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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..d7b82bc --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,4 @@ +*.txt text eol=lf +*.htm text eol=lf +*.html text eol=lf +*.md text eol=lf diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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If you are not located in the United States, you -will have to check the laws of the country where you are located before -using this eBook. - -Title: Amores - elegías amatorias - -Author: Publio Ovidio Nasón - -Release Date: May 7, 2022 [eBook #68015] - -Language: Spanish - -Produced by: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading - Team at https://www.pgdp.net (Biblioteca Nacional de - España.) - -*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AMORES *** - - - - - - OVIDIO. - - LOS AMORES. - - [Illustration] - - - - - AMORES. - - ELEGÍAS AMATORIAS - - DE - - OVIDIO, - - por primera vez publicadas en lengua castellana. - - _Traduccion hecha sobre el original latino por - dos literatos valencianos._ - - [Illustration] - - VALENCIA; 1878. - - LIBRERÍAS DE JUAN MARIANA Y SANZ, EDITOR, - librero de la Universidad y Ayuntamiento, - - _Bajada de S. Francisco_, - núm. 11. - - _Lonja de la Seda_, - núm. 7. - - - - - Esta obra es propiedad de su editor Sr. Mariana y Sanz, y todos los - ejemplares llevarán su sello para los efectos de la Ley. - - [Illustration] - - - Valencia 1878.--Imp. de M. Alufre, Quevedo, 17. - - - - -EPÍGRAMA - -DE P. OVIDIO NASON, - -SOBRE SUS AMORES. - - -Nosotros que éramos poco há en número de cinco libros, somos ahora solo -tres: Ovidio, nuestro padre, así lo ha preferido. Si no experimentais -gusto alguno al leernos, la disminucion de dos libros aliviará vuestro -enfado. - - - - -LOS TRADUCTORES. - - -No hay español medianamente instruido, siquiera no posea la lengua -del Lacio, que no conozca á Ovidio por sus célebres _Metamórfosis_, -vertidas al castellano desde antiguo por Antonio Perez Sigler, Felipe -Mey y otros; vulgar se ha hecho ya el conocimiento del mismo eminente -poeta por su famoso _Arte de amar_, cuya última edicion española ha -publicado recientemente el editor del presente libro; á quien registre -nuestras bibliotecas no ha de ser difícil saborear en la propia lengua -de Castilla la traduccion que D. Sebastian de Albarado tituló _Heroyda -Ovidiana_ y hasta las _Epístolas amatorias_, causa, segun se dice, de -la desgracia y destierro de su autor, que tiempo há fueron traducidas -por Diego Megía; pero los AMORES, obra la más expontáneamente producida -por el génio poético del voluptuoso Ovidio, los _Amores_, que reflejan -fielmente la manera más íntima de ser y de pensar, no solo de su autor, -sino de la juventud romana de su época; los _Amores_, que marcan el -grado de la corrupcion de costumbres de la corte de Augusto, digna, -por más de un concepto, de profundo estudio; esos _Amores_ son poco -conocidos en el mundo literario, y jamás hasta ahora, que sepamos, han -sido traducidos á la lengua castellana. - -¿Es menguado, acaso, el mérito de las elegías amorosas del autor de las -Metamórfosis? - -De ningun modo: Ovidio habia nacido poeta; y á pesar suyo, á pesar -de la promesa de no componer más versos, hecha á su padre al pedirle -perdon, diciendo: «_Parce mihi, nunquam versificabo, pater!_», los -versos, como el anterior, brotaban naturalmente de su mente, como -el agua desbordada de manantial fecundo, hasta el punto de confesar -él mismo: «_Quid quid tentabam scribere, versus erat._» Poeta por -naturaleza, entre todos los géneros de poesía, el que mejor se adaptaba -á su génio é inclinaciones, era sin duda el amoroso. - -En vano se propone escribir un poema en doce cantos, para celebrar al -jigante de cien manos Gyges, hijo del cielo y de la tierra; su musa es -el amor: «_hoc quoque jussit amor!_» - -Ahora bien; ¿dónde más en su centro pudo encontrarse el génio poético -de Ovidio que al cantar sus propios amores? - -Corina, la bella Corina, semejante á Lais y á Semíramis, y principal -objeto de las elegías amorosas de Ovidio, es á este poeta lo que Delia -á Tibulo, lo que Lesbia á Catullo, lo que Cynthia á Propercio, lo -que Lycoris á Galo, lo que Lydia, Gliceria, Cloris, Phyllida, Licia, -Phillis, Neera, Tyndaris y Pyrrhe al voluble Horacio[1]. - -Del mismo modo á Ovidio, que públicamente ama á Corina, tampoco le son -indiferentes la camarera Cypassis, la peinadora Nape y otras que no -nombra, pero que tambien le inspiran bellos versos como protectoras de -sus intrigas amorosas, á cuya sombra se ocultan. - -Al desaparecer estos pasajeros amores, no queda en el pecho del poeta -otro afecto más íntimo que el recuerdo de la amistad consagrado á su -inolvidable compañero Tibulo, á cuya sentida muerte dedica una de sus -más bellas elegías de este libro, en la que evoca los queridos nombres -de Calvo, Catullo y Galo, cantores del amor, cuyos nombres figuran -juntamente en el Eliseo. - -Solo otra de las elegías iguala tal vez á esta en fuerza de conviccion -y de sentimiento, y es la XV del libro I, dirigida contra los -detractores de la poesía. - -La poesía, la amistad, el amor, hé aquí la trilogia que comprende toda -la vida de Ovidio; tales son la delicia, el consuelo y la necesidad -de su alma. ¿Dónde, pues, ha podido reflejarse mejor esta, que en las -elegías dedicadas á sus más íntimos afectos? - -Leyendo las _Metamórfosis_ se puede apreciar la erudicion mitológica, -el ingénio para elegir, la facultad para poetizar de Ovidio; en _Arte -de amar_ hace gala de su aptitud didáctica; pero para conocer á Ovidio -como poeta y como hombre, es necesario leer sus _Amores_. - -Verdad es que nada tienen de honestos tales _Amores_, que no serian -dignos de leerse, á no estar engalanados con toda la mágia de la poesía -y de la originalidad. En efecto, los _Amores_ de Ovidio, que no tienen -la tristeza de Tibulo, ni el buen humor y sencillez de Horacio; que -están lejos de los arrebatos de Catulo, y aun más lejos del insulso -platonismo de la mayor parte de los poetas eróticos, son la expresion -del placer y de la voluptuosidad en toda su desnudez, pero presentada -con el decoro del arte. - -Si es digna de condenarse á perecer esta clásica obra, cuya traduccion -presentamos, no deben por igual razon quedar en pié las clásicas -estátuas de Vénus, que tambien con toda su desnudez, pero con el -decoro del arte, nos legó la antigüedad, como representacion de la -voluptuosidad, del placer y de la belleza, si es que otra cosa no -representa la infiel esposa de Vulcano y lasciva amante de Adónis. - - -NOTAS AL PIE: - -[1] Ello, no obstante, dice de él el Sr. Alarcon en su discurso de -recepcion por la Real Academia Española, que fué constantemente moral y -muchas veces moralista en sus inmortales versos. - - - - -LIBRO PRIMERO. - - - - -ELEGIA PRIMERA. - -ARGUMENTO. - -Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos. - - -Las armas y las encarnizadas batallas me preparaba á cantar en forma -heróica. Los versos eran todos de igual medida, pero dicen que se echó -á reir Cupido y acortó un pié. ¿Quién, niño cruel, te ha dado tal -derecho sobre la poesía? De las musas, y no tuyo, somos cortejo los -vates. ¿Qué se diria si Vénus se cubriese con las armas de Minerva -ó si esta atizase tu hacha para avivar su llama? ¿Quién hallaria -conforme que Céres reinase en las frondosas selvas y la vírgen del -Carcax presidiese el cultivo de los campos? ¿Apolo, el de los rubios -cabellos, será armado de aguda lanza mientras que Marte hará vibrar -las cuerdas de la lira Aonia? Demasiado grande y demasiado poderoso, -¡oh muchacho! es tu imperio; ¿por qué aun quieres extenderlo más? ¿Es -todo tuyo? ¿son tuyos el monte Helicon y el valle de Tempe? ¿Tambien ha -de ser tuya la lira de Apolo? El primer verso principiaba rotundamente -mi nuevo poema, cuando el Amor acorta repentinamente mi brio. Para -inspirarme versos más ligeros, no tengo ni un jóven ó una jóven de -blondos cabellos, que me den pié. - -Apenas me habia quejado, cuando desligando su carcax, sacó flechas -destinadas á herirme y despues de tender fuertemente sobre la rodilla -su flexible arco: «Recibe, dijo, oh vate, asunto que cantar.»--¡Infeliz -de mí! el niño acertó la puntería. Me abrasó, y en mi pecho, hasta -ahora vacío, reina el Amor. Comencé mi obra con seis piés y acabé con -cinco. Adios, sangrientas guerras; adios, ritmo bélico. Ciñe tu rubia -cabeza con el verde mirto, Musa mia, que no tienes que modular más que -once piés en cada dos versos. - - - - -ELEGIA SEGUNDA. - -ARGUMENTO. - -Descríbese el triunfo del amor. - - -¿Podrá haber quien me diga por qué me parece tan duro mi lecho, por -qué mi cubrecama no puede permanecer sobre él, por qué esta tan larga -noche ha pasado sin poder yo conciliar el sueño, y por qué, aun echado, -me duelen todos los huesos? Comprendo que así sucediera, si algun amor -viniese á tentarme. ¿Por dónde traidoramente se desliza y callado me -hiere con sus artificios? Sí, eso es: agudas flechas han penetrado mi -corazon, que fiero, el amor trata como pais conquistado. ¿Me daré por -vencido, ó, luchando, daré pábulo á esta súbita llama? Cedamos: leve -se hace la carga cuando se la sabe llevar. Crecen las llamas cuando se -las combate soplando, y se extinguen cuando nadie las toca. Más golpes -llevan los bueyes que repelen el yugo, que los habituados á llevarlo. -El caballo indómito es duramente regido, y ménos siente el freno el -que está pronto á marchar al combate. Así tambien el Amor apremia -más cruelmente á los rebeldes que á los que se conforman á prestarle -vasallaje. - -¡Yo lo confieso, soy tu nueva presa, Cupido! somos los vencidos que -extendemos las manos ante tu poder. No hay necesidad de guerra; paz -y perdon te imploramos. Pero no mereces alabanza en vencer con tus -armas á un hombre inerme. Corónale de mirto, unce las palomas de tu -madre; el mismo Marte te dará el carro que te conviene, y sobre ese -carro, en medio de las aclamaciones del pueblo, te erigirás triunfador, -y guiarás con arte las uncidas aves. Seguiránte jóvenes cautivos y -cautivas niñas. Esta será la pompa de tu magnífico triunfo, y yo mismo, -postrer víctima, estaré allí con mi reciente herida, y, esclavo sumiso, -arrastraré mi nueva cadena. La Moralidad será conducida con las manos -atadas tras la espalda, lo mismo que el Pudor y cuanto es obstáculo -á las armas del Amor. Todos te temerán y, extendiendo hácia tí sus -brazos, entonará el pueblo con grandes voces «¡Victoria!» Las caricias -serán tus compañeras, y la ilusion y la locura tu inseparable escolta. -Con este ejército somete los hombres y los dioses. Alegre tu Madre te -aplaudirá triunfador, desde lo alto del Olimpo, y esparcirá rosas sobre -tu frente. Tus alas y tus cabellos se adornarán con piedras preciosas, -y resplandeciente como el oro, serás conducido por las doradas ruedas -de tu carro. Tambien entonces, si mal no te conozco, inflamarás no -pocos corazones; tambien entonces abrirás á tu paso muchas heridas. Tus -flechas, aunque lo quisieras, no pueden estar quietas, tu férvida llama -quema aun en medio del agua. - -Tal era Baco cuando triunfó del pais donde corre el Ganges: tú eres -conducido por aves, él lo fué por tigres; así, pues, que forme yo -parte de tu sacra comitiva; no quieras perder el derecho del vencedor. -Contempla la feliz conquista de tu pariente César: con la misma mano -con que los vence proteje á los vencidos. - - - - -ELEGIA TERCERA. - -ARGUMENTO. - -Se recomienda á su querida por las excelencias de la poesía, la pureza -de sus costumbres y la fidelidad á toda prueba, que ofrece. - - -Mi plegaria es justa: que la niña que há poco me han robado, ó me ame, -ó haga por que le ame toda mi vida. ¡Ah, demasiado he ambicionado! que -solamente me permita amarla. Ojalá Venus oyera mis súplicas. Acepta un -amante que te servirá por largos años, acepta un amante que sabe amar -con fidelidad eterna. - -Si no me recomiendan ilustres apellidos de antigua familia; si mi -abuelo era solo un caballero particular, y si las tierras de mi casa -no se remueven con innumerables arados y mis padres restringen mi -escaso gasto, recomiéndenme no solamente Apolo y sus nueve compañeras -y el inventor de la viña, sino tambien el Amor que me entrega á tí, y -la fidelidad á que nadie me hará faltar; mis costumbres sin tacha, mi -inocente sencillez, y mi rubicundo pudor. No me gustan todas: no soy -burlador de Amores. Tú sola, si me correspondes con la misma fidelidad, -serás siempre mi perene cuidado. Ojalá pase junto á tí los años que la -Parca me deje, y muera con sentimiento tuyo. - -Dame feliz tema para mis versos y serán dignos de quien los inspira. A -la poesía deben su celebridad la ninfa Io, asustada de sus cuernos; y -aquella á quien el adúltero sedujo, trasformado en Cisne[2], y la que -robada por un fingido toro se cogió á sus largos cuernos con virgínea -mano[3]. Nosotros tambien seremos cantados por todo el mundo, y siempre -citarán unidos tu nombre y el mio. - - -NOTAS AL PIE: - -[2] Leda. - -[3] Europa. - - - - -ELEGIA CUARTA. - -ARGUMENTO. - -Antes de cenar con su querida le indica las señas con que podrán -manifestarse su mútuo amor á presencia del marido. - - -Tu marido ha de cenar con nosotros; ¡así sea esta su última cena! -¿mientras tanto solo contemplaré á mi amada como convidado? ¿El -derecho de estar junto á ella será de otro? ¿Recostada con él darás -nuevo calor á su seno? ¿Cuando guste, pasará su mano sobre tu cuello? -No atiendas á la que tras el festin de su boda[4] puso en guerra á -los deformes Centauros. Yo no habito las selvas, ni soy medio caballo -como ellos, pero me parece que apenas podré contenerme. Aprende lo que -tienes que hacer y no dejes que se lleven mis palabras ni el Euro ni el -tibio Noto. - -Llega ántes que tu marido; no preveo aun así qué puede hacerse, pero vé -primero. Cuando se acerque á la mesa, irás con aire modesto á ponerte -á su lado; procurando el oculto contacto de nuestros piés. Observa lo -que te indiquen mis señas y el lenguaje de mis ojos. Mira y devuelve -del mismo modo las furtivas señas. Sin voz le hablarán mis cejas y -leerás palabras trazadas con los dedos. Cuando te ocurra la idea de -nuestros placeres, toca con el tierno índice tus sonrosadas mejillas. -Si quieres darme alguna secreta queja, suspenda el extremo de tu oreja -tu blanda mano. Cuando te plazca, sol mio, lo que yo haga ó diga, haz -rodar tu sortija al rededor de tus dedos. Pon las manos sobre la mesa -del modo como cuando suplicantes piden para tu marido todos los males -que merece. Cuando él te escancie el vino, haz que se lo beba, y pide -despues por lo bajo al criado que te sirva el que prefieras. Yo tomaré -el primero la copa que tú dejes y beberé en ella por la misma parte -por donde tú hayas bebido. Si por casualidad te ofrece el vino libado -ántes por él, rehúsalo. No permitas que oprima tu cuello con indignas -caricias, ni reposes tu cabeza sobre su rudo pecho; sobre todo, -guárdate de darle besos. Si se los das, yo me declararé públicamente tu -amante, diciendo «son mios;» y se los disputaré con mis manos. - -Estas caricias, sin embargo, las veré; pero las que me ocultará la -cubierta de la mesa serán mi mayor tormento. No juntes, pues, ni tus -piernas, ni tus rodillas á las de tu marido, ni roces con tu delicado -pié, su pié grosero. - -Temo, infeliz, muchos males, porque muchos males hice, y me atormento -con el temor de mi mismo ejemplo. Muchas veces mi querida y yo hemos -estimulado bajo los vestidos que nos cubrian, el momento del dulce -placer. Tú no harás eso; pero, para ahuyentar toda duda, desnuda tus -espaldas del manto que las cubre. Ruega contínuamente á tu marido que -beba, pero sin acompañar las súplicas con besos; y mientras beba, -añádele furtivamente si puedes vino puro, y si se deja caer por efecto -del sueño y del vino, nos aconsejarán el sitio y las circunstancias. - -Cuando te levantes y todos nos levantemos para irnos á casa, no olvides -introducirte en medio de la comitiva; allí me encontrarás ó allí te -encontraré, y entonces tienta de mí lo que puedas. - -¡Infeliz de mí! Te he enseñado lo que debe aprovechar para pocas horas, -pues la noche manda separarme de mi compañera. Su marido se encerrará -con ella toda la noche, y yo, bañado de lágrimas, no podré seguirle -sino hasta la puerta. Le dará besos, despues se tomará algo más que -besos, y le darás como un deber, lo que á mí me concedes furtivamente; -pero no te prestes, esto te es posible, sino de mala gana y como á la -fuerza. Callen las caricias, y séale Vénus avara. Si de algo sirven mis -votos, él no hallará placer alguno; á lo menos tú no lo recibas de él. -Por lo demás, cualesquiera que sean los sucesos esta noche, niégame -mañana porfiadamente haberle concedido cosa alguna. - - -NOTAS AL PIE: - -[4] Hippodamia - - - - -ELEGÍA QUINTA. - -ARGUMENTO. - -Alégrase de haber poseido á su amiga. - - -Hacia mucho calor; era el medio dia, y yo me recosté en la cama para -descansar. Las ventanas estaban entreabiertas, dando paso á una media -luz semejante á la que suelen dejar los árboles del bosque, ó á la -que destella el crepúsculo cuando el sol se pone, ó bien la que se -distingue cuando acaba la noche, pero aun no ha principiado el dia. Tal -es la luz que ha de prepararse á las niñas vergonzosas, para que su -tímido pudor pueda cohonestarse con la penumbra. - -Hé aquí que llega Corina, con la túnica recojida y con el cabello -dividido sobre su blanco cuello, cual se dice iba al tálamo la hermosa -Semíramis, ó como Lais se presentaba á sus numerosos amantes. Le -separé la túnica, que por lo fino no perjudicaba gran cosa, pero -luchaba por cubrirse con ella, y así luchando, como quien no quiere -vencer, fué vencida sin gran pena. - -Cuando se descubrió ante mis ojos sin velo alguno, no apareció ni -una imperfeccion en todo su cuerpo. ¡Qué hombros, qué brazos ví y -toqué! ¡qué seno formado para las caricias! ¡Qué liso vientre bajo su -preeminente pecho! ¡Qué esbelto talle! ¡Qué juvenil pierna! ¿Por qué -descender á detalles? No he visto nada tan perfecto, y desnudo oprime -su cuerpo con el mio. ¿Quién ignora lo demás? Fatigados, descansamos -los dos. ¡Así pueda yo pasar á menudo las calurosas horas del medio dia! - - - - -ELEGÍA SEXTA. - -ARGUMENTO. - -Imprecaciones contra el portero que rehusaba abrirle la puerta. - - -Portero, indignamente cargado de hierros, abre, haciendo rodar los -goznes la rebelde puerta. Poco es lo que te pido: entreábrela solo -lo suficiente para que pueda yo pasar de lado. La prolongada pasion -amorosa, ha extenuado mi cuerpo y ha puesto mis miembros á propósito -para ello. El amor me enseña á insinuarme suavemente á los guardianes, -y dirije, protegiéndolos, mis pasos. - -En otro tiempo, empero, yo temia la noche y sus vanos fantasmas, y me -admiraba de que álguien se aventurase entre tinieblas. Se burló á mis -oidos Cupido con su tierna madre, y díjome por lo bajo: «Tú tambien te -volverás valiente.» - -La hora del amor ha llegado sin tardanza y no temo las sombras que -vagan durante la noche, ni las manos dirigidas contra mi persona. -No temo mas que tu lentitud; solo á tí te halago; tú tienes el rayo -con que puedes perderme. Para que mejor lo veas quita estas crueles -barreras, y mira cómo esa puerta está regada con mis lágrimas. Cuando -desnudo estabas para recibir azotes, intercedí por tí ante tu señora. -Así, pues, mis súplicas que entónces pudieron alcanzar gracia en favor -tuyo, ¿no podrán ¡oh infamia! alcanzarla hoy en mi favor? Págame lo que -me debes, hé aquí la ocasion de mostrarte agradecido, como deseas. La -noche avanza: descorre los cerrojos. Hazlo, y ¡así seas libertado de la -larga cadena y no bebas perpétuamente el agua de los esclavos! - -Duro como el hierro, no me oyes, portero, cuando te suplico, y la -puerta de fuerte roble permanece cerrada. Que las cerradas puertas -sirvan á las ciudades sitiadas; pero en medio de la paz, ¿por qué temes -las armas? ¿Qué harás con un enemigo, si así resistes á un amante? La -noche avanza; descorre los cerrojos. - -No vengo con armas y soldados, yo estaria solo si el cruel Amor no -viniese conmigo. Aunque quiera, no puedo alejarle. Me acompañaria -aunque me dividiese en dos. El Amor, un poco de vino que se me sube á -la cabeza, una corona que se desprende de mis perfumados cabellos, es -lo que llevo conmigo: ¿quién temerá tales armas? ¿quién no correrá á su -encuentro? La noche avanza, descorre los cerrojos. - -¿Es tu inercia ó es el sueño, contrario del que ama, la causa de que -sin que las atiendas se lleve el viento mis palabras? Pero yo me -acuerdo que en otro tiempo cuando me queria ocultar de tí, te hallaba -en pié y vigilando á media noche. Tal vez á estas horas duerme á tu -lado tu compañera. ¡Ah, cuánto mejor es tu suerte que la mia! Así -pasasen á ese precio á mis manos tus duras cadenas. La noche avanza, -descorre los cerrojos. - -¿Me engaño? ¿no ha crujido la puerta sobre sus goznes, como en señal de -que está franca la entrada? Me he engañado; el impetuoso viento habrá -impulsado las puertas. ¡Ay de mí! ¡cuán lejos el viento se ha llevado -mi esperanza! Por poco que te acuerdes, Borcas, del rapto de Oritia, -llega aquí y con tu violencia derriba estas puertas, sordas á mi ruego. -Todo calla en la ciudad, y humedecida con trasparente rocío avanza la -noche: descorre los cerrojos, ó yo mismo, más activo que tú, fuerzo á -hierro y á fuego, la puerta que se me niega. - -La noche, el Amor y el vino nada moderado me aconsejan. La noche no -conoce el pudor, el Amor y el vino no conocen el miedo. Todo lo he -probado; pero ni con súplicas, ni con amenazas te he podido mover, -¡oh portero más sordo que tu misma puerta! Tú no sirves para guardar -la casa de una hermosa jóven; eres más digno de estar guardando un -calabozo. Ya el lucero de la mañana aparece en el horizonte y el gallo -llama á los pobres al trabajo. Pero tú, corona arrancada á mi triste -frente, queda por el resto de la noche sobre los duros umbrales; serás -testimonio ante su señora, cuando mañana te vea por tierra, del tiempo -tan lastimosamente perdido. «Adios;» á pesar de todo, «¡Adios!» Ojalá -experimentes lo que siente su amante despedido. Y vosotras tambien, -crueles puertas con inalterables goznes, «Adios;» y tú tambien, umbral -cruel como tu guardian, «¡Adios!» - - - - -ELEGIA SÉPTIMA. - -ARGUMENTO. - -Contra sí mismo, por haberle pegado á su querida. - - -Ata mis manos, merecedoras de cadenas, ahora que ha pasado la furia, si -te _muestras_ amigo mio. El furor fué causa de que levantase contra mi -señora mis temerarios brazos, y llora herida por mi mano. Era yo capaz -entónces de maltratar á mis caros padres y de golpear á los santos -dioses. - -¡Mas qué! ¿Ayax, dueño de un impenetrable escudo, no degolló rebaños -á través de los campos? El desgraciado Orestes, que no pudo vengar á -su padre sino con la sangre de su propia madre, ¿no armó sus manos -contra las misteriosas deidades? ¡Yo, pues, he podido maltratar su -peinado! Ni el desarreglo de sus cabellos la ha desfigurado, sino que -aun así estaba hermosa. De tal modo la Scheneida, dicen que con el arco -perseguia las fieras Menalias. De tal modo lloraba la hija del rey de -Creta viendo á los raudos vientos llevarse á la vez las promesas y los -bajeles del perjuro Theseo; de tal modo, sin la venda que ceñia sus -cabellos, se tendió Calandra sobre el pavimento, casta Minerva, de tu -templo. - -¿Quién no me hubiese tratado de demente? ¿quién no me hubiese llamado -bárbaro? Ella nada dijo, paralizada su lengua por el pavoroso temor. -Pero sin palabras, su rostro expresaba sus reproches, y, callando su -boca, me acusaba con sus lágrimas como reo. Hubiera yo querido que mis -brazos se hubieran desprendido de mis hombros. Mejor me hubiera sido -carecer de alguna parte de mi cuerpo. Contra mí mismo se volvieron mis -fuerzas y mi delirio, y fuí vigoroso para mi suplicio. ¿Qué tengo que -ver con vosotros, ministros del asesinato y del crímen? Sufrid, manos -sacrílegas, las merecidas cadenas. Si hubiese herido al último de los -romanos, seria castigado; ¿tengo mayor derecho contra mi señora? El -hijo de Tideo[5] ha dejado un afrentoso monumento de su maldad; fué el -primero que pegó á una Diosa; yo he hecho otro tanto, pero aun fué él -menos culpable, pues yo he maltratado á la que decia amarme y aquel fué -cruel con su enemiga. - -Ve ahora, vencedor, á gozar de tu triunfo; ¡ciñe tu frente con el -laurel de la victoria, cumple tus votos á Júpiter! Y la turba que -seguirá tu carro, clame «Vítor al valiente vencedor de una niña!» Vaya -delante tu pobre víctima, suelto el cabello, y blanca desde los piés á -la cabeza, á no ser por las lesiones de sus mejillas. - -Más á propósito era su boca para marcarla con mis lábios y su cuello -para tener la señal de un diente acariciador. En fin, si yo me -desencadenaba como un torrente impetuoso y estaba ciego de coraje, -¿no era bastante dar gritos á una tímida niña, sin amedrentarla con -demasiado fuertes amenazas ó despojarla torpemente de su vestido hasta -la cintura? Al menos hubiese osado no más contra la mitad de su cuerpo; -pero despues le he arañado las mejillas, agarrándola por los cabellos. - -Quedó ella sin sentido con el rostro descolorido y blanco como el -mármol de Páros. He visto sus nervios inanimados y sus miembros -temblando como la hoja del álamo agitada por el viento, como la débil -caña mecida por el blando céfiro, como la onda rizada por el Noto. Sus -lágrimas, retenidas por mucho tiempo, corrieron sobre sus mejillas, -como fluye el agua de la nieve que se deshiela. Entónces comencé á -reconocerme culpable: las lágrimas que ella derramaba, eran mi propia -sangre. Tres veces quise arrojarme suplicante á sus piés, y tres veces -rechazó mis temidas manos. - -No lo dudes, la venganza disminuirá tu dolor: araña mi rostro con tus -uñas, no perdones mis cabellos. La ira ayude tus débiles manos, ó por -lo ménos, para borrar las tristes señales de mi crímen arregla y peina -tus cabellos. - - -NOTAS AL PIE: - -[5] Diómedes. - - - - -ELEGIA OCTAVA. - -ARGUMENTO. - -Contra una alcahueta que intentaba enseñar á la querida del poeta las -artes de la prostitucion. - - -Oiga, quien quiera conocer una alcahueta: hay cierta vieja Dipsas; su -nombre lo toma de su oficio[6]; jamás vió en ayunas á la madre del -negro Memnon[7], en su carro de púrpura. Conoce las artes mágicas y -los versos de encantamientos, y con su poder hace volver hácia su -orígen las rápidas aguas. Conoce bien la virtud de las yerbas, la del -lino arrollado sobre el torno cabalístico y la del hipomanes. Cuando -ella quiere, se llena el cielo de nubes; cuando ella quiere, brilla -la luz del dia en el puro firmamento. Yo he visto, ¿lo creereis? las -estrellas destilando sangre, y la faz de la luna estaba tambien -ensangrentada. - -Sospecho que suele volar viva entre las sombras de la noche y cubrir -con plumas su viejo cuerpo. Lo sospecho y así es fama: en sus ojos -brilla una doble pupila de donde nace la luz más viva. Evoca á los -antepasados, que yacen en los sepulcros, y al són de su plañidero -canto, se abre el duro suelo. Se complace en profanar el casto tálamo, -y no carece de elocuencia su corruptora lengua. La casualidad me hizo -testigo de su enseñanza, á favor de una doble puerta que me ocultaba, -mientras decia así: «¿Sabes, luz de mis ojos, que prendaste ayer á un -rico jóven? Te vió y no cesó de fijar sus ojos en tu rostro. ¿Y á quién -no has de gustar? No cedes en belleza á ninguna otra. Pero ¡ay de mí! -faltan galas dignas de tan bellas formas. ¡Quisiera yo que fueses tan -rica como hermosísima eres! No seré pobre cuando seas rica. Has tenido -que sufrir la adversa estrella de Marte, pero Marte ha cesado y ahora -Vénus te es favorable. Mira cómo te es propicia su llegada: un rico -amante te quiere y desea saber qué es lo que te haga falta. Su cara no -desdice de la tuya, y si no te quisiera comprar los suyos, habrias tú -de comprarle tus encantos.» - -La jóven se sonrojó. «El pudor, continuó la vieja, sienta bien á las -blancas mejillas; si lo finges, aprovecha; pero cuando tengas tus ojos -con arte inclinados sobre tu seno, no mires á nadie sino á proporcion -de lo que te ofrezca. Quizá, bajo el reinado de Tacio, las rudas -Sabinas no hubiesen querido entregarse á muchos hombres. Ahora escita -Marte los ánimos contra las armas extranjeras, y Vénus reina en la -ciudad de su querido Eneas. Divertíos, hermosas jóvenes, solo es casta -aquella á quien nadie solicita, y aun si su rusticidad no lo impide, -ella misma busca. Desarruga el entrecejo; ¡cuántos crímenes se ocultan -á menudo debajo de una arruga! Penélope probaba las fuerzas de los -jóvenes con un arco, y para el que quiera saber más este arco era de -cuerno. El tiempo vuela sin sentir y engaña la voluble edad, como se -desliza el agua del rio, renovada incesantemente. El acero brilla con -el uso: un buen trage quiere ser llevado. Los palacios deshabitados se -arruinan bajo la yerba. La belleza, si nadie la regocija, envejece. Y -no son bastantes uno ó dos amantes; ¡cuantos más, es más seguro y fácil -el provecho! Los lobos viejos buscan su presa en un rebaño entero. -Dime, ¿qué te dá ese tu poeta, fuera de nuevos versos? De tu amante -muchos miles lees. El mismo dios de los poetas, cubierto con un manto -recamado de oro, pulsa las cuerdas de una dorada lira. Quien te dé oro -sea á tus ojos más grande que el grande Homero. Créeme, el dar es cosa -ingeniosa. Ni desdeñes al redimido por merced; pues el tener el pié -marcado con la señal de la esclavitud, no es un crímen; pero tampoco te -dejes engatusar por rancios títulos de nobleza. Váyase con sus abuelos -el amante pobre. ¿Qué? porque sea guapo, ¿querrá el otro pasar una -noche sin pagar? Que busque antes el oro de su amigo. - -No seas demasiado exijente mientras tiendes las redes, por miedo -de que te se escape la presa: una vez apresados, remátalos á tu -antojo. Ningun efecto hace un amor fingido, deja creer que tu amante -es amado, pero cuida de que este amor no sea cierto. Rehusa muchas -veces pasar la noche juntos, finge para ello un dolor de cabeza ó la -abstinencia que requieren los dias consagrados á Isis; pero recíbele -á menudo para que no se habitúe á la privacion, ó que no se enfrie -el amor frecuentemente rechazado. Sean tus puertas sordas al que -ruega y blandas al que dá; oiga el amante recibido las palabras del -desdeñado. Y no dejes nunca en cualquier desavenencia de quejarte como -primeramente ofendida. Desvanece tus culpas con tus inculpaciones; pero -no te abandones demasiado tiempo á la cólera: una cólera prolongada -ha engendrado á menudo el odio.--Aprendan tambien tus ojos á derramar -lágrimas forzadas, y á humedecer tus mejillas--y con tal de engañar á -alguno, no temas ser perjura: Vénus hace que los Dioses sean sordos á -las lágrimas de los ilusos. Toma á tu servicio un siervo y una criada -hábiles que sepan indicar lo que se haya de comprar para tí, y para -sí pidan cortos regalos. Si entre muchos, piden un poco á cada uno, -de muchas migajas se hará grande monton. Y tu hermana y tu madre y tu -ama de leche, hagan contribuir á tu amante. Pronto se hace buen botin -cuando muchas manos ayudan á ello. Cuando te falte un pretesto, celebra -tu cumpleaños. - -Cuida sobre todo de no dejar creer á tu amante que está seguro sin -rival; sin la rivalidad, poco dura el amor. Vea sobre tu lecho indicios -de otro poseedor de tu belleza, y marcado tu cuello con lascivas -señales, y vea principalmente los regalos que otro te hubiese enviado. -Si nada te lleva, háblale de las novedades que se venden en la Via -sacra. Cuando le hayas sacado bastante, para que no todo sea dar, -pídele prestado lo que nunca le habrás de volver. Ayude tu lengua á lo -que se proponga tu mente; halágale para mejor perderle; el mortífero -veneno se encubre con dulce miel. Si sigues mis lecciones, fruto de una -larga experiencia, y no dejas que mis palabras se las lleve el viento, -llegará dia en que me dirás «vive desahogadamente.» ¡Cuántas veces -despues que yo muera pedirás al cielo que descansen en paz mis huesos!» - -Así decia, cuando me delató mi sombra. No sé cómo pude contener mis -manos para no arrancarle su blanco y escaso pelo, sus ojos llorosos de -vino, y sus rugosas mejillas. ¡Sin casa ni hogar, exclamé, dente los -Dioses una miserable vejez, largos inviernos y perpétua sed! - - -NOTAS AL PIE: - -[6] Viene del griego y significa _tener sed_. - -[7] La Aurora. - - - - -ELEGIA NOVENA. - -ARGUMENTO. - -Gracioso paralelo entre la guerra y el amor. - - -Todo amante es soldado, y Cupido tiene su campo: sí, Atico, créeme, -todo amante es soldado. - -La edad que conviene para la guerra es la propia para Vénus. ¡Malhaya -un soldado viejo! ¡Malhaya un amante anciano! La edad que quiere un -general en un bravo soldado, es la que pide una jóven beldad en el -poseedor de sus encantos. Uno y otro vigilan; ambos duermen en tierra; -ambos hacen centinela: el uno á la puerta de casa su querida, el otro -en la de su general. - -¡Cuánto camino tiene que hacer el soldado! El amante, cuando su -querida está desterrada, la seguirá intrépido hasta el fin del mundo. -Atravesará las montañas más altas y los rios más engruesados por -las tempestades; cruzará las amontonadas nieves. ¿Conviene pasar -los mares? No pretestará los vientos desencadenados; no buscará -el tiempo propicio para la navegacion. ¿Qué otro que un soldado ó -un amante despreciará la frescura de las noches y los torrentes de -lluvia mezclados de nieve? El uno es enviado delante del enemigo como -explorador; el otro tiene los ojos fijos en su rival, como en un -enemigo. Aquel sitia las ciudades amenazadoras, este la casa de su -inflexible dama: más ó menos grandes, ambos baten las puertas para irse -á fondo. - -Se fué frecuentemente vencedor, por haber podido sorprender á un -enemigo sumerjido en el sueño, y matar, espada en mano, á un ejército -sin defensa. Así fueron degollados los bravos batallones del tracio -Reso, quien se vió robar sus famosísimos caballos. Tambien con -frecuencia los amantes saben aprovecharse del sueño de los maridos, -y volver sus armas contra el enemigo. El cuidado de escapar á la -vigilancia de los guardas y de los centinelas tiene siempre en suspenso -al soldado y al amante. - -Marte es dudoso y Vénus nada tiene de asegurada: los vencidos se -reaniman, y los que os parecen no poder ser derrotados, caen á su vez. -Que se deje, pues, de llamar al amor la desidia: es menester un alma á -toda prueba para amar. - -Aquiles arde por Brisada, arrebatada á su amor: mientras que su dolor -os lo permita, Troyanos, quebrantad las fuerzas de la Grecia. De los -abrazos de Andrómaca, Héctor corria á las armas: su esposa le cubria la -cabeza con su casco. El primero de los jefes de la Grecia, el hijo de -Atrea, á la vista de la hija de Priamo con los cabellos esparcidos á la -manera de las bacantes, quedó, se dice, suspenso de admiracion. Pero él -mismo fué preso en el lazo que habia forjado Vulcano: ninguna historia -hizo tanto ruido en el cielo. Yo mismo estaba sosegado y nacido para no -hacer nada: el lecho y el descanso habian ablandado mi alma. El cuidado -de una jóven belleza puso término á mi apatía: ella me mandó hacer mis -primeras armas á su servicio. Desde entonces, me veiais ágil y siempre -ocupado en alguna expedicion nocturna. ¿Quereis no ser cobardes? Amad. - - - - -ELEGÍA DÉCIMA. - -ARGUMENTO. - -A una jóven para apartarla de la prostitucion. - - -Como la princesa, que arrebatada en las orillas del Eurolas sobre -los bajeles frigios, fué para sus dos esposos la causa de una tan -larga guerra; y la bella Leda, que el diestro Júpiter, oculto bajo -la engañosa apariencia de un cisne de blancas plumas, sedujo con -menosprecio de himeneo; y Anémona corriendo con una urna sobre la -cabeza, los campos estériles de la Argólida: tal eras tú á mis ojos. -Temia para tí la metamórfosis del águila y del toro, y todas las -astucias que sugiere el Amor al poder de Júpiter. Hoy dia, no temo -nada; estoy fuera de mi error, y tu belleza no anubla mis ojos. ¿De -qué proviene, pues, este cambio? me preguntas. Consiste en que tú la -pones á precio: y vé ahí lo que hace que tú no sabrias gustarme. Cuanto -más sencilla y sin arte fueras, tanto más amaria tu alma y tu cuerpo: -hoy dia, la enfermedad de tu alma ha despojado tu cuerpo de todos sus -encantos. El Amor es á la vez niño y desnudo. Si su edad es tan tierna, -si no lleva ningun vestido, es por mostrarse en toda su sinceridad. -¿Para qué querer que el hijo de Vénus nos haga pagar sus favores? No -tiene ropa donde pueda guardar su precio. Ni Vénus, ni su hijo, son -propios al duro manejo de las armas. ¿Conviene que los Dioses que no -son hechos para la guerra reciban un sueldo? - -Una prostituta se vende, á tal precio, al primero que llega: entregando -su cuerpo, es como adquiere miserables riquezas. Aun maldice la tiranía -de su avaro corruptor, y lo que haceis de buen grado, ella no lo hace -más que con desagrado. - -Tomad por modelos los animales desprovistos de razon: os abochornareis -al ver que las bestias son más tratables que vosotras. La yegua nada -exige al garañon, ni la vaquilla al toro; el carnero no tiene que pagar -á la oveja que le gusta. Solo la mujer quiere engalanarse con los -despojos del hombre; solo ella pone sus noches á precio, solo ella se -dá en locacion. Vende un placer hecho para dos, un placer que ambos han -buscado; y su tarifa está establecida por ella en razon de su goce. -Cuando el amor debe tener el mismo hechizo para ambos, ¿qué razon para -comprarlo el uno, para venderlo el otro? ¿Por qué perderé yo mientras -que vos ganais, en un juego en que el hombre y la mujer van asociados? - -Los testigos no pueden, sin cometer un crímen, perjurarse por el -dinero; sin cometer un crímen, el juez no puede tender la mano á la -seduccion. Es una vergüenza para un abogado el vender sus palabras á -un pobre; es una vergüenza para un tribunal el enriquecerse vendiendo -la justicia; así como es una vergüenza para la mujer aumentar su -patrimonio con las rentas de su cama, y prostituir sus gracias al que -más ofrece. Se debe reconocimiento por un favor gratuito, nunca por -la odiosa locacion de una cama. Una vez recibido el precio de vuestra -mercancía, todo acabó, y el arrendatario no está obligado á más. - -Guardaos, bellas, de poner á precio el favor de una noche: una ganancia -mal adquirida nunca aprovecha. ¿Qué valieron los brazaletes de los -Sabinos á la jóven vestal que pereció aplastada bajo el peso de sus -armas? Un hijo traspasó con su espada el vientre de que nació: un -collar fué la causa de su crímen. - -No quiere decir esto que sea excusado exijir de un rico algunos -presentes; tiene que satisfacer vuestras exijencias: rebuscad los -racimos en las viñas ricas de uvas; cojed los frutos en los fecundos -vergeles de Alcino. En cuanto al pobre, tomad en cuenta sus buenos -oficios, sus cuidados, su fidelidad. Lo que se tiene, es todo lo -que se puede dar al dueño. Mi riqueza, consiste en ilustrar con mis -versos á las bellas que se hacen dignas. Aquello que me place llega -á ser célebre, en gracia á mi arte. Se verá gastarse los vestidos, y -desgastarse el oro y las piedras preciosas; pero la gloria que darán -mis versos durará eternamente. Lo que me indigna y me subleva, no es el -dar, es ver que se pide un salario. Lo que rehuso á tus solicitaciones, -deja de quererlo, y lo tendrás. - - - - -ELEGÍA ONCENA. - -ARGUMENTO. - -Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina. - - -¡Oh tú, tan hábil para reunir y disponer con arte los cabellos de -tu dama, y que no te se debe colocar en la clase de los simples -sirvientes, Nape, tú que, no menos hábil en concertar citas nocturnas -que en llevar billetes amorosos, has decidido más de una vez á -la indecisa Corina á venirme á encontrar! Oh tú, cuya fidelidad -frecuentemente me ha sacado de embarazos; toma estas tablillas y -entrégalas, esta mañana misma, á tu señora; que tu solicitud allane -todos los obstáculos. Tú no tienes en el corazon la dureza del -diamante, la inflexibilidad del hierro, y tu simplicidad no es más -grande de lo que conviene: tú, además, verosímilmente, has sentido -los dardos de Cupido; defiende, pues, para mí la bandera bajo la cual -marchamos ambos. Si ella te pregunta cómo estoy, dile que la esperanza -de obtener una noche me hace vivir; en cuanto á lo demás, mi amorosa -mano lo ha confiado á esta cera. - -Mientras hablo, el tiempo vuela. Ve, escoje el momento en que estará -sola para entregarle estas tablillas, pero haz de modo que las lea en -seguida. Observa sus ojos y su frente mientras lea: su mirada muda -puede enseñarte mi destino. Así que haya acabado, pídele una larga -respuesta; nada me hace tanto daño como ver un grande espacio de cera -sin llenar. Que estreche sus líneas; que mis ojos estén fijos por largo -tiempo en su letra; que llene hasta las extremidades del márgen. ¿Pero -qué necesidad tengo de que se fatigue en manejar el estilo? Que en la -tableta se lea únicamente esta palabra «_Ven_,» y habré así cubierto de -lauro mis tablillas victoriosas, y bien pronto las habré suspendido en -el templo de Vénus con esta inscripcion: «A Vénus os consagra Ovidio, -fieles instrumentos de su amor, vosotras que ahora mismo no érais más -que un vil fragmento de árbol.» - - - - -ELEGIA DUODECIMA. - -ARGUMENTO. - -Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama. - - -Llorad mi infortunio: mis tabletas han llegado, pero no contienen -mas que esta tan triste palabra: ¡_Imposible_! Los presagios son algo -efectivamente: al salir Nape ha tropezado con el pié en el umbral de la -puerta. De hoy en adelante, cuando te se envíe á alguna parte, procura -salir con más precaucion; y despues de parada, marchar con el pié -levantado. ¡Lejos de mí, siniestras tabletas, madera lúgubre, y tú, cera -maldita, que no me traes mas que una negativa! Extracto de la flor de -la larga cicuta, tú no puedes ser mas que el resíduo de la miel impura -de una abeja Córsica. - -Parecias deber tu brillo únicamente al bermellon y era la sangre á -lo que debias tu color. Id á embarazar las encrucijadas, tabletas -inútiles: que la rueda parada del primer trajinero os haga astillas. -No, aquel que os desgajó del árbol, para puliros, no tenia las manos -puras. Ese árbol mismo debió servir únicamente para colgar á algun -infeliz, para suministrar al verdugo infames cruces; para dar lúgubre -sombra al buho graznador, y para sostener sobre sus ramas los huevos -del buitre y del osifraga. ¡Y á esta madera he tenido la locura de -confiar los secretos de mi amor! ¡Á ella he encargado llevar á mi dueña -las palabras más tiernas! A esa cera convenia mucho mejor la insípida -asignacion que despacha el juez en tono feroz; era mucho más propia -para servir de diario al avaro, quien no habria consignado mas que -llorando los gastos hechos con pena. Tabletas engañosas, no sin razon -se os llama dobles; tampoco este número era de buen agüero. ¿Qué puedo -desear para vosotras en mi cólera? Que el tiempo os inme y os roa, -y que la cera que os cubre se enmohezca y sea manchada por un robin -inmundo. - - - - -ELEGÍA DÉCIMO TERCIA. - -ARGUMENTO. - -A la Aurora, para que no acelere demasiado su marcha. - - -Ya aparece sobre el Océano, al salir de los brazos de su anciano -marido, la blonda diosa, cuyo carro resplandeciente conduce el dia. -¿A dónde corres, bella Aurora? detente; y que á este precio un combate -solemne sea, cada año, ofrecido por las aves á los manes de Memnon. -Vé ahí el momento en que deseo quedar en los brazos cariñosos de mi -dueña; vé ahí el momento, mejor que nunca, de estrechar amorosamente su -cuerpo contra el mio; vé ahí el momento en que el sueño es dulce y el -aire fresco, en que la garganta flexible de las aves, deja oir sonidos -melodiosos. ¿A dónde vas contra los votos de los amantes, contra los -votos de las bellas? Acorta con tu radiosa mano, las riendas húmedas de -tus corceles. - -Antes de que asomes, el piloto observa mejor los astros y no vaga á -la aventura en medio de los mares. Cuando apareces, por fatigado que -esté, el viajero se levanta, y el soldado empuña sus armas belicosas. -Eres la primera en ver al trabajador cargado de la azada; la primera en -llamar bajo su yugo al pesado buey. Tú arrancas á los niños al sueño, -y los entregas al pedagogo, para que sus delicadas manos se ofrezcan -á la cruel férula. Tú tambien traes la caucion delante el tribunal, -donde va á pesar sobre ella la responsabilidad de una sola palabra. -Tan importuno para el abogado como para el juez, les obligas cada dia á -levantarse para nuevos procesos. Eres tú aun quien, cuando las mujeres -podrian saborear las dulzuras del descanso, las llamas á hilar la lana -con sus manos laboriosas. - -Pasaria por alto lo demás; pero ¿quién sino el que no tenga ninguna, -sufrirá que las bellas se levanten tan de mañana? ¡Cuántas veces he -deseado que la noche no quisiera hacerte lugar, y que los astros -fugitivos no se cubriesen delante de tí! ¡cuántas veces he deseado que -el viento volcara tu carro, ó que uno de tus caballos cayera atascado -en la espesura de una nube! ¡Cruel! ¿A dónde corres? Si has tenido un -hijo cuya piel era negra, debió este color al del corazon de su madre. - -¡Qué! si se hubiese abrasado menos de amor por Céfalo, ¿crée que su -culpable pasion nos seria desconocida? Yo quisiera que Tithon pudiese -libremente hablar de tí: jamás nadie hubiera oido en los cielos la -historia de tan vergonzosos amores. Tú huyes de tu viejo esposo, porque -la edad le ha helado, y te apresuras á montar sobre un carro que él -detesta. Pero si tú tuvieras amorosamente en tus brazos algun Céfalo, -se te oiria gritar: caminad lentamente, corceles de la noche. - -¿Si tu esposo siente el frio de su perdurable edad, debo yo pagarlo? -¿Soy yo quien te ha unido á un viejo? Vé cuántas horas de sueño la Luna -otorga á su jóven amante; y su belleza no es menor á la tuya. El padre -mismo de los dioses, para no verte con tanta frecuencia, de dos noches -no hace mas que una, á fin de dar un más libre campo al amor. - -Habia terminado estos reproches, y, como si ella me hubiese oido, su -frente se enrojecia, sin que no obstante el dia apareciera más tarde -que de costumbre. - - - - -ELEGIA DECIMACUARTA. - -ARGUMENTO. - -A una muchacha vuelta calva de repente. - - -Bien te lo decia yo: «Deja de teñir tus cabellos.» Hoy dia no tienes -cabellera que teñir. No obstante, si tú lo hubieras querido, ¡qué habia -más hermoso que tus cabellos! Descendian hasta tus rodillas. Tal era -su finura que temias peinarles. No era más fino el tejido de que se -cubren los Tártaros de atezado color; no es más fino el hilo que, con -su delicado pié, desarrolla la araña, suspendida en la viga solitaria, -para tramar allí su desliada tela. Sin embargo, su color no era el del -ébano, no era tampoco el del oro: era una mezcla de ambos. Tal es, en -los delicados valles del monte Ida, el color del alto cedro despojado -de su corteza. - -Tal era tambien su flexibilidad, que se prestaban á mil colocaciones, -sin causarte jamás el menor dolor. Jamás la punta de la aguja, jamás el -diente del peine los partió, jamás tu peinadora tuvo nada que temer. -Muchas veces he asistido á su tocador, y jamás tomó la _aguja para -pincharle los brazos_. Más de una vez tambien, por la mañana, con sus -cabellos aun desordenados, quedó hasta medio dia acostada en su cama -de púrpura, y su descuido no carecia de gracia: se la hubiese tomado -entónces por una bacante de la Tracia, muellemente recostada sobre el -verde césped para reparar sus fatigas. - -Aunque sus cabellos fueran tan flexibles como el vello, ¡cuántas veces, -ay fueran puestos en tortura! ¡cuántas veces sufrieron pacientemente -el hierro y el fuego, para sujetarse en torneadas trenzas! «Un crímen -es, exclamaba yo, sí, es un crímen quemar estos cabellos: ellos mismos -se arreglan con gracia: ¡cruel, conserva tu cabeza! Lejos de tí esa -violencia: no son cabellos para quemar: muestran ellos mismos su sitio -á la aguja.» - -Ya no existe aquella bella cabellera de que Apolo y Baco hubieran -estado celosos, aquella cabellera comparable á la que Dione, saliendo -desnuda de la espuma de las olas, sostenia con sus húmedas manos. - -¿Por qué, si no te gustaban, deplorar la pérdida de tus cabellos? -Insensata, ¿por qué con mano enojada rechazas el espejo? tus ojos no -se fijan en él tan á gusto como otras veces: para gustar aun, tienes -necesidad de olvidar lo que eras. - -Su caida no es debida á las yerbas encantadas de una enemiga, ni al -agua sacada de las fuentes de Hemonia por un pérfido hechicero. No es -efecto tampoco de una enfermedad grave (de que el cielo te preserve), -ni de los celos de una rival, envidiosa de su hermosura. No, la falta -está en tí; á tu propia mano debes la pérdida que te desola, tú misma -derramabas el veneno sobre tu cabeza. Entretanto la Germanía te -enviará cabellos de esclavos: una nacion vencida se encargará de tu -compostura. ¡Cuántas veces, cuando oirás alabar la belleza de tus -cabellos, te dirás abochornada: «Hoy dia es un adorno comprado que me -hace parecer bella; no sé que Sicambro se admira en mí. Y sin embargo, -recuerdo hubo un tiempo en que estos homenajes no se dirigian mas que á -mí misma!» - -¡Infeliz! ¿qué he dicho? Apenas puede contener sus lágrimas; con sus -manos oculta su frente, y el rubor ha pintado sus mejillas hechiceras. -Tiene el valor de contemplar sobre sus rodillas los cabellos que no -eran hechos para hallarse en este puesto. Calma la perturbacion de tu -corazon y de tu mirada: el mal no es irreparable: presto embellecerás -aun, con tu primera cabellera. - - - - -ELEGIA DECIMAQUINTA. - -ARGUMENTO. - -Contra los adversarios de la poesía. - - -¿Por qué me acusas, maldiciente Envidia, de consumir mis años sin hacer -nada? ¿por qué llamas á mis versos la obra de un perezoso? ¿por qué -reprocharme de no seguir las huellas de nuestros antepasados, de no -aprovechar las fuerzas de mi edad para cojer los laureles empolvados -del dios de la guerra; de no estudiar la prosa de nuestras leyes, de no -prostituir mi palabra en las luchas fastidiosas del foro? Estas obras -que alabas, son perecederas; aspiro á una gloria inmortal, á fin de ser -celebrado siempre y en todos lugares. - -El cantor de Meonia vivirá mientras subsistan Tenedos é Ida, mientras -lleve el Simois al mar sus veloces aguas. Vivirá tambien el poeta de -Ascra, mientras la uva granará en la viña, mientras los dones de Céres -caerán bajo el cortante de la hoz. Siempre hablará el mundo entero -del hijo de Batto, aunque en este poeta el arte domine al génio. El -coturno de Sófocles no se usará, pero vivirá Arato tanto como el sol -y la luna. Tanto como la falacia caracterizará al esclavo; tanto como -el padre será severo, la alcahueta pérfida, la cortesana cariñosa, -vivirá Menandro. Ennio, que no conoció el arte; Accio, cuyos acentos -eran tan varoniles, tienen un nombre que el tiempo no destruirá. ¿Qué -siglo no conocerá á Varron, y el primer marinero, y el Vellocino de oro -conquistado por un jefe ausonio? Los versos del sublime Lucrecio, no -perecerán, sino el dia en que el mundo perezca. Títyro y los segadores, -Eneas y sus combates serán leidos, en tanto que Roma sea la reina del -mundo que ha conquistado. Mientras el arco y el fuego sean las armas -del Amor, se aprenderán tus cantos melodiosos, elegante Tibulo. Galo -será conocido por los pueblos de Occidente; Galo será conocido por los -pueblos de Oriente; en todas partes, con Galo, será conocida su querida -Lycoris. - -Así, aunque el tiempo mine los peñascos, aunque destroce el diente -de la dura esteva, los versos escapan á la muerte. ¡El cetro con sus -conquistas, cedan, pues, el paso á la poesía! ¡Cédanselo tambien, las -riberas afortunadas del Tajo, que arrastra el oro con sus aguas! - -En buen hora que el vulgo se entusiasme por cosas de poco más ó menos: -yo lo que pido es que Apolo me vacie á copa llena el agua de Castalia; -que el mirto que teme el frio orne mi cabeza, y que mis versos no dejen -de ser leidos por el agitado amante. Viviendo, se sirve de pasto á la -Envidia; muerto, se disfruta del reposo á la sombra de la gloria que se -ha merecido. Cuando la pira fúnebre me habrá consumido, viviré, y la -mejor parte de mí mismo habrá triunfado de la muerte. - - - - -LIBRO SEGUNDO. - - - - -ELEGIA PRIMERA. - -ARGUMENTO. - -Por qué en lugar de la Gigantomaquia que tenia comenzada, canta sus -Amores. - - -Vé ahí aun una obra de Ovidio, nacido en la húmeda comarca de los -Sabinos, de Ovidio, el cantor de sus propios devaneos. El Amor es -aun quien lo ha querido. ¡Lejos de aquí, sí, lejos de aquí bellezas -demasiado severas! no sois el auditorio que necesita para sus tiernos -acentos. No quiero para lectores más que á la vírgen que se inflama á -la vista de su prometido, y el novicio adolescente tocado del primer -amor. Quiero que el jóven Romano, herido por el mismo arco que yo, -reconozca en mis versos la imágen del fuego que le quema, y que despues -de un largo aturdimiento exclame: «¿Cómo, pues, este poeta ha sabido el -secreto de mis amores?» - -Yo habia osado, me acuerdo, celebrar las guerras de los cielos y el -jigante de cien manos; y no es la fuerza lo que me hubiera faltado. -Iba á borrar la funesta venganza de la Tierra, y la caida del Pelion -rodando con la Ossa desde lo alto del Olimpo donde estaban amontonados. -Yo tenia en mis manos las nubes, Júpiter y su rayo, con el cual no -hubiese dejado de defender su imperio. Mi dueño me cerró su puerta: -inmediatamente dejé allí á Júpiter con su rayo; sí, el mismo Júpiter -salió de mi espíritu. ¡Perdon, Júpiter! para nada me sirven tus flechas; -esta puerta cerrada podia más sobre mí, que tu rayo. Vuelvo á mis -burlas, á mis lijeras elegías; estas son mis únicas armas: la dulzura -de mis cantos ablandó bien pronto la dureza de las puertas. - -Los versos hacen descender hácia nosotros el disco ensangrentado de -la Luna: ellos páran, en medio de su curso, los blancos corceles del -Sol. Los versos arrancan á la serpiente su dardo emponzoñado; hacen -remontar las aguas hácia su orígen. Los versos han hecho caer puertas; -han forzado la cerradura, por bien clavada que estuviese sobre un -grueso roble. ¿Qué hubiese yo ganado en cantar al impetuoso Aquiles? -¿Qué hubieran hecho por mí los dos hijos de Atrida, y este rey á quien -la guerra ocupó diez años, y que diez años vagó en la ventura, y ese -Héctor, inhumanamente arrastrado por los corceles de un príncipe de -Hemonia? Pero yo he cantado apenas la belleza de una tierna jóven -cuando ella misma viene al encuentro del poeta para sus versos. Es una -gran recompensa. ¡Adios, pues, héroes de nombres ilustres! vuestros -favores no son los que yo ambiciono. Hermosas niñas, fijad, echad una -dulce mirada sobre los versos que me dicta el purpúreo Amor. - - - - -ELEGIA SEGUNDA. - -ARGUMENTO. - -Al eunuco Bagoas, para que le procure fácil acceso junto á la belleza -confiada á su guarda. - - -Oh tú, á quien está confiado el cuidado de guardar á tu señora, -escucha, Bagoas, no tengo más que dos palabras que decirte, pero estas -dos palabras son importantes. Ayer la ví pasear bajo el pórtico de las -hijas de Dánae. Luego, prendado de sus gracias, le dirigí por escrito -una súplica. A su vez, ella me escribió con mano trémula: _Imposible_. -¿Y por qué, _imposible_? le pregunté. Ella me respondió que tu -vigilancia era muy severa. - -Si quieres ser cuerdo créeme, guardian importuno, deja de merecer el -odio; hacerse temer, es hacerse desear la muerte. Su marido mismo -es un loco: ¿por qué tanto atormentar en defender un bien que, -para quedar intacto, no necesita vigilancia? Le es permitido, sin -duda, dejarse llevar furioso por los transportes de su amor; le es -permitido creer casta á una mujer que gusta á todo el mundo. Por tu -bien déjala en secreto un poco de libertad: la que tú la darás sabrá -bien agradecértela. Consiente en que exista con ella complicidad, -y la señora esté bajo las leyes de su esclavo. ¡Esta complicidad te -horroriza! ya tú puedes cerrar los ojos. ¿Lee ella un billete aparte? -supón que lo recibe de su madre. ¿Llega á ella un desconocido? Tómale -por un antiguo amigo. ¿Vá á ver á una amiga enferma que no lo está? -Figúrate que lo está en efecto. ¿Tarda en volver? Para no aburrirte -en esperar puedes apoyar tu cabeza sobre tus rodillas y roncar á tu -contento. No he de inquirir lo que puede hacer en el templo de Isis, lo -que pueda pasar en los teatros. - -Un cómplice discreto obtendrá siempre honores, y por tanto ¿qué hay -menos difícil que callarse? Entonces es amado, gobierna toda la casa; -no tiene que temer las entrevistas; para él omnipotencia; para los -otros, vil rebaño, la servidumbre. Por ocultar á un marido la verdad, -le embauca con quimeras, y, dueños ambos, encuentran bueno lo que no -habia de gustar mas que á la mujer. De un marido, por más que frunza la -ceja, por más que arrugue la frente, obtiene lo que quiere una mujer -cariñosa. Pero es menester que de tiempo en tiempo te busque querella, -que vierta lágrimas fingidas, que te trate de verdugo. Tú, entónces, -suponle faltas de que pueda con facilidad justificarse: acusándole -falsamente, alucina á su marido sobre la verdad. A este precio los -honores, á este precio los escudos lloverán sobre tí. Obra de esta -suerte, y al instante obtendrás tu libertad. - -Ves á los delatores con el cuello cargado de estrechas cadenas; ves á -los hombres de pérfido corazon encerrados en oscuros calabozos. Tántalo -busca el agua entre aguas y coje los fugaces frutos: el agua y el fruto -escapan á sus lábios: vé ahí lo que le ha valido su indiscrecion. Por -haber seguido demasiado severamente las órdenes de Juno, el guardian de -Io perece en la flor de la edad, Io es una diosa. - -He visto cargar de hierro, que le magullaban las piernas, á un -indiscreto que habia revelado á un marido los amores incestuosos de su -mujer. Merecia un castigo más severo: porque su lengua ruin habia hecho -dos víctimas: sumergia al marido en el dolor, y ajaba el honor de la -esposa. - -Créeme: no es el marido quien quiere semejantes acusaciones; puede -oirlas, pero nunca con placer. Si es indiferente, su indiferencia hace -inútil vuestra delacion; si ama, os debe su infelicidad. Por otra -parte, por evidente que sea la falta de una mujer, no es fácil de -probar: tiene en su pro la indulgencia de su juez. Aunque él mismo lo -hubiese visto todo, admitirá la negativa, acusará á sus propios ojos, -se atormentará á sí mismo. Cuando vea á su mujer llorar, llorará con -ella, diciendo: «¡Este maldito hablador me lo pagará caro!» ¡Es desigual -la lucha en que te empeñas! Vencido, pasas por azotes, mientras que la -bella reposa sobre las rodillas de su juez. - -No queremos un crímen: no deseamos vernos para componer bebidas -emponzoñadas: en nuestras manos no brilla una espada amenazadora. Lo -que pedimos es que por tu mediacion nos podamos amar sin peligro. - -¿Hay ruego más inocente? - - - - -ELEGIA TERCERA. - -ARGUMENTO. - -Al mismo, que se mostraba inflexible. - - -¡Ay de mí! pues guardas mi señora, tú que no eres ni hombre, ni mujer, -tú que no puedes conocer los placeres que saborean juntamente dos -amantes! El que primero mutiló vergonzosamente la infancia, merecia -sufrir á su vez el mismo suplicio. Serias más complaciente, más -sensible á mis ruegos, si hubieras amado á alguna mujer. No estás hecho -para montar á caballo, para llevar las pesadas armas, para cargar tu -mano con la belicosa lanza. Es menester ser hombre para esto; tú, -renuncia á todo acto viril. No sigo otras banderas que las de tu -señora. A ella es á quien debes servir; aprovecha sus buenas gracias. -Si tú la pierdes, ¿para qué servirias? Su figura, su edad, invitan al -placer: su belleza no debe marchitarse y perecer en perezoso abandono. -Por severo que parezcas, ella no necesita mucho para engañarte. Lo que -han resuelto dos amantes, jamás deja de tener efecto: pero como es más -fácil valerse de los ruegos, te dirigimos los nuestros, mientras aun -tienes tiempo de complacernos. - - - - -ELEGIA CUARTA. - -ARGUMENTO. - -Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le -agradan. - - -No pretendo justificar el relajamiento de mis costumbres, ni recurrir -jamás á pretextos engañosos para excusar mis desvaríos. Confieso mis -faltas por si tal declaracion puede ser útil para algo. Ahora que me -reconozco culpable, quiero revelar todas mis locuras. Reniego de mis -errores, y no puedo dejar de complacerme en los errores que maldigo. -¡Oh! ¡Cuán pesado es de llevar el yugo que se querria sacudir! Yo no -tengo ni la fuerza ni el poder de domar mis pasiones: ellas me atraen, -como las rápidas olas llevan la lijera barca. - -No es tal ó cual belleza la que me inflama: cien motivos me obligan -á amar siempre. Si alguna tiene sus ojos modestamente inclinados, -mi corazon se enciende, y su pudor es el cepo en que caigo. Si es -incitativa, me dejo apresar porque no es novicia, y porque promete -ser viva y eficaz sobre un mullido lecho. Si veo una cuyo aire arisco -recuerda la severidad de las Sabinas, me figuro que tiene deseos, pero -que sabe disimularlos. ¿Eres sábia? me gustas por tus raros talentos: -¿eres ignorante? me gusta tu simplicidad. Esta halla los versos de -Calímaco sin gracia en comparacion á los mios; lo agradezco y me -gusta al momento: aquella criticando mis versos, me disputa el título -de poeta; á pesar de sus críticas quisiera tocarla de cerca. Esta -marcha muellemente, su suavidad me encanta: aquella, pesadamente; la -aproximidad de un amante le prestará tal vez agilidad. La una canta con -gracia, y su garganta flexible exhala los acentos más melodiosos; yo -quisiera robar un beso á su boca medio abierta; la otra recorre con un -dedo lijero las temblorosas cuerdas de su lira: ¿quién podria dejar de -amar manos tan diestras? Esta otra, en fin, me seduce por su danza: amo -al ver sus lascivas posiciones, el movimiento cadencioso de sus brazos, -su destreza en responder al compás por el contoneo de todo su cuerpo. -No hablemos de mí, que todo me inflamo: colocad á Hipólito delante de -ella; se volvería un Priapo. Tú que eres alta no cedes á las heroinas -de la antigüedad, y tienes tu puesto á lo largo del lecho. Tú que eres -baja sabes gustarme tambien. Ambas me arrebatan; la grande y la pequeña -me convienen igualmente. ¿Esta está sin adorno? pienso en lo que la -compostura podria aumentar sus encantos; ¿aquella está engalanada? -brilla con todos sus atractivos. Soy esclavo de la rubia y de la -morena, que tambien es agradable Vénus bajo atezado color. ¿Flotan -negros cabellos sobre un cuello de nieve? La belleza de Leda consistia -en su negra cabellera. ¿Veo blondos cabellos? Una cabellera dorada hace -la belleza de la Aurora. En todas partes la historia me ayuda para -justificar mi amor. La juventud me encanta, la madurez me seduce: la -una tiene en su favor la belleza del cuerpo, la otra su espíritu. En -una palabra, de todas las bellas que se admiran en Roma, no hay una que -no le apetezca á mi amor. - - - - -ELEGIA QUINTA. - -ARGUMENTO. - -Dirije reproches á su señora, quien, á su vista, mientras fingía -dormir, habia dado á otro convidado señales inequívocas de su amor. - - -¡Cupido; huye con tu carcax! el Amor no tiene bastante precio, para -que yo invoque tan frecuentemente la muerte. Sí, yo invoco la muerte -cuando sueño en tu perfidia, ingrata belleza, nacida para mi eterna -desgracia. No son tus tablitas mal borradas las que me descubren tu -conducta: no son los presentes recibidos furtivamente los que revelan -tu crímen. Quieran los dioses que acusándote yo, no pueda convencerte. -¡Infeliz de mí! ¿por qué mi causa es tan buena? Dichoso el amante que -puede defender valientemente lo que él ama, y á quien su señora puede -decir: «¡Yo no soy culpable!» Tiene un corazon de hierro y se abandona -demasiado á su ira, aquel que quiere adquirir un laurel ensangrentado -por la condenacion de una pérfida. - -Desgraciadamente lo he visto todo, cuando tú me creias dormido. Sí, -he visto por mis ojos, que el vapor del vino no perturbaba, he visto -vuestra traicion. Os he visto entenderos por el movimiento de vuestras -cejas: vuestros signos de cabeza, lenguaje bastante claro, eran como -palabras. Tus ojos no fueron mudos: se trazaron letras con el vino -sobre la mesa: tus propios dedos no estaban sin hablar su lenguaje. -A pesar de todos vuestros esfuerzos para ocultarle, he penetrado el -sentido de vuestras palabras: he comprendido el valor de los signos -convenidos entre vosotros. Ya la mayor parte de los convidados se -habian alejado; no quedaban más que dos jóvenes, dormidos por la -embriaguez. Yo os ví entonces cambiar culpables besos, besos en los -cuales, yo lo he visto, vuestras dos lenguas se confundian; no de los -besos que recibia de una hermana un hermano virtuoso, sino de los que -dá una tierna mujer á su ávido amante; no de los besos que Febo podia -dar á Diana, sino de los que Vénus prodigaba á su querido Marte. - -«¿Qué haces tú? exclamaba yo, ¿á quién das los favores que me -pertenecen? Es mi derecho, es mi bien; yo la vindico y yo la defenderé. -Solo para mí tus caricias, solo para tí las mias; ¿por qué un tercero -quiere tener una parte en lo que no pertenece mas que á nosotros dos?» - -En estos términos es como se exhalaba mi despecho: el color de la -vergüenza cubrió bien pronto sus culpables mejillas. Así se colora el -cielo al nacer de la esposa de Titon, ó la jóven virgen á la vista -de su prometido: así brillan las rosas en medio de los lirios que -las rodean: tal enrojece la luna, detenida en su curso por algun -encantamiento; tal aun el marfil asirio, que tiñe una mujer de Meome -para impedirle se vuelva amarillo con los años. Tal ó poco menos, era -el color de la pérfida, y quizás jamás habia estado más bella. Miraba -á tierra y esta mirada era hechicera: la tristeza estaba pintada en su -cara y esa misma tristeza la agraciaba. Sus cabellos, y nada era tan -bello como sus cabellos, estuve á punto de arrancárselos; sus mejillas -delicadas, estuve por abofetearlas. - -Cuando mis ojos encontraron los suyos, mis nerviosos brazos cayeron á -pesar mio, y mi señora encontró su seguridad en sus armas. Al ver que -ella venia amenazante, yo me arrojé á sus rodillas, y la supliqué no me -diera menos tiernos besos. Sonrió y me dió de todo su corazon el más -dulce beso, uno de esos besos que arrancarian á la mano irritada de -Júpiter su rayo luminoso. Lo que me atormenta hoy es el temor de que -mi rival habrá recibido de tan deliciosos: yo no quiero que los suyos -hayan podido ser del mismo género. - -Ciertamente habia en aquel beso mucho más arte del que debe á mis -lecciones: me parece que ella habia aprendido algo nuevo. Ese -refinamiento de voluptuosidad nada bueno me presagia; tengo por mal lo -que más plugo; nuestras lenguas, cruzándose mútuamente, fueron todas -enteras estrechadas por nuestros lábios, y con todo no es esto solo lo -que me apena: no es solamente de aquellos besos voluptuosos de lo que -me quejo, aunque no obstante me compadezco; pero tales lecciones no se -dan más que en la cama, y no sé qué maestro ha recibido la inestimable -paga. - - - - -ELEGIA SEXTA. - -ARGUMENTO. - -Deplora la muerte del papagayo que habia regalado á su señora. - - -El ave imitador venido de las Indias Orientales, aquel papagayo no -existe. ¡Llegad en tropel á sus funerales; venid todos, piadosos -habitantes de los aires; herid vuestro pecho con las alas, y surcad -con aguzadas uñas vuestras cabezas delicadas! En defecto de plañideras -que se arranquen los cabellos, despedazad vuestras plumas erizadas; en -defecto de los acentos del clarin que resuena á lo lejos, haced oir -funerarios cantos. - -¿Por qué te quejas, Filomela, de la maldad del tirano ismario? el -tiempo ha debido poner término á tus lamentos. Resérvalos para la -muerte del ave más rara. La suerte de Itis fué un gran motivo de dolor, -pero es un asunto muy antiguo. - -Vosotras que os balanceais dulcemente en las llanuras de los cielos, -y tú más que otra, tórtola querida, exhalad vuestras lúgubres quejas. -Estuvo toda su vida en perfecta inteligencia con vosotras, y su -fidelidad á toda prueba no se desmintió jamás. Lo que fué el griego -Pílades para su amigo Orestes, la tórtola, oh papagayo, lo fué para tí, -mientras viviste. - -¿De qué te ha servido esa fidelidad? ¿De qué te ha servido el brillante -explendor de tu raro plumaje? ¿De qué te ha servido esa voz tan hábil -para imitar nuestro lenguaje? ¿De qué te ha servido haber agradado á -mi señora desde que le fuiste regalado? ¡infeliz! ¡eras la gloria de -las aves, y ya no existes! Tú podrias, por el brillo de tu plumaje, -eclipsar la verde esmeralda, y el rojo color de tu pico igualaba al -brillo de la púrpura. Ninguna ave en la tierra hablaria tan bien como -tú: ¡tan grande era tu habilidad en repetir tartajeando los sonidos que -no habias entendido! - -La muerte envidiosa te ha herido; tú no declarabas la guerra á ninguna -ave, tú eras á la vez hablador y amigo de las dulzuras de la paz. Vemos -las codornices, siempre en guerra, y por esto mismo quizás, alcanzar -frecuentemente la vejez. Los menores alimentos te bastaban; el placer -que encontrabas en hablar no te permitía tomar un frecuente alimento. -Una nuez constituia tu comida; algunas adormideras le invitaban al -sueño; algunas gotas de agua pura extinguian tu sed. Vemos vivir al -insaciable buitre, y al milano, el que en su vuelo, describe grandes -círculos en medio de los aires, y al grajo, que pronostica la lluvia. -Vemos á la corneja, odiosa á la belicosa Minerva: apenas muere al -cabo de nueve siglos. ¡Y ha muerto el pájaro que sabia imitar tan -bien la voz del hombre, aquel papagayo, raro presente traido de las -extremidades del mundo! Casi siempre las manos avaras de la muerte -hieren desde luego lo que hay de mejor en la tierra, y las cosas más -malas cumplen su destino. Thérsistes vió los tristes funerales de -Phylácides: Héctor estaba reducido á cenizas, cuando sus hermanos aun -vivian. - -¿Á qué recordar los tiernos votos que hizo por tí mi señora alarmada, -votos que el tempestuoso Noto llevó al medio de los mares? Habias -alcanzado el séptimo dia, que debia ser el último para tí: ya la Parca -habia enteramente dividido su huso: sin embargo, tu lengua tuvo el -valor de hacerse oir aun y exclamaste muriendo: «¡Corina, adios!» - -En el Elíseo, en la pendiente de una colina hay una selva á la que -dan sombra las apiñadas encinas; allí la tierra húmeda está siempre -ornada de un verde césped. Aquel lugar, si se dá crédito á la fábula, -se dice es la mansion de las aves piadosas: las aves de augurios malos -no penetran en él. Es donde habitan los inocentes cisnes y el eterno -fénix, siempre único entre las aves. Es donde el pavo real ostenta con -orgullo su brillante plumaje, y donde la paloma cariñosa prodiga sus -besos á su ávido esposo. Recibido en medio de ellas, en esta riente -floresta, nuestro papagayo llama por su lenguaje la atencion de esas -piadosas aves. - -Sus huesos están cubiertos por una tumba, y esta tumba, pequeña como su -cuerpo, presenta una pequeña piedra con esta corta inscripcion: «Por -este monumento se puede juzgar cuánto gusté á mi señora: mi boca para -hablarla sabia más que un pico de ave.» - - - - -ELEGIA SÉPTIMA. - -ARGUMENTO. - -A Corina: niega haber tenido jamás ningun comercio con Cipasis. - - -¿He de ser siempre el blanco de tus nuevas acusaciones? por más que -hagas, tengo que salir victorioso de esta lucha que se repite á cada -momento. Si dirijo la vista á las más elevadas gradas del teatro, tú -elijes, entre mil, la mujer que debe servir de pretesto á tus quejas. -Si los inocentes ojos de una bella se fijan por casualidad en los mios; -según tú, mi silencio dice bastante, yo me entiendo con ella. Si alabo -á esta, tus uñas acometen sin piedad á tu cabellera; si vitupero á -aquella, entonces es para mejor ocultar mi crímen. Si tengo buen color, -es que estoy frio contigo; si estoy pálido, es que yo muero de amor por -otra. - -¡Si al menos tuviera algunas faltas que reprocharme! en este caso se -sufre más pacientemente la pena que se tiene merecida. Pero tú me -acusas sin razon, y por tu inclinacion en creerlo todo intencionado, -destruyes tú misma el efecto que podria causar tu ira. Ves ese animal -con largas orejas, ves al pobre pollino: á pesar de los golpes de azote -con que se le abruma, no va más lijero. - -Ve ahí un nuevo motivo de acusacion. Hoy es Cipasis tu hábil peinadora -y dices tú que habrá mancillado conmigo el lecho de su señora. -Presérvenme los dioses, ¡si el deseo me diese de ser culpable, de -querer serlo con una mujer de vil condicion! ¿Qué hombre libre querria -unirse á una esclava, y entre sus brazos apretar un cuerpo magullado -de golpes de azote? Añade que es ella quien pone la última mano á -tu tocado, y que sus hábiles dedos te lo han vuelto precioso. ¿Y yo -insultaria á una muchacha que te es tan adicta? ¿Qué ganaria yo en -ello, sino el ser denunciado, despues de haber sufrido una negativa? Te -lo juro por Vénus y por el arco de su veleidoso hijo, no soy culpable -de este crímen de que me acusas. - - - - -ELEGÍA OCTAVA. - -ARGUMENTO. - -A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus -amores. - - -Cipasis, tú que tan bien sabes componer de mil maneras un peinado, -tú que eres digna de no peinar mas que á las diosas, tú cuyo mérito -conozco por un dulce latrocinio; tú, tan estimada por tu señora, pero -más por mí, dime ¿quién ha podido revelar el secreto de nuestros -amores? ¿Cómo Corina ha podido sospechar nuestros placeres? Esto -me abochorna. ¿Acaso se me ha escapado una sola palabra que pueda -descubrir nuestras furtivas voluptuosidades? Por el contrario, ¿no -tengo jurado que para querer ser culpable con una sirvienta, era -menester no tener sentido comun? - -Y por tanto el héroe de Thesalia se ha consumido de amor por la bella -Briseidos, que no era más que una sirvienta. Una sirvienta fué la -sacerdotisa que supo conquistar al rey Miceno. ¿Soy, pues, más grande -que Aquiles, más grande que el descendiente de Tántalo? ¿Lo que fué -conveniente para los reyes seria para mí un asunto vergonzoso? - -Sin embargo, cuando ella fijó en tí sus airadas miradas, ví colorearse -tus mejillas. Para mayor seguridad, si no lo has olvidado, ¡he tomado -en testimonio de mi inocencia á la augusta Vénus! Y tú misma, sí, tú, -bella diosa, ordena que ese perjurio de un corazon inocente, sea por el -ardiente aliento del Noto, llevado más allá de las olas carpathianas. - -Por tal servicio, otórgame, morena Cipasis, el dulce favor de -encontrarme hoy á solas contigo. ¿Por qué rehúsas? ¿por qué, ingrata, -finges nuevas alarmas? Basta haber bien merecido de uno de tus amos. Si -eres bastante necia para rechazarme, referiré lo que hemos hecho; yo -me convertiré en mi propio acusador, y diré, Cipasis, sí, yo diré á tu -señora el lugar y el número de nuestras citas, y también el número y -naturaleza de nuestros placeres. - - - - -ELEGIA NOVENA. - -ARGUMENTO. - -A Cupido: le exhorta para que no gaste todas sus flechas contra él solo. - - -Cupido, oh tú, que siempre te me muestras irritado, tú que nunca -permites el descanso á mi corazon, ¿por qué soy objeto de tus golpes, -yo que nunca he abandonado tu bandera? ¿por qué herirme en mi propio -campo? ¿por qué tu hacha quema á tus amigos? ¿por qué tu arco les -traspasa con sus flechas? Habria más gloria en vencer á un rebelde. -¡Qué! ¿el héroe hemoniano despues de haber pasado á Telefo con su lanza, -no curó con su lanza la herida de su enemigo? El cazador persigue al -animal que huye; y una vez alcanzado le deja para ir siempre á la pista -de una nueva presa. ¡Reservas para nosotros, que somos tus semejantes, -la fuerza de tus armas; y tu brazo entorpecido no sabe herir al enemigo -que te resiste! ¿A qué viene embolar tus afiladas flechas en los huesos -descarnados? porque el amor solo me ha dejado el hueso. ¡Sin amor hay -tantas jóvenes! ¡Hay tantos jóvenes sin amor! En ellos pues alcanzarás -un triunfo glorioso. - -Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas por todo el universo, hoy -no seria aun sino un conjunto de chozas. El fatigado soldado abandona -la guerra por el campo que acaba de dársele. El corcel, libre de su -prision, corre á brincar en los prados; extensos muelles resguardan el -buque vuelto de nuevo al puerto, y el gladiador recibe en cambio de sus -armas, la varilla que le libra de los combates, y yo que puedo contar -tantas campañas al servicio del Amor, ¿no seria tiempo de que viviese -tranquilo? - -Y sin embargo, si un dios me dijese: «En adelante vive sin amor;» yo me -defenderia; ¡tan dulce es el mal de amor! No sé qué vértigo arrastra -mi mal aconsejada alma cuando estoy bien repuesto de amor, cuando no -experimento sus fuegos. Como el caballero, recogiendo en vano las -riendas blanqueadas por la espuma, se vé arrebatado en el precipicio -por su corcel que no siente el freno; como el esquife, cerca de tocar -la tierra y de llegar al puerto, se vé á un tiempo arrojado por un -golpe de viento; así yo soy arrastrado aquí y allá por el soplo -incierto de Cupido, y el Amor de color de rosa vuelve á tomar contra mí -sus acostumbradas tretas. - -Tira, niño, he depuesto las armas, y me ofrezco desnudo á tus tiros. -Desplega aquí tus fuerzas, y haz ver aquí tu destreza. Vé ahí el punto -en que, sin oir tus órdenes, vienen las mismas flechas á clavarse: -apenas el carcax le es tan conocido como mi corazon. ¡Triste de quien -puede descansar una noche entera, y comprar á gran precio el sueño! -¡Insensato! ¿Qué es el sueño sino la imágen de la fria muerte? Los -destinos te reservan un largo reposo. - -Quiero que mi señora me engañe alguna vez con promesas falaces: la -esperanza por lo menos será para mí una verdadera dicha; quiero que -ella ya me acaricie, ya me riña: que frecuentemente se me entregue, -que frecuentemente me rechace. Si Mario, (Marte), es inconstante, lo -es por tí, Cupido; el amante de tu madre, imitándote, lleva de aquí -para allá sus armas. Eres veleidoso, eres cien veces más lijero que tus -alas, y, siempre inconstante, dás y rehusas el placer á medida de tu -capricho. Si no obstante, tu graciosa madre y tú os dignais atender -mis súplicas, ven á reinar como dueño en mi corazon y no lo abandones -jamás. Que las hermosas, en veleidoso tropel, acudan bajo tu imperio: -tú serás, á este precio, adorado de los dos sexos á la vez. - - - - -ELEGIA DÉCIMA. - -ARGUMENTO. - -A Grecino: se puede muy bien, dígase lo que se quiera, amar á dos -mujeres á la vez. - - -Tú eras, Grecino, lo recuerdo, quien me negaba que pudiese amar á dos -mujeres á un mismo tiempo. Gracias á tí he sucumbido; gracias á tí he -sido apresado sin defensa, y vé aquí que tengo vergüenza, vé aquí que -amo á dos mujeres á la vez, bellas las dos, las dos en estado de buen -servicio: seria imposible decir cuál tiene más talento. La primera -aventaja en belleza á la segunda, esta á la primera: tan pronto es una -como otra la que más me place. Mi corazon, como el esquife batido por -los opuestos vientos, marcha á la ventura, dividido entre estos dos -amores. ¿Por qué, diosa del monte Erycino, multiplicar así mis eternos -tormentos? ¿No era bastante tener que ocuparme de una sola querida? -¿Por qué añadir hojas á los árboles, estrellas al cielo, y nuevas aguas -á las olas del inmenso Océano? - -Prefiero, no obstante, amar así, á consumirme sin amor. ¡Para mis -enemigos una vida sin voluptuosidad; para mis enemigos el sueño en -una cama solitaria y la facilidad de descansar contentos en medio de -un lecho no dividido! Para mí, quiero que el cruel amor me arranque á -las dulzuras del sueño; no quiero ser solo en estrujar el plumon de -mi cama. Que solo una mujer apure sin obstáculo mi amor, si una sola -puede hacerlo; y si no es suficiente una, que sean dos. Mi cuerpo seco, -pero no débil, me dará fuerza; es la gordura y no el vigor lo que le -falta. Por otra parte la voluptuosidad me animará con su poder: jamás -he quedado en falla junto á una hermosa. Frecuentemente, despues de -una noche consagrada al placer, me he encontrado por la mañana lleno -de vigor y dispuesto á la accion. ¡Dichoso quien muere en los dulces -combates de Vénus! ¡Hagan los dioses que yo encuentre ese dia la muerte! - -Que el soldado presente su pecho á los dardos del enemigo, que compre -al precio de su sangre una gloria inmortal; que el avaro busque lejos -las riquezas, y que, sumergido en los mares que ha cansado su nave, -trague las aguas con su boca perjura: por lo que á mí toca, quiero -encanecer bajo la bandera de Vénus, quiero morir en medio de la lucha, -y que puedan decir llorando sobre mi sepulcro: «Ha muerto como ha -vivido.» - - - - -ELEGIA ONCENA. - -ARGUMENTO. - -Trata de disuadir á Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania. - - -El Argo, despojado del monte Peliaco, es el primero que se abrió en -las olas embravecidas un camino peligroso y sembrado de escollos, -para traer el toison de oro. ¡Oh! ¡quiera el cielo que Argo haya sido -absorbido en los profundos abismos del mar, á fin de que ningun mortal -fatigue con su remo la inmensidad de las olas! - -Vé aquí que, abandonando su cama acostumbrada y sus penates domésticos, -Corina se va á confiar al falaz elemento. ¿Por qué obligas á tu -desgraciado amante á temer para tí el Zéfiro y el Euro, el viento -glacial de Borea y el caliente aliento del Noto? No verás en tu camino -ni villas ni selvas dignas de ser admiradas. Por todo espectáculo no -tendrás más que la vista de un mar azulado y pérfido. No es lejos donde -se encuentran lijeros mariscos y guijarros ricamente matizados, sino -en las claras aguas de la ribera. La ribera es, pues, solamente la que -debeis, jóvenes bellezas, hollar con vuestros delicados piés: solo -allí hay seguridad: más allá existen escondidos escollos. Que otros os -cuenten los combates que libran los vientos, qué mares son infestados -por Carybdis y Scyla, sobre qué rocas están asentados, amenazantes, los -montes Ceranios, en qué lugar están escondidas las Syrtes ó Malea. Que -otros os instruyan, cualesquiera que sean sus relaciones, creedlas: -creer en la relacion de una tempestad, no es correr riesgo alguno. - -Se está mucho tiempo sin ver la tierra, cuando, una vez apartado de -la ribera, la nave voga á velas llenas en el vasto mar. El navegante -inquieto teme el furor de los vientos, y vé la muerte tan cerca como -las olas. ¿Qué vendrás á ser tú si Triton levanta con furia sus -agitadas ondas? ¡Cómo entonces palidecerá tu semblante! Invocando á los -compasivos hijos de la fecunda Leda, exclamarás: «¡Dichoso aquel que -vive en su tierra natal!» Es mucho más seguro dormir en buen lecho, -leer algun libro, hacer resonar bajo sus dedos la lira de Thracia. - -Pero si el viento de las tempestades se lleva mis vanas palabras, ¡que -al menos favorezca Galatea á la nave que te conduce! Si llega á perecer -tal belleza, vuestro seria el crímen y de vuestro padre, Diosas y -Nereidas. Parte pensando en mí para volver al primer viento propicio, -y que su soplo más fuerte hinche entonces tus velas. Que el poderoso -Nereo vuelva la mar inclinada sobre esta ribera; que el viento empuje -las naves hácia aquí: y por aquí el flujo precipite las aguas. Tú misma -ruega á los céfiros soplen de lleno en tus velas, que tus propias manos -ayudarán á hacer mover. - -Yo seré el primero en descubrir desde la ribera tu nave querida; y -diré: «esa nave trae otra vez mis dioses.» Te recibiré en mis brazos, -tomaré rápidamente desordenados besos; la víctima ofrecida para tu -regreso caerá al pié de los altares. Extenderé en forma de lecho la -lijera arena de la playa, y el primer otero nos servirá de mesa. Allí -con el vaso en la mano me contarás todas tus aventuras; me describirás -tu navío medio engullido por las oleadas; me dirás que viniendo hácia -mí no temias ni al frio ni á la noche, ni á los austros impetuosos. -Todo esto, aunque fuese fingido, será verdad para mí; lo creeré todo. -¿Y por qué no he de creer yo con complacencia lo que más deseo? ¡Ojalá -pudiese la estrella de la mañana, brillando en un cielo sin nubes, -traerme desde luego este dichoso dia! - - - - -ELEGIA DUODÉCIMA. - -ARGUMENTO. - -Se goza de haber por fin obtenido los favores de Corina. - - -Ceñid mi frente, laureles de la victoria. Soy vencedor: Corina está -en mis brazos; aquella que un marido, que un guardian, que una puerta -de encina, ¡que tanto antemural ponian al abrigo de una sorpresa! La -victoria que, ante todas las otras, merece los honores del triunfo, es -seguramente aquella que no está manchada por la sangre del vencido. No -son humildes murallas, no son plazas cercadas por estrechos fosos, una -bella es la que he sabido tomar por asalto. - -Cuando Pérgamo cayó, despues de diez años de guerra, ¿qué parte de -honor, entre tantos sitiadores, alcanza el hijo de Atreo? Mi gloria, -es mia, me es toda personal: ningun soldado puede reclamar su parte, -ninguno tiene título para pretenderla. Como jefe y soldado á la vez -he logrado mis fines: yo mismo fuí á la vez caballero, infante, -abanderado, y en mis hechos no tuvo lugar la casualidad. ¡Para mí, -pues, mi triunfo que es premio de mis esfuerzos! - -No seré tampoco la causa de una nueva guerra. Sin el rapto de la hija -de Píndaro, la paz de Europa y del Asia no se hubiese alterado. Una -mujer es quien, con el vino, arma vergonzosamente, unos contra otros, á -los salvajes Lapithas y la raza monstruosa de los Centauros. Una mujer -es quien en tu reino, justo latino, obligó á los Troyanos á empezar -de nuevo desastrosas guerras. Una mujer es quien, desde los primeros -tiempos de Roma, fué causa del sangriento combate en que los Romanos -tuvieron que defenderse contra sus suegros. He visto pelearse los toros -por una blanca vaquilla, que, espectadora de la lucha, animaba su -valor. Yo tambien soy uno de los numerosos soldados del Amor; pero es -sin efusion de sangre como me hace seguir sus estandartes. - - - - -ELEGÍA DÉCIMOTERCIA. - -ARGUMENTO. - -A Isis: le pide proteja la preñez de Corina. - - -La imprudente Corina tratando de desembarazarse de la carga que lleva -en su seno, se expone ella misma á perder la vida. Ciertamente por -haber afrontado, sin saberlo, tan gran peligro, merecia toda mi cólera; -pero la cólera cede ante el temor. Pues ó habia concebido por mi causa -ó al menos yo así lo creo: porque frecuentemente tomo por un hecho -cierto, lo que no es más que posible. - -Isis, tú que habitas el Paretonio, y los campos deliciosos de Canope, -y Mémfis, y Pharos fértil en palmeras, y aquellas llanuras en donde el -Nilo, abandonando su vasto cauce, va, por siete bocas, á llevar sus -aguas al mar; yo te conjuro por tu sistro[8], por la cabeza misteriosa -de Anubis, (y que á este precio el pio Osiris acepte siempre tus -sacrificios, la serpiente amodorrada se arrastre lentamente en torno -de las ofrendas, y en medio del cortejo se adelante Apis con su media -luna sobre la frente); fija tus miradas en Corina: ahorra en ella sola -dos víctimas, porque ambas recibiremos la vida, ella de tí, yo de ella. -Muy frecuentemente tú la has visto, en los dias que te son consagrados, -celebrar tus misterios, á la hora en que tus sacerdotes coronen sus -frentes con laureles. - -Y tú, que tienes piedad de las jóvenes esposas en los dolores del -parto, cuando el fruto que llevan escondido busca salir de su prisión, -Ilithyia, séasme propicia, y dígnate atender mis súplicas: ella merece -que tú la cuentes en el número de tus protegidas. Y yo, revestido -de una ropa blanca, iré á hacer ahumar el incienso en tus altares: -iré á cumplir mis votos, depositar mis ofrendas á tus piés, con esta -inscripcion: «Ovidio, por la salud de Corina.» Dígnate solamente dar -lugar á mis ofrendas y á esta inscripcion. - -Y tú, Corina, si en mi espanto, me es permitido darte un aviso, despues -de una tal lucha, no aventuro una segunda. - - -NOTAS AL PIE: - -[8] Instrumento músico. - - - - -ELEGIA DÉCIMOCUARTA. - -ARGUMENTO. - -A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente -la gravedad de su falta. - - -¿De qué sirve á las bellas el estar fuera de combates, de no tener que -seguir, escudo en mano, nuestras formidables legiones, si, lejos de -los peligros de la guerra, ellas se lastiman con sus propias armas, si -con sus ciegas manos atentan á sus dias? La que primero ensayó hacer -abortar en sus entrañas el tierno fruto que llevaba, merecia perecer en -esta lucha empeñada por ella. ¡Qué! ¡para ahorrar á tu vientre algunas -arrugas, convendrá asolar el triste campo en que se libró el combate! - -Si, en las primeras edades del mundo, las madres hubieran tenido -esta viciosa costumbre, el género humano hubiera desaparecido de la -tierra; y para repoblar el universo y sembrar las piedras de que -nacieron nuestros abuelos, seria menester otra Deucalion. ¿Quién -hubiera destruido el imperio de Príamo, si la diosa de los mares, -Thétis, no hubiera querido llevar su fruto hasta el término fijado -por la naturaleza? Si Ilia hubiese ahogado los mellizos de quienes -estaba embarazada, no hubiese existido el fundador de la villa señora -del mundo. Si Vénus hubiese hecho morir á Eneas en su seno, la tierra -hubiese sido privada de los Césares. Tú misma, que debias nacer tan -bella, hubieras perecido, si tu madre hubiese hecho lo que tú acabas -de osar. Y yo, más bien nacido para morir de amor, no hubiese jamás -existido, si mi madre me hubiese muerto de antemano. - -¿Por qué despojar á la viña fecunda del racimo que crece? ¿Por qué, con -mano cruel, arrancar el fruto antes de su madurez? muerto caerá por sí -mismo; una vez nacido, déjale crecer; la vida es bastante buen premio -para algunos meses de paciencia. - -Mujeres, ¿por qué manchais vuestras entrañas con un hierro homicida? -¿Por qué presentais el cruel veneno al niño que aun no existe? Se -maldice á la madrastra de Colquida, que se manchó con la sangre de -sus hijos y se compadece á Itis degollado por su madre. Sí, estas dos -mujeres fueron bárbaras; pero su barbarie tenia un motivo: se vengaban -de sus esposos en los hijos que tenian de ellos. ¿Os escita, decidme, -algun Tereo, algun Jason á despedazar vuestras entrañas con sacrílega -mano? - -Jamás se ha visto tanta crueldad en los tigres de las cuevas de la -Armenia; jamás la leona se atrevió á procurar el aborto. Á las tiernas -bellezas estaba reservado el intentarlo, pero no impunemente. Ahogando -á su hijo en su seno, perece muchas veces la madre. Perece, y se lo -lleva toda desmelenada en su lecho de dolor; y todos exclaman al verla: -«¡Lo tiene bien merecido!» - -Pero que mis vanas palabras se pierdan en el aire; ¡que mis presajios -queden sin efecto! Dioses clementes, sufrid que Corina haya cometido -impunemente una primera falla, es todo lo que pido. Que el castigo sea -reservado para la segunda. - - - - -ELEGÍA DÉCIMAQUINTA. - -ARGUMENTO. - -Al anillo que él habia enviado como presente á su señora. - - -Anillo, que vas á ceñir el dedo de mi bella señora, tú que no tienes -otro precio que el amor de aquel que te dá, sé para ella un presente -agradable: ojalá te reciba con placer, ¡y te coloque desde luego en -su dedo! Sé hecho para ella, como ella para mí; que tu círculo abrace -cómodamente su dedo, sin lastimarlo. - -Dichoso anillo, tú vas á ser tocado por mi señora. ¡Ay! yo envidio -ya la suerte de mi presente. ¡Oh! que no pueda yo de un golpe -transformarme en tí, por el arte del májico de Ea ó del viejo -de Carpthos. Entonces yo querría que tú tocaras su cuello, ó te -introdujeses con su mano izquierda bajo su túnica. Yo me escaparia de -su dedo, por muy apretado y ajustado que estuviese, y me libertaria por -encantamiento para ir á caer sobre su seno. Yo tambien, cuando ella -querria sellar sus tabletas misteriosas, é impedir á la cera adherirse -á la piedra muy seca, yo tocaria ante todo los húmedos lábios de mi -bella señora, con tal solamente de no sellar jamás un escrito doloroso -para mí. Si ella quiere hacerme colocar en su joyero, rehusaré dejar su -dedo; me encojeré para sujetarle más fuertemente. - -Que jamás, oh tú que eres mi vida, sea yo para tí un motivo de -vergüenza, una carga muy pesada para tu delicado dedo. Llévame, ya te -zambullas en un baño tibio, ya te bañes en el agua corriente. Pero -quizá entonces viéndote desnuda, el amor despertará mis sentidos, y ese -mismo anillo tomará de nuevo su papel de amante. - -¡Ay! ¿qué significan estos avisos inútiles? Parte, débil presente, y -que mi señora no vea en tí más que la prenda de mi fidelidad. - - - - -ELEGIA DÉCIMASEXTA. - -ARGUMENTO. - -Á Corina, induciéndola á que vaya á verle en su casa de campo de -Sulmona. - - -Estoy en Sulmona, tercer canton del territorio de los Sabinos[9]. Este -canton es pequeño, pero el aire es saludable, gracias á frescas fuentes -de agua viva. Aunque los rayos más cercanos del sol hienden aquí la -tierra, aunque se sienten los ardores funestos de la canícula, límpidos -arroyos serpentean á través de los campos Pelignos, y una vejetacion -vigorosa cubre el suelo de fresco césped. El pais es fértil en trigo, -más fértil aun en uva: produce alguna vez ademas la almendra que viene -del árbol de Palas. Las aguas que corren por las praderas las tienen al -instante cubiertas de una yerba nueva, y el suelo, siempre refrescado, -presenta un espeso tapiz de verdura. - -Pero allí no se encuentra mi amor; me engaño de una palabra: allí no -se encuentra el objeto de mi amor, mi amor se encuentra solo. Aunque -se me colocase entre Castor y Pollux, sin tí yo no querria habitar el -cielo. - -¡Que la muerte sea cruel y la tierra pesada á aquellos que han trazado -los primeros, en sus carreras, lejanos surcos en el globo! Al menos -debian mandar á las jóvenes bellezas á acompañar á sus amantes, si -fuera menester surcar la tierra por caminos interminables. Por lo que -á mí toca, si habia de trepar, helado de frio, los Alpes expuestos á -todos los vientos, este viaje, penoso como es, me pareceria dulce con -mi señora; con mi señora, no dudaria en atravesar los Sirtes de la -Libia, en presentar mi vela al pérfido Noto; con ella no temería ni á -los mónstruos marinos que ladran á los lados de Scila, ni tus estrechas -gargantas, tortuosa Malea, ni las aguas que el infatigable Caribdis, -hartada sin cesar de navíos sumergidos, vomita y engulle de nuevo. - -Que si los vientos son más fuertes que Neptuno, si las olas se -llevan los dioses que nos protejen, enlaza á mis hombros tus brazos -tan blancos como la nieve, yo llevaré fácilmente tan dulce peso. -Frecuentemente, para ir á ver á Hero, su jóven amante habia atravesado -los mares á nado; no hubiese perecido, sin la oscuridad que ocultó el -camino á sus ojos. - -Yo, aquí solo sin mi señora, tengo agradable vista de ricos viñedos, -de campos en todas partes bañados por límpidos rios; veo al agua, -obedeciendo al cultivador, dividirse en numerosos arroyos, y las -hojas de los árboles suavemente agitadas por el fresco aliento de -los vientos; mas no creo habitar el bello pais de los Pelignos; no -encuentro la heredad de mis antepasados, el lugar que me ha visto -nacer; me creo en medio de la Scythia, de los bravos cilicianos, de los -Bretones con el rostro pintado de verde y entre peñascos teñidos con la -sangre de Prometheo. - -El olmo ama la viña, la viña se une al olmo; ¿por qué estoy tan á -menudo lejos de mi señora? Sin embargo, tú debias no separarte nunca: -tú me lo habias jurado, y por mí y por tus ojos que son mis astros -tutelares. Más lijeras que las hojas de otoño, las vanas promesas de la -belleza huyen siempre á merced de los céfiros y de las aguas. - -Si por tanto eres aun sensible á mi desamparo, comienza en fin á -cumplir tus promesas; sube sin más tardar en un carro lijero tirado -por dos veloces caballos, y sacude tú misma las riendas sobre su -clin flotante. Y vosotros, montes orgullosos, humillaos á su paso; y -vosotros, tortuosos valles, abridle fácil camino. - - -NOTAS AL PIE: - -[9] Abruzo. - - - - -ELEGIA DÉCIMASÉPTIMA. - -ARGUMENTO. - -Se compadece de Corina, demasiado engreida de su belleza. - - -Si hay alguno que piense que es vergonzoso el ser el esclavo de una -bella, acepto su condenacion. Que me declare pues infame, con tal que -la diosa que reina á Paphos y á Cytheres me trate con un poco más -miramiento. ¿Por qué no he sido el esclavo de una amante sensible y -dulce, puesto que yo habia nacido para ser el esclavo de una bella? La -belleza dá orgullo: la belleza de Corina la vuelve intratable. ¡Ay! ¡por -qué se conoce tan bien! De su espejo saca su arrogancia; aunque no se -mira en él mas que despues de componerse. - -Si tu belleza, nacida para hechizar mis ojos, te asegura el imperio -de todos los corazones, no debes, comparándome á tí, despreciarme; la -inferioridad puede asociarse con la grandeza. Se sabe que la ninfa -Calipso, ardiendo en amor por un simple mortal, le retiene contra su -voluntad para hacerle su esposo. Se sabe que una de las Nereidas no -se abochornaba por tener comercio con el rey de Phthia, Egeria con el -justo Numa, Vénus con Vulcano, cojo, y todo sucio como está al dejar -su yunque. Estos versos no son de un metro igual, y por tanto el verso -heróico se combina muy bien con un verso de más pequeño corte. - -Tú tambien, oh alma mia, acójeme á cualquier título que sea. Que de -lo alto de tu lecho te plazca dictarme leyes. No verás nunca en mí -un acusador pronto á vengarse de su desgracia: no tendrás que negar -nuestro amor. - -Que cerca de tí mis versos suplan en mí la riqueza. Más de una bella -quiere deberme su celebridad. Sé de una que en todas partes va -haciéndose pasar por Corina: ¿por serlo efectivamente qué no daria -ella? Pero como no se vé correr por un mismo cauce al fresco Eurotas y -al Pó guarnecido de chopos, del mismo modo ninguna otra que tú será el -objeto de mis cantos: solo á tí está reservado inspirar mi genio. - - - - -ELEGIA DÉCIMAOCTAVA. - -ARGUMENTO. - -A Macer: se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos. - - -Mientras que juntas en tus versos la cólera de Aquiles, y revistes de -sus primeras armas á los héroes encadenados por sus juramentos, yo, -Macer, gozo del reposo á la sombra de la indolente Vénus, y el tierno -Amor viene á parar el vuelo audaz de mi genio. Más de una vez he dicho -á mi señora: «Basta ya, retírate,» y al punto ella se sienta sobre mis -rodillas. Frecuentemente le he dicho: «En verdad estoy avergonzado;» -y ella, reteniendo con pena sus lágrimas, exclamaba: «¡Qué desgraciada -soy! ¡ya te avergüenzas de amarme!» Entónces estrechándome entre sus -brazos, me prodigaba mil besos de aquellos que hacen mi perdicion. -Estoy vencido; mi espíritu no sueña en los combates: lo que yo canto -son mis hazañas domésticas y mis guerras privadas. No obstante he -manejado el cetro; mi pluma ha osado abordar la trajedia, y la empresa -no era superior á mis fuerzas. El Amor se echó á reir al ver mi noble -manto, mi coturno pintado y mi cetro tan bien llevado por manos para -las cuales está hecho. Las exigencias de una señora imperiosa me han -arrancado de este trabajo, y el poeta de coturno es batido por el Amor. - -Puesto que esta es mi suerte, me limito á profesar el arte de amar; y -soy el primero ¡ay! abrumado bajo el peso de mis preceptos. O escribo -una carta de Penélope á Ulyses, ó pinto tus lágrimas, Phyllis, cuando -te ves abandonada. Escribo á Páris y á Macarea, y al ingrato Jason, y -al padre de Hippólyto, y al mismo Hippólyto. Repito los lamentos de la -infortunada Didon, armada de su amenazante espada, y los suspiros de la -heroina de Lesbos, amiga de la lira Eolia. - -¡Con qué velocidad mi amigo Sabino ha recorrido el mundo, y traido de -mil diversos lugares la respuesta á estas letras! La casta Penélope -ha reconocido el sello de Ulyses, y la suegra de Hippólyto ha leido -los reproches que él le dirije. Ya el piadoso Eneas ha respondido á -la muy desgraciada Elisa; y Phyllis, si con todo eso ella respirara, -tambien tiene su respuesta. Las tristes despedidas de Jason han llegado -á Hypsipyle; y Safo, querida de Apolo, no tiene mas que depositar á los -piés del Dios la Lyra que le tiene consagrada. - -Pero tú tambien, Macer, cantando los combates y los trabajos de Marte, -tú tambien has hablado, tanto como has podido, del amor y de sus -tesoros. En tu poema figuran Páris, y aquel adúltero cuyo crímen ha -hecho tanto ruido, y Laodamia acompañando á su esposo que ya no existe. -Sí, te conozco bien, tratas estos asuntos tan de buena gana como los -combates, y pasas frecuentemente de tu campo al mio. - - - - -ELEGIA DÉCIMANOVENA. - -ARGUMENTO. - -A un hombre cuya mujer amaba. - - -Insensato, si para tí tú no tienes necesidad de vigilar tu mujer, -vigílala al menos para mí á fin de hacérmela desear más. Lo que nos -está permitido nos es insípido; lo que nos está prohibido excita más -fuertemente nuestra pasion. - -Aquel que ama lo que otro le permite amar, tiene un corazon de hierro. -En cuanto á nosotros, los que sabemos amar, nos falta esperar y temer á -la vez, y, para desear más vivamente, tener que sufrir algunas repulsas. - -Que no se me hable de una fortuna que me pondria al abrigo de toda -decepcion. No sabria amar lo que no pueda inquietarme en ningun tiempo. -Este es mi flaco; bien lo habia visto la astuta Corina: demasiado sabia -ella por dónde podíaseme cojer. ¡Cuántas veces, ay le tengo visto -¡la mentirosa! fingir un violento mal de cabeza, á fin de despedirme! -¡Cuántas veces he debido, aunque me costase, alejarme á paso lento! -¡Cuántas veces me ha supuesto culpas, y, culpable ella misma, se ha -supuesto la inocente! Despues de haberme atormentado, despues de -haber así reanimado mis fuegos medio apagados, volvía á estar dulce y -sensible á mis deseos. ¡Qué de caricias, qué de ternuras entonces me -prodigaba! ¡Cuántos besos y ¡grandes dioses! qué besos! - -Tú tambien, que recientemente has embelesado mis ojos, recurre -frecuentemente á la astucia, seas á menudo sorda á mis súplicas; déjame -tendido en el umbral de tu puerta, sufrir el penetrante frio de una -larga noche de invierno. Mi amor no tiene fuerza, únicamente á este -precio tiene duracion. Vé ahí lo que le falta, vé ahí lo que alimenta -mi pasion. Un amor llano y sin dificultad me llega á ser insípido: es -como un manjar muy dulce, que no puede excitarme el corazon. Si nunca -Danae hubiese estado encerrada en una torre de metal, jamás Júpiter la -hubiese hecho madre. Juno, haciendo vigilar á Io, con la frente cargada -de cuernos, la volvió á los ojos de Júpiter más graciosa que antes. - -Aquel que limita sus deseos á lo que es fácil y permitido, vaya á cojer -la hoja sobre los árboles, y beba en plena ribera. Bellas, si quereis -aseguraros un largo imperio, sabed abusar de vuestros amantes. ¡Ay! -¿Para qué es menester que yo dé lecciones contra mí mismo? No importa; -ame quien quiera una complacencia sin límites: á mí me sirve de -molestia. Yo huyo de quien se detiene á mi paso, y me detengo al paso -de quien de mí huye. - -Pero tú, que estás tan seguro á la vista de tu bella compañera, -comienza desde hoy á cerrar tu puerta desde la caida del dia; comienza -á preguntar á quien viene tan frecuentemente á golpearla furtivamente; -lo que hace ladrar á tus perros en el silencio de la noche; entérate -de los billetes que lleva y vuelve á llevar una diligente sirvienta; y -por qué tu bella, tan á menudo, quiere dormir sola en su cama. Deja en -fin estos cuidados roedores penetrar alguna vez hasta la médula de tus -huesos, y dame lugar para recurrir á la astucia. - -Ha nacido para hurtar la arena de las riberas desiertas, quien puede -ser amante de la mujer de un tonto. Te prevengo, que si no vigilas -más á tu mujer, no tardará en cesar de ser mi señora. Yo esperaba que -llegaria dia en que tu atenta vigilancia me obligase á más astucia. Tú -no te mueves, tú sufres lo que no sufriria ningun marido. ¡Ah, bien! -soy yo quien pondrá fin á un amor que tú permites. - -¡Qué desgraciado soy! ¿No es esto lo mismo que decir que jamás me -impedirás la entrada en tu casa? ¿Que no estaré durante la noche -expuesto á tu venganza? ¿Que jamás tendré nada que temer de tí? ¿Que -jamás encontrará mi sueño un suspiro tímido? ¡Qué! ¿no harás nada que me -dé el derecho de desear tu muerte? ¿Es á mí á quien conviene un marido -fácil, un marido que prostituye á su mujer? Tú acabas de emponzoñar mis -placeres con tu complacencia. ¿Por qué no buscas á otro, que se avenga -á una tan prolongada paciencia? Si te conviene que yo sea tu rival, -prohíbeme serlo. - - - - -LIBRO TERCERO. - - - - -ELEGÍA PRIMERA. - -ARGUMENTO. - -La Tragedia y la Elegía se disputan la posesion de Ovidio. - - -Existe una antigua selva, que durante largos años ha permanecido -virgen, y se la cree el santuario de una divinidad. En medio hay una -fuente sagrada, que domina una gruta cortada en la roca: el aire -resuena al alrededor, con el dulce murmullo de las aves. Paseándome un -dia en los espesos sotos de este bosque, pensaba sobre qué género de -obra ocuparia mi musa. - -Ví venir hácia mí la Elegía con los cabellos olorosos y atados con -arte; y, si no me engaño, uno de sus piés era más largo que el otro. -Su aire era decente: su ropa, del tisú más lijero; su aspecto, el de -una amante. El defecto mismo de sus piés aumentaba su gracia. Ví venir -tambien á la Tragedia avanzándose á grandes pasos, la mirada feroz, -los cabellos dispersos, la ropa talar. En su mano izquierda llevaba -con arrogancia el cetro de los reyes; sus piés calzaban noblemente el -coturno Lydio. - -La primera, dirigiéndose á mi, me dijo: «¿Cuál será, cuál será el -término de tus amores, poeta infiel á mi culto? En los festines -licenciosos cuéntanse tus locuras, cuéntanse en las encrucijadas. -Casi siempre que pasas te señalan con el dedo, y dicen: «Ved ahí ese -poeta á quien consume el cruel Amor.» Tú eres, sin duda, la fábula de -la capital cuando cuentas sin pudor tus espansiones amorosas. Tiempo -es ya de que, cediendo á los impulsos del thyrso, trates asuntos más -elevados. Por largo tiempo has estado reposado; emprende una nueva -obra. El asunto de tus cantos apoca tu génio: celebra los grandes -hechos de los guerreros. ¿Soy yo, dirás tú, para servir en esa carrera? -¿Pero tu Musa no ha prodigado bastantes canciones á las bellas? Tu -primera juventud está enteramente entregada á esas bagatelas. Sé -conmigo ahora; que yo te debo el nombre de Tragedia romana. Tu génio -puede bastar para esta noble tasca.» Dijo ella, y, apoyándose con -altanería en sus coturnos bordados, sacudió tres ó cuatro veces su -cabeza sombreada por una espesa cabellera. - -La Elegía, si no recuerdo mal, sonrió mirándome de soslayo. Tenia, si -no me engaño, un ramo de mirto en la mano. «¿Por qué, dijo, orgullosa -Tragedia, me tratas con tan pocos miramientos? ¿no puedes jamás dejar -de ser severa? Esta vez no obstante has tenido á bien combatirme en -versos desiguales con mi propia rima. No comparo mis cantos á tus -sublimes acentos: tu soberbio palacio aplasta mi humilde morada. Lijera -como soy, me deleito con Cupido, no menos lijero que yo. No tengo la -vanidad de creerme superior á mi papel. Sin mí, la madre del voluptuoso -Amor no tendria tantos encantos: soy la auxiliar y la compañera de -esta diosa. La puerta que no sabria forzar tu duro coturno, se abre á -los dulces acentos de mi voz; y sin embargo, si mi poder es superior -al tuyo, lo debo á la paciencia con la cual sufro bien las cosas que -sublevarian tu orgullo. De mí aprende Corina á engañar á su guardian, -á forzar la cerradura de una puerta rigurosamente cerrada, á salir -furtivamente de su lecho, vestida de una túnica arremangada, y á -avanzar con paso sordo, en las tinieblas de la noche. - -«¡Cuántas veces me he visto suspendida en una puerta rebelde, -importándome poco ser vista por los paseantes! Hay más: recuerdo que -la sirvienta de Corina me recibió y tuvo escondida en su seno, hasta -que vió alejarse al severo guardian de su señora. ¿Te recordaré que -para celebrar el aniversario del nacimiento de tu bella, me enviabas -á ella en presente, y que me rasgó y me arrojó despiadada en el agua? -Soy yo la primera que ha hecho germinar en tí las semillas fecundas de -la poesía: á mí debes el privilegiado talento que reclama para sí mi -rival.» - -Las dos Musas habian acabado, y, dirigiéndome á ellas, les dije: «Por -vosotras mismas os conjuro; acojed sin prevencion mis tímidas palabras. -Vosotras me ofreceis el cetro y el noble coturno y ya los acentos -sublimes salen de mi boca apenas entreabierta; y vosotras haceis -inmortales mis amores. Sé, pues, propicia á mis votos y déjame mezclar -entre sí el grande y el pequeño verso: otórgame una poca dilacion, -majestuosa Tragedia: tus obras exigen años, y las de tu rival solamente -algunas horas.» - -No fué sorda á mi ruego: los tiernos amores esméranse en aprovechar -la próroga otorgada: he de ultimar una obra mucho más grande que me -apremia. - - - - -ELEGIA SEGUNDA. - -ARGUMENTO. - -Los juegos del Circo. - - -«Si me siento aquí, no es por el interés que tomo en los famosos -corceles; y sin embargo, mis votos no son menos para aquel que tú -favoreces. Vengo para charlar contigo, para estar á tu lado, para no -dejarte ignorar todo el amor que tú me inspiras. Tú miras la corrida -y yo te miro á tí. Gocemos los dos del espectáculo que nos agrada, -ambos repasemos nuestras miradas holgadamente. ¡Oh, dichoso, sea -quien quiera, el competidor que tú favorezcas! tiene la dicha de -interesarte. Que semejante dicha me alcance; al instante me lanzaria -de la barrera, abandonándome á mis impetuosos corceles. Sabria, aquí, -soltarles las riendas; allá, marcar sus flancos con golpes de látigo; -más lejos, estrechar el círculo dando vuelta. Pero si, en mi carrera -rápida, llegara á divisarte, ¡oh! me detendria, y las riendas se me -escaparian de las manos. ¡Ah! faltó poco para que Pelops no cayera -en medio de la carrera de Pisa, ocupado como estaba en contemplarte, -¡bella Hippodamia! Y no obstante él debió su victoria á los votos de su -señora. ¡Así pudiesen todos los amantes deber su triunfo á los votos de -sus bellas! - -¿Por qué tratas vanamente de alejarte de mí? la misma grada nos retiene -al uno junto al otro: es una ventaja que debo á los reglamentos -del Circo. Pero tú, que estás á la derecha de mi bella, sostente -bien; la molestas, apoyándote sobre ella. Y vosotros que estais -colocados detrás, no extendais tanto vuestras piernas; tened bastante -circunspeccion para no ajar sus espaldas con vuestra ruda rodilla. -Cuidado, amiga mia, tu ropa demasiado baja arrastra por tierra; -levántala como voy á hacerlo yo mismo. Oh ropa, estabas celosa por -cubrir tan bellas piernas; tú querias ser sola en verlas; si, tú -estabas celosa. Tales eran las piernas de la lijera Atalante, que -Milanion hubiera querido tocar con sus manos: tales tambien las de -Diana, cuando, levantada la ropa, perseguia en las selvas los venados, -menos intrépidos que ella misma. Estoy encendido por aquellas piernas -que no he podido ver; ¿qué sucederá al ver las tuyas? tú vienes á -añadir fuego á un brasero, y agua al mar. Juzgo, por lo que he visto, -lo que pueden ser los otros atractivos tan bien cubiertos bajo tu -lijera ropa. - -¿Quieres tú, entretanto, que un aire agradable venga á refrescar tu -rostro? esta tablilla agitada por mi mano, te dará ese placer; á menos -que no sea el fuego de mi amor, más bien que el calor del aire, lo que -te ahoga, y que tu corazon no arda con una placentera llama. Mientras -que te hablo, una negra polvareda ha empañado el brillo de tu blanca -ropa: ¡huye de encima de aquellas espaldas de nieve, polvorosa tierra! -Mas vé ahí venir la corte; callad, y prestad toda vuestra atencion. Es -llegado el momento de aplaudir: la brillante corte se adelanta. - -En primer lugar aparece la Victoria, con las alas desplegadas. Oh -diosa, seme favorable, y haz que mi amor sea vencedor. Aplaudid á -Neptuno, vosotros los que tanta confianza teneis en sus ondas. Por -lo que á mí toca, nada tengo de comun con el mar, y no amo mas que -la tierra que habito. Tú, soldado, aplaude á tu dios Marte. Yo huyo -de los combates: amo la paz y el amor al que la paz favorece. Que -Febo sea propicio á los augures, Febé á los cazadores. Tú, Minerva, -recibe el saludo de todos los amigos de las artes. Y vosotros, -labradores, saludad á Céres y al tierno Baco. Que Pólux oiga los votos -del gladiador, y Cástor los del caballero. Nosotros te aplaudimos á -tí, dulce Vénus, á tí y á los Amores armados de flechas. Secunda mis -esfuerzos, tierna diosa; dá otro génio á mi amante; que ella se deje -amar. Con un signo de cabeza, me predice Vénus el éxito. Lo que ella me -ha prometido, prométemelo tú tambien. Atiende mi súplica, y perdóneme -Vénus, serás á mis ojos más grande que esta diosa. Te lo juro, y pongo -en testimonio de mi juramento á todos los dioses que brillan en esa -corte, tú serás siempre mi querida señora. Pero tus piernas no tienen -punto de apoyo: puedes, si quieres, apoyar en medio de estos barrotes -la punta de tus piés. - -Ya la carrera está libre, y los grandes juegos van á empezar: el pretor -acaba de dar la señal: los cuádrigas[10], se han lanzado todos á un -tiempo, desde la barrera. Miro aquel por que te interesas; quien quiera -que sea el que tú favoreces, saldrá vencedor. Los mismos caballos -parecen adivinar tus voces. ¡Ay! qué círculo describe alrededor del -mojon, desgraciado ¿qué haces? te lleva ventaja tu rival, que ha -rasado de más cerca. ¿Qué haces, imprudente? Dejas inútiles los votos -de la belleza. Por favor sujeta fuertemente la rienda izquierda. Nos -hemos interesado por un torpe. Vamos, romanos, llamad, y dad la señal -sacudiendo de todos lados vuestras togas. Hé aquí, que se le llama: -pero, por miedo á que el movimiento de las togas no desordene la -simetría de tu tocado, puedes ponerle al abrigo bajo la falda de la mia. - -Ya la liza se abre de nuevo, la barrera está levantada, y los rivales, -á quienes distingue su color, lanzan sus caballos en la arena. Esta -vez al menos sé vencedor, y vuela por el espacio que se abre ante -tí. Haz que mis votos, y los de mi señora se vean cumplidos. Lo son -efectivamente los de mi señora y aun más los mios. Ha conquistado la -palma; me resta ganar la mia.» La bella ha sonreido, y su chispeante -mirada ha prometido alguna cosa. Por ahora es bastante: en otra parte -darás el resto. - - -NOTAS AL PIE: - -[10] Carro de dos ruedas con cuatro caballos. (N. T.) - - - - -ELEGÍA TERCERA. - -ARGUMENTO. - -A su amiga, que habia faltado á sus juramentos. - - -¿En adelante creeré que hay dioses? ¡Ella ha hecho traicion á la fé -jurada, y su belleza es la misma que antes! Tan larga como era su -cabellera antes que tomase por testimonio á los dioses, tan larga es -hoy día en que los ha engañado. - -Las rosas se mezclaban á la blancura de su color, y su tez ostenta aun -el matiz de las rosas. - -Tenia un pequeño pié, y su pié es aun lo que tiene de más lindo. Su -talle era á la vez noble y gracioso; noble y gracioso es aun su talle. -Los ojos relumbrantes que tan frecuentemente me han engañado, los ojos, -semejantes á dos astros, lanzan aun los mismos fuegos. - -Así los mismos dioses permiten el perjurio á las bellas, y la misma -belleza es una diosa. No há mucho, no lo he olvidado, ella juraba por -sus ojos y los mios; y los mios han vertido lágrimas. ¡Oh dioses! si la -perfidia ha podido abusar de vosotros impunemente, decid, ¿por qué me -habeis penado de su crímen? pero no temeis en hacer condenar á muerte á -la hija de Cefea, para castigar en ella el orgullo de su madre. Si no -es bastante que yo haya encontrado en vosotros testigos sin valor, y -que ella triunfe hoy dia de haberos engañado, al mismo tiempo que á mí; -¿será menester aun que sufra yo la pena de su perjurio, que yo sea á la -vez víctima y responsable de su perfidia? - -Ó la divinidad no es más que un nombre sin realidad, una quimera -imaginada para espantar la necia credulidad de los pueblos; ó si hay un -Dios, no es favorable más que á las bellas y les dá muy exclusivamente -el derecho de atreverse á todo. Solo contra nosotros se arma Marte -con homicida espada; solo contra nosotros Pálas vuelve su formidable -lanza. Contra nosotros solo dirije Apolo sus flechas: contra nosotros -amenaza el rayo en la mano soberana de Júpiter. Los dioses no osan -penar las ofensas de las bellas, y, no habiendo sabido hacerse temer, -son los que las temen. ¿Y aun irán á quemar incienso en sus altares? -No, los hombres deben tener más corazon. - -Júpiter fulmina contra los bosques y las ciudadelas, y prohibe á -su trueno alcanzar á las mujeres perjuras. En presencia de tantos -culpables, la desgraciada Semelé es la sola quemada por el rayo: su -complacencia es la causa de su suplicio. Si hubiera evitado la visita -de su amante, el padre de Baco no hubiese sido cargado del peso que -debia llevar su madre. - -Mas ¿por qué estos reproches y esta guerra que hago á todo el cielo? -Los dioses tienen ojos como nosotros, y como nosotros tienen corazon. -Yo mismo, si fuera un dios, no me ofenderia de que una mujer engañara -mi divinidad con una mentira. Atestiguaria con un juramento la verdad -de los juramentos de una bella, y no pasaria por un dios uraño. - -Tú, sin embargo, jóven belleza, usa más moderadamente de la proteccion -de los dioses, ó al menos evita la vista de tu amante. - - - - -ELEGÍA CUARTA. - -ARGUMENTO. - -Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer. - - -Intratable esposo, tú has atado un guardian á los pasos de tu jóven -compañera: ¡pena inútil! el guardian de una mujer es su virtud. Es -solo casta aquella que no se vé obligada á serlo por el temor y la que -es fiel á la fuerza no es verdaderamente fiel. Gracias á tu contínua -vigilancia, su cuerpo ha podido quedar intacto; su corazon es adúltero. -No se sabria guardar una alma á despecho de ella, y los cerrojos -entonces nada valen. Por bien que cierres las entradas de tu casa, el -adúltero penetrará: quien impúnemente puede cometer algunas faltas -comete menos: el poder de hacer mal enfria el deseo. Cesa, créeme, -de incitar al vicio prohibiéndolo: triunfarás mucho mejor por la -complacencia. - -Yo ví no há mucho un corcel rebelde al freno ponerse furioso y -dispararse como el rayo: despues se detuvo de un golpe, desde que -sintió las riendas flotar muellemente sobre su larga crin. Nosotros -corremos siempre á lo que es prohibido, y deseamos lo que se nos -rehusa. Así el enfermo desea el agua que le es vedada. - -Argos tenia cien ojos en la cabeza y en la frente, y solo el amor supo -frecuentemente engañarle. La roca y la arena componian la imperecedera -torre donde Danae fue encerrada vírgen, y allí llegó á ser madre. -Penélope, sin estar guardada, quedó pura en medio de tantos jóvenes -adoradores. - -Cuanto más cuidadosamente se guarda una cosa, más la deseamos: la -vigilancia no es más que una provocacion al ladron: pocas gentes -aman los placeres permitidos. No es la belleza de tu esposa, es tu -amor lo que hace buscarla; se la supone no sé qué atractivos que te -cautivan. Una mujer guardada por su marido, no sea virtuosa, sino que -sea adúltera, y es codiciada. Los peligros que acompañan á la posesion -son más preciosos que la posesion misma. Soy sedicioso, si tú quieres, -yo no amo más que los placeres prohibidos. Agrádame solo aquella que -puede decir: «Tengo miedo.» Y en tanto está permitido tratar como -esclava á la mujer que ha nacido libre, no usamos de esta tiranía más -que con las mujeres de naciones extrañas. Tú sin duda quieres que su -guardian pueda decir: «Eso es gracias á mí.» ¡Ah, bien! Si tu esposa es -casta, que el honor sea todo para tu esclavo. - -Es ser muy tonto, ofenderse del adulterio de una esposa: es conocer muy -poco las costumbres de la ciudad en donde no nacieron sin crímen Rómulo -y Remo, hijos de Marte y de Ilia. ¿Por qué tomarla bella si la quieres -virtuosa? virtud y belleza no sabrian ir en compañía. - -Si tú haces bien, ten un poco de indulgencia, deja ese aire severo, -y no hagas prevalecer tus derechos como un esposo rígido. Acepta los -amigos que te dé tu esposa; ella te dará muchos; así es como se obtiene -sin trabajo un gran crédito. A este precio tendrás siempre sitio en -los banquetes de una juventud juguetona, y encontrarás en tu casa mil -objetos que no te habrán costado nada. - - - - -ELEGÍA QUINTA. - -ARGUMENTO. - -Sueño. - - -Era de noche, y el sueño habia cerrado mis fatigados ojos, cuando una -vision vino á traer el terror á mi alma. - -Sobre la vertiente de una colina expuesta al Mediodía, habia un bosque -sagrado lleno de robles, cuyas frondosas ramas servian de abrigo á -millares de aves. Más abajo se extendia un llano, revestido del más -verde césped, y regado por un arroyo que allí arrastraba sus aguas con -dulce susurro. - -A la sombra de un frondoso roble traté de huir del calor; pero este se -hacia sentir á la misma sombra de los frondosos árboles. Hé aquí que, -paciendo en el césped sembrado de mil diversas flores, se ofreció á mis -miradas una blanca vaquilla, una vaquilla más blanca que la nieve caida -de reciente y que no ha tenido tiempo de transformarse en agua límpida; -más blanca que la tremente espuma de la leche de la oveja que se acaba -de ordeñar. - -Junto á ella estaba un toro, su dichoso esposo. Se acostó á su lado, -sobre el espeso tapíz de verdura. Así muellemente tendido, rumia -lentamente la tierna yerba, y se alimenta segunda vez de su primer -alimento; luego el sueño le quitó sus fuerzas, y creí verle dejar caer -en tierra su cabeza armada de cuernos, no pudiendo sostenerla. - -Al mismo tiempo ví una corneja, hendiendo rápidamente los aires, -descender graznando, sobre el verde césped. Tres veces hundió el pico -audaz en el pecho de la vaquilla, tres veces arrancó como copos de -nieve. Despues de una larga resistencia, abandonó aquella el sitio y el -toro; pero su blanco pecho dejaba vislumbrar una mancha negra. Desde -que ella vió otros toros que pascían á lo lejos sabrosos pastos (porque -efectivamente otros toros á lo lejos pascían) corrió á mezclarse entre -ellos y tomar su parte de las riquezas de un suelo más fértil. - -«Oh tú, intérprete de los sueños de la noche, exclamé, si el mio -encierra alguna verdad, dime lo que significa.» Entonces el intérprete -de los sueños de la noche, reflexionando sobre todos los detalles de -mi sueño, me dió esta respuesta: - -«El calor de que procuras guardarte á la sombra del follaje, y que no -alcanzas evitar, es el fuego del amor. La vaquilla, es tu señora: tu -señora es blanca como ella, tú eres el toro que seguia su compañía. -La corneja, cuyo agudo pico se hundía en el pecho de la vaquilla, es -aquel viejo pervertidor que corrompió el corazon de tu amante. La tenaz -resistencia de la vaquilla que abandona en seguida á su toro, es el -alejamiento de tu señora, quien no calentará de nuevo tu solitaria -cama. Las manchas negras que afean el pecho del animal es el signo del -adulterio que deshonra el corazon de tu bella.» - -A estas palabras del intérprete, mi sangre huia de mi helado rostro, y -ante mis ojos se extendia una profunda noche. - - - - -ELEGIA SEXTA. - -ARGUMENTO. - -Á un rio que crecía de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al -paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora. - - -Rio cuyas cañas obstruian las riberas cenagosas, vuelo cerca de mi -señora: deten un momento el curso de tus aguas. Tú no tienes ni puente, -ni barca, que sin remero me lleve á la otra ribera, con ayuda solamente -de un cable. - -No há mucho, recuerdo que eras pequeño: no he temido vadearte á pié, -y la superficie de tus aguas apenas mojaba mis talones. Hoy dia, -has crecido por el deshielo de las nieves de la montaña vecina, te -precipitas con furia, y por tu cauce cenagoso, arrastras profundas -aguas. - -¿Qué ventaja me trae ser tan apresurado, haber otorgado tan poco tiempo -al sueño, haber hecho de la noche dia, si es preciso que me detenga -aquí, si no hay medio para mí de poner el pié en la otra ribera? ¡No -tener yo en este momento las alas del héroe hijo Danae, cuando llevaba -la cabeza de Medusa, erizada de mil serpientes! ¡No tener yo aquí el -carro de Triptoleme, quien, el primero, enseñó á los salvajes humanos -el arte de confiar á la tierra las semillas de Céres! Estos prodigios, -¡ay! jamás han existido mas que en la imaginacion de los antiguos -poetas: ni se han visto, ni se verán. Pero tú, rio desbordado, (¡ojalá -en recompensa sea eterna tu corriente!), vuelve otra vez á tus primeros -límites. No podrás, créeme, llevar el peso del ódio público, si se sabe -que tú has detenido los pasos de un amante. - -Los rios deberian secundar á los jóvenes enamorados; los mismos rios -han sentido lo que es el amor. El pálido Inaco se prendó, segun dicen, -de los encantos de Melia, ninfa de Bithinia, y se abrasó por ella, -hasta en sus frias aguas. Troya no habia aun sostenido sus diez años -de sitio, oh Xantho, cuando Nerea fijó tus miradas. ¿Qué hizo recorrer -á Alfeo tantos países diversos? ¿no fué su amor por una vírgen de -Arcadia? Y tú, Penea, cuando Créusa estaba prometida á Xantho, tú la -tenias, se dice, escondida en los campos de la Phthiótida. ¿Hablaria -yo de Asopo, prendado de los encantos de la guerrera Thebe, Thebe que -debia dar á luz cinco hijos? Y tú, Acheloe, si te pregunto dónde están -hoy tus cuernos, me dirás con dolor que la mano de Hércules con ira -los ha cortado. Esto que no lo hubiese hecho Hércules por Calydon, que -no lo hubiese hecho por Etolia misma, lo hizo por la sola Dejanira. -El Nilo, ese rico rio que precipitándose por siete embocaduras, tan -bien oculta el orígen de sus fecundas aguas, dicen que no pudo en sus -profundos atolladeros, matar la llama que le consumia por Evadna, -hija de Asopo. Enipea, para poder abrazar á la hija de Salmoneo sin -inundarla, Enipea ordenó á sus aguas retirarse, y á su vez las aguas -se retiraron. No te olvidaré tampoco, á tí que, huyendo á través de -las rocas que has socavado, riegas con tus aguas espumosas los campos -del argeo Tíber; ni á tí á quien agradó Ilia, toda descuidada como -estaba en su compostura, después de haberse arrancado los cabellos -y golpeado el rostro con sus uñas. Llorando el sacrilegio de su tio -y el atentado de Marte, vagaba ella, con los piés desnudos, en los -caminos solitarios. Del seno de sus rápidas ondas, el rio generoso la -descubrió, y levantando la cabeza por encima de las olas, le dijo una -voz sonora: «¿Por qué vagar en mis riberas, con un aire inquieto, -Ilia, descendiente de la sangre del Ideo Laomedonte? ¿Qué has hecho de -tus adornos? ¿dónde dirijes tus pasos solitarios? ¿por qué la blanca -cintilla no retiene tus desordenados cabellos? ¿por qué llorar y ajar -con esas lágrimas el brillo de tus ojos? ¿por qué, en tu delirio, te -golpeas así el pecho? Tiene un corazon de roca ó bronce, quien puede -ver, sin conmoverse, un rostro encantador regado por las lágrimas. -Ilia, cesa de temer; mi palacio estará abierto para tí: mis ondas te -protejerán: Ilia, cesa de temer. En medio de más de cien ninfas, tú -sola serás reina; porque más de cien ninfas habitan en el fondo de -mis aguas. No me desdeñes, es todo lo que te pido, ilustre vástago de -Troya. Mis presentes serán superiores á mis promesas.» - -Así habia dicho; é Ilia, con los ojos dirigidos humildemente hácia -tierra, bañaba con lágrimas su conmovido seno. Tres veces trató de -huir; tres veces se detuvo en el borde de las profundas aguas, el temor -le quitó la fuerza para correr. Por último, sin embargo, arrancándose -los cabellos con mano enemiga, dejó escapar de su boca balbuciente -estas lamentables palabras: «¡Oh! pluguiese al cielo que mis huesos -hubiesen sido recogidos y encerrados en el sepulcro de mi familia, -cuando eran aun los de una vírgen! ¿Por qué invitarme al himeneo, á mí, -vestal ayer, hija infame hoy dia, indigna en adelante de velar el fuego -sagrado de Ilion? ¿Qué espero aun? Ya se me señala con el dedo como á -una adúltera. ¡Perezca conmigo el pudor que no me permite levantar los -ojos sin sonrojarme!» Dijo, y cubriendo con su ropa sus hermosos ojos -llenos de lágrimas, se precipitó desesperadamente en medio de las olas. -El rio, dicen, la sostuvo, llevando amorosamente la mano bajo su pecho, -y la admitió en su lecho, como á esposa. - -Tú mismo, es probable que te hayas tambien consumido por alguna bella: -pero los bosques, las selvas, están allá para ocultar tus crímenes. -Mientras que hablo, tus olas van engrosando siempre, y tu lecho, tan -largo como es, no basta para contener las aguas que á él afluyen de -todas partes. ¿Qué he de disputar contigo, rio furioso? ¿Por qué -diferir los placeres de dos amantes? ¿Por qué detenerme tan brutalmente -en medio de mi camino? Si á lo menos tú corrieras, no debiendo más -que á tí tus olas orgullosas, y envanecido de un nombre conocido por -el universo entero. Un nombre... tú no tienes: tus ondas, las debes á -miserables arroyos. Tú no has tenido nunca ni orígen, ni morada cierta. -Tu orígen, en tí, son las lluvias y las nieves derretidas; riquezas -que debes al perezoso invierno. O llevas espumosas aguas durante la -estacion de las escarchas, ó tu lecho no es durante el estío más que -un sulco ávido y pútrido. ¿Qué viajero ha podido entonces encontrar -en él jamás bastante agua para extinguir su sed, y decirte en su -reconocimiento: «¡Sea eterno tu curso!» - -Tu curso es funesto á los rebaños, más funesto aun á los campos. Otros, -quizá, serán sensibles á estos males: yo no lo soy más que á los que -sufro. ¡Qué insensato soy! ¡Le he contado los amores de los rios! Tengo -vergüenza de haber pronunciado tan grandes nombres delante de un tan -pobre arroyo. ¿En qué pensaba yo, pues, al citar delante de él los -nombres de Acheloon é Inaco y el tuyo, Nilo de dilatadas ondas? - -¡Pero tú, torrente cenagoso, bien lo mereces, ojalá no veas más que -estíos abrasadores é inviernos siempre secos! - - - - -ELEGIA SÉPTIMA. - -ARGUMENTO. - -Contra él mismo, por haber caido en falta con su querida. - - -Pero esta muchacha no es bella, ni atractiva. ¡Por eso no ha sido pues -bastante largo tiempo el objeto de mis deseos! ¡Oh vergüenza! la he -tenido en mis brazos, perdiendo el tiempo: en su lecho me he quedado, -como una masa inerte, sin fuerza y sin accion. A pesar de todos mis -deseos, á pesar de los deseos de mi bella, no he podido despertar mi -extenuado órgano del placer. Ella tuvo cuidado en pasar con tiento al -rededor de mi cuello sus brazos de marfil, más blancos que la nieve de -Tracia; ella tuvo cuidado en luchar su lengua amorosa contra la mia -ávida, y meter bajo mi muslo su muslo lascivo; por más que me prodigaba -los nombres más tiernos, me llamaba su vencedor, añadia todo lo que se -repite en semejante caso para excitar la pasion, mi órgano adormecido, -como si hubiera sido frotado con la fria cicuta, no supo llenar su -deber. Quedé como un tronco sin vigor, como una estátua, como una masa -inútil, al punto que ella ha podido dudar si yo era un cuerpo ó una -sombra. - -¿Qué haré cuando viejo, suponiendo que llegue, si mi juventud cae en -tal defecto? ¡ay! tengo vergüenza de mi edad: soy jóven, soy hombre, -y no he podido probar á mi señora que soy jóven, que soy hombre. Ella -ha abandonado su lecho como la piadosa sacerdotisa que vela por la -conservacion del fuego eterno de Vesta, tal cual una casta hermana -abandonando á un hermano querido. Poco antes, sin embargo, dos veces -pagaba mi débito con la rubia Chie, tres veces con la blanca Pitho, -tres veces tambien con Libas; y, acosado por Corina, en una corta -noche, nueve veces, recuerdo, tengo librado el combate. - -¿Es la virtud mágica de un veneno Thessálico el que embota hoy dia -mis miembros? ¿es un encantamiento, una yerba venenosa, lo que me -reduce á un tan triste estado? ¿ó bien una hechicera habrá grabado mi -nombre sobre la cera roja, y me habrá hundido una aguja en el hígado? -Los tesoros de Céres, golpeados por un encantamiento, no son más que -una yerba estéril; golpeados por un encantamiento los manantiales de -agua viva se secaron; bajo el peso de un encantamiento la bellota se -desune del roble, el racimo cae de la viña, y los frutos abandonan el -árbol sin que se les sacuda. ¿Quién niega que el arte mágico paralice -tambien los nervios? Quizá á él debo haber sido de hielo. A esto añadid -la vergüenza; la misma vergüenza me quitaba mis medios; ella fué la -segunda causa de mi impotencia. - -¡Qué belleza, en tanto, se ofrecia á mis miradas, á mis tocamientos! -Porque la toqué como la túnica que la cubre. El rey de Pilos, á este -dulce contacto, habria podido rejuvenecer, y Tithon se sentiria con -fuerzas superiores de su edad. Encontré en ella una mujer: ella no -encontró en mí un hombre. ¿A qué nuevos votos, á qué súplica recurrir -hoy dia? Sin duda despues del vergonzoso uso que tengo hecho, los -dioses están arrepentidos de haberme otorgado un tan raro presente. Me -deshacia por ser admitido cerca de aquella bella; y he sido admitido; -por darla besos, y se los he dado; por obtener todos sus favores, y -los he obtenido. ¿De qué me ha servido ser tan dichoso? ¿De ser rey -sin reinar? ¡Avaro en medio de las riquezas, no he tenido de tantos -tesoros más que la posesion y no el goce! Así abrasa de sed, en medio -de las aguas, al indiscreto Tántalo; así vé al rededor suyo frutos que -no obtendrá jamás; así el marido deja en la madrugada á su cariñosa -esposa, para aproximarse santamente al altar de los dioses. - -Pero quizá ella no me ha prodigado sus más dulces y ardientes besos; -quizá ella no lo ha puesto todo en obra para estimularme. Los más -robustos robles, el diamante más duro, los más escabrosos peñascos, -hubiese podido ella animarlos con sus caricias. Hubiese podido mover -todo sér dotado de vida, todo lo que es hombre; pero entonces yo no -era un sér vivo, ni un hombre. ¿Qué placer producirian á un sordo los -cantos de Femio? ¿qué placer causaria un cuadro al desgraciado Thamyras? - -¡Qué deleites, empero, no me tenia yo prometidos en secreto! ¡qué -série de placeres, qué variedad de goces no habia imaginado! y mis -miembros, ¡oh vergüenza! han quedado como muertos, más lánguidos que la -rosa cogida de la víspera. Al presente hé ahí que intempestivamente se -reaccionan y vuelven á la vida; hélos ahí que piden obrar y prestar de -nuevo su servicio. ¿No quedas confundida de vergüenza, oh parte la más -vil de mí mismo? así es como he sido juguete de tus promesas. Por tí mi -señora ha sido engañada, por tí me encuentro caido en falta, por tí he -probado la más sensible afrenta, el más grave daño. - -Y no obstante mi bella no desdeñó aguijonear con su mano delicada; -pero, viendo que todo su arte no puede nada, que el órgano, olvidando -su antigua arrogancia, se obstina en recaer impotente sobre sí mismo. -«¿Por qué, dice ella, te burlas de mí? ¿Quién te forzaba, insensato, á -venir, á pesar tuyo, á acostarte en mi cama? ó bien un mágico de Ea, -con su aguja y su lana, te ha hechizado: ó tú vienes enervado de los -brazos de otra.» - -Al instante se arrojó de la cama, apenas vestida con su túnica lijera, -y no titubeó en escaparse con los piés desnudos; y no queriendo que -sus camareras dudaran de si salia intacta del combate, tomó agua, para -disimular la afrenta. - - - - -ELEGIA OCTAVA. - -ARGUMENTO. - -A su señora, que habia preferido un amante más rico que Ovidio. - - -¿Y quién contará ahora con las bellas artes para cosa alguna? ¿Quién -otorgará algun valor á tiernos versos? El génio era en otro tiempo más -precioso que el oro: hoy dia es más bárbaro que el no tener nada. Mis -libros han tenido la dicha de gustar á mi señora: la ventaja de ser -admitidos cerca de la misma han tenido ellos; yo no la tengo. Despues -de haber prodigado elogios al poeta, ella le tiene, á pesar de estos -elogios, cerrada su puerta. Con todo el ingenio que se me concede, se -me deja, confuso, vagar á la ventura. Vese un rico advenedizo que debe -su fortuna á sus heridas, y su título de caballero á la sangre de que -está mantenido, y se le antepone á mí. - -¿Puedes, insensata, abrazarle con tus bellos brazos? ¿Puedes, -insensata, echarte en los suyos? si tú lo ignoras, un casco cubria -no mucho esa cabeza; una espada pendía de ese costado que te es tan -adicto. Su mano izquierda, en la cual sienta mal ese anillo de oro, ha -llevado un escudo: toca su mano derecha, está bañada en sangre. Esa -mano homicida ¿puedes bien tocarla? ¿Qué se ha hecho ¡ay! la ternura -de tu corazon? Cuenta aquellas cicatrices, señales de sus antiguos -combates: cuanto posee lo ha adquirido con el precio de su sangre. -¡Quizá te cuente cuántos hombres ha degollado; y tú, avara, tocas manos -tan crueles! ¡Y yo, sacerdote inocente de Apolo y de las Musas, dirijo -inútilmente versos á tu inflexible puerta! - -Aprended, vosotros que sois sábios, no á saber lo que nosotros sabemos -para nuestro mal, sino á seguir los ejércitos tumultuosos y el curso de -los combates. En lugar de ser un poeta de génio, sed primer centurion. -Con este título solamente, podrias, si quisieses, Homero, obtener los -favores de la belleza. Júpiter que sabia que nada es tan poderoso como -el oro, fué bajo la forma del mismo el precio de una vírgen seducida. -En tanto que no dió nada, encontró un padre intratable, una hija -inflexible, puertas de hierro, una torre de metal; pero cuando el -seductor, mejor enterado, se mostró bajo la forma de un presente, la -bella descubrió su seno, é invitada á someterse, se sometió. - -En otro caso se encontraba bajo el reinado del viejo Saturno: todos los -metales estaban profundamente sepultados en las entrañas de la tierra; -el cobre como la plata, y el oro como el hierro, tocaban al imperio -de los Manes; no se veian tesoros amontonados; pero los que daba la -tierra eran más preciosos; habian ricas mieses sin cultivar, frutos en -abundancia y miel pura depositada en los huecos de los robles. Nadie -se fatigaba en surcar los campos con el arado: no habia agrimensor que -viniese allí á trazar los lindes: no habia remeros que azotasen las -embravecidas olas del mar: sus riberas eran para los mortales, los -limites intransitables del mundo. - -¡Oh hombre! contra tí has vuelto tu industria; has sido demasiado -ingenioso para crearte mil males. ¿Qué has ganado en cercar las -ciudades de murallas y torres? ¿Qué has ganado en armar la una contra -la otra, enemigas manos? Dí, ¿qué tenias que debatir con el mar? la -tierra podia bastarte. El cielo es un tercer reino por conquistar. ¿Por -qué no lo atacas? ¿Qué digo? tú aspiras tanto cuanto de tí pende, á -alcanzarlo. Quirino, Baco, Alcides y César tras ellos, tienen cada uno -su templo. - -Nosotros cavamos la tierra para sacar el oro macizo en lugar de mieses. -El soldado posee los tesoros adquiridos al precio de su sangre. El -Senado está cerrado para los pobres; la riqueza dá los honores. Ella -es tambien la que dá tanta gravedad al juez, tanta arrogancia al -caballero. ¡En hora buena que solo ellos lo posean todo; que dispongan -como soberanos del campo de Marte y del Foro; que guarden para sí el -derecho de decidir la paz ó la guerra! A lo menos su concupiscencia no -llegue hasta el extremo de arrebatarnos nuestros amores. Todo lo que se -les pide, es que permitan á los pobres tener alguna cosa. - -Pero hoy dia una mujer, aunque fuese tan inflexible como las Sabinas, -es tratada como pais conquistado por cualquiera que está en el caso de -dar mucho. El guardian de la bella me rechaza; ella misma teme por mí á -su marido. Si enseño oro, ya no hay guardian, ya no hay marido en toda -la casa. ¡Oh! si existe un Dios vengador de las afrentas del amante, que -reduzca á polvo riquezas tan mal adquiridas! - - - - -ELEGIA NOVENA. - -ARGUMENTO. - -Sobre la muerte de Tíbulo. - - -Si la madre de Memnon, si la madre de Aquiles han llorado la muerte de -sus hijos; si las más grandes diosas no son insensibles á los golpes -de la suerte, tú tambien, plañidera Elegía, deja caer tus cabellos -en desórden. Tu nombre, ¡ay! no te convendrá nunca mejor que en este -momento. - -Este poeta que tú inspirabas y que fue tu gloria, Tíbulo, no es más que -un cuerpo sin vida, que la llama de la pira vá á consumir. Mira, el -hijo de Venus lleva su carcax derribado, los restos de su arco y sus -hachas apagadas. Ved cómo marcha triste con las alas caidas; cómo hiere -con su mano cruel su desnudo pecho. Sus lágrimas se derraman sobre -los cabellos esparcidos que flotan sobre su cuello; su boca deja oir -sollozos entrecortados. Tal, para asistir á los funerales de su hermano -Eneas, salió de tu palacio, encantadora Jule. La misma Vénus no se -conmovió menos por la muerte de Tíbulo que por la de su jóven amante, -cuando le vió desgarrado por un feroz jabalí. - -Y no obstante, á los poetas, se nos llama séres sagrados, favoritos -de los dioses. No falta quien nos mira como si hubiera en nosotros -algo divino. Mas ¡ay! la despiadada muerte profana todo lo sagrado, á -todos alcanza su invisible mano. ¿Qué sirvieron á Orfeo el Ismario, ni -su padre ni su madre? ¿Qué le sirvió haber domado y hecho sensibles -á sus cantos los animales más feroces? Lino debia la vida al mismo -padre, y Lino fue, dicen, llorado sobre la lyra en lo más retirado de -las selvas. Añadid al cantor de Meonia, ese manantial inagotable donde -vienen á beber y á inspirarse los poetas. Tambien ha tenido su último -dia, que le ha precipitado al fondo del negro Averno. Solo los versos -escapan á la llama de la ávida pira. La obra del poeta es imperecedera: -siempre se hablará del sitio de Ilion y de aquella tela famosa, que, -gracias á una astucia nocturna, duró tan largo tiempo sin concluir. -Así el nombre de Némesis, así el nombre de Delia será eterno: la una, -última amante de Tíbulo, y la otra, su primer amor. - -¿De qué os sirven los sacrificios ofrecidos á los dioses? ¿De qué -os sirven los sistros[11] de los egipcios? ¿De qué os sirve no haber -admitido á nadie en vuestra cama? Cuando veo á los más virtuosos -arrastrados por un destino cruel, perdonadme esta idea, estoy tentado -de creer que no existen dioses. Vivid piadosamente; á pesar de vuestra -piedad, morireis; honrad la religion; la despiadada muerte os arrancará -de los templos, tan religiosos como sois, para precipitaros en el -sepulcro. Contad con vuestro génio poético; hé ahi á Tíbulo muerto: de -un tan grande poeta, apenas queda con qué llenar la más pequeña urna. - -¡Qué! ¡es á tí, poeta sagrado, á quien acaba de consumir la llama de la -pira, y no teme alimentarse de tus entrañas! Habrá podido consumir los -templos dorados de los más augustos dioses esa llama que fue para tí -tan culpable. La diosa del monte Erycis desvió sus miradas; tambien -dicen que ella no pudo retener sus lágrimas. - -Y sin embargo, la suerte del poeta era menos de lamentar que si, muerto -en el pais de los Feacianos, hubiese sido enterrado sin honor y sin -nombre. Aquí al menos una madre ha cerrado sus ojos cubiertos de las -sombras de la muerte, y llevado sus últimos dones á las cenizas de su -hijo. Aquí al menos una hermana ha partido el dolor de su desgraciada -madre, y, agarrándose los cabellos, ha venido á llorar junto á él. -Némesis y Delia han dado ambas á tus lábios un último beso, y no han -dejado un instante tu pira abandonada. Delia decia alejándose: «Yo soy -la que ha hecho tu amor más dichosa: tú vivias cuando yo era el objeto -de tu llama.»«--¿Qué dices tú? replica Némesis. ¿Te toca llorar la -pérdida que yo he experimentado? Á mí es á quien al morir ha estrechado -la mano con la suya desfallecida.» - -Si no obstante queda de nosotros alguna otra cosa que un nombre y una -sombra, Tíbulo habitará en los risueños valles de Elíseo. Ven á su -encuentro, con la frente coronada de yedra, ven aquí con tu querido -Calvo, jóven y docto Catulo. Y tú tambien, si te acusan injustamente de -haber ofendido á un amigo, ven aquí, Galo, pródigo de tu sangre y de tu -vida. - -Vé ahí las sombras que deben juntarse á la tuya, si todavía la sombra -de un cuerpo es alguna cosa; porque á sus cantos de amor tú has unido -los tuyos, elegante Tíbulo. ¡Que tus huesos descansen tranquilos y á -salvo en la urna! ¡Que la tierra sea lijera á tu ceniza! - - -NOTAS AL PIE: - -[11] Instrumento músico. - - - - -ELEGIA DÉCIMA. - -ARGUMENTO. - -A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios -con su señora. - - -Vé aquí el aniversario de las fiestas de Céres; la jóven bella reposa -sola en su lecho no dividido. Rubia Céres, cuya fina cabellera es -coronada de espigas, ¿por qué, pues, el dia de tu fiesta, nos privas -tú el placer? Sin embargo, oh diosa, las naciones hablan de tu -munificencia, y ninguna otra divinidad es más propicia á los mortales. - -Antes de tí, los groseros habitantes de los campos no cocian pan, y el -área era un nombre desconocido entre ellos. Pero los robles, primeros -oráculos, producian la bellota: la bellota y la yerba tierna eran todo -el alimento de los mortales. Céres, la primera, les enseñó á confiar -á la tierra el grano que debia allí multiplicarse, y á segar con la -hoz las espigas doradas; la primera que forzó á los toros á llevar el -yugo, y partió, con el corvo diente del arado, la tierra largo tiempo -ociosa. ¿Quién podria creer, después de esto, que quiera ver correr -las lágrimas de los amantes, y ser honrada con sus tormentos y su -continencia? Ciertamente que para gozar la vida activa de los campos no -tiene aspereza, y su corazon no está cerrado al amor. Tomo por testigo -á los cretenses, y todo no es pura fábula en esta Creta tan ufana -por haber alimentado á Júpiter. Allí se crió el soberano del imperio -celeste: allí mamó con infantiles lábios una leche bienhechora. Los -testigos son aquí dignos de fé: su hijo de leche es el que garantiza su -veracidad, y Céres convendrá, segun creo, en una debilidad muy conocida. - -La diosa habia visto, al pié del monte Ida, al jóven Yasio, cuya mano -segura cazaba las bestias feroces. Ella lo vió, y de pronto un fuego -secreto se introdujo en sus venas delicadas. De un lado el pudor, y de -otro el amor se disputaban su corazon; el amor triunfó del pudor. Desde -entonces hubiéseis visto secarse los surcos; y la tierra apenas dió -tantos granos como se la habian confiado. Despues de haber, con ayuda -de azadas, revuelto bien sus campos, y abierto, con la reja del arado, -el regazo rebelde de la tierra; despues de haberla en todas partes -igualmente sembrado el confiado labrador veia defraudados sus deseos. - -La diosa que preside á las mieses vivia retirada en lo más espeso de -las selvas. Las coronas de espigas se habian desprendido de su larga -cabellera. La Creta sola tuvo un año fértil y cosechas abundantes. -Todos los lugares por donde la diosa habia pasado, estaban cubiertos -de mieses. La misma Ida habia visto sus bosques llenarse de espigas -amarillentas, y el feroz jabalí se alimentaba de trigo. El legislador -Minos deseó muchos años semejantes; deseó que el amor de Céres fuese de -larga duracion. - -La pena que tú hubieras experimentado, rubia diosa, si te hubiese sido -preciso descansar lejos de tu amante, estoy precisado á sufrirla en -este dia consagrado á tus misterios. ¿Por qué es necesario que esté -triste, cuando tú has vuelto á encontrar á una hija, á una reina que -no es inferior á Juno más que por el capricho de la suerte? Los dias -festivos invitan á la voluptuosidad, á los cantos y á los festines: -tales son los presentes que conviene ofrecer á los dioses señores del -universo. - - - - -ELEGIA UNDÉCIMA. - -ARGUMENTO. - -Cansado en fin de los numerosos desprecios de su señora, el poeta hace -aquí el juramento de no volver á amar. - - -Mucho y por mucho tiempo he sufrido: tu perfidia ha puesto á prueba -mi paciencia. ¡Huye de mi fatigado corazon, vergonzoso amor! Esto es -hecho, me he sustraido al yugo, y he quebrantado mis cadenas: estos -hierros que llevé sin vergüenza, tengo vergüenza al presente de -haberlos llevado. Triunfo y pisoteo al Amor vencido. Es muy tarde, es -verdad, que el bochorno me sube á la cara. ¡Vamos, valor y energía! -Estos males tendrán un dia su recompensa. Los enfermos han debido -frecuentemente su curacion á los venenos más amargos. - -¡Qué! ¡yo he podido, yo, despues de tantas humillaciones, olvidarme -hasta el punto de dormir en el suelo de tu puerta! ¡Qué! ¡yo he podido, -yo, para no sé cuál amante que tú estrechabas entre tus brazos, -hacerme, como un esclavo, el guardian de la casa que me estaba cerrada! -Yo mismo lo he visto salir fatigado de tu casa, con el paso de un -veterano gastado por el servicio. Aun he sufrido menos de verlo que de -ser visto. ¡Ojalá semejante afrenta sea reservada para mis enemigos! - -¿Cuándo has paseado tú sin encontrarme á tu lado, á mí, tu guardian, -á mí, tu amante, á mí, tu inseparable compañero? mucho agradabas -á las gentes, acompañada por mí; y mi amor te ha valido buen -número de amantes. ¿Por qué recordaré los vergonzosos engaños de -tu mentirosa lengua, y los dioses testigos de tantos juramentos -violados para perderme? ¿Por qué diré aquellas señas de inteligencia, -dirigidas durante la corrida, á jóvenes amantes, y aquellos términos -convencionales para disfrazar el sentido de nuestras palabras? Un dia -se me dijo que ella estaba enferma: yo corro á su casa enteramente -perdido, enteramente fuera de mí; llego y no estaba enferma para mi -rival. - -Vé ahí, sin hablar de otras muchas, las afrentas que he tenido que -sufrir frecuentemente. Busca hoy dia otro que pueda soportarlas en mi -lugar. Ya mi popa, adornada de una corona votiva, vé, sin conmoverse, -el fracaso de las olas que se levantan tras ella. Basta de caricias y -de palabras otras veces poderosas: es trabajo perdido: no soy tan loco -como lo fuí. Siento luchar en mi corazon, muy lijero y diversamente -agitado, el amor á la vez y el ódio: y si no me engaño es el amor -quien le enoja. Yo aborreceré, si puedo; si no yo amaré únicamente -mi defendido cuerpo. El toro tampoco ama el yugo: lo aborrece y sin -embargo lo lleva. - -Huyo de su perfidia: su belleza es la que vuelve mis pasos hácia atrás. -Aborrezco los vicios de su alma; amo los hechizos de su cuerpo. Así yo -no puedo vivir ni sin tí, ni contigo; y yo mismo no sé lo que deseo. Yo -querria que tú fueses ó menos bella ó menos pérfida. Tantos hechizos se -aunan mal con tanta perversidad. Tu conducta escita el ódio, tu belleza -encomienda al amor. ¡Desgraciado soy! sus atractivos pueden más que sus -defectos. - -Perdóname, yo te conjuro por los derechos de aquella cama que nos fué -comun, por todos los dioses (¡pudiesen frecuentemente dejarse engañar -por tí!), por tu semblante que adoro como una divinidad poderosa, -por tus ojos que han cautivado los mios: como sea, siempre serás mi -amiga. Escoje solamente si quieres que te ame por gusto ó por fuerza. -¡Ah! despleguemos cuanto antes las velas y aprovechemos los vientos -favorables; porque á pesar de mis esfuerzos, no me veria yo menos -obligado á amar. - - - - -ELEGIA DUODÉCIMA. - -ARGUMENTO. - -Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella. - - -Decidme, lúgubres aves, ¿qué dia fué aquel en que no me augurásteis -sino amores desgraciados? ¿Qué astro supondré sea hostil á mis deseos? -¿Qué dioses debo acusar de hacerme la guerra? Aquella que no há mucho -se llamaba toda mia; aquella de quien fuí el primero y solo amante, -temo no poseerla sino con mil rivales. - -¿Me engañé? ¿O es que mis escritos no la han hecho demasiado conocer? -Ella era toda mia; mi genio poético ha hecho de ella una cortesana. Y -yo lo he merecido: ¿tenia yo necesidad, en efecto, de preconizar su -belleza? si ella se vende hoy, la falta es mia. Por mi mediacion ella -agrada: soy yo quien le trae amantes; mis propias manos le abren la -puerta. ¿Son útiles los versos? esta es una cuestion: ciertamente ellos -me han sido siempre funestos; son los que han atraido sobre mi tesoro -las miradas de la envidia. - -Cuando yo podia cantar á Thebas, Troya ó los altos hechos de César, -solo Corina encendió mi genio. ¡Ojalá las Musas hubiesen sido rebeldes -á mis primeros esfuerzos, y Febo me hubiese abandonado en medio de mi -carrera! Y sin embargo, como es costumbre tomar por testigos á los -poetas, que hubiese preferido que la medida hubiera faltado á mis -versos. - -Nosotros somos los que hemos mostrado á Scyla, arrancando á su anciano -padre el cabello fatal, condenada á ver salir de sus entrañas perros -furiosos. Somos nosotros quienes hemos puesto alas á los piés, y dado -serpientes á la cabellera. A nosotros debe el victorioso pequeño hijo -de Abas el hendir los aires sobre un caballo alado. Nosotros hemos dado -á Tityo su prodigiosa grandeza, y á Cerbero sus tres bocas y su crin -de serpientes. Encélada ha recibido de nosotros mil brazos para lanzar -sus dardos, y por nosotros un jóven májico somete los héroes á sus -encantamientos. Nosotros hemos cerrado los vientos eólicos en los odres -del rey de Itaca; gracias á nosotros el indiscreto Tántalo padece sed -en el seno mismo de las aguas; Nicole se cámbia en peñasco, y una jóven -vírgen en osa; gracias á nosotros el ave de Cécrops canta el Odrysio -Itys; Júpiter se transforma en ave ó en oro; ó, convertido en toro, -hiende las ondas, llevando sobre su espinazo una vírgen tímida. ¿A qué -recordar no solo á Protea, sino aquellos dientes de donde nacieron -los Tebanos? ¿Diré que fué de los toros que vomitaban llamas? ¿ó que -lágrimas de ámbar corrieron de los ojos de tus hermanas, desgraciado -Faeton? ¿que embarcaciones han sido cambiadas en diosas del mar? ¿que -el sol retrocedió de horror, por miedo de alumbrar el horrible festín -de Atrea? ¿que los más duros peñascos fueron sensibles á los acordes de -una lira? - -El vuelo del fecundo genio de los poetas no conoce límites; no se -sujeta á la fidelidad de la historia. Tambien se hubieran debido mirar -como falsas las alabanzas que daba á mi señora: vuestra credulidad es -hoy dia la causa de mi desdicha. - - - - -ELEGÍA DÉCIMOTERCIA. - -ARGUMENTO. - -Fiesta de Juno. - - -Siendo mi mujer originaria del fértil pais de los Faliscos, hemos visto -aquellos muros en otro tiempo vencidos por tí, ilustre Camilo. Las -sacerdotisas de la casta Juno se disponian á celebrar su fiesta con -juegos solemnes y con el sacrificio de una vaquilla indígena. Poderoso -motivo para mí de detenerme; yo queria ver aquella ceremonia, aunque -no se llega al lugar en que se hace, más que por un camino montuoso y -difícil. - -Es un antiguo bosque sagrado, cuya espesura le hace impenetrable al -dia; no es menester más que verle para reconocer que una divinidad -reside allí. Un altar recibia las súplicas y el incienso ofrecido -por la piedad, un altar hecho sin arte por las manos de nuestros -antepasados. Allí es de donde á los primeros acentos de la trompeta -cada año el cortejo de Juno parte y avanza por los caminos tapizados. -Conduce, en medio de los aplausos del pueblo, blancas vaquillas -alimentadas con los crasos pastos de Falisca, jóvenes becerros cuya -frente no está aun armada ni amenazante, el humilde puerco, víctima -más modesta, y el jefe del rebaño con la cabeza dura y adornada de -cuernos encorvados. Solo la cabra es odiosa á la potente diosa, despues -que en un bosque espeso descubrió la presencia de Juno, y la obligó á -detenerse en su huida. Además los niños, hoy dia aun, persiguen con sus -flechas á la cabra indiscreta, y el primero que la ha herido la obtiene -en premio de su destreza. - -En todas partes por que la diosa debe pasar, tiernos muchachos y -vírgenes tímidas cubren de tapiz los verdes caminos. El oro y las -pedrerías brillan en los cabellos de las jóvenes, y una ropa magnífica -desciende hasta caer sobre sus piés donde brilla el oro. A la manera de -los griegos, sus padres, marchan vestidas de blanco, y llevan sobre -su cabeza los objetos del culto confiados á sus cuidados. El pueblo -guarda silencio durante la marcha del brillante cortejo. En fin, á -continuacion de las sacerdotisas aparece la misma diosa. - -La fisonomía de este espectáculo es enteramente griega. Despues del -asesinato de Agamemnon, Haleso no pensó más que en huir del teatro del -crímen y de los ricos dominios de sus padres. Despues de arriesgadas -carreras por tierra y por mar, edificó, bajo felices auspicios, una -ciudad rodeada de altas murallas. De él han aprendido los Faliscos á -celebrar las fiestas de Juno. ¡Que ellas me sean siempre favorables! -¡que ellas lo sean siempre á su pueblo! - - - - -ELEGIA DÉCIMOCUARTA. - -ARGUMENTO. - -A su señora. - - -Yo no te prohibo, bella como eres, tener algunas debilidades; lo que yo -no quiero, es el dolor y la necesidad para mí de saberlas. No, yo no -exijo censor rígido, que seas casta y púdica; lo que yo te pido es que -procures parecerlo. No es culpable la que puede negar el hecho que se -le imputa; la confesion que hace es la que la deshonra. ¿Qué manía es -esa, de revelar cada mañana los secretos de la noche, y proclamar á la -luz del dia lo que no haces más que en la sombra? - -La cortesana antes de abandonarse al primero que llega, tiene cuidado -de poner entre ella y el público una puerta bien cerrada. ¡Y tú, tú -divulgas en todas partes tus vergonzosos extravíos, orgullosa de ser -á la vez la delatora y la culpable! Sé en adelante más casta, ó al -menos imita á las mujeres púdicas. Que yo te crea honesta aunque no lo -seas. Culpable ayer, sé culpable hoy; pero no lo confieses, y no te -avergüences en público de hablar un lenguaje modesto. - -Un apartado retiro provoca el desarreglo; que sea el solo teatro de -todos tus placeres, desterrado de allí el pudor. Pero desde que salgas, -no conserves nada de la cortesana, y en tu lecho queden sepultados -tus crímenes. Allí, no te ruborices de quitarle la túnica y sostener -otro muslo apoyado sobre el tuyo. Allí, recibe hasta el fondo de tu -encarnada boca una lengua amorosa, y que para tí el amor invente -mil especies de voluptuosidades. Allí ninguna tregua á los dulces -coloquios, á las palabras halagüeñas, y que tu cama cruja con los vivos -apretones del placer. Toma en seguida, con tus vestidos, la modesta -postura de una virgen tímida, y que el pudor de tu frente niegue la -lascivia de tu conducta. Engaña al público, engáñame; pero permite al -menos que yo lo ignore, y déjame gozar de mi tonta credulidad. - -¿Por qué delante de mí, tantos billetes enviados y recibidos? ¿Por qué -tu lecho está batanado á la vez por todos lados? ¿Por qué veo sobre tus -hombros tus cabellos en un desórden que no ha causado el sueño, y sobre -tu cuello la marca de un diente? No te falta más que hacerme testigo -ocular de tu vida licenciosa. ¡Oh! si tú te cuidas poco de atender á tu -reputacion, cuídate de mí al menos. Mi alma me abandona, y me siento -morir todas las veces que tú te reconoces culpable; y en mis venas -corre una sangre helada. Entonces amo, entonces me esfuerzo en vano en -aborrecer lo que me veo forzado á amar; entonces yo quisiera morir, -pero contigo. - -No haré yo ninguna averiguacion; no insistiré, desde que te vea pronta -á negar: tu denegacion solo equivaldrá á inocencia. Si no obstante -llegara yo á sorprenderte en flagrante delito, si mis ojos hubieran de -ser un dia testigos de tu vergüenza, lo que yo hubiera visto demasiado -bien, niega que lo haya visto, y mis ojos tendrán menos autoridad que -tus palabras. Así te será fácil vencer á un enemigo que no pide más -que ser vencido. Que solamente tu lengua se acuerde de decir: «No -soy culpable.» Cuando puedes tan fácilmente triunfar con estas dos -palabras, triunfa, si no por la bondad de tu causa, al menos por la -indulgencia de tu juez. - - - - -ELEGÍA DÉCIMOQUINTA. - -ARGUMENTO. - -Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa. - - -Busca un nuevo poeta, madre de los tiernos Amores; yo no tengo más que -tocar la meta de mi carrera elegíaca. Estos cantos que he compuesto, -yo, hijo de los campos pelignos, han hecho mis delicias y mi nombradía. -Si este honor es alguna cosa, yo he heredado, del primero como del -último de mis antepasados, el título de caballero, y no lo debo al -tumulto de las armas. Mántua está envanecido de Virgilio, Verona de -Catulo: se me llamará á mí, la gloria del pueblo Peligno, de este -pueblo cuyo amor por la libertad le impuso el santo deber de combatir, -en la época en que Roma inquieta tembló delante de las armas reunidas -para su ruina. Un dia, viendo la pantanosa Sulmona encerrada en el -estrecho circuito de sus muros, el viajero exclamará: «Villa que has -sido cuna de tal poeta, tan pequeña como eres, te proclamo grande.» - -Amable niño, y tú, Vénus, madre de este amable niño, arrancad de mi -campo vuestros dorados estandartes. El dios cuya frente está armada -de cuernos, Baco, agitando cerca de mí su temible tirso, me apresura -á lanzar los corceles vigorosos en una más vasta carrera. Vosotras, -delicadas elegías, y tú, Musa lijera, adios: mi obra me sobrevivirá. - - -FIN. - - - - -ÍNDICE DE ESTA OBRA. - - - Págs. - - Los traductores. 7 - - - LIBRO I. - - _Elegía_ 1.ª--Argumento.--Por qué el poeta pasa - de los versos heróicos á los eróticos. 11 - - _Elegía_ 2.ª--Argumento.--Descríbese el triunfo - del amor. 13 - - _Elegía_ 3.ª--Argumento.--Se recomienda á su - querida por las excelencias de la poesía, la - pureza de sus costumbres y la fidelidad á toda - prueba que ofrece. 16 - - _Elegía_ 4.ª--Argumento.--Antes de cenar con - su querida le indica las señas con que podrán - manifestarse su mutuo amor á presencia del - marido. 17 - - _Elegía_ 5.ª--Argumento.--Alégrase de haber poseido - á su amiga. 21 - - _Elegía_ 6.ª--Argumento.--Imprecaciones contra - el portero que rehusaba abrirle la puerta. 22 - - _Elegía_ 7.ª--Argumento.--Contra sí mismo por - haberle pegado á su querida. 26 - - _Elegía_ 8.ª--Argumento.--Contra una alcahueta - que intentaba enseñar á la querida del poeta - las artes de la prostitucion. 30 - - _Elegía_ 9.ª--Argumento.--Gracioso paralelo entre - la guerra y el amor. 36 - - _Elegía_ 10.--Argumento.--A una jóven para - apartarla de la prostitucion. 39 - - _Elegía_ 11.--Argumento.--Suplica á Nape lleve - un billete amoroso á Corina. 43 - - _Elegía_ 12.--Argumento.--Maldice las tabletas - portadoras de la respuesta negativa de su dama. 45 - - _Elegía_ 13.--Argumento.--A la Aurora, para que - no acelere demasiado su marcha. 46 - - _Elegía_ 14.--Argumento.--A una muchacha vuelta - calva de repente. 49 - - _Elegía_ 15.--Argumento.--Contra los adversarios - de la poesía. 53 - - - LIBRO II. - - _Elegía_ 1.ª--Argumento.--Por qué en lugar de la - jigantomaquia que tenia comenzada, canta sus amores. 56 - - _Elegía_ 2.ª--Argumento.--Al eunuco Bagoas, - para que le procure fácil acceso junto á la - belleza confiada á su guarda. 59 - - _Elegía_ 3.ª--Argumento.--Al mismo que se mostraba - inflexible. 63 - - _Elegía_ 4.ª--Argumento.--Su inclinacion al amor; - por qué todas las bellas, sin distincion, le agradaban. 64 - - _Elegía_ 5.ª--Argumento.--Dirige reproches á su - señora, quien á su vista mientras fingía dormir, - habia dado á otro convidado señales inequívocas - de su amor. 67 - - _Elegía_ 6.ª--Argumento.--Deplora la muerte del - papagayo que habia regalado á su señora. 71 - - _Elegía_ 7.ª--Argumento.--A Corina: niega haber - tenido jamás ningun comercio con Cipasis. 75 - - _Elegía_ 8.ª--Argumento.--A Cipasis le pregunta - cómo Corina ha podido saber el secreto de sus amores. 77 - - _Elegía_ 9.ª--Argumento.--A Cupido: le exhorta - para que no gaste todas sus flechas contra él solo. 79 - - _Elegía_ 10.--Argumento.--A Grecino: se puede - muy bien, dígase como se quiera, amar á dos - mujeres á la vez. 82 - - _Elegía_ 11.--Argumento.--Trata de disuadir á - Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania. 84 - - _Elegía_ 12.--Argumento.--Se goza por fin de haber - obtenido los favores de Corina. 88 - - _Elegía_ 13.--Argumento.--A Isis: le pide proteja - la preñez de Corina. 90 - - _Elegía_ 14.--Argumento.--A Corina: aprovecha - su restablecimiento para exponerle más libremente - la gravedad de su falta. 92 - - _Elegía_ 15.--Argumento.--Al anillo que él habia - enviado como presente á su señora. 95 - - _Elegía_ 16.--Argumento.--A Corina induciéndola - á que vaya á su casa de campo de Sulmona. 97 - - _Elegía_ 17.--Argumento.--Se compadece de Corina, - demasiado engreida de su belleza. 100 - - _Elegía_ 18.--Argumento.--A Macer: Se justifica - de entregarse enteramente á cantos eróticos. 102 - - _Elegía_ 19.--Argumento.--A un hombre cuya - mujer amaba. 104 - - - LIBRO III. - - _Elegía_ 1.ª--Argumento.--La Tragedia y la _Elegía_ - se disputan la posesion de Ovidio. 109 - - _Elegía_ 2.ª--Argumento.--Los juegos del Circo. 113 - - _Elegía_ 3.ª--Argumento.--A su amiga, que habia - faltado á sus juramentos. 118 - - _Elegía_ 4.ª--Argumento.--Exhorta á un marido - á no hacer vigilar tan severamente á su mujer. 121 - - _Elegía_ 5.ª--Argumento.--Sueño. 124 - - _Elegía_ 6.ª--Argumento.--A un rio que crecia - de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al - paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora. 127 - - _Elegía_ 7.ª--Argumento.--Contra él mismo por - haber caido en falta con su querida. 133 - - _Elegía_ 8.ª--Argumento.--A su señora que habia - preferido un amante más rico que Ovidio. 138 - - _Elegía_ 9.ª--Argumento.--Sobre la muerte de Tíbulo. 142 - - _Elegía_ 10.--Argumento.--A Céres: se lamenta de que no - le sea permitido asistir á sus misterios con su señora. 146 - - _Elegía_ 11.--Argumento.--Cansado en fin de los - numerosos desprecios de su señora, el poeta - hace aquí el juramento de no volver á amar. 149 - - _Elegía_ 12.--Argumento.--Siente que sus escritos - hayan dado demasiado á conocer á su bella. 152 - - _Elegía_ 13.--Argumento.--Fiesta de Juno. 155 - - _Elegía_ 14.--Argumento.--A su señora. 157 - - _Elegía_ 15.--Argumento.--Dice adios á su Musa - lasciva, para seguir otra más severa. 160 - -*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK AMORES *** - -Updated editions will replace the previous one--the old editions will -be renamed. - -Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright -law means that no one owns a United States copyright in these works, -so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the -United States without permission and without paying copyright -royalties. 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Redistribution is subject to the trademark -license, especially commercial redistribution. - -START: FULL LICENSE - -THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE -PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK - -To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free -distribution of electronic works, by using or distributing this work -(or any other work associated in any way with the phrase "Project -Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full -Project Gutenberg-tm License available with this file or online at -www.gutenberg.org/license. - -Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project -Gutenberg-tm electronic works - -1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm -electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to -and accept all the terms of this license and intellectual property -(trademark/copyright) agreement. 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Hart was the originator of the Project -Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be -freely shared with anyone. For forty years, he produced and -distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of -volunteer support. - -Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed -editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in -the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. - -Most people start at our website which has the main PG search -facility: www.gutenberg.org - -This website includes information about Project Gutenberg-tm, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/old/68015-0.zip b/old/68015-0.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 2ec6513..0000000 --- a/old/68015-0.zip +++ /dev/null diff --git a/old/68015-h.zip b/old/68015-h.zip Binary files differdeleted file mode 100644 index 10d2ae9..0000000 --- a/old/68015-h.zip +++ /dev/null diff --git a/old/68015-h/68015-h.htm b/old/68015-h/68015-h.htm deleted file mode 100644 index 0a8472b..0000000 --- a/old/68015-h/68015-h.htm +++ /dev/null @@ -1,4387 +0,0 @@ -<!DOCTYPE html> -<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" xml:lang="es" lang="es"> -<head> - <meta charset="UTF-8" /> - <title> - Amores: elegías amatorias, by Publio Nasón Ovidio—A Project Gutenberg eBook - </title> - <link rel="icon" href="images/cover.jpg" type="image/x-cover" /> - <style> /* <![CDATA[ */ - -body { - margin-left: 10%; - margin-right: 10%; -} - - h1,h2,h3,h4,h5,h6 { - text-align: center; /* all headings centered */ - clear: both; -} - -p { - margin-top: .51em; - text-align: justify; - margin-bottom: .49em; - text-indent: 1em; -} - -.bold {font-weight: bold;} - -.p2 {margin-top: 2em;} -.p4 {margin-top: 4em;} - -hr { - width: 33%; - margin-top: 2em; - margin-bottom: 2em; - margin-left: 33.5%; - margin-right: 33.5%; - clear: both; -} - -hr.chap {width: 65%; margin-left: 17.5%; margin-right: 17.5%;} -@media print { hr.chap {display: none; visibility: hidden;} } - -hr.r5 {width: 5%; margin-top: 1em; margin-bottom: 1em; margin-left: 47.5%; margin-right: 47.5%;} - -div.chapter {page-break-before: always;} -h2.nobreak {page-break-before: avoid;} - -table { - margin-left: auto; - margin-right: auto; -} -table.autotable { border-collapse: collapse; width: 80%;} -table.autotable td, -table.autotable th { padding: 4px; vertical-align: top;} -.x-ebookmaker table {width: 95%; font-size: 0.9em;} - -.tdr {text-align: right;} -.tdc {text-align: center;} -.page {width: 2em;} - -.pagenum { /* uncomment the next line for invisible page numbers */ - /* visibility: hidden; */ - position: absolute; - left: 92%; - font-size: smaller; - text-align: right; - font-style: normal; - font-weight: normal; - font-variant: normal; -} /* page numbers */ - -.bb {border-bottom: 2px solid; width: 50%; margin-left: 25%;} - -.bt {border-top: 2px solid; width: 50%; margin-left: 25%;} - -.center {text-align: center; text-indent: 0em;} - -.smcap {font-variant: small-caps;} - -/* Images */ - -img { - max-width: 100%; - height: auto; -} -img.w50 {width: 50%;} -.x-ebookmaker .w50 {width: 75%;} -img.w10 {width: 10%;} -.x-ebookmaker .w10 {width: 15%;} - -.figcenter { - margin: auto; - text-align: center; - page-break-inside: avoid; - max-width: 100%; -} - -/* Footnotes */ -.footnotes {border: 1px dashed; margin-top: 2em; margin-left: 3%; margin-right: 3%;} - -.footnote {margin-left: 10%; margin-right: 10%; font-size: 0.9em;} - -.footnote .label {position: absolute; right: 84%; text-align: right;} - -.fnanchor { - vertical-align: super; - font-size: .8em; - text-decoration: - none; -} - -.xbig {font-size: 2em;} -.big {font-size: 1.2em;} -.small {font-size: 0.8em;} - /* ]]> */ </style> -</head> -<body> -<div lang='en' xml:lang='en'> -<p style='text-align:center; font-size:1.2em; font-weight:bold'>The Project Gutenberg eBook of <span lang='es' xml:lang='es'>Amores</span>, by Publio Ovidio Nasón</p> -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and -most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions -whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms -of the Project Gutenberg License included with this eBook or online -at <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. 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Francisco</i>,<br /> -<span class="small">núm. 11.</span></p> - -<p class="center"> <i>Lonja de la Seda</i>,<br /> -<span class="small">núm. 7.</span> -</p> -</div> -<p><span class="pagenum" id="Page_iv">[Pg iv]</span></p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> - -<div class="bt bb"> - -<p class="center">Esta obra es propiedad de su editor Sr. Mariana y Sanz, y todos los -ejemplares llevarán su sello para los efectos de la Ley.</p> -</div> - -<p class="center p2"><span class="figcenter" id="img003"> - <img src="images/003.jpg" class="w10" alt="Decorative image" /> -</span></p> - - - -<p class="bt center">Valencia 1878.—Imp. de M. Alufre, Quevedo, 17.</p></div> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_v">[Pg v]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="EPIGRAMA">EPÍGRAMA<br />DE P. OVIDIO NASON,<br /><span class="small">SOBRE SUS AMORES.</span></h2> -</div> -<hr class="r5" /> - -<p>Nosotros que éramos poco há en número de cinco libros, somos ahora solo -tres: Ovidio, nuestro padre, así lo ha preferido. Si no experimentais -gusto alguno al leernos, la disminucion de dos libros aliviará vuestro -enfado.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_vii">[Pg vii]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="LOS_TRADUCTORES">LOS TRADUCTORES.</h2> -</div> -<hr class="r5" /> - -<p>No hay español medianamente instruido, siquiera no posea la lengua del -Lacio, que no conozca á Ovidio por sus célebres <i>Metamórfosis</i>, -vertidas al castellano desde antiguo por Antonio Perez Sigler, Felipe -Mey y otros; vulgar se ha hecho ya el conocimiento del mismo eminente -poeta por su famoso <i>Arte de amar</i>, cuya última edicion española -ha publicado recientemente el editor del presente libro; á quien -registre nuestras bibliotecas no ha de ser difícil saborear en la -propia lengua de Castilla la traduccion que D. Sebastian de Albarado -tituló <i>Heroyda Ovidiana</i> y hasta las <i>Epístolas amatorias</i>, -causa, segun se dice, de la desgracia y destierro de su autor, que -tiempo há fueron traducidas por Diego Megía; pero los <span class="smcap">Amores</span>, -obra la más expontáneamente producida por el génio poético del -voluptuoso Ovidio, los <i>Amores</i>, que reflejan fielmente la manera -más íntima de ser y de pensar, no solo de su autor, sino de la juventud -romana de su época; los <i>Amores</i>, que marcan el grado de la -corrupcion de costumbres de la corte de Augusto, digna, por más de un -concepto, de profundo estudio; esos <i>Amores</i> son poco conocidos -en el mundo literario, y jamás hasta ahora, que sepamos, han sido -traducidos á la lengua castellana.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_viii">[Pg viii]</span></p> - -<p>¿Es menguado, acaso, el mérito de las elegías amorosas del autor de las -Metamórfosis?</p> - -<p>De ningun modo: Ovidio habia nacido poeta; y á pesar suyo, á pesar -de la promesa de no componer más versos, hecha á su padre al pedirle -perdon, diciendo: «<i lang="la" xml:lang="la">Parce mihi, nunquam versificabo, pater!</i>», -los versos, como el anterior, brotaban naturalmente de su mente, como -el agua desbordada de manantial fecundo, hasta el punto de confesar él -mismo: «<i lang="la" xml:lang="la">Quid quid tentabam scribere, versus erat.</i>» Poeta por -naturaleza, entre todos los géneros de poesía, el que mejor se adaptaba -á su génio é inclinaciones, era sin duda el amoroso.</p> - -<p>En vano se propone escribir un poema en doce cantos, para celebrar al -jigante de cien manos Gyges, hijo del cielo y de la tierra; su musa es -el amor: «<i lang="la" xml:lang="la">hoc quoque jussit amor!</i>»</p> - -<p>Ahora bien; ¿dónde más en su centro pudo encontrarse el génio poético -de Ovidio que al cantar sus propios amores?</p> - -<p>Corina, la bella Corina, semejante á Lais y á Semíramis, y principal -objeto de las elegías amorosas de Ovidio, es á este poeta lo que Delia -á Tibulo, lo que Lesbia á Catullo, lo que Cynthia á Propercio, lo -que Lycoris á Galo, lo que Lydia, Gliceria, Cloris, Phyllida, Licia, -Phillis, Neera, Tyndaris y Pyrrhe al voluble Horacio<a id="FNanchor_1" href="#Footnote_1" class="fnanchor">[1]</a>.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_ix">[Pg ix]</span></p> - -<p>Del mismo modo á Ovidio, que públicamente ama á Corina, tampoco le son -indiferentes la camarera Cypassis, la peinadora Nape y otras que no -nombra, pero que tambien le inspiran bellos versos como protectoras de -sus intrigas amorosas, á cuya sombra se ocultan.</p> - -<p>Al desaparecer estos pasajeros amores, no queda en el pecho del poeta -otro afecto más íntimo que el recuerdo de la amistad consagrado á su -inolvidable compañero Tibulo, á cuya sentida muerte dedica una de sus -más bellas elegías de este libro, en la que evoca los queridos nombres -de Calvo, Catullo y Galo, cantores del amor, cuyos nombres figuran -juntamente en el Eliseo.</p> - -<p>Solo otra de las elegías iguala tal vez á esta en fuerza de conviccion -y de sentimiento, y es la XV del libro I, dirigida contra los -detractores de la poesía.</p> - -<p>La poesía, la amistad, el amor, hé aquí la trilogia que comprende toda -la vida de Ovidio; tales son la delicia, el consuelo y la necesidad -de su alma. ¿Dónde, pues, ha podido reflejarse mejor esta, que en las -elegías dedicadas á sus más íntimos afectos?</p> - -<p>Leyendo las <i>Metamórfosis</i> se puede apreciar la erudicion -mitológica, el ingénio para elegir, la facultad para poetizar de -Ovidio; en <i>Arte de amar</i> hace gala de su aptitud didáctica; pero -para conocer á Ovidio como poeta y como hombre, es necesario leer sus -<i>Amores</i>.</p> - -<p>Verdad es que nada tienen de honestos tales <i>Amores</i>, que no -serian dignos de leerse, á no estar engalanados con toda la mágia de la -poesía y de la originalidad. En efecto, los <i>Amores</i> de Ovidio, -que no tienen la tristeza de Tibulo, ni el buen humor y sencillez de -Horacio;<span class="pagenum" id="Page_x">[Pg x]</span> que están lejos de los arrebatos de Catulo, y aun más lejos -del insulso platonismo de la mayor parte de los poetas eróticos, son la -expresion del placer y de la voluptuosidad en toda su desnudez, pero -presentada con el decoro del arte.</p> - -<p>Si es digna de condenarse á perecer esta clásica obra, cuya traduccion -presentamos, no deben por igual razon quedar en pié las clásicas -estátuas de Vénus, que tambien con toda su desnudez, pero con el -decoro del arte, nos legó la antigüedad, como representacion de la -voluptuosidad, del placer y de la belleza, si es que otra cosa no -representa la infiel esposa de Vulcano y lasciva amante de Adónis.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_1" href="#FNanchor_1" class="label">[1]</a> Ello, no obstante, dice de él el Sr. Alarcon en su -discurso de recepcion por la Real Academia Española, que fué -constantemente moral y muchas veces moralista en sus inmortales -versos.</p> - -</div> -</div> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_11">[Pg 11]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="LIBRO_PRIMERO">LIBRO PRIMERO.</h2> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_PRIMERA">ELEGIA PRIMERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - -<p class="center bold">Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos.</p> - - -<p>Las armas y las encarnizadas batallas me preparaba á cantar en forma -heróica. Los versos eran todos de igual medida, pero dicen que se echó -á reir Cupido y acortó un pié. ¿Quién, niño cruel, te ha dado tal -derecho sobre la poesía? De las musas, y no tuyo, somos cortejo los -vates. ¿Qué se diria si Vénus se cubriese con las armas de Minerva -ó si esta atizase tu hacha para avivar su llama? ¿Quién hallaria -conforme que Céres reinase en las frondosas selvas y la vírgen del -Carcax presidiese el cultivo de los campos? ¿Apolo, el de los rubios -cabellos,<span class="pagenum" id="Page_12">[Pg 12]</span> será armado de aguda lanza mientras que Marte hará vibrar -las cuerdas de la lira Aonia? Demasiado grande y demasiado poderoso, -¡oh muchacho! es tu imperio; ¿por qué aun quieres extenderlo más? ¿Es -todo tuyo? ¿son tuyos el monte Helicon y el valle de Tempe? ¿Tambien ha -de ser tuya la lira de Apolo? El primer verso principiaba rotundamente -mi nuevo poema, cuando el Amor acorta repentinamente mi brio. Para -inspirarme versos más ligeros, no tengo ni un jóven ó una jóven de -blondos cabellos, que me den pié.</p> - -<p>Apenas me habia quejado, cuando desligando su carcax, sacó flechas -destinadas á herirme y despues de tender fuertemente sobre la rodilla -su flexible arco: «Recibe, dijo, oh vate, asunto que cantar.»—¡Infeliz -de mí! el niño acertó la puntería. Me abrasó, y en mi pecho, hasta -ahora vacío, reina el Amor. Comencé mi obra con seis piés y acabé con -cinco. Adios, sangrientas guerras; adios, ritmo bélico. Ciñe tu rubia -cabeza con el verde mirto, Musa mia, que no tienes que modular más que -once piés en cada dos versos.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_13">[Pg 13]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_SEGUNDA">ELEGIA SEGUNDA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - -<p class="center bold">Descríbese el triunfo del amor.</p> - - -<p>¿Podrá haber quien me diga por qué me parece tan duro mi lecho, por -qué mi cubrecama no puede permanecer sobre él, por qué esta tan larga -noche ha pasado sin poder yo conciliar el sueño, y por qué, aun echado, -me duelen todos los huesos? Comprendo que así sucediera, si algun amor -viniese á tentarme. ¿Por dónde traidoramente se desliza y callado me -hiere con sus artificios? Sí, eso es: agudas flechas han penetrado mi -corazon, que fiero, el amor trata como pais conquistado. ¿Me daré por -vencido, ó, luchando, daré pábulo á esta súbita llama? Cedamos: leve -se hace la carga cuando se la sabe llevar. Crecen las llamas cuando se -las combate soplando, y se extinguen cuando nadie las toca. Más golpes -llevan los bueyes que repelen el yugo, que los habituados á llevarlo. -El caballo indómito es duramente regido, y ménos siente el freno el -que está pronto á marchar<span class="pagenum" id="Page_14">[Pg 14]</span> al combate. Así tambien el Amor apremia -más cruelmente á los rebeldes que á los que se conforman á prestarle -vasallaje.</p> - -<p>¡Yo lo confieso, soy tu nueva presa, Cupido! somos los vencidos que -extendemos las manos ante tu poder. No hay necesidad de guerra; paz -y perdon te imploramos. Pero no mereces alabanza en vencer con tus -armas á un hombre inerme. Corónale de mirto, unce las palomas de tu -madre; el mismo Marte te dará el carro que te conviene, y sobre ese -carro, en medio de las aclamaciones del pueblo, te erigirás triunfador, -y guiarás con arte las uncidas aves. Seguiránte jóvenes cautivos y -cautivas niñas. Esta será la pompa de tu magnífico triunfo, y yo mismo, -postrer víctima, estaré allí con mi reciente herida, y, esclavo sumiso, -arrastraré mi nueva cadena. La Moralidad será conducida con las manos -atadas tras la espalda, lo mismo que el Pudor y cuanto es obstáculo -á las armas del Amor. Todos te temerán y, extendiendo hácia tí sus -brazos, entonará el pueblo con grandes voces «¡Victoria!» Las caricias -serán tus compañeras, y la ilusion y la locura tu inseparable escolta. -Con este ejército somete los hombres y los dioses. Alegre<span class="pagenum" id="Page_15">[Pg 15]</span> tu Madre te -aplaudirá triunfador, desde lo alto del Olimpo, y esparcirá rosas sobre -tu frente. Tus alas y tus cabellos se adornarán con piedras preciosas, -y resplandeciente como el oro, serás conducido por las doradas ruedas -de tu carro. Tambien entonces, si mal no te conozco, inflamarás no -pocos corazones; tambien entonces abrirás á tu paso muchas heridas. Tus -flechas, aunque lo quisieras, no pueden estar quietas, tu férvida llama -quema aun en medio del agua.</p> - -<p>Tal era Baco cuando triunfó del pais donde corre el Ganges: tú eres -conducido por aves, él lo fué por tigres; así, pues, que forme yo -parte de tu sacra comitiva; no quieras perder el derecho del vencedor. -Contempla la feliz conquista de tu pariente César: con la misma mano -con que los vence proteje á los vencidos.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_16">[Pg 16]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_TERCERA">ELEGIA TERCERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Se recomienda á su querida por las excelencias de la poesía, la pureza -de sus costumbres y la fidelidad á toda prueba, que ofrece.</p> - - -<p>Mi plegaria es justa: que la niña que há poco me han robado, ó me ame, -ó haga por que le ame toda mi vida. ¡Ah, demasiado he ambicionado! que -solamente me permita amarla. Ojalá Venus oyera mis súplicas. Acepta un -amante que te servirá por largos años, acepta un amante que sabe amar -con fidelidad eterna.</p> - -<p>Si no me recomiendan ilustres apellidos de antigua familia; si mi -abuelo era solo un caballero particular, y si las tierras de mi casa -no se remueven con innumerables arados y mis padres restringen mi -escaso gasto, recomiéndenme no solamente Apolo y sus nueve compañeras -y el inventor de la viña, sino tambien el Amor que me entrega á tí, y -la fidelidad á que nadie me hará faltar; mis costumbres sin tacha, mi -inocente sencillez, y mi rubicundo pudor. No me gustan todas: no soy<span class="pagenum" id="Page_17">[Pg 17]</span> -burlador de Amores. Tú sola, si me correspondes con la misma fidelidad, -serás siempre mi perene cuidado. Ojalá pase junto á tí los años que la -Parca me deje, y muera con sentimiento tuyo.</p> - -<p>Dame feliz tema para mis versos y serán dignos de quien los inspira. A -la poesía deben su celebridad la ninfa Io, asustada de sus cuernos; y -aquella á quien el adúltero sedujo, trasformado en Cisne<a id="FNanchor_2" href="#Footnote_2" class="fnanchor">[2]</a>, y la que -robada por un fingido toro se cogió á sus largos cuernos con virgínea -mano<a id="FNanchor_3" href="#Footnote_3" class="fnanchor">[3]</a>. Nosotros tambien seremos cantados por todo el mundo, y siempre -citarán unidos tu nombre y el mio.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_2" href="#FNanchor_2" class="label">[2]</a> Leda.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_3" href="#FNanchor_3" class="label">[3]</a> Europa.</p> - -</div> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_CUARTA">ELEGIA CUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Antes de cenar con su querida le indica las señas con que podrán -manifestarse su mútuo amor á presencia del marido.</p> - - -<p>Tu marido ha de cenar con nosotros; ¡así sea esta su última cena! -¿mientras tanto solo contemplaré<span class="pagenum" id="Page_18">[Pg 18]</span> á mi amada como convidado? ¿El -derecho de estar junto á ella será de otro? ¿Recostada con él darás -nuevo calor á su seno? ¿Cuando guste, pasará su mano sobre tu cuello? -No atiendas á la que tras el festin de su boda<a id="FNanchor_4" href="#Footnote_4" class="fnanchor">[4]</a> puso en guerra á -los deformes Centauros. Yo no habito las selvas, ni soy medio caballo -como ellos, pero me parece que apenas podré contenerme. Aprende lo que -tienes que hacer y no dejes que se lleven mis palabras ni el Euro ni el -tibio Noto.</p> - -<p>Llega ántes que tu marido; no preveo aun así qué puede hacerse, pero vé -primero. Cuando se acerque á la mesa, irás con aire modesto á ponerte -á su lado; procurando el oculto contacto de nuestros piés. Observa lo -que te indiquen mis señas y el lenguaje de mis ojos. Mira y devuelve -del mismo modo las furtivas señas. Sin voz le hablarán mis cejas y -leerás palabras trazadas con los dedos. Cuando te ocurra la idea de -nuestros placeres, toca con el tierno índice tus sonrosadas mejillas. -Si quieres darme alguna secreta queja, suspenda el extremo de tu oreja -tu blanda mano. Cuando te<span class="pagenum" id="Page_19">[Pg 19]</span> plazca, sol mio, lo que yo haga ó diga, haz -rodar tu sortija al rededor de tus dedos. Pon las manos sobre la mesa -del modo como cuando suplicantes piden para tu marido todos los males -que merece. Cuando él te escancie el vino, haz que se lo beba, y pide -despues por lo bajo al criado que te sirva el que prefieras. Yo tomaré -el primero la copa que tú dejes y beberé en ella por la misma parte -por donde tú hayas bebido. Si por casualidad te ofrece el vino libado -ántes por él, rehúsalo. No permitas que oprima tu cuello con indignas -caricias, ni reposes tu cabeza sobre su rudo pecho; sobre todo, -guárdate de darle besos. Si se los das, yo me declararé públicamente tu -amante, diciendo «son mios;» y se los disputaré con mis manos.</p> - -<p>Estas caricias, sin embargo, las veré; pero las que me ocultará la -cubierta de la mesa serán mi mayor tormento. No juntes, pues, ni tus -piernas, ni tus rodillas á las de tu marido, ni roces con tu delicado -pié, su pié grosero.</p> - -<p>Temo, infeliz, muchos males, porque muchos males hice, y me atormento -con el temor de mi mismo ejemplo. Muchas veces mi querida y yo hemos -estimulado bajo los vestidos que nos cubrian,<span class="pagenum" id="Page_20">[Pg 20]</span> el momento del dulce -placer. Tú no harás eso; pero, para ahuyentar toda duda, desnuda tus -espaldas del manto que las cubre. Ruega contínuamente á tu marido que -beba, pero sin acompañar las súplicas con besos; y mientras beba, -añádele furtivamente si puedes vino puro, y si se deja caer por efecto -del sueño y del vino, nos aconsejarán el sitio y las circunstancias.</p> - -<p>Cuando te levantes y todos nos levantemos para irnos á casa, no olvides -introducirte en medio de la comitiva; allí me encontrarás ó allí te -encontraré, y entonces tienta de mí lo que puedas.</p> - -<p>¡Infeliz de mí! Te he enseñado lo que debe aprovechar para pocas horas, -pues la noche manda separarme de mi compañera. Su marido se encerrará -con ella toda la noche, y yo, bañado de lágrimas, no podré seguirle -sino hasta la puerta. Le dará besos, despues se tomará algo más que -besos, y le darás como un deber, lo que á mí me concedes furtivamente; -pero no te prestes, esto te es posible, sino de mala gana y como á la -fuerza. Callen las caricias, y séale Vénus avara. Si de algo sirven mis -votos, él no hallará placer alguno; á lo menos tú no lo recibas de él. -Por lo demás,<span class="pagenum" id="Page_21">[Pg 21]</span> cualesquiera que sean los sucesos esta noche, niégame -mañana porfiadamente haberle concedido cosa alguna.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_4" href="#FNanchor_4" class="label">[4]</a> Hippodamia</p> - -</div> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_QUINTA">ELEGÍA QUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Alégrase de haber poseido á su amiga.</p> - - -<p>Hacia mucho calor; era el medio dia, y yo me recosté en la cama para -descansar. Las ventanas estaban entreabiertas, dando paso á una media -luz semejante á la que suelen dejar los árboles del bosque, ó á la -que destella el crepúsculo cuando el sol se pone, ó bien la que se -distingue cuando acaba la noche, pero aun no ha principiado el dia. Tal -es la luz que ha de prepararse á las niñas vergonzosas, para que su -tímido pudor pueda cohonestarse con la penumbra.</p> - -<p>Hé aquí que llega Corina, con la túnica recojida y con el cabello -dividido sobre su blanco cuello, cual se dice iba al tálamo la hermosa -Semíramis, ó como Lais se presentaba á sus numerosos amantes.<span class="pagenum" id="Page_22">[Pg 22]</span> Le -separé la túnica, que por lo fino no perjudicaba gran cosa, pero -luchaba por cubrirse con ella, y así luchando, como quien no quiere -vencer, fué vencida sin gran pena.</p> - -<p>Cuando se descubrió ante mis ojos sin velo alguno, no apareció ni -una imperfeccion en todo su cuerpo. ¡Qué hombros, qué brazos ví y -toqué! ¡qué seno formado para las caricias! ¡Qué liso vientre bajo su -preeminente pecho! ¡Qué esbelto talle! ¡Qué juvenil pierna! ¿Por qué -descender á detalles? No he visto nada tan perfecto, y desnudo oprime -su cuerpo con el mio. ¿Quién ignora lo demás? Fatigados, descansamos -los dos. ¡Así pueda yo pasar á menudo las calurosas horas del medio dia!</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_SEXTA">ELEGÍA SEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Imprecaciones contra el portero que rehusaba abrirle la puerta.</p> - - -<p>Portero, indignamente cargado de hierros, abre, haciendo rodar los -goznes la rebelde puerta.<span class="pagenum" id="Page_23">[Pg 23]</span> Poco es lo que te pido: entreábrela solo -lo suficiente para que pueda yo pasar de lado. La prolongada pasion -amorosa, ha extenuado mi cuerpo y ha puesto mis miembros á propósito -para ello. El amor me enseña á insinuarme suavemente á los guardianes, -y dirije, protegiéndolos, mis pasos.</p> - -<p>En otro tiempo, empero, yo temia la noche y sus vanos fantasmas, y me -admiraba de que álguien se aventurase entre tinieblas. Se burló á mis -oidos Cupido con su tierna madre, y díjome por lo bajo: «Tú tambien te -volverás valiente.»</p> - -<p>La hora del amor ha llegado sin tardanza y no temo las sombras que -vagan durante la noche, ni las manos dirigidas contra mi persona. -No temo mas que tu lentitud; solo á tí te halago; tú tienes el rayo -con que puedes perderme. Para que mejor lo veas quita estas crueles -barreras, y mira cómo esa puerta está regada con mis lágrimas. Cuando -desnudo estabas para recibir azotes, intercedí por tí ante tu señora. -Así, pues, mis súplicas que entónces pudieron alcanzar gracia en favor -tuyo, ¿no podrán ¡oh infamia! alcanzarla hoy en mi favor? Págame lo que -me debes, hé aquí la ocasion de mostrarte agradecido, como deseas. La -noche avanza:<span class="pagenum" id="Page_24">[Pg 24]</span> descorre los cerrojos. Hazlo, y ¡así seas libertado de la -larga cadena y no bebas perpétuamente el agua de los esclavos!</p> - -<p>Duro como el hierro, no me oyes, portero, cuando te suplico, y la -puerta de fuerte roble permanece cerrada. Que las cerradas puertas -sirvan á las ciudades sitiadas; pero en medio de la paz, ¿por qué temes -las armas? ¿Qué harás con un enemigo, si así resistes á un amante? La -noche avanza; descorre los cerrojos.</p> - -<p>No vengo con armas y soldados, yo estaria solo si el cruel Amor no -viniese conmigo. Aunque quiera, no puedo alejarle. Me acompañaria -aunque me dividiese en dos. El Amor, un poco de vino que se me sube á -la cabeza, una corona que se desprende de mis perfumados cabellos, es -lo que llevo conmigo: ¿quién temerá tales armas? ¿quién no correrá á su -encuentro? La noche avanza, descorre los cerrojos.</p> - -<p>¿Es tu inercia ó es el sueño, contrario del que ama, la causa de que -sin que las atiendas se lleve el viento mis palabras? Pero yo me -acuerdo que en otro tiempo cuando me queria ocultar de tí, te hallaba -en pié y vigilando á media noche.<span class="pagenum" id="Page_25">[Pg 25]</span> Tal vez á estas horas duerme á tu -lado tu compañera. ¡Ah, cuánto mejor es tu suerte que la mia! Así -pasasen á ese precio á mis manos tus duras cadenas. La noche avanza, -descorre los cerrojos.</p> - -<p>¿Me engaño? ¿no ha crujido la puerta sobre sus goznes, como en señal de -que está franca la entrada? Me he engañado; el impetuoso viento habrá -impulsado las puertas. ¡Ay de mí! ¡cuán lejos el viento se ha llevado -mi esperanza! Por poco que te acuerdes, Borcas, del rapto de Oritia, -llega aquí y con tu violencia derriba estas puertas, sordas á mi ruego. -Todo calla en la ciudad, y humedecida con trasparente rocío avanza la -noche: descorre los cerrojos, ó yo mismo, más activo que tú, fuerzo á -hierro y á fuego, la puerta que se me niega.</p> - -<p>La noche, el Amor y el vino nada moderado me aconsejan. La noche no -conoce el pudor, el Amor y el vino no conocen el miedo. Todo lo he -probado; pero ni con súplicas, ni con amenazas te he podido mover, -¡oh portero más sordo que tu misma puerta! Tú no sirves para guardar -la casa de una hermosa jóven; eres más digno de estar<span class="pagenum" id="Page_26">[Pg 26]</span> guardando un -calabozo. Ya el lucero de la mañana aparece en el horizonte y el gallo -llama á los pobres al trabajo. Pero tú, corona arrancada á mi triste -frente, queda por el resto de la noche sobre los duros umbrales; serás -testimonio ante su señora, cuando mañana te vea por tierra, del tiempo -tan lastimosamente perdido. «Adios;» á pesar de todo, «¡Adios!» Ojalá -experimentes lo que siente su amante despedido. Y vosotras tambien, -crueles puertas con inalterables goznes, «Adios;» y tú tambien, umbral -cruel como tu guardian, «¡Adios!»</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_SEPTIMA">ELEGIA SÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Contra sí mismo, por haberle pegado á su querida.</p> - - -<p>Ata mis manos, merecedoras de cadenas, ahora que ha pasado la furia, -si te <em>muestras</em> amigo mio. El furor fué causa de que levantase -contra mi señora mis temerarios brazos, y llora herida por mi mano. Era -yo capaz entónces de maltratar<span class="pagenum" id="Page_27">[Pg 27]</span> á mis caros padres y de golpear á los -santos dioses.</p> - -<p>¡Mas qué! ¿Ayax, dueño de un impenetrable escudo, no degolló rebaños -á través de los campos? El desgraciado Orestes, que no pudo vengar á -su padre sino con la sangre de su propia madre, ¿no armó sus manos -contra las misteriosas deidades? ¡Yo, pues, he podido maltratar su -peinado! Ni el desarreglo de sus cabellos la ha desfigurado, sino que -aun así estaba hermosa. De tal modo la Scheneida, dicen que con el arco -perseguia las fieras Menalias. De tal modo lloraba la hija del rey de -Creta viendo á los raudos vientos llevarse á la vez las promesas y los -bajeles del perjuro Theseo; de tal modo, sin la venda que ceñia sus -cabellos, se tendió Calandra sobre el pavimento, casta Minerva, de tu -templo.</p> - -<p>¿Quién no me hubiese tratado de demente? ¿quién no me hubiese llamado -bárbaro? Ella nada dijo, paralizada su lengua por el pavoroso temor. -Pero sin palabras, su rostro expresaba sus reproches, y, callando su -boca, me acusaba con sus lágrimas como reo. Hubiera yo querido que mis -brazos se hubieran desprendido de mis hombros. Mejor me<span class="pagenum" id="Page_28">[Pg 28]</span> hubiera sido -carecer de alguna parte de mi cuerpo. Contra mí mismo se volvieron mis -fuerzas y mi delirio, y fuí vigoroso para mi suplicio. ¿Qué tengo que -ver con vosotros, ministros del asesinato y del crímen? Sufrid, manos -sacrílegas, las merecidas cadenas. Si hubiese herido al último de los -romanos, seria castigado; ¿tengo mayor derecho contra mi señora? El -hijo de Tideo<a id="FNanchor_5" href="#Footnote_5" class="fnanchor">[5]</a> ha dejado un afrentoso monumento de su maldad; fué el -primero que pegó á una Diosa; yo he hecho otro tanto, pero aun fué él -menos culpable, pues yo he maltratado á la que decia amarme y aquel fué -cruel con su enemiga.</p> - -<p>Ve ahora, vencedor, á gozar de tu triunfo; ¡ciñe tu frente con el -laurel de la victoria, cumple tus votos á Júpiter! Y la turba que -seguirá tu carro, clame «Vítor al valiente vencedor de una niña!» Vaya -delante tu pobre víctima, suelto el cabello, y blanca desde los piés á -la cabeza, á no ser por las lesiones de sus mejillas.</p> - -<p>Más á propósito era su boca para marcarla con mis lábios y su cuello -para tener la señal de un diente<span class="pagenum" id="Page_29">[Pg 29]</span> acariciador. En fin, si yo me -desencadenaba como un torrente impetuoso y estaba ciego de coraje, -¿no era bastante dar gritos á una tímida niña, sin amedrentarla con -demasiado fuertes amenazas ó despojarla torpemente de su vestido hasta -la cintura? Al menos hubiese osado no más contra la mitad de su cuerpo; -pero despues le he arañado las mejillas, agarrándola por los cabellos.</p> - -<p>Quedó ella sin sentido con el rostro descolorido y blanco como el -mármol de Páros. He visto sus nervios inanimados y sus miembros -temblando como la hoja del álamo agitada por el viento, como la débil -caña mecida por el blando céfiro, como la onda rizada por el Noto. Sus -lágrimas, retenidas por mucho tiempo, corrieron sobre sus mejillas, -como fluye el agua de la nieve que se deshiela. Entónces comencé á -reconocerme culpable: las lágrimas que ella derramaba, eran mi propia -sangre. Tres veces quise arrojarme suplicante á sus piés, y tres veces -rechazó mis temidas manos.</p> - -<p>No lo dudes, la venganza disminuirá tu dolor: araña mi rostro con tus -uñas, no perdones mis cabellos. La ira ayude tus débiles manos, ó por -lo<span class="pagenum" id="Page_30">[Pg 30]</span> ménos, para borrar las tristes señales de mi crímen arregla y peina -tus cabellos.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_5" href="#FNanchor_5" class="label">[5]</a> Diómedes.</p> - -</div> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_OCTAVA">ELEGIA OCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Contra una alcahueta que intentaba enseñar á la querida del poeta las -artes de la prostitucion.</p> - - -<p>Oiga, quien quiera conocer una alcahueta: hay cierta vieja Dipsas; su -nombre lo toma de su oficio<a id="FNanchor_6" href="#Footnote_6" class="fnanchor">[6]</a>; jamás vió en ayunas á la madre del -negro Memnon<a id="FNanchor_7" href="#Footnote_7" class="fnanchor">[7]</a>, en su carro de púrpura. Conoce las artes mágicas y -los versos de encantamientos, y con su poder hace volver hácia su -orígen las rápidas aguas. Conoce bien la virtud de las yerbas, la del -lino arrollado sobre el torno cabalístico y la del hipomanes. Cuando -ella quiere, se llena el cielo de nubes; cuando ella quiere, brilla -la luz del dia en el puro firmamento. Yo he visto, ¿lo creereis? las -estrellas<span class="pagenum" id="Page_31">[Pg 31]</span> destilando sangre, y la faz de la luna estaba tambien -ensangrentada.</p> - -<p>Sospecho que suele volar viva entre las sombras de la noche y cubrir -con plumas su viejo cuerpo. Lo sospecho y así es fama: en sus ojos -brilla una doble pupila de donde nace la luz más viva. Evoca á los -antepasados, que yacen en los sepulcros, y al són de su plañidero -canto, se abre el duro suelo. Se complace en profanar el casto tálamo, -y no carece de elocuencia su corruptora lengua. La casualidad me hizo -testigo de su enseñanza, á favor de una doble puerta que me ocultaba, -mientras decia así: «¿Sabes, luz de mis ojos, que prendaste ayer á un -rico jóven? Te vió y no cesó de fijar sus ojos en tu rostro. ¿Y á quién -no has de gustar? No cedes en belleza á ninguna otra. Pero ¡ay de mí! -faltan galas dignas de tan bellas formas. ¡Quisiera yo que fueses tan -rica como hermosísima eres! No seré pobre cuando seas rica. Has tenido -que sufrir la adversa estrella de Marte, pero Marte ha cesado y ahora -Vénus te es favorable. Mira cómo te es propicia su llegada: un rico -amante te quiere y desea saber qué es lo que te haga falta. Su cara no -desdice de la<span class="pagenum" id="Page_32">[Pg 32]</span> tuya, y si no te quisiera comprar los suyos, habrias tú -de comprarle tus encantos.»</p> - -<p>La jóven se sonrojó. «El pudor, continuó la vieja, sienta bien á las -blancas mejillas; si lo finges, aprovecha; pero cuando tengas tus ojos -con arte inclinados sobre tu seno, no mires á nadie sino á proporcion -de lo que te ofrezca. Quizá, bajo el reinado de Tacio, las rudas -Sabinas no hubiesen querido entregarse á muchos hombres. Ahora escita -Marte los ánimos contra las armas extranjeras, y Vénus reina en la -ciudad de su querido Eneas. Divertíos, hermosas jóvenes, solo es casta -aquella á quien nadie solicita, y aun si su rusticidad no lo impide, -ella misma busca. Desarruga el entrecejo; ¡cuántos crímenes se ocultan -á menudo debajo de una arruga! Penélope probaba las fuerzas de los -jóvenes con un arco, y para el que quiera saber más este arco era de -cuerno. El tiempo vuela sin sentir y engaña la voluble edad, como se -desliza el agua del rio, renovada incesantemente. El acero brilla con -el uso: un buen trage quiere ser llevado. Los palacios deshabitados se -arruinan bajo la yerba. La belleza, si nadie la regocija, envejece. Y -no son bastantes uno ó dos amantes; ¡cuantos más, es<span class="pagenum" id="Page_33">[Pg 33]</span> más seguro y fácil -el provecho! Los lobos viejos buscan su presa en un rebaño entero. -Dime, ¿qué te dá ese tu poeta, fuera de nuevos versos? De tu amante -muchos miles lees. El mismo dios de los poetas, cubierto con un manto -recamado de oro, pulsa las cuerdas de una dorada lira. Quien te dé oro -sea á tus ojos más grande que el grande Homero. Créeme, el dar es cosa -ingeniosa. Ni desdeñes al redimido por merced; pues el tener el pié -marcado con la señal de la esclavitud, no es un crímen; pero tampoco te -dejes engatusar por rancios títulos de nobleza. Váyase con sus abuelos -el amante pobre. ¿Qué? porque sea guapo, ¿querrá el otro pasar una -noche sin pagar? Que busque antes el oro de su amigo.</p> - -<p>No seas demasiado exijente mientras tiendes las redes, por miedo -de que te se escape la presa: una vez apresados, remátalos á tu -antojo. Ningun efecto hace un amor fingido, deja creer que tu amante -es amado, pero cuida de que este amor no sea cierto. Rehusa muchas -veces pasar la noche juntos, finge para ello un dolor de cabeza ó la -abstinencia que requieren los dias consagrados á Isis; pero recíbele -á menudo para que no se habitúe á la privacion,<span class="pagenum" id="Page_34">[Pg 34]</span> ó que no se enfrie -el amor frecuentemente rechazado. Sean tus puertas sordas al que -ruega y blandas al que dá; oiga el amante recibido las palabras del -desdeñado. Y no dejes nunca en cualquier desavenencia de quejarte como -primeramente ofendida. Desvanece tus culpas con tus inculpaciones; pero -no te abandones demasiado tiempo á la cólera: una cólera prolongada -ha engendrado á menudo el odio.—Aprendan tambien tus ojos á derramar -lágrimas forzadas, y á humedecer tus mejillas—y con tal de engañar á -alguno, no temas ser perjura: Vénus hace que los Dioses sean sordos á -las lágrimas de los ilusos. Toma á tu servicio un siervo y una criada -hábiles que sepan indicar lo que se haya de comprar para tí, y para -sí pidan cortos regalos. Si entre muchos, piden un poco á cada uno, -de muchas migajas se hará grande monton. Y tu hermana y tu madre y tu -ama de leche, hagan contribuir á tu amante. Pronto se hace buen botin -cuando muchas manos ayudan á ello. Cuando te falte un pretesto, celebra -tu cumpleaños.</p> - -<p>Cuida sobre todo de no dejar creer á tu amante que está seguro sin -rival; sin la rivalidad, poco dura el amor. Vea sobre tu lecho indicios -de otro<span class="pagenum" id="Page_35">[Pg 35]</span> poseedor de tu belleza, y marcado tu cuello con lascivas -señales, y vea principalmente los regalos que otro te hubiese enviado. -Si nada te lleva, háblale de las novedades que se venden en la Via -sacra. Cuando le hayas sacado bastante, para que no todo sea dar, -pídele prestado lo que nunca le habrás de volver. Ayude tu lengua á lo -que se proponga tu mente; halágale para mejor perderle; el mortífero -veneno se encubre con dulce miel. Si sigues mis lecciones, fruto de una -larga experiencia, y no dejas que mis palabras se las lleve el viento, -llegará dia en que me dirás «vive desahogadamente.» ¡Cuántas veces -despues que yo muera pedirás al cielo que descansen en paz mis huesos!»</p> - -<p>Así decia, cuando me delató mi sombra. No sé cómo pude contener mis -manos para no arrancarle su blanco y escaso pelo, sus ojos llorosos de -vino, y sus rugosas mejillas. ¡Sin casa ni hogar, exclamé, dente los -Dioses una miserable vejez, largos inviernos y perpétua sed!</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_6" href="#FNanchor_6" class="label">[6]</a> Viene del griego y significa <i>tener sed</i>.</p> - -</div> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_7" href="#FNanchor_7" class="label">[7]</a> La Aurora.</p> - -</div> -</div> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_36">[Pg 36]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_NOVENA">ELEGIA NOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Gracioso paralelo entre la guerra y el amor.</p> - - -<p>Todo amante es soldado, y Cupido tiene su campo: sí, Atico, créeme, -todo amante es soldado.</p> - -<p>La edad que conviene para la guerra es la propia para Vénus. ¡Malhaya -un soldado viejo! ¡Malhaya un amante anciano! La edad que quiere un -general en un bravo soldado, es la que pide una jóven beldad en el -poseedor de sus encantos. Uno y otro vigilan; ambos duermen en tierra; -ambos hacen centinela: el uno á la puerta de casa su querida, el otro -en la de su general.</p> - -<p>¡Cuánto camino tiene que hacer el soldado! El amante, cuando su -querida está desterrada, la seguirá intrépido hasta el fin del mundo. -Atravesará las montañas más altas y los rios más engruesados por -las tempestades; cruzará las amontonadas nieves. ¿Conviene pasar -los mares? No pretestará los vientos desencadenados; no buscará -el<span class="pagenum" id="Page_37">[Pg 37]</span> tiempo propicio para la navegacion. ¿Qué otro que un soldado ó -un amante despreciará la frescura de las noches y los torrentes de -lluvia mezclados de nieve? El uno es enviado delante del enemigo como -explorador; el otro tiene los ojos fijos en su rival, como en un -enemigo. Aquel sitia las ciudades amenazadoras, este la casa de su -inflexible dama: más ó menos grandes, ambos baten las puertas para irse -á fondo.</p> - -<p>Se fué frecuentemente vencedor, por haber podido sorprender á un -enemigo sumerjido en el sueño, y matar, espada en mano, á un ejército -sin defensa. Así fueron degollados los bravos batallones del tracio -Reso, quien se vió robar sus famosísimos caballos. Tambien con -frecuencia los amantes saben aprovecharse del sueño de los maridos, -y volver sus armas contra el enemigo. El cuidado de escapar á la -vigilancia de los guardas y de los centinelas tiene siempre en suspenso -al soldado y al amante.</p> - -<p>Marte es dudoso y Vénus nada tiene de asegurada: los vencidos se -reaniman, y los que os parecen no poder ser derrotados, caen á su vez. -Que se deje, pues, de llamar al amor la desidia:<span class="pagenum" id="Page_38">[Pg 38]</span> es menester un alma á -toda prueba para amar.</p> - -<p>Aquiles arde por Brisada, arrebatada á su amor: mientras que su dolor -os lo permita, Troyanos, quebrantad las fuerzas de la Grecia. De los -abrazos de Andrómaca, Héctor corria á las armas: su esposa le cubria la -cabeza con su casco. El primero de los jefes de la Grecia, el hijo de -Atrea, á la vista de la hija de Priamo con los cabellos esparcidos á la -manera de las bacantes, quedó, se dice, suspenso de admiracion. Pero él -mismo fué preso en el lazo que habia forjado Vulcano: ninguna historia -hizo tanto ruido en el cielo. Yo mismo estaba sosegado y nacido para no -hacer nada: el lecho y el descanso habian ablandado mi alma. El cuidado -de una jóven belleza puso término á mi apatía: ella me mandó hacer mis -primeras armas á su servicio. Desde entonces, me veiais ágil y siempre -ocupado en alguna expedicion nocturna. ¿Quereis no ser cobardes? Amad.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_39">[Pg 39]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMA">ELEGÍA DÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A una jóven para apartarla de la prostitucion.</p> - - -<p>Como la princesa, que arrebatada en las orillas del Eurolas sobre -los bajeles frigios, fué para sus dos esposos la causa de una tan -larga guerra; y la bella Leda, que el diestro Júpiter, oculto bajo -la engañosa apariencia de un cisne de blancas plumas, sedujo con -menosprecio de himeneo; y Anémona corriendo con una urna sobre la -cabeza, los campos estériles de la Argólida: tal eras tú á mis ojos. -Temia para tí la metamórfosis del águila y del toro, y todas las -astucias que sugiere el Amor al poder de Júpiter. Hoy dia, no temo -nada; estoy fuera de mi error, y tu belleza no anubla mis ojos. ¿De -qué proviene, pues, este cambio? me preguntas. Consiste en que tú la -pones á precio: y vé ahí lo que hace que tú no sabrias gustarme. Cuanto -más sencilla y sin arte fueras, tanto más amaria tu alma y tu cuerpo: -hoy dia, la enfermedad de tu<span class="pagenum" id="Page_40">[Pg 40]</span> alma ha despojado tu cuerpo de todos sus -encantos. El Amor es á la vez niño y desnudo. Si su edad es tan tierna, -si no lleva ningun vestido, es por mostrarse en toda su sinceridad. -¿Para qué querer que el hijo de Vénus nos haga pagar sus favores? No -tiene ropa donde pueda guardar su precio. Ni Vénus, ni su hijo, son -propios al duro manejo de las armas. ¿Conviene que los Dioses que no -son hechos para la guerra reciban un sueldo?</p> - -<p>Una prostituta se vende, á tal precio, al primero que llega: entregando -su cuerpo, es como adquiere miserables riquezas. Aun maldice la tiranía -de su avaro corruptor, y lo que haceis de buen grado, ella no lo hace -más que con desagrado.</p> - -<p>Tomad por modelos los animales desprovistos de razon: os abochornareis -al ver que las bestias son más tratables que vosotras. La yegua nada -exige al garañon, ni la vaquilla al toro; el carnero no tiene que pagar -á la oveja que le gusta. Solo la mujer quiere engalanarse con los -despojos del hombre; solo ella pone sus noches á precio, solo ella se -dá en locacion. Vende un placer hecho para dos, un placer que ambos han -buscado; y su tarifa está establecida por ella en razon de su goce.<span class="pagenum" id="Page_41">[Pg 41]</span> -Cuando el amor debe tener el mismo hechizo para ambos, ¿qué razon para -comprarlo el uno, para venderlo el otro? ¿Por qué perderé yo mientras -que vos ganais, en un juego en que el hombre y la mujer van asociados?</p> - -<p>Los testigos no pueden, sin cometer un crímen, perjurarse por el -dinero; sin cometer un crímen, el juez no puede tender la mano á la -seduccion. Es una vergüenza para un abogado el vender sus palabras á -un pobre; es una vergüenza para un tribunal el enriquecerse vendiendo -la justicia; así como es una vergüenza para la mujer aumentar su -patrimonio con las rentas de su cama, y prostituir sus gracias al que -más ofrece. Se debe reconocimiento por un favor gratuito, nunca por -la odiosa locacion de una cama. Una vez recibido el precio de vuestra -mercancía, todo acabó, y el arrendatario no está obligado á más.</p> - -<p>Guardaos, bellas, de poner á precio el favor de una noche: una ganancia -mal adquirida nunca aprovecha. ¿Qué valieron los brazaletes de los -Sabinos á la jóven vestal que pereció aplastada bajo el peso de sus -armas? Un hijo traspasó con su espada el<span class="pagenum" id="Page_42">[Pg 42]</span> vientre de que nació: un -collar fué la causa de su crímen.</p> - -<p>No quiere decir esto que sea excusado exijir de un rico algunos -presentes; tiene que satisfacer vuestras exijencias: rebuscad los -racimos en las viñas ricas de uvas; cojed los frutos en los fecundos -vergeles de Alcino. En cuanto al pobre, tomad en cuenta sus buenos -oficios, sus cuidados, su fidelidad. Lo que se tiene, es todo lo -que se puede dar al dueño. Mi riqueza, consiste en ilustrar con mis -versos á las bellas que se hacen dignas. Aquello que me place llega -á ser célebre, en gracia á mi arte. Se verá gastarse los vestidos, y -desgastarse el oro y las piedras preciosas; pero la gloria que darán -mis versos durará eternamente. Lo que me indigna y me subleva, no es el -dar, es ver que se pide un salario. Lo que rehuso á tus solicitaciones, -deja de quererlo, y lo tendrás.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_43">[Pg 43]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_ONCENA">ELEGÍA ONCENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina.</p> - - -<p>¡Oh tú, tan hábil para reunir y disponer con arte los cabellos de -tu dama, y que no te se debe colocar en la clase de los simples -sirvientes, Nape, tú que, no menos hábil en concertar citas nocturnas -que en llevar billetes amorosos, has decidido más de una vez á -la indecisa Corina á venirme á encontrar! Oh tú, cuya fidelidad -frecuentemente me ha sacado de embarazos; toma estas tablillas y -entrégalas, esta mañana misma, á tu señora; que tu solicitud allane -todos los obstáculos. Tú no tienes en el corazon la dureza del -diamante, la inflexibilidad del hierro, y tu simplicidad no es más -grande de lo que conviene: tú, además, verosímilmente, has sentido -los dardos de Cupido; defiende, pues, para mí la bandera bajo la cual -marchamos ambos. Si ella te pregunta cómo estoy, dile que la esperanza -de obtener una noche me hace vivir; en<span class="pagenum" id="Page_44">[Pg 44]</span> cuanto á lo demás, mi amorosa -mano lo ha confiado á esta cera.</p> - -<p>Mientras hablo, el tiempo vuela. Ve, escoje el momento en que estará -sola para entregarle estas tablillas, pero haz de modo que las lea en -seguida. Observa sus ojos y su frente mientras lea: su mirada muda -puede enseñarte mi destino. Así que haya acabado, pídele una larga -respuesta; nada me hace tanto daño como ver un grande espacio de cera -sin llenar. Que estreche sus líneas; que mis ojos estén fijos por largo -tiempo en su letra; que llene hasta las extremidades del márgen. ¿Pero -qué necesidad tengo de que se fatigue en manejar el estilo? Que en -la tableta se lea únicamente esta palabra «<i>Ven</i>,» y habré así -cubierto de lauro mis tablillas victoriosas, y bien pronto las habré -suspendido en el templo de Vénus con esta inscripcion: «A Vénus os -consagra Ovidio, fieles instrumentos de su amor, vosotras que ahora -mismo no érais más que un vil fragmento de árbol.»</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_45">[Pg 45]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DUODECIMA">ELEGIA DUODECIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama.</p> - - -<p>Llorad mi infortunio: mis tabletas han llegado, pero no contienen mas -que esta tan triste palabra: ¡<em>Imposible</em>! Los presagios son algo -efectivamente: al salir Nape ha tropezado con el pié en el umbral de la -puerta. De hoy en adelante, cuando te se envíe á alguna parte, procura -salir con más precaucion; y despues de parada, marchar con el pié -levantado. ¡Lejos de mí, siniestras tabletas, madera lúgubre, y tú, cera -maldita, que no me traes mas que una negativa! Extracto de la flor de -la larga cicuta, tú no puedes ser mas que el resíduo de la miel impura -de una abeja Córsica.</p> - -<p>Parecias deber tu brillo únicamente al bermellon y era la sangre á -lo que debias tu color. Id á embarazar las encrucijadas, tabletas -inútiles: que la rueda parada del primer trajinero os haga astillas. -No, aquel que os desgajó del árbol, para puliros, no tenia las manos -puras. Ese árbol mismo<span class="pagenum" id="Page_46">[Pg 46]</span> debió servir únicamente para colgar á algun -infeliz, para suministrar al verdugo infames cruces; para dar lúgubre -sombra al buho graznador, y para sostener sobre sus ramas los huevos -del buitre y del osifraga. ¡Y á esta madera he tenido la locura de -confiar los secretos de mi amor! ¡Á ella he encargado llevar á mi dueña -las palabras más tiernas! A esa cera convenia mucho mejor la insípida -asignacion que despacha el juez en tono feroz; era mucho más propia -para servir de diario al avaro, quien no habria consignado mas que -llorando los gastos hechos con pena. Tabletas engañosas, no sin razon -se os llama dobles; tampoco este número era de buen agüero. ¿Qué puedo -desear para vosotras en mi cólera? Que el tiempo os inme y os roa, -y que la cera que os cubre se enmohezca y sea manchada por un robin -inmundo.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMO_TERCIA">ELEGÍA DÉCIMO TERCIA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A la Aurora, para que no acelere demasiado su marcha.</p> - - -<p>Ya aparece sobre el Océano, al salir de los brazos de su anciano -marido, la blonda diosa, cuyo<span class="pagenum" id="Page_47">[Pg 47]</span> carro resplandeciente conduce el dia. -¿A dónde corres, bella Aurora? detente; y que á este precio un combate -solemne sea, cada año, ofrecido por las aves á los manes de Memnon. -Vé ahí el momento en que deseo quedar en los brazos cariñosos de mi -dueña; vé ahí el momento, mejor que nunca, de estrechar amorosamente su -cuerpo contra el mio; vé ahí el momento en que el sueño es dulce y el -aire fresco, en que la garganta flexible de las aves, deja oir sonidos -melodiosos. ¿A dónde vas contra los votos de los amantes, contra los -votos de las bellas? Acorta con tu radiosa mano, las riendas húmedas de -tus corceles.</p> - -<p>Antes de que asomes, el piloto observa mejor los astros y no vaga á -la aventura en medio de los mares. Cuando apareces, por fatigado que -esté, el viajero se levanta, y el soldado empuña sus armas belicosas. -Eres la primera en ver al trabajador cargado de la azada; la primera en -llamar bajo su yugo al pesado buey. Tú arrancas á los niños al sueño, -y los entregas al pedagogo, para que sus delicadas manos se ofrezcan -á la cruel férula. Tú tambien traes la caucion delante el tribunal, -donde va á pesar sobre ella la responsabilidad de una<span class="pagenum" id="Page_48">[Pg 48]</span> sola palabra. -Tan importuno para el abogado como para el juez, les obligas cada dia á -levantarse para nuevos procesos. Eres tú aun quien, cuando las mujeres -podrian saborear las dulzuras del descanso, las llamas á hilar la lana -con sus manos laboriosas.</p> - -<p>Pasaria por alto lo demás; pero ¿quién sino el que no tenga ninguna, -sufrirá que las bellas se levanten tan de mañana? ¡Cuántas veces he -deseado que la noche no quisiera hacerte lugar, y que los astros -fugitivos no se cubriesen delante de tí! ¡cuántas veces he deseado que -el viento volcara tu carro, ó que uno de tus caballos cayera atascado -en la espesura de una nube! ¡Cruel! ¿A dónde corres? Si has tenido un -hijo cuya piel era negra, debió este color al del corazon de su madre.</p> - -<p>¡Qué! si se hubiese abrasado menos de amor por Céfalo, ¿crée que su -culpable pasion nos seria desconocida? Yo quisiera que Tithon pudiese -libremente hablar de tí: jamás nadie hubiera oido en los cielos la -historia de tan vergonzosos amores. Tú huyes de tu viejo esposo, porque -la edad le ha helado, y te apresuras á montar sobre un carro que él -detesta. Pero si tú tuvieras amorosamente en tus<span class="pagenum" id="Page_49">[Pg 49]</span> brazos algun Céfalo, -se te oiria gritar: caminad lentamente, corceles de la noche.</p> - -<p>¿Si tu esposo siente el frio de su perdurable edad, debo yo pagarlo? -¿Soy yo quien te ha unido á un viejo? Vé cuántas horas de sueño la Luna -otorga á su jóven amante; y su belleza no es menor á la tuya. El padre -mismo de los dioses, para no verte con tanta frecuencia, de dos noches -no hace mas que una, á fin de dar un más libre campo al amor.</p> - -<p>Habia terminado estos reproches, y, como si ella me hubiese oido, su -frente se enrojecia, sin que no obstante el dia apareciera más tarde -que de costumbre.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMACUARTA">ELEGIA DECIMACUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A una muchacha vuelta calva de repente.</p> - - -<p>Bien te lo decia yo: «Deja de teñir tus cabellos.» Hoy dia no tienes -cabellera que teñir. No obstante, si tú lo hubieras querido, ¡qué habia -más hermoso que tus cabellos! Descendian hasta tus rodillas. Tal<span class="pagenum" id="Page_50">[Pg 50]</span> era -su finura que temias peinarles. No era más fino el tejido de que se -cubren los Tártaros de atezado color; no es más fino el hilo que, con -su delicado pié, desarrolla la araña, suspendida en la viga solitaria, -para tramar allí su desliada tela. Sin embargo, su color no era el del -ébano, no era tampoco el del oro: era una mezcla de ambos. Tal es, en -los delicados valles del monte Ida, el color del alto cedro despojado -de su corteza.</p> - -<p>Tal era tambien su flexibilidad, que se prestaban á mil colocaciones, -sin causarte jamás el menor dolor. Jamás la punta de la aguja, jamás el -diente del peine los partió, jamás tu peinadora tuvo nada que temer. -Muchas veces he asistido á su tocador, y jamás tomó la <em>aguja para -pincharle los brazos</em>. Más de una vez tambien, por la mañana, con -sus cabellos aun desordenados, quedó hasta medio dia acostada en su -cama de púrpura, y su descuido no carecia de gracia: se la hubiese -tomado entónces por una bacante de la Tracia, muellemente recostada -sobre el verde césped para reparar sus fatigas.</p> - -<p>Aunque sus cabellos fueran tan flexibles como el vello, ¡cuántas veces, -ay fueran puestos en tortura! ¡cuántas veces sufrieron pacientemente -el hierro<span class="pagenum" id="Page_51">[Pg 51]</span> y el fuego, para sujetarse en torneadas trenzas! «Un crímen -es, exclamaba yo, sí, es un crímen quemar estos cabellos: ellos mismos -se arreglan con gracia: ¡cruel, conserva tu cabeza! Lejos de tí esa -violencia: no son cabellos para quemar: muestran ellos mismos su sitio -á la aguja.»</p> - -<p>Ya no existe aquella bella cabellera de que Apolo y Baco hubieran -estado celosos, aquella cabellera comparable á la que Dione, saliendo -desnuda de la espuma de las olas, sostenia con sus húmedas manos.</p> - -<p>¿Por qué, si no te gustaban, deplorar la pérdida de tus cabellos? -Insensata, ¿por qué con mano enojada rechazas el espejo? tus ojos no -se fijan en él tan á gusto como otras veces: para gustar aun, tienes -necesidad de olvidar lo que eras.</p> - -<p>Su caida no es debida á las yerbas encantadas de una enemiga, ni al -agua sacada de las fuentes de Hemonia por un pérfido hechicero. No es -efecto tampoco de una enfermedad grave (de que el cielo te preserve), -ni de los celos de una rival, envidiosa de su hermosura. No, la falta -está en tí; á tu propia mano debes la pérdida que te desola, tú misma -derramabas el veneno sobre tu cabeza.<span class="pagenum" id="Page_52">[Pg 52]</span> Entretanto la Germanía te -enviará cabellos de esclavos: una nacion vencida se encargará de tu -compostura. ¡Cuántas veces, cuando oirás alabar la belleza de tus -cabellos, te dirás abochornada: «Hoy dia es un adorno comprado que me -hace parecer bella; no sé que Sicambro se admira en mí. Y sin embargo, -recuerdo hubo un tiempo en que estos homenajes no se dirigian mas que á -mí misma!»</p> - -<p>¡Infeliz! ¿qué he dicho? Apenas puede contener sus lágrimas; con sus -manos oculta su frente, y el rubor ha pintado sus mejillas hechiceras. -Tiene el valor de contemplar sobre sus rodillas los cabellos que no -eran hechos para hallarse en este puesto. Calma la perturbacion de tu -corazon y de tu mirada: el mal no es irreparable: presto embellecerás -aun, con tu primera cabellera.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_53">[Pg 53]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="I_ELEGIA_DECIMAQUINTA">ELEGIA DECIMAQUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Contra los adversarios de la poesía.</p> - - -<p>¿Por qué me acusas, maldiciente Envidia, de consumir mis años sin hacer -nada? ¿por qué llamas á mis versos la obra de un perezoso? ¿por qué -reprocharme de no seguir las huellas de nuestros antepasados, de no -aprovechar las fuerzas de mi edad para cojer los laureles empolvados -del dios de la guerra; de no estudiar la prosa de nuestras leyes, de no -prostituir mi palabra en las luchas fastidiosas del foro? Estas obras -que alabas, son perecederas; aspiro á una gloria inmortal, á fin de ser -celebrado siempre y en todos lugares.</p> - -<p>El cantor de Meonia vivirá mientras subsistan Tenedos é Ida, mientras -lleve el Simois al mar sus veloces aguas. Vivirá tambien el poeta de -Ascra, mientras la uva granará en la viña, mientras los dones de Céres -caerán bajo el cortante de la hoz. Siempre hablará el mundo entero -del hijo de Batto,<span class="pagenum" id="Page_54">[Pg 54]</span> aunque en este poeta el arte domine al génio. El -coturno de Sófocles no se usará, pero vivirá Arato tanto como el sol -y la luna. Tanto como la falacia caracterizará al esclavo; tanto como -el padre será severo, la alcahueta pérfida, la cortesana cariñosa, -vivirá Menandro. Ennio, que no conoció el arte; Accio, cuyos acentos -eran tan varoniles, tienen un nombre que el tiempo no destruirá. ¿Qué -siglo no conocerá á Varron, y el primer marinero, y el Vellocino de oro -conquistado por un jefe ausonio? Los versos del sublime Lucrecio, no -perecerán, sino el dia en que el mundo perezca. Títyro y los segadores, -Eneas y sus combates serán leidos, en tanto que Roma sea la reina del -mundo que ha conquistado. Mientras el arco y el fuego sean las armas -del Amor, se aprenderán tus cantos melodiosos, elegante Tibulo. Galo -será conocido por los pueblos de Occidente; Galo será conocido por los -pueblos de Oriente; en todas partes, con Galo, será conocida su querida -Lycoris.</p> - -<p>Así, aunque el tiempo mine los peñascos, aunque destroce el diente -de la dura esteva, los versos escapan á la muerte. ¡El cetro con sus -conquistas, cedan, pues, el paso á la poesía! ¡Cédanselo<span class="pagenum" id="Page_55">[Pg 55]</span> tambien, las -riberas afortunadas del Tajo, que arrastra el oro con sus aguas!</p> - -<p>En buen hora que el vulgo se entusiasme por cosas de poco más ó menos: -yo lo que pido es que Apolo me vacie á copa llena el agua de Castalia; -que el mirto que teme el frio orne mi cabeza, y que mis versos no dejen -de ser leidos por el agitado amante. Viviendo, se sirve de pasto á la -Envidia; muerto, se disfruta del reposo á la sombra de la gloria que se -ha merecido. Cuando la pira fúnebre me habrá consumido, viviré, y la -mejor parte de mí mismo habrá triunfado de la muerte.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_56">[Pg 56]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="LIBRO_SEGUNDO">LIBRO SEGUNDO.</h2> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_PRIMERA">ELEGIA PRIMERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Por qué en lugar de la Gigantomaquia que tenia comenzada, canta sus -Amores.</p> - - -<p>Vé ahí aun una obra de Ovidio, nacido en la húmeda comarca de los -Sabinos, de Ovidio, el cantor de sus propios devaneos. El Amor es -aun quien lo ha querido. ¡Lejos de aquí, sí, lejos de aquí bellezas -demasiado severas! no sois el auditorio que necesita para sus tiernos -acentos. No quiero para lectores más que á la vírgen que se inflama á -la vista de su prometido, y el novicio adolescente tocado del primer -amor. Quiero que el jóven Romano, herido por el mismo arco que yo,<span class="pagenum" id="Page_57">[Pg 57]</span> -reconozca en mis versos la imágen del fuego que le quema, y que despues -de un largo aturdimiento exclame: «¿Cómo, pues, este poeta ha sabido el -secreto de mis amores?»</p> - -<p>Yo habia osado, me acuerdo, celebrar las guerras de los cielos y el -jigante de cien manos; y no es la fuerza lo que me hubiera faltado. -Iba á borrar la funesta venganza de la Tierra, y la caida del Pelion -rodando con la Ossa desde lo alto del Olimpo donde estaban amontonados. -Yo tenia en mis manos las nubes, Júpiter y su rayo, con el cual no -hubiese dejado de defender su imperio. Mi dueño me cerró su puerta: -inmediatamente dejé allí á Júpiter con su rayo; sí, el mismo Júpiter -salió de mi espíritu. ¡Perdon, Júpiter! para nada me sirven tus flechas; -esta puerta cerrada podia más sobre mí, que tu rayo. Vuelvo á mis -burlas, á mis lijeras elegías; estas son mis únicas armas: la dulzura -de mis cantos ablandó bien pronto la dureza de las puertas.</p> - -<p>Los versos hacen descender hácia nosotros el disco ensangrentado de -la Luna: ellos páran, en medio de su curso, los blancos corceles del -Sol. Los versos arrancan á la serpiente su dardo emponzoñado;<span class="pagenum" id="Page_58">[Pg 58]</span> hacen -remontar las aguas hácia su orígen. Los versos han hecho caer puertas; -han forzado la cerradura, por bien clavada que estuviese sobre un -grueso roble. ¿Qué hubiese yo ganado en cantar al impetuoso Aquiles? -¿Qué hubieran hecho por mí los dos hijos de Atrida, y este rey á quien -la guerra ocupó diez años, y que diez años vagó en la ventura, y ese -Héctor, inhumanamente arrastrado por los corceles de un príncipe de -Hemonia? Pero yo he cantado apenas la belleza de una tierna jóven -cuando ella misma viene al encuentro del poeta para sus versos. Es una -gran recompensa. ¡Adios, pues, héroes de nombres ilustres! vuestros -favores no son los que yo ambiciono. Hermosas niñas, fijad, echad una -dulce mirada sobre los versos que me dicta el purpúreo Amor.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_59">[Pg 59]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_SEGUNDA">ELEGIA SEGUNDA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Al eunuco Bagoas, para que le procure fácil acceso junto á la belleza -confiada á su guarda.</p> - - -<p>Oh tú, á quien está confiado el cuidado de guardar á tu señora, -escucha, Bagoas, no tengo más que dos palabras que decirte, pero estas -dos palabras son importantes. Ayer la ví pasear bajo el pórtico de -las hijas de Dánae. Luego, prendado de sus gracias, le dirigí por -escrito una súplica. A su vez, ella me escribió con mano trémula: -<em>Imposible</em>. ¿Y por qué, <em>imposible</em>? le pregunté. Ella me -respondió que tu vigilancia era muy severa.</p> - -<p>Si quieres ser cuerdo créeme, guardian importuno, deja de merecer el -odio; hacerse temer, es hacerse desear la muerte. Su marido mismo -es un loco: ¿por qué tanto atormentar en defender un bien que, -para quedar intacto, no necesita vigilancia? Le es permitido, sin -duda, dejarse llevar furioso por los transportes de su amor; le es -permitido creer casta á una mujer que gusta á todo el<span class="pagenum" id="Page_60">[Pg 60]</span> mundo. Por tu -bien déjala en secreto un poco de libertad: la que tú la darás sabrá -bien agradecértela. Consiente en que exista con ella complicidad, -y la señora esté bajo las leyes de su esclavo. ¡Esta complicidad te -horroriza! ya tú puedes cerrar los ojos. ¿Lee ella un billete aparte? -supón que lo recibe de su madre. ¿Llega á ella un desconocido? Tómale -por un antiguo amigo. ¿Vá á ver á una amiga enferma que no lo está? -Figúrate que lo está en efecto. ¿Tarda en volver? Para no aburrirte -en esperar puedes apoyar tu cabeza sobre tus rodillas y roncar á tu -contento. No he de inquirir lo que puede hacer en el templo de Isis, lo -que pueda pasar en los teatros.</p> - -<p>Un cómplice discreto obtendrá siempre honores, y por tanto ¿qué hay -menos difícil que callarse? Entonces es amado, gobierna toda la casa; -no tiene que temer las entrevistas; para él omnipotencia; para los -otros, vil rebaño, la servidumbre. Por ocultar á un marido la verdad, -le embauca con quimeras, y, dueños ambos, encuentran bueno lo que no -habia de gustar mas que á la mujer. De un marido, por más que frunza la -ceja, por más que arrugue la frente, obtiene lo que quiere una mujer<span class="pagenum" id="Page_61">[Pg 61]</span> -cariñosa. Pero es menester que de tiempo en tiempo te busque querella, -que vierta lágrimas fingidas, que te trate de verdugo. Tú, entónces, -suponle faltas de que pueda con facilidad justificarse: acusándole -falsamente, alucina á su marido sobre la verdad. A este precio los -honores, á este precio los escudos lloverán sobre tí. Obra de esta -suerte, y al instante obtendrás tu libertad.</p> - -<p>Ves á los delatores con el cuello cargado de estrechas cadenas; ves á -los hombres de pérfido corazon encerrados en oscuros calabozos. Tántalo -busca el agua entre aguas y coje los fugaces frutos: el agua y el fruto -escapan á sus lábios: vé ahí lo que le ha valido su indiscrecion. Por -haber seguido demasiado severamente las órdenes de Juno, el guardian de -Io perece en la flor de la edad, Io es una diosa.</p> - -<p>He visto cargar de hierro, que le magullaban las piernas, á un -indiscreto que habia revelado á un marido los amores incestuosos de su -mujer. Merecia un castigo más severo: porque su lengua ruin habia hecho -dos víctimas: sumergia al marido en el dolor, y ajaba el honor de la -esposa.</p> - -<p>Créeme: no es el marido quien quiere semejantes<span class="pagenum" id="Page_62">[Pg 62]</span> acusaciones; puede -oirlas, pero nunca con placer. Si es indiferente, su indiferencia hace -inútil vuestra delacion; si ama, os debe su infelicidad. Por otra -parte, por evidente que sea la falta de una mujer, no es fácil de -probar: tiene en su pro la indulgencia de su juez. Aunque él mismo lo -hubiese visto todo, admitirá la negativa, acusará á sus propios ojos, -se atormentará á sí mismo. Cuando vea á su mujer llorar, llorará con -ella, diciendo: «¡Este maldito hablador me lo pagará caro!» ¡Es desigual -la lucha en que te empeñas! Vencido, pasas por azotes, mientras que la -bella reposa sobre las rodillas de su juez.</p> - -<p>No queremos un crímen: no deseamos vernos para componer bebidas -emponzoñadas: en nuestras manos no brilla una espada amenazadora. Lo -que pedimos es que por tu mediacion nos podamos amar sin peligro.</p> - -<p>¿Hay ruego más inocente?</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_63">[Pg 63]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_TERCERA">ELEGIA TERCERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Al mismo, que se mostraba inflexible.</p> - - -<p>¡Ay de mí! pues guardas mi señora, tú que no eres ni hombre, ni mujer, -tú que no puedes conocer los placeres que saborean juntamente dos -amantes! El que primero mutiló vergonzosamente la infancia, merecia -sufrir á su vez el mismo suplicio. Serias más complaciente, más -sensible á mis ruegos, si hubieras amado á alguna mujer. No estás hecho -para montar á caballo, para llevar las pesadas armas, para cargar tu -mano con la belicosa lanza. Es menester ser hombre para esto; tú, -renuncia á todo acto viril. No sigo otras banderas que las de tu -señora. A ella es á quien debes servir; aprovecha sus buenas gracias. -Si tú la pierdes, ¿para qué servirias? Su figura, su edad, invitan al -placer: su belleza no debe marchitarse y perecer en perezoso abandono. -Por severo que parezcas, ella no necesita mucho para engañarte. Lo que -han resuelto dos amantes, jamás<span class="pagenum" id="Page_64">[Pg 64]</span> deja de tener efecto: pero como es más -fácil valerse de los ruegos, te dirigimos los nuestros, mientras aun -tienes tiempo de complacernos.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_CUARTA">ELEGIA CUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le -agradan.</p> - - -<p>No pretendo justificar el relajamiento de mis costumbres, ni recurrir -jamás á pretextos engañosos para excusar mis desvaríos. Confieso mis -faltas por si tal declaracion puede ser útil para algo. Ahora que me -reconozco culpable, quiero revelar todas mis locuras. Reniego de mis -errores, y no puedo dejar de complacerme en los errores que maldigo. -¡Oh! ¡Cuán pesado es de llevar el yugo que se querria sacudir! Yo no -tengo ni la fuerza ni el poder de domar mis pasiones: ellas me atraen, -como las rápidas olas llevan la lijera barca.</p> - -<p>No es tal ó cual belleza la que me inflama: cien motivos me obligan -á amar siempre. Si alguna<span class="pagenum" id="Page_65">[Pg 65]</span> tiene sus ojos modestamente inclinados, -mi corazon se enciende, y su pudor es el cepo en que caigo. Si es -incitativa, me dejo apresar porque no es novicia, y porque promete -ser viva y eficaz sobre un mullido lecho. Si veo una cuyo aire arisco -recuerda la severidad de las Sabinas, me figuro que tiene deseos, pero -que sabe disimularlos. ¿Eres sábia? me gustas por tus raros talentos: -¿eres ignorante? me gusta tu simplicidad. Esta halla los versos de -Calímaco sin gracia en comparacion á los mios; lo agradezco y me -gusta al momento: aquella criticando mis versos, me disputa el título -de poeta; á pesar de sus críticas quisiera tocarla de cerca. Esta -marcha muellemente, su suavidad me encanta: aquella, pesadamente; la -aproximidad de un amante le prestará tal vez agilidad. La una canta con -gracia, y su garganta flexible exhala los acentos más melodiosos; yo -quisiera robar un beso á su boca medio abierta; la otra recorre con un -dedo lijero las temblorosas cuerdas de su lira: ¿quién podria dejar de -amar manos tan diestras? Esta otra, en fin, me seduce por su danza: amo -al ver sus lascivas posiciones, el movimiento cadencioso de sus brazos, -su destreza en responder al compás por el<span class="pagenum" id="Page_66">[Pg 66]</span> contoneo de todo su cuerpo. -No hablemos de mí, que todo me inflamo: colocad á Hipólito delante de -ella; se volvería un Priapo. Tú que eres alta no cedes á las heroinas -de la antigüedad, y tienes tu puesto á lo largo del lecho. Tú que eres -baja sabes gustarme tambien. Ambas me arrebatan; la grande y la pequeña -me convienen igualmente. ¿Esta está sin adorno? pienso en lo que la -compostura podria aumentar sus encantos; ¿aquella está engalanada? -brilla con todos sus atractivos. Soy esclavo de la rubia y de la -morena, que tambien es agradable Vénus bajo atezado color. ¿Flotan -negros cabellos sobre un cuello de nieve? La belleza de Leda consistia -en su negra cabellera. ¿Veo blondos cabellos? Una cabellera dorada hace -la belleza de la Aurora. En todas partes la historia me ayuda para -justificar mi amor. La juventud me encanta, la madurez me seduce: la -una tiene en su favor la belleza del cuerpo, la otra su espíritu. En -una palabra, de todas las bellas que se admiran en Roma, no hay una que -no le apetezca á mi amor.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_67">[Pg 67]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_QUINTA">ELEGIA QUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Dirije reproches á su señora, quien, á su vista, mientras fingía -dormir, habia dado á otro convidado señales inequívocas de su amor.</p> - - -<p>¡Cupido; huye con tu carcax! el Amor no tiene bastante precio, para -que yo invoque tan frecuentemente la muerte. Sí, yo invoco la muerte -cuando sueño en tu perfidia, ingrata belleza, nacida para mi eterna -desgracia. No son tus tablitas mal borradas las que me descubren tu -conducta: no son los presentes recibidos furtivamente los que revelan -tu crímen. Quieran los dioses que acusándote yo, no pueda convencerte. -¡Infeliz de mí! ¿por qué mi causa es tan buena? Dichoso el amante que -puede defender valientemente lo que él ama, y á quien su señora puede -decir: «¡Yo no soy culpable!» Tiene un corazon de hierro y se abandona -demasiado á su ira, aquel que quiere adquirir un laurel ensangrentado -por la condenacion de una pérfida.</p> - -<p>Desgraciadamente lo he visto todo, cuando tú<span class="pagenum" id="Page_68">[Pg 68]</span> me creias dormido. Sí, -he visto por mis ojos, que el vapor del vino no perturbaba, he visto -vuestra traicion. Os he visto entenderos por el movimiento de vuestras -cejas: vuestros signos de cabeza, lenguaje bastante claro, eran como -palabras. Tus ojos no fueron mudos: se trazaron letras con el vino -sobre la mesa: tus propios dedos no estaban sin hablar su lenguaje. -A pesar de todos vuestros esfuerzos para ocultarle, he penetrado el -sentido de vuestras palabras: he comprendido el valor de los signos -convenidos entre vosotros. Ya la mayor parte de los convidados se -habian alejado; no quedaban más que dos jóvenes, dormidos por la -embriaguez. Yo os ví entonces cambiar culpables besos, besos en los -cuales, yo lo he visto, vuestras dos lenguas se confundian; no de los -besos que recibia de una hermana un hermano virtuoso, sino de los que -dá una tierna mujer á su ávido amante; no de los besos que Febo podia -dar á Diana, sino de los que Vénus prodigaba á su querido Marte.</p> - -<p>«¿Qué haces tú? exclamaba yo, ¿á quién das los favores que me -pertenecen? Es mi derecho, es mi bien; yo la vindico y yo la defenderé. -Solo para mí tus caricias, solo para tí las mias; ¿por qué un tercero<span class="pagenum" id="Page_69">[Pg 69]</span> -quiere tener una parte en lo que no pertenece mas que á nosotros dos?»</p> - -<p>En estos términos es como se exhalaba mi despecho: el color de la -vergüenza cubrió bien pronto sus culpables mejillas. Así se colora el -cielo al nacer de la esposa de Titon, ó la jóven virgen á la vista -de su prometido: así brillan las rosas en medio de los lirios que -las rodean: tal enrojece la luna, detenida en su curso por algun -encantamiento; tal aun el marfil asirio, que tiñe una mujer de Meome -para impedirle se vuelva amarillo con los años. Tal ó poco menos, era -el color de la pérfida, y quizás jamás habia estado más bella. Miraba -á tierra y esta mirada era hechicera: la tristeza estaba pintada en su -cara y esa misma tristeza la agraciaba. Sus cabellos, y nada era tan -bello como sus cabellos, estuve á punto de arrancárselos; sus mejillas -delicadas, estuve por abofetearlas.</p> - -<p>Cuando mis ojos encontraron los suyos, mis nerviosos brazos cayeron á -pesar mio, y mi señora encontró su seguridad en sus armas. Al ver que -ella venia amenazante, yo me arrojé á sus rodillas, y la supliqué no me -diera menos tiernos besos. Sonrió y me dió de todo su corazon el más -dulce beso, uno<span class="pagenum" id="Page_70">[Pg 70]</span> de esos besos que arrancarian á la mano irritada de -Júpiter su rayo luminoso. Lo que me atormenta hoy es el temor de que -mi rival habrá recibido de tan deliciosos: yo no quiero que los suyos -hayan podido ser del mismo género.</p> - -<p>Ciertamente habia en aquel beso mucho más arte del que debe á mis -lecciones: me parece que ella habia aprendido algo nuevo. Ese -refinamiento de voluptuosidad nada bueno me presagia; tengo por mal lo -que más plugo; nuestras lenguas, cruzándose mútuamente, fueron todas -enteras estrechadas por nuestros lábios, y con todo no es esto solo lo -que me apena: no es solamente de aquellos besos voluptuosos de lo que -me quejo, aunque no obstante me compadezco; pero tales lecciones no se -dan más que en la cama, y no sé qué maestro ha recibido la inestimable -paga.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_71">[Pg 71]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_SEXTA">ELEGIA SEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Deplora la muerte del papagayo que habia regalado á su señora.</p> - - -<p>El ave imitador venido de las Indias Orientales, aquel papagayo no -existe. ¡Llegad en tropel á sus funerales; venid todos, piadosos -habitantes de los aires; herid vuestro pecho con las alas, y surcad -con aguzadas uñas vuestras cabezas delicadas! En defecto de plañideras -que se arranquen los cabellos, despedazad vuestras plumas erizadas; en -defecto de los acentos del clarin que resuena á lo lejos, haced oir -funerarios cantos.</p> - -<p>¿Por qué te quejas, Filomela, de la maldad del tirano ismario? el -tiempo ha debido poner término á tus lamentos. Resérvalos para la -muerte del ave más rara. La suerte de Itis fué un gran motivo de dolor, -pero es un asunto muy antiguo.</p> - -<p>Vosotras que os balanceais dulcemente en las llanuras de los cielos, -y tú más que otra, tórtola querida, exhalad vuestras lúgubres quejas. -Estuvo<span class="pagenum" id="Page_72">[Pg 72]</span> toda su vida en perfecta inteligencia con vosotras, y su -fidelidad á toda prueba no se desmintió jamás. Lo que fué el griego -Pílades para su amigo Orestes, la tórtola, oh papagayo, lo fué para tí, -mientras viviste.</p> - -<p>¿De qué te ha servido esa fidelidad? ¿De qué te ha servido el brillante -explendor de tu raro plumaje? ¿De qué te ha servido esa voz tan hábil -para imitar nuestro lenguaje? ¿De qué te ha servido haber agradado á -mi señora desde que le fuiste regalado? ¡infeliz! ¡eras la gloria de -las aves, y ya no existes! Tú podrias, por el brillo de tu plumaje, -eclipsar la verde esmeralda, y el rojo color de tu pico igualaba al -brillo de la púrpura. Ninguna ave en la tierra hablaria tan bien como -tú: ¡tan grande era tu habilidad en repetir tartajeando los sonidos que -no habias entendido!</p> - -<p>La muerte envidiosa te ha herido; tú no declarabas la guerra á ninguna -ave, tú eras á la vez hablador y amigo de las dulzuras de la paz. Vemos -las codornices, siempre en guerra, y por esto mismo quizás, alcanzar -frecuentemente la vejez. Los menores alimentos te bastaban; el placer -que encontrabas en hablar no te permitía tomar un frecuente<span class="pagenum" id="Page_73">[Pg 73]</span> alimento. -Una nuez constituia tu comida; algunas adormideras le invitaban al -sueño; algunas gotas de agua pura extinguian tu sed. Vemos vivir al -insaciable buitre, y al milano, el que en su vuelo, describe grandes -círculos en medio de los aires, y al grajo, que pronostica la lluvia. -Vemos á la corneja, odiosa á la belicosa Minerva: apenas muere al -cabo de nueve siglos. ¡Y ha muerto el pájaro que sabia imitar tan -bien la voz del hombre, aquel papagayo, raro presente traido de las -extremidades del mundo! Casi siempre las manos avaras de la muerte -hieren desde luego lo que hay de mejor en la tierra, y las cosas más -malas cumplen su destino. Thérsistes vió los tristes funerales de -Phylácides: Héctor estaba reducido á cenizas, cuando sus hermanos aun -vivian.</p> - -<p>¿Á qué recordar los tiernos votos que hizo por tí mi señora alarmada, -votos que el tempestuoso Noto llevó al medio de los mares? Habias -alcanzado el séptimo dia, que debia ser el último para tí: ya la Parca -habia enteramente dividido su huso: sin embargo, tu lengua tuvo el -valor de hacerse oir aun y exclamaste muriendo: «¡Corina, adios!»</p> - -<p>En el Elíseo, en la pendiente de una colina<span class="pagenum" id="Page_74">[Pg 74]</span> hay una selva á la que -dan sombra las apiñadas encinas; allí la tierra húmeda está siempre -ornada de un verde césped. Aquel lugar, si se dá crédito á la fábula, -se dice es la mansion de las aves piadosas: las aves de augurios malos -no penetran en él. Es donde habitan los inocentes cisnes y el eterno -fénix, siempre único entre las aves. Es donde el pavo real ostenta con -orgullo su brillante plumaje, y donde la paloma cariñosa prodiga sus -besos á su ávido esposo. Recibido en medio de ellas, en esta riente -floresta, nuestro papagayo llama por su lenguaje la atencion de esas -piadosas aves.</p> - -<p>Sus huesos están cubiertos por una tumba, y esta tumba, pequeña como su -cuerpo, presenta una pequeña piedra con esta corta inscripcion: «Por -este monumento se puede juzgar cuánto gusté á mi señora: mi boca para -hablarla sabia más que un pico de ave.»</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_75">[Pg 75]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_SEPTIMA">ELEGIA SÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Corina: niega haber tenido jamás ningun comercio con Cipasis.</p> - - -<p>¿He de ser siempre el blanco de tus nuevas acusaciones? por más que -hagas, tengo que salir victorioso de esta lucha que se repite á cada -momento. Si dirijo la vista á las más elevadas gradas del teatro, tú -elijes, entre mil, la mujer que debe servir de pretesto á tus quejas. -Si los inocentes ojos de una bella se fijan por casualidad en los mios; -según tú, mi silencio dice bastante, yo me entiendo con ella. Si alabo -á esta, tus uñas acometen sin piedad á tu cabellera; si vitupero á -aquella, entonces es para mejor ocultar mi crímen. Si tengo buen color, -es que estoy frio contigo; si estoy pálido, es que yo muero de amor por -otra.</p> - -<p>¡Si al menos tuviera algunas faltas que reprocharme! en este caso se -sufre más pacientemente la pena que se tiene merecida. Pero tú me -acusas sin razon, y por tu inclinacion en creerlo todo<span class="pagenum" id="Page_76">[Pg 76]</span> intencionado, -destruyes tú misma el efecto que podria causar tu ira. Ves ese animal -con largas orejas, ves al pobre pollino: á pesar de los golpes de azote -con que se le abruma, no va más lijero.</p> - -<p>Ve ahí un nuevo motivo de acusacion. Hoy es Cipasis tu hábil peinadora -y dices tú que habrá mancillado conmigo el lecho de su señora. -Presérvenme los dioses, ¡si el deseo me diese de ser culpable, de -querer serlo con una mujer de vil condicion! ¿Qué hombre libre querria -unirse á una esclava, y entre sus brazos apretar un cuerpo magullado -de golpes de azote? Añade que es ella quien pone la última mano á -tu tocado, y que sus hábiles dedos te lo han vuelto precioso. ¿Y yo -insultaria á una muchacha que te es tan adicta? ¿Qué ganaria yo en -ello, sino el ser denunciado, despues de haber sufrido una negativa? Te -lo juro por Vénus y por el arco de su veleidoso hijo, no soy culpable -de este crímen de que me acusas.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_77">[Pg 77]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_OCTAVA">ELEGÍA OCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus -amores.</p> - - -<p>Cipasis, tú que tan bien sabes componer de mil maneras un peinado, -tú que eres digna de no peinar mas que á las diosas, tú cuyo mérito -conozco por un dulce latrocinio; tú, tan estimada por tu señora, pero -más por mí, dime ¿quién ha podido revelar el secreto de nuestros -amores? ¿Cómo Corina ha podido sospechar nuestros placeres? Esto -me abochorna. ¿Acaso se me ha escapado una sola palabra que pueda -descubrir nuestras furtivas voluptuosidades? Por el contrario, ¿no -tengo jurado que para querer ser culpable con una sirvienta, era -menester no tener sentido comun?</p> - -<p>Y por tanto el héroe de Thesalia se ha consumido de amor por la bella -Briseidos, que no era más que una sirvienta. Una sirvienta fué la -sacerdotisa que supo conquistar al rey Miceno. ¿Soy, pues, más grande -que Aquiles, más grande que el<span class="pagenum" id="Page_78">[Pg 78]</span> descendiente de Tántalo? ¿Lo que fué -conveniente para los reyes seria para mí un asunto vergonzoso?</p> - -<p>Sin embargo, cuando ella fijó en tí sus airadas miradas, ví colorearse -tus mejillas. Para mayor seguridad, si no lo has olvidado, ¡he tomado -en testimonio de mi inocencia á la augusta Vénus! Y tú misma, sí, tú, -bella diosa, ordena que ese perjurio de un corazon inocente, sea por el -ardiente aliento del Noto, llevado más allá de las olas carpathianas.</p> - -<p>Por tal servicio, otórgame, morena Cipasis, el dulce favor de -encontrarme hoy á solas contigo. ¿Por qué rehúsas? ¿por qué, ingrata, -finges nuevas alarmas? Basta haber bien merecido de uno de tus amos. Si -eres bastante necia para rechazarme, referiré lo que hemos hecho; yo -me convertiré en mi propio acusador, y diré, Cipasis, sí, yo diré á tu -señora el lugar y el número de nuestras citas, y también el número y -naturaleza de nuestros placeres.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_79">[Pg 79]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_NOVENA">ELEGIA NOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Cupido: le exhorta para que no gaste todas sus flechas contra él solo.</p> - - -<p>Cupido, oh tú, que siempre te me muestras irritado, tú que nunca -permites el descanso á mi corazon, ¿por qué soy objeto de tus golpes, -yo que nunca he abandonado tu bandera? ¿por qué herirme en mi propio -campo? ¿por qué tu hacha quema á tus amigos? ¿por qué tu arco les -traspasa con sus flechas? Habria más gloria en vencer á un rebelde. -¡Qué! ¿el héroe hemoniano despues de haber pasado á Telefo con su lanza, -no curó con su lanza la herida de su enemigo? El cazador persigue al -animal que huye; y una vez alcanzado le deja para ir siempre á la pista -de una nueva presa. ¡Reservas para nosotros, que somos tus semejantes, -la fuerza de tus armas; y tu brazo entorpecido no sabe herir al enemigo -que te resiste! ¿A qué viene embolar tus afiladas flechas en los huesos -descarnados? porque el amor solo me ha dejado el hueso.<span class="pagenum" id="Page_80">[Pg 80]</span> ¡Sin amor hay -tantas jóvenes! ¡Hay tantos jóvenes sin amor! En ellos pues alcanzarás -un triunfo glorioso.</p> - -<p>Si Roma no hubiese desplegado sus fuerzas por todo el universo, hoy -no seria aun sino un conjunto de chozas. El fatigado soldado abandona -la guerra por el campo que acaba de dársele. El corcel, libre de su -prision, corre á brincar en los prados; extensos muelles resguardan el -buque vuelto de nuevo al puerto, y el gladiador recibe en cambio de sus -armas, la varilla que le libra de los combates, y yo que puedo contar -tantas campañas al servicio del Amor, ¿no seria tiempo de que viviese -tranquilo?</p> - -<p>Y sin embargo, si un dios me dijese: «En adelante vive sin amor;» yo me -defenderia; ¡tan dulce es el mal de amor! No sé qué vértigo arrastra -mi mal aconsejada alma cuando estoy bien repuesto de amor, cuando no -experimento sus fuegos. Como el caballero, recogiendo en vano las -riendas blanqueadas por la espuma, se vé arrebatado en el precipicio -por su corcel que no siente el freno; como el esquife, cerca de tocar -la tierra y de llegar al puerto, se vé á un tiempo arrojado por un -golpe de<span class="pagenum" id="Page_81">[Pg 81]</span> viento; así yo soy arrastrado aquí y allá por el soplo -incierto de Cupido, y el Amor de color de rosa vuelve á tomar contra mí -sus acostumbradas tretas.</p> - -<p>Tira, niño, he depuesto las armas, y me ofrezco desnudo á tus tiros. -Desplega aquí tus fuerzas, y haz ver aquí tu destreza. Vé ahí el punto -en que, sin oir tus órdenes, vienen las mismas flechas á clavarse: -apenas el carcax le es tan conocido como mi corazon. ¡Triste de quien -puede descansar una noche entera, y comprar á gran precio el sueño! -¡Insensato! ¿Qué es el sueño sino la imágen de la fria muerte? Los -destinos te reservan un largo reposo.</p> - -<p>Quiero que mi señora me engañe alguna vez con promesas falaces: la -esperanza por lo menos será para mí una verdadera dicha; quiero que -ella ya me acaricie, ya me riña: que frecuentemente se me entregue, -que frecuentemente me rechace. Si Mario, (Marte), es inconstante, lo -es por tí, Cupido; el amante de tu madre, imitándote, lleva de aquí -para allá sus armas. Eres veleidoso, eres cien veces más lijero que tus -alas, y, siempre inconstante, dás y rehusas el placer á medida de tu -capricho. Si no obstante, tu graciosa madre y tú os dignais atender<span class="pagenum" id="Page_82">[Pg 82]</span> -mis súplicas, ven á reinar como dueño en mi corazon y no lo abandones -jamás. Que las hermosas, en veleidoso tropel, acudan bajo tu imperio: -tú serás, á este precio, adorado de los dos sexos á la vez.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMA">ELEGIA DÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Grecino: se puede muy bien, dígase lo que se quiera, amar á dos -mujeres á la vez.</p> - - -<p>Tú eras, Grecino, lo recuerdo, quien me negaba que pudiese amar á dos -mujeres á un mismo tiempo. Gracias á tí he sucumbido; gracias á tí he -sido apresado sin defensa, y vé aquí que tengo vergüenza, vé aquí que -amo á dos mujeres á la vez, bellas las dos, las dos en estado de buen -servicio: seria imposible decir cuál tiene más talento. La primera -aventaja en belleza á la segunda, esta á la primera: tan pronto es una -como otra la que más me place. Mi corazon, como el esquife batido por -los opuestos vientos, marcha á la ventura, dividido entre estos dos -amores. ¿Por qué, diosa del<span class="pagenum" id="Page_83">[Pg 83]</span> monte Erycino, multiplicar así mis eternos -tormentos? ¿No era bastante tener que ocuparme de una sola querida? -¿Por qué añadir hojas á los árboles, estrellas al cielo, y nuevas aguas -á las olas del inmenso Océano?</p> - -<p>Prefiero, no obstante, amar así, á consumirme sin amor. ¡Para mis -enemigos una vida sin voluptuosidad; para mis enemigos el sueño en -una cama solitaria y la facilidad de descansar contentos en medio de -un lecho no dividido! Para mí, quiero que el cruel amor me arranque á -las dulzuras del sueño; no quiero ser solo en estrujar el plumon de -mi cama. Que solo una mujer apure sin obstáculo mi amor, si una sola -puede hacerlo; y si no es suficiente una, que sean dos. Mi cuerpo seco, -pero no débil, me dará fuerza; es la gordura y no el vigor lo que le -falta. Por otra parte la voluptuosidad me animará con su poder: jamás -he quedado en falla junto á una hermosa. Frecuentemente, despues de -una noche consagrada al placer, me he encontrado por la mañana lleno -de vigor y dispuesto á la accion. ¡Dichoso quien muere en los dulces -combates de Vénus! ¡Hagan los dioses que yo encuentre ese dia la muerte!</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_84">[Pg 84]</span></p> - -<p>Que el soldado presente su pecho á los dardos del enemigo, que compre -al precio de su sangre una gloria inmortal; que el avaro busque lejos -las riquezas, y que, sumergido en los mares que ha cansado su nave, -trague las aguas con su boca perjura: por lo que á mí toca, quiero -encanecer bajo la bandera de Vénus, quiero morir en medio de la lucha, -y que puedan decir llorando sobre mi sepulcro: «Ha muerto como ha -vivido.»</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_ONCENA">ELEGIA ONCENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Trata de disuadir á Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania.</p> - - -<p>El Argo, despojado del monte Peliaco, es el primero que se abrió en -las olas embravecidas un camino peligroso y sembrado de escollos, -para traer el toison de oro. ¡Oh! ¡quiera el cielo que Argo haya sido -absorbido en los profundos abismos del mar, á fin de que ningun mortal -fatigue con su remo la inmensidad de las olas!</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_85">[Pg 85]</span></p> - -<p>Vé aquí que, abandonando su cama acostumbrada y sus penates domésticos, -Corina se va á confiar al falaz elemento. ¿Por qué obligas á tu -desgraciado amante á temer para tí el Zéfiro y el Euro, el viento -glacial de Borea y el caliente aliento del Noto? No verás en tu camino -ni villas ni selvas dignas de ser admiradas. Por todo espectáculo no -tendrás más que la vista de un mar azulado y pérfido. No es lejos donde -se encuentran lijeros mariscos y guijarros ricamente matizados, sino -en las claras aguas de la ribera. La ribera es, pues, solamente la que -debeis, jóvenes bellezas, hollar con vuestros delicados piés: solo -allí hay seguridad: más allá existen escondidos escollos. Que otros os -cuenten los combates que libran los vientos, qué mares son infestados -por Carybdis y Scyla, sobre qué rocas están asentados, amenazantes, los -montes Ceranios, en qué lugar están escondidas las Syrtes ó Malea. Que -otros os instruyan, cualesquiera que sean sus relaciones, creedlas: -creer en la relacion de una tempestad, no es correr riesgo alguno.</p> - -<p>Se está mucho tiempo sin ver la tierra, cuando, una vez apartado de -la ribera, la nave voga á velas<span class="pagenum" id="Page_86">[Pg 86]</span> llenas en el vasto mar. El navegante -inquieto teme el furor de los vientos, y vé la muerte tan cerca como -las olas. ¿Qué vendrás á ser tú si Triton levanta con furia sus -agitadas ondas? ¡Cómo entonces palidecerá tu semblante! Invocando á los -compasivos hijos de la fecunda Leda, exclamarás: «¡Dichoso aquel que -vive en su tierra natal!» Es mucho más seguro dormir en buen lecho, -leer algun libro, hacer resonar bajo sus dedos la lira de Thracia.</p> - -<p>Pero si el viento de las tempestades se lleva mis vanas palabras, ¡que -al menos favorezca Galatea á la nave que te conduce! Si llega á perecer -tal belleza, vuestro seria el crímen y de vuestro padre, Diosas y -Nereidas. Parte pensando en mí para volver al primer viento propicio, -y que su soplo más fuerte hinche entonces tus velas. Que el poderoso -Nereo vuelva la mar inclinada sobre esta ribera; que el viento empuje -las naves hácia aquí: y por aquí el flujo precipite las aguas. Tú misma -ruega á los céfiros soplen de lleno en tus velas, que tus propias manos -ayudarán á hacer mover.</p> - -<p>Yo seré el primero en descubrir desde la ribera<span class="pagenum" id="Page_87">[Pg 87]</span> tu nave querida; y -diré: «esa nave trae otra vez mis dioses.» Te recibiré en mis brazos, -tomaré rápidamente desordenados besos; la víctima ofrecida para tu -regreso caerá al pié de los altares. Extenderé en forma de lecho la -lijera arena de la playa, y el primer otero nos servirá de mesa. Allí -con el vaso en la mano me contarás todas tus aventuras; me describirás -tu navío medio engullido por las oleadas; me dirás que viniendo hácia -mí no temias ni al frio ni á la noche, ni á los austros impetuosos. -Todo esto, aunque fuese fingido, será verdad para mí; lo creeré todo. -¿Y por qué no he de creer yo con complacencia lo que más deseo? ¡Ojalá -pudiese la estrella de la mañana, brillando en un cielo sin nubes, -traerme desde luego este dichoso dia!</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_88">[Pg 88]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DUODECIMA">ELEGIA DUODÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Se goza de haber por fin obtenido los favores de Corina.</p> - - -<p>Ceñid mi frente, laureles de la victoria. Soy vencedor: Corina está -en mis brazos; aquella que un marido, que un guardian, que una puerta -de encina, ¡que tanto antemural ponian al abrigo de una sorpresa! La -victoria que, ante todas las otras, merece los honores del triunfo, es -seguramente aquella que no está manchada por la sangre del vencido. No -son humildes murallas, no son plazas cercadas por estrechos fosos, una -bella es la que he sabido tomar por asalto.</p> - -<p>Cuando Pérgamo cayó, despues de diez años de guerra, ¿qué parte de -honor, entre tantos sitiadores, alcanza el hijo de Atreo? Mi gloria, -es mia, me es toda personal: ningun soldado puede reclamar su parte, -ninguno tiene título para pretenderla. Como jefe y soldado á la vez -he logrado mis fines: yo mismo fuí á la vez caballero, infante, -abanderado, y en mis hechos no tuvo lugar la casualidad.<span class="pagenum" id="Page_89">[Pg 89]</span> ¡Para mí, -pues, mi triunfo que es premio de mis esfuerzos!</p> - -<p>No seré tampoco la causa de una nueva guerra. Sin el rapto de la hija -de Píndaro, la paz de Europa y del Asia no se hubiese alterado. Una -mujer es quien, con el vino, arma vergonzosamente, unos contra otros, á -los salvajes Lapithas y la raza monstruosa de los Centauros. Una mujer -es quien en tu reino, justo latino, obligó á los Troyanos á empezar -de nuevo desastrosas guerras. Una mujer es quien, desde los primeros -tiempos de Roma, fué causa del sangriento combate en que los Romanos -tuvieron que defenderse contra sus suegros. He visto pelearse los toros -por una blanca vaquilla, que, espectadora de la lucha, animaba su -valor. Yo tambien soy uno de los numerosos soldados del Amor; pero es -sin efusion de sangre como me hace seguir sus estandartes.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_90">[Pg 90]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMOTERCIA">ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Isis: le pide proteja la preñez de Corina.</p> - - -<p>La imprudente Corina tratando de desembarazarse de la carga que lleva -en su seno, se expone ella misma á perder la vida. Ciertamente por -haber afrontado, sin saberlo, tan gran peligro, merecia toda mi cólera; -pero la cólera cede ante el temor. Pues ó habia concebido por mi causa -ó al menos yo así lo creo: porque frecuentemente tomo por un hecho -cierto, lo que no es más que posible.</p> - -<p>Isis, tú que habitas el Paretonio, y los campos deliciosos de Canope, -y Mémfis, y Pharos fértil en palmeras, y aquellas llanuras en donde el -Nilo, abandonando su vasto cauce, va, por siete bocas, á llevar sus -aguas al mar; yo te conjuro por tu sistro<a id="FNanchor_8" href="#Footnote_8" class="fnanchor">[8]</a>, por la cabeza misteriosa -de Anubis, (y que á este precio el pio Osiris acepte siempre tus -sacrificios, la serpiente amodorrada se arrastre<span class="pagenum" id="Page_91">[Pg 91]</span> lentamente en torno -de las ofrendas, y en medio del cortejo se adelante Apis con su media -luna sobre la frente); fija tus miradas en Corina: ahorra en ella sola -dos víctimas, porque ambas recibiremos la vida, ella de tí, yo de ella. -Muy frecuentemente tú la has visto, en los dias que te son consagrados, -celebrar tus misterios, á la hora en que tus sacerdotes coronen sus -frentes con laureles.</p> - -<p>Y tú, que tienes piedad de las jóvenes esposas en los dolores del -parto, cuando el fruto que llevan escondido busca salir de su prisión, -Ilithyia, séasme propicia, y dígnate atender mis súplicas: ella merece -que tú la cuentes en el número de tus protegidas. Y yo, revestido -de una ropa blanca, iré á hacer ahumar el incienso en tus altares: -iré á cumplir mis votos, depositar mis ofrendas á tus piés, con esta -inscripcion: «Ovidio, por la salud de Corina.» Dígnate solamente dar -lugar á mis ofrendas y á esta inscripcion.</p> - -<p>Y tú, Corina, si en mi espanto, me es permitido darte un aviso, despues -de una tal lucha, no aventuro una segunda.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_8" href="#FNanchor_8" class="label">[8]</a> Instrumento músico.</p> - -</div> -</div> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_92">[Pg 92]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMOCUARTA">ELEGIA DÉCIMOCUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente -la gravedad de su falta.</p> - - -<p>¿De qué sirve á las bellas el estar fuera de combates, de no tener que -seguir, escudo en mano, nuestras formidables legiones, si, lejos de -los peligros de la guerra, ellas se lastiman con sus propias armas, si -con sus ciegas manos atentan á sus dias? La que primero ensayó hacer -abortar en sus entrañas el tierno fruto que llevaba, merecia perecer en -esta lucha empeñada por ella. ¡Qué! ¡para ahorrar á tu vientre algunas -arrugas, convendrá asolar el triste campo en que se libró el combate!</p> - -<p>Si, en las primeras edades del mundo, las madres hubieran tenido -esta viciosa costumbre, el género humano hubiera desaparecido de la -tierra; y para repoblar el universo y sembrar las piedras de que -nacieron nuestros abuelos, seria menester otra Deucalion. ¿Quién -hubiera destruido el imperio de Príamo, si la diosa de los mares, -Thétis, no<span class="pagenum" id="Page_93">[Pg 93]</span> hubiera querido llevar su fruto hasta el término fijado -por la naturaleza? Si Ilia hubiese ahogado los mellizos de quienes -estaba embarazada, no hubiese existido el fundador de la villa señora -del mundo. Si Vénus hubiese hecho morir á Eneas en su seno, la tierra -hubiese sido privada de los Césares. Tú misma, que debias nacer tan -bella, hubieras perecido, si tu madre hubiese hecho lo que tú acabas -de osar. Y yo, más bien nacido para morir de amor, no hubiese jamás -existido, si mi madre me hubiese muerto de antemano.</p> - -<p>¿Por qué despojar á la viña fecunda del racimo que crece? ¿Por qué, con -mano cruel, arrancar el fruto antes de su madurez? muerto caerá por sí -mismo; una vez nacido, déjale crecer; la vida es bastante buen premio -para algunos meses de paciencia.</p> - -<p>Mujeres, ¿por qué manchais vuestras entrañas con un hierro homicida? -¿Por qué presentais el cruel veneno al niño que aun no existe? Se -maldice á la madrastra de Colquida, que se manchó con la sangre de -sus hijos y se compadece á Itis degollado por su madre. Sí, estas dos -mujeres fueron bárbaras; pero su barbarie tenia un motivo:<span class="pagenum" id="Page_94">[Pg 94]</span> se vengaban -de sus esposos en los hijos que tenian de ellos. ¿Os escita, decidme, -algun Tereo, algun Jason á despedazar vuestras entrañas con sacrílega -mano?</p> - -<p>Jamás se ha visto tanta crueldad en los tigres de las cuevas de la -Armenia; jamás la leona se atrevió á procurar el aborto. Á las tiernas -bellezas estaba reservado el intentarlo, pero no impunemente. Ahogando -á su hijo en su seno, perece muchas veces la madre. Perece, y se lo -lleva toda desmelenada en su lecho de dolor; y todos exclaman al verla: -«¡Lo tiene bien merecido!»</p> - -<p>Pero que mis vanas palabras se pierdan en el aire; ¡que mis presajios -queden sin efecto! Dioses clementes, sufrid que Corina haya cometido -impunemente una primera falla, es todo lo que pido. Que el castigo sea -reservado para la segunda.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_95">[Pg 95]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMAQUINTA">ELEGÍA DÉCIMAQUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Al anillo que él habia enviado como presente á su señora.</p> - - -<p>Anillo, que vas á ceñir el dedo de mi bella señora, tú que no tienes -otro precio que el amor de aquel que te dá, sé para ella un presente -agradable: ojalá te reciba con placer, ¡y te coloque desde luego en -su dedo! Sé hecho para ella, como ella para mí; que tu círculo abrace -cómodamente su dedo, sin lastimarlo.</p> - -<p>Dichoso anillo, tú vas á ser tocado por mi señora. ¡Ay! yo envidio -ya la suerte de mi presente. ¡Oh! que no pueda yo de un golpe -transformarme en tí, por el arte del májico de Ea ó del viejo -de Carpthos. Entonces yo querría que tú tocaras su cuello, ó te -introdujeses con su mano izquierda bajo su túnica. Yo me escaparia de -su dedo, por muy apretado y ajustado que estuviese, y me libertaria por -encantamiento para ir á caer sobre su seno. Yo tambien, cuando ella -querria sellar sus tabletas misteriosas, é impedir á la cera adherirse -á la<span class="pagenum" id="Page_96">[Pg 96]</span> piedra muy seca, yo tocaria ante todo los húmedos lábios de mi -bella señora, con tal solamente de no sellar jamás un escrito doloroso -para mí. Si ella quiere hacerme colocar en su joyero, rehusaré dejar su -dedo; me encojeré para sujetarle más fuertemente.</p> - -<p>Que jamás, oh tú que eres mi vida, sea yo para tí un motivo de -vergüenza, una carga muy pesada para tu delicado dedo. Llévame, ya te -zambullas en un baño tibio, ya te bañes en el agua corriente. Pero -quizá entonces viéndote desnuda, el amor despertará mis sentidos, y ese -mismo anillo tomará de nuevo su papel de amante.</p> - -<p>¡Ay! ¿qué significan estos avisos inútiles? Parte, débil presente, y -que mi señora no vea en tí más que la prenda de mi fidelidad.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_97">[Pg 97]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMASEXTA">ELEGIA DÉCIMASEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Á Corina, induciéndola á que vaya á verle en su casa de campo de -Sulmona.</p> - - -<p>Estoy en Sulmona, tercer canton del territorio de los Sabinos<a id="FNanchor_9" href="#Footnote_9" class="fnanchor">[9]</a>. Este -canton es pequeño, pero el aire es saludable, gracias á frescas fuentes -de agua viva. Aunque los rayos más cercanos del sol hienden aquí la -tierra, aunque se sienten los ardores funestos de la canícula, límpidos -arroyos serpentean á través de los campos Pelignos, y una vejetacion -vigorosa cubre el suelo de fresco césped. El pais es fértil en trigo, -más fértil aun en uva: produce alguna vez ademas la almendra que viene -del árbol de Palas. Las aguas que corren por las praderas las tienen al -instante cubiertas de una yerba nueva, y el suelo, siempre refrescado, -presenta un espeso tapiz de verdura.</p> - -<p>Pero allí no se encuentra mi amor; me engaño de una palabra: allí no -se encuentra el objeto<span class="pagenum" id="Page_98">[Pg 98]</span> de mi amor, mi amor se encuentra solo. Aunque -se me colocase entre Castor y Pollux, sin tí yo no querria habitar el -cielo.</p> - -<p>¡Que la muerte sea cruel y la tierra pesada á aquellos que han trazado -los primeros, en sus carreras, lejanos surcos en el globo! Al menos -debian mandar á las jóvenes bellezas á acompañar á sus amantes, si -fuera menester surcar la tierra por caminos interminables. Por lo que -á mí toca, si habia de trepar, helado de frio, los Alpes expuestos á -todos los vientos, este viaje, penoso como es, me pareceria dulce con -mi señora; con mi señora, no dudaria en atravesar los Sirtes de la -Libia, en presentar mi vela al pérfido Noto; con ella no temería ni á -los mónstruos marinos que ladran á los lados de Scila, ni tus estrechas -gargantas, tortuosa Malea, ni las aguas que el infatigable Caribdis, -hartada sin cesar de navíos sumergidos, vomita y engulle de nuevo.</p> - -<p>Que si los vientos son más fuertes que Neptuno, si las olas se -llevan los dioses que nos protejen, enlaza á mis hombros tus brazos -tan blancos como la nieve, yo llevaré fácilmente tan dulce peso. -Frecuentemente, para ir á ver á Hero, su<span class="pagenum" id="Page_99">[Pg 99]</span> jóven amante habia atravesado -los mares á nado; no hubiese perecido, sin la oscuridad que ocultó el -camino á sus ojos.</p> - -<p>Yo, aquí solo sin mi señora, tengo agradable vista de ricos viñedos, -de campos en todas partes bañados por límpidos rios; veo al agua, -obedeciendo al cultivador, dividirse en numerosos arroyos, y las -hojas de los árboles suavemente agitadas por el fresco aliento de -los vientos; mas no creo habitar el bello pais de los Pelignos; no -encuentro la heredad de mis antepasados, el lugar que me ha visto -nacer; me creo en medio de la Scythia, de los bravos cilicianos, de los -Bretones con el rostro pintado de verde y entre peñascos teñidos con la -sangre de Prometheo.</p> - -<p>El olmo ama la viña, la viña se une al olmo; ¿por qué estoy tan á -menudo lejos de mi señora? Sin embargo, tú debias no separarte nunca: -tú me lo habias jurado, y por mí y por tus ojos que son mis astros -tutelares. Más lijeras que las hojas de otoño, las vanas promesas de la -belleza huyen siempre á merced de los céfiros y de las aguas.</p> - -<p>Si por tanto eres aun sensible á mi desamparo, comienza en fin á -cumplir tus promesas; sube sin<span class="pagenum" id="Page_100">[Pg 100]</span> más tardar en un carro lijero tirado -por dos veloces caballos, y sacude tú misma las riendas sobre su -clin flotante. Y vosotros, montes orgullosos, humillaos á su paso; y -vosotros, tortuosos valles, abridle fácil camino.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_9" href="#FNanchor_9" class="label">[9]</a> Abruzo.</p> - -</div> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMASEPTIMA">ELEGIA DÉCIMASÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Se compadece de Corina, demasiado engreida de su belleza.</p> - - -<p>Si hay alguno que piense que es vergonzoso el ser el esclavo de una -bella, acepto su condenacion. Que me declare pues infame, con tal que -la diosa que reina á Paphos y á Cytheres me trate con un poco más -miramiento. ¿Por qué no he sido el esclavo de una amante sensible y -dulce, puesto que yo habia nacido para ser el esclavo de una bella? La -belleza dá orgullo: la belleza de Corina la vuelve intratable. ¡Ay! ¡por -qué se conoce tan bien! De su espejo saca su arrogancia; aunque no se -mira en él mas que despues de componerse.</p> - -<p>Si tu belleza, nacida para hechizar mis ojos,<span class="pagenum" id="Page_101">[Pg 101]</span> te asegura el imperio -de todos los corazones, no debes, comparándome á tí, despreciarme; la -inferioridad puede asociarse con la grandeza. Se sabe que la ninfa -Calipso, ardiendo en amor por un simple mortal, le retiene contra su -voluntad para hacerle su esposo. Se sabe que una de las Nereidas no -se abochornaba por tener comercio con el rey de Phthia, Egeria con el -justo Numa, Vénus con Vulcano, cojo, y todo sucio como está al dejar -su yunque. Estos versos no son de un metro igual, y por tanto el verso -heróico se combina muy bien con un verso de más pequeño corte.</p> - -<p>Tú tambien, oh alma mia, acójeme á cualquier título que sea. Que de -lo alto de tu lecho te plazca dictarme leyes. No verás nunca en mí -un acusador pronto á vengarse de su desgracia: no tendrás que negar -nuestro amor.</p> - -<p>Que cerca de tí mis versos suplan en mí la riqueza. Más de una bella -quiere deberme su celebridad. Sé de una que en todas partes va -haciéndose pasar por Corina: ¿por serlo efectivamente qué no daria -ella? Pero como no se vé correr por un mismo cauce al fresco Eurotas y -al Pó guarnecido de chopos, del mismo modo ninguna<span class="pagenum" id="Page_102">[Pg 102]</span> otra que tú será el -objeto de mis cantos: solo á tí está reservado inspirar mi genio.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMAOCTAVA">ELEGIA DÉCIMAOCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Macer: se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos.</p> - - -<p>Mientras que juntas en tus versos la cólera de Aquiles, y revistes de -sus primeras armas á los héroes encadenados por sus juramentos, yo, -Macer, gozo del reposo á la sombra de la indolente Vénus, y el tierno -Amor viene á parar el vuelo audaz de mi genio. Más de una vez he dicho -á mi señora: «Basta ya, retírate,» y al punto ella se sienta sobre mis -rodillas. Frecuentemente le he dicho: «En verdad estoy avergonzado;» -y ella, reteniendo con pena sus lágrimas, exclamaba: «¡Qué desgraciada -soy! ¡ya te avergüenzas de amarme!» Entónces estrechándome entre sus -brazos, me prodigaba mil besos de aquellos que hacen mi perdicion. -Estoy vencido; mi espíritu no sueña en los combates: lo que yo canto -son mis hazañas domésticas<span class="pagenum" id="Page_103">[Pg 103]</span> y mis guerras privadas. No obstante he -manejado el cetro; mi pluma ha osado abordar la trajedia, y la empresa -no era superior á mis fuerzas. El Amor se echó á reir al ver mi noble -manto, mi coturno pintado y mi cetro tan bien llevado por manos para -las cuales está hecho. Las exigencias de una señora imperiosa me han -arrancado de este trabajo, y el poeta de coturno es batido por el Amor.</p> - -<p>Puesto que esta es mi suerte, me limito á profesar el arte de amar; y -soy el primero ¡ay! abrumado bajo el peso de mis preceptos. O escribo -una carta de Penélope á Ulyses, ó pinto tus lágrimas, Phyllis, cuando -te ves abandonada. Escribo á Páris y á Macarea, y al ingrato Jason, y -al padre de Hippólyto, y al mismo Hippólyto. Repito los lamentos de la -infortunada Didon, armada de su amenazante espada, y los suspiros de la -heroina de Lesbos, amiga de la lira Eolia.</p> - -<p>¡Con qué velocidad mi amigo Sabino ha recorrido el mundo, y traido de -mil diversos lugares la respuesta á estas letras! La casta Penélope -ha reconocido el sello de Ulyses, y la suegra de Hippólyto ha leido -los reproches que él le dirije. Ya<span class="pagenum" id="Page_104">[Pg 104]</span> el piadoso Eneas ha respondido á -la muy desgraciada Elisa; y Phyllis, si con todo eso ella respirara, -tambien tiene su respuesta. Las tristes despedidas de Jason han llegado -á Hypsipyle; y Safo, querida de Apolo, no tiene mas que depositar á los -piés del Dios la Lyra que le tiene consagrada.</p> - -<p>Pero tú tambien, Macer, cantando los combates y los trabajos de Marte, -tú tambien has hablado, tanto como has podido, del amor y de sus -tesoros. En tu poema figuran Páris, y aquel adúltero cuyo crímen ha -hecho tanto ruido, y Laodamia acompañando á su esposo que ya no existe. -Sí, te conozco bien, tratas estos asuntos tan de buena gana como los -combates, y pasas frecuentemente de tu campo al mio.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="II_ELEGIA_DECIMANOVENA">ELEGIA DÉCIMANOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A un hombre cuya mujer amaba.</p> - - -<p>Insensato, si para tí tú no tienes necesidad de vigilar tu mujer, -vigílala al menos para mí á fin de hacérmela desear más. Lo que nos -está permitido<span class="pagenum" id="Page_105">[Pg 105]</span> nos es insípido; lo que nos está prohibido excita más -fuertemente nuestra pasion.</p> - -<p>Aquel que ama lo que otro le permite amar, tiene un corazon de hierro. -En cuanto á nosotros, los que sabemos amar, nos falta esperar y temer á -la vez, y, para desear más vivamente, tener que sufrir algunas repulsas.</p> - -<p>Que no se me hable de una fortuna que me pondria al abrigo de toda -decepcion. No sabria amar lo que no pueda inquietarme en ningun tiempo. -Este es mi flaco; bien lo habia visto la astuta Corina: demasiado sabia -ella por dónde podíaseme cojer. ¡Cuántas veces, ay le tengo visto -¡la mentirosa! fingir un violento mal de cabeza, á fin de despedirme! -¡Cuántas veces he debido, aunque me costase, alejarme á paso lento! -¡Cuántas veces me ha supuesto culpas, y, culpable ella misma, se ha -supuesto la inocente! Despues de haberme atormentado, despues de -haber así reanimado mis fuegos medio apagados, volvía á estar dulce y -sensible á mis deseos. ¡Qué de caricias, qué de ternuras entonces me -prodigaba! ¡Cuántos besos y ¡grandes dioses! qué besos!</p> - -<p>Tú tambien, que recientemente has embelesado<span class="pagenum" id="Page_106">[Pg 106]</span> mis ojos, recurre -frecuentemente á la astucia, seas á menudo sorda á mis súplicas; déjame -tendido en el umbral de tu puerta, sufrir el penetrante frio de una -larga noche de invierno. Mi amor no tiene fuerza, únicamente á este -precio tiene duracion. Vé ahí lo que le falta, vé ahí lo que alimenta -mi pasion. Un amor llano y sin dificultad me llega á ser insípido: es -como un manjar muy dulce, que no puede excitarme el corazon. Si nunca -Danae hubiese estado encerrada en una torre de metal, jamás Júpiter la -hubiese hecho madre. Juno, haciendo vigilar á Io, con la frente cargada -de cuernos, la volvió á los ojos de Júpiter más graciosa que antes.</p> - -<p>Aquel que limita sus deseos á lo que es fácil y permitido, vaya á cojer -la hoja sobre los árboles, y beba en plena ribera. Bellas, si quereis -aseguraros un largo imperio, sabed abusar de vuestros amantes. ¡Ay! -¿Para qué es menester que yo dé lecciones contra mí mismo? No importa; -ame quien quiera una complacencia sin límites: á mí me sirve de -molestia. Yo huyo de quien se detiene á mi paso, y me detengo al paso -de quien de mí huye.</p> - -<p>Pero tú, que estás tan seguro á la vista de tu<span class="pagenum" id="Page_107">[Pg 107]</span> bella compañera, -comienza desde hoy á cerrar tu puerta desde la caida del dia; comienza -á preguntar á quien viene tan frecuentemente á golpearla furtivamente; -lo que hace ladrar á tus perros en el silencio de la noche; entérate -de los billetes que lleva y vuelve á llevar una diligente sirvienta; y -por qué tu bella, tan á menudo, quiere dormir sola en su cama. Deja en -fin estos cuidados roedores penetrar alguna vez hasta la médula de tus -huesos, y dame lugar para recurrir á la astucia.</p> - -<p>Ha nacido para hurtar la arena de las riberas desiertas, quien puede -ser amante de la mujer de un tonto. Te prevengo, que si no vigilas -más á tu mujer, no tardará en cesar de ser mi señora. Yo esperaba que -llegaria dia en que tu atenta vigilancia me obligase á más astucia. Tú -no te mueves, tú sufres lo que no sufriria ningun marido. ¡Ah, bien! -soy yo quien pondrá fin á un amor que tú permites.</p> - -<p>¡Qué desgraciado soy! ¿No es esto lo mismo que decir que jamás me -impedirás la entrada en tu casa? ¿Que no estaré durante la noche -expuesto á tu venganza? ¿Que jamás tendré nada que temer<span class="pagenum" id="Page_108">[Pg 108]</span> de tí? ¿Que -jamás encontrará mi sueño un suspiro tímido? ¡Qué! ¿no harás nada que me -dé el derecho de desear tu muerte? ¿Es á mí á quien conviene un marido -fácil, un marido que prostituye á su mujer? Tú acabas de emponzoñar mis -placeres con tu complacencia. ¿Por qué no buscas á otro, que se avenga -á una tan prolongada paciencia? Si te conviene que yo sea tu rival, -prohíbeme serlo.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_109">[Pg 109]</span></p> - -<h2 class="nobreak" id="LIBRO_TERCERO">LIBRO TERCERO.</h2> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_PRIMERA">ELEGÍA PRIMERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">La Tragedia y la Elegía se disputan la posesion de Ovidio.</p> - - -<p>Existe una antigua selva, que durante largos años ha permanecido -virgen, y se la cree el santuario de una divinidad. En medio hay una -fuente sagrada, que domina una gruta cortada en la roca: el aire -resuena al alrededor, con el dulce murmullo de las aves. Paseándome un -dia en los espesos sotos de este bosque, pensaba sobre qué género de -obra ocuparia mi musa.</p> - -<p>Ví venir hácia mí la Elegía con los cabellos olorosos y atados con -arte; y, si no me engaño, uno de sus piés era más largo que el otro. -Su aire<span class="pagenum" id="Page_110">[Pg 110]</span> era decente: su ropa, del tisú más lijero; su aspecto, el de -una amante. El defecto mismo de sus piés aumentaba su gracia. Ví venir -tambien á la Tragedia avanzándose á grandes pasos, la mirada feroz, -los cabellos dispersos, la ropa talar. En su mano izquierda llevaba -con arrogancia el cetro de los reyes; sus piés calzaban noblemente el -coturno Lydio.</p> - -<p>La primera, dirigiéndose á mi, me dijo: «¿Cuál será, cuál será el -término de tus amores, poeta infiel á mi culto? En los festines -licenciosos cuéntanse tus locuras, cuéntanse en las encrucijadas. -Casi siempre que pasas te señalan con el dedo, y dicen: «Ved ahí ese -poeta á quien consume el cruel Amor.» Tú eres, sin duda, la fábula de -la capital cuando cuentas sin pudor tus espansiones amorosas. Tiempo -es ya de que, cediendo á los impulsos del thyrso, trates asuntos más -elevados. Por largo tiempo has estado reposado; emprende una nueva -obra. El asunto de tus cantos apoca tu génio: celebra los grandes -hechos de los guerreros. ¿Soy yo, dirás tú, para servir en esa carrera? -¿Pero tu Musa no ha prodigado bastantes canciones á las bellas? Tu -primera juventud está enteramente entregada<span class="pagenum" id="Page_111">[Pg 111]</span> á esas bagatelas. Sé -conmigo ahora; que yo te debo el nombre de Tragedia romana. Tu génio -puede bastar para esta noble tasca.» Dijo ella, y, apoyándose con -altanería en sus coturnos bordados, sacudió tres ó cuatro veces su -cabeza sombreada por una espesa cabellera.</p> - -<p>La Elegía, si no recuerdo mal, sonrió mirándome de soslayo. Tenia, si -no me engaño, un ramo de mirto en la mano. «¿Por qué, dijo, orgullosa -Tragedia, me tratas con tan pocos miramientos? ¿no puedes jamás dejar -de ser severa? Esta vez no obstante has tenido á bien combatirme en -versos desiguales con mi propia rima. No comparo mis cantos á tus -sublimes acentos: tu soberbio palacio aplasta mi humilde morada. Lijera -como soy, me deleito con Cupido, no menos lijero que yo. No tengo la -vanidad de creerme superior á mi papel. Sin mí, la madre del voluptuoso -Amor no tendria tantos encantos: soy la auxiliar y la compañera de -esta diosa. La puerta que no sabria forzar tu duro coturno, se abre á -los dulces acentos de mi voz; y sin embargo, si mi poder es superior -al tuyo, lo debo á la paciencia con la cual sufro bien las cosas que -sublevarian tu orgullo. De<span class="pagenum" id="Page_112">[Pg 112]</span> mí aprende Corina á engañar á su guardian, -á forzar la cerradura de una puerta rigurosamente cerrada, á salir -furtivamente de su lecho, vestida de una túnica arremangada, y á -avanzar con paso sordo, en las tinieblas de la noche.</p> - -<p>«¡Cuántas veces me he visto suspendida en una puerta rebelde, -importándome poco ser vista por los paseantes! Hay más: recuerdo que -la sirvienta de Corina me recibió y tuvo escondida en su seno, hasta -que vió alejarse al severo guardian de su señora. ¿Te recordaré que -para celebrar el aniversario del nacimiento de tu bella, me enviabas -á ella en presente, y que me rasgó y me arrojó despiadada en el agua? -Soy yo la primera que ha hecho germinar en tí las semillas fecundas de -la poesía: á mí debes el privilegiado talento que reclama para sí mi -rival.»</p> - -<p>Las dos Musas habian acabado, y, dirigiéndome á ellas, les dije: «Por -vosotras mismas os conjuro; acojed sin prevencion mis tímidas palabras. -Vosotras me ofreceis el cetro y el noble coturno y ya los acentos -sublimes salen de mi boca apenas entreabierta; y vosotras haceis -inmortales mis amores. Sé, pues, propicia á mis votos y déjame mezclar<span class="pagenum" id="Page_113">[Pg 113]</span> -entre sí el grande y el pequeño verso: otórgame una poca dilacion, -majestuosa Tragedia: tus obras exigen años, y las de tu rival solamente -algunas horas.»</p> - -<p>No fué sorda á mi ruego: los tiernos amores esméranse en aprovechar -la próroga otorgada: he de ultimar una obra mucho más grande que me -apremia.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_SEGUNDA">ELEGIA SEGUNDA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Los juegos del Circo.</p> - - -<p>«Si me siento aquí, no es por el interés que tomo en los famosos -corceles; y sin embargo, mis votos no son menos para aquel que tú -favoreces. Vengo para charlar contigo, para estar á tu lado, para no -dejarte ignorar todo el amor que tú me inspiras. Tú miras la corrida -y yo te miro á tí. Gocemos los dos del espectáculo que nos agrada, -ambos repasemos nuestras miradas holgadamente. ¡Oh, dichoso, sea -quien quiera, el competidor que tú favorezcas! tiene la dicha de -interesarte. Que semejante<span class="pagenum" id="Page_114">[Pg 114]</span> dicha me alcance; al instante me lanzaria -de la barrera, abandonándome á mis impetuosos corceles. Sabria, aquí, -soltarles las riendas; allá, marcar sus flancos con golpes de látigo; -más lejos, estrechar el círculo dando vuelta. Pero si, en mi carrera -rápida, llegara á divisarte, ¡oh! me detendria, y las riendas se me -escaparian de las manos. ¡Ah! faltó poco para que Pelops no cayera -en medio de la carrera de Pisa, ocupado como estaba en contemplarte, -¡bella Hippodamia! Y no obstante él debió su victoria á los votos de su -señora. ¡Así pudiesen todos los amantes deber su triunfo á los votos de -sus bellas!</p> - -<p>¿Por qué tratas vanamente de alejarte de mí? la misma grada nos retiene -al uno junto al otro: es una ventaja que debo á los reglamentos -del Circo. Pero tú, que estás á la derecha de mi bella, sostente -bien; la molestas, apoyándote sobre ella. Y vosotros que estais -colocados detrás, no extendais tanto vuestras piernas; tened bastante -circunspeccion para no ajar sus espaldas con vuestra ruda rodilla. -Cuidado, amiga mia, tu ropa demasiado baja arrastra por tierra; -levántala como voy á hacerlo yo mismo. Oh ropa, estabas celosa por<span class="pagenum" id="Page_115">[Pg 115]</span> -cubrir tan bellas piernas; tú querias ser sola en verlas; si, tú -estabas celosa. Tales eran las piernas de la lijera Atalante, que -Milanion hubiera querido tocar con sus manos: tales tambien las de -Diana, cuando, levantada la ropa, perseguia en las selvas los venados, -menos intrépidos que ella misma. Estoy encendido por aquellas piernas -que no he podido ver; ¿qué sucederá al ver las tuyas? tú vienes á -añadir fuego á un brasero, y agua al mar. Juzgo, por lo que he visto, -lo que pueden ser los otros atractivos tan bien cubiertos bajo tu -lijera ropa.</p> - -<p>¿Quieres tú, entretanto, que un aire agradable venga á refrescar tu -rostro? esta tablilla agitada por mi mano, te dará ese placer; á menos -que no sea el fuego de mi amor, más bien que el calor del aire, lo que -te ahoga, y que tu corazon no arda con una placentera llama. Mientras -que te hablo, una negra polvareda ha empañado el brillo de tu blanca -ropa: ¡huye de encima de aquellas espaldas de nieve, polvorosa tierra! -Mas vé ahí venir la corte; callad, y prestad toda vuestra atencion. Es -llegado el momento de aplaudir: la brillante corte se adelanta.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_116">[Pg 116]</span></p> - -<p>En primer lugar aparece la Victoria, con las alas desplegadas. Oh -diosa, seme favorable, y haz que mi amor sea vencedor. Aplaudid á -Neptuno, vosotros los que tanta confianza teneis en sus ondas. Por -lo que á mí toca, nada tengo de comun con el mar, y no amo mas que -la tierra que habito. Tú, soldado, aplaude á tu dios Marte. Yo huyo -de los combates: amo la paz y el amor al que la paz favorece. Que -Febo sea propicio á los augures, Febé á los cazadores. Tú, Minerva, -recibe el saludo de todos los amigos de las artes. Y vosotros, -labradores, saludad á Céres y al tierno Baco. Que Pólux oiga los votos -del gladiador, y Cástor los del caballero. Nosotros te aplaudimos á -tí, dulce Vénus, á tí y á los Amores armados de flechas. Secunda mis -esfuerzos, tierna diosa; dá otro génio á mi amante; que ella se deje -amar. Con un signo de cabeza, me predice Vénus el éxito. Lo que ella me -ha prometido, prométemelo tú tambien. Atiende mi súplica, y perdóneme -Vénus, serás á mis ojos más grande que esta diosa. Te lo juro, y pongo -en testimonio de mi juramento á todos los dioses que brillan en esa -corte, tú serás siempre mi querida señora. Pero tus piernas no<span class="pagenum" id="Page_117">[Pg 117]</span> tienen -punto de apoyo: puedes, si quieres, apoyar en medio de estos barrotes -la punta de tus piés.</p> - -<p>Ya la carrera está libre, y los grandes juegos van á empezar: el pretor -acaba de dar la señal: los cuádrigas<a id="FNanchor_10" href="#Footnote_10" class="fnanchor">[10]</a>, se han lanzado todos á un -tiempo, desde la barrera. Miro aquel por que te interesas; quien quiera -que sea el que tú favoreces, saldrá vencedor. Los mismos caballos -parecen adivinar tus voces. ¡Ay! qué círculo describe alrededor del -mojon, desgraciado ¿qué haces? te lleva ventaja tu rival, que ha -rasado de más cerca. ¿Qué haces, imprudente? Dejas inútiles los votos -de la belleza. Por favor sujeta fuertemente la rienda izquierda. Nos -hemos interesado por un torpe. Vamos, romanos, llamad, y dad la señal -sacudiendo de todos lados vuestras togas. Hé aquí, que se le llama: -pero, por miedo á que el movimiento de las togas no desordene la -simetría de tu tocado, puedes ponerle al abrigo bajo la falda de la mia.</p> - -<p>Ya la liza se abre de nuevo, la barrera está levantada, y los rivales, -á quienes distingue su color, lanzan sus caballos en la arena. Esta -vez al<span class="pagenum" id="Page_118">[Pg 118]</span> menos sé vencedor, y vuela por el espacio que se abre ante -tí. Haz que mis votos, y los de mi señora se vean cumplidos. Lo son -efectivamente los de mi señora y aun más los mios. Ha conquistado la -palma; me resta ganar la mia.» La bella ha sonreido, y su chispeante -mirada ha prometido alguna cosa. Por ahora es bastante: en otra parte -darás el resto.</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_10" href="#FNanchor_10" class="label">[10]</a> Carro de dos ruedas con cuatro caballos. (N. T.)</p> - -</div> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_TERCERA">ELEGÍA TERCERA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A su amiga, que habia faltado á sus juramentos.</p> - - -<p>¿En adelante creeré que hay dioses? ¡Ella ha hecho traicion á la fé -jurada, y su belleza es la misma que antes! Tan larga como era su -cabellera antes que tomase por testimonio á los dioses, tan larga es -hoy día en que los ha engañado.</p> - -<p>Las rosas se mezclaban á la blancura de su color, y su tez ostenta aun -el matiz de las rosas.</p> - -<p>Tenia un pequeño pié, y su pié es aun lo que tiene de más lindo. Su -talle era á la vez noble<span class="pagenum" id="Page_119">[Pg 119]</span> y gracioso; noble y gracioso es aun su talle. -Los ojos relumbrantes que tan frecuentemente me han engañado, los ojos, -semejantes á dos astros, lanzan aun los mismos fuegos.</p> - -<p>Así los mismos dioses permiten el perjurio á las bellas, y la misma -belleza es una diosa. No há mucho, no lo he olvidado, ella juraba por -sus ojos y los mios; y los mios han vertido lágrimas. ¡Oh dioses! si la -perfidia ha podido abusar de vosotros impunemente, decid, ¿por qué me -habeis penado de su crímen? pero no temeis en hacer condenar á muerte á -la hija de Cefea, para castigar en ella el orgullo de su madre. Si no -es bastante que yo haya encontrado en vosotros testigos sin valor, y -que ella triunfe hoy dia de haberos engañado, al mismo tiempo que á mí; -¿será menester aun que sufra yo la pena de su perjurio, que yo sea á la -vez víctima y responsable de su perfidia?</p> - -<p>Ó la divinidad no es más que un nombre sin realidad, una quimera -imaginada para espantar la necia credulidad de los pueblos; ó si hay un -Dios, no es favorable más que á las bellas y les dá muy exclusivamente -el derecho de atreverse á todo. Solo contra nosotros se arma Marte -con homicida<span class="pagenum" id="Page_120">[Pg 120]</span> espada; solo contra nosotros Pálas vuelve su formidable -lanza. Contra nosotros solo dirije Apolo sus flechas: contra nosotros -amenaza el rayo en la mano soberana de Júpiter. Los dioses no osan -penar las ofensas de las bellas, y, no habiendo sabido hacerse temer, -son los que las temen. ¿Y aun irán á quemar incienso en sus altares? -No, los hombres deben tener más corazon.</p> - -<p>Júpiter fulmina contra los bosques y las ciudadelas, y prohibe á -su trueno alcanzar á las mujeres perjuras. En presencia de tantos -culpables, la desgraciada Semelé es la sola quemada por el rayo: su -complacencia es la causa de su suplicio. Si hubiera evitado la visita -de su amante, el padre de Baco no hubiese sido cargado del peso que -debia llevar su madre.</p> - -<p>Mas ¿por qué estos reproches y esta guerra que hago á todo el cielo? -Los dioses tienen ojos como nosotros, y como nosotros tienen corazon. -Yo mismo, si fuera un dios, no me ofenderia de que una mujer engañara -mi divinidad con una mentira. Atestiguaria con un juramento la verdad -de los juramentos de una bella, y no pasaria por un dios uraño.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_121">[Pg 121]</span></p> - -<p>Tú, sin embargo, jóven belleza, usa más moderadamente de la proteccion -de los dioses, ó al menos evita la vista de tu amante.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_CUARTA">ELEGÍA CUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer.</p> - - -<p>Intratable esposo, tú has atado un guardian á los pasos de tu jóven -compañera: ¡pena inútil! el guardian de una mujer es su virtud. Es -solo casta aquella que no se vé obligada á serlo por el temor y la que -es fiel á la fuerza no es verdaderamente fiel. Gracias á tu contínua -vigilancia, su cuerpo ha podido quedar intacto; su corazon es adúltero. -No se sabria guardar una alma á despecho de ella, y los cerrojos -entonces nada valen. Por bien que cierres las entradas de tu casa, el -adúltero penetrará: quien impúnemente puede cometer algunas faltas -comete menos: el poder de hacer mal enfria el deseo. Cesa, créeme, -de incitar al vicio prohibiéndolo: triunfarás mucho mejor por la -complacencia.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_122">[Pg 122]</span></p> - -<p>Yo ví no há mucho un corcel rebelde al freno ponerse furioso y -dispararse como el rayo: despues se detuvo de un golpe, desde que -sintió las riendas flotar muellemente sobre su larga crin. Nosotros -corremos siempre á lo que es prohibido, y deseamos lo que se nos -rehusa. Así el enfermo desea el agua que le es vedada.</p> - -<p>Argos tenia cien ojos en la cabeza y en la frente, y solo el amor supo -frecuentemente engañarle. La roca y la arena componian la imperecedera -torre donde Danae fue encerrada vírgen, y allí llegó á ser madre. -Penélope, sin estar guardada, quedó pura en medio de tantos jóvenes -adoradores.</p> - -<p>Cuanto más cuidadosamente se guarda una cosa, más la deseamos: la -vigilancia no es más que una provocacion al ladron: pocas gentes -aman los placeres permitidos. No es la belleza de tu esposa, es tu -amor lo que hace buscarla; se la supone no sé qué atractivos que te -cautivan. Una mujer guardada por su marido, no sea virtuosa, sino que -sea adúltera, y es codiciada. Los peligros que acompañan á la posesion -son más preciosos que la posesion misma. Soy sedicioso, si tú quieres, -yo no<span class="pagenum" id="Page_123">[Pg 123]</span> amo más que los placeres prohibidos. Agrádame solo aquella que -puede decir: «Tengo miedo.» Y en tanto está permitido tratar como -esclava á la mujer que ha nacido libre, no usamos de esta tiranía más -que con las mujeres de naciones extrañas. Tú sin duda quieres que su -guardian pueda decir: «Eso es gracias á mí.» ¡Ah, bien! Si tu esposa es -casta, que el honor sea todo para tu esclavo.</p> - -<p>Es ser muy tonto, ofenderse del adulterio de una esposa: es conocer muy -poco las costumbres de la ciudad en donde no nacieron sin crímen Rómulo -y Remo, hijos de Marte y de Ilia. ¿Por qué tomarla bella si la quieres -virtuosa? virtud y belleza no sabrian ir en compañía.</p> - -<p>Si tú haces bien, ten un poco de indulgencia, deja ese aire severo, -y no hagas prevalecer tus derechos como un esposo rígido. Acepta los -amigos que te dé tu esposa; ella te dará muchos; así es como se obtiene -sin trabajo un gran crédito. A este precio tendrás siempre sitio en -los banquetes de una juventud juguetona, y encontrarás en tu casa mil -objetos que no te habrán costado nada.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_124">[Pg 124]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_QUINTA">ELEGÍA QUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Sueño.</p> - - -<p>Era de noche, y el sueño habia cerrado mis fatigados ojos, cuando una -vision vino á traer el terror á mi alma.</p> - -<p>Sobre la vertiente de una colina expuesta al Mediodía, habia un bosque -sagrado lleno de robles, cuyas frondosas ramas servian de abrigo á -millares de aves. Más abajo se extendia un llano, revestido del más -verde césped, y regado por un arroyo que allí arrastraba sus aguas con -dulce susurro.</p> - -<p>A la sombra de un frondoso roble traté de huir del calor; pero este se -hacia sentir á la misma sombra de los frondosos árboles. Hé aquí que, -paciendo en el césped sembrado de mil diversas flores, se ofreció á mis -miradas una blanca vaquilla, una vaquilla más blanca que la nieve caida -de reciente y que no ha tenido tiempo de transformarse en agua límpida; -más blanca que la<span class="pagenum" id="Page_125">[Pg 125]</span> tremente espuma de la leche de la oveja que se acaba -de ordeñar.</p> - -<p>Junto á ella estaba un toro, su dichoso esposo. Se acostó á su lado, -sobre el espeso tapíz de verdura. Así muellemente tendido, rumia -lentamente la tierna yerba, y se alimenta segunda vez de su primer -alimento; luego el sueño le quitó sus fuerzas, y creí verle dejar caer -en tierra su cabeza armada de cuernos, no pudiendo sostenerla.</p> - -<p>Al mismo tiempo ví una corneja, hendiendo rápidamente los aires, -descender graznando, sobre el verde césped. Tres veces hundió el pico -audaz en el pecho de la vaquilla, tres veces arrancó como copos de -nieve. Despues de una larga resistencia, abandonó aquella el sitio y el -toro; pero su blanco pecho dejaba vislumbrar una mancha negra. Desde -que ella vió otros toros que pascían á lo lejos sabrosos pastos (porque -efectivamente otros toros á lo lejos pascían) corrió á mezclarse entre -ellos y tomar su parte de las riquezas de un suelo más fértil.</p> - -<p>«Oh tú, intérprete de los sueños de la noche, exclamé, si el mio -encierra alguna verdad, dime lo que significa.» Entonces el intérprete -de los<span class="pagenum" id="Page_126">[Pg 126]</span> sueños de la noche, reflexionando sobre todos los detalles de -mi sueño, me dió esta respuesta:</p> - -<p>«El calor de que procuras guardarte á la sombra del follaje, y que no -alcanzas evitar, es el fuego del amor. La vaquilla, es tu señora: tu -señora es blanca como ella, tú eres el toro que seguia su compañía. -La corneja, cuyo agudo pico se hundía en el pecho de la vaquilla, es -aquel viejo pervertidor que corrompió el corazon de tu amante. La tenaz -resistencia de la vaquilla que abandona en seguida á su toro, es el -alejamiento de tu señora, quien no calentará de nuevo tu solitaria -cama. Las manchas negras que afean el pecho del animal es el signo del -adulterio que deshonra el corazon de tu bella.»</p> - -<p>A estas palabras del intérprete, mi sangre huia de mi helado rostro, y -ante mis ojos se extendia una profunda noche.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_127">[Pg 127]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_SEXTA">ELEGIA SEXTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Á un rio que crecía de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al -paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora.</p> - - -<p>Rio cuyas cañas obstruian las riberas cenagosas, vuelo cerca de mi -señora: deten un momento el curso de tus aguas. Tú no tienes ni puente, -ni barca, que sin remero me lleve á la otra ribera, con ayuda solamente -de un cable.</p> - -<p>No há mucho, recuerdo que eras pequeño: no he temido vadearte á pié, -y la superficie de tus aguas apenas mojaba mis talones. Hoy dia, -has crecido por el deshielo de las nieves de la montaña vecina, te -precipitas con furia, y por tu cauce cenagoso, arrastras profundas -aguas.</p> - -<p>¿Qué ventaja me trae ser tan apresurado, haber otorgado tan poco tiempo -al sueño, haber hecho de la noche dia, si es preciso que me detenga -aquí, si no hay medio para mí de poner el pié en la otra ribera? ¡No -tener yo en este momento las alas del héroe hijo Danae, cuando llevaba<span class="pagenum" id="Page_128">[Pg 128]</span> -la cabeza de Medusa, erizada de mil serpientes! ¡No tener yo aquí el -carro de Triptoleme, quien, el primero, enseñó á los salvajes humanos -el arte de confiar á la tierra las semillas de Céres! Estos prodigios, -¡ay! jamás han existido mas que en la imaginacion de los antiguos -poetas: ni se han visto, ni se verán. Pero tú, rio desbordado, (¡ojalá -en recompensa sea eterna tu corriente!), vuelve otra vez á tus primeros -límites. No podrás, créeme, llevar el peso del ódio público, si se sabe -que tú has detenido los pasos de un amante.</p> - -<p>Los rios deberian secundar á los jóvenes enamorados; los mismos rios -han sentido lo que es el amor. El pálido Inaco se prendó, segun dicen, -de los encantos de Melia, ninfa de Bithinia, y se abrasó por ella, -hasta en sus frias aguas. Troya no habia aun sostenido sus diez años -de sitio, oh Xantho, cuando Nerea fijó tus miradas. ¿Qué hizo recorrer -á Alfeo tantos países diversos? ¿no fué su amor por una vírgen de -Arcadia? Y tú, Penea, cuando Créusa estaba prometida á Xantho, tú la -tenias, se dice, escondida en los campos de la Phthiótida. ¿Hablaria -yo de Asopo, prendado de los encantos de la guerrera Thebe, Thebe que<span class="pagenum" id="Page_129">[Pg 129]</span> -debia dar á luz cinco hijos? Y tú, Acheloe, si te pregunto dónde están -hoy tus cuernos, me dirás con dolor que la mano de Hércules con ira -los ha cortado. Esto que no lo hubiese hecho Hércules por Calydon, que -no lo hubiese hecho por Etolia misma, lo hizo por la sola Dejanira. -El Nilo, ese rico rio que precipitándose por siete embocaduras, tan -bien oculta el orígen de sus fecundas aguas, dicen que no pudo en sus -profundos atolladeros, matar la llama que le consumia por Evadna, -hija de Asopo. Enipea, para poder abrazar á la hija de Salmoneo sin -inundarla, Enipea ordenó á sus aguas retirarse, y á su vez las aguas -se retiraron. No te olvidaré tampoco, á tí que, huyendo á través de -las rocas que has socavado, riegas con tus aguas espumosas los campos -del argeo Tíber; ni á tí á quien agradó Ilia, toda descuidada como -estaba en su compostura, después de haberse arrancado los cabellos -y golpeado el rostro con sus uñas. Llorando el sacrilegio de su tio -y el atentado de Marte, vagaba ella, con los piés desnudos, en los -caminos solitarios. Del seno de sus rápidas ondas, el rio generoso la -descubrió, y levantando la cabeza por encima de las olas, le dijo una -voz<span class="pagenum" id="Page_130">[Pg 130]</span> sonora: «¿Por qué vagar en mis riberas, con un aire inquieto, -Ilia, descendiente de la sangre del Ideo Laomedonte? ¿Qué has hecho de -tus adornos? ¿dónde dirijes tus pasos solitarios? ¿por qué la blanca -cintilla no retiene tus desordenados cabellos? ¿por qué llorar y ajar -con esas lágrimas el brillo de tus ojos? ¿por qué, en tu delirio, te -golpeas así el pecho? Tiene un corazon de roca ó bronce, quien puede -ver, sin conmoverse, un rostro encantador regado por las lágrimas. -Ilia, cesa de temer; mi palacio estará abierto para tí: mis ondas te -protejerán: Ilia, cesa de temer. En medio de más de cien ninfas, tú -sola serás reina; porque más de cien ninfas habitan en el fondo de -mis aguas. No me desdeñes, es todo lo que te pido, ilustre vástago de -Troya. Mis presentes serán superiores á mis promesas.»</p> - -<p>Así habia dicho; é Ilia, con los ojos dirigidos humildemente hácia -tierra, bañaba con lágrimas su conmovido seno. Tres veces trató de -huir; tres veces se detuvo en el borde de las profundas aguas, el temor -le quitó la fuerza para correr. Por último, sin embargo, arrancándose -los cabellos con mano enemiga, dejó escapar de su boca balbuciente<span class="pagenum" id="Page_131">[Pg 131]</span> -estas lamentables palabras: «¡Oh! pluguiese al cielo que mis huesos -hubiesen sido recogidos y encerrados en el sepulcro de mi familia, -cuando eran aun los de una vírgen! ¿Por qué invitarme al himeneo, á mí, -vestal ayer, hija infame hoy dia, indigna en adelante de velar el fuego -sagrado de Ilion? ¿Qué espero aun? Ya se me señala con el dedo como á -una adúltera. ¡Perezca conmigo el pudor que no me permite levantar los -ojos sin sonrojarme!» Dijo, y cubriendo con su ropa sus hermosos ojos -llenos de lágrimas, se precipitó desesperadamente en medio de las olas. -El rio, dicen, la sostuvo, llevando amorosamente la mano bajo su pecho, -y la admitió en su lecho, como á esposa.</p> - -<p>Tú mismo, es probable que te hayas tambien consumido por alguna bella: -pero los bosques, las selvas, están allá para ocultar tus crímenes. -Mientras que hablo, tus olas van engrosando siempre, y tu lecho, tan -largo como es, no basta para contener las aguas que á él afluyen de -todas partes. ¿Qué he de disputar contigo, rio furioso? ¿Por qué -diferir los placeres de dos amantes? ¿Por qué detenerme tan brutalmente -en medio de mi camino?<span class="pagenum" id="Page_132">[Pg 132]</span> Si á lo menos tú corrieras, no debiendo más -que á tí tus olas orgullosas, y envanecido de un nombre conocido por -el universo entero. Un nombre... tú no tienes: tus ondas, las debes á -miserables arroyos. Tú no has tenido nunca ni orígen, ni morada cierta. -Tu orígen, en tí, son las lluvias y las nieves derretidas; riquezas -que debes al perezoso invierno. O llevas espumosas aguas durante la -estacion de las escarchas, ó tu lecho no es durante el estío más que -un sulco ávido y pútrido. ¿Qué viajero ha podido entonces encontrar -en él jamás bastante agua para extinguir su sed, y decirte en su -reconocimiento: «¡Sea eterno tu curso!»</p> - -<p>Tu curso es funesto á los rebaños, más funesto aun á los campos. Otros, -quizá, serán sensibles á estos males: yo no lo soy más que á los que -sufro. ¡Qué insensato soy! ¡Le he contado los amores de los rios! Tengo -vergüenza de haber pronunciado tan grandes nombres delante de un tan -pobre arroyo. ¿En qué pensaba yo, pues, al citar delante de él los -nombres de Acheloon é Inaco y el tuyo, Nilo de dilatadas ondas?</p> - -<p>¡Pero tú, torrente cenagoso, bien lo mereces,<span class="pagenum" id="Page_133">[Pg 133]</span> ojalá no veas más que -estíos abrasadores é inviernos siempre secos!</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_SEPTIMA">ELEGIA SÉPTIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Contra él mismo, por haber caido en falta con su querida.</p> - - -<p>Pero esta muchacha no es bella, ni atractiva. ¡Por eso no ha sido pues -bastante largo tiempo el objeto de mis deseos! ¡Oh vergüenza! la he -tenido en mis brazos, perdiendo el tiempo: en su lecho me he quedado, -como una masa inerte, sin fuerza y sin accion. A pesar de todos mis -deseos, á pesar de los deseos de mi bella, no he podido despertar mi -extenuado órgano del placer. Ella tuvo cuidado en pasar con tiento al -rededor de mi cuello sus brazos de marfil, más blancos que la nieve de -Tracia; ella tuvo cuidado en luchar su lengua amorosa contra la mia -ávida, y meter bajo mi muslo su muslo lascivo; por más que me prodigaba -los nombres más tiernos, me llamaba su vencedor, añadia todo lo que se -repite en semejante<span class="pagenum" id="Page_134">[Pg 134]</span> caso para excitar la pasion, mi órgano adormecido, -como si hubiera sido frotado con la fria cicuta, no supo llenar su -deber. Quedé como un tronco sin vigor, como una estátua, como una masa -inútil, al punto que ella ha podido dudar si yo era un cuerpo ó una -sombra.</p> - -<p>¿Qué haré cuando viejo, suponiendo que llegue, si mi juventud cae en -tal defecto? ¡ay! tengo vergüenza de mi edad: soy jóven, soy hombre, -y no he podido probar á mi señora que soy jóven, que soy hombre. Ella -ha abandonado su lecho como la piadosa sacerdotisa que vela por la -conservacion del fuego eterno de Vesta, tal cual una casta hermana -abandonando á un hermano querido. Poco antes, sin embargo, dos veces -pagaba mi débito con la rubia Chie, tres veces con la blanca Pitho, -tres veces tambien con Libas; y, acosado por Corina, en una corta -noche, nueve veces, recuerdo, tengo librado el combate.</p> - -<p>¿Es la virtud mágica de un veneno Thessálico el que embota hoy dia -mis miembros? ¿es un encantamiento, una yerba venenosa, lo que me -reduce á un tan triste estado? ¿ó bien una hechicera habrá grabado mi -nombre sobre la cera roja, y me<span class="pagenum" id="Page_135">[Pg 135]</span> habrá hundido una aguja en el hígado? -Los tesoros de Céres, golpeados por un encantamiento, no son más que -una yerba estéril; golpeados por un encantamiento los manantiales de -agua viva se secaron; bajo el peso de un encantamiento la bellota se -desune del roble, el racimo cae de la viña, y los frutos abandonan el -árbol sin que se les sacuda. ¿Quién niega que el arte mágico paralice -tambien los nervios? Quizá á él debo haber sido de hielo. A esto añadid -la vergüenza; la misma vergüenza me quitaba mis medios; ella fué la -segunda causa de mi impotencia.</p> - -<p>¡Qué belleza, en tanto, se ofrecia á mis miradas, á mis tocamientos! -Porque la toqué como la túnica que la cubre. El rey de Pilos, á este -dulce contacto, habria podido rejuvenecer, y Tithon se sentiria con -fuerzas superiores de su edad. Encontré en ella una mujer: ella no -encontró en mí un hombre. ¿A qué nuevos votos, á qué súplica recurrir -hoy dia? Sin duda despues del vergonzoso uso que tengo hecho, los -dioses están arrepentidos de haberme otorgado un tan raro presente. Me -deshacia por ser admitido cerca de aquella bella; y he sido admitido; -por darla besos, y se los he<span class="pagenum" id="Page_136">[Pg 136]</span> dado; por obtener todos sus favores, y -los he obtenido. ¿De qué me ha servido ser tan dichoso? ¿De ser rey -sin reinar? ¡Avaro en medio de las riquezas, no he tenido de tantos -tesoros más que la posesion y no el goce! Así abrasa de sed, en medio -de las aguas, al indiscreto Tántalo; así vé al rededor suyo frutos que -no obtendrá jamás; así el marido deja en la madrugada á su cariñosa -esposa, para aproximarse santamente al altar de los dioses.</p> - -<p>Pero quizá ella no me ha prodigado sus más dulces y ardientes besos; -quizá ella no lo ha puesto todo en obra para estimularme. Los más -robustos robles, el diamante más duro, los más escabrosos peñascos, -hubiese podido ella animarlos con sus caricias. Hubiese podido mover -todo sér dotado de vida, todo lo que es hombre; pero entonces yo no -era un sér vivo, ni un hombre. ¿Qué placer producirian á un sordo los -cantos de Femio? ¿qué placer causaria un cuadro al desgraciado Thamyras?</p> - -<p>¡Qué deleites, empero, no me tenia yo prometidos en secreto! ¡qué -série de placeres, qué variedad de goces no habia imaginado! y mis<span class="pagenum" id="Page_137">[Pg 137]</span> -miembros, ¡oh vergüenza! han quedado como muertos, más lánguidos que la -rosa cogida de la víspera. Al presente hé ahí que intempestivamente se -reaccionan y vuelven á la vida; hélos ahí que piden obrar y prestar de -nuevo su servicio. ¿No quedas confundida de vergüenza, oh parte la más -vil de mí mismo? así es como he sido juguete de tus promesas. Por tí mi -señora ha sido engañada, por tí me encuentro caido en falta, por tí he -probado la más sensible afrenta, el más grave daño.</p> - -<p>Y no obstante mi bella no desdeñó aguijonear con su mano delicada; -pero, viendo que todo su arte no puede nada, que el órgano, olvidando -su antigua arrogancia, se obstina en recaer impotente sobre sí mismo. -«¿Por qué, dice ella, te burlas de mí? ¿Quién te forzaba, insensato, á -venir, á pesar tuyo, á acostarte en mi cama? ó bien un mágico de Ea, -con su aguja y su lana, te ha hechizado: ó tú vienes enervado de los -brazos de otra.»</p> - -<p>Al instante se arrojó de la cama, apenas vestida con su túnica lijera, -y no titubeó en escaparse con los piés desnudos; y no queriendo que -sus camareras dudaran de si salia intacta del combate, tomó agua, para -disimular la afrenta.</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_138">[Pg 138]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_OCTAVA">ELEGIA OCTAVA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A su señora, que habia preferido un amante más rico que Ovidio.</p> - - -<p>¿Y quién contará ahora con las bellas artes para cosa alguna? ¿Quién -otorgará algun valor á tiernos versos? El génio era en otro tiempo más -precioso que el oro: hoy dia es más bárbaro que el no tener nada. Mis -libros han tenido la dicha de gustar á mi señora: la ventaja de ser -admitidos cerca de la misma han tenido ellos; yo no la tengo. Despues -de haber prodigado elogios al poeta, ella le tiene, á pesar de estos -elogios, cerrada su puerta. Con todo el ingenio que se me concede, se -me deja, confuso, vagar á la ventura. Vese un rico advenedizo que debe -su fortuna á sus heridas, y su título de caballero á la sangre de que -está mantenido, y se le antepone á mí.</p> - -<p>¿Puedes, insensata, abrazarle con tus bellos brazos? ¿Puedes, -insensata, echarte en los suyos? si tú lo ignoras, un casco cubria -no mucho esa cabeza;<span class="pagenum" id="Page_139">[Pg 139]</span> una espada pendía de ese costado que te es tan -adicto. Su mano izquierda, en la cual sienta mal ese anillo de oro, ha -llevado un escudo: toca su mano derecha, está bañada en sangre. Esa -mano homicida ¿puedes bien tocarla? ¿Qué se ha hecho ¡ay! la ternura -de tu corazon? Cuenta aquellas cicatrices, señales de sus antiguos -combates: cuanto posee lo ha adquirido con el precio de su sangre. -¡Quizá te cuente cuántos hombres ha degollado; y tú, avara, tocas manos -tan crueles! ¡Y yo, sacerdote inocente de Apolo y de las Musas, dirijo -inútilmente versos á tu inflexible puerta!</p> - -<p>Aprended, vosotros que sois sábios, no á saber lo que nosotros sabemos -para nuestro mal, sino á seguir los ejércitos tumultuosos y el curso de -los combates. En lugar de ser un poeta de génio, sed primer centurion. -Con este título solamente, podrias, si quisieses, Homero, obtener los -favores de la belleza. Júpiter que sabia que nada es tan poderoso como -el oro, fué bajo la forma del mismo el precio de una vírgen seducida. -En tanto que no dió nada, encontró un padre intratable, una hija -inflexible, puertas de hierro, una torre de metal; pero cuando el -seductor, mejor enterado, se mostró<span class="pagenum" id="Page_140">[Pg 140]</span> bajo la forma de un presente, la -bella descubrió su seno, é invitada á someterse, se sometió.</p> - -<p>En otro caso se encontraba bajo el reinado del viejo Saturno: todos los -metales estaban profundamente sepultados en las entrañas de la tierra; -el cobre como la plata, y el oro como el hierro, tocaban al imperio -de los Manes; no se veian tesoros amontonados; pero los que daba la -tierra eran más preciosos; habian ricas mieses sin cultivar, frutos en -abundancia y miel pura depositada en los huecos de los robles. Nadie -se fatigaba en surcar los campos con el arado: no habia agrimensor que -viniese allí á trazar los lindes: no habia remeros que azotasen las -embravecidas olas del mar: sus riberas eran para los mortales, los -limites intransitables del mundo.</p> - -<p>¡Oh hombre! contra tí has vuelto tu industria; has sido demasiado -ingenioso para crearte mil males. ¿Qué has ganado en cercar las -ciudades de murallas y torres? ¿Qué has ganado en armar la una contra -la otra, enemigas manos? Dí, ¿qué tenias que debatir con el mar? la -tierra podia bastarte. El cielo es un tercer reino por conquistar. ¿Por -qué no lo atacas? ¿Qué digo? tú aspiras tanto<span class="pagenum" id="Page_141">[Pg 141]</span> cuanto de tí pende, á -alcanzarlo. Quirino, Baco, Alcides y César tras ellos, tienen cada uno -su templo.</p> - -<p>Nosotros cavamos la tierra para sacar el oro macizo en lugar de mieses. -El soldado posee los tesoros adquiridos al precio de su sangre. El -Senado está cerrado para los pobres; la riqueza dá los honores. Ella -es tambien la que dá tanta gravedad al juez, tanta arrogancia al -caballero. ¡En hora buena que solo ellos lo posean todo; que dispongan -como soberanos del campo de Marte y del Foro; que guarden para sí el -derecho de decidir la paz ó la guerra! A lo menos su concupiscencia no -llegue hasta el extremo de arrebatarnos nuestros amores. Todo lo que se -les pide, es que permitan á los pobres tener alguna cosa.</p> - -<p>Pero hoy dia una mujer, aunque fuese tan inflexible como las Sabinas, -es tratada como pais conquistado por cualquiera que está en el caso de -dar mucho. El guardian de la bella me rechaza; ella misma teme por mí á -su marido. Si enseño oro, ya no hay guardian, ya no hay marido en toda -la casa. ¡Oh! si existe un Dios vengador de las afrentas del amante, que -reduzca á polvo riquezas tan mal adquiridas!</p> -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<p><span class="pagenum" id="Page_142">[Pg 142]</span></p> - -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_NOVENA">ELEGIA NOVENA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Sobre la muerte de Tíbulo.</p> - - -<p>Si la madre de Memnon, si la madre de Aquiles han llorado la muerte de -sus hijos; si las más grandes diosas no son insensibles á los golpes -de la suerte, tú tambien, plañidera Elegía, deja caer tus cabellos -en desórden. Tu nombre, ¡ay! no te convendrá nunca mejor que en este -momento.</p> - -<p>Este poeta que tú inspirabas y que fue tu gloria, Tíbulo, no es más que -un cuerpo sin vida, que la llama de la pira vá á consumir. Mira, el -hijo de Venus lleva su carcax derribado, los restos de su arco y sus -hachas apagadas. Ved cómo marcha triste con las alas caidas; cómo hiere -con su mano cruel su desnudo pecho. Sus lágrimas se derraman sobre -los cabellos esparcidos que flotan sobre su cuello; su boca deja oir -sollozos entrecortados. Tal, para asistir á los funerales de su hermano -Eneas, salió de tu palacio, encantadora Jule. La misma Vénus no se -conmovió menos por la muerte de Tíbulo que por la de su jóven amante,<span class="pagenum" id="Page_143">[Pg 143]</span> -cuando le vió desgarrado por un feroz jabalí.</p> - -<p>Y no obstante, á los poetas, se nos llama séres sagrados, favoritos -de los dioses. No falta quien nos mira como si hubiera en nosotros -algo divino. Mas ¡ay! la despiadada muerte profana todo lo sagrado, á -todos alcanza su invisible mano. ¿Qué sirvieron á Orfeo el Ismario, ni -su padre ni su madre? ¿Qué le sirvió haber domado y hecho sensibles -á sus cantos los animales más feroces? Lino debia la vida al mismo -padre, y Lino fue, dicen, llorado sobre la lyra en lo más retirado de -las selvas. Añadid al cantor de Meonia, ese manantial inagotable donde -vienen á beber y á inspirarse los poetas. Tambien ha tenido su último -dia, que le ha precipitado al fondo del negro Averno. Solo los versos -escapan á la llama de la ávida pira. La obra del poeta es imperecedera: -siempre se hablará del sitio de Ilion y de aquella tela famosa, que, -gracias á una astucia nocturna, duró tan largo tiempo sin concluir. -Así el nombre de Némesis, así el nombre de Delia será eterno: la una, -última amante de Tíbulo, y la otra, su primer amor.</p> - -<p>¿De qué os sirven los sacrificios ofrecidos á<span class="pagenum" id="Page_144">[Pg 144]</span> los dioses? ¿De qué -os sirven los sistros<a id="FNanchor_11" href="#Footnote_11" class="fnanchor">[11]</a> de los egipcios? ¿De qué os sirve no haber -admitido á nadie en vuestra cama? Cuando veo á los más virtuosos -arrastrados por un destino cruel, perdonadme esta idea, estoy tentado -de creer que no existen dioses. Vivid piadosamente; á pesar de vuestra -piedad, morireis; honrad la religion; la despiadada muerte os arrancará -de los templos, tan religiosos como sois, para precipitaros en el -sepulcro. Contad con vuestro génio poético; hé ahi á Tíbulo muerto: de -un tan grande poeta, apenas queda con qué llenar la más pequeña urna.</p> - -<p>¡Qué! ¡es á tí, poeta sagrado, á quien acaba de consumir la llama de la -pira, y no teme alimentarse de tus entrañas! Habrá podido consumir los -templos dorados de los más augustos dioses esa llama que fue para tí -tan culpable. La diosa del monte Erycis desvió sus miradas; tambien -dicen que ella no pudo retener sus lágrimas.</p> - -<p>Y sin embargo, la suerte del poeta era menos de lamentar que si, muerto -en el pais de los Feacianos, hubiese sido enterrado sin honor y sin<span class="pagenum" id="Page_145">[Pg 145]</span> -nombre. Aquí al menos una madre ha cerrado sus ojos cubiertos de las -sombras de la muerte, y llevado sus últimos dones á las cenizas de su -hijo. Aquí al menos una hermana ha partido el dolor de su desgraciada -madre, y, agarrándose los cabellos, ha venido á llorar junto á él. -Némesis y Delia han dado ambas á tus lábios un último beso, y no han -dejado un instante tu pira abandonada. Delia decia alejándose: «Yo -soy la que ha hecho tu amor más dichosa: tú vivias cuando yo era el -objeto de tu llama.»«—¿Qué dices tú? replica Némesis. ¿Te toca llorar la -pérdida que yo he experimentado? Á mí es á quien al morir ha estrechado -la mano con la suya desfallecida.»</p> - -<p>Si no obstante queda de nosotros alguna otra cosa que un nombre y una -sombra, Tíbulo habitará en los risueños valles de Elíseo. Ven á su -encuentro, con la frente coronada de yedra, ven aquí con tu querido -Calvo, jóven y docto Catulo. Y tú tambien, si te acusan injustamente de -haber ofendido á un amigo, ven aquí, Galo, pródigo de tu sangre y de tu -vida.</p> - -<p>Vé ahí las sombras que deben juntarse á la tuya, si todavía la sombra -de un cuerpo es alguna<span class="pagenum" id="Page_146">[Pg 146]</span> cosa; porque á sus cantos de amor tú has unido -los tuyos, elegante Tíbulo. ¡Que tus huesos descansen tranquilos y á -salvo en la urna! ¡Que la tierra sea lijera á tu ceniza!</p> - - -<div class="footnotes"><h4>NOTAS AL PIE:</h4> - -<div class="footnote"> - -<p><a id="Footnote_11" href="#FNanchor_11" class="label">[11]</a> Instrumento músico.</p> - -</div> -</div> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMA">ELEGIA DÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios -con su señora.</p> - - -<p>Vé aquí el aniversario de las fiestas de Céres; la jóven bella reposa -sola en su lecho no dividido. Rubia Céres, cuya fina cabellera es -coronada de espigas, ¿por qué, pues, el dia de tu fiesta, nos privas -tú el placer? Sin embargo, oh diosa, las naciones hablan de tu -munificencia, y ninguna otra divinidad es más propicia á los mortales.</p> - -<p>Antes de tí, los groseros habitantes de los campos no cocian pan, y el -área era un nombre desconocido entre ellos. Pero los robles, primeros -oráculos, producian la bellota: la bellota y la yerba tierna eran todo -el alimento de los mortales. Céres,<span class="pagenum" id="Page_147">[Pg 147]</span> la primera, les enseñó á confiar -á la tierra el grano que debia allí multiplicarse, y á segar con la -hoz las espigas doradas; la primera que forzó á los toros á llevar el -yugo, y partió, con el corvo diente del arado, la tierra largo tiempo -ociosa. ¿Quién podria creer, después de esto, que quiera ver correr -las lágrimas de los amantes, y ser honrada con sus tormentos y su -continencia? Ciertamente que para gozar la vida activa de los campos no -tiene aspereza, y su corazon no está cerrado al amor. Tomo por testigo -á los cretenses, y todo no es pura fábula en esta Creta tan ufana -por haber alimentado á Júpiter. Allí se crió el soberano del imperio -celeste: allí mamó con infantiles lábios una leche bienhechora. Los -testigos son aquí dignos de fé: su hijo de leche es el que garantiza su -veracidad, y Céres convendrá, segun creo, en una debilidad muy conocida.</p> - -<p>La diosa habia visto, al pié del monte Ida, al jóven Yasio, cuya mano -segura cazaba las bestias feroces. Ella lo vió, y de pronto un fuego -secreto se introdujo en sus venas delicadas. De un lado el pudor, y de -otro el amor se disputaban su corazon; el amor triunfó del pudor. Desde -entonces hubiéseis<span class="pagenum" id="Page_148">[Pg 148]</span> visto secarse los surcos; y la tierra apenas dió -tantos granos como se la habian confiado. Despues de haber, con ayuda -de azadas, revuelto bien sus campos, y abierto, con la reja del arado, -el regazo rebelde de la tierra; despues de haberla en todas partes -igualmente sembrado el confiado labrador veia defraudados sus deseos.</p> - -<p>La diosa que preside á las mieses vivia retirada en lo más espeso de -las selvas. Las coronas de espigas se habian desprendido de su larga -cabellera. La Creta sola tuvo un año fértil y cosechas abundantes. -Todos los lugares por donde la diosa habia pasado, estaban cubiertos -de mieses. La misma Ida habia visto sus bosques llenarse de espigas -amarillentas, y el feroz jabalí se alimentaba de trigo. El legislador -Minos deseó muchos años semejantes; deseó que el amor de Céres fuese de -larga duracion.</p> - -<p>La pena que tú hubieras experimentado, rubia diosa, si te hubiese sido -preciso descansar lejos de tu amante, estoy precisado á sufrirla en -este dia consagrado á tus misterios. ¿Por qué es necesario que esté -triste, cuando tú has vuelto á encontrar á una hija, á una reina que -no es inferior á Juno<span class="pagenum" id="Page_149">[Pg 149]</span> más que por el capricho de la suerte? Los dias -festivos invitan á la voluptuosidad, á los cantos y á los festines: -tales son los presentes que conviene ofrecer á los dioses señores del -universo.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_UNDECIMA">ELEGIA UNDÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Cansado en fin de los numerosos desprecios de su señora, el poeta hace -aquí el juramento de no volver á amar.</p> - - -<p>Mucho y por mucho tiempo he sufrido: tu perfidia ha puesto á prueba -mi paciencia. ¡Huye de mi fatigado corazon, vergonzoso amor! Esto es -hecho, me he sustraido al yugo, y he quebrantado mis cadenas: estos -hierros que llevé sin vergüenza, tengo vergüenza al presente de -haberlos llevado. Triunfo y pisoteo al Amor vencido. Es muy tarde, es -verdad, que el bochorno me sube á la cara. ¡Vamos, valor y energía! -Estos males tendrán un dia su recompensa. Los enfermos han debido -frecuentemente su curacion á los venenos más amargos.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_150">[Pg 150]</span></p> - -<p>¡Qué! ¡yo he podido, yo, despues de tantas humillaciones, olvidarme -hasta el punto de dormir en el suelo de tu puerta! ¡Qué! ¡yo he podido, -yo, para no sé cuál amante que tú estrechabas entre tus brazos, -hacerme, como un esclavo, el guardian de la casa que me estaba cerrada! -Yo mismo lo he visto salir fatigado de tu casa, con el paso de un -veterano gastado por el servicio. Aun he sufrido menos de verlo que de -ser visto. ¡Ojalá semejante afrenta sea reservada para mis enemigos!</p> - -<p>¿Cuándo has paseado tú sin encontrarme á tu lado, á mí, tu guardian, -á mí, tu amante, á mí, tu inseparable compañero? mucho agradabas -á las gentes, acompañada por mí; y mi amor te ha valido buen -número de amantes. ¿Por qué recordaré los vergonzosos engaños de -tu mentirosa lengua, y los dioses testigos de tantos juramentos -violados para perderme? ¿Por qué diré aquellas señas de inteligencia, -dirigidas durante la corrida, á jóvenes amantes, y aquellos términos -convencionales para disfrazar el sentido de nuestras palabras? Un dia -se me dijo que ella estaba enferma: yo corro á su casa enteramente -perdido, enteramente fuera de mí; llego y no estaba enferma para mi -rival.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_151">[Pg 151]</span></p> - -<p>Vé ahí, sin hablar de otras muchas, las afrentas que he tenido que -sufrir frecuentemente. Busca hoy dia otro que pueda soportarlas en mi -lugar. Ya mi popa, adornada de una corona votiva, vé, sin conmoverse, -el fracaso de las olas que se levantan tras ella. Basta de caricias y -de palabras otras veces poderosas: es trabajo perdido: no soy tan loco -como lo fuí. Siento luchar en mi corazon, muy lijero y diversamente -agitado, el amor á la vez y el ódio: y si no me engaño es el amor -quien le enoja. Yo aborreceré, si puedo; si no yo amaré únicamente -mi defendido cuerpo. El toro tampoco ama el yugo: lo aborrece y sin -embargo lo lleva.</p> - -<p>Huyo de su perfidia: su belleza es la que vuelve mis pasos hácia atrás. -Aborrezco los vicios de su alma; amo los hechizos de su cuerpo. Así yo -no puedo vivir ni sin tí, ni contigo; y yo mismo no sé lo que deseo. Yo -querria que tú fueses ó menos bella ó menos pérfida. Tantos hechizos se -aunan mal con tanta perversidad. Tu conducta escita el ódio, tu belleza -encomienda al amor. ¡Desgraciado soy! sus atractivos pueden más que sus -defectos.</p> - -<p>Perdóname, yo te conjuro por los derechos de<span class="pagenum" id="Page_152">[Pg 152]</span> aquella cama que nos fué -comun, por todos los dioses (¡pudiesen frecuentemente dejarse engañar -por tí!), por tu semblante que adoro como una divinidad poderosa, -por tus ojos que han cautivado los mios: como sea, siempre serás mi -amiga. Escoje solamente si quieres que te ame por gusto ó por fuerza. -¡Ah! despleguemos cuanto antes las velas y aprovechemos los vientos -favorables; porque á pesar de mis esfuerzos, no me veria yo menos -obligado á amar.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DUODECIMA">ELEGIA DUODÉCIMA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.</p> - - -<p>Decidme, lúgubres aves, ¿qué dia fué aquel en que no me augurásteis -sino amores desgraciados? ¿Qué astro supondré sea hostil á mis deseos? -¿Qué dioses debo acusar de hacerme la guerra? Aquella que no há mucho -se llamaba toda mia; aquella de quien fuí el primero y solo amante, -temo no poseerla sino con mil rivales.</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_153">[Pg 153]</span></p> - -<p>¿Me engañé? ¿O es que mis escritos no la han hecho demasiado conocer? -Ella era toda mia; mi genio poético ha hecho de ella una cortesana. Y -yo lo he merecido: ¿tenia yo necesidad, en efecto, de preconizar su -belleza? si ella se vende hoy, la falta es mia. Por mi mediacion ella -agrada: soy yo quien le trae amantes; mis propias manos le abren la -puerta. ¿Son útiles los versos? esta es una cuestion: ciertamente ellos -me han sido siempre funestos; son los que han atraido sobre mi tesoro -las miradas de la envidia.</p> - -<p>Cuando yo podia cantar á Thebas, Troya ó los altos hechos de César, -solo Corina encendió mi genio. ¡Ojalá las Musas hubiesen sido rebeldes -á mis primeros esfuerzos, y Febo me hubiese abandonado en medio de mi -carrera! Y sin embargo, como es costumbre tomar por testigos á los -poetas, que hubiese preferido que la medida hubiera faltado á mis -versos.</p> - -<p>Nosotros somos los que hemos mostrado á Scyla, arrancando á su anciano -padre el cabello fatal, condenada á ver salir de sus entrañas perros -furiosos. Somos nosotros quienes hemos puesto alas á los piés, y dado -serpientes á la cabellera. A<span class="pagenum" id="Page_154">[Pg 154]</span> nosotros debe el victorioso pequeño hijo -de Abas el hendir los aires sobre un caballo alado. Nosotros hemos dado -á Tityo su prodigiosa grandeza, y á Cerbero sus tres bocas y su crin -de serpientes. Encélada ha recibido de nosotros mil brazos para lanzar -sus dardos, y por nosotros un jóven májico somete los héroes á sus -encantamientos. Nosotros hemos cerrado los vientos eólicos en los odres -del rey de Itaca; gracias á nosotros el indiscreto Tántalo padece sed -en el seno mismo de las aguas; Nicole se cámbia en peñasco, y una jóven -vírgen en osa; gracias á nosotros el ave de Cécrops canta el Odrysio -Itys; Júpiter se transforma en ave ó en oro; ó, convertido en toro, -hiende las ondas, llevando sobre su espinazo una vírgen tímida. ¿A qué -recordar no solo á Protea, sino aquellos dientes de donde nacieron -los Tebanos? ¿Diré que fué de los toros que vomitaban llamas? ¿ó que -lágrimas de ámbar corrieron de los ojos de tus hermanas, desgraciado -Faeton? ¿que embarcaciones han sido cambiadas en diosas del mar? ¿que -el sol retrocedió de horror, por miedo de alumbrar el horrible festín -de Atrea? ¿que los más duros peñascos fueron sensibles á los acordes de -una lira?</p> - -<p><span class="pagenum" id="Page_155">[Pg 155]</span></p> - -<p>El vuelo del fecundo genio de los poetas no conoce límites; no se -sujeta á la fidelidad de la historia. Tambien se hubieran debido mirar -como falsas las alabanzas que daba á mi señora: vuestra credulidad es -hoy dia la causa de mi desdicha.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMOTERCIA">ELEGÍA DÉCIMOTERCIA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Fiesta de Juno.</p> - - -<p>Siendo mi mujer originaria del fértil pais de los Faliscos, hemos visto -aquellos muros en otro tiempo vencidos por tí, ilustre Camilo. Las -sacerdotisas de la casta Juno se disponian á celebrar su fiesta con -juegos solemnes y con el sacrificio de una vaquilla indígena. Poderoso -motivo para mí de detenerme; yo queria ver aquella ceremonia, aunque -no se llega al lugar en que se hace, más que por un camino montuoso y -difícil.</p> - -<p>Es un antiguo bosque sagrado, cuya espesura le hace impenetrable al -dia; no es menester más que verle para reconocer que una divinidad -reside<span class="pagenum" id="Page_156">[Pg 156]</span> allí. Un altar recibia las súplicas y el incienso ofrecido -por la piedad, un altar hecho sin arte por las manos de nuestros -antepasados. Allí es de donde á los primeros acentos de la trompeta -cada año el cortejo de Juno parte y avanza por los caminos tapizados. -Conduce, en medio de los aplausos del pueblo, blancas vaquillas -alimentadas con los crasos pastos de Falisca, jóvenes becerros cuya -frente no está aun armada ni amenazante, el humilde puerco, víctima -más modesta, y el jefe del rebaño con la cabeza dura y adornada de -cuernos encorvados. Solo la cabra es odiosa á la potente diosa, despues -que en un bosque espeso descubrió la presencia de Juno, y la obligó á -detenerse en su huida. Además los niños, hoy dia aun, persiguen con sus -flechas á la cabra indiscreta, y el primero que la ha herido la obtiene -en premio de su destreza.</p> - -<p>En todas partes por que la diosa debe pasar, tiernos muchachos y -vírgenes tímidas cubren de tapiz los verdes caminos. El oro y las -pedrerías brillan en los cabellos de las jóvenes, y una ropa magnífica -desciende hasta caer sobre sus piés donde brilla el oro. A la manera de -los griegos, sus padres, marchan vestidas de blanco, y llevan sobre<span class="pagenum" id="Page_157">[Pg 157]</span> -su cabeza los objetos del culto confiados á sus cuidados. El pueblo -guarda silencio durante la marcha del brillante cortejo. En fin, á -continuacion de las sacerdotisas aparece la misma diosa.</p> - -<p>La fisonomía de este espectáculo es enteramente griega. Despues del -asesinato de Agamemnon, Haleso no pensó más que en huir del teatro del -crímen y de los ricos dominios de sus padres. Despues de arriesgadas -carreras por tierra y por mar, edificó, bajo felices auspicios, una -ciudad rodeada de altas murallas. De él han aprendido los Faliscos á -celebrar las fiestas de Juno. ¡Que ellas me sean siempre favorables! -¡que ellas lo sean siempre á su pueblo!</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMOCUARTA">ELEGIA DÉCIMOCUARTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">A su señora.</p> - - -<p>Yo no te prohibo, bella como eres, tener algunas debilidades; lo que yo -no quiero, es el dolor y la necesidad para mí de saberlas. No, yo no -exijo censor rígido, que seas casta y púdica; lo que<span class="pagenum" id="Page_158">[Pg 158]</span> yo te pido es que -procures parecerlo. No es culpable la que puede negar el hecho que se -le imputa; la confesion que hace es la que la deshonra. ¿Qué manía es -esa, de revelar cada mañana los secretos de la noche, y proclamar á la -luz del dia lo que no haces más que en la sombra?</p> - -<p>La cortesana antes de abandonarse al primero que llega, tiene cuidado -de poner entre ella y el público una puerta bien cerrada. ¡Y tú, tú -divulgas en todas partes tus vergonzosos extravíos, orgullosa de ser -á la vez la delatora y la culpable! Sé en adelante más casta, ó al -menos imita á las mujeres púdicas. Que yo te crea honesta aunque no lo -seas. Culpable ayer, sé culpable hoy; pero no lo confieses, y no te -avergüences en público de hablar un lenguaje modesto.</p> - -<p>Un apartado retiro provoca el desarreglo; que sea el solo teatro de -todos tus placeres, desterrado de allí el pudor. Pero desde que salgas, -no conserves nada de la cortesana, y en tu lecho queden sepultados -tus crímenes. Allí, no te ruborices de quitarle la túnica y sostener -otro muslo apoyado sobre el tuyo. Allí, recibe hasta el fondo de tu -encarnada boca una lengua amorosa, y que para tí el<span class="pagenum" id="Page_159">[Pg 159]</span> amor invente -mil especies de voluptuosidades. Allí ninguna tregua á los dulces -coloquios, á las palabras halagüeñas, y que tu cama cruja con los vivos -apretones del placer. Toma en seguida, con tus vestidos, la modesta -postura de una virgen tímida, y que el pudor de tu frente niegue la -lascivia de tu conducta. Engaña al público, engáñame; pero permite al -menos que yo lo ignore, y déjame gozar de mi tonta credulidad.</p> - -<p>¿Por qué delante de mí, tantos billetes enviados y recibidos? ¿Por qué -tu lecho está batanado á la vez por todos lados? ¿Por qué veo sobre tus -hombros tus cabellos en un desórden que no ha causado el sueño, y sobre -tu cuello la marca de un diente? No te falta más que hacerme testigo -ocular de tu vida licenciosa. ¡Oh! si tú te cuidas poco de atender á tu -reputacion, cuídate de mí al menos. Mi alma me abandona, y me siento -morir todas las veces que tú te reconoces culpable; y en mis venas -corre una sangre helada. Entonces amo, entonces me esfuerzo en vano en -aborrecer lo que me veo forzado á amar; entonces yo quisiera morir, -pero contigo.</p> - -<p>No haré yo ninguna averiguacion; no insistiré,<span class="pagenum" id="Page_160">[Pg 160]</span> desde que te vea pronta -á negar: tu denegacion solo equivaldrá á inocencia. Si no obstante -llegara yo á sorprenderte en flagrante delito, si mis ojos hubieran de -ser un dia testigos de tu vergüenza, lo que yo hubiera visto demasiado -bien, niega que lo haya visto, y mis ojos tendrán menos autoridad que -tus palabras. Así te será fácil vencer á un enemigo que no pide más -que ser vencido. Que solamente tu lengua se acuerde de decir: «No -soy culpable.» Cuando puedes tan fácilmente triunfar con estas dos -palabras, triunfa, si no por la bondad de tu causa, al menos por la -indulgencia de tu juez.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h3 class="nobreak" id="III_ELEGIA_DECIMOQUINTA">ELEGÍA DÉCIMOQUINTA.<br /><span class="small">ARGUMENTO.</span></h3> -</div> - - - -<p class="center bold">Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa.</p> - - -<p>Busca un nuevo poeta, madre de los tiernos Amores; yo no tengo más que -tocar la meta de mi carrera elegíaca. Estos cantos que he compuesto, -yo, hijo de los campos pelignos, han hecho mis delicias y mi nombradía. -Si este honor es alguna<span class="pagenum" id="Page_161">[Pg 161]</span> cosa, yo he heredado, del primero como del -último de mis antepasados, el título de caballero, y no lo debo al -tumulto de las armas. Mántua está envanecido de Virgilio, Verona de -Catulo: se me llamará á mí, la gloria del pueblo Peligno, de este -pueblo cuyo amor por la libertad le impuso el santo deber de combatir, -en la época en que Roma inquieta tembló delante de las armas reunidas -para su ruina. Un dia, viendo la pantanosa Sulmona encerrada en el -estrecho circuito de sus muros, el viajero exclamará: «Villa que has -sido cuna de tal poeta, tan pequeña como eres, te proclamo grande.»</p> - -<p>Amable niño, y tú, Vénus, madre de este amable niño, arrancad de mi -campo vuestros dorados estandartes. El dios cuya frente está armada -de cuernos, Baco, agitando cerca de mí su temible tirso, me apresura -á lanzar los corceles vigorosos en una más vasta carrera. Vosotras, -delicadas elegías, y tú, Musa lijera, adios: mi obra me sobrevivirá.</p> - - -<p class="center p4">FIN.</p> - - -<hr class="chap x-ebookmaker-drop" /> - -<div class="chapter"> -<h2 class="nobreak" id="INDICE_DE_ESTA_OBRA">ÍNDICE DE ESTA OBRA.</h2> -</div> -<hr class="r5" /> - -<table class="autotable"> -<tr> -<th colspan="2" class="tdr page"> -Págs. -</th> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_vii">Los traductores.</a> -</td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_vii">7</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td class="tdc" colspan="2"> -<a href="#LIBRO_PRIMERO">LIBRO I.</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_11"><i>Elegía</i> 1.ª—Argumento.—Por qué el poeta pasa de los versos heróicos á los eróticos.</a> -</td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_11">11</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_13"><i>Elegía</i> 2.ª—Argumento.—Descríbese el triunfo del amor.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_13">13</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_16"><i>Elegía</i> 3.ª—Argumento.—Se recomienda á su querida por las excelencias de la poesía, la pureza de sus costumbres y la fidelidad á toda prueba que ofrece.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_16">16</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_17"><i>Elegía</i> 4.ª—Argumento.—Antes de cenar con su querida le indica las señas con que podrán manifestarse su mutuo amor á presencia del marido.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_17">17</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_21"><i>Elegía</i> 5.ª—Argumento.—Alégrase de haber poseido á su amiga.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_21">21</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_22"><i>Elegía</i> 6.ª—Argumento.—Imprecaciones contra el portero que rehusaba abrirle la puerta.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_22">22</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_26"><i>Elegía</i> 7.ª—Argumento.—Contra sí mismo por haberle pegado á su querida.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_26">26</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_30"><i>Elegía</i> 8.ª—Argumento.—Contra una alcahueta que intentaba enseñar á la querida del poeta las artes de la prostitucion.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_30">30</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_36"><i>Elegía</i> 9.ª—Argumento.—Gracioso paralelo entre - la guerra y el amor.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_36">36</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_39"><i>Elegía</i> 10.—Argumento.—A una jóven para - apartarla de la prostitucion.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_39">39</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_43"><i>Elegía</i> 11.—Argumento.—Suplica á Nape lleve un billete amoroso á Corina.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_43">43</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_45"><i>Elegía</i> 12.—Argumento.—Maldice las tabletas portadoras de la respuesta negativa de su dama.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_45">45</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_46"><i>Elegía</i> 13.—Argumento.—A la Aurora, para que no acelere demasiado su marcha.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_46">46</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_49"><i>Elegía</i> 14.—Argumento.—A una muchacha vuelta calva de repente.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_49">49</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_53"><i>Elegía</i> 15.—Argumento.—Contra los adversarios de la poesía.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_53">53</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td class="tdc" colspan="2"> -<a href="#LIBRO_SEGUNDO">LIBRO II.</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_56"><i>Elegía</i> 1.ª—Argumento.—Por qué en lugar de la jigantomaquia que tenia comenzada, canta sus amores.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_56">56</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_59"><i>Elegía</i> 2.ª—Argumento.—Al eunuco Bagoas, para que le procure fácil acceso junto á la belleza confiada á su guarda.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_59">59</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_63"><i>Elegía</i> 3.ª—Argumento.—Al mismo que se mostraba inflexible.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_63">63</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_64"><i>Elegía</i> 4.ª—Argumento.—Su inclinacion al amor; por qué todas las bellas, sin distincion, le agradaban.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_64">64</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_67"><i>Elegía</i> 5.ª—Argumento.—Dirige reproches á su señora, quien á su vista mientras fingía dormir, habia dado á otro convidado señales inequívocas de su amor.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_67">67</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_71"><i>Elegía</i> 6.ª—Argumento.—Deplora la muerte del papagayo que habia regalado á su señora.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_71">71</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_75"><i>Elegía</i> 7.ª—Argumento.—A Corina: niega haber tenido jamás ningun comercio con Cipasis.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_75">75</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_77"><i>Elegía</i> 8.ª—Argumento.—A Cipasis le pregunta cómo Corina ha podido saber el secreto de sus amores.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_77">77</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_79"><i>Elegía</i> 9.ª—Argumento.—A Cupido: le exhorta para que no gaste todas sus flechas contra él solo.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_79">79</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_82"><i>Elegía</i> 10.—Argumento.—A Grecino: se puede muy bien, dígase como se quiera, amar á dos mujeres á la vez.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_82">82</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_84"><i>Elegía</i> 11.—Argumento.—Trata de disuadir á Corina de su proyecto de ir á las bayas de Campania.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_84">84</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_88"><i>Elegía</i> 12.—Argumento.—Se goza por fin de haber obtenido los favores de Corina.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_88">88</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_90"><i>Elegía</i> 13.—Argumento.—A Isis: le pide proteja la preñez de Corina.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_90">90</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_92"><i>Elegía</i> 14.—Argumento.—A Corina: aprovecha su restablecimiento para exponerle más libremente la gravedad de su falta.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_92">92</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_95"><i>Elegía</i> 15.—Argumento.—Al anillo que él habia enviado como presente á su señora.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_95">95</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_97"><i>Elegía</i> 16.—Argumento.—A Corina induciéndola á que vaya á su casa de campo de Sulmona.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_97">97</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_100"><i>Elegía</i> 17.—Argumento.—Se compadece de Corina, demasiado engreida de su belleza.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_100">100</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_102"><i>Elegía</i> 18.—Argumento.—A Macer: Se justifica de entregarse enteramente á cantos eróticos.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_102">102</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_104"><i>Elegía</i> 19.—Argumento.—A un hombre cuya mujer amaba.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_104">104</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td class="tdc" colspan="2"> -<a href="#LIBRO_TERCERO">LIBRO III.</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_109"><i>Elegía</i> 1.ª—Argumento.—La Tragedia y la <i>Elegía</i> se disputan la posesion de Ovidio.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_109">109</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_113"><i>Elegía</i> 2.ª—Argumento.—Los juegos del Circo.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_113">113</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_118"><i>Elegía</i> 3.ª—Argumento.—A su amiga, que habia faltado á sus juramentos.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_118">118</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_121"><i>Elegía</i> 4.ª—Argumento.—Exhorta á un marido á no hacer vigilar tan severamente á su mujer.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_121">121</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_124"><i>Elegía</i> 5.ª—Argumento.—Sueño.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_124">124</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_127"><i>Elegía</i> 6.ª—Argumento.—A un rio que crecia de repente de una manera prodigiosa, y se oponia al paso del poeta, ansioso de llegar cerca de su señora.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_127">127</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_133"><i>Elegía</i> 7.ª—Argumento.—Contra él mismo por haber caido en falta con su querida.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_133">133</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_138"><i>Elegía</i> 8.ª—Argumento.—A su señora que habia preferido un amante más rico que Ovidio.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_138">138</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_142"><i>Elegía</i> 9.ª—Argumento.—Sobre la muerte de Tíbulo.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_142">142</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_146"><i>Elegía</i> 10.—Argumento.—A Céres: se lamenta de que no le sea permitido asistir á sus misterios con su señora.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_146">146</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_149"><i>Elegía</i> 11.—Argumento.—Cansado en fin de los numerosos desprecios de su señora, el poeta hace aquí el juramento de no volver á amar.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_149">149</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_152"><i>Elegía</i> 12.—Argumento.—Siente que sus escritos hayan dado demasiado á conocer á su bella.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_152">152</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_155"><i>Elegía</i> 13.—Argumento.—Fiesta de Juno.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_155">155</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_157"><i>Elegía</i> 14.—Argumento.—A su señora.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_157">157</a> -</td> -</tr> -<tr> -<td> -<a href="#Page_160"><i>Elegía</i> 15.—Argumento.—Dice adios á su Musa lasciva, para seguir otra más severa.</a></td> -<td class="tdr page"> -<a href="#Page_160">160</a> -</td> -</tr> -</table> - - -<div lang='en' xml:lang='en'> -<div style='display:block; margin-top:4em'>*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK <span lang='es' xml:lang='es'>AMORES</span> ***</div> -<div style='text-align:left'> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Updated editions will replace the previous one—the old editions will -be renamed. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Creating the works from print editions not protected by U.S. 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Information about the Mission of Project Gutenberg™ -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ is synonymous with the free distribution of -electronic works in formats readable by the widest variety of -computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It -exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations -from people in all walks of life. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Volunteers and financial support to provide volunteers with the -assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg™’s -goals and ensuring that the Project Gutenberg™ collection will -remain freely available for generations to come. In 2001, the Project -Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure -and permanent future for Project Gutenberg™ and future -generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see -Sections 3 and 4 and the Foundation information page at www.gutenberg.org. -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non-profit -501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the -state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal -Revenue Service. The Foundation’s EIN or federal tax identification -number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by -U.S. federal laws and your state’s laws. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation’s business office is located at 809 North 1500 West, -Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up -to date contact information can be found at the Foundation’s website -and official page at www.gutenberg.org/contact -</div> - -<div style='display:block; font-size:1.1em; margin:1em 0; font-weight:bold'> -Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Project Gutenberg™ depends upon and cannot survive without widespread -public support and donations to carry out its mission of -increasing the number of public domain and licensed works that can be -freely distributed in machine-readable form accessible by the widest -array of equipment including outdated equipment. Many small donations -($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt -status with the IRS. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -The Foundation is committed to complying with the laws regulating -charities and charitable donations in all 50 states of the United -States. Compliance requirements are not uniform and it takes a -considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up -with these requirements. We do not solicit donations in locations -where we have not received written confirmation of compliance. To SEND -DONATIONS or determine the status of compliance for any particular state -visit <a href="https://www.gutenberg.org/donate/">www.gutenberg.org/donate</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -While we cannot and do not solicit contributions from states where we -have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition -against accepting unsolicited donations from donors in such states who -approach us with offers to donate. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -International donations are gratefully accepted, but we cannot make -any statements concerning tax treatment of donations received from -outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Please check the Project Gutenberg web pages for current donation -methods and addresses. 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Thus, we do not -necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper -edition. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -Most people start at our website which has the main PG search -facility: <a href="https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a>. -</div> - -<div style='display:block; margin:1em 0'> -This website includes information about Project Gutenberg™, -including how to make donations to the Project Gutenberg Literary -Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to -subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. -</div> - -</div> -</div> -</body> -</html> diff --git a/old/68015-h/images/001.jpg b/old/68015-h/images/001.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 153957f..0000000 --- a/old/68015-h/images/001.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68015-h/images/002.jpg b/old/68015-h/images/002.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index e7efca1..0000000 --- a/old/68015-h/images/002.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68015-h/images/003.jpg b/old/68015-h/images/003.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 12958c1..0000000 --- a/old/68015-h/images/003.jpg +++ /dev/null diff --git a/old/68015-h/images/cover.jpg b/old/68015-h/images/cover.jpg Binary files differdeleted file mode 100644 index 5d80e37..0000000 --- a/old/68015-h/images/cover.jpg +++ /dev/null |
