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-The Project Gutenberg eBook of Las Fuerzas Extrañas, by Leopoldo Lugones
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Las Fuerzas Extrañas
-
-Author: Leopoldo Lugones
-
-Release Date: June 25, 2021 [eBook #65689]
-
-Language: Spanish
-
-Character set encoding: UTF-8
-
-Produced by: Delphine Lettau, Andrés V. Galia and the Distributed
- Proofreaders Canada team (http://www.pgdpcanada.net)with
- images obtained from
- https://archive.org/details/LasFuerzasExtraas
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***
-
-
- NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
-
-En la versión de texto sin formato, el texto en cursiva se indica con
-_guiones bajos_. El signo ^ representa un superíndice; así e^ representa
-la letra _e_ minúscula escrita como superíndice inmediatamente después
-del carácter precedente. Del mismo modo _{4} representa al subíndice 4.
-
-Se han corregido errores de puntuación obvios y otros errores de
-impresión.
-
-El Índice con el contenido ha sido movido del final al principio de la
-obra.
-
-El esquema presentado por el autor en el relato "Ensayo de una
-cosmogonía en diez lecciones", en la versión de texto sin formato
-ha sido modificado de su diseño original para evitar un formato de
-exhibición no admitido por los programas de lectura de textos. El
-diseño original de ese esquema está disponible en las versiones HTML,
-EPUB y MOBI, donde se han incluido como imagen.
-
-La portada del libro ha sido modificada por el transcriptor y se
-incluye en el dominio público.
-
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- * * * * *
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- LAS FUERZAS EXTRAÑAS
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- DEL AUTOR
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- LAS MONTAÑAS DEL ORO; poema (agotado).
- LA REFORMA EDUCACIONAL; polémica (agotado).
- EL IMPERIO JESUÍTICO; ensayo histórico (agotado).
- LOS CREPÚSCULOS DEL JARDÍN; versos.
- LA GUERRA GAUCHA (agotado).
-
-
- Imprenta de Coni Hermanos, Perú 684
-
-
- LEOPOLDO LUGONES
-
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-
- LAS FUERZAS EXTRAÑAS
-
-
- BUENOS AIRES
- ARNOLDO MOEN Y HERMANO, EDITORES
- Florida 323
-
- 1906
-
-
- [Ilustración: Leopoldo Lugones]
-
-
-
-
- ÍNDICE
-
-
- La fuerza Omega 5
-
- La lluvia de fuego 27
-
- Un fenómeno inexplicable 47
-
- El milagro de san Wilfrido 63
-
- El escuerzo 77
-
- La metamúsica 87
-
- El origen del diluvio 109
-
- Los caballos de Abdera 123
-
- Viola acherontia 137
-
- Yzur 151
-
- La estatua de sal 169
-
- El psychon 181
-
- Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones 201
-
- Proemio 203
- I.--El origen del universo 206
- II.--El origen de la forma 212
- III.--El espacio y el tiempo 216
- IV.--Los átomos 220
- V.--Nuestra teoría ante la ciencia 228
- VI.--La vida de la materia 237
- VII.--Los elementos terrestres 243
- VIII.--La vida orgánica 247
- IX.--La inteligencia en el universo 253
- X.--El hombre 265
-
- Epílogo 275
-
-
-
-
- LA FUERZA OMEGA
-
-
- LA FUERZA OMEGA
-
-No éramos sino tres amigos. Los dos de la confidencia, en cuyo par me
-contaba, y el descubridor de la espantosa fuerza que, sin embargo del
-secreto, preocupaba ya á la gente.
-
-El sencillo sabio ante quien nos hallábamos, no procedía de ninguna
-academia y estaba asaz distante de la celebridad. Había pasado la vida
-concertando al azar de la pobreza pequeños inventos industriales, desde
-tintas baratas y molinillos de café, hasta máquinas controladoras para
-boletos de tranvía.
-
-Nunca quiso patentar sus descubrimientos, muy ingeniosos algunos,
-vendiéndolos por poco menos que nada á comerciantes de segundo orden.
-Presintiéndose quizá algo de genial, que disimulaba con modestia casi
-fosca, tenía el más profundo desdén por aquellos pequeños triunfos.
-Si se le hablaba de ellos, concomíase con displicencia ó sonreía con
-amargura.
-
---Eso es para comer, decía sencillamente.
-
-Me había hecho su amigo por la casualidad de cierta conversación en
-que se trató de ciencias ocultas; pues mereciendo el tema la aflictiva
-piedad del público, aquéllos á quienes interesa suelen disimular su
-predilección, no hablando de ella sino con sus semejantes.
-
-Fué precisamente lo que pasó, y mi despreocupación por el qué dirán
-debió de agradar á aquel desdeñoso, pues desde entonces intimamos.
-Nuestras pláticas sobre el asunto favorito, fueron largas. Mi amigo se
-inspiraba al tratarlo, con aquel silencioso ardor que caracterizaba su
-entusiasmo y que sólo se traslucía en el brillo de sus ojos.
-
-Todavía le veo pasearse por su cuarto, recio, casi cuadrado, con su
-carota pálida y lampiña, sus ojos pardos de mirada tan singular, sus
-manos callosas de gañán y de químico á la vez.
-
-“Anda por ahí á flor de tierra, solía decirme, más de una fuerza
-tremenda cuyo descubrimiento se aproxima. De esas fuerzas interetéreas
-que acaban de modificar los más sólidos conceptos de la ciencia, y que
-justificando las afirmaciones de la sabiduría oculta, dependen cada vez
-más del intelecto humano.”
-
-La identidad de la mente con las fuerzas directrices del
-cosmos--concluía en ocasiones filosofando--es cada vez más clara;
-y día llegará en que aquélla sabrá regirlas sin las máquinas
-intermediarias, que en realidad deben de ser un estorbo. Cuando
-uno piensa que las máquinas no son sino aditamentos con que el ser
-humano se completa, llevándolas potencialmente en sí, según lo
-prueba al concebirlas y ejecutarlas, los tales aparatos resultan en
-substancia, simples modificaciones de la caña con que se prolonga
-el brazo para alcanzar un fruto. Ya la memoria suprime los dos
-conceptos fundamentales, los más fundamentales como realidad y como
-obstáculo--el espacio y el tiempo--al evocar instantáneamente un
-lugar que se vió hace diez años y que se encuentra á mil leguas; para
-no hablar de ciertos casos de bilocación telepática, que demuestran
-mejor la teoría. Si estuviera en ésta la verdad, el esfuerzo humano
-debería tender á la abolición de todo intermediario entre la mente
-y las fuerzas originales, á suprimir en lo posible la materia--otro
-axioma de filosofía oculta; mas para esto hay que poner el organismo
-en condiciones especiales, activar la mente, acostumbrarla á la
-comunicación directa con dichas fuerzas. Caso de magia. Caso que
-solamente los miopes no perciben en toda su luminosa sencillez.
-Habíamos hablado de la memoria. El cálculo demuestra también una
-relación directa; pues si calculando se llega á determinar la
-posición de un astro desconocido, en un punto del espacio, es porque
-hay identidad entre las leyes que rigen al pensamiento humano y al
-universo. Hay más todavía: es la determinación de un hecho material por
-medio de una ley intelectual. El astro tiene que estar ahí, porque así
-lo determina mi razón matemática, y esta sanción imperativa equivale
-casi á una creación.
-
-Entiendo, Dios me perdone, que mi amigo no se limitaba á teorizar
-el ocultismo, y que su régimen alimenticio, tanto como su severa
-continencia, implicaban un entrenamiento; pero nunca se franqueó sobre
-este punto y yo fuí discreto á mi vez.
-
-Habíase relacionado con nosotros, poco antes de los sucesos que voy á
-narrar, un joven médico á quien sólo faltan sus exámenes generales, que
-quizá nunca llegue á dar pues se ha dedicado á la filosofía; y éste era
-el otro confidente que debía escuchar la revelación.
-
-Fué á la vuelta de unas largas vacaciones que nos habían separado
-del descubridor. Encontrámosle algo más nervioso, pero radiante con
-una singular inspiración, y su primera frase fué para invitarnos á
-una especie de tertulia filosófica--tales sus palabras--donde debía
-exponernos el descubrimiento.
-
-En el laboratorio habitual, que presentaba al mismo tiempo un vago
-aspecto de cerrajería, y en cuya atmósfera flotaba un dejo de cloro,
-empezó la conferencia.
-
-Con su voz clara de siempre, su aspecto negligente, sus manos
-extendidas sobre la mesa como durante los discursos psíquicos, nuestro
-amigo enunció esta cosa sorprendente:
-
---He descubierto la potencia mecánica del sonido.
-
-“Saben ustedes,--agregó, sin preocuparse mayormente del efecto
-causado por su revelación--saben ustedes bastante de estas cosas para
-comprender que no se trata de nada sobrenatural. Es un gran hallazgo,
-ciertamente, pero no superior á la onda hertziana ó al rayo Roentgen.
-Á propósito--yo he puesto también un nombre á mi fuerza. Y como ella
-es la última en la síntesis vibratoria cuyos otros componentes son el
-calor, la luz y la electricidad--la he llamado la fuerza Omega”.
-
---¿Pero el sonido no es cosa distinta?, preguntó el médico.
-
---No, desde que la electricidad y la luz están consideradas ahora como
-materia. Falta todavía el calor; pero la analogía nos lleva rápidamente
-á conjeturar la identidad de su naturaleza, y veo cercano el día
-en que se demuestre este postulado para mí evidente: que si los
-cuerpos se dilatan al calentarse, ó en otros términos, si sus espacios
-intermoleculares aumentan, es porque entre ellos se ha introducido algo
-y que este algo es el calor. De lo contrario, habría que recurrir al
-vacío aborrecido por la naturaleza y por la razón.
-
-“El sonido es materia para mí, pero esto resultará mejor de la propia
-exposición de mi descubrimiento.”
-
-“La idea, vaga aunque intensa hasta el deslumbramiento, me vino--cosa
-singular--la primera vez que vi afinar una campana. Claro es que no se
-puede determinar de antemano la nota precisa de una campana, pues la
-fundición cambiaría el tono. Una vez fundida, es menester recortarla al
-torno para lo cual hay dos reglas: si se quiere bajar el tono, hay que
-disminuir la línea media llamada ”falseadura“; si subirlo, es menester
-recortar la ”pata“ ó sea el reborde, y la afinación se practica al oído
-como la de un piano. Puede bajarse hasta un tono, pero no subirse sino
-medio; pues cortando mucho la pata, el instrumento pierde su sonoridad.”
-
-“Al pensar que si la pierde no es porque deje de vibrar, me vino esta
-idea, base de todo el invento: la vibración sonora se vuelve fuerza
-mecánica y por esto deja de ser sonido; pero la cosa se precisó durante
-las vacaciones, mientras ustedes veraneaban, lo cual aumentó, con la
-soledad, mi concentración.”
-
-“Ocupábame de modificar discos de fonógrafo, y aquello me traía
-involuntariamente al tema. Había pensado construir una especie de
-diapasón para destacar, y percibir directamente por lo tanto, las
-armónicas de la voz humana, lo que no es posible sino por medio de un
-piano, y siempre con gran imperfección; cuando de repente, con claridad
-tal que en dos noches de trabajo concebí toda la teoría, el hecho se
-produjo.”
-
-“Cuando se hace vibrar un diapasón que está al mismo tono con otro,
-éste vibra también por influencia al cabo de poco tiempo, lo que
-prueba que la onda sonora, ó en otros términos el aire agitado, tiene
-fuerza suficiente para poner en movimiento el metal. Dada la relación
-que existe entre el peso, densidad y tenacidad de éste con los del
-aire, esa fuerza tiene que ser enorme; y sin embargo, no es capaz de
-mover una hebra de paja que un soplo humano aventaría, siendo á su vez
-impotente para hacer vibrar en forma perceptible el metal. La onda
-sonora es, pues, más y menos poderosa que el soplo de nuestro ejemplo.
-Esto depende de las circunstancias, y en el caso de los diapasones, la
-circunstancia debe de ser una relación molecular, puesto que si ellos
-no están al unísono, el fenómeno marra. Había, pues, que aplicar la
-fuerza sonora, á fenómenos intermoleculares.”
-
-“No creo que la concepción de la _fuerza sonora_ necesite mucho
-ingenio. Cualquiera ha sentido las pulsaciones del aire en los sonidos
-muy bajos, los que produce el nasardo de un órgano, por ejemplo. Parece
-que las dieciséis vibraciones por segundo que engendra un tubo de
-treinta y dos pies, marcan el límite inferior del sonido perceptible
-que no es ya sino un zumbido. Con menos vibraciones, el movimiento
-se vuelve un soplo de aire; el soplo que movería la brizna, pero que
-no afectaría el diapasón. Esas vibraciones bajas, verdadero viento
-melodioso, son las que hacen trepidar las vidrieras de las catedrales;
-pero no forman ya notas, propiamente hablando, y sólo sirven para
-reforzar las octavas inmediatamente superiores.”
-
-“Cuanto más alto es el sonido, más se aleja de su semejanza con
-el viento y más disminuye la longitud de su onda; pero si ha de
-considerársela como fuerza intermolecular, ella es enorme todavía
-en los sonidos más altos de los instrumentos; pues el del piano con
-el do séptimo, que corresponde á un máximum de 4200 vibraciones por
-segundo, tiene una onda de tres pulgadas. La flauta, que llega á 4700
-vibraciones, da una onda gigantesca todavía.”
-
-“La longitud de la onda depende, pues, de la altura del sonido,
-que deja ya de ser musical poco más allá de las 4700 vibraciones
-mencionadas. Despretz ha podido percibir un do, que vendría á ser el
-décimo, con 32.770 vibraciones producidas por el frote de un arco sobre
-un pequeñísimo diapasón. Yo percibo sonido aún, pero sin determinación
-musical posible, en las 45.000 vibraciones del diapasón que he
-inventado.”
-
---¡45.000 vibraciones, dije; eso es prodigioso!
-
---Pronto vas á verlo, prosiguió el inventor. Ten paciencia un instante
-todavía.
-
-Y después de ofrecernos té, que rehusamos:
-
-“La vibración sonora, se vuelve casi recta con estas altísimas
-frecuencias, y tiende igualmente á perder su forma curvilínea,
-tornándose más bien un zig-zag á medida que el sonido se exaspera. Esto
-se ha experimentado prácticamente cerdeando un violín. Hasta aquí no
-salimos de lo conocido, bien que no sea vulgar.”
-
-“Pero ya he dicho que me proponía estudiar el sonido como fuerza. He
-aquí mi teoría, que la experiencia ha confirmado.”
-
-“Cuanto más bajo es el sonido, más superficiales son sus efectos sobre
-los cuerpos. Después de lo que sabemos, esto es bien sencillo. La
-fuerza penetrante del sonido, depende, pues, de su altura; y como
-á ésta corresponde, según dije, una menor ondulación, resulta que mi
-onda sonora de 45.000 vibraciones por segundo, es casi una flecha
-ligerísimamente ondulada. Por pequeña que sea esta ondulación, siempre
-es excesiva molecularmente hablando; y como mis diapasones no pueden
-reducirse más, era menester ingeniarse de otro modo.”
-
-“Había, además, otro inconveniente. Las curvas de la onda sonora están
-relacionadas con su propagación, de tal modo que su ampliación progresa
-con gran velocidad hasta anularla como sonido, imposibilitando á la
-vez su desarrollo como fuerza; pero tanto este inconveniente, como
-el que resulta de la ondulación en sí, desaparecerían multiplicando
-la velocidad de traslación. De ésta depende que la onda no pierda
-la rectitud, que como toda curva tiene al comenzar, y al logro de
-semejante propósito concurrió una ley científica.”
-
-“Fourier, el célebre matemático francés, ha enunciado un principio
-aplicable á las ondas simples--las de mi problema--que puede traducirse
-vulgarmente así:
-
-“Cualquiera forma de onda, puede estar compuesta por cierto número de
-ondas simples de longitudes diferentes.”
-
-“Siendo ello así, si yo pudiera lanzar sucesivamente un número
-cualquiera de ondas en progresión proporcional, la velocidad de la
-primera sería la suma de las velocidades de todas juntas; la proporción
-entre las ondulaciones de aquélla y su traslación, quedaba rota con
-ventaja, y libertada por lo tanto la potencia mecánica del sonido.”
-
-“Mi aparato va á demostrarles que todo esto se puede; pero aún no les
-he dicho lo que me proponía hacer.”
-
-“Yo considero que el sonido es materia, desprendida en partículas
-infinitesimales del cuerpo sonoro, y dinamizada en tal forma, que da la
-sensación de sonido, como las partículas odoríferas dan la sensación
-del olor. Esa materia se desprende en la forma ondulatoria comprobada
-por la ciencia y que yo me proponía modificar, engendrando la onda
-aérea conocida por nosotros, del propio modo que la ondulación de una
-anguila bajo el agua, es repetida por ésta en su superficie.”
-
-“Cuando la doble onda choca con un cuerpo, la parte aérea se refleja
-contra su superficie; la etérea penetra produciendo la vibración
-del cuerpo y sin ninguna otra consecuencia, pues el éter de cuerpo
-supuesto, se dinamiza armónicamente con el de la onda, difundido en él;
-y ésta es la explicación, que se da por primera vez, de las vibraciones
-al unísono.” “Una vez rota la relación entre las ondulaciones y su
-propagación, el éter sonoro no se difunde en la masa del cuerpo, sino
-que la perfora, ya completamente, ya hasta cierta profundidad. Y aquí
-viene la explicación misma de los fenómenos que produzco.”
-
-“Todo cuerpo tiene un centro formado por la gravitación de moléculas
-que constituye su cohesión, y que representa el peso total de dichas
-moléculas. No necesito advertir que ese centro puede encontrarse en
-cualquier punto del cuerpo. Las moléculas representan aquí, lo que las
-masas planetarias en el espacio.”
-
-“Claro es que el más mínimo desplazamiento del centro en cuestión,
-ocasionará instantáneamente la desintegración del cuerpo; pero no es
-menos cierto que para efectuarlo, venciendo la cohesión molecular, se
-necesitaría una fuerza enorme, algo de que la mecánica actual no tiene
-idea, y que yo he descubierto, sin embargo.”
-
-“Tyndall ha dicho en un ejemplo gráfico, que la fuerza del puñado de
-nieve contenido en la mano de un niño, bastaría para hacer volar en
-pedazos una montaña. Calculen ustedes lo que se necesitará para vencer
-esa fuerza. Y yo desintegro bloques de granito de un metro cúbico...”
-
-Decía aquello sencillamente, como la cosa más natural, sin ocuparse
-de nuestra aquiescencia. Nosotros, aunque vagamente, íbamonos turbando
-con la inminencia de un gran revelación; pero acostumbrados al tono
-autoritario de nuestro amigo, nada replicábamos. Nuestros ojos, eso sí,
-buscaban al descuido por el taller, los misteriosos aparatos. Á no ser
-un volante de eje solidísimo, nada había que no nos fuese familiar.
-
-“Llegamos, prosiguió el descubridor, al final de la exposición. Había
-dicho que necesitaba ondas sonoras susceptibles de ser lanzadas en
-progresión proporcional, y á vuelta de muchos tanteos, que no es
-menester describrir, di con ellas.”
-
-“Eran el _do, fa, sol, do_, que según la tradición antigua constituían
-la lira de Orfeo, y que contienen los intervalos más importantes de la
-declamación, es decir, el secreto musical de la voz humana. La relación
-de estas ondas es matemáticamente 1, 4/3, 3/2, 2; y arrancadas de la
-naturaleza, sin un agregado ó deformación que las altere, son también
-una fuerza original. Ya ven ustedes que la lógica de los hechos, iba
-paralela con la de la teoría.”
-
-“Procedí entonces á construir mi aparato; mas para llegar al que usted
-en ven aquí, dijo sacando de su bolsillo un disco harto semejante á un
-reloj de níquel, ensayé diversas máquinas.”
-
-Confieso que el aparato aquél nos defraudó. La relación de magnitudes
-forma de tal modo la esencia del criterio humano, que al oir hablar de
-fuerzas enormes habíamos presentido máquinas grandiosas. Aquella cajita
-redonda, con un botón saliente en su borde y á la parte opuesta una
-boquilla, parecía cualquier cosa menos un generador de éter vibratorio.
-
-“Primero, continuó el otro sonriendo ante nuestra perplejidad, pensé
-en cosas complicadas, análogas á las sirenas de Koenig. Luego fuí
-simplificando de acuerdo con mis ideas sobre la deficiencia de las
-máquinas, hasta llegar á esto que no es sino una solución transitoria.”
-
-“La delicadeza del aparato no permite abrirlo á cada momento; pero
-ustedes deben conocerlo, añadió destornillando su tapa.”
-
-Contenía cuatro diapasoncillos, poco menos finos que cerdas,
-implantados á intervalos desiguales sobre un diafragma de madera que
-constituía el fondo de la caja. Un sutilísimo alambre se tendía y
-distendía rozándolos, bajo la acción del botón que sobresalía; y la
-boquilla de que antes hablé, era una bocina microfónica.
-
-“Los intervalos entre diapasón y diapasón, tanto como el espacio
-necesario para el juego de la cuerda que los roza, imponían al
-aparato este tamaño mínimo. Cuando ellos suenan, la cuádruple onda
-transformada en una, sale por la bocina microfónica como un verdadero
-proyectil etéreo. La descarga se repite cuantas veces aprieto el botón,
-pudiendo salir las ondas sin solución de continuidad apreciable, es
-decir mucho más próximas que las balas de una ametralladora, y formar
-un verdadero chorro de éter dinámico cuya potencia es incalculable.”
-
-“Si la onda va al centro molecular del cuerpo, éste se desintegra en
-partículas impalpables. Si no, lo perfora con un agujerillo enteramente
-imperceptible. En cuanto al roce tangencial, van á ver ustedes sus
-efectos sobre aquel volante...”
-
---...¿Qué pesa?... interrumpí.
-
---Trescientos kilogramos.
-
-El botón comenzó á actuar con ruidecito intermitente y seco, ante
-nuestra curiosidad todavía incrédula; y como el silencio era grande,
-percibimos apenas una aguda estridencia, análoga al zumbido de un
-insecto.
-
-No tardó mucho en ponerse en movimiento la mole, y ésta fué
-acelerándose de tal modo, que pronto vibró la casa entera como al
-empuje de un huracán. La maciza rueda no era más que una sombra vaga
-semejante al ala de un colibrí en suspensión, y el aire desplazado
-por ella provocaba un torbellino dentro del cuarto. El descubridor
-suspendió muy luego los efectos de su aparato, pues ningún eje habría
-aguantado mucho tiempo semejante trabajo.
-
-Mirábamonos suspensos, con una mezcla de admiración y pavor, trocada
-muy luego en desmedida curiosidad.
-
-El médico quiso repetir el experimento; pero por más que abocó la
-cajita hacia el volante, nada consiguió. Yo intenté lo propio con igual
-desventura.
-
-Creíamos ya en una broma de nuestro amigo, cuando éste dijo, poniéndose
-tan grave que casi daba en taciturno:
-
-“Es que aquí está el misterio de mi fuerza. Nadie, sino yo, puede
-usarla. Y yo mismo no sé cómo sucede.”
-
-“Defino, sí, lo que por mí pasa, como una facultad análoga á la
-puntería. Sin verlo, sin percibirlo en ninguna forma material, yo _sé_
-dónde está el centro del cuerpo que deseo desintegrar, y en la misma
-forma proyecto mi éter contra el volante.”
-
-“Prueben ustedes cuanto quieran. Quizá al fin...”
-
-Todo fué en vano. La onda etérea se dispersaba inútil. En cambio, bajo
-la dirección de su amo, llamémosle así, ejecutó prodigios.
-
-Un adoquín que calzaba la puerta rebelde, se desintegró á nuestra
-vista, convirtiéndose con leve sacudida en un montón de polvo
-impalpable. Varios trozos de hierro sufrieron la misma suerte. Y
-resultaba en verdad de un efecto mágico aquella transformación de la
-materia, sin un esfuerzo perceptible, sin un ruido, como no fuera la
-leve estridencia que cualquier rumor ahogaba.
-
-El médico, entusiasmado, quería escribir un artículo.
-
---No, dijo nuestro amigo; detesto la notoriedad, aunque no he podido
-evitarla del todo, pues los vecinos comienzan á enterarse. Además, temo
-los daños que puede causar esto...
-
---En efecto, dije; como arma sería espantoso.
-
---¿No lo has ensayado sobre algún animal? preguntó el médico.
-
---Ya sabes, respondió nuestro amigo con grave mansedumbre, que jamás
-causo dolor á ningún ser viviente.
-
-Y con esto terminó la sesión.
-
-Los días siguientes transcurrieron entre maravillas; y recuerdo como
-particularmente notable la desintegración de un vaso de agua, que
-desapareció de súbito cubriendo de rocío toda la habitación.
-
-“El vaso permanece, explicaba el sabio, porque no forma un bloque
-con el agua á causa de que no hay entre ésta y el cristal adherencia
-perfecta. Lo mismo sucedería si estuviera herméticamente cerrado. El
-líquido, convertido en partículas etéreas, sería proyectado á través de
-los poros del metal...”
-
-Así marchábamos de asombro en asombro; mas el secreto no podía
-prolongarse, y es imposible valorar lo que se perdió en el triste
-suceso cuyo relato finalizará esta historia.
-
-Lo cierto es--para qué entretenerse en cosas tristes--que una de esas
-mañanas encontramos á nuestro amigo, muerto, con la cabeza recostada en
-el respaldo de su silla.
-
-Fácil es imaginar nuestra consternación. El aparato maravilloso estaba
-ante él y nada anormal se notaba en el laboratorio.
-
-Mirábamonos sorprendidos, sin conjeturar ni lejanamente la causa de
-aquel desastre, cuando noté de pronto que la pared á la cual casi
-tocaba la cabeza del muerto, se hallaba cubierta de una capa grasosa,
-una especie de manteca.
-
-Casi al mismo tiempo mi compañero lo advirtió también, y raspando con
-su dedo sobre aquella mixtura, exclamó sorprendido:
-
---¡Esto es substancia cerebral!
-
-La autopsia confirmó su dicho certificando una nueva maravilla del
-portentoso aparato. Efectivamente, la cabeza de nuestro pobre amigo
-estaba vacía, sin un átomo de sesos. El proyectil etéreo, quién sabe
-por qué rareza de dirección ó por qué descuido, habíale desintegrado
-el cerebro, proyectándolo en explosión atómica á través de los poros
-de su cráneo. Ni un rastro exterior denunciaba la catástrofe, y aquel
-fenómeno, con todo su horror, era, á fe mía, el más estupendo de
-cuantos habíamos presenciado.
-
-Sobre mi mesa de trabajo, aquí mismo, en tanto que finalizo esta
-historia, el aparato en cuestión brilla, diríase siniestramente, al
-alcance de mi mano.
-
-Funciona perfectamente; pero el éter formidable, la substancia
-prodigiosa y homicida de la cual tengo ¡ay! tan desgraciada prueba, se
-pierde sin rumbo en el espacio, á pesar de todas mis vanas tentativas.
-En el instituto Lutz y Schultz han ensayado también sin éxito.
-
-
-
-
- LA LLUVIA DE FUEGO
-
-
- LA LLUVIA DE FUEGO
-
-
- EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOMORRA
-
-
-Recuerdo que era un día de sol hermoso, lleno del hormigueo popular
-en las calles atronadas de vehículos. Un día asaz cálido y de tersura
-perfecta.
-
-Desde mi terraza dominaba una vasta confusión de techos, vergeles
-salteados, un trozo de bahía punzado de mástiles, la recta gris de una
-avenida...
-
-Á eso de las once cayeron las primeras chispas. Una aquí, otra
-allá--partículas de cobre semejantes á las morcellas de un pábilo;
-partículas de cobre incandescente que daban en el suelo con un
-ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; el rumor urbano
-no decrecía. Únicamente los pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.
-
-Casualmente lo había advertido, mirando hacia el horizonte en un
-momento de abstracción. Primero creí en una ilusión óptica causada por
-mi miopía. Tuve que esperar largo rato para ver caer otra chispa, pues
-la luz solar anegábalas bastante; pero el cobre ardía de tal modo, que
-se destacaban asimismo. Una rapidísima vírgula de fuego, y el golpecito
-en la tierra. Así, á largos intervalos.
-
-Debo confesar que al comprobarlo, experimenté un vago terror. Exploré
-el cielo en una ansiosa ojeada. Persistía la limpidez. ¿De dónde venía
-aquel extraño granizo? ¿Aquel cobre? ¿Era cobre?...
-
-Acababa de caer una chispa en mi terraza, á pocos pasos. Extendí la
-mano; era, á no caber duda, un gránulo de cobre que tardó mucho en
-enfriarse. Por fortuna la brisa se levantaba, inclinando aquella lluvia
-singular hacia el lado opuesto de mi terraza. Las chispas eran harto
-ralas, además. Podía creerse por momentos que aquello había ya cesado.
-No cesaba. Uno que otro, eso sí, pero caían siempre los temibles
-gránulos.
-
-En fin, aquello no había de impedirme almorzar, pues era el mediodía.
-Bajé al comedor atravesando el jardín, no sin cierto miedo de las
-chispas. Verdad es que el toldo, corrido para evitar el sol, me
-resguardaba...
-
-...¿Me resguardaba? Alcé los ojos; pero un toldo tiene tantos poros,
-que nada pude descubrir.
-
-En el comedor me esperaba un almuerzo admirable; pues mi afortunado
-celibato sabía dos cosas sobre todo: leer y comer. Excepto la
-biblioteca, el comedor era mi orgullo. Ahito de mujeres y un poco
-gotoso, en punto á vicios amables nada podía esperar ya sino de la
-gula. Comía solo, mientras un esclavo me leía narraciones geográficas.
-Nunca había podido comprender las comidas en compañía; y si las mujeres
-me hastiaban, como he dicho, ya comprenderéis que aborrecía á los
-hombres.
-
-¡Diez años me separaban de mi última orgía! Desde entonces, entregado á
-mis jardines, á mis peces, á mis pájaros, faltábame tiempo para salir.
-Alguna vez, en las tardes muy calurosas, un paseo á la orilla del lago.
-Me gustaba verlo, escamado de luna al anochecer, pero esto era todo y
-pasaba meses sin frecuentarlo.
-
-La vasta ciudad libertina, era para mí un desierto donde se refugiaban
-mis placeres. Escasos amigos; breves visitas; largas horas de mesa;
-lecturas; mis peces; mis pájaros; una que otra noche tal cual orquesta
-de flautistas, y dos ó tres ataques de gota por año...
-
-Tenía el honor de ser consultado para los banquetes, y por ahí
-figuraban, no sin elogio, dos ó tres salsas de mi invención. Esto me
-daba derecho--lo digo sin orgullo--á un busto municipal, con tanta
-razón como á la compatriota que acababa de inventar un nuevo beso.
-
-Entre tanto, mi esclavo leía. Leía narraciones de mar y de nieve,
-que comentaban admirablemente, en la ya entrada siesta, el generoso
-frescor de las ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá, pues la
-servidumbre no daba muestras de notarla.
-
-De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín con un nuevo plato, no
-pudo reprimir un grito. Llegó, no obstante, á la mesa; pero acusando
-con su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda espalda un
-agujerillo, en cuyo fondo sentíase chirriar aún la chispa voraz que lo
-había abierto. Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin que
-pudiera contener sus ayes.
-
-Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí probando los platos para
-no desmoralizar á la servidumbre, aquélla se apresuró á corresponderme.
-El incidente me había desconcertado.
-
-Promediaba la siesta cuando subí nuevamente á la terraza. El suelo
-estaba ya sembrado de gránulos de cobre; mas no parecía que la lluvia
-aumentara. Comenzaba á tranquilizarme, cuando una nueva inquietud me
-sobrecogió. El silencio era absoluto. El tráfico estaba paralizado
-á causa del fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciudad. Sólo, de
-cuando en cuando, un vago murmullo de viento sobre los árboles. Era
-también alarmante la actitud de los pájaros. Habíanse apelotonado en un
-rincón, casi unos sobre otros. Me dieron compasión y decidí abrirles la
-puerta. No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados aún.
-Entonces comenzó á intimidarme la idea de un cataclismo.
-
-Sin ser grande mi erudición científica, sabía que nadie mencionó jamás
-esas lluvias de cobre incandescente. ¡Lluvias de cobre! En el aire
-no hay minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo, no dejaba
-conjeturar su procedencia. Y lo alarmante del fenómeno era esto.
-Las chispas venían de todas partes y de ninguna. Era la inmensidad
-desmenuzándose invisiblemente en fuego. Caía del firmamento el terrible
-cobre--pero el firmamento permanecía impasible en su azul. Ganábame
-poco á poco una extraña congoja; pero, cosa rara: hasta entonces
-no había pensado en huir. Esta idea se mezcló con desagradables
-interrogaciones. ¡Huir! ¿Y mi mesa, mis libros, mis pájaros, mis peces
-que acababan precisamente de estrenar un vivero, mis jardines ya
-ennoblecidos de antigüedad--mis cincuenta años de placidez, en la dicha
-del presente, en el descuido del mañana?...
-
-¿Huir...? Y pensé con horror en mis posesiones (que no conocía) del
-otro lado del desierto, con sus camelleros viviendo en tiendas de lana
-negra y tomando por todo alimento leche cuajada, trigo tostado, miel
-agria...
-
-Quedaba una fuga por el lago, corta fuga después de todo, si en el lago
-como en el desierto, según era lógico, llovía cobre también; pues no
-viniendo aquello de ningún foco visible, debía ser general.
-
-No obstante el vago terror que me alarmaba, decíame todo eso
-claramente, lo discutía conmigo mismo, un poco enervado á la verdad por
-el letargo digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y después de todo,
-algo me decía que el fenómeno no iba á pasar de allí. Sin embargo, nada
-se perdía con hacer armar el carro.
-
-En ese momento llenó el aire una vasta vibración de campanas. Y casi
-junto con ella, advertí una cosa: ya no llovía cobre. El repique era
-una acción de gracias, coreada casi acto continuo por el murmullo
-habitual de la ciudad. Ésta despertaba de su fugaz atonía, doblemente
-gárrula. En algunos barrios hasta quemaban petardos.
-
-Acodado al parapeto de la terraza, miraba con un desconocido bienestar
-solidario, la animación vespertina que era toda amor y lujo. El cielo
-seguía purísimo. Muchachos afanosos, recogían en escudillas la granalla
-de cobre, que los caldereros habían empezado á comprar. Era todo lo
-que quedaba de la gran amenaza celeste.
-
-Más numerosa que nunca, la gente de placer coloreaba las calles; y
-aún recuerdo que sonreí vagamente á un equívoco mancebo, cuya túnica
-recogida hasta las caderas en un salto de bocacalle, dejó ver sus
-piernas glabras, jaqueladas de cintas. Las cortesanas, con el seno
-desnudo según la nueva moda, y apuntalado en deslumbrante coselete,
-paseaban su indolencia sudando perfumes. Un viejo lenón, erguido
-en su carro, manejaba como si fuese una vela una hoja de estaño,
-que con apropiadas pinturas anunciaba amores monstruosos de fieras:
-ayuntamientos de lagartos con cisnes; un mono y una foca; una doncella
-cubierta por la delirante pedrería de un pavo real. Bello cartel, á fe
-mía; y garantida la autenticidad de las piezas. Animales amaestrados
-por no sé qué hechicería bárbara, y desequilibrados con opio y con
-asafétida.
-
-Seguido por tres jóvenes enmascaradas pasó un negro amabilísimo, que
-dibujaba en los patios, con polvos de colores derramados al ritmo de
-una danza, escenas secretas. También depilaba al oropimente y sabía
-dorarlas uñas.
-
-Un personaje fofo, cuya condición de eunuco se adivinaba en su
-morbidez, pregonaba al son de crótalos de bronce, cobertores de un
-tejido singular que producía el insomnio y el deseo. Cobertores cuya
-abolición habían pedido infructuosamente los ciudadanos honrados. Pues
-mi ciudad sabía gozar, sabía vivir.
-
-Al anochecer recibí dos visitas que cenaron conmigo. Un condiscípulo
-jovial, matemático cuya vida desarreglada era el escándalo de la
-ciencia, y un agricultor enriquecido. La gente sentía necesidad de
-visitarse después de aquellas chispas de cobre. De visitarse y de
-beber, pues ambos se retiraron completamente borrachos. Yo hice una
-rápida salida. La ciudad, caprichosamente iluminada, había aprovechado
-la coyuntura para decretarse una noche de fiesta. En algunas cornisas,
-alumbraban perfumando, lámparas de incienso. Desde sus balcones, las
-jóvenes burguesas, excesivamente ataviadas, se divertían en proyectar
-de un soplo á las narices de los transeúntes distraídos, tripas
-pintarrajeadas y crepitantes de cascabeles. En cada esquina se bailaba.
-De balcón á balcón cambiábanse flores y gatitos de dulce. El césped de
-los parques, palpitaba de parejas...
-
-Regresé temprano y rendido. Nunca me acogí al lecho con más grata
-pesadez de sueño.
-
-Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la garganta reseca. Había
-afuera un rumor de lluvia. Buscando algo, me apoyé en la pared, y por
-mi cuerpo corrió como un latigazo el escalofrío del miedo. La pared
-estaba caliente y conmovida por una sorda vibración. Casi no necesité
-abrir la ventana para darme cuenta de lo que ocurría.
-
-La lluvia de cobre había vuelto, pero esta vez nutrida y compacta. Un
-caliginoso vaho sofocaba la ciudad; un olor entre fosfatado y urinoso
-apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada de galerías y
-aquella lluvia no alcanzaba á las puertas.
-
-Abrí la que daba al jardín. Los árboles estaban negros, ya sin follaje;
-el piso, cubierto de hojas carbonizadas. El aire, rayado de vírgulas
-de fuego, era de una paralización mortal; y por entre aquéllas, se
-divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre celeste.
-
-Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos famularios. La
-servidumbre se había ido. Envueltas las piernas en un corbertor de
-biso, acorazándome espaldas y cabeza con una bañadera de metal que
-me aplastaba horriblemente, pude llegar hasta las caballerizas. Los
-caballos habían deaparecido también. Y con una tranquilidad que hacía
-honor á mis nervios, me di cuenta de que estaba perdido.
-
-Afortunadamente el comedor se encontraba lleno de provisiones; su
-sótano, atestado de vinos. Bajé á él. Conservaba todavía su frescura;
-hasta su fondo no llegaba la vibración de la pesada lluvia, el eco de
-su grave crepitación. Bebí una botella, y luego extraje de la alacena
-secreta el pomo de vino envenenado. Todos los que teníamos bodega
-poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni tuviéramos convidados cargosos.
-Era un licor claro é insípido, de efectos instantáneos.
-
-Reanimado por el vino, examiné mi situación. Era asaz sencilla. No
-pudiendo huir, la muerte me esperaba; pero con el veneno aquél, la
-muerte me pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible, pues era, á no
-dudarlo, un espectáculo singular. ¡Una lluvia de cobre incandescente!
-¡La ciudad en llamas! Valía la pena.
-
-Subí á la terraza, pero no pude pasar de la puerta que daba acceso á
-ella. Veía desde allí lo bastante, sin embargo. Veía y escuchaba. La
-soledad era absoluta. La crepitación no se interrumpía sino por uno que
-otro ululato de perro, ó explosión anormal. El ambiente estaba rojo,
-y á su través, troncos, chimeneas, casas, blanqueaban con una lividez
-tristísima. Los pocos árboles que conservaban follaje retorcíanse,
-negros, de un negro de estaño. La luz había decrecido un poco, no
-obstante de persistir la limpidez celeste. El horizonte estaba, esto
-sí, mucho más cerca, y como ahogado en cenizas. Sobre el lago flotaba
-un denso vapor, que algo prevenía la extraordinaria sequedad del aire.
-
-Percibíase claramente la combustible lluvia, en trazos de cobre que
-vibraban como el cordaje innumerable de un arpa, y de cuando en cuando
-mezclábanse con ella ligeras flámulas. Humaredas negras anunciaban
-incendios aquí y allá.
-
-Mis pájaros comenzaban á morir de sed y hube de bajar hasta el aljibe
-para llevarles agua. El sótano comunicaba con aquel depósito, vasta
-cisterna que podía resistir mucho al fuego celeste; mas por los
-conductos que del techo y de los patios desembocaban allá, habíase
-deslizado algún cobre y el agua tenía un gusto particular, entre natrón
-y orina, con tendencia á salarse. Bastóme levantar las trampillas
-de mosaico que cerraban aquellas vías, para cortar á mi agua toda
-comunicación con el exterior.
-
-Esa tarde y toda la noche fué horrendo el espectáculo de la ciudad.
-Quemada en sus domicilios, la gente huía despavorida para arderse
-en las calles, en la campiña desolada; y la población agonizó
-bárbaramente, con ayes y clamores de una amplitud, de un horror, de
-una variedad estupendas. No hay nada tan sublime como la voz humana.
-El derrumbe de los edificios, la combustión de tantas mercancías y
-efectos diversos, y más que todo la incineración de tantos cuerpos,
-acabaron por agregar al cataclismo el tormento de su hedor infernal. Al
-declinar el sol, el aire estaba casi negro de humo y de polvaredas. Las
-flámulas que danzaban por la mañana entre el cobre pluvial, eran ahora
-llamaradas siniestras. Empezó á soplar un viento ardentísimo, denso,
-como alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un inmenso horno
-sombrío. Cielo, tierra, aire, todo acababa. No había más que tinieblas
-y fuego. ¡Ah, el horror de aquellas tinieblas que todo el fuego, el
-enorme fuego de la ciudad ardida no alcanzaba á dominar; y aquel hedor
-de pingajos, de azufre, de grasa cadavérica en el aire seco que hacía
-escupir sangre; y aquellos clamores que no sé cómo no acababan nunca,
-aquellos clamores que cubrían el rumor del incendio, más vasto que un
-huracán, aquellos clamores en que aullaban, gemían, bramaban todas las
-bestias con un inefable pavor de eternidad!...
-
-Mi casa empezaba á arder.
-
-Bajé á la cisterna, sin haber perdido hasta entonces mi presencia de
-ánimo, pero enteramente erizado con todo aquel horror; y al verme de
-pronto en esa obscuridad amiga, al amparo de la frescura, ante el
-silencio del agua subterránea, me acometió de pronto un miedo que no
-sentía--estoy seguro--desde cuarenta años atrás, el miedo infantil de
-una presencia enemiga y difusa; y me eché á llorar, á llorar como un
-loco, á llorar de miedo, allá en un rincón, sin rubor alguno.
-
-No fué sino muy tarde, cuando al escuchar el derrumbe de un techo, se
-me ocurrió apuntalar la puerta del sótano. Hícelo así con su propia
-escalera y algunos barrotes de la estantería, devolviéndome aquella
-defensa alguna tranquilidad; no porque hubiera de salvarme, sino por la
-benéfica influencia de la acción. Cayendo á cada instante en modorras
-que entrecortaban funestas pesadillas, pasé las horas. Continuamente
-oía derrumbes allá cerca. Había encendido dos lámparas que traje
-conmigo, para darme valor, pues la cisterna era asaz lóbrega. Hasta
-llegué á comer, bien que sin apetito, los restos de un pastel. En
-cambio bebí mucha agua.
-
-De repente mis lámparas empezaron á amortiguarse, y junto con eso
-el terror, el terror paralizante esta vez, me asaltó. Había gastado
-sin advertirlo toda mi luz, pues no tenía sino aquellas lámparas. No
-advertí, al descender esa tarde, en traerlas todas conmigo.
-
-Las luces decrecieron y se apagaron. Entonces advertí que la cisterna
-empezaba á llenarse con el hedor del incendio. No quedaba otro
-remedio que salir; y luego, todo, todo era preferible á morir asfixiado
-como una alimaña en su cueva.
-
-Á duras penas conseguí alzar la tapa del sótano que los escombros del
-comedor cubrían...
-
-...Por segunda vez había cesado la lluvia infernal. Pero la ciudad ya
-no existía. Techos, puertas, gran cantidad de muros, todas las torres,
-yacían en ruinas. El silencio era colosal, un verdadero silencio de
-catástrofe. Cinco ó seis grandes humaredas empinaban aún sus penachos;
-y bajo el cielo que no se había enturbiado un momento, un cielo cuya
-crudeza azul certificaba indiferencias eternas, la pobre ciudad, mi
-pobre ciudad, muerta, muerta para siempre, hedía como un verdadero
-cadáver.
-
-La singularidad de la situación, lo enorme del fenómeno, y sin duda
-también el regocijo de haberme salvado, único entre todos, cohibían mi
-dolor reemplazándolo por una curiosidad sombría. El arco de mi zaguán
-había quedado en pie, y asiéndome de las adarajas pude llegar á su cima.
-
-No quedaba un solo resto combustible y aquello se parecía mucho á un
-escorial volcánico. Á trechos, en los parajes que la ceniza no cubría,
-brillaba con un bermejor de fuego, el metal llovido. Hacia el lado del
-desierto, resplandecía hasta perderse de vista un arenal de cobre.
-En las montañas, á la otra margen del lago, las aguas evaporadas de
-éste condensábanse en una tormenta. Eran ellas las que habían mantenido
-respirable el aire durante el cataclismo. El sol brillaba inmenso, y
-aquella soledad empezaba á agobiarme con una honda desolación, cuando
-hacia el lado del puerto percibí un bulto que vagaba entre las ruinas.
-Era un hombre, y habíame percibido ciertamente, pues se dirigía á mí.
-
-No hicimos ademán alguno de extrañeza cuando llegó, y trepando por el
-arco vino á sentarse conmigo. Tratábase de un piloto, salvado como yo
-en una bodega, pero apuñaleando á su propietario. Acababa de agotársele
-el agua y por ello salía.
-
-Asegurado á este respecto, empecé á interrogarle. Todos los barcos
-ardieron, los muelles, los depósitos; y el lago habíase vuelto amargo.
-Aunque advertí que hablábamos en voz baja, no me atreví--ignoro por
-qué--á levantar la mía.
-
-Ofrecíle mi bodega donde quedaban aún dos docenas de jamones, algunos
-quesos, todo el vino...
-
-De repente notamos una polvareda hacia el lado del desierto. La
-polvareda de una carrera. Alguna partida que enviaban, quizá, en
-socorro, los compatriotas de Adama ó de Seboim. Pronto hubimos
-de sustituir esta esperanza por un espectáculo tan desolador como
-peligroso.
-
-Era un tropel de leones, las fieras sobrevivientes del desierto, que
-acudían á la ciudad como á un oasis, furiosos de sed, enloquecidos de
-cataclismo.
-
-La sed y no el hambre era lo que los enfurecía, pues pasaron junto á
-nosotros sin advertirnos. ¡Y en qué estado venían! Nada como ellos
-demostraba tan lúgubremente la catástrofe.
-
-Pelados como gatos sarnosos, reducida á escasos chicharrones la crin,
-secos los ijares, en una desproporción de cómicos á medio vestir con la
-fiera cabezota, el rabo agudo y crispado como el de una rata que huye,
-las garras pustulosas, chorreando sangre--todo aquello decía á las
-claras sus tres días de horror bajo el azote celeste, al azar de las
-inseguras cavernas que no habían conseguido ampararlos.
-
-Rondaban los surtidores secos con un desvarío humano en sus ojos, y
-bruscamente reemprendían su carrera en busca de otro depósito, agotado
-también; hasta que sentándose por último en torno del postrero, con
-el calcinado hocico en alto, la mirada vagorosa de desolación y de
-eternidad, quejándose al cielo, estoy seguro, pusiéronse á rugir.
-
-¡Ah!... nada, ni el cataclismo con sus horrores, ni el clamor de
-la ciudad moribunda era tan horroroso como ese llanto de bestia
-sobre las ruinas. Aquellos rugidos tenían una evidencia de palabra.
-Lloraban quién sabe qué dolores de inconsciencia y de desierto á
-alguna divinidad obscura. El alma sucinta de la bestia agregaba á sus
-terrores de muerte, el pavor de lo incomprensible. Si todo estaba lo
-mismo, el sol cotidiano, el cielo eterno, el desierto familiar--¿por
-qué se ardían y por qué no había agua?... Y careciendo de toda idea
-de relación con los fenómenos, su horror era ciego, es decir, más
-espantoso. El transporte de su dolor elevábalos á cierta vaga noción de
-proveniencia, ante aquel cielo de donde había estado cayendo la lluvia
-infernal, y sus rugidos preguntaban ciertamente algo á la cosa tremenda
-que causaba su padecer. ¡Ah!... esos rugidos, lo único de grandioso
-que conservaban aún aquellas fieras disminuidas: cuál comentaban el
-horrendo secreto de la catástrofe; cómo interpretaban en su dolor
-irremediable la eterna soledad, el eterno silencio, la eterna sed...
-
-Aquello no debía durar mucho. El metal candente empezó á llover de
-nuevo, más compacto, más pesado que nunca.
-
-En nuestro súbito descenso, alcanzamos á ver que las fieras se
-desbandaban buscando abrigo bajo los escombros.
-
-Llegamos á la bodega, no sin que nos alcanzaran algunas chispas, y
-comprendiendo que aquel nuevo chaparrón iba á consumar la ruina, me
-dispuse á concluir.
-
-Mientras mi compañero abusaba de la bodega--por primera y última vez,
-á buen seguro--decidí aprovechar el agua de la cisterna en mi baño
-fúnebre; y después de buscar inútilmente un trozo de jabón, descendí á
-ella por la escalinata que servía para efectuar su limpieza.
-
-Llevaba conmigo el pomo de veneno, que me causaba un gran bienestar,
-apenas turbado por la curiosidad de la muerte.
-
-El agua fresca y la obscuridad, me devolvieron á las voluptuosidades de
-mi existencia de rico que acababa de concluir. Hundido hasta el cuello,
-el regocijo de la limpieza y una dulce impresión de domesticidad,
-acabaron de serenarme.
-
-Oía afuera el huracán de fuego. Comenzaban otra vez á caer escombros.
-De la bodega no llegaba un solo rumor. Percibí en eso un reflejo de
-llamas que entraban por la puerta del sótano, el característico tufo
-urinoso... Llevé el pomo á mis labios, y...
-
-
-
-
- UN FENÓMENO INEXPLICABLE
-
-
- UN FENÓMENO INEXPLICABLE
-
-
-Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola que se
-dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las
-recomendaciones indispensables para escapar á las horribles posadas
-de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los
-invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre,
-exigía fundamentales refacciones. Mi última peregrinación debía
-efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie sabía indicarme un
-albergue en la población hacia donde iba á dirigirme. Sin embargo,
-las circunstancias apremiaban, cuando el juez de paz que me profesaba
-cierta simpatía, vino en mi auxilio.
-
---Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo y solo. Posee una casa,
-lo mejor de la colonia, y varios terrenos de no escaso valor. Algunos
-servicios que mi cargo me puso en situación de prestarle, serán buen
-pretexto para la recomendación que usted desea, y que si es eficaz
-le proporcionará excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi
-hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele tener su luna en
-ciertas ocasiones, siendo, además, extraordinariamente reservado. Nadie
-ha podido penetrar en su casa más allá del dormitorio donde recibe
-á sus huéspedes, muy escasos por otra parte. Todo esto quiere decir
-que va usted en condiciones nada ventajosas, pero es cuanto puedo
-suministrarle. El éxito es puramente casual. Con todo, si usted quiere
-una carta de recomendación...
-
-Acepté y emprendí acto continuo mi viaje llegando al punto de destino
-horas después.
-
-Nada tenía de atrayente el lugar. La estación con su techo de tejas
-coloradas; su andén crujiente de carbonilla; su semáforo á la derecha,
-su pozo á la izquierda. En la doble vía del frente, media docena de
-vagones que aguardaban la cosecha. Más allá el galpón, bloqueado
-por bolsas de trigo. Á raíz del terraplén, la pampa con su color
-amarillento como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque diseminadas
-á lo lejos, cada una con su parva al costado; sobre el horizonte el
-festón de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica enormidad
-entonando el color rural del paisaje.
-
-Aquello era vulgarmente simétrico como todas las fundaciones recientes.
-Notábase rayas de mensura en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos
-colonos llegaban á la estafeta en busca de cartas. Pregunté á uno por
-la casa consabida, obteniendo inmediatamente las señas. Noté en el modo
-de referirse á mi huésped, que se le tenía por hombre considerable.
-
-No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras más allá, hacía el
-oeste, al extremo de un camino polvoroso que con la tarde tomaba
-coloraciones lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa,
-de cierta gallardía exótica entre las viviendas circunstantes; su
-jardín al frente; el patio interior rodeado por una pared tras la cual
-sobresalían ramas de duraznero. El conjunto era agradable y fresco;
-pero todo parecía deshabitado. En el silencio de la tarde, allá sobre
-la campiña desierta, aquella casita, no obstante sus rasgos de _chalet_
-industrioso, tenía una especie de triste dulzura, algo de sepulcro
-nuevo en el emplazamiento de un antiguo cementerio.
-
-Cuando llegué á la verja, noté que en el jardín había rosas, rosas de
-otoño cuyo perfume aliviaba como una caridad la fatigosa exhalación de
-las trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con la mano, crecía
-libremente la hierba; y una pala cubierta de óxido yacía contra la
-pared, con su cabo enteramente liado por la guía de una enredadera.
-Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y no sin cierta impresión
-vaga de temor fuí á golpear la puerta interna. Pasaron minutos. El
-viento se puso á silbar en una rendija, agravando la soledad. Á un
-segundo llamado, sentí pasos; y poco después la puerta se abría con un
-ruido de madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome.
-
-Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarle á mis anchas. Cabeza
-elevada y calva; rostro afeitado de _clergyman_; labios generosos,
-nariz austera. Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias
-superciliares, equilibraban con una recta expresión de tendencias
-impulsivas, el desdén imperioso de su mentón. Definido por sus
-inclinaciones profesionales, aquel hombre podía ser lo mismo un militar
-que un misionero. Hubiera deseado mirar sus manos para completar mi
-impresión, mas sólo podía verlas por el dorso.
-
-Enterado de la carta, me invitó á pasar, y todo el resto de mi
-permanencia, hasta la hora de comer, fué dedicado á mis arreglos
-personales. En la mesa fué donde empecé á notar algo extraño.
-
-Mientras comíamos, advertí que no obstante su perfecta cortesía, algo
-preocupaba á mi interlocutor. Su mirada invariablemente dirigida hacia
-un ángulo de la habitación, manifestaba cierta angustia; pero como
-su sombra daba precisamente en ese punto, mis miradas furtivas nada
-pudieron descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello sino una
-distracción habitual.
-
-La conversación seguía en tono bastante animado, sin embargo. Tratábase
-del cólera que por entonces azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped
-era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por haber encontrado en
-mí uno del gremio. Á este propósito, una frase del diálogo hizo variar
-su tendencia. La acción de las dosis reducidas acababa de sugerirme un
-argumento que me apresuré á exponer.
-
---La influencia que sobre el péndulo de Rutter, dije concluyendo una
-frase, ejerce la proximidad de cualquier substancia, no depende de la
-cantidad. Un glóbulo homeopático determina oscilaciones iguales á las
-que produciría una dosis quinientas ó mil veces mayor.
-
-Advertí al momento, que acababa de interesar con mi observación. El
-dueño de casa me miraba ahora.
-
---Sin embargo, respondió, Reichenbach ha contestado negativamente esa
-prueba. Supongo que ha leído usted á Reichenbach.
-
---Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he ensayado, y mi aparato,
-confirmando á Rutter, me ha demostrado que el error procedía
-del sabio alemán, no del inglés. La causa de semejante error es
-sencillísima, tanto que me sorprende cómo no dió con ella el ilustre
-descubridor de la parafina y de la creosota.
-
-Aquí, sonrisa de mi huésped; prueba terminante de que nos entendíamos.
-
---¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, ó el perfeccionado por el
-doctor Leger?
-
---El segundo, respondí.
-
---Es mejor; ¿y cuál sería, según sus investigaciones, la causa del
-error de Reichenbach?
-
---Ésta: los sensitivos con que operaba, influían sobre el aparato,
-sugestionándose por la cantidad del cuerpo estudiado. Si la oscilación
-provocada por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba una
-amplitud de cuatro líneas, las ideas corrientes sobre la relación entre
-causa y efecto _exigían_ que la oscilación aumentara en proporción con
-la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los sensitivos del barón, eran
-individuos nada versados por lo común en especulaciones científicas; y
-quienes practican experiencias así, saben cuán poderosamente influyen
-sobre tales personas las ideas tenidas por verdaderas, sobre todo
-cuando son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El péndulo
-no obedece á la cantidad, sino á la naturaleza del cuerpo estudiado
-solamente; pero cuando el sensitivo _cree_ que la cantidad influye,
-aumenta el efecto, pues toda creencia es una volición. Un péndulo,
-ante el cual el sujeto opera sin conocer las variaciones de cantidad,
-confirma á Rutter. Desaparecida la alucinación...
-
---Oh, ya tenemos aquí la alucinación, dijo mi interlocutor con
-manifiesto desagrado.
-
---No soy de los que explican todo por la alucinación, á lo menos
-confundiéndola con la subjetividad, como frecuentemente ocurre. La
-alucinación es para mí una fuerza más que un estado de ánimo, y así
-considerada, se explica por medio de ella buena porción de fenómenos.
-Creo que es la doctrina justa.
-
---Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí á Home, el
-médium, en Londres, allá por 1872. Seguí luego con vivo interés las
-experiencias de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista;
-pero la evidencia se me impuso con motivo de los fenómenos del 74.
-La alucinación no basta para explicarlo todo. Créame usted, las
-apariciones son autónomas...
-
---Permítame una pequeña digresión, interrumpí--encontrando en aquellos
-recuerdos una oportunidad para comprobar mis deducciones sobre el
-personaje; quiero hacerle una pregunta, que no exige desde luego
-contestación, si es indiscreta: ¿Ha sido usted militar?...
-
---Poco tiempo; llegué á subteniente del ejército de la India.
-
---Por cierto, la India sería para usted un campo de curiosos estudios.
-
---No; la guerra cerraba el camino del Tibet á donde hubiese querido
-llegar. Fuí hasta Cawnpore, nada más. Por motivos de salud regresé muy
-luego á Inglaterra; de Inglaterra pasé á Chile en 1879; y por último á
-este país en 1888.
-
---¿Enfermó usted en la India?
-
---Sí, respondió con tristeza el antiguo militar, clavando nuevamente
-sus ojos en el rincón del aposento.
-
---¿El cólera? insistí.
-
-Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró por sobre mí vagamente.
-Su pulgar comenzó á moverse entre los ralos cabellos de la nuca.
-Comprendí que iba á hacerme una confidencia de la cual eran prólogo
-aquellos ademanes, y esperé. Afuera chirriaba un grillo en la
-obscuridad.
-
---Fué algo peor todavía, comenzó mi huésped. Fué el misterio. Pronto
-hará cuarenta años y nadie lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué
-decirlo? No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo menos. No
-soy un triste, soy un desesperado. Mi mujer falleció hace ocho años,
-ignorando el mal que me devoraba, y afortunadamente no he tenido hijos.
-Encuentro en usted por primera vez un hombre capaz de comprenderme.
-
-Me incliné agradecido.
-
---¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, sin capilla y sin
-academia! Y no obstante, está usted todavía en los umbrales. Los
-fluidos ódicos de Reichenbach no son más que el prólogo. El caso que va
-usted á conocer, le revelará hasta dónde puede llegarse.
-
-El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas á su castellano un
-tanto gramatical. Los incisos adquirían una tendencia imperiosa, una
-plenitud rítmica extraña en aquel acento extranjero.
-
---En febrero de 1858, continuó, fué cuando perdí toda mi alegría.
-Habrá usted oído hablar de los _yoghis_, esos singulares mendigos cuya
-vida se comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los viajeros han
-popularizado sus hazañas, que sería inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué
-consiste la base de sus poderes?
-
---Creo que en la facultad de producir cuando quieren, el
-autosonambulismo, volviéndose de tal modo insensibles, videntes, etc.
-
---Es exacto. Pues bien, yo vi operar á los _yoghis_ en condiciones
-que imposibilitaban toda superchería. Llegué hasta fotografiar las
-escenas, y la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto. La
-alucinación resultaba así, imposible, pues los ingredientes químicos no
-se alucinan... Entonces quise desarrollar idénticos poderes. He sido
-siempre audaz, y luego no estaba entonces en situación de apreciar las
-consecuencias. Puse, pues, manos á la obra.
-
---¿Por cuál método?
-
-Sin responderme, continuó:
-
---Los resultados fueron sorprendentes. En poco tiempo llegué á dormir.
-Al cabo de dos años producía la traslación consciente. Pero aquellas
-prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud. Me sentía
-espantosamente desamparado, y con la seguridad de una cosa adversa
-mezclada á mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame la
-curiosidad. Estaba en la pendiente y ya no podía detenerme. Por una
-continua tensión de voluntad conseguía salvar las apariencias ante
-el mundo. Mas poco á poco, el poder despertado en mí se volvía más
-rebelde. Una distracción prolongada, ocasionaba un desdoblamiento.
-Sentía mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía á ser algo así como
-una afirmación del _no yo_, diré expresando concretamente aquel estado.
-Como las impresiones se avivaban, produciéndome angustiosa lucidez,
-resolví una noche ver mi doble. _Ver qué era lo que salía de mí, siendo
-yo mismo_, durante el sueño extático.
-
---¿Y pudo conseguirlo?
-
---Fué una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento se produjo con
-la facilidad acostumbrada. Cuando recobré la conciencia, ante mí, en
-un rincón del aposento, había una forma. Y esta forma era un mono, un
-horrible animal que me miraba fijamente.­­Desde entonces no se aparta
-de mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. Á donde quiera que _él_ va,
-_voy conmigo_, con _él_. Está siempre ahí. Me mira constantemente, pero
-no se _le_ acerca jamás, no _se_ mueve jamás, no _me_ muevo jamás...
-
-Subrayo los pronombres trocados en la última frase, tal como la oí. Una
-sincera aflicción me embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una
-sugestión atroz.
-
---Cálmese usted, le dije, aparentando confianza. La reintegración no es
-imposible.
-
---¡Oh, sí! respondió con amargura. Esto es ya viejo. Figúrese usted,
-he perdido el concepto de la unidad. Sé quedos y dos son cuatro,
-por recuerdo; pero ya no creo en ello. El más sencillo problema de
-aritmética carece de sentido para mí, pues me falta la convicción de
-la cantidad. Y todavía sufro cosas más raras. Cuando me tomo una
-mano con la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta, como si
-perteneciera á una persona que no soy yo. Á veces veo las cosas dobles,
-porque cada ojo procede sin relación con el otro...
-
-Era, á no dudarlo, un caso curioso de locura, que no excluía el más
-perfecto raciocinio.
-
---Pero en fin, ¿ese mono?... pregunté para agotar el asunto.
-
---Es negro como mi propia sombra, y melancólico al modo de un hombre.
-La descripción es exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su
-estatura es mediana, su cara como todas las caras de mono. Pero siento,
-no obstante, que se parece á mí. Hablo con entero dominio de mí mismo.
-¡Ese animal se parece á mí!
-
-Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin embargo, la idea de
-una cara simiesca formaba tan violento contraste con su rostro de
-aventajado ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta, que la
-incredulidad se imponía por esta circunstancia, más aún que por lo
-absurdo de la alucinación.
-
-Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie como adoptando una
-resolución definitiva:
-
---Voy á caminar por este cuarto, para que usted lo vea. Observe mi
-sombra, se lo ruego.
-
-Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa hasta un extremo del
-comedor y comenzó á pasearse. Entonces, la más grande de las sorpresas
-me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se movía! Proyectada sobre el
-rincón, de la cintura arriba, y con la parte inferior sobre el piso de
-madera clara, parecía una membrana alargándose y acortándose según la
-mayor ó menor proximidad de su dueño. No podía yo notar desplazamiento
-alguno bajo las incidencias de luz en que á cada momento se encontraba
-el hombre.
-
-Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura, resolví
-desimpresionarme y ver si hacía algo parecido con mi huésped, por medio
-de un experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener su silueta
-pasando un lápiz sobre el perfil de la sombra.
-
-Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro migas de pan mojado
-hasta conseguir la más perfecta adherencia posible á la pared, y de
-manera que la sombra del rostro quedase en el centro mismo de la hoja.
-Quería, como se ve, probar por la identidad del perfil entre la cara
-y su sombra (esto saltaba á la vista, pero el alucinado sostenía lo
-contrario) el origen de dicha sombra, con intención de explicar luego
-su inmovilidad teniendo asegurada una base exacta.
-
-Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron un poco al posarse en
-la mancha sombría, que por lo demás imitaba perfectamente el perfil
-de mi interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el pulso no me
-falló en el trazado. Hice la línea sin levantar la mano, con un lápiz
-Hardtmuth azul, y no despegué la hoja, concluido que hube, hasta no
-hallarme convencido por una escrupulosa observación, de que mi trazo
-coincidía perfectamente con el perfil de la sombra, y éste con el de la
-cara del alucinado.
-
-Mi huésped seguía la experiencia con inmenso interés. Cuando me
-aproximé á la mesa, vi temblar sus manos de emoción contenida. El
-corazón me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace.
-
---No mire usted, dije.
-
---¡Miraré! me respondió con un acento tan imperioso, que á pesar mío
-puse el papel ante la luz.
-
-Ambos palidecimos de una manera horrible. Allí ante nuestros ojos, la
-raya de lápiz trazaba una frente deprimida, una nariz chata, un hocico
-bestial. ¡El mono! ¡La cosa maldita!
-
-Y conste que yo no sé dibujar.
-
-
-
-
- EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO
-
-
- EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO
-
-
-El 15 de junio de 1099, cuarto día de la tercera semana, un crepúsculo
-en nimbos de sangre había visto por vigésima quinta vez al campamento
-cruzado, desplegarse como una larga línea de silencios y de tiendas
-pardas alrededor de Jerusalén, desde la puerta de Damasco hasta donde
-el Cedrón penetra en el valle de Sové que los latinos llaman valle de
-Josafat.
-
-Sobre la llanura que se extendía entre el campamento y la ciudad,
-algunos bultos denunciaban cadáveres: restos de la jornada del 13 que
-los francos libraron sobre la antemuralla.
-
-El monte Moria, alzábase frente de la puerta Esterquilinaria, al
-mediodía. Por el norte levantaban sus cumbres desoladas el Olivete y
-el monte del Escándalo donde Salomón idolatró. Entre estas cumbres,
-el valle maldito, el valle donde imperara la herejía de Belphegor y
-de Moloch; donde gimieron David y Jeremías; donde Jesucristo empezó
-su pasión; donde Joel dijo su memorable profecía: _congregabo omnes
-gentes_, etc.; donde duermen Zacarías y Absalón; el valle adonde los
-judíos van á morir de todas las partes del mundo, se abría lleno de
-sombra y de viñas negras...
-
-Las murallas de la ciudad, altas de cien palmos, escondían á la
-vista las montañas de Judea que el rey Sabio hizo poblar de cedros.
-El recinto quedaba oculto, y sólo se divisaba por sobre la línea de
-bastiones, la cumbre rojiza del Acra, la monstruosa cúpula de cobre de
-la mezquita _Gameat-el-Sakhra_ levantada por Ornar á indicación del
-patriarca Sofronio, sobre las ruinas del templo de Salomón--y algunas
-palmeras.
-
-Una agonía sedienta consumía á los soldados de la cruz. Las fuentes
-de Siloé y de Rogel estaban exhaustas. El viento salado apenas dejaba
-aproximarse las nubes hasta Jericó. Y aquello estaba tan seco, tan
-calcinado, que las mismas tumbas antiguas parecían clamar de sed.
-
-Sobre las tiendas de las huestes sitiadoras, ondeaban multicolores
-estandartes, en cuyo trapo, al impulso de la devoción y del heroísmo,
-iban germinando como futuros emblemas de gloria, las trece coronas
-y las treinta y seis cruces principales de la heráldica, desde la
-sencilla cruz patente hasta las embrolladísimas dobles y contra
-potenzadas, que llegarían luego á su máxima complicación en el bizarro
-jeroglífico de la familia Squarciafichi.
-
-Estaban allí Godofredo, Eustaquio y Balduino; los señores de Tolosa,
-de Foix, de Flandes, de Orange, de Rosellón, de San Pol, de l’Estoile,
-de Flandes y de Normandía. Ya eran todos ilustres. Guicher había
-hendido en dos un león; Godofredo había partido por la mitad un gigante
-sarraceno en el puente de Antíoco...
-
-Una tienda rasa se alzaba entre las otras. En aquella tienda un monje
-flaco y viejo que tenía un báculo de olivo, vivía mojando en lágrimas
-toda la longitud de su barba. Era Pedro el Ermitaño.
-
-Aquel monje sabía que la ciudad ilustre fundada en el 2023 año del
-mundo, era una mártir.
-
-Desde los hijos de Jebus, hasta Sesac; desde Joas hasta Manasés, hasta
-Nabucodonosor, hasta Tolomeo Lago, hasta los dos Antíocos el Grande y
-el Epifanio, hasta Pompeyo, hasta Craso, hasta Antígono, hasta Herodes,
-hasta Tito, hasta Adriano, hasta Cosroes, hasta Omar--cuánta sangre
-había manchado sus piedras, cuánta desolación había caído sobre la
-reina glorificada por la salutación de Tobías: _¡Jerusalem, civitas
-Dei, luce splendida fulgebis!_ Pedro había podido observar, como san
-Jerónimo, que en aquella ciudad no se veía un solo pájaro.
-
- * * * * *
-
-Esa tarde, un correo expedido de Kaloni, comunicó á Godofredo que en el
-puerto de Jafa acababan de anclar varias naves pisanas y genovesas, en
-las cuales venían los marineros esperados para construír las máquinas
-de guerra diseñadas por Raymundo de Foix.
-
-Acababa de hundirse el sol, cuando tomaron el camino de Arimatea cuatro
-caballeros enviados para guardar las naves recién llegadas á Jafa. Eran
-Raimundo Pileto, Acardo de Mommellou, Guillermo de Sabran y Wilfrido de
-Hohenstein á quien llamaban el caballero del blanco yelmo.
-
-Era él rubio y fuerte como un arcángel. Sobre su tarja germana, sin
-divisa como todos los escudos de aquel tiempo, se destacaba formando
-blasón pleno un lirio de estaño en campo verde. Aquel lirio en forma de
-alabarda, era el único abierto de toda la flora heráldica; pues el de
-Francia permanecía aún en botón.
-
-Pero lo extraordinario en la armadura del caballero, era su casco de
-metal blanquísimo, cuyo esplendor no velaba entre los demás la cimera
-de que carecían los yelmos de los cruzados. El nasal de aquel casco,
-dividiéndole exageradamente el entrecejo y bajando por entre sus ojos
-como un pico, daba á su faz una expresión de gerifalte.
-
-Contábase á propósito de aquella prenda, una rara historia. Decíase
-que casado su dueño á los veinte años, antes de uno mató á la esposa
-en un arrebato de celos. Descubierta luego la inocencia de la víctima,
-el señor de Ilohenstein fué en demanda de perdón á Pedro el Ermitaño,
-quien le puso en el pecho la cruz de los peregrinos.
-
-Antes de partir, quiso orar el joven en la tumba de su esposa. Sobre
-aquel sepulcro, había crecido un lirio que él decidió llevarse como
-recuerdo; mas al cortarla, la flor se transformó en un casco de plata,
-dando origen al sobrenombre del caballero. Poseídos aún del milagro que
-hizo llover lirios sobre la cabeza de Clodoveo, no tenían los camaradas
-del héroe por qué dudar de su aventura, mucho más cuando él la abonaba
-con su valentía y con un voto de castidad.
-
-La noche estaba ya densa sobre los montes. Los caballeros cruzaron al
-trote de sus cabalgaduras, como cuatro sombras en rumor de hierro, la
-garganta estéril que une á Jerusalén con Sichem y Neápolis; el torrente
-donde David tomó las cinco piedras para combatir al gigante; el valle
-del Terebinto, el de Jeremías, dolorosa entrada de los montes de
-Judea poblados de jabalíes; los arrabales de Arimatea, los de Lydia
-sembrados de aquellas palmas idumeas bajo las cuales curó Pedro al
-paralítico; y al llegar al pozo de la virgen, la llanura de Sarón,
-cubierta de alelíes y tulipanes se desplegó ante ellos desde Gaza
-hasta el Carmelo, y desde los montes de Judea hasta los de Samaría,
-denunciándose en la obscuridad con el aroma de sus flores. Tal iban
-evocando los pasajes de la sacra historia por los mismos lugares de su
-tránsito, aquellos ilustres guerreros.
-
-Wilfrido habíase rezagado un tanto. Los otros tres mantenían su piadosa
-conversación; y el señor de Sabran refirió á sus compañeros la historia
-de la ciudad adonde se dirigían.
-
-Jafa está, decía, en la heredad de Dan y es más antigua que el
-diluvio. En ella murió Noé; á ella venían las flotas de Hiram cargadas
-de cedro; en ella se embarcó Jonás para cruzar el mar, aquel _Gran
-Mar_ “que vió á Dios y retrocedió”, dice el Salmista; ella sufrió el
-peso de cinco invasiones y fué incendiada por Judas Macabeo. Allí
-resucitó Pedro á Tabita; allí Cestio y Vespasiano repletaron de oro
-sus legiones; y en su ciudadela manda ahora en nombre del Soldán,
-el feroz Abu-Djezzar-Mohamed ibn-el-Thayybel-Achary, á quien llaman
-familiarmente Abu-Djezzar, y cuyos sicarios recorren estos parajes
-buscando el rastro de los guerreros de Cristo.
-
-El señor de Mommellou añadió á su vez que Jafa había sido teatro de
-las fábulas del paganismo. Su nombre era el de una hija de Eolo; y
-San Jerónimo cuenta que le enseñaron allí la roca y el anillo en que
-Andrómeda fué entregada al monstruo de Neptuno. Plinio añade que
-Escauro llevó á Roma los huesos de dicho animal, y Pausanias refiere
-que existe todavía la fuente donde Perseo se lavó las manos cubiertas
-por la sangre del combate.
-
-Y todo lo contaron los caballeros Acardo de Mommellou y Guillermo de
-Sabran, porque sabían muchas letras de historia aprendidas en los
-pergaminos de los monasterios.
-
-De repente, al llegar junto á las ruinas de una cisterna seca,
-advirtieron que Wilfrido no iba ya con ellos. Era indudable que se
-había extraviado en tan peligroso sitio, pero no podían buscarle, pues
-de las naves que iban á custodiar dependía la toma de la ciudad santa.
-Y por si era tiempo aún, galoparon soplando sus cuernos hacia las
-murallas próximas.
-
- * * * * *
-
-Abu-Djezzar gobernaba la ciudadela. La fortaleza se levantaba,
-dominando el mar, entre un bosquecillo de nopales y de granados. Mil
-musulmanes defendíanse allí esperando auxilios de Cesárea ó de Solima.
-Los fosos estaban llenos de agua y levantados los rastrillos, que
-apenas dejaban paso á las partidas de merodeadores.
-
-Wilfrido de Ilohenstein, despojado de sus armas, fué traído ante el
-señor de la ciudadela. Era éste un musulmán de ojos aguileños y perfil
-enérgico como un hachazo.
-
---Perro, le dijo apenas le tuvo á su alcance; ya sabemos la situación
-de vuestros soldados que mueren de sed bajo los muros de Solima. Dime,
-pues lo sabes, si los cristianos abrigan todavía esperanzas.
-
-Una sonrisa heroica iluminó la juventud del caballero.
-
---Sarraceno, replicó; los condes de Flandes y de Normandía acampan al
-norte, allá mismo donde fué apedreado san Esteban; Godofredo y Tancredo
-están al Occidente; el conde de Saint-Gilles al sur, sobre el monte
-Sión. Ya sabes dónde se hallan nuestras tropas, y también que los
-soldados de Cristo no retroceden. Pues bien, óyelo Sarraceno: Antes de
-un mes, los soldados de Cristo entrarán en Jerusalén por el norte, por
-el occidente y por el mediodía.
-
-Abu-Djezzar rugió de rabia.
-
---Cortad maderos, gritó á sus soldados; haced una cruz y clavad en
-ella á este perro. ¡Que muera como su Dios!
-
-Tres horas después, los soldados venían en grupos á contemplar el
-mártir. Wilfrido de Hohenstein, clavado en una cruz muy baja, parecía
-estar muerto en pie. Desnudo enteramente, cruzado su cuerpo de rayas
-rojas, la cabeza doblada, los cabellos rubios cubriéndole los ojos,
-las manos y los pies como envueltos en púrpura, semejaba una efigie de
-altar. La muerte no conseguía ajar su juventud, realzándola más bien
-como una escarcha fina sobre un mármol artístico. El patíbulo daba al
-mar, sobre la ciudad ruinosa, desamparado bajo el cielo. Y los soldados
-admiraban en voz baja, con palabras bárbaramente desgarradas en vómitos
-guturales, aquella juventud enemiga, tan viril bajo los cabellos rubios
-ceñidos ya por una gloria de apogeos.
-
-El cuerpo de Wilfrido de Hohenstein no era ya sino un despojo. Estaba
-muy blanco, casi transparente, como un vaso de alabastro que ha dejado
-correr todo su vino; y bajo sus párpados entreabiertos, se vislumbraba
-una minúscula estrella azul.
-
-Un buitre sirio, á inmensa altura, mecíase entre los cenitales
-esplendores. Los soldados lo vieron y entonces recordaron. Aunque la
-agonía del caballero fué larga, era indudable que ya estaba muerto.
-El agá se aproximó y levantó uno de los párpados. La estrellita azul
-se había apagado en el fondo de la órbita. De la comisura labial,
-desprendíase un hilo de sangre.
-
-Nadie se atrevió á abofetearle, á pesar de que era la costumbre, porque
-su sueño apaciguaba con su inmensa blancura. Tendieron simplemente la
-cruz y empezaron á desclavarle. Pero la mano derecha resistía tanto,
-que el agá la cortó con su gumía dejándola clavada en el poste. Y como
-la cruz aquella podía servir para ajusticiar otros perros, resolvieron
-conservarla en la armería.
-
-La mano permaneció así durante un mes. Nadie se acordaba ya de aquello,
-cuando el 12 de julio de 1099, un emisario sarraceno vino en su caballo
-moribundo á decir á Abu-Djezzar que los cristianos arrojando escalas
-sobre los muros de Solima, al rayar la aurora, y encerrados en fuertes
-ingenios de madera, hacían llover sobre los fieles del Profeta un
-aguacero de aceite y pez hirviendo.
-
-Abu-Djezzar mandó afilar los alfanjes y descendió á la armería para
-inspeccionar los arneses de peones y caballeros.
-
-Lucían los hierros en la penumbra de la sala. Había allí lorigas de
-Egipto, yataganes de Damasco; lanzas españolas, largas de diez palmos;
-adargas de cuero de hipopótamo, tomadas á los nubios; estribos tajantes
-al uso berberisco y puñales bizantinos que parecían de agua.
-
-El musulmán recorría con ojo satisfecho aquel arsenal provisto por
-el califa, de tantas y tan hermosas armas. Sus babuchas sonaban en
-las lozas de la galería, y soberbiamente envuelto en su albornoz,
-examinábalo todo.
-
-Habíase quitado el turbante, y su cabeza afeitada ostentaba en el
-occipucio el penacho de cabellos por donde el ángel Gabriel le
-conduciría al Paraíso el día del juicio. Nadaban en sus ojos dos
-chispas, y bajo su labio crispado, la dentadura fijaba un brillo
-siniestro.
-
-Desde su sitio percibía la cruz disimulada en la sombra donde
-amarilleaba la mano del mártir. Y andando, andando, se encontró debajo
-de ella con la mirada fija en una de las perchas de la armería.
-
-En ese momento eran las tres de la tarde. El caballero de l’Estoile
-acababa de saltar sobre las murallas de Jerusalén.
-
-Y como el agá apareciera en la puerta, Abu-Djezzar le increpó:
-
---¡Alá los extermine! ¡Malditos perros!...
-
-No pudo concluir. La mano, espantosamente viva, se había abierto como
-una garra, retorciéndose en su clavo y enredando entre sus dedos los
-cabellos del infiel.
-
-El agá, loco de horror, huyó á lo alto de la ciudadela. Los soldados
-acudieron, mas nadie se atrevió á tocar aquella formidable reliquia que
-mantenía invenciblemente agarrada la presa enemiga.
-
-Abu-Djezzar yacía muerto al pie de la cruz, con la lengua apretada
-entre los dientes y tendidos los brazos que descuartizaba una
-convulsión.
-
-Esa misma tarde el agá hizo arrojar por sobre las murallas el siniestro
-crucifijo, sin que la mano volviera á abrirse desde entonces. Y los
-cristianos de Jafa, sabederos del hecho por un prisionero de la
-ciudadela tomado pocos días después, condujeron en procesión aquel
-trofeo erigiendo un altar al caballero del blanco yelmo, que padeció
-muerte de cruz entre los infieles el 16 de junio del año 1099 de Cristo.
-
- * * * * *
-
-Ahora, en el convento de los franciscanos de Jafa, puede verse bajo una
-urna de cristal, clavada en su trozo de madera y asiendo un puñado de
-cabellos, todavía fresca como para consolar la décima séptima agonía de
-Jerusalén, la mano blanca de san Wilfrido de Hohenstein.
-
-
-
-
- EL ESCUERZO
-
-
- EL ESCUERZO
-
-
-Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba
-la familia, me di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus
-congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis
-pedradas. Tenía horror á los sapos y era mi diversión aplastar cuantos
-podía. Así es que el pequeño y entonado batracio no tardó en sucumbir
-á los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos criados en la
-vida semi-campestre de nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio
-en lagartos y sapos. Además, la casa está situada cerca de un arroyo
-que cruza por la ciudad, lo cual contribuía á aumentar la frecuencia
-de mis relaciones con tales reptiles. Entro en estos detalles, para
-que se comprenda bien cómo me sorprendí al notar que el atrabiliario
-sapito me era enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, pues.
-Y tomando mi víctima con toda la precaución del caso, fuí á preguntar
-por ella á la vieja criada, confidente mía en las primeras empresas
-de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. El asunto había, pues,
-de interesarnos á ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre,
-sentada á la puerta de la cocina, y yo esperaba ver acogido mi relato
-con la acostumbrada benevolencia, cuando apenas hube empezado, la vi
-levantarse apresuradamente y arrebatarme de las manos el despanzurrado
-animalito.
-
---¡Gracias á Dios que no lo hayas dejado! exclamó con muestras de la
-mayor alegría. En este mismo instante vamos á quemarlo.
-
---¿Quemarlo? dije yo; ¿pero qué va á hacer, si ya está muerto?
-
---No sabes que es un escuerzo--replicó en tono misterioso mi
-interlocutora--¿y que este animalito resucita sino se quema? ¿Quién te
-mandó matarlo? ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas! Ahora voy
-á contarte lo que le pasó al hijo de mi amiga la finada Antonia, que en
-paz descanse.
-
-Mientras hablaba, había recogido y encendido algunas astillas sobre las
-cuales puso el cadáver del escuerzo.
-
-¡Un escuerzo! decía yo, aterrado bajo mi piel de muchacho travieso; ¡un
-escuerzo! Y sacudía los dedos como si el frío del sapo se me hubiera
-pegado á ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle la médula á un
-hombre de barba entera.
-
---¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquia? interrumpió
-aquí Julia con el amable desenfado de su coquetería de treinta años.
-
---De ningún modo, señorita. Es una historia _que ha pasado_.
-
-Julia sonrió.
-
---No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla...
-
---Será usted complacida, tanto más cuanto que tengo la pretensión de
-vengarme con ella de su sonrisa. Así, pues, proseguí; mientras se asaba
-mi fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su narración que es
-como sigue:
-
-Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía con el hijo único
-que había tenido de él, en una casita muy pobre, distante de toda
-población. El muchacho trabajaba para ambos, cortando madera en el
-vecino bosque, y así pasaban año tras año, haciendo á pie la jornada
-de la vida. Un día volvió, como de costumbre, por la tarde, para tomar
-su mate, alegre, sano, vigoroso, con su hacha al hombro. Y mientras lo
-hacían, refirió á su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo
-había encontrado un escuerzo, al cual no le valieron hinchazones para
-quedar hecho una tortilla bajo el ojo de su hacha.
-
-La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharle, pidiéndole que por
-favor la acompañara al sitio para quemar el cadáver del animal.
-
---Has de saber, le dijo, que el escuerzo no perdona jamás al que lo
-ofende. Si no lo queman, resucita, sigue el rastro de su matador y no
-descansa hasta que puede hacer con él otro tanto.
-
-El buen muchacho rió grandemente del cuento, intentando convencer á la
-pobre vieja de que aquello era una paparrucha buena para asustar chicos
-molestos, pero indigna de preocupar á una persona de cierta reflexión.
-Ella insistió, sin embargo, en que la acompañara á quemar los restos
-del animal.
-
-Inútil fué toda broma, toda indicación sobre lo distante del sitio,
-sobre el daño que podía causarle, siendo ya tan vieja, el sereno
-de aquella tarde de noviembre. Á toda costa quiso ir y él tuvo que
-decidirse á acompañarla.
-
-No era tan distante; unas seis cuadras á lo más. Fácilmente dieron con
-el árbol recién cortado, pero por más que hurgaron entre las astillas y
-las ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no apareció.
-
---¿No te dije? exclamó ella echándose á llorar; ya se ha ido; ahora
-ya no tiene remedio esto. ¡Mi padre San Antonio te ampare!
-
---Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán llevado las hormigas ó
-lo comería algún zorro hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar
-por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene anocheciendo y la humedad
-de los pastos es dañosa.
-
-Regresaron, pues, á la casita, ella siempre llorosa, él procurando
-distraerla con detalles sobre el maizal que prometía buena cosecha
-si seguía lloviendo; hasta volver de nuevo á las bromas y risas en
-presencia de su obstinada tristeza. Era casi de noche cuando llegaron.
-Después de un registro minucioso por todos los rincones, que excitó
-de nuevo la risa del muchacho, comieron en el patio, silenciosamente,
-á la luz de la luna, y ya se disponía él á tenderse sobre su apero
-para dormir, cuando Antonia le suplicó que por aquella noche siquiera,
-consintiese en encerrarse dentro de una caja de madera que poseía y
-dormir allí.
-
-La protesta contra semejante petición fué viva. Estaba chocha, la
-pobre, no había duda. ¡Á quién se le ocurría pensar en hacerle dormir
-con aquel calor, dentro de una caja que seguramente estaría llena de
-sabandijas!
-
-Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que como el muchacho la
-quería tanto, decidió acceder á semejante capricho. La caja era grande,
-y aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. Con gran solicitud
-fué arreglada en el fondo la cama, metióse él adentro, y la triste
-viuda tomó asiento al lado del mueble, decidida á pasar la noche en
-vela para cerrarlo apenas hubiera la menor señal de peligro.
-
-Calcula ella que sería la medianoche, pues la luna muy baja empezaba
-á bañar con su luz el aposento, cuando de repente un bultito negro,
-casi imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta que no se había
-cerrado por efecto del gran calor. Antonia se estremeció de angustia.
-
-Allí estaba, por fin, el vengativo animal, sentado sobre las patas
-traseras, como meditando un plan. ¡Qué mal había hecho el joven en
-reírse! Aquella figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna,
-se agrandaba extraordinariamente, tomaba proporciones de monstruo.
-¿Pero, si no era más que uno de los tantos sapos familiares que
-entraban cada noche á la casa en busca de insectos? Un momento respiró,
-sostenida por esta idea. Mas el escuerzo dió de pronto un saltito,
-después otro, en dirección de la caja. Su intención era manifiesta. No
-se apresuraba, como si estuviera seguro de su presa. Antonia miró con
-indecible expresión de terror á su hijo; dormía, vencido por el sueño,
-respirando acompasadamente.
-
-Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer ruido la tapa del
-pesado mueble. El animal no se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al
-pie de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en uno de los ángulos,
-y de súbito, con un salto increíble en su pequeña talla, se plantó
-sobre la tapa.
-
-Antonia no se atrevió á hacer el menor movimiento. Toda su vida se
-había concentrado en sus ojos. La luna bañaba ahora enteramente la
-pieza. Y he aquí lo que sucedió: El sapo comenzó á hincharse por
-grados, aumentó, aumentó de una manera prodigiosa, hasta triplicar
-su volumen. Permaneció así durante un minuto, en que la pobre mujer
-sintió pasar por su corazón todos los ahogos de la muerte. Después fué
-reduciéndose, reduciéndose hasta recobrar su primitiva forma, saltó
-á tierra, se dirigió á la puerta y atravesando el patio acabó por
-perderse entre las hierbas.
-
-Entonces se atrevió Antonia á levantarse, toda temblorosa. Con un
-violento ademán abrió de par en par la caja. Lo que sintió fué de tal
-modo horrible, que á los pocos meses murió víctima del espanto que le
-produjo.
-
-Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho estaba helado
-y rígido bajo la triste luz en que la luna amortajaba aquel despojo
-sepulcral, hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.
-
-
-
-
- LA METAMÚSICA
-
-
- LA METAMÚSICA
-
-
-Como hiciera varias semanas que no le veía, al encontrarle le
-interrogué:
-
---¿Estás enfermo?
-
---No; mejor que nunca y alegre como unas pascuas. ¡Si supieras lo que
-me ha tenido absorto durante estos dos meses de encierro!
-
-Pues hacía efectivamente dos meses que se le extrañaba en su círculo
-literario, en los cafés familiares y hasta en el paraíso de la Ópera,
-su predilección.
-
-El pobre Juan tenía una debilidad: la música. En sus buenos tiempos,
-cuando el padre opulento y respetado compraba palco, Juan podía
-entregarse á su pasión favorita con toda comodidad. Después acaeció
-un derrumbe--títulos bajos, hipotecas, remates... El viejo murió de
-disgusto y Juan se encontró solo en esa singular autonomía de la
-orfandad, que toca por un extremo al tugurio y por el otro á la fonda
-de dos platos, sin vino.
-
-Por no ser huésped de cárcel, se hizo empleado que cuesta más y
-produce menos; pero hay seres timoratos en medio de su fuerza, que
-temen á la vida lo bastante para respetarla, acabando por acostarse con
-sus legítimas después de haber pensado en veinte queridas.
-
-La existencia de Juan se volvió entonces acabadamente monótona. Su
-oficina, sus libros y su banqueta del paraíso, fueron para él la
-obligación y el regalo. Estudió mucho, convirtiéndose en un teorizador
-formidable. Analogías de condición y de opiniones nos acercaron, nos
-amistaron y concluyeron por unirnos en sincera afección. Lo único
-que nos separaba era la música, pues jamás entendí una palabra de
-sus disertaciones, ó mejor dicho nunca pude conmoverme con ellas,
-pareciéndome falso en la práctica lo que por raciocinio encontraba
-evidente; y como en arte la comprensión está íntimamente ligada á la
-emoción sentida, al no sentir yo nada con la música, claro está que no
-la entendía.
-
-Esto desesperaba á mi amigo cuya elocuencia crecía en proporción á mi
-incapacidad para gozar con lo que, siendo para él emoción superior,
-sólo me resultaba confusa algarabía.
-
-Conservaba de su pasado bienestar un piano, magnífico instrumento cuyos
-acordes solían comentar sus ideas cuando mi rebelde emoción fracasaba
-en la prueba.
-
---Comprendo que la palabra no alcance á expresarlo, decía, pero
-escucha; abre bien las puertas de tu espíritu; es imposible que dejes
-de entender. Y sus dedos recorrían el teclado en una especie de mística
-exaltación.
-
-Así discutíamos los sábados por la noche, alternando las disertaciones
-líricas con temas científicos en los que Juan era muy fuerte, y
-recitando versos. Las tres de la mañana siguiente era la hora habitual
-de despedirnos. Júzguese si nuestra conversación sería prolongada
-después de ocho semanas de separación.
-
---¿Y la música, Juan?
-
---Querido, he hecho descubrimientos importantes.
-
-Su fisonomía tomó tal carácter de seriedad, que le creí acto continuo.
-Pero una idea me ocurrió de pronto.
-
---¿Compones?
-
-Los ojos le fulguraron.
-
---Mejor que eso, mucho mejor que eso. Tú eres un amigo del alma y
-puedes saberlo. El sábado por la noche, como siempre, ya sabes; en
-casa; pero no lo digas á nadie, ¿eh? ¡Á nadie! añadió casi terrible.
-
-Calló un instante; luego me pellizcó confidencialmente la punta de la
-oreja, mientras una sonrisa maliciosa entreabría sus febriles labios.
-
---Allá comprenderás por fin, allá verás. Hasta el sábado, ¿no?...
-
-Y como le mirara interrogativo, añadió lanzándose sobre el estribo de
-un tranvía, pero de modo que sólo yo pudiese oirle:
-
---...¡Los colores de la música!...
-
-Era un miércoles. Me era menester esperar tres días para conocer el
-sentido de aquella prosa. ¡Los colores de la música! me decía. ¿Será
-un fenómeno de audición coloreada? ¡Imposible! Juan es un muchacho muy
-equilibrado para caer en eso. Parece excitado, pero nada revela una
-alucinación en sus facultades. Después de todo, ¿por qué no ha de ser
-verdad su descubrimiento?... Sabe mucho, es ingenioso, perseverante,
-inteligente... La música no le impide cultivar á fondo las matemáticas,
-y éstas son la sal del espíritu. En fin, esperemos.
-
-Pero no obstante mi resignación, una intensa curiosidad me embargaba;
-y el pretexto ingenuamente hipócrita de este género de situaciones, no
-tardó en presentarse.
-
-Juan está enfermo, á no dudarlo. Abandonarle en tal situación, sería
-poco discreto. Lo mejor es verle, hablarle, hacer cuanto pueda para
-impedir algo peor. Iré esta noche. Y esa misma noche fuí, aunque
-reconociendo en mi intento más curiosidad de lo que hubiese querido.
-
-Daban las nueve cuando llegué á la casa. La puerta estaba cerrada. Una
-sirvienta desconocida vino á abrirme. Pensé que sería mejor darme por
-amigo de confianza, y después de expresar las buenas noches con mi
-entonación más confidencial:
-
---¿Está Juan? pregunté.
-
---No, señor; ha salido.
-
---¿Volverá pronto?
-
---No ha dicho nada.
-
---Porque si volviera pronto, añadí insistiendo, le pediría permiso para
-esperarle en su cuarto. Soy su amigo íntimo y tengo algo urgente que
-comunicarle.
-
---Á veces no vuelve en toda la noche.
-
-Esta evasiva me reveló que se trataba de una consigna, y decidí
-retirarme sin insistir. Volví el jueves, el viernes, con igual
-resultado. Juan no quería recibirme, y esto, francamente, me
-exasperaba. El sábado me tendría fuerte, vencería mi curiosidad,
-no iría. El sábado á las nueve de la noche había dominado aquella
-puerilidad. Juan en persona me abrió.
-
---Perdona; sé que me has buscado; no estaba; tenía que salir todas las
-noches.
-
---Sí; te has convertido en personaje misterioso.
-
---Veo que mi descubrimiento te interesa de veras.
-
---No mucho, mira; pero francamente, al oirte hablar de los colores
-de la música, temí lo que hay que temer, y ahí tienes la causa de mi
-insistencia.
-
---Gracias, quiero creerte, y me apresuro á asegurarte que no estoy
-loco. Tu duda lastima mi amor propio de inventor, pero somos demasiado
-amigos para no prometerte una venganza.
-
-Mientras, habíamos atravesado un patio lleno de plantas. Pasamos bajo
-un zaguán, doblamos á la derecha, y Juan abriendo una puerta dijo:
-
---Entra; voy á pedir el café.
-
-Era el cuarto habitual, con su escritorio, su ropero, su armario de
-libros, su catre de hierro. Noté que faltaba el piano. Juan volvía en
-ese momento.
-
---¿Y el piano?
-
---Está en la pieza inmediata. Ahora soy rico; tengo dos “salones”.
-
---¡Qué opulencia!
-
-Y esto nos endilgó en el asunto.
-
-Juan, que paladeaba con deleite su café, empezó tranquilamente:
-
---Hablemos en serio. Vas á ver una cosa interesante. _'Vas á ver_,
-óyelo bien. No se trata de teorías. Las notas poseen cada cual su
-color, no arbitrario, sino real. Alucinaciones y chifladuras nada
-tienen que ver con esto. Los aparatos no mienten, y mi aparato hace
-perceptibles los colores de la música. Tres años antes de conocerte,
-emprendí las experiencias coronadas hoy por el éxito. Nadie lo sabía
-en casa, donde, por otra parte, la independencia era grande, como
-recordarás. Casa de viudo con hijos mayores... Dicho esto en forma de
-disculpa por mi reserva, que espero no atribuyas á desconfianza, quiero
-hacerte una descripción de mis procedimientos, antes de empezar mi
-pequeña fiesta científica.
-
-Encendimos los cigarrillos y Juan continuó.
-
---Sabemos por la teoría de la unidad de la fuerza, que el movimiento
-es, según los casos, luz, calor, sonido, etc.; dependiendo estas
-diferencias--que esencialmente no existen, pues son únicamente modos
-de percepción de nuestro sistema nervioso--del mayor ó menor número de
-vibraciones de la onda etérea.
-
-“Así, pues, en todo sonido hay luz, calor, electricidad latentes,
-como en toda luz hay á su vez electricidad, calor y sonido. El ultra
-violeta del espectro, señala el limite de la luz y es ya calor, que
-cuando llegue á cierto grado se convertirá en luz... Y la electricidad
-igualmente. ¿Por qué no ocurriría lo mismo con el sonido? me dije; y
-desde aquel momento quedó planteado mi problema.”
-
-“La escala musical está representada por una serie de números cuya
-proporción, tomando al do como unidad, es bien conocida; pues la
-armonía se halla constituida por proporciones de número, ó en otros
-términos se compone de la relación de las vibraciones aéreas por un
-acorde de movimientos desemejantes.”
-
-“En todas las músicas sucede lo mismo, cualquiera que sea su
-desarrollo. Los griegos que no conocían sino tres de las consonancias
-de la escala, llegaban á idénticas proporciones: 1 á 2, 3 á 2, 4 á
-3. Es, como observas, matemático. Entre las ondulaciones de la luz
-tiene que haber una relación igual, y es ya vieja la comparación. El
-1 del do, está representado por las vibraciones de 369 millonésimas
-de milímetro que engendran el violado, y el 2 de la octava por el
-duplo; es decir, por las de 738 que producen el rojo. Las demás notas,
-corresponden cada una á un color.”
-
-“Ahora bien, mi raciocinio se efectuaba de este modo.”
-
-“Cuando oímos un sonido, no miramos la luz, no palpamos el calor, no
-sentimos la electricidad que produce, porque las ondas caloríficas,
-luminosas y eléctricas son imperceptibles por su propia amplitud. Por
-la misma razón no oímos cantar la luz, aunque la luz canta real y
-verdaderamente, cuando sus vibraciones que constituyen los colores,
-forman proporciones armónicas. Cada percepción tiene un límite de
-intensidad, pasado el cual se convierte en impercepción para nosotros.
-Estos límites no son coincidentes en la mayoría de los casos, lo
-cual obedece al progresivo trabajo de diferenciación efectuado por
-los sentidos en los organismos superiores; de tal modo que si al
-producirse una vibración, no percibimos más que uno de los movimientos
-engendrados, es porque los otros, ó han pasado el limite máximo, ó no
-han alcanzado el límite mínimo de la percepción. Á veces se consigue,
-sin embargo, la simultaneidad. Así, vemos el color de una luz, palpamos
-su calor y medimos su electricidad...”
-
-Todo esto era lógico; pero en cuanto al sonido, tenía una objeción muy
-sencilla que hacer y la hice:
-
---Es claro; y si con el sonido no sucede así, es porque se trata de
-una vibración aérea, mientras que las otras son vibraciones etéreas.
-
---Perfectamente; pero la onda aérea provoca vibraciones etéreas,
-puesto que al propagarse conmueve al éter intermedio entre molécula
-y molécula de aire. ¿_Qué es_ esta segunda vibración? Yo he llegado á
-demostrar que es luz. ¿Quién sabe si mañana un termómetro ultrasensible
-no averiguará las temperaturas del sonido?
-
-“Un sabio injustamente olvidado, Louis Lucas, dice lo que voy á leer,
-en su _Chimie Nouvelle_:”
-
-“Si se estudia con cuidado las propiedades del monocordio, se nota que
-en toda jerarquía sonora no existen, en realidad, más que tres puntos
-de primera importancia: la tónica, la quinta y la tercia, siendo la
-octava reproducción de ellas á diversa altura, y permaneciendo en
-las tres resonancias la tónica como punto de apoyo; la quinta es su
-antagonista y la tercia un punto indiferente, pronto á seguir á aquél
-de los dos contrarios que adquiera superioridad.”
-
-“Esto es también lo que hallamos en tres cuerpos simples, cuya
-importancia relativa no hay necesidad de recordar: el hidrógeno, el
-ázoe y el oxígeno. El primero por su negativismo absoluto en presencia
-de los otros metaloides, por sus propiedades esencialmente básicas,
-toma el sitio de la tónica ó reposo relativo; el oxígeno, por sus
-propiedades antagónicas, ocupa el lugar de la quinta; y por fin, la
-indiferencia bien conocida del ázoe, le asigna el rol de la tercia.”
-“Ya ves que no estoy solo en mis conjeturas, y que ni siquiera voy tan
-lejos; mas lleguemos cuanto antes á la narración de la experiencia.”
-
-“Ante todo, tenía tres caminos: ó colar el sonido á través de
-algún cuerpo que lo absorbiera, no dejando pasar sino las ondas
-luminosas--algo semejante al carbón animal para los colorantes
-químicos; ó construir cuerdas tan poderosas, que sus vibraciones
-pudieran contarse, no por miles sino por millones de millones en cada
-segundo, para producir mi música en luz; ó reducir la expansión de
-la onda luminosa, invisible en el sonido, contenerla en su marcha,
-reflejarla, reforzarla hasta hacerla alcanzar un límite de percepción,
-y verla sobre una pantalla convenientemente dispuesta.”
-
-“De los tres métodos probables, excuso decirte que he adoptado el
-último; pues los dos primeros requerirían un descubrimiento previo cada
-uno, mientras que el tercero es una aplicación de aparatos conocidos.”
-
-_¡Age dum!_ prosiguió evocando su latín, mientras abría la puerta
-del segundo aposento. Aquí tienes mi aparato, añadió, al paso que me
-enseñaba sobre un caballete una caja como de dos metros de largo,
-enteramente parecida á un féretro. Por uno de sus extremos sobresalía
-el pabellón paraboloide de una especie de clarín. En la tapa, cerca de
-la otra extremidad, resaltaba un trozo de cristal que me pareció la
-faceta de un prisma. Una pantalla blanca coronaba el misterioso cajón,
-sobre un soporte de metal colocado hacia la mitad de la tapa.
-
-Juan se apoyó sobre el aparato y yo me senté en la banqueta del piano.
-
---Oye con atención.
-
---Ya te imaginas.
-
---El pabellón que aquí ves, recoge las ondas sonoras. Este pabellón
-toca al extremo de un tubo de vidrio negro, de dobles paredes, en el
-cual se ha llevado el vacío á una millonésima de atmósfera. La doble
-pared del tubo está destinada á contener una capa de agua. El sonido
-muere en él y en el denso almohadillado que lo rodea. Queda sólo la
-onda luminosa cuya expansión debo reducir para que no alcance la
-amplitud suprasensible. El vidrio negro lo consigue; y ayudado por la
-refracción del agua, se llega á una reducción casi completa. Además el
-agua tiene por objeto absorber el calor que resulta.
-
---¿Y por qué el vidrio negro?
-
---Porque la luz negra tiene una vibración superior á la de todas las
-otras, y como por consiguiente el espacio entre movimiento y movimiento
-se restringe, las demás no pueden pasar por los intersticios y se
-reflejan. Es exactamente análogo á una trinchera de trompos que
-bailan conservando distancias proporcionales á su tamaño. Un trompo
-mayor, aunque animado de menor velocidad, intenta pasar; pero se
-produce un choque que lo obliga á volver sobre sí mismo.
-
---Y los otros, ¿no retroceden también?
-
---Ése es el percance que el agua está encargada de prevenir.
-
---Muy bien; continúa.
-
---Reducida la onda luminosa, se encuentra al extremo del tubo con un
-disco de mercurio engarzado á aquél, cuyo disco la detiene en su marcha.
-
---Ah, el inevitable mercurio.
-
---Sí, el mercurio. Cuando el profesor Lippmann lo empleó para
-corregir las interferencias de la onda luminosa en su descubrimiento
-de la fotografía de los colores, aproveché el dato; y el éxito no
-tardó en coronar mis previsiones. Así, pues, mi disco de mercurio
-contiene la onda en marcha por el tubo, y la refleja hacia arriba
-por medio de otro acodado. En este segundo tubo, hay dispuestos tres
-prismas _infrangibles_, que refuerzan la onda luminosa hasta el grado
-requerido para percibirla como sensación óptica. El número de prismas
-está determinado por tanteo, á ojo, y el último de ellos, cerrando
-el extremo del tubo, es el que ves sobresalir aquí. Tenemos, pues,
-suprimida la vibración sonora, reducida la amplitud de la onda
-luminosa, contenida su marcha y reforzada su acción. No nos queda más
-que verla.
-
---¿Y se ve?
-
---Se ve, querido; se ve sobre esta pantalla; pero falta algo aún. Este
-algo es mi piano cuyo teclado he debido transformar en series de siete
-blancas y siete negras, para conservar la relación verdadera de las
-transposiciones de una nota tónica á otra; relación que se establece
-multiplicando la nota por el intervalo del semitono menor.
-
-“Mi piano queda convertido, así, en un instrumento exacto, bien que
-de dominio mucho más difícil. Los pianos comunes, construidos sobre
-el principio de la gama temperada que luego recordaré, suprimen la
-diferencia entre los tonos y los semitonos mayores y menores, de suerte
-que todos los sones de la octava se reducen á doce, cuando son catorce
-en realidad. El mío es un instrumento exacto y completo.”
-
-“Ahora bien, esta reforma, equivale á abolir la gama temperada de uso
-corriente, bien que sea, como dije, inexacta; y á la cual se debe en
-justicia el enorme progreso alcanzado por la música instrumental desde
-Sebastián Bach, quien le consagró cuarenta y ocho composiciones. Es
-claro, ¿no?”
-
---¡Qué sé yo de todo eso! Lo que estoy viendo es que me has elegido
-como se elige una pared para rebotar la pelota.
-
---Creo ocioso recordarte que uno no se apoya sino sobre lo que resiste.
-
-Callamos sonriendo, hasta que Juan me dijo:
-
---¿Sigues creyendo, entonces, que la música no expresa nada?
-
-Ante esta insólita pregunta que desviaba á mil leguas el argumento de
-la conversación, le pregunté á mi vez:
-
---¿Has leído á Hanslick?
-
---Sí, ¿por qué?
-
---Porque Hanslick, cuya competencia critica no me negarás, sostiene que
-la música no expresa nada, que sólo evoca sentimientos.
-
---¿Eso dice Hanslick? Pues bien, yo sostengo sin ser ningún critico
-alemán, que la música es la expresión matemática del alma.
-
---Palabras...
-
---No, hechos perfectamente demostrables. Si multiplicas el semidiámetro
-del mundo por 36, obtienes las cinco escalas musicales de Platón,
-correspondientes á los cinco sentidos.
-
---¿Y por qué 36?
-
---Hay dos razones; una matemática, la otra psíquica. Según la primera,
-se necesita treinta y seis números para llenar los intervalos de las
-octavas, las cuartas y las quintas hasta 27, con números armónicos.
-
---¿Y por qué 27?
-
---Porque 27 es la suma de los números cubos 1 y 8; de los lineales 2
-y 3; y de los planos 4 y 9--es decir, de las bases matemáticas del
-universo. La razón psíquica consiste en que ese número 36, total de los
-números armónicos, representa, además, el de las emociones humanas.
-
---¿Cómo?
-
---El veneciano Gozzi, Gœthe y Schiller, afirmaban que no deben existir
-sino treinta y seis emociones dramáticas. Un erudito, J. Polti,
-demostró el año 94, si no me equivoco, que la cantidad era exacta y que
-el número de emociones humanas no pasaba de treinta y seis.
-
---¡Es curioso!
-
---En efecto; y más curioso si se tiene en cuenta mis propias
-observaciones. La suma ó valor absoluto de las cifras de 36, es 9,
-número irreductible; pues todos sus múltiplos lo repiten si se efectúa
-con ellos la misma operación. El 1 y el 9 son los únicos números
-absolutos ó permanentes; y de este modo, tanto 27 como 36, iguales á 9
-por el valor absoluto de sus cifras, son números de la misma categoría.
-Esto da origen, además, á una proporción, 27, ó sea el total de las
-bases geométricas, es á 36, total de las emociones humanas, como x, el
-alma, es al absoluto 9. Practicada la operación, se averigua que el
-término desconocido es 6. Seis, fíjate bien; el doble ternario que en
-la simbología sagrada de los antiguos, significaba el equilibrio del
-universo. ¿Qué me dices?
-
-Su mirada se había puesto luminosa y extraña.
-
---El universo es música, prosiguió animándose. Pitágoras tenía razón,
-y desde Timeo hasta Kepler todos los pensadores han presentido esta
-armonía. Eratóstenes llegó á determinar la escala celeste, los tonos
-y semitonos entre astro y astro. Yo creo tener algo mejor; pues
-habiendo dado con las notas fundamentales de la música de las esferas,
-¡reproduzco en colores geométricamente combinados, el esquema del
-Cosmos!...
-
-¿Qué estaba diciendo aquel alucinado? ¿Qué torbellino de extravagancias
-se revolvía en su cerebro...? Casi no tuve tiempo de advertirlo, cuando
-el piano empezó á sonar.
-
-Juan volvió á ser el inspirado de otro tiempo en cuanto sus dedos
-acariciaron las teclas.
-
---Mi música, iba diciendo, se halla formada por los acordes de tercia
-menor introducidos en el siglo XVII y que Mozart mismo consideraba
-imperfectos, á pesar de que es todo lo contrario; pero su recurso
-fundamental está constituido por aquellos acordes inversos que hicieron
-calificar de música de los ángeles la música de Palestina...
-
-En verdad, hasta mi naturaleza refractaria se conmovía con aquellos
-sones. Nada tenían de común con las armonías habituales, y aun podía
-decirse que no eran música en realidad; pero lo cierto es que sumergían
-el espíritu en un éxtasis sereno, como quien dice formado de antigüedad
-y de distancia.
-
-Juan continuaba:
-
---Observa en la pantalla la distribución de colores que acompaña á la
-emisión musical. Lo que estás escuchando es una armonía en la cual
-entran las notas específicas de cada planeta del sistema, y este
-sencillo conjunto termina con la sublime octava del sol, que nunca
-me he atrevido á tocar, pues temo producir influencias excesivamente
-poderosas. ¿No sientes algo extraño?
-
-Sentía, en efecto, como si la atmósfera de la habitación estuviese
-conmovida por presencias invisibles. Ráfagas sordas cruzaban su ámbito.
-Y entre la beatitud que me regalaba la grave dulzura de aquella
-armonía, una especie de aura eléctrica iba helándome de pavor. Pero
-no distinguía sobre la pantalla otra cosa que una vaga fosforescencia
-y como esbozos de figuras... De pronto comprendí. En la común
-exaltación, habíasenos olvidado apagar la lámpara.
-
-Iba á hacerlo, cuando Juan gritó enteramente arrebatado, entre un son
-estupendo del instrumento:
-
---¡Mira ahora!
-
-Yo también lancé un grito, pues acababa de suceder algo terrible.
-
-Una llama deslumbradora brotó del foco de la pantalla. Juan, con
-el pelo erizado, se puso de pie, espantoso. Sus ojos acababan de
-evaporarse como dos gotas de agua bajo aquel haz de dardos flamígeros,
-y él, insensible al dolor, radiante de locura, exclamaba tendiéndome
-los brazos:
-
---¡La octava del sol, muchacho, la octava del sol!
-
-
-
-
- EL ORIGEN DEL DILUVIO
-
-
- EL ORIGEN DEL DILUVIO
-
-
- NARRACIÓN DE UN ESPÍRITU
-
-
-...La Tierra acababa de experimentar su primera incrustación sólida
-y hallábase todavía en una obscura incandescencia. Mares de ácido
-carbónico batían sus continentes de litio y de aluminio, pues éstos
-fueron los primeros sólidos que formaron la costra terrestre. El azufre
-y el boro figuraban también en débiles vetas.
-
-Así el globo entero brillaba como una monstruosa bola de plata. La
-atmósfera era de fósforo con vestigios de flúor y de cloro. Llamas de
-sodio, de silicio, de magnesio, constituían la luminosa progenie de
-los metales. Aquella atmósfera relumbraba tanto como una estrella,
-presentando un espesor de muchos millares de kilómetros.
-
-Sobre esos continentes y en semejantes mares, había ya vida organizada,
-bien que bajo formas inconcebibles ahora; pues no existiendo aún
-el fosfato de cal, dichos seres carecían de huesos. El oxígeno y el
-nitrógeno, que con algunos rastros de berilo entraban en la composición
-de tales vidas, completaban los únicos catorce cuerpos constituyentes
-del planeta. Así, todo era en él extremadamente sencillo.
-
-La actividad de los seres que poseían inteligencia, no era menos
-intensa que ahora, sin embargo, si bien de mucho menor amplitud; y
-no obstante su constitución de moluscos, vivían, obraban, sentían,
-de un modo análogo al de la humanidad presente. Habían llegado, por
-ejemplo, á construír enormes viviendas con rocas de litio; y el sudor
-de sus cuerpos oxidaba el aluminio en copos semejantes al amianto
-incandescente.
-
-Su estructura blanda, era una consecuencia del medio poco sólido en que
-tomaron origen, así como de la ligereza específica de los continentes
-que habitaban. Poseían también la aptitud anfibia; pero como debían
-resistir aquellas temperaturas, y mantenerse en formas definidas bajo
-la presión de la profunda atmósfera, su estructura manteníase recia en
-su misma fluidez.
-
-Esbozos de hombres, más bien que hombres propiamente dichos, ó especie
-de monos gigantescos y huecos, tenían la facilidad de reabsorberse en
-esferas de gelatina ó la de expandirse como fantasmas hasta volverse
-casi una niebla. Esto último constituía su tacto, pues necesitaban
-incorporar los objetos á su ser, envolviéndolos enteramente para
-sentirlos. En cambio poseían la doble vista de los sonámbulos actuales.
-Carecían de olfato, gusto y oído. Eran perversos y formidables, los
-peores monstruos de aquella primitiva creación. Sabían emanar de sus
-fluidos organismos, seres cuya vida era breve pero dañina, semejantes
-á las carroñas que dan vida á los gusanos. Fueron los gigantes de que
-hablan las leyendas.
-
-Construían sus ciudades como los caracoles sus conchas, de modo que
-cada vivienda era una especie de caparazón exudada por su habitante.
-Así, las casas resultaban grupos de bóvedas y las ciudades parecían
-cúmulos de nubes brillantes. Eran tan altas como éstas, pero no se
-destacaban en el cielo azul, pues el azul no existía entonces, porque
-faltaba el aire. La atmósfera sólo se coloreaba de anaranjado y de rojo.
-
-Apenas dos ó tres especies de aves cuyas alas no tenían plumas, sino
-escamas como las de las mariposas, y cuyo tornasol preludiaba el oro
-inexistente, remontaban su vuelo por la atmósfera fosfórica.
-
-Era ésta tan elevada, y el vuelo tan vasto, que las llevaba cerca
-de la luna. El arrebato magnético del astro, solía embriagarlas; y
-como éste poseía entonces una atmósfera en contacto con la terrestre,
-afrontábanla en ímpetu temerario yendo á caer exánimes sobre sus campos
-de hielo.
-
-Una vegetación de hongos y de líquenes gigantes arraigaba en las aún
-mal seguras tierras; y no lejanos todavía del animal, en la primitiva
-confusión de los orígenes, algunos sabían trasladarse por medio de
-tentáculos; tenían otros, á guisa de espinas, picos de ave, que estaban
-abriéndose y cerrándose; otros fosforecían á cualquier roce; otros
-frutaban verdaderas arañas que se iban caminando y producían huevos de
-los cuales brotaba otra vez el vegetal progenitor. Eran singularmente
-peligrosos los cactus eléctricos que sabían proyectar sus espinas.
-
-Los elementos terrestres se encontraban en perpetua instabilidad.
-Surgían y fracasaban por momentos, disparatadas alotropías. La presión
-enorme apenas dejaba solidificarse escasos cuerpos. Las rocas actuales
-dormían el sueño de la inexistencia. Las piedras preciosas no eran sino
-colores en las fajas del espectro.
-
-Así las cosas, sobrevino la catástrofe que los hombres llamaron después
-diluvio; pero ella no fué una inundación acuosa, si bien la causó una
-invasión del elemento líquido. El agua tuvo intervención de otro modo.
-
-Ahora bien, es sabido que los cuerpos, bajo ciertas circunstancias,
-pueden variar sus caracteres específicos hasta perderlos casi todos con
-excepción del peso; y esto es lo que recibe el nombre de alotropía.
-El ejemplo clásico del fósforo rojo y del fósforo blanco, debe ser
-recordado aquí: el blanco es ávido de oxígeno, tóxico y funde á los
-44°; el rojo es casi indiferente al oxígeno, inofensivo é infusible,
-sin contar otros caracteres que acentúan la diferencia. Sin embargo,
-son el mismo cuerpo. Podría citarse además el diamante y el carbón,
-para no hablar de las diversas especies de hierro, de plata, que son
-también estados alotrópicos.
-
-Nadie ignora, por otra parte, que el calor multiplica las afinidades de
-la materia, haciendo posibles, por ejemplo, las combinaciones del ázoe
-y del carbono con otros cuerpos, cosa que no sucede á la temperatura
-ordinaria; y conviene recordar además, que basta la presencia en un
-cuerpo de partículas pertenecientes á algunos otros, para cambiar sus
-propiedades ó comunicarles nuevas--siendo particularmente interesante á
-este respecto lo que sucede al aluminio puesto en contacto por choque,
-con el mercurio; pues basta eso para que se oxide en seco, descomponga
-el agua y sea atacado por los ácidos nítrico y sulfúrico, al revés
-exactamente de lo que le pasa cuando no existe tal contacto.
-
-Á estas causas de variabilidad de los cuerpos, es menester añadir la
-presión, capaz por sí sola de disgregar los sólidos hasta licuarlos,
-cualquiera que sea su maleabilidad, y sin exceptuar al mismo acero,
-pues nada más que con la presión se ha llegado á convertirlo en una
-masa blanduzca, trabajándolo con entera comodidad.
-
-Mencionaremos, por último, una extraña propiedad que los químicos
-llaman acción catalítica, ó en términos vulgares, acción de presencia,
-y por medio de la cual ciertos cuerpos provocan combinaciones de otros,
-sin tomar parte en las mismas. Entre éstos, uno de los más activos, y
-el que interviene en mayor número de casos, es el vapor de agua. Los
-datos que anteceden, nos ponen ya en situación de explicar el fenómeno
-al cual están dedicadas estas líneas.
-
-Sucedió por entonces que la atmósfera terrestre, condensándose en torno
-al globo, empezó á ejercer una atracción progresiva sobre la atmósfera
-de la luna. Al cabo de cierto tiempo, esta atmósfera no pudo resistir á
-aquella atracción, y empezó á incorporar con la nuestra sus elementos
-más ligeros. La falta de presión causada por este fenómeno, vaporizó
-los mares de la luna que estaban helados hacía muchos siglos; y una
-niebla fría, á muchos grados bajo nuestro cero termométrico, rodeó al
-astro muerto como un sudario.
-
-Cierto día el vapor acuoso se precipitó en la atmósfera terrestre, y
-ésta vió aumentado su peso en varios miles de millones de toneladas.
-Á tal fenómeno, unióse la acción catalítica del vapor, y entonces fué
-cuando empezaron á disgregarse los sólidos terrestres.
-
-Un ablandamiento progresivo, dió á todos la consistencia del yeso;
-pero cuando el fénomeno siguió, deleznándose aquéllos en una especie
-de lodo, empezó la catástrofe. Las montañas fueron aplastándose por su
-propio peso, hasta degenerar en médanos que el viento arrasaba. Las
-mansiones de los gigantes volviéronse polvo á su vez, y pronto hubo de
-observarse con horror que el elemento líquido cambiaba de estado en la
-forma más extraordinaria; secábase sin desaparecer, volviéndose también
-polvo por la disgregación de sus moléculas, y se confundía con el otro
-en un solo cuerpo, seco y fluido á la vez--sin olor, sin color y sin
-temperatura.
-
-Lo malo era que el fenómeno no se efectuaba al mismo tiempo en la
-materia organizada. Ésta resistía mejor, sin duda por su condición
-semi-líquida; pero semejante diferencia implicaba la muerte violenta
-en aquella disgregación. Poco después no hubo en el globo otra
-existencia que la flotante sobre esa especie de arenas cósmicas; mas
-ya la mayor parte de los seres animados había muerto de inanición;
-pues aunque no comían como nosotros, absorbían del aire sus principios
-vitales, y el aire estaba cambiado por los elementos de la luna.
-
-Apenas uno que otro gran molusco se revolvía sobre le universal
-fluidez sin olas, bajo el horror de la atmósfera gigantesca, preñada
-de tósigos mortales, donde se operaba la futura organización. Tampoco
-pudieron ellos resistir á esas combustiones, ni adaptarse al estado
-de disgregación; y, por otra parte, éste los afectaba á su vez. Ellos
-fueron también disolviéndose hasta desaparecer; y entonces, sobre el
-ámbito del planeta, fué la soledad y la negra noche.
-
-Millares de años después, los elementos empezaron á recomponerse.
-
-Formidables tempestades químicas conmovieron el estado crítico de la
-masa, y los catorce cuerpos primitivos revivieron engendrando nuevas
-combinaciones.
-
-El litio se triplicó en potasio, rubidio y cesio; el fósforo en
-arsénico, antimonio y bismuto; el carbono engendró titanio y
-zirconio; el azufre, selenio y telurio...
-
-Los océanos fueron ya de agua, el agua de la luna periódicamente
-exaltada hacia su origen por la armónica dilatación de las mareas. La
-atmósfera se había vuelto de aire semejante al nuestro, aunque saturado
-de ácido carbónico.
-
-Ningún ser vivo quedaba de la anterior creación. Hasta sus huellas
-habían sido destruidas. Pero los vapores de la luna trajeron consigo
-gérmenes vivificantes, que el nuevo estado de la Tierra fué llamando
-lentamente á la existencia.
-
-El mar se cubrió de vidas rudimentarias. La costra sólida pululó de
-hierbas, y el dominio de éstas duró una edad.
-
-Pero yo no sabría repetir el enorme proceso. Réstame decir que los
-primeros seres humanos fueron organismos del agua; monstruos hermosos,
-mitad pez, mitad mujer, llamados después sirenas en las mitologías.
-Ellos dominaban el secreto de la armonía original, y trajeron al
-planeta las melodías de la luna que encerraban el secreto de la muerte.
-
-Fueron blancos de carne como el astro materno; y el sodio primitivo
-que saturaba su nuevo elemento de existencia, al engendrar de sí los
-metales nobles, hizo vegetar en sus cabelleras el oro hasta entonces
-desconocido...
-
-...He aquí lo que mi memoria millonaria de años, evoca con un sentido
-humano, y he aquí lo que he venido á deciros descendiendo de mi
-región--el cono de sombra de la Tierra. Os añadiré que estoy condenado
-á permanecer en él durante toda la edad del planeta.
-
- * * * * *
-
-La médium calló, recostando fatigosamente su cabeza sobre el respaldo
-del sofá. Y Mr. Skinner, una de las ocho personas que asistían á la
-sesión, no pudo menos de exclamar en las tinieblas:
-
---¡El cono de sombra! ¡El diluvio! ... ¡Disparatada superchería!
-
-Nada pudimos replicarle, pues un estertor de la médium nos distrajo.
-
-De su costado izquierdo desprendíase rápidamente una masa tenebrosa,
-asaz perceptible en la penumbra. Creció como un globo, proyectó de su
-seno largos tentáculos, y acabó por desprenderse á modo de una araña
-gigantesca. Siguió dilatándose hasta llenar el aposento, envolviéndonos
-como un mucílago y jadeando con un rumor de queja. No tenía forma
-definida en la obscuridad espesada por su presencia; pero si el horror
-se objetiva de algún modo, aquello era el horror.
-
-Nadie intentaba moverse, ante el espantoso hormigueo de tentáculos de
-sombra que se sentía alrededor, y no sé cómo hubiera acabado eso, si la
-médium no implora con voz desfallecida:
-
---¡Luz, luz Dios mío!
-
-Tuve fuerzas para saltar hasta la llave de la luz eléctrica; y junto
-con su rayo, la masa de sombra estalló sin ruido, en una especie de
-suspiro enorme.
-
-Mirámonos en silencio.
-
-Algo como un lodo heladísimo nos cubría enteramente, y aquello habría
-bastado para prodigio, si al acudir á su lavatorio, Skinner no realiza
-un hallazgo más asombroso.
-
-En el fondo de la palangana, yacía no más grande que un ratón, pero
-acabada de formas y de hermosura, irradiando mortalmente su blancor,
-una pequeña sirena muerta.
-
-
-
-
- LOS CABALLOS DE ABDERA
-
-
- LOS CABALLOS DE ABDERA
-
-
-Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no
-debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.
-
-Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella descollaba
-hasta ser única. Los habitantes todos tenían á gala la educación de
-tan noble animal, y esta pasión cultivada á porfía durante largos
-años, hasta formar parte de las tradiciones fundamentales, había
-producido efectos maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de fama
-excepcional, y todas las poblaciones tracias, desde los cicones hasta
-los bisaltos, eran tributarios en esto de los bistones, pobladores de
-la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria, uniendo
-el provecho á la satisfacción, ocupaba desde el rey hasta el último
-ciudadano.
-
-Estas circunstancias habían contribuido también á intimar las
-relaciones entre el bruto y sus dueños, mucho más de lo que era y es
-habitual para el resto de las naciones; llegando á considerarse las
-caballerizas como un ensanche del hogar, y extremándose las naturales
-exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa.
-
-Eran verdaderamente notables corceles, pero bestias al fin. Otros
-dormían en cobertores de biso; algunos pesebres tenían frescos
-sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico
-de la raza caballar, y el cementerio equino ostentaba entre pompas
-burguesas, ciertamente recargadas, dos ó tres obras maestras. El
-templo más hermoso de la ciudad estaba consagrado á Arión, el caballo
-que Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y
-creo que la moda de rematar las proas en cabezas de caballo, tenga
-igual proveniencia; siendo seguro en todo caso, que los bajos relieves
-hípicos fueron el ornamento más común de toda aquella arquitectura. El
-monarca era quien se mostraba más decidido por los corceles, llegando
-hasta tolerar á los suyos verdaderos crímenes que los volvieron
-singularmente bravíos; de tal modo que los nombres de Podargos y de
-Lampon figuraban en fábulas sombrías; pues es del caso decir que los
-caballos tenían nombres como personas.
-
-Tan amaestrados estaban aquellos animales, que las bridas eran
-innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciadas
-desde luego por los mismos caballos. La palabra era el medio usual
-de comunicación con ellos; observándose que la libertad favorecía
-el desarrollo de sus buenas condiciones, dejábanlos todo el tiempo
-no requerido por la albarda ó el arnés, en libertad de cruzar á sus
-anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, á la orilla del
-Kossínites, para su recreo y alimentación.
-
-Á son de trompa los convocaban cuando era menester, y así para el
-trabajo como para el pienso eran exactísimos. Rayaba en lo increíble
-su habilidad para toda clase de juegos de circo y hasta de salón, su
-bravura en los combates, su discreción en las ceremonias solemnes.
-Así, el hipódromo de Abdera tanto como sus compañías de volatines;
-su caballería acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado
-tal renombre, que de todas partes acudía gente á admirarlos: mérito
-compartido por igual entre domadores y corceles.
-
-Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue de condiciones,
-y para decirlo todo en una palabra, aquella _humanización_ de la raza
-equina, iban engendrando un fenómeno que los bistones festejaban como
-otra gloria nacional. La inteligencia de los caballos comenzaba á
-desarrollarse pareja con su conciencia, produciendo cosas anormales
-que daban pábulo al comentario general.
-
-Una yegua había exigido espejos en su pesebre, arrancándolos con los
-dientes de la propia alcoba patronal y destruyendo á coces los de tres
-paineles cuando no le hicieron el gusto. Concedido el capricho, daba
-muestras de coquetería perfectamente visible.
-
-Balios, el más bello potro de la comarca, un blanco elegante y
-sentimental que tenía dos campañas militares y manifestaba regocijo
-ante el recitado de hexámetros heroicos, acababa de morir de amor por
-una dama. Era la mujer de un general, dueño del enamorado bruto, y por
-cierto no ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad,
-siendo esto muy natural por otra parte en la ecuestre metrópoli.
-
-Señalábase igualmente casos de infanticidio, que aumentando en forma
-alarmante, fué necesario corregir con la presencia de viejas mulas
-adoptivas; un gusto creciente por el pescado y por el cáñamo cuyas
-plantaciones saqueaban los animales; y varias rebeliones aisladas que
-hubo de corregirse, siendo insuficiente el látigo, por medio del hierro
-candente. Esto último fué en aumento, pues el instinto de rebelión
-progresaba á pesar de todo.
-
-Los bistones, más encantados cada vez con sus caballos, no paraban
-mientes en eso. Otros hechos más significativos produjerónse de allí á
-poco. Dos ó tres atalajes habían hecho causa común contra un carretero
-que azotaba su yegua rebelde. Los caballos resistíanse cada vez más al
-enganche y al yugo, de tal modo que empezó á preferirse el asno. Había
-animales que no aceptaban determinado apero; mas como pertenecían á los
-ricos, se defería á su rebelión comentándola mimosamente á título de
-capricho.
-
-Un día los caballos no vinieron al son de la trompa, y fué menester
-constreñirlos por la fuerza; pero los subsiguientes, no se reprodujo la
-rebelión.
-
-Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea cubrió la playa de
-pescado muerto como solía suceder. Los caballos se hartaron de eso, y
-se los vió regresar al campo suburbano con lentitud sombría.
-
-Medianoche era cuando estalló el singular conflicto.
-
-De pronto un trueno sordo y persistente conmovió el ámbito de la
-ciudad. Era que todos los caballos se habían puesto en movimiento á la
-vez para asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al principio
-en la sombra de la noche y la sorpresa de lo inesperado.
-
-Como las praderas de pastoreo quedaban entre las murallas, nada pudo
-contener la agresión; y añadido á esto el conocimiento minucioso que
-los animales tenían de los domicilios, ambas cosas acrecentaron la
-catástrofe.
-
-Noche memorable entre todas, sus horrores sólo aparecieron cuando el
-día vino á ponerlos en evidencia, multiplicándolos aún.
-
-Las puertas reventadas á coces yacían por el suelo, dando paso á
-feroces manadas que se sucedían casi sin interrupción. Había corrido
-sangre, pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco y los
-dientes de la banda en cuyas filas causaron estragos también las armas
-humanas.
-
-Conmovida de tropeles, la ciudad obscurecíase con la polvareda que
-engendraban; y un extraño tumulto formado por gritos de cólera ó de
-dolor, relinchos variados como palabras á los cuales mezclábase uno
-que otro doloroso rebuzno, y estampidos de coces sobre las puertas
-atacadas, unía su espanto al pavor visible de la catástrofe. Una
-especie de terremoto incesante hacía vibrar el suelo con el trote de la
-masa rebelde, exaltado á ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos
-tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado todos los
-plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que codiciaban aquellos
-corceles pervertidos por los refinamientos de la mesa, grupos de
-animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. Y por el lado del
-mar era imposible huir. Los caballos, conociendo la misión de las
-naves, cerraban el acceso del puerto.
-
-Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase á organizar en ella
-la resistencia. Por lo pronto se cubría de dardos á todo caballo que
-cruzaba por allí, y cuando caía cerca era arrastrado al interior como
-vitualla.
-
-Entre los vecinos refugiados circulaban los más extraños rumores.
-El primer ataque no fué sino un saqueo. Derribadas las puertas,
-las manadas introducíanse en las habitaciones, atentas sólo á las
-colgaduras suntuosas con que intentaban revestirse, á las joyas y
-objetos brillantes. La oposición á sus designios fué lo que suscitó su
-furia.
-
-Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas
-en sus propios lechos con ímpetu bestial; y hasta se señalaba una
-noble doncella que sollozando narraba entre dos crisis su percance: el
-despertar en la alcoba á la media luz de la lámpara, rozados sus labios
-por la innoble jeta de un potro negro que respingaba de placer el belfo
-enseñando su dentadura asquerosa; su grito de pavor ante aquella bestia
-convertida en fiera, con el resplandor humano y malévolo de sus ojos
-incendiados de lubricidad; el mar de sangre con que la inundara al caer
-atravesado por la espada de un servidor...
-
-Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían divertido
-con saña femenil, despachurrando á mordiscos las víctimas. Los asnos
-habían sido exterminados, y las mulas subleváronse también, pero con
-torpeza inconsciente, destruyendo por destruir, y particularmente
-encarnizadas contra los perros.
-
-El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la ciudad, y el
-fragor de los derrumbes iba aumentando. Era urgente organizar una
-salida, por más que el número y la fuerza de los asaltantes la hiciera
-singularmente peligrosa, si no se quería abandonar la ciudad á la más
-insensata destrucción.
-
-Los hombres empezaron á armarse; mas pasado el primer momento de
-licencia, los caballos habíanse decidido á atacar también.
-
-Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la fortaleza distinguían
-el terrible ejército que se congregaba, no sin trabajo, en el
-hipódromo. Aquello tardó varias horas, pues cuando todo parecía
-dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos relinchos cuya causa era
-imposible discernir, desordenaban profundamente las filas. El sol
-declinaba ya, cuando se produjo la primera carga. No fué, si se permite
-la frase, más que una demostración, pues los animales se limitaron á
-pasar corriendo frente á la fortaleza. En cambio quedaron acribillados
-por las saetas de los defensores.
-
-Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse otra vez, y
-su choque contra las defensas fué formidable. La fortaleza retumbó
-entera bajo aquella tempestad de cascos, y sus recias murallas dóricas
-quedaron, á decir verdad, profundamente trabajadas.
-
-Sobrevino un rechazo, al cual sucedió muy luego un nuevo ataque.
-
-Los que demolían eran caballos y mulos herrados que caían á docenas;
-pero sus filas cerrábanse con encarnizamiento furioso, sin que la masa
-pareciera disminuir. Lo peor era que algunos habían conseguido vestir
-sus bardas de combate en cuya malla de acero se embotaban los dardos.
-Otros llevaban jirones de tela vistosa, otros collares; y pueriles en
-su mismo furor, ensayaban inesperados retozos.
-
-De las murallas los conocían. ¡Dinos, Aethon, Ameteo, Xanthos! Y ellos
-saludaban, relinchaban gozosamente, enarcaban la cola, cargando en
-seguida con fogosos respingos. Uno, un jefe ciertamente, irguióse
-sobre sus corvejones, caminó así un trecho manoteando gallardamente
-al aire como si danzara un marcial balisteo, contorneando el cuello
-con serpentina elegancia, hasta que un dardo se le clavó en medio del
-pecho...
-
-Entretanto, el ataque iba triunfando. Las murallas empezaban á ceder.
-
-Súbitamente una alarma paralizó á las bestias. Unas sobre otras,
-apoyándose en ancas y lomos, alargaron sus cuellos hacia la alameda que
-bordeaba la margen del Kossinites; y los defensores volviéndose hacia
-la misma dirección, contemplaron un tremendo espectáculo.
-
-Dominando la arboleda negra, espantosa sobre el cielo de la tarde, una
-colosal cabeza de león miraba hacia la ciudad. Era una de esas fieras
-antediluvianas cuyos ejemplares, cada vez más raros, devastaban de
-tiempo en tiempo los montes Ródopes. Mas nunca se había visto nada
-tan monstruoso, pues aquella cabeza dominaba los más altos árboles,
-mezclando á las hojas teñidas de crepúsculo las greñas de su melena.
-
-Brillaban claramente sus enormes colmillos, percibíase sus ojos
-fruncidos ante la luz, llegaba en el hálito de la brisa su olor bravío.
-Inmóvil entre la palpitación del follaje, herrumbrada por el sol casi
-hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase ante el horizonte como
-uno de esos bloques en que el pelasgo, contemporáneo de las montañas,
-esculpió sus bárbaras divinidades.
-
-Y de repente empezó á andar, lento como el océano. Oíase el rumor de la
-fronda que su pecho apartaba, su aliento de fragua que iba sin duda á
-estremecer la ciudad cambiándose en rugido.
-
-Á pesar de su fuerza prodigiosa y de su número, los caballos sublevados
-no resistieron semejante aproximación. Un sólo ímpetu los arrastró por
-la playa, en dirección á la Macedonia, levantando un verdadero huracán
-de arena y de espuma, pues no pocos disparábanse á través de las olas.
-
-En la fortaleza reinaba el pánico. ¿Qué podrían contra semejante
-enemigo? ¿Qué gozne de bronce resistiría á sus mandíbulas? ¿Qué muro á
-sus garras?...
-
-Comenzaban ya á preferir el pasado riesgo (al fin era una lucha contra
-bestias civilizadas) sin alientos ni para enflechar sus arcos, cuando
-el monstruo salió de la alameda.
-
-No fué un rugido lo que brotó de sus fauces, sino un grito de guerra
-humano--el bélico _¡alalé!_ de los combates, al que respondieron con
-regocijo triunfal los _hoyohei_ y los _hoyotoho_ de la fortaleza.
-
-¡Glorioso prodigio!
-
-Bajo la cabeza del felino, irradiaba luz superior el rostro de un
-numen; y mezclados soberbiamente con la flava piel, resaltaban su pecho
-marmóreo, sus brazos de encina, sus muslos estupendos.
-
-Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento, de orgullo,
-llenó la tarde:
-
---¡Hércules, es Hércules que llega!
-
-
-
-
- VIOLA ACHERONTIA
-
-
- VIOLA ACHERONTIA
-
-
-Lo que deseaba aquel extraño jardinero, era crear la flor de la muerte.
-Sus tentativas remontaban á diez años, con éxito negativo siempre,
-porque considerando al vegetal sin alma, ateníase exclusivamente á
-la plástica. Injertos, combinaciones, de todo había ensayado. La
-producción de la rosa negra ocupóle un tiempo; pero nada sacó de
-sus investigaciones. Después le interesaron las pasionarias y los
-tulipanes, con el único resultado de dos ó tres ejemplares monstruosos,
-hasta que Bernardin de Saint-Pierre le puso en el buen camino,
-enseñándole cómo puede haber analogías entre la flor y la mujer
-encinta, supuestas ambas capaces de recibir por “antojo” imágenes de
-los objetos deseados.
-
-Aceptar este audaz postulado, equivalía á suponer en la planta un
-mental suficientemente elevado para recibir, concretar y conservar una
-impresión; en una palabra, para sugestionarse con intensidad parecida
-á la de un organismo inferior. Esto era, precisamente, lo que había
-llegado á comprobar nuestro jardinero.
-
-Según él, la marcha de los vástagos en las enredaderas, obedecía á una
-deliberación seguida por resoluciones que daban origen á una serie de
-tanteos. De aquí las curvas y acodamientos, caprichosos al parecer, las
-diversas orientaciones y adaptaciones á diferentes planos, que ejecutan
-las guías, los gajos, las raíces. Un sencillo sistema nervioso presidía
-esas obscuras funciones. Había también en cada planta su bulbo cerebral
-y su corazón rudimentario, situados respectivamente en el cuello de
-la raíz y en el tronco. La semilla, es decir el ser resumido para la
-procreación, lo dejaba ver con toda claridad. El embrión de una nuez
-tiene la misma forma del corazón, siendo asaz parecida al cerebro la
-de los cotiledones. Las dos hojas rudimentarias que salen de dicho
-embrión, recuerdan con bastante claridad dos ramas bronquiales cuyo
-oficio desempeñan en la germinación.
-
-Las analogías morfológicas, suponen casi siempre otras de fondo;
-y por esto la sugestión ejerce una influencia más vasta de lo que
-se cree sobre la forma de los seres. Algunos clarovidentes de la
-historia natural, como Michelet y Fries, presintieron esta verdad que
-la experiencia va confirmando. El mundo de los insectos, pruébalo
-enteramente. Los pájaros ostentan colores más brillantes en los países
-cuyo cielo es siempre puro (Gould). Los gatos blancos y de ojos azules,
-son comúnmente sordos (Darwin). Hay peces que llevan fotografiadas en
-la gelatina de su dorso, las olas del mar (Strindberg). El girasol mira
-constantemente al astro del día, y reproduce con fidelidad su núcleo,
-sus rayos y sus manchas (Saint-Pierre).
-
-He aquí un punto de partida. Bacon en su _Novum organum_ establece que
-el canelero y otros odoríferos colocados cerca de lugares fétidos,
-retienen obstinadamente el aroma, rehusando su emisión, para impedir
-que se mezcle con las exhalaciones hediondas...
-
-Lo que ensayaba el extraordinario jardinero con quien iba á verme, era
-una sugestión sobre las violetas. Habíalas encontrado singularmente
-nerviosas, lo cual demuestra, agregaba, la afección y el horror siempre
-exagerados que les profesan las histéricas, y quería llegar á hacerlas
-emitir un tósigo mortal sin olor alguno; una ponzoña fulminante é
-imperceptible. Qué se proponía con ello, si no era puramente una
-extravagancia, permaneció siempre misterioso para mí.
-
-Encontré un anciano de porte sencillo, que me recibió con cortesías
-casi humildes. Estaba enterado de mis pretensiones, por lo cual
-entablamos acto continuo la conversación sobre el tema que nos acercaba.
-
-Quería sus flores como un padre, manifestando fanática adoración
-por ellas. Las hipótesis y datos consignados más arriba, fueron la
-introducción de nuestro diálogo; y como el hombre hallara en mí un
-conocedor, se encontró más á sus anchas.
-
-Después de haberme expuesto sus teorías con rara precisión, me invitó á
-conocer sus violetas.
-
---He procurado, decía mientras íbamos, llevarlas á la producción del
-veneno que deben exhalar, por una evolución de su propia naturaleza; y
-aunque el resultado ha sido otro, él comporta una verdadera maravilla;
-sin contar con que no desespero de obtener la exhalación mortífera.
-Pero ya hemos llegado; véalas usted.
-
-Estaban al extremo del jardín, en una especie de plazoleta rodeada de
-plantas extrañas. Entre las hojas habituales, sobresalían sus corolas
-que al pronto tomé por pensamientos, pues eran negras.
-
---¡Violetas negras! exclamé.
-
---Sí, pues; había que empezar por el color, para que _la idea_ fúnebre
-se grabara mejor en ellas. El negro es, salvo alguna fantasía china, el
-color natural del luto, puesto que lo es de la noche--vale decir de la
-tristeza, de la diminución vital y del sueño, hermano de la muerte.
-Además estas flores no tienen perfume, conforme á mi propósito, y éste
-es otro resultado producido por un efecto de correlación. El color
-negro parece ser, en efecto, adverso al perfume; y así tiene usted que
-sobre mil ciento noventa y tres especies de flores blancas, hay ciento
-setenta y cinco perfumadas y doce fétidas; mientras que sobre dieciocho
-especies de flores negras, hay diecisiete inodoras y una fétida. Pero
-esto no es lo interesante del asunto. Lo maravilloso está en otro
-detalle, que requiere, desgraciadamente, una larga explicación...
-
---No tema usted, respondí; mis deseos de aprender son todavía mayores
-que mi curiosidad.
-
---Oiga usted, entonces, cómo he procedido.
-
-Primeramente, debí proporcionar á mis flores un medio favorable para el
-desarrollo de la idea fúnebre; luego, sugerirles esta idea por medio de
-una sucesión de fenómenos; después poner su sistema nervioso en estado
-de recibir la imagen y fijarla; por último llegar á la producción
-del veneno, combinando en su ambiente y en su savia diversos tósigos
-vegetales. La herencia se encargaría del resto.
-
-Las violetas que usted ve, pertenecen á una familia cultivada bajo ese
-régimen durante diez años. Algunos cruzamientos, indispensables para
-prevenir la degeneración, han debido retardar un tanto el éxito final
-de mi tentativa. Y digo éxito final, porque conseguir la violeta negra
-é inodora, es ya un resultado.
-
-Sin embargo, ello no es difícil: se reduce á una serie de
-manipulaciones en las que entra por base el carbono con el objeto
-de obtener una variedad de anilina. Suprimo el detalle de las
-investigaciones á que debí entregarme sobre las toluidinas y los
-xilenos, cuyas enormes series me llevarían muy lejos, vendiendo por
-otra parte mi secreto. Puedo darle, no obstante, un indicio: el origen
-de los colores que llamamos anilinas, es una combinación de hidrógeno
-y carbono; el trabajo químico posterior, se reduce á fijar oxígeno
-y nitrógeno, produciendo los álcalis artificiales cuyo tipo es la
-anilina, y obteniendo derivados después. Algo semejante he hecho yo.
-Usted sabe que la clorofila es muy sensible, y á esto se debe más de
-un resultado sorprendente. Exponiendo matas de hiedra á la luz solar,
-en un sitio donde ésta entraba por aberturas romboidales solamente, he
-llegado á alterar la forma de su hoja, tan persistente sin embargo, que
-es el tipo geométrico de la curva cisoides; y luego, es fácil observar
-que las hierbas rastreras de un bosque, se desarrollan imitando los
-arabescos de la luz á través del ramaje...
-
-Llegamos ahora al procedimiento capital. La sugestión que ensayo sobre
-mis flores es muy difícil de efectuar, pues las plantas tienen su
-cerebro debajo de tierra; son seres invertidos. Por esto me he fijado
-más en la influencia del medio como elemento fundamental. Obtenido el
-color negro de las violetas, estaba conseguida la primera nota fúnebre.
-Planté luego en torno, los vegetales que usted ve: estramonio, jazmín y
-belladona. Mis violetas quedaban, así, sometidas á influencias química
-y fisiológicamente fúnebres. La solarina es, en efecto, un veneno
-narcótico; así como la daturina contiene hioscyamina y atropina, dos
-alcaloides dilatadores de la pupila que producen la megalopsia, ó sea
-el agrandamiento de los objetos. Tenía, pues, los elementos del sueño
-y de la alucinación, es decir, dos productores de pesadillas; de modo
-que á los efectos específicos del color negro, del sueño y de las
-alucinaciones, se unía el miedo. Debo añadirle que para redoblar las
-impresiones alucinantes, planté además el beleño, cuyo veneno radical
-es precisamente la hioscyamina.
-
---¿Y de qué sirve, puesto que la flor no tiene ojos? pregunté.
-
---Ah, señor; no se ve únicamente con los ojos, replicó el anciano. Los
-sonámbulos ven con los dedos de la mano y con la planta de los pies.
-No olvide usted que aquí se trata de una sugestión.
-
-Mis labios rebosaban de objeciones; pero callé, por ver hasta dónde iba
-á llevarnos el desarrollo de tan singular teoría.
-
---La solanina y la daturina, prosiguió mi interlocutor, se aproximan
-mucho á los venenos cadavéricos--ptomaínas y leucomainas--que exhalan
-olores de jazmín y de rosa. Si la belladonna y el estramonio me dan
-aquellos cuerpos, el olor está suministrado por el jazminero y por ese
-rosal cuyo perfume aumento, conforme á una observación de de Candolle,
-sembrando cebollas en sus cercanías. El cultivo de las rosas está ahora
-muy adelantado, pues los injertos han hecho prodigios; en tiempo de
-Shakespeare se injertó recién las primeras rosas en Inglaterra...
-
-Aquel recuerdo que tendía á halagar visiblemente mis inclinaciones
-literarias, me conmovió.
-
---Permítame, dije, que admire de paso su memoria verdaderamente juvenil.
-
---Para extremar aún la influencia sobre mis flores, continuó él
-sonriendo vagamente, he mezclado á los narcóticos plantas cadavéricas.
-Algunos arum y orchis, una stapelia aquí y allá, pues sus olores
-y colores recuerdan los de la carne corrompida. Las violetas
-sobrexcitadas por su excitación amorosa natural, dado que la flor
-es un órgano de reproducción, aspiran el perfume de los venenos
-cadavéricos añadido al olor del cadáver mismo; sufren la influencia
-soporífica de los narcóticos que las predisponen á la hipnosis, y la
-megalopsia alucinante de los venenos dilatadores de la pupila. La
-sugestión fúnebre comienza así á efectuarse con toda intensidad; pero
-todavía aumento la sensibilidad anormal en que la flor se encuentra por
-la inmediación de esas potencias vegetales, aproximándole de tiempo en
-tiempo una mata de valeriana y de espuelas de caballero cuyo cianuro
-la irrita notablemente. El etileno de la rosa colabora también en este
-sentido.
-
-Llegamos ahora al punto culminante del experimento, pero antes deseo
-hacerle esta advertencia: el _¡ay!_ humano es un grito de la naturaleza.
-
-Al oir este brusco aparte, la locura de mi personaje se me presentó
-evidente; pero él, sin darme tiempo á pensarlo bien siquiera, prosiguió:
-
---El ¡ay! es, en efecto, una interjección de todos los tiempos. El
-hombre se ha quejado siempre lo mismo. Pero lo curioso es que entre los
-animales sucede también así. Desde el perro, un vertebrado superior,
-hasta la esfinge calavera, una mariposa, el ¡ay! es una manifestación
-de dolor y de miedo. Precisamente el extraño insecto que acabo de
-nombrar, y cuyo nombre proviene de que lleva dibujada una calavera
-en el coselete, recuerda bien la fauna lúgubre en la cual el ¡ay! es
-común. Fuera inútil recordar á los búhos; pero sí debe mencionarse á
-ese extraviado de las selvas primitivas, el perezoso, que parece llevar
-el dolor de su decadencia en el ¡ay! específico al cual debe uno de sus
-nombres...
-
-Y bien; exasperado por mis diez años de esfuerzos, decidí realizar ante
-las flores escenas crueles que las impresionaran más aún, sin éxito
-también; hasta que un día...
-
-...Pero aproxímese, juzgue por usted mismo.
-
-Su cara tocaba las negras flores, y casi obligado hice lo propio.
-Entonces--cosa inaudita--me pareció percibir débiles quejidos. Pronto
-hube de convencerme. Aquellas flores se quejaban en efecto, y de sus
-corolas obscuras, surgía una pululación de pequeños ayes muy semejantes
-á los de un niño. La sugestión habíase operado en forma completamente
-imprevista, y aquellas flores, durante toda su breve existencia, no
-hacían sino llorar.
-
-Mi estupefacción había llegado al colmo, cuando de repente una idea
-terrible me asaltó. Recordé que al decir de las leyendas de hechicería,
-la mandrágora llora también cuando se la ha regado con la sangre de
-un niño; y con una sospecha que me hizo palidecer horriblemente, me
-incorporé.
-
---Como las mandrágoras, dije.
-
---Como las mandrágoras, repitió él palideciendo aún más que yo.
-
-Y nunca hemos vuelto á vernos. Pero mi convicción de ahora es que
-se trata de un verdadero bandido, de un perfecto hechicero de otros
-tiempos, con sus venenos y sus flores de crimen. ¿Llegará á producir la
-violeta mortífera que se propone? ¿Debo entregar su nombre maldito á la
-publicidad?...
-
-
-
-
-YZUR
-
-
-YZUR
-
-
-Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado.
-
-La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia á cuyo relato
-están dedicadas estas líneas, fué una tarde, leyendo no sé dónde, que
-los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los
-monos á la abstención, no á la incapacidad. “No hablan, decían, para
-que no los hagan trabajar.”
-
-Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta
-convertirse en este postulado antropológico:
-
-Los monos fueron hombres que por una ú otra razón dejaron de hablar. El
-hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y de los centros
-cerebrales del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla la relación
-entre unos y otros, fijando el idioma de la especie en el grito
-inarticulado, y el humano primitivo descendió á ser animal.
-
-Claro es que si llegara á demostrarse esto quedarían explicadas desde
-luego todas las anomalías que hacen del mono un ser tan singular;
-pero esto no tendría sino una demostración posible: volver el mono al
-lenguaje.
-
-Entre tanto había corrido el mundo con el mío, vinculándolo cada vez
-más por medio de peripecias y aventuras. En Europa llamó la atención, y
-de haberlo querido, llego á darle la celebridad de un Cónsul; pero mi
-seriedad de hombre de negocios, mal se avenía con tales payasadas.
-
-Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los monos, agoté toda la
-bibliografía concerniente al problema, sin ningún resultado apreciable.
-Sabía únicamente, con entera seguridad, _que no hay ninguna razón
-científica para que el mono no hable_. Esto llevaba cinco años de
-meditaciones.
-
-Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir, pues lo ignoraba
-igualmente su anterior patrón) Yzur era ciertamente un animal notable.
-La educación del circo, bien que reducida casi enteramente al
-mimetismo, había desarrollado mucho sus facultades; y esto era lo que
-me incitaba más á ensayar sobre él mi en apariencia disparatada teoría.
-
-Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur lo era) es entre los
-monos el mejor provisto de cerebro y uno de los más dóciles, lo cual
-aumentaba mis probabilidades. Cada vez que lo veía avanzar en dos
-pies, con las manos á la espalda para conservar el equilibrio, y su
-aspecto de marinero borracho, la convicción de su humanidad detenida se
-vigorizaba en mí.
-
-No hay á la verdad razón alguna para que el mono no articule
-absolutamente. Su lenguaje natural, es decir, el conjunto de gritos
-con que se comunica á sus semejantes, es asaz variado; su laringe,
-por más distinta que resulte de la humana, nunca lo es tanto como la
-del loro, que habla sin embargo; y en cuanto á su cerebro, fuera de
-que la comparación con el de este último animal desvanece toda duda,
-basta recordar que el del idiota es también rudimentario, á pesar de
-lo cual hay cretinos que pronuncian algunas palabras. Por lo que hace
-á la circunvolución de Broca, depende, es claro, del desarrollo total
-del cerebro; fuera de que no está probado que ella sea _fatalmente_ el
-sitio de localización del lenguaje. Si es el caso de localización mejor
-establecido en anatomía, los hechos contradictorios son desde luego
-incontestables.
-
-Felizmente los monos tienen, entre sus muchas malas condiciones, el
-gusto por aprender, como lo demuestra su tendencia imitativa; la
-memoria feliz, la reflexión que llega hasta una profunda facultad de
-disimulo, y la atención comparativamente más desarrollada que en el
-niño. Es, pues, un sujeto pedagógico de los más favorables.
-
-El mío era joven además, y es sabido que la juventud constituye
-la época más intelectual del mono, parecido en esto al negro. La
-dificultad estribaba solamente en el método que se emplearía para
-comunicarle la palabra.
-
-Conocía todas las infructuosas tentativas de mis antecesores; y está de
-más decir, que ante la competencia de algunos de ellos y la nulidad de
-todos sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una vez, cuando el
-tanto pensar sobre aquel tema, fué llevándome á esta conclusión:
-
-_Lo primero consiste en desarrollar el aparato de fonación del mono._
-
-Así es, en efecto, cómo se procede con los sordomudos antes de
-llevarlos á la articulación; y no bien hube reflexionado sobre esto,
-cuando las analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon en mi
-espíritu.
-
-Primero de todo, su extraordinaria movilidad mímica que compensa
-al lenguaje articulado, demostrando que no por dejar de hablar
-se deja de pensar, así haya diminución de esta facultad por la
-paralización de aquélla. Después otros caracteres más peculiares por
-ser más específicos: la diligencia en el trabajo, la fidelidad, el
-coraje, aumentados hasta la certidumbre por estas dos condiciones
-cuya comunidad es verdaderamente reveladora: la facilidad para los
-ejercicios de equilibrio y la resistencia al mareo.
-
-Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera gimnasia de
-los labios y de la lengua de mi mono, tratándolo en esto como á un
-sordomudo. En lo restante, me favorecería el oído para establecer
-comunicaciones directas de palabra, sin necesidad de apelar al tacto.
-El lector verá que en esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo.
-
-Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes monos el que tiene
-labios más movibles; y en el caso particular, habiendo padecido Yzur de
-anginas, sabía abrir la boca para que se la examinaran.
-
-La primera inspección confirmó en parte mis sospechas. La lengua
-permanecía en el fondo de su boca, como una masa inerte, sin otros
-movimientos que los de la deglución. La gimnasia produjo luego su
-efecto, pues á los dos meses ya sabía sacar la lengua para burlar. Ésta
-fué la primera relación que conoció entre el movimiento de su lengua y
-una idea; una relación perfectamente acorde con su naturaleza, por otra
-parte.
-
-Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo que estirárselos con
-pinzas; pero apreciaba--quizá por mi expresión--la importancia de
-aquella tarea anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba
-los movimientos labiales que debía imitar, permanecía sentado,
-rascándose la grupa con su brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una
-concentración dubitativa, ó alisándose las patillas con todo el aire de
-un hombre que armoniza sus ideas por medio de ademanes rítmicos. Al fin
-aprendió á mover los labios.
-
-Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil, como lo prueban
-los largos balbuceos del niño, que lo llevan, paralelamente con su
-desarrollo intelectual, á la adquisición del hábito. Está demostrado,
-en efecto, que el centro propio de las inervaciones vocales, se halla
-asociado con el de la palabra en forma tal, que el desarrollo normal de
-ambos, depende de su ejercicio armónico; y esto ya lo había presentido
-en 1785 Heinicke, el inventor del método oral para la enseñanza de
-los sordomudos, como una consecuencia filosófica. Hablaba de una
-“concatenación dinámica de las ideas”, frase cuya profunda claridad
-honraría á más de un psicólogo contemporáneo.
-
-Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la misma situación del
-niño que antes de hablar entiende ya muchas palabras; pero era mucho
-más apto para asociar los juicios que debía poseer sobre las cosas,
-por su mayor experiencia de la vida.
-
-Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión, sino también
-inquisitivos y disquisitivos, á juzgar por el carácter diferencial que
-asumían, lo cual supone un raciocinio abstracto, le daban un grado
-superior de inteligencia muy favorable por cierto á mi propósito.
-
-Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta con reflexionar que el
-silogismo, ó sea el argumento lógico fundamental, no es extraño á la
-mente de muchos animales. Como que el silogismo es originariamente una
-comparación entre dos sensaciones. Si no, ¿por qué los animales, que
-conocen al hombre huyen de él, y no los que nunca le conocieron?...
-
-Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.
-
-Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, para llevarlo
-progresivamente á la palabra sensata.
-
-Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando esto de ventaja al
-sordomudo, con más ciertas articulaciones rudimentarias,--tratábase de
-enseñarle las modificaciones de aquélla, que constituyen los fonemas y
-su articulación, llamada por los maestros estática ó dinámica, según
-que se refiera á las vocales ó á las consonantes.
-
-Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto un método empleado
-por Heinicke con los sordomudos, decidí asociar cada vocal con una
-golosina: _a_ con papa; _e_ con leche; _i_ con vino; _o_ con coco; _u_
-con azúcar--haciendo de modo que la vocal estuviese contenida en el
-nombre de la golosina, ora con dominio único y repetido como en _papa_,
-_coco_, _leche_, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, es
-decir como sonido fundamental: _vino, azúcar_.
-
-Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, ó sea los sonidos
-que se forma con la boca abierta. Yzur los aprendió en quince días.
-Sólo que á veces, el aire contenido en sus abazones les daba una
-rotundidad de trueno. La _u_ fué lo que más le costó pronunciar.
-
-Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, y á poco hube de
-comprender que nunca llegaría á pronunciar aquéllas en cuya formación
-entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos y sus abazones,
-lo estorbaban enteramente.
-
-El vocabulario quedaba reducido, entonces, á las cinco vocales; la
-_b_, la _k_, la _m_, la _g_, la _f_ y la _c_, es decir todas aquellas
-consonantes en cuya formación no intervienen sino el paladar y la
-lengua.
-
-Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir al tacto como con
-un sordomudo, apoyando su mano en mi pecho y luego en el suyo para que
-sintiera las vibraciones del sonido.
-
-Y pasaron tres años, sin conseguir que formara palabra alguna. Tendía
-á dar á las cosas, como nombre propio, el de la letra cuyo sonido
-predominaba en ellas. Esto era todo.
-
-En el circo había aprendido á ladrar, como los perros sus compañeros
-de tareas; y cuando me veía desesperar ante las vanas tentativas para
-arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como dándome todo lo que
-sabía. Pronunciaba aisladamente las vocales y consonantes, pero no
-podía asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición vertiginosa
-de _pes_ y de _emes_.
-
-Por despacio que fuera, se había operado un gran cambio en su carácter.
-Tenía menos movilidad en las facciones, la mirada más profunda, y
-adoptaba posturas meditativas. Había adquirido, por ejemplo, la
-costumbre de contemplar las estrellas. Su sensibilidad se desarrollaba
-igualmente; íbasele notando una gran facilidad de lágrimas.
-
-Las lecciones continuaban con inquebrantable tesón, aunque sin mayor
-éxito. Aquello había llegado á convertirse en una obsesión dolorosa,
-y poco á poco sentíame inclinado á emplear la fuerza. Mi carácter iba
-agriándose con el fracaso, hasta asumir una sorda animosidad contra
-Yzur. Éste se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo
-rebelde, y empezaba á convencerme de que nunca lo sacaría de allí,
-cuando supe de golpe que no hablaba porque no quería.
-
-El cocinero, horrorizado, vino á decirme una noche que había
-sorprendido al mono “hablando verdaderas palabras”. Estaba, según su
-narración, acurrucado junto á una higuera de la huerta; pero el terror
-le impedía recordar lo esencial de esto, es decir, las palabras. Sólo
-creía retener dos: _cama_ y _pipa_. Casi le doy de puntapiés por su
-imbecilidad.
-
-No necesito decir que pasé la noche poseído de una gran emoción; y lo
-que en tres años no había cometido, el error que todo lo echó á perder,
-provino del enervamiento de aquel desvelo, tanto como de mi excesiva
-curiosidad.
-
-En vez de dejar que el mono llegara naturalmente á la manifestación del
-lenguaje, llaméle al día siguiente y procuré imponérsela por obediencia.
-
-No conseguí sino las _pes_ y las _emes_ con que me tenía harto, las
-guiñadas hipócritas y--Dios me perdone--una cierta vislumbre de ironía
-en la azogada ubicuidad de sus muecas.
-
-Me encolericé, y sin consideración alguna, le di de azotes. Lo único
-que logré fué su llanto y un silencio absoluto que excluía hasta los
-gemidos.
-
-Á los tres días cayó enfermo, en una especie de sombría demencia
-complicada con síntomas de meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías,
-purgantes, revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia, bromuro--toda
-la terapéutica del espantoso mal le fué aplicada. Luché con desesperado
-brío, á impulsos de un remordimiento y de un temor. Aquél por creer á
-la bestia una víctima de mi crueldad; éste por la suerte del secreto
-que quizá se llevaba á la tumba.
-
-Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no obstante, tan débil,
-que no podía moverse de la cama. La proximidad de la muerte habíalo
-ennoblecido y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud, no se separaban
-de mí, siguiéndome por toda la habitación como dos bolas giratorias,
-aunque estuviese detrás de él; su mano buscaba las mías en una
-intimidad de convalecencia. En mi gran soledad, iba adquiriendo
-rápidamente la importancia de una persona.
-
-El demonio del análisis, que no es sino una forma del espíritu de
-perversidad, impulsábame, sin embargo, á renovar mis experiencias. En
-realidad el mono había hablado. Aquello no podía quedar así.
-
-Comencé muy despacio, pidiéndole las letras que sabía pronunciar.
-¡Nada! Dejélo solo durante horas, espiándolo por un agujerillo del
-tabique. ¡Nada! Habléle con oraciones breves, procurando tocar su
-fidelidad ó su glotonería. ¡Nada! Cuando aquéllas eran patéticas, los
-ojos se le hinchaban de llanto. Cuando le decía una frase habitual,
-como el “yo soy tu amo” con que empezaba todas mis lecciones, ó el “tú
-eres mi mono” con que completaba mi anterior afirmación, para llevar á
-su espíritu la certidumbre de una verdad total, él asentía cerrando los
-párpados; pero no producía un sonido, ni siquiera llegaba á mover los
-labios.
-
-Había vuelto á la gesticulación como único medio de comunicarse
-conmigo; y este detalle, unido á sus analogías con los sordomudos,
-hacía redoblar mis precauciones, pues nadie ignora la gran
-predisposición de estos últimos á las enfermedades mentales. Por
-momentos deseaba que se volviera loco, á ver si el delirio rompía al
-fin su silencio.
-
-Su convalecencia seguía estacionaria. La misma flacura, la misma
-tristeza. Era evidente que estaba enfermo de inteligencia y de dolor.
-Su unidad orgánica habíase roto al impulso de una cerebración anormal,
-y día más, día menos, aquél era caso perdido.
-
-Mas, á pesar de la mansedumbre que el progreso de la enfermedad
-aumentaba en él, su silencio, aquel desesperante silencio provocado
-por mi exasperación, no cedía. Desde un obscuro fondo de tradición
-petrificada en instinto, la raza imponía su milenario mutismo al
-animal, fortaleciéndose de voluntad atávica en las raíces mismas de su
-ser. Los antiguos hombres de la selva, que forzó al silencio, es decir,
-al suicidio intelectual, quién sabe qué bárbara injusticia, mantenían
-su secreto formado por misterios de bosque y abismos de prehistoria, en
-aquella decisión ya inconsciente, pero formidable con la inmensidad de
-su tiempo.
-
-Infortunios del antropoide retrasado en la evolución cuya delantera
-tomaba el humano con un despotismo de sombría barbarie, habían, sin
-duda, destronado á las grandes familias cuadrumanas del dominio arbóreo
-de sus primitivos edenes, raleando sus filas, cautivando sus hembras
-para organizar la esclavitud desde el propio vientre materno, hasta
-infundir á su impotencia de vencidas el acto de dignidad mortal que
-las llevaba á romper con el enemigo el vínculo superior también, pero
-infausto de la palabra, refugiándose como salvación suprema en la noche
-de la animalidad.
-
-Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían cometido los
-vencedores con la semibestia en trance de evolución, para que ésta,
-después de haber gustado el encanto intelectual que es el fruto
-paradisíaco de las biblias, se resignara á aquella claudicación
-de su extirpe en la degradante igualdad de los inferiores; á aquel
-retroceso que cristalizaba por siempre su inteligencia en los gestos
-de un automatismo de acróbata; á aquella gran cobardía de la vida que
-encorvaría eternamente, como en distintivo bestial, sus espaldas de
-dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento que permanece en el
-fondo de su caricatura.
-
-He aquí lo que al borde mismo del éxito, había despertado mi malhumor
-en el fondo del limbo atávico. Á través del millón de años, la palabra,
-con su conjuro, removía la antigua alma simiana; pero contra esa
-tentación que iba á violar las tinieblas de la animalidad protectora,
-la memoria ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo
-horror, oponía también edad sobre edad como una muralla.
-
-Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento. Una dulce agonía á
-ojos cerrados, con respiración débil, pulso vago, quietud absoluta,
-que sólo interrumpía para volver de cuando en cuando hacia mí, con una
-desgarradora expresión de eternidad, su cara de viejo mulato triste.
-Y la última tarde, la tarde de su muerte, fué cuando ocurrió la cosa
-extraordinaria que me ha decidido á emprender esta narración.
-
-Habíame dormitado á su cabecera, vencido por el calor y la quietud del
-crepúsculo que empezaba, cuando sentí de pronto que me asían por la
-muñeca.
-
-Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos muy abiertos, se moría
-definitivamente aquella vez, y su expresión era tan humana, que
-me infundió horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con tanta
-elocuencia hacia él, que hube de inclinarme inmediato á su rostro;
-y entonces, con su último suspiro, el último suspiro que coronaba y
-desvanecía á la vez mi esperanza, brotaron--estoy seguro--brotaron en
-un murmullo (¿cómo explicar el tono de una voz que ha permanecido sin
-hablar diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad reconciliaba las
-especies:
-
---AMO, AGUA. AMO, MI AMO...
-
-
-
-
- LA ESTATUA DE SAL
-
-
- LA ESTATUA DE SAL
-
-
-He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje
-Sosistrato:
-
---Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio de San Sabas, diga
-que no conoce la desolación. Imaginaos un antiquísimo edificio situado
-sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se
-deslizan ya casi agotadas hacia el Mar Muerto, por entre bosquecillos
-de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay
-más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio.
-Una soledad infinita, sólo turbada de tarde en tarde por el paso de
-algunos nómades que trasladan sus rebaños; un silencio colosal que
-parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte.
-Cuando sopla el viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando
-el viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El
-ocaso y la aurora se confunden en una misma tristeza. Sólo aquéllos
-que deben expiar grandes crímenes, arrostran semejantes soledades. En
-el convento se puede oir misa y comulgar. Los monjes que no son ya más
-que cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen al peregrino
-una modesta colación de dátiles fritos, uvas, agua del río y algunas
-veces vino de palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las tribus
-vecinas los respetan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno,
-le sepultan en las cuevas que hay debajo á la orilla del río, entre
-las rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas azules,
-amigas del convento; antes, hace ya muchos años, habitaron en ellas los
-primeros anacoretas, uno de los cuales fué el monje Sosistrato cuya
-historia he prometido contaros. Ayúdeme Nuestra Señora del Carmelo
-y vosotros escuchad con atención. Lo que vais á oir, me lo refirió
-palabra por palabra el hermano Porfirio, que ahora está sepultado en
-una de las cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida á los ochenta
-años en la virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su gracia.
-Amén.
-
- * * * * *
-
-Sosistrato era un monje armenio, que había resuelto pasar su vida en la
-soledad con varios jóvenes compañeros suyos de vida mundana, recién
-convertidos á la religión del crucificado. Pertenecía, pues, á la
-fuerte raza de los estilitas. Después de largo vagar por el desierto,
-encontraron un día las cavernas de que os he hablado y se instalaron
-en ellas. El agua del Jordán, los frutos de una pequeña hortaliza que
-cultivaban en común, bastaban para llenar sus necesidades. Pasaban
-los días orando y meditando. De aquellas grutas surgían columnas de
-plegarias, que contenían con su esfuerzo la vacilante bóveda de los
-cielos próxima á desplomarse sobre los pecados del mundo. El sacrificio
-de aquellos desterrados, que ofrecían diariamente la maceración de sus
-carnes y la pena de sus ayunos á la justa ira de Dios, para aplacarla,
-evitaron muchas pestes, guerras y terremotos. Esto no lo saben los
-impíos que ríen con ligereza de las penitencias de los cenobitas. Y sin
-embargo, los sacrificios y oraciones de los justos son las claves del
-techo del universo.
-
-Al cabo de treinta años de austeridad y silencio, Sosistrato y sus
-compañeros habían alcanzado la santidad. El demonio, vencido, aullaba
-de impotencia bajo el pie de los santos monjes. Éstos fueron acabando
-sus vidas uno tras otro, hasta que al fin Sosistrato se quedó solo.
-Estaba muy viejo, muy pequeñito. Se había vuelto casi transparente.
-Oraba arrodillado quince horas diarias, y tenía revelaciones. Dos
-palomas amigas, traíanle cada tarde algunos granos de granada y se los
-daban á comer con el pico. Nada más que de eso vivía; en cambio olía
-bien como un jazminero por la tarde. Cada año, el viernes doloroso,
-encontraba al despertar, en la cabecera de su lecho de ramas, una
-copa de oro llena de vino y un pan con cuyas especies comulgaba
-absorbiéndose en éxtasis inefables. Jamás se le ocurrió pensar de
-dónde vendría aquello, pues bien sabía que el señor Jesús puede
-hacerlo. Y aguardando con unción perfecta el día de su ascención á la
-bienaventuranza, continuaba soportando sus años. Desde hacía más de
-cincuenta, ningún caminante había pasado por allí.
-
-Pero una mañana, mientras el monje rezaba con sus palomas, éstas,
-asustadas de pronto, echaron á volar abandonándole. Un peregrino
-acababa de llegar á la entrada de la caverna. Sosistrato, después
-de saludarle con santas palabras, le invitó á reposar indicándole
-un cántaro de agua fresca. El desconocido bebió con ansia como si
-estuviese anonadado de fatiga; y después de consumir un puñado de
-frutas secas que extrajo de su alforja, oró en compañía del monje.
-
-Transcurrieron siete días. El caminante refirió su peregrinación desde
-Cesárea á las orillas del Mar Muerto, terminando la narración con una
-historia que preocupó á Sosistrato.
-
---He visto los cadáveres de las ciudades malditas, dijo una noche á su
-huésped; he mirado humear el mar como una hornalla, y he contemplado
-lleno de espanto á la mujer de sal, la castigada esposa de Lot. La
-mujer está viva, hermano mío, y yo la he escuchado gemir y la he visto
-sudar al sol del mediodía.
-
---Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado _De Sodoma_, dijo en voz
-baja Sosistrato.
-
---Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino. Algo más definitivo
-hay en él todavía; y de ello resulta que la esposa de Lot ha seguido
-siendo fisiológicamente mujer. Yo he pensado que sería obra de caridad
-libertarla de su condena...
-
---Es la justicia de Dios, exclamó el solitario
-
---¿No vino Cristo á redimir también con su sacrificio los pecados del
-antiguo mundo?--replicó suavemente el viajero que parecía docto en
-letras sagradas. ¿Acaso el bautismo no lava igualmente el pecado contra
-la Ley que el pecado contra el Evangelio?...
-
-Después de estas palabras, ambos se entregaron al sueño. Fué aquélla
-la última noche que pasaron juntos. Al siguiente día el desconocido
-partió, llevando consigo la bendición de Sosistrato, y no necesito
-deciros que, á pesar de sus buenas apariencias, aquel fingido peregrino
-era Satanás en persona.
-
-El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación tenaz asaltó
-desde aquella noche el espíritu del santo. ¡Bautizar la estatua de
-sal, libertar de su suplicio aquel espíritu encadenado! La caridad lo
-exigía, la razón argumentaba. En esta lacha transcurrieron meses, hasta
-que por fin el monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en sueños
-y le ordenó ejecutar el acto.
-
-Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana del cuarto, apoyándose
-en su bordón de acacia, tomó, costeando el Jordán, la senda del Mar
-Muerto. La jornada no era larga, pero sus piernas cansadas apenas
-podían sostenerle. Así marchó durante dos días. Las fieles palomas
-continuaban alimentándole como de ordinario, y él rezaba mucho,
-profundamente, pues aquella resolución afligíale en extremo. Por fin,
-cuando sus pies iban á faltarle, las montañas se abrieron y el lago
-apareció.
-
-Los esqueletos de las ciudades destruidas iban poco á poco
-desvaneciéndose. Algunas piedras quemadas, era todo lo que restaba ya:
-trozos de arcos, hileras de adobes carcomidos por la sal y cimentados
-en betún... El monje reparó apenas en semejantes restos; que procuró
-evitar á fin de que sus pies no se manchasen á su contacto. De repente,
-todo su viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir hacia el sud, fuera ya
-de los escombros, en un recodo de las montañas desde el cual apenas se
-los percibía, la silueta de la estatua.
-
-Bajo su manto petrificado que el tiempo había roído, era larga y
-fina como un fantasma. El sol brillaba con límpida incandescencia,
-calcinando las rocas, haciendo espejear la capa salobre que cubría
-las hojas de los terebintos. Aquellos arbustos, bajo la reverberación
-meridiana, parecían de plata. En el cielo no había una sola nube. Las
-aguas amargas dormían en su característica inmovilidad. Cuando el
-viento soplaba, podía escucharse en ellas, decían los peregrinos, cómo
-se lamentaban los espectros de las ciudades.
-
-Sosistrato se aproximó á la estatua. El viajero había dicho verdad.
-Una humedad tibia cubría su rostro. Aquellos ojos blancos, aquellos
-labios blancos, estaban completamente inmóviles bajo la invasión de
-la piedra, en el sueño de sus siglos. Ni un indicio de vida salía de
-aquella roca. El sol la quemaba con tenacidad implacable, siempre igual
-desde hacía miles de años, y sin embargo, ¡esa efigie estaba viva
-puesto que sudaba! Semejante sueño resumía el misterio de los espantos
-bíblicos. La cólera de Jehová había pasado sobre aquel ser, espantosa
-amalgama de carne y de peñasco. ¿No era temeridad el intento de turbar
-ese sueño? ¿No caería el pecado de la mujer maldita sobre el insensato
-que procuraba redimirla? Despertar el misterio es una locura criminal,
-tal vez una tentación del infierno. Sosistrato, lleno de congoja, se
-arrodilló á orar en la sombra de un bosquecillo...
-
-Cómo se verificó el acto, no os lo voy á decir. Sabed únicamente que
-cuando el agua sacramental cayó sobre la estatua, la sal se disolvió
-lentamente, y á los ojos del solitario apareció una mujer, vieja como
-la eternidad, envuelta en andrajos terribles, de una lividez de ceniza,
-flaca y temblorosa, llena de siglos. El monje que había visto al
-demonio sin miedo, sintió el pavor de aquella aparición. Era el pueblo
-réprobo lo que se levantaba en ella. Esos ojos vieron la combustión de
-los azufres llovidos por la cólera divina sobre la ignominia de las
-ciudades; esos andrajos estaban tejidos con el pelo de los camellos
-de Lot; ¡esos pies hollaron las cenizas del incendio del Eterno! Y la
-espantosa mujer le habló con su voz antigua.
-
-Ya no recordaba nada. Sólo una vaga visión del incendio, una sensación
-tenebrosa despertada á la vista de aquel mar. Su alma estaba vestida
-de confusión. Había dormido mucho, un sueño negro como el sepulcro.
-Sufría sin saber por qué, en aquella sumersión de pesadilla. Ese
-monje acababa de salvarla. Lo sentía. Era lo único claro en su visión
-reciente. Y el mar... el incendio... la catástrofe... las ciudades
-ardidas... todo aquello se desvanecía en una clarovidente visión de
-muerte. Iba á morir. Estaba salvada, pues. ¡Y era el monje quien la
-había salvado!
-
-Sosistrato temblaba, formidable. Una llama roja incendiaba sus
-pupilas. El pasado acababa de desvanecerse en él, como si el viento
-de fuego hubiera barrido su alma. Y sólo este convencimiento ocupaba
-su conciencia: _¡la mujer de Lot estaba allí!_ El sol descendía
-hacia las montañas. Púrpuras de incendio manchaban el horizonte. Los
-días trágicos revivían en aquel aparato de llamaradas. Era como una
-resurrección del castigo, reflejándose por segunda vez sobre las aguas
-del lago amargo. Sosistrato acababa de retroceder en los siglos.
-Recordaba. Había sido actor en la catástrofe. Y esa mujer... ¡esa mujer
-le era conocida!
-
-Entonces un ansia espantosa le quemó las carnes. Su lengua habló,
-dirigiéndose á la espectral resucitada:
-
---Mujer, respóndeme una sola palabra.
-
---Habla... pregunta...
-
---¿Responderás?
-
---¡Sí, habla; me has salvado!
-
-Los ojos del anacoreta brillaron, como si en ellos se concentrase el
-resplandor que incendiaba las montañas.
-
---_Mujer, dime qué viste cuando tu rostro se volvió para mirar._
-
-Una voz anudada de angustia, le respondió:
-
---Oh, no... Por Elohim, ¡no quieras saberlo!
-
---¡Dime qué viste!
-
---No... no... ¡Sería el abismo!
-
---Yo quiero el abismo.
-
---Es la muerte...
-
---¡Dime qué viste!
-
---No puedo... ¡no quiero!
-
---Yo te he salvado.
-
---No... no....
-
-El sol acababa de ponerse.
-
---¡Habla!
-
-La mujer se aproximó. Su voz parecía cubierta de polvo; se apagaba, se
-crepusculizaba, agonizando.
-
---¡Por las cenizas de tus padres!...
-
---¡Habla!
-
-Entonces aquel espectro aproximó su boca al oído del cenobita, y dijo
-una palabra. Y Sosistrato, fulminado, anonadado, sin arrojar un grito,
-cayó muerto. Roguemos á Dios por su alma.
-
-
-
-
- EL PSYCHON
-
-
- EL PSYCHON
-
-
-El doctor Paulin, ventajosamente conocido en el mundo científico por el
-descubrimiento del telectróscopo, el electroide y el espejo negro, de
-los cuales hablaremos algún día, llegó á esta capital hará próximamente
-ocho años, de incógnito, para evitar manifestaciones que su modestia
-repudiaba. Nuestros médicos y hombres de ciencia leerán correctamente
-el nombre del personaje, que disimuló bajo un patronímico supuesto,
-tanto por carecer de autorización para publicarlo, cuanto porque el
-desenlace de este relato ocasionaría polémicas, que mi ignorancia no
-sabría sostener en campo científico.
-
-Un reumatismo vulgar, aunque rebelde á todo tratamiento, me hizo
-conocer al doctor Paulin cuando todavía era aquí un forastero. Cierto
-amigo, miembro de una sociedad de estudios psíquicos á quien venía
-recomendado desde Australia el doctor, nos puso en relaciones. Mi
-reumatismo desapareció mediante un tratamiento helioterápico original
-del médico; y la gratitud hacia él, tanto como el interés que sus
-experiencias me causaban, convirtió nuestra aproximación en amistad,
-desarrollando un sincero afecto.
-
-Una ojeada preliminar sobre las mencionadas experiencias, servirá de
-introducción explicativa, necesaria para la mejor comprensión de lo que
-sigue.
-
-El doctor Paulin era, ante todo, un físico distinguido. Discípulo
-de Wroblewski en la universidad de Cracovia, habíase dedicado con
-preferencia al estudio de la licuación de los gases, problema que
-planteado imaginativamente por Lavoisier, debía quedar resuelto luego
-por Faraday, Cagniard-Latour y Thilorier. Pero no era éste el único
-género de investigaciones en que sobresalía el doctor. Su profesión se
-especializaba en el mal conocido terreno de la terapéutica sugestiva,
-siendo digno émulo de los Charcot, los Dumontpallier, los Landolt, los
-Luys; y aparte el sistema helioterápico citado más arriba, mereció ser
-consultado por Guimbail y por Branly repetidas veces, sobre temas tan
-delicados como la conductibilidad de los neurones, cuya ley recién
-determinada entonces por ambos sabios, era el caso palpitante de la
-ciencia.
-
-Forzoso es confesar, no obstante, que el doctor Paulin adolecía
-de un defecto grave. Era espiritualista, teniendo, para mayor pena,
-la franqueza de confesarlo. Siempre recordaré á este respecto el
-final de una carta que dirigió en julio del 98, al profesor Elmer
-Gates, de Washington, contestando otra en la cual éste le comunicaba
-particularmente sus experiencias sobre la sugestión en los perros y
-sobre la “dirigación”, ósea la acción modificadora ejercida por la
-voluntad sobre determinadas partes del organismo.
-
-“Y bien, sí, decía el doctor; tenéis razón para vuestras conclusiones,
-que acabo de ver publicadas junto con el relato de vuestras
-experiencias, en el _New York Medical Times_. El espíritu es quien rige
-los tejidos orgánicos y las funciones fisiológicas, porque es él quien
-crea esos tejidos y asegura su facultad vital. Ya sabéis si me siento
-inclinado á compartir vuestra opinión”, etc.
-
-Así, el doctor Paulin era mirado de reojo por las academias. Como á
-Crookes, como á de Rochas, le aceptaban con agudas sospechas. Sólo
-faltaba la estampilla materialista para que le expidieran su diploma de
-sabio.
-
-¿Por qué estaba en Buenos Aires el doctor Paulin? Parece que á causa
-de una expedición científica con la que procuraba coronar una serie
-de estudios botánicos aplicados á la medicina. Algunas plantas que
-por mi intermedio consiguió, entre otras la jarilla cuyas propiedades
-emenagogas habíale yo descripto, dieron pie para una súplica á que su
-amabilidad defirió de buen grado. Le pedí autorización para asistir á
-sus experimentos, siendo testigo de ellos desde entonces.
-
-Tenía el doctor, en el pasaje X, un laboratorio al cual se llegaba
-por la sala de consultas. Todos cuantos le conocieron, recordarán
-perfectamente éste y otros detalles, pues nuestro hombre era tan sabio
-como franco y no hacia misterio de su existencia. En aquel laboratorio
-fué donde una noche, hablando con el doctor sobre las prescripciones
-rituales que afectan á los cleros de todo el mundo, obtuve una
-explicación singular de cierto hecho que me traía muy atareado.
-
-Comentábamos la tonsura, cuya explicación yo no hallaba, cuando el
-doctor me lanzó de pronto este argumento que no pretendo discutir:
-
---Sabe usted que las exhalaciones fluídicas del hombre, son percibidas
-por los sensitivos en forma de resplandores, rojos los que emergen
-del lado derecho, azulados los que se desprenden del izquierdo. Esta
-ley es constante, excepto en los zurdos cuya polaridad se trueca,
-naturalmente, lo mismo para el sensitivo que para el imán. Poco
-antes de conocerle, experimentando sobre ese hecho con Antonia,
-la sonámbula que nos sirvió para ensayar el electroide, me hallé en
-presencia de un hecho que llamó extraordinariamente mi atención.
-La sensitiva veía desprenderse de mi occipucio una llama amarilla,
-que ondulaba alargándose hasta treinta centímetros de altura. La
-persistencia con que la muchacha afirmaba este hecho, me llenó de
-asombro. No podía siquiera presumir una sugestión involuntaria, pues
-en este género de investigaciones empleo el método del doctor Luys,
-hipnotizando solamente las retinas para dejar libre la facultad
-racional.
-
-El doctor se levantó de su asiento y empezó á pasearse por la
-habitación.
-
---Con el interés que se explica ante un fenómeno tan inesperado,
-ensayé al otro día una experiencia con cinco muchachos pagados al
-efecto. Antonia no vió en ninguno la misteriosa llama, aunque sí las
-aureolas ordinarias; mas cuál no sería mi sorpresa, al oírla exclamar
-en presencia del portero don Francisco, usted sabe, llamado por mí como
-último recurso: “El señor sí la tiene, clarita pero menos brillante”.
-Cavilé dos días sobre aquel fenómeno; hasta que de pronto, por ese
-hábito de no desperdiciar detalle adquirido en semejantes estudios,
-me ocurrió una idea que, ligeramente ridicula primero, no tardó en
-volverse aceptable. Chupó vigorosamente su cigarro y continuó:
-
---Tengo la costumbre de operar llevando puesto mi fez casero; la
-calvicie me obliga á esta incorrección... Cuando Antonia vió sobre mi
-cabeza el fulgor amarillo, estaba sin gorro, habiéndomelo quitado por
-el excesivo calor. ¿No habría sido el cabello de los muchachos lo que
-impidió la emisión de la llama? Según Fugairon, la capa córnea que
-constituye la epidermis, es mal conductor de la electricidad animal; de
-modo que el pelo, substancia córnea también, posee idéntica propiedad.
-Además, don Francisco es calvo como yo, y la coincidencia del fenómeno
-en ambos, autorizaba una presunción atendible. Mis investigaciones
-posteriores la confirmaron plenamente; y ahora comprenderá usted la
-razón de ser de la tonsura. Los sacerdotes primitivos, observarían
-sobre la cabeza de algunos apóstoles _electrógenos_, diremos, aceptando
-un término de reciente creación, el resplandor que Antonia percibía en
-las nuestras. El hecho, de Moisés acá, no es raro en las cronologías
-legendarias. Luego se notaría el obstáculo que presentaba el cabello,
-y se establecería el hábito de rapar aquel punto del cráneo por
-donde surgía el fulgor, á fin de que este fenómeno, cuyo prestigio
-se infiere, pudiera manifestarse con toda intensidad. ¿Le parece
-convincente mi explicación?
-
---Me parece, por lo menos; tan ingeniosa como la de Volney, para quien
-la tonsura es el símbolo del sol...
-
-Tenía la costumbre de contradecirle así, indirectamente, para que
-llegase hasta el fin en sus explicaciones.
-
---Podría usted citar asimismo, la de Brillat-Savarin, según el cual se
-ha prescripto la tonsura á los monjes para que tengan fresca la cabeza,
-replicó el doctor entre picado y sonriente.
-
-No obstante, hay algo más, prosiguió animándose. Desde mucho tiempo
-antes, proyectaba una experiencia sobre esas emanaciones fluídicas,
-sobre la _lohé_, para usar la expresión de Reichenbach, su descubridor:
-quería obtener el espectro de esos fulgores. Lo intenté, haciéndome
-describir por la sensitiva, minuciosamente, todos los fenómenos...
-
---...¿Y qué resulta? pregunté entusiasmado.
-
---Resulta una raya verde en el índigo para la coloración roja, y dos
-negras en el verde para la coloración azul. En cuanto á la amarilla
-descubierta por mí, el resultado es extraordinario. Antonia dice ver en
-el rojo una raya violeta claro.
-
---¡Absurdo!
-
---Lo que usted quiera; pero ya la he presentado un espectro, y ella me
-ha indicado en él la posición de la raya que ve ó cree ver. Según
-estos datos, y con todas las suposiciones de error posible, creo que
-esa raya es la número 5567. De ser así, habría una identidad curiosa;
-pues la raya 5567, coincidiría exactamente con la hermosa raya número 4
-de la aurora boreal...
-
---¡Pero doctor, todo esto es fantasía pura! exclamé alarmado por
-aquellas ideas vertiginosas.
-
---No, amigo mío. ¡Esto significaría sencillamente que el polo es algo
-así como la coronilla del planeta!
-
-Poco después de la conversación que he referido y cuya última frase
-concluyó entre la más afable sonrisa del doctor Paulin, éste me leyó
-una tarde entusiasmado, las primeras noticias sobre la licuación
-del hidrógeno efectuada por Dewar en mayo de aquel año, y sobre el
-descubrimiento hecho algunos días después por Travers y Ramsay, de tres
-elementos nuevos en el aire: el _kryptón_, el _neón_ y el _metargón_,
-aplicando precisamente el procedimiento de licuación de los gases; y á
-propósito de estos hechos, recuerdo aún su frase de labor y de combate.
-
---No; no es posible que yo muera sin ligar mi nombre á uno de estos
-descubrimientos que son la gloria de una vida. Mañana mismo continuaré
-mis experiencias.
-
-Desde el siguiente día, púsose á trabajaren efecto con ardor febril; y
-aunque yo debía estar curado de asombro ante sus éxitos, no pude menos
-de estremecerme cuando una tarde me dijo con voz tranquila:
-
---¿Creerá usted que he visto con mis propios ojos _esa_ raya en el
-espectro del neón?
-
---¿De veras? dije con evidente descortesía.
-
---De veras. Creo que la tal raya me ha puesto en buen camino. Pero á
-fin de satisfacer su curiosidad, me es menester hablarle de ciertas
-indagaciones que he mantenido reservadas.
-
-Agradecí calurosamente y me dispuse á oir con avidez.
-
-El doctor empezó:
-
---Aunque las noticias sobre la licuación del hidrógeno eran harto
-breves, mis conocimientos en la materia me permitieron completarlas,
-bastándome modificar el aparato de Olzewski, que uso en la preparación
-del aire líquido. Aplicando después el principio de la destilación
-fraccionada, obtuve como Travers y Ramsay los espectros del kryptón,
-el neón y el metargón. Dispuse luego extraer estos cuerpos, por si
-aparecía algún espectro nuevo en el residuo, y efectivamente, cuando ya
-no quedó más, vi aparecer la raya mencionada.
-
---¿Y cómo se opera la extracción?
-
---Haciendo evaporar lentamente el aire líquido, y recogiendo en un
-recipiente el gas desprendido por esa evaporación. Si tuviera aquí una
-máquina Linde que me suministraría sesenta kilogramos de aire líquido
-por hora, podría operar en grande escala; pero he debido contentarme
-con una producción de ochocientos centímetros cúbicos.
-
-Obtenido el gas en el recipiente, lo trato por el cobre calentado para
-retirar el oxígeno, y por una mezcla de cal con magnesio para absorber
-el ázoe. Queda, pues, aislado el argón; y entonces es cuando aparece la
-doble raya verde del kryptón, descubierta por Ramsay. Licuando el argón
-aislado, y sometiéndolo á una evaporación lenta, los productos de la
-destilación suministran en el tubo de Geissler una luz rojo-anaranjada,
-con nuevas rayas, que por la interposición de una botella de Leyden
-aumentan, caracterizando el espectro del neón. Si la destilación
-prosigue, se obtiene un producto sólido de evaporación muy lenta, cuyo
-espectro se caracteriza por dos líneas, una verde y la otra amarilla,
-denunciando la existencia del metargón ó _eosium_, según propone
-Berthelot. Hasta aquí, es todo lo que se sabe.
-
---¿Y la raya violeta?
-
---Vamos á verla dentro de algunos instantes. Sepa usted entretanto,
-que para llegar á resultados iguales yo procedo de otro modo. Retiro
-el oxígeno y el ázoe por medio de las substancias indicadas; luego el
-argón y el metargón con hiposulfito de soda; el kryptón en seguida con
-fosfuro de cinc, y por último el neón con ferrocianuro de potasio.
-Este método es empírico. Queda todavía en el recipiente un residuo
-comparable á la escarcha, que se evapora con suma lentitud. El gas
-resultante, es mi descubrimiento.
-
-Me incliné ante aquellas palabras solemnes.
-
---He estudiado sus constantes físicas llegando á determinar algunas.
-Su densidad es de 25,03, siendo la del oxígeno de 16 como es sabido.
-He determinado también la longitud de la onda sonora en ese fluido, y
-el número encontrado, permitiéndome evaluar la relación de los calores
-específicos, me ha indicado que es monoatómico. Pero el resultado
-sorprendente está en su espectro, caracterizado por una raya violeta en
-el rojo, la raya 5567 coincidente con la número 4 de la aurora boreal,
-la misma que presentaba el fulgor amarillo percibido por Antonia sobre
-mi cabeza.
-
-Ante tal afirmación, dejé escapar esta pregunta inocente:
-
---¿Y qué será ese cuerpo, doctor?
-
-Con gran sorpresa mía, el sabio sonrió satisfecho.
-
---Ese cuerpo... ¡hum! Ese cuerpo bien podría ser pensamiento
-volatilizado.
-
-Di un salto en la silla, pero el doctor me impuso silencio con un
-ademán.
-
---¿Por qué no? siguió diciendo. El cerebro irradia pensamiento en forma
-de fuerza mecánica, habiendo grandes probabilidades de que lo haga
-también en forma fluídica. La llama amarilla no sería en este caso más
-que el producto de la combustión cerebral, y la analogía de su espectro
-con el de la substancia descubierta por mí, me hace creer que sean algo
-idéntico. Figúrese por el consumo diario de pensamiento, la enorme
-irradiación que debe producirse. ¿Qué se harían, efectivamente, los
-pensamientos inútiles ó extraños, las creaciones de los imaginativos,
-los éxtasis de los místicos, los ensueños de los histéricos, los
-proyectos de los ilógicos, todas esas fuerzas cuya acción no se
-manifiesta por falta de aplicación inmediata? Los astrólogos decían
-que los pensamientos _viven_ en la luz astral, como fuerzas latentes
-susceptibles de actuar en determinadas condiciones. ¿No sería esto una
-intuición del fenómeno que la ciencia está en camino de descubrir? Por
-lo demás, el pensamiento como entidad psíquica es inmaterial; pero
-sus manifestaciones deben ser fluídicas, y esto es quizás lo que he
-llegado á obtener como un producto de laboratorio. Á horcajadas
-en su teoría, el doctor lanzábase audazmente por aquellas regiones,
-desarrollando una temible lógica á la que yo intentaba resistir en vano.
-
---He dado á mi cuerpo el nombre de _Psychon_, concluyó; ya comprende
-por qué. Mañana intentaremos una experiencia: licuaremos el
-pensamiento. (El doctor me agregaba, como se ve, á sus experimentos, y
-me guardé bien de rehusar). Después calcularemos si es posible realizar
-su oclusión en algún metal, y acuñaremos medallas psíquicas. Medallas
-de genio, de poesía, de audacia, de tristeza... Luego determinaremos
-su sitio en la atmósfera, llamando “psicósfera”, si se permite la
-expresión, la capa correspondiente... Hasta mañana á las dos, entonces,
-y veremos lo que resulta de todo esto.
-
-Á las dos en punto estábamos en obra.
-
-El doctor me enseñó su nuevo aparato. Consistía en tres espirales
-concéntricos formados por tubos de cobre y comunicados entre sí.
-El gas desembocaba en la espiral exterior, bajo una presión de
-seiscientas cuarenta y tres atmósferas, y una temperatura de -136°
-obtenida por la evaporación del etileno según el sistema circulatorio
-de Pictet; recorriendo las otras dos serpentinas, iba á distenderse
-en la extremidad inferior de la espiral interna, y atravesando
-sucesivamente los compartimientos anulares en que se encontraban
-aquéllas, desembocaba cerca de su punto de partida en el extremo
-superior de la segunda. El aparato medía en conjunto 0,70m de altura
-por 0,175m de diámetro. La distensión del fluido compresionado,
-ocasionaba el descenso de temperatura requerido para su licuación, por
-el método llamado de la cascada, también perteneciente al profesor
-Pictet.
-
-La experiencia comenzó, previos los trámites del caso que sólo
-interesarían á los profesionales, siendo por ello suprimidos.
-
-Mientras el doctor operaba, yo me disponía á escribir los resultados
-que me dictase, en un formulario. Doy á continuación esas anotaciones
-tal como las redactó, en gracia de la precisión indispensable.
-
-Decía el doctor:
-
-“Cuando la distensión llega á cuatrocientas atmósferas, se obtiene
-una temperatura de -237°3 y el fluido desemboca en un vaso de doble
-paredes separadas por un espacio vacío de aire; la pared interior
-está plateada, para impedir aportes de calor por convección ó por
-irradiación.”
-
-“El producto es un líquido transparente é incoloro que presenta cierta
-analogía con el alcohol.”
-
-“Las constantes críticas del psychon, son, pues, cuatrocientas
-atmósferas y -237°3.” “Un hilo de platino cuya resistencia es de
-5038 ohms en el hielo fundente, no presenta más que una de 0,119 en el
-psychon hirviendo. La ley de variación de la resistencia de este hilo
-con la temperatura, me permite fijar la de la ebullición del psychon en
--265°.”
-
---¿Sabe usted lo que quiere decir esto? me preguntó suspendiendo
-bruscamente el dictado.
-
-No le respondí; la situación era demasiado grave.
-
---Esto quiere decir, prosiguió como hablando consigo mismo, que ya no
-estaríamos más que á ocho grados del cero absoluto.
-
-Yo me había levantado, y con la ansiedad que es de suponer, examinaba
-el líquido cuyo menisco se destacaba claramente en el vaso. ¡El
-pensamiento!... ¡El cero absoluto!... Vagaba con cierta lúcida
-embriaguez en el mundo de las temperaturas imposibles.
-
-Si pudiera traducirse, pensaba, ¿_qué diría_ este poco de agua clara
-que tengo ante mis ojos? ¿Qué oración pura de niño, qué intento
-criminal, qué proyectos estarán encerrados en este recipiente? ¿O quizá
-alguna malograda creación de arte, algún descubrimiento perdido en las
-obscuridades del ilogismo?...
-
-El doctor, entre tanto, presa de una emoción que en vano intentaba
-reprimir, medía el aposento á grandes pasos. Por fin se aproximó al
-aparato diciendo:
-
---El experimento está concluido. Rompamos ahora el recipiente para que
-este líquido pueda escapar evaporándose. Quién sabe si al retenerlo no
-causamos la congoja de algún alma...
-
-Practicóse un agujero en la pared superior del vaso, y el líquido
-empezó á descender, mientras el ruido mate de un escape se percibía
-distintamente.
-
-De pronto noté en la cara del doctor una expresión sardónica
-enteramente fuera de las circunstancias; y casi al mismo tiempo, la
-idea de que sería una inconveniencia estúpida saltar por encima de
-la mesa, acudió á mi espíritu; mas apenas lo hube pensado, cuando ya
-el mueble pasó bajo mis piernas, no sin darme tiempo para ver que el
-doctor arrojaba al aire como una pelota su gato, un siamés legítimo,
-verdadera niña de sus ojos. El cuaderno fué á parar con una gran
-carcajada en las narices del doctor, provocando por parte de éste una
-pirueta formidable en honor mío. Lo cierto es que durante una hora,
-estuvimos cometiendo las mayores extravagancias, con gran estupefacción
-de los vecinos á quienes atrajo el tumulto y que no sabían cómo
-explicarse la cosa. Yo recuerdo apenas, que en medio de la risa,
-me asaltaban ideas de crimen entre una vertiginosa enunciación de
-problemas matemáticos. El gato mismo se mezclaba á nuestras cabriolas
-con un ardor extraño á su apatía tropical, y aquello no cesó sino
-cuando los espectadores abrieron de par en par las puertas; pues el
-pensamiento puro que habíamos absorbido, era seguramente el elíxir de
-la locura.
-
-El doctor Paulin desapareció al día siguiente, sin que por mucho tiempo
-me fuese dado averiguar su paradero.
-
-Ayer, por primera vez, me llegó una noticia exacta. Parece que ha
-repetido su experimento, pues se encuentra ahora en Alemania en una
-casa de salud.
-
-
-
-
- ENSAYO
- DE
- UNA COSMOGONÍA
- EN DIEZ LECCIONES
-
-
- ENSAYO DE UNA COSMOGONÍA EN DIEZ LECCIONES
-
-
-
-
- PROEMIO
-
-Hallándome cierta vez en un paso de la cordillera de los Andes, hice
-conocimiento con un caballero que allí moraba desde poco tiempo atrás,
-por cuenta de cierto sindicato para el cual estaba efectuando una
-mensura.
-
-Era un hombre alto, moreno, en cuyo tipo resaltaba ante todo una gran
-distinción, á poco acentuada por el encanto de su lenguaje.
-
-Un accidente montañés, que inutilizó por varios días á mi peón de mano,
-me obligó á compartir su real de agrimensor con cierto exceso quizá;
-pero mi hombre merecía aquel corto sacrificio de tiempo, y yo, además,
-no llevaba prisa.
-
-Arrobado verdaderamente por su conversación, confieso que las horas
-se me iban sin sentirlo, así las ideas expresadas por aquellos labios
-fuesen de las más extraordinarias; pero entre ellas y su autor, había
-cierta correlación de singularidad que las hacía enteramente aceptables
-mientras él hablaba.
-
-En el hombre aquél, el tipo era tan indefinible como la edad, bien
-que á primera vista se le atribuyera una vigorosa juventud y una
-procedencia americana; pero éstas pueden ser ocurrencias mías en las
-cuales ruego al lector que no insista.
-
-Nuestras pláticas--sus conferencias mejor dicho--dejaron en mi ánimo
-una gran impresión á la cual contribuirían ciertamente la soledad
-inspiradora de las noches andinas, la comunión de naturaleza que
-sugería su serenidad, y el silencio divino de las estrellas; pero cuyo
-mérito intrínseco bien merecía el estupor de un mortal.
-
-Una de aquellas noches, cerca del fuego medio apagado, mientras los
-peones reparaban en el sueño las fatigas del día, escuché la revelación
-que procuraré transmitir tan fielmente como me sea posible, ya que
-no se me exigió secreto alguno. Por mucho que difiera de las ideas
-científicas dominantes, el lector apreciará su concepción profunda, su
-lógica perfecta, y comprenderá que explica bastantes cosas con mayor
-claridad aún. He meditado bien antes de decidirme á publicarla, pero
-dos circunstancias me han impulsado sobre todo. La primera es que, á
-pesar de las más prolijas indagaciones, no he podido encontrar indicio
-alguno de aquel casual interlocutor, pues todas las señas que me dió á
-su respecto han resultado inciertas; la segunda es la facilidad con que
-me hizo el confidente de sus revelaciones. Estas dos circunstancias, me
-hacen creer que yo fuí tomado como agente para comunicar tales ideas,
-papel que acepto desde luego con la más perfecta humildad.
-
-La ocultación del revelador podría infundir sospechas; pero el lector
-verá que ella era innecesaria dada la naturaleza de sus enseñanzas,
-y que, en todo caso, responde á la decisión de no decir más, ó á la
-modestia. Ambas cosas respetables.
-
-Para no caer en conjeturas, lo mejor será abordar cuanto antes el
-asunto.
-
-
-
-
- PRIMERA LECCIÓN
-
- EL ORIGEN DEL UNIVERSO
-
-La vida, que es la eterna conversión de las cosas en otras distintas,
-abarca con su ley primordial el universo entero. Todas las cosas
-que son dejarán de ser, y vienen de otras que ya han dejado de
-ser. Tan universal como la vida misma, es esta periodicidad de sus
-manifestaciones.
-
-El día y la noche, el trabajo y el reposo, la vigilia y el sueño, son
-como quien dice los polos de la manifestación de la vida. Engendrándose
-unos á otros y permutándose, es como engendran los fenómenos. Toda
-fuerza será inercia y toda inercia será fuerza. Siendo ambas _vida_ en
-su esencia, su identidad radical es lo que produce sus permutaciones.
-
-Su diferencia aparente, la contradicción en que parecen hallarse, es
-sencillamente una diferencia de magnitudes: _la noche es menos día_, y
-así en lo demás.
-
-Ahora bien, toda magnitud es una progresión y de esto depende que no
-haya brusquedad en los cambios de estado de las cosas. Así es como la
-continuidad de la vida se mantiene en la periodicidad.
-
-Vivir es estar continuamente viniendo á ser y dejando de ser. Cada
-uno de los focos donde esto se opera--átomo ó planeta, célula ú
-organismo--es una vida. Ese equilibrio infinitamente instable, sin
-duración puesto que la más mínima permanencia en uno ú otro de los
-estados que lo forman, lo anularía ya; y sin tiempo, puesto que es una
-coincidencia de ser y de no ser--ese equilibrio es lo que se llama la
-existencia. Dejar de existir es acabarse ese equilibrio; entrar el ser
-á un estado inconcebible. En nuestro universo, _lo que viene á ser_
-se llama _materia_, y _lo que deja de ser_ se llama _energía_, pero
-claro está que estas cosas figuran aquí como entidades abstractas. No
-obstante, como las manifestaciones polares de la vida se permutan,
-lo que viene á ser, es decir, la materia, proviene de la energía y
-vice-versa.
-
-Si toda magnitud es una progresión, su crecimiento y su decrecimiento
-deben tener una duración equivalente, y éste es otro carácter de la
-periodicidad en las manifestaciones de la vida. El isocronismo de las
-oscilaciones pendulares, materializa en forma visible tal ley.
-
-Estas consideraciones que en nada afectan á las ideas científicas y
-filosóficas de nuestra época, son necesarias para que se comprenda
-mejor la exposición del sistema cosmogónico.
-
-Un universo que nace, es el producto de un universo que fué, y basta
-para demostrarlo, que ese universo haya nacido: _ex nihilo nihil_.
-
-Los universos acaban como manifestación material, convirtiéndose en
-energía pura según la ley fundamental de la vida, y en este último
-estado permanecen por una duración equivalente á la que tuvieron como
-materia. Esta duración, que respecto á la materia es un reposo absoluto
-en el cual no hay tiempo ni ninguna otra idea proveniente de la
-relación de magnitudes, pues al no existir la materia no hay magnitud
-de ningún género--esta duración es la eternidad. Eternidad significa,
-como es sabido, ausencia de tiempo.
-
-Semejante estado, que es el no existir de que hablábamos más arriba,
-es un estado inconcebible como decíamos también. Hay, pues, una
-imposibilidad absoluta para especular á su respecto. Sólo podemos saber
-que es energía incondicionada.
-
-Los antiguos decían que las tinieblas son luz absoluta; y siendo la luz
-una forma de energía, la forma más elevada mejor dicho para nuestra
-percepción, luz pura, es decir, energía pura, equivale á aquel estado
-inconcebible, ó sea á las tinieblas: luz absoluta. La ciencia habla
-ahora de _luz negra_, exactamente como el _Zohar_, libro hebreo más
-antiguo que la Biblia; y esta luz negra parece ser la forma más sutil
-del éter, teniendo una absoluta fuerza de penetración. Resulta superior
-á la otra luz, bien que sea invisible[1].
-
-Transcurrida la duración de un universo como energía pura, la ley de
-periodicidad lo llama de nuevo á la existencia material; pero esta
-nueva existencia no será, naturalmente, una repetición de la antigua.
-Constituirá, por el contrario, una continuación de las actividades
-que cesaron al dejar de existir ese universo, y que han permanecido
-latentes en el seno de la absoluta energía[2]. De otro modo se volvería
-atrás, y la naturaleza nunca vuelve atrás.
-
-¿Pero qué habrá podido ser, supongamos, el universo anterior al
-nuestro; aquél de que el nuestro procede?
-
-Siendo una en realidad la ley que rige las manifestaciones de la vida
-bajo determinadas formas, la más simple desviación de ella implica el
-cambio de todas estas formas. Así, por ejemplo, nuestro universo tiene
-por base la curva; todo la presupone en él; todas nuestras percepciones
-dependen de este acomodo fundamental. Supongamos que en vez de ser la
-curva fuese la recta. El universo se convertiría en algo enteramente
-imperceptible para nosotros, y hasta podría coexistir con nuestro
-universo actual, sin la más mínima sospecha de nuestra parte. Ahora,
-si conjeturamos--lo que es bien posible--otros conceptos geométricos y
-otras formas de universos, el problema se simplifica más aún. Quizá el
-“mundo invisible” que nos rodea y se comunica á veces con nosotros bajo
-formas tan extrañas, no sea sino esto; y con una existencia tan real,
-tan material como el nuestro, nos resulta del todo imperceptible.
-
-El universo antecesor del nuestro, había regresado, pues, á su estado
-de éter puro, de pura energía al concluir un ciclo de evolución bajo
-determinadas formas, cuyo desarrollo al entrar de nuevo en el período
-material, engendraría nuestro universo curvilíneo.
-
-Este determinismo cósmico, nada tiene de violento para nuestros
-conceptos científicos; y quizá más pronto de lo que se cree, las
-especulaciones sobre la cuarta dimensión del espacio puedan darnos un
-esquema del origen de nuestra geometría.
-
-Pero lo interesante es describir el proceso de la organización de la
-materia tal como la conocemos.
-
-
-
-
- SEGUNDA LECCIÓN
-
- EL ORIGEN DE LA FORMA
-
-Cuando el éter puro en que se disolvió un universo, ha tenido una
-duración equivalente á la de éste, ocurre en él un cambio de estado. La
-vida, ya lo hemos dicho, es un eterno cambiar de estado.
-
-La primera manifestación de esto en el éter del cual nuestro universo
-procede, fué un movimiento. Sabemos que las diversas manifestaciones
-de la electricidad, son cambios de estado por el movimiento; de tal
-modo que basta mover con velocidad uniforme un cuerpo cargado de
-electricidad estática, para que ésta se vuelva corriente voltaica; y
-que basta con variar esa velocidad, para producir la inducción, es
-decir, tres electricidades distintas.
-
-Ahora bien, los primeros fenómenos del éter que va á organizarse en
-materia, presentan una gran analogía con estos cambios de estado, pues
-la primera manifestación del éter es, en efecto, electricidad.
-
-Para seguir con la analogía, conviene recordar que la electricidad
-en el vacío produce los rayos catódicos y los rayos _x_. La ciencia
-acaba, de descubrir los rayos _γ_, más poderosos aún, pues atraviesan
-todos los obstáculos y no hay fuerza que pueda desviarlos. Este
-estado, todavía mal conocido de la electricidad, esta “luz” invisible
-que sólo presenta una analogía lejana con la luz habitual, es la
-primera manifestación material del éter. Es electricidad puramente
-dinámica en una forma que no podemos concebir ahora, según lo prueba
-su indiferencia ante todos los obstáculos y todas las fuerzas. Es
-el primer ser del universo, el universo mismo, puesto que todas las
-formas que han de componerlo, serán sus desdoblamientos; y he aquí por
-qué la antigua sabiduría llamaba á la electricidad _alma del mundo_.
-Representa el mundo de una sola dimensión, el mundo de la longitud
-absoluta, inconcebible para nosotros á no ser como una mera abstracción.
-
-La propagación de este rayo es rectilínea, pero su forma es
-ondulada; y á medida que se propaga, van agrandándose naturalmente
-sus ondulaciones. Como el absoluto dinamismo posee una tendencia á
-convertirse en electricidad[3] estática, pues á esto se debe su
-manifestación en forma de “luz” _γ_, llega un momento en que las
-ondulaciones dividen el rayo en trozos venciendo su cohesión; y como
-estas ondulaciones son arcos de círculo, sus extremos, libres de toda
-solicitación por otras fuerzas, se buscan, se unen y forman ruedas en
-el espacio.
-
-La ondulación, levísima al principio en el rayo _γ_, empieza siendo una
-tendencia hacia la segunda dimensión, la latitud; pero ésta no alcanza
-manifestación real sino al formarse los primeros círculos. El mundo de
-la longitud absoluta, el mundo de una dimensión, era, como es claro, el
-mundo de lo uniforme; un simple movimiento sin puntos de referencia,
-tan abstracto para nosotros como una idea, pero con existencia real. La
-transformación de la electricidad puramente estática en electricidad
-dinámica, es, pues, lo que engendra la segunda dimensión--la latitud--y
-con ella la superficie, es decir la forma.
-
-Esta tendencia de la energía á permanecer, cambiando su movimiento
-absoluto en equilibrio, ó sea engendrando el principio de inercia,
-constituye la fuerza original en el nacimiento y organización de
-la materia; sin serlo todavía en nuestro supuesto universo de
-dos dimensiones, aunque en él existan ya la forma y la magnitud.
-Predomina en él todavía el dinamismo, pues la materia, es decir
-el equilibrio de fuerzas que conocemos bajo semejante nombre, no es
-posible sino en el espacio de tres dimensiones; cuando el equilibrio
-entre la electricidad estática y la dinámica, engendra la tercera
-dimensión.
-
-Sábese, en efecto, que el único carácter constante de la materia, el
-que permanece bajo los diversos estados que ella puede asumir, es el
-peso; y el peso no puede existir sin volumen, ó lo que es lo mismo, sin
-la tercera dimensión.
-
-Así, pues, las ruedas formadas por la división del rayo original,
-son simples manchas de luz en el espacio, pero carecen de volumen.
-Tienen magnitud y forma, pero no son materia aún, pues la forma y la
-magnitud _anteceden_ á la materia. Por absurdo que esto pueda parecer,
-basta recordar la mancha de luz producida por la reflexión solar en un
-espejo. Tiene forma y magnitud; pero, ¿es materia?...[4].
-
-
-
-
- TERCERA LECCIÓN
-
- EL ESPACIO Y EL TIEMPO
-
-Entre tanto, el espacio ha nacido con la manifestación de la vida, pues
-el dinamismo absoluto del éter puro excluye el espacio. El mundo de una
-dimensión, que supone un espacio de una dimensión también, da á éste
-su propio carácter inconcebible á no ser como abstracción. Conviene
-recordar que el concepto del espacio, nace para nuestra mente por
-comparación entre magnitudes de materia y de movimiento; y que siendo
-así, son éste y aquélla los que engendran el espacio.
-
-Por incomprensible que sea el espacio, su objetividad es evidente,
-pues siempre lo concebiremos como un cuerpo, aunque sea ilimitado é
-inmaterial. El hecho de que es _algo_, prueba su objetividad, y desde
-este punto de vista su materialidad también[5]. Spencer ha demostrado
-en los _Primeros_ _Principios_, que científicamente equivale á un
-sólido perfecto, pues si se le supusiera la más mínima solución de
-continuidad, la transmisión de la luz sería imposible, por ejemplo;
-pero como no es un sólido, y como los sólidos tampoco poseen la
-continuidad perfecta que excluiría, por otra parte, toda vibración,
-debe ser algo homogéneo é inmaterial á la vez, desde el punto de vista
-de la materia ponderable: el mundo de una dimensión, es decir, la
-primera manifestación de la vida, que está eternamente convirtiéndose
-en los otros estados más complejos.
-
-Precisamente al convertirse en el segundo estado, adquiere el espacio
-la extensión, si bien continua siendo inconcebible para nuestra mente.
-Necesita llegar á la tercera para ser el espacio concebible, el
-objeto ilimitadamente hueco donde todo se mueve; pues ésta es nuestra
-concepción del espacio.
-
-El tiempo es lo mismo que el espacio esencialmente, si bien no existe
-en el mundo de una dimensión. Es también una relación de magnitudes,
-pero con referencia á la duración de los seres, mientras que el espacio
-no necesita de ella para existir. Ahora bien, el rayo absolutamente
-longitudinal del primer mundo, es eterno como manifestación vital,
-puesto que sólo puede concluir en un estado negativo donde no hay
-espacio ni abstracciones siquiera: la energía absoluta de donde
-procede; pero las manchas luminosas del segundo estado de vida, pueden
-morir, es decir transformarse, y aquí cabe ya el tiempo. Por lo demás,
-el rayo primordial es unidad absoluta como manifestación vital[6],
-mientras las manchas son varios seres; cabe ya entre ellas la relación
-de existencia á que debe la suya el tiempo, pues una puede morir
-mientras las otras permanecen, engendrando así la relación.
-
-Tenemos, entonces, que en el mundo de dos dimensiones, poblado
-únicamente por esas vastas y sencillas existencias cósmicas que son las
-manchas de luz, existe ya el espacio como _magnitud_, si bien no como
-_extensión_[7] todavía; y el tiempo en su concepto actual.
-
-Podrá objetarse que siendo el tiempo y el espacio estados de
-conciencia, nuestras consideraciones son pura dialéctica; pero nosotros
-replicamos--y muy luego se verá el desarrollo de esto--que todas
-esas manifestaciones de la vida, de las cuales proceden el espacio y
-el tiempo, son estados de conciencia, _puesto que son pensamiento_.
-Así, pues, seguiremos la descripción del proceso vital de nuestro
-planeta[8].
-
-
-
-
-
- CUARTA LECCIÓN
-
- LOS ÁTOMOS
-
-Las ruedas de luz continúan moviéndose en el espacio con la velocidad
-del rayo de que proceden; pero esta velocidad que era infinita en la
-longitud absoluta, lo cual da un carácter más abstracto aún á ese
-primer mundo de una dimensión, se convierte en rotatoria por la forma
-circular de las manchas. Éstas, seres unitarios como formas, si bien
-como vidas[9] son ya compuestas por el equilibrio de dos fuerzas,
-constituyen toda la población del espacio.
-
-Sin embargo, la luz no era uniforme en todos los puntos de su
-superficie, pues se debilitaba hacia el centro; y sucedió que los
-puntos de mayor intensidad fueron los vértices de otros tantos
-polígonos regulares, primeras formas en la rueda luminosa que era la
-única hasta entonces.
-
-Nuestra electricidad reproduce ahora este fenómeno; pues es sabido que
-en el fluido eléctrico acumulado sobre la superficie de un cuerpo, se
-provoca la formación de polígonos regulares por la proximidad de varios
-mecheros que ionizan[10] la electricidad. Esta propiedad de engendrar
-en su seno formas geométricas por acciones análogas, es común á todos
-los fluidos, así sean líquidos dispuestos en capas delgadas, ó metales
-en fusión bruscamente enfriados; y es ella la que, constituyendo una
-ley primordial como acaba de verse, engendra la tendencia hacia la
-cristalización, que todos los sólidos manifiestan. Pero ya veremos esto
-mejor en la parte relativa al origen de la vida orgánica.
-
-Dichos polígonos son las primeras diferenciaciones individuales de la
-energía absoluta, consistiendo su tarea vital en marchar armónica y
-proporcionalmente con la rotación y la traslación de la mancha luminosa
-donde toman origen, y en el mismo sentido que ella. No existe, pues,
-para ellos, _adelante_ ni _atrás_, conservando desde este punto de
-vista la tendencia del rayo primordial hacia el movimiento en un solo
-sentido. Disminuidas ó aceleradas sus velocidades, la línea que los
-forma se rompe y el ser perece: reingresa en el no ser, que es para él
-el ser absoluto, el infinito. Éste es el concepto superior de la muerte.
-
-Semejantes seres, son lo que en nuestro lenguaje se llama “espíritus”,
-es decir existencias incorpóreas, bien que limitadas y dinámicas; y
-así es cómo procediendo la materia, de la energía pura localizada en
-movimiento, en forma, en extensión, el espiritualismo resulta una
-consecuencia lógica de la organización universal, y la inmortalidad
-del alma un fenómeno natural en el universo. Más adelante veremos que
-esas fuerzas primordiales tienen que ser inteligencias y voluntades en
-acción, si la ciencia positiva no quiere caer en el mismo contrasentido
-que las religiones, asignando al hombre un papel extranatural.
-
-La vida que para esos seres rectilíneos es moverse en una sola
-dirección, dinamiza á su paso la luz amorfa incorporándola á cada
-uno de ellos, pero sin conservarla en él. En realidad lo único
-que permanece _es la idea de la figura_, una existencia puramente
-espiritual[11], como que es una idea solamente, y á la vez
-inmaterial, sin emociones y sin desgaste. Rotos los polígonos, se
-desvanecen en un ángulo infinito, pues son organismos unitarios en su
-esencia, bien que ya poseen forma, magnitud y movimiento. Su tarea es
-preparar la luz amorfa para la futura atomización, pues estas formas
-geométricas superficiales son los esbozos de los átomos.
-
-Las ruedas luminosas han seguido, entre tanto, su curso por el
-infinito; pero como proceden de muchos puntos á la vez, y como su
-traslación se verifica en sentido rectilíneo bajo el impulso del rayo
-primordial, hay entre ellas acercamientos y conflictos. Éstos no son
-otra cosa que la absorción de unas ruedas por otras de mayor magnitud
-ó velocidad, es decir, nuevos cambios de estado equivalentes á nuevas
-formas de vida.
-
-Pero las fuerzas tangenciales que estos choques engendran[12], unidas
-á una menor actividad central de las ruedas, por efecto de su propia
-forma, inicia en éstas un principio de expansión que las convierte en
-lentejas, originando la tercera dimensión y por consiguiente nuestro
-espacio. Esta fuerza obra de dentro hacia afuera, hasta convertir
-las lentejas en esferas huecas, existiendo en nuestro mundo una
-analogía sencillísima para objetivar el procedimiento. Nos referimos
-á las pompas de jabón, que la fuerza del soplo originario agranda,
-engendrando á la vez un rapidísimo movimiento rotatorio de sus
-partículas, perceptible claramente á simple vista[13].
-
-Esta fuerza expansiva transforma los polígonos absolutamente
-superficiales, en poliedros; es decir, divide la luz dentro de la
-cual eran formas lineales, en partículas poliédricas. Ahora bien, si
-las ruedas de luz conservaban la velocidad del rayo primordial, y los
-polígonos formados en ellas marchaban con la misma velocidad según
-hemos visto; como en cada punto donde se hallaban dichas figuras
-dinamizaban la luz amorfa, geometrizándola[14] á la vez en otros tantos
-polígonos, y como aquella velocidad era prácticamente infinita, resulta
-que no había punto de la rueda que no estuviera contenido en una de
-dichas formas. Al convertirse éstas en poliédricas por electo de
-la expansión de toda la masa, que adquirió así la tercera dimensión,
-dicha masa quedó formada por poliedros innumerables, que constituyeron
-los átomos. Las masas fueron lo que conocemos astronómicamente por
-nebulosas.
-
-Ahora, una explicación más detallada del fenómeno:
-
-Cualquiera entiende que el número de puntos en que puede dividirse una
-superficie (las ruedas de luz) es infinito; y si es infinita también la
-velocidad de la fuerza divisora, quiere decir que la masa, en cualquier
-momento, se encuentra dividida en infinito número de puntos. No
-pudiendo éstos ser materiales por causa de su divisibilidad infinita,
-deben ser simples centros de fuerza, y la expansión de ésta tiene que
-resultar poliédrica para que todos sus planos de desarrollo puedan
-coincidir y no queden huecos en la masa.
-
-Esto fué lo que sucedió, según hemos visto[15].
-
-Así, pues, tenemos que la primera manifestación de la energía absoluta
-en que se resolvió, al concluir su ciclo de existencia, el universo
-predecesor del nuestro, fué un movimiento de desarrollo absolutamente
-longitudinal, un rayo _γ_; y que este movimiento engendró el espacio.
-El rayo en cuestión llevaba en su propio curso la segunda dimensión,
-puesto que serpenteaba; y sus ondulaciones al acentuarse, concluyeron
-por dividirlo en arcos cuyos extremos, faltos de toda solicitud hacia
-una ú otra parte, por no haber en el infinito más existencias, se
-unieron formando ruedas y engendrando el espacio de segunda dimensión.
-
-En el ámbito de estas ruedas formáronse (ya vimos cómo) polígonos que
-fueron los primeros seres, con una existencia análoga á la de los que
-conocemos, y que constituyeron los prototipos lineales de los átomos.
-
-Las ruedas luminosas se atrajeron, y al chocar ó absorberse según
-sus magnitudes, se desarrolló en ellas el volumen á que tendían,
-transformándolas en lentejas, en ovoides y en esferoides, y engendrando
-por consecuencia el espacio de tercera dimensión, nuestro espacio,
-al par que la rotación planetaria. Los polígonos se convirtieron
-en poliedros y nacieron los átomos, que son centros de fuerza
-individualizada.
-
-Naturalmente, esto no es más que un desarrollo esquemático del proceso
-cósmico.
-
-
-
-
- QUINTA LECCIÓN
-
- NUESTRA TEORÍA ANTE LA CIENCIA
-
-Fácilmente se echa de ver que estas ideas nada tienen de semejante con
-el sistema de Laplace, hoy en vigencia; pero intentemos demostrar que
-no son anticientíficas.
-
-El sistema de Laplace, empieza suponiendo una nebulosa ígnea surgida
-del espacio _ex nihilo_, ó al impulso del azar que es la misma
-cosa[16]. Cualquiera nota la inferioridad de este comienzo, así como
-la consiguiente embrolla en la organización de los movimientos que
-impulsan á la nebulosa en cuestión, haciéndola girar, aplastarse,
-desprender anillos, dividirlos y reunirlos en esferoides; si bien
-existe con nuestra teoría un punto común: los arcos procedentes de
-la división de los anillos en que se descompone la nebulosa, tienden
-á unirse por sus extremos engendrando los esferoides, así como los
-provenientes de la división de nuestro rayo primordial, lo hacen para
-formar las ruedas luminosas. La diferencia está en que el sistema de
-Laplace, supone la existencia previa del espacio y de la materia tal
-como los conocemos, para describir la vida de su nebulosa; mientras el
-nuestro acomete radicalmente el problema de los orígenes El positivismo
-nada quiere saber de esto, y le daríamos razón, si no empezara por
-faltar á su propio método construyendo á su vez hipótesis como ésta de
-Laplace; pero cuando él lo hace, el mismo derecho nos asiste y usaremos
-ampliamente de él.
-
-Ahora bien, como la ciencia quiere hechos y el método positivo
-afirma que teoría es “hipótesis verificada”, diremos que de todas
-las nebulosas conocidas, ninguna confirma la hipótesis de Laplace.
-Algunas se hallan en un estado de homogeneidad muy primitivo, pues su
-espectro sólo manifiesta la raya del hidrógeno, lo cual hace suponer
-que están formadas de este gas exclusivamente; pero ninguna presenta
-uno solo de los supuestos anillos. Adoptan las más variadas formas,
-bajo un aspecto común de masas profundamente atormentadas, y algunas
-han cambiado de forma, imposibilitando así el argumento de que si no
-se las ve anillarse, es debido á la gran lentitud de su evolución. Las
-más regulares, las que afectan precisamente una forma lenticular, han
-resultado no ser nebulosas sino sistemas de estrellas, vías lácteas
-semejantes á la nuestra[17]. Ya veremos de dónde resulta esa forma
-atormentada de las nebulosas.
-
-Falta, entonces, el testimonio de los hechos; á no ser que se quiera
-darle por confirmación, harto lejana ciertamente, la subordinación
-planetaria al sol de nuestro sistema; pero como la ciencia admite que
-esta subordinación puede ser ejercida por los soles sobre los cometas,
-no queda ya mucho para la teoría.
-
-No hemos olvidado, naturalmente, á Saturno, que con sus anillos
-parece presentar un testimonio, bien que ellos estén considerados
-sólidos lo cual es un obstáculo sobremanera grave; pero una excepción
-evidente entre los astros, no puede servir para verificar una
-hipótesis, con mayor razón cuando ella se refiere á las nebulosas donde
-no hay nada parecido, y cuando de conformidad á su enunciado, los
-astros sólidos _no debieran_ presentar esa conformación[18].
-
-Saturno es realmente un defectuoso del espacio, y de aquí que la
-astrología lo considerara el planeta de las malas influencias; pero
-esto puede ser desdeñado por el lector, sin más trámite.
-
-Otra cosa que la hipótesis de Laplace no explica, es el origen del
-movimiento rotatorio, ya muy complicado, de su supuesta nebulosa
-originaria, que como todas las masas esferoidales del espacio giraba
-sobre sí misma y se trasladaba á la vez; para no hablar de los
-movimientos secundarios engendrados por los dos anteriores. La nebulosa
-en cuestión era un organismo bastante complejo, según se ve, y por
-templada que sea la curiosidad positivista, ha de sentir tentaciones de
-buscar más simples antecedentes.
-
-Pero cuando la hipótesis pierde todo su valor, quedando reducida á un
-mero juego de gabinete, es cuando se considera que una masa rotatoria
-debe forzosamente trasladarse en una órbita espiral, tal como se acepta
-actualmente. Suprimidas entonces las curvas cerradas, vale decir las
-elipses perfectas de la hipótesis, los supuestos anillos desprendidos
-de la nebulosa serían largas espirales de materia cósmica difusa, que
-tenderían á concretarse en cometas, no en planetas concéntricos. El
-experimento de Plateau falla, entonces, por su base, y los anillos de
-Saturno se desvanecen definitivamente esta vez[19].
-
-Al experimento de Plateau, que empieza por suponer la nebulosa
-originaria parada en el espacio (la gota de aceite en el seno del agua
-alcoholizada) nosotros oponemos nuestra modesta pompa de jabón, que le
-lleva de ventaja su sencillez, siendo ésta, como es sabido, un atributo
-de la verdad; y consecutivamente alegamos contra la hipótesis, la
-falta completa de hechos confirmatorios[20].
-
-Tampoco es admisible la nebulosa infinita que supondría esa supuesta
-falta de movimiento traslaticio, necesario para que el experimento
-de Plateau se realice; pues con sólo tener en cuenta la aparición en
-ella de focos que serán los futuros soles centrales, y sus diversas
-magnitudes, la suposición se vuelve insostenible.
-
-Por otra parte, la astronomía se aleja cada vez más de la suposición de
-un universo infinito, ó siquiera de ilimitadas dimensiones; pues piensa
-que si ello fuera así, los rayos de las estrellas infinitas llenarían
-todo el espacio (dado que el rayo de luz no se pierde por razones de
-distancia, según enseña la física); no habría punto del espacio sin un
-rayo de luz, y por consiguiente no existiría la noche.
-
-Newcomb supone, basándose sobre las paralajes de las estrellas y por
-medio de complicados cálculos cuyo resumen es imposible sin confusión,
-que nuestro universo es una esfera de _siete mil millones de millones_
-de leguas de radio[21]. Sin aceptar especialmente ningún cálculo,
-opinamos que nuestro universo es limitado en efecto, es decir un
-organismo en evolución por enorme que se lo considere; si bien esto no
-supone que rechacemos la eterna actividad del cosmos en el infinito[22].
-
-Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo por hechos científicos,
-desde el rayo primordial hasta la generación de los átomos;
-consistiendo su diferencia con el criterio positivista, en que no hace
-distinción fundamental entre fuerza y materia, ó considera pues los
-elementos permutables y provenientes de una sola causa: la energía
-absoluta. Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando la
-identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose más á nuestra
-definición: materia es todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La
-electricidad y el radium le imponen esta conclusión.
-
-Los estados de la materia y de la conciencia, así como la generación
-de unos elementos por otros, puesto que la vida, como hemos dicho, es
-un perpetuo cambiar de estado, explican mejor la evolución total del
-universo que la hipótesis cosmogónica de la ciencia, sin subordinarla
-exclusivamente á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes
-conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos y dando á
-su producción inicial un carácter determinista; todo lo cual es, por
-cierto, mucho más filosófico y aceptable.
-
-Expresaremos, para concluir este capítulo, algo que acentúa aun el
-carácter científico de la teoría.
-
-Apenas la luz primordial se individualiza, comienza ya en el espacio la
-lucha por la vida (la absorción de unas ruedas por otras) que acarrea
-de consiguiente la supervivencia de los más aptos, principio progresivo
-de toda evolución; lo que está lejos de suceder en la demasiado
-perfecta maquinaria de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la vida, ya
-lo hemos dicho, son las mismas para el insecto que para la nebulosa.
-
-El lector está ya lo bastante informado para elegir entre esa
-hipótesis ó la nuestra; entre el proceso puramente material, ó el
-cambio de estado de la absoluta energía, que al volverse materia
-engendra simultáneamente al tiempo y al espacio, ó mejor dicho la
-extensión por el movimiento; la magnitud, la forma, el átomo, es decir
-los fundamentos del universo bajo sus múltiples aspectos de ideación,
-de conciencia, de número y de objetividad.
-
-Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de ese universo.
-
-
-
-
- SEXTA LECCIÓN
-
- LA VIDA DE LA MATERIA
-
-Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se hacen perceptibles
-bajo la forma de copos de luz blanca, pues mientras fueron simples
-cambios de estado de la energía, tuvieron una existencia tan invisible
-como la de las “luces” α, β, γ que la ciencia conoce ahora. Entonces es
-cuando empieza á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse
-fenómenos más familiares para nosotros.
-
-El primero de ellos (y en relación con la materia ponderable, el
-primordial) es el calor, ó sea la electricidad bajo este aspecto,
-resultante de la fricción de los átomos[23].
-
-Átomos dotados de una velocidad casi infinita, producen al chocar entre
-sí una incandescencia enorme, cuyo primer efecto es consumir á muchos,
-ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando así la materia al
-revés de lo que el calor hace ahora. Los átomos sobrevivientes de esa
-verdadera lucha por la existencia, representan, pues, sumas colosales
-de energía en equilibrio, explicándose así la proveniencia de esta
-energía que tiene perpleja á la ciencia. La armonía vibratoria formada
-por proporciones numéricas, que resulta de este acomodo tanto como
-de la estructura poliédrica de los átomos, es el prototipo de las
-vibraciones armónicas que llamamos música, y que explica á la vez la
-“música de las esferas” de Pitágoras y el poder constructor de la lira
-de Amphion; pues siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente
-fuerza creadora[24].
-
-El calor se manifiesta al mismo tiempo que la luz roja, la luz más
-caliente como es sabido; del propio modo que la electricidad fría de
-los anteriores estados, había coincidido con los rayos ultravioletas
-excitadores de la fosforescencia y de la fluorescencia, manifestaciones
-á su vez de la radioactividad de la materia.
-
-De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido material) de
-magnitud y de tiempo respectivamente. Basta con reflexionar que
-la más pequeña llama puede encender los fuegos de toda la Tierra
-sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz, según queda
-enunciado más arriba, no se pierde por razones de distancia, viajando
-incesantemente. No era necesario el radium, como se ve, para hacer
-perceptible la infinitud de la energía, pues bastaba observar la más
-mísera candela como fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere
-también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos que el olor es también
-una forma de radioactividad, como lo prueba el ejemplo bien conocido
-de la partícula de almizcle que perfuma durante un siglo sin variar de
-peso. Ya veremos todo el alcance de estas consideraciones[25].
-
-La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor tendencia hacia la
-inercia; y para valernos de una analogía gráfica, que encierra una
-verdad, por otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había
-transformado en gravedad, identificándose con el volumen. La materia
-es, si se tiene esto en cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha
-transformado en gravedad[26].
-
-Pero, qué era esta materia? Esta materia era el hidrógeno, cuya raya
-figura _única_ en el espectro de las nebulosas propiamente dichas.
-El hidrógeno es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus
-cualidades características. Todos los gases son formas alotrópicas del
-hidrógeno, provienen de su átomo; pero este átomo, que es el hexaedro
-primordial antes mencionado, desarrolla al girar un torbellino formado
-por espirales concéntricos, según resulta de su forma en rotación,
-y este torbellino constituye como quien dice su cuerpo. Así, cuando
-la ciencia vea los átomos, no ha de ser bajo la forma de menudas
-chispas[27], sino de torbellinos espiraloides enteramente análogos á
-los sistemas solares.
-
-Los tres estados que la energía debió asumir á convertirse en
-materia, son inapreciables para nosotros mientras no llegan al perfecto
-equilibrio y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He aquí por qué
-en los ochos grupos del sistema de los elementos, los compuestos
-hidrogenados primordiales no tienen clasificación sino á contar desde
-el cuarto (MH_{4}); los tres restantes son materia radioactiva pura.
-
-Esas masas de gas incandescente, sufren diversos percances: explosiones
-que las destruyen, absorciones, divisiones en regueros espirales que
-se convierten en cometas, y desplazamientos que las arrojan al espacio
-con movimiento parabólico, bajo forma de cometas igualmente[28]. Este
-desplazamiento eterno de las masas estelares, va dejando el sitio
-necesario para nuevas formaciones, y así es como vive el infinito,
-convirtiéndose perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos que
-semejantes movimientos suponen, y que explican la forma atormentada de
-las nebulosas.
-
-La lucha por la vida es activísima entre esos errantes del espacio.
-Unos son devorados por los que ya se convirtieron en soles; otros se
-conjugan y forman seres mixtos; otros se organizan en sistemas; pero
-al cabo de cierto tiempo, ninguno es simple ya, sino una suma de otros,
-exactamente como el animal que incorpora á su organismo los de diversos
-seres; y su vida se vuelve singularmente compleja. Menester es que aquí
-dejemos al astro hipotético, para seguir la evolución de la vida en
-nuestro planeta.
-
-Antes de pasar á otro capítulo conviene tener presente, sin embargo,
-que las leyes primordiales de la vida son comunes á todos los astros
-y á todos aplicables por analogía; así como que dichos astros nunca
-pierden su relación substancial, continuando ésta bajo comunicaciones
-luminosas, magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo el
-prototipo de cada ser, tanto en el insecto como en la estrella.
-
-
-
-
- SÉPTIMA LECCIÓN
-
- LOS ELEMENTOS TERRESTRES
-
-Á cada uno de los cambios de estado del movimiento que engendra el
-espacio de tres dimensiones, corresponde, como hemos visto, una clase
-de electricidad, una clase de formas, una clase de luz. En la Tierra
-corresponde también á cada uno un elemento.
-
-En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo primordial; en el
-líquido, la expansión horizontal del segundo estado; en el sólido,
-el equilibrio del tercero que es la tensión eléctrica convertida en
-gravedad--la electricidad neutra.
-
-Prototipo de todos los líquidos, el agua es una permutación del
-hidrógeno, cuyo nombre significa, como es sabido, generador del agua.
-El agua viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno
-es electricidad gaseosa[29]. Á esto se debe que las leyes de
-distribución de la electricidad y de los líquidos, sean las mismas;
-aunque éstos se hallen sometidos á la gravedad y aquélla no; pero
-tensión y gravedad son una misma cosa como hemos visto. Lo líquido es,
-pues, dado nuestro punto de vista, más vivo, es decir más próximo al
-estado de energía pura ó éter, y por esto el agua es la fuente de la
-vida orgánica. Los alquimistas decían que el mercurio es el más vivo de
-los metales (en francés _vif argent_) y debe notarse que los vehículos
-esenciales de la vida orgánica,--sangre, savia, leche--son líquidos.
-
-Tanto en el estado gaseoso como en el líquido, la forma poliédrica
-de los átomos continúa siendo el prototipo, y esto se encuentra asaz
-bien demostrado por las fórmulas químicas, para que debamos insistir;
-no obstante, en el estado líquido, los poliedros son ya cristales
-prototípicos de los futuros sólidos en que se manifestará el máximum de
-inercia de la materia.
-
-La Tierra era una especie de océano esferoidal, denso y glutinoso,
-en el cual los átomos se agruparon bajo formas cristalinas, es decir
-poliédricas, según su modelo fundamental. La ciencia produce cristales
-semifluidos en el seno de un líquido, por medio del calor y de la
-electricidad, y estos cristales se portan como seres vivos, no sólo
-por su estructura semejante á la de las células, sino porque poseen
-propiedades tan notables como la de reparar sus mutilaciones. Esto
-bastará, según creemos, para demostrar que el estado líquido no es un
-estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente derivar de él.
-De aquí la tendencia de todos los sólidos á cristalizar, es decir á
-modelarse bajo el patrón originario.
-
-Cuando un planeta[30] ha organizado toda su materia en los tres
-costados, ó en términos más generales: cuando la materia de un
-planeta ha alcanzado su máximum de estabilidad, comienza el proceso
-de desintegración de esta materia. Ella se ha de efectuar en un
-tiempo equivalente al que empleó para formarse, conforme á la ley de
-periodicidad, y en estados semejantes, bien que inversos[31].
-
-La función vital preponderante, que era condensar éter, es reemplazada
-por la de “eterizar” la materia, aunque esto no quiere decir que haya
-sustitución completa de un proceso por otro. El equilibrio entre ambos
-persiste por mucho tiempo, exactamente como ahora lo vemos en nuestro
-mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia progresiva
-hacia la eterización. Á esto último responde la aparición de los seres
-orgánicos.
-
-
- NOTAS:
-
-[1] “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente á _sombra_, es
-decir á una diminución de luz. Son la “no-luz” en absoluto.
-
-[2] Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida, tiene un
-símbolo admirable en el paganismo. Queremos hablar del destino (ó sea
-el determinismo de las causas anteriores) que era superior á todos los
-dioses, sin ser él mismo un dios.
-
-[3] Conviene tener presente siempre que esta electricidad es la del
-rayo _γ_, y no la que conocemos habitualmente.
-
-[4] La ciencia empieza á considerar como materia á la luz y á la
-electricidad, porque está obligada á suponerlas atómicas. Nosotros
-también; pero si son materia porque son objetivas y ésta es la
-verdadera definición carecen de la propiedad substancial _única_ de la
-materia: el peso. No sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces,
-diferencia substancial entre la materia y la energía: pero la lógica
-obliga á esta conclusión.
-
-[5] Recuérdese nuestra definición de la materia en la nota anterior:
-materia es todo lo objetivo.
-
-[6] La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; por eso
-decimos que el rayo es unidad absoluta _como manifestación vital_.
-
-[7] No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, pues parece en
-realidad que la extensión debiera preceder á la magnitud; pero creemos
-haber demostrado en el caso de la mancha de luz, que ésta puede tener
-magnitud sin tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El
-valor convencional que damos á las palabras, resulta de la novedad de
-las ideas.
-
-[8] Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo (que de
-ninguna manera se nos representa como un tipo semejante al humano) á
-través de la materia y de la fuerza, sin necesidad de negarlas, antes
-refundiéndolas en su propio ser una de cuyas manifestaciones las
-consideramos. De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida
-absoluta (Dios) por estados de conciencia.
-
-[9] Recuérdese nuestra definición de la vida.
-
-[10] Es decir que producen iones. Los iones surgidos de los mecheros,
-son los productores del fenómeno. En las manchas de luz primordial, los
-puntos más luminosos vienen á ser las fuentes de ionización.
-
-[11] Las analogías entre estas vidas con los fenómenos del mundo
-actual, no implican identidades. Los fenómenos de aquéllas, son los
-prototipos de nuestros fenómenos; son parecidos, pero no iguales.
-
-[12] Como siempre que hay choque de dos magnitudes de forma circular.
-
-[13] El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene achatamiento
-polar alguno, como una pompa de jabón, aunque su densidad sea sólo
-una cuarta parte de la terrestre, y su fuerza centrífuga cuatro veces
-mayor. Á su tiempo recordaremos esta singularidad solar.
-
-[14] El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía Platón que
-sabía á qué atenerse.
-
-[15] Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única forma material
-perceptible que realice estas condiciones, si bien un agregado de
-hexaedros nunca puede componer un todo perfecto, estando limitado
-siempre por ángulos abiertos. Es lo que ocurre con la materia en eterno
-trabajo de desintegración que la pone en contacto con la absoluta
-energía, como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro conjunto
-de hexaedros.
-
-[16] En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale á los
-dioses de las religiones positivas, cuyo carácter más saliente y común
-es la arbitrariedad.
-
-[17] La astronomía moderna se inclina á creer que todo el universo
-estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea se halla próxima
-á su centro; pues el número de estrellas de dos puntos opuestos del
-cielo, ya estén situados en la vía misma ó en sus polos, es casi
-igual. Siendo esto así, el universo estelar presentaría la forma de
-una lenteja ó esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía
-láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al plano de
-ésta (las zonas 1^a y 9^a abarcarían sus polos) resulta la siguiente
-relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; 3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6,
-6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual establece el rango central de la
-vía láctea (5, 8, 2), así como la forma del universo estelar. Nuestras
-_lentejas_ no son, pues, pura fantasía.
-
-[18] Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la materia
-gaseosa de los anillos en materia sólida, esta última es inexplicable.
-En efecto, si es del mismo peso y densidad que la del planeta, no ha
-podido condensarse sin romperse; y si no es del mismo peso y de la
-misma densidad, ¿cómo gira armónicamente con él?
-
-[19] Los cambios de conformación de algunas nebulosas, manifiestan
-tendencia á definirse en torbellinos espirales. El capítulo siguiente
-expresará en detalle estos movimientos.
-
-[20] En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos son los más
-notables: la densidad de Venus, menor que la de la Tierra, no obstante
-su mayor proximidad al sol; la de Urano mayor que la de Saturno, á
-pesar de hallarse más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter
-mucho mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites
-de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento polar del sol, antes
-mencionada; la depresión polar de Mercurio, diez veces mayor que la
-de la Tierra, á pesar de que su rotación equivale apenas á un tercio
-de la de ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan sólo;
-las depresiones polares igualmente desproporcionadas de Saturno y de
-Júpiter...
-
-[21] Es curioso que el número 7, el número sagrado por excelencia,
-reaparezca como cifra inicial de este resultado; pero lo es más aún
-el que la _docena_ y la _decena_, también números sagrados, estén
-significados en la población de ciento veinte millones (diez docenas de
-millones) de estrellas que los mismos cálculos asignan al universo.
-
-[22] Del propio modo que no se niega la continuidad de la vida, porque
-los organismos individuales acaben.
-
-[23] En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor.
-
-[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.
-
-[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de
-la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento
-perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.
-
-[26] No damos á la palabra _gravedad_, su acepción corriente. Para
-nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto
-pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas
-é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta
-ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes,
-existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola
-(materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son
-atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la
-gravedad tiene contradicciones harto serias.
-
-[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en
-presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio
-milímetro.
-
-[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de
-las nebulosas.
-
-[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que
-conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas
-alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos
-gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se
-encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial
-cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una
-especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua
-primordiales, eran estados generales de materia: _lo_ gaseoso y _lo_
-líquido.
-
-[30] Como el nuestro.
-
-[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos,
-¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una
-composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas
-de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso
-(gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en
-hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.
-
-
-
-
- OCTAVA LECCIÓN
-
- LA VIDA ORGÁNICA
-
-En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad,
-puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por
-lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la
-sensibilidad se hizo posible en la materia.
-
-Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de
-la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura;
-y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento
-de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad.
-
-La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta
-ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N,
-la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas,
-la vida de los cristales--han demostrado ya hasta la evidencia que
-la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada
-orgánica.
-
-Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las
-moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es
-un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía
-vagas--mas no por ello menos prodigiosas--de los metales coloidales tan
-semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]--todo
-eso está indicando cómo debió producirse _grosso modo_ el fenómeno. La
-generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á
-épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo
-depende de las condiciones en que se halle el átomo.
-
-Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los
-cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es--ya lo hemos dicho--la
-radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del
-contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo
-reservorio de electricidad.
-
-Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que
-la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria,
-desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los
-conocidos procedimientos de generación,--fisiparidad, ovulación,
-hermafrodismo--hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de
-materialización.
-
-Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas
-asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico,
-debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.
-
-El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era
-naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido,
-y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino
-futuro.
-
-De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas
-filosofías como la “gran madre” (_mater-ia_) personificada en el agua,
-pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se
-manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su
-cuarto estado.
-
-Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía
-absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo
-estudiado.
-
-Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo
-de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el
-signo de la actividad ó masculino.
-
-El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir
-el universo su ciclo de manifestación material--será los dos elementos
-á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como
-de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento
-femenino: auto engendra.
-
-Previa esta explicación, véase el esquema:
-
-
- Septenario de la manifestación
- ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲
- Ternario de la ideación Cuaternario de la realización
- ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲
- _Energía absoluta_ − Estado atómico
- (materia difusa)
-
- + Rayo primordial + Gas
- (primera dimensión) (materia expansiva)
-
- − Magnitud sin volumen − Líquido
- (segunda dimensión) (equilibrio material)
-
- + Extensión + Sólido
- (tercera dimensión) (materia cohesiva)
-
-Estas propiedades lo son _por excelencia_ de los diversos estados de
-materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero
-no son exclusivas.
-
-Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la
-situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones
-materiales, justifica su símbolo[34].
-
-La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino,
-y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase
-hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores
-razones.
-
-Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas,
-verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del
-globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el
-radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas
-debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente
-la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el _od_ de
-Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de
-Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.
-
-La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la
-Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía
-darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que
-resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían
-sometidos.
-
-El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el
-tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula
-gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose
-como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en
-los seres que de su masa engendraba.
-
-
-
-
- NOVENA LECCIÓN
-
- LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO
-
-Lo que acabamos de expresar es de tal modo extraño á las ideas
-corrientes, que requiere una explicación de los fenómenos estudiados,
-bajo un aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual del
-universo, ó mejor dicho el universo como manifestación inteligente.
-
-Si el pensamiento es un producto de las combinaciones físico-químicas
-del organismo humano, donde quiera que haya análogas combinaciones,
-existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos efectos.
-
-Ahora, cuando se piensa que la vida obedece á leyes muy simples en su
-comienzo, y que no hay realmente diferencia entre la materia orgánica
-y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, parece que no es ya
-tan absurdo buscar pensamiento en toda manifestación de la vida.
-Atribuirlo solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo
-del ser singular creado ex profeso por los dioses de las religiones
-positivas; decir que es una actividad peculiar á su organismo, es negar
-la perfecta analogía é identidad substancial de éste con los del resto
-del mundo animal, sin excluir á los insectos cuya inteligencia es tan
-notable; limitarlo á los seres vivos, es volver á la separación de
-materias que no existe en realidad.
-
-¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse como el único ser
-inteligente del universo, si apenas es superior en su pequeño mundo?
-
-¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior á él es el mineral en
-estabilidad; el vegetal en duración como ser vivo; el animal en muchas
-facultades. Víctima de la bacteria microscópica durante edades, hace
-muy poco que ha empezado contra ella una lucha desigual en la que,
-hasta ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido la víctima de
-los más ínfimos del reino animal.
-
-Esto para los materialistas. Los espiritualistas, especialmente los
-fieles de las religiones positivas, creen en entidades espirituales
-ó inteligencias superiores al hombre, conforme lo manifiestan sus
-complicadas angelologías, y en otras inferiores á él según sus
-demonologías más complicadas aún. Con éstos nos bastará ponernos de
-acuerdo sobre el _modus operandi_ de semejantes inteligencias.
-
-Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar el asunto.
-
-El pensamiento, nadie puede negarlo, es una forma de la energía,
-si bien no presenta identidad con ninguna de las otras. No es luz,
-calor, electricidad, aroma ó sonido; pero es lo que percibe de un modo
-consciente esas formas de energía, puesto que las estudia é investiga
-sus leyes. El pensamiento es la energía absoluta de que todo procede
-y á la que todo regresa, lo que en sí lleva potencialmente todas las
-formas de energía, sin tener sus cualidades, como es natural, pues no
-es ninguna de ellas parcialmente considerada. Él es realmente el ser
-absoluto cuya primera manifestación consiste en electricidad puramente
-dinámica, como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente lineal
-é inconcebible. Sabe todo el mundo que la actividad cerebral produce
-fenómenos eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, dicen
-que durante dicho trabajo ven á las células cerebrales relumbrar como
-estrellas. Más recientemente aún, se ha observado que la actividad
-nerviosa aumenta la producción de rayos N.
-
-Como energía sensible, el pensamiento es imponderable y no objetivo á
-la vez: no es materia absolutamente. Su indiferencia á la distancia
-y al tiempo, puesto que se traslada con prescindencia de ambos y sin
-que ambos le estorben, prueba su superioridad sobre ellos; así como
-demuestra al concebirlos que los contiene y que puede crearlos. Las
-consecuencias de su lógica, anteriores al conocimiento de los hechos,
-puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la
-identidad de sus leyes con las que rigen el universo. Maxwell encontró
-como un resultado matemático, la onda eléctrica que Hertz hizo
-perceptible, sin realizar ninguna experiencia y bastante tiempo antes
-que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.
-
-Todas las manifestaciones de la vida son formas de pensamiento,
-puesto que lo son de la energía absoluta en su eterno doble trabajo
-de integrarse y desintegrarse; pero entonces también, las fuerzas son
-seres inteligentes en proporción con su mayor vecindad á la energía de
-donde proceden.
-
-Así el primer movimiento en sentido lineal, ó bien la electricidad
-puramente dinámica, sería la primera idea, el primer ser que
-en su simple unidad lleva potencialmente todo el universo por
-desarrollarse--un dios verdaderamente; pero no la unidad neutra y
-extra-cósmica de las religiones, sino la síntesis de todas las
-energías, que hasta su tercer estado no es materia en realidad.
-
-Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero los estados sucesivos
-no tienen lugar por disminución ó desaparición del primero, según lo
-prueba nuestro pensamiento en acción, pues coexiste con todo ellos y
-nunca deja de estar convirtiéndose. Así se explica que los universos
-acaben y vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, no como un nuevo
-proceso de repetición, sino como una continuación del que lo precediera.
-
-No siendo esa energía una magnitud, no puede disminuir, lo que explica
-su permanencia; y así está eternamente convirtiéndose y siendo la misma.
-
-Las ruedas de luz en que luego se divide, forman la primera hueste
-de seres, multiplicados en los polígonos inscriptos en ellos, y
-sucesivamente en los poliedros del primer estado atómico; pero como
-estos seres no son materia de la nuestra, digamos así, es forzoso
-considerarlos entidades incorpóreas, ó sea espíritus[35].
-
-Unitarios en un principio, como que no son sino formas, se convierten
-en hermafroditas al volverse átomos, no por razones de sexo
-naturalmente, sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye
-su existencia, la materia y la fuerza bajo el estado potencial. El
-átomo es así un espíritu puro, y su conversión al estado de materia y
-de fuerza ya definido, su caída.
-
-Entre tanto, los seres que fueron las primeras ruedas, y que como
-estados de energía no han dejado de existir, van dirigiendo su propio
-fraccionamiento evolucionario, por actos de conciencia y de voluntad;
-pues se recordará que no siendo nada material, resultan forzosamente
-espíritus: pensamiento en acción.
-
-¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento es una
-individualidad? Cuando leemos un pensamiento, no necesitamos recordar
-á su autor, ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con éste, pues
-de ninguna manera es necesario conocer al autor de un pensamiento, ni
-saber nada sobre él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento es
-una individualidad con vida propia; y si esto sucede en la humanidad,
-cualquiera advierte la importancia que revestirá cuando se trata de
-seres cósmicos.
-
-La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee esta individualidad,
-y he aquí otra demostración de que son cosas distintas, así sea toda
-fuerza una manifestación de pensamiento, como son cosas distintas el
-rastro y la planta que lo imprimió.
-
-Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer una potencia
-prodigiosa, dadas su libertad y la asimilación de energías que
-constituía su ser; pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia
-ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto humano. Los
-fracasos de mundos estallados en asteroides ó consumidos en las
-hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que
-convivieron con otras aún existentes, prueban errores de criterio y de
-procedimiento en esas inteligencias primordiales[36].
-
-Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron sino cuando hubo
-materia voluminosa y extensión, correspondiendo entonces al calor su
-rango de primer numen[37]; pero el catálogo de las existencias cósmicas
-no tendría interés para el lector, sino como una nomenclatura estéril
-de personajes fantásticos.
-
-Lo que sí interesa saber, es que todas estas manifestaciones son
-atómicas y susceptibles de transformarse en otras, es decir de
-_crear_, si ha de darse á este verbo su único sentido aceptable[38].
-Son atómicas, como el hombre es celular, sin que su unidad de ser
-individual se resienta; y si están sujetas á la evolución que hemos
-descripto como una serie de consecuencias, este determinismo es el
-resultado de las causas desconocidas que actuaron sobre ellas en el
-universo anterior; pero ellas _sabían lo que les pasaba_, y ayudaban á
-la evolución dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien no
-sin conflictos, es decir sin errores, como lo prueban los cataclismos
-cósmicos[39]. Si hubiera un Creador omniciente y omnipotente, el
-universo sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo posible.
-
-Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos á cada momento su
-inteligencia. Todos los fenómenos naturales nos revelan operaciones
-complicadísimas, ejecutadas con una precisión, con una economía tal de
-esfuerzo, con una adaptación tan perfecta á su objeto, que revelan
-direcciones muy superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo que
-ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante de esos
-fenómenos, y se tendrá la relación entre ella y las fuerzas directoras
-de éstos.
-
-La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad de las formas,
-que la ciencia llama “inclinación natural” de la materia, ¿qué son sino
-deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, comparación entre dos
-términos? Todavía si el universo fuera de una estabilidad perfecta,
-se explicaría esa precisión como un equilibrio resultante de largas
-oscilaciones; pero cuando todo cambia incesantemente, las fuerzas
-ciegas son inexplicables.
-
-Al no asignar inteligencia sino al hombre, la ciencia cae en el error
-antropocéntrico de las religiones, ó está obligada á suponerla en toda
-manifestación físico-química, en todo fenómeno cuya dirección tenga
-analogía con un raciocinio, una comparación, una modalidad intelectual
-en una palabra; mucho más cuando esa modalidad resulte, como hemos
-visto, superior á las suyas. Efectos análogos, suponen causas
-semejantes.
-
-¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre con el planeta que
-habita, y cuyas manifestaciones físico-químicas mucho más poderosas y
-complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una
-inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó
-el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?
-
-¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el
-planeta--el ser enorme--en el cual aquél no es sino una célula?...[40].
-
-Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto.
-
-Si la radioactividad de la materia en forma de luz, calor,
-electricidad, olor, sonido, es un trabajo de regreso hacia la energía
-absoluta, percibir esas manifestaciones por medio de los sentidos es
-incorporarlas á dicha energía, es decir al pensamiento. Esto explica á
-la vez la percepción y la naturaleza etérea (radioactividad absoluta)
-del pensamiento. De aquí que el mejor aparato para apoderarse de la
-energía etérea, sea el hombre, que al llevarla en sí está en ella y es
-ella, como entidad espiritual naturalmente.
-
-Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo fenómeno olfatorio
-ó gustativo, son trabajos de desintegración de la materia, y toda
-percepción inteligente de estos fenómenos es reintegración de materia
-á la energía absoluta.
-
-Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, y que resuelve uno
-de los más obscuros problemas filosóficos.
-
-Sábese, en efecto, que el espacio como extensión infinita é incorpórea,
-vale decir el movimiento absoluto, puesto que es el movimiento lo que
-engendra al espacio--es á un tiempo inconcebible é imprescindible
-para nuestra mente. Si el pensamiento es la energía absoluta, nuestro
-pensamiento y el espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito
-é incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; resultando así
-inconcebible como sensación, bien que imprescindible porque constituye
-nuestro propio ser. Los términos al parecer antagónicos, se hallan así
-conciliados.
-
-He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del alma como soluciones
-racionales de una concepción cosmogónica, es decir aceptables sin
-conflicto con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, bien
-que sólo por razones de distancia, entre el materialismo y el
-super-naturalismo, la nuestra considera todos los fenómenos como
-naturales, pero no los deriva totalmente de la materia; y lejos de
-someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un dios _ex nihilo_,
-los considera determinados por una existencia anterior. Todas
-las consecuencias que se derivan del espiritualismo así concebido:
-solidaridad humana, inmortalidad, causalidad del destino humano, son
-consecuencias racionales.
-
-
- NOTAS:
-
-[32] Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías
-sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos obran sobre
-ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas
-de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos
-cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí
-resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de
-estado para producirlos á todos.
-
-[33] Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad;
-y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más
-simple expresión.
-
-[34] Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en
-todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que
-cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia
-tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la
-cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que
-la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma
-líquida, y ésta era otra razón.
-
-[35] He aquí por qué llamamos _ideación_ al ternario superior de
-nuestro esquema.
-
-[36] Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía
-primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son pensamiento, es
-decir seres inteligentes.
-
-[37] El calor, como se recordará, es una forma de la electricidad, que
-en estado puramente dinámico, es pensamiento.
-
-[38] Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.
-
-[39] El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias de su
-acción. Por otra parte, no hay evolución posible sin errores; es decir
-progreso, causalidad, fenómenos. La absoluta perfección, ó sea el Dios
-de las religiones, implica la absoluta esterilidad.
-
-[40] El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.
-
-
-
-
- DÉCIMA LECCIÓN
-
- EL HOMBRE
-
-Cuando vuelve á la vida un universo, los seres que lo poblaron
-vuelven también á la acción por orden de importancia; es decir que
-las fuerzas superiores, las más poderosas y activas, son las primeras
-en reaparecer. Esto explica la formación de los mundos como entidades
-primordiales, y todo el proceso de conversión de la energía en
-materia, hasta que ésta alcanza su máximum de estabilidad en el estado
-sólido. Á partir de este punto, se inicia el proceso inverso, ó de
-desintegración, y los seres van tendiendo á convertirse en focos de
-eterización cada vez más activa. Siendo éstos los seres vivos, según
-se expresó, y figurando entre ellos el hombre como el más activo de
-todos, alcanzar el estado humano viene á ser para los seres de la
-Tierra la suprema perfección en este mundo. Conociendo este proceso, la
-Kábala había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: “La piedra
-se convierte en árbol, el árbol en animal, el animal en hombre y el
-hombre en espíritu puro”--dando á las cosas un alcance bien superior
-como se ve.
-
-Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra la vida animal, su
-primer representante ha tenido que ser el hombre; y ya hemos visto que
-vida animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la Tierra desde que
-ésta entró al estado líquido, bajo formas fluídicas, pero no menos
-reales por ello.
-
-Antes del proceso cristalino y del vegetativo, en el cual la ciencia
-va encontrando ya las células poliédricas primordiales, así como los
-rudimentos de un sistema nervioso[41], el espíritu del hombre existía
-ya, pero no dividido todavía en seres humanos, sino como una entidad
-sintética que dirigía la evolución todavía poco diferenciada de su
-planeta. Era un habitante de la nebulosa ígnea que constituía la
-Tierra entonces, y engendraba por acción mental, es decir pensaba su
-descendencia.
-
-Cuando el planeta entró al estado líquido, aparecieron en su seno
-los cristales blandos, los rudimentos de existencias filamentosas
-que constituirían la vegetación, y las primeras células animales.
-El ser planetario se había dividido en existencias. De éstas, las
-destinadas á formar el reino animal, eran inteligencias, es decir
-hombres, según correspondía, dado que el hombre era la fuerza superior
-en la animalidad, y debía, por lo tanto, aparecer primero. Todas las
-formas animales son derivados de aquellas células, ideaciones suyas,
-y la escala darwiniana se encuentra así totalmente invertida[42]. El
-hombre es, pues, el progenitor del reino animal, explicando esto por
-qué repite las características de la serie zoológica durante su vida
-intrauterina; argumento el más poderoso del darwinismo para demostrar
-que es la síntesis inversa de toda esa serie.
-
-Pero Darwin, urgido por imperativos teológicos, habló del hombre como
-del “coronamiento de la escala animal”. La lógica anuló bien pronto
-esa capitulación con la Biblia; pues si el hombre no era más que un
-peldaño, no había razón para que fuese el superior y el último, sino
-uno de tantos. Así, pues, el mono antecesor se ha convertido en un
-primo, lo cual ya es algo.
-
-Sin embargo, hay un hecho bastante significativo; y es que el
-esqueleto ó los rastros del hombre, coexisten con todas las formas de
-vertebrados extinguidos y en todas las épocas geológicas, sin mostrar
-alteraciones muy sensibles en su estructura y en su tamaño, lo cual
-revela, cuando menos, una estabilidad superior como especie; y teniendo
-en cuenta que semejante estabilidad no puede provenir sino de una
-organización superior á la de los coetáneos ya desaparecidos, así como
-que se requiere una antigüedad muy grande para fijar los caracteres de
-una especie cuanto más complejos son[43], parece que la misma ciencia
-va demostrando la situación _anterior_ del hombre en el reino animal.
-
-La división que hemos debido establecer entre el hombre como espíritu
-de la tierra y como ser material, requiere también una explicación.
-
-En efecto, como espíritu de la tierra, ó sea en su carácter de fuerza
-sintética animadora, el hombre es el progenitor de todos los reinos;
-pero como ser material, es decir dividido en mónadas[44] activas, se
-circunscribe al reino animal. Eso sí, como la ley de vida es una
-sola, al constituir el hombre la fuerza superior de la animalidad,
-aparece primero.
-
-Teniendo en cuenta, sin embargo, que la vida de los planetas concluye
-dentro del ciclo de todo el universo, del propio modo que la del hombre
-dentro de la vida del planeta, muchas de esas mónadas quedan detenidas
-en su evolución hacia la espiritualidad, cuando el planeta sucumbe.
-¿Qué sucede entonces?
-
-Hemos dicho que los astros de un sistema conservan relaciones
-magnéticas y luminosas, pudiendo agregar ahora que dichas relaciones
-son influencias evidentes, pues la ciencia dice que basta la incidencia
-de un rayo de luz sobre un punto para provocar múltiples fenómenos.
-
-Siendo ello así, la energía de esas mónadas pasa á otros astros que se
-encuentran en evolución correlativa, para seguir su ciclo en ellos, y
-de aquí que el pretendido absurdo de la astrología sea sostenido por
-talentos superiores.
-
-Callaremos, no obstante, lo que pasa, para limitarnos á decir lo que
-pasó, continuando así nuestras descripciones.
-
-Al entrar la Tierra en el estado líquido, la vida orgánica de la luna
-había concluido su ciclo de manifestación, y las mónadas de sus seres
-inteligentes debieron pasar á incorporarse en las nuestras. No lo
-hicieron como puras energías, sino también como agregados de materia
-sutil que se infiltró en la masa de la gigantesca célula humana á modo
-de influencia magnética, comunicándole nuevas propiedades, de la manera
-que el imán al acero. De aquí las relaciones magnéticas que el estado
-líquido conserva con la luna bajo la forma de mareas.
-
-El vehículo de que esos espíritus lunares se valieron para venir á la
-Tierra, fué el cono de sombra que ésta proyecta sobre la luna, y que
-durante los eclipses nos trae exhalaciones maléficas de aquel astro;
-pues siendo él un cadáver, no ha de exhalar vida naturalmente. Esto
-explica la tradición en cuya virtud los chinos y muchas otras gentes,
-alborotan durante los eclipses “para ahuyentar á los malos espíritus”.
-
-El cono de sombra es tan objetivo para esas formas sutiles, como
-un chorro de agua ó una columna de humo; pues siendo la luz el más
-poderoso agente de eterización de la materia, donde ella falta, es
-decir donde hay sombra, la materia es más densa y puede servir de
-vehículo. Cuando se dice que la luz ahuyenta á los espectros, se
-expresa una verdad más grande de lo que parece; y cuando los “bárbaros”
-hacen ruido para producir un efecto igual, por estar la luna oculta,
-echan mano de un agente (el sonido) que según se ha visto es una fuerza
-primordial, pues es la que ordena los átomos en series armónicas. La
-luz y la música, son enemigas de la muerte.
-
-Muchos errores había cometido el hombre, espíritu puro sin conciencia,
-en sus engendros de la animalidad, así como en los tanteos para adoptar
-su propia forma; y de este modo, sobre el glutinoso mar primitivo, iban
-formándose los monstruos (fracasos) cuya descendencia estudia nuestra
-paleontología.
-
-Sobre un coágulo de temblorosa albúmina, aparecía de pronto un inmenso
-ojo azul; una pulida mano, que al carecer de huesos[45] era más tierna
-aún, surgía de la antena de un molusco monstruoso; peces con cara
-humana, copos de nácar fluido en cuyo centro latían con intermitente
-fosforescencia glándulas pineales; serpientes engendradas por el simple
-movimiento de las olas coloidales, y aniquiladas de pronto en una
-multitud de cabecitas de pájaro; membranas de colores esbozando en su
-tornasol complicaciones intestinales y vesículas natatorias...
-
-Los espíritus de la luna trajeron al hombre su experiencia, es decir
-le dieron la percepción mental que puso orden en aquella confusión;
-pero esto no bastaba; requeríase aún la conciencia y la memoria
-para que aquel espíritu tuviera responsabilidad, ó sea para que se
-individualizara del todo, aprendiendo á causar su propio destino.
-
-Entonces los espíritus solares se esparcieron por el planeta.
-
-Iban á ayudar al hermano inferior en su obra, que la simple ley
-evolucionaría habría llevado á término; pero que por este acto, se
-adelantaba hacia la perfección, economizando edades[46]. Éste era un
-deber (como lo es todo acto caritativo) un deber de los espíritus
-solares; pero muchos de ellos no quisieron llenarlo, por no descender
-de su rango superior. Llegó un momento, sin embargo, en que la ley
-evolucionaría los impelió á cumplir como fatalidad lo que habían
-rehusado como deber[47]; y entonces debieron encarnarse en las
-mónadas que les tocaba animar; pero éstas, mientras tanto, habían
-seguido cometiendo errores, que refluyeron sobre los que habrían debido
-impedirlos animándolas, y es así cómo esas mónadas se encontraron
-retrasadas en su evolución.
-
-Comprendiendo, entonces, que durante la vida de este globo no pueden
-alcanzar la perfección de los otros, continúan entregadas á la
-fatalidad, que es la transgresión del deber, es decir _haciendo mal_.
-El bien y el mal, las diferencias de calidad, de inteligencia, etc., en
-los hombres, quedan así explicados en carácter de fenómenos lógicos y
-productos de la conciencia espiritual. Así es cómo, únicamente, el mal
-no viene á ser una forma del bien, según el conocido sofisma deísta;
-y cómo el dualismo de Dios y de Satanás, no es tampoco un imperativo
-categórico. Hay condenados por su culpa (por no haber animado
-voluntariamente las mónadas) pero su condenación no es eterna, sino
-respecto al ciclo de evolución de este planeta. Los que han preferido
-obrar como fuerza ciega, son las víctimas de la fatalidad[48].
-
-Sólo falta por agregar ahora, que así como después de reingresar en la
-energía absoluta, el universo vuelve á ser materia, mundos y hombres
-hacen lo propio en ciclos equivalentes á la duración de sus vidas; y
-que de tal modo, la reencarnación humana resulta una ley racional y
-necesaria[49]. Necesaria sobre todo, si á los actos de su corta vida no
-han de corresponder, contra toda razón y toda justicia, _eternidades_
-de gloria ó de tormento. Una sola es la ley de la vida, lo mismo para
-el insecto que para la estrella[50].
-
-
- NOTAS:
-
-[41] Porque el vegetal es un reino intermedio entre los otros dos y
-participa de la naturaleza de ambos.
-
-[42] Esto explica por qué en el Génesis, Adán “da nombre” ó lo que es
-igual especifica á los animales que ya estaban creados por Dios; es
-decir que existían como meras potencialidades sin objetividad alguna,
-en la mente del espíritu director del planeta.
-
-[43] Ésta es la respuesta á los que objetan que ciertos insectos viven
-también con su forma adquirida, desde remotas edades geológicas, por
-más que ninguno alcance á la antigüedad del hombre.
-
-[44] Usamos el término como una semejanza, y advirtiendo que estas
-mónadas tienen la misma existencia incorpórea de los átomos, ya
-descripta en otro lugar, siendo substancialmente idénticas á los
-átomos minerales ó vegetales, pero en otro estado de vida, según los
-antecedentes del ser que las engendra.
-
-[45] No se olvide que el estado sólido no existía aún, y téngase
-presente que aun después de existir, el fosfato de cal un producto de
-los moluscos primitivos fué de los últimos en aparecer.
-
-[46] Éste es el origen del mito de Prometeo, un numen que roba fuego
-para los hombres. Cuando se sabe que Prometeo viene _de pro-methis_,
-“premeditación”, el mito resulta enteramente claro.
-
-[47] Cumplir un deber indicado por la razón, es adelantarse á la
-ley fatal, activando la vida consciente, ó sea produciendo un acto
-meritorio; pues siendo la razón un ser superior al hombre, si bien
-encarnado en él--el espíritu solar mismo--ella es realmente la guía del
-hombre. Así se explica satisfactoriamente el bien y la superioridad en
-apariencia paradógica de la razón humana, que, estando en el hombre, es
-superior al hombre y da leyes á su existencia.
-
-[48] Éste es el concepto del pecado cuando se lo considera
-individualmente. Pecado es ignorancia, es decir fuerza ciega, según la
-propia definición teológica.
-
-[49] Conviene no olvidar que la razón de estos regresos á la vida, está
-en la ley de causalidad puesta en acción por el mismo ser que sufre sus
-consecuencias.
-
-[50] Repetimos que toda esta cosmogonía es sólo un esquema. La
-evolución de las razas humanas, así como la explicación detallada de
-las relaciones interplanetarias, excederían de su objeto; pero algo
-me dice que he de volver á encontrar un día las huellas de mi augusto
-revelador.
-
-
- EPÍLOGO
-
-Y mi extraño interlocutor calló durante una hora cuyo silencio no me
-atreví á turbar.
-
-Sobre nuestras cabezas palpitaba de astros la inmensidad transparente y
-obscura. Su antigüedad formada por el transcurso de todos los tiempos,
-era, no obstante, ligera como un aroma; su profundidad estaba serena
-como un sueño en paz.
-
-En el silencio de aquella noche, ante la cordillera ahí erguida como
-una presencia superior, tenía realmente la elevación de una idea.
-Estrellas y sombra, infinito y eternidad, componían para mi mente en
-comunión con ellos, esa armonía del silencio que presta alas al éxtasis.
-
-Pero semejante grandeza no me anonadaba. Era grata por el contrario á
-mi pequeñez, y experimentaba ante ella, como ante una madre, la dulce
-seguridad de un niño desnudo.
-
-Los misterios cuya exposición había oído, eran poca cosa ante aquél
-mucho más grande de todos los astros del firmamento, concentrando
-sus rayos en mi pobre ojo humano, inconcebiblemente pequeño ante el
-universo, y subordinados por la mísera chispa de mi cerebro al imperio
-de una ley; pues á través del frágil cristal de mi ojo, el universo
-entero estaba en mí, y todos sus astros brillaban en mí como si yo
-hubiera sido el infinito.
-
-Música de las esferas que el iniciado heleno concibió en su sistema:
-¿qué necesidad tenía de oirte con mis orejas, si tu transporte
-comunicaba á mi ser la beatitud inefable? Espectáculo de la bóveda
-estrellada, siempre el mismo y nunca monótono para el humano en
-meditación: ¿qué mérito mayor podía atribuirte que el de consolar mis
-tristezas? Condición humana, dulcemente grata en tu pequeñez, puesto
-que á ella debes la dicha de adorar; vida del hombre, preciosa en su
-fugacidad de soplo, ya que ésta misma te acerca á la inmortalidad:
-nunca como aquella noche comprendí vuestro destino, uno con el infinito
-y siendo el infinito mismo, á la manera del rayo solar que tamizado por
-el más pequeño poro, lleva no obstante á la pupila la sensación de todo
-el sol.
-
-Mi interlocutor hizo un movimiento como si despertara, y alzando su
-mano señaló el cielo del sur.
-
-Las nubes magallánicas rozaban el horizonte con sus lejanos tules,
-evocando recuerdos de navegación y de noches antiguas.
-
-Eso, dijo el sabio, aquellas manchas negras, sombra de la sombra, que
-la astronomía llama sacos de carbón, son sitios de futuros universos,
-abismos de pensamiento eterno donde reposa la eterna vida.
-
-¿Qué fueron, qué son, qué serán? Un silencio más hondo que la muerte,
-el silencio mismo del no ser, guarda ese secreto. Los rayos de todos
-los astros son impotentes para penetrar esa sombra cuya existencia es
-tan real como la de la luz, puesto que se destaca sobre la otra sombra
-que es diminución de luz, siendo tinieblas existentes por sí mismas.
-
-¿Cómo explica la ciencia la impenetrabilidad de esas sombras al rayo
-estelar? No lo explica. ¿Qué conjetura sobre su naturaleza? Nada
-conjetura. Ante esos abismos donde piensa la eternidad y no existe el
-tiempo; donde el sol más flamígero se apagaría como un candil en una
-cueva; donde el silencio mismo no existe, donde la extensión misma no
-es concebible--el pavor de lo absoluto paraliza aun al rayo de luz que
-la inmensidad no detiene.
-
-Pero un día, cuando nuestro universo esté quizá disuelto en una
-nubecilla atómica, el seno de esas tinieblas se estremecerá
-al impulso del rayo inicial, y los abismos estelares volverán á
-transformarse en soles. Quizá nosotros mismos seamos los animadores de
-esa vida, y así como ahora pensamos ideas, pensemos entonces espíritus
-vivientes.
-
-Pero nuestras ideas son también espíritus, espíritus que aspiran á
-realizar, como los astros en el cielo y las flores sobre la Tierra, no
-la sombría _struggle for life_ de la ciencia, sino la divina _struggle
-for light_ de los seres superiores...
-
-Su estatura parecía haber crecido hasta sobrepasar la vecina montaña;
-no era ya más que una larga niebla confundiéndose con la vía láctea en
-el fondo del horizonte. Y fuese ilusión de mi mente sobrexcitada, ó
-maravillosa realidad, es lo cierto que sin darme cuenta del prodigio,
-estaba viendo, desde hacía un rato, emblanquecer su rostro entre las
-estrellas.
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***
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