summaryrefslogtreecommitdiff
diff options
context:
space:
mode:
-rw-r--r--.gitattributes4
-rw-r--r--LICENSE.txt11
-rw-r--r--README.md2
-rw-r--r--old/68015-0.txt3754
-rw-r--r--old/68015-0.zipbin76321 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/68015-h.zipbin629069 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/68015-h/68015-h.htm4387
-rw-r--r--old/68015-h/images/001.jpgbin156780 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/68015-h/images/002.jpgbin10376 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/68015-h/images/003.jpgbin48147 -> 0 bytes
-rw-r--r--old/68015-h/images/cover.jpgbin357098 -> 0 bytes
11 files changed, 17 insertions, 8141 deletions
diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes
new file mode 100644
index 0000000..d7b82bc
--- /dev/null
+++ b/.gitattributes
@@ -0,0 +1,4 @@
+*.txt text eol=lf
+*.htm text eol=lf
+*.html text eol=lf
+*.md text eol=lf
diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt
new file mode 100644
index 0000000..6312041
--- /dev/null
+++ b/LICENSE.txt
@@ -0,0 +1,11 @@
+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
+
+Procedures for determining public domain status are described in
+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
+
+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
diff --git a/README.md b/README.md
new file mode 100644
index 0000000..891c036
--- /dev/null
+++ b/README.md
@@ -0,0 +1,2 @@
+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
+eBook #68015 (https://www.gutenberg.org/ebooks/68015)
diff --git a/old/68015-0.txt b/old/68015-0.txt
deleted file mode 100644
index d3535b0..0000000
--- a/old/68015-0.txt
+++ /dev/null
@@ -1,3754 +0,0 @@
-The Project Gutenberg eBook of Amores, by Publio Ovidio Nasón
-
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
-www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you
-will have to check the laws of the country where you are located before
-using this eBook.
-
-Title: Amores
- elegías amatorias
-
-Author: Publio Ovidio Nasón
-
-Release Date: May 7, 2022 [eBook #68015]
-
-Language: Spanish
-
-Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading
- Team at https://www.pgdp.net (Biblioteca Nacional de
- España.)
-
-*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AMORES ***
-
-
-
-
-
- OVIDIO.
-
- LOS AMORES.
-
- [Illustration]
-
-
-
-
- AMORES.
-
- ELEGÍAS AMATORIAS
-
- DE
-
- OVIDIO,
-
- por primera vez publicadas en lengua castellana.
-
- _Traduccion hecha sobre el original latino por
- dos literatos valencianos._
-
- [Illustration]
-
- VALENCIA; 1878.
-
- LIBRERÍAS DE JUAN MARIANA Y SANZ, EDITOR,
- librero de la Universidad y Ayuntamiento,
-
- _Bajada de S. Francisco_,
- núm. 11.
-
- _Lonja de la Seda_,
- núm. 7.
-
-
-
-
- Esta obra es propiedad de su editor Sr. Mariana y Sanz, y todos los
- ejemplares llevarán su sello para los efectos de la Ley.
-
- [Illustration]
-
-
- Valencia 1878.--Imp. de M. Alufre, Quevedo, 17.
-
-
-
-
-EPÍGRAMA
-
-DE P. OVIDIO NASON,
-
-SOBRE SUS AMORES.
-
-
-Nosotros que éramos poco há en número de cinco libros, somos ahora solo
-tres: Ovidio, nuestro padre, así lo ha preferido. Si no experimentais
-gusto alguno al leernos, la disminucion de dos libros aliviará vuestro
-enfado.
-
-
-
-
-LOS TRADUCTORES.
-
-
-No hay español medianamente instruido, siquiera no posea la lengua
-del Lacio, que no conozca á Ovidio por sus célebres _Metamórfosis_,
-vertidas al castellano desde antiguo por Antonio Perez Sigler, Felipe
-Mey y otros; vulgar se ha hecho ya el conocimiento del mismo eminente
-poeta por su famoso _Arte de amar_, cuya última edicion española ha
-publicado recientemente el editor del presente libro; á quien registre
-nuestras bibliotecas no ha de ser difícil saborear en la propia lengua
-de Castilla la traduccion que D. Sebastian de Albarado tituló _Heroyda
-Ovidiana_ y hasta las _Epístolas amatorias_, causa, segun se dice, de
-la desgracia y destierro de su autor, que tiempo há fueron traducidas
-por Diego Megía; pero los AMORES, obra la más expontáneamente producida
-por el génio poético del voluptuoso Ovidio, los _Amores_, que reflejan
-fielmente la manera más íntima de ser y de pensar, no solo de su autor,
-sino de la juventud romana de su época; los _Amores_, que marcan el
-grado de la corrupcion de costumbres de la corte de Augusto, digna,
-por más de un concepto, de profundo estudio; esos _Amores_ son poco
-conocidos en el mundo literario, y jamás hasta ahora, que sepamos, han
-sido traducidos á la lengua castellana.
-
-¿Es menguado, acaso, el mérito de las elegías amorosas del autor de las
-Metamórfosis?
-
-De ningun modo: Ovidio habia nacido poeta; y á pesar suyo, á pesar
-de la promesa de no componer más versos, hecha á su padre al pedirle
-perdon, diciendo: «_Parce mihi, nunquam versificabo, pater!_», los
-versos, como el anterior, brotaban naturalmente de su mente, como
-el agua desbordada de manantial fecundo, hasta el punto de confesar
-él mismo: «_Quid quid tentabam scribere, versus erat._» Poeta por
-naturaleza, entre todos los géneros de poesía, el que mejor se adaptaba
-á su génio é inclinaciones, era sin duda el amoroso.
-
-En vano se propone escribir un poema en doce cantos, para celebrar al
-jigante de cien manos Gyges, hijo del cielo y de la tierra; su musa es
-el amor: «_hoc quoque jussit amor!_»
-
-Ahora bien; ¿dónde más en su centro pudo encontrarse el génio poético
-de Ovidio que al cantar sus propios amores?
-
-Corina, la bella Corina, semejante á Lais y á Semíramis, y principal
-objeto de las elegías amorosas de Ovidio, es á este poeta lo que Delia
-á Tibulo, lo que Lesbia á Catullo, lo que Cynthia á Propercio, lo
-que Lycoris á Galo, lo que Lydia, Gliceria, Cloris, Phyllida, Licia,
-Phillis, Neera, Tyndaris y Pyrrhe al voluble Horacio[1].
-
-Del mismo modo á Ovidio, que públicamente ama á Corina, tampoco le son
-indiferentes la camarera Cypassis, la peinadora Nape y otras que no
-nombra, pero que tambien le inspiran bellos versos como protectoras de
-sus intrigas amorosas, á cuya sombra se ocultan.
-
-Al desaparecer estos pasajeros amores, no queda en el pecho del poeta
-otro afecto más íntimo que el recuerdo de la amistad consagrado á su
-inolvidable compañero Tibulo, á cuya sentida muerte dedica una de sus
-más bellas elegías de este libro, en la que evoca los queridos nombres
-de Calvo, Catullo y Galo, cantores del amor, cuyos nombres figuran
-juntamente en el Eliseo.
-
-Solo otra de las elegías iguala tal vez á esta en fuerza de conviccion
-y de sentimiento, y es la XV del libro I, dirigida contra los
-detractores de la poesía.
-
-La poesía, la amistad, el amor, hé aquí la trilogia que comprende toda
-la vida de Ovidio; tales son la delicia, el consuelo y la necesidad
-de su alma. ¿Dónde, pues, ha podido reflejarse mejor esta, que en las
-elegías dedicadas á sus más íntimos afectos?
-
-Leyendo las _Metamórfosis_ se puede apreciar la erudicion mitológica,
-el ingénio para elegir, la facultad para poetizar de Ovidio; en _Arte
-de amar_ hace gala de su aptitud didáctica; pero para conocer á Ovidio
-como poeta y como hombre, es necesario leer sus _Amores_.
-
-Verdad es que nada tienen de honestos tales _Amores_, que no serian
-dignos de leerse, á no estar engalanados con toda la mágia de la poesía
-y de la originalidad. En efecto, los _Amores_ de Ovidio, que no tienen
-la tristeza de Tibulo, ni el buen humor y sencillez de Horacio; que
-están lejos de los arrebatos de Catulo, y aun más lejos del insulso
-platonismo de la mayor parte de los poetas eróticos, son la expresion
-del placer y de la voluptuosidad en toda su desnudez, pero presentada
-con el decoro del arte.
-
-Si es digna de condenarse á perecer esta clásica obra, cuya traduccion
-presentamos, no deben por igual razon quedar en pié las clásicas
-estátuas de Vénus, que tambien con toda su desnudez, pero con el
-decoro del arte, nos legó la antigüedad, como representacion de la
-voluptuosidad, del placer y de la belleza, si es que otra cosa no
-representa la infiel esposa de Vulcano y lasciva amante de Adónis.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[1] Ello, no obstante, dice de él el Sr. Alarcon en su discurso de
-recepcion por la Real Academia Española, que fué constantemente moral y
-muchas veces moralista en sus inmortales versos.
-
-
-
-
-LIBRO PRIMERO.
-
-
-
-
-ELEGIA PRIMERA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos.
-
-
-Las armas y las encarnizadas batallas me preparaba á cantar en forma
-heróica. Los versos eran todos de igual medida, pero dicen que se echó
-á reir Cupido y acortó un pié. ¿Quién, niño cruel, te ha dado tal
-derecho sobre la poesía? De las musas, y no tuyo, somos cortejo los
-vates. ¿Qué se diria si Vénus se cubriese con las armas de Minerva
-ó si esta atizase tu hacha para avivar su llama? ¿Quién hallaria
-conforme que Céres reinase en las frondosas selvas y la vírgen del
-Carcax presidiese el cultivo de los campos? ¿Apolo, el de los rubios
-cabellos, será armado de aguda lanza mientras que Marte hará vibrar
-las cuerdas de la lira Aonia? Demasiado grande y demasiado poderoso,
-¡oh muchacho! es tu imperio; ¿por qué aun quieres extenderlo más? ¿Es
-todo tuyo? ¿son tuyos el monte Helicon y el valle de Tempe? ¿Tambien ha
-de ser tuya la lira de Apolo? El primer verso principiaba rotundamente
-mi nuevo poema, cuando el Amor acorta repentinamente mi brio. Para
-inspirarme versos más ligeros, no tengo ni un jóven ó una jóven de
-blondos cabellos, que me den pié.
-
-Apenas me habia quejado, cuando desligando su carcax, sacó flechas
-destinadas á herirme y despues de tender fuertemente sobre la rodilla
-su flexible arco: «Recibe, dijo, oh vate, asunto que cantar.»--¡Infeliz
-de mí! el niño acertó la puntería. Me abrasó, y en mi pecho, hasta
-ahora vacío, reina el Amor. Comencé mi obra con seis piés y acabé con
-cinco. Adios, sangrientas guerras; adios, ritmo bélico. Ciñe tu rubia
-cabeza con el verde mirto, Musa mia, que no tienes que modular más que
-once piés en cada dos versos.
-
-
-
-
-ELEGIA SEGUNDA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Descríbese el triunfo del amor.
-
-
-¿Podrá haber quien me diga por qué me parece tan duro mi lecho, por
-qué mi cubrecama no puede permanecer sobre él, por qué esta tan larga
-noche ha pasado sin poder yo conciliar el sueño, y por qué, aun echado,
-me duelen todos los huesos? Comprendo que así sucediera, si algun amor
-viniese á tentarme. ¿Por dónde traidoramente se desliza y callado me
-hiere con sus artificios? Sí, eso es: agudas flechas han penetrado mi
-corazon, que fiero, el amor trata como pais conquistado. ¿Me daré por
-vencido, ó, luchando, daré pábulo á esta súbita llama? Cedamos: leve
-se hace la carga cuando se la sabe llevar. Crecen las llamas cuando se
-las combate soplando, y se extinguen cuando nadie las toca. Más golpes
-llevan los bueyes que repelen el yugo, que los habituados á llevarlo.
-El caballo indómito es duramente regido, y ménos siente el freno el
-que está pronto á marchar al combate. Así tambien el Amor apremia
-más cruelmente á los rebeldes que á los que se conforman á prestarle
-vasallaje.
-
-¡Yo lo confieso, soy tu nueva presa, Cupido! somos los vencidos que
-extendemos las manos ante tu poder. No hay necesidad de guerra; paz
-y perdon te imploramos. Pero no mereces alabanza en vencer con tus
-armas á un hombre inerme. Corónale de mirto, unce las palomas de tu
-madre; el mismo Marte te dará el carro que te conviene, y sobre ese
-carro, en medio de las aclamaciones del pueblo, te erigirás triunfador,
-y guiarás con arte las uncidas aves. Seguiránte jóvenes cautivos y
-cautivas niñas. Esta será la pompa de tu magnífico triunfo, y yo mismo,
-postrer víctima, estaré allí con mi reciente herida, y, esclavo sumiso,
-arrastraré mi nueva cadena. La Moralidad será conducida con las manos
-atadas tras la espalda, lo mismo que el Pudor y cuanto es obstáculo
-á las armas del Amor. Todos te temerán y, extendiendo hácia tí sus
-brazos, entonará el pueblo con grandes voces «¡Victoria!» Las caricias
-serán tus compañeras, y la ilusion y la locura tu inseparable escolta.
-Con este ejército somete los hombres y los dioses. Alegre tu Madre te
-aplaudirá triunfador, desde lo alto del Olimpo, y esparcirá rosas sobre
-tu frente. Tus alas y tus cabellos se adornarán con piedras preciosas,
-y resplandeciente como el oro, serás conducido por las doradas ruedas
-de tu carro. Tambien entonces, si mal no te conozco, inflamarás no
-pocos corazones; tambien entonces abrirás á tu paso muchas heridas. Tus
-flechas, aunque lo quisieras, no pueden estar quietas, tu férvida llama
-quema aun en medio del agua.
-
-Tal era Baco cuando triunfó del pais donde corre el Ganges: tú eres
-conducido por aves, él lo fué por tigres; así, pues, que forme yo
-parte de tu sacra comitiva; no quieras perder el derecho del vencedor.
-Contempla la feliz conquista de tu pariente César: con la misma mano
-con que los vence proteje á los vencidos.
-
-
-
-
-ELEGIA TERCERA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Se recomienda á su querida por las excelencias de la poesía, la pureza
-de sus costumbres y la fidelidad á toda prueba, que ofrece.
-
-
-Mi plegaria es justa: que la niña que há poco me han robado, ó me ame,
-ó haga por que le ame toda mi vida. ¡Ah, demasiado he ambicionado! que
-solamente me permita amarla. Ojalá Venus oyera mis súplicas. Acepta un
-amante que te servirá por largos años, acepta un amante que sabe amar
-con fidelidad eterna.
-
-Si no me recomiendan ilustres apellidos de antigua familia; si mi
-abuelo era solo un caballero particular, y si las tierras de mi casa
-no se remueven con innumerables arados y mis padres restringen mi
-escaso gasto, recomiéndenme no solamente Apolo y sus nueve compañeras
-y el inventor de la viña, sino tambien el Amor que me entrega á tí, y
-la fidelidad á que nadie me hará faltar; mis costumbres sin tacha, mi
-inocente sencillez, y mi rubicundo pudor. No me gustan todas: no soy
-burlador de Amores. Tú sola, si me correspondes con la misma fidelidad,
-serás siempre mi perene cuidado. Ojalá pase junto á tí los años que la
-Parca me deje, y muera con sentimiento tuyo.
-
-Dame feliz tema para mis versos y serán dignos de quien los inspira. A
-la poesía deben su celebridad la ninfa Io, asustada de sus cuernos; y
-aquella á quien el adúltero sedujo, trasformado en Cisne[2], y la que
-robada por un fingido toro se cogió á sus largos cuernos con virgínea
-mano[3]. Nosotros tambien seremos cantados por todo el mundo, y siempre
-citarán unidos tu nombre y el mio.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[2] Leda.
-
-[3] Europa.
-
-
-
-
-ELEGIA CUARTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Antes de cenar con su querida le indica las señas con que podrán
-manifestarse su mútuo amor á presencia del marido.
-
-
-Tu marido ha de cenar con nosotros; ¡así sea esta su última cena!
-¿mientras tanto solo contemplaré á mi amada como convidado? ¿El
-derecho de estar junto á ella será de otro? ¿Recostada con él darás
-nuevo calor á su seno? ¿Cuando guste, pasará su mano sobre tu cuello?
-No atiendas á la que tras el festin de su boda[4] puso en guerra á
-los deformes Centauros. Yo no habito las selvas, ni soy medio caballo
-como ellos, pero me parece que apenas podré contenerme. Aprende lo que
-tienes que hacer y no dejes que se lleven mis palabras ni el Euro ni el
-tibio Noto.
-
-Llega ántes que tu marido; no preveo aun así qué puede hacerse, pero vé
-primero. Cuando se acerque á la mesa, irás con aire modesto á ponerte
-á su lado; procurando el oculto contacto de nuestros piés. Observa lo
-que te indiquen mis señas y el lenguaje de mis ojos. Mira y devuelve
-del mismo modo las furtivas señas. Sin voz le hablarán mis cejas y
-leerás palabras trazadas con los dedos. Cuando te ocurra la idea de
-nuestros placeres, toca con el tierno índice tus sonrosadas mejillas.
-Si quieres darme alguna secreta queja, suspenda el extremo de tu oreja
-tu blanda mano. Cuando te plazca, sol mio, lo que yo haga ó diga, haz
-rodar tu sortija al rededor de tus dedos. Pon las manos sobre la mesa
-del modo como cuando suplicantes piden para tu marido todos los males
-que merece. Cuando él te escancie el vino, haz que se lo beba, y pide
-despues por lo bajo al criado que te sirva el que prefieras. Yo tomaré
-el primero la copa que tú dejes y beberé en ella por la misma parte
-por donde tú hayas bebido. Si por casualidad te ofrece el vino libado
-ántes por él, rehúsalo. No permitas que oprima tu cuello con indignas
-caricias, ni reposes tu cabeza sobre su rudo pecho; sobre todo,
-guárdate de darle besos. Si se los das, yo me declararé públicamente tu
-amante, diciendo «son mios;» y se los disputaré con mis manos.
-
-Estas caricias, sin embargo, las veré; pero las que me ocultará la
-cubierta de la mesa serán mi mayor tormento. No juntes, pues, ni tus
-piernas, ni tus rodillas á las de tu marido, ni roces con tu delicado
-pié, su pié grosero.
-
-Temo, infeliz, muchos males, porque muchos males hice, y me atormento
-con el temor de mi mismo ejemplo. Muchas veces mi querida y yo hemos
-estimulado bajo los vestidos que nos cubrian, el momento del dulce
-placer. Tú no harás eso; pero, para ahuyentar toda duda, desnuda tus
-espaldas del manto que las cubre. Ruega contínuamente á tu marido que
-beba, pero sin acompañar las súplicas con besos; y mientras beba,
-añádele furtivamente si puedes vino puro, y si se deja caer por efecto
-del sueño y del vino, nos aconsejarán el sitio y las circunstancias.
-
-Cuando te levantes y todos nos levantemos para irnos á casa, no olvides
-introducirte en medio de la comitiva; allí me encontrarás ó allí te
-encontraré, y entonces tienta de mí lo que puedas.
-
-¡Infeliz de mí! Te he enseñado lo que debe aprovechar para pocas horas,
-pues la noche manda separarme de mi compañera. Su marido se encerrará
-con ella toda la noche, y yo, bañado de lágrimas, no podré seguirle
-sino hasta la puerta. Le dará besos, despues se tomará algo más que
-besos, y le darás como un deber, lo que á mí me concedes furtivamente;
-pero no te prestes, esto te es posible, sino de mala gana y como á la
-fuerza. Callen las caricias, y séale Vénus avara. Si de algo sirven mis
-votos, él no hallará placer alguno; á lo menos tú no lo recibas de él.
-Por lo demás, cualesquiera que sean los sucesos esta noche, niégame
-mañana porfiadamente haberle concedido cosa alguna.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[4] Hippodamia
-
-
-
-
-ELEGÍA QUINTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Alégrase de haber poseido á su amiga.
-
-
-Hacia mucho calor; era el medio dia, y yo me recosté en la cama para
-descansar. Las ventanas estaban entreabiertas, dando paso á una media
-luz semejante á la que suelen dejar los árboles del bosque, ó á la
-que destella el crepúsculo cuando el sol se pone, ó bien la que se
-distingue cuando acaba la noche, pero aun no ha principiado el dia. Tal
-es la luz que ha de prepararse á las niñas vergonzosas, para que su
-tímido pudor pueda cohonestarse con la penumbra.
-
-Hé aquí que llega Corina, con la túnica recojida y con el cabello
-dividido sobre su blanco cuello, cual se dice iba al tálamo la hermosa
-Semíramis, ó como Lais se presentaba á sus numerosos amantes. Le
-separé la túnica, que por lo fino no perjudicaba gran cosa, pero
-luchaba por cubrirse con ella, y así luchando, como quien no quiere
-vencer, fué vencida sin gran pena.
-
-Cuando se descubrió ante mis ojos sin velo alguno, no apareció ni
-una imperfeccion en todo su cuerpo. ¡Qué hombros, qué brazos ví y
-toqué! ¡qué seno formado para las caricias! ¡Qué liso vientre bajo su
-preeminente pecho! ¡Qué esbelto talle! ¡Qué juvenil pierna! ¿Por qué
-descender á detalles? No he visto nada tan perfecto, y desnudo oprime
-su cuerpo con el mio. ¿Quién ignora lo demás? Fatigados, descansamos
-los dos. ¡Así pueda yo pasar á menudo las calurosas horas del medio dia!
-
-
-
-
-ELEGÍA SEXTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Imprecaciones contra el portero que rehusaba abrirle la puerta.
-
-
-Portero, indignamente cargado de hierros, abre, haciendo rodar los
-goznes la rebelde puerta. Poco es lo que te pido: entreábrela solo
-lo suficiente para que pueda yo pasar de lado. La prolongada pasion
-amorosa, ha extenuado mi cuerpo y ha puesto mis miembros á propósito
-para ello. El amor me enseña á insinuarme suavemente á los guardianes,
-y dirije, protegiéndolos, mis pasos.
-
-En otro tiempo, empero, yo temia la noche y sus vanos fantasmas, y me
-admiraba de que álguien se aventurase entre tinieblas. Se burló á mis
-oidos Cupido con su tierna madre, y díjome por lo bajo: «Tú tambien te
-volverás valiente.»
-
-La hora del amor ha llegado sin tardanza y no temo las sombras que
-vagan durante la noche, ni las manos dirigidas contra mi persona.
-No temo mas que tu lentitud; solo á tí te halago; tú tienes el rayo
-con que puedes perderme. Para que mejor lo veas quita estas crueles
-barreras, y mira cómo esa puerta está regada con mis lágrimas. Cuando
-desnudo estabas para recibir azotes, intercedí por tí ante tu señora.
-Así, pues, mis súplicas que entónces pudieron alcanzar gracia en favor
-tuyo, ¿no podrán ¡oh infamia! alcanzarla hoy en mi favor? Págame lo que
-me debes, hé aquí la ocasion de mostrarte agradecido, como deseas. La
-noche avanza: descorre los cerrojos. Hazlo, y ¡así seas libertado de la
-larga cadena y no bebas perpétuamente el agua de los esclavos!
-
-Duro como el hierro, no me oyes, portero, cuando te suplico, y la
-puerta de fuerte roble permanece cerrada. Que las cerradas puertas
-sirvan á las ciudades sitiadas; pero en medio de la paz, ¿por qué temes
-las armas? ¿Qué harás con un enemigo, si así resistes á un amante? La
-noche avanza; descorre los cerrojos.
-
-No vengo con armas y soldados, yo estaria solo si el cruel Amor no
-viniese conmigo. Aunque quiera, no puedo alejarle. Me acompañaria
-aunque me dividiese en dos. El Amor, un poco de vino que se me sube á
-la cabeza, una corona que se desprende de mis perfumados cabellos, es
-lo que llevo conmigo: ¿quién temerá tales armas? ¿quién no correrá á su
-encuentro? La noche avanza, descorre los cerrojos.
-
-¿Es tu inercia ó es el sueño, contrario del que ama, la causa de que
-sin que las atiendas se lleve el viento mis palabras? Pero yo me
-acuerdo que en otro tiempo cuando me queria ocultar de tí, te hallaba
-en pié y vigilando á media noche. Tal vez á estas horas duerme á tu
-lado tu compañera. ¡Ah, cuánto mejor es tu suerte que la mia! Así
-pasasen á ese precio á mis manos tus duras cadenas. La noche avanza,
-descorre los cerrojos.
-
-¿Me engaño? ¿no ha crujido la puerta sobre sus goznes, como en señal de
-que está franca la entrada? Me he engañado; el impetuoso viento habrá
-impulsado las puertas. ¡Ay de mí! ¡cuán lejos el viento se ha llevado
-mi esperanza! Por poco que te acuerdes, Borcas, del rapto de Oritia,
-llega aquí y con tu violencia derriba estas puertas, sordas á mi ruego.
-Todo calla en la ciudad, y humedecida con trasparente rocío avanza la
-noche: descorre los cerrojos, ó yo mismo, más activo que tú, fuerzo á
-hierro y á fuego, la puerta que se me niega.
-
-La noche, el Amor y el vino nada moderado me aconsejan. La noche no
-conoce el pudor, el Amor y el vino no conocen el miedo. Todo lo he
-probado; pero ni con súplicas, ni con amenazas te he podido mover,
-¡oh portero más sordo que tu misma puerta! Tú no sirves para guardar
-la casa de una hermosa jóven; eres más digno de estar guardando un
-calabozo. Ya el lucero de la mañana aparece en el horizonte y el gallo
-llama á los pobres al trabajo. Pero tú, corona arrancada á mi triste
-frente, queda por el resto de la noche sobre los duros umbrales; serás
-testimonio ante su señora, cuando mañana te vea por tierra, del tiempo
-tan lastimosamente perdido. «Adios;» á pesar de todo, «¡Adios!» Ojalá
-experimentes lo que siente su amante despedido. Y vosotras tambien,
-crueles puertas con inalterables goznes, «Adios;» y tú tambien, umbral
-cruel como tu guardian, «¡Adios!»
-
-
-
-
-ELEGIA SÉPTIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Contra sí mismo, por haberle pegado á su querida.
-
-
-Ata mis manos, merecedoras de cadenas, ahora que ha pasado la furia, si
-te _muestras_ amigo mio. El furor fué causa de que levantase contra mi
-señora mis temerarios brazos, y llora herida por mi mano. Era yo capaz
-entónces de maltratar á mis caros padres y de golpear á los santos
-dioses.
-
-¡Mas qué! ¿Ayax, dueño de un impenetrable escudo, no degolló rebaños
-á través de los campos? El desgraciado Orestes, que no pudo vengar á
-su padre sino con la sangre de su propia madre, ¿no armó sus manos
-contra las misteriosas deidades? ¡Yo, pues, he podido maltratar su
-peinado! Ni el desarreglo de sus cabellos la ha desfigurado, sino que
-aun así estaba hermosa. De tal modo la Scheneida, dicen que con el arco
-perseguia las fieras Menalias. De tal modo lloraba la hija del rey de
-Creta viendo á los raudos vientos llevarse á la vez las promesas y los
-bajeles del perjuro Theseo; de tal modo, sin la venda que ceñia sus
-cabellos, se tendió Calandra sobre el pavimento, casta Minerva, de tu
-templo.
-
-¿Quién no me hubiese tratado de demente? ¿quién no me hubiese llamado
-bárbaro? Ella nada dijo, paralizada su lengua por el pavoroso temor.
-Pero sin palabras, su rostro expresaba sus reproches, y, callando su
-boca, me acusaba con sus lágrimas como reo. Hubiera yo querido que mis
-brazos se hubieran desprendido de mis hombros. Mejor me hubiera sido
-carecer de alguna parte de mi cuerpo. Contra mí mismo se volvieron mis
-fuerzas y mi delirio, y fuí vigoroso para mi suplicio. ¿Qué tengo que
-ver con vosotros, ministros del asesinato y del crímen? Sufrid, manos
-sacrílegas, las merecidas cadenas. Si hubiese herido al último de los
-romanos, seria castigado; ¿tengo mayor derecho contra mi señora? El
-hijo de Tideo[5] ha dejado un afrentoso monumento de su maldad; fué el
-primero que pegó á una Diosa; yo he hecho otro tanto, pero aun fué él
-menos culpable, pues yo he maltratado á la que decia amarme y aquel fué
-cruel con su enemiga.
-
-Ve ahora, vencedor, á gozar de tu triunfo; ¡ciñe tu frente con el
-laurel de la victoria, cumple tus votos á Júpiter! Y la turba que
-seguirá tu carro, clame «Vítor al valiente vencedor de una niña!» Vaya
-delante tu pobre víctima, suelto el cabello, y blanca desde los piés á
-la cabeza, á no ser por las lesiones de sus mejillas.
-
-Más á propósito era su boca para marcarla con mis lábios y su cuello
-para tener la señal de un diente acariciador. En fin, si yo me
-desencadenaba como un torrente impetuoso y estaba ciego de coraje,
-¿no era bastante dar gritos á una tímida niña, sin amedrentarla con
-demasiado fuertes amenazas ó despojarla torpemente de su vestido hasta
-la cintura? Al menos hubiese osado no más contra la mitad de su cuerpo;
-pero despues le he arañado las mejillas, agarrándola por los cabellos.
-
-Quedó ella sin sentido con el rostro descolorido y blanco como el
-mármol de Páros. He visto sus nervios inanimados y sus miembros
-temblando como la hoja del álamo agitada por el viento, como la débil
-caña mecida por el blando céfiro, como la onda rizada por el Noto. Sus
-lágrimas, retenidas por mucho tiempo, corrieron sobre sus mejillas,
-como fluye el agua de la nieve que se deshiela. Entónces comencé á
-reconocerme culpable: las lágrimas que ella derramaba, eran mi propia
-sangre. Tres veces quise arrojarme suplicante á sus piés, y tres veces
-rechazó mis temidas manos.
-
-No lo dudes, la venganza disminuirá tu dolor: araña mi rostro con tus
-uñas, no perdones mis cabellos. La ira ayude tus débiles manos, ó por
-lo ménos, para borrar las tristes señales de mi crímen arregla y peina
-tus cabellos.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[5] Diómedes.
-
-
-
-
-ELEGIA OCTAVA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Contra una alcahueta que intentaba enseñar á la querida del poeta las
-artes de la prostitucion.
-
-
-Oiga, quien quiera conocer una alcahueta: hay cierta vieja Dipsas; su
-nombre lo toma de su oficio[6]; jamás vió en ayunas á la madre del
-negro Memnon[7], en su carro de púrpura. Conoce las artes mágicas y
-los versos de encantamientos, y con su poder hace volver hácia su
-orígen las rápidas aguas. Conoce bien la virtud de las yerbas, la del
-lino arrollado sobre el torno cabalístico y la del hipomanes. Cuando
-ella quiere, se llena el cielo de nubes; cuando ella quiere, brilla
-la luz del dia en el puro firmamento. Yo he visto, ¿lo creereis? las
-estrellas destilando sangre, y la faz de la luna estaba tambien
-ensangrentada.
-
-Sospecho que suele volar viva entre las sombras de la noche y cubrir
-con plumas su viejo cuerpo. Lo sospecho y así es fama: en sus ojos
-brilla una doble pupila de donde nace la luz más viva. Evoca á los
-antepasados, que yacen en los sepulcros, y al són de su plañidero
-canto, se abre el duro suelo. Se complace en profanar el casto tálamo,
-y no carece de elocuencia su corruptora lengua. La casualidad me hizo
-testigo de su enseñanza, á favor de una doble puerta que me ocultaba,
-mientras decia así: «¿Sabes, luz de mis ojos, que prendaste ayer á un
-rico jóven? Te vió y no cesó de fijar sus ojos en tu rostro. ¿Y á quién
-no has de gustar? No cedes en belleza á ninguna otra. Pero ¡ay de mí!
-faltan galas dignas de tan bellas formas. ¡Quisiera yo que fueses tan
-rica como hermosísima eres! No seré pobre cuando seas rica. Has tenido
-que sufrir la adversa estrella de Marte, pero Marte ha cesado y ahora
-Vénus te es favorable. Mira cómo te es propicia su llegada: un rico
-amante te quiere y desea saber qué es lo que te haga falta. Su cara no
-desdice de la tuya, y si no te quisiera comprar los suyos, habrias tú
-de comprarle tus encantos.»
-
-La jóven se sonrojó. «El pudor, continuó la vieja, sienta bien á las
-blancas mejillas; si lo finges, aprovecha; pero cuando tengas tus ojos
-con arte inclinados sobre tu seno, no mires á nadie sino á proporcion
-de lo que te ofrezca. Quizá, bajo el reinado de Tacio, las rudas
-Sabinas no hubiesen querido entregarse á muchos hombres. Ahora escita
-Marte los ánimos contra las armas extranjeras, y Vénus reina en la
-ciudad de su querido Eneas. Divertíos, hermosas jóvenes, solo es casta
-aquella á quien nadie solicita, y aun si su rusticidad no lo impide,
-ella misma busca. Desarruga el entrecejo; ¡cuántos crímenes se ocultan
-á menudo debajo de una arruga! Penélope probaba las fuerzas de los
-jóvenes con un arco, y para el que quiera saber más este arco era de
-cuerno. El tiempo vuela sin sentir y engaña la voluble edad, como se
-desliza el agua del rio, renovada incesantemente. El acero brilla con
-el uso: un buen trage quiere ser llevado. Los palacios deshabitados se
-arruinan bajo la yerba. La belleza, si nadie la regocija, envejece. Y
-no son bastantes uno ó dos amantes; ¡cuantos más, es más seguro y fácil
-el provecho! Los lobos viejos buscan su presa en un rebaño entero.
-Dime, ¿qué te dá ese tu poeta, fuera de nuevos versos? De tu amante
-muchos miles lees. El mismo dios de los poetas, cubierto con un manto
-recamado de oro, pulsa las cuerdas de una dorada lira. Quien te dé oro
-sea á tus ojos más grande que el grande Homero. Créeme, el dar es cosa
-ingeniosa. Ni desdeñes al redimido por merced; pues el tener el pié
-marcado con la señal de la esclavitud, no es un crímen; pero tampoco te
-dejes engatusar por rancios títulos de nobleza. Váyase con sus abuelos
-el amante pobre. ¿Qué? porque sea guapo, ¿querrá el otro pasar una
-noche sin pagar? Que busque antes el oro de su amigo.
-
-No seas demasiado exijente mientras tiendes las redes, por miedo
-de que te se escape la presa: una vez apresados, remátalos á tu
-antojo. Ningun efecto hace un amor fingido, deja creer que tu amante
-es amado, pero cuida de que este amor no sea cierto. Rehusa muchas
-veces pasar la noche juntos, finge para ello un dolor de cabeza ó la
-abstinencia que requieren los dias consagrados á Isis; pero recíbele
-á menudo para que no se habitúe á la privacion, ó que no se enfrie
-el amor frecuentemente rechazado. Sean tus puertas sordas al que
-ruega y blandas al que dá; oiga el amante recibido las palabras del
-desdeñado. Y no dejes nunca en cualquier desavenencia de quejarte como
-primeramente ofendida. Desvanece tus culpas con tus inculpaciones; pero
-no te abandones demasiado tiempo á la cólera: una cólera prolongada
-ha engendrado á menudo el odio.--Aprendan tambien tus ojos á derramar
-lágrimas forzadas, y á humedecer tus mejillas--y con tal de engañar á
-alguno, no temas ser perjura: Vénus hace que los Dioses sean sordos á
-las lágrimas de los ilusos. Toma á tu servicio un siervo y una criada
-hábiles que sepan indicar lo que se haya de comprar para tí, y para
-sí pidan cortos regalos. Si entre muchos, piden un poco á cada uno,
-de muchas migajas se hará grande monton. Y tu hermana y tu madre y tu
-ama de leche, hagan contribuir á tu amante. Pronto se hace buen botin
-cuando muchas manos ayudan á ello. Cuando te falte un pretesto, celebra
-tu cumpleaños.
-
-Cuida sobre todo de no dejar creer á tu amante que está seguro sin
-rival; sin la rivalidad, poco dura el amor. Vea sobre tu lecho indicios
-de otro poseedor de tu belleza, y marcado tu cuello con lascivas
-señales, y vea principalmente los regalos que otro te hubiese enviado.
-Si nada te lleva, háblale de las novedades que se venden en la Via
-sacra. Cuando le hayas sacado bastante, para que no todo sea dar,
-pídele prestado lo que nunca le habrás de volver. Ayude tu lengua á lo
-que se proponga tu mente; halágale para mejor perderle; el mortífero
-veneno se encubre con dulce miel. Si sigues mis lecciones, fruto de una
-larga experiencia, y no dejas que mis palabras se las lleve el viento,
-llegará dia en que me dirás «vive desahogadamente.» ¡Cuántas veces
-despues que yo muera pedirás al cielo que descansen en paz mis huesos!»
-
-Así decia, cuando me delató mi sombra. No sé cómo pude contener mis
-manos para no arrancarle su blanco y escaso pelo, sus ojos llorosos de
-vino, y sus rugosas mejillas. ¡Sin casa ni hogar, exclamé, dente los
-Dioses una miserable vejez, largos inviernos y perpétua sed!
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[6] Viene del griego y significa _tener sed_.
-
-[7] La Aurora.
-
-
-
-
-ELEGIA NOVENA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Gracioso paralelo entre la guerra y el amor.
-
-
-Todo amante es soldado, y Cupido tiene su campo: sí, Atico, créeme,
-todo amante es soldado.
-
-La edad que conviene para la guerra es la propia para Vénus. ¡Malhaya
-un soldado viejo! ¡Malhaya un amante anciano! La edad que quiere un
-general en un bravo soldado, es la que pide una jóven beldad en el
-poseedor de sus encantos. Uno y otro vigilan; ambos duermen en tierra;
-ambos hacen centinela: el uno á la puerta de casa su querida, el otro
-en la de su general.
-
-¡Cuánto camino tiene que hacer el soldado! El amante, cuando su
-querida está desterrada, la seguirá intrépido hasta el fin del mundo.
-Atravesará las montañas más altas y los rios más engruesados por
-las tempestades; cruzará las amontonadas nieves. ¿Conviene pasar
-los mares? No pretestará los vientos desencadenados; no buscará
-el tiempo propicio para la navegacion. ¿Qué otro que un soldado ó
-un amante despreciará la frescura de las noches y los torrentes de
-lluvia mezclados de nieve? El uno es enviado delante del enemigo como
-explorador; el otro tiene los ojos fijos en su rival, como en un
-enemigo. Aquel sitia las ciudades amenazadoras, este la casa de su
-inflexible dama: más ó menos grandes, ambos baten las puertas para irse
-á fondo.
-
-Se fué frecuentemente vencedor, por haber podido sorprender á un
-enemigo sumerjido en el sueño, y matar, espada en mano, á un ejército
-sin defensa. Así fueron degollados los bravos batallones del tracio
-Reso, quien se vió robar sus famosísimos caballos. Tambien con
-frecuencia los amantes saben aprovecharse del sueño de los maridos,
-y volver sus armas contra el enemigo. El cuidado de escapar á la
-vigilancia de los guardas y de los centinelas tiene siempre en suspenso
-al soldado y al amante.
-
-Marte es dudoso y Vénus nada tiene de asegurada: los vencidos se
-reaniman, y los que os parecen no poder ser derrotados, caen á su vez.
-Que se deje, pues, de llamar al amor la desidia: es menester un alma á
-toda prueba para amar.
-
-Aquiles arde por Brisada, arrebatada á su amor: mientras que su dolor
-os lo permita, Troyanos, quebrantad las fuerzas de la Grecia. De los
-abrazos de Andrómaca, Héctor corria á las armas: su esposa le cubria la
-cabeza con su casco. El primero de los jefes de la Grecia, el hijo de
-Atrea, á la vista de la hija de Priamo con los cabellos esparcidos á la
-manera de las bacantes, quedó, se dice, suspenso de admiracion. Pero él
-mismo fué preso en el lazo que habia forjado Vulcano: ninguna historia
-hizo tanto ruido en el cielo. Yo mismo estaba sosegado y nacido para no
-hacer nada: el lecho y el descanso habian ablandado mi alma. El cuidado
-de una jóven belleza puso término á mi apatía: ella me mandó hacer mis
-primeras armas á su servicio. Desde entonces, me veiais ágil y siempre
-ocupado en alguna expedicion nocturna. ¿Quereis no ser cobardes? Amad.
-
-
-
-
-ELEGÍA DÉCIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A una jóven para apartarla de la prostitucion.
-
-
-Como la princesa, que arrebatada en las orillas del Eurolas sobre
-los bajeles frigios, fué para sus dos esposos la causa de una tan
-larga guerra; y la bella Leda, que el diestro Júpiter, oculto bajo
-la engañosa apariencia de un cisne de blancas plumas, sedujo con
-menosprecio de himeneo; y Anémona corriendo con una urna sobre la
-cabeza, los campos estériles de la Argólida: tal eras tú á mis ojos.
-Temia para tí la metamórfosis del águila y del toro, y todas las
-astucias que sugiere el Amor al poder de Júpiter. Hoy dia, no temo
-nada; estoy fuera de mi error, y tu belleza no anubla mis ojos. ¿De
-qué proviene, pues, este cambio? me preguntas. Consiste en que tú la
-pones á precio: y vé ahí lo que hace que tú no sabrias gustarme. Cuanto
-más sencilla y sin arte fueras, tanto más amaria tu alma y tu cuerpo:
-hoy dia, la enfermedad de tu alma ha despojado tu cuerpo de todos sus
-encantos. El Amor es á la vez niño y desnudo. Si su edad es tan tierna,
-si no lleva ningun vestido, es por mostrarse en toda su sinceridad.
-¿Para qué querer que el hijo de Vénus nos haga pagar sus favores? No
-tiene ropa donde pueda guardar su precio. Ni Vénus, ni su hijo, son
-propios al duro manejo de las armas. ¿Conviene que los Dioses que no
-son hechos para la guerra reciban un sueldo?
-
-Una prostituta se vende, á tal precio, al primero que llega: entregando
-su cuerpo, es como adquiere miserables riquezas. Aun maldice la tiranía
-de su avaro corruptor, y lo que haceis de buen grado, ella no lo hace
-más que con desagrado.
-
-Tomad por modelos los animales desprovistos de razon: os abochornareis
-al ver que las bestias son más tratables que vosotras. La yegua nada
-exige al garañon, ni la vaquilla al toro; el carnero no tiene que pagar
-á la oveja que le gusta. Solo la mujer quiere engalanarse con los
-despojos del hombre; solo ella pone sus noches á precio, solo ella se
-dá en locacion. Vende un placer hecho para dos, un placer que ambos han
-buscado; y su tarifa está establecida por ella en razon de su goce.
-Cuando el amor debe tener el mismo hechizo para ambos, ¿qué razon para
-comprarlo el uno, para venderlo el otro? ¿Por qué perderé yo mientras
-que vos ganais, en un juego en que el hombre y la mujer van asociados?
-
-Los testigos no pueden, sin cometer un crímen, perjurarse por el
-dinero; sin cometer un crímen, el juez no puede tender la mano á la
-seduccion. Es una vergüenza para un abogado el vender sus palabras á
-un pobre; es una vergüenza para un tribunal el enriquecerse vendiendo
-la justicia; así como es una vergüenza para la mujer aumentar su
-patrimonio con las rentas de su cama, y prostituir sus gracias al que
-más ofrece. Se debe reconocimiento por un favor gratuito, nunca por
-la odiosa locacion de una cama. Una vez recibido el precio de vuestra
-mercancía, todo acabó, y el arrendatario no está obligado á más.
-
-Guardaos, bellas, de poner á precio el favor de una noche: una ganancia
-mal adquirida nunca aprovecha. ¿Qué valieron los brazaletes de los
-Sabinos á la jóven vestal que pereció aplastada bajo el peso de sus
-armas? Un hijo traspasó con su espada el vientre de que nació: un
-collar fué la causa de su crímen.
-
-No quiere decir esto que sea excusado exijir de un rico algunos
-presentes; tiene que satisfacer vuestras exijencias: rebuscad los
-racimos en las viñas ricas de uvas; cojed los frutos en los fecundos
-vergeles de Alcino. En cuanto al pobre, tomad en cuenta sus buenos
-oficios, sus cuidados, su fidelidad. Lo que se tiene, es todo lo
-que se puede dar al dueño. Mi riqueza, consiste en ilustrar con mis
-versos á las bellas que se hacen dignas. Aquello que me place llega
-á ser célebre, en gracia á mi arte. Se verá gastarse los vestidos, y
-desgastarse el oro y las piedras preciosas; pero la gloria que darán
-mis versos durará eternamente. Lo que me indigna y me subleva, no es el
-dar, es ver que se pide un salario. Lo que rehuso á tus solicitaciones,
-deja de quererlo, y lo tendrás.
-
-
-
-
-ELEGÍA ONCENA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina.
-
-
-¡Oh tú, tan hábil para reunir y disponer con arte los cabellos de
-tu dama, y que no te se debe colocar en la clase de los simples
-sirvientes, Nape, tú que, no menos hábil en concertar citas nocturnas
-que en llevar billetes amorosos, has decidido más de una vez á
-la indecisa Corina á venirme á encontrar! Oh tú, cuya fidelidad
-frecuentemente me ha sacado de embarazos; toma estas tablillas y
-entrégalas, esta mañana misma, á tu señora; que tu solicitud allane
-todos los obstáculos. Tú no tienes en el corazon la dureza del
-diamante, la inflexibilidad del hierro, y tu simplicidad no es más
-grande de lo que conviene: tú, además, verosímilmente, has sentido
-los dardos de Cupido; defiende, pues, para mí la bandera bajo la cual
-marchamos ambos. Si ella te pregunta cómo estoy, dile que la esperanza
-de obtener una noche me hace vivir; en cuanto á lo demás, mi amorosa
-mano lo ha confiado á esta cera.
-
-Mientras hablo, el tiempo vuela. Ve, escoje el momento en que estará
-sola para entregarle estas tablillas, pero haz de modo que las lea en
-seguida. Observa sus ojos y su frente mientras lea: su mirada muda
-puede enseñarte mi destino. Así que haya acabado, pídele una larga
-respuesta; nada me hace tanto daño como ver un grande espacio de cera
-sin llenar. Que estreche sus líneas; que mis ojos estén fijos por largo
-tiempo en su letra; que llene hasta las extremidades del márgen. ¿Pero
-qué necesidad tengo de que se fatigue en manejar el estilo? Que en la
-tableta se lea únicamente esta palabra «_Ven_,» y habré así cubierto de
-lauro mis tablillas victoriosas, y bien pronto las habré suspendido en
-el templo de Vénus con esta inscripcion: «A Vénus os consagra Ovidio,
-fieles instrumentos de su amor, vosotras que ahora mismo no érais más
-que un vil fragmento de árbol.»
-
-
-
-
-ELEGIA DUODECIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama.
-
-
-Llorad mi infortunio: mis tabletas han llegado, pero no contienen
-mas que esta tan triste palabra: ¡_Imposible_! Los presagios son algo
-efectivamente: al salir Nape ha tropezado con el pié en el umbral de la
-puerta. De hoy en adelante, cuando te se envíe á alguna parte, procura
-salir con más precaucion; y despues de parada, marchar con el pié
-levantado. ¡Lejos de mí, siniestras tabletas, madera lúgubre, y tú, cera
-maldita, que no me traes mas que una negativa! Extracto de la flor de
-la larga cicuta, tú no puedes ser mas que el resíduo de la miel impura
-de una abeja Córsica.
-
-Parecias deber tu brillo únicamente al bermellon y era la sangre á
-lo que debias tu color. Id á embarazar las encrucijadas, tabletas
-inútiles: que la rueda parada del primer trajinero os haga astillas.
-No, aquel que os desgajó del árbol, para puliros, no tenia las manos
-puras. Ese árbol mismo debió servir únicamente para colgar á algun
-infeliz, para suministrar al verdugo infames cruces; para dar lúgubre
-sombra al buho graznador, y para sostener sobre sus ramas los huevos
-del buitre y del osifraga. ¡Y á esta madera he tenido la locura de
-confiar los secretos de mi amor! ¡Á ella he encargado llevar á mi dueña
-las palabras más tiernas! A esa cera convenia mucho mejor la insípida
-asignacion que despacha el juez en tono feroz; era mucho más propia
-para servir de diario al avaro, quien no habria consignado mas que
-llorando los gastos hechos con pena. Tabletas engañosas, no sin razon
-se os llama dobles; tampoco este número era de buen agüero. ¿Qué puedo
-desear para vosotras en mi cólera? Que el tiempo os inme y os roa,
-y que la cera que os cubre se enmohezca y sea manchada por un robin
-inmundo.
-
-
-
-
-ELEGÍA DÉCIMO TERCIA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A la Aurora, para que no acelere demasiado su marcha.
-
-
-Ya aparece sobre el Océano, al salir de los brazos de su anciano
-marido, la blonda diosa, cuyo carro resplandeciente conduce el dia.
-¿A dónde corres, bella Aurora? detente; y que á este precio un combate
-solemne sea, cada año, ofrecido por las aves á los manes de Memnon.
-Vé ahí el momento en que deseo quedar en los brazos cariñosos de mi
-dueña; vé ahí el momento, mejor que nunca, de estrechar amorosamente su
-cuerpo contra el mio; vé ahí el momento en que el sueño es dulce y el
-aire fresco, en que la garganta flexible de las aves, deja oir sonidos
-melodiosos. ¿A dónde vas contra los votos de los amantes, contra los
-votos de las bellas? Acorta con tu radiosa mano, las riendas húmedas de
-tus corceles.
-
-Antes de que asomes, el piloto observa mejor los astros y no vaga á
-la aventura en medio de los mares. Cuando apareces, por fatigado que
-esté, el viajero se levanta, y el soldado empuña sus armas belicosas.
-Eres la primera en ver al trabajador cargado de la azada; la primera en
-llamar bajo su yugo al pesado buey. Tú arrancas á los niños al sueño,
-y los entregas al pedagogo, para que sus delicadas manos se ofrezcan
-á la cruel férula. Tú tambien traes la caucion delante el tribunal,
-donde va á pesar sobre ella la responsabilidad de una sola palabra.
-Tan importuno para el abogado como para el juez, les obligas cada dia á
-levantarse para nuevos procesos. Eres tú aun quien, cuando las mujeres
-podrian saborear las dulzuras del descanso, las llamas á hilar la lana
-con sus manos laboriosas.
-
-Pasaria por alto lo demás; pero ¿quién sino el que no tenga ninguna,
-sufrirá que las bellas se levanten tan de mañana? ¡Cuántas veces he
-deseado que la noche no quisiera hacerte lugar, y que los astros
-fugitivos no se cubriesen delante de tí! ¡cuántas veces he deseado que
-el viento volcara tu carro, ó que uno de tus caballos cayera atascado
-en la espesura de una nube! ¡Cruel! ¿A dónde corres? Si has tenido un
-hijo cuya piel era negra, debió este color al del corazon de su madre.
-
-¡Qué! si se hubiese abrasado menos de amor por Céfalo, ¿crée que su
-culpable pasion nos seria desconocida? Yo quisiera que Tithon pudiese
-libremente hablar de tí: jamás nadie hubiera oido en los cielos la
-historia de tan vergonzosos amores. Tú huyes de tu viejo esposo, porque
-la edad le ha helado, y te apresuras á montar sobre un carro que él
-detesta. Pero si tú tuvieras amorosamente en tus brazos algun Céfalo,
-se te oiria gritar: caminad lentamente, corceles de la noche.
-
-¿Si tu esposo siente el frio de su perdurable edad, debo yo pagarlo?
-¿Soy yo quien te ha unido á un viejo? Vé cuántas horas de sueño la Luna
-otorga á su jóven amante; y su belleza no es menor á la tuya. El padre
-mismo de los dioses, para no verte con tanta frecuencia, de dos noches
-no hace mas que una, á fin de dar un más libre campo al amor.
-
-Habia terminado estos reproches, y, como si ella me hubiese oido, su
-frente se enrojecia, sin que no obstante el dia apareciera más tarde
-que de costumbre.
-
-
-
-
-ELEGIA DECIMACUARTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A una muchacha vuelta calva de repente.
-
-
-Bien te lo decia yo: «Deja de teñir tus cabellos.» Hoy dia no tienes
-cabellera que teñir. No obstante, si tú lo hubieras querido, ¡qué habia
-más hermoso que tus cabellos! Descendian hasta tus rodillas. Tal era
-su finura que temias peinarles. No era más fino el tejido de que se
-cubren los Tártaros de atezado color; no es más fino el hilo que, con
-su delicado pié, desarrolla la araña, suspendida en la viga solitaria,
-para tramar allí su desliada tela. Sin embargo, su color no era el del
-ébano, no era tampoco el del oro: era una mezcla de ambos. Tal es, en
-los delicados valles del monte Ida, el color del alto cedro despojado
-de su corteza.
-
-Tal era tambien su flexibilidad, que se prestaban á mil colocaciones,
-sin causarte jamás el menor dolor. Jamás la punta de la aguja, jamás el
-diente del peine los partió, jamás tu peinadora tuvo nada que temer.
-Muchas veces he asistido á su tocador, y jamás tomó la _aguja para
-pincharle los brazos_. Más de una vez tambien, por la mañana, con sus
-cabellos aun desordenados, quedó hasta medio dia acostada en su cama
-de púrpura, y su descuido no carecia de gracia: se la hubiese tomado
-entónces por una bacante de la Tracia, muellemente recostada sobre el
-verde césped para reparar sus fatigas.
-
-Aunque sus cabellos fueran tan flexibles como el vello, ¡cuántas veces,
-ay fueran puestos en tortura! ¡cuántas veces sufrieron pacientemente
-el hierro y el fuego, para sujetarse en torneadas trenzas! «Un crímen
-es, exclamaba yo, sí, es un crímen quemar estos cabellos: ellos mismos
-se arreglan con gracia: ¡cruel, conserva tu cabeza! Lejos de tí esa
-violencia: no son cabellos para quemar: muestran ellos mismos su sitio
-á la aguja.»
-
-Ya no existe aquella bella cabellera de que Apolo y Baco hubieran
-estado celosos, aquella cabellera comparable á la que Dione, saliendo
-desnuda de la espuma de las olas, sostenia con sus húmedas manos.
-
-¿Por qué, si no te gustaban, deplorar la pérdida de tus cabellos?
-Insensata, ¿por qué con mano enojada rechazas el espejo? tus ojos no
-se fijan en él tan á gusto como otras veces: para gustar aun, tienes
-necesidad de olvidar lo que eras.
-
-Su caida no es debida á las yerbas encantadas de una enemiga, ni al
-agua sacada de las fuentes de Hemonia por un pérfido hechicero. No es
-efecto tampoco de una enfermedad grave (de que el cielo te preserve),
-ni de los celos de una rival, envidiosa de su hermosura. No, la falta
-está en tí; á tu propia mano debes la pérdida que te desola, tú misma
-derramabas el veneno sobre tu cabeza. Entretanto la Germanía te
-enviará cabellos de esclavos: una nacion vencida se encargará de tu
-compostura. ¡Cuántas veces, cuando oirás alabar la belleza de tus
-cabellos, te dirás abochornada: «Hoy dia es un adorno comprado que me
-hace parecer bella; no sé que Sicambro se admira en mí. Y sin embargo,
-recuerdo hubo un tiempo en que estos homenajes no se dirigian mas que á
-mí misma!»
-
-¡Infeliz! ¿qué he dicho? Apenas puede contener sus lágrimas; con sus
-manos oculta su frente, y el rubor ha pintado sus mejillas hechiceras.
-Tiene el valor de contemplar sobre sus rodillas los cabellos que no
-eran hechos para hallarse en este puesto. Calma la perturbacion de tu
-corazon y de tu mirada: el mal no es irreparable: presto embellecerás
-aun, con tu primera cabellera.
-
-
-
-
-ELEGIA DECIMAQUINTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Contra los adversarios de la poesía.
-
-
-¿Por qué me acusas, maldiciente Envidia, de consumir mis años sin hacer
-nada? ¿por qué llamas á mis versos la obra de un perezoso? ¿por qué
-reprocharme de no seguir las huellas de nuestros antepasados, de no
-aprovechar las fuerzas de mi edad para cojer los laureles empolvados
-del dios de la guerra; de no estudiar la prosa de nuestras leyes, de no
-prostituir mi palabra en las luchas fastidiosas del foro? Estas obras
-que alabas, son perecederas; aspiro á una gloria inmortal, á fin de ser
-celebrado siempre y en todos lugares.
-
-El cantor de Meonia vivirá mientras subsistan Tenedos é Ida, mientras
-lleve el Simois al mar sus veloces aguas. Vivirá tambien el poeta de
-Ascra, mientras la uva granará en la viña, mientras los dones de Céres
-caerán bajo el cortante de la hoz. Siempre hablará el mundo entero
-del hijo de Batto, aunque en este poeta el arte domine al génio. El
-coturno de Sófocles no se usará, pero vivirá Arato tanto como el sol
-y la luna. Tanto como la falacia caracterizará al esclavo; tanto como
-el padre será severo, la alcahueta pérfida, la cortesana cariñosa,
-vivirá Menandro. Ennio, que no conoció el arte; Accio, cuyos acentos
-eran tan varoniles, tienen un nombre que el tiempo no destruirá. ¿Qué
-siglo no conocerá á Varron, y el primer marinero, y el Vellocino de oro
-conquistado por un jefe ausonio? Los versos del sublime Lucrecio, no
-perecerán, sino el dia en que el mundo perezca. Títyro y los segadores,
-Eneas y sus combates serán leidos, en tanto que Roma sea la reina del
-mundo que ha conquistado. Mientras el arco y el fuego sean las armas
-del Amor, se aprenderán tus cantos melodiosos, elegante Tibulo. Galo
-será conocido por los pueblos de Occidente; Galo será conocido por los
-pueblos de Oriente; en todas partes, con Galo, será conocida su querida
-Lycoris.
-
-Así, aunque el tiempo mine los peñascos, aunque destroce el diente
-de la dura esteva, los versos escapan á la muerte. ¡El cetro con sus
-conquistas, cedan, pues, el paso á la poesía! ¡Cédanselo tambien, las
-riberas afortunadas del Tajo, que arrastra el oro con sus aguas!
-
-En buen hora que el vulgo se entusiasme por cosas de poco más ó menos:
-yo lo que pido es que Apolo me vacie á copa llena el agua de Castalia;
-que el mirto que teme el frio orne mi cabeza, y que mis versos no dejen
-de ser leidos por el agitado amante. Viviendo, se sirve de pasto á la
-Envidia; muerto, se disfruta del reposo á la sombra de la gloria que se
-ha merecido. Cuando la pira fúnebre me habrá consumido, viviré, y la
-mejor parte de mí mismo habrá triunfado de la muerte.
-
-
-
-
-LIBRO SEGUNDO.
-
-
-
-
-ELEGIA PRIMERA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Por qué en lugar de la Gigantomaquia que tenia comenzada, canta sus
-Amores.
-
-
-Vé ahí aun una obra de Ovidio, nacido en la húmeda comarca de los
-Sabinos, de Ovidio, el cantor de sus propios devaneos. El Amor es
-aun quien lo ha querido. ¡Lejos de aquí, sí, lejos de aquí bellezas
-demasiado severas! no sois el auditorio que necesita para sus tiernos
-acentos. No quiero para lectores más que á la vírgen que se inflama á
-la vista de su prometido, y el novicio adolescente tocado del primer
-amor. Quiero que el jóven Romano, herido por el mismo arco que yo,
-reconozca en mis versos la imágen del fuego que le quema, y que despues
-de un largo aturdimiento exclame: «¿Cómo, pues, este poeta ha sabido el
-secreto de mis amores?»
-
-Yo habia osado, me acuerdo, celebrar las guerras de los cielos y el
-jigante de cien manos; y no es la fuerza lo que me hubiera faltado.
-Iba á borrar la funesta venganza de la Tierra, y la caida del Pelion
-rodando con la Ossa desde lo alto del Olimpo donde estaban amontonados.
-Yo tenia en mis manos las nubes, Júpiter y su rayo, con el cual no
-hubiese dejado de defender su imperio. Mi dueño me cerró su puerta:
-inmediatamente dejé allí á Júpiter con su rayo; sí, el mismo Júpiter
-salió de mi espíritu. ¡Perdon, Júpiter! para nada me sirven tus flechas;
-esta puerta cerrada podia más sobre mí, que tu rayo. Vuelvo á mis
-burlas, á mis lijeras elegías; estas son mis únicas armas: la dulzura
-de mis cantos ablandó bien pronto la dureza de las puertas.
-
-Los versos hacen descender hácia nosotros el disco ensangrentado de
-la Luna: ellos páran, en medio de su curso, los blancos corceles del
-Sol. Los versos arrancan á la serpiente su dardo emponzoñado; hacen
-remontar las aguas hácia su orígen. Los versos han hecho caer puertas;
-han forzado la cerradura, por bien clavada que estuviese sobre un
-grueso roble. ¿Qué hubiese yo ganado en cantar al impetuoso Aquiles?
-¿Qué hubieran hecho por mí los dos hijos de Atrida, y este rey á quien
-la guerra ocupó diez años, y que diez años vagó en la ventura, y ese
-Héctor, inhumanamente arrastrado por los corceles de un príncipe de
-Hemonia? Pero yo he cantado apenas la belleza de una tierna jóven
-cuando ella misma viene al encuentro del poeta para sus versos. Es una
-gran recompensa. ¡Adios, pues, héroes de nombres ilustres! vuestros
-favores no son los que yo ambiciono. Hermosas niñas, fijad, echad una
-dulce mirada sobre los versos que me dicta el purpúreo Amor.
-
-
-
-
-ELEGIA SEGUNDA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Al eunuco Bagoas, para que le procure fácil acceso junto á la belleza
-confiada á su guarda.
-
-
-Oh tú, á quien está confiado el cuidado de guardar á tu señora,
-escucha, Bagoas, no tengo más que dos palabras que decirte, pero estas
-dos palabras son importantes. Ayer la ví pasear bajo el pórtico de las
-hijas de Dánae. Luego, prendado de sus gracias, le dirigí por escrito
-una súplica. A su vez, ella me escribió con mano trémula: _Imposible_.
-¿Y por qué, _imposible_? le pregunté. Ella me respondió que tu
-vigilancia era muy severa.
-
-Si quieres ser cuerdo créeme, guardian importuno, deja de merecer el
-odio; hacerse temer, es hacerse desear la muerte. Su marido mismo
-es un loco: ¿por qué tanto atormentar en defender un bien que,
-para quedar intacto, no necesita vigilancia? Le es permitido, sin
-duda, dejarse llevar furioso por los transportes de su amor; le es
-permitido creer casta á una mujer que gusta á todo el mundo. Por tu
-bien déjala en secreto un poco de libertad: la que tú la darás sabrá
-bien agradecértela. Consiente en que exista con ella complicidad,
-y la señora esté bajo las leyes de su esclavo. ¡Esta complicidad te
-horroriza! ya tú puedes cerrar los ojos. ¿Lee ella un billete aparte?
-supón que lo recibe de su madre. ¿Llega á ella un desconocido? Tómale
-por un antiguo amigo. ¿Vá á ver á una amiga enferma que no lo está?
-Figúrate que lo está en efecto. ¿Tarda en volver? Para no aburrirte
-en esperar puedes apoyar tu cabeza sobre tus rodillas y roncar á tu
-contento. No he de inquirir lo que puede hacer en el templo de Isis, lo
-que pueda pasar en los teatros.
-
-Un cómplice discreto obtendrá siempre honores, y por tanto ¿qué hay
-menos difícil que callarse? Entonces es amado, gobierna toda la casa;
-no tiene que temer las entrevistas; para él omnipotencia; para los
-otros, vil rebaño, la servidumbre. Por ocultar á un marido la verdad,
-le embauca con quimeras, y, dueños ambos, encuentran bueno lo que no
-habia de gustar mas que á la mujer. De un marido, por más que frunza la
-ceja, por más que arrugue la frente, obtiene lo que quiere una mujer
-cariñosa. Pero es menester que de tiempo en tiempo te busque querella,
-que vierta lágrimas fingidas, que te trate de verdugo. Tú, entónces,
-suponle faltas de que pueda con facilidad justificarse: acusándole
-falsamente, alucina á su marido sobre la verdad. A este precio los
-honores, á este precio los escudos lloverán sobre tí. Obra de esta
-suerte, y al instante obtendrás tu libertad.
-
-Ves á los delatores con el cuello cargado de estrechas cadenas; ves á
-los hombres de pérfido corazon encerrados en oscuros calabozos. Tántalo
-busca el agua entre aguas y coje los fugaces frutos: el agua y el fruto
-escapan á sus lábios: vé ahí lo que le ha valido su indiscrecion. Por
-haber seguido demasiado severamente las órdenes de Juno, el guardian de
-Io perece en la flor de la edad, Io es una diosa.
-
-He visto cargar de hierro, que le magullaban las piernas, á un
-indiscreto que habia revelado á un marido los amores incestuosos de su
-mujer. Merecia un castigo más severo: porque su lengua ruin habia hecho
-dos víctimas: sumergia al marido en el dolor, y ajaba el honor de la
-esposa.
-
-Créeme: no es el marido quien quiere semejantes acusaciones; puede
-oirlas, pero nunca con placer. Si es indiferente, su indiferencia hace
-inútil vuestra delacion; si ama, os debe su infelicidad. Por otra
-parte, por evidente que sea la falta de una mujer, no es fácil de
-probar: tiene en su pro la indulgencia de su juez. Aunque él mismo lo
-hubiese visto todo, admitirá la negativa, acusará á sus propios ojos,
-se atormentará á sí mismo. Cuando vea á su mujer llorar, llorará con
-ella, diciendo: «¡Este maldito hablador me lo pagará caro!» ¡Es desigual
-la lucha en que te empeñas! Vencido, pasas por azotes, mientras que la
-bella reposa sobre las rodillas de su juez.
-
-No queremos un crímen: no deseamos vernos para componer bebidas
-emponzoñadas: en nuestras manos no brilla una espada amenazadora. Lo
-que pedimos es que por tu mediacion nos podamos amar sin peligro.
-
-¿Hay ruego más inocente?
-
-
-
-
-ELEGIA TERCERA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Al mismo, que se mostraba inflexible.
-
-
-¡Ay de mí! pues guardas mi señora, tú que no eres ni hombre, ni mujer,
-tú que no puedes conocer los placeres que saborean juntamente dos
-amantes! El que primero mutiló vergonzosamente la infancia, merecia
-sufrir á su vez el mismo suplicio. Serias más complaciente, más
-sensible á mis ruegos, si hubieras amado á alguna mujer. No estás hecho
-para montar á caballo, para llevar las pesadas armas, para cargar tu
-mano con la belicosa lanza. Es menester ser hombre para esto; tú,
-renuncia á todo acto viril. No sigo otras banderas que las de tu
-señora. A ella es á quien debes servir; aprovecha sus buenas gracias.
-Si tú la pierdes, ¿para qué servirias? Su figura, su edad, invitan al
-placer: su belleza no debe marchitarse y perecer en perezoso abandono.
-Por severo que parezcas, ella no necesita mucho para engañarte. Lo que
-han resuelto dos amantes, jamás deja de tener efecto: pero como es más
-fácil valerse de los ruegos, te dirigimos los nuestros, mientras aun
-tienes tiempo de complacernos.
-
-
-
-
-ELEGIA CUARTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le
-agradan.
-
-
-No pretendo justificar el relajamiento de mis costumbres, ni recurrir
-jamás á pretextos engañosos para excusar mis desvaríos. Confieso mis
-faltas por si tal declaracion puede ser útil para algo. Ahora que me
-reconozco culpable, quiero revelar todas mis locuras. Reniego de mis
-errores, y no puedo dejar de complacerme en los errores que maldigo.
-¡Oh! ¡Cuán pesado es de llevar el yugo que se querria sacudir! Yo no
-tengo ni la fuerza ni el poder de domar mis pasiones: ellas me atraen,
-como las rápidas olas llevan la lijera barca.
-
-No es tal ó cual belleza la que me inflama: cien motivos me obligan
-á amar siempre. Si alguna tiene sus ojos modestamente inclinados,
-mi corazon se enciende, y su pudor es el cepo en que caigo. Si es
-incitativa, me dejo apresar porque no es novicia, y porque promete
-ser viva y eficaz sobre un mullido lecho. Si veo una cuyo aire arisco
-recuerda la severidad de las Sabinas, me figuro que tiene deseos, pero
-que sabe disimularlos. ¿Eres sábia? me gustas por tus raros talentos:
-¿eres ignorante? me gusta tu simplicidad. Esta halla los versos de
-Calímaco sin gracia en comparacion á los mios; lo agradezco y me
-gusta al momento: aquella criticando mis versos, me disputa el título
-de poeta; á pesar de sus críticas quisiera tocarla de cerca. Esta
-marcha muellemente, su suavidad me encanta: aquella, pesadamente; la
-aproximidad de un amante le prestará tal vez agilidad. La una canta con
-gracia, y su garganta flexible exhala los acentos más melodiosos; yo
-quisiera robar un beso á su boca medio abierta; la otra recorre con un
-dedo lijero las temblorosas cuerdas de su lira: ¿quién podria dejar de
-amar manos tan diestras? Esta otra, en fin, me seduce por su danza: amo
-al ver sus lascivas posiciones, el movimiento cadencioso de sus brazos,
-su destreza en responder al compás por el contoneo de todo su cuerpo.
-No hablemos de mí, que todo me inflamo: colocad á Hipólito delante de
-ella; se volvería un Priapo. Tú que eres alta no cedes á las heroinas
-de la antigüedad, y tienes tu puesto á lo largo del lecho. Tú que eres
-baja sabes gustarme tambien. Ambas me arrebatan; la grande y la pequeña
-me convienen igualmente. ¿Esta está sin adorno? pienso en lo que la
-compostura podria aumentar sus encantos; ¿aquella está engalanada?
-brilla con todos sus atractivos. Soy esclavo de la rubia y de la
-morena, que tambien es agradable Vénus bajo atezado color. ¿Flotan
-negros cabellos sobre un cuello de nieve? La belleza de Leda consistia
-en su negra cabellera. ¿Veo blondos cabellos? Una cabellera dorada hace
-la belleza de la Aurora. En todas partes la historia me ayuda para
-justificar mi amor. La juventud me encanta, la madurez me seduce: la
-una tiene en su favor la belleza del cuerpo, la otra su espíritu. En
-una palabra, de todas las bellas que se admiran en Roma, no hay una que
-no le apetezca á mi amor.
-
-
-
-
-ELEGIA QUINTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Dirije reproches á su señora, quien, á su vista, mientras fingía
-dormir, habia dado á otro convidado señales inequívocas de su amor.
-
-
-¡Cupido; huye con tu carcax! el Amor no tiene bastante precio, para
-que yo invoque tan frecuentemente la muerte. Sí, yo invoco la muerte
-cuando sueño en tu perfidia, ingrata belleza, nacida para mi eterna
-desgracia. No son tus tablitas mal borradas las que me descubren tu
-conducta: no son los presentes recibidos furtivamente los que revelan
-tu crímen. Quieran los dioses que acusándote yo, no pueda convencerte.
-¡Infeliz de mí! ¿por qué mi causa es tan buena? Dichoso el amante que
-puede defender valientemente lo que él ama, y á quien su señora puede
-decir: «¡Yo no soy culpable!» Tiene un corazon de hierro y se abandona
-demasiado á su ira, aquel que quiere adquirir un laurel ensangrentado
-por la condenacion de una pérfida.
-
-Desgraciadamente lo he visto todo, cuando tú me creias dormido. Sí,
-he visto por mis ojos, que el vapor del vino no perturbaba, he visto
-vuestra traicion. Os he visto entenderos por el movimiento de vuestras
-cejas: vuestros signos de cabeza, lenguaje bastante claro, eran como
-palabras. Tus ojos no fueron mudos: se trazaron letras con el vino
-sobre la mesa: tus propios dedos no estaban sin hablar su lenguaje.
-A pesar de todos vuestros esfuerzos para ocultarle, he penetrado el
-sentido de vuestras palabras: he comprendido el valor de los signos
-convenidos entre vosotros. Ya la mayor parte de los convidados se
-habian alejado; no quedaban más que dos jóvenes, dormidos por la
-embriaguez. Yo os ví entonces cambiar culpables besos, besos en los
-cuales, yo lo he visto, vuestras dos lenguas se confundian; no de los
-besos que recibia de una hermana un hermano virtuoso, sino de los que
-dá una tierna mujer á su ávido amante; no de los besos que Febo podia
-dar á Diana, sino de los que Vénus prodigaba á su querido Marte.
-
-«¿Qué haces tú? exclamaba yo, ¿á quién das los favores que me
-pertenecen? Es mi derecho, es mi bien; yo la vindico y yo la defenderé.
-Solo para mí tus caricias, solo para tí las mias; ¿por qué un tercero
-quiere tener una parte en lo que no pertenece mas que á nosotros dos?»
-
-En estos términos es como se exhalaba mi despecho: el color de la
-vergüenza cubrió bien pronto sus culpables mejillas. Así se colora el
-cielo al nacer de la esposa de Titon, ó la jóven virgen á la vista
-de su prometido: así brillan las rosas en medio de los lirios que
-las rodean: tal enrojece la luna, detenida en su curso por algun
-encantamiento; tal aun el marfil asirio, que tiñe una mujer de Meome
-para impedirle se vuelva amarillo con los años. Tal ó poco menos, era
-el color de la pérfida, y quizás jamás habia estado más bella. Miraba
-á tierra y esta mirada era hechicera: la tristeza estaba pintada en su
-cara y esa misma tristeza la agraciaba. Sus cabellos, y nada era tan
-bello como sus cabellos, estuve á punto de arrancárselos; sus mejillas
-delicadas, estuve por abofetearlas.
-
-Cuando mis ojos encontraron los suyos, mis nerviosos brazos cayeron á
-pesar mio, y mi señora encontró su seguridad en sus armas. Al ver que
-ella venia amenazante, yo me arrojé á sus rodillas, y la supliqué no me
-diera menos tiernos besos. Sonrió y me dió de todo su corazon el más
-dulce beso, uno de esos besos que arrancarian á la mano irritada de
-Júpiter su rayo luminoso. Lo que me atormenta hoy es el temor de que
-mi rival habrá recibido de tan deliciosos: yo no quiero que los suyos
-hayan podido ser del mismo género.
-
-Ciertamente habia en aquel beso mucho más arte del que debe á mis
-lecciones: me parece que ella habia aprendido algo nuevo. Ese
-refinamiento de voluptuosidad nada bueno me presagia; tengo por mal lo
-que más plugo; nuestras lenguas, cruzándose mútuamente, fueron todas
-enteras estrechadas por nuestros lábios, y con todo no es esto solo lo
-que me apena: no es solamente de aquellos besos voluptuosos de lo que
-me quejo, aunque no obstante me compadezco; pero tales lecciones no se
-dan más que en la cama, y no sé qué maestro ha recibido la inestimable
-paga.
-
-
-
-
-ELEGIA SEXTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Deplora la muerte del papagayo que habia regalado á su señora.
-
-
-El ave imitador venido de las Indias Orientales, aquel papagayo no
-existe. ¡Llegad en tropel á sus funerales; venid todos, piadosos
-habitantes de los aires; herid vuestro pecho con las alas, y surcad
-con aguzadas uñas vuestras cabezas delicadas! En defecto de plañideras
-que se arranquen los cabellos, despedazad vuestras plumas erizadas; en
-defecto de los acentos del clarin que resuena á lo lejos, haced oir
-funerarios cantos.
-
-¿Por qué te quejas, Filomela, de la maldad del tirano ismario? el
-tiempo ha debido poner término á tus lamentos. Resérvalos para la
-muerte del ave más rara. La suerte de Itis fué un gran motivo de dolor,
-pero es un asunto muy antiguo.
-
-Vosotras que os balanceais dulcemente en las llanuras de los cielos,
-y tú más que otra, tórtola querida, exhalad vuestras lúgubres quejas.
-Estuvo toda su vida en perfecta inteligencia con vosotras, y su
-fidelidad á toda prueba no se desmintió jamás. Lo que fué el griego
-Pílades para su amigo Orestes, la tórtola, oh papagayo, lo fué para tí,
-mientras viviste.
-
-¿De qué te ha servido esa fidelidad? ¿De qué te ha servido el brillante
-explendor de tu raro plumaje? ¿De qué te ha servido esa voz tan hábil
-para imitar nuestro lenguaje? ¿De qué te ha servido haber agradado á
-mi señora desde que le fuiste regalado? ¡infeliz! ¡eras la gloria de
-las aves, y ya no existes! Tú podrias, por el brillo de tu plumaje,
-eclipsar la verde esmeralda, y el rojo color de tu pico igualaba al
-brillo de la púrpura. Ninguna ave en la tierra hablaria tan bien como
-tú: ¡tan grande era tu habilidad en repetir tartajeando los sonidos que
-no habias entendido!
-
-La muerte envidiosa te ha herido; tú no declarabas la guerra á ninguna
-ave, tú eras á la vez hablador y amigo de las dulzuras de la paz. Vemos
-las codornices, siempre en guerra, y por esto mismo quizás, alcanzar
-frecuentemente la vejez. Los menores alimentos te bastaban; el placer
-que encontrabas en hablar no te permitía tomar un frecuente alimento.
-Una nuez constituia tu comida; algunas adormideras le invitaban al
-sueño; algunas gotas de agua pura extinguian tu sed. Vemos vivir al
-insaciable buitre, y al milano, el que en su vuelo, describe grandes
-círculos en medio de los aires, y al grajo, que pronostica la lluvia.
-Vemos á la corneja, odiosa á la belicosa Minerva: apenas muere al
-cabo de nueve siglos. ¡Y ha muerto el pájaro que sabia imitar tan
-bien la voz del hombre, aquel papagayo, raro presente traido de las
-extremidades del mundo! Casi siempre las manos avaras de la muerte
-hieren desde luego lo que hay de mejor en la tierra, y las cosas más
-malas cumplen su destino. Thérsistes vió los tristes funerales de
-Phylácides: Héctor estaba reducido á cenizas, cuando sus hermanos aun
-vivian.
-
-¿Á qué recordar los tiernos votos que hizo por tí mi señora alarmada,
-votos que el tempestuoso Noto llevó al medio de los mares? Habias
-alcanzado el séptimo dia, que debia ser el último para tí: ya la Parca
-habia enteramente dividido su huso: sin embargo, tu lengua tuvo el
-valor de hacerse oir aun y exclamaste muriendo: «¡Corina, adios!»
-
-En el Elíseo, en la pendiente de una colina hay una selva á la que
-dan sombra las apiñadas encinas; allí la tierra húmeda está siempre
-ornada de un verde césped. Aquel lugar, si se dá crédito á la fábula,
-se dice es la mansion de las aves piadosas: las aves de augurios malos
-no penetran en él. Es donde habitan los inocentes cisnes y el eterno
-fénix, siempre único entre las aves. Es donde el pavo real ostenta con
-orgullo su brillante plumaje, y donde la paloma cariñosa prodiga sus
-besos á su ávido esposo. Recibido en medio de ellas, en esta riente
-floresta, nuestro papagayo llama por su lenguaje la atencion de esas
-piadosas aves.
-
-Sus huesos están cubiertos por una tumba, y esta tumba, pequeña como su
-cuerpo, presenta una pequeña piedra con esta corta inscripcion: «Por
-este monumento se puede juzgar cuánto gusté á mi señora: mi boca para
-hablarla sabia más que un pico de ave.»
-
-
-
-
-ELEGIA SÉPTIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Corina: niega haber tenido jamás ningun comercio con Cipasis.
-
-
-¿He de ser siempre el blanco de tus nuevas acusaciones? por más que
-hagas, tengo que salir victorioso de esta lucha que se repite á cada
-momento. Si dirijo la vista á las más elevadas gradas del teatro, tú
-elijes, entre mil, la mujer que debe servir de pretesto á tus quejas.
-Si los inocentes ojos de una bella se fijan por casualidad en los mios;
-según tú, mi silencio dice bastante, yo me entiendo con ella. Si alabo
-á esta, tus uñas acometen sin piedad á tu cabellera; si vitupero á
-aquella, entonces es para mejor ocultar mi crímen. Si tengo buen color,
-es que estoy frio contigo; si estoy pálido, es que yo muero de amor por
-otra.
-
-¡Si al menos tuviera algunas faltas que reprocharme! en este caso se
-sufre más pacientemente la pena que se tiene merecida. Pero tú me
-acusas sin razon, y por tu inclinacion en creerlo todo intencionado,
-destruyes tú misma el efecto que podria causar tu ira. Ves ese animal
-con largas orejas, ves al pobre pollino: á pesar de los golpes de azote
-con que se le abruma, no va más lijero.
-
-Ve ahí un nuevo motivo de acusacion. Hoy es Cipasis tu hábil peinadora
-y dices tú que habrá mancillado conmigo el lecho de su señora.
-Presérvenme los dioses, ¡si el deseo me diese de ser culpable, de
-querer serlo con una mujer de vil condicion! ¿Qué hombre libre querria
-unirse á una esclava, y entre sus brazos apretar un cuerpo magullado
-de golpes de azote? Añade que es ella quien pone la última mano á
-tu tocado, y que sus hábiles dedos te lo han vuelto precioso. ¿Y yo
-insultaria á una muchacha que te es tan adicta? ¿Qué ganaria yo en
-ello, sino el ser denunciado, despues de haber sufrido una negativa? Te
-lo juro por Vénus y por el arco de su veleidoso hijo, no soy culpable
-de este crímen de que me acusas.
-
-
-
-
-ELEGÍA OCTAVA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus
-amores.
-
-
-Cipasis, tú que tan bien sabes componer de mil maneras un peinado,
-tú que eres digna de no peinar mas que á las diosas, tú cuyo mérito
-conozco por un dulce latrocinio; tú, tan estimada por tu señora, pero
-más por mí, dime ¿quién ha podido revelar el secreto de nuestros
-amores? ¿Cómo Corina ha podido sospechar nuestros placeres? Esto
-me abochorna. ¿Acaso se me ha escapado una sola palabra que pueda
-descubrir nuestras furtivas voluptuosidades? Por el contrario, ¿no
-tengo jurado que para querer ser culpable con una sirvienta, era
-menester no tener sentido comun?
-
-Y por tanto el héroe de Thesalia se ha consumido de amor por la bella
-Briseidos, que no era más que una sirvienta. Una sirvienta fué la
-sacerdotisa que supo conquistar al rey Miceno. ¿Soy, pues, más grande
-que Aquiles, más grande que el descendiente de Tántalo? ¿Lo que fué
-conveniente para los reyes seria para mí un asunto vergonzoso?
-
-Sin embargo, cuando ella fijó en tí sus airadas miradas, ví colorearse
-tus mejillas. Para mayor seguridad, si no lo has olvidado, ¡he tomado
-en testimonio de mi inocencia á la augusta Vénus! Y tú misma, sí, tú,
-bella diosa, ordena que ese perjurio de un corazon inocente, sea por el
-ardiente aliento del Noto, llevado más allá de las olas carpathianas.
-
-Por tal servicio, otórgame, morena Cipasis, el dulce favor de
-encontrarme hoy á solas contigo. ¿Por qué rehúsas? ¿por qué, ingrata,
-finges nuevas alarmas? Basta haber bien merecido de uno de tus amos. Si
-eres bastante necia para rechazarme, referiré lo que hemos hecho; yo
-me convertiré en mi propio acusador, y diré, Cipasis, sí, yo diré á tu
-señora el lugar y el número de nuestras citas, y también el número y
-naturaleza de nuestros placeres.
-
-
-
-
-ELEGIA NOVENA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Cupido: le exhorta para que no gaste todas sus flechas contra él solo.
-
-
-Cupido, oh tú, que siempre te me muestras irritado, tú que nunca
-permites el descanso á mi corazon, ¿por qué soy objeto de tus golpes,
-yo que nunca he abandonado tu bandera? ¿por qué herirme en mi propio
-campo? ¿por qué tu hacha quema á tus amigos? ¿por qué tu arco les
-traspasa con sus flechas? Habria más gloria en vencer á un rebelde.
-¡Qué! ¿el héroe hemoniano despues de haber pasado á Telefo con su lanza,
-no curó con su lanza la herida de su enemigo? El cazador persigue al
-animal que huye; y una vez alcanzado le deja para ir siempre á la pista
-de una nueva presa. ¡Reservas para nosotros, que somos tus semejantes,
-la fuerza de tus armas; y tu brazo entorpecido no sabe herir al enemigo
-que te resiste! ¿A qué viene embolar tus afiladas flechas en los huesos
-descarnados? porque el amor solo me ha dejado el hueso. ¡Sin amor hay
-tantas jóvenes! ¡Hay tantos jóvenes sin amor! En ellos pues alcanzarás
-un triunfo glorioso.
-
-Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas por todo el universo, hoy
-no seria aun sino un conjunto de chozas. El fatigado soldado abandona
-la guerra por el campo que acaba de dársele. El corcel, libre de su
-prision, corre á brincar en los prados; extensos muelles resguardan el
-buque vuelto de nuevo al puerto, y el gladiador recibe en cambio de sus
-armas, la varilla que le libra de los combates, y yo que puedo contar
-tantas campañas al servicio del Amor, ¿no seria tiempo de que viviese
-tranquilo?
-
-Y sin embargo, si un dios me dijese: «En adelante vive sin amor;» yo me
-defenderia; ¡tan dulce es el mal de amor! No sé qué vértigo arrastra
-mi mal aconsejada alma cuando estoy bien repuesto de amor, cuando no
-experimento sus fuegos. Como el caballero, recogiendo en vano las
-riendas blanqueadas por la espuma, se vé arrebatado en el precipicio
-por su corcel que no siente el freno; como el esquife, cerca de tocar
-la tierra y de llegar al puerto, se vé á un tiempo arrojado por un
-golpe de viento; así yo soy arrastrado aquí y allá por el soplo
-incierto de Cupido, y el Amor de color de rosa vuelve á tomar contra mí
-sus acostumbradas tretas.
-
-Tira, niño, he depuesto las armas, y me ofrezco desnudo á tus tiros.
-Desplega aquí tus fuerzas, y haz ver aquí tu destreza. Vé ahí el punto
-en que, sin oir tus órdenes, vienen las mismas flechas á clavarse:
-apenas el carcax le es tan conocido como mi corazon. ¡Triste de quien
-puede descansar una noche entera, y comprar á gran precio el sueño!
-¡Insensato! ¿Qué es el sueño sino la imágen de la fria muerte? Los
-destinos te reservan un largo reposo.
-
-Quiero que mi señora me engañe alguna vez con promesas falaces: la
-esperanza por lo menos será para mí una verdadera dicha; quiero que
-ella ya me acaricie, ya me riña: que frecuentemente se me entregue,
-que frecuentemente me rechace. Si Mario, (Marte), es inconstante, lo
-es por tí, Cupido; el amante de tu madre, imitándote, lleva de aquí
-para allá sus armas. Eres veleidoso, eres cien veces más lijero que tus
-alas, y, siempre inconstante, dás y rehusas el placer á medida de tu
-capricho. Si no obstante, tu graciosa madre y tú os dignais atender
-mis súplicas, ven á reinar como dueño en mi corazon y no lo abandones
-jamás. Que las hermosas, en veleidoso tropel, acudan bajo tu imperio:
-tú serás, á este precio, adorado de los dos sexos á la vez.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Grecino: se puede muy bien, dígase lo que se quiera, amar á dos
-mujeres á la vez.
-
-
-Tú eras, Grecino, lo recuerdo, quien me negaba que pudiese amar á dos
-mujeres á un mismo tiempo. Gracias á tí he sucumbido; gracias á tí he
-sido apresado sin defensa, y vé aquí que tengo vergüenza, vé aquí que
-amo á dos mujeres á la vez, bellas las dos, las dos en estado de buen
-servicio: seria imposible decir cuál tiene más talento. La primera
-aventaja en belleza á la segunda, esta á la primera: tan pronto es una
-como otra la que más me place. Mi corazon, como el esquife batido por
-los opuestos vientos, marcha á la ventura, dividido entre estos dos
-amores. ¿Por qué, diosa del monte Erycino, multiplicar así mis eternos
-tormentos? ¿No era bastante tener que ocuparme de una sola querida?
-¿Por qué añadir hojas á los árboles, estrellas al cielo, y nuevas aguas
-á las olas del inmenso Océano?
-
-Prefiero, no obstante, amar así, á consumirme sin amor. ¡Para mis
-enemigos una vida sin voluptuosidad; para mis enemigos el sueño en
-una cama solitaria y la facilidad de descansar contentos en medio de
-un lecho no dividido! Para mí, quiero que el cruel amor me arranque á
-las dulzuras del sueño; no quiero ser solo en estrujar el plumon de
-mi cama. Que solo una mujer apure sin obstáculo mi amor, si una sola
-puede hacerlo; y si no es suficiente una, que sean dos. Mi cuerpo seco,
-pero no débil, me dará fuerza; es la gordura y no el vigor lo que le
-falta. Por otra parte la voluptuosidad me animará con su poder: jamás
-he quedado en falla junto á una hermosa. Frecuentemente, despues de
-una noche consagrada al placer, me he encontrado por la mañana lleno
-de vigor y dispuesto á la accion. ¡Dichoso quien muere en los dulces
-combates de Vénus! ¡Hagan los dioses que yo encuentre ese dia la muerte!
-
-Que el soldado presente su pecho á los dardos del enemigo, que compre
-al precio de su sangre una gloria inmortal; que el avaro busque lejos
-las riquezas, y que, sumergido en los mares que ha cansado su nave,
-trague las aguas con su boca perjura: por lo que á mí toca, quiero
-encanecer bajo la bandera de Vénus, quiero morir en medio de la lucha,
-y que puedan decir llorando sobre mi sepulcro: «Ha muerto como ha
-vivido.»
-
-
-
-
-ELEGIA ONCENA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Trata de disuadir á Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania.
-
-
-El Argo, despojado del monte Peliaco, es el primero que se abrió en
-las olas embravecidas un camino peligroso y sembrado de escollos,
-para traer el toison de oro. ¡Oh! ¡quiera el cielo que Argo haya sido
-absorbido en los profundos abismos del mar, á fin de que ningun mortal
-fatigue con su remo la inmensidad de las olas!
-
-Vé aquí que, abandonando su cama acostumbrada y sus penates domésticos,
-Corina se va á confiar al falaz elemento. ¿Por qué obligas á tu
-desgraciado amante á temer para tí el Zéfiro y el Euro, el viento
-glacial de Borea y el caliente aliento del Noto? No verás en tu camino
-ni villas ni selvas dignas de ser admiradas. Por todo espectáculo no
-tendrás más que la vista de un mar azulado y pérfido. No es lejos donde
-se encuentran lijeros mariscos y guijarros ricamente matizados, sino
-en las claras aguas de la ribera. La ribera es, pues, solamente la que
-debeis, jóvenes bellezas, hollar con vuestros delicados piés: solo
-allí hay seguridad: más allá existen escondidos escollos. Que otros os
-cuenten los combates que libran los vientos, qué mares son infestados
-por Carybdis y Scyla, sobre qué rocas están asentados, amenazantes, los
-montes Ceranios, en qué lugar están escondidas las Syrtes ó Malea. Que
-otros os instruyan, cualesquiera que sean sus relaciones, creedlas:
-creer en la relacion de una tempestad, no es correr riesgo alguno.
-
-Se está mucho tiempo sin ver la tierra, cuando, una vez apartado de
-la ribera, la nave voga á velas llenas en el vasto mar. El navegante
-inquieto teme el furor de los vientos, y vé la muerte tan cerca como
-las olas. ¿Qué vendrás á ser tú si Triton levanta con furia sus
-agitadas ondas? ¡Cómo entonces palidecerá tu semblante! Invocando á los
-compasivos hijos de la fecunda Leda, exclamarás: «¡Dichoso aquel que
-vive en su tierra natal!» Es mucho más seguro dormir en buen lecho,
-leer algun libro, hacer resonar bajo sus dedos la lira de Thracia.
-
-Pero si el viento de las tempestades se lleva mis vanas palabras, ¡que
-al menos favorezca Galatea á la nave que te conduce! Si llega á perecer
-tal belleza, vuestro seria el crímen y de vuestro padre, Diosas y
-Nereidas. Parte pensando en mí para volver al primer viento propicio,
-y que su soplo más fuerte hinche entonces tus velas. Que el poderoso
-Nereo vuelva la mar inclinada sobre esta ribera; que el viento empuje
-las naves hácia aquí: y por aquí el flujo precipite las aguas. Tú misma
-ruega á los céfiros soplen de lleno en tus velas, que tus propias manos
-ayudarán á hacer mover.
-
-Yo seré el primero en descubrir desde la ribera tu nave querida; y
-diré: «esa nave trae otra vez mis dioses.» Te recibiré en mis brazos,
-tomaré rápidamente desordenados besos; la víctima ofrecida para tu
-regreso caerá al pié de los altares. Extenderé en forma de lecho la
-lijera arena de la playa, y el primer otero nos servirá de mesa. Allí
-con el vaso en la mano me contarás todas tus aventuras; me describirás
-tu navío medio engullido por las oleadas; me dirás que viniendo hácia
-mí no temias ni al frio ni á la noche, ni á los austros impetuosos.
-Todo esto, aunque fuese fingido, será verdad para mí; lo creeré todo.
-¿Y por qué no he de creer yo con complacencia lo que más deseo? ¡Ojalá
-pudiese la estrella de la mañana, brillando en un cielo sin nubes,
-traerme desde luego este dichoso dia!
-
-
-
-
-ELEGIA DUODÉCIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Se goza de haber por fin obtenido los favores de Corina.
-
-
-Ceñid mi frente, laureles de la victoria. Soy vencedor: Corina está
-en mis brazos; aquella que un marido, que un guardian, que una puerta
-de encina, ¡que tanto antemural ponian al abrigo de una sorpresa! La
-victoria que, ante todas las otras, merece los honores del triunfo, es
-seguramente aquella que no está manchada por la sangre del vencido. No
-son humildes murallas, no son plazas cercadas por estrechos fosos, una
-bella es la que he sabido tomar por asalto.
-
-Cuando Pérgamo cayó, despues de diez años de guerra, ¿qué parte de
-honor, entre tantos sitiadores, alcanza el hijo de Atreo? Mi gloria,
-es mia, me es toda personal: ningun soldado puede reclamar su parte,
-ninguno tiene título para pretenderla. Como jefe y soldado á la vez
-he logrado mis fines: yo mismo fuí á la vez caballero, infante,
-abanderado, y en mis hechos no tuvo lugar la casualidad. ¡Para mí,
-pues, mi triunfo que es premio de mis esfuerzos!
-
-No seré tampoco la causa de una nueva guerra. Sin el rapto de la hija
-de Píndaro, la paz de Europa y del Asia no se hubiese alterado. Una
-mujer es quien, con el vino, arma vergonzosamente, unos contra otros, á
-los salvajes Lapithas y la raza monstruosa de los Centauros. Una mujer
-es quien en tu reino, justo latino, obligó á los Troyanos á empezar
-de nuevo desastrosas guerras. Una mujer es quien, desde los primeros
-tiempos de Roma, fué causa del sangriento combate en que los Romanos
-tuvieron que defenderse contra sus suegros. He visto pelearse los toros
-por una blanca vaquilla, que, espectadora de la lucha, animaba su
-valor. Yo tambien soy uno de los numerosos soldados del Amor; pero es
-sin efusion de sangre como me hace seguir sus estandartes.
-
-
-
-
-ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Isis: le pide proteja la preñez de Corina.
-
-
-La imprudente Corina tratando de desembarazarse de la carga que lleva
-en su seno, se expone ella misma á perder la vida. Ciertamente por
-haber afrontado, sin saberlo, tan gran peligro, merecia toda mi cólera;
-pero la cólera cede ante el temor. Pues ó habia concebido por mi causa
-ó al menos yo así lo creo: porque frecuentemente tomo por un hecho
-cierto, lo que no es más que posible.
-
-Isis, tú que habitas el Paretonio, y los campos deliciosos de Canope,
-y Mémfis, y Pharos fértil en palmeras, y aquellas llanuras en donde el
-Nilo, abandonando su vasto cauce, va, por siete bocas, á llevar sus
-aguas al mar; yo te conjuro por tu sistro[8], por la cabeza misteriosa
-de Anubis, (y que á este precio el pio Osiris acepte siempre tus
-sacrificios, la serpiente amodorrada se arrastre lentamente en torno
-de las ofrendas, y en medio del cortejo se adelante Apis con su media
-luna sobre la frente); fija tus miradas en Corina: ahorra en ella sola
-dos víctimas, porque ambas recibiremos la vida, ella de tí, yo de ella.
-Muy frecuentemente tú la has visto, en los dias que te son consagrados,
-celebrar tus misterios, á la hora en que tus sacerdotes coronen sus
-frentes con laureles.
-
-Y tú, que tienes piedad de las jóvenes esposas en los dolores del
-parto, cuando el fruto que llevan escondido busca salir de su prisión,
-Ilithyia, séasme propicia, y dígnate atender mis súplicas: ella merece
-que tú la cuentes en el número de tus protegidas. Y yo, revestido
-de una ropa blanca, iré á hacer ahumar el incienso en tus altares:
-iré á cumplir mis votos, depositar mis ofrendas á tus piés, con esta
-inscripcion: «Ovidio, por la salud de Corina.» Dígnate solamente dar
-lugar á mis ofrendas y á esta inscripcion.
-
-Y tú, Corina, si en mi espanto, me es permitido darte un aviso, despues
-de una tal lucha, no aventuro una segunda.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[8] Instrumento músico.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMOCUARTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente
-la gravedad de su falta.
-
-
-¿De qué sirve á las bellas el estar fuera de combates, de no tener que
-seguir, escudo en mano, nuestras formidables legiones, si, lejos de
-los peligros de la guerra, ellas se lastiman con sus propias armas, si
-con sus ciegas manos atentan á sus dias? La que primero ensayó hacer
-abortar en sus entrañas el tierno fruto que llevaba, merecia perecer en
-esta lucha empeñada por ella. ¡Qué! ¡para ahorrar á tu vientre algunas
-arrugas, convendrá asolar el triste campo en que se libró el combate!
-
-Si, en las primeras edades del mundo, las madres hubieran tenido
-esta viciosa costumbre, el género humano hubiera desaparecido de la
-tierra; y para repoblar el universo y sembrar las piedras de que
-nacieron nuestros abuelos, seria menester otra Deucalion. ¿Quién
-hubiera destruido el imperio de Príamo, si la diosa de los mares,
-Thétis, no hubiera querido llevar su fruto hasta el término fijado
-por la naturaleza? Si Ilia hubiese ahogado los mellizos de quienes
-estaba embarazada, no hubiese existido el fundador de la villa señora
-del mundo. Si Vénus hubiese hecho morir á Eneas en su seno, la tierra
-hubiese sido privada de los Césares. Tú misma, que debias nacer tan
-bella, hubieras perecido, si tu madre hubiese hecho lo que tú acabas
-de osar. Y yo, más bien nacido para morir de amor, no hubiese jamás
-existido, si mi madre me hubiese muerto de antemano.
-
-¿Por qué despojar á la viña fecunda del racimo que crece? ¿Por qué, con
-mano cruel, arrancar el fruto antes de su madurez? muerto caerá por sí
-mismo; una vez nacido, déjale crecer; la vida es bastante buen premio
-para algunos meses de paciencia.
-
-Mujeres, ¿por qué manchais vuestras entrañas con un hierro homicida?
-¿Por qué presentais el cruel veneno al niño que aun no existe? Se
-maldice á la madrastra de Colquida, que se manchó con la sangre de
-sus hijos y se compadece á Itis degollado por su madre. Sí, estas dos
-mujeres fueron bárbaras; pero su barbarie tenia un motivo: se vengaban
-de sus esposos en los hijos que tenian de ellos. ¿Os escita, decidme,
-algun Tereo, algun Jason á despedazar vuestras entrañas con sacrílega
-mano?
-
-Jamás se ha visto tanta crueldad en los tigres de las cuevas de la
-Armenia; jamás la leona se atrevió á procurar el aborto. Á las tiernas
-bellezas estaba reservado el intentarlo, pero no impunemente. Ahogando
-á su hijo en su seno, perece muchas veces la madre. Perece, y se lo
-lleva toda desmelenada en su lecho de dolor; y todos exclaman al verla:
-«¡Lo tiene bien merecido!»
-
-Pero que mis vanas palabras se pierdan en el aire; ¡que mis presajios
-queden sin efecto! Dioses clementes, sufrid que Corina haya cometido
-impunemente una primera falla, es todo lo que pido. Que el castigo sea
-reservado para la segunda.
-
-
-
-
-ELEGÍA DÉCIMAQUINTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Al anillo que él habia enviado como presente á su señora.
-
-
-Anillo, que vas á ceñir el dedo de mi bella señora, tú que no tienes
-otro precio que el amor de aquel que te dá, sé para ella un presente
-agradable: ojalá te reciba con placer, ¡y te coloque desde luego en
-su dedo! Sé hecho para ella, como ella para mí; que tu círculo abrace
-cómodamente su dedo, sin lastimarlo.
-
-Dichoso anillo, tú vas á ser tocado por mi señora. ¡Ay! yo envidio
-ya la suerte de mi presente. ¡Oh! que no pueda yo de un golpe
-transformarme en tí, por el arte del májico de Ea ó del viejo
-de Carpthos. Entonces yo querría que tú tocaras su cuello, ó te
-introdujeses con su mano izquierda bajo su túnica. Yo me escaparia de
-su dedo, por muy apretado y ajustado que estuviese, y me libertaria por
-encantamiento para ir á caer sobre su seno. Yo tambien, cuando ella
-querria sellar sus tabletas misteriosas, é impedir á la cera adherirse
-á la piedra muy seca, yo tocaria ante todo los húmedos lábios de mi
-bella señora, con tal solamente de no sellar jamás un escrito doloroso
-para mí. Si ella quiere hacerme colocar en su joyero, rehusaré dejar su
-dedo; me encojeré para sujetarle más fuertemente.
-
-Que jamás, oh tú que eres mi vida, sea yo para tí un motivo de
-vergüenza, una carga muy pesada para tu delicado dedo. Llévame, ya te
-zambullas en un baño tibio, ya te bañes en el agua corriente. Pero
-quizá entonces viéndote desnuda, el amor despertará mis sentidos, y ese
-mismo anillo tomará de nuevo su papel de amante.
-
-¡Ay! ¿qué significan estos avisos inútiles? Parte, débil presente, y
-que mi señora no vea en tí más que la prenda de mi fidelidad.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMASEXTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Á Corina, induciéndola á que vaya á verle en su casa de campo de
-Sulmona.
-
-
-Estoy en Sulmona, tercer canton del territorio de los Sabinos[9]. Este
-canton es pequeño, pero el aire es saludable, gracias á frescas fuentes
-de agua viva. Aunque los rayos más cercanos del sol hienden aquí la
-tierra, aunque se sienten los ardores funestos de la canícula, límpidos
-arroyos serpentean á través de los campos Pelignos, y una vejetacion
-vigorosa cubre el suelo de fresco césped. El pais es fértil en trigo,
-más fértil aun en uva: produce alguna vez ademas la almendra que viene
-del árbol de Palas. Las aguas que corren por las praderas las tienen al
-instante cubiertas de una yerba nueva, y el suelo, siempre refrescado,
-presenta un espeso tapiz de verdura.
-
-Pero allí no se encuentra mi amor; me engaño de una palabra: allí no
-se encuentra el objeto de mi amor, mi amor se encuentra solo. Aunque
-se me colocase entre Castor y Pollux, sin tí yo no querria habitar el
-cielo.
-
-¡Que la muerte sea cruel y la tierra pesada á aquellos que han trazado
-los primeros, en sus carreras, lejanos surcos en el globo! Al menos
-debian mandar á las jóvenes bellezas á acompañar á sus amantes, si
-fuera menester surcar la tierra por caminos interminables. Por lo que
-á mí toca, si habia de trepar, helado de frio, los Alpes expuestos á
-todos los vientos, este viaje, penoso como es, me pareceria dulce con
-mi señora; con mi señora, no dudaria en atravesar los Sirtes de la
-Libia, en presentar mi vela al pérfido Noto; con ella no temería ni á
-los mónstruos marinos que ladran á los lados de Scila, ni tus estrechas
-gargantas, tortuosa Malea, ni las aguas que el infatigable Caribdis,
-hartada sin cesar de navíos sumergidos, vomita y engulle de nuevo.
-
-Que si los vientos son más fuertes que Neptuno, si las olas se
-llevan los dioses que nos protejen, enlaza á mis hombros tus brazos
-tan blancos como la nieve, yo llevaré fácilmente tan dulce peso.
-Frecuentemente, para ir á ver á Hero, su jóven amante habia atravesado
-los mares á nado; no hubiese perecido, sin la oscuridad que ocultó el
-camino á sus ojos.
-
-Yo, aquí solo sin mi señora, tengo agradable vista de ricos viñedos,
-de campos en todas partes bañados por límpidos rios; veo al agua,
-obedeciendo al cultivador, dividirse en numerosos arroyos, y las
-hojas de los árboles suavemente agitadas por el fresco aliento de
-los vientos; mas no creo habitar el bello pais de los Pelignos; no
-encuentro la heredad de mis antepasados, el lugar que me ha visto
-nacer; me creo en medio de la Scythia, de los bravos cilicianos, de los
-Bretones con el rostro pintado de verde y entre peñascos teñidos con la
-sangre de Prometheo.
-
-El olmo ama la viña, la viña se une al olmo; ¿por qué estoy tan á
-menudo lejos de mi señora? Sin embargo, tú debias no separarte nunca:
-tú me lo habias jurado, y por mí y por tus ojos que son mis astros
-tutelares. Más lijeras que las hojas de otoño, las vanas promesas de la
-belleza huyen siempre á merced de los céfiros y de las aguas.
-
-Si por tanto eres aun sensible á mi desamparo, comienza en fin á
-cumplir tus promesas; sube sin más tardar en un carro lijero tirado
-por dos veloces caballos, y sacude tú misma las riendas sobre su
-clin flotante. Y vosotros, montes orgullosos, humillaos á su paso; y
-vosotros, tortuosos valles, abridle fácil camino.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[9] Abruzo.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMASÉPTIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Se compadece de Corina, demasiado engreida de su belleza.
-
-
-Si hay alguno que piense que es vergonzoso el ser el esclavo de una
-bella, acepto su condenacion. Que me declare pues infame, con tal que
-la diosa que reina á Paphos y á Cytheres me trate con un poco más
-miramiento. ¿Por qué no he sido el esclavo de una amante sensible y
-dulce, puesto que yo habia nacido para ser el esclavo de una bella? La
-belleza dá orgullo: la belleza de Corina la vuelve intratable. ¡Ay! ¡por
-qué se conoce tan bien! De su espejo saca su arrogancia; aunque no se
-mira en él mas que despues de componerse.
-
-Si tu belleza, nacida para hechizar mis ojos, te asegura el imperio
-de todos los corazones, no debes, comparándome á tí, despreciarme; la
-inferioridad puede asociarse con la grandeza. Se sabe que la ninfa
-Calipso, ardiendo en amor por un simple mortal, le retiene contra su
-voluntad para hacerle su esposo. Se sabe que una de las Nereidas no
-se abochornaba por tener comercio con el rey de Phthia, Egeria con el
-justo Numa, Vénus con Vulcano, cojo, y todo sucio como está al dejar
-su yunque. Estos versos no son de un metro igual, y por tanto el verso
-heróico se combina muy bien con un verso de más pequeño corte.
-
-Tú tambien, oh alma mia, acójeme á cualquier título que sea. Que de
-lo alto de tu lecho te plazca dictarme leyes. No verás nunca en mí
-un acusador pronto á vengarse de su desgracia: no tendrás que negar
-nuestro amor.
-
-Que cerca de tí mis versos suplan en mí la riqueza. Más de una bella
-quiere deberme su celebridad. Sé de una que en todas partes va
-haciéndose pasar por Corina: ¿por serlo efectivamente qué no daria
-ella? Pero como no se vé correr por un mismo cauce al fresco Eurotas y
-al Pó guarnecido de chopos, del mismo modo ninguna otra que tú será el
-objeto de mis cantos: solo á tí está reservado inspirar mi genio.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMAOCTAVA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Macer: se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos.
-
-
-Mientras que juntas en tus versos la cólera de Aquiles, y revistes de
-sus primeras armas á los héroes encadenados por sus juramentos, yo,
-Macer, gozo del reposo á la sombra de la indolente Vénus, y el tierno
-Amor viene á parar el vuelo audaz de mi genio. Más de una vez he dicho
-á mi señora: «Basta ya, retírate,» y al punto ella se sienta sobre mis
-rodillas. Frecuentemente le he dicho: «En verdad estoy avergonzado;»
-y ella, reteniendo con pena sus lágrimas, exclamaba: «¡Qué desgraciada
-soy! ¡ya te avergüenzas de amarme!» Entónces estrechándome entre sus
-brazos, me prodigaba mil besos de aquellos que hacen mi perdicion.
-Estoy vencido; mi espíritu no sueña en los combates: lo que yo canto
-son mis hazañas domésticas y mis guerras privadas. No obstante he
-manejado el cetro; mi pluma ha osado abordar la trajedia, y la empresa
-no era superior á mis fuerzas. El Amor se echó á reir al ver mi noble
-manto, mi coturno pintado y mi cetro tan bien llevado por manos para
-las cuales está hecho. Las exigencias de una señora imperiosa me han
-arrancado de este trabajo, y el poeta de coturno es batido por el Amor.
-
-Puesto que esta es mi suerte, me limito á profesar el arte de amar; y
-soy el primero ¡ay! abrumado bajo el peso de mis preceptos. O escribo
-una carta de Penélope á Ulyses, ó pinto tus lágrimas, Phyllis, cuando
-te ves abandonada. Escribo á Páris y á Macarea, y al ingrato Jason, y
-al padre de Hippólyto, y al mismo Hippólyto. Repito los lamentos de la
-infortunada Didon, armada de su amenazante espada, y los suspiros de la
-heroina de Lesbos, amiga de la lira Eolia.
-
-¡Con qué velocidad mi amigo Sabino ha recorrido el mundo, y traido de
-mil diversos lugares la respuesta á estas letras! La casta Penélope
-ha reconocido el sello de Ulyses, y la suegra de Hippólyto ha leido
-los reproches que él le dirije. Ya el piadoso Eneas ha respondido á
-la muy desgraciada Elisa; y Phyllis, si con todo eso ella respirara,
-tambien tiene su respuesta. Las tristes despedidas de Jason han llegado
-á Hypsipyle; y Safo, querida de Apolo, no tiene mas que depositar á los
-piés del Dios la Lyra que le tiene consagrada.
-
-Pero tú tambien, Macer, cantando los combates y los trabajos de Marte,
-tú tambien has hablado, tanto como has podido, del amor y de sus
-tesoros. En tu poema figuran Páris, y aquel adúltero cuyo crímen ha
-hecho tanto ruido, y Laodamia acompañando á su esposo que ya no existe.
-Sí, te conozco bien, tratas estos asuntos tan de buena gana como los
-combates, y pasas frecuentemente de tu campo al mio.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMANOVENA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A un hombre cuya mujer amaba.
-
-
-Insensato, si para tí tú no tienes necesidad de vigilar tu mujer,
-vigílala al menos para mí á fin de hacérmela desear más. Lo que nos
-está permitido nos es insípido; lo que nos está prohibido excita más
-fuertemente nuestra pasion.
-
-Aquel que ama lo que otro le permite amar, tiene un corazon de hierro.
-En cuanto á nosotros, los que sabemos amar, nos falta esperar y temer á
-la vez, y, para desear más vivamente, tener que sufrir algunas repulsas.
-
-Que no se me hable de una fortuna que me pondria al abrigo de toda
-decepcion. No sabria amar lo que no pueda inquietarme en ningun tiempo.
-Este es mi flaco; bien lo habia visto la astuta Corina: demasiado sabia
-ella por dónde podíaseme cojer. ¡Cuántas veces, ay le tengo visto
-¡la mentirosa! fingir un violento mal de cabeza, á fin de despedirme!
-¡Cuántas veces he debido, aunque me costase, alejarme á paso lento!
-¡Cuántas veces me ha supuesto culpas, y, culpable ella misma, se ha
-supuesto la inocente! Despues de haberme atormentado, despues de
-haber así reanimado mis fuegos medio apagados, volvía á estar dulce y
-sensible á mis deseos. ¡Qué de caricias, qué de ternuras entonces me
-prodigaba! ¡Cuántos besos y ¡grandes dioses! qué besos!
-
-Tú tambien, que recientemente has embelesado mis ojos, recurre
-frecuentemente á la astucia, seas á menudo sorda á mis súplicas; déjame
-tendido en el umbral de tu puerta, sufrir el penetrante frio de una
-larga noche de invierno. Mi amor no tiene fuerza, únicamente á este
-precio tiene duracion. Vé ahí lo que le falta, vé ahí lo que alimenta
-mi pasion. Un amor llano y sin dificultad me llega á ser insípido: es
-como un manjar muy dulce, que no puede excitarme el corazon. Si nunca
-Danae hubiese estado encerrada en una torre de metal, jamás Júpiter la
-hubiese hecho madre. Juno, haciendo vigilar á Io, con la frente cargada
-de cuernos, la volvió á los ojos de Júpiter más graciosa que antes.
-
-Aquel que limita sus deseos á lo que es fácil y permitido, vaya á cojer
-la hoja sobre los árboles, y beba en plena ribera. Bellas, si quereis
-aseguraros un largo imperio, sabed abusar de vuestros amantes. ¡Ay!
-¿Para qué es menester que yo dé lecciones contra mí mismo? No importa;
-ame quien quiera una complacencia sin límites: á mí me sirve de
-molestia. Yo huyo de quien se detiene á mi paso, y me detengo al paso
-de quien de mí huye.
-
-Pero tú, que estás tan seguro á la vista de tu bella compañera,
-comienza desde hoy á cerrar tu puerta desde la caida del dia; comienza
-á preguntar á quien viene tan frecuentemente á golpearla furtivamente;
-lo que hace ladrar á tus perros en el silencio de la noche; entérate
-de los billetes que lleva y vuelve á llevar una diligente sirvienta; y
-por qué tu bella, tan á menudo, quiere dormir sola en su cama. Deja en
-fin estos cuidados roedores penetrar alguna vez hasta la médula de tus
-huesos, y dame lugar para recurrir á la astucia.
-
-Ha nacido para hurtar la arena de las riberas desiertas, quien puede
-ser amante de la mujer de un tonto. Te prevengo, que si no vigilas
-más á tu mujer, no tardará en cesar de ser mi señora. Yo esperaba que
-llegaria dia en que tu atenta vigilancia me obligase á más astucia. Tú
-no te mueves, tú sufres lo que no sufriria ningun marido. ¡Ah, bien!
-soy yo quien pondrá fin á un amor que tú permites.
-
-¡Qué desgraciado soy! ¿No es esto lo mismo que decir que jamás me
-impedirás la entrada en tu casa? ¿Que no estaré durante la noche
-expuesto á tu venganza? ¿Que jamás tendré nada que temer de tí? ¿Que
-jamás encontrará mi sueño un suspiro tímido? ¡Qué! ¿no harás nada que me
-dé el derecho de desear tu muerte? ¿Es á mí á quien conviene un marido
-fácil, un marido que prostituye á su mujer? Tú acabas de emponzoñar mis
-placeres con tu complacencia. ¿Por qué no buscas á otro, que se avenga
-á una tan prolongada paciencia? Si te conviene que yo sea tu rival,
-prohíbeme serlo.
-
-
-
-
-LIBRO TERCERO.
-
-
-
-
-ELEGÍA PRIMERA.
-
-ARGUMENTO.
-
-La Tragedia y la Elegía se disputan la posesion de Ovidio.
-
-
-Existe una antigua selva, que durante largos años ha permanecido
-virgen, y se la cree el santuario de una divinidad. En medio hay una
-fuente sagrada, que domina una gruta cortada en la roca: el aire
-resuena al alrededor, con el dulce murmullo de las aves. Paseándome un
-dia en los espesos sotos de este bosque, pensaba sobre qué género de
-obra ocuparia mi musa.
-
-Ví venir hácia mí la Elegía con los cabellos olorosos y atados con
-arte; y, si no me engaño, uno de sus piés era más largo que el otro.
-Su aire era decente: su ropa, del tisú más lijero; su aspecto, el de
-una amante. El defecto mismo de sus piés aumentaba su gracia. Ví venir
-tambien á la Tragedia avanzándose á grandes pasos, la mirada feroz,
-los cabellos dispersos, la ropa talar. En su mano izquierda llevaba
-con arrogancia el cetro de los reyes; sus piés calzaban noblemente el
-coturno Lydio.
-
-La primera, dirigiéndose á mi, me dijo: «¿Cuál será, cuál será el
-término de tus amores, poeta infiel á mi culto? En los festines
-licenciosos cuéntanse tus locuras, cuéntanse en las encrucijadas.
-Casi siempre que pasas te señalan con el dedo, y dicen: «Ved ahí ese
-poeta á quien consume el cruel Amor.» Tú eres, sin duda, la fábula de
-la capital cuando cuentas sin pudor tus espansiones amorosas. Tiempo
-es ya de que, cediendo á los impulsos del thyrso, trates asuntos más
-elevados. Por largo tiempo has estado reposado; emprende una nueva
-obra. El asunto de tus cantos apoca tu génio: celebra los grandes
-hechos de los guerreros. ¿Soy yo, dirás tú, para servir en esa carrera?
-¿Pero tu Musa no ha prodigado bastantes canciones á las bellas? Tu
-primera juventud está enteramente entregada á esas bagatelas. Sé
-conmigo ahora; que yo te debo el nombre de Tragedia romana. Tu génio
-puede bastar para esta noble tasca.» Dijo ella, y, apoyándose con
-altanería en sus coturnos bordados, sacudió tres ó cuatro veces su
-cabeza sombreada por una espesa cabellera.
-
-La Elegía, si no recuerdo mal, sonrió mirándome de soslayo. Tenia, si
-no me engaño, un ramo de mirto en la mano. «¿Por qué, dijo, orgullosa
-Tragedia, me tratas con tan pocos miramientos? ¿no puedes jamás dejar
-de ser severa? Esta vez no obstante has tenido á bien combatirme en
-versos desiguales con mi propia rima. No comparo mis cantos á tus
-sublimes acentos: tu soberbio palacio aplasta mi humilde morada. Lijera
-como soy, me deleito con Cupido, no menos lijero que yo. No tengo la
-vanidad de creerme superior á mi papel. Sin mí, la madre del voluptuoso
-Amor no tendria tantos encantos: soy la auxiliar y la compañera de
-esta diosa. La puerta que no sabria forzar tu duro coturno, se abre á
-los dulces acentos de mi voz; y sin embargo, si mi poder es superior
-al tuyo, lo debo á la paciencia con la cual sufro bien las cosas que
-sublevarian tu orgullo. De mí aprende Corina á engañar á su guardian,
-á forzar la cerradura de una puerta rigurosamente cerrada, á salir
-furtivamente de su lecho, vestida de una túnica arremangada, y á
-avanzar con paso sordo, en las tinieblas de la noche.
-
-«¡Cuántas veces me he visto suspendida en una puerta rebelde,
-importándome poco ser vista por los paseantes! Hay más: recuerdo que
-la sirvienta de Corina me recibió y tuvo escondida en su seno, hasta
-que vió alejarse al severo guardian de su señora. ¿Te recordaré que
-para celebrar el aniversario del nacimiento de tu bella, me enviabas
-á ella en presente, y que me rasgó y me arrojó despiadada en el agua?
-Soy yo la primera que ha hecho germinar en tí las semillas fecundas de
-la poesía: á mí debes el privilegiado talento que reclama para sí mi
-rival.»
-
-Las dos Musas habian acabado, y, dirigiéndome á ellas, les dije: «Por
-vosotras mismas os conjuro; acojed sin prevencion mis tímidas palabras.
-Vosotras me ofreceis el cetro y el noble coturno y ya los acentos
-sublimes salen de mi boca apenas entreabierta; y vosotras haceis
-inmortales mis amores. Sé, pues, propicia á mis votos y déjame mezclar
-entre sí el grande y el pequeño verso: otórgame una poca dilacion,
-majestuosa Tragedia: tus obras exigen años, y las de tu rival solamente
-algunas horas.»
-
-No fué sorda á mi ruego: los tiernos amores esméranse en aprovechar
-la próroga otorgada: he de ultimar una obra mucho más grande que me
-apremia.
-
-
-
-
-ELEGIA SEGUNDA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Los juegos del Circo.
-
-
-«Si me siento aquí, no es por el interés que tomo en los famosos
-corceles; y sin embargo, mis votos no son menos para aquel que tú
-favoreces. Vengo para charlar contigo, para estar á tu lado, para no
-dejarte ignorar todo el amor que tú me inspiras. Tú miras la corrida
-y yo te miro á tí. Gocemos los dos del espectáculo que nos agrada,
-ambos repasemos nuestras miradas holgadamente. ¡Oh, dichoso, sea
-quien quiera, el competidor que tú favorezcas! tiene la dicha de
-interesarte. Que semejante dicha me alcance; al instante me lanzaria
-de la barrera, abandonándome á mis impetuosos corceles. Sabria, aquí,
-soltarles las riendas; allá, marcar sus flancos con golpes de látigo;
-más lejos, estrechar el círculo dando vuelta. Pero si, en mi carrera
-rápida, llegara á divisarte, ¡oh! me detendria, y las riendas se me
-escaparian de las manos. ¡Ah! faltó poco para que Pelops no cayera
-en medio de la carrera de Pisa, ocupado como estaba en contemplarte,
-¡bella Hippodamia! Y no obstante él debió su victoria á los votos de su
-señora. ¡Así pudiesen todos los amantes deber su triunfo á los votos de
-sus bellas!
-
-¿Por qué tratas vanamente de alejarte de mí? la misma grada nos retiene
-al uno junto al otro: es una ventaja que debo á los reglamentos
-del Circo. Pero tú, que estás á la derecha de mi bella, sostente
-bien; la molestas, apoyándote sobre ella. Y vosotros que estais
-colocados detrás, no extendais tanto vuestras piernas; tened bastante
-circunspeccion para no ajar sus espaldas con vuestra ruda rodilla.
-Cuidado, amiga mia, tu ropa demasiado baja arrastra por tierra;
-levántala como voy á hacerlo yo mismo. Oh ropa, estabas celosa por
-cubrir tan bellas piernas; tú querias ser sola en verlas; si, tú
-estabas celosa. Tales eran las piernas de la lijera Atalante, que
-Milanion hubiera querido tocar con sus manos: tales tambien las de
-Diana, cuando, levantada la ropa, perseguia en las selvas los venados,
-menos intrépidos que ella misma. Estoy encendido por aquellas piernas
-que no he podido ver; ¿qué sucederá al ver las tuyas? tú vienes á
-añadir fuego á un brasero, y agua al mar. Juzgo, por lo que he visto,
-lo que pueden ser los otros atractivos tan bien cubiertos bajo tu
-lijera ropa.
-
-¿Quieres tú, entretanto, que un aire agradable venga á refrescar tu
-rostro? esta tablilla agitada por mi mano, te dará ese placer; á menos
-que no sea el fuego de mi amor, más bien que el calor del aire, lo que
-te ahoga, y que tu corazon no arda con una placentera llama. Mientras
-que te hablo, una negra polvareda ha empañado el brillo de tu blanca
-ropa: ¡huye de encima de aquellas espaldas de nieve, polvorosa tierra!
-Mas vé ahí venir la corte; callad, y prestad toda vuestra atencion. Es
-llegado el momento de aplaudir: la brillante corte se adelanta.
-
-En primer lugar aparece la Victoria, con las alas desplegadas. Oh
-diosa, seme favorable, y haz que mi amor sea vencedor. Aplaudid á
-Neptuno, vosotros los que tanta confianza teneis en sus ondas. Por
-lo que á mí toca, nada tengo de comun con el mar, y no amo mas que
-la tierra que habito. Tú, soldado, aplaude á tu dios Marte. Yo huyo
-de los combates: amo la paz y el amor al que la paz favorece. Que
-Febo sea propicio á los augures, Febé á los cazadores. Tú, Minerva,
-recibe el saludo de todos los amigos de las artes. Y vosotros,
-labradores, saludad á Céres y al tierno Baco. Que Pólux oiga los votos
-del gladiador, y Cástor los del caballero. Nosotros te aplaudimos á
-tí, dulce Vénus, á tí y á los Amores armados de flechas. Secunda mis
-esfuerzos, tierna diosa; dá otro génio á mi amante; que ella se deje
-amar. Con un signo de cabeza, me predice Vénus el éxito. Lo que ella me
-ha prometido, prométemelo tú tambien. Atiende mi súplica, y perdóneme
-Vénus, serás á mis ojos más grande que esta diosa. Te lo juro, y pongo
-en testimonio de mi juramento á todos los dioses que brillan en esa
-corte, tú serás siempre mi querida señora. Pero tus piernas no tienen
-punto de apoyo: puedes, si quieres, apoyar en medio de estos barrotes
-la punta de tus piés.
-
-Ya la carrera está libre, y los grandes juegos van á empezar: el pretor
-acaba de dar la señal: los cuádrigas[10], se han lanzado todos á un
-tiempo, desde la barrera. Miro aquel por que te interesas; quien quiera
-que sea el que tú favoreces, saldrá vencedor. Los mismos caballos
-parecen adivinar tus voces. ¡Ay! qué círculo describe alrededor del
-mojon, desgraciado ¿qué haces? te lleva ventaja tu rival, que ha
-rasado de más cerca. ¿Qué haces, imprudente? Dejas inútiles los votos
-de la belleza. Por favor sujeta fuertemente la rienda izquierda. Nos
-hemos interesado por un torpe. Vamos, romanos, llamad, y dad la señal
-sacudiendo de todos lados vuestras togas. Hé aquí, que se le llama:
-pero, por miedo á que el movimiento de las togas no desordene la
-simetría de tu tocado, puedes ponerle al abrigo bajo la falda de la mia.
-
-Ya la liza se abre de nuevo, la barrera está levantada, y los rivales,
-á quienes distingue su color, lanzan sus caballos en la arena. Esta
-vez al menos sé vencedor, y vuela por el espacio que se abre ante
-tí. Haz que mis votos, y los de mi señora se vean cumplidos. Lo son
-efectivamente los de mi señora y aun más los mios. Ha conquistado la
-palma; me resta ganar la mia.» La bella ha sonreido, y su chispeante
-mirada ha prometido alguna cosa. Por ahora es bastante: en otra parte
-darás el resto.
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[10] Carro de dos ruedas con cuatro caballos. (N. T.)
-
-
-
-
-ELEGÍA TERCERA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A su amiga, que habia faltado á sus juramentos.
-
-
-¿En adelante creeré que hay dioses? ¡Ella ha hecho traicion á la fé
-jurada, y su belleza es la misma que antes! Tan larga como era su
-cabellera antes que tomase por testimonio á los dioses, tan larga es
-hoy día en que los ha engañado.
-
-Las rosas se mezclaban á la blancura de su color, y su tez ostenta aun
-el matiz de las rosas.
-
-Tenia un pequeño pié, y su pié es aun lo que tiene de más lindo. Su
-talle era á la vez noble y gracioso; noble y gracioso es aun su talle.
-Los ojos relumbrantes que tan frecuentemente me han engañado, los ojos,
-semejantes á dos astros, lanzan aun los mismos fuegos.
-
-Así los mismos dioses permiten el perjurio á las bellas, y la misma
-belleza es una diosa. No há mucho, no lo he olvidado, ella juraba por
-sus ojos y los mios; y los mios han vertido lágrimas. ¡Oh dioses! si la
-perfidia ha podido abusar de vosotros impunemente, decid, ¿por qué me
-habeis penado de su crímen? pero no temeis en hacer condenar á muerte á
-la hija de Cefea, para castigar en ella el orgullo de su madre. Si no
-es bastante que yo haya encontrado en vosotros testigos sin valor, y
-que ella triunfe hoy dia de haberos engañado, al mismo tiempo que á mí;
-¿será menester aun que sufra yo la pena de su perjurio, que yo sea á la
-vez víctima y responsable de su perfidia?
-
-Ó la divinidad no es más que un nombre sin realidad, una quimera
-imaginada para espantar la necia credulidad de los pueblos; ó si hay un
-Dios, no es favorable más que á las bellas y les dá muy exclusivamente
-el derecho de atreverse á todo. Solo contra nosotros se arma Marte
-con homicida espada; solo contra nosotros Pálas vuelve su formidable
-lanza. Contra nosotros solo dirije Apolo sus flechas: contra nosotros
-amenaza el rayo en la mano soberana de Júpiter. Los dioses no osan
-penar las ofensas de las bellas, y, no habiendo sabido hacerse temer,
-son los que las temen. ¿Y aun irán á quemar incienso en sus altares?
-No, los hombres deben tener más corazon.
-
-Júpiter fulmina contra los bosques y las ciudadelas, y prohibe á
-su trueno alcanzar á las mujeres perjuras. En presencia de tantos
-culpables, la desgraciada Semelé es la sola quemada por el rayo: su
-complacencia es la causa de su suplicio. Si hubiera evitado la visita
-de su amante, el padre de Baco no hubiese sido cargado del peso que
-debia llevar su madre.
-
-Mas ¿por qué estos reproches y esta guerra que hago á todo el cielo?
-Los dioses tienen ojos como nosotros, y como nosotros tienen corazon.
-Yo mismo, si fuera un dios, no me ofenderia de que una mujer engañara
-mi divinidad con una mentira. Atestiguaria con un juramento la verdad
-de los juramentos de una bella, y no pasaria por un dios uraño.
-
-Tú, sin embargo, jóven belleza, usa más moderadamente de la proteccion
-de los dioses, ó al menos evita la vista de tu amante.
-
-
-
-
-ELEGÍA CUARTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer.
-
-
-Intratable esposo, tú has atado un guardian á los pasos de tu jóven
-compañera: ¡pena inútil! el guardian de una mujer es su virtud. Es
-solo casta aquella que no se vé obligada á serlo por el temor y la que
-es fiel á la fuerza no es verdaderamente fiel. Gracias á tu contínua
-vigilancia, su cuerpo ha podido quedar intacto; su corazon es adúltero.
-No se sabria guardar una alma á despecho de ella, y los cerrojos
-entonces nada valen. Por bien que cierres las entradas de tu casa, el
-adúltero penetrará: quien impúnemente puede cometer algunas faltas
-comete menos: el poder de hacer mal enfria el deseo. Cesa, créeme,
-de incitar al vicio prohibiéndolo: triunfarás mucho mejor por la
-complacencia.
-
-Yo ví no há mucho un corcel rebelde al freno ponerse furioso y
-dispararse como el rayo: despues se detuvo de un golpe, desde que
-sintió las riendas flotar muellemente sobre su larga crin. Nosotros
-corremos siempre á lo que es prohibido, y deseamos lo que se nos
-rehusa. Así el enfermo desea el agua que le es vedada.
-
-Argos tenia cien ojos en la cabeza y en la frente, y solo el amor supo
-frecuentemente engañarle. La roca y la arena componian la imperecedera
-torre donde Danae fue encerrada vírgen, y allí llegó á ser madre.
-Penélope, sin estar guardada, quedó pura en medio de tantos jóvenes
-adoradores.
-
-Cuanto más cuidadosamente se guarda una cosa, más la deseamos: la
-vigilancia no es más que una provocacion al ladron: pocas gentes
-aman los placeres permitidos. No es la belleza de tu esposa, es tu
-amor lo que hace buscarla; se la supone no sé qué atractivos que te
-cautivan. Una mujer guardada por su marido, no sea virtuosa, sino que
-sea adúltera, y es codiciada. Los peligros que acompañan á la posesion
-son más preciosos que la posesion misma. Soy sedicioso, si tú quieres,
-yo no amo más que los placeres prohibidos. Agrádame solo aquella que
-puede decir: «Tengo miedo.» Y en tanto está permitido tratar como
-esclava á la mujer que ha nacido libre, no usamos de esta tiranía más
-que con las mujeres de naciones extrañas. Tú sin duda quieres que su
-guardian pueda decir: «Eso es gracias á mí.» ¡Ah, bien! Si tu esposa es
-casta, que el honor sea todo para tu esclavo.
-
-Es ser muy tonto, ofenderse del adulterio de una esposa: es conocer muy
-poco las costumbres de la ciudad en donde no nacieron sin crímen Rómulo
-y Remo, hijos de Marte y de Ilia. ¿Por qué tomarla bella si la quieres
-virtuosa? virtud y belleza no sabrian ir en compañía.
-
-Si tú haces bien, ten un poco de indulgencia, deja ese aire severo,
-y no hagas prevalecer tus derechos como un esposo rígido. Acepta los
-amigos que te dé tu esposa; ella te dará muchos; así es como se obtiene
-sin trabajo un gran crédito. A este precio tendrás siempre sitio en
-los banquetes de una juventud juguetona, y encontrarás en tu casa mil
-objetos que no te habrán costado nada.
-
-
-
-
-ELEGÍA QUINTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Sueño.
-
-
-Era de noche, y el sueño habia cerrado mis fatigados ojos, cuando una
-vision vino á traer el terror á mi alma.
-
-Sobre la vertiente de una colina expuesta al Mediodía, habia un bosque
-sagrado lleno de robles, cuyas frondosas ramas servian de abrigo á
-millares de aves. Más abajo se extendia un llano, revestido del más
-verde césped, y regado por un arroyo que allí arrastraba sus aguas con
-dulce susurro.
-
-A la sombra de un frondoso roble traté de huir del calor; pero este se
-hacia sentir á la misma sombra de los frondosos árboles. Hé aquí que,
-paciendo en el césped sembrado de mil diversas flores, se ofreció á mis
-miradas una blanca vaquilla, una vaquilla más blanca que la nieve caida
-de reciente y que no ha tenido tiempo de transformarse en agua límpida;
-más blanca que la tremente espuma de la leche de la oveja que se acaba
-de ordeñar.
-
-Junto á ella estaba un toro, su dichoso esposo. Se acostó á su lado,
-sobre el espeso tapíz de verdura. Así muellemente tendido, rumia
-lentamente la tierna yerba, y se alimenta segunda vez de su primer
-alimento; luego el sueño le quitó sus fuerzas, y creí verle dejar caer
-en tierra su cabeza armada de cuernos, no pudiendo sostenerla.
-
-Al mismo tiempo ví una corneja, hendiendo rápidamente los aires,
-descender graznando, sobre el verde césped. Tres veces hundió el pico
-audaz en el pecho de la vaquilla, tres veces arrancó como copos de
-nieve. Despues de una larga resistencia, abandonó aquella el sitio y el
-toro; pero su blanco pecho dejaba vislumbrar una mancha negra. Desde
-que ella vió otros toros que pascían á lo lejos sabrosos pastos (porque
-efectivamente otros toros á lo lejos pascían) corrió á mezclarse entre
-ellos y tomar su parte de las riquezas de un suelo más fértil.
-
-«Oh tú, intérprete de los sueños de la noche, exclamé, si el mio
-encierra alguna verdad, dime lo que significa.» Entonces el intérprete
-de los sueños de la noche, reflexionando sobre todos los detalles de
-mi sueño, me dió esta respuesta:
-
-«El calor de que procuras guardarte á la sombra del follaje, y que no
-alcanzas evitar, es el fuego del amor. La vaquilla, es tu señora: tu
-señora es blanca como ella, tú eres el toro que seguia su compañía.
-La corneja, cuyo agudo pico se hundía en el pecho de la vaquilla, es
-aquel viejo pervertidor que corrompió el corazon de tu amante. La tenaz
-resistencia de la vaquilla que abandona en seguida á su toro, es el
-alejamiento de tu señora, quien no calentará de nuevo tu solitaria
-cama. Las manchas negras que afean el pecho del animal es el signo del
-adulterio que deshonra el corazon de tu bella.»
-
-A estas palabras del intérprete, mi sangre huia de mi helado rostro, y
-ante mis ojos se extendia una profunda noche.
-
-
-
-
-ELEGIA SEXTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Á un rio que crecía de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al
-paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora.
-
-
-Rio cuyas cañas obstruian las riberas cenagosas, vuelo cerca de mi
-señora: deten un momento el curso de tus aguas. Tú no tienes ni puente,
-ni barca, que sin remero me lleve á la otra ribera, con ayuda solamente
-de un cable.
-
-No há mucho, recuerdo que eras pequeño: no he temido vadearte á pié,
-y la superficie de tus aguas apenas mojaba mis talones. Hoy dia,
-has crecido por el deshielo de las nieves de la montaña vecina, te
-precipitas con furia, y por tu cauce cenagoso, arrastras profundas
-aguas.
-
-¿Qué ventaja me trae ser tan apresurado, haber otorgado tan poco tiempo
-al sueño, haber hecho de la noche dia, si es preciso que me detenga
-aquí, si no hay medio para mí de poner el pié en la otra ribera? ¡No
-tener yo en este momento las alas del héroe hijo Danae, cuando llevaba
-la cabeza de Medusa, erizada de mil serpientes! ¡No tener yo aquí el
-carro de Triptoleme, quien, el primero, enseñó á los salvajes humanos
-el arte de confiar á la tierra las semillas de Céres! Estos prodigios,
-¡ay! jamás han existido mas que en la imaginacion de los antiguos
-poetas: ni se han visto, ni se verán. Pero tú, rio desbordado, (¡ojalá
-en recompensa sea eterna tu corriente!), vuelve otra vez á tus primeros
-límites. No podrás, créeme, llevar el peso del ódio público, si se sabe
-que tú has detenido los pasos de un amante.
-
-Los rios deberian secundar á los jóvenes enamorados; los mismos rios
-han sentido lo que es el amor. El pálido Inaco se prendó, segun dicen,
-de los encantos de Melia, ninfa de Bithinia, y se abrasó por ella,
-hasta en sus frias aguas. Troya no habia aun sostenido sus diez años
-de sitio, oh Xantho, cuando Nerea fijó tus miradas. ¿Qué hizo recorrer
-á Alfeo tantos países diversos? ¿no fué su amor por una vírgen de
-Arcadia? Y tú, Penea, cuando Créusa estaba prometida á Xantho, tú la
-tenias, se dice, escondida en los campos de la Phthiótida. ¿Hablaria
-yo de Asopo, prendado de los encantos de la guerrera Thebe, Thebe que
-debia dar á luz cinco hijos? Y tú, Acheloe, si te pregunto dónde están
-hoy tus cuernos, me dirás con dolor que la mano de Hércules con ira
-los ha cortado. Esto que no lo hubiese hecho Hércules por Calydon, que
-no lo hubiese hecho por Etolia misma, lo hizo por la sola Dejanira.
-El Nilo, ese rico rio que precipitándose por siete embocaduras, tan
-bien oculta el orígen de sus fecundas aguas, dicen que no pudo en sus
-profundos atolladeros, matar la llama que le consumia por Evadna,
-hija de Asopo. Enipea, para poder abrazar á la hija de Salmoneo sin
-inundarla, Enipea ordenó á sus aguas retirarse, y á su vez las aguas
-se retiraron. No te olvidaré tampoco, á tí que, huyendo á través de
-las rocas que has socavado, riegas con tus aguas espumosas los campos
-del argeo Tíber; ni á tí á quien agradó Ilia, toda descuidada como
-estaba en su compostura, después de haberse arrancado los cabellos
-y golpeado el rostro con sus uñas. Llorando el sacrilegio de su tio
-y el atentado de Marte, vagaba ella, con los piés desnudos, en los
-caminos solitarios. Del seno de sus rápidas ondas, el rio generoso la
-descubrió, y levantando la cabeza por encima de las olas, le dijo una
-voz sonora: «¿Por qué vagar en mis riberas, con un aire inquieto,
-Ilia, descendiente de la sangre del Ideo Laomedonte? ¿Qué has hecho de
-tus adornos? ¿dónde dirijes tus pasos solitarios? ¿por qué la blanca
-cintilla no retiene tus desordenados cabellos? ¿por qué llorar y ajar
-con esas lágrimas el brillo de tus ojos? ¿por qué, en tu delirio, te
-golpeas así el pecho? Tiene un corazon de roca ó bronce, quien puede
-ver, sin conmoverse, un rostro encantador regado por las lágrimas.
-Ilia, cesa de temer; mi palacio estará abierto para tí: mis ondas te
-protejerán: Ilia, cesa de temer. En medio de más de cien ninfas, tú
-sola serás reina; porque más de cien ninfas habitan en el fondo de
-mis aguas. No me desdeñes, es todo lo que te pido, ilustre vástago de
-Troya. Mis presentes serán superiores á mis promesas.»
-
-Así habia dicho; é Ilia, con los ojos dirigidos humildemente hácia
-tierra, bañaba con lágrimas su conmovido seno. Tres veces trató de
-huir; tres veces se detuvo en el borde de las profundas aguas, el temor
-le quitó la fuerza para correr. Por último, sin embargo, arrancándose
-los cabellos con mano enemiga, dejó escapar de su boca balbuciente
-estas lamentables palabras: «¡Oh! pluguiese al cielo que mis huesos
-hubiesen sido recogidos y encerrados en el sepulcro de mi familia,
-cuando eran aun los de una vírgen! ¿Por qué invitarme al himeneo, á mí,
-vestal ayer, hija infame hoy dia, indigna en adelante de velar el fuego
-sagrado de Ilion? ¿Qué espero aun? Ya se me señala con el dedo como á
-una adúltera. ¡Perezca conmigo el pudor que no me permite levantar los
-ojos sin sonrojarme!» Dijo, y cubriendo con su ropa sus hermosos ojos
-llenos de lágrimas, se precipitó desesperadamente en medio de las olas.
-El rio, dicen, la sostuvo, llevando amorosamente la mano bajo su pecho,
-y la admitió en su lecho, como á esposa.
-
-Tú mismo, es probable que te hayas tambien consumido por alguna bella:
-pero los bosques, las selvas, están allá para ocultar tus crímenes.
-Mientras que hablo, tus olas van engrosando siempre, y tu lecho, tan
-largo como es, no basta para contener las aguas que á él afluyen de
-todas partes. ¿Qué he de disputar contigo, rio furioso? ¿Por qué
-diferir los placeres de dos amantes? ¿Por qué detenerme tan brutalmente
-en medio de mi camino? Si á lo menos tú corrieras, no debiendo más
-que á tí tus olas orgullosas, y envanecido de un nombre conocido por
-el universo entero. Un nombre... tú no tienes: tus ondas, las debes á
-miserables arroyos. Tú no has tenido nunca ni orígen, ni morada cierta.
-Tu orígen, en tí, son las lluvias y las nieves derretidas; riquezas
-que debes al perezoso invierno. O llevas espumosas aguas durante la
-estacion de las escarchas, ó tu lecho no es durante el estío más que
-un sulco ávido y pútrido. ¿Qué viajero ha podido entonces encontrar
-en él jamás bastante agua para extinguir su sed, y decirte en su
-reconocimiento: «¡Sea eterno tu curso!»
-
-Tu curso es funesto á los rebaños, más funesto aun á los campos. Otros,
-quizá, serán sensibles á estos males: yo no lo soy más que á los que
-sufro. ¡Qué insensato soy! ¡Le he contado los amores de los rios! Tengo
-vergüenza de haber pronunciado tan grandes nombres delante de un tan
-pobre arroyo. ¿En qué pensaba yo, pues, al citar delante de él los
-nombres de Acheloon é Inaco y el tuyo, Nilo de dilatadas ondas?
-
-¡Pero tú, torrente cenagoso, bien lo mereces, ojalá no veas más que
-estíos abrasadores é inviernos siempre secos!
-
-
-
-
-ELEGIA SÉPTIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Contra él mismo, por haber caido en falta con su querida.
-
-
-Pero esta muchacha no es bella, ni atractiva. ¡Por eso no ha sido pues
-bastante largo tiempo el objeto de mis deseos! ¡Oh vergüenza! la he
-tenido en mis brazos, perdiendo el tiempo: en su lecho me he quedado,
-como una masa inerte, sin fuerza y sin accion. A pesar de todos mis
-deseos, á pesar de los deseos de mi bella, no he podido despertar mi
-extenuado órgano del placer. Ella tuvo cuidado en pasar con tiento al
-rededor de mi cuello sus brazos de marfil, más blancos que la nieve de
-Tracia; ella tuvo cuidado en luchar su lengua amorosa contra la mia
-ávida, y meter bajo mi muslo su muslo lascivo; por más que me prodigaba
-los nombres más tiernos, me llamaba su vencedor, añadia todo lo que se
-repite en semejante caso para excitar la pasion, mi órgano adormecido,
-como si hubiera sido frotado con la fria cicuta, no supo llenar su
-deber. Quedé como un tronco sin vigor, como una estátua, como una masa
-inútil, al punto que ella ha podido dudar si yo era un cuerpo ó una
-sombra.
-
-¿Qué haré cuando viejo, suponiendo que llegue, si mi juventud cae en
-tal defecto? ¡ay! tengo vergüenza de mi edad: soy jóven, soy hombre,
-y no he podido probar á mi señora que soy jóven, que soy hombre. Ella
-ha abandonado su lecho como la piadosa sacerdotisa que vela por la
-conservacion del fuego eterno de Vesta, tal cual una casta hermana
-abandonando á un hermano querido. Poco antes, sin embargo, dos veces
-pagaba mi débito con la rubia Chie, tres veces con la blanca Pitho,
-tres veces tambien con Libas; y, acosado por Corina, en una corta
-noche, nueve veces, recuerdo, tengo librado el combate.
-
-¿Es la virtud mágica de un veneno Thessálico el que embota hoy dia
-mis miembros? ¿es un encantamiento, una yerba venenosa, lo que me
-reduce á un tan triste estado? ¿ó bien una hechicera habrá grabado mi
-nombre sobre la cera roja, y me habrá hundido una aguja en el hígado?
-Los tesoros de Céres, golpeados por un encantamiento, no son más que
-una yerba estéril; golpeados por un encantamiento los manantiales de
-agua viva se secaron; bajo el peso de un encantamiento la bellota se
-desune del roble, el racimo cae de la viña, y los frutos abandonan el
-árbol sin que se les sacuda. ¿Quién niega que el arte mágico paralice
-tambien los nervios? Quizá á él debo haber sido de hielo. A esto añadid
-la vergüenza; la misma vergüenza me quitaba mis medios; ella fué la
-segunda causa de mi impotencia.
-
-¡Qué belleza, en tanto, se ofrecia á mis miradas, á mis tocamientos!
-Porque la toqué como la túnica que la cubre. El rey de Pilos, á este
-dulce contacto, habria podido rejuvenecer, y Tithon se sentiria con
-fuerzas superiores de su edad. Encontré en ella una mujer: ella no
-encontró en mí un hombre. ¿A qué nuevos votos, á qué súplica recurrir
-hoy dia? Sin duda despues del vergonzoso uso que tengo hecho, los
-dioses están arrepentidos de haberme otorgado un tan raro presente. Me
-deshacia por ser admitido cerca de aquella bella; y he sido admitido;
-por darla besos, y se los he dado; por obtener todos sus favores, y
-los he obtenido. ¿De qué me ha servido ser tan dichoso? ¿De ser rey
-sin reinar? ¡Avaro en medio de las riquezas, no he tenido de tantos
-tesoros más que la posesion y no el goce! Así abrasa de sed, en medio
-de las aguas, al indiscreto Tántalo; así vé al rededor suyo frutos que
-no obtendrá jamás; así el marido deja en la madrugada á su cariñosa
-esposa, para aproximarse santamente al altar de los dioses.
-
-Pero quizá ella no me ha prodigado sus más dulces y ardientes besos;
-quizá ella no lo ha puesto todo en obra para estimularme. Los más
-robustos robles, el diamante más duro, los más escabrosos peñascos,
-hubiese podido ella animarlos con sus caricias. Hubiese podido mover
-todo sér dotado de vida, todo lo que es hombre; pero entonces yo no
-era un sér vivo, ni un hombre. ¿Qué placer producirian á un sordo los
-cantos de Femio? ¿qué placer causaria un cuadro al desgraciado Thamyras?
-
-¡Qué deleites, empero, no me tenia yo prometidos en secreto! ¡qué
-série de placeres, qué variedad de goces no habia imaginado! y mis
-miembros, ¡oh vergüenza! han quedado como muertos, más lánguidos que la
-rosa cogida de la víspera. Al presente hé ahí que intempestivamente se
-reaccionan y vuelven á la vida; hélos ahí que piden obrar y prestar de
-nuevo su servicio. ¿No quedas confundida de vergüenza, oh parte la más
-vil de mí mismo? así es como he sido juguete de tus promesas. Por tí mi
-señora ha sido engañada, por tí me encuentro caido en falta, por tí he
-probado la más sensible afrenta, el más grave daño.
-
-Y no obstante mi bella no desdeñó aguijonear con su mano delicada;
-pero, viendo que todo su arte no puede nada, que el órgano, olvidando
-su antigua arrogancia, se obstina en recaer impotente sobre sí mismo.
-«¿Por qué, dice ella, te burlas de mí? ¿Quién te forzaba, insensato, á
-venir, á pesar tuyo, á acostarte en mi cama? ó bien un mágico de Ea,
-con su aguja y su lana, te ha hechizado: ó tú vienes enervado de los
-brazos de otra.»
-
-Al instante se arrojó de la cama, apenas vestida con su túnica lijera,
-y no titubeó en escaparse con los piés desnudos; y no queriendo que
-sus camareras dudaran de si salia intacta del combate, tomó agua, para
-disimular la afrenta.
-
-
-
-
-ELEGIA OCTAVA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A su señora, que habia preferido un amante más rico que Ovidio.
-
-
-¿Y quién contará ahora con las bellas artes para cosa alguna? ¿Quién
-otorgará algun valor á tiernos versos? El génio era en otro tiempo más
-precioso que el oro: hoy dia es más bárbaro que el no tener nada. Mis
-libros han tenido la dicha de gustar á mi señora: la ventaja de ser
-admitidos cerca de la misma han tenido ellos; yo no la tengo. Despues
-de haber prodigado elogios al poeta, ella le tiene, á pesar de estos
-elogios, cerrada su puerta. Con todo el ingenio que se me concede, se
-me deja, confuso, vagar á la ventura. Vese un rico advenedizo que debe
-su fortuna á sus heridas, y su título de caballero á la sangre de que
-está mantenido, y se le antepone á mí.
-
-¿Puedes, insensata, abrazarle con tus bellos brazos? ¿Puedes,
-insensata, echarte en los suyos? si tú lo ignoras, un casco cubria
-no mucho esa cabeza; una espada pendía de ese costado que te es tan
-adicto. Su mano izquierda, en la cual sienta mal ese anillo de oro, ha
-llevado un escudo: toca su mano derecha, está bañada en sangre. Esa
-mano homicida ¿puedes bien tocarla? ¿Qué se ha hecho ¡ay! la ternura
-de tu corazon? Cuenta aquellas cicatrices, señales de sus antiguos
-combates: cuanto posee lo ha adquirido con el precio de su sangre.
-¡Quizá te cuente cuántos hombres ha degollado; y tú, avara, tocas manos
-tan crueles! ¡Y yo, sacerdote inocente de Apolo y de las Musas, dirijo
-inútilmente versos á tu inflexible puerta!
-
-Aprended, vosotros que sois sábios, no á saber lo que nosotros sabemos
-para nuestro mal, sino á seguir los ejércitos tumultuosos y el curso de
-los combates. En lugar de ser un poeta de génio, sed primer centurion.
-Con este título solamente, podrias, si quisieses, Homero, obtener los
-favores de la belleza. Júpiter que sabia que nada es tan poderoso como
-el oro, fué bajo la forma del mismo el precio de una vírgen seducida.
-En tanto que no dió nada, encontró un padre intratable, una hija
-inflexible, puertas de hierro, una torre de metal; pero cuando el
-seductor, mejor enterado, se mostró bajo la forma de un presente, la
-bella descubrió su seno, é invitada á someterse, se sometió.
-
-En otro caso se encontraba bajo el reinado del viejo Saturno: todos los
-metales estaban profundamente sepultados en las entrañas de la tierra;
-el cobre como la plata, y el oro como el hierro, tocaban al imperio
-de los Manes; no se veian tesoros amontonados; pero los que daba la
-tierra eran más preciosos; habian ricas mieses sin cultivar, frutos en
-abundancia y miel pura depositada en los huecos de los robles. Nadie
-se fatigaba en surcar los campos con el arado: no habia agrimensor que
-viniese allí á trazar los lindes: no habia remeros que azotasen las
-embravecidas olas del mar: sus riberas eran para los mortales, los
-limites intransitables del mundo.
-
-¡Oh hombre! contra tí has vuelto tu industria; has sido demasiado
-ingenioso para crearte mil males. ¿Qué has ganado en cercar las
-ciudades de murallas y torres? ¿Qué has ganado en armar la una contra
-la otra, enemigas manos? Dí, ¿qué tenias que debatir con el mar? la
-tierra podia bastarte. El cielo es un tercer reino por conquistar. ¿Por
-qué no lo atacas? ¿Qué digo? tú aspiras tanto cuanto de tí pende, á
-alcanzarlo. Quirino, Baco, Alcides y César tras ellos, tienen cada uno
-su templo.
-
-Nosotros cavamos la tierra para sacar el oro macizo en lugar de mieses.
-El soldado posee los tesoros adquiridos al precio de su sangre. El
-Senado está cerrado para los pobres; la riqueza dá los honores. Ella
-es tambien la que dá tanta gravedad al juez, tanta arrogancia al
-caballero. ¡En hora buena que solo ellos lo posean todo; que dispongan
-como soberanos del campo de Marte y del Foro; que guarden para sí el
-derecho de decidir la paz ó la guerra! A lo menos su concupiscencia no
-llegue hasta el extremo de arrebatarnos nuestros amores. Todo lo que se
-les pide, es que permitan á los pobres tener alguna cosa.
-
-Pero hoy dia una mujer, aunque fuese tan inflexible como las Sabinas,
-es tratada como pais conquistado por cualquiera que está en el caso de
-dar mucho. El guardian de la bella me rechaza; ella misma teme por mí á
-su marido. Si enseño oro, ya no hay guardian, ya no hay marido en toda
-la casa. ¡Oh! si existe un Dios vengador de las afrentas del amante, que
-reduzca á polvo riquezas tan mal adquiridas!
-
-
-
-
-ELEGIA NOVENA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Sobre la muerte de Tíbulo.
-
-
-Si la madre de Memnon, si la madre de Aquiles han llorado la muerte de
-sus hijos; si las más grandes diosas no son insensibles á los golpes
-de la suerte, tú tambien, plañidera Elegía, deja caer tus cabellos
-en desórden. Tu nombre, ¡ay! no te convendrá nunca mejor que en este
-momento.
-
-Este poeta que tú inspirabas y que fue tu gloria, Tíbulo, no es más que
-un cuerpo sin vida, que la llama de la pira vá á consumir. Mira, el
-hijo de Venus lleva su carcax derribado, los restos de su arco y sus
-hachas apagadas. Ved cómo marcha triste con las alas caidas; cómo hiere
-con su mano cruel su desnudo pecho. Sus lágrimas se derraman sobre
-los cabellos esparcidos que flotan sobre su cuello; su boca deja oir
-sollozos entrecortados. Tal, para asistir á los funerales de su hermano
-Eneas, salió de tu palacio, encantadora Jule. La misma Vénus no se
-conmovió menos por la muerte de Tíbulo que por la de su jóven amante,
-cuando le vió desgarrado por un feroz jabalí.
-
-Y no obstante, á los poetas, se nos llama séres sagrados, favoritos
-de los dioses. No falta quien nos mira como si hubiera en nosotros
-algo divino. Mas ¡ay! la despiadada muerte profana todo lo sagrado, á
-todos alcanza su invisible mano. ¿Qué sirvieron á Orfeo el Ismario, ni
-su padre ni su madre? ¿Qué le sirvió haber domado y hecho sensibles
-á sus cantos los animales más feroces? Lino debia la vida al mismo
-padre, y Lino fue, dicen, llorado sobre la lyra en lo más retirado de
-las selvas. Añadid al cantor de Meonia, ese manantial inagotable donde
-vienen á beber y á inspirarse los poetas. Tambien ha tenido su último
-dia, que le ha precipitado al fondo del negro Averno. Solo los versos
-escapan á la llama de la ávida pira. La obra del poeta es imperecedera:
-siempre se hablará del sitio de Ilion y de aquella tela famosa, que,
-gracias á una astucia nocturna, duró tan largo tiempo sin concluir.
-Así el nombre de Némesis, así el nombre de Delia será eterno: la una,
-última amante de Tíbulo, y la otra, su primer amor.
-
-¿De qué os sirven los sacrificios ofrecidos á los dioses? ¿De qué
-os sirven los sistros[11] de los egipcios? ¿De qué os sirve no haber
-admitido á nadie en vuestra cama? Cuando veo á los más virtuosos
-arrastrados por un destino cruel, perdonadme esta idea, estoy tentado
-de creer que no existen dioses. Vivid piadosamente; á pesar de vuestra
-piedad, morireis; honrad la religion; la despiadada muerte os arrancará
-de los templos, tan religiosos como sois, para precipitaros en el
-sepulcro. Contad con vuestro génio poético; hé ahi á Tíbulo muerto: de
-un tan grande poeta, apenas queda con qué llenar la más pequeña urna.
-
-¡Qué! ¡es á tí, poeta sagrado, á quien acaba de consumir la llama de la
-pira, y no teme alimentarse de tus entrañas! Habrá podido consumir los
-templos dorados de los más augustos dioses esa llama que fue para tí
-tan culpable. La diosa del monte Erycis desvió sus miradas; tambien
-dicen que ella no pudo retener sus lágrimas.
-
-Y sin embargo, la suerte del poeta era menos de lamentar que si, muerto
-en el pais de los Feacianos, hubiese sido enterrado sin honor y sin
-nombre. Aquí al menos una madre ha cerrado sus ojos cubiertos de las
-sombras de la muerte, y llevado sus últimos dones á las cenizas de su
-hijo. Aquí al menos una hermana ha partido el dolor de su desgraciada
-madre, y, agarrándose los cabellos, ha venido á llorar junto á él.
-Némesis y Delia han dado ambas á tus lábios un último beso, y no han
-dejado un instante tu pira abandonada. Delia decia alejándose: «Yo soy
-la que ha hecho tu amor más dichosa: tú vivias cuando yo era el objeto
-de tu llama.»«--¿Qué dices tú? replica Némesis. ¿Te toca llorar la
-pérdida que yo he experimentado? Á mí es á quien al morir ha estrechado
-la mano con la suya desfallecida.»
-
-Si no obstante queda de nosotros alguna otra cosa que un nombre y una
-sombra, Tíbulo habitará en los risueños valles de Elíseo. Ven á su
-encuentro, con la frente coronada de yedra, ven aquí con tu querido
-Calvo, jóven y docto Catulo. Y tú tambien, si te acusan injustamente de
-haber ofendido á un amigo, ven aquí, Galo, pródigo de tu sangre y de tu
-vida.
-
-Vé ahí las sombras que deben juntarse á la tuya, si todavía la sombra
-de un cuerpo es alguna cosa; porque á sus cantos de amor tú has unido
-los tuyos, elegante Tíbulo. ¡Que tus huesos descansen tranquilos y á
-salvo en la urna! ¡Que la tierra sea lijera á tu ceniza!
-
-
-NOTAS AL PIE:
-
-[11] Instrumento músico.
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios
-con su señora.
-
-
-Vé aquí el aniversario de las fiestas de Céres; la jóven bella reposa
-sola en su lecho no dividido. Rubia Céres, cuya fina cabellera es
-coronada de espigas, ¿por qué, pues, el dia de tu fiesta, nos privas
-tú el placer? Sin embargo, oh diosa, las naciones hablan de tu
-munificencia, y ninguna otra divinidad es más propicia á los mortales.
-
-Antes de tí, los groseros habitantes de los campos no cocian pan, y el
-área era un nombre desconocido entre ellos. Pero los robles, primeros
-oráculos, producian la bellota: la bellota y la yerba tierna eran todo
-el alimento de los mortales. Céres, la primera, les enseñó á confiar
-á la tierra el grano que debia allí multiplicarse, y á segar con la
-hoz las espigas doradas; la primera que forzó á los toros á llevar el
-yugo, y partió, con el corvo diente del arado, la tierra largo tiempo
-ociosa. ¿Quién podria creer, después de esto, que quiera ver correr
-las lágrimas de los amantes, y ser honrada con sus tormentos y su
-continencia? Ciertamente que para gozar la vida activa de los campos no
-tiene aspereza, y su corazon no está cerrado al amor. Tomo por testigo
-á los cretenses, y todo no es pura fábula en esta Creta tan ufana
-por haber alimentado á Júpiter. Allí se crió el soberano del imperio
-celeste: allí mamó con infantiles lábios una leche bienhechora. Los
-testigos son aquí dignos de fé: su hijo de leche es el que garantiza su
-veracidad, y Céres convendrá, segun creo, en una debilidad muy conocida.
-
-La diosa habia visto, al pié del monte Ida, al jóven Yasio, cuya mano
-segura cazaba las bestias feroces. Ella lo vió, y de pronto un fuego
-secreto se introdujo en sus venas delicadas. De un lado el pudor, y de
-otro el amor se disputaban su corazon; el amor triunfó del pudor. Desde
-entonces hubiéseis visto secarse los surcos; y la tierra apenas dió
-tantos granos como se la habian confiado. Despues de haber, con ayuda
-de azadas, revuelto bien sus campos, y abierto, con la reja del arado,
-el regazo rebelde de la tierra; despues de haberla en todas partes
-igualmente sembrado el confiado labrador veia defraudados sus deseos.
-
-La diosa que preside á las mieses vivia retirada en lo más espeso de
-las selvas. Las coronas de espigas se habian desprendido de su larga
-cabellera. La Creta sola tuvo un año fértil y cosechas abundantes.
-Todos los lugares por donde la diosa habia pasado, estaban cubiertos
-de mieses. La misma Ida habia visto sus bosques llenarse de espigas
-amarillentas, y el feroz jabalí se alimentaba de trigo. El legislador
-Minos deseó muchos años semejantes; deseó que el amor de Céres fuese de
-larga duracion.
-
-La pena que tú hubieras experimentado, rubia diosa, si te hubiese sido
-preciso descansar lejos de tu amante, estoy precisado á sufrirla en
-este dia consagrado á tus misterios. ¿Por qué es necesario que esté
-triste, cuando tú has vuelto á encontrar á una hija, á una reina que
-no es inferior á Juno más que por el capricho de la suerte? Los dias
-festivos invitan á la voluptuosidad, á los cantos y á los festines:
-tales son los presentes que conviene ofrecer á los dioses señores del
-universo.
-
-
-
-
-ELEGIA UNDÉCIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Cansado en fin de los numerosos desprecios de su señora, el poeta hace
-aquí el juramento de no volver á amar.
-
-
-Mucho y por mucho tiempo he sufrido: tu perfidia ha puesto á prueba
-mi paciencia. ¡Huye de mi fatigado corazon, vergonzoso amor! Esto es
-hecho, me he sustraido al yugo, y he quebrantado mis cadenas: estos
-hierros que llevé sin vergüenza, tengo vergüenza al presente de
-haberlos llevado. Triunfo y pisoteo al Amor vencido. Es muy tarde, es
-verdad, que el bochorno me sube á la cara. ¡Vamos, valor y energía!
-Estos males tendrán un dia su recompensa. Los enfermos han debido
-frecuentemente su curacion á los venenos más amargos.
-
-¡Qué! ¡yo he podido, yo, despues de tantas humillaciones, olvidarme
-hasta el punto de dormir en el suelo de tu puerta! ¡Qué! ¡yo he podido,
-yo, para no sé cuál amante que tú estrechabas entre tus brazos,
-hacerme, como un esclavo, el guardian de la casa que me estaba cerrada!
-Yo mismo lo he visto salir fatigado de tu casa, con el paso de un
-veterano gastado por el servicio. Aun he sufrido menos de verlo que de
-ser visto. ¡Ojalá semejante afrenta sea reservada para mis enemigos!
-
-¿Cuándo has paseado tú sin encontrarme á tu lado, á mí, tu guardian,
-á mí, tu amante, á mí, tu inseparable compañero? mucho agradabas
-á las gentes, acompañada por mí; y mi amor te ha valido buen
-número de amantes. ¿Por qué recordaré los vergonzosos engaños de
-tu mentirosa lengua, y los dioses testigos de tantos juramentos
-violados para perderme? ¿Por qué diré aquellas señas de inteligencia,
-dirigidas durante la corrida, á jóvenes amantes, y aquellos términos
-convencionales para disfrazar el sentido de nuestras palabras? Un dia
-se me dijo que ella estaba enferma: yo corro á su casa enteramente
-perdido, enteramente fuera de mí; llego y no estaba enferma para mi
-rival.
-
-Vé ahí, sin hablar de otras muchas, las afrentas que he tenido que
-sufrir frecuentemente. Busca hoy dia otro que pueda soportarlas en mi
-lugar. Ya mi popa, adornada de una corona votiva, vé, sin conmoverse,
-el fracaso de las olas que se levantan tras ella. Basta de caricias y
-de palabras otras veces poderosas: es trabajo perdido: no soy tan loco
-como lo fuí. Siento luchar en mi corazon, muy lijero y diversamente
-agitado, el amor á la vez y el ódio: y si no me engaño es el amor
-quien le enoja. Yo aborreceré, si puedo; si no yo amaré únicamente
-mi defendido cuerpo. El toro tampoco ama el yugo: lo aborrece y sin
-embargo lo lleva.
-
-Huyo de su perfidia: su belleza es la que vuelve mis pasos hácia atrás.
-Aborrezco los vicios de su alma; amo los hechizos de su cuerpo. Así yo
-no puedo vivir ni sin tí, ni contigo; y yo mismo no sé lo que deseo. Yo
-querria que tú fueses ó menos bella ó menos pérfida. Tantos hechizos se
-aunan mal con tanta perversidad. Tu conducta escita el ódio, tu belleza
-encomienda al amor. ¡Desgraciado soy! sus atractivos pueden más que sus
-defectos.
-
-Perdóname, yo te conjuro por los derechos de aquella cama que nos fué
-comun, por todos los dioses (¡pudiesen frecuentemente dejarse engañar
-por tí!), por tu semblante que adoro como una divinidad poderosa,
-por tus ojos que han cautivado los mios: como sea, siempre serás mi
-amiga. Escoje solamente si quieres que te ame por gusto ó por fuerza.
-¡Ah! despleguemos cuanto antes las velas y aprovechemos los vientos
-favorables; porque á pesar de mis esfuerzos, no me veria yo menos
-obligado á amar.
-
-
-
-
-ELEGIA DUODÉCIMA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.
-
-
-Decidme, lúgubres aves, ¿qué dia fué aquel en que no me augurásteis
-sino amores desgraciados? ¿Qué astro supondré sea hostil á mis deseos?
-¿Qué dioses debo acusar de hacerme la guerra? Aquella que no há mucho
-se llamaba toda mia; aquella de quien fuí el primero y solo amante,
-temo no poseerla sino con mil rivales.
-
-¿Me engañé? ¿O es que mis escritos no la han hecho demasiado conocer?
-Ella era toda mia; mi genio poético ha hecho de ella una cortesana. Y
-yo lo he merecido: ¿tenia yo necesidad, en efecto, de preconizar su
-belleza? si ella se vende hoy, la falta es mia. Por mi mediacion ella
-agrada: soy yo quien le trae amantes; mis propias manos le abren la
-puerta. ¿Son útiles los versos? esta es una cuestion: ciertamente ellos
-me han sido siempre funestos; son los que han atraido sobre mi tesoro
-las miradas de la envidia.
-
-Cuando yo podia cantar á Thebas, Troya ó los altos hechos de César,
-solo Corina encendió mi genio. ¡Ojalá las Musas hubiesen sido rebeldes
-á mis primeros esfuerzos, y Febo me hubiese abandonado en medio de mi
-carrera! Y sin embargo, como es costumbre tomar por testigos á los
-poetas, que hubiese preferido que la medida hubiera faltado á mis
-versos.
-
-Nosotros somos los que hemos mostrado á Scyla, arrancando á su anciano
-padre el cabello fatal, condenada á ver salir de sus entrañas perros
-furiosos. Somos nosotros quienes hemos puesto alas á los piés, y dado
-serpientes á la cabellera. A nosotros debe el victorioso pequeño hijo
-de Abas el hendir los aires sobre un caballo alado. Nosotros hemos dado
-á Tityo su prodigiosa grandeza, y á Cerbero sus tres bocas y su crin
-de serpientes. Encélada ha recibido de nosotros mil brazos para lanzar
-sus dardos, y por nosotros un jóven májico somete los héroes á sus
-encantamientos. Nosotros hemos cerrado los vientos eólicos en los odres
-del rey de Itaca; gracias á nosotros el indiscreto Tántalo padece sed
-en el seno mismo de las aguas; Nicole se cámbia en peñasco, y una jóven
-vírgen en osa; gracias á nosotros el ave de Cécrops canta el Odrysio
-Itys; Júpiter se transforma en ave ó en oro; ó, convertido en toro,
-hiende las ondas, llevando sobre su espinazo una vírgen tímida. ¿A qué
-recordar no solo á Protea, sino aquellos dientes de donde nacieron
-los Tebanos? ¿Diré que fué de los toros que vomitaban llamas? ¿ó que
-lágrimas de ámbar corrieron de los ojos de tus hermanas, desgraciado
-Faeton? ¿que embarcaciones han sido cambiadas en diosas del mar? ¿que
-el sol retrocedió de horror, por miedo de alumbrar el horrible festín
-de Atrea? ¿que los más duros peñascos fueron sensibles á los acordes de
-una lira?
-
-El vuelo del fecundo genio de los poetas no conoce límites; no se
-sujeta á la fidelidad de la historia. Tambien se hubieran debido mirar
-como falsas las alabanzas que daba á mi señora: vuestra credulidad es
-hoy dia la causa de mi desdicha.
-
-
-
-
-ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Fiesta de Juno.
-
-
-Siendo mi mujer originaria del fértil pais de los Faliscos, hemos visto
-aquellos muros en otro tiempo vencidos por tí, ilustre Camilo. Las
-sacerdotisas de la casta Juno se disponian á celebrar su fiesta con
-juegos solemnes y con el sacrificio de una vaquilla indígena. Poderoso
-motivo para mí de detenerme; yo queria ver aquella ceremonia, aunque
-no se llega al lugar en que se hace, más que por un camino montuoso y
-difícil.
-
-Es un antiguo bosque sagrado, cuya espesura le hace impenetrable al
-dia; no es menester más que verle para reconocer que una divinidad
-reside allí. Un altar recibia las súplicas y el incienso ofrecido
-por la piedad, un altar hecho sin arte por las manos de nuestros
-antepasados. Allí es de donde á los primeros acentos de la trompeta
-cada año el cortejo de Juno parte y avanza por los caminos tapizados.
-Conduce, en medio de los aplausos del pueblo, blancas vaquillas
-alimentadas con los crasos pastos de Falisca, jóvenes becerros cuya
-frente no está aun armada ni amenazante, el humilde puerco, víctima
-más modesta, y el jefe del rebaño con la cabeza dura y adornada de
-cuernos encorvados. Solo la cabra es odiosa á la potente diosa, despues
-que en un bosque espeso descubrió la presencia de Juno, y la obligó á
-detenerse en su huida. Además los niños, hoy dia aun, persiguen con sus
-flechas á la cabra indiscreta, y el primero que la ha herido la obtiene
-en premio de su destreza.
-
-En todas partes por que la diosa debe pasar, tiernos muchachos y
-vírgenes tímidas cubren de tapiz los verdes caminos. El oro y las
-pedrerías brillan en los cabellos de las jóvenes, y una ropa magnífica
-desciende hasta caer sobre sus piés donde brilla el oro. A la manera de
-los griegos, sus padres, marchan vestidas de blanco, y llevan sobre
-su cabeza los objetos del culto confiados á sus cuidados. El pueblo
-guarda silencio durante la marcha del brillante cortejo. En fin, á
-continuacion de las sacerdotisas aparece la misma diosa.
-
-La fisonomía de este espectáculo es enteramente griega. Despues del
-asesinato de Agamemnon, Haleso no pensó más que en huir del teatro del
-crímen y de los ricos dominios de sus padres. Despues de arriesgadas
-carreras por tierra y por mar, edificó, bajo felices auspicios, una
-ciudad rodeada de altas murallas. De él han aprendido los Faliscos á
-celebrar las fiestas de Juno. ¡Que ellas me sean siempre favorables!
-¡que ellas lo sean siempre á su pueblo!
-
-
-
-
-ELEGIA DÉCIMOCUARTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-A su señora.
-
-
-Yo no te prohibo, bella como eres, tener algunas debilidades; lo que yo
-no quiero, es el dolor y la necesidad para mí de saberlas. No, yo no
-exijo censor rígido, que seas casta y púdica; lo que yo te pido es que
-procures parecerlo. No es culpable la que puede negar el hecho que se
-le imputa; la confesion que hace es la que la deshonra. ¿Qué manía es
-esa, de revelar cada mañana los secretos de la noche, y proclamar á la
-luz del dia lo que no haces más que en la sombra?
-
-La cortesana antes de abandonarse al primero que llega, tiene cuidado
-de poner entre ella y el público una puerta bien cerrada. ¡Y tú, tú
-divulgas en todas partes tus vergonzosos extravíos, orgullosa de ser
-á la vez la delatora y la culpable! Sé en adelante más casta, ó al
-menos imita á las mujeres púdicas. Que yo te crea honesta aunque no lo
-seas. Culpable ayer, sé culpable hoy; pero no lo confieses, y no te
-avergüences en público de hablar un lenguaje modesto.
-
-Un apartado retiro provoca el desarreglo; que sea el solo teatro de
-todos tus placeres, desterrado de allí el pudor. Pero desde que salgas,
-no conserves nada de la cortesana, y en tu lecho queden sepultados
-tus crímenes. Allí, no te ruborices de quitarle la túnica y sostener
-otro muslo apoyado sobre el tuyo. Allí, recibe hasta el fondo de tu
-encarnada boca una lengua amorosa, y que para tí el amor invente
-mil especies de voluptuosidades. Allí ninguna tregua á los dulces
-coloquios, á las palabras halagüeñas, y que tu cama cruja con los vivos
-apretones del placer. Toma en seguida, con tus vestidos, la modesta
-postura de una virgen tímida, y que el pudor de tu frente niegue la
-lascivia de tu conducta. Engaña al público, engáñame; pero permite al
-menos que yo lo ignore, y déjame gozar de mi tonta credulidad.
-
-¿Por qué delante de mí, tantos billetes enviados y recibidos? ¿Por qué
-tu lecho está batanado á la vez por todos lados? ¿Por qué veo sobre tus
-hombros tus cabellos en un desórden que no ha causado el sueño, y sobre
-tu cuello la marca de un diente? No te falta más que hacerme testigo
-ocular de tu vida licenciosa. ¡Oh! si tú te cuidas poco de atender á tu
-reputacion, cuídate de mí al menos. Mi alma me abandona, y me siento
-morir todas las veces que tú te reconoces culpable; y en mis venas
-corre una sangre helada. Entonces amo, entonces me esfuerzo en vano en
-aborrecer lo que me veo forzado á amar; entonces yo quisiera morir,
-pero contigo.
-
-No haré yo ninguna averiguacion; no insistiré, desde que te vea pronta
-á negar: tu denegacion solo equivaldrá á inocencia. Si no obstante
-llegara yo á sorprenderte en flagrante delito, si mis ojos hubieran de
-ser un dia testigos de tu vergüenza, lo que yo hubiera visto demasiado
-bien, niega que lo haya visto, y mis ojos tendrán menos autoridad que
-tus palabras. Así te será fácil vencer á un enemigo que no pide más
-que ser vencido. Que solamente tu lengua se acuerde de decir: «No
-soy culpable.» Cuando puedes tan fácilmente triunfar con estas dos
-palabras, triunfa, si no por la bondad de tu causa, al menos por la
-indulgencia de tu juez.
-
-
-
-
-ELEGÍA DÉCIMOQUINTA.
-
-ARGUMENTO.
-
-Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa.
-
-
-Busca un nuevo poeta, madre de los tiernos Amores; yo no tengo más que
-tocar la meta de mi carrera elegíaca. Estos cantos que he compuesto,
-yo, hijo de los campos pelignos, han hecho mis delicias y mi nombradía.
-Si este honor es alguna cosa, yo he heredado, del primero como del
-último de mis antepasados, el título de caballero, y no lo debo al
-tumulto de las armas. Mántua está envanecido de Virgilio, Verona de
-Catulo: se me llamará á mí, la gloria del pueblo Peligno, de este
-pueblo cuyo amor por la libertad le impuso el santo deber de combatir,
-en la época en que Roma inquieta tembló delante de las armas reunidas
-para su ruina. Un dia, viendo la pantanosa Sulmona encerrada en el
-estrecho circuito de sus muros, el viajero exclamará: «Villa que has
-sido cuna de tal poeta, tan pequeña como eres, te proclamo grande.»
-
-Amable niño, y tú, Vénus, madre de este amable niño, arrancad de mi
-campo vuestros dorados estandartes. El dios cuya frente está armada
-de cuernos, Baco, agitando cerca de mí su temible tirso, me apresura
-á lanzar los corceles vigorosos en una más vasta carrera. Vosotras,
-delicadas elegías, y tú, Musa lijera, adios: mi obra me sobrevivirá.
-
-
-FIN.
-
-
-
-
-ÍNDICE DE ESTA OBRA.
-
-
- Págs.
-
- Los traductores. 7
-
-
- LIBRO I.
-
- _Elegía_ 1.ª--Argumento.--Por qué el poeta pasa
- de los versos heróicos á los eróticos. 11
-
- _Elegía_ 2.ª--Argumento.--Descríbese el triunfo
- del amor. 13
-
- _Elegía_ 3.ª--Argumento.--Se recomienda á su
- querida por las excelencias de la poesía, la
- pureza de sus costumbres y la fidelidad á toda
- prueba que ofrece. 16
-
- _Elegía_ 4.ª--Argumento.--Antes de cenar con
- su querida le indica las señas con que podrán
- manifestarse su mutuo amor á presencia del
- marido. 17
-
- _Elegía_ 5.ª--Argumento.--Alégrase de haber poseido
- á su amiga. 21
-
- _Elegía_ 6.ª--Argumento.--Imprecaciones contra
- el portero que rehusaba abrirle la puerta. 22
-
- _Elegía_ 7.ª--Argumento.--Contra sí mismo por
- haberle pegado á su querida. 26
-
- _Elegía_ 8.ª--Argumento.--Contra una alcahueta
- que intentaba enseñar á la querida del poeta
- las artes de la prostitucion. 30
-
- _Elegía_ 9.ª--Argumento.--Gracioso paralelo entre
- la guerra y el amor. 36
-
- _Elegía_ 10.--Argumento.--A una jóven para
- apartarla de la prostitucion. 39
-
- _Elegía_ 11.--Argumento.--Suplica á Nape lleve
- un billete amoroso á Corina. 43
-
- _Elegía_ 12.--Argumento.--Maldice las tabletas
- portadoras de la respuesta negativa de su dama. 45
-
- _Elegía_ 13.--Argumento.--A la Aurora, para que
- no acelere demasiado su marcha. 46
-
- _Elegía_ 14.--Argumento.--A una muchacha vuelta
- calva de repente. 49
-
- _Elegía_ 15.--Argumento.--Contra los adversarios
- de la poesía. 53
-
-
- LIBRO II.
-
- _Elegía_ 1.ª--Argumento.--Por qué en lugar de la
- jigantomaquia que tenia comenzada, canta sus amores. 56
-
- _Elegía_ 2.ª--Argumento.--Al eunuco Bagoas,
- para que le procure fácil acceso junto á la
- belleza confiada á su guarda. 59
-
- _Elegía_ 3.ª--Argumento.--Al mismo que se mostraba
- inflexible. 63
-
- _Elegía_ 4.ª--Argumento.--Su inclinacion al amor;
- por qué todas las bellas, sin distincion, le agradaban. 64
-
- _Elegía_ 5.ª--Argumento.--Dirige reproches á su
- señora, quien á su vista mientras fingía dormir,
- habia dado á otro convidado señales inequívocas
- de su amor. 67
-
- _Elegía_ 6.ª--Argumento.--Deplora la muerte del
- papagayo que habia regalado á su señora. 71
-
- _Elegía_ 7.ª--Argumento.--A Corina: niega haber
- tenido jamás ningun comercio con Cipasis. 75
-
- _Elegía_ 8.ª--Argumento.--A Cipasis le pregunta
- cómo Corina ha podido saber el secreto de sus amores. 77
-
- _Elegía_ 9.ª--Argumento.--A Cupido: le exhorta
- para que no gaste todas sus flechas contra él solo. 79
-
- _Elegía_ 10.--Argumento.--A Grecino: se puede
- muy bien, dígase como se quiera, amar á dos
- mujeres á la vez. 82
-
- _Elegía_ 11.--Argumento.--Trata de disuadir á
- Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania. 84
-
- _Elegía_ 12.--Argumento.--Se goza por fin de haber
- obtenido los favores de Corina. 88
-
- _Elegía_ 13.--Argumento.--A Isis: le pide proteja
- la preñez de Corina. 90
-
- _Elegía_ 14.--Argumento.--A Corina: aprovecha
- su restablecimiento para exponerle más libremente
- la gravedad de su falta. 92
-
- _Elegía_ 15.--Argumento.--Al anillo que él habia
- enviado como presente á su señora. 95
-
- _Elegía_ 16.--Argumento.--A Corina induciéndola
- á que vaya á su casa de campo de Sulmona. 97
-
- _Elegía_ 17.--Argumento.--Se compadece de Corina,
- demasiado engreida de su belleza. 100
-
- _Elegía_ 18.--Argumento.--A Macer: Se justifica
- de entregarse enteramente á cantos eróticos. 102
-
- _Elegía_ 19.--Argumento.--A un hombre cuya
- mujer amaba. 104
-
-
- LIBRO III.
-
- _Elegía_ 1.ª--Argumento.--La Tragedia y la _Elegía_
- se disputan la posesion de Ovidio. 109
-
- _Elegía_ 2.ª--Argumento.--Los juegos del Circo. 113
-
- _Elegía_ 3.ª--Argumento.--A su amiga, que habia
- faltado á sus juramentos. 118
-
- _Elegía_ 4.ª--Argumento.--Exhorta á un marido
- á no hacer vigilar tan severamente á su mujer. 121
-
- _Elegía_ 5.ª--Argumento.--Sueño. 124
-
- _Elegía_ 6.ª--Argumento.--A un rio que crecia
- de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al
- paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora. 127
-
- _Elegía_ 7.ª--Argumento.--Contra él mismo por
- haber caido en falta con su querida. 133
-
- _Elegía_ 8.ª--Argumento.--A su señora que habia
- preferido un amante más rico que Ovidio. 138
-
- _Elegía_ 9.ª--Argumento.--Sobre la muerte de Tíbulo. 142
-
- _Elegía_ 10.--Argumento.--A Céres: se lamenta de que no
- le sea permitido asistir á sus misterios con su señora. 146
-
- _Elegía_ 11.--Argumento.--Cansado en fin de los
- numerosos desprecios de su señora, el poeta
- hace aquí el juramento de no volver á amar. 149
-
- _Elegía_ 12.--Argumento.--Siente que sus escritos
- hayan dado demasiado á conocer á su bella. 152
-
- _Elegía_ 13.--Argumento.--Fiesta de Juno. 155
-
- _Elegía_ 14.--Argumento.--A su señora. 157
-
- _Elegía_ 15.--Argumento.--Dice adios á su Musa
- lasciva, para seguir otra más severa. 160
-
-*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AMORES ***
-
-Updated editions will replace the previous one--the old editions will
-be renamed.
-
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the
-United States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away--you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-
-START: FULL LICENSE
-
-THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
-PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
-
-To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase "Project
-Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
-Gutenberg-tm electronic works
-
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
-person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
-1.E.8.
-
-1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
-Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
-you share it without charge with others.
-
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
-on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
-phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
- most other parts of the world at no cost and with almost no
- restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
- under the terms of the Project Gutenberg License included with this
- eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
- United States, you will have to check the laws of the country where
- you are located before using this eBook.
-
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
-Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
-
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg-tm License.
-
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
-other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg-tm website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
-Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.
-
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
-provided that:
-
-* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation."
-
-* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
- works.
-
-* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
-
-* You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg-tm works.
-
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-
-1.F.
-
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
-of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
-Defect you cause.
-
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
-
-Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
-goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
-www.gutenberg.org
-
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation
-
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state's laws.
-
-The Foundation's business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation's website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
-Literary Archive Foundation
-
-Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without
-widespread public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
-state visit www.gutenberg.org/donate
-
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-
-Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works
-
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-
-Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: www.gutenberg.org
-
-This website includes information about Project Gutenberg-tm,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
diff --git a/old/68015-0.zip b/old/68015-0.zip
deleted file mode 100644
index 2ec6513..0000000
--- a/old/68015-0.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/68015-h.zip b/old/68015-h.zip
deleted file mode 100644
index 10d2ae9..0000000
--- a/old/68015-h.zip
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/68015-h/68015-h.htm b/old/68015-h/68015-h.htm
deleted file mode 100644
index 0a8472b..0000000
--- a/old/68015-h/68015-h.htm
+++ /dev/null
@@ -1,4387 +0,0 @@
-<!DOCTYPE html>
-<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es">
-<head>
- <meta charset="UTF-8" />
- <title>
- Amores: elegías amatorias, by Publio Nasón Ovidio—A Project Gutenberg eBook
- </title>
- <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover" />
- <style> /* <![CDATA[ */
-
-body {
- margin-left: 10%;
- margin-right: 10%;
-}
-
- h1,h2,h3,h4,h5,h6 {
- text-align: center; /* all headings centered */
- clear: both;
-}
-
-p {
- margin-top: .51em;
- text-align: justify;
- margin-bottom: .49em;
- text-indent: 1em;
-}
-
-.bold {font-weight: bold;}
-
-.p2 {margin-top: 2em;}
-.p4 {margin-top: 4em;}
-
-hr {
- width: 33%;
- margin-top: 2em;
- margin-bottom: 2em;
- margin-left: 33.5%;
- margin-right: 33.5%;
- clear: both;
-}
-
-hr.chap {width: 65%; margin-left: 17.5%; margin-right: 17.5%;}
-@media print { hr.chap {display: none; visibility: hidden;} }
-
-hr.r5 {width: 5%; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em; margin-left: 47.5%; margin-right: 47.5%;}
-
-div.chapter {page-break-before: always;}
-h2.nobreak {page-break-before: avoid;}
-
-table {
- margin-left: auto;
- margin-right: auto;
-}
-table.autotable { border-collapse: collapse; width: 80%;}
-table.autotable td,
-table.autotable th { padding: 4px; vertical-align: top;}
-.x-ebookmaker table {width: 95%; font-size: 0.9em;}
-
-.tdr {text-align: right;}
-.tdc {text-align: center;}
-.page {width: 2em;}
-
-.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */
- /* visibility: hidden; */
- position: absolute;
- left: 92%;
- font-size: smaller;
- text-align: right;
- font-style: normal;
- font-weight: normal;
- font-variant: normal;
-} /* page numbers */
-
-.bb {border-bottom: 2px solid; width: 50%; margin-left: 25%;}
-
-.bt {border-top: 2px solid; width: 50%; margin-left: 25%;}
-
-.center {text-align: center; text-indent: 0em;}
-
-.smcap {font-variant: small-caps;}
-
-/* Images */
-
-img {
- max-width: 100%;
- height: auto;
-}
-img.w50 {width: 50%;}
-.x-ebookmaker .w50 {width: 75%;}
-img.w10 {width: 10%;}
-.x-ebookmaker .w10 {width: 15%;}
-
-.figcenter {
- margin: auto;
- text-align: center;
- page-break-inside: avoid;
- max-width: 100%;
-}
-
-/* Footnotes */
-.footnotes {border: 1px dashed; margin-top: 2em; margin-left: 3%; margin-right: 3%;}
-
-.footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; font-size: 0.9em;}
-
-.footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right;}
-
-.fnanchor {
- vertical-align: super;
- font-size: .8em;
- text-decoration:
- none;
-}
-
-.xbig {font-size: 2em;}
-.big {font-size: 1.2em;}
-.small {font-size: 0.8em;}
- /* ]]> */ </style>
-</head>
-<body>
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>Amores</span>, by Publio Ovidio Nasón</p>
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
-most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
-whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
-of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
-at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
-are not located in the United States, you will have to check the laws of the
-country where you are located before using this eBook.
-</div>
-</div>
-
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Title: <span lang='es' xml:lang='es'>Amores</span></p>
-<p style='display:block; margin-left:2em; text-indent:0; margin-top:0; margin-bottom:1em;'><span lang='es' xml:lang='es'>elegías amatorias</span></p>
-<p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em'>Author: Publio Ovidio Nasón</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Release Date: May 7, 2022 [eBook #68015]</p>
-<p style='display:block; text-indent:0; margin:1em 0'>Language: Spanish</p>
- <p style='display:block; margin-top:1em; margin-bottom:0; margin-left:2em; text-indent:-2em; text-align:left'>Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (Biblioteca Nacional de España.)</p>
-<div style='margin-top:2em; margin-bottom:4em'>*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>AMORES</span> ***</div>
-<p><span class="pagenum" id="Page_i">[Pg i]</span></p>
-
-
-
-
-
-<h1> OVIDIO.</h1>
-
-<p class="center big"> LOS AMORES.
-</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_ii">[Pg ii]</span></p>
-
-<p class="center p2"><span class="figcenter" id="img001">
- <img src="images/001.jpg" class="w50" alt="Man with a lyre by a river gesturing at angels in the clouds above" />
-</span></p>
-</div>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_iii">[Pg iii]</span></p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-
-<p class="center xbig"> AMORES.</p>
-<hr class="r5" />
-<p class="center xbig"> ELEGÍAS AMATORIAS</p>
-
-<p class="center small"> DE</p>
-
-<p class="center big"> OVIDIO,</p>
-
-<p class="center"> por primera vez publicadas en lengua castellana.</p>
-<hr class="r5" />
-<p class="center big"> <i>Traduccion hecha sobre el original latino por
- dos literatos valencianos.</i></p>
-
-<p class="center p2"><span class="figcenter" id="img002">
- <img src="images/002.jpg" class="w10" alt="Decorative line" />
-</span></p>
-
-<p class="center p2"> VALENCIA; 1878.</p>
-<hr class="r5" />
-<p class="center"> <span class="smcap">Librerías de Juan Mariana y Sanz, editor</span>,<br />
- librero de la Universidad y Ayuntamiento,</p>
-
-<p class="center"><i>Bajada de S. Francisco</i>,<br />
-<span class="small">núm. 11.</span></p>
-
-<p class="center"> <i>Lonja de la Seda</i>,<br />
-<span class="small">núm. 7.</span>
-</p>
-</div>
-<p><span class="pagenum" id="Page_iv">[Pg iv]</span></p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-
-<div class="bt bb">
-
-<p class="center">Esta obra es propiedad de su editor Sr. Mariana y Sanz, y todos los
-ejemplares llevarán su sello para los efectos de la Ley.</p>
-</div>
-
-<p class="center p2"><span class="figcenter" id="img003">
- <img src="images/003.jpg" class="w10" alt="Decorative image" />
-</span></p>
-
-
-
-<p class="bt center">Valencia 1878.—Imp. de M. Alufre, Quevedo, 17.</p></div>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_v">[Pg v]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="EPIGRAMA">EPÍGRAMA<br />DE P. OVIDIO NASON,<br /><span class="small">SOBRE SUS AMORES.</span></h2>
-</div>
-<hr class="r5" />
-
-<p>Nosotros que éramos poco há en número de cinco libros, somos ahora solo
-tres: Ovidio, nuestro padre, así lo ha preferido. Si no experimentais
-gusto alguno al leernos, la disminucion de dos libros aliviará vuestro
-enfado.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_vii">[Pg vii]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="LOS_TRADUCTORES">LOS TRADUCTORES.</h2>
-</div>
-<hr class="r5" />
-
-<p>No hay español medianamente instruido, siquiera no posea la lengua del
-Lacio, que no conozca á Ovidio por sus célebres <i>Metamórfosis</i>,
-vertidas al castellano desde antiguo por Antonio Perez Sigler, Felipe
-Mey y otros; vulgar se ha hecho ya el conocimiento del mismo eminente
-poeta por su famoso <i>Arte de amar</i>, cuya última edicion española
-ha publicado recientemente el editor del presente libro; á quien
-registre nuestras bibliotecas no ha de ser difícil saborear en la
-propia lengua de Castilla la traduccion que D. Sebastian de Albarado
-tituló <i>Heroyda Ovidiana</i> y hasta las <i>Epístolas amatorias</i>,
-causa, segun se dice, de la desgracia y destierro de su autor, que
-tiempo há fueron traducidas por Diego Megía; pero los <span class="smcap">Amores</span>,
-obra la más expontáneamente producida por el génio poético del
-voluptuoso Ovidio, los <i>Amores</i>, que reflejan fielmente la manera
-más íntima de ser y de pensar, no solo de su autor, sino de la juventud
-romana de su época; los <i>Amores</i>, que marcan el grado de la
-corrupcion de costumbres de la corte de Augusto, digna, por más de un
-concepto, de profundo estudio; esos <i>Amores</i> son poco conocidos
-en el mundo literario, y jamás hasta ahora, que sepamos, han sido
-traducidos á la lengua castellana.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_viii">[Pg viii]</span></p>
-
-<p>¿Es menguado, acaso, el mérito de las elegías amorosas del autor de las
-Metamórfosis?</p>
-
-<p>De ningun modo: Ovidio habia nacido poeta; y á pesar suyo, á pesar
-de la promesa de no componer más versos, hecha á su padre al pedirle
-perdon, diciendo: «<i lang="la" xml:lang="la">Parce mihi, nunquam versificabo, pater!</i>»,
-los versos, como el anterior, brotaban naturalmente de su mente, como
-el agua desbordada de manantial fecundo, hasta el punto de confesar él
-mismo: «<i lang="la" xml:lang="la">Quid quid tentabam scribere, versus erat.</i>» Poeta por
-naturaleza, entre todos los géneros de poesía, el que mejor se adaptaba
-á su génio é inclinaciones, era sin duda el amoroso.</p>
-
-<p>En vano se propone escribir un poema en doce cantos, para celebrar al
-jigante de cien manos Gyges, hijo del cielo y de la tierra; su musa es
-el amor: «<i lang="la" xml:lang="la">hoc quoque jussit amor!</i>»</p>
-
-<p>Ahora bien; ¿dónde más en su centro pudo encontrarse el génio poético
-de Ovidio que al cantar sus propios amores?</p>
-
-<p>Corina, la bella Corina, semejante á Lais y á Semíramis, y principal
-objeto de las elegías amorosas de Ovidio, es á este poeta lo que Delia
-á Tibulo, lo que Lesbia á Catullo, lo que Cynthia á Propercio, lo
-que Lycoris á Galo, lo que Lydia, Gliceria, Cloris, Phyllida, Licia,
-Phillis, Neera, Tyndaris y Pyrrhe al voluble Horacio<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_ix">[Pg ix]</span></p>
-
-<p>Del mismo modo á Ovidio, que públicamente ama á Corina, tampoco le son
-indiferentes la camarera Cypassis, la peinadora Nape y otras que no
-nombra, pero que tambien le inspiran bellos versos como protectoras de
-sus intrigas amorosas, á cuya sombra se ocultan.</p>
-
-<p>Al desaparecer estos pasajeros amores, no queda en el pecho del poeta
-otro afecto más íntimo que el recuerdo de la amistad consagrado á su
-inolvidable compañero Tibulo, á cuya sentida muerte dedica una de sus
-más bellas elegías de este libro, en la que evoca los queridos nombres
-de Calvo, Catullo y Galo, cantores del amor, cuyos nombres figuran
-juntamente en el Eliseo.</p>
-
-<p>Solo otra de las elegías iguala tal vez á esta en fuerza de conviccion
-y de sentimiento, y es la XV del libro I, dirigida contra los
-detractores de la poesía.</p>
-
-<p>La poesía, la amistad, el amor, hé aquí la trilogia que comprende toda
-la vida de Ovidio; tales son la delicia, el consuelo y la necesidad
-de su alma. ¿Dónde, pues, ha podido reflejarse mejor esta, que en las
-elegías dedicadas á sus más íntimos afectos?</p>
-
-<p>Leyendo las <i>Metamórfosis</i> se puede apreciar la erudicion
-mitológica, el ingénio para elegir, la facultad para poetizar de
-Ovidio; en <i>Arte de amar</i> hace gala de su aptitud didáctica; pero
-para conocer á Ovidio como poeta y como hombre, es necesario leer sus
-<i>Amores</i>.</p>
-
-<p>Verdad es que nada tienen de honestos tales <i>Amores</i>, que no
-serian dignos de leerse, á no estar engalanados con toda la mágia de la
-poesía y de la originalidad. En efecto, los <i>Amores</i> de Ovidio,
-que no tienen la tristeza de Tibulo, ni el buen humor y sencillez de
-Horacio;<span class="pagenum" id="Page_x">[Pg x]</span> que están lejos de los arrebatos de Catulo, y aun más lejos
-del insulso platonismo de la mayor parte de los poetas eróticos, son la
-expresion del placer y de la voluptuosidad en toda su desnudez, pero
-presentada con el decoro del arte.</p>
-
-<p>Si es digna de condenarse á perecer esta clásica obra, cuya traduccion
-presentamos, no deben por igual razon quedar en pié las clásicas
-estátuas de Vénus, que tambien con toda su desnudez, pero con el
-decoro del arte, nos legó la antigüedad, como representacion de la
-voluptuosidad, del placer y de la belleza, si es que otra cosa no
-representa la infiel esposa de Vulcano y lasciva amante de Adónis.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Ello, no obstante, dice de él el Sr. Alarcon en su
-discurso de recepcion por la Real Academia Española, que fué
-constantemente moral y muchas veces moralista en sus inmortales
-versos.</p>
-
-</div>
-</div>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="LIBRO_PRIMERO">LIBRO PRIMERO.</h2>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_PRIMERA">ELEGIA PRIMERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-<p class="center bold">Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos.</p>
-
-
-<p>Las armas y las encarnizadas batallas me preparaba á cantar en forma
-heróica. Los versos eran todos de igual medida, pero dicen que se echó
-á reir Cupido y acortó un pié. ¿Quién, niño cruel, te ha dado tal
-derecho sobre la poesía? De las musas, y no tuyo, somos cortejo los
-vates. ¿Qué se diria si Vénus se cubriese con las armas de Minerva
-ó si esta atizase tu hacha para avivar su llama? ¿Quién hallaria
-conforme que Céres reinase en las frondosas selvas y la vírgen del
-Carcax presidiese el cultivo de los campos? ¿Apolo, el de los rubios
-cabellos,<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span> será armado de aguda lanza mientras que Marte hará vibrar
-las cuerdas de la lira Aonia? Demasiado grande y demasiado poderoso,
-¡oh muchacho! es tu imperio; ¿por qué aun quieres extenderlo más? ¿Es
-todo tuyo? ¿son tuyos el monte Helicon y el valle de Tempe? ¿Tambien ha
-de ser tuya la lira de Apolo? El primer verso principiaba rotundamente
-mi nuevo poema, cuando el Amor acorta repentinamente mi brio. Para
-inspirarme versos más ligeros, no tengo ni un jóven ó una jóven de
-blondos cabellos, que me den pié.</p>
-
-<p>Apenas me habia quejado, cuando desligando su carcax, sacó flechas
-destinadas á herirme y despues de tender fuertemente sobre la rodilla
-su flexible arco: «Recibe, dijo, oh vate, asunto que cantar.»—¡Infeliz
-de mí! el niño acertó la puntería. Me abrasó, y en mi pecho, hasta
-ahora vacío, reina el Amor. Comencé mi obra con seis piés y acabé con
-cinco. Adios, sangrientas guerras; adios, ritmo bélico. Ciñe tu rubia
-cabeza con el verde mirto, Musa mia, que no tienes que modular más que
-once piés en cada dos versos.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_SEGUNDA">ELEGIA SEGUNDA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-<p class="center bold">Descríbese el triunfo del amor.</p>
-
-
-<p>¿Podrá haber quien me diga por qué me parece tan duro mi lecho, por
-qué mi cubrecama no puede permanecer sobre él, por qué esta tan larga
-noche ha pasado sin poder yo conciliar el sueño, y por qué, aun echado,
-me duelen todos los huesos? Comprendo que así sucediera, si algun amor
-viniese á tentarme. ¿Por dónde traidoramente se desliza y callado me
-hiere con sus artificios? Sí, eso es: agudas flechas han penetrado mi
-corazon, que fiero, el amor trata como pais conquistado. ¿Me daré por
-vencido, ó, luchando, daré pábulo á esta súbita llama? Cedamos: leve
-se hace la carga cuando se la sabe llevar. Crecen las llamas cuando se
-las combate soplando, y se extinguen cuando nadie las toca. Más golpes
-llevan los bueyes que repelen el yugo, que los habituados á llevarlo.
-El caballo indómito es duramente regido, y ménos siente el freno el
-que está pronto á marchar<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span> al combate. Así tambien el Amor apremia
-más cruelmente á los rebeldes que á los que se conforman á prestarle
-vasallaje.</p>
-
-<p>¡Yo lo confieso, soy tu nueva presa, Cupido! somos los vencidos que
-extendemos las manos ante tu poder. No hay necesidad de guerra; paz
-y perdon te imploramos. Pero no mereces alabanza en vencer con tus
-armas á un hombre inerme. Corónale de mirto, unce las palomas de tu
-madre; el mismo Marte te dará el carro que te conviene, y sobre ese
-carro, en medio de las aclamaciones del pueblo, te erigirás triunfador,
-y guiarás con arte las uncidas aves. Seguiránte jóvenes cautivos y
-cautivas niñas. Esta será la pompa de tu magnífico triunfo, y yo mismo,
-postrer víctima, estaré allí con mi reciente herida, y, esclavo sumiso,
-arrastraré mi nueva cadena. La Moralidad será conducida con las manos
-atadas tras la espalda, lo mismo que el Pudor y cuanto es obstáculo
-á las armas del Amor. Todos te temerán y, extendiendo hácia tí sus
-brazos, entonará el pueblo con grandes voces «¡Victoria!» Las caricias
-serán tus compañeras, y la ilusion y la locura tu inseparable escolta.
-Con este ejército somete los hombres y los dioses. Alegre<span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span> tu Madre te
-aplaudirá triunfador, desde lo alto del Olimpo, y esparcirá rosas sobre
-tu frente. Tus alas y tus cabellos se adornarán con piedras preciosas,
-y resplandeciente como el oro, serás conducido por las doradas ruedas
-de tu carro. Tambien entonces, si mal no te conozco, inflamarás no
-pocos corazones; tambien entonces abrirás á tu paso muchas heridas. Tus
-flechas, aunque lo quisieras, no pueden estar quietas, tu férvida llama
-quema aun en medio del agua.</p>
-
-<p>Tal era Baco cuando triunfó del pais donde corre el Ganges: tú eres
-conducido por aves, él lo fué por tigres; así, pues, que forme yo
-parte de tu sacra comitiva; no quieras perder el derecho del vencedor.
-Contempla la feliz conquista de tu pariente César: con la misma mano
-con que los vence proteje á los vencidos.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_TERCERA">ELEGIA TERCERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Se recomienda á su querida por las excelencias de la poesía, la pureza
-de sus costumbres y la fidelidad á toda prueba, que ofrece.</p>
-
-
-<p>Mi plegaria es justa: que la niña que há poco me han robado, ó me ame,
-ó haga por que le ame toda mi vida. ¡Ah, demasiado he ambicionado! que
-solamente me permita amarla. Ojalá Venus oyera mis súplicas. Acepta un
-amante que te servirá por largos años, acepta un amante que sabe amar
-con fidelidad eterna.</p>
-
-<p>Si no me recomiendan ilustres apellidos de antigua familia; si mi
-abuelo era solo un caballero particular, y si las tierras de mi casa
-no se remueven con innumerables arados y mis padres restringen mi
-escaso gasto, recomiéndenme no solamente Apolo y sus nueve compañeras
-y el inventor de la viña, sino tambien el Amor que me entrega á tí, y
-la fidelidad á que nadie me hará faltar; mis costumbres sin tacha, mi
-inocente sencillez, y mi rubicundo pudor. No me gustan todas: no soy<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span>
-burlador de Amores. Tú sola, si me correspondes con la misma fidelidad,
-serás siempre mi perene cuidado. Ojalá pase junto á tí los años que la
-Parca me deje, y muera con sentimiento tuyo.</p>
-
-<p>Dame feliz tema para mis versos y serán dignos de quien los inspira. A
-la poesía deben su celebridad la ninfa Io, asustada de sus cuernos; y
-aquella á quien el adúltero sedujo, trasformado en Cisne<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>, y la que
-robada por un fingido toro se cogió á sus largos cuernos con virgínea
-mano<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>. Nosotros tambien seremos cantados por todo el mundo, y siempre
-citarán unidos tu nombre y el mio.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Leda.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Europa.</p>
-
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_CUARTA">ELEGIA CUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Antes de cenar con su querida le indica las señas con que podrán
-manifestarse su mútuo amor á presencia del marido.</p>
-
-
-<p>Tu marido ha de cenar con nosotros; ¡así sea esta su última cena!
-¿mientras tanto solo contemplaré<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span> á mi amada como convidado? ¿El
-derecho de estar junto á ella será de otro? ¿Recostada con él darás
-nuevo calor á su seno? ¿Cuando guste, pasará su mano sobre tu cuello?
-No atiendas á la que tras el festin de su boda<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a> puso en guerra á
-los deformes Centauros. Yo no habito las selvas, ni soy medio caballo
-como ellos, pero me parece que apenas podré contenerme. Aprende lo que
-tienes que hacer y no dejes que se lleven mis palabras ni el Euro ni el
-tibio Noto.</p>
-
-<p>Llega ántes que tu marido; no preveo aun así qué puede hacerse, pero vé
-primero. Cuando se acerque á la mesa, irás con aire modesto á ponerte
-á su lado; procurando el oculto contacto de nuestros piés. Observa lo
-que te indiquen mis señas y el lenguaje de mis ojos. Mira y devuelve
-del mismo modo las furtivas señas. Sin voz le hablarán mis cejas y
-leerás palabras trazadas con los dedos. Cuando te ocurra la idea de
-nuestros placeres, toca con el tierno índice tus sonrosadas mejillas.
-Si quieres darme alguna secreta queja, suspenda el extremo de tu oreja
-tu blanda mano. Cuando te<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span> plazca, sol mio, lo que yo haga ó diga, haz
-rodar tu sortija al rededor de tus dedos. Pon las manos sobre la mesa
-del modo como cuando suplicantes piden para tu marido todos los males
-que merece. Cuando él te escancie el vino, haz que se lo beba, y pide
-despues por lo bajo al criado que te sirva el que prefieras. Yo tomaré
-el primero la copa que tú dejes y beberé en ella por la misma parte
-por donde tú hayas bebido. Si por casualidad te ofrece el vino libado
-ántes por él, rehúsalo. No permitas que oprima tu cuello con indignas
-caricias, ni reposes tu cabeza sobre su rudo pecho; sobre todo,
-guárdate de darle besos. Si se los das, yo me declararé públicamente tu
-amante, diciendo «son mios;» y se los disputaré con mis manos.</p>
-
-<p>Estas caricias, sin embargo, las veré; pero las que me ocultará la
-cubierta de la mesa serán mi mayor tormento. No juntes, pues, ni tus
-piernas, ni tus rodillas á las de tu marido, ni roces con tu delicado
-pié, su pié grosero.</p>
-
-<p>Temo, infeliz, muchos males, porque muchos males hice, y me atormento
-con el temor de mi mismo ejemplo. Muchas veces mi querida y yo hemos
-estimulado bajo los vestidos que nos cubrian,<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span> el momento del dulce
-placer. Tú no harás eso; pero, para ahuyentar toda duda, desnuda tus
-espaldas del manto que las cubre. Ruega contínuamente á tu marido que
-beba, pero sin acompañar las súplicas con besos; y mientras beba,
-añádele furtivamente si puedes vino puro, y si se deja caer por efecto
-del sueño y del vino, nos aconsejarán el sitio y las circunstancias.</p>
-
-<p>Cuando te levantes y todos nos levantemos para irnos á casa, no olvides
-introducirte en medio de la comitiva; allí me encontrarás ó allí te
-encontraré, y entonces tienta de mí lo que puedas.</p>
-
-<p>¡Infeliz de mí! Te he enseñado lo que debe aprovechar para pocas horas,
-pues la noche manda separarme de mi compañera. Su marido se encerrará
-con ella toda la noche, y yo, bañado de lágrimas, no podré seguirle
-sino hasta la puerta. Le dará besos, despues se tomará algo más que
-besos, y le darás como un deber, lo que á mí me concedes furtivamente;
-pero no te prestes, esto te es posible, sino de mala gana y como á la
-fuerza. Callen las caricias, y séale Vénus avara. Si de algo sirven mis
-votos, él no hallará placer alguno; á lo menos tú no lo recibas de él.
-Por lo demás,<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span> cualesquiera que sean los sucesos esta noche, niégame
-mañana porfiadamente haberle concedido cosa alguna.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> Hippodamia</p>
-
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_QUINTA">ELEGÍA QUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Alégrase de haber poseido á su amiga.</p>
-
-
-<p>Hacia mucho calor; era el medio dia, y yo me recosté en la cama para
-descansar. Las ventanas estaban entreabiertas, dando paso á una media
-luz semejante á la que suelen dejar los árboles del bosque, ó á la
-que destella el crepúsculo cuando el sol se pone, ó bien la que se
-distingue cuando acaba la noche, pero aun no ha principiado el dia. Tal
-es la luz que ha de prepararse á las niñas vergonzosas, para que su
-tímido pudor pueda cohonestarse con la penumbra.</p>
-
-<p>Hé aquí que llega Corina, con la túnica recojida y con el cabello
-dividido sobre su blanco cuello, cual se dice iba al tálamo la hermosa
-Semíramis, ó como Lais se presentaba á sus numerosos amantes.<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span> Le
-separé la túnica, que por lo fino no perjudicaba gran cosa, pero
-luchaba por cubrirse con ella, y así luchando, como quien no quiere
-vencer, fué vencida sin gran pena.</p>
-
-<p>Cuando se descubrió ante mis ojos sin velo alguno, no apareció ni
-una imperfeccion en todo su cuerpo. ¡Qué hombros, qué brazos ví y
-toqué! ¡qué seno formado para las caricias! ¡Qué liso vientre bajo su
-preeminente pecho! ¡Qué esbelto talle! ¡Qué juvenil pierna! ¿Por qué
-descender á detalles? No he visto nada tan perfecto, y desnudo oprime
-su cuerpo con el mio. ¿Quién ignora lo demás? Fatigados, descansamos
-los dos. ¡Así pueda yo pasar á menudo las calurosas horas del medio dia!</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_SEXTA">ELEGÍA SEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Imprecaciones contra el portero que rehusaba abrirle la puerta.</p>
-
-
-<p>Portero, indignamente cargado de hierros, abre, haciendo rodar los
-goznes la rebelde puerta.<span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span> Poco es lo que te pido: entreábrela solo
-lo suficiente para que pueda yo pasar de lado. La prolongada pasion
-amorosa, ha extenuado mi cuerpo y ha puesto mis miembros á propósito
-para ello. El amor me enseña á insinuarme suavemente á los guardianes,
-y dirije, protegiéndolos, mis pasos.</p>
-
-<p>En otro tiempo, empero, yo temia la noche y sus vanos fantasmas, y me
-admiraba de que álguien se aventurase entre tinieblas. Se burló á mis
-oidos Cupido con su tierna madre, y díjome por lo bajo: «Tú tambien te
-volverás valiente.»</p>
-
-<p>La hora del amor ha llegado sin tardanza y no temo las sombras que
-vagan durante la noche, ni las manos dirigidas contra mi persona.
-No temo mas que tu lentitud; solo á tí te halago; tú tienes el rayo
-con que puedes perderme. Para que mejor lo veas quita estas crueles
-barreras, y mira cómo esa puerta está regada con mis lágrimas. Cuando
-desnudo estabas para recibir azotes, intercedí por tí ante tu señora.
-Así, pues, mis súplicas que entónces pudieron alcanzar gracia en favor
-tuyo, ¿no podrán ¡oh infamia! alcanzarla hoy en mi favor? Págame lo que
-me debes, hé aquí la ocasion de mostrarte agradecido, como deseas. La
-noche avanza:<span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span> descorre los cerrojos. Hazlo, y ¡así seas libertado de la
-larga cadena y no bebas perpétuamente el agua de los esclavos!</p>
-
-<p>Duro como el hierro, no me oyes, portero, cuando te suplico, y la
-puerta de fuerte roble permanece cerrada. Que las cerradas puertas
-sirvan á las ciudades sitiadas; pero en medio de la paz, ¿por qué temes
-las armas? ¿Qué harás con un enemigo, si así resistes á un amante? La
-noche avanza; descorre los cerrojos.</p>
-
-<p>No vengo con armas y soldados, yo estaria solo si el cruel Amor no
-viniese conmigo. Aunque quiera, no puedo alejarle. Me acompañaria
-aunque me dividiese en dos. El Amor, un poco de vino que se me sube á
-la cabeza, una corona que se desprende de mis perfumados cabellos, es
-lo que llevo conmigo: ¿quién temerá tales armas? ¿quién no correrá á su
-encuentro? La noche avanza, descorre los cerrojos.</p>
-
-<p>¿Es tu inercia ó es el sueño, contrario del que ama, la causa de que
-sin que las atiendas se lleve el viento mis palabras? Pero yo me
-acuerdo que en otro tiempo cuando me queria ocultar de tí, te hallaba
-en pié y vigilando á media noche.<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span> Tal vez á estas horas duerme á tu
-lado tu compañera. ¡Ah, cuánto mejor es tu suerte que la mia! Así
-pasasen á ese precio á mis manos tus duras cadenas. La noche avanza,
-descorre los cerrojos.</p>
-
-<p>¿Me engaño? ¿no ha crujido la puerta sobre sus goznes, como en señal de
-que está franca la entrada? Me he engañado; el impetuoso viento habrá
-impulsado las puertas. ¡Ay de mí! ¡cuán lejos el viento se ha llevado
-mi esperanza! Por poco que te acuerdes, Borcas, del rapto de Oritia,
-llega aquí y con tu violencia derriba estas puertas, sordas á mi ruego.
-Todo calla en la ciudad, y humedecida con trasparente rocío avanza la
-noche: descorre los cerrojos, ó yo mismo, más activo que tú, fuerzo á
-hierro y á fuego, la puerta que se me niega.</p>
-
-<p>La noche, el Amor y el vino nada moderado me aconsejan. La noche no
-conoce el pudor, el Amor y el vino no conocen el miedo. Todo lo he
-probado; pero ni con súplicas, ni con amenazas te he podido mover,
-¡oh portero más sordo que tu misma puerta! Tú no sirves para guardar
-la casa de una hermosa jóven; eres más digno de estar<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span> guardando un
-calabozo. Ya el lucero de la mañana aparece en el horizonte y el gallo
-llama á los pobres al trabajo. Pero tú, corona arrancada á mi triste
-frente, queda por el resto de la noche sobre los duros umbrales; serás
-testimonio ante su señora, cuando mañana te vea por tierra, del tiempo
-tan lastimosamente perdido. «Adios;» á pesar de todo, «¡Adios!» Ojalá
-experimentes lo que siente su amante despedido. Y vosotras tambien,
-crueles puertas con inalterables goznes, «Adios;» y tú tambien, umbral
-cruel como tu guardian, «¡Adios!»</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_SEPTIMA">ELEGIA SÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Contra sí mismo, por haberle pegado á su querida.</p>
-
-
-<p>Ata mis manos, merecedoras de cadenas, ahora que ha pasado la furia,
-si te <em>muestras</em> amigo mio. El furor fué causa de que levantase
-contra mi señora mis temerarios brazos, y llora herida por mi mano. Era
-yo capaz entónces de maltratar<span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span> á mis caros padres y de golpear á los
-santos dioses.</p>
-
-<p>¡Mas qué! ¿Ayax, dueño de un impenetrable escudo, no degolló rebaños
-á través de los campos? El desgraciado Orestes, que no pudo vengar á
-su padre sino con la sangre de su propia madre, ¿no armó sus manos
-contra las misteriosas deidades? ¡Yo, pues, he podido maltratar su
-peinado! Ni el desarreglo de sus cabellos la ha desfigurado, sino que
-aun así estaba hermosa. De tal modo la Scheneida, dicen que con el arco
-perseguia las fieras Menalias. De tal modo lloraba la hija del rey de
-Creta viendo á los raudos vientos llevarse á la vez las promesas y los
-bajeles del perjuro Theseo; de tal modo, sin la venda que ceñia sus
-cabellos, se tendió Calandra sobre el pavimento, casta Minerva, de tu
-templo.</p>
-
-<p>¿Quién no me hubiese tratado de demente? ¿quién no me hubiese llamado
-bárbaro? Ella nada dijo, paralizada su lengua por el pavoroso temor.
-Pero sin palabras, su rostro expresaba sus reproches, y, callando su
-boca, me acusaba con sus lágrimas como reo. Hubiera yo querido que mis
-brazos se hubieran desprendido de mis hombros. Mejor me<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span> hubiera sido
-carecer de alguna parte de mi cuerpo. Contra mí mismo se volvieron mis
-fuerzas y mi delirio, y fuí vigoroso para mi suplicio. ¿Qué tengo que
-ver con vosotros, ministros del asesinato y del crímen? Sufrid, manos
-sacrílegas, las merecidas cadenas. Si hubiese herido al último de los
-romanos, seria castigado; ¿tengo mayor derecho contra mi señora? El
-hijo de Tideo<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a> ha dejado un afrentoso monumento de su maldad; fué el
-primero que pegó á una Diosa; yo he hecho otro tanto, pero aun fué él
-menos culpable, pues yo he maltratado á la que decia amarme y aquel fué
-cruel con su enemiga.</p>
-
-<p>Ve ahora, vencedor, á gozar de tu triunfo; ¡ciñe tu frente con el
-laurel de la victoria, cumple tus votos á Júpiter! Y la turba que
-seguirá tu carro, clame «Vítor al valiente vencedor de una niña!» Vaya
-delante tu pobre víctima, suelto el cabello, y blanca desde los piés á
-la cabeza, á no ser por las lesiones de sus mejillas.</p>
-
-<p>Más á propósito era su boca para marcarla con mis lábios y su cuello
-para tener la señal de un diente<span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span> acariciador. En fin, si yo me
-desencadenaba como un torrente impetuoso y estaba ciego de coraje,
-¿no era bastante dar gritos á una tímida niña, sin amedrentarla con
-demasiado fuertes amenazas ó despojarla torpemente de su vestido hasta
-la cintura? Al menos hubiese osado no más contra la mitad de su cuerpo;
-pero despues le he arañado las mejillas, agarrándola por los cabellos.</p>
-
-<p>Quedó ella sin sentido con el rostro descolorido y blanco como el
-mármol de Páros. He visto sus nervios inanimados y sus miembros
-temblando como la hoja del álamo agitada por el viento, como la débil
-caña mecida por el blando céfiro, como la onda rizada por el Noto. Sus
-lágrimas, retenidas por mucho tiempo, corrieron sobre sus mejillas,
-como fluye el agua de la nieve que se deshiela. Entónces comencé á
-reconocerme culpable: las lágrimas que ella derramaba, eran mi propia
-sangre. Tres veces quise arrojarme suplicante á sus piés, y tres veces
-rechazó mis temidas manos.</p>
-
-<p>No lo dudes, la venganza disminuirá tu dolor: araña mi rostro con tus
-uñas, no perdones mis cabellos. La ira ayude tus débiles manos, ó por
-lo<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span> ménos, para borrar las tristes señales de mi crímen arregla y peina
-tus cabellos.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Diómedes.</p>
-
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_OCTAVA">ELEGIA OCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Contra una alcahueta que intentaba enseñar á la querida del poeta las
-artes de la prostitucion.</p>
-
-
-<p>Oiga, quien quiera conocer una alcahueta: hay cierta vieja Dipsas; su
-nombre lo toma de su oficio<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>; jamás vió en ayunas á la madre del
-negro Memnon<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a>, en su carro de púrpura. Conoce las artes mágicas y
-los versos de encantamientos, y con su poder hace volver hácia su
-orígen las rápidas aguas. Conoce bien la virtud de las yerbas, la del
-lino arrollado sobre el torno cabalístico y la del hipomanes. Cuando
-ella quiere, se llena el cielo de nubes; cuando ella quiere, brilla
-la luz del dia en el puro firmamento. Yo he visto, ¿lo creereis? las
-estrellas<span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span> destilando sangre, y la faz de la luna estaba tambien
-ensangrentada.</p>
-
-<p>Sospecho que suele volar viva entre las sombras de la noche y cubrir
-con plumas su viejo cuerpo. Lo sospecho y así es fama: en sus ojos
-brilla una doble pupila de donde nace la luz más viva. Evoca á los
-antepasados, que yacen en los sepulcros, y al són de su plañidero
-canto, se abre el duro suelo. Se complace en profanar el casto tálamo,
-y no carece de elocuencia su corruptora lengua. La casualidad me hizo
-testigo de su enseñanza, á favor de una doble puerta que me ocultaba,
-mientras decia así: «¿Sabes, luz de mis ojos, que prendaste ayer á un
-rico jóven? Te vió y no cesó de fijar sus ojos en tu rostro. ¿Y á quién
-no has de gustar? No cedes en belleza á ninguna otra. Pero ¡ay de mí!
-faltan galas dignas de tan bellas formas. ¡Quisiera yo que fueses tan
-rica como hermosísima eres! No seré pobre cuando seas rica. Has tenido
-que sufrir la adversa estrella de Marte, pero Marte ha cesado y ahora
-Vénus te es favorable. Mira cómo te es propicia su llegada: un rico
-amante te quiere y desea saber qué es lo que te haga falta. Su cara no
-desdice de la<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span> tuya, y si no te quisiera comprar los suyos, habrias tú
-de comprarle tus encantos.»</p>
-
-<p>La jóven se sonrojó. «El pudor, continuó la vieja, sienta bien á las
-blancas mejillas; si lo finges, aprovecha; pero cuando tengas tus ojos
-con arte inclinados sobre tu seno, no mires á nadie sino á proporcion
-de lo que te ofrezca. Quizá, bajo el reinado de Tacio, las rudas
-Sabinas no hubiesen querido entregarse á muchos hombres. Ahora escita
-Marte los ánimos contra las armas extranjeras, y Vénus reina en la
-ciudad de su querido Eneas. Divertíos, hermosas jóvenes, solo es casta
-aquella á quien nadie solicita, y aun si su rusticidad no lo impide,
-ella misma busca. Desarruga el entrecejo; ¡cuántos crímenes se ocultan
-á menudo debajo de una arruga! Penélope probaba las fuerzas de los
-jóvenes con un arco, y para el que quiera saber más este arco era de
-cuerno. El tiempo vuela sin sentir y engaña la voluble edad, como se
-desliza el agua del rio, renovada incesantemente. El acero brilla con
-el uso: un buen trage quiere ser llevado. Los palacios deshabitados se
-arruinan bajo la yerba. La belleza, si nadie la regocija, envejece. Y
-no son bastantes uno ó dos amantes; ¡cuantos más, es<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span> más seguro y fácil
-el provecho! Los lobos viejos buscan su presa en un rebaño entero.
-Dime, ¿qué te dá ese tu poeta, fuera de nuevos versos? De tu amante
-muchos miles lees. El mismo dios de los poetas, cubierto con un manto
-recamado de oro, pulsa las cuerdas de una dorada lira. Quien te dé oro
-sea á tus ojos más grande que el grande Homero. Créeme, el dar es cosa
-ingeniosa. Ni desdeñes al redimido por merced; pues el tener el pié
-marcado con la señal de la esclavitud, no es un crímen; pero tampoco te
-dejes engatusar por rancios títulos de nobleza. Váyase con sus abuelos
-el amante pobre. ¿Qué? porque sea guapo, ¿querrá el otro pasar una
-noche sin pagar? Que busque antes el oro de su amigo.</p>
-
-<p>No seas demasiado exijente mientras tiendes las redes, por miedo
-de que te se escape la presa: una vez apresados, remátalos á tu
-antojo. Ningun efecto hace un amor fingido, deja creer que tu amante
-es amado, pero cuida de que este amor no sea cierto. Rehusa muchas
-veces pasar la noche juntos, finge para ello un dolor de cabeza ó la
-abstinencia que requieren los dias consagrados á Isis; pero recíbele
-á menudo para que no se habitúe á la privacion,<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span> ó que no se enfrie
-el amor frecuentemente rechazado. Sean tus puertas sordas al que
-ruega y blandas al que dá; oiga el amante recibido las palabras del
-desdeñado. Y no dejes nunca en cualquier desavenencia de quejarte como
-primeramente ofendida. Desvanece tus culpas con tus inculpaciones; pero
-no te abandones demasiado tiempo á la cólera: una cólera prolongada
-ha engendrado á menudo el odio.—Aprendan tambien tus ojos á derramar
-lágrimas forzadas, y á humedecer tus mejillas—y con tal de engañar á
-alguno, no temas ser perjura: Vénus hace que los Dioses sean sordos á
-las lágrimas de los ilusos. Toma á tu servicio un siervo y una criada
-hábiles que sepan indicar lo que se haya de comprar para tí, y para
-sí pidan cortos regalos. Si entre muchos, piden un poco á cada uno,
-de muchas migajas se hará grande monton. Y tu hermana y tu madre y tu
-ama de leche, hagan contribuir á tu amante. Pronto se hace buen botin
-cuando muchas manos ayudan á ello. Cuando te falte un pretesto, celebra
-tu cumpleaños.</p>
-
-<p>Cuida sobre todo de no dejar creer á tu amante que está seguro sin
-rival; sin la rivalidad, poco dura el amor. Vea sobre tu lecho indicios
-de otro<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span> poseedor de tu belleza, y marcado tu cuello con lascivas
-señales, y vea principalmente los regalos que otro te hubiese enviado.
-Si nada te lleva, háblale de las novedades que se venden en la Via
-sacra. Cuando le hayas sacado bastante, para que no todo sea dar,
-pídele prestado lo que nunca le habrás de volver. Ayude tu lengua á lo
-que se proponga tu mente; halágale para mejor perderle; el mortífero
-veneno se encubre con dulce miel. Si sigues mis lecciones, fruto de una
-larga experiencia, y no dejas que mis palabras se las lleve el viento,
-llegará dia en que me dirás «vive desahogadamente.» ¡Cuántas veces
-despues que yo muera pedirás al cielo que descansen en paz mis huesos!»</p>
-
-<p>Así decia, cuando me delató mi sombra. No sé cómo pude contener mis
-manos para no arrancarle su blanco y escaso pelo, sus ojos llorosos de
-vino, y sus rugosas mejillas. ¡Sin casa ni hogar, exclamé, dente los
-Dioses una miserable vejez, largos inviernos y perpétua sed!</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> Viene del griego y significa <i>tener sed</i>.</p>
-
-</div>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> La Aurora.</p>
-
-</div>
-</div>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_NOVENA">ELEGIA NOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Gracioso paralelo entre la guerra y el amor.</p>
-
-
-<p>Todo amante es soldado, y Cupido tiene su campo: sí, Atico, créeme,
-todo amante es soldado.</p>
-
-<p>La edad que conviene para la guerra es la propia para Vénus. ¡Malhaya
-un soldado viejo! ¡Malhaya un amante anciano! La edad que quiere un
-general en un bravo soldado, es la que pide una jóven beldad en el
-poseedor de sus encantos. Uno y otro vigilan; ambos duermen en tierra;
-ambos hacen centinela: el uno á la puerta de casa su querida, el otro
-en la de su general.</p>
-
-<p>¡Cuánto camino tiene que hacer el soldado! El amante, cuando su
-querida está desterrada, la seguirá intrépido hasta el fin del mundo.
-Atravesará las montañas más altas y los rios más engruesados por
-las tempestades; cruzará las amontonadas nieves. ¿Conviene pasar
-los mares? No pretestará los vientos desencadenados; no buscará
-el<span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span> tiempo propicio para la navegacion. ¿Qué otro que un soldado ó
-un amante despreciará la frescura de las noches y los torrentes de
-lluvia mezclados de nieve? El uno es enviado delante del enemigo como
-explorador; el otro tiene los ojos fijos en su rival, como en un
-enemigo. Aquel sitia las ciudades amenazadoras, este la casa de su
-inflexible dama: más ó menos grandes, ambos baten las puertas para irse
-á fondo.</p>
-
-<p>Se fué frecuentemente vencedor, por haber podido sorprender á un
-enemigo sumerjido en el sueño, y matar, espada en mano, á un ejército
-sin defensa. Así fueron degollados los bravos batallones del tracio
-Reso, quien se vió robar sus famosísimos caballos. Tambien con
-frecuencia los amantes saben aprovecharse del sueño de los maridos,
-y volver sus armas contra el enemigo. El cuidado de escapar á la
-vigilancia de los guardas y de los centinelas tiene siempre en suspenso
-al soldado y al amante.</p>
-
-<p>Marte es dudoso y Vénus nada tiene de asegurada: los vencidos se
-reaniman, y los que os parecen no poder ser derrotados, caen á su vez.
-Que se deje, pues, de llamar al amor la desidia:<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span> es menester un alma á
-toda prueba para amar.</p>
-
-<p>Aquiles arde por Brisada, arrebatada á su amor: mientras que su dolor
-os lo permita, Troyanos, quebrantad las fuerzas de la Grecia. De los
-abrazos de Andrómaca, Héctor corria á las armas: su esposa le cubria la
-cabeza con su casco. El primero de los jefes de la Grecia, el hijo de
-Atrea, á la vista de la hija de Priamo con los cabellos esparcidos á la
-manera de las bacantes, quedó, se dice, suspenso de admiracion. Pero él
-mismo fué preso en el lazo que habia forjado Vulcano: ninguna historia
-hizo tanto ruido en el cielo. Yo mismo estaba sosegado y nacido para no
-hacer nada: el lecho y el descanso habian ablandado mi alma. El cuidado
-de una jóven belleza puso término á mi apatía: ella me mandó hacer mis
-primeras armas á su servicio. Desde entonces, me veiais ágil y siempre
-ocupado en alguna expedicion nocturna. ¿Quereis no ser cobardes? Amad.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMA">ELEGÍA DÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A una jóven para apartarla de la prostitucion.</p>
-
-
-<p>Como la princesa, que arrebatada en las orillas del Eurolas sobre
-los bajeles frigios, fué para sus dos esposos la causa de una tan
-larga guerra; y la bella Leda, que el diestro Júpiter, oculto bajo
-la engañosa apariencia de un cisne de blancas plumas, sedujo con
-menosprecio de himeneo; y Anémona corriendo con una urna sobre la
-cabeza, los campos estériles de la Argólida: tal eras tú á mis ojos.
-Temia para tí la metamórfosis del águila y del toro, y todas las
-astucias que sugiere el Amor al poder de Júpiter. Hoy dia, no temo
-nada; estoy fuera de mi error, y tu belleza no anubla mis ojos. ¿De
-qué proviene, pues, este cambio? me preguntas. Consiste en que tú la
-pones á precio: y vé ahí lo que hace que tú no sabrias gustarme. Cuanto
-más sencilla y sin arte fueras, tanto más amaria tu alma y tu cuerpo:
-hoy dia, la enfermedad de tu<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span> alma ha despojado tu cuerpo de todos sus
-encantos. El Amor es á la vez niño y desnudo. Si su edad es tan tierna,
-si no lleva ningun vestido, es por mostrarse en toda su sinceridad.
-¿Para qué querer que el hijo de Vénus nos haga pagar sus favores? No
-tiene ropa donde pueda guardar su precio. Ni Vénus, ni su hijo, son
-propios al duro manejo de las armas. ¿Conviene que los Dioses que no
-son hechos para la guerra reciban un sueldo?</p>
-
-<p>Una prostituta se vende, á tal precio, al primero que llega: entregando
-su cuerpo, es como adquiere miserables riquezas. Aun maldice la tiranía
-de su avaro corruptor, y lo que haceis de buen grado, ella no lo hace
-más que con desagrado.</p>
-
-<p>Tomad por modelos los animales desprovistos de razon: os abochornareis
-al ver que las bestias son más tratables que vosotras. La yegua nada
-exige al garañon, ni la vaquilla al toro; el carnero no tiene que pagar
-á la oveja que le gusta. Solo la mujer quiere engalanarse con los
-despojos del hombre; solo ella pone sus noches á precio, solo ella se
-dá en locacion. Vende un placer hecho para dos, un placer que ambos han
-buscado; y su tarifa está establecida por ella en razon de su goce.<span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span>
-Cuando el amor debe tener el mismo hechizo para ambos, ¿qué razon para
-comprarlo el uno, para venderlo el otro? ¿Por qué perderé yo mientras
-que vos ganais, en un juego en que el hombre y la mujer van asociados?</p>
-
-<p>Los testigos no pueden, sin cometer un crímen, perjurarse por el
-dinero; sin cometer un crímen, el juez no puede tender la mano á la
-seduccion. Es una vergüenza para un abogado el vender sus palabras á
-un pobre; es una vergüenza para un tribunal el enriquecerse vendiendo
-la justicia; así como es una vergüenza para la mujer aumentar su
-patrimonio con las rentas de su cama, y prostituir sus gracias al que
-más ofrece. Se debe reconocimiento por un favor gratuito, nunca por
-la odiosa locacion de una cama. Una vez recibido el precio de vuestra
-mercancía, todo acabó, y el arrendatario no está obligado á más.</p>
-
-<p>Guardaos, bellas, de poner á precio el favor de una noche: una ganancia
-mal adquirida nunca aprovecha. ¿Qué valieron los brazaletes de los
-Sabinos á la jóven vestal que pereció aplastada bajo el peso de sus
-armas? Un hijo traspasó con su espada el<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span> vientre de que nació: un
-collar fué la causa de su crímen.</p>
-
-<p>No quiere decir esto que sea excusado exijir de un rico algunos
-presentes; tiene que satisfacer vuestras exijencias: rebuscad los
-racimos en las viñas ricas de uvas; cojed los frutos en los fecundos
-vergeles de Alcino. En cuanto al pobre, tomad en cuenta sus buenos
-oficios, sus cuidados, su fidelidad. Lo que se tiene, es todo lo
-que se puede dar al dueño. Mi riqueza, consiste en ilustrar con mis
-versos á las bellas que se hacen dignas. Aquello que me place llega
-á ser célebre, en gracia á mi arte. Se verá gastarse los vestidos, y
-desgastarse el oro y las piedras preciosas; pero la gloria que darán
-mis versos durará eternamente. Lo que me indigna y me subleva, no es el
-dar, es ver que se pide un salario. Lo que rehuso á tus solicitaciones,
-deja de quererlo, y lo tendrás.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_ONCENA">ELEGÍA ONCENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina.</p>
-
-
-<p>¡Oh tú, tan hábil para reunir y disponer con arte los cabellos de
-tu dama, y que no te se debe colocar en la clase de los simples
-sirvientes, Nape, tú que, no menos hábil en concertar citas nocturnas
-que en llevar billetes amorosos, has decidido más de una vez á
-la indecisa Corina á venirme á encontrar! Oh tú, cuya fidelidad
-frecuentemente me ha sacado de embarazos; toma estas tablillas y
-entrégalas, esta mañana misma, á tu señora; que tu solicitud allane
-todos los obstáculos. Tú no tienes en el corazon la dureza del
-diamante, la inflexibilidad del hierro, y tu simplicidad no es más
-grande de lo que conviene: tú, además, verosímilmente, has sentido
-los dardos de Cupido; defiende, pues, para mí la bandera bajo la cual
-marchamos ambos. Si ella te pregunta cómo estoy, dile que la esperanza
-de obtener una noche me hace vivir; en<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span> cuanto á lo demás, mi amorosa
-mano lo ha confiado á esta cera.</p>
-
-<p>Mientras hablo, el tiempo vuela. Ve, escoje el momento en que estará
-sola para entregarle estas tablillas, pero haz de modo que las lea en
-seguida. Observa sus ojos y su frente mientras lea: su mirada muda
-puede enseñarte mi destino. Así que haya acabado, pídele una larga
-respuesta; nada me hace tanto daño como ver un grande espacio de cera
-sin llenar. Que estreche sus líneas; que mis ojos estén fijos por largo
-tiempo en su letra; que llene hasta las extremidades del márgen. ¿Pero
-qué necesidad tengo de que se fatigue en manejar el estilo? Que en
-la tableta se lea únicamente esta palabra «<i>Ven</i>,» y habré así
-cubierto de lauro mis tablillas victoriosas, y bien pronto las habré
-suspendido en el templo de Vénus con esta inscripcion: «A Vénus os
-consagra Ovidio, fieles instrumentos de su amor, vosotras que ahora
-mismo no érais más que un vil fragmento de árbol.»</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DUODECIMA">ELEGIA DUODECIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama.</p>
-
-
-<p>Llorad mi infortunio: mis tabletas han llegado, pero no contienen mas
-que esta tan triste palabra: ¡<em>Imposible</em>! Los presagios son algo
-efectivamente: al salir Nape ha tropezado con el pié en el umbral de la
-puerta. De hoy en adelante, cuando te se envíe á alguna parte, procura
-salir con más precaucion; y despues de parada, marchar con el pié
-levantado. ¡Lejos de mí, siniestras tabletas, madera lúgubre, y tú, cera
-maldita, que no me traes mas que una negativa! Extracto de la flor de
-la larga cicuta, tú no puedes ser mas que el resíduo de la miel impura
-de una abeja Córsica.</p>
-
-<p>Parecias deber tu brillo únicamente al bermellon y era la sangre á
-lo que debias tu color. Id á embarazar las encrucijadas, tabletas
-inútiles: que la rueda parada del primer trajinero os haga astillas.
-No, aquel que os desgajó del árbol, para puliros, no tenia las manos
-puras. Ese árbol mismo<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span> debió servir únicamente para colgar á algun
-infeliz, para suministrar al verdugo infames cruces; para dar lúgubre
-sombra al buho graznador, y para sostener sobre sus ramas los huevos
-del buitre y del osifraga. ¡Y á esta madera he tenido la locura de
-confiar los secretos de mi amor! ¡Á ella he encargado llevar á mi dueña
-las palabras más tiernas! A esa cera convenia mucho mejor la insípida
-asignacion que despacha el juez en tono feroz; era mucho más propia
-para servir de diario al avaro, quien no habria consignado mas que
-llorando los gastos hechos con pena. Tabletas engañosas, no sin razon
-se os llama dobles; tampoco este número era de buen agüero. ¿Qué puedo
-desear para vosotras en mi cólera? Que el tiempo os inme y os roa,
-y que la cera que os cubre se enmohezca y sea manchada por un robin
-inmundo.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMO_TERCIA">ELEGÍA DÉCIMO TERCIA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A la Aurora, para que no acelere demasiado su marcha.</p>
-
-
-<p>Ya aparece sobre el Océano, al salir de los brazos de su anciano
-marido, la blonda diosa, cuyo<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span> carro resplandeciente conduce el dia.
-¿A dónde corres, bella Aurora? detente; y que á este precio un combate
-solemne sea, cada año, ofrecido por las aves á los manes de Memnon.
-Vé ahí el momento en que deseo quedar en los brazos cariñosos de mi
-dueña; vé ahí el momento, mejor que nunca, de estrechar amorosamente su
-cuerpo contra el mio; vé ahí el momento en que el sueño es dulce y el
-aire fresco, en que la garganta flexible de las aves, deja oir sonidos
-melodiosos. ¿A dónde vas contra los votos de los amantes, contra los
-votos de las bellas? Acorta con tu radiosa mano, las riendas húmedas de
-tus corceles.</p>
-
-<p>Antes de que asomes, el piloto observa mejor los astros y no vaga á
-la aventura en medio de los mares. Cuando apareces, por fatigado que
-esté, el viajero se levanta, y el soldado empuña sus armas belicosas.
-Eres la primera en ver al trabajador cargado de la azada; la primera en
-llamar bajo su yugo al pesado buey. Tú arrancas á los niños al sueño,
-y los entregas al pedagogo, para que sus delicadas manos se ofrezcan
-á la cruel férula. Tú tambien traes la caucion delante el tribunal,
-donde va á pesar sobre ella la responsabilidad de una<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span> sola palabra.
-Tan importuno para el abogado como para el juez, les obligas cada dia á
-levantarse para nuevos procesos. Eres tú aun quien, cuando las mujeres
-podrian saborear las dulzuras del descanso, las llamas á hilar la lana
-con sus manos laboriosas.</p>
-
-<p>Pasaria por alto lo demás; pero ¿quién sino el que no tenga ninguna,
-sufrirá que las bellas se levanten tan de mañana? ¡Cuántas veces he
-deseado que la noche no quisiera hacerte lugar, y que los astros
-fugitivos no se cubriesen delante de tí! ¡cuántas veces he deseado que
-el viento volcara tu carro, ó que uno de tus caballos cayera atascado
-en la espesura de una nube! ¡Cruel! ¿A dónde corres? Si has tenido un
-hijo cuya piel era negra, debió este color al del corazon de su madre.</p>
-
-<p>¡Qué! si se hubiese abrasado menos de amor por Céfalo, ¿crée que su
-culpable pasion nos seria desconocida? Yo quisiera que Tithon pudiese
-libremente hablar de tí: jamás nadie hubiera oido en los cielos la
-historia de tan vergonzosos amores. Tú huyes de tu viejo esposo, porque
-la edad le ha helado, y te apresuras á montar sobre un carro que él
-detesta. Pero si tú tuvieras amorosamente en tus<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span> brazos algun Céfalo,
-se te oiria gritar: caminad lentamente, corceles de la noche.</p>
-
-<p>¿Si tu esposo siente el frio de su perdurable edad, debo yo pagarlo?
-¿Soy yo quien te ha unido á un viejo? Vé cuántas horas de sueño la Luna
-otorga á su jóven amante; y su belleza no es menor á la tuya. El padre
-mismo de los dioses, para no verte con tanta frecuencia, de dos noches
-no hace mas que una, á fin de dar un más libre campo al amor.</p>
-
-<p>Habia terminado estos reproches, y, como si ella me hubiese oido, su
-frente se enrojecia, sin que no obstante el dia apareciera más tarde
-que de costumbre.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMACUARTA">ELEGIA DECIMACUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A una muchacha vuelta calva de repente.</p>
-
-
-<p>Bien te lo decia yo: «Deja de teñir tus cabellos.» Hoy dia no tienes
-cabellera que teñir. No obstante, si tú lo hubieras querido, ¡qué habia
-más hermoso que tus cabellos! Descendian hasta tus rodillas. Tal<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span> era
-su finura que temias peinarles. No era más fino el tejido de que se
-cubren los Tártaros de atezado color; no es más fino el hilo que, con
-su delicado pié, desarrolla la araña, suspendida en la viga solitaria,
-para tramar allí su desliada tela. Sin embargo, su color no era el del
-ébano, no era tampoco el del oro: era una mezcla de ambos. Tal es, en
-los delicados valles del monte Ida, el color del alto cedro despojado
-de su corteza.</p>
-
-<p>Tal era tambien su flexibilidad, que se prestaban á mil colocaciones,
-sin causarte jamás el menor dolor. Jamás la punta de la aguja, jamás el
-diente del peine los partió, jamás tu peinadora tuvo nada que temer.
-Muchas veces he asistido á su tocador, y jamás tomó la <em>aguja para
-pincharle los brazos</em>. Más de una vez tambien, por la mañana, con
-sus cabellos aun desordenados, quedó hasta medio dia acostada en su
-cama de púrpura, y su descuido no carecia de gracia: se la hubiese
-tomado entónces por una bacante de la Tracia, muellemente recostada
-sobre el verde césped para reparar sus fatigas.</p>
-
-<p>Aunque sus cabellos fueran tan flexibles como el vello, ¡cuántas veces,
-ay fueran puestos en tortura! ¡cuántas veces sufrieron pacientemente
-el hierro<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span> y el fuego, para sujetarse en torneadas trenzas! «Un crímen
-es, exclamaba yo, sí, es un crímen quemar estos cabellos: ellos mismos
-se arreglan con gracia: ¡cruel, conserva tu cabeza! Lejos de tí esa
-violencia: no son cabellos para quemar: muestran ellos mismos su sitio
-á la aguja.»</p>
-
-<p>Ya no existe aquella bella cabellera de que Apolo y Baco hubieran
-estado celosos, aquella cabellera comparable á la que Dione, saliendo
-desnuda de la espuma de las olas, sostenia con sus húmedas manos.</p>
-
-<p>¿Por qué, si no te gustaban, deplorar la pérdida de tus cabellos?
-Insensata, ¿por qué con mano enojada rechazas el espejo? tus ojos no
-se fijan en él tan á gusto como otras veces: para gustar aun, tienes
-necesidad de olvidar lo que eras.</p>
-
-<p>Su caida no es debida á las yerbas encantadas de una enemiga, ni al
-agua sacada de las fuentes de Hemonia por un pérfido hechicero. No es
-efecto tampoco de una enfermedad grave (de que el cielo te preserve),
-ni de los celos de una rival, envidiosa de su hermosura. No, la falta
-está en tí; á tu propia mano debes la pérdida que te desola, tú misma
-derramabas el veneno sobre tu cabeza.<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span> Entretanto la Germanía te
-enviará cabellos de esclavos: una nacion vencida se encargará de tu
-compostura. ¡Cuántas veces, cuando oirás alabar la belleza de tus
-cabellos, te dirás abochornada: «Hoy dia es un adorno comprado que me
-hace parecer bella; no sé que Sicambro se admira en mí. Y sin embargo,
-recuerdo hubo un tiempo en que estos homenajes no se dirigian mas que á
-mí misma!»</p>
-
-<p>¡Infeliz! ¿qué he dicho? Apenas puede contener sus lágrimas; con sus
-manos oculta su frente, y el rubor ha pintado sus mejillas hechiceras.
-Tiene el valor de contemplar sobre sus rodillas los cabellos que no
-eran hechos para hallarse en este puesto. Calma la perturbacion de tu
-corazon y de tu mirada: el mal no es irreparable: presto embellecerás
-aun, con tu primera cabellera.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMAQUINTA">ELEGIA DECIMAQUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Contra los adversarios de la poesía.</p>
-
-
-<p>¿Por qué me acusas, maldiciente Envidia, de consumir mis años sin hacer
-nada? ¿por qué llamas á mis versos la obra de un perezoso? ¿por qué
-reprocharme de no seguir las huellas de nuestros antepasados, de no
-aprovechar las fuerzas de mi edad para cojer los laureles empolvados
-del dios de la guerra; de no estudiar la prosa de nuestras leyes, de no
-prostituir mi palabra en las luchas fastidiosas del foro? Estas obras
-que alabas, son perecederas; aspiro á una gloria inmortal, á fin de ser
-celebrado siempre y en todos lugares.</p>
-
-<p>El cantor de Meonia vivirá mientras subsistan Tenedos é Ida, mientras
-lleve el Simois al mar sus veloces aguas. Vivirá tambien el poeta de
-Ascra, mientras la uva granará en la viña, mientras los dones de Céres
-caerán bajo el cortante de la hoz. Siempre hablará el mundo entero
-del hijo de Batto,<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span> aunque en este poeta el arte domine al génio. El
-coturno de Sófocles no se usará, pero vivirá Arato tanto como el sol
-y la luna. Tanto como la falacia caracterizará al esclavo; tanto como
-el padre será severo, la alcahueta pérfida, la cortesana cariñosa,
-vivirá Menandro. Ennio, que no conoció el arte; Accio, cuyos acentos
-eran tan varoniles, tienen un nombre que el tiempo no destruirá. ¿Qué
-siglo no conocerá á Varron, y el primer marinero, y el Vellocino de oro
-conquistado por un jefe ausonio? Los versos del sublime Lucrecio, no
-perecerán, sino el dia en que el mundo perezca. Títyro y los segadores,
-Eneas y sus combates serán leidos, en tanto que Roma sea la reina del
-mundo que ha conquistado. Mientras el arco y el fuego sean las armas
-del Amor, se aprenderán tus cantos melodiosos, elegante Tibulo. Galo
-será conocido por los pueblos de Occidente; Galo será conocido por los
-pueblos de Oriente; en todas partes, con Galo, será conocida su querida
-Lycoris.</p>
-
-<p>Así, aunque el tiempo mine los peñascos, aunque destroce el diente
-de la dura esteva, los versos escapan á la muerte. ¡El cetro con sus
-conquistas, cedan, pues, el paso á la poesía! ¡Cédanselo<span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span> tambien, las
-riberas afortunadas del Tajo, que arrastra el oro con sus aguas!</p>
-
-<p>En buen hora que el vulgo se entusiasme por cosas de poco más ó menos:
-yo lo que pido es que Apolo me vacie á copa llena el agua de Castalia;
-que el mirto que teme el frio orne mi cabeza, y que mis versos no dejen
-de ser leidos por el agitado amante. Viviendo, se sirve de pasto á la
-Envidia; muerto, se disfruta del reposo á la sombra de la gloria que se
-ha merecido. Cuando la pira fúnebre me habrá consumido, viviré, y la
-mejor parte de mí mismo habrá triunfado de la muerte.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="LIBRO_SEGUNDO">LIBRO SEGUNDO.</h2>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_PRIMERA">ELEGIA PRIMERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Por qué en lugar de la Gigantomaquia que tenia comenzada, canta sus
-Amores.</p>
-
-
-<p>Vé ahí aun una obra de Ovidio, nacido en la húmeda comarca de los
-Sabinos, de Ovidio, el cantor de sus propios devaneos. El Amor es
-aun quien lo ha querido. ¡Lejos de aquí, sí, lejos de aquí bellezas
-demasiado severas! no sois el auditorio que necesita para sus tiernos
-acentos. No quiero para lectores más que á la vírgen que se inflama á
-la vista de su prometido, y el novicio adolescente tocado del primer
-amor. Quiero que el jóven Romano, herido por el mismo arco que yo,<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span>
-reconozca en mis versos la imágen del fuego que le quema, y que despues
-de un largo aturdimiento exclame: «¿Cómo, pues, este poeta ha sabido el
-secreto de mis amores?»</p>
-
-<p>Yo habia osado, me acuerdo, celebrar las guerras de los cielos y el
-jigante de cien manos; y no es la fuerza lo que me hubiera faltado.
-Iba á borrar la funesta venganza de la Tierra, y la caida del Pelion
-rodando con la Ossa desde lo alto del Olimpo donde estaban amontonados.
-Yo tenia en mis manos las nubes, Júpiter y su rayo, con el cual no
-hubiese dejado de defender su imperio. Mi dueño me cerró su puerta:
-inmediatamente dejé allí á Júpiter con su rayo; sí, el mismo Júpiter
-salió de mi espíritu. ¡Perdon, Júpiter! para nada me sirven tus flechas;
-esta puerta cerrada podia más sobre mí, que tu rayo. Vuelvo á mis
-burlas, á mis lijeras elegías; estas son mis únicas armas: la dulzura
-de mis cantos ablandó bien pronto la dureza de las puertas.</p>
-
-<p>Los versos hacen descender hácia nosotros el disco ensangrentado de
-la Luna: ellos páran, en medio de su curso, los blancos corceles del
-Sol. Los versos arrancan á la serpiente su dardo emponzoñado;<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span> hacen
-remontar las aguas hácia su orígen. Los versos han hecho caer puertas;
-han forzado la cerradura, por bien clavada que estuviese sobre un
-grueso roble. ¿Qué hubiese yo ganado en cantar al impetuoso Aquiles?
-¿Qué hubieran hecho por mí los dos hijos de Atrida, y este rey á quien
-la guerra ocupó diez años, y que diez años vagó en la ventura, y ese
-Héctor, inhumanamente arrastrado por los corceles de un príncipe de
-Hemonia? Pero yo he cantado apenas la belleza de una tierna jóven
-cuando ella misma viene al encuentro del poeta para sus versos. Es una
-gran recompensa. ¡Adios, pues, héroes de nombres ilustres! vuestros
-favores no son los que yo ambiciono. Hermosas niñas, fijad, echad una
-dulce mirada sobre los versos que me dicta el purpúreo Amor.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_SEGUNDA">ELEGIA SEGUNDA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Al eunuco Bagoas, para que le procure fácil acceso junto á la belleza
-confiada á su guarda.</p>
-
-
-<p>Oh tú, á quien está confiado el cuidado de guardar á tu señora,
-escucha, Bagoas, no tengo más que dos palabras que decirte, pero estas
-dos palabras son importantes. Ayer la ví pasear bajo el pórtico de
-las hijas de Dánae. Luego, prendado de sus gracias, le dirigí por
-escrito una súplica. A su vez, ella me escribió con mano trémula:
-<em>Imposible</em>. ¿Y por qué, <em>imposible</em>? le pregunté. Ella me
-respondió que tu vigilancia era muy severa.</p>
-
-<p>Si quieres ser cuerdo créeme, guardian importuno, deja de merecer el
-odio; hacerse temer, es hacerse desear la muerte. Su marido mismo
-es un loco: ¿por qué tanto atormentar en defender un bien que,
-para quedar intacto, no necesita vigilancia? Le es permitido, sin
-duda, dejarse llevar furioso por los transportes de su amor; le es
-permitido creer casta á una mujer que gusta á todo el<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span> mundo. Por tu
-bien déjala en secreto un poco de libertad: la que tú la darás sabrá
-bien agradecértela. Consiente en que exista con ella complicidad,
-y la señora esté bajo las leyes de su esclavo. ¡Esta complicidad te
-horroriza! ya tú puedes cerrar los ojos. ¿Lee ella un billete aparte?
-supón que lo recibe de su madre. ¿Llega á ella un desconocido? Tómale
-por un antiguo amigo. ¿Vá á ver á una amiga enferma que no lo está?
-Figúrate que lo está en efecto. ¿Tarda en volver? Para no aburrirte
-en esperar puedes apoyar tu cabeza sobre tus rodillas y roncar á tu
-contento. No he de inquirir lo que puede hacer en el templo de Isis, lo
-que pueda pasar en los teatros.</p>
-
-<p>Un cómplice discreto obtendrá siempre honores, y por tanto ¿qué hay
-menos difícil que callarse? Entonces es amado, gobierna toda la casa;
-no tiene que temer las entrevistas; para él omnipotencia; para los
-otros, vil rebaño, la servidumbre. Por ocultar á un marido la verdad,
-le embauca con quimeras, y, dueños ambos, encuentran bueno lo que no
-habia de gustar mas que á la mujer. De un marido, por más que frunza la
-ceja, por más que arrugue la frente, obtiene lo que quiere una mujer<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span>
-cariñosa. Pero es menester que de tiempo en tiempo te busque querella,
-que vierta lágrimas fingidas, que te trate de verdugo. Tú, entónces,
-suponle faltas de que pueda con facilidad justificarse: acusándole
-falsamente, alucina á su marido sobre la verdad. A este precio los
-honores, á este precio los escudos lloverán sobre tí. Obra de esta
-suerte, y al instante obtendrás tu libertad.</p>
-
-<p>Ves á los delatores con el cuello cargado de estrechas cadenas; ves á
-los hombres de pérfido corazon encerrados en oscuros calabozos. Tántalo
-busca el agua entre aguas y coje los fugaces frutos: el agua y el fruto
-escapan á sus lábios: vé ahí lo que le ha valido su indiscrecion. Por
-haber seguido demasiado severamente las órdenes de Juno, el guardian de
-Io perece en la flor de la edad, Io es una diosa.</p>
-
-<p>He visto cargar de hierro, que le magullaban las piernas, á un
-indiscreto que habia revelado á un marido los amores incestuosos de su
-mujer. Merecia un castigo más severo: porque su lengua ruin habia hecho
-dos víctimas: sumergia al marido en el dolor, y ajaba el honor de la
-esposa.</p>
-
-<p>Créeme: no es el marido quien quiere semejantes<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span> acusaciones; puede
-oirlas, pero nunca con placer. Si es indiferente, su indiferencia hace
-inútil vuestra delacion; si ama, os debe su infelicidad. Por otra
-parte, por evidente que sea la falta de una mujer, no es fácil de
-probar: tiene en su pro la indulgencia de su juez. Aunque él mismo lo
-hubiese visto todo, admitirá la negativa, acusará á sus propios ojos,
-se atormentará á sí mismo. Cuando vea á su mujer llorar, llorará con
-ella, diciendo: «¡Este maldito hablador me lo pagará caro!» ¡Es desigual
-la lucha en que te empeñas! Vencido, pasas por azotes, mientras que la
-bella reposa sobre las rodillas de su juez.</p>
-
-<p>No queremos un crímen: no deseamos vernos para componer bebidas
-emponzoñadas: en nuestras manos no brilla una espada amenazadora. Lo
-que pedimos es que por tu mediacion nos podamos amar sin peligro.</p>
-
-<p>¿Hay ruego más inocente?</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_TERCERA">ELEGIA TERCERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Al mismo, que se mostraba inflexible.</p>
-
-
-<p>¡Ay de mí! pues guardas mi señora, tú que no eres ni hombre, ni mujer,
-tú que no puedes conocer los placeres que saborean juntamente dos
-amantes! El que primero mutiló vergonzosamente la infancia, merecia
-sufrir á su vez el mismo suplicio. Serias más complaciente, más
-sensible á mis ruegos, si hubieras amado á alguna mujer. No estás hecho
-para montar á caballo, para llevar las pesadas armas, para cargar tu
-mano con la belicosa lanza. Es menester ser hombre para esto; tú,
-renuncia á todo acto viril. No sigo otras banderas que las de tu
-señora. A ella es á quien debes servir; aprovecha sus buenas gracias.
-Si tú la pierdes, ¿para qué servirias? Su figura, su edad, invitan al
-placer: su belleza no debe marchitarse y perecer en perezoso abandono.
-Por severo que parezcas, ella no necesita mucho para engañarte. Lo que
-han resuelto dos amantes, jamás<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span> deja de tener efecto: pero como es más
-fácil valerse de los ruegos, te dirigimos los nuestros, mientras aun
-tienes tiempo de complacernos.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_CUARTA">ELEGIA CUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le
-agradan.</p>
-
-
-<p>No pretendo justificar el relajamiento de mis costumbres, ni recurrir
-jamás á pretextos engañosos para excusar mis desvaríos. Confieso mis
-faltas por si tal declaracion puede ser útil para algo. Ahora que me
-reconozco culpable, quiero revelar todas mis locuras. Reniego de mis
-errores, y no puedo dejar de complacerme en los errores que maldigo.
-¡Oh! ¡Cuán pesado es de llevar el yugo que se querria sacudir! Yo no
-tengo ni la fuerza ni el poder de domar mis pasiones: ellas me atraen,
-como las rápidas olas llevan la lijera barca.</p>
-
-<p>No es tal ó cual belleza la que me inflama: cien motivos me obligan
-á amar siempre. Si alguna<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span> tiene sus ojos modestamente inclinados,
-mi corazon se enciende, y su pudor es el cepo en que caigo. Si es
-incitativa, me dejo apresar porque no es novicia, y porque promete
-ser viva y eficaz sobre un mullido lecho. Si veo una cuyo aire arisco
-recuerda la severidad de las Sabinas, me figuro que tiene deseos, pero
-que sabe disimularlos. ¿Eres sábia? me gustas por tus raros talentos:
-¿eres ignorante? me gusta tu simplicidad. Esta halla los versos de
-Calímaco sin gracia en comparacion á los mios; lo agradezco y me
-gusta al momento: aquella criticando mis versos, me disputa el título
-de poeta; á pesar de sus críticas quisiera tocarla de cerca. Esta
-marcha muellemente, su suavidad me encanta: aquella, pesadamente; la
-aproximidad de un amante le prestará tal vez agilidad. La una canta con
-gracia, y su garganta flexible exhala los acentos más melodiosos; yo
-quisiera robar un beso á su boca medio abierta; la otra recorre con un
-dedo lijero las temblorosas cuerdas de su lira: ¿quién podria dejar de
-amar manos tan diestras? Esta otra, en fin, me seduce por su danza: amo
-al ver sus lascivas posiciones, el movimiento cadencioso de sus brazos,
-su destreza en responder al compás por el<span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span> contoneo de todo su cuerpo.
-No hablemos de mí, que todo me inflamo: colocad á Hipólito delante de
-ella; se volvería un Priapo. Tú que eres alta no cedes á las heroinas
-de la antigüedad, y tienes tu puesto á lo largo del lecho. Tú que eres
-baja sabes gustarme tambien. Ambas me arrebatan; la grande y la pequeña
-me convienen igualmente. ¿Esta está sin adorno? pienso en lo que la
-compostura podria aumentar sus encantos; ¿aquella está engalanada?
-brilla con todos sus atractivos. Soy esclavo de la rubia y de la
-morena, que tambien es agradable Vénus bajo atezado color. ¿Flotan
-negros cabellos sobre un cuello de nieve? La belleza de Leda consistia
-en su negra cabellera. ¿Veo blondos cabellos? Una cabellera dorada hace
-la belleza de la Aurora. En todas partes la historia me ayuda para
-justificar mi amor. La juventud me encanta, la madurez me seduce: la
-una tiene en su favor la belleza del cuerpo, la otra su espíritu. En
-una palabra, de todas las bellas que se admiran en Roma, no hay una que
-no le apetezca á mi amor.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_QUINTA">ELEGIA QUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Dirije reproches á su señora, quien, á su vista, mientras fingía
-dormir, habia dado á otro convidado señales inequívocas de su amor.</p>
-
-
-<p>¡Cupido; huye con tu carcax! el Amor no tiene bastante precio, para
-que yo invoque tan frecuentemente la muerte. Sí, yo invoco la muerte
-cuando sueño en tu perfidia, ingrata belleza, nacida para mi eterna
-desgracia. No son tus tablitas mal borradas las que me descubren tu
-conducta: no son los presentes recibidos furtivamente los que revelan
-tu crímen. Quieran los dioses que acusándote yo, no pueda convencerte.
-¡Infeliz de mí! ¿por qué mi causa es tan buena? Dichoso el amante que
-puede defender valientemente lo que él ama, y á quien su señora puede
-decir: «¡Yo no soy culpable!» Tiene un corazon de hierro y se abandona
-demasiado á su ira, aquel que quiere adquirir un laurel ensangrentado
-por la condenacion de una pérfida.</p>
-
-<p>Desgraciadamente lo he visto todo, cuando tú<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span> me creias dormido. Sí,
-he visto por mis ojos, que el vapor del vino no perturbaba, he visto
-vuestra traicion. Os he visto entenderos por el movimiento de vuestras
-cejas: vuestros signos de cabeza, lenguaje bastante claro, eran como
-palabras. Tus ojos no fueron mudos: se trazaron letras con el vino
-sobre la mesa: tus propios dedos no estaban sin hablar su lenguaje.
-A pesar de todos vuestros esfuerzos para ocultarle, he penetrado el
-sentido de vuestras palabras: he comprendido el valor de los signos
-convenidos entre vosotros. Ya la mayor parte de los convidados se
-habian alejado; no quedaban más que dos jóvenes, dormidos por la
-embriaguez. Yo os ví entonces cambiar culpables besos, besos en los
-cuales, yo lo he visto, vuestras dos lenguas se confundian; no de los
-besos que recibia de una hermana un hermano virtuoso, sino de los que
-dá una tierna mujer á su ávido amante; no de los besos que Febo podia
-dar á Diana, sino de los que Vénus prodigaba á su querido Marte.</p>
-
-<p>«¿Qué haces tú? exclamaba yo, ¿á quién das los favores que me
-pertenecen? Es mi derecho, es mi bien; yo la vindico y yo la defenderé.
-Solo para mí tus caricias, solo para tí las mias; ¿por qué un tercero<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span>
-quiere tener una parte en lo que no pertenece mas que á nosotros dos?»</p>
-
-<p>En estos términos es como se exhalaba mi despecho: el color de la
-vergüenza cubrió bien pronto sus culpables mejillas. Así se colora el
-cielo al nacer de la esposa de Titon, ó la jóven virgen á la vista
-de su prometido: así brillan las rosas en medio de los lirios que
-las rodean: tal enrojece la luna, detenida en su curso por algun
-encantamiento; tal aun el marfil asirio, que tiñe una mujer de Meome
-para impedirle se vuelva amarillo con los años. Tal ó poco menos, era
-el color de la pérfida, y quizás jamás habia estado más bella. Miraba
-á tierra y esta mirada era hechicera: la tristeza estaba pintada en su
-cara y esa misma tristeza la agraciaba. Sus cabellos, y nada era tan
-bello como sus cabellos, estuve á punto de arrancárselos; sus mejillas
-delicadas, estuve por abofetearlas.</p>
-
-<p>Cuando mis ojos encontraron los suyos, mis nerviosos brazos cayeron á
-pesar mio, y mi señora encontró su seguridad en sus armas. Al ver que
-ella venia amenazante, yo me arrojé á sus rodillas, y la supliqué no me
-diera menos tiernos besos. Sonrió y me dió de todo su corazon el más
-dulce beso, uno<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span> de esos besos que arrancarian á la mano irritada de
-Júpiter su rayo luminoso. Lo que me atormenta hoy es el temor de que
-mi rival habrá recibido de tan deliciosos: yo no quiero que los suyos
-hayan podido ser del mismo género.</p>
-
-<p>Ciertamente habia en aquel beso mucho más arte del que debe á mis
-lecciones: me parece que ella habia aprendido algo nuevo. Ese
-refinamiento de voluptuosidad nada bueno me presagia; tengo por mal lo
-que más plugo; nuestras lenguas, cruzándose mútuamente, fueron todas
-enteras estrechadas por nuestros lábios, y con todo no es esto solo lo
-que me apena: no es solamente de aquellos besos voluptuosos de lo que
-me quejo, aunque no obstante me compadezco; pero tales lecciones no se
-dan más que en la cama, y no sé qué maestro ha recibido la inestimable
-paga.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_SEXTA">ELEGIA SEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Deplora la muerte del papagayo que habia regalado á su señora.</p>
-
-
-<p>El ave imitador venido de las Indias Orientales, aquel papagayo no
-existe. ¡Llegad en tropel á sus funerales; venid todos, piadosos
-habitantes de los aires; herid vuestro pecho con las alas, y surcad
-con aguzadas uñas vuestras cabezas delicadas! En defecto de plañideras
-que se arranquen los cabellos, despedazad vuestras plumas erizadas; en
-defecto de los acentos del clarin que resuena á lo lejos, haced oir
-funerarios cantos.</p>
-
-<p>¿Por qué te quejas, Filomela, de la maldad del tirano ismario? el
-tiempo ha debido poner término á tus lamentos. Resérvalos para la
-muerte del ave más rara. La suerte de Itis fué un gran motivo de dolor,
-pero es un asunto muy antiguo.</p>
-
-<p>Vosotras que os balanceais dulcemente en las llanuras de los cielos,
-y tú más que otra, tórtola querida, exhalad vuestras lúgubres quejas.
-Estuvo<span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span> toda su vida en perfecta inteligencia con vosotras, y su
-fidelidad á toda prueba no se desmintió jamás. Lo que fué el griego
-Pílades para su amigo Orestes, la tórtola, oh papagayo, lo fué para tí,
-mientras viviste.</p>
-
-<p>¿De qué te ha servido esa fidelidad? ¿De qué te ha servido el brillante
-explendor de tu raro plumaje? ¿De qué te ha servido esa voz tan hábil
-para imitar nuestro lenguaje? ¿De qué te ha servido haber agradado á
-mi señora desde que le fuiste regalado? ¡infeliz! ¡eras la gloria de
-las aves, y ya no existes! Tú podrias, por el brillo de tu plumaje,
-eclipsar la verde esmeralda, y el rojo color de tu pico igualaba al
-brillo de la púrpura. Ninguna ave en la tierra hablaria tan bien como
-tú: ¡tan grande era tu habilidad en repetir tartajeando los sonidos que
-no habias entendido!</p>
-
-<p>La muerte envidiosa te ha herido; tú no declarabas la guerra á ninguna
-ave, tú eras á la vez hablador y amigo de las dulzuras de la paz. Vemos
-las codornices, siempre en guerra, y por esto mismo quizás, alcanzar
-frecuentemente la vejez. Los menores alimentos te bastaban; el placer
-que encontrabas en hablar no te permitía tomar un frecuente<span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span> alimento.
-Una nuez constituia tu comida; algunas adormideras le invitaban al
-sueño; algunas gotas de agua pura extinguian tu sed. Vemos vivir al
-insaciable buitre, y al milano, el que en su vuelo, describe grandes
-círculos en medio de los aires, y al grajo, que pronostica la lluvia.
-Vemos á la corneja, odiosa á la belicosa Minerva: apenas muere al
-cabo de nueve siglos. ¡Y ha muerto el pájaro que sabia imitar tan
-bien la voz del hombre, aquel papagayo, raro presente traido de las
-extremidades del mundo! Casi siempre las manos avaras de la muerte
-hieren desde luego lo que hay de mejor en la tierra, y las cosas más
-malas cumplen su destino. Thérsistes vió los tristes funerales de
-Phylácides: Héctor estaba reducido á cenizas, cuando sus hermanos aun
-vivian.</p>
-
-<p>¿Á qué recordar los tiernos votos que hizo por tí mi señora alarmada,
-votos que el tempestuoso Noto llevó al medio de los mares? Habias
-alcanzado el séptimo dia, que debia ser el último para tí: ya la Parca
-habia enteramente dividido su huso: sin embargo, tu lengua tuvo el
-valor de hacerse oir aun y exclamaste muriendo: «¡Corina, adios!»</p>
-
-<p>En el Elíseo, en la pendiente de una colina<span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span> hay una selva á la que
-dan sombra las apiñadas encinas; allí la tierra húmeda está siempre
-ornada de un verde césped. Aquel lugar, si se dá crédito á la fábula,
-se dice es la mansion de las aves piadosas: las aves de augurios malos
-no penetran en él. Es donde habitan los inocentes cisnes y el eterno
-fénix, siempre único entre las aves. Es donde el pavo real ostenta con
-orgullo su brillante plumaje, y donde la paloma cariñosa prodiga sus
-besos á su ávido esposo. Recibido en medio de ellas, en esta riente
-floresta, nuestro papagayo llama por su lenguaje la atencion de esas
-piadosas aves.</p>
-
-<p>Sus huesos están cubiertos por una tumba, y esta tumba, pequeña como su
-cuerpo, presenta una pequeña piedra con esta corta inscripcion: «Por
-este monumento se puede juzgar cuánto gusté á mi señora: mi boca para
-hablarla sabia más que un pico de ave.»</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_SEPTIMA">ELEGIA SÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Corina: niega haber tenido jamás ningun comercio con Cipasis.</p>
-
-
-<p>¿He de ser siempre el blanco de tus nuevas acusaciones? por más que
-hagas, tengo que salir victorioso de esta lucha que se repite á cada
-momento. Si dirijo la vista á las más elevadas gradas del teatro, tú
-elijes, entre mil, la mujer que debe servir de pretesto á tus quejas.
-Si los inocentes ojos de una bella se fijan por casualidad en los mios;
-según tú, mi silencio dice bastante, yo me entiendo con ella. Si alabo
-á esta, tus uñas acometen sin piedad á tu cabellera; si vitupero á
-aquella, entonces es para mejor ocultar mi crímen. Si tengo buen color,
-es que estoy frio contigo; si estoy pálido, es que yo muero de amor por
-otra.</p>
-
-<p>¡Si al menos tuviera algunas faltas que reprocharme! en este caso se
-sufre más pacientemente la pena que se tiene merecida. Pero tú me
-acusas sin razon, y por tu inclinacion en creerlo todo<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span> intencionado,
-destruyes tú misma el efecto que podria causar tu ira. Ves ese animal
-con largas orejas, ves al pobre pollino: á pesar de los golpes de azote
-con que se le abruma, no va más lijero.</p>
-
-<p>Ve ahí un nuevo motivo de acusacion. Hoy es Cipasis tu hábil peinadora
-y dices tú que habrá mancillado conmigo el lecho de su señora.
-Presérvenme los dioses, ¡si el deseo me diese de ser culpable, de
-querer serlo con una mujer de vil condicion! ¿Qué hombre libre querria
-unirse á una esclava, y entre sus brazos apretar un cuerpo magullado
-de golpes de azote? Añade que es ella quien pone la última mano á
-tu tocado, y que sus hábiles dedos te lo han vuelto precioso. ¿Y yo
-insultaria á una muchacha que te es tan adicta? ¿Qué ganaria yo en
-ello, sino el ser denunciado, despues de haber sufrido una negativa? Te
-lo juro por Vénus y por el arco de su veleidoso hijo, no soy culpable
-de este crímen de que me acusas.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_OCTAVA">ELEGÍA OCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus
-amores.</p>
-
-
-<p>Cipasis, tú que tan bien sabes componer de mil maneras un peinado,
-tú que eres digna de no peinar mas que á las diosas, tú cuyo mérito
-conozco por un dulce latrocinio; tú, tan estimada por tu señora, pero
-más por mí, dime ¿quién ha podido revelar el secreto de nuestros
-amores? ¿Cómo Corina ha podido sospechar nuestros placeres? Esto
-me abochorna. ¿Acaso se me ha escapado una sola palabra que pueda
-descubrir nuestras furtivas voluptuosidades? Por el contrario, ¿no
-tengo jurado que para querer ser culpable con una sirvienta, era
-menester no tener sentido comun?</p>
-
-<p>Y por tanto el héroe de Thesalia se ha consumido de amor por la bella
-Briseidos, que no era más que una sirvienta. Una sirvienta fué la
-sacerdotisa que supo conquistar al rey Miceno. ¿Soy, pues, más grande
-que Aquiles, más grande que el<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span> descendiente de Tántalo? ¿Lo que fué
-conveniente para los reyes seria para mí un asunto vergonzoso?</p>
-
-<p>Sin embargo, cuando ella fijó en tí sus airadas miradas, ví colorearse
-tus mejillas. Para mayor seguridad, si no lo has olvidado, ¡he tomado
-en testimonio de mi inocencia á la augusta Vénus! Y tú misma, sí, tú,
-bella diosa, ordena que ese perjurio de un corazon inocente, sea por el
-ardiente aliento del Noto, llevado más allá de las olas carpathianas.</p>
-
-<p>Por tal servicio, otórgame, morena Cipasis, el dulce favor de
-encontrarme hoy á solas contigo. ¿Por qué rehúsas? ¿por qué, ingrata,
-finges nuevas alarmas? Basta haber bien merecido de uno de tus amos. Si
-eres bastante necia para rechazarme, referiré lo que hemos hecho; yo
-me convertiré en mi propio acusador, y diré, Cipasis, sí, yo diré á tu
-señora el lugar y el número de nuestras citas, y también el número y
-naturaleza de nuestros placeres.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_NOVENA">ELEGIA NOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Cupido: le exhorta para que no gaste todas sus flechas contra él solo.</p>
-
-
-<p>Cupido, oh tú, que siempre te me muestras irritado, tú que nunca
-permites el descanso á mi corazon, ¿por qué soy objeto de tus golpes,
-yo que nunca he abandonado tu bandera? ¿por qué herirme en mi propio
-campo? ¿por qué tu hacha quema á tus amigos? ¿por qué tu arco les
-traspasa con sus flechas? Habria más gloria en vencer á un rebelde.
-¡Qué! ¿el héroe hemoniano despues de haber pasado á Telefo con su lanza,
-no curó con su lanza la herida de su enemigo? El cazador persigue al
-animal que huye; y una vez alcanzado le deja para ir siempre á la pista
-de una nueva presa. ¡Reservas para nosotros, que somos tus semejantes,
-la fuerza de tus armas; y tu brazo entorpecido no sabe herir al enemigo
-que te resiste! ¿A qué viene embolar tus afiladas flechas en los huesos
-descarnados? porque el amor solo me ha dejado el hueso.<span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span> ¡Sin amor hay
-tantas jóvenes! ¡Hay tantos jóvenes sin amor! En ellos pues alcanzarás
-un triunfo glorioso.</p>
-
-<p>Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas por todo el universo, hoy
-no seria aun sino un conjunto de chozas. El fatigado soldado abandona
-la guerra por el campo que acaba de dársele. El corcel, libre de su
-prision, corre á brincar en los prados; extensos muelles resguardan el
-buque vuelto de nuevo al puerto, y el gladiador recibe en cambio de sus
-armas, la varilla que le libra de los combates, y yo que puedo contar
-tantas campañas al servicio del Amor, ¿no seria tiempo de que viviese
-tranquilo?</p>
-
-<p>Y sin embargo, si un dios me dijese: «En adelante vive sin amor;» yo me
-defenderia; ¡tan dulce es el mal de amor! No sé qué vértigo arrastra
-mi mal aconsejada alma cuando estoy bien repuesto de amor, cuando no
-experimento sus fuegos. Como el caballero, recogiendo en vano las
-riendas blanqueadas por la espuma, se vé arrebatado en el precipicio
-por su corcel que no siente el freno; como el esquife, cerca de tocar
-la tierra y de llegar al puerto, se vé á un tiempo arrojado por un
-golpe de<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span> viento; así yo soy arrastrado aquí y allá por el soplo
-incierto de Cupido, y el Amor de color de rosa vuelve á tomar contra mí
-sus acostumbradas tretas.</p>
-
-<p>Tira, niño, he depuesto las armas, y me ofrezco desnudo á tus tiros.
-Desplega aquí tus fuerzas, y haz ver aquí tu destreza. Vé ahí el punto
-en que, sin oir tus órdenes, vienen las mismas flechas á clavarse:
-apenas el carcax le es tan conocido como mi corazon. ¡Triste de quien
-puede descansar una noche entera, y comprar á gran precio el sueño!
-¡Insensato! ¿Qué es el sueño sino la imágen de la fria muerte? Los
-destinos te reservan un largo reposo.</p>
-
-<p>Quiero que mi señora me engañe alguna vez con promesas falaces: la
-esperanza por lo menos será para mí una verdadera dicha; quiero que
-ella ya me acaricie, ya me riña: que frecuentemente se me entregue,
-que frecuentemente me rechace. Si Mario, (Marte), es inconstante, lo
-es por tí, Cupido; el amante de tu madre, imitándote, lleva de aquí
-para allá sus armas. Eres veleidoso, eres cien veces más lijero que tus
-alas, y, siempre inconstante, dás y rehusas el placer á medida de tu
-capricho. Si no obstante, tu graciosa madre y tú os dignais atender<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span>
-mis súplicas, ven á reinar como dueño en mi corazon y no lo abandones
-jamás. Que las hermosas, en veleidoso tropel, acudan bajo tu imperio:
-tú serás, á este precio, adorado de los dos sexos á la vez.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMA">ELEGIA DÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Grecino: se puede muy bien, dígase lo que se quiera, amar á dos
-mujeres á la vez.</p>
-
-
-<p>Tú eras, Grecino, lo recuerdo, quien me negaba que pudiese amar á dos
-mujeres á un mismo tiempo. Gracias á tí he sucumbido; gracias á tí he
-sido apresado sin defensa, y vé aquí que tengo vergüenza, vé aquí que
-amo á dos mujeres á la vez, bellas las dos, las dos en estado de buen
-servicio: seria imposible decir cuál tiene más talento. La primera
-aventaja en belleza á la segunda, esta á la primera: tan pronto es una
-como otra la que más me place. Mi corazon, como el esquife batido por
-los opuestos vientos, marcha á la ventura, dividido entre estos dos
-amores. ¿Por qué, diosa del<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span> monte Erycino, multiplicar así mis eternos
-tormentos? ¿No era bastante tener que ocuparme de una sola querida?
-¿Por qué añadir hojas á los árboles, estrellas al cielo, y nuevas aguas
-á las olas del inmenso Océano?</p>
-
-<p>Prefiero, no obstante, amar así, á consumirme sin amor. ¡Para mis
-enemigos una vida sin voluptuosidad; para mis enemigos el sueño en
-una cama solitaria y la facilidad de descansar contentos en medio de
-un lecho no dividido! Para mí, quiero que el cruel amor me arranque á
-las dulzuras del sueño; no quiero ser solo en estrujar el plumon de
-mi cama. Que solo una mujer apure sin obstáculo mi amor, si una sola
-puede hacerlo; y si no es suficiente una, que sean dos. Mi cuerpo seco,
-pero no débil, me dará fuerza; es la gordura y no el vigor lo que le
-falta. Por otra parte la voluptuosidad me animará con su poder: jamás
-he quedado en falla junto á una hermosa. Frecuentemente, despues de
-una noche consagrada al placer, me he encontrado por la mañana lleno
-de vigor y dispuesto á la accion. ¡Dichoso quien muere en los dulces
-combates de Vénus! ¡Hagan los dioses que yo encuentre ese dia la muerte!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span></p>
-
-<p>Que el soldado presente su pecho á los dardos del enemigo, que compre
-al precio de su sangre una gloria inmortal; que el avaro busque lejos
-las riquezas, y que, sumergido en los mares que ha cansado su nave,
-trague las aguas con su boca perjura: por lo que á mí toca, quiero
-encanecer bajo la bandera de Vénus, quiero morir en medio de la lucha,
-y que puedan decir llorando sobre mi sepulcro: «Ha muerto como ha
-vivido.»</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_ONCENA">ELEGIA ONCENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Trata de disuadir á Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania.</p>
-
-
-<p>El Argo, despojado del monte Peliaco, es el primero que se abrió en
-las olas embravecidas un camino peligroso y sembrado de escollos,
-para traer el toison de oro. ¡Oh! ¡quiera el cielo que Argo haya sido
-absorbido en los profundos abismos del mar, á fin de que ningun mortal
-fatigue con su remo la inmensidad de las olas!</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span></p>
-
-<p>Vé aquí que, abandonando su cama acostumbrada y sus penates domésticos,
-Corina se va á confiar al falaz elemento. ¿Por qué obligas á tu
-desgraciado amante á temer para tí el Zéfiro y el Euro, el viento
-glacial de Borea y el caliente aliento del Noto? No verás en tu camino
-ni villas ni selvas dignas de ser admiradas. Por todo espectáculo no
-tendrás más que la vista de un mar azulado y pérfido. No es lejos donde
-se encuentran lijeros mariscos y guijarros ricamente matizados, sino
-en las claras aguas de la ribera. La ribera es, pues, solamente la que
-debeis, jóvenes bellezas, hollar con vuestros delicados piés: solo
-allí hay seguridad: más allá existen escondidos escollos. Que otros os
-cuenten los combates que libran los vientos, qué mares son infestados
-por Carybdis y Scyla, sobre qué rocas están asentados, amenazantes, los
-montes Ceranios, en qué lugar están escondidas las Syrtes ó Malea. Que
-otros os instruyan, cualesquiera que sean sus relaciones, creedlas:
-creer en la relacion de una tempestad, no es correr riesgo alguno.</p>
-
-<p>Se está mucho tiempo sin ver la tierra, cuando, una vez apartado de
-la ribera, la nave voga á velas<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span> llenas en el vasto mar. El navegante
-inquieto teme el furor de los vientos, y vé la muerte tan cerca como
-las olas. ¿Qué vendrás á ser tú si Triton levanta con furia sus
-agitadas ondas? ¡Cómo entonces palidecerá tu semblante! Invocando á los
-compasivos hijos de la fecunda Leda, exclamarás: «¡Dichoso aquel que
-vive en su tierra natal!» Es mucho más seguro dormir en buen lecho,
-leer algun libro, hacer resonar bajo sus dedos la lira de Thracia.</p>
-
-<p>Pero si el viento de las tempestades se lleva mis vanas palabras, ¡que
-al menos favorezca Galatea á la nave que te conduce! Si llega á perecer
-tal belleza, vuestro seria el crímen y de vuestro padre, Diosas y
-Nereidas. Parte pensando en mí para volver al primer viento propicio,
-y que su soplo más fuerte hinche entonces tus velas. Que el poderoso
-Nereo vuelva la mar inclinada sobre esta ribera; que el viento empuje
-las naves hácia aquí: y por aquí el flujo precipite las aguas. Tú misma
-ruega á los céfiros soplen de lleno en tus velas, que tus propias manos
-ayudarán á hacer mover.</p>
-
-<p>Yo seré el primero en descubrir desde la ribera<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span> tu nave querida; y
-diré: «esa nave trae otra vez mis dioses.» Te recibiré en mis brazos,
-tomaré rápidamente desordenados besos; la víctima ofrecida para tu
-regreso caerá al pié de los altares. Extenderé en forma de lecho la
-lijera arena de la playa, y el primer otero nos servirá de mesa. Allí
-con el vaso en la mano me contarás todas tus aventuras; me describirás
-tu navío medio engullido por las oleadas; me dirás que viniendo hácia
-mí no temias ni al frio ni á la noche, ni á los austros impetuosos.
-Todo esto, aunque fuese fingido, será verdad para mí; lo creeré todo.
-¿Y por qué no he de creer yo con complacencia lo que más deseo? ¡Ojalá
-pudiese la estrella de la mañana, brillando en un cielo sin nubes,
-traerme desde luego este dichoso dia!</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DUODECIMA">ELEGIA DUODÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Se goza de haber por fin obtenido los favores de Corina.</p>
-
-
-<p>Ceñid mi frente, laureles de la victoria. Soy vencedor: Corina está
-en mis brazos; aquella que un marido, que un guardian, que una puerta
-de encina, ¡que tanto antemural ponian al abrigo de una sorpresa! La
-victoria que, ante todas las otras, merece los honores del triunfo, es
-seguramente aquella que no está manchada por la sangre del vencido. No
-son humildes murallas, no son plazas cercadas por estrechos fosos, una
-bella es la que he sabido tomar por asalto.</p>
-
-<p>Cuando Pérgamo cayó, despues de diez años de guerra, ¿qué parte de
-honor, entre tantos sitiadores, alcanza el hijo de Atreo? Mi gloria,
-es mia, me es toda personal: ningun soldado puede reclamar su parte,
-ninguno tiene título para pretenderla. Como jefe y soldado á la vez
-he logrado mis fines: yo mismo fuí á la vez caballero, infante,
-abanderado, y en mis hechos no tuvo lugar la casualidad.<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span> ¡Para mí,
-pues, mi triunfo que es premio de mis esfuerzos!</p>
-
-<p>No seré tampoco la causa de una nueva guerra. Sin el rapto de la hija
-de Píndaro, la paz de Europa y del Asia no se hubiese alterado. Una
-mujer es quien, con el vino, arma vergonzosamente, unos contra otros, á
-los salvajes Lapithas y la raza monstruosa de los Centauros. Una mujer
-es quien en tu reino, justo latino, obligó á los Troyanos á empezar
-de nuevo desastrosas guerras. Una mujer es quien, desde los primeros
-tiempos de Roma, fué causa del sangriento combate en que los Romanos
-tuvieron que defenderse contra sus suegros. He visto pelearse los toros
-por una blanca vaquilla, que, espectadora de la lucha, animaba su
-valor. Yo tambien soy uno de los numerosos soldados del Amor; pero es
-sin efusion de sangre como me hace seguir sus estandartes.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMOTERCIA">ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Isis: le pide proteja la preñez de Corina.</p>
-
-
-<p>La imprudente Corina tratando de desembarazarse de la carga que lleva
-en su seno, se expone ella misma á perder la vida. Ciertamente por
-haber afrontado, sin saberlo, tan gran peligro, merecia toda mi cólera;
-pero la cólera cede ante el temor. Pues ó habia concebido por mi causa
-ó al menos yo así lo creo: porque frecuentemente tomo por un hecho
-cierto, lo que no es más que posible.</p>
-
-<p>Isis, tú que habitas el Paretonio, y los campos deliciosos de Canope,
-y Mémfis, y Pharos fértil en palmeras, y aquellas llanuras en donde el
-Nilo, abandonando su vasto cauce, va, por siete bocas, á llevar sus
-aguas al mar; yo te conjuro por tu sistro<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a>, por la cabeza misteriosa
-de Anubis, (y que á este precio el pio Osiris acepte siempre tus
-sacrificios, la serpiente amodorrada se arrastre<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span> lentamente en torno
-de las ofrendas, y en medio del cortejo se adelante Apis con su media
-luna sobre la frente); fija tus miradas en Corina: ahorra en ella sola
-dos víctimas, porque ambas recibiremos la vida, ella de tí, yo de ella.
-Muy frecuentemente tú la has visto, en los dias que te son consagrados,
-celebrar tus misterios, á la hora en que tus sacerdotes coronen sus
-frentes con laureles.</p>
-
-<p>Y tú, que tienes piedad de las jóvenes esposas en los dolores del
-parto, cuando el fruto que llevan escondido busca salir de su prisión,
-Ilithyia, séasme propicia, y dígnate atender mis súplicas: ella merece
-que tú la cuentes en el número de tus protegidas. Y yo, revestido
-de una ropa blanca, iré á hacer ahumar el incienso en tus altares:
-iré á cumplir mis votos, depositar mis ofrendas á tus piés, con esta
-inscripcion: «Ovidio, por la salud de Corina.» Dígnate solamente dar
-lugar á mis ofrendas y á esta inscripcion.</p>
-
-<p>Y tú, Corina, si en mi espanto, me es permitido darte un aviso, despues
-de una tal lucha, no aventuro una segunda.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> Instrumento músico.</p>
-
-</div>
-</div>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMOCUARTA">ELEGIA DÉCIMOCUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente
-la gravedad de su falta.</p>
-
-
-<p>¿De qué sirve á las bellas el estar fuera de combates, de no tener que
-seguir, escudo en mano, nuestras formidables legiones, si, lejos de
-los peligros de la guerra, ellas se lastiman con sus propias armas, si
-con sus ciegas manos atentan á sus dias? La que primero ensayó hacer
-abortar en sus entrañas el tierno fruto que llevaba, merecia perecer en
-esta lucha empeñada por ella. ¡Qué! ¡para ahorrar á tu vientre algunas
-arrugas, convendrá asolar el triste campo en que se libró el combate!</p>
-
-<p>Si, en las primeras edades del mundo, las madres hubieran tenido
-esta viciosa costumbre, el género humano hubiera desaparecido de la
-tierra; y para repoblar el universo y sembrar las piedras de que
-nacieron nuestros abuelos, seria menester otra Deucalion. ¿Quién
-hubiera destruido el imperio de Príamo, si la diosa de los mares,
-Thétis, no<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span> hubiera querido llevar su fruto hasta el término fijado
-por la naturaleza? Si Ilia hubiese ahogado los mellizos de quienes
-estaba embarazada, no hubiese existido el fundador de la villa señora
-del mundo. Si Vénus hubiese hecho morir á Eneas en su seno, la tierra
-hubiese sido privada de los Césares. Tú misma, que debias nacer tan
-bella, hubieras perecido, si tu madre hubiese hecho lo que tú acabas
-de osar. Y yo, más bien nacido para morir de amor, no hubiese jamás
-existido, si mi madre me hubiese muerto de antemano.</p>
-
-<p>¿Por qué despojar á la viña fecunda del racimo que crece? ¿Por qué, con
-mano cruel, arrancar el fruto antes de su madurez? muerto caerá por sí
-mismo; una vez nacido, déjale crecer; la vida es bastante buen premio
-para algunos meses de paciencia.</p>
-
-<p>Mujeres, ¿por qué manchais vuestras entrañas con un hierro homicida?
-¿Por qué presentais el cruel veneno al niño que aun no existe? Se
-maldice á la madrastra de Colquida, que se manchó con la sangre de
-sus hijos y se compadece á Itis degollado por su madre. Sí, estas dos
-mujeres fueron bárbaras; pero su barbarie tenia un motivo:<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span> se vengaban
-de sus esposos en los hijos que tenian de ellos. ¿Os escita, decidme,
-algun Tereo, algun Jason á despedazar vuestras entrañas con sacrílega
-mano?</p>
-
-<p>Jamás se ha visto tanta crueldad en los tigres de las cuevas de la
-Armenia; jamás la leona se atrevió á procurar el aborto. Á las tiernas
-bellezas estaba reservado el intentarlo, pero no impunemente. Ahogando
-á su hijo en su seno, perece muchas veces la madre. Perece, y se lo
-lleva toda desmelenada en su lecho de dolor; y todos exclaman al verla:
-«¡Lo tiene bien merecido!»</p>
-
-<p>Pero que mis vanas palabras se pierdan en el aire; ¡que mis presajios
-queden sin efecto! Dioses clementes, sufrid que Corina haya cometido
-impunemente una primera falla, es todo lo que pido. Que el castigo sea
-reservado para la segunda.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMAQUINTA">ELEGÍA DÉCIMAQUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Al anillo que él habia enviado como presente á su señora.</p>
-
-
-<p>Anillo, que vas á ceñir el dedo de mi bella señora, tú que no tienes
-otro precio que el amor de aquel que te dá, sé para ella un presente
-agradable: ojalá te reciba con placer, ¡y te coloque desde luego en
-su dedo! Sé hecho para ella, como ella para mí; que tu círculo abrace
-cómodamente su dedo, sin lastimarlo.</p>
-
-<p>Dichoso anillo, tú vas á ser tocado por mi señora. ¡Ay! yo envidio
-ya la suerte de mi presente. ¡Oh! que no pueda yo de un golpe
-transformarme en tí, por el arte del májico de Ea ó del viejo
-de Carpthos. Entonces yo querría que tú tocaras su cuello, ó te
-introdujeses con su mano izquierda bajo su túnica. Yo me escaparia de
-su dedo, por muy apretado y ajustado que estuviese, y me libertaria por
-encantamiento para ir á caer sobre su seno. Yo tambien, cuando ella
-querria sellar sus tabletas misteriosas, é impedir á la cera adherirse
-á la<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span> piedra muy seca, yo tocaria ante todo los húmedos lábios de mi
-bella señora, con tal solamente de no sellar jamás un escrito doloroso
-para mí. Si ella quiere hacerme colocar en su joyero, rehusaré dejar su
-dedo; me encojeré para sujetarle más fuertemente.</p>
-
-<p>Que jamás, oh tú que eres mi vida, sea yo para tí un motivo de
-vergüenza, una carga muy pesada para tu delicado dedo. Llévame, ya te
-zambullas en un baño tibio, ya te bañes en el agua corriente. Pero
-quizá entonces viéndote desnuda, el amor despertará mis sentidos, y ese
-mismo anillo tomará de nuevo su papel de amante.</p>
-
-<p>¡Ay! ¿qué significan estos avisos inútiles? Parte, débil presente, y
-que mi señora no vea en tí más que la prenda de mi fidelidad.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMASEXTA">ELEGIA DÉCIMASEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Á Corina, induciéndola á que vaya á verle en su casa de campo de
-Sulmona.</p>
-
-
-<p>Estoy en Sulmona, tercer canton del territorio de los Sabinos<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a>. Este
-canton es pequeño, pero el aire es saludable, gracias á frescas fuentes
-de agua viva. Aunque los rayos más cercanos del sol hienden aquí la
-tierra, aunque se sienten los ardores funestos de la canícula, límpidos
-arroyos serpentean á través de los campos Pelignos, y una vejetacion
-vigorosa cubre el suelo de fresco césped. El pais es fértil en trigo,
-más fértil aun en uva: produce alguna vez ademas la almendra que viene
-del árbol de Palas. Las aguas que corren por las praderas las tienen al
-instante cubiertas de una yerba nueva, y el suelo, siempre refrescado,
-presenta un espeso tapiz de verdura.</p>
-
-<p>Pero allí no se encuentra mi amor; me engaño de una palabra: allí no
-se encuentra el objeto<span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span> de mi amor, mi amor se encuentra solo. Aunque
-se me colocase entre Castor y Pollux, sin tí yo no querria habitar el
-cielo.</p>
-
-<p>¡Que la muerte sea cruel y la tierra pesada á aquellos que han trazado
-los primeros, en sus carreras, lejanos surcos en el globo! Al menos
-debian mandar á las jóvenes bellezas á acompañar á sus amantes, si
-fuera menester surcar la tierra por caminos interminables. Por lo que
-á mí toca, si habia de trepar, helado de frio, los Alpes expuestos á
-todos los vientos, este viaje, penoso como es, me pareceria dulce con
-mi señora; con mi señora, no dudaria en atravesar los Sirtes de la
-Libia, en presentar mi vela al pérfido Noto; con ella no temería ni á
-los mónstruos marinos que ladran á los lados de Scila, ni tus estrechas
-gargantas, tortuosa Malea, ni las aguas que el infatigable Caribdis,
-hartada sin cesar de navíos sumergidos, vomita y engulle de nuevo.</p>
-
-<p>Que si los vientos son más fuertes que Neptuno, si las olas se
-llevan los dioses que nos protejen, enlaza á mis hombros tus brazos
-tan blancos como la nieve, yo llevaré fácilmente tan dulce peso.
-Frecuentemente, para ir á ver á Hero, su<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span> jóven amante habia atravesado
-los mares á nado; no hubiese perecido, sin la oscuridad que ocultó el
-camino á sus ojos.</p>
-
-<p>Yo, aquí solo sin mi señora, tengo agradable vista de ricos viñedos,
-de campos en todas partes bañados por límpidos rios; veo al agua,
-obedeciendo al cultivador, dividirse en numerosos arroyos, y las
-hojas de los árboles suavemente agitadas por el fresco aliento de
-los vientos; mas no creo habitar el bello pais de los Pelignos; no
-encuentro la heredad de mis antepasados, el lugar que me ha visto
-nacer; me creo en medio de la Scythia, de los bravos cilicianos, de los
-Bretones con el rostro pintado de verde y entre peñascos teñidos con la
-sangre de Prometheo.</p>
-
-<p>El olmo ama la viña, la viña se une al olmo; ¿por qué estoy tan á
-menudo lejos de mi señora? Sin embargo, tú debias no separarte nunca:
-tú me lo habias jurado, y por mí y por tus ojos que son mis astros
-tutelares. Más lijeras que las hojas de otoño, las vanas promesas de la
-belleza huyen siempre á merced de los céfiros y de las aguas.</p>
-
-<p>Si por tanto eres aun sensible á mi desamparo, comienza en fin á
-cumplir tus promesas; sube sin<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span> más tardar en un carro lijero tirado
-por dos veloces caballos, y sacude tú misma las riendas sobre su
-clin flotante. Y vosotros, montes orgullosos, humillaos á su paso; y
-vosotros, tortuosos valles, abridle fácil camino.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Abruzo.</p>
-
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMASEPTIMA">ELEGIA DÉCIMASÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Se compadece de Corina, demasiado engreida de su belleza.</p>
-
-
-<p>Si hay alguno que piense que es vergonzoso el ser el esclavo de una
-bella, acepto su condenacion. Que me declare pues infame, con tal que
-la diosa que reina á Paphos y á Cytheres me trate con un poco más
-miramiento. ¿Por qué no he sido el esclavo de una amante sensible y
-dulce, puesto que yo habia nacido para ser el esclavo de una bella? La
-belleza dá orgullo: la belleza de Corina la vuelve intratable. ¡Ay! ¡por
-qué se conoce tan bien! De su espejo saca su arrogancia; aunque no se
-mira en él mas que despues de componerse.</p>
-
-<p>Si tu belleza, nacida para hechizar mis ojos,<span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span> te asegura el imperio
-de todos los corazones, no debes, comparándome á tí, despreciarme; la
-inferioridad puede asociarse con la grandeza. Se sabe que la ninfa
-Calipso, ardiendo en amor por un simple mortal, le retiene contra su
-voluntad para hacerle su esposo. Se sabe que una de las Nereidas no
-se abochornaba por tener comercio con el rey de Phthia, Egeria con el
-justo Numa, Vénus con Vulcano, cojo, y todo sucio como está al dejar
-su yunque. Estos versos no son de un metro igual, y por tanto el verso
-heróico se combina muy bien con un verso de más pequeño corte.</p>
-
-<p>Tú tambien, oh alma mia, acójeme á cualquier título que sea. Que de
-lo alto de tu lecho te plazca dictarme leyes. No verás nunca en mí
-un acusador pronto á vengarse de su desgracia: no tendrás que negar
-nuestro amor.</p>
-
-<p>Que cerca de tí mis versos suplan en mí la riqueza. Más de una bella
-quiere deberme su celebridad. Sé de una que en todas partes va
-haciéndose pasar por Corina: ¿por serlo efectivamente qué no daria
-ella? Pero como no se vé correr por un mismo cauce al fresco Eurotas y
-al Pó guarnecido de chopos, del mismo modo ninguna<span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span> otra que tú será el
-objeto de mis cantos: solo á tí está reservado inspirar mi genio.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMAOCTAVA">ELEGIA DÉCIMAOCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Macer: se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos.</p>
-
-
-<p>Mientras que juntas en tus versos la cólera de Aquiles, y revistes de
-sus primeras armas á los héroes encadenados por sus juramentos, yo,
-Macer, gozo del reposo á la sombra de la indolente Vénus, y el tierno
-Amor viene á parar el vuelo audaz de mi genio. Más de una vez he dicho
-á mi señora: «Basta ya, retírate,» y al punto ella se sienta sobre mis
-rodillas. Frecuentemente le he dicho: «En verdad estoy avergonzado;»
-y ella, reteniendo con pena sus lágrimas, exclamaba: «¡Qué desgraciada
-soy! ¡ya te avergüenzas de amarme!» Entónces estrechándome entre sus
-brazos, me prodigaba mil besos de aquellos que hacen mi perdicion.
-Estoy vencido; mi espíritu no sueña en los combates: lo que yo canto
-son mis hazañas domésticas<span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span> y mis guerras privadas. No obstante he
-manejado el cetro; mi pluma ha osado abordar la trajedia, y la empresa
-no era superior á mis fuerzas. El Amor se echó á reir al ver mi noble
-manto, mi coturno pintado y mi cetro tan bien llevado por manos para
-las cuales está hecho. Las exigencias de una señora imperiosa me han
-arrancado de este trabajo, y el poeta de coturno es batido por el Amor.</p>
-
-<p>Puesto que esta es mi suerte, me limito á profesar el arte de amar; y
-soy el primero ¡ay! abrumado bajo el peso de mis preceptos. O escribo
-una carta de Penélope á Ulyses, ó pinto tus lágrimas, Phyllis, cuando
-te ves abandonada. Escribo á Páris y á Macarea, y al ingrato Jason, y
-al padre de Hippólyto, y al mismo Hippólyto. Repito los lamentos de la
-infortunada Didon, armada de su amenazante espada, y los suspiros de la
-heroina de Lesbos, amiga de la lira Eolia.</p>
-
-<p>¡Con qué velocidad mi amigo Sabino ha recorrido el mundo, y traido de
-mil diversos lugares la respuesta á estas letras! La casta Penélope
-ha reconocido el sello de Ulyses, y la suegra de Hippólyto ha leido
-los reproches que él le dirije. Ya<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span> el piadoso Eneas ha respondido á
-la muy desgraciada Elisa; y Phyllis, si con todo eso ella respirara,
-tambien tiene su respuesta. Las tristes despedidas de Jason han llegado
-á Hypsipyle; y Safo, querida de Apolo, no tiene mas que depositar á los
-piés del Dios la Lyra que le tiene consagrada.</p>
-
-<p>Pero tú tambien, Macer, cantando los combates y los trabajos de Marte,
-tú tambien has hablado, tanto como has podido, del amor y de sus
-tesoros. En tu poema figuran Páris, y aquel adúltero cuyo crímen ha
-hecho tanto ruido, y Laodamia acompañando á su esposo que ya no existe.
-Sí, te conozco bien, tratas estos asuntos tan de buena gana como los
-combates, y pasas frecuentemente de tu campo al mio.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMANOVENA">ELEGIA DÉCIMANOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A un hombre cuya mujer amaba.</p>
-
-
-<p>Insensato, si para tí tú no tienes necesidad de vigilar tu mujer,
-vigílala al menos para mí á fin de hacérmela desear más. Lo que nos
-está permitido<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span> nos es insípido; lo que nos está prohibido excita más
-fuertemente nuestra pasion.</p>
-
-<p>Aquel que ama lo que otro le permite amar, tiene un corazon de hierro.
-En cuanto á nosotros, los que sabemos amar, nos falta esperar y temer á
-la vez, y, para desear más vivamente, tener que sufrir algunas repulsas.</p>
-
-<p>Que no se me hable de una fortuna que me pondria al abrigo de toda
-decepcion. No sabria amar lo que no pueda inquietarme en ningun tiempo.
-Este es mi flaco; bien lo habia visto la astuta Corina: demasiado sabia
-ella por dónde podíaseme cojer. ¡Cuántas veces, ay le tengo visto
-¡la mentirosa! fingir un violento mal de cabeza, á fin de despedirme!
-¡Cuántas veces he debido, aunque me costase, alejarme á paso lento!
-¡Cuántas veces me ha supuesto culpas, y, culpable ella misma, se ha
-supuesto la inocente! Despues de haberme atormentado, despues de
-haber así reanimado mis fuegos medio apagados, volvía á estar dulce y
-sensible á mis deseos. ¡Qué de caricias, qué de ternuras entonces me
-prodigaba! ¡Cuántos besos y ¡grandes dioses! qué besos!</p>
-
-<p>Tú tambien, que recientemente has embelesado<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span> mis ojos, recurre
-frecuentemente á la astucia, seas á menudo sorda á mis súplicas; déjame
-tendido en el umbral de tu puerta, sufrir el penetrante frio de una
-larga noche de invierno. Mi amor no tiene fuerza, únicamente á este
-precio tiene duracion. Vé ahí lo que le falta, vé ahí lo que alimenta
-mi pasion. Un amor llano y sin dificultad me llega á ser insípido: es
-como un manjar muy dulce, que no puede excitarme el corazon. Si nunca
-Danae hubiese estado encerrada en una torre de metal, jamás Júpiter la
-hubiese hecho madre. Juno, haciendo vigilar á Io, con la frente cargada
-de cuernos, la volvió á los ojos de Júpiter más graciosa que antes.</p>
-
-<p>Aquel que limita sus deseos á lo que es fácil y permitido, vaya á cojer
-la hoja sobre los árboles, y beba en plena ribera. Bellas, si quereis
-aseguraros un largo imperio, sabed abusar de vuestros amantes. ¡Ay!
-¿Para qué es menester que yo dé lecciones contra mí mismo? No importa;
-ame quien quiera una complacencia sin límites: á mí me sirve de
-molestia. Yo huyo de quien se detiene á mi paso, y me detengo al paso
-de quien de mí huye.</p>
-
-<p>Pero tú, que estás tan seguro á la vista de tu<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span> bella compañera,
-comienza desde hoy á cerrar tu puerta desde la caida del dia; comienza
-á preguntar á quien viene tan frecuentemente á golpearla furtivamente;
-lo que hace ladrar á tus perros en el silencio de la noche; entérate
-de los billetes que lleva y vuelve á llevar una diligente sirvienta; y
-por qué tu bella, tan á menudo, quiere dormir sola en su cama. Deja en
-fin estos cuidados roedores penetrar alguna vez hasta la médula de tus
-huesos, y dame lugar para recurrir á la astucia.</p>
-
-<p>Ha nacido para hurtar la arena de las riberas desiertas, quien puede
-ser amante de la mujer de un tonto. Te prevengo, que si no vigilas
-más á tu mujer, no tardará en cesar de ser mi señora. Yo esperaba que
-llegaria dia en que tu atenta vigilancia me obligase á más astucia. Tú
-no te mueves, tú sufres lo que no sufriria ningun marido. ¡Ah, bien!
-soy yo quien pondrá fin á un amor que tú permites.</p>
-
-<p>¡Qué desgraciado soy! ¿No es esto lo mismo que decir que jamás me
-impedirás la entrada en tu casa? ¿Que no estaré durante la noche
-expuesto á tu venganza? ¿Que jamás tendré nada que temer<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span> de tí? ¿Que
-jamás encontrará mi sueño un suspiro tímido? ¡Qué! ¿no harás nada que me
-dé el derecho de desear tu muerte? ¿Es á mí á quien conviene un marido
-fácil, un marido que prostituye á su mujer? Tú acabas de emponzoñar mis
-placeres con tu complacencia. ¿Por qué no buscas á otro, que se avenga
-á una tan prolongada paciencia? Si te conviene que yo sea tu rival,
-prohíbeme serlo.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span></p>
-
-<h2 class="nobreak" id="LIBRO_TERCERO">LIBRO TERCERO.</h2>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_PRIMERA">ELEGÍA PRIMERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">La Tragedia y la Elegía se disputan la posesion de Ovidio.</p>
-
-
-<p>Existe una antigua selva, que durante largos años ha permanecido
-virgen, y se la cree el santuario de una divinidad. En medio hay una
-fuente sagrada, que domina una gruta cortada en la roca: el aire
-resuena al alrededor, con el dulce murmullo de las aves. Paseándome un
-dia en los espesos sotos de este bosque, pensaba sobre qué género de
-obra ocuparia mi musa.</p>
-
-<p>Ví venir hácia mí la Elegía con los cabellos olorosos y atados con
-arte; y, si no me engaño, uno de sus piés era más largo que el otro.
-Su aire<span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span> era decente: su ropa, del tisú más lijero; su aspecto, el de
-una amante. El defecto mismo de sus piés aumentaba su gracia. Ví venir
-tambien á la Tragedia avanzándose á grandes pasos, la mirada feroz,
-los cabellos dispersos, la ropa talar. En su mano izquierda llevaba
-con arrogancia el cetro de los reyes; sus piés calzaban noblemente el
-coturno Lydio.</p>
-
-<p>La primera, dirigiéndose á mi, me dijo: «¿Cuál será, cuál será el
-término de tus amores, poeta infiel á mi culto? En los festines
-licenciosos cuéntanse tus locuras, cuéntanse en las encrucijadas.
-Casi siempre que pasas te señalan con el dedo, y dicen: «Ved ahí ese
-poeta á quien consume el cruel Amor.» Tú eres, sin duda, la fábula de
-la capital cuando cuentas sin pudor tus espansiones amorosas. Tiempo
-es ya de que, cediendo á los impulsos del thyrso, trates asuntos más
-elevados. Por largo tiempo has estado reposado; emprende una nueva
-obra. El asunto de tus cantos apoca tu génio: celebra los grandes
-hechos de los guerreros. ¿Soy yo, dirás tú, para servir en esa carrera?
-¿Pero tu Musa no ha prodigado bastantes canciones á las bellas? Tu
-primera juventud está enteramente entregada<span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span> á esas bagatelas. Sé
-conmigo ahora; que yo te debo el nombre de Tragedia romana. Tu génio
-puede bastar para esta noble tasca.» Dijo ella, y, apoyándose con
-altanería en sus coturnos bordados, sacudió tres ó cuatro veces su
-cabeza sombreada por una espesa cabellera.</p>
-
-<p>La Elegía, si no recuerdo mal, sonrió mirándome de soslayo. Tenia, si
-no me engaño, un ramo de mirto en la mano. «¿Por qué, dijo, orgullosa
-Tragedia, me tratas con tan pocos miramientos? ¿no puedes jamás dejar
-de ser severa? Esta vez no obstante has tenido á bien combatirme en
-versos desiguales con mi propia rima. No comparo mis cantos á tus
-sublimes acentos: tu soberbio palacio aplasta mi humilde morada. Lijera
-como soy, me deleito con Cupido, no menos lijero que yo. No tengo la
-vanidad de creerme superior á mi papel. Sin mí, la madre del voluptuoso
-Amor no tendria tantos encantos: soy la auxiliar y la compañera de
-esta diosa. La puerta que no sabria forzar tu duro coturno, se abre á
-los dulces acentos de mi voz; y sin embargo, si mi poder es superior
-al tuyo, lo debo á la paciencia con la cual sufro bien las cosas que
-sublevarian tu orgullo. De<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span> mí aprende Corina á engañar á su guardian,
-á forzar la cerradura de una puerta rigurosamente cerrada, á salir
-furtivamente de su lecho, vestida de una túnica arremangada, y á
-avanzar con paso sordo, en las tinieblas de la noche.</p>
-
-<p>«¡Cuántas veces me he visto suspendida en una puerta rebelde,
-importándome poco ser vista por los paseantes! Hay más: recuerdo que
-la sirvienta de Corina me recibió y tuvo escondida en su seno, hasta
-que vió alejarse al severo guardian de su señora. ¿Te recordaré que
-para celebrar el aniversario del nacimiento de tu bella, me enviabas
-á ella en presente, y que me rasgó y me arrojó despiadada en el agua?
-Soy yo la primera que ha hecho germinar en tí las semillas fecundas de
-la poesía: á mí debes el privilegiado talento que reclama para sí mi
-rival.»</p>
-
-<p>Las dos Musas habian acabado, y, dirigiéndome á ellas, les dije: «Por
-vosotras mismas os conjuro; acojed sin prevencion mis tímidas palabras.
-Vosotras me ofreceis el cetro y el noble coturno y ya los acentos
-sublimes salen de mi boca apenas entreabierta; y vosotras haceis
-inmortales mis amores. Sé, pues, propicia á mis votos y déjame mezclar<span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span>
-entre sí el grande y el pequeño verso: otórgame una poca dilacion,
-majestuosa Tragedia: tus obras exigen años, y las de tu rival solamente
-algunas horas.»</p>
-
-<p>No fué sorda á mi ruego: los tiernos amores esméranse en aprovechar
-la próroga otorgada: he de ultimar una obra mucho más grande que me
-apremia.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_SEGUNDA">ELEGIA SEGUNDA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Los juegos del Circo.</p>
-
-
-<p>«Si me siento aquí, no es por el interés que tomo en los famosos
-corceles; y sin embargo, mis votos no son menos para aquel que tú
-favoreces. Vengo para charlar contigo, para estar á tu lado, para no
-dejarte ignorar todo el amor que tú me inspiras. Tú miras la corrida
-y yo te miro á tí. Gocemos los dos del espectáculo que nos agrada,
-ambos repasemos nuestras miradas holgadamente. ¡Oh, dichoso, sea
-quien quiera, el competidor que tú favorezcas! tiene la dicha de
-interesarte. Que semejante<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span> dicha me alcance; al instante me lanzaria
-de la barrera, abandonándome á mis impetuosos corceles. Sabria, aquí,
-soltarles las riendas; allá, marcar sus flancos con golpes de látigo;
-más lejos, estrechar el círculo dando vuelta. Pero si, en mi carrera
-rápida, llegara á divisarte, ¡oh! me detendria, y las riendas se me
-escaparian de las manos. ¡Ah! faltó poco para que Pelops no cayera
-en medio de la carrera de Pisa, ocupado como estaba en contemplarte,
-¡bella Hippodamia! Y no obstante él debió su victoria á los votos de su
-señora. ¡Así pudiesen todos los amantes deber su triunfo á los votos de
-sus bellas!</p>
-
-<p>¿Por qué tratas vanamente de alejarte de mí? la misma grada nos retiene
-al uno junto al otro: es una ventaja que debo á los reglamentos
-del Circo. Pero tú, que estás á la derecha de mi bella, sostente
-bien; la molestas, apoyándote sobre ella. Y vosotros que estais
-colocados detrás, no extendais tanto vuestras piernas; tened bastante
-circunspeccion para no ajar sus espaldas con vuestra ruda rodilla.
-Cuidado, amiga mia, tu ropa demasiado baja arrastra por tierra;
-levántala como voy á hacerlo yo mismo. Oh ropa, estabas celosa por<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span>
-cubrir tan bellas piernas; tú querias ser sola en verlas; si, tú
-estabas celosa. Tales eran las piernas de la lijera Atalante, que
-Milanion hubiera querido tocar con sus manos: tales tambien las de
-Diana, cuando, levantada la ropa, perseguia en las selvas los venados,
-menos intrépidos que ella misma. Estoy encendido por aquellas piernas
-que no he podido ver; ¿qué sucederá al ver las tuyas? tú vienes á
-añadir fuego á un brasero, y agua al mar. Juzgo, por lo que he visto,
-lo que pueden ser los otros atractivos tan bien cubiertos bajo tu
-lijera ropa.</p>
-
-<p>¿Quieres tú, entretanto, que un aire agradable venga á refrescar tu
-rostro? esta tablilla agitada por mi mano, te dará ese placer; á menos
-que no sea el fuego de mi amor, más bien que el calor del aire, lo que
-te ahoga, y que tu corazon no arda con una placentera llama. Mientras
-que te hablo, una negra polvareda ha empañado el brillo de tu blanca
-ropa: ¡huye de encima de aquellas espaldas de nieve, polvorosa tierra!
-Mas vé ahí venir la corte; callad, y prestad toda vuestra atencion. Es
-llegado el momento de aplaudir: la brillante corte se adelanta.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span></p>
-
-<p>En primer lugar aparece la Victoria, con las alas desplegadas. Oh
-diosa, seme favorable, y haz que mi amor sea vencedor. Aplaudid á
-Neptuno, vosotros los que tanta confianza teneis en sus ondas. Por
-lo que á mí toca, nada tengo de comun con el mar, y no amo mas que
-la tierra que habito. Tú, soldado, aplaude á tu dios Marte. Yo huyo
-de los combates: amo la paz y el amor al que la paz favorece. Que
-Febo sea propicio á los augures, Febé á los cazadores. Tú, Minerva,
-recibe el saludo de todos los amigos de las artes. Y vosotros,
-labradores, saludad á Céres y al tierno Baco. Que Pólux oiga los votos
-del gladiador, y Cástor los del caballero. Nosotros te aplaudimos á
-tí, dulce Vénus, á tí y á los Amores armados de flechas. Secunda mis
-esfuerzos, tierna diosa; dá otro génio á mi amante; que ella se deje
-amar. Con un signo de cabeza, me predice Vénus el éxito. Lo que ella me
-ha prometido, prométemelo tú tambien. Atiende mi súplica, y perdóneme
-Vénus, serás á mis ojos más grande que esta diosa. Te lo juro, y pongo
-en testimonio de mi juramento á todos los dioses que brillan en esa
-corte, tú serás siempre mi querida señora. Pero tus piernas no<span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span> tienen
-punto de apoyo: puedes, si quieres, apoyar en medio de estos barrotes
-la punta de tus piés.</p>
-
-<p>Ya la carrera está libre, y los grandes juegos van á empezar: el pretor
-acaba de dar la señal: los cuádrigas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a>, se han lanzado todos á un
-tiempo, desde la barrera. Miro aquel por que te interesas; quien quiera
-que sea el que tú favoreces, saldrá vencedor. Los mismos caballos
-parecen adivinar tus voces. ¡Ay! qué círculo describe alrededor del
-mojon, desgraciado ¿qué haces? te lleva ventaja tu rival, que ha
-rasado de más cerca. ¿Qué haces, imprudente? Dejas inútiles los votos
-de la belleza. Por favor sujeta fuertemente la rienda izquierda. Nos
-hemos interesado por un torpe. Vamos, romanos, llamad, y dad la señal
-sacudiendo de todos lados vuestras togas. Hé aquí, que se le llama:
-pero, por miedo á que el movimiento de las togas no desordene la
-simetría de tu tocado, puedes ponerle al abrigo bajo la falda de la mia.</p>
-
-<p>Ya la liza se abre de nuevo, la barrera está levantada, y los rivales,
-á quienes distingue su color, lanzan sus caballos en la arena. Esta
-vez al<span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span> menos sé vencedor, y vuela por el espacio que se abre ante
-tí. Haz que mis votos, y los de mi señora se vean cumplidos. Lo son
-efectivamente los de mi señora y aun más los mios. Ha conquistado la
-palma; me resta ganar la mia.» La bella ha sonreido, y su chispeante
-mirada ha prometido alguna cosa. Por ahora es bastante: en otra parte
-darás el resto.</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> Carro de dos ruedas con cuatro caballos. (N. T.)</p>
-
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_TERCERA">ELEGÍA TERCERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A su amiga, que habia faltado á sus juramentos.</p>
-
-
-<p>¿En adelante creeré que hay dioses? ¡Ella ha hecho traicion á la fé
-jurada, y su belleza es la misma que antes! Tan larga como era su
-cabellera antes que tomase por testimonio á los dioses, tan larga es
-hoy día en que los ha engañado.</p>
-
-<p>Las rosas se mezclaban á la blancura de su color, y su tez ostenta aun
-el matiz de las rosas.</p>
-
-<p>Tenia un pequeño pié, y su pié es aun lo que tiene de más lindo. Su
-talle era á la vez noble<span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span> y gracioso; noble y gracioso es aun su talle.
-Los ojos relumbrantes que tan frecuentemente me han engañado, los ojos,
-semejantes á dos astros, lanzan aun los mismos fuegos.</p>
-
-<p>Así los mismos dioses permiten el perjurio á las bellas, y la misma
-belleza es una diosa. No há mucho, no lo he olvidado, ella juraba por
-sus ojos y los mios; y los mios han vertido lágrimas. ¡Oh dioses! si la
-perfidia ha podido abusar de vosotros impunemente, decid, ¿por qué me
-habeis penado de su crímen? pero no temeis en hacer condenar á muerte á
-la hija de Cefea, para castigar en ella el orgullo de su madre. Si no
-es bastante que yo haya encontrado en vosotros testigos sin valor, y
-que ella triunfe hoy dia de haberos engañado, al mismo tiempo que á mí;
-¿será menester aun que sufra yo la pena de su perjurio, que yo sea á la
-vez víctima y responsable de su perfidia?</p>
-
-<p>Ó la divinidad no es más que un nombre sin realidad, una quimera
-imaginada para espantar la necia credulidad de los pueblos; ó si hay un
-Dios, no es favorable más que á las bellas y les dá muy exclusivamente
-el derecho de atreverse á todo. Solo contra nosotros se arma Marte
-con homicida<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span> espada; solo contra nosotros Pálas vuelve su formidable
-lanza. Contra nosotros solo dirije Apolo sus flechas: contra nosotros
-amenaza el rayo en la mano soberana de Júpiter. Los dioses no osan
-penar las ofensas de las bellas, y, no habiendo sabido hacerse temer,
-son los que las temen. ¿Y aun irán á quemar incienso en sus altares?
-No, los hombres deben tener más corazon.</p>
-
-<p>Júpiter fulmina contra los bosques y las ciudadelas, y prohibe á
-su trueno alcanzar á las mujeres perjuras. En presencia de tantos
-culpables, la desgraciada Semelé es la sola quemada por el rayo: su
-complacencia es la causa de su suplicio. Si hubiera evitado la visita
-de su amante, el padre de Baco no hubiese sido cargado del peso que
-debia llevar su madre.</p>
-
-<p>Mas ¿por qué estos reproches y esta guerra que hago á todo el cielo?
-Los dioses tienen ojos como nosotros, y como nosotros tienen corazon.
-Yo mismo, si fuera un dios, no me ofenderia de que una mujer engañara
-mi divinidad con una mentira. Atestiguaria con un juramento la verdad
-de los juramentos de una bella, y no pasaria por un dios uraño.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span></p>
-
-<p>Tú, sin embargo, jóven belleza, usa más moderadamente de la proteccion
-de los dioses, ó al menos evita la vista de tu amante.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_CUARTA">ELEGÍA CUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer.</p>
-
-
-<p>Intratable esposo, tú has atado un guardian á los pasos de tu jóven
-compañera: ¡pena inútil! el guardian de una mujer es su virtud. Es
-solo casta aquella que no se vé obligada á serlo por el temor y la que
-es fiel á la fuerza no es verdaderamente fiel. Gracias á tu contínua
-vigilancia, su cuerpo ha podido quedar intacto; su corazon es adúltero.
-No se sabria guardar una alma á despecho de ella, y los cerrojos
-entonces nada valen. Por bien que cierres las entradas de tu casa, el
-adúltero penetrará: quien impúnemente puede cometer algunas faltas
-comete menos: el poder de hacer mal enfria el deseo. Cesa, créeme,
-de incitar al vicio prohibiéndolo: triunfarás mucho mejor por la
-complacencia.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span></p>
-
-<p>Yo ví no há mucho un corcel rebelde al freno ponerse furioso y
-dispararse como el rayo: despues se detuvo de un golpe, desde que
-sintió las riendas flotar muellemente sobre su larga crin. Nosotros
-corremos siempre á lo que es prohibido, y deseamos lo que se nos
-rehusa. Así el enfermo desea el agua que le es vedada.</p>
-
-<p>Argos tenia cien ojos en la cabeza y en la frente, y solo el amor supo
-frecuentemente engañarle. La roca y la arena componian la imperecedera
-torre donde Danae fue encerrada vírgen, y allí llegó á ser madre.
-Penélope, sin estar guardada, quedó pura en medio de tantos jóvenes
-adoradores.</p>
-
-<p>Cuanto más cuidadosamente se guarda una cosa, más la deseamos: la
-vigilancia no es más que una provocacion al ladron: pocas gentes
-aman los placeres permitidos. No es la belleza de tu esposa, es tu
-amor lo que hace buscarla; se la supone no sé qué atractivos que te
-cautivan. Una mujer guardada por su marido, no sea virtuosa, sino que
-sea adúltera, y es codiciada. Los peligros que acompañan á la posesion
-son más preciosos que la posesion misma. Soy sedicioso, si tú quieres,
-yo no<span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span> amo más que los placeres prohibidos. Agrádame solo aquella que
-puede decir: «Tengo miedo.» Y en tanto está permitido tratar como
-esclava á la mujer que ha nacido libre, no usamos de esta tiranía más
-que con las mujeres de naciones extrañas. Tú sin duda quieres que su
-guardian pueda decir: «Eso es gracias á mí.» ¡Ah, bien! Si tu esposa es
-casta, que el honor sea todo para tu esclavo.</p>
-
-<p>Es ser muy tonto, ofenderse del adulterio de una esposa: es conocer muy
-poco las costumbres de la ciudad en donde no nacieron sin crímen Rómulo
-y Remo, hijos de Marte y de Ilia. ¿Por qué tomarla bella si la quieres
-virtuosa? virtud y belleza no sabrian ir en compañía.</p>
-
-<p>Si tú haces bien, ten un poco de indulgencia, deja ese aire severo,
-y no hagas prevalecer tus derechos como un esposo rígido. Acepta los
-amigos que te dé tu esposa; ella te dará muchos; así es como se obtiene
-sin trabajo un gran crédito. A este precio tendrás siempre sitio en
-los banquetes de una juventud juguetona, y encontrarás en tu casa mil
-objetos que no te habrán costado nada.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_QUINTA">ELEGÍA QUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Sueño.</p>
-
-
-<p>Era de noche, y el sueño habia cerrado mis fatigados ojos, cuando una
-vision vino á traer el terror á mi alma.</p>
-
-<p>Sobre la vertiente de una colina expuesta al Mediodía, habia un bosque
-sagrado lleno de robles, cuyas frondosas ramas servian de abrigo á
-millares de aves. Más abajo se extendia un llano, revestido del más
-verde césped, y regado por un arroyo que allí arrastraba sus aguas con
-dulce susurro.</p>
-
-<p>A la sombra de un frondoso roble traté de huir del calor; pero este se
-hacia sentir á la misma sombra de los frondosos árboles. Hé aquí que,
-paciendo en el césped sembrado de mil diversas flores, se ofreció á mis
-miradas una blanca vaquilla, una vaquilla más blanca que la nieve caida
-de reciente y que no ha tenido tiempo de transformarse en agua límpida;
-más blanca que la<span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span> tremente espuma de la leche de la oveja que se acaba
-de ordeñar.</p>
-
-<p>Junto á ella estaba un toro, su dichoso esposo. Se acostó á su lado,
-sobre el espeso tapíz de verdura. Así muellemente tendido, rumia
-lentamente la tierna yerba, y se alimenta segunda vez de su primer
-alimento; luego el sueño le quitó sus fuerzas, y creí verle dejar caer
-en tierra su cabeza armada de cuernos, no pudiendo sostenerla.</p>
-
-<p>Al mismo tiempo ví una corneja, hendiendo rápidamente los aires,
-descender graznando, sobre el verde césped. Tres veces hundió el pico
-audaz en el pecho de la vaquilla, tres veces arrancó como copos de
-nieve. Despues de una larga resistencia, abandonó aquella el sitio y el
-toro; pero su blanco pecho dejaba vislumbrar una mancha negra. Desde
-que ella vió otros toros que pascían á lo lejos sabrosos pastos (porque
-efectivamente otros toros á lo lejos pascían) corrió á mezclarse entre
-ellos y tomar su parte de las riquezas de un suelo más fértil.</p>
-
-<p>«Oh tú, intérprete de los sueños de la noche, exclamé, si el mio
-encierra alguna verdad, dime lo que significa.» Entonces el intérprete
-de los<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span> sueños de la noche, reflexionando sobre todos los detalles de
-mi sueño, me dió esta respuesta:</p>
-
-<p>«El calor de que procuras guardarte á la sombra del follaje, y que no
-alcanzas evitar, es el fuego del amor. La vaquilla, es tu señora: tu
-señora es blanca como ella, tú eres el toro que seguia su compañía.
-La corneja, cuyo agudo pico se hundía en el pecho de la vaquilla, es
-aquel viejo pervertidor que corrompió el corazon de tu amante. La tenaz
-resistencia de la vaquilla que abandona en seguida á su toro, es el
-alejamiento de tu señora, quien no calentará de nuevo tu solitaria
-cama. Las manchas negras que afean el pecho del animal es el signo del
-adulterio que deshonra el corazon de tu bella.»</p>
-
-<p>A estas palabras del intérprete, mi sangre huia de mi helado rostro, y
-ante mis ojos se extendia una profunda noche.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_SEXTA">ELEGIA SEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Á un rio que crecía de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al
-paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora.</p>
-
-
-<p>Rio cuyas cañas obstruian las riberas cenagosas, vuelo cerca de mi
-señora: deten un momento el curso de tus aguas. Tú no tienes ni puente,
-ni barca, que sin remero me lleve á la otra ribera, con ayuda solamente
-de un cable.</p>
-
-<p>No há mucho, recuerdo que eras pequeño: no he temido vadearte á pié,
-y la superficie de tus aguas apenas mojaba mis talones. Hoy dia,
-has crecido por el deshielo de las nieves de la montaña vecina, te
-precipitas con furia, y por tu cauce cenagoso, arrastras profundas
-aguas.</p>
-
-<p>¿Qué ventaja me trae ser tan apresurado, haber otorgado tan poco tiempo
-al sueño, haber hecho de la noche dia, si es preciso que me detenga
-aquí, si no hay medio para mí de poner el pié en la otra ribera? ¡No
-tener yo en este momento las alas del héroe hijo Danae, cuando llevaba<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span>
-la cabeza de Medusa, erizada de mil serpientes! ¡No tener yo aquí el
-carro de Triptoleme, quien, el primero, enseñó á los salvajes humanos
-el arte de confiar á la tierra las semillas de Céres! Estos prodigios,
-¡ay! jamás han existido mas que en la imaginacion de los antiguos
-poetas: ni se han visto, ni se verán. Pero tú, rio desbordado, (¡ojalá
-en recompensa sea eterna tu corriente!), vuelve otra vez á tus primeros
-límites. No podrás, créeme, llevar el peso del ódio público, si se sabe
-que tú has detenido los pasos de un amante.</p>
-
-<p>Los rios deberian secundar á los jóvenes enamorados; los mismos rios
-han sentido lo que es el amor. El pálido Inaco se prendó, segun dicen,
-de los encantos de Melia, ninfa de Bithinia, y se abrasó por ella,
-hasta en sus frias aguas. Troya no habia aun sostenido sus diez años
-de sitio, oh Xantho, cuando Nerea fijó tus miradas. ¿Qué hizo recorrer
-á Alfeo tantos países diversos? ¿no fué su amor por una vírgen de
-Arcadia? Y tú, Penea, cuando Créusa estaba prometida á Xantho, tú la
-tenias, se dice, escondida en los campos de la Phthiótida. ¿Hablaria
-yo de Asopo, prendado de los encantos de la guerrera Thebe, Thebe que<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span>
-debia dar á luz cinco hijos? Y tú, Acheloe, si te pregunto dónde están
-hoy tus cuernos, me dirás con dolor que la mano de Hércules con ira
-los ha cortado. Esto que no lo hubiese hecho Hércules por Calydon, que
-no lo hubiese hecho por Etolia misma, lo hizo por la sola Dejanira.
-El Nilo, ese rico rio que precipitándose por siete embocaduras, tan
-bien oculta el orígen de sus fecundas aguas, dicen que no pudo en sus
-profundos atolladeros, matar la llama que le consumia por Evadna,
-hija de Asopo. Enipea, para poder abrazar á la hija de Salmoneo sin
-inundarla, Enipea ordenó á sus aguas retirarse, y á su vez las aguas
-se retiraron. No te olvidaré tampoco, á tí que, huyendo á través de
-las rocas que has socavado, riegas con tus aguas espumosas los campos
-del argeo Tíber; ni á tí á quien agradó Ilia, toda descuidada como
-estaba en su compostura, después de haberse arrancado los cabellos
-y golpeado el rostro con sus uñas. Llorando el sacrilegio de su tio
-y el atentado de Marte, vagaba ella, con los piés desnudos, en los
-caminos solitarios. Del seno de sus rápidas ondas, el rio generoso la
-descubrió, y levantando la cabeza por encima de las olas, le dijo una
-voz<span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span> sonora: «¿Por qué vagar en mis riberas, con un aire inquieto,
-Ilia, descendiente de la sangre del Ideo Laomedonte? ¿Qué has hecho de
-tus adornos? ¿dónde dirijes tus pasos solitarios? ¿por qué la blanca
-cintilla no retiene tus desordenados cabellos? ¿por qué llorar y ajar
-con esas lágrimas el brillo de tus ojos? ¿por qué, en tu delirio, te
-golpeas así el pecho? Tiene un corazon de roca ó bronce, quien puede
-ver, sin conmoverse, un rostro encantador regado por las lágrimas.
-Ilia, cesa de temer; mi palacio estará abierto para tí: mis ondas te
-protejerán: Ilia, cesa de temer. En medio de más de cien ninfas, tú
-sola serás reina; porque más de cien ninfas habitan en el fondo de
-mis aguas. No me desdeñes, es todo lo que te pido, ilustre vástago de
-Troya. Mis presentes serán superiores á mis promesas.»</p>
-
-<p>Así habia dicho; é Ilia, con los ojos dirigidos humildemente hácia
-tierra, bañaba con lágrimas su conmovido seno. Tres veces trató de
-huir; tres veces se detuvo en el borde de las profundas aguas, el temor
-le quitó la fuerza para correr. Por último, sin embargo, arrancándose
-los cabellos con mano enemiga, dejó escapar de su boca balbuciente<span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span>
-estas lamentables palabras: «¡Oh! pluguiese al cielo que mis huesos
-hubiesen sido recogidos y encerrados en el sepulcro de mi familia,
-cuando eran aun los de una vírgen! ¿Por qué invitarme al himeneo, á mí,
-vestal ayer, hija infame hoy dia, indigna en adelante de velar el fuego
-sagrado de Ilion? ¿Qué espero aun? Ya se me señala con el dedo como á
-una adúltera. ¡Perezca conmigo el pudor que no me permite levantar los
-ojos sin sonrojarme!» Dijo, y cubriendo con su ropa sus hermosos ojos
-llenos de lágrimas, se precipitó desesperadamente en medio de las olas.
-El rio, dicen, la sostuvo, llevando amorosamente la mano bajo su pecho,
-y la admitió en su lecho, como á esposa.</p>
-
-<p>Tú mismo, es probable que te hayas tambien consumido por alguna bella:
-pero los bosques, las selvas, están allá para ocultar tus crímenes.
-Mientras que hablo, tus olas van engrosando siempre, y tu lecho, tan
-largo como es, no basta para contener las aguas que á él afluyen de
-todas partes. ¿Qué he de disputar contigo, rio furioso? ¿Por qué
-diferir los placeres de dos amantes? ¿Por qué detenerme tan brutalmente
-en medio de mi camino?<span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span> Si á lo menos tú corrieras, no debiendo más
-que á tí tus olas orgullosas, y envanecido de un nombre conocido por
-el universo entero. Un nombre... tú no tienes: tus ondas, las debes á
-miserables arroyos. Tú no has tenido nunca ni orígen, ni morada cierta.
-Tu orígen, en tí, son las lluvias y las nieves derretidas; riquezas
-que debes al perezoso invierno. O llevas espumosas aguas durante la
-estacion de las escarchas, ó tu lecho no es durante el estío más que
-un sulco ávido y pútrido. ¿Qué viajero ha podido entonces encontrar
-en él jamás bastante agua para extinguir su sed, y decirte en su
-reconocimiento: «¡Sea eterno tu curso!»</p>
-
-<p>Tu curso es funesto á los rebaños, más funesto aun á los campos. Otros,
-quizá, serán sensibles á estos males: yo no lo soy más que á los que
-sufro. ¡Qué insensato soy! ¡Le he contado los amores de los rios! Tengo
-vergüenza de haber pronunciado tan grandes nombres delante de un tan
-pobre arroyo. ¿En qué pensaba yo, pues, al citar delante de él los
-nombres de Acheloon é Inaco y el tuyo, Nilo de dilatadas ondas?</p>
-
-<p>¡Pero tú, torrente cenagoso, bien lo mereces,<span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span> ojalá no veas más que
-estíos abrasadores é inviernos siempre secos!</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_SEPTIMA">ELEGIA SÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Contra él mismo, por haber caido en falta con su querida.</p>
-
-
-<p>Pero esta muchacha no es bella, ni atractiva. ¡Por eso no ha sido pues
-bastante largo tiempo el objeto de mis deseos! ¡Oh vergüenza! la he
-tenido en mis brazos, perdiendo el tiempo: en su lecho me he quedado,
-como una masa inerte, sin fuerza y sin accion. A pesar de todos mis
-deseos, á pesar de los deseos de mi bella, no he podido despertar mi
-extenuado órgano del placer. Ella tuvo cuidado en pasar con tiento al
-rededor de mi cuello sus brazos de marfil, más blancos que la nieve de
-Tracia; ella tuvo cuidado en luchar su lengua amorosa contra la mia
-ávida, y meter bajo mi muslo su muslo lascivo; por más que me prodigaba
-los nombres más tiernos, me llamaba su vencedor, añadia todo lo que se
-repite en semejante<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span> caso para excitar la pasion, mi órgano adormecido,
-como si hubiera sido frotado con la fria cicuta, no supo llenar su
-deber. Quedé como un tronco sin vigor, como una estátua, como una masa
-inútil, al punto que ella ha podido dudar si yo era un cuerpo ó una
-sombra.</p>
-
-<p>¿Qué haré cuando viejo, suponiendo que llegue, si mi juventud cae en
-tal defecto? ¡ay! tengo vergüenza de mi edad: soy jóven, soy hombre,
-y no he podido probar á mi señora que soy jóven, que soy hombre. Ella
-ha abandonado su lecho como la piadosa sacerdotisa que vela por la
-conservacion del fuego eterno de Vesta, tal cual una casta hermana
-abandonando á un hermano querido. Poco antes, sin embargo, dos veces
-pagaba mi débito con la rubia Chie, tres veces con la blanca Pitho,
-tres veces tambien con Libas; y, acosado por Corina, en una corta
-noche, nueve veces, recuerdo, tengo librado el combate.</p>
-
-<p>¿Es la virtud mágica de un veneno Thessálico el que embota hoy dia
-mis miembros? ¿es un encantamiento, una yerba venenosa, lo que me
-reduce á un tan triste estado? ¿ó bien una hechicera habrá grabado mi
-nombre sobre la cera roja, y me<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span> habrá hundido una aguja en el hígado?
-Los tesoros de Céres, golpeados por un encantamiento, no son más que
-una yerba estéril; golpeados por un encantamiento los manantiales de
-agua viva se secaron; bajo el peso de un encantamiento la bellota se
-desune del roble, el racimo cae de la viña, y los frutos abandonan el
-árbol sin que se les sacuda. ¿Quién niega que el arte mágico paralice
-tambien los nervios? Quizá á él debo haber sido de hielo. A esto añadid
-la vergüenza; la misma vergüenza me quitaba mis medios; ella fué la
-segunda causa de mi impotencia.</p>
-
-<p>¡Qué belleza, en tanto, se ofrecia á mis miradas, á mis tocamientos!
-Porque la toqué como la túnica que la cubre. El rey de Pilos, á este
-dulce contacto, habria podido rejuvenecer, y Tithon se sentiria con
-fuerzas superiores de su edad. Encontré en ella una mujer: ella no
-encontró en mí un hombre. ¿A qué nuevos votos, á qué súplica recurrir
-hoy dia? Sin duda despues del vergonzoso uso que tengo hecho, los
-dioses están arrepentidos de haberme otorgado un tan raro presente. Me
-deshacia por ser admitido cerca de aquella bella; y he sido admitido;
-por darla besos, y se los he<span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span> dado; por obtener todos sus favores, y
-los he obtenido. ¿De qué me ha servido ser tan dichoso? ¿De ser rey
-sin reinar? ¡Avaro en medio de las riquezas, no he tenido de tantos
-tesoros más que la posesion y no el goce! Así abrasa de sed, en medio
-de las aguas, al indiscreto Tántalo; así vé al rededor suyo frutos que
-no obtendrá jamás; así el marido deja en la madrugada á su cariñosa
-esposa, para aproximarse santamente al altar de los dioses.</p>
-
-<p>Pero quizá ella no me ha prodigado sus más dulces y ardientes besos;
-quizá ella no lo ha puesto todo en obra para estimularme. Los más
-robustos robles, el diamante más duro, los más escabrosos peñascos,
-hubiese podido ella animarlos con sus caricias. Hubiese podido mover
-todo sér dotado de vida, todo lo que es hombre; pero entonces yo no
-era un sér vivo, ni un hombre. ¿Qué placer producirian á un sordo los
-cantos de Femio? ¿qué placer causaria un cuadro al desgraciado Thamyras?</p>
-
-<p>¡Qué deleites, empero, no me tenia yo prometidos en secreto! ¡qué
-série de placeres, qué variedad de goces no habia imaginado! y mis<span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span>
-miembros, ¡oh vergüenza! han quedado como muertos, más lánguidos que la
-rosa cogida de la víspera. Al presente hé ahí que intempestivamente se
-reaccionan y vuelven á la vida; hélos ahí que piden obrar y prestar de
-nuevo su servicio. ¿No quedas confundida de vergüenza, oh parte la más
-vil de mí mismo? así es como he sido juguete de tus promesas. Por tí mi
-señora ha sido engañada, por tí me encuentro caido en falta, por tí he
-probado la más sensible afrenta, el más grave daño.</p>
-
-<p>Y no obstante mi bella no desdeñó aguijonear con su mano delicada;
-pero, viendo que todo su arte no puede nada, que el órgano, olvidando
-su antigua arrogancia, se obstina en recaer impotente sobre sí mismo.
-«¿Por qué, dice ella, te burlas de mí? ¿Quién te forzaba, insensato, á
-venir, á pesar tuyo, á acostarte en mi cama? ó bien un mágico de Ea,
-con su aguja y su lana, te ha hechizado: ó tú vienes enervado de los
-brazos de otra.»</p>
-
-<p>Al instante se arrojó de la cama, apenas vestida con su túnica lijera,
-y no titubeó en escaparse con los piés desnudos; y no queriendo que
-sus camareras dudaran de si salia intacta del combate, tomó agua, para
-disimular la afrenta.</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_OCTAVA">ELEGIA OCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A su señora, que habia preferido un amante más rico que Ovidio.</p>
-
-
-<p>¿Y quién contará ahora con las bellas artes para cosa alguna? ¿Quién
-otorgará algun valor á tiernos versos? El génio era en otro tiempo más
-precioso que el oro: hoy dia es más bárbaro que el no tener nada. Mis
-libros han tenido la dicha de gustar á mi señora: la ventaja de ser
-admitidos cerca de la misma han tenido ellos; yo no la tengo. Despues
-de haber prodigado elogios al poeta, ella le tiene, á pesar de estos
-elogios, cerrada su puerta. Con todo el ingenio que se me concede, se
-me deja, confuso, vagar á la ventura. Vese un rico advenedizo que debe
-su fortuna á sus heridas, y su título de caballero á la sangre de que
-está mantenido, y se le antepone á mí.</p>
-
-<p>¿Puedes, insensata, abrazarle con tus bellos brazos? ¿Puedes,
-insensata, echarte en los suyos? si tú lo ignoras, un casco cubria
-no mucho esa cabeza;<span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span> una espada pendía de ese costado que te es tan
-adicto. Su mano izquierda, en la cual sienta mal ese anillo de oro, ha
-llevado un escudo: toca su mano derecha, está bañada en sangre. Esa
-mano homicida ¿puedes bien tocarla? ¿Qué se ha hecho ¡ay! la ternura
-de tu corazon? Cuenta aquellas cicatrices, señales de sus antiguos
-combates: cuanto posee lo ha adquirido con el precio de su sangre.
-¡Quizá te cuente cuántos hombres ha degollado; y tú, avara, tocas manos
-tan crueles! ¡Y yo, sacerdote inocente de Apolo y de las Musas, dirijo
-inútilmente versos á tu inflexible puerta!</p>
-
-<p>Aprended, vosotros que sois sábios, no á saber lo que nosotros sabemos
-para nuestro mal, sino á seguir los ejércitos tumultuosos y el curso de
-los combates. En lugar de ser un poeta de génio, sed primer centurion.
-Con este título solamente, podrias, si quisieses, Homero, obtener los
-favores de la belleza. Júpiter que sabia que nada es tan poderoso como
-el oro, fué bajo la forma del mismo el precio de una vírgen seducida.
-En tanto que no dió nada, encontró un padre intratable, una hija
-inflexible, puertas de hierro, una torre de metal; pero cuando el
-seductor, mejor enterado, se mostró<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span> bajo la forma de un presente, la
-bella descubrió su seno, é invitada á someterse, se sometió.</p>
-
-<p>En otro caso se encontraba bajo el reinado del viejo Saturno: todos los
-metales estaban profundamente sepultados en las entrañas de la tierra;
-el cobre como la plata, y el oro como el hierro, tocaban al imperio
-de los Manes; no se veian tesoros amontonados; pero los que daba la
-tierra eran más preciosos; habian ricas mieses sin cultivar, frutos en
-abundancia y miel pura depositada en los huecos de los robles. Nadie
-se fatigaba en surcar los campos con el arado: no habia agrimensor que
-viniese allí á trazar los lindes: no habia remeros que azotasen las
-embravecidas olas del mar: sus riberas eran para los mortales, los
-limites intransitables del mundo.</p>
-
-<p>¡Oh hombre! contra tí has vuelto tu industria; has sido demasiado
-ingenioso para crearte mil males. ¿Qué has ganado en cercar las
-ciudades de murallas y torres? ¿Qué has ganado en armar la una contra
-la otra, enemigas manos? Dí, ¿qué tenias que debatir con el mar? la
-tierra podia bastarte. El cielo es un tercer reino por conquistar. ¿Por
-qué no lo atacas? ¿Qué digo? tú aspiras tanto<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span> cuanto de tí pende, á
-alcanzarlo. Quirino, Baco, Alcides y César tras ellos, tienen cada uno
-su templo.</p>
-
-<p>Nosotros cavamos la tierra para sacar el oro macizo en lugar de mieses.
-El soldado posee los tesoros adquiridos al precio de su sangre. El
-Senado está cerrado para los pobres; la riqueza dá los honores. Ella
-es tambien la que dá tanta gravedad al juez, tanta arrogancia al
-caballero. ¡En hora buena que solo ellos lo posean todo; que dispongan
-como soberanos del campo de Marte y del Foro; que guarden para sí el
-derecho de decidir la paz ó la guerra! A lo menos su concupiscencia no
-llegue hasta el extremo de arrebatarnos nuestros amores. Todo lo que se
-les pide, es que permitan á los pobres tener alguna cosa.</p>
-
-<p>Pero hoy dia una mujer, aunque fuese tan inflexible como las Sabinas,
-es tratada como pais conquistado por cualquiera que está en el caso de
-dar mucho. El guardian de la bella me rechaza; ella misma teme por mí á
-su marido. Si enseño oro, ya no hay guardian, ya no hay marido en toda
-la casa. ¡Oh! si existe un Dios vengador de las afrentas del amante, que
-reduzca á polvo riquezas tan mal adquiridas!</p>
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<p><span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span></p>
-
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_NOVENA">ELEGIA NOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Sobre la muerte de Tíbulo.</p>
-
-
-<p>Si la madre de Memnon, si la madre de Aquiles han llorado la muerte de
-sus hijos; si las más grandes diosas no son insensibles á los golpes
-de la suerte, tú tambien, plañidera Elegía, deja caer tus cabellos
-en desórden. Tu nombre, ¡ay! no te convendrá nunca mejor que en este
-momento.</p>
-
-<p>Este poeta que tú inspirabas y que fue tu gloria, Tíbulo, no es más que
-un cuerpo sin vida, que la llama de la pira vá á consumir. Mira, el
-hijo de Venus lleva su carcax derribado, los restos de su arco y sus
-hachas apagadas. Ved cómo marcha triste con las alas caidas; cómo hiere
-con su mano cruel su desnudo pecho. Sus lágrimas se derraman sobre
-los cabellos esparcidos que flotan sobre su cuello; su boca deja oir
-sollozos entrecortados. Tal, para asistir á los funerales de su hermano
-Eneas, salió de tu palacio, encantadora Jule. La misma Vénus no se
-conmovió menos por la muerte de Tíbulo que por la de su jóven amante,<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span>
-cuando le vió desgarrado por un feroz jabalí.</p>
-
-<p>Y no obstante, á los poetas, se nos llama séres sagrados, favoritos
-de los dioses. No falta quien nos mira como si hubiera en nosotros
-algo divino. Mas ¡ay! la despiadada muerte profana todo lo sagrado, á
-todos alcanza su invisible mano. ¿Qué sirvieron á Orfeo el Ismario, ni
-su padre ni su madre? ¿Qué le sirvió haber domado y hecho sensibles
-á sus cantos los animales más feroces? Lino debia la vida al mismo
-padre, y Lino fue, dicen, llorado sobre la lyra en lo más retirado de
-las selvas. Añadid al cantor de Meonia, ese manantial inagotable donde
-vienen á beber y á inspirarse los poetas. Tambien ha tenido su último
-dia, que le ha precipitado al fondo del negro Averno. Solo los versos
-escapan á la llama de la ávida pira. La obra del poeta es imperecedera:
-siempre se hablará del sitio de Ilion y de aquella tela famosa, que,
-gracias á una astucia nocturna, duró tan largo tiempo sin concluir.
-Así el nombre de Némesis, así el nombre de Delia será eterno: la una,
-última amante de Tíbulo, y la otra, su primer amor.</p>
-
-<p>¿De qué os sirven los sacrificios ofrecidos á<span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span> los dioses? ¿De qué
-os sirven los sistros<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> de los egipcios? ¿De qué os sirve no haber
-admitido á nadie en vuestra cama? Cuando veo á los más virtuosos
-arrastrados por un destino cruel, perdonadme esta idea, estoy tentado
-de creer que no existen dioses. Vivid piadosamente; á pesar de vuestra
-piedad, morireis; honrad la religion; la despiadada muerte os arrancará
-de los templos, tan religiosos como sois, para precipitaros en el
-sepulcro. Contad con vuestro génio poético; hé ahi á Tíbulo muerto: de
-un tan grande poeta, apenas queda con qué llenar la más pequeña urna.</p>
-
-<p>¡Qué! ¡es á tí, poeta sagrado, á quien acaba de consumir la llama de la
-pira, y no teme alimentarse de tus entrañas! Habrá podido consumir los
-templos dorados de los más augustos dioses esa llama que fue para tí
-tan culpable. La diosa del monte Erycis desvió sus miradas; tambien
-dicen que ella no pudo retener sus lágrimas.</p>
-
-<p>Y sin embargo, la suerte del poeta era menos de lamentar que si, muerto
-en el pais de los Feacianos, hubiese sido enterrado sin honor y sin<span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span>
-nombre. Aquí al menos una madre ha cerrado sus ojos cubiertos de las
-sombras de la muerte, y llevado sus últimos dones á las cenizas de su
-hijo. Aquí al menos una hermana ha partido el dolor de su desgraciada
-madre, y, agarrándose los cabellos, ha venido á llorar junto á él.
-Némesis y Delia han dado ambas á tus lábios un último beso, y no han
-dejado un instante tu pira abandonada. Delia decia alejándose: «Yo
-soy la que ha hecho tu amor más dichosa: tú vivias cuando yo era el
-objeto de tu llama.»«—¿Qué dices tú? replica Némesis. ¿Te toca llorar la
-pérdida que yo he experimentado? Á mí es á quien al morir ha estrechado
-la mano con la suya desfallecida.»</p>
-
-<p>Si no obstante queda de nosotros alguna otra cosa que un nombre y una
-sombra, Tíbulo habitará en los risueños valles de Elíseo. Ven á su
-encuentro, con la frente coronada de yedra, ven aquí con tu querido
-Calvo, jóven y docto Catulo. Y tú tambien, si te acusan injustamente de
-haber ofendido á un amigo, ven aquí, Galo, pródigo de tu sangre y de tu
-vida.</p>
-
-<p>Vé ahí las sombras que deben juntarse á la tuya, si todavía la sombra
-de un cuerpo es alguna<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span> cosa; porque á sus cantos de amor tú has unido
-los tuyos, elegante Tíbulo. ¡Que tus huesos descansen tranquilos y á
-salvo en la urna! ¡Que la tierra sea lijera á tu ceniza!</p>
-
-
-<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4>
-
-<div class="footnote">
-
-<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> Instrumento músico.</p>
-
-</div>
-</div>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMA">ELEGIA DÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios
-con su señora.</p>
-
-
-<p>Vé aquí el aniversario de las fiestas de Céres; la jóven bella reposa
-sola en su lecho no dividido. Rubia Céres, cuya fina cabellera es
-coronada de espigas, ¿por qué, pues, el dia de tu fiesta, nos privas
-tú el placer? Sin embargo, oh diosa, las naciones hablan de tu
-munificencia, y ninguna otra divinidad es más propicia á los mortales.</p>
-
-<p>Antes de tí, los groseros habitantes de los campos no cocian pan, y el
-área era un nombre desconocido entre ellos. Pero los robles, primeros
-oráculos, producian la bellota: la bellota y la yerba tierna eran todo
-el alimento de los mortales. Céres,<span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span> la primera, les enseñó á confiar
-á la tierra el grano que debia allí multiplicarse, y á segar con la
-hoz las espigas doradas; la primera que forzó á los toros á llevar el
-yugo, y partió, con el corvo diente del arado, la tierra largo tiempo
-ociosa. ¿Quién podria creer, después de esto, que quiera ver correr
-las lágrimas de los amantes, y ser honrada con sus tormentos y su
-continencia? Ciertamente que para gozar la vida activa de los campos no
-tiene aspereza, y su corazon no está cerrado al amor. Tomo por testigo
-á los cretenses, y todo no es pura fábula en esta Creta tan ufana
-por haber alimentado á Júpiter. Allí se crió el soberano del imperio
-celeste: allí mamó con infantiles lábios una leche bienhechora. Los
-testigos son aquí dignos de fé: su hijo de leche es el que garantiza su
-veracidad, y Céres convendrá, segun creo, en una debilidad muy conocida.</p>
-
-<p>La diosa habia visto, al pié del monte Ida, al jóven Yasio, cuya mano
-segura cazaba las bestias feroces. Ella lo vió, y de pronto un fuego
-secreto se introdujo en sus venas delicadas. De un lado el pudor, y de
-otro el amor se disputaban su corazon; el amor triunfó del pudor. Desde
-entonces hubiéseis<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span> visto secarse los surcos; y la tierra apenas dió
-tantos granos como se la habian confiado. Despues de haber, con ayuda
-de azadas, revuelto bien sus campos, y abierto, con la reja del arado,
-el regazo rebelde de la tierra; despues de haberla en todas partes
-igualmente sembrado el confiado labrador veia defraudados sus deseos.</p>
-
-<p>La diosa que preside á las mieses vivia retirada en lo más espeso de
-las selvas. Las coronas de espigas se habian desprendido de su larga
-cabellera. La Creta sola tuvo un año fértil y cosechas abundantes.
-Todos los lugares por donde la diosa habia pasado, estaban cubiertos
-de mieses. La misma Ida habia visto sus bosques llenarse de espigas
-amarillentas, y el feroz jabalí se alimentaba de trigo. El legislador
-Minos deseó muchos años semejantes; deseó que el amor de Céres fuese de
-larga duracion.</p>
-
-<p>La pena que tú hubieras experimentado, rubia diosa, si te hubiese sido
-preciso descansar lejos de tu amante, estoy precisado á sufrirla en
-este dia consagrado á tus misterios. ¿Por qué es necesario que esté
-triste, cuando tú has vuelto á encontrar á una hija, á una reina que
-no es inferior á Juno<span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span> más que por el capricho de la suerte? Los dias
-festivos invitan á la voluptuosidad, á los cantos y á los festines:
-tales son los presentes que conviene ofrecer á los dioses señores del
-universo.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_UNDECIMA">ELEGIA UNDÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Cansado en fin de los numerosos desprecios de su señora, el poeta hace
-aquí el juramento de no volver á amar.</p>
-
-
-<p>Mucho y por mucho tiempo he sufrido: tu perfidia ha puesto á prueba
-mi paciencia. ¡Huye de mi fatigado corazon, vergonzoso amor! Esto es
-hecho, me he sustraido al yugo, y he quebrantado mis cadenas: estos
-hierros que llevé sin vergüenza, tengo vergüenza al presente de
-haberlos llevado. Triunfo y pisoteo al Amor vencido. Es muy tarde, es
-verdad, que el bochorno me sube á la cara. ¡Vamos, valor y energía!
-Estos males tendrán un dia su recompensa. Los enfermos han debido
-frecuentemente su curacion á los venenos más amargos.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span></p>
-
-<p>¡Qué! ¡yo he podido, yo, despues de tantas humillaciones, olvidarme
-hasta el punto de dormir en el suelo de tu puerta! ¡Qué! ¡yo he podido,
-yo, para no sé cuál amante que tú estrechabas entre tus brazos,
-hacerme, como un esclavo, el guardian de la casa que me estaba cerrada!
-Yo mismo lo he visto salir fatigado de tu casa, con el paso de un
-veterano gastado por el servicio. Aun he sufrido menos de verlo que de
-ser visto. ¡Ojalá semejante afrenta sea reservada para mis enemigos!</p>
-
-<p>¿Cuándo has paseado tú sin encontrarme á tu lado, á mí, tu guardian,
-á mí, tu amante, á mí, tu inseparable compañero? mucho agradabas
-á las gentes, acompañada por mí; y mi amor te ha valido buen
-número de amantes. ¿Por qué recordaré los vergonzosos engaños de
-tu mentirosa lengua, y los dioses testigos de tantos juramentos
-violados para perderme? ¿Por qué diré aquellas señas de inteligencia,
-dirigidas durante la corrida, á jóvenes amantes, y aquellos términos
-convencionales para disfrazar el sentido de nuestras palabras? Un dia
-se me dijo que ella estaba enferma: yo corro á su casa enteramente
-perdido, enteramente fuera de mí; llego y no estaba enferma para mi
-rival.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span></p>
-
-<p>Vé ahí, sin hablar de otras muchas, las afrentas que he tenido que
-sufrir frecuentemente. Busca hoy dia otro que pueda soportarlas en mi
-lugar. Ya mi popa, adornada de una corona votiva, vé, sin conmoverse,
-el fracaso de las olas que se levantan tras ella. Basta de caricias y
-de palabras otras veces poderosas: es trabajo perdido: no soy tan loco
-como lo fuí. Siento luchar en mi corazon, muy lijero y diversamente
-agitado, el amor á la vez y el ódio: y si no me engaño es el amor
-quien le enoja. Yo aborreceré, si puedo; si no yo amaré únicamente
-mi defendido cuerpo. El toro tampoco ama el yugo: lo aborrece y sin
-embargo lo lleva.</p>
-
-<p>Huyo de su perfidia: su belleza es la que vuelve mis pasos hácia atrás.
-Aborrezco los vicios de su alma; amo los hechizos de su cuerpo. Así yo
-no puedo vivir ni sin tí, ni contigo; y yo mismo no sé lo que deseo. Yo
-querria que tú fueses ó menos bella ó menos pérfida. Tantos hechizos se
-aunan mal con tanta perversidad. Tu conducta escita el ódio, tu belleza
-encomienda al amor. ¡Desgraciado soy! sus atractivos pueden más que sus
-defectos.</p>
-
-<p>Perdóname, yo te conjuro por los derechos de<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span> aquella cama que nos fué
-comun, por todos los dioses (¡pudiesen frecuentemente dejarse engañar
-por tí!), por tu semblante que adoro como una divinidad poderosa,
-por tus ojos que han cautivado los mios: como sea, siempre serás mi
-amiga. Escoje solamente si quieres que te ame por gusto ó por fuerza.
-¡Ah! despleguemos cuanto antes las velas y aprovechemos los vientos
-favorables; porque á pesar de mis esfuerzos, no me veria yo menos
-obligado á amar.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DUODECIMA">ELEGIA DUODÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.</p>
-
-
-<p>Decidme, lúgubres aves, ¿qué dia fué aquel en que no me augurásteis
-sino amores desgraciados? ¿Qué astro supondré sea hostil á mis deseos?
-¿Qué dioses debo acusar de hacerme la guerra? Aquella que no há mucho
-se llamaba toda mia; aquella de quien fuí el primero y solo amante,
-temo no poseerla sino con mil rivales.</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span></p>
-
-<p>¿Me engañé? ¿O es que mis escritos no la han hecho demasiado conocer?
-Ella era toda mia; mi genio poético ha hecho de ella una cortesana. Y
-yo lo he merecido: ¿tenia yo necesidad, en efecto, de preconizar su
-belleza? si ella se vende hoy, la falta es mia. Por mi mediacion ella
-agrada: soy yo quien le trae amantes; mis propias manos le abren la
-puerta. ¿Son útiles los versos? esta es una cuestion: ciertamente ellos
-me han sido siempre funestos; son los que han atraido sobre mi tesoro
-las miradas de la envidia.</p>
-
-<p>Cuando yo podia cantar á Thebas, Troya ó los altos hechos de César,
-solo Corina encendió mi genio. ¡Ojalá las Musas hubiesen sido rebeldes
-á mis primeros esfuerzos, y Febo me hubiese abandonado en medio de mi
-carrera! Y sin embargo, como es costumbre tomar por testigos á los
-poetas, que hubiese preferido que la medida hubiera faltado á mis
-versos.</p>
-
-<p>Nosotros somos los que hemos mostrado á Scyla, arrancando á su anciano
-padre el cabello fatal, condenada á ver salir de sus entrañas perros
-furiosos. Somos nosotros quienes hemos puesto alas á los piés, y dado
-serpientes á la cabellera. A<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span> nosotros debe el victorioso pequeño hijo
-de Abas el hendir los aires sobre un caballo alado. Nosotros hemos dado
-á Tityo su prodigiosa grandeza, y á Cerbero sus tres bocas y su crin
-de serpientes. Encélada ha recibido de nosotros mil brazos para lanzar
-sus dardos, y por nosotros un jóven májico somete los héroes á sus
-encantamientos. Nosotros hemos cerrado los vientos eólicos en los odres
-del rey de Itaca; gracias á nosotros el indiscreto Tántalo padece sed
-en el seno mismo de las aguas; Nicole se cámbia en peñasco, y una jóven
-vírgen en osa; gracias á nosotros el ave de Cécrops canta el Odrysio
-Itys; Júpiter se transforma en ave ó en oro; ó, convertido en toro,
-hiende las ondas, llevando sobre su espinazo una vírgen tímida. ¿A qué
-recordar no solo á Protea, sino aquellos dientes de donde nacieron
-los Tebanos? ¿Diré que fué de los toros que vomitaban llamas? ¿ó que
-lágrimas de ámbar corrieron de los ojos de tus hermanas, desgraciado
-Faeton? ¿que embarcaciones han sido cambiadas en diosas del mar? ¿que
-el sol retrocedió de horror, por miedo de alumbrar el horrible festín
-de Atrea? ¿que los más duros peñascos fueron sensibles á los acordes de
-una lira?</p>
-
-<p><span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span></p>
-
-<p>El vuelo del fecundo genio de los poetas no conoce límites; no se
-sujeta á la fidelidad de la historia. Tambien se hubieran debido mirar
-como falsas las alabanzas que daba á mi señora: vuestra credulidad es
-hoy dia la causa de mi desdicha.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMOTERCIA">ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Fiesta de Juno.</p>
-
-
-<p>Siendo mi mujer originaria del fértil pais de los Faliscos, hemos visto
-aquellos muros en otro tiempo vencidos por tí, ilustre Camilo. Las
-sacerdotisas de la casta Juno se disponian á celebrar su fiesta con
-juegos solemnes y con el sacrificio de una vaquilla indígena. Poderoso
-motivo para mí de detenerme; yo queria ver aquella ceremonia, aunque
-no se llega al lugar en que se hace, más que por un camino montuoso y
-difícil.</p>
-
-<p>Es un antiguo bosque sagrado, cuya espesura le hace impenetrable al
-dia; no es menester más que verle para reconocer que una divinidad
-reside<span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span> allí. Un altar recibia las súplicas y el incienso ofrecido
-por la piedad, un altar hecho sin arte por las manos de nuestros
-antepasados. Allí es de donde á los primeros acentos de la trompeta
-cada año el cortejo de Juno parte y avanza por los caminos tapizados.
-Conduce, en medio de los aplausos del pueblo, blancas vaquillas
-alimentadas con los crasos pastos de Falisca, jóvenes becerros cuya
-frente no está aun armada ni amenazante, el humilde puerco, víctima
-más modesta, y el jefe del rebaño con la cabeza dura y adornada de
-cuernos encorvados. Solo la cabra es odiosa á la potente diosa, despues
-que en un bosque espeso descubrió la presencia de Juno, y la obligó á
-detenerse en su huida. Además los niños, hoy dia aun, persiguen con sus
-flechas á la cabra indiscreta, y el primero que la ha herido la obtiene
-en premio de su destreza.</p>
-
-<p>En todas partes por que la diosa debe pasar, tiernos muchachos y
-vírgenes tímidas cubren de tapiz los verdes caminos. El oro y las
-pedrerías brillan en los cabellos de las jóvenes, y una ropa magnífica
-desciende hasta caer sobre sus piés donde brilla el oro. A la manera de
-los griegos, sus padres, marchan vestidas de blanco, y llevan sobre<span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span>
-su cabeza los objetos del culto confiados á sus cuidados. El pueblo
-guarda silencio durante la marcha del brillante cortejo. En fin, á
-continuacion de las sacerdotisas aparece la misma diosa.</p>
-
-<p>La fisonomía de este espectáculo es enteramente griega. Despues del
-asesinato de Agamemnon, Haleso no pensó más que en huir del teatro del
-crímen y de los ricos dominios de sus padres. Despues de arriesgadas
-carreras por tierra y por mar, edificó, bajo felices auspicios, una
-ciudad rodeada de altas murallas. De él han aprendido los Faliscos á
-celebrar las fiestas de Juno. ¡Que ellas me sean siempre favorables!
-¡que ellas lo sean siempre á su pueblo!</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMOCUARTA">ELEGIA DÉCIMOCUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">A su señora.</p>
-
-
-<p>Yo no te prohibo, bella como eres, tener algunas debilidades; lo que yo
-no quiero, es el dolor y la necesidad para mí de saberlas. No, yo no
-exijo censor rígido, que seas casta y púdica; lo que<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span> yo te pido es que
-procures parecerlo. No es culpable la que puede negar el hecho que se
-le imputa; la confesion que hace es la que la deshonra. ¿Qué manía es
-esa, de revelar cada mañana los secretos de la noche, y proclamar á la
-luz del dia lo que no haces más que en la sombra?</p>
-
-<p>La cortesana antes de abandonarse al primero que llega, tiene cuidado
-de poner entre ella y el público una puerta bien cerrada. ¡Y tú, tú
-divulgas en todas partes tus vergonzosos extravíos, orgullosa de ser
-á la vez la delatora y la culpable! Sé en adelante más casta, ó al
-menos imita á las mujeres púdicas. Que yo te crea honesta aunque no lo
-seas. Culpable ayer, sé culpable hoy; pero no lo confieses, y no te
-avergüences en público de hablar un lenguaje modesto.</p>
-
-<p>Un apartado retiro provoca el desarreglo; que sea el solo teatro de
-todos tus placeres, desterrado de allí el pudor. Pero desde que salgas,
-no conserves nada de la cortesana, y en tu lecho queden sepultados
-tus crímenes. Allí, no te ruborices de quitarle la túnica y sostener
-otro muslo apoyado sobre el tuyo. Allí, recibe hasta el fondo de tu
-encarnada boca una lengua amorosa, y que para tí el<span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span> amor invente
-mil especies de voluptuosidades. Allí ninguna tregua á los dulces
-coloquios, á las palabras halagüeñas, y que tu cama cruja con los vivos
-apretones del placer. Toma en seguida, con tus vestidos, la modesta
-postura de una virgen tímida, y que el pudor de tu frente niegue la
-lascivia de tu conducta. Engaña al público, engáñame; pero permite al
-menos que yo lo ignore, y déjame gozar de mi tonta credulidad.</p>
-
-<p>¿Por qué delante de mí, tantos billetes enviados y recibidos? ¿Por qué
-tu lecho está batanado á la vez por todos lados? ¿Por qué veo sobre tus
-hombros tus cabellos en un desórden que no ha causado el sueño, y sobre
-tu cuello la marca de un diente? No te falta más que hacerme testigo
-ocular de tu vida licenciosa. ¡Oh! si tú te cuidas poco de atender á tu
-reputacion, cuídate de mí al menos. Mi alma me abandona, y me siento
-morir todas las veces que tú te reconoces culpable; y en mis venas
-corre una sangre helada. Entonces amo, entonces me esfuerzo en vano en
-aborrecer lo que me veo forzado á amar; entonces yo quisiera morir,
-pero contigo.</p>
-
-<p>No haré yo ninguna averiguacion; no insistiré,<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span> desde que te vea pronta
-á negar: tu denegacion solo equivaldrá á inocencia. Si no obstante
-llegara yo á sorprenderte en flagrante delito, si mis ojos hubieran de
-ser un dia testigos de tu vergüenza, lo que yo hubiera visto demasiado
-bien, niega que lo haya visto, y mis ojos tendrán menos autoridad que
-tus palabras. Así te será fácil vencer á un enemigo que no pide más
-que ser vencido. Que solamente tu lengua se acuerde de decir: «No
-soy culpable.» Cuando puedes tan fácilmente triunfar con estas dos
-palabras, triunfa, si no por la bondad de tu causa, al menos por la
-indulgencia de tu juez.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMOQUINTA">ELEGÍA DÉCIMOQUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3>
-</div>
-
-
-
-<p class="center bold">Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa.</p>
-
-
-<p>Busca un nuevo poeta, madre de los tiernos Amores; yo no tengo más que
-tocar la meta de mi carrera elegíaca. Estos cantos que he compuesto,
-yo, hijo de los campos pelignos, han hecho mis delicias y mi nombradía.
-Si este honor es alguna<span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span> cosa, yo he heredado, del primero como del
-último de mis antepasados, el título de caballero, y no lo debo al
-tumulto de las armas. Mántua está envanecido de Virgilio, Verona de
-Catulo: se me llamará á mí, la gloria del pueblo Peligno, de este
-pueblo cuyo amor por la libertad le impuso el santo deber de combatir,
-en la época en que Roma inquieta tembló delante de las armas reunidas
-para su ruina. Un dia, viendo la pantanosa Sulmona encerrada en el
-estrecho circuito de sus muros, el viajero exclamará: «Villa que has
-sido cuna de tal poeta, tan pequeña como eres, te proclamo grande.»</p>
-
-<p>Amable niño, y tú, Vénus, madre de este amable niño, arrancad de mi
-campo vuestros dorados estandartes. El dios cuya frente está armada
-de cuernos, Baco, agitando cerca de mí su temible tirso, me apresura
-á lanzar los corceles vigorosos en una más vasta carrera. Vosotras,
-delicadas elegías, y tú, Musa lijera, adios: mi obra me sobrevivirá.</p>
-
-
-<p class="center p4">FIN.</p>
-
-
-<hr class="chap x-ebookmaker-drop" />
-
-<div class="chapter">
-<h2 class="nobreak" id="INDICE_DE_ESTA_OBRA">ÍNDICE DE ESTA OBRA.</h2>
-</div>
-<hr class="r5" />
-
-<table class="autotable">
-<tr>
-<th colspan="2" class="tdr page">
-Págs.
-</th>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_vii">Los traductores.</a>
-</td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_vii">7</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td class="tdc" colspan="2">
-<a href="#LIBRO_PRIMERO">LIBRO I.</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_11"><i>Elegía</i> 1.ª—Argumento.—Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos.</a>
-</td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_11">11</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_13"><i>Elegía</i> 2.ª—Argumento.—Descríbese el triunfo del amor.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_13">13</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_16"><i>Elegía</i> 3.ª—Argumento.—Se recomienda á su querida por las excelencias de la poesía, la pureza de sus costumbres y la fidelidad á toda prueba que ofrece.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_16">16</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_17"><i>Elegía</i> 4.ª—Argumento.—Antes de cenar con su querida le indica las señas con que podrán manifestarse su mutuo amor á presencia del marido.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_17">17</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_21"><i>Elegía</i> 5.ª—Argumento.—Alégrase de haber poseido á su amiga.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_21">21</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_22"><i>Elegía</i> 6.ª—Argumento.—Imprecaciones contra el portero que rehusaba abrirle la puerta.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_22">22</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_26"><i>Elegía</i> 7.ª—Argumento.—Contra sí mismo por haberle pegado á su querida.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_26">26</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_30"><i>Elegía</i> 8.ª—Argumento.—Contra una alcahueta que intentaba enseñar á la querida del poeta las artes de la prostitucion.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_30">30</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_36"><i>Elegía</i> 9.ª—Argumento.—Gracioso paralelo entre
- la guerra y el amor.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_36">36</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_39"><i>Elegía</i> 10.—Argumento.—A una jóven para
- apartarla de la prostitucion.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_39">39</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_43"><i>Elegía</i> 11.—Argumento.—Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_43">43</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_45"><i>Elegía</i> 12.—Argumento.—Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_45">45</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_46"><i>Elegía</i> 13.—Argumento.—A la Aurora, para que no acelere demasiado su marcha.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_46">46</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_49"><i>Elegía</i> 14.—Argumento.—A una muchacha vuelta calva de repente.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_49">49</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_53"><i>Elegía</i> 15.—Argumento.—Contra los adversarios de la poesía.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_53">53</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td class="tdc" colspan="2">
-<a href="#LIBRO_SEGUNDO">LIBRO II.</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_56"><i>Elegía</i> 1.ª—Argumento.—Por qué en lugar de la jigantomaquia que tenia comenzada, canta sus amores.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_56">56</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_59"><i>Elegía</i> 2.ª—Argumento.—Al eunuco Bagoas, para que le procure fácil acceso junto á la belleza confiada á su guarda.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_59">59</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_63"><i>Elegía</i> 3.ª—Argumento.—Al mismo que se mostraba inflexible.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_63">63</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_64"><i>Elegía</i> 4.ª—Argumento.—Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le agradaban.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_64">64</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_67"><i>Elegía</i> 5.ª—Argumento.—Dirige reproches á su señora, quien á su vista mientras fingía dormir, habia dado á otro convidado señales inequívocas de su amor.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_67">67</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_71"><i>Elegía</i> 6.ª—Argumento.—Deplora la muerte del papagayo que habia regalado á su señora.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_71">71</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_75"><i>Elegía</i> 7.ª—Argumento.—A Corina: niega haber tenido jamás ningun comercio con Cipasis.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_75">75</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_77"><i>Elegía</i> 8.ª—Argumento.—A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus amores.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_77">77</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_79"><i>Elegía</i> 9.ª—Argumento.—A Cupido: le exhorta para que no gaste todas sus flechas contra él solo.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_79">79</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_82"><i>Elegía</i> 10.—Argumento.—A Grecino: se puede muy bien, dígase como se quiera, amar á dos mujeres á la vez.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_82">82</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_84"><i>Elegía</i> 11.—Argumento.—Trata de disuadir á Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_84">84</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_88"><i>Elegía</i> 12.—Argumento.—Se goza por fin de haber obtenido los favores de Corina.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_88">88</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_90"><i>Elegía</i> 13.—Argumento.—A Isis: le pide proteja la preñez de Corina.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_90">90</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_92"><i>Elegía</i> 14.—Argumento.—A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente la gravedad de su falta.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_92">92</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_95"><i>Elegía</i> 15.—Argumento.—Al anillo que él habia enviado como presente á su señora.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_95">95</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_97"><i>Elegía</i> 16.—Argumento.—A Corina induciéndola á que vaya á su casa de campo de Sulmona.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_97">97</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_100"><i>Elegía</i> 17.—Argumento.—Se compadece de Corina, demasiado engreida de su belleza.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_100">100</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_102"><i>Elegía</i> 18.—Argumento.—A Macer: Se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_102">102</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_104"><i>Elegía</i> 19.—Argumento.—A un hombre cuya mujer amaba.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_104">104</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td class="tdc" colspan="2">
-<a href="#LIBRO_TERCERO">LIBRO III.</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_109"><i>Elegía</i> 1.ª—Argumento.—La Tragedia y la <i>Elegía</i> se disputan la posesion de Ovidio.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_109">109</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_113"><i>Elegía</i> 2.ª—Argumento.—Los juegos del Circo.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_113">113</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_118"><i>Elegía</i> 3.ª—Argumento.—A su amiga, que habia faltado á sus juramentos.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_118">118</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_121"><i>Elegía</i> 4.ª—Argumento.—Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_121">121</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_124"><i>Elegía</i> 5.ª—Argumento.—Sueño.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_124">124</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_127"><i>Elegía</i> 6.ª—Argumento.—A un rio que crecia de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_127">127</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_133"><i>Elegía</i> 7.ª—Argumento.—Contra él mismo por haber caido en falta con su querida.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_133">133</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_138"><i>Elegía</i> 8.ª—Argumento.—A su señora que habia preferido un amante más rico que Ovidio.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_138">138</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_142"><i>Elegía</i> 9.ª—Argumento.—Sobre la muerte de Tíbulo.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_142">142</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_146"><i>Elegía</i> 10.—Argumento.—A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios con su señora.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_146">146</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_149"><i>Elegía</i> 11.—Argumento.—Cansado en fin de los numerosos desprecios de su señora, el poeta hace aquí el juramento de no volver á amar.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_149">149</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_152"><i>Elegía</i> 12.—Argumento.—Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_152">152</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_155"><i>Elegía</i> 13.—Argumento.—Fiesta de Juno.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_155">155</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_157"><i>Elegía</i> 14.—Argumento.—A su señora.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_157">157</a>
-</td>
-</tr>
-<tr>
-<td>
-<a href="#Page_160"><i>Elegía</i> 15.—Argumento.—Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa.</a></td>
-<td class="tdr page">
-<a href="#Page_160">160</a>
-</td>
-</tr>
-</table>
-
-
-<div lang='en' xml:lang='en'>
-<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>AMORES</span> ***</div>
-<div style='text-align:left'>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Updated editions will replace the previous one&#8212;the old editions will
-be renamed.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
-law means that no one owns a United States copyright in these works,
-so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
-States without permission and without paying copyright
-royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
-of this license, apply to copying and distributing Project
-Gutenberg&#8482; electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG&#8482;
-concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
-and may not be used if you charge for an eBook, except by following
-the terms of the trademark license, including paying royalties for use
-of the Project Gutenberg trademark. If you do not charge anything for
-copies of this eBook, complying with the trademark license is very
-easy. You may use this eBook for nearly any purpose such as creation
-of derivative works, reports, performances and research. Project
-Gutenberg eBooks may be modified and printed and given away&#8212;you may
-do practically ANYTHING in the United States with eBooks not protected
-by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the trademark
-license, especially commercial redistribution.
-</div>
-
-<div style='margin-top:1em; font-size:1.1em; text-align:center'>START: FULL LICENSE</div>
-<div style='text-align:center;font-size:0.9em'>THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE</div>
-<div style='text-align:center;font-size:0.9em'>PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-To protect the Project Gutenberg&#8482; mission of promoting the free
-distribution of electronic works, by using or distributing this work
-(or any other work associated in any way with the phrase &#8220;Project
-Gutenberg&#8221;), you agree to comply with all the terms of the Full
-Project Gutenberg&#8482; License available with this file or online at
-www.gutenberg.org/license.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg&#8482;
-electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
-and accept all the terms of this license and intellectual property
-(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
-the terms of this agreement, you must cease using and return or
-destroy all copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in your
-possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
-Project Gutenberg&#8482; electronic work and you do not agree to be bound
-by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the person
-or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.B. &#8220;Project Gutenberg&#8221; is a registered trademark. It may only be
-used on or associated in any way with an electronic work by people who
-agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
-things that you can do with most Project Gutenberg&#8482; electronic works
-even without complying with the full terms of this agreement. See
-paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
-Gutenberg&#8482; electronic works if you follow the terms of this
-agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg&#8482;
-electronic works. See paragraph 1.E below.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation (&#8220;the
-Foundation&#8221; or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
-of Project Gutenberg&#8482; electronic works. Nearly all the individual
-works in the collection are in the public domain in the United
-States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
-United States and you are located in the United States, we do not
-claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
-displaying or creating derivative works based on the work as long as
-all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
-that you will support the Project Gutenberg&#8482; mission of promoting
-free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg&#8482;
-works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
-Project Gutenberg&#8482; name associated with the work. You can easily
-comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
-same format with its attached full Project Gutenberg&#8482; License when
-you share it without charge with others.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
-what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
-in a constant state of change. If you are outside the United States,
-check the laws of your country in addition to the terms of this
-agreement before downloading, copying, displaying, performing,
-distributing or creating derivative works based on this work or any
-other Project Gutenberg&#8482; work. The Foundation makes no
-representations concerning the copyright status of any work in any
-country other than the United States.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
-immediate access to, the full Project Gutenberg&#8482; License must appear
-prominently whenever any copy of a Project Gutenberg&#8482; work (any work
-on which the phrase &#8220;Project Gutenberg&#8221; appears, or with which the
-phrase &#8220;Project Gutenberg&#8221; is associated) is accessed, displayed,
-performed, viewed, copied or distributed:
-</div>
-
-<blockquote>
- <div style='display:block; margin:1em 0'>
- This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
- other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
- whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms
- of the Project Gutenberg License included with this eBook or online
- at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. If you
- are not located in the United States, you will have to check the laws
- of the country where you are located before using this eBook.
- </div>
-</blockquote>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.2. If an individual Project Gutenberg&#8482; electronic work is
-derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
-contain a notice indicating that it is posted with permission of the
-copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
-the United States without paying any fees or charges. If you are
-redistributing or providing access to a work with the phrase &#8220;Project
-Gutenberg&#8221; associated with or appearing on the work, you must comply
-either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
-obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg&#8482;
-trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.3. If an individual Project Gutenberg&#8482; electronic work is posted
-with the permission of the copyright holder, your use and distribution
-must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
-additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
-will be linked to the Project Gutenberg&#8482; License for all works
-posted with the permission of the copyright holder found at the
-beginning of this work.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg&#8482;
-License terms from this work, or any files containing a part of this
-work or any other work associated with Project Gutenberg&#8482;.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
-electronic work, or any part of this electronic work, without
-prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
-active links or immediate access to the full terms of the Project
-Gutenberg&#8482; License.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
-compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
-any word processing or hypertext form. However, if you provide access
-to or distribute copies of a Project Gutenberg&#8482; work in a format
-other than &#8220;Plain Vanilla ASCII&#8221; or other format used in the official
-version posted on the official Project Gutenberg&#8482; website
-(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
-to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
-of obtaining a copy upon request, of the work in its original &#8220;Plain
-Vanilla ASCII&#8221; or other form. Any alternate format must include the
-full Project Gutenberg&#8482; License as specified in paragraph 1.E.1.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
-performing, copying or distributing any Project Gutenberg&#8482; works
-unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
-access to or distributing Project Gutenberg&#8482; electronic works
-provided that:
-</div>
-
-<div style='margin-left:0.7em;'>
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
- the use of Project Gutenberg&#8482; works calculated using the method
- you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
- to the owner of the Project Gutenberg&#8482; trademark, but he has
- agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
- within 60 days following each date on which you prepare (or are
- legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
- payments should be clearly marked as such and sent to the Project
- Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
- Section 4, &#8220;Information about donations to the Project Gutenberg
- Literary Archive Foundation.&#8221;
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
- you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
- does not agree to the terms of the full Project Gutenberg&#8482;
- License. You must require such a user to return or destroy all
- copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
- all use of and all access to other copies of Project Gutenberg&#8482;
- works.
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
- any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
- electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
- receipt of the work.
- </div>
-
- <div style='text-indent:-0.7em'>
- &#8226; You comply with all other terms of this agreement for free
- distribution of Project Gutenberg&#8482; works.
- </div>
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
-Gutenberg&#8482; electronic work or group of works on different terms than
-are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
-from the Project Gutenberg Literary Archive Foundation, the manager of
-the Project Gutenberg&#8482; trademark. Contact the Foundation as set
-forth in Section 3 below.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
-effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
-works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
-Gutenberg&#8482; collection. Despite these efforts, Project Gutenberg&#8482;
-electronic works, and the medium on which they may be stored, may
-contain &#8220;Defects,&#8221; such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
-or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
-intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
-other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
-cannot be read by your equipment.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the &#8220;Right
-of Replacement or Refund&#8221; described in paragraph 1.F.3, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
-Gutenberg&#8482; trademark, and any other party distributing a Project
-Gutenberg&#8482; electronic work under this agreement, disclaim all
-liability to you for damages, costs and expenses, including legal
-fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
-LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
-PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
-TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
-LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
-INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
-DAMAGE.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
-defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
-receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
-written explanation to the person you received the work from. If you
-received the work on a physical medium, you must return the medium
-with your written explanation. The person or entity that provided you
-with the defective work may elect to provide a replacement copy in
-lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
-or entity providing it to you may choose to give you a second
-opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
-the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
-without further opportunities to fix the problem.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
-in paragraph 1.F.3, this work is provided to you &#8216;AS-IS&#8217;, WITH NO
-OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
-LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
-warranties or the exclusion or limitation of certain types of
-damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
-violates the law of the state applicable to this agreement, the
-agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
-limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
-unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
-remaining provisions.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
-trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
-providing copies of Project Gutenberg&#8482; electronic works in
-accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
-production, promotion and distribution of Project Gutenberg&#8482;
-electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
-including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
-the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
-or any Project Gutenberg&#8482; work, (b) alteration, modification, or
-additions or deletions to any Project Gutenberg&#8482; work, and (c) any
-Defect you cause.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg&#8482;
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; is synonymous with the free distribution of
-electronic works in formats readable by the widest variety of
-computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
-exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
-from people in all walks of life.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Volunteers and financial support to provide volunteers with the
-assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg&#8482;&#8217;s
-goals and ensuring that the Project Gutenberg&#8482; collection will
-remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
-Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
-and permanent future for Project Gutenberg&#8482; and future
-generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
-Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org.
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit
-501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
-state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
-Revenue Service. The Foundation&#8217;s EIN or federal tax identification
-number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
-U.S. federal laws and your state&#8217;s laws.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation&#8217;s business office is located at 809 North 1500 West,
-Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up
-to date contact information can be found at the Foundation&#8217;s website
-and official page at www.gutenberg.org/contact
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; depends upon and cannot survive without widespread
-public support and donations to carry out its mission of
-increasing the number of public domain and licensed works that can be
-freely distributed in machine-readable form accessible by the widest
-array of equipment including outdated equipment. Many small donations
-($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
-status with the IRS.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-The Foundation is committed to complying with the laws regulating
-charities and charitable donations in all 50 states of the United
-States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
-considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
-with these requirements. We do not solicit donations in locations
-where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
-DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state
-visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-While we cannot and do not solicit contributions from states where we
-have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
-against accepting unsolicited donations from donors in such states who
-approach us with offers to donate.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-International donations are gratefully accepted, but we cannot make
-any statements concerning tax treatment of donations received from
-outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Please check the Project Gutenberg web pages for current donation
-methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
-ways including checks, online payments and credit card donations. To
-donate, please visit: www.gutenberg.org/donate
-</div>
-
-<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'>
-Section 5. General Information About Project Gutenberg&#8482; electronic works
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
-Gutenberg&#8482; concept of a library of electronic works that could be
-freely shared with anyone. For forty years, he produced and
-distributed Project Gutenberg&#8482; eBooks with only a loose network of
-volunteer support.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Project Gutenberg&#8482; eBooks are often created from several printed
-editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
-the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
-necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
-edition.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-Most people start at our website which has the main PG search
-facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>.
-</div>
-
-<div style='display:block; margin:1em 0'>
-This website includes information about Project Gutenberg&#8482;,
-including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
-Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
-subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
-</div>
-
-</div>
-</div>
-</body>
-</html>
diff --git a/old/68015-h/images/001.jpg b/old/68015-h/images/001.jpg
deleted file mode 100644
index 153957f..0000000
--- a/old/68015-h/images/001.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/68015-h/images/002.jpg b/old/68015-h/images/002.jpg
deleted file mode 100644
index e7efca1..0000000
--- a/old/68015-h/images/002.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/68015-h/images/003.jpg b/old/68015-h/images/003.jpg
deleted file mode 100644
index 12958c1..0000000
--- a/old/68015-h/images/003.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ
diff --git a/old/68015-h/images/cover.jpg b/old/68015-h/images/cover.jpg
deleted file mode 100644
index 5d80e37..0000000
--- a/old/68015-h/images/cover.jpg
+++ /dev/null
Binary files differ