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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Las Fuerzas Extrañas - -Author: Leopoldo Lugones - -Release Date: June 25, 2021 [eBook #65689] - -Language: Spanish - -Character set encoding: UTF-8 - -Produced by: Delphine Lettau, Andrés V. Galia and the Distributed - Proofreaders Canada team (http://www.pgdpcanada.net)with - images obtained from - https://archive.org/details/LasFuerzasExtraas - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS *** - - - NOTAS DEL TRANSCRIPTOR - -En la versión de texto sin formato, el texto en cursiva se indica con -_guiones bajos_. El signo ^ representa un superíndice; así e^ representa -la letra _e_ minúscula escrita como superíndice inmediatamente después -del carácter precedente. Del mismo modo _{4} representa al subíndice 4. - -Se han corregido errores de puntuación obvios y otros errores de -impresión. - -El Índice con el contenido ha sido movido del final al principio de la -obra. - -El esquema presentado por el autor en el relato "Ensayo de una -cosmogonía en diez lecciones", en la versión de texto sin formato -ha sido modificado de su diseño original para evitar un formato de -exhibición no admitido por los programas de lectura de textos. El -diseño original de ese esquema está disponible en las versiones HTML, -EPUB y MOBI, donde se han incluido como imagen. - -La portada del libro ha sido modificada por el transcriptor y se -incluye en el dominio público. - - - * * * * * - - - LAS FUERZAS EXTRAÑAS - - - DEL AUTOR - - LAS MONTAÑAS DEL ORO; poema (agotado). - LA REFORMA EDUCACIONAL; polémica (agotado). - EL IMPERIO JESUÍTICO; ensayo histórico (agotado). - LOS CREPÚSCULOS DEL JARDÍN; versos. - LA GUERRA GAUCHA (agotado). - - - Imprenta de Coni Hermanos, Perú 684 - - - LEOPOLDO LUGONES - - - - - LAS FUERZAS EXTRAÑAS - - - BUENOS AIRES - ARNOLDO MOEN Y HERMANO, EDITORES - Florida 323 - - 1906 - - - [Ilustración: Leopoldo Lugones] - - - - - ÍNDICE - - - La fuerza Omega 5 - - La lluvia de fuego 27 - - Un fenómeno inexplicable 47 - - El milagro de san Wilfrido 63 - - El escuerzo 77 - - La metamúsica 87 - - El origen del diluvio 109 - - Los caballos de Abdera 123 - - Viola acherontia 137 - - Yzur 151 - - La estatua de sal 169 - - El psychon 181 - - Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones 201 - - Proemio 203 - I.--El origen del universo 206 - II.--El origen de la forma 212 - III.--El espacio y el tiempo 216 - IV.--Los átomos 220 - V.--Nuestra teoría ante la ciencia 228 - VI.--La vida de la materia 237 - VII.--Los elementos terrestres 243 - VIII.--La vida orgánica 247 - IX.--La inteligencia en el universo 253 - X.--El hombre 265 - - Epílogo 275 - - - - - LA FUERZA OMEGA - - - LA FUERZA OMEGA - -No éramos sino tres amigos. Los dos de la confidencia, en cuyo par me -contaba, y el descubridor de la espantosa fuerza que, sin embargo del -secreto, preocupaba ya á la gente. - -El sencillo sabio ante quien nos hallábamos, no procedía de ninguna -academia y estaba asaz distante de la celebridad. Había pasado la vida -concertando al azar de la pobreza pequeños inventos industriales, desde -tintas baratas y molinillos de café, hasta máquinas controladoras para -boletos de tranvía. - -Nunca quiso patentar sus descubrimientos, muy ingeniosos algunos, -vendiéndolos por poco menos que nada á comerciantes de segundo orden. -Presintiéndose quizá algo de genial, que disimulaba con modestia casi -fosca, tenía el más profundo desdén por aquellos pequeños triunfos. -Si se le hablaba de ellos, concomíase con displicencia ó sonreía con -amargura. - ---Eso es para comer, decía sencillamente. - -Me había hecho su amigo por la casualidad de cierta conversación en -que se trató de ciencias ocultas; pues mereciendo el tema la aflictiva -piedad del público, aquéllos á quienes interesa suelen disimular su -predilección, no hablando de ella sino con sus semejantes. - -Fué precisamente lo que pasó, y mi despreocupación por el qué dirán -debió de agradar á aquel desdeñoso, pues desde entonces intimamos. -Nuestras pláticas sobre el asunto favorito, fueron largas. Mi amigo se -inspiraba al tratarlo, con aquel silencioso ardor que caracterizaba su -entusiasmo y que sólo se traslucía en el brillo de sus ojos. - -Todavía le veo pasearse por su cuarto, recio, casi cuadrado, con su -carota pálida y lampiña, sus ojos pardos de mirada tan singular, sus -manos callosas de gañán y de químico á la vez. - -“Anda por ahí á flor de tierra, solía decirme, más de una fuerza -tremenda cuyo descubrimiento se aproxima. De esas fuerzas interetéreas -que acaban de modificar los más sólidos conceptos de la ciencia, y que -justificando las afirmaciones de la sabiduría oculta, dependen cada vez -más del intelecto humano.” - -La identidad de la mente con las fuerzas directrices del -cosmos--concluía en ocasiones filosofando--es cada vez más clara; -y día llegará en que aquélla sabrá regirlas sin las máquinas -intermediarias, que en realidad deben de ser un estorbo. Cuando -uno piensa que las máquinas no son sino aditamentos con que el ser -humano se completa, llevándolas potencialmente en sí, según lo -prueba al concebirlas y ejecutarlas, los tales aparatos resultan en -substancia, simples modificaciones de la caña con que se prolonga -el brazo para alcanzar un fruto. Ya la memoria suprime los dos -conceptos fundamentales, los más fundamentales como realidad y como -obstáculo--el espacio y el tiempo--al evocar instantáneamente un -lugar que se vió hace diez años y que se encuentra á mil leguas; para -no hablar de ciertos casos de bilocación telepática, que demuestran -mejor la teoría. Si estuviera en ésta la verdad, el esfuerzo humano -debería tender á la abolición de todo intermediario entre la mente -y las fuerzas originales, á suprimir en lo posible la materia--otro -axioma de filosofía oculta; mas para esto hay que poner el organismo -en condiciones especiales, activar la mente, acostumbrarla á la -comunicación directa con dichas fuerzas. Caso de magia. Caso que -solamente los miopes no perciben en toda su luminosa sencillez. -Habíamos hablado de la memoria. El cálculo demuestra también una -relación directa; pues si calculando se llega á determinar la -posición de un astro desconocido, en un punto del espacio, es porque -hay identidad entre las leyes que rigen al pensamiento humano y al -universo. Hay más todavía: es la determinación de un hecho material por -medio de una ley intelectual. El astro tiene que estar ahí, porque así -lo determina mi razón matemática, y esta sanción imperativa equivale -casi á una creación. - -Entiendo, Dios me perdone, que mi amigo no se limitaba á teorizar -el ocultismo, y que su régimen alimenticio, tanto como su severa -continencia, implicaban un entrenamiento; pero nunca se franqueó sobre -este punto y yo fuí discreto á mi vez. - -Habíase relacionado con nosotros, poco antes de los sucesos que voy á -narrar, un joven médico á quien sólo faltan sus exámenes generales, que -quizá nunca llegue á dar pues se ha dedicado á la filosofía; y éste era -el otro confidente que debía escuchar la revelación. - -Fué á la vuelta de unas largas vacaciones que nos habían separado -del descubridor. Encontrámosle algo más nervioso, pero radiante con -una singular inspiración, y su primera frase fué para invitarnos á -una especie de tertulia filosófica--tales sus palabras--donde debía -exponernos el descubrimiento. - -En el laboratorio habitual, que presentaba al mismo tiempo un vago -aspecto de cerrajería, y en cuya atmósfera flotaba un dejo de cloro, -empezó la conferencia. - -Con su voz clara de siempre, su aspecto negligente, sus manos -extendidas sobre la mesa como durante los discursos psíquicos, nuestro -amigo enunció esta cosa sorprendente: - ---He descubierto la potencia mecánica del sonido. - -“Saben ustedes,--agregó, sin preocuparse mayormente del efecto -causado por su revelación--saben ustedes bastante de estas cosas para -comprender que no se trata de nada sobrenatural. Es un gran hallazgo, -ciertamente, pero no superior á la onda hertziana ó al rayo Roentgen. -Á propósito--yo he puesto también un nombre á mi fuerza. Y como ella -es la última en la síntesis vibratoria cuyos otros componentes son el -calor, la luz y la electricidad--la he llamado la fuerza Omega”. - ---¿Pero el sonido no es cosa distinta?, preguntó el médico. - ---No, desde que la electricidad y la luz están consideradas ahora como -materia. Falta todavía el calor; pero la analogía nos lleva rápidamente -á conjeturar la identidad de su naturaleza, y veo cercano el día -en que se demuestre este postulado para mí evidente: que si los -cuerpos se dilatan al calentarse, ó en otros términos, si sus espacios -intermoleculares aumentan, es porque entre ellos se ha introducido algo -y que este algo es el calor. De lo contrario, habría que recurrir al -vacío aborrecido por la naturaleza y por la razón. - -“El sonido es materia para mí, pero esto resultará mejor de la propia -exposición de mi descubrimiento.” - -“La idea, vaga aunque intensa hasta el deslumbramiento, me vino--cosa -singular--la primera vez que vi afinar una campana. Claro es que no se -puede determinar de antemano la nota precisa de una campana, pues la -fundición cambiaría el tono. Una vez fundida, es menester recortarla al -torno para lo cual hay dos reglas: si se quiere bajar el tono, hay que -disminuir la línea media llamada ”falseadura“; si subirlo, es menester -recortar la ”pata“ ó sea el reborde, y la afinación se practica al oído -como la de un piano. Puede bajarse hasta un tono, pero no subirse sino -medio; pues cortando mucho la pata, el instrumento pierde su sonoridad.” - -“Al pensar que si la pierde no es porque deje de vibrar, me vino esta -idea, base de todo el invento: la vibración sonora se vuelve fuerza -mecánica y por esto deja de ser sonido; pero la cosa se precisó durante -las vacaciones, mientras ustedes veraneaban, lo cual aumentó, con la -soledad, mi concentración.” - -“Ocupábame de modificar discos de fonógrafo, y aquello me traía -involuntariamente al tema. Había pensado construir una especie de -diapasón para destacar, y percibir directamente por lo tanto, las -armónicas de la voz humana, lo que no es posible sino por medio de un -piano, y siempre con gran imperfección; cuando de repente, con claridad -tal que en dos noches de trabajo concebí toda la teoría, el hecho se -produjo.” - -“Cuando se hace vibrar un diapasón que está al mismo tono con otro, -éste vibra también por influencia al cabo de poco tiempo, lo que -prueba que la onda sonora, ó en otros términos el aire agitado, tiene -fuerza suficiente para poner en movimiento el metal. Dada la relación -que existe entre el peso, densidad y tenacidad de éste con los del -aire, esa fuerza tiene que ser enorme; y sin embargo, no es capaz de -mover una hebra de paja que un soplo humano aventaría, siendo á su vez -impotente para hacer vibrar en forma perceptible el metal. La onda -sonora es, pues, más y menos poderosa que el soplo de nuestro ejemplo. -Esto depende de las circunstancias, y en el caso de los diapasones, la -circunstancia debe de ser una relación molecular, puesto que si ellos -no están al unísono, el fenómeno marra. Había, pues, que aplicar la -fuerza sonora, á fenómenos intermoleculares.” - -“No creo que la concepción de la _fuerza sonora_ necesite mucho -ingenio. Cualquiera ha sentido las pulsaciones del aire en los sonidos -muy bajos, los que produce el nasardo de un órgano, por ejemplo. Parece -que las dieciséis vibraciones por segundo que engendra un tubo de -treinta y dos pies, marcan el límite inferior del sonido perceptible -que no es ya sino un zumbido. Con menos vibraciones, el movimiento -se vuelve un soplo de aire; el soplo que movería la brizna, pero que -no afectaría el diapasón. Esas vibraciones bajas, verdadero viento -melodioso, son las que hacen trepidar las vidrieras de las catedrales; -pero no forman ya notas, propiamente hablando, y sólo sirven para -reforzar las octavas inmediatamente superiores.” - -“Cuanto más alto es el sonido, más se aleja de su semejanza con -el viento y más disminuye la longitud de su onda; pero si ha de -considerársela como fuerza intermolecular, ella es enorme todavía -en los sonidos más altos de los instrumentos; pues el del piano con -el do séptimo, que corresponde á un máximum de 4200 vibraciones por -segundo, tiene una onda de tres pulgadas. La flauta, que llega á 4700 -vibraciones, da una onda gigantesca todavía.” - -“La longitud de la onda depende, pues, de la altura del sonido, -que deja ya de ser musical poco más allá de las 4700 vibraciones -mencionadas. Despretz ha podido percibir un do, que vendría á ser el -décimo, con 32.770 vibraciones producidas por el frote de un arco sobre -un pequeñísimo diapasón. Yo percibo sonido aún, pero sin determinación -musical posible, en las 45.000 vibraciones del diapasón que he -inventado.” - ---¡45.000 vibraciones, dije; eso es prodigioso! - ---Pronto vas á verlo, prosiguió el inventor. Ten paciencia un instante -todavía. - -Y después de ofrecernos té, que rehusamos: - -“La vibración sonora, se vuelve casi recta con estas altísimas -frecuencias, y tiende igualmente á perder su forma curvilínea, -tornándose más bien un zig-zag á medida que el sonido se exaspera. Esto -se ha experimentado prácticamente cerdeando un violín. Hasta aquí no -salimos de lo conocido, bien que no sea vulgar.” - -“Pero ya he dicho que me proponía estudiar el sonido como fuerza. He -aquí mi teoría, que la experiencia ha confirmado.” - -“Cuanto más bajo es el sonido, más superficiales son sus efectos sobre -los cuerpos. Después de lo que sabemos, esto es bien sencillo. La -fuerza penetrante del sonido, depende, pues, de su altura; y como -á ésta corresponde, según dije, una menor ondulación, resulta que mi -onda sonora de 45.000 vibraciones por segundo, es casi una flecha -ligerísimamente ondulada. Por pequeña que sea esta ondulación, siempre -es excesiva molecularmente hablando; y como mis diapasones no pueden -reducirse más, era menester ingeniarse de otro modo.” - -“Había, además, otro inconveniente. Las curvas de la onda sonora están -relacionadas con su propagación, de tal modo que su ampliación progresa -con gran velocidad hasta anularla como sonido, imposibilitando á la -vez su desarrollo como fuerza; pero tanto este inconveniente, como -el que resulta de la ondulación en sí, desaparecerían multiplicando -la velocidad de traslación. De ésta depende que la onda no pierda -la rectitud, que como toda curva tiene al comenzar, y al logro de -semejante propósito concurrió una ley científica.” - -“Fourier, el célebre matemático francés, ha enunciado un principio -aplicable á las ondas simples--las de mi problema--que puede traducirse -vulgarmente así: - -“Cualquiera forma de onda, puede estar compuesta por cierto número de -ondas simples de longitudes diferentes.” - -“Siendo ello así, si yo pudiera lanzar sucesivamente un número -cualquiera de ondas en progresión proporcional, la velocidad de la -primera sería la suma de las velocidades de todas juntas; la proporción -entre las ondulaciones de aquélla y su traslación, quedaba rota con -ventaja, y libertada por lo tanto la potencia mecánica del sonido.” - -“Mi aparato va á demostrarles que todo esto se puede; pero aún no les -he dicho lo que me proponía hacer.” - -“Yo considero que el sonido es materia, desprendida en partículas -infinitesimales del cuerpo sonoro, y dinamizada en tal forma, que da la -sensación de sonido, como las partículas odoríferas dan la sensación -del olor. Esa materia se desprende en la forma ondulatoria comprobada -por la ciencia y que yo me proponía modificar, engendrando la onda -aérea conocida por nosotros, del propio modo que la ondulación de una -anguila bajo el agua, es repetida por ésta en su superficie.” - -“Cuando la doble onda choca con un cuerpo, la parte aérea se refleja -contra su superficie; la etérea penetra produciendo la vibración -del cuerpo y sin ninguna otra consecuencia, pues el éter de cuerpo -supuesto, se dinamiza armónicamente con el de la onda, difundido en él; -y ésta es la explicación, que se da por primera vez, de las vibraciones -al unísono.” “Una vez rota la relación entre las ondulaciones y su -propagación, el éter sonoro no se difunde en la masa del cuerpo, sino -que la perfora, ya completamente, ya hasta cierta profundidad. Y aquí -viene la explicación misma de los fenómenos que produzco.” - -“Todo cuerpo tiene un centro formado por la gravitación de moléculas -que constituye su cohesión, y que representa el peso total de dichas -moléculas. No necesito advertir que ese centro puede encontrarse en -cualquier punto del cuerpo. Las moléculas representan aquí, lo que las -masas planetarias en el espacio.” - -“Claro es que el más mínimo desplazamiento del centro en cuestión, -ocasionará instantáneamente la desintegración del cuerpo; pero no es -menos cierto que para efectuarlo, venciendo la cohesión molecular, se -necesitaría una fuerza enorme, algo de que la mecánica actual no tiene -idea, y que yo he descubierto, sin embargo.” - -“Tyndall ha dicho en un ejemplo gráfico, que la fuerza del puñado de -nieve contenido en la mano de un niño, bastaría para hacer volar en -pedazos una montaña. Calculen ustedes lo que se necesitará para vencer -esa fuerza. Y yo desintegro bloques de granito de un metro cúbico...” - -Decía aquello sencillamente, como la cosa más natural, sin ocuparse -de nuestra aquiescencia. Nosotros, aunque vagamente, íbamonos turbando -con la inminencia de un gran revelación; pero acostumbrados al tono -autoritario de nuestro amigo, nada replicábamos. Nuestros ojos, eso sí, -buscaban al descuido por el taller, los misteriosos aparatos. Á no ser -un volante de eje solidísimo, nada había que no nos fuese familiar. - -“Llegamos, prosiguió el descubridor, al final de la exposición. Había -dicho que necesitaba ondas sonoras susceptibles de ser lanzadas en -progresión proporcional, y á vuelta de muchos tanteos, que no es -menester describrir, di con ellas.” - -“Eran el _do, fa, sol, do_, que según la tradición antigua constituían -la lira de Orfeo, y que contienen los intervalos más importantes de la -declamación, es decir, el secreto musical de la voz humana. La relación -de estas ondas es matemáticamente 1, 4/3, 3/2, 2; y arrancadas de la -naturaleza, sin un agregado ó deformación que las altere, son también -una fuerza original. Ya ven ustedes que la lógica de los hechos, iba -paralela con la de la teoría.” - -“Procedí entonces á construir mi aparato; mas para llegar al que usted -en ven aquí, dijo sacando de su bolsillo un disco harto semejante á un -reloj de níquel, ensayé diversas máquinas.” - -Confieso que el aparato aquél nos defraudó. La relación de magnitudes -forma de tal modo la esencia del criterio humano, que al oir hablar de -fuerzas enormes habíamos presentido máquinas grandiosas. Aquella cajita -redonda, con un botón saliente en su borde y á la parte opuesta una -boquilla, parecía cualquier cosa menos un generador de éter vibratorio. - -“Primero, continuó el otro sonriendo ante nuestra perplejidad, pensé -en cosas complicadas, análogas á las sirenas de Koenig. Luego fuí -simplificando de acuerdo con mis ideas sobre la deficiencia de las -máquinas, hasta llegar á esto que no es sino una solución transitoria.” - -“La delicadeza del aparato no permite abrirlo á cada momento; pero -ustedes deben conocerlo, añadió destornillando su tapa.” - -Contenía cuatro diapasoncillos, poco menos finos que cerdas, -implantados á intervalos desiguales sobre un diafragma de madera que -constituía el fondo de la caja. Un sutilísimo alambre se tendía y -distendía rozándolos, bajo la acción del botón que sobresalía; y la -boquilla de que antes hablé, era una bocina microfónica. - -“Los intervalos entre diapasón y diapasón, tanto como el espacio -necesario para el juego de la cuerda que los roza, imponían al -aparato este tamaño mínimo. Cuando ellos suenan, la cuádruple onda -transformada en una, sale por la bocina microfónica como un verdadero -proyectil etéreo. La descarga se repite cuantas veces aprieto el botón, -pudiendo salir las ondas sin solución de continuidad apreciable, es -decir mucho más próximas que las balas de una ametralladora, y formar -un verdadero chorro de éter dinámico cuya potencia es incalculable.” - -“Si la onda va al centro molecular del cuerpo, éste se desintegra en -partículas impalpables. Si no, lo perfora con un agujerillo enteramente -imperceptible. En cuanto al roce tangencial, van á ver ustedes sus -efectos sobre aquel volante...” - ---...¿Qué pesa?... interrumpí. - ---Trescientos kilogramos. - -El botón comenzó á actuar con ruidecito intermitente y seco, ante -nuestra curiosidad todavía incrédula; y como el silencio era grande, -percibimos apenas una aguda estridencia, análoga al zumbido de un -insecto. - -No tardó mucho en ponerse en movimiento la mole, y ésta fué -acelerándose de tal modo, que pronto vibró la casa entera como al -empuje de un huracán. La maciza rueda no era más que una sombra vaga -semejante al ala de un colibrí en suspensión, y el aire desplazado -por ella provocaba un torbellino dentro del cuarto. El descubridor -suspendió muy luego los efectos de su aparato, pues ningún eje habría -aguantado mucho tiempo semejante trabajo. - -Mirábamonos suspensos, con una mezcla de admiración y pavor, trocada -muy luego en desmedida curiosidad. - -El médico quiso repetir el experimento; pero por más que abocó la -cajita hacia el volante, nada consiguió. Yo intenté lo propio con igual -desventura. - -Creíamos ya en una broma de nuestro amigo, cuando éste dijo, poniéndose -tan grave que casi daba en taciturno: - -“Es que aquí está el misterio de mi fuerza. Nadie, sino yo, puede -usarla. Y yo mismo no sé cómo sucede.” - -“Defino, sí, lo que por mí pasa, como una facultad análoga á la -puntería. Sin verlo, sin percibirlo en ninguna forma material, yo _sé_ -dónde está el centro del cuerpo que deseo desintegrar, y en la misma -forma proyecto mi éter contra el volante.” - -“Prueben ustedes cuanto quieran. Quizá al fin...” - -Todo fué en vano. La onda etérea se dispersaba inútil. En cambio, bajo -la dirección de su amo, llamémosle así, ejecutó prodigios. - -Un adoquín que calzaba la puerta rebelde, se desintegró á nuestra -vista, convirtiéndose con leve sacudida en un montón de polvo -impalpable. Varios trozos de hierro sufrieron la misma suerte. Y -resultaba en verdad de un efecto mágico aquella transformación de la -materia, sin un esfuerzo perceptible, sin un ruido, como no fuera la -leve estridencia que cualquier rumor ahogaba. - -El médico, entusiasmado, quería escribir un artículo. - ---No, dijo nuestro amigo; detesto la notoriedad, aunque no he podido -evitarla del todo, pues los vecinos comienzan á enterarse. Además, temo -los daños que puede causar esto... - ---En efecto, dije; como arma sería espantoso. - ---¿No lo has ensayado sobre algún animal? preguntó el médico. - ---Ya sabes, respondió nuestro amigo con grave mansedumbre, que jamás -causo dolor á ningún ser viviente. - -Y con esto terminó la sesión. - -Los días siguientes transcurrieron entre maravillas; y recuerdo como -particularmente notable la desintegración de un vaso de agua, que -desapareció de súbito cubriendo de rocío toda la habitación. - -“El vaso permanece, explicaba el sabio, porque no forma un bloque -con el agua á causa de que no hay entre ésta y el cristal adherencia -perfecta. Lo mismo sucedería si estuviera herméticamente cerrado. El -líquido, convertido en partículas etéreas, sería proyectado á través de -los poros del metal...” - -Así marchábamos de asombro en asombro; mas el secreto no podía -prolongarse, y es imposible valorar lo que se perdió en el triste -suceso cuyo relato finalizará esta historia. - -Lo cierto es--para qué entretenerse en cosas tristes--que una de esas -mañanas encontramos á nuestro amigo, muerto, con la cabeza recostada en -el respaldo de su silla. - -Fácil es imaginar nuestra consternación. El aparato maravilloso estaba -ante él y nada anormal se notaba en el laboratorio. - -Mirábamonos sorprendidos, sin conjeturar ni lejanamente la causa de -aquel desastre, cuando noté de pronto que la pared á la cual casi -tocaba la cabeza del muerto, se hallaba cubierta de una capa grasosa, -una especie de manteca. - -Casi al mismo tiempo mi compañero lo advirtió también, y raspando con -su dedo sobre aquella mixtura, exclamó sorprendido: - ---¡Esto es substancia cerebral! - -La autopsia confirmó su dicho certificando una nueva maravilla del -portentoso aparato. Efectivamente, la cabeza de nuestro pobre amigo -estaba vacía, sin un átomo de sesos. El proyectil etéreo, quién sabe -por qué rareza de dirección ó por qué descuido, habíale desintegrado -el cerebro, proyectándolo en explosión atómica á través de los poros -de su cráneo. Ni un rastro exterior denunciaba la catástrofe, y aquel -fenómeno, con todo su horror, era, á fe mía, el más estupendo de -cuantos habíamos presenciado. - -Sobre mi mesa de trabajo, aquí mismo, en tanto que finalizo esta -historia, el aparato en cuestión brilla, diríase siniestramente, al -alcance de mi mano. - -Funciona perfectamente; pero el éter formidable, la substancia -prodigiosa y homicida de la cual tengo ¡ay! tan desgraciada prueba, se -pierde sin rumbo en el espacio, á pesar de todas mis vanas tentativas. -En el instituto Lutz y Schultz han ensayado también sin éxito. - - - - - LA LLUVIA DE FUEGO - - - LA LLUVIA DE FUEGO - - - EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOMORRA - - -Recuerdo que era un día de sol hermoso, lleno del hormigueo popular -en las calles atronadas de vehículos. Un día asaz cálido y de tersura -perfecta. - -Desde mi terraza dominaba una vasta confusión de techos, vergeles -salteados, un trozo de bahía punzado de mástiles, la recta gris de una -avenida... - -Á eso de las once cayeron las primeras chispas. Una aquí, otra -allá--partículas de cobre semejantes á las morcellas de un pábilo; -partículas de cobre incandescente que daban en el suelo con un -ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; el rumor urbano -no decrecía. Únicamente los pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar. - -Casualmente lo había advertido, mirando hacia el horizonte en un -momento de abstracción. Primero creí en una ilusión óptica causada por -mi miopía. Tuve que esperar largo rato para ver caer otra chispa, pues -la luz solar anegábalas bastante; pero el cobre ardía de tal modo, que -se destacaban asimismo. Una rapidísima vírgula de fuego, y el golpecito -en la tierra. Así, á largos intervalos. - -Debo confesar que al comprobarlo, experimenté un vago terror. Exploré -el cielo en una ansiosa ojeada. Persistía la limpidez. ¿De dónde venía -aquel extraño granizo? ¿Aquel cobre? ¿Era cobre?... - -Acababa de caer una chispa en mi terraza, á pocos pasos. Extendí la -mano; era, á no caber duda, un gránulo de cobre que tardó mucho en -enfriarse. Por fortuna la brisa se levantaba, inclinando aquella lluvia -singular hacia el lado opuesto de mi terraza. Las chispas eran harto -ralas, además. Podía creerse por momentos que aquello había ya cesado. -No cesaba. Uno que otro, eso sí, pero caían siempre los temibles -gránulos. - -En fin, aquello no había de impedirme almorzar, pues era el mediodía. -Bajé al comedor atravesando el jardín, no sin cierto miedo de las -chispas. Verdad es que el toldo, corrido para evitar el sol, me -resguardaba... - -...¿Me resguardaba? Alcé los ojos; pero un toldo tiene tantos poros, -que nada pude descubrir. - -En el comedor me esperaba un almuerzo admirable; pues mi afortunado -celibato sabía dos cosas sobre todo: leer y comer. Excepto la -biblioteca, el comedor era mi orgullo. Ahito de mujeres y un poco -gotoso, en punto á vicios amables nada podía esperar ya sino de la -gula. Comía solo, mientras un esclavo me leía narraciones geográficas. -Nunca había podido comprender las comidas en compañía; y si las mujeres -me hastiaban, como he dicho, ya comprenderéis que aborrecía á los -hombres. - -¡Diez años me separaban de mi última orgía! Desde entonces, entregado á -mis jardines, á mis peces, á mis pájaros, faltábame tiempo para salir. -Alguna vez, en las tardes muy calurosas, un paseo á la orilla del lago. -Me gustaba verlo, escamado de luna al anochecer, pero esto era todo y -pasaba meses sin frecuentarlo. - -La vasta ciudad libertina, era para mí un desierto donde se refugiaban -mis placeres. Escasos amigos; breves visitas; largas horas de mesa; -lecturas; mis peces; mis pájaros; una que otra noche tal cual orquesta -de flautistas, y dos ó tres ataques de gota por año... - -Tenía el honor de ser consultado para los banquetes, y por ahí -figuraban, no sin elogio, dos ó tres salsas de mi invención. Esto me -daba derecho--lo digo sin orgullo--á un busto municipal, con tanta -razón como á la compatriota que acababa de inventar un nuevo beso. - -Entre tanto, mi esclavo leía. Leía narraciones de mar y de nieve, -que comentaban admirablemente, en la ya entrada siesta, el generoso -frescor de las ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá, pues la -servidumbre no daba muestras de notarla. - -De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín con un nuevo plato, no -pudo reprimir un grito. Llegó, no obstante, á la mesa; pero acusando -con su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda espalda un -agujerillo, en cuyo fondo sentíase chirriar aún la chispa voraz que lo -había abierto. Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin que -pudiera contener sus ayes. - -Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí probando los platos para -no desmoralizar á la servidumbre, aquélla se apresuró á corresponderme. -El incidente me había desconcertado. - -Promediaba la siesta cuando subí nuevamente á la terraza. El suelo -estaba ya sembrado de gránulos de cobre; mas no parecía que la lluvia -aumentara. Comenzaba á tranquilizarme, cuando una nueva inquietud me -sobrecogió. El silencio era absoluto. El tráfico estaba paralizado -á causa del fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciudad. Sólo, de -cuando en cuando, un vago murmullo de viento sobre los árboles. Era -también alarmante la actitud de los pájaros. Habíanse apelotonado en un -rincón, casi unos sobre otros. Me dieron compasión y decidí abrirles la -puerta. No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados aún. -Entonces comenzó á intimidarme la idea de un cataclismo. - -Sin ser grande mi erudición científica, sabía que nadie mencionó jamás -esas lluvias de cobre incandescente. ¡Lluvias de cobre! En el aire -no hay minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo, no dejaba -conjeturar su procedencia. Y lo alarmante del fenómeno era esto. -Las chispas venían de todas partes y de ninguna. Era la inmensidad -desmenuzándose invisiblemente en fuego. Caía del firmamento el terrible -cobre--pero el firmamento permanecía impasible en su azul. Ganábame -poco á poco una extraña congoja; pero, cosa rara: hasta entonces -no había pensado en huir. Esta idea se mezcló con desagradables -interrogaciones. ¡Huir! ¿Y mi mesa, mis libros, mis pájaros, mis peces -que acababan precisamente de estrenar un vivero, mis jardines ya -ennoblecidos de antigüedad--mis cincuenta años de placidez, en la dicha -del presente, en el descuido del mañana?... - -¿Huir...? Y pensé con horror en mis posesiones (que no conocía) del -otro lado del desierto, con sus camelleros viviendo en tiendas de lana -negra y tomando por todo alimento leche cuajada, trigo tostado, miel -agria... - -Quedaba una fuga por el lago, corta fuga después de todo, si en el lago -como en el desierto, según era lógico, llovía cobre también; pues no -viniendo aquello de ningún foco visible, debía ser general. - -No obstante el vago terror que me alarmaba, decíame todo eso -claramente, lo discutía conmigo mismo, un poco enervado á la verdad por -el letargo digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y después de todo, -algo me decía que el fenómeno no iba á pasar de allí. Sin embargo, nada -se perdía con hacer armar el carro. - -En ese momento llenó el aire una vasta vibración de campanas. Y casi -junto con ella, advertí una cosa: ya no llovía cobre. El repique era -una acción de gracias, coreada casi acto continuo por el murmullo -habitual de la ciudad. Ésta despertaba de su fugaz atonía, doblemente -gárrula. En algunos barrios hasta quemaban petardos. - -Acodado al parapeto de la terraza, miraba con un desconocido bienestar -solidario, la animación vespertina que era toda amor y lujo. El cielo -seguía purísimo. Muchachos afanosos, recogían en escudillas la granalla -de cobre, que los caldereros habían empezado á comprar. Era todo lo -que quedaba de la gran amenaza celeste. - -Más numerosa que nunca, la gente de placer coloreaba las calles; y -aún recuerdo que sonreí vagamente á un equívoco mancebo, cuya túnica -recogida hasta las caderas en un salto de bocacalle, dejó ver sus -piernas glabras, jaqueladas de cintas. Las cortesanas, con el seno -desnudo según la nueva moda, y apuntalado en deslumbrante coselete, -paseaban su indolencia sudando perfumes. Un viejo lenón, erguido -en su carro, manejaba como si fuese una vela una hoja de estaño, -que con apropiadas pinturas anunciaba amores monstruosos de fieras: -ayuntamientos de lagartos con cisnes; un mono y una foca; una doncella -cubierta por la delirante pedrería de un pavo real. Bello cartel, á fe -mía; y garantida la autenticidad de las piezas. Animales amaestrados -por no sé qué hechicería bárbara, y desequilibrados con opio y con -asafétida. - -Seguido por tres jóvenes enmascaradas pasó un negro amabilísimo, que -dibujaba en los patios, con polvos de colores derramados al ritmo de -una danza, escenas secretas. También depilaba al oropimente y sabía -dorarlas uñas. - -Un personaje fofo, cuya condición de eunuco se adivinaba en su -morbidez, pregonaba al son de crótalos de bronce, cobertores de un -tejido singular que producía el insomnio y el deseo. Cobertores cuya -abolición habían pedido infructuosamente los ciudadanos honrados. Pues -mi ciudad sabía gozar, sabía vivir. - -Al anochecer recibí dos visitas que cenaron conmigo. Un condiscípulo -jovial, matemático cuya vida desarreglada era el escándalo de la -ciencia, y un agricultor enriquecido. La gente sentía necesidad de -visitarse después de aquellas chispas de cobre. De visitarse y de -beber, pues ambos se retiraron completamente borrachos. Yo hice una -rápida salida. La ciudad, caprichosamente iluminada, había aprovechado -la coyuntura para decretarse una noche de fiesta. En algunas cornisas, -alumbraban perfumando, lámparas de incienso. Desde sus balcones, las -jóvenes burguesas, excesivamente ataviadas, se divertían en proyectar -de un soplo á las narices de los transeúntes distraídos, tripas -pintarrajeadas y crepitantes de cascabeles. En cada esquina se bailaba. -De balcón á balcón cambiábanse flores y gatitos de dulce. El césped de -los parques, palpitaba de parejas... - -Regresé temprano y rendido. Nunca me acogí al lecho con más grata -pesadez de sueño. - -Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la garganta reseca. Había -afuera un rumor de lluvia. Buscando algo, me apoyé en la pared, y por -mi cuerpo corrió como un latigazo el escalofrío del miedo. La pared -estaba caliente y conmovida por una sorda vibración. Casi no necesité -abrir la ventana para darme cuenta de lo que ocurría. - -La lluvia de cobre había vuelto, pero esta vez nutrida y compacta. Un -caliginoso vaho sofocaba la ciudad; un olor entre fosfatado y urinoso -apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada de galerías y -aquella lluvia no alcanzaba á las puertas. - -Abrí la que daba al jardín. Los árboles estaban negros, ya sin follaje; -el piso, cubierto de hojas carbonizadas. El aire, rayado de vírgulas -de fuego, era de una paralización mortal; y por entre aquéllas, se -divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre celeste. - -Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos famularios. La -servidumbre se había ido. Envueltas las piernas en un corbertor de -biso, acorazándome espaldas y cabeza con una bañadera de metal que -me aplastaba horriblemente, pude llegar hasta las caballerizas. Los -caballos habían deaparecido también. Y con una tranquilidad que hacía -honor á mis nervios, me di cuenta de que estaba perdido. - -Afortunadamente el comedor se encontraba lleno de provisiones; su -sótano, atestado de vinos. Bajé á él. Conservaba todavía su frescura; -hasta su fondo no llegaba la vibración de la pesada lluvia, el eco de -su grave crepitación. Bebí una botella, y luego extraje de la alacena -secreta el pomo de vino envenenado. Todos los que teníamos bodega -poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni tuviéramos convidados cargosos. -Era un licor claro é insípido, de efectos instantáneos. - -Reanimado por el vino, examiné mi situación. Era asaz sencilla. No -pudiendo huir, la muerte me esperaba; pero con el veneno aquél, la -muerte me pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible, pues era, á no -dudarlo, un espectáculo singular. ¡Una lluvia de cobre incandescente! -¡La ciudad en llamas! Valía la pena. - -Subí á la terraza, pero no pude pasar de la puerta que daba acceso á -ella. Veía desde allí lo bastante, sin embargo. Veía y escuchaba. La -soledad era absoluta. La crepitación no se interrumpía sino por uno que -otro ululato de perro, ó explosión anormal. El ambiente estaba rojo, -y á su través, troncos, chimeneas, casas, blanqueaban con una lividez -tristísima. Los pocos árboles que conservaban follaje retorcíanse, -negros, de un negro de estaño. La luz había decrecido un poco, no -obstante de persistir la limpidez celeste. El horizonte estaba, esto -sí, mucho más cerca, y como ahogado en cenizas. Sobre el lago flotaba -un denso vapor, que algo prevenía la extraordinaria sequedad del aire. - -Percibíase claramente la combustible lluvia, en trazos de cobre que -vibraban como el cordaje innumerable de un arpa, y de cuando en cuando -mezclábanse con ella ligeras flámulas. Humaredas negras anunciaban -incendios aquí y allá. - -Mis pájaros comenzaban á morir de sed y hube de bajar hasta el aljibe -para llevarles agua. El sótano comunicaba con aquel depósito, vasta -cisterna que podía resistir mucho al fuego celeste; mas por los -conductos que del techo y de los patios desembocaban allá, habíase -deslizado algún cobre y el agua tenía un gusto particular, entre natrón -y orina, con tendencia á salarse. Bastóme levantar las trampillas -de mosaico que cerraban aquellas vías, para cortar á mi agua toda -comunicación con el exterior. - -Esa tarde y toda la noche fué horrendo el espectáculo de la ciudad. -Quemada en sus domicilios, la gente huía despavorida para arderse -en las calles, en la campiña desolada; y la población agonizó -bárbaramente, con ayes y clamores de una amplitud, de un horror, de -una variedad estupendas. No hay nada tan sublime como la voz humana. -El derrumbe de los edificios, la combustión de tantas mercancías y -efectos diversos, y más que todo la incineración de tantos cuerpos, -acabaron por agregar al cataclismo el tormento de su hedor infernal. Al -declinar el sol, el aire estaba casi negro de humo y de polvaredas. Las -flámulas que danzaban por la mañana entre el cobre pluvial, eran ahora -llamaradas siniestras. Empezó á soplar un viento ardentísimo, denso, -como alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un inmenso horno -sombrío. Cielo, tierra, aire, todo acababa. No había más que tinieblas -y fuego. ¡Ah, el horror de aquellas tinieblas que todo el fuego, el -enorme fuego de la ciudad ardida no alcanzaba á dominar; y aquel hedor -de pingajos, de azufre, de grasa cadavérica en el aire seco que hacía -escupir sangre; y aquellos clamores que no sé cómo no acababan nunca, -aquellos clamores que cubrían el rumor del incendio, más vasto que un -huracán, aquellos clamores en que aullaban, gemían, bramaban todas las -bestias con un inefable pavor de eternidad!... - -Mi casa empezaba á arder. - -Bajé á la cisterna, sin haber perdido hasta entonces mi presencia de -ánimo, pero enteramente erizado con todo aquel horror; y al verme de -pronto en esa obscuridad amiga, al amparo de la frescura, ante el -silencio del agua subterránea, me acometió de pronto un miedo que no -sentía--estoy seguro--desde cuarenta años atrás, el miedo infantil de -una presencia enemiga y difusa; y me eché á llorar, á llorar como un -loco, á llorar de miedo, allá en un rincón, sin rubor alguno. - -No fué sino muy tarde, cuando al escuchar el derrumbe de un techo, se -me ocurrió apuntalar la puerta del sótano. Hícelo así con su propia -escalera y algunos barrotes de la estantería, devolviéndome aquella -defensa alguna tranquilidad; no porque hubiera de salvarme, sino por la -benéfica influencia de la acción. Cayendo á cada instante en modorras -que entrecortaban funestas pesadillas, pasé las horas. Continuamente -oía derrumbes allá cerca. Había encendido dos lámparas que traje -conmigo, para darme valor, pues la cisterna era asaz lóbrega. Hasta -llegué á comer, bien que sin apetito, los restos de un pastel. En -cambio bebí mucha agua. - -De repente mis lámparas empezaron á amortiguarse, y junto con eso -el terror, el terror paralizante esta vez, me asaltó. Había gastado -sin advertirlo toda mi luz, pues no tenía sino aquellas lámparas. No -advertí, al descender esa tarde, en traerlas todas conmigo. - -Las luces decrecieron y se apagaron. Entonces advertí que la cisterna -empezaba á llenarse con el hedor del incendio. No quedaba otro -remedio que salir; y luego, todo, todo era preferible á morir asfixiado -como una alimaña en su cueva. - -Á duras penas conseguí alzar la tapa del sótano que los escombros del -comedor cubrían... - -...Por segunda vez había cesado la lluvia infernal. Pero la ciudad ya -no existía. Techos, puertas, gran cantidad de muros, todas las torres, -yacían en ruinas. El silencio era colosal, un verdadero silencio de -catástrofe. Cinco ó seis grandes humaredas empinaban aún sus penachos; -y bajo el cielo que no se había enturbiado un momento, un cielo cuya -crudeza azul certificaba indiferencias eternas, la pobre ciudad, mi -pobre ciudad, muerta, muerta para siempre, hedía como un verdadero -cadáver. - -La singularidad de la situación, lo enorme del fenómeno, y sin duda -también el regocijo de haberme salvado, único entre todos, cohibían mi -dolor reemplazándolo por una curiosidad sombría. El arco de mi zaguán -había quedado en pie, y asiéndome de las adarajas pude llegar á su cima. - -No quedaba un solo resto combustible y aquello se parecía mucho á un -escorial volcánico. Á trechos, en los parajes que la ceniza no cubría, -brillaba con un bermejor de fuego, el metal llovido. Hacia el lado del -desierto, resplandecía hasta perderse de vista un arenal de cobre. -En las montañas, á la otra margen del lago, las aguas evaporadas de -éste condensábanse en una tormenta. Eran ellas las que habían mantenido -respirable el aire durante el cataclismo. El sol brillaba inmenso, y -aquella soledad empezaba á agobiarme con una honda desolación, cuando -hacia el lado del puerto percibí un bulto que vagaba entre las ruinas. -Era un hombre, y habíame percibido ciertamente, pues se dirigía á mí. - -No hicimos ademán alguno de extrañeza cuando llegó, y trepando por el -arco vino á sentarse conmigo. Tratábase de un piloto, salvado como yo -en una bodega, pero apuñaleando á su propietario. Acababa de agotársele -el agua y por ello salía. - -Asegurado á este respecto, empecé á interrogarle. Todos los barcos -ardieron, los muelles, los depósitos; y el lago habíase vuelto amargo. -Aunque advertí que hablábamos en voz baja, no me atreví--ignoro por -qué--á levantar la mía. - -Ofrecíle mi bodega donde quedaban aún dos docenas de jamones, algunos -quesos, todo el vino... - -De repente notamos una polvareda hacia el lado del desierto. La -polvareda de una carrera. Alguna partida que enviaban, quizá, en -socorro, los compatriotas de Adama ó de Seboim. Pronto hubimos -de sustituir esta esperanza por un espectáculo tan desolador como -peligroso. - -Era un tropel de leones, las fieras sobrevivientes del desierto, que -acudían á la ciudad como á un oasis, furiosos de sed, enloquecidos de -cataclismo. - -La sed y no el hambre era lo que los enfurecía, pues pasaron junto á -nosotros sin advertirnos. ¡Y en qué estado venían! Nada como ellos -demostraba tan lúgubremente la catástrofe. - -Pelados como gatos sarnosos, reducida á escasos chicharrones la crin, -secos los ijares, en una desproporción de cómicos á medio vestir con la -fiera cabezota, el rabo agudo y crispado como el de una rata que huye, -las garras pustulosas, chorreando sangre--todo aquello decía á las -claras sus tres días de horror bajo el azote celeste, al azar de las -inseguras cavernas que no habían conseguido ampararlos. - -Rondaban los surtidores secos con un desvarío humano en sus ojos, y -bruscamente reemprendían su carrera en busca de otro depósito, agotado -también; hasta que sentándose por último en torno del postrero, con -el calcinado hocico en alto, la mirada vagorosa de desolación y de -eternidad, quejándose al cielo, estoy seguro, pusiéronse á rugir. - -¡Ah!... nada, ni el cataclismo con sus horrores, ni el clamor de -la ciudad moribunda era tan horroroso como ese llanto de bestia -sobre las ruinas. Aquellos rugidos tenían una evidencia de palabra. -Lloraban quién sabe qué dolores de inconsciencia y de desierto á -alguna divinidad obscura. El alma sucinta de la bestia agregaba á sus -terrores de muerte, el pavor de lo incomprensible. Si todo estaba lo -mismo, el sol cotidiano, el cielo eterno, el desierto familiar--¿por -qué se ardían y por qué no había agua?... Y careciendo de toda idea -de relación con los fenómenos, su horror era ciego, es decir, más -espantoso. El transporte de su dolor elevábalos á cierta vaga noción de -proveniencia, ante aquel cielo de donde había estado cayendo la lluvia -infernal, y sus rugidos preguntaban ciertamente algo á la cosa tremenda -que causaba su padecer. ¡Ah!... esos rugidos, lo único de grandioso -que conservaban aún aquellas fieras disminuidas: cuál comentaban el -horrendo secreto de la catástrofe; cómo interpretaban en su dolor -irremediable la eterna soledad, el eterno silencio, la eterna sed... - -Aquello no debía durar mucho. El metal candente empezó á llover de -nuevo, más compacto, más pesado que nunca. - -En nuestro súbito descenso, alcanzamos á ver que las fieras se -desbandaban buscando abrigo bajo los escombros. - -Llegamos á la bodega, no sin que nos alcanzaran algunas chispas, y -comprendiendo que aquel nuevo chaparrón iba á consumar la ruina, me -dispuse á concluir. - -Mientras mi compañero abusaba de la bodega--por primera y última vez, -á buen seguro--decidí aprovechar el agua de la cisterna en mi baño -fúnebre; y después de buscar inútilmente un trozo de jabón, descendí á -ella por la escalinata que servía para efectuar su limpieza. - -Llevaba conmigo el pomo de veneno, que me causaba un gran bienestar, -apenas turbado por la curiosidad de la muerte. - -El agua fresca y la obscuridad, me devolvieron á las voluptuosidades de -mi existencia de rico que acababa de concluir. Hundido hasta el cuello, -el regocijo de la limpieza y una dulce impresión de domesticidad, -acabaron de serenarme. - -Oía afuera el huracán de fuego. Comenzaban otra vez á caer escombros. -De la bodega no llegaba un solo rumor. Percibí en eso un reflejo de -llamas que entraban por la puerta del sótano, el característico tufo -urinoso... Llevé el pomo á mis labios, y... - - - - - UN FENÓMENO INEXPLICABLE - - - UN FENÓMENO INEXPLICABLE - - -Hace de esto once años. Viajaba por la región agrícola que se -dividen las provincias de Córdoba y de Santa Fe, provisto de las -recomendaciones indispensables para escapar á las horribles posadas -de aquellas colonias en formación. Mi estómago, derrotado por los -invariables salpicones con hinojo y las fatales nueces del postre, -exigía fundamentales refacciones. Mi última peregrinación debía -efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie sabía indicarme un -albergue en la población hacia donde iba á dirigirme. Sin embargo, -las circunstancias apremiaban, cuando el juez de paz que me profesaba -cierta simpatía, vino en mi auxilio. - ---Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo y solo. Posee una casa, -lo mejor de la colonia, y varios terrenos de no escaso valor. Algunos -servicios que mi cargo me puso en situación de prestarle, serán buen -pretexto para la recomendación que usted desea, y que si es eficaz -le proporcionará excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi -hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele tener su luna en -ciertas ocasiones, siendo, además, extraordinariamente reservado. Nadie -ha podido penetrar en su casa más allá del dormitorio donde recibe -á sus huéspedes, muy escasos por otra parte. Todo esto quiere decir -que va usted en condiciones nada ventajosas, pero es cuanto puedo -suministrarle. El éxito es puramente casual. Con todo, si usted quiere -una carta de recomendación... - -Acepté y emprendí acto continuo mi viaje llegando al punto de destino -horas después. - -Nada tenía de atrayente el lugar. La estación con su techo de tejas -coloradas; su andén crujiente de carbonilla; su semáforo á la derecha, -su pozo á la izquierda. En la doble vía del frente, media docena de -vagones que aguardaban la cosecha. Más allá el galpón, bloqueado -por bolsas de trigo. Á raíz del terraplén, la pampa con su color -amarillento como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque diseminadas -á lo lejos, cada una con su parva al costado; sobre el horizonte el -festón de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica enormidad -entonando el color rural del paisaje. - -Aquello era vulgarmente simétrico como todas las fundaciones recientes. -Notábase rayas de mensura en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos -colonos llegaban á la estafeta en busca de cartas. Pregunté á uno por -la casa consabida, obteniendo inmediatamente las señas. Noté en el modo -de referirse á mi huésped, que se le tenía por hombre considerable. - -No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras más allá, hacía el -oeste, al extremo de un camino polvoroso que con la tarde tomaba -coloraciones lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa, -de cierta gallardía exótica entre las viviendas circunstantes; su -jardín al frente; el patio interior rodeado por una pared tras la cual -sobresalían ramas de duraznero. El conjunto era agradable y fresco; -pero todo parecía deshabitado. En el silencio de la tarde, allá sobre -la campiña desierta, aquella casita, no obstante sus rasgos de _chalet_ -industrioso, tenía una especie de triste dulzura, algo de sepulcro -nuevo en el emplazamiento de un antiguo cementerio. - -Cuando llegué á la verja, noté que en el jardín había rosas, rosas de -otoño cuyo perfume aliviaba como una caridad la fatigosa exhalación de -las trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con la mano, crecía -libremente la hierba; y una pala cubierta de óxido yacía contra la -pared, con su cabo enteramente liado por la guía de una enredadera. -Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y no sin cierta impresión -vaga de temor fuí á golpear la puerta interna. Pasaron minutos. El -viento se puso á silbar en una rendija, agravando la soledad. Á un -segundo llamado, sentí pasos; y poco después la puerta se abría con un -ruido de madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome. - -Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarle á mis anchas. Cabeza -elevada y calva; rostro afeitado de _clergyman_; labios generosos, -nariz austera. Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias -superciliares, equilibraban con una recta expresión de tendencias -impulsivas, el desdén imperioso de su mentón. Definido por sus -inclinaciones profesionales, aquel hombre podía ser lo mismo un militar -que un misionero. Hubiera deseado mirar sus manos para completar mi -impresión, mas sólo podía verlas por el dorso. - -Enterado de la carta, me invitó á pasar, y todo el resto de mi -permanencia, hasta la hora de comer, fué dedicado á mis arreglos -personales. En la mesa fué donde empecé á notar algo extraño. - -Mientras comíamos, advertí que no obstante su perfecta cortesía, algo -preocupaba á mi interlocutor. Su mirada invariablemente dirigida hacia -un ángulo de la habitación, manifestaba cierta angustia; pero como -su sombra daba precisamente en ese punto, mis miradas furtivas nada -pudieron descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello sino una -distracción habitual. - -La conversación seguía en tono bastante animado, sin embargo. Tratábase -del cólera que por entonces azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped -era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por haber encontrado en -mí uno del gremio. Á este propósito, una frase del diálogo hizo variar -su tendencia. La acción de las dosis reducidas acababa de sugerirme un -argumento que me apresuré á exponer. - ---La influencia que sobre el péndulo de Rutter, dije concluyendo una -frase, ejerce la proximidad de cualquier substancia, no depende de la -cantidad. Un glóbulo homeopático determina oscilaciones iguales á las -que produciría una dosis quinientas ó mil veces mayor. - -Advertí al momento, que acababa de interesar con mi observación. El -dueño de casa me miraba ahora. - ---Sin embargo, respondió, Reichenbach ha contestado negativamente esa -prueba. Supongo que ha leído usted á Reichenbach. - ---Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he ensayado, y mi aparato, -confirmando á Rutter, me ha demostrado que el error procedía -del sabio alemán, no del inglés. La causa de semejante error es -sencillísima, tanto que me sorprende cómo no dió con ella el ilustre -descubridor de la parafina y de la creosota. - -Aquí, sonrisa de mi huésped; prueba terminante de que nos entendíamos. - ---¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, ó el perfeccionado por el -doctor Leger? - ---El segundo, respondí. - ---Es mejor; ¿y cuál sería, según sus investigaciones, la causa del -error de Reichenbach? - ---Ésta: los sensitivos con que operaba, influían sobre el aparato, -sugestionándose por la cantidad del cuerpo estudiado. Si la oscilación -provocada por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba una -amplitud de cuatro líneas, las ideas corrientes sobre la relación entre -causa y efecto _exigían_ que la oscilación aumentara en proporción con -la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los sensitivos del barón, eran -individuos nada versados por lo común en especulaciones científicas; y -quienes practican experiencias así, saben cuán poderosamente influyen -sobre tales personas las ideas tenidas por verdaderas, sobre todo -cuando son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El péndulo -no obedece á la cantidad, sino á la naturaleza del cuerpo estudiado -solamente; pero cuando el sensitivo _cree_ que la cantidad influye, -aumenta el efecto, pues toda creencia es una volición. Un péndulo, -ante el cual el sujeto opera sin conocer las variaciones de cantidad, -confirma á Rutter. Desaparecida la alucinación... - ---Oh, ya tenemos aquí la alucinación, dijo mi interlocutor con -manifiesto desagrado. - ---No soy de los que explican todo por la alucinación, á lo menos -confundiéndola con la subjetividad, como frecuentemente ocurre. La -alucinación es para mí una fuerza más que un estado de ánimo, y así -considerada, se explica por medio de ella buena porción de fenómenos. -Creo que es la doctrina justa. - ---Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí á Home, el -médium, en Londres, allá por 1872. Seguí luego con vivo interés las -experiencias de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista; -pero la evidencia se me impuso con motivo de los fenómenos del 74. -La alucinación no basta para explicarlo todo. Créame usted, las -apariciones son autónomas... - ---Permítame una pequeña digresión, interrumpí--encontrando en aquellos -recuerdos una oportunidad para comprobar mis deducciones sobre el -personaje; quiero hacerle una pregunta, que no exige desde luego -contestación, si es indiscreta: ¿Ha sido usted militar?... - ---Poco tiempo; llegué á subteniente del ejército de la India. - ---Por cierto, la India sería para usted un campo de curiosos estudios. - ---No; la guerra cerraba el camino del Tibet á donde hubiese querido -llegar. Fuí hasta Cawnpore, nada más. Por motivos de salud regresé muy -luego á Inglaterra; de Inglaterra pasé á Chile en 1879; y por último á -este país en 1888. - ---¿Enfermó usted en la India? - ---Sí, respondió con tristeza el antiguo militar, clavando nuevamente -sus ojos en el rincón del aposento. - ---¿El cólera? insistí. - -Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró por sobre mí vagamente. -Su pulgar comenzó á moverse entre los ralos cabellos de la nuca. -Comprendí que iba á hacerme una confidencia de la cual eran prólogo -aquellos ademanes, y esperé. Afuera chirriaba un grillo en la -obscuridad. - ---Fué algo peor todavía, comenzó mi huésped. Fué el misterio. Pronto -hará cuarenta años y nadie lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué -decirlo? No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo menos. No -soy un triste, soy un desesperado. Mi mujer falleció hace ocho años, -ignorando el mal que me devoraba, y afortunadamente no he tenido hijos. -Encuentro en usted por primera vez un hombre capaz de comprenderme. - -Me incliné agradecido. - ---¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, sin capilla y sin -academia! Y no obstante, está usted todavía en los umbrales. Los -fluidos ódicos de Reichenbach no son más que el prólogo. El caso que va -usted á conocer, le revelará hasta dónde puede llegarse. - -El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas á su castellano un -tanto gramatical. Los incisos adquirían una tendencia imperiosa, una -plenitud rítmica extraña en aquel acento extranjero. - ---En febrero de 1858, continuó, fué cuando perdí toda mi alegría. -Habrá usted oído hablar de los _yoghis_, esos singulares mendigos cuya -vida se comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los viajeros han -popularizado sus hazañas, que sería inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué -consiste la base de sus poderes? - ---Creo que en la facultad de producir cuando quieren, el -autosonambulismo, volviéndose de tal modo insensibles, videntes, etc. - ---Es exacto. Pues bien, yo vi operar á los _yoghis_ en condiciones -que imposibilitaban toda superchería. Llegué hasta fotografiar las -escenas, y la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto. La -alucinación resultaba así, imposible, pues los ingredientes químicos no -se alucinan... Entonces quise desarrollar idénticos poderes. He sido -siempre audaz, y luego no estaba entonces en situación de apreciar las -consecuencias. Puse, pues, manos á la obra. - ---¿Por cuál método? - -Sin responderme, continuó: - ---Los resultados fueron sorprendentes. En poco tiempo llegué á dormir. -Al cabo de dos años producía la traslación consciente. Pero aquellas -prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud. Me sentía -espantosamente desamparado, y con la seguridad de una cosa adversa -mezclada á mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame la -curiosidad. Estaba en la pendiente y ya no podía detenerme. Por una -continua tensión de voluntad conseguía salvar las apariencias ante -el mundo. Mas poco á poco, el poder despertado en mí se volvía más -rebelde. Una distracción prolongada, ocasionaba un desdoblamiento. -Sentía mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía á ser algo así como -una afirmación del _no yo_, diré expresando concretamente aquel estado. -Como las impresiones se avivaban, produciéndome angustiosa lucidez, -resolví una noche ver mi doble. _Ver qué era lo que salía de mí, siendo -yo mismo_, durante el sueño extático. - ---¿Y pudo conseguirlo? - ---Fué una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento se produjo con -la facilidad acostumbrada. Cuando recobré la conciencia, ante mí, en -un rincón del aposento, había una forma. Y esta forma era un mono, un -horrible animal que me miraba fijamente.Desde entonces no se aparta -de mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. Á donde quiera que _él_ va, -_voy conmigo_, con _él_. Está siempre ahí. Me mira constantemente, pero -no se _le_ acerca jamás, no _se_ mueve jamás, no _me_ muevo jamás... - -Subrayo los pronombres trocados en la última frase, tal como la oí. Una -sincera aflicción me embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una -sugestión atroz. - ---Cálmese usted, le dije, aparentando confianza. La reintegración no es -imposible. - ---¡Oh, sí! respondió con amargura. Esto es ya viejo. Figúrese usted, -he perdido el concepto de la unidad. Sé quedos y dos son cuatro, -por recuerdo; pero ya no creo en ello. El más sencillo problema de -aritmética carece de sentido para mí, pues me falta la convicción de -la cantidad. Y todavía sufro cosas más raras. Cuando me tomo una -mano con la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta, como si -perteneciera á una persona que no soy yo. Á veces veo las cosas dobles, -porque cada ojo procede sin relación con el otro... - -Era, á no dudarlo, un caso curioso de locura, que no excluía el más -perfecto raciocinio. - ---Pero en fin, ¿ese mono?... pregunté para agotar el asunto. - ---Es negro como mi propia sombra, y melancólico al modo de un hombre. -La descripción es exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su -estatura es mediana, su cara como todas las caras de mono. Pero siento, -no obstante, que se parece á mí. Hablo con entero dominio de mí mismo. -¡Ese animal se parece á mí! - -Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin embargo, la idea de -una cara simiesca formaba tan violento contraste con su rostro de -aventajado ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta, que la -incredulidad se imponía por esta circunstancia, más aún que por lo -absurdo de la alucinación. - -Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie como adoptando una -resolución definitiva: - ---Voy á caminar por este cuarto, para que usted lo vea. Observe mi -sombra, se lo ruego. - -Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa hasta un extremo del -comedor y comenzó á pasearse. Entonces, la más grande de las sorpresas -me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se movía! Proyectada sobre el -rincón, de la cintura arriba, y con la parte inferior sobre el piso de -madera clara, parecía una membrana alargándose y acortándose según la -mayor ó menor proximidad de su dueño. No podía yo notar desplazamiento -alguno bajo las incidencias de luz en que á cada momento se encontraba -el hombre. - -Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura, resolví -desimpresionarme y ver si hacía algo parecido con mi huésped, por medio -de un experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener su silueta -pasando un lápiz sobre el perfil de la sombra. - -Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro migas de pan mojado -hasta conseguir la más perfecta adherencia posible á la pared, y de -manera que la sombra del rostro quedase en el centro mismo de la hoja. -Quería, como se ve, probar por la identidad del perfil entre la cara -y su sombra (esto saltaba á la vista, pero el alucinado sostenía lo -contrario) el origen de dicha sombra, con intención de explicar luego -su inmovilidad teniendo asegurada una base exacta. - -Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron un poco al posarse en -la mancha sombría, que por lo demás imitaba perfectamente el perfil -de mi interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el pulso no me -falló en el trazado. Hice la línea sin levantar la mano, con un lápiz -Hardtmuth azul, y no despegué la hoja, concluido que hube, hasta no -hallarme convencido por una escrupulosa observación, de que mi trazo -coincidía perfectamente con el perfil de la sombra, y éste con el de la -cara del alucinado. - -Mi huésped seguía la experiencia con inmenso interés. Cuando me -aproximé á la mesa, vi temblar sus manos de emoción contenida. El -corazón me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace. - ---No mire usted, dije. - ---¡Miraré! me respondió con un acento tan imperioso, que á pesar mío -puse el papel ante la luz. - -Ambos palidecimos de una manera horrible. Allí ante nuestros ojos, la -raya de lápiz trazaba una frente deprimida, una nariz chata, un hocico -bestial. ¡El mono! ¡La cosa maldita! - -Y conste que yo no sé dibujar. - - - - - EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO - - - EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO - - -El 15 de junio de 1099, cuarto día de la tercera semana, un crepúsculo -en nimbos de sangre había visto por vigésima quinta vez al campamento -cruzado, desplegarse como una larga línea de silencios y de tiendas -pardas alrededor de Jerusalén, desde la puerta de Damasco hasta donde -el Cedrón penetra en el valle de Sové que los latinos llaman valle de -Josafat. - -Sobre la llanura que se extendía entre el campamento y la ciudad, -algunos bultos denunciaban cadáveres: restos de la jornada del 13 que -los francos libraron sobre la antemuralla. - -El monte Moria, alzábase frente de la puerta Esterquilinaria, al -mediodía. Por el norte levantaban sus cumbres desoladas el Olivete y -el monte del Escándalo donde Salomón idolatró. Entre estas cumbres, -el valle maldito, el valle donde imperara la herejía de Belphegor y -de Moloch; donde gimieron David y Jeremías; donde Jesucristo empezó -su pasión; donde Joel dijo su memorable profecía: _congregabo omnes -gentes_, etc.; donde duermen Zacarías y Absalón; el valle adonde los -judíos van á morir de todas las partes del mundo, se abría lleno de -sombra y de viñas negras... - -Las murallas de la ciudad, altas de cien palmos, escondían á la -vista las montañas de Judea que el rey Sabio hizo poblar de cedros. -El recinto quedaba oculto, y sólo se divisaba por sobre la línea de -bastiones, la cumbre rojiza del Acra, la monstruosa cúpula de cobre de -la mezquita _Gameat-el-Sakhra_ levantada por Ornar á indicación del -patriarca Sofronio, sobre las ruinas del templo de Salomón--y algunas -palmeras. - -Una agonía sedienta consumía á los soldados de la cruz. Las fuentes -de Siloé y de Rogel estaban exhaustas. El viento salado apenas dejaba -aproximarse las nubes hasta Jericó. Y aquello estaba tan seco, tan -calcinado, que las mismas tumbas antiguas parecían clamar de sed. - -Sobre las tiendas de las huestes sitiadoras, ondeaban multicolores -estandartes, en cuyo trapo, al impulso de la devoción y del heroísmo, -iban germinando como futuros emblemas de gloria, las trece coronas -y las treinta y seis cruces principales de la heráldica, desde la -sencilla cruz patente hasta las embrolladísimas dobles y contra -potenzadas, que llegarían luego á su máxima complicación en el bizarro -jeroglífico de la familia Squarciafichi. - -Estaban allí Godofredo, Eustaquio y Balduino; los señores de Tolosa, -de Foix, de Flandes, de Orange, de Rosellón, de San Pol, de l’Estoile, -de Flandes y de Normandía. Ya eran todos ilustres. Guicher había -hendido en dos un león; Godofredo había partido por la mitad un gigante -sarraceno en el puente de Antíoco... - -Una tienda rasa se alzaba entre las otras. En aquella tienda un monje -flaco y viejo que tenía un báculo de olivo, vivía mojando en lágrimas -toda la longitud de su barba. Era Pedro el Ermitaño. - -Aquel monje sabía que la ciudad ilustre fundada en el 2023 año del -mundo, era una mártir. - -Desde los hijos de Jebus, hasta Sesac; desde Joas hasta Manasés, hasta -Nabucodonosor, hasta Tolomeo Lago, hasta los dos Antíocos el Grande y -el Epifanio, hasta Pompeyo, hasta Craso, hasta Antígono, hasta Herodes, -hasta Tito, hasta Adriano, hasta Cosroes, hasta Omar--cuánta sangre -había manchado sus piedras, cuánta desolación había caído sobre la -reina glorificada por la salutación de Tobías: _¡Jerusalem, civitas -Dei, luce splendida fulgebis!_ Pedro había podido observar, como san -Jerónimo, que en aquella ciudad no se veía un solo pájaro. - - * * * * * - -Esa tarde, un correo expedido de Kaloni, comunicó á Godofredo que en el -puerto de Jafa acababan de anclar varias naves pisanas y genovesas, en -las cuales venían los marineros esperados para construír las máquinas -de guerra diseñadas por Raymundo de Foix. - -Acababa de hundirse el sol, cuando tomaron el camino de Arimatea cuatro -caballeros enviados para guardar las naves recién llegadas á Jafa. Eran -Raimundo Pileto, Acardo de Mommellou, Guillermo de Sabran y Wilfrido de -Hohenstein á quien llamaban el caballero del blanco yelmo. - -Era él rubio y fuerte como un arcángel. Sobre su tarja germana, sin -divisa como todos los escudos de aquel tiempo, se destacaba formando -blasón pleno un lirio de estaño en campo verde. Aquel lirio en forma de -alabarda, era el único abierto de toda la flora heráldica; pues el de -Francia permanecía aún en botón. - -Pero lo extraordinario en la armadura del caballero, era su casco de -metal blanquísimo, cuyo esplendor no velaba entre los demás la cimera -de que carecían los yelmos de los cruzados. El nasal de aquel casco, -dividiéndole exageradamente el entrecejo y bajando por entre sus ojos -como un pico, daba á su faz una expresión de gerifalte. - -Contábase á propósito de aquella prenda, una rara historia. Decíase -que casado su dueño á los veinte años, antes de uno mató á la esposa -en un arrebato de celos. Descubierta luego la inocencia de la víctima, -el señor de Ilohenstein fué en demanda de perdón á Pedro el Ermitaño, -quien le puso en el pecho la cruz de los peregrinos. - -Antes de partir, quiso orar el joven en la tumba de su esposa. Sobre -aquel sepulcro, había crecido un lirio que él decidió llevarse como -recuerdo; mas al cortarla, la flor se transformó en un casco de plata, -dando origen al sobrenombre del caballero. Poseídos aún del milagro que -hizo llover lirios sobre la cabeza de Clodoveo, no tenían los camaradas -del héroe por qué dudar de su aventura, mucho más cuando él la abonaba -con su valentía y con un voto de castidad. - -La noche estaba ya densa sobre los montes. Los caballeros cruzaron al -trote de sus cabalgaduras, como cuatro sombras en rumor de hierro, la -garganta estéril que une á Jerusalén con Sichem y Neápolis; el torrente -donde David tomó las cinco piedras para combatir al gigante; el valle -del Terebinto, el de Jeremías, dolorosa entrada de los montes de -Judea poblados de jabalíes; los arrabales de Arimatea, los de Lydia -sembrados de aquellas palmas idumeas bajo las cuales curó Pedro al -paralítico; y al llegar al pozo de la virgen, la llanura de Sarón, -cubierta de alelíes y tulipanes se desplegó ante ellos desde Gaza -hasta el Carmelo, y desde los montes de Judea hasta los de Samaría, -denunciándose en la obscuridad con el aroma de sus flores. Tal iban -evocando los pasajes de la sacra historia por los mismos lugares de su -tránsito, aquellos ilustres guerreros. - -Wilfrido habíase rezagado un tanto. Los otros tres mantenían su piadosa -conversación; y el señor de Sabran refirió á sus compañeros la historia -de la ciudad adonde se dirigían. - -Jafa está, decía, en la heredad de Dan y es más antigua que el -diluvio. En ella murió Noé; á ella venían las flotas de Hiram cargadas -de cedro; en ella se embarcó Jonás para cruzar el mar, aquel _Gran -Mar_ “que vió á Dios y retrocedió”, dice el Salmista; ella sufrió el -peso de cinco invasiones y fué incendiada por Judas Macabeo. Allí -resucitó Pedro á Tabita; allí Cestio y Vespasiano repletaron de oro -sus legiones; y en su ciudadela manda ahora en nombre del Soldán, -el feroz Abu-Djezzar-Mohamed ibn-el-Thayybel-Achary, á quien llaman -familiarmente Abu-Djezzar, y cuyos sicarios recorren estos parajes -buscando el rastro de los guerreros de Cristo. - -El señor de Mommellou añadió á su vez que Jafa había sido teatro de -las fábulas del paganismo. Su nombre era el de una hija de Eolo; y -San Jerónimo cuenta que le enseñaron allí la roca y el anillo en que -Andrómeda fué entregada al monstruo de Neptuno. Plinio añade que -Escauro llevó á Roma los huesos de dicho animal, y Pausanias refiere -que existe todavía la fuente donde Perseo se lavó las manos cubiertas -por la sangre del combate. - -Y todo lo contaron los caballeros Acardo de Mommellou y Guillermo de -Sabran, porque sabían muchas letras de historia aprendidas en los -pergaminos de los monasterios. - -De repente, al llegar junto á las ruinas de una cisterna seca, -advirtieron que Wilfrido no iba ya con ellos. Era indudable que se -había extraviado en tan peligroso sitio, pero no podían buscarle, pues -de las naves que iban á custodiar dependía la toma de la ciudad santa. -Y por si era tiempo aún, galoparon soplando sus cuernos hacia las -murallas próximas. - - * * * * * - -Abu-Djezzar gobernaba la ciudadela. La fortaleza se levantaba, -dominando el mar, entre un bosquecillo de nopales y de granados. Mil -musulmanes defendíanse allí esperando auxilios de Cesárea ó de Solima. -Los fosos estaban llenos de agua y levantados los rastrillos, que -apenas dejaban paso á las partidas de merodeadores. - -Wilfrido de Ilohenstein, despojado de sus armas, fué traído ante el -señor de la ciudadela. Era éste un musulmán de ojos aguileños y perfil -enérgico como un hachazo. - ---Perro, le dijo apenas le tuvo á su alcance; ya sabemos la situación -de vuestros soldados que mueren de sed bajo los muros de Solima. Dime, -pues lo sabes, si los cristianos abrigan todavía esperanzas. - -Una sonrisa heroica iluminó la juventud del caballero. - ---Sarraceno, replicó; los condes de Flandes y de Normandía acampan al -norte, allá mismo donde fué apedreado san Esteban; Godofredo y Tancredo -están al Occidente; el conde de Saint-Gilles al sur, sobre el monte -Sión. Ya sabes dónde se hallan nuestras tropas, y también que los -soldados de Cristo no retroceden. Pues bien, óyelo Sarraceno: Antes de -un mes, los soldados de Cristo entrarán en Jerusalén por el norte, por -el occidente y por el mediodía. - -Abu-Djezzar rugió de rabia. - ---Cortad maderos, gritó á sus soldados; haced una cruz y clavad en -ella á este perro. ¡Que muera como su Dios! - -Tres horas después, los soldados venían en grupos á contemplar el -mártir. Wilfrido de Hohenstein, clavado en una cruz muy baja, parecía -estar muerto en pie. Desnudo enteramente, cruzado su cuerpo de rayas -rojas, la cabeza doblada, los cabellos rubios cubriéndole los ojos, -las manos y los pies como envueltos en púrpura, semejaba una efigie de -altar. La muerte no conseguía ajar su juventud, realzándola más bien -como una escarcha fina sobre un mármol artístico. El patíbulo daba al -mar, sobre la ciudad ruinosa, desamparado bajo el cielo. Y los soldados -admiraban en voz baja, con palabras bárbaramente desgarradas en vómitos -guturales, aquella juventud enemiga, tan viril bajo los cabellos rubios -ceñidos ya por una gloria de apogeos. - -El cuerpo de Wilfrido de Hohenstein no era ya sino un despojo. Estaba -muy blanco, casi transparente, como un vaso de alabastro que ha dejado -correr todo su vino; y bajo sus párpados entreabiertos, se vislumbraba -una minúscula estrella azul. - -Un buitre sirio, á inmensa altura, mecíase entre los cenitales -esplendores. Los soldados lo vieron y entonces recordaron. Aunque la -agonía del caballero fué larga, era indudable que ya estaba muerto. -El agá se aproximó y levantó uno de los párpados. La estrellita azul -se había apagado en el fondo de la órbita. De la comisura labial, -desprendíase un hilo de sangre. - -Nadie se atrevió á abofetearle, á pesar de que era la costumbre, porque -su sueño apaciguaba con su inmensa blancura. Tendieron simplemente la -cruz y empezaron á desclavarle. Pero la mano derecha resistía tanto, -que el agá la cortó con su gumía dejándola clavada en el poste. Y como -la cruz aquella podía servir para ajusticiar otros perros, resolvieron -conservarla en la armería. - -La mano permaneció así durante un mes. Nadie se acordaba ya de aquello, -cuando el 12 de julio de 1099, un emisario sarraceno vino en su caballo -moribundo á decir á Abu-Djezzar que los cristianos arrojando escalas -sobre los muros de Solima, al rayar la aurora, y encerrados en fuertes -ingenios de madera, hacían llover sobre los fieles del Profeta un -aguacero de aceite y pez hirviendo. - -Abu-Djezzar mandó afilar los alfanjes y descendió á la armería para -inspeccionar los arneses de peones y caballeros. - -Lucían los hierros en la penumbra de la sala. Había allí lorigas de -Egipto, yataganes de Damasco; lanzas españolas, largas de diez palmos; -adargas de cuero de hipopótamo, tomadas á los nubios; estribos tajantes -al uso berberisco y puñales bizantinos que parecían de agua. - -El musulmán recorría con ojo satisfecho aquel arsenal provisto por -el califa, de tantas y tan hermosas armas. Sus babuchas sonaban en -las lozas de la galería, y soberbiamente envuelto en su albornoz, -examinábalo todo. - -Habíase quitado el turbante, y su cabeza afeitada ostentaba en el -occipucio el penacho de cabellos por donde el ángel Gabriel le -conduciría al Paraíso el día del juicio. Nadaban en sus ojos dos -chispas, y bajo su labio crispado, la dentadura fijaba un brillo -siniestro. - -Desde su sitio percibía la cruz disimulada en la sombra donde -amarilleaba la mano del mártir. Y andando, andando, se encontró debajo -de ella con la mirada fija en una de las perchas de la armería. - -En ese momento eran las tres de la tarde. El caballero de l’Estoile -acababa de saltar sobre las murallas de Jerusalén. - -Y como el agá apareciera en la puerta, Abu-Djezzar le increpó: - ---¡Alá los extermine! ¡Malditos perros!... - -No pudo concluir. La mano, espantosamente viva, se había abierto como -una garra, retorciéndose en su clavo y enredando entre sus dedos los -cabellos del infiel. - -El agá, loco de horror, huyó á lo alto de la ciudadela. Los soldados -acudieron, mas nadie se atrevió á tocar aquella formidable reliquia que -mantenía invenciblemente agarrada la presa enemiga. - -Abu-Djezzar yacía muerto al pie de la cruz, con la lengua apretada -entre los dientes y tendidos los brazos que descuartizaba una -convulsión. - -Esa misma tarde el agá hizo arrojar por sobre las murallas el siniestro -crucifijo, sin que la mano volviera á abrirse desde entonces. Y los -cristianos de Jafa, sabederos del hecho por un prisionero de la -ciudadela tomado pocos días después, condujeron en procesión aquel -trofeo erigiendo un altar al caballero del blanco yelmo, que padeció -muerte de cruz entre los infieles el 16 de junio del año 1099 de Cristo. - - * * * * * - -Ahora, en el convento de los franciscanos de Jafa, puede verse bajo una -urna de cristal, clavada en su trozo de madera y asiendo un puñado de -cabellos, todavía fresca como para consolar la décima séptima agonía de -Jerusalén, la mano blanca de san Wilfrido de Hohenstein. - - - - - EL ESCUERZO - - - EL ESCUERZO - - -Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa donde habitaba -la familia, me di con un pequeño sapo que, en vez de huir como sus -congéneres más corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo mis -pedradas. Tenía horror á los sapos y era mi diversión aplastar cuantos -podía. Así es que el pequeño y entonado batracio no tardó en sucumbir -á los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos criados en la -vida semi-campestre de nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio -en lagartos y sapos. Además, la casa está situada cerca de un arroyo -que cruza por la ciudad, lo cual contribuía á aumentar la frecuencia -de mis relaciones con tales reptiles. Entro en estos detalles, para -que se comprenda bien cómo me sorprendí al notar que el atrabiliario -sapito me era enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, pues. -Y tomando mi víctima con toda la precaución del caso, fuí á preguntar -por ella á la vieja criada, confidente mía en las primeras empresas -de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. El asunto había, pues, -de interesarnos á ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre, -sentada á la puerta de la cocina, y yo esperaba ver acogido mi relato -con la acostumbrada benevolencia, cuando apenas hube empezado, la vi -levantarse apresuradamente y arrebatarme de las manos el despanzurrado -animalito. - ---¡Gracias á Dios que no lo hayas dejado! exclamó con muestras de la -mayor alegría. En este mismo instante vamos á quemarlo. - ---¿Quemarlo? dije yo; ¿pero qué va á hacer, si ya está muerto? - ---No sabes que es un escuerzo--replicó en tono misterioso mi -interlocutora--¿y que este animalito resucita sino se quema? ¿Quién te -mandó matarlo? ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas! Ahora voy -á contarte lo que le pasó al hijo de mi amiga la finada Antonia, que en -paz descanse. - -Mientras hablaba, había recogido y encendido algunas astillas sobre las -cuales puso el cadáver del escuerzo. - -¡Un escuerzo! decía yo, aterrado bajo mi piel de muchacho travieso; ¡un -escuerzo! Y sacudía los dedos como si el frío del sapo se me hubiera -pegado á ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle la médula á un -hombre de barba entera. - ---¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquia? interrumpió -aquí Julia con el amable desenfado de su coquetería de treinta años. - ---De ningún modo, señorita. Es una historia _que ha pasado_. - -Julia sonrió. - ---No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla... - ---Será usted complacida, tanto más cuanto que tengo la pretensión de -vengarme con ella de su sonrisa. Así, pues, proseguí; mientras se asaba -mi fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su narración que es -como sigue: - -Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía con el hijo único -que había tenido de él, en una casita muy pobre, distante de toda -población. El muchacho trabajaba para ambos, cortando madera en el -vecino bosque, y así pasaban año tras año, haciendo á pie la jornada -de la vida. Un día volvió, como de costumbre, por la tarde, para tomar -su mate, alegre, sano, vigoroso, con su hacha al hombro. Y mientras lo -hacían, refirió á su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo -había encontrado un escuerzo, al cual no le valieron hinchazones para -quedar hecho una tortilla bajo el ojo de su hacha. - -La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharle, pidiéndole que por -favor la acompañara al sitio para quemar el cadáver del animal. - ---Has de saber, le dijo, que el escuerzo no perdona jamás al que lo -ofende. Si no lo queman, resucita, sigue el rastro de su matador y no -descansa hasta que puede hacer con él otro tanto. - -El buen muchacho rió grandemente del cuento, intentando convencer á la -pobre vieja de que aquello era una paparrucha buena para asustar chicos -molestos, pero indigna de preocupar á una persona de cierta reflexión. -Ella insistió, sin embargo, en que la acompañara á quemar los restos -del animal. - -Inútil fué toda broma, toda indicación sobre lo distante del sitio, -sobre el daño que podía causarle, siendo ya tan vieja, el sereno -de aquella tarde de noviembre. Á toda costa quiso ir y él tuvo que -decidirse á acompañarla. - -No era tan distante; unas seis cuadras á lo más. Fácilmente dieron con -el árbol recién cortado, pero por más que hurgaron entre las astillas y -las ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no apareció. - ---¿No te dije? exclamó ella echándose á llorar; ya se ha ido; ahora -ya no tiene remedio esto. ¡Mi padre San Antonio te ampare! - ---Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán llevado las hormigas ó -lo comería algún zorro hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar -por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene anocheciendo y la humedad -de los pastos es dañosa. - -Regresaron, pues, á la casita, ella siempre llorosa, él procurando -distraerla con detalles sobre el maizal que prometía buena cosecha -si seguía lloviendo; hasta volver de nuevo á las bromas y risas en -presencia de su obstinada tristeza. Era casi de noche cuando llegaron. -Después de un registro minucioso por todos los rincones, que excitó -de nuevo la risa del muchacho, comieron en el patio, silenciosamente, -á la luz de la luna, y ya se disponía él á tenderse sobre su apero -para dormir, cuando Antonia le suplicó que por aquella noche siquiera, -consintiese en encerrarse dentro de una caja de madera que poseía y -dormir allí. - -La protesta contra semejante petición fué viva. Estaba chocha, la -pobre, no había duda. ¡Á quién se le ocurría pensar en hacerle dormir -con aquel calor, dentro de una caja que seguramente estaría llena de -sabandijas! - -Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que como el muchacho la -quería tanto, decidió acceder á semejante capricho. La caja era grande, -y aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. Con gran solicitud -fué arreglada en el fondo la cama, metióse él adentro, y la triste -viuda tomó asiento al lado del mueble, decidida á pasar la noche en -vela para cerrarlo apenas hubiera la menor señal de peligro. - -Calcula ella que sería la medianoche, pues la luna muy baja empezaba -á bañar con su luz el aposento, cuando de repente un bultito negro, -casi imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta que no se había -cerrado por efecto del gran calor. Antonia se estremeció de angustia. - -Allí estaba, por fin, el vengativo animal, sentado sobre las patas -traseras, como meditando un plan. ¡Qué mal había hecho el joven en -reírse! Aquella figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna, -se agrandaba extraordinariamente, tomaba proporciones de monstruo. -¿Pero, si no era más que uno de los tantos sapos familiares que -entraban cada noche á la casa en busca de insectos? Un momento respiró, -sostenida por esta idea. Mas el escuerzo dió de pronto un saltito, -después otro, en dirección de la caja. Su intención era manifiesta. No -se apresuraba, como si estuviera seguro de su presa. Antonia miró con -indecible expresión de terror á su hijo; dormía, vencido por el sueño, -respirando acompasadamente. - -Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer ruido la tapa del -pesado mueble. El animal no se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al -pie de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en uno de los ángulos, -y de súbito, con un salto increíble en su pequeña talla, se plantó -sobre la tapa. - -Antonia no se atrevió á hacer el menor movimiento. Toda su vida se -había concentrado en sus ojos. La luna bañaba ahora enteramente la -pieza. Y he aquí lo que sucedió: El sapo comenzó á hincharse por -grados, aumentó, aumentó de una manera prodigiosa, hasta triplicar -su volumen. Permaneció así durante un minuto, en que la pobre mujer -sintió pasar por su corazón todos los ahogos de la muerte. Después fué -reduciéndose, reduciéndose hasta recobrar su primitiva forma, saltó -á tierra, se dirigió á la puerta y atravesando el patio acabó por -perderse entre las hierbas. - -Entonces se atrevió Antonia á levantarse, toda temblorosa. Con un -violento ademán abrió de par en par la caja. Lo que sintió fué de tal -modo horrible, que á los pocos meses murió víctima del espanto que le -produjo. - -Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho estaba helado -y rígido bajo la triste luz en que la luna amortajaba aquel despojo -sepulcral, hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha. - - - - - LA METAMÚSICA - - - LA METAMÚSICA - - -Como hiciera varias semanas que no le veía, al encontrarle le -interrogué: - ---¿Estás enfermo? - ---No; mejor que nunca y alegre como unas pascuas. ¡Si supieras lo que -me ha tenido absorto durante estos dos meses de encierro! - -Pues hacía efectivamente dos meses que se le extrañaba en su círculo -literario, en los cafés familiares y hasta en el paraíso de la Ópera, -su predilección. - -El pobre Juan tenía una debilidad: la música. En sus buenos tiempos, -cuando el padre opulento y respetado compraba palco, Juan podía -entregarse á su pasión favorita con toda comodidad. Después acaeció -un derrumbe--títulos bajos, hipotecas, remates... El viejo murió de -disgusto y Juan se encontró solo en esa singular autonomía de la -orfandad, que toca por un extremo al tugurio y por el otro á la fonda -de dos platos, sin vino. - -Por no ser huésped de cárcel, se hizo empleado que cuesta más y -produce menos; pero hay seres timoratos en medio de su fuerza, que -temen á la vida lo bastante para respetarla, acabando por acostarse con -sus legítimas después de haber pensado en veinte queridas. - -La existencia de Juan se volvió entonces acabadamente monótona. Su -oficina, sus libros y su banqueta del paraíso, fueron para él la -obligación y el regalo. Estudió mucho, convirtiéndose en un teorizador -formidable. Analogías de condición y de opiniones nos acercaron, nos -amistaron y concluyeron por unirnos en sincera afección. Lo único -que nos separaba era la música, pues jamás entendí una palabra de -sus disertaciones, ó mejor dicho nunca pude conmoverme con ellas, -pareciéndome falso en la práctica lo que por raciocinio encontraba -evidente; y como en arte la comprensión está íntimamente ligada á la -emoción sentida, al no sentir yo nada con la música, claro está que no -la entendía. - -Esto desesperaba á mi amigo cuya elocuencia crecía en proporción á mi -incapacidad para gozar con lo que, siendo para él emoción superior, -sólo me resultaba confusa algarabía. - -Conservaba de su pasado bienestar un piano, magnífico instrumento cuyos -acordes solían comentar sus ideas cuando mi rebelde emoción fracasaba -en la prueba. - ---Comprendo que la palabra no alcance á expresarlo, decía, pero -escucha; abre bien las puertas de tu espíritu; es imposible que dejes -de entender. Y sus dedos recorrían el teclado en una especie de mística -exaltación. - -Así discutíamos los sábados por la noche, alternando las disertaciones -líricas con temas científicos en los que Juan era muy fuerte, y -recitando versos. Las tres de la mañana siguiente era la hora habitual -de despedirnos. Júzguese si nuestra conversación sería prolongada -después de ocho semanas de separación. - ---¿Y la música, Juan? - ---Querido, he hecho descubrimientos importantes. - -Su fisonomía tomó tal carácter de seriedad, que le creí acto continuo. -Pero una idea me ocurrió de pronto. - ---¿Compones? - -Los ojos le fulguraron. - ---Mejor que eso, mucho mejor que eso. Tú eres un amigo del alma y -puedes saberlo. El sábado por la noche, como siempre, ya sabes; en -casa; pero no lo digas á nadie, ¿eh? ¡Á nadie! añadió casi terrible. - -Calló un instante; luego me pellizcó confidencialmente la punta de la -oreja, mientras una sonrisa maliciosa entreabría sus febriles labios. - ---Allá comprenderás por fin, allá verás. Hasta el sábado, ¿no?... - -Y como le mirara interrogativo, añadió lanzándose sobre el estribo de -un tranvía, pero de modo que sólo yo pudiese oirle: - ---...¡Los colores de la música!... - -Era un miércoles. Me era menester esperar tres días para conocer el -sentido de aquella prosa. ¡Los colores de la música! me decía. ¿Será -un fenómeno de audición coloreada? ¡Imposible! Juan es un muchacho muy -equilibrado para caer en eso. Parece excitado, pero nada revela una -alucinación en sus facultades. Después de todo, ¿por qué no ha de ser -verdad su descubrimiento?... Sabe mucho, es ingenioso, perseverante, -inteligente... La música no le impide cultivar á fondo las matemáticas, -y éstas son la sal del espíritu. En fin, esperemos. - -Pero no obstante mi resignación, una intensa curiosidad me embargaba; -y el pretexto ingenuamente hipócrita de este género de situaciones, no -tardó en presentarse. - -Juan está enfermo, á no dudarlo. Abandonarle en tal situación, sería -poco discreto. Lo mejor es verle, hablarle, hacer cuanto pueda para -impedir algo peor. Iré esta noche. Y esa misma noche fuí, aunque -reconociendo en mi intento más curiosidad de lo que hubiese querido. - -Daban las nueve cuando llegué á la casa. La puerta estaba cerrada. Una -sirvienta desconocida vino á abrirme. Pensé que sería mejor darme por -amigo de confianza, y después de expresar las buenas noches con mi -entonación más confidencial: - ---¿Está Juan? pregunté. - ---No, señor; ha salido. - ---¿Volverá pronto? - ---No ha dicho nada. - ---Porque si volviera pronto, añadí insistiendo, le pediría permiso para -esperarle en su cuarto. Soy su amigo íntimo y tengo algo urgente que -comunicarle. - ---Á veces no vuelve en toda la noche. - -Esta evasiva me reveló que se trataba de una consigna, y decidí -retirarme sin insistir. Volví el jueves, el viernes, con igual -resultado. Juan no quería recibirme, y esto, francamente, me -exasperaba. El sábado me tendría fuerte, vencería mi curiosidad, -no iría. El sábado á las nueve de la noche había dominado aquella -puerilidad. Juan en persona me abrió. - ---Perdona; sé que me has buscado; no estaba; tenía que salir todas las -noches. - ---Sí; te has convertido en personaje misterioso. - ---Veo que mi descubrimiento te interesa de veras. - ---No mucho, mira; pero francamente, al oirte hablar de los colores -de la música, temí lo que hay que temer, y ahí tienes la causa de mi -insistencia. - ---Gracias, quiero creerte, y me apresuro á asegurarte que no estoy -loco. Tu duda lastima mi amor propio de inventor, pero somos demasiado -amigos para no prometerte una venganza. - -Mientras, habíamos atravesado un patio lleno de plantas. Pasamos bajo -un zaguán, doblamos á la derecha, y Juan abriendo una puerta dijo: - ---Entra; voy á pedir el café. - -Era el cuarto habitual, con su escritorio, su ropero, su armario de -libros, su catre de hierro. Noté que faltaba el piano. Juan volvía en -ese momento. - ---¿Y el piano? - ---Está en la pieza inmediata. Ahora soy rico; tengo dos “salones”. - ---¡Qué opulencia! - -Y esto nos endilgó en el asunto. - -Juan, que paladeaba con deleite su café, empezó tranquilamente: - ---Hablemos en serio. Vas á ver una cosa interesante. _'Vas á ver_, -óyelo bien. No se trata de teorías. Las notas poseen cada cual su -color, no arbitrario, sino real. Alucinaciones y chifladuras nada -tienen que ver con esto. Los aparatos no mienten, y mi aparato hace -perceptibles los colores de la música. Tres años antes de conocerte, -emprendí las experiencias coronadas hoy por el éxito. Nadie lo sabía -en casa, donde, por otra parte, la independencia era grande, como -recordarás. Casa de viudo con hijos mayores... Dicho esto en forma de -disculpa por mi reserva, que espero no atribuyas á desconfianza, quiero -hacerte una descripción de mis procedimientos, antes de empezar mi -pequeña fiesta científica. - -Encendimos los cigarrillos y Juan continuó. - ---Sabemos por la teoría de la unidad de la fuerza, que el movimiento -es, según los casos, luz, calor, sonido, etc.; dependiendo estas -diferencias--que esencialmente no existen, pues son únicamente modos -de percepción de nuestro sistema nervioso--del mayor ó menor número de -vibraciones de la onda etérea. - -“Así, pues, en todo sonido hay luz, calor, electricidad latentes, -como en toda luz hay á su vez electricidad, calor y sonido. El ultra -violeta del espectro, señala el limite de la luz y es ya calor, que -cuando llegue á cierto grado se convertirá en luz... Y la electricidad -igualmente. ¿Por qué no ocurriría lo mismo con el sonido? me dije; y -desde aquel momento quedó planteado mi problema.” - -“La escala musical está representada por una serie de números cuya -proporción, tomando al do como unidad, es bien conocida; pues la -armonía se halla constituida por proporciones de número, ó en otros -términos se compone de la relación de las vibraciones aéreas por un -acorde de movimientos desemejantes.” - -“En todas las músicas sucede lo mismo, cualquiera que sea su -desarrollo. Los griegos que no conocían sino tres de las consonancias -de la escala, llegaban á idénticas proporciones: 1 á 2, 3 á 2, 4 á -3. Es, como observas, matemático. Entre las ondulaciones de la luz -tiene que haber una relación igual, y es ya vieja la comparación. El -1 del do, está representado por las vibraciones de 369 millonésimas -de milímetro que engendran el violado, y el 2 de la octava por el -duplo; es decir, por las de 738 que producen el rojo. Las demás notas, -corresponden cada una á un color.” - -“Ahora bien, mi raciocinio se efectuaba de este modo.” - -“Cuando oímos un sonido, no miramos la luz, no palpamos el calor, no -sentimos la electricidad que produce, porque las ondas caloríficas, -luminosas y eléctricas son imperceptibles por su propia amplitud. Por -la misma razón no oímos cantar la luz, aunque la luz canta real y -verdaderamente, cuando sus vibraciones que constituyen los colores, -forman proporciones armónicas. Cada percepción tiene un límite de -intensidad, pasado el cual se convierte en impercepción para nosotros. -Estos límites no son coincidentes en la mayoría de los casos, lo -cual obedece al progresivo trabajo de diferenciación efectuado por -los sentidos en los organismos superiores; de tal modo que si al -producirse una vibración, no percibimos más que uno de los movimientos -engendrados, es porque los otros, ó han pasado el limite máximo, ó no -han alcanzado el límite mínimo de la percepción. Á veces se consigue, -sin embargo, la simultaneidad. Así, vemos el color de una luz, palpamos -su calor y medimos su electricidad...” - -Todo esto era lógico; pero en cuanto al sonido, tenía una objeción muy -sencilla que hacer y la hice: - ---Es claro; y si con el sonido no sucede así, es porque se trata de -una vibración aérea, mientras que las otras son vibraciones etéreas. - ---Perfectamente; pero la onda aérea provoca vibraciones etéreas, -puesto que al propagarse conmueve al éter intermedio entre molécula -y molécula de aire. ¿_Qué es_ esta segunda vibración? Yo he llegado á -demostrar que es luz. ¿Quién sabe si mañana un termómetro ultrasensible -no averiguará las temperaturas del sonido? - -“Un sabio injustamente olvidado, Louis Lucas, dice lo que voy á leer, -en su _Chimie Nouvelle_:” - -“Si se estudia con cuidado las propiedades del monocordio, se nota que -en toda jerarquía sonora no existen, en realidad, más que tres puntos -de primera importancia: la tónica, la quinta y la tercia, siendo la -octava reproducción de ellas á diversa altura, y permaneciendo en -las tres resonancias la tónica como punto de apoyo; la quinta es su -antagonista y la tercia un punto indiferente, pronto á seguir á aquél -de los dos contrarios que adquiera superioridad.” - -“Esto es también lo que hallamos en tres cuerpos simples, cuya -importancia relativa no hay necesidad de recordar: el hidrógeno, el -ázoe y el oxígeno. El primero por su negativismo absoluto en presencia -de los otros metaloides, por sus propiedades esencialmente básicas, -toma el sitio de la tónica ó reposo relativo; el oxígeno, por sus -propiedades antagónicas, ocupa el lugar de la quinta; y por fin, la -indiferencia bien conocida del ázoe, le asigna el rol de la tercia.” -“Ya ves que no estoy solo en mis conjeturas, y que ni siquiera voy tan -lejos; mas lleguemos cuanto antes á la narración de la experiencia.” - -“Ante todo, tenía tres caminos: ó colar el sonido á través de -algún cuerpo que lo absorbiera, no dejando pasar sino las ondas -luminosas--algo semejante al carbón animal para los colorantes -químicos; ó construir cuerdas tan poderosas, que sus vibraciones -pudieran contarse, no por miles sino por millones de millones en cada -segundo, para producir mi música en luz; ó reducir la expansión de -la onda luminosa, invisible en el sonido, contenerla en su marcha, -reflejarla, reforzarla hasta hacerla alcanzar un límite de percepción, -y verla sobre una pantalla convenientemente dispuesta.” - -“De los tres métodos probables, excuso decirte que he adoptado el -último; pues los dos primeros requerirían un descubrimiento previo cada -uno, mientras que el tercero es una aplicación de aparatos conocidos.” - -_¡Age dum!_ prosiguió evocando su latín, mientras abría la puerta -del segundo aposento. Aquí tienes mi aparato, añadió, al paso que me -enseñaba sobre un caballete una caja como de dos metros de largo, -enteramente parecida á un féretro. Por uno de sus extremos sobresalía -el pabellón paraboloide de una especie de clarín. En la tapa, cerca de -la otra extremidad, resaltaba un trozo de cristal que me pareció la -faceta de un prisma. Una pantalla blanca coronaba el misterioso cajón, -sobre un soporte de metal colocado hacia la mitad de la tapa. - -Juan se apoyó sobre el aparato y yo me senté en la banqueta del piano. - ---Oye con atención. - ---Ya te imaginas. - ---El pabellón que aquí ves, recoge las ondas sonoras. Este pabellón -toca al extremo de un tubo de vidrio negro, de dobles paredes, en el -cual se ha llevado el vacío á una millonésima de atmósfera. La doble -pared del tubo está destinada á contener una capa de agua. El sonido -muere en él y en el denso almohadillado que lo rodea. Queda sólo la -onda luminosa cuya expansión debo reducir para que no alcance la -amplitud suprasensible. El vidrio negro lo consigue; y ayudado por la -refracción del agua, se llega á una reducción casi completa. Además el -agua tiene por objeto absorber el calor que resulta. - ---¿Y por qué el vidrio negro? - ---Porque la luz negra tiene una vibración superior á la de todas las -otras, y como por consiguiente el espacio entre movimiento y movimiento -se restringe, las demás no pueden pasar por los intersticios y se -reflejan. Es exactamente análogo á una trinchera de trompos que -bailan conservando distancias proporcionales á su tamaño. Un trompo -mayor, aunque animado de menor velocidad, intenta pasar; pero se -produce un choque que lo obliga á volver sobre sí mismo. - ---Y los otros, ¿no retroceden también? - ---Ése es el percance que el agua está encargada de prevenir. - ---Muy bien; continúa. - ---Reducida la onda luminosa, se encuentra al extremo del tubo con un -disco de mercurio engarzado á aquél, cuyo disco la detiene en su marcha. - ---Ah, el inevitable mercurio. - ---Sí, el mercurio. Cuando el profesor Lippmann lo empleó para -corregir las interferencias de la onda luminosa en su descubrimiento -de la fotografía de los colores, aproveché el dato; y el éxito no -tardó en coronar mis previsiones. Así, pues, mi disco de mercurio -contiene la onda en marcha por el tubo, y la refleja hacia arriba -por medio de otro acodado. En este segundo tubo, hay dispuestos tres -prismas _infrangibles_, que refuerzan la onda luminosa hasta el grado -requerido para percibirla como sensación óptica. El número de prismas -está determinado por tanteo, á ojo, y el último de ellos, cerrando -el extremo del tubo, es el que ves sobresalir aquí. Tenemos, pues, -suprimida la vibración sonora, reducida la amplitud de la onda -luminosa, contenida su marcha y reforzada su acción. No nos queda más -que verla. - ---¿Y se ve? - ---Se ve, querido; se ve sobre esta pantalla; pero falta algo aún. Este -algo es mi piano cuyo teclado he debido transformar en series de siete -blancas y siete negras, para conservar la relación verdadera de las -transposiciones de una nota tónica á otra; relación que se establece -multiplicando la nota por el intervalo del semitono menor. - -“Mi piano queda convertido, así, en un instrumento exacto, bien que -de dominio mucho más difícil. Los pianos comunes, construidos sobre -el principio de la gama temperada que luego recordaré, suprimen la -diferencia entre los tonos y los semitonos mayores y menores, de suerte -que todos los sones de la octava se reducen á doce, cuando son catorce -en realidad. El mío es un instrumento exacto y completo.” - -“Ahora bien, esta reforma, equivale á abolir la gama temperada de uso -corriente, bien que sea, como dije, inexacta; y á la cual se debe en -justicia el enorme progreso alcanzado por la música instrumental desde -Sebastián Bach, quien le consagró cuarenta y ocho composiciones. Es -claro, ¿no?” - ---¡Qué sé yo de todo eso! Lo que estoy viendo es que me has elegido -como se elige una pared para rebotar la pelota. - ---Creo ocioso recordarte que uno no se apoya sino sobre lo que resiste. - -Callamos sonriendo, hasta que Juan me dijo: - ---¿Sigues creyendo, entonces, que la música no expresa nada? - -Ante esta insólita pregunta que desviaba á mil leguas el argumento de -la conversación, le pregunté á mi vez: - ---¿Has leído á Hanslick? - ---Sí, ¿por qué? - ---Porque Hanslick, cuya competencia critica no me negarás, sostiene que -la música no expresa nada, que sólo evoca sentimientos. - ---¿Eso dice Hanslick? Pues bien, yo sostengo sin ser ningún critico -alemán, que la música es la expresión matemática del alma. - ---Palabras... - ---No, hechos perfectamente demostrables. Si multiplicas el semidiámetro -del mundo por 36, obtienes las cinco escalas musicales de Platón, -correspondientes á los cinco sentidos. - ---¿Y por qué 36? - ---Hay dos razones; una matemática, la otra psíquica. Según la primera, -se necesita treinta y seis números para llenar los intervalos de las -octavas, las cuartas y las quintas hasta 27, con números armónicos. - ---¿Y por qué 27? - ---Porque 27 es la suma de los números cubos 1 y 8; de los lineales 2 -y 3; y de los planos 4 y 9--es decir, de las bases matemáticas del -universo. La razón psíquica consiste en que ese número 36, total de los -números armónicos, representa, además, el de las emociones humanas. - ---¿Cómo? - ---El veneciano Gozzi, Gœthe y Schiller, afirmaban que no deben existir -sino treinta y seis emociones dramáticas. Un erudito, J. Polti, -demostró el año 94, si no me equivoco, que la cantidad era exacta y que -el número de emociones humanas no pasaba de treinta y seis. - ---¡Es curioso! - ---En efecto; y más curioso si se tiene en cuenta mis propias -observaciones. La suma ó valor absoluto de las cifras de 36, es 9, -número irreductible; pues todos sus múltiplos lo repiten si se efectúa -con ellos la misma operación. El 1 y el 9 son los únicos números -absolutos ó permanentes; y de este modo, tanto 27 como 36, iguales á 9 -por el valor absoluto de sus cifras, son números de la misma categoría. -Esto da origen, además, á una proporción, 27, ó sea el total de las -bases geométricas, es á 36, total de las emociones humanas, como x, el -alma, es al absoluto 9. Practicada la operación, se averigua que el -término desconocido es 6. Seis, fíjate bien; el doble ternario que en -la simbología sagrada de los antiguos, significaba el equilibrio del -universo. ¿Qué me dices? - -Su mirada se había puesto luminosa y extraña. - ---El universo es música, prosiguió animándose. Pitágoras tenía razón, -y desde Timeo hasta Kepler todos los pensadores han presentido esta -armonía. Eratóstenes llegó á determinar la escala celeste, los tonos -y semitonos entre astro y astro. Yo creo tener algo mejor; pues -habiendo dado con las notas fundamentales de la música de las esferas, -¡reproduzco en colores geométricamente combinados, el esquema del -Cosmos!... - -¿Qué estaba diciendo aquel alucinado? ¿Qué torbellino de extravagancias -se revolvía en su cerebro...? Casi no tuve tiempo de advertirlo, cuando -el piano empezó á sonar. - -Juan volvió á ser el inspirado de otro tiempo en cuanto sus dedos -acariciaron las teclas. - ---Mi música, iba diciendo, se halla formada por los acordes de tercia -menor introducidos en el siglo XVII y que Mozart mismo consideraba -imperfectos, á pesar de que es todo lo contrario; pero su recurso -fundamental está constituido por aquellos acordes inversos que hicieron -calificar de música de los ángeles la música de Palestina... - -En verdad, hasta mi naturaleza refractaria se conmovía con aquellos -sones. Nada tenían de común con las armonías habituales, y aun podía -decirse que no eran música en realidad; pero lo cierto es que sumergían -el espíritu en un éxtasis sereno, como quien dice formado de antigüedad -y de distancia. - -Juan continuaba: - ---Observa en la pantalla la distribución de colores que acompaña á la -emisión musical. Lo que estás escuchando es una armonía en la cual -entran las notas específicas de cada planeta del sistema, y este -sencillo conjunto termina con la sublime octava del sol, que nunca -me he atrevido á tocar, pues temo producir influencias excesivamente -poderosas. ¿No sientes algo extraño? - -Sentía, en efecto, como si la atmósfera de la habitación estuviese -conmovida por presencias invisibles. Ráfagas sordas cruzaban su ámbito. -Y entre la beatitud que me regalaba la grave dulzura de aquella -armonía, una especie de aura eléctrica iba helándome de pavor. Pero -no distinguía sobre la pantalla otra cosa que una vaga fosforescencia -y como esbozos de figuras... De pronto comprendí. En la común -exaltación, habíasenos olvidado apagar la lámpara. - -Iba á hacerlo, cuando Juan gritó enteramente arrebatado, entre un son -estupendo del instrumento: - ---¡Mira ahora! - -Yo también lancé un grito, pues acababa de suceder algo terrible. - -Una llama deslumbradora brotó del foco de la pantalla. Juan, con -el pelo erizado, se puso de pie, espantoso. Sus ojos acababan de -evaporarse como dos gotas de agua bajo aquel haz de dardos flamígeros, -y él, insensible al dolor, radiante de locura, exclamaba tendiéndome -los brazos: - ---¡La octava del sol, muchacho, la octava del sol! - - - - - EL ORIGEN DEL DILUVIO - - - EL ORIGEN DEL DILUVIO - - - NARRACIÓN DE UN ESPÍRITU - - -...La Tierra acababa de experimentar su primera incrustación sólida -y hallábase todavía en una obscura incandescencia. Mares de ácido -carbónico batían sus continentes de litio y de aluminio, pues éstos -fueron los primeros sólidos que formaron la costra terrestre. El azufre -y el boro figuraban también en débiles vetas. - -Así el globo entero brillaba como una monstruosa bola de plata. La -atmósfera era de fósforo con vestigios de flúor y de cloro. Llamas de -sodio, de silicio, de magnesio, constituían la luminosa progenie de -los metales. Aquella atmósfera relumbraba tanto como una estrella, -presentando un espesor de muchos millares de kilómetros. - -Sobre esos continentes y en semejantes mares, había ya vida organizada, -bien que bajo formas inconcebibles ahora; pues no existiendo aún -el fosfato de cal, dichos seres carecían de huesos. El oxígeno y el -nitrógeno, que con algunos rastros de berilo entraban en la composición -de tales vidas, completaban los únicos catorce cuerpos constituyentes -del planeta. Así, todo era en él extremadamente sencillo. - -La actividad de los seres que poseían inteligencia, no era menos -intensa que ahora, sin embargo, si bien de mucho menor amplitud; y -no obstante su constitución de moluscos, vivían, obraban, sentían, -de un modo análogo al de la humanidad presente. Habían llegado, por -ejemplo, á construír enormes viviendas con rocas de litio; y el sudor -de sus cuerpos oxidaba el aluminio en copos semejantes al amianto -incandescente. - -Su estructura blanda, era una consecuencia del medio poco sólido en que -tomaron origen, así como de la ligereza específica de los continentes -que habitaban. Poseían también la aptitud anfibia; pero como debían -resistir aquellas temperaturas, y mantenerse en formas definidas bajo -la presión de la profunda atmósfera, su estructura manteníase recia en -su misma fluidez. - -Esbozos de hombres, más bien que hombres propiamente dichos, ó especie -de monos gigantescos y huecos, tenían la facilidad de reabsorberse en -esferas de gelatina ó la de expandirse como fantasmas hasta volverse -casi una niebla. Esto último constituía su tacto, pues necesitaban -incorporar los objetos á su ser, envolviéndolos enteramente para -sentirlos. En cambio poseían la doble vista de los sonámbulos actuales. -Carecían de olfato, gusto y oído. Eran perversos y formidables, los -peores monstruos de aquella primitiva creación. Sabían emanar de sus -fluidos organismos, seres cuya vida era breve pero dañina, semejantes -á las carroñas que dan vida á los gusanos. Fueron los gigantes de que -hablan las leyendas. - -Construían sus ciudades como los caracoles sus conchas, de modo que -cada vivienda era una especie de caparazón exudada por su habitante. -Así, las casas resultaban grupos de bóvedas y las ciudades parecían -cúmulos de nubes brillantes. Eran tan altas como éstas, pero no se -destacaban en el cielo azul, pues el azul no existía entonces, porque -faltaba el aire. La atmósfera sólo se coloreaba de anaranjado y de rojo. - -Apenas dos ó tres especies de aves cuyas alas no tenían plumas, sino -escamas como las de las mariposas, y cuyo tornasol preludiaba el oro -inexistente, remontaban su vuelo por la atmósfera fosfórica. - -Era ésta tan elevada, y el vuelo tan vasto, que las llevaba cerca -de la luna. El arrebato magnético del astro, solía embriagarlas; y -como éste poseía entonces una atmósfera en contacto con la terrestre, -afrontábanla en ímpetu temerario yendo á caer exánimes sobre sus campos -de hielo. - -Una vegetación de hongos y de líquenes gigantes arraigaba en las aún -mal seguras tierras; y no lejanos todavía del animal, en la primitiva -confusión de los orígenes, algunos sabían trasladarse por medio de -tentáculos; tenían otros, á guisa de espinas, picos de ave, que estaban -abriéndose y cerrándose; otros fosforecían á cualquier roce; otros -frutaban verdaderas arañas que se iban caminando y producían huevos de -los cuales brotaba otra vez el vegetal progenitor. Eran singularmente -peligrosos los cactus eléctricos que sabían proyectar sus espinas. - -Los elementos terrestres se encontraban en perpetua instabilidad. -Surgían y fracasaban por momentos, disparatadas alotropías. La presión -enorme apenas dejaba solidificarse escasos cuerpos. Las rocas actuales -dormían el sueño de la inexistencia. Las piedras preciosas no eran sino -colores en las fajas del espectro. - -Así las cosas, sobrevino la catástrofe que los hombres llamaron después -diluvio; pero ella no fué una inundación acuosa, si bien la causó una -invasión del elemento líquido. El agua tuvo intervención de otro modo. - -Ahora bien, es sabido que los cuerpos, bajo ciertas circunstancias, -pueden variar sus caracteres específicos hasta perderlos casi todos con -excepción del peso; y esto es lo que recibe el nombre de alotropía. -El ejemplo clásico del fósforo rojo y del fósforo blanco, debe ser -recordado aquí: el blanco es ávido de oxígeno, tóxico y funde á los -44°; el rojo es casi indiferente al oxígeno, inofensivo é infusible, -sin contar otros caracteres que acentúan la diferencia. Sin embargo, -son el mismo cuerpo. Podría citarse además el diamante y el carbón, -para no hablar de las diversas especies de hierro, de plata, que son -también estados alotrópicos. - -Nadie ignora, por otra parte, que el calor multiplica las afinidades de -la materia, haciendo posibles, por ejemplo, las combinaciones del ázoe -y del carbono con otros cuerpos, cosa que no sucede á la temperatura -ordinaria; y conviene recordar además, que basta la presencia en un -cuerpo de partículas pertenecientes á algunos otros, para cambiar sus -propiedades ó comunicarles nuevas--siendo particularmente interesante á -este respecto lo que sucede al aluminio puesto en contacto por choque, -con el mercurio; pues basta eso para que se oxide en seco, descomponga -el agua y sea atacado por los ácidos nítrico y sulfúrico, al revés -exactamente de lo que le pasa cuando no existe tal contacto. - -Á estas causas de variabilidad de los cuerpos, es menester añadir la -presión, capaz por sí sola de disgregar los sólidos hasta licuarlos, -cualquiera que sea su maleabilidad, y sin exceptuar al mismo acero, -pues nada más que con la presión se ha llegado á convertirlo en una -masa blanduzca, trabajándolo con entera comodidad. - -Mencionaremos, por último, una extraña propiedad que los químicos -llaman acción catalítica, ó en términos vulgares, acción de presencia, -y por medio de la cual ciertos cuerpos provocan combinaciones de otros, -sin tomar parte en las mismas. Entre éstos, uno de los más activos, y -el que interviene en mayor número de casos, es el vapor de agua. Los -datos que anteceden, nos ponen ya en situación de explicar el fenómeno -al cual están dedicadas estas líneas. - -Sucedió por entonces que la atmósfera terrestre, condensándose en torno -al globo, empezó á ejercer una atracción progresiva sobre la atmósfera -de la luna. Al cabo de cierto tiempo, esta atmósfera no pudo resistir á -aquella atracción, y empezó á incorporar con la nuestra sus elementos -más ligeros. La falta de presión causada por este fenómeno, vaporizó -los mares de la luna que estaban helados hacía muchos siglos; y una -niebla fría, á muchos grados bajo nuestro cero termométrico, rodeó al -astro muerto como un sudario. - -Cierto día el vapor acuoso se precipitó en la atmósfera terrestre, y -ésta vió aumentado su peso en varios miles de millones de toneladas. -Á tal fenómeno, unióse la acción catalítica del vapor, y entonces fué -cuando empezaron á disgregarse los sólidos terrestres. - -Un ablandamiento progresivo, dió á todos la consistencia del yeso; -pero cuando el fénomeno siguió, deleznándose aquéllos en una especie -de lodo, empezó la catástrofe. Las montañas fueron aplastándose por su -propio peso, hasta degenerar en médanos que el viento arrasaba. Las -mansiones de los gigantes volviéronse polvo á su vez, y pronto hubo de -observarse con horror que el elemento líquido cambiaba de estado en la -forma más extraordinaria; secábase sin desaparecer, volviéndose también -polvo por la disgregación de sus moléculas, y se confundía con el otro -en un solo cuerpo, seco y fluido á la vez--sin olor, sin color y sin -temperatura. - -Lo malo era que el fenómeno no se efectuaba al mismo tiempo en la -materia organizada. Ésta resistía mejor, sin duda por su condición -semi-líquida; pero semejante diferencia implicaba la muerte violenta -en aquella disgregación. Poco después no hubo en el globo otra -existencia que la flotante sobre esa especie de arenas cósmicas; mas -ya la mayor parte de los seres animados había muerto de inanición; -pues aunque no comían como nosotros, absorbían del aire sus principios -vitales, y el aire estaba cambiado por los elementos de la luna. - -Apenas uno que otro gran molusco se revolvía sobre le universal -fluidez sin olas, bajo el horror de la atmósfera gigantesca, preñada -de tósigos mortales, donde se operaba la futura organización. Tampoco -pudieron ellos resistir á esas combustiones, ni adaptarse al estado -de disgregación; y, por otra parte, éste los afectaba á su vez. Ellos -fueron también disolviéndose hasta desaparecer; y entonces, sobre el -ámbito del planeta, fué la soledad y la negra noche. - -Millares de años después, los elementos empezaron á recomponerse. - -Formidables tempestades químicas conmovieron el estado crítico de la -masa, y los catorce cuerpos primitivos revivieron engendrando nuevas -combinaciones. - -El litio se triplicó en potasio, rubidio y cesio; el fósforo en -arsénico, antimonio y bismuto; el carbono engendró titanio y -zirconio; el azufre, selenio y telurio... - -Los océanos fueron ya de agua, el agua de la luna periódicamente -exaltada hacia su origen por la armónica dilatación de las mareas. La -atmósfera se había vuelto de aire semejante al nuestro, aunque saturado -de ácido carbónico. - -Ningún ser vivo quedaba de la anterior creación. Hasta sus huellas -habían sido destruidas. Pero los vapores de la luna trajeron consigo -gérmenes vivificantes, que el nuevo estado de la Tierra fué llamando -lentamente á la existencia. - -El mar se cubrió de vidas rudimentarias. La costra sólida pululó de -hierbas, y el dominio de éstas duró una edad. - -Pero yo no sabría repetir el enorme proceso. Réstame decir que los -primeros seres humanos fueron organismos del agua; monstruos hermosos, -mitad pez, mitad mujer, llamados después sirenas en las mitologías. -Ellos dominaban el secreto de la armonía original, y trajeron al -planeta las melodías de la luna que encerraban el secreto de la muerte. - -Fueron blancos de carne como el astro materno; y el sodio primitivo -que saturaba su nuevo elemento de existencia, al engendrar de sí los -metales nobles, hizo vegetar en sus cabelleras el oro hasta entonces -desconocido... - -...He aquí lo que mi memoria millonaria de años, evoca con un sentido -humano, y he aquí lo que he venido á deciros descendiendo de mi -región--el cono de sombra de la Tierra. Os añadiré que estoy condenado -á permanecer en él durante toda la edad del planeta. - - * * * * * - -La médium calló, recostando fatigosamente su cabeza sobre el respaldo -del sofá. Y Mr. Skinner, una de las ocho personas que asistían á la -sesión, no pudo menos de exclamar en las tinieblas: - ---¡El cono de sombra! ¡El diluvio! ... ¡Disparatada superchería! - -Nada pudimos replicarle, pues un estertor de la médium nos distrajo. - -De su costado izquierdo desprendíase rápidamente una masa tenebrosa, -asaz perceptible en la penumbra. Creció como un globo, proyectó de su -seno largos tentáculos, y acabó por desprenderse á modo de una araña -gigantesca. Siguió dilatándose hasta llenar el aposento, envolviéndonos -como un mucílago y jadeando con un rumor de queja. No tenía forma -definida en la obscuridad espesada por su presencia; pero si el horror -se objetiva de algún modo, aquello era el horror. - -Nadie intentaba moverse, ante el espantoso hormigueo de tentáculos de -sombra que se sentía alrededor, y no sé cómo hubiera acabado eso, si la -médium no implora con voz desfallecida: - ---¡Luz, luz Dios mío! - -Tuve fuerzas para saltar hasta la llave de la luz eléctrica; y junto -con su rayo, la masa de sombra estalló sin ruido, en una especie de -suspiro enorme. - -Mirámonos en silencio. - -Algo como un lodo heladísimo nos cubría enteramente, y aquello habría -bastado para prodigio, si al acudir á su lavatorio, Skinner no realiza -un hallazgo más asombroso. - -En el fondo de la palangana, yacía no más grande que un ratón, pero -acabada de formas y de hermosura, irradiando mortalmente su blancor, -una pequeña sirena muerta. - - - - - LOS CABALLOS DE ABDERA - - - LOS CABALLOS DE ABDERA - - -Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente es Balastra y que no -debe ser confundida con su tocaya bética, era célebre por sus caballos. - -Descollar en Tracia por sus caballos, no era poco; y ella descollaba -hasta ser única. Los habitantes todos tenían á gala la educación de -tan noble animal, y esta pasión cultivada á porfía durante largos -años, hasta formar parte de las tradiciones fundamentales, había -producido efectos maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de fama -excepcional, y todas las poblaciones tracias, desde los cicones hasta -los bisaltos, eran tributarios en esto de los bistones, pobladores de -la mencionada ciudad. Debe añadirse que semejante industria, uniendo -el provecho á la satisfacción, ocupaba desde el rey hasta el último -ciudadano. - -Estas circunstancias habían contribuido también á intimar las -relaciones entre el bruto y sus dueños, mucho más de lo que era y es -habitual para el resto de las naciones; llegando á considerarse las -caballerizas como un ensanche del hogar, y extremándose las naturales -exageraciones de toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa. - -Eran verdaderamente notables corceles, pero bestias al fin. Otros -dormían en cobertores de biso; algunos pesebres tenían frescos -sencillos, pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico -de la raza caballar, y el cementerio equino ostentaba entre pompas -burguesas, ciertamente recargadas, dos ó tres obras maestras. El -templo más hermoso de la ciudad estaba consagrado á Arión, el caballo -que Neptuno hizo salir de la tierra con un golpe de su tridente; y -creo que la moda de rematar las proas en cabezas de caballo, tenga -igual proveniencia; siendo seguro en todo caso, que los bajos relieves -hípicos fueron el ornamento más común de toda aquella arquitectura. El -monarca era quien se mostraba más decidido por los corceles, llegando -hasta tolerar á los suyos verdaderos crímenes que los volvieron -singularmente bravíos; de tal modo que los nombres de Podargos y de -Lampon figuraban en fábulas sombrías; pues es del caso decir que los -caballos tenían nombres como personas. - -Tan amaestrados estaban aquellos animales, que las bridas eran -innecesarias, conservándolas únicamente como adornos, muy apreciadas -desde luego por los mismos caballos. La palabra era el medio usual -de comunicación con ellos; observándose que la libertad favorecía -el desarrollo de sus buenas condiciones, dejábanlos todo el tiempo -no requerido por la albarda ó el arnés, en libertad de cruzar á sus -anchas las magníficas praderas formadas en el suburbio, á la orilla del -Kossínites, para su recreo y alimentación. - -Á son de trompa los convocaban cuando era menester, y así para el -trabajo como para el pienso eran exactísimos. Rayaba en lo increíble -su habilidad para toda clase de juegos de circo y hasta de salón, su -bravura en los combates, su discreción en las ceremonias solemnes. -Así, el hipódromo de Abdera tanto como sus compañías de volatines; -su caballería acorazada de bronce y sus sepelios, habían alcanzado -tal renombre, que de todas partes acudía gente á admirarlos: mérito -compartido por igual entre domadores y corceles. - -Aquella educación persistente, aquel forzado despliegue de condiciones, -y para decirlo todo en una palabra, aquella _humanización_ de la raza -equina, iban engendrando un fenómeno que los bistones festejaban como -otra gloria nacional. La inteligencia de los caballos comenzaba á -desarrollarse pareja con su conciencia, produciendo cosas anormales -que daban pábulo al comentario general. - -Una yegua había exigido espejos en su pesebre, arrancándolos con los -dientes de la propia alcoba patronal y destruyendo á coces los de tres -paineles cuando no le hicieron el gusto. Concedido el capricho, daba -muestras de coquetería perfectamente visible. - -Balios, el más bello potro de la comarca, un blanco elegante y -sentimental que tenía dos campañas militares y manifestaba regocijo -ante el recitado de hexámetros heroicos, acababa de morir de amor por -una dama. Era la mujer de un general, dueño del enamorado bruto, y por -cierto no ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba su vanidad, -siendo esto muy natural por otra parte en la ecuestre metrópoli. - -Señalábase igualmente casos de infanticidio, que aumentando en forma -alarmante, fué necesario corregir con la presencia de viejas mulas -adoptivas; un gusto creciente por el pescado y por el cáñamo cuyas -plantaciones saqueaban los animales; y varias rebeliones aisladas que -hubo de corregirse, siendo insuficiente el látigo, por medio del hierro -candente. Esto último fué en aumento, pues el instinto de rebelión -progresaba á pesar de todo. - -Los bistones, más encantados cada vez con sus caballos, no paraban -mientes en eso. Otros hechos más significativos produjerónse de allí á -poco. Dos ó tres atalajes habían hecho causa común contra un carretero -que azotaba su yegua rebelde. Los caballos resistíanse cada vez más al -enganche y al yugo, de tal modo que empezó á preferirse el asno. Había -animales que no aceptaban determinado apero; mas como pertenecían á los -ricos, se defería á su rebelión comentándola mimosamente á título de -capricho. - -Un día los caballos no vinieron al son de la trompa, y fué menester -constreñirlos por la fuerza; pero los subsiguientes, no se reprodujo la -rebelión. - -Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea cubrió la playa de -pescado muerto como solía suceder. Los caballos se hartaron de eso, y -se los vió regresar al campo suburbano con lentitud sombría. - -Medianoche era cuando estalló el singular conflicto. - -De pronto un trueno sordo y persistente conmovió el ámbito de la -ciudad. Era que todos los caballos se habían puesto en movimiento á la -vez para asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al principio -en la sombra de la noche y la sorpresa de lo inesperado. - -Como las praderas de pastoreo quedaban entre las murallas, nada pudo -contener la agresión; y añadido á esto el conocimiento minucioso que -los animales tenían de los domicilios, ambas cosas acrecentaron la -catástrofe. - -Noche memorable entre todas, sus horrores sólo aparecieron cuando el -día vino á ponerlos en evidencia, multiplicándolos aún. - -Las puertas reventadas á coces yacían por el suelo, dando paso á -feroces manadas que se sucedían casi sin interrupción. Había corrido -sangre, pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el casco y los -dientes de la banda en cuyas filas causaron estragos también las armas -humanas. - -Conmovida de tropeles, la ciudad obscurecíase con la polvareda que -engendraban; y un extraño tumulto formado por gritos de cólera ó de -dolor, relinchos variados como palabras á los cuales mezclábase uno -que otro doloroso rebuzno, y estampidos de coces sobre las puertas -atacadas, unía su espanto al pavor visible de la catástrofe. Una -especie de terremoto incesante hacía vibrar el suelo con el trote de la -masa rebelde, exaltado á ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos -tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo saqueado todos los -plantíos de cáñamo, y hasta algunas bodegas que codiciaban aquellos -corceles pervertidos por los refinamientos de la mesa, grupos de -animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. Y por el lado del -mar era imposible huir. Los caballos, conociendo la misión de las -naves, cerraban el acceso del puerto. - -Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase á organizar en ella -la resistencia. Por lo pronto se cubría de dardos á todo caballo que -cruzaba por allí, y cuando caía cerca era arrastrado al interior como -vitualla. - -Entre los vecinos refugiados circulaban los más extraños rumores. -El primer ataque no fué sino un saqueo. Derribadas las puertas, -las manadas introducíanse en las habitaciones, atentas sólo á las -colgaduras suntuosas con que intentaban revestirse, á las joyas y -objetos brillantes. La oposición á sus designios fué lo que suscitó su -furia. - -Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres asaltadas y aplastadas -en sus propios lechos con ímpetu bestial; y hasta se señalaba una -noble doncella que sollozando narraba entre dos crisis su percance: el -despertar en la alcoba á la media luz de la lámpara, rozados sus labios -por la innoble jeta de un potro negro que respingaba de placer el belfo -enseñando su dentadura asquerosa; su grito de pavor ante aquella bestia -convertida en fiera, con el resplandor humano y malévolo de sus ojos -incendiados de lubricidad; el mar de sangre con que la inundara al caer -atravesado por la espada de un servidor... - -Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas se habían divertido -con saña femenil, despachurrando á mordiscos las víctimas. Los asnos -habían sido exterminados, y las mulas subleváronse también, pero con -torpeza inconsciente, destruyendo por destruir, y particularmente -encarnizadas contra los perros. - -El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo la ciudad, y el -fragor de los derrumbes iba aumentando. Era urgente organizar una -salida, por más que el número y la fuerza de los asaltantes la hiciera -singularmente peligrosa, si no se quería abandonar la ciudad á la más -insensata destrucción. - -Los hombres empezaron á armarse; mas pasado el primer momento de -licencia, los caballos habíanse decidido á atacar también. - -Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la fortaleza distinguían -el terrible ejército que se congregaba, no sin trabajo, en el -hipódromo. Aquello tardó varias horas, pues cuando todo parecía -dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos relinchos cuya causa era -imposible discernir, desordenaban profundamente las filas. El sol -declinaba ya, cuando se produjo la primera carga. No fué, si se permite -la frase, más que una demostración, pues los animales se limitaron á -pasar corriendo frente á la fortaleza. En cambio quedaron acribillados -por las saetas de los defensores. - -Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse otra vez, y -su choque contra las defensas fué formidable. La fortaleza retumbó -entera bajo aquella tempestad de cascos, y sus recias murallas dóricas -quedaron, á decir verdad, profundamente trabajadas. - -Sobrevino un rechazo, al cual sucedió muy luego un nuevo ataque. - -Los que demolían eran caballos y mulos herrados que caían á docenas; -pero sus filas cerrábanse con encarnizamiento furioso, sin que la masa -pareciera disminuir. Lo peor era que algunos habían conseguido vestir -sus bardas de combate en cuya malla de acero se embotaban los dardos. -Otros llevaban jirones de tela vistosa, otros collares; y pueriles en -su mismo furor, ensayaban inesperados retozos. - -De las murallas los conocían. ¡Dinos, Aethon, Ameteo, Xanthos! Y ellos -saludaban, relinchaban gozosamente, enarcaban la cola, cargando en -seguida con fogosos respingos. Uno, un jefe ciertamente, irguióse -sobre sus corvejones, caminó así un trecho manoteando gallardamente -al aire como si danzara un marcial balisteo, contorneando el cuello -con serpentina elegancia, hasta que un dardo se le clavó en medio del -pecho... - -Entretanto, el ataque iba triunfando. Las murallas empezaban á ceder. - -Súbitamente una alarma paralizó á las bestias. Unas sobre otras, -apoyándose en ancas y lomos, alargaron sus cuellos hacia la alameda que -bordeaba la margen del Kossinites; y los defensores volviéndose hacia -la misma dirección, contemplaron un tremendo espectáculo. - -Dominando la arboleda negra, espantosa sobre el cielo de la tarde, una -colosal cabeza de león miraba hacia la ciudad. Era una de esas fieras -antediluvianas cuyos ejemplares, cada vez más raros, devastaban de -tiempo en tiempo los montes Ródopes. Mas nunca se había visto nada -tan monstruoso, pues aquella cabeza dominaba los más altos árboles, -mezclando á las hojas teñidas de crepúsculo las greñas de su melena. - -Brillaban claramente sus enormes colmillos, percibíase sus ojos -fruncidos ante la luz, llegaba en el hálito de la brisa su olor bravío. -Inmóvil entre la palpitación del follaje, herrumbrada por el sol casi -hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase ante el horizonte como -uno de esos bloques en que el pelasgo, contemporáneo de las montañas, -esculpió sus bárbaras divinidades. - -Y de repente empezó á andar, lento como el océano. Oíase el rumor de la -fronda que su pecho apartaba, su aliento de fragua que iba sin duda á -estremecer la ciudad cambiándose en rugido. - -Á pesar de su fuerza prodigiosa y de su número, los caballos sublevados -no resistieron semejante aproximación. Un sólo ímpetu los arrastró por -la playa, en dirección á la Macedonia, levantando un verdadero huracán -de arena y de espuma, pues no pocos disparábanse á través de las olas. - -En la fortaleza reinaba el pánico. ¿Qué podrían contra semejante -enemigo? ¿Qué gozne de bronce resistiría á sus mandíbulas? ¿Qué muro á -sus garras?... - -Comenzaban ya á preferir el pasado riesgo (al fin era una lucha contra -bestias civilizadas) sin alientos ni para enflechar sus arcos, cuando -el monstruo salió de la alameda. - -No fué un rugido lo que brotó de sus fauces, sino un grito de guerra -humano--el bélico _¡alalé!_ de los combates, al que respondieron con -regocijo triunfal los _hoyohei_ y los _hoyotoho_ de la fortaleza. - -¡Glorioso prodigio! - -Bajo la cabeza del felino, irradiaba luz superior el rostro de un -numen; y mezclados soberbiamente con la flava piel, resaltaban su pecho -marmóreo, sus brazos de encina, sus muslos estupendos. - -Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento, de orgullo, -llenó la tarde: - ---¡Hércules, es Hércules que llega! - - - - - VIOLA ACHERONTIA - - - VIOLA ACHERONTIA - - -Lo que deseaba aquel extraño jardinero, era crear la flor de la muerte. -Sus tentativas remontaban á diez años, con éxito negativo siempre, -porque considerando al vegetal sin alma, ateníase exclusivamente á -la plástica. Injertos, combinaciones, de todo había ensayado. La -producción de la rosa negra ocupóle un tiempo; pero nada sacó de -sus investigaciones. Después le interesaron las pasionarias y los -tulipanes, con el único resultado de dos ó tres ejemplares monstruosos, -hasta que Bernardin de Saint-Pierre le puso en el buen camino, -enseñándole cómo puede haber analogías entre la flor y la mujer -encinta, supuestas ambas capaces de recibir por “antojo” imágenes de -los objetos deseados. - -Aceptar este audaz postulado, equivalía á suponer en la planta un -mental suficientemente elevado para recibir, concretar y conservar una -impresión; en una palabra, para sugestionarse con intensidad parecida -á la de un organismo inferior. Esto era, precisamente, lo que había -llegado á comprobar nuestro jardinero. - -Según él, la marcha de los vástagos en las enredaderas, obedecía á una -deliberación seguida por resoluciones que daban origen á una serie de -tanteos. De aquí las curvas y acodamientos, caprichosos al parecer, las -diversas orientaciones y adaptaciones á diferentes planos, que ejecutan -las guías, los gajos, las raíces. Un sencillo sistema nervioso presidía -esas obscuras funciones. Había también en cada planta su bulbo cerebral -y su corazón rudimentario, situados respectivamente en el cuello de -la raíz y en el tronco. La semilla, es decir el ser resumido para la -procreación, lo dejaba ver con toda claridad. El embrión de una nuez -tiene la misma forma del corazón, siendo asaz parecida al cerebro la -de los cotiledones. Las dos hojas rudimentarias que salen de dicho -embrión, recuerdan con bastante claridad dos ramas bronquiales cuyo -oficio desempeñan en la germinación. - -Las analogías morfológicas, suponen casi siempre otras de fondo; -y por esto la sugestión ejerce una influencia más vasta de lo que -se cree sobre la forma de los seres. Algunos clarovidentes de la -historia natural, como Michelet y Fries, presintieron esta verdad que -la experiencia va confirmando. El mundo de los insectos, pruébalo -enteramente. Los pájaros ostentan colores más brillantes en los países -cuyo cielo es siempre puro (Gould). Los gatos blancos y de ojos azules, -son comúnmente sordos (Darwin). Hay peces que llevan fotografiadas en -la gelatina de su dorso, las olas del mar (Strindberg). El girasol mira -constantemente al astro del día, y reproduce con fidelidad su núcleo, -sus rayos y sus manchas (Saint-Pierre). - -He aquí un punto de partida. Bacon en su _Novum organum_ establece que -el canelero y otros odoríferos colocados cerca de lugares fétidos, -retienen obstinadamente el aroma, rehusando su emisión, para impedir -que se mezcle con las exhalaciones hediondas... - -Lo que ensayaba el extraordinario jardinero con quien iba á verme, era -una sugestión sobre las violetas. Habíalas encontrado singularmente -nerviosas, lo cual demuestra, agregaba, la afección y el horror siempre -exagerados que les profesan las histéricas, y quería llegar á hacerlas -emitir un tósigo mortal sin olor alguno; una ponzoña fulminante é -imperceptible. Qué se proponía con ello, si no era puramente una -extravagancia, permaneció siempre misterioso para mí. - -Encontré un anciano de porte sencillo, que me recibió con cortesías -casi humildes. Estaba enterado de mis pretensiones, por lo cual -entablamos acto continuo la conversación sobre el tema que nos acercaba. - -Quería sus flores como un padre, manifestando fanática adoración -por ellas. Las hipótesis y datos consignados más arriba, fueron la -introducción de nuestro diálogo; y como el hombre hallara en mí un -conocedor, se encontró más á sus anchas. - -Después de haberme expuesto sus teorías con rara precisión, me invitó á -conocer sus violetas. - ---He procurado, decía mientras íbamos, llevarlas á la producción del -veneno que deben exhalar, por una evolución de su propia naturaleza; y -aunque el resultado ha sido otro, él comporta una verdadera maravilla; -sin contar con que no desespero de obtener la exhalación mortífera. -Pero ya hemos llegado; véalas usted. - -Estaban al extremo del jardín, en una especie de plazoleta rodeada de -plantas extrañas. Entre las hojas habituales, sobresalían sus corolas -que al pronto tomé por pensamientos, pues eran negras. - ---¡Violetas negras! exclamé. - ---Sí, pues; había que empezar por el color, para que _la idea_ fúnebre -se grabara mejor en ellas. El negro es, salvo alguna fantasía china, el -color natural del luto, puesto que lo es de la noche--vale decir de la -tristeza, de la diminución vital y del sueño, hermano de la muerte. -Además estas flores no tienen perfume, conforme á mi propósito, y éste -es otro resultado producido por un efecto de correlación. El color -negro parece ser, en efecto, adverso al perfume; y así tiene usted que -sobre mil ciento noventa y tres especies de flores blancas, hay ciento -setenta y cinco perfumadas y doce fétidas; mientras que sobre dieciocho -especies de flores negras, hay diecisiete inodoras y una fétida. Pero -esto no es lo interesante del asunto. Lo maravilloso está en otro -detalle, que requiere, desgraciadamente, una larga explicación... - ---No tema usted, respondí; mis deseos de aprender son todavía mayores -que mi curiosidad. - ---Oiga usted, entonces, cómo he procedido. - -Primeramente, debí proporcionar á mis flores un medio favorable para el -desarrollo de la idea fúnebre; luego, sugerirles esta idea por medio de -una sucesión de fenómenos; después poner su sistema nervioso en estado -de recibir la imagen y fijarla; por último llegar á la producción -del veneno, combinando en su ambiente y en su savia diversos tósigos -vegetales. La herencia se encargaría del resto. - -Las violetas que usted ve, pertenecen á una familia cultivada bajo ese -régimen durante diez años. Algunos cruzamientos, indispensables para -prevenir la degeneración, han debido retardar un tanto el éxito final -de mi tentativa. Y digo éxito final, porque conseguir la violeta negra -é inodora, es ya un resultado. - -Sin embargo, ello no es difícil: se reduce á una serie de -manipulaciones en las que entra por base el carbono con el objeto -de obtener una variedad de anilina. Suprimo el detalle de las -investigaciones á que debí entregarme sobre las toluidinas y los -xilenos, cuyas enormes series me llevarían muy lejos, vendiendo por -otra parte mi secreto. Puedo darle, no obstante, un indicio: el origen -de los colores que llamamos anilinas, es una combinación de hidrógeno -y carbono; el trabajo químico posterior, se reduce á fijar oxígeno -y nitrógeno, produciendo los álcalis artificiales cuyo tipo es la -anilina, y obteniendo derivados después. Algo semejante he hecho yo. -Usted sabe que la clorofila es muy sensible, y á esto se debe más de -un resultado sorprendente. Exponiendo matas de hiedra á la luz solar, -en un sitio donde ésta entraba por aberturas romboidales solamente, he -llegado á alterar la forma de su hoja, tan persistente sin embargo, que -es el tipo geométrico de la curva cisoides; y luego, es fácil observar -que las hierbas rastreras de un bosque, se desarrollan imitando los -arabescos de la luz á través del ramaje... - -Llegamos ahora al procedimiento capital. La sugestión que ensayo sobre -mis flores es muy difícil de efectuar, pues las plantas tienen su -cerebro debajo de tierra; son seres invertidos. Por esto me he fijado -más en la influencia del medio como elemento fundamental. Obtenido el -color negro de las violetas, estaba conseguida la primera nota fúnebre. -Planté luego en torno, los vegetales que usted ve: estramonio, jazmín y -belladona. Mis violetas quedaban, así, sometidas á influencias química -y fisiológicamente fúnebres. La solarina es, en efecto, un veneno -narcótico; así como la daturina contiene hioscyamina y atropina, dos -alcaloides dilatadores de la pupila que producen la megalopsia, ó sea -el agrandamiento de los objetos. Tenía, pues, los elementos del sueño -y de la alucinación, es decir, dos productores de pesadillas; de modo -que á los efectos específicos del color negro, del sueño y de las -alucinaciones, se unía el miedo. Debo añadirle que para redoblar las -impresiones alucinantes, planté además el beleño, cuyo veneno radical -es precisamente la hioscyamina. - ---¿Y de qué sirve, puesto que la flor no tiene ojos? pregunté. - ---Ah, señor; no se ve únicamente con los ojos, replicó el anciano. Los -sonámbulos ven con los dedos de la mano y con la planta de los pies. -No olvide usted que aquí se trata de una sugestión. - -Mis labios rebosaban de objeciones; pero callé, por ver hasta dónde iba -á llevarnos el desarrollo de tan singular teoría. - ---La solanina y la daturina, prosiguió mi interlocutor, se aproximan -mucho á los venenos cadavéricos--ptomaínas y leucomainas--que exhalan -olores de jazmín y de rosa. Si la belladonna y el estramonio me dan -aquellos cuerpos, el olor está suministrado por el jazminero y por ese -rosal cuyo perfume aumento, conforme á una observación de de Candolle, -sembrando cebollas en sus cercanías. El cultivo de las rosas está ahora -muy adelantado, pues los injertos han hecho prodigios; en tiempo de -Shakespeare se injertó recién las primeras rosas en Inglaterra... - -Aquel recuerdo que tendía á halagar visiblemente mis inclinaciones -literarias, me conmovió. - ---Permítame, dije, que admire de paso su memoria verdaderamente juvenil. - ---Para extremar aún la influencia sobre mis flores, continuó él -sonriendo vagamente, he mezclado á los narcóticos plantas cadavéricas. -Algunos arum y orchis, una stapelia aquí y allá, pues sus olores -y colores recuerdan los de la carne corrompida. Las violetas -sobrexcitadas por su excitación amorosa natural, dado que la flor -es un órgano de reproducción, aspiran el perfume de los venenos -cadavéricos añadido al olor del cadáver mismo; sufren la influencia -soporífica de los narcóticos que las predisponen á la hipnosis, y la -megalopsia alucinante de los venenos dilatadores de la pupila. La -sugestión fúnebre comienza así á efectuarse con toda intensidad; pero -todavía aumento la sensibilidad anormal en que la flor se encuentra por -la inmediación de esas potencias vegetales, aproximándole de tiempo en -tiempo una mata de valeriana y de espuelas de caballero cuyo cianuro -la irrita notablemente. El etileno de la rosa colabora también en este -sentido. - -Llegamos ahora al punto culminante del experimento, pero antes deseo -hacerle esta advertencia: el _¡ay!_ humano es un grito de la naturaleza. - -Al oir este brusco aparte, la locura de mi personaje se me presentó -evidente; pero él, sin darme tiempo á pensarlo bien siquiera, prosiguió: - ---El ¡ay! es, en efecto, una interjección de todos los tiempos. El -hombre se ha quejado siempre lo mismo. Pero lo curioso es que entre los -animales sucede también así. Desde el perro, un vertebrado superior, -hasta la esfinge calavera, una mariposa, el ¡ay! es una manifestación -de dolor y de miedo. Precisamente el extraño insecto que acabo de -nombrar, y cuyo nombre proviene de que lleva dibujada una calavera -en el coselete, recuerda bien la fauna lúgubre en la cual el ¡ay! es -común. Fuera inútil recordar á los búhos; pero sí debe mencionarse á -ese extraviado de las selvas primitivas, el perezoso, que parece llevar -el dolor de su decadencia en el ¡ay! específico al cual debe uno de sus -nombres... - -Y bien; exasperado por mis diez años de esfuerzos, decidí realizar ante -las flores escenas crueles que las impresionaran más aún, sin éxito -también; hasta que un día... - -...Pero aproxímese, juzgue por usted mismo. - -Su cara tocaba las negras flores, y casi obligado hice lo propio. -Entonces--cosa inaudita--me pareció percibir débiles quejidos. Pronto -hube de convencerme. Aquellas flores se quejaban en efecto, y de sus -corolas obscuras, surgía una pululación de pequeños ayes muy semejantes -á los de un niño. La sugestión habíase operado en forma completamente -imprevista, y aquellas flores, durante toda su breve existencia, no -hacían sino llorar. - -Mi estupefacción había llegado al colmo, cuando de repente una idea -terrible me asaltó. Recordé que al decir de las leyendas de hechicería, -la mandrágora llora también cuando se la ha regado con la sangre de -un niño; y con una sospecha que me hizo palidecer horriblemente, me -incorporé. - ---Como las mandrágoras, dije. - ---Como las mandrágoras, repitió él palideciendo aún más que yo. - -Y nunca hemos vuelto á vernos. Pero mi convicción de ahora es que -se trata de un verdadero bandido, de un perfecto hechicero de otros -tiempos, con sus venenos y sus flores de crimen. ¿Llegará á producir la -violeta mortífera que se propone? ¿Debo entregar su nombre maldito á la -publicidad?... - - - - -YZUR - - -YZUR - - -Compré el mono en el remate de un circo que había quebrado. - -La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia á cuyo relato -están dedicadas estas líneas, fué una tarde, leyendo no sé dónde, que -los naturales de Java atribuían la falta de lenguaje articulado en los -monos á la abstención, no á la incapacidad. “No hablan, decían, para -que no los hagan trabajar.” - -Semejante idea, nada profunda al principio, acabó por preocuparme hasta -convertirse en este postulado antropológico: - -Los monos fueron hombres que por una ú otra razón dejaron de hablar. El -hecho produjo la atrofia de sus órganos de fonación y de los centros -cerebrales del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla la relación -entre unos y otros, fijando el idioma de la especie en el grito -inarticulado, y el humano primitivo descendió á ser animal. - -Claro es que si llegara á demostrarse esto quedarían explicadas desde -luego todas las anomalías que hacen del mono un ser tan singular; -pero esto no tendría sino una demostración posible: volver el mono al -lenguaje. - -Entre tanto había corrido el mundo con el mío, vinculándolo cada vez -más por medio de peripecias y aventuras. En Europa llamó la atención, y -de haberlo querido, llego á darle la celebridad de un Cónsul; pero mi -seriedad de hombre de negocios, mal se avenía con tales payasadas. - -Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los monos, agoté toda la -bibliografía concerniente al problema, sin ningún resultado apreciable. -Sabía únicamente, con entera seguridad, _que no hay ninguna razón -científica para que el mono no hable_. Esto llevaba cinco años de -meditaciones. - -Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir, pues lo ignoraba -igualmente su anterior patrón) Yzur era ciertamente un animal notable. -La educación del circo, bien que reducida casi enteramente al -mimetismo, había desarrollado mucho sus facultades; y esto era lo que -me incitaba más á ensayar sobre él mi en apariencia disparatada teoría. - -Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur lo era) es entre los -monos el mejor provisto de cerebro y uno de los más dóciles, lo cual -aumentaba mis probabilidades. Cada vez que lo veía avanzar en dos -pies, con las manos á la espalda para conservar el equilibrio, y su -aspecto de marinero borracho, la convicción de su humanidad detenida se -vigorizaba en mí. - -No hay á la verdad razón alguna para que el mono no articule -absolutamente. Su lenguaje natural, es decir, el conjunto de gritos -con que se comunica á sus semejantes, es asaz variado; su laringe, -por más distinta que resulte de la humana, nunca lo es tanto como la -del loro, que habla sin embargo; y en cuanto á su cerebro, fuera de -que la comparación con el de este último animal desvanece toda duda, -basta recordar que el del idiota es también rudimentario, á pesar de -lo cual hay cretinos que pronuncian algunas palabras. Por lo que hace -á la circunvolución de Broca, depende, es claro, del desarrollo total -del cerebro; fuera de que no está probado que ella sea _fatalmente_ el -sitio de localización del lenguaje. Si es el caso de localización mejor -establecido en anatomía, los hechos contradictorios son desde luego -incontestables. - -Felizmente los monos tienen, entre sus muchas malas condiciones, el -gusto por aprender, como lo demuestra su tendencia imitativa; la -memoria feliz, la reflexión que llega hasta una profunda facultad de -disimulo, y la atención comparativamente más desarrollada que en el -niño. Es, pues, un sujeto pedagógico de los más favorables. - -El mío era joven además, y es sabido que la juventud constituye -la época más intelectual del mono, parecido en esto al negro. La -dificultad estribaba solamente en el método que se emplearía para -comunicarle la palabra. - -Conocía todas las infructuosas tentativas de mis antecesores; y está de -más decir, que ante la competencia de algunos de ellos y la nulidad de -todos sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una vez, cuando el -tanto pensar sobre aquel tema, fué llevándome á esta conclusión: - -_Lo primero consiste en desarrollar el aparato de fonación del mono._ - -Así es, en efecto, cómo se procede con los sordomudos antes de -llevarlos á la articulación; y no bien hube reflexionado sobre esto, -cuando las analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon en mi -espíritu. - -Primero de todo, su extraordinaria movilidad mímica que compensa -al lenguaje articulado, demostrando que no por dejar de hablar -se deja de pensar, así haya diminución de esta facultad por la -paralización de aquélla. Después otros caracteres más peculiares por -ser más específicos: la diligencia en el trabajo, la fidelidad, el -coraje, aumentados hasta la certidumbre por estas dos condiciones -cuya comunidad es verdaderamente reveladora: la facilidad para los -ejercicios de equilibrio y la resistencia al mareo. - -Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera gimnasia de -los labios y de la lengua de mi mono, tratándolo en esto como á un -sordomudo. En lo restante, me favorecería el oído para establecer -comunicaciones directas de palabra, sin necesidad de apelar al tacto. -El lector verá que en esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo. - -Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes monos el que tiene -labios más movibles; y en el caso particular, habiendo padecido Yzur de -anginas, sabía abrir la boca para que se la examinaran. - -La primera inspección confirmó en parte mis sospechas. La lengua -permanecía en el fondo de su boca, como una masa inerte, sin otros -movimientos que los de la deglución. La gimnasia produjo luego su -efecto, pues á los dos meses ya sabía sacar la lengua para burlar. Ésta -fué la primera relación que conoció entre el movimiento de su lengua y -una idea; una relación perfectamente acorde con su naturaleza, por otra -parte. - -Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo que estirárselos con -pinzas; pero apreciaba--quizá por mi expresión--la importancia de -aquella tarea anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba -los movimientos labiales que debía imitar, permanecía sentado, -rascándose la grupa con su brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una -concentración dubitativa, ó alisándose las patillas con todo el aire de -un hombre que armoniza sus ideas por medio de ademanes rítmicos. Al fin -aprendió á mover los labios. - -Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil, como lo prueban -los largos balbuceos del niño, que lo llevan, paralelamente con su -desarrollo intelectual, á la adquisición del hábito. Está demostrado, -en efecto, que el centro propio de las inervaciones vocales, se halla -asociado con el de la palabra en forma tal, que el desarrollo normal de -ambos, depende de su ejercicio armónico; y esto ya lo había presentido -en 1785 Heinicke, el inventor del método oral para la enseñanza de -los sordomudos, como una consecuencia filosófica. Hablaba de una -“concatenación dinámica de las ideas”, frase cuya profunda claridad -honraría á más de un psicólogo contemporáneo. - -Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la misma situación del -niño que antes de hablar entiende ya muchas palabras; pero era mucho -más apto para asociar los juicios que debía poseer sobre las cosas, -por su mayor experiencia de la vida. - -Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión, sino también -inquisitivos y disquisitivos, á juzgar por el carácter diferencial que -asumían, lo cual supone un raciocinio abstracto, le daban un grado -superior de inteligencia muy favorable por cierto á mi propósito. - -Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta con reflexionar que el -silogismo, ó sea el argumento lógico fundamental, no es extraño á la -mente de muchos animales. Como que el silogismo es originariamente una -comparación entre dos sensaciones. Si no, ¿por qué los animales, que -conocen al hombre huyen de él, y no los que nunca le conocieron?... - -Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur. - -Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, para llevarlo -progresivamente á la palabra sensata. - -Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando esto de ventaja al -sordomudo, con más ciertas articulaciones rudimentarias,--tratábase de -enseñarle las modificaciones de aquélla, que constituyen los fonemas y -su articulación, llamada por los maestros estática ó dinámica, según -que se refiera á las vocales ó á las consonantes. - -Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto un método empleado -por Heinicke con los sordomudos, decidí asociar cada vocal con una -golosina: _a_ con papa; _e_ con leche; _i_ con vino; _o_ con coco; _u_ -con azúcar--haciendo de modo que la vocal estuviese contenida en el -nombre de la golosina, ora con dominio único y repetido como en _papa_, -_coco_, _leche_, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, es -decir como sonido fundamental: _vino, azúcar_. - -Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, ó sea los sonidos -que se forma con la boca abierta. Yzur los aprendió en quince días. -Sólo que á veces, el aire contenido en sus abazones les daba una -rotundidad de trueno. La _u_ fué lo que más le costó pronunciar. - -Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, y á poco hube de -comprender que nunca llegaría á pronunciar aquéllas en cuya formación -entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos y sus abazones, -lo estorbaban enteramente. - -El vocabulario quedaba reducido, entonces, á las cinco vocales; la -_b_, la _k_, la _m_, la _g_, la _f_ y la _c_, es decir todas aquellas -consonantes en cuya formación no intervienen sino el paladar y la -lengua. - -Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir al tacto como con -un sordomudo, apoyando su mano en mi pecho y luego en el suyo para que -sintiera las vibraciones del sonido. - -Y pasaron tres años, sin conseguir que formara palabra alguna. Tendía -á dar á las cosas, como nombre propio, el de la letra cuyo sonido -predominaba en ellas. Esto era todo. - -En el circo había aprendido á ladrar, como los perros sus compañeros -de tareas; y cuando me veía desesperar ante las vanas tentativas para -arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como dándome todo lo que -sabía. Pronunciaba aisladamente las vocales y consonantes, pero no -podía asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición vertiginosa -de _pes_ y de _emes_. - -Por despacio que fuera, se había operado un gran cambio en su carácter. -Tenía menos movilidad en las facciones, la mirada más profunda, y -adoptaba posturas meditativas. Había adquirido, por ejemplo, la -costumbre de contemplar las estrellas. Su sensibilidad se desarrollaba -igualmente; íbasele notando una gran facilidad de lágrimas. - -Las lecciones continuaban con inquebrantable tesón, aunque sin mayor -éxito. Aquello había llegado á convertirse en una obsesión dolorosa, -y poco á poco sentíame inclinado á emplear la fuerza. Mi carácter iba -agriándose con el fracaso, hasta asumir una sorda animosidad contra -Yzur. Éste se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo -rebelde, y empezaba á convencerme de que nunca lo sacaría de allí, -cuando supe de golpe que no hablaba porque no quería. - -El cocinero, horrorizado, vino á decirme una noche que había -sorprendido al mono “hablando verdaderas palabras”. Estaba, según su -narración, acurrucado junto á una higuera de la huerta; pero el terror -le impedía recordar lo esencial de esto, es decir, las palabras. Sólo -creía retener dos: _cama_ y _pipa_. Casi le doy de puntapiés por su -imbecilidad. - -No necesito decir que pasé la noche poseído de una gran emoción; y lo -que en tres años no había cometido, el error que todo lo echó á perder, -provino del enervamiento de aquel desvelo, tanto como de mi excesiva -curiosidad. - -En vez de dejar que el mono llegara naturalmente á la manifestación del -lenguaje, llaméle al día siguiente y procuré imponérsela por obediencia. - -No conseguí sino las _pes_ y las _emes_ con que me tenía harto, las -guiñadas hipócritas y--Dios me perdone--una cierta vislumbre de ironía -en la azogada ubicuidad de sus muecas. - -Me encolericé, y sin consideración alguna, le di de azotes. Lo único -que logré fué su llanto y un silencio absoluto que excluía hasta los -gemidos. - -Á los tres días cayó enfermo, en una especie de sombría demencia -complicada con síntomas de meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías, -purgantes, revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia, bromuro--toda -la terapéutica del espantoso mal le fué aplicada. Luché con desesperado -brío, á impulsos de un remordimiento y de un temor. Aquél por creer á -la bestia una víctima de mi crueldad; éste por la suerte del secreto -que quizá se llevaba á la tumba. - -Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no obstante, tan débil, -que no podía moverse de la cama. La proximidad de la muerte habíalo -ennoblecido y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud, no se separaban -de mí, siguiéndome por toda la habitación como dos bolas giratorias, -aunque estuviese detrás de él; su mano buscaba las mías en una -intimidad de convalecencia. En mi gran soledad, iba adquiriendo -rápidamente la importancia de una persona. - -El demonio del análisis, que no es sino una forma del espíritu de -perversidad, impulsábame, sin embargo, á renovar mis experiencias. En -realidad el mono había hablado. Aquello no podía quedar así. - -Comencé muy despacio, pidiéndole las letras que sabía pronunciar. -¡Nada! Dejélo solo durante horas, espiándolo por un agujerillo del -tabique. ¡Nada! Habléle con oraciones breves, procurando tocar su -fidelidad ó su glotonería. ¡Nada! Cuando aquéllas eran patéticas, los -ojos se le hinchaban de llanto. Cuando le decía una frase habitual, -como el “yo soy tu amo” con que empezaba todas mis lecciones, ó el “tú -eres mi mono” con que completaba mi anterior afirmación, para llevar á -su espíritu la certidumbre de una verdad total, él asentía cerrando los -párpados; pero no producía un sonido, ni siquiera llegaba á mover los -labios. - -Había vuelto á la gesticulación como único medio de comunicarse -conmigo; y este detalle, unido á sus analogías con los sordomudos, -hacía redoblar mis precauciones, pues nadie ignora la gran -predisposición de estos últimos á las enfermedades mentales. Por -momentos deseaba que se volviera loco, á ver si el delirio rompía al -fin su silencio. - -Su convalecencia seguía estacionaria. La misma flacura, la misma -tristeza. Era evidente que estaba enfermo de inteligencia y de dolor. -Su unidad orgánica habíase roto al impulso de una cerebración anormal, -y día más, día menos, aquél era caso perdido. - -Mas, á pesar de la mansedumbre que el progreso de la enfermedad -aumentaba en él, su silencio, aquel desesperante silencio provocado -por mi exasperación, no cedía. Desde un obscuro fondo de tradición -petrificada en instinto, la raza imponía su milenario mutismo al -animal, fortaleciéndose de voluntad atávica en las raíces mismas de su -ser. Los antiguos hombres de la selva, que forzó al silencio, es decir, -al suicidio intelectual, quién sabe qué bárbara injusticia, mantenían -su secreto formado por misterios de bosque y abismos de prehistoria, en -aquella decisión ya inconsciente, pero formidable con la inmensidad de -su tiempo. - -Infortunios del antropoide retrasado en la evolución cuya delantera -tomaba el humano con un despotismo de sombría barbarie, habían, sin -duda, destronado á las grandes familias cuadrumanas del dominio arbóreo -de sus primitivos edenes, raleando sus filas, cautivando sus hembras -para organizar la esclavitud desde el propio vientre materno, hasta -infundir á su impotencia de vencidas el acto de dignidad mortal que -las llevaba á romper con el enemigo el vínculo superior también, pero -infausto de la palabra, refugiándose como salvación suprema en la noche -de la animalidad. - -Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían cometido los -vencedores con la semibestia en trance de evolución, para que ésta, -después de haber gustado el encanto intelectual que es el fruto -paradisíaco de las biblias, se resignara á aquella claudicación -de su extirpe en la degradante igualdad de los inferiores; á aquel -retroceso que cristalizaba por siempre su inteligencia en los gestos -de un automatismo de acróbata; á aquella gran cobardía de la vida que -encorvaría eternamente, como en distintivo bestial, sus espaldas de -dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento que permanece en el -fondo de su caricatura. - -He aquí lo que al borde mismo del éxito, había despertado mi malhumor -en el fondo del limbo atávico. Á través del millón de años, la palabra, -con su conjuro, removía la antigua alma simiana; pero contra esa -tentación que iba á violar las tinieblas de la animalidad protectora, -la memoria ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo -horror, oponía también edad sobre edad como una muralla. - -Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento. Una dulce agonía á -ojos cerrados, con respiración débil, pulso vago, quietud absoluta, -que sólo interrumpía para volver de cuando en cuando hacia mí, con una -desgarradora expresión de eternidad, su cara de viejo mulato triste. -Y la última tarde, la tarde de su muerte, fué cuando ocurrió la cosa -extraordinaria que me ha decidido á emprender esta narración. - -Habíame dormitado á su cabecera, vencido por el calor y la quietud del -crepúsculo que empezaba, cuando sentí de pronto que me asían por la -muñeca. - -Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos muy abiertos, se moría -definitivamente aquella vez, y su expresión era tan humana, que -me infundió horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con tanta -elocuencia hacia él, que hube de inclinarme inmediato á su rostro; -y entonces, con su último suspiro, el último suspiro que coronaba y -desvanecía á la vez mi esperanza, brotaron--estoy seguro--brotaron en -un murmullo (¿cómo explicar el tono de una voz que ha permanecido sin -hablar diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad reconciliaba las -especies: - ---AMO, AGUA. AMO, MI AMO... - - - - - LA ESTATUA DE SAL - - - LA ESTATUA DE SAL - - -He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera historia del monje -Sosistrato: - ---Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio de San Sabas, diga -que no conoce la desolación. Imaginaos un antiquísimo edificio situado -sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena amarillenta, se -deslizan ya casi agotadas hacia el Mar Muerto, por entre bosquecillos -de terebintos y manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no hay -más que una palmera cuya copa sobrepasa los muros del monasterio. -Una soledad infinita, sólo turbada de tarde en tarde por el paso de -algunos nómades que trasladan sus rebaños; un silencio colosal que -parece bajar de las montañas cuya eminencia amuralla el horizonte. -Cuando sopla el viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando -el viento es del lago, todas las plantas quedan cubiertas de sal. El -ocaso y la aurora se confunden en una misma tristeza. Sólo aquéllos -que deben expiar grandes crímenes, arrostran semejantes soledades. En -el convento se puede oir misa y comulgar. Los monjes que no son ya más -que cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen al peregrino -una modesta colación de dátiles fritos, uvas, agua del río y algunas -veces vino de palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las tribus -vecinas los respetan porque son buenos médicos. Cuando muere alguno, -le sepultan en las cuevas que hay debajo á la orilla del río, entre -las rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas azules, -amigas del convento; antes, hace ya muchos años, habitaron en ellas los -primeros anacoretas, uno de los cuales fué el monje Sosistrato cuya -historia he prometido contaros. Ayúdeme Nuestra Señora del Carmelo -y vosotros escuchad con atención. Lo que vais á oir, me lo refirió -palabra por palabra el hermano Porfirio, que ahora está sepultado en -una de las cuevas de San Sabas, donde acabó su santa vida á los ochenta -años en la virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su gracia. -Amén. - - * * * * * - -Sosistrato era un monje armenio, que había resuelto pasar su vida en la -soledad con varios jóvenes compañeros suyos de vida mundana, recién -convertidos á la religión del crucificado. Pertenecía, pues, á la -fuerte raza de los estilitas. Después de largo vagar por el desierto, -encontraron un día las cavernas de que os he hablado y se instalaron -en ellas. El agua del Jordán, los frutos de una pequeña hortaliza que -cultivaban en común, bastaban para llenar sus necesidades. Pasaban -los días orando y meditando. De aquellas grutas surgían columnas de -plegarias, que contenían con su esfuerzo la vacilante bóveda de los -cielos próxima á desplomarse sobre los pecados del mundo. El sacrificio -de aquellos desterrados, que ofrecían diariamente la maceración de sus -carnes y la pena de sus ayunos á la justa ira de Dios, para aplacarla, -evitaron muchas pestes, guerras y terremotos. Esto no lo saben los -impíos que ríen con ligereza de las penitencias de los cenobitas. Y sin -embargo, los sacrificios y oraciones de los justos son las claves del -techo del universo. - -Al cabo de treinta años de austeridad y silencio, Sosistrato y sus -compañeros habían alcanzado la santidad. El demonio, vencido, aullaba -de impotencia bajo el pie de los santos monjes. Éstos fueron acabando -sus vidas uno tras otro, hasta que al fin Sosistrato se quedó solo. -Estaba muy viejo, muy pequeñito. Se había vuelto casi transparente. -Oraba arrodillado quince horas diarias, y tenía revelaciones. Dos -palomas amigas, traíanle cada tarde algunos granos de granada y se los -daban á comer con el pico. Nada más que de eso vivía; en cambio olía -bien como un jazminero por la tarde. Cada año, el viernes doloroso, -encontraba al despertar, en la cabecera de su lecho de ramas, una -copa de oro llena de vino y un pan con cuyas especies comulgaba -absorbiéndose en éxtasis inefables. Jamás se le ocurrió pensar de -dónde vendría aquello, pues bien sabía que el señor Jesús puede -hacerlo. Y aguardando con unción perfecta el día de su ascención á la -bienaventuranza, continuaba soportando sus años. Desde hacía más de -cincuenta, ningún caminante había pasado por allí. - -Pero una mañana, mientras el monje rezaba con sus palomas, éstas, -asustadas de pronto, echaron á volar abandonándole. Un peregrino -acababa de llegar á la entrada de la caverna. Sosistrato, después -de saludarle con santas palabras, le invitó á reposar indicándole -un cántaro de agua fresca. El desconocido bebió con ansia como si -estuviese anonadado de fatiga; y después de consumir un puñado de -frutas secas que extrajo de su alforja, oró en compañía del monje. - -Transcurrieron siete días. El caminante refirió su peregrinación desde -Cesárea á las orillas del Mar Muerto, terminando la narración con una -historia que preocupó á Sosistrato. - ---He visto los cadáveres de las ciudades malditas, dijo una noche á su -huésped; he mirado humear el mar como una hornalla, y he contemplado -lleno de espanto á la mujer de sal, la castigada esposa de Lot. La -mujer está viva, hermano mío, y yo la he escuchado gemir y la he visto -sudar al sol del mediodía. - ---Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado _De Sodoma_, dijo en voz -baja Sosistrato. - ---Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino. Algo más definitivo -hay en él todavía; y de ello resulta que la esposa de Lot ha seguido -siendo fisiológicamente mujer. Yo he pensado que sería obra de caridad -libertarla de su condena... - ---Es la justicia de Dios, exclamó el solitario - ---¿No vino Cristo á redimir también con su sacrificio los pecados del -antiguo mundo?--replicó suavemente el viajero que parecía docto en -letras sagradas. ¿Acaso el bautismo no lava igualmente el pecado contra -la Ley que el pecado contra el Evangelio?... - -Después de estas palabras, ambos se entregaron al sueño. Fué aquélla -la última noche que pasaron juntos. Al siguiente día el desconocido -partió, llevando consigo la bendición de Sosistrato, y no necesito -deciros que, á pesar de sus buenas apariencias, aquel fingido peregrino -era Satanás en persona. - -El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación tenaz asaltó -desde aquella noche el espíritu del santo. ¡Bautizar la estatua de -sal, libertar de su suplicio aquel espíritu encadenado! La caridad lo -exigía, la razón argumentaba. En esta lacha transcurrieron meses, hasta -que por fin el monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en sueños -y le ordenó ejecutar el acto. - -Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana del cuarto, apoyándose -en su bordón de acacia, tomó, costeando el Jordán, la senda del Mar -Muerto. La jornada no era larga, pero sus piernas cansadas apenas -podían sostenerle. Así marchó durante dos días. Las fieles palomas -continuaban alimentándole como de ordinario, y él rezaba mucho, -profundamente, pues aquella resolución afligíale en extremo. Por fin, -cuando sus pies iban á faltarle, las montañas se abrieron y el lago -apareció. - -Los esqueletos de las ciudades destruidas iban poco á poco -desvaneciéndose. Algunas piedras quemadas, era todo lo que restaba ya: -trozos de arcos, hileras de adobes carcomidos por la sal y cimentados -en betún... El monje reparó apenas en semejantes restos; que procuró -evitar á fin de que sus pies no se manchasen á su contacto. De repente, -todo su viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir hacia el sud, fuera ya -de los escombros, en un recodo de las montañas desde el cual apenas se -los percibía, la silueta de la estatua. - -Bajo su manto petrificado que el tiempo había roído, era larga y -fina como un fantasma. El sol brillaba con límpida incandescencia, -calcinando las rocas, haciendo espejear la capa salobre que cubría -las hojas de los terebintos. Aquellos arbustos, bajo la reverberación -meridiana, parecían de plata. En el cielo no había una sola nube. Las -aguas amargas dormían en su característica inmovilidad. Cuando el -viento soplaba, podía escucharse en ellas, decían los peregrinos, cómo -se lamentaban los espectros de las ciudades. - -Sosistrato se aproximó á la estatua. El viajero había dicho verdad. -Una humedad tibia cubría su rostro. Aquellos ojos blancos, aquellos -labios blancos, estaban completamente inmóviles bajo la invasión de -la piedra, en el sueño de sus siglos. Ni un indicio de vida salía de -aquella roca. El sol la quemaba con tenacidad implacable, siempre igual -desde hacía miles de años, y sin embargo, ¡esa efigie estaba viva -puesto que sudaba! Semejante sueño resumía el misterio de los espantos -bíblicos. La cólera de Jehová había pasado sobre aquel ser, espantosa -amalgama de carne y de peñasco. ¿No era temeridad el intento de turbar -ese sueño? ¿No caería el pecado de la mujer maldita sobre el insensato -que procuraba redimirla? Despertar el misterio es una locura criminal, -tal vez una tentación del infierno. Sosistrato, lleno de congoja, se -arrodilló á orar en la sombra de un bosquecillo... - -Cómo se verificó el acto, no os lo voy á decir. Sabed únicamente que -cuando el agua sacramental cayó sobre la estatua, la sal se disolvió -lentamente, y á los ojos del solitario apareció una mujer, vieja como -la eternidad, envuelta en andrajos terribles, de una lividez de ceniza, -flaca y temblorosa, llena de siglos. El monje que había visto al -demonio sin miedo, sintió el pavor de aquella aparición. Era el pueblo -réprobo lo que se levantaba en ella. Esos ojos vieron la combustión de -los azufres llovidos por la cólera divina sobre la ignominia de las -ciudades; esos andrajos estaban tejidos con el pelo de los camellos -de Lot; ¡esos pies hollaron las cenizas del incendio del Eterno! Y la -espantosa mujer le habló con su voz antigua. - -Ya no recordaba nada. Sólo una vaga visión del incendio, una sensación -tenebrosa despertada á la vista de aquel mar. Su alma estaba vestida -de confusión. Había dormido mucho, un sueño negro como el sepulcro. -Sufría sin saber por qué, en aquella sumersión de pesadilla. Ese -monje acababa de salvarla. Lo sentía. Era lo único claro en su visión -reciente. Y el mar... el incendio... la catástrofe... las ciudades -ardidas... todo aquello se desvanecía en una clarovidente visión de -muerte. Iba á morir. Estaba salvada, pues. ¡Y era el monje quien la -había salvado! - -Sosistrato temblaba, formidable. Una llama roja incendiaba sus -pupilas. El pasado acababa de desvanecerse en él, como si el viento -de fuego hubiera barrido su alma. Y sólo este convencimiento ocupaba -su conciencia: _¡la mujer de Lot estaba allí!_ El sol descendía -hacia las montañas. Púrpuras de incendio manchaban el horizonte. Los -días trágicos revivían en aquel aparato de llamaradas. Era como una -resurrección del castigo, reflejándose por segunda vez sobre las aguas -del lago amargo. Sosistrato acababa de retroceder en los siglos. -Recordaba. Había sido actor en la catástrofe. Y esa mujer... ¡esa mujer -le era conocida! - -Entonces un ansia espantosa le quemó las carnes. Su lengua habló, -dirigiéndose á la espectral resucitada: - ---Mujer, respóndeme una sola palabra. - ---Habla... pregunta... - ---¿Responderás? - ---¡Sí, habla; me has salvado! - -Los ojos del anacoreta brillaron, como si en ellos se concentrase el -resplandor que incendiaba las montañas. - ---_Mujer, dime qué viste cuando tu rostro se volvió para mirar._ - -Una voz anudada de angustia, le respondió: - ---Oh, no... Por Elohim, ¡no quieras saberlo! - ---¡Dime qué viste! - ---No... no... ¡Sería el abismo! - ---Yo quiero el abismo. - ---Es la muerte... - ---¡Dime qué viste! - ---No puedo... ¡no quiero! - ---Yo te he salvado. - ---No... no.... - -El sol acababa de ponerse. - ---¡Habla! - -La mujer se aproximó. Su voz parecía cubierta de polvo; se apagaba, se -crepusculizaba, agonizando. - ---¡Por las cenizas de tus padres!... - ---¡Habla! - -Entonces aquel espectro aproximó su boca al oído del cenobita, y dijo -una palabra. Y Sosistrato, fulminado, anonadado, sin arrojar un grito, -cayó muerto. Roguemos á Dios por su alma. - - - - - EL PSYCHON - - - EL PSYCHON - - -El doctor Paulin, ventajosamente conocido en el mundo científico por el -descubrimiento del telectróscopo, el electroide y el espejo negro, de -los cuales hablaremos algún día, llegó á esta capital hará próximamente -ocho años, de incógnito, para evitar manifestaciones que su modestia -repudiaba. Nuestros médicos y hombres de ciencia leerán correctamente -el nombre del personaje, que disimuló bajo un patronímico supuesto, -tanto por carecer de autorización para publicarlo, cuanto porque el -desenlace de este relato ocasionaría polémicas, que mi ignorancia no -sabría sostener en campo científico. - -Un reumatismo vulgar, aunque rebelde á todo tratamiento, me hizo -conocer al doctor Paulin cuando todavía era aquí un forastero. Cierto -amigo, miembro de una sociedad de estudios psíquicos á quien venía -recomendado desde Australia el doctor, nos puso en relaciones. Mi -reumatismo desapareció mediante un tratamiento helioterápico original -del médico; y la gratitud hacia él, tanto como el interés que sus -experiencias me causaban, convirtió nuestra aproximación en amistad, -desarrollando un sincero afecto. - -Una ojeada preliminar sobre las mencionadas experiencias, servirá de -introducción explicativa, necesaria para la mejor comprensión de lo que -sigue. - -El doctor Paulin era, ante todo, un físico distinguido. Discípulo -de Wroblewski en la universidad de Cracovia, habíase dedicado con -preferencia al estudio de la licuación de los gases, problema que -planteado imaginativamente por Lavoisier, debía quedar resuelto luego -por Faraday, Cagniard-Latour y Thilorier. Pero no era éste el único -género de investigaciones en que sobresalía el doctor. Su profesión se -especializaba en el mal conocido terreno de la terapéutica sugestiva, -siendo digno émulo de los Charcot, los Dumontpallier, los Landolt, los -Luys; y aparte el sistema helioterápico citado más arriba, mereció ser -consultado por Guimbail y por Branly repetidas veces, sobre temas tan -delicados como la conductibilidad de los neurones, cuya ley recién -determinada entonces por ambos sabios, era el caso palpitante de la -ciencia. - -Forzoso es confesar, no obstante, que el doctor Paulin adolecía -de un defecto grave. Era espiritualista, teniendo, para mayor pena, -la franqueza de confesarlo. Siempre recordaré á este respecto el -final de una carta que dirigió en julio del 98, al profesor Elmer -Gates, de Washington, contestando otra en la cual éste le comunicaba -particularmente sus experiencias sobre la sugestión en los perros y -sobre la “dirigación”, ósea la acción modificadora ejercida por la -voluntad sobre determinadas partes del organismo. - -“Y bien, sí, decía el doctor; tenéis razón para vuestras conclusiones, -que acabo de ver publicadas junto con el relato de vuestras -experiencias, en el _New York Medical Times_. El espíritu es quien rige -los tejidos orgánicos y las funciones fisiológicas, porque es él quien -crea esos tejidos y asegura su facultad vital. Ya sabéis si me siento -inclinado á compartir vuestra opinión”, etc. - -Así, el doctor Paulin era mirado de reojo por las academias. Como á -Crookes, como á de Rochas, le aceptaban con agudas sospechas. Sólo -faltaba la estampilla materialista para que le expidieran su diploma de -sabio. - -¿Por qué estaba en Buenos Aires el doctor Paulin? Parece que á causa -de una expedición científica con la que procuraba coronar una serie -de estudios botánicos aplicados á la medicina. Algunas plantas que -por mi intermedio consiguió, entre otras la jarilla cuyas propiedades -emenagogas habíale yo descripto, dieron pie para una súplica á que su -amabilidad defirió de buen grado. Le pedí autorización para asistir á -sus experimentos, siendo testigo de ellos desde entonces. - -Tenía el doctor, en el pasaje X, un laboratorio al cual se llegaba -por la sala de consultas. Todos cuantos le conocieron, recordarán -perfectamente éste y otros detalles, pues nuestro hombre era tan sabio -como franco y no hacia misterio de su existencia. En aquel laboratorio -fué donde una noche, hablando con el doctor sobre las prescripciones -rituales que afectan á los cleros de todo el mundo, obtuve una -explicación singular de cierto hecho que me traía muy atareado. - -Comentábamos la tonsura, cuya explicación yo no hallaba, cuando el -doctor me lanzó de pronto este argumento que no pretendo discutir: - ---Sabe usted que las exhalaciones fluídicas del hombre, son percibidas -por los sensitivos en forma de resplandores, rojos los que emergen -del lado derecho, azulados los que se desprenden del izquierdo. Esta -ley es constante, excepto en los zurdos cuya polaridad se trueca, -naturalmente, lo mismo para el sensitivo que para el imán. Poco -antes de conocerle, experimentando sobre ese hecho con Antonia, -la sonámbula que nos sirvió para ensayar el electroide, me hallé en -presencia de un hecho que llamó extraordinariamente mi atención. -La sensitiva veía desprenderse de mi occipucio una llama amarilla, -que ondulaba alargándose hasta treinta centímetros de altura. La -persistencia con que la muchacha afirmaba este hecho, me llenó de -asombro. No podía siquiera presumir una sugestión involuntaria, pues -en este género de investigaciones empleo el método del doctor Luys, -hipnotizando solamente las retinas para dejar libre la facultad -racional. - -El doctor se levantó de su asiento y empezó á pasearse por la -habitación. - ---Con el interés que se explica ante un fenómeno tan inesperado, -ensayé al otro día una experiencia con cinco muchachos pagados al -efecto. Antonia no vió en ninguno la misteriosa llama, aunque sí las -aureolas ordinarias; mas cuál no sería mi sorpresa, al oírla exclamar -en presencia del portero don Francisco, usted sabe, llamado por mí como -último recurso: “El señor sí la tiene, clarita pero menos brillante”. -Cavilé dos días sobre aquel fenómeno; hasta que de pronto, por ese -hábito de no desperdiciar detalle adquirido en semejantes estudios, -me ocurrió una idea que, ligeramente ridicula primero, no tardó en -volverse aceptable. Chupó vigorosamente su cigarro y continuó: - ---Tengo la costumbre de operar llevando puesto mi fez casero; la -calvicie me obliga á esta incorrección... Cuando Antonia vió sobre mi -cabeza el fulgor amarillo, estaba sin gorro, habiéndomelo quitado por -el excesivo calor. ¿No habría sido el cabello de los muchachos lo que -impidió la emisión de la llama? Según Fugairon, la capa córnea que -constituye la epidermis, es mal conductor de la electricidad animal; de -modo que el pelo, substancia córnea también, posee idéntica propiedad. -Además, don Francisco es calvo como yo, y la coincidencia del fenómeno -en ambos, autorizaba una presunción atendible. Mis investigaciones -posteriores la confirmaron plenamente; y ahora comprenderá usted la -razón de ser de la tonsura. Los sacerdotes primitivos, observarían -sobre la cabeza de algunos apóstoles _electrógenos_, diremos, aceptando -un término de reciente creación, el resplandor que Antonia percibía en -las nuestras. El hecho, de Moisés acá, no es raro en las cronologías -legendarias. Luego se notaría el obstáculo que presentaba el cabello, -y se establecería el hábito de rapar aquel punto del cráneo por -donde surgía el fulgor, á fin de que este fenómeno, cuyo prestigio -se infiere, pudiera manifestarse con toda intensidad. ¿Le parece -convincente mi explicación? - ---Me parece, por lo menos; tan ingeniosa como la de Volney, para quien -la tonsura es el símbolo del sol... - -Tenía la costumbre de contradecirle así, indirectamente, para que -llegase hasta el fin en sus explicaciones. - ---Podría usted citar asimismo, la de Brillat-Savarin, según el cual se -ha prescripto la tonsura á los monjes para que tengan fresca la cabeza, -replicó el doctor entre picado y sonriente. - -No obstante, hay algo más, prosiguió animándose. Desde mucho tiempo -antes, proyectaba una experiencia sobre esas emanaciones fluídicas, -sobre la _lohé_, para usar la expresión de Reichenbach, su descubridor: -quería obtener el espectro de esos fulgores. Lo intenté, haciéndome -describir por la sensitiva, minuciosamente, todos los fenómenos... - ---...¿Y qué resulta? pregunté entusiasmado. - ---Resulta una raya verde en el índigo para la coloración roja, y dos -negras en el verde para la coloración azul. En cuanto á la amarilla -descubierta por mí, el resultado es extraordinario. Antonia dice ver en -el rojo una raya violeta claro. - ---¡Absurdo! - ---Lo que usted quiera; pero ya la he presentado un espectro, y ella me -ha indicado en él la posición de la raya que ve ó cree ver. Según -estos datos, y con todas las suposiciones de error posible, creo que -esa raya es la número 5567. De ser así, habría una identidad curiosa; -pues la raya 5567, coincidiría exactamente con la hermosa raya número 4 -de la aurora boreal... - ---¡Pero doctor, todo esto es fantasía pura! exclamé alarmado por -aquellas ideas vertiginosas. - ---No, amigo mío. ¡Esto significaría sencillamente que el polo es algo -así como la coronilla del planeta! - -Poco después de la conversación que he referido y cuya última frase -concluyó entre la más afable sonrisa del doctor Paulin, éste me leyó -una tarde entusiasmado, las primeras noticias sobre la licuación -del hidrógeno efectuada por Dewar en mayo de aquel año, y sobre el -descubrimiento hecho algunos días después por Travers y Ramsay, de tres -elementos nuevos en el aire: el _kryptón_, el _neón_ y el _metargón_, -aplicando precisamente el procedimiento de licuación de los gases; y á -propósito de estos hechos, recuerdo aún su frase de labor y de combate. - ---No; no es posible que yo muera sin ligar mi nombre á uno de estos -descubrimientos que son la gloria de una vida. Mañana mismo continuaré -mis experiencias. - -Desde el siguiente día, púsose á trabajaren efecto con ardor febril; y -aunque yo debía estar curado de asombro ante sus éxitos, no pude menos -de estremecerme cuando una tarde me dijo con voz tranquila: - ---¿Creerá usted que he visto con mis propios ojos _esa_ raya en el -espectro del neón? - ---¿De veras? dije con evidente descortesía. - ---De veras. Creo que la tal raya me ha puesto en buen camino. Pero á -fin de satisfacer su curiosidad, me es menester hablarle de ciertas -indagaciones que he mantenido reservadas. - -Agradecí calurosamente y me dispuse á oir con avidez. - -El doctor empezó: - ---Aunque las noticias sobre la licuación del hidrógeno eran harto -breves, mis conocimientos en la materia me permitieron completarlas, -bastándome modificar el aparato de Olzewski, que uso en la preparación -del aire líquido. Aplicando después el principio de la destilación -fraccionada, obtuve como Travers y Ramsay los espectros del kryptón, -el neón y el metargón. Dispuse luego extraer estos cuerpos, por si -aparecía algún espectro nuevo en el residuo, y efectivamente, cuando ya -no quedó más, vi aparecer la raya mencionada. - ---¿Y cómo se opera la extracción? - ---Haciendo evaporar lentamente el aire líquido, y recogiendo en un -recipiente el gas desprendido por esa evaporación. Si tuviera aquí una -máquina Linde que me suministraría sesenta kilogramos de aire líquido -por hora, podría operar en grande escala; pero he debido contentarme -con una producción de ochocientos centímetros cúbicos. - -Obtenido el gas en el recipiente, lo trato por el cobre calentado para -retirar el oxígeno, y por una mezcla de cal con magnesio para absorber -el ázoe. Queda, pues, aislado el argón; y entonces es cuando aparece la -doble raya verde del kryptón, descubierta por Ramsay. Licuando el argón -aislado, y sometiéndolo á una evaporación lenta, los productos de la -destilación suministran en el tubo de Geissler una luz rojo-anaranjada, -con nuevas rayas, que por la interposición de una botella de Leyden -aumentan, caracterizando el espectro del neón. Si la destilación -prosigue, se obtiene un producto sólido de evaporación muy lenta, cuyo -espectro se caracteriza por dos líneas, una verde y la otra amarilla, -denunciando la existencia del metargón ó _eosium_, según propone -Berthelot. Hasta aquí, es todo lo que se sabe. - ---¿Y la raya violeta? - ---Vamos á verla dentro de algunos instantes. Sepa usted entretanto, -que para llegar á resultados iguales yo procedo de otro modo. Retiro -el oxígeno y el ázoe por medio de las substancias indicadas; luego el -argón y el metargón con hiposulfito de soda; el kryptón en seguida con -fosfuro de cinc, y por último el neón con ferrocianuro de potasio. -Este método es empírico. Queda todavía en el recipiente un residuo -comparable á la escarcha, que se evapora con suma lentitud. El gas -resultante, es mi descubrimiento. - -Me incliné ante aquellas palabras solemnes. - ---He estudiado sus constantes físicas llegando á determinar algunas. -Su densidad es de 25,03, siendo la del oxígeno de 16 como es sabido. -He determinado también la longitud de la onda sonora en ese fluido, y -el número encontrado, permitiéndome evaluar la relación de los calores -específicos, me ha indicado que es monoatómico. Pero el resultado -sorprendente está en su espectro, caracterizado por una raya violeta en -el rojo, la raya 5567 coincidente con la número 4 de la aurora boreal, -la misma que presentaba el fulgor amarillo percibido por Antonia sobre -mi cabeza. - -Ante tal afirmación, dejé escapar esta pregunta inocente: - ---¿Y qué será ese cuerpo, doctor? - -Con gran sorpresa mía, el sabio sonrió satisfecho. - ---Ese cuerpo... ¡hum! Ese cuerpo bien podría ser pensamiento -volatilizado. - -Di un salto en la silla, pero el doctor me impuso silencio con un -ademán. - ---¿Por qué no? siguió diciendo. El cerebro irradia pensamiento en forma -de fuerza mecánica, habiendo grandes probabilidades de que lo haga -también en forma fluídica. La llama amarilla no sería en este caso más -que el producto de la combustión cerebral, y la analogía de su espectro -con el de la substancia descubierta por mí, me hace creer que sean algo -idéntico. Figúrese por el consumo diario de pensamiento, la enorme -irradiación que debe producirse. ¿Qué se harían, efectivamente, los -pensamientos inútiles ó extraños, las creaciones de los imaginativos, -los éxtasis de los místicos, los ensueños de los histéricos, los -proyectos de los ilógicos, todas esas fuerzas cuya acción no se -manifiesta por falta de aplicación inmediata? Los astrólogos decían -que los pensamientos _viven_ en la luz astral, como fuerzas latentes -susceptibles de actuar en determinadas condiciones. ¿No sería esto una -intuición del fenómeno que la ciencia está en camino de descubrir? Por -lo demás, el pensamiento como entidad psíquica es inmaterial; pero -sus manifestaciones deben ser fluídicas, y esto es quizás lo que he -llegado á obtener como un producto de laboratorio. Á horcajadas -en su teoría, el doctor lanzábase audazmente por aquellas regiones, -desarrollando una temible lógica á la que yo intentaba resistir en vano. - ---He dado á mi cuerpo el nombre de _Psychon_, concluyó; ya comprende -por qué. Mañana intentaremos una experiencia: licuaremos el -pensamiento. (El doctor me agregaba, como se ve, á sus experimentos, y -me guardé bien de rehusar). Después calcularemos si es posible realizar -su oclusión en algún metal, y acuñaremos medallas psíquicas. Medallas -de genio, de poesía, de audacia, de tristeza... Luego determinaremos -su sitio en la atmósfera, llamando “psicósfera”, si se permite la -expresión, la capa correspondiente... Hasta mañana á las dos, entonces, -y veremos lo que resulta de todo esto. - -Á las dos en punto estábamos en obra. - -El doctor me enseñó su nuevo aparato. Consistía en tres espirales -concéntricos formados por tubos de cobre y comunicados entre sí. -El gas desembocaba en la espiral exterior, bajo una presión de -seiscientas cuarenta y tres atmósferas, y una temperatura de -136° -obtenida por la evaporación del etileno según el sistema circulatorio -de Pictet; recorriendo las otras dos serpentinas, iba á distenderse -en la extremidad inferior de la espiral interna, y atravesando -sucesivamente los compartimientos anulares en que se encontraban -aquéllas, desembocaba cerca de su punto de partida en el extremo -superior de la segunda. El aparato medía en conjunto 0,70m de altura -por 0,175m de diámetro. La distensión del fluido compresionado, -ocasionaba el descenso de temperatura requerido para su licuación, por -el método llamado de la cascada, también perteneciente al profesor -Pictet. - -La experiencia comenzó, previos los trámites del caso que sólo -interesarían á los profesionales, siendo por ello suprimidos. - -Mientras el doctor operaba, yo me disponía á escribir los resultados -que me dictase, en un formulario. Doy á continuación esas anotaciones -tal como las redactó, en gracia de la precisión indispensable. - -Decía el doctor: - -“Cuando la distensión llega á cuatrocientas atmósferas, se obtiene -una temperatura de -237°3 y el fluido desemboca en un vaso de doble -paredes separadas por un espacio vacío de aire; la pared interior -está plateada, para impedir aportes de calor por convección ó por -irradiación.” - -“El producto es un líquido transparente é incoloro que presenta cierta -analogía con el alcohol.” - -“Las constantes críticas del psychon, son, pues, cuatrocientas -atmósferas y -237°3.” “Un hilo de platino cuya resistencia es de -5038 ohms en el hielo fundente, no presenta más que una de 0,119 en el -psychon hirviendo. La ley de variación de la resistencia de este hilo -con la temperatura, me permite fijar la de la ebullición del psychon en --265°.” - ---¿Sabe usted lo que quiere decir esto? me preguntó suspendiendo -bruscamente el dictado. - -No le respondí; la situación era demasiado grave. - ---Esto quiere decir, prosiguió como hablando consigo mismo, que ya no -estaríamos más que á ocho grados del cero absoluto. - -Yo me había levantado, y con la ansiedad que es de suponer, examinaba -el líquido cuyo menisco se destacaba claramente en el vaso. ¡El -pensamiento!... ¡El cero absoluto!... Vagaba con cierta lúcida -embriaguez en el mundo de las temperaturas imposibles. - -Si pudiera traducirse, pensaba, ¿_qué diría_ este poco de agua clara -que tengo ante mis ojos? ¿Qué oración pura de niño, qué intento -criminal, qué proyectos estarán encerrados en este recipiente? ¿O quizá -alguna malograda creación de arte, algún descubrimiento perdido en las -obscuridades del ilogismo?... - -El doctor, entre tanto, presa de una emoción que en vano intentaba -reprimir, medía el aposento á grandes pasos. Por fin se aproximó al -aparato diciendo: - ---El experimento está concluido. Rompamos ahora el recipiente para que -este líquido pueda escapar evaporándose. Quién sabe si al retenerlo no -causamos la congoja de algún alma... - -Practicóse un agujero en la pared superior del vaso, y el líquido -empezó á descender, mientras el ruido mate de un escape se percibía -distintamente. - -De pronto noté en la cara del doctor una expresión sardónica -enteramente fuera de las circunstancias; y casi al mismo tiempo, la -idea de que sería una inconveniencia estúpida saltar por encima de -la mesa, acudió á mi espíritu; mas apenas lo hube pensado, cuando ya -el mueble pasó bajo mis piernas, no sin darme tiempo para ver que el -doctor arrojaba al aire como una pelota su gato, un siamés legítimo, -verdadera niña de sus ojos. El cuaderno fué á parar con una gran -carcajada en las narices del doctor, provocando por parte de éste una -pirueta formidable en honor mío. Lo cierto es que durante una hora, -estuvimos cometiendo las mayores extravagancias, con gran estupefacción -de los vecinos á quienes atrajo el tumulto y que no sabían cómo -explicarse la cosa. Yo recuerdo apenas, que en medio de la risa, -me asaltaban ideas de crimen entre una vertiginosa enunciación de -problemas matemáticos. El gato mismo se mezclaba á nuestras cabriolas -con un ardor extraño á su apatía tropical, y aquello no cesó sino -cuando los espectadores abrieron de par en par las puertas; pues el -pensamiento puro que habíamos absorbido, era seguramente el elíxir de -la locura. - -El doctor Paulin desapareció al día siguiente, sin que por mucho tiempo -me fuese dado averiguar su paradero. - -Ayer, por primera vez, me llegó una noticia exacta. Parece que ha -repetido su experimento, pues se encuentra ahora en Alemania en una -casa de salud. - - - - - ENSAYO - DE - UNA COSMOGONÍA - EN DIEZ LECCIONES - - - ENSAYO DE UNA COSMOGONÍA EN DIEZ LECCIONES - - - - - PROEMIO - -Hallándome cierta vez en un paso de la cordillera de los Andes, hice -conocimiento con un caballero que allí moraba desde poco tiempo atrás, -por cuenta de cierto sindicato para el cual estaba efectuando una -mensura. - -Era un hombre alto, moreno, en cuyo tipo resaltaba ante todo una gran -distinción, á poco acentuada por el encanto de su lenguaje. - -Un accidente montañés, que inutilizó por varios días á mi peón de mano, -me obligó á compartir su real de agrimensor con cierto exceso quizá; -pero mi hombre merecía aquel corto sacrificio de tiempo, y yo, además, -no llevaba prisa. - -Arrobado verdaderamente por su conversación, confieso que las horas -se me iban sin sentirlo, así las ideas expresadas por aquellos labios -fuesen de las más extraordinarias; pero entre ellas y su autor, había -cierta correlación de singularidad que las hacía enteramente aceptables -mientras él hablaba. - -En el hombre aquél, el tipo era tan indefinible como la edad, bien -que á primera vista se le atribuyera una vigorosa juventud y una -procedencia americana; pero éstas pueden ser ocurrencias mías en las -cuales ruego al lector que no insista. - -Nuestras pláticas--sus conferencias mejor dicho--dejaron en mi ánimo -una gran impresión á la cual contribuirían ciertamente la soledad -inspiradora de las noches andinas, la comunión de naturaleza que -sugería su serenidad, y el silencio divino de las estrellas; pero cuyo -mérito intrínseco bien merecía el estupor de un mortal. - -Una de aquellas noches, cerca del fuego medio apagado, mientras los -peones reparaban en el sueño las fatigas del día, escuché la revelación -que procuraré transmitir tan fielmente como me sea posible, ya que -no se me exigió secreto alguno. Por mucho que difiera de las ideas -científicas dominantes, el lector apreciará su concepción profunda, su -lógica perfecta, y comprenderá que explica bastantes cosas con mayor -claridad aún. He meditado bien antes de decidirme á publicarla, pero -dos circunstancias me han impulsado sobre todo. La primera es que, á -pesar de las más prolijas indagaciones, no he podido encontrar indicio -alguno de aquel casual interlocutor, pues todas las señas que me dió á -su respecto han resultado inciertas; la segunda es la facilidad con que -me hizo el confidente de sus revelaciones. Estas dos circunstancias, me -hacen creer que yo fuí tomado como agente para comunicar tales ideas, -papel que acepto desde luego con la más perfecta humildad. - -La ocultación del revelador podría infundir sospechas; pero el lector -verá que ella era innecesaria dada la naturaleza de sus enseñanzas, -y que, en todo caso, responde á la decisión de no decir más, ó á la -modestia. Ambas cosas respetables. - -Para no caer en conjeturas, lo mejor será abordar cuanto antes el -asunto. - - - - - PRIMERA LECCIÓN - - EL ORIGEN DEL UNIVERSO - -La vida, que es la eterna conversión de las cosas en otras distintas, -abarca con su ley primordial el universo entero. Todas las cosas -que son dejarán de ser, y vienen de otras que ya han dejado de -ser. Tan universal como la vida misma, es esta periodicidad de sus -manifestaciones. - -El día y la noche, el trabajo y el reposo, la vigilia y el sueño, son -como quien dice los polos de la manifestación de la vida. Engendrándose -unos á otros y permutándose, es como engendran los fenómenos. Toda -fuerza será inercia y toda inercia será fuerza. Siendo ambas _vida_ en -su esencia, su identidad radical es lo que produce sus permutaciones. - -Su diferencia aparente, la contradicción en que parecen hallarse, es -sencillamente una diferencia de magnitudes: _la noche es menos día_, y -así en lo demás. - -Ahora bien, toda magnitud es una progresión y de esto depende que no -haya brusquedad en los cambios de estado de las cosas. Así es como la -continuidad de la vida se mantiene en la periodicidad. - -Vivir es estar continuamente viniendo á ser y dejando de ser. Cada -uno de los focos donde esto se opera--átomo ó planeta, célula ú -organismo--es una vida. Ese equilibrio infinitamente instable, sin -duración puesto que la más mínima permanencia en uno ú otro de los -estados que lo forman, lo anularía ya; y sin tiempo, puesto que es una -coincidencia de ser y de no ser--ese equilibrio es lo que se llama la -existencia. Dejar de existir es acabarse ese equilibrio; entrar el ser -á un estado inconcebible. En nuestro universo, _lo que viene á ser_ -se llama _materia_, y _lo que deja de ser_ se llama _energía_, pero -claro está que estas cosas figuran aquí como entidades abstractas. No -obstante, como las manifestaciones polares de la vida se permutan, -lo que viene á ser, es decir, la materia, proviene de la energía y -vice-versa. - -Si toda magnitud es una progresión, su crecimiento y su decrecimiento -deben tener una duración equivalente, y éste es otro carácter de la -periodicidad en las manifestaciones de la vida. El isocronismo de las -oscilaciones pendulares, materializa en forma visible tal ley. - -Estas consideraciones que en nada afectan á las ideas científicas y -filosóficas de nuestra época, son necesarias para que se comprenda -mejor la exposición del sistema cosmogónico. - -Un universo que nace, es el producto de un universo que fué, y basta -para demostrarlo, que ese universo haya nacido: _ex nihilo nihil_. - -Los universos acaban como manifestación material, convirtiéndose en -energía pura según la ley fundamental de la vida, y en este último -estado permanecen por una duración equivalente á la que tuvieron como -materia. Esta duración, que respecto á la materia es un reposo absoluto -en el cual no hay tiempo ni ninguna otra idea proveniente de la -relación de magnitudes, pues al no existir la materia no hay magnitud -de ningún género--esta duración es la eternidad. Eternidad significa, -como es sabido, ausencia de tiempo. - -Semejante estado, que es el no existir de que hablábamos más arriba, -es un estado inconcebible como decíamos también. Hay, pues, una -imposibilidad absoluta para especular á su respecto. Sólo podemos saber -que es energía incondicionada. - -Los antiguos decían que las tinieblas son luz absoluta; y siendo la luz -una forma de energía, la forma más elevada mejor dicho para nuestra -percepción, luz pura, es decir, energía pura, equivale á aquel estado -inconcebible, ó sea á las tinieblas: luz absoluta. La ciencia habla -ahora de _luz negra_, exactamente como el _Zohar_, libro hebreo más -antiguo que la Biblia; y esta luz negra parece ser la forma más sutil -del éter, teniendo una absoluta fuerza de penetración. Resulta superior -á la otra luz, bien que sea invisible[1]. - -Transcurrida la duración de un universo como energía pura, la ley de -periodicidad lo llama de nuevo á la existencia material; pero esta -nueva existencia no será, naturalmente, una repetición de la antigua. -Constituirá, por el contrario, una continuación de las actividades -que cesaron al dejar de existir ese universo, y que han permanecido -latentes en el seno de la absoluta energía[2]. De otro modo se volvería -atrás, y la naturaleza nunca vuelve atrás. - -¿Pero qué habrá podido ser, supongamos, el universo anterior al -nuestro; aquél de que el nuestro procede? - -Siendo una en realidad la ley que rige las manifestaciones de la vida -bajo determinadas formas, la más simple desviación de ella implica el -cambio de todas estas formas. Así, por ejemplo, nuestro universo tiene -por base la curva; todo la presupone en él; todas nuestras percepciones -dependen de este acomodo fundamental. Supongamos que en vez de ser la -curva fuese la recta. El universo se convertiría en algo enteramente -imperceptible para nosotros, y hasta podría coexistir con nuestro -universo actual, sin la más mínima sospecha de nuestra parte. Ahora, -si conjeturamos--lo que es bien posible--otros conceptos geométricos y -otras formas de universos, el problema se simplifica más aún. Quizá el -“mundo invisible” que nos rodea y se comunica á veces con nosotros bajo -formas tan extrañas, no sea sino esto; y con una existencia tan real, -tan material como el nuestro, nos resulta del todo imperceptible. - -El universo antecesor del nuestro, había regresado, pues, á su estado -de éter puro, de pura energía al concluir un ciclo de evolución bajo -determinadas formas, cuyo desarrollo al entrar de nuevo en el período -material, engendraría nuestro universo curvilíneo. - -Este determinismo cósmico, nada tiene de violento para nuestros -conceptos científicos; y quizá más pronto de lo que se cree, las -especulaciones sobre la cuarta dimensión del espacio puedan darnos un -esquema del origen de nuestra geometría. - -Pero lo interesante es describir el proceso de la organización de la -materia tal como la conocemos. - - - - - SEGUNDA LECCIÓN - - EL ORIGEN DE LA FORMA - -Cuando el éter puro en que se disolvió un universo, ha tenido una -duración equivalente á la de éste, ocurre en él un cambio de estado. La -vida, ya lo hemos dicho, es un eterno cambiar de estado. - -La primera manifestación de esto en el éter del cual nuestro universo -procede, fué un movimiento. Sabemos que las diversas manifestaciones -de la electricidad, son cambios de estado por el movimiento; de tal -modo que basta mover con velocidad uniforme un cuerpo cargado de -electricidad estática, para que ésta se vuelva corriente voltaica; y -que basta con variar esa velocidad, para producir la inducción, es -decir, tres electricidades distintas. - -Ahora bien, los primeros fenómenos del éter que va á organizarse en -materia, presentan una gran analogía con estos cambios de estado, pues -la primera manifestación del éter es, en efecto, electricidad. - -Para seguir con la analogía, conviene recordar que la electricidad -en el vacío produce los rayos catódicos y los rayos _x_. La ciencia -acaba, de descubrir los rayos _γ_, más poderosos aún, pues atraviesan -todos los obstáculos y no hay fuerza que pueda desviarlos. Este -estado, todavía mal conocido de la electricidad, esta “luz” invisible -que sólo presenta una analogía lejana con la luz habitual, es la -primera manifestación material del éter. Es electricidad puramente -dinámica en una forma que no podemos concebir ahora, según lo prueba -su indiferencia ante todos los obstáculos y todas las fuerzas. Es -el primer ser del universo, el universo mismo, puesto que todas las -formas que han de componerlo, serán sus desdoblamientos; y he aquí por -qué la antigua sabiduría llamaba á la electricidad _alma del mundo_. -Representa el mundo de una sola dimensión, el mundo de la longitud -absoluta, inconcebible para nosotros á no ser como una mera abstracción. - -La propagación de este rayo es rectilínea, pero su forma es -ondulada; y á medida que se propaga, van agrandándose naturalmente -sus ondulaciones. Como el absoluto dinamismo posee una tendencia á -convertirse en electricidad[3] estática, pues á esto se debe su -manifestación en forma de “luz” _γ_, llega un momento en que las -ondulaciones dividen el rayo en trozos venciendo su cohesión; y como -estas ondulaciones son arcos de círculo, sus extremos, libres de toda -solicitación por otras fuerzas, se buscan, se unen y forman ruedas en -el espacio. - -La ondulación, levísima al principio en el rayo _γ_, empieza siendo una -tendencia hacia la segunda dimensión, la latitud; pero ésta no alcanza -manifestación real sino al formarse los primeros círculos. El mundo de -la longitud absoluta, el mundo de una dimensión, era, como es claro, el -mundo de lo uniforme; un simple movimiento sin puntos de referencia, -tan abstracto para nosotros como una idea, pero con existencia real. La -transformación de la electricidad puramente estática en electricidad -dinámica, es, pues, lo que engendra la segunda dimensión--la latitud--y -con ella la superficie, es decir la forma. - -Esta tendencia de la energía á permanecer, cambiando su movimiento -absoluto en equilibrio, ó sea engendrando el principio de inercia, -constituye la fuerza original en el nacimiento y organización de -la materia; sin serlo todavía en nuestro supuesto universo de -dos dimensiones, aunque en él existan ya la forma y la magnitud. -Predomina en él todavía el dinamismo, pues la materia, es decir -el equilibrio de fuerzas que conocemos bajo semejante nombre, no es -posible sino en el espacio de tres dimensiones; cuando el equilibrio -entre la electricidad estática y la dinámica, engendra la tercera -dimensión. - -Sábese, en efecto, que el único carácter constante de la materia, el -que permanece bajo los diversos estados que ella puede asumir, es el -peso; y el peso no puede existir sin volumen, ó lo que es lo mismo, sin -la tercera dimensión. - -Así, pues, las ruedas formadas por la división del rayo original, -son simples manchas de luz en el espacio, pero carecen de volumen. -Tienen magnitud y forma, pero no son materia aún, pues la forma y la -magnitud _anteceden_ á la materia. Por absurdo que esto pueda parecer, -basta recordar la mancha de luz producida por la reflexión solar en un -espejo. Tiene forma y magnitud; pero, ¿es materia?...[4]. - - - - - TERCERA LECCIÓN - - EL ESPACIO Y EL TIEMPO - -Entre tanto, el espacio ha nacido con la manifestación de la vida, pues -el dinamismo absoluto del éter puro excluye el espacio. El mundo de una -dimensión, que supone un espacio de una dimensión también, da á éste -su propio carácter inconcebible á no ser como abstracción. Conviene -recordar que el concepto del espacio, nace para nuestra mente por -comparación entre magnitudes de materia y de movimiento; y que siendo -así, son éste y aquélla los que engendran el espacio. - -Por incomprensible que sea el espacio, su objetividad es evidente, -pues siempre lo concebiremos como un cuerpo, aunque sea ilimitado é -inmaterial. El hecho de que es _algo_, prueba su objetividad, y desde -este punto de vista su materialidad también[5]. Spencer ha demostrado -en los _Primeros_ _Principios_, que científicamente equivale á un -sólido perfecto, pues si se le supusiera la más mínima solución de -continuidad, la transmisión de la luz sería imposible, por ejemplo; -pero como no es un sólido, y como los sólidos tampoco poseen la -continuidad perfecta que excluiría, por otra parte, toda vibración, -debe ser algo homogéneo é inmaterial á la vez, desde el punto de vista -de la materia ponderable: el mundo de una dimensión, es decir, la -primera manifestación de la vida, que está eternamente convirtiéndose -en los otros estados más complejos. - -Precisamente al convertirse en el segundo estado, adquiere el espacio -la extensión, si bien continua siendo inconcebible para nuestra mente. -Necesita llegar á la tercera para ser el espacio concebible, el -objeto ilimitadamente hueco donde todo se mueve; pues ésta es nuestra -concepción del espacio. - -El tiempo es lo mismo que el espacio esencialmente, si bien no existe -en el mundo de una dimensión. Es también una relación de magnitudes, -pero con referencia á la duración de los seres, mientras que el espacio -no necesita de ella para existir. Ahora bien, el rayo absolutamente -longitudinal del primer mundo, es eterno como manifestación vital, -puesto que sólo puede concluir en un estado negativo donde no hay -espacio ni abstracciones siquiera: la energía absoluta de donde -procede; pero las manchas luminosas del segundo estado de vida, pueden -morir, es decir transformarse, y aquí cabe ya el tiempo. Por lo demás, -el rayo primordial es unidad absoluta como manifestación vital[6], -mientras las manchas son varios seres; cabe ya entre ellas la relación -de existencia á que debe la suya el tiempo, pues una puede morir -mientras las otras permanecen, engendrando así la relación. - -Tenemos, entonces, que en el mundo de dos dimensiones, poblado -únicamente por esas vastas y sencillas existencias cósmicas que son las -manchas de luz, existe ya el espacio como _magnitud_, si bien no como -_extensión_[7] todavía; y el tiempo en su concepto actual. - -Podrá objetarse que siendo el tiempo y el espacio estados de -conciencia, nuestras consideraciones son pura dialéctica; pero nosotros -replicamos--y muy luego se verá el desarrollo de esto--que todas -esas manifestaciones de la vida, de las cuales proceden el espacio y -el tiempo, son estados de conciencia, _puesto que son pensamiento_. -Así, pues, seguiremos la descripción del proceso vital de nuestro -planeta[8]. - - - - - - CUARTA LECCIÓN - - LOS ÁTOMOS - -Las ruedas de luz continúan moviéndose en el espacio con la velocidad -del rayo de que proceden; pero esta velocidad que era infinita en la -longitud absoluta, lo cual da un carácter más abstracto aún á ese -primer mundo de una dimensión, se convierte en rotatoria por la forma -circular de las manchas. Éstas, seres unitarios como formas, si bien -como vidas[9] son ya compuestas por el equilibrio de dos fuerzas, -constituyen toda la población del espacio. - -Sin embargo, la luz no era uniforme en todos los puntos de su -superficie, pues se debilitaba hacia el centro; y sucedió que los -puntos de mayor intensidad fueron los vértices de otros tantos -polígonos regulares, primeras formas en la rueda luminosa que era la -única hasta entonces. - -Nuestra electricidad reproduce ahora este fenómeno; pues es sabido que -en el fluido eléctrico acumulado sobre la superficie de un cuerpo, se -provoca la formación de polígonos regulares por la proximidad de varios -mecheros que ionizan[10] la electricidad. Esta propiedad de engendrar -en su seno formas geométricas por acciones análogas, es común á todos -los fluidos, así sean líquidos dispuestos en capas delgadas, ó metales -en fusión bruscamente enfriados; y es ella la que, constituyendo una -ley primordial como acaba de verse, engendra la tendencia hacia la -cristalización, que todos los sólidos manifiestan. Pero ya veremos esto -mejor en la parte relativa al origen de la vida orgánica. - -Dichos polígonos son las primeras diferenciaciones individuales de la -energía absoluta, consistiendo su tarea vital en marchar armónica y -proporcionalmente con la rotación y la traslación de la mancha luminosa -donde toman origen, y en el mismo sentido que ella. No existe, pues, -para ellos, _adelante_ ni _atrás_, conservando desde este punto de -vista la tendencia del rayo primordial hacia el movimiento en un solo -sentido. Disminuidas ó aceleradas sus velocidades, la línea que los -forma se rompe y el ser perece: reingresa en el no ser, que es para él -el ser absoluto, el infinito. Éste es el concepto superior de la muerte. - -Semejantes seres, son lo que en nuestro lenguaje se llama “espíritus”, -es decir existencias incorpóreas, bien que limitadas y dinámicas; y -así es cómo procediendo la materia, de la energía pura localizada en -movimiento, en forma, en extensión, el espiritualismo resulta una -consecuencia lógica de la organización universal, y la inmortalidad -del alma un fenómeno natural en el universo. Más adelante veremos que -esas fuerzas primordiales tienen que ser inteligencias y voluntades en -acción, si la ciencia positiva no quiere caer en el mismo contrasentido -que las religiones, asignando al hombre un papel extranatural. - -La vida que para esos seres rectilíneos es moverse en una sola -dirección, dinamiza á su paso la luz amorfa incorporándola á cada -uno de ellos, pero sin conservarla en él. En realidad lo único -que permanece _es la idea de la figura_, una existencia puramente -espiritual[11], como que es una idea solamente, y á la vez -inmaterial, sin emociones y sin desgaste. Rotos los polígonos, se -desvanecen en un ángulo infinito, pues son organismos unitarios en su -esencia, bien que ya poseen forma, magnitud y movimiento. Su tarea es -preparar la luz amorfa para la futura atomización, pues estas formas -geométricas superficiales son los esbozos de los átomos. - -Las ruedas luminosas han seguido, entre tanto, su curso por el -infinito; pero como proceden de muchos puntos á la vez, y como su -traslación se verifica en sentido rectilíneo bajo el impulso del rayo -primordial, hay entre ellas acercamientos y conflictos. Éstos no son -otra cosa que la absorción de unas ruedas por otras de mayor magnitud -ó velocidad, es decir, nuevos cambios de estado equivalentes á nuevas -formas de vida. - -Pero las fuerzas tangenciales que estos choques engendran[12], unidas -á una menor actividad central de las ruedas, por efecto de su propia -forma, inicia en éstas un principio de expansión que las convierte en -lentejas, originando la tercera dimensión y por consiguiente nuestro -espacio. Esta fuerza obra de dentro hacia afuera, hasta convertir -las lentejas en esferas huecas, existiendo en nuestro mundo una -analogía sencillísima para objetivar el procedimiento. Nos referimos -á las pompas de jabón, que la fuerza del soplo originario agranda, -engendrando á la vez un rapidísimo movimiento rotatorio de sus -partículas, perceptible claramente á simple vista[13]. - -Esta fuerza expansiva transforma los polígonos absolutamente -superficiales, en poliedros; es decir, divide la luz dentro de la -cual eran formas lineales, en partículas poliédricas. Ahora bien, si -las ruedas de luz conservaban la velocidad del rayo primordial, y los -polígonos formados en ellas marchaban con la misma velocidad según -hemos visto; como en cada punto donde se hallaban dichas figuras -dinamizaban la luz amorfa, geometrizándola[14] á la vez en otros tantos -polígonos, y como aquella velocidad era prácticamente infinita, resulta -que no había punto de la rueda que no estuviera contenido en una de -dichas formas. Al convertirse éstas en poliédricas por electo de -la expansión de toda la masa, que adquirió así la tercera dimensión, -dicha masa quedó formada por poliedros innumerables, que constituyeron -los átomos. Las masas fueron lo que conocemos astronómicamente por -nebulosas. - -Ahora, una explicación más detallada del fenómeno: - -Cualquiera entiende que el número de puntos en que puede dividirse una -superficie (las ruedas de luz) es infinito; y si es infinita también la -velocidad de la fuerza divisora, quiere decir que la masa, en cualquier -momento, se encuentra dividida en infinito número de puntos. No -pudiendo éstos ser materiales por causa de su divisibilidad infinita, -deben ser simples centros de fuerza, y la expansión de ésta tiene que -resultar poliédrica para que todos sus planos de desarrollo puedan -coincidir y no queden huecos en la masa. - -Esto fué lo que sucedió, según hemos visto[15]. - -Así, pues, tenemos que la primera manifestación de la energía absoluta -en que se resolvió, al concluir su ciclo de existencia, el universo -predecesor del nuestro, fué un movimiento de desarrollo absolutamente -longitudinal, un rayo _γ_; y que este movimiento engendró el espacio. -El rayo en cuestión llevaba en su propio curso la segunda dimensión, -puesto que serpenteaba; y sus ondulaciones al acentuarse, concluyeron -por dividirlo en arcos cuyos extremos, faltos de toda solicitud hacia -una ú otra parte, por no haber en el infinito más existencias, se -unieron formando ruedas y engendrando el espacio de segunda dimensión. - -En el ámbito de estas ruedas formáronse (ya vimos cómo) polígonos que -fueron los primeros seres, con una existencia análoga á la de los que -conocemos, y que constituyeron los prototipos lineales de los átomos. - -Las ruedas luminosas se atrajeron, y al chocar ó absorberse según -sus magnitudes, se desarrolló en ellas el volumen á que tendían, -transformándolas en lentejas, en ovoides y en esferoides, y engendrando -por consecuencia el espacio de tercera dimensión, nuestro espacio, -al par que la rotación planetaria. Los polígonos se convirtieron -en poliedros y nacieron los átomos, que son centros de fuerza -individualizada. - -Naturalmente, esto no es más que un desarrollo esquemático del proceso -cósmico. - - - - - QUINTA LECCIÓN - - NUESTRA TEORÍA ANTE LA CIENCIA - -Fácilmente se echa de ver que estas ideas nada tienen de semejante con -el sistema de Laplace, hoy en vigencia; pero intentemos demostrar que -no son anticientíficas. - -El sistema de Laplace, empieza suponiendo una nebulosa ígnea surgida -del espacio _ex nihilo_, ó al impulso del azar que es la misma -cosa[16]. Cualquiera nota la inferioridad de este comienzo, así como -la consiguiente embrolla en la organización de los movimientos que -impulsan á la nebulosa en cuestión, haciéndola girar, aplastarse, -desprender anillos, dividirlos y reunirlos en esferoides; si bien -existe con nuestra teoría un punto común: los arcos procedentes de -la división de los anillos en que se descompone la nebulosa, tienden -á unirse por sus extremos engendrando los esferoides, así como los -provenientes de la división de nuestro rayo primordial, lo hacen para -formar las ruedas luminosas. La diferencia está en que el sistema de -Laplace, supone la existencia previa del espacio y de la materia tal -como los conocemos, para describir la vida de su nebulosa; mientras el -nuestro acomete radicalmente el problema de los orígenes El positivismo -nada quiere saber de esto, y le daríamos razón, si no empezara por -faltar á su propio método construyendo á su vez hipótesis como ésta de -Laplace; pero cuando él lo hace, el mismo derecho nos asiste y usaremos -ampliamente de él. - -Ahora bien, como la ciencia quiere hechos y el método positivo -afirma que teoría es “hipótesis verificada”, diremos que de todas -las nebulosas conocidas, ninguna confirma la hipótesis de Laplace. -Algunas se hallan en un estado de homogeneidad muy primitivo, pues su -espectro sólo manifiesta la raya del hidrógeno, lo cual hace suponer -que están formadas de este gas exclusivamente; pero ninguna presenta -uno solo de los supuestos anillos. Adoptan las más variadas formas, -bajo un aspecto común de masas profundamente atormentadas, y algunas -han cambiado de forma, imposibilitando así el argumento de que si no -se las ve anillarse, es debido á la gran lentitud de su evolución. Las -más regulares, las que afectan precisamente una forma lenticular, han -resultado no ser nebulosas sino sistemas de estrellas, vías lácteas -semejantes á la nuestra[17]. Ya veremos de dónde resulta esa forma -atormentada de las nebulosas. - -Falta, entonces, el testimonio de los hechos; á no ser que se quiera -darle por confirmación, harto lejana ciertamente, la subordinación -planetaria al sol de nuestro sistema; pero como la ciencia admite que -esta subordinación puede ser ejercida por los soles sobre los cometas, -no queda ya mucho para la teoría. - -No hemos olvidado, naturalmente, á Saturno, que con sus anillos -parece presentar un testimonio, bien que ellos estén considerados -sólidos lo cual es un obstáculo sobremanera grave; pero una excepción -evidente entre los astros, no puede servir para verificar una -hipótesis, con mayor razón cuando ella se refiere á las nebulosas donde -no hay nada parecido, y cuando de conformidad á su enunciado, los -astros sólidos _no debieran_ presentar esa conformación[18]. - -Saturno es realmente un defectuoso del espacio, y de aquí que la -astrología lo considerara el planeta de las malas influencias; pero -esto puede ser desdeñado por el lector, sin más trámite. - -Otra cosa que la hipótesis de Laplace no explica, es el origen del -movimiento rotatorio, ya muy complicado, de su supuesta nebulosa -originaria, que como todas las masas esferoidales del espacio giraba -sobre sí misma y se trasladaba á la vez; para no hablar de los -movimientos secundarios engendrados por los dos anteriores. La nebulosa -en cuestión era un organismo bastante complejo, según se ve, y por -templada que sea la curiosidad positivista, ha de sentir tentaciones de -buscar más simples antecedentes. - -Pero cuando la hipótesis pierde todo su valor, quedando reducida á un -mero juego de gabinete, es cuando se considera que una masa rotatoria -debe forzosamente trasladarse en una órbita espiral, tal como se acepta -actualmente. Suprimidas entonces las curvas cerradas, vale decir las -elipses perfectas de la hipótesis, los supuestos anillos desprendidos -de la nebulosa serían largas espirales de materia cósmica difusa, que -tenderían á concretarse en cometas, no en planetas concéntricos. El -experimento de Plateau falla, entonces, por su base, y los anillos de -Saturno se desvanecen definitivamente esta vez[19]. - -Al experimento de Plateau, que empieza por suponer la nebulosa -originaria parada en el espacio (la gota de aceite en el seno del agua -alcoholizada) nosotros oponemos nuestra modesta pompa de jabón, que le -lleva de ventaja su sencillez, siendo ésta, como es sabido, un atributo -de la verdad; y consecutivamente alegamos contra la hipótesis, la -falta completa de hechos confirmatorios[20]. - -Tampoco es admisible la nebulosa infinita que supondría esa supuesta -falta de movimiento traslaticio, necesario para que el experimento -de Plateau se realice; pues con sólo tener en cuenta la aparición en -ella de focos que serán los futuros soles centrales, y sus diversas -magnitudes, la suposición se vuelve insostenible. - -Por otra parte, la astronomía se aleja cada vez más de la suposición de -un universo infinito, ó siquiera de ilimitadas dimensiones; pues piensa -que si ello fuera así, los rayos de las estrellas infinitas llenarían -todo el espacio (dado que el rayo de luz no se pierde por razones de -distancia, según enseña la física); no habría punto del espacio sin un -rayo de luz, y por consiguiente no existiría la noche. - -Newcomb supone, basándose sobre las paralajes de las estrellas y por -medio de complicados cálculos cuyo resumen es imposible sin confusión, -que nuestro universo es una esfera de _siete mil millones de millones_ -de leguas de radio[21]. Sin aceptar especialmente ningún cálculo, -opinamos que nuestro universo es limitado en efecto, es decir un -organismo en evolución por enorme que se lo considere; si bien esto no -supone que rechacemos la eterna actividad del cosmos en el infinito[22]. - -Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo por hechos científicos, -desde el rayo primordial hasta la generación de los átomos; -consistiendo su diferencia con el criterio positivista, en que no hace -distinción fundamental entre fuerza y materia, ó considera pues los -elementos permutables y provenientes de una sola causa: la energía -absoluta. Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando la -identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose más á nuestra -definición: materia es todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La -electricidad y el radium le imponen esta conclusión. - -Los estados de la materia y de la conciencia, así como la generación -de unos elementos por otros, puesto que la vida, como hemos dicho, es -un perpetuo cambiar de estado, explican mejor la evolución total del -universo que la hipótesis cosmogónica de la ciencia, sin subordinarla -exclusivamente á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes -conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos y dando á -su producción inicial un carácter determinista; todo lo cual es, por -cierto, mucho más filosófico y aceptable. - -Expresaremos, para concluir este capítulo, algo que acentúa aun el -carácter científico de la teoría. - -Apenas la luz primordial se individualiza, comienza ya en el espacio la -lucha por la vida (la absorción de unas ruedas por otras) que acarrea -de consiguiente la supervivencia de los más aptos, principio progresivo -de toda evolución; lo que está lejos de suceder en la demasiado -perfecta maquinaria de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la vida, ya -lo hemos dicho, son las mismas para el insecto que para la nebulosa. - -El lector está ya lo bastante informado para elegir entre esa -hipótesis ó la nuestra; entre el proceso puramente material, ó el -cambio de estado de la absoluta energía, que al volverse materia -engendra simultáneamente al tiempo y al espacio, ó mejor dicho la -extensión por el movimiento; la magnitud, la forma, el átomo, es decir -los fundamentos del universo bajo sus múltiples aspectos de ideación, -de conciencia, de número y de objetividad. - -Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de ese universo. - - - - - SEXTA LECCIÓN - - LA VIDA DE LA MATERIA - -Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se hacen perceptibles -bajo la forma de copos de luz blanca, pues mientras fueron simples -cambios de estado de la energía, tuvieron una existencia tan invisible -como la de las “luces” α, β, γ que la ciencia conoce ahora. Entonces es -cuando empieza á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse -fenómenos más familiares para nosotros. - -El primero de ellos (y en relación con la materia ponderable, el -primordial) es el calor, ó sea la electricidad bajo este aspecto, -resultante de la fricción de los átomos[23]. - -Átomos dotados de una velocidad casi infinita, producen al chocar entre -sí una incandescencia enorme, cuyo primer efecto es consumir á muchos, -ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando así la materia al -revés de lo que el calor hace ahora. Los átomos sobrevivientes de esa -verdadera lucha por la existencia, representan, pues, sumas colosales -de energía en equilibrio, explicándose así la proveniencia de esta -energía que tiene perpleja á la ciencia. La armonía vibratoria formada -por proporciones numéricas, que resulta de este acomodo tanto como -de la estructura poliédrica de los átomos, es el prototipo de las -vibraciones armónicas que llamamos música, y que explica á la vez la -“música de las esferas” de Pitágoras y el poder constructor de la lira -de Amphion; pues siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente -fuerza creadora[24]. - -El calor se manifiesta al mismo tiempo que la luz roja, la luz más -caliente como es sabido; del propio modo que la electricidad fría de -los anteriores estados, había coincidido con los rayos ultravioletas -excitadores de la fosforescencia y de la fluorescencia, manifestaciones -á su vez de la radioactividad de la materia. - -De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido material) de -magnitud y de tiempo respectivamente. Basta con reflexionar que -la más pequeña llama puede encender los fuegos de toda la Tierra -sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz, según queda -enunciado más arriba, no se pierde por razones de distancia, viajando -incesantemente. No era necesario el radium, como se ve, para hacer -perceptible la infinitud de la energía, pues bastaba observar la más -mísera candela como fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere -también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos que el olor es también -una forma de radioactividad, como lo prueba el ejemplo bien conocido -de la partícula de almizcle que perfuma durante un siglo sin variar de -peso. Ya veremos todo el alcance de estas consideraciones[25]. - -La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor tendencia hacia la -inercia; y para valernos de una analogía gráfica, que encierra una -verdad, por otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había -transformado en gravedad, identificándose con el volumen. La materia -es, si se tiene esto en cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha -transformado en gravedad[26]. - -Pero, qué era esta materia? Esta materia era el hidrógeno, cuya raya -figura _única_ en el espectro de las nebulosas propiamente dichas. -El hidrógeno es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus -cualidades características. Todos los gases son formas alotrópicas del -hidrógeno, provienen de su átomo; pero este átomo, que es el hexaedro -primordial antes mencionado, desarrolla al girar un torbellino formado -por espirales concéntricos, según resulta de su forma en rotación, -y este torbellino constituye como quien dice su cuerpo. Así, cuando -la ciencia vea los átomos, no ha de ser bajo la forma de menudas -chispas[27], sino de torbellinos espiraloides enteramente análogos á -los sistemas solares. - -Los tres estados que la energía debió asumir á convertirse en -materia, son inapreciables para nosotros mientras no llegan al perfecto -equilibrio y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He aquí por qué -en los ochos grupos del sistema de los elementos, los compuestos -hidrogenados primordiales no tienen clasificación sino á contar desde -el cuarto (MH_{4}); los tres restantes son materia radioactiva pura. - -Esas masas de gas incandescente, sufren diversos percances: explosiones -que las destruyen, absorciones, divisiones en regueros espirales que -se convierten en cometas, y desplazamientos que las arrojan al espacio -con movimiento parabólico, bajo forma de cometas igualmente[28]. Este -desplazamiento eterno de las masas estelares, va dejando el sitio -necesario para nuevas formaciones, y así es como vive el infinito, -convirtiéndose perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos que -semejantes movimientos suponen, y que explican la forma atormentada de -las nebulosas. - -La lucha por la vida es activísima entre esos errantes del espacio. -Unos son devorados por los que ya se convirtieron en soles; otros se -conjugan y forman seres mixtos; otros se organizan en sistemas; pero -al cabo de cierto tiempo, ninguno es simple ya, sino una suma de otros, -exactamente como el animal que incorpora á su organismo los de diversos -seres; y su vida se vuelve singularmente compleja. Menester es que aquí -dejemos al astro hipotético, para seguir la evolución de la vida en -nuestro planeta. - -Antes de pasar á otro capítulo conviene tener presente, sin embargo, -que las leyes primordiales de la vida son comunes á todos los astros -y á todos aplicables por analogía; así como que dichos astros nunca -pierden su relación substancial, continuando ésta bajo comunicaciones -luminosas, magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo el -prototipo de cada ser, tanto en el insecto como en la estrella. - - - - - SÉPTIMA LECCIÓN - - LOS ELEMENTOS TERRESTRES - -Á cada uno de los cambios de estado del movimiento que engendra el -espacio de tres dimensiones, corresponde, como hemos visto, una clase -de electricidad, una clase de formas, una clase de luz. En la Tierra -corresponde también á cada uno un elemento. - -En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo primordial; en el -líquido, la expansión horizontal del segundo estado; en el sólido, -el equilibrio del tercero que es la tensión eléctrica convertida en -gravedad--la electricidad neutra. - -Prototipo de todos los líquidos, el agua es una permutación del -hidrógeno, cuyo nombre significa, como es sabido, generador del agua. -El agua viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno -es electricidad gaseosa[29]. Á esto se debe que las leyes de -distribución de la electricidad y de los líquidos, sean las mismas; -aunque éstos se hallen sometidos á la gravedad y aquélla no; pero -tensión y gravedad son una misma cosa como hemos visto. Lo líquido es, -pues, dado nuestro punto de vista, más vivo, es decir más próximo al -estado de energía pura ó éter, y por esto el agua es la fuente de la -vida orgánica. Los alquimistas decían que el mercurio es el más vivo de -los metales (en francés _vif argent_) y debe notarse que los vehículos -esenciales de la vida orgánica,--sangre, savia, leche--son líquidos. - -Tanto en el estado gaseoso como en el líquido, la forma poliédrica -de los átomos continúa siendo el prototipo, y esto se encuentra asaz -bien demostrado por las fórmulas químicas, para que debamos insistir; -no obstante, en el estado líquido, los poliedros son ya cristales -prototípicos de los futuros sólidos en que se manifestará el máximum de -inercia de la materia. - -La Tierra era una especie de océano esferoidal, denso y glutinoso, -en el cual los átomos se agruparon bajo formas cristalinas, es decir -poliédricas, según su modelo fundamental. La ciencia produce cristales -semifluidos en el seno de un líquido, por medio del calor y de la -electricidad, y estos cristales se portan como seres vivos, no sólo -por su estructura semejante á la de las células, sino porque poseen -propiedades tan notables como la de reparar sus mutilaciones. Esto -bastará, según creemos, para demostrar que el estado líquido no es un -estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente derivar de él. -De aquí la tendencia de todos los sólidos á cristalizar, es decir á -modelarse bajo el patrón originario. - -Cuando un planeta[30] ha organizado toda su materia en los tres -costados, ó en términos más generales: cuando la materia de un -planeta ha alcanzado su máximum de estabilidad, comienza el proceso -de desintegración de esta materia. Ella se ha de efectuar en un -tiempo equivalente al que empleó para formarse, conforme á la ley de -periodicidad, y en estados semejantes, bien que inversos[31]. - -La función vital preponderante, que era condensar éter, es reemplazada -por la de “eterizar” la materia, aunque esto no quiere decir que haya -sustitución completa de un proceso por otro. El equilibrio entre ambos -persiste por mucho tiempo, exactamente como ahora lo vemos en nuestro -mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia progresiva -hacia la eterización. Á esto último responde la aparición de los seres -orgánicos. - - - NOTAS: - -[1] “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente á _sombra_, es -decir á una diminución de luz. Son la “no-luz” en absoluto. - -[2] Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida, tiene un -símbolo admirable en el paganismo. Queremos hablar del destino (ó sea -el determinismo de las causas anteriores) que era superior á todos los -dioses, sin ser él mismo un dios. - -[3] Conviene tener presente siempre que esta electricidad es la del -rayo _γ_, y no la que conocemos habitualmente. - -[4] La ciencia empieza á considerar como materia á la luz y á la -electricidad, porque está obligada á suponerlas atómicas. Nosotros -también; pero si son materia porque son objetivas y ésta es la -verdadera definición carecen de la propiedad substancial _única_ de la -materia: el peso. No sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces, -diferencia substancial entre la materia y la energía: pero la lógica -obliga á esta conclusión. - -[5] Recuérdese nuestra definición de la materia en la nota anterior: -materia es todo lo objetivo. - -[6] La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; por eso -decimos que el rayo es unidad absoluta _como manifestación vital_. - -[7] No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, pues parece en -realidad que la extensión debiera preceder á la magnitud; pero creemos -haber demostrado en el caso de la mancha de luz, que ésta puede tener -magnitud sin tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El -valor convencional que damos á las palabras, resulta de la novedad de -las ideas. - -[8] Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo (que de -ninguna manera se nos representa como un tipo semejante al humano) á -través de la materia y de la fuerza, sin necesidad de negarlas, antes -refundiéndolas en su propio ser una de cuyas manifestaciones las -consideramos. De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida -absoluta (Dios) por estados de conciencia. - -[9] Recuérdese nuestra definición de la vida. - -[10] Es decir que producen iones. Los iones surgidos de los mecheros, -son los productores del fenómeno. En las manchas de luz primordial, los -puntos más luminosos vienen á ser las fuentes de ionización. - -[11] Las analogías entre estas vidas con los fenómenos del mundo -actual, no implican identidades. Los fenómenos de aquéllas, son los -prototipos de nuestros fenómenos; son parecidos, pero no iguales. - -[12] Como siempre que hay choque de dos magnitudes de forma circular. - -[13] El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene achatamiento -polar alguno, como una pompa de jabón, aunque su densidad sea sólo -una cuarta parte de la terrestre, y su fuerza centrífuga cuatro veces -mayor. Á su tiempo recordaremos esta singularidad solar. - -[14] El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía Platón que -sabía á qué atenerse. - -[15] Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única forma material -perceptible que realice estas condiciones, si bien un agregado de -hexaedros nunca puede componer un todo perfecto, estando limitado -siempre por ángulos abiertos. Es lo que ocurre con la materia en eterno -trabajo de desintegración que la pone en contacto con la absoluta -energía, como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro conjunto -de hexaedros. - -[16] En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale á los -dioses de las religiones positivas, cuyo carácter más saliente y común -es la arbitrariedad. - -[17] La astronomía moderna se inclina á creer que todo el universo -estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea se halla próxima -á su centro; pues el número de estrellas de dos puntos opuestos del -cielo, ya estén situados en la vía misma ó en sus polos, es casi -igual. Siendo esto así, el universo estelar presentaría la forma de -una lenteja ó esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía -láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al plano de -ésta (las zonas 1^a y 9^a abarcarían sus polos) resulta la siguiente -relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; 3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6, -6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual establece el rango central de la -vía láctea (5, 8, 2), así como la forma del universo estelar. Nuestras -_lentejas_ no son, pues, pura fantasía. - -[18] Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la materia -gaseosa de los anillos en materia sólida, esta última es inexplicable. -En efecto, si es del mismo peso y densidad que la del planeta, no ha -podido condensarse sin romperse; y si no es del mismo peso y de la -misma densidad, ¿cómo gira armónicamente con él? - -[19] Los cambios de conformación de algunas nebulosas, manifiestan -tendencia á definirse en torbellinos espirales. El capítulo siguiente -expresará en detalle estos movimientos. - -[20] En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos son los más -notables: la densidad de Venus, menor que la de la Tierra, no obstante -su mayor proximidad al sol; la de Urano mayor que la de Saturno, á -pesar de hallarse más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter -mucho mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites -de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento polar del sol, antes -mencionada; la depresión polar de Mercurio, diez veces mayor que la -de la Tierra, á pesar de que su rotación equivale apenas á un tercio -de la de ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan sólo; -las depresiones polares igualmente desproporcionadas de Saturno y de -Júpiter... - -[21] Es curioso que el número 7, el número sagrado por excelencia, -reaparezca como cifra inicial de este resultado; pero lo es más aún -el que la _docena_ y la _decena_, también números sagrados, estén -significados en la población de ciento veinte millones (diez docenas de -millones) de estrellas que los mismos cálculos asignan al universo. - -[22] Del propio modo que no se niega la continuidad de la vida, porque -los organismos individuales acaben. - -[23] En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor. - -[24] Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N. - -[25] La emanación continua del radium, tanto como la propagación de -la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento -perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente. - -[26] No damos á la palabra _gravedad_, su acepción corriente. Para -nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto -pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas -é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta -ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes, -existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola -(materia más tenue que el núcleo), en oposición al sol por el cual son -atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la -gravedad tiene contradicciones harto serias. - -[27] Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en -presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio -milímetro. - -[28] La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de -las nebulosas. - -[29] Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente los que -conocemos; basta reflexionar que si todos los gases son formas -alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno primordial era todos estos -gases, es decir, una cosa bien distinta de hoy, cuando ellos se -encuentran ya diferenciados. Del propio modo el líquido primordial -cuya forma actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una -especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno y el agua -primordiales, eran estados generales de materia: _lo_ gaseoso y _lo_ -líquido. - -[30] Como el nuestro. - -[31] Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido prototípicos, -¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente el radium, ó una -composición parecida, que al solidificarse del todo, debe perder muchas -de sus cualidades radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso -(gravedad). El radium posee la propiedad de descomponer el agua en -hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio. - - - - - OCTAVA LECCIÓN - - LA VIDA ORGÁNICA - -En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad, -puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por -lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la -sensibilidad se hizo posible en la materia. - -Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de -la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura; -y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento -de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad. - -La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta -ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N, -la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas, -la vida de los cristales--han demostrado ya hasta la evidencia que -la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada -orgánica. - -Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las -moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es -un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía -vagas--mas no por ello menos prodigiosas--de los metales coloidales tan -semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[32]--todo -eso está indicando cómo debió producirse _grosso modo_ el fenómeno. La -generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á -épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo -depende de las condiciones en que se halle el átomo. - -Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los -cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es--ya lo hemos dicho--la -radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del -contacto de dos cuerpos heterogéneos[33]. La sangre es un potentísimo -reservorio de electricidad. - -Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que -la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria, -desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los -conocidos procedimientos de generación,--fisiparidad, ovulación, -hermafrodismo--hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de -materialización. - -Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas -asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico, -debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica. - -El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era -naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido, -y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino -futuro. - -De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas -filosofías como la “gran madre” (_mater-ia_) personificada en el agua, -pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se -manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su -cuarto estado. - -Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía -absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo -estudiado. - -Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (-) el signo -de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el -signo de la actividad ó masculino. - -El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir -el universo su ciclo de manifestación material--será los dos elementos -á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ −); mas como -de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento -femenino: auto engendra. - -Previa esta explicación, véase el esquema: - - - Septenario de la manifestación - ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ - Ternario de la ideación Cuaternario de la realización - ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ ╱▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔▔╲ - _Energía absoluta_ − Estado atómico - (materia difusa) - - + Rayo primordial + Gas - (primera dimensión) (materia expansiva) - - − Magnitud sin volumen − Líquido - (segunda dimensión) (equilibrio material) - - + Extensión + Sólido - (tercera dimensión) (materia cohesiva) - -Estas propiedades lo son _por excelencia_ de los diversos estados de -materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero -no son exclusivas. - -Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la -situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones -materiales, justifica su símbolo[34]. - -La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino, -y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase -hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores -razones. - -Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas, -verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del -globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el -radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas -debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente -la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el _od_ de -Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de -Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N. - -La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la -Tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía -darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que -resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían -sometidos. - -El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el -tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula -gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose -como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en -los seres que de su masa engendraba. - - - - - NOVENA LECCIÓN - - LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO - -Lo que acabamos de expresar es de tal modo extraño á las ideas -corrientes, que requiere una explicación de los fenómenos estudiados, -bajo un aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual del -universo, ó mejor dicho el universo como manifestación inteligente. - -Si el pensamiento es un producto de las combinaciones físico-químicas -del organismo humano, donde quiera que haya análogas combinaciones, -existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos efectos. - -Ahora, cuando se piensa que la vida obedece á leyes muy simples en su -comienzo, y que no hay realmente diferencia entre la materia orgánica -y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, parece que no es ya -tan absurdo buscar pensamiento en toda manifestación de la vida. -Atribuirlo solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo -del ser singular creado ex profeso por los dioses de las religiones -positivas; decir que es una actividad peculiar á su organismo, es negar -la perfecta analogía é identidad substancial de éste con los del resto -del mundo animal, sin excluir á los insectos cuya inteligencia es tan -notable; limitarlo á los seres vivos, es volver á la separación de -materias que no existe en realidad. - -¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse como el único ser -inteligente del universo, si apenas es superior en su pequeño mundo? - -¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior á él es el mineral en -estabilidad; el vegetal en duración como ser vivo; el animal en muchas -facultades. Víctima de la bacteria microscópica durante edades, hace -muy poco que ha empezado contra ella una lucha desigual en la que, -hasta ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido la víctima de -los más ínfimos del reino animal. - -Esto para los materialistas. Los espiritualistas, especialmente los -fieles de las religiones positivas, creen en entidades espirituales -ó inteligencias superiores al hombre, conforme lo manifiestan sus -complicadas angelologías, y en otras inferiores á él según sus -demonologías más complicadas aún. Con éstos nos bastará ponernos de -acuerdo sobre el _modus operandi_ de semejantes inteligencias. - -Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar el asunto. - -El pensamiento, nadie puede negarlo, es una forma de la energía, -si bien no presenta identidad con ninguna de las otras. No es luz, -calor, electricidad, aroma ó sonido; pero es lo que percibe de un modo -consciente esas formas de energía, puesto que las estudia é investiga -sus leyes. El pensamiento es la energía absoluta de que todo procede -y á la que todo regresa, lo que en sí lleva potencialmente todas las -formas de energía, sin tener sus cualidades, como es natural, pues no -es ninguna de ellas parcialmente considerada. Él es realmente el ser -absoluto cuya primera manifestación consiste en electricidad puramente -dinámica, como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente lineal -é inconcebible. Sabe todo el mundo que la actividad cerebral produce -fenómenos eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, dicen -que durante dicho trabajo ven á las células cerebrales relumbrar como -estrellas. Más recientemente aún, se ha observado que la actividad -nerviosa aumenta la producción de rayos N. - -Como energía sensible, el pensamiento es imponderable y no objetivo á -la vez: no es materia absolutamente. Su indiferencia á la distancia -y al tiempo, puesto que se traslada con prescindencia de ambos y sin -que ambos le estorben, prueba su superioridad sobre ellos; así como -demuestra al concebirlos que los contiene y que puede crearlos. Las -consecuencias de su lógica, anteriores al conocimiento de los hechos, -puesto que los predice en ciertos casos, establece cuando menos la -identidad de sus leyes con las que rigen el universo. Maxwell encontró -como un resultado matemático, la onda eléctrica que Hertz hizo -perceptible, sin realizar ninguna experiencia y bastante tiempo antes -que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse. - -Todas las manifestaciones de la vida son formas de pensamiento, -puesto que lo son de la energía absoluta en su eterno doble trabajo -de integrarse y desintegrarse; pero entonces también, las fuerzas son -seres inteligentes en proporción con su mayor vecindad á la energía de -donde proceden. - -Así el primer movimiento en sentido lineal, ó bien la electricidad -puramente dinámica, sería la primera idea, el primer ser que -en su simple unidad lleva potencialmente todo el universo por -desarrollarse--un dios verdaderamente; pero no la unidad neutra y -extra-cósmica de las religiones, sino la síntesis de todas las -energías, que hasta su tercer estado no es materia en realidad. - -Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero los estados sucesivos -no tienen lugar por disminución ó desaparición del primero, según lo -prueba nuestro pensamiento en acción, pues coexiste con todo ellos y -nunca deja de estar convirtiéndose. Así se explica que los universos -acaben y vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, no como un nuevo -proceso de repetición, sino como una continuación del que lo precediera. - -No siendo esa energía una magnitud, no puede disminuir, lo que explica -su permanencia; y así está eternamente convirtiéndose y siendo la misma. - -Las ruedas de luz en que luego se divide, forman la primera hueste -de seres, multiplicados en los polígonos inscriptos en ellos, y -sucesivamente en los poliedros del primer estado atómico; pero como -estos seres no son materia de la nuestra, digamos así, es forzoso -considerarlos entidades incorpóreas, ó sea espíritus[35]. - -Unitarios en un principio, como que no son sino formas, se convierten -en hermafroditas al volverse átomos, no por razones de sexo -naturalmente, sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye -su existencia, la materia y la fuerza bajo el estado potencial. El -átomo es así un espíritu puro, y su conversión al estado de materia y -de fuerza ya definido, su caída. - -Entre tanto, los seres que fueron las primeras ruedas, y que como -estados de energía no han dejado de existir, van dirigiendo su propio -fraccionamiento evolucionario, por actos de conciencia y de voluntad; -pues se recordará que no siendo nada material, resultan forzosamente -espíritus: pensamiento en acción. - -¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento es una -individualidad? Cuando leemos un pensamiento, no necesitamos recordar -á su autor, ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con éste, pues -de ninguna manera es necesario conocer al autor de un pensamiento, ni -saber nada sobre él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento es -una individualidad con vida propia; y si esto sucede en la humanidad, -cualquiera advierte la importancia que revestirá cuando se trata de -seres cósmicos. - -La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee esta individualidad, -y he aquí otra demostración de que son cosas distintas, así sea toda -fuerza una manifestación de pensamiento, como son cosas distintas el -rastro y la planta que lo imprimió. - -Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer una potencia -prodigiosa, dadas su libertad y la asimilación de energías que -constituía su ser; pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia -ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto humano. Los -fracasos de mundos estallados en asteroides ó consumidos en las -hogueras solares, tanto como la desaparición de especies animales que -convivieron con otras aún existentes, prueban errores de criterio y de -procedimiento en esas inteligencias primordiales[36]. - -Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron sino cuando hubo -materia voluminosa y extensión, correspondiendo entonces al calor su -rango de primer numen[37]; pero el catálogo de las existencias cósmicas -no tendría interés para el lector, sino como una nomenclatura estéril -de personajes fantásticos. - -Lo que sí interesa saber, es que todas estas manifestaciones son -atómicas y susceptibles de transformarse en otras, es decir de -_crear_, si ha de darse á este verbo su único sentido aceptable[38]. -Son atómicas, como el hombre es celular, sin que su unidad de ser -individual se resienta; y si están sujetas á la evolución que hemos -descripto como una serie de consecuencias, este determinismo es el -resultado de las causas desconocidas que actuaron sobre ellas en el -universo anterior; pero ellas _sabían lo que les pasaba_, y ayudaban á -la evolución dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien no -sin conflictos, es decir sin errores, como lo prueban los cataclismos -cósmicos[39]. Si hubiera un Creador omniciente y omnipotente, el -universo sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo posible. - -Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos á cada momento su -inteligencia. Todos los fenómenos naturales nos revelan operaciones -complicadísimas, ejecutadas con una precisión, con una economía tal de -esfuerzo, con una adaptación tan perfecta á su objeto, que revelan -direcciones muy superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo que -ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante de esos -fenómenos, y se tendrá la relación entre ella y las fuerzas directoras -de éstos. - -La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad de las formas, -que la ciencia llama “inclinación natural” de la materia, ¿qué son sino -deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, comparación entre dos -términos? Todavía si el universo fuera de una estabilidad perfecta, -se explicaría esa precisión como un equilibrio resultante de largas -oscilaciones; pero cuando todo cambia incesantemente, las fuerzas -ciegas son inexplicables. - -Al no asignar inteligencia sino al hombre, la ciencia cae en el error -antropocéntrico de las religiones, ó está obligada á suponerla en toda -manifestación físico-química, en todo fenómeno cuya dirección tenga -analogía con un raciocinio, una comparación, una modalidad intelectual -en una palabra; mucho más cuando esa modalidad resulte, como hemos -visto, superior á las suyas. Efectos análogos, suponen causas -semejantes. - -¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre con el planeta que -habita, y cuyas manifestaciones físico-químicas mucho más poderosas y -complicadas que la suya (como que él es una en el planeta) supone una -inteligencia mucho más vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó -el efecto (materialismo) de esas manifestaciones? - -¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto como ser, que el -planeta--el ser enorme--en el cual aquél no es sino una célula?...[40]. - -Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante del asunto. - -Si la radioactividad de la materia en forma de luz, calor, -electricidad, olor, sonido, es un trabajo de regreso hacia la energía -absoluta, percibir esas manifestaciones por medio de los sentidos es -incorporarlas á dicha energía, es decir al pensamiento. Esto explica á -la vez la percepción y la naturaleza etérea (radioactividad absoluta) -del pensamiento. De aquí que el mejor aparato para apoderarse de la -energía etérea, sea el hombre, que al llevarla en sí está en ella y es -ella, como entidad espiritual naturalmente. - -Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo fenómeno olfatorio -ó gustativo, son trabajos de desintegración de la materia, y toda -percepción inteligente de estos fenómenos es reintegración de materia -á la energía absoluta. - -Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, y que resuelve uno -de los más obscuros problemas filosóficos. - -Sábese, en efecto, que el espacio como extensión infinita é incorpórea, -vale decir el movimiento absoluto, puesto que es el movimiento lo que -engendra al espacio--es á un tiempo inconcebible é imprescindible -para nuestra mente. Si el pensamiento es la energía absoluta, nuestro -pensamiento y el espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito -é incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; resultando así -inconcebible como sensación, bien que imprescindible porque constituye -nuestro propio ser. Los términos al parecer antagónicos, se hallan así -conciliados. - -He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del alma como soluciones -racionales de una concepción cosmogónica, es decir aceptables sin -conflicto con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, bien -que sólo por razones de distancia, entre el materialismo y el -super-naturalismo, la nuestra considera todos los fenómenos como -naturales, pero no los deriva totalmente de la materia; y lejos de -someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un dios _ex nihilo_, -los considera determinados por una existencia anterior. Todas -las consecuencias que se derivan del espiritualismo así concebido: -solidaridad humana, inmortalidad, causalidad del destino humano, son -consecuencias racionales. - - - NOTAS: - -[32] Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías -sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos obran sobre -ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas -de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos -cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí -resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de -estado para producirlos á todos. - -[33] Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad; -y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más -simple expresión. - -[34] Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en -todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que -cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia -tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la -cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que -la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma -líquida, y ésta era otra razón. - -[35] He aquí por qué llamamos _ideación_ al ternario superior de -nuestro esquema. - -[36] Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía -primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son pensamiento, es -decir seres inteligentes. - -[37] El calor, como se recordará, es una forma de la electricidad, que -en estado puramente dinámico, es pensamiento. - -[38] Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar. - -[39] El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias de su -acción. Por otra parte, no hay evolución posible sin errores; es decir -progreso, causalidad, fenómenos. La absoluta perfección, ó sea el Dios -de las religiones, implica la absoluta esterilidad. - -[40] El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión. - - - - - DÉCIMA LECCIÓN - - EL HOMBRE - -Cuando vuelve á la vida un universo, los seres que lo poblaron -vuelven también á la acción por orden de importancia; es decir que -las fuerzas superiores, las más poderosas y activas, son las primeras -en reaparecer. Esto explica la formación de los mundos como entidades -primordiales, y todo el proceso de conversión de la energía en -materia, hasta que ésta alcanza su máximum de estabilidad en el estado -sólido. Á partir de este punto, se inicia el proceso inverso, ó de -desintegración, y los seres van tendiendo á convertirse en focos de -eterización cada vez más activa. Siendo éstos los seres vivos, según -se expresó, y figurando entre ellos el hombre como el más activo de -todos, alcanzar el estado humano viene á ser para los seres de la -Tierra la suprema perfección en este mundo. Conociendo este proceso, la -Kábala había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: “La piedra -se convierte en árbol, el árbol en animal, el animal en hombre y el -hombre en espíritu puro”--dando á las cosas un alcance bien superior -como se ve. - -Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra la vida animal, su -primer representante ha tenido que ser el hombre; y ya hemos visto que -vida animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la Tierra desde que -ésta entró al estado líquido, bajo formas fluídicas, pero no menos -reales por ello. - -Antes del proceso cristalino y del vegetativo, en el cual la ciencia -va encontrando ya las células poliédricas primordiales, así como los -rudimentos de un sistema nervioso[41], el espíritu del hombre existía -ya, pero no dividido todavía en seres humanos, sino como una entidad -sintética que dirigía la evolución todavía poco diferenciada de su -planeta. Era un habitante de la nebulosa ígnea que constituía la -Tierra entonces, y engendraba por acción mental, es decir pensaba su -descendencia. - -Cuando el planeta entró al estado líquido, aparecieron en su seno -los cristales blandos, los rudimentos de existencias filamentosas -que constituirían la vegetación, y las primeras células animales. -El ser planetario se había dividido en existencias. De éstas, las -destinadas á formar el reino animal, eran inteligencias, es decir -hombres, según correspondía, dado que el hombre era la fuerza superior -en la animalidad, y debía, por lo tanto, aparecer primero. Todas las -formas animales son derivados de aquellas células, ideaciones suyas, -y la escala darwiniana se encuentra así totalmente invertida[42]. El -hombre es, pues, el progenitor del reino animal, explicando esto por -qué repite las características de la serie zoológica durante su vida -intrauterina; argumento el más poderoso del darwinismo para demostrar -que es la síntesis inversa de toda esa serie. - -Pero Darwin, urgido por imperativos teológicos, habló del hombre como -del “coronamiento de la escala animal”. La lógica anuló bien pronto -esa capitulación con la Biblia; pues si el hombre no era más que un -peldaño, no había razón para que fuese el superior y el último, sino -uno de tantos. Así, pues, el mono antecesor se ha convertido en un -primo, lo cual ya es algo. - -Sin embargo, hay un hecho bastante significativo; y es que el -esqueleto ó los rastros del hombre, coexisten con todas las formas de -vertebrados extinguidos y en todas las épocas geológicas, sin mostrar -alteraciones muy sensibles en su estructura y en su tamaño, lo cual -revela, cuando menos, una estabilidad superior como especie; y teniendo -en cuenta que semejante estabilidad no puede provenir sino de una -organización superior á la de los coetáneos ya desaparecidos, así como -que se requiere una antigüedad muy grande para fijar los caracteres de -una especie cuanto más complejos son[43], parece que la misma ciencia -va demostrando la situación _anterior_ del hombre en el reino animal. - -La división que hemos debido establecer entre el hombre como espíritu -de la tierra y como ser material, requiere también una explicación. - -En efecto, como espíritu de la tierra, ó sea en su carácter de fuerza -sintética animadora, el hombre es el progenitor de todos los reinos; -pero como ser material, es decir dividido en mónadas[44] activas, se -circunscribe al reino animal. Eso sí, como la ley de vida es una -sola, al constituir el hombre la fuerza superior de la animalidad, -aparece primero. - -Teniendo en cuenta, sin embargo, que la vida de los planetas concluye -dentro del ciclo de todo el universo, del propio modo que la del hombre -dentro de la vida del planeta, muchas de esas mónadas quedan detenidas -en su evolución hacia la espiritualidad, cuando el planeta sucumbe. -¿Qué sucede entonces? - -Hemos dicho que los astros de un sistema conservan relaciones -magnéticas y luminosas, pudiendo agregar ahora que dichas relaciones -son influencias evidentes, pues la ciencia dice que basta la incidencia -de un rayo de luz sobre un punto para provocar múltiples fenómenos. - -Siendo ello así, la energía de esas mónadas pasa á otros astros que se -encuentran en evolución correlativa, para seguir su ciclo en ellos, y -de aquí que el pretendido absurdo de la astrología sea sostenido por -talentos superiores. - -Callaremos, no obstante, lo que pasa, para limitarnos á decir lo que -pasó, continuando así nuestras descripciones. - -Al entrar la Tierra en el estado líquido, la vida orgánica de la luna -había concluido su ciclo de manifestación, y las mónadas de sus seres -inteligentes debieron pasar á incorporarse en las nuestras. No lo -hicieron como puras energías, sino también como agregados de materia -sutil que se infiltró en la masa de la gigantesca célula humana á modo -de influencia magnética, comunicándole nuevas propiedades, de la manera -que el imán al acero. De aquí las relaciones magnéticas que el estado -líquido conserva con la luna bajo la forma de mareas. - -El vehículo de que esos espíritus lunares se valieron para venir á la -Tierra, fué el cono de sombra que ésta proyecta sobre la luna, y que -durante los eclipses nos trae exhalaciones maléficas de aquel astro; -pues siendo él un cadáver, no ha de exhalar vida naturalmente. Esto -explica la tradición en cuya virtud los chinos y muchas otras gentes, -alborotan durante los eclipses “para ahuyentar á los malos espíritus”. - -El cono de sombra es tan objetivo para esas formas sutiles, como -un chorro de agua ó una columna de humo; pues siendo la luz el más -poderoso agente de eterización de la materia, donde ella falta, es -decir donde hay sombra, la materia es más densa y puede servir de -vehículo. Cuando se dice que la luz ahuyenta á los espectros, se -expresa una verdad más grande de lo que parece; y cuando los “bárbaros” -hacen ruido para producir un efecto igual, por estar la luna oculta, -echan mano de un agente (el sonido) que según se ha visto es una fuerza -primordial, pues es la que ordena los átomos en series armónicas. La -luz y la música, son enemigas de la muerte. - -Muchos errores había cometido el hombre, espíritu puro sin conciencia, -en sus engendros de la animalidad, así como en los tanteos para adoptar -su propia forma; y de este modo, sobre el glutinoso mar primitivo, iban -formándose los monstruos (fracasos) cuya descendencia estudia nuestra -paleontología. - -Sobre un coágulo de temblorosa albúmina, aparecía de pronto un inmenso -ojo azul; una pulida mano, que al carecer de huesos[45] era más tierna -aún, surgía de la antena de un molusco monstruoso; peces con cara -humana, copos de nácar fluido en cuyo centro latían con intermitente -fosforescencia glándulas pineales; serpientes engendradas por el simple -movimiento de las olas coloidales, y aniquiladas de pronto en una -multitud de cabecitas de pájaro; membranas de colores esbozando en su -tornasol complicaciones intestinales y vesículas natatorias... - -Los espíritus de la luna trajeron al hombre su experiencia, es decir -le dieron la percepción mental que puso orden en aquella confusión; -pero esto no bastaba; requeríase aún la conciencia y la memoria -para que aquel espíritu tuviera responsabilidad, ó sea para que se -individualizara del todo, aprendiendo á causar su propio destino. - -Entonces los espíritus solares se esparcieron por el planeta. - -Iban á ayudar al hermano inferior en su obra, que la simple ley -evolucionaría habría llevado á término; pero que por este acto, se -adelantaba hacia la perfección, economizando edades[46]. Éste era un -deber (como lo es todo acto caritativo) un deber de los espíritus -solares; pero muchos de ellos no quisieron llenarlo, por no descender -de su rango superior. Llegó un momento, sin embargo, en que la ley -evolucionaría los impelió á cumplir como fatalidad lo que habían -rehusado como deber[47]; y entonces debieron encarnarse en las -mónadas que les tocaba animar; pero éstas, mientras tanto, habían -seguido cometiendo errores, que refluyeron sobre los que habrían debido -impedirlos animándolas, y es así cómo esas mónadas se encontraron -retrasadas en su evolución. - -Comprendiendo, entonces, que durante la vida de este globo no pueden -alcanzar la perfección de los otros, continúan entregadas á la -fatalidad, que es la transgresión del deber, es decir _haciendo mal_. -El bien y el mal, las diferencias de calidad, de inteligencia, etc., en -los hombres, quedan así explicados en carácter de fenómenos lógicos y -productos de la conciencia espiritual. Así es cómo, únicamente, el mal -no viene á ser una forma del bien, según el conocido sofisma deísta; -y cómo el dualismo de Dios y de Satanás, no es tampoco un imperativo -categórico. Hay condenados por su culpa (por no haber animado -voluntariamente las mónadas) pero su condenación no es eterna, sino -respecto al ciclo de evolución de este planeta. Los que han preferido -obrar como fuerza ciega, son las víctimas de la fatalidad[48]. - -Sólo falta por agregar ahora, que así como después de reingresar en la -energía absoluta, el universo vuelve á ser materia, mundos y hombres -hacen lo propio en ciclos equivalentes á la duración de sus vidas; y -que de tal modo, la reencarnación humana resulta una ley racional y -necesaria[49]. Necesaria sobre todo, si á los actos de su corta vida no -han de corresponder, contra toda razón y toda justicia, _eternidades_ -de gloria ó de tormento. Una sola es la ley de la vida, lo mismo para -el insecto que para la estrella[50]. - - - NOTAS: - -[41] Porque el vegetal es un reino intermedio entre los otros dos y -participa de la naturaleza de ambos. - -[42] Esto explica por qué en el Génesis, Adán “da nombre” ó lo que es -igual especifica á los animales que ya estaban creados por Dios; es -decir que existían como meras potencialidades sin objetividad alguna, -en la mente del espíritu director del planeta. - -[43] Ésta es la respuesta á los que objetan que ciertos insectos viven -también con su forma adquirida, desde remotas edades geológicas, por -más que ninguno alcance á la antigüedad del hombre. - -[44] Usamos el término como una semejanza, y advirtiendo que estas -mónadas tienen la misma existencia incorpórea de los átomos, ya -descripta en otro lugar, siendo substancialmente idénticas á los -átomos minerales ó vegetales, pero en otro estado de vida, según los -antecedentes del ser que las engendra. - -[45] No se olvide que el estado sólido no existía aún, y téngase -presente que aun después de existir, el fosfato de cal un producto de -los moluscos primitivos fué de los últimos en aparecer. - -[46] Éste es el origen del mito de Prometeo, un numen que roba fuego -para los hombres. Cuando se sabe que Prometeo viene _de pro-methis_, -“premeditación”, el mito resulta enteramente claro. - -[47] Cumplir un deber indicado por la razón, es adelantarse á la -ley fatal, activando la vida consciente, ó sea produciendo un acto -meritorio; pues siendo la razón un ser superior al hombre, si bien -encarnado en él--el espíritu solar mismo--ella es realmente la guía del -hombre. Así se explica satisfactoriamente el bien y la superioridad en -apariencia paradógica de la razón humana, que, estando en el hombre, es -superior al hombre y da leyes á su existencia. - -[48] Éste es el concepto del pecado cuando se lo considera -individualmente. Pecado es ignorancia, es decir fuerza ciega, según la -propia definición teológica. - -[49] Conviene no olvidar que la razón de estos regresos á la vida, está -en la ley de causalidad puesta en acción por el mismo ser que sufre sus -consecuencias. - -[50] Repetimos que toda esta cosmogonía es sólo un esquema. La -evolución de las razas humanas, así como la explicación detallada de -las relaciones interplanetarias, excederían de su objeto; pero algo -me dice que he de volver á encontrar un día las huellas de mi augusto -revelador. - - - EPÍLOGO - -Y mi extraño interlocutor calló durante una hora cuyo silencio no me -atreví á turbar. - -Sobre nuestras cabezas palpitaba de astros la inmensidad transparente y -obscura. Su antigüedad formada por el transcurso de todos los tiempos, -era, no obstante, ligera como un aroma; su profundidad estaba serena -como un sueño en paz. - -En el silencio de aquella noche, ante la cordillera ahí erguida como -una presencia superior, tenía realmente la elevación de una idea. -Estrellas y sombra, infinito y eternidad, componían para mi mente en -comunión con ellos, esa armonía del silencio que presta alas al éxtasis. - -Pero semejante grandeza no me anonadaba. Era grata por el contrario á -mi pequeñez, y experimentaba ante ella, como ante una madre, la dulce -seguridad de un niño desnudo. - -Los misterios cuya exposición había oído, eran poca cosa ante aquél -mucho más grande de todos los astros del firmamento, concentrando -sus rayos en mi pobre ojo humano, inconcebiblemente pequeño ante el -universo, y subordinados por la mísera chispa de mi cerebro al imperio -de una ley; pues á través del frágil cristal de mi ojo, el universo -entero estaba en mí, y todos sus astros brillaban en mí como si yo -hubiera sido el infinito. - -Música de las esferas que el iniciado heleno concibió en su sistema: -¿qué necesidad tenía de oirte con mis orejas, si tu transporte -comunicaba á mi ser la beatitud inefable? Espectáculo de la bóveda -estrellada, siempre el mismo y nunca monótono para el humano en -meditación: ¿qué mérito mayor podía atribuirte que el de consolar mis -tristezas? Condición humana, dulcemente grata en tu pequeñez, puesto -que á ella debes la dicha de adorar; vida del hombre, preciosa en su -fugacidad de soplo, ya que ésta misma te acerca á la inmortalidad: -nunca como aquella noche comprendí vuestro destino, uno con el infinito -y siendo el infinito mismo, á la manera del rayo solar que tamizado por -el más pequeño poro, lleva no obstante á la pupila la sensación de todo -el sol. - -Mi interlocutor hizo un movimiento como si despertara, y alzando su -mano señaló el cielo del sur. - -Las nubes magallánicas rozaban el horizonte con sus lejanos tules, -evocando recuerdos de navegación y de noches antiguas. - -Eso, dijo el sabio, aquellas manchas negras, sombra de la sombra, que -la astronomía llama sacos de carbón, son sitios de futuros universos, -abismos de pensamiento eterno donde reposa la eterna vida. - -¿Qué fueron, qué son, qué serán? Un silencio más hondo que la muerte, -el silencio mismo del no ser, guarda ese secreto. Los rayos de todos -los astros son impotentes para penetrar esa sombra cuya existencia es -tan real como la de la luz, puesto que se destaca sobre la otra sombra -que es diminución de luz, siendo tinieblas existentes por sí mismas. - -¿Cómo explica la ciencia la impenetrabilidad de esas sombras al rayo -estelar? No lo explica. ¿Qué conjetura sobre su naturaleza? Nada -conjetura. Ante esos abismos donde piensa la eternidad y no existe el -tiempo; donde el sol más flamígero se apagaría como un candil en una -cueva; donde el silencio mismo no existe, donde la extensión misma no -es concebible--el pavor de lo absoluto paraliza aun al rayo de luz que -la inmensidad no detiene. - -Pero un día, cuando nuestro universo esté quizá disuelto en una -nubecilla atómica, el seno de esas tinieblas se estremecerá -al impulso del rayo inicial, y los abismos estelares volverán á -transformarse en soles. Quizá nosotros mismos seamos los animadores de -esa vida, y así como ahora pensamos ideas, pensemos entonces espíritus -vivientes. - -Pero nuestras ideas son también espíritus, espíritus que aspiran á -realizar, como los astros en el cielo y las flores sobre la Tierra, no -la sombría _struggle for life_ de la ciencia, sino la divina _struggle -for light_ de los seres superiores... - -Su estatura parecía haber crecido hasta sobrepasar la vecina montaña; -no era ya más que una larga niebla confundiéndose con la vía láctea en -el fondo del horizonte. Y fuese ilusión de mi mente sobrexcitada, ó -maravillosa realidad, es lo cierto que sin darme cuenta del prodigio, -estaba viendo, desde hacía un rato, emblanquecer su rostro entre las -estrellas. - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part -of this license, apply to copying and distributing Project -Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm -concept and trademark. 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You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you -are not located in the United States, you will have to check the laws of the -country where you are located before using this eBook. -</div> - -<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: Las Fuerzas Extrañas</p> - -<div style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:1em; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Leopoldo Lugones</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Release Date: June 25, 2021 [eBook #65689]</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Language: Spanish</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'>Character set encoding: UTF-8</div> - -<div style='display:block; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Produced by: Delphine Lettau, Andrés V. Galia and the Distributed Proofreaders Canada team (http://www.pgdpcanada.net)with images obtained from https://archive.org/details/LasFuerzasExtraas</div> - -<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***</div> - -<div class="figcenter illowp48" id="cover" style="max-width: 61.1875em;"> - <img class="w100" src="images/cover.jpg" alt="cover" /> -</div> - -<div class="chapter"> -<div class="tnote"> - <p class="center big1 p4">NOTAS DEL TRANSCRIPTOR</p> - -<p>En la versión de texto sin formato, el texto en cursiva se indica con -_guiones bajos_. El signo ^ representa un superíndice; así e^ representa -la letra _e_ minúscula escrita como superíndice inmediatamente después -del carácter precedente. Del mismo modo _{4} representa al subíndice 4.</p> - -<p>Se han corregido errores de puntuación obvios y otros errores de -impresión.</p> - -<p>El Índice con el contenido ha sido movido del final al principio de la -obra.</p> - -<p>El esquema presentado por el autor en el relato "Ensayo de una -cosmogonía en diez lecciones", en la versión de texto sin formato -ha sido modificado de su diseño original para evitar un formato de -exhibición no admitido por los programas de lectura de textos. El -diseño original de ese esquema está disponible en las versiones HTML, -EPUB y MOBI, donde se han incluido como imagen.</p> - -<p>La portada del libro ha sido modificada por el transcriptor y se -incluye en el dominio público.</p> -</div> - -<hr class="chap" /> -</div> - -<div class="chapter"> -<p class="half-title">LAS FUERZAS EXTRAÑAS</p> -</div> - -<div class="chapter"> -<p class="p2 big2 center">DEL AUTOR</p> -</div> - -<hr class="r5" /> - -<p class="indent10"><span class="smcap">Las Montañas del Oro</span>; poema (agotado).</p> -<p class="indent10"><span class="smcap">La Reforma Educacional</span>; polémica (agotado).</p> -<p class="indent10"><span class="smcap">El Imperio Jesuítico</span>; ensayo histórico (agotado).</p> -<p class="indent10"><span class="smcap">Los Crepúsculos del Jardín</span>; versos.</p> -<p class="indent10"><span class="smcap">La Guerra Gaucha</span> (agotado).</p> - -<hr class="full" /> -<p class="center">Imprenta de Coni Hermanos, Perú 684</p> - - - -<div class="chapter"> -<p class="p2 big3 center">LEOPOLDO LUGONES</p> -</div> - -<h1>Las Fuerzas Extrañas</h1> - -<p class="center">BUENOS AIRES<br /> -ARNOLDO MOEN Y HERMANO, EDITORES<br /> -Florida 323<br /> -1906</p> - - -<div class="figcenter chapter illowp62" id="foto-leopoldo-lugones" style="max-width: 41.4375em;"> - <img class="w100" src="images/foto-leopoldo-lugones.jpg" alt="" /> - <div class="caption"><p>Leopoldo Lugones</p></div> -</div> - -<div class="chapter"> -<p class="p4 center big2">ÍNDICE</p> -</div> - - -<table class="autotable" border="0" summary="índice"> -<tr> -<td class="tdl">La fuerza Omega</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_5">5</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">La lluvia de fuego</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_27">27</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Un fenómeno inexplicable</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_47">47</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">El milagro de san Wilfrido</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_63">63</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">El escuerzo</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_77">77</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">La metamúsica</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_87">87</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">El origen del diluvio</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_109">109</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Los caballos de Abdera</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_123">123</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Viola acherontia</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_137">137</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Yzur</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_151">151</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">La estatua de sal</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_169">169</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">El psychon</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_181">181</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl">Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones</td> -<td class="tdr"><a href="#Page_201">201</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2em;">Proemio</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_203">203</a> </td> -</tr> -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 3.5em;">I.—El origen del universo</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_206">206</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 3em;">II.—El origen de la forma</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_212">212</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.8em;">III.—El espacio y el tiempo</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_216">216</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.72em;">IV.—Los átomos</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_220">220</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 3.2em;">V.—Nuestra teoría ante la ciencia</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_228">228</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.7em;">VI.—La vida de la materia</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_237">237</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.4em;">VII.—Los elementos terrestres</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_243">243</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.0em;">VIII.—La vida orgánica</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_247">247</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.7em;">IX.—La inteligencia en el universo</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_253">253</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2.88em;">X.—El hombre</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_265">265</a> </td> -</tr> - -<tr> -<td class="tdl"><span style="padding-left: 2em;">Epílogo</span></td> -<td class="tdr"><a href="#Page_275">275</a> </td> -</tr> -</table> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_6"></a>[Pg 5]</span></p> -</div> - -<p class="half-title">LA FUERZA OMEGA</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_5"></a>[Pg 6]</span></p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_7"></a>[Pg 7]</span></p> -<h2 class="nobreak">LA FUERZA OMEGA</h2> -</div> - - -<p class="p1">No éramos sino tres amigos. Los dos de la confidencia, -en cuyo par me contaba, y el descubridor -de la espantosa fuerza que, sin embargo del secreto, -preocupaba ya á la gente.</p> - -<p>El sencillo sabio ante quien nos hallábamos, no -procedía de ninguna academia y estaba asaz distante -de la celebridad. Había pasado la vida concertando -al azar de la pobreza pequeños inventos -industriales, desde tintas baratas y molinillos de -café, hasta máquinas controladoras para boletos -de tranvía.</p> - -<p>Nunca quiso patentar sus descubrimientos, muy -ingeniosos algunos, vendiéndolos por poco menos -que nada á comerciantes de segundo orden. Presintiéndose -quizá algo de genial, que disimulaba -con modestia casi fosca, tenía el más profundo -desdén por aquellos pequeños triunfos. Si se le -hablaba de ellos, concomíase con displicencia ó sonreía -con amargura.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_8"></a>[Pg 8]</span></p> - -<p>—Eso es para comer, decía sencillamente.</p> - -<p>Me había hecho su amigo por la casualidad de -cierta conversación en que se trató de ciencias ocultas; -pues mereciendo el tema la aflictiva piedad -del público, aquéllos á quienes interesa suelen disimular -su predilección, no hablando de ella sino -con sus semejantes.</p> - -<p>Fué precisamente lo que pasó, y mi despreocupación -por el qué dirán debió de agradar á aquel desdeñoso, -pues desde entonces intimamos. Nuestras -pláticas sobre el asunto favorito, fueron largas. Mi -amigo se inspiraba al tratarlo, con aquel silencioso -ardor que caracterizaba su entusiasmo y que sólo -se traslucía en el brillo de sus ojos.</p> - -<p>Todavía le veo pasearse por su cuarto, recio, -casi cuadrado, con su carota pálida y lampiña, sus -ojos pardos de mirada tan singular, sus manos callosas -de gañán y de químico á la vez.</p> - -<p>“Anda por ahí á flor de tierra, solía decirme, más -de una fuerza tremenda cuyo descubrimiento se -aproxima. De esas fuerzas interetéreas que acaban -de modificar los más sólidos conceptos de la ciencia, -y que justificando las afirmaciones de la sabiduría -oculta, dependen cada vez más del intelecto -humano.”</p> - -<p>La identidad de la mente con las fuerzas directrices -del cosmos—concluía en ocasiones filosofan<span class="pagenum"><a id="Page_9"></a>[Pg 9]</span>do—es -cada vez más clara; y día llegará en que -aquélla sabrá regirlas sin las máquinas intermediarias, -que en realidad deben de ser un estorbo. -Cuando uno piensa que las máquinas no son sino -aditamentos con que el ser humano se completa, -llevándolas potencialmente en sí, según lo prueba al -concebirlas y ejecutarlas, los tales aparatos resultan -en substancia, simples modificaciones de la caña -con que se prolonga el brazo para alcanzar un fruto. -Ya la memoria suprime los dos conceptos fundamentales, -los más fundamentales como realidad -y como obstáculo—el espacio y el tiempo—al -evocar instantáneamente un lugar que se vió hace -diez años y que se encuentra á mil leguas; para no -hablar de ciertos casos de bilocación telepática, -que demuestran mejor la teoría. Si estuviera -en ésta la verdad, el esfuerzo humano debería -tender á la abolición de todo intermediario entre -la mente y las fuerzas originales, á suprimir -en lo posible la materia—otro axioma de filosofía -oculta; mas para esto hay que poner el organismo -en condiciones especiales, activar la mente, acostumbrarla -á la comunicación directa con dichas -fuerzas. Caso de magia. Caso que solamente los -miopes no perciben en toda su luminosa sencillez. -Habíamos hablado de la memoria. El cálculo demuestra -también una relación directa; pues si cal<span class="pagenum"><a id="Page_10"></a>[Pg 10]</span>culando -se llega á determinar la posición de un astro -desconocido, en un punto del espacio, es porque -hay identidad entre las leyes que rigen al pensamiento -humano y al universo. Hay más todavía: -es la determinación de un hecho material por medio -de una ley intelectual. El astro tiene que estar -ahí, porque así lo determina mi razón matemática, -y esta sanción imperativa equivale casi á una creación.</p> - -<p>Entiendo, Dios me perdone, que mi amigo no se -limitaba á teorizar el ocultismo, y que su régimen -alimenticio, tanto como su severa continencia, implicaban -un entrenamiento; pero nunca se franqueó -sobre este punto y yo fuí discreto á mi vez.</p> - -<p>Habíase relacionado con nosotros, poco antes de -los sucesos que voy á narrar, un joven médico á -quien sólo faltan sus exámenes generales, que quizá -nunca llegue á dar pues se ha dedicado á la filosofía; -y éste era el otro confidente que debía escuchar la -revelación.</p> - -<p>Fué á la vuelta de unas largas vacaciones que -nos habían separado del descubridor. Encontrámosle -algo más nervioso, pero radiante con una -singular inspiración, y su primera frase fué para -invitarnos á una especie de tertulia filosófica—tales -sus palabras—donde debía exponernos el descubrimiento.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_11"></a>[Pg 11]</span></p> - -<p>En el laboratorio habitual, que presentaba al mismo -tiempo un vago aspecto de cerrajería, y en -cuya atmósfera flotaba un dejo de cloro, empezó la -conferencia.</p> - -<p>Con su voz clara de siempre, su aspecto negligente, -sus manos extendidas sobre la mesa como -durante los discursos psíquicos, nuestro amigo -enunció esta cosa sorprendente:</p> - -<p>—He descubierto la potencia mecánica del sonido.</p> - -<p>“Saben ustedes,—agregó, sin preocuparse mayormente -del efecto causado por su revelación—saben -ustedes bastante de estas cosas para comprender -que no se trata de nada sobrenatural. Es -un gran hallazgo, ciertamente, pero no superior á -la onda hertziana ó al rayo Roentgen. Á propósito—yo -he puesto también un nombre á mi fuerza. Y -como ella es la última en la síntesis vibratoria cuyos -otros componentes son el calor, la luz y la electricidad—la -he llamado la fuerza Omega”.</p> - -<p>—¿Pero el sonido no es cosa distinta?, preguntó -el médico.</p> - -<p>—No, desde que la electricidad y la luz están -consideradas ahora como materia. Falta todavía el -calor; pero la analogía nos lleva rápidamente á -conjeturar la identidad de su naturaleza, y veo cercano -el día en que se demuestre este postulado<span class="pagenum"><a id="Page_12"></a>[Pg 12]</span> -para mí evidente: que si los cuerpos se dilatan al -calentarse, ó en otros términos, si sus espacios -intermoleculares aumentan, es porque entre ellos -se ha introducido algo y que este algo es el calor. -De lo contrario, habría que recurrir al vacío aborrecido -por la naturaleza y por la razón.</p> - -<p>“El sonido es materia para mí, pero esto resultará -mejor de la propia exposición de mi descubrimiento.”</p> - -<p>“La idea, vaga aunque intensa hasta el deslumbramiento, -me vino—cosa singular—la primera -vez que vi afinar una campana. Claro es que no se -puede determinar de antemano la nota precisa de -una campana, pues la fundición cambiaría el tono. -Una vez fundida, es menester recortarla al torno -para lo cual hay dos reglas: si se quiere bajar el tono, -hay que disminuir la línea media llamada ”falseadura“; -si subirlo, es menester recortar la ”pata“ -ó sea el reborde, y la afinación se practica al oído -como la de un piano. Puede bajarse hasta un tono, -pero no subirse sino medio; pues cortando mucho -la pata, el instrumento pierde su sonoridad.”</p> - -<p>“Al pensar que si la pierde no es porque deje de -vibrar, me vino esta idea, base de todo el invento: -la vibración sonora se vuelve fuerza mecánica y por -esto deja de ser sonido; pero la cosa se precisó -durante las vacaciones, mientras ustedes veranea<span class="pagenum"><a id="Page_13"></a>[Pg 13]</span>ban, -lo cual aumentó, con la soledad, mi concentración.”</p> - -<p>“Ocupábame de modificar discos de fonógrafo, y -aquello me traía involuntariamente al tema. Había -pensado construir una especie de diapasón para -destacar, y percibir directamente por lo tanto, las -armónicas de la voz humana, lo que no es posible -sino por medio de un piano, y siempre con gran -imperfección; cuando de repente, con claridad tal -que en dos noches de trabajo concebí toda la teoría, -el hecho se produjo.”</p> - -<p>“Cuando se hace vibrar un diapasón que está al -mismo tono con otro, éste vibra también por influencia -al cabo de poco tiempo, lo que prueba que -la onda sonora, ó en otros términos el aire agitado, -tiene fuerza suficiente para poner en movimiento -el metal. Dada la relación que existe entre el peso, -densidad y tenacidad de éste con los del aire, esa -fuerza tiene que ser enorme; y sin embargo, no es -capaz de mover una hebra de paja que un soplo humano -aventaría, siendo á su vez impotente para hacer -vibrar en forma perceptible el metal. La onda -sonora es, pues, más y menos poderosa que el -soplo de nuestro ejemplo. Esto depende de las -circunstancias, y en el caso de los diapasones, la -circunstancia debe de ser una relación molecular, -puesto que si ellos no están al unísono, el fenó<span class="pagenum"><a id="Page_14"></a>[Pg 14]</span>meno -marra. Había, pues, que aplicar la fuerza sonora, -á fenómenos intermoleculares.”</p> - -<p>“No creo que la concepción de la <em>fuerza sonora</em> -necesite mucho ingenio. Cualquiera ha sentido las -pulsaciones del aire en los sonidos muy bajos, los -que produce el nasardo de un órgano, por ejemplo. -Parece que las dieciséis vibraciones por segundo -que engendra un tubo de treinta y dos pies, marcan -el límite inferior del sonido perceptible que no es -ya sino un zumbido. Con menos vibraciones, el movimiento -se vuelve un soplo de aire; el soplo que -movería la brizna, pero que no afectaría el diapasón. -Esas vibraciones bajas, verdadero viento -melodioso, son las que hacen trepidar las vidrieras -de las catedrales; pero no forman ya notas, propiamente -hablando, y sólo sirven para reforzar las -octavas inmediatamente superiores.”</p> - -<p>“Cuanto más alto es el sonido, más se aleja de -su semejanza con el viento y más disminuye la -longitud de su onda; pero si ha de considerársela -como fuerza intermolecular, ella es enorme todavía -en los sonidos más altos de los instrumentos; -pues el del piano con el do séptimo, que corresponde -á un máximum de 4200 vibraciones por segundo, -tiene una onda de tres pulgadas. La flauta, que llega -á 4700 vibraciones, da una onda gigantesca -todavía.”</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_15"></a>[Pg 15]</span></p> - -<p>“La longitud de la onda depende, pues, de la altura -del sonido, que deja ya de ser musical poco -más allá de las 4700 vibraciones mencionadas. Despretz -ha podido percibir un do, que vendría á ser -el décimo, con 32.770 vibraciones producidas por -el frote de un arco sobre un pequeñísimo diapasón. -Yo percibo sonido aún, pero sin determinación -musical posible, en las 45.000 vibraciones del diapasón -que he inventado.”</p> - -<p>—¡45.000 vibraciones, dije; eso es prodigioso!</p> - -<p>—Pronto vas á verlo, prosiguió el inventor. Ten -paciencia un instante todavía.</p> - -<p>Y después de ofrecernos té, que rehusamos:</p> - -<p>“La vibración sonora, se vuelve casi recta con estas -altísimas frecuencias, y tiende igualmente á -perder su forma curvilínea, tornándose más bien -un zig-zag á medida que el sonido se exaspera. Esto -se ha experimentado prácticamente cerdeando un -violín. Hasta aquí no salimos de lo conocido, bien -que no sea vulgar.”</p> - -<p>“Pero ya he dicho que me proponía estudiar el -sonido como fuerza. He aquí mi teoría, que la experiencia -ha confirmado.”</p> - -<p>“Cuanto más bajo es el sonido, más superficiales -son sus efectos sobre los cuerpos. Después de lo -que sabemos, esto es bien sencillo. La fuerza penetrante -del sonido, depende, pues, de su altura;<span class="pagenum"><a id="Page_16"></a>[Pg 16]</span> -y como á ésta corresponde, según dije, una menor -ondulación, resulta que mi onda sonora de -45.000 vibraciones por segundo, es casi una flecha -ligerísimamente ondulada. Por pequeña que sea -esta ondulación, siempre es excesiva molecularmente -hablando; y como mis diapasones no pueden -reducirse más, era menester ingeniarse de otro -modo.”</p> - -<p>“Había, además, otro inconveniente. Las curvas -de la onda sonora están relacionadas con su propagación, -de tal modo que su ampliación progresa -con gran velocidad hasta anularla como sonido, -imposibilitando á la vez su desarrollo como fuerza; -pero tanto este inconveniente, como el que resulta -de la ondulación en sí, desaparecerían multiplicando -la velocidad de traslación. De ésta depende que -la onda no pierda la rectitud, que como toda curva -tiene al comenzar, y al logro de semejante propósito -concurrió una ley científica.”</p> - -<p>“Fourier, el célebre matemático francés, ha enunciado -un principio aplicable á las ondas simples—las -de mi problema—que puede traducirse -vulgarmente así:</p> - -<p>“Cualquiera forma de onda, puede estar compuesta -por cierto número de ondas simples de -longitudes diferentes.”</p> - -<p>“Siendo ello así, si yo pudiera lanzar sucesiva<span class="pagenum"><a id="Page_17"></a>[Pg 17]</span>mente -un número cualquiera de ondas en progresión -proporcional, la velocidad de la primera sería -la suma de las velocidades de todas juntas; la proporción -entre las ondulaciones de aquélla y su traslación, -quedaba rota con ventaja, y libertada por lo -tanto la potencia mecánica del sonido.”</p> - -<p>“Mi aparato va á demostrarles que todo esto se -puede; pero aún no les he dicho lo que me proponía -hacer.”</p> - -<p>“Yo considero que el sonido es materia, desprendida -en partículas infinitesimales del cuerpo sonoro, -y dinamizada en tal forma, que da la sensación -de sonido, como las partículas odoríferas dan -la sensación del olor. Esa materia se desprende en -la forma ondulatoria comprobada por la ciencia y -que yo me proponía modificar, engendrando la -onda aérea conocida por nosotros, del propio modo -que la ondulación de una anguila bajo el agua, es -repetida por ésta en su superficie.”</p> - -<p>“Cuando la doble onda choca con un cuerpo, la -parte aérea se refleja contra su superficie; la etérea -penetra produciendo la vibración del cuerpo y -sin ninguna otra consecuencia, pues el éter de -cuerpo supuesto, se dinamiza armónicamente con -el de la onda, difundido en él; y ésta es la explicación, -que se da por primera vez, de las vibraciones -al unísono.”<span class="pagenum"><a id="Page_18"></a>[Pg 18]</span> - -“Una vez rota la relación entre las ondulaciones -y su propagación, el éter sonoro no se difunde -en la masa del cuerpo, sino que la perfora, ya -completamente, ya hasta cierta profundidad. Y -aquí viene la explicación misma de los fenómenos -que produzco.”</p> - -<p>“Todo cuerpo tiene un centro formado por la -gravitación de moléculas que constituye su cohesión, -y que representa el peso total de dichas moléculas. -No necesito advertir que ese centro puede -encontrarse en cualquier punto del cuerpo. Las -moléculas representan aquí, lo que las masas planetarias -en el espacio.”</p> - -<p>“Claro es que el más mínimo desplazamiento del -centro en cuestión, ocasionará instantáneamente la -desintegración del cuerpo; pero no es menos cierto -que para efectuarlo, venciendo la cohesión molecular, -se necesitaría una fuerza enorme, algo de -que la mecánica actual no tiene idea, y que yo he -descubierto, sin embargo.”</p> - -<p>“Tyndall ha dicho en un ejemplo gráfico, que -la fuerza del puñado de nieve contenido en la -mano de un niño, bastaría para hacer volar en pedazos -una montaña. Calculen ustedes lo que se -necesitará para vencer esa fuerza. Y yo desintegro -bloques de granito de un metro cúbico...”</p> - -<p>Decía aquello sencillamente, como la cosa más<span class="pagenum"><a id="Page_19"></a>[Pg 19]</span> -natural, sin ocuparse de nuestra aquiescencia. Nosotros, -aunque vagamente, íbamonos turbando con -la inminencia de un gran revelación; pero acostumbrados -al tono autoritario de nuestro amigo, -nada replicábamos. Nuestros ojos, eso sí, buscaban -al descuido por el taller, los misteriosos aparatos. -Á no ser un volante de eje solidísimo, nada había -que no nos fuese familiar.</p> - -<p>“Llegamos, prosiguió el descubridor, al final de -la exposición. Había dicho que necesitaba ondas -sonoras susceptibles de ser lanzadas en progresión -proporcional, y á vuelta de muchos tanteos, que -no es menester describrir, di con ellas.”</p> - -<p>“Eran el <em>do, fa, sol, do</em>, que según la tradición -antigua constituían la lira de Orfeo, y que contienen -los intervalos más importantes de la declamación, -es decir, el secreto musical de la voz humana. -La relación de estas ondas es matemáticamente -1, 4/3, 3/2, 2; y arrancadas de la naturaleza, sin -un agregado ó deformación que las altere, son también -una fuerza original. Ya ven ustedes que la lógica -de los hechos, iba paralela con la de la teoría.”</p> - -<p>“Procedí entonces á construir mi aparato; mas -para llegar al que usted en ven aquí, dijo sacando -de su bolsillo un disco harto semejante á un reloj -de níquel, ensayé diversas máquinas.”</p> - -<p>Confieso que el aparato aquél nos defraudó.<span class="pagenum"><a id="Page_20"></a>[Pg 20]</span> -La relación de magnitudes forma de tal modo la -esencia del criterio humano, que al oir hablar de -fuerzas enormes habíamos presentido máquinas -grandiosas. Aquella cajita redonda, con un botón -saliente en su borde y á la parte opuesta una boquilla, -parecía cualquier cosa menos un generador -de éter vibratorio.</p> - -<p>“Primero, continuó el otro sonriendo ante nuestra -perplejidad, pensé en cosas complicadas, análogas -á las sirenas de Koenig. Luego fuí simplificando -de acuerdo con mis ideas sobre la deficiencia -de las máquinas, hasta llegar á esto que -no es sino una solución transitoria.”</p> - -<p>“La delicadeza del aparato no permite abrirlo á -cada momento; pero ustedes deben conocerlo, -añadió destornillando su tapa.”</p> - -<p>Contenía cuatro diapasoncillos, poco menos finos -que cerdas, implantados á intervalos desiguales -sobre un diafragma de madera que constituía el -fondo de la caja. Un sutilísimo alambre se tendía -y distendía rozándolos, bajo la acción del botón que -sobresalía; y la boquilla de que antes hablé, era -una bocina microfónica.</p> - -<p>“Los intervalos entre diapasón y diapasón, tanto -como el espacio necesario para el juego de la -cuerda que los roza, imponían al aparato este -tamaño mínimo. Cuando ellos suenan, la cuádru<span class="pagenum"><a id="Page_21"></a>[Pg 21]</span>ple -onda transformada en una, sale por la bocina -microfónica como un verdadero proyectil etéreo. La -descarga se repite cuantas veces aprieto el botón, -pudiendo salir las ondas sin solución de continuidad -apreciable, es decir mucho más próximas que las -balas de una ametralladora, y formar un verdadero -chorro de éter dinámico cuya potencia es incalculable.”</p> - -<p>“Si la onda va al centro molecular del cuerpo, -éste se desintegra en partículas impalpables. Si no, -lo perfora con un agujerillo enteramente imperceptible. -En cuanto al roce tangencial, van á ver ustedes -sus efectos sobre aquel volante...”</p> - -<p>—...¿Qué pesa?... interrumpí.</p> - -<p>—Trescientos kilogramos.</p> - -<p>El botón comenzó á actuar con ruidecito intermitente -y seco, ante nuestra curiosidad todavía incrédula; -y como el silencio era grande, percibimos -apenas una aguda estridencia, análoga al zumbido -de un insecto.</p> - -<p>No tardó mucho en ponerse en movimiento la -mole, y ésta fué acelerándose de tal modo, que -pronto vibró la casa entera como al empuje de un -huracán. La maciza rueda no era más que una sombra -vaga semejante al ala de un colibrí en suspensión, -y el aire desplazado por ella provocaba un -torbellino dentro del cuarto.<span class="pagenum"><a id="Page_22"></a>[Pg 22]</span> - -El descubridor suspendió muy luego los efectos -de su aparato, pues ningún eje habría aguantado -mucho tiempo semejante trabajo.</p> - -<p>Mirábamonos suspensos, con una mezcla de admiración -y pavor, trocada muy luego en desmedida -curiosidad.</p> - -<p>El médico quiso repetir el experimento; pero -por más que abocó la cajita hacia el volante, nada -consiguió. Yo intenté lo propio con igual desventura.</p> - -<p>Creíamos ya en una broma de nuestro amigo, -cuando éste dijo, poniéndose tan grave que casi -daba en taciturno:</p> - -<p>“Es que aquí está el misterio de mi fuerza. Nadie, -sino yo, puede usarla. Y yo mismo no sé cómo -sucede.”</p> - -<p>“Defino, sí, lo que por mí pasa, como una facultad -análoga á la puntería. Sin verlo, sin percibirlo -en ninguna forma material, yo <em>sé</em> dónde está -el centro del cuerpo que deseo desintegrar, y en -la misma forma proyecto mi éter contra el volante.”</p> - -<p>“Prueben ustedes cuanto quieran. Quizá al fin...”</p> - -<p>Todo fué en vano. La onda etérea se dispersaba -inútil. En cambio, bajo la dirección de su amo, -llamémosle así, ejecutó prodigios.</p> - -<p>Un adoquín que calzaba la puerta rebelde, se -desintegró á nuestra vista, convirtiéndose con leve<span class="pagenum"><a id="Page_23"></a>[Pg 23]</span> -sacudida en un montón de polvo impalpable. Varios -trozos de hierro sufrieron la misma suerte. Y -resultaba en verdad de un efecto mágico aquella -transformación de la materia, sin un esfuerzo perceptible, -sin un ruido, como no fuera la leve estridencia -que cualquier rumor ahogaba.</p> - -<p>El médico, entusiasmado, quería escribir un artículo.</p> - -<p>—No, dijo nuestro amigo; detesto la notoriedad, -aunque no he podido evitarla del todo, pues los -vecinos comienzan á enterarse. Además, temo los -daños que puede causar esto...</p> - -<p>—En efecto, dije; como arma sería espantoso.</p> - -<p>—¿No lo has ensayado sobre algún animal? preguntó -el médico.</p> - -<p>—Ya sabes, respondió nuestro amigo con grave -mansedumbre, que jamás causo dolor á ningún -ser viviente.</p> - -<p>Y con esto terminó la sesión.</p> - -<p>Los días siguientes transcurrieron entre maravillas; -y recuerdo como particularmente notable -la desintegración de un vaso de agua, que desapareció -de súbito cubriendo de rocío toda la habitación.</p> - -<p>“El vaso permanece, explicaba el sabio, porque -no forma un bloque con el agua á causa de que no -hay entre ésta y el cristal adherencia perfecta. Lo<span class="pagenum"><a id="Page_24"></a>[Pg 24]</span> -mismo sucedería si estuviera herméticamente cerrado. -El líquido, convertido en partículas etéreas, -sería proyectado á través de los poros del metal...”</p> - -<p>Así marchábamos de asombro en asombro; mas -el secreto no podía prolongarse, y es imposible valorar -lo que se perdió en el triste suceso cuyo relato -finalizará esta historia.</p> - -<p>Lo cierto es—para qué entretenerse en cosas -tristes—que una de esas mañanas encontramos á -nuestro amigo, muerto, con la cabeza recostada en -el respaldo de su silla.</p> - -<p>Fácil es imaginar nuestra consternación. El aparato -maravilloso estaba ante él y nada anormal se -notaba en el laboratorio.</p> - -<p>Mirábamonos sorprendidos, sin conjeturar ni -lejanamente la causa de aquel desastre, cuando -noté de pronto que la pared á la cual casi tocaba -la cabeza del muerto, se hallaba cubierta de una -capa grasosa, una especie de manteca.</p> - -<p>Casi al mismo tiempo mi compañero lo advirtió -también, y raspando con su dedo sobre aquella -mixtura, exclamó sorprendido:</p> - -<p>—¡Esto es substancia cerebral!</p> - -<p>La autopsia confirmó su dicho certificando una -nueva maravilla del portentoso aparato. Efectivamente, -la cabeza de nuestro pobre amigo estaba -vacía, sin un átomo de sesos. El proyectil etéreo,<span class="pagenum"><a id="Page_25"></a>[Pg 25]</span> -quién sabe por qué rareza de dirección ó por qué -descuido, habíale desintegrado el cerebro, proyectándolo -en explosión atómica á través de los poros -de su cráneo. Ni un rastro exterior denunciaba la -catástrofe, y aquel fenómeno, con todo su horror, -era, á fe mía, el más estupendo de cuantos habíamos -presenciado.</p> - -<p>Sobre mi mesa de trabajo, aquí mismo, en tanto -que finalizo esta historia, el aparato en cuestión -brilla, diríase siniestramente, al alcance de mi -mano.</p> - -<p>Funciona perfectamente; pero el éter formidable, -la substancia prodigiosa y homicida de la cual -tengo ¡ay! tan desgraciada prueba, se pierde sin -rumbo en el espacio, á pesar de todas mis vanas -tentativas. En el instituto Lutz y Schultz han ensayado -también sin éxito.</p> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_26"></a>[Pg 26]<br /><a id="Page_27"></a>[Pg 27]</span></p> -<p class="half-title">LA LLUVIA DE FUEGO</p> -</div> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_28"></a>[Pg 28]<br /><a id="Page_29"></a>[Pg 29]</span></p> -<h2 class="nobreak">LA LLUVIA DE FUEGO</h2> -</div> - -<h3>EVOCACIÓN DE UN DESENCARNADO DE GOMORRA</h3> - - -<p class="p1">Recuerdo que era un día de sol hermoso, lleno -del hormigueo popular en las calles atronadas de -vehículos. Un día asaz cálido y de tersura perfecta.</p> - -<p>Desde mi terraza dominaba una vasta confusión -de techos, vergeles salteados, un trozo de bahía -punzado de mástiles, la recta gris de una avenida...</p> - -<p>Á eso de las once cayeron las primeras chispas. -Una aquí, otra allá—partículas de cobre semejantes -á las morcellas de un pábilo; partículas de cobre -incandescente que daban en el suelo con un -ruidecito de arenas. El cielo seguía de igual limpidez; -el rumor urbano no decrecía. Únicamente -los pájaros de mi pajarera, cesaron de cantar.</p> - -<p>Casualmente lo había advertido, mirando hacia<span class="pagenum"><a id="Page_30"></a>[Pg 30]</span> -el horizonte en un momento de abstracción. Primero -creí en una ilusión óptica causada por mi -miopía. Tuve que esperar largo rato para ver caer -otra chispa, pues la luz solar anegábalas bastante; -pero el cobre ardía de tal modo, que se destacaban -asimismo. Una rapidísima vírgula de fuego, -y el golpecito en la tierra. Así, á largos intervalos.</p> - -<p>Debo confesar que al comprobarlo, experimenté -un vago terror. Exploré el cielo en una ansiosa -ojeada. Persistía la limpidez. ¿De dónde venía -aquel extraño granizo? ¿Aquel cobre? ¿Era cobre?...</p> - -<p>Acababa de caer una chispa en mi terraza, á pocos -pasos. Extendí la mano; era, á no caber duda, -un gránulo de cobre que tardó mucho en enfriarse. -Por fortuna la brisa se levantaba, inclinando aquella -lluvia singular hacia el lado opuesto de mi terraza. -Las chispas eran harto ralas, además. Podía -creerse por momentos que aquello había ya cesado. -No cesaba. Uno que otro, eso sí, pero caían -siempre los temibles gránulos.</p> - -<p>En fin, aquello no había de impedirme almorzar, -pues era el mediodía. Bajé al comedor atravesando -el jardín, no sin cierto miedo de las chispas. -Verdad es que el toldo, corrido para evitar el sol, -me resguardaba...</p> - -<p>...¿Me resguardaba? Alcé los ojos; pero un toldo -tiene tantos poros, que nada pude descubrir.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_31"></a>[Pg 31]</span></p> - -<p>En el comedor me esperaba un almuerzo admirable; -pues mi afortunado celibato sabía dos cosas -sobre todo: leer y comer. Excepto la biblioteca, -el comedor era mi orgullo. Ahito de mujeres y un -poco gotoso, en punto á vicios amables nada podía -esperar ya sino de la gula. Comía solo, mientras -un esclavo me leía narraciones geográficas. -Nunca había podido comprender las comidas en -compañía; y si las mujeres me hastiaban, como he -dicho, ya comprenderéis que aborrecía á los hombres.</p> - -<p>¡Diez años me separaban de mi última orgía! -Desde entonces, entregado á mis jardines, á mis -peces, á mis pájaros, faltábame tiempo para salir. -Alguna vez, en las tardes muy calurosas, un paseo -á la orilla del lago. Me gustaba verlo, escamado -de luna al anochecer, pero esto era todo y pasaba -meses sin frecuentarlo.</p> - -<p>La vasta ciudad libertina, era para mí un desierto -donde se refugiaban mis placeres. Escasos amigos; -breves visitas; largas horas de mesa; -lecturas; mis peces; mis pájaros; una que otra -noche tal cual orquesta de flautistas, y dos ó tres -ataques de gota por año...</p> - -<p>Tenía el honor de ser consultado para los banquetes, -y por ahí figuraban, no sin elogio, dos ó -tres salsas de mi invención. Esto me daba dere<span class="pagenum"><a id="Page_32"></a>[Pg 32]</span>cho—lo -digo sin orgullo—á un busto municipal, -con tanta razón como á la compatriota que acababa -de inventar un nuevo beso.</p> - -<p>Entre tanto, mi esclavo leía. Leía narraciones de -mar y de nieve, que comentaban admirablemente, -en la ya entrada siesta, el generoso frescor de -las ánforas. La lluvia de fuego había cesado quizá, -pues la servidumbre no daba muestras de notarla.</p> - -<p>De pronto, el esclavo que atravesaba el jardín -con un nuevo plato, no pudo reprimir un grito. -Llegó, no obstante, á la mesa; pero acusando con -su lividez un dolor horrible. Tenía en su desnuda -espalda un agujerillo, en cuyo fondo sentíase chirriar -aún la chispa voraz que lo había abierto. -Ahogámosla en aceite, y fué enviado al lecho sin -que pudiera contener sus ayes.</p> - -<p>Bruscamente acabó mi apetito, y aunque seguí -probando los platos para no desmoralizar á la servidumbre, -aquélla se apresuró á corresponderme. -El incidente me había desconcertado.</p> - -<p>Promediaba la siesta cuando subí nuevamente -á la terraza. El suelo estaba ya sembrado de gránulos -de cobre; mas no parecía que la lluvia aumentara. -Comenzaba á tranquilizarme, cuando -una nueva inquietud me sobrecogió. El silencio -era absoluto. El tráfico estaba paralizado á causa -del fenómeno, sin duda. Ni un rumor en la ciu<span class="pagenum"><a id="Page_33"></a>[Pg 33]</span>dad. -Sólo, de cuando en cuando, un vago murmullo -de viento sobre los árboles. Era también -alarmante la actitud de los pájaros. Habíanse -apelotonado en un rincón, casi unos sobre otros. -Me dieron compasión y decidí abrirles la puerta. -No quisieron salir; antes se recogieron más acongojados -aún. Entonces comenzó á intimidarme la -idea de un cataclismo.</p> - -<p>Sin ser grande mi erudición científica, sabía -que nadie mencionó jamás esas lluvias de cobre -incandescente. ¡Lluvias de cobre! En el aire no hay -minas de cobre. Luego aquella limpidez del cielo, -no dejaba conjeturar su procedencia. Y lo alarmante -del fenómeno era esto. Las chispas venían -de todas partes y de ninguna. Era la inmensidad -desmenuzándose invisiblemente en fuego. Caía -del firmamento el terrible cobre—pero el firmamento -permanecía impasible en su azul. Ganábame -poco á poco una extraña congoja; pero, cosa -rara: hasta entonces no había pensado en huir. -Esta idea se mezcló con desagradables interrogaciones. -¡Huir! ¿Y mi mesa, mis libros, mis pájaros, -mis peces que acababan precisamente de estrenar -un vivero, mis jardines ya ennoblecidos de antigüedad—mis -cincuenta años de placidez, en la -dicha del presente, en el descuido del mañana?...</p> - -<p>¿Huir...? Y pensé con horror en mis posesiones<span class="pagenum"><a id="Page_34"></a>[Pg 34]</span> -(que no conocía) del otro lado del desierto, con sus -camelleros viviendo en tiendas de lana negra y -tomando por todo alimento leche cuajada, trigo -tostado, miel agria...</p> - -<p>Quedaba una fuga por el lago, corta fuga después -de todo, si en el lago como en el desierto, según -era lógico, llovía cobre también; pues no viniendo -aquello de ningún foco visible, debía ser general.</p> - -<p>No obstante el vago terror que me alarmaba, -decíame todo eso claramente, lo discutía conmigo -mismo, un poco enervado á la verdad por el letargo -digestivo de mi siesta consuetudinaria. Y después -de todo, algo me decía que el fenómeno no -iba á pasar de allí. Sin embargo, nada se perdía -con hacer armar el carro.</p> - -<p>En ese momento llenó el aire una vasta vibración -de campanas. Y casi junto con ella, advertí una -cosa: ya no llovía cobre. El repique era una acción -de gracias, coreada casi acto continuo por el murmullo -habitual de la ciudad. Ésta despertaba de su -fugaz atonía, doblemente gárrula. En algunos barrios -hasta quemaban petardos.</p> - -<p>Acodado al parapeto de la terraza, miraba con -un desconocido bienestar solidario, la animación -vespertina que era toda amor y lujo. El cielo seguía -purísimo. Muchachos afanosos, recogían en -escudillas la granalla de cobre, que los caldereros<span class="pagenum"><a id="Page_35"></a>[Pg 35]</span> -habían empezado á comprar. Era todo lo que quedaba -de la gran amenaza celeste.</p> - -<p>Más numerosa que nunca, la gente de placer coloreaba -las calles; y aún recuerdo que sonreí vagamente -á un equívoco mancebo, cuya túnica recogida -hasta las caderas en un salto de bocacalle, -dejó ver sus piernas glabras, jaqueladas de cintas. -Las cortesanas, con el seno desnudo según la nueva -moda, y apuntalado en deslumbrante coselete, -paseaban su indolencia sudando perfumes. Un -viejo lenón, erguido en su carro, manejaba como -si fuese una vela una hoja de estaño, que con apropiadas -pinturas anunciaba amores monstruosos -de fieras: ayuntamientos de lagartos con cisnes; -un mono y una foca; una doncella cubierta por la -delirante pedrería de un pavo real. Bello cartel, á -fe mía; y garantida la autenticidad de las piezas. -Animales amaestrados por no sé qué hechicería -bárbara, y desequilibrados con opio y con asafétida.</p> - -<p>Seguido por tres jóvenes enmascaradas pasó un -negro amabilísimo, que dibujaba en los patios, con -polvos de colores derramados al ritmo de una -danza, escenas secretas. También depilaba al oropimente -y sabía dorarlas uñas.</p> - -<p>Un personaje fofo, cuya condición de eunuco se -adivinaba en su morbidez, pregonaba al son de<span class="pagenum"><a id="Page_36"></a>[Pg 36]</span> -crótalos de bronce, cobertores de un tejido singular -que producía el insomnio y el deseo. Cobertores -cuya abolición habían pedido infructuosamente los -ciudadanos honrados. Pues mi ciudad sabía gozar, -sabía vivir.</p> - -<p>Al anochecer recibí dos visitas que cenaron conmigo. -Un condiscípulo jovial, matemático cuya -vida desarreglada era el escándalo de la ciencia, y -un agricultor enriquecido. La gente sentía necesidad -de visitarse después de aquellas chispas de -cobre. De visitarse y de beber, pues ambos se retiraron -completamente borrachos. Yo hice una rápida -salida. La ciudad, caprichosamente iluminada, -había aprovechado la coyuntura para decretarse -una noche de fiesta. En algunas cornisas, alumbraban -perfumando, lámparas de incienso. Desde -sus balcones, las jóvenes burguesas, excesivamente -ataviadas, se divertían en proyectar de un soplo á -las narices de los transeúntes distraídos, tripas -pintarrajeadas y crepitantes de cascabeles. En -cada esquina se bailaba. De balcón á balcón cambiábanse -flores y gatitos de dulce. El césped de los -parques, palpitaba de parejas...</p> - -<p>Regresé temprano y rendido. Nunca me acogí -al lecho con más grata pesadez de sueño.</p> - -<p>Desperté bañado en sudor, los ojos turbios, la -garganta reseca. Había afuera un rumor de lluvia.<span class="pagenum"><a id="Page_37"></a>[Pg 37]</span> -Buscando algo, me apoyé en la pared, y por mi -cuerpo corrió como un latigazo el escalofrío del -miedo. La pared estaba caliente y conmovida por -una sorda vibración. Casi no necesité abrir la -ventana para darme cuenta de lo que ocurría.</p> - -<p>La lluvia de cobre había vuelto, pero esta vez -nutrida y compacta. Un caliginoso vaho sofocaba -la ciudad; un olor entre fosfatado y urinoso -apestaba el aire. Por fortuna, mi casa estaba rodeada -de galerías y aquella lluvia no alcanzaba á -las puertas.</p> - -<p>Abrí la que daba al jardín. Los árboles estaban -negros, ya sin follaje; el piso, cubierto de hojas carbonizadas. -El aire, rayado de vírgulas de fuego, era -de una paralización mortal; y por entre aquéllas, -se divisaba el firmamento, siempre impasible, siempre -celeste.</p> - -<p>Llamé, llamé en vano. Penetré hasta los aposentos -famularios. La servidumbre se había ido. Envueltas -las piernas en un corbertor de biso, acorazándome -espaldas y cabeza con una bañadera de -metal que me aplastaba horriblemente, pude llegar -hasta las caballerizas. Los caballos habían deaparecido -también. Y con una tranquilidad que -hacía honor á mis nervios, me di cuenta de que estaba -perdido.</p> - -<p>Afortunadamente el comedor se encontraba lle<span class="pagenum"><a id="Page_38"></a>[Pg 38]</span>no -<span style="margin-left: 0.5em;">de provisiones; su sótano, atestado de vinos.</span><br /> -Bajé á él. Conservaba todavía su frescura; hasta -su fondo no llegaba la vibración de la pesada -lluvia, el eco de su grave crepitación. Bebí una botella, -y luego extraje de la alacena secreta el pomo -de vino envenenado. Todos los que teníamos bodega -poseíamos uno, aunque no lo usáramos ni -tuviéramos convidados cargosos. Era un licor claro -é insípido, de efectos instantáneos.</p> - -<p>Reanimado por el vino, examiné mi situación. -Era asaz sencilla. No pudiendo huir, la muerte me -esperaba; pero con el veneno aquél, la muerte me -pertenecía. Y decidí ver eso todo lo posible, pues -era, á no dudarlo, un espectáculo singular. ¡Una -lluvia de cobre incandescente! ¡La ciudad en llamas! -Valía la pena.</p> - -<p>Subí á la terraza, pero no pude pasar de la puerta -que daba acceso á ella. Veía desde allí lo bastante, -sin embargo. Veía y escuchaba. La soledad era absoluta. -La crepitación no se interrumpía sino por -uno que otro ululato de perro, ó explosión anormal. -El ambiente estaba rojo, y á su través, troncos, chimeneas, -casas, blanqueaban con una lividez tristísima. -Los pocos árboles que conservaban follaje -retorcíanse, negros, de un negro de estaño. La luz -había decrecido un poco, no obstante de persistir -la limpidez celeste. El horizonte estaba, esto sí,<span class="pagenum"><a id="Page_39"></a>[Pg 39]</span> -mucho más cerca, y como ahogado en cenizas. -Sobre el lago flotaba un denso vapor, que algo -prevenía la extraordinaria sequedad del aire.</p> - -<p>Percibíase claramente la combustible lluvia, en -trazos de cobre que vibraban como el cordaje innumerable -de un arpa, y de cuando en cuando -mezclábanse con ella ligeras flámulas. Humaredas -negras anunciaban incendios aquí y allá.</p> - -<p>Mis pájaros comenzaban á morir de sed y hube -de bajar hasta el aljibe para llevarles agua. El -sótano comunicaba con aquel depósito, vasta cisterna -que podía resistir mucho al fuego celeste; -mas por los conductos que del techo y de los patios -desembocaban allá, habíase deslizado algún -cobre y el agua tenía un gusto particular, entre -natrón y orina, con tendencia á salarse. Bastóme -levantar las trampillas de mosaico que cerraban -aquellas vías, para cortar á mi agua toda comunicación -con el exterior.</p> - -<p>Esa tarde y toda la noche fué horrendo el espectáculo -de la ciudad. Quemada en sus domicilios, -la gente huía despavorida para arderse en -las calles, en la campiña desolada; y la población -agonizó bárbaramente, con ayes y clamores de -una amplitud, de un horror, de una variedad estupendas. -No hay nada tan sublime como la voz -humana. El derrumbe de los edificios, la combus<span class="pagenum"><a id="Page_40"></a>[Pg 40]</span>tión -<span style="margin-left: 0.5em;">de tantas mercancías y efectos diversos, y</span><br /> -más que todo la incineración de tantos cuerpos, -acabaron por agregar al cataclismo el tormento -de su hedor infernal. Al declinar el sol, el aire estaba -casi negro de humo y de polvaredas. Las flámulas -que danzaban por la mañana entre el cobre -pluvial, eran ahora llamaradas siniestras. Empezó -á soplar un viento ardentísimo, denso, como -alquitrán caliente. Parecía que se estuviese en un -inmenso horno sombrío. Cielo, tierra, aire, todo -acababa. No había más que tinieblas y fuego. ¡Ah, -el horror de aquellas tinieblas que todo el fuego, -el enorme fuego de la ciudad ardida no alcanzaba -á dominar; y aquel hedor de pingajos, de azufre, -de grasa cadavérica en el aire seco que hacía escupir -sangre; y aquellos clamores que no sé cómo -no acababan nunca, aquellos clamores que cubrían -el rumor del incendio, más vasto que un huracán, -aquellos clamores en que aullaban, gemían, bramaban -todas las bestias con un inefable pavor de -eternidad!...</p> - -<p>Mi casa empezaba á arder.</p> - -<p>Bajé á la cisterna, sin haber perdido hasta entonces -mi presencia de ánimo, pero enteramente -erizado con todo aquel horror; y al verme de -pronto en esa obscuridad amiga, al amparo de la -frescura, ante el silencio del agua subterránea, me<span class="pagenum"><a id="Page_41"></a>[Pg 41]</span> -acometió de pronto un miedo que no sentía—estoy -seguro—desde cuarenta años atrás, el miedo -infantil de una presencia enemiga y difusa; y me -eché á llorar, á llorar como un loco, á llorar de -miedo, allá en un rincón, sin rubor alguno.</p> - -<p>No fué sino muy tarde, cuando al escuchar el -derrumbe de un techo, se me ocurrió apuntalar -la puerta del sótano. Hícelo así con su propia escalera -y algunos barrotes de la estantería, devolviéndome -aquella defensa alguna tranquilidad; no -porque hubiera de salvarme, sino por la benéfica -influencia de la acción. Cayendo á cada instante -en modorras que entrecortaban funestas pesadillas, -pasé las horas. Continuamente oía derrumbes -allá cerca. Había encendido dos lámparas que -traje conmigo, para darme valor, pues la cisterna -era asaz lóbrega. Hasta llegué á comer, bien que -sin apetito, los restos de un pastel. En cambio bebí -mucha agua.</p> - -<p>De repente mis lámparas empezaron á amortiguarse, -y junto con eso el terror, el terror paralizante -esta vez, me asaltó. Había gastado sin advertirlo -toda mi luz, pues no tenía sino aquellas -lámparas. No advertí, al descender esa tarde, en -traerlas todas conmigo.</p> - -<p>Las luces decrecieron y se apagaron. Entonces -advertí que la cisterna empezaba á llenarse con el<span class="pagenum"><a id="Page_42"></a>[Pg 42]</span> -hedor del incendio. No quedaba otro remedio que -salir; y luego, todo, todo era preferible á morir -asfixiado como una alimaña en su cueva.</p> - -<p>Á duras penas conseguí alzar la tapa del sótano -que los escombros del comedor cubrían...</p> - -<p>...Por segunda vez había cesado la lluvia infernal. -Pero la ciudad ya no existía. Techos, puertas, -gran cantidad de muros, todas las torres, yacían -en ruinas. El silencio era colosal, un verdadero -silencio de catástrofe. Cinco ó seis grandes humaredas -empinaban aún sus penachos; y bajo el cielo -que no se había enturbiado un momento, un cielo -cuya crudeza azul certificaba indiferencias eternas, -la pobre ciudad, mi pobre ciudad, muerta, muerta -para siempre, hedía como un verdadero cadáver.</p> - -<p>La singularidad de la situación, lo enorme del -fenómeno, y sin duda también el regocijo de haberme -salvado, único entre todos, cohibían mi dolor -reemplazándolo por una curiosidad sombría. El -arco de mi zaguán había quedado en pie, y asiéndome -de las adarajas pude llegar á su cima.</p> - -<p>No quedaba un solo resto combustible y aquello -se parecía mucho á un escorial volcánico. Á trechos, -en los parajes que la ceniza no cubría, brillaba -con un bermejor de fuego, el metal llovido. -Hacia el lado del desierto, resplandecía hasta per<span class="pagenum"><a id="Page_43"></a>[Pg 43]</span>derse -de vista un arenal de cobre. En las montañas, -á la otra margen del lago, las aguas evaporadas -de éste condensábanse en una tormenta. Eran -ellas las que habían mantenido respirable el aire -durante el cataclismo. El sol brillaba inmenso, y -aquella soledad empezaba á agobiarme con una -honda desolación, cuando hacia el lado del puerto -percibí un bulto que vagaba entre las ruinas. Era -un hombre, y habíame percibido ciertamente, pues -se dirigía á mí.</p> - -<p>No hicimos ademán alguno de extrañeza cuando -llegó, y trepando por el arco vino á sentarse conmigo. -Tratábase de un piloto, salvado como yo -en una bodega, pero apuñaleando á su propietario. -Acababa de agotársele el agua y por ello salía.</p> - -<p>Asegurado á este respecto, empecé á interrogarle. -Todos los barcos ardieron, los muelles, los depósitos; -y el lago habíase vuelto amargo. Aunque -advertí que hablábamos en voz baja, no me atreví—ignoro -por qué—á levantar la mía.</p> - -<p>Ofrecíle mi bodega donde quedaban aún dos -docenas de jamones, algunos quesos, todo el -vino...</p> - -<p>De repente notamos una polvareda hacia el lado -del desierto. La polvareda de una carrera. Alguna -partida que enviaban, quizá, en socorro, los compatriotas -de Adama ó de Seboim.<span class="pagenum"><a id="Page_44"></a>[Pg 44]</span> - -Pronto hubimos de sustituir esta esperanza -por un espectáculo tan desolador como peligroso.</p> - -<p>Era un tropel de leones, las fieras sobrevivientes -del desierto, que acudían á la ciudad como á -un oasis, furiosos de sed, enloquecidos de cataclismo.</p> - -<p>La sed y no el hambre era lo que los enfurecía, -pues pasaron junto á nosotros sin advertirnos. -¡Y en qué estado venían! Nada como ellos demostraba -tan lúgubremente la catástrofe.</p> - -<p>Pelados como gatos sarnosos, reducida á escasos -chicharrones la crin, secos los ijares, en una -desproporción de cómicos á medio vestir con la -fiera cabezota, el rabo agudo y crispado como el -de una rata que huye, las garras pustulosas, chorreando -sangre—todo aquello decía á las claras -sus tres días de horror bajo el azote celeste, al -azar de las inseguras cavernas que no habían conseguido -ampararlos.</p> - -<p>Rondaban los surtidores secos con un desvarío -humano en sus ojos, y bruscamente reemprendían -su carrera en busca de otro depósito, agotado también; -hasta que sentándose por último en torno -del postrero, con el calcinado hocico en alto, la -mirada vagorosa de desolación y de eternidad, -quejándose al cielo, estoy seguro, pusiéronse á -rugir.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_45"></a>[Pg 45]</span></p> - -<p>¡Ah!... nada, ni el cataclismo con sus horrores, -ni el clamor de la ciudad moribunda era tan horroroso -como ese llanto de bestia sobre las ruinas. -Aquellos rugidos tenían una evidencia de palabra. -Lloraban quién sabe qué dolores de inconsciencia -y de desierto á alguna divinidad obscura. El alma -sucinta de la bestia agregaba á sus terrores de -muerte, el pavor de lo incomprensible. Si todo estaba -lo mismo, el sol cotidiano, el cielo eterno, -el desierto familiar—¿por qué se ardían y por qué -no había agua?... Y careciendo de toda idea de -relación con los fenómenos, su horror era ciego, -es decir, más espantoso. El transporte de su dolor -elevábalos á cierta vaga noción de proveniencia, ante -aquel cielo de donde había estado cayendo la -lluvia infernal, y sus rugidos preguntaban ciertamente -algo á la cosa tremenda que causaba -su padecer. ¡Ah!... esos rugidos, lo único de grandioso -que conservaban aún aquellas fieras disminuidas: -cuál comentaban el horrendo secreto de -la catástrofe; cómo interpretaban en su dolor irremediable -la eterna soledad, el eterno silencio, la -eterna sed...</p> - -<p>Aquello no debía durar mucho. El metal candente -empezó á llover de nuevo, más compacto, -más pesado que nunca.</p> - -<p>En nuestro súbito descenso, alcanzamos á ver<span class="pagenum"><a id="Page_46"></a>[Pg 46]</span> -que las fieras se desbandaban buscando abrigo -bajo los escombros.</p> - -<p>Llegamos á la bodega, no sin que nos alcanzaran -algunas chispas, y comprendiendo que aquel nuevo -chaparrón iba á consumar la ruina, me dispuse -á concluir.</p> - -<p>Mientras mi compañero abusaba de la bodega—por -primera y última vez, á buen seguro—decidí -aprovechar el agua de la cisterna en mi baño -fúnebre; y después de buscar inútilmente un trozo -de jabón, descendí á ella por la escalinata que servía -para efectuar su limpieza.</p> - -<p>Llevaba conmigo el pomo de veneno, que me causaba -un gran bienestar, apenas turbado por la -curiosidad de la muerte.</p> - -<p>El agua fresca y la obscuridad, me devolvieron á -las voluptuosidades de mi existencia de rico que -acababa de concluir. Hundido hasta el cuello, el -regocijo de la limpieza y una dulce impresión de -domesticidad, acabaron de serenarme.</p> - -<p>Oía afuera el huracán de fuego. Comenzaban -otra vez á caer escombros. De la bodega no llegaba -un solo rumor. Percibí en eso un reflejo de llamas -que entraban por la puerta del sótano, el -característico tufo urinoso... Llevé el pomo á mis -labios, y...</p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_47"></a>[Pg 47]</span></p> - -<p class="half-title">UN FENÓMENO INEXPLICABLE</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_48"></a>[Pg 48]<br /><a id="Page_49"></a>[Pg 49]</span></p> -<h2 class="nobreak">UN FENÓMENO INEXPLICABLE</h2> -</div> - - -<p class="p1">Hace de esto once años. Viajaba por la región -agrícola que se dividen las provincias de Córdoba -y de Santa Fe, provisto de las recomendaciones -indispensables para escapar á las horribles posadas -de aquellas colonias en formación. Mi estómago, -derrotado por los invariables salpicones con -hinojo y las fatales nueces del postre, exigía fundamentales -refacciones. Mi última peregrinación -debía efectuarse bajo los peores auspicios. Nadie -sabía indicarme un albergue en la población hacia -donde iba á dirigirme. Sin embargo, las circunstancias -apremiaban, cuando el juez de paz que me -profesaba cierta simpatía, vino en mi auxilio.</p> - -<p>—Conozco allá, me dijo, un señor inglés viudo -y solo. Posee una casa, lo mejor de la colonia, y -varios terrenos de no escaso valor. Algunos servicios -que mi cargo me puso en situación de prestarle, -serán buen pretexto para la recomendación -que usted desea, y que si es eficaz le proporcionará<span class="pagenum"><a id="Page_50"></a>[Pg 50]</span> -excelente hospedaje. Digo si es eficaz, pues mi -hombre, no obstante sus buenas cualidades, suele -tener su luna en ciertas ocasiones, siendo, además, -extraordinariamente reservado. Nadie ha podido -penetrar en su casa más allá del dormitorio donde -recibe á sus huéspedes, muy escasos por otra parte. -Todo esto quiere decir que va usted en condiciones -nada ventajosas, pero es cuanto puedo suministrarle. -El éxito es puramente casual. Con todo, -si usted quiere una carta de recomendación...</p> - -<p>Acepté y emprendí acto continuo mi viaje llegando -al punto de destino horas después.</p> - -<p>Nada tenía de atrayente el lugar. La estación -con su techo de tejas coloradas; su andén crujiente -de carbonilla; su semáforo á la derecha, su pozo -á la izquierda. En la doble vía del frente, media -docena de vagones que aguardaban la cosecha. -Más allá el galpón, bloqueado por bolsas de trigo. -Á raíz del terraplén, la pampa con su color amarillento -como un pañuelo de yerbas; casitas sin revoque -diseminadas á lo lejos, cada una con su -parva al costado; sobre el horizonte el festón -de humo del tren en marcha, y un silencio de pacífica -enormidad entonando el color rural del paisaje.</p> - -<p>Aquello era vulgarmente simétrico como todas -las fundaciones recientes. Notábase rayas de men<span class="pagenum"><a id="Page_51"></a>[Pg 51]</span>sura -en esa fisonomía de pradera otoñal. Algunos -colonos llegaban á la estafeta en busca de cartas. -Pregunté á uno por la casa consabida, obteniendo -inmediatamente las señas. Noté en el modo de referirse -á mi huésped, que se le tenía por hombre -considerable.</p> - -<p>No vivía lejos de la estación. Unas diez cuadras -más allá, hacía el oeste, al extremo de un camino -polvoroso que con la tarde tomaba coloraciones -lilas, distinguí la casa con su parapeto y su cornisa, -de cierta gallardía exótica entre las viviendas -circunstantes; su jardín al frente; el patio -interior rodeado por una pared tras la cual sobresalían -ramas de duraznero. El conjunto era agradable -y fresco; pero todo parecía deshabitado. En -el silencio de la tarde, allá sobre la campiña desierta, -aquella casita, no obstante sus rasgos de -<i lang="fr" xml:lang="fr">chalet</i> industrioso, tenía una especie de triste dulzura, -algo de sepulcro nuevo en el emplazamiento -de un antiguo cementerio.</p> - -<p>Cuando llegué á la verja, noté que en el jardín -había rosas, rosas de otoño cuyo perfume aliviaba -como una caridad la fatigosa exhalación de las -trillas. Entre las plantas que casi podía tocar con -la mano, crecía libremente la hierba; y una pala -cubierta de óxido yacía contra la pared, con su cabo -enteramente liado por la guía de una enredadera.<span class="pagenum"><a id="Page_52"></a>[Pg 52]</span> - -Empujé la puerta de reja, atravesé el jardín, y -no sin cierta impresión vaga de temor fuí á golpear -la puerta interna. Pasaron minutos. El viento -se puso á silbar en una rendija, agravando la soledad. -Á un segundo llamado, sentí pasos; y poco -después la puerta se abría con un ruido de -madera reseca. El dueño de casa apareció saludándome.</p> - -<p>Presenté mi carta. Mientras leía, pude observarle -á mis anchas. Cabeza elevada y calva; rostro -afeitado de <i lang="en" xml:lang="en">clergyman</i>; labios generosos, nariz austera. -Debía de ser un tanto místico. Sus protuberancias -superciliares, equilibraban con una recta -expresión de tendencias impulsivas, el desdén -imperioso de su mentón. Definido por sus inclinaciones -profesionales, aquel hombre podía ser lo -mismo un militar que un misionero. Hubiera deseado -mirar sus manos para completar mi impresión, -mas sólo podía verlas por el dorso.</p> - -<p>Enterado de la carta, me invitó á pasar, y todo -el resto de mi permanencia, hasta la hora de comer, -fué dedicado á mis arreglos personales. En la -mesa fué donde empecé á notar algo extraño.</p> - -<p>Mientras comíamos, advertí que no obstante su -perfecta cortesía, algo preocupaba á mi interlocutor. -Su mirada invariablemente dirigida hacia un -ángulo de la habitación, manifestaba cierta angus<span class="pagenum"><a id="Page_53"></a>[Pg 53]</span>tia; -pero como su sombra daba precisamente en -ese punto, mis miradas furtivas nada pudieron -descubrir. Por lo demás, bien podía no ser aquello -sino una distracción habitual.</p> - -<p>La conversación seguía en tono bastante animado, -sin embargo. Tratábase del cólera que por entonces -azotaba los pueblos cercanos. Mi huésped -era homeópata, y no disimulaba su satisfacción por -haber encontrado en mí uno del gremio. Á este -propósito, una frase del diálogo hizo variar su tendencia. -La acción de las dosis reducidas acababa -de sugerirme un argumento que me apresuré á exponer.</p> - -<p>—La influencia que sobre el péndulo de Rutter, -dije concluyendo una frase, ejerce la proximidad -de cualquier substancia, no depende de la cantidad. -Un glóbulo homeopático determina oscilaciones -iguales á las que produciría una dosis quinientas -ó mil veces mayor.</p> - -<p>Advertí al momento, que acababa de interesar -con mi observación. El dueño de casa me miraba -ahora.</p> - -<p>—Sin embargo, respondió, Reichenbach ha contestado -negativamente esa prueba. Supongo que -ha leído usted á Reichenbach.</p> - -<p>—Lo he leído, sí; he atendido sus críticas, he -ensayado, y mi aparato, confirmando á Rutter, me<span class="pagenum"><a id="Page_54"></a>[Pg 54]</span> -ha demostrado que el error procedía del sabio alemán, -no del inglés. La causa de semejante error es -sencillísima, tanto que me sorprende cómo no -dió con ella el ilustre descubridor de la parafina y -de la creosota.</p> - -<p>Aquí, sonrisa de mi huésped; prueba terminante -de que nos entendíamos.</p> - -<p>—¿Usó usted el primitivo péndulo de Rutter, ó -el perfeccionado por el doctor Leger?</p> - -<p>—El segundo, respondí.</p> - -<p>—Es mejor; ¿y cuál sería, según sus investigaciones, -la causa del error de Reichenbach?</p> - -<p>—Ésta: los sensitivos con que operaba, influían -sobre el aparato, sugestionándose por la cantidad -del cuerpo estudiado. Si la oscilación provocada -por un escrúpulo de magnesia, supongamos, alcanzaba -una amplitud de cuatro líneas, las ideas -corrientes sobre la relación entre causa y efecto -<em>exigían</em> que la oscilación aumentara en proporción -con la cantidad: diez gramos, por ejemplo. Los -sensitivos del barón, eran individuos nada versados -por lo común en especulaciones científicas; y -quienes practican experiencias así, saben cuán -poderosamente influyen sobre tales personas las -ideas tenidas por verdaderas, sobre todo cuando -son lógicas. Aquí está, pues, la causa del error. El -péndulo no obedece á la cantidad, sino á la natu<span class="pagenum"><a id="Page_55"></a>[Pg 55]</span>raleza -del cuerpo estudiado solamente; pero cuando -el sensitivo <em>cree</em> que la cantidad influye, -aumenta el efecto, pues toda creencia es una volición. -Un péndulo, ante el cual el sujeto opera sin -conocer las variaciones de cantidad, confirma á -Rutter. Desaparecida la alucinación...</p> - -<p>—Oh, ya tenemos aquí la alucinación, dijo mi -interlocutor con manifiesto desagrado.</p> - -<p>—No soy de los que explican todo por la alucinación, -á lo menos confundiéndola con la subjetividad, -como frecuentemente ocurre. La alucinación -es para mí una fuerza más que un estado de -ánimo, y así considerada, se explica por medio de -ella buena porción de fenómenos. Creo que es la -doctrina justa.</p> - -<p>—Desgraciadamente es falsa. Mire usted, yo conocí -á Home, el médium, en Londres, allá por -1872. Seguí luego con vivo interés las experiencias -de Crookes, bajo un criterio radicalmente materialista; -pero la evidencia se me impuso con motivo -de los fenómenos del 74. La alucinación no basta -para explicarlo todo. Créame usted, las apariciones -son autónomas...</p> - -<p>—Permítame una pequeña digresión, interrumpí—encontrando -en aquellos recuerdos una oportunidad -para comprobar mis deducciones sobre el -personaje; quiero hacerle una pregunta, que no<span class="pagenum"><a id="Page_56"></a>[Pg 56]</span> -exige desde luego contestación, si es indiscreta: -¿Ha sido usted militar?...</p> - -<p>—Poco tiempo; llegué á subteniente del ejército -de la India.</p> - -<p>—Por cierto, la India sería para usted un campo -de curiosos estudios.</p> - -<p>—No; la guerra cerraba el camino del Tibet á -donde hubiese querido llegar. Fuí hasta Cawnpore, -nada más. Por motivos de salud regresé muy -luego á Inglaterra; de Inglaterra pasé á Chile en -1879; y por último á este país en 1888.</p> - -<p>—¿Enfermó usted en la India?</p> - -<p>—Sí, respondió con tristeza el antiguo militar, -clavando nuevamente sus ojos en el rincón del -aposento.</p> - -<p>—¿El cólera? insistí.</p> - -<p>Apoyó él la cabeza en la mano izquierda, miró -por sobre mí vagamente. Su pulgar comenzó á moverse -entre los ralos cabellos de la nuca. Comprendí -que iba á hacerme una confidencia de la cual -eran prólogo aquellos ademanes, y esperé. Afuera -chirriaba un grillo en la obscuridad.</p> - -<p>—Fué algo peor todavía, comenzó mi huésped. -Fué el misterio. Pronto hará cuarenta años y nadie -lo ha sabido hasta ahora. ¿Para qué decirlo? -No lo hubieran entendido, creyéndome loco por lo -menos. No soy un triste, soy un desesperado. Mi<span class="pagenum"><a id="Page_57"></a>[Pg 57]</span> -mujer falleció hace ocho años, ignorando el mal -que me devoraba, y afortunadamente no he tenido -hijos. Encuentro en usted por primera vez un -hombre capaz de comprenderme.</p> - -<p>Me incliné agradecido.</p> - -<p>—¡Es tan hermosa la ciencia, la ciencia libre, -sin capilla y sin academia! Y no obstante, está -usted todavía en los umbrales. Los fluidos ódicos -de Reichenbach no son más que el prólogo. El -caso que va usted á conocer, le revelará hasta dónde -puede llegarse.</p> - -<p>El narrador se conmovía. Mezclaba frases inglesas -á su castellano un tanto gramatical. Los incisos -adquirían una tendencia imperiosa, una plenitud -rítmica extraña en aquel acento extranjero.</p> - -<p>—En febrero de 1858, continuó, fué cuando perdí -toda mi alegría. Habrá usted oído hablar de los -<em>yoghis</em>, esos singulares mendigos cuya vida se -comparte entre el espionaje y la taumaturgia. Los -viajeros han popularizado sus hazañas, que sería -inútil repetir. Pero, ¿sabe en qué consiste la base -de sus poderes?</p> - -<p>—Creo que en la facultad de producir cuando -quieren, el autosonambulismo, volviéndose de -tal modo insensibles, videntes, etc.</p> - -<p>—Es exacto. Pues bien, yo vi operar á los <em>yoghis</em> -en condiciones que imposibilitaban toda su<span class="pagenum"><a id="Page_58"></a>[Pg 58]</span>perchería. -Llegué hasta fotografiar las escenas, y -la placa reprodujo todo, tal cual yo lo había visto. -La alucinación resultaba así, imposible, pues los -ingredientes químicos no se alucinan... Entonces -quise desarrollar idénticos poderes. He sido siempre -audaz, y luego no estaba entonces en situación -de apreciar las consecuencias. Puse, pues, -manos á la obra.</p> - -<p>—¿Por cuál método?</p> - -<p>Sin responderme, continuó:</p> - -<p>—Los resultados fueron sorprendentes. En -poco tiempo llegué á dormir. Al cabo de dos años -producía la traslación consciente. Pero aquellas -prácticas me habían llevado al colmo de la inquietud. -Me sentía espantosamente desamparado, y -con la seguridad de una cosa adversa mezclada -á mi vida como un veneno. Al mismo tiempo, devorábame -la curiosidad. Estaba en la pendiente y -ya no podía detenerme. Por una continua tensión -de voluntad conseguía salvar las apariencias ante -el mundo. Mas poco á poco, el poder despertado -en mí se volvía más rebelde. Una distracción prolongada, -ocasionaba un desdoblamiento. Sentía -mi personalidad fuera de mí, mi cuerpo venía á -ser algo así como una afirmación del <em>no yo</em>, diré -expresando concretamente aquel estado. Como -las impresiones se avivaban, produciéndome an<span class="pagenum"><a id="Page_59"></a>[Pg 59]</span>gustiosa -<span style="margin-left: 0.5em;">lucidez, resolví una noche ver mi doble.</span><br /> -<em>Ver qué era lo que salía de mí, siendo yo mismo</em>, durante -el sueño extático.</p> - -<p>—¿Y pudo conseguirlo?</p> - -<p>—Fué una tarde, casi de noche ya. El desprendimiento -se produjo con la facilidad acostumbrada. -Cuando recobré la conciencia, ante mí, en un -rincón del aposento, había una forma. Y esta forma -era un mono, un horrible animal que me miraba -fijamente.Desde entonces no se aparta de -mí. Lo veo constantemente. Soy su presa. Á donde -quiera que <em>él</em> va, <em>voy conmigo</em>, con <em>él</em>. Está -siempre ahí. Me mira constantemente, pero no -se <em>le</em> acerca jamás, no <em>se</em> mueve jamás, no <em>me</em> muevo -jamás...</p> - -<p>Subrayo los pronombres trocados en la última -frase, tal como la oí. Una sincera aflicción me -embargaba. Aquel hombre padecía, en efecto, una -sugestión atroz.</p> - -<p>—Cálmese usted, le dije, aparentando confianza. -La reintegración no es imposible.</p> - -<p>—¡Oh, sí! respondió con amargura. Esto es ya -viejo. Figúrese usted, he perdido el concepto de la -unidad. Sé quedos y dos son cuatro, por recuerdo; -pero ya no creo en ello. El más sencillo problema -de aritmética carece de sentido para mí, pues me -falta la convicción de la cantidad. Y todavía sufro<span class="pagenum"><a id="Page_60"></a>[Pg 60]</span> -cosas más raras. Cuando me tomo una mano con -la otra, por ejemplo, siento que aquélla es distinta, -como si perteneciera á una persona que no soy -yo. Á veces veo las cosas dobles, porque cada ojo -procede sin relación con el otro...</p> - -<p>Era, á no dudarlo, un caso curioso de locura, -que no excluía el más perfecto raciocinio.</p> - -<p>—Pero en fin, ¿ese mono?... pregunté para agotar -el asunto.</p> - -<p>—Es negro como mi propia sombra, y melancólico -al modo de un hombre. La descripción es -exacta, porque lo estoy viendo ahora mismo. Su -estatura es mediana, su cara como todas las caras -de mono. Pero siento, no obstante, que se parece -á mí. Hablo con entero dominio de mí mismo. -¡Ese animal se parece á mí!</p> - -<p>Aquel hombre, en efecto, estaba sereno; y sin -embargo, la idea de una cara simiesca formaba tan -violento contraste con su rostro de aventajado -ángulo facial, su cráneo elevado y su nariz recta, -que la incredulidad se imponía por esta circunstancia, -más aún que por lo absurdo de la alucinación.</p> - -<p>Él notó perfectamente mi estado; púsose de pie -como adoptando una resolución definitiva:</p> - -<p>—Voy á caminar por este cuarto, para que usted -lo vea. Observe mi sombra, se lo ruego.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_61"></a>[Pg 61]</span></p> - -<p>Levantó la luz de la lámpara, hizo rodar la mesa -hasta un extremo del comedor y comenzó á pasearse. -Entonces, la más grande de las sorpresas -me embargó. ¡La sombra de aquel sujeto no se -movía! Proyectada sobre el rincón, de la cintura -arriba, y con la parte inferior sobre el piso de madera -clara, parecía una membrana alargándose y -acortándose según la mayor ó menor proximidad -de su dueño. No podía yo notar desplazamiento -alguno bajo las incidencias de luz en que á cada -momento se encontraba el hombre.</p> - -<p>Alarmado al suponerme víctima de tamaña locura, -resolví desimpresionarme y ver si hacía -algo parecido con mi huésped, por medio de un -experimento decisivo. Pedíle que me dejara obtener -su silueta pasando un lápiz sobre el perfil de -la sombra.</p> - -<p>Concedido el permiso, fijé un papel con cuatro -migas de pan mojado hasta conseguir la más perfecta -adherencia posible á la pared, y de manera -que la sombra del rostro quedase en el centro -mismo de la hoja. Quería, como se ve, probar por -la identidad del perfil entre la cara y su sombra -(esto saltaba á la vista, pero el alucinado sostenía -lo contrario) el origen de dicha sombra, con intención -de explicar luego su inmovilidad teniendo -asegurada una base exacta.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_62"></a>[Pg 62]</span></p> - -<p>Mentiría si dijera que mis dedos no temblaron -un poco al posarse en la mancha sombría, que por -lo demás imitaba perfectamente el perfil de mi -interlocutor; pero afirmo con entera certeza que el -pulso no me falló en el trazado. Hice la línea sin -levantar la mano, con un lápiz Hardtmuth azul, y -no despegué la hoja, concluido que hube, hasta -no hallarme convencido por una escrupulosa observación, -de que mi trazo coincidía perfectamente -con el perfil de la sombra, y éste con el de la -cara del alucinado.</p> - -<p>Mi huésped seguía la experiencia con inmenso -interés. Cuando me aproximé á la mesa, vi temblar -sus manos de emoción contenida. El corazón -me palpitaba, como presintiendo un infausto desenlace.</p> - -<p>—No mire usted, dije.</p> - -<p>—¡Miraré! me respondió con un acento tan imperioso, -que á pesar mío puse el papel ante la luz.</p> - -<p>Ambos palidecimos de una manera horrible. -Allí ante nuestros ojos, la raya de lápiz trazaba una -frente deprimida, una nariz chata, un hocico bestial. -¡El mono! ¡La cosa maldita!</p> - -<p>Y conste que yo no sé dibujar.</p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_63"></a>[Pg 63]</span></p> - -<p class="half-title">EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_64"></a>[Pg 64]<br /><a id="Page_65"></a>[Pg 65]</span></p> -<h2 class="nobreak">EL MILAGRO DE SAN WILFRIDO</h2> -</div> - - -<p class="p1">El 15 de junio de 1099, cuarto día de la tercera -semana, un crepúsculo en nimbos de sangre había -visto por vigésima quinta vez al campamento -cruzado, desplegarse como una larga línea de silencios -y de tiendas pardas alrededor de Jerusalén, -desde la puerta de Damasco hasta donde el -Cedrón penetra en el valle de Sové que los latinos -llaman valle de Josafat.</p> - -<p>Sobre la llanura que se extendía entre el campamento -y la ciudad, algunos bultos denunciaban -cadáveres: restos de la jornada del 13 que los francos -libraron sobre la antemuralla.</p> - -<p>El monte Moria, alzábase frente de la puerta Esterquilinaria, -al mediodía. Por el norte levantaban -sus cumbres desoladas el Olivete y el monte del -Escándalo donde Salomón idolatró. Entre estas -cumbres, el valle maldito, el valle donde imperara -la herejía de Belphegor y de Moloch; donde gimieron -David y Jeremías; donde Jesucristo empezó<span class="pagenum"><a id="Page_66"></a>[Pg 66]</span> -su pasión; donde Joel dijo su memorable profecía: -<em>congregabo omnes gentes</em>, etc.; donde duermen Zacarías -y Absalón; el valle adonde los judíos van á -morir de todas las partes del mundo, se abría lleno -de sombra y de viñas negras...</p> - -<p>Las murallas de la ciudad, altas de cien palmos, -escondían á la vista las montañas de Judea que el -rey Sabio hizo poblar de cedros. El recinto quedaba -oculto, y sólo se divisaba por sobre la línea de -bastiones, la cumbre rojiza del Acra, la monstruosa -cúpula de cobre de la mezquita <em>Gameat-el-Sakhra</em> -levantada por Ornar á indicación del patriarca Sofronio, -sobre las ruinas del templo de Salomón—y -algunas palmeras.</p> - -<p>Una agonía sedienta consumía á los soldados de -la cruz. Las fuentes de Siloé y de Rogel estaban exhaustas. -El viento salado apenas dejaba aproximarse -las nubes hasta Jericó. Y aquello estaba tan seco, -tan calcinado, que las mismas tumbas antiguas -parecían clamar de sed.</p> - -<p>Sobre las tiendas de las huestes sitiadoras, ondeaban -multicolores estandartes, en cuyo trapo, -al impulso de la devoción y del heroísmo, iban -germinando como futuros emblemas de gloria, -las trece coronas y las treinta y seis cruces principales -de la heráldica, desde la sencilla cruz patente -hasta las embrolladísimas dobles y contra<span class="pagenum"><a id="Page_67"></a>[Pg 67]</span> -potenzadas, que llegarían luego á su máxima complicación -en el bizarro jeroglífico de la familia -Squarciafichi.</p> - -<p>Estaban allí Godofredo, Eustaquio y Balduino; -los señores de Tolosa, de Foix, de Flandes, de -Orange, de Rosellón, de San Pol, de l’Estoile, de -Flandes y de Normandía. Ya eran todos ilustres. -Guicher había hendido en dos un león; Godofredo -había partido por la mitad un gigante sarraceno -en el puente de Antíoco...</p> - -<p>Una tienda rasa se alzaba entre las otras. En -aquella tienda un monje flaco y viejo que tenía -un báculo de olivo, vivía mojando en lágrimas -toda la longitud de su barba. Era Pedro el Ermitaño.</p> - -<p>Aquel monje sabía que la ciudad ilustre fundada -en el 2023 año del mundo, era una mártir.</p> - -<p>Desde los hijos de Jebus, hasta Sesac; desde -Joas hasta Manasés, hasta Nabucodonosor, hasta -Tolomeo Lago, hasta los dos Antíocos el Grande y -el Epifanio, hasta Pompeyo, hasta Craso, hasta -Antígono, hasta Herodes, hasta Tito, hasta Adriano, -hasta Cosroes, hasta Omar—cuánta sangre había -manchado sus piedras, cuánta desolación había -caído sobre la reina glorificada por la salutación -de Tobías: <i lang="la" xml:lang="la">¡Jerusalem, civitas Dei, luce splendida -fulgebis!</i> Pedro había podido observar, como san<span class="pagenum"><a id="Page_68"></a>[Pg 68]</span> -Jerónimo, que en aquella ciudad no se veía un -solo pájaro.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Esa tarde, un correo expedido de Kaloni, comunicó -á Godofredo que en el puerto de Jafa acababan -de anclar varias naves pisanas y genovesas, -en las cuales venían los marineros esperados para -construír las máquinas de guerra diseñadas por -Raymundo de Foix.</p> - -<p>Acababa de hundirse el sol, cuando tomaron el -camino de Arimatea cuatro caballeros enviados -para guardar las naves recién llegadas á Jafa. -Eran Raimundo Pileto, Acardo de Mommellou, -Guillermo de Sabran y Wilfrido de Hohenstein á -quien llamaban el caballero del blanco yelmo.</p> - -<p>Era él rubio y fuerte como un arcángel. Sobre su -tarja germana, sin divisa como todos los escudos -de aquel tiempo, se destacaba formando blasón -pleno un lirio de estaño en campo verde. Aquel -lirio en forma de alabarda, era el único abierto de -toda la flora heráldica; pues el de Francia permanecía -aún en botón.</p> - -<p>Pero lo extraordinario en la armadura del caballero, -era su casco de metal blanquísimo, cuyo esplendor -no velaba entre los demás la cimera de -que carecían los yelmos de los cruzados. El nasal<span class="pagenum"><a id="Page_69"></a>[Pg 69]</span> -de aquel casco, dividiéndole exageradamente el entrecejo -y bajando por entre sus ojos como un pico, -daba á su faz una expresión de gerifalte.</p> - -<p>Contábase á propósito de aquella prenda, una -rara historia. Decíase que casado su dueño á los -veinte años, antes de uno mató á la esposa en un -arrebato de celos. Descubierta luego la inocencia -de la víctima, el señor de Ilohenstein fué en demanda -de perdón á Pedro el Ermitaño, quien le -puso en el pecho la cruz de los peregrinos.</p> - -<p>Antes de partir, quiso orar el joven en la tumba -de su esposa. Sobre aquel sepulcro, había crecido -un lirio que él decidió llevarse como recuerdo; -mas al cortarla, la flor se transformó en un casco -de plata, dando origen al sobrenombre del caballero. -Poseídos aún del milagro que hizo llover -lirios sobre la cabeza de Clodoveo, no tenían los -camaradas del héroe por qué dudar de su aventura, -mucho más cuando él la abonaba con su valentía -y con un voto de castidad.</p> - -<p>La noche estaba ya densa sobre los montes. Los -caballeros cruzaron al trote de sus cabalgaduras, -como cuatro sombras en rumor de hierro, la garganta -estéril que une á Jerusalén con Sichem y -Neápolis; el torrente donde David tomó las cinco -piedras para combatir al gigante; el valle del Terebinto, -el de Jeremías, dolorosa entrada de los<span class="pagenum"><a id="Page_70"></a>[Pg 70]</span> -montes de Judea poblados de jabalíes; los arrabales -de Arimatea, los de Lydia sembrados de aquellas -palmas idumeas bajo las cuales curó Pedro al -paralítico; y al llegar al pozo de la virgen, la llanura -de Sarón, cubierta de alelíes y tulipanes se -desplegó ante ellos desde Gaza hasta el Carmelo, -y desde los montes de Judea hasta los de Samaría, -denunciándose en la obscuridad con el aroma de -sus flores. Tal iban evocando los pasajes de la sacra -historia por los mismos lugares de su tránsito, -aquellos ilustres guerreros.</p> - -<p>Wilfrido habíase rezagado un tanto. Los otros -tres mantenían su piadosa conversación; y el señor -de Sabran refirió á sus compañeros la historia -de la ciudad adonde se dirigían.</p> - -<p>Jafa está, decía, en la heredad de Dan y es más -antigua que el diluvio. En ella murió Noé; á ella -venían las flotas de Hiram cargadas de cedro; en -ella se embarcó Jonás para cruzar el mar, aquel -<em>Gran Mar</em> “que vió á Dios y retrocedió”, dice el -Salmista; ella sufrió el peso de cinco invasiones y -fué incendiada por Judas Macabeo. Allí resucitó -Pedro á Tabita; allí Cestio y Vespasiano repletaron -de oro sus legiones; y en su ciudadela manda -ahora en nombre del Soldán, el feroz Abu-Djezzar-Mohamed -ibn-el-Thayybel-Achary, á quien llaman -familiarmente Abu-Djezzar, y cuyos sicarios re<span class="pagenum"><a id="Page_71"></a>[Pg 71]</span>corren -estos parajes buscando el rastro de los -guerreros de Cristo.</p> - -<p>El señor de Mommellou añadió á su vez que -Jafa había sido teatro de las fábulas del paganismo. -Su nombre era el de una hija de Eolo; y -San Jerónimo cuenta que le enseñaron allí la roca -y el anillo en que Andrómeda fué entregada al -monstruo de Neptuno. Plinio añade que Escauro -llevó á Roma los huesos de dicho animal, y Pausanias -refiere que existe todavía la fuente donde -Perseo se lavó las manos cubiertas por la sangre -del combate.</p> - -<p>Y todo lo contaron los caballeros Acardo de Mommellou -y Guillermo de Sabran, porque sabían muchas -letras de historia aprendidas en los pergaminos -de los monasterios.</p> - -<p>De repente, al llegar junto á las ruinas de una -cisterna seca, advirtieron que Wilfrido no iba ya -con ellos. Era indudable que se había extraviado -en tan peligroso sitio, pero no podían buscarle, -pues de las naves que iban á custodiar dependía -la toma de la ciudad santa. Y por si era tiempo -aún, galoparon soplando sus cuernos hacia las -murallas próximas.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Abu-Djezzar gobernaba la ciudadela. La fortaleza -se levantaba, dominando el mar, entre un bos<span class="pagenum"><a id="Page_72"></a>[Pg 72]</span>quecillo -de nopales y de granados. Mil musulmanes -defendíanse allí esperando auxilios de Cesárea -ó de Solima. Los fosos estaban llenos de agua y -levantados los rastrillos, que apenas dejaban paso -á las partidas de merodeadores.</p> - -<p>Wilfrido de Ilohenstein, despojado de sus armas, -fué traído ante el señor de la ciudadela. Era -éste un musulmán de ojos aguileños y perfil enérgico -como un hachazo.</p> - -<p>—Perro, le dijo apenas le tuvo á su alcance; ya -sabemos la situación de vuestros soldados que -mueren de sed bajo los muros de Solima. Dime, -pues lo sabes, si los cristianos abrigan todavía esperanzas.</p> - -<p>Una sonrisa heroica iluminó la juventud del caballero.</p> - -<p>—Sarraceno, replicó; los condes de Flandes y -de Normandía acampan al norte, allá mismo donde -fué apedreado san Esteban; Godofredo y Tancredo -están al Occidente; el conde de Saint-Gilles -al sur, sobre el monte Sión. Ya sabes dónde se -hallan nuestras tropas, y también que los soldados -de Cristo no retroceden. Pues bien, óyelo Sarraceno: -Antes de un mes, los soldados de Cristo -entrarán en Jerusalén por el norte, por el occidente -y por el mediodía.</p> - -<p>Abu-Djezzar rugió de rabia.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_73"></a>[Pg 73]</span></p> - -<p>—Cortad maderos, gritó á sus soldados; haced -una cruz y clavad en ella á este perro. ¡Que muera -como su Dios!</p> - -<p>Tres horas después, los soldados venían en grupos -á contemplar el mártir. Wilfrido de Hohenstein, -clavado en una cruz muy baja, parecía estar -muerto en pie. Desnudo enteramente, cruzado su -cuerpo de rayas rojas, la cabeza doblada, los cabellos -rubios cubriéndole los ojos, las manos y los -pies como envueltos en púrpura, semejaba una efigie -de altar. La muerte no conseguía ajar su juventud, -realzándola más bien como una escarcha -fina sobre un mármol artístico. El patíbulo daba -al mar, sobre la ciudad ruinosa, desamparado bajo -el cielo. Y los soldados admiraban en voz baja, con -palabras bárbaramente desgarradas en vómitos -guturales, aquella juventud enemiga, tan viril -bajo los cabellos rubios ceñidos ya por una gloria -de apogeos.</p> - -<p>El cuerpo de Wilfrido de Hohenstein no era ya -sino un despojo. Estaba muy blanco, casi transparente, -como un vaso de alabastro que ha dejado -correr todo su vino; y bajo sus párpados entreabiertos, -se vislumbraba una minúscula estrella -azul.</p> - -<p>Un buitre sirio, á inmensa altura, mecíase entre -los cenitales esplendores. Los soldados lo vieron<span class="pagenum"><a id="Page_74"></a>[Pg 74]</span> -y entonces recordaron. Aunque la agonía del caballero -fué larga, era indudable que ya estaba -muerto. El agá se aproximó y levantó uno de los -párpados. La estrellita azul se había apagado en -el fondo de la órbita. De la comisura labial, desprendíase -un hilo de sangre.</p> - -<p>Nadie se atrevió á abofetearle, á pesar de que -era la costumbre, porque su sueño apaciguaba con -su inmensa blancura. Tendieron simplemente la -cruz y empezaron á desclavarle. Pero la mano derecha -resistía tanto, que el agá la cortó con su -gumía dejándola clavada en el poste. Y como la -cruz aquella podía servir para ajusticiar otros perros, -resolvieron conservarla en la armería.</p> - -<p>La mano permaneció así durante un mes. Nadie -se acordaba ya de aquello, cuando el 12 de julio -de 1099, un emisario sarraceno vino en su -caballo moribundo á decir á Abu-Djezzar que los -cristianos arrojando escalas sobre los muros de -Solima, al rayar la aurora, y encerrados en fuertes -ingenios de madera, hacían llover sobre los fieles -del Profeta un aguacero de aceite y pez hirviendo.</p> - -<p>Abu-Djezzar mandó afilar los alfanjes y descendió -á la armería para inspeccionar los arneses de -peones y caballeros.</p> - -<p>Lucían los hierros en la penumbra de la sala. -Había allí lorigas de Egipto, yataganes de Damas<span class="pagenum"><a id="Page_75"></a>[Pg 75]</span>co; -lanzas españolas, largas de diez palmos; adargas -de cuero de hipopótamo, tomadas á los nubios; -estribos tajantes al uso berberisco y puñales -bizantinos que parecían de agua.</p> - -<p>El musulmán recorría con ojo satisfecho aquel -arsenal provisto por el califa, de tantas y tan hermosas -armas. Sus babuchas sonaban en las lozas -de la galería, y soberbiamente envuelto en su albornoz, -examinábalo todo.</p> - -<p>Habíase quitado el turbante, y su cabeza afeitada -ostentaba en el occipucio el penacho de cabellos -por donde el ángel Gabriel le conduciría al Paraíso -el día del juicio. Nadaban en sus ojos dos chispas, -y bajo su labio crispado, la dentadura fijaba un -brillo siniestro.</p> - -<p>Desde su sitio percibía la cruz disimulada en la -sombra donde amarilleaba la mano del mártir. Y -andando, andando, se encontró debajo de ella con -la mirada fija en una de las perchas de la armería.</p> - -<p>En ese momento eran las tres de la tarde. El caballero -de l’Estoile acababa de saltar sobre las murallas -de Jerusalén.</p> - -<p>Y como el agá apareciera en la puerta, Abu-Djezzar -le increpó:</p> - -<p>—¡Alá los extermine! ¡Malditos perros!...</p> - -<p>No pudo concluir. La mano, espantosamente viva, -se había abierto como una garra, retorciéndose<span class="pagenum"><a id="Page_76"></a>[Pg 76]</span> -en su clavo y enredando entre sus dedos los cabellos -del infiel.</p> - -<p>El agá, loco de horror, huyó á lo alto de la ciudadela. -Los soldados acudieron, mas nadie se -atrevió á tocar aquella formidable reliquia que -mantenía invenciblemente agarrada la presa enemiga.</p> - -<p>Abu-Djezzar yacía muerto al pie de la cruz, con -la lengua apretada entre los dientes y tendidos los -brazos que descuartizaba una convulsión.</p> - -<p>Esa misma tarde el agá hizo arrojar por sobre -las murallas el siniestro crucifijo, sin que la mano -volviera á abrirse desde entonces. Y los cristianos -de Jafa, sabederos del hecho por un prisionero de -la ciudadela tomado pocos días después, condujeron -en procesión aquel trofeo erigiendo un altar al -caballero del blanco yelmo, que padeció muerte -de cruz entre los infieles el 16 de junio del año 1099 -de Cristo.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Ahora, en el convento de los franciscanos de Jafa, -puede verse bajo una urna de cristal, clavada -en su trozo de madera y asiendo un puñado de -cabellos, todavía fresca como para consolar la décima -séptima agonía de Jerusalén, la mano blanca -de san Wilfrido de Hohenstein.</p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_77"></a>[Pg 77]</span></p> - -<p class="half-title">EL ESCUERZO</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_78"></a>[Pg 78]<br /><a id="Page_79"></a>[Pg 79]</span></p> -<h2 class="nobreak">EL ESCUERZO</h2> -</div> - - -<p class="p1">Un día de tantos, jugando en la quinta de la casa -donde habitaba la familia, me di con un pequeño -sapo que, en vez de huir como sus congéneres más -corpulentos, se hinchó extraordinariamente bajo -mis pedradas. Tenía horror á los sapos y era mi -diversión aplastar cuantos podía. Así es que el -pequeño y entonado batracio no tardó en sucumbir -á los golpes de mis piedras. Como todos los muchachos -criados en la vida semi-campestre de -nuestras ciudades de provincia, yo era un sabio -en lagartos y sapos. Además, la casa está situada -cerca de un arroyo que cruza por la ciudad, lo -cual contribuía á aumentar la frecuencia de mis -relaciones con tales reptiles. Entro en estos detalles, -para que se comprenda bien cómo me sorprendí -al notar que el atrabiliario sapito me era -enteramente desconocido. Circunstancia de consulta, -pues. Y tomando mi víctima con toda la<span class="pagenum"><a id="Page_80"></a>[Pg 80]</span> -precaución del caso, fuí á preguntar por ella á la -vieja criada, confidente mía en las primeras empresas -de cazador. Tenía yo ocho años y ella sesenta. -El asunto había, pues, de interesarnos á -ambos. La buena mujer estaba, como de costumbre, -sentada á la puerta de la cocina, y yo esperaba -ver acogido mi relato con la acostumbrada -benevolencia, cuando apenas hube empezado, la -vi levantarse apresuradamente y arrebatarme de -las manos el despanzurrado animalito.</p> - -<p>—¡Gracias á Dios que no lo hayas dejado! exclamó -con muestras de la mayor alegría. En este -mismo instante vamos á quemarlo.</p> - -<p>—¿Quemarlo? dije yo; ¿pero qué va á hacer, si ya -está muerto?</p> - -<p>—No sabes que es un escuerzo—replicó en -tono misterioso mi interlocutora—¿y que este animalito -resucita sino se quema? ¿Quién te mandó -matarlo? ¡Eso habías de sacar al fin con tus pedradas! -Ahora voy á contarte lo que le pasó al -hijo de mi amiga la finada Antonia, que en paz -descanse.</p> - -<p>Mientras hablaba, había recogido y encendido -algunas astillas sobre las cuales puso el cadáver -del escuerzo.</p> - -<p>¡Un escuerzo! decía yo, aterrado bajo mi piel de -muchacho travieso; ¡un escuerzo! Y sacudía los<span class="pagenum"><a id="Page_81"></a>[Pg 81]</span> -dedos como si el frío del sapo se me hubiera -pegado á ellos. ¡Un sapo resucitado! Era para enfriarle -la médula á un hombre de barba entera.</p> - -<p>—¿Pero usted piensa contarnos una nueva batracomiomaquia? -interrumpió aquí Julia con el -amable desenfado de su coquetería de treinta años.</p> - -<p>—De ningún modo, señorita. Es una historia -<em>que ha pasado</em>.</p> - -<p>Julia sonrió.</p> - -<p>—No puede usted figurarse cuánto deseo conocerla...</p> - -<p>—Será usted complacida, tanto más cuanto que -tengo la pretensión de vengarme con ella de su -sonrisa. Así, pues, proseguí; mientras se asaba mi -fatídica pieza de caza, la vieja criada hilvanó su -narración que es como sigue:</p> - -<p>Antonia, su amiga, viuda de un soldado, vivía -con el hijo único que había tenido de él, en una -casita muy pobre, distante de toda población. El -muchacho trabajaba para ambos, cortando madera -en el vecino bosque, y así pasaban año tras -año, haciendo á pie la jornada de la vida. Un día -volvió, como de costumbre, por la tarde, para -tomar su mate, alegre, sano, vigoroso, con su -hacha al hombro. Y mientras lo hacían, refirió á -su madre que en la raíz de cierto árbol muy viejo -había encontrado un escuerzo, al cual no le valie<span class="pagenum"><a id="Page_82"></a>[Pg 82]</span>ron -hinchazones para quedar hecho una tortilla -bajo el ojo de su hacha.</p> - -<p>La pobre vieja se llenó de aflicción al escucharle, -pidiéndole que por favor la acompañara al -sitio para quemar el cadáver del animal.</p> - -<p>—Has de saber, le dijo, que el escuerzo no perdona -jamás al que lo ofende. Si no lo queman, -resucita, sigue el rastro de su matador y no descansa -hasta que puede hacer con él otro tanto.</p> - -<p>El buen muchacho rió grandemente del cuento, -intentando convencer á la pobre vieja de que aquello -era una paparrucha buena para asustar chicos -molestos, pero indigna de preocupar á una persona -de cierta reflexión. Ella insistió, sin embargo, -en que la acompañara á quemar los restos del -animal.</p> - -<p>Inútil fué toda broma, toda indicación sobre lo -distante del sitio, sobre el daño que podía causarle, -siendo ya tan vieja, el sereno de aquella tarde -de noviembre. Á toda costa quiso ir y él tuvo que -decidirse á acompañarla.</p> - -<p>No era tan distante; unas seis cuadras á lo más. -Fácilmente dieron con el árbol recién cortado, pero -por más que hurgaron entre las astillas y las -ramas desprendidas, el cadáver del escuerzo no -apareció.</p> - -<p>—¿No te dije? exclamó ella echándose á llorar;<span class="pagenum"><a id="Page_83"></a>[Pg 83]</span> -ya se ha ido; ahora ya no tiene remedio esto. ¡Mi -padre San Antonio te ampare!</p> - -<p>—Pero qué tontera, afligirse así. Se lo habrán -llevado las hormigas ó lo comería algún zorro -hambriento. ¡Habráse visto extravagancia, llorar -por un sapo! Lo mejor es volver, que ya viene -anocheciendo y la humedad de los pastos es dañosa.</p> - -<p>Regresaron, pues, á la casita, ella siempre llorosa, -él procurando distraerla con detalles sobre el -maizal que prometía buena cosecha si seguía lloviendo; -hasta volver de nuevo á las bromas y -risas en presencia de su obstinada tristeza. Era -casi de noche cuando llegaron. Después de un registro -minucioso por todos los rincones, que excitó -de nuevo la risa del muchacho, comieron en -el patio, silenciosamente, á la luz de la luna, y ya -se disponía él á tenderse sobre su apero para dormir, -cuando Antonia le suplicó que por aquella -noche siquiera, consintiese en encerrarse dentro -de una caja de madera que poseía y dormir -allí.</p> - -<p>La protesta contra semejante petición fué viva. -Estaba chocha, la pobre, no había duda. ¡Á quién -se le ocurría pensar en hacerle dormir con aquel -calor, dentro de una caja que seguramente estaría -llena de sabandijas!</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_84"></a>[Pg 84]</span></p> - -<p>Pero tales fueron las súplicas de la anciana, que -como el muchacho la quería tanto, decidió acceder -á semejante capricho. La caja era grande, y -aunque un poco encogido, no estaría del todo mal. -Con gran solicitud fué arreglada en el fondo la cama, -metióse él adentro, y la triste viuda tomó -asiento al lado del mueble, decidida á pasar la noche -en vela para cerrarlo apenas hubiera la menor -señal de peligro.</p> - -<p>Calcula ella que sería la medianoche, pues la -luna muy baja empezaba á bañar con su luz el -aposento, cuando de repente un bultito negro, casi -imperceptible, saltó sobre el dintel de la puerta -que no se había cerrado por efecto del gran calor. -Antonia se estremeció de angustia.</p> - -<p>Allí estaba, por fin, el vengativo animal, sentado -sobre las patas traseras, como meditando un plan. -¡Qué mal había hecho el joven en reírse! Aquella -figurita lúgubre, inmóvil en la puerta llena de luna, -se agrandaba extraordinariamente, tomaba -proporciones de monstruo. ¿Pero, si no era más -que uno de los tantos sapos familiares que entraban -cada noche á la casa en busca de insectos? -Un momento respiró, sostenida por esta idea. Mas -el escuerzo dió de pronto un saltito, después otro, -en dirección de la caja. Su intención era manifiesta. -No se apresuraba, como si estuviera seguro de<span class="pagenum"><a id="Page_85"></a>[Pg 85]</span> -su presa. Antonia miró con indecible expresión de -terror á su hijo; dormía, vencido por el sueño, -respirando acompasadamente.</p> - -<p>Entonces, con mano inquieta, dejó caer sin hacer -ruido la tapa del pesado mueble. El animal no -se detenía. Seguía saltando. Estaba ya al pie -de la caja. Rodeóla pausadamente, se detuvo en -uno de los ángulos, y de súbito, con un salto -increíble en su pequeña talla, se plantó sobre la -tapa.</p> - -<p>Antonia no se atrevió á hacer el menor movimiento. -Toda su vida se había concentrado en sus -ojos. La luna bañaba ahora enteramente la pieza. -Y he aquí lo que sucedió: El sapo comenzó á hincharse -por grados, aumentó, aumentó de una manera -prodigiosa, hasta triplicar su volumen. Permaneció -así durante un minuto, en que la pobre -mujer sintió pasar por su corazón todos los ahogos -de la muerte. Después fué reduciéndose, reduciéndose -hasta recobrar su primitiva forma, saltó á -tierra, se dirigió á la puerta y atravesando el patio -acabó por perderse entre las hierbas.</p> - -<p>Entonces se atrevió Antonia á levantarse, toda -temblorosa. Con un violento ademán abrió de par -en par la caja. Lo que sintió fué de tal modo horrible, -que á los pocos meses murió víctima del -espanto que le produjo.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_86"></a>[Pg 86]</span></p> - -<p>Un frío mortal salía del mueble abierto, y el muchacho -estaba helado y rígido bajo la triste luz en -que la luna amortajaba aquel despojo sepulcral, -hecho piedra ya bajo un inexplicable baño de escarcha.</p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_87"></a>[Pg 87]</span></p> - -<p class="half-title">LA METAMÚSICA</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_88"></a>[Pg 88]<br /><a id="Page_89"></a>[Pg 89]</span></p> -<h2 class="nobreak">LA METAMÚSICA</h2> -</div> - - -<p class="p1">Como hiciera varias semanas que no le veía, al -encontrarle le interrogué:</p> - -<p>—¿Estás enfermo?</p> - -<p>—No; mejor que nunca y alegre como unas pascuas. -¡Si supieras lo que me ha tenido absorto durante -estos dos meses de encierro!</p> - -<p>Pues hacía efectivamente dos meses que se le -extrañaba en su círculo literario, en los cafés familiares -y hasta en el paraíso de la Ópera, su predilección.</p> - -<p>El pobre Juan tenía una debilidad: la música. -En sus buenos tiempos, cuando el padre opulento -y respetado compraba palco, Juan podía entregarse -á su pasión favorita con toda comodidad. Después -acaeció un derrumbe—títulos bajos, hipotecas, -remates... El viejo murió de disgusto y Juan -se encontró solo en esa singular autonomía de la -orfandad, que toca por un extremo al tugurio y -por el otro á la fonda de dos platos, sin vino.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_90"></a>[Pg 90]</span></p> - -<p>Por no ser huésped de cárcel, se hizo empleado -que cuesta más y produce menos; pero hay seres -timoratos en medio de su fuerza, que temen á la -vida lo bastante para respetarla, acabando por -acostarse con sus legítimas después de haber pensado -en veinte queridas.</p> - -<p>La existencia de Juan se volvió entonces acabadamente -monótona. Su oficina, sus libros y su -banqueta del paraíso, fueron para él la obligación -y el regalo. Estudió mucho, convirtiéndose en un -teorizador formidable. Analogías de condición y -de opiniones nos acercaron, nos amistaron y concluyeron -por unirnos en sincera afección. Lo único -que nos separaba era la música, pues jamás -entendí una palabra de sus disertaciones, ó mejor -dicho nunca pude conmoverme con ellas, pareciéndome -falso en la práctica lo que por raciocinio -encontraba evidente; y como en arte la comprensión -está íntimamente ligada á la emoción sentida, -al no sentir yo nada con la música, claro está -que no la entendía.</p> - -<p>Esto desesperaba á mi amigo cuya elocuencia -crecía en proporción á mi incapacidad para gozar -con lo que, siendo para él emoción superior, sólo -me resultaba confusa algarabía.</p> - -<p>Conservaba de su pasado bienestar un piano, -magnífico instrumento cuyos acordes solían co<span class="pagenum"><a id="Page_91"></a>[Pg 91]</span>mentar -sus ideas cuando mi rebelde emoción fracasaba -en la prueba.</p> - -<p>—Comprendo que la palabra no alcance á expresarlo, -decía, pero escucha; abre bien las puertas -de tu espíritu; es imposible que dejes de entender. -Y sus dedos recorrían el teclado en una -especie de mística exaltación.</p> - -<p>Así discutíamos los sábados por la noche, alternando -las disertaciones líricas con temas científicos -en los que Juan era muy fuerte, y recitando -versos. Las tres de la mañana siguiente era la hora -habitual de despedirnos. Júzguese si nuestra conversación -sería prolongada después de ocho semanas -de separación.</p> - -<p>—¿Y la música, Juan?</p> - -<p>—Querido, he hecho descubrimientos importantes.</p> - -<p>Su fisonomía tomó tal carácter de seriedad, que -le creí acto continuo. Pero una idea me ocurrió de -pronto.</p> - -<p>—¿Compones?</p> - -<p>Los ojos le fulguraron.</p> - -<p>—Mejor que eso, mucho mejor que eso. Tú eres -un amigo del alma y puedes saberlo. El sábado -por la noche, como siempre, ya sabes; en casa; -pero no lo digas á nadie, ¿eh? ¡Á nadie! añadió -casi terrible.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_92"></a>[Pg 92]</span></p> - -<p>Calló un instante; luego me pellizcó confidencialmente -la punta de la oreja, mientras una sonrisa -maliciosa entreabría sus febriles labios.</p> - -<p>—Allá comprenderás por fin, allá verás. Hasta -el sábado, ¿no?...</p> - -<p>Y como le mirara interrogativo, añadió lanzándose -sobre el estribo de un tranvía, pero de modo -que sólo yo pudiese oirle:</p> - -<p>—...¡Los colores de la música!...</p> - -<p>Era un miércoles. Me era menester esperar tres -días para conocer el sentido de aquella prosa. ¡Los -colores de la música! me decía. ¿Será un fenómeno -de audición coloreada? ¡Imposible! Juan es un -muchacho muy equilibrado para caer en eso. Parece -excitado, pero nada revela una alucinación en -sus facultades. Después de todo, ¿por qué no ha de -ser verdad su descubrimiento?... Sabe mucho, es -ingenioso, perseverante, inteligente... La música -no le impide cultivar á fondo las matemáticas, y -éstas son la sal del espíritu. En fin, esperemos.</p> - -<p>Pero no obstante mi resignación, una intensa curiosidad -me embargaba; y el pretexto ingenuamente -hipócrita de este género de situaciones, no tardó -en presentarse.</p> - -<p>Juan está enfermo, á no dudarlo. Abandonarle en -tal situación, sería poco discreto. Lo mejor es verle, -hablarle, hacer cuanto pueda para impedir algo<span class="pagenum"><a id="Page_93"></a>[Pg 93]</span> -peor. Iré esta noche. Y esa misma noche fuí, aunque -reconociendo en mi intento más curiosidad -de lo que hubiese querido.</p> - -<p>Daban las nueve cuando llegué á la casa. La -puerta estaba cerrada. Una sirvienta desconocida -vino á abrirme. Pensé que sería mejor darme por -amigo de confianza, y después de expresar las buenas -noches con mi entonación más confidencial:</p> - -<p>—¿Está Juan? pregunté.</p> - -<p>—No, señor; ha salido.</p> - -<p>—¿Volverá pronto?</p> - -<p>—No ha dicho nada.</p> - -<p>—Porque si volviera pronto, añadí insistiendo, -le pediría permiso para esperarle en su cuarto. -Soy su amigo íntimo y tengo algo urgente que -comunicarle.</p> - -<p>—Á veces no vuelve en toda la noche.</p> - -<p>Esta evasiva me reveló que se trataba de una -consigna, y decidí retirarme sin insistir. Volví el -jueves, el viernes, con igual resultado. Juan no -quería recibirme, y esto, francamente, me exasperaba. -El sábado me tendría fuerte, vencería mi curiosidad, -no iría. El sábado á las nueve de la noche -había dominado aquella puerilidad. Juan en -persona me abrió.</p> - -<p>—Perdona; sé que me has buscado; no estaba; -tenía que salir todas las noches.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_94"></a>[Pg 94]</span></p> - -<p>—Sí; te has convertido en personaje misterioso.</p> - -<p>—Veo que mi descubrimiento te interesa de -veras.</p> - -<p>—No mucho, mira; pero francamente, al oirte -hablar de los colores de la música, temí lo que -hay que temer, y ahí tienes la causa de mi insistencia.</p> - -<p>—Gracias, quiero creerte, y me apresuro á -asegurarte que no estoy loco. Tu duda lastima mi -amor propio de inventor, pero somos demasiado -amigos para no prometerte una venganza.</p> - -<p>Mientras, habíamos atravesado un patio lleno -de plantas. Pasamos bajo un zaguán, doblamos á -la derecha, y Juan abriendo una puerta dijo:</p> - -<p>—Entra; voy á pedir el café.</p> - -<p>Era el cuarto habitual, con su escritorio, su ropero, -su armario de libros, su catre de hierro. -Noté que faltaba el piano. Juan volvía en ese momento.</p> - -<p>—¿Y el piano?</p> - -<p>—Está en la pieza inmediata. Ahora soy rico; -tengo dos “salones”.</p> - -<p>—¡Qué opulencia!</p> - -<p>Y esto nos endilgó en el asunto.</p> - -<p>Juan, que paladeaba con deleite su café, empezó -tranquilamente:</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_95"></a>[Pg 95]</span></p> - -<p>—Hablemos en serio. Vas á ver una cosa interesante. -<em>'Vas á ver</em>, óyelo bien. No se trata de teorías. -Las notas poseen cada cual su color, no arbitrario, -sino real. Alucinaciones y chifladuras nada -tienen que ver con esto. Los aparatos no mienten, -y mi aparato hace perceptibles los colores de la -música. Tres años antes de conocerte, emprendí -las experiencias coronadas hoy por el éxito. Nadie -lo sabía en casa, donde, por otra parte, la independencia -era grande, como recordarás. Casa -de viudo con hijos mayores... Dicho esto en forma -de disculpa por mi reserva, que espero no atribuyas -á desconfianza, quiero hacerte una descripción -de mis procedimientos, antes de empezar mi pequeña -fiesta científica.</p> - -<p>Encendimos los cigarrillos y Juan continuó.</p> - -<p>—Sabemos por la teoría de la unidad de la fuerza, -que el movimiento es, según los casos, luz, calor, -sonido, etc.; dependiendo estas diferencias—que -esencialmente no existen, pues son únicamente -modos de percepción de nuestro sistema nervioso—del -mayor ó menor número de vibraciones de -la onda etérea.</p> - -<p>“Así, pues, en todo sonido hay luz, calor, electricidad -latentes, como en toda luz hay á su vez -electricidad, calor y sonido. El ultra violeta del -espectro, señala el limite de la luz y es ya calor,<span class="pagenum"><a id="Page_96"></a>[Pg 96]</span> -que cuando llegue á cierto grado se convertirá en -luz... Y la electricidad igualmente. ¿Por qué no -ocurriría lo mismo con el sonido? me dije; y -desde aquel momento quedó planteado mi problema.”</p> - -<p>“La escala musical está representada por una -serie de números cuya proporción, tomando al do -como unidad, es bien conocida; pues la armonía -se halla constituida por proporciones de número, -ó en otros términos se compone de la relación de -las vibraciones aéreas por un acorde de movimientos -desemejantes.”</p> - -<p>“En todas las músicas sucede lo mismo, cualquiera -que sea su desarrollo. Los griegos que no -conocían sino tres de las consonancias de la escala, -llegaban á idénticas proporciones: 1 á 2, 3 á 2, 4 á 3. -Es, como observas, matemático. Entre las ondulaciones -de la luz tiene que haber una relación -igual, y es ya vieja la comparación. El 1 del do, -está representado por las vibraciones de 369 millonésimas -de milímetro que engendran el violado, y -el 2 de la octava por el duplo; es decir, por las de -738 que producen el rojo. Las demás notas, corresponden -cada una á un color.”</p> - -<p>“Ahora bien, mi raciocinio se efectuaba de este -modo.”</p> - -<p>“Cuando oímos un sonido, no miramos la luz,<span class="pagenum"><a id="Page_97"></a>[Pg 97]</span> -no palpamos el calor, no sentimos la electricidad -que produce, porque las ondas caloríficas, luminosas -y eléctricas son imperceptibles por su propia -amplitud. Por la misma razón no oímos cantar -la luz, aunque la luz canta real y verdaderamente, -cuando sus vibraciones que constituyen los colores, -forman proporciones armónicas. Cada percepción -tiene un límite de intensidad, pasado el -cual se convierte en impercepción para nosotros. -Estos límites no son coincidentes en la mayoría -de los casos, lo cual obedece al progresivo trabajo -de diferenciación efectuado por los sentidos en los -organismos superiores; de tal modo que si al producirse -una vibración, no percibimos más que uno -de los movimientos engendrados, es porque los -otros, ó han pasado el limite máximo, ó no han alcanzado -el límite mínimo de la percepción. Á veces -se consigue, sin embargo, la simultaneidad. Así, -vemos el color de una luz, palpamos su calor y medimos -su electricidad...”</p> - -<p>Todo esto era lógico; pero en cuanto al sonido, -tenía una objeción muy sencilla que hacer y la hice:</p> - -<p>—Es claro; y si con el sonido no sucede así, es -porque se trata de una vibración aérea, mientras -que las otras son vibraciones etéreas.</p> - -<p>—Perfectamente; pero la onda aérea provoca -vibraciones etéreas, puesto que al propagarse con<span class="pagenum"><a id="Page_98"></a>[Pg 98]</span>mueve -al éter intermedio entre molécula y molécula -de aire. ¿<em>Qué es</em> esta segunda vibración? Yo he -llegado á demostrar que es luz. ¿Quién sabe si mañana -un termómetro ultrasensible no averiguará -las temperaturas del sonido?</p> - -<p>“Un sabio injustamente olvidado, Louis Lucas, -dice lo que voy á leer, en su <cite>Chimie Nouvelle</cite>:”</p> - -<p>“Si se estudia con cuidado las propiedades del -monocordio, se nota que en toda jerarquía sonora -no existen, en realidad, más que tres puntos de primera -importancia: la tónica, la quinta y la tercia, -siendo la octava reproducción de ellas á diversa -altura, y permaneciendo en las tres resonancias la -tónica como punto de apoyo; la quinta es su antagonista -y la tercia un punto indiferente, pronto á -seguir á aquél de los dos contrarios que adquiera -superioridad.”</p> - -<p>“Esto es también lo que hallamos en tres cuerpos -simples, cuya importancia relativa no hay necesidad -de recordar: el hidrógeno, el ázoe y el oxígeno. -El primero por su negativismo absoluto en -presencia de los otros metaloides, por sus propiedades -esencialmente básicas, toma el sitio de la -tónica ó reposo relativo; el oxígeno, por sus propiedades -antagónicas, ocupa el lugar de la quinta; -y por fin, la indiferencia bien conocida del ázoe, le -asigna el rol de la tercia<span class="pagenum"><a id="Page_99"></a>[Pg 99]</span>.” - -“Ya ves que no estoy solo en mis conjeturas, y -que ni siquiera voy tan lejos; mas lleguemos cuanto -antes á la narración de la experiencia.”</p> - -<p>“Ante todo, tenía tres caminos: ó colar el sonido -á través de algún cuerpo que lo absorbiera, no -dejando pasar sino las ondas luminosas—algo semejante -al carbón animal para los colorantes químicos; -ó construir cuerdas tan poderosas, que sus -vibraciones pudieran contarse, no por miles sino -por millones de millones en cada segundo, para -producir mi música en luz; ó reducir la expansión -de la onda luminosa, invisible en el sonido, -contenerla en su marcha, reflejarla, reforzarla hasta -hacerla alcanzar un límite de percepción, y verla -sobre una pantalla convenientemente dispuesta.”</p> - -<p>“De los tres métodos probables, excuso decirte -que he adoptado el último; pues los dos primeros -requerirían un descubrimiento previo cada uno, -mientras que el tercero es una aplicación de aparatos -conocidos.”</p> - -<p><i lang="la" xml:lang="la">¡Age dum!</i> prosiguió evocando su latín, mientras -abría la puerta del segundo aposento. Aquí tienes -mi aparato, añadió, al paso que me enseñaba sobre -un caballete una caja como de dos metros de -largo, enteramente parecida á un féretro. Por uno -de sus extremos sobresalía el pabellón paraboloide -de una especie de clarín. En la tapa, cerca de la<span class="pagenum"><a id="Page_100"></a>[Pg 100]</span> -otra extremidad, resaltaba un trozo de cristal que -me pareció la faceta de un prisma. Una pantalla -blanca coronaba el misterioso cajón, sobre un soporte -de metal colocado hacia la mitad de la tapa.</p> - -<p>Juan se apoyó sobre el aparato y yo me senté en -la banqueta del piano.</p> - -<p>—Oye con atención.</p> - -<p>—Ya te imaginas.</p> - -<p>—El pabellón que aquí ves, recoge las ondas sonoras. -Este pabellón toca al extremo de un tubo -de vidrio negro, de dobles paredes, en el cual se -ha llevado el vacío á una millonésima de atmósfera. -La doble pared del tubo está destinada á contener -una capa de agua. El sonido muere en él y -en el denso almohadillado que lo rodea. Queda sólo -la onda luminosa cuya expansión debo reducir -para que no alcance la amplitud suprasensible. El -vidrio negro lo consigue; y ayudado por la refracción -del agua, se llega á una reducción casi completa. -Además el agua tiene por objeto absorber el -calor que resulta.</p> - -<p>—¿Y por qué el vidrio negro?</p> - -<p>—Porque la luz negra tiene una vibración superior -á la de todas las otras, y como por consiguiente -el espacio entre movimiento y movimiento se -restringe, las demás no pueden pasar por los intersticios -y se reflejan. Es exactamente análogo á<span class="pagenum"><a id="Page_101"></a>[Pg 101]</span> -una trinchera de trompos que bailan conservando -distancias proporcionales á su tamaño. Un trompo -mayor, aunque animado de menor velocidad, intenta -pasar; pero se produce un choque que lo -obliga á volver sobre sí mismo.</p> - -<p>—Y los otros, ¿no retroceden también?</p> - -<p>—Ése es el percance que el agua está encargada -de prevenir.</p> - -<p>—Muy bien; continúa.</p> - -<p>—Reducida la onda luminosa, se encuentra al extremo -del tubo con un disco de mercurio engarzado -á aquél, cuyo disco la detiene en su marcha.</p> - -<p>—Ah, el inevitable mercurio.</p> - -<p>—Sí, el mercurio. Cuando el profesor Lippmann -lo empleó para corregir las interferencias de la -onda luminosa en su descubrimiento de la fotografía -de los colores, aproveché el dato; y el éxito -no tardó en coronar mis previsiones. Así, pues, -mi disco de mercurio contiene la onda en marcha -por el tubo, y la refleja hacia arriba por medio de -otro acodado. En este segundo tubo, hay dispuestos -tres prismas <em>infrangibles</em>, que refuerzan la onda -luminosa hasta el grado requerido para percibirla -como sensación óptica. El número de prismas está -determinado por tanteo, á ojo, y el último de ellos, -cerrando el extremo del tubo, es el que ves sobresalir -aquí. Tenemos, pues, suprimida la vibra<span class="pagenum"><a id="Page_102"></a>[Pg 102]</span>ción -sonora, reducida la amplitud de la onda luminosa, -contenida su marcha y reforzada su acción. -No nos queda más que verla.</p> - -<p>—¿Y se ve?</p> - -<p>—Se ve, querido; se ve sobre esta pantalla; pero -falta algo aún. Este algo es mi piano cuyo teclado -he debido transformar en series de siete -blancas y siete negras, para conservar la relación -verdadera de las transposiciones de una nota tónica -á otra; relación que se establece multiplicando la -nota por el intervalo del semitono menor.</p> - -<p>“Mi piano queda convertido, así, en un instrumento -exacto, bien que de dominio mucho más -difícil. Los pianos comunes, construidos sobre el -principio de la gama temperada que luego recordaré, -suprimen la diferencia entre los tonos y los -semitonos mayores y menores, de suerte que todos -los sones de la octava se reducen á doce, -cuando son catorce en realidad. El mío es un instrumento -exacto y completo.”</p> - -<p>“Ahora bien, esta reforma, equivale á abolir la -gama temperada de uso corriente, bien que sea, -como dije, inexacta; y á la cual se debe en justicia -el enorme progreso alcanzado por la música instrumental -desde Sebastián Bach, quien le consagró -cuarenta y ocho composiciones. Es claro, -¿no?<span class="pagenum"><a id="Page_103"></a>[Pg 103]</span>” - -—¡Qué sé yo de todo eso! Lo que estoy viendo es -que me has elegido como se elige una pared para -rebotar la pelota.</p> - -<p>—Creo ocioso recordarte que uno no se apoya -sino sobre lo que resiste.</p> - -<p>Callamos sonriendo, hasta que Juan me dijo:</p> - -<p>—¿Sigues creyendo, entonces, que la música no -expresa nada?</p> - -<p>Ante esta insólita pregunta que desviaba á mil -leguas el argumento de la conversación, le pregunté -á mi vez:</p> - -<p>—¿Has leído á Hanslick?</p> - -<p>—Sí, ¿por qué?</p> - -<p>—Porque Hanslick, cuya competencia critica no -me negarás, sostiene que la música no expresa -nada, que sólo evoca sentimientos.</p> - -<p>—¿Eso dice Hanslick? Pues bien, yo sostengo sin -ser ningún critico alemán, que la música es la -expresión matemática del alma.</p> - -<p>—Palabras...</p> - -<p>—No, hechos perfectamente demostrables. Si -multiplicas el semidiámetro del mundo por 36, -obtienes las cinco escalas musicales de Platón, -correspondientes á los cinco sentidos.</p> - -<p>—¿Y por qué 36?</p> - -<p>—Hay dos razones; una matemática, la otra -psíquica. Según la primera, se necesita treinta y<span class="pagenum"><a id="Page_104"></a>[Pg 104]</span> -seis números para llenar los intervalos de las octavas, -las cuartas y las quintas hasta 27, con números -armónicos.</p> - -<p>—¿Y por qué 27?</p> - -<p>—Porque 27 es la suma de los números cubos 1 -y 8; de los lineales 2 y 3; y de los planos 4 y 9—es -decir, de las bases matemáticas del universo. -La razón psíquica consiste en que ese número 36, -total de los números armónicos, representa, además, -el de las emociones humanas.</p> - -<p>—¿Cómo?</p> - -<p>—El veneciano Gozzi, Gœthe y Schiller, afirmaban -que no deben existir sino treinta y seis emociones -dramáticas. Un erudito, J. Polti, demostró -el año 94, si no me equivoco, que la cantidad era -exacta y que el número de emociones humanas -no pasaba de treinta y seis.</p> - -<p>—¡Es curioso!</p> - -<p>—En efecto; y más curioso si se tiene en cuenta -mis propias observaciones. La suma ó valor absoluto -de las cifras de 36, es 9, número irreductible; -pues todos sus múltiplos lo repiten si se efectúa -con ellos la misma operación. El 1 y el 9 son los únicos -números absolutos ó permanentes; y de este -modo, tanto 27 como 36, iguales á 9 por el valor -absoluto de sus cifras, son números de la misma -categoría. Esto da origen, además, á una propor<span class="pagenum"><a id="Page_105"></a>[Pg 105]</span>ción, -27, ó sea el total de las bases geométricas, -es á 36, total de las emociones humanas, como x, el -alma, es al absoluto 9. Practicada la operación, se -averigua que el término desconocido es 6. Seis, -fíjate bien; el doble ternario que en la simbología -sagrada de los antiguos, significaba el equilibrio -del universo. ¿Qué me dices?</p> - -<p>Su mirada se había puesto luminosa y extraña.</p> - -<p>—El universo es música, prosiguió animándose. -Pitágoras tenía razón, y desde Timeo hasta -Kepler todos los pensadores han presentido esta -armonía. Eratóstenes llegó á determinar la escala -celeste, los tonos y semitonos entre astro y astro. -Yo creo tener algo mejor; pues habiendo dado -con las notas fundamentales de la música de las -esferas, ¡reproduzco en colores geométricamente -combinados, el esquema del Cosmos!...</p> - -<p>¿Qué estaba diciendo aquel alucinado? ¿Qué torbellino -de extravagancias se revolvía en su cerebro...? -Casi no tuve tiempo de advertirlo, cuando -el piano empezó á sonar.</p> - -<p>Juan volvió á ser el inspirado de otro tiempo en -cuanto sus dedos acariciaron las teclas.</p> - -<p>—Mi música, iba diciendo, se halla formada por -los acordes de tercia menor introducidos en el siglo -<span class="smcap">xvii</span> y que Mozart mismo consideraba imperfectos, -á pesar de que es todo lo contrario; pero su<span class="pagenum"><a id="Page_106"></a>[Pg 106]</span> -recurso fundamental está constituido por aquellos -acordes inversos que hicieron calificar de música -de los ángeles la música de Palestina...</p> - -<p>En verdad, hasta mi naturaleza refractaria se -conmovía con aquellos sones. Nada tenían de común -con las armonías habituales, y aun podía -decirse que no eran música en realidad; pero lo -cierto es que sumergían el espíritu en un éxtasis -sereno, como quien dice formado de antigüedad y -de distancia.</p> - -<p>Juan continuaba:</p> - -<p>—Observa en la pantalla la distribución de colores -que acompaña á la emisión musical. Lo que -estás escuchando es una armonía en la cual entran -las notas específicas de cada planeta del sistema, y -este sencillo conjunto termina con la sublime -octava del sol, que nunca me he atrevido á tocar, -pues temo producir influencias excesivamente -poderosas. ¿No sientes algo extraño?</p> - -<p>Sentía, en efecto, como si la atmósfera de la habitación -estuviese conmovida por presencias invisibles. -Ráfagas sordas cruzaban su ámbito. Y -entre la beatitud que me regalaba la grave dulzura -de aquella armonía, una especie de aura eléctrica -iba helándome de pavor. Pero no distinguía sobre -la pantalla otra cosa que una vaga fosforescencia y -como esbozos de figuras...<span class="pagenum"><a id="Page_107"></a>[Pg 107]</span> - -De pronto comprendí. En la común exaltación, -habíasenos olvidado apagar la lámpara.</p> - -<p>Iba á hacerlo, cuando Juan gritó enteramente -arrebatado, entre un son estupendo del instrumento:</p> - -<p>—¡Mira ahora!</p> - -<p>Yo también lancé un grito, pues acababa de suceder -algo terrible.</p> - -<p>Una llama deslumbradora brotó del foco de la -pantalla. Juan, con el pelo erizado, se puso de pie, -espantoso. Sus ojos acababan de evaporarse como -dos gotas de agua bajo aquel haz de dardos flamígeros, -y él, insensible al dolor, radiante de locura, -exclamaba tendiéndome los brazos:</p> - -<p>—¡La octava del sol, muchacho, la octava del -sol!</p> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_108"></a>[Pg 108]<br /><a id="Page_109"></a>[Pg 109]</span></p> -<p class="half-title">EL ORIGEN DEL DILUVIO</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_110"></a>[Pg 110]<br /><a id="Page_111"></a>[Pg 111]</span></p> -<h2 class="nobreak">EL ORIGEN DEL DILUVIO</h2> -</div> - -<h3>NARRACIÓN DE UN ESPÍRITU</h3> - - -<p class="p1">...La Tierra acababa de experimentar su primera -incrustación sólida y hallábase todavía en una -obscura incandescencia. Mares de ácido carbónico -batían sus continentes de litio y de aluminio, pues -éstos fueron los primeros sólidos que formaron la -costra terrestre. El azufre y el boro figuraban también -en débiles vetas.</p> - -<p>Así el globo entero brillaba como una monstruosa -bola de plata. La atmósfera era de fósforo con -vestigios de flúor y de cloro. Llamas de sodio, de -silicio, de magnesio, constituían la luminosa progenie -de los metales. Aquella atmósfera relumbraba -tanto como una estrella, presentando un espesor -de muchos millares de kilómetros.</p> - -<p>Sobre esos continentes y en semejantes mares, -había ya vida organizada, bien que bajo formas<span class="pagenum"><a id="Page_112"></a>[Pg 112]</span> -inconcebibles ahora; pues no existiendo aún el -fosfato de cal, dichos seres carecían de huesos. El -oxígeno y el nitrógeno, que con algunos rastros de -berilo entraban en la composición de tales vidas, -completaban los únicos catorce cuerpos constituyentes -del planeta. Así, todo era en él extremadamente -sencillo.</p> - -<p>La actividad de los seres que poseían inteligencia, -no era menos intensa que ahora, sin embargo, -si bien de mucho menor amplitud; y no obstante -su constitución de moluscos, vivían, obraban, sentían, -de un modo análogo al de la humanidad presente. -Habían llegado, por ejemplo, á construír -enormes viviendas con rocas de litio; y el sudor -de sus cuerpos oxidaba el aluminio en copos semejantes -al amianto incandescente.</p> - -<p>Su estructura blanda, era una consecuencia del -medio poco sólido en que tomaron origen, así como -de la ligereza específica de los continentes que -habitaban. Poseían también la aptitud anfibia; -pero como debían resistir aquellas temperaturas, -y mantenerse en formas definidas bajo la presión -de la profunda atmósfera, su estructura manteníase -recia en su misma fluidez.</p> - -<p>Esbozos de hombres, más bien que hombres -propiamente dichos, ó especie de monos gigantescos -y huecos, tenían la facilidad de reabsorberse<span class="pagenum"><a id="Page_113"></a>[Pg 113]</span> -en esferas de gelatina ó la de expandirse como -fantasmas hasta volverse casi una niebla. Esto último -constituía su tacto, pues necesitaban incorporar -los objetos á su ser, envolviéndolos enteramente -para sentirlos. En cambio poseían la doble -vista de los sonámbulos actuales. Carecían de olfato, -gusto y oído. Eran perversos y formidables, -los peores monstruos de aquella primitiva creación. -Sabían emanar de sus fluidos organismos, -seres cuya vida era breve pero dañina, semejantes -á las carroñas que dan vida á los gusanos. Fueron -los gigantes de que hablan las leyendas.</p> - -<p>Construían sus ciudades como los caracoles sus -conchas, de modo que cada vivienda era una especie -de caparazón exudada por su habitante. Así, -las casas resultaban grupos de bóvedas y las ciudades -parecían cúmulos de nubes brillantes. Eran -tan altas como éstas, pero no se destacaban en el -cielo azul, pues el azul no existía entonces, porque -faltaba el aire. La atmósfera sólo se coloreaba de -anaranjado y de rojo.</p> - -<p>Apenas dos ó tres especies de aves cuyas alas -no tenían plumas, sino escamas como las de las -mariposas, y cuyo tornasol preludiaba el oro -inexistente, remontaban su vuelo por la atmósfera -fosfórica.</p> - -<p>Era ésta tan elevada, y el vuelo tan vasto, que<span class="pagenum"><a id="Page_114"></a>[Pg 114]</span> -las llevaba cerca de la luna. El arrebato magnético -del astro, solía embriagarlas; y como éste poseía -entonces una atmósfera en contacto con la terrestre, -afrontábanla en ímpetu temerario yendo á -caer exánimes sobre sus campos de hielo.</p> - -<p>Una vegetación de hongos y de líquenes gigantes -arraigaba en las aún mal seguras tierras; -y no lejanos todavía del animal, en la primitiva -confusión de los orígenes, algunos sabían trasladarse -por medio de tentáculos; tenían otros, á guisa -de espinas, picos de ave, que estaban abriéndose -y cerrándose; otros fosforecían á cualquier roce; -otros frutaban verdaderas arañas que se iban caminando -y producían huevos de los cuales brotaba -otra vez el vegetal progenitor. Eran singularmente -peligrosos los cactus eléctricos que sabían proyectar -sus espinas.</p> - -<p>Los elementos terrestres se encontraban en perpetua -instabilidad. Surgían y fracasaban por momentos, -disparatadas alotropías. La presión enorme -apenas dejaba solidificarse escasos cuerpos. -Las rocas actuales dormían el sueño de la inexistencia. -Las piedras preciosas no eran sino colores -en las fajas del espectro.</p> - -<p>Así las cosas, sobrevino la catástrofe que los -hombres llamaron después diluvio; pero ella no -fué una inundación acuosa, si bien la causó una<span class="pagenum"><a id="Page_115"></a>[Pg 115]</span> -invasión del elemento líquido. El agua tuvo intervención -de otro modo.</p> - -<p>Ahora bien, es sabido que los cuerpos, bajo ciertas -circunstancias, pueden variar sus caracteres específicos -hasta perderlos casi todos con excepción del -peso; y esto es lo que recibe el nombre de alotropía. -El ejemplo clásico del fósforo rojo y del fósforo blanco, -debe ser recordado aquí: el blanco es ávido de -oxígeno, tóxico y funde á los 44°; el rojo es casi -indiferente al oxígeno, inofensivo é infusible, sin -contar otros caracteres que acentúan la diferencia. -Sin embargo, son el mismo cuerpo. Podría citarse -además el diamante y el carbón, para no hablar -de las diversas especies de hierro, de plata, que -son también estados alotrópicos.</p> - -<p>Nadie ignora, por otra parte, que el calor multiplica -las afinidades de la materia, haciendo posibles, -por ejemplo, las combinaciones del ázoe y del -carbono con otros cuerpos, cosa que no sucede á -la temperatura ordinaria; y conviene recordar -además, que basta la presencia en un cuerpo de -partículas pertenecientes á algunos otros, para -cambiar sus propiedades ó comunicarles nuevas—siendo -particularmente interesante á este respecto -lo que sucede al aluminio puesto en contacto -por choque, con el mercurio; pues basta eso para -que se oxide en seco, descomponga el agua y sea<span class="pagenum"><a id="Page_116"></a>[Pg 116]</span> -atacado por los ácidos nítrico y sulfúrico, al revés -exactamente de lo que le pasa cuando no existe -tal contacto.</p> - -<p>Á estas causas de variabilidad de los cuerpos, -es menester añadir la presión, capaz por sí sola de -disgregar los sólidos hasta licuarlos, cualquiera -que sea su maleabilidad, y sin exceptuar al mismo -acero, pues nada más que con la presión se ha -llegado á convertirlo en una masa blanduzca, trabajándolo -con entera comodidad.</p> - -<p>Mencionaremos, por último, una extraña propiedad -que los químicos llaman acción catalítica, ó en -términos vulgares, acción de presencia, y por medio -de la cual ciertos cuerpos provocan combinaciones -de otros, sin tomar parte en las mismas. -Entre éstos, uno de los más activos, y el que interviene -en mayor número de casos, es el vapor de -agua. Los datos que anteceden, nos ponen ya en -situación de explicar el fenómeno al cual están -dedicadas estas líneas.</p> - -<p>Sucedió por entonces que la atmósfera terrestre, -condensándose en torno al globo, empezó á ejercer -una atracción progresiva sobre la atmósfera de -la luna. Al cabo de cierto tiempo, esta atmósfera -no pudo resistir á aquella atracción, y empezó á -incorporar con la nuestra sus elementos más ligeros. -La falta de presión causada por este fenó<span class="pagenum"><a id="Page_117"></a>[Pg 117]</span>meno, -vaporizó los mares de la luna que estaban -helados hacía muchos siglos; y una niebla fría, á -muchos grados bajo nuestro cero termométrico, -rodeó al astro muerto como un sudario.</p> - -<p>Cierto día el vapor acuoso se precipitó en la atmósfera -terrestre, y ésta vió aumentado su peso -en varios miles de millones de toneladas. Á tal -fenómeno, unióse la acción catalítica del vapor, y -entonces fué cuando empezaron á disgregarse los -sólidos terrestres.</p> - -<p>Un ablandamiento progresivo, dió á todos la consistencia -del yeso; pero cuando el fénomeno siguió, -deleznándose aquéllos en una especie de lodo, empezó -la catástrofe. Las montañas fueron aplastándose -por su propio peso, hasta degenerar en médanos -que el viento arrasaba. Las mansiones de -los gigantes volviéronse polvo á su vez, y pronto -hubo de observarse con horror que el elemento -líquido cambiaba de estado en la forma más extraordinaria; -secábase sin desaparecer, volviéndose -también polvo por la disgregación de sus moléculas, -y se confundía con el otro en un solo cuerpo, -seco y fluido á la vez—sin olor, sin color y -sin temperatura.</p> - -<p>Lo malo era que el fenómeno no se efectuaba -al mismo tiempo en la materia organizada. Ésta -resistía mejor, sin duda por su condición semi-<span class="pagenum"><a id="Page_118"></a>[Pg 118]</span>líquida; -pero semejante diferencia implicaba la -muerte violenta en aquella disgregación. Poco después -no hubo en el globo otra existencia que la flotante -sobre esa especie de arenas cósmicas; mas -ya la mayor parte de los seres animados había -muerto de inanición; pues aunque no comían como -nosotros, absorbían del aire sus principios vitales, -y el aire estaba cambiado por los elementos -de la luna.</p> - -<p>Apenas uno que otro gran molusco se revolvía -sobre le universal fluidez sin olas, bajo el horror -de la atmósfera gigantesca, preñada de tósigos -mortales, donde se operaba la futura organización. -Tampoco pudieron ellos resistir á esas combustiones, -ni adaptarse al estado de disgregación; y, por -otra parte, éste los afectaba á su vez. Ellos fueron -también disolviéndose hasta desaparecer; y -entonces, sobre el ámbito del planeta, fué la soledad -y la negra noche.</p> - -<p>Millares de años después, los elementos empezaron -á recomponerse.</p> - -<p>Formidables tempestades químicas conmovieron -el estado crítico de la masa, y los catorce cuerpos -primitivos revivieron engendrando nuevas -combinaciones.</p> - -<p>El litio se triplicó en potasio, rubidio y cesio; -el fósforo en arsénico, antimonio y bismuto; el<span class="pagenum"><a id="Page_119"></a>[Pg 119]</span> -carbono engendró titanio y zirconio; el azufre, -selenio y telurio...</p> - -<p>Los océanos fueron ya de agua, el agua de la -luna periódicamente exaltada hacia su origen por -la armónica dilatación de las mareas. La atmósfera -se había vuelto de aire semejante al nuestro, -aunque saturado de ácido carbónico.</p> - -<p>Ningún ser vivo quedaba de la anterior creación. -Hasta sus huellas habían sido destruidas. -Pero los vapores de la luna trajeron consigo -gérmenes vivificantes, que el nuevo estado -de la Tierra fué llamando lentamente á la existencia.</p> - -<p>El mar se cubrió de vidas rudimentarias. La -costra sólida pululó de hierbas, y el dominio de -éstas duró una edad.</p> - -<p>Pero yo no sabría repetir el enorme proceso. -Réstame decir que los primeros seres humanos -fueron organismos del agua; monstruos hermosos, -mitad pez, mitad mujer, llamados después -sirenas en las mitologías. Ellos dominaban el secreto -de la armonía original, y trajeron al planeta -las melodías de la luna que encerraban el secreto -de la muerte.</p> - -<p>Fueron blancos de carne como el astro materno; -y el sodio primitivo que saturaba su nuevo -elemento de existencia, al engendrar de sí los me<span class="pagenum"><a id="Page_120"></a>[Pg 120]</span>tales -nobles, hizo vegetar en sus cabelleras el oro -hasta entonces desconocido...</p> - -<p>...He aquí lo que mi memoria millonaria de -años, evoca con un sentido humano, y he aquí lo -que he venido á deciros descendiendo de mi región—el -cono de sombra de la Tierra. Os añadiré -que estoy condenado á permanecer en él durante -toda la edad del planeta.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>La médium calló, recostando fatigosamente su -cabeza sobre el respaldo del sofá. Y Mr. Skinner, -una de las ocho personas que asistían á la sesión, -no pudo menos de exclamar en las tinieblas:</p> - -<p>—¡El cono de sombra! ¡El diluvio! ... ¡Disparatada -superchería!</p> - -<p>Nada pudimos replicarle, pues un estertor de la -médium nos distrajo.</p> - -<p>De su costado izquierdo desprendíase rápidamente -una masa tenebrosa, asaz perceptible en la -penumbra. Creció como un globo, proyectó de su -seno largos tentáculos, y acabó por desprenderse -á modo de una araña gigantesca. Siguió dilatándose -hasta llenar el aposento, envolviéndonos como -un mucílago y jadeando con un rumor de queja. -No tenía forma definida en la obscuridad espesada -por su presencia; pero si el horror se objetiva de -algún modo, aquello era el horror.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_121"></a>[Pg 121]</span></p> - -<p>Nadie intentaba moverse, ante el espantoso hormigueo -de tentáculos de sombra que se sentía alrededor, -y no sé cómo hubiera acabado eso, si la -médium no implora con voz desfallecida:</p> - -<p>—¡Luz, luz Dios mío!</p> - -<p>Tuve fuerzas para saltar hasta la llave de la luz -eléctrica; y junto con su rayo, la masa de sombra -estalló sin ruido, en una especie de suspiro enorme.</p> - -<p>Mirámonos en silencio.</p> - -<p>Algo como un lodo heladísimo nos cubría enteramente, -y aquello habría bastado para prodigio, -si al acudir á su lavatorio, Skinner no realiza un -hallazgo más asombroso.</p> - -<p>En el fondo de la palangana, yacía no más grande -que un ratón, pero acabada de formas y de hermosura, -irradiando mortalmente su blancor, una -pequeña sirena muerta.</p> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_122"></a>[Pg 122]<br /><a id="Page_123"></a>[Pg 123]</span></p> -<p class="half-title">LOS CABALLOS DE ABDERA</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_124"></a>[Pg 124]<br /><a id="Page_125"></a>[Pg 125]</span></p> -<h2 class="nobreak">LOS CABALLOS DE ABDERA</h2> -</div> - - -<p class="p1">Abdera, la ciudad tracia del Egeo, que actualmente -es Balastra y que no debe ser confundida -con su tocaya bética, era célebre por sus caballos.</p> - -<p>Descollar en Tracia por sus caballos, no era -poco; y ella descollaba hasta ser única. Los habitantes -todos tenían á gala la educación de tan -noble animal, y esta pasión cultivada á porfía durante -largos años, hasta formar parte de las tradiciones -fundamentales, había producido efectos -maravillosos. Los caballos de Abdera gozaban de -fama excepcional, y todas las poblaciones tracias, -desde los cicones hasta los bisaltos, eran tributarios -en esto de los bistones, pobladores de la mencionada -ciudad. Debe añadirse que semejante industria, -uniendo el provecho á la satisfacción, ocupaba -desde el rey hasta el último ciudadano.</p> - -<p>Estas circunstancias habían contribuido también -á intimar las relaciones entre el bruto y sus -dueños, mucho más de lo que era y es habitual<span class="pagenum"><a id="Page_126"></a>[Pg 126]</span> -para el resto de las naciones; llegando á considerarse -las caballerizas como un ensanche del hogar, -y extremándose las naturales exageraciones de -toda pasión, hasta admitir caballos en la mesa.</p> - -<p>Eran verdaderamente notables corceles, pero -bestias al fin. Otros dormían en cobertores de -biso; algunos pesebres tenían frescos sencillos, -pues no pocos veterinarios sostenían el gusto artístico -de la raza caballar, y el cementerio equino -ostentaba entre pompas burguesas, ciertamente -recargadas, dos ó tres obras maestras. El templo -más hermoso de la ciudad estaba consagrado á -Arión, el caballo que Neptuno hizo salir de la tierra -con un golpe de su tridente; y creo que la -moda de rematar las proas en cabezas de caballo, -tenga igual proveniencia; siendo seguro en todo -caso, que los bajos relieves hípicos fueron el ornamento -más común de toda aquella arquitectura. -El monarca era quien se mostraba más decidido -por los corceles, llegando hasta tolerar á los suyos -verdaderos crímenes que los volvieron singularmente -bravíos; de tal modo que los nombres de -Podargos y de Lampon figuraban en fábulas sombrías; -pues es del caso decir que los caballos tenían -nombres como personas.</p> - -<p>Tan amaestrados estaban aquellos animales, que -las bridas eran innecesarias, conservándolas única<span class="pagenum"><a id="Page_127"></a>[Pg 127]</span>mente -como adornos, muy apreciadas desde luego -por los mismos caballos. La palabra era el medio -usual de comunicación con ellos; observándose -que la libertad favorecía el desarrollo de sus buenas -condiciones, dejábanlos todo el tiempo no requerido -por la albarda ó el arnés, en libertad de -cruzar á sus anchas las magníficas praderas formadas -en el suburbio, á la orilla del Kossínites, -para su recreo y alimentación.</p> - -<p>Á son de trompa los convocaban cuando era -menester, y así para el trabajo como para el pienso -eran exactísimos. Rayaba en lo increíble su habilidad -para toda clase de juegos de circo y hasta -de salón, su bravura en los combates, su discreción -en las ceremonias solemnes. Así, el hipódromo -de Abdera tanto como sus compañías de -volatines; su caballería acorazada de bronce y sus -sepelios, habían alcanzado tal renombre, que de -todas partes acudía gente á admirarlos: mérito -compartido por igual entre domadores y corceles.</p> - -<p>Aquella educación persistente, aquel forzado -despliegue de condiciones, y para decirlo todo en -una palabra, aquella <em>humanización</em> de la raza equina, -iban engendrando un fenómeno que los bistones -festejaban como otra gloria nacional. La inteligencia -de los caballos comenzaba á desarrollarse -pareja con su conciencia, produciendo cosas anor<span class="pagenum"><a id="Page_128"></a>[Pg 128]</span>males -que daban pábulo al comentario general.</p> - -<p>Una yegua había exigido espejos en su pesebre, -arrancándolos con los dientes de la propia alcoba -patronal y destruyendo á coces los de tres paineles -cuando no le hicieron el gusto. Concedido el -capricho, daba muestras de coquetería perfectamente -visible.</p> - -<p>Balios, el más bello potro de la comarca, un -blanco elegante y sentimental que tenía dos campañas -militares y manifestaba regocijo ante el -recitado de hexámetros heroicos, acababa de morir -de amor por una dama. Era la mujer de un general, -dueño del enamorado bruto, y por cierto no -ocultaba el suceso. Hasta se creía que halagaba -su vanidad, siendo esto muy natural por otra parte -en la ecuestre metrópoli.</p> - -<p>Señalábase igualmente casos de infanticidio, que -aumentando en forma alarmante, fué necesario -corregir con la presencia de viejas mulas adoptivas; -un gusto creciente por el pescado y por el -cáñamo cuyas plantaciones saqueaban los animales; -y varias rebeliones aisladas que hubo de corregirse, -siendo insuficiente el látigo, por medio -del hierro candente. Esto último fué en aumento, -pues el instinto de rebelión progresaba á pesar de -todo.</p> - -<p>Los bistones, más encantados cada vez con sus<span class="pagenum"><a id="Page_129"></a>[Pg 129]</span> -caballos, no paraban mientes en eso. Otros hechos -más significativos produjerónse de allí á poco. Dos -ó tres atalajes habían hecho causa común contra -un carretero que azotaba su yegua rebelde. Los -caballos resistíanse cada vez más al enganche y al -yugo, de tal modo que empezó á preferirse el asno. -Había animales que no aceptaban determinado -apero; mas como pertenecían á los ricos, se defería -á su rebelión comentándola mimosamente á título -de capricho.</p> - -<p>Un día los caballos no vinieron al son de la -trompa, y fué menester constreñirlos por la fuerza; -pero los subsiguientes, no se reprodujo la rebelión.</p> - -<p>Al fin ésta tuvo lugar cierta vez que la marea -cubrió la playa de pescado muerto como solía suceder. -Los caballos se hartaron de eso, y se los -vió regresar al campo suburbano con lentitud -sombría.</p> - -<p>Medianoche era cuando estalló el singular conflicto.</p> - -<p>De pronto un trueno sordo y persistente conmovió -el ámbito de la ciudad. Era que todos los caballos -se habían puesto en movimiento á la vez para -asaltarla; pero esto se supo luego, inadvertido al -principio en la sombra de la noche y la sorpresa de -lo inesperado.</p> - -<p>Como las praderas de pastoreo quedaban en<span class="pagenum"><a id="Page_130"></a>[Pg 130]</span>tre -las murallas, nada pudo contener la agresión; -y añadido á esto el conocimiento minucioso que -los animales tenían de los domicilios, ambas cosas -acrecentaron la catástrofe.</p> - -<p>Noche memorable entre todas, sus horrores sólo -aparecieron cuando el día vino á ponerlos en evidencia, -multiplicándolos aún.</p> - -<p>Las puertas reventadas á coces yacían por el -suelo, dando paso á feroces manadas que se sucedían -casi sin interrupción. Había corrido sangre, -pues no pocos vecinos cayeron aplastados bajo el -casco y los dientes de la banda en cuyas filas -causaron estragos también las armas humanas.</p> - -<p>Conmovida de tropeles, la ciudad obscurecíase -con la polvareda que engendraban; y un extraño -tumulto formado por gritos de cólera ó de dolor, -relinchos variados como palabras á los cuales -mezclábase uno que otro doloroso rebuzno, y estampidos -de coces sobre las puertas atacadas, -unía su espanto al pavor visible de la catástrofe. -Una especie de terremoto incesante hacía vibrar el -suelo con el trote de la masa rebelde, exaltado á -ratos como en ráfaga huracanada por frenéticos -tropeles sin dirección y sin objeto; pues habiendo -saqueado todos los plantíos de cáñamo, y hasta -algunas bodegas que codiciaban aquellos corceles -pervertidos por los refinamientos de la mesa, gru<span class="pagenum"><a id="Page_131"></a>[Pg 131]</span>pos -de animales ebrios aceleraban la obra de destrucción. -Y por el lado del mar era imposible -huir. Los caballos, conociendo la misión de las -naves, cerraban el acceso del puerto.</p> - -<p>Sólo la fortaleza permanecía incólume y empezábase -á organizar en ella la resistencia. Por lo -pronto se cubría de dardos á todo caballo que cruzaba -por allí, y cuando caía cerca era arrastrado -al interior como vitualla.</p> - -<p>Entre los vecinos refugiados circulaban los más -extraños rumores. El primer ataque no fué sino -un saqueo. Derribadas las puertas, las manadas -introducíanse en las habitaciones, atentas -sólo á las colgaduras suntuosas con que intentaban -revestirse, á las joyas y objetos brillantes. -La oposición á sus designios fué lo que suscitó su -furia.</p> - -<p>Otros hablaban de monstruosos amores, de mujeres -asaltadas y aplastadas en sus propios lechos -con ímpetu bestial; y hasta se señalaba una noble -doncella que sollozando narraba entre dos -crisis su percance: el despertar en la alcoba á la -media luz de la lámpara, rozados sus labios por la -innoble jeta de un potro negro que respingaba de -placer el belfo enseñando su dentadura asquerosa; -su grito de pavor ante aquella bestia convertida -en fiera, con el resplandor humano y malévolo de<span class="pagenum"><a id="Page_132"></a>[Pg 132]</span> -sus ojos incendiados de lubricidad; el mar de -sangre con que la inundara al caer atravesado por -la espada de un servidor...</p> - -<p>Mencionábase varios asesinatos en que las yeguas -se habían divertido con saña femenil, despachurrando -á mordiscos las víctimas. Los asnos -habían sido exterminados, y las mulas subleváronse -también, pero con torpeza inconsciente, destruyendo -por destruir, y particularmente encarnizadas -contra los perros.</p> - -<p>El tronar de las carreras locas seguía estremeciendo -la ciudad, y el fragor de los derrumbes iba -aumentando. Era urgente organizar una salida, -por más que el número y la fuerza de los asaltantes -la hiciera singularmente peligrosa, si no se -quería abandonar la ciudad á la más insensata -destrucción.</p> - -<p>Los hombres empezaron á armarse; mas pasado -el primer momento de licencia, los caballos -habíanse decidido á atacar también.</p> - -<p>Un brusco silencio precedió al asalto. Desde la -fortaleza distinguían el terrible ejército que se -congregaba, no sin trabajo, en el hipódromo. -Aquello tardó varias horas, pues cuando todo parecía -dispuesto, súbitos corcovos y agudísimos -relinchos cuya causa era imposible discernir, desordenaban -profundamente las filas.<span class="pagenum"><a id="Page_133"></a>[Pg 133]</span> - -El sol declinaba ya, cuando se produjo la primera -carga. No fué, si se permite la frase, más que -una demostración, pues los animales se limitaron -á pasar corriendo frente á la fortaleza. En cambio -quedaron acribillados por las saetas de los defensores.</p> - -<p>Desde el más remoto extremo de la ciudad, lanzáronse -otra vez, y su choque contra las defensas -fué formidable. La fortaleza retumbó entera bajo -aquella tempestad de cascos, y sus recias murallas -dóricas quedaron, á decir verdad, profundamente -trabajadas.</p> - -<p>Sobrevino un rechazo, al cual sucedió muy luego -un nuevo ataque.</p> - -<p>Los que demolían eran caballos y mulos herrados -que caían á docenas; pero sus filas cerrábanse -con encarnizamiento furioso, sin que la masa pareciera -disminuir. Lo peor era que algunos habían -conseguido vestir sus bardas de combate en cuya -malla de acero se embotaban los dardos. Otros -llevaban jirones de tela vistosa, otros collares; y -pueriles en su mismo furor, ensayaban inesperados -retozos.</p> - -<p>De las murallas los conocían. ¡Dinos, Aethon, -Ameteo, Xanthos! Y ellos saludaban, relinchaban -gozosamente, enarcaban la cola, cargando en seguida -con fogosos respingos. Uno, un jefe cierta<span class="pagenum"><a id="Page_134"></a>[Pg 134]</span>mente, -irguióse sobre sus corvejones, caminó así -un trecho manoteando gallardamente al aire como -si danzara un marcial balisteo, contorneando el -cuello con serpentina elegancia, hasta que un dardo -se le clavó en medio del pecho...</p> - -<p>Entretanto, el ataque iba triunfando. Las murallas -empezaban á ceder.</p> - -<p>Súbitamente una alarma paralizó á las bestias. -Unas sobre otras, apoyándose en ancas y lomos, -alargaron sus cuellos hacia la alameda que bordeaba -la margen del Kossinites; y los defensores -volviéndose hacia la misma dirección, contemplaron -un tremendo espectáculo.</p> - -<p>Dominando la arboleda negra, espantosa sobre -el cielo de la tarde, una colosal cabeza de león -miraba hacia la ciudad. Era una de esas fieras -antediluvianas cuyos ejemplares, cada vez más -raros, devastaban de tiempo en tiempo los montes -Ródopes. Mas nunca se había visto nada tan -monstruoso, pues aquella cabeza dominaba los -más altos árboles, mezclando á las hojas teñidas -de crepúsculo las greñas de su melena.</p> - -<p>Brillaban claramente sus enormes colmillos, -percibíase sus ojos fruncidos ante la luz, llegaba -en el hálito de la brisa su olor bravío. Inmóvil entre -la palpitación del follaje, herrumbrada por el -sol casi hasta dorarse su gigantesca crin, alzábase<span class="pagenum"><a id="Page_135"></a>[Pg 135]</span> -ante el horizonte como uno de esos bloques en que -el pelasgo, contemporáneo de las montañas, esculpió -sus bárbaras divinidades.</p> - -<p>Y de repente empezó á andar, lento como el -océano. Oíase el rumor de la fronda que su pecho -apartaba, su aliento de fragua que iba sin duda á -estremecer la ciudad cambiándose en rugido.</p> - -<p>Á pesar de su fuerza prodigiosa y de su número, -los caballos sublevados no resistieron semejante -aproximación. Un sólo ímpetu los arrastró por la -playa, en dirección á la Macedonia, levantando un -verdadero huracán de arena y de espuma, pues no -pocos disparábanse á través de las olas.</p> - -<p>En la fortaleza reinaba el pánico. ¿Qué podrían -contra semejante enemigo? ¿Qué gozne de bronce -resistiría á sus mandíbulas? ¿Qué muro á sus garras?...</p> - -<p>Comenzaban ya á preferir el pasado riesgo (al -fin era una lucha contra bestias civilizadas) sin -alientos ni para enflechar sus arcos, cuando el -monstruo salió de la alameda.</p> - -<p>No fué un rugido lo que brotó de sus fauces, -sino un grito de guerra humano—el bélico <em>¡alalé!</em> -de los combates, al que respondieron con regocijo -triunfal los <em>hoyohei</em> y los <em>hoyotoho</em> de la fortaleza.</p> - -<p>¡Glorioso prodigio!</p> - -<p>Bajo la cabeza del felino, irradiaba luz superior<span class="pagenum"><a id="Page_136"></a>[Pg 136]</span> -el rostro de un numen; y mezclados soberbiamente -con la flava piel, resaltaban su pecho marmóreo, -sus brazos de encina, sus muslos estupendos.</p> - -<p>Y un grito, un solo grito de libertad, de reconocimiento, -de orgullo, llenó la tarde:</p> - -<p>—¡Hércules, es Hércules que llega!</p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_137"></a>[Pg 137]</span></p> - -<p class="half-title">VIOLA ACHERONTIA</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_138"></a>[Pg 138]<br /><a id="Page_139"></a>[Pg 139]</span></p> -<h2 class="nobreak">VIOLA ACHERONTIA</h2> -</div> - - -<p class="p1">Lo que deseaba aquel extraño jardinero, era -crear la flor de la muerte. Sus tentativas remontaban -á diez años, con éxito negativo siempre, porque -considerando al vegetal sin alma, ateníase -exclusivamente á la plástica. Injertos, combinaciones, -de todo había ensayado. La producción de -la rosa negra ocupóle un tiempo; pero nada sacó -de sus investigaciones. Después le interesaron las -pasionarias y los tulipanes, con el único resultado -de dos ó tres ejemplares monstruosos, hasta -que Bernardin de Saint-Pierre le puso en el buen -camino, enseñándole cómo puede haber analogías -entre la flor y la mujer encinta, supuestas ambas -capaces de recibir por “antojo” imágenes de los -objetos deseados.</p> - -<p>Aceptar este audaz postulado, equivalía á suponer -en la planta un mental suficientemente elevado -para recibir, concretar y conservar una impresión; -en una palabra, para sugestionarse con intensidad<span class="pagenum"><a id="Page_140"></a>[Pg 140]</span> -parecida á la de un organismo inferior. Esto era, -precisamente, lo que había llegado á comprobar -nuestro jardinero.</p> - -<p>Según él, la marcha de los vástagos en las enredaderas, -obedecía á una deliberación seguida por -resoluciones que daban origen á una serie de tanteos. -De aquí las curvas y acodamientos, caprichosos -al parecer, las diversas orientaciones y adaptaciones -á diferentes planos, que ejecutan las guías, -los gajos, las raíces. Un sencillo sistema nervioso -presidía esas obscuras funciones. Había también en -cada planta su bulbo cerebral y su corazón rudimentario, -situados respectivamente en el cuello de -la raíz y en el tronco. La semilla, es decir el ser -resumido para la procreación, lo dejaba ver con -toda claridad. El embrión de una nuez tiene la -misma forma del corazón, siendo asaz parecida al -cerebro la de los cotiledones. Las dos hojas rudimentarias -que salen de dicho embrión, recuerdan -con bastante claridad dos ramas bronquiales cuyo -oficio desempeñan en la germinación.</p> - -<p>Las analogías morfológicas, suponen casi siempre -otras de fondo; y por esto la sugestión ejerce -una influencia más vasta de lo que se cree sobre -la forma de los seres. Algunos clarovidentes de la -historia natural, como Michelet y Fries, presintieron -esta verdad que la experiencia va confirmando.<span class="pagenum"><a id="Page_141"></a>[Pg 141]</span> -El mundo de los insectos, pruébalo enteramente. -Los pájaros ostentan colores más brillantes en los -países cuyo cielo es siempre puro (Gould). Los gatos -blancos y de ojos azules, son comúnmente sordos -(Darwin). Hay peces que llevan fotografiadas -en la gelatina de su dorso, las olas del mar (Strindberg). -El girasol mira constantemente al astro del -día, y reproduce con fidelidad su núcleo, sus rayos -y sus manchas (Saint-Pierre).</p> - -<p>He aquí un punto de partida. Bacon en su <cite>Novum -organum</cite> establece que el canelero y otros -odoríferos colocados cerca de lugares fétidos, retienen -obstinadamente el aroma, rehusando su -emisión, para impedir que se mezcle con las exhalaciones -hediondas...</p> - -<p>Lo que ensayaba el extraordinario jardinero con -quien iba á verme, era una sugestión sobre las -violetas. Habíalas encontrado singularmente nerviosas, -lo cual demuestra, agregaba, la afección y -el horror siempre exagerados que les profesan las -histéricas, y quería llegar á hacerlas emitir un -tósigo mortal sin olor alguno; una ponzoña fulminante -é imperceptible. Qué se proponía con ello, si -no era puramente una extravagancia, permaneció -siempre misterioso para mí.</p> - -<p>Encontré un anciano de porte sencillo, que me -recibió con cortesías casi humildes. Estaba ente<span class="pagenum"><a id="Page_142"></a>[Pg 142]</span>rado -de mis pretensiones, por lo cual entablamos -acto continuo la conversación sobre el tema que -nos acercaba.</p> - -<p>Quería sus flores como un padre, manifestando -fanática adoración por ellas. Las hipótesis y datos -consignados más arriba, fueron la introducción de -nuestro diálogo; y como el hombre hallara en mí -un conocedor, se encontró más á sus anchas.</p> - -<p>Después de haberme expuesto sus teorías con -rara precisión, me invitó á conocer sus violetas.</p> - -<p>—He procurado, decía mientras íbamos, llevarlas -á la producción del veneno que deben exhalar, -por una evolución de su propia naturaleza; y aunque -el resultado ha sido otro, él comporta una -verdadera maravilla; sin contar con que no desespero -de obtener la exhalación mortífera. Pero -ya hemos llegado; véalas usted.</p> - -<p>Estaban al extremo del jardín, en una especie de -plazoleta rodeada de plantas extrañas. Entre las -hojas habituales, sobresalían sus corolas que al -pronto tomé por pensamientos, pues eran negras.</p> - -<p>—¡Violetas negras! exclamé.</p> - -<p>—Sí, pues; había que empezar por el color, para -que <em>la idea</em> fúnebre se grabara mejor en ellas. El -negro es, salvo alguna fantasía china, el color natural -del luto, puesto que lo es de la noche—vale -decir de la tristeza, de la diminución vital y del<span class="pagenum"><a id="Page_143"></a>[Pg 143]</span> -sueño, hermano de la muerte. Además estas flores -no tienen perfume, conforme á mi propósito, y éste -es otro resultado producido por un efecto de -correlación. El color negro parece ser, en efecto, -adverso al perfume; y así tiene usted que sobre -mil ciento noventa y tres especies de flores blancas, -hay ciento setenta y cinco perfumadas y doce -fétidas; mientras que sobre dieciocho especies -de flores negras, hay diecisiete inodoras y una -fétida. Pero esto no es lo interesante del asunto. -Lo maravilloso está en otro detalle, que requiere, -desgraciadamente, una larga explicación...</p> - -<p>—No tema usted, respondí; mis deseos de aprender -son todavía mayores que mi curiosidad.</p> - -<p>—Oiga usted, entonces, cómo he procedido.</p> - -<p>Primeramente, debí proporcionar á mis flores -un medio favorable para el desarrollo de la idea -fúnebre; luego, sugerirles esta idea por medio de -una sucesión de fenómenos; después poner su sistema -nervioso en estado de recibir la imagen y -fijarla; por último llegar á la producción del veneno, -combinando en su ambiente y en su savia -diversos tósigos vegetales. La herencia se encargaría -del resto.</p> - -<p>Las violetas que usted ve, pertenecen á una -familia cultivada bajo ese régimen durante diez -años. Algunos cruzamientos, indispensables para<span class="pagenum"><a id="Page_144"></a>[Pg 144]</span> -prevenir la degeneración, han debido retardar un -tanto el éxito final de mi tentativa. Y digo éxito final, -porque conseguir la violeta negra é inodora, es -ya un resultado.</p> - -<p>Sin embargo, ello no es difícil: se reduce á una -serie de manipulaciones en las que entra por base -el carbono con el objeto de obtener una variedad -de anilina. Suprimo el detalle de las investigaciones -á que debí entregarme sobre las toluidinas y -los xilenos, cuyas enormes series me llevarían muy -lejos, vendiendo por otra parte mi secreto. Puedo -darle, no obstante, un indicio: el origen de los -colores que llamamos anilinas, es una combinación -de hidrógeno y carbono; el trabajo químico posterior, -se reduce á fijar oxígeno y nitrógeno, produciendo -los álcalis artificiales cuyo tipo es la anilina, -y obteniendo derivados después. Algo semejante -he hecho yo. Usted sabe que la clorofila es -muy sensible, y á esto se debe más de un resultado -sorprendente. Exponiendo matas de hiedra á la -luz solar, en un sitio donde ésta entraba por aberturas -romboidales solamente, he llegado á alterar -la forma de su hoja, tan persistente sin embargo, -que es el tipo geométrico de la curva cisoides; y -luego, es fácil observar que las hierbas rastreras -de un bosque, se desarrollan imitando los arabescos -de la luz á través del ramaje...</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_145"></a>[Pg 145]</span></p> - -<p>Llegamos ahora al procedimiento capital. La sugestión -que ensayo sobre mis flores es muy difícil -de efectuar, pues las plantas tienen su cerebro -debajo de tierra; son seres invertidos. Por esto -me he fijado más en la influencia del medio como -elemento fundamental. Obtenido el color negro de -las violetas, estaba conseguida la primera nota fúnebre. -Planté luego en torno, los vegetales que -usted ve: estramonio, jazmín y belladona. Mis -violetas quedaban, así, sometidas á influencias química -y fisiológicamente fúnebres. La solarina es, en -efecto, un veneno narcótico; así como la daturina -contiene hioscyamina y atropina, dos alcaloides dilatadores -de la pupila que producen la megalopsia, -ó sea el agrandamiento de los objetos. Tenía, pues, -los elementos del sueño y de la alucinación, es decir, -dos productores de pesadillas; de modo que á -los efectos específicos del color negro, del sueño y -de las alucinaciones, se unía el miedo. Debo añadirle -que para redoblar las impresiones alucinantes, -planté además el beleño, cuyo veneno radical -es precisamente la hioscyamina.</p> - -<p>—¿Y de qué sirve, puesto que la flor no tiene -ojos? pregunté.</p> - -<p>—Ah, señor; no se ve únicamente con los ojos, -replicó el anciano. Los sonámbulos ven con los -dedos de la mano y con la planta de los pies.<span class="pagenum"><a id="Page_146"></a>[Pg 146]</span> -No olvide usted que aquí se trata de una sugestión.</p> - -<p>Mis labios rebosaban de objeciones; pero callé, -por ver hasta dónde iba á llevarnos el desarrollo -de tan singular teoría.</p> - -<p>—La solanina y la daturina, prosiguió mi interlocutor, -se aproximan mucho á los venenos cadavéricos—ptomaínas -y leucomainas—que exhalan -olores de jazmín y de rosa. Si la belladonna -y el estramonio me dan aquellos cuerpos, -el olor está suministrado por el jazminero y por -ese rosal cuyo perfume aumento, conforme á una -observación de de Candolle, sembrando cebollas en -sus cercanías. El cultivo de las rosas está ahora -muy adelantado, pues los injertos han hecho prodigios; -en tiempo de Shakespeare se injertó recién -las primeras rosas en Inglaterra...</p> - -<p>Aquel recuerdo que tendía á halagar visiblemente -mis inclinaciones literarias, me conmovió.</p> - -<p>—Permítame, dije, que admire de paso su memoria -verdaderamente juvenil.</p> - -<p>—Para extremar aún la influencia sobre mis flores, -continuó él sonriendo vagamente, he mezclado -á los narcóticos plantas cadavéricas. Algunos -arum y orchis, una stapelia aquí y allá, pues sus -olores y colores recuerdan los de la carne corrompida. -Las violetas sobrexcitadas por su exci<span class="pagenum"><a id="Page_147"></a>[Pg 147]</span>tación -amorosa natural, dado que la flor es un -órgano de reproducción, aspiran el perfume de -los venenos cadavéricos añadido al olor del cadáver -mismo; sufren la influencia soporífica de los -narcóticos que las predisponen á la hipnosis, y la -megalopsia alucinante de los venenos dilatadores -de la pupila. La sugestión fúnebre comienza así -á efectuarse con toda intensidad; pero todavía aumento -la sensibilidad anormal en que la flor se encuentra -por la inmediación de esas potencias -vegetales, aproximándole de tiempo en tiempo -una mata de valeriana y de espuelas de caballero -cuyo cianuro la irrita notablemente. El -etileno de la rosa colabora también en este sentido.</p> - -<p>Llegamos ahora al punto culminante del experimento, -pero antes deseo hacerle esta advertencia: -el <em>¡ay!</em> humano es un grito de la naturaleza.</p> - -<p>Al oir este brusco aparte, la locura de mi personaje -se me presentó evidente; pero él, sin darme -tiempo á pensarlo bien siquiera, prosiguió:</p> - -<p>—El ¡ay! es, en efecto, una interjección de todos -los tiempos. El hombre se ha quejado siempre -lo mismo. Pero lo curioso es que entre los -animales sucede también así. Desde el perro, un -vertebrado superior, hasta la esfinge calavera, una -mariposa, el ¡ay! es una manifestación de dolor<span class="pagenum"><a id="Page_148"></a>[Pg 148]</span> -y de miedo. Precisamente el extraño insecto que -acabo de nombrar, y cuyo nombre proviene de -que lleva dibujada una calavera en el coselete, recuerda -bien la fauna lúgubre en la cual el ¡ay! -es común. Fuera inútil recordar á los búhos; pero -sí debe mencionarse á ese extraviado de las selvas -primitivas, el perezoso, que parece llevar el -dolor de su decadencia en el ¡ay! específico al -cual debe uno de sus nombres...</p> - -<p>Y bien; exasperado por mis diez años de esfuerzos, -decidí realizar ante las flores escenas crueles -que las impresionaran más aún, sin éxito también; -hasta que un día...</p> - -<p>...Pero aproxímese, juzgue por usted mismo.</p> - -<p>Su cara tocaba las negras flores, y casi obligado -hice lo propio. Entonces—cosa inaudita—me pareció -percibir débiles quejidos. Pronto hube de -convencerme. Aquellas flores se quejaban en efecto, -y de sus corolas obscuras, surgía una pululación -de pequeños ayes muy semejantes á los de -un niño. La sugestión habíase operado en forma -completamente imprevista, y aquellas flores, durante -toda su breve existencia, no hacían sino -llorar.</p> - -<p>Mi estupefacción había llegado al colmo, cuando -de repente una idea terrible me asaltó. Recordé -que al decir de las leyendas de hechicería, la<span class="pagenum"><a id="Page_149"></a>[Pg 149]</span> -mandrágora llora también cuando se la ha regado -con la sangre de un niño; y con una sospecha que -me hizo palidecer horriblemente, me incorporé.</p> - -<p>—Como las mandrágoras, dije.</p> - -<p>—Como las mandrágoras, repitió él palideciendo -aún más que yo.</p> - -<p>Y nunca hemos vuelto á vernos. Pero mi convicción -de ahora es que se trata de un verdadero -bandido, de un perfecto hechicero de otros -tiempos, con sus venenos y sus flores de crimen. -¿Llegará á producir la violeta mortífera que se -propone? ¿Debo entregar su nombre maldito á la -publicidad?...</p> - - - - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_150"></a>[Pg 150]</span></p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_151"></a>[Pg 151]</span></p> -<p class="half-title">YZUR</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_152"></a>[Pg 152]<br /><a id="Page_153"></a>[Pg 153]</span></p> -<h2 class="nobreak">YZUR</h2> -</div> - - -<p class="p1">Compré el mono en el remate de un circo que -había quebrado.</p> - -<p>La primera vez que se me ocurrió tentar la experiencia -á cuyo relato están dedicadas estas líneas, -fué una tarde, leyendo no sé dónde, que los naturales -de Java atribuían la falta de lenguaje articulado -en los monos á la abstención, no á la incapacidad. -“No hablan, decían, para que no los -hagan trabajar.”</p> - -<p>Semejante idea, nada profunda al principio, acabó -por preocuparme hasta convertirse en este postulado -antropológico:</p> - -<p>Los monos fueron hombres que por una ú otra -razón dejaron de hablar. El hecho produjo la atrofia -de sus órganos de fonación y de los centros cerebrales -del lenguaje; debilitó casi hasta suprimirla -la relación entre unos y otros, fijando el idioma -de la especie en el grito inarticulado, y el humano -primitivo descendió á ser animal.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_154"></a>[Pg 154]</span></p> - -<p>Claro es que si llegara á demostrarse esto quedarían -explicadas desde luego todas las anomalías -que hacen del mono un ser tan singular; pero esto -no tendría sino una demostración posible: volver -el mono al lenguaje.</p> - -<p>Entre tanto había corrido el mundo con el mío, -vinculándolo cada vez más por medio de peripecias -y aventuras. En Europa llamó la atención, y de -haberlo querido, llego á darle la celebridad de un -Cónsul; pero mi seriedad de hombre de negocios, -mal se avenía con tales payasadas.</p> - -<p>Trabajado por mi idea fija del lenguaje de los -monos, agoté toda la bibliografía concerniente al -problema, sin ningún resultado apreciable. Sabía -únicamente, con entera seguridad, <em>que no hay ninguna -razón científica para que el mono no hable</em>. Esto -llevaba cinco años de meditaciones.</p> - -<p>Yzur (nombre cuyo origen nunca pude descubrir, -pues lo ignoraba igualmente su anterior patrón) -Yzur era ciertamente un animal notable. La educación -del circo, bien que reducida casi enteramente -al mimetismo, había desarrollado mucho -sus facultades; y esto era lo que me incitaba más -á ensayar sobre él mi en apariencia disparatada -teoría.</p> - -<p>Por otra parte, sábese que el chimpancé (Yzur -lo era) es entre los monos el mejor provisto de<span class="pagenum"><a id="Page_155"></a>[Pg 155]</span> -cerebro y uno de los más dóciles, lo cual aumentaba -mis probabilidades. Cada vez que lo veía -avanzar en dos pies, con las manos á la espalda para -conservar el equilibrio, y su aspecto de marinero -borracho, la convicción de su humanidad detenida -se vigorizaba en mí.</p> - -<p>No hay á la verdad razón alguna para que el mono -no articule absolutamente. Su lenguaje natural, es -decir, el conjunto de gritos con que se comunica á -sus semejantes, es asaz variado; su laringe, por -más distinta que resulte de la humana, nunca lo -es tanto como la del loro, que habla sin embargo; -y en cuanto á su cerebro, fuera de que la comparación -con el de este último animal desvanece toda -duda, basta recordar que el del idiota es también -rudimentario, á pesar de lo cual hay cretinos que -pronuncian algunas palabras. Por lo que hace á la -circunvolución de Broca, depende, es claro, del -desarrollo total del cerebro; fuera de que no está -probado que ella sea <em>fatalmente</em> el sitio de localización -del lenguaje. Si es el caso de localización -mejor establecido en anatomía, los hechos contradictorios -son desde luego incontestables.</p> - -<p>Felizmente los monos tienen, entre sus muchas -malas condiciones, el gusto por aprender, como lo -demuestra su tendencia imitativa; la memoria feliz, -la reflexión que llega hasta una profunda facultad<span class="pagenum"><a id="Page_156"></a>[Pg 156]</span> -de disimulo, y la atención comparativamente más -desarrollada que en el niño. Es, pues, un sujeto -pedagógico de los más favorables.</p> - -<p>El mío era joven además, y es sabido que la -juventud constituye la época más intelectual del -mono, parecido en esto al negro. La dificultad -estribaba solamente en el método que se emplearía -para comunicarle la palabra.</p> - -<p>Conocía todas las infructuosas tentativas de mis -antecesores; y está de más decir, que ante la competencia -de algunos de ellos y la nulidad de todos -sus esfuerzos, mis propósitos fallaron más de una -vez, cuando el tanto pensar sobre aquel tema, fué -llevándome á esta conclusión:</p> - -<p><em>Lo primero consiste en desarrollar el aparato de -fonación del mono.</em></p> - -<p>Así es, en efecto, cómo se procede con los sordomudos -antes de llevarlos á la articulación; y no -bien hube reflexionado sobre esto, cuando las -analogías entre el sordomudo y el mono se agolparon -en mi espíritu.</p> - -<p>Primero de todo, su extraordinaria movilidad -mímica que compensa al lenguaje articulado, demostrando -que no por dejar de hablar se deja de -pensar, así haya diminución de esta facultad por -la paralización de aquélla. Después otros caracteres -más peculiares por ser más específicos: la dili<span class="pagenum"><a id="Page_157"></a>[Pg 157]</span>gencia -en el trabajo, la fidelidad, el coraje, aumentados -hasta la certidumbre por estas dos condiciones -cuya comunidad es verdaderamente reveladora: -la facilidad para los ejercicios de equilibrio -y la resistencia al mareo.</p> - -<p>Decidí, entonces, empezar mi obra con una verdadera -gimnasia de los labios y de la lengua de -mi mono, tratándolo en esto como á un sordomudo. -En lo restante, me favorecería el oído para -establecer comunicaciones directas de palabra, sin -necesidad de apelar al tacto. El lector verá que en -esta parte prejuzgaba con demasiado optimismo.</p> - -<p>Felizmente, el chimpancé es de todos los grandes -monos el que tiene labios más movibles; y en el -caso particular, habiendo padecido Yzur de anginas, -sabía abrir la boca para que se la examinaran.</p> - -<p>La primera inspección confirmó en parte mis -sospechas. La lengua permanecía en el fondo de -su boca, como una masa inerte, sin otros movimientos -que los de la deglución. La gimnasia produjo -luego su efecto, pues á los dos meses ya sabía -sacar la lengua para burlar. Ésta fué la primera -relación que conoció entre el movimiento de su -lengua y una idea; una relación perfectamente -acorde con su naturaleza, por otra parte.</p> - -<p>Los labios dieron más trabajo, pues hasta hubo<span class="pagenum"><a id="Page_158"></a>[Pg 158]</span> -que estirárselos con pinzas; pero apreciaba—quizá -por mi expresión—la importancia de aquella tarea -anómala y la acometía con viveza. Mientras yo practicaba -los movimientos labiales que debía imitar, -permanecía sentado, rascándose la grupa con su -brazo vuelto hacia atrás y guiñando en una concentración -dubitativa, ó alisándose las patillas con -todo el aire de un hombre que armoniza sus ideas -por medio de ademanes rítmicos. Al fin aprendió -á mover los labios.</p> - -<p>Pero el ejercicio del lenguaje es un arte difícil, -como lo prueban los largos balbuceos del niño, que -lo llevan, paralelamente con su desarrollo intelectual, -á la adquisición del hábito. Está demostrado, -en efecto, que el centro propio de las inervaciones -vocales, se halla asociado con el de la palabra en -forma tal, que el desarrollo normal de ambos, depende -de su ejercicio armónico; y esto ya lo había -presentido en 1785 Heinicke, el inventor del método -oral para la enseñanza de los sordomudos, como -una consecuencia filosófica. Hablaba de una -“concatenación dinámica de las ideas”, frase cuya -profunda claridad honraría á más de un psicólogo -contemporáneo.</p> - -<p>Yzur se encontraba, respecto al lenguaje, en la -misma situación del niño que antes de hablar entiende -ya muchas palabras; pero era mucho más<span class="pagenum"><a id="Page_159"></a>[Pg 159]</span> -apto para asociar los juicios que debía poseer sobre -las cosas, por su mayor experiencia de la vida.</p> - -<p>Estos juicios, que no debían ser sólo de impresión, -sino también inquisitivos y disquisitivos, á -juzgar por el carácter diferencial que asumían, lo -cual supone un raciocinio abstracto, le daban un -grado superior de inteligencia muy favorable por -cierto á mi propósito.</p> - -<p>Si mis teorías parecen demasiado audaces, basta -con reflexionar que el silogismo, ó sea el argumento -lógico fundamental, no es extraño á la -mente de muchos animales. Como que el silogismo -es originariamente una comparación entre dos -sensaciones. Si no, ¿por qué los animales, que conocen -al hombre huyen de él, y no los que nunca -le conocieron?...</p> - -<p>Comencé, entonces, la educación fonética de Yzur.</p> - -<p>Tratábase de enseñarle primero la palabra mecánica, -para llevarlo progresivamente á la palabra -sensata.</p> - -<p>Poseyendo el mono la voz, es decir, llevando -esto de ventaja al sordomudo, con más ciertas -articulaciones rudimentarias,—tratábase de enseñarle -las modificaciones de aquélla, que constituyen -los fonemas y su articulación, llamada por los -maestros estática ó dinámica, según que se refiera -á las vocales ó á las consonantes.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_160"></a>[Pg 160]</span></p> - -<p>Dada la glotonería del mono, y siguiendo en esto -un método empleado por Heinicke con los sordomudos, -decidí asociar cada vocal con una golosina: -<em>a</em> con papa; <em>e</em> con leche; <em>i</em> con vino; <em>o</em> con coco; -<em>u</em> con azúcar—haciendo de modo que la vocal estuviese -contenida en el nombre de la golosina, ora -con dominio único y repetido como en <em>papa</em>, <em>coco</em>, -<em>leche</em>, ora reuniendo los dos acentos, tónico y prosódico, -es decir como sonido fundamental: <em>vino, -azúcar</em>.</p> - -<p>Todo anduvo bien, mientras se trató de las vocales, -ó sea los sonidos que se forma con la boca -abierta. Yzur los aprendió en quince días. Sólo que -á veces, el aire contenido en sus abazones les daba -una rotundidad de trueno. La <em>u</em> fué lo que más le -costó pronunciar.</p> - -<p>Las consonantes me dieron un trabajo endemoniado, -y á poco hube de comprender que nunca -llegaría á pronunciar aquéllas en cuya formación -entran los dientes y las encías. Sus largos colmillos -y sus abazones, lo estorbaban enteramente.</p> - -<p>El vocabulario quedaba reducido, entonces, á las -cinco vocales; la <em>b</em>, la <em>k</em>, la <em>m</em>, la <em>g</em>, la <em>f</em> y la <em>c</em>, es -decir todas aquellas consonantes en cuya formación -no intervienen sino el paladar y la lengua.</p> - -<p>Aun para esto no me bastó el oído. Hube de recurrir -al tacto como con un sordomudo, apoyan<span class="pagenum"><a id="Page_161"></a>[Pg 161]</span>do -su mano en mi pecho y luego en el suyo para -que sintiera las vibraciones del sonido.</p> - -<p>Y pasaron tres años, sin conseguir que formara -palabra alguna. Tendía á dar á las cosas, como -nombre propio, el de la letra cuyo sonido predominaba -en ellas. Esto era todo.</p> - -<p>En el circo había aprendido á ladrar, como los -perros sus compañeros de tareas; y cuando me -veía desesperar ante las vanas tentativas para -arrancarle la palabra, ladraba fuertemente como -dándome todo lo que sabía. Pronunciaba aisladamente -las vocales y consonantes, pero no podía -asociarlas. Cuando más, acertaba con una repetición -vertiginosa de <em>pes</em>y de <em>emes</em>.</p> - -<p>Por despacio que fuera, se había operado un -gran cambio en su carácter. Tenía menos movilidad -en las facciones, la mirada más profunda, y -adoptaba posturas meditativas. Había adquirido, -por ejemplo, la costumbre de contemplar las estrellas. -Su sensibilidad se desarrollaba igualmente; -íbasele notando una gran facilidad de lágrimas.</p> - -<p>Las lecciones continuaban con inquebrantable -tesón, aunque sin mayor éxito. Aquello había llegado -á convertirse en una obsesión dolorosa, y -poco á poco sentíame inclinado á emplear la fuerza. -Mi carácter iba agriándose con el fracaso, hasta -asumir una sorda animosidad contra Yzur. Éste<span class="pagenum"><a id="Page_162"></a>[Pg 162]</span> -se intelectualizaba más, en el fondo de su mutismo -rebelde, y empezaba á convencerme de que nunca -lo sacaría de allí, cuando supe de golpe que no -hablaba porque no quería.</p> - -<p>El cocinero, horrorizado, vino á decirme una -noche que había sorprendido al mono “hablando -verdaderas palabras”. Estaba, según su narración, -acurrucado junto á una higuera de la huerta; pero -el terror le impedía recordar lo esencial de esto, -es decir, las palabras. Sólo creía retener dos: -<em>cama</em> y <em>pipa</em>. Casi le doy de puntapiés por su -imbecilidad.</p> - -<p>No necesito decir que pasé la noche poseído de -una gran emoción; y lo que en tres años no había -cometido, el error que todo lo echó á perder, provino -del enervamiento de aquel desvelo, tanto -como de mi excesiva curiosidad.</p> - -<p>En vez de dejar que el mono llegara naturalmente -á la manifestación del lenguaje, llaméle al -día siguiente y procuré imponérsela por obediencia.</p> - -<p>No conseguí sino las <em>pes</em> y las <em>emes</em> con que me -tenía harto, las guiñadas hipócritas y—Dios me -perdone—una cierta vislumbre de ironía en la -azogada ubicuidad de sus muecas.</p> - -<p>Me encolericé, y sin consideración alguna, le di -de azotes. Lo único que logré fué su llanto y un -silencio absoluto que excluía hasta los gemidos.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_163"></a>[Pg 163]</span></p> - -<p>Á los tres días cayó enfermo, en una especie de -sombría demencia complicada con síntomas de -meningitis. Sanguijuelas, afusiones frías, purgantes, -revulsivos cutáneos, alcoholaturo de brionia, -bromuro—toda la terapéutica del espantoso mal -le fué aplicada. Luché con desesperado brío, á impulsos -de un remordimiento y de un temor. Aquél -por creer á la bestia una víctima de mi crueldad; -éste por la suerte del secreto que quizá se llevaba -á la tumba.</p> - -<p>Mejoró al cabo de mucho tiempo, quedando, no -obstante, tan débil, que no podía moverse de la -cama. La proximidad de la muerte habíalo ennoblecido -y humanizado. Sus ojos llenos de gratitud, -no se separaban de mí, siguiéndome por toda la -habitación como dos bolas giratorias, aunque estuviese -detrás de él; su mano buscaba las mías en -una intimidad de convalecencia. En mi gran soledad, -iba adquiriendo rápidamente la importancia -de una persona.</p> - -<p>El demonio del análisis, que no es sino una forma -del espíritu de perversidad, impulsábame, sin -embargo, á renovar mis experiencias. En realidad -el mono había hablado. Aquello no podía quedar -así.</p> - -<p>Comencé muy despacio, pidiéndole las letras -que sabía pronunciar. ¡Nada! Dejélo solo durante<span class="pagenum"><a id="Page_164"></a>[Pg 164]</span> -horas, espiándolo por un agujerillo del tabique. -¡Nada! Habléle con oraciones breves, procurando -tocar su fidelidad ó su glotonería. ¡Nada! Cuando -aquéllas eran patéticas, los ojos se le hinchaban -de llanto. Cuando le decía una frase habitual, como -el “yo soy tu amo” con que empezaba todas mis -lecciones, ó el “tú eres mi mono” con que completaba -mi anterior afirmación, para llevar á su -espíritu la certidumbre de una verdad total, él -asentía cerrando los párpados; pero no producía -un sonido, ni siquiera llegaba á mover los labios.</p> - -<p>Había vuelto á la gesticulación como único medio -de comunicarse conmigo; y este detalle, unido á -sus analogías con los sordomudos, hacía redoblar -mis precauciones, pues nadie ignora la gran predisposición -de estos últimos á las enfermedades -mentales. Por momentos deseaba que se volviera -loco, á ver si el delirio rompía al fin su silencio.</p> - -<p>Su convalecencia seguía estacionaria. La misma -flacura, la misma tristeza. Era evidente que -estaba enfermo de inteligencia y de dolor. Su unidad -orgánica habíase roto al impulso de una cerebración -anormal, y día más, día menos, aquél era -caso perdido.</p> - -<p>Mas, á pesar de la mansedumbre que el progreso -de la enfermedad aumentaba en él, su silencio, -aquel desesperante silencio provocado por mi<span class="pagenum"><a id="Page_165"></a>[Pg 165]</span> -exasperación, no cedía. Desde un obscuro fondo de -tradición petrificada en instinto, la raza imponía -su milenario mutismo al animal, fortaleciéndose -de voluntad atávica en las raíces mismas de su -ser. Los antiguos hombres de la selva, que forzó -al silencio, es decir, al suicidio intelectual, quién -sabe qué bárbara injusticia, mantenían su secreto -formado por misterios de bosque y abismos de -prehistoria, en aquella decisión ya inconsciente, -pero formidable con la inmensidad de su tiempo.</p> - -<p>Infortunios del antropoide retrasado en la evolución -cuya delantera tomaba el humano con un -despotismo de sombría barbarie, habían, sin duda, -destronado á las grandes familias cuadrumanas -del dominio arbóreo de sus primitivos edenes, -raleando sus filas, cautivando sus hembras para -organizar la esclavitud desde el propio vientre -materno, hasta infundir á su impotencia de vencidas -el acto de dignidad mortal que las llevaba á -romper con el enemigo el vínculo superior también, -pero infausto de la palabra, refugiándose como -salvación suprema en la noche de la animalidad.</p> - -<p>Y qué horrores, qué estupendas sevicias no habrían -cometido los vencedores con la semibestia -en trance de evolución, para que ésta, después de -haber gustado el encanto intelectual que es el -fruto paradisíaco de las biblias, se resignara á<span class="pagenum"><a id="Page_166"></a>[Pg 166]</span> -aquella claudicación de su extirpe en la degradante -igualdad de los inferiores; á aquel retroceso que -cristalizaba por siempre su inteligencia en los -gestos de un automatismo de acróbata; á aquella -gran cobardía de la vida que encorvaría eternamente, -como en distintivo bestial, sus espaldas de -dominado, imprimiéndole ese melancólico azoramiento -que permanece en el fondo de su caricatura.</p> - -<p>He aquí lo que al borde mismo del éxito, había -despertado mi malhumor en el fondo del limbo -atávico. Á través del millón de años, la palabra, -con su conjuro, removía la antigua alma simiana; -pero contra esa tentación que iba á violar las -tinieblas de la animalidad protectora, la memoria -ancestral, difundida en la especie bajo un instintivo -horror, oponía también edad sobre edad como -una muralla.</p> - -<p>Yzur entró en agonía sin perder el conocimiento. -Una dulce agonía á ojos cerrados, con -respiración débil, pulso vago, quietud absoluta, -que sólo interrumpía para volver de cuando en -cuando hacia mí, con una desgarradora expresión -de eternidad, su cara de viejo mulato triste. -Y la última tarde, la tarde de su muerte, fué cuando -ocurrió la cosa extraordinaria que me ha decidido -á emprender esta narración.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_167"></a>[Pg 167]</span></p> - -<p>Habíame dormitado á su cabecera, vencido por -el calor y la quietud del crepúsculo que empezaba, -cuando sentí de pronto que me asían por la muñeca.</p> - -<p>Desperté sobresaltado. El mono, con los ojos -muy abiertos, se moría definitivamente aquella vez, -y su expresión era tan humana, que me infundió -horror; pero su mano, sus ojos, me atraían con -tanta elocuencia hacia él, que hube de inclinarme -inmediato á su rostro; y entonces, con su último -suspiro, el último suspiro que coronaba y desvanecía -á la vez mi esperanza, brotaron—estoy seguro—brotaron -en un murmullo (¿cómo explicar -el tono de una voz que ha permanecido sin hablar -diez mil siglos?) estas palabras cuya humanidad -reconciliaba las especies:</p> - -<p>—<span class="smcap">Amo, agua. Amo, mi amo...</span></p> - - - - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_168"></a>[Pg 168]</span></p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_169"></a>[Pg 169]</span></p> -<p class="half-title">LA ESTATUA DE SAL</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_170"></a>[Pg 170]<br /><a id="Page_171"></a>[Pg 171]</span></p> -<h2 class="nobreak">LA ESTATUA DE SAL</h2> -</div> - - -<p class="p1">He aquí cómo refirió el peregrino la verdadera -historia del monje Sosistrato:</p> - -<p>—Quien no ha pasado alguna vez por el monasterio -de San Sabas, diga que no conoce la desolación. -Imaginaos un antiquísimo edificio situado -sobre el Jordán, cuyas aguas saturadas de arena -amarillenta, se deslizan ya casi agotadas hacia el -Mar Muerto, por entre bosquecillos de terebintos y -manzanos de Sodoma. En toda aquella comarca no -hay más que una palmera cuya copa sobrepasa -los muros del monasterio. Una soledad infinita, -sólo turbada de tarde en tarde por e<span class="pagenum"><a id="Page_172"></a>[Pg 172]</span>l paso de algunos -nómades que trasladan sus rebaños; un silencio -colosal que parece bajar de las montañas cuya -eminencia amuralla el horizonte. Cuando sopla el -viento del desierto, llueve arena impalpable; cuando -el viento es del lago, todas las plantas quedan -cubiertas de sal. El ocaso y la aurora se confunden -en una misma tristeza. Sólo aquéllos que deben -expiar grandes crímenes, arrostran semejantes -soledades. En el convento se puede oir misa y -comulgar. Los monjes que no son ya más que -cinco, y todos por lo menos sexagenarios, ofrecen -al peregrino una modesta colación de dátiles fritos, -uvas, agua del río y algunas veces vino de -palmera. Jamás salen del monasterio, aunque las -tribus vecinas los respetan porque son buenos -médicos. Cuando muere alguno, le sepultan en las -cuevas que hay debajo á la orilla del río, entre las -rocas. En esas cuevas anidan ahora parejas de palomas -azules, amigas del convento; antes, hace ya -muchos años, habitaron en ellas los primeros anacoretas, -uno de los cuales fué el monje Sosistrato -cuya historia he prometido contaros. Ayúdeme -Nuestra Señora del Carmelo y vosotros escuchad -con atención. Lo que vais á oir, me lo refirió palabra -por palabra el hermano Porfirio, que ahora -está sepultado en una de las cuevas de San Sabas, -donde acabó su santa vida á los ochenta años en la -virtud y la penitencia. Dios le haya acogido en su -gracia. Amén.</p> - -<hr class="tb" /> - -<p>Sosistrato era un monje armenio, que había resuelto -pasar su vida en la soledad con varios jóve<span class="pagenum"><a id="Page_173"></a>[Pg 173]</span>nes -compañeros suyos de vida mundana, recién -convertidos á la religión del crucificado. Pertenecía, -pues, á la fuerte raza de los estilitas. Después de -largo vagar por el desierto, encontraron un día las -cavernas de que os he hablado y se instalaron en -ellas. El agua del Jordán, los frutos de una pequeña -hortaliza que cultivaban en común, bastaban para -llenar sus necesidades. Pasaban los días orando y -meditando. De aquellas grutas surgían columnas -de plegarias, que contenían con su esfuerzo la vacilante -bóveda de los cielos próxima á desplomarse -sobre los pecados del mundo. El sacrificio de aquellos -desterrados, que ofrecían diariamente la maceración -de sus carnes y la pena de sus ayunos á la -justa ira de Dios, para aplacarla, evitaron muchas -pestes, guerras y terremotos. Esto no lo saben los -impíos que ríen con ligereza de las penitencias de -los cenobitas. Y sin embargo, los sacrificios y oraciones -de los justos son las claves del techo del -universo.</p> - -<p>Al cabo de treinta años de austeridad y silencio, -Sosistrato y sus compañeros habían alcanzado la -santidad. El demonio, vencido, aullaba de impotencia -bajo el pie de los santos monjes. Éstos fueron -acabando sus vidas uno tras otro, hasta que -al fin Sosistrato se quedó solo. Estaba muy viejo, -muy pequeñito. Se había vuelto casi transparente.<span class="pagenum"><a id="Page_174"></a>[Pg 174]</span> -Oraba arrodillado quince horas diarias, y tenía -revelaciones. Dos palomas amigas, traíanle cada -tarde algunos granos de granada y se los daban á -comer con el pico. Nada más que de eso vivía; en -cambio olía bien como un jazminero por la tarde. -Cada año, el viernes doloroso, encontraba al despertar, -en la cabecera de su lecho de ramas, una -copa de oro llena de vino y un pan con cuyas especies -comulgaba absorbiéndose en éxtasis inefables. -Jamás se le ocurrió pensar de dónde vendría aquello, -pues bien sabía que el señor Jesús puede hacerlo. -Y aguardando con unción perfecta el día de -su ascención á la bienaventuranza, continuaba -soportando sus años. Desde hacía más de cincuenta, -ningún caminante había pasado por allí.</p> - -<p>Pero una mañana, mientras el monje rezaba con -sus palomas, éstas, asustadas de pronto, echaron -á volar abandonándole. Un peregrino acababa de -llegar á la entrada de la caverna. Sosistrato, después -de saludarle con santas palabras, le invitó á -reposar indicándole un cántaro de agua fresca. El -desconocido bebió con ansia como si estuviese -anonadado de fatiga; y después de consumir un -puñado de frutas secas que extrajo de su alforja, -oró en compañía del monje.</p> - -<p>Transcurrieron siete días. El caminante refirió -su peregrinación desde Cesárea á las orillas del<span class="pagenum"><a id="Page_175"></a>[Pg 175]</span> -Mar Muerto, terminando la narración con una -historia que preocupó á Sosistrato.</p> - -<p>—He visto los cadáveres de las ciudades malditas, -dijo una noche á su huésped; he mirado humear -el mar como una hornalla, y he contemplado -lleno de espanto á la mujer de sal, la castigada esposa -de Lot. La mujer está viva, hermano mío, y -yo la he escuchado gemir y la he visto sudar al -sol del mediodía.</p> - -<p>—Cosa parecida cuenta Juvencus en su tratado -<cite>De Sodoma</cite>, dijo en voz baja Sosistrato.</p> - -<p>—Sí, conozco el pasaje, añadió el peregrino. -Algo más definitivo hay en él todavía; y de ello -resulta que la esposa de Lot ha seguido siendo -fisiológicamente mujer. Yo he pensado que sería -obra de caridad libertarla de su condena...</p> - -<p>—Es la justicia de Dios, exclamó el solitario</p> - -<p>—¿No vino Cristo á redimir también con su sacrificio -los pecados del antiguo mundo?—replicó -suavemente el viajero que parecía docto en letras -sagradas. ¿Acaso el bautismo no lava igualmente -el pecado contra la Ley que el pecado contra el -Evangelio?...</p> - -<p>Después de estas palabras, ambos se entregaron -al sueño. Fué aquélla la última noche que pasaron -juntos. Al siguiente día el desconocido partió, llevando -consigo la bendición de Sosistrato, y no<span class="pagenum"><a id="Page_176"></a>[Pg 176]</span> -necesito deciros que, á pesar de sus buenas apariencias, -aquel fingido peregrino era Satanás en -persona.</p> - -<p>El proyecto del maligno fué sutil. Una preocupación -tenaz asaltó desde aquella noche el espíritu -del santo. ¡Bautizar la estatua de sal, libertar -de su suplicio aquel espíritu encadenado! La -caridad lo exigía, la razón argumentaba. En esta -lacha transcurrieron meses, hasta que por fin el -monje tuvo una visión. Un ángel se le apareció en -sueños y le ordenó ejecutar el acto.</p> - -<p>Sosistrato oró y ayunó tres días, y en la mañana -del cuarto, apoyándose en su bordón de acacia, -tomó, costeando el Jordán, la senda del Mar Muerto. -La jornada no era larga, pero sus piernas cansadas -apenas podían sostenerle. Así marchó durante -dos días. Las fieles palomas continuaban -alimentándole como de ordinario, y él rezaba mucho, -profundamente, pues aquella resolución afligíale -en extremo. Por fin, cuando sus pies iban á -faltarle, las montañas se abrieron y el lago apareció.</p> - -<p>Los esqueletos de las ciudades destruidas iban -poco á poco desvaneciéndose. Algunas piedras quemadas, -era todo lo que restaba ya: trozos de arcos, -hileras de adobes carcomidos por la sal y cimentados -en betún... El monje reparó apenas en semejantes<span class="pagenum"><a id="Page_177"></a>[Pg 177]</span> -restos; que procuró evitar á fin de que sus pies no -se manchasen á su contacto. De repente, todo su -viejo cuerpo tembló. Acababa de advertir hacia el -sud, fuera ya de los escombros, en un recodo de las -montañas desde el cual apenas se los percibía, la -silueta de la estatua.</p> - -<p>Bajo su manto petrificado que el tiempo había -roído, era larga y fina como un fantasma. El sol -brillaba con límpida incandescencia, calcinando -las rocas, haciendo espejear la capa salobre que -cubría las hojas de los terebintos. Aquellos arbustos, -bajo la reverberación meridiana, parecían de -plata. En el cielo no había una sola nube. Las aguas -amargas dormían en su característica inmovilidad. -Cuando el viento soplaba, podía escucharse en -ellas, decían los peregrinos, cómo se lamentaban -los espectros de las ciudades.</p> - -<p>Sosistrato se aproximó á la estatua. El viajero -había dicho verdad. Una humedad tibia cubría su -rostro. Aquellos ojos blancos, aquellos labios blancos, -estaban completamente inmóviles bajo la invasión -de la piedra, en el sueño de sus siglos. -Ni un indicio de vida salía de aquella roca. El -sol la quemaba con tenacidad implacable, siempre -igual desde hacía miles de años, y sin embargo, -¡esa efigie estaba viva puesto que sudaba! Semejante -sueño resumía el misterio de los espantos<span class="pagenum"><a id="Page_178"></a>[Pg 178]</span> -bíblicos. La cólera de Jehová había pasado sobre -aquel ser, espantosa amalgama de carne y de peñasco. -¿No era temeridad el intento de turbar ese -sueño? ¿No caería el pecado de la mujer maldita -sobre el insensato que procuraba redimirla? Despertar -el misterio es una locura criminal, tal vez -una tentación del infierno. Sosistrato, lleno de congoja, -se arrodilló á orar en la sombra de un -bosquecillo...</p> - -<p>Cómo se verificó el acto, no os lo voy á decir. -Sabed únicamente que cuando el agua sacramental -cayó sobre la estatua, la sal se disolvió lentamente, -y á los ojos del solitario apareció una mujer, -vieja como la eternidad, envuelta en andrajos -terribles, de una lividez de ceniza, flaca y temblorosa, -llena de siglos. El monje que había visto al -demonio sin miedo, sintió el pavor de aquella aparición. -Era el pueblo réprobo lo que se levantaba -en ella. Esos ojos vieron la combustión de los azufres -llovidos por la cólera divina sobre la ignominia -de las ciudades; esos andrajos estaban tejidos -con el pelo de los camellos de Lot; ¡esos pies hollaron -las cenizas del incendio del Eterno! Y la espantosa -mujer le habló con su voz antigua.</p> - -<p>Ya no recordaba nada. Sólo una vaga visión del -incendio, una sensación tenebrosa despertada á -la vista de aquel mar. Su alma estaba vestida de<span class="pagenum"><a id="Page_179"></a>[Pg 179]</span> -confusión. Había dormido mucho, un sueño negro -como el sepulcro. Sufría sin saber por qué, en -aquella sumersión de pesadilla. Ese monje acababa -de salvarla. Lo sentía. Era lo único claro en su -visión reciente. Y el mar... el incendio... la catástrofe... -las ciudades ardidas... todo aquello se desvanecía -en una clarovidente visión de muerte. Iba -á morir. Estaba salvada, pues. ¡Y era el monje quien -la había salvado!</p> - -<p>Sosistrato temblaba, formidable. Una llama roja -incendiaba sus pupilas. El pasado acababa de -desvanecerse en él, como si el viento de fuego hubiera -barrido su alma. Y sólo este convencimiento -ocupaba su conciencia: <em>¡la mujer de Lot estaba -allí!</em> El sol descendía hacia las montañas. Púrpuras -de incendio manchaban el horizonte. Los días -trágicos revivían en aquel aparato de llamaradas. -Era como una resurrección del castigo, reflejándose -por segunda vez sobre las aguas del lago amargo. -Sosistrato acababa de retroceder en los siglos. Recordaba. -Había sido actor en la catástrofe. Y esa -mujer... ¡esa mujer le era conocida!</p> - -<p>Entonces un ansia espantosa le quemó las carnes. -Su lengua habló, dirigiéndose á la espectral -resucitada:</p> - -<p>—Mujer, respóndeme una sola palabra.</p> - -<p>—Habla... pregunta...</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_180"></a>[Pg 180]</span></p> - -<p>—¿Responderás?</p> - -<p>—¡Sí, habla; me has salvado!</p> - -<p>Los ojos del anacoreta brillaron, como si en ellos -se concentrase el resplandor que incendiaba las -montañas.</p> - -<p>—<em>Mujer, dime qué viste cuando tu rostro se volvió -para mirar.</em></p> - -<p>Una voz anudada de angustia, le respondió:</p> - -<p>—Oh, no... Por Elohim, ¡no quieras saberlo!</p> - -<p>—¡Dime qué viste!</p> - -<p>—No... no... ¡Sería el abismo!</p> - -<p>—Yo quiero el abismo.</p> - -<p>—Es la muerte...</p> - -<p>—¡Dime qué viste!</p> - -<p>—No puedo... ¡no quiero!</p> - -<p>—Yo te he salvado.</p> - -<p>—No... no....</p> - -<p>El sol acababa de ponerse.</p> - -<p>—¡Habla!</p> - -<p>La mujer se aproximó. Su voz parecía cubierta de -polvo; se apagaba, se crepusculizaba, agonizando.</p> - -<p>—¡Por las cenizas de tus padres!...</p> - -<p>—¡Habla!</p> - -<p>Entonces aquel espectro aproximó su boca al -oído del cenobita, y dijo una palabra. Y Sosistrato, -fulminado, anonadado, sin arrojar un grito, -cayó muerto. Roguemos á Dios por su alma.</p> - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_181"></a>[Pg 181]</span></p> - -<p class="half-title">EL PSYCHON</p> -</div> - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_182"></a>[Pg 182]<br /><a id="Page_183"></a>[Pg 183]</span></p> -<h2 class="nobreak">EL PSYCHON</h2> -</div> - - -<p class="p1">El doctor Paulin, ventajosamente conocido en el -mundo científico por el descubrimiento del telectróscopo, -el electroide y el espejo negro, de los -cuales hablaremos algún día, llegó á esta capital -hará próximamente ocho años, de incógnito, para -evitar manifestaciones que su modestia repudiaba. -Nuestros médicos y hombres de ciencia leerán correctamente -el nombre del personaje, que disimuló -bajo un patronímico supuesto, tanto por carecer -de autorización para publicarlo, cuanto porque el -desenlace de este relato ocasionaría polémicas, que -mi ignorancia no sabría sostener en campo científico.</p> - -<p>Un reumatismo vulgar, aunque rebelde á todo -tratamiento, me hizo conocer al doctor Paulin -cuando todavía era aquí un forastero. Cierto amigo, -miembro de una sociedad de estudios psíquicos -á quien venía recomendado desde Australia el doctor, -nos puso en relaciones. Mi reumatismo des<span class="pagenum"><a id="Page_184"></a>[Pg 184]</span>apareció -mediante un tratamiento helioterápico -original del médico; y la gratitud hacia él, tanto -como el interés que sus experiencias me causaban, -convirtió nuestra aproximación en amistad, desarrollando -un sincero afecto.</p> - -<p>Una ojeada preliminar sobre las mencionadas -experiencias, servirá de introducción explicativa, -necesaria para la mejor comprensión de lo que -sigue.</p> - -<p>El doctor Paulin era, ante todo, un físico distinguido. -Discípulo de Wroblewski en la universidad -de Cracovia, habíase dedicado con preferencia al -estudio de la licuación de los gases, problema que -planteado imaginativamente por Lavoisier, debía -quedar resuelto luego por Faraday, Cagniard-Latour -y Thilorier. Pero no era éste el único género -de investigaciones en que sobresalía el doctor. Su -profesión se especializaba en el mal conocido terreno -de la terapéutica sugestiva, siendo digno -émulo de los Charcot, los Dumontpallier, los Landolt, -los Luys; y aparte el sistema helioterápico -citado más arriba, mereció ser consultado por -Guimbail y por Branly repetidas veces, sobre temas -tan delicados como la conductibilidad de los neurones, -cuya ley recién determinada entonces por -ambos sabios, era el caso palpitante de la ciencia.</p> - -<p>Forzoso es confesar, no obstante, que el doctor<span class="pagenum"><a id="Page_185"></a>[Pg 185]</span> -Paulin adolecía de un defecto grave. Era espiritualista, -teniendo, para mayor pena, la franqueza -de confesarlo. Siempre recordaré á este respecto el -final de una carta que dirigió en julio del 98, al -profesor Elmer Gates, de Washington, contestando -otra en la cual éste le comunicaba particularmente -sus experiencias sobre la sugestión en los -perros y sobre la “dirigación”, ósea la acción -modificadora ejercida por la voluntad sobre determinadas -partes del organismo.</p> - -<p>“Y bien, sí, decía el doctor; tenéis razón para -vuestras conclusiones, que acabo de ver publicadas -junto con el relato de vuestras experiencias, en el -<cite>New York Medical Times</cite>. El espíritu es quien rige -los tejidos orgánicos y las funciones fisiológicas, -porque es él quien crea esos tejidos y asegura su -facultad vital. Ya sabéis si me siento inclinado á -compartir vuestra opinión”, etc.</p> - -<p>Así, el doctor Paulin era mirado de reojo por las -academias. Como á Crookes, como á de Rochas, -le aceptaban con agudas sospechas. Sólo faltaba -la estampilla materialista para que le expidieran su -diploma de sabio.</p> - -<p>¿Por qué estaba en Buenos Aires el doctor Paulin? -Parece que á causa de una expedición científica -con la que procuraba coronar una serie de estudios -botánicos aplicados á la medicina. Algunas<span class="pagenum"><a id="Page_186"></a>[Pg 186]</span> -plantas que por mi intermedio consiguió, entre -otras la jarilla cuyas propiedades emenagogas habíale -yo descripto, dieron pie para una súplica á -que su amabilidad defirió de buen grado. Le pedí -autorización para asistir á sus experimentos, siendo -testigo de ellos desde entonces.</p> - -<p>Tenía el doctor, en el pasaje X, un laboratorio al -cual se llegaba por la sala de consultas. Todos -cuantos le conocieron, recordarán perfectamente -éste y otros detalles, pues nuestro hombre era tan -sabio como franco y no hacia misterio de su existencia. -En aquel laboratorio fué donde una noche, -hablando con el doctor sobre las prescripciones -rituales que afectan á los cleros de todo el mundo, -obtuve una explicación singular de cierto hecho -que me traía muy atareado.</p> - -<p>Comentábamos la tonsura, cuya explicación yo -no hallaba, cuando el doctor me lanzó de pronto -este argumento que no pretendo discutir:</p> - -<p>—Sabe usted que las exhalaciones fluídicas del -hombre, son percibidas por los sensitivos en forma -de resplandores, rojos los que emergen del lado -derecho, azulados los que se desprenden del izquierdo. -Esta ley es constante, excepto en los zurdos -cuya polaridad se trueca, naturalmente, lo -mismo para el sensitivo que para el imán. Poco -antes de conocerle, experimentando sobre ese<span class="pagenum"><a id="Page_187"></a>[Pg 187]</span> -hecho con Antonia, la sonámbula que nos sirvió -para ensayar el electroide, me hallé en presencia -de un hecho que llamó extraordinariamente mi -atención. La sensitiva veía desprenderse de mi -occipucio una llama amarilla, que ondulaba alargándose -hasta treinta centímetros de altura. La -persistencia con que la muchacha afirmaba este -hecho, me llenó de asombro. No podía siquiera -presumir una sugestión involuntaria, pues en este -género de investigaciones empleo el método del -doctor Luys, hipnotizando solamente las retinas -para dejar libre la facultad racional.</p> - -<p>El doctor se levantó de su asiento y empezó á -pasearse por la habitación.</p> - -<p>—Con el interés que se explica ante un fenómeno -tan inesperado, ensayé al otro día una experiencia -con cinco muchachos pagados al efecto. Antonia -no vió en ninguno la misteriosa llama, aunque -sí las aureolas ordinarias; mas cuál no sería mi -sorpresa, al oírla exclamar en presencia del portero -don Francisco, usted sabe, llamado por mí como -último recurso: “El señor sí la tiene, clarita pero -menos brillante”. Cavilé dos días sobre aquel fenómeno; -hasta que de pronto, por ese hábito de -no desperdiciar detalle adquirido en semejantes -estudios, me ocurrió una idea que, ligeramente -ridicula primero, no tardó en volverse aceptable.<span class="pagenum"><a id="Page_188"></a>[Pg 188]</span> - -Chupó vigorosamente su cigarro y continuó:</p> - -<p>—Tengo la costumbre de operar llevando puesto -mi fez casero; la calvicie me obliga á esta incorrección... -Cuando Antonia vió sobre mi cabeza el -fulgor amarillo, estaba sin gorro, habiéndomelo -quitado por el excesivo calor. ¿No habría sido el -cabello de los muchachos lo que impidió la emisión -de la llama? Según Fugairon, la capa córnea que -constituye la epidermis, es mal conductor de la -electricidad animal; de modo que el pelo, substancia -córnea también, posee idéntica propiedad. -Además, don Francisco es calvo como yo, y la -coincidencia del fenómeno en ambos, autorizaba -una presunción atendible. Mis investigaciones posteriores -la confirmaron plenamente; y ahora comprenderá -usted la razón de ser de la tonsura. Los -sacerdotes primitivos, observarían sobre la cabeza -de algunos apóstoles <em>electrógenos</em>, diremos, aceptando -un término de reciente creación, el resplandor -que Antonia percibía en las nuestras. El hecho, -de Moisés acá, no es raro en las cronologías legendarias. -Luego se notaría el obstáculo que presentaba -el cabello, y se establecería el hábito de rapar -aquel punto del cráneo por donde surgía el fulgor, -á fin de que este fenómeno, cuyo prestigio se -infiere, pudiera manifestarse con toda intensidad. -¿Le parece convincente mi explicación?<span class="pagenum"><a id="Page_189"></a>[Pg 189]</span> - -—Me parece, por lo menos; tan ingeniosa como -la de Volney, para quien la tonsura es el símbolo -del sol...</p> - -<p>Tenía la costumbre de contradecirle así, indirectamente, -para que llegase hasta el fin en sus explicaciones.</p> - -<p>—Podría usted citar asimismo, la de Brillat-Savarin, -según el cual se ha prescripto la tonsura -á los monjes para que tengan fresca la cabeza, -replicó el doctor entre picado y sonriente.</p> - -<p>No obstante, hay algo más, prosiguió animándose. -Desde mucho tiempo antes, proyectaba una -experiencia sobre esas emanaciones fluídicas, sobre -la <em>lohé</em>, para usar la expresión de Reichenbach, -su descubridor: quería obtener el espectro -de esos fulgores. Lo intenté, haciéndome describir -por la sensitiva, minuciosamente, todos los fenómenos...</p> - -<p>—... ¿Y qué resulta? pregunté entusiasmado.</p> - -<p>—Resulta una raya verde en el índigo para la -coloración roja, y dos negras en el verde para la -coloración azul. En cuanto á la amarilla descubierta -por mí, el resultado es extraordinario. Antonia -dice ver en el rojo una raya violeta claro.</p> - -<p>—¡Absurdo!</p> - -<p>—Lo que usted quiera; pero ya la he presentado -un espectro, y ella me ha indicado en él la po<span class="pagenum"><a id="Page_190"></a>[Pg 190]</span>sición -de la raya que ve ó cree ver. Según estos -datos, y con todas las suposiciones de error posible, -creo que esa raya es la número 5567. De ser así, -habría una identidad curiosa; pues la raya 5567, -coincidiría exactamente con la hermosa raya número -4 de la aurora boreal...</p> - -<p>—¡Pero doctor, todo esto es fantasía pura! exclamé -alarmado por aquellas ideas vertiginosas.</p> - -<p>—No, amigo mío. ¡Esto significaría sencillamente -que el polo es algo así como la coronilla del -planeta!</p> - -<p>Poco después de la conversación que he referido -y cuya última frase concluyó entre la más afable -sonrisa del doctor Paulin, éste me leyó una tarde -entusiasmado, las primeras noticias sobre la licuación -del hidrógeno efectuada por Dewar en mayo -de aquel año, y sobre el descubrimiento hecho -algunos días después por Travers y Ramsay, de -tres elementos nuevos en el aire: el <em>kryptón</em>, el -<em>neón</em> y el <em>metargón</em>, aplicando precisamente el -procedimiento de licuación de los gases; y á propósito -de estos hechos, recuerdo aún su frase de -labor y de combate.</p> - -<p>—No; no es posible que yo muera sin ligar mi -nombre á uno de estos descubrimientos que son -la gloria de una vida. Mañana mismo continuaré -mis experiencias.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_191"></a>[Pg 191]</span></p> - -<p>Desde el siguiente día, púsose á trabajaren efecto -con ardor febril; y aunque yo debía estar curado -de asombro ante sus éxitos, no pude menos -de estremecerme cuando una tarde me dijo con -voz tranquila: -—¿Creerá usted que he visto con mis propios -ojos <em>esa</em> raya en el espectro del neón?</p> - -<p>—¿De veras? dije con evidente descortesía.</p> - -<p>—De veras. Creo que la tal raya me ha puesto -en buen camino. Pero á fin de satisfacer su curiosidad, -me es menester hablarle de ciertas indagaciones -que he mantenido reservadas.</p> - -<p>Agradecí calurosamente y me dispuse á oir con -avidez.</p> - -<p>El doctor empezó:</p> - -<p>—Aunque las noticias sobre la licuación del -hidrógeno eran harto breves, mis conocimientos -en la materia me permitieron completarlas, bastándome -modificar el aparato de Olzewski, que -uso en la preparación del aire líquido. Aplicando -después el principio de la destilación fraccionada, -obtuve como Travers y Ramsay los espectros del -kryptón, el neón y el metargón. Dispuse luego -extraer estos cuerpos, por si aparecía algún espectro -nuevo en el residuo, y efectivamente, cuando -ya no quedó más, vi aparecer la raya mencionada.</p> - -<p>—¿Y cómo se opera la extracción?</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_192"></a>[Pg 192]</span></p> - -<p>—Haciendo evaporar lentamente el aire líquido, -y recogiendo en un recipiente el gas desprendido -por esa evaporación. Si tuviera aquí una máquina -Linde que me suministraría sesenta kilogramos -de aire líquido por hora, podría operar en -grande escala; pero he debido contentarme con -una producción de ochocientos centímetros cúbicos.</p> - -<p>Obtenido el gas en el recipiente, lo trato por el -cobre calentado para retirar el oxígeno, y por una -mezcla de cal con magnesio para absorber el ázoe. -Queda, pues, aislado el argón; y entonces es cuando -aparece la doble raya verde del kryptón, -descubierta por Ramsay. Licuando el argón aislado, -y sometiéndolo á una evaporación lenta, los -productos de la destilación suministran en el tubo -de Geissler una luz rojo-anaranjada, con nuevas -rayas, que por la interposición de una botella de -Leyden aumentan, caracterizando el espectro del -neón. Si la destilación prosigue, se obtiene un -producto sólido de evaporación muy lenta, cuyo -espectro se caracteriza por dos líneas, una -verde y la otra amarilla, denunciando la existencia -del metargón ó <em>eosium</em>, según propone Berthelot. -Hasta aquí, es todo lo que se sabe.</p> - -<p>—¿Y la raya violeta?</p> - -<p>—Vamos á verla dentro de algunos instantes.<span class="pagenum"><a id="Page_193"></a>[Pg 193]</span> -Sepa usted entretanto, que para llegar á resultados -iguales yo procedo de otro modo. Retiro el oxígeno -y el ázoe por medio de las substancias indicadas; -luego el argón y el metargón con hiposulfito -de soda; el kryptón en seguida con fosfuro de -cinc, y por último el neón con ferrocianuro de potasio. -Este método es empírico. Queda todavía en -el recipiente un residuo comparable á la escarcha, -que se evapora con suma lentitud. El gas resultante, -es mi descubrimiento.</p> - -<p>Me incliné ante aquellas palabras solemnes.</p> - -<p>—He estudiado sus constantes físicas llegando -á determinar algunas. Su densidad es de 25,03, -siendo la del oxígeno de 16 como es sabido. He -determinado también la longitud de la onda sonora -en ese fluido, y el número encontrado, permitiéndome -evaluar la relación de los calores específicos, -me ha indicado que es monoatómico. Pero -el resultado sorprendente está en su espectro, caracterizado -por una raya violeta en el rojo, la raya -5567 coincidente con la número 4 de la aurora boreal, -la misma que presentaba el fulgor amarillo -percibido por Antonia sobre mi cabeza.</p> - -<p>Ante tal afirmación, dejé escapar esta pregunta -inocente:</p> - -<p>—¿Y qué será ese cuerpo, doctor?</p> - -<p>Con gran sorpresa mía, el sabio sonrió satisfecho.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_194"></a>[Pg 194]</span></p> - -<p>—Ese cuerpo... ¡hum! Ese cuerpo bien podría -ser pensamiento volatilizado.</p> - -<p>Di un salto en la silla, pero el doctor me impuso -silencio con un ademán.</p> - -<p>—¿Por qué no? siguió diciendo. El cerebro irradia -pensamiento en forma de fuerza mecánica, habiendo -grandes probabilidades de que lo haga también -en forma fluídica. La llama amarilla no sería en -este caso más que el producto de la combustión -cerebral, y la analogía de su espectro con el de la -substancia descubierta por mí, me hace creer que -sean algo idéntico. Figúrese por el consumo diario -de pensamiento, la enorme irradiación que debe -producirse. ¿Qué se harían, efectivamente, los pensamientos -inútiles ó extraños, las creaciones de los -imaginativos, los éxtasis de los místicos, los ensueños -de los histéricos, los proyectos de los ilógicos, -todas esas fuerzas cuya acción no se manifiesta -por falta de aplicación inmediata? Los astrólogos -decían que los pensamientos <em>viven</em> en la luz astral, -como fuerzas latentes susceptibles de actuar en -determinadas condiciones. ¿No sería esto una intuición -del fenómeno que la ciencia está en camino -de descubrir? Por lo demás, el pensamiento como -entidad psíquica es inmaterial; pero sus manifestaciones -deben ser fluídicas, y esto es quizás lo que he -llegado á obtener como un producto de laboratorio.<span class="pagenum"><a id="Page_195"></a>[Pg 195]</span> - -Á horcajadas en su teoría, el doctor lanzábase -audazmente por aquellas regiones, desarrollando -una temible lógica á la que yo intentaba resistir en -vano.</p> - -<p>—He dado á mi cuerpo el nombre de <em>Psychon</em>, -concluyó; ya comprende por qué. Mañana intentaremos -una experiencia: licuaremos el pensamiento. -(El doctor me agregaba, como se ve, á sus -experimentos, y me guardé bien de rehusar). Después -calcularemos si es posible realizar su oclusión -en algún metal, y acuñaremos medallas psíquicas. -Medallas de genio, de poesía, de audacia, de tristeza... -Luego determinaremos su sitio en la atmósfera, -llamando “psicósfera”, si se permite la expresión, -la capa correspondiente... Hasta mañana -á las dos, entonces, y veremos lo que resulta de -todo esto.</p> - -<p>Á las dos en punto estábamos en obra.</p> - -<p>El doctor me enseñó su nuevo aparato. Consistía -en tres espirales concéntricos formados por tubos -de cobre y comunicados entre sí. El gas desembocaba -en la espiral exterior, bajo una presión de -seiscientas cuarenta y tres atmósferas, y una temperatura -de -136° obtenida por la evaporación del -etileno según el sistema circulatorio de Pictet; recorriendo -las otras dos serpentinas, iba á distenderse -en la extremidad inferior de la espiral interna,<span class="pagenum"><a id="Page_196"></a>[Pg 196]</span> -y atravesando sucesivamente los compartimientos -anulares en que se encontraban aquéllas, desembocaba -cerca de su punto de partida en el extremo -superior de la segunda. El aparato medía en conjunto -0,70m de altura por 0,175m de diámetro. La distensión -del fluido compresionado, ocasionaba el -descenso de temperatura requerido para su licuación, -por el método llamado de la cascada, también -perteneciente al profesor Pictet.</p> - -<p>La experiencia comenzó, previos los trámites del -caso que sólo interesarían á los profesionales, siendo -por ello suprimidos.</p> - -<p>Mientras el doctor operaba, yo me disponía á escribir -los resultados que me dictase, en un formulario. -Doy á continuación esas anotaciones tal como las -redactó, en gracia de la precisión indispensable.</p> - -<p>Decía el doctor:</p> - -<p>“Cuando la distensión llega á cuatrocientas -atmósferas, se obtiene una temperatura de -237°3 -y el fluido desemboca en un vaso de doble paredes -separadas por un espacio vacío de aire; la pared -interior está plateada, para impedir aportes de calor -por convección ó por irradiación.”</p> - -<p>“El producto es un líquido transparente é incoloro -que presenta cierta analogía con el alcohol.”</p> - -<p>“Las constantes críticas del psychon, son, pues, -cuatrocientas atmósferas y -237°3<span class="pagenum"><a id="Page_197"></a>[Pg 197]</span>.” - -“Un hilo de platino cuya resistencia es de 5038 -ohms en el hielo fundente, no presenta más que -una de 0,119 en el psychon hirviendo. La ley de -variación de la resistencia de este hilo con la temperatura, -me permite fijar la de la ebullición del -psychon en -265°.”</p> - -<p>—¿Sabe usted lo que quiere decir esto? me preguntó -suspendiendo bruscamente el dictado.</p> - -<p>No le respondí; la situación era demasiado -grave.</p> - -<p>—Esto quiere decir, prosiguió como hablando -consigo mismo, que ya no estaríamos más que á -ocho grados del cero absoluto.</p> - -<p>Yo me había levantado, y con la ansiedad que -es de suponer, examinaba el líquido cuyo menisco -se destacaba claramente en el vaso. ¡El pensamiento!... -¡El cero absoluto!... Vagaba con cierta lúcida -embriaguez en el mundo de las temperaturas imposibles.</p> - -<p>Si pudiera traducirse, pensaba, ¿<em>qué diría</em> este -poco de agua clara que tengo ante mis ojos? ¿Qué -oración pura de niño, qué intento criminal, qué -proyectos estarán encerrados en este recipiente? -¿O quizá alguna malograda creación de arte, algún -descubrimiento perdido en las obscuridades del -ilogismo?...</p> - -<p>El doctor, entre tanto, presa de una emoción<span class="pagenum"><a id="Page_198"></a>[Pg 198]</span> -que en vano intentaba reprimir, medía el aposento -á grandes pasos. Por fin se aproximó al aparato -diciendo:</p> - -<p>—El experimento está concluido. Rompamos -ahora el recipiente para que este líquido pueda -escapar evaporándose. Quién sabe si al retenerlo -no causamos la congoja de algún alma...</p> - -<p>Practicóse un agujero en la pared superior del -vaso, y el líquido empezó á descender, mientras -el ruido mate de un escape se percibía distintamente.</p> - -<p>De pronto noté en la cara del doctor una expresión -sardónica enteramente fuera de las circunstancias; -y casi al mismo tiempo, la idea de que -sería una inconveniencia estúpida saltar por encima -de la mesa, acudió á mi espíritu; mas apenas -lo hube pensado, cuando ya el mueble pasó bajo -mis piernas, no sin darme tiempo para ver que el -doctor arrojaba al aire como una pelota su gato, un -siamés legítimo, verdadera niña de sus ojos. El -cuaderno fué á parar con una gran carcajada en -las narices del doctor, provocando por parte de -éste una pirueta formidable en honor mío. Lo cierto -es que durante una hora, estuvimos cometiendo las -mayores extravagancias, con gran estupefacción -de los vecinos á quienes atrajo el tumulto y que no -sabían cómo explicarse la cosa. Yo recuerdo ape<span class="pagenum"><a id="Page_199"></a>[Pg 199]</span>nas, -que en medio de la risa, me asaltaban ideas de -crimen entre una vertiginosa enunciación de problemas -matemáticos. El gato mismo se mezclaba á -nuestras cabriolas con un ardor extraño á su apatía -tropical, y aquello no cesó sino cuando los espectadores -abrieron de par en par las puertas; -pues el pensamiento puro que habíamos absorbido, -era seguramente el elíxir de la locura.</p> - -<p>El doctor Paulin desapareció al día siguiente, sin -que por mucho tiempo me fuese dado averiguar su -paradero.</p> - -<p>Ayer, por primera vez, me llegó una noticia -exacta. Parece que ha repetido su experimento, -pues se encuentra ahora en Alemania en una casa -de salud.</p> - - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_200"></a>[Pg 200]</span></p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_201"></a>[Pg 201]</span></p> -</div> - - -<p class="half-title"> -ENSAYO<br /> -DE<br /> -UNA COSMOGONÍA<br /> -EN DIEZ LECCIONES</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_202"></a>[Pg 202]</span></p> - - - - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_203"></a>[Pg 203]</span></p> -<h2 class="nobreak">ENSAYO DE UNA COSMOGONÍA EN DIEZ LECCIONES</h2> -</div> - - -<h3>PROEMIO</h3> - -<p>Hallándome cierta vez en un paso de la cordillera -de los Andes, hice conocimiento con un caballero -que allí moraba desde poco tiempo atrás, por -cuenta de cierto sindicato para el cual estaba efectuando -una mensura.</p> - -<p>Era un hombre alto, moreno, en cuyo tipo resaltaba -ante todo una gran distinción, á poco acentuada -por el encanto de su lenguaje.</p> - -<p>Un accidente montañés, que inutilizó por varios -días á mi peón de mano, me obligó á compartir su -real de agrimensor con cierto exceso quizá; pero -mi hombre merecía aquel corto sacrificio de tiempo, -y yo, además, no llevaba prisa.</p> - -<p>Arrobado verdaderamente por su conversación, -confieso que las horas se me iban sin sentirlo, -así las ideas expresadas por aquellos labios fuesen<span class="pagenum"><a id="Page_204"></a>[Pg 204]</span> -de las más extraordinarias; pero entre ellas y su -autor, había cierta correlación de singularidad que -las hacía enteramente aceptables mientras él hablaba.</p> - -<p>En el hombre aquél, el tipo era tan indefinible -como la edad, bien que á primera vista se le atribuyera -una vigorosa juventud y una procedencia -americana; pero éstas pueden ser ocurrencias -mías en las cuales ruego al lector que no insista.</p> - -<p>Nuestras pláticas—sus conferencias mejor dicho—dejaron -en mi ánimo una gran impresión á la -cual contribuirían ciertamente la soledad inspiradora -de las noches andinas, la comunión de naturaleza -que sugería su serenidad, y el silencio divino -de las estrellas; pero cuyo mérito intrínseco -bien merecía el estupor de un mortal.</p> - -<p>Una de aquellas noches, cerca del fuego medio -apagado, mientras los peones reparaban en el -sueño las fatigas del día, escuché la revelación que -procuraré transmitir tan fielmente como me sea -posible, ya que no se me exigió secreto alguno. -Por mucho que difiera de las ideas científicas dominantes, -el lector apreciará su concepción profunda, -su lógica perfecta, y comprenderá que -explica bastantes cosas con mayor claridad aún. -He meditado bien antes de decidirme á publicarla, -pero dos circunstancias me han impulsado sobre<span class="pagenum"><a id="Page_205"></a>[Pg 205]</span> -todo. La primera es que, á pesar de las más prolijas -indagaciones, no he podido encontrar indicio alguno -de aquel casual interlocutor, pues todas las -señas que me dió á su respecto han resultado inciertas; -la segunda es la facilidad con que me hizo -el confidente de sus revelaciones. Estas dos circunstancias, -me hacen creer que yo fuí tomado -como agente para comunicar tales ideas, papel -que acepto desde luego con la más perfecta humildad.</p> - -<p>La ocultación del revelador podría infundir sospechas; -pero el lector verá que ella era innecesaria -dada la naturaleza de sus enseñanzas, y que, en -todo caso, responde á la decisión de no decir más, -ó á la modestia. Ambas cosas respetables.</p> - -<p>Para no caer en conjeturas, lo mejor será abordar -cuanto antes el asunto.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_206"></a>[Pg 206]</span></p> -</div> - -<h3>PRIMERA LECCIÓN</h3> - -<h4>EL ORIGEN DEL UNIVERSO</h4> - -<p>La vida, que es la eterna conversión de las cosas -en otras distintas, abarca con su ley primordial el -universo entero. Todas las cosas que son dejarán -de ser, y vienen de otras que ya han dejado de ser. -Tan universal como la vida misma, es esta periodicidad -de sus manifestaciones.</p> - -<p>El día y la noche, el trabajo y el reposo, la vigilia -y el sueño, son como quien dice los polos de la manifestación -de la vida. Engendrándose unos á otros -y permutándose, es como engendran los fenómenos. -Toda fuerza será inercia y toda inercia será -fuerza. Siendo ambas <em>vida</em> en su esencia, su identidad -radical es lo que produce sus permutaciones.</p> - -<p>Su diferencia aparente, la contradicción en que -parecen hallarse, es sencillamente una diferencia -de magnitudes: <em>la noche es menos día</em>, y así en lo -demás.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_207"></a>[Pg 207]</span></p> - -<p>Ahora bien, toda magnitud es una progresión y de -esto depende que no haya brusquedad en los cambios -de estado de las cosas. Así es como la continuidad -de la vida se mantiene en la periodicidad.</p> - -<p>Vivir es estar continuamente viniendo á ser y -dejando de ser. Cada uno de los focos donde esto -se opera—átomo ó planeta, célula ú organismo—es -una vida. Ese equilibrio infinitamente instable, -sin duración puesto que la más mínima permanencia -en uno ú otro de los estados que lo forman, lo -anularía ya; y sin tiempo, puesto que es una coincidencia -de ser y de no ser—ese equilibrio es lo -que se llama la existencia. Dejar de existir es acabarse -ese equilibrio; entrar el ser á un estado -inconcebible. En nuestro universo, <em>lo que viene á -ser</em> se llama <em>materia</em>, y <em>lo que deja de ser</em> se llama -<em>energía</em>, pero claro está que estas cosas figuran -aquí como entidades abstractas. No obstante, como -las manifestaciones polares de la vida se permutan, -lo que viene á ser, es decir, la materia, proviene -de la energía y vice-versa.</p> - -<p>Si toda magnitud es una progresión, su crecimiento -y su decrecimiento deben tener una duración -equivalente, y éste es otro carácter de la -periodicidad en las manifestaciones de la vida. El -isocronismo de las oscilaciones pendulares, materializa -en forma visible tal ley.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_208"></a>[Pg 208]</span></p> - -<p>Estas consideraciones que en nada afectan á las -ideas científicas y filosóficas de nuestra época, son -necesarias para que se comprenda mejor la exposición -del sistema cosmogónico.</p> - -<p>Un universo que nace, es el producto de un universo -que fué, y basta para demostrarlo, que ese -universo haya nacido: <i lang="la" xml:lang="la">ex nihilo nihil</i>.</p> - -<p>Los universos acaban como manifestación material, -convirtiéndose en energía pura según la ley -fundamental de la vida, y en este último estado -permanecen por una duración equivalente á la que -tuvieron como materia. Esta duración, que respecto -á la materia es un reposo absoluto en el cual -no hay tiempo ni ninguna otra idea proveniente -de la relación de magnitudes, pues al no existir -la materia no hay magnitud de ningún género—esta -duración es la eternidad. Eternidad significa, -como es sabido, ausencia de tiempo.</p> - -<p>Semejante estado, que es el no existir de que -hablábamos más arriba, es un estado inconcebible -como decíamos también. Hay, pues, una imposibilidad -absoluta para especular á su respecto. Sólo -podemos saber que es energía incondicionada.</p> - -<p>Los antiguos decían que las tinieblas son luz -absoluta; y siendo la luz una forma de energía, -la forma más elevada mejor dicho para nuestra -percepción, luz pura, es decir, energía pura, equi<span class="pagenum"><a id="Page_209"></a>[Pg 209]</span>vale -á aquel estado inconcebible, ó sea á las tinieblas: -luz absoluta. La ciencia habla ahora de <em>luz negra</em>, -exactamente como el <cite>Zohar</cite>, libro hebreo más -antiguo que la Biblia; y esta luz negra parece ser -la forma más sutil del éter, teniendo una absoluta -fuerza de penetración. Resulta superior á la otra luz, -bien que sea invisible<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p> - -<p>Transcurrida la duración de un universo como -energía pura, la ley de periodicidad lo llama de -nuevo á la existencia material; pero esta nueva -existencia no será, naturalmente, una repetición -de la antigua. Constituirá, por el contrario, una -continuación de las actividades que cesaron al -dejar de existir ese universo, y que han permanecido -latentes en el seno de la absoluta energía<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>. -De otro modo se volvería atrás, y la naturaleza -nunca vuelve atrás.</p> - -<p>¿Pero qué habrá podido ser, supongamos, el -universo anterior al nuestro; aquél de que el nuestro -procede?</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_210"></a>[Pg 210]</span></p> - -<p>Siendo una en realidad la ley que rige las manifestaciones -de la vida bajo determinadas formas, -la más simple desviación de ella implica el cambio -de todas estas formas. Así, por ejemplo, nuestro -universo tiene por base la curva; todo la presupone -en él; todas nuestras percepciones dependen -de este acomodo fundamental. Supongamos que -en vez de ser la curva fuese la recta. El universo -se convertiría en algo enteramente imperceptible -para nosotros, y hasta podría coexistir con nuestro -universo actual, sin la más mínima sospecha de -nuestra parte. Ahora, si conjeturamos—lo que es -bien posible—otros conceptos geométricos y otras -formas de universos, el problema se simplifica -más aún. Quizá el “mundo invisible” que nos -rodea y se comunica á veces con nosotros bajo -formas tan extrañas, no sea sino esto; y con una -existencia tan real, tan material como el nuestro, -nos resulta del todo imperceptible.</p> - -<p>El universo antecesor del nuestro, había regresado, -pues, á su estado de éter puro, de pura -energía al concluir un ciclo de evolución bajo determinadas -formas, cuyo desarrollo al entrar de -nuevo en el período material, engendraría nuestro -universo curvilíneo.</p> - -<p>Este determinismo cósmico, nada tiene de violento -para nuestros conceptos científicos; y quizá<span class="pagenum"><a id="Page_211"></a>[Pg 211]</span> -más pronto de lo que se cree, las especulaciones -sobre la cuarta dimensión del espacio puedan darnos -un esquema del origen de nuestra geometría.</p> - -<p>Pero lo interesante es describir el proceso de la -organización de la materia tal como la conocemos.<span class="pagenum"><a id="Page_212"></a>[Pg 212]</span> -</p> - -<div class="chapter"> -<h3>SEGUNDA LECCIÓN</h3> -</div> - -<h4>EL ORIGEN DE LA FORMA</h4> - -<p class="p1">Cuando el éter puro en que se disolvió un universo, -ha tenido una duración equivalente á la de -éste, ocurre en él un cambio de estado. La vida, -ya lo hemos dicho, es un eterno cambiar de estado.</p> - -<p>La primera manifestación de esto en el éter del -cual nuestro universo procede, fué un movimiento. -Sabemos que las diversas manifestaciones de la -electricidad, son cambios de estado por el movimiento; -de tal modo que basta mover con velocidad -uniforme un cuerpo cargado de electricidad -estática, para que ésta se vuelva corriente voltaica; -y que basta con variar esa velocidad, para producir -la inducción, es decir, tres electricidades distintas.</p> - -<p>Ahora bien, los primeros fenómenos del éter -que va á organizarse en materia, presentan una -gran analogía con estos cambios de estado, pues -la primera manifestación del éter es, en efecto, -electricidad.</p> - -<p>Para seguir con la analogía, conviene recordar<span class="pagenum"><a id="Page_213"></a>[Pg 213]</span> -que la electricidad en el vacío produce los rayos -catódicos y los rayos <em>x</em>. La ciencia acaba, de descubrir -los rayos <em>γ</em>, más poderosos aún, pues atraviesan -todos los obstáculos y no hay fuerza que -pueda desviarlos. Este estado, todavía mal conocido -de la electricidad, esta “luz” invisible que -sólo presenta una analogía lejana con la luz habitual, -es la primera manifestación material del éter. -Es electricidad puramente dinámica en una forma -que no podemos concebir ahora, según lo prueba -su indiferencia ante todos los obstáculos y todas las -fuerzas. Es el primer ser del universo, el universo -mismo, puesto que todas las formas que han de -componerlo, serán sus desdoblamientos; y he aquí -por qué la antigua sabiduría llamaba á la electricidad -<em>alma del mundo</em>. Representa el mundo de una -sola dimensión, el mundo de la longitud absoluta, -inconcebible para nosotros á no ser como una mera -abstracción.</p> - -<p>La propagación de este rayo es rectilínea, pero -su forma es ondulada; y á medida que se propaga, -van agrandándose naturalmente sus ondulaciones. -Como el absoluto dinamismo posee una tendencia -á convertirse en electricidad<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a> estática, -<span class="pagenum"><a id="Page_214"></a>[Pg 214]</span>pues á esto se debe su manifestación en forma de -“luz” <em>γ</em>, llega un momento en que las ondulaciones -dividen el rayo en trozos venciendo su cohesión; -y como estas ondulaciones son arcos de -círculo, sus extremos, libres de toda solicitación -por otras fuerzas, se buscan, se unen y forman -ruedas en el espacio.</p> - - -<p>La ondulación, levísima al principio en el rayo -<em>γ</em>, empieza siendo una tendencia hacia la segunda -dimensión, la latitud; pero ésta no alcanza manifestación -real sino al formarse los primeros círculos. -El mundo de la longitud absoluta, el mundo -de una dimensión, era, como es claro, el mundo -de lo uniforme; un simple movimiento sin puntos -de referencia, tan abstracto para nosotros como -una idea, pero con existencia real. La transformación -de la electricidad puramente estática en electricidad -dinámica, es, pues, lo que engendra la -segunda dimensión—la latitud—y con ella la superficie, -es decir la forma.</p> - -<p>Esta tendencia de la energía á permanecer, cambiando -su movimiento absoluto en equilibrio, ó -sea engendrando el principio de inercia, constituye -la fuerza original en el nacimiento y organización -de la materia; sin serlo todavía en nuestro -supuesto universo de dos dimensiones, aunque -en él existan ya la forma y la magnitud. Predo<span class="pagenum"><a id="Page_215"></a>[Pg 215]</span>mina -en él todavía el dinamismo, pues la materia, -es decir el equilibrio de fuerzas que conocemos -bajo semejante nombre, no es posible sino en el -espacio de tres dimensiones; cuando el equilibrio -entre la electricidad estática y la dinámica, engendra -la tercera dimensión.</p> - -<p>Sábese, en efecto, que el único carácter constante -de la materia, el que permanece bajo los -diversos estados que ella puede asumir, es el peso; -y el peso no puede existir sin volumen, ó lo que es -lo mismo, sin la tercera dimensión.</p> - -<p>Así, pues, las ruedas formadas por la división -del rayo original, son simples manchas de luz -en el espacio, pero carecen de volumen. Tienen -magnitud y forma, pero no son materia aún, pues -la forma y la magnitud <em>anteceden</em> á la materia. Por -absurdo que esto pueda parecer, basta recordar la -mancha de luz producida por la reflexión solar en -un espejo. Tiene forma y magnitud; pero, ¿es -materia?...<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a>.</p> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_216"></a>[Pg 216]</span></p> - - -<div class="chapter"> -<h3>TERCERA LECCIÓN</h3> -</div> - - -<h4>EL ESPACIO Y EL TIEMPO</h4> - -<p class="p1">Entre tanto, el espacio ha nacido con la manifestación -de la vida, pues el dinamismo absoluto del -éter puro excluye el espacio. El mundo de una -dimensión, que supone un espacio de una dimensión -también, da á éste su propio carácter inconcebible -á no ser como abstracción. Conviene recordar -que el concepto del espacio, nace para nuestra -mente por comparación entre magnitudes de materia -y de movimiento; y que siendo así, son éste -y aquélla los que engendran el espacio.</p> - -<p>Por incomprensible que sea el espacio, su objetividad -es evidente, pues siempre lo concebiremos -como un cuerpo, aunque sea ilimitado é inmaterial. -El hecho de que es <em>algo</em>, prueba su objetividad, y -desde este punto de vista su materialidad también<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a>. -Spencer ha demostrado en los <em>Primeros</em> -<span class="pagenum"><a id="Page_217"></a>[Pg 217]</span><em>Principios</em>, que científicamente equivale á un sólido -perfecto, pues si se le supusiera la más mínima -solución de continuidad, la transmisión de la -luz sería imposible, por ejemplo; pero como no es -un sólido, y como los sólidos tampoco poseen la -continuidad perfecta que excluiría, por otra parte, -toda vibración, debe ser algo homogéneo é inmaterial -á la vez, desde el punto de vista de la materia -ponderable: el mundo de una dimensión, es -decir, la primera manifestación de la vida, que -está eternamente convirtiéndose en los otros estados -más complejos.</p> - - -<p>Precisamente al convertirse en el segundo estado, -adquiere el espacio la extensión, si bien continua -siendo inconcebible para nuestra mente. -Necesita llegar á la tercera para ser el espacio concebible, -el objeto ilimitadamente hueco donde -todo se mueve; pues ésta es nuestra concepción -del espacio.</p> - -<p>El tiempo es lo mismo que el espacio esencialmente, -si bien no existe en el mundo de una -dimensión. Es también una relación de magnitudes, -pero con referencia á la duración de los seres, -mientras que el espacio no necesita de ella para -existir. Ahora bien, el rayo absolutamente longitudinal -del primer mundo, es eterno como manifestación -vital, puesto que sólo puede concluir<span class="pagenum"><a id="Page_218"></a>[Pg 218]</span> -en un estado negativo donde no hay espacio ni -abstracciones siquiera: la energía absoluta de donde -procede; pero las manchas luminosas del segundo -estado de vida, pueden morir, es decir -transformarse, y aquí cabe ya el tiempo. Por lo -demás, el rayo primordial es unidad absoluta -como manifestación vital<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>, mientras las manchas -son varios seres; cabe ya entre ellas la relación de -existencia á que debe la suya el tiempo, pues una -puede morir mientras las otras permanecen, engendrando -así la relación.</p> - -<p>Tenemos, entonces, que en el mundo de dos -dimensiones, poblado únicamente por esas vastas -y sencillas existencias cósmicas que son las manchas -de luz, existe ya el espacio como <em>magnitud</em>, si -bien no como <em>extensión</em><a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a> todavía; y el tiempo en -su concepto actual.</p> - - -<p>Podrá objetarse que siendo el tiempo y el espa<span class="pagenum"><a id="Page_219"></a>[Pg 219]</span>cio -estados de conciencia, nuestras consideraciones -son pura dialéctica; pero nosotros replicamos—y -muy luego se verá el desarrollo de esto—que -todas esas manifestaciones de la vida, de las cuales -proceden el espacio y el tiempo, son estados de -conciencia, <em>puesto que son pensamiento</em>. Así, pues, -seguiremos la descripción del proceso vital de -nuestro planeta<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a>.</p> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_220"></a>[Pg 220]</span></p> -<p></p> - - -<div class="chapter"> -<h3>CUARTA LECCIÓN</h3> -</div> - -<h4>LOS ÁTOMOS</h4> - -<p class="p1">Las ruedas de luz continúan moviéndose en el -espacio con la velocidad del rayo de que proceden; -pero esta velocidad que era infinita en la longitud -absoluta, lo cual da un carácter más abstracto aún -á ese primer mundo de una dimensión, se convierte -en rotatoria por la forma circular de las manchas. -Éstas, seres unitarios como formas, si bien -como vidas<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a> son ya compuestas por el equilibrio -de dos fuerzas, constituyen toda la población del -espacio.</p> - -<p>Sin embargo, la luz no era uniforme en todos -los puntos de su superficie, pues se debilitaba hacia -el centro; y sucedió que los puntos de mayor -intensidad fueron los vértices de otros tantos polígonos -regulares, primeras formas en la rueda -luminosa que era la única hasta entonces.</p> - -<p>Nuestra electricidad reproduce ahora este fenó<span class="pagenum"><a id="Page_221"></a>[Pg 221]</span>meno; -pues es sabido que en el fluido eléctrico -acumulado sobre la superficie de un cuerpo, se -provoca la formación de polígonos regulares por -la proximidad de varios mecheros que ionizan<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a> -la electricidad. Esta propiedad de engendrar en su -seno formas geométricas por acciones análogas, es -común á todos los fluidos, así sean líquidos dispuestos -en capas delgadas, ó metales en fusión -bruscamente enfriados; y es ella la que, constituyendo -una ley primordial como acaba de verse, -engendra la tendencia hacia la cristalización, que -todos los sólidos manifiestan. Pero ya veremos -esto mejor en la parte relativa al origen de la vida -orgánica.</p> - -<p>Dichos polígonos son las primeras diferenciaciones -individuales de la energía absoluta, consistiendo -su tarea vital en marchar armónica y proporcionalmente -con la rotación y la traslación de -la mancha luminosa donde toman origen, y en el -mismo sentido que ella. No existe, pues, para -ellos, <em>adelante</em> ni <em>atrás</em>, conservando desde este -punto de vista la tendencia del rayo primordial -hacia el movimiento en un solo sentido. Dismi<span class="pagenum"><a id="Page_222"></a>[Pg 222]</span>nuidas -ó aceleradas sus velocidades, la línea que -los forma se rompe y el ser perece: reingresa en -el no ser, que es para él el ser absoluto, el infinito. -Éste es el concepto superior de la muerte.</p> - - -<p>Semejantes seres, son lo que en nuestro lenguaje -se llama “espíritus”, es decir existencias incorpóreas, -bien que limitadas y dinámicas; y así es -cómo procediendo la materia, de la energía pura -localizada en movimiento, en forma, en extensión, -el espiritualismo resulta una consecuencia lógica -de la organización universal, y la inmortalidad del -alma un fenómeno natural en el universo. Más -adelante veremos que esas fuerzas primordiales -tienen que ser inteligencias y voluntades en acción, -si la ciencia positiva no quiere caer en el mismo -contrasentido que las religiones, asignando al -hombre un papel extranatural.</p> - -<p>La vida que para esos seres rectilíneos es moverse -en una sola dirección, dinamiza á su paso la -luz amorfa incorporándola á cada uno de ellos, -pero sin conservarla en él. En realidad lo único -que permanece <em>es la idea de la figura</em>, una existencia -puramente espiritual<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a>, como que es una idea -<span class="pagenum"><a id="Page_223"></a>[Pg 223]</span>solamente, y á la vez inmaterial, sin emociones y -sin desgaste. Rotos los polígonos, se desvanecen -en un ángulo infinito, pues son organismos unitarios -en su esencia, bien que ya poseen forma, -magnitud y movimiento. Su tarea es preparar la luz -amorfa para la futura atomización, pues estas formas -geométricas superficiales son los esbozos de -los átomos.</p> - -<p>Las ruedas luminosas han seguido, entre tanto, -su curso por el infinito; pero como proceden de -muchos puntos á la vez, y como su traslación se -verifica en sentido rectilíneo bajo el impulso del -rayo primordial, hay entre ellas acercamientos y -conflictos. Éstos no son otra cosa que la absorción -de unas ruedas por otras de mayor magnitud ó -velocidad, es decir, nuevos cambios de estado -equivalentes á nuevas formas de vida.</p> - -<p>Pero las fuerzas tangenciales que estos choques -engendran<a id="FNanchor_12" href="#Footnote_12" class="fnanchor">[12]</a>, unidas á una menor actividad central -de las ruedas, por efecto de su propia forma, -inicia en éstas un principio de expansión que las -convierte en lentejas, originando la tercera dimensión -y por consiguiente nuestro espacio. Esta fuerza -obra de dentro hacia afuera, hasta convertir las -<span class="pagenum"><a id="Page_224"></a>[Pg 224]</span>lentejas en esferas huecas, existiendo en nuestro -mundo una analogía sencillísima para objetivar el -procedimiento. Nos referimos á las pompas de -jabón, que la fuerza del soplo originario agranda, -engendrando á la vez un rapidísimo movimiento -rotatorio de sus partículas, perceptible claramente -á simple vista<a id="FNanchor_13" href="#Footnote_13" class="fnanchor">[13]</a>.</p> - - -<p>Esta fuerza expansiva transforma los polígonos -absolutamente superficiales, en poliedros; es decir, -divide la luz dentro de la cual eran formas lineales, -en partículas poliédricas. Ahora bien, si las ruedas -de luz conservaban la velocidad del rayo primordial, -y los polígonos formados en ellas marchaban -con la misma velocidad según hemos visto; como -en cada punto donde se hallaban dichas figuras -dinamizaban la luz amorfa, geometrizándola<a id="FNanchor_14" href="#Footnote_14" class="fnanchor">[14]</a> -á la vez en otros tantos polígonos, y como aquella -velocidad era prácticamente infinita, resulta que -no había punto de la rueda que no estuviera contenido -en una de dichas formas. Al convertirse -<span class="pagenum"><a id="Page_225"></a>[Pg 225]</span>éstas en poliédricas por electo de la expansión -de toda la masa, que adquirió así la tercera dimensión, -dicha masa quedó formada por poliedros -innumerables, que constituyeron los átomos. -Las masas fueron lo que conocemos astronómicamente -por nebulosas.</p> - - -<p>Ahora, una explicación más detallada del fenómeno:</p> - -<p>Cualquiera entiende que el número de puntos -en que puede dividirse una superficie (las ruedas -de luz) es infinito; y si es infinita también la velocidad -de la fuerza divisora, quiere decir que la -masa, en cualquier momento, se encuentra dividida -en infinito número de puntos. No pudiendo -éstos ser materiales por causa de su divisibilidad -infinita, deben ser simples centros de -fuerza, y la expansión de ésta tiene que resultar -poliédrica para que todos sus planos de desarrollo -puedan coincidir y no queden huecos en la -masa.</p> - -<p>Esto fué lo que sucedió, según hemos visto<a id="FNanchor_15" href="#Footnote_15" class="fnanchor">[15]</a>.</p> - -<p>Así, pues, tenemos que la primera manifestación -<span class="pagenum"><a id="Page_226"></a>[Pg 226]</span>de la energía absoluta en que se resolvió, al concluir -su ciclo de existencia, el universo predecesor del -nuestro, fué un movimiento de desarrollo absolutamente -longitudinal, un rayo <em>γ</em>; y que este movimiento -engendró el espacio. El rayo en cuestión -llevaba en su propio curso la segunda dimensión, -puesto que serpenteaba; y sus ondulaciones al -acentuarse, concluyeron por dividirlo en arcos -cuyos extremos, faltos de toda solicitud hacia una -ú otra parte, por no haber en el infinito más existencias, -se unieron formando ruedas y engendrando -el espacio de segunda dimensión.</p> - -<p>En el ámbito de estas ruedas formáronse (ya -vimos cómo) polígonos que fueron los primeros -seres, con una existencia análoga á la de los que -conocemos, y que constituyeron los prototipos -lineales de los átomos.</p> - -<p>Las ruedas luminosas se atrajeron, y al chocar -ó absorberse según sus magnitudes, se desarrolló -en ellas el volumen á que tendían, transformándolas -en lentejas, en ovoides y en esferoides, y engendrando -por consecuencia el espacio de tercera -dimensión, nuestro espacio, al par que la rotación -<span class="pagenum"><a id="Page_227"></a>[Pg 227]</span>planetaria. Los polígonos se convirtieron en poliedros -y nacieron los átomos, que son centros de -fuerza individualizada.</p> - -<p>Naturalmente, esto no es más que un desarrollo -esquemático del proceso cósmico.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_228"></a>[Pg 228]</span></p> - -<div class="chapter"> -<h3>QUINTA LECCIÓN</h3> -</div> - -<h4>NUESTRA TEORÍA ANTE LA CIENCIA</h4> - -<p class="p1">Fácilmente se echa de ver que estas ideas nada -tienen de semejante con el sistema de Laplace, hoy -en vigencia; pero intentemos demostrar que no -son anticientíficas.</p> - -<p>El sistema de Laplace, empieza suponiendo una -nebulosa ígnea surgida del espacio <i lang="la" xml:lang="la">ex nihilo</i>, ó al -impulso del azar que es la misma cosa<a id="FNanchor_16" href="#Footnote_16" class="fnanchor">[16]</a>. Cualquiera -nota la inferioridad de este comienzo, así -como la consiguiente embrolla en la organización -de los movimientos que impulsan á la nebulosa en -cuestión, haciéndola girar, aplastarse, desprender -anillos, dividirlos y reunirlos en esferoides; si bien -existe con nuestra teoría un punto común: los ar<span class="pagenum"><a id="Page_229"></a>[Pg 229]</span>cos -procedentes de la división de los anillos en que -se descompone la nebulosa, tienden á unirse por -sus extremos engendrando los esferoides, así como -los provenientes de la división de nuestro rayo -primordial, lo hacen para formar las ruedas luminosas. -La diferencia está en que el sistema de -Laplace, supone la existencia previa del espacio y -de la materia tal como los conocemos, para describir -la vida de su nebulosa; mientras el nuestro -acomete radicalmente el problema de los orígenes -El positivismo nada quiere saber de esto, y le -daríamos razón, si no empezara por faltar á su propio -método construyendo á su vez hipótesis como -ésta de Laplace; pero cuando él lo hace, el mismo -derecho nos asiste y usaremos ampliamente de él.</p> - - -<p>Ahora bien, como la ciencia quiere hechos y el -método positivo afirma que teoría es “hipótesis -verificada”, diremos que de todas las nebulosas -conocidas, ninguna confirma la hipótesis de Laplace. -Algunas se hallan en un estado de homogeneidad -muy primitivo, pues su espectro sólo -manifiesta la raya del hidrógeno, lo cual hace -suponer que están formadas de este gas exclusivamente; -pero ninguna presenta uno solo de los -supuestos anillos. Adoptan las más variadas -formas, bajo un aspecto común de masas profundamente -atormentadas, y algunas han cambiado<span class="pagenum"><a id="Page_230"></a>[Pg 230]</span> -de forma, imposibilitando así el argumento de que -si no se las ve anillarse, es debido á la gran lentitud -de su evolución. Las más regulares, las que afectan -precisamente una forma lenticular, han resultado -no ser nebulosas sino sistemas de estrellas, -vías lácteas semejantes á la nuestra<a id="FNanchor_17" href="#Footnote_17" class="fnanchor">[17]</a>. Ya veremos -de dónde resulta esa forma atormentada de -las nebulosas.</p> - -<p>Falta, entonces, el testimonio de los hechos; á -no ser que se quiera darle por confirmación, harto -lejana ciertamente, la subordinación planetaria al -sol de nuestro sistema; pero como la ciencia admite -que esta subordinación puede ser ejercida por -los soles sobre los cometas, no queda ya mucho -para la teoría.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_231"></a>[Pg 231]</span></p> - -<p>No hemos olvidado, naturalmente, á Saturno, -que con sus anillos parece presentar un testimonio, -bien que ellos estén considerados sólidos lo -cual es un obstáculo sobremanera grave; pero una -excepción evidente entre los astros, no puede servir -para verificar una hipótesis, con mayor razón -cuando ella se refiere á las nebulosas donde no hay -nada parecido, y cuando de conformidad á su -enunciado, los astros sólidos <em>no debieran</em> presentar -esa conformación<a id="FNanchor_18" href="#Footnote_18" class="fnanchor">[18]</a>.</p> - -<p>Saturno es realmente un defectuoso del espacio, -y de aquí que la astrología lo considerara el planeta -de las malas influencias; pero esto puede ser -desdeñado por el lector, sin más trámite.</p> - - -<p>Otra cosa que la hipótesis de Laplace no explica, -es el origen del movimiento rotatorio, ya muy -complicado, de su supuesta nebulosa originaria, -que como todas las masas esferoidales del espacio -giraba sobre sí misma y se trasladaba á la vez; -para no hablar de los movimientos secundarios -engendrados por los dos anteriores. La nebulosa -<span class="pagenum"><a id="Page_232"></a>[Pg 232]</span>en cuestión era un organismo bastante complejo, -según se ve, y por templada que sea la curiosidad -positivista, ha de sentir tentaciones de buscar más -simples antecedentes.</p> - -<p>Pero cuando la hipótesis pierde todo su valor, -quedando reducida á un mero juego de gabinete, -es cuando se considera que una masa rotatoria -debe forzosamente trasladarse en una órbita espiral, -tal como se acepta actualmente. Suprimidas -entonces las curvas cerradas, vale decir las elipses -perfectas de la hipótesis, los supuestos anillos -desprendidos de la nebulosa serían largas espirales -de materia cósmica difusa, que tenderían á -concretarse en cometas, no en planetas concéntricos. -El experimento de Plateau falla, entonces, por -su base, y los anillos de Saturno se desvanecen -definitivamente esta vez<a id="FNanchor_19" href="#Footnote_19" class="fnanchor">[19]</a>.</p> - - -<p>Al experimento de Plateau, que empieza por suponer la nebulosa -originaria parada en el espacio (la gota de aceite en el seno del agua -alcoholizada) nosotros oponemos nuestra modesta pompa de jabón, que le -lleva de ventaja su sencillez, siendo ésta, como es sabido, un atributo -de la verdad; y consecutivamente alegamos contra la hipótesis, la -falta completa de hechos confirmatorios<a id="FNanchor_20" href="#Footnote_20" class="fnanchor">[20]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_233"></a>[Pg 233]</span></p> - -<p>Tampoco es admisible la nebulosa infinita que supondría esa supuesta -falta de movimiento traslaticio, necesario para que el experimento -de Plateau se realice; pues con sólo tener en cuenta la aparición en -ella de focos que serán los futuros soles centrales, y sus diversas -magnitudes, la suposición se vuelve insostenible.</p> - -<p>Por otra parte, la astronomía se aleja cada vez -más de la suposición de un universo infinito, ó siquiera -de ilimitadas dimensiones; pues piensa que -si ello fuera así, los rayos de las estrellas infinitas -llenarían todo el espacio (dado que el rayo de luz no -se pierde por razones de distancia, según enseña -la física); no habría punto del espacio sin un rayo -<span class="pagenum"><a id="Page_234"></a>[Pg 234]</span>de luz, y por consiguiente no existiría la noche.</p> - -<p>Newcomb supone, basándose sobre las paralajes -de las estrellas y por medio de complicados cálculos -cuyo resumen es imposible sin confusión, que -nuestro universo es una esfera de <em>siete mil millones -de millones</em> de leguas de radio<a id="FNanchor_21" href="#Footnote_21" class="fnanchor">[21]</a>. Sin aceptar -especialmente ningún cálculo, opinamos que nuestro -universo es limitado en efecto, es decir un organismo -en evolución por enorme que se lo considere; -si bien esto no supone que rechacemos la -eterna actividad del cosmos en el infinito<a id="FNanchor_22" href="#Footnote_22" class="fnanchor">[22]</a>.</p> - -<p>Nuestra teoría va apoyada en todo su desarrollo -por hechos científicos, desde el rayo primordial -hasta la generación de los átomos; consistiendo -su diferencia con el criterio positivista, en que no -hace distinción fundamental entre fuerza y materia, -ó considera pues los elementos permutables y provenientes -de una sola causa: la energía absoluta. -Salvo esta última parte, la ciencia va aceptando -<span class="pagenum"><a id="Page_235"></a>[Pg 235]</span>la identidad substancial de fuerza y materia é inclinándose -más á nuestra definición: materia es -todo lo objetivo, sea ó no ponderable. La electricidad -y el radium le imponen esta conclusión.</p> - - -<p>Los estados de la materia y de la conciencia, así -como la generación de unos elementos por otros, -puesto que la vida, como hemos dicho, es un perpetuo -cambiar de estado, explican mejor la evolución -total del universo que la hipótesis cosmogónica -de la ciencia, sin subordinarla exclusivamente -á la materia ni al azar que es lo arbitrario, antes -conciliando el doble aspecto substancial de los fenómenos -y dando á su producción inicial un carácter -determinista; todo lo cual es, por cierto, mucho -más filosófico y aceptable.</p> - -<p>Expresaremos, para concluir este capítulo, algo -que acentúa aun el carácter científico de la teoría.</p> - -<p>Apenas la luz primordial se individualiza, comienza -ya en el espacio la lucha por la vida (la -absorción de unas ruedas por otras) que acarrea -de consiguiente la supervivencia de los más aptos, -principio progresivo de toda evolución; lo que -está lejos de suceder en la demasiado perfecta maquinaria -de la nebulosa de Laplace. Las leyes de la -vida, ya lo hemos dicho, son las mismas para el -insecto que para la nebulosa.</p> - -<p>El lector está ya lo bastante informado para ele<span class="pagenum"><a id="Page_236"></a>[Pg 236]</span>gir -entre esa hipótesis ó la nuestra; entre el proceso -puramente material, ó el cambio de estado -de la absoluta energía, que al volverse materia engendra -simultáneamente al tiempo y al espacio, -ó mejor dicho la extensión por el movimiento; la -magnitud, la forma, el átomo, es decir los fundamentos -del universo bajo sus múltiples aspectos -de ideación, de conciencia, de número y de objetividad.</p> - -<p>Veamos ahora cómo prosiguió la evolución de -ese universo.<span class="pagenum"><a id="Page_237"></a>[Pg 237]</span> -</p> - -<div class="chapter"> -<h3>SEXTA LECCIÓN</h3> -</div> - -<h4>LA VIDA DE LA MATERIA</h4> - -<p class="p1">Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se -hacen perceptibles bajo la forma de copos de luz -blanca, pues mientras fueron simples cambios de -estado de la energía, tuvieron una existencia tan -invisible como la de las “luces” α, β, γ que la -ciencia conoce ahora. Entonces es cuando empieza -á haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse -fenómenos más familiares para nosotros.</p> - -<p>El primero de ellos (y en relación con la materia -ponderable, el primordial) es el calor, ó sea la -electricidad bajo este aspecto, resultante de la -fricción de los átomos<a id="FNanchor_23" href="#Footnote_23" class="fnanchor">[23]</a>.</p> - -<p>Átomos dotados de una velocidad casi infinita, -producen al chocar entre sí una incandescencia -enorme, cuyo primer efecto es consumir á muchos, -ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando -<span class="pagenum"><a id="Page_238"></a>[Pg 238]</span>así la materia al revés de lo que el calor hace ahora. -Los átomos sobrevivientes de esa verdadera lucha -por la existencia, representan, pues, sumas colosales -de energía en equilibrio, explicándose así -la proveniencia de esta energía que tiene perpleja -á la ciencia. La armonía vibratoria formada por -proporciones numéricas, que resulta de este acomodo -tanto como de la estructura poliédrica de -los átomos, es el prototipo de las vibraciones -armónicas que llamamos música, y que explica á -la vez la “música de las esferas” de Pitágoras y el -poder constructor de la lira de Amphion; pues -siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente -fuerza creadora<a id="FNanchor_24" href="#Footnote_24" class="fnanchor">[24]</a>.</p> - -<p>El calor se manifiesta al mismo tiempo que la -luz roja, la luz más caliente como es sabido; del -propio modo que la electricidad fría de los anteriores -estados, había coincidido con los rayos -ultravioletas excitadores de la fosforescencia y de -la fluorescencia, manifestaciones á su vez de la -radioactividad de la materia.</p> - - -<p>De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido -material) de magnitud y de tiempo respectivamente. -Basta con reflexionar que la más pequeña -llama puede encender los fuegos de toda la Tierra -<span class="pagenum"><a id="Page_239"></a>[Pg 239]</span>sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz, -según queda enunciado más arriba, no se pierde -por razones de distancia, viajando incesantemente. -No era necesario el radium, como se ve, para -hacer perceptible la infinitud de la energía, pues -bastaba observar la más mísera candela como -fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere -también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos -que el olor es también una forma de radioactividad, -como lo prueba el ejemplo bien conocido de -la partícula de almizcle que perfuma durante un -siglo sin variar de peso. Ya veremos todo el alcance -de estas consideraciones<a id="FNanchor_25" href="#Footnote_25" class="fnanchor">[25]</a>.</p> - -<p>La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor -tendencia hacia la inercia; y para valernos de una -analogía gráfica, que encierra una verdad, por -otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había -transformado en gravedad, identificándose -con el volumen. La materia es, si se tiene esto en -cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha -transformado en gravedad<a id="FNanchor_26" href="#Footnote_26" class="fnanchor">[26]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_240"></a>[Pg 240]</span></p> - -<p>Pero, qué era esta materia? Esta materia era el -hidrógeno, cuya raya figura <em>única</em> en el espectro de -las nebulosas propiamente dichas. El hidrógeno -es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus -cualidades características. Todos los gases son -formas alotrópicas del hidrógeno, provienen de -su átomo; pero este átomo, que es el hexaedro -primordial antes mencionado, desarrolla al girar -un torbellino formado por espirales concéntricos, -según resulta de su forma en rotación, y este torbellino -constituye como quien dice su cuerpo. Así, -cuando la ciencia vea los átomos, no ha de ser -bajo la forma de menudas chispas<a id="FNanchor_27" href="#Footnote_27" class="fnanchor">[27]</a>, sino de torbellinos -espiraloides enteramente análogos á los -sistemas solares.</p> - - -<p>Los tres estados que la energía debió asumir á -<span class="pagenum"><a id="Page_241"></a>[Pg 241]</span>convertirse en materia, son inapreciables para -nosotros mientras no llegan al perfecto equilibrio -y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He -aquí por qué en los ochos grupos del sistema de -los elementos, los compuestos hidrogenados primordiales -no tienen clasificación sino á contar -desde el cuarto (MH<sub>4</sub>); los tres restantes son materia -radioactiva pura.</p> - -<p>Esas masas de gas incandescente, sufren diversos -percances: explosiones que las destruyen, -absorciones, divisiones en regueros espirales que -se convierten en cometas, y desplazamientos que -las arrojan al espacio con movimiento parabólico, -bajo forma de cometas igualmente<a id="FNanchor_28" href="#Footnote_28" class="fnanchor">[28]</a>. Este desplazamiento -eterno de las masas estelares, va -dejando el sitio necesario para nuevas formaciones, -y así es como vive el infinito, convirtiéndose -perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos -que semejantes movimientos suponen, y que -explican la forma atormentada de las nebulosas.</p> - -<p>La lucha por la vida es activísima entre esos -errantes del espacio. Unos son devorados por los -que ya se convirtieron en soles; otros se conjugan -y forman seres mixtos; otros se organizan en sis<span class="pagenum"><a id="Page_242"></a>[Pg 242]</span>temas; -pero al cabo de cierto tiempo, ninguno es -simple ya, sino una suma de otros, exactamente -como el animal que incorpora á su organismo los -de diversos seres; y su vida se vuelve singularmente -compleja. Menester es que aquí dejemos al -astro hipotético, para seguir la evolución de la vida -en nuestro planeta.</p> - - -<p>Antes de pasar á otro capítulo conviene tener -presente, sin embargo, que las leyes primordiales -de la vida son comunes á todos los astros y á -todos aplicables por analogía; así como que dichos -astros nunca pierden su relación substancial, continuando -ésta bajo comunicaciones luminosas, -magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo -el prototipo de cada ser, tanto en el insecto como -en la estrella.<span class="pagenum"><a id="Page_243"></a>[Pg 243]</span> -</p> - -<div class="chapter"> -<h3>SÉPTIMA LECCIÓN</h3> -</div> - -<h4>LOS ELEMENTOS TERRESTRES</h4> - -<p class="p1">Á cada uno de los cambios de estado del movimiento -que engendra el espacio de tres dimensiones, -corresponde, como hemos visto, una clase de -electricidad, una clase de formas, una clase de luz. -En la Tierra corresponde también á cada uno un -elemento.</p> - -<p>En el gas, predomina la fuerza expansiva del rayo -primordial; en el líquido, la expansión horizontal -del segundo estado; en el sólido, el equilibrio -del tercero que es la tensión eléctrica convertida -en gravedad—la electricidad neutra.</p> - -<p>Prototipo de todos los líquidos, el agua es una -permutación del hidrógeno, cuyo nombre significa, -como es sabido, generador del agua. El agua -viene á ser así electricidad líquida, como el hidrógeno -es electricidad gaseosa<a id="FNanchor_29" href="#Footnote_29" class="fnanchor">[29]</a>. Á esto se debe que -<span class="pagenum"><a id="Page_244"></a>[Pg 244]</span>las leyes de distribución de la electricidad y de los -líquidos, sean las mismas; aunque éstos se hallen -sometidos á la gravedad y aquélla no; pero tensión -y gravedad son una misma cosa como hemos -visto. Lo líquido es, pues, dado nuestro punto de -vista, más vivo, es decir más próximo al estado -de energía pura ó éter, y por esto el agua es la -fuente de la vida orgánica. Los alquimistas decían -que el mercurio es el más vivo de los metales (en -francés <i lang="fr" xml:lang="fr">vif argent</i>) y debe notarse que los vehículos -esenciales de la vida orgánica,—sangre, savia, -leche—son líquidos.</p> - - -<p>Tanto en el estado gaseoso como en el líquido, -la forma poliédrica de los átomos continúa siendo -el prototipo, y esto se encuentra asaz bien demostrado -por las fórmulas químicas, para que debamos -insistir; no obstante, en el estado líquido, los -poliedros son ya cristales prototípicos de los futuros -sólidos en que se manifestará el máximum de -inercia de la materia.</p> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_245"></a>[Pg 245]</span></p> -<p>La Tierra era una especie de océano esferoidal, -denso y glutinoso, en el cual los átomos se agruparon -bajo formas cristalinas, es decir poliédricas, -según su modelo fundamental. La ciencia produce -cristales semifluidos en el seno de un líquido, por -medio del calor y de la electricidad, y estos cristales -se portan como seres vivos, no sólo por su -estructura semejante á la de las células, sino porque -poseen propiedades tan notables como la de -reparar sus mutilaciones. Esto bastará, según creemos, -para demostrar que el estado líquido no es -un estado amorfo, y que el sólido ha podido perfectamente -derivar de él. De aquí la tendencia de -todos los sólidos á cristalizar, es decir á modelarse -bajo el patrón originario.</p> - -<p>Cuando un planeta<a id="FNanchor_30" href="#Footnote_30" class="fnanchor">[30]</a> ha organizado toda su -materia en los tres costados, ó en términos más -generales: cuando la materia de un planeta ha alcanzado -su máximum de estabilidad, comienza el -proceso de desintegración de esta materia. Ella se -ha de efectuar en un tiempo equivalente al que -empleó para formarse, conforme á la ley de periodicidad, -y en estados semejantes, bien que inversos<a id="FNanchor_31" href="#Footnote_31" class="fnanchor">[31]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_246"></a>[Pg 246]</span></p> - -<p>La función vital preponderante, que era condensar -éter, es reemplazada por la de “eterizar” la -materia, aunque esto no quiere decir que haya -sustitución completa de un proceso por otro. El -equilibrio entre ambos persiste por mucho tiempo, -exactamente como ahora lo vemos en nuestro -mundo, sin diferencias apreciables, pero con tendencia -progresiva hacia la eterización. Á esto último -responde la aparición de los seres orgánicos.</p> - - -<div class="chapter"> -<div class="footnotes"> - -<p class="p2 center big2">NOTAS:</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> “Luz negra” y “tinieblas” no equivalen naturalmente -á <em>sombra</em>, es decir á una diminución de luz. Son la -“no-luz” en absoluto.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Esta causalidad, que es la ley suprema de toda vida, -tiene un símbolo admirable en el paganismo. Queremos -hablar del destino (ó sea el determinismo de las causas anteriores) -que era superior á todos los dioses, sin ser él mismo -un dios.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Conviene tener presente siempre que esta electricidad -es la del rayo <em>γ</em>, y no la que conocemos habitualmente.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> La ciencia empieza á considerar como materia á la -luz y á la electricidad, porque está obligada á suponerlas -atómicas. Nosotros también; pero si son materia porque son -objetivas y ésta es la verdadera definición carecen de la -propiedad substancial <em>única</em> de la materia: el peso. No -sabemos si la ciencia creerá que no hay, entonces, diferencia -substancial entre la materia y la energía: pero la lógica -obliga á esta conclusión.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Recuérdese nuestra definición de la materia en la -nota anterior: materia es todo lo objetivo.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> La unidad absoluta en abstracto, es la energía absoluta; -por eso decimos que el rayo es unidad absoluta <em>como -manifestación vital</em>.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> No se nos escapa lo imperfecto de estas expresiones, -pues parece en realidad que la extensión debiera preceder -á la magnitud; pero creemos haber demostrado en el caso -de la mancha de luz, que ésta puede tener magnitud sin -tener volumen, mientras que la extensión lo requeriría. El -valor convencional que damos á las palabras, resulta de -la novedad de las ideas.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> Nosotros llegamos á Dios, es decir, al Ser Supremo -(que de ninguna manera se nos representa como un tipo -semejante al humano) á través de la materia y de la fuerza, -sin necesidad de negarlas, antes refundiéndolas en su -propio ser una de cuyas manifestaciones las consideramos. -De aquí que tengamos á las manifestaciones de la vida absoluta -(Dios) por estados de conciencia.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Recuérdese nuestra definición de la vida.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> Es decir que producen iones. Los iones surgidos de -los mecheros, son los productores del fenómeno. En las -manchas de luz primordial, los puntos más luminosos vienen -á ser las fuentes de ionización.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> Las analogías entre estas vidas con los fenómenos -del mundo actual, no implican identidades. Los fenómenos -de aquéllas, son los prototipos de nuestros fenómenos; -son parecidos, pero no iguales.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_12" href="#FNanchor_12" class="label">[12]</a> Como siempre que hay choque de dos magnitudes -de forma circular.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_13" href="#FNanchor_13" class="label">[13]</a> El sol, que es sin duda una esfera fluida, no tiene -achatamiento polar alguno, como una pompa de jabón, -aunque su densidad sea sólo una cuarta parte de la terrestre, -y su fuerza centrífuga cuatro veces mayor. Á su tiempo -recordaremos esta singularidad solar.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_14" href="#FNanchor_14" class="label">[14]</a> El pensamiento divino geometriza en el Cosmos, decía -Platón que sabía á qué atenerse.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_15" href="#FNanchor_15" class="label">[15]</a> Conviene quizá advertir que el hexaedro es la única -forma material perceptible que realice estas condiciones, -si bien un agregado de hexaedros nunca puede componer un -todo perfecto, estando limitado siempre por ángulos abiertos. -Es lo que ocurre con la materia en eterno trabajo de -desintegración que la pone en contacto con la absoluta energía, -como los ángulos abiertos con el infinito á nuestro -conjunto de hexaedros.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_16" href="#FNanchor_16" class="label">[16]</a> En efecto, el azar que es una causa sin causa, equivale -á los dioses de las religiones positivas, cuyo carácter -más saliente y común es la arbitrariedad.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_17" href="#FNanchor_17" class="label">[17]</a> La astronomía moderna se inclina á creer que todo el -universo estelar tiene esta forma, y que nuestra vía láctea -se halla próxima á su centro; pues el número de estrellas -de dos puntos opuestos del cielo, ya estén situados en la vía -misma ó en sus polos, es casi igual. Siendo esto así, el -universo estelar presentaría la forma de una lenteja ó -esferoide muy achatado en la misma dirección que la vía -láctea. Dividiendo el cielo en nueve círculos paralelos al -plano de ésta (las zonas 1<sup>a</sup> y 9<sup>a</sup> abarcarían sus polos) resulta -la siguiente relación de densidades: 1, 2.8; 2, 3.0; -3, 3.5; 4, 5.3; 5, 8.2; 6, 6.1; 7, 3.7; 8, 3.2; 9, 3.1; lo cual -establece el rango central de la vía láctea (5, 8, 2), así como -la forma del universo estelar. Nuestras <em>lentejas</em> no son, -pues, pura fantasía.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_18" href="#FNanchor_18" class="label">[18]</a> Dadas su velocidad rotatoria y la condensación de la -materia gaseosa de los anillos en materia sólida, esta -última es inexplicable. En efecto, si es del mismo peso y -densidad que la del planeta, no ha podido condensarse sin -romperse; y si no es del mismo peso y de la misma densidad, -¿cómo gira armónicamente con él?</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_19" href="#FNanchor_19" class="label">[19]</a> Los cambios de conformación de algunas nebulosas, -manifiestan tendencia á definirse en torbellinos espirales. -El capítulo siguiente expresará en detalle estos movimientos.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_20" href="#FNanchor_20" class="label">[20]</a> En cambio abundan los contradictorios, y entre éstos -son los más notables: la densidad de Venus, menor que -la de la Tierra, no obstante su mayor proximidad al sol; la -de Urano mayor que la de Saturno, á pesar de hallarse -más lejano que éste; la de los satélites de Júpiter mucho -mayor que la de éste; el movimiento retrógrado de los satélites -de Urano y de Neptuno, la falta de achatamiento -polar del sol, antes mencionada; la depresión polar de -Mercurio, diez veces mayor que la de la Tierra, á pesar -de que su rotación equivale apenas á un tercio de la de -ésta, siendo mayor su densidad en una cuarta parle tan -sólo; las depresiones polares igualmente desproporcionadas -de Saturno y de Júpiter...</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_21" href="#FNanchor_21" class="label">[21]</a> Es curioso que el número 7, el número sagrado por -excelencia, reaparezca como cifra inicial de este resultado; -pero lo es más aún el que la <em>docena</em> y la <em>decena</em>, también -números sagrados, estén significados en la población de -ciento veinte millones (diez docenas de millones) de estrellas -que los mismos cálculos asignan al universo.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_22" href="#FNanchor_22" class="label">[22]</a> Del propio modo que no se niega la continuidad de -la vida, porque los organismos individuales acaben.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_23" href="#FNanchor_23" class="label">[23]</a> En la materia no atómica, es claro que no puede -haber calor.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_24" href="#FNanchor_24" class="label">[24]</a> Sábese que el sonido aumenta la producción de -rayos N.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_25" href="#FNanchor_25" class="label">[25]</a> La emanación continua del radium, tanto como la -propagación de la luz, el desprendimiento odorífero, etc., -resultan ser movimiento perpetuo. La locura del pasado, -es la razón del presente.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_26" href="#FNanchor_26" class="label">[26]</a> No damos á la palabra <em>gravedad</em>, su acepción corriente. -Para nosotros, gravedad es atracción magnética, por -más extraño que esto pueda parecer. Por lo demás, la -atracción en razón directa de las masas é inversa del cuadrado -de las distancias, no se efectúa conforme á esta ley, -según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las -grandes, existe un hecho por demás curioso: los cometas -desarrollan su cola (materia más tenue que el núcleo), en -oposición al sol por el cual son atraídos en razón directa de -las masas, etc. Se ve, entonces, que la gravedad tiene -contradicciones harto serias.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_27" href="#FNanchor_27" class="label">[27]</a> Como en el último aparato de Crookes, que pone -al radium en presencia del sulfuro de cinc fosforescente á -la distancia de medio milímetro.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_28" href="#FNanchor_28" class="label">[28]</a> La astronomía supone que algunos cometas son masas -desprendidas de las nebulosas.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_29" href="#FNanchor_29" class="label">[29]</a> Este “agua” y este “hidrógeno,” no son naturalmente -los que conocemos; basta reflexionar que si todos -los gases son formas alotrópicas del hidrógeno, el hidrógeno -primordial era todos estos gases, es decir, una cosa -bien distinta de hoy, cuando ellos se encuentran ya diferenciados. -Del propio modo el líquido primordial cuya forma -actual es el agua, era un conjunto ahora diferenciado, una -especie de fluido coloidal, como se verá luego. El hidrógeno -y el agua primordiales, eran estados generales de materia: -<em>lo</em> gaseoso y <em>lo</em> líquido.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_30" href="#FNanchor_30" class="label">[30]</a> Como el nuestro.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_31" href="#FNanchor_31" class="label">[31]</a> Siendo el hidrógeno y el agua, el gas y el líquido -prototípicos, ¿cuál era el sólido de esta cualidad? Probablemente -el radium, ó una composición parecida, que al solidificarse -del todo, debe perder muchas de sus cualidades -radiantes (tensión eléctrica) para adquirir peso (gravedad). -El radium posee la propiedad de descomponer el agua en -hidrógeno y oxígeno, y esto es un fuerte indicio.</p></div></div> -</div> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_247"></a>[Pg 247]</span></p> -</div> - -<h3>OCTAVA LECCIÓN</h3> - -<h4>LA VIDA ORGÁNICA</h4> - -<p class="p1">En los mundos de una y de dos dimensiones, no -había sensibilidad, puesto que faltaba extensión y -la vida de relación no era posible por lo tanto. Al -existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, -la sensibilidad se hizo posible en la materia.</p> - -<p>Pero, ¿qué es la sensibilidad? La sensibilidad es -la radioactividad de la materia, el fenómeno por -el cual ésta se transforma en energía pura; y como -toda materia es radioactiva, según lo prueba -el descubrimiento de los rayos N, de Blondlot, -toda materia posee sensibilidad.</p> - -<p>La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, -que cuenta ya con una cantidad de hechos -tan grande como singular. Los rayos N, la -fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y -terapéuticas, la vida de los cristales—han demos<span class="pagenum"><a id="Page_248"></a>[Pg 248]</span>trado -ya hasta la evidencia que la sensibilidad no -es una propiedad exclusiva de la materia llamada -orgánica.</p> - -<p>Ahora, en cuanto á la producción de los seres -vivos, las fuerzas de las moléculas libres en el -seno de los líquidos; la presión osmótica que es -un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las -propiedades todavía vagas—mas no por ello menos -prodigiosas—de los metales coloidales tan semejantes -á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones<a id="FNanchor_32" href="#Footnote_32" class="fnanchor">[32]</a>—todo -eso está indicando cómo debió -producirse <em>grosso modo</em> el fenómeno. La generación -espontánea, es entonces un hecho real, bien -que limitado á épocas, por la coexistencia en ellas -de diversas circunstancias; todo depende de las -condiciones en que se halle el átomo.</p> - -<p>Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, -porque son los cuerpos más sensibles, y -la sensibilidad es—ya lo hemos dicho—la radioactividad -de la materia. El amor es el producto -<span class="pagenum"><a id="Page_249"></a>[Pg 249]</span>eléctrico del contacto de dos cuerpos heterogéneos<a id="FNanchor_33" href="#Footnote_33" class="fnanchor">[33]</a>. -La sangre es un potentísimo reservorio -de electricidad.</p> - -<p>Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, -las mismas leyes que la materia. Un solo ser, -primero difuso y de constitución unitaria, desarrolló -de sí mismo los primeros órganos y se propagó -por los conocidos procedimientos de generación,—fisiparidad, -ovulación, hermafrodismo—hasta -alcanzar en la sexualidad su máximum de -materialización.</p> - -<p>Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, -cuyas formas asumió previamente el -reino mineral como un intento prototípico, debiéndose -á dichas oxidaciones el nacimiento de la -vida orgánica.</p> - -<p>El sexo único que concebía y paría por los métodos -ya descriptos, era naturalmente femenino. -Todos los seres eran madres, llevando reasumido, -y luego latente en su facultad de autoengendrar, -el sexo masculino futuro.</p> - -<p>De aquí que la materia haya sido considerada -por las antiguas filosofías como la “gran madre” -(<em>mater-ia</em>) personificada en el agua, pues el agua -<span class="pagenum"><a id="Page_250"></a>[Pg 250]</span>es, á contar desde el punto en que la energía pura -se manifiesta como materia, una permutación de -la electricidad ó sea su cuarto estado.</p> - -<p>Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones -de la energía absoluta, en un esquema que -será un resumen á la vez de todo lo estudiado.</p> - -<p>Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará -el signo (-) el signo de la pasividad ó femenino; -y el elemento engendrador el signo (+), el signo -de la actividad ó masculino.</p> - -<p>El ser absoluto, la absoluta energía en que todo -se reasume al concluir el universo su ciclo de -manifestación material—será los dos elementos á -la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero -(+ −); mas como de eso sale el rayo primordial, -puede ser considerado como elemento femenino: -auto engendra.</p> - -<p>Previa esta explicación, véase el esquema:</p> - -<div class="figcenter illowp100" id="ilo-p250" style="max-width: 35.0625em;"> - <img class="w100" src="images/ilo-p250.jpg" alt="esquema" /> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_251"></a>[Pg 251]</span></p> - -<p>Estas propiedades lo son <em>por excelencia</em> de los -diversos estados de materia, pero no excluyen las -otras; forman sus características, pero no son exclusivas.</p> - -<p>Se ve, entonces, que el elemento femenino es el -primordial, y que la situación del estado líquido -(agua) en el cuadro de las manifestaciones materiales, -justifica su símbolo<a id="FNanchor_34" href="#Footnote_34" class="fnanchor">[34]</a>.</p> - -<p>La biología moderna considera primitivo también -al sexo femenino, y cree que desarrolló su -contrario antecediéndolo con la fase hermafrodita. -No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar -mayores razones.</p> - -<p>Conviene hacer notar ahora que esas formas de -vida eran fluídicas, verdaderos moldes de las actuales -por causa del enorme calor del globo y de la -todavía escasa diferenciación de sus elementos; y -si el radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, -dichas formas debían ser luminosas, ó en -otros términos manifestar más intensamente la -<span class="pagenum"><a id="Page_252"></a>[Pg 252]</span>radiación que hoy perciben apenas los sensitivos -(el <em>od</em> de Reichenbach, la exteriorización de la -sensibilidad del coronel de Rochas) y que la placa -fotográfica revela como rayos N.</p> - - -<p>La fluidez de esos seres, tanto como su relación -de magnitud con la Tierra que, al ser casi gaseosa, -era de mucho mayor volumen, debía darles una -estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para -que resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas -á que se veían sometidos.</p> - -<p>El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que -sería hombre con el tiempo, bogaba en el fluido -glutinoso del mar universal como una célula gigantesca, -sin órganos, sin conciencia, sin mente, -reproduciéndose como los zoófitos y desvaneciéndose -como ellos, sin morir realmente, en los seres -que de su masa engendraba.</p> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_253"></a>[Pg 253]</span></p> -</div> - -<h3>NOVENA LECCIÓN</h3> - -<h4>LA INTELIGENCIA EN EL UNIVERSO</h4> - -<p class="p1">Lo que acabamos de expresar es de tal modo -extraño á las ideas corrientes, que requiere una explicación -de los fenómenos estudiados, bajo un -aspecto no percibido hasta aquí; el aspecto intelectual -del universo, ó mejor dicho el universo -como manifestación inteligente.</p> - -<p>Si el pensamiento es un producto de las combinaciones -físico-químicas del organismo humano, -donde quiera que haya análogas combinaciones, -existirán efectos análogos. Á iguales causas idénticos -efectos.</p> - -<p>Ahora, cuando se piensa que la vida obedece -á leyes muy simples en su comienzo, y que no -hay realmente diferencia entre la materia orgánica -y la inorgánica, siéndoles común la sensibilidad, -parece que no es ya tan absurdo buscar pensa<span class="pagenum"><a id="Page_254"></a>[Pg 254]</span>miento -en toda manifestación de la vida. Atribuirlo -solamente al hombre, es caer ya en el antropocentrismo -del ser singular creado ex profeso -por los dioses de las religiones positivas; decir -que es una actividad peculiar á su organismo, es -negar la perfecta analogía é identidad substancial -de éste con los del resto del mundo animal, sin -excluir á los insectos cuya inteligencia es tan notable; -limitarlo á los seres vivos, es volver á la -separación de materias que no existe en realidad.</p> - -<p>¿Qué derecho tendría el hombre para considerarse -como el único ser inteligente del universo, -si apenas es superior en su pequeño mundo?</p> - -<p>¿Superior en absoluto? De ningún modo. Superior -á él es el mineral en estabilidad; el vegetal -en duración como ser vivo; el animal en muchas -facultades. Víctima de la bacteria microscópica -durante edades, hace muy poco que ha empezado -contra ella una lucha desigual en la que, hasta -ahora, lleva la peor parte. Durante edades ha sido -la víctima de los más ínfimos del reino animal.</p> - -<p>Esto para los materialistas. Los espiritualistas, -especialmente los fieles de las religiones positivas, -creen en entidades espirituales ó inteligencias superiores -al hombre, conforme lo manifiestan sus -complicadas angelologías, y en otras inferiores á -él según sus demonologías más complicadas aún.<span class="pagenum"><a id="Page_255"></a>[Pg 255]</span> -Con éstos nos bastará ponernos de acuerdo sobre -el <i lang="la" xml:lang="la">modus operandi</i> de semejantes inteligencias.</p> - -<p>Sentadas estas advertencias, podemos ya iniciar -el asunto.</p> - -<p>El pensamiento, nadie puede negarlo, es una -forma de la energía, si bien no presenta identidad -con ninguna de las otras. No es luz, calor, electricidad, -aroma ó sonido; pero es lo que percibe -de un modo consciente esas formas de energía, -puesto que las estudia é investiga sus leyes. El -pensamiento es la energía absoluta de que todo -procede y á la que todo regresa, lo que en sí -lleva potencialmente todas las formas de energía, -sin tener sus cualidades, como es natural, pues -no es ninguna de ellas parcialmente considerada. -Él es realmente el ser absoluto cuya primera manifestación -consiste en electricidad puramente dinámica, -como se recordará, ó sea el movimiento absolutamente -lineal é inconcebible. Sabe todo el mundo -que la actividad cerebral produce fenómenos -eléctricos: y los sensitivos y lúcidos de de Rochas, -dicen que durante dicho trabajo ven á las células -cerebrales relumbrar como estrellas. Más recientemente -aún, se ha observado que la actividad nerviosa -aumenta la producción de rayos N.</p> - -<p>Como energía sensible, el pensamiento es imponderable -y no objetivo á la vez: no es materia ab<span class="pagenum"><a id="Page_256"></a>[Pg 256]</span>solutamente. -Su indiferencia á la distancia y al -tiempo, puesto que se traslada con prescindencia -de ambos y sin que ambos le estorben, prueba su -superioridad sobre ellos; así como demuestra al -concebirlos que los contiene y que puede crearlos. -Las consecuencias de su lógica, anteriores al -conocimiento de los hechos, puesto que los predice -en ciertos casos, establece cuando menos la -identidad de sus leyes con las que rigen el universo. -Maxwell encontró como un resultado matemático, -la onda eléctrica que Hertz hizo perceptible, -sin realizar ninguna experiencia y bastante -tiempo antes que Hertz. Estos hechos podrían multiplicarse.</p> - -<p>Todas las manifestaciones de la vida son formas -de pensamiento, puesto que lo son de la energía -absoluta en su eterno doble trabajo de integrarse -y desintegrarse; pero entonces también, las -fuerzas son seres inteligentes en proporción con -su mayor vecindad á la energía de donde proceden.</p> - -<p>Así el primer movimiento en sentido lineal, ó -bien la electricidad puramente dinámica, sería la -primera idea, el primer ser que en su simple unidad -lleva potencialmente todo el universo por desarrollarse—un -dios verdaderamente; pero no la -unidad neutra y extra-cósmica de las religiones,<span class="pagenum"><a id="Page_257"></a>[Pg 257]</span> -sino la síntesis de todas las energías, que hasta su -tercer estado no es materia en realidad.</p> - -<p>Oímos ya que se objeta con el panteísmo; pero -los estados sucesivos no tienen lugar por disminución -ó desaparición del primero, según lo prueba -nuestro pensamiento en acción, pues coexiste -con todo ellos y nunca deja de estar convirtiéndose. -Así se explica que los universos acaben y -vuelvan á empezar en el punto donde acabaron, -no como un nuevo proceso de repetición, sino como -una continuación del que lo precediera.</p> - -<p>No siendo esa energía una magnitud, no puede -disminuir, lo que explica su permanencia; y así -está eternamente convirtiéndose y siendo la -misma.</p> - -<p>Las ruedas de luz en que luego se divide, forman -la primera hueste de seres, multiplicados en -los polígonos inscriptos en ellos, y sucesivamente -en los poliedros del primer estado atómico; pero -como estos seres no son materia de la nuestra, -digamos así, es forzoso considerarlos entidades -incorpóreas, ó sea espíritus<a id="FNanchor_35" href="#Footnote_35" class="fnanchor">[35]</a>.</p> - -<p>Unitarios en un principio, como que no son sino -formas, se convierten en hermafroditas al volver<span class="pagenum"><a id="Page_258"></a>[Pg 258]</span>se -átomos, no por razones de sexo naturalmente, -sino por reunir en el perfecto equilibrio que constituye -su existencia, la materia y la fuerza bajo el -estado potencial. El átomo es así un espíritu puro, -y su conversión al estado de materia y de -fuerza ya definido, su caída.</p> - -<p>Entre tanto, los seres que fueron las primeras -ruedas, y que como estados de energía no han dejado -de existir, van dirigiendo su propio fraccionamiento -evolucionario, por actos de conciencia y -de voluntad; pues se recordará que no siendo nada -material, resultan forzosamente espíritus: pensamiento -en acción.</p> - -<p>¿Quién duda, por otra parte, que cada pensamiento -es una individualidad? Cuando leemos un -pensamiento, no necesitamos recordar á su autor, -ni se ve que aquél tenga ninguna identidad con -éste, pues de ninguna manera es necesario conocer -al autor de un pensamiento, ni saber nada sobre -él, para entenderlo. Una vez creado, el pensamiento -es una individualidad con vida propia; y si esto -sucede en la humanidad, cualquiera advierte la -importancia que revestirá cuando se trata de seres -cósmicos.</p> - -<p>La fuerza, cualquiera que ella sea, nunca posee -esta individualidad, y he aquí otra demostración -de que son cosas distintas, así sea toda fuerza una<span class="pagenum"><a id="Page_259"></a>[Pg 259]</span> -manifestación de pensamiento, como son cosas -distintas el rastro y la planta que lo imprimió.</p> - -<p>Aquellas primeras energías cósmicas debían poseer -una potencia prodigiosa, dadas su libertad y la -asimilación de energías que constituía su ser; -pero esto no querrá significar nunca la omnipotencia -ni la omniciencia, sino relativamente al intelecto -humano. Los fracasos de mundos estallados -en asteroides ó consumidos en las hogueras -solares, tanto como la desaparición de especies -animales que convivieron con otras aún existentes, -prueban errores de criterio y de procedimiento -en esas inteligencias primordiales<a id="FNanchor_36" href="#Footnote_36" class="fnanchor">[36]</a>.</p> - -<p>Ahora, lo que es existencia corpórea, no la tuvieron -sino cuando hubo materia voluminosa y -extensión, correspondiendo entonces al calor su -rango de primer numen<a id="FNanchor_37" href="#Footnote_37" class="fnanchor">[37]</a>; pero el catálogo de -las existencias cósmicas no tendría interés para el -lector, sino como una nomenclatura estéril de -personajes fantásticos.</p> - - -<p>Lo que sí interesa saber, es que todas estas ma<span class="pagenum"><a id="Page_260"></a>[Pg 260]</span>nifestaciones -son atómicas y susceptibles de transformarse -en otras, es decir de <em>crear</em>, si ha de darse -á este verbo su único sentido aceptable<a id="FNanchor_38" href="#Footnote_38" class="fnanchor">[38]</a>. Son -atómicas, como el hombre es celular, sin que su -unidad de ser individual se resienta; y si están -sujetas á la evolución que hemos descripto como -una serie de consecuencias, este determinismo es -el resultado de las causas desconocidas que actuaron -sobre ellas en el universo anterior; pero ellas -<em>sabían lo que les pasaba</em>, y ayudaban á la evolución -dirigiéndola en los seres emanados de ellas, si bien -no sin conflictos, es decir sin errores, como lo -prueban los cataclismos cósmicos<a id="FNanchor_39" href="#Footnote_39" class="fnanchor">[39]</a>. Si hubiera un -Creador omniciente y omnipotente, el universo -sería una maquinaria perfecta, sin ningún tropiezo -posible.</p> - -<p>Por lo demás, las fuerzas están demostrándonos -á cada momento su inteligencia. Todos los fenómenos -naturales nos revelan operaciones complicadísimas, -ejecutadas con una precisión, con una -economía tal de esfuerzo, con una adaptación tan -<span class="pagenum"><a id="Page_261"></a>[Pg 261]</span>perfecta á su objeto, que revelan direcciones muy -superiores á nuestra razón. Compárese el trabajo -que ésta ha debido ejecutar para repetir el más insignificante -de esos fenómenos, y se tendrá la relación -entre ella y las fuerzas directoras de éstos.</p> - - -<p>La ley del menor esfuerzo, la tendencia á la regularidad -de las formas, que la ciencia llama “inclinación -natural” de la materia, ¿qué son sino -deliberaciones inteligentes? ¿No implican acaso, -comparación entre dos términos? Todavía si el -universo fuera de una estabilidad perfecta, se explicaría -esa precisión como un equilibrio resultante -de largas oscilaciones; pero cuando todo cambia -incesantemente, las fuerzas ciegas son inexplicables.</p> - -<p>Al no asignar inteligencia sino al hombre, la -ciencia cae en el error antropocéntrico de las -religiones, ó está obligada á suponerla en toda -manifestación físico-química, en todo fenómeno -cuya dirección tenga analogía con un raciocinio, -una comparación, una modalidad intelectual en -una palabra; mucho más cuando esa modalidad -resulte, como hemos visto, superior á las -suyas. Efectos análogos, suponen causas semejantes.</p> - -<p>¿Qué será, finalmente, si parangonamos al hombre -con el planeta que habita, y cuyas manifesta<span class="pagenum"><a id="Page_262"></a>[Pg 262]</span>ciones -físico-químicas mucho más poderosas y -complicadas que la suya (como que él es una en -el planeta) supone una inteligencia mucho más -vasta, así sea ella la causa (espiritualismo) ó -el efecto (materialismo) de esas manifestaciones?</p> - -<p>¿O sería osado el hombre á suponerse más perfecto -como ser, que el planeta—el ser enorme—en -el cual aquél no es sino una célula?...<a id="FNanchor_40" href="#Footnote_40" class="fnanchor">[40]</a>.</p> - -<p>Hay, sin embargo, otro aspecto muy interesante -del asunto.</p> - -<p>Si la radioactividad de la materia en forma de -luz, calor, electricidad, olor, sonido, es un trabajo -de regreso hacia la energía absoluta, percibir esas -manifestaciones por medio de los sentidos es incorporarlas -á dicha energía, es decir al pensamiento. -Esto explica á la vez la percepción y la naturaleza -etérea (radioactividad absoluta) del pensamiento. -De aquí que el mejor aparato para -apoderarse de la energía etérea, sea el hombre, -que al llevarla en sí está en ella y es ella, como -entidad espiritual naturalmente.</p> - -<p>Así, pues, toda luz, todo sonido, todo calor, todo -fenómeno olfatorio ó gustativo, son trabajos de -desintegración de la materia, y toda percepción -<span class="pagenum"><a id="Page_263"></a>[Pg 263]</span>inteligente de estos fenómenos es reintegración de -materia á la energía absoluta.</p> - -<p>Esto acarrea una consecuencia racional inesperada, -y que resuelve uno de los más obscuros problemas -filosóficos.</p> - - -<p>Sábese, en efecto, que el espacio como extensión -infinita é incorpórea, vale decir el movimiento absoluto, -puesto que es el movimiento lo que engendra -al espacio—es á un tiempo inconcebible é imprescindible -para nuestra mente. Si el pensamiento -es la energía absoluta, nuestro pensamiento y el -espacio son una misma cosa, ó sea éter infinito é -incondicionado donde no hay magnitud ni tiempo; -resultando así inconcebible como sensación, -bien que imprescindible porque constituye nuestro -propio ser. Los términos al parecer antagónicos, -se hallan así conciliados.</p> - -<p>He aquí el espiritualismo y la inmortalidad del -alma como soluciones racionales de una concepción -cosmogónica, es decir aceptables sin conflicto -con la ciencia ó con la razón. Posición intermedia, -bien que sólo por razones de distancia, entre -el materialismo y el super-naturalismo, la nuestra -considera todos los fenómenos como naturales, pero -no los deriva totalmente de la materia; y lejos -de someterlos á la arbitrariedad del azar ó de un -dios <i lang="la" xml:lang="la">ex nihilo</i>, los considera determinados por una<span class="pagenum"><a id="Page_264"></a>[Pg 264]</span> -existencia anterior. Todas las consecuencias que -se derivan del espiritualismo así concebido: solidaridad -humana, inmortalidad, causalidad del -destino humano, son consecuencias racionales.</p> - -<div class="chapter"> -<div class="footnotes"> -<p class="p2 center big2">NOTAS:</p> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_32" href="#FNanchor_32" class="label">[32]</a> Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías -sorprendentes con los metales en estado coloidal. Éstos -obran sobre ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como -las bacterias específicas de ciertas transformaciones, y -son neutralizadas por los mismos cuerpos. El átomo, resumen -de las fuerzas primordiales, lleva en sí resumida la -potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de estado -para producirlos á todos.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_33" href="#FNanchor_33" class="label">[33]</a> Basta ese contacto, como es sabido, para producir -electricidad; y es claro que aquí nos referimos solamente -al amor físico en su más simple expresión.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_34" href="#FNanchor_34" class="label">[34]</a> Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico -del agua en todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero -ello viene de que cuando se parte del espacio de tres dimensiones, -ó sea de la materia tal como podemos percibirla, -el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la cruz el -símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical -que la componen, simbolizan también el equilibrio material -que es la forma líquida, y ésta era otra razón.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_35" href="#FNanchor_35" class="label">[35]</a> He aquí por qué llamamos <i lang="la" xml:lang="la">ideación</i> al ternario superior -de nuestro esquema.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_36" href="#FNanchor_36" class="label">[36]</a> Conviene no olvidar que si el pensamiento es la energía -primordial, todas las fuerzas (energía manifestada) son -pensamiento, es decir seres inteligentes.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_37" href="#FNanchor_37" class="label">[37]</a> El calor, como se recordará, es una forma de la -electricidad, que en estado puramente dinámico, es pensamiento.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_38" href="#FNanchor_38" class="label">[38]</a> Si de la nada, nada sale, crear es sólo transformar.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_39" href="#FNanchor_39" class="label">[39]</a> El calor mata ó vivifica según el poder y las circunstancias -de su acción. Por otra parte, no hay evolución posible -sin errores; es decir progreso, causalidad, fenómenos. -La absoluta perfección, ó sea el Dios de las religiones, -implica la absoluta esterilidad.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_40" href="#FNanchor_40" class="label">[40]</a> El capítulo siguiente dilucidará esta cuestión.</p></div> -</div></div> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_265"></a>[Pg 265]</span></p> -</div> - -<h3>DÉCIMA LECCIÓN</h3> - -<h4>EL HOMBRE</h4> - -<p class="p1">Cuando vuelve á la vida un universo, los seres -que lo poblaron vuelven también á la acción por -orden de importancia; es decir que las fuerzas -superiores, las más poderosas y activas, son las -primeras en reaparecer. Esto explica la formación -de los mundos como entidades primordiales, y -todo el proceso de conversión de la energía en -materia, hasta que ésta alcanza su máximum de -estabilidad en el estado sólido. Á partir de este -punto, se inicia el proceso inverso, ó de desintegración, -y los seres van tendiendo á convertirse -en focos de eterización cada vez más activa. Siendo -éstos los seres vivos, según se expresó, y -figurando entre ellos el hombre como el más activo -de todos, alcanzar el estado humano viene á ser -para los seres de la Tierra la suprema perfección -en este mundo. Conociendo este proceso, la Kábala -había dicho muchos siglos antes que los darwinistas: -“La piedra se convierte en árbol, el<span class="pagenum"><a id="Page_266"></a>[Pg 266]</span> -árbol en animal, el animal en hombre y el hombre -en espíritu puro”—dando á las cosas un alcance -bien superior como se ve.</p> - -<p>Sabido esto, es claro que al aparecer en la Tierra -la vida animal, su primer representante ha tenido -que ser el hombre; y ya hemos visto que vida -animal, tanto como vegetal y mineral, hubo en la -Tierra desde que ésta entró al estado líquido, bajo -formas fluídicas, pero no menos reales por ello.</p> - -<p>Antes del proceso cristalino y del vegetativo, en -el cual la ciencia va encontrando ya las células -poliédricas primordiales, así como los rudimentos -de un sistema nervioso<a id="FNanchor_41" href="#Footnote_41" class="fnanchor">[41]</a>, el espíritu del hombre -existía ya, pero no dividido todavía en seres humanos, -sino como una entidad sintética que dirigía -la evolución todavía poco diferenciada de su -planeta. Era un habitante de la nebulosa ígnea que -constituía la Tierra entonces, y engendraba por -acción mental, es decir pensaba su descendencia.</p> - - -<p>Cuando el planeta entró al estado líquido, aparecieron -en su seno los cristales blandos, los -rudimentos de existencias filamentosas que constituirían -la vegetación, y las primeras células -animales. El ser planetario se había dividido en -<span class="pagenum"><a id="Page_267"></a>[Pg 267]</span>existencias. De éstas, las destinadas á formar el -reino animal, eran inteligencias, es decir hombres, -según correspondía, dado que el hombre era la -fuerza superior en la animalidad, y debía, por lo -tanto, aparecer primero. Todas las formas animales -son derivados de aquellas células, ideaciones -suyas, y la escala darwiniana se encuentra así -totalmente invertida<a id="FNanchor_42" href="#Footnote_42" class="fnanchor">[42]</a>. El hombre es, pues, el -progenitor del reino animal, explicando esto por -qué repite las características de la serie zoológica -durante su vida intrauterina; argumento el más -poderoso del darwinismo para demostrar que es -la síntesis inversa de toda esa serie.</p> - -<p>Pero Darwin, urgido por imperativos teológicos, -habló del hombre como del “coronamiento de la -escala animal”. La lógica anuló bien pronto esa -capitulación con la Biblia; pues si el hombre no -era más que un peldaño, no había razón para que -fuese el superior y el último, sino uno de tantos. -Así, pues, el mono antecesor se ha convertido en -un primo, lo cual ya es algo.</p> - - -<p>Sin embargo, hay un hecho bastante significati<span class="pagenum"><a id="Page_268"></a>[Pg 268]</span>vo; -y es que el esqueleto ó los rastros del hombre, -coexisten con todas las formas de vertebrados -extinguidos y en todas las épocas geológicas, sin -mostrar alteraciones muy sensibles en su estructura -y en su tamaño, lo cual revela, cuando menos, -una estabilidad superior como especie; y teniendo -en cuenta que semejante estabilidad no puede provenir -sino de una organización superior á la de los -coetáneos ya desaparecidos, así como que se requiere -una antigüedad muy grande para fijar los caracteres -de una especie cuanto más complejos son<a id="FNanchor_43" href="#Footnote_43" class="fnanchor">[43]</a>, -parece que la misma ciencia va demostrando la -situación <em>anterior</em> del hombre en el reino animal.</p> - -<p>La división que hemos debido establecer entre -el hombre como espíritu de la tierra y como ser -material, requiere también una explicación.</p> - -<p>En efecto, como espíritu de la tierra, ó sea en su -carácter de fuerza sintética animadora, el hombre es -el progenitor de todos los reinos; pero como ser material, -es decir dividido en mónadas<a id="FNanchor_44" href="#Footnote_44" class="fnanchor">[44]</a> activas, se -circunscribe al reino animal. Eso sí, como la ley de -<span class="pagenum"><a id="Page_269"></a>[Pg 269]</span>vida es una sola, al constituir el hombre la fuerza -superior de la animalidad, aparece primero.</p> - - -<p>Teniendo en cuenta, sin embargo, que la vida -de los planetas concluye dentro del ciclo de todo -el universo, del propio modo que la del hombre -dentro de la vida del planeta, muchas de esas -mónadas quedan detenidas en su evolución hacia -la espiritualidad, cuando el planeta sucumbe. ¿Qué -sucede entonces?</p> - -<p>Hemos dicho que los astros de un sistema conservan -relaciones magnéticas y luminosas, pudiendo -agregar ahora que dichas relaciones son -influencias evidentes, pues la ciencia dice que -basta la incidencia de un rayo de luz sobre un -punto para provocar múltiples fenómenos.</p> - -<p>Siendo ello así, la energía de esas mónadas pasa -á otros astros que se encuentran en evolución correlativa, -para seguir su ciclo en ellos, y de aquí -que el pretendido absurdo de la astrología sea sostenido -por talentos superiores.</p> - -<p>Callaremos, no obstante, lo que pasa, para limitarnos -á decir lo que pasó, continuando así nuestras -descripciones.</p> -<p><span class="pagenum"><a id="Page_270"></a>[Pg 270]</span></p> -<p>Al entrar la Tierra en el estado líquido, la vida -orgánica de la luna había concluido su ciclo de -manifestación, y las mónadas de sus seres inteligentes -debieron pasar á incorporarse en las nuestras. -No lo hicieron como puras energías, sino -también como agregados de materia sutil que se -infiltró en la masa de la gigantesca célula humana -á modo de influencia magnética, comunicándole -nuevas propiedades, de la manera que el imán al -acero. De aquí las relaciones magnéticas que el -estado líquido conserva con la luna bajo la forma -de mareas.</p> - -<p>El vehículo de que esos espíritus lunares se valieron -para venir á la Tierra, fué el cono de sombra -que ésta proyecta sobre la luna, y que durante los -eclipses nos trae exhalaciones maléficas de aquel -astro; pues siendo él un cadáver, no ha de exhalar -vida naturalmente. Esto explica la tradición -en cuya virtud los chinos y muchas otras gentes, -alborotan durante los eclipses “para ahuyentar á -los malos espíritus”.</p> - -<p>El cono de sombra es tan objetivo para esas formas -sutiles, como un chorro de agua ó una columna -de humo; pues siendo la luz el más poderoso -agente de eterización de la materia, donde -ella falta, es decir donde hay sombra, la materia -es más densa y puede servir de vehículo. Cuando<span class="pagenum"><a id="Page_271"></a>[Pg 271]</span> -se dice que la luz ahuyenta á los espectros, se expresa -una verdad más grande de lo que parece; y -cuando los “bárbaros” hacen ruido para producir -un efecto igual, por estar la luna oculta, echan -mano de un agente (el sonido) que según se ha -visto es una fuerza primordial, pues es la que -ordena los átomos en series armónicas. La luz y -la música, son enemigas de la muerte.</p> - -<p>Muchos errores había cometido el hombre, espíritu -puro sin conciencia, en sus engendros de la -animalidad, así como en los tanteos para adoptar -su propia forma; y de este modo, sobre el glutinoso -mar primitivo, iban formándose los monstruos -(fracasos) cuya descendencia estudia nuestra -paleontología.</p> - -<p>Sobre un coágulo de temblorosa albúmina, aparecía -de pronto un inmenso ojo azul; una pulida -mano, que al carecer de huesos<a id="FNanchor_45" href="#Footnote_45" class="fnanchor">[45]</a> era más tierna -aún, surgía de la antena de un molusco monstruoso; -peces con cara humana, copos de nácar -fluido en cuyo centro latían con intermitente fosforescencia -glándulas pineales; serpientes engendradas -por el simple movimiento de las olas co<span class="pagenum"><a id="Page_272"></a>[Pg 272]</span>loidales, -y aniquiladas de pronto en una multitud -de cabecitas de pájaro; membranas de colores esbozando -en su tornasol complicaciones intestinales -y vesículas natatorias...</p> - -<p>Los espíritus de la luna trajeron al hombre su -experiencia, es decir le dieron la percepción mental -que puso orden en aquella confusión; pero esto -no bastaba; requeríase aún la conciencia y la memoria -para que aquel espíritu tuviera responsabilidad, -ó sea para que se individualizara del todo, -aprendiendo á causar su propio destino.</p> - -<p>Entonces los espíritus solares se esparcieron por -el planeta.</p> - -<p>Iban á ayudar al hermano inferior en su obra, -que la simple ley evolucionaría habría llevado á -término; pero que por este acto, se adelantaba hacia -la perfección, economizando edades<a id="FNanchor_46" href="#Footnote_46" class="fnanchor">[46]</a>. Éste -era un deber (como lo es todo acto caritativo) -un deber de los espíritus solares; pero muchos -de ellos no quisieron llenarlo, por no descender -de su rango superior. Llegó un momento, sin -embargo, en que la ley evolucionaría los impelió -á cumplir como fatalidad lo que habían rehusado -<span class="pagenum"><a id="Page_273"></a>[Pg 273]</span>como deber<a id="FNanchor_47" href="#Footnote_47" class="fnanchor">[47]</a>; y entonces debieron encarnarse -en las mónadas que les tocaba animar; pero éstas, -mientras tanto, habían seguido cometiendo errores, -que refluyeron sobre los que habrían debido -impedirlos animándolas, y es así cómo esas mónadas -se encontraron retrasadas en su evolución.</p> - - -<p>Comprendiendo, entonces, que durante la vida -de este globo no pueden alcanzar la perfección de -los otros, continúan entregadas á la fatalidad, que -es la transgresión del deber, es decir <em>haciendo mal</em>. -El bien y el mal, las diferencias de calidad, de inteligencia, -etc., en los hombres, quedan así explicados -en carácter de fenómenos lógicos y productos -de la conciencia espiritual. Así es cómo, únicamente, -el mal no viene á ser una forma del bien, -según el conocido sofisma deísta; y cómo el dualismo -de Dios y de Satanás, no es tampoco un imperativo -categórico. Hay condenados por su culpa -(por no haber animado voluntariamente las mó<span class="pagenum"><a id="Page_274"></a>[Pg 274]</span>nadas) -pero su condenación no es eterna, sino respecto -al ciclo de evolución de este planeta. Los -que han preferido obrar como fuerza ciega, son las -víctimas de la fatalidad<a id="FNanchor_48" href="#Footnote_48" class="fnanchor">[48]</a>.</p> - -<p>Sólo falta por agregar ahora, que así como después -de reingresar en la energía absoluta, el universo -vuelve á ser materia, mundos y hombres -hacen lo propio en ciclos equivalentes á la duración -de sus vidas; y que de tal modo, la reencarnación -humana resulta una ley racional y necesaria<a id="FNanchor_49" href="#Footnote_49" class="fnanchor">[49]</a>. -Necesaria sobre todo, si á los actos de su -corta vida no han de corresponder, contra toda -razón y toda justicia, <em>eternidades</em> de gloria ó de -tormento. Una sola es la ley de la vida, lo mismo -para el insecto que para la estrella<a id="FNanchor_50" href="#Footnote_50" class="fnanchor">[50]</a>.</p> - -<div class="chapter"> -<div class="footnotes"> - -<p class="p2 center big2">NOTAS:</p> - -<div class="footnote"> -<p><a id="Footnote_41" href="#FNanchor_41" class="label">[41]</a> Porque el vegetal es un reino intermedio entre los -otros dos y participa de la naturaleza de ambos.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_42" href="#FNanchor_42" class="label">[42]</a> Esto explica por qué en el Génesis, Adán “da nombre” -ó lo que es igual especifica á los animales que ya -estaban creados por Dios; es decir que existían como meras -potencialidades sin objetividad alguna, en la mente del espíritu -director del planeta.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_43" href="#FNanchor_43" class="label">[43]</a> Ésta es la respuesta á los que objetan que ciertos insectos -viven también con su forma adquirida, desde remotas -edades geológicas, por más que ninguno alcance á -la antigüedad del hombre.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_44" href="#FNanchor_44" class="label">[44]</a> Usamos el término como una semejanza, y advirtiendo -que estas mónadas tienen la misma existencia incorpórea -de los átomos, ya descripta en otro lugar, siendo substancialmente -idénticas á los átomos minerales ó vegetales, -pero en otro estado de vida, según los antecedentes del ser -que las engendra.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_45" href="#FNanchor_45" class="label">[45]</a> No se olvide que el estado sólido no existía aún, y -téngase presente que aun después de existir, el fosfato de -cal un producto de los moluscos primitivos fué de los -últimos en aparecer.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_46" href="#FNanchor_46" class="label">[46]</a> Éste es el origen del mito de Prometeo, un numen -que roba fuego para los hombres. Cuando se sabe que -Prometeo viene <em>de pro-methis</em>, “premeditación”, el mito -resulta enteramente claro.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_47" href="#FNanchor_47" class="label">[47]</a> Cumplir un deber indicado por la razón, es adelantarse -á la ley fatal, activando la vida consciente, ó sea -produciendo un acto meritorio; pues siendo la razón un -ser superior al hombre, si bien encarnado en él—el espíritu -solar mismo—ella es realmente la guía del hombre. Así -se explica satisfactoriamente el bien y la superioridad en apariencia -paradógica de la razón humana, que, estando en -el hombre, es superior al hombre y da leyes á su existencia.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_48" href="#FNanchor_48" class="label">[48]</a> Éste es el concepto del pecado cuando se lo considera -individualmente. Pecado es ignorancia, es decir fuerza -ciega, según la propia definición teológica.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_49" href="#FNanchor_49" class="label">[49]</a> Conviene no olvidar que la razón de estos regresos -á la vida, está en la ley de causalidad puesta en acción por -el mismo ser que sufre sus consecuencias.</p></div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_50" href="#FNanchor_50" class="label">[50]</a> Repetimos que toda esta cosmogonía es sólo un esquema. -La evolución de las razas humanas, así como la explicación -detallada de las relaciones interplanetarias, excederían -de su objeto; pero algo me dice que he de volver á -encontrar un día las huellas de mi augusto revelador.</p></div></div> -</div> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_275"></a>[Pg 275]</span></p> - -<div class="chapter"> -<h3>EPÍLOGO</h3> -</div> - - -<p>Y mi extraño interlocutor calló durante una hora -cuyo silencio no me atreví á turbar.</p> - -<p>Sobre nuestras cabezas palpitaba de astros la inmensidad -transparente y obscura. Su antigüedad -formada por el transcurso de todos los tiempos, -era, no obstante, ligera como un aroma; su profundidad -estaba serena como un sueño en paz.</p> - -<p>En el silencio de aquella noche, ante la cordillera -ahí erguida como una presencia superior, tenía -realmente la elevación de una idea. Estrellas y -sombra, infinito y eternidad, componían para mi -mente en comunión con ellos, esa armonía del silencio -que presta alas al éxtasis.</p> - -<p>Pero semejante grandeza no me anonadaba. Era -grata por el contrario á mi pequeñez, y experimentaba -ante ella, como ante una madre, la dulce -seguridad de un niño desnudo.</p> - -<p>Los misterios cuya exposición había oído, eran -poca cosa ante aquél mucho más grande de todos<span class="pagenum"><a id="Page_276"></a>[Pg 276]</span> -los astros del firmamento, concentrando sus rayos -en mi pobre ojo humano, inconcebiblemente pequeño -ante el universo, y subordinados por la mísera -chispa de mi cerebro al imperio de una ley; -pues á través del frágil cristal de mi ojo, el universo -entero estaba en mí, y todos sus astros brillaban -en mí como si yo hubiera sido el infinito.</p> - -<p>Música de las esferas que el iniciado heleno concibió -en su sistema: ¿qué necesidad tenía de oirte -con mis orejas, si tu transporte comunicaba á mi -ser la beatitud inefable? Espectáculo de la bóveda -estrellada, siempre el mismo y nunca monótono -para el humano en meditación: ¿qué mérito mayor -podía atribuirte que el de consolar mis tristezas? -Condición humana, dulcemente grata en tu pequeñez, -puesto que á ella debes la dicha de adorar; -vida del hombre, preciosa en su fugacidad de soplo, -ya que ésta misma te acerca á la inmortalidad: -nunca como aquella noche comprendí vuestro destino, -uno con el infinito y siendo el infinito mismo, -á la manera del rayo solar que tamizado por el -más pequeño poro, lleva no obstante á la pupila la -sensación de todo el sol.</p> - -<p>Mi interlocutor hizo un movimiento como si -despertara, y alzando su mano señaló el cielo -del sur.</p> - -<p>Las nubes magallánicas rozaban el horizonte<span class="pagenum"><a id="Page_277"></a>[Pg 277]</span> -con sus lejanos tules, evocando recuerdos de navegación -y de noches antiguas.</p> - -<p>Eso, dijo el sabio, aquellas manchas negras, -sombra de la sombra, que la astronomía llama sacos -de carbón, son sitios de futuros universos, -abismos de pensamiento eterno donde reposa la -eterna vida.</p> - -<p>¿Qué fueron, qué son, qué serán? Un silencio -más hondo que la muerte, el silencio mismo del -no ser, guarda ese secreto. Los rayos de todos los -astros son impotentes para penetrar esa sombra -cuya existencia es tan real como la de la luz, puesto -que se destaca sobre la otra sombra que es -diminución de luz, siendo tinieblas existentes por -sí mismas.</p> - -<p>¿Cómo explica la ciencia la impenetrabilidad de -esas sombras al rayo estelar? No lo explica. ¿Qué -conjetura sobre su naturaleza? Nada conjetura. -Ante esos abismos donde piensa la eternidad y no -existe el tiempo; donde el sol más flamígero se -apagaría como un candil en una cueva; donde el -silencio mismo no existe, donde la extensión misma -no es concebible—el pavor de lo absoluto -paraliza aun al rayo de luz que la inmensidad no -detiene.</p> - -<p>Pero un día, cuando nuestro universo esté quizá -disuelto en una nubecilla atómica, el seno de<span class="pagenum"><a id="Page_278"></a>[Pg 278]</span> -esas tinieblas se estremecerá al impulso del rayo -inicial, y los abismos estelares volverán á transformarse -en soles. Quizá nosotros mismos seamos -los animadores de esa vida, y así como ahora -pensamos ideas, pensemos entonces espíritus vivientes.</p> - -<p>Pero nuestras ideas son también espíritus, espíritus -que aspiran á realizar, como los astros en el -cielo y las flores sobre la Tierra, no la sombría -<i lang="en" xml:lang="en">struggle for life</i> de la ciencia, sino la divina <i lang="en" xml:lang="en">struggle -for light</i> de los seres superiores...</p> - -<p>Su estatura parecía haber crecido hasta sobrepasar -la vecina montaña; no era ya más que -una larga niebla confundiéndose con la vía láctea -en el fondo del horizonte. Y fuese ilusión de mi -mente sobrexcitada, ó maravillosa realidad, es lo -cierto que sin darme cuenta del prodigio, estaba -viendo, desde hacía un rato, emblanquecer su rostro -entre las estrellas.</p> - -<p><span class="pagenum"><a id="Page_279"></a>[Pg 279]</span></p> -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LAS FUERZAS EXTRAÑAS ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United -States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. -</div> - -<div style='margin:0.83em 0; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE<br /> -<span style='font-size:smaller'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE<br /> -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</span> -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -To protect the Project Gutenberg™ mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase “Project -Gutenberg”), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg™ License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg™ electronic works -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -1.A. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. 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