</span>
-invasión del elemento líquido. El agua tuvo intervención
-de otro modo.</p>
-
-<p>Ahora bien, es sabido que los cuerpos, bajo ciertas
-circunstancias, pueden variar sus caracteres específicos
-hasta perderlos casi todos con excepción del
-peso; y esto es lo que recibe el nombre de alotropía.
-El ejemplo clásico del fósforo rojo y del fósforo blanco,
-debe ser recordado aquí: el blanco es ávido de
-oxígeno, tóxico y funde á los 44°; el rojo es casi
-indiferente al oxígeno, inofensivo é infusible, sin
-contar otros caracteres que acentúan la diferencia.
-Sin embargo, son el mismo cuerpo. Podría citarse
-además el diamante y el carbón, para no hablar
-de las diversas especies de hierro, de plata, que
-son también estados alotrópicos.</p>
-
-<p>Nadie ignora, por otra parte, que el calor multiplica
-las afinidades de la materia, haciendo posibles,
-por ejemplo, las combinaciones del ázoe y del
-carbono con otros cuerpos, cosa que no sucede á
-la temperatura ordinaria; y conviene recordar
-además, que basta la presencia en un cuerpo de
-partículas pertenecientes á algunos otros, para
-cambiar sus propiedades ó comunicarles nuevas&mdash;siendo
-particularmente interesante á este respecto
-lo que sucede al aluminio puesto en contacto
-por choque, con el mercurio; pues basta eso para
-que se oxide en seco, descomponga el agua y sea<span class="pagenum"><a id="Page_116"></a>[Pg 116]</span>
-atacado por los ácidos nítrico y sulfúrico, al revés
-exactamente de lo que le pasa cuando no existe
-tal contacto.</p>
-
-<p>Á estas causas de variabilidad de los cuerpos,
-es menester añadir la presión, capaz por sí sola de
-disgregar los sólidos hasta licuarlos, cualquiera
-que sea su maleabilidad, y sin exceptuar al mismo
-acero, pues nada más que con la presión se ha
-llegado á convertirlo en una masa blanduzca, trabajándolo
-con entera comodidad.</p>
-
-<p>Mencionaremos, por último, una extraña propiedad
-que los químicos llaman acción catalítica, ó en
-términos vulgares, acción de presencia, y por medio
-de la cual ciertos cuerpos provocan combinaciones
-de otros, sin tomar parte en las mismas.
-Entre éstos, uno de los más activos, y el que interviene
-en mayor número de casos, es el vapor de
-agua. Los datos que anteceden, nos ponen ya en
-situación de explicar el fenómeno al cual están
-dedicadas estas líneas.</p>
-
-<p>Sucedió por entonces que la atmósfera terrestre,
-condensándose en torno al globo, empezó á ejercer
-una atracción progresiva sobre la atmósfera de
-la luna. Al cabo de cierto tiempo, esta atmósfera
-no pudo resistir á aquella atracción, y empezó á
-incorporar con la nuestra sus elementos más ligeros.
-La falta de presión causada por este fenó<span class="pagenum"><a id="Page_117"></a>[Pg 117]</span>meno,
-vaporizó los mares de la luna que estaban
-helados hacía muchos siglos; y una niebla fría, á
-muchos grados bajo nuestro cero termométrico,
-rodeó al astro muerto como un sudario.</p>
-
-<p>Cierto día el vapor acuoso se precipitó en la atmósfera
-terrestre, y ésta vió aumentado su peso
-en varios miles de millones de toneladas. Á tal
-fenómeno, unióse la acción catalítica del vapor, y
-entonces fué cuando empezaron á disgregarse los
-sólidos terrestres.</p>
-
-<p>Un ablandamiento progresivo, dió á todos la consistencia
-del yeso; pero cuando el fénomeno siguió,
-deleznándose aquéllos en una especie de lodo, empezó
-la catástrofe. Las montañas fueron aplastándose
-por su propio peso, hasta degenerar en médanos
-que el viento arrasaba. Las mansiones de
-los gigantes volviéronse polvo á su vez, y pronto
-hubo de observarse con horror que el elemento
-líquido cambiaba de estado en la forma más extraordinaria;
-secábase sin desaparecer, volviéndose
-también polvo por la disgregación de sus moléculas,
-y se confundía con el otro en un solo cuerpo,
-seco y fluido á la vez&mdash;sin olor, sin color y
-sin temperatura.</p>
-
-<p>Lo malo era que el fenómeno no se efectuaba
-al mismo tiempo en la materia organizada. Ésta
-resistía mejor, sin duda por su condición semi-<span class="pagenum"><a id="Page_118"></a>[Pg 118]</span>líquida;
-pero semejante diferencia implicaba la
-muerte violenta en aquella disgregación. Poco después
-no hubo en el globo otra existencia que la flotante
-sobre esa especie de arenas cósmicas; mas
-ya la mayor parte de los seres animados había
-muerto de inanición; pues aunque no comían como
-nosotros, absorbían del aire sus principios vitales,
-y el aire estaba cambiado por los elementos
-de la luna.</p>
-
-<p>Apenas uno que otro gran molusco se revolvía
-sobre le universal fluidez sin olas, bajo el horror
-de la atmósfera gigantesca, preñada de tósigos
-mortales, donde se operaba la futura organización.
-Tampoco pudieron ellos resistir á esas combustiones,
-ni adaptarse al estado de disgregación; y, por
-otra parte, éste los afectaba á su vez. Ellos fueron
-también disolviéndose hasta desaparecer; y
-entonces, sobre el ámbito del planeta, fué la soledad
-y la negra noche.</p>
-
-<p>Millares de años después, los elementos empezaron
-á recomponerse.</p>
-
-<p>Formidables tempestades químicas conmovieron
-el estado crítico de la masa, y los catorce cuerpos
-primitivos revivieron engendrando nuevas
-combinaciones.</p>
-
-<p>El litio se triplicó en potasio, rubidio y cesio;
-el fósforo en arsénico, antimonio y bismuto; el<span class="pagenum"><a id="Page_119"></a>[Pg 119]</span>
-carbono engendró titanio y zirconio; el azufre,
-selenio y telurio...</p>
-
-<p>Los océanos fueron ya de agua, el agua de la
-luna periódicamente exaltada hacia su origen por
-la armónica dilatación de las mareas. La atmósfera
-se había vuelto de aire semejante al nuestro,
-aunque saturado de ácido carbónico.</p>
-
-<p>Ningún ser vivo quedaba de la anterior creación.
-Hasta sus huellas habían sido destruidas.
-Pero los vapores de la luna trajeron consigo
-gérmenes vivificantes, que el nuevo estado
-de la Tierra fué llamando lentamente á la existencia.</p>
-
-<p>El mar se cubrió de vidas rudimentarias. La
-costra sólida pululó de hierbas, y el dominio de
-éstas duró una edad.</p>
-
-<p>Pero yo no sabría repetir el enorme proceso.
-Réstame decir que los primeros seres humanos
-fueron organismos del agua; monstruos hermosos,
-mitad pez, mitad mujer, llamados después
-sirenas en las mitologías. Ellos dominaban el secreto
-de la armonía original, y trajeron al planeta
-las melodías de la luna que encerraban el secreto
-de la muerte.</p>
-
-<p>Fueron blancos de carne como el astro materno;
-y el sodio primitivo que saturaba su nuevo
-elemento de existencia, al engendrar de sí los me<span class="pagenum"><a id="Page_120"></a>[Pg 120]</span>tales
-nobles, hizo vegetar en sus cabelleras el oro
-hasta entonces desconocido...</p>
-
-<p>...He aquí lo que mi memoria millonaria de
-años, evoca con un sentido humano, y he aquí lo
-que he venido á deciros descendiendo de mi región&mdash;el
-cono de sombra de la Tierra. Os añadiré
-que estoy condenado á permanecer en él durante
-toda la edad del planeta.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>La médium calló, recostando fatigosamente su
-cabeza sobre el respaldo del sofá. Y Mr. Skinner,
-una de las ocho personas que asistían á la sesión,
-no pudo menos de exclamar en las tinieblas:</p>
-
-<p>&mdash;¡El cono de sombra! ¡El diluvio! ... ¡Disparatada
-superchería!</p>
-
-<p>Nada pudimos replicarle, pues un estertor de la
-médium nos distrajo.</p>
-
-<p>De su costado izquierdo desprendíase rápidamente
-una masa tenebrosa, asaz perceptible en la
-penumbra. Creció como un globo, proyectó de su
-seno largos tentáculos, y acabó por desprenderse
-á modo de una araña gigantesca. Siguió dilatándose
-hasta llenar el aposento, envolviéndonos como
-un mucílago y jadeando con un rumor de queja.
-No tenía forma definida en la obscuridad espesada
-por su presencia; pero si el horror se objetiva de
-algún modo, aquello era el horror.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_121"></a>[Pg 121]</span></p>
-
-<p>Nadie intentaba moverse, ante el espantoso hormigueo
-de tentáculos de sombra que se sentía alrededor,
-y no sé cómo hubiera acabado eso, si la
-médium no implora con voz desfallecida:</p>
-
-<p>&mdash;¡Luz, luz Dios mío!</p>
-
-<p>Tuve fuerzas para saltar hasta la llave de la luz
-eléctrica; y junto con su rayo, la masa de sombra
-estalló sin ruido, en una especie de suspiro enorme.</p>
-
-<p>Mirámonos en silencio.</p>
-
-<p>Algo como un lodo heladísimo nos cubría enteramente,
-y aquello habría bastado para prodigio,
-si al acudir á su lavatorio, Skinner no realiza un
-hallazgo más asombroso.</p>
-
-<p>En el fondo de la palangana, yacía no más grande
-que un ratón, pero acabada de formas y de hermosura,
-irradiando mortalmente su blancor, una
-pequeña sirena muerta.</p>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_122"></a>[Pg 122]<br /><a id="Page_123"></a>[Pg 123]</span></p>
-<p class="half-title">LOS CABALLOS DE ABDERA</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_124"></a>[Pg 124]<br /><a id="Page_125"></a>[Pg 125]</span></p>
-<h2 class="nobreak">LOS CABALLOS DE ABDERA</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente
-es Balastra y que no debe ser confundida
-con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.</p>
-
-<p>Descollar en Tracia por sus caballos, no era
-poco; y ella descollaba hasta ser única. Los habitantes
-todos tenían á gala la educación de tan
-noble animal, y esta pasión cultivada á porfía durante
-largos años, hasta formar parte de las tradiciones
-fundamentales, había producido efectos
-maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de
-fama excepcional, y todas las poblaciones tracias,
-desde los cicones hasta los bisaltos, eran tributarios
-en esto de los bistones, pobladores de la mencionada
-ciudad. Debe añadirse que semejante industria,
-uniendo el provecho á la satisfacción, ocupaba
-desde el rey hasta el último ciudadano.</p>
-
-<p>Estas circunstancias habían contribuido también
-á intimar las relaciones entre el bruto y sus
-dueños, mucho más de lo que era y es habitual<span class="pagenum"><a id="Page_126"></a>[Pg 126]</span>
-para el resto de las naciones; llegando á considerarse
-las caballerizas como un ensanche del hogar,
-y extremándose las naturales exageraciones de
-toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa.</p>
-
-<p>Eran verdaderamente notables corceles, pero
-bestias al fin. Otros dormían en cobertores de
-biso; algunos pesebres tenían frescos sencillos,
-pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico
-de la raza caballar, y el cementerio equino
-ostentaba entre pompas burguesas, ciertamente
-recargadas, dos ó tres obras maestras. El templo
-más hermoso de la ciudad estaba consagrado á
-Arión, el caballo que Neptuno hizo salir de la tierra
-con un golpe de su tridente; y creo que la
-moda de rematar las proas en cabezas de caballo,
-tenga igual proveniencia; siendo seguro en todo
-caso, que los bajos relieves hípicos fueron el ornamento
-más común de toda aquella arquitectura.
-El monarca era quien se mostraba más decidido
-por los corceles, llegando hasta tolerar á los suyos
-verdaderos crímenes que los volvieron singularmente
-bravíos; de tal modo que los nombres de
-Podargos y de Lampon figuraban en fábulas sombrías;
-pues es del caso decir que los caballos tenían
-nombres como personas.</p>
-
-<p>Tan amaestrados estaban aquellos animales, que
-las bridas eran innecesarias, conservándolas única<span class="pagenum"><a id="Page_127"></a>[Pg 127]</span>mente
-como adornos, muy apreciadas desde luego
-por los mismos caballos. La palabra era el medio
-usual de comunicación con ellos; observándose
-que la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas
-condiciones, dejábanlos todo el tiempo no requerido
-por la albarda ó el arnés, en libertad de
-cruzar á sus anchas las magníficas praderas formadas
-en el suburbio, á la orilla del Kossínites,
-para su recreo y alimentación.</p>
-
-<p>Á son de trompa los convocaban cuando era
-menester, y así para el trabajo como para el pienso
-eran exactísimos. Rayaba en lo increíble su habilidad
-para toda clase de juegos de circo y hasta
-de salón, su bravura en los combates, su discreción
-en las ceremonias solemnes. Así, el hipódromo
-de Abdera tanto como sus compañías de
-volatines; su caballería acorazada de bronce y sus
-sepelios, habían alcanzado tal renombre, que de
-todas partes acudía gente á admirarlos: mérito
-compartido por igual entre domadores y corceles.</p>
-
-<p>Aquella educación persistente, aquel forzado
-despliegue de condiciones, y para decirlo todo en
-una palabra, aquella <em>humanización</em> de la raza equina,
-iban engendrando un fenómeno que los bistones
-festejaban como otra gloria nacional. La inteligencia
-de los caballos comenzaba á desarrollarse
-pareja con su conciencia, produciendo cosas anor<span class="pagenum"><a id="Page_128"></a>[Pg 128]</span>males
-que daban pábulo al comentario general.</p>
-
-<p>Una yegua había exigido espejos en su pesebre,
-arrancándolos con los dientes de la propia alcoba
-patronal y destruyendo á coces los de tres paineles
-cuando no le hicieron el gusto. Concedido el
-capricho, daba muestras de coquetería perfectamente
-visible.</p>
-
-<p>Balios, el más bello potro de la comarca, un
-blanco elegante y sentimental que tenía dos campañas
-militares y manifestaba regocijo ante el
-recitado de hexámetros heroicos, acababa de morir
-de amor por una dama. Era la mujer de un general,
-dueño del enamorado bruto, y por cierto no
-ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba
-su vanidad, siendo esto muy natural por otra parte
-en la ecuestre metrópoli.</p>
-
-<p>Señalábase igualmente casos de infanticidio, que
-aumentando en forma alarmante, fué necesario
-corregir con la presencia de viejas mulas adoptivas;
-un gusto creciente por el pescado y por el
-cáñamo cuyas plantaciones saqueaban los animales;
-y varias rebeliones aisladas que hubo de corregirse,
-siendo insuficiente el látigo, por medio
-del hierro candente. Esto último fué en aumento,
-pues el instinto de rebelión progresaba á pesar de
-todo.</p>
-
-<p>Los bistones, más encantados cada vez con sus<span class="pagenum"><a id="Page_129"></a>[Pg 129]</span>
-caballos, no paraban mientes en eso. Otros hechos
-más significativos produjerónse de allí á poco. Dos
-ó tres atalajes habían hecho causa común contra
-un carretero que azotaba su yegua rebelde. Los
-caballos resistíanse cada vez más al enganche y al
-yugo, de tal modo que empezó á preferirse el asno.
-Había animales que no aceptaban determinado
-apero; mas como pertenecían á los ricos, se defería
-á su rebelión comentándola mimosamente á título
-de capricho.</p>
-
-<p>Un día los caballos no vinieron al son de la
-trompa, y fué menester constreñirlos por la fuerza;
-pero los subsiguientes, no se reprodujo la rebelión.</p>
-
-<p>Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea
-cubrió la playa de pescado muerto como solía suceder.
-Los caballos se hartaron de eso, y se los
-vió regresar al campo suburbano con lentitud
-sombría.</p>
-
-<p>Medianoche era cuando estalló el singular conflicto.</p>
-
-<p>De pronto un trueno sordo y persistente conmovió
-el ámbito de la ciudad. Era que todos los caballos
-se habían puesto en movimiento á la vez para
-asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al
-principio en la sombra de la noche y la sorpresa de
-lo inesperado.</p>
-
-<p>Como las praderas de pastoreo quedaban en<span class="pagenum"><a id="Page_130"></a>[Pg 130]</span>tre
-las murallas, nada pudo contener la agresión;
-y añadido á esto el conocimiento minucioso que
-los animales tenían de los domicilios, ambas cosas
-acrecentaron la catástrofe.</p>
-
-<p>Noche memorable entre todas, sus horrores sólo
-aparecieron cuando el día vino á ponerlos en evidencia,
-multiplicándolos aún.</p>
-
-<p>Las puertas reventadas á coces yacían por el
-suelo, dando paso á feroces manadas que se sucedían
-casi sin interrupción. Había corrido sangre,
-pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el
-casco y los dientes de la banda en cuyas filas
-causaron estragos también las armas humanas.</p>
-
-<p>Conmovida de tropeles, la ciudad obscurecíase
-con la polvareda que engendraban; y un extraño
-tumulto formado por gritos de cólera ó de dolor,
-relinchos variados como palabras á los cuales
-mezclábase uno que otro doloroso rebuzno, y estampidos
-de coces sobre las puertas atacadas,
-unía su espanto al pavor visible de la catástrofe.
-Una especie de terremoto incesante hacía vibrar el
-suelo con el trote de la masa rebelde, exaltado á
-ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos
-tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo
-saqueado todos los plantíos de cáñamo, y hasta
-algunas bodegas que codiciaban aquellos corceles
-pervertidos por los refinamientos de la mesa, gru<span class="pagenum"><a id="Page_131"></a>[Pg 131]</span>pos
-de animales ebrios aceleraban la obra de destrucción.
-Y por el lado del mar era imposible
-huir. Los caballos, conociendo la misión de las
-naves, cerraban el acceso del puerto.</p>
-
-<p>Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase
-á organizar en ella la resistencia. Por lo
-pronto se cubría de dardos á todo caballo que cruzaba
-por allí, y cuando caía cerca era arrastrado
-al interior como vitualla.</p>
-
-<p>Entre los vecinos refugiados circulaban los más
-extraños rumores. El primer ataque no fué sino
-un saqueo. Derribadas las puertas, las manadas
-introducíanse en las habitaciones, atentas
-sólo á las colgaduras suntuosas con que intentaban
-revestirse, á las joyas y objetos brillantes.
-La oposición á sus designios fué lo que suscitó su
-furia.</p>
-
-<p>Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres
-asaltadas y aplastadas en sus propios lechos
-con ímpetu bestial; y hasta se señalaba una noble
-doncella que sollozando narraba entre dos
-crisis su percance: el despertar en la alcoba á la
-media luz de la lámpara, rozados sus labios por la
-innoble jeta de un potro negro que respingaba de
-placer el belfo enseñando su dentadura asquerosa;
-su grito de pavor ante aquella bestia convertida
-en fiera, con el resplandor humano y malévolo de<span class="pagenum"><a id="Page_132"></a>[Pg 132]</span>
-sus ojos incendiados de lubricidad; el mar de
-sangre con que la inundara al caer atravesado por
-la espada de un servidor...</p>
-
-<p>Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas
-se habían divertido con saña femenil, despachurrando
-á mordiscos las víctimas. Los asnos
-habían sido exterminados, y las mulas subleváronse
-también, pero con torpeza inconsciente, destruyendo
-por destruir, y particularmente encarnizadas
-contra los perros.</p>
-
-<p>El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo
-la ciudad, y el fragor de los derrumbes iba
-aumentando. Era urgente organizar una salida,
-por más que el número y la fuerza de los asaltantes
-la hiciera singularmente peligrosa, si no se
-quería abandonar la ciudad á la más insensata
-destrucción.</p>
-
-<p>Los hombres empezaron á armarse; mas pasado
-el primer momento de licencia, los caballos
-habíanse decidido á atacar también.</p>
-
-<p>Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la
-fortaleza distinguían el terrible ejército que se
-congregaba, no sin trabajo, en el hipódromo.
-Aquello tardó varias horas, pues cuando todo parecía
-dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos
-relinchos cuya causa era imposible discernir, desordenaban
-profundamente las filas.<span class="pagenum"><a id="Page_133"></a>[Pg 133]</span>
-
-El sol declinaba ya, cuando se produjo la primera
-carga. No fué, si se permite la frase, más que
-una demostración, pues los animales se limitaron
-á pasar corriendo frente á la fortaleza. En cambio
-quedaron acribillados por las saetas de los defensores.</p>
-
-<p>Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse
-otra vez, y su choque contra las defensas
-fué formidable. La fortaleza retumbó entera bajo
-aquella tempestad de cascos, y sus recias murallas
-dóricas quedaron, á decir verdad, profundamente
-trabajadas.</p>
-
-<p>Sobrevino un rechazo, al cual sucedió muy luego
-un nuevo ataque.</p>
-
-<p>Los que demolían eran caballos y mulos herrados
-que caían á docenas; pero sus filas cerrábanse
-con encarnizamiento furioso, sin que la masa pareciera
-disminuir. Lo peor era que algunos habían
-conseguido vestir sus bardas de combate en cuya
-malla de acero se embotaban los dardos. Otros
-llevaban jirones de tela vistosa, otros collares; y
-pueriles en su mismo furor, ensayaban inesperados
-retozos.</p>
-
-<p>De las murallas los conocían. ¡Dinos, Aethon,
-Ameteo, Xanthos! Y ellos saludaban, relinchaban
-gozosamente, enarcaban la cola, cargando en seguida
-con fogosos respingos. Uno, un jefe cierta<span class="pagenum"><a id="Page_134"></a>[Pg 134]</span>mente,
-irguióse sobre sus corvejones, caminó así
-un trecho manoteando gallardamente al aire como
-si danzara un marcial balisteo, contorneando el
-cuello con serpentina elegancia, hasta que un dardo
-se le clavó en medio del pecho...</p>
-
-<p>Entretanto, el ataque iba triunfando. Las murallas
-empezaban á ceder.</p>
-
-<p>Súbitamente una alarma paralizó á las bestias.
-Unas sobre otras, apoyándose en ancas y lomos,
-alargaron sus cuellos hacia la alameda que bordeaba
-la margen del Kossinites; y los defensores
-volviéndose hacia la misma dirección, contemplaron
-un tremendo espectáculo.</p>
-
-<p>Dominando la arboleda negra, espantosa sobre
-el cielo de la tarde, una colosal cabeza de león
-miraba hacia la ciudad. Era una de esas fieras
-antediluvianas cuyos ejemplares, cada vez más
-raros, devastaban de tiempo en tiempo los montes
-Ródopes. Mas nunca se había visto nada tan
-monstruoso, pues aquella cabeza dominaba los
-más altos árboles, mezclando á las hojas teñidas
-de crepúsculo las greñas de su melena.</p>
-
-<p>Brillaban claramente sus enormes colmillos,
-percibíase sus ojos fruncidos ante la luz, llegaba
-en el hálito de la brisa su olor bravío. Inmóvil entre
-la palpitación del follaje, herrumbrada por el
-sol casi hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase<span class="pagenum"><a id="Page_135"></a>[Pg 135]</span>
-ante el horizonte como uno de esos bloques en que
-el pelasgo, contemporáneo de las montañas, esculpió
-sus bárbaras divinidades.</p>
-
-<p>Y de repente empezó á andar, lento como el
-océano. Oíase el rumor de la fronda que su pecho
-apartaba, su aliento de fragua que iba sin duda á
-estremecer la ciudad cambiándose en rugido.</p>
-
-<p>Á pesar de su fuerza prodigiosa y de su número,
-los caballos sublevados no resistieron semejante
-aproximación. Un sólo ímpetu los arrastró por la
-playa, en dirección á la Macedonia, levantando un
-verdadero huracán de arena y de espuma, pues no
-pocos disparábanse á través de las olas.</p>
-
-<p>En la fortaleza reinaba el pánico. ¿Qué podrían
-contra semejante enemigo? ¿Qué gozne de bronce
-resistiría á sus mandíbulas? ¿Qué muro á sus garras?...</p>
-
-<p>Comenzaban ya á preferir el pasado riesgo (al
-fin era una lucha contra bestias civilizadas) sin
-alientos ni para enflechar sus arcos, cuando el
-monstruo salió de la alameda.</p>
-
-<p>No fué un rugido lo que brotó de sus fauces,
-sino un grito de guerra humano&mdash;el bélico <em>¡alalé!</em>
-de los combates, al que respondieron con regocijo
-triunfal los <em>hoyohei</em> y los <em>hoyotoho</em> de la fortaleza.</p>
-
-<p>¡Glorioso prodigio!</p>
-
-<p>Bajo la cabeza del felino, irradiaba luz superior<span class="pagenum"><a id="Page_136"></a>[Pg 136]</span>
-el rostro de un numen; y mezclados soberbiamente
-con la flava piel, resaltaban su pecho marmóreo,
-sus brazos de encina, sus muslos estupendos.</p>
-
-<p>Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento,
-de orgullo, llenó la tarde:</p>
-
-<p>&mdash;¡Hércules, es Hércules que llega!</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_137"></a>[Pg 137]</span></p>
-
-<p class="half-title">VIOLA ACHERONTIA</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_138"></a>[Pg 138]<br /><a id="Page_139"></a>[Pg 139]</span></p>
-<h2 class="nobreak">VIOLA ACHERONTIA</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">Lo que deseaba aquel extraño jardinero, era
-crear la flor de la muerte. Sus tentativas remontaban
-á diez años, con éxito negativo siempre, porque
-considerando al vegetal sin alma, ateníase
-exclusivamente á la plástica. Injertos, combinaciones,
-de todo había ensayado. La producción de
-la rosa negra ocupóle un tiempo; pero nada sacó
-de sus investigaciones. Después le interesaron las
-pasionarias y los tulipanes, con el único resultado
-de dos ó tres ejemplares monstruosos, hasta
-que Bernardin de Saint-Pierre le puso en el buen
-camino, enseñándole cómo puede haber analogías
-entre la flor y la mujer encinta, supuestas ambas
-capaces de recibir por “antojo” imágenes de los
-objetos deseados.</p>
-
-<p>Aceptar este audaz postulado, equivalía á suponer
-en la planta un mental suficientemente elevado
-para recibir, concretar y conservar una impresión;
-en una palabra, para sugestionarse con intensidad<span class="pagenum"><a id="Page_140"></a>[Pg 140]</span>
-parecida á la de un organismo inferior. Esto era,
-precisamente, lo que había llegado á comprobar
-nuestro jardinero.</p>
-
-<p>Según él, la marcha de los vástagos en las enredaderas,
-obedecía á una deliberación seguida por
-resoluciones que daban origen á una serie de tanteos.
-De aquí las curvas y acodamientos, caprichosos
-al parecer, las diversas orientaciones y adaptaciones
-á diferentes planos, que ejecutan las guías,
-los gajos, las raíces. Un sencillo sistema nervioso
-presidía esas obscuras funciones. Había también en
-cada planta su bulbo cerebral y su corazón rudimentario,
-situados respectivamente en el cuello de
-la raíz y en el tronco. La semilla, es decir el ser
-resumido para la procreación, lo dejaba ver con
-toda claridad. El embrión de una nuez tiene la
-misma forma del corazón, siendo asaz parecida al
-cerebro la de los cotiledones. Las dos hojas rudimentarias
-que salen de dicho embrión, recuerdan
-con bastante claridad dos ramas bronquiales cuyo
-oficio desempeñan en la germinación.</p>
-
-<p>Las analogías morfológicas, suponen casi siempre
-otras de fondo; y por esto la sugestión ejerce
-una influencia más vasta de lo que se cree sobre
-la forma de los seres. Algunos clarovidentes de la
-historia natural, como Michelet y Fries, presintieron
-esta verdad que la experiencia va confirmando.<span class="pagenum"><a id="Page_141"></a>[Pg 141]</span>
-El mundo de los insectos, pruébalo enteramente.
-Los pájaros ostentan colores más brillantes en los
-países cuyo cielo es siempre puro (Gould). Los gatos
-blancos y de ojos azules, son comúnmente sordos
-(Darwin). Hay peces que llevan fotografiadas
-en la gelatina de su dorso, las olas del mar (Strindberg).
-El girasol mira constantemente al astro del
-día, y reproduce con fidelidad su núcleo, sus rayos
-y sus manchas (Saint-Pierre).</p>
-
-<p>He aquí un punto de partida. Bacon en su <cite>Novum
-organum</cite> establece que el canelero y otros
-odoríferos colocados cerca de lugares fétidos, retienen
-obstinadamente el aroma, rehusando su
-emisión, para impedir que se mezcle con las exhalaciones
-hediondas...</p>
-
-<p>Lo que ensayaba el extraordinario jardinero con
-quien iba á verme, era una sugestión sobre las
-violetas. Habíalas encontrado singularmente nerviosas,
-lo cual demuestra, agregaba, la afección y
-el horror siempre exagerados que les profesan las
-histéricas, y quería llegar á hacerlas emitir un
-tósigo mortal sin olor alguno; una ponzoña fulminante
-é imperceptible. Qué se proponía con ello, si
-no era puramente una extravagancia, permaneció
-siempre misterioso para mí.</p>
-
-<p>Encontré un anciano de porte sencillo, que me
-recibió con cortesías casi humildes. Estaba ente<span class="pagenum"><a id="Page_142"></a>[Pg 142]</span>rado
-de mis pretensiones, por lo cual entablamos
-acto continuo la conversación sobre el tema que
-nos acercaba.</p>
-
-<p>Quería sus flores como un padre, manifestando
-fanática adoración por ellas. Las hipótesis y datos
-consignados más arriba, fueron la introducción de
-nuestro diálogo; y como el hombre hallara en mí
-un conocedor, se encontró más á sus anchas.</p>
-
-<p>Después de haberme expuesto sus teorías con
-rara precisión, me invitó á conocer sus violetas.</p>
-
-<p>&mdash;He procurado, decía mientras íbamos, llevarlas
-á la producción del veneno que deben exhalar,
-por una evolución de su propia naturaleza; y aunque
-el resultado ha sido otro, él comporta una
-verdadera maravilla; sin contar con que no desespero
-de obtener la exhalación mortífera. Pero
-ya hemos llegado; véalas usted.</p>
-
-<p>Estaban al extremo del jardín, en una especie de
-plazoleta rodeada de plantas extrañas. Entre las
-hojas habituales, sobresalían sus corolas que al
-pronto tomé por pensamientos, pues eran negras.</p>
-
-<p>&mdash;¡Violetas negras! exclamé.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, pues; había que empezar por el color, para
-que <em>la idea</em> fúnebre se grabara mejor en ellas. El
-negro es, salvo alguna fantasía china, el color natural
-del luto, puesto que lo es de la noche&mdash;vale
-decir de la tristeza, de la diminución vital y del<span class="pagenum"><a id="Page_143"></a>[Pg 143]</span>
-sueño, hermano de la muerte. Además estas flores
-no tienen perfume, conforme á mi propósito, y éste
-es otro resultado producido por un efecto de
-correlación. El color negro parece ser, en efecto,
-adverso al perfume; y así tiene usted que sobre
-mil ciento noventa y tres especies de flores blancas,
-hay ciento setenta y cinco perfumadas y doce
-fétidas; mientras que sobre dieciocho especies
-de flores negras, hay diecisiete inodoras y una
-fétida. Pero esto no es lo interesante del asunto.
-Lo maravilloso está en otro detalle, que requiere,
-desgraciadamente, una larga explicación...</p>
-
-<p>&mdash;No tema usted, respondí; mis deseos de aprender
-son todavía mayores que mi curiosidad.</p>
-
-<p>&mdash;Oiga usted, entonces, cómo he procedido.</p>
-
-<p>Primeramente, debí proporcionar á mis flores
-un medio favorable para el desarrollo de la idea
-fúnebre; luego, sugerirles esta idea por medio de
-una sucesión de fenómenos; después poner su sistema
-nervioso en estado de recibir la imagen y
-fijarla; por último llegar á la producción del veneno,
-combinando en su ambiente y en su savia
-diversos tósigos vegetales. La herencia se encargaría
-del resto.</p>
-
-<p>Las violetas que usted ve, pertenecen á una
-familia cultivada bajo ese régimen durante diez
-años. Algunos cruzamientos, indispensables para<span class="pagenum"><a id="Page_144"></a>[Pg 144]</span>
-prevenir la degeneración, han debido retardar un
-tanto el éxito final de mi tentativa. Y digo éxito final,
-porque conseguir la violeta negra é inodora, es
-ya un resultado.</p>
-
-<p>Sin embargo, ello no es difícil: se reduce á una
-serie de manipulaciones en las que entra por base
-el carbono con el objeto de obtener una variedad
-de anilina. Suprimo el detalle de las investigaciones
-á que debí entregarme sobre las toluidinas y
-los xilenos, cuyas enormes series me llevarían muy
-lejos, vendiendo por otra parte mi secreto. Puedo
-darle, no obstante, un indicio: el origen de los
-colores que llamamos anilinas, es una combinación
-de hidrógeno y carbono; el trabajo químico posterior,
-se reduce á fijar oxígeno y nitrógeno, produciendo
-los álcalis artificiales cuyo tipo es la anilina,
-y obteniendo derivados después. Algo semejante
-he hecho yo. Usted sabe que la clorofila es
-muy sensible, y á esto se debe más de un resultado
-sorprendente. Exponiendo matas de hiedra á la
-luz solar, en un sitio donde ésta entraba por aberturas
-romboidales solamente, he llegado á alterar
-la forma de su hoja, tan persistente sin embargo,
-que es el tipo geométrico de la curva cisoides; y
-luego, es fácil observar que las hierbas rastreras
-de un bosque, se desarrollan imitando los arabescos
-de la luz á través del ramaje...</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_145"></a>[Pg 145]</span></p>
-
-<p>Llegamos ahora al procedimiento capital. La sugestión
-que ensayo sobre mis flores es muy difícil
-de efectuar, pues las plantas tienen su cerebro
-debajo de tierra; son seres invertidos. Por esto
-me he fijado más en la influencia del medio como
-elemento fundamental. Obtenido el color negro de
-las violetas, estaba conseguida la primera nota fúnebre.
-Planté luego en torno, los vegetales que
-usted ve: estramonio, jazmín y belladona. Mis
-violetas quedaban, así, sometidas á influencias química
-y fisiológicamente fúnebres. La solarina es, en
-efecto, un veneno narcótico; así como la daturina
-contiene hioscyamina y atropina, dos alcaloides dilatadores
-de la pupila que producen la megalopsia,
-ó sea el agrandamiento de los objetos. Tenía, pues,
-los elementos del sueño y de la alucinación, es decir,
-dos productores de pesadillas; de modo que á
-los efectos específicos del color negro, del sueño y
-de las alucinaciones, se unía el miedo. Debo añadirle
-que para redoblar las impresiones alucinantes,
-planté además el beleño, cuyo veneno radical
-es precisamente la hioscyamina.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y de qué sirve, puesto que la flor no tiene
-ojos? pregunté.</p>
-
-<p>&mdash;Ah, señor; no se ve únicamente con los ojos,
-replicó el anciano. Los sonámbulos ven con los
-dedos de la mano y con la planta de los pies.<span class="pagenum"><a id="Page_146"></a>[Pg 146]</span>
-No olvide usted que aquí se trata de una sugestión.</p>
-
-<p>Mis labios rebosaban de objeciones; pero callé,
-por ver hasta dónde iba á llevarnos el desarrollo
-de tan singular teoría.</p>
-
-<p>&mdash;La solanina y la daturina, prosiguió mi interlocutor,
-se aproximan mucho á los venenos cadavéricos&mdash;ptomaínas
-y leucomainas&mdash;que exhalan
-olores de jazmín y de rosa. Si la belladonna
-y el estramonio me dan aquellos cuerpos,
-el olor está suministrado por el jazminero y por
-ese rosal cuyo perfume aumento, conforme á una
-observación de de Candolle, sembrando cebollas en
-sus cercanías. El cultivo de las rosas está ahora
-muy adelantado, pues los injertos han hecho prodigios;
-en tiempo de Shakespeare se injertó recién
-las primeras rosas en Inglaterra...</p>
-
-<p>Aquel recuerdo que tendía á halagar visiblemente
-mis inclinaciones literarias, me conmovió.</p>
-
-<p>&mdash;Permítame, dije, que admire de paso su memoria
-verdaderamente juvenil.</p>
-
-<p>&mdash;Para extremar aún la influencia sobre mis flores,
-continuó él sonriendo vagamente, he mezclado
-á los narcóticos plantas cadavéricas. Algunos
-arum y orchis, una stapelia aquí y allá, pues sus
-olores y colores recuerdan los de la carne corrompida.
-Las violetas sobrexcitadas por su exci<span class="pagenum"><a id="Page_147"></a>[Pg 147]</span>tación
-amorosa natural, dado que la flor es un
-órgano de reproducción, aspiran el perfume de
-los venenos cadavéricos añadido al olor del cadáver
-mismo; sufren la influencia soporífica de los
-narcóticos que las predisponen á la hipnosis, y la
-megalopsia alucinante de los venenos dilatadores
-de la pupila. La sugestión fúnebre comienza así
-á efectuarse con toda intensidad; pero todavía aumento
-la sensibilidad anormal en que la flor se encuentra
-por la inmediación de esas potencias
-vegetales, aproximándole de tiempo en tiempo
-una mata de valeriana y de espuelas de caballero
-cuyo cianuro la irrita notablemente. El
-etileno de la rosa colabora también en este sentido.</p>
-
-<p>Llegamos ahora al punto culminante del experimento,
-pero antes deseo hacerle esta advertencia:
-el <em>¡ay!</em> humano es un grito de la naturaleza.</p>
-
-<p>Al oir este brusco aparte, la locura de mi personaje
-se me presentó evidente; pero él, sin darme
-tiempo á pensarlo bien siquiera, prosiguió:</p>
-
-<p>&mdash;El ¡ay! es, en efecto, una interjección de todos
-los tiempos. El hombre se ha quejado siempre
-lo mismo. Pero lo curioso es que entre los
-animales sucede también así. Desde el perro, un
-vertebrado superior, hasta la esfinge calavera, una
-mariposa, el ¡ay! es una manifestación de dolor<span class="pagenum"><a id="Page_148"></a>[Pg 148]</span>
-y de miedo. Precisamente el extraño insecto que
-acabo de nombrar, y cuyo nombre proviene de
-que lleva dibujada una calavera en el coselete, recuerda
-bien la fauna lúgubre en la cual el ¡ay!
-es común. Fuera inútil recordar á los búhos; pero
-sí debe mencionarse á ese extraviado de las selvas
-primitivas, el perezoso, que parece llevar el
-dolor de su decadencia en el ¡ay! específico al
-cual debe uno de sus nombres...</p>
-
-<p>Y bien; exasperado por mis diez años de esfuerzos,
-decidí realizar ante las flores escenas crueles
-que las impresionaran más aún, sin éxito también;
-hasta que un día...</p>
-
-<p>...Pero aproxímese, juzgue por usted mismo.</p>
-
-<p>Su cara tocaba las negras flores, y casi obligado
-hice lo propio. Entonces&mdash;cosa inaudita&mdash;me pareció
-percibir débiles quejidos. Pronto hube de
-convencerme. Aquellas flores se quejaban en efecto,
-y de sus corolas obscuras, surgía una pululación
-de pequeños ayes muy semejantes á los de
-un niño. La sugestión habíase operado en forma
-completamente imprevista, y aquellas flores, durante
-toda su breve existencia, no hacían sino
-llorar.</p>
-
-<p>Mi estupefacción había llegado al colmo, cuando
-de repente una idea terrible me asaltó. Recordé
-que al decir de las leyendas de hechicería, la<span class="pagenum"><a id="Page_149"></a>[Pg 149]</span>
-mandrágora llora también cuando se la ha regado
-con la sangre de un niño; y con una sospecha que
-me hizo palidecer horriblemente, me incorporé.</p>
-
-<p>&mdash;Como las mandrágoras, dije.</p>
-
-<p>&mdash;Como las mandrágoras, repitió él palideciendo
-aún más que yo.</p>
-
-<p>Y nunca hemos vuelto á vernos. Pero mi convicción
-de ahora es que se trata de un verdadero
-bandido, de un perfecto hechicero de otros
-tiempos, con sus venenos y sus flores de crimen.
-¿Llegará á producir la violeta mortífera que se
-propone? ¿Debo entregar su nombre maldito á la
-publicidad?...</p>
-
-
-
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_150"></a>[Pg 150]</span></p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_151"></a>[Pg 151]</span></p>
-<p class="half-title">YZUR</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_152"></a>[Pg 152]<br /><a id="Page_153"></a>[Pg 153]</span></p>
-<h2 class="nobreak">YZUR</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">Compré el mono en el remate de un circo que
-había quebrado.</p>
-
-<p>La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia
-á cuyo relato están dedicadas estas líneas,
-fué una tarde, leyendo no sé dónde, que los naturales
-de Java atribuían la falta de lenguaje articulado
-en los monos á la abstención, no á la incapacidad.
-“No hablan, decían, para que no los
-hagan trabajar.”</p>
-
-<p>Semejante idea, nada profunda al principio, acabó
-por preocuparme hasta convertirse en este postulado
-antropológico:</p>
-
-<p>Los monos fueron hombres que por una ú otra
-razón dejaron de hablar. El hecho produjo la atrofia
-de sus órganos de fonación y de los centros cerebrales
-del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla
-la relación entre unos y otros, fijando el idioma
-de la especie en el grito inarticulado, y el humano
-primitivo descendió á ser animal.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_154"></a>[Pg 154]</span></p>
-
-<p>Claro es que si llegara á demostrarse esto quedarían
-explicadas desde luego todas las anomalías
-que hacen del mono un ser tan singular; pero esto
-no tendría sino una demostración posible: volver
-el mono al lenguaje.</p>
-
-<p>Entre tanto había corrido el mundo con el mío,
-vinculándolo cada vez más por medio de peripecias
-y aventuras. En Europa llamó la atención, y de
-haberlo querido, llego á darle la celebridad de un
-Cónsul; pero mi seriedad de hombre de negocios,
-mal se avenía con tales payasadas.</p>
-
-<p>Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los
-monos, agoté toda la bibliografía concerniente al
-problema, sin ningún resultado apreciable. Sabía
-únicamente, con entera seguridad, <em>que no hay ninguna
-razón científica para que el mono no hable</em>. Esto
-llevaba cinco años de meditaciones.</p>
-
-<p>Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir,
-pues lo ignoraba igualmente su anterior patrón)
-Yzur era ciertamente un animal notable. La educación
-del circo, bien que reducida casi enteramente
-al mimetismo, había desarrollado mucho
-sus facultades; y esto era lo que me incitaba más
-á ensayar sobre él mi en apariencia disparatada
-teoría.</p>
-
-<p>Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur
-lo era) es entre los monos el mejor provisto de<span class="pagenum"><a id="Page_155"></a>[Pg 155]</span>
-cerebro y uno de los más dóciles, lo cual aumentaba
-mis probabilidades. Cada vez que lo veía
-avanzar en dos pies, con las manos á la espalda para
-conservar el equilibrio, y su aspecto de marinero
-borracho, la convicción de su humanidad detenida
-se vigorizaba en mí.</p>
-
-<p>No hay á la verdad razón alguna para que el mono
-no articule absolutamente. Su lenguaje natural, es
-decir, el conjunto de gritos con que se comunica á
-sus semejantes, es asaz variado; su laringe, por
-más distinta que resulte de la humana, nunca lo
-es tanto como la del loro, que habla sin embargo;
-y en cuanto á su cerebro, fuera de que la comparación
-con el de este último animal desvanece toda
-duda, basta recordar que el del idiota es también
-rudimentario, á pesar de lo cual hay cretinos que
-pronuncian algunas palabras. Por lo que hace á la
-circunvolución de Broca, depende, es claro, del
-desarrollo total del cerebro; fuera de que no está
-probado que ella sea <em>fatalmente</em> el sitio de localización
-del lenguaje. Si es el caso de localización
-mejor establecido en anatomía, los hechos contradictorios
-son desde luego incontestables.</p>
-
-<p>Felizmente los monos tienen, entre sus muchas
-malas condiciones, el gusto por aprender, como lo
-demuestra su tendencia imitativa; la memoria feliz,
-la reflexión que llega hasta una profunda facultad<span class="pagenum"><a id="Page_156"></a>[Pg 156]</span>
-de disimulo, y la atención comparativamente más
-desarrollada que en el niño. Es, pues, un sujeto
-pedagógico de los más favorables.</p>
-
-<p>El mío era joven además, y es sabido que la
-juventud constituye la época más intelectual del
-mono, parecido en esto al negro. La dificultad
-estribaba solamente en el método que se emplearía
-para comunicarle la palabra.</p>
-
-<p>Conocía todas las infructuosas tentativas de mis
-antecesores; y está de más decir, que ante la competencia
-de algunos de ellos y la nulidad de todos
-sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una
-vez, cuando el tanto pensar sobre aquel tema, fué
-llevándome á esta conclusión:</p>
-
-<p><em>Lo primero consiste en desarrollar el aparato de
-fonación del mono.</em></p>
-
-<p>Así es, en efecto, cómo se procede con los sordomudos
-antes de llevarlos á la articulación; y no
-bien hube reflexionado sobre esto, cuando las
-analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon
-en mi espíritu.</p>
-
-<p>Primero de todo, su extraordinaria movilidad
-mímica que compensa al lenguaje articulado, demostrando
-que no por dejar de hablar se deja de
-pensar, así haya diminución de esta facultad por
-la paralización de aquélla. Después otros caracteres
-más peculiares por ser más específicos: la dili<span class="pagenum"><a id="Page_157"></a>[Pg 157]</span>gencia
-en el trabajo, la fidelidad, el coraje, aumentados
-hasta la certidumbre por estas dos condiciones
-cuya comunidad es verdaderamente reveladora:
-la facilidad para los ejercicios de equilibrio
-y la resistencia al mareo.</p>
-
-<p>Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera
-gimnasia de los labios y de la lengua de
-mi mono, tratándolo en esto como á un sordomudo.
-En lo restante, me favorecería el oído para
-establecer comunicaciones directas de palabra, sin
-necesidad de apelar al tacto. El lector verá que en
-esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo.</p>
-
-<p>Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes
-monos el que tiene labios más movibles; y en el
-caso particular, habiendo padecido Yzur de anginas,
-sabía abrir la boca para que se la examinaran.</p>
-
-<p>La primera inspección confirmó en parte mis
-sospechas. La lengua permanecía en el fondo de
-su boca, como una masa inerte, sin otros movimientos
-que los de la deglución. La gimnasia produjo
-luego su efecto, pues á los dos meses ya sabía
-sacar la lengua para burlar. Ésta fué la primera
-relación que conoció entre el movimiento de su
-lengua y una idea; una relación perfectamente
-acorde con su naturaleza, por otra parte.</p>
-
-<p>Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo<span class="pagenum"><a id="Page_158"></a>[Pg 158]</span>
-que estirárselos con pinzas; pero apreciaba&mdash;quizá
-por mi expresión&mdash;la importancia de aquella tarea
-anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba
-los movimientos labiales que debía imitar,
-permanecía sentado, rascándose la grupa con su
-brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una concentración
-dubitativa, ó alisándose las patillas con
-todo el aire de un hombre que armoniza sus ideas
-por medio de ademanes rítmicos. Al fin aprendió
-á mover los labios.</p>
-
-<p>Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil,
-como lo prueban los largos balbuceos del niño, que
-lo llevan, paralelamente con su desarrollo intelectual,
-á la adquisición del hábito. Está demostrado,
-en efecto, que el centro propio de las inervaciones
-vocales, se halla asociado con el de la palabra en
-forma tal, que el desarrollo normal de ambos, depende
-de su ejercicio armónico; y esto ya lo había
-presentido en 1785 Heinicke, el inventor del método
-oral para la enseñanza de los sordomudos, como
-una consecuencia filosófica. Hablaba de una
-“concatenación dinámica de las ideas”, frase cuya
-profunda claridad honraría á más de un psicólogo
-contemporáneo.</p>
-
-<p>Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la
-misma situación del niño que antes de hablar entiende
-ya muchas palabras; pero era mucho más<span class="pagenum"><a id="Page_159"></a>[Pg 159]</span>
-apto para asociar los juicios que debía poseer sobre
-las cosas, por su mayor experiencia de la vida.</p>
-
-<p>Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión,
-sino también inquisitivos y disquisitivos, á
-juzgar por el carácter diferencial que asumían, lo
-cual supone un raciocinio abstracto, le daban un
-grado superior de inteligencia muy favorable por
-cierto á mi propósito.</p>
-
-<p>Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta
-con reflexionar que el silogismo, ó sea el argumento
-lógico fundamental, no es extraño á la
-mente de muchos animales. Como que el silogismo
-es originariamente una comparación entre dos
-sensaciones. Si no, ¿por qué los animales, que conocen
-al hombre huyen de él, y no los que nunca
-le conocieron?...</p>
-
-<p>Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.</p>
-
-<p>Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica,
-para llevarlo progresivamente á la palabra
-sensata.</p>
-
-<p>Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando
-esto de ventaja al sordomudo, con más ciertas
-articulaciones rudimentarias,&mdash;tratábase de enseñarle
-las modificaciones de aquélla, que constituyen
-los fonemas y su articulación, llamada por los
-maestros estática ó dinámica, según que se refiera
-á las vocales ó á las consonantes.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_160"></a>[Pg 160]</span></p>
-
-<p>Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto
-un método empleado por Heinicke con los sordomudos,
-decidí asociar cada vocal con una golosina:
-<em>a</em> con papa; <em>e</em> con leche; <em>i</em> con vino; <em>o</em> con coco;
-<em>u</em> con azúcar&mdash;haciendo de modo que la vocal estuviese
-contenida en el nombre de la golosina, ora
-con dominio único y repetido como en <em>papa</em>, <em>coco</em>,
-<em>leche</em>, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico,
-es decir como sonido fundamental: <em>vino,
-azúcar</em>.</p>
-
-<p>Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales,
-ó sea los sonidos que se forma con la boca
-abierta. Yzur los aprendió en quince días. Sólo que
-á veces, el aire contenido en sus abazones les daba
-una rotundidad de trueno. La <em>u</em> fué lo que más le
-costó pronunciar.</p>
-
-<p>Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado,
-y á poco hube de comprender que nunca
-llegaría á pronunciar aquéllas en cuya formación
-entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos
-y sus abazones, lo estorbaban enteramente.</p>
-
-<p>El vocabulario quedaba reducido, entonces, á las
-cinco vocales; la <em>b</em>, la <em>k</em>, la <em>m</em>, la <em>g</em>, la <em>f</em> y la <em>c</em>, es
-decir todas aquellas consonantes en cuya formación
-no intervienen sino el paladar y la lengua.</p>
-
-<p>Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir
-al tacto como con un sordomudo, apoyan<span class="pagenum"><a id="Page_161"></a>[Pg 161]</span>do
-su mano en mi pecho y luego en el suyo para
-que sintiera las vibraciones del sonido.</p>
-
-<p>Y pasaron tres años, sin conseguir que formara
-palabra alguna. Tendía á dar á las cosas, como
-nombre propio, el de la letra cuyo sonido predominaba
-en ellas. Esto era todo.</p>
-
-<p>En el circo había aprendido á ladrar, como los
-perros sus compañeros de tareas; y cuando me
-veía desesperar ante las vanas tentativas para
-arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como
-dándome todo lo que sabía. Pronunciaba aisladamente
-las vocales y consonantes, pero no podía
-asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición
-vertiginosa de <em>pes</em>y de <em>emes</em>.</p>
-
-<p>Por despacio que fuera, se había operado un
-gran cambio en su carácter. Tenía menos movilidad
-en las facciones, la mirada más profunda, y
-adoptaba posturas meditativas. Había adquirido,
-por ejemplo, la costumbre de contemplar las estrellas.
-Su sensibilidad se desarrollaba igualmente;
-íbasele notando una gran facilidad de lágrimas.</p>
-
-<p>Las lecciones continuaban con inquebrantable
-tesón, aunque sin mayor éxito. Aquello había llegado
-á convertirse en una obsesión dolorosa, y
-poco á poco sentíame inclinado á emplear la fuerza.
-Mi carácter iba agriándose con el fracaso, hasta
-asumir una sorda animosidad contra Yzur. Éste<span class="pagenum"><a id="Page_162"></a>[Pg 162]</span>
-se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo
-rebelde, y empezaba á convencerme de que nunca
-lo sacaría de allí, cuando supe de golpe que no
-hablaba porque no quería.</p>
-
-<p>El cocinero, horrorizado, vino á decirme una
-noche que había sorprendido al mono “hablando
-verdaderas palabras”. Estaba, según su narración,
-acurrucado junto á una higuera de la huerta; pero
-el terror le impedía recordar lo esencial de esto,
-es decir, las palabras. Sólo creía retener dos:
-<em>cama</em> y <em>pipa</em>. Casi le doy de puntapiés por su
-imbecilidad.</p>
-
-<p>No necesito decir que pasé la noche poseído de
-una gran emoción; y lo que en tres años no había
-cometido, el error que todo lo echó á perder, provino
-del enervamiento de aquel desvelo, tanto
-como de mi excesiva curiosidad.</p>
-
-<p>En vez de dejar que el mono llegara naturalmente
-á la manifestación del lenguaje, llaméle al
-día siguiente y procuré imponérsela por obediencia.</p>
-
-<p>No conseguí sino las <em>pes</em> y las <em>emes</em> con que me
-tenía harto, las guiñadas hipócritas y&mdash;Dios me
-perdone&mdash;una cierta vislumbre de ironía en la
-azogada ubicuidad de sus muecas.</p>
-
-<p>Me encolericé, y sin consideración alguna, le di
-de azotes. Lo único que logré fué su llanto y un
-silencio absoluto que excluía hasta los gemidos.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_163"></a>[Pg 163]</span></p>
-
-<p>Á los tres días cayó enfermo, en una especie de
-sombría demencia complicada con síntomas de
-meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías, purgantes,
-revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia,
-bromuro&mdash;toda la terapéutica del espantoso mal
-le fué aplicada. Luché con desesperado brío, á impulsos
-de un remordimiento y de un temor. Aquél
-por creer á la bestia una víctima de mi crueldad;
-éste por la suerte del secreto que quizá se llevaba
-á la tumba.</p>
-
-<p>Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no
-obstante, tan débil, que no podía moverse de la
-cama. La proximidad de la muerte habíalo ennoblecido
-y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud,
-no se separaban de mí, siguiéndome por toda la
-habitación como dos bolas giratorias, aunque estuviese
-detrás de él; su mano buscaba las mías en
-una intimidad de convalecencia. En mi gran soledad,
-iba adquiriendo rápidamente la importancia
-de una persona.</p>
-
-<p>El demonio del análisis, que no es sino una forma
-del espíritu de perversidad, impulsábame, sin
-embargo, á renovar mis experiencias. En realidad
-el mono había hablado. Aquello no podía quedar
-así.</p>
-
-<p>Comencé muy despacio, pidiéndole las letras
-que sabía pronunciar. ¡Nada! Dejélo solo durante<span class="pagenum"><a id="Page_164"></a>[Pg 164]</span>
-horas, espiándolo por un agujerillo del tabique.
-¡Nada! Habléle con oraciones breves, procurando
-tocar su fidelidad ó su glotonería. ¡Nada! Cuando
-aquéllas eran patéticas, los ojos se le hinchaban
-de llanto. Cuando le decía una frase habitual, como
-el “yo soy tu amo” con que empezaba todas mis
-lecciones, ó el “tú eres mi mono” con que completaba
-mi anterior afirmación, para llevar á su
-espíritu la certidumbre de una verdad total, él
-asentía cerrando los párpados; pero no producía
-un sonido, ni siquiera llegaba á mover los labios.</p>
-
-<p>Había vuelto á la gesticulación como único medio
-de comunicarse conmigo; y este detalle, unido á
-sus analogías con los sordomudos, hacía redoblar
-mis precauciones, pues nadie ignora la gran predisposición
-de estos últimos á las enfermedades
-mentales. Por momentos deseaba que se volviera
-loco, á ver si el delirio rompía al fin su silencio.</p>
-
-<p>Su convalecencia seguía estacionaria. La misma
-flacura, la misma tristeza. Era evidente que
-estaba enfermo de inteligencia y de dolor. Su unidad
-orgánica habíase roto al impulso de una cerebración
-anormal, y día más, día menos, aquél era
-caso perdido.</p>
-
-<p>Mas, á pesar de la mansedumbre que el progreso
-de la enfermedad aumentaba en él, su silencio,
-aquel desesperante silencio provocado por mi<span class="pagenum"><a id="Page_165"></a>[Pg 165]</span>
-exasperación, no cedía. Desde un obscuro fondo de
-tradición petrificada en instinto, la raza imponía
-su milenario mutismo al animal, fortaleciéndose
-de voluntad atávica en las raíces mismas de su
-ser. Los antiguos hombres de la selva, que forzó
-al silencio, es decir, al suicidio intelectual, quién
-sabe qué bárbara injusticia, mantenían su secreto
-formado por misterios de bosque y abismos de
-prehistoria, en aquella decisión ya inconsciente,
-pero formidable con la inmensidad de su tiempo.</p>
-
-<p>Infortunios del antropoide retrasado en la evolución
-cuya delantera tomaba el humano con un
-despotismo de sombría barbarie, habían, sin duda,
-destronado á las grandes familias cuadrumanas
-del dominio arbóreo de sus primitivos edenes,
-raleando sus filas, cautivando sus hembras para
-organizar la esclavitud desde el propio vientre
-materno, hasta infundir á su impotencia de vencidas
-el acto de dignidad mortal que las llevaba á
-romper con el enemigo el vínculo superior también,
-pero infausto de la palabra, refugiándose como
-salvación suprema en la noche de la animalidad.</p>
-
-<p>Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían
-cometido los vencedores con la semibestia
-en trance de evolución, para que ésta, después de
-haber gustado el encanto intelectual que es el
-fruto paradisíaco de las biblias, se resignara á<span class="pagenum"><a id="Page_166"></a>[Pg 166]</span>
-aquella claudicación de su extirpe en la degradante
-igualdad de los inferiores; á aquel retroceso que
-cristalizaba por siempre su inteligencia en los
-gestos de un automatismo de acróbata; á aquella
-gran cobardía de la vida que encorvaría eternamente,
-como en distintivo bestial, sus espaldas de
-dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento
-que permanece en el fondo de su caricatura.</p>
-
-<p>He aquí lo que al borde mismo del éxito, había
-despertado mi malhumor en el fondo del limbo
-atávico. Á través del millón de años, la palabra,
-con su conjuro, removía la antigua alma simiana;
-pero contra esa tentación que iba á violar las
-tinieblas de la animalidad protectora, la memoria
-ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo
-horror, oponía también edad sobre edad como
-una muralla.</p>
-
-<p>Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento.
-Una dulce agonía á ojos cerrados, con
-respiración débil, pulso vago, quietud absoluta,
-que sólo interrumpía para volver de cuando en
-cuando hacia mí, con una desgarradora expresión
-de eternidad, su cara de viejo mulato triste.
-Y la última tarde, la tarde de su muerte, fué cuando
-ocurrió la cosa extraordinaria que me ha decidido
-á emprender esta narración.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_167"></a>[Pg 167]</span></p>
-
-<p>Habíame dormitado á su cabecera, vencido por
-el calor y la quietud del crepúsculo que empezaba,
-cuando sentí de pronto que me asían por la muñeca.</p>
-
-<p>Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos
-muy abiertos, se moría definitivamente aquella vez,
-y su expresión era tan humana, que me infundió
-horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con
-tanta elocuencia hacia él, que hube de inclinarme
-inmediato á su rostro; y entonces, con su último
-suspiro, el último suspiro que coronaba y desvanecía
-á la vez mi esperanza, brotaron&mdash;estoy seguro&mdash;brotaron
-en un murmullo (¿cómo explicar
-el tono de una voz que ha permanecido sin hablar
-diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad
-reconciliaba las especies:</p>
-
-<p>&mdash;<span class="smcap">Amo, agua. Amo, mi amo...</span></p>
-
-
-
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_168"></a>[Pg 168]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_169"></a>[Pg 169]</span></p>
-<p class="half-title">LA ESTATUA DE SAL</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_170"></a>[Pg 170]<br /><a id="Page_171"></a>[Pg 171]</span></p>
-<h2 class="nobreak">LA ESTATUA DE SAL</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera
-historia del monje Sosistrato:</p>
-
-<p>&mdash;Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio
-de San Sabas, diga que no conoce la desolación.
-Imaginaos un antiquísimo edificio situado
-sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena
-amarillenta, se deslizan ya casi agotadas hacia el
-Mar Muerto, por entre bosquecillos de terebintos y
-manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no
-hay más que una palmera cuya copa sobrepasa
-los muros del monasterio. Una soledad infinita,
-sólo turbada de tarde en tarde por e<span class="pagenum"><a id="Page_172"></a>[Pg 172]</span>l paso de algunos
-nómades que trasladan sus rebaños; un silencio
-colosal que parece bajar de las montañas cuya
-eminencia amuralla el horizonte. Cuando sopla el
-viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando
-el viento es del lago, todas las plantas quedan
-cubiertas de sal. El ocaso y la aurora se confunden
-en una misma tristeza. Sólo aquéllos que deben
-expiar grandes crímenes, arrostran semejantes
-soledades. En el convento se puede oir misa y
-comulgar. Los monjes que no son ya más que
-cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen
-al peregrino una modesta colación de dátiles fritos,
-uvas, agua del río y algunas veces vino de
-palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las
-tribus vecinas los respetan porque son buenos
-médicos. Cuando muere alguno, le sepultan en las
-cuevas que hay debajo á la orilla del río, entre las
-rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas
-azules, amigas del convento; antes, hace ya
-muchos años, habitaron en ellas los primeros anacoretas,
-uno de los cuales fué el monje Sosistrato
-cuya historia he prometido contaros. Ayúdeme
-Nuestra Señora del Carmelo y vosotros escuchad
-con atención. Lo que vais á oir, me lo refirió palabra
-por palabra el hermano Porfirio, que ahora
-está sepultado en una de las cuevas de San Sabas,
-donde acabó su santa vida á los ochenta años en la
-virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su
-gracia. Amén.</p>
-
-<hr class="tb" />
-
-<p>Sosistrato era un monje armenio, que había resuelto
-pasar su vida en la soledad con varios jóve<span class="pagenum"><a id="Page_173"></a>[Pg 173]</span>nes
-compañeros suyos de vida mundana, recién
-convertidos á la religión del crucificado. Pertenecía,
-pues, á la fuerte raza de los estilitas. Después de
-largo vagar por el desierto, encontraron un día las
-cavernas de que os he hablado y se instalaron en
-ellas. El agua del Jordán, los frutos de una pequeña
-hortaliza que cultivaban en común, bastaban para
-llenar sus necesidades. Pasaban los días orando y
-meditando. De aquellas grutas surgían columnas
-de plegarias, que contenían con su esfuerzo la vacilante
-bóveda de los cielos próxima á desplomarse
-sobre los pecados del mundo. El sacrificio de aquellos
-desterrados, que ofrecían diariamente la maceración
-de sus carnes y la pena de sus ayunos á la
-justa ira de Dios, para aplacarla, evitaron muchas
-pestes, guerras y terremotos. Esto no lo saben los
-impíos que ríen con ligereza de las penitencias de
-los cenobitas. Y sin embargo, los sacrificios y oraciones
-de los justos son las claves del techo del
-universo.</p>
-
-<p>Al cabo de treinta años de austeridad y silencio,
-Sosistrato y sus compañeros habían alcanzado la
-santidad. El demonio, vencido, aullaba de impotencia
-bajo el pie de los santos monjes. Éstos fueron
-acabando sus vidas uno tras otro, hasta que
-al fin Sosistrato se quedó solo. Estaba muy viejo,
-muy pequeñito. Se había vuelto casi transparente.<span class="pagenum"><a id="Page_174"></a>[Pg 174]</span>
-Oraba arrodillado quince horas diarias, y tenía
-revelaciones. Dos palomas amigas, traíanle cada
-tarde algunos granos de granada y se los daban á
-comer con el pico. Nada más que de eso vivía; en
-cambio olía bien como un jazminero por la tarde.
-Cada año, el viernes doloroso, encontraba al despertar,
-en la cabecera de su lecho de ramas, una
-copa de oro llena de vino y un pan con cuyas especies
-comulgaba absorbiéndose en éxtasis inefables.
-Jamás se le ocurrió pensar de dónde vendría aquello,
-pues bien sabía que el señor Jesús puede hacerlo.
-Y aguardando con unción perfecta el día de
-su ascención á la bienaventuranza, continuaba
-soportando sus años. Desde hacía más de cincuenta,
-ningún caminante había pasado por allí.</p>
-
-<p>Pero una mañana, mientras el monje rezaba con
-sus palomas, éstas, asustadas de pronto, echaron
-á volar abandonándole. Un peregrino acababa de
-llegar á la entrada de la caverna. Sosistrato, después
-de saludarle con santas palabras, le invitó á
-reposar indicándole un cántaro de agua fresca. El
-desconocido bebió con ansia como si estuviese
-anonadado de fatiga; y después de consumir un
-puñado de frutas secas que extrajo de su alforja,
-oró en compañía del monje.</p>
-
-<p>Transcurrieron siete días. El caminante refirió
-su peregrinación desde Cesárea á las orillas del<span class="pagenum"><a id="Page_175"></a>[Pg 175]</span>
-Mar Muerto, terminando la narración con una
-historia que preocupó á Sosistrato.</p>
-
-<p>&mdash;He visto los cadáveres de las ciudades malditas,
-dijo una noche á su huésped; he mirado humear
-el mar como una hornalla, y he contemplado
-lleno de espanto á la mujer de sal, la castigada esposa
-de Lot. La mujer está viva, hermano mío, y
-yo la he escuchado gemir y la he visto sudar al
-sol del mediodía.</p>
-
-<p>&mdash;Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado
-<cite>De Sodoma</cite>, dijo en voz baja Sosistrato.</p>
-
-<p>&mdash;Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino.
-Algo más definitivo hay en él todavía; y de ello
-resulta que la esposa de Lot ha seguido siendo
-fisiológicamente mujer. Yo he pensado que sería
-obra de caridad libertarla de su condena...</p>
-
-<p>&mdash;Es la justicia de Dios, exclamó el solitario</p>
-
-<p>&mdash;¿No vino Cristo á redimir también con su sacrificio
-los pecados del antiguo mundo?&mdash;replicó
-suavemente el viajero que parecía docto en letras
-sagradas. ¿Acaso el bautismo no lava igualmente
-el pecado contra la Ley que el pecado contra el
-Evangelio?...</p>
-
-<p>Después de estas palabras, ambos se entregaron
-al sueño. Fué aquélla la última noche que pasaron
-juntos. Al siguiente día el desconocido partió, llevando
-consigo la bendición de Sosistrato, y no<span class="pagenum"><a id="Page_176"></a>[Pg 176]</span>
-necesito deciros que, á pesar de sus buenas apariencias,
-aquel fingido peregrino era Satanás en
-persona.</p>
-
-<p>El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación
-tenaz asaltó desde aquella noche el espíritu
-del santo. ¡Bautizar la estatua de sal, libertar
-de su suplicio aquel espíritu encadenado! La
-caridad lo exigía, la razón argumentaba. En esta
-lacha transcurrieron meses, hasta que por fin el
-monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en
-sueños y le ordenó ejecutar el acto.</p>
-
-<p>Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana
-del cuarto, apoyándose en su bordón de acacia,
-tomó, costeando el Jordán, la senda del Mar Muerto.
-La jornada no era larga, pero sus piernas cansadas
-apenas podían sostenerle. Así marchó durante
-dos días. Las fieles palomas continuaban
-alimentándole como de ordinario, y él rezaba mucho,
-profundamente, pues aquella resolución afligíale
-en extremo. Por fin, cuando sus pies iban á
-faltarle, las montañas se abrieron y el lago apareció.</p>
-
-<p>Los esqueletos de las ciudades destruidas iban
-poco á poco desvaneciéndose. Algunas piedras quemadas,
-era todo lo que restaba ya: trozos de arcos,
-hileras de adobes carcomidos por la sal y cimentados
-en betún... El monje reparó apenas en semejantes<span class="pagenum"><a id="Page_177"></a>[Pg 177]</span>
-restos; que procuró evitar á fin de que sus pies no
-se manchasen á su contacto. De repente, todo su
-viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir hacia el
-sud, fuera ya de los escombros, en un recodo de las
-montañas desde el cual apenas se los percibía, la
-silueta de la estatua.</p>
-
-<p>Bajo su manto petrificado que el tiempo había
-roído, era larga y fina como un fantasma. El sol
-brillaba con límpida incandescencia, calcinando
-las rocas, haciendo espejear la capa salobre que
-cubría las hojas de los terebintos. Aquellos arbustos,
-bajo la reverberación meridiana, parecían de
-plata. En el cielo no había una sola nube. Las aguas
-amargas dormían en su característica inmovilidad.
-Cuando el viento soplaba, podía escucharse en
-ellas, decían los peregrinos, cómo se lamentaban
-los espectros de las ciudades.</p>
-
-<p>Sosistrato se aproximó á la estatua. El viajero
-había dicho verdad. Una humedad tibia cubría su
-rostro. Aquellos ojos blancos, aquellos labios blancos,
-estaban completamente inmóviles bajo la invasión
-de la piedra, en el sueño de sus siglos.
-Ni un indicio de vida salía de aquella roca. El
-sol la quemaba con tenacidad implacable, siempre
-igual desde hacía miles de años, y sin embargo,
-¡esa efigie estaba viva puesto que sudaba! Semejante
-sueño resumía el misterio de los espantos<span class="pagenum"><a id="Page_178"></a>[Pg 178]</span>
-bíblicos. La cólera de Jehová había pasado sobre
-aquel ser, espantosa amalgama de carne y de peñasco.
-¿No era temeridad el intento de turbar ese
-sueño? ¿No caería el pecado de la mujer maldita
-sobre el insensato que procuraba redimirla? Despertar
-el misterio es una locura criminal, tal vez
-una tentación del infierno. Sosistrato, lleno de congoja,
-se arrodilló á orar en la sombra de un
-bosquecillo...</p>
-
-<p>Cómo se verificó el acto, no os lo voy á decir.
-Sabed únicamente que cuando el agua sacramental
-cayó sobre la estatua, la sal se disolvió lentamente,
-y á los ojos del solitario apareció una mujer,
-vieja como la eternidad, envuelta en andrajos
-terribles, de una lividez de ceniza, flaca y temblorosa,
-llena de siglos. El monje que había visto al
-demonio sin miedo, sintió el pavor de aquella aparición.
-Era el pueblo réprobo lo que se levantaba
-en ella. Esos ojos vieron la combustión de los azufres
-llovidos por la cólera divina sobre la ignominia
-de las ciudades; esos andrajos estaban tejidos
-con el pelo de los camellos de Lot; ¡esos pies hollaron
-las cenizas del incendio del Eterno! Y la espantosa
-mujer le habló con su voz antigua.</p>
-
-<p>Ya no recordaba nada. Sólo una vaga visión del
-incendio, una sensación tenebrosa despertada á
-la vista de aquel mar. Su alma estaba vestida de<span class="pagenum"><a id="Page_179"></a>[Pg 179]</span>
-confusión. Había dormido mucho, un sueño negro
-como el sepulcro. Sufría sin saber por qué, en
-aquella sumersión de pesadilla. Ese monje acababa
-de salvarla. Lo sentía. Era lo único claro en su
-visión reciente. Y el mar... el incendio... la catástrofe...
-las ciudades ardidas... todo aquello se desvanecía
-en una clarovidente visión de muerte. Iba
-á morir. Estaba salvada, pues. ¡Y era el monje quien
-la había salvado!</p>
-
-<p>Sosistrato temblaba, formidable. Una llama roja
-incendiaba sus pupilas. El pasado acababa de
-desvanecerse en él, como si el viento de fuego hubiera
-barrido su alma. Y sólo este convencimiento
-ocupaba su conciencia: <em>¡la mujer de Lot estaba
-allí!</em> El sol descendía hacia las montañas. Púrpuras
-de incendio manchaban el horizonte. Los días
-trágicos revivían en aquel aparato de llamaradas.
-Era como una resurrección del castigo, reflejándose
-por segunda vez sobre las aguas del lago amargo.
-Sosistrato acababa de retroceder en los siglos. Recordaba.
-Había sido actor en la catástrofe. Y esa
-mujer... ¡esa mujer le era conocida!</p>
-
-<p>Entonces un ansia espantosa le quemó las carnes.
-Su lengua habló, dirigiéndose á la espectral
-resucitada:</p>
-
-<p>&mdash;Mujer, respóndeme una sola palabra.</p>
-
-<p>&mdash;Habla... pregunta...</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_180"></a>[Pg 180]</span></p>
-
-<p>&mdash;¿Responderás?</p>
-
-<p>&mdash;¡Sí, habla; me has salvado!</p>
-
-<p>Los ojos del anacoreta brillaron, como si en ellos
-se concentrase el resplandor que incendiaba las
-montañas.</p>
-
-<p>&mdash;<em>Mujer, dime qué viste cuando tu rostro se volvió
-para mirar.</em></p>
-
-<p>Una voz anudada de angustia, le respondió:</p>
-
-<p>&mdash;Oh, no... Por Elohim, ¡no quieras saberlo!</p>
-
-<p>&mdash;¡Dime qué viste!</p>
-
-<p>&mdash;No... no... ¡Sería el abismo!</p>
-
-<p>&mdash;Yo quiero el abismo.</p>
-
-<p>&mdash;Es la muerte...</p>
-
-<p>&mdash;¡Dime qué viste!</p>
-
-<p>&mdash;No puedo... ¡no quiero!</p>
-
-<p>&mdash;Yo te he salvado.</p>
-
-<p>&mdash;No... no....</p>
-
-<p>El sol acababa de ponerse.</p>
-
-<p>&mdash;¡Habla!</p>
-
-<p>La mujer se aproximó. Su voz parecía cubierta de
-polvo; se apagaba, se crepusculizaba, agonizando.</p>
-
-<p>&mdash;¡Por las cenizas de tus padres!...</p>
-
-<p>&mdash;¡Habla!</p>
-
-<p>Entonces aquel espectro aproximó su boca al
-oído del cenobita, y dijo una palabra. Y Sosistrato,
-fulminado, anonadado, sin arrojar un grito,
-cayó muerto. Roguemos á Dios por su alma.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_181"></a>[Pg 181]</span></p>
-
-<p class="half-title">EL PSYCHON</p>
-</div>
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_182"></a>[Pg 182]<br /><a id="Page_183"></a>[Pg 183]</span></p>
-<h2 class="nobreak">EL PSYCHON</h2>
-</div>
-
-
-<p class="p1">El doctor Paulin, ventajosamente conocido en el
-mundo científico por el descubrimiento del telectróscopo,
-el electroide y el espejo negro, de los
-cuales hablaremos algún día, llegó á esta capital
-hará próximamente ocho años, de incógnito, para
-evitar manifestaciones que su modestia repudiaba.
-Nuestros médicos y hombres de ciencia leerán correctamente
-el nombre del personaje, que disimuló
-bajo un patronímico supuesto, tanto por carecer
-de autorización para publicarlo, cuanto porque el
-desenlace de este relato ocasionaría polémicas, que
-mi ignorancia no sabría sostener en campo científico.</p>
-
-<p>Un reumatismo vulgar, aunque rebelde á todo
-tratamiento, me hizo conocer al doctor Paulin
-cuando todavía era aquí un forastero. Cierto amigo,
-miembro de una sociedad de estudios psíquicos
-á quien venía recomendado desde Australia el doctor,
-nos puso en relaciones. Mi reumatismo des<span class="pagenum"><a id="Page_184"></a>[Pg 184]</span>apareció
-mediante un tratamiento helioterápico
-original del médico; y la gratitud hacia él, tanto
-como el interés que sus experiencias me causaban,
-convirtió nuestra aproximación en amistad, desarrollando
-un sincero afecto.</p>
-
-<p>Una ojeada preliminar sobre las mencionadas
-experiencias, servirá de introducción explicativa,
-necesaria para la mejor comprensión de lo que
-sigue.</p>
-
-<p>El doctor Paulin era, ante todo, un físico distinguido.
-Discípulo de Wroblewski en la universidad
-de Cracovia, habíase dedicado con preferencia al
-estudio de la licuación de los gases, problema que
-planteado imaginativamente por Lavoisier, debía
-quedar resuelto luego por Faraday, Cagniard-Latour
-y Thilorier. Pero no era éste el único género
-de investigaciones en que sobresalía el doctor. Su
-profesión se especializaba en el mal conocido terreno
-de la terapéutica sugestiva, siendo digno
-émulo de los Charcot, los Dumontpallier, los Landolt,
-los Luys; y aparte el sistema helioterápico
-citado más arriba, mereció ser consultado por
-Guimbail y por Branly repetidas veces, sobre temas
-tan delicados como la conductibilidad de los neurones,
-cuya ley recién determinada entonces por
-ambos sabios, era el caso palpitante de la ciencia.</p>
-
-<p>Forzoso es confesar, no obstante, que el doctor<span class="pagenum"><a id="Page_185"></a>[Pg 185]</span>
-Paulin adolecía de un defecto grave. Era espiritualista,
-teniendo, para mayor pena, la franqueza
-de confesarlo. Siempre recordaré á este respecto el
-final de una carta que dirigió en julio del 98, al
-profesor Elmer Gates, de Washington, contestando
-otra en la cual éste le comunicaba particularmente
-sus experiencias sobre la sugestión en los
-perros y sobre la “dirigación”, ósea la acción
-modificadora ejercida por la voluntad sobre determinadas
-partes del organismo.</p>
-
-<p>“Y bien, sí, decía el doctor; tenéis razón para
-vuestras conclusiones, que acabo de ver publicadas
-junto con el relato de vuestras experiencias, en el
-<cite>New York Medical Times</cite>. El espíritu es quien rige
-los tejidos orgánicos y las funciones fisiológicas,
-porque es él quien crea esos tejidos y asegura su
-facultad vital. Ya sabéis si me siento inclinado á
-compartir vuestra opinión”, etc.</p>
-
-<p>Así, el doctor Paulin era mirado de reojo por las
-academias. Como á Crookes, como á de Rochas,
-le aceptaban con agudas sospechas. Sólo faltaba
-la estampilla materialista para que le expidieran su
-diploma de sabio.</p>
-
-<p>¿Por qué estaba en Buenos Aires el doctor Paulin?
-Parece que á causa de una expedición científica
-con la que procuraba coronar una serie de estudios
-botánicos aplicados á la medicina. Algunas<span class="pagenum"><a id="Page_186"></a>[Pg 186]</span>
-plantas que por mi intermedio consiguió, entre
-otras la jarilla cuyas propiedades emenagogas habíale
-yo descripto, dieron pie para una súplica á
-que su amabilidad defirió de buen grado. Le pedí
-autorización para asistir á sus experimentos, siendo
-testigo de ellos desde entonces.</p>
-
-<p>Tenía el doctor, en el pasaje X, un laboratorio al
-cual se llegaba por la sala de consultas. Todos
-cuantos le conocieron, recordarán perfectamente
-éste y otros detalles, pues nuestro hombre era tan
-sabio como franco y no hacia misterio de su existencia.
-En aquel laboratorio fué donde una noche,
-hablando con el doctor sobre las prescripciones
-rituales que afectan á los cleros de todo el mundo,
-obtuve una explicación singular de cierto hecho
-que me traía muy atareado.</p>
-
-<p>Comentábamos la tonsura, cuya explicación yo
-no hallaba, cuando el doctor me lanzó de pronto
-este argumento que no pretendo discutir:</p>
-
-<p>&mdash;Sabe usted que las exhalaciones fluídicas del
-hombre, son percibidas por los sensitivos en forma
-de resplandores, rojos los que emergen del lado
-derecho, azulados los que se desprenden del izquierdo.
-Esta ley es constante, excepto en los zurdos
-cuya polaridad se trueca, naturalmente, lo
-mismo para el sensitivo que para el imán. Poco
-antes de conocerle, experimentando sobre ese<span class="pagenum"><a id="Page_187"></a>[Pg 187]</span>
-hecho con Antonia, la sonámbula que nos sirvió
-para ensayar el electroide, me hallé en presencia
-de un hecho que llamó extraordinariamente mi
-atención. La sensitiva veía desprenderse de mi
-occipucio una llama amarilla, que ondulaba alargándose
-hasta treinta centímetros de altura. La
-persistencia con que la muchacha afirmaba este
-hecho, me llenó de asombro. No podía siquiera
-presumir una sugestión involuntaria, pues en este
-género de investigaciones empleo el método del
-doctor Luys, hipnotizando solamente las retinas
-para dejar libre la facultad racional.</p>
-
-<p>El doctor se levantó de su asiento y empezó á
-pasearse por la habitación.</p>
-
-<p>&mdash;Con el interés que se explica ante un fenómeno
-tan inesperado, ensayé al otro día una experiencia
-con cinco muchachos pagados al efecto. Antonia
-no vió en ninguno la misteriosa llama, aunque
-sí las aureolas ordinarias; mas cuál no sería mi
-sorpresa, al oírla exclamar en presencia del portero
-don Francisco, usted sabe, llamado por mí como
-último recurso: “El señor sí la tiene, clarita pero
-menos brillante”. Cavilé dos días sobre aquel fenómeno;
-hasta que de pronto, por ese hábito de
-no desperdiciar detalle adquirido en semejantes
-estudios, me ocurrió una idea que, ligeramente
-ridicula primero, no tardó en volverse aceptable.<span class="pagenum"><a id="Page_188"></a>[Pg 188]</span>
-
-Chupó vigorosamente su cigarro y continuó:</p>
-
-<p>&mdash;Tengo la costumbre de operar llevando puesto
-mi fez casero; la calvicie me obliga á esta incorrección...
-Cuando Antonia vió sobre mi cabeza el
-fulgor amarillo, estaba sin gorro, habiéndomelo
-quitado por el excesivo calor. ¿No habría sido el
-cabello de los muchachos lo que impidió la emisión
-de la llama? Según Fugairon, la capa córnea que
-constituye la epidermis, es mal conductor de la
-electricidad animal; de modo que el pelo, substancia
-córnea también, posee idéntica propiedad.
-Además, don Francisco es calvo como yo, y la
-coincidencia del fenómeno en ambos, autorizaba
-una presunción atendible. Mis investigaciones posteriores
-la confirmaron plenamente; y ahora comprenderá
-usted la razón de ser de la tonsura. Los
-sacerdotes primitivos, observarían sobre la cabeza
-de algunos apóstoles <em>electrógenos</em>, diremos, aceptando
-un término de reciente creación, el resplandor
-que Antonia percibía en las nuestras. El hecho,
-de Moisés acá, no es raro en las cronologías legendarias.
-Luego se notaría el obstáculo que presentaba
-el cabello, y se establecería el hábito de rapar
-aquel punto del cráneo por donde surgía el fulgor,
-á fin de que este fenómeno, cuyo prestigio se
-infiere, pudiera manifestarse con toda intensidad.
-¿Le parece convincente mi explicación?<span class="pagenum"><a id="Page_189"></a>[Pg 189]</span>
-
-&mdash;Me parece, por lo menos; tan ingeniosa como
-la de Volney, para quien la tonsura es el símbolo
-del sol...</p>
-
-<p>Tenía la costumbre de contradecirle así, indirectamente,
-para que llegase hasta el fin en sus explicaciones.</p>
-
-<p>&mdash;Podría usted citar asimismo, la de Brillat-Savarin,
-según el cual se ha prescripto la tonsura
-á los monjes para que tengan fresca la cabeza,
-replicó el doctor entre picado y sonriente.</p>
-
-<p>No obstante, hay algo más, prosiguió animándose.
-Desde mucho tiempo antes, proyectaba una
-experiencia sobre esas emanaciones fluídicas, sobre
-la <em>lohé</em>, para usar la expresión de Reichenbach,
-su descubridor: quería obtener el espectro
-de esos fulgores. Lo intenté, haciéndome describir
-por la sensitiva, minuciosamente, todos los fenómenos...</p>
-
-<p>&mdash;... ¿Y qué resulta? pregunté entusiasmado.</p>
-
-<p>&mdash;Resulta una raya verde en el índigo para la
-coloración roja, y dos negras en el verde para la
-coloración azul. En cuanto á la amarilla descubierta
-por mí, el resultado es extraordinario. Antonia
-dice ver en el rojo una raya violeta claro.</p>
-
-<p>&mdash;¡Absurdo!</p>
-
-<p>&mdash;Lo que usted quiera; pero ya la he presentado
-un espectro, y ella me ha indicado en él la po<span class="pagenum"><a id="Page_190"></a>[Pg 190]</span>sición
-de la raya que ve ó cree ver. Según estos
-datos, y con todas las suposiciones de error posible,
-creo que esa raya es la número 5567. De ser así,
-habría una identidad curiosa; pues la raya 5567,
-coincidiría exactamente con la hermosa raya número
-4 de la aurora boreal...</p>
-
-<p>&mdash;¡Pero doctor, todo esto es fantasía pura! exclamé
-alarmado por aquellas ideas vertiginosas.</p>
-
-<p>&mdash;No, amigo mío. ¡Esto significaría sencillamente
-que el polo es algo así como la coronilla del
-planeta!</p>
-
-<p>Poco después de la conversación que he referido
-y cuya última frase concluyó entre la más afable
-sonrisa del doctor Paulin, éste me leyó una tarde
-entusiasmado, las primeras noticias sobre la licuación
-del hidrógeno efectuada por Dewar en mayo
-de aquel año, y sobre el descubrimiento hecho
-algunos días después por Travers y Ramsay, de
-tres elementos nuevos en el aire: el <em>kryptón</em>, el
-<em>neón</em> y el <em>metargón</em>, aplicando precisamente el
-procedimiento de licuación de los gases; y á propósito
-de estos hechos, recuerdo aún su frase de
-labor y de combate.</p>
-
-<p>&mdash;No; no es posible que yo muera sin ligar mi
-nombre á uno de estos descubrimientos que son
-la gloria de una vida. Mañana mismo continuaré
-mis experiencias.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_191"></a>[Pg 191]</span></p>
-
-<p>Desde el siguiente día, púsose á trabajaren efecto
-con ardor febril; y aunque yo debía estar curado
-de asombro ante sus éxitos, no pude menos
-de estremecerme cuando una tarde me dijo con
-voz tranquila:
-&mdash;¿Creerá usted que he visto con mis propios
-ojos <em>esa</em> raya en el espectro del neón?</p>
-
-<p>&mdash;¿De veras? dije con evidente descortesía.</p>
-
-<p>&mdash;De veras. Creo que la tal raya me ha puesto
-en buen camino. Pero á fin de satisfacer su curiosidad,
-me es menester hablarle de ciertas indagaciones
-que he mantenido reservadas.</p>
-
-<p>Agradecí calurosamente y me dispuse á oir con
-avidez.</p>
-
-<p>El doctor empezó:</p>
-
-<p>&mdash;Aunque las noticias sobre la licuación del
-hidrógeno eran harto breves, mis conocimientos
-en la materia me permitieron completarlas, bastándome
-modificar el aparato de Olzewski, que
-uso en la preparación del aire líquido. Aplicando
-después el principio de la destilación fraccionada,
-obtuve como Travers y Ramsay los espectros del
-kryptón, el neón y el metargón. Dispuse luego
-extraer estos cuerpos, por si aparecía algún espectro
-nuevo en el residuo, y efectivamente, cuando
-ya no quedó más, vi aparecer la raya mencionada.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y cómo se opera la extracción?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_192"></a>[Pg 192]</span></p>
-
-<p>&mdash;Haciendo evaporar lentamente el aire líquido,
-y recogiendo en un recipiente el gas desprendido
-por esa evaporación. Si tuviera aquí una máquina
-Linde que me suministraría sesenta kilogramos
-de aire líquido por hora, podría operar en
-grande escala; pero he debido contentarme con
-una producción de ochocientos centímetros cúbicos.</p>
-
-<p>Obtenido el gas en el recipiente, lo trato por el
-cobre calentado para retirar el oxígeno, y por una
-mezcla de cal con magnesio para absorber el ázoe.
-Queda, pues, aislado el argón; y entonces es cuando
-aparece la doble raya verde del kryptón,
-descubierta por Ramsay. Licuando el argón aislado,
-y sometiéndolo á una evaporación lenta, los
-productos de la destilación suministran en el tubo
-de Geissler una luz rojo-anaranjada, con nuevas
-rayas, que por la interposición de una botella de
-Leyden aumentan, caracterizando el espectro del
-neón. Si la destilación prosigue, se obtiene un
-producto sólido de evaporación muy lenta, cuyo
-espectro se caracteriza por dos líneas, una
-verde y la otra amarilla, denunciando la existencia
-del metargón ó <em>eosium</em>, según propone Berthelot.
-Hasta aquí, es todo lo que se sabe.</p>
-
-<p>&mdash;¿Y la raya violeta?</p>
-
-<p>&mdash;Vamos á verla dentro de algunos instantes.<span class="pagenum"><a id="Page_193"></a>[Pg 193]</span>
-Sepa usted entretanto, que para llegar á resultados
-iguales yo procedo de otro modo. Retiro el oxígeno
-y el ázoe por medio de las substancias indicadas;
-luego el argón y el metargón con hiposulfito
-de soda; el kryptón en seguida con fosfuro de
-cinc, y por último el neón con ferrocianuro de potasio.
-Este método es empírico. Queda todavía en
-el recipiente un residuo comparable á la escarcha,
-que se evapora con suma lentitud. El gas resultante,
-es mi descubrimiento.</p>
-
-<p>Me incliné ante aquellas palabras solemnes.</p>
-
-<p>&mdash;He estudiado sus constantes físicas llegando
-á determinar algunas. Su densidad es de 25,03,
-siendo la del oxígeno de 16 como es sabido. He
-determinado también la longitud de la onda sonora
-en ese fluido, y el número encontrado, permitiéndome
-evaluar la relación de los calores específicos,
-me ha indicado que es monoatómico. Pero
-el resultado sorprendente está en su espectro, caracterizado
-por una raya violeta en el rojo, la raya
-5567 coincidente con la número 4 de la aurora boreal,
-la misma que presentaba el fulgor amarillo
-percibido por Antonia sobre mi cabeza.</p>
-
-<p>Ante tal afirmación, dejé escapar esta pregunta
-inocente:</p>
-
-<p>&mdash;¿Y qué será ese cuerpo, doctor?</p>
-
-<p>Con gran sorpresa mía, el sabio sonrió satisfecho.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_194"></a>[Pg 194]</span></p>
-
-<p>&mdash;Ese cuerpo... ¡hum! Ese cuerpo bien podría
-ser pensamiento volatilizado.</p>
-
-<p>Di un salto en la silla, pero el doctor me impuso
-silencio con un ademán.</p>
-
-<p>&mdash;¿Por qué no? siguió diciendo. El cerebro irradia
-pensamiento en forma de fuerza mecánica, habiendo
-grandes probabilidades de que lo haga también
-en forma fluídica. La llama amarilla no sería en
-este caso más que el producto de la combustión
-cerebral, y la analogía de su espectro con el de la
-substancia descubierta por mí, me hace creer que
-sean algo idéntico. Figúrese por el consumo diario
-de pensamiento, la enorme irradiación que debe
-producirse. ¿Qué se harían, efectivamente, los pensamientos
-inútiles ó extraños, las creaciones de los
-imaginativos, los éxtasis de los místicos, los ensueños
-de los histéricos, los proyectos de los ilógicos,
-todas esas fuerzas cuya acción no se manifiesta
-por falta de aplicación inmediata? Los astrólogos
-decían que los pensamientos <em>viven</em> en la luz astral,
-como fuerzas latentes susceptibles de actuar en
-determinadas condiciones. ¿No sería esto una intuición
-del fenómeno que la ciencia está en camino
-de descubrir? Por lo demás, el pensamiento como
-entidad psíquica es inmaterial; pero sus manifestaciones
-deben ser fluídicas, y esto es quizás lo que he
-llegado á obtener como un producto de laboratorio.<span class="pagenum"><a id="Page_195"></a>[Pg 195]</span>
-
-Á horcajadas en su teoría, el doctor lanzábase
-audazmente por aquellas regiones, desarrollando
-una temible lógica á la que yo intentaba resistir en
-vano.</p>
-
-<p>&mdash;He dado á mi cuerpo el nombre de <em>Psychon</em>,
-concluyó; ya comprende por qué. Mañana intentaremos
-una experiencia: licuaremos el pensamiento.
-(El doctor me agregaba, como se ve, á sus
-experimentos, y me guardé bien de rehusar). Después
-calcularemos si es posible realizar su oclusión
-en algún metal, y acuñaremos medallas psíquicas.
-Medallas de genio, de poesía, de audacia, de tristeza...
-Luego determinaremos su sitio en la atmósfera,
-llamando “psicósfera”, si se permite la expresión,
-la capa correspondiente... Hasta mañana
-á las dos, entonces, y veremos lo que resulta de
-todo esto.</p>
-
-<p>Á las dos en punto estábamos en obra.</p>
-
-<p>El doctor me enseñó su nuevo aparato. Consistía
-en tres espirales concéntricos formados por tubos
-de cobre y comunicados entre sí. El gas desembocaba
-en la espiral exterior, bajo una presión de
-seiscientas cuarenta y tres atmósferas, y una temperatura
-de -136° obtenida por la evaporación del
-etileno según el sistema circulatorio de Pictet; recorriendo
-las otras dos serpentinas, iba á distenderse
-en la extremidad inferior de la espiral interna,<span class="pagenum"><a id="Page_196"></a>[Pg 196]</span>
-y atravesando sucesivamente los compartimientos
-anulares en que se encontraban aquéllas, desembocaba
-cerca de su punto de partida en el extremo
-superior de la segunda. El aparato medía en conjunto
-0,70m de altura por 0,175m de diámetro. La distensión
-del fluido compresionado, ocasionaba el
-descenso de temperatura requerido para su licuación,
-por el método llamado de la cascada, también
-perteneciente al profesor Pictet.</p>
-
-<p>La experiencia comenzó, previos los trámites del
-caso que sólo interesarían á los profesionales, siendo
-por ello suprimidos.</p>
-
-<p>Mientras el doctor operaba, yo me disponía á escribir
-los resultados que me dictase, en un formulario.
-Doy á continuación esas anotaciones tal como las
-redactó, en gracia de la precisión indispensable.</p>
-
-<p>Decía el doctor:</p>
-
-<p>“Cuando la distensión llega á cuatrocientas
-atmósferas, se obtiene una temperatura de -237°3
-y el fluido desemboca en un vaso de doble paredes
-separadas por un espacio vacío de aire; la pared
-interior está plateada, para impedir aportes de calor
-por convección ó por irradiación.”</p>
-
-<p>“El producto es un líquido transparente é incoloro
-que presenta cierta analogía con el alcohol.”</p>
-
-<p>“Las constantes críticas del psychon, son, pues,
-cuatrocientas atmósferas y -237°3<span class="pagenum"><a id="Page_197"></a>[Pg 197]</span>.”
-
-“Un hilo de platino cuya resistencia es de 5038
-ohms en el hielo fundente, no presenta más que
-una de 0,119 en el psychon hirviendo. La ley de
-variación de la resistencia de este hilo con la temperatura,
-me permite fijar la de la ebullición del
-psychon en -265°.”</p>
-
-<p>&mdash;¿Sabe usted lo que quiere decir esto? me preguntó
-suspendiendo bruscamente el dictado.</p>
-
-<p>No le respondí; la situación era demasiado
-grave.</p>
-
-<p>&mdash;Esto quiere decir, prosiguió como hablando
-consigo mismo, que ya no estaríamos más que á
-ocho grados del cero absoluto.</p>
-
-<p>Yo me había levantado, y con la ansiedad que
-es de suponer, examinaba el líquido cuyo menisco
-se destacaba claramente en el vaso. ¡El pensamiento!...
-¡El cero absoluto!... Vagaba con cierta lúcida
-embriaguez en el mundo de las temperaturas imposibles.</p>
-
-<p>Si pudiera traducirse, pensaba, ¿<em>qué diría</em> este
-poco de agua clara que tengo ante mis ojos? ¿Qué
-oración pura de niño, qué intento criminal, qué
-proyectos estarán encerrados en este recipiente?
-¿O quizá alguna malograda creación de arte, algún
-descubrimiento perdido en las obscuridades del
-ilogismo?...</p>
-
-<p>El doctor, entre tanto, presa de una emoción<span class="pagenum"><a id="Page_198"></a>[Pg 198]</span>
-que en vano intentaba reprimir, medía el aposento
-á grandes pasos. Por fin se aproximó al aparato
-diciendo:</p>
-
-<p>&mdash;El experimento está concluido. Rompamos
-ahora el recipiente para que este líquido pueda
-escapar evaporándose. Quién sabe si al retenerlo
-no causamos la congoja de algún alma...</p>
-
-<p>Practicóse un agujero en la pared superior del
-vaso, y el líquido empezó á descender, mientras
-el ruido mate de un escape se percibía distintamente.</p>
-
-<p>De pronto noté en la cara del doctor una expresión
-sardónica enteramente fuera de las circunstancias;
-y casi al mismo tiempo, la idea de que
-sería una inconveniencia estúpida saltar por encima
-de la mesa, acudió á mi espíritu; mas apenas
-lo hube pensado, cuando ya el mueble pasó bajo
-mis piernas, no sin darme tiempo para ver que el
-doctor arrojaba al aire como una pelota su gato, un
-siamés legítimo, verdadera niña de sus ojos. El
-cuaderno fué á parar con una gran carcajada en
-las narices del doctor, provocando por parte de
-éste una pirueta formidable en honor mío. Lo cierto
-es que durante una hora, estuvimos cometiendo las
-mayores extravagancias, con gran estupefacción
-de los vecinos á quienes atrajo el tumulto y que no
-sabían cómo explicarse la cosa. Yo recuerdo ape<span class="pagenum"><a id="Page_199"></a>[Pg 199]</span>nas,
-que en medio de la risa, me asaltaban ideas de
-crimen entre una vertiginosa enunciación de problemas
-matemáticos. El gato mismo se mezclaba á
-nuestras cabriolas con un ardor extraño á su apatía
-tropical, y aquello no cesó sino cuando los espectadores
-abrieron de par en par las puertas;
-pues el pensamiento puro que habíamos absorbido,
-era seguramente el elíxir de la locura.</p>
-
-<p>El doctor Paulin desapareció al día siguiente, sin
-que por mucho tiempo me fuese dado averiguar su
-paradero.</p>
-
-<p>Ayer, por primera vez, me llegó una noticia
-exacta. Parece que ha repetido su experimento,
-pues se encuentra ahora en Alemania en una casa
-de salud.</p>
-
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_200"></a>[Pg 200]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_201"></a>[Pg 201]</span></p>
-</div>
-
-
-<p class="half-title">
-ENSAYO<br />
-DE<br />
-UNA COSMOGONÍA<br />
-EN DIEZ LECCIONES</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_202"></a>[Pg 202]</span></p>
-
-
-
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_203"></a>[Pg 203]</span></p>
-<h2 class="nobreak">ENSAYO DE UNA COSMOGONÍA EN DIEZ LECCIONES</h2>
-</div>
-
-
-<h3>PROEMIO</h3>
-
-<p>Hallándome cierta vez en un paso de la cordillera
-de los Andes, hice conocimiento con un caballero
-que allí moraba desde poco tiempo atrás, por
-cuenta de cierto sindicato para el cual estaba efectuando
-una mensura.</p>
-
-<p>Era un hombre alto, moreno, en cuyo tipo resaltaba
-ante todo una gran distinción, á poco acentuada
-por el encanto de su lenguaje.</p>
-
-<p>Un accidente montañés, que inutilizó por varios
-días á mi peón de mano, me obligó á compartir su
-real de agrimensor con cierto exceso quizá; pero
-mi hombre merecía aquel corto sacrificio de tiempo,
-y yo, además, no llevaba prisa.</p>
-
-<p>Arrobado verdaderamente por su conversación,
-confieso que las horas se me iban sin sentirlo,
-así las ideas expresadas por aquellos labios fuesen<span class="pagenum"><a id="Page_204"></a>[Pg 204]</span>
-de las más extraordinarias; pero entre ellas y su
-autor, había cierta correlación de singularidad que
-las hacía enteramente aceptables mientras él hablaba.</p>
-
-<p>En el hombre aquél, el tipo era tan indefinible
-como la edad, bien que á primera vista se le atribuyera
-una vigorosa juventud y una procedencia
-americana; pero éstas pueden ser ocurrencias
-mías en las cuales ruego al lector que no insista.</p>
-
-<p>Nuestras pláticas&mdash;sus conferencias mejor dicho&mdash;dejaron
-en mi ánimo una gran impresión á la
-cual contribuirían ciertamente la soledad inspiradora
-de las noches andinas, la comunión de naturaleza
-que sugería su serenidad, y el silencio divino
-de las estrellas; pero cuyo mérito intrínseco
-bien merecía el estupor de un mortal.</p>
-
-<p>Una de aquellas noches, cerca del fuego medio
-apagado, mientras los peones reparaban en el
-sueño las fatigas del día, escuché la revelación que
-procuraré transmitir tan fielmente como me sea
-posible, ya que no se me exigió secreto alguno.
-Por mucho que difiera de las ideas científicas dominantes,
-el lector apreciará su concepción profunda,
-su lógica perfecta, y comprenderá que
-explica bastantes cosas con mayor claridad aún.
-He meditado bien antes de decidirme á publicarla,
-pero dos circunstancias me han impulsado sobre<span class="pagenum"><a id="Page_205"></a>[Pg 205]</span>
-todo. La primera es que, á pesar de las más prolijas
-indagaciones, no he podido encontrar indicio alguno
-de aquel casual interlocutor, pues todas las
-señas que me dió á su respecto han resultado inciertas;
-la segunda es la facilidad con que me hizo
-el confidente de sus revelaciones. Estas dos circunstancias,
-me hacen creer que yo fuí tomado
-como agente para comunicar tales ideas, papel
-que acepto desde luego con la más perfecta humildad.</p>
-
-<p>La ocultación del revelador podría infundir sospechas;
-pero el lector verá que ella era innecesaria
-dada la naturaleza de sus enseñanzas, y que, en
-todo caso, responde á la decisión de no decir más,
-ó á la modestia. Ambas cosas respetables.</p>
-
-<p>Para no caer en conjeturas, lo mejor será abordar
-cuanto antes el asunto.</p>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_206"></a>[Pg 206]</span></p>
-</div>
-
-<h3>PRIMERA LECCIÓN</h3>
-
-<h4>EL ORIGEN DEL UNIVERSO</h4>
-
-<p>La vida, que es la eterna conversión de las cosas
-en otras distintas, abarca con su ley primordial el
-universo entero. Todas las cosas que son dejarán
-de ser, y vienen de otras que ya han dejado de ser.
-Tan universal como la vida misma, es esta periodicidad
-de sus manifestaciones.</p>
-
-<p>El día y la noche, el trabajo y el reposo, la vigilia
-y el sueño, son como quien dice los polos de la manifestación
-de la vida. Engendrándose unos á otros
-y permutándose, es como engendran los fenómenos.
-Toda fuerza será inercia y toda inercia será
-fuerza. Siendo ambas <em>vida</em> en su esencia, su identidad
-radical es lo que produce sus permutaciones.</p>
-
-<p>Su diferencia aparente, la contradicción en que
-parecen hallarse, es sencillamente una diferencia
-de magnitudes: <em>la noche es menos día</em>, y así en lo
-demás.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_207"></a>[Pg 207]</span></p>
-
-<p>Ahora bien, toda magnitud es una progresión y de
-esto depende que no haya brusquedad en los cambios
-de estado de las cosas. Así es como la continuidad
-de la vida se mantiene en la periodicidad.</p>
-
-<p>Vivir es estar continuamente viniendo á ser y
-dejando de ser. Cada uno de los focos donde esto
-se opera&mdash;átomo ó planeta, célula ú organismo&mdash;es
-una vida. Ese equilibrio infinitamente instable,
-sin duración puesto que la más mínima permanencia
-en uno ú otro de los estados que lo forman, lo
-anularía ya; y sin tiempo, puesto que es una coincidencia
-de ser y de no ser&mdash;ese equilibrio es lo
-que se llama la existencia. Dejar de existir es acabarse
-ese equilibrio; entrar el ser á un estado
-inconcebible. En nuestro universo, <em>lo que viene á
-ser</em> se llama <em>materia</em>, y <em>lo que deja de ser</em> se llama
-<em>energía</em>, pero claro está que estas cosas figuran
-aquí como entidades abstractas. No obstante, como
-las manifestaciones polares de la vida se permutan,
-lo que viene á ser, es decir, la materia, proviene
-de la energía y vice-versa.</p>
-
-<p>Si toda magnitud es una progresión, su crecimiento
-y su decrecimiento deben tener una duración
-equivalente, y éste es otro carácter de la
-periodicidad en las manifestaciones de la vida. El
-isocronismo de las oscilaciones pendulares, materializa
-en forma visible tal ley.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_208"></a>[Pg 208]</span></p>
-
-<p>Estas consideraciones que en nada afectan á las
-ideas científicas y filosóficas de nuestra época, son
-necesarias para que se comprenda mejor la exposición
-del sistema cosmogónico.</p>
-
-<p>Un universo que nace, es el producto de un universo
-que fué, y basta para demostrarlo, que ese
-universo haya nacido: <i lang="la" xml:lang="la">ex nihilo nihil</i>.</p>
-
-<p>Los universos acaban como manifestación material,
-convirtiéndose en energía pura según la ley
-fundamental de la vida, y en este último estado
-permanecen por una duración equivalente á la que
-tuvieron como materia. Esta duración, que respecto
-á la materia es un reposo absoluto en el cual
-no hay tiempo ni ninguna otra idea proveniente
-de la relación de magnitudes, pues al no existir
-la materia no hay magnitud de ningún género&mdash;esta
-duración es la eternidad. Eternidad significa,
-como es sabido, ausencia de tiempo.</p>
-
-<p>Semejante estado, que es el no existir de que
-hablábamos más arriba, es un estado inconcebible
-como decíamos también. Hay, pues, una imposibilidad
-absoluta para especular á su respecto. Sólo
-podemos saber que es energía incondicionada.</p>
-
-<p>Los antiguos decían que las tinieblas son luz
-absoluta; y siendo la luz una forma de energía,
-la forma más elevada mejor dicho para nuestra
-percepción, luz pura, es decir, energía pura, equi<span class="pagenum"><a id="Page_209"></a>[Pg 209]</span>vale
-á aquel estado inconcebible, ó sea á las tinieblas:
-luz absoluta. La ciencia habla ahora de <em>luz negra</em>,
-exactamente como el <cite>Zohar</cite>, libro hebreo más
-antiguo que la Biblia; y esta luz negra parece ser
-la forma más sutil del éter, teniendo una absoluta
-fuerza de penetración. Resulta superior á la otra luz,
-bien que sea invisible<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p>
-
-<p>Transcurrida la duración de un universo como
-energía pura, la ley de periodicidad lo llama de
-nuevo á la existencia material; pero esta nueva
-existencia no será, naturalmente, una repetición
-de la antigua. Constituirá, por el contrario, una
-continuación de las actividades que cesaron al
-dejar de existir ese universo, y que han permanecido
-latentes en el seno de la absoluta energía<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>.
-De otro modo se volvería atrás, y la naturaleza
-nunca vuelve atrás.</p>
-
-<p>¿Pero qué habrá podido ser, supongamos, el
-universo anterior al nuestro; aquél de que el nuestro
-procede?</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_210"></a>[Pg 210]</span></p>
-
-<p>Siendo una en realidad la ley que rige las manifestaciones
-de la vida bajo determinadas formas,
-la más simple desviación de ella implica el cambio
-de todas estas formas. Así, por ejemplo, nuestro
-universo tiene por base la curva; todo la presupone
-en él; todas nuestras percepciones dependen
-de este acomodo fundamental. Supongamos que
-en vez de ser la curva fuese la recta. El universo
-se convertiría en algo enteramente imperceptible
-para nosotros, y hasta podría coexistir con nuestro
-universo actual, sin la más mínima sospecha de
-nuestra parte. Ahora, si conjeturamos&mdash;lo que es
-bien posible&mdash;otros conceptos geométricos y otras
-formas de universos, el problema se simplifica
-más aún. Quizá el “mundo invisible” que nos
-rodea y se comunica á veces con nosotros bajo
-formas tan extrañas, no sea sino esto; y con una
-existencia tan real, tan material como el nuestro,
-nos resulta del todo imperceptible.</p>
-
-<p>El universo antecesor del nuestro, había regresado,
-pues, á su estado de éter puro, de pura
-energía al concluir un ciclo de evolución bajo determinadas
-formas, cuyo desarrollo al entrar de
-nuevo en el período material, engendraría nuestro
-universo curvilíneo.</p>
-
-<p>Este determinismo cósmico, nada tiene de violento
-para nuestros conceptos científicos; y quizá<span class="pagenum"><a id="Page_211"></a>[Pg 211]</span>
-más pronto de lo que se cree, las especulaciones
-sobre la cuarta dimensión del espacio puedan darnos
-un esquema del origen de nuestra geometría.</p>
-
-<p>Pero lo interesante es describir el proceso de la
-organización de la materia tal como la conocemos.<span class="pagenum"><a id="Page_212"></a>[Pg 212]</span>
-</p>
-
-<div class="chapter">
-<h3>SEGUNDA LECCIÓN</h3>
-</div>
-
-<h4>EL ORIGEN DE LA FORMA</h4>
-
-<p class="p1">Cuando el éter puro en que se disolvió un universo,
-ha tenido una duración equivalente á la de
-éste, ocurre en él un cambio de estado. La vida,
-ya lo hemos dicho, es un eterno cambiar de estado.</p>
-
-<p>La primera manifestación de esto en el éter del
-cual nuestro universo procede, fué un movimiento.
-Sabemos que las diversas manifestaciones de la
-electricidad, son cambios de estado por el movimiento;
-de tal modo que basta mover con velocidad
-uniforme un cuerpo cargado de electricidad
-estática, para que ésta se vuelva corriente voltaica;
-y que basta con variar esa velocidad, para producir
-la inducción, es decir, tres electricidades distintas.</p>
-
-<p>Ahora bien, los primeros fenómenos del éter
-que va á organizarse en materia, presentan una
-gran analogía con estos cambios de estado, pues
-la primera manifestación del éter es, en efecto,
-electricidad.</p>
-
-<p>Para seguir con la analogía, conviene recordar<span class="pagenum"><a id="Page_213"></a>[Pg 213]</span>
-que la electricidad en el vacío produce los rayos
-catódicos y los rayos <em>x</em>. La ciencia acaba, de descubrir
-los rayos <em>γ</em>, más poderosos aún, pues atraviesan
-todos los obstáculos y no hay fuerza que
-pueda desviarlos. Este estado, todavía mal conocido
-de la electricidad, esta “luz” invisible que
-sólo presenta una analogía lejana con la luz habitual,
-es la primera manifestación material del éter.
-Es electricidad puramente dinámica en una forma
-que no podemos concebir ahora, según lo prueba
-su indiferencia ante todos los obstáculos y todas las
-fuerzas. Es el primer ser del universo, el universo
-mismo, puesto que todas las formas que han de
-componerlo, serán sus desdoblamientos; y he aquí
-por qué la antigua sabiduría llamaba á la electricidad
-<em>alma del mundo</em>. Representa el mundo de una
-sola dimensión, el mundo de la longitud absoluta,
-inconcebible para nosotros á no ser como una mera
-abstracción.</p>
-
-<p>La propagación de este rayo es rectilínea, pero
-su forma es ondulada; y á medida que se propaga,
-van agrandándose naturalmente sus ondulaciones.
-Como el absoluto dinamismo posee una tendencia
-á convertirse en electricidad<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a> estática,
-<span class="pagenum"><a id="Page_214"></a>[Pg 214]</span>pues á esto se debe su manifestación en forma de
-“luz” <em>γ</em>, llega un momento en que las ondulaciones
-dividen el rayo en trozos venciendo su cohesión;
-y como estas ondulaciones son arcos de
-círculo, sus extremos, libres de toda solicitación
-por otras fuerzas, se buscan, se unen y forman
-ruedas en el espacio.</p>
-
-
-<p>La ondulación, levísima al principio en el rayo
-<em>γ</em>, empieza siendo una tendencia hacia la segunda
-dimensión, la latitud; pero ésta no alcanza manifestación
-real sino al formarse los primeros círculos.
-El mundo de la longitud absoluta, el mundo
-de una dimensión, era, como es claro, el mundo
-de lo uniforme; un simple movimiento sin puntos
-de referencia, tan abstracto para nosotros como
-una idea, pero con existencia real. La transformación
-de la electricidad puramente estática en electricidad
-dinámica, es, pues, lo que engendra la
-segunda dimensión&mdash;la latitud&mdash;y con ella la superficie,
-es decir la forma.</p>
-
-<p>Esta tendencia de la energía á permanecer, cambiando
-su movimiento absoluto en equilibrio, ó
-sea engendrando el principio de inercia, constituye
-la fuerza original en el nacimiento y organización
-de la materia; sin serlo todavía en nuestro
-supuesto universo de dos dimensiones, aunque
-en él existan ya la forma y la magnitud. Predo<span class="pagenum"><a id="Page_215"></a>[Pg 215]</span>mina
-en él todavía el dinamismo, pues la materia,
-es decir el equilibrio de fuerzas que conocemos
-bajo semejante nombre, no es posible sino en el
-espacio de tres dimensiones; cuando el equilibrio
-entre la electricidad estática y la dinámica, engendra
-la tercera dimensión.</p>
-
-<p>Sábese, en efecto, que el único carácter constante
-de la materia, el que permanece bajo los
-diversos estados que ella puede asumir, es el peso;
-y el peso no puede existir sin volumen, ó lo que es
-lo mismo, sin la tercera dimensión.</p>
-
-<p>Así, pues, las ruedas formadas por la división
-del rayo original, son simples manchas de luz
-en el espacio, pero carecen de volumen. Tienen
-magnitud y forma, pero no son materia aún, pues
-la forma y la magnitud <em>anteceden</em> á la materia. Por
-absurdo que esto pueda parecer, basta recordar la
-mancha de luz producida por la reflexión solar en
-un espejo. Tiene forma y magnitud; pero, ¿es
-materia?...<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>.</p>
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_216"></a>[Pg 216]</span></p>
-
-
-<div class="chapter">
-<h3>TERCERA LECCIÓN</h3>
-</div>
-
-
-<h4>EL ESPACIO Y EL TIEMPO</h4>
-
-<p class="p1">Entre tanto, el espacio ha nacido con la manifestación
-de la vida, pues el dinamismo absoluto del
-éter puro excluye el espacio. El mundo de una
-dimensión, que supone un espacio de una dimensión
-también, da á éste su propio carácter inconcebible
-á no ser como abstracción. Conviene recordar
-que el concepto del espacio, nace para nuestra
-mente por comparación entre magnitudes de materia
-y de movimiento; y que siendo así, son éste
-y aquélla los que engendran el espacio.</p>
-
-<p>Por incomprensible que sea el espacio, su objetividad
-es evidente, pues siempre lo concebiremos
-como un cuerpo, aunque sea ilimitado é inmaterial.
-El hecho de que es <em>algo</em>, prueba su objetividad, y
-desde este punto de vista su materialidad también<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a>.
-Spencer ha demostrado en los <em>Primeros</em>
-<span class="pagenum"><a id="Page_217"></a>[Pg 217]</span><em>Principios</em>, que científicamente equivale á un sólido
-perfecto, pues si se le supusiera la más mínima
-solución de continuidad, la transmisión de la
-luz sería imposible, por ejemplo; pero como no es
-un sólido, y como los sólidos tampoco poseen la
-continuidad perfecta que excluiría, por otra parte,
-toda vibración, debe ser algo homogéneo é inmaterial
-á la vez, desde el punto de vista de la materia
-ponderable: el mundo de una dimensión, es
-decir, la primera manifestación de la vida, que
-está eternamente convirtiéndose en los otros estados
-más complejos.</p>
-
-
-<p>Precisamente al convertirse en el segundo estado,
-adquiere el espacio la extensión, si bien continua
-siendo inconcebible para nuestra mente.
-Necesita llegar á la tercera para ser el espacio concebible,
-el objeto ilimitadamente hueco donde
-todo se mueve; pues ésta es nuestra concepción
-del espacio.</p>
-
-<p>El tiempo es lo mismo que el espacio esencialmente,
-si bien no existe en el mundo de una
-dimensión. Es también una relación de magnitudes,
-pero con referencia á la duración de los seres,
-mientras que el espacio no necesita de ella para
-existir. Ahora bien, el rayo absolutamente longitudinal
-del primer mundo, es eterno como manifestación
-vital, puesto que sólo puede concluir<span class="pagenum"><a id="Page_218"></a>[Pg 218]</span>
-en un estado negativo donde no hay espacio ni
-abstracciones siquiera: la energía absoluta de donde
-procede; pero las manchas luminosas del segundo
-estado de vida, pueden morir, es decir
-transformarse, y aquí cabe ya el tiempo. Por lo
-demás, el rayo primordial es unidad absoluta
-como manifestación vital<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>, mientras las manchas
-son varios seres; cabe ya entre ellas la relación de
-existencia á que debe la suya el tiempo, pues una
-puede morir mientras las otras permanecen, engendrando
-así la relación.</p>
-
-<p>Tenemos, entonces, que en el mundo de dos
-dimensiones, poblado únicamente por esas vastas
-y sencillas existencias cósmicas que son las manchas
-de luz, existe ya el espacio como <em>magnitud</em>, si
-bien no como <em>extensión</em><a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a> todavía; y el tiempo en
-su concepto actual.</p>
-
-
-<p>Podrá objetarse que siendo el tiempo y el espa<span class="pagenum"><a id="Page_219"></a>[Pg 219]</span>cio
-estados de conciencia, nuestras consideraciones
-son pura dialéctica; pero nosotros replicamos&mdash;y
-muy luego se verá el desarrollo de esto&mdash;que
-todas esas manifestaciones de la vida, de las cuales
-proceden el espacio y el tiempo, son estados de
-conciencia, <em>puesto que son pensamiento</em>. Así, pues,
-seguiremos la descripción del proceso vital de
-nuestro planeta<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a>.</p>
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_220"></a>[Pg 220]</span></p>
-<p></p>
-
-
-<div class="chapter">
-<h3>CUARTA LECCIÓN</h3>
-</div>
-
-<h4>LOS ÁTOMOS</h4>
-
-<p class="p1">Las ruedas de luz continúan moviéndose en el
-espacio con la velocidad del rayo de que proceden;
-pero esta velocidad que era infinita en la longitud
-absoluta, lo cual da un carácter más abstracto aún
-á ese primer mundo de una dimensión, se convierte
-en rotatoria por la forma circular de las manchas.
-Éstas, seres unitarios como formas, si bien
-como vidas<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> son ya compuestas por el equilibrio
-de dos fuerzas, constituyen toda la población del
-espacio.</p>
-
-<p>Sin embargo, la luz no era uniforme en todos
-los puntos de su superficie, pues se debilitaba hacia
-el centro; y sucedió que los puntos de mayor
-intensidad fueron los vértices de otros tantos polígonos
-regulares, primeras formas en la rueda
-luminosa que era la única hasta entonces.</p>
-
-<p>Nuestra electricidad reproduce ahora este fenó<span class="pagenum"><a id="Page_221"></a>[Pg 221]</span>meno;
-pues es sabido que en el fluido eléctrico
-acumulado sobre la superficie de un cuerpo, se
-provoca la formación de polígonos regulares por
-la proximidad de varios mecheros que ionizan<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a>
-la electricidad. Esta propiedad de engendrar en su
-seno formas geométricas por acciones análogas, es
-común á todos los fluidos, así sean líquidos dispuestos
-en capas delgadas, ó metales en fusión
-bruscamente enfriados; y es ella la que, constituyendo
-una ley primordial como acaba de verse,
-engendra la tendencia hacia la cristalización, que
-todos los sólidos manifiestan. Pero ya veremos
-esto mejor en la parte relativa al origen de la vida
-orgánica.</p>
-
-<p>Dichos polígonos son las primeras diferenciaciones
-individuales de la energía absoluta, consistiendo
-su tarea vital en marchar armónica y proporcionalmente
-con la rotación y la traslación de
-la mancha luminosa donde toman origen, y en el
-mismo sentido que ella. No existe, pues, para
-ellos, <em>adelante</em> ni <em>atrás</em>, conservando desde este
-punto de vista la tendencia del rayo primordial
-hacia el movimiento en un solo sentido. Dismi<span class="pagenum"><a id="Page_222"></a>[Pg 222]</span>nuidas
-ó aceleradas sus velocidades, la línea que
-los forma se rompe y el ser perece: reingresa en
-el no ser, que es para él el ser absoluto, el infinito.
-Éste es el concepto superior de la muerte.</p>
-
-
-<p>Semejantes seres, son lo que en nuestro lenguaje
-se llama “espíritus”, es decir existencias incorpóreas,
-bien que limitadas y dinámicas; y así es
-cómo procediendo la materia, de la energía pura
-localizada en movimiento, en forma, en extensión,
-el espiritualismo resulta una consecuencia lógica
-de la organización universal, y la inmortalidad del
-alma un fenómeno natural en el universo. Más
-adelante veremos que esas fuerzas primordiales
-tienen que ser inteligencias y voluntades en acción,
-si la ciencia positiva no quiere caer en el mismo
-contrasentido que las religiones, asignando al
-hombre un papel extranatural.</p>
-
-<p>La vida que para esos seres rectilíneos es moverse
-en una sola dirección, dinamiza á su paso la
-luz amorfa incorporándola á cada uno de ellos,
-pero sin conservarla en él. En realidad lo único
-que permanece <em>es la idea de la figura</em>, una existencia
-puramente espiritual<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a>, como que es una idea
-<span class="pagenum"><a id="Page_223"></a>[Pg 223]</span>solamente, y á la vez inmaterial, sin emociones y
-sin desgaste. Rotos los polígonos, se desvanecen
-en un ángulo infinito, pues son organismos unitarios
-en su esencia, bien que ya poseen forma,
-magnitud y movimiento. Su tarea es preparar la luz
-amorfa para la futura atomización, pues estas formas
-geométricas superficiales son los esbozos de
-los átomos.</p>
-
-<p>Las ruedas luminosas han seguido, entre tanto,
-su curso por el infinito; pero como proceden de
-muchos puntos á la vez, y como su traslación se
-verifica en sentido rectilíneo bajo el impulso del
-rayo primordial, hay entre ellas acercamientos y
-conflictos. Éstos no son otra cosa que la absorción
-de unas ruedas por otras de mayor magnitud ó
-velocidad, es decir, nuevos cambios de estado
-equivalentes á nuevas formas de vida.</p>
-
-<p>Pero las fuerzas tangenciales que estos choques
-engendran<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a>, unidas á una menor actividad central
-de las ruedas, por efecto de su propia forma,
-inicia en éstas un principio de expansión que las
-convierte en lentejas, originando la tercera dimensión
-y por consiguiente nuestro espacio. Esta fuerza
-obra de dentro hacia afuera, hasta convertir las
-<span class="pagenum"><a id="Page_224"></a>[Pg 224]</span>lentejas en esferas huecas, existiendo en nuestro
-mundo una analogía sencillísima para objetivar el
-procedimiento. Nos referimos á las pompas de
-jabón, que la fuerza del soplo originario agranda,
-engendrando á la vez un rapidísimo movimiento
-rotatorio de sus partículas, perceptible claramente
-á simple vista<a id="FNanchor_13" href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a>.</p>
-
-
-<p>Esta fuerza expansiva transforma los polígonos
-absolutamente superficiales, en poliedros; es decir,
-divide la luz dentro de la cual eran formas lineales,
-en partículas poliédricas. Ahora bien, si las ruedas
-de luz conservaban la velocidad del rayo primordial,
-y los polígonos formados en ellas marchaban
-con la misma velocidad según hemos visto; como
-en cada punto donde se hallaban dichas figuras
-dinamizaban la luz amorfa, geometrizándola<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a>
-á la vez en otros tantos polígonos, y como aquella
-velocidad era prácticamente infinita, resulta que
-no había punto de la rueda que no estuviera contenido
-en una de dichas formas. Al convertirse
-<span class="pagenum"><a id="Page_225"></a>[Pg 225]</span>éstas en poliédricas por electo de la expansión
-de toda la masa, que adquirió así la tercera dimensión,
-dicha masa quedó formada por poliedros
-innumerables, que constituyeron los átomos.
-Las masas fueron lo que conocemos astronómicamente
-por nebulosas.</p>
-
-
-<p>Ahora, una explicación más detallada del fenómeno:</p>
-
-<p>Cualquiera entiende que el número de puntos
-en que puede dividirse una superficie (las ruedas
-de luz) es infinito; y si es infinita también la velocidad
-de la fuerza divisora, quiere decir que la
-masa, en cualquier momento, se encuentra dividida
-en infinito número de puntos. No pudiendo
-éstos ser materiales por causa de su divisibilidad
-infinita, deben ser simples centros de
-fuerza, y la expansión de ésta tiene que resultar
-poliédrica para que todos sus planos de desarrollo
-puedan coincidir y no queden huecos en la
-masa.</p>
-
-<p>Esto fué lo que sucedió, según hemos visto<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a>.</p>
-
-<p>Así, pues, tenemos que la primera manifestación
-<span class="pagenum"><a id="Page_226"></a>[Pg 226]</span>de la energía absoluta en que se resolvió, al concluir
-su ciclo de existencia, el universo predecesor del
-nuestro, fué un movimiento de desarrollo absolutamente
-longitudinal, un rayo <em>γ</em>; y que este movimiento
-engendró el espacio. El rayo en cuestión
-llevaba en su propio curso la segunda dimensión,
-puesto que serpenteaba; y sus ondulaciones al
-acentuarse, concluyeron por dividirlo en arcos
-cuyos extremos, faltos de toda solicitud hacia una
-ú otra parte, por no haber en el infinito más existencias,
-se unieron formando ruedas y engendrando
-el espacio de segunda dimensión.</p>
-
-<p>En el ámbito de estas ruedas formáronse (ya
-vimos cómo) polígonos que fueron los primeros
-seres, con una existencia análoga á la de los que
-conocemos, y que constituyeron los prototipos
-lineales de los átomos.</p>
-
-<p>Las ruedas luminosas se atrajeron, y al chocar
-ó absorberse según sus magnitudes, se desarrolló
-en ellas el volumen á que tendían, transformándolas
-en lentejas, en ovoides y en esferoides, y engendrando
-por consecuencia el espacio de tercera
-dimensión, nuestro espacio, al par que la rotación
-<span class="pagenum"><a id="Page_227"></a>[Pg 227]</span>planetaria. Los polígonos se convirtieron en poliedros
-y nacieron los átomos, que son centros de
-fuerza individualizada.</p>
-
-<p>Naturalmente, esto no es más que un desarrollo
-esquemático del proceso cósmico.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_228"></a>[Pg 228]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<h3>QUINTA LECCIÓN</h3>
-</div>
-
-<h4>NUESTRA TEORÍA ANTE LA CIENCIA</h4>
-
-<p class="p1">Fácilmente se echa de ver que estas ideas nada
-tienen de semejante con el sistema de Laplace, hoy
-en vigencia; pero intentemos demostrar que no
-son anticientíficas.</p>
-
-<p>El sistema de Laplace, empieza suponiendo una
-nebulosa ígnea surgida del espacio <i lang="la" xml:lang="la">ex nihilo</i>, ó al
-impulso del azar que es la misma cosa<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" class="fnanchor">[16]</a>. Cualquiera
-nota la inferioridad de este comienzo, así
-como la consiguiente embrolla en la organización
-de los movimientos que impulsan á la nebulosa en
-cuestión, haciéndola girar, aplastarse, desprender
-anillos, dividirlos y reunirlos en esferoides; si bien
-existe con nuestra teoría un punto común: los ar<span class="pagenum"><a id="Page_229"></a>[Pg 229]</span>cos
-procedentes de la división de los anillos en que
-se descompone la nebulosa, tienden á unirse por
-sus extremos engendrando los esferoides, así como
-los provenientes de la división de nuestro rayo
-primordial, lo hacen para formar las ruedas luminosas.
-La diferencia está en que el sistema de
-Laplace, supone la existencia previa del espacio y
-de la materia tal como los conocemos, para describir
-la vida de su nebulosa; mientras el nuestro
-acomete radicalmente el problema de los orígenes
-El positivismo nada quiere saber de esto, y le
-daríamos razón, si no empezara por faltar á su propio
-método construyendo á su vez hipótesis como
-ésta de Laplace; pero cuando él lo hace, el mismo
-derecho nos asiste y usaremos ampliamente de él.</p>
-
-
-<p>Ahora bien, como la ciencia quiere hechos y el
-método positivo afirma que teoría es “hipótesis
-verificada”, diremos que de todas las nebulosas
-conocidas, ninguna confirma la hipótesis de Laplace.
-Algunas se hallan en un estado de homogeneidad
-muy primitivo, pues su espectro sólo
-manifiesta la raya del hidrógeno, lo cual hace
-suponer que están formadas de este gas exclusivamente;
-pero ninguna presenta uno solo de los
-supuestos anillos. Adoptan las más variadas
-formas, bajo un aspecto común de masas profundamente
-atormentadas, y algunas han cambiado<span class="pagenum"><a id="Page_230"></a>[Pg 230]</span>
-de forma, imposibilitando así el argumento de que
-si no se las ve anillarse, es debido á la gran lentitud
-de su evolución. Las más regulares, las que afectan
-precisamente una forma lenticular, han resultado
-no ser nebulosas sino sistemas de estrellas,
-vías lácteas semejantes á la nuestra<a id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a>. Ya veremos
-de dónde resulta esa forma atormentada de
-las nebulosas.</p>
-
-<p>Falta, entonces, el testimonio de los hechos; á
-no ser que se quiera darle por confirmación, harto
-lejana ciertamente, la subordinación planetaria al
-sol de nuestro sistema; pero como la ciencia admite
-que esta subordinación puede ser ejercida por
-los soles sobre los cometas, no queda ya mucho
-para la teoría.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_231"></a>[Pg 231]</span></p>
-
-<p>No hemos olvidado, naturalmente, á Saturno,
-que con sus anillos parece presentar un testimonio,
-bien que ellos estén considerados sólidos lo
-cual es un obstáculo sobremanera grave; pero una
-excepción evidente entre los astros, no puede servir
-para verificar una hipótesis, con mayor razón
-cuando ella se refiere á las nebulosas donde no hay
-nada parecido, y cuando de conformidad á su
-enunciado, los astros sólidos <em>no debieran</em> presentar
-esa conformación<a id="FNanchor_18" href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>.</p>
-
-<p>Saturno es realmente un defectuoso del espacio,
-y de aquí que la astrología lo considerara el planeta
-de las malas influencias; pero esto puede ser
-desdeñado por el lector, sin más trámite.</p>
-
-
-<p>Otra cosa que la hipótesis de Laplace no explica,
-es el origen del movimiento rotatorio, ya muy
-complicado, de su supuesta nebulosa originaria,
-que como todas las masas esferoidales del espacio
-giraba sobre sí misma y se trasladaba á la vez;
-para no hablar de los movimientos secundarios
-engendrados por los dos anteriores. La nebulosa
-<span class="pagenum"><a id="Page_232"></a>[Pg 232]</span>en cuestión era un organismo bastante complejo,
-según se ve, y por templada que sea la curiosidad
-positivista, ha de sentir tentaciones de buscar más
-simples antecedentes.</p>
-
-<p>Pero cuando la hipótesis pierde todo su valor,
-quedando reducida á un mero juego de gabinete,
-es cuando se considera que una masa rotatoria
-debe forzosamente trasladarse en una órbita espiral,
-tal como se acepta actualmente. Suprimidas
-entonces las curvas cerradas, vale decir las elipses
-perfectas de la hipótesis, los supuestos anillos
-desprendidos de la nebulosa serían largas espirales
-de materia cósmica difusa, que tenderían á
-concretarse en cometas, no en planetas concéntricos.
-El experimento de Plateau falla, entonces, por
-su base, y los anillos de Saturno se desvanecen
-definitivamente esta vez<a id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>.</p>
-
-
-<p>Al experimento de Plateau, que empieza por suponer la nebulosa
-originaria parada en el espacio (la gota de aceite en el seno del agua
-alcoholizada) nosotros oponemos nuestra modesta pompa de jabón, que le
-lleva de ventaja su sencillez, siendo ésta, como es sabido, un atributo
-de la verdad; y consecutivamente alegamos contra la hipótesis, la
-falta completa de hechos confirmatorios<a id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_233"></a>[Pg 233]</span></p>
-
-<p>Tampoco es admisible la nebulosa infinita que supondría esa supuesta
-falta de movimiento traslaticio, necesario para que el experimento
-de Plateau se realice; pues con sólo tener en cuenta la aparición en
-ella de focos que serán los futuros soles centrales, y sus diversas
-magnitudes, la suposición se vuelve insostenible.</p>
-
-<p>Por otra parte, la astronomía se aleja cada vez
-más de la suposición de un universo infinito, ó siquiera
-de ilimitadas dimensiones; pues piensa que
-si ello fuera así, los rayos de las estrellas infinitas
-llenarían todo el espacio (dado que el rayo de luz no
-se pierde por razones de distancia, según enseña
-la física); no habría punto del espacio sin un rayo
-<span class="pagenum"><a id="Page_234"></a>[Pg 234]</span>de luz, y por consiguiente no existiría la noche.</p>
-
-<p>Newcomb supone, basándose sobre las paralajes
-de las estrellas y por medio de complicados cálculos
-cuyo resumen es imposible sin confusión, que
-nuestro universo es una esfera de <em>siete mil millones
-de millones</em> de leguas de radio<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a>. Sin aceptar
-especialmente ningún cálculo, opinamos que nuestro
-universo es limitado en efecto, es decir un organismo
-en evolución por enorme que se lo considere;
-si bien esto no supone que rechacemos la
-eterna actividad del cosmos en el infinito<a id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a>.</p>
-
-<p>Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo
-por hechos científicos, desde el rayo primordial
-hasta la generación de los átomos; consistiendo
-su diferencia con el criterio positivista, en que no
-hace distinción fundamental entre fuerza y materia,
-ó considera pues los elementos permutables y provenientes
-de una sola causa: la energía absoluta.
-Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando
-<span class="pagenum"><a id="Page_235"></a>[Pg 235]</span>la identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose
-más á nuestra definición: materia es
-todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La electricidad
-y el radium le imponen esta conclusión.</p>
-
-
-<p>Los estados de la materia y de la conciencia, así
-como la generación de unos elementos por otros,
-puesto que la vida, como hemos dicho, es un perpetuo
-cambiar de estado, explican mejor la evolución
-total del universo que la hipótesis cosmogónica
-de la ciencia, sin subordinarla exclusivamente
-á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes
-conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos
-y dando á su producción inicial un carácter
-determinista; todo lo cual es, por cierto, mucho
-más filosófico y aceptable.</p>
-
-<p>Expresaremos, para concluir este capítulo, algo
-que acentúa aun el carácter científico de la teoría.</p>
-
-<p>Apenas la luz primordial se individualiza, comienza
-ya en el espacio la lucha por la vida (la
-absorción de unas ruedas por otras) que acarrea
-de consiguiente la supervivencia de los más aptos,
-principio progresivo de toda evolución; lo que
-está lejos de suceder en la demasiado perfecta maquinaria
-de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la
-vida, ya lo hemos dicho, son las mismas para el
-insecto que para la nebulosa.</p>
-
-<p>El lector está ya lo bastante informado para ele<span class="pagenum"><a id="Page_236"></a>[Pg 236]</span>gir
-entre esa hipótesis ó la nuestra; entre el proceso
-puramente material, ó el cambio de estado
-de la absoluta energía, que al volverse materia engendra
-simultáneamente al tiempo y al espacio,
-ó mejor dicho la extensión por el movimiento; la
-magnitud, la forma, el átomo, es decir los fundamentos
-del universo bajo sus múltiples aspectos
-de ideación, de conciencia, de número y de objetividad.</p>
-
-<p>Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de
-ese universo.<span class="pagenum"><a id="Page_237"></a>[Pg 237]</span>
-</p>
-
-<div class="chapter">
-<h3>SEXTA LECCIÓN</h3>
-</div>
-
-<h4>LA VIDA DE LA MATERIA</h4>
-
-<p class="p1">Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se
-hacen perceptibles bajo la forma de copos de luz
-blanca, pues mientras fueron simples cambios de
-estado de la energía, tuvieron una existencia tan
-invisible como la de las “luces” α, β, γ que la
-ciencia conoce ahora. Entonces es cuando empieza
-á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse
-fenómenos más familiares para nosotros.</p>
-
-<p>El primero de ellos (y en relación con la materia
-ponderable, el primordial) es el calor, ó sea la
-electricidad bajo este aspecto, resultante de la
-fricción de los átomos<a id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a>.</p>
-
-<p>Átomos dotados de una velocidad casi infinita,
-producen al chocar entre sí una incandescencia
-enorme, cuyo primer efecto es consumir á muchos,
-ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando
-<span class="pagenum"><a id="Page_238"></a>[Pg 238]</span>así la materia al revés de lo que el calor hace ahora.
-Los átomos sobrevivientes de esa verdadera lucha
-por la existencia, representan, pues, sumas colosales
-de energía en equilibrio, explicándose así
-la proveniencia de esta energía que tiene perpleja
-á la ciencia. La armonía vibratoria formada por
-proporciones numéricas, que resulta de este acomodo
-tanto como de la estructura poliédrica de
-los átomos, es el prototipo de las vibraciones
-armónicas que llamamos música, y que explica á
-la vez la “música de las esferas” de Pitágoras y el
-poder constructor de la lira de Amphion; pues
-siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente
-fuerza creadora<a id="FNanchor_24" href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a>.</p>
-
-<p>El calor se manifiesta al mismo tiempo que la
-luz roja, la luz más caliente como es sabido; del
-propio modo que la electricidad fría de los anteriores
-estados, había coincidido con los rayos
-ultravioletas excitadores de la fosforescencia y de
-la fluorescencia, manifestaciones á su vez de la
-radioactividad de la materia.</p>
-
-
-<p>De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido
-material) de magnitud y de tiempo respectivamente.
-Basta con reflexionar que la más pequeña
-llama puede encender los fuegos de toda la Tierra
-<span class="pagenum"><a id="Page_239"></a>[Pg 239]</span>sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz,
-según queda enunciado más arriba, no se pierde
-por razones de distancia, viajando incesantemente.
-No era necesario el radium, como se ve, para
-hacer perceptible la infinitud de la energía, pues
-bastaba observar la más mísera candela como
-fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere
-también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos
-que el olor es también una forma de radioactividad,
-como lo prueba el ejemplo bien conocido de
-la partícula de almizcle que perfuma durante un
-siglo sin variar de peso. Ya veremos todo el alcance
-de estas consideraciones<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a>.</p>
-
-<p>La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor
-tendencia hacia la inercia; y para valernos de una
-analogía gráfica, que encierra una verdad, por
-otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había
-transformado en gravedad, identificándose
-con el volumen. La materia es, si se tiene esto en
-cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha
-transformado en gravedad<a id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_240"></a>[Pg 240]</span></p>
-
-<p>Pero, qué era esta materia? Esta materia era el
-hidrógeno, cuya raya figura <em>única</em> en el espectro de
-las nebulosas propiamente dichas. El hidrógeno
-es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus
-cualidades características. Todos los gases son
-formas alotrópicas del hidrógeno, provienen de
-su átomo; pero este átomo, que es el hexaedro
-primordial antes mencionado, desarrolla al girar
-un torbellino formado por espirales concéntricos,
-según resulta de su forma en rotación, y este torbellino
-constituye como quien dice su cuerpo. Así,
-cuando la ciencia vea los átomos, no ha de ser
-bajo la forma de menudas chispas<a id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a>, sino de torbellinos
-espiraloides enteramente análogos á los
-sistemas solares.</p>
-
-
-<p>Los tres estados que la energía debió asumir á
-<span class="pagenum"><a id="Page_241"></a>[Pg 241]</span>convertirse en materia, son inapreciables para
-nosotros mientras no llegan al perfecto equilibrio
-y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He
-aquí por qué en los ochos grupos del sistema de
-los elementos, los compuestos hidrogenados primordiales
-no tienen clasificación sino á contar
-desde el cuarto (MH<sub>4</sub>); los tres restantes son materia
-radioactiva pura.</p>
-
-<p>Esas masas de gas incandescente, sufren diversos
-percances: explosiones que las destruyen,
-absorciones, divisiones en regueros espirales que
-se convierten en cometas, y desplazamientos que
-las arrojan al espacio con movimiento parabólico,
-bajo forma de cometas igualmente<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" class="fnanchor">[28]</a>. Este desplazamiento
-eterno de las masas estelares, va
-dejando el sitio necesario para nuevas formaciones,
-y así es como vive el infinito, convirtiéndose
-perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos
-que semejantes movimientos suponen, y que
-explican la forma atormentada de las nebulosas.</p>
-
-<p>La lucha por la vida es activísima entre esos
-errantes del espacio. Unos son devorados por los
-que ya se convirtieron en soles; otros se conjugan
-y forman seres mixtos; otros se organizan en sis<span class="pagenum"><a id="Page_242"></a>[Pg 242]</span>temas;
-pero al cabo de cierto tiempo, ninguno es
-simple ya, sino una suma de otros, exactamente
-como el animal que incorpora á su organismo los
-de diversos seres; y su vida se vuelve singularmente
-compleja. Menester es que aquí dejemos al
-astro hipotético, para seguir la evolución de la vida
-en nuestro planeta.</p>
-
-
-<p>Antes de pasar á otro capítulo conviene tener
-presente, sin embargo, que las leyes primordiales
-de la vida son comunes á todos los astros y á
-todos aplicables por analogía; así como que dichos
-astros nunca pierden su relación substancial, continuando
-ésta bajo comunicaciones luminosas,
-magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo
-el prototipo de cada ser, tanto en el insecto como
-en la estrella.<span class="pagenum"><a id="Page_243"></a>[Pg 243]</span>
-</p>
-
-<div class="chapter">
-<h3>SÉPTIMA LECCIÓN</h3>
-</div>
-
-<h4>LOS ELEMENTOS TERRESTRES</h4>
-
-<p class="p1">Á cada uno de los cambios de estado del movimiento
-que engendra el espacio de tres dimensiones,
-corresponde, como hemos visto, una clase de
-electricidad, una clase de formas, una clase de luz.
-En la Tierra corresponde también á cada uno un
-elemento.</p>
-
-<p>En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo
-primordial; en el líquido, la expansión horizontal
-del segundo estado; en el sólido, el equilibrio
-del tercero que es la tensión eléctrica convertida
-en gravedad&mdash;la electricidad neutra.</p>
-
-<p>Prototipo de todos los líquidos, el agua es una
-permutación del hidrógeno, cuyo nombre significa,
-como es sabido, generador del agua. El agua
-viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno
-es electricidad gaseosa<a id="FNanchor_29" href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>. Á esto se debe que
-<span class="pagenum"><a id="Page_244"></a>[Pg 244]</span>las leyes de distribución de la electricidad y de los
-líquidos, sean las mismas; aunque éstos se hallen
-sometidos á la gravedad y aquélla no; pero tensión
-y gravedad son una misma cosa como hemos
-visto. Lo líquido es, pues, dado nuestro punto de
-vista, más vivo, es decir más próximo al estado
-de energía pura ó éter, y por esto el agua es la
-fuente de la vida orgánica. Los alquimistas decían
-que el mercurio es el más vivo de los metales (en
-francés <i lang="fr" xml:lang="fr">vif argent</i>) y debe notarse que los vehículos
-esenciales de la vida orgánica,&mdash;sangre, savia,
-leche&mdash;son líquidos.</p>
-
-
-<p>Tanto en el estado gaseoso como en el líquido,
-la forma poliédrica de los átomos continúa siendo
-el prototipo, y esto se encuentra asaz bien demostrado
-por las fórmulas químicas, para que debamos
-insistir; no obstante, en el estado líquido, los
-poliedros son ya cristales prototípicos de los futuros
-sólidos en que se manifestará el máximum de
-inercia de la materia.</p>
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_245"></a>[Pg 245]</span></p>
-<p>La Tierra era una especie de océano esferoidal,
-denso y glutinoso, en el cual los átomos se agruparon
-bajo formas cristalinas, es decir poliédricas,
-según su modelo fundamental. La ciencia produce
-cristales semifluidos en el seno de un líquido, por
-medio del calor y de la electricidad, y estos cristales
-se portan como seres vivos, no sólo por su
-estructura semejante á la de las células, sino porque
-poseen propiedades tan notables como la de
-reparar sus mutilaciones. Esto bastará, según creemos,
-para demostrar que el estado líquido no es
-un estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente
-derivar de él. De aquí la tendencia de
-todos los sólidos á cristalizar, es decir á modelarse
-bajo el patrón originario.</p>
-
-<p>Cuando un planeta<a id="FNanchor_30" href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a> ha organizado toda su
-materia en los tres costados, ó en términos más
-generales: cuando la materia de un planeta ha alcanzado
-su máximum de estabilidad, comienza el
-proceso de desintegración de esta materia. Ella se
-ha de efectuar en un tiempo equivalente al que
-empleó para formarse, conforme á la ley de periodicidad,
-y en estados semejantes, bien que inversos<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_246"></a>[Pg 246]</span></p>
-
-<p>La función vital preponderante, que era condensar
-éter, es reemplazada por la de “eterizar” la
-materia, aunque esto no quiere decir que haya
-sustitución completa de un proceso por otro. El
-equilibrio entre ambos persiste por mucho tiempo,
-exactamente como ahora lo vemos en nuestro
-mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia
-progresiva hacia la eterización. Á esto último
-responde la aparición de los seres orgánicos.</p>
-
-
-<div class="chapter">
-<div class="footnotes">
-
-<p class="p2 center big2">NOTAS:</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente
-á <em>sombra</em>, es decir á una diminución de luz. Son la
-“no-luz” en absoluto.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida,
-tiene un símbolo admirable en el paganismo. Queremos
-hablar del destino (ó sea el determinismo de las causas anteriores)
-que era superior á todos los dioses, sin ser él mismo
-un dios.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Conviene tener presente siempre que esta electricidad
-es la del rayo <em>γ</em>, y no la que conocemos habitualmente.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> La ciencia empieza á considerar como materia á la
-luz y á la electricidad, porque está obligada á suponerlas
-atómicas. Nosotros también; pero si son materia porque son
-objetivas y ésta es la verdadera definición carecen de la
-propiedad substancial <em>única</em> de la materia: el peso. No
-sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces, diferencia
-substancial entre la materia y la energía: pero la lógica
-obliga á esta conclusión.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Recuérdese nuestra definición de la materia en la
-nota anterior: materia es todo lo objetivo.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta;
-por eso decimos que el rayo es unidad absoluta <em>como
-manifestación vital</em>.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones,
-pues parece en realidad que la extensión debiera preceder
-á la magnitud; pero creemos haber demostrado en el caso
-de la mancha de luz, que ésta puede tener magnitud sin
-tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El
-valor convencional que damos á las palabras, resulta de
-la novedad de las ideas.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo
-(que de ninguna manera se nos representa como un tipo
-semejante al humano) á través de la materia y de la fuerza,
-sin necesidad de negarlas, antes refundiéndolas en su
-propio ser una de cuyas manifestaciones las consideramos.
-De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida absoluta
-(Dios) por estados de conciencia.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Recuérdese nuestra definición de la vida.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> Es decir que producen iones. Los iones surgidos de
-los mecheros, son los productores del fenómeno. En las
-manchas de luz primordial, los puntos más luminosos vienen
-á ser las fuentes de ionización.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> Las analogías entre estas vidas con los fenómenos
-del mundo actual, no implican identidades. Los fenómenos
-de aquéllas, son los prototipos de nuestros fenómenos;
-son parecidos, pero no iguales.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a> Como siempre que hay choque de dos magnitudes
-de forma circular.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a> El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene
-achatamiento polar alguno, como una pompa de jabón,
-aunque su densidad sea sólo una cuarta parte de la terrestre,
-y su fuerza centrífuga cuatro veces mayor. Á su tiempo
-recordaremos esta singularidad solar.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a> El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía
-Platón que sabía á qué atenerse.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única
-forma material perceptible que realice estas condiciones,
-si bien un agregado de hexaedros nunca puede componer un
-todo perfecto, estando limitado siempre por ángulos abiertos.
-Es lo que ocurre con la materia en eterno trabajo de
-desintegración que la pone en contacto con la absoluta energía,
-como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro
-conjunto de hexaedros.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale
-á los dioses de las religiones positivas, cuyo carácter
-más saliente y común es la arbitrariedad.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> La astronomía moderna se inclina á creer que todo el
-universo estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea
-se halla próxima á su centro; pues el número de estrellas
-de dos puntos opuestos del cielo, ya estén situados en la vía
-misma ó en sus polos, es casi igual. Siendo esto así, el
-universo estelar presentaría la forma de una lenteja ó
-esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía
-láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al
-plano de ésta (las zonas 1<sup>a</sup> y 9<sup>a</sup> abarcarían sus polos) resulta
-la siguiente relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0;
-3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6, 6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual
-establece el rango central de la vía láctea (5, 8, 2), así como
-la forma del universo estelar. Nuestras <em>lentejas</em> no son,
-pues, pura fantasía.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la
-materia gaseosa de los anillos en materia sólida, esta
-última es inexplicable. En efecto, si es del mismo peso y
-densidad que la del planeta, no ha podido condensarse sin
-romperse; y si no es del mismo peso y de la misma densidad,
-¿cómo gira armónicamente con él?</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> Los cambios de conformación de algunas nebulosas,
-manifiestan tendencia á definirse en torbellinos espirales.
-El capítulo siguiente expresará en detalle estos movimientos.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a> En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos
-son los más notables: la densidad de Venus, menor que
-la de la Tierra, no obstante su mayor proximidad al sol; la
-de Urano mayor que la de Saturno, á pesar de hallarse
-más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter mucho
-mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites
-de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento
-polar del sol, antes mencionada; la depresión polar de
-Mercurio, diez veces mayor que la de la Tierra, á pesar
-de que su rotación equivale apenas á un tercio de la de
-ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan
-sólo; las depresiones polares igualmente desproporcionadas
-de Saturno y de Júpiter...</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a> Es curioso que el número 7, el número sagrado por
-excelencia, reaparezca como cifra inicial de este resultado;
-pero lo es más aún el que la <em>docena</em> y la <em>decena</em>, también
-números sagrados, estén significados en la población de
-ciento veinte millones (diez docenas de millones) de estrellas
-que los mismos cálculos asignan al universo.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a> Del propio modo que no se niega la continuidad de
-la vida, porque los organismos individuales acaben.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a> En la materia no atómica, es claro que no puede
-haber calor.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a> Sábese que el sonido aumenta la producción de
-rayos N.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a> La emanación continua del radium, tanto como la
-propagación de la luz, el desprendimiento odorífero, etc.,
-resultan ser movimiento perpetuo. La locura del pasado,
-es la razón del presente.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> No damos á la palabra <em>gravedad</em>, su acepción corriente.
-Para nosotros, gravedad es atracción magnética, por
-más extraño que esto pueda parecer. Por lo demás, la
-atracción en razón directa de las masas é inversa del cuadrado
-de las distancias, no se efectúa conforme á esta ley,
-según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las
-grandes, existe un hecho por demás curioso: los cometas
-desarrollan su cola (materia más tenue que el núcleo), en
-oposición al sol por el cual son atraídos en razón directa de
-las masas, etc. Se ve, entonces, que la gravedad tiene
-contradicciones harto serias.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a> Como en el último aparato de Crookes, que pone
-al radium en presencia del sulfuro de cinc fosforescente á
-la distancia de medio milímetro.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> La astronomía supone que algunos cometas son masas
-desprendidas de las nebulosas.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a> Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente
-los que conocemos; basta reflexionar que si todos
-los gases son formas alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno
-primordial era todos estos gases, es decir, una cosa
-bien distinta de hoy, cuando ellos se encuentran ya diferenciados.
-Del propio modo el líquido primordial cuya forma
-actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una
-especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno
-y el agua primordiales, eran estados generales de materia:
-<em>lo</em> gaseoso y <em>lo</em> líquido.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> Como el nuestro.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a> Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido
-prototípicos, ¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente
-el radium, ó una composición parecida, que al solidificarse
-del todo, debe perder muchas de sus cualidades
-radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso (gravedad).
-El radium posee la propiedad de descomponer el agua en
-hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.</p></div></div>
-</div>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_247"></a>[Pg 247]</span></p>
-</div>
-
-<h3>OCTAVA LECCIÓN</h3>
-
-<h4>LA VIDA ORGÁNICA</h4>
-
-<p class="p1">En los mundos de una y de dos dimensiones, no
-había sensibilidad, puesto que faltaba extensión y
-la vida de relación no era posible por lo tanto. Al
-existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones,
-la sensibilidad se hizo posible en la materia.</p>
-
-<p>Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es
-la radioactividad de la materia, el fenómeno por
-el cual ésta se transforma en energía pura; y como
-toda materia es radioactiva, según lo prueba
-el descubrimiento de los rayos N, de Blondlot,
-toda materia posee sensibilidad.</p>
-
-<p>La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación,
-que cuenta ya con una cantidad de hechos
-tan grande como singular. Los rayos N, la
-fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y
-terapéuticas, la vida de los cristales&mdash;han demos<span class="pagenum"><a id="Page_248"></a>[Pg 248]</span>trado
-ya hasta la evidencia que la sensibilidad no
-es una propiedad exclusiva de la materia llamada
-orgánica.</p>
-
-<p>Ahora, en cuanto á la producción de los seres
-vivos, las fuerzas de las moléculas libres en el
-seno de los líquidos; la presión osmótica que es
-un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las
-propiedades todavía vagas&mdash;mas no por ello menos
-prodigiosas&mdash;de los metales coloidales tan semejantes
-á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones<a id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a>&mdash;todo
-eso está indicando cómo debió
-producirse <em>grosso modo</em> el fenómeno. La generación
-espontánea, es entonces un hecho real, bien
-que limitado á épocas, por la coexistencia en ellas
-de diversas circunstancias; todo depende de las
-condiciones en que se halle el átomo.</p>
-
-<p>Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización,
-porque son los cuerpos más sensibles, y
-la sensibilidad es&mdash;ya lo hemos dicho&mdash;la radioactividad
-de la materia. El amor es el producto
-<span class="pagenum"><a id="Page_249"></a>[Pg 249]</span>eléctrico del contacto de dos cuerpos heterogéneos<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>.
-La sangre es un potentísimo reservorio
-de electricidad.</p>
-
-<p>Ahora bien, los organismos siguieron al formarse,
-las mismas leyes que la materia. Un solo ser,
-primero difuso y de constitución unitaria, desarrolló
-de sí mismo los primeros órganos y se propagó
-por los conocidos procedimientos de generación,&mdash;fisiparidad,
-ovulación, hermafrodismo&mdash;hasta
-alcanzar en la sexualidad su máximum de
-materialización.</p>
-
-<p>Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación,
-cuyas formas asumió previamente el
-reino mineral como un intento prototípico, debiéndose
-á dichas oxidaciones el nacimiento de la
-vida orgánica.</p>
-
-<p>El sexo único que concebía y paría por los métodos
-ya descriptos, era naturalmente femenino.
-Todos los seres eran madres, llevando reasumido,
-y luego latente en su facultad de autoengendrar,
-el sexo masculino futuro.</p>
-
-<p>De aquí que la materia haya sido considerada
-por las antiguas filosofías como la “gran madre”
-(<em>mater-ia</em>) personificada en el agua, pues el agua
-<span class="pagenum"><a id="Page_250"></a>[Pg 250]</span>es, á contar desde el punto en que la energía pura
-se manifiesta como materia, una permutación de
-la electricidad ó sea su cuarto estado.</p>
-
-<p>Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones
-de la energía absoluta, en un esquema que
-será un resumen á la vez de todo lo estudiado.</p>
-
-<p>Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará
-el signo (-) el signo de la pasividad ó femenino;
-y el elemento engendrador el signo (+), el signo
-de la actividad ó masculino.</p>
-
-<p>El ser absoluto, la absoluta energía en que todo
-se reasume al concluir el universo su ciclo de
-manifestación material&mdash;será los dos elementos á
-la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero
-(+ −); mas como de eso sale el rayo primordial,
-puede ser considerado como elemento femenino:
-auto engendra.</p>
-
-<p>Previa esta explicación, véase el esquema:</p>
-
-<div class="figcenter illowp100" id="ilo-p250" style="max-width: 35.0625em;">
- <img class="w100" src="images/ilo-p250.jpg" alt="esquema" />
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_251"></a>[Pg 251]</span></p>
-
-<p>Estas propiedades lo son <em>por excelencia</em> de los
-diversos estados de materia, pero no excluyen las
-otras; forman sus características, pero no son exclusivas.</p>
-
-<p>Se ve, entonces, que el elemento femenino es el
-primordial, y que la situación del estado líquido
-(agua) en el cuadro de las manifestaciones materiales,
-justifica su símbolo<a id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>.</p>
-
-<p>La biología moderna considera primitivo también
-al sexo femenino, y cree que desarrolló su
-contrario antecediéndolo con la fase hermafrodita.
-No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar
-mayores razones.</p>
-
-<p>Conviene hacer notar ahora que esas formas de
-vida eran fluídicas, verdaderos moldes de las actuales
-por causa del enorme calor del globo y de la
-todavía escasa diferenciación de sus elementos; y
-si el radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico,
-dichas formas debían ser luminosas, ó en
-otros términos manifestar más intensamente la
-<span class="pagenum"><a id="Page_252"></a>[Pg 252]</span>radiación que hoy perciben apenas los sensitivos
-(el <em>od</em> de Reichenbach, la exteriorización de la
-sensibilidad del coronel de Rochas) y que la placa
-fotográfica revela como rayos N.</p>
-
-
-<p>La fluidez de esos seres, tanto como su relación
-de magnitud con la Tierra que, al ser casi gaseosa,
-era de mucho mayor volumen, debía darles una
-estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para
-que resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas
-á que se veían sometidos.</p>
-
-<p>El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que
-sería hombre con el tiempo, bogaba en el fluido
-glutinoso del mar universal como una célula gigantesca,
-sin órganos, sin conciencia, sin mente,
-reproduciéndose como los zoófitos y desvaneciéndose
-como ellos, sin morir realmente, en los seres
-que de su masa engendraba.</p>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_253"></a>[Pg 253]</span></p>
-</div>
-
-<h3>NOVENA LECCIÓN</h3>
-
-<h4>LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO</h4>
-
-<p class="p1">Lo que acabamos de expresar es de tal modo
-extraño á las ideas corrientes, que requiere una explicación
-de los fenómenos estudiados, bajo un
-aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual
-del universo, ó mejor dicho el universo
-como manifestación inteligente.</p>
-
-<p>Si el pensamiento es un producto de las combinaciones
-físico-químicas del organismo humano,
-donde quiera que haya análogas combinaciones,
-existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos
-efectos.</p>
-
-<p>Ahora, cuando se piensa que la vida obedece
-á leyes muy simples en su comienzo, y que no
-hay realmente diferencia entre la materia orgánica
-y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad,
-parece que no es ya tan absurdo buscar pensa<span class="pagenum"><a id="Page_254"></a>[Pg 254]</span>miento
-en toda manifestación de la vida. Atribuirlo
-solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo
-del ser singular creado ex profeso
-por los dioses de las religiones positivas; decir
-que es una actividad peculiar á su organismo, es
-negar la perfecta analogía é identidad substancial
-de éste con los del resto del mundo animal, sin
-excluir á los insectos cuya inteligencia es tan notable;
-limitarlo á los seres vivos, es volver á la
-separación de materias que no existe en realidad.</p>
-
-<p>¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse
-como el único ser inteligente del universo,
-si apenas es superior en su pequeño mundo?</p>
-
-<p>¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior
-á él es el mineral en estabilidad; el vegetal
-en duración como ser vivo; el animal en muchas
-facultades. Víctima de la bacteria microscópica
-durante edades, hace muy poco que ha empezado
-contra ella una lucha desigual en la que, hasta
-ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido
-la víctima de los más ínfimos del reino animal.</p>
-
-<p>Esto para los materialistas. Los espiritualistas,
-especialmente los fieles de las religiones positivas,
-creen en entidades espirituales ó inteligencias superiores
-al hombre, conforme lo manifiestan sus
-complicadas angelologías, y en otras inferiores á
-él según sus demonologías más complicadas aún.<span class="pagenum"><a id="Page_255"></a>[Pg 255]</span>
-Con éstos nos bastará ponernos de acuerdo sobre
-el <i lang="la" xml:lang="la">modus operandi</i> de semejantes inteligencias.</p>
-
-<p>Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar
-el asunto.</p>
-
-<p>El pensamiento, nadie puede negarlo, es una
-forma de la energía, si bien no presenta identidad
-con ninguna de las otras. No es luz, calor, electricidad,
-aroma ó sonido; pero es lo que percibe
-de un modo consciente esas formas de energía,
-puesto que las estudia é investiga sus leyes. El
-pensamiento es la energía absoluta de que todo
-procede y á la que todo regresa, lo que en sí
-lleva potencialmente todas las formas de energía,
-sin tener sus cualidades, como es natural, pues
-no es ninguna de ellas parcialmente considerada.
-Él es realmente el ser absoluto cuya primera manifestación
-consiste en electricidad puramente dinámica,
-como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente
-lineal é inconcebible. Sabe todo el mundo
-que la actividad cerebral produce fenómenos
-eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas,
-dicen que durante dicho trabajo ven á las células
-cerebrales relumbrar como estrellas. Más recientemente
-aún, se ha observado que la actividad nerviosa
-aumenta la producción de rayos N.</p>
-
-<p>Como energía sensible, el pensamiento es imponderable
-y no objetivo á la vez: no es materia ab<span class="pagenum"><a id="Page_256"></a>[Pg 256]</span>solutamente.
-Su indiferencia á la distancia y al
-tiempo, puesto que se traslada con prescindencia
-de ambos y sin que ambos le estorben, prueba su
-superioridad sobre ellos; así como demuestra al
-concebirlos que los contiene y que puede crearlos.
-Las consecuencias de su lógica, anteriores al
-conocimiento de los hechos, puesto que los predice
-en ciertos casos, establece cuando menos la
-identidad de sus leyes con las que rigen el universo.
-Maxwell encontró como un resultado matemático,
-la onda eléctrica que Hertz hizo perceptible,
-sin realizar ninguna experiencia y bastante
-tiempo antes que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.</p>
-
-<p>Todas las manifestaciones de la vida son formas
-de pensamiento, puesto que lo son de la energía
-absoluta en su eterno doble trabajo de integrarse
-y desintegrarse; pero entonces también, las
-fuerzas son seres inteligentes en proporción con
-su mayor vecindad á la energía de donde proceden.</p>
-
-<p>Así el primer movimiento en sentido lineal, ó
-bien la electricidad puramente dinámica, sería la
-primera idea, el primer ser que en su simple unidad
-lleva potencialmente todo el universo por desarrollarse&mdash;un
-dios verdaderamente; pero no la
-unidad neutra y extra-cósmica de las religiones,<span class="pagenum"><a id="Page_257"></a>[Pg 257]</span>
-sino la síntesis de todas las energías, que hasta su
-tercer estado no es materia en realidad.</p>
-
-<p>Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero
-los estados sucesivos no tienen lugar por disminución
-ó desaparición del primero, según lo prueba
-nuestro pensamiento en acción, pues coexiste
-con todo ellos y nunca deja de estar convirtiéndose.
-Así se explica que los universos acaben y
-vuelvan á empezar en el punto donde acabaron,
-no como un nuevo proceso de repetición, sino como
-una continuación del que lo precediera.</p>
-
-<p>No siendo esa energía una magnitud, no puede
-disminuir, lo que explica su permanencia; y así
-está eternamente convirtiéndose y siendo la
-misma.</p>
-
-<p>Las ruedas de luz en que luego se divide, forman
-la primera hueste de seres, multiplicados en
-los polígonos inscriptos en ellos, y sucesivamente
-en los poliedros del primer estado atómico; pero
-como estos seres no son materia de la nuestra,
-digamos así, es forzoso considerarlos entidades
-incorpóreas, ó sea espíritus<a id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a>.</p>
-
-<p>Unitarios en un principio, como que no son sino
-formas, se convierten en hermafroditas al volver<span class="pagenum"><a id="Page_258"></a>[Pg 258]</span>se
-átomos, no por razones de sexo naturalmente,
-sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye
-su existencia, la materia y la fuerza bajo el
-estado potencial. El átomo es así un espíritu puro,
-y su conversión al estado de materia y de
-fuerza ya definido, su caída.</p>
-
-<p>Entre tanto, los seres que fueron las primeras
-ruedas, y que como estados de energía no han dejado
-de existir, van dirigiendo su propio fraccionamiento
-evolucionario, por actos de conciencia y
-de voluntad; pues se recordará que no siendo nada
-material, resultan forzosamente espíritus: pensamiento
-en acción.</p>
-
-<p>¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento
-es una individualidad? Cuando leemos un
-pensamiento, no necesitamos recordar á su autor,
-ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con
-éste, pues de ninguna manera es necesario conocer
-al autor de un pensamiento, ni saber nada sobre
-él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento
-es una individualidad con vida propia; y si esto
-sucede en la humanidad, cualquiera advierte la
-importancia que revestirá cuando se trata de seres
-cósmicos.</p>
-
-<p>La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee
-esta individualidad, y he aquí otra demostración
-de que son cosas distintas, así sea toda fuerza una<span class="pagenum"><a id="Page_259"></a>[Pg 259]</span>
-manifestación de pensamiento, como son cosas
-distintas el rastro y la planta que lo imprimió.</p>
-
-<p>Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer
-una potencia prodigiosa, dadas su libertad y la
-asimilación de energías que constituía su ser;
-pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia
-ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto
-humano. Los fracasos de mundos estallados
-en asteroides ó consumidos en las hogueras
-solares, tanto como la desaparición de especies
-animales que convivieron con otras aún existentes,
-prueban errores de criterio y de procedimiento
-en esas inteligencias primordiales<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a>.</p>
-
-<p>Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron
-sino cuando hubo materia voluminosa y
-extensión, correspondiendo entonces al calor su
-rango de primer numen<a id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a>; pero el catálogo de
-las existencias cósmicas no tendría interés para el
-lector, sino como una nomenclatura estéril de
-personajes fantásticos.</p>
-
-
-<p>Lo que sí interesa saber, es que todas estas ma<span class="pagenum"><a id="Page_260"></a>[Pg 260]</span>nifestaciones
-son atómicas y susceptibles de transformarse
-en otras, es decir de <em>crear</em>, si ha de darse
-á este verbo su único sentido aceptable<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38" class="fnanchor">[38]</a>. Son
-atómicas, como el hombre es celular, sin que su
-unidad de ser individual se resienta; y si están
-sujetas á la evolución que hemos descripto como
-una serie de consecuencias, este determinismo es
-el resultado de las causas desconocidas que actuaron
-sobre ellas en el universo anterior; pero ellas
-<em>sabían lo que les pasaba</em>, y ayudaban á la evolución
-dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien
-no sin conflictos, es decir sin errores, como lo
-prueban los cataclismos cósmicos<a id="FNanchor_39" href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a>. Si hubiera un
-Creador omniciente y omnipotente, el universo
-sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo
-posible.</p>
-
-<p>Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos
-á cada momento su inteligencia. Todos los fenómenos
-naturales nos revelan operaciones complicadísimas,
-ejecutadas con una precisión, con una
-economía tal de esfuerzo, con una adaptación tan
-<span class="pagenum"><a id="Page_261"></a>[Pg 261]</span>perfecta á su objeto, que revelan direcciones muy
-superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo
-que ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante
-de esos fenómenos, y se tendrá la relación
-entre ella y las fuerzas directoras de éstos.</p>
-
-
-<p>La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad
-de las formas, que la ciencia llama “inclinación
-natural” de la materia, ¿qué son sino
-deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso,
-comparación entre dos términos? Todavía si el
-universo fuera de una estabilidad perfecta, se explicaría
-esa precisión como un equilibrio resultante
-de largas oscilaciones; pero cuando todo cambia
-incesantemente, las fuerzas ciegas son inexplicables.</p>
-
-<p>Al no asignar inteligencia sino al hombre, la
-ciencia cae en el error antropocéntrico de las
-religiones, ó está obligada á suponerla en toda
-manifestación físico-química, en todo fenómeno
-cuya dirección tenga analogía con un raciocinio,
-una comparación, una modalidad intelectual en
-una palabra; mucho más cuando esa modalidad
-resulte, como hemos visto, superior á las
-suyas. Efectos análogos, suponen causas semejantes.</p>
-
-<p>¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre
-con el planeta que habita, y cuyas manifesta<span class="pagenum"><a id="Page_262"></a>[Pg 262]</span>ciones
-físico-químicas mucho más poderosas y
-complicadas que la suya (como que él es una en
-el planeta) supone una inteligencia mucho más
-vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó
-el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?</p>
-
-<p>¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto
-como ser, que el planeta&mdash;el ser enorme&mdash;en
-el cual aquél no es sino una célula?...<a id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a>.</p>
-
-<p>Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante
-del asunto.</p>
-
-<p>Si la radioactividad de la materia en forma de
-luz, calor, electricidad, olor, sonido, es un trabajo
-de regreso hacia la energía absoluta, percibir esas
-manifestaciones por medio de los sentidos es incorporarlas
-á dicha energía, es decir al pensamiento.
-Esto explica á la vez la percepción y la naturaleza
-etérea (radioactividad absoluta) del pensamiento.
-De aquí que el mejor aparato para
-apoderarse de la energía etérea, sea el hombre,
-que al llevarla en sí está en ella y es ella, como
-entidad espiritual naturalmente.</p>
-
-<p>Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo
-fenómeno olfatorio ó gustativo, son trabajos de
-desintegración de la materia, y toda percepción
-<span class="pagenum"><a id="Page_263"></a>[Pg 263]</span>inteligente de estos fenómenos es reintegración de
-materia á la energía absoluta.</p>
-
-<p>Esto acarrea una consecuencia racional inesperada,
-y que resuelve uno de los más obscuros problemas
-filosóficos.</p>
-
-
-<p>Sábese, en efecto, que el espacio como extensión
-infinita é incorpórea, vale decir el movimiento absoluto,
-puesto que es el movimiento lo que engendra
-al espacio&mdash;es á un tiempo inconcebible é imprescindible
-para nuestra mente. Si el pensamiento
-es la energía absoluta, nuestro pensamiento y el
-espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito é
-incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo;
-resultando así inconcebible como sensación,
-bien que imprescindible porque constituye nuestro
-propio ser. Los términos al parecer antagónicos,
-se hallan así conciliados.</p>
-
-<p>He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del
-alma como soluciones racionales de una concepción
-cosmogónica, es decir aceptables sin conflicto
-con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia,
-bien que sólo por razones de distancia, entre
-el materialismo y el super-naturalismo, la nuestra
-considera todos los fenómenos como naturales, pero
-no los deriva totalmente de la materia; y lejos
-de someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un
-dios <i lang="la" xml:lang="la">ex nihilo</i>, los considera determinados por una<span class="pagenum"><a id="Page_264"></a>[Pg 264]</span>
-existencia anterior. Todas las consecuencias que
-se derivan del espiritualismo así concebido: solidaridad
-humana, inmortalidad, causalidad del
-destino humano, son consecuencias racionales.</p>
-
-<div class="chapter">
-<div class="footnotes">
-<p class="p2 center big2">NOTAS:</p>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a> Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías
-sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos
-obran sobre ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como
-las bacterias específicas de ciertas transformaciones, y
-son neutralizadas por los mismos cuerpos. El átomo, resumen
-de las fuerzas primordiales, lleva en sí resumida la
-potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de estado
-para producirlos á todos.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a> Basta ese contacto, como es sabido, para producir
-electricidad; y es claro que aquí nos referimos solamente
-al amor físico en su más simple expresión.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a> Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico
-del agua en todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero
-ello viene de que cuando se parte del espacio de tres dimensiones,
-ó sea de la materia tal como podemos percibirla,
-el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la cruz el
-símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical
-que la componen, simbolizan también el equilibrio material
-que es la forma líquida, y ésta era otra razón.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a> He aquí por qué llamamos <i lang="la" xml:lang="la">ideación</i> al ternario superior
-de nuestro esquema.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía
-primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son
-pensamiento, es decir seres inteligentes.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> El calor, como se recordará, es una forma de la
-electricidad, que en estado puramente dinámico, es pensamiento.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a> Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[39]</a> El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias
-de su acción. Por otra parte, no hay evolución posible
-sin errores; es decir progreso, causalidad, fenómenos.
-La absoluta perfección, ó sea el Dios de las religiones,
-implica la absoluta esterilidad.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[40]</a> El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.</p></div>
-</div></div>
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_265"></a>[Pg 265]</span></p>
-</div>
-
-<h3>DÉCIMA LECCIÓN</h3>
-
-<h4>EL HOMBRE</h4>
-
-<p class="p1">Cuando vuelve á la vida un universo, los seres
-que lo poblaron vuelven también á la acción por
-orden de importancia; es decir que las fuerzas
-superiores, las más poderosas y activas, son las
-primeras en reaparecer. Esto explica la formación
-de los mundos como entidades primordiales, y
-todo el proceso de conversión de la energía en
-materia, hasta que ésta alcanza su máximum de
-estabilidad en el estado sólido. Á partir de este
-punto, se inicia el proceso inverso, ó de desintegración,
-y los seres van tendiendo á convertirse
-en focos de eterización cada vez más activa. Siendo
-éstos los seres vivos, según se expresó, y
-figurando entre ellos el hombre como el más activo
-de todos, alcanzar el estado humano viene á ser
-para los seres de la Tierra la suprema perfección
-en este mundo. Conociendo este proceso, la Kábala
-había dicho muchos siglos antes que los darwinistas:
-“La piedra se convierte en árbol, el<span class="pagenum"><a id="Page_266"></a>[Pg 266]</span>
-árbol en animal, el animal en hombre y el hombre
-en espíritu puro”&mdash;dando á las cosas un alcance
-bien superior como se ve.</p>
-
-<p>Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra
-la vida animal, su primer representante ha tenido
-que ser el hombre; y ya hemos visto que vida
-animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la
-Tierra desde que ésta entró al estado líquido, bajo
-formas fluídicas, pero no menos reales por ello.</p>
-
-<p>Antes del proceso cristalino y del vegetativo, en
-el cual la ciencia va encontrando ya las células
-poliédricas primordiales, así como los rudimentos
-de un sistema nervioso<a id="FNanchor_41" href="#Footnote_41" class="fnanchor">[41]</a>, el espíritu del hombre
-existía ya, pero no dividido todavía en seres humanos,
-sino como una entidad sintética que dirigía
-la evolución todavía poco diferenciada de su
-planeta. Era un habitante de la nebulosa ígnea que
-constituía la Tierra entonces, y engendraba por
-acción mental, es decir pensaba su descendencia.</p>
-
-
-<p>Cuando el planeta entró al estado líquido, aparecieron
-en su seno los cristales blandos, los
-rudimentos de existencias filamentosas que constituirían
-la vegetación, y las primeras células
-animales. El ser planetario se había dividido en
-<span class="pagenum"><a id="Page_267"></a>[Pg 267]</span>existencias. De éstas, las destinadas á formar el
-reino animal, eran inteligencias, es decir hombres,
-según correspondía, dado que el hombre era la
-fuerza superior en la animalidad, y debía, por lo
-tanto, aparecer primero. Todas las formas animales
-son derivados de aquellas células, ideaciones
-suyas, y la escala darwiniana se encuentra así
-totalmente invertida<a id="FNanchor_42" href="#Footnote_42" class="fnanchor">[42]</a>. El hombre es, pues, el
-progenitor del reino animal, explicando esto por
-qué repite las características de la serie zoológica
-durante su vida intrauterina; argumento el más
-poderoso del darwinismo para demostrar que es
-la síntesis inversa de toda esa serie.</p>
-
-<p>Pero Darwin, urgido por imperativos teológicos,
-habló del hombre como del “coronamiento de la
-escala animal”. La lógica anuló bien pronto esa
-capitulación con la Biblia; pues si el hombre no
-era más que un peldaño, no había razón para que
-fuese el superior y el último, sino uno de tantos.
-Así, pues, el mono antecesor se ha convertido en
-un primo, lo cual ya es algo.</p>
-
-
-<p>Sin embargo, hay un hecho bastante significati<span class="pagenum"><a id="Page_268"></a>[Pg 268]</span>vo;
-y es que el esqueleto ó los rastros del hombre,
-coexisten con todas las formas de vertebrados
-extinguidos y en todas las épocas geológicas, sin
-mostrar alteraciones muy sensibles en su estructura
-y en su tamaño, lo cual revela, cuando menos,
-una estabilidad superior como especie; y teniendo
-en cuenta que semejante estabilidad no puede provenir
-sino de una organización superior á la de los
-coetáneos ya desaparecidos, así como que se requiere
-una antigüedad muy grande para fijar los caracteres
-de una especie cuanto más complejos son<a id="FNanchor_43" href="#Footnote_43" class="fnanchor">[43]</a>,
-parece que la misma ciencia va demostrando la
-situación <em>anterior</em> del hombre en el reino animal.</p>
-
-<p>La división que hemos debido establecer entre
-el hombre como espíritu de la tierra y como ser
-material, requiere también una explicación.</p>
-
-<p>En efecto, como espíritu de la tierra, ó sea en su
-carácter de fuerza sintética animadora, el hombre es
-el progenitor de todos los reinos; pero como ser material,
-es decir dividido en mónadas<a id="FNanchor_44" href="#Footnote_44" class="fnanchor">[44]</a> activas, se
-circunscribe al reino animal. Eso sí, como la ley de
-<span class="pagenum"><a id="Page_269"></a>[Pg 269]</span>vida es una sola, al constituir el hombre la fuerza
-superior de la animalidad, aparece primero.</p>
-
-
-<p>Teniendo en cuenta, sin embargo, que la vida
-de los planetas concluye dentro del ciclo de todo
-el universo, del propio modo que la del hombre
-dentro de la vida del planeta, muchas de esas
-mónadas quedan detenidas en su evolución hacia
-la espiritualidad, cuando el planeta sucumbe. ¿Qué
-sucede entonces?</p>
-
-<p>Hemos dicho que los astros de un sistema conservan
-relaciones magnéticas y luminosas, pudiendo
-agregar ahora que dichas relaciones son
-influencias evidentes, pues la ciencia dice que
-basta la incidencia de un rayo de luz sobre un
-punto para provocar múltiples fenómenos.</p>
-
-<p>Siendo ello así, la energía de esas mónadas pasa
-á otros astros que se encuentran en evolución correlativa,
-para seguir su ciclo en ellos, y de aquí
-que el pretendido absurdo de la astrología sea sostenido
-por talentos superiores.</p>
-
-<p>Callaremos, no obstante, lo que pasa, para limitarnos
-á decir lo que pasó, continuando así nuestras
-descripciones.</p>
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_270"></a>[Pg 270]</span></p>
-<p>Al entrar la Tierra en el estado líquido, la vida
-orgánica de la luna había concluido su ciclo de
-manifestación, y las mónadas de sus seres inteligentes
-debieron pasar á incorporarse en las nuestras.
-No lo hicieron como puras energías, sino
-también como agregados de materia sutil que se
-infiltró en la masa de la gigantesca célula humana
-á modo de influencia magnética, comunicándole
-nuevas propiedades, de la manera que el imán al
-acero. De aquí las relaciones magnéticas que el
-estado líquido conserva con la luna bajo la forma
-de mareas.</p>
-
-<p>El vehículo de que esos espíritus lunares se valieron
-para venir á la Tierra, fué el cono de sombra
-que ésta proyecta sobre la luna, y que durante los
-eclipses nos trae exhalaciones maléficas de aquel
-astro; pues siendo él un cadáver, no ha de exhalar
-vida naturalmente. Esto explica la tradición
-en cuya virtud los chinos y muchas otras gentes,
-alborotan durante los eclipses “para ahuyentar á
-los malos espíritus”.</p>
-
-<p>El cono de sombra es tan objetivo para esas formas
-sutiles, como un chorro de agua ó una columna
-de humo; pues siendo la luz el más poderoso
-agente de eterización de la materia, donde
-ella falta, es decir donde hay sombra, la materia
-es más densa y puede servir de vehículo. Cuando<span class="pagenum"><a id="Page_271"></a>[Pg 271]</span>
-se dice que la luz ahuyenta á los espectros, se expresa
-una verdad más grande de lo que parece; y
-cuando los “bárbaros” hacen ruido para producir
-un efecto igual, por estar la luna oculta, echan
-mano de un agente (el sonido) que según se ha
-visto es una fuerza primordial, pues es la que
-ordena los átomos en series armónicas. La luz y
-la música, son enemigas de la muerte.</p>
-
-<p>Muchos errores había cometido el hombre, espíritu
-puro sin conciencia, en sus engendros de la
-animalidad, así como en los tanteos para adoptar
-su propia forma; y de este modo, sobre el glutinoso
-mar primitivo, iban formándose los monstruos
-(fracasos) cuya descendencia estudia nuestra
-paleontología.</p>
-
-<p>Sobre un coágulo de temblorosa albúmina, aparecía
-de pronto un inmenso ojo azul; una pulida
-mano, que al carecer de huesos<a id="FNanchor_45" href="#Footnote_45" class="fnanchor">[45]</a> era más tierna
-aún, surgía de la antena de un molusco monstruoso;
-peces con cara humana, copos de nácar
-fluido en cuyo centro latían con intermitente fosforescencia
-glándulas pineales; serpientes engendradas
-por el simple movimiento de las olas co<span class="pagenum"><a id="Page_272"></a>[Pg 272]</span>loidales,
-y aniquiladas de pronto en una multitud
-de cabecitas de pájaro; membranas de colores esbozando
-en su tornasol complicaciones intestinales
-y vesículas natatorias...</p>
-
-<p>Los espíritus de la luna trajeron al hombre su
-experiencia, es decir le dieron la percepción mental
-que puso orden en aquella confusión; pero esto
-no bastaba; requeríase aún la conciencia y la memoria
-para que aquel espíritu tuviera responsabilidad,
-ó sea para que se individualizara del todo,
-aprendiendo á causar su propio destino.</p>
-
-<p>Entonces los espíritus solares se esparcieron por
-el planeta.</p>
-
-<p>Iban á ayudar al hermano inferior en su obra,
-que la simple ley evolucionaría habría llevado á
-término; pero que por este acto, se adelantaba hacia
-la perfección, economizando edades<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" class="fnanchor">[46]</a>. Éste
-era un deber (como lo es todo acto caritativo)
-un deber de los espíritus solares; pero muchos
-de ellos no quisieron llenarlo, por no descender
-de su rango superior. Llegó un momento, sin
-embargo, en que la ley evolucionaría los impelió
-á cumplir como fatalidad lo que habían rehusado
-<span class="pagenum"><a id="Page_273"></a>[Pg 273]</span>como deber<a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" class="fnanchor">[47]</a>; y entonces debieron encarnarse
-en las mónadas que les tocaba animar; pero éstas,
-mientras tanto, habían seguido cometiendo errores,
-que refluyeron sobre los que habrían debido
-impedirlos animándolas, y es así cómo esas mónadas
-se encontraron retrasadas en su evolución.</p>
-
-
-<p>Comprendiendo, entonces, que durante la vida
-de este globo no pueden alcanzar la perfección de
-los otros, continúan entregadas á la fatalidad, que
-es la transgresión del deber, es decir <em>haciendo mal</em>.
-El bien y el mal, las diferencias de calidad, de inteligencia,
-etc., en los hombres, quedan así explicados
-en carácter de fenómenos lógicos y productos
-de la conciencia espiritual. Así es cómo, únicamente,
-el mal no viene á ser una forma del bien,
-según el conocido sofisma deísta; y cómo el dualismo
-de Dios y de Satanás, no es tampoco un imperativo
-categórico. Hay condenados por su culpa
-(por no haber animado voluntariamente las mó<span class="pagenum"><a id="Page_274"></a>[Pg 274]</span>nadas)
-pero su condenación no es eterna, sino respecto
-al ciclo de evolución de este planeta. Los
-que han preferido obrar como fuerza ciega, son las
-víctimas de la fatalidad<a id="FNanchor_48" href="#Footnote_48" class="fnanchor">[48]</a>.</p>
-
-<p>Sólo falta por agregar ahora, que así como después
-de reingresar en la energía absoluta, el universo
-vuelve á ser materia, mundos y hombres
-hacen lo propio en ciclos equivalentes á la duración
-de sus vidas; y que de tal modo, la reencarnación
-humana resulta una ley racional y necesaria<a id="FNanchor_49" href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a>.
-Necesaria sobre todo, si á los actos de su
-corta vida no han de corresponder, contra toda
-razón y toda justicia, <em>eternidades</em> de gloria ó de
-tormento. Una sola es la ley de la vida, lo mismo
-para el insecto que para la estrella<a id="FNanchor_50" href="#Footnote_50" class="fnanchor">[50]</a>.</p>
-
-<div class="chapter">
-<div class="footnotes">
-
-<p class="p2 center big2">NOTAS:</p>
-
-<div class="footnote">
-<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[41]</a> Porque el vegetal es un reino intermedio entre los
-otros dos y participa de la naturaleza de ambos.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[42]</a> Esto explica por qué en el Génesis, Adán “da nombre”
-ó lo que es igual especifica á los animales que ya
-estaban creados por Dios; es decir que existían como meras
-potencialidades sin objetividad alguna, en la mente del espíritu
-director del planeta.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[43]</a> Ésta es la respuesta á los que objetan que ciertos insectos
-viven también con su forma adquirida, desde remotas
-edades geológicas, por más que ninguno alcance á
-la antigüedad del hombre.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[44]</a> Usamos el término como una semejanza, y advirtiendo
-que estas mónadas tienen la misma existencia incorpórea
-de los átomos, ya descripta en otro lugar, siendo substancialmente
-idénticas á los átomos minerales ó vegetales,
-pero en otro estado de vida, según los antecedentes del ser
-que las engendra.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[45]</a> No se olvide que el estado sólido no existía aún, y
-téngase presente que aun después de existir, el fosfato de
-cal un producto de los moluscos primitivos fué de los
-últimos en aparecer.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[46]</a> Éste es el origen del mito de Prometeo, un numen
-que roba fuego para los hombres. Cuando se sabe que
-Prometeo viene <em>de pro-methis</em>, “premeditación”, el mito
-resulta enteramente claro.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[47]</a> Cumplir un deber indicado por la razón, es adelantarse
-á la ley fatal, activando la vida consciente, ó sea
-produciendo un acto meritorio; pues siendo la razón un
-ser superior al hombre, si bien encarnado en él&mdash;el espíritu
-solar mismo&mdash;ella es realmente la guía del hombre. Así
-se explica satisfactoriamente el bien y la superioridad en apariencia
-paradógica de la razón humana, que, estando en
-el hombre, es superior al hombre y da leyes á su existencia.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[48]</a> Éste es el concepto del pecado cuando se lo considera
-individualmente. Pecado es ignorancia, es decir fuerza
-ciega, según la propia definición teológica.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[49]</a> Conviene no olvidar que la razón de estos regresos
-á la vida, está en la ley de causalidad puesta en acción por
-el mismo ser que sufre sus consecuencias.</p></div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[50]</a> Repetimos que toda esta cosmogonía es sólo un esquema.
-La evolución de las razas humanas, así como la explicación
-detallada de las relaciones interplanetarias, excederían
-de su objeto; pero algo me dice que he de volver á
-encontrar un día las huellas de mi augusto revelador.</p></div></div>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_275"></a>[Pg 275]</span></p>
-
-<div class="chapter">
-<h3>EPÍLOGO</h3>
-</div>
-
-
-<p>Y mi extraño interlocutor calló durante una hora
-cuyo silencio no me atreví á turbar.</p>
-
-<p>Sobre nuestras cabezas palpitaba de astros la inmensidad
-transparente y obscura. Su antigüedad
-formada por el transcurso de todos los tiempos,
-era, no obstante, ligera como un aroma; su profundidad
-estaba serena como un sueño en paz.</p>
-
-<p>En el silencio de aquella noche, ante la cordillera
-ahí erguida como una presencia superior, tenía
-realmente la elevación de una idea. Estrellas y
-sombra, infinito y eternidad, componían para mi
-mente en comunión con ellos, esa armonía del silencio
-que presta alas al éxtasis.</p>
-
-<p>Pero semejante grandeza no me anonadaba. Era
-grata por el contrario á mi pequeñez, y experimentaba
-ante ella, como ante una madre, la dulce
-seguridad de un niño desnudo.</p>
-
-<p>Los misterios cuya exposición había oído, eran
-poca cosa ante aquél mucho más grande de todos<span class="pagenum"><a id="Page_276"></a>[Pg 276]</span>
-los astros del firmamento, concentrando sus rayos
-en mi pobre ojo humano, inconcebiblemente pequeño
-ante el universo, y subordinados por la mísera
-chispa de mi cerebro al imperio de una ley;
-pues á través del frágil cristal de mi ojo, el universo
-entero estaba en mí, y todos sus astros brillaban
-en mí como si yo hubiera sido el infinito.</p>
-
-<p>Música de las esferas que el iniciado heleno concibió
-en su sistema: ¿qué necesidad tenía de oirte
-con mis orejas, si tu transporte comunicaba á mi
-ser la beatitud inefable? Espectáculo de la bóveda
-estrellada, siempre el mismo y nunca monótono
-para el humano en meditación: ¿qué mérito mayor
-podía atribuirte que el de consolar mis tristezas?
-Condición humana, dulcemente grata en tu pequeñez,
-puesto que á ella debes la dicha de adorar;
-vida del hombre, preciosa en su fugacidad de soplo,
-ya que ésta misma te acerca á la inmortalidad:
-nunca como aquella noche comprendí vuestro destino,
-uno con el infinito y siendo el infinito mismo,
-á la manera del rayo solar que tamizado por el
-más pequeño poro, lleva no obstante á la pupila la
-sensación de todo el sol.</p>
-
-<p>Mi interlocutor hizo un movimiento como si
-despertara, y alzando su mano señaló el cielo
-del sur.</p>
-
-<p>Las nubes magallánicas rozaban el horizonte<span class="pagenum"><a id="Page_277"></a>[Pg 277]</span>
-con sus lejanos tules, evocando recuerdos de navegación
-y de noches antiguas.</p>
-
-<p>Eso, dijo el sabio, aquellas manchas negras,
-sombra de la sombra, que la astronomía llama sacos
-de carbón, son sitios de futuros universos,
-abismos de pensamiento eterno donde reposa la
-eterna vida.</p>
-
-<p>¿Qué fueron, qué son, qué serán? Un silencio
-más hondo que la muerte, el silencio mismo del
-no ser, guarda ese secreto. Los rayos de todos los
-astros son impotentes para penetrar esa sombra
-cuya existencia es tan real como la de la luz, puesto
-que se destaca sobre la otra sombra que es
-diminución de luz, siendo tinieblas existentes por
-sí mismas.</p>
-
-<p>¿Cómo explica la ciencia la impenetrabilidad de
-esas sombras al rayo estelar? No lo explica. ¿Qué
-conjetura sobre su naturaleza? Nada conjetura.
-Ante esos abismos donde piensa la eternidad y no
-existe el tiempo; donde el sol más flamígero se
-apagaría como un candil en una cueva; donde el
-silencio mismo no existe, donde la extensión misma
-no es concebible&mdash;el pavor de lo absoluto
-paraliza aun al rayo de luz que la inmensidad no
-detiene.</p>
-
-<p>Pero un día, cuando nuestro universo esté quizá
-disuelto en una nubecilla atómica, el seno de<span class="pagenum"><a id="Page_278"></a>[Pg 278]</span>
-esas tinieblas se estremecerá al impulso del rayo
-inicial, y los abismos estelares volverán á transformarse
-en soles. Quizá nosotros mismos seamos
-los animadores de esa vida, y así como ahora
-pensamos ideas, pensemos entonces espíritus vivientes.</p>
-
-<p>Pero nuestras ideas son también espíritus, espíritus
-que aspiran á realizar, como los astros en el
-cielo y las flores sobre la Tierra, no la sombría
-<i lang="en" xml:lang="en">struggle for life</i> de la ciencia, sino la divina <i lang="en" xml:lang="en">struggle
-for light</i> de los seres superiores...</p>
-
-<p>Su estatura parecía haber crecido hasta sobrepasar
-la vecina montaña; no era ya más que
-una larga niebla confundiéndose con la vía láctea
-en el fondo del horizonte. Y fuese ilusión de mi
-mente sobrexcitada, ó maravillosa realidad, es lo
-cierto que sin darme cuenta del prodigio, estaba
-viendo, desde hacía un rato, emblanquecer su rostro
-entre las estrellas.</p>
-
-<p><span class="pagenum"><a id="Page_279"></a>[Pg 279]</span></p>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***</div>
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-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
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-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
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diff --git a/old/65689-h/images/cover.jpg b/old/65689-h/images/cover.jpg
deleted file mode 100644
index 7607123..0000000
--- a/old/65689-h/images/cover.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/65689-h/images/foto-leopoldo-lugones.jpg b/old/65689-h/images/foto-leopoldo-lugones.jpg
deleted file mode 100644
index 0a31b08..0000000
--- a/old/65689-h/images/foto-leopoldo-lugones.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/65689-h/images/ilo-p250.jpg b/old/65689-h/images/ilo-p250.jpg
deleted file mode 100644
index 14352eb..0000000
--- a/old/65689-h/images/ilo-p250.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ